(navigation image)
Home American Libraries | Canadian Libraries | Universal Library | Community Texts | Project Gutenberg | Children's Library | Biodiversity Heritage Library | Additional Collections
Search: Advanced Search
Anonymous User (login or join us)
Upload
See other formats

Full text of "Boletín de la Real Academia de la Historia"

Google 



This is a digital copy of a book that was prcscrvod for gcncrations on library shclvcs bcforc it was carcfully scannod by Google as parí of a projcct 

to make the world's books discoverablc onlinc. 

It has survived long enough for the copyright to expire and the book to enter the public domain. A public domain book is one that was never subject 

to copyright or whose legal copyright term has expired. Whether a book is in the public domain may vary country to country. Public domain books 

are our gateways to the past, representing a wealth of history, culture and knowledge that's often difficult to discover. 

Marks, notations and other maiginalia present in the original volume will appear in this file - a reminder of this book's long journcy from the 

publisher to a library and finally to you. 

Usage guidelines 

Google is proud to partner with libraries to digitize public domain materials and make them widely accessible. Public domain books belong to the 
public and we are merely their custodians. Nevertheless, this work is expensive, so in order to keep providing this resource, we have taken steps to 
prcvcnt abuse by commercial parties, including placing lechnical restrictions on automated querying. 
We also ask that you: 

+ Make non-commercial use of the files We designed Google Book Search for use by individuáis, and we request that you use these files for 
personal, non-commercial purposes. 

+ Refrainfivm automated querying Do nol send automated queries of any sort to Google's system: If you are conducting research on machine 
translation, optical character recognition or other áreas where access to a laige amount of text is helpful, picase contact us. We encouragc the 
use of public domain materials for these purposes and may be able to help. 

+ Maintain attributionTht GoogXt "watermark" you see on each file is essential for informingpcoplcabout this projcct and hclping them find 
additional materials through Google Book Search. Please do not remove it. 

+ Keep it legal Whatever your use, remember that you are lesponsible for ensuring that what you are doing is legal. Do not assume that just 
because we believe a book is in the public domain for users in the United States, that the work is also in the public domain for users in other 
countries. Whether a book is still in copyright varies from country to country, and we can'l offer guidance on whether any specific use of 
any specific book is allowed. Please do not assume that a book's appearance in Google Book Search means it can be used in any manner 
anywhere in the world. Copyright infringement liabili^ can be quite severe. 

About Google Book Search 

Google's mission is to organizc the world's information and to make it univcrsally accessible and uscful. Google Book Search hclps rcadcrs 
discover the world's books while hclping authors and publishers rcach ncw audicnccs. You can search through the full icxi of this book on the web 

at |http: //books. google .com/l 




Soc. 2 42>l (K.. 



15 

4- 



.* 



/J 





boletín 



I I 
I I 



DE LA 



REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 



TOMO IV. — CUADERNO I 



ENERO. — 1884. 



MADRID: 

IMPRENTA DE FORTANET, 

GALLE DE LA LIBERTAD, 20. 





? 






e 



r * • 
1 






t 

I 



SUMARIO DE ESTE CUADERNO (1) 



PÁG8. 

Noticias 5 

Infobmis: 

I. Antigüedades sorianas^ por D. Antonio Pérez Rioja, — Eduar- 
do Saavedra 8 

II. Lápidas romanas del Valle de San Millón, Vallada, Temils 

y Denia.^F. Fita 10 

III. Les Afariages espagnols sous la régne de Henri IV et la re- 

gence de Marie de Mediéis, — J. de Salas 25 

IV. Hebreos de Barcelona en el siglo ix. — F. Fita 69 

Movimiento del personal académico dorante el segundo semestre 

de 1883 71 



(1) La lámina que se reparte en este número del Boletín, corresponde al tomo ni, 
página "T^. 



boletín 



1»K í..\ 



REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 



BOLETÍN 



DE LA 



REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 



TOMO IV 






\ 



•(bodl:ubrV 




/0D1^'¿> 



MADRID 

IMPRENTA DE FORTANET 

CALLE DE LA LIBEKTAD, NÚM. 29 



d 8 8 A 









f'J.f'j/.ffn x\v. 








S^}^^ 



%"4\ií^^\^^^vH 



'i 



l^y-'^J^ '"^i^/ 










boletín 



DE LA 



REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 



TOMO IV. Enero, 1884. cuaderno j. 



ACUERDOS Y DISCUSIONES DE LA ACADEMIA. 



NOTICIAS. 

En la sesión del 14 de Diciembre f aeren reelegidos Censor y 
Tesorero los Sres. Colmciro y Saavedra, y elegido Bibliotecario 
perpetuo el Sr. Oliver Hurtado. 



En la misma sesión dio parte á la Academia el Sr. Rada y Del- 
gado de haberse comenzado á proceder, por acuerdo municipal, 
al derribo de la muralla pelásgica de Tarragona. La Academia, re- 
cordando un hecho análogo acontecido recientemente en la ciudad 
de Zamora (1), no pudo menos de lamentar tamaños excesos: y 
dictó las medidas convenientes á impedir que desaparezca un 
monumento tan glorioso para España. Es nacional; no pudo ni 
puede estar á disposición del Municipio; y es además de no esca^a 
valía para la historia universal del linaje humano. 



En la sesión del 21 de Diciembre expuso á la Academia su be- 
nemóriio Director el feliz éxito de las diligencias que en nombre 
de la misma había practicado cerca del Gobierno de S. M., de 
suerte que no hay temor pase adelante el derribo de la muralla 



(I) Véase Boletín, t. iii, \-)áí^. ;>24-3:í2. 



6 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

pelásgica. Propuso y se acordó un oñcio de gracias al Excelentí- 
simo Sr. Marqués de Sardoal Ministro de Fomento y al señor 
Director de Instrucción pública, por el ilustrado interés y expe- 
ditiva eficacia con que habían acogido al momento las represen- 
taciones de la Academia. 



Los Sres. Fabié, Balaguer y Fernández-Duro, han sido nom- 
brados para formar la Comisión que fije el precio, procure la ex- 
pendición y entienda en todo lo referente al curso de los libro? 
que publique este centro. 



Los Sres. Académicos Excmo. Sr. Marqués de Molins éllustrí- 
simo Sr. Rada y Delgado, son designados para representarla en 
el acto solemne de trasladar á Murcia los restos mortales del exi- 
mio D. Diego Saavedra Fajardo. 



La Academia vio con satisfacción tres lujosos tomos de la His- 
toria general de España, escrita por Lafuente (D. Emilio) y con- 
tinuada por D. Juan Valora hasta nuestros días. Sobre ellos la 
Academia dará dictamen á propuesta de la Dirección de Instruc- 
ción pública. 



El Académico Sr. Arleche ha de informar acerca del libro Gue- 
rra de anexión de Portugal, escrito por nuestro correspondiente 
el Sr. Suarez Inclán. A cargo del Sr. Fita corren los informes so- 
bre las obras de los Sres. D. Antonio López Ferreiro y D. Arturo 
CampióUj que anunciamos en otro número (1). 



El Sr. Fernández Duro presentó una Memoria, escrita por don 
Saturnino Jiménez, sobre las ruinas del municipio romano Vo- 



(1) Tomo III, pág. 323. 



ACUERDOS Y DISCUSIONES DE LA ACADEMIA. 7 

luhilianum, que se encuentran al Norte de Mequinez en el im- 
perio de Marruecos. Los diseños de los monumentos arquitectó- 
nicos y la copia de varios fragmentos epigráficos, uno de ellos con 
el nombre del municipio, realzan el valor de esta Memoria. 



En el Boletín de la Institución libre de enseñanza^ número del 
15 de Diciembre, ha comenzado á ver la luz el trabajo crítico que 
nuestro sabio correspondiente, el Dr. Wentworth Webster, ha 
hecho acerca de la Influencia de los Fueros pirenaicos en la Cons- 
titución inglesa. 



Ha dado parte á la Academia el Sr. Fita de haber encontrado y 
copiado el texto de las Cortes celebradas en Barcelona por D. Ra- 
món Berenguer III, conformándose á lo dispuesto por el Papa 
en el concilio de Clermont (1130). Las apunta nuestro Catálogo (1) 
bajo el año 1125. El texto, inédito aún, es el mismo que vio Dia- 
go (2), sobre cuya autoridad descansa la de Feliu (3i. Se escribió 
durante la primera mitad del siglo xiii, alterando la fecha de las 
Cortes que, en sentir de dicho Sr. Académico, es la de 10 de 
Marzo de 1131. 



Han sido muy considerables los donativos de objetos arqueo- 
lógicos y de obras impresas y manuscritas que varios señores 
correspondientes acaban de poner á disposición de la Academia. 
Yeráse esto por el catálogo de obras y objetos recibidos, que sal- 
drá en el Boletín de Febrero. 



ri) Colección de Cortes de los antiguos reinos de España, por la Real Academia de Ja 
Historia. Catálogo. Madrid, 1855; pág. 131. 
(2) Aciales de CataluTia^, 1. x, c. 12. 
(8) Historia de los victoriosissimos Condes de Barcelona: Barcelona, 1003. fol. IHO. 



INFORMES. 



ANTIOl EDADES SURIANAS PuR D. ANT(jMO PKREZ HIOJA. 



Excmo. Sr.: Terminada con la unificación de la monarquía la 
inquieta actividad municipal de nuestras antiguas ciudades en la 
Edad Media, casi todas buscaron refugio en el recuerdo de pasa- 
das glori.is para distraer la acompasada regularidad de su nueva 
vida; y fija la atención cu los ideales propios de la época, no sa- 
lieron del círculo de la historia romana, ya que de la posterior 
no apreciaron otra cosa que las relaciones de la Leyenda sa- 
grada, ó la tradición quo de sus santos é imágenes conservaba 
cada localidad piadosamente. No valió a Soria para escapar á la 
regla común el significativo mote de sus armas, que por ser ca- 
pital de comarca fronteriza, así de moros como de aragoneses, la 
llama cabeza de Extreynadura ^ ni despertó la curiosidad de sus 
cronistas la multitud de hermosos edificios románicos que cubren 
su suelo, entre los cuales descuellan, al lado de la Colegiata de 
San Pedro, con la magnífica arquería de su claustro, los bien 
conservados ingresos á la Sala Capitular primitiva y tal cual resto 
de viejas pinturas, la iglesia medio arruinada y singularísima de 
San Juan de Duero, análoga algún tanto ¿i la Magdalena do Za- 
mora, y las parroquias de Santo Tomó, de San Juan y de San 
Nicolás, sin contar no pocos templos de Agreda, Almazán, Garray, 
Huerta y otros muchos pueblos de la provincia. 

Siguiendo tal criterio, los antiguos escritores sorianos no rc~ 



ANTIGÜEDADES SORIaNAS. O 

putabaii como cosas memorables siao el ñero lieioismo de Nu- 
mancia ó el dulce y celestial heroísmo de San Saturio. Si por 
acaso descendían á tratar de tiempos más cercanos, era para bus- 
car origen y fundamento á los privilegios del estado noble, re- 
partido en los Doce Linajes, sin pararse á apuntar hechos tan 
famosos como la convocatoria de las huestes de Alfonso VII en 
Almazán para combatir á su padre político, ó el campo que asentó 
en Caltojar Don Alvaro de Luna después de haber rechazado sin 
lidia á los reyes de Aragón y de Navarra confederados, ó el real 
dé Don Juan II en Yelamazán, donde prendió y aseguró en su 
propio alfaneque al Duque de Arjona. Gomplácense muchas veces 
en describir menudamente las tradicionales fiestas de San Juan, 
sin ver en ellas viva todavía la organización militar y política del 
estado llano de la villa y tierra; y si ponderan la pasada prospe- 
ridad de las cabanas de ganado merino, no advierten que ya las 
señaló en sus versos el festivo Arcipreste de Hita. 

No cabe negar que Loperraez dio notable impulso al estudio de 
las antigüedades romanas y de la' historia eclesiástica de una 
parte considerable de la provincia, y que varias de sus tradicio- 
nes se han vulgarizado embellecidas por la pluma de un poeta 
tan dado á todo lo que sabía á romántico como Gustavo Adolfo 
Becquer. Pero el cuadro completo de los recuerdos de pasadas 
edades que el suelo soriano encierra, aprovechando los numero- 
sos datos que suministran , por una parte los campos y los mo- 
numentos y por otra los documentos y los libros, todo examinado 
y discutido conforme á las exigencias de la crítica moderna, es- 
taba todavía .por hacer, y es la tarea que ha emprendido Don 
Antonio Pérez Rioja, ya conocido en la república de las Ierras por 
su Romancero de Numancia y su Crónica de la provincia de Soria. 

El libro cuya publicación emprende ahora se titula Antigiieda- 
des Sorianas^ y de él nos ha remitido el Gobierno los ocho pri- 
meros pliegos para pedirnos parecer sobre su contenido , á causa 
de la solicitud de auxilio que su autor há elevado al Ministerio de 
Fomento. En estos pliegos hay una descripción de los principales 
monumentos arquitectónicos de la provincia, noticia de los restos 
de antiguas ciudades, datos biográficos relativos á sus hijos céle- 
l)res, y lo que es más importante, se da principio á la publica- 



10 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

ción de documentos curiosos con la reimpresión del Fuero de So- 
ria. Como no es dudoso que entre otros de notoria utilidad habrá 
de ver la luz en esta obra el padrón de la villa y aldeas formado 
en tiempo de Alfonso el Sabio, así como las escrituras de la al- 
jama morisca de Agreda, cuyos restos se conservan en la Biblio- 
teca Nacional, el que suscribe tiene la honra de proponer á la 
Academia que informe favorablemente la petición del autor en 
vista del mérito, originalidad y utilidad de su libro. 
La Academia, como siempre, resolverá lo más acertado. 

Eduardo Saavedra. 

Madrid 29 de Noviembre de 1883. 



II. 



LAPIDAS ROMANAS DEL VALLE DE SAN MILLAN, VALLADA, 

ternils y DRNIA. 



1. Valle de San Millán (1). 

Tengo el honor de presentar los calcos que ha sacado por su 
propia. mano el R. P. Minguella. Rectifican é ilustran la copia de 
ambas inscripciones, hecha al lápiz, que se nos había remitido. 
Las dos son votivas. 

SEGÓ NTIVS 
OBIONES A,A\ 

Segonthis Ohione s(olmí) a(nimo) ¡(ibensj w(erito). 

A Obiona cumplió Segoncio gustosa y merecidamente su voto. 

La piedra no está rotadebnjo de la línea segunda, antes bienpre- 

» 

(1) Véase Boletín, t. ni, pág. 133, 134. 



LÁPIDAS ROMANAS DEL VALLE DE SAN MILLÁN. 11 

senta una cara lisa, que nunca so escribió. Huelga, por lo tanto, 
la conjetura que hice sobre el deslino sepulcral del epígrafe. El 
nombre de la diosa, ligeramente modiücado, vuelve á comparecer 
en otra inscripción votiva (1) que se halló en la ribera del Ebro, 
dentro del término de la antigua Colonia victrix Julia Celsa, hoy 
Veiilla: 

PRO . S A L V 
TE» ET» REDITv 
A B V R I • eres 

m 

C e N T I S • L V 
L O R V S • O B A 

NAE'V- S • L «M 

4 

Como Elanus á Elonus, así Ohana (Ohiana?) es á Ohiona (2). 
Quizá se deban estimar variedades dialécticas de Epona, diosa de 
los pesebres, á quien se puso en Sigüenza (3) notable ex-voto: 

EPON^ 
S • S EC 
VNDVS 
V • S • M 

La segunda inscripción del valle de San Millán, que del monte 
Castillo se ha bajado al pueblo de San Andrés, dice así: 

DERCETIO 

SA....Md 



MA. . • . < 


s 


S. . . . 


AC 


L-M 



Dercetio sa(cru)m, M(arcelln8?) A[ureUu?]8 [pro?] s[ai:ntej sm?\ ac [suortm?] [vCotimj 
sfolvitj] l(ibens) mferitcj. 

Ex-voto que Marcelo Aurelio consagra piadosamente á Dercecio. 

(1) Hübner, Ephemeris epigraphica (Berlín, 18'72), 1. 1, p$g. 47. 

Í2) Véase Boletín, t. iii, pág. 383. 

(3) Fernández-Guerra, Cantabria^ pág, 47. 



J2 boletín de la real academia de la historia. 

Para suplir ó (mejor dicho) conjeturar el nombre del dedicaule 
ine .sirven otras dos lápidas: la de Lara de los Infantes iíübncr. 
2870), cuyo epígrafe 

MARCELO • AVRELIO 

corre debajo de la efigie de este personaje; y la tercera, del valle 
de San Millán, dedicada á los Manes del legionario Aurelio. El cual 
probablemente estuvo de guarnición en la fortaleza, de cuyas lai- 
nas, que todavía existen, ha tomado nombre el monte Castillo, 

2. Vallada, partido judicial de Enguera, provincia 
de Valencia. 

Dentro del término de esta villa, en la partida que llaman Ta- 
rrassos, terreno de su propiedad, lia descubierto D. Francisco 
Belda y Pérez una muy preciosa laja de lino mármol, cuadrau- 
gular, que mide 57 centímetros de alto por 79 de ancho y lleva la 
inscripción 

« 9 CAECILIA • G • F 

. FESTA 

M« VALERIVS»M»F 
GAL • VERANVS 
AN-LXXXV«H -S'S 

Caecilia Qfaij ffiliaj Festa^ M(arctisj Yalerins Mfarcij /(iliusj OaUeriaj Vera.ms 
anfnonim) lxxxv, hCicj sfiti) s(unt). 

Cecilia Festa, hija de Cayo; Marco Valerio Verano, de la tribu Galeria, hijo de 
Marco, de 85 años de edad, aquí yacen. 

A la noticia del descubrimiento nos acompaña el Sr. Belda Pé- 
rez la impronta ñel de la inscripción, cuyo trazado es del siglo 
Augusteo, mas no del mismo año; pues, con efecto, alguna va- 
riedad de estilo caligráfico menos puro caracteriza las tres líneas 
últimas. Mucho antes que Valerio debió de fallecer Cecilia; y el 
epitafio no se remató sino cuando el anciano consorte fué á jun- 
tarse con ella en el regazo de un solo sepulcro y bajo una misma 
losa. De la familia de ambos se hacen eco las lápidas de la vecina 
Játiva (Hübn.,3629, 3647), que mencionan a otros dos persona- 
jes, también afiliados á la tribu Galeria: Lucio Cecilio Marcio y 



LÁPIDAS ROMANAS DE TERNILS. 13 

Valerio Mariano, hijo de Marco. Conviene además notar sobre el 
mérito del epígrafe recien descubierto en Vallada, que no es in- 
diferente para los adelantos de la geografía. Es el primer monu- 
mento que se nos brinda para comprobar la existencia de pobla- 
<ii6n romana cerca de Mogenle (1), distante diez y seis millas al 
occidente de saetabi, y punto donde nuestro sabio compañero, 
D. Aureliano Fernández-Guerra, justamente ha colocado el sitio 
de la mansión ad statvas (2). 

3. Ternils (despoblado de Garcagente), partido ju- 
dicial de Alcirá. 

Simétrica de Vallada con respecto á Játiva, y á la derecha del 
Jilear, está la deliciosa villa de Garcagente coil un ramal de tran- 
vía, que desprendiéndose de la estación del ferrocarril, sigue la 
dirección del itinerario que fué insinuado por el Ravenate (3), y 
bajando hacia la costa del mar discurría entre Celeret (Gullera) y 
Dionio (Denia). La interesante inscripción de la ermita ó antigua 
parroquia de San Roque de Ternils, persevera en el mismo sitio 
donde la citó, sin haberla visto, Villanueva (4). La copia que han 
enviado desde allí al Sr. Godera, si bien adolece del vicio de no 
transcribir la parte inferior, inédita, de la piedra que el suelo 
oculta, merece no obstante consideración, porque rectifica, aun- 
que ligeramente, el" texto fundamental, ó clásico (digámoslo así), 
que adoptó el esclarecido Hi)bner (3652). Leo, pues: 

F A B I A E 

L • F 
F A B V L L ^ 

P • L I C I N I M « 

t 

l i c i n i a n v s 
matrI'pIssim^: 



(1) Villa contérmina (le Vallada. 

ii) discurso de contestación al de ingreso del Sr. Rada en nuestra Academia, pá- 

(3) «Hildum, Tmres, Edelle, Celereí, Dionio.» 

(1) «Es un pedestal pegado á la pared, indicando haber servido de base ú la pila 



14 boletín de la BEAL academia de la HISTOHLl. 

Tres lápidas manchegas (3230, 3232, 3237), al paso que mani- 
fiestan la alta graduación militar de Publio Licinio Liciniano, 
hijo de Fabia Fábula, nos dan á conocer el nombre de su herma- 
no Máximo y el de su líija ó sobrina Licinia Avita. La cual luc 
probablemente hermana de Licinia Materna, casada con Lucio 
Fabio Fabulo y domiciliada con él en la Edetania (3018). De este 
matrimonio hubo de nacer una hija que se llamó Fabia Fábula, 
como su bisabuela ; y se desposó con su primo, hijo de Licinia 
Avita. Así, por medio de la epigrafía, van esclareciéndose más y 
más y deslindándose los vastagos de las familias romanas que 
arraigaron en España, y aun las obras de los t)oetas latinos; por 
ejemplo, Marcial (r, xlix, 3): 

a Vi debía altam, Liciniane^ Bilbilim;» 
y Catulo(i, 14-17): 

o:Nam sudaria Saetaba ex Hiberis 
Miserunt mihi muneri Fabullus 
Et Yeranius] haec amem necesse est 
Ut Veraniolum meum et FabuUum.» 

4. Denla. 

Acerca de las inscripciones romanas de esta ciudad lamenta 
Hübner (1) la desaparición del códice Palau, que extractó Nicolás 
Antonio. Cuatro copias manuscritas del siglo xviii existen, de las 
que ha dado noticia el Sr. Chabás, nuestro digno correspondiente. 
Conocéis su erudita obra (2), no exenta de algún lunar, porque 
estriba demasiado en la de Palau (3) é ignora la de Hübner; pero 
si bien no siempre le ha salido exacta la transcripción de las lá- 
pidas auténticas (4), avaloran con todo grandemente el conjunto, 



bautismaL La copia solo es de lo que se descubre sobre *el pavimento, quedando ente- 
rrada parte de ella, que no pudo descubrir el que la copió.» Viaje Ut.y i, 8; cf. 17. 

(1) Corpí^ inscHptionnm latinarum, vol. ii, pág. 484. 

(2) Historia de la ciudad de Benia; Denia, 1. 1, 1874; t. ii, 1876. 

(3) Exhibe (t. i, pág. 41-89) como genuinas las apócrifas 164* y 364'. Tampoco se 
pone en guardia contra los suplementos bastardos que añadió Palau á la 3595; y atri- 
buye á Denia la 1395, que es de Málaga. 

(4) 358'>, 3383, 3.jS1, 3085, 3oS8, 3590, 3593. 



LÁPIDAS ROMANAS DE DENIA. 15 

nuevos y preciosos datos que aprovecharé en el decurso de esta 
Reseña. La divido en dos secciones, destinando la segunda á los 
epígrafes no registrados por Hübner. 

1 . Fragmento de mármol blanco, delgado y ñno, como lo ei-an 
los de la inscripción 3581. Lo vi en casa y en poder de D. José 
Morand, cuando por Febrero de 1876 visité á Denia: 




El tipo de las letras es de principios del siglo ii, como lo pa- 
tentizan las inscripciones 4536-4548, y otra que descubrí y publi- 
qué (1) en Barcelona. Sobre este fragmento, mal comprendido, y 
otro más pequeño que no comparece en Denia, fabricó Palau y 
adornó á su manera la inscripción 3595, que debe relegarse entre 
las espurias. La transcribe Ghabás (2) en esta manera: 

CEL • TRATIANVS 
AELIO • ADR I AN O 
TRAJANI ' NE FOT I 
AMICO 

En realidad, es preciosísimo resto de la inscripción 3581, quo 
en vista de los indicios suministrados por Palau, cabe restituir al 
año 105 de nuestra era (3). 

imj} • caesari • nervae • traiano 
augusto • germANlQo • dacico • pont 

máximo • irib • voTestate • uiiü 

IMP • iiii • C08 ' u ' p ' p 

res • publica • dianensium 

El fragmento que el Sr. Morand me enseñó, tiene 16 centíme- 



(1) Revista históHca; Barcelona, 1876, pág". 129. 

(2) Tomo I, pág. 96. 

(3) Hübner, Corpus inscripL lat,^ yol. vii, 1194. 



1<) BOLETÍN l)K LK flblAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

Iros do ancho por 13 do alto. Ha perdido el cabo inferior, cuyas 
letras (imp) transformó en amí el autor de la Diana desenterrada. 
2. (Húbn., 358G: Ghab.ís, t. i, pág. 100, 101.) La vi empotrada 
en lo alto de la torre, al Oeste del castillo, mirando al campo que 
se tiende al pié de la fortaleza, y del cual se sacó. A su vista, y 
con ayuda de un calco, facilitado por el Sr. Chabás, puedo ofre- 
cer una copia y suplementos exactos. í^as letras, separados los 
vocablos por punios triangulares, son del mismo estilo y tiempo 
que las de la inscripción 358G: de manera que se hace fácil sos- 
pechar fuese dedicada á Tito Junio Severo: 

quofi /MBRIBVS* PER «LOCA 
di/yi C I L I A • A M;> / 1 S S I M O 
«WMPTV • INDVcTlS • MOX 
^rrcEVISSIMA • ANNONA 
/rzíMENTO • PRAEBITO 
7yMí NM C 1 P I D V S • S V I S 

SVBVENISSET 
í/coReTo • DECVRIONVAI 

DIANENSIVM 

En la primera línen no hay duda que la leyenda genuina es 
imhrihus. Únicamente debo advertir que la primera letra visi- 
ble, ó M, está cortada de arriba abajo por la mitad; y otro tanto 
acontece en las líneas tercera, cuarta, quinta y sexta. 

Sección ii. — Inscripciones no registradas porHübner. 

Un asterisco notará las que estimo inéditas. 

* 1. En poder do D. José Morand. Se halló en 1872 en el cam- 
po, ó dehesa de su propiedad; la cual encierra una porción del 
que fué vastísimo cementerio romano, tendido cabe el mar entre 
el barranco de la Murta y la falda occidental del promontorio co- 
ronado por la alcazaba ó villa vieja de Denia. Es una laja de már- 
mol blanco, descaminada por el lado derecho, que mide 39 cen- 
tímetros de alto por -28 de fincho. Los puntos son triangulares. 



LÁPIDAS ROMANAS DE DENIA. 17 

C • IVL • Hermadio 

SIBI ET comeliae 

S P H R [agidianaef] 
VXOri 

VOTO SVM COMPOS SVPE 

CONIVGIS VT volví SVM 



Cfaius) JulfittsJ Hermadio sibi et Corneliae Sphragidianae uatori. 
Voto sum compos. Supe [rest mihi cara sepulcro] 
ConiugiSy ut volui, ««m[maque et alta quies]. 

Restituyo, por vía de conjetura, lo que falta al dístico (1). Ju- 
lio Hermadión dejó en Tarragona rastro de agradecida piedad, 
erigiendo monumento fúnebre (Hübn., 4155) á su patrono Cayo 
Julio Comato. 

2. (Ghabás, 1. 1, pág. 101.) — Hallóse en el mismo año y sitio 
que la precedente; y la vi en casa de D. José Morand: 

L • DOMlTIVs . EQVES 

AN • XXXV 
SEMPRONIA -L-F 
CAMPANA • VX O R 
PRIOR • AN • XVIII • H • S • S 

Lucio Dotnicio Eques, de edad de 85 años, y su primera mujer Sempronia Campana, 
hija de Lucio, de 18 años de edad, aquí yacen. 

Cuatro Sempronios, dos de ellos de la tribu Galería, habitaron 
en Denla (Hübn., 3583, 3590, 3592, 3598). 

3. «En las excavaciones. practicadas cerca del lugar del tem- 
plo, en 1872.» (Chabás, 101.) — La vi tendida al lado de la noria 
que riega la propiedad del Sr. Morand, á pocos pasos del sitio en 
que se había descubierto. Es de piedra blanquizca, alta 1 metro, 
ancha 0,37 m. y gruesa 0,11 m. Letras hermosas, casi cuadradas; 
puntos triangulares. 

(I) La misma idea se repite en otra inscripción (3596) de Ondara. 

TOMO IV. 2 



18 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

Q_^« GRANIO • Q_« P 

GAL • CLEMEN-I 
OMl^B • HONORIB 
IN • REPVBLICA 8Ua 

FvNcTo o IVNI 

FESTVSOET • SEVERVS 
AVVNCV/o 

Á su tío materno Quinto Granio Clemente, hijo de Quinto, de la tribu Galería, que- 
ha desempeñado todos los cargos honrosos del municipio, levantaron este monumento 
Junio Festo y Junio Severo. 

El segundo de los dedicantes, Tito Junio Severo, nos muestra 
todos sus títulos en otra inscripción de Denia (Hübn., 3583), que 
no se ha movido del centro de la fachada de las Casas consisto- 
riales. 

T • IVNIO • T • F 
GAL • SEVERO 

DIANENSI 
OMNIBVS • HONO 
RIBVS«INREP-SVA 
FVNCTO • PRAEF 



cohortis • iiii 
dalm ata r vm 
tribvno» leg«xx 
valeriae.victKic 
l • sempronivs 
enipevs • amigo 

ÓPTIMO ^ 

El punto final, ó decorativo de óptimo^ tiene figura de palma. 

Consta por esta inscripción que la patria de Tito Junio Severo, 
ó el municipio de Denia, estuvo afiliado á la tribu Galeria, como 
el de Játiva. Del otro hermano, Junio Festo, por ventura queda 
memoria en el fragmento lapidario (Hübn., 3591); 



LÁPIDAS ROMANAS DE DENIA. 19 

FESTVS 
PATRI 

* 4. En casa Moraad, descubierto en el mismo lugar. Frag- 
mento marmóreo de 0,23 m. ancho por 0,13 de altura: 



ANN • LX • H • S • E 

mVNATIA • RESTlTVTa 

C O NT W & E R N A LI 

POSVIT 



de edad de 60 años, aquí yace. Munacia Restituía puso este monumento á su 

consorte) contubernal. 

* 5. La descubrí empotrada en lo alto de la alcazaba, cerca de 
la garita del ángulo septentrional en la muralla gue llaman del 
Vergeret. Fragmento de piedra común, cuyas medidas son 22 por 
13 centímetros: 

o re s I M o 

L'SAEríVS 

POSVIT •P..... 

Onesimo [anfnorumj ] LfnciusJ Saenius [LfuciiJ Ifibertusj?] posnit p[atri 

indulgentissimo?] 

A su padre bondadisimo Onésimo, ha puesto este monumento Lucio Senio, liberto 
de Lucio. 

El nombre del patrono, nacido tal vez ó domiciliado en Denia, 
ha sido conservado por una lápida (Hübn.,4243) de Tarragona: 

L.SAENIO.L.F 

GAL • IVSTO 
FLAM • ROMAE 
DIVOR • ET • AV&VS . 
PROVINO • HISP • CITER 

E O H O C 



20 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

Los sobrenombres de origen griego, tales como Sphrfagidia- 
nafj, Onesimus^ Pammon y Doryphoris que luego veremos, Lem- 
naeus y otros ya conocidos debían abundar en la ciudad de Ár- 
temis, fundada sobre nuestras playas por la pujante Marsella. 

6. En poder de D. Roque Chabás. —Se halló empotrada en 
el lavadero de la cocina de la casa deD. Antonio Bordehore, calle 
de Caballeros. Tiene la piedra 39 centímetros de alto por 25 de 
ancho. Encima de la inscripción aparece esculpida la figura del 
dios egipcio Ammón en figura de carnero. 

P • STATILIVS • AFRICANW« • an 
XIIIl-M«n«D«XIII«P«S¿aíí¿ÍM« 
PAMMON'PATER* E¿**4*4» 
MATER • FILl • DVLCIS 8Ími • [posf] 



P^uMiusJ Statilius Africanus an(norumJ XIIII, mfenHum) II, dfierumj XIII. P(U' 
bliusj Statilius Pammon pater et m^ter ftlifij dulcissimi posfueruntj. 

Aquí yace PublioStatilio Africano, fallecido ala edad de 14 años, 2 meses y 13 días. 

Pusiéronle recuerdo fúnebre Publi o Statilio Pammon y padre y madre de este hijo 

dulcísimo. 



Sobre el culto de los dioses egipcios en toda esta costa del Me- 
diterráneo, desde el cabo de Creus hasta el de San Antonio, no 
tengo para qué repetir lo que llevo apuntado en el Boletín, t. iii, 
pág. 125-127. ¿Es de extrañar que en el Cerro de los Sanios hayan 
aparecido vestigios escultóricos de ese culto ya degenerado y en 
el último período del decadente imperio? Lo extraño es que haya 
quien se empeñe, ó en negar en globo la autenticidad de todos 
los objetos del famoso Cerro sin excepción de ninguna especie, ó 
en atrasarlos á una antigüedad remotísima. Por varios canales, 
durante la época romana, vinieron y se difundieron latamente en 
toda nuestra Península, las divinidádos del Nilo; • y (si mal no 
imagino) no fué ajena á este movimiento la Mauritania, gober- 
nada por Juba II, patrono de Cádiz y Cartagena (1). 



(1) Véase MüUer, Les monnaies de la Numidie et de la Mauritanie\ Copenhague, 1862, 
pág. 120-124. 



LÁPIDAS ROMANAS DE DENIA. 21 

Pammon salió de uíufKúv, nombre griego citado por Homero y 
Heródoto. 

Han publicado el dibujo de este monumento las Memorias de 
la Sociedad arqueológica valenciana, Valencia, 1877, lámina 3.* 

* 7. La descubrimos el Sr. Chabás y yo, haciendo excavar el 
terreno, junto á la noria sobredicha, el día 10 de Febrero de 1876. 
Es de piedra pesadísima; 0,92 m. y 0,60 m. en cuadro por 0,45 m. 
do profundidad. Sendos losanges adornan los lados del epígrafe: 

T E R E IT • D o 
RYPHORIDI • SEX 
FILIAE • AEMILIA 
SCINTILLA • FIL 
PIENTISSIMAE 
ET • SEX • TEREN 
TIVS • LEMNAE 
V S • SOR O RI 

TerentfiaeJ Doryphoridi: StxftmJ Jlliae, Aemilia Scintilla Jll(iae) pientissimae, et 
Sex(tu$) Terentius Lemnaeua sorori, 

Á Terencia Doriforis: Sexto á su hija; Emilia Escintila á su hija piadosisima; y 
Sexto Terencio Lemnéo á su hermana consagraron el monumento. 

Felizmente ha venido esta inscripción á ilustrar los datos his- 
tóricos ofrecidos por otra (Hübn., 3597), que sin duda sahó del 
mismo cementerio y se trasladó al vecino pueblo de Ondara. En 
balde la busqué. Decía: 

SEX • TERENTIO 
LEMNAEo . HON 
ORE • FVNCTO 

SEVIRATVS 
SEX • TERENTIVS 

£emnaevs • FI 

L I VS • ET • AE 
MIL • SCINTIL 
LA • MA RITO 
D IG NISSI MO 



22 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

Otro seviro augustal, Cneo Octavio Floro, suena en la inscrip- 
ción 3580. 

♦ 8. Fragmento marmóreo: 0,18 m. por 0,15 m. En poder del 
Sr. Morand. Tres letras del siglo augusteo, altas casi un decíme- 
tro; recortadlas las dos primeras por la extremidad superior, y la 
última por la inferior: 

L • D 

S 

♦ 9. Fragmento bocelado de piedra común. Procede, como el 
anterior, del campo sobredicho: 

• • • ^* » • • • 

♦ 10. Fragmento de ladrillo; con sello íntegro, largo de 85 mi- 
límetros: 



M 



CYenturiae) Mrareif) iruni^j 
De la centuria de Mareo Junio. 

¿Sería Junio Festo? Su hermano, Tito Junio Severo, era mili- 
tar de alta graduación, según hemos visto arriba. Como quiera, 
el ladrillo demuestra ostensiblemente que Denia tem'a guarni- 
ción romana. Lo propio se infiere de la inscripción 3588. 

11. «En un campo de las inmediaciones de Denia se encontró 
un trozo de teja que obra en mi poder, en que está grabado y se- 
llado el nombre de su fabricante, 

L • S V L P I C I 
s A B I N I 

y al nombre va adherido en la segunda línea un ramito, que sea 
tal vez la señal de la fábrica de este sujeto.» Boix, Memorias de 
Sagunto, 1865, pág. 122. 



LÁPIDAS ROMANAS DE DENIA. 23 

12» Mosaico «descubierto á 16 de Diciembre de 1878. Brinda 
<;oii labores, fajas y compartimientos, diciéndonos su inscripción 

S E V E R I NA 

V I X I T A N 
nos X X X X 
rcCESS IT I N 
jp A C E TERTI 

V I D V S F EB 

haber muerto en la paz del Señor á 11 de Febrero y edad de cua- 
renta años Severina. D. Roque Chabás, correspondiente de la 
Real Academia de la Historia, ha publicado en el folleto de El 
Porvenir una erudita monografía sobre este monumento cristia- 
no, que creemos del siglo iv.» Recuerdos de un viaje á Santiago 
de Galicia, pág. 72; Madrid, 1880. 

El mosaico se mostró al pié del sepulcro, que cobijaba el esque- 
leto entero de Severina. 

La colocación de esta memoria funeraria sobre el que fué ce- 
menterio idolátrico no debe causar extrañeza de ningún género. 
En la misma circunstancia se hallan los antiguos cementerios 
cristianos de Tréveris, el famosísimo de Saint- Pierre-rEstrier en 
la ciudad de Autun (1), y tal vez el de Talavera de la Reina (2). 
Denia, indudablemente, no estuvo exenta de las horribles devas- 
taciones de los bárbaros que lamenta Paulo Osorio (3), é insinúa 
<íl poeta Avieno (4): 

< Hemeroscopium quoque 

Habítala pridem hic civitas, nunc jam solum 
Vacuum mcolarum, lánguido stagno madet.» 

Así que, no es lícito en buena crítica suscribir á la de Cortés 



(1) Le Blant, Inscriptions clitétiennes de la Gaule, 1. 1, pág. 9 y 380. 

(2) Boletín, t. iii, pág. 301. 

(3) L. VII, cap. 22 y 41. 

(4) Ora íwtffíí, 476-478. 



24 boíetín de la real academia de la historia. 

sobre este pasaje, oponiendo á la recta inteligencia de Vosio la 
especie de que «Denia jamás ha desaparecido, ni dejado de estar 
habitada. ¿Qué documentos, ó monumentos, pudo alegar en prue- 
ba? Hasta nuestros días los romanos no alcanzaban con certi- 
dumbre más acá del siglo ii, ni los visigodos más allá del vii (1). 
Por otro lado, Avieno está terminante : habla de una ciudad si- 
tuada al occidente del Júcar sobre la costa del golfo de Valencia,. 
y alude visiblemente al texto (2) donde Es trabón explica la razón 
de haberse dado á Himeroscopio el nombre de Dianio. 

Un fragmento lapídeo, inédito, trazado con caracteres de fines 
del siglo VI se halló en 1874 muy cerca del sitio donde, cuatro 
años después, apareció el mosaico de Severina. Lo recogió y lo 
posee D. Roque Chabás, en cuya casa lo copié: 



. .RELIQuta 



»cO A E P O 8 Pt a e 

« C I V I T A L í « 

• ••• \ ^ L t » » m 

[ t In nComiJne Dfomijni Me sunt?] reliq[uiaé\ sCanJcftJo(rumJ depofsitaej: sf'anjcftji 
Vital[is] [Fa?] ust[i\ 

El fragmento que falta y que debía contener el nombre del 
Obispo consagrante del ara y de la basílica, si (como no es difí- 
cil) se llega á encontrar, derramará por ventura gran claridad so- 
bre la historia eclesiástica de la provincia bizantina y visigoda de 
Cartagena, que tiene pendientes aún cuestiones de interés muy 
grave y sumidas en oscuridad profundísima. 

Fidel Fita. 

Madrid, 14 Diciembre 1883. 



(1) Florez, España Sagrada^ vii, 203-210. 

(2) Mgra^u ¡úv ow rdú Soíxpwyog xaí t% KapxwS'óvog rpía iroTdXvioi 

tí ^iMS^o<fxo7retov, v/js)> em rñ axpa rris *E<ps<r¡as Á^ripa^os íspw <r<fo5'pa 
Tí¡JuáfJUvov... KOíXeiTou ii AioLvíov, olov 'á^tsjxÍcigv. in, 4, 6. 



LES MARIAGE3 ESPAGNOLS. - 25 



III. 



LES MARIAQES ESPAGNOLS SOUS LA BEGNE DE HENRl IV 
ET LA REGENCE DE MARTE DE MEDICIS. 



Tal es el título de la obra escrita en francés por M. J. T. Pe- 
rrens , y confiada tiempo há por la Academia á informe del que 
suscribe. Ocupaciones apremiantes en azarosa época, la escasí- 
sima trascendencia de mi dictamen , y sobre todo , lo reacia que 
se hace la obligación cuando ha de censurar, han motivado la de- 
mora en el cumplimiento de encargo tan honroso. Ruego, pues, 
á la Academia que acepte dichas causas como legítima excusa por 
el tiempo trascurrido. 

La obra de M. J. T. Perrens divídese en dos partes. Comprende 
la primera desde el origen de las negociaciones mediadas entre 
ambas cortes para los enlaces de los hijos del tercer Felipe de 
Austria, especialmente los de Doña Ana Mauricia con el Delfín, 
y Príncipe D. Felipe con Madame Isabel, hasta el abandono de 
aquellas y muerte del Rey de Francia. La segunda comienza en la 
reanudación de las notas, durante la regencia de María de Medi- 
éis, y termina con la realización de los matrimonios. 

Las relaciones de los embajadores de Venecia cerca de ambas 
coronas , los despachos de los del Rey de Francia en Madrid y 
Roma, y los remitidos al Pontífice por sus nuncios en París, con 
especialidad los extensos de Ubaldini, principal negociador de es- 
tos enlaces, sirven á M. Perrens como pilares de su obra: algunos 
trozos de la correspondencia entre Enrique IV y su ministro Vil- 
leroy, y entre este y el presidente Janin ó embajadores, trae con 
frecuencia para verificar el texto, y procura reforzarlo, cuando 
conviene á su propósito , con insertos ó citas de varias obras , en- 
tre ellas las Economies royales de Sully^ la historia titulada de la 
Mere et du fils, atribuida á Richelieu, la de Francia, de Martin, 
Memorias históricas, de d'Artigni, Historia del pontificado de 
Paulo y, por Gouget, la de Los siete años de paz, por Mathieu, 



26 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

el periódico coetáneo Le Mercure, y otras producciones que sería 
difuso enumerar; de tal modo, que si la profusión de citas é in- 
sertos, sin discernir la congruencia y oportunidad de unas y otros, 
constituyese la excelencia de una obra, pocas podrían disputar el 
lauro á la que motiva este informe. 

En medio de tal concurso de autores v documentos franceses 
para verificar hechos que sólo por mitad atañen á Francia, se ven 
como prisioneros en extranjera tierra, cuatro ó cinco dictámenes 
del Consejo de Estado de España, alguno poco pertinente, sin fe- 
cha todos, y tan estropeados, que causarían lástima al más des- 
piadado de sus lectores, y parecen recusar la competencia de quien 
allí los puso. 

¡Tal vez no encontraría M. Perrens ningún historiador, ó cro- 
nista, ó autor de relaciones é historias particulares en el siglo de 
oro de la literatura española con que enriquecer sus citas! que 
casi esto se desprende de alguno de sus comentarios; pero creo 
que para salir airoso en su ensayo de crítica, valiérale más haber 
escogido asunto que no se desarrollase en el periodo de los Gari- 
bay, Sandoval, Mariana, Moneada, Meló, Forreras, Antonio Ni- 
colás, Miñana, Gil Dávila, Pujades, Herrera y otros, cuya me- 
moria no reportará mucho daño por no haberlos conocido el autor 
de la obra que cuidadosa ó descuidadamente los omite. 

Verdad es que de otro modo no hubiera entrado en el palenque 
rompiendo lanzas, contra la corte del tercer Felipe y su Consejo 
de Estado, contra sus diplomáticos y políticos, contra las costum- 
bres, carácter é inclinaciones de nuestros antepasados, y lo que 
es más sensible, contra la verdad histórica, desfigurada á veces 
en la narración y frecuentemente en el comentario. Pero ¡qué 
mucho! ¡si en su afán de batallar las rompe contra sí propio, cual 
acontecía al célebre hidalgo en el pasaje de los cueros de vino! 
¡ Tales son sus contradicciones ! 

De España hace una especie de estafermo donde topa su airada 
pluma, revolviéndola á diestra ó siniestra, según le impulsa el 
humor ó cuadra á su propósito. No quiero decir que nunca acierte 
en el blanco, ¿ni cómo, siendo el blanco tan grande y tan repeti- 
dos los golpes? Y al hacer esta confesión comprenderá la Acade- 
mia <jue , antes de tomar la pluma, he procurado posponer toda 



LES MARIAGES ESPAGNOLS. 27 

idea de amor patrio al esclarecimiento de la verdad, revistiéndome 
así del espíritu de imparcialidad que exige cualquier trabajo his- 
tórico. Si al mismo proceder se hubiera ajustado el autor de la 
obra que nos ocupa , ahorraríase la Academia la molestia que ha 
de producirle este despergeñado escrito; pero su criterio, sea por 
convicción ó por naturaleza, sigue camino opuesto. 

El irritante orgullo español, lastimosamente confundido por él 
en muchos puntos con la dignidad, la insidia de los españoles, la 
falsía del Consejo de Estado, la ignorancia, doblez, presunción y 
perfidia españolas: no hay en suma mala cualidad ni vejatoria 
condición que no naturalice en este suelo, sin discurrir que, vin- 
cular en un vasto territorio todo lo malo sin concederle nada bue- 
no, es tan absurdo como suponer en el orden material sombra sin 
luz , ó en el moral vicio sin virtud alguna. 

Lo más donoso es que regalando á este país un epíteto por cada 
suceso , y deduciéndose en el curso de la narración idéntico pro- 
ceder por pai'te de los suyos , se abstiene de calificarlos , cuando 
no les encuentre una disculpa que , retorciendo el discurso , echa 
á la postre sobre España: por tan ingeniosa manera la hace tam- 
bién reo de ajenos delitos, causa de todas las faltas, origen de to- 
das las torpezas cometidas por los franceses, no como franceses, 
que dudo que el autor asintiera á esta aventuradísima hipótesis, 
sino como hombres constreñidos por su mala fortuna á tratar con 
una tan desventurada nación. 

¡ Cualquiera diría que el tercer Felipe había mendigado estos 
enlaces á costa, no ya del decoro, sino de la dignidad de España! 
Y así ni más ni menos se asevera en la obra de M. Perrens, y en 
algunos documentos que cita ó inserta, por mucho que de otros 
se deduzca lo contrario, y terminantemente se compruebe esta 
segunda lección con los escasísimos , por desdicha, que aquí po- 
seemos de buen origen. 

El autor siguiendo la correspondencia particular del Secretario 
de Estado del cuarto Enrique de Francia, con un tal Regnault, 
aventurero que durante el mes de Junio de 1602 viajaba por Cas- 
tilla, supone vivos deseos en el duque de Lerma de dar satisfac- 
ción al Bearnés por el ultraje inferido años atrás á su embajador 
en esta corte M. de la Rochepot, renovando por ello continua- 



28 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

mente sus excusas al Encargado de Negocios, único representante 
á la sazón del Rey de Francia, para que de nuevo viniese á Ma- 
drid un embajador, y llevando su afán de estrechar las relaciones 
hasta el punto de manifestar al Nuncio del Papa que «no parecía 
sino que Dios había permitido que en el propio mes y año nacie- 
ran dos príncipes de ambas Casas , varón y hembra , para que el 
matrimonio de ellos fuese lazo de unión entre ambas coronas.» 

El Nuncio por indiscreción calculada y probablemente conve- 
nida, añade, trasladó la plática al encargado de Negocios, el cual 
la trasmitió al rey sin que en el principio obtuviese respuesta por 
ver Enrique IV la mano de España en la conspiración reciente 
del mariscal Byron. Pero el duque de Lerma no parecía inquie" 
tarse de ello, ni aun darse por ofendido de otras violentas recri- 
minaciones; antes bien, haciendo caso omiso de tales fundamen- 
tos de discordia, volvía sobre el asunto, aunque siempre por 
medio de tercero. El encargado de Negocios de Francia notició á 
su amo una plática habida sobre la propia cuestión entre Lerma y 
principales señores de la corte en la cámara de la infanta parvu- 
lita; mas los políticos franceses no creían en la buena fe del Rey 
católico; el embajador de Francia en Roma Bethunes, suponía en 
los españoles el doble juego de sugerir al Papa la idea de estos 
matrimonios sin ánimo de verificarlos, y Enrique al contestar á 
su encargado en Madrid, Brunault, decíale, que se abusaba del 
Nuncio , pues no creía sincero el designio de España respecto á 
los enlaces, sino que por tal modo solamente pretendían vivir en 
paz con él. 

A pesar de esto, nombraba su embajador en Madrid á M. Bar- 
rault, encargándole tratara confidencialmente con el Nuncio so- 
bre estas declaraciones, pero con discreción y en términos gene- 
rales; «cosa, añade M. Perrens, que le fué muy difícil, porque 
desde las primeras audiencias prodigáronle demostraciones muy 
expresivas á fin de que se franqueara.» Inserta un despacho en 
que este refiere menudamente á su rey la entrevista con el de Es- 
paña, y la complacencia de la corte al ver que la infantita le 
echaba los brazos; tanta fué, que Lerma, aludiendo al accidente, 
le dijo al oido , esto es dé huen augurio para ambas coronas. El 
embajador deduce, por último, que todos los principales señores 



LES MARIAGES ESPAGNOLS. 29 

de la corte de Felipe deseaban el matrimonio con Francia , á ex- 
cepción del Condestable de Castilla, y algunos más, de dictamen 
contrario, por ser la infanta hija única y por tanto heredera de 
estos reinos, sin que la generalidad aprobase esta razón. El autor 
fundado, no se sabe si en Brunault ó Barrauil, expone que Lerma 
era el único ministro que no tenía como los demás resolución de 
envolver á Francia en guerra civil, usando de toda suerte de arti- 
ficios, y favorecer á uno de sus partidos logrado aquel propósito. 
Como prueba, añade que se acercó al duque un hombre ruin, 
proponiéndole cosas perjudiciales al cristianísimo Rey, y que 
Lernia, después de reprocharle sus aviesas intenciones, lo arrojó 
por una ventana. De aquí que el embajador pensase aprovechar 
el momento en que el duque acompañaba al rey á misa, para ma- 
nifestarle su gratitud. 

Extráñame en este punto que el minucioso Cabrera de Córdoba 
omita en su Relación de las cosas de la corte, un suceso tan gra- 
ve, y no menos que la gratitud del embajador francés quedara 
encerrada en su pensamiento , lo cual induce á la sospecha de si 
la ventana á que el autor alude sería de las que por dar salida á 
la calle se llaman aquí puertas. 

Como quiera que fuese, prosigue exponiendo que el duque al 
fin rompió la reserva diciendo al embajador: «Preciso es creer 
que las hijas de la corona de España no pueden contraer buen 
enlace sino con hijos de la de Francia,» á lo que sólo repuso el 
diplomático, «que verdaderamente eran las dos Casas mejores de 
la cristiandad.» El Cardenal arzobispo de Toledo y demás señores 
presentes añadieron , que esperaban ver algún día realizado este 
matrimonio, concretándose Barrault á contestar: «Será lo que 
Dios quiera.» 

En verdad que hasta ahora no tiene el autor motivo para que- 
jarse del orgullo español, tan insufrible é irritante como en algu- 
nas páginas después expone. Lejos de ello, nos va pintando la 
corte del tercer Felipe de tal modo, que su ministro y privado 
más que arrogante señor, parece cortesano humilde del embaja- 
dor de Francia; y digo así, esquivando la palabra que vendría de 
molde al oficio que le hace representar. 

En la sistemática frialdad del francés , tenía sobrado motivo 



30 boletín de la. real academia de la historl\. 

para desistir del papel nada decoroso que había tomado á su cargo. 
A pesar de ello, prosigue el autor, «la reserva era tan obstinada 
por una parte, como persistentes las insinuaciones por la otra, y 
si esto no desanimó completamente á Lerma, inspiróle recelos 
sobre sus designios. Por tal causa, añade, sin abandonarlos del 
todo , formó el de proponer la infanta parvulita al Rey de Ingla- 
terra, no obstante la diversidad de religión y de intereses.» 

El autor supone que tal fué la misión que el Condestable llevó 
á Inglaterra , y de aquí toma pié para aseverar que el hábil mi- 
nistro Rosny, tenía un motivo más de prevención contra la per- 
fidia española. 

Lástima que Cabrera de Córdoba en sus minuciosas relaciones, 
Vivanco en su prolija historia, y la misma jornada del Con- 
destable impresa pocos años después, omitan este puato impor- 
tantísimo de la embajada, y mayor aún, que ni en el archivo de 
Simancas, ni en el de esta Academia, se encuentren documentos 
que comprueben la aseveración; pero aun suponiéndola cierta, 
¿qué motivo hay para calificar de pérfido aquel acto del Gobierno 
del tercer Felipe, y á mayor causa teniéndose presente los desai- 
res que supone inferidos por el Bearnés? Aunque lo hubiese, 
¿cómo se amplía la calificación de un hecho aislado, no ya á la 
política de una nación, sino al carácter nacional, que no otra 
cosa se desprende de la frase? Sobre todo, ¿qué concepto merece 
un historiador que, narrando de su país la propia falta, no sólo 
se abstiene de calificarla, sino que la atenúa parcialísimamente? 

Rosny había ido á Inglaterra para análogo fin respecto á su 
Rey, que el supuesto por el autor en el Condestable de Castilla, 
sin embargo de haber dicho el embajador del de Francia en Ma- 
drid á Lerma que su majestad cristianísima estaba dispuesto á 
obrar en este asunto cual cumple á un rey cristiano^ y animad j 
de muy buena fe para conservar la paz entre ambas coronas con 
ventaja de las dos y provecho de la cristiandad, Y es de advertir 
que los planes del Rey de Francia debían quedar en el mayor se- 
creto hasta su ejecución; lo que implica la aceptación de proposi- 
ciones de otras potencias, si así conviniera á sus intereses. 

Se ve , pues , que la política del Bearnés era mucho más preca- 
vida y astuta que la de Lerma: no obstante, guárdase mucho de 



LES MARIAGES ESPAGNOLS. 31 

calificarla como á la española; antes bien, en su propósito de mi- 
rar nuestros asuntos con diverso criterio, escribe que «el Consejo 
de Madrid, supongo aludirá al de Estado, empleaba un refina- 
miento de hipocresía do que no era capaz el carácter abierto de 
Enrique, aunque para ello esforzase su deseo.» 

Cierto que muchos atribuyen tal condición al hijo de Juana 
d'Albret; pero si en vez de informe fuese este escrito refutación, 
atreveríame á negarle la cualidad que le regalan los que, fiján- 
dose en apariencias y no en hechos, han confundido la franqueza, 
compañera de la lealtad , con la astucia que dimana de interesa- 
bles miras. Con esto, lejos de amenguar, se acrecen sus grandes 
condiciones de rey en su época, y no es difícil deducir que la más 
provechosa para su política fué la habilidad que desplegó para 
desorientar á la diplomacia sobre sus planes más importantes, 
con una franqueza, en ocasiones ruda, para que fuese mejor si- 
mulada. 

¿No comenzó por disimular su íeligión, dado que tuviese al- 
guna, vistiéndose de católico sin perjuicio de seguir subrepticia- 
mente favoreciendo á sus antiguos correligionarios? ¿No usó de 
doblez al firmar lascivo contrato con la marquesa de Verneuill? 
¿No la tuvo para embaucar á Gabriela? ¿No la desplegó al tender 
sus redes á los de la liga que conceptuaba cómplices de Byron? 
¿No la refino en sus notas sobre la ruptura entre el Pontífice y 
Venecia, yendo contra el primero cuanto pudo, sin perjuicio de 
jactarse á la terminación de haber salvado á la Santa Sede, dis- 
putando tal éxito al Rey de España? ¿No la puso en juego hasta 
la indignación, favoreciendo á los rebeldes de Flandes? ¿No la 
demostró como nunca, precisamente en la cuestión de los matri- 
monios españoles? 

Pues sin embargo de narrar el autor lo expuesto, y mucho más 
que sobra para deducir el doble juego de Enrique y su política 
artera, tiene su criterio la elasticidad de regalar al Consejo de 
Madrid la calificación que en sana crítica cuadra mejor al gran 
Rey. Tal vez la distancia entre las páginas le haría olvidar al 
escribir el capítulo II lo que había consignado en el I , ¡ó quien 
sabe si llamará franqueza á la cínica declaración de que (íParis 
bien valia la pena dé una misa.y> En todo caso será la única que 



32 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

para desgracia de la memoria del héroe le podrá reivindicar, y 
aun así tendría que exponer el disimulo que para el éxito hizo de 
sus creencias religiosas, dado, repito, que tuviese alguna. 

Pero lo más donoso en este punto es la candidez del autor en la 
siguiente frase: «Rosny estaba en lo cierto al reprochar á los es- 
pañoles de profanar lo que hay de más sagrado en religión y de 
abusar del nombre de matrimonio.» Conócese que al trascribir 
algunas frases de las Economies royales quedó su mente supedi- 
tada por el estigma que SuUy lanzaba á nuestros antepasados. 
«El artificio, dice este aludiendo al doble juego de las proposicio- 
nes, parece tan malicioso como grosero: podria tratarse alguna 
cosa buena si los españoles fuesen blancos en lealtad como ángeles, 
y no tiznados de perfidia como los demonios, y^ 

Y como al célebre ministro, á pesar de los tratos de Rosny, no 
se le ocurrió objetar lo mismo de la política francesa ni de su rey, 
es posible que el autor considerase que á él tampoco se le debía 
ocurrir nada, ni siquiera que' tal profanación era más imputable 
al cristianísimo que al católico rey; puesto que la del primero, 
aunque sin comentario , nos la da por averiguada , mientras que 
la del segundo, que nos reprocha, puédese poner en tela de juicio 
de no presentar mejores documentos. Y si los antecedentes valen, 
es seguro que en cuanto á profanaciones no ha de salir mejor li- 
brado el que apostataba de su religión por una corona, que el que 
subordinaba la suya á los intereses del Catolicismo; el que vendía 
sus creencias por poseer la capital de un reino, que el que mani- 
festaba con fervor que saldría de la del suyo de rodillas hasta la 
del orbe católico, por conseguir que se declarase punto del dogma 
la Concepción inmaculada de la Madre de Dios; el despreocupado 
en materias religiosas que visiblemente protege á los calvinistas, 
que el que por motivos de religión llevados al extremo , más que 
por razones políticas , expulsa de su país á los brazos que constií- 
tuían su más positiva riqueza. Por último, ¿no era más lógico 
suponer asentimiento al abuso del nombre de matrimonio en el 
marido amante de muchas mujeres, que en el esposo modelo de 
amor y de fidelidad conyugal? Nada de lo anterior obsta á que, 
visto por otro prisma, aparezca el primero gran Rey y el segundo 
un príncipe poco dado á la gobernación de sus pueblos. Cierto 



LES MARIAGES ESPAGNOLS. 33 

< 

que er autor dirige el reproche á los españoles; mas como alude 
;i las proposiciones dirigidas, según él, y no comprobadas, al 
Príncipe de Gales, he debido entender que por reflexión iba contra 
el Rey, sin cuyo asentimiento no puede suponerse que se diera 
un paso respecto á su hija, aunque la dirección de la política la 
tuviese de hecho su favorito. 

Si se debiera tomar la frase en su sentido recto, le diría que 
más fácil era que abusaran de un sacramento los calvinistas y 
aun católicos que estaban en roce continuo con los sectarios del 
reformador que por bastardos fines autorizó al Príncipe marido 
de Cristina de Sajonia á contraer dobles nupcias con Margarita de 
Saal , que los que á todo trance quisieron y formaron la unidad 
católica. 

Conócese, repito, que el autor ni ha querido molestarse en dis- 
currir, ni tampoco en leer el período de nuestra historia que 
pretende historiar. 

En su obra sostiene que la iniciativa en el asunto de los matri- 
monios era de España, contrastando el gran deseo que aquí había 
de realizarlos, con la frialdad con que el Rey cristianísimo oía las 
proposiciones, y el desdén que demostraba eñ el asunto. Esto, 
empero, no es óbice para que á vuelta de hoja asegure que el car- 
denal Aldobrandini , sobrino y secretario de Estado de Clemen- 
te VIII, afirmaba en alta voz que se había de llevar á cabo la 
alianza de las dos coronas, y que se haría por decidir d ella al 
Rey de España de cualquier modo que' fuese. 

Más adelante expone, que tan creído estaba el nuevo nuncio 
del Pontífice Ubaldini, que la idea é iniciativa de los matrimonios 
había partido de Enrique IV, que se lo confesó así en la primera 
audiencia, á lo cual contestóle enojado el Rey cristianísimo: «iVa 
es costumbre que un padre ofrezca sus hijas;y) pero en seguida es- 
cribió á su embajador en Roma, asegurándole que las proposi- 
ciones habían partido del nuncio Barberini y del embajador en 
Madrid M. Barrault, á nombre del duque de Lerma ; insistiendo 
en todas sus cartas hasta lograr que el Pontífice y Barberini re- 
conociesen que ellos habían dado el primer paso. Lo que temía, 
añade el autor, al dejar creer que había él tomado la iniciativa, 
era verse obligado á aceptar otras condiciones que las suyas, sí la 

TOMO IV. 3 



34 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

i 

política le constriñese á concluir estos matrimonios; pero salvados 
su amor propio como padre y sus intereses como soberano, lejos 
de rehusar el debate sobre este asunto, se quejó al Pontífice, por 
medio de su embajador en Roma de que Barberini no le hubiese 
escrito nada acerca de los enlaces en el espacio de seis meses. 

También confiesa M. Perrens que el Rey de Francia recibió con 
júbilo al padre provincial de los jesuítas de Flandes , á fin de que 
instara al de España sobre la realización de los matrimonios; y 
atribuye al primero las siguientes palabras: <íLo mucho que deseo 
el hien común de la cristiandad me ha hecho olvidar la costumbre 
que no autoriza á un padre á ofrecer á sus hijas, sino que le manda 
aguardar á que sean pedidas. r> Luego expone haber ordenado al 
Delfín, no obstante de hallarse aún entre el regazo de las damas, 
que escribiese á la infantita española una carta, la cual entregó 
al P. la Bastida con encargo de decir al tercer Felipe, que el Rey 
cristianísimo deseaba ser su compadre y servidor, y estrechar 
más y más las relaciones entre ambas coronas, con tan sólida 
amistad, que se trasmitiese y perpetuase en los hijos respec- 
tivos. 

Inserta además una carta de Breves, embajador de Enrique en 
Roma, donde dice á su soberano: «He hecho saber á Su Santidad 
que todas las cosas van bien encaminadas hacia los españoles. 
V. M. reconoce que no es posible realizar matrimonios más hon- 
rosos y útiles que los de España, siempre que sean propuestos 
por aquel Rey, etc., etc. 

Pues si tal cosa confiesa, ¿por qué asegura y sigue aseverando 
que las proposiciones partieron de España; que aquí había gran 
deseo de que se realizaran los matrimonios, no obstante el desdén 
del Rey de Francia , y supone al país sufriendo humillaciones en 
pro de tal manía, sin perjuicio de tildarle de orgulloso y altivo 
hasta la irritación ? 

No pretendo con esto negar la justicia de la calificación en mu- 
chos casos; pero en este creo que España estuvo digna, y de nin- 
guna manera tuvo que sufrir humillaciones por cosa en que Fran- 
cia estaba mucho más interesada. La contradicción, sobre todo, 
es evidente, y repito que si el autor no incurriese en casi tantas 
como páginas tiene su libro, daría á sospechar su inocente con- 



LES MARIA&ES ESPAGNOLS. 35 

# 

fianza de que el lector habría de olvidarse en un capítulo de lo 
escrito en el anterior, sin tenerlo tampoco en cuenta para el si- 
guiente. 

Por ejemplo; sin recordar tal vez que en la pág: 26 ha dicho 
que el Consejo deTVIadrid desplegaba en este asunto un refina- 
miento de hipocresía, de que era incapaz el carácter abierto de 
Enrique IV, aunque esforzase su voluntad, dice en la 69: «Enri- 
que titubeaba aún en romper con los protestantes para aproxi- 
marse á la política de España. De aquí la doblez con que ocultaba 
su perplejidad. Confesaba á sus cortesanos íntimos que la nece- 
sidad, que es la ley del tiempo, le hacía decir ahora una cosa, 
ahora otra; y nadie lo encontraba censurable, porque tal era en- 
tonces en todos los países la regla de la política.» 

Y entonces, ¿por qué censura al Consejo de Estado de Madrid, 
y en general á la política española por la doblez de que la supo- 
nía animada? 

Prosigue M. Perrens en estos términos: «Si por haberla prac- 
ticado lo censuramos nosotros, es porque él la creía deshonrosa, 
vanagloriándose de jugar siempre á cartas vistas. Negociaba la 
tregua con los holandeses, y decía áD. Pedro de Toledo, por con- 
ducto de Ubaldini, que sólo por artificio les proponía buenas con- 
diciones, á fin de decidirlos á reanudar una guerra para la que no 
-estaban bien preparados. El único medio de perderlos, añadía, 
<;onsiste en dicho tratado. Si tales palabras eran verídicas, de- 
muestran que hacía traición á los holandeses; si mendaces, que 
engañaba á España. Ignoraba y temía, por consecuencia, el re- 
sultado de las decisiones tomadas, ó que pensaba tomar. Los que 
le rodeaban perdíanse en conjeturas sobre sus designios.» 

Pues si tal conocía el autor en la pág. 170, ¿por qué en las an- 
teriores regala al Bearnés tanta sinceridad, y sigue suponiéndo- 
sela en muchas de las posteriores? 

Más adelante escribe: «En Setiembre de 1608 penetraba bien el 
P. Cotton los pensamientos de su real penitente, y sin querer con- 
tradecía Ubaldini sus propias acusaciones, reconociendo que En- 
rique IV hacía depender los matrimonios de la conclusión de la 
tregua, á la cual, después do haberse opuesto, sólo se prestaba 
para casar á sus hijos. i> 



36 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

¿Dónde está, pues, la repugnancia de dicho Rey á los matri- 
monios, tantas veces expuesta por el autor? 

A mayor abundamiento dice en la p.lg. 95: «Así, pues, mien- 
tras que Enrique IV quería los matrimonios para consentir en la 
guerra (contra las provincias unidas), Felipe III quería la guerra 
para consentir en los matrimonios.». 

Mayores contradicciones aún se notan en los siguientes pá- 
rrafos: 

Pág. 173. «Trasmitidas por D. Pedro de Toledo al Consejo de 
Madrid estas palabras (alude al reconocimiento que hacía Francia 
de la razón que á España asistía en la cuestión con los holande- 
ses, y la proposición hecha por la primera de que modificase su* 
condiciones), fueron tomadas en ól por signo do debilidad y so 
aumentó la arrogancia española.» 

Pág. 174. «España, por medio de su embajador, humillóse 
hasta ofrecer prendas de su sinceridad y de su palabra, confesando 
así, en cierto modo, que había razón para no darle crédito. ?) 

Al hablar del embajador del tercer Felipe, D. Pedro de Toledo 
le concede verdadero talento^ por lo menos en la pág. 1 11; pero 
esta cualidad y la de su parentesco con María de Médicis hallá- 
banse contrarestadas por otras de mucha cuantía, entre las cuales 
descollaba su intolerante orgullo; y añade: «Tales defectos, uni- 
dos á los del carácter nacional, le hacían poco á propósito para 
una misión conciliadora.» 

Censura el retardo del viajo del embajador que tanto contras- 
taba con la vivacidad francesa (sic), suponiéndole calculado para 
mortificar á Francia: en lo cual manifiesta no haber leído la Re- 
lación de Cabrera de Córdoba^ tan indispensable para el asunto; 
juzga con sañudo y parcialísimo criterio á todos y á cada uno de 
los consejeros de Estado de Castilla, tachándolos de orgullosos y 
sumamente ignorantes, con lo que falsea las mismas citas de las 
Relaciones de los Embajadores venecianos en que se funda, por 
hacer estas excepciones honrosas de algunos; y severamente cri* 

* 

tica las contestaciones de D. Pedro de Toledo al Rey Enrique en 
sus primeras entrevistas, cuyas frases califica, en su mayor nú- 
mero, de inconvenientes, de irreverentes otras, y alguna de 
brutal. 



LES MABIAGES ESPAGNOLS. 37 

«La primera muestra de dignidad que dio D. Pedro, dice ea 
sentido irónico, fué hacerse esperar mucho, exagerando aún la 
lentitud española, en lo que la vivacidad francesa veía un inso- 
lente desdén... Su calculado retardo debía provocar vivo disgusto 
en la corte de Francia.» 

Repito que el autor, con vivacidad suma, da por cierto lo que 
sólo está en su mente, pues que el retardo de D. Pedro, según la 
relación mencionada, cuya existencia debe ignorar M. Perrens, 
consistió en la falta de recursos para el anticipo de gastos del via- 
je, que al ñu consiguió, merced á la usura de un prestamista (i). 

Hablando de su entrada en Paris, prosigue, que chocó desde el 
primer momento su actitud altanera y arrogante, y traslada el 
siguiente párrafo del Lestoiee: «Los que han visto á este señor, 
«dicen que tiene talento y que sus discursos son sentenciosos, 
«aunque siempre acompañados de presunción española.» 

M. Perrens, conforme con esta calificación en las páginas 111 
y 119, parece contradecirlas en la 120 al reseñar en estos térmi- 
nos la primera audiencia con Enrique IV: «Queriendo el Rey, 
»dice, desde el primer momento significarle su bienvenida, le 
í)dijo: «Temo, caballero, que no se os haya recibido tan bien como 
wmerecéis.» «A estas graciosas palabras no supo responder D. Pe- 
ndro sino con una amenaza brutal: «Señor, replicó, lo he sido de 
ü) tal modo, que estoy pesaroso de tantas inconveniencias como 
5)veo, las cuales podrían obligarme á volver con un ejército, y 
«hacer que yo no fuese tan deseado.» (nYentre Saint-gris, repuso 
«vivamente el Rey: venid cuando plazca á vuestro amo, que no 
«por ello dejaría de ser bien recibida vuestra persona; y en cuanto 
»al hecho de que me habláis, vuestro amo mismo, con todas sus 
«fuerzas, se encontraría bastante embarazado desde la frontera, 
i)la cual es posible que no le diera yo el gusto de ver.» 

«Lección merecida, añade el autor, que no aprovechó al espa- 
pañol arrogante.» Y en verdad que si hubieran pasado así las 
cosas sería merecida la lección del Rey, y no podríamos quejar- 
nos; pero ¿se concibe tal contestación en una persona á quien se 
supone verdadero talento y sentenciosa palabra, sin que mediase 

(1) Véase la pig. 359 de la Relación de Cabrera de Córdoba, 



38 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

algún antecedente, si no para justificarla, para atenuar al meno» 
su aspereza? (1). 

No diré lo mismo de las demás que el autor tanto le censura, á 
saber: la que dio á la Reina al enviarle persona que le cumpli- 
mentara y le recordara los lazos de parentesco que le unían á 
ella: «Los Reyes y Reinas no tienen parientes, sino subditos.» 
«Palabras, dice el autor, que aunque entrañen verdad, la más 
simple conveniencia hubiera debido retener en sus labios. • 

;Lo que es la diversidad de criterios! Yo hubiera vuelto la frase 
del revés, exclamando: Palabras que, aunque no entrañan ver- 
dad, la más simple conveniencia las aconsejaba entonces corno- 
deferentes y oportunas. 

Al hablar más adelante del duque de Pastrana, á quien llama 
D. Iñigo do Selva, le reprueba el haberse atrevido á bailar con la 
prometida esposa de su Rey, contrariando el uso de su país. Si 
hubiera rehusado, ¿no puede inferirse que por ello merecería 
igual censura? No sale mejor librado D. íñigo de Cárdenas, de 
quien dice que era mal cortesano porque ofendía á la Reina con 
galanterías demasiado libres, como D. Pedro de Toledo había 
irritado al difunto Rey con sus insolencias. Sin embargo, cuando- 
estos embajadores defendían puntos en que por cualquier motiva 
halagaban á la nación francesa, eran hombres razonables; y hasta 
de verdadero talento si el halago era sostenido, cesando, empero^ 
estas cualidades al terminar la lisonja. Así que no es de extrañar 
que D. íñigo, tan mal parado en su primera calificación, mere- 
ciese en páginas posteriores estas líneas : «Tenía todo el espíritu 
de conciliación que es permitido á una cabeza castellana;» ni que 
dijese estas otras del embajador de España en Roma: «El emba- 
jador de España en Roma, que pertenecía á la ilustre casa de 
Moneada, tenía el mérito, raro en su nación, de estar exento de 



(1) Tal vez se infiera algo de las siguientes palabras de Cabrera de Córdoba, que 
se leen en su carta, fechada en Madrid á 10 de Octubre de 1608. (Página 351 de las üe^ 
laciones.J 

«De Paris ha venido el marqués de Tabara, que fué con D. Pedro de Toledo, el cual 
viene con mucho descontento de allá, por no haber hecho el acogimiento que se acos- 
tumbra en las cortes de los príncipes á los caballeros que van á ellas, y más enviados 
por S. M.; publica que D. Pedro de Toledo verná mal despachado, etc., etc.» 



LES MARIAGES espagnols. 39 

vanidad, y aparte de la fidelidad á su Rey, no había nada que no 
hiciera en servicio del de Francia.» Y se me ocurre: ¿tendría 
aquella cualidad sin esta última condición ? Tal es el criterio que 
preside á toda la obra; Francia sobre todo y antes que todo, in- 
clusas la justicia y la verdad; y esto aun cuando se atrepelle las 
autoridades que cita en el texto.. En todo hace á su nación supe- 
rior á Bspaña, hasta en la extensión de dominios, que no de otro 
modo se consideraba entonces la grandeza de los Estados. 

En este como en otros puntos pudiera citársele á M. Perrens 
los mismos autores en quien se apoya para deprimir á los espa- 
ñoles. 

Simón Contarini dice en su Relación correspondiente al año 
de 1605: «El Rey de quien vengo á tratar es tan grande, que 
abraza del mundo lo que hasta hoy nadie ha poseído, o 

Girolano Soranzo, en la suya de los años 1608 y 1611, pág. 477, 
confirma lo anterior con estas palabras: «Es cosa indudable que 
la mayor parte del mundo está dividida entre el Rey de España 
y el gran Turco.» 

Pietro Gritti, en la de su embajada de 1616 á 1620 se expresa 
de este modo: «S. M., alude al tercer Felipe, posee un imperio el 
más vasto y rico que desde la decadencia del imperio romano ha 
poseído príncipe alguno; porque extendiéndose, según el cómputo 
de los cosmógrafos, en un espacio de veinte mil millas, se esparce 
por las cuatro partes de la tierra y circunda todo el mundo.» 

Tales párrafos que el autor debe haber leído, puesto que cita 
estas relaciones y aún inserta los trozos desfavorables para Es- 
paña, no le impiden anteponer á su país, al expresar que Francia 
y España eran las dos naciones más grandes del mundo; si bien 
la segunda había perdido considerablemente desde la paz de 
Vervins. 

No le negaré lo último: España había perdido ante la opinión, 
pero no de su territorio, que es de lo que se trata : aún en este 
caso aventajaría á Francia, y nunca podía considerar á su nación 
ni tan pujante ni tan extensa como el imperio del gran Turco, 
del cual hace caso omiso. Tampoco debe ignorar que los embaja- 
dores citados escribieron años después de la paz de Vervins, ni 
mucho menos que el mencionado Soranzo termina su relación 



40 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

diciendo, que <íEspaña estaba llena de hombres doctísimos en to- 
das letras y facultades^ particularmente en literatura y leyes, cosa 
digna de alabanza y aplauso que deseaba para otras provincias, 9 
Y sin embargo, el autor no tiene por conveniente seguirle en este 
punto; antes moteja á esta misma nación de ignorante, precisa- 
mente en el siglo de oro de una literatura afamada en el mundo, 
y aún estudiada hoy por las gentes que más presumen d% erudi- 
tas, aunque el autor no tenga noticia de ello, que esto no es de- 
lito, ó procure cuidadosamente velar una noticia que saben los 
estudiantes de cualquier mediana Universidad. 

Largo y harto enojoso sería el reseñar todas las contradicciones 
en que incurre, y aunque no lo es menos el ocuparse de los erro- 
res que comete, debo añadir algunos que por completo desfiguran 
la historia. Consiste uno en atribuir al Rey de Francia el arreglo 
de las diferencias trascendentales habidas entre la Santa Sede y 
la República de Venecia, censurando al de España que se atribu- 
yera el éxito, y no menos al Pontífice por reconocerlo así; y aña- 
de: «Los españoles no habían visto sin celos á Enrique IV arre- 
glar las diferencias entre Venecia y la Santa Sede.» 

La Academia sabe los esfuerzos hechos por el Gobierno del tor- 
cer Felipe para el arreglo de tan espinosa cuestión ; las tropas re- 
unidas en Italia á dicho fin; lo que la diplomacia española tuvo 
que trabajar; por último, lo que instó al Rey de Francia para que, 
dejando su fría y más que reservada indiferente actitud, hiciera 
ver al Pontífice que su conversión al catolicismo no era objeto de 
interesables miras, levantando algunas tropas, siquiera hasta el 
número de 5.000 hombres, que aun cuando fuera aparentemente 
auxiliaran á los 30.000 empleados por España para llegar al arre- 
glo. En esto convienen todos los historiadores; y si se consulta al 
minucioso Vivanco, nos dirá en su obra inédita que exclusiva- 
mente á España se debió el buen resultado de este difícil y tras- 
cendental suceso. 

Aunque de tal modo no constase en documentos fehacientes, 
¿cómo no inferirlo de un príncipe tan desapegado al gobierno de 
su país, como celoso en todo lo que tendía al bien del catolicis- 
mOi y deferente en extremo á la corte de Roma? Este fué el punto 
primordial y único de su política, en el cual obraba personal- 



LKS MA.HIAGES ESPAGNOLS. 41 

mente, y de viva voz dictaba sus disposiciones, dejando lo demás 
á la inspiración ó capricho de Lerma; y á dicho fin subordinó por 
completo la cuestión de matrimonios, como puede verse en las 
cartas que por apéndice inserto íntegras unas, y extractadas 
otras. 

Si el autor las hubiera visto, como parecía de rigor, tratándose 
de un asunto de España que detalladamente pretende historiar, 
es posible, aunque no seguro, que hubiese rectificado muchas pá- 
ginas, y entre ellas las 126 y siguientes hasta la 131, en las que 
expone que Villeroy estuvo acertado al creer que la verdadera 
misión de D. Pedro de Toledo consistía en proponer los matrimo- 
nios con cierta diplomacia. «No debía esperarse, dice, que el Rey 
de Francia abandonase la alianza con los holandeses para obtener 
la de España por medio de matrimonios que él no había jamás 
solicitado, ni hecho que los solicitara persona alguna.» 

Sin embargo, su propia narración nos enseña que Enrique IV 
introdujo la cuestión de los matrimonios en la primera audiencia 
de D. Pedro, el cual le contestó que antes de pasar á otra cosa se 
debía resolver á abandonar á los holandeses, añadiendo secamenle 
y con altanería, que él no tenía encargo de proponer ningún ma- 
trimonio. 

Así era verdad, si se juzga por las cartas mencionadas; pero el 
autor establece la siguiente disyuntiva: «Si era verdad, no había 
nada que más en lo profundo pudiera herir á Enrique, porque él 
sabía por los despachos de su embajador en España, como por los 
de Ubaldini, que el Soberano Pontífice había propuesto los ma- 
trimonios á S. M. Católica.» Cúmpleme notar, por vía de parén- 
tesis, la contradicción cometida en este punto respecto á otros en 
que asegura que la proposición de matrimonios partió de España, 
pudiendo inferirse de las líneas acabadas, de leer, que el autor 
reconoce que el Rey sabia lo que él en otras pdginas ha tenidc 
por conveniente ignorar. 

Siguiendo el párrafo, continúa: «Si el castellano mentía, y po- 
día creerse así.» Mas, ¿por qué? ¿Ha visto el autor las instruccio- 
nes ni ningún otro papel de España de donde pueda inferirlo? 
Lejos de ellOj el único que inserta es el estropeado de que á la le- 
tra tomo la parte congruente y más clara: «Y habiendo pasado á 



42 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

Otras pláticas y asegurado D. Pedro que no tenía comisión ni po- 
der para tratar casamientos se (por sí) bien avia daño (por dado) 
grata audiencia en España á los propuestos por el Papa y el va- 
ron (sic) de Barrault se despidió del Rey, etc., etc.» 

Este inserto, cuya procedencia no se indica más que por pape-- 
les de España, prueban precisamente lo contrario de lo que el au- 
tor dice. Si son relaciones del Consejo de Estado, como parece 
desprenderse de la conclusión, ¿no es más lógico suponer que el 
autor está en mal terreno al sentar gratuitamente aquella hipó- 
tesis? Infiérese que la funda en una carta de Villeroy á Janin; 
pero, ¿por qué dar más crédito á una carta, donde á lo sumo no 
se ve más que una sospecha, que al dictamen de un Consejo, en 
que para nada tenía que jugar la diplomacia, por no deber salir 
de la nación? 

Prosigue el autor que el Rey replicó á D. Pedro con palabras 
tan duras, que si éste hubiera dado cuenta de ellas á su amo, po- 
drían ocasionar un rompimiento, según se lee en un despacho de 
Ubaldini. 

Y hé aquí, digo yo, un Rey irritado porque no le hablaban de 
lo que él quería, sin embargo del desdén que aparentaba. ¿Cómo 
aquel embajador tan grosero y adusto, tan altivo é imprudente, 
según lo califica M. Perrens, tuvo más sensatez y comedimiento 
que el franco, amable y conciliador Monarca? 

Conociendo el autor que estuvo muy inconveniente, y no que- 
riendo este papel para el Rey de un país donde dos centurias más- 
tarde habría él de nacer, se apresura á escribir: «Estas palabras 
imprudentes que no se hallan en ninguna parte, y que Enrique 
las sentiría sin duda,ii 

Pues si en ninguna parte se hallan, ¿á qué hacer mención de 
ellas? Y si estampa literalmente el despacho de Ubaldini que asi 
lo expresa, ¿qué importa el ignorar las palabras, puesto que exis- 
tieron y han merecido aquella calificación? No es, sin embargo, 
la ambigüedad lo más donoso del caso, sino que el autor se iden- 
tifica con el personaje historiado por él, y tal cariño le toma, que 
responde de sus intenciones en el hecho de suponer que el Rey 
sentiría sin duda el haberlas dicho, por omitirlas en la relación 
que hizo á Breves de esta entrevista. ¡No podría haberlo dis- 



LES MARIAGES ESPAGNOLS. 43 

culpado con mejor intención el más adicto de sus cortesanos! 

En realidad, continúa, D. Pedro debía obtener de Enrique que 
sin dilación abandonase la alianza de los holandeses para merecer 
la de España. La de España, dice; pero en el documento en que 
se apoya se lee: «para merecer los matrimonios ;i> lo cual es muy 
distinto, porque echa por tierra cuanto el autor ha aseverado so- 
bre la iniciativa y afán de la corte española en la cuestión, así como 
el desdén del Rey de Francia, y presta veracidad á las palabras 
de D. Pedro, dando por el pié á la sospecha de Villeroy y á la 
gratuita afirmación del mismo que inserta el documento/ 

Al hablar de la entrada en Madrid del duque de Mayenne, em- 
bajador extraordinario de María de Médicis para la realización de 
los matrimonios, expone la miseria y la parsimonia de España, 
ya en los presentes que le hicieron, ya en la mezquindad del 
mantenimiento y pobreza de los trajes españoles, «que tan humi- 
llados se veían en todo y por todo al compararse con los bravos, 
ricos y apuestos caballeros franceses del séquito del embajador.» 
Viendo, dice, la suntuosidad de los franceses, que en un mes ha- 
bían cambiado por tres ocasiones las libreas do sus lacayos, y pro- 
digaban el dinero en su camino, tuvieron los españoles vergüenza 
de su vergüenza^ se ruborizaron de sus viejos atavíos, y ni aun 
á los criados de Mayenne osaron dar las cadenas que habían re- 
cibido para este fin, porque conocieron que los franceses eran 
gente demasiado lucida y sagaz para hacer caso de tales regalos. 
(iPor miseria y vanidad aparecieron^ pues, más estúpidos é indo- 
lentes de lo que eran.j> 

Varias de estas frases las escribe entrecomadas citando las car- 
las de Vaucelas á Villeroy: y motiva la última el retraimiento 
que la grandeza mostró respecto al embajador francés. 

Extráñame que tantas ocasiones aproveche para tildar á esta 
nación de mezquina, el mismo autor que inserta un trozo de 
carta de Vaucelas á Puysieux, donde consta que D. Iñigo de 
Cárdenas entregó en nombre del tercer Felipe á Madamo Elisa- 
beth, una joya con los retratos de ésta y del príncipe español, 
que tenía engarzado un brillante, la cual se estimaba en 100.000 
escudos. 

Verdad es que siguiendo su sistema de prevención céntralo que 



44 boletín de la real academia de la historia. 

pudiera favorecer á España, añade: «Si no hay exageración en el 
precio, preciso es confesar que enesla ocasión no hubo mucho es- 
tímulo por parte de Francia.» Así dice porque el regalo del Delfín 
á la infanta de España era un brazalete que no valía más de 
15.000 escudos. 

Seguramente que al hablar de la miseria y mezquindad de los 
españoles en trajes y en toao, no recuerda que él mismo ha es- 
crito en la pág. 389, á propósito de los festejos celebrados en Pa- 
rís á la publicación de los matrimonios, «que se hicieron enormes 
gastos, ó como suele decirse, que se quiso echar el resto^ reci- 
biendo orden los encargados de sobrepujar aún el fausto de los 
españoles.» 

¡Vea la Academia la escasa memoria del autor! Tan poc^ es,, 
que en la misma página en que censura la mezquindad española, 
inserta una relación del recibimiento al duque de Mayenne en 
el castillo de Lerma, donde después de ponderar las viandas y 
aparato con que se las presentaron, exclama en tono festivo: <íFué 
aquello un verdadero triunfo sobre la cuaresma, ó más bien una 
de las procesiones que los gastrónomos de Ravalais hacen á su dios 
ventri'potente.i» Cosa análoga dice acerca de los perfumes y lujo 
de las habitaciones. 

A pesar de todo, y contra el inserto que estampa de carta del 
embajador, supone que se fué disgustado do Madrid, si bien su- 
mamente complacido de las señoras, tanto, que según relación de 
Puysieux, su liombre de negocios, llegaron á producirle una in^ 
disposición de estómago. aLos mensajes, añade, que diariamente 
recibía, debidos al atrevimiento, avaricia y lujuria de las señoras 
del pais^ le empeñaron al combate de tal manera, que yo no sé 
cómo se habrá podido zafar.-n 

El autor, por su parte, dice: «Las señoras paraban sus carrua- 
jes delante de la morada del embajador, le llamaban á las venta- 
nas, le daban música por sí mismas, enviábanle guantes, perfu- 
mes, aguas olorosas, dulces y toda clase de regalos; y en alta voz 
publicaban que nunca habían visto hombre, ni más galante, ni 
tan buen mozo. Admiraban su librea, su vajilla de plata, etc., 
asistían á sus comidas, y por tales modos le provocaban á galan- 
terías de que no sé podía abstener.» 



LES MARTAGES ESPAGNOLS. 45 

¡Dichoso mortal que, sin ser mahometano, gozó en vida del pa- 
raíso prometido por el profeta á los que mueren fieles á su ley! 

¿Pero no sería posible que el autor hubiese cometido alguna 
inexactitud, quizá por inspirarse para escribir sobreesté punto de 
la época de Felipe III, en un libro contemporáneo de un compa- 
triota suyo, donde dice éste, que las damas españolas acostum- 
braban llevar una navaja en la liga? Deduciría, no sin funda- 
mento que tales damas debían ser zafadotas, y teniendo en cuenta 
que el carácter y costumbres de los pueblos no varían tan fácil- 
mente, podía inferir que las abuelas de las visabuelas de dichas 
damas legaron á las actuales aquella condición, y de aquí que un 
mozo del garbo, donaire y atavío del duque de Maycnne, ó de 
Uména, como en Madrid se le llamaba, habría de dar al traste 
con el resto de simulado pudor de las señoras de la corte del ter- 
cer Felipe, 

No es esto negar la esencia del hecho; ¡ni cómo, siendo Ma- 
yenne tan rumboso y rico! sino inferir que las que le importuna- 
ban con tantas citas y piropos, debían ser las legítimas ascendien- 
tes de las que hoy, por tales hábitos, llamamos de navaja en liga/ 
aunque no usen ninguna de estas prendas. 

Nada tendría que oponer si se concretase á decir que la gallar- 
día, donaire y gentileza del embajador fué celebrada por las da- 
mas de la corte, hasta el punto de tenerle por el más galán y me- 
jor parecido de todos los de su acompañamiento. Así, poco más 6 
menos, se lee en la verídica y detalladísima relación de Cabrera 
de Córdoba, y no ya el criterio, sino el buen sentido, basta para 
rechazar todo lo que de esto pasase. 

Que el autor inserta la carta de un testigo como Puysieux, 
cierto; ¿pero para qué sirve el criterio? ¿Qué diría si un autor es- 
pañol, refiriéndose á Francia expusiese, apoyado en la relación 
de un viajero, que las señoras francesas acostumbraban asediar 
á los españoles en las principales calles y cafés, usando de expre- 
siones y modales algo libres; ó que solían bailar danzas en pos- 
turas algo más que descompuestas? Diría, con mucha razón, que 
tal viajero no había salido de los que en París llaman boidevares^ 
ni asistido á otros bailes que los celebrados en Mabille 6 Chateau^ 
rouge, y que tal autor había cometido la ligefeza de apoyar su 



46 IlOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

historia, sin el menor discernimiento, en lo narrado por un cual- 
quier transeúnte, y la mayor aún de, con tales datos, ó ampliando 
alguna aventura, calificar al núcleo de las señoras de una uacióo- 
Y no es mucho que de aquí se deduzca culpa de ligereza contra 
el autor y contra Puysieux. ¿No conocemos todos al del libro an- 
tes mencionado sobre costumbres de España? ¿No sabemos tam- 
bién de otro, y de ilustre apellido, que desde alta mar, como pa- 
sajero de un buque en viaje de circunnavegación, decía que con 
sus anteojos había 'podido ver ú las bellas catalanas paleándose 
en la Rambla de Barcelona del brazo de sus jóvenes é indulgentes 
confesores^ lo cual, aparte de lo raro de la visión, es algo menos 
verosímil que distinguir desde el Manzanares una cosa situada en 
la Puerta del Sol nunca vista por los habitantes de Madrid? (1) 
¿No habló otro renombrado autor con ligereza sobre las Canarias, 
aunque nunca tan desatinadamente como el del mencionado 
viaje? 

Lo extraño es que al hablar M. Perrens de la miseria española, 
perjudica mucho á su habilidad la circunstancia de insertar es- 
critos que lo contradicen, y de añadir: aTal gasto, por desigual 
que fuese (respecto al de Francia), acabó de arruinar á los espa- 
ñoles. Para cubrirlo tuvieron que echar mano de pequeñas sumas 
destinadas á los infantes y á las viudas délos antiguos servidores 
de Garlos V y de Felipe II. 

«Después de la partida de Mayenne encarecieron en algunos 
maravedís la libra de carne, como único recurso de volver á lle- 
nar su exhausto tesoro.» 

Si se tiene en cuenta la carne y demás comestibles regalados 
diariamente á la embajada de Francia, cuya relación, que el autor 
no debe conocer, detalla Cabrera de Córdoba, no es extraño que 
aquel artículo alcanzase mayor precio en razón al excesivo con- 



(1) M. Aragro (Santiago), en su Viaje alrededor del mun4o^ escribe la frase, sin haber 
siquiera fondeado en la rada su buque; pero aun cuando así fuese, no se podía ver la 
Rambla desde aquella, ni aun desde el mismo puerto, ni en la época á que alude ni 
en otra posterior, hasta estos últimos años en que se derribaron las Atarazanas. 

Mayores ligerezas expone sobre las Canarias, que fueron refutadas por un exce- 
lente escrito, tan bien razonado como sentido, del publicista de marina D. Ignacio de 
Negrín. 



LES MARIAGES ESPAGNOLS. 47 

sumo; pero subir la carne para volver á llenar un tesoro exhausto, 
presupone en primer lugar la idea de que el tesoro estaba repleto, 
en segundo, la de que todo él se invirtió en la recepción mezquina 
á que el autor alude, y en tercero, la de que unos cuantos mara- 
vedís bastaban para repletar el tesoro de la nación cuyos domi- 
nios eran, materialmente por lo menos, los más ricos y extensos 
de ambos mundos (1). 
Oigamos á Cabrera de Córdoba en este punto : 

cPor la caUe del Sordo (dice en la pág. 486), que es detrás del hospital 
de los Italianos, hay en esta caUe, á donde sale, una puerta que á las tres 
de la tarde se abre, y tiene una Uave un criado del Duque de Uména que 
abriendo entra á tomar la vianda que hoy meten para mañana , y esto sin 
verse el que lo deja allí, que es un guarda mangel, que se llama Felipe de 
Arellanos; en metiendo la vianda cierra y se va hasta otro día á las tres. 

DÍA DE CAHNE ES ESTO. 

Ocho pavos. — Veinte y seis capones cebados de leche. — Setenta gaUi- 
nas. — Cien pares de pichones. — Cien pares de tórtolas. — Cien conejos y 
Uebres. — Veinte y cuatro carneros. — Dos cuartos traseros de vaca. — Cua- 
renta libras de cañas de vaca. — Dos terneras. — Doce lenguas. — Doce libras 
de chorizos. — Doce pemiles de Garrovillas. — Tres tocinos. — Una tinajuela 
de cuatro arrobas de manteca de puerco. — Cuatro fanegas de paneciUos 
de boca. — Ocho arrobas de fruta; cuatro frutas á dos arrobas de cada gé- 
nero. — Seis cueros de vino de cinco arrobas cada cuero y cada cuero dife- 
rente. 

DÍA DE PESCADO. 

Cien libras de truchas. — Cincuenta de anguilas. — Cincuenta de otro 
pescado fresco. — Cien libras de barbos. — Cien de peces. — Cuatro modos 
de escabeches de pescados, y de cada género cincuenta libras. — Cincuenta 
libras de atún. — Cien de sardinillas en escabeche. — Cien libras de pescado 
cecial muy bueno. — Mil huevos. — Veinticuatro empanadas de pescados 
diferentes. — Cien libras de manteca fresca. — Un cuero de aceite. — Fruta, 



(1) No quiero decir que la nación fuese inmensamente rica; lejos de ello, en otro 
libro procuro demostrar que la miseria del oro había muerto aquí á la riqueza del 
trabajo, y que España sucumbía por la pesadumbre de su grandeza. Solamente noto 
la contradicción entre la mezquindad aseverada y la ruina de un tesoro por los gas- 
tos verifleados para el recibimiento. 



48 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

vino, pan y otros ropralos extraonlinarioR, como on ol «lía de carne se dice. 

Esto es cada día, sin otras cosas cxtraordinarías do robalos más ó menos. 

Para esto hay dedicadas cuatro acémilas con sus cajones que traen este 
recado, y lo ponen en el aposento sobre unas mesas y cierran, y no parece 
otro día sino las cestas vata'as, y no quien las vacia. > 

En resumen, por cálculo nada exagerado, resulta que el emba- 
jador y su comitiva consumían diariamente unas tres mil seis- 
cientas libras de carne, que casi montan ádos toneladas desleidas 
en treinta arrobas de vino, acompañadas de cuatro fanegas de pa- 
necillos de boca, y endulzadas con o'-:ho arrobas de fruta (1). 

Otra de las inexactitudes que comete, es asegurar que el Rey 
de España consideraba ligereza muy reprochable que su hija, ya 
reina de Francia, adoptase algunas modas francesas, y sobre todo 
qife bailara. 

Permítame la Academia que en este punto le recuerde algunos 
trozos de las cartas del tercer Felipe á su hija, por ser la mejor 
refutación contra lo que asevera M. Perrens. 

En una que lleva la fecha de 6 de Junio de 1618 le dice...: «Me 
hubiera holgado de ver el bailete que hicistes, que todos los que 
le vieron escrevieron maravillas del , y de quan linda salistes , y 
quan bien danzastes: acá también se hizo la mascara.» En otra 
de 3 de Abril del mismo año: «Me holgué mucho con las nuevas 
que truxo el último correo, aunque sin carta vuestra; pero yo le 
doy por bien á trueco de que no os cansasedes en escrevirme pues 
lo estaredes desde el bailete y todos escriven quan bueno fué, y 
quan bien lo hicisteis vos: hasta envidia tuve á los que lo vieron, 
y mas á vos que diz que estabades muy linda, y esto debe de ser 
cada dia mas, según habéis embarnecido y crecido, etc., etc.» 

Ignoro, pues, el fundamento que haya tenido el autor para su- 
poner que el tercer Felipe reprochaba duramente á su hija el baile, 
como no sea una de las peregrinas invenciones del Mercurio^ de 



(1) «Dicen que todo el tiempo que el diKiue se detuviere aquí, se le proveerá de la 
ir.isma manera este regíalo, y si se entendiese que fuese necesario proveer con más 
larga mano, se haría de la misma manera, scg-ún es grande la voluntad con ([ue se 
hace.» (Cabrera de Córdoba, pág. 1S2.) Véase lo que contrasta esta buena voluntad 
con lo que el autor dice. 



LES MARIAGES ESPAGNOLS. 49 

cuyo papel hace un documento fehaciente para su historia. Si 
hubiese consultado estas cartas, quizá no incurriría en este ni en 
otros muchos errores, y digo quizá por ser también posible que 
rehusase la prueba en vista de no decir en ellas baile sino bailete. 

Respecto al otro extremo, pudiera trascribir muchos trozos de 
otras cartas anteriores en que siempre le recomienda la obedien- 
cia á su marido , en gracia á la buena armonía que debe existir 
en los matrimonios. Todas rebosan en paternal solicitud, y tanto 
que á veces descienden á preguntas un tanto enojosas y de difícil 
contestación para una niña, no obstante su cambio de estado. 

«Me he holgado mucho, dice en una de 16 de Enero de 1616, 
por saber que quedabades buena, y el Rey mejor del mal que ha- 
bla tenido, de que os podemos dar la enhorabuena como muger 
tan bien casada; y me ha parescido muy bien lo que me decís de 
las visitas que le habéis hecho y lo que habéis madrugado á las 
purgas y sangrías, etc., etc., me ha dado cuydado el decirme 
que no tenéis buenos los ojos: espero en Dios que lo estarán 
presto y ya querría que acabasedes de ser muger, que'para esso 
y para que me diessedes presto un nieto podría servir; y respon- 
ded á lo que otras veces os he preguntado de si el Rey quando 
está bueno duerme siempre en vuestro aposento ó algunas veces, 
y no os corráis de decirlo á un padre que os quiere tanto como 
sabéis, etc.» 

Sigue congratulándose de la buena armonía que existe entre 
ella, el Rey y la Reina madre, y continúa: 

«El bailete que hicisteis debió de ser muy bueno, y yo holgara 
harto de veros, que la de la Torre me escrive maravillas de como 
ibades.» 

Sigue hablando de que le envía un chapín de seis dedos más 
de largo como le pedía, y concluye: «Os confieso que quisiera, 
aunque os pongáis colorada , que como el Rey está muchos ratos 
del dia en vuestro aposento estuviera algunos de noche.» 

En casi todas sus cartas le habla de bailes, y lejos de repro- 
barlos, envidia á los que la vieron. ¿Y cómo no, si aquel príncipe 
tan buen padre y esposo como rey deslucido, despuntaba precisa- 
mente en el baile hasta merecer el dictado de primer bailarín de 
su corte? 

TOMO IV. 4 



50 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

Quizá M. Perrens ignore también este particular por no haber 
tenido á la vista ni la crónica, ni ninguna de las historias parti- 
culares, ni las relaciones que corren impresas sobre este reinado. 
Y en verdad que es omisión de alguna monta en quien narra 
asuntos que lo abarcan de lleno. 

Pues error más de bulto contienen las siguientes líneas: «La 
corte de España creía tan próximo el éxito (habla de los matri- 
monios) que desde los primeros días de Diciembre de 1613 anun- 
ció su designio de establecerse en Valladolid.» 

¡ Véase cómo al fin se descubren todos los secretos 1 Así excla- 
marán seguramente, si pudiéramos oírles, Cabrera de Córdoba, 
Vivanco, León Pinedo y demás autores de relaciones, cronistas é 
historiadores de aquella época, y testigos oculares de los suce- 
sos , al leer en esta singular historia uno que todos ellos vieron 
realizado por motivos muy diferente en fecha anterior, y es se- 
guro que no menos había de sorprender la noticia al tercer Fe- 
lipe, á Lerma, al Consejo de Estado y á los alcaldes de Vallado- 
lid en aquel tiempo. 

Durante mucho he molestado la atención de la Academia expo- 
niendo todas las contradicciones que se notan en este libro; pero 
no puedo menos de cerrar el examen con una, como norma del 
criterio que ha presidido á su redacción. 

Dicho está que la corte de Madrid usaba de doblez y perfidia al 
proponer subrepticiamente al rey de Inglaterra la infanta espa- 
ñola al príncipe de Gales , á fin de precaverse contra la derrota 
que, á juzgar por el desdén de Enrique TV, iba á sufrir en las 
presentadas á Francia. Pues vea la Academia lo que en la pág. 451 
hablando del doble juego de la corte de María de Médicis, sobre 
el matrimonio de Madame Chretiene con el mismo príncipe de 
Gales , dice de Villerroy, autor de las negociaciones: 

«Así , pues , con una habilidad que no puede desconocerse en- 
tretenía Villeroy el matrimonio con el Inglés, y contaba utili- 
zarlo para reparar la derrota que había sufrido en el terreno de 
los enlaces españoles.» 

Lo cual enseña , atréveme á añadir, que la perfidia tratándose 
de España es habilidad cuando á Francia se refiere. 
De propósito he dejado para fin de fiesta la traducción de un 



LES MARI AGES ESPAGNOLS. 51 

escrito anónimo que inserta el autor, publicado en Paris al arribo 
de la embajada de D. Pedro de Toledo. Dice así: «Asomaos á 
las ventanas y mirad cual vienen los galantes. En primer término, 
se ven los bagajes del modo que sigue: tres carros tirados por 
búfalos y cargados de patrañas cultivadas y cogidas en el jardin 
del Escorial: otros tres por dromedarios cargados de galimatías: 
tres más por mulos de Auvergne: otros tres por pécoras arcádi- 
cos (1) cargados de eléboros y de gomorra extractada en Ñapóles 
hasta la quíntuple esencia: tres amadrinados en parejas, tirados 
por diez y ocho elefantes, llevando la carta de los Países Bajos 
pintada en claro oscuro , sobre un lienzo de veinte y cinco toesas: 
un carromato soberbiamente atalajado con doce africanos tigres, 
conduciendo en un tiesto roto de tierra de Navarra, el contrato 
matrimonial entre el Señor Delfín y la infanta española, exten- 
dido en romance sobre pergamino de cordero nonnato , y escrito 
profé ticamente por el buen patriarca Ignacio de Lo yola, según la 
revelación en sueño que, tres días después de su muerte, le habia 
hecho Santiago de Galicia; todo él en caracteres tan diminutos, 
que se necesitaba buena vista para poderlo leer. Veíase luego so- 
bre dos angarillas llevadas á espaldas de dos esclavos como la caza 
de Santa Genoveva , una almohada de terciopelo carmesí ; sopor- 
tando la gorgnera de Don Pedro que medía en redondo catorce 
varas y media, y media cuarta (2). Después marchaban sjis pajes, 
caballeros en animales de piel gris y largas orejas parecidas á los 
burros, toda gente joven con barbas canas, cantando á la entrada 
de la corte acompañados de las melodiosas voces de sus cabalga- 



(1) Quizá aluda á los guardias del rey por el epíteto que se dio durante el bajo im- 
perio á los del emperador Arcadio. 

