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Full text of "Biografía de Don José Cecilio del Valle"

BIOGRAFÍA 



11 «. 



I\ajviojm Í\o$a, 



¡ICO CORRESPONDIENTE DE LA KKAL 



--^tS^^P^ 



1 i ■ < . < ; k \ i- l \ 



BIOGRAFÍA 



DON JOSÉ CECILIO DEL TALLE, 



Í\A[40JM T\05A, 



ACADÉMICO CORRESPONDIENTE DE LA KEAL ACADEMIA ESPAÑOLA, 
ETC., ETC. 



Oi&r*9 ■•» 



Cotadón Luis Lujen Muñoz 

urNvtfsiaaa francisco MirroQum 
www.ufrn.tdu - Guatemala 



TEGUCI0ALPA 

TlfOORAFIA NACIONAL 



1882 




Ov^ 




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^t^vn^r^ t^^ueAyi^x)^^ ' 



(l^sJihJ^t^ ck^s ^¿Kxv^ ¿}X^^yQ) ¿ZáL^yK^, 





sz^c^yi^ c^s 



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/. 



Wj. 



INFORME 




Excelentísimo Señor Doctor Don Ufare 
Soto, Presidente de ta República. 



EXCELENTÍSIMO SEÑOR: 

En 22 de Diciembre del afio próximo 
bien darme, oficialmente, la delicada cnanto honr 

sión de que revisase y ordenase, para imprimirlas, las I 
de Don-José Cecilio del Valle, y de qne escribiese la lao- 
grafía de tan distinguido centro-americano, para i 
sede introducción al libro en (pie deben api 
ci pales escritos. 

No son para dichaá, Señor, pero 
penosamente, las dificultades con que be tropí 
por obra la ejecución de mi encargo. Entre no- 
ha prestado atención á los estudios hifitól 
gusto por ellos; y de aquí ha provenido la P 
chos materiales y datos preciosos, la cual tfl 
en gran manera, el cumplimiento de m 

No obstante, después de haber BU] 
los, á fuerza de pacientes ínvestigaci< 
tudios, he dado remate á mil 



de presentaros, ordenadas y revisadas, las copias de los prin- 
cipales escritos del ilustre Valle, lo mismo que la Biografía 
que ha de precederlos en el libro que vá á publicarse por 
cuenta del Estado. 

La Biografía de Don José Cecilio del Valle, por su ex- 
tensión, es una obra completa, aunque por su mérito muy 
lejos está de ser una obra acabada. Está dividida en ocho 
capítulos, y cada capítulo contiene un sumario de los prin- 
cipalespuntos que abraza. 

Los capítulos de la Biografía se refieren á los períodos 
importantes de la vida de Valle, períodos que he dividido 
tomando en cuenta los sucesos de mayor interés, personal ó 
político, que formaron, por decirlo así, verdaderas épocas 
para el hombre cuyos hechos y vicisitudes me he ocupado 
en historiar. 

El primer capítulo comprende el período trascurrido 
desde 1780, en que nació Valle, hasta 1803, en que se reci- 
bió de Abogado en la Real Audiencia de Guatemala: el se- 
gundo capítulo se extiende, desde 1803, hasta 1812, en que 
Valle contrajo matrimonio, y en que, en toda la madurez 
de sus facultades, expuso sus ideas de economista como 
Regente de la cátedra de Economía Política: el tercer capí- 
tulo recorre, desde 1812, hasta 1821, en que Valle redactó 
el Acta de Independencia de Centro-América: el cuarto ca- 
pítulo comprende, desde 1821, hasta 1822, en que Guate- 
mala se anexó al Imperio de México, y en que Valle fué, 
como Diputado, á la Capital imperial: el quinto capítulo se 
extiende, desde 1822, hasta 1824, en que recobrada la inde- 
pendencia centro-americana, Valle regresó á Guatemala á 
hacerse cargo del Poder Ejecutivo provisional de Centro- 
América: el sexto capítulo comprende, desde 1824, hasta 



1829, en que, domeñada por Morazán la reacción liberticida 
del Presidente Arce y de los conservadores de Guatemala, 
Valle volvió á ocupar su puesto de Diputado en el Congre- 
so federal: el séptimo capítulo abraza desde 1829, hasta 
1834, en que falleció Valle, cuando habia sido electo, por 
segunda vez, Presidente de la República federal de Cent: 
América; y el octavo y último capítulo se refiere á la gran 
sensación y consecuencias políticas que produjo la mué 
de Valle, al olvido que se hizo después de su vida y de sus 
Obras, á la justicia que hoy se hace en Honduras á su n 
moria, y á las enseñanzas morales y políticas que ha dejado 
á la posteridad aquel Sabio hondureno. 

Imposible historiar la vida y hechos de Valle, 1; _ 
timamente con la sociedad, con la política y vicisitudes de 
su tiempo, sin historiar, aunque á grandes rasgos, los socia- 
les acaecimientos, de capital carácter, de la época en que 
vivió, y en que fué actor ó espectador en la escena de le» 
cesos políticos. lié aquí porqué, Señor, he tenido que ha- 
cer de la Biografía de Valle un gran cuadro histórico en que 
aparece, en lugar preferente, su noble figura. A la mal 
que, en el arte plástico, el pintor tiene que formar un o 
dro, con un fondo de luz y de sombras, para que pa< 
verse, distintamente, las furnias, línea 
de un retrato que su pincel produi biógrafo, pintor 

de almas, si se me permite la frase, tiene que formar un o 
dro de hechos históricos, fielmente apuntad 
apreciados, para que puedan oonooerae, ota 
te, los móviles de conducta, la> a. 
las tendencias, aspiraciones é ideales del personaje 
da, por la virtud de la pala!»! 

se perpetúe en las páginas de la 



8 



pluma, al retratar, emplean procedimientos análogos, con 
la diferencia de que el pintor debe impresionar, ante todo, 
de un modo estético, la vista; y el biógrafo debe impresio- 
nar, ante todo, de un modo científico, el espíritu de los 
contemporáneos y de las generaciones venideras. 

Debo, además, deciros, Señor, cuál es el criterio á que 
obedecen mis apreciaciones históricas. Como bien lo sabéis, 
hay un criterio de circunstancias, interesado, de provechos 
positivos; y hay un criterio impersonal, de desinterés y de 
justicia, ageno á las pequeneces y miserias que oponen los 
límites del tiempo y del espacio. Entre nosotros, en que la 
política, la mal entendida política, lo ha dominado todo, 
hasta la Historia que debe ser soberana, se ha adoptado, 
por lo común, el criterio de las circunstancias, el criterio de 
la pasión y de la conveniencia del momento, cuando algo 
se ha escrito sobre nuestros sucesos históricos y nuestros 
hombres públicos. ¿Se tienen ideas conservadoras? Pues 
es necesario presentar á los liberales como monstruos de 
la anarquía. ¿Se tienen ideas liberales? Pues es necesario 
presentar á los conservadores como fieras, en sus antros, 
incapaces de toda idea acertada y de todo sentimiento ge- 
neroso. ¿Se tienen ideas clericales? Pues es necesario pre- 
sentar á los libre-pensadores como desnaturalizados impíos 
y corruptores de oficio. ¿Se tienen ideas anticlericales? 
Pues es necesario presentar siempre á los clérigos como 
amigos del absolutismo, del retroceso y de la inquisición. 
Tal ha sido y tal es, en lo general, el criterio histórico en 
Centro-América: es el criterio de la subordinación de una 
conveniencia que infama, al predominio de las pasiones de 
un partido triunfante que oprime, que degrada, que envi- 
lece. El iracundo exclusivismo político ha traído el irra- 



: 



cional exclusivismo histórico. Tan impudente ha sido la 
falsificación que se ha hecho de los principios de la Repú- 
blica, como horrible la falsificación que se ha hecho de la 
Historia. 

Señor: Vos habéis tenido piedad del pasado, rehabili- 
tando la memoria del gran Valle; y yo he querido tener 
piedad de la Historia, rechazando el estrecho, el inmoral 
criterio de la3 circunstancias, al escribir su Biograf 
juzgar los principales acontecimientos de su época. Ese 
criterio no es el criterio de la ciencia, no es el criterio de 
la razón, no es el criterio de la recta justicia, no es el crite- 
rio del noble sentimiento. Señor: yo que tengo la buena 
suerte de estar de acuerdo con vuestras elevadas ideas, sé que 
Vos estáis de acuerdo con mi criterio histórico; sé que no 
queréis hacer de la Historia un Santo Oficio, una di 
da inquisición. Nosotros no podemos decir á Liberata ni á 
conservadores: " creed ó arded:" nosotros so» iebe- 

mos ser de nuestro siglo de tolerancia, de libertad 
tica im parcial: nosotros, cueste lo que cueste, 
mirar al porvenir de las ideas, que es el porvenir de D 
tra Patria! 

Por tristísima experiencia, que ha agostado Oasi 81 
la vida de mi alma, de mi pensamiento, .<•'•. Señor, lo 
ha de costarme lo qne os digo, lo que han de ie loe 

juicios políticos que enciérrala BÍO{ Sé 

que he de atraerme la malevolencia de lib 
dores exaltados. En realidad, ¿Odál será el principa] 
inmediato de esta obra? A buen i 

ganza en perspectiva. Los más ben4 (en- 

cogerán de hombros y verán. mi escri- 

to: los menos benévolos, tal?ei me oalamnien 3 me 



8 



ríen de una manera soez, porque los unos me verán muy 
reaccionario, y los otros me verán muy rojo; cuando á la 
verdad, Seflor, no he sido más que imparcial y justiciero. 

Muchos habrá que, puesto que hablo de éxito, me pre- 
guntarán qué títulos tengo para esperar que alguien se ocu- 
pe en mi escrito, para esperar que en lo político, en lo 
literario, ó en lo científico, llame en alguna manera la aten- 
ción. ¿Títulos? No los tengo; pero cuando escribo, ten- 
go una excusa; la de tener corazón, sinceridad y franqueza; 
y esto basta para que, hoy que esas prendas brillan por su 
ausencia, pueda ser el blanco del desdén, déla calumnia ó 
de la injuria. No importa. Pocos, como yo, tendrán 
tanta altivez y tan profundo desprecio para todos los que 
seyerguen, ostentando falsos títulos en política, para difa- 
mar á los que piensan con su cabeza y sienten con su 
corazón. 

Pero basta, Señor, en este Informe, tal vez de impropias 
digresiones; basta de pesimisoio, pues aun quedan hombres 
de conciencia en la América Central. Concluyo, pues, Se- 
ñor, diciéndoos que al mirar al pasado, rehabilitando la me- 
moria de Valle y de nuestros más ilustres hombres, (*) ha- 
béis mirado al porvenir. La causa del porvenir es la causa 
de aquellos hombres. Centro-América unida bajo un ré- 
gimen de moralidad política, bajo un régimen de efectivas 
instituciones republicanas; hé aquí la fórmula del pasado; 
hé aquí la enseñanza para el porvenir. La revolución de 
ideas, la revolución de principios, que sean en espíritu y en 



(*) En virtud de Decretos del Señor Presidente Soto, se están erigiendo esta- 
tuas, en las plazas principales de esta Capital, al sabio Don José del Valle, al 
Benemérito General Don Francisco Morazán, al inmaculado héroe, General Don 
José Trinidad Cabanas, y al ilustre poeta, Presbítero Doctor Don José Trinidad 
Reyes, uno de los fundadores de la Universidad de la República. 



verdad, está gor hacerse en Centro-América. Contra exal- 
tados y espúreos liberales y conservadores, Vos, con la Bio- 
grafía del sabio Valle, dais una enseñanza regeneradora, 
un elemento revolucionario, en la despejada esfera de las 
ideas. Por ello, ante las disociadoras y enconadas pasiones, 
vuestro crimen es grande, Señor. ¿Quién os absolverá de 
tan enorme crimen? Os absolverá el tribunal á donde no 
se necesita acudir en grado de apelación ó de súplica: os 
absolverá el más respetable de los tribunales, el augusto 
Tribunal de la Historia! 

f^AMON J\o?A. 



Tegucigalpa, 10 de Diciembre de 1882. 




' 



CAPITULO PRIMERO. 



Consideraciones preliminares.— Nacimiento de Valle.— Sus primeros años.- 
Su traslación de Honduras á Guatemala.— Su aprendizaje primario.— Sn 
segunda enseñanza.— Sus estudios privados.— Su grado de Baeliill» r 
losofía en la Universidad, y su recibimiento de Abogado en la Real Au- 
diencia de Guatemala.— Descripción del físico y del carácter moral de Valle. 



Dos años hace que Centro-América, por deber, poi 
titud, y aun por su propia honra, estuvo en el caso de c 
brar el primer Centenario de José Cecilio del Valle. Pero 
Centro-América no paró mientes en el recuerdo del sabio 
Estadista que redactó el Acta inmortal de su Independen- 
cia. Centro-América casi ha perdido la memoria; Cent re- 
América casi lo ha olvidado todo; ha hecho silencio, o 
pleto silencio al sueño de la muerte de sus más ilustres 
hijos, como si temiera despertarlos, como si temiera qu 
levantasen, de improviso, para lanzarle una severa y amar- 
ga y cruel reconvención. 

Lo que pasa es muy lógico. No existí la Nación imi re- 
americana de quien José Cecilio del Valle fué uno dé 
más esclarecidos fundadores: no existe el Pueblo respetable 
de quien José Cecilio del Valle fué uno de lo- 
tes y abnegados defensores: no existe la Doble y grandi 
tria á quien José Cecilio del Valle consagró loa ?OÍ 
corazón, las inspiraciones de su alma, la actividad de BU 
nio. La que f aera Oentro-Amérioa es hoy, en lopolfl 

un pueblo degenerado y destrozado, lleno de un at 



12 



miento tal, que casi le impide tener grandes recuerdos y 
grandes ideales. 

Natural, y muy natural, es lo que sucede con respecto 
á la memoria del sabio Valle, tan digna de venerarse. Na* 
tu ral es que reine un profundo silencio; que casi no se pro- 
nuncie el nombre del sabio Estadista; que no se recuerden 
los hechos de su vida fecunda en beneficios públicos y en al- 
tas enseñanzas; que no se conozcan sus obras, verdaderos 
monumentos de sabiduría, tan dignas de ser estudiadas, tan 
idóneas para enriquecer la inteligencia de la juventud y ele- 
var el sentimiento nacional, y tan merecedoras de formar, 
para exhibirla ante propios y extraños, la ejecutoria de 
nuestras instituciones y de nuestras letras. 

Pero el verdadero mérito tiene el privilegio singularísi- 
mo de abrirse paso, aunque á veces tarde, á través de las 
generaciones que olvidan, ó de las generaciones que maldi- 
cen. Por esto á José Cecilio del Valle, que debe gozar de 
los privilegios que trae aparejados un innegable y sobresa- 
liente mérito, se empieza á hacer justicia, salvando su ilus- 
tre nombre y sus obras valiosísimas de un ingrato y crimi- 
nal olvido. La justicia de la posteridad comienza. Hé 
aquí porqué el Gobierno de esta sección de Centro-América, 
de este girón desgarrado de la Gran Patria, ha acordado 
nobilísimamente se escriba la Biografía de José Cecilio del 
Valle, y se publiquen sus obras, por cuenta de la Nación: 
hé aquí porqué, como encargado del Gobierno de mi país, 
aunque falto de aptitudes y merecimientos, pero sobrado 
de buenos deseos, tengo la señalada honra de escribir la 
Biografía del célebre hijo de Honduras, del sabio Estadista 
que supo honrar, en el más alto grado, las instituciones 
y las letras centro-americanas. 



13 



José Cecilio del Valle nació el dia 22 de Noviembre 
del afio de 1780, en la villa de Clioluteca, (1) situada á la 
margen del rio qne lleva su nombre, y perteneciente, du- 
rante la dominación española, á la antigua provincia de 
Tegucigalpa. Según consta en la Relación oficial (2) de los 
títulos y méritos de Valle, hecha en Madrid, á 3 de Setiem- 
bre de 1815, por la Secretaría de la Cámara de Gracia y 
Justicia y del Estado de Castilla, José Cecilio del Valle fué 
"hijo legítimo de Don José Antonio Diaz del Valle y de 
Doña Gertrudis Diaz del Valle; noble hijodalgo, y de las 
más distinguidas familias españolas de la provincia de Gua- 
temala, quienes, por lo tanto, han obtenido en ella los n 
principales empleos políticos y militares." 

Los primeros años de Valle trascurrieron en esta provin- 
cia, como trascurrían los años de los hijos de todas las fa- 
milias distinguidas de aquel tiempo; esto es, en medio de 
un absoluto retraimiento, y casi sin recibir otras impn 
nes que las producidas en el seno del hogar doméstico, 
apartamiento colonial, ley de desamor que presidía i 
sociedades hispano-americanas, labrando su desunión, j 
ciendo imposible su armonía y bu prog Bütír 

en la nación, en la provincia, en la ciudad, en la villa, 
la familia y en el individuo. Bajo los auepioii 
cial, tan huraña y lúgubre, pasó la infanci 
lie, del hijodalgo que había nacido COD un alma BX] 
predispuesta para amar la más grande srmOD 
nuestros tiempos, la armonía de la Rep6bli< 

(i) Gholuteca es boj la oapttaJ del Departamento * ra ooml 

(2) La copia de esta ralarión. antoi Jada 000 l.i linn.i aut.oa! i 
rio de S. M., Fernando de Barróle*, está tu poder del Bator l<* esU Utografta, 

quien ha obsequiado una Segunda rupia á la HiMi 

en donde puede naportaata d.-cuiurnto. ¡ii que ha de rererlree varias 

reces ao algunos capitulo! • !<• sata abra 



14 



Los padres de Valle, aunque poseedores de grandes ri- 
quezas, consistentes principalmente en valiosas haciendas 
de ganado; la de "Ola," situada al Oeste de Choluteca, y 
la inmediata á "Namacigüe," situada al Norte; (3) aunque 
ricos en materiales propiedades, carecían, moralmente, de 
todo recurso para dar educación, siquiera fuese mediana, 
al hijo de su predilección, objeto de su cariñosa solicitud, 
de sus tiernos afanes, y de sus lisonjeras esperanzas. La 
provincia de Tegucigalpa estaba falta, en aquel entonces, 
hasta de escuelas primarias elementales. Con suma dificul- 
tad aprendían algunos niños, hijos de padres pudientes, á 
leer y escribir en escuelas privadas, costeadas por las fami- 
lias interesadas en su sostenimiento. Respecto á enseñanza 
superior, tan sólo había en Comayagua, capital, de la pro- 
vincia de su nombre, un* Colegio tridentino, fundado por el 
Obispo Vargas y Abarca, destinado á la enseñanza teológi- 
ca, á la que se aumentó, en 1784, por iniciativa del Obispo 
Antonio de Guadalupe, una clase de Filosofía escolástica. 
(4) Tales eran los únicos medios de cultivar, en Honduras, 
la inteligencia de la juventud, á fines del pasado siglo. 

Dada esa situación, los padres de Valle, sin duda ce- 
diendo, más que todo, al noble deseo de educar á su hijo, 
se trasladaron con toda su familia, en 1789, de la provincia 
de Tegucigalpa, á la ciudad de Guatemala, centro de la 
Capitanía General que constituían las provincias de Centro 
América. Valle, pues, dejó su tierra nativa á la edad de 
9 años; pero no la olvidó nunca, pues siempre consagró á 



(3) Datos tomados de la parte histórica del Cuadro estadístico del Departa- 
mento de Choluteca, formado, bajo el Gobierno del Señor Soto, por el Director 
de Estadística, Don Francisco Cruz. 

(4) Datos tomados del Archivo de la Catedral de Comayagua, incendiado 
en 1872 por el General José María Medina. 



15 



su provincia amada, (5) como él la llamaba, los más tier- 
nos recuerdos filiales, y los más fervientes votos por su 
prosperidad y engrandecimiento. 

Establecida la familia de Valle en Guatemala, una de 
sus primeras acenciones fué la de proporcionarle la prime- 
ra enseflanza,y para el logro de este fin, fué colocado en la 
escuela de "Betleu," en donde el niüo, apenas salido de la 
infancia, aprendió con provecho las primeras letra-. 

Aunque la situación de Guatemala, en lo tocante á la 
vida moral y literaria, aventajaba en mucho á la de Hon- 
duras, empero, era sumo el atraso que se notaba en orden 
á la enseñanza, al desarrollo de las ideas, entorpecido, « 
paralizado por la influencia de las instituciones de la colo- 
nia, y de las funestas preocupaciones que formaban su cor- 
tejo. Refiriéndose á la situación social de Guatemala, < 
tente á fines del pasado siglo, decía, en 18^7, el eru«: 
Don José Milla y Vidaurre loque sigue: "Las doctrinas 
atrevidas que en el antiguo mundo habían producido una 
trasformación completa en las ciencias morales y políticas, 
apenas eran conocidas en este Reino, que por -as y 

tardías comunicaciones con la Europa, permam 
toramente extraño al movimiento intelectual del n 
mundo, y á los acontecimientos que cambiaban de fai d< 
naciones. De la tempestad deshecha que destruíala! 
encías é instituciones seculares, llegaba BOiau 
rumor lejano á estas remotas y pacíficas comarcas, <| n ' 
cian de la conservación de la té relig 
soberano, sus más espléndidos blai 
tas eran casi enteramente ignora' :¡ 

(5) Véase el Manili.'sl,.dr Don .!.-• «I.-I \ 
-1825. 



16 



estudiosos que se dedicaban á cultivarlas, excitaban las sos- 
pechas del vulgo, que creía ver el resultado de artes diabó- 
licas en las operaciones más inocentes y sencillas de la físi- 
ca experimental. Relativamente adelantados los conoci- 
mientos en las ciencias eclesiásticas, en la jurisprudencia y 
en la bella literatura, eran desconocidos los estudios de la 
economía política y de las matemáticas; y la filosofía no 
había logrado desembarazarse de los embrollados sistemas 
de los peripatéticos." (6) 

Tal era el medio social, si así vale decirlo, de Guatema- 
la, cuando Valle hacía el aprendizaje de las primeras letras. 
Pero los adelantamientos de la sociedad se operan bajo la 
ley indefectible de las oposiciones, ley de penosos contras- 
tes y de acerbas luchas, pero de resultados armónicos que 
realizan, de manera gradual, el bien de la humanidad. 
Reacción hubo, pues, á fines del pasado siglo, contra las 
preocupaciones, contra las supersticiones, contra el escolas- 
ticismo triunfantes. Villaurrutia, Flores, Rayón, Mociño, 
Martínez y, subre todo, Fr. José Antonio de Liendoy Goi- 
coechea, oriundo de Cartago de Costa-Rica, fueron los gran- 
des representantes de reacción tan fecunda en beneficios 
públicos. Goicoechea de alma grande, de acerado.carácter, 
de talento superior, y de vastos y sólidos conocimientos; 
formado en la escuela del escolasticismo, escéptico después, 
y casi positivista por último, fué el más activo reformador 
del plan de estudios en Guatemala, estableciendo los princi- 
pios fundamentales y útiles de que las ciencias exactas de- 
bían subordinarse á la demostración; las ciencias naturales 



(6) Véase el discurso, en el elogio de Fr. Matías Córdova, que leyó el socio 
consultor, Don José Milla, en el salón principal de la Sociedad Económica de 
Guatemala, el dia 18 de Enero de 1867. 






i.: 



á los experimentos; las ciencias políticas y morales al bien 
de los pueblos; y las ciencias filosóficas al examen crítico 
de la razón humana. Valle, refiriéndose á los trabajos de 
aquel reformador atrevido, dice: "En el seno mismo de 
ios escolásticos: en la edad de los errores, supo elegir los li- 
bros más sublimes de las ciencias á que fué dedicado: apro- 
piarse los conocimientos más grandes, darles las gracias de 
su genio, y comunicarlos á nosotros y á nuestros mayores. 
Ved aquí su justo valor. Fué lo que Fontenelle dice de un 
filósofo: El Prometeo de la fábula que robó el fuego de los 
Dioses para comunicarlo á los hombres." (7) 

La reforma social, aun en la esfera pacífica de la* 
y de las letras, nunca se opera impunemente. El reforma- 
dor tiene que ser víctima de las pasiones y pn 
nes de los contemporáneos, á la vez que victimario de un 
sistema de errores. El anatema y la condenación en el pre- 
sente, y la honra y la gloria en el porvenir: hé aquí la 
suerte de todo verdadero reformadcr. Goicoechea 1<» I 
alto grado. Por las ideas que difundió, p<>r loa DtieYOfl libros 
que trajo de España, que conoció bajo el reinal 
de Carlos III, por el nuevo criterio (pie dio á la 81 - 
por las heridas mortales que infirió al estéril 
atrajo contra su persona la malevolencia, lo 
aun las persecuciones del clero ignorante y . - 
cíales que rendían pleito-homenaje a las Ulá y re- 

trógradas ideas. Pero á despecho del encono j íe la perse- 
cución, Goicoechea alcanzo un éxito fétí «mi triun- 
fó; el plan de estudios se trasformc benéficamente eu Gua- 
temala. 



(7) Véase el elogio que de Vi Jos.- .\at..ai-. 
murió el 2 de Julio de lsi-i. hizo I»- «a .1— 1-1 \ 
Económica de Guatemala, el dia 7 de Agosto del 



1$ 



No es fuera de propósito que haya tratado de la trasfor- 
mación social que, en materia de enseñanza, se operó en 
Guatemala, á fines del pasado siglo. Esa trasformación 
dichosa fué la que dio á Valle oportunidad de cultivar su 
claro talento bajo los auspicios de la verdadera ciencia. 
Valle, en aquella época esencialmente revolucionaria, y que, 
en términos ortodoxos, podría llamarse herética, apenas sa- 
lido de la escuela primaria, fué el discípulo de Rayón, de 
Escoto, y del gran Reformador Fray José Antonio de Lien- 
do y Goicoechea. Goicoechea abrió las anchas y despejadas 
vías que debia recorrer, como hombre de ciencia y de le- 
tras, José del Valle. Goicoechea, aquel fraile reformador, 
aquel fraile de las herejías, aquel nuevo Savonarola, aquel 
nuevo Lutero, en la esfera de la reforma de las ciencias, fué 
el Bautista del sabio que, un poco más tarde, habia de 
atraerse, por su positivo saber, la admiración de todos los 
centro-americanos y el alto aprecio de algunos sabios de 
Europa. Sin la reforma, sin las enseñanzas del francis- 
cano Goicoechea y sus adeptos, no puede explicarse, ante la 
Filosofía de la Historia, cómo en aquella oscurísima época 
colonial, cómo en Guatemala, uno de los limbos más remo- 
tos de los pueblos colonizados por España, pudo* formarse 
un hombre que, á principios de este siglo, divulgó, en todos 
los ramos de las ciencias, verdades tan útiles como trascen- 
dentales, que hoy mismo tan sólo las comprenden y popula- 
rizan los más célebres y afamados escritores del antiguo y 
nuevo continente. Es indudable que nada se pierde, así en 
lo físico como en lo moral: en la vida, y en las producciones 
fecundas de José del Valle, palpita el alma creadora y lumi- 
nosa de Liendo y Goicoechea. 

Bajo los auspicios de la nueva época de trasformación en 









19e 



la enseñanza de las ciencias y de las letra-, época q D€ 
de sí, en 1794, el planteamiento provechosísimo de la So- 
ciedad Económica de Amigos de Guatemala; (8) bajo auspi- 
cios tan felices, el joven Valle estudió gramática latina 
el Colegio Tridentino, y siguió después los cursos de tiloso- 
fía, de derecho civil y de derecho canónico en la pontificia 
Universidad encargada de proporcionar la enseñanza secun- 
daria y profesional. 

Autorizada y antigua costumbre ha sido en Q acetre 
tablecimientos de enseñanza, calcados sobre constitue¡« 
y tradiciones españolas, la de elegir, al fin de cada aflo es- 
colar, uno de los alumnos de más talento é instrucción pa- 
ra sosteuer un examen público, revelador del estado y p 
gresos de la enseñanza. Valle fué elegido, en la antigua 
Universidad de Guatemala, para que sustentase el primer 
acto público de Lógica, Metafísica y Física experimental. 
Lucidísimo fué el acto, é inusitada la sensación que produjo. 
Valle, con todo el despejo de su clarísimo talento, discurrió 
sobre el origen, construcción y usos de val 
de física que se expusieron á la vista de loa concurrentes. (9) 
Harto justificada fué la novedad: el ftOto pábl 
un acontecimiento literario para qnience, de antigO 
ban acostumbrados á oir abstrusas dix i 
controversias metafísicas, tan insttstail 
atractivo y útil enseñanza. 

Desde temprano el estudio de lafl OÍen< 
fué para Valle una vocación irresistible, SI 

(8) La Sociedad Económica poreui trabajoi progreso*. Uteutredoa ea lae 

ideas modernas, se atrajo la mal.v-l.n. -i» d.-l 0..1... ira o de la Colunia, quien le 
disolvió en 1799. La Sociedad fué n e*ree*er© en U ¡vro 

locución de útilísimos traba jos \ ! ; ::u 

de pertenecer el autor de eei 1 1 loque 1* pera él ua grato recuerdo. 

(9) Relación de ios mérltoi y tttuloi de Joaé del Valí*, ye citada. 



20 



de sus más perseverantes esfuerzos, y fuente perenne de sus 
más puros goces. Así es que Valle en su juventud no se 
limitó, como por deber, á hacer los estudios de las ciencias 
y artes oficialmente establecidos en el Seminario y en la 
Universidad. Ávido de saber, recibió, en lo privado, de las 
personas más instruidas, lecciones de álgebra, de geometría, 
de literatura y de los idiomas inglés, francés é italiano, dis- 
tinguiéndose en el aprendizaje de tan variados é importan- 
tes ramos, tanto por su decidida aplicación, como por sus 
notables aprovechamientos. Valle trataba de complemen- 
tar, por su propio esfuerzo, la deficiente instrucción que re- 
cibiera en el Seminario y en la Universidad. Particular- 
mente el estudio de las lenguas vivas, más preciadas en el 
mundo civilizado, le interesaba en gran manera. El sabía 
que el conocimiento de los idiomas extranjeros multiplica, 
por decirlo así, las facultades, las aptitudes perceptivas de 
nuestra alma: él sabía que cada idioma que se posee es un 
nuevo sentido, es un nuevo órgano de que se sirve la inteli- 
gencia para ensanchar, de modo prodijioso, sus ideas. Por 
esto no es extraño que Valle se familiarizase con las litera- 
turas latina, española, francesa, inglesa é italiana, y que vi- 
viese en intimidad espiritual con Tácito y Virgilio, con Ma- 
riana y Cervantes, con Buífon y Cuvier, con Newton y 
Benthan, con el Dante y Geoverti. 

Viviendo vida austerísima, casi olvidado de su juventud, 
edad hermosa que de ordinario se deshoja por la mano febri- 
citante de inconsideradas pasiones, Valle continuó honrada 
y pacientemente sus estudios, hasta graduarse, en Diciem- 
bre de 1794, de Bachiller en Filosofía en la Universidad de 
Guatemala. Con la misma disposición de ánimo, con la 
misma rigidez de costumbres, continuó sus estudios mayo- 



21 



res hasta obtener, en Julio de 1790, el grado de Bachiller 

in utroque jure, como se decía en aquel tiempo, esto 
derecho civil y canónico. 

Graduado de Bachilleren derecho, hizo lofl estudios de 
lo que, hasta en nuestros dias, se Ka denominado 
es decir, los estudios prácticos de la legislación adj< 
las leyes de procedimientos. Después de baoerlai 
do, con provecho, asistiendo á los tribunal 
sus prácticas en los diversos género- de enjnieiai 
lie dio término á sus estudios forenses. Bu Agosto d< 
fué examinado, aprobado y recibid»» de Al la Au- 

diencia de la ciudad de Guatemala é incorpoi 
(10) De esta suerte á los 2¿ anos y D 
afanes y estudios sin cuento, José del Vallo rí idos 

sus votos y esfuerzos, teniendo una profesión b un 

título expresivo de grandes é incontestable! 

A la edad en que se recibió de Abogado, J< 
era ya física y moralmente, como Buel< 
completo. Voy á intentar describirlo en BU fíl 
á seguida, los rasgos característico! 
puesto que pueden dar idea de lo qne próm 
venir el joven Abogado, incorporado en la Real Au 
cuyos altos destinos no eran Bi quiera presentido! 
en que dio feliz remate á BU8 BStudÍ< 

José del Valle era de regula] 

era de esos hombres «pie no impresionan n 
por lo grande: sus formas constituían nn - 
co: su color era trígaeflo; bu i 
rica: su frente era ancha, i 
por el pelo echado hacia adelai 

(lü) Relación, • 



n 



vísimos, y de un negro profundo en que reverberaba mucho 
de la luz meridional de las ardientes playas del Choluteca: su 
nariz era regular, y sus mejillas, ligeramente cóncavas y em- 
palidecidas, hacían resaltar sus pómulos, dándole un inte- 
resante aspecto reflexivo: su boca era graciosa, con sus la- 
bios un tanto contraidos, contracción que se notaba más pol- 
la ausencia del bigote: el resto de su cuerpo era proporciona- 
do y delgado, aunque no flexible, pues había en los movi- 
mientos y en la apostura de Valle algo de tiesura, y mucho 
de severidad. Vestía con cierta sencilla elegancia. Usaba 
blanquísima camisa de alto cuello que casi le ocultaba las 
partes laterales de la barba; llevaba enorme corbata, de fi- 
nísima seda blanca, muy anudada, levita de paño negro, 
abotonada de arriba abajo, que ocultaba en su totalidad 
el chaleco, y pantalones del mismo colou, perfectamente ta- 
llados. 

En lo moral, Valle era hombre entero, inflexible en la 
línea de su deber, de costumbres regulares, austeras, seve- 
rísimas, y no obstante poseía una alma muy afectuosa, muy 
apasionada. Tenía la conciencia clara de su propio valer, y 
era hasta orgulloso; tenía tal vez el único orgullo excusable; 
y sin embargo era dulce, afabilísimo en el seno de la amis- 
tad y de la familia, y muy caritativo para con los desvalidos. 
Tenía cierta seriedad de carácter, muy propia del hombre de 
la reflexión profunda y de los cálculos matemáticos; y apesar 
de esto, amaba apasionadamente las artes bellas, en especial, 
la música y la poesía. Tenía una conversación animadísima 
y variada, y particularmente cuando explicaba una materia, 
lo hacia hasta la saciedad: parecíale que sus amigos ó con- 
tertulios no le entendían lo bastante, ó que no se explicaba 
como debía, y usaba y abusaba de la palabra en sus conver- 









83 



saciones, cuando en ellas creía ver algo instructivo, algo de 
enseñanza. 

Tal era física y moral mente, á la edad de 23 afl" 
joven Abogado, José del Valle. En su persona había un 
bello conjunto de eminentes cualidades prometedoras de 
grandes cosas. ¿Qué faltaba á aquel joven extraordi 
para que llegase á ser grande, y legase su nombre, Uei 
enseñanzas, á la posteridad? Le faltaban vida y mov 
to en lo social; espacio y teatro en lo político; atmósfer 
pirable para los hombres de carácter, de talento \ 
libertad é instituciones; verdadera Patria! < v > 
se quebranta, qué el talento se eclipsa, qué el Babel W infe- 
cundo, cuando las densas sombras del Escorial monárquico 
oscurecen los horizontes de la vida de las sociedades, ó cuan- 
do las tinieblas, aun más espesas y odiosas, de brutal. 
dianas dictaduras, de caricaturescas Repúblicas, llevan 1 1 
caos á la conciencia, y oponen, si así puede d< D ?eto 

infame á los progresos del genio, á los progresos de la liber- 
tad, de la razón y la justicia! 



CAPITULO SEGUNDO. 



Género de vida de Valle después de haber terminado su carrera.— Empleos j 
distinciones que obtuvo.— Su actitud con motivo de los primeros movimien- 
tos de insurrección, ocurridos en el año de 11, en favor de la Independencia. 
—Su enseñanza de Economía Política en la Sociedad Económica de Guate- 
mala.— Su matrimonio celebrado en el año de 1812. 



Valle, después de terminar su carrera de 
tuvo cambios notables en su modo de vivir, en sus costum- 
bres. Dejó de concurrir á las aulas, y de hacer, á horas fi- 
jas, determinados estudios requeridos por la disciplina es- 
colar; pero su vida continuó siendo una vida de ob- 
de aprendizaje. Distribuía bu tiempo cutre las atenciones 
que dedicaba á su familia y amigos, y las «pie m mprt 
sagraba al estudio. Era un trabajador infatigable q 
quería dormirse sobre sus laureles. Se acostaba, 001 
regularidad, á las once de la noche, y a las OÍDOO de I 
ñaña estaba ya en pié, dispuesto al trabajo. Leía, un 
ba profundamente, y escribía mucho; y, >\^u 
jo de Boileau, correjía, limaba, y volvía á limar su- 
Tales eran sus ocupaciones or linaií 

(Jomo Valle llamara la atención | 

chable, y por bus sólidos y tastos conocimientos, 

en su calidad de hijodalgo, aunque i 
viese alguna parte en los privilegios de lo 
bido á estas causas, obtUVü la COtlfiaiiSM Jol I 



2tí 



I ral y Gobernador del antiguo Reino de Guatemala, quien le 
dispensó señaladísimas consideraciones. 

En mérito de los precedentes indicados, en el mes de 
Mayo de 1805, Valle fué nombrado, por el Capitán General, 
Diputado interino de la Comisión gubernativa de consolida- 
ción, de nueva creación; Defensor de obras pías; y Censor de 
"La Gaceta de la Ciudad de Guatemala," en atención, di- 
ce la Relación de sus títulos y méritos, (1) "á su literatura 
y prudencia." Pero no pararon aquí los nombramientos 
que recibió Valle. En Febrero de 1806 fué nombrado Ase- 
sor del Consulado de Guatemala: en Marzo de 1807, Fiscal 
del Juzgado de los Reales cuerpos de Artillería é Ingenieros 
del Reino, á propuesta de la Comandancia de los mismos 
cuerpos; y en Abril de 1808, Asesor de los referidos cuerpos, 
"cuyos destinos, asegura la Relación citada, y la Asesoría 
de los Juzgados Ordinarios de la Capital, desempeñó con el 
mayor tino y general aprobación, y los más de ello?, sin 
sueldo alguno, como igualmente otras comisiones de la Real 
Hacienda que también se le encargaron." (2) 

Como se vé, el joven Abogado estaba lleno de empleos y 
de honoríficas distinciones. Mas al escribir la Biografía de 
hombre tan notable, tan extraordinario, me dá profunda pe- 
na el apuntar que haya merecido y aceptado la confianza de 
ejercer el cargo de Censor, por más que este se contrajese á 
la prensa oficial, única que, de materias sociales y políticas, 
podia tratar en aquellos aciagos tiempos de opresión v de 
absolutismo autoritario. Repugna ver, cómo en fuerza de 
las instituciones de aquella época, la alta inteligencia de un 

. gran pensador, que en el fondo reconocía los fueros sagra- 

(1) Relación, etc. 

(2) Relación, etc. 












dos del pensamiento, tuvo por ministerio ejercer la censura 
que, aun en lo oficial, tiene siempre mucho de inquisitorial, 
de degradante y de odioso. 

Gran cosa era, socialmente, en aquellos tiempos, un Con- 
vento, en aquellos tiempos en que se reproducían, en Amé- 
rica, las sombrías faces de la Edad-Media. Valiosas cosas 
eran también los intereses de los Conventos, poseedores de 
fincas rústicas y urbanas, y de pingües rentas. Los rej 
sentantes de tan cuantiosos intereses eran muy favorecidos, 
y Valle obtuvo el beneficio, en 1808, de ser nombrado Aljo- 
fifado del Convento de Santo Domingo de la ciudad de Gua- 
temala y su Provincia. (3) 

¡Contrariedades notables las que ofrece la suert 
guiares contrastes los que presenta la posición de cié] 
hombres, cuando las ideas que profesan no están en an 
nía con el organismo de la sociedad en que viven! Valle, 
como verdadero economista, no podía ser partidario 
manos muertas, de la propiedad vinculada, inmovilizad;», 
poseída por individuos avezados á la inactividad, á la | 
za, y sustraída al movimiento del cambio, de la circular 
activa y reproductora. (4) Y sin embargo, el eoon< i¡ 
Valle, cediendo á las exigencias de su tiempo y de BU { 
ción, fué el Abogado, el Defensor dé Jas ma\ 
Sólo en los países libres, en que tienen ancho campo | 
desarrollarse, de un modo armónico, tedas las aetiw-lades, 
todas las aspiraciones de los asociados, puede n< 
ta de las repugnantes inconsecuencias que Q* 
á los hombres, como en un teatro donde se ivj>res< i 



(3) Relación, etc. 

(4) Valle condenaba las leyes '*qu« dlflcul 
poniendo trabas que embarazan su gln ■ " V 



28 



dignas comedias, representando papeles opuestos á sus con- 
vicciones y á los votos intimes de su conciencia. 

En el mes de Abril del año de 1809 fué propuesto, en 
terna, á pluralidad de votos, 'para el cargo de Diputado vocal 
de la Junta Central de la Provincia; y, en consecuencia, 
fué electo, habiendo merecido igualmente que se le nom- 
brase Secretario de la Junta Preparatoria, formada para el 
efecto de constituir la Junta definitiva. (5) 

La situación creada en España a causa de la invasión 
injustificable de Napoleón I, (6) el destronamiento de la fa- 
milia reinante, de los Borbones, que movió al heroico pue- 
blo español á hacer un ensayo de gobierno propio, por me- 
dio de sus Juntas revolucionarias; el ejemplo de la indepen- 
dencia de los Estados Unidos, ocurrida en el último cuarto 
del siglo XVIII, y la gigantesca lucha de independencia, 
comenzada en México y en la América del Sur, desde 1810; 
todos estos grandiosos acontecimientos, que debían cambiar 
los destinos de Hispano-América, vinieron á ejercer in- 
fluencia, aunque al principio muy débil, en los ánimos de 
los colonos pertenecientes al antiguo Reino de Guatemala, 
á quienes se adormecía y se halagaba con el título de fidelí- 
simos y muy leales vasallos. (?) 

No obstante el sistema de opresión, de engaños y de su- 
percherías que emplearan las Autoridades coloniales para 
contrarestar el espíritu de independencia; no obstante sus 
grandes y repetidos esfuerzos para ahogar, en germen, to- 

(5) Relación etc. 

(6) La invasión de España no ha podido justificarla ni Mr. Thiers, tan hábil 
Historiador como adorador del genio de Napoleón. Véase su Historia del Con- 
sulado y el Imperio. 

(7) Bandos del Capitán General Don Antonio González Saravia, de 15 y 27 de 
Mayo de 1810. Véase el Bosquejo Histórico de las Revoluciones de Centro- 
América, por Don Alejandro Marure, Capítulo I. 






29 



do principio de libertad; en el año de 1810 empezó á abrir- 
se paso, aunque lentamente, la idea de independencia: 
.el año de 1811 ocurrieron, en el Salvador y Nicaragua, los 
primeros movimientos de insurrección contra el régimen di- 
la colonia, movimientos que, malogrados, se repitieron en 
1812 y 1814, teniendo también, desde el punto de vista del 
éxito, un fin desdichadísimo. 

En el año de 1811, en que se efectuaron las priti 
insurrecciones de los- independientes, Valle era empleado 

I del Gobierno colonial, y aunque por su carácter de ameri- 
cano, por su ilustración y por sus aspiraciones, debió BÍm- 
patizar con la causa de la independencia, no obstante 
posición social, sus compromisos de amistad, y sus del 
de empleado leal, le impidieron, sin duda, manifestar- 
favor de los independientes, quienes, por otra parte, no po- 
dian inspirar confianza á los hombres reflexivos, atendido á 
que sus planes revolucionarios carecían de dirección y de 

I concierto. 
Talvez por tales motivos Valle fué un simple espectador 
de los acontecimientos del año de 11, siendo 
con su puesto de amigo de las Autoridades de la 
Esta actitud y algunas condescei; leneias posterior» 
lieron que el Arzobispo de Guatemala, F'ay Ramón 
saus, certificara ante el Gobierno «le la Metrópoli, en I 
lo que sigue: ''Este sujeto ha brillado como modelo de 
lealtad española, de patriotismo verdadero, y de adhesión 
heroica al legítimo Gobierno. í pesar dé lo que por i 
nobles sentimientos ha tenido que sufrir por loi tu- 
la envidia y malignidad de los propensos a la diaolv 
del Estado monárquico. Si los demás ainerieaie 
tinción é instrucción le hubieran imitado, la Auinica bu 



30 



biera sido feliz, y los pueblos no hubieran sido seduci- 
dos." (8) 

Hay elogios que hacen daño, mucho daño. El Arzobis- 
po Casaus, presentando á Valle como modelo de lealtad 
española, afea la figura de aquel gran centro- americano. 
Valle fué tan pequeño por su adhesión heroica al legítimo 
Gobierno de la colonia, como grande fué después por su 
firme adhesión á la independencia y á los principios de la 
República. Valle, subordinado á la colonia, y el Arzobispo 
Casaus afirmando que la América hubiera sido feliz si los 
demás americanos de distinción é instrucción le hubieran 
imitado, estaban de acuerdo con su educación, con sus an- 
tecedentes históricos, con sus intereses del momento, y se- 
guían las corrientes de las ideas de las clases sociales á que 
pertenecían; pero no estaban acordes con algo más imper- 
sonal, con algo más elevado, con algo más noble y durade- 
ro, con las exigencias de la justicia, con las inspiraciones de 
la humanidad. No es para todos el heroísmo de las revolu- 
ciones redentoras: Valle no tuvo ese heroísmo, y lo siento, 
y debe deplorarlo la Historia, pues es de desearse que el sa- 
bio estadista hubiese dado, en todo y por todo, un alto 
ejemplo de desprendimiento, de abnegación y de elevadas 
miras. Su sumisión á la colonia, según el criterio del Ar- 
zobispo Casaus, imitada por los americanos, habría hecho 
la felicidad de América. Este es el absurdo de los absur- 
dos. Y no se crea que hago esta afirmación en menospre- 
cio, y menos en odio á España. España nos dio todo lo 
que podía darnos, su noble sangre, su habla hermosísima, 
su religión, sus caballerosas costumbres, su genio atrevido, 
espiritual, y sus protectoras Leyes de Indias que han per- 

(8) Relación, etc. 



31 



mitido, para su eterna honra, que hayan vivido y vivan al 
lado de sus bisnietos, millones de los bisnietos de los indios 
que han venido, de manera gradual, civilizándose y forman- 
do un gran elemento social de nuestra América. Dígase 
lo que se quiera de la conquista de España, cuyos extravíos 
y excesos no justifico, (9) pero ella, por el espíritu y b 
dencias del Gobierno de la Madre Patria, nc tuvo por prin- 
cipio el odio y el exterminio de los aborígenes, inhumano 
principio que se ha visto realizado en los Estados Unidos 
de Norte América, bajo los auspicios de un sistema frió co- 
mo el cálcuo, exterminador como la muerte. En la» Re- 
públicas hispano-americanas vivimos los descendientes de 
españoles al lado de los descendientes de los caciques, prin- 
cipales y proletarios indianos; y vivimos como elemento- 
mónicos, puestos al servicio de una misma causa, de la cau- 
sa de la justicia y de la civilización. Este honor ¡na . 
corresponde á España, nuestra Madre Patria, de quién 
nemos los vicios, pero también las preclaras virtu 
Nuestra independencia se ha operado porque debía 
se, en cumplimiento de indefectibles leyes histórica*. Fué 
natural el resentimiento, fué natural el odio en tíempoi 
acerbas, de crueles luchas; pero hoy ley de amor d< be pt»- 

(9) Los excesos, las crueldades de los españoles, en daño ÜOS, que 

disminuyeron la población aborígene, no fueron estimulados ni MtOll 
el Gobierno de la Metrópoli. Las leyes del Ciobienm de 

cialmente protectoras: sus agentes, amparados p »r la 1 1 iveaadoa al 

militarismo, son, ante la Historia, los responsables drías mi , 
das en América. Isabel la Católica, Cari» »s 11 1 . y ot r. -sin 

len más, para mí, que muchos de los dictatoria l.s y sanguinario* caudillos que 
hemos tenido con el irrisorio nombre de Presidentes de ¡ 
lutismo de España, en América, era siquiera I 
dillaje, sobre ser funesto y execrable, es Ilógico .lamas la II. 
palabra de benevolencia para justificarlo. Entre Felipe D j m bárba ro caudi- 
llo indiano, estoy por Felipe II; su genio era sombrío; terrible, p.rualmeooa 
teniagenio. Prefiero la garra del león magee tuo ao del une», ala picadura 
envenenadora del miserable insecto 



32 



sidir á nuestras relaciones con la Madre Patria. Sus do- 
lores son nuestros dolores, sus errores son nuestros errores, 
sus alegrías son nuestras alegrías, sus glorias son nuestras 
glorian, su historia es nuestra historia, y á buen seguro, en 
lo porvenir, sus destinos serán nuestros destinos. Por es- 
to en la independencia de América yo no he visto ni veo 
más que la realización de la gran verdad, expresada en una 
de esas maravillosas síntesis históricas, que sólo es dado 
formular á mi ilustre amigo, el primer orador del siglo, 
Don Emilio Oastelar: "Los pueblos tienen que ser ingra- 
tos con los pueblos para ser agradecidos con la Humani- 
dad." 

Por acuerdo de 15 de Febrero del año de 1812 la Socie- 
dad de Amigos de Guatemala, restablecida en 1811, dispuso 
se diese, bajo el patrocinio de la Corporación, la enseñanza 
de la Economía Política. La Junta Directiva do la Socie- 
dad nombró á Valle Regente de la nueva cátedra, y este, 
en 12 de Marzo del mismo año, presentóle su plan de ense- 
ñanza, precedido de una exposición sobre el origen, carac- 
teres, desarrollos y fines de las ciencias. 

Luminosísima fué la exposición de Valle, y asequible y 
práctico su plan de enseñanza, que fué aprobado, en un to- 
do, por la Sociedad Económica. Consideró las ciencias, 
aplicando un criterio profundamente analítico, como origi- 
nadas de las naturales necesidades del hombre: las conside- 
ró tan diversas como diversas son las necesidades humanas: 
dio á las ciencias caracteres fundamentales, universales, en 
todas las zonas; y particulares caracteres, provenientes de 
sus distintos medios de aplicación en el tiempo y en el es- 
pacio: les atribuyó un carácter progresivo, sin límites asig- 
nables: les reconoció el sello de la unidad y de la variedad 



33 



en la historia de sus desarrollos: considerólas como elemen- 
tos de bienestar y de progreso para las sociedades, y como 
encaminadas á labrar la felicidad de los hombres. La ele- 
vada y brillante síntesis que sobre las ciencias nos ha deja- 
do Valle, en mi pobre concepto, no habría podido formular- 
la ni presentarla mejor ninguno de los sabios de su tiempo. 
Con respecto á la Economía política, tanto en la expo- 
sición á que acabo de referirme, como en el gran discurso 
que pronunció ante la Sociedad Económica, al inaugurarse 
la cátedra, expresó ideas exactísimas, de vasto alcam - 
los dominios de la teoría científica, y de incalculable tras- 
cendencia en el terreno de la práctica. La ciencia de la 
riqueza era para Valle una ciencia de observación, relacio- 
nada con todas las actividades sociales, y auxiliada por to- 
das las investigaciones y progresos de las demás cien* 
debía tener, por seguro criterio, el análisis completo <] 
causas que favoreciesen ó contrariasen el desarollo de loe 
agentes de la producción, para afirmar y fortificar Ice 
mulos, y desechar ó suprimir los obstáculos: juzgaba qne 
la ciencia económica no debía ser, lo que había rido en sus 
principios, una ciencia incompleta y de excluBmemoe, y» 
en beneficio de la industria rural, ya en provecho de la in- 
dustria fabril, ya en pro del comercio: conceptuaba qtl< 
ciencia económica estaba llamada a armonizar loi múlti- 
ples y complicados intereses de la producción, de la d 
bución y del consumo de la riqueza: Afirmaba qu< 
nomía tenía su parte universal, y sus especialidadei 
pación, sus especialidades de localidad. u üada n 
cía, tiene su Economía política, del miamo modo qm 
ne su Botánica, su Gramática \ bu Jorisprudí 

no) Véase su discurso sobre la Economía Poltttct 



34 



Elevándose á consideraciones de otro género, impug- 
naba, aunque con toda la mesura requerida por su posi- 
ción, el sistema anti-económico implantado por España 
en sus colonias: condenaba el retraimiento de los pue- 
blos, su falta de comunicaciones y de inmigración: con- 
denaba los procedimientos empleados en orden á la edu- 
cación; y condenaba, en fin, las trabas y entorpecimien- 
tos opuestos por la legislación, en nombre de restriccio- 
nes protectoras, de privilegios, ó de los intereses fiscales, 
al firme arraigo y al fácil desarrollo de la riqueza de los 
particulares y de la riqueza pública. Tales son, á gran- 
des rasgos expuestas, las principales ideas que en lo eco- 
nómico enunció Valle, en el año de 1812, ideas propias 
de un verdadero estadista, ideas que en aquellos tiempos, 
en América, y aun en Europa, sólo podían ser concebi- 
das y divulgadas por hombres que se adelantasen á su 
época, que fuesen los precursores de la revolución eco- 
nómica que se ha operado en este siglo, dando en tierra 
con mil errores funestos, y asentando las sólidas bases so- 
bre que reposan los progresos industriales de los pueblos 
modernos. 

Cuando después de más de medio siglo de enunciadas ta- 
les ideas, recibí, en Economía, las sabias lecciones del Doc- 
tor Don Mariano Ospina, uno de los hombres más instruidos 
y pensadores de la pensadora Colombia; cuando leí las obras 
de Rossi y de Courcelle-Seneuil, con que se honra la Fran- 
cia, las de Stuart Mili, con que se honra Inglaterra, las de 
Minguetti, con que se honra Italia, las de Flores Estrada y 
Colmeiro, con que se honra Espafia, y los famosos escritos 
sobre Política Económica del argentino Juan Bautista Al- 
berdi, obra monumental con que se honra la América lati- 



35 



na; (11) cuando reflexioné sobre las enseñanzas fecoi 
• de publicistas tan eminentes, me sentí orgulloso, com 
tro-americano, al reconocer que el centro-americano, 
del Valle, á principios de este siglo, había dado ya en Gua- 
temala las mismas enseñanzas, coincidiendo con el sentir 
de tan modernos publicistas, cuyo criterio forma hoy un 
voto decisivo en materias económicas. Lástima grande que 
las doctrinas de Valle no hayan sido conocidas, que So ha- 
yan salvado, recojidas en un libro, las fronteras de I 
tro-América. Lástima grande que nuestra i neo ría I 
dejado en los archivos, apolillándose, los escritos lumino- 

Í sos de Valle. Lástima grande que nuestra juventud 
haya sacado provecho de ellos, para renovar la faz de.i 
tierra centro-americana. Achaque inveterado 6i el nues- 
tro de ensalzar, de endiosar los militarismos triunfantes so- 
bre ruinas, y de llevar al extranjero, en alas de la adula» 
tan sólo el ruido de los atentados del caudillaje que han he- 
cho de esta tierra privilegiada, para los paites cultos, la 
tierra clásica de la anarquía ó del despotismo. Achaque in- 
veterado, y que ha de costamos lágrimas de i 
achaque nuestro, de otorgarlo casi todo á la fuerza, y d> 
garlo casi todo á las ideas; y hé aquí que la enferm 
moral de nuestros pueblos es arraigada y cruel; y hé aqnl 
que necesita de remedios heroicos. [Pobre Centro A 

En el año de 1812 no sólo ocupaban las ideas el alma de 
Valle; llenaba también un gratule amor BU OOrasón. 
bíase prendado de la Señorita 1 >.>ña Josefl Valero, d 
muy principal, y en el mismo año santificó loi 
afecto, uniéndose en matrimonio á la mnj< 

(11) V^se la Organización de 1» Confederación uy.-.i b •!■«», á tul 

juicio, es lamas digna de ser estudiada por I 



36 



de sus ensueños y esperanzas. La vida del matrimonio 
cuadraba mucho con el carácter de Valle. Hombre incapaz 
de disipar su actividad en locos devaneos, necesitaba buscar 
en la familia un centro de gravedad; así es que su enlace 
matrimonial no fué tan sólo la obra de la pasión, fué tam- 
bién la obra del convencimiento. Valle, por sus severas cos- 
tumbres, no podia ser el hombre de los galanteos, de las 
amorosas conquistas: tenia que ser, como lo fué, el honra- 
do, el intachable padre de familia. Fué amantísimo para 
con su señora esposa, y tuvo en ella cinco hijos, Don José 
Bernardo, y las Señoritas Doña Dolores, Doña Mercedes, 
Doña Juana y Doña Bautista. Alentó para con sus hijos 
un alma siempre llena de bondad y fie ternura. En la ac- 
tualidad tan sólo le sobreviven dos de sus hijas que residen 
en Guatemala y habitan la antigua casa paterna, guardan- 
do, con religioso respeto, todos los recuerdos y todas las 
reliquias de su ilustre padre. (12) 

(12) Por una especie de tierna piedad filial, muy digna de encomio, la fami- 
lia de Valle conserva su Gabinete de estu<Ü¡b tal como estaba al ocurrir su 
muerte! El gabinete tiene la forma de un gr¿ cuadro, rodeado de estantes de 
dos metros de alto, llenos de obras escogidas. Los puntos intermedios de los 
estantes están adornados con retratos, en medallón, de los autores predilectos 
del sabio Valle. Allí figuran Linneo, Nicolás Copérnico, Galileo Galilei, Cris- 
tian Wolff, Buffon (Conde José Luis), Isaac Newton, Bernardo Bobier de Fonte- 
nelle, Godofredo G. Leibnitz, Tasso, Ariosto, Cervantes, etc. etc. En el mismo 
gabinete se ven, por todas partes, colecciones de plantas disecadas, colecciones 
de minerales, familias de animales, instrumentos matemáticos, globos, mapas, 
petrificaciones curiosísimas, bustos mitológicos é históricos, etc., etc. El gabi- 
nete de Valle es el de un sabio. Allí tan sólo se vé una silla: esa silla la ocupa- 
ba el hombre estudioso que no gustaba de visitas importunas ni de pláticas in- 
sustanciales. Muchos, por esto, daban á Valle el epíteto de orgulloso. El 
ilustrado y dulcísimo poeta, mi amigo J. J. Palma, que visitó el gabinete de 
Valle, me ha dicho ' 'que le pareció estar en el Templo de la sabiduría y ver va- 
gar la sombra venerable del Sabio." Si Valle volviera á la vida experimentaría 
un gozo inefable al ver conservado su gabinete de estudio, como se conserva re- 
ligiosamente una reliquia. Nada es más grato que pensar en la perennidad de 
los recuerdos. De mí sé decir que me halaga la esperanza de que mi hijo con- 
serve siempre, como el mayor tesoro, el libro que cierre por última vez, y que 
sea objeto de mis últimos pensamientos. Perdónese á un pobre aficionado á las 
letras este rasgo de inocente vanidad; pero hay tanta ternura cuando se piensa 
en la muerte y en los seres queridos que han de consagrarnos algún recuerdo. . . 



CAPITULO TERCERO 



Nuevos cargos que obtuvo Valle desde 1813.— Sus principales escritos hasta 1815. 

t— Valle es recomendado por el Gobierno de la Metrópoli para que se le ten- 
ga presente en las vacantes que ocurran en las Audiencias de la Península. 
—Situación del Reino de Guatemala después de los movimientos de insu- 
rrección de los años 11, 12 y 14.— Indulto de los independientes, para cuyo 
acuerdo Valle dictaminó como Fiscal.— El Gobierno de Guatemala pasa de 
Bustamante á Urrutia.— Restablecimiento de la Constitución española en 
1820, lo que generaliza la opinión por la independencia.— Valle funda 
Amigo de la Patria," combate á Molina, y las ideas de libertad progresan. — 
Valle gefe de los Oazistas. — Urrutia delega el poder en Gainza, y este se Te 
compelido á proclamar la independencia, el 15 de Setiembre de 1821.— Opi- 
nión de Valle respecto á la emancipación nacional.— Valle redacta el Acta 
de Independencia. 



Las dotes personales de Valle y su reputación, de 
dia mejor sentada, le hicieron obtener ouevoí J dis- 

tinciones. En Mayo de 1813 la Regencia le comidió los ho- 
nores de Auditor de Guerra del ejército y Pro?ÍD< 
Guatemala, recomendándolo, por dos veces, i] Consejo <\<- 
Estado á fin de que lo tuviese presente para loe empl< 
su carrera en las provincias de ultramar: y en a 
mismo año fué nombrado por el Capitán General de Guate- 
mala Asesor de la renta de tabaco. La Relfl 
tulos y méritos, con referencia á sus servicios, 
en la Real Audiencia, así en clase de Abogad 
de Relator nombrado para las oaueae promovida! 0OB 
vo del último indulto concedido ahí. dio prttí M ins- 

trucción, actividad y celo por el mejor * 



38 



ver sus conocimientos nada vulgares, en filosofía, oratoria, 
lenguas, historia, matemáticas y jurisprudencia, y su tino, 
solidez y buena conducta moral y política, como lo certifi- 
can el Capitán General, el Regente, el Oidor Decano y un 
Alcalde del crimen de la Real citada Audiencia, asegurando 
el primero que este interesado es muy digno de una toga en 
aquel tribunal, hallándose con la ventaja de no tener rela- 
ciones en el pueblo, por estar distante del de su natura- 
leza." (1) 

A la vez que Valle desempeñaba, con celo ó inteligencia, 
los cargos que le fueían encomendados, continuaba ocupado 
en estudiar y en publicar escritos, algunos de ellos muy no- 
tables por los útiles conocimientos que difundían. Sus prin- 
cipales escritos hasta 1815 fueron: una Memoria ó Instruc- 
ción sobre la langosta y modo de exterminarla, y de preca- 
ver la escasez de comestibles, que se imprimió de orden del 
Gobierno: una Exposición de lo practicado por el Comercio 
en demostración de su lealtad, can motivo de las circuns- 
tancias creadas por los independientes; en este escrito in- 
dicó las providencias que convendría dictar para que pros- 
perase el comercio del Reino; de esta Exposición se hizo 
mención honrosa en "La Gaceta de México:" varios artícu- 
los anónimos publicados en los primeros tomos de "La Ga- 
ceta de Guatemala:" una Memoria sobre el método que de- 
be seguirse en el estudio de Jurisprudencia, complementán- 
dolo con los conocimientos de la Historia civil y particular 
del Derecho patrio: un Prospecto ó plan de enseñanza para 
la clase de Economía política, en que ofreció escribir unas 
Instituciones de esta ciencia: (2) una Memoria sobre el plan 

(1) Relación etc. 

(2) Hasta ahora no he podido averiguar si Valle dejo escritas las Institucio- 
nes de que se ha hecho mérito. 



39 



de estudios que convendría adoptar en la Universidad de 
Guatemala: una Instrucción sobre los derechos y farul: 
de los Jueces arbitros, los de las partes compromitentes, 
y el método con que deben proceder aquellos; y numerosas 
alegaciones en derecho sobre asuntos graves que defendió 
en la Real Audiencia. (3) 

Habiendo recurrido Valle al Gobierno de S. M., por me- 
dio de un memorial, informado favorablemente po 
pitan General de Guatemala, solicitando plaza togada en 
una de las Audiencias de la.Península, se dirigió su in*1 
cia de real orden, en 15 de Junio de 1815, por el Ministerio 
de Indias, con recomendación para que, con presencia de 
los méritos del interesado, se le tuviese presente en las va- 
cantes que ocurriesen. La Cámara acordó de conformi<l;il, 
en 17 de Junio dei mismo año, y en cumplimiento de la 
real resolución. (4) Valle, con tal acuerdo, alcanzó una de 
las más grandes ventajas y uno de los honores más insignes 
á que en aquellos tiempos«podían aspirar los hijos de espa- 
ñoles nacidos en América. 

A consecuencia de los progresos de la revolución d* in- 
dependencia que habia estallado en México v ir de 
América, y de los movimientos de insarreooiófl ooon 
en el Salvador y Nicaragua en 1811, repetidos en 
la conjuración de Betlen habida en Guatemala vn L8I8, y 
de los trabajos de insurrección vueltos á orunir en * 
vador, en 1814; á causa de estas manifestaciones ivvoh. 
narias de los pueblos, y de las duras y aun barbaria repre- 
siones que empleara para sofocarlas en el KYiim -Ir (iuate- 
mala el Capitán General Don José do Buatamai ierra 

(3) Relación, etc. 

(4) Relación, etc. 



40 



que sucedió á Don Antonio González Saravia, en 14 de Ma- 
yo de 1811; (5) á causa ae todo esto, aun bajo el terror que 
sabía inspirar Bustamante, la idea de independencia gana- 
ba terreno en Guatemala. No podía hacerse valer porque 
habían fracasado los independientes, ocultos unos, prisio- 
neros otros, y teniendo en perspectiva el confinamiento, el 
garrote vil ó la horca; pero los mismos excesos del despotis- 
mo hacían avivar más en los ánimos el justo y vehemente 
anhelo de hacer independientes las provincias del Reino de 
Guatemala; y tal sentimiento, y, tal propósito se generaliza- 
ban de dia en dia, más y más. La fuerza de vapor de las 
ideas estaba muy comprimida por el terror; pero esa fuer- 
za que hace las grandes revoluciones beneficiosas á la hu- 
manidad, en razón directa de la presión del despotismo, 
era cada vez más enérgica y potente. Uebía producir una 
explosión, un estallido, en no lejano dia, y romper la pesa- 
da y vieja maquinaria del sistema colonial, y hacer cesar 
las industrias criminales de tres sfglos; industrias que de- 
gradando, que desnaturalizando al hombre, lo desposeían 
de sus más preciosas dotes, — de su razón y de su libertad. 
Cuando tal situación, preñada de dificultades y de in- 
justicias, existía en Guatemala, Valle continuaba siendo el 
empleado sumiso, y hasta obsequioso, del régimen de la 
Colonia; él, que no tenía necesidad de empleos, porque era 
rico, porque muchos de ellos los servía gratuitamente; él, 
que no podía amar el despotismo, porque era hombre de ta- 
lento, de honrados sentimientos y de elevadas miras! Y 
sin embargo, Valle escribió una m;mifestación del comer- 
cio de Guatemala en favor del régimen colonial: Valle ser- 
vía á los intereses egoístas del comercio, que ha sido y será 

(5) Véase el capítulo I del Bosquejo histórico de Marure. 



41 



siempre el cálculo, nunca el sentimiento generoso, el cora- 
zón abnegado: Valle, conociendo que el Capitán General 
Bustameute, españolista cruel, habia burlado la honrosa 
capitulación de los insurgentes granadinos, para tía: 
como rebeldes, con duro é infame tratamiento, continuaba 

I siendo el Asesor y el Fiscal de las Autoridades colon i 
Valle, que conocía los intereses reaccionarios, la- 
cias retrógradas, los engaños y las supercherías del clero, 
se mostraba complaciente para con el oscurantismo, y se 
hacía acreedor á que lo recomendase el Arzobispo C'asaus 
como modelo de lealtad española. 

Explicable es la conducta de Valle en aquella I] 
pero de ninguna manera honrosa para sus sentimientos de 
americanismo, de que dio más tarde relevantes pru 
Valle había obtenido confianza, consideraciones y h<M* 
de los peninsulares: se habia educado bajo los auspieios del 
antiguo régimen, y era empleado de la colonia. Pudo 01 
que sus sentimientos de lealtad lo comprometían, de m 
ra indeclinable, á ser consecuente con sus ante. . OOfl 

sus relaciones y con su posición: así debió creerlo cuan- 
do tuvo la conducta que observó contrariando la causa 
de los independientes, quienes, por otra pinte 
en sus planes, corno antes he dicho, de dirección J 
cierto. 

Mas, tales deberes, tales considerar 
cer desconocer á V/allc la justicia de 1«» indepen 
¿Podían hacerle desconocer los horribles atentados 4t lee 
Autoridades de la Colonia? Valle, si 00 quería, W I1C podía 
ó no debía ser revolucionario, por lo menoe, pud< 
guardar silencio, pudo y debió dejar d 
un Gobierno que hostilizaba, que p«i 



42 



ba á sus hermanos, los centro-americanos, defensores de 
una noble y santa causa. Valle, en aquella época, debió, 
por lo menos, con su retraimiento absoluto, hacer una pro- 
testa en contra de las brutalidades de Bustamante, y en pro 
de los desgraciados, de los oprimidos, de las nobilísimas 
y primeras víctimas de la gran causa de la independencia 
de Centro-América. Pero en Valle, á pesar de su talento, á 
pesar de sus luces, á pesar de su rectitud de conciencia, pu- 
do más la tradición qae la nueva ¡dea redentora; pudo más 
su posición que el sentimiento de la generosidad; pudo más 
su interés del momento que los grandes intereses del por- 
venir de la Patria. En tales aberraciones, aunque excusa- 
bles, no caen impunemente los hombres que llegan á grande 
altura: la Historia las recuerda y las imprueba. José del Va- 
lle, durante la época precursora de la independencia, apa- 
recerá siempre como el hombre del cálculo, como el hombre 
de la fria reflexión, como el hombre del presente; pero de 
ninguna manera como el hombre de los nobles arranques, 
como el hombre de la espontánea y abnegada generosidad, 
como el hombre inspirado que mira al porvenir. 

En vista de los antecedentes indicados, no es extraño 
que Valle haya sido el Fiscal de los reos de Estado, de los 
independientes, cuando se acordó su indulto. En efecto; 
el Rey Fernando VII, en celebración de la paz y tranquili- 
dad de sus dominios, y de su matrimonio, por el que dio á 
los españoles una tierna madre en su muy amada y querida 
esposa, la reina, en real cédula, ¡expedida en 25 de Enero 
de 1817, (C>y dio un indulto general á los infelices que ge- 
mían en España, Indias y Filipinas bajo el peso de sus crí- 

(6) Maniré dice, ¡i mi juicio, equivocadamente. "Real orden de 25 de Junio 
de 1817." 



43 



menas. El Presidente de la Real Audiencia de G 
la, Gobernador y Capitán General del Reino, Don José de 
Bustamante y Guerra, como era de uso, tomó en sus manos 
la real cédula, la besó y puso sobre su cabeza estando en 
y destocado; (?) y hecho esto, para la ejecución de la real 
cédula, pasó el asunto al Fiscal. Valle, que era el Fi 
interino, pidió en 4 de Julio del mismo aflo, que M cum- 
pliese la real cédula, para él rasqo de piedn I en el di 
turoso del augusto matrimonio del monarca: que se viesen 
con preferencia las causas de los reos independientes, que 
causaban muchos gastos á la real hacienda, los que debían 
salir de América, según la real cédula, como p lores 

y trastornad ores. (8) 

Valle, dada sn posición voluntariamente aceptada, vo- 
luntariamente sostenida, no podía menos de tener el civ 
de la monarquía absoluta. Los independientes g* 
jo el peso de sus crímenes, y el indulto no era otra cosa que 
un rasgo de la real piedad. Impresiona dolor 
ver á Valle como fiscal de sus oprimidos y tiranizados i 
patriotas; ver á Valle doblar la cerviz ante tafl circunstan- 
cias; verlo de satélite del despotismo; verlo rec 
un crimen lo que no era más que un arranque noble y ge- 
neroso del patriotismo; lo que no era máf que un Baoríi 
hecho en aras de la libertad de Centro- Amén 

En el ano de 1818 empezó á ser roen< 
te délos independientes centro-americano* 1 
el implacable Bustamante, dejó en rae aflo el poder, 



(7) Esta ceremonia humillante era la qu< 

al recibir moa real orden, del rey su Señor, i.i ' ¡aba fé de habene 

efectuado ese acto de servil obediencia, 

(8) Véase el Tomo 16 de loa Documento! que •■\i-t..n«nel Archivo nacional 

de Honduras, correspondientes al afio de 1 



44 



sustituyó Don Carlos Urrutia, hombre de carácter débi- 
lísimo, y, por ende, muy apto para dar algún respiro á 
los independientes que harto lo necesitaban después de lar- 
gos y aciagos años en que el terror había llegado á entroni- 
zarse. 