(2) En carta fecha en Madrid á 19 de Enero de 1608 dice Cabrera de Córdoba (pá- 
gina 323). 

«Antes de Pascua mandó S. M. que se guardase la prem ática de las lechuguillas 
pareciéndole que habia de tener su mandamiento para la ejecución más fuerza que el 
rigor de los alguaciles; y sobre la medida se replicó por los de su Cámara, y ha que- 
dado en sétima de vara; y conforme á esto toda la corte ha reformado los cuellos y obe- 
decido á la voluntad de S. M.; por ser demasiado el exceso que en esto habia.» 

Don Pedro de Toledo salió para su embajada algunos meses después. Si obedeció la 
pragmática debía ser su gorgnera de cuatro y media pulgadas próximamente. Sin 
embargo es muy cierto que en esto de vestir había mucha exageración. ¡Pluguiera 
Dios que todos los defectos de vuestros mayores fuesen tan criminales! 



52 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

duras. Seguían los oficiales de la casa de Don Pedro con toda 
clase de utensilios de caza: el primero con la marmita, el segunda 
con las parrillas , el tercero con la cadena del caldero y así con- 
secutivamente los demás con lo restante de la cocina. Más atrás 
el Mayordomo en noble arreo llevando por peto una cazuela , un 
tarro de manteca por casco, una pringosa rodilla á guisa de banda 
y empuñando un largo asador. Después la sumillería con tazas, 
cubiletes, potes, viandas, botellas y cuarenta mulos cargados de 
nieve , que no derretía el sol por hallarse polvoreada de catoli- 
cón (1) castellano. Seguían los gentiles hombres de su casa mon- 
tados en mulos, vestidos de tela vieja de cáñamo, botas de perga- 
mino, en una palabra, con traje acomodado á la estación, es de- 
cir, camisolas de escarlata, justillos de terciopelo negro, á causa 
del polvo, sobre otros jubones de la misma tela y color, cinchados 
como mulos por el vientre, apretados de tal modo que sacaban 
medio pió de lengua , mitrados cual obispos de Calcuta , con gor- 
gneras de pié y medio que no hablan olido el almidón desde la 
salida de España, golillas de terliz blanco, tan tiesas que pare- 
cían de porcelana, rasuradas las cabezas á lo monge, los bigote» 
como colas de mulos, y con mucha gravidad (sic) van tocando la 
guitarrita y cantando á coro, cada uno diferente canción, todo 
ello por supuesto muy católicamente.» 

«Se v^ detrás una carroza de figura de pentágono á semejanza 
de la ciudad de Amberes, hecha de cartón fino y papel de estraza 
y uncidos á ella diez y ocho toros de Granada. Van dentro tres 
marqueses y tres condes levando un palio á la alemana, tara- 
reando un nuevo aire en honor de la infantita , y tocando todos 
un manicordio sin cigüeñal. Don Pedro de Toledo venia el último 
como un cura de regreso de precisión, conservando la gravedad 
de un vendedor de pajuelas, dentro de un aparador de tela ence- 
rada bien cerrado para evitar las moscas , tirado por dos caballos 
indios, y con traje de abrigo cual requería la grandeza de su 
casa.» 

«A la mañana siguiente tuvo lugar la audiencia. En la antecá- 
mara , donde se preparaban para presentarse al Rey más grande 

' — ^ 

(1) Especie de electuario purgante, compuesto de sen y ruibarbo. 



LES MARIAGES ESPAGNOLS. 53 

del mundo, cepilláronse mutuamente, por caridad, todo el polvo 
recogido en el camino desde su entrada en territorio francés , de 
tal manera que oscureciendo la cámara obligaron á salir al aire 
libre á los gentiles hombres y demás de la nobleza que en orden 
gerárquico hallábanse en ella apostados. Pasaron en seguida á 
otra llena de marqueses, nobles y plebeyos, hicieron segunda pa- 
rada, comenzando á alechugarse, á despiojarse unos á otros, y 
unos á otros á sonarse las narices por caridad, cosa que cada uno 
por sí no hubiera podido verificar sin estropear sus gorgneras, y 
exponerse á volver á España para lavarlas; pues no se hubieran 
atrevido á darlas en Francia , temerosos de que cayendo en ma- 
nos heréticas incurriesen en excomunión mayor, ó lo que peor 
seria, en las reclamaciones del Santo Oficio de la Inquisición.» 

«Mondos ya y lindamente zurrados, diéronse á marchar con 
tanta furia, y á echar con tal brío los pies por el aire, que hubie- 
ran dejado tuerto, ó roto los dientes á alguno,, si á los primeros 
pasos no les hubiese dicho un ugier que olió como á queso de 
Auvergne, — Señores, no levantéis tanto los pies que al Rey no 
agrada este olor. — Así, pues moderándolos, acercáronse hasta 
arrodillarse ante S. M.; dijéronle en cifra su embajada, se les 
contestó en solfa, hablaron en español corrompido y se les dio 
respuesta en buen francés (1). 

«Bajo esta forma ligera, añade el autor, se demuestra la anti- 
patía y desconfianza que inspiraban los españoles.» 

No trato ni de afirmar, ni de refutar esta antipatía, aunque 
pudiera encontrar en la misma obra muchos otros insertos que 
contradicen al anterior; pero ¿se podrá ocultar á M. Perrens que 
el sabor calvinista del escrito es lo que manifiesta antipatía , no 
ya entre franceses y españoles, sino entre reformados y católicos? 
¿No ha reparado que el artificio del papel burlesco , consiste en 
involucrar la diferencia de religiones con la de nacionalidades? 
Y aún así, no creo yo que el autor ó autores anónimos consi- 
guieran sus fines. Movería el escrito ciertamente á risa, pero risa 
trivial que, pasados los primeros instantes, despierta por lo me- 



(1) Recueil d'ambassade et de plusieurs lettres misives concernant les affaires de 
TEtat de France depuis 1525 jusqu'á en 1606. Bib. Imp. ms. fr. núm. 294. 



54 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

nos indiferencia, cuando no desden, contra el libelista, no sólo 
en los católicos, sino aun en los do su misma secta, y después 
únicamente podrán utilizarlo los representantes de farsas ó entre- 
meses de corral, como medio de sacar algunas monedas do cobre 
al vulgo rústico y sencillo , que en su ignorancia propende á ri- 
diculizar y deprimir todo lo que pertenece al extranjero. 

He procurado exponer el espíritu do parcialidad que de relieve 
sale en la obra. Quizá sea ajeno á la voluntad de su autor, ó tal 
vez reconociendo en él tal propensión irresistible , y no ocultán- 
dosele que constituía un defectillo para tratar de historia, crey(i 
cohonestarlo con la siguiente protesta estampada en su prólogo: 

«Debo notar con qué escrúpulo me abstengo de conjeturas y 
aserciones aventuradas, como asimismo de reproducir algunos 
despachos verdaderamente picantes que escribían nuestros diplo- 
máticos menos conocidos, en desaliñado é incorrecto lenguaje^ 
pero vivo y ya muy francés, en los cuales la originalidad eclipsa 
á veces las do las cartas tan bellas y ponderadas del cardenal 
D'Ossat.» 

Tal promete el autor, pero la Academia discernirá hasta el 
punto que lo ha cumplido. En cuanto á que el público note los 
despachos que dice se abstiene do reproducir, paréceme asunto 
imposible, y expresado de tal modo que todas las palabras huel- 
gan en la frase, á no ser que se dirija á una pequeñísima parle 
del público que fué en la época historiada, ó sea á las gentes na- 
cidas dos siglos antes que el autor. Todo pudiera ser según el 
criterio de los espiritistas, 

M. Perrens, por último, dirige su obra con una carta en que 
después de manifestar modestamente la gran aprobación que 
aquella ha obtenido, y el honor que ha merecido de ser insertada 
íntegra en el Diario de Sesiones y trabajos de la Academia de 
Ciencias Morales y Políticas de su nación , expresa el deseo de 
que esta , á quien se dirige , y califica de una de las más célebres 
y respetables de Europa, le asocio con cualquier título á su com- 
pañía, para significarle así la satisfacción con que veía un tra- 
bajo, que llena una laguna en la historia de ambos países. 

Si en vez de convertirla en pantano la hubiera saneado con los 
instrumentos que la verdad, madre de la historia, proporciona» 



LES MARIAGES ÍISPAGNOLS. 55 

entiendo que sería pertinente la petición que dirige á la Acade- 
mia guardadora de ¡aquella , molestara poco ó mucho al espíritu 
de patria. Sin embargo, siendo la Academia el único juez para 
decidir con el criterio levantado é imparcial que corresponde, re- 
solverá en este caso lo más oportuno , si bien el autor debe darse 
por satisfecho con que haya tocado este informe al menos auto- 
rizado y perspicaz de sus individuos. 

Javier de Salas. 

Madrid, 24 Febrero 1871. 



DOCUMENTOS. 



I. 

Cartd del Rey al Marqués de Aitona, en San Lorenzo y 

6 de Airil de 1608. 

^'Archivo general de Simancas.— Estado. ^Legajo núm. 1860.) 

«Por una carta vuestra de los 5 de Febrero próximo pasado se ha 
entendido que el Papa os habia dicho que el Eey de Francia deseaba 
el casamiento del Principe mi hijo con su hija mayor y que se le diese 
á la infanta Doña María mi segunda hija para el Delfín su hijo y que 
también os habia dicho Su Santidad que el mismo Eey dijo al Provin- 
cial de los Jesuítas de Flandes para que él lo dijese al Embajador del 
Archiduque mi tio residente en París que haciéndose el casamiento del 
infante D. Garlos mi segundo hijo con su segunda hija y dándole yo 
los Paises- Bajos en dote para él y para los que deste matrimonio des- 
cendieren después de los dias de la Infanta Doña Isabel mi hermana 
pues no tiene hijos, se ofrece de hacer que aquellas Provincias queden 
sujetas al Archiduque mi tio como los Paises ovedientes, y que se es- 
tablezca en ellos la religión católica. Esto mismo me ha dicho el Nun- 
cio que aquí reside de parte de Su Santidad y lo ha acordado segunda 
y tercera vez y últimamente lo ha hecho en virtud de cartas que dice 
ha tenido del mes pasado de Marzo haciendo mucha instancia sobre la 
resolución y es bien que sepáis que há muchos dias que el Barón de 
Barrault que aquí reside por Embajador del Rey de Francia movió la 



56 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

plática de los casamientos del Principe mi hijo con la Infanta mayor de 
Francia y de la Infanta Doña María con el Delfín de Francia y des- 
pués acá ha hablado diversas veces al Duque de Lerma mostrando ma- 
chos deseos de que estos casamientos se concluyesen y se estrechase 
mas la amistad y hermandad entre las dos coronas^ y también deveis 
saver como el Bey de Francia ha procurado que de nuestra parte le 
metiesen en el tratado déla paz con los rebeldes^ ofreciendo hacer muy 
buenos ofizios para facilitar la conclusión della y en particular ayudar 
mucho al establecimiento de la religión católica y de que mi tio hize 
ofízio con él en esta conformidad y yo lo aprové ; pues estando las co- 
sas en éste estado y habiendo el Duque de Lerma respondido al Em- 
bajador de Francia lo mucho que yo deseaba estrecharme en deudo y 
amistad con su Bey y que para tratar desto era necesario que él se 
apartase de socorrer y ayudar á mis rebeldes como lo habia hecho por 
lo pasado, se ha entendido que en lugar de corresponder á lo que ha- 
bia prometido en beneficio y aumento de nuestra santa fé, procurando 
que las Provincias rebeldes se redujesen á recevirla y consentir el ejer- 
cicio público della no solamente no lo ha hecho pero ha concluido con 
ellos la liga cuya copia se os embia con esta ; y lo que es peor es que 
no falta quien dice que há persuadido á los rebeldes que no admitan la 
religión católica porque haciéndolo á instancia mia y de mis hermanos 
irán creciendo los católicos y estando á nuestra devoción como obliga- 
dos al beneficio que habrán recevido por nuestro medio^ podremos ha- 
cer después lo que quisiéremos sin que lo puedan remediar, de todo lo 
cual he querido avisaros para que lo representéis al Papa y le digáis 
la novedad y sentimiento que me ha causado entender que al mismo 
tiempo que el Bey de Francia se ofreció por medianero de aquella paz 
y de apoyar mucho la causa católica y metió á Su Santidad en pláticas 
de casamientos para estrecharle mas conmigo aya salido con cosas tan 
derechamente contrarias, en qtie no es menor el tiro que hace á Su 
Beatitud que á mí por el poco respeto que muestra á su Santa persona 
y al lugar que tiene aviendole puesto por medianero, y no es la menor 
causa de mi sentimiento ver que por este camino se me quitan los me- 
dios de poder acudir á Su Santidad como lo hice la vez pasada pues sí 
se vuelve á la guerra con los rebeldes será cosa imposible poderlo ha- 
cer, que yo me he conmovido de esta sin razón, que á no estar Su San- 
tidad de por medio pasara mucho mas adelante; pero con todo eso como 
quiera que mi intención ha sido, és y siempre será de preferir el bien 
público y universal de la cristiandad y augmento de nuestra santa fé al 
particular mió, no he podido acabar conmigo de dejar de embiar perso- 
na al rey de Francia que se resienta de este agravio ni tampoco sus- 
pender la ida hasta tener respuesta de Su Santidad, mas por el respeto 



LES MARIAGES ESPAGNOLS. 57 

que le tengo se lo ho querido hacer saber al mismo tiempo para que 
todo corra á un paso. Representareis á Su Beatitud que á no estar Su 
Santidad de por medio fuera de diferente forma el resentimiento que 
embio á hacer con el Rej de Francia pero atento el respeto que yo ten- 
go á su Santidad se le dirá solamente cuan maravillado me tiene el 
aviso de ésta liga, y que apenas la puedo creer por más que se califique 
por ser acción tan indigna de Bey cristianísimo que le pido me haga 
saber lo que en esto ha pasado y si lo piensa remediar^ pues se halla á 
tiempo si quiere, atento que aun no esta prendado pues la liga presu- 
pone que es para la observancia de la paz y ésta no está hecha y avien- 
do el mismo pedido le tomen por medianero y teniendo tanta mano, 
como dice, con Olandeses, de la demostración que hubiere se conocerá 
si quiere mas mi amistad que la suya. ' 

Y aclarando á su Santidad mi pecho como es justo le diréis que mi 
intento es apurar esta verdad, porque si el Rey cristianísimo hace en 
esto lo que pide la razón no solo holgaré de tener y conservar con él 
buena amistad y hermandad pero de estrecharla mas si á su Santidad 
asi pareciere, mas si debajo de decir que es mi amigo me ha de hacer 
obras tan contrarias, mejor me será saber que es mi enemigo declarado 
que no que debajo de capa de amigo me haga obras de enemistad. 

Diréis mas á Su Santidad que la persona que embio á Francia lle- 
vará orden de comunicar con el nuncio de Su Santidad en aquella Corte 
la comisión que lleva y todo lo que hiciere coriñdente y llanamente, que 
si su Beatitud quisiere ordenar algo á su nuncio á este propósito lo po- 
drá mandar hacer luego, aunque lo que principalmente deseo que le 
ordene es que penetre la intención de aquel Rey y le haga hacer la 
prueba della en lo que se trata con olandeses pues tal podría ser el 
efecto que en ello hiciese en beneficio de la religión, que es lo que yo 
principalmente deseo, y en los demás requisitos de la paz que fuese 
justo admitirse y estrecharse mas su amistad por los medios y pláticas 
de casamientos movida por su Santidad y por el mismo Rey ; pero no 
procediendo ésto su Santidad verá claro que él seria el que cerraría la 
puerta á lo que tanto ha mostrado desear, pues en tal caso si por una 
parte lo ha pedido por otra desobligaría dello. Añadiréis á lo dicho que 
su Santidad y yo somos igualmente interesados en no dejarnos enga- 
ñar debajo de tantos artificios como el Rey de Francia usa con quiebra 
de nuestra reputación y dando que decir á las gentes, y que así le su- 
plico ordene á su nuncio diga claro lo cierto de lo que siente de la in- 
tención del dicho Rey á la persona que embio, para que con la verdad 
que apurase de verdadera amistad ó falta della, pueda yo luego tomar 
la resolución que mas convendrá á mis cosas. 

Y por que la persona que embio lleva como queda dicho orden de 



58 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

comunicar con él nuncio de su Santidad su comisión j lo demás que en 
estos negocios se ofreciere y tener con él muy particular conformidad y 
buena correspondencia, sera bien que su Santidad le ordene que haga 
lo mismo con él y procurareis que él despacho que le hubiere de embiar 
sea luego sin perder hora de tiempo para que habiendo hecho los ofi- 
zios que ha de hacer con el Eey de Francia, pueda cuando llegue la 
persona que de acá va, que partirá luego, advertirle muy en particular 
de lo que se ofreciere para que tanto mejor pueda cumplir con lo que 
lleva á cargo, y ireisme dando cuenta de lo que en todo se hiciere. 2> 

II. 

M Marqués de Aitona al Rey Felipe III en 5 de Julio de 1608. 

(Archivo general de Simanoas.— Estado.— Legajo 988.) 

Extracto. «Que ha sabido por resolución cierta que el Rey de Fran- 
cia espera con mucho gusto á D. Pedro de Toledo y desea el efecto de 
los parentescos; que decia Villeroy su gran privado que si quisiera el 
Eey de Francia ha tenido ocasiones grandes para intentar novedades: 
que el mismo Villeroy dijo que no hay que apartar al Duque de Saboya 
de V. M. por lo que está interesado y por la mucha merced que V. M. 
le hace pero que estaña cauto sin inclinarse mas á la una parte que á. 
la otra. Que el Eey aunque desea mucho los parentescos quiere dar 4 
entender que es mas el interés de España que el de Francia; con el 
propósito sin duda de tratar este asunto con mayores ventajas; y dice 
«que faltando su hija segunda la que querría casar con el Sr. Infante 
después de algunos años de concertado el casamiento quedaría V. M. 
con los estados de Flandes pacíficos por lo que él ayudará á ello y que 
el no tendria entonces ningún interés sino á V. M. mas poderoso con- 
tra él, y dice que á V. M. le están mejor estos casamientos por que 
teniendo los dichos Estados de Flandes pacíficos se ahorrará Y. M. todo 
lo que gasta en la guerra. El encarece que á V. M. le está bien por 
asegurar mas lo que desea que és dejar á su hijo de tan poca edad, en. 
muy estrecha amistad con V. M. y á V. M. obligado á hacérsela.» 

El Marqués de Aitona en 27 Abril acusó á su Magestad el recibo 
del despacho de 6 del mismo (1608), en que se le mandaba representar 
al Papa el sentimiento contra el Eey de Francia por que al mismo 
tiempo que se of recia por medianero de la paz y pedia para estrechar 
las relaciones los casamientos por conducto del mismo Papa, favorecía 
en causa de olandeses haciendo liga con ellos. Que babia mostrado el 
Papa sentir este proceder del Eey de Francia y se manifestaba cansado 



LES MARI AGES ESPAGNOLS. 59 

de su conducta en esto y en otras muclias mas cosas. Que el correo con 
orden del Papa para que el nuncio trate con la persona que ira á Pa- 
rís á penetrar la inteligencia del Rey partiría inmediatamente. 

El Obispo de Montepulchiano nuncio de su Santidad en Francia es- 
cribió al Papa en 28 de Mayo de 1608 la conferencia que había tenido 
con Villeroy sobre los asuntos de España. Dice que por haber estado 
el Rey en Fontenebló, á caza, no había podido tener audiencia de su 
Magestad pero que había conterencíado con Villeroy eu lo de la liga 
con olandeses^ liga celebrada sin conocimiento del Rey de España 
á lo que contestó Villeroy que el Rey de España hizo la paz y se acor- 
dó con él de Inglaterra sin dar parte de ello al def Francia, que la liga 
había sido en palabra con los olandeses y que el oficio fué de ceremo- 
nia, pero que si los españoles caminaban con serenidad y están resuel- 
tos á estrecharse con Francia no debían tener sombras desta materia, 
pues las sospechas entre los dos reyes cuando sean unidos con paren- 
tescos y separada Flandes de España no tendría su Majestad cristia- 
nísima que desear otra cosa que ver unido á la obediencia de la hija y 
del hierno á los olandeses. 

Que la querella de los españoles no podía argumentar sino tibieza de 
inclinación á ésta plática, la cual le obligaba á creerlo tanto mas no 
viendo llegar á la persona de España según la promesa que él Sr. Du- 
que de Lerma había hecho al embajador de su Magestad cristianísima. 
Respondió el nuncio que de los españoles se podía argumentar buena 
disposición pues, decían libremente sus dudas y que todavía trataban de 
enviar persona á Francia donde sino era llegada procedía del maduro 
consejo que se acostumbra tomar en cosas tan graves. 

Que habiéndole obhgado á dar alguna respuesta al Papa le dijo que 
escribiese al Papa que su Magestad estaba dispuesto y pronto á hacer 
el uno ú el otro parentesco con la investidura de Flandes, pues el Rey 
se incb'naba mas por el Rey de España que por olandeses cuando serán 
parientes y se tratará del interés de su hierno. Que Toly y el canciller 
participantes y sabídores havían podido colegir que eran de una misma 
voluntad como verdaderamente los ha hallado. 

Que el Embajador de Flandes le ha dicho haberle sido comunicado 
en confianza por el Sr. Zametto que el Rey le ha hablado en esta ma- 
teria con mucha alegría como de cosa casi hecha, y que habiendo de 
embiar á criar la hija á manos del Archiduque y de la Sra. Infanta ten- 
dría gusto de llegarse la vuelta de Cales y pasar alguna vez disfrazado 
á Bruselas. 

Y añade: 

Che per lettere particolari di Spagna si intende che D." Pietro di 
Toledo será la persona che andará in Francia ín compagnía di D." Bal- 



60 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

dasare di Zuñiga. Ma ne TAmbasatore di Spagna ne di Jiandrane san- 
no cosa alcuna per vía di Corte, che andando egli trattará con essi con 
la sólita confídenza che tratta con l'Ambassatore de Fiandra^ il qnale 
ha ordine dall' Arciduca di communicar seco con gran liberta et procu- 
rerá che da tutte le parti si parti con ogni chiarezza et sinceritá.» 



III. 

Carta del Rey al Marqués de Aitona. — De Madrid á 22 de 

noviembre 1608. 

(Archivo general de Simancas.— Estado.^Legajo núm. 1860.) 

Por vuestra carta de los 26 de Agosto queda entendido lo que os 
dijo el Papa de lo que deseaba el Rey de Francia tubiesen efecto los 
casamientos que se han puesto en platica y que habiéndole de tener por 
su mano como lo pide el mismo Rey no puede ser sino cometiéndolo 
ahí á quien lo trate con su Santidad con todo lo demás que acerca desto 
apuntáis, y lo que se os puede responder es que tuvistes harto buena 
ocasión para representar á su Santidad que el embiar yo á D."* Pedro 
de Toledo á Francia nació de haberme hecho decir por medio de su 
nuncio la proposición que á su Santidad se le habia hecho de parte de 
aquel Rey en materias de casamientos, y que al mismo tiempo que 
trataba desto hizo liga' con los rebeldes, cosa tan contraria que me 
obligó á embiar á D." Pedro á resentirme con el dicho Rey y que 
supiese las causas que le habia movido á una resolución tan contraria 
á lo que habia propuesto á su Beatitud, pues no le habia yo dado nin- 
guna como vos lo habéis visto por la copia que os emhio de la comisión 
de DJ" Pedro (1) el cual cuando haya apurado lo que á esto toca, y 
visto lo que responde el Rey de Francia responderé á lo que agora me 
proponéis de parte de su Santidad sobre la misma materia, y pues por 
lo que D." Pedro os ha avisado habéis visto que aquel Rey ha negado 
lo que primero habia dicho á el nuncio de su Santidad fuera bien que 
se lo representaredes y a lo que ésta manera de proceder le obligaba y 
que no debia su Beatitud dejarse engañar de hombre que lo que dice 
un dia niega otro, y cuando os hablaren en estas materias justificando 
mi causa descubriréis á su Santidad las marañas del Francés para que 
vea lo poco que se puede fiar de su modo de proceder, que en esto os 



<1) No está. 



LES MARIAGES ESPAGNOLS. 61 

pudierades haber alargado mas estando enterado de cuan doblado es^ 
y avisareisme de todo lo demás que acerca destas pláticas pasaredes con 
su Santidad. i> 



IV. 

Estado.— Legajo 1860. 

Por otra carta del Bey al Marqués de Aitona de igual fecha que la 
anterior se le dice <rque el Marqués D. Pedro de Toledo habia escrito 
diciendo que allá (en Francia) se niega haber ofrecido el Rey que si se 
concluyese el casamiento del Infante D. Carlos con su hija segunda ce- 
diéndole los Estados de Flandes, él haría que los rebeldes se redujesen 
á la obediencia de nuestra santa madre Iglesia y de sus Príncipes. Que 
conforme estas noticias con las indicadas por el nuncio combenia que 
apurase esta verdad hasta saber de positivo lo que el dicho Rey ofreció 
acerca desto. Que advirtiese á su Santidad que la ida de D. Pedro á 
Francia se fundó en lo que su Beatitud dijo por medio de su nuncio y 
que caminando en esta plática en conformidad de lo que el Rey de Fran- 
cia ofreció de religión y obediencia por el casamiento y cesión de los 
dichos estados holgaría que se haga y daría la seguridad que conviniere 
de su parte para el cumplimiento de ello , como también el Rey de 
Francia debia dar la suya; y que para ello procurase con la instancia 
que el caso pide que el Papa lleve adelante lo que en esta materia co- 
menzó avisando de lo que hubiere y á D. Pedro dfr Toledo.» 



V. 

Archivo general de Simancas.— Estado.— Legajo 1860. 

En despacho del Rey Felipe III al Marqués de Aitona, embajador 
en Roma de 16 de Noviembre de 1608 hay el párrafo siguiente: — 
«También he visto lo que el Papa os dijo de que con todo lo que él di- 
cho Rey (el de Francia) ha negado á D. Pedro de Toledo, en materia 
de casamientos le habia asegurado su embajador que su amo ayudaría 
las paces de Flandes con veras y que deseaba mucho los casamientos, 
y con ésta ocasión fuera justo que le respondierades, pues sabiades todo 
lo que habia pasado, que la habia tenido su Santidad muy buena par& 
resentirse de que habiéndole puesto el Rey de Francia por medianero 
para tratar de matrímonios entre mis hijos y los suyos, negase después 
todo lo que habia dicho mostrando en ésto, como lo habia hecho en 
otras cosas, el poco respeto que le tiene, y así stjrá bien se lo digáis y 



62 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

le advirtáis que al mismo tiempo qne sa embajador le habló en ésto 
estaba embiando gente escogida á los rebeldes (como se os avisa en 
otra) para que vea lo que se puede fiar de tal modo de proceder, que 
pues su Santidad lo disimula y sufre no es mucho que se le atreva.» 



VI. 



Estado.— Inglaterra.— Legajo núm. 2513. 

El Embajador de Inglaterra, D. Pedro de Zúñiga en 30 de Julio 
de 1608 decia al Eey Felipe III «que habia entendido las platicas y 
juntas que el Embajador de Francia que allí residía tubo con el para 
manifestarle que su amo le encargaba diese cuenta al Bey de Inglaterra 
de la embajada que habia llevado D. Pedro de Toledo para tratar de 
casamientos de sus hijos que aunque le podían estar bien, todavía de- 
seaba correr su fortuna con él, y saber si se podía asegurar de qne en 
Inglaterra ayudarían vivamente á los rebeldes de manera que con es- 
fuerzo pudiesen volver á las armas y holgara de tratar alli de casamien- 
tos de sus hijos para cuando tengan edad y que convenía luego dalle 
respuesta para poderla el dar á D. Pedro de Toledo, y á este propósito 
dice que aquel Rey hizo poca instancia en ello. El consejo fué de pa- 
recer que se escribiese á D. Pedro de Zúñiga que podia responder que 
D. Pedro de Toledo no llevó orden de tratar de casamientos sino en caso 
que le hablaran de ellos por haberse movido ésta plática de parte del 
Rey de Francia por medio del Papa aunque agora lo niega por que va 
en todo sobre falso y con intento de engañar.» 

En otra de 17 de Diciembre de 1609 D. Pedro de Zúñiga manifiesta 
al Rey Felipe III «que el Embajador de Inglaterra residente en Fran- 
cia al despedirse de aquel Rey le pidió le dijese lo que habia en mate- 
ria de casamientos para decirlo á su amo, porque habia rumor de que 
se tratabaí uno con España y otro con Saboya. Que el Rey le respon- 
dió que era verdad que en esta materia se tenían discursos, pero sin 
conclusión alguna; que confesaba que estaba su corazón muy inclinado 
á estos parentescos por ser los mas honrados y poderosos de toda la 
cristiandad y que el que pudiera hacer con Inglaterra no habia lugar 
por qué su amo con este nuevo libro (1) habia desviado mucho de si los 
corazones de todos los Príncipes católicos y que aunque él por el amor 



(1) Un libro que publicó contra el Papa llamándole el ante-cristo. 



LES MARIAGES ESPAGNOLS. 63 

que le tenía, había procnrado mitigar el ánimo del Papa, habían llega- 
do las cosas á tal término que ni él ni otros podían continuar estos 
oficios (1).» 

VIL 

Las embaxadas célebres de los Duques de Humena, y de Pastra- 
na, para la conclusión de los casamientos del Rey de Francia 
Luys XIII y del Principe de España Felipe IV. 

(Códice H. 50 Ms. de la Biblioteca Nacional, pág. 51.) 

Tratado etc. 

Para este día (22 Agosto segunda Audiencia) dexo el duelo la Corte 
de España (fuera del Bey) haziendo lo mismo el de Humena, y les de 
su compañía. 

Entre los acuerdos se expressaua: Que la Infanta renunciaua peder 
suceder ni sus hijos, ni descendientes en ningún Estado de Españaj, sino 
en dos casos solamente: quedando ella viuda de Luys XIII boluiendo 
á España, y también si por razón de Estado, por el bien público de los 
Reynos de España, y por justas consideraciones se cassase con voluntad 
del Católico Rey su Padre, ó del Principe su hermano. Finalmente con- 
cluydo el acto, y pedida licencia en otra audiencia, se partió el Duque 
para Francia muy acariciado y los suyos con la magnificencia del Rey: 
y el agrado de la mucha cortesía y benevolencia de España. Escriuió 
el Príncipe á Madama Isabel, y el secretario de la primera carta fué 
Don Juan Idíaquez, que dize assí: Señora embídia tengo á Don Iñigo 
de Cárdenas, y que á de ver á V. Alteza primero que yo: pagúemelo 
en tenerme muy en su memoria, que selo meresco por tenerla á V. Al- 
teza en la mía. Espero en Dios, muy breue se certificara á Y. Alteza 
deste amor, y verdad mía, yo deseo que sea luego. 

Hizo su vistosa entrada (Pastrana) por la puerta de San Jaques con 
este orden, los clarines españoles con cotas de armas de tela de oro, y 
encarnado con las armas del Duque Embaxador; ochenta y ocho aze- 
milas con reposteros de tapizeria, y armas del Duque y las de su com- 
pañía: los Caualleros y criados costosissimamente vestidos, siete azemi- 



(1) Debo estos documentos con sus extractos á la diligencia é ilustración de mi dis- 
tinguido amigo D. Francisco Díaz, archivero interino del general de Simancas. Con 
las anteriores cartas paréceme que queda clara la cuestión de matrimonios y doblez 
de Enrique IV, así como que de él partieron las proposiciones de matrimonios. Tam- 
bién cae por tierra lo aseverado por M. Perrens sobre las instrucciones de D. Pedro 
de Toledo y sobre otras muchas cosas expuestas por dicho autor hasta el punto de 
constituir por sí solas la mejor refutación de su libro. 



04 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

las con reposteros de terciopelo carmesí, bordados de oro y plata; diez 
correos, treinta y ocho azemilas con los guarda joyas, sesenta y oclio 
personas con los oficios de sa cámara en postas; luego en su segui- 
miento dos clarines, y catorce pages del Duque de Neuers en canallos 
españoles, y la librea española, después doze clarines del Rey con ca- 
sacas de terciopelo blanco, veinte caualleros españoles, vestidos de tela 
de oro y plata, cada vno en medio de dos Señores Franceses, y los 
principales eran los dos hermanos del de Pastrana, Don Francisco, y 
Don Diego de Silua, el Conde de Galue, dos Marqueses, dos deudos 
del Duque Don Antonio y Don Pedro de Silua, Don Sancho de Leyuas 
Don Juan Maldonado, Don Antonio del Águila, el adelantado del Rio 
de la Plata, Don Manuel de Meneses, Don Rodrigo Herrera, Don 
Alonso de Luna, Don Gabriel de Chañes, y Don Fernando de Leiua, 
y otros Caualleros. Después el Duque de Pastrana brillante de oro y 
pedrería sobre vn brioso y bien enjaezado cauallo, y el Duque de Neuers 
á mano izquierda. Con esta Magestad entró en Pfiris, y fué hospedado 
en la Rúa de San Antonio en la casa de Rochelaura. 



VIH. 

La Embaxada q\ie hizo a Francia el Buque de Pastrana para la 
conclusión del casamiento del Principe de España Felipe IV. 

(Códice H. Ms. de la Biblioteca Nacional, pág. 55.) 

Tres dias antes que llegasse a Paris el Duque de Pastrana, fue la 
Reyna auer la composición, y aderezo de la casa de Rochelaura. La 
misma tarde que llegó ala posada, visito al Duque de parte del Rey 
Mos el Grande (que es cauallerizo mayor) acompañado de mucha No- 
bleza, y cantidad de hachas blancas por ser de noche. El Jueues a 16 
de Agosto alas dos después de medio día embio Mos el Grande de parte 
de sus Magestades al de Pastrana treinta canallos con gualdrapas de 
terciopelo negro, y seis carrozas, las dos a seis cauallos, las otras dos a 
quatro, y las vltimas a dos. Después salió a acompañar al de Pastrana 
el Duque de Guisa con sus dos hermanos el Principe de Zoinville, y el 
cauallero de Guisa, su primo el Duque de Elbeuf, los Marqueses de 
Nermoustier, de Nesle, y de la Yaleta, los Señores de Crequi, de San 
Luc, de Bassompicrre, y de Termes, y mucha Nobleza, todos con cos- 
tossisimas galas. Halló al de Pastrana con la Nobleza Española, todos 
acanallo, y mucha vizarría, y con gallardo orden llegaron a Loure, lle- 
nando el de Guisa la mano izquierda. Estañan en la puerta del Palacio 
con buen orden el Capitán de la Guardia con sus Archeros en dos hf- 



LES MARIAGES ESPAGNOLS. 65 

leras, el gran Preuoste, sus Lugartenientes con los demás Archéros, j 
la compañía ordinaria de los Suyzos. En la gran Sala hizieron la misma 
assistencia el Capitán de las Guardias, sus Tenientes j Archeros y fue 
receñido el Duque del Conde de Suisons, estando los pages de la pe- 
quena, y grande caualleria tendido a lo largo de aquella sala con ha- 
chas de cera blanca encendidas: y entro por la Cámara del Rey en la 
Galería, en donde la esperaua. En los dos lados desta Galería auia vn 
palenque vestido de alfombras y por el contomo los pages de los Reyes 
también con hachas encendida?. De frente auia una tarima bien leuan- 
tada, cubierta de una alfombra de terciopelo violado, sembrado de flor 
de lises de oro y vn dosel de la misma forma, y arrimadas dos sillas, la 
del Rey de terciopelo, azul, y la de la Reyna de terciopelo negro, á mano 
izquierda con muchas Princesas y Damas. Estando el Duque en la Ga- 
lería, y los suyos arrimados alos Palenques con pla9a para los Caua- 
lleros, se detuuo vn poco hasta que el Mariscal de Bois Daufin le hizo 
passar adelante. Hechas sus cortesías presentó al Rey vna carta, di- 
ziendole: Que el Rey su Señor le auia embiado para assegurar a su 
Magestad de su afición y estimación que hazia de la suya. Entonces el 
Rey le abraco y le respondió: Yo agradesco al Rey de España mi her- 
mano su buena voluntad, la mía estava siempre dispuesta a honrrarle 
como a padre y amarle como a hermano. Puede as segurarse bien la in- 
fanta de mí entera afición a su seruicio, y de que la amare perfecta- 
mente. Y también se assegure Mos el Principe de España que le tengo 
de amar con toda afición como a hermano proprio. Haziendo el Duque 
yna cortes reuerencia, boluiose ala Reyna, y con grandes sumissiones 
le presentó otra carta. Después de muchas razones y cortesías pidió el 
Duque licencia para besar la mano a Madama la infanta. Llenóle el de 
Guisa por otra Galería ala antecámara, donde le reciuieron los quatro 
Mayordomos, y le acompañaron hasta donde estaña Madama assentada 
en vna silla baxa debajo de vn dozel de terciopelo carmesí, con franjas 
de oro, vestida con ropa encarnada, bordada de oro, y mucha pedrería, 
' pendiente al pecho vna cruz de inestimable valor, con vna sarta de per- 
las gruessas, con el aderepo de la cabe9a vistoso y rico, dando estima- 
ción a todo esto su rara hermosura. Haziendo el Duque tres reuerencias 
la besó la mano, y entretanto que hazían lo mismo los Caballeros Es- 
pañoles, hizo vna cumplida visita á su hermano y hermanas, y acabados 
los cumplimientos se boluió asu casa ton el mismo acompañamiento que 
salió della. 

El sábado á 25 de Agosto día de San Luys Rey de Francia le seña* 
laron al Duque para darle la segunda audiencia, en que se auia de leer 
y firmar el contrato del Matrimonio. Tomó á su cargo el Príncipe de 
Conty acompañar al Duque á Palacio, y assí alas cinco de la tarde fue 

TOMO IV. 5 



66 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

por el, y dentro de la carroza del Rey y el Embaxador ordinario con 
Mos de Bonnenil hizieron sn camino, siguiéndoles veinte y cinco carro- 
zas llenas de Gaualleros Españoles y Franceses, todos con nnenas j 
vistosas galas y quarenta pages del Duque, todos con libreas costosis- 
simas. Llegando á Loure, entró en la.galeria, donde le esperanan el 
Rey con la Reyna su madre, la Reyna Margarita, Roberto Obispo de 
Montepulciano, Nuncio de su Santidad, el Marques de Boti Embaxador 
de Florencia, los Principes déla Sangre, y otros Señores con las Da- 
mas déla Corte. Después de auer hecho el Duque sus reverencias, y 
tomado su puesto, mandó la Reyna á Villeroy leyesse los acuerdos del 
casamiento de Isabel con el Principe de España, firmados por el Rey, 
el Duque de Pastrana y la Reyna madre, recibió al acto el Señor de 
Seaux Secretario de Estado; bolniendolo á entregar al Señor de Ville- 
roy; y con esto se boluió el Duque á su casa con el mismo acompaña- 
miento. Al otro dia Domingo á 26 de Agosto celebró el snrao la Reyna 
Margarita Real y magestuosamente assistiendo a el sus Magestades, 
Madama Isabel, las Princesas y Grandes del Reyno. Los primeros que 
dan9aron fue el Rey con su hermana Isabel, después el Cauallero de 
Luisa con la Duquesa de Vendosme. Madama Isabel danyó vn canario 
con el Duque de Elbeuf. Mos de Bressieux la gallarda con la Duquesa 
de Aumalla: y con la misma el Duque de Pastrana: y el después con la 
Princesa de Conty, y la Princesa con el segundo hermano del Duque: 
este con la Duquesa de Guisa, y su Excelencia con el otro hermano, que 
dangó después con la de Vendosme, y su Excelencia con el caballero de 
Guisa. Y la Reyna madre mandó al Duque de Pastrana sacasse á dan- 
9ar á Madama la Princesa de España, que se reuzó, diziendo: que en 
España no acostumbraban los Grandes y Señores danyar con las Prin- 
cesas, e Infantas: y la Reyna madre, por escusar porfías, mandó ala 
Princesa sacasse al Duque, como lo hizo. Y finalmente se acabó el dan- 
zar con vna folia, en la qual entraron Madama Isabel, el de Pastrana^ 
la condesa de Soissons, el Principe de Jonuille, y los demás con las de- 
mas Princesas. Diose remate al sarao con vna colación esplendidissima. 
Boluiendo las visitas el de Pastrana, y haziendo otras cumplidas alas 
Princesas, despidióse délos Reyes, de Madama Isabel, y de sus herma- 
nos: y después auiendo embiado delante la mayor parte de su compañía 
a Orleans, se partió de París con quatro carrozas del Rey, Comió en 
Corbéil, y durmió en Fontaineblaü, passo por Orleans á 25 de Setiem- 
bre llego a Burdeos, donde hallo al Duque de Humena, que se visita- 
ron. Al otro dia de mañana se partió el de Pastrana para la corte de 
su Rey, y el de Humena t^mó la posta para París á donde llegó pri- 
mero de Octubre y fue recibido de todos los de la casa de Lorena y otros 
Principes con mucha alegria. 



LES MARIAGES ESPAGNOLS. - 67 



IX. 

Relación del Desposorio que se celeiró en la ciudad de Burgos en- 
tre la Serenisima Princessa de Espafia Dofía Ana y el Chris- 
tianissimo Principe Luis de Francia. 

fCódice H. 50. Ms. de la Biblioteca Nacional, pág. 385.) 

Domingo día de San Lucas 18 de Octubre de 1615 anos a las once 
del día salieron de sn Palacio que es la cassa del Condestable de Cas- 
tilla tiene en la Ciudad de Burgos. Iba la Eeal Magestad del Bey Don 
Phelipe 3.° acompañado de sus hijos, y Príncipes, y Grandes de su Corte 
en esta manera. Toda la guarda española, y Alemanes con sus capita- 
nes, que eran el de Camarassa, y el de siete Iglesias y sus Tinientes Al- 
férez y demás ministros y todos con libreas nueuas y muy ricamente 
aderezados, y acabada la guardia yban los Atabales trompetas, y menes- 
. triles, y luego 4 Reyes de Armas. Tras ellos comenzaron los Caualle- 
ros Duques, Condes, y Marqueses y embajadores que serian en todo 
hasta ciento ricamente aderezados sus personas, y cauallos con vesti- 
dos Yordados, y llenos de muy ricas joyas, y pedrería, de tal manera que 
algunos señores como era el Almirante de Castilla, el de Velada, Sal- 
daña, Peñafíel, el de los Arcos, el de Mirabel, y otros, era necesario yr- 
les ayudando a tiempos a leuantarles las capas por el mucho peso que 
tenian. Los cauallos yban con sus gualdrapas cabezadas y colas borda- 
das sobre terciopelo negro de la mesma manera que las capas y muy 
largas y cumplidas las gualdrapas, y demás aderezo que parecia que los 
cauallos tenian harto que llenarlos con sus dueños enzima, y los que 
yban en esta forma serían hasta 24. Sin los demás que yban ricamente 
aderezados, que por todos serian los ciento que esta dicho. 

Todos estos señores Ueuauan a ocho, y a doce Paxes, y otros tantos 
lacayos con muy ricas libreas de diferentes sedas y colores, con mucho 
oro y bordadas algunas y con cadenas, y otros aderezos de oro que huno 
mucho que ver. Estos Señores yban por su orden hasta llegar a la Car- 
roza de la Keyna, tras ellos yba la Catholica Eeal Magestad del Bey- 
Don Phelipe en yn cauallo ricamente aderezado, yba vestido calza, y 
coleto de Basso blanco, y capa de terciopelo negro guarnecida con vo- 
tones de oro y lo mismo la gorra con su tusón al cuello, y a sus lados 
junto a los estribos sus cuatro cauallerizos. Y luego yba vna carroza 
muy rica de brocado por dentro, y fuera bordada con grande pedrería, 
y cíanos, y ruedas, y toda la madera por dentro, y fuera bordada muy 



68 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

ricamente, la qnal llenanan seis canallos alazanes Napolitanos maj 
grandes con ricos aderezos bordados, do terciopelo carmesí sobre qae 
estaña lo bordado: esta carroza lleuana ilos cocheros, y dos mozos de 
coche vestidos de terciopelo carmesi bordado de oro mny cumplida- 
mente. En ella yba el Serenísimo Principe Don Phelipe 4 y su hermana 
la Princesa Doña Ana Reyna de Francia a la cabecera y enfrente los 
Infantes Don Carlos, y Don Fernando, y en medio la Infanta Doña 
Margarita ricamente aderezados, como para tal ocasión. 

Sn Magestad de la Reina yba vestida de nacarado vordado y lo mis- 
mo el Principe y Infantes junto a esta carroza, yba el Marques de Ve- 
lada mayordomo mayor y el Duque de Uceda, ayo del Principe y al- 
derredor della muchos caualleros, y Señores y quatro maceros con ce- 
tros Eeales. Luego el Embajador de Francia ricamente aderezado en yn 
cauallo muy galán como los grandes. 

Luego yba el Duque de Lerma en vna silla muy ricamente aderezada 
y era de brocado bordada por dentro y fuera acompañado de muchos 
caualleros a pie, y a cauallo, yba por esta forma por estar indispuesto 
de tercianas. Luego yba la camarera mayor de la Reyna, y lá muger 
del Embajador de Francia. Tras esto yba en vna carroza el Padre Con- 
fesor de Su Magestad y sus compañeros. Y otras carrozas de Damas y 
mugeres de Grandes, ricamente aderezadas que serian hasta doce co- 
ches, y en cada vna dellas dos y quatro señores de titulo ricamente ade- 
rezados como los de adelante. 

Con este acompañamiento y fauorecidos del buen dia que les hizo 
llegaron Sus Magestades a la Sancta Iglesia metropolitana de la Ciu- 
dad de Burgos donde estaña el Arzobispo y Nuncio, y el Cabildo, y 
Capellán Real y Capellanes de la Capilla Real y otros muchos señores 
esperando sus personas Reales, fueron con mucha música a la Capilla 
mayor adonde estaña hecho vn tablado muy grande que tomaua toda 
la Capilla donde estaña la cortina, como suele ponerse. Sentóse el Rey 
el primero en su silla, y luego la Reyna, y luego el Principe y los In- 
fantes y Infantas en Almoadas de terciopelo. Dijo el Arzobispo la mis- 
sa, y acabada celebraron los despossorios entre el Duque de Lerma en 
nombre del christianissimo rey de Francia con la serenissima Princessa 
de España. 

El Arzobispo fue el Cura, y acabados y auiendose cantado mucho, y 
hecho muchos regocijos por los músicos se salieron todos, y se pusieron 
en sus canallos y carrozas, como auian venido. Su Magestad honró mu- 
cho al Arzobispo porque al salir de la Iglesia, le echó los brazos, y se 
rió con el con mucho gusto mostrando el mucho que tenia en esta oca- 
sión. Bolbieron por las mismas calles por do se auian ydo que son la 
Plaza ) y Cerr ajeria, y Saomental, las quales estaban muy ricamente 



LES MARIAGES ESPAGNOLS. 69 

aderezadas con grandes colgadaras de grande yalor^ como para seme- 
jante ocasión. 

Comió Su Magestad en público con la Reyna, y el Príncipe gustando 
mucho de que la gente le viesse, y con auer alguna licencia en las 
Puertas, entraron mas de 600 personas averíos, sin los Grandes, y de- 
mas señores que sernian ala mesa. Las Damas estañan á la mano de- 
recha, todas en pie arrimadas ala pared, y con ellas algunos señores 
hablando. El Arzobispo hecho la bendición ala messa, el qual, y el 
Nuncio, y el Embajador de Francia, y todos los Grandes estuuieron en 
pie mientras duró la comida y el de Velada, como mayordomo mayor 
estaña junto ala silla del Rey, y el de Uceda como ayo junto ala del 
Príncipe arrimados ala pared debaxo del dosel.de los Reyes auia qua- 
tro músicos. Menestriles, Cantores, Vigüelas de arco. Vigüelas guitar- 
ras, Rabeles, y arpas, y cantauan algunas letras muy buenas en ala- 
banza de la Reyna que parecía cosa del cielo. 

A la tarde huno sarao publico que fue mucho de ver, ala noche lu- 
minarias y muchas inuenciones de fuego. El sábado antes auia anido 
vna mascara de treinta y seis caualleros todos de Burgos con ricas li- 
breas bordadas de tela de oro y con gran música corrieron delante de 
Palacio y del Embajador de Francia, y otras partes, yban en quatro 
quadrillas vestidos la vna Española, y otra francesa, y otra Alemana, 
y otra Portuguesa, y todos muy al proprio como si de las naciones di- 
chas fueran. Lunes huno toros, y juego de cañas con capa, y gorra muy 
bien corridas, que las fiestas Reales se guardaron para la vuelta. 



IV. 



HEBREOS DE BARCELONA EN EL SIGLO IX. 

El Cali (Snp) antiquísimo, ó aljama y barrio hebreo de Barce- 
lona, estaba dentro de los muros romanos; y adherido á ellos en- 
tre las puertas del Oeste y del Norte, dominaba la rambla ('¿Lj) 
del Monjuí (monte judaico). Esto explica la acción que apuntan 
los Anales Bertinianos sobre el año 852: «MauriBarcinonam, ju^ 
daeis prodentihus^ capiunt; interfectisque pené ómnibus chri- 
stianis et urbe vastata, impune redeunt,» 



70 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

Del mismo siglo y del imperio de Carlos el Calvo (25 Diciembre 
875-6 Octubre 877), cuando fué consagrado Frodoino obispo de 
Barcelona y reparaba su Catedral, es el diploma que trae el Liber 
cartarum Sedis Barchinonensis (1), y mal copió Diago de quien 
pasó á Florez (2). El original dice así: 

(s^Littere sunt karoli regia f rancie y qui laudavit fidelitatem barchinonen- 
8ium civium et misit pecuniam ad reficiendam ecclesiam. 

In nomine sánete et individué trinitatis karolus eiusdem dei omnipo- 
tentis in ecclesia imperator augustas. Ómnibus barchinonensibus, pecu- 
liaríbus nostris, salutem. 

Sciatis quoniam superno muñere congrua prosperitate valemus. Apud 
vos quoque ut et id ipsum maneat valde desideramus. Plurimas autem 
vobis grates ref erimus, eo quod in nostram fidelitatem semper omnimodis 
tenditis. Venit denique Judas hebreus, fidelis noster, ad nos ; et de vestra 
fidelitate multa nobis designavit; unde vestre ñdelitati condignam remu- 
nerationem et decens premium referre parati sumus. t)e nostre igitur fide- 
litatis assiduitate nullomodo retardetis; set in ea, prout melius scitis et 
potestis , in ómnibus tendentes permaneatis, sicuti hactenus f actum habe 
tis. Válete et sciatis vos quia per fidelem meum Juda cot (3) dirigo ad fro- 
doynum episcopum libras X de argento ad suam ecclesiam reparare. * 

Tal vez Judá el catalán fué platero ú orífice. En otra escritura 
(462) del Liber cartarum, fechada en el año 1073, suena « Bonus 
ysaach , cuius pater dudum vocitatus fuit Bonus Ysaach , cuius 
pater nuncupatus fuit ioseph aurifex.» Con éste se ilustra el 
texto de la inscripción leonesa del año 1100 (4), donde aparece 
TH'Tlsrn V1V n ^OV José, hijo del platero Aziz. 

Fidel Fita. 

Madrid , 4 Enero 1884. 



(1) Folio IX, escritura 16. Códice manuscrito de la primera mitad del siglo xiii. 
Existe manuscrito en el archiyo capitular de la Catedral, y allí lo acabo de yer. 

(2) España Sagrada^ t. xxix (2.* edición), pág. 185. 

(8) De la Marca gótica, catalán^ godo, TD*lp> ^cr^J^i en contraposición de francas. 
En el nombre de Cataluña persiste el sonido árabe de la Ootia, ó Qothland de los reyes 
dé Francia. 

(4) Boletín, t. ii , pág. 205. 



MOraiENTO DEL PERSONAL ACADÉMICO 



DURANTE EL SEGUNDO SEMESTRE DE 1883. 



ELECCIONES. 

Señores Académicos Honorarios. 

Sr. Príncipe Luis Luciano Bonaparte, en Londres. 
Sr. Antonio d'Abbadie, en Paris. 
Sr. Dr. A. H. Sayce, en Oxford, 

Correspondientes nacionales. 

Sr. D. Federico Baraibar, en Vitoria. 
Sr, D. Antonio Rubio y Lluch,,en Barcelona, 
Sr. D. Rafael Bocanegra y González, en idem. 
Sr. D. José Ramos López, en Granada, 
Sr. D. Julián Suarez Inclán, en Madrid. 
Sr. D. Francisco Romero de Castilla y Perosso, en Alcalá de He- 
nares, 
Sr. D. Adolfo Herrera, en Cartagena, 

Correspondientes extranjeros. 

R. P. Serváis Dirks, en Saint-Trond (Bélgica). 
Sr. Dr. Godofredo Baist, en Munich, 
Sr. A. Germond de Lavigne, en Paris. 
R. P, Carlos Smedt, en Bruselas. 
Sr. Anatolio Bamps, en idem. 



72 BOLETÍN DE LA. REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

Académicos fallecidos (1). 

Correspondientes : 

Sr. D. Ramón Ortíz de Zarate, en Vitoria, 

Sr. D. Francisco Miguel y Badía, en Barcelona. 

Sr. D. Andrés Balaguer y Merino, en idem, 

Sr. D. Domingo de Portefaix, en Córdoba, 

Sr. D. Pedro Tercero Urquiano, en Calahorra, 

Sr. D. Manuel Mamerto de las Heras, en Madrid. 

Sr. D. José María Escudero de la Peña, en Alcalá de Henares^ el 

16 de Setiembre de 1883. 
Sr. D. Agustín Juan Maurandi, en Mazarrón, el 26 de Mayo 

de 1883. 
Sr. D. Zacarías Acosta y Lozano, en Madrid (2), el 10 de Abril 

de 1883. - ' 

• Sr. D. Gabino Abadía, en Pamplona. 
Sr. D. Nicolás Taboada y Leal, en Vigo, 
Sr. D. Ramón Depret, en Segovia, 
Sr. D. Hipólito Estatuet, en idem. 
Sr. D. Nicolás Sancho, en Alcañiz, , 

Sr, D. Paulino Álvarez Aguíñiga, en La Habana, 



(1) Se anotan algunos fallecidos antes del segundo semestre del año último; poro 
que no se tenía noticia de ello en la Academia. 
(2; Residió antes en Murcia. 



\ 



. 5 

■i 



CATÁLOGO 



DE LAS 

OBRAS DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

encuacternadas en rústica, 
CON EXPRESIÓN DE SUS PRECIOS EN MADRID Y EN PROVINCIAS. 



24 


28 


90 


31 


86 


40 


30 


34 


60 


7& 


30 


34 



PRECIOS. 
Madrid. Prov. 

RS. TN, 

Memorias de la Real Academia de la Historia.— Log nueve tomos pu- 
blicados 240 27& 

Se venden también sueltos. 

Los TOMOS I, II, IIÍ, IV, V y VI, cada uno 

El tomo VII 

El tomo VIII 

El tomo IX 

Las siete Partidas del Rey D. Alfonso el Sabio, cotejadas con varios 
códices antiguos, y autorizadas por Real orden de 8 de Marzo de 1818 

para los usos forenses : tres tomos en 

Opúsculos legales del Rey D. Alfonso el Sabio: dos tomos en 

Diccionario geografico-histórico de la Rioja y de algunos de los pue- 
blos de la provincia de Burgos, por D. Ángel Casimiro de Govantes. 20 22 
Historia general y natural de las Indias, islas y tierra-firme del mar 
Océano, por Gonzalo Fernández de Oviedo; con las adiciones y en- 
miendas que hizo su autor: ilustrada con la vida del mismo, por don 
José Amador de los Ríos: cuatro tomos á 50 y 60 rs. cada uno, y todos. 2f)0 240 
Memorias de D. Femando IV de Castilla. Crónica y colección diplomá- 
tica: dos tomos 40 48 

Catálogo de Fueros y cartas-pueblas de España 16 18 

Catálogo de las Cortes de los antiguos reinos de España 12 14 

Cortes de los antiguos reinos de León y de Castilla. Se han publica- 
do cuatrotomos.— Introducción.— Primera parte. Un tomo. Cada uno. 60 (55 
Memorial histórico español. Colección de documentos, opúsculos y an- 
tigüedades. Tomos I-XIX: cada uno 14 16 

índice de documentos procedentes de los monasterios y conventos 
suprimidos. Tomo I. — Monasterios de Nuestra Señora de La Vid y 

San Millándela Cogolla 20 22 

Colección de obras arábigas de historia y geografía. Tomo I. Ajbar 

Machmua. (Colección de tradiciones) 30 32 

Tomo II. Crónica de Ebn-Al-Kotiya. Fnpi^ensa. 

Diccionario de voces españolas geográñcas 3 4 

Catálogos de los nombres de pesos y medidas españolas 2 .3 

España sagrada: cincuenta y un tomos. Faltan los tomos II, VII, X, XII, 
XVI, XXII y XXXIII. La Academia tiene acordada la reimpresión 
de estos tomos. 
Los tomos I, III-VI, VIII, IX, XI, XIII-XV, XVII-XXl-XXIII; La Can- 
tabria.— Discurso preliminar al tomo XXIV; los tomos XXI V-XXXII 

y XXXI V-L: cada uno, sueltos 14 16 

Tomando j untos los cuarenta y seis tomos existentes 16 608 

Tomo LI 20 22 

El R. P. Mtro. Fr. Henrique Florez, vindicado del Vindicador de la 

Cantabria: por el P. Mtro. Fr. Manuel Risco 6 1 

Historia del célebre Castellano Rodrigo Diaz, llamado (El Cid Cam^ 

peador); por el mismo P. Risco 8 1) 

Historia de la ciudad y corte de León y de sus Reyes: de sus igle- 
sias y monasterios antiguos y modernos: por dicho P. Risco: dos 
tomos en 16 IB 



PREaOS. 
Madrid. PfOT. 

Memorias de las Reinas' católicas. Historia ^renealogica de la Casa 

Real (ie Castilla y de León: por el P. Karique l''lores: dos tomos en . . 24 "26 

Vida del Rmo. P. Mtro. Fr. Enrique Flores; un tomo 10 12 

Viaje literario á las Iglesias de España: por D. Jaime Villanueva: 

veintidós tomos á 8 y 9 reales cada uno, y todos 170 190 

Ensayo sobre los alfabetos de las letras desconocidas, que se en- 
cuentran en las antiguas medallas y monumentos de Espafia: por 
D. Luis José Yelazquez 10 1 1 

Demostración histórica del valer de las monedas que corrían en Cas- 
tilla en tiempo de D. Knritiue IV, y su correspondencia con los del 
Sr. D. Carlos IV: por Fr. Liciniano Saez 20 22 

Sumario de las antigüedades romanas que huy en España, por D. Juan 

Agrustin Cean-Bermúdf»z 20 .22 

Disertación sobre la historia de la náutica: por D. Martín Fernández 

de Navarrete 12 14 

Memoria historico-critioa sobre el gran disco de Teodosio: por Don 

Antonio Delgado 8 9 

Elogio histórico de D. Antonio de Escaño, teniente general de marina 
y regente de España en ISIO: por D. Francisco de Paula Quadrado y 
De-Roó...., 10 12 

Colección de Discursos leídos en las sesiones públicas para la recepción 

de Académicos de la Historia, desde 1852 á ISo" 24 20 

Las Quinquagenas de la nobleza de España: por el Capitán Gonzalo 

Fernández de Oyiedo. Tomo I 50 54 

Don Diego de Peñalosa y su descubrimiento del reino de Ouivira; 

por el Capitán de Navio D. Cesáreo Fernández Duro 12 14 

Colón y Pinzón.— Informe relativo á los pormenores del descubrimiento 
del Nuevo Mundo; por el capitán de navio D. Cesáreo Fernández 
Duro 2í) 22 

Boletín de la Real Academia de la Historia. Tomo I y II (cada tomo). 30 34 

Don Rodrigo de Vlllandrando, Conde de Ribadeo. Discurso histórico; 

por D. Antonio María Fabié 8 {* 

OBRAS PREMIADAS. 

Historia del Combate naval de Lepante, y juicio de la importancia 

y consecuencias de aquel suceso: por D. Cayetano Rosell 10 12 

Examen critico-histórico del inñujo que tuvo en el comercio, industria 

y población de España, su dominación en América: por D.José Arias 

y Miranda 8 if 

Juicio critico del feudalismo en España: por D. Antonio de la Esco- 

sura y Hevia ti 1 

Memorias sobre el compromiso de Caspe: por D. Florencio Janer lü 12 

Condición social de los moriscos de España: por D. Florencio Janer.. 12 14 

Monda Pompeiana: por D. José y D. Manuel Oliveí* Hurtado 24 '26 

Juicio critico y significación politioa de D. Alvarc de Luna; por 

D. Juan Rizzoy Ramírez 16 IR 

Estado social y politice de los mudejares de Castilla: por D. Francisco 

Fernández y González 16 18 

Historia critica de les falsos cronicones: por D. José Godoj' Alcántara. 16 18 
Noticia histórica y arqueológica de la antigua ciudad de Empo- 

rion: por D. Joaquín Botet y Sisó 20 22 

PUNTOS DE VENTA. 



Las obras de la Academia se venden, á los precios marcados en este Ca- 
tálogo, en sas almacenes y despacho, calle de León, núm, 21 cuarto bajo. 

También se hallan de venta en Madrid, en las librerías de Sánchez, 
Carretas, 21; Bailly-Bailliére, plaza de Santa Ana, 10; San Martín, Paerta 
del Sol, 6, y Carretas, 39; y en la de Murillo, Alcalá 7; en Bilbao, en la 
de Dolmas: en Málaga, en la de Moya. 

A los señores libreros que tomen cualquier número do ejemplares se les 
hará una rebaja conveniente, según la costumbre recibida en el comercio 
de librería. 





boletín 



DE LA 



REAL ÁGÁDEIUIA DE LA HISTORIA 




TOMO IV. — CUADERNO II 



FEBRERO.— 1884. 







.V 



MADRID: 

IMPRENTA DE FORTANET, 

CALLE DE LA LIBERTAD, 20. 
■1 88A. 




SUMARIO DE ESTE CUADERNO. 



PÁ68. 

Noticias 13 

Infobmes: 

I. Cortes de Barcelona en H3I.— F. Fita 75 

II. Código de los Usajes de Barcelona. Estudio critico, — J. Co- 

rolen . '. 85 

III. Mosaico romano de Belmonte. — V. de la Fuente 105 

IV. Descrii)ción histórica del Paraguay, — J. de la Pezuela 106 

Variedades: 

I. Memoria bistórica, política y económica de la provincia de 

misiones de indios guarauis. (Continuación) 107 

II. Antigüedades romanas de Valencia 115 



boletín 



DE LA 



REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 



TOMO IV. Febrero, 1884. cuaderno ii. 



ACUERDOS Y DISCUSIONES DE LA ACADEMIA 



NOTICIAS. 

Dos Académicos de número, los Excmos. Sres. D. Antonio Ro- 
mero Ortiz y D. Antonio Benavides y N&varrete, fallecieron con 
piedad cristiana en los. días 18 y 23 del próximo pasado Enero. 
La Academia ha sentido grandemente su pérdida y acordado 
dignos elogios y honores fúnebres á la memoria del que fué lar- 
gos años su benemérito Director, y del que ilustró la historia li- 
teraria de Portugal y la legislativa de Aragón, 



Por acuerdo y con apoyo del Señorío de Vizcaya se han dado 
á luz en Bilbao los «Discursos filosóficos sobre la lengua primi- 
tiva, ó Gramática y análisis razonada de la Euskara ó Bascuen- 
ce,» que dejó manuscritos su autor D. Pablo Pedro de Astarloa, 
y cedió al Señorío el Sr. D. Mateo de Erro. A esta obra se refiere 
á menudo Astarloa en su «Apología de la lengua bascongada.» La 
edición, salida de la imprenta de D. Pedro Velasco, consta de 
792 páginas en 4.**, y va precedida de una breve Introducción por 
el editor D. Pedro de Mérladet. 



La Academia ha visto con agrado y pasado á informe las si- 
guientes obras, regaladas á su Biblioteca por los autores, socios 

TOMO IV. 6 






74 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

correspondientes en el extranjero: Folk-lore du pays Basque^ par 
Julien Vinson; Zur Diplomatik Silvesters II, von Paul Ewald; 
Les pierres gravees de la Haute Asie: Recherches sur la glyptique 
oriéntale, par M. Joachim Menant; Al-Batalyoúsi (extracto de Ja 
Revue des Études juives^ Octubre-Diciembre de 1883), porM. Hart- 
wig Derenbourg; Codex Cortesianus (manuscrito yucateca, foto- 
grabado y explicado), por M. Léon de Rosny. También ha reci- 
bido de su ilustre socio honorario, Mr. Julio Oppert, Monografías 
que interesan al estudio de la Numismática española en razón 
del tipo ponderal babilonio. Ni menos importan al estudio del 
vascuence la obra que ha dado á luz (1) el académico honorario 
Mr. Sayce, con el título The cuneiform inscriptions of \an deci- 
phered and translafed. La lengua ibérica oriental ó georgiana, la^ 
como se hablaba nueve siglos antes de Jesucristo en la región 
caucásica, se ha descubierto por medio de numerosas inscripcio- 
nes talladas en la piedra con caracteres cuneiformes por los mo- 
narcas indígenas del lag'b de Van. Su estudio comparativo ofrece 
nuevos y cuantiosos datos acerca de las emigraciones hacia el oc- 
cidente de Europa, determinadas por la invasión de la raza arya, 
que al abrirse dichos epígrafes no había todavía sojuzgado la 
Armenia. 



La Academia acordó insertar en su tomo de Memorias que está 
imprimiéndose, la del Sr. Fernández Duro, que tiene por objeto 
documentar con amplitud la biografía del célebre Duque de Al- 
burquerque, y vindicar su honroso comportamiento en la batalla 
deRocroi (19 Mayo, 1643). 

El Excmo. Sr. D. Víctor Balaguer ha hecho presente á la Aca- 
demia del tomo iv de su historia de los Trovadores (2.* edición); 
Barcelona,. 1883. 

El catálogo de obras y objetos recibidos , que debía enriquecer 
este número del Boletín, saldrá en el mes de Julio, á fin de no 
retrasar otras publicaciones más perentorias. 

(1) Journal of the Roy al Society of Great Britain and Ireland, vol. xiv, part. 3, 4. 



INFORMES, 



I. 



CORTES DE BARCELONA (10 MARZO, 1131). TEXTO INÉDITO. 



Asistieron á ellas San Olaguer, arzobispo de Tarragona (1118- 
1137), Ramón Gaufredo, obispo de Vich (1109-1140), Berenguer 
Dalmau, obispo de Gerona (1114-1147), abades y magnates en 
;^randísimo número,. presidiéndolas el Conde de Barcelona Don 
Ramón Berenguer III (1) con su hijo Raimundo, asociado desde 
ia infancia al gobierno supremo (2). Celebráronse con toda so- 
lemnidad en el palacio condal de Barcelona el día 10 de Marzo 
-del año de la Encarnación 1130, que corresponde al 1131 de la 
era vulgar. Así lo testifica el ejemplar original, que vio y copió 
Villanueva en el archivo del monasterio benedictino de San Pe- 
^ro do Roda, cuyas ruinas mirando al mar descuellan ahora 
tristemente sobre el cabo de Creus, mezcladas acaso con las del' 
templo antiquísimo de Venus Pirenéa. Recordáis á este propó- 
sito lo que escribió el sabio autor del Viaje literario (3) : «A este 
mismo año 1130 (de la Encarnación) , pertenece la Junta de con- 
des y obispos en Barcelona, que Florez adelantó al 1125. Al año 
que digo lo pone el original que vi en San Pedro do Roda, donde 
lo copié para mi colección. Y es de notar, que las palabras que 



O) Falleció á 19 de Julio de 1131. 

<2) Bofarull, Los Condesde Barcelona vindicados^ t. ii., pág. 163; Barcelona, 1836. 

^) TI, 227. 



76 boletín de la heal academia de la historia. 

Florez copió para honrar la Sede de Vique ( 1 ) , en el mío hon- 
ran la de Barcelona. Y es que debieron escribirse varios ejem- 
plares, según la variedad de los obispos que asistieron; á cada, 
uno de los cuales en su distrito hicieron juez de los malhecho- 
res que allí se quisieron castigar.» 

Desgraciadamente no he podido hallar el ejemplar original 
que manejó Villanueva, ni la copia que de él sacó. Diez años ha,. 
me [detuve en las poblaciones de Llansá y de Figueras, donde 
quedan restos del archivo de San Pedro de Roda, que examiné. La 
pesquisa fué en balde. Tampoco nuestra Real Academia posee, 
ni recibió el traslado en cuestión entre los documentos y papeles- 
correspondientes al viaje literario d las iglesias de España det 
P. Fr, Jayme Villanueva ^ que había heredado el presbítero Don 
Ignacio Herrera y nos entregó D. Miguel Aparici y Ortiz en vir- 
tud de real orden expedida por el Ministerio de Fomento (2). E» 
el tomo XV del Viaje^ pág. 36-56, discurre largamente el autor so- 
bre el archivo de aquel monasterio; pero del documento que bus- 
camos, con ser de tanta importancia como lo dejó advertido en el 
tomo VI, ni siquiera hace mención. ¿Por qué? ¿Se le habría ex- 
traviado la copia? Así lo pienso. 

Forzoso me ha sido, pues, si había de recobrar el iexto^ acudir- 
á la fuente única, que vio, mas no publicó Diago. En el archivo^ 
dice (3), de la Catedral de Barcelona^ en el primer libro de las 



(1) «Establecieron la inmunidad de las iglesias por sus treinta pasos con pena de- 
600 jsueldos y excomunión contra los violadores: y hay la especialidad de señalar por 
jueces sobre la materia al obispo Diocesano, ó la Sede de Vique en caso de inobedien-^ 

■ cia: Si antem ilH pradones % aut fures pracepto Episcopi aut Canonicornm Vicensis Sedis- 
Justitiam faceré nolueñnt, aut distulerínty tune auctoritate pradicta ¿sedis Episcopi et 
CanonicoruMy haheatur illa Ecclesia absque munitione. Alar^ron la inmunidad á los 
clérigos monjes y monjas, que no lleven armas, y á los bienes de sutf. comunidades^ 
prohibiendo hurtos, incendios ó hacer mal á las caballerías del -viajante, del que va 
al molino, del que labra los campos; y el Conde con su hijo, y los señores dejaron 
en mano de los prelados lo que pretendían sobre las iglesias, cementerios y rentas, 
según consta en el libro i de las Antigüedades del Cabildo de Barcelona, citado por- 
Diago; donde prueba que esto no fué en el año 1115, allí escrito, ni en el de 1135 sino- 
en el de 1125.» España Sagrada, t. xxiii, pág. 197 y 198. 

(2) Noticia de las actas de la Real Academia de la Historia leida en Junta pública étet 
1 de Junio de 1868 por D. Pedro SabaUy académico de número y secretario; Madrid , 1868^ 
página 7. 

(3) Historia de los mctoriosisimos Condes de Barcelona] Barcelona, 1603, fol. 180. 



CORTES DE BARCELONA. 77 

Antigüedades^ fol, cv (11, donde vi todo esto , se halla que fué ello 
^ordenado en diez de Marzo de mil ciento y qüinze. No le faltó á 
Diago cierta dosis de sano criterio : rechazó la fecha del año pro- 
puesta ó viciada por el códice manuscrito; sentó que la genuina 
-debe colocarse entre el principio del arzobispado de San Olaguer 
«(Í118) y la muerte del Conde D. Ramón Berenguer iii (1131); 
imaginó que el error del número xv dimanaba de la omisión de 
■una x; y conociendo perfectamente el estilo catalán de calendar 
los años de la Encarnación añadió: «mcixxv, ó por mejor dezir^ 
según los años de aora, que son los del nacimiento de Christo el 
•deveynte y seys^ siendo verdad, como lo es, que las Cortes se ce- 
lebraron en diez de Margo del dicho año de la Encarnación de 
•Christo. n 

No es cierto , ni es verdad , que las Cortes se celebrasen el año 
1125 de la Encarnación. ¿Pues qué? Por ventura ¿no puede el 
amanuense del Códice mudar una cifra por otra , tan bien como 
suprimirla? 

La afirmación de Diago, que acogió sin examen Feliu , ha sido 
perjudicial al catálogo de Cortes, trazado é impreso por nuestra 
Real Academia (2): 

«1125. Felia, Anales de Catalana, tomo i, pág. 333, dice que en estas 
Oortes se dio forma al gobierno, y se mandaron devolver á la Iglesia los 
bienes usurpados por los seglares.» 

Acogióla asimismo Florez; é hizo arma de ella para reducir á 
límites de tiempo escasísimos el viaje de San Olaguer á Levante. 
Citaré sus palabras (3): 

cTratáronle con honor los prelados del Oriente, en especial el obispo de 
Trípoli y el patriarca de Antioquia; y (el biógrafo del Santo) dice que vol- 
vió á Barcelona en el año mcxxu; pero debe leerse xzv, como prueba lo re- 
ferido basta aquí (4). Entonces, añade, compuso muchas disensiones, y se 
dedicó á obras pías y útiles al público, recobrando para su iglesia de Barce- 



(1) En realidad es ex. 

(2) Colección de Cortes de los antiguos reinos de España, Catálogo^ págr* 133; Ma- 
<dríd, 1855. 

(3) Bsp, Sagr., t. xxix (2.« edición), páginas 265 y 266. 

(4) Eserituras firmadas por San Olaguer, del 24 de Abril de 1123 y 9 Julio 1124. 



78 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORL\. 

lona la décima de la moneda^ y moviendo al Conde á buenas leyes y concor- 
dia con los genoveses. De esto hay las pruebas siguientes: 
Arnaldo Guillen tenia usurpados los diezmos de San Saturnino de Colisa- 
ladellf pero el santo le obligó á volverlos en 7 de Noviembre del afio 48 áéh 
Rey Luis, que fué el año 4425 de Oristo; y asi sabemos que había vuelto 4. 
Cataluña en aquel año. 

Pero otra escritura anticipa meses, refiriendo en 6 de los idus de Marzo^ 
la gran Junta de prelados y señores tenida en el palacio de Barcelona, con 
asistencia del santo arzobispo, de los prelados R. de Vique y 6. de Gerona,, 
según prevenimos en el tomo precedente de Vique sobre el año 4 4 25, y de- 
ella trata Diago sobre aquel año (1). Las iglesias lograron muchas ventaja» 
en sus bienes é inmunidades, lo que sin duda provendría de la eficaz inter- 
vención y valimiento de San Olegario, que como refiere aquel autor, influyó» 
también en componer las diferencias que había entre el Conde de Barcelona 
y la república de Genova. 

Otra escritura del libro i de Antigüedades, folio 200, nombra al santo con- 
firmando la donación que el deán Arnal hizo al sepulcro de Santa Eulalia,, 
dotando una lámpara para siempre. Fecha en 43 de Febrero, an, Incama- 
tionis Domini Mcxxv, sin año del Rey; según cuyos documentos no gastó el 
santo en el viaje á Jerusalen más que el tiempo preciso, para menor ausen- 
cia de su iglesia. » 

Ni'esta úllima escritura, ni mucho menos, la de las Cortes an- 
ticipan meses al 7 de Noviembre de 1125 para el regreso de Saa 
Olaguer desde Jerusalen á Barcelona; pues, como llevo dicho y 
no negaréis, el año de la Encarnación, usado en Cataluña y ea 
toda España, anda una unidad rezagado del nuestro común, (^ 
vulgar, desde el dia 1.* de Enero, y no le alcanza hasta el 25 de 
Marzo. 

Sobre la cuestión que nos ocupa, nadie (que yo sepa), á excep-- 
ción de Villanueva, ha hecho adelantar un solo paso á la crítica» 
Peor que eso, Florez la empujó hacia atrás tomando de Diago lo 
malo, y suprimiendo en parte lo bueno. 

Si tuviésemos á nuestra disposición el ejemplar original que- 
poseian los monjes de San Pedro de Roda , esto nos bastax'ía. 
para dirimir la contienda. ¿Cómo no preferirlo á una copia escrita, 
más de un siglo después y que lleva en su propia frente, ó en la 
fecha que señala, el torpe rastro de amanuense imperito? 



(4) Diagro, según se ha visto, entiende que el año en cuestión es elll26 de la era vul- 
gar, ó 1125 de la Encarnación, á 10 de Marzo. No debía callarlo Florez. 



CORTES DE BARCELONA. 79 

El códice, que Diago y Florcz llaman Libro 1 de las Antigüedad 
des y he compulsado no ha muchos días atentamente, es un enor- 
me Cartidario de pergamino en folio mayor, rayado i punzón 
y á dos columnas, encuadernado con planchas de madera, forra- 
das de cuero rojo y asidas por abrazaderas de cobre. En el dorso 
brilla dorada la inscripción: LÍBER I ANTIQVITATVM. Con- 
tiene más de ochocientas páginas, donde se desarrollan I.iSl do- 
cumentos, ó escrituras de un mismo carácter paleográfico, que 
alcanzan hasta mediados del siglo xiii, si bien están numeradas 
de cifra moderna al margen. El verdadero título de todo el Có- 
dice viene expresado por la rúbrica inicial: «Incipit líber carta- 
rum sedis barchinonensiSy primo continens privilegia regum fran- 
corum. Secundario, privilegia barchinonensium comitum etprin- 
cipum. Tercio, privilegia romanornm pontificum et decreta. Quar- 
to, comissiones. Deinde continet cartas et testamenta donacio- 
num, venditionum, commutationum, laxationum, impignoratio- 
num, infra muros et extra, et d^ territorio. Postea de parochiis (1) 
per ordinem.» 

El documento que buscamos, aparece registrado en el folio i05, 
escritura S56, Lo transcribo, marcando entre iniciales, ó por via 
de nota, las correcciones oportunas. Para mayor claridad y dis- 
tinción numero las leyes ó capítulos. 

«Hec sunt securitates ecclesiarum , clericorumy 
xnonachorum et feriarum, mercatorum, aratorum, 
constitute ab episcopis et comité (2). » 

AnnodominiceincarnationisC." xv"* [corríjase xxx®]*post M,'Vi 
idus marcii, convenerunt O. tarragonensis archiepiscopus, et 
R. Ausonensis et B. gerundensis episcopi, et abbates terre, et 
magnates quamplurimi, in palatio barchinonensi in presencia 
domni Raimundi barchinonensis comitis et marchionis (3), et filii 
eius Raimundi, ad tractandum de comuni utilitate ipsius terre. 

1. Constituerunt namque predicti episcopi cum ceteris mag- 



(1) Esta parte de las parroquias llena otros tres volümenes. 
(8) Bpiffrafe de tinta encarnada. 
(8) Marqués de Provenza. 



80 BOLETÍN DE LA BEAL ACADEMIA DE LA HISTOBIA. 

natibus ut ab ipsa die et deinceps ullus utriusque sexus eccle- 
síam, aut mansiones que in circuitu ecclesie sunt aut erunt, us- 
qiie ad. xxx. passus non invadat, aut infringat, nisi episcopi aut 
canonící, quibus illa ecclesia subiecla fuerit, propter suum cen- 
sum aut jiropter hominem hinc eicieudum excommunicatum. 
Ecclesias autem illas in hac defensione non posuerunt, in quibus 
castella constructa sunt. Eas vero ecclesias, in quibus raptores 
vel fures predam vel furto (1) congrega verint, vel malefaciendo 
exierint, aut illic redierint, tam diu salvas esse jubemus doñee 
querimonia male facti aut proprium episcopum aut ad sedem 
[viccnsem (2)] prius perveniat. Si autem illi predones aut fures 
precepto episcopi et canonicarum [viccnsis] sedis justitiam faceré 
noluerint aut distulerint, tune auctoritate predicte sedis episcopi 
et canonicorum habeatur illa ecclesia absque [im]munitioae. Ule 
autem homo, qui aliter ecclesiam invaserit, aut que in circuitu 
eius sunt usque ad xxx* passus irruperit, summam sexcentorum 
solidorum pro sacrilegii composiljone emendet, et tam diu ex- 
communicetur quousque digne salisfaciat. Siquis tamen intra ip- 
sum cimiterium alodium proprium habuerit, et eo pacto illud ec- 
clesie dodcrit ut habeat iude ecclesia annuum censum pro salvi- 
late in qua episcopus eum posuit resérvala sibi proprietate, pote- 
rit ipse homo in ipso suo alodio distringere hominem suum vel 
feminam do sua iustitia, cum opus fuerit. 

2. ítem placuit ut clericos qui arma non portaverint, aut 
monachos seu sanctimoniales, sive ceteras mulleres aut eos qui 
cum eis ierint aut fuerint, si arma non tulerint, ullus homo non 
invadat nec aliquam eis injuriam faceré presumat. Comunia vero 
canonicorum vel monachorum ullus homo non infringat, aut 
inde non aliquid diripiat. 

3. Similiter conflrmaverunt predicti episcopi et principes ut 
ullus homo in isto episcopatu predam non faciat de equabus vel 
pullis earum; et ut omnes negociatores , qui causa mercandi 



(1) Mantengo el solecismo. Furto es palabra técnica del idioma legislativo que se 
introduce en el texto latino con tanta propiedad como aguayt, tíliscarüy engan^ Hvaga'^ 
en el Código de los Usajes de Barcelona. 

(2) Kn el original de San Pedro de Roda «barchinonensem;» y más abajo «barchino- 
nensis.» 



CORTES DE BARCELONA. 81 

vadunt per terram vel ad forum, et omnes qui vadunt ad molen- 
dinum causa molendi, cum ómnibus suis rebus iii hac pacis 
securitate cum ipsis bestiis et honoribus suis constiluerunt. 
Boves autem et omnes alias bestias aregas cum toto suo apere et 
cum ipso aratore, qui inde araverit, vel pascuis eas duxerit, 
vel custodierit, cum ipso sementé (1), in eadem pace nichilomi- 
nus posuerunt. 

4. NuUus homo audeat incendere doraum vel res alterius, 
nisi sicut scriptum estpro necessitate iusticie cumconsilio ipsius 
episcopi. Quod si aliter presümpserit, sententiam , que super hoc 
a romano pontífice (2) promúlgala est, subeat; et doñee hoc 
facial, sit excommunicatus et abhorainatus ab ómnibus fidelibus. 

5. Quicunque hanc pacem quam prediximus infregerit, et 
lili cui eam infregerit infra. xv. dies in simplum non emendave- 
rit; si dies. xv. transierint, in duplo componat. Quam duplatio- 
nem habeat episcopus ipse qui eam redirigere fecerit. 

6. Predictus queque vcnerabilis comes cum ñlio suo Rai- 
mundo cum Gonsensu et aclamatione magnatum et nobilium 
virorum , ipsi et omnes qui in ecclesiis aliquid requirebant 
dimiserunt in potestate archiepiscopi et predictorum episcoporum 
omnes ecclesias cum alodiis et oblationibus et defunctionibus 
suis, que modo habent, vel habere debent, vel in antea eis inste 
concessa f uerint ; clericos queque et eorum bona et capellanías 
et omnem donationem ecclesiarum , ut ipse archiepiscopus et 
episcopi habeant ea omnia libere et disponanc ea in beneplácito 
suo secundum cañones ad honorem Dei et ipsius ecclesie. Cimi- 
teria queque dimiserunt eis libera, excepto hoc quod siipra scrip- 
tum est, si forte aliquis habuerit ibi alodium suum proprium, 
quod non erit in ipsa salvitate nisi annuum censum ipsi red- 
dierit (3) ecclesie. In parte autem decimarum , quam ecclesie 
habent, ipsi clerici ponant homines suos, qui requirant et acci- 
piant ipsam partem liberam ad opus ecclesie , sicut et decimarum 
laicorum accipiunt suas. Pro illis autem decimis, quas laici 



(1) El ms. añade «qui», 

(3) Inocencio II. 

(3) En lugrar de «reddiderit». 



82 boletín de la real academla de la historia. 

adhuc sibi relinent, facían t ómnibus per. xxi, dios super sarra- 
cenos quecunque suus episcopas eis mandaverít. 

7. Si clericQS tenuerit aliqua alodia servicialia a laico, et 
ipse laicus voluerit amicabiliter dimitiere, habeat ea; sin autem, 
recuperet sibi, dummodo ut laica persona nullalenus habeat 
aliquam dominationem super ecclesiasticam personara vel celera 
bona eius. 

Hasta aquí el Cartulario, Su tipo dimanó de un ejemplar pro- 
cedente de la diócesis de Vich, como lo prueba el primer artículo 
de las Cortes; y por curiosa coincidencia el original que vio Vi- 
llanueva en San Pedro de Roda, monasterio enclavado en la 
diócesis de Gerona, pasó allá desde Barcelona. 

Todas las leyes, ó Constituciones , son eco vivo y claro espeja 
de dos concilios á los que asistió San Olaguer: el primer ecumé- 
nico de Letrán (27 Marzo 1123), que reunió Calixto II; y el de 
Clermont (18 Noviembre 1130) presidido por Inocencio II , cuyo 
canon xiii no figura en el de Letrán y le fué añadido. 

Este canon célebre (1), que las Cortes mandaron guardar y 
cumplir Csententiam , quae super hoc a romano pontífice promuU* 
gata csí, suheatj decide completamente nuestra cuestión cronoló- 
gica. Propuesto asimismo en los concilios de Reims (18 Octu- 
bre 1131) y II ecuménico de Letrán (8 Abril 1139) se insertó por 
el provincial de Lérida (6 Febrero 1173) en los siguientes tér- 
minos : 

m Horrendam quidem inceDdii malitiam , tamquam pestem prae caeteriB 
depopulatrioem , et Del populo damnosam, et non eolam corporibus sed. 
animabus pernícioBam, auctoritate Del et beatorutn apostolorum Petri et 
Pauli omnino detestamur et interdícimus. Quisquís ig^tur post prohibitioni» 
nostrae promulgatíonem malo studio, sive pro odio sive pro vindicta, igneio 
appoBuerit, vel apponi fecerit, vel appositoríbus consilium et auxilium 
sciebter tribuerit, excommunicationi subiaceat, doñee damnum ei coi 
intulerit secundum facultatem suam resarcíerít, et tale scelus nequáquam 
se perpetraturum iuraverit; alioquiu, si mortuus f uerít , ecclesiastica sepul- 
tura careat. Poenitentia eí detur a Jerosolymis ; vel in Hispanias (2) in 



(1) Tejada, Colección de cánones y de todos los concilios de las Iglesias de España^ 
tomo III, pág*. 286. Madrid, 1861.— Sainz de Baranda, España ¡Sagrada^ t. xlvxii, 
pág. 907. Madrid, 1862. 

(2) Ocupadas por los sarracenos. 



CORTES DE BARCELONA. 83 

servitio Dei per annam integram serviat. Sí qiiis episcopus hoc relaxaverit, 
damnnoi restitaat et per annum ab officia pontifícali se abstineat. Sane 
regibus et prÍDcipibas faciendae jastitiae , consultis archiepiscopiB et 
episcopis, facultatem non denegamos. » 

La fecha de las Cortes no es dudosa. El día iO de Marzo, poste- 
rior al del concilio de Clermont (18 Noviembre 1130), y anterior 
al del fallecimiento del Conde D. Ramón Berenger III (19 Julio 
1131), no puede convenir sino al año designado por el ejemplar 
de San Pedro de Roda, el cual por lo visto, era auténtico. 

El carácter legislativo de tan notable Asamblea, su tiempo apro- 
ximado y la gran parte que en ella cupo á San Olaguer, son cir- 
cunstancias que menciona expresamente (1) la Biografía del 
Santo escrita en 1324 y publicada por Florez. * 

Camqne Cathaloniam pervenísset, coepit dimtam Tarraconensem civita- 
tem et templa reaedifícare. Tnnc vocatus a Calixto adíit Lateranense conci- 
lium, in qao multa consilia praestítit salataria et ad erigendas sacras san- 
ctíones. Oumque tantam esset Pontifex intnitns sapientíam, iif Hispaniarum 
regnis suum a latere constítait legatum. Cumque Legati oí ñcio fungeretnr, 
adatítit Comíti Dertosam et Ilerdam oppngnanti; quid vero in illis praeliis 
profíceret, milítiam consolando et sacramentaliter illos confítendo, dizit bel- 
li fortunatus eventus et militan tium ablati abnsus. Ejus autem adventus 
ínter Berengarium Guillelmum et Capitulum Barchinonense pacem pepe- 
rit (2), dam a bello revertitur. Post haeo Jerosolymam, Urbani pontiñcis 
auxilio restauratam, et loca sancta ¡nvisendi amore accenditur; sicque, Bar- 
ohinona relicta, illuc profíciécítur: ut a solis ortn usque ad occasum magna- 
lia Oldegarii annuntiarentur, et per extrema terrae verbum resonaret illius. 
Ivit, locaque sancta invísit lacrymabiliter, et ad reaedifícandum divínum 
templum animarnm multum profecit. Magno cum honore ab ómnibus fuit 
receptus episcopis, a patriarcha praesertini Antiocheno, cum quo aliquos 
conversatns est dies. Postea vero a Tripolensi episcopo maguí habitns, Bar- 
chínonam revertitur anuo Mcxxn [corr, mcxxv]; ubi multas sedavit contro- 
versias et pía loca construxit; et suo consilio decima monétae restituta est 
Ecdesiae Barchinonensi (3) ; et legea sánelas curavit Comitem per genérale 
ConsUium erigere.T) 

Las Cortes (genérale Consilium) no se inspiraron solamente de 
lo decretado fuera de España por los Papas Calixto II é Inocen- 



(1) Esp, Safff», XXIX, 496. 

(2) Por sentencia del 9 de Julio, 1124. 
(8) En 1131. 



84 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

cío II. Alma de ellas, San Olaguer había hecho, un año antes» 
oir su voz en el concilio de Carrión de los Condes (4 Febrero 
1130), cuya parte principal ó leader fué, como cuenta la Historia 
Compostelana (1). Nada nos falta en este concilio de Carrión para 
que podamos llamarla nacional y Cortes del Reinó (2): «In Kar- 
rionensi concilio a Romanae Sedis Legato Cardinali presbytero 
Domno Humberto, archiepiscopis, episcopis atque abbatibus His- 
paniae in unum convocatis, Adefonso etiam Hispaniarum regeet 
multis comitibus aliisque potestatibus praesentibus.» Legislaron, 
como las de Falencia (1129), en virtud de facultades atributivas 
al poder real (3): «Qui falsam monetam fecerint excommunicentur, 
et a Rege eífosionem oculorum pAtiantur.» Mas como quiera que 
por su tenor y espíritu no puedan menos de asemejarse á las de 
Barcelona, casi coetáneas; todavía entre aquellas y estas media y 
se deja sentir cierta distancia. Estas son posteriores y aquellas 
anteriores al dia (18 Noviembre 1130), en que Inocencio II desde 
Clermont, y. de acuerdo con San Olaguer (4), lanzaba contra los 
incendiarios el rayo del anatema. 

Fidel Fita. 

Madrid 4 de Enero de 1884. 



(1) «Postridie rex Adefonsus et ipse Compostellanus cam Romano Cardinali et Le- 
gato et cum Tarraconensí arcbiepiscopo quamdam secretam domum ingressi Bunt, ubi 
quid in concilio essent stabilituri et sancituri studiose providerunt et pertractaveront. 
Quibus praevisis et pertractatis, Fratribus in unum convenientibus, Concilium in 
monasterio santi Zoyli, II nonas Februarii, celebraverunt, in quo multa ad honorem 
et utilitatem sanctae Ecclesiae et Hispani regni pertinentia stabilierunt et conflrmm- 
verunt.» Bsp. Sagr, xx, 497, 498. 

(2) /Wíí., 499. 

(3) Cortes de los antigxtos reinos de León'y de Castilla^ publicados por la Seal Academia 
de la Historia; 1. 1, pág. 38; Madrid 1861. 

(4) «Vocatus tándem a pontifico Innocentio in illo inclementi saeculo, in quo prin- 
ceps Ecclesiae, Christi vicarius, in carcerem est tradítus a pessimo GuiUelmo Cala- 
briae duce, Leoque ferocissimus civis romanus, sub divi Anacleti nomine, Romae an- 
tipapa est factus, etsanctas invadens ecclesias raptor earum est factus qui earum 
impie caput vocabatur (parebant et multi itali, praesertim Berengarius Siciliae Comes; 
cumque familiaris esset Rogerius, imo sanguino sociatus Comiti nostro; et [hoe] non 
obstante, amicitia qua semper Gotalani familiares fllii JScclesiae sanctae fuerunt, nee 
noster Comes impedivit Oldegarium, nec pessimis illis viris voluit umquam auxilium 
praestare): convenit iste solas Hispanus ad sanctum Claromontanum concilium; quem. 
gratitudinis causa et gratanter recepit eum Innocentius et honoribus cumulatam di- 
misit.» Bsp, Sagr., xxix, 498-499. Cf. xx, 509-522. 



CÓDIGO DE LOS USAJES DE BARCELONA. 85 



II. 



CÓDIGO DE LOS USAJES DE BARCELONA. 
ESTUDIO CRÍTICO. 



Antiquiores Barchinonensium leges^ quas vulgus Usaticos ap^ 
pellat: Tal es el título que dieron á este Código consuetudinario, 
el más antiguo de Occidente (1), los célebres jurisconsultos Jaime 
de Montjuich, Jaime y Guillermo de Vallseca y Jaijue Calicio, 
cuya edición, nutrida de copiosos comentarios, se publicó en 
Barcelona el 7 de Abril de 1544, en el establecimiento tipográfico 
del impresor provenzal Carlos Amorós, á expensas de Rafael 
Dauder y Jaime Laceras, libreros de Barcelona. Los eruditos y 
voluminosos comentarios del insigne Jaime Marquilles, el fa- 
moso jurisconsulto barcelonés, vicecanciller del Rey D. Martín, 
el Humano, habían visto la luz treinta y nueve años antes en la 
magnífica edición gótica que termina con estas líneas: Insigne 
hoc atque preclarum opus^ commentarium Jacóbi de Marquilles 
preshyteri süper üsaticis harchinone vigilante cura et diligentia 
emendatum ,. revisumque iussu et impensis magnifici Johannis 
andree Riquer legum doctoris et Judiéis Regie curie et de Regio 
consilio: Impressum harchinone per Johannem luschner alama-^ 
num felici numini Explicitum est, Anno domini M^, d, quinto, 
séptima die Mensis septemhris. 

Además de estas colecciones, que gozan la reputación de clási- 
cas, tanto por la escrupulosa corrección de los textos legales como 
por el gran valor jurídico de sus comentarios, he tenido áLá vista 
para depurar el texto del Código varios ejemplares manuscritos 
que se conservan en el Real y General Archivo de la Corona de 



(1) Los benedictinos de la congregación de Saint-Maur, en su Art de véri/ler les da^ 
teSf lo^eneomian diciendo que es «la compilación sistemática íntegra de usos más anti- 
gua y auténtica que se conoce.» 



86 boletín de la real academia de la historia. 



Aragón. Procede el uno del archivo de la Antigua Generalidad ó 
Diputación de Cataluña; y los otros de la biblioteca riquísima 
del ex-monaslerio de Ripoll. 

Descuella entre lodos ellos, así por el valor y precio de su an- 
tigüedad como por la corrección del texto, el códice señalado con 
el número 38. Es de pergamino, en folio mayor, ádos columnas. 
Encabézalo una viñeta que representa al conde Ramón Beren- 
guer el Viejo^ sentado en trono de majestad, ciñendo la corona, 
empuñando con la diestra el cetro, y manteniendo con la izquier- 
da una espada, que pasando perpendicularmente por entre ambas 
rodillas se apoya en el suelo. Hácele sombra un dosel, donde 
campea el escudo de Cataluña; y al uno y al otro lado del legis- 
lador se apiñan prelados y magnates, armados estos de punta en 
blanco y más cerca del cetro. En la viñeta, por cierto muy tosca, 
brillan los colores encarnado, azul y amarillo claro. Floreada so 
muestra la letra mayúscula capital, y de mayor tamaño que las 
dos siguientes, en tanto que las restantes iniciales del códice son 
sencillísimas. Debajo de la orla inferior de esta primera página, 
destácase de color amarillo un escudo sostenido por dos grifos 
alados, con la divisa, ó salutación angélica, repartida en tres tar- 
jas, ó cartelas: Avemaria gratia plena. Dominiistecum. Benedicta 
tu in mulieribus (1). 

Este códice en su origen, sólo debió constar de 95 folios escri- 
tos; los cuales comprenden el código de los Usajes desde el folio I.** 
al 1 1 vuelto. En el 12 empiezan las constituciones de paz y tregua, 
leyéndose en la parte superior de la página una nota escrita coa 
letra del siglo pasado, que dice: ^Fins asi son continuats los Usat- 
ges de Barcelona^ qui son los matexos que son cominentats per JaU'* 
me de Monjuich, Jaume y Guillem de Vallseca y Jaume CalliciOy 
que son impresos ea un volumen ah titol de ANTIQUIORES BAR' 
ClNONENSIüM LEGES,j> En el folio 20 empiezan las Costum- 
hres llamadas de Pedro Albert, que terminan en el 32, donde so- 
breviene un tratado acerca de los desafíos, que concluye en el 35 
vuelto; siguiendo luego una copia del famoso privilegio titulado 



(1) Dalmacio de Cartellá, de cuya noble familia es la divisa, fué abad de RipoU á 
principios del siglo xv. 



CÓDIGO DE LOS USAJES DE BARCELONA. 87 

Rocognoverunt proceres; y finalmente, desde el folio 41 al 95, una 
serie de Constituciones de paz y tregua. 

De este último en adelante, ya desmerece mucho el códice, no- 
tándose muy marcada inferioridad en el pergamino y mayor des- 
cuido en la letra, cuyas iniciales, no obstante, están escritas con 
tinta encarnada. Al llegar al folio 117 encuéntrase una línea que 
dice: Finito libro, sit laus^ gloria^ cfimío.» 

La detenida inspección de este códice, manifiesta que primero 
se escribió hasta el folio 95; pocos años después del 95 al 117 y 
posteriormente de este al 121. Van añadidas, ó interpoladas va- 
rias constituciones, que al cabo de algún tiempo debieron aña- 
dirse aprovechando los folios que habían quedado en blanco. Des- 
pués del último documento, el cual es la copia en latín, dictada 
por Fernando de Anlequera en 1413, léese: aFinito lyhro syt laus 
et gloria Christo, Amen dyco hohys.)¡> 

Examinado este códice atentamente, resulta pertenecer, en 
cuanto al fragmento comprendido entre el folio 1.° y el 117 al si- 
glo xiv; del folio 117 al 121 á últimos del mismo siglo y lo res- 
tante que está sin foliar al primer tercio del siglo xv. 

Muchos han sido los jurisconsultos catalanes que en diferentes 
siglos han escrito comentarios á los Usajes de Barcelona. Los más 
ilu&tres son: Vidal de Canyelles, Pedro Albcrt y Guillermo Bolet 
en el siglo xiir, Jaime de Montjuich, Jaime y Guillermo de Vall- 
seca, Narciso de San Dionís, Pedro Despens, Pedro Terré, Ber- 
nardo de Ceva, Guillermo Don\enech, Jaime Monells, Jaime 
Cardó,' Jaime Matheu, Jaime Calvet, Raimundo de Área, Beren- 
gucr Vives y Bernardo de Montjuich, en el siglo xiv; Jaime Ca- 
Uís, Guillermo Prepósito ó Despaborde, Juan de Socaríais, Be- 
renguer de Monrabá, Tomás Mieres, Jaime Marquilles y Espera 
-en Dios Cardona, en el siglo xv; Luís de Peguera, Antonio Oliva, 
Berenguer Gualbcs y Jerónimo Dalmau, en el siglo xvi; Juan 
Pedro Fontanella, Felipe Vinyes, Antonio Vilaplana, en el si- 
glo xvir, Pedro Vives y Bienvenido Oliver, en el xix. 



88 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

Usaje Cum Doxninus. 

Constituit et misit usaticos. 

Si se examinan las ordenaciones contenidas en el Código de los 
Usajes, échase de ver que concurrieron á su formación varios y 
muy diversos elementos, pufes al paso que algunos se reducen á 
una mera sanción de los más antiguos usos y costumbres del 
territorio, otros recuerdan la jurisprudencia establecida por los 
tribunales; otros copian la legislación visigoda, aunque sea mo- 
dificándola algún tanto para atenuar su rigor, como aconteció 
con los usajes Si quis se miserit en aguayt, Si quis alíquem per- 
cusserit etc.; y textualmente lo declara el titulado Judicia curise; 
otros la legislación canónica, por ejemplo, el usaje Una queque 
gens, copiado de los cánones Mos, Consuetudo^ con su párrafo 
postrero tomado del canon Privilegia^ el usaje NuUus unquam 
sacado del canon Nullus, el usaje Per scripturam, trascripción 
del canon Prssscripta, el usaje Accusatores^ simple reproducción 
del canon del mismo título, etc.; otros, por último, recuerdan 
las prescripciones del Derecho romano, como el ya citado que 
empieza con las palabras Una quceque gens , trascrito del § 6 del 
título II, libro I de las Instituciones de Justiniano. 

Sin embargo, dióse á estas leyes el nombre de Usatges porque- 
la mayor parte de ellas se habían sacado de los usos y costumbres 
del territorio. Llamáronse Usatges de Barcelona^ ya por titularse 
así el condado, ya por ser la ciudad metrópoli del mismo.' 

Tanto en las leyes de orden político como en las concernienles 
al derecho civil privado se tenía muy en cuenta el elemento ju- 
rídico consuetudinario. Las antiguas Consuetudines tan frecuen- 
temente invocadas por las corporaciones políticas y administrati- 
vas y por los jurisconsultos del Principado , sacáronse casi todas 
de los Usajes; y son una aclaración de los mismos, formando por 
consiguiente un cuerpo de doctrina importantísimo para fijar la 
interpretación que se les dio en la práctica. De ellas hay 14 ti- 
tuladas simplemente Costumbres de Cataluña y 43 tituladas: 
Costumbres generales de Cataluña entre los señores y los vasallos^ 
recopiladas á mediados del siglo xiii por Pedro Albert , canónigo 



CÓDIGO DE LOS USAJES DE BARCELONA. 89 

de Barcelona y sabiamente comentadas por el célebre juriscon- 
sulto Juan Socarrats, cuya obra lleva el mismo título y es precio- 
sísimo tratado de derecho feudal. Otras nueve escribió Pedro 
Albert, alusivo á los casos en los cuales no estaba obligado el 
señor á devolver á su vasallo el castillo ó feudo del cual hubiese 
tomado posesión. Ignórase el origen de estas costumbres; pero es 
lo probable que esta incertidumbre nazca precisamente de su 
carácter especial; pues se requiere una práctica larga y asidua á 
la vez, una prolongada serie de hechos uniformes, una constante 
igualdad de criterio jurídico para que la costumbre, formando ju- 
^risprudencia, llegue á tener fuerza legislativa en la forma que ex- 
presan las leyes si de interpretatione (37 ff. de legih,) y quodsi 
nolit^ (31, § quia assidua, ff, de cedil. edict.) Y que las menciona- 
das Costumbres se hallan en este caso es indudable , desde que 
Juan II en las Cortes de Monzón de 1470 declaró que en Cata- 
luña se guardaba estas Costumbres por observación y práctica 
antigua é inconcusa. 

Existían además otras muchas costumbres , dotadas de fuerza 
legal en varias comarcas , ciudades y villas de Cataluña , como 
las reunidas en la famosa compilación titulada: Recognoverunt 
proceres. Estas son las primeras palabras escritas en |el privilegio 
que Pedro. el Grande otorgó á Barcelona, aprobando y sancio- 
nando sus más antiguas costumbres jurídicas, á tenor de la enu- 
meración que de ellas le hicieron los proceres 6 prohombres de la 
capital del candado. 

Usaje Haec sunt usualia. 

Assencione et exclamatione illorum terre magnatum. 