Bajo el Gobierno de Urrutia las ideas de independencia 
cobraron nuevos bríos, y ganaron más terreno; pero su em- 
puje fué más vigoroso, y su expansión fué completa, en el 
año de 1820, en que se restableció la famosa Constitución 
española del año 12. Hermosos rayos de libertad, que 
partieron del foco revolucionario de la Metrópoli, penetra- 
ron al fin en los entenebrecidos horizontes del antiguo Rei- 
no de Guatemala. Se declaró la imprenta libre, y el pen- 
samiento, lleno de calor y de vida, brotó avasallador y lu- 
minosísimo del seno de la conciencia de los oprimidos. 
El Doctor Don Pedro Molina, sujeto de cultivada inteli- 
gencia y de grandes virtudes cívicas, fundó "El Editor 
Constitucional," y habló el lenguaje convincente y ardoro- 
so del patriotismo. Valle, á su vez, fundó "El Amigo de 
la Patria," periódico notabilísimo en que evidenció las ven- 
tajas de la civilización, en que trató, de un modo superior, 
de importantes materias científicas, y en que combatió las 
ideas políticas de Molina, quien no quería consideraciones 
ni contemplaciones, tratándose de los derechos del hombre, 
tratándose de la independencia. (9) Molina representaba 
la idea radical, Valle representaba la idea moderada: Moli- 
na era el órgano de la revolución. Valle era el órgano de 
una evolución. El antagonismo de tales hombres, el cho- 
que de tales ideas hizo más luz, esclareció más conciencias, 
acabó de vigorizar los ánimos, y la idea de independencia 

(9) Véase el capítulo I del Bosquejo histórico de Maniré. 



4:5 



convirtióse en un verdadero sentimiento nacional, poderosí- 
simo, imponente, irresistible. Nada como las luchas del 
pensamiento, nada como las luchas de la prensa para des- 
prestigiar y soterrar las malas causas, y para hacer triun- 
far, sobre sus ruinas, las causas que entrañan un nuevo prin- 
cipio, un principio de vida, de rehabilitación ó de perfec- 
cionamiento para las sociedades. 

Las opuestas ideas de Molina y de Valle tuvieron, como 
era natural, y como sucede siempre, sus órganos encarga- 
dos de llevarlas á práctica. Se crearon dos partidos, dos 
organismos políticos: el de los Gazistas, y el de I03 Cacos, 
El partido Gazista estaba compuesto de los españoles euro- 
peos y de la clase de artesanos: el partido Caco estaba for- 
mado de las familias llamadas nobles, y de los independien- 
tés, en su mayor parte: los Gazistas contaban con la pro- 
tección de las autoridades coloniales, y halagaban con medi- 
das de proteccionismo á los artesanos: los Caos contaban 
con el entusiasmo de los independientes, y con el apoyo 
del pueblo desheredado. Los Gazistas pretendía! 
las elecciones de Diputados á Cortes y de individuo! i 
Ayuntamientos, para hacer valer sus ideas de moderación, 
de treguas y de contemplaciones: los Cacos aspiraban al 
mismo fin, para hacer valer su idea radical de absoluta in- 
dependencia: Valle era el gefe autorizadísimo de loi 
zistas, Molina y Barrundia eran los gefes populara! de lo« 
Cacos: los Gazistas triunfaron en las elecciones, Hiera 
la intervención del poder, y á la influencia del OTO m 11< ' ! 
ron rodar, comprando votos: los CacOB lUÍrieron UBI ierro- 
ta electoral, pues no contaban más «juc mn l:i> 

el entusiasmo popular, elemento! bien pobrea ovando aun 
no tiene profundo arraigo la virtud republicana qfce sabe 



46 



sobreponerse á los halagos ó amenazas del poder, y á las se- 
ducciones del interés. 

Mas efímero fué el costoso triunfo del partido Gazista. 
Los Cacos se atrajeron á mucha parte de las familias no- 
bles, y se organizó un partido medio más disciplinado, más 
enérgico, más influyente. Por inspiración de este partido, 
la Diputación Provincial de Guatemala, reinstalada en 13 
de Julio de 1820, estrechó al Capitán General Urrutia para 
que delegase el mando en Don Gavino Gainza, Sub-Inspec- 
tor General del Ejército. El torrente de la opinión era in- 
contrastable, y Gainza empezó á ejercer el poder en 9 de 
Marzo de 1821. El régimen de la colonia estaba en plena 
decadencia, flaco, envejecido, tocado de mortal enferme- 
dad. A las épocas de decadencia corresponden, por lo co- 
mún, los hombres que declinan. Gainza estuvo en su pues- 
to al representar, en Guatemala, al poder colonial en sus 
postrimerías: Gainza era débil de carácter, voluble en sus 
resoluciones, de edad muy avanzada, y de salud quebranta 
dísima por frecuentes achaques: Gainza era el hombre que- 
bradizo, el organismo gastado de que necesitaban los inde- 
pendientes: Gainza debía asistir, con profundo duelo en 
el alma, á lüs funerales de la colonia en la América 
Central. 

La volcánica sacudida de los sucesos de México aceleró, 
por decirlo así, el hundimiento de la colonia en Centro- 
América. El tornadizo Gainza veíase desorientado, en me- 
dio de unasituación dificilísima, llena de dudas, incerti- 
dumbres y peligros, y fluctuaba entre opuestos propósitos, 
entre contrarias é inconciliables pretensiones, ora inclinán- 
dose á restaurar el despotismo colonial, ora siendo propicio 
á la causa de los independientes. Pero lié aquí que resuena 






47 



en Guatemala el grito de Iturbide proclamando el Plan de 
Iguala, en combinación con Guerrero: hé aquí que este su- 
ceso gravísimo se agravó con el pronunciamiento de 01 
pas en favor del Plan de Iguala. (10) México era libre, y la 
.libertad tocaba, con golpes redoblados, á las puertas del an- 
tiguo Reino de Guatemala: era ya imprescindible la ne 
dad de que oyera llamamiento tan enérgico, y declarase su 
independencia. Los independientes guatemaltecos 
comprendieron: apremiaron á Gainza con sus instancias y 
representaciones, halagando, á la vez, su vanidad é ¡ni 
ses, haciéndole comprender que él sería el Gefe de la n 
nación. Gainza, cediendo á la necesidad y á la convenien- 
cia, á los grandes y diversos estímulos que lo impulsaban, 
para salvar su responsabilidad, sin contrariar. las corri. 
de la opinión, y sujetándose al voto de la Diputación pro- 
vincial, convocó una Junta General de los emplead 
corporaciones de Guatemala para que dictase las 
convenientes sobre el capitalísimo asunto de la indi , 
dencia. 

La Junta se reunió el dia 15 de Setiembre di- 1>;M. 
Palacio de Gobierno. Valle tomó la palabra, ven un discur- 
so elocuentísimo, demostró la necesidad y la justicia de la 
independencia, pero manifestando que, para proclama 
debia oirse el voto de las Provincias. Las tamil mde 

Valle fueron acogidas con aplauso; mas su parecer, en • 

(10) Chiapas pertenecía al antiguo lieino de (¡uatemala i 
tro-americana. Los errores del partido conservador de Guatemala m» hicieron 
perder aquella rica provincia, hoy Estado de México Has tarda, 
derecho, por un acto de militarismo del General BantaAna, pen Hm oi • 

torio de Soconuzco, proverbial por sus producción 
territorio mexicano. Nuestra debilidad, que es la ohra .1 

fraccionamiento de nuestros pueblos, nos ha hecho perder lerritorloa raUoefat- 
mosá que teníamos incontestables derechos: pero ;aj to qpM jamás debería- 
mos perder es la honra de Centro-América ' 



48 



al aplazamiento, no fué adoptado. (11) La mayoría de la 
Junta, estimulada por las entusiastas é impetuosas manifes- 
taciones del pueblo, reunido en masa, acordó se proclamase 
en el acto la Independencia de Centro- América. La Diputa- 
ción provincial y el Ayuntamiento de Guatemala, órganos 
legítimos de la voluntad del pueblo, acordaron los puntos 
del Acta que debía celebrarse, y Valle redactó aquel memo- 
rable documento, el más antiguo y honroso título en que 
consta la primera y más gloriosa reivindicación de los de- 
rechos de los centro-americanos. (12) Valle también redac- 
tó el Manifiesto que publicó el Capitán General Gainza so- 
bre el gran suceso de la independencia. Valle, por fin, no 
obstante sus antiguas conexiones coloniales, no obstante sus 
recientes vacilaciones, no obstante sus dilatorias adversas á 
la libertad, entró, de lleno, en las anchas vías de la revo- 
lución, y dio la espalda al pasado. Desde que la indepen- 
dencia se proclamó, Valle rindió el culto más puro al nue- 
vo régimen: tan sólo pensaba y trabajaba con el nobilísimo 
fin de organizar la naciente República, á la que prodigaba 
los tesoros de su genio. Puede, pues, con sobrada justicia, 

(11) Valle, en su Manifiesto del año de 25, asegura en absoluto que la Junta 
General adoptó su voto sobre independencia: pero no hace relación al aplaza- 
miento que era necesario, oyendo el parecer de las Provincias. Por este apla- 
zamiento no estuvo de acuerdo la mayoría de la Junta, según lo dicen Marure 
y otros escritores, con quienes estoy de acuerdo. 

(12) Este recuerdo histórico inspiró al dulcísimo Poeta J. J. Palma, en una 
de sus más bellas composiciones dedicadas á Honduras, esta preciosa décima: 

En vaga reminiscencia 
Me parece aquí estar viendo 
Al sabio Valle leyendo 
El acta de independencia: 
Contemplo la resistencia 
Del llanero paladín ; 
Miro en Maipo á San Martín. 
Y me parece que escucho 
Los clarines de Ayacucho. 
Los tambores de Junín. 



49 



contarse á José Cecilio del Valle, al Autor del Acta inmor- 
tal de Independencia, de 15 de Setiembre de 1821, entre el 
número de los más ilustres fundadores de la Nación Cen- 
tro-americana. Mientras Centro-América sea, aunque frac- 
cionada, José del Valle será siempre acreedor á una inmen- 
sa deuda de gratitud! 



CAPITULO CUARTO. 



Plintos principales del Acta de independencia de 16 de Setiembre d« 

Nuevo sistema de Gobierno: Valle forma parte del Gobierno.— Trabajos ad- 
ministrativos de Valle para organizar la nación.— Se crean los j «li- 
beral y conservador.— El partido conservador trabaja por la soecdón da 
Guatemala á México.— Situación de Centro- América.— Guatem 
á México en 5 de Enero de 1822, contra la opinión de Valle y de los hüloptll 
dientes.— La Junta provisional consultiva se disuelve, y Valle vuelve & la vi- 
da privada.— Corresponde á Valle el honor de haber sido el pr 
Norte de América, que formuló la idea sobre "La Unión latine ;iui.-ricana.V 
Valle es electo Diputado al Congreso de México.— Viaje de Valle á Méxi- 
co, en 10 de Marzo de 1822. 



Importantísimos fueron los puntos acordados en el Acta 
de independencia de 15 de Setiembre de 1821. En ese docu- 
mento se fijaron las bases de un nuevo régimen: se d 
no que se eligiesen por las Provincias Representase 
formar el Congreso de la nación, al que debía eorrespOl 
la fijación de la forma de gobierno, y la formación d 
fundamental: que la elección de Representante* se hl 
por las mismas Juntas electorales que habían elegido Dipu- 
tados á las Cortes de Espafia, observándose las leyei al 
riores para el procedimiento de la elección : que las I 
cias eligiesen Representantes sobre la base de un Diput 
por cada quince mil habitantes: que el OongTOSO < 
yente se reuniese en l.°de Marzo de 1822¡ que 
nión no se hiciese alteración alguna en la ol 
leyes españolas, ni con respecto á los tribunales v fue. 



52 



narios existentes: que se conservase en toda su integridad y 
pureza la religión católica; y que mientras el país se consti- 
tuía, el gefe Don Gavino Gainza continuase con el gobierno 
superior, político y militar, obrando de acuerdo con una 
Junta Provisional Consultiva que se estableció, formada de 
la Diputación provincial, y de los Señores Licenciado Don 
Miguel Larreinaga, Licenciado Don José del Valle, Presbí- 
tero Don José Antonio Alvarado, Marqués de Aycinena, 
Doctor Don José Valdés, Doctor Don Ángel María Candí- 
na, y Licenciado Don Antonio Robles, á quienes se confirió 
la representación desús respectivas Provincias. (1) Valle re- 
presentaba la Provincia de Comayagua. Honduras tuvo el 
honor de ser representada por el hombre que animaba con 
su pensamiento aquella gran trasformación nacional. 

Los puntos enunciados fueron los más interesantes del 
Acta de independencia. Como puede notarse, el Acta fué 
eminentemente conservadora, pero también eminentemente 
sensata, dados los antecedentes y circunstancias de la época: 
en el Acta casi no se vé la expresión de ideas radicales, de 
principios revolucionarios. Se suprimió el Gobierno de Es- 
paña, conservando el organismo gubernativo de la Madre 
Patria: se dio, como por vía de gracia, ó como por vía de 
transacción, algunos meses más de vida á las autoridades y 
leyes españolas. Valle, con su gran prudencia, con su pro- 
fundo sentido político, comprendió que se daba un salto pe- 
ligrosísimo de un antiguo á un nuevo régimen, y que era 
necesario evitar una caida mortal: Valle comprendió que 
más que una revolución amenazadora para los intereses y 
preocupaciones coloniales predominantes en Guatemala, que 

Vi) Véase en el Bosquejo de Marure, ú en la Colección de lej^es de Guatema- 
la, por Pineda. Mont, el Acta de Independencia de 15 de Setiembre de 1821. 



53 



más que una revolución de inciertos resultados, y ocasionada 
á la ruina y desprestigio de la nueva causa, debía hacerse una 
transición conciliadora, pero regular y pacífica, una verdade- 
ra evolución social que, de un modo lento, pero seguro, die- 
se, andando el tiempo, todos los frutos de la independencia. 
Consumada estaba la emancipación política de Guate- 
mala, pero se necesitaba organizar los trabajos del Gobier- 
no, darles vigor y concierto, y hacer sentir á los pueblos, 
por medio de una administración benéfica, los favorables 
resultados del nuevo régimen. Se encomendó á Valle la 
formación de un plan administrativo, y este propuso se 
distribuyesen los trabajos entre Comisiones de seguridad y 
defensa, de instrucción pública, de estadística, de agricul- 
tura, de comercio y de hacienda pública. Las Comisiones 
se organizaron, y Valle se ocupó especialmente en el NU 
de rentas: "en la hacienda he visto siempre, decía, la co- 
lumna de bronce sobre que debe descansar la indcpenden- 
'cia." Perseverante é infatigable fué Valle en los trabajos 
del Gobierno provisional: formó estados de todas lai 
despachó los asuntos relativos á ellas, propuso medidas 
oportunas para aumentar sus ingresos, hizo el arancel de 
derechos de importación y exportación, explico sus funda- 
mentos en un notable escrito que le precedió, maní! 
á sus coasociados la necesidad de entrar en relaei.uieá de 
amistad y alianza con las demás nación, lió á la 

Junta Consultiva en el despacho de los múltip 
dos que estaban á su cargo. Además, 00010 p 
publicaba luminosos*escritos, evidenciando la> ventajas de 
la independencia, (2) escritos reproducidos. OOQ a p! auto, 
por la prensa extranjera. 

(2) Véase el tomo 2.° de "El Amigo de lu Pa 



54 



Todos los grupos políticos, de diversas y aun inconci- 
liables pretensiones, se habían unido para consumar la 
independencia de España; distintos fueron sus móviles, 
pero idéntico su propósito. El clero quiso la independen- 
cia porque era necesario aceptarla, y porque veía en la 
emancipación de Guatemala un medio de sustraerse á 
los rudos golpes que asestaran á sus privilegios las Cortes 
de España. Los peninsulares y sus adeptos quisieron la in- 
dependencia porque vieron halagados sus intereses y sus am- 
biciones. Los liberales, que formaron el antiguo partido 
de los Cacos, quisieron la independencia porque aspiraban 
generosamente á la práctica de sus radicales ideas republica- 
nas; y los hombres reflexivos, como Valle, quisieron la inde- 
pendencia porque tenían en mira una evolución política que, 
gradual y prudentemente, hiciese ganar terreno á la educa- 
ción liberal de los pueblos, para que se crease un sólido ré- 
gimen de libres instituciones en el Centro de América. 

Tan opuestos móviles, tan contrarias y enemigas pre- 
tensiones, no pudieron menos de romper, bien pronto, el 
acuerdo, el consorcio feliz que se efectuó para desligar á 
Guatemala de la Madre Patria. Los liberales pidieron que 
se derogase, y lograron su objeto, el artículo 3.° del Acta 
de independencia, por el que la elección de representantes 
de las provincias, se dejaba á las juntas electorales que ha- 
bían elegido diputados á Cortes, lo que aseguraba un triun- 
fo para el partido de Valle, para el partido Gazista: pidie- 
ron la formación de las milicias nacionales, lo que también 
lograron: pidieron la destitución de empleados sospechosos 
de tener afinidades con el antiguo régimen; y quisieron, en 
fin, extralimitándose, tomar participación en las delibera- 
ciones de la Junta provisional consultiva. Los península- 




55 



res y los criollos espafiolistas, por su parte, vieron con re- 
pugnancia la intervención de las clases populares en los 
asuntos público?; se dolían de relacionarse y mezclarse con 
hombres que casi el dia anterior habían sido no más que su- 
misos vasallos; y presentían que el arraigo de lasinstiti; 
nes de la República daría en tierra con sus intereses de cla- 
se, con sus privilegios de abolengo, y con su orgullo cifrado 
en los hábitos de una antigua dominación. Las exigencias 
y exageraciones inconsideradas de los unos, y el egoísmo y 
la vanidad de los otros, crearon, á poco de consumarse la 
independencia, dos partidos fuertes é irreconciliables: 
partido liberal independiente y republicano, y el partido 
conservador autoritario y reaccionario. En gérne 
ban estos dos partidos al proclamarse la independen' 
ro ese germen desarrollóse de irregular y viciosa manera, y 
creó hondas y acerbas divisiones que habían de traer, no loa 
antagonismos de un pueblo libre, sino las luchas destructo- 
ras de la libertad y de la' patria. 

La opinión predominante en Centro-Ainéric;i. la n« 
deramente popular, era la de los independientes republica- 
nos. Los conservadores reaccionarios veían que no i""; 
contrarestarla usando de procedimientos le- ¡ale* lia jo este 
concepto, se aprovecharon de las disidencias de algnnai po- 
blaciones de Honduras y de Nicaragua, decididsi a d< 
garse de Guatemala y unirse á México: explotaron la 
tuación de la vecina nación mexicana, en doudí 
Don Agustín de Iturbide podría constituir un sol. d 
rabie Imperio: ejercieron todas las malas ai 
cía para captarse la voluntad del tornad 
tiraba siempre al lado de las ideas monánjn 
v tan inmorales trabajos, al tin CaTOret 



56 



vil y cobardemente, desertó de las filas de los independien- 
tes, los conservadores reaccionarios ¿e sintieron fuertes para 
proclamar, sin embozo, la idea de que Centro-América no 
tenía elementos bastantes para constituirse como nación in- 
dependiente, y que debía unirse á México, si quería gozar, 
bajo el Imperio, de los beneficios de la paz y de la libertad. 

Los trabajos y las declaraciones de los conservadores hi- 
cieron más profunda, y á la vez ostensible, la enemiga de 
los liberales. Ardientes, exaltadísimas fueron sus luchas: 
el insulto, las recriminaciones, y aun la efusión de sangre, 
fueron los resultados desdichadísimos de tan funestas divi 
siones. La unión compacta de los hombres que habían he- 
cho la independencia, estaba disuelta. Los antiguos partí- 
dos de Qazistas y de Cacos estaban en descomposición, pues 
había Gazhtas leales á la independencia, y Caco* desleales 
á la patria; y en medio de este caos, muy natural después 
del caos de tres siglos de la colonia, la Junta provisional 
consultiva, presidida por Gainza, hombre sin conciencia, 
sin lealtad, sin convicciones, apenas si podia poner á raya 
los elementos de desorden, y sostener una especie de statu 
quo en la situación de Centro-América, dificilísima en el 
presente, y prometedora de gravísimas dificultades y de pa- 
vorosas dudas para lo porvenir. 

Las divisiones habidas en Guatemala se hicieron sentir 
en las demás provincias. El noble pueblo del Salvador 
quería, con firmeza, la absoluta independencia de Centro- 
América. Algunas poblaciones de Honduras y Nicaragua 
querían la anexión á México; otras la 'resistían: (o) Costa- 

(3) Tegucigalpa, en oposición á Coraayagua, estuvo siempre por la indepen- 
dencia absoluta de España y de México. Se mantuvo firme en este propósito; y 
en premio de su noble actitud y de sus servicios, se le dio el título de Ciudad, 
y á su Ayuntamiento, el de Muy noble Ayuntamiento. 






.v; 



Rica permanecía neutral. Así las cosas, en 28 de Noviem- 
bre de 1821, Gainza dio cuenta á la Junta provisional con 
un despacho de Don Agustín de Iturbide, de 19 de Octu- 
bre anterior, en que le manifestaba que Guatemala c. 
de elementos para asegurar su autonomía, para precfl 
de la ambición extranjera, y para constituirse como nación: 
que Guatemala debia formar un gran Imperio con M 
bajo el plan de Iguala y Tratados de C ordo va, y que, pañi 
atender á su seguridad, marchaba hacia la frontera on 
cito protector. 

Gentil ocasión presentó el despacho de Iturbide 
y los anexionistas. La Junta provisional, en vez de d< 
mar el despacho de Iturbide, ó cuando menos, de re 
su contestación al próximo Congreso, cuya reunión se había 
acelerado, fijándola para el l. c de Febrero, se limitó á ma- 
nifestar que carecía de facultades para resolver Bobl 
arduo asunto; pero á la vez aceptó, por mayoría, el 
diente inventado por el Marqués de Ayoinena, de que los 
Ayuntamientos, en cabildos abiertos, diesen su 
recogiesen el voto de los pueblos sobre la convenii 
conveniencia de la anexión. El Marqués de Aycinnii y loi 
demás anexionistas no tenían otros móviles que l< 
egoismo y la vanidad: querían hacer imposible Im R 
para obtener, en cambio de sus servicios I ib 
siones, condecoraciones y honores del imperio, B 
el marqués de Ayoinena que el resultado de dienta 

satisfaría sus ambiciones. Los pueblos seducid.» nD€ 
timidados otros con la amenaza de ejércitos m< 
inexpertos todos, debían dar lugar al sometimiento «1. 
témala á México. En vez de resolví 
trascendencia, como debió ser. por el Ooi 



o6 



de hombres de alguna educación política, y perfectamente 
conocedores de la situación de las cosas, iba á resolverse por 
pueblos ignorantes, sorprendidos por la intriga, y sin tiem- 
po siquiera para orientarse y recibir los consejos del buen 
sentido. 

Los trabajos de los anexionistas fueron empeñadísimos, 
y ya sin ningún embozo, en favor del Imperio. Se vejaba 
y perseguía á los independientes, y se quería triunfar, á 
toda costa. Gainza había mandado á los Ayuntamientos, 
en 30 de Noviembre, una circular para que, en cabildos 
abiertos, diesen su voto sobre la anexión y lo recibiesen 
de los pueblos, fijándoles, para ello, el angustioso plazo 
de un mes, pues en los primeros dias de Enero debía ha- 
cerse el escrutinio y la regulación de votos. Los pue- 
blos, aturdidos por el rudo golpe que les asestaran los ane- 
xionistas, pusieron en práctica, como les fué posible, las 
prevenciones de Gainza, Gobernador político y militar de 
Guatemala. 

Llegó al fin el dia fatal de 5 de Enero de 1822, dia de 
tristísima recordación. Reunióse la Junta provisional con- 
sultiva, presidida por el Gefe Gainza, y procedió á ha- 
cer el escrutinio y la regulación de votos. Resultó que 
algunos pueblos dejaban al Congreso la resolución sobre 
anexión, que otros la querían simplemente, que utros la 
aceptaban bajo condiciones, y que otros se conformaban 
con el voto de la Junta provisional. A esta divergencia 
de opiniones se agregó que faltaba la votación de sesen- 
ta y siete Ayuntamientos. En ocasión tan solemne, en 
que todo era dudas y conflictos, y en medio de aquel con- 
ciliábulo infame, conjurado en daño de la Patria, Valle 
se elevó á grande altura, como amigo de la verdad y de 



59 



los derechos de los centro-americanos: se opuso con toda 
la energía de su alma á la anexión, y en discurso bri- 
llantísimo, que por sí sólo bastaría para inmortalizar su 
nombre, dijo, entre otras cosas, á los enemigos de la in- 
dependencia: 

"Guatemala, colocada en la posición más feliz de la 
América, extendida sobre una área de ciento cincuenta v 
cinco mil millas cuadradas de tierras de diversos grados 
de temperatura y fertilidad, y poblada de dos millones 
de individuos, (4) de diversos talentos y aptitudes, tie- 
ne los elementos más preciosos de actividad: las semillas 
más fecundas de riqueza: los principios más activos de lo 
grande. 

"Bien administrada por un Gobierno que quiera, m 
tenga las facultades precisas para desenvolver aquellos gér- 
menes, Guatemala no sólo puede ser nación indej 
sino rica también, fuerte y poderosa. Pero muí administra- 
da por un Gobierno que no quiera, ó no sepa, ó no est« 
tante autorizado para desarrollar sus elementos, I 
la no podrá ser pueblo independiente y libre, grande ni ri- 
co. Ved esas tierras tendidas, fértiles y bien rito 
rán jardines, si el propietario, dueño de ellas, quiere ysa- 
be labrarlas. Serán malezas, abrojos, ó gramas sino 
voluntad ó pericia para cultivarlas. 

"Mirad á ese joven robusto y bien dispuesto | 
bir la educación más feliz. Será pequeño si su 
no quiere que sea grande; pero será sabio U n maestra quie- 
re que sea ilustrado. Un pueblo de dos millones de 
tantes, colocado en lo mejor del nuevo mun.i 
cipios ó recursos que no temo llamar inmensos, Se acaba 

(4) Hoy Centro- América tiene más de tres inilkMt d» 



60 



de proclamar, con todos los acentos de la alegría, con todos 
los idiomas del gozo, su libertad é independencia absoluta. 
¿Podrá pensarse que quiera perderla ahora que empieza á 
gustarla? Los hombres de Guatemala son como los de Chi- 
le, los de Buenos Aires, los del Perú, los de Colombia y los 
de México. (5) Quieren ser independientes) y tendré por 
mentirosos á los que supongan en ellos voluntad contraria: 
no hablan lo que sienten ó son locos, que han perdido la ra- 
zón, los que dicen que aman la esclavitud. Si en diversas 
actas distintos Ayuntamientos declaran (pie quieren perder 
su independencia y estar sometidos á México, yo no inferi- 
ré, á pesar de esto, voluntad positiva de esclavitud. Diré 
que ha habido movimientos ó intrigas subterráneas: diré 
que los municipales han sido sorprendidos: diré que por una 
parte se les ha anunciado que vienen de México ejércitos 
numerosos y bien disciplinados, y por otra se les ha mani- 
festado que el Capitán General, que tiene las fuerzas de es- 
ta nación, quiere que Guatemala esté sometida á México: di- 
ré que poniéndolos en posición tan violenta, no han tenido 
voluntad libre y espontánea: diré (pie ignoran los principios 
de derecho público, y por ignorarlos, no dieron las contesta- 
ciones que debían dar. No son los Ayuntamientos estableci- 
dos para cuidar de las escuelas de primeras letras, ó del aseo 
y limpieza de las calles, los que deben decidir de la suerte 
de una nación: no es una Junta creada para dar consejo al 
Gobierno, sobre los asuntos ordinarios d« despacho, la que * 
debe determinar su ser político: no es un Capitán General, 
nombrado para defender sus fueros, quien debe declarar so- 
bre sus destinos. Los de una nación dependen de ella mis- 



es) ¿Cuándo los hombres de Guatemala, ó los de Centro-América, confir- 
marán el honroso concepto que de ellos formó el Sabio Valle? 



61 



ma. Sólo Guatemala puede decidir de Guatemala; y esa 
voluntad no se ha pronunciado hasta ahora. Guatemala no 
debe ser provincia de México. Debe ser independiente. Es- 
to es lo que enseña la razón: lo que dicta la justicia: lo que 
inspira el patriotismo." (6) 

Pero vanos fueron los razonamientos incontestable? de 
José del Valle; vanos sus elocuentísimos arranques de no- 
ble y fervoroso patriotismo. La resolución de los anexio- 
nista^ estaba adoptada: formaban un conciliábulo liberti- 
cida, y no una Junta racional de Gobierno: la mayo 
cerró la inteligencia á las ideas, su corazón fué 
ble á todo sentimiento generoso, y sus oídos estuvio: 
sordos al clamor, al tristísimo clamor de la patria ago- 
nizante. La mayoría de la Junta, rompiendo en redondo 
por todo, acordó la incorporación de Centro-América á 
México, sin más condiciones que las insinuadas p 
bidé: la sujeción al plan de Iguala y á los Tratados de 
Córdova. 

Al consumarse el crimen de aquellos parricidas, triunfó 
el expediente del marqués de Aycinena, efectuándose desde 
entonces el desgraciado comienzo de la falsificación de los 
principios y de la opinión pública. El marquél 
na, talvez sin saberlo, en su expediente, encontró 
quísima mina que más tarde, una y mil feces, han - 
do los demagogos y tiranuelos de Centro-Ano' rira. 
'querido anular una Constitución? Se apela ;.. 
gogos ó por los déspotas á los Ayuntaraienl 
palidades. Los Ayuntamientos ó Munioipaii ^an- 

tan actas favorables á la intriga, y la Constitución desapa- 

(6) Manifiesto de Don José Cecilio d-1 Valle » 
Marure,— Bosquejo histórico, capítulo II. 



62 



rece. ¿Se ha querido, contra la ley, contra el organismo de 
la República, perpetuar en el poder á un caudillo dictato- 
rial y bárbaro? Se apela á las Municipalidades, se levantan 
actas que expresan la voluntad de los pueblos, y el caudillo 
se perpetúa ó se hace vitalicio. ¿Se ha querido glorificar la 
conducta de algún sátrapa desatentado? Se apela también 
á las Municipalidades. Estas levantan las consabidas actas, 
y así se justifican y se enaltecen las brutalidades de la de- 
magogia, ó las brutalidades de la dictadura. Con est^o no 
se ha hecho más que corromper á los pueblos (pie, de com- 
placencia en complacencia, de intimidación en intimida- 
ción, de abyección en abyección, han llegado á perder la 
conciencia de sus deberes, y la conciencia de su soberano 
poder. Si el marqués de Aycinena viviese vería las funes- 
tas consecuencias de su obra, de su expediente, y por egoís- 
ta, por empedernido que fuese, lloraría lágrimas de sangre 
sobre las ruinas de su propia obra; lloraría, inconsolable, 
porque fué el apóstol de la fuerza autocrática, fuerza que 
más tarde ó más temprano, convierte á los hijos, ó á los hi- 
jos de los hijos de los fundadores de la férrea opresión, en 
miserables subditos, mucho más infelices que los negros del 
África sujetos al látigo de especuladores y cruelísimos ne- 
greros. El marqués de Aycinena no supo lo que hacía; al 
menos no comprendió toda su trascendencia: falseó las ba- 
ses del derecho constitucional; y lié aquí que, salvas algu- 
ñas honrosas excepciones, á partir de tan funesto ejemplo, 
hemos vivido fuera del derecho público; y hé aquí que las 
naciones cultas, apreciándonos en lo que deben, casi nos 
han colocado fuera del derecho internacional. ¡Qué tal es 
la lógica inflexible de los acaecimientos históricos! ¡Qué 
tan severos, (pié tan terribles son para los hombres, son 






63 



para los pueblos que falsifican la conciencia, los providen- 
ciales castigos! (?) 

Consumada la anexión de Centro- Amé ríe 
muerta la patria centro-americana, á manos de muchos de 
sus propios hijos, como era natural y debido, desap-, 
Gobierno que la rigiera como nación independiente. La 
Junta provisional consultiva se disolvió en 21 de ! 
de 1822, y Gainza, el comodín de todos los partidos, con- 
tinúo como Gefe militar y político de la provincia subordi- 
nada á México: para su Consejo, convocó á los representan- 
tes, nuevamente electos para la Diputación provincial, que 
se instaló, por tercera vez, el 29 de Marzo del año de 
El nuevo Gobierno trató como sediciosos á todos los oposi- 
tores al Imperio, y los imperialistas trataron como ex- 1 
bles herejes á los independientes que prot< >>ntra la 

inconsecuencia, contra la alevosía, contra el perjurio de los 
imperialistas que habían dado muerte afrentosa á su propia 
madre, á su patria. 

Valle, amargado su corazón, conturbadísimo su espíritu 
por la primera y más cruel de sus decepciones polít 
tiróse á la vida privada, y en su profundo do m su 

profundo duelo por la patria muerta, buscó un referió y un 
consuelo en el estudio y en el cultivo de lai 
daba el desconsuelo inmenso de Cicerón. 3 
romano, dijo con infinita tristeza: "Despuél qofi 18 MI 

(7) F. Laurent, en sus Estudios Bobre la Histori de la Hunuu 
"Hé aquí una ley de lo que hoy llaman:. .s Filosofía de 
conocía la palabra, pero inaugura la Idea, atribuyendo » 

desgracias que afligen á los pueblos. "Alguien, dice al pottil i a negado que loe 
dioses se dignaran ocuparse de los hombres que huellan las máe «autee leyee: 
este tal era impío. Más de una vez lo han visi 

dían cosas injustas y se dedicaban 009 d< D • r A I* guerra.' 

.quilo, Agamemnón. ».» 355— 37ü. Véase mi L-Mudio sobre la Owíe, péftM» 
467—470. 



64 



la República, las ciencias fueron mi asilo: á ellas me entre- 
gué, y cultivándolas serví á la patria." 

Y sirvió á la patria, de noble y honrosísima manera, 
publicando escritos que hicieron y harán siempre honor á 
la América Central. Por aquellos tiempos en que se lucha- 
ba heroicamente en el Sur del continente por la indepen- 
dencia, uno de los pensamientos dominantes de los más 
grandes estadistas, amigos de la causa de los americanos, 
era el pensamiento de aí-egnrar la independencia de Améri- 
ca, y de ponerla á salvo de la reconquista de la Europa. 
El derecho público de aquella época está calcado sobre la 
capital y dominante idea de defensa nacional. En 1822 el 
Libertador y Presidente de Colombia, Simón Bolívar, invitó 
á los Gobiernos de México, Perú, Chile y Buenos Aires, pa- 
ra formar una confederación y reunir en el istmo de Pana- 
má ú otro punto, elegible á pluralidad de votos, (8) una 
Asamblea de Plenipotenciarios de cada Estado, con el fin 
de que asegurase la independencia y los intereses de la paz 
y de las instituciones de América. Antes de que pudiesen 
conocerse en Guatemala los trabajos .leí Libeitador Bolívar, 
en 23 de Eebrero de 1822, Valle, en fuerza de su genio con- 
cebía y formulaba, en el Norte de América, la misma idea 
del Libertador Bolívar. En un artículo, profundo por su 
fondo, y bellísimo por su forma (9) decía: 

"La América se dilata por todas las zonas; pero forma 
un sólo c mtinente. Los americanos están diseminados por 
todos los climas; pero deben formar una familia. 

Si la Europa sabe juntarse en Congreso cuando la lla- 
man á la unión cuestiones de alta importancia, la América 

(8) Véase Unión Latino- Americana por Torres Caicedo. 

(9) Véase en "El Amigo de la Patria" el articulo intitulado: "Soñaba el 
Abad de San Pedro; y yo también sé soñar." 




65 



¿no sabrá unirse en Cortes cuando la necesidad de ser, ó 
interés de existencia más grande la obliga á congrega 

Oid, americanos, mis deseos. Los inspira el amor á la 
América, que es vuestra cara patria, mi digna cuna. 

Yo quisiera: 

1.° Que en la provincia de Costa-Rica, ó de León, se 
formase nn Congreso general, más espectable que el de Yie- 
na, más importante que las dietas donde se combinan los 
intereses de los funcionarios, y no los derechos de los pue- 
blos: 

'¿° Que cada provincia de una y otra América mandase 
para formarlo sus Diputados ó Representantes, eon pk 
poderes para los asuntos grandes que deben ser objeto de su 
reunión: 

3." Que los Diputados llevasen el estado político, ecouó- 
mieo, fiscal y militar de sus provincias respectivas para for- 
mar, con la suma de todos, el general de toda la Améri 

•4.° Que unidos los Diputados y reconocidos si- 
se ocupasen en la resolución de este problema: /V 
pian de que ninguna provincia de América 
vasares externos, ni víctima de divisiones intesti 

o. ü Qjue resuelto este primer problema trabajaron en la 
resolución del segundo: Formar ''1 ¡dan unís na 

elevar las provincias de América <d t/r</d<> de riqm 
der á que pueden subir: 

<;." Que fijándose en estos objetos formasen: i. la i 
ración grande que debe unir á todos lo- I 
rica: 2.° el plan económico que debe enriquecer] 

7/ Que para llenar lo primero se cele 
lemne de socorrerse unosé otros todos los Ettadofl «nías 
invasiones exteriores y divisiones intestinas: que te desig- 



66 



nase el contingente de hombres y dinero con que debiese 
contribuir cada uno al socorro del que fuese atacado ó divi- 
dido; y que para alejar toda sospecha de opresión, en el ca- 
so de guerra intestina, la fuerza que mandasen los demás 
Estados para sofocarla, se limitase únicamente á hacer que 
las diferencias se decidiesen pacíficamente por las Cortes res- 
pectivas de las provincias divididas, y obligarlas á respetar 
la decisión de las Cortes; y 

8.° Que para lograr lo segundo se tomasen en cuenta las 
respectivas necesidades, y se formase el tratado general de 
comercio de todos los Estados de América, distinguiendo 
siempre con protección más liberal el giro recíproco de unos 
con Otros. 

Congregados para tratar de estos asuntos los represen- 
tantes de toda-' las provincias de América, qué espectáculo 
tan grande presentarían en un Congreso no visto jamás en 
los siglos, no formado nunca en el antiguo mundo, ni soña- 
do antes en el nuevo!" 

Hé aquí expresado con maestría el pensamiento tras- 
cendental de la liga americana; hé aquí á Valle elevándose 
á las más altas concepciones de los publicistas de los prime- 
ros tiempos de la independencia. Valle mereció y obtuvo 
grandes elogios por su famoso escrito sobre la liga america- 
na. El ilustre Don Bernardo Monteagudo, (10) en su En- 
sayo sobre una federación general en los Estados america- 
nos, llamó idea madre á la grande idea expresada por Valle. 
Si el erudito publicista, Don José María Torres Caicedu, 
tan profundo conocedor de la genealogía, desarrollos y vi- 
cisitudes de las ideas é instituciones de los pueblos latino- 
americanos, hubiese tenido á la vista los escritos de Valle, 

(10) Véase el capitulo 2.° del "Bosquejo Histórico" de Maniré. 



67 



correspondientes k los comienzos del afío de lfr¿'¿, no hay du- 
da de que, al escribir su interesante libro, la "Unión latí: 
americana," habría tenido como autores de tan fecundo 
pensamiento, de tau vasto proyecto, á Bolívar y á Valle; á 
aquellos dos genios que sin conocerse, sin relacionarse, sin 
cambiarse sus ideas, por una de esas raras visiones, que 
sólo corresponden á los excepcionales talentos, concibieron 
y formularon, en apartadas tierras, y casi al mismo tiempo, 
una misma idea, que es la idea de hoy, que es la idea del 
porvenir: la unión de la América latina para asegurar sus 
derechos, su tranquilidad, su engrandecimiento y 80 r< 
tura. En la actualidad la liga americana no paed 
todos los fines que tuviera en el primer tercio de este siglo. 
La situación de las cosas y de las ideas ha cambiado radi- 
calmente: la reconquista europea es imposible; la Kur 
no puede ser ya una amenaza para la América, Pero la 
liga americana será siempre un desiderátum para el 
triotismo, por cuanto regularía las relaciones internaciona- 
les de los pueblos latino-americanos, labrando ra pal | 
manente, y acrecentando sus progresos morales, políticos é 
industriales. La lucha desastrosa de las RepábliOM del 
Pacífico está probando la necesidad de una liga s:il\a 
para los más grandes y caros intereses de loa am< 

Aunque Valle estaba retirado á la vidapm 
tan sólo entre sus libros, con la vida del pensamiento, la 
provincia del Salvador, que se mantenía firme 
pósitos de independencia, quiso sacar á Valle de 10 ti 
miento, eligiéndolo Gefe superior político ,1c BD disgregada 
comunidad social. Pero Valle, comprendía la Minan,.,, di- 
ficilísima de los salvadoreños', pie se pivparabaí 

ruda lucha contra Guatemala: Valle comprendía qi 



m 



bía entrar en una lucha fratricida; y, determinado por tales 
consideraciones, no aceptó el honroso puesto que le ofre- 
cieran los independientes salvadoreños, los grandes batalla- 
dores por la causa del derecho y de la libertad de los pue- 
blos. 

Poco tiempo antes de declinar Valle tan alto honor, en 
10 de Marzo de 1822, fué electo por Tegucigalpa Diputado 
al Congreso de México. Chiqnimula lo eligió para igual 
cargo, en 19 del mismo mes. Valle no se había separado 
nunca de su familia, á la que tenia un apego entrañable; 
pero era preciso aceptar el encargo de los pueblos; la patria 
lo demandaba: era preciso dejar familia y amigos para ha- 
cer un viaje penosísimo, de cuatrocientas leguas, exponién- 
dose á toda suerte de contrariedades y peligros. Valle, 
pues, aceptó su cometido, y sintiendo una inmensa desola- 
ción en el alma, sintiendo un dolor, para él tan desconoci- 
do como acerbo, el dolor de la ausencia, salió de Guatemala 
para México el dia 7 de Mayo de 1822. Nuevo y hermoso 
teatro iba á presentarse á Valle para que desplegase su in- 
quebrantable actividad, para que hiciese brillar con mayor 
brillo las luces de su extraordinario talento. El actor fué 
digno del grande y nuevo teatro: Valle en México se colocó 
en las más encumbradas eminencias como ilustrado y nobi- 
lísimo representante de la dignidad y de la independencia 
de Centro- América. 



CAPITULO QUINTO. 



Trabajos de Valle como Diputado en el Congreso de México.— Prisión de Valle 
en el Convento de Santo Domingo.— Sus estudios.— Valle es nombrado Mi- 
nistro de Iturbide, y sale de la prisión para encargarse del Ministerio.— Su 
política en el Ministerio.— Caida del Imperio.— Valle vuelve & ocupar su 
puesto de Diputado.— Sus trabajos en favor de la Independencia de I 
América.— Regreso de Valle á Guatemala. 



El dia 28 de Julio de 1822 llegó Valle á la capital de 
Anáhuac. Grandes sucesos se habían operado recién te 
te en México: el Congreso se había instalado el 24 <1 
brero anterior, al año de haberse proclamado el plan de 
Iguala: el gobierno de la Regencia había deeap 
desde la noche del 18 de Mayo, merced á un proou 
miento militar, habíale sucedido el Gobierno de [túrbido, 
El 21 de Junio del mismo año se había efectuado la 
nación solemne del General en gefe del Ejército 
garantías que, por la gracia del militarismo, tomó el titulo 
de Agustín I, Emperador de México. (1) 

Bajo el Imperio, y en un Congreso que tenía moofa 
opositor á la nueva institución, Valle tomó posesión de su 
cargo el 3 de Agosto. El 5 del mismo mes fué nombrado 
individuo de la Comisión de Constitución: ai 
greso por la mañana, y á la Biblioteca de li oí 
tarde, donde se reunía la Comisión de que f< 
Por la noche se entregaos á su ocupación 

(i) Véase la Historia de México, por Don Murad P*j »••. pAfln» 1*. 



o 



tura. Tal era la vida de Valle durante los primeros dias 
de su residencia en la Capital mexicana. 

El trono de Agustín I se había levantado sobre las bayo- 
netas de un militarismo exaltadísimo. El Gobierno del Em- 
perador estaba viciado por su origen; así es que en el Con- 
greso sólo contaba con una minoría: la mayoría le era ad- 
versa y, cediendo á la expansión de sus sentimientos, era 
propicia á las ideas de Valle, quien desde luego trató de pre- 
parar la opinión para hacer triunfar su causa, la Indepen- 
dencia de Centro-América. 

Dificilísima era la situación del Imperio. Las conspira- 
ciones y las sediciones lo cercaban y amenazaban de muerte. 
Se había fundado sobre el deleznable pedestal de la fuerza, 
y tan sólo le ocurría emplear la fuerza para inutilizar las 
oposiciones. En 4 de Agosto propuso al Congreso que hu- 
biese en la capital de cada provincia un Tribunal compuesto 
de dos oficiales del ejército y de un letrado, nombrados por 
el Emperador, que conociese exclusivamente, ó á preven- 
ción, de los delitos de sedición, conspiración, homicidios, 
hurtos y heridas: que las apelaciones se hiciesen para ante 
el Capitán General de la provincia; y que, no siendo con- 
formes los fallos de primera y segunda instancia, se ocurrie- 
se en súplica al Supremo Tribunal de la guerra. Tan deli- 
cado asunto, que puso en alarma á los mexicanos, de orden 
del Congreso, pasó á la Comisión de Constitución, unida á 
la de legislación. Valle comprendió que de adoptarse el 
proyecto de ley del Gobierno sería someter á Guatemala al 
juicio de oficiales mexicanos, nombrados, por el Empera- 
dor, dificultándose más de esta suerte la independencia de 
Centro- América. Valle se opuso al proyecto, y dio dicta- 
men en su contra. El Congrego apoyó el dictamen de Va- 



71 



lie, y lo hizo publicar: el Ministro del Imperio retiró 
proyecto de ley. Hermos© triunfo de la oposición mexica- 
na! Brillante triunfo parlamentario, el del centro-america- 
no José del Valle! 

No obstante la derrota sufrida por la política aut«. 
ria del Imperio, en 16 del mismo mes de Agosto, se j 
sentó al Congreso la cuestión de si este ó el Ejecutivo de- 
bía nombrar los Ministros del Tribunal Supiv lus- 
ticia. Valle, en un luminoso discurso, calcado sobre la \ 
dadera teoría de la división y responsabilidad de los poderes 
públicos, estuvo por el nombramiento del Congreso. Este 
hizo imprimir su discurso, y siguió su parecer. Valle, en 
medio de los entusiastas aplausos de la galería, alcanzó un 
nuevo y espléndido triunfo parlamentario, ('-i) 

Por aquellos dias, Valle trabajaba con el Beflor Hendióla 
el proyecto de Constitución, asentando en él científicos é in- 
contestables principios de los que debía derivarle, ton rigor 
lógico, la independencia de Guatemala. Fijaba loe funda- 
mentos que debían servir para una seria y decisiva dtaooei 
La laboriosidad, esclarecidos talentos y carácter superior 
de Valle, le habían captado el aprecio y- simpatía* 
Diputados, sus compañeros, quienes, en '-¿4 <!»• A 
ronle una alta prueba de confianza y de consideración, nom- 
brándolo Vice-Presidente del Congreso. 

Tal era el puesto eminente de Valle, cuando ám «i. 
compañeros fueron á su habitación á manifestarle <i m ' mu 

(2) Sé. por tradición, que Valle era <i orador dominante "»aa da 

.México; que cuando iba á hablar la sociedad me\ieana s,- mi| 
dicen que se impacientan en España, separando la un-1 
Emilio Castelar; y que, corno sucede con tan tainos.) i ni ■ 
gos se decían, llenos de interés y de entualasnio: 

Señor Valle." Qué poder el del talento! Qué mágtoo ascendiente el de la pa- 
labra: Qué envidiable gloria la del verdadero oradorl 



72 



chos de los Diputados opositores iban á ser presos: un ve- 
cino de la capital le ofreció su casa para que se asilase, y 
otro se empeñó en que fuese á ocultarse en casa del Repre- 
sentante de Colombia. Pero Valle no quiso huir, ni estar 
oculto. "Que huyan, dijo, ó se escondan los que son reos 
ante la ley: I03 que han cometido delitos y son positivamen- 
te criminales. Yo no conozco el crimen: yo soy hombre de 
bien: yo respeto la virtud y procuraré siempre respetarla." 
Cruzado de brazos, inerme, pero con la conciencia tranqui- 
la, con la serenidad del justo, esperó el rudo golpe del mi- 
litarismo del imperio. 

El atentado del militarismo no se hizo esperar mucho 
tiempo. Valle, á la vez que otros Diputados, militares 
y paisanos, sin orden escrita, fué preso el 26 de Agosto, y 
recluso, como reo de estado, en el Convento de Santo Do- 
mingo, bajo mandamiento de incomunicación, y con cen- 
tinela de vista. Al encarcelar á Valle y tenerlo en la pri- 
sión, sin observarse requisito alguno, se violaron los artícu- 
los 172, 128 y 190 de la Constitución española del año 12, 
á la sazón adoptada en México. Pero ¿qué importan los 
artículos de una ley, aunque esta ley se llame fundamen- 
tal, al absolutismo que tiene por criterio la fuerza y por 
fin la venganza? ¡Desgraciados de los que tienen fé en la 
ley en las épocas de absolutismo ó de anarquía! La ley es 
la irrisión, el ideal que se pisotea: - la arbitrariedad es el 
hecho que oprime, el hecho que mata: es justicia infer- 
nal, pero es justicial (3) 

Inenarrables fueron los profundos dolores, los crueles 
sufrimientos que* se apoderaron del ánimo de Valle al verse 
en extraña tierra, en medio de lo desconocido, preso, inde- 

(3) Frase del poeta García Gutiérrez. 



73 



fenso, y á distancia inmensa de su familia que había de i 
bir, entre indecibles congojas, tristísimas nuevas del 
fuera su sostén, su padre cariñoso. Mil y mil pensamien- 
tos lúgubres, desgarradores, se agolpaban en la mente de 
Valle. Dirigía representaciones al Gobierno, y eran TO 
era reo de Estado, y se le interrogaba como testigo: qi 
saber el porqué de su prisión, é ignoraba el oort 
proceso: todo era dudas, todo era incertidumbres para el 
pobre preso que sentía en el alma inmensa desolación. Pa- 
ra dolores tan intensos, para infortunios tan amargos, solo 
había el lenitivo de la cariñosa benevolencia de los relisio- 
sos de Santo Domingo, y el dulce lenitivo del estudio. 
Franqueáronse á Valle, por los religiosos, las puertas de la 
Biblioteca del Convento, y pasaba los dias enconado en eu 
silencioso recinto, 'estudiando antiguos manuscrii< 
guos impresos relativos á los sucesos y establecimientos de 
México; leyendo antiguas Gacetas que le hacían observar 
los progresos de la nación; y revisando los mapas de N 
España, los de Álzate, Hurnboldt, Arowsmith y Brne, que 
rectificó en vista de nuevos informes y de propias 
ciones. Con qué noble y bella figura se presenta Valle á la 
imaginación como prisionero infelicísimo en el Convente de 
Santo Domingo! Se me figura ver, bajo la bó 
Dría y solitaria estancia, á aquel hombre de tes pal 
cada por los surcos que deja impresos el pen.-ami- 
parece- ver, al caer de melancólica tarde, á los áltioi 
del sol poniente, que penetraban por lasa',; 
ventanas de las tristísimas celdas del Convento 
mingo, á aquel hombre febricitante, poseído del antis d o sa- 
ber, inclinado sobre viejos manuserii. 
Hilados por los siglos: me parece verlo Leyendo j i 



74 



á leer seculares documentos, lleno de mortal tristeza, 
pero lleno también de noble afán por encontrar, en aquellas 
memorias del pasado, las huellas de una civilización, y al- 
gún germen precioso para lo porvenir! ¡Qué cuadro tan 
solemne! ¡Qué admirable combinación de luz y de sombras! 
Si yo fuera pintor, y tuviese artístico genio, y una paleta 
rica en colores, retrataría á Valle escogiendo aquellas lentas 
horas en que estudiaba, como sabio, en el Convento de 
Santo Domingo; aquellas horas tristísimas que evocan el re- 
cuerdo de la Edad Media, de aquella época en que, fuera 
del perímetro de las agitaciones de las luchas del siglo, la 
ciencia, deidad adorable, tenía seguro asilo en las silenciosas 
celdas de los Conventos, poblados de sombras y misterios . . . 
Pero hé aquí que cuando Valle estaba más concentrado 
en sus estudios, que cuando escribía algunos capítulos, los 
más interesantes de su Ensayo sobre las ciencias, (4) de 
improviso, á las seis de la tarde del dia 2*2 de Febrero de 
1823, presentósele un oficial de Iturbide para entregarle un 
pliego de su soberano. Imposible expresar la sorpresa de 
Valle! En el pliego se le comunicaba su nombramiento de 
Secretario de Estado y del Despacho de Relaciones Exterio- 
res, y se le prevenía se dirigiese á Zapaluta, residencia del 
Emperador, á recibir instrucciones. Se ordenaba, además, 
al Capitán General le diese una escolta y los auxilios nece- 
sarios para que se encaminase, sin demora, al lugar de la 
residencia imperial. ¡Qué cambio tan inesperado, tan brus- 
co en la posición de Valle! Aquello era como el súbito des- 
pertar de un sueño de horrores. Qué transición! Pasar 
de una estrecha cárcel á una absoluta libertad; pasar de la 

(4) Obra inéditada comenzada en Guatemala algunos años antes de la pri- 
sión de su autor. 



75 



condición de mísero reo, oprimido y olvidado, á ejercer la 
primera Secretaría del Imperio; pasar del abatimimiento 
de la impotencia, á la plena animación y al ejercicio de 
un gran poder; pasar de la penumbra de una celda silen- 
* ciosa, á la esplendente luz del medio dia, y al bullicio del 
mundo y de la política. ¡Qué raras, qué dramáticas son 
las situaciones de ciertos hombres! ¡Qué grandes, qué ma- 
ravillosas las antítesis de su vida! Imposible explicar su 
misterioso contraste, como imposible es explicar cuándo la 
mansa onda del cristalino arroyuelo formará parte de la ola 
embravecida del inmenso océano! 

Í Valle se presentó ante el Emperador, quién manifestóle, 

con hidalga franqueza, que lo había nombrado su MÍO 
para darle alguna satisfacción por los agravios que había 
sufrido. Valle olvidó las ofensas recibidas, le ofreció sus 
respetos, y le protestó su gratitud; pero le expresó, al 
mo tiempo, que no podía aceptar el honor que se le dit] 
saba. "Un Ministro, le dijo ante algunas personas que 
estaban presentes,- debe ser el primer hombre en la ciencia 
de los gobiernos; el primero en el conocimiento de la na- 
ción que ha de dirigir. No debo tener el orgullo de dar- 
me el primer título. No ha siete meses que llegué á 
xico, y no tengo, por consiguiente, todos los OOWOeiflH 
necesarios de esta nación. " (5) Añadió algunas otMH 
sideraciones para justificar la lio aceptación de la 8 
de Estado; pero Iturbide insistió y volvió & ¡asistir, > \ 
se vio en el caso de ejercer las funciones de su all 

Los enemigos políticos de Valle, más tarde y en ■! 
sas ocasiones, pretendieron desprestigiarlo pot u'ióu 

del ministerio, tachándolo de monárquico, de impera 

(5) Manifiesto de Valle ala Nación gimt.m.ilniiu, 18*8. 



76 



Semejante cargo no lo mereció Valle, si es que se juzgan 
sus actos á la luz de una crítica imparcial. Cierto es que 
respetó la legalidad existente durante la colonia: cierto es 
que fué hasta complaciente con los peninsulares, y por tales 
complacencias lo he juzgado con severidad; pero consuma-» 
da ia independencia, Valle fué el devoto más sincero del 
nuevo régimen, y de las nuevas instituciones, y el defensor 
más tenaz de sus fueros y excelencias. Si Valle hubiera si- 
do imperialista no habría sido el opositor más ardiente á la 
política del Imperio en el Congreso mexicano: no habría re- 
nunciado su cargo con insistencia ante Iturbide: no le ha- 
bría enviado algunos dias después su dimisión, en términos 
decisivos, á su residencia de Tacubaya, dimisión que no fué 
aceptada en términos absolutos: no habría, en fin, susten- 
tado en el Ministerio una política de moderación y de jus- 
ticia, cuando el Imperio, creado por la fuerza del militaris- 
mo, no podía hallar más salvación probable que en el em- 
pleo de medios coercitivos, de fuerza y de intimidación. Si 
Valle fué Ministro del Imperio de Agustín I, fué porque 
una necesidad indeclinable lo exigía, y porque además su 
puesto era propicio para trabajar en provecho de los intere- 
ses de su patria, nunca olvidada, de Centro- América. La 
Historia, que debe ser justa, absolverá á Valle del cargo 
que le hicieran sus enemigos políticos, mal aconsejados por 
el espíritu de ri validad, por el espíritu de las pasiones que 
no sabe perdonar ni á los hombres de acrisolada honra. Pe- 
ro las pasiones condenan, y la Historia absuelve. Hé aquí 
la más preciosa garantía de los hombres públicos que saben 
cumplir con su deber. 

Valle, en el ministerio, no estuvo en un lecho de rosas. 
El Imperio estaba vacilante, bamboleaba: las oposiciones 



77 



eran grandes y amenazadoras: la angustiosa situación del 
Gobierno exigía muchos trabajos, muchos esfuerzos, muchas 
vigilias, y Valle trabajaba, de día y de noche, sin darse 
punto de reposo. No le tocaban dias de calma y de solaz, 
# esos dias benditos que buscan, desalados, los politicastros 
del éxito y de los medros personales. Valle veía que la 
be tempestuosa se agrandaba y se ennegrecía, de momento 
en momento, y era preciso conjurar la tempestad. r ;Cómo 
conjurarla? ¿Cómo hacer que la crisis social se resolviese 
de un modo benéfico y honroso? ¿Se emplearía la política 
de un militarismo atentatorio á todo derecho, la política del 
terror? ¿O se emplearía la política de moderación y j 
cía que abre campo al sentimiento nacional y al espirita 
dominante de la opinión pública? Iturbide y Valle •■■ 
vieron por esta generosa y salvadora política. Valle, que 
como Diputado, no había querido la violencia, tam] 
quiso la opresión como Ministro de Iturbide: trabajaba 
que el Imperio no concluyese con una catástrofe: DO quería 
ni el desenlace de una revolución sangrienta, ni el d 
de una reacción liberticida que malograse las oonqoistas de 
la independencia. Esta política triunfó para honra de Itur- 
bide y de Valle. Las ideas republicanas se hicieron pn 
minantes en México. Kn 6 de Diciembre del uno de 
Santa Ana proclamó en Veracruz la Repúblioa, y fon,, 
plan llamado de Casa Mata, secundado por D 
ro y otros get'es. El Emperador, aunque con mi¡. 
tidarios y con un valor personal á toda prueba, BVlt 
mente la guerra civil: abdicó la ooron 
dejó el país, embarcándose con su familia cu \ 
el bergantín inglés Iíawlins, el 11 de Mayo de I-' 
Véase la Historia .i- México por Manuel I 



De manera tan pacífica y honrosa terminó el Imperio de 
Agustín I, y con el Imperio, el cargo desempeñado por el 
estadista Valle. Cuánto enseña la Historia! Qué apren- 
dan nuestros caudillos! Iturbide y Valle dejaron nada me- 
nos que uno de los más vastos y ricos imperios del mundo; 
(?) y lo dejaron, teniendo prestigios y elementos, sin lu- 
char, por evitar una guerra civil; por evitar que se derra- 
masen lágrimas y sangre. Cuando la opinión se subleva, y 
la guerra amenaza con sus horrores, ¿dejan así el mando de 
un pobre Cacicazgo nuestros caudillos centro-americanos? 
Qué nuestra Historia responda, y que nuestra juventud se 
inspire en el noble ejemplo de su compatriota ilustre, del 
Ministro de Iturbide! 

Merece mencionarse especialmente un noble rasgo de la 
conducta de Valle, durante el tiempo que estuvo en las al- 
turas del poder. Supo quienes habían sido los intrigan- 
tes, los delatores que movieran al Gobierno para efectuar 
su prisión; tuvo al alcance de la mano á los causantes de 
su pasada desgracia; pudo haberse vengado; mas hacién- 
dose supenor á todo resentimiento, á todo encono, renun- 
ció á la venganza. Sus ocultos enemigos, los que le hirieran 
por detrás, sólo pudieron arrancarle estas amargas pala- 
bras, verdaderas en todos los tiempos y lugares: "Los rep- 
tiles que entran arrastrándose en los palacios, para abusar 
después déla autoridad cou orgullo: los delatores oscuros, 
los informantes ocultos, han sido siempre los que he visto 
con más horror ' Grande fué Valle por el olvido ge- 
neroso de las ofensas que recibiera, y justo por el terrible 



(7) Con excepción de los Imperios de la Rusia y la China, el Imperio mexi- 
cano era el más grande del mundo: comprendía desde Centro- América hasta 
Texas, las Californias y Nuevo México. 



79- 



anatema que lanzó sobre los hombres-reptiles qne sor- 
prenden al que manda para herir, alevosa y cobardem 
te, á las víctimas de su odio ó de su envidia. La con- 
ducta y las palabras de Valle siempre serán una saludable 
lección. 

Caido el Imperio se restableció el Congreso que había 
sido disuelto en 30 de Octubre de 1822; y en 31 di- M 
de 23 constituyó un Poder Ejecutivo, compuesto de Br^ 
Victoria, Negrete y Guerrero. Valle volvió á ocupar su 
puesto de Diputado, y el Congreso continuó dispensan*: 
su confianza, y haciéndole honores dignos de sus altos mé- 
ritos. En 14 de Mayo de 1823 fué nombrado individuo 
de la Comisión especial para fijar las bases de la QetMtftn- 
ción, bases que explicó en un notable escrito, que fué im- 
preso de orden del Congreso. Fué también nombrado 
cal de otras comisiones importantes en las que trti 
empeñadamente, mereciendo siempre la aprobación y al 
aplauso de sus colegas. 

El 12 de Abril hizo una extensa representación al Con- 
greso, evidenciando la nulidad del Acta da anexión da ( I 
témala á México, y pidiendo la salida de las tropas da Fili- 
sola que operaban en territorio centro-americano. Ro pn 
mero de Julio se trató en definitiva la gran em stión N 
la independencia de Guatemala. Valle pronuncio en aqiw- 
lia sesión memorable un extenso y luminoso di* 
los incontestables derechos de Centro-América a >u inde- 
pendencia y á su libertad, derechos tanto nal htttagal 
cuanto que estaban declarados ¡natfcbf <'l P«M 

Iguala y los Tratados de Córdova, robra ouyaa batea ae ha- 
bía hecho, por un conciliábulo de imperta 
da v traidommente, la anexión de Cuaterna 



80 



La poderosa voz de la razón se hizo oir: Valle llevó á todos 
los ánimos el convencimiento. El Ministro del nuevo Go- 
bierno manifestó al Congreso que Guatemala debía estar 
en libertad para constituirse corno le pareciese, y que de- 
bían retirarse las tropas de Filísola. El Congreso, cediendo 
á la justicia, hidalga y brillantemente representada por Va- 
lle, dio un acuerdo confirmando los puntos indicados por el 
Ministerio. El acuerdo del Congreso resolvió por com- 
pleto la cuestión, y dejó garantizada la independencia de 
Centro-América. (8) 

Tras largos meses de propaganda, por medio de la pren- 
sa, y de trabajos parlamentarios en favor de la emancipa- 
ción de Guatemala, Valle vio colmados sus deseos, satisfe- 
chas sus aspiraciones, que eran los deseos y aspiraciones del 
patriotismo centro-americano. Alcanzado su honrosísimo 
triunfo, en 3 de Setiembre dirigió un oficio al Congreso, 
manifestando que había sido electo Diputado á la Asamblea 



(8) Sobre este interesante punto aun no se ha fijado la atención de los cen- 
tro-americanos. La segunda Independencia de Centro-América se debe á .Jos»'' 
del Valle. Es necesario hacerle esta justicia, pese á quien pese. Supóngase 
que Valle, merced á sus perseverantes y prestigiosos trabajos, no hubiese obte- 
nido del Gobierno y del Congreso mexicanos la declaración y garantía sobre 
la independencia de Centro-América: supóngase que el Gobierno y Congreso 
hubiesen querido, con firmeza, que Centro-América, unida al Imperio, hubiese 
continuado unida á la República : dado este supuesto, no obstante la dejación 
que del mando hizo Filísola, no obstante la decisión de los Independientes cen- 
tro-americanos, la anexión á México habría continuado. Pudo efectuarse, aun- 
que de hecho, la anexión al Imperio; pues con mayor razón pudo efectuarse la 
anexión á la República. Y si no, hé aquí una prueba. La República mexicana qui- 
so tomar nuestra provincia de Chiapas, y Chiapas le pertenece: quiso tomar nues- 
tro territorio del Soconusco, y el Soconusco también le pertenece. Multipliqúese 
por cinco esta cantidad de fuerza, y tendremos el resultado de la multiplica- 
ción en favor de México. Sin los trabajos de Valle, y sin el respeto de México 
al derecho, hoy constituiríamos un gran Estado de la Federación mexicana.— 
Unidos á aquella gran nación que hoy tiene verdaderas instituciones, ¿seríamos 
más felices?/ Mi razón me dice que sí: mis sentimientos de centroamericano 
me dicen que no. Gracias, pues, sean dadas á Valle que sustentó la causa fyue 
ama nuestro corazón. En cuanto á lo dem&s, principios, ideas, libertad, justi- 
cia, civilización, el porvenir decidirá Yo creo en lo porvenir! 



«1 



Nacional de Guatemala, y que él, lo mismo que sus com- 
paneros guatemaltecos, habían recibido orden de su Gobier- 
no para regresar á su país. El Congreso mexicano dio por 
retirados á los Diputados centro-americanos, y Valle dejó 
de asistir á las sesiones. 

Resuelta para Valle toda cuestión política en orden á 
su patria, tan sólo se ocupó en preparar su regreso, y en 
enriquecer su inteligencia con nuevos conocimientos sobre 
los elementos materiales y morales de México. "Una na- 
ción, decía, es un libro muy grande, de instrucción tniiv 
vasta y profunda.'' Volvió á leer el Ensayo político de 
Humboldt, estudió en los archivos los mismos impresos y 
manuscritos que tuvo en sus manos y que estudió aquel 
sabio viajero: visitó y observó los establecimientos públi- 
cos: dedicó atento examen á los minerales y á la llora y 
la fauna de México, y consiguió algunos instrumen tos de 
observación para emplearlos en nuevos estudios, doral 
su regreso á Guatemala. El viaje de regreso de Valle 
el viaje de un sabio. Observaba las temperaturas y | 
ducciones de cada lugar, fijaba las distancias de loó p 
blos, estudiaba sus usos y costumbres, tomaba alturas ba- 
rométricas y termométricas, coleccionaba y clasificaba mi- 
nerales y vegetales, y hacía toda clase de observaci' ■:. 
consignaba en un diario de su viaje. Quería regresar á 
Guatemala riquísimo en conocimientos para poner W 
cía al servicio de sus conciudadanos. Bajo un; 
tan halagüeñas, y con la más pura é indecible alegría de 
su alma, después de dos aflos de am D principios 

de 1824, Valle entró en la capital de (iua 1 
fiado de numerosos amigos que hablan salido I IH 1 
tro para darle plácemes de bienvenida, [nolfidftbb fué 



82 



para Valle aquel dia venturoso de su retorno. Más tarde 
decía con tierna emoción: "Si me hubiera sido posible 
estrechar en mis brazos á Guatemala, yo la hubiera apre- 
tado entre ellos, con más gozo que un amante al objeto 
de sus amores." En aquel dia feliz el sabio callaba; ha- 
blaba tan sólo el hombre de corazón. 



CAPITULO SEXTO. 



Lo que había sucedido en Centro-América durante la ausencia de Valle.— Valle 
ejerce el Poder Ejecutivo Nacional de Centro-América.— Constitución de 
1824.— Valle dá cuenta al primer Congreso federal de los trabajos del Co- 
bierno.— Elección de Valle para Presidente de la República de Centro- 
América.— El Congreso anula su elección.— Retraimiento de Valle, y su 
Manifiesto de 1825.— Valle funda el ''Redactor General:" sus escritos como 
publicista.— Conducta de Valle durante la reacción de Arce y los conserva- 
dores de Guatemala.— Discursos de Valle en 1829.— Valle juzgado como 
orador. 



Entre tanto que Valle permanecía en México trabaj 
en favor de la independencia de sn patria, grandes y rui- 
dosos acontecimientos ocurrían en Centro-América. La 
provincia del Salvador había entrado en heroica lucha 
con Guatemala para defender los fueros de la indi penden- 
cia: los imperialistas guatemaltecos, sobradann 
nales, como sobradamente ineptos, habían sido 
para someter á los independientes salvadoreños: i 
beleidoso Gainza, había sido llamado á México por ser con- 
ceptuado como sospechoso, ó por lo meo • inútil: al 
Brigadier Don Vicente Filísola había llegado 
con seiscientos mexicanos, se había hecho cargo de] 
como Capitán General de la provincia, y había mi 
teatro de la guerra: el sometimiento de lofl 
estaba para consumarse, y sufrían aten! 
déla soldadesca mexicana, cuando KilNfla i 
pronunciamiento de Casa-Mata: Filísola. qne gobernó 00» 



84 



un buen sentido y con una moderación que honran su me- 
moria, había convocado, en 29 de Marzo de 1823, un Con- 
greso que debería reunirse en Guatemala, conforme al Ac- 
ta de 15 de Setiembre de 1821: á la sazón Honduras estaba 
en conmoción, y grandes disturbios ocurrían en Nicaragua y 
Costa-Rica: el 24 de Jumo se había instalado solemnemente 
la Asamblea Nacional Constituyente, compuesta de los hom- 
bres más notables de CentroAmérioa: la Asamblea que ha- 
bía abierto sus sesiones, en 29 del mismo mes, había toma- 
do en consideración el Acta de 5 de Enero de 1822, y de- 
clarado en el memorable Decreto de 1.° de Julio de 1823, 
que las provincias de que se componía el Reino de Guatema- 
la eran libres é independientes de la antigua España, de 
México y de cualquiera otra potencia, así del antiguo como 
del nuevo mundo, y que no eran ni debían ser el patrimo- 
nio de persona ni familia alguna: que dichas provincias 
tuviesen la denominación de Provincias unidas del Cen- 
tro de América: el Congreso se había ocupado en dictar 
otras medidas de alta importancia y de constituir un Poder 
Ejecutivo provisional, compuesto de tres individuos de cu- 
yo número fué José del Valie, por segunda elección de la 
Asamblea. Tales fueron los sucesos principales que se ha- 
bían verificado, tal era la situación de Centro- América 
cuando Valle, electo Diputado é Individuo del Poder Eje- 
cutivo, llegó de regreso de México á Guatemala, en princi- 
pios del año de 1824. 