En el tercer usaje, que es el titulado Cum Dominus, se expli- 
can las razones que impulsaron á D. Ramón Berenguer el Viejo 
á hacer esta compilación; y en el siguiente, que empieza con las 
palabras Haec sunt usualia , se declara cómo el Conde y su es- 
posa Almodis dictaron estas leyes con el consentimiento y acuerdo 
de los magnates de su corte, entre los cuales sólo se contaban los 
vizcondes, valvasores, barones y otros nobles hasta los simples 
caballeros exclusive. Así lo entienden Guillermo de Vallseca y 

TOMO IV, 7 



90 BOLETÍN DE LA BEAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

Calicio sobre este usaje, y en los titulados: Si a vicecomitihus y 
Ex Magnatihus. Y á la verdad, no parece que en aquella asam- 
blea de proceres interviniesen los prelados, ni los represeniantes 
de las comunidades religiosas, ni los síndicos de las ciudades y 
villas. Por esta razón, ya hizo notar Vallseca en sus comentarios 
al usaje Judicium in Curia datum, que hablando con propiedad 
no puede decirse que hubiese entonces Cortes catalanas. Sin 
embargo, claro está que ese aristocrático Parlamento fué el pre- 
cedente histórico , el esbozo y el fundamento de la grande insti- 
tución política, que, más adelante, debía tener una influencia 
trascendentalísima en los asuntos políticos y en el carácter jurí- 
dico y social del antiguo Principado. En el proemio de la cons- 
titución de Paz y Tregua titulada: De las divináis, dictada por 
Alfonso I el Casto, en Fontdaldara, en 1173, léese que el monarca 
tuvo allí consejo y deliberación con varios y muy distinguidos 
representantes del brazo militar y eclesiástico. En 1218, Jaime 
el Conquistador dictó en Vilafranca otra constitución de Paz y 
Tregua, que empieza con las palabras: A honor de Deu omnipo" 
tent; de cuyo texto resulla que se formó con deliberación y con- 
sejo de varios magnates que allí se citan «y de muchos otros no- 
bles de Aragón y Cataluña y de ciudades y villas, y> Desde 
entonces siempre estuvo representado el brazo real ó popular en 
las asambleas políticas de Cataluña; pues cesó la ficción legal 
que atribuía al Trono la representación de las villas y ciudades 
de realengo, y que no quedó subsistente sino para las que se 
hallaban sujetas al dominio feudal, por cuanto éste era el que 
confería á sus respectivos señores jurisdiccionales el derecho á 
sentai'se cu los escaños de la Asamblea. Finalmente, Pedro el 
Grande, hijo é inmediato sucesor de Jaime I, otorgó solemne- 
mente á sus pueblos el derecho de asistir á las Cortes y tomar 
parte en sus deliberaciones y acuerdos, dictando en l^s de Bar- 
celona de 1283 la famosa Constitución Una vegada lo any; con la 
que se obligó por sí y por sus sucesores á celebrar una vez al 
año en Cataluña Cortes generales, en las cuales con asistencia de 
los prelados, religiosos, barones, caballeros, ciudadanos y hom- 
bres de villas, debía tratarse del buen estado y reformación de la 
tierra. 



CÓDIGO DE LOS USAJES DE BARCELONA. 91 

En la remota época de los Usajes no se había fijado aún ninguna 
forma de legislación ni cuándo debían reunirse los representan- 
tes de la nación para tratar con el Trono de los altos intereses 
confiados á su poder soberano. 

Usaje Cives autem. 

Cives autem et hurgenses. 

Entendíase por ciudadano, según el derecho foral de Cataluña, 
al que había nacido en la misma ciudad , con la particularidad 
de que el que había nacido fuera de ella, de padres barceloneses, 
ise consideraba también ciudadano de Barcelona. Si una mujer 
clel campo alumbraba en ésta ciudad y bautizaba en ella á su 
hijo , éste no disfrutaba por ello de la consideración y prcrogati- 
Tas de ciudadano, mientras que el forastero que entraba en un 
convento situado intra-muros se hacía ciudadano por adopción. 
Llamábase propiamente de este modo á los que habitaban siem- 
pre la misma ciudad; y burgueses^ de la voz latina hurgus^ á los 
que moraban en los arrabales inmediatos á la misma, llevando 
vida militar y honorable. Estos gozaban de los mismos privile- 
gios que los primeros. Por el derecho de los Usajes el ciudadano 
se diferenciaba del caballero en que no podía tener feudo; pero 
crale lícito entrar en la milicia, sin que por esto perdiese sus 
derechos y prerogativas de ciudadano, con tal que no tuviese 
arriba de 30 años y que se hallase con vigor bastante para ir á 
huestes y cabalgadas, conforme lo previene el usaje Miles, 

Es sabido que entre estos ciudadanos había algunos que se de- 
signaban con el especial epíteto de /lonrados. En su acepción propia 
y característica el ciudadano honrado, civis honoratus, era el que 
poseía honores, es decir, no precisamente distinciones nobilia- 
rias, sino propiedades inmuebles , como lo definía el derecho 
feudal. Eran los hijos del trabajo intelectual, industrioso y lu- 
crativo, que no habiendo podido ennoblecerse por causa de la 
misma profesión en la cual se habían señalado, se distinguían 
por su opulencia, á lílnlo de propietarios, tanto ó más que los 
hombres de ilustre prosapia, pero sin escudo de armas ni ascen- 
dencia militar. 



92 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

Todos los ciudadanos y burgueses se dividían en tres órdenesr 
los mayores, que eran los que no ejercían artes mecánicas, sien- 
do por este motivo los más estimados; los medianos, que eran los 
que vivian dedicados al comercio, y los menores, que eran los 
menestrales. Pues bien, los mayores eran los que tenían el tí- 
tulo de honrados, extensivo también á los burgueses de las villas. 
Las diferencias que había entre ellos tocante á sus prerogativas^ 
procedían naturalmente de las que pudiese haber éntrelos varios 
privilegios concedidos á las respectivas localidades. Por lo demás, 
no existía entre ellos distinción ni privilegio de ninguna clase,^ 
gozando todos por igual, no solamente de los privilegios milita- 
res contenidos en los usajes, menos el de votar en las Cortes con 
el brazo militar, sino también de los que más adelante les fueron 
concediendo los príncipes, para lo cual les bastaba tener su do- 
micilio en la población á cuyas exenciones ó prerogativas preten— 
dían tener derecho. 

Usaje De rustico interfecto. 

Rusticus, 

Los villanos se llamaban así porque vivían adscritos á la villa 
ó predio rústico, sujetos á una condición vil y servil, y entrando 
en el comercio como parte integrante del fundo. Del mismo modo 
se habían formado las palabras rusticus y pagensís de las voces 
latinas rus y pagus, así como de campo se dijo campesino y de 
aldea aldeano. Varias eran sus clases, y su condición, más ó me- 
nos dura según los lugares. Llamábanse en Cataluña hombres de 
remensa, de la voz redimentia con la cual se designaba en el bajo 
latín de la época un tributó anual que pagaban los hombres do 
condición inferior á los poderosos por la tutela y protección quo 
les otorgaban. El hombre libre podía constituirse adscripticio por 
estipulación prestando homenaje á algún noble, el cual se com- 
prometía por su parte á ayudarle y guardarle de sus enemigos y 
en cuanto pudiese defenderle en derecho, como es de ver en la 
Costumbre SS,^ de P. Albert. Si el padre que se constituía hom- 
bre sólido de un noble porque le dio en feudo alguna cosa y con 
la mira de que le defendiese y protegiese era caballero, los hijos 



CÓDIGO DE LOS USAJES DE BARCELONA. 93 

no estaban obligados á prestar homenaje, ni eran hombres de 
^quel magnate, á menos que tuviesen la heredad paterna. Si el 
padre era rústico y pertenecía á la antigua Cataluña, como se de- 
nominó más adelante el territorio compuesto de todo el obispado 
de Gerona y casi la mitad del de Barcelona, que era la parte de 
oriente del río Llobregat y la mayor parte del obispado de Vich, 
■estaba tan estrechamente obligado á su señor que sus hijos eran 
hombres de éste; de manera que no podían contraer matrimonio 
mí salir de los mansos sin redimirse, teniendo les señores en el 
primer caso la cuarta parte del laudemio de esponsalicio, y en el 
segundo el derecho de exigirles por un año y un día la redención. 
Pero en la Nueva Cataluña, que era la situada al occidente del 
lilobregat, ni los hijos de caballero ni los hijos de labrador eran 
hombres de los magnates de sus padres, sino en el caso de haber 
aceptado la herencia feudal, podiendo todos emigrar cuando qui- 
siesen, dejando las heredades. fCost, 35 de Albert.) 

La remen sa personal y los demás titulados malos usos que de 
«lia derivaron fueron totalmente abolidos por la sentencia arbi- 
tral que dictó en Guadalupe en el año 1486 el rey D. Fernando II 
de Aragón, V de Castilla. 

Usaje Captus a curia- 

Curia, 

En Cataluña usaban los legisladores y los juristas la palabra 
Curia en muchas y muy distintas acepciones, pues así denotaba 
■el tribunal de juez ordinario, como la audiencia ó Corte suprema 
del Príncipe, ó las Cortes generales de Cataluña que nunca se de- 
signaban en plural por los documentos catalanes de aquellos 
siglos y no rara vez con el dictado de Consilium genérale. 

Por esto al comentar Montjuich, G. de Vallseca y Calido el 
uBSLÍe judicium in curia datum dicen que la palabra Curia debe 
'Cn él tomarse en la acepción de tribunal, significando el consejo 
•de personas sabias y esclarecidas, con cuya ilustrada coopera- 
ción solía el Príncipe dictar sus sentencias, las cuales eran en 
tales casos inapelables. 



94 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

Usaje Magnates. 

Magnates, 

Designábase solamente con este nombre á los vizcondes, valva- 
sores, barones y otros nobles hasta los simples caballeros exclu- 
sive. Así lo declaran Guillermo de Vallseca y Calicio en los usa- 
jes Haec sunt usualia, Si a Vice-comitihus y Ex Magnatihus. 

Apprehenderint potestatem. 

Para que el vasallo entregase la potestad, había de sacar todas 
sus cosas del castillo y su término, dejándolo libre á su señor 
sin retención ni contradicción alguna, entrando luego éste ó un 
apoderado sayo en la fortaleza, los cuales hacían subir á lo alto 
de la torre á algunos hombres de armas que pronunciaban gri* 
tando en todas direcciones el nombre del señor. Hecha este cere- 
monia no podía el vasallo permanecer en el término del castilla 
sin la anuencia del señor, incurriendo de lo contrario en el cri- 
men de felonía (1) que las leyes feudales de la tierra denomina- 
ban hausia. Una vez recibida la potestad, el señor podía poner 
en el castillo los guardas que juzgase necesarios, en la inteligen- 
cia de que si el vasallo ú otro en su nombre trataban de impe- 
dirlo ó de mudarlo dentro de los diez días no podía decirse que 
se hubiese entregado plena potestad, en cuyo caso empezaba tan 
sólo á correr dicho término cuando hubiese, cesado la opo- 
sición (2). 

Lo mismo acontecía cuando teniendo el señor la potestad, su 
vasallo ó alguno de su familia, con armas ó sin ellas, estaban ó 
entraban en el término del castillo sin anuencia del señor, ó si 
alguno de ellos tomaba alguna cosa de las rentas del castillo 6 
aceptaba algún servicio gratuito ó forzado de los hombres del 
mismo (3). El vasallo debía reintegrar todos los gastos hechos por 



(1) Costumbre 2.* de P. Albert. 

(2) Cost.dMá. 

(3) Cost.SMá, 



CÓDIGO DE LOS USAJES DE BARCELONA. 95 

el sefxor en la toma de la potestad, pudieiido éste reclamar su re- 
sarcimiento antes de restituir el castillo, á no ser que se los hu- 
biese cobrado con los bienes muebles del vasallo mientras se ha- 
lló en la fortaleza. En caso de discusión tocante á la cuantía y 
procedencia de estos gastos, se estimaban arbitralmente (1). Diez 
días después de recibida la plena potestad, debía el señor resti- 
tuir el castillo al vasallo si éste le requería al efecto; pero antes 
podía exigir de él que le prestase homenaje si aún no lo había 
hecho, que le diese la seguridad de que ni él ni los suyos habían 
de ofender á sus guardas y que le firmase de derecho, abonándo- 
le en cambio todos los daños que con su gente hubiese tal vez 
causado en el castillo ó en su término (2). Cuando el señoi* empa- 
raha un feudo ó tomaba potestad de un castillo por falta de servi- 
cio y denegación de estar á derecho, no estaba obligado á la res- 
titución ni á devolver los frutos que hubiese percibido hasta que 
el vasallo hubiese resarcido duplicado el daño y las costas hechas 
por el señor á consecuencia de su rebeldía (3). 

Vel emparaoerint eis suum fevum, 

Jaime de Montjuich en sus comentarios sobre este Usaje, dis- 
tingue en el código de Cataluña dos clases de empava^ llamada 
real la una y verbal la otra. La primera producía el efecto de pri- 
var completamente ar poseedor de la finca feudal, confiscándola 
el señor en su provecho; y á ella se refieren este Usaje y el titu- 
lado Si quis suum feuduyn. Por la segunda sólo se privaba al po- 
seedor de sacar ot)jeto alguno de la finca, mas sin impedirle que 
entrase en ella ó saliese de la misma cuando bien le pareciese, 
que es el caso á que se refiere el Usaje Rusticus si desempara- 
verit. 

Staticam. 

Calicio dice aquí que había en Cataluña muchos castillos, en 
los cuales, el castellano ó carian tenía el derecho de estancia en 



(1) CósL 9.» id. 

(2) Cost. 7." id. 

(3) Cúst. 4t Cat. la 2.* 



96 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

SUS edificios y en su torre; y el señor gozaba también del mismo 
derecho en la torre y en los edificios del castillo. 

Usaje Castlani. 

Castlani, 

Háblate muy á menudo en los Usajes y en laá Costumbres de 
Cataluña de los castlanes ó carlanes\ acerca délos cuales, bastará 
decir, que estos títulos eran meramente feudales , de modo que 
sólo se obtenían por ellos los privilegios derivados délos honores 
ó propiedades que poseían; pero no las preeminencias y preroga- 
tivas de la clase militar, en atención á que el ejercicio de tales 
cargos no era más que un acto de vasallaje. En resolución, el car* 
lán no era sino uií vasallo que tenía el castillo en feudo de otro 
señor. Todo carian, dice Socarrats, era vasallo; pero no todo va- 
sallo era carian. 

Usaje Qui fallierit. 

Hostes vel cavalcatas. 

Hueste (hostis) en nuestras leyes feudales era el ayuda que 
debían prestar los vasallos á sus señores cuando la Potestad, esto 
es, el Príncipe los llamaba á la guerra, de conformidad con lo es- 
tablecido en los Usajes Alium namque y Princeps namque. La 
cabalgada tenía lugar , según los antiguos escritores catalanes , 
cuando la Potestad ú otros señores inferiores, no habiendo aque- 
lia convocado hueste general, pedían ayuda á sus vasallos para 
un caso de guerra particular y determinado, v. gr., para redu- 
cir á la obediencia á un feudatario rebelde. Distinguíase, pues, 
la hueste de la cabalgada, en dos atribuciones. La primera solo 
podía convocarla el jefe del Estado, al paso que todo señor podía 
llamar para la segunda á sus vasallos. La hueste se convocaba 
para un hecho y un tiempo indeterminados, mientras que la ca- 
balgada se reunía siempre para día cierto y con limitación de 
tiempo. 

En Francia también se conocía esta diferencia entre la hueste 
y la cabalgada, que llamaban allí Houst y chevaucJiie. 



CÓDIGO DE LOS USAJES DE BARCELONA. ' 97 

* 

Usaje Qui viderit. 

Beneficium, 

Dicen los comentadores del derecho feudal, que antes de con- 
cederse los terrenos en plena propiedad en recompensa de servi- 
cios militares se habían otorgado por título precario y luego en 
mero usufructo, y que estas concesiones se denominaban benefi- 
cios, como debidos exclusivamente á la liberalidad del Príncipe. 
Después se llamaron también feudos^ del juramento de fidelidad 
que al señor se prestaba; mas no desapareció completamente por 
esto su antigua denominación. 

Usaje Qui solidus. 

Solidus, 

Llamábase vasallaje la profesión de fidelidad y homenaje que 
prestaba el vasallo al señor , y también la servidumbre, depen- 
dencia ó sujeción que aquel debía á éste; de modo, que vasallo 
tanto vale como feudatario ó subdito, esto es, el que está ligado 
con vínculo de sujeción legal á otro por razón del feudo. El feudo 
se ha definido: «El derecho á un predio ajeno en cuya virtud se 
puede usufructuar perpetuamente, concedido como beneficio por 
el señor, á condición de que el que lo recibe le preste fidelidad, 
«ervicio militar y otros» (1); ó, como ha dicho D. Alonso el Sabio: 
^íBienfecho que da el señor á algunt home porque se torna su va- 
sallo et le face homenage de serle leal: et tomó este nombre de fe 
que debe siempre guardar el vasallo al señor» (2). 

Significaba, pues, la palabra feudo el servicio feudal que se 
prestaba en razón de^beneficio, y también el mismo predio conce- 
dido en esta manera. 

Encuéntrase con frecuencia en las leyes feudales la palabra 
hombre^ que genéricamente designaba al que por cualquiera ra- 
zón estaba sujeto al dominio de otro; como los vasallos que por 



(1) Cuyaclo en el libr. i de los Feudos^ tít. i, 

(2) Código de las Siete Partidas ^ ley L*, tit. xxvi, part. 4.* 



98 BOLETÍN DE LA. REAL ACADEMIA DE LA HÍSTORIA. 

razón de sus feudos debían á sus señores fidelidad y servicios, 
prometidos especialmente en. el acto que por la misma razón se 
llamaba homenaje. 

Este podía ser de dos maneras, á saber: sólido y no sólido. El 
primero era de tal naturaleza, que no exceptuaba á nadie, bien< 
que siempre se entendía exceptuado el que tenía la jurisdicción 
general, de lo cual se deduce que no podía prestarse á dos seño- 
res á un tiempo. El segundo tenía lugar cuando aquel que lo pro- 
metía exceptuaba á alguno, ya por haberlo prestado anterior- 
mente á'otro como hombre sólido, ya por reservarse el derecha 
de elegir otro señor ó por no querer encontrarse en el caso de 
hacer armas contra una persona determinada (1). Estos hombres 
sólidos se llamaban también ligios. 

Usaje Si quis in Curia. 

Bausia. 

Socarrats, en sus comentarios á la Cost. 1.' de Pedro Albert, 
dice, que la palabra hausia se deriva de hausio ú ósculo, porque 
el señor y el vasallo, en el acto de prestar éste fidelidad y home- 
naje, se besan recíprocamente. Este crimen se castigaba según su 
gravedad con diferentes penas, como es de ver en los misiiios 
Usajes. Era sinónimo de traición; mas no totalmente. Esta era 
el género y aquel la especie; porque si bien toda bausia era 
traición, en cambio sólo ciertas y determinadas traiciones se ca- 
lificaban de bausías, siendo estas las felonías que cometía el va- 
sallo en detrimento del señor. 

Usaje Cunctum maluxn. 

Sine fatigatione de directo et sine acuydamento. 

Dice el Diccionario de la Real Academia Española, que desafiar 
es retar ó provocar á pelea ó batalla y también romper la fe y 
amistad que se tiene con otro. En ambas acepciones se usaba esta 
palabra en el derecho feudal de Cataluña y del reino de Aragón; 

(1) Cí?íí. 30 de P. Albert. 



CÓDIGO DE LOS USAJES DE BARCELONA. 99 

pues según los Usajes, las Constituciones, las Crónicas y otros 
documentos de aquella época, no era lícito romper las hostilida« 
des con el par ó igual, ni con el señor á quien se debía vasallaje, 
sin que antes se declarase en toda forma la guerra, manifestando 
en este último caso el vasallo que en virtud de los agravios que el 
señor le había inferido se consideraba desligado del juramento 
de fidelidad, acto que tenía el nombre de desnaturalización^ por 
llamarse naturaleza las relaciones de fidelidad que mediaban en- 
tre el señor y el vasallo. 

G. de Vallseca, en sus comentarios á este Usaje, dice que aquel 
que se creía perjudicado pedía que se le hiciese justicia, y si /a- 
ticaverit, esto es, si se le denegaba ó retardaba, podía declarar 
que le haría la guerra; declaración que se llamaba acuydare 6 fa-* 
cere acuydamentum. 

De todo ello trata extensamente el Código de las Siete Parti- 
das en su part. iv, tít. xxiv. Por otra parte, en el lib. i, tít. v, del 
Fuero Viejo de Castilla, también se prohibe matar, herir ó des- 
honrar á otro sin desafiarle previamente en la forma establecida 
en las Cortes de Nájera, que, como es sabido, se celebraron 
en 1138 con el objeto de fijar los derechos y los deberes de los 
fijo-dalgos, ya entre sí, ya respecto á los monarcas ó con rela- 
ción á sus propios vasallos. 

Usaje Sacramenta rustici. 

Bacalarii, 

Du Gange, citando precisamente este Usaje, dice que se desig- 
naba con este nombre á los rústicos que cultivaban los haccalariay 
ó feudos de los vasallos inferiores, sujetos, si no á prestaciones 
personales y serviles, á algunas otras cargas, como por ejemplo, 
á un censo determinado. Du Cange hace á haccalaria sinónimo 
de vasseleria. 

Mieres, al comentar el cap. xxii de las Cortes de Gerona de 1321 , 
dice que hor'derius, según algunos, es lo mismo que hacallarius^ 
quasi minor rusticus, en lo cual coincide con la interpretación de 
Du Cange; pero no así en lo que respecta á la etimología de la 
palabra, pues dice: «rusticus est magister agriculturae: sedbor- 
derius est bacallarius, quasi minor magister, sive repetitor.» 



100 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

Usaje Caminí. 

Pedites, 

Llamábase hombres de á pié á los plebeyos en contraposición á 
los caballeros, como puede verse en muchísimos documentos ca- 
talanes de la Edad Media. 

Usaje Stratae et viae. 

Alodium. 

Alodio — en catalán alou — es lo mismo que predio, esto es, po- 
sesión ó herencia que podía venderse y donarse como cosa pro- 
pia, ó en otros términos, era una herencia ó propiedad completa; 
de modo que en muchos documentos se lee: ^alodium, sive haere- 
ditatem. » Decir que una finca es alodial vale tanto como decir 
que es inmune de toda carga y prestación, así como de todo ser- 
vicio real y personal. Sin embargo, á veces se usaba esta palabra 
como sinónima de predio en su acepción más lata y genérica, de 
donde provino aquella fórmula vulgar: de libre y franco alodio; 
por lo cual se llamaban alodiarios, tanto los propietarios que de 
este modo poseían sus tierras, como los que las tenían por un 
señor á quien debían una prestación como vasallos, ó en calidad 
de censatarios. Esto no obstante, no hay que echar en olvido que 
las más de las veces se toma la palabra alodiario en su acepción 
concreta para significar la persona que posee libremenje su predio 
sin depender sino de Dios^ como dicen los doctores, en contrapo- 
sición al vasallo ó feudatario, que por razón del feudo que posee 
se halla sujeto á su señor con arreglo á los pactos de la inves- 
tidura. 

Usaje ítem statuerunt. 

Pacem et treugam. 

En Cataluña definían los autores la paz y tregua diciendo que 
era «la protección y defensa dada por el Príncipe, y según las 
leyes de la tierra, á todas las personas y á todas sus cosas posei- 



CÓDIGO DE LOS USAJES DE BARCELONA. 101 

das. dentro del Principado. » Tres eran las clases de tregua vigen- 
tes en Cataluña: la que se acaba de definir, que era la legal; }a 
llamada tregua del Señor, común á todos los pueblos cristianos de 
la Edad Media, y la convencional^ en cuya virtud se reconcilia- 
ban dos enemigos, comprometiéndose-por medio de contrato á no 
dañarse durante cierto tiempo, bajo algunas penas que se estipu- 
laban. 

En cumplimiento de este Usaje, todos los Príncipes fueron con- 
firmando las constituciones de paz y tregua, que hacian entonces 
las veces de verdaderas leyes de orden público. 

Excluyóse de esta general garantía á varias personas y lugares 
de Cataluña, á saber: las iglesias en las cuales hubiese fortalezas, 
baluartes ú otras obras en forma de castillo, y las que sirviesen 
de refugio d ladrones y salteadores, siempre que después del re- 
querimiento del obispo no se enmendasen estos excesos; los la- 
bradores que labrasen ó cultivasen tierras puestas en litigio des- 
pués de amonestados tres veces por uno de los litigantes, mas 
quedando salvos los bueyes y los aperos de labranza, exceptuados 
siempre por el legislador en atención á la nobleza y utilidad de 
la agricultura; los que habiendo hecho traición á sus señores no 
se presentasen á sincerarse de su inocencia, y también sus cóm- 
plices y encubridores; los raptores y los que encubriesen el rapto, 
si no enmendaban el daño ni querían estar á derecho; los que 
hubiesen quebrantado la tregua del Señor ó la tregua general 
dictada por el Príncipe. No gozaban tampoco de la inviolabilidad 
asegurada por estas leyes los clérigos, monjes, pupilos y viudas 
que ayudasen á cometer algún exceso á mano armada, pues este 
delito los hacía indignos del privilegio de protección que les otor- 
gaba el legislador; los labradores y familiares de los señores feu- 
dales que se encontrasen con estos en cabalgadas, en guerras 
particulares ó cometiendo algún delito, y a fortiori los mismos 
barones y sus hijos mayores de 21 años, que era la edad en 
la cual los jóvenes de la nobleza catalana entraban en el pleno 
goce de sus derechos políticos. Otras excepciones señalaban ge- 
neralmente estas leyes, como v. gr., los incendiarios, los que co- 
brasen de los pueblos contribuciones indebidas, los reos de bausía, 
los herejes manifiestos y otros infractores de las leyes catalanas. 



102 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

Todas las demás personas, sin distinción de clases ni catego- 
rías, y todos los lugares no incluidos en las excepciones ya indi- 
cadas, y muy singularmente los caminos, estaban bajo la espe- 
cial protección de la garantía política llamada paz y tregua, es- 
tando obligados á jurarla todos los catalanes mayores de 14 años 
si la potestad les requería para ello (1). 

Usaje Mariti uxores. 

Avaganter, 

Generalmente se encuentra avagant; mas, sea como fuere, no 
explican los comentadores el significado de esta palabra, si bien 
se deduce de las costumbres de la época y de aquellas palabras 
del mismo Usaje: et malum de ipso hatayer, que quiere decir 
campeón: ¿Quién debía ser este? ¿Érale dado á cualquiera luchar 
en el palenque en defensa de la acusada? Aquí podrían hacerse 
prolijas investigaciones; pero en el códice de Ripoll hay una nota 
que dice: «alias concuhinum^D lo cual aclara de una manera pre- 
ciosa esta duda, sentando el principio de que el campeón debía 
ser el mismo adúltero. 

Usaje Veré iudex. 
Per iudicium aque frigide sive calide. 

En lo primero de los Usajes ya se hace mención de este bárba- 
ro juicio. 

Guillermo de Vallseca, comentando este Usaje — veré judex — 
explica cómo se practicaba el titulado judicium aquae frigidae. 
Llenábase de agua extremadamente fria, casi helada, un gran re- 
ceptáculo, en el cual podía caber cómodamente un hombre, é in- 
troducíase en él al acusado, haciendo que el agua le llegase hasta 
la boca y soltándolo de improviso, en la inteligencia de que si se 
hundía se le consideraba culpable y si flotaba en el líquido se le 



(1) Calicio, Directoriiim pacis et treuge, QiUntnm dnbiiim principalis: Mieres, Appa- 
ratus, col. 2.*, cap. xxiv, y col. 4.*, cap. i, Cortes de Gerona de 1321; Fontaxella, De 
pactis, claus. iv, glos. xv, y las Const. de Cat., lib. x, tít. xi, vol. 1.® 



CÓDIGO DE LOS USAJES DE BARCELONA. 103 

reputaba inocente, quedando absuelto de la acusación. El juicio 
per aquam calidam, no necesita explicación. 

Todos los comentadores han condenado estos juicios, recordan- 
do los preceptos del derecho canónico y las palabras del Evange- 
lio: No tentarás al Señor tu Dios. 

Usaje In Bajulia. 

Stacamentum, 

Guillermo de Vallseca y Marquilles, dicen que esta palabra sig- 
nifica la simple jurisdicción, explicando el segundo de estos co- 
mentadores, que el stacamentum consistia en poder exigir cier- 
tas multas, en la facultad de castigar y encarcelar á los reos de 
delitos leves, en la de prender á los reos de crímenes mayores, 
entregándolos al que tuviese el mero imperio, en la de castigar 
con penas leves á los contumaces y negarles audiencia, pudiendo 
asimismo condenar á la restitución de gastos, dar por confeso al 
que no respondiese, deferir el juramente in litem^ procediendo 
siempre sumariamente y sin escritos. 

Adempramentum, 

Marquilles añade que esta voz indica los frutos y emolumentos 
del castillo en general, y singularmente el uso y habitación de sus 
casas y fortaleza, ó bien los réditos y frutos del mismo castillo, 
opinando que aquí debe tomarse en su primer acepción (1). 

Usaje Alium namque. 

Pallias. 

Interpretando esta palabra Guillermo de Vallseca, dice que 
significa tributos que el Conde de Barcelona cobraba de los reyes 
sarracenos á quienes subyugaba. 

A Marquilles no le desagrada la interpretación ; pero le parece 
'mejor aún la de los que tradujeron el vocablo tomándolo como 

(l) Véanse sus comentarios al usaje Omnes homines, el 1.** 



104 BOLETÍN DE LA. REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

sinónimo de vestidos y ornamentos personales que la largueza 
de los condes solia destinar á sus asiduos servidores. 

Usaje Statuerunt etiam quod si par entes. 

Manihus propriis commendatí. 

La Costumbre 33.* de P. Albert explica esta fórmula con toda 
claridad. Citaré sus palabras: 

«Aunque el hombre libre, según el Derecho romano, no puede 
hacerse siervo de otro por simple pacto, ni aun por confesión he- 
cha en derecho, á todos les es lícito gravar por pacto su condi- 
ción, pues interviniendo escritura puede el hombre libre consti- 
tuirse adscripticio, y así por convención, esto es, por estipula- 
ción, hacerse hombre de algún noble y prestarle homenaje. En 
el acto de hacerse esta estipulación , de constituirse hombre de 
algún noble el que es de condición libre, interviene un beso por 
costumbre general de Cataluña, de este modo: El señor tiene en- 
tre sus manos las de aquel que presta homenaje, quien lo hace 
por estipulación, postrado de hinojos y prometiendo lealtad al se- 
ñor; y este le besa en señal de que también le será fiel. Porque el 
señor debe guardar la misma fidelidad á su vasallo que este á 
él (l).x> 

José Coroleu. 

Correspondiente de la Real Academia de la Historia. 



(1) Refiérese igrualmente á este homenaje la Cost, 36 de P. Albert. Véanse á propó- 
sito de entrambas los comentarios de Socarrats. 



MOSAICO ROMANO DE BELMONTE. 105 



IJI. 



MOSAICO ROMANO DE BELMONTE. 



Tengo el honor de presentar á la Real Academia de la Historia 
el adjunto dibujo de un mosaico, descubierto el día 12 de Mayo 
de 1881 á las inmediaciones del pueblo de Belmonte, distante dos 
leguas de Calatayud, y de las ruinas de la antigua Bilhilis. 

El mosaico se halla en una finca del Excmo. Sr. Conde de Sa- 
mitier, denominada El Plano y ruinas de Durón; y aparece bas- 
tante regularmente conservado. Dicho mosaico sólo presenta al- 
gunas sencillas combinaciones geométricas, de modo que ofrece 
poco interés para los estudios históricos, epigráficos ó artísticos, 
pues ni tiene inscripciones, ni figuras ó alusiones mitológicas. 
Pero lo tiene por otro concepto para fijar allí y en aquellas rui- 
nas la existencia de una población romana. 

Aun el mismo nombre del paraje llamado Durón , hizo creer al 
erudito Sr. Monterde, nuestro correspondiente, que fuera el 
paraje aludido por Marcial en su célebre epigrama geográfico 
descriptivo de la Celtiberia: 

<£Et sacram Dnratonis ilicetum» ; 

pareciendo en este caso la palabra Durón contraída de la de Du- 
ratón; siquiera no todos admitan la lectura de esa palabra (1) y 
pueda oponerse un hecho que nos recuerda el Sr. Pujol y Camps, 
nuestro sabio correspondiente, esto es, que de Belmonte han 
salido con mayor abundancia que en otro cualquier paraje las 
monedas autónomas do Segisa, 



(1) Baraéhnis ó Varadonis^ es la que corre y se acepta generalmente. En el t. xlix 
de la España Sagrada, pág. 54, me incliné á fijar el sitio en los llanos de Veratón al pié 
del Moncayo. 

TOMO IV. 8 



106 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

Por lo demás, el pueblo de Belmonte, á las orillas del río de 
Miedes, tiene Hombradía en nuestra historia literaria, por haber 
sido patria del célebre jesuíta Baltasar Gracián, autor del Criti- 
cón y de la Agudeza y Arte de ingenio, que si no acreditan el 
buen gusto en todo, prueban que no escaseaba de talento, ingenio 
y agudeza. 

El retumbante epigrama, más que epitafio, que aún existe al 
pié de su retrato, que copió Latasa (1), lo expresa así diciendo: 

Quiy ut in ómnibus clarus esset^ 

in Bellomonte natus est prope Bilbilim, 

affinis Martialis patria^ proximus ingenio. 

Vicente de la Fuente. 

Madrid 18 de Enero de 1834. 



IV. 

DESCRIPCIÓN HISTÓRICA DEL PARAGUAY. 

Cumpliendo con el encargo del Sr. Director, he examinado con 
detenimiento la Descripción histórica de la antigua provincia de 
Paraguay, por D. Mariano Antonio Molas, publicada en 1868 en 
Buenos-Aires, en un tomo en 8."* de 388 páginas. 

El libro del Sr. Molas es muy inferior en orden, ingenio y co- 
rrección á la Historia del Paraguay que publicó en 1816 el doc- 
tor D. Gregorio Funes, Dean de la Catedral de Tucumán; pero 
puede considerarse como una pequeña colección que completa las 
noticias de aquel autor, tanto más, cuanto que se expresa en el 
mismo estilo apasionado contra España. Buenas son siempre, 
para esclarecer la verdad, las noticias históricas, cualquiera que 
su origen sea; y bueno, bajo este concepto, que se conserve en 
nuestra Biblioteca este ejemplar de la De-ícripción del Sr. Molas. 

Jacobo de la Pezuela. 

Madrid, 5 de Mayo de 1871. 

(1) Estaba en el Real Seminario de Nobles que tenia la Compañía de Jesús en Cala- 
tayud, y lo rescató y conserva la familia de Larrea. 



VARIEDADES. 



I. 



MEMORIA 



HISTÓRICA, POLÍTICA Y ECONÓMICA DE LA PROVINCIA 
DE MISIONES DE INDIOS GÜARANÍS *. 



(Continuación,) 

128. Cada pueblo tiene un Cavildo compuesto de 
un Correxidor, dos Alcaldes *, quatro Regidores, un 
Alcalde de la Hermandad, un Alguacil mayor, un 
Mayordomo, y un Secretario; los que se eligen eldia 
■de año nuevo, según lo prevenido en las leyes, a ex- 
cepción del Correxidor y Teniente, que no tienen 
tiempo determinado. Las elecciones las practican j un- Eiecmnes de 
tandose ocho o mas dias antes, y cada capitular pro- 
pone un yndiopara que ocupe elempleoqueelexerco, 
consultando antes la voluntad del Correxidor, vía del 
Administrador, que son los exes principales ^ en que 
rueda esta maquina; y, estando todos acordes, le lle- 
van la lista * de los que piensan nombrar al Admi- 
nistrador, el que, si les parece vien, les dicen que lo 
hagan asi; y, si algunos de los señalados tiene alguna 
tacha, o no es del gusto del Administrador, les dice 
que aqufel no conviene, y que señalen otro, que tal 



* Véase el cuaderno IV del tomo III. 

* En la edic. de Ángelis: compuesto de un correjidor, teniente de 
«orrejidor, dos alcaldes. 

' En la edic. de Ángrelis: que son los principales. 

* En la edic. de Ángelis: Estando todos acordes, llevan la lista. 



108 BOLETÍxN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORLV. 

vez el Administrador les indica, ó lo insinúa priva- 
damente al Gorrexidor: v asi se hace. Ademas de los 
Empleos müi- empleos do Gavildantes, se nombran para el año en- 
trante * todos los empleos milifarcs, los cuidadores 
de las faenas *, y maestros principales de todos los 
oficios y artes; de modo que en cada pueblo pasan de 
ochenta, y aun ciento, los que se les dá oficio '; y si 
el pueblo os corto, todos se buelven mandarines, y 
pocos * á quien mandar. Estos ullimos empleos toca al 
Gorrexidor privativamente el nombrarlos; pero siem- 
pre lo hace con acuerdo del Administrador, particu- 
larmente aquellos que su ocupación pertenece a el 
cuidado * do los bienes de comunidad. 

129. Dispuestas las listas acordadas, lodos se jun- 
tan el dia de año nuevo ", de mañana temprano, y a 
toque de caja ban publicando en las puertas de la 
Gasa de Gavildo los nombrados; a cuyo acto asiste 
toda la gente del pueblo, unos por curiosidad, y otros 
por recivirsc de sus empleos ''^ de que al instante to- 
man posesión, sin aguardar la confirmación del Go- 
vierno. Alli entregan las varas y bastones á los Alcal- 
des, y demás Gavildantes nuevamente nombrados, y a 
los Oficiales militares las insignias correspondientes; 
desde alli van a Misa, y después a casa del Adminis- 
trador a hacerse presentes % el que les encarga el 
cumplimiento de su obligación; y, si no está ya es- 
tendido el acuerdo de las elecciones, lo estiende, y 
firmado de los electores, que dicen siempre que todos 
unánimes, y a pluralidad de votos han elejido, y 



* En la edic. de Ángelis: se nombran el año entrante. 

* En la edic. de Ángelis: los de los cuidadores de las fadnas. 
3 En la edic. de Ángelis: los que ocupan oficios. 

-* En la edic. de Ángelis: y quedan pocGS. 

s En la edic. de Ángelis: aquellos cuya ocupación es el cuidado. 

6 En la edic. de Ángelis: dispuestas las listas y acordes todos, s» 
juntan el dia de año nuevo. 

f En la edic. de Ángelis: para recibirse de sus empleos, 

s En la edic. de Ángelis: á hacerse presente. 



MISIONES DE INDIOS GüARANIS. 109 

nombrado a los contenidos, se remite al Governador 
de la provincia para su aprobación; y para los demás 
empleos * que no son de Cavildo basta el de Thenienle 
Oovernador * del departamento. 

130. Todos los días del año al amanecer ya están Todas las mi- 
juntos todos los Gavildanles a la puerta del Correxi- taefcwiwD 
dor, en cuyos corredores tienen un banco o escaño en 
que se sientan entre tanto es ora de oir Misa', que 
siempre es temprano. Los Alcaldes llevan sus varas, 
y los Rexidores sus bastones, que rara vez las suel- 
tan * de las manos; y, acavada la Misa, es la primera 
diligencia ir a la puerta de la avitacion del Cura, sa- 
ludarlo', y tomar las gracias; y desde alli pasan a la 
del Administrador, el que les previene lo que han de 
hacer aquel dia: y, despedidos, se van juntos á la casa 
del Correxidor, y a su puerta determinan el reparto 
de la gente, y demás que corresponde a las faenas: y, 
entre tanto * llega la hora de ir a los trabajos, que 
siempre es tarde, oyen las quejas y demandas que 
hay, quequasi siempre "^ son faltas al trabajo, hurtos, 
amancebamientos y chismes de unos con otros. Si el 
acusador es Cavildante, o tiene a su cargo el cuidado 
de alguna cosa, hacen traer preso al yndio, o yndia 
acusado, y con muy poco examen la mandan azotar, 
según les parece. Vien es que nunca pueden pasar 
sus castigos de cincuenta azotes que este Govierno les 
permite; reservándose los castigos de los delitos ma- 
yores, para entender en sus causas, y sentencias; a 
excepción de las capitales, o que merecen pena a otros 



^ En la edic. de Ángelis: para los demás empleos. Omite: y. 

* En la edic. de Ángelis: del Teniente gobernador. 

' En la ediccion de Ángelis: es hora de ir A misa. 

<* En la edic. de Ángelis: los sueltan. 

s Así en el ms. En la edic. de Ángelis: es la primera diligencia el ir 
-á la puerta de la habitación del cura, á saludarlo. 

® En la edic. de Ángelis: Entretanto. Omite: y. 

^ En la edic. de Ángelis: casi siempre. 



1 10 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

que a los reos, se despachen * a Buenos Ayres con las 
sumarias. A los executores de las prisiones, y casti- 
gos llaman Sargentos, y estos nunca dejan de la mano 
la alabarda, y el azote lo traen ceñido al cuerpo para 
estar prontos al instante que se lo manden. Regular- 
mente entienden en las causas todos los Cavildantes, 
juntos con el Correxidor, y Alcaldes; pero, en las fae- 
nas y trabajos, qualquiere del Cavildo *, aunque no 
cea sino Regidor, manda azotar a el que falta a el ', 
o comete otro defecto. 
EicMügadoda 131. Dcsde el tiempo de los Jesuítas tienen por eos- 

los ssr&doci' 

mientosai tumbro , y observau toda via puntualísimamente, el 
SStigar. que, en acabando de azotar a los delinquentes, se han 
de lebantar del suelo donde los hacen tender, y con 
mucha humildad van delante del que los mandó casti- 
gar, y le dan los agradecimientos de ha verlos corre- 
gido sus defectos. Si alguno omite este requisito le 
hacen cargo de ello; y, teniéndolo por prueva de so- 
bervia, lo buelven a mandar azotar para que se hu- 
mille, quiera o no quiera. 
Nosedeüenen 132. Siempre que en las cárceles * no se detengan 

tas presos en ,•, . i i>. •. i 

las cárceles, presos, siuo aqucUos procesados por delitos capitales, 
o á los que se desertan con frequencin, y a los demás 
se les aplica la pena luego que se justifica el delito, y 
se ponen en libertad; por que las cárceles son poca 
seguras, y los que las tienen a su cargo muy descui- 
dados; y asi se les van a menudo los presos sin que 
baste el castigo ' a los cuidadores. Ellos los dejan salir 
solos a sus necesidades, los llevan a oir Misa, aun a 
los homicidas; de modo que no se va el que no quiere. 
Les diasciasi- 133. Todos los dias clasicos y de función se visten 

le visten 



1 En la edic. de Ángelis: que se despachan. 
^ En la edic. de Ángelis: cualquiera del cabildo, 
s En la edic. de Ángelis: al que le falta. 

-* Así en el ms. En la edic. de Ángelis: Siempre se procura que en 
las cárceles. 
s En la edic. de Ángelis: el castigar. 



alégala. 



MISIONES DE INDIOS GUARANIS. 111 

de gala con los que tiene el pueblo * para estas fun- 
ciones. Visten también * los Oficiales Militares con 
los suyos, y otros muchos se visten y forman acom- 
pañamiento: entre estos vestidos hay algunos costo- 
sos; pero mas les sirve de rediculizarlos ' que de ador- 
narlos. En el pueblo que asiste * el Governador o algún 
ThenienteGovernador, concurren todos a su avitacion, 
lo acompañan de yda y buclta á la igle3ia en toda ce- Acompañan ai 
remonia; pero estando solos guardan poca formali- theniente?*^^ 
dad. Siempre van juntos *, van en pelotón, o mas vien 
en hileva: el Gorrexidor delante, al que sigue el The- 
niente, y Alcaldes, y por su orden los demás, siendo 
el ultimo el menos graduado. En la iglesia se sientan 
enescaños: regularmente se dividen en las dos van- 
das, aunque en algunos pueblos se sientan todos los 
de Gavildo en un solo escaño, y el Theniente Gorre- 
xidor • con los Oficiales Militares ocupan el opuesto ^; 
pero los caciques, que devian ser preferidos, no tie- 
nen ningún lugar señalado, ni cosa que los distinga; 
sino es que, por tener empleo, ocupan el lugar que 
por el les toca. 
134. Al Gobernador de los pueblos ponen * en la ai Governador 

* ^ ponen silla, 

iglesia silla, tapete, y almoada, y se le guardan por los ^p^J| y^^^^^ 
Guras todas las preeminencias que disponen las leyes iglesia: y lo 

^ . ^ r w mismo á los 

se guarden a los Governadores los dias de funciones tbenientes. 
clasicas, y que asisten religiones de otros pueblos ®: 
le da la paz un sacerdote con estola, y en los demás 
festivos un Acolito con banda aseada: lo mismo se 



* A&i en el ms. Ed: la edic. de Ángelis: con los vestidos que tiene el 
pueblo. 

< En la edic. de Ángelis: Vístense también. 

' En la edic. de Ángrelis: de ridiculizarlos. 

* En la edic. de Ángelis: donde asiste. 

' Bn la edic. de Ángel ís: siempre que van juntos. 

* Bn la edic. de Ángelis: y el teniente de corregidor. 

"* Bn la edic. de Ángelis: ocupan el puesto» Es mejor el texto del ms. 

■ Bn la edic. de Ángelis: le ponen. 

^ Bn la ed«c. de Án^^eliR: y en que asisten religiosos de otros pueblos. 



112 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

observa con los Thenientes Governadores, guando no 
está presente el Governador, por disposición del Ex- 
celentísimo Sr. D. Francisco de Paula Bucarely *: 
aunque los Governadores por condescendencia han 
permitido que al Theniente se le ponga otra silla in- 
mediata á la suya, quando se halla algún Theniente 
en donde el está. Supongo será esto por que, como 
los yndios son tan rudos , no piensen es desayre que 
se le hace *; o que el Theniente en ausencia del Go- 
vernador le usurpa aquel honor. En fin ello así se 
practica. A los Cavildos de la paz un AcolitQ, y el 
Cura les da el agua bendita a la puerta de la iglesia 
los dias mas clasicos, pero al Governador y Thenien- 
tes todos los festibos '. 
Celebran los 135. Los dias de cumple años del Rey, los de su 
diasdeiRey. j^^^^ nombre, y todos aquellos en que se festeje* al- 
guna felicidad de la Monarquía, ó de la Real Fami- 
lia, desde la víspera de mañana se pono el Cavíldo en 
ceremonia: sacan de las casas de Cavíldo las quatro 
banderas que tiene cada pueblo, dos con las armas 
Reales, y dos con cruz de Vegoña •, y las demás yn- 
signias militares, que son quatro picas largas de cinco 
o seis varas,® y muy delgadas, con mojaras peque- 
ñas ■' en las puntas, y algunos pequeños plumajes de 
colores, puestos con orden, y distribución en algunas 
partes de ellas qualro ginetas a la usanza antigua, y 
algunos bastones, unos en la forma común, y otros 
con escudetes* de metal, o acero por puños. Desde 



1 En la edic. de Ánsrelis: D. Francisco Bucareli. 

* En la edic. de ÁQprelis: que se les hace. 

3 En la edic. de Ángelis: pero al gobernador todos los festivos. Omite: 
y Thenientes. . 

-* En la edic. de Ángelis: en que se festeja. 

5 Asi en el ms. Es mas correcto el texto de la edic. de Ángelis: y dos 
con armas de Borgoña. 

c En la edic. de Ángelig: de á cinco ó seis varas. 

"^ En la edic. de Ángelis: con mojarras pequeñas. 
* s En la edic. de Ángelis: con escudete. 



MISIONES DE INDIOS CUARANIS. 113 

las diez del dia comienzan a dar varias bueltas, con 
orden a toque o ruido de cajas, por la plaza, unos a 
pie, y otros a cavallo, que arman* varias escaramu- 
zas, y torneos, hasta las doce; a cuya ora se anuncia 
la festividad con repique de campanas *, y algunos 
tiros de camaretas: á cuva señal concurren todos los 
del pueblo a la puerta de la iglesia, en cuyo pórtico 
está colocado el Real Retrato en el lado correspon- Real Retrato, 
diento al Evangelio, en un cajón, con sus puertas, y 
cortinas interiores, y al lado opuesto están las Armas 
Reales pintadas en la pared, o lienzo '. Juntos todos, 
con la música completa, se abre el cajón y descubre 
el Real Retrato, repitiendo varias vezes Viva el Rey 
Nuestro Señor * D. Garlos Tercero, y se pone 
una guardia con las vanderas, y dos centinelas efec- 
tivas delante del Real Retrato. A la tarde se cantan 
vísperas con mucha solemnidad, esmerándose en esto 
no poco los Relijiosos Curas; y después buelven a las 
oscaramuzas *, entre tanto disponen algunos bayles, Danzas, 
o danzas de muchachos: que maravilla el orden y 
compás que guardan, aunque sean de tan corta hedad 
que no lleguen a ocho años. Los bayles que usan son 
antiguos, o extrangeros. Yo no he visto en España 
danzas semejantes, ni en las diversiones publicas de 
algunos pueblos, ni en los que se usan • en el dia, y 
octava de Corpus. Aora modernamente van intro- 
duciendo algunas contradanzas ynglesas, danzas va- 
lencianas, y otros bayles que usan los españoles. 
A estos muchachos danzantes los adornan con vestidos 
a proposito, con coronas, y guirnaldas que hacen vis- 
tosas las danzas : que algunas se componen de veinte 



1 En la edic. de Ángelis: en que arman. 

3 En la edic. de Ángelis: con repiques de campanas. 

3 En la edic. de Ángelis: ó en lienzo. 

4 Bn la edic. de Ángelis: Muestro Señor. 

s Bn la edic. de Ángelis: las escaramuzas. 

^ Bn la edic. de Ángelis: ni en las que se usan. 



114 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

y quatro danzantes *, que forman varios enlazes, y 
aun letras que componen el nombre que quieren *. 

Entremeses. 136. Entre danza, y danza hacen juegos o entre- 
meses, que en su ydioma llaman Menguas, com- 
puestos de su inbencion algunos de ellos ', que pare- 
cen de bastante artificio y gracia a los principios, pero- 
no saven * concluirlos con propiedad: los mas los aca-^ 
van a golpes, y azotes; lo que celebran con mucha 
risa los circunstantes. 

137. Al ponerse el sol se reserva el Real Retrato- 
con las ceremonias, y Víctores con que so descubre, y 
a la noche se ponen luminarias, y se arman fogones 
en la plaza, y se repiten los bayles como a la tarde. 
Al dia siguiente, al salir el sol, se buelve a descubrir 
el Real Retrato en la forma dicha, el que permanece 
descubierto todo el dia. A la ora acostumbrada, y do 
todos los repiques de campanas ', se junta toda la 

Misa y Te gente CU la iglesia, en la que se canta la Misa y To 
Deura con mucha solemnidad, y después se prosi- 
guen en la plaza las carreras de caballos en contorno; 
en las que, divididos en quatro quadrillas, los yndios 
hacen muchas evoluciones, o figuras a la usanza an- 
tigua, todo a toque de muchas caxas y clarines, ó con 
grande algazara •, y ruido do cascabeles grandes, de 
que llevan cubiertos los petrales '', y cavezadas de lo& 
caballos; lo que tienen por adorno y grandeza. 

fSe eontinuará.J 



^ £d la edic. de Ángelis: hay algunas que se componen de 21 dan- 
zantes. 

* En la edic. de Ángelis: y aun letras, con el nombre que quieren. 

s En la edic. de Ángelis: que en su idioma llaman menguas, todos 
de su invención, y algunos de ellos. 

4 En la edic. de Ángelis: pero que no saben. 

A Asi en el ms.: más correcto en la edic. de Ángelis: y dados los re- 
piques de campanas. 

<> En la edic. de Ángelis: y con grande algazara. 

7 £a la edic. de Ángelis: los pretales. 



ANTIGÜEDADES ROMANAS DE VALENCIA. 115 



II. 



TURIAE MARMOR || NUPER EFFOSUM : || SIVE || DIS- 
SERTATIO II CRITICA || DE || VALENTINO SODALICIO || 
VERNARUM COLENTIUM ¡j ISIDEM. || AUCTORE || AUGUS- 
TINO SALESIO, || Sac. Theol. Doctore, Sacerdote Valentino, \\ 
Orhis, Regnique Historiographo, || VALENTIAE. ¡| Apud Jose- 
phum Thomam Lucas, in platea || Comoediar. Ann. m.dgg.lx (1). 

* Ceterum accusator fatetur,,. ut Pompejus in Hispaniam venerit.., acerrt" *Pág. 2. 
mis lilis proeliiSf et maximis Sucronensi et DURIEN8I inierfuisse, (Cicero, 

pro L. Cornelio Balbo Gaditano.) 

ínter laeva moenium et dextrum flumem TURIAM, qmd Válentiam parvo 
v/Uervalh praeterfluit.,. Proelium apud flumem DQRIUSd, et Dux hostium 
C Herennius cura Urbe Valentía et Exercitu deleti, satis clara vobis sunt, 
(SaliuBtius in fracm. lib. ii et iii.) 

Regio Aedetana amoeno práetendente se stagno ad Celtiberos recedens, Va^ 
lentia COLONIA, iii . ^pass. a mari remola: flumem DUBIaS. (Plin. Hís- 
tor. lib. iii, cap. iii.) Eruditissimus Andreas Straneus in laboriosissimis 
Annotationibus ad Plinium apud celeberrimum Majansium, et in Biblio- 
theca CoUegii Corporis Christi, ita scripsit: Durias, forte tvbia. Dtcepit 
Librar ium in eadem Hispania flamen Durias Lusitaniae, 

Floribus, et roséis formosus TUBIA ripis, (Claudian. de laúd. Seren».) 

♦ Excellentissimo Domino, D. Leopoldo Gregorio Marchioni in ^Paj?. a. 
Squilacio, cet. Summi castrorum Ducis Vicario honorario; Ca- 
tholici Hispaniarum Regis publicis Rationibus Praefecto, Ipsi h 
Secrelis, intimisque Status Consiliis; Supremaequc Curiae Re- 

giae Administro, cet. cet. Augustinus Salesius, Sac. Theolog. 
Doctor, et Sacerdos Valen tinus, Urbis, Regnique Historiogra- 
phus S. P. D. 



(1) Bn 8.^ 48 páginas. Ha encontrado el ejemplar rarísimo y me lo lia enviado 
D. José María Settier, correspondiendo al ruego y expectatiya que foriiiulé en el Bole- 
tín, t. III, pág. 64. Lo presento brevemente anotado.— F. F. 



116 BOLETÍX DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORLA. 

Ignoro, Marchio Excellentissime, cur Dissertatioues meas Cri- 
ticas j)ro Venerahili Joanne Ribera, circa res omnium gravissi- 

*Pág. 4. *nias; de Hispaniae Valentinis praesertim Coneiliis nondum editis; 
de Ducatu Valentino, cet. Roma doctissirna magnopere extulerit, 
atqueeliam Luteíia Parisiorum, alias, denostri Regni Inscriptio- 
nihus ineditis (1), quas urgente Excellentissimo Cailucio liujus 
Regni summo Duce, nonitapridem extincto, diligenter confccc- 
ram; cum tameu paucissimi nosliñm hoc disserendi genus, nempe 
criticamet eraditionemprofiteantur,caeteris acerbe insultanlibus. 
Vereor ne sit, propterea quod vetustatis perscrutationem vulgus 
non capiat, quaestuariis solis litteris (quaeinprelio suut) et pro- 
pria secta contentura; aut quod utilitate et lucro studia meticns 
inanes putet artes (ut sunt eruditae) quae iu hac Urbe provenlu 
carent. Quod prefecto máxime dolendumesset: nam Mariana vir 
insignis, qui tamen fuit Carpetaniae regionis, hoc tulit de gente 
nostra tcstimonium: Vale^itínis prae caeteris Hispaniae populis in- 

•i'ág. 5. genium acre et vi*vidum coelo datum agnoscimus. Sed quantum 
intersit Criticesetantiquitatis studia fovere sat nosti, Excellentis- 
sime Marchio, cum quod in medio Latió tanti videris haec facta 
studia, uti Raphaelis Fabretti, Philippi a Turre, Muratorii alio- 
. rumque commentaria produnt, tum quod, te impeliente, Cl. An- 
tonius Franciscas Gorius, Basilicae Florentinae Praepositus et 
Lycei Florentinae Hisloriae Professor, aliique viri eruditissimi 
Herculani ruderibus , quae anno mdccxlvih apparuerunt , ex 
praescripto sapicntissimi Regis nostri Caroli III tantum lucis et 
splendoris attulerint et complcre pergant. 

Iccirco, cum Isidis niarmor effosum fuerit, quo die Rex noster 
invictus Híspaniam suam tennit; illustratum a me, qui sinepro- 
ventu, genio indulgens et publico muneri, severioribus litteris 
incumbo, hoc Commentariuní, Marchio uobilissime et ornatissi- 
me, ad te miltcre constituí hisce studiis addictum, qui cum Rege 

*Pág. 0. nostro,*PotentissiraojuxtaacClemcntissimo, gaudia socians, iter 
in Hispaniam, cujus adventum gratulamur, una exequutus es. 
Exiguum hoc munus. Non diffiteor. Sed illud pulcherrimum et 

(.1) Falta la mencióa de estas y de las sobredichas á los diccionarios biliogrráflccs de 
Ximeno y Fuster. Sobre la muerte y reemplazo del Duque de Cailús, «Capitán Gene- 
ral del Exercito y Ueyno de Valencia,» véise la Gaceta de Madrid^ 11 Diciembre 1'759. 



ANTIGÜEDADES ROMANAS DE VALENCIA. 117 

humanissimum censendum est, quod Principes, proiit Ta, aca- 
tissimi supra captam ingenii, qui summis generibus natus es, 
totque disciplinis excultus, munificentiam, non oblatae reipretio 
et dignitate, sed oíferenlis affeclu et facúltate metiuntur. Nec 
vero par erat diutias te morari, qui animum adeo occupas in 
studiis publicis, quae Hispanici Imperii majestatem concernunt, 
ut jure possim Terentianum illud tibiaptare: 

denique 
Nullum remittis tempus, ñeque te reepicis. 

Accipe ergo, Marchio Exccllentissime, hanc meae erga Te ob- 
servantiae et gratulationis tesseram, facque tuo auspicio ut res 
publica et litteraria in optimum statum vertat; insignisque no- 
♦stra Academia, dummodo Magni Ludovici Vives sui, qui Sebo- *Pág- ~. 
lam componens disciplmas tradidit et causas corruptarum artium 
designavit] Criticcs praeceptis insistat, honore gloria et fulgore 
niteat. 

Valentiae Edetanorum, vi Calend. Februar. anni mdgclx. 



*Gregorii Majansii, Generosi Valentini, censura ex delegatione *Pág. 8. 
Ordinarii Ecclesiastici. 

Augustini Salcsii, Doctoris Theologi, Urbis Valentiae Regni- 
que Ilistorici Dissertationem Criticam de Valentino Sodalicio 
Vernarum colentium Isidem^ libenti animo Icgi. Argumentum est 
eximium; rerum varietas, et amoenitas, grata; eruditio, multi- 
plo^: uno verbo, opus, dignum, quod luce publica fruatur. Ita 
censeo Olivac, vii Cal. Fobruarias. Anni mdcclx. 

Greg, Majansius^ Generosus Valentiyiiis, 

iHS. Imprim. 

Dr, Albornoz, Vic. Gen, 



•DISSERTATIO || CRITICA, || DE VALENTIIÑ[0 SODALI- *Pág. 9. 
CIO II VERNARUM COLENTIUM ISIDEM. 

Ferdinando VI Borbonio, piissimo Hispaniarum Rege sublato, 
Carolus TU Borbonius^ frater, Neapolis et Siciliae Rcx, hostiuní 



118 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

domitor semper invictas, suffecío iii ejus locum Ferdiaando filio, 
ad obtincndum regnum, qaod ei jure haereditario obtigerat, pa- 
rata iiistructissima classe, Hispaniam cogitavit. Quo die Barci- 
iionem appulit xvi Kal. Novembr. labeutis jam anni mdcclix, 
Isis navigationibus praeposita quae, ut veteres fabulaiitur, veli- 
íicia primum invenit, rateque velificavit dum filium suum Har- 
pocratem quaereret, Valentinos monere visa est (fas sit prae gan- 
dió insanire) Regem noslrum Sapientem ct Magnanimum inco- 
*Págr. 10 *lumem pervenisse. Namquc ipso die, e formosi Turiae visceribus, 
immanis lapis ater, solidissiinus is quidem, ex lapidicinis, ut fe- 
runt, quae non procul Saguntoexstant, repertus est, lougitudinis 
palraorum septem, altitudinis trium, cum lapicidae solilis ferra- 
mcntis parva quaedam rudera fermeattrita, quaeamnis, oinnium 
amoenitatum parentis, fluenta et ripaní intersunt, effoderent. 
Inventum est niarmor, quamvis non dubitem quin olim similis 
generis apud nos erutum, fere intra quartam pilam moenium, 
quibus flumen includitur, et quam invenías si ex cymba lapídea 
iioviter exstructa per sinistrum cornu Urbem versus recta pro- 
grediaris. Nec mérito suo fraudandus est Emmanuel Gomezius 
sacerdos Valenlinus, sacrae Theologiae Doctor, vir doctus, qui 
lapidem erutum primus inspexit, requiescens, cum satis esset 
dcambulatum; et per Ignatium Bellidum sacrae Theologiae Doc- 
torem, sodalem me admonuit. Insignis ergo inscriptio, Idibus 
Novembr. seu postridie, a me accuratc transcripta, liaec est: 

SODALICIVf .. 

VERNARVM 

colenTes ISID .... 

Inscriptio quidem lepidissima est; veramque serval orthogra- 
phiam, quae nisi excipias lanumGruterum BibliothecaePalatinao 
"Pág. u Praefectum (Ins*cript, pag. So, n, 5, pag. 111. n. 10, pag, 624. 
num. 8), ct unum aut alterum, fere omnes Auctores hucus- 
quelatuit. Est etiam perfectissima, si seasum et grammaticam 
spectes; et Sodaiicium colentes vcnustus est atque elegantissimus 
por syllepsim Joquendi modus. Excmpla, hincinde congesta, viri 
sapientissimi, Brocensis, Sciopius et Vossius prodiderunt. 



ANTIGÜEDADES ROMANAS DE VALENCIA. 119 

Quam eífiíse animus meus exultaverit novo hoc vetustatis the- 
saiiro, vix exprimere possum. lUud scio, incitatum me antiqui- 
tatis acnore, et nescio qna perfusum dulcedine, iiicredibili dili- 
gentia ad domum perrexisselllustris Viri Joannis Rato, Canonici 
Yalentini, Archidiaconi Sagiintini et hujus regni Cancellarii, 
qui fabricae murorum ct cloacarum praefectus erat. Huic igilur, 
cujus propterea intererat, ct scripto et vcrbis rem omnem aperui, 
simulque obsecravi, ut digiiareturprojectum marmor, fatuisqui- 
buscumque objeclum, iudc extrahere et in tuto locare, ne tantum 
antiquitatis lumen upupae ictibus, quibus jam duas litteras cor- 
raseraut et ultimam expunxerant, perpetua oblivione deperiret. 
Nam marmor, frustratim disectum, redolabant barbari, ne hilo 
quidem pendentes, capsellis illis incrustandis, quae incorrupte 
servant herbae pulvcrém, qui a Tabaci ínsula usurpat nomen, 
quique cerebrum roborat per meatus narium illatus. Simul spo- 
pondi el explicare Inscriptio*nis mysteria. Annuit virprudcns et *Pég.\2 
antiquitatis amantissimus. Eamque conclusit in villam Semina- 
rii Valentini Societatis Jcsu, in quo clari tirones et ex Senatus 
consulto juventus a sacri hujus Instituti homnibus et litteris et 
moribus instruuntur. Atqne ita, mea curatione, inscriptio Isidia 
iisdem Idibus Novembris, inumbrante vespera, de stultorum 
feriis triumphavit, nec procul a fluminis moenibus constituía. 

Nuncjam, quo fides firmior sit, servare promissa debeo, atque 
studio parendi clarissimo illi Viro, tantae antiquitatis conserva- 
tori, in médium proferam quicquid ad illustrandam Inscriptio- 
nem ad miraculum celeberrimam pertinere mihi videtur. Pre- 
fecto in ea sum sententia Turiae, deliciarum beatissimae urbis 
noslrae parenti, tantum gloriae nccesisse ob hidis inscriptionem, 
quantum dignitatis, ob Sertorii pugnam acerrimam adversus 
Melellum et Pompejum; et celebritatis, obmentionem quamejus 
habuerunt Cicero, Sallustius, Plutarchus, Plinius, Claudianus. 
Jam quae ad rem attingunt. 

Isidis igitur simulacrum muliebre est, bubulis praeditum cor- 
nibus, quemadmodum lo Graeci describunt. Est autcm Isis quae 
graeca lingua dicitur ^nurimp, id est, Ceres. Apollincm et Dianam 
ajunt Aegyplii, Dionysi et hidis filios essc; el Apollo acgyp*liace *Pág. 13 
Orus dicilur, Ceres aulem Isis^ Diana vero Bubastis. In urbe 



120 boletín de la real academia de la historia. 

Busiri máximum erat templum Isidis^ ipsa iii medio DelUie 
Aegypd sita, quemadmodum supponit Herodotus (lib. 2. Euterp ); 
qui insiiper addit, Cyrenaeas foeminas Isidi^ quae eratiu Aogyp- 
to, jejiinia et dies fostos sua tempestale studiose egisse (lib. iv, 
Melpom.). 

In Bibliotheca sua histórica, uberius rem nostram Diodorus 
Siculus declaravit, cum scribit, vetuslissimos in Aegypto morta- 
les muiidum supra se coiitemplatos, et non sine stupore demira- 
tos universi naturam, dúos esse déos existimasse aeternos et pri- 
mos, Solem quippe et Lunam, quorum istum Osiridem, hanc 
hidem appellarint; quorum Eümolpus in Bacchicis carminibus 
meminit; 

Sídereum DioDysum igni radiante coruecum. 

Isidem vero interpretatum fuisse antiquam, quod nomen ab 
acterna et antiqua geueratione est ei impositum. Cornuaque ei 
addunt, quia talis lunae aspectus est quandc, falcis imagine, 
crescit et decrescit, et quia bovem apud Aegyptios consecratam 
habet. Hos itaque déos mundum universum gubernare statuunt, 
nutrientes et augentes omnia (utpote Isis térra) tripartitis anni 
temporibus, veré aestate autumno. Ideoque totum naturae corpus 
solé, qui spiritus est et ignis, lunaque, quae humor est et (térra) 
»páK. u siccitas, consuramari. ínsuper Osi*ridem Bacchum significare, 
interdum Serapin (apud Phoenices sive Chananaeos est Baal); 
Isidem quamproxime Cererem. Epigraphem Isidis columellae 
sacris litteris insculptain Nysae Arabiae oppido, ad qnam plcri- 
que hujusce deae sepulchruní transtulerunt, jam subjicio (1): 
«Ego Isis sum regina hujus regionis, a Mercurio erudita. Quao 
lege per me sancita sunt nemo solvere potest. Ego Saturnia no- 
vissimi dei, filia sum natu máxima. Ego sum Osidiris regis uxor 
et sóror, Ego sum illa quae prima Irugcs mortalibus reperit. Ego 
regis Hori mater sum. 'Ego sum quae in Canis sidere exoritur. 
Mihi Bubastis urbs aediflcata. Vale, gaude, Acgypte, mea nu- 
trix.» (Diodorus, 1. 1. cap. xi. xxiv. xxvii.) Primo et ultimo In- 

(1) Con letra versalitu ioclinada. 



ANTIGÜEDADES ROMANAS DE VALENCIA. 121 

scriptionis hujus verborum ambitui respoadit sic caneas Papi- 
nius Statius (Sylvar. 1. 3. v. 102): 

Nunc regina Phari, numenque Orientis anheli. 

Isis eadem ita loquitur apud Apulejiim (Metamorph. lib. ii): 
«Ego sum reriim natura parens, elementorum omnium domina, 
saeculorum progenies initialis, summa numinum, regina Ma- 
nium, prima Goelitum deorum dearumque, facics uniformis, 
quae coeli luminosa culmina, maris salubria flamina, inferum 
deplórala silentia nutibus * meis dispenso. Cujas numen unicum ♦Pág. 15 
multiforme specie, ritu vario, nomine multijugo totus veneratur 
orbis. Inde primigenii Phryges Pessinunticara nominant deúm 
Matrem, hinc authoctones Attici Gaccropejam Minervam, illinc 
fluctúan tes Gyprii Paphiam Venerem, Cretes sagittiferi Dictyn- 
iiam Dianam, Siculi trilingües Stygiam Proserpinam, Eleusini 
vetustam deam Gererem, Junonem alii, alii Bellonam, alii He- 
caten, Rhamnusiam alii; et qui nascenli diei Solis.inchoantibus 
illustrantur radiis, Aethiopes Ariique priscaque doctrina pollen- 
tes Aegyptii, caeremoniis me propriis percolentes, appellant vero 
nomine reginam Isidem.» 

Omitió quae Plutarchus attulit in suo de Iside et Osiride^ cum 
perspicua sint et cl^a ómnibus. At non.est praetermittendus 
M. Terentiiis Varro, eam ajens quae in Aegypto Isis apud Phoe- 
nicas vocari Astarthe (de ling. lat. 1. iv). Et profecto Lucianus in 
dea Syria et Herodianus in Heliogabalo (lib. v.) Asthartem, Lu- 
nam existimarunt: cujusfiguram Sanchoniaton deduxit, sicapud 
Eusebiura expressit: Imposuit autem Astarthe capiti siio regale 
insigne, tauri caput, (Praepar. Evañg. 1. i, cap. Vi et vii). Eam- 
dem Astarthem capite bovino una et cornuto süper indutam, 
tamquam regium insigne, cornua lunae exhiben tem descripsit 
Porphyrius: quo pariter capitis ornamento decoratam vidimus 
dcam Isidem apud* Herodotum. Astarthem igitur, plurali numero *pág. 1 
Asiaroth^ deam Sidoniorum coluit, et infatuatus adoravit rex Sa- 
lomón (3. Reg. II, V. 5, 33; et 4. Reg. 23, v. 13). Rursumque, ut 
divinae Scripturae proftcntur, Judaei, omnipotenli Numini ple- 
ruraquo facti abominabiles, servientes Baalimet Astaroth, Garent 
illi peculiari nomine ad deam signiflcandam ; cum vero Isis pin- 

TOMO lY. 9 



122 boletín de la real academia de la historia. 

gatur capite vel cornibus bovinis, proniim est judicare, Vituli 
aurei occultatam nomine Hebraeos, annuente Aarone, Isidem 
adorasse (Exod. cap. 32). De dea ista, ubi de diis quae sunt ia 
Aegypto, tractavit Leo (scribil Clemens Alexandrinus) , dicitque 
Isidem a Graecis vocari Cererem, quae fuit tempore Lyncei^ un- 
décima generatione post Mosen. (Stromatum lib. i, c. x, num. 30.) 
Ciceronis aelate, ut reor, nondum Isidis cultus Romam illatus 
fuerat: cum ita, quin tamen Isidem nominaverit, depinxerit (De 
natiir. deor. 1. 2), quae eademprofectosuut, LunamCererenique: 
«Multaque ab ea (Luna) manant et fluunt, quibus et animantes 
alantur, augescantque et pubescant, maturitatemque assequan- 
tur quae oriuntur a térra. Máxime vero sunt admirabiies motas 
earum quinqué stellarum, quae falso vocantur errantes; nihil 
cnim errat, quod in omni aeternitate conservat progressus et re- 
'Pág. 17 gressus.» Pergit disserere de sideribus ac multitudine * nec ces- 
santium deorum, et subjungit: «Multae autem aliae naturae deo- 
rum exmagnis beneficiis eorum non sine causa et a Graeciae sa- 
pientibus et a majoribus nostris constitatae nominataeque sunt. 
Quidquid magnam utilitatem gcneri eíferret humano, id non sine 
divina bonitate erga homines fieri arbitrabantur. Itaque tum 
illudquod erat a deo natum nomine ipsius dei nuncupabant: ut 
cum fruges Cererem appellamus, vinum autftm Liberum; ex quo 
illud Terentii 

Sine Cerere et Libero friget Venus.» 

Suspicor Isidem a Cicerone praetermissam quod aetate sua, 
anno Urbis condltae dcxcv, L. Calpurnio Pisone et A. Gabinio 
consulibus, curia deorum una cum Serapide et Harpocrate cum 
suo Cynocephalo pulsa fuerit et prohibí ta Capitolio inferri, ut 
loquitur TertuUianus (Apolog. advers. Gentes, cap. vi). Sicigitur 
ubi dii selecli alte insederant, peregrini rejecti et explosi. Quod 
autem illi coeperunt aris dictorum deorum eversis, perfectum 
videtur anno Urbis conditae dcciii, consulibus L. Aemilio Paulo 
et C. Claudio Marcello, ipso vivente Cicerone. «L. Aemilius Pau- 
lus cónsul, inquit Valerius Maximus, cum Seaatus Isidis et Se- 
rapis fana diruenda censuisset, eaque nemo opiíicum attingere 



ANTIGÜEDADES ROMANAS DE VALENCIA. 123 

auderet, posita praetoxta securim arripuit, templique ejus foribus 
inflixit. (L. i de Peregr. Relig, rejecta^ cap. 3.) 

• Sed et Augusti temporibus Isis Romae* restituía est. Sacra ejus ♦pá^. 18 
observabantur decetn continuis diebus, continentia rite sérvala, 
capitis dolores foeminis fingentibus si viri urgerent. Iccirco Ovi- 
dius conquestas est, sic canens de Amica: (Amor. 1. i, Eleg. viii.) 

Saepe nega noctes; capitis modo finge dolorem; 
Et modo, quae causas praebeat, Isia erit. 

Eamdem solemnilatem, ad Cynlhiam scribens, maledictis pros- 
cindit Propertius (lib. ii). 

Trístia' jam redeuDt iterum solemnia nobís, 

Cyotliia jam noctes est operata decem. 
Atque ntinam Nilo pereat quae sacra tepente 

Misit matronis Inachis Ausoniis. 

' Tiberio postea imperante, cum Romae in sacris Isidis in illus- 
tri Paulina, doae hujus cultui veheraenter addicta , summa tur- 
pitudo deprehensa esset, sacrifici in crucem acti sunt;^iruloque 
templo slatua Isidis, Principis jussu, in Tiberim mersa est, uti 
narrat Josephus. (Antiq. Judaic. lib. xviii, cap. iv.) Sicque, ex- 
ternas cerimonias, Aegyptios ritus Tiberius compescuit, coactis 
qui superstitione ea tenebantur religiosas vestes cum instrumento 
omni comburere, ut scribit Suetonius (in Tiberio, cap. xxxvi). 

Nihilominus sacra haec eadem restaúrala jam erant Neronis 
tempore, cum ea ita expresserit Lucanus (lib. viii) de Aegypto lo* 
quens, Pompejique fata plangens: 

*Nos in templa tuam Romana accepimus Isin, *Péfir. 19 

Semideosque canes et sistra jubentia luctns , 
Et qaem tu plangens hominem testaris Osirim. 

Otho quoque imperator sacra haec Isidis saepe in lintoa religio- 
saque veste propalam celebrabat, testante in ejus vita Suetonio. 
Atque ita adeo cultus ejus dilatatus est, ut Vespasiani aetate Har- 
pocratcm statuasque Aegyptioriim numinum in digitis viri quo- 
que portare incoeperint, ut Pliuius loquitur; ¡Histor. natur. 
L XXX.) et Domitianus latere non erubuerit Isiaci celatus habitu 
dura in Capitolium irrumpereut Vitelliani. (Sueton. in Domit. 



124 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTÜKIA. 

c. I.) Commodus etiam Aatoninus sacra Isidis coluit, ut et capiit 
raderct et Anubim portaret, uti Aelius Lampridius litteris con- 
siguavit. Sed et Antoninus Caracalla sacra Isidis Romam depor-- 
tavit et templa ubique magnip.ce eidem deae fecit, ut prodit Spar« 
tianus; non tamea quod celebritatem primas invexerit, sed qnod 
eidem plura addiderit. Tertulliani demum aotate, Libero, Sera- 
pidi, Isidi^ Harpocrati silencii numini, cum suo Gynocephalo ca- 
niiii capitis deo, qui ipso erat latrator Anubis, Romani summam. 
coiitulerauc majestatem. (Apologet. cap. vi.) 

Quibus tamen temporibus Isis coepta fuorit apud Hispanos 
adorari; sicuti vix dicere ausim, ita credo cum Romauorum ar- 
'PJgr. 20 mis victricibiis, *poiissimura Augusti temporibus, post omnino 
receptas Hispaiiias cultum Romae restitutum per Iraperii provin* 
cias coepisse propagari. Id nos ex Gallia, Hispaniae contermina 
provincia didicimus; quae, cum Julii Caesaris aetatedeos colerct 
Mercurium, Apollinem, Martem, Jovem et Minervam, ut ipse* 
met retulit de Bello gallico; (lib. vi, cap. xvii.) non multo post, 
si Morella Gallo fides sit adhibenda, quod tamen suspicor, iside»» 
induxit. Quare ergo iisdem temporibus Isidis cultum non jam 
apud nostrates iaductum? Praesertim, cum nostrae Inscriptionis- 
laconismus, qui verbis paucissimis plura complectitur, necnon 
vetustissimi ejusdem litterarum ápices referan t Augusti aetatem. 
Suadent queque veteres Inscriptioncs. In urbe Tarraconensi, 
quae a C. Caesare Colonia videtur dedada, quae nummos avgvsto 
DEO consecra vit, quaeque, Melae aetate, urbs erat in Hispaniae 
Mediterraneis oris maritimarum opulentissima, hanc (1) sacravit 
Clodia Osiana: 

I s I D I A V G 

S A C R V M 
IN HONOREM 
ET MEMORIAM 
IVLIAE SABINAE 
CLOD«OSIANA 

M A T E R 

(1) Hübner, Inscripta Hisp, Latinae^ 4080. 



ANTIGÜEDADES ROMANAS DE VALENCIA. 125 

Basim statuae Isidis puerperae, seu lo, post*quam Epaphum pe- *Pág.2i 
perit, qnam Hispali accurate diligeiiterque delineandara curave- 
rat celoberriinus Emmanuel Martinas, Alonensis Decanus, misit 
hic Cl. Vir ad Bernardam Mont-fauconium,unacuminscriptione 
Isidis lepidissima. Iii illa haberaus Anubidis hinc simulacrum 
novo gestamine, nempe clava, atque ibidemillam TroXhé^CxXriTov. 
lude vero, sive Osiridem, sive numen aliiid Niloticura cum sub- 
jecto Apidc. Basis haec tamen cum inscriptione (1) Acci olim ad- 
vecta fuit. Ecce initium: 

I s I D I P V E I 

IVSSV • DEI • NE Aw**AA* 

PABIA • L • F • FABIANA • AVIA 

IN HONOREM AVTIAE NEPTIS 

PIISSIMAE EXARG • P • CXIIS**** 

etc. 

Aliam quidem, nec minus insignem (2), eidem deae Accitani sa- 
<;rarunt, quam inventam in agro Accitano, sic damus ab erudito 
Thoma Legionensi, Jesuitarum sodali transcriptara. 

9 

LIVIA CHALCEDONICA 
ISIDI DEAE D • 
H • S • E 
ORNATA VT POTVIT 
IN COLLO H MONILE 
GEMMEVM'IN DIGITIS 
SMARAGD • XX-DEXTR 

• 

*Quin tamen praetereamus Isidis quoque cultum apud Bracaren- *pég,7ss 
ses in Lusitania (3) juxta Gruterianara inscriptionem (Inscrip. 
pag. 83, nuin. 7) invaluisse. 



(1) Hübn.,3286. 

(2) Hübn.,3287. 
<3) Hübn., 2416. 



126 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

Hisce ergb temporibus pulaverim a Romanis deae Isidis cul- 
tum Valentiam illatum; antea vero apud Hispanos cultam mini- 
me crediderim, quantumvis contra sentiat Henricus Floretius. 
Namque numismata municipiorum et coloniarum, Acinipo, Asi- 
do, Ambae, Bailo, Caurae, Cartejae, Carbulae, Gades, Ilipae^ 
Itucci, Obulco, Orippo, Romulae, Saetabis, Uliae, Urso, insigne 
licet Lunae praetulerint, antequam Romani (quod falsum arbi* 
tror) Hispania potirentur; idem signum observamus in Sagunti- 
nis, in quibus non Isidem^ sed Dianam dumtaxat denotari, dedu* 
cas ex Plinio, ita scribente: «In Hispania Sagunti ajunt templum 
Dianae a Zacyntho advectae cum conditoribus, annis ducentia 
ante excidium Trojae, ut auctor est Bocchus; infraque oppidum 
ipsum id haberi. Cui pepercit religione inductus Annibal, juni- 
peri trabibus etiam nunc durantibus (lib. xvi, cap. xl). Templi 
hujus, infra oppidum, sacrarii pavimentum musaico opere in- 
signe, effosum est mense Majo ann. mdgcxlv, et a me explanatum 
oculato teste: Regi nostro potentissimo Philippo V explanatia 
tradita fuit, quamvis honores alius (1) tulerit. Favent quae Sebo— 
*pág. 23 lani aeta*te inscriptiones Dianae supererañt; nunc una tantum (2), 
quam cum litteris lepidissimis Baroni Schombergio misit Clar^ 
Gregprius Majans, omnium disciplinarum peritissimus, Musa- 
rum et Hispanorum gloria (lib. iii, Epistol. xxv, pag. 148). Prae- 
terea observatur in Caesarum monetis, Marciae Otaciliae, Salp- 
ninae et Severinae Augustarum ejusdem Lunae insigne, quin 
Isidem unquam referan t; quod jure a Flore tio non erat praeter- 
mittendum. 

Atquo haec de Iside pro illustranda nostra Inscriptione, cáete- 
ris, ut reor, Hispaniae antiquiore; ex qua novimus, quin aliud 
supersit monumentum, hanc deam a Valentinis, Romanae su- 
perstitionis temporibus, cultam fuisse. 

At quo demuní ritu? Explicare jam conor ut tándem quid a 
vernis praestaretur palam fiat. 



(1) Miguel Eugenio Muñoz, Disertación sobre el pavimento descubierto en la villa ie^ 
Murviedro junto al arrabal de San Sebastián en 19 de Abril de 1745, reconocido de ordeik 
de S, M. Ms. (E. 179, fol. 1-119} en la biblioteca de nuestra Real Academia. 

(2) Hübn., 8820.— Los dos tomos de Escolano salieron á luz en 1610 y 1611. 



ANTIGÜEDADES ROMANAS DE VALENCIA. 127 

Aegyptii hanc deam, ut ante praediximus, summa veneratione 
coluerunt, eique máximum festum celebrabant. Ritushujusmodi. 
Postea quam jejunaverant pridie diei festi, atque obdormierant, 
bovem immolabant eumque corio exuebant et alvo tota vacua- 
bant. Intestina intra ventrem adipemque liuquentes, crura trun- 
cabant et extremos lumbos armosque ac cervicem. His actis, reli- 
quum bovis corpus stipabant panibus puris, et melle, et uva 
passa^ et ficis, et thure, et myrrha aliisque odoribus. Ubi haec 
infarserunt, adolebant, multum vini * oleique infundentes; jejuni *Pág. 2i 
tamen^ priusquam sacrificarent. Dum ardebat sacrificium, verbe- 
rabantur omnes, cuncti et cunctae, multa sane hominum millia; 
post, dapes ex sacrificii reliquiis proponebantur. Boves quidem 
mares, eosdemque mundos, ac vítulos inmolaban! Aegyptii; at 
foeminas immolare non licebat, utpote Isidi consecratas; cujus 
simulacrum muliebre, bubulis cornibus praeditum, eratque cor- 
nuta vacca. (Herodot. testis, lib. i, Euterp.) Alia insuper solem- 
nitate hanc deam distinxerunt ob fruges ab ea inventas. Namque 
pro testimonio inventarum frugum, messis tempore oblatis spi- 
carum primitiis, incolae juxta manípulos plangebant, Isidemqne 
invocabant sistris, reor, jubentibus luctus. In pompa, tritici et 
hordei vascula circumferebant ad primitus deae industria reper- 
torum memoriam (Diodor. Sicul. Biblioth. 1, i, cap. xiii); et ob 
medicinam ferme ab eadem inventam totius orbis fama celebra- 
batur. (Ibid. cap. xv.) Ex Orphei et Pythagorae disciplina, qui 
lanea omnia in rebus divinis ut impura et prophana damnabant, 
Isiaci sacrificuli lineo habitu induebantur; atque sic Domitianus, 
Tácito scribente, scrutantibus latuit. Sed et Juvenalis (Satyr. vi) 
Isiacorum gregem linigerum pariter, et ab amictu, et quod caput 
raderent, calvum vocat: 

*Ergo hio praecipuam snmmnmque meretur honorem , *Pág. 25 

Qui grege linigero circumdatus et grege calvo 
Plaogeotis populi currit deriaor Anubis. 
Ule petit veniam , quoties non abstinet uxor 
Concubitu sacris observandisque diebus. . 

Decem quippe diebua. sacra nocturna in templo Isidis mulleres 
peragebant, quin eo liceret viris accederé. Haec causa, quam 
praediximus, querelarum Ovidii et Propertii, et poenitudinis 



128 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

quam significaat Lucanus et Juvenalis. Certns insupcr quo Isidis 
navigiura celebrabatur (1); quod, Apulejo testo (2), sacerdotes sa- 
criücabaut; quae res docet non tranasse illam sed navigasse (Lac- 
tant. de falsa relig. lib. i), quod etiam admonuil Cornelius Tacitus 
de Germanis sic disserens: «Pars Suevorum et Isidi sacrifican t. 
Undeet causa et origo peregrino sacro parumcomperi; nisiquod 
signum ipsum, in modum liburnae ñguratum, docet advectam 
religionem.» Ideo praeesse navigationibus putabatur, et cursus 
in mari dirigere. Sic enim, Luciano referente, Jovis ad Merca- 
rium: «Ipsam vero lun per mare in Aegyptum ducito, et facito 
Isin; ac deinceps sit illis hominibus numen. Inducat ipsa Nilum, 
ventos immittat et navigantes servet.» De hoc praeterea festo 
Apulejus (Jib. xi). Circa quod adeundus est magnas meus et im- 
♦Pág.26 mortalitale * dignissimus Ludovicus Vives. (Comment. 1. xviii de 
Givit. Dei, cap. iii.) In sacris tamen Isidis reconditis et arcanis 
venerandis multa erant turpissima, exsecranda, flagitiorum et 
scelerum plena, quae ad inferna quoque, id est, Erebi arcana, 
sacra spectabant. Multa impiissima patrabani; mox carmina fun- 
debant contra déos ipsos, adversus quos sacerdotes violentis mi- 
nis utebantur, veluti: Ni vos ita feceritis, aut contra, coelos con- 
fringam; vel oculta Isidis patefaciam; vel arcanum in abysso 
reconditum divulgabo; aut sistam navim quamdam apud Aegyp- 
tios sacram, etc. Quae omnia refert Porphyrius ad Anabonem 
sacerdotem, quem in Civitate Dei beatus Augustinus transcrip- 
sit (lib. X, cap. xi). 

An vernae arcanis illis sacris inleressent? Obscurum est ex 
Horatio, qui postquam de puero verna, loquutus ante fuerat, sic 
postea sermón. 1. 2. satyr. vi. quamdam describit coenam: 

hospes 
Gontinaatqae dapes, necnon vemiliter ipsis 
Faogitur ofñciis. 



(1) «Quo igitur argumento probari pótest nec Europam in Tauro sedisse, necio 
factam bovem? Quod certus dies habetur in Fastis, quo Isidis navigium celebratur; 
quae res docet non tranasse illam, sed navigasse.» Lactancio, Divin. institut. i, 11. 

(2) «Navem... summus sacerdos... quam purissime purificatam nuncupavit dedica* 
vitq u e.» Metamorpb . , xi . 



ANTIGÜEDADES ROMANAS DE VALENCIA. 129 

Quod alii quidem luxuriose, alii pro adulatorie exponunír, qui- 
bus vivendi ars haec est. Sed tamen de vernae signiücalione, 
guae dubitationem nou habet, iii eam plerosque adduxit, ut Per- 
sius -ait 

Murmura cum secum et rabiosa silentia rodunt. 

Servi itaque, domi nati, •vernae eivernaculi diccbantur; etproca- *Pág.r7 
cíores plerumque eraiit, quia scilicet ipsis plus quam alus indul- 
gebatur. Plerisque tamen servi sunt domi nati ex ancilla nostra 
aut servo. At ego rem istam medullitus perceperam, dum juvcnis 
Sacrae Scientiae laurea in Academia hac nostra donandus essem. 
Tura enim Cl. Félix Gastón, acerrimi judicii vir, sacraequeTheo- 
íogiae Doctor, *Professor et Censor, concessit mihi praestantis 
doclrinae a se elaboratum opus in Evo^rréXioL, venustissimum id qui- 
dem, prout ejus omnia. Inquirens autem, quinam ad circumci- 
«ionem servi tenerentur, sic praefatur: «Atque imprimis suppo- 
nendum moneo servos alios fuisse vernaculosy qui nempe domi 
nascebantur ex servis; alios empticios, qui scilicet pretio empti 
vel in bello capti erant; alios mercenarios, qui tametsi liberi, ta- 
men ex mercede accepta in Abrahae domo serviebant. Haec est, 
ut reo'r, penitissima vernae et vernaculi nomenclatura,* quam 
postea praeceptorem sequutus excepit vir insignis Paschasius 
Sala, Praepositus Valentinus, Sacrarum Litterarum Interpres, 
meusque in hac scientia Institutor. Praecipuis quoque sacris- 
Isidis praecedebat sacer apparatus, tanta schematum diversitate 
€t ridiculis commentis instructus, quemadmodum describit Apu- 
lejus (1. xi): «Pompaemagnae;* anteludia votiviscujusquestudiis *Pég.^ 
exórnala; facibus multi purpuraque ludebant; alii barbitio hir- 
ciño philosophum, plerique militem, venatorem, foeminam in- 
cessu perfluo, aucupem mentiebantur, etc.» Jam vero, an ista a 
vernisy praestarentur? Anceps profecto res atque ambigua. Puta- 
rat quispiam a vernis, cum pro scurris eos usurpaverint Thomas 
Farnabius, Vincentius CoUessus et Jacobus Facciolatus, qui om- 
nes Martialis illud in Gaecilium: (Epigr. lib. i. Epigp. xli.) 



Urbanus tibí, Caecili, videris; 

Nun ep, crede mihí. Quid ergo? Vema es, 



i 30 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

fiumpserunt pro scurra impudenti et procaci. Et fortassis non 
abnuit Martialis ipse, (Epigr. 1, x. ep. iii.) ad Priscum: 

VerDaculorum dicta, sordidam dentem, 
Et foeda linguae probra circulatricis. 

Atque etiam Séneca, dum ita scribit de cliente puero: «apud pro- 
ximum circulatorem resedit, et dura vagus atque erro vemaculis 
congregatur et ludit.» (De Benefic. 1. vi. c. xi.) Scenica haec erant, 
et Cereri, quae ipsa est 7s¿s, et Libero dicata; in quibus non minor 
furor, turpitudo prolixior, cum mimus exponebat adulteria, etc, 
(Minuc. in Octavio.) Proptcrea sic gentes Tertullianus carpebat: 
«Dispicite Lentulojrum et Hostiliorum venustates, utrum mimos 

♦pág. 29 an déos vestros in jocis et strophis ri*dea!;is moechum Anubin. 
Ita nihil est nobis dictu visu auditu cum insania circi, impuden- 
tia theatri, etc.» (Apologet. cap. xv.) Post solemnia sacrificia, 
spectacula et ludos edere, choreas agere et convivia celebrare 
mos fuit Isiacorum; quibus Hebraei imitati, diutinae Moysis 
absentiae pertaesi, idem in deserto fecerunt. (Exod, xxxii, 6.) 
Profecto olim serves verncfs ad contumeliosas argutias erudiebant. 
Unde Séneca: «Cogita filiorura nos modestia delectari, vernula- 
rum licentia; illos disciplina tristiori contineri , horum ali auda- 
ciam. (De Provid. cap. i.) ídem philosophus sic proprius de vcr- 
nis seu mancipiis: «Eadem causa est cur nos mancipiorum nos- 
trorum urbanitas in Domino contumeliosa delectet; quorum 
audacia, ita demum sibi in convivas jas facit, si coepit a Domino. 
Ut quisque contemtissimus et ut máxime ludibrio est, ita solu- 
tissimae linguae est. Pueros quidem in hoc mercantur procaces, 
et eorum impudentiam acuunt, et sub magistro habent qui pro- 
bra meditate effundant; nec has contumelias vocamus sed argu- 
tias.» (libr. de Constant. Sap. cap. xi.) Videtur igitur in sacris 
Isidis yernas seu scurras lusisse^ quod apud Virgilium (Eclog. vi) 
est choreas ducere, et (Eclog. i.) instrumenta pulsare; quamvis 
Tertullianus (lib. de jejun.) ludere de impuritatibus expouat. Si 

*pág. 30 namque mancipia instituebantur, quare non in* sodaliciis? De 
iisdem sic idem. Séneca: «Transeo puerorum infelicium greges, 
quos post transada convivia aliae cubiculi contumeliae expec- 
tant.» (Epist. xcv.) Quae forte conveniunt cum recoiiditis Isidis 



ANTIGÜEDADES ROMANAS DK VALENCIA. 131 

arcanis quibus Dea colebatur: omniaque hucusque deducía Mar- 
tiali cohaerent, quemadmodum eum memorati viri iatellexerunt. 
At vernas ñon fuisse scurras omnino putamus; nec enim id 
lapides silerent, cum tamen nihil adferant. Inscriptio Coloniae 
Patriciae (1) hic sistitur: 

D vM • s 
M • LVCRETIVS 

V E R N A 
P ATRIC lENS • 

ANN«LV« 
PIVS • IN • SVOS • 

H «S •£• 
SIT • T • T • LEVIS • 

Ñeque viri illi ornatissimi aberrassent, si super Marlialis epi- 
gramma Domitium Calderinum consuluissent, optimum illum 
Martialis interpretem. 

Igitur quodijam fuerit Vernarum nunus Sodalicii Valentini, 
post sacrificulorum choreas inferius expendam. 

In pompis ergo Isidis^ choreas duxisse sacrificos prorsus com- 
pertum est. Theletusa Ovidiana, sic loquitur ad deae aram pro- 
voluta, (ix. Metamorph.) 

^e, dea, te quondam, tuaqne haec insignia vidi *Pág. 31 

Cnnctaqne cognovi, sonitnm comiteeque facesque 
Sistrorum. 

# 

ünde Martialis quoque: 

Linigeri fngiunt caivi sistrataqne tnrba. 

Et Paninius Statius, Silvar. 1. iii. v. 103: 

Exoipe mnltisono pnppem Mareotida sistro. 
' (1) Hübn.,2!M6. 



132 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTOIUA. 

Aera vocat ad Deliam Tibullus, quae in castro Isidis fucrat: 

Quid mihi prosuot 
Illa tua toties aera repulsa manu? 

Incedendi ordinem colligas ex ejusdcm Ovidianae Theletusae, 
somnii imagine : 

Cum medio noctís spacio, sub imagine somni, 
InacMs ante torum pompa comitata sacrorum 
Aut Btetit, aut yisa est. Inerant lunaria f ronti 
Comuaj cum spicis nitido flaventíbas aaro, 
Et regale decae; cum qua latrator Anubis, 
Sanctaque Bubastis, variisque coloribus Apis, 
Quique premit vocem digitoque silentia suadet; 
Sistraque erant nutbquamque satis quaesitus Obirís, 
Plenaque sommferis serpens peregrina venenis. 

Quid omnia isthaec signiñcent habes in Plutarcho, de Iside et 
Osiride; et, ut reor, Exod. xxii. Stultum vulgus, cum luminis 
defectumLuna pateretur, laborare arbitrabatiir; utqiie laboiíbus 
ejus, consuleret, nocte sub dio aeneis ac ferréis vasis strepitum 
Tág.32 máximum edebant ne * ea, veneficorum carmina audiret, quibus 
pati decebant. (Plin. Hist. variis loe.) 

Jam a sacriíiculorum choréis ad vertiarum munus. 

Messium tempore, a priscis aetatibus pro optatis benedictioni- 
bus coloni grates referebant Baccho et Isidi, fruges lustrantes et 
agros, descensum illis precantes, ut ex prioris numinis cornibus 
uva penderet, Ceresque spicis témpora cingeret. Luce tune sacra, 
humus et arator réquiem capiebant; opus cessabat; jugis vincla 
solvebant, et ad praesepia plena stabant boves capite corónate. 
Turba gaudio suffussa cernebat quemadmodum sacer agnus per- 
gebat ad fulgentes aras sacrificio oíferendus. Purgabant agros, 
purgabant agrestes; precabanturque déos ut mala suis limitibus 
pellerent, nevé seges arvis fallacibus messem eluderet, neu agna 
tardior timeret céleres lupos. Tune nitidusrusticus, jamconfisus, 
plenis agris ingerebat ardenti foco grandia ligua; unaque turba 
vernarum, saturo colono bona signa ludebat, exque virgis arte 
compactis casas extruebat; quemadmodum iisdem fere verbis re- 



ANTIGÜEDADES ROMANAS DE VALENCIA. 133 

fert TibuUus (lib. ir. Eleg. i.) cujus babeo editionetn insigáis 
Viacentii Marinerii nostri manii notatam anuo mdxciv: 



Bacche veni, dulcisque tais e cornibus uva 
Pendeat, et spicis témpora cinge, Cerep. 
♦Turbaque vernarum saturi bona signa coloni, *p¿g^ 33 

Ludet, et ex virgis extruet arte focos. 



Itaque priscis hisce ritibus inserviendis ludendi bona signa ver- 
nae forte ia sodaliciis instituebantur, Isidem ita colentes; quod 
etiam Martialis expressit, loqueas de villa Faustini, lib. ni. 
Epigr. Lviii. 

Cingnnt aeren um lactei focum vemaej 
Et larga f estos lucet ad Lares silva. 

Pressius. /sis estCeres. Coloni Valcntini aratro terram subi- 
gebant fissione glebarum; et ad sementem praeparabant, adhibita 
servorum, praesertim tamen vernarum (qui servi profecto crant 
inflmae sortis) nec parva manu; non ergo mirum si vernae, agri- 
colae, Isidi reverentiam doferrent in ipsa floren tissima Tiiriao 
crepidine; quae ipsa erat dea, si fidem Apollodoro adhibemus, 
quae cum Solé, seu Libero Patre, fertilitatibus glebae et matu- 
randis frugibus vel nocturno temperamento vcl diurno calore 
moderaban tur, ut Macrobius loquitur. (Saturnal, lib. i. c. xx.) 
Indo Turia formosus floribus et roséis ripis, ut Claudianus ceci- 
nit, ncmpe glebae vel terrac fertilitatibus. Qui tándem i n/íononi 
panegyr.^ sic de Iside. 

Nilotica sistris 
Ripa sonat 

Quid tamdem si vernae sodalicium colerent * Isidem congloba tim *pse 34 
adeuntes? Quae cuneta religione celebrabatur, quod esset vel tér- 
ra vel natura rerum suhjacens Soít, ut prosequitur Macrobius 
(Ib. c. XXV,), ita conglutinata vernarum concordia. Impediren- 
turne a Dominis? Imo sibi indulgentes experiebantur. Inscrip- 
tiones in urbe Roma, congestae ab Erudiliss. Antonio Francisco 
Gorio Florentino, anno mdccliii, hae sunt: 



134 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

L • VI • ASIÁTICO • VIVÍA • ASIA 

VERNAE • SVO • CARISSIMO • FECIT 

VIX • ANN • II • MES • III 



DIS • M 

C • LISSIPVS • FECIT • SILVANO 

VERNAE-SVO «CARISSIMO 

V 1 X • A N • V I 



D I S • M 

C • LISIPPVS • FECIT • APHRODISIO 

VERNAE • SVO • CARISSIM •. VIX 

AN • I • M • VIII 



ISAVRICAE • VERNACLAE 
SVAE • OyAE ' VIX • AN • III 
DIEB • XXIIII • TI • CLAVDIVS 
FORTVNATVS • FECIT 

♦Pág. 35 Adres istas obeundas instituía ev3.aí Sodali*cia. Sodalitates, 
scribit Cicero, sub persona M. Catonis, me quaestore constitutae 
sunt, sacris Idaeis Magnae Matris acceptis. (De Senect. cap. 45.) 
Haec Sodalicia, seu collegia, plurima erant ad varios, fert idem 
Cicero, deorum honores. Sodales Titii ab Titiisavibus dicti sunt, 
quas in auguriis observabant: propterea extra Urbem incolebant, 
et in tuguriis certa auguria servabant; quoniam ad id a pontifi- 
cibus erant deputati, ut innuere videtur Varro. An propterea de- 
putati vernae casas extruebant ut signa observarent? Si Appiano 
praestanda fides, Collegium Corneliorum fuit servorum. Sodales 
Marcianiy Capitolino auctore, Marci sacra curabant; Capitolino- 



ANTIGÜEDADES ROMANAS DE VALENCIA. 135 

rum collegium eoram sodalium erat qui ludos Capitolinos exer- 
cebant. Et Doraitianus imperator, referente Siietonio, Minervae 
€olIegium instituerat, ex quo sorte ducti magisterio fungereatur, 
redderentque eximias venationes et scenicos ludos, superque ora- 
torum ac poetarum certamina. (In vita, cap. iv.) De hisce sodali- 
ciis sic opportune gravissimus TertuUianus: «Sed Circensiura 
paulo pompatior suggestus, quibus proprie hoc nomea pompa 
praecedit... quanta praeterea sacra, quanta sacrificia praecedant, 
intercedant, succedant, quot collegia quot sacerdotia moveantur, 
sciunt homines illius verbis in qua daemoniorum conventus con- 
sedit.» (be spectac. cap. vii. et xi.) Mihi tamen non est cur tan- 
tope*re vernarum sodalicium extollam; cum, Cicerone auctore, *Pág.36 
«Collegia, non solum quae Senatus tulerat restituta, sed innu- 
merabilia quaedam ex omni faece Urbis ac servitio concitata, id- 
que ad varios deorum honores. Inde collige Valentini sodalicii 
antiquitatem, quara superius innuimus. 

Rursum, ex Ausonio Popma planius rem dabo. Collegia erant 
majora, et artificum opificumque omnium genera distincta ha- 
bebant, ut collegia fabrorum, figulorum, pistorum, aurificum, 
<;erdonum, coriariorum, fictorum, viatorum etsimilium; in specie 
autem sacerdotum, praetorum et studiosorum. Sodalicia erant 
minora, et plerumque in re leviori, non aliter ac sódales^ qui 
ejusmodi familiares proprie denotant, quibuscum saepissime ver- 
samur, ludimus, edimüs ac bibiraas. Hujusmodi ergo erant ver- 
nae sodales, qui Isidem, seu Lunam, Terram, ipsamque naturam 
rerum, ut Macrobius ait, colebant. 

Longe majori cultu Valentini Serapin Aegyptium numen pro- 
«equebantur; quod ipse erat Osiris rea?, cujus uxor et sóror Isis. 
Osiris autem ipse Soí, Bacchus, Líber Pater^ Dionysus^ et Cha- 
nanaeis Baal. Juliani Augusti numismata reperiuntur, in quibus 
vultum Imperatoris observes cum inscriptione Serapidis, cui a 
«inistris effigies inhaeret; quibus imaginibus apud AegyptiosSoí 
atque Luna * repraesentari solebant. ünde Macrobius: «Eidem *Páfir.37 
Aegypto adjacens civitas, quae conditorem Alexandrum Macedo- 
ncm gloriatur, Serapin atque Isin cultu paene attonitae venera- 
tionis observat; omnem tamen illam venerationem Soli se sub 
illius nomine teslatur impenderé... Ex his apparet Serapis et So- 



136 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA QE LA HISTORIA. 

lis iinam esseet individuam naturam.» (Saturnal, lib, i. cap. xx.) 
Huic numini aram Valentini sacraruiit, cujas inscriplio (I) pa~ 
truní nostrorum memoria in platea aedium, ubi inclytae nostrafr 
urbis valetudinarii et infirmi curautur, adhuc supererat. En 
illam: 

s E R A P I 
PRO SALVTE-P 

HERENNIl 
SEBRIGALLINl 

V S • S E R 

De Serapi plura congcrere poteram ex Herodoto, Diodoro, Ma- 
crobio; praesertim ex Panegyrico Juliani Caesaris in regem So- 
lem ad Sallustium, quem notis illustravit insignia noster Vin- 
centius Marinerius. Sed non juvat araplus ludere. 

Bacchi templum constitutum erat, ubi nunc aedes sancti Bar- 
tholomaei, in qua ecclesia ego honesto sacerdotio fungor. Anno 
MDCLXvii. dum térra eíFoderetur ad templiamplissimi, quodmoda 
conspicimus, fundamenta jacienda, antiqua rudera inventa sunt; 
Pág. 38 parietoscum ca*mera; altus puteus eximiae virtutis aquac, fistulis 
plumbeis inira subterráneos parietes consistentibus ductae. ínter 
casdem macerias inventa quoque est nitidissimi marmoris co- 
lumna confracta, sed ornata hederae segmentis: Bacchi insigne 
cui, ut Eustathius, hederá tributa est. Insuper pavimentum atris. 
quadratisque lapidibus stratum. Quae omnia manu sua scripta 
reliquit oculalus testis D. Josephus Ortinus et Moles, qui fabri- 
cac praeerat, cujus apud me servo manuscriptum. Praeterea mar- 
mor inventum est venustissimum, paene confractum etattritum, 
in quo haec solum leguntur in exteriori templi parióte (2): 

D • 

MARCIA*****4* 



íl) Hübn.,3731. 
(2) Hübn, 3765. 



ANTIGÜEDADES ROMANAS DE VALENCIA. 137 

Qaae certe, templum, sacrificia et Bacchum referan t, si Vitruvio 
et Julio Frontino de Aquaeductibus insistendum sit. 

Hinc Urbis nostrae dignitatem perspicuam habere jam possu- 
mus, quipqe quae tempore Romanae superstitionis, dum Jesu 
Christi Servatoris nostri Evolt/^Xiov nondum illuxerat, Aesculapio, 
Fatis, Herculi, Serapidi, Isidi^ Baccho, Hammoni(l) templa con- 
struxerat, si fas sit marmoribus credere. An item Dianae? Mihi 
nondum compertum est. 

Igitur officio jam meo satis functus videor qui elegantissimam 
inscriptionem in lucem protulerim.*Interea nos, nec solis nec lu- *págr. 39 
nae pulchritudine et utilitate commoti, ñeque gentium errore 
decepti, aeternum Deum optimum máximum adoramus, qui in 
ministerium et usum cunctarum gentium quae sub coelo sunt ea 
sidera condidit; ab eoque, ut Patre luminum, bona cuneta praes- 
tolamur, 

Celebriores Turiae, uhi inventa Isidis inscriptiOy aqtiarum 
inundationes, quae agros occuparunty confiideruntque^ urhique 
Valentiae ruinara minitatae sunt, 

Quae Romanorum temporibus contigcrunt, si tamen; prorsus 
latent. TURIA tune inter laeva moonium, dextrum flumen^ Va- 
lentiam parvo intervallo (Sallustii sunt verba) praeterfluebat: 
perqué forum, quod nunc conspicimus, rerum venaliumductum, 
moenia vetusta, nec procul, portam Sucronensem, inter meri- 
diem et occasum posilam perstringens; eádem Romana tempes- 
tate per dextrum Urbis conspectum, sic jam sinistrum flumen^ 
uti modo cerniffcus mare versus deductum fuit. Jam ad immda- 
tiones, quarum ab Urbis expugnatione (2) memoria extat: aüa- 
rum enim, tametsi anni non constent, meminere Privilegia a 
Jaco*bo 1 Dominicanis Valentinis concessa xiii Kal. Januar. 'Páfir.40 
anni mgc.lviii. et Idib. Decemb. ann. mcg.lxxii. 

I. An. MGGG.xxviii. — IV Kal. Octobris, seu die xxviii Septembr. 
Hanc indicat. Marmor Turris Sanctae Catherinae juxta fluminis 
moenia, quod cum docto P. Francisco Martinezio, Mercedario- 



(1) Htibn.,aT29. 

(2) En 1238. 

TOMO IV, 10 



138 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

rum sodali uaa Iraiiscripsi, utiiiara bene (1), cum hactenus Lon- 
gobardicos litterarum ápices quibus illud constat, nullus eruerit: 

Quitan y lo Riu á la Ciutat • die • 28 Selbre • 
Lany de [ mil \ irecents \ 28 \ A dihuit da 
Féb any • non comensa a puja \ aquesta Torra • 
are ja Apellada Santa Caterina M e.^<ri 

II. Anno M.CGG.XL. pridie Nonas Octobris, hocest, die vi. ejus- 
dem mensis, ita Turia auctus post horam tertiam pomeridianam, 
ut Sacrosanctum Jesu Christi Corpus, et Sacrum Ligniim Crucis 
ab Ecclesia Galhedrali suppliciter per vias publicas delata fue- 
rint, divinae indignationis placandae grada. (Tabulariurn Urbis, 
et Adversai'ia ex coaevis, Francisci Diagi, et Onuphrii Esquerdo, 
apud Gl. Gregorium Majansium.) 

III. Anno MGcc.LViii. — xv. Kal. Septembris, hoc est, die xvii. 
♦Pág.4i Augusti feria vi. ita flumen auctum est, ut pontes dejecerit et * 

praeterea fere mille domus, Perierunt cccc. Viri, atque mulleres, 
aut circiter. Hujus inundationis meminit Privilegium lxxxviii. 
Petri II. (in corpore Privil. fol. 125.) et Adversaria Diagi et Es- 
querdo. 

IV. Auno M.GGCG.vi. — III. Non. Novembris, idest, dieiii. No- 
vembris, ita flumen increvit, ut ingressum fuerit in Trinitatis 
Templura, et aqua supra Altare ascenderit. (Anuales antiqui Va- 
lentini mss. qui extant in Bibliotheca Cl. Majansii, quorum na- 
ctus sum exemplar. Adversaria Diagi et Esquerdo, quibus addi 
potest Surita, Anual, x. cap. lxxxi. iteraque ejflsdem índices Ja- 
tini, pag 398.) 

V. Anno m.cgcg.xxvii. — viii. Kal. Novembris, nempe die 
Sabbati xxv. Octobris, adeo auctum fuit flumen, ut everterit binos 
arcus pontis Serranorum, et juxta Templariorum pontem homi- 

•nem arripuerit, qui supra lignum naves versus delatus: eumque 



(1) Publicó el Sr. Fuster ^Biblioteca valenciana^ t. ii, págr. 1% Valencia, 1830) el di- 
seño exacto de la piedra con la interpretación del epígrafe: «En Vany de la Natititat de 
Nostre Senyor MCCXC, á XIII Juny fon comentada aquesta tona^ appellada Santa Cata- 
lina,» Con razón excusa al Dr. Sales, «porque entonces (la lápida) estaba colocada en 
lugar algo elevado, con un pretil delante, que hacía difícil su acceso y su lectura.» 



ANTIGÜEDADES ROMANAS DE VALENCIA. 



139 



vivum navis quaedam recepit. (Praedicti Annales Valentihi mss.) 
VI. Anno m.dxvii. — v. Kal. Oclobr. nimirum xxvii. Septembr. 
Hujus memiiiit Inscriptio quae cunctis objicitur in ángulo Sa- 
craruní Virgiiium SS. Trinitatis, incisa S. C. 



^ 



HVCVSQ. SVPRA HOMINVM 

MEMORIAM INVNDANS 

TVRIA MÁXIMA VRBI REGNO 

Q_. VALENTIAE DAMNA INTVLIT 

ANN.M.D,XVII 

Q3'INTO K. OCTOB. 

HORA POST MERID. IH 



♦Páff. 42 



Hac inundationc, omnium máxima, antiquus ponsjuxta por- 
tara Urbis praecipuam, mediara inter duas praecelsas turres, 
quae Serranorura, id est, Montanorum dicuntur, eversus est: 
magnae strages contigere, quae recensentur in Adversariis Diagi 
et Esquerdo, in Joannis Tiraonedae Memoria Valentina, et in 
Códice ms. Rerum antiquarum Valentiae^ quera mihidedit Illus- 
tris Vir Vicenfius Frigola et Brizuela Canonicus et Archidiaco- 
ñus Valentinus. Hocque anno mdxvii. cura Senatus pontem e 
fundaraentis ante portara extruendura curaret, Joannesa Celaya 
Doctor Theologus Parisiensis, et Valentinae Acaderaiae perpe- 
tuus Rector, subrusticum suum et illiberalera bonaque studia 
aversantem aniraum satis ostendit. Indigne enira ferens a Chris- 
tianis horainibus cura aestiraatione tractari Roraana marmora, 
horridae vetustatis rubigine obsita, coruraque Inscriptiones con- 
suli, Seviris Valentinis suasit ut quae hujusmodi monumenta 
prisci aevi tota urbe reperirentur, hujus pontis, quod et obtinuit, 
fundaraentis substernerent : quod Viri omnes eruditissirai aegre 
tulerunt. (Gaspar Escolan. Hist, Valent, 1. iv. c. xii. col. 773. Ni- 
*col. Antón, t. i. Bihl. nov. pag. 593. Gl. Gregor. Majansius, 1. i. *Pág. 43 
Egistol. in calce EpistoL xxiii, aliique). Inscriptio post absolutura 
infra loculum Sanctissiraae Crucis posita; earadem refert indig- 
nationem: 



140 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

(VyvM INGENS AC PENE INCREDIB. 
TVRIAE INVNDATIO ANTIQ^VVM 
PONTEM EVERTISSET HVNC E FVN- 
DAMENT. EXTRVENDVM CVRAVE- 
RVNT. OLF. A PROXITA. EX CLERO. 
GALCERAN C ARROZ! V« PARDVS EX 
EQVIT. MICHAEL ROSIVS, EX CI- 
VIB. OPERIS MVRORVM CVRATO- 
RES. PROBANTIBVS. G. PH. CRVl- 
LLES. F. EGIDIO. M. BOV. G. MARC. 
B. BERNEGAL. M. BERENGARIO. VR- 
BIS DEFENS. IVRAT. 

HVMANAE SALVTIS AN. MDXVIII. 

VII. Anno m.dxl. — Pridie Nonas Octobr, scilicet vi. Octobr. 
(Tabularium Urbis.) 

VIII. Anno m.dlxxxi. (Advers. Esquerdi ex coaev.) Ad huic 
aliisque irruptionibus obsistendum Valentinas Senatus pontem 
Maris, uti vocant, inchoavit. 

IX. Anno mdlxxxix. Plurimae Inundationes evenenint, quas 
ex coaevis memorat Josephus Lupus in Statutis Murorum Cloa^ 

*Pág.44 carumque. (pag. 401. 405. 409.) Propterea*coeptum jam pontem 
Maris Senatus Valentinus absolvit. Inscriptio in pontis lóculo: 

s. P. Q^. V. 
QVOD VETEREM PONTEM INVN- 
DANS SAEPE TVRIA INTERRVPISSET, 
HVNC AB ALUS lAM PRIDEM IN- 
CHOATVM, AD MAIOREM EORVM 
QVAE IN VRBEM A MARI COMpOR- 
TANTVR COMMODITATEM, PERFI 
CIENDVM CVRARVNT IACOB. S APE- 
NA CONS. F. BARTHOLOM. SERRA- 



ANTIGÜEDADES ROMANAS DE VALENCIA. 141 

NO ABBAS VALDIG. MOENI. REFI. 
CVRA. PRO ECCLES, ORD. CHRIS- 
TOPHOR, PÉREZ DE ALMAZAN CONS. 
AMBROS. ROCA DE LA SERNA EQVES 
MOENIVM REFI. CVR. PRO EQVES. 
ORD. HIERON. SARZOLA. LVDOV. 
HONOR. FORES, THOMAS THVRV- 
VIO, MICHAEL, lOAN. CHAMOS CONS. 
PET. GREGOR. CALAHORRA PRO 
REGA. ORD. MARCVS RVIZ DE BAR- 
ZENA RATIO. VRB. PRAEF. I>ET. 
DASSIO. EQVES TRIBVN. PLEB, AN. 
MDLXXXVI. 

Ob eamdem causam moles ingens cum Inscriptione extracta 
est, in Urbis ípsis moenibus, e regione fluminis ínter portam 
Trinitatis et Templariorum turrim. Ecce Marmor: 



* TVRJA DVM SCJSSIS IRRVMPIT MOENIBFS 
VRBEM EXTRVIT HANC MOLEM NOBILIS JS- 
TA COHORS . SIMÓN ROS CONS . EGI RODA 
CANONICVS ADMINISTER . CLERJ . PETRAS 
ANTÓN . MATTHEF . CONS . DON lOAN . DE 
VILARAGVD ADMINISTER . ORDIN . MILIT . 
PET . CONTAN . DE SOLER . GASPAR GRANA- 
DA . 10 AN. BAP . COLOM.M, ANTÓN . GAMIR. 
CONSS , FRAN. GARCÍA ,I,C, ADMINISTER , 
ONOPHRIVS MARTORELL ¿^UAESTOR . PETRI^S 
DASSIO TRIBVN . PLEBIS . ANNO MDCII. 

X. Anno mdcli, quo fames dominata est. Irruptio ingens quam 
descripsit oculatus testis Dr. Vicentius Maresius, qui, ut prodit, 
Valentiae tune ederat. Hac inundatione illatae sunt agris oppi- 
disque vícinis innumerabiles strages, quae late referuntur in 
Adversariis Onuphrii Esquerdo. 

XI. Anno mdclxxii. Similis inundatio, quam ídem, ut testis, 
Auctor descripsit. 



*Pág. 45 



142 BOLETÍN DB LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

XII. Anno mdclxxx.— vii. Kal. Nov. seu xxvi Octobr. Hanc 
inundationem descripsit ut teslis Don Vincenlius Gazullius, 
J. V. Censor, iu Mentor. Valent. cujus habeo mss. códices. 

XIII. Anno mdccxxxi. — xvi. Kal. Octobr. nempe xvi. Sep- 
tembris hora post meridiem iii. inundationem celeberrimam om- 

♦Pág.46 nes*conspeximus: ingcntia mala non solum intulit, agros con- 
fundens et innumerabilia averruncans, sed terrorem incutiens, 
cum omnes haereremus attoniti undarum murmura audientes, 
horrendumque timentes aquarum fragorem. In ingressu Atrii 
Franciscanorum Excalceatorum extra Urbem, memoria haec ob- 
servatur: 

Dia i6 de Setiembre 1131. de 3. á 4. de la tarde^ salió el Rio 
de madre tan formidable qual nunca avian visto los nacidos: fue- 
ron muchos los estragos que causó su furiosa avenida, inundó el 
Convento: subió el agua á esta raya. 

Praeter auctores coaevos, quos dedimus, ex Codicibus Manua- 
libus qui in publico Civitatis Tabulario adservantur, memoratae 
inundationes constant. Et ne quid desit quod Turiam referat, 
(amnisy Qui roseo cursu felicem interluit oram) inscriptionem 
subjicio recentem, qua antiquam fluminis redundantiam, quac 
nuUo nilitur vetusto monumento, probare quidam at frustra sa- 
tagunt. En illam in lóculo moenium, fluminis ad laevam, non 
longe a porta Serranorum, si dexteram versus pergas. 



*Pág.47 * s. P. Qj V. 

SISTE VIATOR^ ET TVRIAM IMI- 
TARE OSCVLA LIBANTEM FOELI- 
Cl RIPAE, Q_yAE SACRAM COE- 
LESTIS SERVATORIS IMAGINEM, 
SALVTIFERI CRVORIS IN BERY- 
TO VRBE PRODIGAM, ADVERSO 
PELAGI, ET FLVMINIS ÁLVEO MI- 
RABILITER APELLENTEM, DIVINI 
AMORIS PIGNORE RECEPIT, ANNO 
MCCL. POSTERIS CONSIGNANT 



/ 

ANTIGÜEDADES ROMANAS DE VALENCIA. 143 

TAM SINGVLARIS BENEFICII GRA- 
TAM MEMORIAM D. ONVPHRIVS 
VINCENTIVS DE IXAR , ET ESCRI- 
VA, COMtíS ALCVDIAE, ET GÉS- 
TALO AR, PRIM. MILITVM COS. D. 
GASPAR GVERAV DE ARELLANO, 
CAN. VAL. MOENIVM PRAEFECt'. 
PRO BRACCH. ECCLES. VINCEN- 
TIVS FELIZES, I. ClVIVAl COS. D. 
XIMEn'. PÉREZ MILLAN DE ARA- 
GÓN, MARCH. ALBAYDAE, PRO 
MILIT. BRACCH. PRAEF. D. PHI- 
LIPP\ MARTÍNEZ DE LA RAGA, 
II. MILIT. COS. CHRYSOSTOm'. 
* PORCAR, II. Ciy. COS. D. FRANC,^ Tág. 48 

LLORIS DE LA TORRETA, CA- 
NONIC'. FABR. NOVAE PRAEF, 
lOAN. VERDEGVER, ET HIERO- 
NYm\ PACHES, 111. ET IV. CIV^ 
COSS. lOANN. MIQ^VEL CIVIS, I. 
V. D. PRO REG. BRACCH. PRAEF. 
ALEXIVS LLOBREGAT, CIVIS, RA- 
TION. PRAEF. IAC0B\ NICOLa'. 
DEONA, ET ONVPHRl'. ESQVER- 
DO ce. VRB. SINDICI. MICHAEL 
HíERONVm'. LOP, V. I. D. ADVOC. 
V R B . ET FABR. ANNo' 
MDCLXXXVIII. 

En inquam, ad firmandam rem antiquam, recentem praelerili 
labentis saeculi Inscriptionem. 
Ex Bibliotheca nostra, pridie Nonas Deceinbris, Anno judcclix. 



144 BOLETÍN DÉ LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

Valencia, y Febrero 6. de 1760. 

Concédese licencia para imprimir este Papel, con la Censura 
de Don Gregorio Mayans. — Caro. 

Hasla aquí la Disertación latina «que publiqué^ dice Sales (1), 
por Febrero de 1160,^ 

El mármol Isíaco fué sacado del Turia el día que viniendo de 
Ñapóles, aportó en Barcelona Garlos III (17 Octubre 1759). Tanto 
Ponz como Lumiares, citados por Hübner, equivocan la fecha. 
El Dr. Sales, habiendo salvado del exterminio tan preciosa pie- 
dra, logró que al anochecer del 13 de Noviembre fuese trasladada 
á la granja (villa) del Seminario de Nobles. Terminó su Diserta- 
ción el 4 de Diciembre; y sobre ella emitió censura el ilustre Ma- 
yans, tan acertada aunque breve, que nos dispensa mayor infor- 
me. Del día siguiente (27 Enero 1760) es la dedicatoria del autor 
al Marqués de Esquilache; y del mismo año el monumento que 
se alzó para exponer al público la marmórea inscripción de Isis, 
cerca del sitio del hallazgo. A un kilómetro del ángulo de la 
muralla de la ciudad donde estuvo la batería ¿e Santa Catali- 
na, y en el pretil del río, dando cara al camino del Azud ó paseo 
de la Pechina^ y como trescientos pasos antes de llegar ala escala 
del barco, se destaca original la insigne lápida coronada por el 
emblema romano de Valencia que vio Ponz (2), y cuya composi- 
ción se inspiró en las Medallas de Florez. Debajo de la Isíaca ori- 
ginal corre otra inscripción, que opino fuese parto del ingenio 
del Dr. Sales. Ofrece varios claros, ó lagunas, resultantes de las ^ 
pedradas que ha sufrido, y suplimos con caracteres inclinados: 

SISTE ANTIQVITATS AMATOR 
DIV SOC// /N ÁLVEO SEPVLTI LAPIDES 

A.D.MDCCLIX INVENTI 
SEQVENTI IN PROXIMIOREM 

LOCVM CO^POSITI 

DIC VBI DIC QVANDO PRIMVM ERECT %(VNT?) 



(1) Boletín, t. iir, pág. 57. 

(2) Viaje de España, t. iv, págr. 174; Madrid, 1774. 



CATALOGO 



DE LAS 

OBRAS DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

enciaa.d.erna.cla.8 en rústica,, 
CON EXPRESIÓN DE SUS PRECIOS EN MADRID Y EN PROVINCIAS. 



PRECIOS. 
Madrid. ProT. 

Rs. m. 

Memorias de la Real Academia de la Hi8toria.~Lo8 nueve tomos pu- 
blicados 240 276 

Se venden también sueltos. 

Los TOMOS I, II, III, IV, V y VI, cada uno 24 28 

El tomo VII 30 31 

El TOMO VIII 86 40 

El TOMO IX 30 34 

LaB. siete Partidas del Rey D. Alfonso el Sabio, cotejadas con varios 
códices antiguos, y autorizadas por Real orden de 8 de Marzo de 1818 

para los usos forenses: tres tomos en 60 76 

Opúsculos legales del Rey D. Alfonso el Sabio: dos tomos en 30 34 

Diccionario geografico-histórico de la Rioja y de algunos de. los pue- 
blos de la provincia de Burgos, por D. Ángel Casimiro de Govantes. 20 22 
Historia general y natural de las Indias, islas y tierra-flrme del mar 
Océano, por Gonzalo Fernández de Oviedo; con las adiciones y en- 
miendas queliizo su autor: ilustrada con. la vida del mismo, por don 
José Amador de los Ríos: cuatro tomos á 50 y 60 rs. cada uno, y todos. 200 240 
Memorias de D. Fernando IV -de Castilla. Crónica y colección diplomá- 
tica : dos tomos '. 40 48 

Catálogo de Fueros y cartas-pueblas de España. 16 18 

Catálogo de las Cortes de los antiguos reinos de España 12 14 

Cortes de los antiguos reinos de León y de Castilla. Se han publica- 
do cuatrotomos.— Introducción.— Primera parte. Un tomo. Cada uno. 60 65 
Memorial histórioo español. Colección de documentos, opúsculos y an- 
tigüedades. Tomos I-XIX: cada uno 14 16 

índice de documentos procedentes de los monasterios y conventos 
suprimidos. Tomo I. — Monasterios de Nuestra Señora de La Vid y 

San Millán de la Cogolla 20 22 

Coleoci6n de obras arábigas de historia y geografía. Tomo I. Ajbar 

Machmua. (Colección de tradiciones) 30 32 

Tomo II. Crónica de Ebn-Al-Kotiya. En prensa. 

Diccionario de voces españolas geográficas 3 4 

Catálogos de los nombres de pesos y medidas españolas 2 3 

Zlspaña sagrada: cincuenta y un tomos. Faltan los tomos II, VII, X, XII, 

XVI, XXII y XXXIII. La Academia tiene acordada la reimpresión 

de estos tomos. 

Los tomos I, III-VÍ, VIII, IX, XI, XIII-XV, XVII-XXI-XXIIT; La Cnn- 

tabría.— Discurso preliminar al tomo XXIV; los tomos XXI V-XXXII 

y XXXIV-L: cada uno, sueltos 14 16 

Tomando juntos los cuarenta y seis tomos existentes 16 608 

Tomo LI 20 22 

£1 Xt'P. Mtro. Fr. Henrique Florez, vindicado del Vindicador de la 

Cantabria: por el P. Mtro. Fr. Manuel Risco 6 7 

EUatoria del célebre Castellano Rodrigo Diaz, llamado (El Cid Cam- 
peador j; por el mismo P. Risco 8 9 

Blstoria de la ciudad y corte de León y de sus Reyes: de sus igle- 
sias y monasterios antiguos y modernos: por dicho P. Risco: dos 
tomos en 10 18 



PRECIOS. 

Madrid. ProT. 
Ri. im. 

Memorias de las Reinas católicas. Historia genealógica de la Casa 

Real de Castilla y de León: por el P. Enrique Flores: dos tomos en . . 24 26 

Vida del Rmo. P. Mtro. Fr. Enrique Florez; un tomo 10 12 

Viaje literario á las Iglesias de España: por D. Jaime Villanueva: 

Teíntidos tomos á8y 9 reales cada uno, y todos 170 190 

Ensayo sobre los alfabetos de las letras desconocidas, que se en- 
cuentran en las antiguas medallas y monumentos de España: por 
D. Luis José Velazquez 10 U 

Demostración histórica del valor de las monedas que corrían en Cas- 
tilla en tiempo de D. Enrique IV, y su correspondencia con los del 
Sr. D. Carlos IV: por Fr. Liciniano Saez 20 22 

Sumario de las antigüedades romanas que hay en España, por D. Juan 

Agustín Cean-Bermúdcz 20 22- 

Disertación sobre la historia de la náutica: por D. Martin Fernández 

de Navarrete 12 14 

Memoria historico-critioa sobre el gran disco de Teodosio: por Don 

Antonio Delgado 8 9 

Elogio histórico de D. Antonio de Escaño, teniente general de marina 
y regente de España en 1810: por D. Francisco de Paula Quadrado y 
De-Roó : 10 12 

Colección de Discursos leídos en las sesiones públicas para la recepción 

de Académicos de la Historia, desde 1852 á 1851 24 26 

Las Quinquagenas de la nobleza de España: por el Capitán Gonzalo 

Fernández de Oviedo. Tomo I SO 54 

Don Diego de Peñalosa y su descubrimiento del reino de Quivira; 

por el Capitán de Navio D. Cesáreo Fernández Duro 12 14 

Colón y Pinzón.— Informe relativo á los pormenores del descubrimiento 
del Nuevo Mundo; por el capitán de navio D. Cesáreo Fernández 
Duro 20 22 

Boletín de la Real Academia de la Historia. Tomo I y II (cada tomo). 30 84 

Don Rodrigo de Villandrando, Conde de Ribadeo. Discurso histórico; 

por D. Antonio María Fabié 8 9 

OBRAS PREMIADAS. 

Historia del Combate naval de Lepante, y juicio de la importancia 

y consecuencias de aquel suceso: por D. Cayetano Rosell 10 12 

Examen critico>histórico del influjo que tuvo en el comercio, industria 

y población de España, su dominación en América: por D. José Arias 

y Miranda 8 9 

Juicio critico del feudalismo en España: por D. Antonio de la Esco- 

sura y Hevía 6 7 

Memorias sobre el compromiso de Gaspe: por D. Florencio Janer 10 12 

Condición social de los moriscos de España: por D. Florencio Janer.» 12 14 

Munda Pompeiana: por D. José y D. Manuel Oliver Hurtado 24 26 

Juicio critico y significación política de D. Alvaro de Luna; por 

D. Juan Rízzoy Ramírez 16 18 

Estado social y político de los mudejares de Castilla: por D. Francisco 

Fernández y González 16 18 

Historia critica de los falsos cronicones: por D. José Godoy Alcántara. 16 18 
Noticia histórica y arqueológica de la antigua ciudad de Empo- 

rion: por D. Joaquín Botet y Sisó 20 22 

PUNTOS DE VENTA. 



Las obras de la Academia se venden, á los precios marcados en este Ca- 
tálogo, en sus almacenes y despacho, calle de León, núm, 24 caarto bajo. 

También se hallan de venta en Madrid, en las librerías de Sánchez, 
Carretas, 21; Bailly-Bai Hiere, plaza de Santa Ana, 40; San Martín, Puerta 
del Sol, 6, y Carretas, 39; y en la de Murillo, Alcalá 7; en Bilbao, en la 
de Delmas: en Málaga, en la de Moya. 

A los señores libreros que tomen cualquier número de ejemplares se lea 
hará una rebaja conveniente, según la costumbre recibida en el comercio 
á% librería. 







boletín 




DE LA 



REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 



TOMO IV. — CUADERNO III 



HA.RZO.— 1884. 



^O^-:-. 






\ : 






^r/ni-! 




MADRID: 

IMPRENTA DE FORTANET, 

CALLE DE LA LIBERTAD, 29. 
i 88^. 



•>.^' 



i 



"1 






' I 



••:/ / 



• . • N 




SUMARIO DE ESTE CUADERNO. 



PÁG8. 

Noticias 1 45 

Informes: 

I. Graduaciones náuticas de las Cartas de Indias.— F. Feruáu- 

dez González 1 47 

II. Monedas de la Ilergecía. — C. Pujol y Camps 1 59 

III. Leyenda uasco-hispana del Tártaro» — F. Fita. 166 

IV. Eoncesvalles ; poema histórico del siglo xiii. — F. Fita 172 

V. Monumento valenciano de Isis, — J. M. Settier 184 

VI. Informe dado al Gobierno provisional sobre el escudo de ajamas 
y atributos de la moneda, — S. de Olózaga. — C. Rosell. — 

A. Fernández-Guerra. — E. Saavedra 186 

VII, Informe dirigido al Gobierno de la República sobre el escudo 
de armas, leyenda y atributos de la moneda, — J. Amador 
(ie los Ríos. — A, Fernández- Guerra. — E. Saavedra. — 
P. Ponzano.— V. Palmaroli 192 

Variedades: 

Memoria histórica, política y económica de la provincia de misiones 
do indios guaranis. (Continuación) 199 



boletín 



DE LA 



REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 



TOMO IV. Marzo, 1884. cuaderno m. 



ACUERDOS Y DISCUSIONES DE LA ACADEMIA. 



NOTICIAS. 



Para cubrir las vacantes de académicos de número causadas 
por fallecimiento de los Sres. Rosell, Benavides y Rqmero Ortiz, 
han sido votados, en la sesión del viernes 29 del paáado Febrero, 
los Sres. D. Antonio Sánchez Moguel, D. Manuel Danvila y Don 
Eduardo Hinojosá. 



Han sido nombrados académicos correspondientes españoles 
los Sres. D. Juan de Iturralde, director de la Revista Éuscara^ y 
el Excmo. Sr. D. Jaime Cátala, obispo de Barcelona, que ha 
prestado á la Academia relevantes servicios con los documentos 
del archivo episcopal y del de la Catedral. 



Los restos de Saavedra Fajardo, facultativamente reconocidos 
en la Sala de la Academia , han sido trasladados á Murcia y de- 
positados interinamente en la iglesia catedral de aquella ciudad, 
donde permanecerán hasta que sean colocados en el digno mau- 
soleo que se les erige, ceremonia que se verificará al cumplirse el 
segando centenario del fallecimiento de tan insigne repúblico. 



La Academia se complace en rectificar la noticia que se dio en 
el número liltimo del mes de Diciembre, relativa al fallecimiento 
TOMO iT. r. 



146 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

de D. Francisco Miguel y Badía, correspondiente en Barcelona, 
que afortunadamente sigue dedicándose al curso de importantes 
tareas históricas. 



La Comisión de España Sagrada ha formulado un nuevo plan 
con el objeto de activar y llevar pronto á cabo los estudios prepa- 
rativos de los tomos destinados á trazar la historia de las santas 
Iglesias de Pamplona, Huesca y Urgel. 



El Sr. Fernández Duro ha presentado el Elogio del Conde de 
Fuentes, que leerá en la sesión pública que ha de celebrar la 
Academia este año conforme á sus Estatutos. 



El Sr. Fita ha dado noticia á la Academia de varias y muy no- 
tables inscripciones Yomanas, algunas geográficas, descubiertas 
en el Alto Aragón por el socio correspondiente D. Mariano Paño. 



Tomando en consideración los deseos de la Sociedad Arqueo- 
lógica de Tarragona y atendiendo á razones de prudencia y jus- 
ticia fáciles de comprender, acordó la Academia solicitar del Go- 
bierno de S. M., que se repare en debida forma el menoscabo 
recientemente sufrido por la muralla ciclópica de aquella ciudad. 



INFORMES. 



I. 



GRADUACIONES NÁUTICAS DE LAS CARTAS DE INDIAS. 



Logran privativa consideración para el conocimiento reflexivo 
de nuestra historia nacional , en cuanto puede ser alcanzado por 
nosotros, el juicio que forman de los varios elementos de la cul- 
tura patria escritores extranjeros coetáneos,, los cuales como li- 
bres de los afectos de sobrada parcialidad que suelen inspirar á 
la continua las solicitaciones del amor propio, han de proceder, 
según razonable verosimilitud, con estricta justicia, cuando mo- 
tivos de píeocupación, más ó menos presumibles, no les inclinen 
á" proceder de otra suerte. Con suponerse de antemano en lo 
común, por lo que toca á juicios dictados fuera de España so- 
bre negocios españoles, espíritu de generosa rectitud engen- 
drado por el amor á la verdad , es en rigor todavía indispensable 
que procuremos comprobar por nosotros mismos, si se ha for- 
mado ajustadamente el proceso; cosa no nada fácil fuera del tea- 
tro de la acción y circunstancias á cuyo resultado se atiende, así 
por la escasez de datos , como por la dificultad de proporcionarse 
testimonios verídicos , que nunca sobraron en tal materia histo- 
rial, aun tratándose de averiguaciones llevadas á cabo en nuestro 
propio suelo. Menester es que el escritor que falla como juez é 
informa como testigo de mayor excepción en los asuntos en que 
interviene, sea, no solamente ajeno á todo propósito de engañar, 
oscurecer ó extraviar á los demás en lo que declara y dice (conato 



148 BOLETÍN DE LA HEAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

que no es honesto atribuirle) , sino abonado en su crédito y doc- 
trina, en términos que no aparezca que haya sido engañado. Nace 
de aquí para nosotros un doble interés en comprobar, rectificar y 
dar á conocer equivocaciones de los doctos extranjeros sobre cosa& 
pertenecientes á nuestro país, con importar no poco al buen nom- 
bre español el que no se nos estime por peores y diferentes de la 
que somos, y cumplir especialmente al provecho de nuestros na- 
trienales sea apreciado puntualmente, si los juicios, censuras y 
consejos de los escritores alienígenas pueden ó no servirnos de 
instrucción y de apetecible enseñanza. Atentas estas razones, no 
hay para qué encarecer la conveniencia de seguir de cerca las dis- 
putas empeñadas en el extranjero sobre los libros de nuestros sa- 
bios, entre los cuales merecen ocupar nuestra atención muy parti- 
cularmente las mantenidas poco há en Alemania, acerca de los 
escritos y publicaciones geográficas dadas á conocer recientemente 
por nuestro distinguido compañero D. Cesáreo Fernández Duro. 
Comisionado por nuestro ilustre Director al efecto de trasladar 
en lengua castellana los trabajos publicados sobre esta materia 
en los diarios geográficos de Berlín y Carlsruhe, doy principio al 
cumplimiento de mi cometido con la traducción del último: do- 
cumento de extensión corta, cuyo texto, debido á la docta pluma 
del profesor Dr. Eugenio Gelcich, es como sigue (1): 

«Un hombre á quien al par del Dr. Weyer de Kiel honramos 
y respetamos como uno de los dos grandes historiógrafos náuti- 
cos de nuestro tiempo, el Dr. Breusing, Director de la Escuela 
de Navegación en Brema, ha señalado con repetición y demos- 
trado minuciosamente el error, que debía ocasionar de suyo la 
confusión de las cartas loxodrómicas de los italianos con las lla- 
madas cartas planas (2). Mientras fué costumbre, como propio de 
cartas hechas por loxódromos poco científicos, el presentar un 



(1) Material para la historia de las cartas de marear, por el profesor Eugenio Oeleichy 
Director ele la Escuela de Navegación en Zussin piccolo. Impresión aparte, correspon- 
diente á un artículo de la Geografía cientijlca, revista que ve la luz en Carlsruhe; 1883, 
cuaderno iv. 

(2) A. Breusing: Para la historia de la Cartografía. Diario para la Geografía Cientí- 
fica, páginas 129, 180.— Flavio Giojti y la aguja de marear. Diario de la Sociedad Berli- 
nesa para el conocimiento de la tierra. 



GRADUACIONES NÁUTICAS DE LAS GABTAS DE INDIAS. 149 

campo de graduación de forma cónic$i, eran graduadas las cartas 
portuguesas del Océano con meridianos figurados por líneas rec- 
tas y por paralelas transversales; es, á saber, en la forma de pro- 
yección cilindrica. 

Aún después del descubrimiento de América, en época en que 
se disponía ya de determinaciones de latitud más exactas, conti- 
nuando los Cartógrafos españoles en la necesidad de verificar las 
i^presentaciones con arreglo á loxodromos defectuosos todavía, 
se vieron forzados á ofrecer una escala especial de latitud , para 
las costas, al determinar la situación de regiones donde, con ser 
grande la cantidad de error, la diferencia de latitud era muy os- 
tensible, como en las costas de América. De esta segunda escala 
de latitudes hablan así Mercator en su carta á Granvella (1) como 
Edward Wright en el prólogo á su trabajo Certain errors in Na- 
vegation, 1599. En la carta de Pedro Reinel, que Kunstmann ha 
publicado en el Atlas para la historia del descubrimiento de Amé- 
rica, se ofrece en la costa de Neufundland (nuevo país de minas), 
la segunda escala de latitud, convergiendo con el meridiano cen- 
tral de la carta, Kohl, en su History of the discovery of Maine 
Portland^ 1869, da una copia de dicho trazado en proporción re- 
ducida, y dice en sus observaciones á este propósito. There is one 
indicaiion of latitude along a perpendicular Une, running across 
the entire sheet of the chart: and another indicaiion along an ohli- 
que or transverse Une, which is shorter and runs along the shores 
of Northern America, Along the perpendicular Une Cape Race has 
the latitude of 50}{° N, Along the obligue Une it has the latitude 
of 4T N. This late^ is nearer the truth. Muéstrase aquí evidente- 
mente una segunda confusión del plano cónico con la proyección 
cilindrica, sobre la cual pueden ver más detalles nuestros lectores 
en el trabajo del Dr. Breusings, titulado «La Coleta de Marte- 
lojo» (2). 

Poco há, se ha publicado por D. Cesáreo Fernández Duro, in- 
dividuo de la Real Academia de la Historia y capitán de navio. 



(1) Dr. Breusing: Gerh. Kremer, llamado Mercator. Memoria 2, edit. Duisburg, 1878, 
p&g. 15. 

(2) Diario para la Geografía Cienti/lca, 1881, pág. 195. 



J50 FOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

en el sexto tomo do las «Disquisiciones Náuticas» (1), de que es 
autor, un nuevo documento, que deja conocer el estado de la Car- 
tografía en España en la época de los Descubrimientos. Es la copia 
de un diálogo compuesto por Hernando Colón sobre la doble es- 
cala de latitud, el cual tiene este título: Coloquio sobre las dos 
graduaciones diferentes, que las cartas de Indias tienen , escrito 
por Hernando de Colón (2). Duro ha publicado el diálogo sin una 
palabra de explicación, salvo esta advertencia, puesta al frente 
del trabajo impreso. «En algunas de las primitivas del Nuevo 
Mundo se observa que existen dos graduaciones distintas de difí- 
cil explicación, si no viniera á darla la interesante crítica, que 
escribió el hijo del gran Almirante, como sigue, etc.» «Por lo que 
atañe á lo que demanda de suyo la explicación de la doble escala 
de latitudes, hemos visto que se ha dado largo tiempo há. En 
nuestra opinión sería muy de desear que pues han debido existir 
muchas de estas cartas «Primitivas» poseyéramos una descripción 
exacta de las mismas in fac simile^ en lo posible. Esto, que quizá 
es hacedero, nos ayudaría á mejorar nuestros conocimientos so- 
bre la relación de la declinación magnética, en la época dé los 
Descubrimientos, y quizá resolver finalmente de una vez el pro- 
blema sobre el verdadero Guanahaní de Colón (3).» 

Volviendo á nuestro documento, vamos á reproducir los pasa- 
jes más interesantes del mismo, añadiendo algunas consideracio- 
nes. Ante todo, vemos por la introducción que Hernando no es- 
taba persuadido de la ventaja de la escala doble, con la cual se 
declara poco el carácter de tales Cartas. Los interlocutores del 
diálogo se llaman Fulgencio y Teodosio. 

<rF. Vengo de oir una plática que se ha tratado cerca de los 
yerros que dicen que hay en los instrumentos de la navegación, 
especialmente en las dos graduaciones diferentes que las cartas 
de Indias tienen. 

T. Y ¿pues que se dice deso? 



(1) Área de Noé. Libro sexto de las Disq. náuticas. Madrid, 1881, pág. 508. 

(2) Original en la Colección Muñot, registrado con el núm. xliv, fol. 1 .** 

(3) Sin duda habrá que luchar con las defectuosas determinaciones de latitudes he- 
chas por el Almirante, pero sería de mucho interés para la historia de la Oeografiael 
conocimiento exacto de aquellas Cartas. 



GRADUACIONES NÁUTICAS DE LAS CARTAS DE INDIAS. 151 

F. Diceso ques falsedad e yerro grande, que contra el arte se 
hace, mas el que hace las cartas dice ques bien que se hagan 
así, porque muchos pilotos están usados á aquellas, y tienen ya 
imaginación que con aquellas aciertan y que con otras no, sino 
las aprenden. 

T. Siendo ello yerro en el arte, no puede ser que con ello 
acierten, que la verdadera navegación no sufre yerro ninguno: y 
á la verdad, no aprovechará en esto su imaginación, que aquí no 
hace al caso.)> 

Estas últimas palabras son muy significativas. El conocimiento 
verdadero de la Náutica no admite errores, y cuando los pilotos 
creen llegar al lugar de su destino con la doble escala, se equivo- 
can. Sobre la construcción de las cartas dan explicación los luga- 
res siguientes : 

oT. Sabéis, señor, que el que hace las cartas con que navegan 
á las Indias de S. M. les pone dos graduaciones diferentes, tres 
grados una de otra, y en algunas más y en otras menos, y dice 
que esto hace, porque la falta del aguja (la mala designación de 
la aguja) se enmiende en la carta, de manera que le parece á él 
que es necesario desconcertar la orden y concierto de la carta, 
para enmendar el aguja, y para ello hace las dos graduaciones 
contrarias, diciendo que la diferencia que el aguja hace en todo 
el camino lo quiere enmendar juntamente en aquella segunda 
graduación , y así quita los grados de ella de su propio lugar, y 
los pone diferentes de la primera graduación los dichos tres gra-^ 
dos ó más.» 

La diferencia es, pues, en algunas cartas mayor y en otras me- 
nor que tres grados , de donde sacamos la presunción de que de 
algún ejemplar de carta podríamos comprobar con más precisión 
la declinación de la aguja por entonces. Saltamos algunas frases 
del diálogo que se refieren á los abusos de los constructores de 
cartas, que estando solo autorizados á vender su patrón, desem- 
peñaban puestos en la casa de contratación, y no sometían las 
cartas á comprobación rigurosa. Algunas de las observaciones 
que siguen, puestas en boca de los interlocutores; pueden servir 
á derramar alguna luz sobre el estado de la ciencia náutica en 
tiempo de Hernando Colón. 



152 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

«F Volvamos á las cartas, y á lo que se dice del 

aguja. Si esta diferencia que hace, si se sabe que tanto es... 

T. Ninguna certinidad hay, ni hasta agora se sabe la diferen- 
cia precisa que el aguja hace, ni hay regla que tal diga, ni los 
pilotos tienen instrumento ni otra cosa con que lo puedan saber. 

F. Pues si es así que no se sabe, paréceme á mí que conside- 
rado que el arte de la navegación es tan delicada y subtil , que 
aun de pocos minutos tiene cuenta, no hay razón para usar de 
cosa tan sin orden y tan sin cuenta y tan mal entendida, como 
esta es, ni que por ella se quite la buena orden y concierto que 
la carta tiene. 

T. Pues así pasa, que ni el que hace las cartas, ni los pilotos 
que con ellas navegan , tienen de esto cosa acierta á que se aten- 
gan, sino sólo su parecer y cabeza de cada uno, y como las cabe- 
zas son diferentes, los sentidos asi son, de donde no pocos yerros 
suceden. Pocos dias ha que viniendo una nao de Indias venian 
dentro tres pilotos y todos tres traían sus cartas y los otros ins- 
trumentos hechos de la mano del que aquí los hace, y todos jun- 
tamente tomando el altura y echando su punto cada uno, sabidos 
sus puntos el uno se hacía cien leguas de la tierra y otro cuarenta 
y cinco, y otro dijo que por su punto iba navegando por tierra, y 
venidos á la verdad de lo que pareció, ninguno acertó, porque 
solamente estaban diez leguas de la tierra.» 

Bien se comprende que bajo tales circunstancias, aun dejadas 
aparte las alteraciones de la declinación, no pudiera alcanzarse 
las más veces la exactitud que admiramos en las cartas italianas. 
Reconocía Colón que los instrumentos de que se servían los es- 
pañoles eran aún bastante malos; con todo, culpaba á los pilotos 
de ser poco versados en el arte náutica, pues á la pregunta si los 
errores de cálculo de los mencionados tres pilotos debían atri- 
buirse al arte de marear, ó á la composición de los instrumentos 
ó exclusivamente á la ignorancia de los pilotos, responde Teodo- 
sio: «En el arte no, que pues es arte, cosa cierta es; así que, no 
en el arte, mas en los instrumentos y en los que no saben usar 
de ellos.» 

Ni deja de interesar que en este documento se reconozca abier- 
tamente la superioridad de los portugueses en el arte náutica, así 



GRADUACIONES NÁUTICAS DE LAS CARTAS DE INDIAS. 153 

como el que se pongan de relieve, aunque sea solo de pasada, las 
ventajas que abrazaban sus cartas marítimas. 

r 

Los enemigos de la escala doble alegaban , según las palabras 
de Fulgencio, estas razones sobre la inutilidad de tales cartas. En 
primer término se echan por tierra las leyes de Astrología é Hi- 
drografía, recibiendo dos líneas equinocciales, cuatro trópicos al- 
terándose los ángulos de la esfera (los rombos fuera de su propia 
cuenta y medida). «La segunda razón, dice, que es porque siendo 
cosa tan antigua navegar con carta de una graduación, y tal fué 
la primera que de las Indias se hizo , cosa es fuera de razón , que 
por la opinión de un hombre que no da razón ni cuenta se des- 
faga la orden y concierto que la carta tiene, para dar medida á 
cosa que no se sabe que tamaña es, y que ser esto gran desorden, 
que se muestra por ejemplo, pues agora se vee que en mayor na- 
vegacion que la nuestra, que es la que hacen los portugueses , no 
usan ni tienen en sus cartas más de una sola graduación ó dos 
uniformes, i con esta navegan cinco ó seis mil leguas de mar 
con tanta certidumbre que no les falta punto.» Los portugueses 
usaban las cartas planas que, aunque inexactas, á lo menos no 
les causaban extravío. — La razón de que los portugueses señala- 
sen mejor que los españoles el punto de su dirección en las car- 
tas, ha de buscarse en el particular de que la Astronomía náutica 
había hecho mayores progresos entre ellos , desde los tiempos de 
Martín Beaim, en que sus viajes por mar alcanzaron una direc- 
ción más al Mediodía. Hallándose en disposición de lograr una 
fijación considerable, en cuanto á la latitud, merced á sus viajes 
en dirección al Norte y al Mediodía , debió resultar mucho más 
exacta la determinación de lugares hecha por ellos en la carta 
plana, que si hubieran seguido el sistema adoptado por los espa- 
ñoles. La conclusión del diálogo es interesente: Fulgencio excita 
á Teodosio á que le haga una declaración precisa de las opinio- 
nes que tiene, respecto de las cartas de marear que deben em- 
plearse. Reproducimos textualmente la respuesta, aunque' algo 
larga. 

«T. Por la obligación que tengo á vuestro servicio, cumpliré 
lo que, señor, mandáis; diré lo que yo en esto hallo muy con- 
forme á verdad, y para que mejor se entienda, presupongo dos 



154 BOLBTÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORLl. 

principios verdaderos, que son estos: el primero, que en el arte 
de la navegación hay tres cosas principales que en ellas sirven, 
que son alturas, carta y aguja. Por el altura se sabe en cualquier 
lugar en que el hombre está, así en la mar como en la tierra, 
qué altura tiene, esto es, qué tantos grados está apartado de la 
línea equinocial. La carta enseña el camino ó rumbo, por donde 
se ha de navegar de un lugar á otro de aquellos que en ella están 
señalados, en los cuales lugares primero se tomó esta altura, y 
conforme aquella se situaron y señalaron en la carta. El aguja 
señala el nombre de estos caminos ó vientos que la carta tiene, 
los cuales son sacados de un principio ó punto cierto y en un lu- 
gar fijo que la misma aguja en el horizonte señala; así que el 
aguja señala de que parte del horizonte viene cada uno de los di- 
chos vientos. Punto segundo: digo que la linea equinocial es un 
circulo, que divide al mundo en dos partes iguales, la cual igual- 
mente se aparta de los polos, y dclla toma principio el altura de 
cualquier lugar; y no en otro, se ha de hallar que cosa alguna no 
le pueda de allí apartar. De aquí queda cierto que si yo voy en 
demanda de un lugar, que está en treinta grados, de necesidad lo 
tengo de hallar en el altura de los treinta grados donde él está, y 
non en otro; y que si no llego á los treinta grados nunca llegaré 
al tal lugar. Pues digo asi que si uno parte de veinte grados y va 
en demanda de una tierra que 6Stá en los mismos veinte grados 
ó más ó menos que á este, aunque la aguja, vientos, corrientes ó 
otra cosa sabida ó no sabida lo aparte del camino que ha de lle- 
var, que el con el altura se puede enmendar y volver á su camina 
hasta llegar al término ó lugar donde va. Teniendo, pues, esto 
así por cierto, como lo es, viniendo al caso digo: que la carta de 
dos graduaciones diferentes toda esta orden deshace, como se 
muestra por estu ejemplo. Si uno va navegando, y tomando su 
altura precisa, se halló, pongo por caso, en quince grados de la 
primera graduación de la carta, y después volvió á tomar el al- 
tura y se halló en los mismos quince grados, y señaló su punto 
en derecho de los quince grados de la segunda graduación, este 
punto postrero no verná con el primero, digo en igual distancia 
de la equinocial , aunque á la verdad ellos han de ser iguales, 
pues son de una misma altura; mas estos puntos que este se- 



GRADUACIONES NÁUTICAS DE LAS CARTAS DE INDIAS. 155 

ñaló no serán iguales, antes habrá diferencia de tres grados uno 
de otro, que es la misma diferencia que las dos graduaciones en- 
tre sí tienen. De donde claramente parece que la segunda gra- 
duación de la carta lo enseñó, pues por ella pasó al segundo punto 
fuera de su propio lugar, de donde se le siguiera que en la der- 
rota, rumbo ó camino que de allí tomase para el lugar donde va> 
tanto será lo que se apartará del tal lugar, cuanto fué el aparta- 
miento que él tuvo del punto verdadero. Y concluyendo, digo, 
que, como por la falsedad de esta segunda graduación de la car- 
ta, los lugares de Indias no estarán puestos en su propio lugar, 
si se fuera á buscar donde la carta los enseña no se hallarán, de- 
manera que los que por tal carta se rigieren, errarán en todo 
aquello que por la segunda graduación se rigieren , de donde es 
cierto que los pilotos, que con estas cartas navegan, no por ellas, 
más por el uso que del camino tienen, atinando, y con rodeo y 
con pérdida de tiempo llegan al lugar donde van. Esto es lo que 
este caso me parece y lo que en ello yo siento.» 

En consecuencia, los lugares de la superficie de la tierra deben 
ser señalados en la carta con arreglo á su latitud, y como esta se 
cuenta desde el ecuador, se sigue de aquí que todos los puntos 
que tienen igual latitud deben estar á igual distancia, sin que 
pueda darse causa capaz de alterar este principio. En esto el autor 
del diálogo tiene ante los ojos única y exclusivamente la proyec- 
ción cilindrica. Dice además que la carta ofrece la dirección que 
se tiene que tomar para ir de un lugar á otro, en lo cual se equi- 
voca, pues no le es conocido aún naturalmente, toda vez que en 
la proyección cilindrica no deben aparecer repetidos los ángulos 
en su magnitud natural. Menos aún es lo que él puede expresar 
acerca de la diferencia entre la dirección loxodrómica y la orto- 
drómica. A pesar de este defecto, Hernando desenvuelve muy 
ajustadamente el modo y manera, con que se debe proceder con 
la carta plana. Adviértase , demás de esto , que la ignorancia de 
las propiedades de la proyección elegida debe ser también tenida 
en cuenta, como un factor que no se puede olvidar sin inconve- 
niencia. Si uno se da á la vela, por ejemplo, de un puerto que se 
halla á la latitud de 30' para otro cuya latitud llega á los 40*, debo 
buscar el lugar de destino, en la latitud de 40**; pero si hallándose 



156 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

durante el viaje, por ejemplo, en latitud de SS'*, abandona desde 
este momento una escala para orientarse por la otra, llegará tan- 
tos grados más al N. ó al S., cuanta sea la diferencia de ambas 
escalas. 

Asimismo, en lo que atañe al cambio de la posición del buque, 
á consecuencia de la declinación magnética del viento, bajo el 
cual es comprendido el temporal y la corriente, así como otros in- 
flujos conocidos y desconocidos fotra cosa sabida ó no sahidajy 
observa Colón que se puede tener siempre en cuenta tal altera- 
ción, mediante la determinación astronómica de ella, para auto- 
rizar el cambio de derrotero, y esto indefinidamente hasta llegar 
al punto de arribada. El aprecia con mucha razón la ventaja de 
determinar la latitud diariamente ó con mucha frecuencia, por 
cuanto, merced á este medio, no puede equivocarse el lugar que 
fija el destino. 

Aún pudiéramos poner de resalto los otros influjos conocidos y 
desconocidos, cosa sabida ó no sabida, que menciona. ¿Es que tal 
vez ya que no cómo encargado de aprobar de los diarios de viaje, 
en cuyo caso habrá tenido gran número de ellos en la mano, por 
circunstancias para este fin análogas, le ha llamado la atención 
un cambio en la posición de los buques manifiesto para él, el 
cual debía aparecer nacido de la diferencia de ángulo en la esfera 
y en lo representado en la proyección cilindrica? El que Her- 
nando Colón haya tenido ocasión de ver muchos diarios de nave-^ 
gación puede inferirse, á nuestro parecer, de que fué ciertamente 
miembro de la junta que debía decidir sobre la pertenencia de las 
islas de la Especería. El escribió sobre estos tres tratados, con 
cuya ocasión propuso verificar la determinación de la longitud, 
transportando relojes (1). 

Aparece digno de reparo el que mientras los portugueses tenían 
ya de largo tiempo su «maneira de navegar por altura del sol,» 
este arte no se hubiera naturalizado aún en España. Inclinados 
nos vemos á creer que en general el arte náutico había experi- 



(1) He sido guiado á esta conclusión por advertencia, que debo á la amistad del 
Dr. Breusings. No entro más en la exposición de este asunto, pues lo reservo para tra- 
tarlo en otra ocasión. 



GRADUACIONES NÁUTICAS DE LAS CARTAS DE INDIAS. 157 

mentado en tiempo de Medina un retroceso en España. Para ase- 
gurar esto con relación á la Cartografía nos apoyamos en las obras 
de Enciso y de Palero (1). Martín Fernández de Enciso publicó en 
Sevilla en 1519 su «Suma de Geographía que trata de todas las 
partidas y provincias del mundo: en especial de las Indias et trata 
lárgamete del arte del marear: juntamente con la esphera en ro- 
mace: con el regimieto del sol et del norte: nueuamete hecha.» 
Con este motivo debe haber llegado Enciso á hablar de la inexac- 
titud de las cartas planas. Francisco Falero, portugués al servicio 
de España , publicó diez y seis años después su Tratado del es^ 
phera. Por. un lugar, donde habla de la magnitud del grado, se 
llega á la presunción de que poseía mayores conocimientos sobre 
la relación del arco paralelo á la del arco del círculo meridiano, 
puesto que entiende que <fun grado por cualquiera meridiano ó 
círculo mayor tiene 16 leguas y dos tercios de legua como es di- 
cho; et por paralela menor no se guarda esta proporción como 
adelante se declarará en el presente capítulo.» A pesar de esto, 
vuelve á confundir después la distancia meridiana, en altas latitu- 
des, con la diferencia de longitud. En 1545 apareció el «Arte de 
Navegar» de Medina, que cuenta la longitud y latitud sobre el 
fundamento de la exactitud de las Cartas planas y niega rotun- 
damente la existencia de la desviación, después de haber escrito 
Falero sobre este asunto, con seguridad y bastante conocimiento 
f de la materia. 

De Enciso á Medina los españoles han retrocedido en todo lo 
concerniente al Arte náutica. Martín Cortés habla de nuevo de la 
inexactitud de las Cartas «(Breue compendio de la sphera y de la 
arte de nauegar, Sevilla, 1551),» y finalmente Alonso de Santa 
Cruz presintió ya aquella invención importante, que el gran geó- 
grafo Mercator había de realizar años depués. Sería sobre manera 
interesante establecer con más pormenores como Enciso, Cortés 
y Alonso de Santa Cruz trataron la teoría de las Cartas. Nosotros 
nada podemos decir sobre este asunto, en el momento, en que 
hemos fijado nuestra consideración en él, y comenzamos la inves- 



(1) Discursos leídos ante la Real Academia de Ciencias exactas, del Excmo. Sr, Don 
Prancisco de Marquen y Rico,— Madrid, 1875, páginas 9-14. 



158 BOLETÍN DE LA REAL ACADE&CIA DE LA HISTORIA. 

ligación que a él se refiere. En esto, es de temer, sin embargo, 
que el material de fuentes, no sea quizá muy ¡fácil de aprovechar 
con frecuencia, pues es posible que la obra de Enciso solo se halle 
en España. Podemos con todo dejar mencionado un pasaje de la 
Biblioteca Marítima Española^ de Navarrete, que se refiere á 
Alonso de Sania Cruz. En su «libro délas longitudines,» escribió 
sobre las Carlas planas... do este continuo estudio y prolijas in- 
vestigaciones, resultó también el conocimiento de la imperfección 
de las Carlas planas, y de la necesidad de trazar las esféricas, 
como lo consiguió con muchos años de antelación á Eduardo 
Wright ó á Gerardor Mercator, á quien generalmente se atribuye 
esta invención (Nav. T. I., pág. 29). Alejo de Vanegas dice sobre 
oslo en sus obras: «Diferencias de los libros que hay en el Uni- 
verso, 1540, cap. 16:... ora nuevamente, Alonso de Sta. Cruz, á pe- 
tición del emperador nuestro Señor,' ha hecho una carta abierta 
por los meridianos, desde la equinocial á los polos; en la cual sa- 
cando por el compás la distancia de los blancos que hay de meri^ 
diano á meridiano queda la distancia verdadera de cada gradOy 
reducendo la distancia, que queda, á leguas de linea mayor.» 
Navarrete pone aquí esta segunda advertencia: «Y aunque esto 
sea el principio y los elementos de la teoría para la construcción 
de las cartas esféricas, todavía quedó incierta la proporción, en 
que debían aumentarse en la Carla los grados de latitud, según 
que eran mayores las alturas y menor la extensión de los parale- 
los; y Santa Cruz habría coronado sus desvelos, si llegara á cono- 
cer que esta proporción, hallada después es la del radio al coseno 
de la latitud.» 

La cita de Vanegas debe dar que pensar mucho á todos los geó- 
grafos y no creemos decir demasiado, al significar nuestra extra- 
ñeza, porque este pasaje interesante de la Biblioteca marítima 
no haya atraído la atención, antes de ahora, pues es lo cierto que 
de él resulta con claridad que Alonso ha reconocido la inexacti- 
tud, en que se incurre, al igualar el grado del arco de paralelo 
con el de meridiano. De suerte que si él no ha descubierto la re- 
lación R: eos í> en esta forma, pudo, sin embargo, haber construido 
con círculo y medida proporcional (escala), un mapa, cuyo resul- 
tado correspondiera á la exacta relación de una especie de pro- 



GRADUACIONES NÁUTICAS DE LAS CARTAS DE INDIAS. 159 

yección equivalente. Serían de desear noticias más claras sobre 
este punto en interés de la historia de la Cartografía. Con tal mo- 
tivo se ha constituido en relator del proceso un miembro de la 
Real Academia de la Historia de Madrid, para el empeño de sacar 
mayores detalles de los archivos españoles ó de las obras de 
Alonso ó Venegas.» 

Francisco Fernández González. 

Madrid, 4 Enero, 1884. 



II. 



MONEDAS DE LA ILEROECIA (1). 

Despierta gran interés, siempre creciente, el numerario ibérico 
de nuestras regiones del Este, pues los descubrimientos de las va- 
riedades de sus monedas se suceden con frecuencia tan afortuna- 
da, que convidan constantemente al estudio. Hoy he de ofrecer á 
la Academia una lámina con especies inéditas batidas en país iler- 
gético, que acompaño con una copia del as de Lérida y otra de un 

ejemplar de bellísima fábrica, con leyenda I^AAXf**^ 

Describiré las monedas, apuntando después algunas reflexio- 
nes para contribuir á la ordenación cronológica del numerario 
ilergete : 

23. Anv. Cabeza varonil imberbe, mirando hacia la derecha y 

rodeada de tres delfines. 
Rev, Jinete con palma al hombro y clámide flotante, co- 
rriendo hacia la derecha sobre una línea; encima de 

esta rAAXr*-^ 

Diám., 25 milím. 

Col. del autor. 

(1) Véase tomo iii de este Boletín, pág. 67. 



160 BOLBTÍN DE LA BEAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

24. Anv. Cabeza varonil imberbe, mirando hacia la derecha y 

rodeada de tres delfines (tipo emporitano). 
Rev. Caballo corriendo sobre una línea; encima • •; sobre 

la línea y en letras diminutas t^hYO— - 
Diám., 19 mih'm. 

D. Pablo Gil, Zaragoza, 

25. Anv, Cabeza varonil imberbe, mirando hacia la derecha y 

rodeada de tres delfines. 
Rev. Jinete con una palma al hombro y clámide flotante, 
corriendo hacia la derecha sobre una línea; encima 

de ella y en letras diminutas f^AH^^X ' 

Diám., 32 milím. 

D. Agustín Arbex, Lérida. 

26. Anv. Como el anterior. 

Rev. Caballo corriendo hacia la derecha y en el aire; enci- 
ma media luna; debajo l^hYOX 
Diám., 23 milím. 

D. Constantino Domingo Bazán, Barcelona. 

27. Anv. Cabeza varonil imberbe, mirando hacia la derecha; 

delante A 
Rev. Jinete con una palma al hombro corriendo hacia la 
derecha sobre una línea; encima de ella la leyenda 
anterior. 

Diám., 19 milím. 

D. Agustín Arbex, Lérida, 

28. Anv. Cabeza imberbe con torques en el cuello, mirando ha- 

cia la derecha, rodeada de una gráfila formada por 
. puntos. 
Rev. Lobo, con la lengua fuera, corriendo en el aire sobre 

la derecha; encima I^AH^O— (fábrica bárbara). 
Diám., 20 milím. 

D, Agustín Arbex, Lérida. 



^ 



i 



MONEDAS DE LA ILERGKCIA. 161 

29. Anv. Gomo el anterior, sin gráfila. 

Rev, Lobo en el aire, con la lengua fuera; encima A'A de- 

bajo Y^ 
Diám., 22 milím. 

D. Agustín Arbex, Lérida, 

30. Anv, Como el anterior. 

Rev. Lobo en el aire, con la lengua fuera; enciai¿i •#; de- 
bajo |í — 
Diám., 18 milím. 

D. Joaquín Botet, Gerona, 

31. Anv. Cabeza imberbe, con torques en el cuello, mirando ha- 

cia la derecha, rodeada de una gráfila formada por 
puntos. 
Rev. Lobo en el aire, con la lengua fuera, corriendo hacia 

la derecha; encima r'hH^ debajo OX 
Diám., 20 milím. 

D. Mariano La Hoz, Calatayud. 

32. Anv. Cabeza varonil imberbe, mirando hacia la derecha. 
Rev. Lobo en el aire, con la lengua fuera, mirando hacia la 

derecha. Sin leyenda. 
Diám., 22 milím. 

D. Mariano La Hoz, Calatayud. 

Al ordenar cronológicamente las acuñaciones ilergetes, alguno 
abrigó la creencia de que eran en esta región las más antiguas, 
aquellas de sus monedas de fábrica menos aventajada, tomando 
para ello como dibujo arcaico, el que es simplemente producto de 
fábricas decadentes y después bárbaras. Hoy no puede sostenerse 
semejante opinión; pues su error es de tal evidencia, que ni si- 
quiera se necesita, para poder comprobarlo, acudir al estudia del 
buen número de variedades del dinero ilergete publicado en va- 
rios libros ; basta sólo examinar la lámina que sigue á estos 

TOMO IV. 12 



1H2 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

apuntes, ya que el estilo de las monedas en ella contenidas, con- 
cuerda en un todo con lo que expuse al tratar de la más completa 
y bajo todos aspectos la más rica de las series numismáticas de la 
España antigua; la colección emporitana. Debo recordar, pues, 
que las monedas de Empurias son vivo testimonio de las civili- 
zaciones que se sucedieron en la región cisibérica durante un es- 
pacio de tiempo de más de tres siglos: aparecen las monedas con 
estilo arcaico, al cual paulatinamente reemplaza el arte helénico, 
hasta llegar á su edad de oro, decayendo después en las acuña- 
ciones jbéricas de fábrica romana, que terminan variando los ti- 
pos genuinos de las monedas y produciendo al fin especies bár- 
baras, hijas legítimas de la civilización de hierro que acompaña 
ala guerra. 

Comparando las monedas ilej'getes con las emporitanas, la cro- 
nología de aquellas se hace sola, y ahora con mayor holgura, 
puesto que podemos contar con la enseñanza que nos proporcio- 
nan los ejemplares nuevamente descubiertos. Procuraré razonarlo 
brevemente. 

Los importantes esclarecimientos que de algún tiempo á esta 
, parte ha obtenido la numismática autónoma española, afirman 
que, entre los iberos, el uso de acuñar monedas se extendió pro- 
gresivamente desde la costa al centro del país. En este movi- 
miento de adelanto, impulsado en sus antiguos tiempos por las 
necesidades del comercio, se manifiestan los primeros varios pue- 
blos que habitaban el Este de España, acuñando la plata en omo- 
nóia con Empurias bajo la obediencia del pié monetal de la dracma 
griega y emitiendo después el cobre, asimilado al dinero latino. 
Esta gradación la vemos aceptada ya por los estudios modernos. 
La época de su comienzo, es la que ofrece algunas dificultades 
respecto á la emisión ibero-romana, pero en mi concepto no puede 
retrotraerse al año 537 (217 a. J. C), ó sea después de la llegada 
de Gneo Escipión á España, puesto que anteriormente á dicha 
fecha, es seguro que, cuando menos, se batían especies ibéricas de 
cobre en la Indigecia, en la Ilergecia y en la Ausetania. 

Nuevos hallazgos no me han impuesto la obligación, á la que 
me sometería gustoso, de rectificar en un solo punto lo que dije 
al ocuparme de las primeras emisiones de la Indike de Estéfano de 



• MONEDAS DE LA ILERGECIA. 163 

Bizancio. Concretándome ahora á las monedas ilergetes, veo con- 
firmado lo que escribí, pues el rarísimo ejemplar nüm. 24 de la 
lámina, présenla caracteres de tan desusada antigüedad, que quizá 
esta sea superior á las demás acuñaciones de cobre ibéricas que 
conocemos. 

m 

Los que hayan examinado mi trabajo, recordarán que en deter- 
minado período, las dracmas de la ^ínoXi? ofrecen la particularidad 
de tener escritos sus letreros, con caracteres diminutos y en sus 
primeros tiempos casi microscópicos. Gusto fué de época, y tan 
;extendido, que obtuvo boga en las monedas galo-foceas de Massi* 
lia; imperó en Empurias, de donde pa^ó á Rhode (Delg. Rhode 
nüm. 4) y á los iberos que acuñaron dracmas con los tipos sira- 
cusanos de nuestra ciudad. (Delg. Empurias, números 138, 143, 
146 y 172.) Esto acontecía en aquel notabilísimo período, que con 
los luminosos criterios cronológicos que arrojó el hallazgo de las 
Ansias, pudo fijarse inmediatamente después de la pérdida de Si- 
cilia por los cartagineses (513 de Roma, 241 a. J. Ga). Ahora bien; 
todos los caracteres de la moneda que publico, me llevan á discu- 
rrir que su acuñación siguió á la de dracmas emporitanas de la 
buena época, y cuando aun se conservaba la tradición délos epí- 
grafes con letras diminutas. Los tipos de este precioso ejemplar co- 
adyuvan á mis apreciaciones, pues son copia bastante fiel de los que 
campean en las dracmas de Emporión : la cabeza del anverso está 
inspirada en la Diana de las dracmas, y el caballo del reverso, en 
su actitud y en sus formas, nos recuerda al Pegaso volando de la 
moneda griega. Otro detalle sustancial ofrece el reverso de esta 
moneda, señalando evidentemente su obediencia á la unidad mo- 
netaria latina. Me rpfiero á los dos glóbulos puestos en ella para 
indicar su valor de semis, novedad que constituye un dato impor- 
tante para las investigaciones metrológicas, sin destruir las indi- 
caciones que llevo apuntadas, pues la introducción del denario 
romano en España, es muy anterior á la acuñación de esta cu- 
riosa pieza. Su aparición nos promete nuevos hallazgos, puesto 
que revela han de existir sus congéneres, no descubiertos aun, ya 
que es de creer que la Lérida ibérica, batiría completa esta anti- 
gua emisión, y en ella no faltaría ni el as, ni las especies meno- 
res del semis publicado. 



164 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

Para avalorar dichas observaciones no debe dejarse en olvido^ 
que los ilergetes acuñaron dracmas y trihemiobolios, en omonoia 
con Empurias y Mássilia (Delg. Empurias, números 130, 131^ 
132, 134, 135, 136 y 137?); no es, pues, de extrañar, que si de tan 
antiguo dicho pueblo tomó puesto en nuestra numismática amo-* 
nedando la plata, se adelantara también á los demás ibéricos en 
la acuñación del cobre, acomodado en las nuevas monedas al di- 
nero latino, cuya circulación se venía imponiendo en los merca- 
dos de las comarcas cisibéricas, desde el tratado de 528 de Roma 
(226 a. J. C), en el cual, la corriente del Ebro era el lindero de la. 
dominación cartaginesa. Poco después de este concierto político, 
apareció el semis que he dado á conocer, ó sea por los años de 528 
al 535 (226 á 219 a. J. C), período en que la plata de Empurias 
va rebajando paulatinamente su peso primitivo, hasta producir 
dracmas que son denarios disfrazados^ como muy oportunamente 
los llama nuestro amigo el distinguido Sr. Zobel. Y así debía su- 
ceder: á la moneda focea, imponía la asimilación, el dinero de 
aquella Roma poderosa que vencía á Gartago en la primera gue- 
rra púnica, reservándose el protectorado de las fundaciones grie- 
gas en el litoral de Iberia. 

Después de la moneda objeto de las anteriores líneas, sigue con 
el núm. 25 la copia de un excelente ejemplar del as de gran diá- 
metro, que figura en la colección del Sr. Arbex, de Lérida. No 
me ha parecido infructuosso darle acogida en la lámina, ya que 
es un elemento apreciable para la cronología del numerario iler- 
gete por las formas paleográñcas de su epígrafe, trazado con ca- 
racteres relativamente pequeños que acusan una emisión antigua. 

Los ejemplares grabados, números del 26 al 32, son variedades 
inéditas de la ilergccia de la época de la decadencia y del barba- 
rismo. La núm. 30 descuella entre ellas, por ser un ejemplar in- 
teresante y único en nuestra noticia, que se conserva con gran 
aprecio en el monetario de D. Joaquín Botet, de Gerona. E^ta 
moneda lleva estampado en su reverso la sigla |í y la | tendida, 
vulgar en los cuadrantes do Indica, con los tipos del león, leyen- 
da que era desconocida en monedas ilergetes y que vuelve á po- 
ner sobre el tapétela tan debatida interpretación de dichos signos. 

Cuando los estudios numismáticos no contaban con la gran pu- 



MONEDAS DE LA ILEnCxECIA. 165 

blicación de monedas inéditas de que gozamos ahora, recuerdo 
-que allá por los años de 1864, el insigne académico D. Antonio 
Delgado, dotado del espíritu investigador que umversalmente le 
lian reconocido todos los arqueólogos, nos advertía á Mr. Aloíss 
Heiss y á mí, sus discípulos, que las siglas de los cobres empori- 
tanos representaban el valor do la moneda. Tiempo después, 
Mr. Heiss, publicaba de cosecha propia en el Memorial numismá- 
tico español (1) los tanteos explicados por nuestro ilustre maestro, 
y la doctrina se tuvo por corriente, hasta que nosotros, que la 
habíamos también seguido, pudimos refutarla por completo en el 
libro del Sr. Delgado y con acuerdo suyo (2). Las anónimas si- 
glas representaban una indicación éthnica, la cual, relacionán- 
dola después el Sr. Zobel con otras leyendas emporitanas de la 
ultima época con el tipo de toro y el hipocampo, las atribuyó á 
unos Elhruthmetes, gente desconocida ^-qne por vía de ensayo co- 
loca cerca de Empurias, en la urhicula emporitana de Strabón, ó 
sea en Rhode, convertida en aquel entonces en un Suburbio de la 
€iudad ibera fócense. Conocíanse las siglas |í| en monedas de 
Stfitabis y Narbo: ahora se manifiestan en la Ilergecia y el pro- 
blema éthnico planteado, si no se va oscureciendo con la publica- 
ción de esta moneda, tampoco nos proporciona nuevos datos para 
ensayar una nueva explicación en tan controvertido asunto. 

Terminaré estas mal pergeñadas apuntaíyones, llamando la 
atención acerca de la bella fábrica de lloquith núm. 1 de la lámi- 
na; as que fué reproducido incompleto en la obra Delgado. Basta 
iin ligero examen del grabado, para no abrigar ningún género de 
duda acerca de que las monedas con dicha leyenda (la cual hasta 
-ahora no ha podido atribuirse satisfactoriamente) fueron acuña- 
das por aquel pueblo ilergete, que antes de ser abatido por la 
guerra, nos ha legado en sus monedas evidentes muestras de su 
•cultura; pueblo que, tan poderoso como el de los ausetanos, com- 
pelía con él en vigor político, y cuya valía histórica, en fin, hoy 
«e comprende con toda evidencia, ya que es conocida la impor- 
tancia de su posición geográfica, conocimiento que es del domi- 



(1) Tomo III, pág. 21 4. 

(2) Delgado; Nnevo método de clasificación^ t. iii, pág. 214. 



166 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

nio de la Academia, merced al magistral trabajo que, con el mo- 
desto título de El arco de Bará^ débese al concienzudo estudio del 
digno sucesor de Delgado, D. Aureliano Fernández Guerra. 

Celestino Pujol y Camps. 

Madrid, 16 Febrero 1884.' 



III. 



LEYENDA VASCO-HISPANA DEL TÁRTARO. 

Basque Legenda coUectedy chiejly in the Lahourd, by Rev. Wentworth 
Webster, M. A., Oxod. With dn Essay on the basque language by M. Julien 
VinsoD, of the Revue de Linguietique , París. Together with appendix: 
Basque Poeiry, Second edition, London, 4879. — En 4.^, pág. 276. 

Agotada rápidamente la primera edición (Londres, 1877) de 
este importante volumen, y recibida la segunda con el mismo 
favor por parte del público ilustrado, no necesita de mis enco- 
mios para hacérseos grato el rico ejemplar, que suscribe el au* 
tor, nuestro corresponsal, ofreciéndolo á vuestra consideración 
doctísima. El apéndice final, titulado Basque Poetry^ es acreedor 
á grande aprecio y estimación de la Crítica histórica. Sobre la 
Poesía vascongada, llama singularmente la atención y merecerá 
(no lo dudo) la aprobación de los inteligentes la parte relativa 
á los que han dado en llamarse fragmentos épicos de las gue- 
rras de Augusto y de Carlomagno. El canto de Lelo (Léloaren 
cantuáj, publicado por Humboldt en 1817, da bella muestra, 
quizá la más antigua que poseemos, del estro épico vascongado; 
pero esto no quiere decir que brotase antes del siglo xvi, del cual 
y de cuyo remate aparece ser el primer manuscrito auténtico. 
Por lo que hace al canto de Altabiscar (Altábiskarco cantuáj 
Mr. Webster ha desarrollado magistralmente en el tomo iii de 
nuestro Boletín (i) las ideas de la Basque Poeiry ^ despejando Je 



(1) Pág. 139-153. 



LEYENDA VASCO-HISPANA DEL TÁRTARO. 167 

punto en punto el problema y en toda su extensión resolviéndolo. 

Integran la obra numerosas leyendas, contadas de viva voz y 
por escrito, que Mr. Webster ha ido recogiendo en los caseríos 
de la Vasconia francesa y traduce exacta y fielmente al inglés. 
Para mayor seguridad del lector, cada leyenda va firmada por la 
persona que la contó, y la recibió como tradición del saber de sus 
abuelos, ó antepasados. Mr. Webster las coordina; señala con 
austera prolijidad sus variantes; estudia su mutuo enlace y filia- 
ción; y las compara finalmente con otras de otros pueblos; resul- 
tando así una serie de datos indiscutibles, luminosa y firme, que 
al paso que encierra sólidas enseñanzas, invita á seguir adelante 
por el camino de la investigación positiva. La cual, ni sienta le- 
yes a priori ni preconcibe sistemas, las más de las veces imagi- 
narios, sino que visa ante todo y sobre lodo á la determinación 
de los hechos;- y deduce a posteriori las leyes, ó las relaciones 
históricas y etnológicas, que de aquellos con mayor ó menor pro- 
babilidad ciertamente resultan. 

Las leyendas van clasificadas por este orden (1): 

I. Leyendas del Tártaro, ó del Cíclope. 

IL El dragón de tres (heren-sugej y el de siete cabezas. 

III. Los animales parlantes. 

IV. Los genios forestales (Basa-jaim, hasa-andré, lamina). 

V. Los brujos fastiak) y brujas fsorguiñakj de tipo vasco. 

VI. Cuentos de hadas; divididos, atento su origen, en sección 
céltica y sección francesa, subdivididas á su vez en otras de va- 
rios géneros y caracteres. 

VII. Leyendas neo-latinas, morales ó cristianas, con tinte su- 
persticioso de la Edad Media. 

Imposible se me hace, Sres. Académicos, no digo exponer, mas 
ni siquiera enumerar en breve resumen los tesoros de erudición 
histórica, que bajo un plan tan vasto acumula y desenvuelve el 
sabio autor de las Basque Legends. Me ceñiré al primer y prin- 
cipal aspecto de la leyenda del Tártaro, contada por Estefanella 
Hirigarray de Ahetze: 

«Un joven príncipe fué convertido por arte de encantamiento 

(1) Introduction, pág. xii y xiii. 



168 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

en Tártaro, ó cíclope monstruoso. Prometiósele que recobraría su 
figura normal, si lograba tomar esposa. La primera á quien se 
brindó, llena de horror, se apartó de él; mas luego incauta se 
puso en el dedo anular la sortija nupcial que por mano de apuesto 
galán le había enviado el monstruo. No pudo evitar la persecu- 
ción, porque el anillo chillaba sin cesar: Tü ahí^ y yo aquí. El 
monstruo le iba al alcance, y el anillo no había medio de sacarlo 
del dedo. Ella se lo corta, lo arroja al abismo de las aguas; y el 
Tártaro, ciego por la pasión, se precipita y sumerge.» 

¿Cómo y cuándo penetró tan curiosa leyenda en el país vascon- 
gado? No lo sabemos; pero tiene visos de antigua. Compárala 
Mr. Webster á la siciliana de Acis y Galatéa, que narra Ovidio. 
Acis convertido en fuente representa el dedo fatz en vascuence) 
cortado y echado á las ondas para contener la persecución de Po- 
lifemo; este sería el Tártaro; y Galatéa, la doncella tan perse- 
guida como desdeñosa. Mas la leyenda éuscara se acerca mucho 
mejor á la realidad del natural fenómeno, que hubo de mostrarse 
bajo el trasparente cristal de la alegoría. Hay que observar, añade 
Mr. Webster, que el mito ciclópico para los griegos y los roma- 
nos no es oriental. La viga encendida que ciega el ojo del Cíclope, 
se refiere al caer de la tarde; es el pico agudo de la montaña, ó el 
tronco de. pintoresco pino, visto de lejos hacia el ocaso cuando el 
sol muere. La narración sicana debía conformarse con la éuscara 
en su origen, y esta ser más antigua. Al decir de Eforo y de Tu- 
cídides, los primeros pobladores de Sicilia eran gente ibera, y 
según Humboldt, vascongada. 

Sin pretenderlo, al hacer semejante advertencia, ha coincidido 
el sabio autor inglés, con otra de Estrabón, por cierto muy aten- 
dible. «Homero, dice Estrabón (1), que no solo fué gran poeta, 
sino que también un ilustre histórico, nos dio ocasión para pen- 
sar que tampoco le fueron desconocidos estos sitios (2); antes bien 
llegó á sus oidos que estos puntos eran los últimos y los más oc- 
cidentales, en los que, como añade el mismo poeta (3), rueda in- 
menso el Océano: 

(1) 111,2,12. 

(2) De Tarteso ó Cádiz. 

(3) IX, 485, 486. 



LEYENDA VASCO-HISPAXA DEL TÁRTARO. 169 

Donde el sol gigantesco hunde bu planta , 
y el cerco esconde de la luz divina, 
y en torno atrae de la madre tierra 
la negra noche. 

Y es cosa sabida por todos que la noche es de mal agüero; que 
está vecina al Orco («*a^«?), así como este lo está al Tártaro; por 
cuya razón cualquiera que oiga lo que se cuenta de Tarteso, opi- 
nará que de aquí ha tomado su nombre el Tártaro^ esto es, el úl- 
timo lugar de los que hay debajo de lá tierra.» Hasta aquí Es- 
trabón. 

El Tártaro, en concepto de Hesíodo (1), es el marido de la Tie- 
rra y padre del gigante Tifoeo, que Júpiter, así como lo cantan 
Ovidio y Píndaro, condenó á vivir sepultado en las entrañas del 
Etna. El nombre clásico del Tártaro no parece de consiguiente 
extraño, sino asociado al mito ciclópico. Los que se resistan á 
creer que sea afine á la griega la leyenda euscárica, nacida y con- 
servada en país aquitano, no deben olvidar las palabras de San 
Jerónimo (2): «máxime quum Aquitania graeca se jactet origine.» 

Un punto singular, no obstante, distingue de la sícula la na- 
rración aquitánica, conviene á saber, el anillo parlante. Mr. Webs- 
ter lo encuentra en la leyenda escocesa Conall era Bhuidhe^ que 
enriquece el libro de Campbell (3), y en otra de la preciosísima 
colección de Grimm, titulada el Bandido y sus hijos. Más de ahí 
no resulta ciertamente que haya venido importado el episodio de 
lejanas tierra á la Vasconia francesa; si no queremos convertirla 
por igual razón en receptáculo de leyendas del Cíclope mucho 
más lejanas; por ejemplo, la abisina, que sacó á luz M. d'Abba- 
die alegado por Mr. Webster (4) y la de los Arimaspos escíti- 
cos (5), ó ugrofínicos, tronco de la de los Tártaros Oghuzes que 

(1) 7%<?í?^., 822. 

(2) Comment. in epist. ad Galotas^ 1. ii, prol. 

(3) The popular tales of the West Highlands^ vol. i, pág. 111. 

(4) «In his communication of the Tártaro legenda to the Société des Sciences de Ba- 
ponne, M. d'Abbadie relates how he heard the tale told in June, 1843, in Eastern África, 
in Lat. N. 9.2, E. Lon. 34.48, .hy a man who had never before quitted the countrj'.» 
Pég.2. 

(5) Herodoto, iii, 116; iv, 13, 27.— Ha dejado reminiscencias en el golfo de Finlandia 
y en las márgenes del Danubio: y se corrió hasta la China. Véase Sayce, Introduction 
to the science of lanffuaffe, t. ii, pág. 265; Londres, 1880. 



170 BOLETÍN DE LA REAL AGADEiMIA DE LA HISTORIA. 

me apunta el Sr. Fernández y González (1). No faltará quien 
piense que el ojo iranio de Ahtiramazdao y el del egipcio Tot ex- 
pliquen la creación emblemática de todas y cada una de estas le- 
yendas esparcidas por los cuatro ángulos del orbe antiguo, sin 
exceptuar la vascongada; pero en medio de tanta oscuridad no 
queda más partido por ahora que el de la observación, yendo á 
raíz de los hechos pisando sobre seguro al encuentro de la verdad, 
objeto único de la ciencia. 

Los pueblos ibéricos poseían cierta suma de mitos religiosos, 
cuyo vago eco flota casi perdido. ¿Por qué no podríamos atri- 
buirles el episodio del mágico anillo, que chilla cuando se pone 
el sol? ¿Tan faltos nos hallamos de tradiciones antiguas, bien 
averiguadas, que ninguna cuadre al intento? Posidonio, citado 
por Estrabón (2), hace sobre esto al caso. Escribió ser en España 
creencia vulgar la de que el sol, al caer de la tarde cerca de nues- 
tras playas oceánicas, cobraba un bulto mucho mayor (cien veces 
mayor, según Artemidoro), y que movía grandísimo estruendo, 
como si el piélago, que extinguía la hoguera del astro, silbase ó 

ó diese chillidos : ¿>Tccm cíí^ovtos too irsXáyQvg xará apijiv olvtov. Aña- 
día Posidonio, de conformidad con Artemidoro, que el paso del 
día á la noche era subitáneo sin intervalo de crepúsculo vesper- 
tino (vascuence arratz); en lo cual les reprende Estrabón y tacha 
de embusteros. Mas no advierte el gran geógrafo que toda men- 
tira es hija de algo, — y que el cuento, recogido por Artemidoro y 
Posidonio en nuestra costa oceánica, cerca del promontorio Sacro, 
ó cabo de San Vicente, corresponde, en su fondo real y positivo, 
á las regiones ecuatoriales de Sierra Leona. Basta leer el periplo 
de Hannón (3) pava imponerse en la verdad indubitable que im- 
portan varios de los doce hercúleos trabajos de cosecha fenicia; 
por ejemplo, el del jardín de las Hcspérides ó islas de Cabo Verde. 
En la zona tórrida, donde se verifica el fenómeno, están las raí- 
ces de la leyenda Posidoniana; y si á esto allegamos que en la 
vascongada del Tártaro^ el sol se exhibe como repugnante é inso- 



<1) ^ex>ue germanique^ t. ix, pág". 589 y siguientes. 

(2) III, 1, 5. 

(3) MuUer, Oeographi graeci minores^ 1. 1, pág*. 1-14; Paria, 1855. 



LEYENDA VASCO-HISPANA DEL TÁRTARO. 17) 

portable á la tierra, no será difícil sospechar si por ventura se 
alargó hasta el golfo de Cantabria llevada por los bajeles gadita- 
nos. Recordáis el pasaje de Avieno (1): 

ccTartessiorom in términos OeBtrymnidam 
Negotiandi mos erat, Carthaginis 
Etiam colonis; et vulgus inter Herculis 
Agitaos columnas baec adibant aequora.» 

Las colunas hercúleas, entre las cuales se dilataba el shiu» 
Oestrymnicus y se explayaban las islas Oestrymnides, no eran 
Ábila y Calpe; sino como lo previene Avieno (2), las boreales de 
Europa (duro perstrepunt septemtrione): la Coruña con su faro 
hercúleo y el Finisterre ó península extrema de Gornualles (haec 
dicta primo Oestrymnis). Este último vocablo consta de otros dos 
antiquísimos. El primero es ciertamente el céltico ymnis (islal> 
que me parece enlazarse con la leyenda de las bacantes Amnitas 
descrita por Dionisio Periegete (3). El segundo no carece de se- 
mejanza con el céltico ystaen, latín stannum^ gi*iego mcaírs^og, 
sánscrito kastira, 

Fidel Fita. 

Madrid, 9 Noviembre 1883. 



(1) Ora marit. 113-116. 

(2) 86-112. 

(3) Orbis descriptio, 570-579. 



172 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 



IV. 



RONCESVALLES. POEMA HISTÓRICO DEL SIGLO XIII. 



El original de este bello poema existe inédito en el libro anti- 
guo de pergamino, titulado Pretiosa, que se guarda en el archivo 
de Roncesvalles. Escrito durante los primeros años del siglo xiii 
á dos colunas sobre tres páginas en 4." mayor (fol. 89 v.-90 v.) (1), 
de él ha sacado y me ha enviado esmerada copia el actual Prior 
de la colegiata D. Francisco Pólit. Otra debo al Dr. Baist, nuestro 
sabio correspondiente; la cual ha tomado de un códice de la Bi- 
blioteca Real de Munich, manuscrito del siglo xiv. Notaré sus 
variantes. 

«Domus yenerabilis, domns gloriosa^ 
Domus admirabilis 9 domus fructuosa, 
Pireneis montibus florct sicut rosa, 
Universis gentibus valde gratiosa. 

Eius beneficia cupio (2) narrare, 
Quam sincere teneor et semper amare , 
Eam mnltipliciter potero laudare , 
Video materiam (3) undique manare. 

Yolo tamen laudibus eam collaudarí. 
Que possint ydoneis testibus probari; 
Qui vult verum tempnere, falsum veneran (4), 
Nimia est odibilis celo terri mari. (5) 

Domus ista dicitur Hoscidee vallis, 
Domus necessaria, domus bospitalis. 



(1) Cod. lat. 10547 (O, 2i6) He, 5; foL 4-7. El poema sirve como de apéndice á los 
Proverbios de Raimundo LulU Probablemente se copió allí de segunda ó tercera mano 
porque incurre en muchos errores y omisiones propias de amanuense imperito. 

(2) Cód. de Munich «aspiro.» 

(3) Cód. «materiem.s» 

(4) Cód. «Quisquis vera reticens falsa studet fari.)» 

(5) El cód. omite este yerso. 



RONCESVALLES. — POEMA HISTÓRICO DEL SIGLO XIII. 17.*i 

Bonis yaccang omnibas, terga prebens malis; 
Sais hanc omnipotens semper tegit alis. 

Fúndeos rorem gratie hic largitur dona 
Spiritus paraclitus (1), a qno cuneta bona; 
Sub (2) presentí seculo cunctis est annona (3), 
Erit et fidelibus in celis corona. 

Sancíus epíscopus caput (á) huius rei 
In honore virginis genitricis dei 
Ad radicem maxími montis pirenei 
Hospitale statuit quo salyantur rei. 

Nominatus pontifex cum pampilonensis 
Fundaret hospicium montibus immensis ; 
Donis eum maxitois iuvit in (5) expensis 
Ildefonsus inclitus Eex Aragonensis. 

Yidens venerabilis hoc canonicorum 
Con ven tus invigilans bonestati morum, 
Hospitali tribuens plurima donorum , 
F^cit se participem illius bonorum. 

Post eram preteritis annis mille centum, 
Quibus datis septies (6) decem ad augmentum, 
Hospitalis fieri cepit fundamentum (7), 
Quod iter agentibus est operimentum (8). 

Locum, in quo situra est, rigor yemalis 
Glacies perpetua necnon nix annalis 
Fere semper aggrayant et aer brumalis (9); 
Sola est serenitas domus hospitalis. 

Terra per circuitum sterilis omnino, 
Habitator quilibet eget pane yino 
Sicera et oleo et lana (10) et lino; 
Hospitale regitur spiritu diyino. 

In eodem aliquis yim frigiditatis 



. (1) Cód. «paracletus.» 

(2) Cód. «sunt.» 

(8) Cód. «annono.» 

(4) Cód. «capud.5!>— Sancho de Larrosa, obispo de Pamplona (1121-1142). 

(5) Cód. «et.» 

(6) Cód. <<8pecies.» 

C7) Era ino, año 1132, dos antes de la muerte de Alfonso el Batallador. 

(8) Cód. «Quod nunc indigcmtibu&prestaL fundamentum.» 

(9) Falta este verso (ti códice; el cual, además, muda el orden de la estrofa colocan- 
tlola después de las dos siguientes. 

(10) Cód. «oleo lana.» 



174 BOLETÍN DE LA. REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

Non sentit, pauperiem nec sterilitatis ; 
Manet enim iugiter hic fons bonitatis (1) 
Qui pellit inediam omnis egestatis. 

Bona norunt plurimi huius hospitalis ; 
Via requirentibus est universalis 
Beatorum (2) limina; non est yia talis 
Jacobum petentibus (3), nec sic generalis. 

Hospitftle hospites generosa fronte 
Omni die colligens, qnamvis sit in monte, 
Eos necessariis consolatur sponte 
Que sibi proveniunt ex predicto fonte. 

Porta patet ómnibus, infirmis et sanis. 
Non solum catbolicis , verum et paganis , (4) 
Judeis, hereticis ociosis vanis; 
Et, ut dicam breviter, bonis et profanis. 

Hic fiunt sex opera que precepit deus 
Fieri ab bomine ne, cum iubileus 
Annus superven erit, iudicetur reus; 
Et sic a fidelibus erit fariseus. 

Huius domus bonitas sic amplificatur 
Quod per eam dominus sepius laudatur, 
Supernorum civium cobors gratulatur 
Et catberva demonum nimis perturbatur. 

In bac domo , pauperum pedes abhmntur, 
Barbe cum rasoriis eis aufferuntur, 
Layatis capitibus capilli toUuntur; 
Non est parum dicere ea que sequuntur. 

Si videres pauperum ibi sotulares 
Resarciri corio, tune deum laudares; 
Domus beneficia vocibus narrares, 
Eam totis y iribú s mentis adamares. 

Quidam stat ad ianuam pañis portionem 
Prebens transeuntibus, nullam actionem 
Preter istam faciens et orationem 
Ut det deus domuy consolationem. 

Hic , qui petit , accipit munus caritatis , 
Eepulsam non patitur quis a postulatis ; 



(1) Alusión á la primera epístola de San Juan, iii, 17. 

(2) San Pedro y San Pablo. Trata de los romeros españoles. 
(H) Peregrinos extranjeros que venian á Compostela. 

(I) Moros ó sarracenos. 



RONCESVALLES. — POEMA HISTÓRICO DEL SIGLO XIII. 175 

Quod largitur ómnibus domus ista gratis 
Non est opus hominis, rmo deitatis. 

Pliires nutrit orphanos hec materno more. 
Eos pie corrigens manu virgis ore , 
Ut sic discant vivere manuum labore 
Ne cogantur querere victum cura rubore. 

Domus ista providet egris summa cura. 
Preciosa quelibet que producunt rura 
Eís ultro pro[ferens; ymrao mul]ta (1) plura 
Quam ea qu[e numerat nobis hec scripturaj. 

Mulleres [splendide morum honéstate,] 
Carent[es spurcicia et deformitate,] 
Eorum se[rYÍcio ibi deputate,] 
Egros [fovent iugiter plana pietate.] 

Due sunt aptissime domus infirmorum ; 
Quarum una feminis, altera yirorum 
Deputatur usibus , voluptati quorum 
Presto sunt per omnia genera bonorum. 

Est in eis camera frnctibus ornata; 
Ibi sunt amígdala et mala granata, 
Ceterorum fructu[um genera probata] 
Que div[ersis partibus mundi sunt creata.] 

Infirm[orum domibus die lux divina,] 
No[cte splendent lampados ut lux matutina; ] 
E[st altare médium, in quo catherina] 
V[eneratur iugiter, simul et marina] (2). 

In egris perficitur opus pietatis ; 
Requiescunt mollibus lectis et ornatis. 
Non recedit aliquis nisi cedat gratis 
Doñee quis accipiat donum sanitatis. 

Eis diversoria ibi deputantur, 
Que circumfluentibus aquis emundantur, 
Balnea petentibus statim preparantur 
Horum ut corporee sordes abluantur. (3) 

Infirmorum socii si velint morar i. 



(1) Cód. «multo.» Entre unciales acompaño lo ilegible del original por roto, ó man- 
chado. 

(2) De Santa Marina se guarda reliquia actualmente en la iglesia de la Colegiata. 
La Consueta no pasa en silencio las misas de Santa Catalina que debía celebrar el Ra- 
cionero. 

(3; Cód. «diluantur.» 



170 BOLETÍN DE LA KEAL ACADEMIA DE LA HISTOHIA. 

lubet pater ordinis eos venerari, 
Eis necessaria diligenter dari 
Quousque contígerit eos relevan. 

Dum eorum aliquis migrat, sepulture 
Datur, ut precipiunt leges et scripture ; 
Est ibi basílica, in qua quí nature 
[S]ua solvunt debita sunt perhenny iure. 

Mortuorum carnibus eo qaod aptatur, 
A carne carnarium recte nuncupatur; 
Angelorum agmine sepe visitatur, 
Ore audientium eos hoc probatur. (1) 

Est huius basilice medio preclarum 
Altare , contagia purgans anímariim ; 
Fit ibi misterium regum regí caram ; 
Tenebrarum principi nimis est amaram. 

Jacobite iácobum pie requirentes , 
Sua secum iácobo muñera ferentes, 
Sepulture machinam circunspicientes, 
Laudes deo referunt genua flectentes. 

Huius est (2) materia undique quadrata, 
Q[uadrature] sumitas est or[biculata,] 
Cuius [in pignaculo est crucis parata • 
Forma, per quam rabies hostis iacet strata. 

Yerum strenuissimus [vir], Rex navarrorum (3), 
Coustruxit ecclesiam hic peregrinorum ; 
Eis decem milium prebens solidorum 
Duraturos (4) redditus et quadringentorum. (5) 

Huius (6) regis genuit matrem (7) imperator; 
Pater eius extitit (8) Sancius bellator, 
Eex sapientissimus , tocius amator 
Probitatis, bostium erat et fugator. 

Domus dicte sepius fratres et sórores 



(]) Cód. «Pre audiencium eos hoc probantur.» 
1*2) Cód. «Est huius.^> 

(3) Sancho el Fuerte (1194-1234). 

(4) Cód. «duraturus.» 

(5) Réditos perpetuos de 10.400 sueldos. La estrofa está manchada y corroída en el 
original; pero de él la sacó y hánosla conservado Huerta en su historia (inédita) de 
Ronces valles. 

(6) Cód. «cuius.» 

(7) Sancha, hija del emperador Alfonso VII y esposa de Sancho de Navarra el Sabio. 

(8) Cód. «genuit.» 



RONCESVALLES. — POEMA HISTÓRICO DEL SIGLO XIII. 177 

• 

Predictorum omnium sunt dispensatores, 
Vitam regulariter ducunt atque (1) mores, 
Seculum despiciunt et eius honores. 

Gustos liorum omnium dicitur martinus (2), 
Vir vite laudabilis, velut alta pinus 
Erga cliristi pauperes late pandens sinus ; 
Eius (3) implet viscera spiritus divinus. 

Servat, auget pauperum hic possessiones, 
Sibi pro pauperibus prebens passiones ; 
Xam celestis patrie gratulationes 
Habentur per máximas tribulationes. 

Dedit ei dominus villicationem , 
Petiturus siquidem de hoc rationem ; 
Cum bene reddiderit de hoc rationem, 
Dignamque recipiet retributionem. 

Bona prestat plurima domus pretaxata, 
Que presenti pagina non sunt declarata; 
Nisi rimi (4) series foret fini data (5), 
Auditori tedium daret protelata.» 

Á esta clase de poemas, ó prosas, alude Gonzalo de Bercéo en 
la primera estrofa de la Vida de Santo Domingo de#Silos : 

ce Quiero far una prosa en rornan paladino, 
Eq qual suele el pueblo fablar á.su vecino, 
Ca non so tan letrado por f er otro latino : 
Bien valdrá, como creo, un vaso de buen vino.» 



(1) Cód. «adque.» 

(2) Martin Guerra. Consta el día de su fallecimiento, 1.° Diciembre 1215, por el ca- 
lendario de la Pretiosa: «Kalendis Decemhris. Sub Era. m*. ce*, l*. in*. Obiit Martinus 
Guerra prior bone memorie. Su predecesor, Fortunio de Badostaín, murió en 31 de Agosto 
de 1199. Entre estas dos fechas está por precisión incluida la de la composición del 
poema. 

(3) Cód. «cuius.» 

(4) Vocablo precioso. El Sr. Menéndez Pelayo ba enriquecido la novísima edición 
del Diccionario de la Real Academia Española, citando los «Pn>verbios en rimo del sa- 
bio Salomón, rey de Israel,» composición de Pero Gómez inserta en el Cancionero de 
Fernán Martínez de Burgos. Denotaba una composición rimada en verso, lo mismo que 
rima (Berceo, Duelo de la Virgen^ estr. 1.}: 

«En el nome precioso de la Virgen María 
De qui nasció al mundo salud é melecina. 
Si ella me gulasse por la gracia divina 
Querría del su duelo componer una rinia,'> 

(5} Cód. <^undata.>^ 

TOMO IV. 1 



178 IJOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTOfílA. 

¿Quién fué el poeta, erudito en los fastos de Roncesvalles, po- 
seedor de la Ciencia sagrada, ingenio claro y talento sólido, co- 
razón bello é inflamado de tiernísima caridad, que así despertó 
los ecos de la Musa histórica y nos ha legado esta pieza magistral 
del Parnaso hispano-latino? Bien sentaría la composición a la 
pluma del insigne D. Rodrigo Jiménez de Rada, en cuya alma de 
navarro^ entusiasta por las verdaderas glorias de su país, el ta- 
lento del historiador supo descartar de las leyendas poéticas sobre 
Roncesvalles y Garlomagno todo aquello que daba en ojos á la 
Crítica imparcial y serena (1). Como el autor del poema, D. Ro- 
drigo emplea el nombre de Roscida vallis; y encarece y elogia la 
bondad del paso en favor de los peregrinos ó romeros de San- 
tiago ¡2). Su descripción del hospital de Burgos, construido por 
Alfonso Yin, está concebida en términos paralelos (3) ; y cabal- 
mente regresó D. Rodrigo á España desde Paris con objeto de po- 
ner paz (1206) entre los Reyes de Castilla, León y Navarra, al 
propio tiempo que D. Sancho el Fuerte, tan munífico, era en pro 
de Roncesvalles, como lo atestigua el poema. 

De todas maneras el Autor, coetáneo, aparece dotado de pren- 
das que haceR honor á aquella época precursora de la de Alfonso 
el Sabio. 

La iglesia de los peregrinos, que hizo construir Sancho el Fuer- 
te, asignándole en dotación perpetua lo que el poeta especifica, 



(1) «NonnuUi, histrionum fabulis inhaerentes, ferunt Carolum civitates plurimas, 
castra et oppida in Hispaniis acquisisse, multaque prelia cum Arabibus strenue per- 
petrasse et stratam publicam a Galliis et Germania ad Sanctum Jacobum recto itinere 
direxisse. Quod quidem, quantum ad partera Cathaloniae, videlicet Barchinonensis, 
Gerundensis, Ausonensis, UrgelleDsis territoria, satis constat.» De rebus Hispaniae, 
IV, 10. 

(2) Ibid.,i\,\\, 

(3) «Construxit etiam hospitale iuxta moDasterium, aedificiis et domibus mirabili- 
ter decoratum; quod tantis divitiis dílatavit ut ómnibus pereg-rinis, nullo paHentp re- 
púlsame ómnibus horis diei necessaria ministrentur, et ómnibus TOlentibus pernoctare 
lecti mirabiles apparatus continué praeparentur. Infirmis autem usque ad mortem, 
vel restitutionem pristinae sanitatis per manus mulierum miserieordinm et virorum 
omnia necessaria erogantur, adeo ut opera pietatis in eo in eodem hospitali, quasi la 
speculo possit quilibet contemplan; et qui in vita propter excellentiam operum ab 
ómnibus meruit coUaudari, post mortem multiplicatis intercessoribus merebitur a 
Domino coronad. Sed, nefascis charismatum, quae 'in eum a Sancto Spiritu confluxe- 
runt, virtute aiiqua fraudaretur » llid., vir, 31. 



KONGESVALLES. — POEMA HISTÓRICO DEL SIGLO XIII. 179 

díceiime ser la antigua Colegiata, que se arruinó en el año 1600; 
y el templo, añade Sarasa (i), «era tan esbelto y tan bien trazado 
como el de la catedral de Pamplona.» La próxima de «SancíiSpin- 
tMs, en cuyo alrededor hay un claustro «que desde tiempos atrás 
viene sirviendo de cementerio» (2), bien parece no ser otra que 
la cuadrada basílica con su cúpula. Mucho holgaría de ver las 
escrituras ó diplomas regios y pontificios concernientes á esta y 
otras cuestiones suscitadas por el poema. Sarasa (3), enumerando 
las piezas principales que obran actualmente en el archivo, cita 
bulas de Inocencio II (año 1137), Inocencio III y Honorio III 
(cuya fecha no da), las cuales deben ilustrar muchísimo el pro- 
blema. Otro tanto se diga de las donaciones de D. Sancho el 
Fuerte (4). Las piezas fundamentales, recopiladas y examinadas 
€on atención, valen cien veces más que los indigestos infolios de 
añejas disertaciones. 

Me ha llamado singularmente la atención una estrofa del poe- 
ma, desfigurada por el códice de Munich: 

«Mortuorum carnibus eo quod aptatur 
A carne carnarium recte nuncupatur; i 

Angelornm agmine sepe visitatur , 
Ore audientium eos hoc probatur.» 