A instancias de ia Asamblea Nacional, Valle, el 5 de 
Febrero de 1824, tomó posesión de su cargo como individuo 
del Supremo Poder Ejecutivo. Valle era el pensamiento, 
era el nervio de aquel Gobierno provisional. No vivía para 
su familia ni atendía á sus intereses; tan sólo vivía para la 



86 



patria, y tan solo atendía á los públicos interese?. No se 
limitaba á hacer lo que era de su estricta abligación. Tra- 
bajaba como individuo del Poder Ejecutivo, trabajaba co- 
mo Secretario, dictando algunas notas para auxiliar al Mi- 
nisterio, trabajaba como Presidente de la Comisión de Ha- 
cienda, y trabajaba, en fin. como redactor de "La G 
del Gobierno Supremo de Guatemala," periódico que siem- 
pre deberá consultarse, pues es fuente de grandes y prove- 
chosas enseñanzas políticas y administrativas. (1) 

El asunto más serio, de más vital interés que embarga- 
ba la atención del Poder Ejecutivo, fué la pacificación de 
Nicaragua. Esta provincia, por el afío de 24, estaba des- 
trozada por el monstruo de la anarquía: su vida era una 
vida de horrores: formaba lo que después formó Honduras 
bajo el desgobierno del General José María Medina y de- 
más caudillos que precedieron al Gobierno del Señor Don 
Marco A. Soto: el escándalo de la América Central. Kn 
orden á la pacificación de Nicaragua, divergentes eran loe 
pareceres de los gefes del Ejecutivo, Valle y Aro 
retardaba la pacificación porque quería el empleo de medios 
prudentes que evitasen la intervención armada d( 
dor, en la que estaba interesado Arce como salvador, lo, 
vando, entre otras miras, la de ensancb u- sufl m en 

Nicaragua. Valle obró mal comprometiendo, por espíritu 
de rivalidad, los más caros intereses de toda DI 
necesitada, ante todo, de paz y de regularidad* IVro su res- 
ponsabilidad se atenúa si se considera que l:i 
Salvador, de acuerdo con Arce, qufeo obrar por su pi 
cuenta, sin contar con el Gobierno g 

[1] Véanse los tomos de "La Gaceta de Guatemala,' * corretpoodtaotM 4 loa 
años de 1824 y 1825. 



86 



eión de Nicaragua. Valle debió poner obstáculos á tales 
procedimientos, pues como hombre de principios y de vis- 
ta perspicaz, comprendía la dañosa trascendencia que ten- 
dría la indisciplina, la insubordinación del Gobierno de 
una provincia. Sin embargo, Valle, para hacerse supe- 
rior á odiosas rivalidades, y cumplir en todo con su deber, 
debió poner á raya las extralimitaciones de la autoridad 
salvadoreña, y á la vez, emplear prontamente medios efica- 
ces para el logro de la completa pacificación de Nicaragua. 
Esto habría hecho honor á sus prendas de particular y de 
gobernante, y habría evitado que su competidor Arce obtu- 
viese más tarde, en 1825, el triunfo de pacificar á Nicara- 
gua, y de dar alguna regularidad á su modo de ser político. 

Los desacuerdos de que he hablado, y el carácter altivo 
y, por lo común, intransigente de Valle, hicieron que Arce 
se separase del Gobierno. Arce era á su vez orgulloso, ha- 
bía prestado grandes servicios á la causa de la independen- 
cia, tenía muchos prestigios entre los liberales, poseía la 
conciencia de su alto valer, y no toleraba el predominio 
que ejerciera Valle por su carácter imponente y su talento 
incontestable. Sucedió á Arce en el Poder Ejecutivo Don 
José Manuel de la Cerda, sujeto que siempre supo distin- 
guirse por su moderación, por sus desinteresados servicios, 
y por su amor acendrado á la independencia y á las institu- 
ciones republicanas. Más tarde el triunfo definitivo de Ar- 
ce sobro su competidor Valle debia ser fecundo en males 
para Centro-América. 

A la sazón que Valle y sus colegas ejercían el Poder Eje- 
cutivo de las Provincias de Centro-América, la Asamblea 
Nacional Constituyente se ocupaba en la formación de la 
Ley fundamental que había de darse á la República. La 



87 



Asamblea estaba dividida en dos grandes partido?, el fe- 
deralista y el centralista: el primero estaba formado de- 
libérales que querían dar á Centro-América una Constitu- 
ción federal, análoga á la de los Estados Unidos del Nor- 
te: el segundo estaba formado de los conservadores que 
querían hacer de Centro-A mélica una República unita- 
ria, y constituirla bajo el régimen de un Gobierno central. 
La situación de las provincias, que supieron preparar para 
su objeto los liberales, el desprestigio en que estal an las 
ideas de los conservadores que acababan de ser imperialis- 
tas, y el seductor ejemplo de las instituciones norte-ameri- 
canas, todas estas causas, unidas á una gremio inexperien- 
cia, dieron en la Asamblea el triunfo á la idea de los f< 
ralistas. Adoptado el principio del federalismo, la Asam- 
blea, después de ímprobos y honrosos trabajos, y de ru ¡do- 
mos debates parlamentarios, en 22 de Noviembre de Lí 
emitió la Constitución de la República Federal de C« ntfO- 
América. Valle, aunque electo Diputado, no figuró en la 
Asamblea Constituyente, por estar encargado del Ejecuti- 
vo. Su nombre y los de sus colegas, Don José Manuel 
la Cerda, y Don Tomás 0. Ploran, aparecen ante 
el ejecútese de la primera Constitución de la RepAbl 

Valle, en algunos de sus escritos, ya fu- 
motivos de patriotismo, ya fuese por íntimo 0OQT61 
to, se mostró muy satisfecho de la nueva Oooatll 
deral de Centro-América. Sin embargo, infundada era su 
satisfacción. Error f tu ■Ivnjntil toé, i ni ji'Hi»'. la acep- 
tación de un régimen federal para las Provincias del an- 
tiguo reino de Guatemala, El federalismo r 
tra unidad histórica: creó para un pueblo. 
cación política, el sistema de Gobierno ma 



*« 



ticarse: estableció un complicado y anti-económico organis- 
mo gubernativo para un pueblo falto de comunicaciones y 
de recursos: constituyó un poder nacional, destituido de su- 
ficientes y vigorosas atribuciones: sembró, en fin, en el sue- 
lo de un pueblo inquieto, apasionado, de raza meridional, 
irreflexiva, la simiente de una constante guerra civil. (2) 

La derrota de los conservadores que tenían razón, y el 
triunfo de los liberales, que sólo tenían buenos deseos, nos 
han costado muy caro, y muy caro costarán también á las 
venideras generaciones. El error de los federalistas del año 
de 24 trajo, antes del 29, la anarquía que produjeron los 
golpes de Estado del Presidente Arce: hizo que escollasen 
los esfuerzos del genio fecundo de Francisco Morazán : hizo 
que en el año de 39 quedase despedazada, hecha girones la 
Patria centro-americana. Hoy mismo aquel funesto error 
produce la ruinosa y excepcional situación de las pequeñas 
Repúblicas de Centro-América: hoy mismo aquel error, 
por siempre lamentable, hace que en toda la América espa- 
ñola sólo los centro-americanos tengamos la más pavorosa 
de las cuestiones, la cuestión de buscar los medios de exis- 
tir políticamente. México, la Confederación Argentina, 
Colombia, Chile, Venezuela, el Perú y demás Repúblicas 
del Sur, han tenido el bueu sentido de conservar, bajo una 
ú otra forma, la entidad nacional, fuerte y respetable, que 
constituyeran históricamente. Algunas de dichas Repúbli- 
cas han hecho grandes conquistas en el terreno de la verda- 
dera democracia y de la verdadera civilización, y no podrán 
ya retroceder: las menos felices tienen cuestiones dificilísi- 
mas que resolver en lo social y en lo político; pero no tie- 

[2] El autor de esta obra hace un juicio crítico, amplio y fundado en antece- 
dentes y hechos concretos, de la Constitución federal de 1824, en la Biografía 
inédita del Benemérito General Don Francisco Morazán. 



89 



nen que resolver la cuestión de existencia, la cuestión de 
ser verdaderas naciones. Aunque el Perú fuese desmem- 
brado por su enemiga Chile, el Perú siempre tendrá e'e- 
mentos para ser una nación: toda su cuestión se rediu 
modo de gobernarse con honradez y cordura. Pero entre 
nosotros, á causa de que el buen sentido práctico sólo ha 
brillado por su ausencia, existe, lo repito, como tristífima 
excepción en la América española, el más pavoroso y terri- 
ble de los problemas, el problema de existir. La cm 
para nosotros no es de atender al modo de gobernarse cada 
una de nuestras infinitesimales Repúblicas: la cuesti. 
pital es unirnos para formar una verdadera nación. 
didos los pueblos centro-americanos, pueden hacerse 
los benéficos arreglos imaginables, pueden emit 
las Constituciones más perfectas en teoría, pueden b 
zarse algunos relativos progresos, y armarse grandes al gaza- 
Tas en pro de la civilización y de la libertad. Pero todo 
esto es precario, es vano: el vicio esencial de la de- 
corroe nuestro raquítico organismo, nos mata. 
mantiene la debilidad de nuestros pueblos, ¡ta su 

inmoralidad, elementos que serán siempre | 
que imperen en Centro-América la anarquía 
mo que hacen imposible un régimen de garantía 
daderas instituciones republicanas, único que pi 
sentarnos ante el extranjero como miembros de una i 
digna y respetable. A qué precio se paga un error fun- 
damental en política! Después de más dé medio ?iglo de 
luchas fratricidas, el error de los federalista! del S i nos ha 
legado esta cuestión aterradora: BÜSQ1 
DIOS DE EXISTIR; SALVEMOl 
solveremos? ¿Cuándo habremos de salvara 



yo 



que nos ofrecen, aunque de lejos, el buen sentido, la liber- 
tad y la civilización? Quién sabe! Ojalá que las genera- 
ciones venideras sean más felices que la nuestra! Entre 
tanto, trabajemos en pro de las ideas. 

Después de emitida, en 22 de Noviembre de 1824, la 
Constitución de Centro- América, conforme á sus prescrip- 
ciones, se instaló el 25 de Febrero del año siguiente, de 
1825, el primer Congreso Federal. Al abrirse sus sesiones, 
Valle, en un discurso digno de un verdadero estadista, in- 
formó á los Representantes del pueblo centro-americano de 
los trabajos llevados k cabo por el Gobierno provisional. 
Valle dijo: "Dirección prudente de la opinión: orden inte- 
rior: instrucción pública: hacienda: fuerza: riqueza: rela- 
ciones exteriores: constitución; son los objetos que lian 
ocupado al Gobierno y á los cuales ha llamado la aten- 
ción de todos los funcionarios." Enumeró las labores ad- 
ministrativas realizadas con relación á cada uno de tan im- 
portantes ramos de gobierno, y terminó su discurso con es- 
tas bellas y consoladoras palabras: "El gobierno presenta 
á la nación sin revolución ni movimientos destructores: la 
presenta avanzando en su carrera. Un labrador laborioso 
recuerda con gozo sus trabajos, y vé con placer sus cosechas. 
Un gobierno celoso, volviendo los ojos á los suyos, se pene- 
tra de ¡guales sentimientos. Trabajé, dice, en el año que 
ha pasado', trabajaré más en el año que comienza. Los 
pueblos me han confiado sus destinos: yo seré todo para 
los pueblos. Una lágrima menos; una espiga más; un re- 
toño de la planta que no se había cultivado, será el máxi- 
mum de mi felicidad." 

Conforme á la convocatoria de 5 de Mayo del año de 
24, los pueblos eligieron las Autoridades fedetales. Los 



91 



partidos liberal y conservador entraron en una verdadera 
campaña electoral. Los liberales trabajaron por la candi- 
datura del General Don Manuel José Arce, sujeto que ha- 
bía contraído grandes méritos para con la Vv . á 
quien creían muy afiliado al partido liberal, y muy accesi- 
ble para seguir el rumbo de las ideas y pn m de los 
liberales. Los conservadores, con notable mala fé, y sólo 
por no encontrar otro candidato prestigioso para enfrentar- 
lo al caudillo de los liberales, trabajaron por la candidatu- 
ra de Valle. Uno y otro partido, contrariando sus deberes, 
empezaron por inocular el virus de la corrupción electoral: 
trataron de dividir los sufragios de los pueblos para que 
no resultase elección popular, y correspondiese al Congreso 
el nombramiento de las Supremas Autoridades. 

No obstante tan reprobados manejos, tan viciosos ensa- 
yos de la República, triunfó, para honra de Centro-Améri- 
ca y de sus instituciones, el buen sentido de los pm b 
Hubo elección popular, y resultó electo Presidente de la 
Federación, José del Valle. Ochenta y dos era el núme- 
ro total de sufragios: se reunieron en la Asamblea 
y nueve: de estos obtuvo Valle cuarenta y un votos, y Arce 
treinta y cuatro. Valle, pues, fué electo popúlame 
Presidente de Centro-América. 

Mas tal resultado desconcertaba los planes 
de los liberales: defraudaba sus más acariciadas 
aspiraban á dominar en el ánimo del Gobernante, v \ 
no era para ser dominado. Entonces apelaron al axped 
te de falsear el cómputo de la elección, tomando en OH 
ta, para fijarla mayoría, la base de och iota y dos sufragio*, 
y no la base de setenta y nueve, Cómo era \ . < 

se agrega que dos de los sufragios que no entraron en el 



92 



escrutinio, por fútiles pretextos, no se quisieron tomar en 
consideración, por temor de que fuesen favorables á Valle, 
y quedar, en tal supuesto, sin ningún expediente para anu- 
lar la elección de los pueblos. Para lograr su intento, los 
liberales necesitaban del concurso de los conservadores que 
no eran leales á su candidato. Ambos partidos entraron 
en arreglos, formaron una coalición que dio en tierra con 
la votación popular, y eligieron en el Congreso, por mayoría 
de votos, al General Arce, Presidente de Centro América, 
nombrando á Valle, V 7 ice-Presidente. Así se consumó, 
cuando la República empezaba á ensayarse, cuando debió 
haber más moralidad política, la primera y criminal su- 
plantación del voto de los pueblos: así se cometió, por libe- 
rales y conservadores, uno de los errores más trascenden- 
tales y dignos de lamentarse. 

La elección de Valle, ante la Historia, honra tanto á 
los pueblos de Centro-América, como deshonra á los par- 
tidos que la anularon. Felices tiempos aquellos en que 
los pueblos no estaban corrompidos por el caudillaje! Fe- 
lices tiempos aquellos en que el falso brillo del funesto mili- 
tarismo no había hecho perder á los pueblos su buen sen- 
tido práctico! Los pueblos sabían que Valle era un hom- 
bre honrado, que Valle era un hombre amigo de la legali- 
dad, que Valle era un hombre incorruptible, que Valle era 
un sabio estadista apreciado, por su ciencia, dentro y fue- 
ra de Centro-América. Los pueblos atendieron á su ver- 
dadera conveniencia, hicieron justicia al mérito, y eligie- 
ron Presidente á Valle, á despecho de los trabajos inmo- 
rales de liberales y conservadores. Nuestra Historia, á 
vuelta de muchas y muchas páginas, en que sólo puede ver- 
se la ignominia, tiene también algunas páginas honrosas. 






93 



La elección de Valle, para consuelo del patriotismo, for- 
mará siempre una página honrosísima en la Historia del 
pueblo centro-americano. 

Qué vanos fueron los temores que movieron á los libe- 
rales á arrebatar la presidencia á Valle. Temían el o 
ter severo y altivo de Valle, temían que fuese intransigen- 
te con sus pretensiones, temían que degenerase en absolu- 
tismo el predominio de su alta inteligencia. ¡Av! Bu aquella 
época en que empezaban á fermentar las pa>i 
odios de los partidos, debió comprenderse que los incon- 
venientes que se encontraban en Valle, eran ventajas; que 
los defectos que se le atribuían, eran eminentes cualidades 
para el mando. Valle, tan severo, tan capaz, tan ¡ni 
do, no se habría dejado manejar ni por los unos ni por los 
otros, y esto, justamente, debía haber constituido l.i 
da segura del orden, de la legalidad y del progreso de las 
instituciones: la falta de parcialidad habría puesto f 
á las pasiones: la capacidad administrativa habría anulado 
bastardas ambiciones. Valle se habría ocupado mu\ 
en la política de partido, y se habría ocupado mucho en la 
administración. Valle habría dado un gran leí 
nómico, de inmensa trascendencia, á los trabajos del Go- 
bierno: Valle habría promovido eficazmente la educación 
política é intelectual de los pueblos: Valle, como gran esta- 
dista, no habría tenido los desbarajustes \ nidal de Arce; 
y enérgico, prudente y sabio, habría asen bado leí f un. lamen- 
tos indestructibles del engrandecimiento material y moral 
de Centro-América. Valle, justamente, por li 
los defectos que se le atribuían, habría >al\a I , úbli- 

ca, Pero los liberales no quisieron f«»rmar un p n 
to y respetuoso á la ley: quisieron formar una pendil] 



94 



sionada y vengativa, á guisa de nuestras pandillas de Hon- 
duras. No quisieron tener un magistrado íntegro y supe- 
rior á los intereses y resentimientos de partido: quisieron 
tener en Arce un dócil instrumento de sus ideas y ambicio- 
nes. ¡Ay! Nada queda impune. Tan criminal extravío tu- 
vo bien pronto una horrible expiación. El instrumento se 
escapó de las manos de los liberales, y cayó en manos de los 
conservadores. Arce dio golpes de estado, despedazó las 
instituciones, creó el caudillaje, provocó sangrientas y fra- 
tricidas luchas, desacreditó á la República, entregó el po- 
der á los enemigos de los que fueran sus amigos, y él mis- 
mo acabó por ser innoble víctima de los implacables con- 
servadores. (3) No; el gobernante no debe ser el instru- 
mento de un partido ambicioso y vengativo; debe ser el re- 
presentante de la ciencia política y de la. estricta justicia. 
Desgraciados liberales! Quisieron un instrumento, y el ins- 
trumento los hirió de muerte. Quisieron el triunfo de las 
pasicnes, y las pasiones de sus contrarios los ahogaron en 
mares de sangre y de lágrimas. Si Valle hubiera sido Pre- 
sidente, años después, el gran Barrundia, huyendo de los 
furores del salvajismo de Cañera, no habría muerto en 
extranjera playa, martirizada su alma por inmenso duelo 
por la patria muerta! Qué terribles, pero que saludables, 
son á -veces, las enseñanzas de la inflexible Historia! 

(3) En vano el General Don José Manuel Arce, cediendo á sentimientos de 
pundonor y de patriotismo que le honran, quiso justificar su conducta en sus 
Memorias que publicó en México en 18 de Julio de 1830. Las Memorias de Arce 
revelan al hombre de alguna instrucción, y de propósitos, muchas veces, bien 
intencionados; pero de ninguna manera al Gobernante irresponsable ante la 
Historia. Por más que los errores y los crímenes traten de velarse con hábil 
hipocresía y seductores sofismas, llega un dia en que la Historia les rasga el ve- 
lo, y en que aparecen en toda su horrible desnudez. Si hay algo que los tiranos, 
por absolutos que sean, no pueden adulterar ó pervertir, es el certero instinto 
de la posteridad, instinto que. para bien de la especie humana, inspira los jui- 
cios imparciales de )a Historia de pueblos y gobiernos. 



95 



.Al expresar las reflexiones anteriores no be tratado de 
fantasear sobre beebos que no existieron ni pudieron existir. 
He tratado de exponer lógicas conclusiones fundadas en 
análisis exactos sobre el organismo moral de las sociedades 
y de los partidos. Un hecho de observación de nuestros 
tiempos dá fuerza irrecusable á mis reflexiones. El & 
Soto, como Gobernante, en un pequeño teatro, ha hecho y 
está haciendo lo que Valle hubiera hecho en el gran teatro 
de Centre-América. Los mal llamados partidos de Hondu- 
ras jamás se han elevado á la idea de lo impersonal. Nues- 
tros partidos no han comprendido que fuese posible otra 
política que la de la parcialidad, política servida por un 
caudillo, y caudillo sujeto á ser el órgano, ó mejor dicho, 
el brazo armado de los resentimientos y ambiciones de sus 
partidarios. Hé aquí porqué no ha habido idea de verda- 
dero Gobierno en Honduras. Hé aquí porqué el 1 1 
en este país, más bien que un org mismo político enemigado 
de realizar el derecho, ha sido una facción armada, d 
cuidada de la administración, y provocadora siempre 
disensiones y guerras civiles. Hé aquí porqué el pueblo fa 
du retío ha sido el pueblo más desgraciado de Ceuta 
rica. Bajo auspicios tan tristes, y cuando el \< ■ ya 

disuelto por la anarquía, el Sellar Soto, hombre OÍ! 
su firmeza de carácter, con sus elevadas miras y con su 
gran saber en lo administrativo, vino á enfrenar d( 
das pasiones, vino á impedir el choque de en» u. 
tensiones. No se ha dejado manejar ni por lil> 
servadores: no ha cedido á injustas :,) rl 

vengador de pasados agravios: no ha sido ei ioatfQtft 
de rojos ni de cachurecos. El Señor Soto rito Ql mi 
el bien. del país, y ha goj>ernadq conanljtaado a- 



9(5 



cabeza y á su propio corazón. El resultado de esta salva- 
dora política ha sido la paz de Honduras, el progreso de 
sus instituciones, el acrecentamiento de su riqueza, y la 
recuperación de su crédito. ¿Gusta esta política á libera- 
les y conservadores exaltados de Honduras? De ninguna 
manera. El Señor Soto es incómodo, muy incómodo para 
sus exclusivismos disociadores. En lo íntimo de su alma 
deben dolerse, eomo se dolían los partidos de Guatemala, 
respecto á Valle, de ver á un hombre que, con su superio- 
ridad de carácter y de inteligencia, anula los esfuerzos de las 
medianías anarquistas; de ver á un hombre que, con sus 
hábiles trabajos administrativos, en lo militar, en lo civil, 
en lo económico, ha puesto redes en que se enredan los 
políticos de tendencias vengativas y de hechos de insul- 
tante exclusivismo; redes en que han caído los sectarios de 
la vieja política, quedando impotentes para levantarse er- 
guidos, para ejercer el triste ministerio del odio y la ven- 
ganza, el ministerio de un partido triunfante sobre las rui- 
nas de la Patria, sobre la tumba de la República. La po- 
lítica de Valle no habría gustado á exaltados liberales y á 
exaltados conservadores, como no gasta la política del Se- 
ñor Soto á los extremistas de Honduras. Pero esto, ¿qué 
importa? Satisfágase á la razón y á la justicia, hágase el 
bien positivo de los pueblos, que por' lo demás no hay que 
cuidarse de los sordos murmullos de las pasiones domeña- 
das: esos murmullos serán ahogados por la potente voz de 
la verdad, de la verdad que es inmortal! 

Como queda expuesto, Valle fué nombrado Vice-Presi- 
dente de la República. Renunció este cargo, y no le fué 
admitida la renuncia: volvió á renunciar, y conocida por el 
Congreso su absoluta negación, tuvo que admitirle la re- 



tf¡ 



nuncia, sustituyéndolo, primero, con Don José Francisco 
Barrundia, y después, por dimisión de este célebre centro-, 
americano, con Don Mariano Beltranena. Se atribuyó, 
por muchos, tan sólo al resentimiento, al despecho, la renun- 
cia de Valle. Es indudable que Valle quedó profundamen- 
te resentido por habérsele arrebatado la Presidencia qne 
tenía derecho á ejercer en virtud de la elección de loa 
pueblos; y su resentimiento fué natural y justi6cal 
Mas no sólo el resentimiento determinó á Valle á renun- 
ciar la Vice-Presidencia; lo determinó también su de- 
Valle, como todas las personas imparciales, juzgó nula la 
elección de Presidente hecha por el Congreso, y del mismo 
vicio de nulidad adoleció la elección de Viee-Piv 
Si Valle hubiera aceptado la Vice-Presidencia, habría re- 
conocido implícitamente, como válidos, procedimientos que 
juzgaba nulos. Valle no debió incurrir en semejante 
inconsecuencia que habría echado un feo borrón sobre 
su nombre, y que habría legitimado el éxito <le un fttettl 
contra las instituciones. Valle fué digno, y supo cumplir 
con su deber. No hay que transigir con el ftbsvi 

El 29 de Abril de 1825 Arce tomó posesión de la i' 
dencia de Centro- América. Valle, aunque resentñi 
triunfo de su rival, y aunque poseedor de gi 
acción, no quiso convertirse en opositor s 
gativo, y mucho menos, en opositor fta 
una política de retraimiento, y se entregó á iftl >oee 

domésticas y á sus estudios, tanto tiempo ifata i mfcipM li 
Valiéndome de sus propias palabras diré qiM !• 'alma bui- 
caba ciencias que la distrajesen, lecturas que la alegra»». 
Vagaba por las plantas, estudiaba esc ¡áo- 

gulos, ó se entretenía en fósiles." 



98 



Como sus enemigos tratasen en aquella época de pre- 
sentar su conducta como dudosa, para desprestigiarlo 
ante los pueblos, escribió, en 20 de Mayó del mismo año 
de 25, un extenso y sentido "Manifiesto" dirigido á la 
Nación. En ese notable documento, en que brillan una 
amable sencillez y un alto espíritu de patriotismo, Va- 
lle hizo una enumeración de los servicios que había 
prestado á la Patria, y en medio de calmosas reflexio- 
nes, recordó, no por vanidad, sino por deber, todos los 
títulos que tenía para que no se le juzgase mal, y para 
que los pueblos continuasen dispensándole su aprecio y 
su confianza. Nobilísimo proceder el de Valle. No ape- 
ló á las vías de hecho para vengarse de su rival afortu- 
nado y de sus injustos enemigos; y para justificarse, no 
empleó el insulto, la diatriba: se limitó á usar del len 
guaje de la verdad y de la razón. Ojalá que todos los 
políticos caídos fuesen tan moderados, tan respetuosos 
y tan inofensivos como lo fué José del Valle, el estMdis- 
ta vencido por la híbrida coalición de liberales y conser- 
vadores ! 

Por aqiel tiempo empezaron á aparecer publicaciones 
periódicas, y con ellas calorosas contiendas en el terreno de 
la prensa. Se fundó "El Indicador," órgano de las ideas de 
los conservadores; "El Liberal," órgano de las ideas délos 
liberales; y el "Don Melitón," periódico crítico-jocoso, 
atribuido con justicia á Don Antonio Rivera Cabezas, el es- 
critor humorístico que mejor ha sabido manejar la sátira 
burlesca: los conservadores eran las víctimas de su chispean, 
te ingenio: Rivera Cabezas creía, como los franceses, que el 
ridículo da la muerte. Valle, para cultivar el género de los 
escritos serios y provechosos, fundó el "Redactor General," 



9» 



que Don Alejandro Marure, el Historiador de más grandes 
dotes que ha tenido Centro-América, calificó en estos :• 
minos: '* 'Sobrepujó á todos los escritos de su tiempo. Era 
obra de Valle, y esto es bastante para recomendar su mérito 
literario." (4) 

De grande importancia fueron los escritos que Valle pu- 
blicó en el "Redactor General:" aun hoy su interés puede 
considerarse como de actualidad. Citaré, entre los muchos 
escritos que brotaron de su pluma en la época á que me 
fiero, los siguientes: 

"l. 9 La descripción geográfica de la República, y Es- 
tados de que se compone: 

2.° Los derechos que tiene para ser independiente de to- 
das las Naciones del mundo: 

3.° Elestracto déla Constitución política que ha jurado: 

4.° La necesidad de la libertad justa de irnprenca co- 
mo una de las primeras garantías del sistema constitu- 
cional: 

o. 8 Los puntos de vista á que debe volverse la de 
los Gefes de los Estados que quieran reunir y comunicar 
los datos necesarios para ir formando nuestra Estadís- 
tica: 

6.° Los progresos que puede hacer nuestra agricultura, 
y utilidad de que los labradores escriban los pensamiento* 
ú observaciones que les liMya dado la experiene 

7.° La instrucción sobre el cultivo y K le la 

grana que empieza á ser uno de los ramos impoitantes de 
nuestra industria: 

8.° El proyecto interesante de hacer navegable el Uluí, 

(4) Maniré, Bosquejo histórico, capitulo ID. 



i'Ob 



poblar los campos que fecunda, y atraer al Estado de Hon- 
duras la riqueza que el comercio lleva á la Habana: (5) 

9.° El decreto de ia Asamblea Nacional y artículos de 
la Constitución en que se ofrecen á los extranjeros los dere- 
chos de ciudadanos, asilo y protección: 

10. El arancel equitativo de nuestras aduanas, y dis- 
curso en que se demuestran los principios liberales que le 
sirven de base: 

11. El Cuadro de Suchitepequez, uno de Í03 partidos 
más fecundos del Estado de Guatemala: 



(5) Qué exactas previsiones y qué acertados consejes los del verdadero Es- 
tadista ! Entiéndase bien : gobernar es saber y es prever. Hoy estamos ha- 
ciendo, como una gran cosa, corrió una radical revolución económica, lo que el 
sabio Valle indicaba en 1825: atraer el comercio á nuestras costas del Norte, ha- 
cer navegables nuestros ríos que desaguan en el Atlántico, y formar centros de 
agricultura y de comerció en aquellas feraces, privilegiadas tierras, que son las 
tierras de promisión para la América Central. En nuestras costas del Norte, 
allí, allí está el porvenir económico de Honduras, de Centro- América; y arrai- 
gados, entre nosotros, grandes intereses económicos, será fácil y natural arrai- 
gar grandes y legítimos intereses políticos. Más de $300,000 recoge Honduras 
cada año de su exportación de frutas de la costa norte, y esto con imperfectí- 
simo cultivo, y malas vías de comunicación. Está para echarse al agua el pri- 
mer vapor que ha de surcar las aguas de nuestros caudalosos rios que desembo- 
can en el Atlántico. Cuánto ganará la agricultura, cuánto ganará el comercio, 
cuánto ganará el orden público en aquellas regiones en que sólo imperaban los 
bandidajes de los Medina y los Coellar! Cuando en las aguas del Ulüa se oiga 
el primer' silbido del primer buque dé vapor, al bendecir al Gobierno Soto que 
ha hecho revolución económica tan grandiosa, recordaremos al Colón de nues- 
tros Estadistas, á Valle; y al recordarlo, con entrañable amor, gritaremos los 
.hondurenos: tierrxl tierra! Habremos encóstralo un nuevo mundo para nues- 
tra agricultura, para nuestra industria, para nuestro comercio. Qué se desen- 
gañen los ignorantes, estúpidos y dictatoriales mandones militares: k puntapié* 
y ú bofetadas sólo pueden hacer males como gobernantes. Sólo la inteligen- 
cia ilustrada puede labrar el bien de estos nacientes y desventurados países. El 
militarismo brutal sólo podrá hacer la cesión de Belize, con Carrera, y los em- 
préstitos de Honduras y Costa-Rica, los escandalosos latrocinios, con Medina y 
Guardia. José del Valle: tú eras pensador, tú eras honrado y sabio estadista; 
y por esto tus ideas son las de lo porvenir. Cuanto bueno y honroso se haga en 
el sentido de tus previsiones políticas y económicas, llevavá siempre el sello de 
tu nombre: la honra de nuestros trabajos es la honra de tu nombre. El premio 
es tardío, pero es magnífico. Quemas galardón? Vives y vivirás glorificado 
en la Historia de nuestros progresos nacionales. No todo acaba cuando mue- 
re el hombre: le sobreviven sus inmortales ideas. Hombres de fé en las ideas: 
consolaos ! . 



10.1 



12. El Tratado memorable de Unión, Liga y Amistad, 
celebrado á 12 de Abril del presente año entre esta Repú- 
blica y la de Colombia; y el Provecto de Confederación 
Americana publicado en Guatemala desde 18*2: 

13. El estado y progresos hechos por nuestra Nación has- 
ta el 25 de Febrero último, y los de las otras de América 
hasta fines del año anterior ó principios del prese 

14. El aviso de diversas obras publicadas en E 
suscrición abierta en esta oficina de otras que conviene pu- 
blicar: 

15. Los principios del Derecho de Gentes que deben res- 
petar las Repúblicas de América para ser felices y D< 
pecer su marcha política: 

16. Los elementos que tienen las naciones del Ni: 
Mundo para estrechar más que las del antiguo los vínculos 
de alianza y amistad: 

17. El estado político de Europa, y plan de alianza «pu- 
se llama Santa; y 

18. Los recursos de América para sostener su ind< 
dencia en el caso de agresión." (6) 

Valle, en los escritos citados, como en los demás que 
publicó en su periódico, estuvo ala altura de un i 
ro publicista. Valle lo era en el genuino sentido de la 
labra, y no en el impropio y lisonjero sentido con qm 
Centro- América se ha dado en llamar publicista á cual, 
ra que, sin poseer la ciencia social, escribe, en ; 
ñol, numerosos artículos para los periódicos. Valle OOtMMÜI 
y analizaba científicamente las cuestión.- - 
le servían su excepcional talento y sus ti | sólidos 

conocimientos. Filosofía, Historia, <;. 

(6) Véanse los números del "Retlu.-t.w o. mera!," J MJitl i ' hfMÜ 



102 



Economía política, Estadística, Derecho constitucional, 
Derecho de gentes, Ciencias exactas, Historia natural, en 
sus diversos ramos, Literatura antigua y moderna, y las 
más importantes lenguas vivas; todo, todo lo sabía, todo 
esto lo había estudiado, y lo había estudiado con perfección. 
Tan múltiples y sólidos conocimientos le hacían tener el 
criterio de un publicista experimentado, de un estadis- 
ta práctico. Los más importantes ramos del saber huma- 
no concurren á la formación del publicista, merecedor de 
este nombre. Valle no era del número que forman la mayor 
parte de nuestros pretensos publicistas, sabedores, cuando 
más, de la Escolástica, de las Leyes de partida y de las reco- 
piladas, aunque muy sabedores de las intriguillas de pala- 
cio, y muy conocedores de las emboscadas de inmorales 
partidos que asaltan el poder. ¡Cuánto hemos retrograda- 
do! No sólo hemos retrogradado en moralidad política, 
sí que también en las ciencias y en las letras. Pese á quien 
pese, he dicho la verdad y continuaré diciéndola. Lo que 
hemos ganado en extensión lo hemos perdido en solidez. 
Centro-América tiene muchos publicistas, muchísimos, pe- 
ro son muy contados los que siquiera conocen, científica- 
mente, el organismo del estado: tiene muchos escritores, 
pero son rarísimos los que escriben siquiera gramaticalmen- 
te: tiene muchos poetas, pero en su mayor parte, insufribles, 
detestables, y los mejores, salvo honrosas excepciones, ape- 
nas si merecen ser lacayos de las musas. Aunque pese á 
nuestro orgullo, diré que la decadencia intelectual de Cen- 
tro-América es horrible, que corre parejas con su decaden- 
cia moral y política. No tenemos un sabio como José del 
Valle, un publicista como Mariano Calvez, un historiador 
como Alejandro Marure, un filólogo como Antonio José de 



103 



Irizarri, un crítico como Antonio Rivera Cabezas, un fo- 
lletista como José Francisco Barrundia, un poeta como 
José Batres Móntúfar. Parece que los salvajismos de nues- 
tras demagogias y las brutalidades de nuestras dictadura! 
han secado las fuentes de las ciencias y de las letras; parece 
que muertos de sed de verdad, de justicia y de inspira- 
ción, han desaparecido los genios de la ciencia creadora y 
de la divina poesía. ¡Qué sólo la libertad fecunda dá vida 
y aliento á la inteligencia que enseña, y si corazón que 
conmueve con el puro sentimiento y las más sublimeá 
monías! 