Estas apariciones de los ángeles, dan á entender que en el ar- 
chivo de la Colegiata debía guardarse alguna colección de leyen^ 
das maravillosas, que no podían faltar en un santuario tan céle- 
bre y venerado por todo el orbe. ¿Que se ha hecho esta colección 
antigua? Su hallazgo y publicación colmaría el deseo de los in- 
teligentes que investigan los primeros orígenes de nuestra litera- 
tura castellana, siendo á la par colección respetabilísima de ver- 
daderas leyendas de la Yasconia. 

Todavía no se dirá que me presento de todo punto, acerca de 



. (1) Reseña histórica de la Real Casa de iSIv.estra Señora de Roncesvalles y descripción 
de su contomo, pág. 122; Pamplona, 1878. 

(2) Pág. 123. 

(3) Pág. 129, 130. 

(4) Pág. 7-2. 



180 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA H1ST0RL\. 

la documentación, con las manos vacías. El Sr. Pólit no ha que- 
rido proporcionarme la copia que le pedí del poema escrito en la 
Pretiosa^ sin comunicarme al propio tiempo las actas de funda- 
ción y dotación del hospital , que se leen en el mismo libro 
(fol. 128 vuelto-131 recto). Dicen así: 

<L Rubrica fundationis et dotis Sancii pampilonensis episcopi, domus et 
coiif ratrie Roscide vallis, set non ecclesie et Religíonis. 

Sancius, dei gracia pampilonensis ecclesie servus, fidelibus 
christi salutes. 

ínter róseos sanctarum virtutum flores hospitalitem, que pro 
christo fit, novimus redoleré Evangélica atque apostólica aucto- 
ritate. Dominus naraquc dicit: Hospes fui, etc. Et apostolus: hos- 
pitalitalem nolite obMvisci; per hanc enim quidam domino pla- 
cuerunt. Suscipientes christum in persona pauperum, ad quam, 
deo adiuvante, adimplendam, Ego peccator Sancius, non inafnis 
glorie cupiditate, non honoris huius mundi ambilione, non pe- 
cuniarum quarumlibet aquisitione, set desiderabilem domini vo- 
cem cupiens audire: Venite, benedicti patris mei, et reliqua, 
Sancti spiritus inspiratione atque gloriosissimi domini meiRegis 
aragonensis alfonsi assidua exortatione, ipsius auxilio ac princi- 
pum suorum nobiliumque virorum ac feminarum multorumque 
eciam utriusque sexus sufultus adiutorio, fació domum ad pre- 
sens unam ad reccptionem peregrinorum sive quorumlibet ho- 
minum illic in necessitate hospitare volencium in verticem mon- 
tis, qui dicitur Ronsasvals iuxta capellam caroUi magni famosis- 
simi regis francorum; in quo, ut incole testantur multa milia pe-" 
regrinorum mortui sunt, quidam suffocati a turbinc nivium^ 
quamplures vi vi devorati ab Ímpetu luporum. 

Constituimus quoque ibidem confratriam pontificum, abbatum, 
. clericorum sive laicorum in festivitate ciricii et iulice (1), que 
est xvi** kalendas julii; in qua confraternitateconlaudatumest ut 
sint ibi ad minus dúo presbiteri, qui assidue cantent missas, unus 
pro salute vivorum confratrum, alius pro Requie defunctorum. 
Sacerdotes quoque confratres, ubicumque missas cantaverint, in 

(1) Fiesta de los santos mártires Quirico y Julita, á 16 de Junio. 



nOXCESVALLES. — POEMA. HISTÓRICO DEL SIGLO XIII. 181 

canone ubi fit memoria vivorum dicant: memento, domine, ani- 
marum confratrum Jiostrorum. Clerici autem sive layci confra- 
tres, guando fecerint orationem, dicanl: domine, miserere con- 
fratribus meis vi vis atque defunctis; clerici vei^o literatorie^ si 
sciverint; layci materna lingiia. 

Quicunrfue faerint confratres huius confraternitatis et veri in 
dirislo confratres, et ex parte dei et beate marie et sanctorum pe- 
tri et pauli, omniumgue sanclorum participes eos facimus om- 
nium sacrificiorum, helemosinarum, orationum cunctorumque 
bonorum que ibi fient, vel peregrini illic hospitantes undecumque 
fuerint. Amen. 

Obitus uniuscuiusque confratris, si fieri potest, a parentibus 
sive ab amicis [deferatur?] Gapellanis huius confraternitatis; pro 
quo, oblato sacrificio, nomen eius (1) super altare scriptum eter- 
ualiter habebunt. 

Omnis confrater, pro posse, semel in unoquoque [anno?] reficiat ^ 
dúos pauperes; unum pro salute vivorum, alterum pro requie 
defunctorum. 

Helemosinarius huius loci omnes quos noverit esse clericos, 
inde transeúntes, exoret quatenus pro absolutione confratrum 
vivorum ac defunctorum psalmum unum decantent. 

Omnes episcopi confratres, completo synodo, cum omni clero 
defunctos confratres absolvat; et iniungantunicuique sacerdotum 
ut pro eis semel sacrificium deo ofTerant. 

Fratres enim et sórores, pro amore deihanc cartulam legite, 
relegite et decies repetite. Et videat unusqviisque confrater quan- 
tum et quam inestimabile bonum apparet associando sibi inter- 
cessores apud deum et pugnatores contra dyabolum. Siquiscog- 
noscet se oífendisse dominum suum, nonne plures convocaret ut 
placarent eum? Si quis vellet debellare hostem, nonne ad devin- 
cendum illum si posset congregaret multa milia amicorum? Et 
quis vestrum estqui non graviter oífendit deum? Et si dyabolus 
deum temptavit, quis vestrum est qui evadere temptationes eius 
possit? Quapropter conveniamus, etsi absentes.corpore, unánimes 



(1) Costumbre muy notable de que hacen fe varias mesas de altar, como la de San 
Pedro de Tarrasa, donde hormiguean los nombres de los cofrades trazados á punzón. 



182 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

in sacrificiis orationibus et elemosinis, adiuvante christo, debel- 
lemus eum; quatenus victores coronari mereamur ab illo, quivi- 
vit et regnat per omnia sécula seculorum, amen. Válete et pro me 
vestro servulo orate, xl dies relaxamus. 

Preterea ad sustentationem hospitalium (i) huius hospicii atque 
ad aliquantulam refectionem peregrinorum inde transeuncium, 
bonum ac deo placitum consilium convenit inter me sancium 
episcopum, pampiloncnsis ecclesie servulum et canónicos eius- 
dem sedis, favente rege garsia Remiris, colaudantibus quoque 
eius principibus (2). Ganonicidearchidiaconatuillorum dederunt 
ab integro predicto hospicio omnes ecclesias que sunt de uart (3) 
usque ad illud hospicium cura valle ecterivarr (4) et cum valle de 
erro et assie (o) et altera assie (6), excepta decima, salvo in eis 
jure episcopali quod habet in ecclesiis alus que sunt in archidia- 
conatu de mensa. Deauxerunt quoque ipsi hospicium alodium 
. totum quod habebat in lauion (7) quod fuit de seynor acnar lopic; 
partem cciam hospicii panpilonensis quod erat ibi , necnon ter- 
ram ad faciendum ortum que est ultra pontem de cuhiri (8) que 
fuit del seynor didac alharog et uxoris eius urache. Pro quibus 
Ego Sancius concedo ipsis canonicis presentibus et futuris archi- 
diaconatum de anoc cum ipso monasterio (9) usque ad mare, ex- 
cepta decima, salvo in eo jure pontificali quod habet in alus eccle- 
siis que sunt in archidiaconatu de mensa; addendo etiam predicto 
hospicio quicquidjuris est episcopi, ac aeccoa (10) excepta decima 
et jure episcopali quod habet in alus ecclesiis que sunt in archidia- 
conatu de mensa. Denique ab ómnibus constitutum est ut hospi- 



(1) Hospitaleros. 

(2) ¿Reunidos en Cortes? 

(3) Huarte. El ms. añade «huart^a explicativo de la forma antigua con escritura re- 
lativamente moderna. Huarte (ur-artCy entre aguas), está bañado por el Arga. 

(4) Fija este nombre la significación de Bsteribar, compuesto de ibarr (valle). 

(5) Aos era el punto de reunión que tenia el ayuntamiento del valle de Lónguida. 

(6) En el valle de Arce está el despoblado de Adasa, que fué tributario de Ron- 
cesvalleF. 

(7) Labiano. 

(8) Pueblo (irij con puente (zuMj sobre el Arga. 

(9) Del monasterio (iglesia) de Anoz, cerca de Beasoain, hizo donación el Rey don 
García VI á la catedral en 1047. 

(10) Aezcoa (la enriscada). 



RONCESYALLES. — POEMA HISTÓRICO DEL SIGLO XIII. 183 

tale illud ab uno de canonicis predicte ecclesie, altero succedente 
alteri ibidem obtinente primatum, in perpetuara regant. Sed la- 
men ea lego et ratione in predicto hospitali Ganonicus, quisquís 
fuerit, primatum obtineat quod si ille, nocuus ab omni justicia, 
liber a caritate, desertus a divino timore, negligens in dileccione 
pauperum, bona hospitalis illius perditioni sive destructioni daré 
voluerit, atque eis tamquam propriis abuti, hoc nuUatenus Epis- 
copus nec canonici nec Rex cum potestatibus suis paciatur. Si 
vero Episcopus aliquis illud hospitale in aliquo anichilare temp- 
taverit, hoc tara a canonicis quam a Rege cum potestatibus ab eo 
fieri contradicant. 

Omnes canonici panpilionensis ecclesie omnia prescripta lau- 
damus, corroboramus, et ut prior noster poncianus pro ómnibus 
signum faciat volumus et mandamus. 

Signum poncii prioris f . 

Testes: Stephanus archidiaconus, deusdedit camerarius, lupus 
sacrista, vivianus elemosinarius et eneco garccys archidiaconus 
de sancta gema. Magister geraldus. Magister arbeus. — Petrus pe- 
tragaricensis Episcopus f (1). Garsie Remiric regis -f-. 

Post suprascriptas donationes nostras et vestras iterum placuit 
mihi sancio et vobis canonicis Sánete marie, poncio priori archi- 
diaconis ómnibus omnique conventui: et reddo vobis omnes eccle- 
sias quas dederatis predicto hospicio ab huart usque ad illud hos- 
picium; confirmans quoque vobis archidiaconatum de anocy sicut 
est suprascriptum. Pro quibús ómnibus vos datis hospicio illi 
quicquid vestrum est in alcuca (2), quartum et pedalicum; et quic- 
quid vestrum est de mutyloa [et] de echalag^ quartum quoque et 
pedaticum ecclesie de lauion; et pro hospicio prioris suorumque 
predicti hospicii, domum que fuit fortunii galinc, excepta opila- 
ringata (3). 

Signum sancii episcopi f . Signum pontii prioris. 



(1) De este obispo de Perigueux hay memorias (Gams, Series episcoporum eccl, ca- 
thoU, pág. 598) entre los años 1138 y 1144. 

(2) El ms. pone «achalag,-» pero más abajo se corrige. Alzuza y Echalaz son del va- 
Ue de Egües. 

(3) Torta CopilJ y cántara de vino CariniíadaJ; pecha que pagaba el villano al señor, 
y citan los Fueros de Navarra (1. i, tít. 2, 2; iii, 4, 7). 



184 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

Nos panpilonenses [canonici] gratia domini nostri Sancii epis- 
copi qui multa nobis dona contulit, unánimes bonoque animo, 
faventes votis eius quemadmodum hosppicio de Ronscival dedi- 
mus quartum et .pedaticum ecclesiarum videlicet de Echalac de 
mutylo, de alcuca et de laiiion^ sic eciam concedimus ipsi hospi- 
cio quicquid nostri juris est in eisdem ecclesiis; [et] hoc signo 
corroboramus. Signum prioris adeodati pro omni conventu. Sig- 
num garsie Remiric Regis.» 

El acta no es original y encierra tres partes, cada una de las 
cuales hubo de marcarse con fecha diferente. Las dos últimas 
pertenecen al reinado deD. García Ramírez, que comenzó en 1134, 
y al episcopado de D. Sancho de Larrosa, que feneció en 1142. 
Claro está que en este documento ilustre se inspiró el autor del 
poema de Roncesvalles. 

Fidel Fita. 

Madrid, 21 Diciembre 1888. 



V. 



MONUMENTO VALENCIANO DE ISIS (1). 



En el libro de acuerdos y documentos de la fábrica nueva del 
río, titulada Murs y valls, que obra en el archivo municipal de 
Valencia y corresponde al año 1760, folio 4, se lee: 

«Andrés Soler y Diego Cubillas, maestros canteros, peritos 
nombrados por los señores que componen la ilustre junta de la 
Fábrica del río, cuyo nombramiento ha sido á fin de que pasáse- 
mos á ver y justipreciar un contorno ó adorno de piedra, que se 
ha dispuesto y fabricado encima de un contrafuerte en el pare- 



(1) Véase la pág". 144 de este tomo del Boletín. 



MONUMENTO VALENCIANO DE ISIS. 185 

don del río que va al azud de Rovella , para colocar en el centro 
de dicho adorno tres lápidas negras, de las cuales dos fueron ha- 
lladas en el cauce del río inmediato á dicha obra; la una con una 
inscripción romana que contiene lo siguiente: Sodalicium verna- 
rum colentes Isid...; la segunda contiene una inscripción, nueva- 
mente grabada, del tenor siguiente: Siste antiqíiitatis amator, diu 
socii in álveo sepíilti lapides A, D. Mdcclix inventi^ et seqxienti in 
hwic proximorem locitm positis^ Dic quando primum erecti (1); y 
la tercera Ijópida, que se halla en la parte superior de dicha obra, 
es nueva, y se halla en ella grabada la devisa antigua de la Ciu- 
dad, que era una cornucopia y un manojo de saetas, y en su 
torno una inscripción que dice: Vale7itia Colonia juris italici; y 
habiéndonos constituido en el sitio donde se hallan dichas tres 
. lápidas y adorno, y tomadas las dimensiones de él, de su alzada, 
vuelos y grueso, hemos cubicado por partes; y habiéndolo calcu- 
lado con toda reflexión y cuidado , así el valor de toda piedra de 
dicho contorno, como el trabajo que se ha empleado en ella y su 
colocación , y asimismo todo el costo que ha tenido en trabajar y 
puHr la primera y tercera lápida y su colocación, y asimismo la 
colocación de la segunda, y habiendo sumado todas estas parti- 
das, hallamos que su valor es el de ciento setenta libras (2); cuya 
declaración bien y fielmente [hacemos] por la mucha práctica, 
experiencia y manejo que tenemos en semejantes obras. Valen- 
cia, y Agosto á 12, de 1760. — Andrés Soler, Diego Cubillas.» 

Al folio 41, está el acuerdo aprobando esta declaración, y man- 
dando despachar libramiento á favor de Bautista Pons por las 
170 libras. 

Al folio 85, consta la carta de pago expedida en la misma fecha 
del acuerdo (22 de Agosto, 1760). 

^ José María Settier. (^) 

Valencia, 1.° de Marzo de 1884. 



(1) Las copias de esta inscripción y de la siguiente, como hechas por maestros can- 
teros, no son exactas. 

(2) La libra valenciana valía 15 reales y 2 maravedís. 

(3) Los documentos, de que hace mérito el Sr. Settier, dilucidan y resuelven á punto 
fijo la cuestión suscitada por D. Antonio Delgado en el tomo viii de las Memorias de la 
Real Academia de la Historia (Madrid, 1852), pág. 91 y 92.— F. F. 



186 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORA. 



VI. 



INFORME DADO AL GOBIERNO PROVJSIONAL SOBRE EL ESCUDO DE ARMAS 

Y ATRIBUTOS DE LA MONEDA. 



Excmo. Señor: En el artículo 6.° del decreto relatiw) al nuevo 
sistema monetario, fecha 19 de Octubre último, se lee que 
«todas las monedas cuyo tamaño lo permita ostentarán una 
«figura que represente á España con las armas y atributos pro- 
»pios de la soberanía nacional,» y en otro decreto que con la 
misma fecha se dio para la ejecución del primero, dice el art. 2.°: 
«La Academia de la Historia informará con igual brevedad, 
«acerca del escudo de armas y atributos de carácter nacional que 
«deban figurar en los nuevos cuños.» 

Acerca de dos puntos, en vista de esto, tiene que informar á la 
Academia la Comisión nombrada al efecto, á saber; sobre la 
figura que represente á España, y sobre el escudo de armas que 
habrá de ser adoptado. No es nueva, ciertamente, la idea de re- 
presentar en los cuños la imagen de la Nación que los autoriza; 
muchos años hace que Inglaterra ostenta en sus monedas la ima- 
gen sentada de la Britannia con escudo al costado, el tridente en 
una mano, la rama de oliva en la otra, y la cabeza galeada ó sim- 
plemeate ceñida de diadema. También Suiza coloca en sus tro- 
queles más recientes una elegíante figura de la Helvetia, sentada 
en los Alpes y extendida la diestra mano sobre sus cumbres, y 
la Francia del 48, para simbolizar la República, tomó una bellí- 
sima cabeza de las medallas sicilianas antiguas. Siguiendo ei:b 
parte este último ejemplo, y buscando al paso la mayor propie- 
dad en la representación pedida, la Comisión ha principiado por 
examinar las figuras de la Hispania que la numismática romana 
ofrece á nuestra vista. No han parecido nada á propósito la ca- 
beza velada de las medallas de la familia Postumia, ni la cabeza 
desnuda, acompañada de dardos y espigas que decoran el anverso 
de las medallas de Galba: carece igualmente ahora de significado 



ESCUDO DE ARMAS Y ATRIBUTOS DE LA MONEDA. 187 

,1a figura de pió con dardos y escudo que grabó en sus cuños el 
gran Pompeyo; pero no sucede lo mismo con la preciosa alegoría 
del reverso de algunas medallas del emperador Adriano. Es la 
figura de España en esas medallas una matrona ceñida de diade- 
ma y recostada en los montes Pirineos; sale de entre los pies el 
tradicional conejillo y ocupa su diestra mano una rama de 
oliva. La sanción que los siglos han prestado á la significación de 
tan armonioso conjunto; la tranquila felicidad que al parecer 
transpira como emblema de los días de esplendor procurados á su 
patria por los Césares españoles, y el partido que un artista há- 
bil puede sacar de todo para crear una composición expresiva, 
han decidido á la Comisión á proponer para la figura de España 
la matrona recostada en los Pirineos, rodeada del Océano, con los 
pies en el Estrecho, la rama de oliva en la mano y la diadema 
en la cabeza, que será el símbolo pedido de la soberanía de 
la nación. La figurilla del conejo no parece responder á la digni- 
dad del asunto ni poseer en el día carácter especial, y por ello la 
Comisión opina que debe omitirse. 

El segundo punto es relativo al escudo de armas. Es el blasón 
un lenguaje simbólico que denota el origen y enlace de ciertas 
familias ó la personalidad de entidades como la ciudad ó la cor- 
poración gremial. Pocos comprenden hoy este idioma, nacido con 

. el feudalismo y relegado entre las lenguas muertas desde la caída 
de los privilegios nobiliarios; pero el texto terminante del decreto 
exime á la Comisión de la necesidad de discutir si conviene ó no 
adoptar símbolos cuyo empleo autorizan, por otra parte, en sus 
sellos y medallas, naciones tan libres como Bélgica é Inglaterra, 
la República suiza y el reino de Italia. En ese supuesto, la Comi- 
sión entiende que el uso de un lenguaje debe hacerse con arreglo 
á su grainática, y por tanto en la segunda parte de su dictamen 

• se ajustará á los principios reconocidos por universal convenio 
en la ciencia heráldica. 

Las armas de España han sido hasta ahora las de la persona 
reinante , y si en algunos de sus cuarteles ó particiones se 
veían piezas ó figuras propias de los Estados que compusie- 
ron la nación española, era porque los habían tomado por em- 
presa las familias de sus antiguos Reyes. Así estaba formado el 



188 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

grande y complicado escudo, que ostentaba en el jefe ó hilera su- 
perior las armas de Aragón, de Sicilia, de Austria y de Borgoña 
moderna; en los flancos ó costados las de Parma y de Toscana, y 
en la punta ó hilera inferior las de Borgoña antigua, de Bra- 
bante, de Flandes y del Tirol; sohre el todo ó sea en el centro, se 
<:olocaba el escudo contracuartelado de Castilla y León con Gra- 
. nada en el entado en punta, y sobre dicho escudo otro escusón 
con la flores de lis con bordura de Anjou, que venía á ocupar el 
lugar preeminente entre todos. El nuevo escudo, el blasón de la 
nación española, como unidad política y sin relación con las per- 
sonas que la gobiernen, debe declarar la historia de este gran 
Estado, tal como se halla constituido, formando con las empresas 
de los Reinos independientes que sucesivamente se fundieron y 
conquistaron unas armas de dominio compuestas de las diversas 
armas de comunidad, con exclusión de toda idea de familia 6 de 
alianzra. León, Castilla, Aragón, Navarra y Granada son, con los 
doAiinios de Ultramar, los Estados componentes de este gran 
todo. Unidos desde el tercer Fernando los reinos de León y Cas- 
tilla, conserva este último constantemente la preeminencia en el 
oscudo, por la que dio aquel monarca al Estado que gobernó pri- 
mero, y enlazados los príncipes que recibieron después el dictado 
de Católicos, se convino expresamente en que las armas del ara- 
gonés habían de ceder el puesto á las de su consorte castellana, 
como lo cedió del todo más antiguamente á las barras encarnadas 
de Cataluña la cruz de gules con cabezas de moros del Aragón 
primitivo. Iguales en derechos é importancia todas estas porciones 
de nuestro territorio, no puede haber otro criterio para asignar- 
les colocación en el nuevo escudo que el determinado por la 
práctica constante y el convenio mutuo, y es el que la Comisión 
ha adoptado. Quedan por añadir los cuarteles correspondientes á 
las conquistas de Granada y de Navarra. La primera viene ex-. 
presada desde el siglo xv por una granada al natural en el trián- 
gulo inferior del escudo y no parece procedente sacarla de este 
sitio por más que sea la anexión de Navarra más moderna, por- 
que en materia tan convencional como la heráldica debe respe- 
tarse lo que la costumbre y la tradición consagran. En cuanto al 
blasón de Navarra, que debiera entrar después del de Aragón, 



ESCUDO DE ARMAS Y ATRIBUTOS DE LA MONEDA. 18í> 

será esta la vez primera que tome lugar eu el escudo de España, 
porque no habiéndose enlazado sus reyes con los nuestros, no 
tenía cabida en las armerías de alianza. 

El escudo de armas, según esto, tendrá que ser cuartelado en 
cruz con entado en punta; es decir, que estará dividido en cuatro 
porciones por dos líneas mutuamente perpendiculares, sacando 
en la parte inferior un triángulo curvilíneo. El primer cuartel 
contendrá el castillo de oro en campo rojo de Castilla; el se- 
gundo el león rojo en campo de plata, con corona, lengua y uñas 
de oro de León; el tercero, debajo del castillo, las cuatro barras 
encarnadas en campo de oro de Aragón; el cuarto, debajo del 
león, las cadenas de oro en campo rojo de Navarra; y en el trián- 
gulo la granada natural abierta, con tallo y hojas, en campo de 
plata, de Granada. La acostumbrada repetición de castillos y leo- 
nes que se ve en nuestros antiguos escudos no debe tener lugar; 
porque esa duplicación sólo proviene, ó de alianzas consanguí- 
neas, ó de la necesidad de proporcionar el tamaño de los cuarte- 
les al de las figuras. 

La forma del escudo varía, á no dudarlo , con la moda y el ca- 
pricho; pero hay algunas más especiales de ciertos países , y así 
como el escudo redondo es propio de las armas de Inglaterra y 
de muchos nobles italianos, y el de perfil contorneado como cor-' 
nucopia de los alemanes, los españoles han usado el de forma 
rectangular con los ángulos inferiores redondeados, de cinco par- 
tes de ancho por seis de altura, modelo que la Comisión reco- 
mienda como más propio y mejor proporcionado, aunque no lo 
propone de una manera exclusiva. 

Costumbre ha sido colocar á los lados del escudo figuras en 
ademán de sostenerlo: Felipe I puso algún tiempo por soportes 
dos grifos; el emperador el águila esployada; los demás Felipes 
dos leones, y últimamente se adoptaron dos ángeles. Ninguno de 
estos ornamentos cabe cómodamente en una moneda ni tendría 
razón de ser en un nuevo escudo, como no fueran los leones, por 
la regla general que pide que los soportes sean sacados del campo 
del mismo escudo. Pero hay un ornamento especial y propio de 
las armas de España, glorioso emblema del descubrimiento y 
ocupación de las tierras ultramarinas: las columnas de Hércules 



190 BOLKTÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

con el plus ultra de Garlos Y, que completan el significado de 
dominio territorial, ya que los países aludidos no pueden apor- 
tar á los cuarteles interiores piezas ni muebles propios de una 
edad en que no eran conocidos á los reyes de armas de Europa. 

La más grave dificultad procede del timbre que ha de coronar 
el escudo. No habiendo hoy forma alguna de gobierno definitivo, 
no puede proponer la Comisión símbolo que le corresponda, 
como la corona real á la monarquía. Pensó un momento que la 
corona de encina, llamada por los romanos civica, aunque de ín- 
dole belicosa, otorgada al que había salvado la vida á un ciuda- 
dano, podría corresponder al pensamiento del Gobierno provisio- 
nal y servir de airosa decoración al reverso de la moneda, del 
mismo modo que una pequeña laurea decoró algunos cuños deci- 
males del anterior reinado; pero la sospecha de que por analogía 
con otros países modernos se pudiera ver en ella una alusión re- 
publicana, ha obligado á renunciar á esa idea para encerrarse 
en la estricta neutralidad que el estado de la cosa* pública re- 
clama. Sería lo más oportuno que el artista compusiera su re- 
verso sin timbre de ninguna clase, como sucede en las monedas 
suizas; pero si esto no es posible, la corona mural, ú otro orna- 
mento menos significativo, suministrará el complemento que ne- 
cesita, sin que se prejuzgue ninguna cuestión poh'tica. 

La misma consideración é igual escrúpulo han retraído á la 
Comisión de añadir el jpahéllón que cobije en sus pliegues el es- 
cudo con sus accesorios. Es el pabellón insignia de autoridad su- 
prema é independiente, y respondería á la idea de soberanía na- 
cional que en el decreto se pide: el color morado que se ha usado 
siempre en España para este adorno proviene del atribuido co- 
munmente al pendón de Castilla, y podría ser oportuno recuerdo de 
sus comunidades; pero por lo pronto, como el lenguaje heráldico 
no se interpreta ya por el vulgo , según queda apuntado , el pú- 
blico creería ver en ese ornamento un manto real, y parecería 
prejuzgada la cuestión de monarquía que el Gobierno provisional 
ha dejado hasta ahora intacta. 

Resumiendo, pues, y traduciendo al idioma técnico cuanto va 
expuesto, la Comisión propone el siguiente escudo: 

Escudo cuartelado en cruz: primero, de gules y un castillo de 



ESCUDO DE ARxMAS Y ATRIBUTOS DE LA MONEDA. 191 

oro, almenado de tres almenas, y donjonado de tres torres, la del 
medio mayor; cada una también con tres almenas, el todo de oro, 
mazonado de sable y adjurado de azur: segundo^ de plata y un 
león de gules, coronado de oro, armado y lampasado de lo mis- 
mo: tercero, de oro y cuatro palos de gules: cuarto, de gules y 
una cadena de oro puesta en orla, en cruz y en sotuer: entado en 
punta, de plata y una granada al natural mostrando sus granos 
de gules, sostenida, tallada y hojada de dos hojas de sinople. 
Acostadas, una á cada lado, las dos colujnnas de Hércules, de 
plata , con la basa y el capitel de oro , liadas con una lista de gu- 
les, cargada con el Plus ultra de oro. 

Claro es que si la Comisión entra en los pormenores de los es- 
maltes, no es para el caso concreto de la moneda, sino porque un 
tipo de blasón no es perfecto omitiéndolos; pero no será inopor- 
tuna una observación acerca de las figuras del escudo, dirigida á 
los grabadores que han de componer el cuño. Durante los siglos 
medios, los animales y demás figuras heráldicas tenían formas 
decididas y acentuadas, conservadas por la tradición y propias del 
arte: después se han suavizado los contornos, se ha imitado la 
naturaleza, y sin conseguir aumento de belleza al aproximarse á 
la realidad, se ha perdido el carácter por completo. Siendo la he- 
ráldica un arte puramente convencional , las figuras deben con- 
servar su tipo primitivo, y por tanto que el artista consultará 
los mejores modelos de los siglos xiii, xiv y xv, tanto para los 
castillos y leones como para la granada abierta, y se conseguirá 
de este modo que el nuevo escudo de armas tenga fisonomía 
especial que recuerde las épocas de mayor esplendor de la pa- 
tria, cuando se estaba elaborando la grande obra de la unidad 
política de la Nación. 

Salüstiano DE Olózaga. Aureliano Fernández-Guerra. 
Cayetano Rosell. Eduardo Saavedra. 

Madrid 6 de Noviembre de 1868. 



192 liOLETÍX DE LA REAL ACADEAILA DE LA HISTORLA. 



VII. 



INFORME DIRIGIDO AL GOBIERNO DE LA REPÚBLICA SOBRE EL ESCUDO 
DE ARMAS, LEYENDA Y ATRIBUTOS DE LA MONEDA. 

Excmo. Sr.: La Comisión mixta nombrada por las Academias 
de la Historia, y de Bellas Artes para evacuar la consulta dirigida 
por V. E. en 16 de Mayo último acerca del escudo de armas, le- 
yenda y atributos de carácter nacional que deban figurar en el 
nuevo cuño de la moneda, debidamente autorizada por ambas 
Corporaciones, tiene la honra de emitir el siguiente dictamen: 

No es esta la vez primera que se ha de tratar una cuestión de 
esta naturaleza por los Cuerpos literarios. En 12 de Noviembre 
de 1868, cuando la dinastía hereditaria acababa de dejar vacante 
un trono que se ignoraba si sería ó no restablecido en algún 
modo, la Academia de la Historia informó sobre los escudos de 
armas y atributos de carácter nacional que deberían figurar en la 
moneda, inmediatamente adoptados por el Gobierno provisional 
de aquella época. Al quedar vacío nuevamente el trono que ocupó 
una dinastía electiva, vuelve á suscitarse en términos parecidos 
la cuestión de la moneda; pero en condiciones diversas, porque 
no hay ahora la indecisión de entonces acerca de la forma de 
Gobierno, ni tampoco faltan del todo los antecedentes para es- 
tudiar el asunto. Pero lo hace más difícil la misma analogía de 
circunstancias , sobre todo si se entendiera que en el pequeño 
campo de una moneda se han de estampar, con el lenguaje em- 
blemático de los símbolos y las alegorías, un compendio de la 
historia contemporánea, un trasunto del pensamiento político que 
guía los poderes públicos, un contraste definido é inequívoco de 
lo presente con lo pasado, siquiera este pasado sea de ayer. Mas Ja 
Comisión, tras de estudio y discusión detenidos, piensa de diversa 
manera, y no creyendo que se pueda exigir del lenguaje de las 
Bellas Artes que* traspase sus naturales y reducidos límites, opina 
que basta alterar el modelo de 1868 en aquello solo que manifieste 
que la forma de Gobierno está decididamente proclamada, y que 
la situación no es ya la misma que entonces, diferenciando estos 



ESCUDO DE ARMAS, LEYENDA Y ATRIBUTOS DE LA MONEDA. 193 

de aquellos cuños de modo que á primera vista puedan unos y 
otros ser reconocidos. Y antes de explicar cuáles son las figuras 
y señales que propone, la Comisión tiene que facilitar su tarea 
dando á conocer cómo ha entendido lo que el Sr. Ministro de Ha- 
cienda desea ver realizado en los troqueles de la República. 

La moneda de 1868 llevaba ya en sí caracterizada la indepen- 
dencia de todo poder personal ó hereditario, y tanto en la una 
como en la otra de sus caras no aparecía más que la Nación es- 
pañola como dueña de sus destinos. La idea que ahora se ha aña- 
dido en la esfera del Gobierno es la de la federación, punto 
principal, por consiguiente, el que debe ser examinado y discu- 
tido, para ver qué alteración ha de producir en los cuños del día; 
y la Comisión, al reflexionar sobre esto, ha tenido muy en cuenta 
las explicaciones que sobre tan difícil cuestión han emitido en 
públicas discusiones los estadistas más autorizados que rigen los 
destinos de la patria. De dos maneras distintas puede entenderse 
la federación de varios Estados, Provincias ó Cantones: ó es la 
federación histórica, por la cual muchas entidades políticas di- 
versas vienen á formar una totalidad que en su día llega á ser 
unidad, ó es la federación política, según la cual una nación, sin 
descomponerse ni subdividirse, atribuye á cada uno de los miem- 
bros que la constituyen la plenitud de su derecho para gobernarse 
en lo que le concierne como convenga á su particular modo de 
ver. Es el primer sentido el procedimiento por el cual se han for- 
mado las grandes nacionalidades modernas, y como tal es común 
á Repúblicas como las de Suiza y Norte- América, y á Monarquías 
como Alemania y Suecia. El significado segundo es la más amplia 
descentralización de funciones, y no depende del número, exten- 
sión ú origen de los Estados ó Cantones, como que no tiene otro 
objeto que dar garantías á la libertad civil y política. La federa- 
ción histórica es la suma de unidades que conservan toda su di- 
versidad al aunarse en un conjunto; la federación política es la 
variedad armónica dentro de la unidad total : la primera es un 
hecho, la segunda es una idea. Al lado de estas reflexiones, la 
Comisión tiene que emitir otras de índole diversa. Las represen- 
taciones que sé hacen en las monedas y medallas son de dos es- 
pecies, á saber: símbolos heráldicos y alegorías. Los primeros 

TOMO IV. 14 



194 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA . 

forman los escudos de armas con que se diferencian las naciones, 
y ocupan, por lo común, el reverso de las monedas; las segundas 
se figuran en el anverso, y representan una deidad protectora en 
las ciudades antiguas, el retrato del príncipe en las monarquías 
de todos tiempos, la imagen de la nación en las repúblicas mo- 
dernas. Ni una ni otra especie de signos puede ser inventada á 
capricho sin exponerse á caer en grandísimas aberraciones y fal- 
tas de sentido que conviertan fácilmente en blanco de dichos agu- 
dos tan preciado atributo de autonomía nacional como la nioneda^ 
pero los escudos de armas se hallan más especialmente en ese 
caso, porque estando compuestos conforme á un arte secular y 
propio, alterar sus reglas equivaldría á usar las palabras de un 
diccionario sin querer sujetarse á las reglas de la sintaxis. Si ha 
de haber escudos de armas, construyanse por los principios, y 
mejor dicho, costumbres de la Heráldica , ó bórrense del todo 
reemplazándolos con un mote ó letrero que diga claro y castellano 
lo que se quiere exponer. 

Conocidos los principios que ha tenido presentes la Comisión, 
puede ya exponer la composición que mejor le ha parecido para 
el objeto de este informe. La primera pregunta que se ha hecho 
á sí misma es si debe haber ó no escudo de armas ; y aunque el 
texto de la consulta lo da por supuesto, no está demás robustecer 
su conclusión afirmativa con el uso constante de todas las naciones 
modernas que lo conservan , cualquiera que sea su forma de go- 
bierno. Ocurre en seguida si sería fiel representación de la Repú- 
blica federal grabar en orla ú otro género de enlace los escudos de 
los diversos Estados que hayan de componerla; pero la Comisión 
ha opinado resueltamente en contra de tal idea, por dos razones 
principales; la primera, fundamental, porque la Nación no es la 
suma de los Estados diversos sin más unidad que una alianza 
material de dispersos elementos, sino que estos han de ser miem- 
bros de un organismo único que tiene existencia propia y que en 
la moneda ha de verse reflejada: la otra razón es de difícultad 
práctica; pues los nuevos Estados, en su mayoría, carecerán de es- 
cudo, por cuanto hasta hoy no han vivido por sí solos en la his- 
toria; y buscar empresas heráldicas fuera de ella es hacer el ridí- 
culo papel de los nobles improvisados del antiguo régimen , que 



ESCUDO DE ARMAS, LEYENDA Y ATRIBUTOS DE LA MONEDA. 195 

compraban en casa del rey de armas lo que con más motivo que 
nunca se podría llamar los muebles de sus recargados blasones. 
Verdad es que se dan ejemplos de escudos así dispuestos en mo- 
nedas de las confederaciones de los Países Bajos en el siglo xvi; 
pero contra ellos son decisivos los de las actuales Repúblicas de 
8uiza y de los Estados-Unidos, cuyos emblemas son tan sencillos 
como una cruz ó un águila. El glorioso escudo de la Nación es- 
pañola es, pues, lo que deberá ostentar el reverso de la moneda, 
y su composición no tiene que variar en nada del que propuso la 
Academia de la Historia al Gobierno de 1868. Desterróse enton- 
ces el blasón que la rama española de los Borbones heredó de sus 
antecesores, y se adoptó un escudo exclusivamente nacional, que 
explicase el territorio que seguía las mismas leyes y banderas, in- 
clusos los del otro lado de los mares, separando toda idea de ex- 
traña dominacióa ó personal vasallaje. Durante el breve período 
monárquico que sucedió á aquella época, y á pesar de las amis- 
tosas advertencias que alguno de los firmantes de entonces y de 
ahora dirigió á los individuos del Gobierno, dicho escudo fué ex- 
trañamente adornado con el escusón de la familia reinante, pro- 
duciéndose una composición híbrida, contra toda regla heráldica 
y fuera del sentido político que dicho escudo quería simbolizar. 
Suprímase ahora tan inoportuna pieza, y quedará como el blasón 
más propio de la República española la enseña que el uso tiene 
ya recibida, y cuya descripción se omite por constar con el por- 
menor debido en el citado dictamen de la Academia de la Histo- 
ria de 12 de Noviembre de 1868, existente en ese Ministerio. 

No se crea que tal escudo es ajeno á la idea federal; pues lleva 
escrito en sus cuarteles la federación eu su sentido histórico, que 
es el ünico apropiado á la Heráldica. León, Castilla, Aragón, los 
Estados musulmanes, Navarra y los países de Ultramar, son las 
unidades políticas que han venido á fundirse en la gran unidad 
nacional existente, como los afluentes de primer orden de un gran 
río, dentro de cuyas madres vienen los arroyos y fuentes más 
pequeños á perder hasta la memoria de su nombre y de sus cau- 
dales. Esos símbolos son también los únicos que tienen verdadera 
significación propia y que corresponden á un territorio y no á una 
capital que le da nombre, como sucede con las actuales provin- 



196 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

cias; y si en vez de colocarlas dentro de un escudo se repartieran 
en escuditos aislados, se creería con razón que significaba la mo- 
neda el trastorno y quebrantamiento de una patria despedazada. 

Lo que debe variarse en el reverso es el timbre. No existiendo 
ya el inconveniente que expuso la Academia de la Historia, nin- 
guno mejor que la corona cívica, que lejos de denotar dominación 
ni desigualdad de ningún género, ni traer con sus hojas dolorosos 
recuerdos de sangrientas batallas ó desesperados asaltos , repre- 
senta de una manera translaticia la conservación de la República 
y la salvación del Estado, significada, frecuentemente en los ro- 
manos troqueles con la leyenda oh cives servatos, que dentro de 
su círculo ostentaba. Algo difícil podrá ser acomodarla armóni- 
camente en el sitio que la vista del vulgo está habituada á ver 
ocupado por real diadema; pero el obstáculo no es de gran monta, 
y sabrá sin duda vencerlo el artista que se encargue de la obra. 

La otra federación, la federación política, no puede significarse 
sino en la imagen de la Nación , que como dueña de sí misma, 
ocupa en el anverso el sitio destinado antes al busto del príncipe. 
Para la moneda de 1868 se había propuesto ya una figura de la 
España, de cuerpo entero, en actitud reposada, como convenía á 
un tiempo de tregua, ó suspensión en la marcha política del país. 
Razones varias obligan hoy á mudar ese tipo, y entre ellas es la 
principal la necesidad de que el cambio de tiempo se refleje en el 
cambio de alegorías. Tan inútil como inventar un nuevo escuda 
sería querer producir con el buril una imagen de España fuera de 
todo antecedente histórico ó consuetudinario, pues sin un libreta 
que la explicara, es seguro que nadie entendería el pensamiento 
del artista. Un modelo apropiado sólo puede buscarse donde el 
primero, en la Numismática antigua, y si de allí se sacó el de Es- 
paña próspera y civilizada del tiempo de Adriano, podremos sacar 
también el de la Nación, que ya unificada en sus naturales lími- 
tes, es la primera que se alza indignada y potente contra la tira- 
nía insensata del último Cesar, y merece después del triunfo ver 
perpetuada su memoria en los bronces y en los áureos de Galba, 
aclamado como libertador del mundo romano. La cabeza de la 
Hispania aparece en esos cuños dotada de juvenil atractivo , to- 
cada airosamente con una corona de sus propios cabellos retorcí- 



ESCUDO DE ARMAS, LEYENDA Y ATRIBUTOS DE LA MONEDA. 197 

dos y una sencilla laurea, acompañada por un lado de dos dardos 
y un escudo, por otro de dos granadas espigas. Más rígidamente 
clásica se podría buscar otra cabeza en griegos modelos; no más 
graciosa ni directamente, alusiva á las circunstancias. Sobre la 
figura de cuerpo entero, el busto tiene la ventaja de llenar mejor 
el campo de la moneda; el peinado liso da á la cabeza una redon- 
dez con cuya curva nunca podrá luchar en noble belleza ningún 
artificio decorativo, y los atributos que la rodean manifiestan á 
nuestro pueblo, laborioso en la paz y heroico en la guerra, capaz 
de producir con levantado aliento é incansable constancia opimos 
frutos de sus afanes, épicas hazañas de su valor. Y el pequeño 
«sendo que como arma nacional se ostenta, signo es mudo tam- 
bién de la federación política; porque en antiguos tiempos, las 
ciudades que por razón de sus libertades municipales se denomi- 
naban foederatae^ consagraban en los templos y estampaban en 
las medallas el escudo liso, simbolizando la inmunidad que goza- 
ban en aquel instrumento bélico , cuyo empleo era para el res- 
guardo de la vida y del honor del combatiente, no para la des- 
trucción del contrario, como sus leyes y privilegios se dirigían á 
defender de todo ataque interesado ó caprichoso el bienestar de 
los ciudadanos. 

El influjo de la moda echará de meaos sin duda alguna el go- 
rro frigio como emblema de la libertad. Desde luego, aunque esa 
insignia fuera aceptable, no debería ser colocada sobre la cabeza 
de la España por no corresponder á su composición originaria, 
y porque quedaría perjudicada la belleza del conjunto con ese 
aditamento, según ya antes se ha apuntado. Pero el gorro frigio 
republicano no es sino uno de tantos errores que se acreditan en 
el vulgo por la ligereza de una erudición á medias. El gorro fri- 
gio, en las obras del arte antiguo , no denotaba nunca libertad, 
sino extranjería, y particularmente procedencia del Asia menor: 
6l gorro que entre los romanos recibía el esclavo libertado , con 
que la plebe se adornaba ea las Saturnales y que en su derecha 
mano mostraba la estatua de la Libertad, era un gorro de fieltro, 
enteramente cilindrico y sin tinte alguno; adorno personal que 
podrá ser muy significativo si así sé íjuiere, pero tan de poco 
garbo y vistosidad, que es dudoso que nadie quisiera pasear con 



198 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

él las calles de una ciudad de España. Ni la imagen de la Liber- 
tad llevaba gorro, ni cubierta, ni adorno alguno que aprisionara 
su rizada cabellera, antes bien en los anversos de la familia Gas- 
sia, su busto posee semejanza notable con el que para España se 
acaba de proponer, como si ya en tan remotos tiempos se hubiera 
sentido ó adivinado cuan bien habían de parecer en la una los 
rasgos y atributos de la otra de estas dos alegorías. Por otra parte, 
aunque no existiera ese error, propagado por los jacobinos de Pa- 
rís al aceptar como enseña el birrete de los presidiarios amnis- 
tiados de 1790, un Gobierno que desee conducir á la República 
por las vías de la justicia, del orden y del progreso, debe apartar 
de sus sellos un símbolo que despierta tristes memorias de terror 
y de luto, y puede alentar esperanzas de desorden y de total ex- 
travío. Aun en su forma apropiada y clásica, como en siniestra 
vaticinio, aparece el gorro del liberto en las medallas de Brutp en 
medio de dos puñales y con la fecha cruenta de los Idus de Marzo 
debajo. Y finalmente, ¿es acaso la libertad romana la que acla- 
man y defienden los pueblos modernos? ¿Es la libertad concedida 
por generoso patrono que regala al siervo los arreos del ciuda- 
dano, ó la del hombre libre que reconoce su derecho y su deber 
por un acto de su voluntad propia? Debe, pues, ser proscrita esa 
insignia, falsa si á lo antiguo se mira, inconveniente si se atiende 
á lo moderno. 

En cuanto á las leyendas , la sencillez es lo único recomenda- 
ble. En el anverso no debe decir más que « República española » 
y el año: en el reverso el valor, ley y peso de la moneda, y los 
signos de la fábrica. Las orlas, gráfilas y demás accidentes deco- 
rativos deben quedar al prudente arbitrio del artista. Para su ayu- 
da, y no como prescripción, se acompañan modelos del tipo reco- 
mendado en este informe y ejemplos de los mejores dibujos de las 
piezas heráldicas del escudo en mayor escala , todo como prueba 
del deseo de acierto que ha animado á las dos Academias en el 
desempeño del difícil encargo que V. E. se ha servido confiarles. 

José Amador de los Ríos. Aureliano Fernández Guerra. 
Eduardo Saavedra. Ponciano Ponzano. Vigente Palmarolu 

Medrid 30 de Julio de 1873. 



^ I 



VARIEDADES. 



MEMORIA 

HISTÓRICA, POLÍTICA Y ECONÓMICA DE LA PROVINCIA 
DE MISIONES DE INDIOS GUARANTS *. 



(Continuación») 

138. Para medio dia tienen * dispuestas seis u comida, 
ocho mesas de combite, que se hace en casa del Cor- 
rexidor, y en las de algunos Caciques y Cavildantes; 
para los quales ' se da de los bienes de Comunidad 
para cada mesa un toro , un poco de sal , y un par de 
frascos de miel; y ellos agregan de lo suyo , lo que 
pueden. En cada casa de las que hay combite *, dis- 
ponen una mesa larga en los corredores, que suele 
ser una tabla angosta sobre dos palos, y una mesita 
chica adornada a manera de altarito con respaldo, en 
la que colocan alguna ymagen o estampa de Santo: 
en esta mesita ponen las viandas mas finas y delica- 
das, como son aves, pasteles, batatas cocidas, o asa- 
das, pan, etc. Estas mesas, con mas algunos grandes 
pedazos de asados, y otras cosas , las traen a la plaza 
cerca de la puerta del Colexio a las doce del dia, a que 
el Cura les heche la vendicion; a cuya ceremonia gus- 



1 Véase el caademo II del tomo IV. 

9 En la edic. de Ángelis: tiene. 

3 En la edic. de Ángelis: para las cuales. 

^ En la edic. de Ángelis: En cada casa en que hay convite. 



200 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

tan los yndios el que asistan * todos los españoles 
que hay en el pueblo, particularmente si está el Go- 
vernador o Theniente gobernador: y luego que el Cura 
les vendice la comida, saludan con toque de cajas , y 
clarines, y baten las banderas, y la música entona 
una letra que tiene dispuesta en su ydioma * para dar 
gracias a Dios que les dá de comer: y hecho esto se 
retiran con las mesas a sus casas, y se ponen a comer 
en los corredores; lo que executan estos dias con toda 
ceremonia. No se sientan en aquellas mesas, sino los 
que son convidados, que deben tener oficio, o cargo: 
tampoco se sienta ninguna yndia: y en tomando * 
asiento los yndios^ que todos dan la cara a la plaza, 
vienen las mugeres, o hijas de los combidados*,cada 
una con un plato de barro grande; llega , y lo pone 
debajo de la mesa a los pies del padre, o marido, y se 
retira un poco, manteniéndose en pie frente de su 
marido todo el tiempo que dura la comida; la que van 
sirviendo algunos yndios que traen a cada comhidado 
un plato de buen porte, colmado de comida, del que 
come un poco o hace que come, y luego lo desocupa 
en el plato que tiene a sus pies; da el plato vacio, y 
se lo buelben a traer lleno de otra cosa, o de la 
misma, y hace lo mismo que con el primero; y asi 
continúan hasta que concluyen: de modo que juntas 
en un plato ^ todas las sobras de cuantas viandas les 
han servido a la mesa; asta los dulces, si los ay, los 
juntan con lo demás. Luego que han acabado de co- 
mer llegan las mugeres • y toman los platos de las 

i En la edic. de Ángelis: gustan los yndios que asistan. 

* En la edic. de Ángelis: y baten las banderas y la música, entonan 
una letra, que tienen dispuesta en su idioma. Parece m¿8 correcto al 
texto de la copia ms. 

s En la edic. de Ángelis: En tomando. Omite: y. 

* En la Edic. de Ángelis: las mugeres 6 hijas de los convidados, 
s En la edic. de Ángelis: juntan en un plato. 

6 En la edic. de Ángelis: Luego que han acabado llegan las muge- 
res. Omite: de comer. 



MISIONES DE INDIOS GUARANIS. 201 

«obras, y se Jos llevan a sus casas a donde también 
van los maridos con sus hijos, o amigos , comen lo 
vque ha sobrado con el combite *. 

139. Aunque los Correxidores tenian el mismo es- CombUe de 
j,ilo guando yo vine a estos pueblos, lo han desterrado 
^enteramente en sus particulares; y el combite que en 

^stas fiestas, y en la del Santo Patrón titular del 
pueblo tienen en su casa, lo hacen ya del mismo 
modo que los españoles. Dentro de su casa disponen 
la mesa bien servida, y aseada; en ella sientan las 
mugeres juntamente con sus maridos y se portan con 
-sobriedad: los Curas * van a casa de los Correxidores 
.a veñdecirles la mesa. A la tarde corren sortija en la 
^aza, dando premios al que la lleva , y a la noche se 
repiten los bay les ,ymenguas. 

140. De estas funciones, la que se hace con mas Fundones dei 

Santo titular 

solennidad es la del dia del Santo Patrón del pue- del pueWo. 
blo *. Para ello disponen en la plaza, en la entrada 
4e la calle que está en frente de la puerta de la ygle- 
.sia, vn castillo o andamio hecho de maderos altos, en 
-el que forman pórticos, y balcones con ramos verdes 
jqne adornan con colgaduras , y bastidores de lienzo 
pintados *: alli colocan en un altar la ymagen del 
Santo titular, y delante al pie del mismo altar dejan 
lugar para enarbolar el Real Estandarte. Desde muy 
temprano, la mañana de la víspera, ya están todos 
los Cavildantes, Oficiales Militares ', y demás em- 
pleados del pueblo, vestidos y con caballos ensillados 



*■ En la edic. de Angelis: á donde también van los maridos, y juntos 
con sus hijos ó amigos, comen lo que ha sobrado en el convite. 

* En la edic. de Ángelis: y los curas. 

^ En la edic. de Ángelis: la del dia del santo del patrón titular del 
pueblo. Es errata la repetición del articulo del antes de la palabra p a- 
t r o n , y ha de corrregirse: la del dia del santo patrón titular del pu^lo. 

^ En la edic. de Ángelis: con ramos verdes, y adornan con colgadu- 
ras y bastidores de lienzo pintado. 

* En la edic. de Ángelis: oficios militares. 



202 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

para salir a recivir al camino al Governador, a los 
Thenientes, a los Curas *, Administradores y Cavildos 
de otros pueblos, convidados a la fiesta, y tienen pues- 
tas espias * en todos los caminos, y en avisando que 
viene alguno, salen a medio quarto de legua a encon- 
trarlo; allí lo saludan, le dan la vien venida, y le 
acompañan ' hasta su alojamiento. En estos recivi- 
mientos pasan toda la mañana, empleando los inter- 
valos de tiempo en correr a cavallo al rededor de la 
plaza; que es la pasión mas dominante de los yndios, 
que no cesan de correr los tres dias que dura la fun- 
ción; y para ello tienen reservados con mucho cuy- 
dado los caballos del Santo * : y estos solo en faena» 
particulares sirven, pero no en el servicio diario de 
las estancias: lo que también es conveniente, pues se 
hallan en buen estado aquellos caballos, quando se 
necesitan. 
Alférez Real. 141. En el Rexidor primero es en quien recae el 
empleo de Alférez Real; a cuya casa de Cavildo acude 
el a las doce del dia * y lo acompañan a las casas de 
Cavildo •, en donde le entregan la ynsinia de Alfere:& 
Real, que es un bastón alto que tiene sobre el puño 
un escudo de plata del tamaño de una mano^ en el 
que están gravadas las Armas Reales. Al Alférez Real 
acompaña un yndiecito que le sirve de paje, y le lleva 



i Bn la edic. de Ángelis: á los tenientes y á los caras. 

s En la edic. de Ángelis: convidados á la fiesta: tienen puestas 
espías. 

s En la edic. de Ángelis: y lo acompañan. 

A En la edic. de Ángelis: reservados con mucho cuidado los caballos 
que han de servir esos dias, & los que llaman los caballos del San- 
to. Se ve que es más completo el texto impreso. 

* Es más correcto en la edic. de Ángelis : á cuya casa acude el Ca- 
bildo á las doce del dia. Asi también se escribió primeramente en la 
copia MS.: a cuya casa acude el Cavildo, en donde le entregan, etor 
El copiante omitió aquí algunas palabras, y al escribirlas luego entre 
renglones, borró la palabra Cavildo donde la había escrito, y la tras- 
ladó escribiéndola entre renglones, según se ha conservado en el texto. 

6 En la edic. de Ángelis: á la casa de cabildo. 



MISIONES DE INDIOS GüARANIS. 203 

el bastón guando el lleva el Real Estandarte. Para 
uno y otro tienen los pueblos vestidos iguales, con 
bordados y galones muy costosos: pero, como están 
cortados a la antigua, y no les ajusta a sus cuerpos, 
los hacen ridículos. El Alférez Real toma el Real Es- 
tandarte, y con todo el acompañamiento lo lleva y co- 
loca en el Castillo, repitiendo muchas veces: Viva el 
Rey Nuestro Señor, D.» Carlos Tercero. Desde 
alli van todos a la puerta de la yglesia , y descubren 
el Real Retrato * en la forma que queda dicho, y des* 
pues entran en la yglesia en donde se canta la M a- 
gnificat *, y se retiran acompañando hasta su casa 
el Alférez Real. 
142. A la tarde, después de dados dos repiques de Paseo dei Real 

Estandarte. 

campanas para anunciar las Vísperas, va el Cavildo, 
montados, y acompañados de los Oficiales Militares * 
y demás concurrentes, a casa del Governador o The- 
niente de Governador *, a sacarlo para el paseo del 
Estandarte: donde concurren todos los Administrado- 
res y demás españoles concurrentes, como asi mismo 
los Correxidores, y Cavildos de otros pueblos; y todos 
montados van desde alli a casa del Alférez Real, al que 
acompañan y llevan a que tome el Real Estandarte, y 
al recivirlo repite el Viva el Rey al son de caxas, 
clarines, campanas y varios tiros de camaretas; y dis- 
puestos en buen orden dan buelta a la plaza ^^ cami- 
nando delante los Oficiales Militares de a pie con la 
vandera •, picas, y demás ynsignias, jugándolas, y 
batiendo las vanderas de trecho a trecho, y repitiendo 
Viva el Rey. Llegan a la puerta de la yglesia, en Función de 

^wz yglesia. 

donde esperan los Curas y todos los Relijiosos con- 

1 fin la edie. de Ángelis: y descubren el retrato, 

s En la edie. de Ángelis: se canta el magniñcaí, 

s En la edie. de Ángelis: de los oficiales reales. 

* En la edie. de Ángelis: ó Teniente Gobernador. 

* En la edie. de Ángelis: dan suelta la plaza. 
^ En la edie. de Ángelis: con las banderas. 



204 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

cúrrenles *; los que, después de dada el agua vendita, 
acompañan hasta el presbiterio al Real Estandarte; 
el que recive el Cura, o el que ha de celebrar la Misa, 
y lo coloca * dentro del presbiterio al lado del Evan- 
gelio, en un pie de madera, y al Alférez Real le ponen 
silla, tapete y almoada, al mismo lado fuera del prea- 
viterio ', en frente de la que ocupa el Governador 6 
Theniente governador; y, en acabándose las Visperas, 
buelven a retirarse en la misma forma ; y, dando an- 
tes buelta a la plaza, colocan el Real Estandarte en su 
lugar. 

143. Al otro dia se repite el paseo, y se canta la 
Misa, como la tarde antes las Visperas, y a las doce 
del dia se reserva el Real Estandarte: pero el Real 
Retrato permanece descubierto todo el dia; el que 
ocupan en correr en la plaza, en bayíes, sortija a la 
tarde y otras diversiones. En la forma dicha continúan 
lo mismo el dia siguiente; en el que suelen correr al- 
gunos toros, cortadas las aspas para que no lastimen 
a los toreros, que son muy torpes, y atrevidos. En al- 
gunos pueblos representan a las noches operas o co- 
medias truncadas; pero, como los representantes son 
yndios, y los mas de eUos muchachos, y no entien- 
den lo que dicen, ni pueden pronunciar bien el caste- 
llano, se les entiende poco, y tiene * poca gracia estas 
representaciones para los españoles y para ellos. 

144. Al medio dia juntan las mesas en la plaza 
para la vendicion en la forma dicha. Regularmente 
pasan este dia de veinte mesas las que se disponen, y 
en algunos pueblos ricos aun llegan a ciento, y todas 
muy abundantes de carne; pues el pueblo mas econo- 



* Más correcta la copia ms. que la edic. de Ángelis, cuyo texto dice: 
Llegan á la puerta de la iglesia, donde esperan los curas á todos los 
religiosos concurrentes. 

* En la edic. de Ángelis: y coloca. 

s En la edic. de Ángelis: al mismo lado de afuera del presbiterio. 
« En la edic. de Ángelis: y tienen. 



MISIONES DE INDIOS GUARANIS. 205 

mico es preciso gaste este día guando menos cinquen- 
ta toros, porque de los pueblos inmediatos concurre 
mucha gente, y a todos dan de comer con abundancia. 

145. En esos dias se reparten, al tiempo de los 
bayles, sortija, y toros, varias menudencias de las que 
se trabajan en los pueblos, como son rosarios, vasos, 
cucharas, peynes de aspa, y lienzo de algodón: tam- 
bién se les dá, si ay en el almacén, agujas, cintas, 
cuchillos, y otras menudencias que ellos estiman mu- 
cho. De esto, unas cosas se dan por premio a los que 
baylan, o llevan la sortija; y" otras se tiran a que las 
cojan; que es en lo que ellos tienen mas diversión, y 
se juntan todos a cogerlas; y hasta los Cavildantes *, 
si cae alguna cosa acia adonde * están sentados, olvi- 
dan la formalidad con que están, y se arrojan como 
niños a coger lo que pueden; aunque ya en el dia se 
contienen algo. 

146. Todo el año trabajan gustosos, solo con la 
esperanza de que la fiesta se haga con grandeza; y, si 
se les quiere cercenar algo, contestan que ellos traba- 
jan contentos solo con el fin de gastarlo ese dia; y, si 
a pesar suyo se moderan los gastos, se reconoce des- 
mayo en adelante en la aplicación al trabajo. 

147. Aunque por la costumbre que tienen de acu- Aigrunas parü- 
dir a sus distribuciones, saben el dia y hora de todo, deíacostum- 
están tan acostumbrados a no hacer nada sin que se cUos.^ ^^^ 
lo manden, que para todo aguardan la señal del tam- 
bor, o la voz del pregonero, o publibador: y asi en 

todo el dia se oyen repetidos toques de cajas, y publi- 
car por las calles lo que deven hacer. Al alva, luego 
que la campana hace la señal *, corresponden los 
tambores, y se reparten por las calles algunos yndios, 
que a voz alta les dicen se levanten a alabar a Dios, a 



1 En la edic. de Ángelis: hasta los cabildantes. Omite: y. 
s Bn la edic. de Ángelis: hacia donde. 
' En la edic. de Ángelis: hace señal. 



N - 



206 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

disponerse para ir a la yglesia a oir Misa, y después 
al trabajo; y que asi harán la voluntad de Dios, se 
proporcionarán el sustento, y agradarán a sus supe- 
riores. En todas las horas del dia repiten esta misma 
diligencia conforme lo que tienen que hacer; lo mis- 
mo para que acudan al Rosario, sin embargo de que 
la campana les avisa. 

148. Aviendo yo notado que en varias horas de la 
noche tocaban las cajas, particularmente a la madru- 
gada, me movió la curiosidad a preguntar a que fin 
eran aquellos toques; y me respondieron que siempre 
havian tenido aquella costumbre de recordar toda la 
gente en algunas oras de la noche, y que por eso lo 
hacian. Apurando mas esta materia, y su origen, me 
digeron que los Jesuítas, conociendo el genio perezoso 
de los yndios, y que, cansados del trabajo de todo el 
dia, luego que llegaban a sus casas, y cenaban, se 
dormían hasta el otro dia, que al alva los hacian le- 
bantar * para ir a la yglesia, y de alli a los trabajos, 
no se llegaban * los maridos a sus mugeres en mucho 
tiempo, y se disminuía la populación; y que por eso 
dispusieron el que en algunas oras de la noche los re- 
cordaran, para que asi cumplieran ' con la obligación 
de casados. 

149. No se nota en estos pueblos aquel bullicio que 
ocasionan las gentes en las poblaciones : cada uno en 
su casa observa un profundo silencio; no se juntan a 
conversación ni diversión alguna; ni, aunque estén 
juntos, se les ofrece que hablar, porque están faltos 
de especies: ni tienen juegos, ni se divierten en las 
plazas, ni calles *, como es propio de su edad : no se 



* ' En la edic. de Ángeiis: les hacian levantar. 

* En la edic. de Án^lis: asi, no se llegaban. 

' En la edic. de Ángeiis: para que cumplieran. 

^ Falta en la copia ms., según el texto impreso de la edic. de Ange- 
lis, donde se lee: ni tienen juegos para pasar el tiempo desocupado, ni 
aun los muchachos juegan ni se divierten en las plazas y calles. 



MISIONES DE INDIOS 6UARANIS. 207 

oyen cantares en su ydioma, ni en castellano; y asi 
no se les oye cantar en sus faenas, ni ocupaciones^ 
como lo acostumbran los trabajadores para aliviar el 
trabajo; ni tampoco cantan los yndios *, ni aun saven 
ellos ni ellas hablar alto. Desde chicos los criaban en- 
cogidos * que, si les mandan llamar a alguno, aunque 
lo tengan a la vista, no saven levantar la voz para lla- 
marlo, y van donde está, y alli le dicen lo llaman ': 
tampoco acostumbran, ni les permiten * el tocar en 
sus casas guitarra, ni otro ynstrumento *, y menos el 
tener bayles caseros: en el dia se les permite, aunque 
con bastante limitación *. 

150. Esto es lo mas particular del govierno politi- 
ce, y económico de estos yndios; cuya noticia podrá 
contribuir a formar cabal concepto de lo que son , y 
del estado en que se hallan . 

151. Ya que he referido a Vm. lo que me ha pa- Naciones con- 

finantes, 
recido mas particular de esta provincia, y sus natura- 
les, discurro no le será desagradable el que, antes de 
pasar a tratar de otros puntos, le hable a Vm. algo de 
las naciones de yndios ynfleles, confinantes con estos 
pueblos; asi por lo que pueden con el tiempo aumen- 
tar esta provincia, como porque con su noticia se po- 
drá formar mas caval concepto de todo lo dicho, y de 
lo que después propusiere para los fines de mejorarla. 
Y, omitiendo la nación de los Guaycurus, que antes 
molestava los pueblos mas inmediatos al Paraguay, 
porque ya en el dia se considera distante, mediante 
las acertadas providencias del actual Governador, el 
S.**' D." Pedro Meló de Portugal que, con haver esta- 
blecido las poblaciones de Ñembuá, y tomado otras 



1 En la edic. de Ángelis: las indias. 

s Así en el ms. En la edic. de Ángelis: los crian tan encogidos. 

s En la edic. de Ángelis: y alli le dicen, que lo llaman. 

A En la edic. de Ángelis: ni les permitían. 

B En la edic. de Ángelis: guitarras ni otro instrumento. 

< En U edic . de Ángelis: con bastante (así) limitaciones. 



/ 



208 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

providencias, ha sugetado aquella nación, de modO' 
que no ha dejado ni el menor recelo de imbasion en- 
estos pueblos, hablaré solamente de los Guayanás, los 
Tupiis *, los Minuanes y Charrúas. 
Yndios Guaya- 152. Vajo de la nominacion de Guayanás com- 
prehenden estos naturales a otras muchas naciones^ 
que tienen cierta relación entre si, y que su genio *, 
costumbres, y lenguaje se diferiencian poco •: este es- 
semejante al guaraní, y probablemente tiene el mis- 
mo origen; y, aunque alterado y disfigurado * con- 
distinto acento, y pronunciación, los entienden con* 
poca dificultad los yndios de estos pueblos. 

fSe continuará.) 



i En la edic. de Angelis: los Tupis. 

s En la edic. de Ángelis: y cuyo genio. 

s En la edic. de Ángelis: se diferencian poco. 

4 Asi en el ms. En la edic. de Ángelis: y desfigurado. 



• 



CxVTALOGO 



UE LAS 

OBRAS DE LA REAL ACADEMIA DE LA LílSTORIA 

encvi£xclem£3Lcla.s en rústica, 

■ 

CON EXPRESIÓN DE SUS PRECIOS EN MADRID Y EN PROVINCIAS. 



íKKiIIuS. 
Machid . Prov. 

R5. V!«, 

Memorias de la Real Academia de la Historia.— Los nueve tomos pn- 

Ijücados ". -240 TU) 

Se vende» también sueltos. 

Los TOMOS I, lí, IIÍ, IV, V y VI, cada uno 24 2^ 

El tomo VII :i) 'M 

El TOMO VIH H'í I» 

El TOMO IX H) 31 

Las siete Partidas del Rey D. Alfonso el Sabio, cotejadas con varios 
códices antiguos, y autorizadas por Real orden de 8 de Marzo de 1818 

para los usos forenses : tres tomos en » ^ . . , (>.) 7() 

Opúsculos legales del Rey D. Alfonso el Sabio: dos tomos en :);) 'i¡ 

diccionario geografíco-histórico de la Rioja y de algunos de los pue- 
blos de la provincia de Burgos, por 1). Ángel Casimiro de Govautes. 20 2¿ 
Historia general y natural de las Indias, islas y tierra-fírme del mar 
Océano, por Gonzalo Fernández de Oviedo; con las adiciones y en- 
miendas que hizo su autor: ilustrada con la vida del mismo, por don 
José Amador de los Ríos: cuatro tomos á 50 y (30 rs. cada uno, y todos. 2<X) 2 i) 
Memorias de D. Fernando IV de Castilla. Crónica y colección diplomá- 
tica: dos tomos 40 is 

Catálogo de Fueros y cartas-pueblas de España IG 1*^ 

Catálogo de las Cortes de los antiguos reinos de España i2 11 

Cortes de los antiguos reinos de León y de Castilla. Se han publica- 
do cuatrotomos.— Introducción.— Primera parte. Un tomo. Cada uno. «JO »;ó 
Memorial histórico español. Colección de documentos, opúsculos y an- 
tigüedades. Tomos I-XIX: cada uno 11 ]ij 

índice de documentos procedentes de los monasterios y conventos 
suprimidos. Tomo I. — Monasterios de Nuestra Señora de La Vid y 

San Millán de la Cogolla 20 t> 

Colección de obras arábigas de historia y geografía. Tomo I. Ajbar 

Machmua. (Colección de travlicione.s) 30 '.i2 

Tomo II. Crónica do Ebn-Al-Kotiya. Eii prensa. 

Diccionario do voces españolas geográficas 3 A 

Catálogos de los nombras do pesos y medidas españolas 2 *•*, 

Hspaña sagrada: cincuenta y uu tumos. Faltan los tomos II, VII, X, XII, 
XVI, XXII y XXXIII. La Academia tiene acordada la reinii)reííión 
de estos tomo?. 
Los tomos I, III- Vi, VIII. TX, XI, XIII-XV, XVII-XXI-XXIII: La Can- 
tabria.— Discurso preliminar al tomo XXIV; los tomos XXI V-XXXII 

y XXXIV-L: cada uno, sueltos It b; 

Tomando juntos los cuarenta y seis tomos existentes 16 0')8 

Tomo LI 20 22 

El R. P. Mtro. Fr. Henriciue Florcz, vindicado del Vindicador de la 

Cantabria: por el P. Mtro. B'r. Manuel Risco (5 7 

Historia del célebre Castellano Rodrigo Diaz, llamado (El Cí-' CíDíJ- 

ipetfífo/v; por el mismo P. Kisco >* 1) 

Historia de la ciudad y corte do León y de sus Reyes: de .suí^ i igle- 
sias y monasttrios antiguos y modernos: por diclio P. Icsvio: t:<js 
tomos en b» IX 



PRECIOS. 
Milii-i. Pr.»7. 

RS. TS. 

Memorias de las Reinas católicas. H:>tor.a i'>n>'a'.('irica ríe la Casa 

Real de Ca.<ti¡ia y de I.«»'.n: por el 1*. Enri-iue Flores: dos tomo.s en . . 24 'J'í 

Vida del Bino. P. Mtro. Fr. Enrique Florez; un tomo 10 1 '2 

Viaje literario á las Iglesias de España: por D. Jaime Villanueva: 

veintidós t'jm r-s á >< .v 9 reales cada uno, y toics n«> 190 

Ensayo sobre los alfabetos de las letras desconocidas, (¿ue se en- 
cuentran en las anti¿ruas medallas y monumentos i'ie España: p »r 
D. Luis José Ve'.az'iuez I'» II 

Demostración histórica del valor de las monedas que corrian en Cas- 
tula en tiempo de D. Enriiiue IV, y su corre? pondcncia con los del 
íír. D. Cárloí! IV: por Fr. Liciniano Saez áO •>> 

Sumario de las antigüedades romanas «iuc* hay xrii Es^iaña. por D. Juan 

Acrustin Cean-Bermúd'Z 2«i 22 

Disertación sobre la historia de la náutica: por D. Martín Fernández 

de Navarrete 12 11 

Memoria historico-critica sobre el gran disco de Teodosio: por D'.n 

Aiitonio Del¿ra«lo ¡^ í» 

Elogio histórico de D. Antonio de Escaño, teniente general de marina 
y repente de España en 1S1««: por D. Francisco de Paula Quadrado y 
De-Roó 1 • » 12 

Colección de Discursos leídos en las sesiones púMioas i*arA la recepción 

de AcadémiCMS de la Historia, desde l<rr2 á }<>". 21 2*> 

Las Quinquagenas de la nobleza de España: por el Capitán Gonz-.tlo 

Fernán-lez de Oviedo. Tomo 1 ."'i 54 

Don Diego de Peñalosa y su descubrimiento del reino de Quivira; 

por el Capitán '".e N:ivio I). Cesilreo hVrnán iez Ouro 12 II 

Colón y Pinzón —ln:".rine relativo á los pormenores «leí .iefscul'rimiento 
del NurVü Mua«l'. : pur el capitrui de nu\: • I>. Cesáreo Fernániez 
Duro 2» 22 

Boletín de la Real Academia de la Historia. TcutO I y II (cr.da tomo;. 'A'} !^l 

Don Rodrigo de Villandrando, Conde de Ribadeo. Discurso histórico: 

OBR.\S PlíEMIADA.^. 

Historia del Combate naval de Lepanto, y miíí'Io de ia imp>.'rt:ir.cia 

y con<ecuencias «ie a-juel suces : j-or I). Cayetano RoseÜ 1'» 1*2 

Examen critico- histórico del :n:!ijj "jue tuvo en el comercio, iniustria 
y pi'Macióa íie España, su il ní::irtc:*!n en .\mér:?a: p.r D.José .^rias 

y Miranda s í» 

Juicio critico del feudalismo en España: per 1*. Autcn:? de '.a Esco- 

sura y llevia i; 7 

Memorias sobre el compromiso de Caspe: yóT I>. ri::re:K''io Janer l>i 1*2 

Condición social de los moriscos de España: p^r D. Florencio Janer.. 12 14 

Munda Pompeiana: ; cr D. J- f-e y D. Manuel uliver Hurta lo 24 2*i 

Juicio critico y significación política de D. Álvarc de Luna; por 

T\ * f * •■ T) Tí '■ *'i* Ik* '^^ ' T**»" 1 i 5 ¥^ 

Estada social y politico de los mudejares de Castilla: ¡>'.r D. Fiancisc? 

Historia critica de les falsos crcniconcs: ; or r*. .T.'?;- ÍTodcy Alcántara. I*] l*< 
Noticia histórica y arqueológica de la antigua ciudad de Empo- 

PUNTOS ItE VOTA. 

Las obras de la Acalemia se veiiien. á los precios marcados en este Ca- 
tálogo, en sus almaceiivs y «I-íspacht». calle de Lc-ón, iráni, 21 cuarto bajo. 

fambicn se hallan de yeMa en Madrid, en las librerías de Sánchez. 
Carretas, ál: Bair.y-BaiHicre. plaza dt- Santa Ana, 10: San Martin, Puerta 
del Sol, i., y Carrctis. ÜC*: y en la de Murillo. Alcalá 7; en Bilbao, en la 
de Delaias: en Málaga, en la de Moya. 

A los sc5ore.« li'-r'.-rcs qii-? tomen Ciíal'iuitr nú :Qero de ejemplares seles 
liará lü.a reba/a c« i.voT.iei.te. se¿:úii la Costiiiübrtí recibida en el comercio 
d" li: ri-r::i. 



Hyt 





boletín 



DE LA 



REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 



TOMO IV. — CUADERNO IV 



ASBiL.— 1884. 



/ 






\ V 



■-'--' L^ 



I ■ ! 



\ 






..• 1 




MADRID: 

IMPRENTA DE FORTANET, 

CALLE DE LA LIBERTAD, 29. 
A 884.. 



•: ■• 



' 



• 1 
/ 




SUMARIO DE ESTE CUADERNO (1). 



PÁG8. 

Noticias : 209 

Informes: 

I. Inscripciones romanas de la diócesis de Barhastro. — F. Fita.. 21 \ 

II. Compendio de la historia de México. — C. Fernández Duro.. . 228 

III. Cartas de Felipe II á las Infantas sus hijas. — A. María Fabié. 233 

Variedades: 

Memoria histórica, política y económica de la provincia de misiones 

de indios guaranis. (Continuación ) 274 



(1) La lámina que se reparte en este número del Boletín, corresponde al presente 
tomo, pág-ina 159. 



boletín 



DE LA 



REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 



TOMO IV. Abril, 1884. cuaderno iv. 



ACUERDOS Y DISCUSIONES DE LA ACADEMIA. 



NOTICIAS, 

Acaba de encontrar en Tárazona, el Sr. Vizconde de Alcira, 
D. Arturo Bertodano de la Cerda, una importante lápida romana 
(Hübner, 2986) sobre cuya situación y lectura discrepan varios 
autores. Ha sido recogida por el Sr. Vizconde dentro de una 
cerca contigua al paseo de Cristina detrás de la catedral. 



La Academia en sesión del 14 de Marzo acordó el nombra- 
miento de su individuo de número el Sr. Rada y Delgado, para 
que la represente en la solemnidad del centenario de Saavedra 
Fajardo que tendrá lugar en la ciudad de Murcia en los primeros 
y próximos días del mes de Mayo. ' 



En Talavera de la Reina, hacia el ángulo exterior del muro 
occidental y á corta distancia del Cristo de la Guía, se hau des- 
cubierto los restos del cementerio romano. Entre los objetos reco- 
gidos al abrirse las sepulturas, merece singular mención un ani- 
llo de oro macizo con camafeo sigilar que representa un sátiro, y 
se extrajo del dedo anular del cadáver. Este hallazgo confirma lo 

TOMO IV. 15 



210 BOLETÍN DE LA. REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

que habían acreditado las lápidas romanas de la ciudad (1), esto 
es, que el cerco de la antigua muralla corresponde á corta dife- 
rencia con el emplazamiento de la lusitana caesarobriga. 



La impresión de los cuadernos de Cortes de Cataluña, sigue 
sin interrupción su curso, habiendo llegado ya el turno de publi- 
cación á los del reinado de D. Jaime II de Aragón. 



(1) Boletín, tom. ii, pág. 248-288, 



1 

i 



INFORMES. 



I. 



INSCRIPCIONES ROMANAS DE LA DIÓCESIS DE BARBASTRO. 



De ninguna inscripción romana hace mérito el tomo xlviii de 
la España Sagrada (Madrid, 1862), destinado á tratar de la Santa 
Iglesia de Barbastro en su estado antiguo y moderno. Va prece- 
dido de un buen mapa de la diócesis, donde es fácil seguir el 
curso de las observaciones geográficas y de los descubrimientos 
epigráficos que refiero. 

La edad visigótica nos ha legado un monumento de primer or- 
den, que arroja mucha luz sobre la división territorial de la co- 
marca del alto Cinca. Hállase en la Biblia antigua de la catedral 
de Huesca, y puede verse en el apéndice iii al tomo ii del Apa^ 
rato á la historia eclesiástica de Aragón^ escrito por D. Joaquín 
Traggia y publicado en 1792. Está el documento fechado el día 29 
de Setiembre del año segundo del Rey Agila (551) en el monas- 
terio de Asán^ regido á la sazón por San Victoriano. La copia no 
ha salido del todo 'exacta. Da margen á dificultades que deberían 
resolverse teniendo á la vista el original déla Biblia Oséense, ó 
la fotografía del instrumento. Por de pronto, con lo publicado 
nos ha de bastar al intento de restituir al mapa romano de la re- 
. gión lo que inesperadamente nos acaban de señalar los epígrafes. 

Indica el texto documentario las posesiones que cedió el diá- 
cono Vicente de su propiedad en beneficio del Monasterio: 



212 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

<íln ierra Barbotano, arcaraimo (I) porcionem meam. Sub monte polena» 
ría cum meariano porcionem meam. In térra Zabeclosano (2), Calasanci (3), 
cum, electo, borgisal (4) porcionem meam, Berce (5) porcionem meam, Alta- 
tine (6) porcionem meam, Mare mortaum (7) porcionem meam, Petraro- 
tanda (8) porcionem meam. In térra Hüardensi, pinmanico porcionem 
meam, Céreo magno porcionem meam, ad domum Eulali porcionem meam,. 
Semproniano porcionem meam, ad domum reciarii porcionem meam, Lacuna 
rapta (9) porcionem meam, Anduso porcionem meam, Ause vero porcionem 
meam. Ex integro, ita at in mona&terium Lobe, si ipsi jusscritis, debeat de- 
serviré. In térra Boletano, senguanis (10) porcionem meam, segini... vel 
alias estrivola (H) ubi me porcio contingit. In térra ccsaraugustana ad no-^ 
ce (12) porcionem meam. In trigario porcionem meam.D 

Tres distritos visigodos, que corresponden próximamente á los 
modernos de Barbaslro, Boltaña y Benavarre se ven marcados 
por la escritura, Barbotajio, Boletano y Lahetolosano. Resta en- 
contrarlos en la edad romana. 

I. Lápidas del monte Cillas, término de Cosco- 
juela de Fontoba. 

Dos leguas al septentrión de la ciudad de Barbastro, entre la 
margen derecha del Cinca y la carretera que sube á Boltaña, sq 
ve blanquear sobre la cumbre del monte Cillas la ermita de 
Nuestra Señora del Socorro, actualmente en reparación. Toda la 
cima y campos adyacentes se hallan atestados de cerámica ro- 
mana. Esta iglesia con el nombre de Celias y las vecinas de Hoz 
(Osea) y Coscojuela fCoscollolaJ fueron asignadas en el año 1099 



(1) Azara? 

(2) £1 original habrá dicho Labetlosano por abrdviación de Lahetolosano, 

(3) Calasanz. 

(4) Caum del Itinerario de Antonino, Ilche, Berbegal. 

(5) Bierge? Pertusa, en las variantes del Itinerario, se escribe Pertula, Percuta, 
^6) Odina. 

(7) Yacamorta (?) entre el Ésera y el Barranco grande. Vaca pudo provenir del ara* 
be ksrj (mar). 

(8) La Croqueta (Obarra)? 

(9) Laguna rota, dos leguas distante de Sariñena. 

(10) Señes, ayuntamiento de Serveto, colindante con el de Sin, en el distrito de 
Boltaña. 

(11) Eripol? 

(12) Lanuza? 



INSCRIPCIONES ROMANAS DE LA DIÓCESIS DE BARBASTRO. 213 

por el rey D. Pedro I, como dotación de la de Alquézar. El .di- 
ploma se halla continuado en el tomo iii de Manuscritos, fol. 33, 
que el Sr. Abad y La Sierra, nuestro digno socio honora- 
rio, nos legó al morir (1806), y posee nuestra Biblioteca (estan- 
te 21, gr. 3/) 

A nuestro Correspondiente, alcalde que ha sido de Monzón, 
D. Mariano Paño, agradecerá la Historia el que haya por vez pri- 
mera notificado al público la existencia de preciosas inscripciones 
en aquel foco de antigüedades romanas. Cuatro lápidas dio á luz 
en 1879 (1); mas como no tuviese á mano las dos que acaba de 
descubrir, forzosamente hubo de vacilar y dejar en algunas de 
las que dio á luz expuesto el sentido á la incertidumbre. De unas 
y de otras me ha enviado excelentes calcos. Leo y suplo. 

1. En la fachada meridional de la ermita. Empotrado casi á 
flor del suelo, mide el mármol unos 16 centímetros en cuadro. 
Letras hermosas del primero ó segundo siglo. 

C^TVRRANIA 
HER • IVSTI 

C(aia) Turrania Her(ennif) JustL 
Gaya Tarrania mujer de Herennio Justo. 

Las cinco lápidas siguientes se erigieron al mismo tiempo. Son 
¿ócalos de mármol, altos 1,5 m. Helos aquí: 

2. A pocos pasos de la ermita de la cerca septentrional del 
camino de Coscojuela. 

P • AEMILIO.... 
D VCTO • B ARE 
PATRl • ^MILI^ 

P(ublio) AemiU(o) lP(uUii)f(ilio)^ Dudo Barh(otanof) patri jEmiluB 
PlacidcB h(ere8) ex t( estamento), 

k Pablio Emilio Ducto, hijo de Publio, natural de Barb(aBtro?) y padre 
de Emilia Plácida^ púsole esta memoria el heredero. 

(1) La Ciencia Cristiana (Revista madrileña}, yol. xi, pág. 187. 



214 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

3. Servía de poyo á la salida del establo, sito al O. de la er- 
mita. 

M ARI^ • co. . 

D«F1L-D«V-MAT 
-¿í:M1LI^ • PLA 
. . ,TyM • H • EXT 

Mariae Colrjdi JíI(í(b) D(ucti) u(xori) mairi ^milice Pla[cí]d(ie hferea}. 
ex t(^tamento), 

Á Mari a, hija de Cordo, esposa de Ducto, madre de Emilia Plácida, el 
heredero por testamento. 

En Jerez y Montilla (Hübn., 1305, 1542) aparecen los sobre- 
nombres Cordus y Cordilla. Rivagorzanos eran los Gordos^ des- 
critos por Avieno (Ora marit, 552-557), gente pirenaica, limí- 
trofe de la Cerretana. 

4. A pocos pasos de la ermita, en el seto meridional del ca- 
mino de Coscojuela. 

L • VAL • L • F . GAL 

MATERNO 
BOLET- H» EXT 

L(ucio) Val(erio) L(ucii) f(ilio, Gál(eria) Materno Bolet(ano) hferesj ex 
i( estamento), 

A Lucio Valerio Materno, hijo de Lucio, de la tribu Galería, natural de 
Boltafia, el heredero por testamento. 

Inéditas. 

5. A mano derecha del altar de la ermita. 

/ENíVL\JE*'PhkQl 
DAE • MATERNI 
VXORI • H • EXT 

jEmilim Placidae Matemi uxori hferes) ex t( estamento)^ 

A Emilia Plácida mujer de Materno. Hízole esta memoria su heredero 
testamentario. 



I 



INSCRIPCIONES ROMANAS DE LA DIÓCESIS DE BARBASTRO. 215 

6. A raano izquierda del altar. 

L • VAL -GAL. 
MATERNO 
BOLETANO 
M-CoR-POMPE 

^APÍS • AMICoOPTI 
..O OB MERITA 

L(ucio) Val(erio) Gal(eria) Materno Boletano Mfarcus) Corfnelius) Pom- 
peianus amico [^o]ptimo oh merita. 

A Lacio Valerio Materno de la tribu Galería, natural de Boltofia, amigo 
óptimo y benemérito. Esta memoria de gratitud le consagra Marco Comelio 
Pompejano. 

7. Estampilla de letra cursiva en barro saguntino. La reco- 
gió y posee el Sr. Paao; otras muchas ha visto y se ha dejado en 
las inmediaciones de la ermita, mas no me ha enviado copia. 

L • AVRI • OF 

Oficina de Lucio Aurelio. 

Dos ciudades romanas han comparecido con estas lápidas; y de 
hoy más enriquecerán nuestro catálogo geográfico. 

El P. Huesca acertó en decir (1): «La villa de Bol taña, sita en 
la ribera izquierda del Ara es una de las más ilustres y antiguas 
do Aragón.» Mas no del todo en añadir: «Su primera memoria 
es la vendición de un molino, hecha por Brandilina al abad Egi- 
lano, que según parece lo era del monasterio de S. Pedro de 
Arrábaga, sobre el río Ara. Su data en el año de la encarna- 
ción 941, reynando D. García Sánchez desde Pamplona hasta el 
valle de Boltaña, a Pampilona usque ad valle Boletanie. 
Se halla original en el archivo de la catedral de Huesca, 
arm. i, n. 941. Los Reyes D. Ramiro I, D. Sancho Ramírez, y 

(1) Teatro histórico de las iglesias del Reyno de Aragón^ t. ix» pág. 4; Zaragoza, 1807. 



216 . BOLETÍN DE LA HEAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

SUS hijos D. Pedro y D. Alonso confiaron el gobierno de Boltaña 
y de su castillo á uno de los Ricos-hombres del reyno, como 
consta de sus diplomas en que mencionan de ordinario los Sé- 
niores que dominaban en Boltaña.» 

Sin duda alguna Boltaña es el mimicipium Boletanum afiliado 
á la tribu Galería. No han salido á pública luz sus lápidas, por- 
que no se han buscado. Únicamente Traggia en sus Viajes eru- 
ditos (1) cuenta que el 13 de Agosto de 1788 salió de Boltaña con 
algunas monedas romanas de las muchas que se han hallado en 
aquel lugar. No dice cuáles. 

El testamento del diácono Vicente, que nos ha conservado el 
nombre del distrito de aquella ciudad (boletano), nos habla 
también del barbotano. Este es el de Barbastro; y lo pruebo 
con dos documentos claros y terminantes. 

4) Sentencia arbitral del rey D. Sancho Ramírez en el año 1080 (S)': 
altornmque constitait ut si, miserante Deo, faerit -gens Ismá^itunam 
a nostris fínibus expulsa, sicuti ipso larglente in próximo futnmm-efleB 
credimos et speramas, omnis regio Barhutana^ sicuti descenditur ex' supra- 
Bcrípta serra Arvi, habens ex meridiano latero castra |quae vooantar Nabal 
et Salinas et Alchezar, et alia qaamplnríma, nsqae ad rivnm qai dioitur 
Alcanadre, simili modo sít jaris ecclesiae Botensis.i» 

2) Decreto del rey D. Pedro I de Aragón en H01 (3). ' * 
<£lpBe (Sancius rex) enim Jaocensi dedit Oscham in sedem cum liberarat 
eam; Botensi vero Barbastmm: et posuit ínter eos terminam Arohanatre 
flavium.» - ■ ' 

El nombre de Barhastro no suena todavía en monumentos au- 
ténticoá, ó documentos anteriores á la Edad Media; pero su.iú- 
mejorable posición como cabeza del distrito, el aprecio en que la 
tuvieron los árabes, y otras circunstancias que sobrado conocéis, 
todo concurre á excitar la esperanza de que en breve sus vetustos 
recuerdos de la Edad romana colmen con ventaja el claro que 
han dejado abierto las lápidas del monte Cillas. 



(1) Biblioteca de la Real Academia de la Historia. Traggia mss., tomo xii, fol. 84, 
recto. 

(2) Villanueva, Viaje literario, t. xv, págr. 283. 

(3) Villanueva, Viaje lit,, xv. 363. 



iNScniPciONEi r.o ianas de la diócesis de babbastbo. 217 



M^/k - ~^^ - - -- 


■ r 


~- --^ 


Í-Sr ^^ '-r' >'^ 


- 




■^^^ . 




'N 1 


bIhBéhss^^ 




' 


?^; 







218 boletín de la real academia de la historia. 

II. Cerro del Calvario, término de la Puebla de 
Castro. 

Al otro lado del Ginca, casi enfrente del monte Cillas, se ve la 
Puebla de Castro, cuyo término limítrofe por el Sur con el de 
Olbena contiene el cerro del Calvario, fecundo en antigüedades 
romanas (1). 
Hé aquí sus inscripciones, hoy conocidas (2): 
8. En el olivar, al E. y en la vertiente del cerro. 

MVMMIO 
VALENTI 
MVMMIVS 
PRESSVS 
DE SVO POSVIT 

Á Mummio Valente. Mummio Presso colocó este zuonumento á sus ex~ 
pensas. 

Al lado de esta existe, según el Sr. Paño, otra ara sepulcral 
derrumbada é ilegible. 

9- «Sobre la cima del Calvario. Es su forma la de un pedestal 
ó de una ara, que todavía conserva, en la parte menos expuesta 
á la intemperie, algo del pulimento que le dio el artífice al la- 
brarla. En torno de ella sólo quedan ruinas. Está escrita en her- 
mosos caracteres de ñnes del primer siglo, ó principios del se- 
gundo (3).» El Sr. Paño me ha enviado esmerada copia, habién- 
dole estorbado el mal tiempo trepar al cerro y sacar la impronta 
que le pedí. En la 7." línea rectifica su edición, privada de la con- 
junción ET. Las medidas del epígrafe, á lo que recuerda, son pró- 
ximamente «un metro de altura por 0,80 de ancho.» Insiste y se 



(1) Cerca de la villa en el cerro, llamado del Calvario, existen vestigios de antigua 
población: en los restos de una ermita que hay en su cima, se ve una losa sepulcral, 
romana, y en la vertiente oriental de este cerro fragmentos de antiquísima muralla, pe- 
dazos de barro saguntino, monedas y otras antigüedades.» Madoz, Diccionario geogfú.» 
ñco-estadistico- histórico, art. PUEBLA DE CASTRO. 

(2) Paño, La Lectura católica (Revista madrileña) 1880; vol. ii, pág. 362 y 363. 

(3) Paño, ibid., pág. 302. 



f - 



INSCBIPGIONES ROxMANAS DE LA DIÓCESIS DE BARBABTRO. 219 

ratifica en la lectura que dio del nombre geográfico, puesta en tela 
de juicio por Hübner (3008) y por Zobel (i); y ala verdad que 
razón le sobra. 

M . CLODIO 

M • F • GAL • FLACCo 
n VIRO BIS'FLA 
MINI TRIBVN. O 
MILITVM • LEG • IHI 
FLAVIJE • VIRO • PR^S 
TANTISSIMO • ET • CIVI 

• 

ÓPTIMO • OB • PLVRIMA 
ERGA • REM • P • SVAM 
MERITA • CIVES • LABI 
TOLOSANI • ET • ÍNCOLA 

A Marco Clodío Flacco, hijo de Marco, de la tribu Galería, Duumviro, 
dos veces Flamen, tribuno de los soldados de la legión IV Flavia, varón 
eminentísimo y ciudadano óptimo ; por los muchos beneficios que hizo á eu 
república, le dedican este monumento los ciudadanos y los habitantes de 
Labitolosa. 

La piedra no se ha movido del sitio donde se hallaba en 
la segunda mitad del siglo xvi. D.Antonio Agustín, obispo de 
Lérida (1561-1576) y arzobispo de Tarragona (1576-1586), copia 
la inscripción ¡2), que atinadamente enmendó (3); y cita el ori- 



(1) c<Posible es que los Sessarionses sean la misma jente que Plinio (3, 4} menciona 
bajo el nombre, quizás corrompido, de Gessorienses, pues en uno de los tódíces se lee 
Sessorienses. Considero probable que estas monedas hayan sido batidas en Tolosa, hoy 
Puebla de Castro, donde se lia hallado una lápida de los cives labitolosani et incolae, y 
en que Hübner (Inscriptiones Hisp. Lat., pég-. 408, núm. 3008) sospecha con razón de- 
berá leerae Jlabitolosani ó Jlavitolosani^ y consiáeTfir el principio del nombre como un 
agregado del tiempo de los emperadores Flavios. Tolous llama esta población el Itine- 
rario de Antonino, 891.» Estudio histórico de la moneda antigiui española,, t. ii, pág. 62 
y 63; Madrid, 1880 —El nombre étnico IS'essarfe)s ¿alude á la gente del rio Éseraf 

(2) Biblioteca Nacional, cód. Q, 57; fol. 28 recto.— La mayor parte de este códice, ti- 
tulado Inscripciones y Memorias antiguas , proviene de la diligencia infatigable de aquel 
ilustre Prelado, modelo de arqueólogos españoles. Ec el fol. 58 comienzan á correr las 
Inscriptiones civitaíis Ali/arum, que trascribió (1557-1561) siendo obispo de esta ciudad 
en el reino de Ñapóles. 

(3) Con las palabras que estampa Hübner. 



220 BOLETÍN DE LA BEAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

gioal como existente «in opido popule de Castro dioc, Bar^hastr. 
in herimita S/^ Cornelii.y) Lo cual demuestra que la copia se 
hizo después de la erección (1573) de Birbastro en Sede Catedral, 
acordada por Felipe II con San Pío V. 

Lahitolosa era la plaza fuerte que defendía el paso donde mez- 
clan sus aguas el Cinca y el Esera. Yo me inclino á situarla en 
el Castro, situado dos leguas al Sur de La Puebla, que me pro- 
pongo visitar y explorar en compañía del Sr. Paño. Dos leguas 
más al Sur está Olhena en cuyo nombre se traduce algo del pri- 
'mitivo. Así la verónica Libia (Herramélluri en la Rioja) de Plinio 
y del Itinerario en boca de los celto-hispanos debía pronunciarse 
'oxíj3a, como lo escribió Ptolomeo. En la Mancha también aparece 
Lihisósona óLibisosa (Lezuza). En vascuence lahi significa horno; 
y entra en composición de varios nombres geográficos. 

Aunque vagas, los escritores árabes han conservado memorias 
de la ciudad Labitolosana. Razis, autor del siglo ix, no parece 
haberla echado en olvido, pues habla del castillo fuerte de Alhena, 
íi Olhena (¿jU! ^^y^^^), que formaba con el de Muñones {^^y^^ 
^^ j^\) cerca de Graus, el de Boltaña (¿JUj^j) y el de Bu- 
baster (j^^ Bobastro, Balbastro, y^y, Barbastro) el formida- 
ble parapeto de las vías del alto Cinca y sus afluentes (1). 

Aun ahora el Castro, en medio de su desolación, retiene al- 
guna sombra de su antigua grandeza. «El templo es extenso y 
magnífico, dé arquitectura bizantina. El retablo se hizo el año 
1303. En una de las columnas exteriores hay una inscripción la- 
tina, donde se lee que allí descansa Andrés Diácono, que murió 
el año 1002 (2).» Dícese que el castillo fué recobrado de los moros 
por las armas de Carlomagno; y si bien el documento no es tan 
fehaciente, como sería de desear, por lo menos consta que lo re- 
cobró el conde Bernardo, fundador ó restaurador del monasterio 
de Obarra; el cual, apoyado por Carlos el Calvo, limpió de sarrá- 
ceños la Rivagorza y llevó sus conquistas hasta el castillo de Ga- 



— . =7- 

(1) Memorias de la Real Academia deja Historia, t. viii; Mem. del Sr. Qayangos, pá- 
ífina 43 y 44. Compárese Yacut, v, 31; Ajbar Machmud, pég, 131, 134, 249. 

(2) España Sagrada, xlviit, 128. 



INSCRIPCIONES ROMANAS DE LA DIÓCESIS. DE BARBASTRO. 221 

lasanz (1). El Códice Legionense, citado por Traggia (2), hace á 
D. Bernardo conde de Tolosa, esto es, de Labitolosa. 

III. Obarra, término de Calvera. 

Desde Graus, la vía interior entre el Esera y el Isábena, que 
sube á recoger los ramales que bajan de varios puertos del Piri- 
neo, toca primero en Fontoba (Fonte Toba) á mano izquierda de 
Perrarúa (Petra rúbea), y derecha de Roda (Rota) ciudad epis- 
copal; y pronto nos lleva, casi enfrente de Terraza (Terrracia) y 
de Vacamor ta ^A/are mortuum?), á Ballábrica (Valle aprica), que 
el Isábena (Isavana) separa del que fué monasterio celebérrimo 
de Obarra. Una roca, ó peña muy ardua, que llaman La Cro- 
queta, defiende allí naturalmente el paso; y estuvo coronada por 
el castro imponente, que contenía la basílica de San Pedro, hoy 
desmantelado y totalmente en ruinas. De este castillo se extrajo y 
se bajó al templo de Obarra la inscripción marmórea siguiente (2): 

P A AVRELIVS A TEMPESTIVOS a A V 

RELIO A TANNEPAESERI a 

PATRI A ET A ASTERDV JA'Ri a 

HER aDaSaPaFaC 

P(ubliu8) Aurelius Tempestivos Aurelio Tannepaeseri patri et Asterdu 
matri hefi'(es) d(e) s(ua) p(ecunia) f(aciendum) c(urávit) 

Pabilo Anrelio Tempestivo, hijo heredero, erigió de su propio haber este 
monumento á sa padre Aurelio Tannepéseris y á bu madre Asterdn. 



(1) <OBemardus comes Ripacurcie habuit conjugem nomine Totam filiam Galindonis 
comitis Aragonensis, ex qua genuit tres fllios Regimundum et Borrellum et Mironem. 
In témpora hujus Ripacurtia et Pallars serviebant mauris; et fertur esse ex progenie 
Earoli, cujus virtute prefatus Comes cum francis expulit ex supradictis locis (et de 
Suprarbio quam terram acceperat cum prefata uxore sua) mauros usque Calasang.» 
Esp. Sagr, xlvi, 325. 

(2) Memorias de la Real Academia de la Historia^ t. v, pág. 320. . . 

(3) «En lo alto de una colina, al poniente de dicha Iglesia, se hallan vestigios del 
antiguo Castro Ripacurcense, de que hablan sus escrituras; y en la Iglesia sobredicha 
hallé que tenian en lugar de Ara ana Lapida con una inscripción Romana, la qual me 
dijeron havia estado sobre el portal del Castillo.» Abad y La Sierra, Mss,, t. xxx-Vi, fó- 
lio último.~El Sr. Abad y La Sierra estuvo á visitar la iglesia de Obarra en 1772. 



222 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

El Sr. Abad y La Sierra vio esta inscripción en el altar de Saa 
Pablo, que fué destruido con el desplome del campanario, algu- 
nos años há. El ilustrado párroco, ü. José Bravo, me escribe que 
ha recogido el precioso epígrafe y lo ha pasado y guarda en la 
sacristía. Es laja de blanco y fino mármol, que mide 46 centíme- 
tros de alto por 60 de ancho. 

Su estudio interesa en primer lugar á la ciencia de los lengua- 
jes ibéricos. En lápidas edetanas (i) hemos leido TannegiscerriSy 
Tannegaldunis y Tannegadinia; y al otro lado del Pirineo, no 
lejos del puerto de Benasque (2), Dannorigis y Dannadinnis. In- 
termedio entre ambas regiones se coloca Tannepaeseris, Los idio- 
mas que produjeron estos vocablos, eran afines. El puro galo 
domnoy donno, dubno, que se manifiesta en Diimnorix ó Duhno- 
rex (rey del orbe), ostenta en España la vocal a, de sonido claro, 
que permite ver ó conjeturar el influjo del vascuence sobre el cél- 
tico para constituir en definitiva el celtibérico. -* 

Asterdu es un dativo femenino , que acaso esté por Asterduni. 
El sufijo dun pertenece de fijo al vascuence: eiiskaldún (vascon- 
gado), aurredún (mujer en cinta). Corresponde al participio latino 
hábens, como es sabido; y contiene tres elementos de estructura 
aglutinaliva, ó amalgama pospositivo: n (pronombre relativo), y 
du que encierra no solamente la idea del latín hahet, sino tam- 
bién la determinación á régimen directo de tercera persona. El 
primer elemento áster pudo proceder de aste (tiempo, estación, 
semana); en cuyo caso Asterdu no parece que debe tener otra 
mejor traducción que Tempestiva. 

El nombre Áster, aparece como propio de uno de los jueces, 
que entre el 20 de Junio del año 876 y del de 877, siendo empera- 
dor Carlos el Calvo, fallaron en favor del monasterio de Obarra (3). 

aln judíelo Galindoni, qui jussus est causas audire, dixcutere ut recte ju- 
dicare, seu et Judices qui la ipso judicio risidevant, id est, Galindo, Apo, 
Sanzoli, Ichila, Egica, BsluzOj Áster ^ Malaricus, Galleníus et in presencia 



(1) Hübner, 3794, 3796, 4040. 

(2) Luchaire, Études sur les idiomes Pyrénées de la región franraise^ pág. 49; París, 
1879. 

(3) Traggia, Mss,, t. xii, fol. 169 vuelto-170 recto. 



INSCRIPCIONES ROMANAS DE LA DIÓCESIS I>E BARBASTRO. 223 

Malefacto Presbitero et in aliorum multoram hominum presentía, testificar t 
testes prelati propter rimidium anime illorum, quos profert Ennecho Abbas 
ad 8U08 Monachos consistentes in domo S. Potri et S. Marie , Deo servientes 
in presentía Galindoni. Nam testes hi sunt: Jumarani et Hymas juramus 
nos supra dicti testes in primis per deura Patrem omnipotentem et per Je- 
sam christum fílium ejas, sanctum Dei spiritum , qai est in Trinitate unas 
et verus Deus, et per reliquias sancti Petri apostolí, cujus basílica fundata 
esse dinoscitur in castro Ripacorza, quia nos scimus et in veritate notum 
havemus quod ísti Monachi, consistentes in loco Uharra de tempus de 
Domno Atone Comité majori (i), vindicaYerunt de ipso ponte de Calvaría 
de ista parte et de illa parte ubique in Uharra ^ sive de Molinos sive de pis- 
catione. Qai attentare presumpserit , auri libras duas componere non more- 
tur; similiter et nos facimus, sicut antecesores nostri fecerunt, ut ista 
carta inrumpere non permittatur. 

Facta carta in mense Junio, anno [x]xxvi, regnante Carolo Augusto. 
Signum Jumarani; signum Imani qui hunc sacramentum f^cimus. Sancíoni 
signum. Galindoni signum. Egicani. Banzo. Signum Gallenius. Signum ^a- 
ter» Signum Hichila. Signum Malaricus. Signum Centullus, presens fuit. 
Signum Galindo. Signum Godomarus, presens fuit. Ananias presbiter roga- 
tus scripsit.]> 

Lo más singular en la inscripción es que Tempestivo^ el hijo de 
Tannepaeseris^ y Asterdu se nombra expresamente su heredero; 
circunstancia que solo encuentro expresada en la Epigrafía 
(Hübn. 2925) del país vascongado. 

D M 

P E D E R O S 
SIT • TIBÍ • T«L 
RECEPTVS'FIL 
H • M • F • C 

D(Í8) M(anibu8) Peder os, SU tíbi t(erra) IfevisJ, Receptus fil(iu8 hferes) 
m(onummtum) f[aciendum) c(uravit). 

Supuesto que los nombres de las personas difuntas no son ro- 
m'anos, sino indígenas, nada impide suponer que en la sucesión 
hereditaria se les aplicase el fuero ibérico todavía vigente aun 



(1) Atón, hijo del famoso Eudes de Aquitania, bisabuelo del primer conde Bernardo 
y del otro Alón conde de Pallara. 



224 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

hoy dia en algunas parles del Pirineo francés (1) y del Alto Ara- 
gón (2); fuero de estricta primogenitura varonil, ó mujeril, anti- 
quísimo, que no dejó de señalar Estrabón en las costumbres cán- 
tabras (3). Apoyan mi conjetúralas lápidas de Cillas, donde todo 
el peso de la herencia abolenga parece gravitar sobre Emilia Plá- 
cida; y finalmente la inscripción de Tarazona, trasladada al Mu- 
seo provincial de Zaragoza, que descifré en otro lugar (4), en la 
que, según oportunamente ha observado nuestro sabio Correspon- 
diente, D. Joaquín Costa, la hija fruto del matrimonio de una 
mujer celtíbera con un romano toma el nombre de aquella. 

D • M • 8 

VAENICO • TYCHE^ 
MARIVS • MYRON 
ET • V • TYCHE • FI • PIE'^ 
ÍTEM • SIBI • ET • V 
TYCEN • VCSORI 



D(is) Mfanibus) {^sfacrum)'}. Vaenico Tychen Marius Myron et V(aenico) 
Tyche f(liae) pietiftissimae), ítem sihi et Vfaenico Tycm ucsori /(acimdum) 
c(uravit). 

Consagrado á los dioses Manes. Mario Mirón y Vónica Ti je hicieron la- 
brar este monumento á su hija piadosísima Vénica Ti je, ítem (Mirón) lo 
mandó hacer para si y para su esposa Vénica Tije. 

Y para que se vea mejor el arraigo de las viejas costumbres en 
la comarca del alto Ribagorza, tomaré un documento del archivo 



(1) Cordier (Eugéne), Le droit de famille aux Pyre'nées; ap. la Revue historique du 
Droit/rangais et etranger^ t. v; Paris, 1859. 

(2) Costa (D. Joaquín), Derecho consuetudinario del Alto Aragón^ pág. 39-43; Madrid, 
1880. 

(3) oloy 70 TTOL^OL TíJ?5 KavTOiPjiOig Tovg oív^^aq ^iBóvcLi Taí5 yvvodfy n^oiKa^ 
To Toig éuyoLTgocL^ xXniOVÓtxov^ dnoXiÍTTsaúai , lovc, tí dBeX^GV^ vno Toúrwy 
ix^í^oJÚai yvvoit^ív, iii, 4, 18. 

(4) Restos de la declinación céltica y celtibérica en algunas lápidas españolas, pá- 
gina 4. 



INSCRIPCIONES ROMANAS DE LA DIÓCESIS DE BARBASTOO. 225 

de Obarra, que ha venido á parar al Histórico Nacional, contiguo 
á nuestra Biblioteca. El pergamino está fechado en 1.° de Agosto 
del año 947. Al dorso lleva por signatura Oharra^ 21; Cax. iO^ 
lig. i.°, num. S; y esta cláusula sobrado lacónica: Ovarra puede 
pacer por todo ribagorca. Tiene estiva en semii, 

dcln christi nomine^ ego Bernardas (I), gratia dei comes, et nxor mea tota 
cometissa. 

Notum sit ómnibus hominibus qnalis altercatio fuit intejr homines de be- 
nasco (2) et de valle singici (3) per ípsam stivam (4) de balira, ita ut se 
invicem interfícerent. 

Tune 7enernnt ad me proceres mei , et dixerunt mihi: Quare tu non dis- 
cernís eos ne interfíciant se invicem ? 

Et ego, pulsatus eorum precibas veni ad ipsam stivam, et sortivi eam. 
Et post hec, nnicuique heredi dedi sortem eorum, iuxta auctoritatem, quam 
antiquitus habebant. 

Eo queque tempere venit ad me leuila , abba de cenobio uuarra , et díxit 
mibi: Domine, nos in bac stiva sortem debemus babero. Et omnes, qui ade- 
rant, testímonium dederunt quia ita erat, sicut ille preferebat. Et ego, ut 
probavi testímonium eorum quod verum erat , dono et confirmo ad supra 
dictum cenobíum ípsum cuuíle (5), que nuncupatur lena (6), et est termi- 
nata et círcumdata boc modo: de oriente rívo cúrrente, et de occidente si- 
militer, et per caput tenet usque ad ipsas ñeras (7), et per f undus ubi ipsi 
riví utrinque se adiungunt. Sic dono et corroboro ipsum ouuile ad iam su- 
pra dictum monasterium ad possidendum et ad pascendum et ad laboran* 
dum usque in perpetuüm, bene terminatum, ut non sit comes, vel vicecomes, 
nec alia ulla persona in potestate constitutus, qui ausus sit ibi ullam pertur- 
bationem faceré ad pref atnm monasterium. Si quis autem boc fecérit, iuxta 
sancionem legum xxx* libras argenti sacratissimo ñsco persolvat; et insuper 
hoc factum minime consultüm et intemeratum permaneat. 

Et insuper aliam fació donacionem ómnibus cenobiis meis, videlicet asa- 
niensi cenobio, et sanoto petro tabernensi, et sancto insto de auri gemma (8) 
et sánete marie de ouaira, et sánete marie de alaone, ut in toto comitatu 
meo, tam in alpihus quam in vallibus, sive planiciis tam byemis quam es- 



(1) Bernardo IT. 

(2) Benasque. 

(3) Es el valle de Senuy en la falda exterior del de Aran, sobre la margen derecha 
del rio Baliera. 

- (4) Pasto veraniego. Stiva brotó del latin aestiva. 

(5) Cubil, de ganado. 

(6) ¿Del griego Xxjyog (concavidad del prado), ó del céltico ffkann, glen (madriguera)? 

(7) Nerill, limítrofe de Senuy. 

(8) Crema, ó Urmella en el valle de Benasque. 

TOMO IV. ]6 



226 BOLETÍN DE LA. REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

tatis, ubi voluerint et potueriat, eorum pécora absque ullam perturbatio- 
nem pascantur. Et non sit homo, nec superior nec inferior persona, qne eis 
ulla calunnia premoveat. Si qais hoc fecerit, damna snpra scripte legis 
obtineat; et insuper, hoc f actum menm fírmum et corroboratum permaneat. 
Si quis sane , qtiod fieri minime credo , de heredibus pro heredibus veniens 
contra hoc f actum meum adire temptaverit , in prímis in ira del incurrati 
et ad liminibus sánete dei ecolesie extraneus ef fíciatur, et cum datan et abi- 
ron portionem accipiat, et in iudicio sancti spiritus anatematis vinculo £e- 
ríatur usque ad satisfactionem. 

Facta carta donationis vel distributionis die kalendas augusti luna {\ ) x*, 
Era DOc[co].LXXx* v*. 

Signum + Ego Bemardus comes, qui hanc cartam rogavi scribere et 
testes ñrmare ut sua signa f acerent. 

Sigíium -\- Oriolus de valle singici ét fílius eius Borrellus. Signum -|' 
micharro de benasco. Signum -|- apo de Calvaría. Signum + durando. Se- 
gimundus presbiter scripsit hoc, die et anuo que supra. 

Al primer traslado en vitela, cuyo texto, deslucido por la hue- 
lla del tiempo he seguido, acompaña cosido otro, mucho menos 
fiel, que rebaja también dos siglos á la era, y lee «dcc* lxxx' v*.» 

No he de cerrar este informe sin ofrecer á vuestra considera- 
ción las sabias reflexiones que sobre el interés geográfico de la 
inscripción de Obarra me comunica nuestro compañero egregio, 
el Sr. Coello, tan competente en la materia y de tan alta autori- 
dad €omo todo el mundo científico lo pregona. 

«Creo, me dice en atenta carta (2), que por el valle del Isábena 
iba una antigua comunicación, muy importante, probablemente 
vía romana en su tiempo. Lo demuestran así los nombres de 
Roda y Puebla de Roda; y sobre todo la circunstancia de haber 
existido Sede episcopal en el primer punto. Hay pasos fáciles 
desde las cercanías del priorato de Obarra sobre el río Isábena al 



(1) El cielo decemnovenal, ó áureo número fué 17, y la luna 10. El primer traslado 
pone «luna xvii*»; y el segundo «séptima x».» Lo cualarg-uye una primera tentativa de 
rebajar de un siglo el año 947, supuesto que en 847 la luna fué 17; precursora de la se- 
gunda que le cercenó dos centurias, y ha sido torpemente reproducida por ambas co- 
pias. Las memorias del abad Levila, que he "visto en el archivo de Obarra, comienzan 
por Abril del año 941, quinto del Rey Luis el Ultramarino, y se terminan en 1." de Di- 
ciembre de 957, en cuyo día fué consagrada por el obispo Odisendo. hijo de Bernar- 
do II, la catedral de Roda: «Era DCCCC[XC]* F», mense decemMo, luna V, anno lll 
refffiante leuctario rege. 

(2) Del 16 del mes actual. 



INSCRIPCIONES ROMANAS DE LA DIÓCESIS DE BARBASTRO. 227 

Noguera Ribagorzana, ya pasando por Bonansa al puente de 
Suert en el último río, ya más al Sur hacia Aulet, donde se halla 
el antiguo monasterio de Sopeira; y ya sabe V. que yo considero 
la existencia de estos monasterios, como indicio casi seguro de la 
antigüedad de antiguas comunicaciones. Aun hoy día es muy 
frecuentada, como lo ha sido siempre , la que por dicho pueblo, 
Pont de Suert, va al valle de Aran por el puerto de Viella; y debo 
añadir que los pasos de Bonansa, ó al Sur, han sido designados 
por mí mismo y por otro como ventajosos para el trazado de un 
ferrocarril hacia el mismo valle de Aran. Lo cual confirma nue- 
vamente la posibilidad de antiguas vías, pues en estas se eligie- 
ron admirablemte los puntos más ventajosos; lo que las hace 
coincidir con los buscados por los ferrocarriles. 

»Desde Roda el camino continúa hacia el Sur descendiendo por 
la orilla del río Isábena hasta llegar á Graus; punto cuyo nombre 
6S también indicio de paso de comuijicación y que se encuentra 
«n la confluencia con el Esera. Siguiendo por este río se llega al 
€inca; y aquí se empalma con las comunicaciones, que también 
debieron ser muy antiguas hacia Boltaña y orígenes del mismo 
Cinca y del Ara; así como subiendo el Esera se llega á Benasque, 
y á otro paso notable al valle de Aran. También por el Sur enla- 
zan comunicaciones fáciles hacia Barbastro y Monzón.» 

Fidel Fita. 

Madrid 29 de Febrero de 1884. 



228 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 



II. 



COMPENDIO DE LA HISTORIA DE MÉXICO. 



Con muy atenta dedicatoria á esta Academia ha traído el cor- 
reo marítimo un libro nuevo en buena impresión de 346 pági- 
nas en 4.° (1), obra del licenciado D. Luis Pérez Verdía, profe- 
sor de Historia y Cronología en el Liceo de Varones del Estado 
de Jalisco, escrita para uso de los colegios do instrucción supe- 
rior de la República, con título de Compendio de la historia de 
México desde sus primeros tiempos hasta la caida del segund<y 
imperio. 

No desconoce el autor las dificultades que ofrece un resumen 
bien entendido de los sucesos que otros han narrado antes con 
extensión y con criterio más ó menos apasionado, ni pretende 
vencerlas en absoluto, aspirando tan solo á la iniciación déla ju- 
ventud en tan importante estudio, escudado con la sentencia de 
nuestro colega Menéndez y Pelayo, «que si en las obras de ín- 
dole estética no se toleran medianías, en las destinadas á un fin 
útil caben los esfuerzos de todo hombre investigador y laborioso.» 

Dividiendo la obra en cuatro partes, traza en la primera el 
cuadro de la civilización de Anáhuac, discutiendo brevemente las- 
opiniones emitidas respecto al origen de los indios americanos, 
con bosquejo de la emigración de los pueblos, que uno tras otro, 
empujándose, descendían de Norte á Sur dejando en ediñcacio— 
nes colosales huella de su paso oscurecido, hasta que sobrepo- 
niéndose los aztecas dieron al imperio mejicano grandeza, es- 
plendor y poderío superiores á todas las otras naciones del Nuevo 
Continente. Reduce á nuestra era las épocas controvertidas de los 
acontecimientos principales; desenreda las dinastías y los mitos 
del laberinto de los códices pintados , cuya interpretación resisto 
así al persistente trabajo de los misioneros que como el P. Saha- 

0) Guadalajara (México) 1883. 



COMPENDIO DE LA HISTORIA DE MÉXICO. 229 

■ 

gun lo acometieron, como á la tradición dificultosamente trascrita 
por indígenas, cual D. Hernando Alvarado Tezozomoc y restaura 
los nombres de pesonas y lugares maltratados en las crónicas es- 
pañolas por el embarazo que á nuestra lengua presentan las pa- 
labras Chalchinhtlanetzin j Ixtlicuechahuac , TetlahuehuezquitiU 
ziriy Ciietlaxochitl^ con tantas otras semejantes que, sin conato de 
estornudo, apenas puede pronunciar. 

En la seguníia parte, que abraza el período de la conquista, 
esboza las figuras de Colón, Yelazquez, Hernán Cortés, al frente 
ÚQ IsL^ áe Motecuhzoma (nuestro Motezuma), GuáhtemoCy Xico^ 
tencatl, admirando la valentía de los mejicanos heroicamente re- 
presentada en el último emperador, en contraste de la pusilani- 
midad del que hallaron los descubridores en el trono. Recono- 
ciendo las grandes condiciones del caudillo extremeño lo hace 
excepción el Sr. Pérez Verdía en la tolerancia que preside por lo 
general al criterio de su libro, anotando con harta severidad los 
defectos que descubre en el capitán, y haciéndole inculpaciones 
rechazadas de antes por los que han profundizado la investigación 
de su vida y hechos; tales son el asesinato de Motezuma, nó ha- 
biendo muerto en su opinión, como se dice, de la pedrada que 
recibió en la cabeza, y el parricidio cometido en doña Catalina 
Xuarez Marcayda. 

¿No entrará por algo en el juicio la idea preconcebida de ha- 
ber sido una grande iniquidad , conforme á los principios absolu- 
tos, la conquista de Méjico? ¿No lo informarán en parte las pre- 
venciones aprendidas de Ramírez, Bustamante, Rivera y aun de 
Prescot? Parece que sí; en el momento de considerar la ruina de 
un pueblo valeroso y amante de la independencia, olvidando la 
falta de respeto que por la de los vecinos tuvo y el objeto de su 
ocupación normalizada en la guerra por el único fin de conseguir 
prisioneros, que con el corazón palpitante renovaran la costra 
sangrienta del horrible ídolo fíuitzilopochtU, y con los miembros 
proporcionaran el manjar apetecido de los nobles guerreros , la 
simpatía natural, el sentimiento generoso del autor ofuscan mo- 
mentáneamente su clara razón. Repuesta en breve le dicta: 

«La humanidad destinada á marchar progresivamente á su 
destino , no ha alcanzado de un golpe todas las verdades que de- 



230 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

ben dirigirla, sino que extraviada frecuentemente por diversas 
causas, ha caminado poco á poco, abandonando diariamente lo 
que hasta allí había tenido por bueno. 

»De aquí resulta que los hechos históricos se juzguen , no solo 
con arreglo á las verdades eternas, sino también conforme alas 
circunstancias y al espíritu de su época; de manera que no pode- 
mos excusarnos de tomar en cuenta las ideas dominantes en el 
siglo XVI para formarnos un juicio exacto de la. conquista de 
nuestra patria. 

»Así como en la antigua Grecia eran tenidos por bárbaros todos 
los pueblos que no pertenecían á ella ni estaban por lo mismo 
representados en el Congreso de los Anficiones, de igual modo 
en la Edad Media eran considerados todos aquellos que no pro- 
fesaban la religión católica. 

»De este error provino la creencia de los monarcas católicos do 
que estaban autorizados para despojar á las naciones americanas, 
y de este error también nació el duro tratamiento que los con- 
quistadores dieron á los naturales, pues suponían que todo les 
era lícito tratándose de infieles, y por eso se ve con cuanta fre- 
cuencia los engañaban, los robaban y les hacían todo género de 
iniquidades... (1). 

»La civilización aztecatl estaba destinada á perecer para ser sus- 
tituida por otra superior, y la Providencia preparaba el camino 
de su ruina (2).» 

Tal es realmente la opinión de la edad presente: los Congresos 
de Americanistas van descubriendo con asombro que aquellos 
españoles subditos del Emperador ó de su hijo Felipe, que en re- 
laciones amañadas aparecen sedientos de sangre y oro, sin buscar 
otra cosa por el Nuevo Mundo, ya por entonces plantearon y aun 
resolvieron problemas que el avance de los conocimientos huma- 
nos propone ahora por novedad. Si algún escritor apegado á la 
rutina se desentiende de las condiciones de la época, en que, cu- 
rando la medicina las dolencias del cuerpo con los tormentos del 
hierro y el fuego, no era fenomenal que el fuego y el hierro se 



(1) Pág. 140. 
l2) Pág. 122. 



COMPENDIO DE LA HISTORIA DE MÉXICO. 231 

aplicasen también al remedio de los males sociales, ni que se ad- 
mitiera como recurso de probanza judicial el tormento, así en 
España como en la Europa toda, que detrás de ella caminaba 
por entonces, la repetición de declamaciones huecas, pasadas de 
moda, servirán tan solo para descubrir su ignorancia en la his- 
toria general y en la especial americana. 

El Sr. Peréz Verdía emplea la tercera parte del Compendio en 
reseñar los sucesos del gobierno de los Tenientes de Cortés, de las 
dos Audiencias primeras y de los Vireyes en serie completa de los 
sesenta y cuatro que abarca el período de 1524 á 1821. Conden- 
sando las ocurrencias sin omitir ninguna de las principales; apre- 
ciando con justicia lo mismo el odioso proceder de Ñuño de 
Guzman y sus ad-lateres que la integérrima conducta de Lemos; 
la avaricia de algunos altos funcionarios, que el desprendimiento 
de otros; el admirable ejemplo de los primeros apóstoles de la fe, 
la síntesis de este trabajo interesante se encierra en las frases 
que copio: 

«En la serie de los Vireyes que gobernaron en México se des- 
cubre el deseo de los reyes de España de que fueran personas de 
importancia que atendieran al bien del país, y si hubo muchos 
que faltaron á esa confianza y extorsionaron al pueblo procurando 
su propio interés, esto era indispensable, atendida la condición 
humaina; pero otros en cambio se manifestaron probos y entendi- 
dos gobernantes; así es que, gobierno que contó entre sus agentes 
á los Mendoza, Velasco, Rivera, Acuña, Bucareli y Güemes Pa- 
checo, es acreedor á la gratitud. 

»No significa esto que no tuviera el país mucho por qué que- 
jarse; la avidez de los españoles, la crueldad y dureza con que 
trataban á los naturajjes esclavizándolos é imponiéndoles durísi- 
mos trabajos fueron males gravísimos que aún acarreáronla des- 
trucción de la población indígena, y aunque los reyes de España 
constantemente dictaron justas disposiciones en su favor, por no 
haber tenido energía para hacerlas cumplir se hicieron responsa- 
bles; pero hay q4ie tener en cuenta que el despotismo y las más 
absurdas ideas acerca de la majestad real eran entonces las do- 
minantes en España, como efectos de la época. Por otra parte, 
atendida la deplorable situación que cupo en suerte á México dp 



232 



BOLETÍN DE LA ItEAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 



ser colonia de un país extranjero, uo tuvo que sufrir lo que otras 
colonias en las que sus metrópolis, sólo han procurado explotarlas 
en cuanto fuere posible. 

«Algunas veces, en medio de la exaltación de los partidos, ha 
llegado á suponerse nociva para la nación Mexicana el haber sido 
descubierta y conquistada por España ; pero prescindiendo de lo 
inútil de tal cuestión, España dio á México lo que ella tenía, aun 
bajo el aspecto de la vanidad; pues aquella nación era la más po- 
derosa del siglo XVI. Las afinidades y simpatía de raza hicieron 
que se verificara en parte entre la española y la mexicana una 
verdadera fusión, de lo que resultó que no se destruyera la ultima^ 
como ha sucedido en otras colonias (1).» 

Por fin acomete el autor en la cuarta y última parte la narra- 
ción del movimiento revolucionario de emancipación, y conse- 
guida esta el relato de tantos esfuerzos hechos desde 1821 á 1867 
con el fin de consolidar la existencia independiente de la Repú- 
blica en el concierto de las naciones; pasando ligera y penosa- 
mente por las escenas de sangre fratricidamente derramada, es- 
collo peligroso que salva sin dar satisfacción á las pasiones , ni 
incienso ni baldón á las personas, guiado por el juicio recto, el 
ánimo sereno, la intención sana y el deseo de la paz y la ventura 
que Dios conceda á su país. 

En cuestiones de apreciación no son las que antes he diado 
únicas, en que mi criterio difiere del de el autor; pero en conjunto 
pienso que llena cumplidamente las condiciones del objeto que se 
propuso y que el libro, como obra manual, ha de ser de utilidad 
en círculo más ancho que el de los colegiales, complaciéadome 
manifestarlo á la Academia. 



Cesáreo Fernández Duro. 



Madrid, 6 Marzo 1884. 



(1) Páff.225. 



CARTAS DE FELIPE II Á LAS INFANTAS SUS HIJAS. 233 



III. 



CARTAS DE FELIPE II A LAS IXFANTaS SUS HIJAS. 
PUBLLICADAS POR MR. GACHARD ,In 



El Sr. Gachard, que tantos servicios ha prestado á nuestra his- 
toria patria, y que es uno de los pocos extranjeros que han trata- 
do de nuestras cosas con' verdadero conocimiento y con imparcia- 
lidad, como especialmente lo demuestra su libro titulado D, Car- 
los y Felipe 11, que ha destruido la fábula del Abad de Monreal, 
popularizada por Alfieri y por Schiller — acaba de hacer otro nue- 
vo y no menor servicio á la historia de nuestro gran siglo con la 
publicación de las cartas dirigidas por Felipe II á sus hijas du- 
rante la expedición á Portugal de 1581 á 1583. 

No creemos exagerado asegurar que estos documentos presen- 
tan bajo un aspecto nuevo al fundador del Escorial, aunque ya 
hablando de él nuestro director el Sr. Cánovas del Castillo, había 
dicho que el personaje frió, taciturno y cruel que nos pintaban 
la .mayor parte de los historiadores, y del cual se decía en su 
tiempo «de la risa al cuchillo del Rey no hay dos dedos», era sin 
embargo, afectuoso y familiar con los suyos: pruebas existían de 
estas cualidades en su proceder con su hija predilecta Doña Isa- 
bel Clara Eugenia á quien juntamente con su hermana menor, 
Catalina van dirigidas las cartas ahora publicadas. 

El Sr. Gachard en un extenso y erudito prólogo da cuenta de 
las circunstancias en que estas cartas fueron escritas y de los 
principales sucesos de la vida de las ilustres princesas á quienes 
se dirigieron. 

Ambas infantas fueron notables más que por su jerarquía por 
las virtudes y calidades que las adornaron. Doña Isabel Clara 
Eugenia, estaba además dotada de una hermosura que celebraron 



(1) Paria, Librairie Plon; 1883. 



234 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

las plumas de su tiempo y de que el pincel de Coello y de Liana 
nos ha conservado el fiel trasunto; su padre la amó tiernamente y 
tuvo en su capacidad gran confianza, dándole desde muy joven 
participación en los negocios de Estado y confiando á su pruden- 
cia, tanto como á la de su marido el archiduque Alberto, los graves 
y dificiles de los Países Bajos. 

Menos noticias se tenían de las condiciones de Doña Catalina: 
sabíase que no gozó del privilegio de la belleza, que como luego 
veremos, debieron destruir las viruelas, pero aunque murió 
joven tuvo tiempo para dar cumplida muestra de su virtud y de 
su entendimiento; lo que acerca de ambas cualidades dice en elo- 
gio de esta princesa el Sr. Gachard está confirmado por lo que dijo 
de ella el doctor Aguilar de Terrones en el sermón de sus honras 
predicado á Felipe II en su capilla el sábado 20 de Diciembre de 
1597 (1) . Al final de esta curiosa oración exclamaba el Dr. Aguilar: 
«No tengo para que deciros (pues lo sabéis mejor que yo) las 
«virtudes heroicas de nuestra serenísima difunta, la igualdad de 
» vida y suavidad de condición en la paz, el valor, ánimo y aun 
j> consejo prudentísimo en la guerra y en materias de estado, y si 
» acá no lo sabéis, sabíalo muy bien su marido, que él comuni- 
» caua con su Alteza todas las materias de sus estados en paz y 
» en guerra, y sacaua tan acertadas respuestas como las pudiera 
»dar un Cornelio Tácito en materias de estado y un Catón en 
«materias de prudencia. Y ya que por la angostura del tiempo 
»os dexemos de decir otras virtudes, predicando sus honras en 
y> Sábado no es justo callaros que todos los sábados daua audíen- 
» cía pública á los pobres y los despachaua y remediaua, que col- 
»mado lo aura hallado alia» (2). 

Sería tarea larga y además inútil recordar los antecedentes del 
fausto suceso de la unión de Portugal á las demás coronas que 
constituyeron, aunque por desgracia no de un modo definitivo, 
la monarquía peninsular, que ejerció, si bien por breve espacio de 



(1) Cabrera dice con error evidente que fué el viernes 19, pero el texto del sermón 
dice que se predicó en sábado. 

(2) Este sermón forma parte de un volumen de mi propiedad en que hay otros va- 
rios de la época, algunos predicados en las honras de Felipe II, y otros sobre diversos 
asuntos. 



CARTAS DE FELIPE II Á LAS INFANTAS SUS HIJAS. 235 

tiempo, la hegemonía de Europa ó como se decía entonces la direc- 
ción y gobierno de la cristiandad, aunque no podamos ni deba- 
mos prescindir, en nuestra presente y al parecer irremediable de- 
cadencia, del recuerdo consolador de nuestras antiguas glorias. 
Basta á nuestro propósito consignar el incontestable derecho de 
Felipe II, á ocupar el trono de Portugal, después de la muerte de 
D. Sebastián en Alcazarquibir y de la del cardenal Enrique, vic- 
toriosamente demostrado por el famoso Rodrigo Vázquez de Arce, 
aá quien Themis dio su silla» como de él dice Rodrigo Caro, y por 
el doctor Luís de Molina ante el Rey Cardenal y su corte. 

Con mucha anticipación preparó el Rey los medios necesarios 
para hacer efectivo su derecho, pues á 7 de Setiembre de 1579, es- 
cribía ya desde San Lorenzo al Licenciado Antolinez, Regente de 
la Audiencia de Galicia, y ya se refiere en esta á otras ante- 
riores sobre previsiones y aprestos para el ejército y la armada (1} 
que habían de entrar en Portugal, y en 13 de Abril del año si- 
guiente, para seguridad de su conciencia, daban á Felipe II pare- 
cer sobre la justicia de la guerra. Fray Diego de Chaves, Arias 
Montano y Cáscales (2). 

Mayor interés ofrecería la noticia de las vidas de Doña Isabel 
y Doña Catalina, cuyos retratos debidos al pincel de Pantoja de 
la Cruz, unidos por una guirnalda de ñores, pueden contemplarse 
en nuestro Museo y preparar el ánimo para la lectura de estas 
cartas escritas á ambas princesas en la edad que sus retratos in- 
dican, probando ambas cosas la unión estrecha y vida común 
que llevaban por entonces; pero los sucesos que á una y otra se 
refieren son muy conocidos, especialmente aquellos que forma- 
ron un paréntesis, por desgracia harto breve, de paz y de ven- 
tura en los Estados de Flandes, bajo el gobierno dulce y pru- 
dente de Doña Isabel Clara Eugenia y de su esposo el Archi- 
duque Alberto, los cuales no quiso nuestra desgracia que fueran 
tronco de una dinastía, que constituyendo en aquellos países una 
nación independiente y amiga de España, hubieran resuelto en 
paz lo que después de tantas luchas, aunque gloriosas, para nos- 



(1) CoLección de documentos inéditos, tomo l, página 381. 

(2) ídem, tomo xxxiv, página <n2. 



236 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

Otros funestas, vino al cabo á realizarse, si bien no tan cumpli- 
damente como entonces se hubiera logrado. 

Quizá no ha existido en el mundo ningún príncipe ni persona 
esclarecida, de quien se hayan hecho tantos retratos físicos y mo- 
rales como de Felipe II: el mismo Sr. Gachard publicó en 1856, 
unos extractos de las relaciones presentadas al Senado de Vene- 
cia por sus embajadores en las cuales se contienen seis descrip- 
ciones más ó menos minuciosas de la persona y condiciones del 
Rey empezando por la de Federico Badoaro, una de las más ex- 
tensas, que copia del modelo en la flor de su vida, es decir á los 
31 años, según manifiesta el discreto diplomático, que le juzga 
con imparcialidad y en nuestra opinión con acierto, confirmando 
sus apreciaciones los datos que cada día se descubren y de un 
modo muy notable las cartas escritas durante la campaña de Por- 
tugal, pues Badoaro dice de él entre otras cosas lo siguiente: 

«Así como la naturaleza ha hecho á S. M. débil de cuerpo, así 
también lo ha hecho de ánimo algo tímido, de lo cual se vieron 
señales, cuando se movió la guerra con el Pontífice y el Rey do 
Francia; no es templado en la calidad de los alimentos especial- 
mente en los pasteles y es incontinente en los placeres sexuales, 
divirtiéndose en andar de máscara por las noches aun en medio 
de graves negocios, y le placen mucho diversos juegos. 

«Muestra de ordinario ser más propenso á la mansedumbre que 
á la ira, y así á los embajadores, como á cualesquiera que con él 
negocien, da señales de ánimo humanísimo, sufriendo paciente- 
mente las calidades de las personas y las extrañas peticiones que 
se le hacen, satisfaciendo á todos con las palabras y coq los actos. 
A las veces usa expresiones ingeniosas y agudas y oye con 
gusto gracias y donaires; pero si al comer le rodean los bufones,- 
reprime su contento, mientras que en su cámara deja que se ex- 
playe la risa.» 



«Ama S. M. los estudios y lee las historias, entiende bastante 
de geografía, y algo la estatuaria y la pintura y se deleita ejerci- 
tándola algunas veces. Habla poco y de ordinario en su lengua; 
la latina, como príncipe, la habla muy bien, entiende la italiana 



CARTAS DE FELIPE II Á LAS INFANTAS SUS HIJAS. 237 

y un poco la francesa. En suma es un príncipe que tiene mu- 
chas partes loables.» 

Miguel Suriano que sucedió en el cargo de embajador de Ve- 
necia á Badoaro y que también en su relación al Senado se otupa 
largamente de la persona y calidades dé Felipe lí, difiere mucho 
de su predecesor, siendo á nuestro entender lo más curioso de su 
relato la comparación que hace entre el Emperador y su hijo, eri 
los siguientes términos: 

«Aunque sea semejante á su padre en el rostro, en el habla, en 
i»la observancia de la religión, en la bondad y en guardar la fe, 
» es muy diferente en las demás partes que constituyen la gran- 
» deza de los príncipes: porque el padre amaba las cosas de la gue- 
» rra y las entendía muy bien, y este rey ni las entiende ni le gus- 
Atan; aquel acometía grandes empresas, este las huye; aquel con- 
» cebía grandes cosas y las encaminaba con el tiempo á su prove- 
»cho, este no aspira tanto á su grandeza como á ¡evitar la de los 
» otros; aquel no se movía á hacer nada por amenazas ó por te- 
»mor; este por leves peligros ha abandonado algunos Estados; 
» aquel se guiaba en todo por su opinión propia, este por la de 
«los otros.» 

Este juicio de Suriano se refiere ál año de 1555 y los hechos 
anteriores y posteriores de D. Felipe demuestran que por exage- 
rado es injusto, pues aunque nunca fué el monarca dado á las 
cosas militares, esto se explica, porque su complexión delicada nó 
le consentía los éjerciicos bélicos; y además porque, hábil políti- 
co, entendía que la gloria que dan las armas no se logra sin gran- 
des peligros, y que por lo mismo que rodeaban tantos y tan gra- 
ves sus extensísimos Estados, no bastaba su persona para estar al 
reparo de todos: por lo demás no se ve el fundamento que tuvie- 
ra Suriano para decir que por ligeros temores abandonó sus Es- 
tados, pues es sabido que sostuvo larguísimas y costosas guerras 
para conservar los que heredó, ó para posesionarse de aquellos 
á que se creía con derecho yendo en persona á conquistarlos, si 
bien dejando la dirección y la gloria de las armas á quien recono- 
cía que era más apto para manejarlas. 

Un gentil-hombre de Antonio Tieppolo, que fué también em- 
bajador de Venecía en el año de 1572, cuando ya Felipe II tenía 



238 . BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

45 años, le juzga de modo muy diverso y sia duda con mayor im- 
parcialidad y justicia que Suriano pues dice de él «que es de jui- 
»cio admirable en todas las cosas, de felicísima memoria y cono- 
» ce^ las personas con sólo haberlas visto una vez; con todo esto 
»no se fía de su juicio y no se resuelve á nada sin oir al consejo 
»que tiene cargo de cada materia; pero ninguna resolución se 
«ejecuta sin que sea primero sabida y aprobada por S. M. añu- 
sque sea pequeña y de poco momento.» 

Lo cual confirma lo que se sabe de la prudencia del Rey, á las 
veces llevada á términos de confundirse esta virtud con la irreso- 
lución, que engendra en el gobierno no pocos inconvenientes y pe- 
ligros. No difiere notablemente del anterior el juicio de Felipe II 
que se contiene en una relación anónima del año de 1577 y que 
M. Gachard atribuye al Embajador Priuli, en ella se dice que 
D. Felipe «era un príncipe muy católico, amigo de la religión, 
«notable por su prudencia y por su amor á la justicia, que no 
«buscaba los placeres del espíritu, pero sí la soledad; que se reti- 
»raba durante ocho ó diez meses del año á Aranjuez, al Escorial 
» ó al Pardo para gozar las delicias del campo con la Reina y con 
» sus hijos » aquella era su última mujer, hija del Emperador Ma- 
ximiliano y el anónimo dice «que el Rey iba á su cuarto tres veces 
»al día, por la mañana antes de la misa, luego antes de empezar 
» el despacho, y por último á la hora de acostarse; tienen, dice, 
»dos lechos bajos que distan un palmo; pero por las cortinas que 
» los cubren parecen uno solo. El Rey manifiesta gran cariño á su 
» mujer, la tiene con más frecuencia encerrada que no de otro 
»modo, y casi no la deja sin su compañía.» 

Después del libro de M. Gachard de que hemos tomado las an- 
teriores noticias, se han publicado nuevos volúmenes de las rela- 
ciones de los embajadores Venecianos, y entre ellas hay dos muy 
interesantes, las cuales en parte confirman y en parte corrigen las 
que van expuestas; la primera en orden cronológico, es la de Leonar- 
do Donato, extensísima y de interés para formar idea del estado 
de la inmensa monarquía española en el año de 1573 en que la 
relación fué escrita , sirviéndole de remate una enumeración de 
«algunas particularidades propias del Rey de España;» no es del 
caso copiarlas todas, pero conviene reproducir las siguientes: 



CARTAS DE FELIPE II Á LAS INFANTAS SUS HIJAS. 239 

« El Rey prefiere nggociar por medio de billetes, porque no le 
» gusta tratar con muchos, y porque escribe mas de prisa que 
«cualquier secretario. 

» Ve todos sus asuntos y lo sabe todo. 

»No se encoleriza ó muestra no encolorizarse nunca. 

y>El Rey casi no habla con los de su cámara, 

» En tantas audiencias tenidas con el Rey en tiempos tan azaro- 
» sos, con avisos de los progresos de la armada turquesca, de pér- 
» didas de ciudades, etc., nunca me ha dirigido S. M. una pregun- 
» ta, sino que solo oía y contestaba sobriamente á las relaciones. 

» Parece que el Rey se ocupa en muchas pequeneces que qui- 
»tan el tiempo para cosas mayores. 

« Suele decir que está cansadísimo de ser Rey. 

» El Rey según común sentir es muy suspicaz , y sus propios 
» servidores dicen: De la risa al cuchillo del Rey no hay dos dedos. 

«Trabaja con tanta asiduidad sin tomar recreación , que no hay 
o oficial alguno. en el mundo, por asiduo que sea, que esté tanto 
»en su oficio como S. M., así lo dicen sus ministros, y parece que 
»es cierto. 

» Dicho del embajador de Francia sobre el disimulo del Rey de 
» España. El Rey es tal, que aunque tuviese un gato dentro de las 
yihragas^ no se movería ni mostraría alteración alguna. 

» Dicen sus ministros que su inteligencia es tanta , que no hay 
»cosa que no sepa y que no vea.» 

La relación de Juan Francisco Morossini nombrado embajador 
en 1578 , fué escrita en el dé 81 , es más interesante para el caso 
presente que todas las anteriores y posteriores, porque como se 
ve por las citadas fechas , nos presenta al Rey en la época en que 
escribió las cartas de que nos ocupamos; y el mismo embajador 
dice, que por ocurrir entonces, trata con más extensión los suce- 
sos de Portugal. Morossini da' muchas noticias de las costumbres 
particulares del Rey, que no difieren de las que generalícente 
conocían y sabían sus contemporáneos, pero termina su retrato 
con estos juicios dignos de notarse. 

ocEs de naturaleza mas bien severa, por no decir cruel, que de 
» otra suerte; si bien cubre este afecto con profesar una justicia 
» inquebrantable, por la cual no tuvo consideración al propio hijo; 



240 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HI8T0RA. 

t)no se sabe que haya hecho gracia á ningua condenado aunque 
» parezca propio de los grandes reyes usar en alguna ocasión de 
» clemencia. No muestra ninguna ternura á sus hijos, y en la muer- 
» te de sus más allegados, no ha dado señales de sentimiento. 
» Tiene dos hijos varones y tres hembras...» 

Las cartas escritas á sus hijos refutan victoriosamente estos 
juicios de Morossini, que además son contrarios en lo que se re- 
fiere á las partes afectivas del Rey , á los que formaron otros que 
le vieron y trataron en la misma época, entre los cuales es digno 
de citarse el P. Cavarel, que fué á Lisboa acompañando al abad 
de San Vaast, D. Juan Sarrazin, y que dejó escrita una relación 
de su viaje, de la que M. Gachard ha publicado entre otras cosas 
lo siguiente que se refiere á Felipe II: 

«Vi en Lisboa, dice Cavarel, dos cosas que deseaba mucho ver 
»y que me dieron gran contento. La primera, S. M. misma (deseo 
» natural nacido en nosotros de conocer y unirnos á lo que ama- 
»mos), en cuya persona admiraba (porque podíamos verle con 
» frecuencia, ya en palacio, ya en las parroquias, ya en otras 
» iglesias, dándonos libre acceso los archeros y guardias, que por 
«ser de nuestra tierra eran amigos nuestros) , admiraba, digo, una 
«clemencia y modestia natural, aquella dulzura que resplandecía 
»en su rostro, sus palabras, su gesto, su porte ajenos de gran- 
» deza , de insolencia y de crueldad. » Sin duda que estas benévo- 
las y encomiásticas palabras se explican por el carácter y circuns- 
tancias del monje que no podía menos de admirar y respetar á 
quien era en aquellos tiempos de lucha religiosa el brazo y la es- 
pada de la fe católica; pero en nuestra opinión se aproximan más 
á la verdad que las violentas y denigrantes que desde entonces 
emplean contra Felipe II los enemigos de ella. 

Como hemos indicado antes, contradiciendo á uno de los em- 
bajadores venecianos, celoso el Rey de sus derechos y dispuesto 
á defenderlos por las armas, desde antes que muriese el Rey Car- 
denal, D. Enrique de Portugal, había empezado á hacer prepara- 
tivos militares para que prevaleciera el que tenía á la corona de 
este reino , y cuando aquél murió , aceleró aquellos preparativos 
formando un ejército pronto á entrar en Portugal. No sin repug- 
nancia confió el mando al duque de Alba, entonces en desgracia, 



CARTAS DE FELIPE 11 Á LAS INFANTAS SUS HIJAS. 241 

el cual sin pasar por la corte filé desde Uceda , donde vivía como 
desterrado, en derechura á Badajoz, cuartel general del ejército. 

El Rey salió de Madrid el 4 de Marzo de 1580, dirigiéndose con 
gran lentitud hacia la frontera portuguesa; la Reina Doña Ana 
de Austria, que en 14 de Febrero de aquel mismo año había dado 
á luz á la Infanta Doña María, se unió con el Rey en Fuensalidá, 
iban también el Príncipe D. Diego, las Infantas Doña Isabel y 
Doña Catalina y el Archiduque Alberto , siguiendo todos su cami- 
no hasta Guadalupe, donde pasaron la Semana Santa. El Rey, 
el 16 de Junio de aquel año, acompañado de la Reina, revistó las 
tropas reunidas en el campo de Cantillana cerca deBadajoz. 

El Cronista Herrera describe esta solemnidad militar en los 
siguientes términos: 

«Estando ya el exército en campaña, el Duque Dalua le mandó 
juntar á los 13 de Junio en el campo de Cantillana, á dónde en un 
sitio llano á una legua de Badajoz,, se escogió un alojamiento que 
estaba guardado por la parte de mano yzquierda del río Xeuora ; 
y por las dos partes que mirauan á Portugal se fortificó con trin- 
cíieas y con un bosque; y por las espaldas hacia Castilla se guar% 
dó también con trincheas. Hízose elalojamiento para cada nación 
de por sí, con sus placas de armas , de viandas y de mercados ; y 
en el quartel de la infantería Italiana se puso un tablado cubierto 
de tela y rama para el Rey, que quiso ver entrar el ejército en el 
alojamiento. Uegado el Rey con la Reyna, el Príncipe, las Infan- 
tas y él Cardenal Alberto de Austria, hermano de la Reyna y toda 
la Corte; y puestos en su lugar, el Duq Dalua en dando la orden 
al exército de lo q auia de hazer , fué á donde estaua el Rey acom- 
pañado del gran Prior Don Fernando su hijo, de don Pedro de 
Toledo, Sancho Dauila, Luys Donara, don Hernando de Toledo, 
y de otros muchos caualleros. lua el Duque vestido de azul y 
blanco , sombrero con plumas , espada y daga de plata , que sobre 
tanta edad parezió muy bien: madole el Rey subir al tablaflo , 
adonde le pusieron una silla en que se sentó no muy apartado de 
su Magestad. Auia ya gran rato que caminaua el exército; y en- 
tre tato que se daua lugar unos á otros , se entendia en dar ar- 
mas á la gete visoña, para lo qual se auia Ueuado allí las nece- 
sarias. 

TOMO IV. 17 



242 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

Entraro primero los hobres de armas, y eauallos ligeros, los 
guales de tierra de Ciiidadrodrigo , adode auia estado alojados, 
baxaron á Extremadura; pasó cada copaiiía de por sí, guiada de 
su mismo Capitaa, todos riquísimameate aderecados co muy ga- 
lanes sayetes, faldones casacas, y penachos, en hermosos caua- 
líos. Siguiero^á estos las siete vaderas de Infantería Española, que 
vinieróde Sicilia, y Mila á cargo de don Pedro Sotomayor; y tras 
ellas doscientos ginetes de los de la costa del reyno de Granada 
y luego las cien lacas de los continos, co su Capita do Aluaro de 
Luna, co sayetes de terciopelo morado, y franjas de oro y seda: 
venía después el tercio de do Luys Enriquez de infantería Caste- 
llana, y detrás once vaderas de infantería Española del Reyuo de 
Ñapóles, que traía cargo do Pedro Goncalez de Medoca , Prior 
de Ibernia, de la orde desan Jua: y luego los tercios de Antonio 
Moreno, y do^ Gabriel Niño y Pedro de Ayala, que tauien se le- 
uantaron en Castilla. Y como yua llegando, Jua Bautista Ante- 
neli (el qual para lo que tocaua á los alojamientos, andaua síe- 
pre con el Maestre de capo general) señalaualas estadas, y quar- 
Jples á cada uno. Entraro los hobres de armas, los eauallos li- 
geros: y do Diego de Sadoual Veedor general de las guardas de 
Castilla, co sus tenientes y oficiales : y el auditor y los demias » 
los quales desde aquí se volvieron sin entrar en Portugal, por 
queensaliedo de Castilla cesauan sus oficios, aliende de que 
ponia mucha confusión ver tata multitud de ministros estando 
proueydo el exército de Maestre de capo general, Veedor general^ 
Comisario general, auditor general y otros auditores y de todos 
los demás ministros y oficiales necesarios. Llegó d^ Fraces de 
Alaua, Capita general del artillería co tres teniétes suyos , y el 
capita Jacobo Palearo (dicho el Fratin), ingeniero militar, seis 
getiles hobres, un Preuoste y un Aposentador, los ingenieros 
de fuegos artificiales , artilleros , y todos los otros oficiales nece- 
sarios para el servicio del artillería, co sus cabos y maestros. 
Trahia don Francés seys cañones gruesos, cuatro medias culebri- 
nas y cuatro medios cañones todos encaualgados, con otros apa- 
rejos y encaualgamientos de respeto, deciseys falconetes todos en- 
caualgados, veintisiete esmeriles también encaualgados, y tres 
mil pelotas para los seis cañones, con la demás pelotería necesa- 



CARTAS DE FELIPE II Á LAS INFANTAS SUS HIJAS. 243 

ria para las otras piezas, con las municiones convenientes é inge- 
nios necesarios, herramienta para los gastadores y prouisiones 
para toda la artillería. Eran los gastadores mil y quinientos con 
sus armas en sus compañías, con sus Capitanes y vanderas. Tra- 
hia mas don Francés de Alaua 50 barcas en carros para hacer 
puentes. luán también con los mayordomos del artillería, tene- 
dores de bastimentos, comisarios y otros oficiales , cada uno en su 
lugar: y los carros y bagajes iuan repartidos en escuadras con 
banderillas para ser conocidos y sus cabos que los guiauan : la 
demás artillería y municiones para ella, quo era otra tanta, yua 
embarcada en la armada. Y en guarda del artillería venian cuatro 
vanderas de infantería Alemana. Y toda la gente entró haciendo 
salues con el arcabucería. «Alojado el exercito, se bajó el Rey del 
tablado, y anduvo á cauallo por las calles del alojamiento, y 
la Reyna é Infantas en coche mirándolo y considerándolo todo, 
pareciendole muy bien la orden que se auia tenido. Andauan 
los soldados haciendo sus barracas con rama del bosque. Y 
la causa por que estando este alojamiento en Castilla se atrin- 
cheó, fué, por que no estaua á mas de media legua de Por- 
tugal, y por proceder conforme á orden militar; y por que de- 
mas de que auia muchos Portugueses que fueron á ver lo que 
pasaua, era bien que conociesen que aquel exercito era guiado 
por tal Capitán. Hizose también, por que los soldados entendie- 
sen que iuan entrando en tierras agenas. Boluiose el Rey á Ba- 
dajoz, quedándose el Duque en el exercito. Y otro dia pasaron 
por aquella ciudad el regimiento de Alemanes, cuyo coronel era 
el Conde Gerónimo de Lodron, estando el Rey mirándolos desde 
una ventana de su palacio: y también paso don Pedro de Médi- 
cos capitán General de la infantería Italiana delante della que eran 
tres coronelías ; cuyos coroneles eran Próspero Colona, que le- 
vantó sus gentes en tierras de don Francisco de Medices gran 
Duque de Toscana: Cario Espínelo; y don Vicente Garrafa Prior 
-de Ungria, que la hicieron en Ñapóles, desde donde se fueron al 
alojamiento de Cantillana { 1 ) . » 



(I) Cinco libros de Antonio de Herrera de la Historia de Portugal y conquista de las 
Islas de los Azores en lósanos de 1582 p 15S3. 



!244 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

Al fin de aquel verano se extendió á Extremadura la epidemia 
del Catarro que ya reinaba en Portugal y de ella estuvo grave- 
mente enfermo el Rey, aunque recobró la salud; la Reina que 
también la padeció, murió de ella el 26 de Octubre; su cuerpo se 
trasladó al monasterio del Escorial. El Rey fué á pasar los prime- 
ros días de luto á un monasterio á dos leguas de Badajoz, donde 
estuvo retraído algún tiempo. 

Las negociaciones seguidas para lograr que los portugueses se 
sometiesen de grado al cetro de Felipe II fueron largas é infruc- 
tuosas, habiendo proclamado Rey á D. Antonio en Lisboa y en 
otras ciudades. D. Felipe, en vista de esto, dio orden al Duque de 
Alba de entrar en Portugal á fines de Junio , apoderándose de 
todo el reino en una rápida y brillantísima campaña, después de 
la cual el Rey salió de Badajoz para Lisboa el 5 de Diciembre 
de 1580 enviando á Madrid á su primogénito el príncipe D. Diego 
y á las Infantas. 



n. 



El viaje de S. M. fué muy lento, en todas partes le recibíeroa 
con honores reales, acudiendo á rendirle pleito homenaje los prii> 
cipalcs magnates del reino; hasta el 15 de Marzo del año siguiente 
de 1581 no llegó á Thomar donde está fecha la primera carta que 
se conserva de las que en aquella expedición dirigió á sus hijas 
Doña Isabel y Doña Catalina, es muy breve, y sin duda había es- 
crito antes otras en este viaje, pero toda ella respira el más vivo 
afecto á su familia y aquella modestia natural y aquella dulzura 
de que hablaba el P. Caverel. Empieza el Rey diciendo á sus hi- 
jos sin otro preámbulo: «Siempre deseo responderos y nunca pue- 
»do, y menos agora que son las once y aun no he cenado.» Y 
después de encargarles que escriban á la Emperatriz su hermana, 
que estaba para llegar á España, les avisa que les envía un sella 
para las cartas, dándoles instrucciones de cómo habían de usarlo, 
añadiendo, «mas para mi no selléis en lacre que rompe las cartas, 
3>sino fuere en pliego que se ha de cortar. Y es el primer sello 
•nuevo en que se han puesto las armas de Portugal.» 



CARTA9 DE FELIPE II Á LAS INFANTAS SUS HIJAS. 245 

La segunda carta escrita también en Thomar el !.• de Mayo 
de 1581, es más extensa y afectuosa que la primera, y empieza 
€on estas cariñosas palabras: « Haceislo tan bien en el cuidado 
«que tenéis de escribirme, que no puedo dexar de pagároslo en 
dIo mismo y asi lo he querido hacer agora aunque no me sobra 
«mucho tiempo.» Les da luego las gracias por la enhorabuena que 
le habían escrito por el juramento. Esta solemnidad se hizo con 
gran aparato como resulta de la siguiente relación. 

aComencaronse las Cortes y lo primero en que se entendió fué 
el juramento del Rey en el mismo monasterio en que estaña 
aposentado. Para lo cual en el primer patio que es bien capaz, se 
hizo un tablado de ocho gradas en alto , aderezado de riquísimas 
alfombras, tapetes, alcatifas y tapicerías, y un dosel de brocado; 
debaxo del qual en un estrado alto se puso una silla cubierta con 
un paño de brocado. Y el domingo á 16 de Abril del mismo año 
de 81; entre las tres y las cuatro horas de la tarde salió el Rey 
do su aposento vestido con una ropa de tela de oro , larga hasta 
«n pies como sotana, y encima della otra ropa rozagante de bro- 
•cada.con mangas de punta largas, con falda que lie uaua Francisco 
de Saá Conde de Matusinos, Camarero mayor, y del Consejo de 
Estado. Lleuaua. el Rey el collar grande de la orden del Tusón 
y gorra d^ terciopelo negro: el estoque delante hazia la mano 
derecha del Rey, lleuaua con vaina el Duque de Braganca, como 
Condestable del Reino: á la izquierda lleuaua el pendón cogido 
un poco mas delante D. Jorge de Meneses Alférez mayor; y luego 
los Reyes de armas, Araldos y Pasauantes con sus cotas, y de- 
lante dellos los porteros de cañas con las macas de plata: iuan 
todos los Grandes y Titulados de Portugal que se hallaron presen- 
tes descubiertos, y con ellos el conde de Portalegre haciendo el 
oficio de mayordomo mayor. Llegado el Rey al tablado comenco 
6l estruendo de la música de trompetas menestriles y atabales; y 
estando en su lugar el Camarero mayor le puso en la mano un 
cetro de oro, que t«uuo hasta que uoluió á su aposento. El Con- 
destable estuuo siempre con el estoque en la mano descubierto 
en la punta del estrado; y el Alférez mayor con el estandarte 
Real en la punta del Tablado: en el cual estuvieron los Eclesiás- 
ticos, Grandes y Titulados del Reyno, por que mandó el Rey que 



246 BOLETÍN DE LA. REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

Otros 110 estuuiesen allí. D. Teodosio Duque de Barcelos hijoma- 
yor del Duque de Braganca esttívo á la mano derecha; y debajo- 
de los Arzobispos de Braga, Lisboa y Endra, los Obispos de Co- 
mynbra, Portalegre, Leyria; el Capellán mayor Obispo de Tri- 
pol y Lismonero mayor, y los Obispos de Eluas , Viseo , Lamego 
y Mirada. Y de la otra parte estuuo el primero el Marqués de Villa 
Real y su hijo el Conde de Alcontin, el Conde de Castañera y los 
Condes de Portalegre, Matusinos, Linares, Vidigueyra. Los Re- 
yes de armas, Araldos, Pasauantes y Maceres estuuieron en el 
pie del estrado; y en el mismo lugar estuuo Juan de Meló Por- 
tero mayor y Martin Xuares, que sirvió de maestresala. Los del 
Consejo y señores de lugares, y Alcaides mayores estuuieron en 
lo bajo fmera del estrado adonde cada uno mejor se pudo acomo- 
dar. Y aunque en estos autos ninguno se cubre ni tiene esiento, 
fuera del tablado se pusieron bancos á los Procuradores de los 
pueblos para que mejor se pudiera guardar la orden de prece- 
dencia entre ellos. Los Prelados antes que el Rey llegase le- 
aguardaron en su lugar, porque en el acompañamiento no fueron 
mas de los Grandes y Titulados por ser el espacio pequeño. Y 
como el Rey se asentó, el Obispo de Liria D. Antonio Pineyro- 
del Consejo de Estado, insigne personage en letras y virtud muy 
estimado, desde la punta del tablado dijo con mucha elocuencia 
enbozalta (1).» 

Después habla el Rey en esta carta de una leve enfermedad de 
su sobrino sobre lo cual dice: «y con haber sido poco el mal me 
ha dado harto cuidado. » Confesión espontánea que demuestra 
que no aciertan los que califican á Felipe II de insensible,, 
aunque la idea que tenía de su dignidad dominaba sus afectos na 
haciendo ostentosa muestra de ellos. En esta misma carta hay ua 
pasaje, que no puede menos de llamar la atención, porque revela 
cuan diferente de lo que de ordinario se cree era la condición del- 
Rey. oc Mucha envidia (escribe) tiene Madalena á las fresas, y* 
»yo á los ruiseñores, aunque unos pocos se oyen algunas veces 
»de una ventana mia.» Aparece aquí por vez primera el nombre 
de esta Magdalena que figura en otras cartas posteriores y que 



(1) Herrera, obra citada. 



CARTAS DE FELIPE II Á LAS INFANTAS SUS HIJAS. 247 

sin dada era una loca 6 bufona de la familia, tan introducida en 
ella qyie contra lo que se pudiera imaginar, se tomaba gran- 
des libertades, como veremos luego, con su amo á quien nos ha- 
bían pintado tan terrible y oseo coa sus domésticos. ¿Y quién po- 
dría sospechar tampoco el amor ala naturaleza, el placer que 
sentía el Rey con el canto de las aves que le hace envidiar en Tho- 
mar los ruiseñores del Pardo ó de Aranjuez, porque sólo algunas 
veces lograba oirlos en aquel pueblo desde su ventana? 

Ya en Santarem, adonde había llegado Felipe II el 2 de Junio, 
escribe el 5 siguiente un billete de pocas líneas á su hija Catali- 
na, refiriéndose á carta más extensa que en aquellos días había 
escrito á Doña Isabel, y que no se ha encontrado entre las que se 
conservan en Turín. Pero estas breves palabras son dignas de 
notarse porque prueban cuan prbfundo era el afecto paternal del 
Rey. «Muy bien hicistes (dice) en escribirme pues los dottores os 
» dieron licencia para ello, porque me quitó mucho cuidado ver 
» carta vuestra y de tan buena letra que no se parecía en ella el 
» mal. Y después supe que estauades ya sin calentura y asi espero 
»que estaréis ya buena del todo, y yo estuviera muy contento, si 
»no supiera el mal de vuestro hermano, que no puede dexar de 
» darme mucho cuidado, aunque espero en Dios que le dará salud 
» y también á la chiquita.» Continuaba el Rey su lento viaje yendo 
de Thomar á Villaf ranea de donde escribió á sus hijas el 13 de Ju- 
nio, pero esta carta se ha perdido, no existiendo de ella más que 
la mención que hace en la del 26 del mismo mes, escrita ya desde 
Almada; infiérese de ella que se despachaba correo los lunes, pues 
empieza el Rey diciendo: «No pude escribiros el lunes paiíado y 
«porque no sea oy lo mismo lo comienzo antes que las otras ce- 
nsas, que quizá me costará acabarlas muy tarde y deseaba escri- 
jíbiros el lunes pasado por deciros lo que avia pasado desde el 
»otro que os escrivi en Villafranca, que fué que luego el otrodia 
«martes dia de San Antonio á 13 de este mes...» Sigue la carta 
donde el Rey da extensa noticia á sus hijas de las expediciones 
que había hecho por el Tajo, de la visita á las galeras, de su ida 
secreta á Lisboa para examinar las obras que se ejecutaban en. Pa- 
lacio para su residencia, haciendo en ella repetida mención de la 
Magdalena de que. habló ya en la carta anterior y diciendo de ella: 



248 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

«Madalena anda oy con gran soledad de su yerno que partió oy 
» para ay, aunque yo creo que lo haze por cumplimiento y estuvo 
«muy enojada conmigo porque le reñi algunas cosas que avia he* 
» cho en Belem y en las galeras y con Luis estuvo muy brava por 
»lo mismo.» De estas palabras se inñere que al menos con sus fa- 
miliares no era tanto el ceño del Rey, y tal su condición, que 
bastase una palabra suya para causarles tal impresión que oca- 
sionase la muerte (1). En cuanto al cuidado exquisito de lo que á 
sus hijos se refería esta misma carta contiene nuevas y abundan- 
tes pruebas; y por lo que toca á su salud y desarrollo son de no- 
tar estos conceptos: «Muy bien es que no traigáis las tocas; y el 
» saliros sangre de narices á vos la mayor ^ creo que dure hasta lo 
i>que parece que ya tarda y asi es bien que dure hasta entonces.» 
Tal vez habrá quien en la tardanza á que el Rey se reñere, encuen- 
tre el fundamento de la infecundidad de Doña Isabel Clara Eujge- 
nia, que según opinión de algunos, se tuvo muy en cuenta para ce- 
derle en dote los Estados-Bajos, sabiendo que habían de volver á 
la corona de España; y más adelante veremos con circunstancias 
especiales que esa tardanza continuó produciendo nuevas señales 
de la impaciencia de D. Felipe. 

Hizo el Rey, como es sabido, su entrada solemne en Lisboa el 
29 de Junio, y el 10 de Julio escribió ya desde aquella ciudad á 
sus hijas; nada les dice en esta carta de aquella ceremonia que 
fué muy solemue y en esta forma: «Atravesando á Tajo en la Ga- 
»lera Real y sus Cortesanos en las demás y en otros muchos baxe- 
» les, fué á desembarcar en una puente de madera que estaua he- 
»cha de lindo artificio; y al punto del salir le hicieron una gran 
» salve los navios del Puerto que eran muchos y también el cas- 
» tillo y torre de Belem. Llegaron los de la Cámara de Lisboa y el 
» Doctor Hetor de Pina le hizo un parlamento significando el con- 
» tentamiento que se auia recebido de su llegada y desculpandose 
» de no auerle antes obedecido por el impedimento de D. Antonio 
»y otras muchas razones en que mostrauan la afición y voluntad 
»que tenían á su servicio. Y partiendo de allí á caballo debaxo de 



(l) «Con un mirar torcido metió algunos en las sepulturas» dice en el sermón de 
honras de Felipe II el Dr. A de Terrones. 



CARTAS DE FELIPE II Á LAS INFANTAS SUS HIJAS. 249 

B un palio de brocado auiendo dado una graciosa respuesta á la 
«ciudad aunque breue, fué caminando acompañado de toda la 
» grandeza que yua á pió hasta la Iglesia mayor á donde le reci- 
» bió el Arcobispo con las Dignidades y llenándole en procesión 
»se hizo la oración: y acabada fué á la casa del bienaventurado 
» San Antonio de Padua á donde otra vez hizo oración: y bolviendo 
» á caualgar fué á Palacio auiendo pasado por debaxo de muchos 
Mmuy ricos y artificiosos arcos triunfales con muchas figuras de 
» bulto y de pintura con muy graciosas y doctas inscripciones (i).» 
Como siempre, se ocupa el Rey en esta carta con especial esmero 
de lo tocante á la salud de sus hijos que la gozaban muy escasa; 
el primogénito D.' Diego había tenido tercianas que atribuye al 
calor, por lo cual esperaba que á todos sentase bien la mudanza 
del alcázar, que por estar cerca del río Manzanares se tenía en aquc^ 
lia estación por mal sano, al Monasterio de las Descalzas Reales, 
« y con las casas (añade el Rey) que se han de tomar creo que no 
» estaréis tan apretados y que os podréis aprovechar de las piecas 
»que caen á la huerta grande, que son muy buenas de verano 
»que lo sé yo muy bien de algunos que estuve en ellas.» El prin- 
cipe D. Diego que murió á poco, fué siempre enfermizo, y ha- 
blando de él dijo en aquellos días el embajador de Frauda Saint- 
Gouard, «el Principe padece unas tercianas dobles que le tienen 
»muy flaco y decaído, y no sé si tendrá complexión para resistir 
» largo tiempo á tantas dolencias como ha sufrido hasta ahora.» 
El mismo embajador las atribuye, así como las que solían aque- 
jar á las infantas, á la manera de vivir que llevaban entonces las 
personas reales, sin duda por el temor que el Conde de Barajas, 
á cuyo cargo estaban, tenía de que les ocurriese algún accidente, 
exceso de cuidado que suele ser funesto para el desarrollo físico 
de los niños, por esto tenía sin duda razón Saint-Gonard para 
decir refiriéndose á los infantes. «Desde que están de vuelta en 
• Madrid nunca han salido para tomar, el aire atribuyéndose esto 
» al Conde de Barajas que ha quedado en su guarda y creo, en 
3» verdad que el Rey católico no le ha encargado que los trate con 
»este rigor, que pueda producir enfermedades tanto á mis dichas 

UJ Herrera, obra citada, fol. 149 vuelto y siguiente. 



250 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

«señoras como á mi señor el principe de España que es tratado 
»de la misma manera. Y en el palacio en que están no hay jar- 
»din, de modo que es menester que estén siempre en las cámaras. 
»En tiempo de la difunta reina iban á paseo con ella y también á 
» Aranjuez, al Escorial y al Pardo, cuando el Rey iba á estos si- 
»tios.» Conforma con esta era la opinión del Cardenal de Gran- 
vella que decía á la Duquesa de Parma: «El principe mi Señor y 
»los demás de la familia real están muy buenos aunque la comi- 
»da que usan teniéndolos tan encerrados no me parece muy 
ȇ proposito para la salud ni para la vida que los principes 
«cuando lleguen á edad deben tener para andar entre las gentes, 
» lo cual me da pena y no dejo de decir con frecuencia mi opinión.» 
El Rey tenía, sin embargo, gran confianza, así en el Conde de 
Barajas como en la Condesa de Paredes, camarera mayor de las 
Infantas, y ambos debían estar muy preocupados con su cargo 
según se infiere de esta carta del 10 de Julio, pues en ella, 
tratando como en todas antes que de ningún otro asunto de 
la salud de sus hijos, dice el Rey: «También holgué mucho 
» de saber que uos la menor estubiesedes ya buena, y no de que 
restándolo subiesedes á la tribuna que os pudiera hazer mas 
»mal, y bien será que entrambas tengáis mucho cuidado de 
«hacer lo que en esto y en todo os dixere la Condesa, pues ella 
»le tiene tan grande de vuestro servicio y de lo que es bien que 
«hagáis y asi os lo encomiendo mucho: que con esto no podréis 
» errar en nada. Y del mal del Conde estoy con cuidado por la 
ji voluntad con que veo que os sirve á todos y espero que tendrá 
«salud como es menester.» 

Siguiendo su costumbre, el Rey da en esta carta noticia á sus 
hijas de todo lo ocurrido desde la anterior, hablándolas de que el 
día antes, esto es, el 9 de Julio, le habían estado á visitar dos in- 
fantes moros, tio y sobrino, con gran acompañamiento de los su- 
yos á pie y á cah^illo.. Estos príúcipes eran hermano y sobrino del 
Rey negro que murió en la rota de Alcazarquivir, los cuales se 
habían acogido á Portugal bajo la protección del Rey Enrique; 
Dice luego el Hey que aquella misma mañana había salido del 
puerto de Lisboa una armada de 14 á 15 galeones para las islas 
Azores que estaban por D. Antonio, cuya armada visitó por 



CARTAS DE FELIPE II Á XAS INFANTAS SUS HIJAS, 251 

la tarde Felipe II, yendo en la capitana, donde la chusma, se- 
gún costumbre usada todos los sábados, cantó la salve acompa- 
ñando las voces: «unos ministriles que son esclavos de la galera 
»que son muy buenos y tañen muy bien muchos instrumentos». 
Termina la carta hablando de Magdalena de quien dice: «fué oy 
»á la galera después que yo, y creo que anduvo un rato mareada, 
»y hasta agora no se usa desmandar mucho por este lugar, creo 
»que es por que no le den grita como Jes dan á otros diciendoles 
daca la cuerda. n 

La carta que sigue á la anterior es de 14 de Agosto, siendo in- 
dudable que faltan algunas intermedias, más interesantes que 
esta que es de las más breves, aunque no menos curiosa; siem- 
pre es el asunto principal la salud do sus hijos que estaban por 
entonces restablecidos de varias dolencias, menos el infante Don 
Felipe acerca del cual dice su padre: «Bien creo que los médicos 
shauran tenido el cuidado que decis y que el mismo tendrán 
Dhasta que esté bueno el chico»; quéjase luego del calor que aque- 
llos días había reinado añadiendo: «mas no tanto como en Bada- 
»joz con naucho y no me querría acordar de tan mal lugar». Ya 
van dichos los motivos que tenía el Rey para hablar así de Ba- 
dajoz donde murió su mujer y él estuvo á las puertas de la muer- 
te. Por último, en esta carta y después de escrita la fecha dice: 
«allá creo que tendréis cuatro embajadores de Veneciaquese han 
«despedido ya de mi», uno de ellos era Juan Francisco Morossi- 
ni de cuya relación hablamos antes, el cual acompañó á Lisboa á 
Vicente Tron y á Gerónimo Lippomano, enviados por el Senado 
de la república para felicitar á Felipe II, por su exaltación al trono 
de Portugal; con ellos fué Mateo Zane, nombrado para sustituir 
á Morossini en su cargo cerca del Monarca. 

Ofrece particularidades muy curiosas, la carta que sigue á )a 
anterior que es del 11 del mismo mes de Agosto; muéstrase el 
Rey en ella muy satisfecho de las buenas nuevas que las infan- 
tas le habían dado de la salud de todos sus hijos y habla de la 
suya propia diciendo: «Estos dias he andado un poco desconcer- 
»tado no se si tiene la culpa de ello haber comido más melón al- 
agunes dias antes, que los había muy buenos, mas yo creo que 
»no y aunque he quedado un poco cansado, creo que me ha her- 



252 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

»cho provecho». Más adelante contradiciendo á los que le tachan 
de indiferente é insensible con los suyos: «Con mucha verdad 
wpodreis creer (dice el Rey) que os deseo ver y á vuestros herma- 
»nos: placerá á Dios de ordenarlo de modo que pueda ser presto 
como lo espero». Habla luego D. Felipe de la carta que le había 
escrito la abadesa de las Descalzas Reales de Madrid que lo era 
entonces Sor Juana de la Cruz, de la que da larga noticia en su 
libro Relación histórica de la Real fundación del Monasterio de 
las Descalzas Reales el Padre Fray Juan Carrillo (1), mostrán- 
dose muy contento de que las infantas asistieran á las fiestas 
religiosas que se celebraban en el Monasterio; y aprobando que 
se abriese una puerta de comunicación entre las casas que la 
Real familia ocupaba y el convento; con este motivo dice: «Ypa- 
»rece que nos avernos encontrado en ir en un mismo dia á las 
^Descalzas, vosotras á las de ay y yo á las de aqui que se llaman 
»la Madre de Dios, y por estas creo que hizo mi hermana ese mo-^ 
nasterio». En efecto, así fué, según consta en el libro antes citado. 
El Rey describe luego menudamente su visita al monasterio 
portugués haciendo notar que no había entrado en ningún conven- 
to de monjas hasta entonces que le rogaron lo hiciese, pues tenían 
tal privilegio los Reyes. Concluye la carta en estos curiosos tér- 
minos: «Y sea norabuena avor cumplido vos la mayor xv años 
«que es gran vejez vos tener ya tantos años aunque con todo esto 
Tücreo que aun no sois mujer del iodor>. Preocupación é insisten- 
cia respecto á lo que ya dice en otras cartas que demuestran la 
atención y el cuidado que daba al Rey á cuanto se relacionaba 
con sus hijos. 



lU. 



Desde el 21 de Agosto hasta 2 de Octubre hay en la colección 
de estas cartas, una laguna que á nuestro parecer no se puede 
atribuir, sino al extravío de variáis de ellas;, la de esta última fe- 
cha está escrita en Cintra y describe la expedición que Felipe II 



(1) Madrid, 1621. 



CARTAS DE FELIPE 11 Á LAS INFANTAS SUS HIJAS. 253 

había hecho á este pueblo y á Cascaes desde Lisboa, de donde fué 
embarcado, dando noticia á sus hijas del accidente que le produjo 
haber metido una pierna en el agujero del n^astil de una nave des- 
arbolada que, por estar la mar baja, tuvo que pasar para embar- 
carse; añade que porqué el barco entró mar adentro él y su so- 
brino se marearon algo; y luego da noticia de los jardines de 
Cascaes de los que dice: «y son buenos y muchos y muy buenas 
«fuentes que las tomarla yo para allá», habla después délos mo- 
nasterios que allí habia, especialmente del que llamaban: «Nues- 
»tra Señora da Penna que tiene este nombre, porque está todo él 
«sobre una peña muy alta de donde se descubre gran vista de mar 
»y tierra, sino que hay tanta niebla que lo más del tiempo no se 
»ve.» Resulta de esta carta que se abrió la puerta que había de 
poner en comunicación el Monasterio de las Descalzas Reales de 
Madrid con las casas que habitaban las infantas, pues el Rey 
escribe: «Y he holgado de que fuerades á misa el dia de San 
«Mateo por la puerta nueva», y al hacer notar á sus hijas que 
otro día que fueron al Monasterio no lo era de San Victór, sino 
de San Mauricio, recuerda que están allí las reliquias de aquel 
Santo que. fueron traídas de Viena, y regaladas á aquel Monas- 
terio por Ana de Austria cuando vino á casarse con Felipe II {!)• 
El 23 de este mismo mes de Octubre dice el Rey á sus hijas: 
«El luües os escriví tan largo que tendré agora poco que decir» 
la carta á que esta se refiere no puede ser la del 2 de que hemos 
dado cuenta, sino otra probablemente del 16 cuya pérdida es tan- 
to más sensible cuanto que siendo larga no podía dejar de conte-r 
ner noticias curiosas: en esta del 23, las da de la salud del Archi-^ 
duque que padecía entonces una enfermedad que llegó á tener 
alguna importancia, sobro lo cual escribe el Rey «aunque es 
»poco el mal, me da á mi harto cuidado y mas siendo en los días 
que es» y mostrando el que suele por sus hijos dice do D. Diego: 
«Pues decis que vuestro hermano leería mejor si tubipse mas 
«cuidado, acordalde que le tenga, para que quando yo baya, pla- 
• ciendo á Dios, sepa ya leer bien y escribir algo, y decilde que 
»para quando escriviere yo lé enviaré una escrivania de la India. 



(1) Relación histórica etc. de Fray Jaan Carrillo, folio 50* 



254 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

• » Y muy de tarde en larde me parece que os veis pues decis que no 
Des sino las fiestas.» Curiosísima es esta última noticia que da 
idea de las costumbres de la familia real, pero debe notarse que 
al padre le parecía mal que no se viesen y tratasen con frecuen- 
cia los hermanos. La ya conocida Magdalena ocupa importante 
lugar en esta carta, avivando el deseo de saber quién fuese y qué 
papel hacía en la familia, que desde luego se ve que era impor- 
tante, pues no de otra manera se explica que dijese el Rey. «Ma- 
»dalena está muy enojada con migo, después que os escrivíó, por 
» que no reñí a Luis Tristan por una quistion que tuvieron de- 
wlante de mi sobrino, que yo no la vi, y creo que la comencé 
«ella, que ha dado en desonrarle. Se ha ido muy enojada con- 
» migo diciendo que se quiere ir y que le ha de matar: mas creo 
Dque mañana se la havrá ya olvidado.» Este cuadro de la vida ín- 
tima del gran monarca no tiene nada de común con los que nos 
han pintado la mayor parte de los que de 61 hablan. 

Aún mas breve qne la anterior es la carta de 30 de Octubre; 
casi no es más que el acuse de recibo, como ahora se dice, de dos 
que le habían escrito cada una de sus hijas, incluyéndole otra de 
la Emperatriz su hermana, por la que muestra el Rey .no menos 
afecto que por sus hijas; en ella da además noticia de que la en- 
fermedad de su sobrino el Archiduque creció después de su ante- 
rior, pero que ya iba mejorando. Una ó dos cartas deben faltar 
entre esta y la del 20 de Noviembre en la que dice que «ya: avia 
» savido como á vos la menor os avia faltado la quartana de que 
»me holgué mucho y creo que no lo debió ser.» Habla luego de 
estar ya bueno su sobrino; y de su hermana que suponía ya pron- 
ta á desembarcar en Barcelona y añade: «tengo os mucha envidia 
»á que lo sabréis primero que yo» y por último les avisa el envío 
de cuentas de perdones y agnus-dei que le había dado el legado 
del Papa, Cardenal Alejandro Riario, cuando estuvo á verle en 
Badajoz al despedirse de él en Elvas. 

Más de un mes media entre esta y la carta fecha en Lisboa el 
25 de Diciembre, la cual aunque corta es curiosísima: «No pude 
» escriviros el lunes pasado (dice el Rey) ni agora podré respon- 
» deros, por que es tarde y no se cufre trasnochar esta noche, por 
» que la pasada me acosté á las tres, por que se acabó poco antes 



CARTAS I>K FELIPE II Á LAS INFANTAS SUS HIJAS. 255 

»la misa del gallo que oi y los maytines...» ya se da por entera- 
do de la llegada de su hermana á España, aunque no había reci- 
bido hasta aquella misma noche carta suya escrita en Octubre al 
día siguiente de su desembí^rco. 

La carta que sigue á la anterior es del 15 de Enero del 82 y casi 
empieza por esta agudeza tan contraria á lo qjue se cree general- 
mente del espíritu tétrico y sombrío del Rey. «Y paréceme que 
»se da mucha priesa vuestra hermanica en salirle los colmi- 
»llos: deben ser en lugar de dos que se me andan por caer y bien 
Dcreo que los llevaré menos quando baya ay, y con que no sea 
»mas que esto se podrá pasar.» Después de dar noticia délas ho- 
ras canónicas que rezaban en su capilla y que no oía « por tener 
mucho que hacer» se muestra el Rey inquieto por no haber tenido 
noticias de su hermana desde las que ella le dio al día siguiente 
de desembarcar, atribuyéndolo á que tal vez se hubiese ahogado 
algún correo, por las muchas y grandes tempestades de agua y 
truenos que habia por entonces; volviendo á ocuparse largamen- 
te de Magdalana hace de ella este retrato poco halagüeño: «Ya 
»creo que Madalena no. está tan enojada con migo, pero ha dias 
»que está mala y ase purgado y quedado de muy mal. humor y 
»ayer vino acá y está muy mal parada y flaca y vieja y sorda y 
«medio caduca y creo que es todo del bever, que por esto creo 
»que huelga de estar sin el yerno.» Luego avisa á sus hijas 
el envío de un obsequio que demuestra su ternura. «Dieronme 
» (dice) el otro dia lo que va en esa caja y dixéronme que era lima 
©dulce, y aunque no creo que es sino limón os lo he querido en- 
»viar, por que si fuere lima dulce no he visto ninguna tan gran- 
»de... También van allí unas rosas y azahar por que veáis que lo 
»ay acá; y así es que todos estos dias me trae el Calabrés (1) rami- 
» lletes de lo uno y de lo otro y muchos dias ha que los ay do 
«violetas.» ¿No es verdad que sorprende saber que Felipe II se 
complacía coqio el hombre más sensible en rodearse de flores y 
enviarlas de regalo á sus hijas, ocupándose en estas cosas hasta 
el punto de decirles que allí no había junquillos aunque había 



(l) Este Calabrés según se inñere de estas cartas era el jardinero mayor del Rey. 



256 BOLETÍN DE LA REAL ACADExVÍIA DE LA HISTORIA, 

Otras cosas y que según lo que Uovía los habría presto en Madrid 
apara quando mi hermana venga o poco después» según las pa- 
labras del monarca? 

La carta de 29 de Enero que sigue á la anterior entre las pu- 
blicadas , es de las más largas de la colección , aunque empieza 
diciendo, que por ser en respuesta de otra suya tendría poco que 
contestar á las que le escribían sus hijas á quienes dice que su 
hermana la Emperatriz habría salido de Barcelona el 22, si bien 
él creía que no había de llegar á la corte hasta fines de Febrero 
ó principio de Marzo que lo era también de la cuaresma. Curio- 
sas son estas palabras que se leen en la carta de que nos vamos 
ocupando hablando de su hermana. «Lo que me decis, y que nos 
»soliamos parecer algo y mas que todo en el befo no sé agora lo 
»que será.» Pues es sabido que todas las personas de la casa de 
Austria tenían el labio inferior saliente y algo caido, porque la 
mapdíbula superior entraba en la inferior contra lo que suele su- 
ceder de ordinario. Partiendo del supuesto de que la Emperatriz 
quería ir á San Lorenzo, dice el Rey: «Yo andaba por escribir á 
«Herrera á dar una buelta á las obras para que no hubiera falta 
j)en ellas:» excusado es decir que aquí se trata del insigne arqui- 
tecto que como se ve no dirigía de continuo las obras del Esco- 
rial, trazadas primero por Juan de Toledo, las cuales corrían 
especialmente á cargo del P. Villacaatín, de quién tan com- 
pleta noticia nos da el P. Sigüenza en su historia del monasterio, 
y á este propósito conviene advertir que, al decir Felipe II que 
su hermana la Emperatriz querría posar donde él solía cerca de 
la iglesia, no podía referirse á las piezas que ahora dan al presbi- 
terio del actual templo donde murió el gran monarca , pues la 
magnífica fábrica no se acabó hasta el año de 1586, sino á la igle- 
sia que sirvió mientras la otra se construía, y á las habitaciones 
que junto á ella ocupaba el Rey, hasta que se terminaron las 
obras de aquel grandioso edificio. Describe el Rey en esta carta 
la maniobra de botar al agua un galeón que con otros se labró 
bajo las ventanas de su palacio de la Ribera, desde donde solía 
contemplar, según escribía por aquel tiempo el embajador de 
Francia, las faenas de las naves. La residencia real era el castillo 
de San Jian, esto es, San Julián, siendo esta también la advoca- 



CAHTAS DE FELIPE II Á LAS INFANTAS SUS HIJAS.. 257 

ción de la parroquia de la casa donde el Rey oyó misa el día antes, 
que fué domingo, según escribe á sus hijas. 

Es de creer que no hubo ninguna intermedia entre esta carta y 
la del 19 de Febrero, pues el Rey empieza diciendo: «No creo que 
»os escrivi oy ha Qcho dias y asi tengo las cartas de dos correos:» 
y la respuesta que á ellas da es de una efusión de afecto á los 
suyos que no puede menos de sorprender á los que tienen de Fe- 
lipe II el concepto generalmente admitido; sería menester co- 
piarla toda para apreciar debidamente su espíritu; pero bastará 
con estos períodos: «Y por ser tarde no os diré sino que os tengo 
»gran envidia de que. creo que, quando llegue esta, haureís ya 
»visto á mi hermana o estaréis muy cerca de verla. Y sino se ha 
«detenido en el camino ya la haureis visto. Y escribidme muchas 
. » buenas nuevas della que asi espero que serán, y si viene gorda, 
» o flaca, y si nos parecemos agora algo, como creo que solíamos; 
» y bien croo que no estará tan vieja como yo.» Dice luego el Rey 
á sus hijas que también les tiene un poco de envidia de ir al Pardo, 
porque le habían escrito que estaba muy bueno, y después de 
mostrarse contento de que le saliesen bien los segundos dientes 
al Príncipe D. DiegOj de hablar de las obras del Escorial y de las 
flores de Aranjuez, refiriéndose á uno de los obsequios que de 
continuo enviaba á las infantas desde Lisboa, dice: «Si los guan- 
»tes son tan grandes como decis mejor serán para vos la mayor 
»para quien no lo eran, que bien creo que para vuestra prima lo 
» serían, y escrividme quien es mayor ella o vos la menor y dadle 
«entrambas un recado de mi parte el que á vosotras os pareciere, 
»que bien creo puedo fiar de entrambas que se le sabréis bien 
»dar.» Confianza bien fundada del Rey en el ingenio y discreción 
de sus hijas que tan relevantes pruebas dieron con el tiempo de 
poseer estas calidades. 

La carta siguiente de 5 de Marzo es toda alborozo por las bue- 
nas nuevas que le habían dado sus hijas de la familia y especial- 
mente de su hermana y de la hija dé esta Doña Margarita, á 
quienes sé obsequió con cacerías y fiestas de campo en el Pardo; 
y hablando luego de lo que á su persona se refería, no puédeme- 
nos denotarse con especial interés. lo siguiente: «Por ser tarde 
»no tengo tiempo de deciros mas sino que ayer predicó aqui en 

TOMO IV. 18 



258 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

\ 

» la capilla Fray Luis de Granada y muy bien aunque es muy 
» viejo y siii dientes.» En efecto, habiendo nacido Fray Luis en 
el año 1504, tenía en aquel de 1582 setenta y ocho años, y aunque 
no Diiurió sino seis después estaba ya muy enfermo; su fama era 
grandísima y merecida como escritor y como orador sagrado, y 
place verla confirmada por el Rey en términos tan significativos, 
sin que le hiciera desmerecer en su concepto el engaño de que el 
candoroso sacerdote fué víctima dando por verdadero cierto breve 
de S. S. fingido que unos frailes sus hermanos le presentaron y 
que era muy desfavorable á la política de Felipe II y á sus dere- 
chos al trono de Portugal (1). 

En la carta del 19 de Marzo contesta D. Felipe á las que había 
recibido de sus hijas , dándole noticias de los obsequios que se 
seguían haciendo á su hermana la Emperatriz , y especialmente 
del viaje al Escorial; sábese que en aquella ocasión llegaron las 
personas reales al monasterio, aún no concluido, el 27 de Febre- 
ro, siendo recibidas por los frailes gerónimos con las ceremonias 
debidas á su elevada jerarquía, esparciéndose aquellos días en la 
Fregeneda que el Rey había comprado á diferentes vecinos de Se- 
govia para que sirviera de lugar de recreo, juntamente con la 
Herrería, que como dice el P. Sigüenza: «mirada desde el mismo 
» convento parece una mata de albaca en verano que es gran ali- 
» vio de la soledad y de la vista.» El texto de esta carta como el 
de las otras, tiene varias erratas en la edición del Sr. Gachard, y 
aquí recaen en los nombres de estas dehesas, siendo de notar que 
hablando de la última expresa el Rey conceptos análogos á los 
que hemos recordado del P. Sigüenza, pues dice á sus hijas : «y 
j>esto no me lo habéis escrito ni como estaba la Hesteria (debe ser 
«Herrería) aunque bien sé que pasaste muy poco por ella y por 
» esto nada debió de echar de ver mi hermana , que quando está 
nioda verde ya sabéis que no hay mejor cosa en todo aquellú.i> 
Hablando luego de sus hijos el Rey, escribe en estos términos: 



(1) Sobre este particular véase el tomo 34 de los Documentos inéditos: no recuerdo 
que hable de este particular ningún biógrafo del P. Granada, pero como también fué 
victima de otro engaño, creyendo en los prodigios de Sor María déla Visitación, Priora 
de la Anunciada de Lisboa infiero, que como en muchos grandes hombres, el P. Gra* 
nada juntaba á su grande entendimiento y elocuencia un espíritu candoroso. 



i 



CARTAS DE FELIPE II Á LAS INFANTAS SUS HIJAS. 259 

I 

«De vosotros me dan todos muy buenas nuevas y de que estáis 
7) muy grandes. Según esto deveis de aver crecido mucho , á lo 
» menos la menor. Si tenéis medidas avisadme quanto habréis 
3) crecido después que no os vi y enviadme vuestras medidas muy 
»bien tomadas en cintas y también la de vuestro hermano que 
» holgaré de verlas aunque ínas holgaría de veros á todos.» 

El 2 de Abril dice el Rey á sus hijos que holgó mucho pon sus 
cartas y «con vuestras medidas,» añadiendo que les tenía envi- 
dia por andar con su hermana «y después por la ida de Aranjuez 
»y de Aceca.» Les da noticias de haber asistido el día antes á un 
auto de fe, enviándoles el papel de su descripción. Llevóse á cabo 
la excursión á Aranjuez, según resulta de la carta de 16 de Abril 
en que el Rey contesta á las de sus hijas, á las cuales dice: «Mu- 
» cho holgué con vuestras cartas y con las nuevas que me dais de 
«Aranjuez. Y de lo que mas soledad he tenido es del cantar de 
»los ruyseñores que ogaño no los he oido como esta casa es lejos 
»del campo.» La Emperatriz había partido ya para Portugal y 
D» Felipe se disponía á ir á su encuentro el 18. de Abril para reu- 
nirse con ella en Almeyrin, pero después de dar á sus hijas es- 
tas noticias vuelve á hablarles de Aranjuez y de las cacerías que 
allí hubo en obsequio de su hermana, sóbrelo cual les dice: «muy 
yi grandes vallesteras creo que deveis estar entrambas pues tam- 
Dbien matastes los gamos y tantos conejos. Y decisme vos la ma- 
» yor que vuestro hermano cobró mucha fama (y creo lo decis por 
«vuestra hermana y es asi según lo que dccis adelante sino que 
»por la a pusiste la o y otra palabra se os olvidó), creo que devis- 
»tes escribir la carta á priesa.» Véase como el Rey en medio de 
las graves atenciones de su cargo, que nunca abandonaba, tratán- 
dose de. sus hijos llevaba su cuidado hasta estas particularidades; 
habla después de las tormentas que, como en Aranjuez, había ha- 
bidp aquellos días en Lisboa con tan grandes truenos, «como el 
» del. rayo de San Lorenzo.» El Rey alude aquí á la tempestad que 
se ^OBOacadenó en el Escorial en la noche del 21 al 22 de Julio de 
1577, víspera de lia Magdalena, y al incendio de la torre del Reloj, 
que produjo el rayo bailándose en el monasterio Felipe ÍI con la 
Reina acompañado del gran Duque de Alba; primer siniestro de 
esta especie entre los varios que ha sufrido aquel grandioso edi- 



260 



BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 



ficio, habiendo tenido lugar por idéntica causa el último en el 
año de 1871, después del cual se han colocado en él varios para- 
rayos para evitar que se repitan. Vuelve el Rey á hablar en su 
carta de las obras de Aranjuez y respecto á aquel real sitio, dice 
á sus hijos: «Y he miedo que deven de aver dado mano al pes~ 
»cado del estanque de Hontigola pues no se pescó ninguno.» 

Estaba la familia real de luto por la muerte de la Reina, y con- 
testando sin duda á una pregunta de sus hijas les dice: «Bien po- 
»dreis poner oro con lo negro cuando se case Doña Nude (?) Dietris- 
tan.» Supone Gachard, en nuestra opinión con fundamento, que- 
esta señora debe ser la tercera hija del barón Adam deDietrichs- 
tein, que vino á España acompañando al Archiduque Maximi— 
liano en 1548, y cuando este fué Emperador le hizo su embajador 
en Madrid, donde casó con Doña Margarita de Cardona, apellido- 
que usó Doña Ana, la cual formaba parte de la servidumbre de: 
las Infantas hijas de Felipe II. Según López de Haro en su nobi- 
liario, casó Doña Ana con D. Antonio de Fonseca, primer Conde 
de Villanueva de Cañedo por merced del católico Rey D. Felipe II, 
y sin duda á este casamiento se refiere en esta carta que termina 
dando á sus hijas noticias de las procesiones, monumentos y otras 
fiestas de la semana santa, que había presenciado desde las ven- 
tanas de palacio que daban á la capilla, salvo «al encerrar y des- 
encerrar el Santisimo Sacramento que bajó á ella por una esca- 
lera que alli habia.» 

Sigue en la colección la carta de 7 de Mayo fecha en Alnleyrin> 
en la que el Rey da cuenta á sus hijos de haber recibido tres de 
cada una de ellas , y aunque dice estar de prisa , es una de las- 
más largas de esta serie, y está casi toda consagrada á dar noti- 
cia del viaje hecho para recibir á su hermana la Emperatriz, re- 
firiendo con emoción vivísima su primera entrevista con ella, que 
tuvo lugar en el camino adonde se adelantó á recibirla, lo cual 
refiere en estos términos : « Y el viernes que mi hermana avia d© 
«venir á Maja, fui yo alli, adonde se quedó Magdalena á espe- 
»rarla , y llegué antes que mi hermana, y por que Uovia mucho 
» pasé adelante en el carro hasta topar con mi hermana mas de 
» media legua de alli, y sali del carro á prisa y la fui á besar las 
» manos antes que pudiese salir del suyo en que venían ella y m¡ 



CARTAS DE FELIPE II Á LAS INFANTAS SUS HIJAS. 261 

» sobrina de una parte , y á la otra la duquesa y otra que no co- 
»nozco muy bien... y lo que ella y yo holgaríamos de vérnoslo 
»PQdeis pensar muy bien , haciendo 26 años que no nos hablamos 
^ visto , y aun en 34 años solas dos veces nos avemos visto y bien 
» pocos dias en ellos.» Hablando luego del mismo asunto y con 
idéntico afecto, dice: «Mi hermana viene muy buena, y me dice 
« que mejor desde Guadalupe acá que antes de alli, aunque oy la 
» oí toser un poco. » Como en todas se revela en esta carta su amor 
paternal, reprendiendo dulcemente á sus hijas en estos términos: 
^Y bien os aveis callado la cayda que vos la menor, distesen 
»Aranjuez y aun creo que otras cosas, y no penséis que lo de la 
«cayda me lo ha dicho Tofiño, que conao digo casi no le he ha- 
»blado, mas el lacayo que se halló alli creo que puede dar mas 
» nuevas de la cayda y assi se las pienso preguntar. » Como asunto 
que siempre interesa á las mujeres, el Rey habla á sus hijas del 
vestido que traían las que acompañaban á su hermana , diciendo- 
Íes: «No me parece que traen tan grandes lechuguillas las damas, 
» deven las de averias achicado después que vieron las de ay.» 
Ocúpase , por último , de las obras que se hacían en Araujuez, 
que ya comprendía por las nuevas explicaciones que de ellas le 
habían dado sus hijos. 

Hasta el 4 de Junio siguiente no hay en la colección carta del 
R^y í y 1^ d^ ®sta fecha está escrita en Lisboa adonde había vuelto 
con su hermana ; toda ella está llena de noticias referentes á su 
familia, siendo de notar este curioso párrafo: «Agora he visto la 
j) carta en que me dices que os avia ya escrito otra vez de las ven- 
» tanas que my hermana tiene á la capilla y también lo avia di- 
j)Cho en esta carta, de manera que con esta os le he escrito tres 
» veces , por aqui veréis qual de ve andar la cabeza con tantas cosas 
» como la cargan. » El Sr. Gachard , dice que no ha entendido bien 
el siguiente párrafo, que para nosotros los españoles es tan claro 
en sus alusiones que no necesita comentarios que lo expliquen. 
«No se si á vuestra hermana la habrá vuelto la enfermedad, que 
j>ya deve ser tiempo y devese correr con ella, pues no ha dicho 
9 nada, y no se si vos también de que la aya tenido primero que 
Dvos, y si fuera entonces la cayda, quizá tuviera masque contar 
»el lacayo del conde.» Las quejas de la vida sedentaria que He- 



262 BOLETÍN DE LA BEAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

» 

vaban las Infantas debieron producir su efecto, y sin duda por 
eso dice el Rey : « Y muy bien haréis en ir á la huerta del Campo 
» y es asi que no está como solia, mas creo lo estará, por que en- 
» vié de aqui uno por teniente del Galabres que creo que tendrá 
» mas cuenta con ella. » Hablase aquí de la actual Gasa de Campo, 
sitio entonces como ahora de recreo y solaz de la Real familia, y 
de muchos que con facilidad alcanzan permiso para entrar en ella. 

En 29 del mismo mes de Junio y también desde Lisboa, escribe 
el JRey á sus hijos dándoles noticias de haber estado enfernaas su 
hermana y su sobrina, y es de notar que hablando de esta, dice 
D. Felipe: vY esta tarde medixo Valles que estaña sin calentura, 
» y quando el lo dice bien se puede creer. » Señal de la confianza 
que le inspiraba su médico, cuya fama, como es sabido, fué tal^ 
que le valió el renombre de divino^ y aunque ocupa tan alto lu- 
gar en la historia de la medicina española, sin duda el Sr. Ga- 
chard no tenía de él noticia, pues refiriéndose á su persona, sola 
dice que en las nóminas que se conservan en Palacio figura t^n. 
Antonio Valles, cirujano del común de los horgoñones. Después á& 
hablar de la costumbre alemana de regalar á los que por primera 
vez se sangran, por lo que uno le había regalado á su sobrina dos 
pollos vivos, y de dar noticia de la procesión del Corpus en Lis- 
boa, ocupan el final de esta carta Magdalena y Morata, que en 
aquellos días andaba enfermo, y que no cabe ya duda, por lo que 
de él dice, que era un bufón muy apreciado de la Real familia (1). 

A los dos días de escrita esta carta, el Rey tuvo un ataque de 
gota en la mano derecha que le produjo fiebre y le obligó a guar- 
dar cama, pero sin duda se mejoró algún tanto, pues en la de 
30 de Julio habla de otra, que no se conserva, posterior á la del 
25 de Junio; sin embargo, la indisposición hubo de reproducirse 
y agravarse, aunque el 24 de Julio avisaban que ya estaba fuera 
de peligro , si bien todavía en cama. El Rey confirma estas noti- 
cias, que por su parte trasmitía á la Reina de Francia Catalina de 
Médicis el embajador Saint Gouard que de Madrid había ido á 
Lisboa á dar explicaciones que nunca fueron satisfactorias de la 
armada que se aprestó en los puertos de Francia para favorecer la 

' ■ II I lil i lí 

(1) Véase más adelante en nota la curiosa carta del Sr. Madrazo. 



CARTAS DE FELIPE II Á LAS INFANTAS SUS HIJAS. 263 

causa de D. Antonio, el despacho de Saint Gouard es de 23 de 
Julio y se conserva en la Biblioteca Nacional de París, y ya el 
30 dice Felipe II á sus hijas: «Después que os escribí el otro dia 
»he ido siempre mejorando aunque algo despacio. De dos á tres 
»dias á esta parte me parece que es mas á apriesa, aunque todavía 
»tomo xaraves á las mañanas y bien vellacos, por que tienen ruy- 
»barbo y bevo una vez de dos que bevo agua de agrimonia. » Du* 
ranle la enfermedad y por causa de ella, el Rey había dejado de 
contestar á varias cartas de sus hijas, y dice: «Por ser ya viejas 
» acuerdo de no responder sino quemarlas por no cargar mas de 
^papeles.» Muchos, en efecto, escribió Felipe II y se escribieron 
en su tiempo, pues á pesar del transcurrido desde entonces, sé 
conservan infinitos en los archivos públicos y en poder de parti- 
culares, siendo doloroso que gran parte der ellos hayan ido á pa- 
rar en nuestros dias al extranjero, y es muy de temer que lleven 
otros el mismo camino, privándonos de los documentos fehacien- 
tes de la época más gloriosa de nuestra historia nacional. El Rey 
avisa en esta carta á sus hijas de una nao de la flota de las Indias 
en la cual venía un elefante que el Virey enviaba para el Prín- 
cipe D. Diego, por lo cual escribe: «Decid á vuestro her- 
»mano esto del elefante y que le tengo un libro que enviar en 
» Portugués, para que por él aprenda que muy bueno seria que lo 
«supiese ya hablar; que muy contento vino don Antonio de Cas- 
» tro de las palabras que le dixo en portugués que fué muy bien 
» si asi fué. » Los motivos políticos que para expresarse de este 
modo tenía el Rey fáciles son de adivinar, aunque la muerte im- 
pidió que D. Diego, jurado Príncipe sucesor en las Cortes de 
Thomar, llegará á reinar sobre los portugueses. 



IV. 



Otra laguna considerable hay en esta correspondencia, pues la 
carta que en ella sigue á la anterior es del 3 de Setiembre y casi 
toda ella está consagrada á las noticias que el Rey da á sus hijas 
de la procesión que el día antes había visto con su hermana y sus 
sobrinos desde las ventanas, que, pasado el aposento de aquella, 



264 BOLETÍN. DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

daban de palacio á la rúa Nova. Esta procesión, que. era solo de 
la parroquia de San Julián, fué de lasque aquí llamamos de 
minerva y debió ser magnífica, porque según noticias del tiempo 
se gastaron en ella más de doce mil ducados. Se hacía con este 
esplendor cada siete años, pero entonces se anticipó dos en 
obsequio del Rey. En ellas figuraron como era costumbre taras- 
cas y gigantones, sobre lo cual dice el Rey: «y cierto me ha pe- 
))sado mucho de que no la viesedes ni vuestro hermano, aunque 
«hubo unos diablos que parecían á las pinturas de Hieronimo 
»Bosc (1), de que creo que tuviera miedo.» El Rey concluye esta 
carta hablando de las flotas que se esperaban de las Indias, asunto 
de que da mayores noticias en la de 17 de Setiembre que sigue á 
esta y que es de gran interés por referirse, aunque muy indirecr 
lamente á las campañas navales del gran marqués de Santa 
Cruz. Fueron estas entonces de la mayor importancia aunque no 
terminaron con la gloriosa victoria alcanzada por el Marqués 
el 26 de Julio de aquel año, en las costas de la isla de San Mi- 
guel sobre la escuadra al mando de Strozzi en que iba el prior de 
Ocrato D. Antonio, pretendiente de la corona de Portugal, quien 
huyó de la pelea aun antes de la derrota, por lo que dijo.de él 
Cabrera en su historia de Felipe lí: «Los tímidos no son capaces 
«de generosas resoluciones y en compañía de valientes horiibres 
»aun no ven el daño cuando débiles procuran apartarse del, im- 
«pidiendo el salir con la empresa (2).» Para celebrar está gran 
victoria hubo fiestas en Portugal, entre otras se corrieron toros, 
y sobre esto dice el Rey: «Si los toros que ay mañana aqui de- 
»lante son tan buenos como la procesión no habrá mas que pe- 
»dir» habla luego de los preparativos que hacía MagdaÜ^ enga- 
lonando un terradillo que tenía sobre la plaza, en lo que andaba 
tan ocupada, que aunque el Rey la exhortaba para que escribiese 
á las Infantas, contestaba que no podía acabar consigo de escri- 
bir en vísperas de toros. Contestando luego á su hija mayor le 



(1) Consérvanse aún en el Museo del Prado, procedentes del Escorial, varios cuadros 
de este pintor, especialmente los que en el catálogo del Sr. Hadrazo tienen los nú- 
meros 1175 á 1181. 

(2) Sobre esta batalla naval, véase los cinco libros de Herrera de la Historia de Por» 
tugaly Conquista de las islas de los Azores; fol. 167 vuelto y siguientes. • 



CA.RTAS DE FELIPE II. Á LAS INFANTAS SUS HIJAS. 265 

dice que las naos de la India no habían llegado sino el día antes, 
esto es, el 16 de Setiembre «y junto con ellas llegó el Marques 
»de Santa Cruz con la mayor parte de la armada» siendo de no* 
tar que nada dice de la gran victoria que acababa de obtener, con 
lo que se adelantó mucho para la quieta y pacífica posesión ddl 
reino de Portugal y de sus importantes colonias que el mismo 
Marqués logró al año siguiente con la conquista de la Isla Ter- 
cera. La descripción de la batalla naval de 26 de Julio con 
todos sus preliminares y consecuencias sirve de materia al ca- 
pítulo VIH del libro xiii de la historia de Felipe II, de Luis Ca- 
brera que lleva por epígrafe: Lo que hicieron las armadas de Es- 
paña y Francia, porque como se sabe, esta última nación sin es- 
tar entonces en guerra declarada y abierta con España, favorecía 
por todos los medios á nuestros enemigos, pudiéndose llamar con 
propiedad «armada de|Francia,» la que , al mando del italiano 
Strozzi fué vencida por el marqués de Santa Cruz, pues la mayor 
parte de sus fuerzas eran nobles aventureros franceses reunidos 
bajo las banderas del prior de Crato, según se vio luego, con au- 
torización del Rey de Francia. El Sr. Gachard ilustra este pasaje 
de la carta de Felipe II á sus hijas de 17 de Setiembre, con cu- 
riosas noticias, una de ellas tomada de papeles de la Biblioteca 
de Paris, dice: «La entrada del Marqués de Santa Cruz en el 
j>puerto de Lisboa fué muy solemne. El Rey, la Emperatriz, el 
» Archiduque Alberto y la Archiduquesa Margarita la vieron desde 
»las ventanas de palacio. El mismo día D. Felipe, su hermana y 
»sus sobrinos recibieron al Marqués que besó sus manos; pero el 
»Rey no le mandó cubrir como él y sus amigos esperaban.» Las 
dos cartas del cardenal Granvella que además de la anterior noti- 
cia publica el Sr. Gachard, son también interesantes, confirman 
lo que en la carta del Rey se indica, y cuenta con extensión Ca- 
brera, y aún con más pormenores Antonio de Herrera en los lu- 
gares citados. Después de esta batalla sobrevino una gran tem- 
pestad que esparció las naves de vencedores y vencidos, y alu- 
diendo á este suceso, dice el Rey: «Y de aquella tormenta que fué 
»el mismo dia que aqui uvo una poca y se quemó ay la puerta de 
«Guadalajara, digo la misma noche se desparcieron cinco ó seis 
•naos que no han llegado aun ni se sabe dellas, aunque se cree 



266 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

»que habrán ido á algún otro puerto. No ha sido malo quemarse 
)»la puerta de Guadalajara por que antes embaracaua allí aquella 
»torre y estará la calle muy buena sin ella mucho mejor que es- 
piaba antes.» La historia de este incendio es muy sabida, pero 
BO puede menos de llamar la atención que á Felipe II le pare- 
ciera bien, porque en efecto destruida la torre quedaba franca y 
expedita la calle que ahora llamamos Mayor y que ha sido hasta 
época reciente y desde entonces la principal y más hermosa de 
la corte (í). 

En el párrafo final de esta carta se leen estas palabras: «Muy 
»bien es que vuestro hermano no tenga miedo, como decis vos la 
»menor y no creo que lo tuviera de los diablos de la procesión 
»por que venian buenos y vianse de lexos y mas parecían cosas 
»de hieromovoces que no diablos.» El Sr. Gachard dice que no ha 
podido entender la palabra subrayada, sin duda porque no acertó 
á leerla en el original, pues teniendo en cuenta lo que dice el 
Rey en su carta anterior, es claro que aquí hablando de los figu- 
rones de la procesión de Lisboa repite su idea diciendo que pare- 
cían cosas de Hieronimo Vos, el pintor fantástico de ^ue ya nos 
hemos ocupado. 