A pesar del retraimiento de Valle, los pueblos no lo ol- 
vidaron. Los de la Capital de Guatemala, de Chiquiniula y 
de Santa Bárbara lo eligieron, al mUmo tiempo, Pipir 
al Congreso federal, correspondiente al ano de 
tiendo su salud ya quebrantada, y á la vez deseoso de conti- 
nuar alejado de la vida política, rehusó concurrir al ( 
greso; mas fué apremiado, con mucha instancia, para que 
ocupase su puesto, y el 28 de Marzo tomó posesión de tu 
cargo. El mismo dia pronunció su notable discurso sobre 
la necesidad de que se publicasen las dúeattont* y Mi 
dos del Congreso, presentando, al efecto, un proyecto de 
ley que tuvo mayoría en la Cámara, pero que. poi fútiles 
motivos, no tuvo la sanción del Senado. En las posteriores 
sesiones del Congreso de 26 Valle pronunció otros dio- 
sos sobre asuntos de grande interés político y administrati- 
vo, discursos que, por la elevación de las ideas, por MM 
dencias prácticas, y por las correctas formal de su expíe* 
honrarán siempre nuestros anales parlamentarios. Por aquel 
tiempo Valle empuñaba el cetro de la elocuencia en el 1 
lamento de Centro-América. 



104 



El 30 do Junio del aflo de 26 cerró sus sesiones el Con- 
greso federal, y á fines del mismo año, Arce, inquietado por 
los liberales, y engañado por los conservadores, tuvo el cri- 
minal desacierto de provocar una de las revoluciones más 
dilatadas y sangrientas que ha tenido Centro-América. Ar- 
ce destituyó ilegalmente y redujo á prisión á Don Juan 
Barrundia, Gefe del Estado de Guatemala: anuló los Pode- 
res legislativos constitucionales: entró en guerra con el Es- 
tado del Salvador que patrocinaba la causa de las institu- 
ciones: ordenó la invasión inicua de Honduras, que produ- 
jo la caida del Gefe de Estado, Don Dionisio de Herrera, y 
el incendio de Comayagua, la capital. Arce, aconsejado 
por los conservadores, trató de anonadar los derechos de los 
Estados para que no hubiese más ley que su voluntad, mal 
dirigida por los tradicionales enemigos de la independencia 
y déla patria. Los Estados, por su parte, lacharon heroi- 
camente en defensa de las instituciones, holladas por la bo- 
ta de un militar desatentado. Por todas partes la discor- 
dia, por todas partes la guerra. Arce convirtió á Centro- 
América en un horrible caos en que sólo se dejaba ver, á 
veces, el siniestro resplandor de los incendios, y en que sólo 
se oía el choque de los sables, el disparo de los fusiles, el 
estruendo de los cañones, y los sollozos y las quejas y los la- 
mentos de infelices víctimas. Tal fué el cuadro digno de 
ser reproducido por el genio sombrío del Dante, tal fué el 
cuadro de infernales horrores que presentó Centro-América 
durante los años de 1827, 1828 y parte del 29, cuadro que 
llegó á borrarse, á desaparecer, al brillar el hermoso sol de 
la libertad que iluminó la última y definitiva victoria que 
alcanzó, en la plaza de Guatemala, el 13 de Abril de 29, el 
ilustre Francisco Morazán, el guerrero de la democracia, 



105 



el defensor de las instituciones, el glorioso restaurador de 
los despedazados fueros de la República centro- americana. 

Valle, durante tan cruda y sangrienta lucha, permam 
en su hogar, doliéndose de las desventuras patrias, j 
do votos por el triunfo de la verdad y la justicia. \ 
so Morazán, que representaba la causa de los Estados, co- 
mo era lógico, se restablecieron los Poderes constituciona- 
les. El Congreso Federal, que habia sido disu 
rial mente, se restableció en 24 de Junio de 1839, J \ 
volvió á ocupar su sillón de Diputado, y á hacer oir su elo- 
cuente palabra que puso al servicio de los legítimos int- 
ses y de la reorganización de la República. Por aquel ti 
po, en uno de sus escritos, expuso el siguiente juicio sobre 
la pasada revolución: " Desaparecieron los Poderes coi 
tucionales: qnedó solamente el despotismo ¡n 
pueblos, destructor de hombres, devorador decapitóte: los 
Estados del Salvador, Honduras y íiuatemala se 
contra él en uso de sus derechos; y la justicia triunfo | 
como era de esperarse." (7) 

La Sociedad Económica habia sido disuelta en I8S 
causa de la revolución provocada por Arce. Trini 
partido liberal, y restablecidos los Poderes 00*1 
el Congreso, en 30 de Setiembre de 29, deci 
miento de la Sociedad. Al reaparecer tqnelU 
benéfica, el 29 de Noviembre del mismo ftfio, \ 
ció un luminoso discurso, tal ve/ el más 
bello de sus discursos. Tomó por Urna la ¡ni 
ilustración, considerándola especialmente en i 

económicos. Al mencionar tan brillante ih 

(7) Véase el apéndice á su discurso ,,r 

impreso en 1829. 



106 



dado exponer el juicio que Valle me merece como orador. 
La elocuencia de Valle no era una elocuencia tribunicia; era, 
más que todo, una elocuencia parlamentaria, ó una elocuen- 
cia académica: en sus discursos predominaba la idea que con- 
vence, y no la vehemencia y las llamaradas de la pasión que 
seduce y arrebata: su lenguaje era cortado, lleno de expre- 
siones hijas de la reflexión, pero á veces salpicado de pinto- 
rescas imágenes: no usaba los grandes períodos, tan propios 
de la índole de nuestro idioma; no producía esas grandes 
espirales de palabras, artísticamente combinadas, tan pro- 
pias para exaltar la magestad déla idea, y para remontar 
hasta al cielo los vuelos de la imaginación. Valle con su ora- 
toria enseñaba, convencía, y á veces deleitaba; pero no arre- 
bataba, no enardecía, no fascinaba, no enloquecía los áni- 
mos, á fuerza de golpes de sentimiento y de pasión: su voz 
era robusta, sonora y, por decirlo así, cortante; pero no era 
la voz flexible, que ora se convierte en un dulce canto, en 
una tierna plegaria, ó en una suave y amorosísima querella; 
ora se convierte en el estruendo del torrente, en el estalli- 
do del volcán, en el rugir del océano, ó en el trueno de las 
tempestades. La elocuencia de Valle no era la elocuencia 
de la plaza pública ni de las revoluciones; era la elocuencia 
del parlamento y de la academia: no era la elocuencia de las 
luchas ardientes, impetuosas; era la elocuencia de la razón 
que impera, sin grandes arrebatos, sin grandes arranques de 
entusiasmo, que impera en fuerza del convencimiento. La 
elocuencia de Valle era la elocuencia de Mr. Guizot, con 
quién tenía grandes afinidades como orador. Como Gui- 
zot, gustaba de dar por alma á sus discursos trascendenta- 
les síntesis científicas que desarrollaba con incontestable ló- 
gica y vigoroso estilo; como Guizot, enseñaba y convencía, 



107 



más bien que peroraba y fantaseaba; como Guizot, era gra- 
ve en su carácter, severo en su apostura, y, de ordinario, so- 
brio en el decir; como de Guizot podía decirse de él, valién- 
dome de la expresión del ^izconde de Cormenin, (8) "que 
era un pedagogo en su cátedra, que dejaba ver siempre, por 
debajo de su ropa, la punta de su palmeta:" que era "un cal- 
vinista que cuando predicaba enseñaba más bien el t- 
que el amor de Dios." Ninguna analogía más perfecta que 
la analogía de-la elocuencia de Valle con la elocuein 
Guizot; elocuencia que tenía mucho de la escuela, mucho 
del profesorado, mucho de las ciencias: elocuencia qn< 
canzaba grande éxito porque enseñaba, porque oonv< 
aunque no era la elocuencia del entusiasmo, la elooo 
de las grandes pasiones, la fascinadora elocuencia del < on. 
zón Tal era, á mi juicio, como orador, José del Va 
primer orador parlamentario de Centro-América: tal en ll 
elocuencia de aquel hombre extraordinario que fue'- <1" 
dor de la tribuna en los parlamentos de México y Guatemala: 
tal era aquel sabio orador centro-americano de quien el fa- 
moso escritor Barrundia, dijo: -'Su cabeza fué una luz, mi 
boca fué el órgano de la elocuencia!" 



(8) Véase el Libro de los Oradores por Timón pseudniíii:. 
Cormenin: es uno de los libros más instructivos y más bellos que ha 
do la moderna literatura francesa. 



CAPITULO SEPT ÍM O. 



Situación de ('entro-América. -Valle hace competencia al General M-razún *-u 
la elección de Presidente de la República. —Valle es nombra 
Plenipotenciario de la República ante el Gobierno de Francia. B 
la República desde 1&32 hasta 1 «34.— Los pueblos eligen á Valle Presiden 
te de la República.— Valle juzgado como sabio.— Valle juzgado conrn lite 
rato.— Enfermedad y muerte de Valle ocurrida en 2 de Marzo de 



La serie no interrumpida de magníficos triunfos alcan- 
zados por el Benemérito General Don Francisco Ifoi 
desde la memorable batalla de La Trinidad, librada en 11 
de Noviembre de 27, hasta la batalla de Las Charca- 
entrada en la plaza de Guatemala, en 13 de Abril <!■ 
tan gloriosos hechos de armas cambiaron, contra la previ- 
sión de los conservadores, de una manera radical, la situa- 
ción política de Centro-América. Los Poderes 009 
cionales que había destruido el Presidente A ice faeroi 
taurados: los conservadores que habían sucumbido, aun loi 
más criminales, fueron indultados, y la justicia de la 
lución tan sólo quitóles el poder de dallar, imponiendo á 
los más peligrosos la pena de destierro: Arce y sus ¡ 
pales amigos fueron expatriados: las Comunidades v> 
sas, adversas siempre á todo régimen de libertad \ A 
greso, fueron disueltas y expulsadas: el esclai 
no Don José Francisco Barrundia, en concepto da >« D 
se hizo cargo, á su pesar, de la Presidencia de la Repu 
y gobernó bajo un régimen de garantías v de 



lio 



General Morazán. en vez ríe tomar por asalto el poder, eni-" 
penóse en nuevas y radas empresas. Destruyó las últimas 
resistencias de los conservadores, venciendo en (Mancho y 
Opoteca. ya con la, diplomacia, ya con las armas, y resta- 
bleciendo el orden en el perturbadísimo Estado de Nicara- 
gua: el General Morazán, soldado de la ley, mientras el 
gran Barrnndia mandaba, como verdadero liberal, con la fé 
en la conciencia, v con la Constitución en las manos, aseguro 
con el prestigio de su glorioso nombre, y con la fuerza de 
su valor heroico, la completa paz de la República Centro- 
Americana. 

¡Qué tiempos! ¡Qué hombres! Tiempos en que había 
fé en el derecho y entrañable apego á las instituciones: 
hombres extraordinarios que, adoradores del ideal querido 
de la República, supieron hacer milagros de abnegación y 
patriotismo. Los generosos y perseverantes trabvjos de Mo- 
razán y de Barrnndia hicieron que en 1830, tras las victo- 
rias legendarias del 29, hubiese una situación no sólo de 
plena paz, sino también de legalidad, de grandes planes do 
progreso, y de perspectivas y esperanzas las más consolado- 
ras y lisonjeras para la República. Había concluido el pe- 
ríodo del Presidente Arce y de las demás Autoridades fe- 
derales, y era necesaria su renovación por el voto de los 
pueblos. Se procedió á elecciones en los primeros meses dei 
año de 30, y basta decir que José Francisco Barrnndia go- 
bernaba, para asegurar, como verdad inconcusa, el hecho de 
que las elecciones fueron completamente libres. Barrnndia 
estaba en el poder; pero no quería el poder y jamás lo qui- 
so: tan solo quiso siempre la dignidad y las libertades del 
pueblo centro-americano. Barrnndia era amigo íntimo ti el 
(íeneral Morazáu: pero jamás quiso que su amigo fuese un 



111 



gobernante impuesto, y mucho menos, un dictador .pie 
hollase brutalmente los fueros de la República: qoiao que 
su amígn predilecto fuese, como lo fué, el soldado de la de- 
mocracia, el héroe generoso en los combates, y en • I 
no. el digno y culto Presidente de un pueblo libre. 

La atención de los centro-americanos estaba tija. 
ju*t;ipia. en la persona (i vi General Mnr-iz.ni. Todo 
raba del vencedor de La. Trinidad, de Gualcho, .1, - 
ionio, de Smh \fignelitn y de Ihs Charcas: t<..l, 
del genio militar y político que a oh buba de ganar Mi 
laureles en Olancho y Opoteca, y de pacificar, OOD habilidad 
admirable, el revuelto Estado de Nicaragun. "Su aureola, 
dice, en oportunísimos términos, el Doctor Don 
Montúfar, (1) en la pequenez de nuestro suelo, ero la que 



! 1 1 Muchos de los datos que sirven de base á este capitulo están ¿<>mado*de 
la '"Reseña Histórica de Centro- América," escrita por el erudito pul 
Doctor Don Lorenzo Montúfar. Véase esta obra Inlmnaaiitn mu cutiena no- 
ticias, tradiciones y documentos preciosísimos que, á DO haber aido la laborio- 
sidad, á toda prueba, del Doctor Montúfar. estarían casi perdidos pan 
toria de Centro-América. Sólo quién conoce prácticamente el Improbo trabajo 
que es necesario, siquiera sea, para poner en orden los documentos de nuestro» 
incompletos archivos: sólo quién sabe lo que cuestan ••ntn 
dios históricos, puede apreciar, como es debido, la Importancia '■ 
Doctor Montúfar. Lorenzo Montúfar ha prestado un servicio • ■■■ 
política y á las letras centroamericanas: la política debe recibir limeña» 

ñanzas del pasado; las letras, para tener carácter nao al. deben rec i b ir 

la inspiración de los sucesos históricos y tradiciones que nos inv- 
en un cuadro, reproduciéndola de atractiva manera, la \ id 
literaria de nuestros antepasados. Siento que la parte erfttoa da la rabosa obra 
del Doctor Montúfar no me merezca, en lo general, idént 
tor Montúfar. juzgando, siente más que reflexiona; j la paaMa nunca puede 
ser acertado criterio histórico. Para el Doctor Montúfn 
más que dos extremos: cielo é infierno; el cielo, con sus inri 
ralos liberales; y el infierno, con sus horribles suplí, 
res. Yo no tengo ese criterio: yo creo .|i ie ha habido \ ho\ 
cen condenarse, y conservadores que merecen salvarse. A 
un purgatorio para liberales y conservadores; > h .i 
del limbo para muchos niños políticos i \ ue mueren -n 
tos conceptos, sentidos y expresados de bu 
el Doctor Montúfar, á quien estimo por su taleí 
quien, de antiguo, he recibid.» las mas beii 



1 1 ■! 



rodeaba en grande escala á Bonaparte al volver de Egipto." 
Y no obstante los esplendores de tanta gloría, v á pesar de 
ser Morazán el restaurador de la paz y de las instituciones, 
hubo un hombre que, sin tener más prestigio que el de las 
ideas, y sin poner por obra trabajo alguno, desde su gabi- 
nete de estudio, hizo una gran competencia al General Mo- 
razán en las elecciones de Presidente de la República. Tal 
hombre, (pie opuso las páginas científicas del libro á la foja 
de servicios de un militar heroico, abrumado por el peso 
de sus laureles, fué el ilustre José del Valle. 

Las elecciones se efectuaron en paz y en justicia,: los vo- 
tos de los ciudadanos se dividieron, en su mayor parte, entre 
Morazán y Valle; pero hechos el escrutinio y la regulación 
por el Congreso, resultóla mayoría de sufragios en favor 
del General Morazán. La regulación de votos se hizo de 
los sufragios recibidos, y no de los que debían recibirse, 
en conformidad con las ¡deas expuestas por Valle en los 
escritos que publicó en el año de 25, protestando contra 
la nulidad de la elección del General Don Manuel José 
Arce. Valle, el año de 'M), vio con gusto el triunfo de su 
rival afortunado. Ni una palabra de oposición salió de sus 
labios. Valle no era el hombre de la ruin ambición; Valle 
era el hombre de la legalidad. Si protestó en el aflo de 25 
contra la elección de Arce, no fué por su derrota electoral, 



que aprecio en alto grado. El Doctor Montíif'ar no debe olvidar que en estas 
montañas de Honduras aún no se ha perdido la costumbre de pensar y de de 
cir, con libertad, lo que se piensa y se siente. Continuando la franca expo- 
sición de mis ideas, diré que deseo que el publicista Montúfar prosiga sus 
importantísimos trabajos históricos; pero deseo que no sea tan apasionado, 
que no sea implacable; deseo que á sus juicios no presida el espíritu de parti- 
do; deseo que los inspire la imparcial Filosofía de la Historia. El ilustrado 
Doctor Montúfar, ¿dejará que, en lo porvenir, por ceder á los ímpetus de las 
iras liberales, lo excomulgue la Historia que ha de escribirse sobre las revolu- 
ciones, las ideas, las obras, los errores y los crímenes de nuestra época? 



113 



fué porque tal elección violaba la ley. 8 i satisfe- 

cho, en el año de 30, la elección del General V . no 

fué porque fuese un cortesano del poder glorioso y dispen- 
sador de favores, sino porque la elección se habia hecho ba- 
jo los auspicios de una estricta legalidad. Tan sólo pensan- 
do y obrando como Valle, se fundan instituciones; tan sólo 
respetando la ley puede existir la República. Esta verdad 
elemental, tan olvidada de los centro-americanos, es la 
dad que da vida y aliento á las instituciones del Pueblo- 
de América, á las instituciones délos Estados Unidos. Allí 
hay grandes, inmensas agitaciones de opinión que parecen 
presagiar pavorosos cataclismos sociales: j>» t 
suelve en el seno déla paz y de la armonía. r ;Por qué? 
Porque desde el momento en que la ley habla todo el mun- 
do calla. Hay religioso respeto á la ley; y de aquí proi 
que, eti aquel país afortunado, no pueden imponerse ni los 
motines de las turbas ni las dictaduras de los tiranos. 

La competencia electoral formada por Valle en el ano de 
30 no puede menos de inspirar grandes y consoladoras re- 
flexiones que honran al pueblo centro-americano y á los 
hombres eminentes de aquella época. El estado social de 
entonces era propicio al establecimiento y al dOMITOlk 
las instituciones libres: los pueblos tenían tV en el derecho 
y apego á las ideas; y los hombres de la revolaojóa d( 
no trataron de corromper á los pueblos, ni unciéndolos al 
carro de una fuerza brutal, ni seduciéndolos con las DTOI 
sas de una falsa democracia, ni anonadándolos I fuersa de 
terror. Así se explica cómo los pueblo- . I i 
ca que antes habían electo á Valle Presidente, > que sabían 
qne era un sabio estadista, enfrentaron su candidatura á la 
candidatura del General victorioso qne casi cegaba los ojos 



111 



con los relampagueos de su triunfadora espada: así se ex. 
plica cómo la pluma del escritor hizo la oposición al sable 
del soldado: así se explica cómo el bufete del publicista se 
puso frente á frente del cuartel del vencedor. ¡Ay! No co- 
nocen la Historia los qne no tienen fé en las aptitudes de 
nuestros pueblos de raza latina, en su capacidad para ser 
los pueblos de las instituciones y de la República. Cierto 
es qne hemos llegado á épocas tristísimas de miseria, de 
abyección, en (pie es hasta justificable la duda de si hemos 
nacido ó no como seres adscritos á la coyunda vil del des- 
potismo: cierto es que, en lo general, al imperio de las ideas, 
ha sucedido, de todo en todo, el imperio de la fuerza bruta: 
cierto es que los miasmas de la corrupción social y política 
han envenenado nuestra atmósfera. Cuando yo he visto en 
las serranías, ó en los picos de nuestras montañas, á un 
guerrillero cruel y bárbaro, v cuando ha cometido los crí- 
menes (pie causan más horror, yo me he dicho, con tristeza 
infinita, el guerrillero hará carrera, atraerá la opinión, será 
el Presidente de la República: y esta es la verdad, la terri- 
ble verdad. Sotero y Rafael Carrera valieron más en Gua- 
temala (pie José Francisco Barrundia y Mariano Gal vez, y 
como la comparación no revela vanidad, el indio Vasquez, 
corta-cabezas, podo valer más en Honduras (pie el autor de 
estas líneas. ¿Pero (pié es todo esto ante la crítica filosófica 
de la Historia? ¿Revela que la raza de los centro- america- 
nos es una raza abyecta, incapaz para la libertad? De nin- 
guna manera. Lo que revela es que nuestros pueblos, en 
mala hora, han sido corrompidos, y que es necesario rehabi- 
litarlos: los centro-americanos no tenemos un vicio orgáni- 
co que nos haga vivir entre los furores de la anarquía, ó en- 
tre los atentados del despotismo: los centro-americanos, lo 



115 



que tenemos es un vicio en nuestra educación, pero no falta 
de buenos instintos y de naturales aptitudes: eduquémonos 
por la virtud de las ideas, y por la virtud misma de nuestros 
acerbos dolores, y entonces probaremos al mundo que so- 
mos dignos de llevar el nombre de republicanos. No es inep- 
to para la libertad el pueblo centro-americano que consui 
sin odio y sin venganza, la independencia de España: el i 
blo que en el año de 24 eligió Presidente á José del Valle, 
hombre civil y de gobierno, á despecho de Arce, hom 
de prestigios militares; el pueblo que, en los ano- d< 
y 29, luchó heroicamente por restaurar las instituciones 
la República; el pueblo que, en el afio de 30, no se dejó fas- 
cinar por las glorias militares del General Morazán. 
á dar sus votos al gran Valle, al hombre de la cien 
la legalidad. Nuestros pueblos, más que corrompidos, están 
aturdidos por los golpes redoblados de la anarquía ó de la 
dictadura. Qué los hombres de ideas les apliquen remedios 
que los hagan salir de su estupor, de su ai unlim ii-ir 
remos volver á la vida pueblos enérgicos, con 
ra la democracia, con vocación pura la verdadera I 
No desconfiemos del carácter y de loa destinos de nuestros 
pueblos; no pensemos, como Aristóteles pensaba de los bár- 
baros, que su destino es la esclavitud. Hagamos pensar á 
los pueblos, hagámosles sentir las bellezas del orden y de la 
libertad, y á la vez los horrores de la anarquía J d< 
tadura; hagámosles leer las páginas gloríoM 
por todos los medios posibles, démosli 
cial y política; levantemos su espíritu, d ríaosles dignida 
nobleza, y veremos cómo las ideas triunfal: 
de los despotismos de abajo y de los d< 
Luchamos, no contra un vicio orgánioo, DO 



116 



de raza, sí, contra un vicio de educación. Eduquémonos 
social y políticamente: esta es la solución de nuestro pro- 
blema. Los hijos de Chile, de nuestra raza y de nuestros 
antecedentes históricos, hoy se glorían, por la virtud desús 
instituciones, diciendo, somos chilenos: los hijos de la Re- 
pública del caudaloso Plata, de nuestra raza y de nuestros 
antecedentes históricos, hoy se glorían diciendo, somos ar 
gentinos: los hijos de la pensadora Colombia, de nuestra 
raza y de nuestros antecedentes históricos, hoy se glorían 
diciendo, somos colombianos; y nosotros, cruel es decirlo, 
casi, casi nos avergonzamos al decir somos hondurefios ó 
guatemaltecos. Pero eduquémonos, demos la espalda á las 
turbas demagógicas y á los mandones todopoderosos; acoja- 
mos con fé y con amor los principios, las instituciones, y 
así llegará un dia en que tal vez ¡ay! no nosotros, pero sí 
nuestros hijos, digan, con noble y legítimo orgullo, somos 
centro-americanos. 

El Ceneral Morazán, en 10 de Setiembre de 1830, tomó 
posesión de la PresidenciaMe Centro-América. Desde en- 
tonces aceptó la responsabilidad de conciliar el orden con la 
libertad, problema irresoluble bajo la Constitución federal 
del año de 24, opuesta á las condiciones sociales de los cen- 
tro-americanos. En el extranjero escitaba vivo interés la 
República de Centro-América: creíase que la extinguida 
revolución solo había sido pasajero accidente, y que el pue- 
blo centro-americano podría constituirse, bajo un régimen 
de sólida paz, propicia á la industria y al comercio, y de li- 
bres instituciones, propicias á los intereses de las naciones 
cultas y de liberales tendencias. Abrigando tales creencias, 
el Gobierno de Francia, presidido por Luis Felipe, el rey 
ciudadano, reconociendo la independencia de Centro-A- 



117 






mérica, en 1831, escitó á su Gobierno para que Acredito* 
un Ministro ante el Gobierno francés. El Doctor Don Ma- 
riano Galvez, ciudadano eminente por su talento v por sus 
luces, rehusó con evasivas la aceptación de tan alto cargo. 
Valle, para el desempeño del mismo cargo diplomático, 
fué nombrado por el Presidente Morazán, pero también ne- 
gó su aceptación, y, por recomendación suya, fué Doml 
do Ministro Don Próspero de Herrera, que por aquel t 
po se hallaba en Europa. Sensible es que Valle no acepta- 
se el encargo que le confiara el General Morazán. A 
se hubiesen malogrado sus trabaos como diplomático, no 
se habrían malogrado los conocimientos que de Europa ha- 
bría traido para participarlos á sus conciudadanos. ;< v 
vasto teatro la culta Europa para el sabio Valle! El hom- 
bre á quien eran familiares los cálculos de X» wton. 
cubrimientos de Cuvier, las ensc fianzas de Smitli y de > 
y las concepciones políticas y jurídicas de Filangieri y de 
Benthum; el hombre que abarcaba en su privik giado « i 
bro todos los ramos del saber humano, habría bei ho le D< 
Centro-América colocado en Paris, en el cerebro del mun- 
do civilizado; y tal honor, reflejado en la patria, pi 
honor de un sabio, habría sido fecundo en cien ti fu- 
que aún hoy dia podrían alumbrarnos en el MOabrO* 
mino que emprendemos, como pobres pi •: .en pot 

del progreso, de la ciencia, de la libertad y de la 
Dificilísima, por no decir rara y extraotdÍN 
tuación del General Morazán durante el prim. 
su Gobierno. Toda acción por ley historio», <| m ' ' 
tural, tiene su reacción. La revolución fif 
te del 29, desde el 31 tuvo su reacción, y en 
en una verdadera contra-revolución. Con 



VIS 



beliones en el Salvador; invasión délos conservadores espa- 
fiolistas por la costa atlántica de Honduras; invasión de 
Arce y de sus adeptos por la frontera de Guatemala, por el 
lado del Soconusco: por tedas partes agitaciones y descon- 
fianzas que, á maravilla, explotaban el elevo lastimado en 
sus privilegios, y los pretensos nobles contrariados en su or- 
gullo y en sus granjerias. Tal fué la situación que tocó 
dominar al General Morazán, Presidente de la República. 
Presidente que no tenía ni un palmo de tierra, como dis- 
trito federal, para crear un centro de poder y de acción que 
pudiese atraer las fuerzas de la legitimidad, para hacerlas 
sentir después, en toda la extensión de la República, en bene- 
ficio de los capitales intereses del orden y de las institucio- 
nes. Y sin embargo, el valor inquebrantable y el genio po- 
lítico de Morazán supieron sobreponerse á todo. El genio 
de Morazán en las famosas jornadas de Jocoro, de San Sal- 
vador, de Eseuintla de Soconusco, deTercales, de la Ofre- 
cedera, de Jaitique, de Trujillo, de el Espino, de Opoteca 
y de Omoa, supo hacer valer lo que importa la causa de los 
hombres libres, loque impórtala cansa délas instituciones. 
Morazán, en el año de 3¿, venciendo á Cornejo, á Arce y 
á Domínguez, restableció la paz de Centro-América. Pe- 
ro esta paz, tan ardientemente querida, y á costa de tantos 
sacrificios conquistada, no podía menos de perturbarse. 
Morazán podía vencer ejércitos, pero no podía vencer el. 
vicio orgánico de las instituciones federales que había jura- 
do sostener. Hombre de honor y de lealtad, sosteniendo 
desacordadas instituciones, labraba su propia ruina. Las 
instituciones federales crearon un poder nulo, y abrieron 
vasto campo á las desapoderadas ambiciones del. caudilla- 
je: tal fué el escollo del General Morazán. Ni el genio ex- 






119 



traordinario del más grande de nuestros guerreros 
nuestros políticos fué bastante á subsanar el error capital 
de los legisladores federalistas del 24. 

Aunque restablecida la paz por los triunfos del 3*-2, con- 
tinuaron grandes disidencias y agitaciones revolucionarias, 
ya en el Salvador, ya en Nicaragua, ya en Guatemala, ká 
pasó la mayor parte del 33, hasta que en sus últimos meses, 
vencida la reacción de Nicaragua, volvió á pacificarse la 
República, Si hubiera habido un Gobierno (central, Mora- 
zán no habría malgastado los esfuerzos de su gen 
zán, por su heroico valor, por su alta inteligencia, y por su 
habilidad política, habría sido inconmovible en el poder, 
habría afirmado una perdurable paz, habría fundado ni l6- 
lido régimen de instituciones libres, y habría asegurado pa- 
ra siempre la unidad gloriosa de la Patri, 
na. Cuan grande y cuan desgraciado fué el General 
zán! Da lástima contemplar los esfuerzos de su gv\. 
verlo purgar, con sus sacrificios, ágenos en i genos 

crímenes. Parece qae en el drama de la Historia dominan, 

á veces, fatalidades invencibles! 

No obstante las agitaciones políticas, (.Y 
progresaba: la instrucción pública, las obrai de 
los arreglos, en lo rentístico, recibían ooniiderabl 
co impulso. Entre revoluciones sofo< las. \ BfO- 

gresos iniciados ó ensanchados, llegó el alio i BD QM 

por la ley debían renoyaraa las Autoridad* federal^ 
procedió á elecciones. Morazán, siempre notorioto* j 
pre consecuente con la causa de las insiiii 
hombre de los prestigios militares, y contaba con loa más 
sinceros y decididos amigos en («'«1.. < Yntr.» Aui.-rica, ami- 
gos como José Francisco Bamnulia. QOmo Pedro M 



120 



como Dionisio de Herrera, como Diego Vigil, como Trini- 
dad Cabanas, como Mariano Prado. No obstante, Mora- 
zán confió al libre voto público la renovación de los pode- 
res constitucionales. No quiso, á guisa de dictador, impo- 
ner á sablazos su voluntad á los pueblos. Los pueblos eli- 
gieron libremente, y eligieron Presidente de la República 
al estadista de su predilección, á José Cecilio del Valle. 
Esta persistencia de los centro-americanos en elegir á Valle 
fué la persistencia de la honradez y del buen sentido. La 
segunda elección de Valle forma la página más bella de 
nuestra Historia, página en que aparecen tres nombres in- 
mortales: el nombre del pueblo sensato que eligió á un hom- 
bre civil, por ser el hombre de la ciencia y de la ley; el 
nombre del General Morazán, que pudiendo, como vulga- 
rísimo ambicioso, sofocar la voluntad de los pueblos, dejó 
libre su elección; y el nombre de José Cecilio del Valle que, 
por sus virtudes y por su saber, tuvo siempre el aprecio y 
los votos de sus conciudadanos. ¿Tiene nuestra historia 
contemporánea una página tan gloriosa? No la tiene ni si- 
quiera parecida. Han podido y pueden existir entre nos. 
otros, y hablo en hipótesis, estadistas como Gladstone y 
Thiers, sabios como Littré y Darwin, publicistas como La- 
bouiaye y Pelletan, economistas como Stuart Mili y Min- 
gnetti, escritores y oradores como Gambetta y Castelar; por 
vía de magia ó de encantamiento han podido" vivir entre 
nosotros tales hombres; pero á pesar de la magia, tratándo- 
se de elecciones, los pueblos, de rodillas, temblando de te- 
rror, habrían dado sus votos al primer caudillejo militar 
que, oliendo, á cien leguas á taberna, les impusiese el cre- 
do absoluto de una fuerza indiscutible, de una fuerza bru- 
tal, de un militarismo feroz, y de una venganza implaca-* 



121 



ble. (2) ¡ Ay! ¿Por qué se han ido aquellos tiempos en que 
había nn Morazán libertador, un pueblo dign . v un 

José del Valle merecedor de sus votos? 

Antes de ver el resultado de la elección qoe obtu\. 
lie en 1834, debo juzgarlo, aunque á grandes rasgos. 
sabio y como literato, ya que repetidas veces, en el curso de 
esta obra, he dicho que José del Valle era hombre emi- 
nente en las ciencias y en las letra-. Según el I > 
de la lengua, y el común sentir de las gi-nn 
nombre de sabio al individuo que se ha distingo ido p 
profundos conocimientos morales y científicos. I. 
ría, pues, la constituyen el conocimiento de las 1- 
vida moral de los hombres y de las sociedades, v el conoci- 
miento de las ciencias que contribuyen á labrar la 
de la especie humana. Extensión en el saber, profnn 
en los conocimientos, y utilidad práctica de la kdqpi- 

rida, todo esto viene á formar el verdadero sabio. ; 1: 
Valle estas condiciones para serlo? ¿Hablaban impí 
mente los centro-americanos que, al reí' 
cian siempre el sabio Valle? 

Valle reunía indudablemente las condicione^ D606I 
paca ser sabio: los centro-americanos hablaban 
propiedad al llamarlo sabio. Valle conocía • 
tensión y profundamente lo (pie hoy llaman 
(3) Conocía las leyes morales que rigen á rea. la 

(2) Estos juicios se refieren, con honr< 
riores ala ruptura definitiva del pacto federal, i 

cas aludidas mis .inicios no pueden tener una uheoloto 4 iVnin» 

América. 

(8) Véanse los escritos de A.uguat 
ropeos que han sabido fijar, en su mayor parte 
la ciencia social. Délos escritores hispano-nuin 
preferencia á Josó Victoriano Lastarria, el puluioist 
y éxito ha popularizado exactos y utiliain* 



!:>•> 



historia que ha marcado en cada época sus desarrollos, sus 
vicisitudes y progresos, y las leyes positivas que, en las re- 
laciones internacionales ó en las relaciones internas de las 
sociedades, forman el sistema de legislación y dan una idea 
completa de los vínculos jurídicos de los pueblos, de su uni- 
dad fundamental y de su admirable variedad, de sus for- 
mas de Gobierno, de sus usos y costumbres, de las relacio- 
nes entre gobernantes y gobernados, de los intereses econó- 
micos y administrativos de las comunidades sociales, de los 
civiles derechos de sus individuos, y de las disposiciones 
penales que sancionan el cumplimiento de la ley para sal- 
vaguardia del orden, y para respeto de las relaciones jurí- 
dicas. 

Valle no solo conocía profundamente estos ramos de 
las ciencias morales y políticas: conocía además, y con per- 
fección, las ciencias naturales y las ciencias físico-matemá- 
ticas, necesarias para formar el criterio del sabio que, ante 
todo, debe ser el práctico y útil conocedor de la naturaleza, 
•física, orgánica 6 inorgánica, que por todas partea nos rodea 
rehusándonos sus secretos que solo confía al estudioso y 
reflexivo sabio. Valle conocía la historia natural. Por la 
anatomía tenía ideas exactas sobre el organismo del hom- 

ciología. La Historia constitucional de medio siglo, La América, El Derecho 
público, La Constitución de Chile comentada, y La Política positiva, prin- 
cipales obras del ilustre Lastarria, deben ser objeto de estudio para todos 
los hombres políticos y bien intencionados que aspiren á arraigar en la gran 
patria hispano- americana fundamentales y benéficos principios en orden á los 
más importantes arreglos sociales, y en particular, con respecto á la política y 
ala administración. La escuela americana define y aplica mejor el derecho 
que cualquiera de las doctas escuelas europeas. José Victoriano Lastarria es 
sin disputa uno de los primeros maestros de las escuelas políticas de nuestro 
Continente: José Victoriano Lastarria tiene la ilustración clásica de los publi- 
cistas europeos Tocqueville, Stuart-Mill, Laboulaye y Pelletan, y á la vez, en 
toda su pureza, el exacto criterio del publicista americano, del publicista de la 
República. Léanse y estudíense siempre las obras de Lastarria, de Lastarria 
que más bien que honra de Chile, es, en las Ciencias y en las Letras, verdadera 
gloria de Hispano-América. 



123 



bre, y por la fisiología idea sobre las funciones de la vida 
humana: por la zoología conocía los organismos variad 
mos y las utilidades y ventajas del reino" animal: por la mi- 
neralogía conocía los preciosos metales que encierran las 
entrañas de la tierra, que dan vida á las transacci< 
comercio, y satisfacen las necesidades individuales v públi- 
cas: por la botánica conocía las bellezas seductoras del mun- 
do amable de las plantas, y sus usos útilísimos para reí 
y conservación de los hombres. Valle además de natura 
ta era físico, químico y matemático. Conocía las prop 
dad es generales y particulares de los cuerpos, y sus conoci- 
mientos dábanle juicios acertados sobre la tierra y la atmós- 
fera en relación con la agricultura, sobre el movim 
las fuerzas, en relación con las máquinas necesarias á la 
industria, sobre los fenómenos meteorológicos, en relac 
con la salud del hombre, y sobre los colores y sonidos en 
relación con las bellas artes. El arte do calcóla! DOf 
de operaciones aritméticas, de algebraicas ecuaciones, 6 
de medidas geométricas, proporcionaba á Valle las mal ; 
ciosas aptitudes para apreciar con exactitud 1 - 
des elementos del mundo en lo moral y en lo fisw <». Kl 
cálculo le hacía comprender y formular la i 
cia madre de las combinaciones y arreglos de la i 
de la administración: el cálculo lo hacía vagar p»r los ce- 
lestes espacios y apreciar las distancias, magnitudes, volú- 
menes y movimientos de los mundos qoe nos revela U as- 
tronomía, revelándonos ¡av! que BOmOfl átomo* 
la inmensidad del espacio infinito: el cálenlo le hacia 001 
prender la extensión y límites de nuesi ras 
tros climas, y las inlluencias química.* 
políticas, que se derivan de lá diversidad del MD* 



124 



ocupamos, y de la atmósfera más ó menos pesada que en- 
vuelve nuestro organismo; el cálculo le hacia comprender, 
en fin, la combinación y armonía de los compases en la mú- 
sica, la gradación de los colores en la pintura, y el ritmo, 
la cadencia en los versos de la divina poesía. Hombre que 
tanto sabía, y qne tanto sentía, mereció con justicia el ca- 
lificativo honrosísimo de sabio. Las ciencias y las letras 
progresan y progresarán sin que sea posible asignar límites 
á sus adelantos; .pero como casi todo es relativo, y Valle fué 
sabio para su época y lo sería para la nuestra, por mucho que 
progresen las ciencias y las letras, la posteridad ha de lla- 
mar siempre á José del Valle, el sabio José Cecilio del Va- 
lle. No en vano se consume una vida entera en arrancar á 
la naturaleza sus secretos: tras ímprobos trabajos de estu- 
dio y de reflexión debe quedar al menos un nombre célebre, 
un nombre glorioso. (4) 

Valle no sólo fué un gran pensador, un experimentado 
publicista, un práctico economista, un persuasivo orador, 
Un sabio eminente: fué, además, un buen literato. Valle, 
en la acepción concreta que tiene la palabra, fué verdadero 
literato, porque era versadísimo en las letras humanas. Co- 
nocía profundamente las obras de los clásicos griegos, lati- 
nos, franceses, italianos y españoles: había formado su gus- 
to con selectas lecturas, y poseía el arte del bien decir. 

Pero no obstante los grandes conocimientos literarios de 
Valle, en mi concepto, vale mucho más como publicista, 
como economista, y como sabio que como literato. En la 
literatura, aunque fundada en el saber científico, debe pre- 



(4) Los sólidos y vastos conocimientos de Valle y su reputación científica lo 
hicieron acreedor al nombramiento de Individuo de la Sociedad de Ciencias de 
París. 



125 



dominar la idea del arte, y al predominar la idea del 
deben sobresalir, ya en la prosa, ya en el verso, las formas 
de la belleza, las formas reveladoras, no tanto de la idea 
formada al calor de la reflexión profunda, cuanto del sen- 
timiento estético, formado al calor de natural y espontá- 
nea inspiración. 

Valle era literato porque conocía las letras humanas, y 
había cultivado su gusto; pero sus aptitudes naturales no 
eran eminentes y seductoras aptitudes literarias. En Va- 
lle predominaba la idea reflexiva, no el sentimiento artísti- 
co. Léanse sus numerosos y variados escritos, y su lectura, 
á no equivocarme, dará la confirmación de mi aserto. En 
los escritos de- Valle puede verse la reflexión profunda del 
pensador, pero muy rara vez puede verse la espontaneidad 
del artista. Valle abunda en ideas, abunda en pensamien- 
tos; pero es pobre en imágenes seductoras, escaso en rasgos 
conmovedores, falto de las expresiones que forman el idio- 
ma estético del sentimiento, y que, impresionando el cora- 
zón, acaban por apoderarse de la cabeza. En los escritos de 
Valle hay tanto de reflexivo, tanto de meditado) 
tanto de matemático y hasta de geométrico, qnc 
ver el aparente y bello desorden de la inspiración, que im- 
piden sentir y gustar bellezas literarias qne, aunque alguna* 
veces están como escondidas en el concepto, no salen, como 
por recelo, á brillar con galanura y esplendor en las formas 
esencialísimas de la expresión, formas imprescindibles para 
el arte. El literato, á mi juicio, debe 
palabra, y por ende, si la forma que es el len- 
no cautiva, no seduce, por medio de tai imágenes, de kM 
símiles y de las amplificaciones qne expresan WMI brillantéi 
la inspiración: si la forma no es eminenirm. 



i-2<; 



nentemente seductora, podrá haber una literatura instruc- 
tiva, y hasta correcta; pero no la literatura que reclama la 
estética, pero no la gran literatura del sentimiento y de la 
inspiración que hace palpitar la idea como fruto de amor 
en amantísimo seno, en el bello seno de las espontáneas, va- 
riadas y bellas formas del lenguaje, divino verbo, encarna- 
ción sublime del pensamiento del artista, del pensamiento 
del gran literato. 

El lenguaje de Valle, que es tan propio de él, que podría 
decirse lenguaje de Valle, viene á confirmar mi concepto so- 
bre sus aptitudes literarias. Valle tiene un lenguaje unifor- 
memente cortado, un lenguaje monótono, abrumador por la 
grandeza del pensamiento, y abrumador por la monotonía de 
la forma. Rara vez se encuentra en los escritos de Valle un 
párrafo de lenguaje periódico; rara vez se encuentra una 
bella amplificación; rara vez se encuentran imágenes ex- 
presivas de grandes arranques de sentimiento ó de pasión. 
Los escritos de Valle, con violación flagrante de la grama 
tica, contienen una serie prolongadísima de dos puntos esca- 
lonados en cada breve párrafo: entre cada dos puntos un 
gran pensamiento, y con frecuencia, en una enumeración, 
dos puntos separan una palabra de otra. Valle, aunque no 
por ignorancia, pisotea la gramática, pero enaltece el pen- 
samiento. En sus escritos, de cortadísimo lenguaje, se vé, 
más que todo, al pensador que quiere marcar ideas y hacer 
hincapié, y llamar la atención sobre las ideas, con sus eter- 
nos dos puntos, mas bien que al hombre de letras, cuidado 
de las correctas formas y apegado á las bellezas del len- 
guaje. Valle, por otra parte, en obsequio de la idea, deja 
con frecuencia de ser castizo. Avezado á las* lecturas de 
obras latinas, francesas, inglesas é italianas, abunda en la- 



127 



tinismos. galicismos, inglesismos é italianismos; pero él, 
aunque conocedor del habla de Cervantes y de Baral 
presa ideas, y esto le basta. Descuida la forma por atender 
al fondo. Mi fé literaria es que ambas cosas deben conci- 
liarse; debe haber fondo en las ideas y corrección y belleza 
en la forma. Esto constituye para mí la más grande, la 
más útil y bella literatura. 

Reasumiendo debo decir que aunque Valle era 1 í t . 
porque tenia técnicos conocimientos literarios, se dejaba 
llevar por el predominio de la idea, y el predominio de la 
idea lo hacía ser monótono, por su uniformidad de lenguaje, 
mal hablista, por sus descuidos, y antiestético, por su hábi- 
to de buscar y rebuscar, no la expresión natural y bella del 
pensamiento, sino la expresión exacta, matemática de la 
idea. Si yo pudiese, poseyendo algún título, dar consejos á 
la juventud centro-americana, yo le diría: estudiad los es- 
critos de Valle, que es el escritor más rico en ideas: cada 
una de sus frases encierra un gran pensamiento; pero le di- 
ría además: no toméis literariamente á Valle por modelo: 
Valle descuida la variedad y la belleza de la forma, y la 
variedad y la belleza de la forma son indispensables, esen- 
ciales en las bellas letras, si es que estas constituyen él Uto 
por excelencia, el arte de expresar lo grande, lo bello y lo 
sublime, por medio de la palabra reveladora de la idea, de 
la inspiración y del sentimiento. Valle, mas bien que un 
literario escritor, que emplea una brillante pluma, es un 
excelente grabador que emplea el buril. \ a 11» . más bien 
que escribe, esculpe; es un insigne grabador de pensar 
tos: búsquesele en el terreno déla reflexión y de la 
cia; pero no se le busque como modelo en la hermosa es- 
fera de la bella literatura. 



128 



Antes de juzgar á Valle como sabio y como literato, jui- 
cio con que he acabado de presentar su noble personalidad, 
bajo todos sus aspectos, dije que habia sido electo Presi- 
dente de Centro-América, en principios de 1834. Pero llega 
el momento de agregar que tan acertada y honrosísima elec- 
ción, para desventura de los pueblos centro-americanos, no 
pudo tener resultado. A la voluntad de un pueblo libre 
se opuso la fatalidad de la, muerte implacable. Voy, pues, 
á historiar, con profundo dolor, y partiendo de datos fide- 
dignos, los últimos dias y la última hora del ilustre 
Valle. (5) 

Acostumbraba Valle hacer, con toda su familia, todos 
los años, una temporada en su hacienda llamada "La Con- 
cepción," distante 18 leguas de Guatemala. Desde fines de 
Diciembre de 1833 permanecía en ' k La Concepción" dis- 
frutando de completa salud; pero desde el 1.° de Febrero 
de 1834 empezó á experimentar distintos padecimientos fí- 
sicos, aunque no de carácter alarmante. Así continuó por 
espacio de algunos dias, hasta el 22 del mismo mes, en que, 
á las 5 de la tarde, fué repentinamente atacado de una 
fuerte fatiga con hervor de pecho, mal de que nunca había 
padecido, y que era de gravísimo carácter porque casi le 
impedíala respiración y podía producir una asfixia. En 
fuerza de los solícitos cuidados de la familia, Valle tuvo 



(5) Los datos relativos á los detalles de la última enfermedad y muerte de 
Valle, fueron proporcionados por Don José Bernardo del Valle, en el mes de 
Junio de 1878, en la Capital de Guatemala, á mi excelente amigo Don J. J. Pal- 
ma, quien ha tenido la fineza de obsequiarme el manuscrito que contiene di- 
chos datos, manuscrito que obra en mi poder. El Señor Palma me ha prestado 
también su importante cooperación haciendo, desde hace mucho tiempo, in- 
vestigaciones sobre la vida y escritos de Valle, y comunicándome bondadosa- 
mente todos los datos y noticias que ha podido obtener. Que mi querido ami- 
go, y compañero en estudios literarios, reciba en estas líneas la sincera expre- 
sión de mi reconocimiento por sus oportunos y valiosísimos servicios. 



m 



algún alivio, pero la enfermedad continuaba. El Pro- 
Don Mariano Borjas, Capellán de la familia, fu. 
mala en busca del Doctor Don Quirino Flores, n 
la casa. Flores llegó á "La Concepción" el en el 

acto oyó del paciente la relación de sus padecimie 
la familia las noticias relativas á los medica:: 
le habían aplicado. 

El Doctor Flores no dio á la enfermedad de Valle I 
portancia que tenia. Aplicóle algunos cale 
produjeron el resultado apetecido. A pesar de • 
los encarecidos ruegos y de la consternación. lágri- 

mas de la angustiada familia, partió de la hacienda • 
siguiente, dirigiéndose á Sonsonate, en donde 1<> esperaban 
asuntos importantes del Senado, del cual era individuo. 1'..: 
aquel tiempo las Autoridades federales residían en el I 
del Salvador. 

La familia de Valle deseaba trasladarlo 
y su deseo fué secundado por él voto del Doctor I 
dia 1.° de Marzo salió la familia de la hacienda. 
do al enfermo en una camilla arreglada de ¡ ll ma- 

nera. En la mañana del mismo dia llegaron a I .. 
"El Jute," tres leguas distante de "La Cu B 

enfermo sintióse muy aliviado, y en la familia 
las más lisonjeras esperanzas. Mus en la Qoche, ¡H6S| 
mente, se agravó el mal del enfermo, man 
particular, su gravedad por un prolongado delirio, I 
delirante hablaba sin cesar de la Casa »1< Moi 
din Botánico de México: después tomó por ■• 
nancia para admitir la Presidencia de Centro kmi 
altísimo cargo para el que había sido ele 
decía: "Reiteraré cuantas; renuncias fueren necesaria! : 



130 



quiero que digan, Valle hubiera restituido la paz, y no, 
Valle no pudo conseguirla. En último caso me rodearé 
de sabios de Europa, amigos mios, á quienes haré venir pa- 
ra asegurar el bien de la patria, y sacarla del caos en que la 
han precipitado las resoluciones promovidas por el aspiran- 
tismo." Siempre el mismo hombre, siempre el patriota, 
siempre el sabio! Aun en su delirio, oscurecidos los ojos 
por las sombras de la muerte, sofocado el. pecho por cruel 
fatiga, enardecido el cerebro por la fiebre, con el sepulcro 
entreabierto, Valle pensaba en el bien de la patria, y con 
noble orgullo pensaba en su nombre, porque la grandeza 
de su nombre debía servir para la grandeza de Centro- 
América. ;Ay! Valle en su pobre camilla, Valle moribun- 
do, era, por su idea, el Valle del gabinete, el Valle de la 
prensa, el gran Valle de la tribuna! 

Pasó el delirio y vino una ligera calma; pero después, 
en la madrugada, acometió al enfermo un nuevo ataque de 
fatiga: Valle se asfixiaba. La familia, con redoblados es- 
fuerzos, logró calmarlo, y continuaron su marcha para la 
hacienda * 'Corral de Piedra," distante 12 leguas de la capi- 
tal de Guatemala. Pero á media jornada, y á eso de las 10 
de la mañana del domingo 2 de Marzo, en medio de una 
de las llanuras del camino, la camilla hizo alto: Valle se 
moría; la enfermedad le asestaba su último golpe. Tuvo 
tiempo de pedir los auxilios del confesor, y dijo, entre otras 
cosas, á su Capellán: "Padre, conozco que estoy ya en el 
último período de mi existencia, y necesito de los auxilios 
espirituales para devolver mi alma al Creador que me la 
dio." La consternada familia rodeaba la camilla. Valle, 
ya para morir, faltóle el habla; pero aun quedábale un resto 
de vida en sus ojos que se apagaban. Vio junto á sí á 



131 



su hijo, nifio de diez años, le tomó convulsivamente lama- 
no y la llevó á su pecho. En aquel instante su corazón, 
como rendido por supremo esfuerzo, dejó de latir: Valle 
había muerto, y la familia entre indecibles dolores, sollozos 
y lágrimas, tuvo que deshacer el grupo conmovedor que 
formaban el padre y el hijo: el padre muerto, que sún apre- 
tábala mano de su querido niño, del h'jodesn ;im< 
que lloraba, aún sin comprender su inmensa desventuí 
Aquel tristísimo cuadro de muerte y desolación era alumbra- 
do por el espléndido sol de Marzo que indiferente continuaba 
su magestuosa carrera. ; Ay ! el hombre, aunque sea un sabio, 
no es más que un átomo que brilla por instantes para per- 
derse después y confundirse en los miseriosos senos de la na- 
turaleza, de lo infinito. Tal es la relación tristísima de los 
últimos dias y del postrer momento de José del Valle. 
Siempre será memorable el infausto 2 de Marzo de 1834! 
En aquel aciago dia extinguióse la llama de la extraordi- 
naria inteligencia del que fuera Gran Padre de la Patria: 
en aquel aciago dia ¡ay! para eterna desgracia de ni; 
pueblos, quedó huérfana la Patria Centro-Ami : 



CAPITULO OCTAVO. 



Sensación que produjo la muerte de Valle.— Consecuencias pollücaa que turo 
tan desgraciado suceso.— Reflexiones.— Olvido que, durante la 
conservadora, se hizo del nombre y de las obras de Valle.— El 
Honduras ha hecho justicia á aquel grande hombre, y honrado y enalteci- 
do, como se debe, la memoria de su vida ejemplar.— Hoy i 
debe tomarse como modelo la conducta política de Vall«\ y 
obras grandes enseñanzas.— Consideraciones final»-» 



Honda, profundísima sensación causó la inesperada 
muerte de José Cecilio del Valle. Valle, por n di 
vida pública, y más que todo, por sus luces y por sus virtu- 
des, era conocido en todo Centro- Amé rica: y mal q 
nocido, muy apreciado por todos los poeblof iineri- 

canos. El verdadero mérito, á despecho «le la mili .-nvidia 
y de las necias rivalidades, tiene siempre un M 
irresistible. Valle ejercía en todos los ánimos ese ascen- 
diente poderoso, avasallador, incontrastable i' 
muerte fué conceptuada como un 8UCSSC inj 
patria, por esto fué sentida como se sienten lai gl 
desventuras públicas, como se siente un adverso, desgra- 
ciadísimo acontecimiento que llena de doldi 
duelo el alma de toda una nación. ¡Qué p 
los verdaderos grandes hombres! Bn 
movimiento y calor á los ánimos: son 000 
alienta y vivifica. Cuando mueren li 
el desaliento, el pesar, la const* '« I"* 



134 



ausente que deja tras de sí pavorosa noche, sombras para 
los entristecidos ojos, y para el corazón un dolor infinito. . . 

José Francisco Barrundia, uno de los republicanos más 
puros que ha tenido Centro- América; José Francisco Ba- 
rrundia, el publicista de corazón de oro y de palabra de 
fuego, parece que condensó en su alma tierna, en su alma 
sublime, todos los pensamientos y todos los dolores de la 
patria; y al morir Valle, escribió estas inolvidables palabras 
que justamente han pasado á la Historia: 

"Ha muerto Valle! Este hombre era conocido en Eu- 
ropa. Su cabeza fué una luz, su boca fué el órgano de 
la elocuencia en la tribuna : sus escritos la honra de la 
patria y de las ciencias. Se hundió Bentham en la noche 
eterna, en la Inglaterra; desapareció su amigo Valle (1) 
en Centro-América. Ciudadano pacífico, cultivó con ar- 
dor la sabiduría; él estaba lleno de todos los principios ele- 
mentales de Gobierno; él escribía por la gloria nacional 
y por el interés de la humanidad. Su concepción profun- 
da y exacta aparecía en un lenguaje pausado, puro y ma- 
gestuoso que presentaba los objetos por todas sus fases, 
y se desarrollaba en una argumentación clara y victoriosa. 
Su carácter firme y decidido tenía acaso los caprichos y 
las singularidades del genio. Sin transacción para los trans- 
gresores de la libertad publica, él oponía siempre todo el 
rigor de los principios, él sostenía la rectitud de las leyes. 
Su mente concibiera la vasta Confederación americana, nu- 
il) El eminente Jurisconsulto Jeremías Bentham, representante de la escue- 
la utilitarista, tuvo la más amistosa correspondencia con Valle. El nombre de 
este ilustre americano figura, entre los nombres de grandes sabios de Europa, 
en el testamento de Bentham, quien dejó á sus amigos predilectos anillos con 
su retrato y pelo de su cabeza en prueba de su cariño y de su aprecio. Valle 
tuvo ese recuerdo de la amistad del publicista inglés: el precioso legado aún lo 
conserva la familia de Valle. Cuando esta se extinga, ó cuando sea dado, Hon- 
duras, para su Museo, debe tratar de adquirir aquella valiosísima reliquia. 



135 



cleo inmenso de pueblos independientes contra la liga de 
reyes y tiranos. 

"Si deseaba el mando en la República, si su corazón ar- 
día en ilusiones, no se lisonjeaba con el honor de regula- 
rizar el gobierno y de aplicar la ciencia del gobernante. 
Pero esmerado en la educación de su hijo, tranquilo en 
la vida privada, orgulloso y libre en su retiro, jamás se 
humilló ni á la revolución, ni al poder. Su alma era el 
altar de Minerva: su placer era la armonía de la ci\ 
ción. En su gabinete estaba el asilo sagrado de la sal »i<l li- 
ria, contra las tempestades civiles, 

"Bajó ya á la tumba, cuando sus sentimientos por la 
nacionalidad, cuando los votos del pueblo, lo ponían al 
frente de la República agitada. Honor de esta cara pa- 
tria, descansa en paz! Recibe el tributo de los sabios y el 
gemido de tus amigos. Únete á Bentham y á los otros 
sabios. ¡Pensador luminoso, el crepúsculo de tu ocaso bri- 
llará siempre en la nación! ¡Qué el honor de los boíl 
ilustres corone tus sienes, y que enjuguen el llanto de tu 
familia la virtud inmortal y I03 acentos de 1 

El talento, y no el talento, el genio produce las más 
grandiosas condensaciones de ideas. ¡Que u. 
inimitables palabras de Barrundia! Son muy pOMtJ 
son admirables: son, en compendio, una sublime Biogra/ia 
de Valle. Declaro sin rubor que valen más. tu- 
que las páginas de este libro que escribo en honra de mi 
ilustre compatriota, -Qué genio el de B .tandee* 

graciado en vida como glorioso después de NI muerh 
gloria ha brillado más á medida que han sido ttál 
Boe loe horizontes políticos de Centro An Desgracia- 

dísi'mo y á la par glorioso Barrundia de moer- 



136 



tos Valle, Morazáti, Herrera, Gutiérrez y Cabanas, si hubie 
ras tenido más vida, ¿á quiénes hubieras podido consagrar 
palabras tan grandes y magníficas? ¿Qué alta, qué patriótica 
inspiración habría podido recibir tu republicano genio, en 
medio de las negras, de las profundas noches de nuestros 
despotismos? ¡Desgraciadísimo y glorioso Barrundia! Más 
vale que hayas muerto; pues te has libertado de inmensos 
dolores, de horribles desengaños, y á la vez, los más repug- 
nantes y odiosos contrastes hacen que, de dia en dia, sean 
más respetable y veneranda tu gloriosa vida, y más simpá- 
tico y querido tu nombre inmortal! 

No sólo José Barrundia, el más ilustre representante 
de la prensa centro-americana, formó el eco del duelo 
nacional motivado por la muerte de Valle: también los 
Poderes públicos hicieron justas manifestaciones de dolor 
por el fallecimiento del grande hombre, del Estadista elec- 
to Presidente de la República de Centro-América. El Ca- 
nónigo Doctor José María de Castilla, hombre de tan noble 
estirpe como de elevada inteligencia, tan entendido en cien- 
cias y letras, como culto y simpático por sus grandes dotes 
sociales, (2) presentó á la Asamblea de Guatemala la si- 
guiente proposición: 

"La voz de un simple ciudadano se atreve á llamar vues- 
tra atención, interrumpiendo, quizá, serios traba J3S legisla 
ti vos y discusiones útiles; pero el asunto que me ocupa y la 
suplica que os dirijo, estoy cierto que no os desagradan. El 
derecho de petición me autoriza para llamar vuestras mira- 



(2) Recuerdo que en Guatemala personas contemporáneas del Canónigo Cas- 
tilla me decían que, hombre tan distinguido, era el encanto de los salones. Com- 
petía en gracia y en felices ocurrencias con su amiga la espiritual poetisa, Pepa 
García Granados, hermana de mi inolvidable amigo, el Gran Repúblico Gene- 
ral Miguel García Granados. 



ía? 



das hacia una pérdida que llora toda la República. La 
existencia del Ciudadano Valle era cara para nosotros; so se- 
pulcro y su grata memoria deben ser acompañados de loe 
testimonios más marcados de la gratitud pública. "La 
muerte de un sabio ciudadano, que á su literatura reúne la 
virtud, (decía un hombre de espíritu) es una calamidad 
pública, y su nombre debe quedar escrito en los anales de 
la virtud y de la Patria." El Ciudadano Valle, 
beis, reunía á su profundo saber, una vida inoulpa!. 
tulos harto respetables en todos los pueblos, y particular- 
mente en las Repúblicas. Entre los dignos individu. 
componen este Alto Cuerpo, hay muchos amigo* 
y todos son conocedores de su mérito: por eso me abstengo 
de manifestarlos servicios que este digno C DO lia 

prestado á la Patria, y me contento con re< 
vio al frente de los negocios; que hasta en el 1 1 i espa* 

ñol fué respetado y se hizo justicia a sus raroí B 

voto público lo iba á colocar en el solio de la 1, 
se ocupaba incesantemente, en el h ! 
en meditar todo aquello que pudiera perfeccionar 
instituciones. La muerte le sorprendió < aoribi 
de su patria; entorpeció su mano, y derribó 10 |»l«l 
días que fueron ocupados por las virtud 
vida cuyos últimos instantes se dirigieron i Im p ' 
gen las bendiciones públicas, dirigidaí por ioi B 
tes del pueblo. Mirabeau interrumpió una impo 
sertación, en la Asamblea Constituí 
pedir un dia de luto por la muerte de Fraoklin qi 
en los Estados Unidos. Se accedió á la aúplic 
didasu moción. Poco háel Ciudadano \ 
mo en favor del sabio Seflor Bentliam al ( 



138 



ral, sin ser individuo de él. Yo lo hago ahora, do por un 
sabio extranjero, sino por un digno compatriota, por uno 
de los mejores ornamentes de la República, cuyos escritos 
extendieron su nombre por Europa, y lo asociaron á los 
Cuerpos literarios de más fama de los pueblos cultos. 

No sólo la amistad que me unió con Valle, por tantos 
años, es el motivo principal que me dirige á este Alto Cuer- 
po; el honor de la misma República, la gratitud que e3 el 
sostén de los hombres y de los pueblos, me dan confianza 
y me inspiran en este momento para que rendidamente os 
suplique decretéis una demostración pública que marque 
la memoria de mi digno amigo Valle, y del respetable Ciu- 
dadano que por tantos títulos merec3 nuestra consideración. 
Guatemala, Marzo 11 de 1834. — José María de Castilla." 

Idéntica proposición hicieron á la Asamblea los Repre- 
sentantes Machado, Rendón, Rodríguez y Rivera Paz. La 
Asamblea, después de considerar las proposiciones presen- 
tadas, emitió el acuerdo que sigue: 

"La Asamblea de Guatemala teniendo presente que la 
muerte del Licenciado José del Valle es un suceso infausto 
para el Estado: que por serlo, debe man if estarse el senti- 
miento público, y procurar se cousagre de algún modo la 
grata memoria de aquel ilustre Ciudadano, se sirvió acordar: 

1.° Que todos los empleados y funcionarios existentes en 
e«ta Corte (3) vistan luto durante tres dW, que señalará 

(3) Lorenzo Montúfar hace respecto al uso de esta palabra, en la página 97 
del tomo 2.° de su -w Reseña Histórica." la siguiente juiciosísima crítica: '"En to- 
dos los documentos posteriores á la Independencia se da á Guatemala la deno- 
minación de Corte. Este nombre fué conservado como una de tantas antiguallas 
monárquicas que no han desaparecido, y á las cuales se refiere un centro-ame- 
ricano que dijo, habíamos formado una República con los andraj >s de una Mo- 
narquía, f Corte es la ciudad. Tilla ó población donde reside el Rey ó Príncipe 
soberano de un país: donde radican su asiento sus principales consejos, s; 
antiguos tribunales. Corte es el conjuntó de todas las personas que com] 



139 



el Ejecutivo, y que en los mismos se (foble en todas las 
iglesias de la Capital, á las nueve, doce de la mafiana, y 
oraciones de la noche: 

2.° Que á expengas de los miembros del Cuerpo Legis- 
lativo se haga copiar el retrato del Ciudadano Ja 
He, (4) 4 el cual se colocará en la sala de sesiones: 

3.° Que por la Secretaría de la Asamblea, y en su i 
bre, se excite á los otros Estados, á fin de <\i\o *e lírm 
acordar las demostraciones que tengan i 
mismo Ciudadano. 

Y de orden del Cuerpo Legislativo lo decimos á U. pe- 
ra inteligencia del mismo Consejo y efectos que se e 
san. D. U. L. Guatemala, Marzo ]') de 1- 
Murga. — M. Dardón. 

Sala del Consejo Representat i \ o del K- 
la, en la Corte, á 20 de Marzo de 1834. — Al Gefe de Esto* 
do. — Simón Vasconcelos, Presidente. — J 
Secretario accidental. 

Palacio del Gobierno del Estado. G Unto 

veintiuno de mil ochocientos trointicuatro, 1' 
cútese; señalándose al efecto los dias tres, 
del inmediato Abril. — Mariano Qalve%.—k\ 9 
peral del Despacho. 

la familia y comitiva del Rey. Tien< 

guna puede aplicarse con propiedad ;'i !¡i capital '!•• m 

ca. Los guatemaltecos, animados pora! wln-m.-nt. -.!. It • ^«rU priaaef» 

ciudad de su país, se empeñaron en darle ••! imín 

i Villa de Madrid ■ illolajtloo de la pa- 

labra Curte, se hizo cuando la Ca| ilal ■!•■ 1 1 | aat tre»ladó 4 Se» tahra* 

mpertantc aconi. 10 dáaáeatá 

Guatemala la denominación de Cort* preaa la ordeo priiaüHa ám la 

Asamblea Legislativa. 

9e hizo un magnifico retrato al ól< 
cado en la Sala d 



140 



Y por disposición del Poder Ejecutivo se inserta en el 
"Boletín Oficial" para los efectos consiguientes. 

D. II. L.— Guatemala, Marzo 21 de 1834.— P. J. Va- 
lenzuela." 

En el Estado del Salvador se emitió el siguiente decreto: 

"Ministerio General del Gobierno del Estado del Sal- 
vador. 

Al ciudadano Gefe Político del Departamento de 

El Vice-Gefe del Estado, en ejercicio del Poder Ejecu- 
tivo, se ha servido dirigirme el decreto siguiente: 

El Vice-Gefe, en quien reside el S. P. E. del Estado 
del Salvador. — Por cuanto la A. O. L. del mismo, se ha 
servido decretar y el Consejo sancionar el siguiente decreto: 

La Asamblea Legislativa del Estado del Salvador, que- 
riendo honrar los profundos conocimientos científicos del 
finado C. José del Valle, y manifestar cuánto aprecio me- 
recen la sabiduría y la virtud á los pueblos del Estado, ha 
tenido á bien decretar y decreta: 

1.° Se harán honores fúnebres en esta Capital al fina- 
do C. José del Valle. 

3." Una comisión de la Asamblea, el Gobierno, unacomi- 
sión del Consejo, la Corte Superior de Justicia, y todas las 
demás autoridades y empleados existentes en esta ciudad, 
concurrirán á este acto que será presidido por el Presiden- 
te de la Comisión del Cuerpo Legislativo. 

3.° El dia de las honras se reunirán todos los funciona- 
rios de que habla el artículo anterior, en el Salón de la 
Asamblea, de donde marchará la comitiva al templo. 

4.° Todos los empleados del Estado vestirán luto du- 
rante tres dias, contados desde la víspera de las exequias, 
á las dos de la tarde. 



141 



5.° El retrato del Ciudadano J« <é del Valle, u i 
en el salón de las sesiones de la Asambl» ;i. 

6.° El Poder Ejecutivo queda encargado de la ejecución 
del presente decreto. 

Pase al Consejo.— Dado en San Salvador, á 9 de Abril 
de 1S34. — J. Miguel Alegría, Diputado Presidente.— J. 
Ildefonso Ca -tillo, Diputado Secretario. — J. Enriquei 
la, Diputado Secretario. 

Sala del Consejo Representativo del Estado del Salva- 
dor, Abril 18 de 1834.— Pase al Gefe del Est 
A. Cordón, Consejero Presidente. — Mariano Palomo, Se- 
cretario. 

Por tanto: Ejecútese. — Lo tendrá entendj 
Sección encargado de la Secretaría General del i' 
y dispondrá se imprima, publique y circule. 
dor, Abril 18 de 1834.— Lorenzo Oonz.ilez.— Al cu ladanp 
J. María C ¡«meros. 

Y de orden del Supremo Poder Ejecut unnieoá 

U. para su inteligencia y efectos que se i rpn 
fiándole competente número de ejemplares de que lo- 
sará recibo. 

D. U. L.— San Salvador, Abril 18 de 
ñeros." 

Manifestaciones de público sentimiento M • am- 

blen en los demás Estados de Hondura*, N-.-ar... 
ta-Ríca. Valle era el g-ande hombre de tata» AmMaí, 
y al desaparecer, en críticos momo 

Estados centro-americanos no pudieron im-u. i • !• : x-ir. á 
una. un grito de supremo dolor. 

El másjuicioso, el máa ÉUosoJ te nm Kroi -'■ -«do- 
res, Alejandro Maniré, haciendo ju>tuia al m.-: '.:••. | 



J42 



pretando el sentimiento nacional, algún tiempo después de 
muerto Valle, dedicóle en sus Efemérides las siguientes no- 
tables palabras: 

''Perdió Centro-América, con el fallecimiento del Li- 
cenciado José del Valle, uno desús más distinguidos hijos. 
Conocido ya desde el tiempo del Gobierno español por bus 
grandes talentos y extraordinario saber; luego que se pro- 
clamó la Independencia, fué elevado á los primeros desti- 
nos de la naciente República: fué individuo de la Junta 
Gubernativa que se estableció en Guatemala en 1821: el si- 
guiente afio concurrió á las Cortes de México, en donde sos- 
tuvo victoriosamente los derechos de su patria y sobresalió 
por su elocuencia y laboriosidad. Víctima de sus opinio- 
nes contra el Imperio, y preso por ellas de orden de Iturbi- 
de, fué poco después nombrado primer Ministro por el mis- 
ino Iturbide, pasando así de la prisión á la primera silla 
del gabinete imperial, y debiendo únicamente tan impre- 
vista elevación á su reconocido mérito. Después de la caí- 
da del héroe de Iguala, Valle regresó á su patria á desem- 
peñar las alcas funciones de individuo del Supremo Poder 
Ejecutivo de la Nación; y en seguida obtuvo la mayoría de 
los votos populares para primer Presidente de la Repúbli- 
ca. Valle mereció de sus compatriotas el sobrenombre de 
Sabio, y sus escritos justifican o^ie dictado: Bentham y 
otros ilustres escritores de Europa- Jo honraron con su amis- 
tad, y la Academia de Ciencias de París, lo inscribió en el 
catálogo de sus miembros. La memoria de este distingui- 
do centro-americano fué justamente honrada por sus com- 
patriotas: la Asamblea de Guatemala acordó, en 13 de Mar- 
zo del mismo año de íU, que su retrato fuese colocado en 
el salón de sesiones, -y que en demostración de sentimiento 



143 



por su muerte, todos los funcionarios públicos ristie* 
10 por (res días. En 9 de Abril siguiente, la 
8 ilvador decr< tó también los mismcs honores fátx brea ala 
memoria de Valle." 