Sigue á esta la carta de t.° de Octubre, pero como se verá luego 
se ha extraviado una intermedia. Empieza el Rey según costum- 
bre ocupándose de su familia y mostrándose muy complacido de 
las buenas nuevas que le dan sus hijas de la salud de sus herma- 
nos, cosa que no era frecuente y que duró muy poco, pues Dios 
no favoreció á estos príncipes con el inestimable bien de la salud. 
Después de esto es curioso lo que dice de las letras coloradas que 
enviaba por segunda vez al Príncipe D. Diego para que henchién- 
dolas aprendiera á escribir, método que hoy no se usa y que con- 
sistía en pasar la pluma mojada en tinta negra sobre las letras 
coloradas para acostumbrar la mano á formarlas sin esa pauta; 
después dice el Rey: «De los toros ya os escribí el otrq dia quan 



(1) Sobre el incendio de la puerta de Guadalajara, véase el Antiguo Madrid de 
Mesonero Romanos, pág. "TO, y la Historia dé la Villa y Corte de Madrid^ tomo lii, p^- 
ginas 105 y 106 y nota de esta en que se copia la descripción del monumento , lieeha 
por el Licenciado López de Hoyos en su obra Recibimiento de la Éeina doña Anm 
Austria, 



CARTAS DE FELIPE 11 Á LAS INFANTAS SUS HIJAS. 267 

■ 

¿ruines fueron y asi no hay mas que decir dellos». La carta en 
que daba esta noticia que probablemente sería del 24 de Setiem- 
bre, es la que indicamos que como otras, falta en esta colección. 
Sigue el Rey sin intervalo escribiendo en estos términos: «sino 
»de Madalena que después acá ha estado con calentura y sangra- 
i>da dos veces y purgada una, mas ya está buena y oy ha venido 
»acá, aunque muy flaca y de mala color y dixome que no le sabia 
»bien el vino que es mala señal para elk. Y oy no tenéis de que 
»quexaros della, pues sin decirnos nada há escrito y quando 
j)VÍno me traxo el pliego para el Conde en que deben ir sus car- 
»tas. Y en verdad que me ha parecido oy tan flaca que cualquier 
»cosa la llevarla: pero suele volver bien en si y para «sto sera 
»mucha parte una cadenilla de oro que le envió mi hermana y 
»unos bracaletes mi sobrina por la sangría, como se usa en Ale- 
»mania». Aunque no todo lo que sería menester, al llegar á este 
punto puedo dar algunas noticias de esta Magdalena de que tanto 
se ocupa Felipe II en sus cartas, pueá^ según el Catálogo del Mu- 
seo de pinturas obra del Sr. Madrazo, en el cuadro que lleva el 
número 769, que atribuye á Teodoro Felipe Liaño, pintor de la 
escuela de Madrid y que hemos visto con este motivo en la escalera 
que conduce á los salones de Escuelas modernas del Museo del Pra- 
do; está al lado de Doña Isabel Clara Eugenia que tiene en la mano 
ün medallón con el retrato de su padre, el de Magdalena Ruiz, 
loca de la Infanta Doña Juana de Portugal con un mico en una 
mano y una mona en la otra, además, y del mismo Liaño hay 
otro cuadro q.ue juzga el Sr. Madrazo que es un estudio para el 
anterior y representa el busto de la misma Magdalena Ruiz. 
Ampliando estas noticias y dando otras curiosísimas sobre Mora- 
ta, y los bufones y truanes de aquellos tiempos, el Sr. Madrazo 
dice lo que podrá leerse al pié de esta página (1). 



(1) Bxcmo, Sr. D, Antonio M, FaUé, 

Mi querido amigo: Referente á la loco, Magdalena Rui%^ no encuentro en el inventa- 
irio de cuadros fomado á la muerte de FellpiD H sino este asiento, además del otro de 
queliice mérito en mi Catálogo lato del Museo del Prado: «Retrato de medio cuerpo 
»de Magdalena Ruiz, loca de la princesa Dofia Juana,^cen un abanó en la mano y una 
>>calábaza y guantes en la otra.» 

Veo que era costumbre retratar á las princesas acompañadas de sus locas ó de las 



26B BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

La apostilla de esta carta dice así: «Y la fecha de vuestras car- 
»tas del sábado creo que traerá ya la fecha por la quenla nueba 
i>que ha de ser extraña cosa. Y no sé si en todas partes se ha de 
«acabar de entender y que ha de haber yerros en ello. Presto lo 
«veremos». Alúdese aquí á la corrección del calendario llamada 
Gregoriana por haber sido decretada por el Papa Gregorio XIII, 
en este año de 1582; mediante ella se suprimieron en dicho año 
10 días del mes de Octubre, pasando del 5 al 15 y por eso Feli- 
pe II, que escribía á sus hijas el lunes 1.° de Octubre, les decía 
que las cartas que habían de escribir el sábado próximo tendrían 
la fecha de la cuenta nueva, es decir, que en vez del 6 aparece- 
rían fechadas el 16 de Octubre, por esta misma causa aunque la 
carta que en la colección sigue tiene la fecha de 25 de Octubre, 
no deja sino 15 días de intervalo entre ella y la de 1."* de Octubre, 



ée su familia, poniéndolas la mano sobre la cabeza, como en señal de protección. Así 
estaba retratada también la princesa Doña Juana de Portugal, de Qiedio cuerpo, en un 
lienzo que, entre otros muchos, tenía en calidad de préstamo la Emperatriz Doña Ma- 
ría en su aposento de las Descalzas. La referida Doña Juana estaba en él retratada con 
la mano sobre la cabeza de una negrilla. 

Son muchos los retratos de locos y locas patrocinados por nuestros príncipes que cons- 
tan en el referido inventario, pero todos se han perdidosa excepción del de P^feron, 
loco del conde de Benavente, pintado por Antonio Moro, que también figuraba en la 
colección de cuadros de Felipe II. ^ 

Morata era uno de los muchos locos que tenia este Rey, j untamente con los de su 
hijo el Príncipe D. Carlos, l^'ra sin duda compañero de Martín de Ap'uas, Arnao, Pablo, 
Cristóbal Cornelio, Luis López, Estebanillo Tudesco, Francisca de la Cruz, Catalina la 
portuguesa y Magdalena Ruiz— de todos los cuales había retratos, que lastimosamente 
se han perdido— en la triste tarea de desarrugar el ceño de S. M., y le hallo á la muerte 
del Rey retratado en el Guardajoyas de Palacio, y catalogado de esta manera: «Retrato, 
»en lienzo, con lejos y un árbol grande, y al pié del sentado Morata, loco que fué del 
»Rey Nuestro Señor, con unos antojos y un libro en las manos.» 

El inventario de 1687, reinando ya Felipe IV, damas pormenores de este retrato, y 
declara que es obra de Alonso Sánchez Coello. Le describe asi: «Retrato al olio, muy 
»grande, de Morata, loco, que tiene un libro en la mano, y está leyendo en 'él> y tiene 
>>puestos unos anteojos y está sentado en el campo entre unos países, y á los pies tiene 
»unos libros y un conejuelo. Alto dos varas y tres cuartas; ancho dos varas. De mano 
de Alonso Sanchez»>. Estaba, con otros retratos de truhanes, en la escalera que condu- 
cía de la galería del Ciervo á las bóvedas ó habitaciones de verano. Atendida la disposi- 
ción de este retrato, según la descripción precedente, no parece sino que Yelazquez se 
inspiró en ella cuando tantos años después pintó el del Primo, enano de Felipe ly. 

Siento, mi querido D. Antonio, no tener datos más interesantes que ofrecer á V. 

Mande siempre á su buen amigO y colega que le quiere de veras,— A de Madnwo,^ 
Hoy 11 Febrero 1834. 



CARTAS DE FELIPE 'II Á LAS INFANTAS SUS HIJAS. 269 

en la primera anuncia su vuelta á Madrid; que sin embargo, na 
fué tan inmediata como suponía y torna á ocuparse de las tra- 
vacuentas á que daría lugar al principio la corrección gregoriana 
que, confirmando lo que dice Cabrera en su historia de Felipe II, 
cree el Rey que se conoció en Lisboa antes que en Madrid. CíOmo 
en otras cartas, anuncia á sus hijas el envío de regalos, después de 
decirles que el Calabres había ido á Estremoz á hacer búcaros 
como los que tenía para las flores en el alcázar de Madrid; y serán 
curiosas para los aficionados á la cerámica estas noticias: habla el 
Rey de unas cajas y dice. «Por que no vayan vacias embio en la 
»una porcelanas para vuestro servicio y de vuestros hermanos' y 
»una hay dentro della con otras porcelanas de nueva manera, á 
»lo menos yo no las he visto sino agora, con otras cosas que ha 
«juntado Santoyo». Este Santoyo figura como gentil-hombre de 
servicio en las nóminas que se conservan en palacio del tiempo 
de Felipe II, el cual, pone después de la fecha de 25 de Octubre 
de 1582, estas palabras: «y bien me acordaré yo de esta noche 
aunque vibiese mil años.» No hemos podido averiguar la causa 
de este recuerdo indeleble. 

El 8 de Noviembre siguiente, escribe el Rey á sus hijas reite* 
raudo la noticia de su viaje aunque cree que no será hasta cerca 
de Navidad. Es sabido, que el Archiduque Alberto quedó de go- 
bernador de Portugal, y como ya tenía esta resolución D. Felipe 
escribe en esta carta: «y yo espero que mi sobrino lo hará muy bien 
»como vos la mayor lo decis.» Después de otras particularidades 
curiosas, pero menos interesantes, el Rey dice ásus hijas: »Bol- 
» viendo ayer á comer dada la una, de Nuestra Señora de Gracia, 
»q' es el monasterio de los Agustinos , qu' es muy bueno, por 
»que voy estos domingos á los monasterios por despedida, hallé 
» vuestras cartas, en que m' escrives el mal de vuestro herma- 
»no y espero en Dios que no será mucho y con que asi fue- 
»se no me pesarla que fuesen viruelas pues seria mejor que las 
«tuviese agora que no mas adelante siendo mayor. Todavía no 
» podré dexar de estar con cuidado hasta saver en que havia para- 
»do el mal, que creo se sabrá el miércoles y con el cuidado que 
» vosotras tenéis d' el espero estara bueno.» Esta esperanza de Fe- 
lipe II, tan desgraciado con sus hijos, no se cumplió, pues el mal 



270 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA. HISTORIA. 

de D* Diego paró en su muertei aunque al principio lo creyeron 
leve los médicos., y consistió en viruelas, que como se verá luego, 
se comunicaron á todos sus hermanos. 

Según Cabrera (1): «El Principe D. Diego falleció a 21 de No- 
viembre de aquel año de 1582, domingo fiesta de la Presentación 
de Ntra. Sra. en el templo y de la suya podemos decir en el cielo 
en compaña de los angeles en edad tan tierna. Llevó su cuerpo á 
San Lorenzo D. Juan Manuel Obispo de Sigüenza y el almirante 
de Castilla, y con la solemnidad que en los demás entierros rea- 
les se habia hecho, le pusieron en compañia de dos jurados prin- 
cipes de España, para que se vea el engaño de la vida y las grandes 
fuerzas de la muerte.» El Rey aplazó con este motivo su vuelta á 
Castilla para que su otro hijo D. Felipe fuese jurado como Prín- 
cipe heredero de PortugaL 

Existe una interrupción considerable en esta correspondencia, 
pues desde, la carta de 8 de Noviembre de que damos la anterlpr 
noticia^ se pasa á la del 3 de Enero del siguiente año, y es.de sen- 
tir esta laguna, pues en las cartas que sin duda faltan deMa re- 
ferirse el Rey á la noticia de la muerte del Príncipe D. Diego y á 
la enfermedad de sus hermanos que debió producirle por- aquella 
circunstancia profunda pena y grandísimo temor; así se deduce 
del principio de la carta de esta última fecha dirigida soleá la 
Infanta Doña Catalina, á quien dice: «Bien podéis creer que he 
«holgado mucho con vuestra carta por ver por ella que estáis ya 
Dcon la salud que yo deseara que tubiesedes; y asi he dado mu- 
»chas gracias á Nuestro Señor por averosla dado y á vuestro her- 
»mano y hermanica y por todo lo que ha sido servido.» El Rey 
se muestra luego enterado de que no quedaron hoyos de las vi- 
ruelas á su hija, cosa importante para una mujer, y sin duda por 
ello habla especialmente el Bej del particular á su hjja. 

En la carta siguiente, que es del 17 de Enero, vuelve el Rey á 
ocuparse de los hoyos de viruela de su hija Catalina, que aunj[ue 
pocos, le quedaron algunos con detrimento de su hermosura que 
nunca fué luego tan señalada como la de su hermana doña Isa- 
bel Clara Eugenia, según aparece de sus retratos y de las noticias 



(l) Libro xni, cap. xii. 



CARTAS DE FELIPE II Á LAS INFANTAS SUS HUAS. 271 

que de ambas dan los papeles del tiempo, eii ellos, singularmea- 
le en cartas del Cardenal de Granville que se consei*van en dife- 
rentes archivos, se dice, que las viruelas robustecieron á D. Fe- 
lipe, de cuyo juramento como heredero de Portugal se ocupa el 
Rey en esta carta anunciando que creía que sería presto, y que se 
celebraría en una sala grande del palacio. En la carta siguiente, 
que es de últimode Enero, dice: «El juramento de vuestro hermano 
» fué ayer, y asi le podréis darla norabuena del y otros escri viran 
» mas del y yo no puedo ni quiero agora perder tiempo en escri- 
»vir ni en otra cosa sino darme mucha prisa á la partida.» Ni 
Cabrera, ni Herrera, describen esta ceremonia como la de Tho- 
mar; pero dicen que se celebró en la indicada fecha en el palacio 
de la Ribera, donde se juntaron para ello los Estados de Portugal 
y el primero da cuenta de lo que dijo. el orador en aquella solem- 
nidad, elogiando al Rey y consolándole por la muerte de D. Die- 
go. Según un papel de la Biblioteca Nacional de Paris^ de«que 
da noticia el Sr. Gachard, Felipe II hizo en esta ocasión una cosa 
que halagó'inucho álos portugueses, y fué, que estuviera senta- 
do el Duque de Braganza llevando en su lugar la espada como 
condestable su hijo el Duque Barcelos. 

Ya en camino para Castilla, escribió D. Felipe á sus hijas desde 
Aldea Gallega el 14 de Febrero, diciéndoles que había partido de 
Lisboa con su hermana el viernes, que fué dia once de aquel mis- 
mo mes, después de comer, yendo por agua en dos galeras hasta 
atravesar el río Tajo. El Rey se había sentido indispuesto el día 
después de su llegada á Aldea Gallega, segün carta del Cardenal 
de Granvella dirigida á la Duquesa de Parma, por haberse ma- 
reado como otros que iba» en las galeras, aunque lo disimuló, y 
esta indisposición le obligó á detenerse en la Aldea. El Rey da 
noticia á sus hijas del plan de su viaje, y de que se separaría des- 
de aUí de su hermana que iba directamente á Guadalupe, mien- 
tras él iría á Setuval y á Ebora. En esta excursión que el Rey 
pensaba que solo duraría quince días, empleó un mes , pues el 
15 de Marzo escribe á sus hijas desde Guadalupe, donde había 
llegado el mismo día á comer; esta carta es breve y el Rey da la 
razón de que lo sea diciendo: «y pues os veré presto que creo que 
» será de oy en xv dias un dia mas o menos placiendo á Dios no 



272 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

» quiero responderos agora ni deciros mas sino que vengo bueno 
j>Y con mucho deseo de veros aunque primero pasaré por San 
Lorenzo»; de donde en efecto, escribió á sus hijas la brevísima 
carta que es la última de la colección, y aunque la fecha dice 
martes por la noche, con razón presume el Sr. Gachard que el Rey 
cometió un error al escribir este día de la semana, porque en 
efecto llegó al Escorial el jueves 24 de Marzo y salió para Ma- 
drid el domingo siguiente 27, por lo tanto, no pasó en aqnel Real 
sitio en aquella ocasión ningún martes. La fecha (Jebe ser, pues, 
del viernes por la noche, día en que hubo las grandes fiestas re- 
ligiosas de que habla en ella con motivo de ser la Anuneiación 
de Nuestra Señora. • 

El Padre Sigúenza da noticia de esta última parte del viaje de 
Felipe II en estos términos: 

«El Rey nuestro fundador después de haber tomado posesión 
»del nuevo Reino de Portugal tornó por Badajoz y de alli vinaá 
» Nuestra Sra. de Guadalupe, de alli partió á San Jerónimo de 
» Guisando, llegó á la dehesa de Quejigar y primero visitó una 
» hermita devota que está escondida en aquellas sierras de Avila, 
» llamada nuestra Sra. de la Nieve, también se holgó de ver la 
» viña que por su mandado y orden se habia plantado en aquellos 
>) pinares, entró en la casa que se iba edificando, vio las bodegas 
» y lagares que se hacían para recoger la cosecha tan grande y tan 
«hermosa (1): llegó aquí á los 24 de Marzo, víspera de la Anuncia- 
»cion de ntra. Señora el año 1583; le salió á recibir un hermoso 
» escuadrón, de maestros, oficiales y peones de esta fabrica, pues- 
»tos en orden con los instrumentos que usaban en ella, que no 
»era mal espectáculo ver tantas diferencias. Llegaron al pórtico 
«principal, salió el Convento en procesión á recibirle y los niños 
»del Seminario danzando para alegrar la entrada. Eldia siguiea- 
» te entró á dar una vuelta por la casa, mostrándosela el Obispo 
» de Viseo Capellán mayor de S: M. y aun subió á ver lo alto del 
» cimborrio que estaba ya desembarazado de los andamios y grúas. 
» Partió luego el domingo á 27 de Marzo para Madrid y pasó el 



(1) Esta es la heredad llamada el Santo que hoy posee el señor marqués de la Vies- 
es, famosa por sus vinos y aceites destinados al consumo del Monasterio del EscoriaL 



CARTAS DE FELIPE II Á LAS INFANTAS SUS HIJAS. 273 

» puente que mando hacer en el rio Guadarrama en nombre de 
1» S. Lorenzo.- poniéndole sus parrillas que se acababan entonces. 
D Entró en Madrid el 29 donde se le hicieron fiestas y gran reci- 
bimiento, entrando en publico, á que acudió 'infinidad de gen-* 
»tes»(l). 

Esta solemnidad que recuerda los triunfos de los capitanes y 
emperadores romanos, cuando volvían victoriosos á la Ciudad 
eterna, fué el punto culminante de la grandeza y de la gloria de 
aquel reinado y también de la monarquía española, que desde 
entonces sufre una lenta y continua decadencia, cuyo término 
quisiéramos ver inmediato cuantos amamos nuestra patria, y bus- 
camos consuelo á las desdichas que la trabajan en el recuerdo de 
las inolvidables hazañas de nuestros mayores, que establecieron 
el poder de España en todo el mundo. 

Antonio Haría Fabié. 

Madrid, Marzo 1884. 



(1) Entrada de Felipe II en Madrid de vuelta de Lisboa. 

Yerifleó su entrada en Madrid el 29 del mee de Marzo eon gran pompa y aparato, 
llevando á su izquierda al Cardenal Granvela y reeibiéndole la corte y el Ayunta- 
miento y pueblo.de Madrid con los honores, regocijo y aplauso que tributaba la anti* 
giledad 4 loe grandes conquistadores. Historia <te la Villa y Corte él6 Madrid tomo m, 
p^.107. 



TOMO IV. 19 



VARIEDADES. 



MEMORIA 

HISTÓRICA, POLÍTICA Y ECONÓMICA DE LA PROVINCIA 
DE MISIONES DE INDIOS GUARANÍS *. 



(Continuación,) 

153. La nación. Guayaná, junta con las demás na- 
ciones sus semejantes, es bastante numerosa- viven a 
una y otra banda del Paraná, desde unas veinte le- 
guas mas arriba del Corpus, hasta el Salto Grande 
de dicho Paraná, y aun mas arriba *, estendieudo.se 
hasta cerca del Utugüay por el rio Yguazü, el dé San 
Antonio, y otros. Su natural es dócilísimo, y tan so?-, 
ciable. coi^ lo5 yndios de estos pueblos, que no hay no-- 
ticia les hayan hecho el mas leve daño en los frecuen- 
tes viajes que hacen a los yervales: antQs vien les 
ayudan a trabajar, les buscan ' y manifiestan lospa- ' 
rajes en donde hay muchos arboles de yerva, y aun 
les socorren con alimento quando ley escasea; conten- 



1 Véase el cuaderno III del tomo IV. 

> La relación ms. está descuidada é incorrecta, por distracción del 
escribiente que repitió tres veces este periodo descriptivo: desde unas 
veinte leguas mas arriba del Corpus hasta el Salto Grande del dicho 
Paraná, y aun mas arriba del Corpus hasta el Salto Grande del dicho 
Paraná, y aun mas arriba del Corpus hasta el Salto Grande del dicho 
Paraná, y aun mas arriba, estendiendose etc. Se ha borrado estas repe- 
ticiones, y conservado el texto según la edic. de Ángelis, donde se lee: 
desde unas 20 leguas del Corpus, hasta el Salto Grande de dicho Pa- 
aná, y aun mas arriba. 

^ En la edic. de Ángelis: les ayudan á trabt^aries, buscan. 



I 



* MISIONES DE INDIOS GUARANIS. 275. 

tandose con algunas frioleras que se les dá, como son 
•abalorios, «spejitos, algunas achas chicas, y algún 
lienzo de algodón. 

154. Estos yndios viven dispersos por los montes; 
*se alimentan de la caza que matan con flechas sin ve? 
neno, que no lo usan, ni conocen; comen de todas sa-r 
bandijas; pero lo principal de su alimento (BS la miel 
•de avejas de los montes. También siembran algunas 
-chácaras *, pero no las cultivan; lo que hacen es, der-; 
ramar ia semilla en algún paraje, y al tiempo q.ue ya 
tes parece tendrá fruto, buelven por allí, y recogen lo 
•que hallan. Las semillas que tienen son, porotos .de 
Tarias especies, y que algunos dan fructo todo el año 
hasta que el frió consume las matas, el mayz, y cala^ 
bazas o zapallos de varias especies *, algunos de ex- 
quisito gusto. 

155. A doce leguas del pueblo de Corpus acia te Reducción de 
parte del este, hay una pequeña reducion * de la na- code Pauíal 
cion Guayaná, nombrada San Francisco de Paula, 

que está á cargo de los Religiosos Dominicos; y, aun- 
que ya muchos años * que se fundó, ni se aumenta,; 
¿i hay esperanza pueda permanecer con fruto; pueSj. 
aunque los yndios manifiestan mucha inclinacioij .a 
ser .cristianos, hay muchos estorbos que dificultan el 
que se consiga el establecerlos a vida civil y cristiana, 
' 156. El numero de personas .cristianas de que* se 
Comj)one la reducion ' al presente, son unas cinquen- 
ta, entre chicos y grandes; pero estos no siempre asis- 
ten .en la reducion®; .pues, acostumbrados a buscar 
su alimento en los montes, se entran pop ellos a pro-; 
•curárselo, en donde tratan y conversan con sus pa- 



* En la edic. de Angrelis: chác;tis. 



9 



En la edie. de Angelis: ó sapallos de varias especies. 



^ En la edic. de Angrelis: reducción. 



4 



En la edie. de Angrelis: ya hace muchos años. 
s En la ediq. de Angrelis: la reducción. 
^ En la edic. de Angelis: en la redacción. 



276 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

ríentes, y amigos los ynñeles, estándose con ellos mu- 
chos meses: de lo que resulta el que tal vez no bUel- 
ben a la reducion *. También los ynfieles frequentaú 
esta a menudo, particularmente quando los reducidos, 
tienen que comer: entonces se llena la reducion ■ d& 
ynfieles; y, en consumiendo lo que hay, se retiran, 
llevándose consigo a muchos de los cristianos que, o 
aficionados del trato, o obligados de la necesidad, se 
van con ellos. 

157. El paraje en donde está situada la reducion • 
es una de las mayores dificultades que hay para que 
se aumente: la cercanía y trato con los suyos no les^ 
deja olvidar sus antiguas costumbres e inclinaciones; 
el poco terreno descubierto de bosques no les permite 
estender sus chácaras ^, y mucho menos el criar ani- 
males; pues, ademas de la falta de terreno, abunda, 
tanto de mosquitos, tábanos y begenes * de diversas, 
especies, que ni aun pueden tener un caballo para el 
servicio del Religioso Doctrinero. 

158. Por el mes de octubre del año prozimo pasa^^ 
do de ochenta y quatro •, al tiempo que el YU."* S.*"^ 
D.' Fray Luis de Velasco, Obispo de esa ciudad del 
Paraguay, visitava los pueblos de su diócesis, estando 
en el de Corpus, vajaron los yndios Guayanás cristia- 
nos a confirmarse en aquel pueblo. Con este motiva 
tuvo ocasión dicho S.**' YU."** y la tube yo, de hablar 
con ellos, y particularmente con el Correjidor que, 
aunque de nación Guayaná, fué nacido y criado en el 
pueblo de Corpus; y, preguntándole por las causas 
que a el le parecían motibavan el poco adelantamiento 



1 En la edie. de Ángrelis: reducción. 

* En la edie. de Ángelis: reducción, 
s En la edie. de Ángelis: reducción. 
4 En la edie. de Ángelis: cháerás. 

* Asi en el ms.: mejor en la édíe. de Ángelis: gegenes. 
^ En la edie. de Ángelis: de 1*784. 



MISIONES DE INDIOS GUARANIS. 277 

de su reducion ^ dijo que la cortedad de sus terrenos, 
y la inmediación a los montes, donde encontraban lo 
necesario para su alimento, juntamente con no estar 
havituados al trabajo, eran los motivos que los dis- 
traían de la reducion *; y que los ynfleles, aunque 
todos deseaban ser cristianos, viendo que no tenían 
que comer en la reducion, no quieren ' venir a ella, 
y que solo se acercan por alli quando saven que hay 
que comer; y en consumiéndolo se buelven alos mon- 
tes: y que, solamente que se les diese terrenos buenos 
^n otra parte, se conseguiría el aumento de la redu- 
•cion *. A lo que les dijo el S.®' Obispo.que hablasen a 
^us parientes y amigos, y les persuadiesen a salir de 
los montes •; que la piedad del Rey les concederla 
terrenos, y modo de subsistir en otro paraje * con las 
^comodidades que velan en los de aquel pueblo, y les 
distinarian ministros que los doctrinasen^ y ensena- 
sen el camino del cielo: y que esta diligencia la pu- 
siesen en execucion luego que bolviesen a la redu- 
cción ^, y que de sus resultas me avisasen a mi para que 
yo lo participase al S.°' Obispo y al Exc."^ S.®' Virrey 
«pn el informe que tubiese por conveniente: y, aun- 
que quedaron en hacerlo, particularmente el Correxi- 
dor, asta ahora nada ha resultado, ni creo que re- 
sultará • por lo que diré a Vm. 

159. En el tiempo que el pueblo de la Gandelaría 
«stava comprehendido con los de mi cargo •, tenia 

> En la edic. de Ángelis: de sü reducción. • 

s En la edic. de Ángelis: eran los motivos qae distraían dé la reduo- 
«ion á los reducidos, 
s En la edic. de Ángelis: en la reducción, no querían. 
^ En la edic. de Ángelis: de la reducción. 

> En la edic. de Ángelis: y los persuadiesen á salir de entre los 
montes. 

En la edic. de Ángelis: en otros parages. 
"^ En la edic. de Ángelis: á la reducción. 

8 En la edic. de Ángelis: ni creo resultará. 

9 En la edic. de Ángelis: el pueblo de Candelaria estaba comprendi- 
do en los de mi cargo. 



378 BOLETÍN DE LA REAL AGADE!álA DE LA HISTORIA. 

dispuesto que aquellos yndios fréqucfii tasen los viajés^ 
a los yervales silbestres; y, entre otros puntos que én- 
cargava para que se governasen en aquella faena, era 
•el que conservasen la mejor armonía con los ynfieles. 
aficionándolos al trato con ellos; y que , siempre que 
tubieran oportunidad, les persuadiesen a ser chridtia- 
nos y a salir de los montes, convidándoles con las 
conveniencias que ellos tenían en sus pueblos; y, para 
-que les fuesen presentes *, vieran si podían persuadir 
a algunos caciques a que como de paso ' vinieran a 
ver su pueblo: y en efecto vino uno con otros dos yn- 
dios con algunos de Candelaria, a los que agasajé y 
regalé bastante. Y tratándoles del asunto de su con^ 
versión, y reducion ', me respondieron que asi elloé» 
como todos los demás de aquellos montes, deseavan 
ser christianos; pero que fuesen allá los Religiosos a 
enseñarlos, porque ellos no podian salir de áUi, por- 
que si venían a los pueblos, se havian de morir; y de- 
esta persuasión, de que no dava * ninguna causa, ño 
les pude disuadir '. Pero me parece que no seria di- 
ficultoso el apartarlos de ella, aunque fuera poco a 
poco; porque, como llevo dicho, son mas dóciles •: y,, 
de querer juntarlos eñ la reducion ' principiada^ o a. 
otra en aquellos parajes, me parece que todos los es- 
fuerzos, y gastos serian inútiles; porque, aunque la. 
piedad del Rey les facilite algunos socorros, al ins- 
tante que estos llegasen a la reducion vendrán a ella ^ 
quantos hay en los montes, y permanecerán alli ^ 
hasta que los consuman, o se los escaseen, y los qüi— 



< En la edic. de Ángelis: y para qué les fuesen patentes^ 

* En la edic. de Ángelis: como de paseo. 

s En la edic. de Ángelis: y reducción. 

^ Asi en el ms. En la edic. de Ángelis: de que no daban. 

s En la edic. de Ángelis: no los pude disuadir. 

6 En la edic. de Ángelis: son muy dóciles. 

7 En la edic. de Ángelis: en la reducción. 

s En la edic. de Ángelis: ¿ la reducción vendriati á ella. 

9 En la edic. de Ángelis: y permanecerían allL 



MISIONES DE INDIOS GUARANIS. 279 

siereil * obligar a trabajar: lo que no sucedería, si los 
trasladasen a otra parte. 

160. La pruevá mayor que tengo para convencer- 
me de la docilidad, y buena disposición de estos yn- 
dios es, que hace tres ^üos que se han mantenido sin 
Religioso que los doctrine y govierne, y en todo este 
tiempo, ni han abandonado la reducion *, ni han de- 
jado de cumplir en lo posible con las obligaciones de 
cristianos. Y ló mas es que, haviendo visto el S.°' Obis- 
pó la desnuden de algunos, determinó socorrerlos, y 
en efecto lo hizo; y, haciéndoles cargo que porque no 
trabajaban en hilar, y tejer para vestirse, dijo el Cor- 
rexidor que en aquel año havian recoxido poco algo- 
don, y que aquel poco lo havian hilado, y texido, y 
lo tenian guardado para tupambre'del Padró, y 
que de modo ninguno havian de gastarlo hasta que 
el viniera, y dispusiera del *. 

161. A la vanda del Siir del Uruguay, enlos moií- indios Tupía, 
tes que principian desde el pueblo de Sari Francisco 

Xavier, havita la nación nombrados Tupís. Esta pa- 
rece no es muy numerosa, o andan mui dispersos, 
porque nunca aparecen muchos juntos: son caribes, y 
tan feroces, que ni aun los tigres les igualan. Viven 
;siempre en los montes, desnudos enteramente; sus ar- 
• mas son pircos y flechas, que asi aquellos como esta« 
son de mas de dos varas de largo: algunas veces se 
4ejan ver junto al dicho pueblo de San Xavier a la 
vanda opuesta del Uruguay; y, aunque siempre que 
esto sucede, se les ha procurado hablar ,"y atraerlos, 
ofreciéndoles, y mostrándoles cintas, abalorios, gor- 
ros colorados, maiz y otras cosas, nunca han querido 
llegarse ni esperar, correspondiendo con süs flecha». 



* En la edic. de Ángelís: y les quisieran. 

> Kn la edic. de Ángelis: la reducción. 

3 EnlaedicdeÁngelis: tupambae. 

4 En la edic. de Ángelis: de éU 



280 BOLETÍN Dfi LA BBAL ACADEMCÍA DB LA HISTORIA. 

coa las que han herido a algunos y ndios quañdo han 
visto que las canoas o balsas se acercava ^^acia donde 
ellos están, retirándose precipitadamente al monte. 

162. El pueblo de San Xavier mantenía en aquel 
lado ' una estanzuela, y por. las ymvasiones de estos 
yndios les fue preciso abandonarla; pues, aunque no 
acometían a las casas, buscaban ocasión de encontrar 
algún yndio solo para acometerle, y no se podían per- 
seguir, porque ganavan el monte, del que jamas se 
apartavan mucho. En tiempo de los Jesuítas pudie- 
ron los yndios de San Xavier aprisionar uno de estos 
yndios, y lo trageron al pueblo, en el que procuraron 
agasajarlo con la suabidad del trato ; pero nada bastó 
para que depusiese su ferocidad, en la que permane- 
ció sin querer tomar alimento ni hablar una palabra 
hasta que murió. 

163. Estos mismos yndios se estiehden pot aque- 
llos montes, hasta cerca del pueblo de Santo Ángel, y 
por todos los montes que median entre el TJraguayy 
los pueblos del departamento de San Miguel ', cono- 
cidos por los de la Yanda Oriental del Uruguay. 
Quando los yndios de estos pueblos van a los. montes 
a beneficiar la yerva nombrada del Paraguay, es me*» 
nester que vivan con la precaución de no separarse 
uno solo; porque los Tupís los acehan ^ desde el mon* 
te a manera de tigres, y el que ven solo, y retirado de 
los otros, le acometen; y, sino puede escapar, lo ma- 
tan, lo llevan y lo comen. 

164. De estos yndios cuentan los Guaranis algu- 
ñas patrañas, ocasionadas del miedo que les tienen: 
una de ellas es, que sus pies no tienen ded08> y qne 
en ellos tienen dos talones, o carcañales, y que asi no 



- 1 Así en el ms. En la edic. de Ángelis: se acercan. 

* Corregido en el ms.: primeramente se escribió: en aquel tiempo. 
Lo mismo se lee en la edic. de Ángelis: mantenía en aquel lado. 

3 En la edic. de Ángelis: del destacamento de 1^ Miguel. 

* Asi en la copia ms. En la edic. de Ángelis: los asechan. 



MISIONES DE INDIOS GUARANfó. 28f 

se puede conocer por las pisadas, si raa o vienea. 

165. Ea los campos que se dilatan a la Yanda YodiosMinoa* 
Oriental del Uruguay, desde el Rio Negro hasta el SSs! 
Ybicuy, havitan las dos naciones de Charrúas, y Mi* 

nuánes: la primera acia el lado del Rio Negro, y la 
otra acia el Ybicuy, y estancias que por alli tienen los 
pueblos. Estas dos naciones son semejantes en su ge- 
nio, costumbres, y modo de vestir * ; y asi lo que di- 
gere de los Minuanes, que son los mas inmediatos a 
éstos pueblos, conviene a los Charrúas. 

166. Los yndios Minuanes viven en tolderías, com- 
puestas de parcialidades, o cacicazgos; aunque regu* 
larmente conocen superioridad en alguno de los caci- 
ques de aquellos territorios, ya por tener mayor 
numero de yndios de su debocion', o por mas vale* 
roso y abil: aora el que domina es el cacique Miguel 
Caray. Estos yndios son bastante tratables, guardan 
fee en sus contratos, castigan a los delinquentes , sin 
permitir se haga daño a nadie, sino han recivido an- 
tes algún agravio; y asi viven en buena armenia co^ 
todos los de los pueblos, menos con los de Yapeyú; 
que, porque estos les han hecho algunos daños, siem- 
pre que pueden se vengan de ellos. 

167. Estos yndios permiten en sus tolderías, y en 
todo el terreno en que se estienden, a quantos yndios 
Guaranls se desertan de sus pueblos y quieren vivir 
entre ellos; pero han de usar la política de avisarles, 
y decirles que van a favorecerse de ellos. Del mismo 
modo permiten Españoles gauderios changadores ', 
que andan por aquellos campos matando toros para 
aprovecharse los cueros; los que extraen llevándolos 
a la ciudad de Montevideo, introduciéndolos en ella 
clandestinamente, entre los que entran*, con permiso, 

* En la edic. de Ángelis: y modo de Tivir. 

s En la edic. de Ángelis: de indios á su devoción.: 

s En la edic. de Ángelis: ganderios y cliangadoTes.- 

^ En la edic. de Ángelis: entre los que extraen. 



2S2 boletín de la real academia de la historia. 

o de otra forma; o pasariíjolos al Brasil por medio de 
inteligencia con los portugueses del Viamon *, y Rio 
Pardo, a cuyos parajes" introducen los mismos gau- 
•derios españoles algunas porciones de ganado de los 
mismos campos. Pero es mucho mas lo que exlraen 
los mismos portugueses, a los que ayudan y favore- 
cen mucho los Minuanes, por que los regalancon mas 
♦franquicia ' dándoles lo que mas apetecen, particular- 
mente el aguardiente, por medio de lo qual consi- 
guen, no tan.solamente^l que les permitan matar y 
-extraer todo el ganado que quieren, y sus corambres, 
sino que, en caso de que alguna partida española los 
encuentre, los favorecen, no permitiendo se les haga 
ningún mal. • 

168. Aunque por la buena fee que estos yndios 
observan con los de estos pueblos se conserva la paz*, 
son mui. perjudiciales: lo primero, por el asilo que 
.dan a los yndios que se desertan de estos pueblos; lo 
-segundo, por el favor que prestan a los españoles, y 
.portugueses changadores que destruyen los ganados 
de aquellos campos; y por último, porque. siempre es 

.preciso contemplar con ellos, regalándolos, con yerva, 
tabaco, y otras cosas, a fin de que con quales quiera 
pretexto* ño impidan las baquerias, robando las caba- 
liadas, y haciendo otras estorciones a los que van a 
ellos*. 

169. El buen natural de estos yndios parece fran- 
.quearia la entrada a su reducion ', y conversión; pero 
én nada menos piensan que en reducirse: y, aunque 



i En la edic. de Ángelis: del Viamont. ' 

s . En la edic. de Ángelis: en cuyos parajes. 

3 . En la edic. de Ángelis: con mas frecuencia. 

^ El texto de la edic. de Ángelis es menos correcto en este pasaje. 
Dice asi: Aunque por la buena fé que estos indios observanse, con los 
de estos pueblos, se conserya la paz. 

^ Asi en el ms.: En la edic« de Ángelis: con cualquier pretexto. 

<^ En la edic. de Ángelis: á ellas. 

^ En la edic. de Ángelis: á su reduc<iion. 



MISIONES DE INDIOS GL"ARANIS% 283 

• 

no les es repugnante nuestra Religión, les es la'suge- 
cion que ven en los yndios reducidos a pueblos S y 
precisados a trabajar; lo que a ellos no sucede* Nadie 
determina sus operaciones, cada uno es dueño de las 
suyas: en el campo tienen su sustento en el mucho 
ganado que hay en él: ellos tienen pocas luces* para 
(Conocer lo feliz de la vida civil, y mucha malicia para 
no dejarse sugetar al yugo de una reducion ** A mi 
me parece que los Minuanes jamas se reducen * con 
sola la persuasión de la predicación evangélica. 

170. Réstame aora dar a Vm. una individual no- Goviemo ecie- 
ticiá del gobierno eclesiástico, y culto divino de estos to^divSoI^^ 
pueblos: pues, siendo mi animo el presentar al exa- 
men y consideración de Vm. la idea qué me ha ocur- 
rido de mejorar el gobierno temporal de está provincia, 

será preciso mudar en parte el que se observa en lo 
eclesiástico; asi para conformarlo con el temporal, 
como para que se logren, y tengan efecto las piadosas 
intenciones de Si, M. y Prelados eclesiásticos, y que 
estos naturales logren la asistencia, doctrina, y sufra- 
jios necesarios a la salvación de sus almas. En esta 
narración tocaré algo de lo que alcanzo con certeza del 
tiempo de los expatriados, y me estenderé en el pre- 
sente, como que tengo entera noticia; para que, con 
«onoeimiento de lo que ahor^ se observa, puedan co- 
nocerse las ventajas de lo que premedito •. 

171. JEn tiempo de los Jesuítas havia en cada uno 
de estos pueblos un Cura que presen tavá el Governa- 
dor de Buenos Ayres, como Vice-patron • de los treinta 
pueblos; al que dava la colación y canónica ynstruc- 



1 En la edic. de Ángelis: que ven en los indios de estos pueblos re- 
ducidos á pueblos. 

> En la edic. de Ángelis: y tienen pocas luces. Omite: elloó. 

3 En la edic. de Ángelis: de una reducción. 

^ En la edic. de Ángelis: se reducirán. 

* En la edic. de Ángelis: las ventajas del <|ue preüiedito* 

^ En la edic. de Ángelis: como vice-pátrono. 



284 BOLETÍN DE LA. REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

• 

^íon ' el Obispo de Buenos Ayres a los de los diez y 
siete pueblos del Uruguay; y el del. Paraguay a los 
trece del Paraná. Estos Guras tenian de sínodo qua- 
trocientos setenta y seis pesos, señalados en los Rea- 
les tributos; los que percivia sú Religión, quien seña- 
lara los Compañeros y Coadjutores que le parecía, 
poniéndolos y quitándolos a su arvitrio, o pedimento 
de los Curas*, y a unos y a otros ' les submiriistrava 
lo preciso para su comodidad, y decencia. Él Gura le 
hacia cargo *, y cuidava principalmente de las tempo- 
ralidades, y dava al Compañero el cargo de lo espiri- 
tual, sugetandolo en todo a sus disposiciones. Y, como 
ya dejo dicho del modo que se governavan en lo tem- 
poral, diré lo que alcanzo del que practicavan e^ la 
espiritual*. 

172. Lo primero que se preseata a la vista son los 
templos: estos, aunque no guardan regularidad en su 
arquitectura, y son de poca duración, atendiendo a la 
pobre^^a de los pueblos y la de sus naturales, son muy 
suntuosos, y están vien adornados Interiormeate d^ 
retablos, los mas de ellos muy toscos, y todos dora- 
dos, y los bultos de los Santos ^ que ocupan sus nl- 
chps, pocos son los que hay de buena escultura. Las 
pinturas que .adornan sus paredes son toscas y desr 
proporcionadas. Las alajas de plata son niuchas» y 

t 

grandes, aunque su obra es poco pulida, a escepcioa*^ 
de alguna otra pieza. Los vasos sagrados son también 
muchos, y de mejor obra, y algunos de ellos, de oro: 
ygualmente los ornamentos son muchos, ricos y cos- 



1 Asi en el ms. Mas correcto en la edic. de Ángelis: y canónica ins- 
titución, 
s En la edic. de Ángelis: ó á pedimento de los curas. i 

s En la edic. de Ángelis: y á unos y otros. 
^ Asi en el ms. En l&edic. de Ángelis: El cura se hacia cargo. 
> Asi en el ms. En la edic. de Ángelis: en lo espiritual. 
® En la «dic. de ÁngoUs^ y lo? bustos de los santos.. 
En la edic. de Ángelis: á excepción. 



MISIONES DE INDIOS GUARANIS, 285 

tosos. De modo que, aunque para el servicio De * y 
culto divino ninguna riqueza puede decirse que es 
excesiva, con todo, atendiendo á la pobreza de los 
pueblos, y sus naturales, parece que se excedieron en 
esto. Las torres o campanarios son de madera, forma- 
dos de quatro pilares, o orcones ■ gruesos, y altos, con 
dos, o tres entablados que hacen otros tantos cuerpos, 
y su tejadito. Estos campanarios están en los patios 
de las casas principales, contiguos a las mismas ygle- 
sias, y en ellos muchas campanas de varios tamaños, 
y algunas bastante grandes, y de buenos sonidos; las 
mas son fundidas en estos pueblos. 

175. Una de las cosas en que he reparado es que, 
teniendo las yglesias de estos pueblos tantas alajas de 
plata, aun para vsos poco necesarios, y muchas de 
ellas duplicadas en un mismo vso, no hayan empleado 
parte de esta plata en coronas de las ymagenes de la 
Madre de Dios, resplandores de Crucifijos, y laureo- 
las de Santos; siendo muy rara la yinagen que en su 
adorno * hayan empleado plata alguna. Lo mismo 
digo de tos bnltos de Jésus Nazareno * en los varios 
pasos de su Pasión, la de la Yirgen ^^ y otros Santos 
que sacan en las procesiones de Semana Santa: todos 
estos son unos trozos de madera mal labrados, y peor 
pintados, sin ningún adorno en sus cuerpos, ni eñ las 
andas eá que tos colocan; siendo éstas una especie de 
pangúelas mal . formadas, y parece que devian haber 
puesto en esto, mas que en otra cosa, su esmero; pues, 
siendo la representación de estos pasos quien nos trae 
a la memoria la obra de nuestra rédemcion, es mas 
combenieaite que los bultos de Jesús', la Virgen, y 

' Asi en el ms.: se omitió: Dios. En la edic. de Ángelis: para el ser- 
Ticio de Bioe. 

s En la edic. de Ángelis: ú liorcones. 

' En la edic. de Ángelis: la imagen, en cuyo adorno*. 

* Bnlaedic.de Ángelis: de los bustos de Jesús Nazarena» 

& Asi en el lis. En la edic. de Ángelis: el de la Vii^Br. 

< En la edic. de Ángelis; es miiy eonreniente qu6-l9«Ml>a8toKiaaIe8U8. 



286 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

demás Santos sean vien formados, .y adornados;. ma«^ 
yormente entre estas gentes, que les entran laa espe^ 
Gies mas por la vislaque por el oydo, y pudieran ha- 
ver empleado parte de las ricas telas que emplearon 
en los ornamentos, en vestidos decentes de estas yma-; 
genes, y otros adornos de ellas. 

174. Las funciones de yglesia correspondientes al; 
culto divino las hacían con mucha solemnidad; pero 
no ponian tanto cuidado en lo que pertenecía al bien 
espiritual de las almas de sus feligreses: pues, según 
se esplica el S.**' D> Manuel Antonio de la Torre, 
Obispo que fué de. Buenos Ayres, en el informe que 
dio al Excmo. Señor D." Francisco Bucarely, Gover- 
nador de dicha ciudad, tratando del señalamiento 
de sínodos de los nuevos Curas* que sostituyeron a 
los Jesuítas» estos no aplicaban ninguna de las Misaa^ 
por los difuntos, ni las de los dias de fiesta por el puer 
blO) ni la que debían cantarlos lunes por las almaa 
del purgatorio, ni tampoco llevavan el Santísimo Sa-r 
cramento a casa de los enfermos; pues a estos, quando 
se les havia de administrar, los llevavan y ponían en- 
una capilla frente de la misma yglesüa, y alli se los, 
administraban, sucediendo algunas veces, el que al 
llevarlos o bol verlos se morían algunos de frió en el 
camino. Esta costumbre permaneció algún tiempa 
después. Yo alcancé en algunos pueblos de mi cargo!; 
lo qué cesó a una leve insinuación niia. Lo demás quíe 
practicavan era conforme a lo que espresaré adelante, 
quando trate del culto divino presente. Pues ten lái 
mayor parte los Curas actuales han seguido la oos-ri 
tumbre que encontraban ', según lo practicaban los 
mismos yndios, a excepción de tal qual cosa de poca 



. f 



1 En la edic. de Áógelis: de sínodo á los nuievos euras: > 

* En la edic. de Ángelis: Ye (asi: Yo) alcancé todatla en dos de los 
pueblos de mi cargo. '., 

•?. En la edic. de Ángelis: que encontraron; - ' ; » 



MISÍONES .DE INDIOS GÜARANIS. . 28Z' 

consid^rs^cioíi que iiau alterado; y^. si teniaa alguna.» 
otra particularidad; lo ignoro. ■ '.> 

175. El lugar que ocupabais los Jesuítas fufe $os*r/ 
tenido * por Religiosos de las tres Ordenes, Santo Dot. 
mingo, San Francisco y La Merced: para cada pueblo 
fueron nombrados dos Religiosos con títulos de Cu- 
ra, y Compañero, señalado * a cada uno distinto si- 
nodo, como ya queda dicho. 

176. Para el nombramiento del Religioso que^ hfa 
de servir el empleo de Cura se guardan las formali-^ 
dades que previenen las leyes del Real Patronato, fa- 
ciendo la nominación el Provincial, la presentación 
el Vice-Patrono, y dándole la ynstruccion el Dioce- 
sano '; pero a los Compañeros los nombra el Provin- 
cial, y con la aprovacion y pase del Vice-Patrono 
vienen a ocupar su destino, dejando tomada razón en 
los Tribunales de Real Hacienda para el abono de sus 
sínodos. 

177. Luego que el Cura se presenta al Governador 
de la provincia o Theniente del departamento en cuyo 
distrito está el pueblo de su destino, vistos sus títulos 
despacha orden al Cavildo, y Administrador para que 
por su parte lo recivan y le acudan con el sustento, 
según está mandado en las Ordenanzas. Con esta or- 
den y gus títulos se presenta en el pueblo, y el Cura 
que cesa le hace entrega formal del curato, libros, 
yglesia, sacristía, y ornamentos, asistiendo a todo el 
Cabildo, y Administrador: reconocen sí los ornamen- 
tos y alajas de la yglesia * están cabales, según el pri- 
mer ymbentario, anotan los que se deven anotar*, y 

* Asi en el m8. En la edic. de Ángelis: fué sostituido. 

* En la edic. de Ángelis: señalando. 

3 Asi en el 2ís. Con mayor propiedad y corrección en la edic. de Án- 
gelis: y dándole la institución el Diocesano. 

^ En la edic. de Ángelis: sacristía y ornamentos. Asistiendo ¿ todo 
el cabildo y administrador, reconocen si los ornamentos y alhajas de la 
iglesia, etc. 

> En la edic. de Ángelis: anotando lo que deben anotar. 



288 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. * 

dan parte de la execucion al inmediato superior: y lod 
Compañeros ^ se presentan con la licencia de su Pro- 
vincial, y orden del Vice-Patrono, y mediante ella 
son admitidos sin hacer ' entrega de nada. 

^Concluirá en elpróoimo número.) 



i En la edic. de Ángelis: y dan parte de la egeeueioii al InaadHlo 
superior. Los eompafieros, etc. 
> En la edic. de Ángelis: sin hacerles. 



CATALOGO 



DE LAS 

OBRAS DE LA REAL ACADEMLA ÜE LA HISTORIA 

enc'ua.ciema.ciSLS en rústica, 
CON EXPRESIÓN DE SUS PRECIOS EN MADRID Y EN PROVINCIAS. 



PRECIOS. 

Madrid. Prov. 
R8. yv. 
Memorias de la Real Academia de la Historia.— Los nueve tomos- pu- 
blicados 240- 276 

Se venden también sueltos. 

Los TOMOS I, n, III, IV, V y VI, cada uno 24 28 

El tomo VIL; 90 3| 

Bl tomo VIII 86 41) 

El tomo IX 30 34 

Las siete Partidas del Rey D. Alfonso el Sabio, cotejadas con varios 
códices anti¿^uos, y autorizadas por Real orden de 8 de Marzo de 1818 

para los usos forenses: tres tomos en 60 76 

OpúsoulcB legales del Rey D. Alfonso el Sabio: dos tomos en 30 34 

Diccionario geograflco-histórico de la Rioja y de algunos de los pue- 
blos de la provincia de Burgos, por D. Ángel Casimiro de Govantes. 20 22 
Historia general y natural de las Indias, islas y tierra-firme del mar 
Océano, por Gonzalo Fernández de Oviedo; con las adiciones y en- 
miendas que hizo su autor: ilustrada con la vida del mismo, por don 
José Amador de los Ríos: cuatro tomos á 50 y 60 rs. cada uno, y todos. 200 240 
Memorias de D. Fernando IV de Castilla. Crónica y colección diplomá- 
tica : dos tomos » 40 48 

Catálogo de Fueros y oartas-pueblas de España 16 18 

Catálogo de las Cortes de los antiguos reinos de España 12 14 

Cortes de los antiguos reinos de León y de Castilla. Se han publica- 
do cuatrotomos.— Introducción.— Primera parte. Un tomo. Cada uno. 60 65 
Memorial histórico español. Colección de documentos, opúsculos y an- 
tigüedades. Tomos I-XIX: cada uno 14 16 

índice de documentos procedentes de los monasterios y conventos 
suprimidos. Tomo I. — Monasterios de Nuestra Señora de La Vid y 

San Minándola Cogolla 20 22 

Colección de obras arábigas de historia y geografía. Tomo I. AJbar 

Machmua. (Culeecion de tradiciones) 30 32 

Tomo II. Crónica de Ebn-Al-Kotiya. Bit prensa. 

Diccionario de voces españolas geográficas , 3 4 

Catálogos de los nombres de pesos y medidas españolas 2 3 

España sagrada: cincuenta y un tomos. Faltan los tomos II, VII, X, XII, 
XVÍ, XXII y XXXIIÍ. La Academia tiene acordada la reimpresión 
de estos tomos. 
Los tomos I, III-VI, VIII, IX, XI, XIII-X V, XVII-XXI-XXIII; La Can- 
tabria.— Discurso preliminar al tomo XXIV; los tomos XXIV-XXXII 

y XXXIV-L: cada uno, sueltos 14 16 

Tomando juntos los cuarenta y seis tomos existentes 16 608 

Tomo LI 20 22 

El R. P. Mtro. Fr. Henrique Florez, vindicado del Vindicador de la 

Cantabria: por el P. Mtro. Fr. Manuel Risco 6 7 

Historia del célebre Castellano Rodrigo Diaz, llamado (El Cid Cam' 

peador); por el mismo P. Risco 8 9 

Historia de la ciudad y corte de León y de sus Reyes: de sus igle- 
sias y monasterios antiguos y modernos: por dicho P. Risco: dos 
tomos en 16 18 



PREOOB. 
Madrid. Ptt. 

*!. tu. 

Memorias de las Reinas católicas. Historia genealógica de la Casa 

. Real de Castilla y de I^eon: por el P. Enrique Flores: dos tomos en . . 24 20 

Vida del Rmo. P. Mtro. Fr. Enrique Flores; un tomo : . . . 10 12 

Viaje literario á las Iglesias de España: por D. Jaime Villanueva: 

veintidós tomos á 8 y 9 reales cada uno, y todos 170 190 

Ensayo sobre los alfabetos de las letras desoonooidas, que se en- 
cuentran en las antiguas medallas y monumentos de España: por 
D. Luis José Velazquez 10 11 

Demostración histórica del ralor de las monedas que corrían en Cas- 
tilla en tiempo de D. Enrique IV, y su correspondencia con los del 
Sr. D. Carlos IV: por Fr. Liciniano Saez 20 22 

Sumario de las antigüedades romanas que hay en España, por D. Juan 

Agustín Cean-Bermúdez 20 22 

Disertación sobre la historia de la nAutioa: por D. Martín Fernández 

de Navarrete 12 14 

Memoria historico-critioa sobre el gran disco de Teodosio: por Don 

Antonio Delgado 8 9 

Elogio histórico de D. Antonio de Escaño, teniente general de marina 
y regente de España en 1810: por D. Francisco de Paula Quadrado y 
Oe-Roó 10 12 

Goleceión de Discursos leídos en las sesiones públicas para la recepción 

de Académicos de la Historia, desde 1852 ¿ ISSa 21 26 

Las Quincniagenas de la nobleza de España: por el Capitán Gonzalo 

Fernández de Oviedo. Tomo I 50 54 

Don Diego de Peñalosa y su descubrimiento del reino de Qulvira; 

por el Capitán de Navio D. Cesáreo Fernández Duro • . • 12 14 

Colón y Pinzón.— Informe relativo á los pormenores del descubrimiento 
del Nuevo Mundo; por el capitán de navio D. Cesáreo Fernández 
Duro 20 22 

Boletín de la Real Academia de la Historia. Tomo I y II (cada tomo). 90 84 

Don Rodrigo de Villandrando, Conde de Ribadeo. Discurso histórico; 

por D. Antonio MariaFabié 8 9 

OBRAS PREMIADAS. 

Historia del Combate naval de Liep^to, y juicio de la importancia 

y consecuencias de aquel suceso: por D. Cayetano Rosell 10 12 

T!-rfMTift« critico-histórioo del influjo que tuvo en el comercio, industria 

y población de España, su dominación en América: por D. José Arias 

y Miranda 8 9 

Juicio critico del feudalismo en España: por D. Antonio de la Esco- 

suray Hevia • 6 1 

Memorias sobre el compromiso de Caspe: por D. Florencio Janer 10 12 

Condición social de los morisoos de España: por D. Florencio Janer.. 12 14 

Munda Pompeiana: por D. José y D. Manuel Oliver Hurtado; 24 26 

Juicio critico y significación política de D. Alvaro de Luna; por 

D. Juan Rizzoy Ramírez 16 18 

Estado social y político de los mudejares de Castilla: por D. Francisco 

Fernández y González • 16 18 

Historia critica de les falsos cronicones: por D. José Godoy Alcántara. 16 18 
Noticia histórica y arqueológica de la antigua ciudad de Empo- 

rion: por D. Joaquin Botety Sisó •• 20 22 

PUNTOS DE VENTA. 



Las obras de la Academia se venden, á los precios marcados en este Ca- 
tálogo, en sus almacenos y despacho, calle de León, núm, 21 cuarto bajo. 

También se hallan de venta en Madrid, en las librerías de Sánchez, 
Carretas, 21; Bailly-Bai Hiere, plaza de Santa Ana, 40; San Martin,. Paerta 
del Sol, 6, y Carretas, 39; y en la de Murillo, Alcalá 7; en Bilbao, en la 
de Delmas: en Málaga, en la de Moya. 

A los señores libreros que tomen cualquier número de ejemplares se lea 
haráuuna rebaja conveniente, según la costumbre recibida en el comercio 
do librería. 



y 





boletín 



DÉLA 



REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 



*0]ÜO IV. -CUADERNO V 



HATO. «- 1884. 



/' - *> 



' • ':-).-^ r.i - ' 



- : .. '.. ' ■.. . . 






MADRID: 

IMPRENTA DE FORTANET, 

CALLE DE LA LIBERTAD, 29. 
i 884.. 




'' \ 




SUMARIO DE ESTE CUADERNO. 



PÁ08. 

Noticias 289 

Necrología: 

Reinhart Dasy.^F. Gillén Boblee 291 

Informes: 

I. Tesoro de moradas árabes descubierto en Zaragoza.'^TrBn" 

cisco Coderi ...••.••.•••• 312 

II. Monedas ibéricas. — C. Pajoly Campe 320 

Variedades: 

Memoria histórica, política y económica de la provincia de misiones 
de indios guaranis. (Continuación) • • . • • • • • 330 



boletín 



DE LA 



REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 



TOMO IV. Mayo, 1884. cuaderno v. 



ACUERDOS Y DISCUSIONES DE LA ACADEMIA. 



NOTICIAS, 

El tomo II de la Introducción á las Cortes de León y Castilla, 
escrita por el académico Sr. Colmeiro ha llegado al pliego 31 de 
impresión. 



El académico Sr. Fita ha presentado, copiadas por él con toda 
exactitud en el Archivo de la catedral de Barcelona, las actas del 
célebre concilio de Glermont presidido por el papa Inocencio II 
(1130), que sirve de guía para rectificar el texto de las Cortes de 
Barcelona celebradas un año después. También ha ofrecido cal- 
cos de inscripciones romanas de la Puebla de Castro que comple- 
tan las ya publicadas en el número anterior de este Boletín y 
confirman la opinión de que cerca de la Puebla debió de existir 
Lahitolosa^ ciudad afiliada á la tribu Galería. 



El Sr. Gobernador de la provincia de Álava, en nombre de la 
Comisión de monumentos históricos y artísticos que preside, ha 
enviado la reseña descriptiva y los dibujos en cromo de varios 
objetos arqueológicos recientemente hallados en las excavaciones 
de la villa de Suso, antiguo emplazamiento de Vitoria. 

TOMO IT, 20 



í 



290 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

Estas excavaciones atestiguan el incendio violento de que fué 
víctima la ciudad hacia fines del siglo xii. 



Se han recibido de parte de los albaceas de D. Benigno García, 
fallecido últimamente en Alcalá de Henares, los códices volumi- 
nosos que contienen la instrucción del proceso de beatificación 
de los ilustres varones Fr. Julián de San Agustín, Fr. Juan Gó- 
mez 01 Hortelano y Fr. Francisco de Torres. 



Ha sido firmado el Real decreto que declara monumento nacio- 
nal la basílica de Covadonga. 



La Academia acordó aprobar la moción de su individuo de nú- 
mero, el Sr. La Fuente, para que sea elevado á la categoría de 
monumento nacional el templo de Santa María de Calatayud. 



Atendiendo á la solicitud de la Comisión de monumentos de 
Sevilla, la Academia ha tenido á bien prestar su concurso cerca 
del Gobierno de S. M. , en demanda de subsidio con que reparar 
la Giralda famosa , lacerada recientemente por una chispa eléc- 
trica. 



La Academia oyó con sentimiento la noticia de haber fallecido 
dos sabios de la nación vecina: el eminente arqueólogo P. Gahier, 
que, con el P. Martín, escribió la obra monumental Les vitraux 
de Bourges, y el ilustre historiador M. Mignet, miembro de la 
Academia Francesa, y secretario perpetuo de la de Ciencias Mo- 
rales V Políticas. 



necrología. 



DugdX^Histoíredes Orientalistes : I)oty\ Tomo II. 44. Goeje, Biographie de ReinJiart 
Do%y\ trad. Chauyin. Leide, 1883. 

Si hubiera de referir la vida y juzgar las obras de este autor 
ilustre con la extensión que merecen, si hubiera de presentarle 
6n el centro científico en que trascurrió su existencia , rodeado de 
sus maestros , de sus colegas y de sus discípulos , ciertamente que 
podría escribir, más bien que un artículo de revista, un volumi- 
noso libro. 

Libro que reseñando en detallada monografía , la existencia 
de Dozy y sus relaciones literarias, sería interesantísimo para 
nosotros los españoles; pues al ocuparme de él debía tratar de 
algunas ilustraciones patrias , y porque la mayor y más principal 
parte de sus obras abraza largos períodos de los más romancescos 
y bellos de nuestra historia. 

Cuando multitud de grandes cualidades se reúnen en un hom- 
bre ; cuando vida laboriosa , fantasía brillante, ingenio claro y 
agudo, sagacidad que asombra por lo perspicaz, crítica profun- 
damente erudita, y amor incontrastable á la exactitud, á la pre- 
cisión y á la verdad, distinguen á un escritor, su nombre pasará 
seguramente á la posteridad, como pasa el de Dozy, entre el res- 
peto y la admiración de sus coetáneos , rodeado de gloriosísima 
aureola. 

España ha llenado cuasi por entero su grandiosa obra ; como 
nuestro Florez, como Zurita, ha iluminado espacios bien oscu- 
ros de su historia ; nos ha relatado memorias del tiempo vie- 



2d2 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

jo que creíamos desvanecidas para siempre; ha borrado, no ya 
de la vulgar opinión, mas del común sentir de los sabios, errores 
de cuenta, y así como un guía, sacudiendo su antorcha en osas 
oscuras cavernas, alcázares encantados de estalactitas, descubre 
maravillas en lontananza y en torno del asombrado viajero, así 
su saber, agitando la antorcha de la inspiración histórica ante el 
oscuro pasado de nuestra Edad Media , nos ha hecho asistir á la 
vida de aquellos tiempos , y nos ha indicado anchos espacios á los 
cuales dedicar nuestros esfuerzos. 

Podrá decirse de él que se mostró duro con los que le precedie- 
ron en su camino ; duro también con muchos de sus coetáneos; 
no solo duro, sino en ocasiones injusto: podrá decirse que pare- 
cía querer imponer á todos una superioridad evidente, que 
hubiera ensalzado mucho mejor la indulgencia; que algo de la 
glacial animadversión de Gibbon á la idea católica pasó por su 
alma ; que nos conoció en los libros más que en la vida real; 
podrá decirse todo esto , pero muchos de estos cargos se desvane- 
cen hoy al borde de su sepulcro , ante las grandes obligaciones y 
los considerables beneficios que le debemos. 

Muchos de estos cargos refluyen también en pro nuestra; pues 
la severidad de su crítica ha hecho muy difíciles en España las 
ligerezas de Conde ó las patrañas de Faustino Borbón; ha mos- 
trado á nuestros arabizantes cuan austera es la labor que han 
emprendido, y les ha trazado ancho campo de acción para sus 
investigaciones. Dozy será siempre para los arabistas, como es 
Silvestre de Sacy, comoCaussin de Perceval, un acabado modelo^ 
con sus grandes cualidades para imitarlas , con sus pequeños de- 
fectos para huirlos y para olvidarlos. 

Entre las más excelentes figuras de la historiografía patria, 
entre aquellos sabios varones, que tanto contribuyeron á la ilus- 
tración de nuestros anales, Antonio Agustín, Mariana, Alderete^ 
Nicolás Antonio, Velázquez, Morales, en el Parnaso de nuesr 
tros historiadores, tendrá lugar preferente Reinaldo Dozy, á 
quien sus trabajos en pro nuestra conceden carta de ciudadanía 
española. Muchas veces admiró, muchas celebró á aquellas auto- 
ridades históricas ; si ellos pudieran haberse visto juntos con él:, 
ciertamente que le recibieran con gallarda cortesanía español^ 



NECROLOGÍA. 293 

como á par en mérito^ y que cual-á compatriota le consideraran. 
España debe á Dozy respetuosa gratitud, y es de esperar que 
cuando la ciencia europea ha cubierto de flores su tumba , nues- 
tra patria, siempre hidalga en sus obligaciones , se adelante á 
todas en la demostración de su duelo. 



I. 



En la última sesión del quinto Congreso internacional de los 
Orientalistas , celebrado en Berlin durante el mes de Setiembre 
de 1881, al aprobarse que el siguiente Congreso se veriñcara en 
Leyden, el que esto escribe preguntó á un ilustre arabizante 
alemán, si Dozy sería designado para presidirla nueva Asamblea. 

— Si vive j seguramente nos presidirá; pero dudo que exis- 
ta para entonces ; la enfermedad que ha hecho presa en él, di- 
fícilmente le dejará vivir tanto tiempo. 

El suceso ha venido á confirmar esta triste previsión; un año 
«e adelantó la fecha convenida para la celebración del sexto Con- 
greso; Dozy había sido elegido Presidente, y había autorizado con 
su ñrmalas invitaciones; pero la muerte se adelantó también al 
cariño y al respeto de los orientalistas y enlutó el triunfo que se 
le preparaba. 

Reinaldo Dozy nació en Leyden en 28 de Febrero de 1820, y en 
Leyden ha fallecido el 29 de Abril de 1883; ha muerto, pues, de 
^ad no muy avanzada para los climas septentrionales. Los tra- 
bajos científicos, aunque no lo parezcan, son bien duros; pro- 
porcionan goces indecibles ; puros goces , cuya inefable dulzura 
s^aboreasólo quien ama la ciencia apasionada y desinteresada- 
mente; pero su esfuerzo, como el penoso trabajo del minero en 
las entrañas de la tierra, deja profundas huellas en el cuerpo; 
cuasi siempre más profundas y dolorosas, más gastadoras de 
vida, que el trabajo y las privaciones materiales. 

Leyden ha sido hace largo tiempo, cuna 6 morada de arabistas 
ilustres : allí escribió su Gramática aquel Brpenio , á qui6n uno 
de nuestros Gobiernos invitó á enseñar en España; allí publicó 
su Lexicón Raphelengius , uno de los colaboradores de la Biblia 



294 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

de Anveres de 1571; allí coleccionó Golio los elementos de su Dic- 
cionario; allí escribieron sus obras los Schultens, antepasados de 
Dozy; allí catalogó Reiske los manuscritos de su Biblioteca^ 
allí enseñaron Weijers y Hamaker ; allí se han formado insignes 
orientalistas y se han impreso tantas obras sobre sus estudios^ 
que podrían formar una magnífica biblioteca. 

En este medio tan acomodado á su vocación y á su ingenio, 
nació y se educó Dozy. Durante los momentos en que se forma 
un hombre de ciencia, en los albores de la juventud, en los ins- 
tantes de las grandes decisiones, en los que las vocaciones se 
determinan y se marca la vía que se ha de recorrer en la vida ^ 
es una gran fortuna encontrar un guía seguro y afectuoso , cuyo 
saber fortifica y da seguridad en el estudio, fija los puntos de 
vista, y ahorra trabajo y tiempo, evitando las incertidumbres de 
la inexperiencia. Dozy tuvo esta gran fortuna en la enseñanza de 
su maestro Weijers. 

Este fijó la vocación de su discípulo para los estudios históri- 
cos , y estimuló su inclinación á los lexicográficos, que en edad 
bien temprana le hacía aprenderse de memoria las notas críticas^ 
de los Sultanes Mamelucos de Quatremére, y que al fin de su vida 
le ha dictado su obra maestra, el Suplemento á los Diccionarios- 
árabes. Weijers ciñó su fantasía, más meridional que holandesa, 
á todo el rigor de la verdad , impidiendo que la imaginacióa 
exuberante y lozana de los pocos años hubiera dominado en aquel 
juvenil ingenio, viciando aptitudes de mayor excelencia : le mos- 
tró el verdadero valor de la civilización musulmana, apartándole 
de ese filosemitismo á outranceqae en Francia distinguió á Sedi- 
Uot y en España distingue á Gontreras; inspiróle, en una pala- 
bra, pasión sin fanatismo por aquella cultura, que fué uno délos 
principales factores en la Edad Media , popularizando obras ilus- 
tres del mundo clásico , estudiando la ciencia y erigiendo monu- 
-mentos insignes, cuando las sombras de la ignorancia envolvían 
cuasi por completo al entendimiento europeo. 

Dózy debe á Weijers mucha parte de su fortuna científica;- así 
lo ha proclamado frecuentemente en sus libros ; así lo reconoció 
en su sencilla y elocuente dedicatoria de la Historia Ahhadida- 
túm: Weijersi^prceceptoris desideratissimi^ piis Manihus^ sacrum. 



NECROLOGÍA. 295 

A los veintitrés años dióse el joven arabizante á conocer con 
una erudita Memoria (1), el Diccionario detallado de los nombres 
de vestidos entre los árabes, la. cual obtuvo el premio en el certa- 
men internacional abierto por el Real Instituto de los Países- 
Bajos , mereciendo elogios y considerable atención de algunos de 
los más autorizados orientalistas franceses (2). 

l^n. este punto comienza la no interrumpida serie de sus publi- 
caciones y de sus triunfos , admirando á cuantos han seguido con 
atención su persistente fecundidad, que parecía inagotable. 

En 1.° de Marzo de 1844 graduóse de Doctor en Leyden, cuando 
la muerte se cernía sobre su ilustre maestro. Viajes posteriores 
por Alemania é Inglaterra, abrieron más ancha carrera á sus 
facultades ; anudó durante ellos excelentes relaciones , registró 
importantes bibliotecas , y al par que acumulaba materiales y 
notas para futuras producciones , descubría en ellas ignorados y 
curiosos documentos de la literatura holandesa en la Edad 
Media (3). 

Nombrado después conservador adjunto (Je los manuscritos 
orientales que se guardan en la Biblioteca leydense, concibió el 
pensamiento de publicar una colección de textos arábigos ; pen- 
samiento que, como enlode adelante diré , produjo resultados 
fecundos. 

A pesar de esto, á pesar de que Dozy se había granjeado sin- 
gular respeto en los círculos científicos más elevados de Europa, 
permanecía siempre en situación subalterna, percibiendo escaso 
sueldo ; creían los maliciosos que así le trataba el Gobierno de su 
patria por adversario de su política. 

Estamos acostumbrados lo^ españoles á murmurar constante- 
mente de nuestro país, parangonándole con los extranjeros ; pa- 



cí) Dictionnaire üéíailU des noms des veiéments che^ les árabes, Amsterdam, Mu- 
Uer, 1845. 

(2) Defremery trató criticamente de esta obra en el Jowmal Asiatique de Octubre 
1846 y Agosto 1847; después en sus Mémoires d^histoire Oriéntale reprodujo estos ar* 
tículos y añadió un suplemento al Diccionario, También se ha ocupado de este Dugat 
en el Journal Asiatique, Enero 1856. . 

(3) Comunicó los resultados de sus investigaciones al profesor Vries, en una carta 
que se publicó en las Verslagen en berigten intgegeben door de Vereeniging ter bevorde- 
ring der on de Nederlansche £etter hunde ^ 1845, pág. 83-56. 



296 BOLBTÍN DE LA BEAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

récenos que en estos todas son glorias , que el mérito está sober- 
biamente recompensado , que la laboriosidad y la ciencia son allí 
la piedra filosofal, y que sus naturales viven en el megor de lo» 
mundos posible. Mas cuando se tocan de jcerca las cosas, cuando 
se ven casos como el de Dozy, cuando se oyen en las expansiones 
de la intimidad quejas justísimas, se observa que, salvo raras 
excepciones, lo mismo pasa aquende que allende el Pirineo ; que 
no todo obrero es retribuido según sus obras, que no siempre es 
verdad tanta belleza, y que en todas partes la sabiduría de las na- 
ciones concede á medianías bullidoras y audaces los favores que 
merecen ciencia é ingenio. 

Un cambio político consiguió á Dozy el premio que correspon- 
día á sus servicios. Al subir su partido, que era el liberal, al 
poder, su jefe Thoerbecke le nombró Catedrático de Historia Uni- 
versal en la Universidad leydense. 

Las obligaciones de su nuevo cargo, los estudios que debid 
hacer ó ampliar, serios cual todos los suyos, dieron mayor exten- 
sión á sus luces, mayor relieve á sus^ condiciones de escritor. 

Cuando se estudian períodos de la vida de un pueblo exclusi- 
vamente, podrá el historiador distinguirse por la corrección , por 
la minuciosidad en el relato de pormenores ; pero si puede rela- 
cionar este relato con la vida general de las naciones, podrá en- 
grandecerlo con citas oportunas, con paralelos que sirvan como 
de sombras en sus cuadros, con esas grandes síntesis históricas, 
expresión muchas veces de los designios de la Providencia en la 
existencia de los pueblos. Puede decirse que el historiador ha de 
tener la vista del águila, présbita de lejos^ miope de'^ca; prés- 
bita para abarcar con toda su grandiosidad el conjunto ; miope 
para apreciar la riqueza y variedad de los pormenores. 

La influencia de sus estudios profesionales se marcan á cada 
momento en las obras de Dozy. Á la continua una cita ingerida 
en el asunto, una correlación de sucesos entre pueblos y situa- 
ciones diversas, una comparación ó un contraste de. caracteres^ 
dan como los toques de luz en Jos cuadros de Rembrandt, mayor 
relieve, mayor atractivo, major grandeza á sus narratíones. ' 

Mientras enseñaba historia, repetidas publicaciones daban á su 
apellido universal fam^; constantes muestras de respeto de sabios 



NECROLOGÍA. 297 

y corporaciones y distinciones honoríficas, venían á premiar sus 
esfuerzos: la Sociedad Asiática parisién se honraba asociándole 
á sus trabajos; el Instituto de Francia le abría sus puertas como 
correspondiente; nuestra Academia de la Historia le concedía el 
mismo título, y nuestro Gobierno le condecoraba con una Gomén- 
daduría de Carlos III. 

El rasgo más saUente de la vida de Dozy es la laboriosidad; no 
se comprende cómo en tan corta existencia se pueda estudiar y 
escribir tanto. 

Es el clima septentrional apropiado para los estudios austeros 
y para la publicación de grandes obras, pues en tantos meses de 
fríos y nieblas, cuando la nieve, el hielo ó la lluvia, hacen impo- 
sible la vida exterior, para las inteligencias cultivadas el estudio 
es una necesidad; y ciertamente, cuando la naturaleza no ofrece 
durante la mayor parte del año las distracciones y los encantos de 
nuestra vida meridional, nada tiene de extraño que los enten- 
dimientos ilustrados busquen esos encantos en los ensueños de la 
fantasía ó ea las investigaciones de la verdad. 

Mas ni aun así puede explicarse cómo ha podido el ilustre ho- 
landés estudiar, escribir y publicar tanto. Muchas veces cuando 
oigo poner en duda las innumerables ó voluminosas obras que 
se asignan á varios escritores musulmanes, se me vienen á las 
mientes los trabajos de Dozy; trabajos de un Hércules del enten- 
dimiento, que parecen obra de varios hombres. 

Poseer el holandés, el latín, el francés, el inglés, el alemán, 
hfista el punto de escribirlos correctamente; dominar el español y 
el portugués, hasta conocer los más delicados pormenores de sus 
gramáticas y diccionarios; estar en gramática árabe á la altura 
de Silvestre de Sacy ó de Fleischer; ser en lexicografía arábiga 
una especie de Chauhari ó de Firuzabadi cristiano; conocer bas- 
tante bien el caldeo y el siriaco para enseñarlos en cátedra ; pu- 
blicar obras, alguna de las cuales ocuparían la vida entera de otro 
hombre; colaborar en varias revistas de diversas naciones en el 
idioma de estas; escribir sobre historia, geografía ó lexicografía, 
con igual erudición y acierto, parece cosa de milagro. 

Y como si después de estos trabajos aún le sobrara tiempo para 
más, todavía tuvo suficiente para explicar durante algunos años 



298 BOLETÍN DB LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

las cátedras de árabe, caldeo y siriaco do la Universidad de Ley- 
den, y formar discípulos de la valía de Engelmann, desgraciada- 
mente perdido para el arabismo ó como Goeje, una de las bue- 
nas ilustraciones del orientalismo europeo. 

En los últimos días de su vida ha debido quedar satisfecho de 
su obra; si hubiera adoptado por lema de ella el tema de un ilus- 
tre emperador romano (ílahoremus^j> mejor no le hubiera cumpli- 
do. Todavía en medio de las angustias de su terrible enfermedad 
continuaba sus estudios y forjaba proyectos de nuevos trabajos; 
al fin debió abandonarlos; su dolencia podía con él más que su 
enérgica voluntad. 

Pero puede decirse que ha caído para no alzarse más en el 
mismo campo de la ciencia; que ha muerto sobre él, como morían 
sobre su escudó en el campo de batalla aquellos viejos guerreros 
castellanos, que tantas veces pasaron ante su mente, encanecidos 
en la santa y secular guerra mantenida para devolver á España 
el sagrado territorio de la patria. 



II. 



Hace unos cuantos años, con ocasión de cierta breve polémica 
literaria, pude observar cuan desconocida era entre nosotros la 
valía deDozy. Hasta hace poco tiempo también, no se han tras- 
ladado al castellano dos de sus más importantes producciones; y 
solo los señores Simonet y Codera se han ocupado de ellas para 
combatir algunos de sus asertos y tendencias. 

Además, sus trabajos no han trascendido cuanto debieran á 
nuestros estudios históricos; escritor hay que sigue todavía sin 
desconfianza el relato de Conde; historiador laureado en pública 
certamen conozco, que aún denomina á Idrisi el Núblense, y obra 
en que se trata de los tristes días de la invasión sarracena y de 
los primeros hechos de armas de la Reconquista, en la que no se 
sospecha que existan más fuentes de información que los viejos 
cronicones. 

Esta lamentable situación habíame inclinado á popularizar las 



NECROLOGÍA. 299. 

obras del sabio holandés; su muerte me pone hoy en bien triste 
ocasión de realizar mi propósito. 

La suma de los trabajos de Dozy puede clasificarse en dos sec- 
ciones: los que se refieren á publicaciones históricas y literarias 
que en nada ó en muy poco tocan á lo árabe, y aquellas otras que 
son exclusivamente arábigas. 

Constituyen las primeras principalmente artículos de Revista, 
bien históricos, bien literarios. Ha tratado en ellos, ya sobre al- 
gunos cantares de Gesta de los siglos xi y xii; ya sobre la influen- 
cia que las revoluciones francesas han ejercido en el estudio d© 
la Edad Media; bien acerca de la Historia de Bonifacio VUI^ de 
Drumann, ó de la locura del Tasso, con motivo del precioso libro 
de Cherbuliez el Principe Vital; bien refiriéndose al Jorge Forster 
de Klein, ó á la Francia bajo Luis XIV áe Bonnemére; ora, en 
fin, tratando de la historia y costumbres rusas del siglo xviii, en 
un artículo titulada, Cómo'^ llegó Rusia á ser poderosa (1). 

Entre cuyos trabajos interesan mucho á los españoles los que 
publicó sobre la literatura castellana de la Edad Media, sobre el 
Viaje á España de Keller, una crítica de la Historia de Carlos III 
de Ferrer del Río, la que denominó Austria y España frente á la 
revolución francesa^ motivada por las obras de Sybel, Herrmann. 
y Baumgarten, en la cual le sirvieron de fuentes los despachos 
secretos é inéditos de Auber, secretario de la legación holandesa 
en Madrid (2). 

Las obras puramente arábigas pueden clasificai*se en publica- 
ciones y traducciones de textos árabes, históricas y lexicológicas. 

Aceptada generalmente la necesidad del conocimiento de aque- 
llos textos, como fuentes históricas, la de salvarlos del riesgo de 
destrucción, y la de ponerlos al alcance de los estudiosos, su pu- 
blicación es una obra bien meritoria. Mérito que sube de punto, 
si se considera la penosa preparación y los penosísimos trabajos 
precisos para editarlos á conciencia; pues hay que valerse cuasi 



(1) Todos estos articules están incluidos por el orden en que los enumero en el 
eids 1854; Annales des Univer$Ués; Athenaumfrangais, Dic, 1852; el eids^ 1864; id., 1863; 
ídem, 1S65; idem, 1856. 

(2) El em, 1848; idem, 1865; idem, 1858; idem, 1861. 



áOO BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

siempre de manuscritos incorrectos, en los que continuamente 
surgen dificultades, creadas por la ignorancia ó la torpeza de los 
amanuenses; textos faltos en ocasiones de los puntos diacríticos 
que distinguen muchas letras, engendrando gravea incertidum- 
breSi pues una lectura, aun puesta en razón, puede producir 
errores de cuenta; porque hay que cotejar cuidadosamente varios 
manuscritos, cuando se tiene la fortuna de poseer varios, hay que 
mantener una atención constante, que adivinar á veces, y vigilar 
la corrección de pruebas tan esmeradamente como la de los Elze- 
vires ó la de los Evangelios de Bida, á fin de que la impresión 
salga de la prensa, tal como si el mismo autor la hubiera corre- 
gido. Lo que Dozy entendía por esta clase de publicaciones bien 
lo demostró en todas las suyas, y bien se deduce de una de sus 
más interesantes críticas, de su Carta á Fleiseher conteniendo ob- 
servaciones criticas y explictítivas sobre el teocto de Almacari (í). 

A la cabeza de estas producciones puede colocarse la versión 
con notas de la Historia de los Benu Ziyan de Tremecen (2). Si- 
guieron á esta unas excerptas sobre los Abbadies sevillanos, di- 
nastía á la cual demostró siempre singular predilección. Libro es 
este profundamente erudito, formado por multitud de difícilísi- 
mos textos, muchos traducidos, estudiados lexicológicamente, 
acompañados de las biografías de sus autores y de la crítica de 
sus obras; en cuyos dos primeros tomos hubiera habido mucho 
que corregir y añadir, si no les añadiera un tercero, conteniendo 
explicaciones, correcciones y escolios, que constituyen un tesoro 
de saber y de crítica (3) . 

Que esto de las correcciones á sus obras debía ser la pesadilla 
del ilustre arabista, como tan amigo de la precisión y de la exac- 
titud, pues muchas -veces se apresuró á aprovechar cualquier oca> 
sión que se le presentara para enmendar sus yerros antes de que 
otros los advirtieran, como en aquel pasaje de su introducción al 
Bayán, en el cual decía : cette demiere opinión est erronée; het»- 



(1) Leftre d Mr. Fleiseher eontenant des remarques eritiqws et ewpUcttives sur le 
texte d'Al-makkari, Leyde, 1871 in 8.» 

(2) Journal Asiatie, Mayo y Junio, 1844. 

(3) Ser{ptorumArahmlocideAbbadidis,Lejáe,Bñ\\,l8ill^-^St-«S. 



NECROLOGÍA.. 301 

reusement pour moi^ je me suis apergu que je m^etais trompé^ 
avant que personne nCen eüt advertí. 
Dejando á cualquier Aristarco exigente fijar su crítica en la der 

plorable trascripción del alfabeto árabe al europeo, adoptada un 
momento por Dozy y después abandonada, considero á la Historia 
Ahhadidarum como un excelente modelo, en cuyo estudio pueden 
aprovechar niucho los arabizantes. 

Mientras publicaba esta obra, atrevióse á mayores empeños, al 
proponerse, como en Diciembre de 1845 manifestó en un prospecto, 
la impresión de una colección de textos. Fué el primero de estos 
entre los publicados el Comentario histórico de Aben Badrun al 
poema de Aben Abdun; obra por demás curiosa, con la cual, como 
ha probado Hoogvliet, puede hacerse un brillantísimo estudio pa- 
recido á cualquiera de los Récits mérovingiens de Thierry, sobre 
una dinastía de Taifa española , sobre los Benu Alaftas, reyezue- 
los de Badajoz (1). 

A esta siguió otra publicación que ha ahorrado considerable 
trabajo á nuestros arabistas, pues al dar algunas noticias refe*- 
rentes á varios manuscritos, imprimió todo el contenido relativo 
á España del Hollatu^ssíyara, diccionario biográfico de perso- 
najes y. escritores musulmanes del siglo ii al vii de la Hegira, 
del IX al XIII de la Era cristiana — obra del valenciano Aben Alab- 
bar, uno de los más célebres autores de la España sarracena (2), 

Más adelante dio á la estampa el Catálogo de los manuscritos 
orientales de la Biblioteca ley dense ^ en el cual empleó minucioso 
esmero en la descripción de las obras, y acertado conocimiento 
bibliográfico de los manuscritos orientales que encierran las bi- 
bliotecas de Occidente. Los españoles echamos de menos en este 
trabajo, que Dozy no haya dado, como Casiri, en su Biblioteca 
arábiga^escuriálense , estractos de algunos textos , para nosotros 
interesantísimos (3). 



(1) Commentaire historiqtie sur le poSme dTbn AMoun par Ibn JSadroun, Leyde, 
Brill, 1846-48. Hoogvliet, Diversorum scriptorum loci de regi Aphtcaidarum familia^ et 
d'Ibf^ Abduno poeta, Lugduni Batavorum, 1839. 

(2) Notices sur quelques manuserits árabes, Leyde, BriU, 1847-51. 

(3) CataUgus codicum orienialium Bibliothecae Academiae Lugduno-Batavae , Leyde, 
Brill, 1S51. 



302 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

En el período fecundo de estas publicaciones, emprendidas por 
Dozy, entre 1846 y 1851, imprimió dos producciones, también 
muy importantes, una la de Abdeluahid el Marroquí, autor del 
siglo VII de la Hegira — xiii de J. G. — que comprende mucha 
parte de nuestra Historia , especialmente la relativa á la domina- 
ción almohade (1), cuyoestudio apenas está esbozado. Es la segunda 
el Bayan Almogrib , que abarca desdé la invasión musulmana en 
España, hasta fines del sultanazgo de Hixem II en Córdoba (2). 

Al principio de esta importantísima obra puso Dozy una /n- 
Iroducción , no menos importante , pues en ella inicia cierto tra- 
bajo que hace mucho tiempo debía haberse escrito, cual es una 
buena historiografía hispano-sarracena, á la manera áélDicciona- 
rio b¿í?í¿ogrrá/icodeMuñozRomero,quecomprendieracuantás obras 
musulmanas podían servirnos de fuentes históricas; las que se 
conocen, para saber donde existen; las que se han perdido, para 
procurar su adquisición. 

En la introducción al Bayan se -echa de menos un estudio más 
detenido y extenso de la obra editada; puede también hacérsele 
el cargo, que algunos críticos hacen á Cervantes, de haber inge- 
rido en su Quijote episodios ajenos al asunto principal; pero es- 
tos episodios de la introducción al Bayan son tan nuevos y be- 
llos, están tan admirablemente tratados, que, como á Cervantes, 
bien puede perdonarse á Dozy su ingerencia. 

No se contentaba el sabio holandés con publicar solo sus tex- 
tos; algunos de estos necesitaban una existencia humana para 
editarlos; acudió entonces al sistema de la división del trabajo, y 
cual hoy se está haciendo con la Historia del Tahari, inició una 
asociación con varios orientalistas para publicar el Macari, com- 
pilador musulmán en el siglo xvii de multitud de obras sarrace- 
nas referentes á España, y en cuyo manuscrito, mina riquísima 
de noticias para nuestra Historia , se encuentran grandes trozos 
de libros, cuya pérdida deploramos (3). 



(1) Abd-el-Wahid el Marrecoschi, History ofthe Almohades, Leyde , Lutchmans, 
1847. 

(2) Al-bayan Al-mogrib, Leyde, Brill, 1848-51 . 

(3) Analectes sur Vhistoire et la litterature des Árabes d'Espagne, Leyde, 1855-61. La 
parte de Dozy apareció en 1858. 



NECROLOGÍA. ' 303 

Esta es una de las principales obligaciones que á Dozy debe- 
mos, pues respecto de aquel inmenso archivo de datos, cuasi lo 
principal está ya hecho : esto es , que poseemos su texto bastante 
correcto; falta la traducción, que ciertamente no se hará mien- 
tras no se someta, como la edición, á una asociación de ara- 
bizantes. 

Todavía en 1866 continuaba su tarea de publicar y traducir 
teixtos ; pues en el mismo año imprimió y tradujo, con la colabo- 
ración de Goeje, la parte de la Geografía de África y España del 
Xerif el Idrisi , que vino á coadyuvar poderosamente al trazado 
del mapa de nuestra Península durante la Edad Media. 

El epigrafista con la interpretación de las inscripciones^ el 
numismático con la clasificación y lectura de las monedas, el 
filólogo estudiando lenguas y relacionándolas, reúnen los mate- 
riales de que se sirve el historiador para la erección de sus obras: 
el cual examina las decisiones de los arqueólogos, funde en el 
crisol de su ingenio aquellos diversos materiales, y elevándose á 
las causas, desentrañando los acontecimientos, colocándose, me- 
diante la inspiración histórica, en el seno de la sociedad cuya 
vida narra, pule la materia, con el esmero de nuestro Juan de 
Arfe, y la ofrece animada, bella y verdadera , sobre todo vivien- 
te, á la vista de sus lectores. 

Raro es que se combinen en un mismo sujeto la erudición y la 
fantasía , como es bien raro ver reunidas en un poeta cualidades 
de matemático. La inspiración del filólogo por grande que sea, no 
es la misma que la del historiador; es imposible vivir siempre 
entre divisiones y distinciones gramaticales, averiguando el sen- 
tido de las voces, determinando los matices de su significación y 
fijándolas en la memoria; es imposible vivir perpetuamente en la 
aridez lexicológica, sin que esta penetre en el entendimiento, 
sin que imprima su sello en el alma. Bien así, como afirman al- 
gunos etnógrafos, que las grandes llanuras secas, monótonas, 
tristes, y los países montañosos, accidentados, ásperos, abruptos, 
imprimen algo de su carácter peculiar en el carácter de sus mo- 
radores. 

En Dozy se compenetraban ambas capacidades; he tratado del 
filólogo y del erudito, cúmpleme tratar del hisforiador. 



304 BOLETÍN DE LA Rl^AL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

Hay quien cree que la obra maestra de Dozy es su Historia de 
los musulmanes de España; en sus obras históricas, á lo ^e en- 
tiendo, lleva á todas la ventaja ; pero ea la totalidad de sus pro- 
ducciones, otra, más adelante examinada, merece mejor el título 
de obra maestra. Habían precedido á aquella la Historia de la 
Dominación de Conde, la Historia de las dinastías mahom^ár 
ñas de Gayangós. Esta liltima, por estar escrita en una lengua 
no muy usada en España, aunque contenía verdaderas revelacio- 
nes, no ejerció en ella toda la gran influencia que merece. Cada 
vez que examino el libro de Gayangós no puedo menos de admi- 
rar la vocación incontrastable dé un Jioiobreque, desprovisto en 
nuestro país de toda euseñanza, sin contar en él con protecciones 
eficaces, á solas con -su esfuerafd, pudo prepararse para llegar 
hasta publicar su obra ; en la cual dio á conocer manuscritos 
apenas descritos ó completamente ignorados, ideaS; noticias y 
juicios sobre estudios, muchos de ellos apenas iniciados. Aun 
después de los grandes adelantos del orientalismo europeo toda-^ 
vía hallamos mucho qué aprender en sus notas, rico tesoro de 
indicaciones para la bibliografía, historia y geografía española^ 

Conde tuvo mejor fortuna que Gayangós; en su libro busca- 
ron, y hasta hace poco buscaban , españoles y extranjeras, me- 
morias de nuestros tiempos medios. Su reputación se ha desva- 
necido hoy, merced á Dozy, quien con esto nos hizo un gran 
bien, por más que se haya mostrado duro siempre» y á veces 
demasiado duro con su memoria. Conde no tuvo á jsu disposición 
los grandes medios de que gozó Dozy, dejó en borrones mucha 
parte de su libro, pero sabía más de lo que hoy generalmente se 
supone, y sus trabajos no deben ser tratados con absoluto menos- 
precio. . 

Una narración precisa, minuciosa, bellísima de los sucesos 
hispano-musulmanes, desde la invasión á los comienzos de. la 
dominación berberisca, vino á sustituir á la narración de Conde, 
que aunque escrita en excelente castellano y con exposición dar 
rísima, estaba convicta de embrollada en los hechos, errónea y 
confusa en la cronología, mendaz muchas veces. Sucesos, perso- 
najes, costumbres, fechas y razas se diseñaron con todo el brío, 
con toda la minuciosidad, con que están esculpidas las figiu*aS'dé 



negrolo&ía. 305 

lofe bajo relieves en el palacio que Garlos I dejó sin concluir en la 
Alhambra. 

En esa obra aparecen las luchas que ensangrentaron entonces 
á España, entre hombres, creencias é intereses, entre müladíes, 
árabes, judíos y berberiscos, entre los invasores y la Reconquis- 
ta. Allí aparecen vivientes multitud de grandes figuras; la de 
Abderrahman I de Córdoba, severa y melancólica, atormentada 
por la nostalgia de su Siria y las decepciones del mando; la som- 
bría del sultán fratricida Abdallah y la enérgica de su víctima 
Almondir; la de Omar ben Hafsiinj dominando durante cuasi 
medio siglo lá escena histórica cordobesa, más grande por el co- 
razón que por la fortuna; la de aquél Almanzor, á quien ésta 
trató cual á hijo. predilecto, par en éxito y talento, guerrero y 
diplomático, cortesano omnipotente, mezcla de todas las buenas 
y malas condiciones, que hacen capaz á un hombre de la sobera- 
nía; la deliciosamente dibujada de Almolamid, el rey poeta sevi- 
llano, las repugnantes de Oppas y Hostégesis, la entusiasta y 
dulce de Eulogio, la severa de Samson. Y entre todas ellas sur- 
gen hermosas figuras de mujer, Romaiquia, las hijas de Alnjo- 
tamid, la Zahra de Abderrahman III, la sultana Zobh de Alman- 
zor; irguiéndose sobre todas ellas plácida, serena, iluminada su 
frente con la aureola del martirio, la angelical figura de la vir- 
gen Flora. 

Allí están estudiadas, como estudia el anatómico las fibras que 
separa su escalpelo, las diversas razas que habitaban en España, 
con sus pasiones, vicios y virtudes: el árabe altivo, voluptuoso, 
arrojado, levantisco; el berberí rapaz y tornadizo; el musulmán 
español odiando perpetuamente al musulmán extranjero domijUa- 
dor; el mozárabe siempre generoso y nunca abatido; el judío, 
envilecido por la persecución, demostrando en la filosofía, en 
la medicina, en la poesía, en la industria, hasta en el gobier- 
no, sus excelentes aptitudes ó las malas propensiones de su ge- 
nialidad. 

Allí se desenvuelven ante el lector, como los episodios del 
Claustro de las Batallas en el Escorial, los gloriosos días del cali- 
fato Umeya, loa tristes instantes de su ruina, y están retratados 
con pincel rico en dibujo, luz, colores y ambiente, con la colora- 

TOMO IV. 21 



306 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

cióii del Tiziano y la energía y verdad de Yelázquez, aquellas 
cortes de Taifas, aquellos reinos de Ivetot, centro de cultura á 
veces, centro generalmente de opresión, barbarie y tiranía. 

Todo esto hay en ese libro, escrito con la inspiración de un 
poeta, con la erudición de un benedictino, con el encanto de una 
novela de W. Scott, con la elevación y el gusto de Cantú ó de 
Thierry. 

No es. una historia exclusivamente crítica, no. No es una histo- 
ria, como la de los árabes antes del islamismo de Caussin de Per- 
ceval, pero siempre será respetada, siempre será leída con el gusto 
con que leen los ingleses la Historia de Macaulay. Es una obra de 
vulgarización que puede leer y comprender, y con la que puede 
sentir todo el mundo. No es una historia definitiva, no ciertamen- 
te; hay mucho, mucho que hacer después de ella: pero ese libro 
será la base de los trabajos futuros: y á veces muchos de estos, 
mientras no aparezcan textos nuevos, no podrán tratarse con más 
extensión que Dozy lo ha hecho. Buena prueba puede ofrecer de 
ello el que esto escribe, pues al ocuparse de los Hammudíes ma- 
lagueños, poca cosa tuvo que añadir ó rectificar en las páginas 
de su libro. 

Es una historia anecdótica solamente, se dice, es cierto; pero 
bien saben los arabizantes que este es el carácter general de la 
Historia y Biografía arábiga. Véase á Masudi, léase á Aben Ja- 
likán; cuando menos se piensa, cualquier anécdota burlesca vie- 
ne aponer una nota alegre en la narración; á cada momento 
dánse á conocer por una anécdota los caracteres de tiempos, cos- 
tumbres y personajes, mucho mejor que con el relato más extenso. 

¡Ah! si Dozy hubiera venido á España, si hubiera buscado 
confirmación á su admirable instinto de la verdad en nuestro 
trato, en nuestros campos, en nuestros museos, ante nuestros 
monumentos, en nuestros castillos señoriales, en los derruidos 
claustros de nuestros monasterios, esta obra hubiera poseído lo 
que más falta le hace; que sus cuadros se hubieran pintado del 
natural y no de manera; que la hubiera informado el espíritu 
hispano; que el .genio español hubiera pasado, como un ardiente 
soplo, por sus páginas, dándole la exactitud de los sentimientos 
y la verdadera apreciación de las creencias. . 



NECROLOGÍA. 307 

A mi entender, la verdadera falta del libro está en esto y en su 
disposición interior. Dozy ha sido en él un arquitecto que ha tra- 
zado bien el plano de su ediQcio, que lo ha elevado sólido y ma- 
jestuoso, que lo ha adornado con gusto y delicadeza, pero que lo 
ha distribuido mal interiormente. 

Como preparación para esta obra había publicado su autor mu- 
-cho antes de ella una compilación de investigaciones acerca de la 
historia y literatura de España durante la Edad Media; recopila- 
ción de la cual ha impreso tres ediciones, considerablemente 
aumentadas y corregidas (i). 

Historia , letras , geografía , bibliografía , tradiciones , perso- 
najes como el Cid, insignes sucesos como la rota de Calatañazor, 
acontecimientos apenas conocidos, como las incursiones norman- 
das, aspiraciones apenas esbozadas antes, cual las del partido 
hispano-musulmán, ubicaciones geográficas, afirmaciones, hipó- 
tesis , cuestiones resueltas ó planteadas , forman la materia de sus 
dos interesantísimos tomos. 

Podrán contener afirmaciones aventuradas y hasta errores; 
podrá discutirse después de ellos sobre la situación de Iliberis ó 
sobre la personalidad del Pacense; podrá desearse la inmediata 
publicación de un libro acerca del Cid, que mejor que el de Ris- 
co, ponga al caudillo, emblema de nuestras glorias nacionales, 
en el pedestal que le corresponde; pero á pesar de esto las Inves- 
tigaciones de Dozy servirán siempre de archivo y enseñanza para 
]03 que estudien nuestra Edad Media. 

Otras dos obras históricas ha publicado que no nos tocan direc- 
tamente; un Ensayo acerca del Islamismo ^ trabajo de vulgariza- 
ción , que contiene algunas ideas muy originales , como las qué 
apunta sobre el Koran y sobre la sublevación Uahabita (2) ; otra 
en que trata de los israelitas en la Meca, apenas nombrada en 
España, la cual le ha valido muchas y acerbas críticas. 



(n Secherches sur Vhistoire politique et Utteraire ele VEspagne pendan t le Moyén 
á^tf; I edición 1849; II, 1860; IlI,Leyde, Brill, 1881. Tomándolo de esta obra ha pu- 
blicado Dozy un libro titulado Le Cid d'aprés des newoeanx documents, Leyde 1860. 

(2) Essai sur Vhistoire de Vislamisme; traducción del holandés de Chauvin , Leyde, 
ldr79. Dié fsraelilem ^u Mekha von Davils Zeit, Leyde, 1864. A todas estas puede agre- 
^rae la que tituló Le calendrier de Cordoue deVaHnée 961, Leyde, 1873. 



308 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

Raras son las obras del sabio holandés en las que no aparez- 
can á cada momento su amor y su aptitud para la lexicología; 
rara era la que no llevaba acotaciones y notas lexicológicas^ 
cuando no glosarios ; los cuales demostraban lo incompleto de losr 
Diccionarios arábigos, desde Golio y Raphelengio á Freitag y 
Kazimirski. 

Tiempo hacía que Dozy meditaba llenar en lo posible este- 
vacío, con ocasión de publicar una obra, de grata memoria para 
los españoles. Hubo en nuestro episcopado del siglo xvi un Pre- 
lado insigne, Fray Hernando de Talavera, Arzobispo granadino, 
ejemplar de sacerdotes y dechado de Obispos. Cuando los odios 
contra la vencida grey mora eran más terribles , cuando aún 
manaban sangre las heridas de la última guerra de la Recon^ 
quista, cuando la soberbia y aun la codicia de los vencedores era 
prepotente, una voz desapasionada, pura, clamó por los venci- 
dos; una inteligencia recta, un corazón verdaderamente cristia- 
no, comprendió que la dulzura, la justicia y la caridad produci- 
rían la voluntaria sumisión del pueblo alarbe; que imponer vio- 
lentamente el cristianismo á gente profundamente lacerada era 
marcarla á fuego, no lavar con las redentoras aguas del bautisma 
creencias que informaban toda su existencia. 

Firme en sus convicciones, encomendó á la persuasión lo que 
nunca debió ser obra de la fuerza, y para facilitarla protegió la pu- 
blicación de dos obras dadas á la estampa por el P. Fr. Pedro 
de Alcalá, referente la una á la Gramática y la otra al Dicciona- 
rio del idioma hablado por los musulmanes españoles. El P. Al- 
calá pretendía facilitar con sus libros las relaciones entre cristia» 
nos y sarracenos, y sobre todo, la enseñanza católica álos sacer- 
dotes enviados como conversores ó párrocos á las poblaciones 
donde existían moriscos. 

La publicación de un vocabulario latino arábigo, el de Rai- 
mundo Martin, escrito también por un español, el examen de 
otro en la biblioteca ley dense, sobre cuya importancia llamó Si* 
monet la atención de Dozy, las faltas de los diccionarios arábi- 
gos, aun de uno tan excelente cual el de Lañe, la multitud de 
notas que poseía , dieron mayores proporciones al pensamiento 
del arabista holandés, inspirándole su obra maestra el Suplér 



NECROLOGÍA. 309 

^nento á los Diccionarios árabes, su mayor título de gloria (1). 

Fué recibida esta obra con verdadero júbilo por cuantos nos 
<iedicamos á los difíciles estudios arábigos ; venía á ahorrar tra- 
bajos penosísimos y largas vigilias; á imposibilitar ferrores en in- 
vestigaciones, donde el error es tan fácil, como naufragar nave- 
gando entre arrecifes en medio de las sombras de la noche. 

Mil setecientas veinte páginas en folio mayor constituyen los dos 
volúmenes de esta obra, en las cuales se encuentran las voces que 
se echan de menos en los otros Diccionarios, tomadas de multi- 
tud de libros, de las notas enviadas á Dozy por arabistas enten- 
didos, y de los vocabularios de los viajeros. Y no solo se encuen- 
tran estas voces, sino que la significación de muchas está justi- 
ficada por curiosísimos textos , en gran parte inéditos , ó explica- 
dos por los usos y costumbres sarracenas. 

Para los que pueden apreciar la ciencia y esfuerzo que esta 
obra representa, es cosa que maravilla, que un solo hombre 
haya podido concebirla y ejecutarla. 

Que Dozy hubiera escrito como en sus Oosterlingen (2) la expli- 
cación de los vocablos neerlandeses, derivados del hebreo, caldeo, 
árabe, persa ó turco y que lo realizara con su acostumbrada 
maestría, es digno de consideración ; pero mucho más digna es 
de áer celebrada su obra Glosario de palabras portuguesas y es- 
pañolas derivadas del árabe (3). 