Trascendentales fueron las ronsmien. r |U0 

produjo la muerte de José del Valle. La B 
ba agitada: bullía ya, de tiempo atrá», él peí :o tic 

reformar el sistema federal: la idea de r« forma 
texto á algunos conservadores que abrigaban rn M alma 
el intento criminal de separar los Estados, de fraccionar 
nuestros pueblos, de repartirse los pedazos de un.-i L r ': 
• ion. El General Morazán ya no tenía todos Km grandes 
tigios del 29: era el mismo hombre, liberal, gi ílftrcv 

pido, heroico; era el mismo hombre de ideas y de pl 
pios; pero representaba el poder en época d;< 
hombre de Gobierno no puede tener el mism ¡ente 

del hombre que consuma una revolución glorie* 
ai un axioma en Historia que los hombres que 
más benéficas 3' grandiosas revolucioné*, iMUÍlitlt 
llevarlas á cabo, en sus resultados, son losprilW roí 
bajo el peso de su propia obra. De rsta rerdad fuña un 
grande r-jempló la vida del Benemérito 
zán. (5) 

La Presidencia de Valle estaba llamada, f 
hombres sensatos, á dar tranquilidad ¡i I 
mar la confianza pública, á operar benéli M po- 

líticas, y á evidenciar, en el seno >lc la pas, el triunfo 
instituciones, necesitadas más que nunca, pal 



(.') En más reducida esfera puede 
neral Misme] García Granados, autor de lo 
García Granados cayó báj > el] • ««Tú <**> '• 



J44 



consejos de la prudencia y del caber, antes que del ascen- 
diente de las pasiones de partido y de los prestigios mili- 
tares. 

Pero burladas quedaron, por una fatalidad que será 
siempre digna de deplorarse, las legítimas aspiraciones del 
patriotismo. Parece que el destino tuvo empeño en que 
Valle jamás fuese Presidente de Centro- América. El seve- 
ro é ilustrado, cnanto popular y respetabilísimo Repúblico, 
exhaló su último aliento antes de que se abriesen los plie- 
gos en que constaba su elección de Presidente. Con mo- 
tivo de este infausto suceso, y de sus consecuencias políti- 
cas, el Boletín Oficial, número 56, correspondiente al 31 de 
Marzo de 1834, dijo lo que sigue: "Las Juntas preparato- 
rias del Congreso han comenzado en la Villa de Sonsonate. 
Ca^i no había más Diputados que los de Guatemala, pero 
el Gobierno del Salvador había dictado medidas muy ac- 
tivas para que concurrieran los de aquel Estado; no pue- 
de dudarse de que las dictarán también los de Nicaragua, 
Honduras y Costa-Rica. Es demasiado grande el interés 
que está vinculado á la reunión del Congreso. Su presen 
cia no sólo es necesaria para decidir grandes cuestiones y 
para decretar reformas, sin las cuales no hay que esperar la 
estabilidad de la administración nacional, 3Ínó también 
porque los que dignamente la ejercen al presente dtben 
ser renovados, y su misión, entre pronto, podría ser con- 
testada. Con respecto á la elección de Presidente, va á 
ocurrir una cuestión interesante. El Ciudadano José del 
Valle, sin duda tenía la mayor votación para este destino, 
y ha muerto el 2 del corriente. ¿Se declararán perdidos 
estos votos y se entrará á elegir, ó se devolverá al pueblo la 
elección? Nosotros estaremos siempre por aquellas medi- 



J46 



das que establezcan la major popularidad. Supóngase qne 
hubieran muerto dos candidatos que reuniesen generalmen- 
te todos los votos, sin tener mayoría ninguno de ellos, y 
que quedasen otros seis individuos, cada uno con do* ó 
tres votos; ¿sería muy popular la elección que versase en- 
tre ellos? Mejor sería, sin duda, devolverla al pueblo. 
Nada previene Ja Constitución para el raso j r 
ley debe arreglarlo, y no hay que vacilar en que ■ 
sea lo más popular posible. Vuelvan á votar las Junta* 
populares, porque la elección es del pueblo." 

En aquellos tiempos se vivía bajo la atmósfera de la de- 
mocracia; en aquellos tiempos aún habia grandes vi i 
republicanas. Si el General Morazán hubiese sido un num~ 
don vulgarísimo, un dictador supeditado por la aml>; 
habría aprovechado la muerte de Valle pan hfj 
Congreso efectuase la elección, y sin exponer» r nin- 

guna eventualidad, habría sido electo, sin duda a)g 
sidente de la Kepublica. Pero Morazán quiso 
der al voto de los pueblos, quiso respetar la legal 
so el estricto cumplimiento de las institu 
muerto Valle, aunque Morazán tenía mm li- 
ra la Presidencia, como era debido, la i 
ta al pueblo, único que, en la verdadera república, d< be de- 
cidir sobre l.i dirección de bus destinos. 

Bajo la influencia de tales ideal 
se emitió el decreto de 2 ae Junio de Ifi ado! 

nuevas elecciones para Presidente de la R 
ba a Morazán su único, digno COmpeti 
quien habia respetado y apreciado all 
que no hubiese sido el General I 
rado en la fuerza, y extraviado por los •■■> 



146 



rismo brutal, habría hecho á Valle víctima de infundados ce- 
los, lo habría ultrajado y humillado, lo habría puesto, en 
nombre de una venganza salvaje, en el más ignominioso cal- 
vario, para arrancarle la vida, I* influencia y el poder, en me- 
dio de los más afrentosos suplicios. ¡Qué época gloriosa 
aquella en que un verdadero soldado, en que un héroe pres- 
tigiadísimo, respetaba y apreciaba á su rival, á un hombre 
civil, que no tenia más fuerza que la de su idea! ¡Qué épo- 
ca gloriosa aquella en que un hombre de letras podia en- 
frentarse, sin temor de ser pisoteada su dignidad, á un hom- 
bre de espada, y á un hombre de espada que tenia la glo- 
ria de verdaderas batallas, y no el palmoteo ridículo de far- 
santes que ensalzan escaramuzas afortunadas que, ¡ay! para 
providenciales castigos, fundan las más insoportables é in- 
fames dictaduras. 

El General Morazán que, muerto Valle, no podia tener 
ya seria competencia política en Centro- América, fué electo, 
por segunda vez, en el año de 34, Presidente de la República, 
¡Qué reflexiones las que ocurren con motivo de tales sucesos! 
Morazá reelecto debia traer, sin culpa snya, la ruina de la 
República centro-americana: Valle Presidente, liabiía pro- 
bablemente salvado á la República. Morazán tenia todos 
los prestigios de la revolución liberal; pero en el Gobierno, 
debió tener las intransigencias de Ui revolución, y en su con- 
tra, debió tener todos los enconados odios de la oposición. 
Valle en el poder, aunque partícipe de las ideas de Morazán, 
habría entrado á ejercerlo sin compromisos revolucionarios: 
no habría tenido las intransigencias de sectario victorioso; 
habría llevado la tranquilidad á los ánimos, desarmado en 
muaha parte alas oposiciones, y tenido ocasión y libertad 
para hacer oportunas, benéficas y duraderas reformas al sis- 



14', 



tema de gobierno, que habrían salvado la unidad de la Pa- 
tria, asegurado la paz de sus hijos, afianzado sus institucio- 
nes, y afirmado la honra de su nombre. MorazAn, hombre 
de la revolución, no pudo ser el hombre de la consolidación 
de las instituciones: su origen y su carácter revolucionario*, 
á pesar de sus grandes dotes políticas y militares, lo hicieron 
inepto para tan grande empresa. Valle gobernaste hubría 
podido acometerla con feliz éxito: Valle, á virtud de O] 
ñas evoluciones inspiradas por su genio, y sancionada! por 
sus prestigios, habría hecho la reforma, en ra< 
nos, anulando la demagogia de los liberales, y los embozados 
trabajos de los conservadores separatistas y liberticida*. En 
tal situación, Morazán habría sido el brazo armado; Valle 
la cabeza pensadora y directora: la idea y la fuerza unidas 
habrían realizado el triunfo definitivo \ déla 

República; y hoy los centro-americanos tend riamos una na- 
ción poderosa, libre y feliz; y hoy. en vez de s.-ntirno* humi- 
llados, con la frente levántala, podrían! M 
TENEMOS PATRIA. 

Pero las leyes providenciales, qite presiden I la b 'tona 
de los pueblos, no permitieron <jue hubiese para los O 
americanos tan dichosos resultados M S, ? con su 

vida, desapareció la fundada esperanza de qtfe bubfefe pal 
y arreglos durables en pro de las institución. >. r ■ 
mente, Morazán fué vencido, y por últin 
la traición en el cadalso, v con su \ 
más abnegados esfuerzos que pW| 
rica del Centro, á salva la unidad de la P 
lidad y el prestigio de sus institueioi 
sa la nuestra! Parece que la r 
someter á ciertos pueblos á las mas rodil j pnif 



148 



bas: uno de esos pueblos es Centro- América. Pero acepte- 
mos nuestro destino con valor y resignación, y con la con- 
ciencia de que somos libres para pensar y obrar en el senti- 
do de mejorar nuestra suerte. Pensemos y obremos bajo 
los auspicios de nuestro derecho, de nuestra dignidad y de 
nuestra libertad; y al fin lograremos el anhelado objeto de 
ser ciudadanos libres dentro de una gran República. Tra- 
bajemos esforzada y noblemente: perderemos hoy, perdere- 
mos mañana, sucumbiremos una y cien veces; pero al fin 
ganaremos una definitiva batalla, y tendremos patria é ins- 
tituciones. No somos turcos que debemos obedecer á un fa- 
talismo invencible; la vida asiática no debe ser nuestra vida: 
somos americanos que vinimos al mundo de la política tra- 
yendo los gérmenes preciosos de la libertad y del progreso, 
inspirados en la fé en la República y en sus instituciones. 
La fé religiosa, aunque ciega, ha dado el triunfo á las 
religiones: nuestra fé política, que es científica, dará entre 
nosotros el triunfo á la República. Trabajemos, confiemos 

y esperemos 

Ltis reacciones que se operan contra las buenas causas, 
cuando tiiunf tn detí litlvamente, su triunfo trae consigo el 
menosprecio y el olvido de los hombres de principios. El 
General Morazán no pudo contrarestar la reacción que se 
llevó á cab > contra, las ideas é instituciones liberales. En 
el hfl'ide 38 Morazán terminó su segundo período, entre 
grandes agitaciones y luchas, entre grandes dolores para la 
afligida patria. El año de 39, no obstante la resistencia 
heroica de Morazán y de los suyos, fué roto el Pacto federal. 
El aventurero y bravio indígena Rafael Carrera, en Guate- 
mala, y el valiente, cruel y talentoso mulato Francisco Fe- 
rrera, en Honduras, fueron los poderosos instrumentos 



nt- 



14í) 



de la reacción liberticida y separatista. El Gen» 
zán hizo sus últimos esfuerzos en Guatemala, en el año de 
40, en favor de los fueros de la civilización y de las in 
ciones; pero sus esfuerzos fueron inutilizados por la alian- 
za irresistible del salvajismo indiano, del supersticios. 
y de la estúpida nobleza. El General Morazán, en obsequio 
de la paz, tuvo que dejar al bizarro pueblo dvl Salvador que 
le servia de apoyo, y se encaminó á la América del S 
regresó con elementos para operar una contraen . 
anonadó el despotismo de Carrillo en Costa-Rica, y M 
cargo del Poder de aquel Estado, como base de sus opera- 
ciones. Pero el egoísmo lugareño y la traición de hombres 
sin conciencia y sin pudor llevaron al patíbulo al Gran Ke- 
público, á la triste luz crepuscular de la tarde del 15 de Se- 
tiembre de 1842. 

Los acontecimientos referidos dieron un triunfo i 
pleto á la reacción. Ferrera y los sectarios de sus ideas 
dominaron en Honduras: Carrera, el clero v la nobles* do- 
minaron por muchos afios en Guatemala: una verdadera 
noche polar extendió sus espesas sombras sobre la área 
hermosa de Centro-América: los pueblos durmieron <•! lar- 
go y pesado sueño que produce el despotismo i 
despertaban á veces sólo para oir el ruido ,| 
y en medio del aturdimiento, de la abyt •< 
ria, llegaron hasta perder el recuerdo de sus graudes hom- 
bres. Así se explica cómo, durante mal >os, la fria 
y pesada losa del olvido ha gravitado ftobrt la W I 
ilustre José del Valle. Hoy, hasta los niños de t mostrea 
escuelas primarias pronuncian con respeto el nombre de 
Valle, y, en los primeros años de mi juventud, yo nuuoa 
supe siquiera que hubiese existido hoiu!' 



50 



teció el nombre de mi patria. ¡Qué épocas! ¡Qué. contras- 
tes! (6) 

El Gobierno de Honduras, hoy presidido por un hom- 
bre de altas y generosas ideas, ha venido á borrar las injus- 
ticias del pasado: lia honrado y enaltecido, como se debe, 
la memoria de Valle. 

Hé aquí el decreto del Gobierno del Señor Soto, en que 
se ordena levantar un Monumei.to que inmortalice el re- 
cnerdo del sabio hondureno: 

MARCO AURELIO SOTO, 

PRESIDENTE CONSTITUCIONAL DE LA KBPÚBT.ICA Dfi HON- 
DURAS. 

Considerando: Que el sabio José Cecilio Del Valle 
fué un Ciudadano eminente, cuyas obras honran á las Le- 
tras centro-americiinas; y que por su ciencia, por sus virtu- 
des, y por los servicios que prestó á la Patria, es acreedor 
á la gratitud nacional; por tanto. 

DK.riJETA : 

Art. 1.° — Eríjalo, cu l.-i plaza de San F'-ancisco de esta 

(6) ¡Fatalidad de nuestras revoluciones, casi siempre oscurantistas! Se 
echaron en olvido, nada menos, que el nombre y las obras del sabio que supo 
captarse la estimación cariñosísima de sabios de Europa y América. Valle re- 
cibió altas pruebas de amistad del célebre Barón de Humboldt, uno de los más 
ilustres viajeros que han visitado á América; del distinguido escritor y literato 
Don José Joaquín de Mora: del Conde de Pecchio, autor de varias obras impor- 
tantes ; de Don Alvaro Flores Estrada, uno de los más notables economistas es- 
pañoles; del Conde de Sack. distinguido naturalista: de Don Vicente Cervantes, 
profesor de Botánica; de Don Andrés del Rio, profesor de Mineralogía: de Don 
Mariano Logarce. Botánico eminente; de Jeremías Bentham, publicista de re- 
putación universal : y de otros muchos personajes, ventajosamente conocidos en 
la República de las Letras, y que prolijo sería enumerar sus nombres. Los sa- 
bios extranjeros honraron á Valle: Centro- América reaccionaria olvidó su nom- 
bre y sus obras. ¡Qué amargo fruto el de las revoluciones sin principios y sin 
ideas! 



151 



Capital, una Estatua de pié, de mármol de Carrar 
sabio hondureno Don José Cecilio del Valle. 

Art. 2.° — La Estatua se colocará sobre un pedestal Je 
piedra y mármol, que llevará inscripciones que hagan im- 
perecedera la memoria del hombre que puso su genio y so 
•ciencia al servicio de la Nación Centro-Americana. 

Dado en Tegucigalpa, en la casa de Gobierno, 
dias del mes de Agosto de lb82. 

M.\ &< o A 3< 

El Secretario de Estado en el Despacho de [nal 
Pública, 

B v 

Como precedente del anterior decreto, en ;.".» de - 1 
del año recien pasado, se estipuló con el artista, § 
Francisco Duriui, lo que sigue: 

"Art. 14. — Durini se obliga A hacer construir en Italia, 
y colocar, en la Pinza de San Francisco <i .;. una 

estatua de pié y de mármol de Carrara. i I: 
clase) de dos varas y cuatro pulgadas de altar*, del sabio 
José Cecilio del Valle. 

Art. L5. — La Estatua tendía un pedei 
Cal y canto al interior, y de piedra del ¡ D for- 

ma de granito, al exterior: tendrá la forma de un W tágono 
irregular, y se compondrá de una gradería da doa escalo- 
nes, de un contra-zócalo, de un EÓOalo, da una beáe, 
fuste, de un capitel y de un plinto da la BatátUa, 

Art, 16. — En el fuste irán cuatro lápidas de mármol 
de Carrara (Ravación de 1.' di 
da llevará en letras de relieve doradas 

A JOSÍ Ol ■' Mío MI \ I 

i,\ PATR1 v. 



152 



La lápida posterior llevará en letras grabadas y dora- 
das, estas inscripciones: 

Al sabio que se anticipó á su época, y reveló los grandes 
destinos de Centro- América. 

Al insigne estadista, autor del Acta de nuestra indepen- 
dencia; al hombre de principios que hizo del saber un ele- 
mento de Gobierno, y cuyas obras honran á la América 
Central. 

El estudio más digno de un americano es la América. 
— Valle. 

La lápida de una de las partes laterales llevará, en le- 
tras grabadas y doradas, el" decreto en virtud del cual se 
erije el monumento del sabio Valle; y la lápida de la otra 
parte lateral tendrá esta inscripción: 

JOSÉ CECILIO DEL VALLE, 

Nació en Choluteca, el 22 de Noviembre de 1780. 

Murió en Guatemala, el 2 de Marzo de 1834. 

Art. 17. — En las lápidas del fuste, sobre las inscripcio- 
nes, se formarán, grabados, adornos alegóricos de las cien- 
cias y las letras, y el frigio del capitel se adornará de una 
manera artística. 

Art. 18. — El monumento de Valle tendrá al rededor 
una hermosa verja de hierro fundido, de 26 á 28 varas, y 
en los ángulos de la verja se colocarán cuatro elegantes fa- 
roles de una luz." 

Lo convenido con el Señor Onrini se ha llevado á debi- 
do efecto. La estatua de Valle, que es una verdadera obra 
de arte, está ya en el país, y construido está en la Plaza de 
San Francisco el suntuoso pedestal en que ha de colocarse. 



153 



El día 15 de Setiembre próximo, LXII aniversario de 
nuestra Independencia,, se inaugurará solemnemente la 
estatua del sabio, ¡Gran dia va á ser el dia de la inau- 
guración, en que el pueblo y gobierno hondurenos, tras 
dilatados años de olvido, van á hacer justicia á la me- 
moria de su más ilustre Estadista; van á dar un p 
testimonio de aprecio y simpatía i míen- 

tos de un hombre honrado, de elevadas ideas; van á reco- 
nocer y á enalteeer la más legítima y esplendorosa de las 
glorias,— la gloria de la inteligencia (pie enseña. 
tra y moraliza! 

Hoy más que nunca debe tomarse cdiiih m 
ducta política de Valle, y buscarse en sus obras grande* en- 
señanzas. La situación de Centro-América mí lo n 'lama. 
Los pueblos centro-americanos, si bien, D 
la acción del tiempo, han ganado en mato 
y recursos, en cambio, por la acción de 
rruptoras escuelas políticas, han perdido tnai 
rao. en materia de instituciones, «le mor -mra- 

dez. Jamás Centro- América ha at : lo moral, 

momentos tan críticos como los que atra 
Jamás ha habido una situación más 
el fondo, y más hipócrita en la ('«nina, m 
trascendentales conflictos, y más ad\< 
y caros intereses de la República. 

No hay (pie hacerse ilusiones. \\> lni\ «pi 
la superficie de las cosas; es nec< 

sario, ver el fondo. La inmoralidad pol i k los 

más repugnantes extremos, es a n horrible oánoei qn< 
truye, muy de prisa, el 
americanos; es una cruel enfermedad qoc 



1;>4 



vir para las instituciones, para la libertad, para la Repú- 
blica. (7) 

En el año de 21, en que se consumó la independencia, ha- 
bía buena fé y franqueza en los partidos que, con diferencia 
de intentos, abrigaban, por lo común, nobilísimas aspiracio- 
nes: en el año de 29, en que se trató de afianzar las institu- 
ciones libres, había grandes virtudes republicanas y los más 
bellos ideales: en el año de 48, en que se reaccionó contra la 
autocracia de Carrera y del clero, había desinterés, abnega- 
ción y honrosísimos propósitos; y en el año de 71, en que se 
operó la última revolución liberal, aún había virtudes cívicas 
y patrióticas inspiraciones. Hoy casi puede decirse que ha 
desaparecido todo elemento* honroso, todo elemento de mo- 
ralidad, todo elemento de republicanismo. Nadie entiende á 
nadie; las filas de los partidos se han confundido; no hay luz 
que las guíe, no hay conciencia que las inspire. Estamos á 
media noche! No predominan en Centro-América la idea, la 
rectitud y la justa previsión: los principios déla República 

(7) Declaro que mis afirmaciones críticas no tienen ni pueden tener aplica- 
ción general á los hombres públicos de Centro- Amériea: declaro además que 
mis juicios no aluden á determidas personas, a determinados círculos políti- 
cos. Condeno, en abstracto, ciertos sistemas de erróneas ideas que, por desgra- 
cia, prevalecen en las Repúblicas Centro-Americanas: pero no hago ni trato de 
hacer alusiones personales. Empero, si antojadizamente se quiere recogerlas, 
que se recojan. Debo además prevenir una objeción que comunmente se hace 
á quienes se muestran descontentos de un sistema político. La objeción se for- 
mula diciendo que no merecen fé las críticas y las censuras de los descontentos, 
porque no tienen poder, y que si lo tuvieran aplaudirían lo mismo que censu- 
ran: que no es lo mismo estar en la oposición que en el poder. Yo estoy á sal- 
vo de semejante objeción. Mis palabras merecen fé. porque no soy apasio- 
nado opositor á ningún gobierno: porque no soy un político caido y meneste- 
roso que vocea para buscar empleos y beneficios; porque he tenido y aún tengo 
una alta posición política que, para su sostenimiento, no requiere falsas cen- 
suras ni exaltadas declamaciones: y en fin, porque hasta mi posición y mi por- 
venir político en Centro- América sé que los comprometo seriamente, y los 
comprometo con gusto, diciendo la verdad á pueblos y gobiernos, á despecho 
de resentimientos, de odios y de rencores. Si algún derecho tengo, como escri- 
tor, es el derecho de que se crea en la sinceridad de mis ideas y en la franqueza 
de mis escritos. 



í.v, 



casi han caido en desuso. En cambio, predominan las es- 
cuelas políticas más corruptoras, más adversas ala Repúbli- 
ca. Liberales y conservadores componen hoy nna masa 
informe que despide miasmas deletéreos: liberales y con- 
servadores tienen cátedras abiertas en qoe proclaman li- 
bertad y derechos, y practican el despotismo y la inqui- 
sición; en que proclaman desinterés y patrio- prac- 
tican el más impudente y vergonzoso mercantilismo po- 
lítico. ¿Es así cómo debemos civilizarnos y ennoblecerBCe? 
¿Es así cómo* debemos preparar el reinado d. 
República? 

Es necesario tener el valor de decir la verdad, toda 
la verdad. Con Morazán, Barrundia, Herrera, Caballas 
y Gerardo Barrios, sabía cualquiera á qué atenerse: eran 
hombres de principios, y eran consecuente! con sus ideas. 
Con Carrera, Ferrera. Aycinena, Ha tres, Pavón y 
fias, también sabía cualquiera á qué atenerse: eran hom- 
bres de sistema, y supieron ser lógicos. Uno y otro par- 
tido contendientes respetaban sus ideal 
no ó malo, un ideal político, impersonal: ideal ■ 
con perseverancia y alentado por j> i lógicas: uno 

y otro partido contendientes, salvo la> hom de borras- 
ca revolucionaria, tenían, en más .'» en n 
sociales, respetos á la dignidad humana, i 
al derecho, consideraciones al decoro pñbl 
goismo y Ib ambición sin límites lian resido á creer en 
Gen tro- América situaciones junan 
sonalísimas, situaciones qne sólo pued< 
apelando al terror que mata, ore á li ledoee m que en- 
vilece. rastros humanos, ó m< 
qní las enseñanzas prácticas qne donilM 



LÓ6 



Les en Centro-América dan á nuestros infortunados pue- 
blos. 

Es necesario protestar, no tan sólo en nombre de la 
República, sino también en nombre de la Humanidad, 
contra las enseñanzas de tan funestas escuelas; escuelas 
que falsifican torpemente las ideas, y que, por lo mismo, 
comprometen el porvenir de las ideas. Criminales son 
los monederos falsos, porque crean engañosos valores y 
alteran la confianza pública; mas su crimen es de pasa- 
jeros resultados. Pero ¡ayllos falsificadores' de ideas, de 
principios, son los más grandes criminales, que deben a- 
rrojarse al infierno de la Historia, porque comprometen 
hasta el porvenir de la inocencia, hasta el porvenir de 
las generaciones que están por nacer. Lo repito; es ne- 
cesario protestar contra las enseñanzas de los falsificado- 
res le ideas. Este pequeño libro, que recuerda la vida 
ejemplar y las obras meritorias del honrado é ilustre Va- 
lle, forma una gran protesta. Yo la hago franca y leal- 
mente. 

Al exponer los juicios anteriores no he querido presen- 
tarme como no he sido ni soy; no pretendo engañar pidien- 
do para Centro América un bello ideal en arreglos políti- 
cos, en materia de instituciones. Yo conozco las malas con- 
diciones sociales de nuestros pueblos: (8) yo sé que de im- 
proviso, en todo y por todo, no pueden pasar á la vida de la 
verdadera República. Quiero ser completamente franco. En 
ciertas situaciones excepcionales, en que han estado compro- 
metidos todos los intereses particulares y públicos, yo he 
aconsejado el uso de la fuerza, y además he hecho uso de la 
fuerza. Pero pasar de la excepción, y de la justificada excep- 

(8) Véase mi Folleto sobre la Constitución social de Honduras, 1880. 



157 



crón, á convertir la fuerza en absoluto sistema, en paz ó en 
guerra, dia por dia, hora por hora, momento por momento. 
con provocación ó sin ella; pero decantar libertad y derechos. 
y mantener un régimen de terror inquisitorial bajo el que la- 
sociedades viven temblando de espanto, arrodillada»; pero 
decantar desinterés y patriotismo, y convertir la administra- 
ción en un mercado político, para la ruina de muchos, en 
beneficio de unos pocos; todo esto me parece condenabl» 
que es un horrible atentado al derecho, porque es 
truosidad. Debe apelarse á la fuerza, cuando hay facultades 
discrecionales, para salvar á todo un pueblo de los horrare* 
de la anarquía; pero cuando hay paz y existe una Con- 
dón, cuando la sociedad sigue su marcha regular, liberales 
ó conservadores, deben respetar la dignidad de los hombree. 
deben mantener la más estricta legalida D procurar 

el arraigo y el ensanche de las instituciones libres, 
ser humanos, civilizados y generosos. Sólo át o pue- 

de hablarse, con decencia, de libertad y de derechos: sólo 
así se puede vivir en el seno de la democracia: sólo asi se 
puede ir en pos de la verdadera Repáblioa, Si se quiere el 
terror por sistema, y los medros del mor 
•por recompensa, que al menos hava fran 
tas utilitarios ganarán más siendo franooi. Qué no i 
fanen por más tiempo los Bi nombra 

patriotismo! 

La vida de Valle significa trabajo, estad 
ciencia, virtudes privadas, virtió; 
gación, patriotismo. Este libro rcasuno. 
expresión de tan grandes mérito-. i 



(9) La segunda edición «l.-.-si.- lil» 
drá muy aumentada. HaréenéBi 



<». <i 



€ 

vez por hoy sea un eco perdido, un eco que no llegue á los 
oidos de la viciada cuanto infeliz generación presente; pero 
estoy seguro de que el eco de las palabras que consagro á 
Valle llegará á los oidos de la juventud que se levanta; y 
la juventud siempre buena, desinteresada y generosa, se ins- 
pirará en la vida y en las obras del sabio hondureno; y á la 
inmoralidad opondrá la honradez, y á la rutina opondrá la 
ciencia, y á la injusticia opondrá la rectitud, y á la menti- 
ra opondrá la verdad, y á la venalidad opondrá la probidad, 
y á la fuerza opondrá la ley, y al terror opondrá la siempre 
respetable y querida libertad. 

La juventud centro-americana no debe olvidar que po- 
see una de las más bellas é importantes regiones del mun- 
do, y que tal posesión le da derecho á que esta porción pri- 
vilegiada del globo sea un centro feliz de civilización. La 
juventud centro-americana, imitando las virtudes del sabio 
Valle, y siguiendo sus nobilísimas aspiraciones, debe des- 
mentir el terrible aserto que nos lanzó á la cara Napoleón 
III. Napoleón decía: "Constantinopla y Centro-América 
son las más interesantes y bellas porciones del globo; pero 
da lástima que estén en las peores manos, en las de los tur- 
cos y de los centro-americanos." ¡ Ah! Protestemos, abrien- 
do campo á las ideas, y siendo virtuosos y civilizados, con- 
tra aserto tan ignominioso. Sacudamos la especie de fata- 
lismo asiático que nos abruma: somos americanos, y mies- 



muchas de sus ubras inéditas que no lie tenido & la vista, y que hasta hace po- 
cos dias ha obtenido, por compra, el Gobierno de este país. También se corre- 
girán muchos defectos de redacción y errores tipográficos, que ni' siqueira he te- 
nido tiempo de enmendar. Aunque he meditado detenidamente sobre el fondo 
de este libro, en cambio, sus capítulos han ido á la imprenta en borradores si 
se quiere, improvisados; y muchas veces, debido á mis diarias y múltiples ocu- 
paciones, no he podido ni corregir las pruebas. Qué la crítica tenga en cuenta 
esta legítima excusa, 



l.V.i 



tro destino es la consecución del derecho y del progreso. 
Demos vuelco á las tiranías de los hombree, y á la* 
nías de nuestros tradicionales errores; modelemos n 
vida por el gran modelo de nuestro ilustre sabio; traba- 
jemos con fé y con amor en pro de las ideas; y así n 
dicaremos nuestra honra, asegurando, en esta tierra que- 
rida, en esta tierra de nuestros recuerdos v de nuestras es* 
peranzas, los sagrados fueros de la civilización y de la 
República. 

FIN. 



índice 



INFORME 

CAPITULO PRIMERO.— Consideraciones preliminar.-* i miento de 

Valle.— Sus primeros años.— Su traslación da Honduras 4 Guatemala. 
—Su aprendizaje primario.— Su segunda * nseñanza. -8ua estudio* prl 
vados.— Su grado de Bachiller en Filosofía en 1 1 Ufe* . rsidad, y m re- 
cibimiento de Abogado en la Real Audi.n< ¡a de Croata lll l>«arHp 
ción del físico y del carácter moral de Valle. 

CAPITULO SEGUNDO. -Género de vida de Va !• 

nado su carrera. —Empleos y distinciones qm- <»l>tiira Su actitud con 
motivo de los primeros movimientos de insm urridoa rn H 

año de 11. en favor de la Independencia, su enneñaiiza tle Eonoomla 
Política en la Sociedad Económica de Ciinteinala.— Su matrimonio ce 
lebrado en el año de 1812 

CAPITULO TERCERO.— Nuevos cargos que ..l.i 
Sus principales escritos hasta 181" 

bierno de la Metrópoli para que Be le tenga |»ii-.nt. . n laa taoaale* 
que ocurran en las Audiencias déla IVnínsul 

de Guatemala después de los movimientos da ni-wrtvcclóu dr l««» *rt-~ 
11,12 y 14.— indulto de loa indepe n dle at e e, para cuyo acuerdo VaiW> 
dictaminó como Fiscal.— El Go b ierno de Cuaterna] 
mante á, Urrutia.— Restablecimiento déla Coum 
1820, lo que generaliza la opinión por la m. Intendencia. Valla faaila 
"El Amigo de la Patria, '* combate laa nina* «Ir lihrrlad pro 

gresan.— Valle gefe de los Gazista*. Urrutia delega t«l |Midar en Mal* 
za, y este se ve COmpelido á proclamarla independencia, el \S de Hr 
tiembre de 1821.— Opinión da Valle reapeeto á la emaadparifta aaaln 
cional.— Valle redacta el Acta da lndc|>endeocÍa. . , 
CAPITULO CUARTO.— Puntos pin 

15 de Setiembre de 1841. Huero -interna de Gobierno Vall< t^rmm par 
te del Gobierno. Trabajoa admfnlatral ■ • ■■■ I i«« panm ry aleara» 
nación.— Se orean loa partldoa HbaraJ | eoneeifador. Kl i«arttdo «oa 

servador trabaja por la anexión • !• i 



162 



Centro-América. — Guatemala se anexa á México en 5 de Enero de < 
1822, contra la opinión de Valle y de los independientes. — La Junta 
provisional consultiva se disuelve, > \ alie vuelve á la vida privada. — 
Corresponde á Valle el honor de haber sido el primero, en el Norte de 
América, que formuló la idea sobre "La Unión latino-americana."— 
Valle es electo Diputado al Congreso de México. —Viaje de Valle á Mé- 
xico, en 10 de Marzo de 1822 51 

CAPITULO QUINTO.— Trabajos de Valle como Diputado en el Congreso 
de México. — Prisión de Valle en el Convento de Santo Domingo.— Sus es- 
tudios.— Valle es nombrado Ministro de Iturbide, y sale de la prisión 
para encargarse del Ministerio.— Su política en el Ministerio.— Caida 
del I«iperio.— Valle vuelve á ocupar su puesto de Diputado.— Sus tra- 
bajos en favor de la Independencia de Centro-América. — Regreso de 
Valle á Guatemala 69 

CAPITULO SEXTO.— Lo que había sucedido en Centro-América durante 
la ausencia de Valle. — Valle ejerce el Poder Ejecutivo Nacional de Cen- 
tro-América.— Constitución de 1824.— Valle dá cuenta al primer Con- 
greso federal de los trabajos del Gobierno.— Elección de Valle para 
Presidente de la República de Centro-América.— El Congreso anula su 
elección.— Retraimiento de Valle, y SU Manifiesto de 1825.— Valle funda 
el '"Redactor General:" sus escritos como publicista.— Conducta de Va- 
lle durante la reacción de Arce y los conservadores de Guatemala. — 
I tiscursos de Valle en 182!).— Valle juzgado como orador s -"> 

CAPITULO SÉPTIMO.— Situación de ( 'entro América.— Valle hace com- 
petencia al General Morazán en la elección de Presidente de la Repú- 
blica.— Valle es nombrado Ministro Plenipotenciario de la República 
ante el Gobierno de Francia.- Situación de la República desde 1832 has- 
ta 1834.— Los pueblos elijan ¿ Valle Presidente de la República.— Valle 
juzgado como sabio.— Valle juzgado como literato.— Enfermedad y 
muerte de Valle ocurrida en 2 de Marzo de 1834 I 1 »'» 

CAPITULO OCTAVO.— Sensación que produjo la muerte de Valle.— Con- 
secuencias políticas que tuvo tan desgraciado suceso.— Reflexiones.— 
Olvido que, durante la reacción conservadora, se hizo del nombre y de 
las obras de Valle.- El Gobierno de Honduras ha hecho justicia á aquel 
grande hombre, y honrado y enaltecido, como se debe, la memoria de 
su vida ejemplar. — Hoy más que nunca debe tomarse como modelo la 
conducta política de Valle, y buscarse en sus obras grandes enseñan- 
zas.— Consideraciones finales 1 33