Basada sobre cierto excelente trabajo de Engelmann, uno de 
sus mejores discípulos, Dozy le aumentó y corrigió considera- 
blemente. Incompleto cuales, como su mismo autor reconoce, 
•este libro será constantemente consultado entre españoles, mien- 
tras un arabista entendido no le complete con los grandes ele- 
mentos que hoy poseemos para acabarlo. 

Además de todas estas publicaciones, Dozy ha impreso en 
varias Revistas algunos artículos , ya juzgando los trabajos de 
sus colegas en aficiones ó tratando puntos especiales de estas. 



(1) SnppUmtnt mx DicHonnaires ar, Leyde, 1877-81. Sobre esta obra ha publicado 
Fleischerun estudio titulado, Studien überDozy'sSnppl, auío Diet. ar,, Leipsigr, 13SU 
. i7) . Oosterlingen, 1867. 

CH) Cflossáire des mots espagnols et portugais derives de Varal); Lej'de, 1869. 



310 . BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

Entre ellos se cuentan: un estudio sobre cierto libro de Veth^ 
titulado Dissertatio de institutis arábum; unas cartas sobre ciertas 
voces arábigas de la crónica catalana de En Ramón Muntaner; 
otra á Dcfremery sobre las palabras Thaifur y C/mrt/ia; un 
análisis de las noticias dadas por el mismo Defremery sobre los 
Emires Alomara; unas consideraciones sobre historia árabe, coa - 
motivo de la Historia de los árabes antes del islamisino , por 
Gaussin de Perceval; otras sobre la tesis De philosophia apuá 
Syros y de la obra Averroes y el Averroismo por Renán; u» 
trabajo sobre la edición y traducción de los viajes de Aben Batuta 
por Defremery y Sanguinetti ; otro muy extenso sobre la Descrip-^ 
ción del rey no de Granada por Simonet; un curiosísimo estudio* 
sobre los cordobeses Arib ben Said el Secretario y Rabbi beu 
Said el Obispo; un examen de la obra de MüHer acerca de lar 
historia de los árabes de Occidente, y otro acerca déla mag- 
nífica traducción de los Prolegómenos de Aben Jalduu por- 
Slane (1). 

Esta existencia laboriosa y noblemente dedicada á la ciencia» 
que acabo de referir, encierra un constante reproche para 
nosotros. 

En tierra española ingerencias extranjeras en nuestras cosas^ . 
de antes, de ahora y de siempre, fueron vistas con ceño. ¿ Cómo^ 
hemos dejado que se nos adelante un extranjero, por exclusiva 
amor á la ciencia, en estudios que nos obligaba á hacer el pa- 
triotismo? 

En nuestra Península hartas pruebas tenemos para decir, sin 
sospecha de jactancia, que por falta de buenos ingenios no debe- 
mos quejarnos. ¿Cómo no nos han ahoxTado nuestros arabistas- 
el sonrojo de ir á la zaga de los extranjeros en la propia historia?* 

Ciertamente, no puede culparse á nuestros arabistas por esto: 
los estudios orientales para su florecimiento necesitan protección 
constante, sistemática é ilustrada, y en España no la han obte-- 



(1) Oids, }SAS.— Journal Aslatique^ Aoül 1847.— ídem, janvier 1848.— ídem Nov. — 
•Dec. 1848.— G^úíí, X^A^,- Journal Asiatique^ ivÁWei^ ltf)3.— i4f>. de QotHnga fev. 18ft0.^ 
Zeitachrift der deiitscJien morgenlandischen OeseUsehaft^ 18()?. ídem 1866.— ídem 1866. — 
Journal Asiaf, Aoñt.— Sept. 1869. 



NECROLOGÍA. 311 

nido. Debíamos más que Francia , poseer un Colegio de lenguas 
orientales; nuestro pasado , en el que tanta influencia tuvieron 
árabes y hebreos, nuestras posesiones, nuestras relaciones cada 
vez más importantes con África, la preponclerancia que en esta 
está España llamada á ejercer, si es que no quiere merecer el 
menosprecio de la posteridad, imponen la existencia de un Cen- 
tro científico de tanta valía. En un país donde se gastan millones 
á veces en el capricho de un momento ) parece imposible que no 
se haya pensado en emplear una cantidad exigua para nuestra 
ilustración y para nuestros intereses. 

Cuando esta protección abra camino á la iniciativa individual, 
la emulación, el amor al saber, el particular atractivo que hoy 
tienen estos estudios, harán lo demás. Mucho queda que reali- 
zar; hay trabajo para multitud de inteligencias; solo falta atraer- 
las, dirigirlas y premiarlas. 

Entonces es seguro que surgirán de esas enseñanzas ingenios 
que favorezcan , ilustren y honren á nuestro país, como Dozy ha 
honrado á Holanda. La Biblioteca arábigo-hispana de Codera, la 
Crestomatía de Lerchundi y Simonet, son prendas seguras de lo 
que sostengo. 

Protejan nuestros Gobiernos estos estudios; manténganle en 
su buena voluntad las Academias Española y de la Historia á la 
vez que los dirijan, y se verá cuan en breve poseemos una buena 
Gramática y un Diccionario arábigo-hispano, una colección de 
textos , ediciones y traducciones de viejos manuscritos, una 
epigrafía, numismática y arqueología hispano-musulmana, y un 
conjunto de inteligencias conocedoras del Magreb Alaksá, para 
cuando llegue el día , cada vez más inminente, de realizar en él 
antiguas y nobilísimas aspiraciones de España; las nobilísimas 
aspiraciones del Gran Cisneros. 

F. Guillen Robles. 

Madrid 2 de Mayo de 1881. 



INFORMES. 



1. 



TESORO DE MONEDAS ÁRABES DESCUBIERTO EN ZARAaOZ\ (1)- 

Al publicar en 1881 una monografía dando cuenta de un tesoro 
de monedas árabes descubierto en Zaragoza en Abril de didho año, 
y estudiando las monedas que había podido examinar, indicamos 
que del número de monedas halladas y demás circunstancias, 
teníamos pocas noticias, á pesar de haber procurado adquirirlas. 

Desde aquella fecha he tenido ocasión de examinar varias mo* 
nedas, que supongo de la misma procedencia, y ea especial una 
partida de unas doscientas, entre las cuales había cinco de tipo 
nuevo, y varios ejemplares de tipos, de los cuales solo había vis- 
to alguao que otro ejemplar: no daré cuenta ala Academia de 
los que adquirí de esta última clase, pero sí de los que para mí 
eran desconocidos, pues esto puede interesar á los estudios histo- 
rico-arqueológicos. 

Ya que se presenta ocasión oportuna de rectiücar un error co- 
metido en el primer trabajo, lo haré con mucho gusto para que el 
error tenga su correspondiente correctivo. 

En la primera de las monedas publicadas en dicho trabajo, por 
la coincidencia de que en el lugar de la fecha existe un agujero 



(1) Suplemento al trabajo publicado en 1881 en el tomo xi del Museo Español de Anti- 
güedades. 



TBSORO DE MONEDAS ÁRABES DESCUBIERTO EN ZARAGOZA. 313 

en los dos ejemplares que había visto, leí hl» «j .1^ s^iJLí' tres y 
cuatro cientos en el primero y ^/^\\^ i¿rr^'^ ^^^ V cuatro cifentos) 
en el segundo, por ajU ^ jÍj ¡¿r^ treinta y cuatro cientos: contri- 
buyó no poco á la ilusión que padecí en la lectura de e^tas fechas, la 
coincidencia de que leídas de este modo, las monedas correspon- 
dían á Mondzir I de Zaragoza, de quien se sabía que había llevado 
el títulode é^5bj^^^^^t^lmansMr6t7íah,queapareceenlas mismas; 
al paso que aplicadas á Mondzir II, este lakba sultánico no 
solo era desconocido, con la particularidad de que por las mone- 
das sabíamos había llevado el lakba de i)^ jJt u^ Moizzo-d-Danlah^ 
sino que parecía no hubiera de haber tomado título tenido por tan 
pretencioso, quien no se sabía hubiera sido ayudado por Allah en 
batallas contra los cristianos. 

Es lo cierto, sin embargo, por el examen de alguna otra mone- 
da igual que hemos visto, y por el estudio detenido de los origina- 
les publicados, que las monedas corresponden alano '^^j'j fj:^ 

treinta y cuatro cientos, cayendo por su base cuantos razonamien- 
tos hicimos, partiendo del supuesto de que las monedas eran 
de los años 403 y 402. 

En cambio, atribuidas dichas monedas á Mondzir II, resulta que 
este príncipe, después de haberse apellidado jJjjJI ja^ w^U^I 
Elháchih MoizzO'd'Daulah, en el último año de sü teinado, si nó 
antes, se tituló Almansur hillah. 

Como en las monedas del año 428, en las de 430 Mondzir reco- 
noce la soberanía espiritual del Califa Abbací contra las preten- 
siones del llamado Hixem II, á quien había reconocido por algún 
tiempo, quizá después de la muerte de Hixem III. Almotad, á 
quien por lo que vemos en las monedas, es indudable que reco- 
noció como Imam durante algunos años. 

Al mismo año 430 á que pertenecen las monedas anteriores, 
corresponde una que hemos adquirido recientemente, y cuya in- 
terpretación, no su lectura, ofrece no pocas dificultades. 

Dicha moneda, en buen estado de conservación, tiene también 
como las precedentes dos agujeros, que indican había servido ya 
para algún collar: es de plata de muy baja ley, y de caracteres 
elegantes, presentando en la parte superior de la I. A. un adorno 



3Í4 BOLETÍN OE LA KEAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

muy parecido al. que se ve en las monedas anteriores: en dicha 
moneda se lee lo siguiente: 

N, 1.' 

I. A. ^1 ¿ )1 "^ No (hay) Dios sino 

n^^s^j d. — LJ! Allah, solo, 

¿J ^íXj^^ ^ . no (hay) compañero para éL 

En el nombre de Allah, fué acuñado este dirhem en Zaragoza 
año treinta y cu(atro cienio^ij. 

II. A. v^-,^U^l Elháchih, 

. ♦ 

►L^^^l ElImamHixem 



( — ' ( 

rr-ir^^^^ ^pt amir de los creyentes 
é^JLj jwj¡j-^l Almowayyad billah. 
t¡^\ Xs> Ahdallah. 

M. La unión profética de Mahoina, cuyas últimas palabras 
están borrosas. 

¿A quién debemos atribuir esta moneda? No es fácil resolver 
esta cuestión sin estudiar la historia de los acontecimientos de 
que fué teatro Zaragoza á fines del año 430 y principios del 431 ; 
sucesos que en parte han sido aclarados por el malogrado orien- 
talista M. Dozy, con los textos publicados en la tercera edición de 
sus Recherches sur Vhistoire et la littérature de VEspagne pendant 
le moyen age, Leyde 1881. 

A principios del último mes del año 430, ó sea hacia ñn de 
Agosto del año 1039, entraba en palacio Abd-Allah.ben Hacam, ge- 
neral de Mondzir y pariente suyo, el cual, partidario acérrimo del 
verdadero ó falso Hixem II, estaba enojado con su rey y pariente, 
que después de haber reconocido á Hixem, le había negado la obe- 
diencia, siquiera fuese nominal; quizá porque reconociera la su- 



TESOBO DE MONEDAS ÁRABES DESCUBIERTO EN ZARAGOZA. 315 

perchería del rey de Sevilla: Abd-AUah se dirige á la sala donde 
Mondzir, rodeado de algunos servidores slavos, estaba leyendo, y 
sin resistencia más que de uno de los servidores, da muerte á 
Mondzir, cortándole las venas yugulares: aterrados todos en pa- 
lacio, nadie piensa en prender al regicida, que con la mayor 
tranquilidad corta la cabeza de su víctima y poniéndola en la 
punta de una pica, la enseña al pueblo diciendo. «Ved el castigo 
del que se rebeló contra el príncipe de los creyentes Hixeni y re- 
husaba reconocer sus derechos.» Luego, mandó llamar al Kadhi y 
á los nobles, quienes le encontraron sentado en el sofá de Mon- 
dzir, que yacía á sus pies: díjoles quezal dar muerte á Mondzir, lo 
había hecho en bien de todos y en bien del Estado, recomendán- 
doles que tranquilizasen al pueblo, y él les premetió reconocer la 
soberanía de (Juleimán ben Hud. 

Éste, que se hallaba en Tudela, al tener noticia de lo ocurrido 
en Zaragoza se dirigió allá, en la esperanza de que Abd-Allah 
cumpliera su palabra; pero éste quería ser rey por cuenta propia 
y se preparó á la defensa en su palacio, hasta que el pueblo can- 
sado de los males de la guerra, se sublevó contra el usurpador, 
quien como ya de antemano había previsto este caso, se marchó 
á instalarse en el castillo de Rueda, sin que tengamos de él más 
noticias: en estos sucesos habían pasado menos de dos meses, 
pues Quleimán ben Hud entró en Zaragoza en Moharrem de 431 
ó sea en el primer mes del año. 

La moneda en cuestión parece indicar que Abd-Allah efectiva- 
mente quiso ser rey, en prueba de lo cual, se apresuró á mandar 
acuñar moneda que así lo proclamase; pues las palabras Imam 
Hixem amir almuminin almuwayyad billah no pueden suponerse 
puestas de orden de Mondzir, cuyo nombre no figura en la mone- 
da, al paso que si la suponemos acuñada por Abd-Allah, se expli- 
can de un modo muy natural; y como por otra parte el que se 
titula háchihf se llama Abd-Allah, creemos que el asesino y usur- 
pador mandó acuñar esta moneda en el mismo mes de su usurpa- 
ción: ésta es la única que de Abd-Allah ben Hacam conocemos 
hasta hoy. 

Entre las monedas que atribuimos á Quleiman ben Hud, su- 
cesor de Abd-Allah ben Hacam, hemos adquirido dos ejemplares 



316 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

nuevos, ligera variante de uno de los tipos que habíamos publi- 
cado. 

N. 2. Moneda de oro de baja ley; buena conservación: peso 
1,50 gramos. 

I. A. ^1 ¿ )l ^ No (hay) Dios sino 

»j :nj d LJl AUah, solo. 

j »n i ^\ ^\ Aben Ahu Nasar. 

II. A. v^-^ a.1 ^^ Elháchih. 

»L->»'4 1 El Imam Hixem 



áJÜIj j-j^-^l Almowayyad billah. 
^^^JL» Quleimán, 

Como esta moneda no difiere sustancialmente de la publicada 
bajo el núm. 11 en el Museo Español de Antigüedades, no necesi- 
tamos discutir su atribución. / 

Entre las monedas de que debemos dar cuenta, hay dos, cuya 
lectura no ofrece duda, pero cuya atribución probable nos ha 
preocupado, sin que nos creamos en el caso de darla como segura. 

N. 3. Monedita de oro de baja ley, en buen estado de conser- 
vación, y caracteres buenos, pero no tan elegantes como los de 
la moneda, anterior: peso, 1,15 gramos. 

I. A. ^\ Aben. 

áJÜI ^! ¿Jl ^ No (hay) Dios sino AUah. 
^j» Hud. 

II. A. w^U:i Elháchih 

» * 

.(—/."ál El imam Hixém. 



X^ Mohammad. 

N. 4. Monedita de oro de baja ley: en mala conservación, y no 
la hubiéramos leidó á no tener á la vista la anterior, que es igual 
en el fondo: peso 0,45 gramos. 



TESORO DE MONEDAS ÁAABES DESCUBIERTO EN ZARAGOZA. 317 

T. A. ^1 ¿ )l ^ No (hay) Dios 

i^ aj áJ-J| Allah, solo, 

2¡^ ^[ Aben Hud, 

I. A. w^U:! Elháchib 

>L-JL»-i> XSÚ\ El imam Hixem 
¿JÜLj ^.^' Almowayyad billah. 
•A-gor^ Mohammad. 

Para determinar la atribución de estas monedas, tenemos que 
fijarnos en los datos que nos ofrecen, y en su comparación con 
otras análogas: por una parte tenemos que están acuñadas por un 
Háchih Mohammad^ y que si él no pertenecía á la familia de los 
Banu Hud, tenía alguna conexión con ella, ya que en la I. A, se 
hace mención de Aben Hud, bien para designar á un individuo, 
bien para determinar al Háchib Mohammad^ aunque su nombre 
figure en otra área: falta ahora ver donde encontramos un Háchib 
Mohammad: sólo aparece en estos nombres en monedas de Al- 
Motádhid de Sevilla y en las de Calatayud: descartando la primera 
atribución, por ser las monedas de Sevilla completamente diferen- 
tes bajo todos conceptos, aunque tengan este dato común, veamos 
si podrán ser de Calatayud. • 

Do los tres tipos de monedas conocidas de esta población, en 
dos aparece en la II. A. el nombre del Háchib Mohammad, á quien 
con seguridad podemos aplicar el título de Adhido-d-Daulah, 
qué se lee en la I. A. de dichas monedas, ya que en la única del 
otro tipo, y que por cierto procede de este mismo tesoro, en la 

II. A. se leen las palabras SJjjJ! || J^^Jas Adhido-d-Danlah, como si 
este fuera el sobrenombre del rey, y en la I. A. en la parte supe- 
rior se lee el nombre ^x^ Mohammad^ autorizándonos la varie- 
dad de tipos á que admitamos que el rey de Calatayud se llama- 
ba Mohammad, y que se daba los títulos de háchib y Adhido-d' 
Daulah: suposiciones ni contradichas ni confirmadas por otros 
datos, ya que del tal reino de Calatayud no tenemos más noticias 
que las suministradas por las monedas. 



*MS BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

El nombre Aben Hud, que se lee en las monedas descubiertas 
últimamente, reemplazandoá las pal!abras ¿JjjJt w\-:cs de otros ti- 
pos, nos hace sospechar que el rey de Galatayud pertenecía á la fa- 
milia de los de Zaragoza, que dio reyes á Lérida, Tudela y Denia. 

La fecha de las nuevas monedas puede determinarse de un 
modo vago, pudiendo asegurar que son posteriores al año 426, en 
que parece se inicia la farsa de la reaparición de Hixem II, cuyo 
nombre figura en ellas, y que son anteriores al año 448, última 
fecha que encontramos en las monedas de este tesoro; tanto más^ 
cuanto que el estado de deterioro en que se encuentra una de las 
dos monedas hace suponer que había circulado bastante antes de 
la fecha en que se escondió el tesoro: por otra parte, la ausencia 
del título Adhido-d-Daulah podría dar lugar á creer que estaban 
acuñadas cuando sólo se titulaba háchih^ y que en las monedas 
posteriores, aquel título sustituyó al nombre familiar; á no ser 
que supongamos que se puso por ser más corto y más proporcio- 
nado á monedas en las que tan poco era lo que podía escribirse. 

N. 5. Moneda de oro de baja ley, en no muy buena conser- 
vación, pero puede leerse toda: podemos considerarla como va- 
riante de una que publicamos al describir por primera vez mo- 
nedas procedentes del mismo tesoro, ó más bien, de un dirhem en 
no muy buen estado, que tenemos en nuestro poder y nos fué re- 
galado por nuestro amigo D. Agustín Prim, de Lérida: peso de la 
monedita 1 ,05 gramos. 

I. A. ^\ Aben 

"á! ¿ — : — )t "á No (hay) Dios sino - 
»J — í^ • ¿JU! Allah, solo. 



^ A^ 



Hud. 



^^' ^' yUJt Almotháffír 

^l— ¿wa> ^1 — »')1\ El imam Hixem 

aJJU ->-j^1 Almowayyad billah. 

iJjjJt >,.jL^^-w Ceifo-d'Daulah. 



TESORO DK MONEDAS ÁUABES DESGUBFERTO EN ZARAGOZA. 319 

El dirhem, á que nos liemos referido antes, difiere de esta mo- 
nedita en tener completa la profesión de fe en tres líneas como de 
ordinario, y en haber tenido leyendas circulares, que no se dis- 
tinguen, como no leíamos las palabras J)a» || ^! por muy bo- 
rrosas. 

La atribución de esta moneda, igualmente que la déla que pu- 
blicamos en nuestro primer trabajo, no ofrece dificultad: aunque 
no tengan indicación de ceca, puede asegurarse que están acuña- 
das en Lérida por lucuf AlmothafTir Ceifo-d-Daulah, pertenc.-. 
cíente á la familia de los Banu Hud, como hijo de (^^uleiman ben 
ITud, que le nombró para el trono de Lérida, dando á su herma- 
no Ahmed el trono de Zaragoza y legando á ambos reinos una 
guerra, que duró tanto como el reinado de ambos hermanos. 

Las otras monedas que del tesoro de Zaragoza hemos adquiri- 
do últimamente, pertenecen á tipos ya descritos, de alguno de los 
cuales conocíamos un solo ejemplar, y han aparecido otros*. 

Resulta de lo expuesto, que las últimas adquisiciones no dejan 
de tener cierta importancia numismática, por haber aparecido una 
moneda del rey Abd-AUah ben Hacam, que sólo reinó un mes en 
Zaragoza y dos probables del Rey de Galatayud, cuya familia nos 
es revelada por estos documentos, á parte de las otras varieda- 
des que nada nuevo nos enseñan. 

Franctsco Codera. 

Madrid 4 de Abril 18SL 



320 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 



TI. 



MONEDAB IBÉRICAS. 



ni. 



Continuando la tarea que me impuse (1), presento á la Acade- 
mia una nueva colección de dibujos de monedas ibéricas , entre 
los que figuran piezas inéditas de importancia. 

He aquí los ejemplares: 

33. Anv. Busto varonil imberbe mirando hacia la izquierda, 

delante delfín; detrás M 
Rev. Jinete lanza en ristre corriendo hacia la derecha sobre 

una línea; encima de ella ^^^^f*^fr 
Diám. 24 milím. 

D. Vicente de la Fuente, Madrid. * 

Notable es el estilo con que está trazado el anverso de esta, ra- 
rísima especie bilbilitana, constituyendo una interesante variedad 
que no había sido dada á la estampa, ni aun en la muy completa 
colección de monedas autónomas de Bilbilis que adornan la flts- 
toTia de Calatayud (2), obra de un ilustre académico. 

Dos épocas he observado, perfectamente distintas, en las abuQ-> 
dantos emisiones del dinero bilbilitano. Singulariza una de ellas 
el dibujo rígido y bárbaro las más de las veces, que imprime ca«> 
rácter á las acuñaciones que se señalan por la letra V de sus 
anversos, ó sea la inicial del nombre de la población. Carácter!- 



(i) Véase tomo m de este Boletín, pág. 67 y pág. 150 de este tomo. 
(2) D. Vicente de la Fuente. Historia \dela\ siempre augusta \ y \Jtdelisima \ eiitéM 
de Calatayud | -Calatayud. Imp. del Diario. 1880.— 2 vols. 4.», pág. 31, lám. i. 



MONEDAS IBÉRICAS. 321 

zan la segunda, su fábrica corriente y la partícula M que inva- 
riablemente aparece detrás de las cabezas, ó mejor dicho, bus- 
tos, del llamado Hércules ibérico. Pertenece á esta clase el ejem- 
plar de que es propietario el Rr. La Fuente, muy curioso por los 
caracteres de su dibujo, que viene á proporcionarnos un dato más 
para fijar en definitiva que todos los de su serie son copias más 
ó menos afortunadas del numerario celsitano, como este lo fué á 
su vez del ilergético. 

34. Anv. Cabeza varonil imberbe mirando hacia la derecha; 

detrás A 
Rev. Jinete con palma sobre el hombro corriendo hacia la 

derecha; debajo hHl^r^YMXM 
Diám. 24 milím. 

C. Domingo Bazán, Barcelona. 

35. Anv, Busto varonil imberbe mirando hacia la derecha; 

detrás /^ 
Rev. Jinete con enseña militar en forma de cayado, sobre 
el hombro, marchando hacia la derecha sobre una 
línea; entre ella y otra inferior hH^I^H'MXM 
Diám. 25 milím. 

Col. Gil, Zaragoza. 

Al continuar la notabilísima leyenda que llevan las dos prece- 
dentes monedas, el Círculo Numismático Sevillano al final de la 
obra de Delgado, las acompañó cotilas siguientes líneas: «El señor 
Delgado conservaba entre sus apuntes los dibujos de las monedas 
que acabamos de describir á continuación , tomados de la obra 
Lorichs. Nos recomendó muchas veces que registrásemos minu- 
ciosamente los gabinetes de Sevilla, á pesar de que lo había he- 
cho por sí, sobre todo en el que perteneció al Sr. Caballero In- 
fante, con el objeto de comprobar su existencia. Nuestras gestio- 
nes han sido ineficaces, porque ninguno de nuestros compañeros 
del Círculo Numismático, ni las demás personas á quienes hemos 
consultado, poseen ejemplares análogos. Mas no pudiendo dudar 

TOlíO IV. 22 



322 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

de la exactitud de los dibujos de Lorichs, hechos con el mayor 
esmero, los reproducimos bajo la fe del autor, para que no falte 
en nuestras láminas un epígrafe publicado anteriormente (i).» 

Salvo rarísimas excepciones, bien disculpables por cierto^ con 
recomendable exactitud se hallan grabadas las monedas que pu- 
blicó en sus Recherches numismatiques el chambelán Mr. de Lo- 
richs y sin riesgo alguno pudo fiar en él el Círculo Numismático 
de Sevilla. Heiss da también como cierta la moneda (lám. 32, 
Lantza 2), equivocando empero la letra cuarta de su epígrafe y 
Zobel al enmendar este error (tomo ii, núm. 496), ofrece grabar 
en la continuación de su obra un ejemplar de tan curiosa especie 
que halló en la colección ispalense del Sr. Sánchez-de la Gotera. 
No se fijaron dichos autores en que Boudard (Num. Iherienne lá- 
mina 25-3, 5) había publicado dos ases con esta leyenda y uno de 
ellos relevante, por llevar el jinete una palma al hombro. 

La existencia de monedas ibéricas con el transcrito letrero, no 
debe ponerse en duda: acertado estuvo Lorichs, cuya lectura ga- 
rantizó atinadamente la competencia de Zobel; y puedo afirmarlo 
así, cuando de sobra conozco la moneda. Sin necesidad de tener 
que acudir al monetario Sánchez de la Gotera, he comprobado el 
epígrafe en ocho ejemplares, algunos de ellos tan completos, como 
los que figuran en la lámina (números 34 y 35). Además, pues, de 
los arriba descritos y que forman parte de las escogidas coleccio- 
nes ibéricas de los Sres. Baza n y Gil, tengo apuntados seis más, 
que existen, dos en la del Sr. Rais, otro en poder de D. José 
Barril, ambos de Zaragoza; otro en el monetario Gervera, de Ma- 
drid; un quinto en el de D. Germán Sher Puy, de dicha vecindad; 
y el sexto lo conserva D. Francisco Rañoy, médico de artillería 
residente en la actualidad en Barcelona. 

Examinadas cuidadosamente estas monedas, he adquirido el 
convencimiento de que el signo A que siempre aparece detrás de 
la cabeza de sus anversos, no se repite en el reverso como letra 
inicial del rótulo éthnico: los ejemplares de que son respectiva- 
mente propietarios los Sres. Gil, Barril y Rañoy, presentan cam- 
po liso en el cospel antes del comienzo del epígrafe, dejando ver 

j(l) Delgado, yuevo método^ tomo iii, pág. V^. 



MONEDAS IBÉRICAS. 323 

claramente que la leyenda principia por h- Creo oportuno adver- 
tirlo, para salir al paso de una errónea clasificación que me han 
expuesto algunos numismáticos, los cuales, influidos por el indi- 
cado supuesto, opinan que estos ases son las especies mayores de 
una serie monetal que cuenta como divisores los semises que des- 
cribiremos á continuación, junto con el cuadrante exhibido por 
Lorichs. (Recherches^ láminas i, 3.) Hay que abandonar por com- 
pleto estas imaginaciones, pues entre las monedas expresadas no 
existe la relación que se ha sostenido: ni la leyenda de los ases 
empieza por A, ni la segunda letra de los semises es t*, sino cla- 
ra y distintamente una 1^. Quedan, pues, categóricamente acla- 
radas todas las dudas. 

Fijado con seguridad tan interesante epígrafe, es preciso con- 
venir en que la partícula A de los anversos se estampa en ellos 
como indicación omonóica, caso frecuentísimo. en el numerario 
ibérico, el cual se aconsejó tantas veces de las necesidades del 
comercio ó de la guerra, que muchas de sus emisiones son pro- 
ducto de conciertos monetales entre distintos pueblos. Partiendo 
de estos fundamentos, la determinación geográfica de estas le- 
yendas parece resultar fácil, y así fuera en efecto, si el silencio 
de los autores antiguos y de los monumentos litológicos no con- 
trastara con la abundancia de elementos comparativos numismá- 
ticos. En los primeros-, no he sabido encontrar los levitenses 6 lo- 
vitenses de que nos habla la leyenda, y dejan perplejo el seña- 
lar á las monedas un puesto, en los diversos distritos numis- 
máticos en que han sido clasificadas las acuñaciones ibéricas; pues 
racionalmente podríamos llevarlas á una comarca limítrofe al pue- 
blo á que se refiere la indicación omonóica, si esta no fuera el 
signo silábico A, por el cual principian leyendas de diversos 
distritos del centro ó septentrión de Iberia, como AI^AIAX 
(cascantinosj en el turiasonense; Al^Mlí^^ fcoesadensesj en el 

segobrigense; A9PA /^Caravacaj en el cartagÍQense;AO^'Mí^ 
fcaravensesj en el numantino, cuyas monedas presentan concer- 

-tados sus anversos Ah (Heiss lánj. 21,1) con otras de leyenda 
A^^X^^^X^A (calagurrUanos) cabeza del distrito de su nom- 
bre. También los semises de que vamos á ocuparnos luego, tie- 



324 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

nen por letrero AI^H ¿A qué pueblo de los dichos se refiere 
.pues la A omonóica de los ases en cuestión? No es posible deter- 
minarlo si solo nos fijamos en la partícula que acusa el concierto 
monetal, siendo tantos los pueblos que cuentan con igual raíz. 

Zobel que debió tropezar con estas dificultades, propone, sin 
embargo, relacionar estas monedas con las calagurritanas, opi- 
nando que pudieron ser batidas en lloréis ó Gracurris (Estudio, 
tomo II, 75), atribución dificultosa por hallarse falta de compro- 
bantes. 

En mi concepto, estas leyendasperteriecen á tierras numantinas,. 
habiendo sido batidas por un pueblo no lejano de Agreda. Todos 
los ejemplares que de ellas conozco han pertenecido á coleccionistas 
zaragozanos, y este dato de procedencia viene á corroborarlo ple- 
namente el reverso y fábrica de estos ases, que solo encuentran 
similares en las más antiguas especies aregradenses^ no menciona- 
das por Delgado y que llevan por rótulo P9lír^X9P4'XM (1). 
La demostración resulta evidente, comparando estas especies con 
las de los lovitenses, ya que nos ofrecen caracteres completamen- 
te semejantes, alguno de los cuales es patrimonio exclusivo de 
ambas clases de monedas. En ellas los ases son siempre de gran 
módulo; el epígrafe, formado de buen número de letras, se des- 
plega en semicírculo debajo del jinete: no blande este la lanza, 
pues esta arma aparece después en más modernas acuñaciones, 
sino que lleva al hombro la palma ó una enseña militar formada 
por un asta que tuerce en su extremo superior á guisa de cayado. 
Tuba? llama Zobel á este emblema y es posible tenga razón (2). 



(1) No grabo desde luego estas rarísimas monedas con el deseo de descubrir ejem> 
piares mejor conservados, y de consiguiente más completos que los que basta ahora he 
Tistó. En el entretanto pueden verse descritas por el Sr. Zobel {Bstudio, tomo ii^ 
pág. 278, números 529-532), y una que grabé en la 2íev» de Ciencias históricas^ tomo ii, 
pág. 554. 

(2) De primera intención se ocurre que estas' especies pudieran ser acuñadas por 
los lobetanos\ pero hay que advertir que estas gentes moraron al Sur de los celtiberos 
fnás orientales^ ó sean los tusones^ que á su vez se extendieron hasta las fuentes del 
Tajo, según el testimonio de Estrabon* Me limito á apuntar estos datos sin permitir- 
me abundar en dicha atribución que rechaza la fábrica de las monedas. Con mayores 
probabilidades de acierto podrían concederse, por vía de ensayo, al pueblo de Lubia, 
situado entre Soria y Almazán. 



MONEDAS IBÉRICAS. 325 

Para completar estas observaciones, publico con el núm. 34 el 

í^H^^r^H^MXM con palma que mecomunica'el Sr. Bazán, en un 
todo semejante al que vio Boudard en la colección de M. Duprat 
(página 227). Si este ejemplar de fábrica relativamente bella, de 
evidentes reminiscencias helénicas y su jinete con palma, hubiese 
sido el único entre los de su clase en salir de la tierra, de fijo se 
le tendría como originario de los distritos numismáticos de la 
región oriental. Su estilo y dicha palma hubieran impuesto esta 
clasificación, siguiéndose en ella las corrientes más generalmente 
admitidas y á las cuales he dado pruebas de no abandonarme en 
absoluto. 

Sé bien que las anotaciones que estoy escribiendo no propor- 
cionan ocasión propicia para intentar extensas explicaciones acer- 
ca de la frecuencia con que se interrumpe aquella regla fijada por 
Delgado, caracterizando con los jinetes lanza en ristre el nume- 
rario de las comarcas centrales españolas, y siendo los tipos con 
la palma, el distintivo de las acuñaciones ibéricas de la región 
oriental. Las excepciones á esta norma se van sucediendo y ten- 
go para mí que han de repetirse en mayor número á medida que 
aparezcan otras monedas raras, ya que abrigo la persuasión de 
Kjue aquella regla, luminosísima cuando la estableció el ilustre 
Delgado, ha perdido la fuerza absoluta que tuvo en la época en 
que fué ideada. Hoy, y particularmente en la región central, es 
solo aplicable "á determinados períodos, los más recientes en las 
acuñaciones ibéricas, ó sea cuando las cecas fijan definitivamen- 
te los tipos de sus monedas. Además de la que acabo de publicar, 

dígalo el numerario antiguo de Mlífll^^^, dígalo el as de gran 

tamaño de Aregrat con palma y rótulo de letras arcaicas (P por F 

9 por ^) que di á luz en la Revista de Ciencias Históricas^ etc. (1). 
Por de pronto basten las indicaciones apuntadas, pues lo que 
importa de momento, es sacar de la oscuridad el mayor número 
posible de piezas inéditas y rectificar las publicadas con errores 
ó faltas de algún detalle. Es prematuro, por consiguiente, inten- 
tar rectificaciones en la clasificación general del numerario ibé- 

(1) Revista de Ciencias Históricas^ Barcelona, 1881, tomo ir, pág. 555. 



326 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

rico, cuando el Boletín de la Academia no ha termin-ado aún la 
publicación de nuevos materiales, que ofreciendo los debidos 
comprobantes, vengan á completar en lo posible las bases de es- 
tudio. 

36. Anv. Cabeza varonil imberbe mirando hacia la derecha; 

detrás A 
Rev. Caballo suelto con brida volante corriendo sobre 
una línea; encima de esta AI^H 
Dicím. 19 milím. 

Col. Domingo Bazán, Barcelona. 

37. A7ii\ Como el anterior. 

Rev. Caballo corriendo en el aire; debajo AI^H 
Diám. 19 milím. 

D. José Bordas, Barcelona. 

38. Anv. Busto varonil imberbe, mirando hacia la derecha; 

detrás A 
Rev. Caballo con brida volante, corriendo en el aire ha- 
cia la derecha; debajo Af^H 
Diám. 18 milím. 

Col. Cervera, Madrid. 

Inéditas de Delgado las tres monedas que anteceden, había ci- 
tado ya las dos primeras en la Revista de Ciencias Históricas^ 
(tomo Hi, pág. 135), pero sin grabarlas, lo cual me apresuro á 
realizar ahora atendiendo no solamente á la rareza é importancia 
de estos ejemplares, sino también á que el primero de ellos figu- 
ra incompleto eñ Zobel (tomo ii, lám. 3, 4) que dispuso de la mo- 
neda Sánchez, antes Delgado, la cual no conserva todos las parti- 
cularidades del reverso. Además, lasi dos piezas que la subsiguen 
son variedades de la primera. 

Repetiré en este lugar lo poco que pude adelantar acerca de es'.as 
monedas en mi citada publicación. La leyenda ibérica, revela un 
nombre desconocido, del cual, contando solamente con las dos 



MONEDAS IBÉRICAS. 327 

primeras sílabas, fu^ra inútil tarea completarlo arbitrariamente 
en busca de una atribución. Por los distintos métodos de lectura, 
el epígrafe nos d^ solamente CIÉ... enses CATO... ens^s, ó sea la 
raíz de una denominación éthnica que no ha llegado hasta nos- 
otros y que al parecer perteneció á uno de los distritos próximos 
á la ceca de Tarraco, ya que el reverso de la niím. 36 figura el ca- 
ballo al paso y en la misma disposición que se observa en los se- 
mises cosetanos. Pero esta determinación de lugar tiende á os- 
curecerse, no habiendo venido á corroborarla el grosero estilo de 
la moneda núm. 38. 

Abandonemos por ahora el problema geográfico que encierran 
estas monedas, aguardando confiadamente que algún día apare- 
cerán los ases de la anónima emisión, y en los que es de esperar 
que la leyenda no se presentará abreviada , como es común que 
así suceda en las fracciones. Esta tregua forzosa no es cosa nueva 
en numismática ibérica, que tanto tiempo ha que aguarda com- 
pletar , con la aparición de una especie mayor, el semis, en el que 
se lee iMf (Istonium, Delgado, lám. 154). Sobre la atribución 
de la omonóica A de los anversos, nos referimos en un todo á lo 
expuesto al tratarse de igual signo en las monedas anteriores., 

39. Anv, Cabeza diademada é imberbe, mirando hacia la de- 

recha; detrás león. 
Rev. Caballo con brida volante galopando hacia la de- 
recha sobre una línea; debajo H^lí 
Diám. 19 milím. 

Vidal Ramón, Barcelona. 

Es la primera vez que sale grabado este rarísimo divisor del 
dinero orelano, del cual no conocemos otro ejemplar. 

40. Anv. Cabeza varonil, imberbe y diademada, mirando ha- 

cia la derecha. 
Rev. Caballo corriendo hacia la derecha sobre una línea; 
encima corona abierta y sobre dicha línea , en le- 
tra diminuta, h^l^|fM<r* 
Diám. 18 milím. 

Col. Domingo Bazán, Barcelona. 



t , 



328 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

Zobel copia (aiim. 154, lám. 2, 1) una moneda d^ esta clase, to- 
mada de la colección Cerda. Sin perjuicio de ello^, damos á cono- 
cer el precioso ejemplar del Sr. Bazán, notable por su buena fá- 
brica, por la corona dibujada á estilo indigete, de buena época y 
lo diminuto de las letras que componen el epígrafe, circunstan- 
cias todas que proporcionan elementos no despreciables para es- 
tudios comparativos. 

41. Anv, Cabeza barbuda, mirando hacia la derecha. 

Rev. Jinete lanza en ristre corriendo en el aire hacia la 

derecha; debajo de una lípea 4^^iHi 
Diám. 21 milím. 

Col. Gil, Zaragoza, 

Es única en mi noticia esta preciosa variedad. Lorichs pu- 
blicó su leyenda (Recherches^ plan, xxx, 3) de un ejempífar con 
palma al hombro, el cual se hallaba falto de la primera letra del 
epígrafe. De esta suerte pasó por simple copia á la obra Delgado 
(lám. 186 — 5). Campaner fué quien cojpeípletó el letrero (Memorial 
numis. español, tomo iv, lám. 1,3). Posteriormente Zobel grabó 
una variedad importante de esta moneda, en la que el jinete lleva 
un ramo en la mano (núm. 410, lám. 5, 8) demostrándosenos 
ahora lanza en ristre, distintivo que sirve de ayuda para llevar 
estas especies á Turissa, aun cuando esta atribución puede modi- 
ficarse á favor de otras luces que nuevos hallazgos proporcionen. 

42. Anv, Cabeza barbuda mirando hacia la derecha; delante 

arado; detrás delfín. 
Rev, Jinete lanza en ristre, corriendo en el aire hacia la 
derecha; detrás St debajo HTH^^I» 
Diám. 20 milím. 

Col. Cervera, Madrid. 

La sigla que lleva el reverso de esta moneda, que no había 
aparecido hasta ahora, puede relacionarse con las leyendas 



MONEDAS IBÉRICAS. 



329 



43. Anv. Cabeza varonil imberbe miraudo hacia la derecha; 

detrás delfín. 

Rev. Porte anterior de un Pegaso; encima ••# debajo 

Diám. 14 milím. 

\ Col. Vidal Ramón, Barcelona. 



Zobel conoció este divisor copiándolo incompleto (lám. 1,4) 
del ejemplar carcomido que posee esta Academia. Posteriormente 
vio otro mejor conservado en la colección Bosch, de Madrid, y 
advierte que detrás de la cabeza del anverso se observa un delfín 
(tomo II, páginas 238, 191); pero deficiente quedó la rectificación, 
puesto que no sonaban en ella los glóbulos del reverso. Por todo 
ello reproduzco el quadrante Vidal Ramón, al que no falta deta- 
lle alguno. 

• Termino esta ya muy pesada relación, dando á luz un curioso 
sextante cosetano inédito. 



44. Anv. Cabeza varonil imberbe, mirando hacia la derecha; 

detrás punta de lanza. 

Rev. Delfín á la derecha; encima ••> debajo <ffl^ 
Diám. 13 milím. 

Col. Vidal Ramón, Barcelona. 

Madrid 7 de Marzo de 1884. 

Celestino Pujol y Camps. 



VARIEDADES. 



MEMORIA 

HISTÓRICA, POLÍTICA Y ECONÓMICA DE LA PROVINCIA 
DE MISIONES DE INDIOS GÜARANIS *. 

(Continuación,) 

178. Hase dudado y aun duda * si estos Religiosos 
son ambos Curas, o a lo menos si ambos tienen igua- 
les cargas. Esta duda nace de que, gozando iguales y 
distintos sinodos, deven considerarse dos distintos be- 
neflcios, y por consiguiente cada uno deve tener ane- 
xas sus cargas particulares, o repartirse entre si todas 
las comunes del curato. A que se agrega el que ', si 
solo el que se nombra Gura es el obligado a cumplir 
las cargas del curato, y el Compañero a lo que el Cura 
le encargare, la certificación de este devia darla el 
Cura, y la del Cura el Cavildo según resultase * la 
asistencia que lograva el pueblo; pero no es asi, por 
que a cada Religioso separadamente se le da su certi- 
ficación, sin que el Cura pueda quitar ni poner en la 
que dan a su Compañero. Ademas de esto el año de 82, 
por disposición Real publicó editos • el 111.'"" S.**' Obispo- 
de Buenos Ayres llamando a los Clérigos que quisie- 
ran oponerse a los curatos de los diez y siete pueblos 



* Véase el cuaderno IV, tomo IV. 

3 En la edic. de Ángelis: Hace dudar, y aun dudo. 

3 En la edic. de Ángelis: A que se agrega que. 

* En la edic. de Ángelis: según resulta. 
> En la edic. de Ángelis: edictos. 



MISIONES DE INDIOS GUABANIS. 331 

de yndios de este obispado, y llama su Señoría 111."* 
para cada pueblo a dos yndividnos para Guras, ex- 
presando que el sínodo de cada uno son doscientos 
pesos *, y añade S. S. 111."* que para el pueblo de Ya- 
peyíí solo llama * a uno por estar ya provisto otro 
Clérigo en el. De lo que se infiere que los empleos de 
Cura y Compañero son dos beneficios distintos, cada 
uno con sus cargas anexas, o que todas las del curato 
son comunes a los dos, y deven dividirlas entre si 
igualmente. Pero a esto se opone el que solo el que se 
nombra Cura trae los títulos de tal, con todas las for- 
malidades devidas; y el Compañero, aunque para el 
goce del sinodo suficientes los que traen ^, de ningún 
modo pueden serlo * para la administración de Sacra- 
mentos, a excepción del de la confesión; pues para ese 
solo trae licencia del Obispo, y necesita para los de- 
mas * la del Cura del pueblo a que viene destinado. 

179. Aunque regularmente suQlen avenirse bien 
los Curas y Compañeros partiendo entre si el trabajo, 
no dejan de ofrecerse algunas disensiones • sobre esto; 
pretendiendo algunos Curas que solo deben los Com- 
pañeros hacer aquello que determinadamente ellos 
les mandaren, y nada mas: otros por el contrario 
quieren que los Compañeros tengan las mismas obli- 
gaciones y cargas que ellos, y los Compañeros quie- 
ren que todas las Misas que deven aplicarse a los fe- 
ligreses sean del cargo del Cura: y nadie hay que re- 
suelva esta duda, ni la haya querido consultar a la 
Superioridad. Pero lo cierto es, que a los Compañe- 
ros no les pasan en su Religión, particularmente a 



1 Asi en el ms.: Bn la edic. de Angelis: 200 pesos. 

* En la edic. de Ángelis: solo llaman. 

s Asi en el ms. En la edic. de Angelis: aunque para el goce del si- 
nodo sean suficientes los que traen. 

* En la edic. de Ángelis: puede serlo. 

^ En la edic. de Ángelis: para lo demás. 

6 En la edic. de Ángelis: disenciones. 



332 BOLETÍN DE LA BKAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

los de San Francisco, el tiempo que lo han sido para 
su jubilación, contándole * solo el que han servido de 
Curas. 

180. De estos principios nace el que los Religiosos 
Compañeros no reconocen superioridad en los Curas, 
ni estos se atreven a obligarlos, y tratarlos como sub- 
ditos; de modo que ni unos, ni otros conocen supe- 
rior alguno dentro de esta provincia: porque por parte 
del Real Patronato el Governador y Thenientes • so- 
mos solamente unos celadores que devemos avisar al 
Vice-Patrono lo que consideremos digno de su noti- 
cia, y nada mas. Por parte de los Prelados Regulares 
y Diocesanos, no hay Superior, ni Vicario que exer- 
za jurisdicion alguna'; y asi no es de maravillar el 
que hayan sucedido muchos desordenes en estos pue- 
blos, estando tan lejos los recursos, y tan enlazadas 
lastres jurisdiciones*, Real, Episcopal, y Regular, y 
que las mas vezes participan de todos tres fueros las 
causas de que se originan, a las que dan cuerpo * y 
fomento la mucha* ignorancia de todos. El Governa- 
dor y Theniente somos legos y sin ningún conoci- 
miento de las leyes •; y así ni podemos vsar de ellas, 
ni aun formar con método y formalidad un expedien- 
te jurídico '. Los Religiosos regularmente no saven 
mas que alguna theologia nxoral, y nada de derecho 
civil, ni canónico. Aqui no hay ningún profesor de 
derecho: con que unas vezes por no errar, y otras por 
evitar mayores escándalos, es preciso que los mas 
prudentes cedan el campo a los orgullosos; y, si por 



* Así en el ms. En la edic. de Ángelis: contándoles. 

* En la edic. de Ángelis: y Teniente. 

s En la edic. de Ángelis: jurisdicción alguna. 

* En la edic. de Ángelis: jurisdicciones. 

B En la edic. de Ángelis: á las que da cuerpo. 

fi En este pasaje es menos correcto el texto de la edie. de Ángelis: 
ElGobernador y Tenientes estamos lejos y sin ningún oonocimiento de 
las leyes. 

"^ En la edic. de Ángelis: un espediente jurídico. 



MISIONES DE INDIOS OUARANIS. 333 

ser los desordenes de naturaleza que no puedan tole- 
rarse, se forma algún expediente *,y se da parte con 
el a la. Superioridad > va tan lleno de nulidades, unas 
por exceso, y otras por defecto, que los tribunales su- 
periores se ven embarazados con ellos y no pueden 
resolver nada. Con que a vista de esto no es de estra- 
ñar nadando lo sucedido; antes es maravilla el que no 
suceda mas. 

181. Quando sucede enfermar ' algún Religioso 
que está solo en su pueblo, y que no puede atender 
al cumplimiento de su ministerio, y dan parte al Go- 
vernador o Theniente inmediato, este no tiene otro 
árvitrio que el de escrivir una carta suplicatoria a 
otro Cura o Compañero de aqviellos en cuyos pueblos 
hay dos Religiosos, manifestándole la necesidad; y, 
id este no quiere ir a suplirla, no le puede obligar. 
Ya ha sucedido tener el Governador que escribir a 
muchos, sin hallar uno que quisiera ir a suplir una 
de estas necesidades. • 

182. Aunque por los Concilios y otras disposicio- 
nes canónicas está mandado que los Curas no se au- 
senten de sus felegresias ', sino en los tiempos y con 
los motivos que alli señalan, y con la licencia de. los 
Prelados y demás que pueden darlas, aqui no se ob- 
serva nada de esto. Fuera de las frequentes ausencias 
que hacen los Curas y Compañeros dentro de la mis- 
ma provincia, de unos pueblos a otros, con motivo de 
funciones de yglesia, y otros particulares, en que tal 
vez dejan solo el pueblo de su cargo por algunos dias, 
hacen otras ausencias fuera de la provincia, con mo- 
tivo de ir a Buenos Ayres a cobrar los sinodos, y a 
Corrientes y al Paraguay, y a ver sus parientes*. 



I En la edic. de Angelis: alg:un espediente. 
^ En la edic. de Ángelis: Cuando sucede el enfermar. 
^ Asi en el.MS. En la edic. de Ángelis: de sus feligresías. 
* En la edic. de Ángelis: y á Corrientes y el Paraguay á ver sus pa- 
Tientas. 



33'i BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

Para estas ausencias, que siempre son de meses, y tal 
vez de año, o años, lo que acostumbran es, presen- 
tarse al GovernadoroThenientedel distrito, pidiendo 
el pase para el viaje que van a emprender, el que se 
le concede en quanto está de parte del Govierno secu- 
lar; y con este solo requisito se ponen en camino, 
van a la capital, se presentan, negocian el cobro de 
sus sinodos, y demás a que van: y ni por parte de su 
Religión, ni por la del Obispo, se les, hace ningún 
cargo. Supongo les tendrán concedida tacita licencia, 
y los Religiosos vsarán de ella, en las ocasiones quo 
la necesiten; pues dé otro modo, no sé como podrán 
componerse con sus conciencias. 

183. Como en tiempo de los Jesuítas todo lo go- 
vernavan los Curas en estos pueblos, los yndios acos- 
tumbrados a llevar todas las causas a ellos, con- 
tinua lo mismo después de la expulsión con los 
Religiosos que ocupan su lugar*. Estos, unos por 
ignorancia, y otros por ampliar su jurisdicion, em- 
pezaron a disponer de las materias *; y aunque el 
Govierno procuró poner remedio y consiguió el se- 
pararlos de tan ilícito y perjudicial abuso, siempre se 
han mantenido fuertes los Religiosos-en querer enten- 
der en las causas que por su naturaleza corresponden 
a los jueces eclesiásticos, y otras que son de misto 
fuero ', como son amancebamientos, riñas entre ca- 
sados, y otras semejantes, sin que el Govierno haya 
podido apartarlos de estas pretensiones: aunque al 
presente se les va haciendo conocer que la jurisdicion 
de Curas* no se estiende al fuero externo, no te- 
niendo comisión particular del Obispo, o Vicario ge- 



* En la edic. de Ángelis: que ocuparon sü lugar. 

s Hay una notable variante en este lugar del texto, según la edic. de 
Ángelis: y otros por ampliar su jurisdicción, se apoderaban de ellas 
como si legítimamente les pertenecieran; y aunque el gobierno, etc. 

s En la edic. de Ángelis: de mixto fuero. 

* En la edic. de Ángelis: la jurisdicción de curas. 



MISIONES OE INDIOS GUARANIS. 335 

nerai del obispado; y que por lo mismo* no deven en- 
tender en ninguna causa externa, ni imponer conde- 
naciones, ni prender a yndios '; y mucho menos ful- 
minar censuras, como antes lo han hecho; pues todo 
esto está reservado para los Jueces Eclesiásticos, que 
los Curas no lo son: pero, aunque se abstienen, es con 
grandísima repugnancia. 

184. En el modo de celebrar los divinos oficios, pa- 
rece se han conformado los Curas con la practica an- 
tigua que tenian los pueblos, aprendiendolade los mis- 
mos yndios; porque la vniformidad que en lo substan- 
cial se observa en todos los pueblos lo manifiesta 
bastante. Todos los domingos, y dias festibos del ano 
se anuncia, la víspera a las oraciones, con repique de 
campanas, que se repite al alva '; y al salir el sol, o 
poco después, se da el primer repique de canjpanas 
para combocar la gente ala yglesia *, repitiendo otros 
dos con intermisión de seis u ocho minutos entre 
uno y otro. En cuyo tiempo se junta toda la gente 
del pueblo en la yglesia: haciendo coro * algún fiscal 
u otro viejo instruido, y algunas veces los mucha- 
chos mas aviles, rezan las oraciones Ae^la doctrina 
cristiana®, empleando algún poco de moral sobre el 
mismo punto, en lo que regularmente gasta media 
hora; y, concluido, avisan con la campana que va a 
comenzarse la Misa mayor, la que celebra el Cura, o 
Compañero con bastante solennidad '', porque la 



1 En la edic. de Ángelis: y por lo mismo. 

* En la edic. de Ángelis: ni prender indios. 

s En la edic. de Ángrelis: que se repiten al alba. 

* En la edic. de Ángelis: se dá el primer repique para convocar la 
g-ente á la iglesia. 

8 En la edic. de Ángelis: se junta toda la gente del pueblo en la 
iglesia, y alli haciendo coro. 

6 Asi en el lis., donde desadvierte alguna omisión. En la edic. de 
Ángelis: rezan las oraciones de la doctrina cristiana; después va el cura 
ó compañero, y les esplica algún punto de doctrina, empleando, etc. 

"^ En la edic. de Ángelis: con bastante solemnidad. 



336 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

música es numerosa, y regularmente instruidos los 
músicos. El altar mayor se adorna con muchas luces, 
unas de cera, y otras de sebo; acompañan en el altar 
al Sacerdote seis muchachos de diez, a doce años ves- 
tidos con sotanülas encarnadas los dias quelayglesia 
viste de blanco o encarnado, y para los dias de otros 
colores, las tienen de los mismos que la yglesia vsa, 
y con roquetes mas o menos costosos, y decentes, se- 
gún la festividad de el dia. Dos de estos muchachos 
sirven el yncensario, y naveta *, otros dos los ciriales, 
y los dos restantes acuden a todo lo demás del altar, 
en que están bastante diestros, y prontos. Ademas 
destos muchachos hay al rededor del altar dos o mas 
yndios sacristanes, pero sin ninguna vestidura ecle- 
siástica, pero aseados: estos están allí para correr los 
velos, poner fuego en los yncensarios, arrimar o po- 
ner sillas, y otras ocupaciones semejantes. Al salir la 
Misa lo anuncian los yndios en la puerta de la ygle- 
sia, del umbral para dentro ', con toque de cajas y 
trompetas, para lo que nunca faltan seis v ocho en 
esta ocupación, causando tal estrepito que aturden a 
quantos hay en la yglesia, repitiendo lo mismo al 
tienapo del Evangelio, al San tus *, a la elevación de 
Ostia y Cáliz, a la segunda elevación, y al ultimo 
Evangelio. Si algunos han confesado, se les da la Sa- 
grada Comunión luego que el Sacerdote consume, y 
en acabando la Misa entonan los tiples de la música 
elVendito y alabado en tono muy dulce y agra- 
ciado, el que repite todo el común del pueblo; y, en 
acabando, se retiran a sus casas. 

185. En los pueblos que hay dos Religiosos seria 
lo mas combeniente que en los dias de precepto para 
los yndios el uno digera la Misa temprano, para que 



« En la edic. de Ángrelis: y navetas. 
* En la edic. de Ángelis: para adentro. 
3 En la edic. de Ángelis: al Sanctus. 



MIBIONHS DE INDIOS OUAftANIS. 337 

los que tienen enfermos qUe asistir fuesen a oírla, de- 
jando otros entre tanto que los cuidasen, y lo mismo 
aquellos o aquellas que por su desnudez no pueden ir 
á la yglésia, les priestarían otros, y otras su ropa para 
que oyeran Misa: pero es muy raro el pueblo en que 
se practica esto. En los mas se dicen las Misas a un 
tiempo; de modo que los qu€ tienen estos, v otros im- 
peí^imentos no pueden oiría; como tampoco los que 
el pueblo tieíie empleados en guardar las chácaras *;= 
qiie, como los robos se recelan de noche, y la Misa se 
dice temprano, no pueden venir a oyrla: lo que po- 
drían hacer, si la Misa mayor se digera * a una ora 
regular; que, aunque estubieran toda la noche en su 
ocupación, tenian tiempo desde que amanecía de ve- 
nir a Misa sin ningún recelo. 

186. Todos los demás dias del año, que no son de 
precepto para los yndios, aunque lo sean para los es- 
pañoles, se dicen ambas Misas al salir el sol, o antes, 
y en algunos pueblos luego que arñanece; de. modo 
que muchos se quedan sin oiría, si se descuidan en 
madrugar: por cuya causa se originan algunas de las 
disensiones ^ entre Curas y Administradores. En to- 
dos los dias, aunque la Misa sea rezada, asiste la mu^ 
sica y cantan en el coro los Kiries, la Gloria, 
Credo, y Santus, y todo lo cantarían * siendo la 
Misa cantada; los tambores * tocan y hacen el mismo 
estrepito que en los dias festivos; y todas las tafdes • 
se reza el Rosario en la yglesia una ora antes que el sol 
se poñgá: en lo que también hay alguna diferiencia ^ 
de unos pueblos a otros, según la voluntad del Cura. 

— ■ 11^ ■ ■ ■ MI ■ ■ ■■II — «■■■ I ■ I ■ I I ■ ■ ■■ ■ ■■■■—■■ ■■■■■ . ■ ■ ■■■■■ , ,^^ I , I ■ ■^M^—— ■— ^» ■■ 

^ En la edic. de Ángelis: en guardar lo (Asi: los) chacarerios. 

s En la edic. de Ángelis: se celebrase., 

s En la edic. de Ángelis: algunas de las disenciones. 

* En la edic. dé Ángelis: y sanctus, y todo lo que cantarían. 

B En la edic. de Ángelis: y les (Asi: y los) tambores. 

^ En la edic. de Ángelis: que en los dias festivos. Todas las tar- 
des, etc. 

'f Asi en el h0. En la e^iic. de Ángelis: alguna diferencia. 

TOMO IV. 23 



338 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

187. Solemnizase en el año algunas fiestas con 
mas particularidad que las demás, como son las prin- 
cipales de Nuestro Señor Jesucristo, y la Virgen, la 
de San Miguel, Patrón general de la provincia, la del 
Santo Patriarca * de la Religión de los Curas, y * los 
dias del Rey Nuestro Señor, y su cumple años. Estos 
dias se anuncia su festividad con repique de campa- 
nas, los de la víspera al medio dia •, a cuya ora con- 
curre lo mas del pueblo a la yglesia, en donde el Cura 
con la música cantan la Magníficat *; y a la tarde 
se cantan Vísperas solemnes, precedidas de los repi- 
ques de campana, los que repiten • a las oraciones, y 
animas, como asi mismo al alva del otro dia, y para 
combocar a la Misa mayor ® que oficia la música con 
mas solemnidad que otros dias; y después se execu- 
tan en el pueblo algunas diversiones publicas, y se 
dan algunas reses, y otras cosillas extraordinarias, 
como ya queda dicho. 

188. La función que mas se singulariza entre to- 
das es la del Santo Patrón titular del pueblo: para 
esta se convidan algunos Religiosos de los pueblos 
inmediatos, para que en las Vísperas, y Misa se vis- 
tan de diáconos, y asistan otros a los demás minis- 
terios del altar: se encarga con anticipación el ser- 
món que se predica, mitad en guarani, y mitad en 
castellano; cuya diligencia corre a cargo del Cavildo 
y Administrador, pero se comunica antes con el 
Cura, el que también concurre a convidar a los Reli- 
giosos que han de asistir a la función; y, al tiempo 



*■ En la edic. de Ángelis: la de San Miguel, la del Santo Pa- 
triarca, etc. Omite: Patrón general de la provincia. 

s En la edic. de Ángelis se omite: y. 

s Así en el iis. En la edic. de Ángelis: con repique de campanas, la 
víspera al medio dia. 

* En la edic. de Ángelis: canta el magni/tcat, 

& En la edic. de Ángelis: precedidas de los repiques de campanas, 
los que se repiten. 

^ En la edic. de Ángelis: á la Misa mayor, en que ofleia. 



MISIONES OE INDIOS GUARA.N1S. 339 

que estos van llegando al pueblo la víspera del dia de 
la fiesta, los reciven a la puerta de la yglesia los Cu- 
ras con repique de campanas *, y música, y lo mismo 
practican con el Governador y Theniente del departa- 
mento si concurre; cuya ceremonia solo puede escu- 
sarla de abuso el estar introducida desde el tiempo 
de los Jesuítas que asi lo practicaban con sus Curas, 
y que, de no hacerlo asi ahora, lo estrañarian los yn- 
dios. Lo demás de estas funciones queda ya dicho en 
otra parte. 

189. Al dia siguiente se celebra en los pueblos de 
este departamento por disposición mia un aniversario 
por las almas de los hijos del pueblo, con Vigilia, 
Misa y Responso solemne, y aplican todos los Reli- 
giosos que asisten las Misas de aquel dia, pagando su 
estipendio del común del pueblo. 

190. Las funciones de Semana Santa se hacen con 
bastante solemnidad y devoción, aunque con poca 
decencia las procesiones por lo imperfecto délas yma- 
genes, y ningún adorno de todoquanto en ellas sirve. 
En algunos pueblos comienzan las procesiones desde 
el Lunes Santo, pero lo mas común es desde el Miér- 
coles: este dia a la tarde se cantan en la yglesia las 
Tinieblas con toda la música, con tanta solemnidad 
como pudieran en una Colegiata: en donde es de ad- 
mirar el oir cantar las Lamentaciones, y demás locio- 
nes de muchachos de ocho a diez años de edad ', aun- 
que no con propiedad latina, porque no entienden lo 
que leen, ni pueden pronunciar vien el latin ni el 
castellano, porque carecen en su ydioma de las le- 
tras F. L. y R. áspera •; pero muy corridas y ajusta- 
das a la música. Duran las Tinieblas hasta las oracio- 



1 En la edic. de Angelis: con repiques de campanas. 

^ En la edic. de Ángelis: las lamentaciones y demás lecciones á mu- 
chachos de ocho ó diez años de edad. 

3 Más correcto en el UB. que en la edic. de Ángelis, donde se lee: 
L, F y R, ásperas. 



340 BOLETÍN OE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

nes; a cuya hora, al tiempo del Miserere mey 
De US, cerradas las puertas, y apagadas las luces, 
se azotan rigurosamente * los yndios; poco después 
se hace platica de Pasión en el ydioma guaraní, la 
que acavada, se dispone la procesión en esta forma. 

191. Dispuestas las ymagenes * que han de salir en 
la procesión, y pronta la música en medio de la yglesia, 
van entrando por la puerta que sale al patio del Cole- 
gio varios muchachos, vestidos con sotanillas y roque- 
tes de los Acólitos, con los ynstrumentos y signos de 
la Pasión de Cristo. Entra uno de estos con la linter- 
na, y dos a sus lados con dos faroles hechos con telas 
délas entrañas délos toros, puestos en la punta de ca- 
ñas largas: se incan de rodillas delante de la ymagen 
que está en medio de la yglesia, y entre tanto canta 
la música con motete ' y en guaraní, que expresa aquel 
paso; el que concluido, se lebantan estos muchachos, 
y siguen a ponerse en orden en la procesión, y en- 
tran otros con otra ynsignia: y asi van siguiendo has- 
ta que concluyen todos, que son tal vez veinte, o mas; 
y las insignias que llevan tan toscas, y materiales, 
que la soga es un lazo de enlazar; el azote uno de cuero 
de los que. ellos vsan para castigar; la escalera la que 
el Viernes Santo sirve para el Descendimiento, y asi 
de lo demás. 

192. Luego que acaban de pasar, se levanta el 
Cura y los demás que han estado sentados entre tan- 
to, y sigue la procesión, que sale y anda al rededor 
de la plaza, que esiá iluminada, y dispuestos en las 
quatro esquinas altares, para hacer paradas. En toda 
la plaza se ven muchos yndios disciplinantes, y entre 
ellos algunas yndias; que unos y otros se azotan bár- 
baramente, haciéndose punzar las espaldas, y algu- 

i En la edic. de Ángelis: rigorosamente. * 

2 En la copia ms.: las Ymagenes las Ymagenes. Así: repetida esta 
palabra. 

3 Asi en el m j. En la edic. de Ángelis: un motete» 



MISIONES DE INDIOS GUÁRANIS: 341 

nos los muslos, de donde corre con abundancia la 
sangre; otros cargan pesadísimas cruzes sobre sus 
hombros, otros aspados, o puestos en cruz, otros con 
grillos, etc. En algunos pueblos se executan en la pla- 
za los pasos del encuentro de la Verónica, el de la 
Virgen, y San Juan, como también el del Descendi- 
miento el Viernes Santo: pero estos pasos parece han 
sido introducidos después de la expulsión, porque ni 
son comunes en todos los pueblos, ni hay en todos 
ymagenes a proposito para ellos, ni los Curas sirven 
a los yndios para executarlos *, particularmente el 
Descendimiento, sino de los españoles que concurren 
en aquellos dias alli. Lo que en tiempo de los Jesuí- 
tas se practicava, eran algunas mas graves y disonan- 
tes penitencias, que los Curas y Superiores seculares 
del tiempo presente han prohivido: y sin embargo 
este presente año se me avisó que en uno de los pue- 
blos de mi cargo havian buelto a renovar algunas de 
ellas los yndios, de cuyas resultas quedaron maltra- 
tados algunos en la cara y cuerpo, tanto que en mu- 
chos dias estubieron imposibilitados, por ser maltra- 
tados por agenas manos: por lo que he reprehendido 
a los que lo dispusieron, y previniéndoles' no lo 
buelvan a hacer. 

193. El Jueves Santo se celebra la Misa con mu- 
cha solemnidad, en la que regularmente comulga el 
Cavildo, y después se lleva el Santísimo Sacramento 
en procesión al rededor de la yglesia, y se pone en el 
Monumento; el que, aunque de bastidores de lienzo 
mal pintados, son vistosos ' en algunos pueblos, y en 
todos se adornan * con las alhajas de plata que hay, 
con muchas luces, aunque las mas son velas de sebo. 



i Asi en el mb. En la edic de Angelis: ni los curas se sirven de los 
Indios para egecutarlos. 
s En la edic. de Ángelis: y prevenidoles. 
s En la edic. de Ángelis: es vistoso. 
* En la edic. de Ángelis: se adorna. 



342 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

194. Luego que se coloca el Santissimo en el Mo- 
numento, arriman las varas, y bastones el Correxi- 
dor, Alcaldes y demás Justicias *, y en su lugar toman 
cruzes pequeñas en las manos, las que traen liasta el 
Sábado Santo después de los oficios, que buelben a to- 
mar sus ynsignias de justicia. 

195. El mismo dia a la tarde se repite la función 
del antecedente, variando el paso de la procesión: y 
en el Viernes, y Sábado Santo no hay nada de parti- 
cular; pues los oficios de la mañana son como se prac-. 
tican en todas partes, y las Tinieblas y procesiones 
como las de los dias antecedentes *, a excepción de los 
pueblos en que se hace Descendimiento. En todas es- 
tas procesiones asisten los yndios con pequeñas cru- 
ces en las manos, y las yndias con cruces o bultos 
pequeños • de qualquiera Santo o bocacion, algunos * 
llevan entre sus brazos dos o tres ' de ellos; pero to- 
dos asisten con mucha modestia y devoción *. El Sá- 
bado, lo particular que hay es, que a la puerta de la 
yglesia hacen una grande hoguera encendida con la 
nueva luz, de la que cada uno lleva a su casa un ti- 
zón para hacer fuego, y también llevan agua de la 
que se vendice ese dia. 

1 96. El domingo de Quasimodo dan la comunión y 
cumplimiento de yglesia a los impedidos; a losquales 
juntan en la casa o capillita que está frente de la 
yglesia ', y alli se la administran: y, aunque no se 
sigue detrimento en sacar a estos impedidos de sus 
casas, me parece seria de mas edificación el llevarles 
el Santissimo a ellas. 



1 En la edic. de Ángelis: y demás justicia. 

s En el MS. se lee ententes. Es errata del escribiente. 

3 En la edic. de Ángelis: ó bustos pequeños. 

* En la edic. de Ángelis: algunas.^ 

> En la copia ms.: dos o tres dos o tres de ellos. Asi repetido. 

6 En la edic. de Ángelis: con mucha modestia y yeneraoion. 

^ En la edic. de Ángelis: frente á la iglesia. 



MISIONES OE INDIOS GÜARANIS. 343 

197. La festividad que me agrada y edifica mucho, Dia de cor 

pus. 

esla del Corpus Christi: para esta función disponen 
y adornan la plaza toda en contorno, formando calles 
de arcos, y pórticos, o tabernáculos de ramos verdes, 
conenlazes, y enrrejados de canas, y ojas, muy visto- 
sos *, y en las quatro esquinas disponen altares para 
las paradas de. la procesión. En los tabernáculos y arcos 
de todo el contorno de la plaza cuelgan quantos anima- 
les y aves pueden coger muertos y vivos en el campo, 
y los animales domésticos que tienen los atan alli *; 
también cuelgan la ropa mas decente que tienen, los 
tejidos, las telas vrdidas, las herramientas de sus ofi- 
cios, y agricultura, los lazos, bolas y cencerros de sus 
animales, los arcos y flechas con que cazan, la comida 
de aquel dia, y aun de muchos, siendo cosa que se pue- 
de guardar: y • asi llenan los altares de tortas hechas 
de raiz de jnandioca *, amoldadas en moldes de varias 
figuras, vegigas de grasa, pedazos de carne asada,' y 
quantos comestibles tienen: pero délo que se vé con 
mas abundancia es legumbres de todas especies en 
canastas curiosamente labradas, las que guardan para 
sembrar, creyendo su fee que con la presencia las 
vendice Nuestro Señor Jesuchristo. En los pueblos 
inmediatos a rios ponen mucho pescado vivo * en ca- 
noas pequeñas con agua; y, en fin, quanto produce la 
tierra y alcanza su industria, todo sirve de adorno a 
los arcos y altares de la plaza: de modo que apenas se 
descubre lo verde de los ramos de que son formados, 
y dicen que a Dios que es Señor y Criador de todas 
las cosas, se le deve servir con todas ellas. 



* Corregido en la copia ms*: primeramente se escribió vistosas. En 
la edic. de Ángelis: y hojas muy vistosas. 

^ En la edic. de Ángelis: y los animales domésticos que tienen, 
atan allí. 
3 En la edic. de Ángelis: que se pueda guardar. 

* En la edic. de Ángelis: de tortas hechas de raiz, mandioca. 
ft En la edic. de Ángelis: ponen mucho pescado, alguno yivo. 



344 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

198. El aparato de la procesión es correspondien- 
te a lo que dejo dicho de las otras funciones: buena 
custodia de mano, numerosa música, mucho estruen- 
do de campanas, y tambores, muchas dantas de mu- 
chachos, y bastante devoción. Por el suelo héchan, 
en lugar de flores, granos de maiz tostado y rebeíi la- 
do; que cada grano abulta mas que una abellana, y 
parecen flores blancas, de que llevan varias canasti- 
llas; van rociando delante del Sacerdote que lleva la 
custodia, y detras los muchachos lo recogen y comen. 
Y las demás festividades del año no tienen cosa digna 
de reparo *: en todas sigue • el ceremonial de la ygle- 
sia eñ la forma ordinaria, y en los términos que ya 
queda notado. 

199. En las demás obligaciones anexas al ministe- 
rio de Párrocos sucede aqui lo que en todas partes; que 
unos son mas eficaces que otros: pero mo es preciso 
notar algunas cosas que se practican que me son di- 
sonantes •, y que será mui raro el que, sino en to- 
dos los puntos a lo menos en algunos, ha de estar com- 
prehendido, y considero seria de mucha importancia 
se estableciese otro método ajustado *. 

(Se concluirá,) 



1 En la edic. de Ángelis: En las demás festividades del a&o no hay 
cosa digna de reparo. Omite: Y. 
^ En la edic. de Ángelis: se sigue. 

3 En la edic. de Ángelis: que se practican y que me son disonantes. 

* En la edic. de Ángelis: otro método mas ajustado. 



CATALOGO 



DE LAS 

OBRAS DE LA REAL "ACADEMIA DE LA HISTORIA 

encia9.cierna.cia.8 en. rústica, 
CON EXPRESIÓN DE SUS PRECIOS EN MADRID Y EN PROVINCIAS. 



24 


28 


30 


34 


36 


40 


30 


34 


• 

60 


76 


30 


34 



PRECIOS. 
Madrid. Prov. 

Memorias de la Real Academia de la Historla.—Los nueve tomos pu- 
blicados 240 276 

Se venden también sueltos. 
Los TOMOS I, II, III, rv, V y VI, cada uno ; 24 

El TOMO VIL...» ' 

El TOMO VIII 

El TOMO IX • 

I«aB siete Partidas del Rey D. Alfonso el Sabio, cotejadas con varios 
códices antiguosj y autorizadas por Real orden de 8 de Marzo de 1818 
para los usos forenses : tres tomos en 

Opúsculos legales del Rey D. Alfonso el Sabio: dos tomos en 

Diccionario geograflco-histórico de la Rioja y de algunos de los pue- 
blos de la provincia de Burgos, por D. Ángel Casimiro de Govantes. 20 22 

Historia general y natural de las Indias, islas y tierra-firme del;mar 
Océano, por Gonzalo Fernández de Oviedo; con las adiciones y en- 
miendas que hizo su autor: ilustrada con la vida del mismo, por don 
José Amador de los Ríos: cuatro tomos á 50 y 60 rs. cada uno, y todos. 200 240 

Memorias de D. Femando IV de Castilla. Crónica y colección diplomá- 
tica: dos tomos 40 48 

Catálogo de Fueros y cartas-pueblas de España 16 18 

Catálogo de las Cortes de los antiguos reinos de España 12 14 

Cortes de los antiguos reinos de León y de Castilla. Se han publica- 
do cuatro tomos.— Introduccrón.^Primera parte. Un tomo. Cada uno. 60 65 

Memorial histórico español. Colección de documentos, opúsculos y an- 
tigüedades. Tomos I-XIX: cada uno 14 16 

índice de documentos procedentes de los monasterios y conventos 
suprimidos. Tomo I.— Monasterios de Nuestra Señora de La Vid y 
San Millán de la CogoUa 20 22 

Colección de obras arábigas de historia y geografía. Tomo I. AJbar 

Machmua. (Colección de tradiciones) ..;... 30 32 

Tomo II. Crónica de Ebn-AI-Kotiya. Btipreítsa, 

Diccionario de voces españolas geográficas 3 4 

Catálogos de los nombres de pesos y medidas españolas 2 3 

España sagrada: cincuenta y un tomos. Faltan los tomos II, VII, X, XII, 
XVI, XXII y XXXIII. La Academia tiene acordada la reimpresión 
de estos tomos. 
Los tomos I, III-VI, VIII, IX, XI, XIII-X V, XVII-XXI-XXIII; La Can- 
tabria.— Discurso preliminar al tomo XXIV; los tomos XXIV-XXXII 

y XXXIV-L: cada uno, sueltos 14 16 

Tomando juntos los cuarenta y seis tomos existentes 16 606 

Tomo LI 20 22 

El R. P. Mtro. Fr. Henrique Flores, vindicado del Vindicador de la 

Cantabria: por el P. Mtro. Fr. Manuel Risco 6 1 

Historia del célebre Castellano Rodrigo Diaz, llamado (Bl Cid Cam^ 

peador); por el mismo P. Risco • 8 9 

Historia de la ciudad y corte de León y de sus Reyes: de sus igle- 
sias y monasterios antiguos y modernos: por dicho P. Risco: dos 
tomos en 16 18 



PRtClOS. 

iUdriJ. PwT. 
M. w. 

MamorlM de los Reinas católicas. Historia grenealó^ea de la Casa 

Seal dé Castilla y de León: por el P. Enrique Flores: dos tomos en . . 24 2$ 

▼ida del Rmo. P. Miro. Fr. Enrique Flores; un tomo 10 12 

yiaje literario á las Iglesias da Eq;iaña: por D. Jaime Villanueya: 

yeintidos tomos á 8 y 9 reales cada uno, y todos 170 190 

Ensayo aobre los alfabetos de las letras desoonocidaa, que ae en- 
cuentran en las antiguas medallas y monumentos de Eapaüa: por 
D. Luis José Velazquez 10 11 

Demostraoita histórica del Talor de las monedas que corrían en Cas- 
tilla en tiempo de D. Enrique IV, y su correspondencia con los del 
Sr. D. Carlos IV: por Fr. Liciniano Saez 20 ^ 

Sumario da las antigüedadea romanas que hay en España, por D. Juan 

Afirustin Cean-Bermúdez 20 22 

]IÍ8ertaoi6n aobre la historia de la nAutioa: por D. Martín Fernández 

de Navarrete '. 12 14 

Memoria hiatorico-critioa sobre e^ gran disco de Teodosio: por Don 

Antonio Delgado 8 9 

Elogio histórico de D. Antonio de Escaño, teniente general de marina 
y regente de España en 1810: por D. Francisco de Paula Quadrado y 
De-Roó '. 10 12 

Coleooidn de Discursos leídos en las sesiones públicas para la recepción 

de Académicos de la Historia, desde 1852 á 1857 24 25 

Laa Quin(iuagenas de la nobleza de España: por el Capitán Gonzalo 

* Fernández de Oviedo. Tomo I 50 54 

Don Diego de Peñaloaa y su descubrimiento del reino de Quivira; 

por el Capitán de Navio D. Cesáreo Fernández Duro 12 14 

Colón y Pinzón.— Informe relativo á los pormenores del descubrimiento 
del Nuevo Mundo; por el capitán de navio D. Cesáreo Fernández 
Duro 20 22 

Boletín de la ^al Academia de la Historia. Tomos I, II y III (cada tomo). 90 84 

Don Rodrigo de Villandrando. Conde de Ribadeo. Discurso histórico; 

por D. Antonio MaríaFabié 8 !> 

OBRAS PREMIADAS. 

Hiatoria del Combate naval de Lepanto, y juicio de la importancia 

y consecuencias de aquel suceso: por D. Cayetano Rosell 10 12 

Examen critíoo-histórioo del influjo que tuvo en el comercio, industria 

y población de España, su dominación en América: por D. José Arlas 

y Miranda 8 9 

Juicio critico del feudalismo en España: por D. Antonio de la Esco- 

suray Hevia fí 1 

Memorias sobre el compromiso de Gaspe: por D. Florencio Janer 10 12 

Condición social de los moriscos de España: por D. Florencio Janer.. 12 14 

Munda Pompeiana: por D. José y D. Manuel Oliver Hurtado 24 26 

Juicio critico y signiñoación política de D. Alvaro de Luna; por 

D. Juan Rizzo y Ramírez 16 18 

Eatado sooial y politice de los mudejares de Castilla: por D. Francisco 

Fernández y Gon zález 16 18 

Hiatoria critica de los falsos cronicones: por D. José Godoy Alcántara. 16 18 
Noticia histórica y arqueológica de la antigua ciudad de Empo- 

rion: por D. Joaquín Botet y Sisó ..•• 20 22 

PUNTOS DE VENTA. 



Las obras de la Academia ae venden, á los precios marcados en este Ca- 
tálogo, en sus almacenes y despacho, calle de León, núm, 24 coarto bajo. 

También se hallan de venta en Madrid, en las librerías de Sánchez, 
Carretas, 24; Bailly-Bailliére, plaza de Santa Ana, 40; San Martín, Puerta 
del Sol, 6, y Carretas, 39; y en la de Morillo, Alcalá 7; en Bilbao, en la 
de Delmas: en Málaga, en la de Moya. 

^ A los señores libreros que tomen cualquier número de ejemplares ae lea 
hará una rebaja conveniente, según la costumbre recibida en el comercio 
do librería. 





/ ^ ■ 



boletín 



DB LA 



REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 



TOMO IV. — CUADERNO VI 



JUNIO. — 1884. 



j wX ■... 



MADRID: 

IMPRENTA DE FORTANET, 

CALLE DE LA LIBERTAD, 29. 
A 884. 




• I 




SUMARIO DE ESTE CUADERNO. 



PÁG6. 

Noticias 345 

Informes: 

I. Excavaciones en Clunia. — E. Saavedra 347 

II. Zas ruinas de Volúbilis en 3farruecos. — S. Giménez 349 

III. Un reyezuelo de Badajoz desconocido hasta hoy. — F. Codera. 353 

IV. Actas del Concilio de Clermont (18 Noviembre 4130). Revi- 

sión crítica.^Y. Fita 360 

V. Sobre un texto del arzobispo D. Rodrigo, — F. Fita 366 

Variedades: 

Memoria histórica, política y económica de la provincia de misiones 

de indios guaranis. (Conclusión) 389 

índice del tomo IV 403 



boletín 



DE LA 



REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 



TOMO IV, Junio, 1884. cuaderno vi. 



ACUERDOS Y DISCUSIONES DE LA ACADEMIA- 



NOTICIAS, 

La Academia ha acordado celebrar sesión pública solemne el 
domingo 15 del presente, en conmemoración de la fundación de 
este Instituto. Después de la lectura del resumen de los acuerdos 
y tareas de la Academia por el Sr. Secretario general, pronun- 
ciará el académico de número Sr. D. Cesáreo Fernández Duro un 
elogio de D. Pedro Enriquez de Acevedo, conde de Fuentes. 



Asimismo celebrará junta pública el domingo 22 de Junio, 
para dar posesión de su plaza de académico de número al Ilus- 
trísimo Sr. D. Bienvenido Oliver y Esteller, quien leerá su dis- 
curso de recepción, contestándole en nombre de la Academia el 
Secretario general de la misma, Excmo. Sr. D. Pedro de Madrazo. 



Ha llegado á feliz remate la impresión del tomo ii y último de 
la Introducción histórica á las Cortes de León y Castilla, escrita 
por el académico de número Excmo. Sr. D. Manuel Colmeiro y 
Penido. La Academia acordó al autor un voto unánime de acción 
de gracias, que sin duda compartirán todos los nobles ingenios, 
dedicados al estudio y esclarecimiento del ramo que mejor os- 
tenta la grandeza del talento que animó los consejos y floreció 

TOMO IV. 'i i 



346 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

constantemente sobre la cumbre altísima de la Legislación es- 
pañola. 



La Academia ha recibido con agrado el donativo que acaba de 
hacerle su socio correspondiente D. Adolfo Herrera, bien cono- 
cido del mundo literario por su obra titulada Medallas de procU^- 
maciones y juras de los reyes de España, cuya lujosa y esmerada 
publicación en folio, avalorada con láminas en acero, ha llegado 
ya hasta el cuaderno 17. El don á que nos referimos consiste en 
la traducción de El Augusto de la Villa Veientana, monografía es- 
crita en italiano. por el sabio arqueólogo jesuíta P. Rafael Ga- 
rrucci, donde con sólida erudición se explican los varios atribu- 
tos del augusto vencedor de Occidente y del Oriente , representa- 
dos por artístico mármol descubierto hace veinte años en la quinta 
de Livia, antiguo pueblo sitiado á 9 millas de Roma en el campo 
veiñtano. Una de las ñguras, esculpidas sobre aquel mármol que 
más llama la atención, es la de España con sus armas é insig- 
nias que ilustran considerablemente la porción selecta de nuestra 
Numismática. El Sr. Herrera ha prestado graciosamente para 
que sirva de provecho á este número del Boletín el cliché de la 
lámina sobre la cual versa la técnica exposición y docto estudio 
del arqueólogo italiano. 



En la dehesa del Zaratán (Salamanca), se ha descubierto un 
hermoso mosaico romano de cinco colores. Mide 30 pies de largo 
por 21 de ancho. La Comisión de monumentos de la provincia, 
entiende en secundar el loable celo de los Sres. Condes de la Ca- 
bana de Silva, que no dan aún por terminadas las exploraciones 
arqueológicas en aquel sitio de su propiedad. 




Ei^ Augusto de i^j 



INFORMES. 



I. 



EXCAVACIONES EN CLUNIA. 

Excmo. Sr. : D. Fernando Álvarez y D. Félix Verdugo solicita- 
ron, en 30 de Abril de 1883, autorización del señor ministro de 
Fomento para emprender en el antiguo sitio de Clunia algunas 
excavaciones, que dieran por resultado el descubrimiento de an- 
tigüedades, tan abundantes siempre en el desolado territorio de 
aquella capital y colonia romana. La Real Academia de San Fer- 
nando, al evacuar el informe que se pidió por la Dirección gene- 
ral de Instrucción pública, reseña las tentativas, casi siempre 
infructuosas, que desde hace más de un siglo se han dirigido á 
exhumar los preciosos restos con que brinda aquel territorio, 
y encarece la necesidad de mirar con atención materia tan inte- 
resante para la Arqueología de nuestra patria, concluyendo por 
aconsejar que sea oída la Real Academia de la Historia, á la cual 
ha pasado en estos días el expediente la referida Dirección ge- 
neral del ramo. 

Justo, legal y conveniente es que el Gobierno y las Academias 
en su nombre, procuren que los restos de antigüedad, respetados 
por el tiempo, lo sean también por la mano del hombre, y que 
IOS objetos extraídos de entre ellos, lejos de ser destruidos por 
bárbara ignorancia ó recelosa codicia, pasen á enriquecer nues- 
tros Museos, donde sirvan de general enseñanza para propios y 



348 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

extraños. Pero es preciso no alimentar ilusiones sobre el alcance 
que en esta materia puede tener la acción del Estado. No sería 
difícil organizar trabajos de exploración en un sitio como Clunia^ 
pero cuando hay tantos que reclamarían con igual derecho y 
mayor interés la atención del Gobierno y los recursos del presu* 
puesto, cuando Numancia, Sagunto, Mérida, Itálica y Tarragona 
esperan quien profundice sus cimientos para revelar el secreta 
de su fundación primitiva, cuando todavía no han declarado su 
nombre las ciudades que se alzaron en Peñaflor, Cabeza del 
Griego y Talaverala Vieja, no se puede pensar que la Arqueólo^ 
gía española se cultive y explote exclusivamente en la esfera ofi- 
cial. Por otra parte, el único modo de ahuyentar la ignoran- 
cia y de encaminar bien la codicia de la gente rústica, es dar 
valor efectivo y circulación fácil á los objetos que desentierren, 
por azar ó de intento, y nuestra mira debe ponerse en que las 
antiguallas se logren y se conserven, sin que nos cause envidia 
verlas en manos de particulares ó en colecciones extranjeras. De 
otro modo, lo único que se consigue, y la experiencia lo demues- 
tra, es que se quiebren las ánforas, que se derritan las monedas; 
y que se labren las lápidas como sillares. 

Mucho menos oportuno y nada edificante sería que la acción 
pública, adormecida y del todo olvidada de tales ó cuales ruinas, 
se acordara que le incumbe algo que hacer por sí sola, precisa- 
mente en aquel sitio en que un aficionado so propone hacer algo 
útil y contando con las autoridades, cuando tan fácil le sería sa- 
car sin estorbo cuanto quisiera, con solo ponerse de acuerdo con 
unos pocos campesinos. 

Mi conclusión es, por tanto, que el Gobierno debe conceder la 
autorización que se le pide para practicar excavaciones en el si- 
lio de la antigua Clunia, salvos los derechos que las leyes vigen- 
tes aseguran, ya á los dueños de los terrenos en que se hagan las 
excavaciones, ya al Estado, é imponiendo la condición de qué los 
interesados den cuenta de todo lo que encontraren y se sometan 
á la inspección de los delegados del Gobierno, cuando esto tenga 
por conveniente enviarlos. Estos delegados tendrán por misión 
examinar las operaciones, dar cuenta de ellas al Director general 
y hacer observaciones á los interesados, pero sin derecho á estor- 



EXCAVACIONES EN GLUNIA. 349 

bar SQ acción ni imponer sus pareceres, hasta tanto que el Go- 
bierno les autorice para ello en cada caso, y sin que la ausencia 
de los inspectores sea motivo para no empezar, ó para suspender 
los trabajos. 
La Academia, sin embargo, resolverá lo más acertado. 

Eduardo Saavedra. 

Madrid, IC de Mayo de 1881. 



II. 



LAS RUINAS DE VOLU BILIS EN MARRUECOS. 

Al abandonar el santuario de Muley Edrís (sito al N. de Me 
quinez, en un recodo de las montañas de Serhon) vi sobre una 
colina, en medio del valle, como á 1,5 km. de distancia, siluetas 
de ruinas que ya desde lejos no presentan ni mucho menos ca- 
rácter moruno, pues consisten en gruesos muros de sillería, arcos 
y^columnas truncadas. Crucé por una serie de huertas, vadeé el 
riachuelo Homana y llegué al pié de la colina, en donde comencé 
á hallar numerosas piedras labradas y mármoles, esparcidos por 
un bosque de olivos y de higueras, lo que me induce á suponer 
que la ciudad de Volübilis debió extenderse por la colina y el llano 
hasta la margen de Homana. Sobre la ladera nótanse restos de 
bóveda subterránea, al parecer acueducto, y tan numerosas son 
en aquel paraje las ruinas que casi obstruyen el suelo. El perí- 
metro de aquellas, abarca algunos centenares de hectáreas. No 
me he cuidado, por falta de tiempo, de adquirir datos históricos 
acerca de Volübilis, que debió ser una de las ciudades más nota- 
bles de la Mauritania Tingitana; por lo tanto, estas noticias no 
tienen más pretensión que la de reflejar mis observaciones hechas 
sobre el terreno. 



350 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

Dos monumentos subsisten en parte: un templo y una puerta 
abovedada, que parece ser arco de triunfo. Está el templo al S. 
de la meseta, orientado de N. á S. Quedan en pié dos muros pa- 
ralelos y un arco en el ángulo SO.; y un fragmento de muralla 
en el ángulo NO. Los basamentos se conservan íntegros. Los res- 
tos hoy patentes acusan un edificio, construido todo en piedra do 
sillería y sin ninguna clase de argamasa, elegante, bien propor- 
cionado y de un estilo greco-romano de la buena época. Las co- 
lumnas son de orden corintio, y la parte superior de la construc- 
ción presenta un doble friso de orden jónico. Hé aquí las dimen- 
siones esenciales. 

Longitud (exterior), N. á S., metros 41,95; latitud, E. á O. 
23,44; altura, 9,60; altura de los arcos, 5,28; abertura de los mis- 
mos, 2,50; altura de los sillares, 0,48; espesor, 0,85; diámetro do 
las columnas, 0,70. 

En torno de la meseta dislínguense perfectamente vestigios de- 
recinto fortificado y en el centro de aquella hay una pequeña 
eminencia que parece haber hecho el oficio de acrópolis. Dentro 
del gran recinto y á unos 100 metros del templo, hacia el N., se 
encuentra la consabida puerta ó arco, con orientación de N. á O. 
No presenta este monumento un estilo definido; fórmanlo gran- 
des piedras talladas casi por igual, y no carece de armonía, 
tanto por sus proporciones como por lo correcto del arco. Debajo 
de este, hacínanse los escombros en profusión considerable. 
Véanse á continuación las dimensiones de la fábrica. 

Altura desde la base á la cornisa final, metros 7,50; profundi- 
dad del arco, 4,50; abertura del mismo, 5,95, frente principal del 
monumento, 19,47; sillares, 1,25 X 50; elevación del arco, 6,75. 
El grueso del monumento está expresado por la profundidad del 
arco. 

A entrambos lados de este último, se ven dos cámaras, algo 
elevadas sobre el nivel del suelo, cada una de ellas con puerta do 
ingreso del lado E., de remate triangular, merced á dos piedras 
que se unen por su extremidad superior. 

Entre las ruinas amontonadas junto al arco, descubrí dos tro- 
zos de inscripción, que acaso correspondan á dos distintas ins- 
cripciones, colocadas en los cuerpos laterales del monumento. 



LAS RUINAS DK VOLÚUILIS EN MAUnüKCOS. 351 

Una de las piedras epigráficas, la que hallé del lado O., es como 
sigue: 

AXG 
PI AE 
OBSI 
I 



0,63 m. X 0,40 m. 



La Otra inscripción, la del lado E., tiene los caracteres de idén- 
tícas dimensiones (0,10 m.) y forma. 
Hela aqui: 

1 C 1 M A 

0,60 m. X 0,50 m. E M E I V S 

RCVM 

La primera consta, aunque mal copiada en el apéndice L (1) 
(pág. 488) de la obra que lleva por título: Journal of a tour in 
Marocco and the Great Atlas, por Joseph Dalton Hooker y Johi> 
Ball (Londres 1878). Tengo á la segunda por inédita. 

La piedra que domina en las ruinas de Volúbilis es el granito. 
Las columnas del templo son do mármol, no de muy buena cali- 
dad, así como también las losas del pavimento. De este edificio 
provienen sin duda las numerosas columnas que existen en la 
portada y vestíbulo del Serrallo de Mequinez. Se me aseguró que 
en la Sauia de Muley Edris había piedras con inscripciones. Solo 
para cerciorarme de ello, me arriesgué á. penetrar en la Sauia, 
vestido de moro; más no vi allí sino varios fragmentos sin im- 
portancia, extraídos de Volúbilis, los cuales no tienen el menor 
rastro de inscripción. Vi algunas columnas de granito por los al- 
rededores del templo y la ladera de la colina. 



(1) Notes on the Román Remains hnown to the Moors as the Castle of Sharaohj near 
Jáouley Edíisel Kebir, Commanicby Messrs. W. H. Richardson and A. B. Brady. 



352 BOLETÍN DE LA. REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

El gran arco y las piedras labradas que se vea entre los escom- 
bros al pié del mismo presentan cierto brío de ornamenlación. 

Uno de los frisos del monumento está reproducido en la obra 
inglesa antes citada, pero de una manera perfectamente errónea. 

Á pocos metros del templo hacia el O., hay en el suelo, entre 
un montón de piedras, una lápida con inscripción latina. — 1,53"' 
X 0,88 y 0,45 de espesor, que se menciona en el Boletín de la 
¡Sociedad Geográfica de Madrid (T. iii, núm. 2, pág. 188: Agosto 
1877) con referencia á las cartas dirigidas por el Dr. Mohr á la 
Gaceta de Colonia, cuando el viaje de la embajada ^alemana á Fez. 
Dicha losa se halla rota por en medio, en el sentido de su longi- 
tud; su parte inferior ha desaparecido; y el Dr. Mohr debió ha- 
llarla en mucho mejor estado, pues pudo trascribir algo de la se- 
gunda mitad de la inscripción en la que hoy es del todo ininteli- 
gible. Paréceme, que los moros, viendo que esta piedra llamaba 
la atención de los europeos, se han'complacido en romperla y mu- 
tilarla, y es de esperar que pronto no quede de dicha inscripción 
el menor vestigio. La orla en que esta se encierra ofrece un bello 
dibujo. 

Para que se vea el relieve y la forma de los caracteres, incluyo 
un trozo de calco que saqué, y no incluyo el todo, porque más 
que letras hube de calcar mutilaciones, fuera de que la inscrip- 
ción ha sido ya interpretada por Mommsen en los siguientes tér- 
minos: 

QfíiintoJ Caecilio Qfiilnti) filio Domitiano Claudia Volubi- 
liano, decurioni municipii Voluhiliani annorum XX, QfuintusJ 
Caecilius»,., fet) Antonia N f ata J lis filio piifssimoj ]^osueru(ntJ , 

Aclaraciones á la parte indescifrable no se podrían hoy aducir, 
puesto que la inscripción se encuentra mucho más. deteriorada 
que antes. 

La situación de la ciudad de Volúbilis no podía ser más agra- 
dable: el valle tiene hermosa apariencia, y por el S. como por el 
SE,, lo flanquean elevadas ríiontañas en cuyas faldas brotan ma- 
nantiales que dan origen á numerosos riachuelos. Sobre una ver- 
tiente al E. de Volúbilis, existe un duar. Todo aquel territorio, y 
no especialmente la Sauia de Muley Edris, como suponen algu- 
nos, se llama en la actualidad Gualili, evidente corrupción del 



LAS RUINAS DE VOLÜBILIS EN MARRUECOS. 353 

nombre latino. El sitio de las ruinas denomínase K'sar Faraxm 
(Castillo de Faraón) no sé en virtud de qué leyenda. La colina 
tiene la elevación de 450 m. sobre el nivel del mar. Eq el centro de 
las ruinas los moros no han cuidado de establecer cultivo alguno. 
Profesan verdadera aversión á aquellos restos, que atribuyen á 
obra del diablo, y sobre las cuales han tejido multitud de conse- 
jas. Las piedras del olivar que está al borde del río , paj^ecen ha- 
ber sido extraídas del suelo con posterioridad á la plantación de 
los olivos. Formales excavaciones podrían motivar en Volúbilis 
el descubrimiento de preciosos materiales para la historia de la 
Mauritania Tingitana. 

Saturnino Giménez. 

Madrid, 6 Diciembre j873. 



IIL 



un reyezuelo de BADAJOZ DESCONOCIDO HASTA HOY. 

Sabido es de cuantos se dedican al estudio de nuestra historia 
arábigo-española que el período comprendido entre la desapari- 
ción del Califato de Córdoba y la conquista de los Almorávides es 
el menos conocido, por cuanto las fuentes. históricas de los mis- 
mos autores árabes, que tratan de estos tiempos, son muy defi- 
cientes y están muy viciadas, cuando no faltan por completo. 

En especial la historia de los primeros años de este período es 
tan poco conocida, que aun de algunos de los reinos que después 
tuvieron mayor importancia ó duración, como los de Bada- 
joz, Toledo, Zaragoza, Valencia y Denia y las Islas, casi nada se 
sabe respecto á los orígenes y primeros reyes de las dinastías 
respectivas: las monedas acuñadas por todos los reyezuelos nos 
darían mucha luz, si se hubieran conservado; pero por desgra- 
cia, han sido pocos los aficionados á este estudio, y de cada día 
será más difícil subsanar este descuido; pues la destrucción de mu- 
chos ejemplares que desaparecen para siempre ala acción del cri- 
sol de plateros y broncistas, quizá nunca llegue á ser subsanada. 



354 BOl.BTiS DE LA HEAL ACADEMIA DB LA HISTOHIA. 

Éntrelas monedas que hemos adquirido últimamente, hay una, 
sobre la cual me propongo llamar la atención de la Academia por 
breves momentos- 
No es ejemplar único el que me propongo dar á conocer: en el 
MuReo Arqueológico existe otro parecido, cuyos datos consigné 
en los apémlices N. II, V y VI de mi Tratado de Numismática 
Arábigo-española; pero sin dar explicaciones, que allí no cabían, 
pues hubiera sido preciso hacer lo mismo con otras muchas. 

Antes de pasar á la discusión de los datos, fijando en lo posible 
donde están acuñadas tales monedas, he de hacer la descripción 
de los tres ejemplares que hoy conozco y que van reproducidos, 
con los níimerosj^ y 3 juntamente con otrq, que parece perte- 
necer á la niisma población. 





N. I. Moneditado oro adquirida hace algún tiempo y que hoy 
posee el Sr. D. Pascual de Gayangos; en regular conservación: 
oro de muy buena ley: peso 1 gramo. 



"a! i !! "^ No (hay) Dios sino 

í.A_a, i__LJl AUah, solo, 

*-' oXjj— i. "^ no (hay) compañero para él. 

^j*? Mowaffak.? 



UN REYEZUELO DE BADAJOZ. 355 

Aunque parece que el cuño estaba hecho con leyendas circula- 
res, el ser la plancha muy pequeña fué causa de que solo se mar- 
casen uno ó dos trazos en cada área. 



II. A. w^^UlI Elháchih 

é\i!A-*-c >t_^^| El imam Abdallah 

ívTtr-^^W ^' amir de los creyentes. 

j Jl¿. Jálid, 



N. 2. Dirhem en regular, ó mejor dicho, en mala conserva- 
ción: Mus. Ar. Na. 

I. A. En el centro tiene la misma leyenda que la anterior. 
M. Comenzando por la parte inferior. 

En el nombre de Allah, fué acuñado este dirhem en Alandaflits 

año) uno y trefmta y 400. 

II. A. En el centro lo mismo que en la moneda anterior. 

Mahom(a es el enviado de Allah, envióle con la dirección) y religión 
verdadera (para hacerla prevalecer sohrejla religión.,. 

N. 3. Dirhem en regular conservación: adquirido para el se- 
ñor D. Pascual de Gayangos: carácter más elegante que los ante- 
riores. 

I. A. En el centro la misma leyenda que en las dos anteriores. 

(En el nombre de Allah,) fué acuñado este dirhem en Alandalus 

año uno (y trei)nta y ciiaftro cientos). 



35G BOLETÍN 0£ LA. REAL ACADEMIA OE LA HISTORIA. 

II. A. Igual á la de la moaeda anterior, distinguiéndose en 
la orla, ¿JL^t é\5! J^^ ^^n^ 

En las monedas descritas se lee en primer lugar el nombre 
de j^Jw»^t j^\ \\ é^J! ^ >U"^! El imam de Ahdallah amir de 

los creyentes, lo que equivale á decir que el reyezuelo por quien 
están acuñadas, reconocía la soberanía espiritual del Califa de 
Bagdad, ó si se quiere, á un Imam nominal; toda vez que nadie 
encuentra al Imam Ahdallah^ reconocido en muchas de las mo- 
nedas españolas de este período. . 

¿Quien es el rey? El que lleva en la moneda el título áeháchih] 
pues es sabido que los llamados comunmente reyes de taifas, 
de ordinario se titulaban hachibes, y consta que pasaban este 
título á alguno de sus hijos, cuando ellos, sin llamarse Imames 
Principes de los creyentes^ tomaban título sultánico, como hi- 
cieron Almotádhid y Almotámid de Sevilla. 

¿Cómo se llamaba el rey? En mi sentir Jálid jJU.; pues estas 
letras se ven casi con seguridad, y sólo pudiera dudarse si la pri- 
mera tenía ó no el punto, pero como solo con éste resulta un 
nombre conocido, debemos leerlo así. 

¿Cuál es la fecha de estas monedas? En ninguna se lee ínte- 
gra la fecha 431, y la primera de ellas la creímos, .aunque siem- 
pre con duda, del año 441; pero examinadas ambas atentamente, 
hoy no tememos asegurar que son del 431: en la primera, des- 
pués del numeral j J^^wt, se ve j que se revuelve hacia arriba y 
dos trazos b, que solo corresponden al numeral ^j^ 30: el trazo 
del j retorcido hacia la parte superior de la izquierda, fué causa 
de que le creyésemos el I de ^íj^ 40: en el segundo se lee solo 

jlj^ .Xa.1, pero el poco espacio que media entre el J, de .^a^l 

y la terminación de la decena, hace que no puedan suponerse en 
en él más letras que Ij'j ^ — En cuanto á la centena, aunque 

nada se conservara, dados sus caracteres generales, no podría ha- 
ber duda de que eran del siglo v de la hegira. 

¿Quién es el f^^y Mowaffak que figura en la parte inferior de 

la I, A.? No lo sé; pero es evidente, que no puede identificarse 
con Mochehid de Denia, único citado por Alraakkari con este 



UN REYEZUELO DE BADAJOZ. 357 

nombre ó sobrenombre, aunque con el artículo; pues Mowaífak fi- 
gura en monedas posteriores á Mochehid de Denia, muerto en 433. 

¿Dónde están acuñadas estas monedas? En Alandalus, es de- 
cir, en la España musulmana, según se lee en ellas; pero esto 
poco nos dice: yo me atrevería á concretar más el punto, dicien- 
do que están acuñadas en Badajoz, y que por tanto de esta pobla- 
ción fué rey Jálid y para ello me fundo en las razones siguientes: 

El nombre ,^y Mowaífak sólo se encuentra en las monedas 
de Yahya Almanzor de Badajoz, y en su caso en otra dudosa, pro- 
bablemente del mismo puuto, en la cual no habiendo más nombre 
que el de Hixem II Imam amir de los creyentes, y el de i^j^ 
Mowaífak, pudiera creerse que éste era el verdadero rey y que 
todas estas monedas en las cuales se lee siempre el mismo nom- 
bre, pertenecen á la fnisma población. 

Por otra parte, las monedas que pasan como de los reyes de 
Badajoz no reconocen como Imam á Hixem II (1), sí al anó- 

(1) Esta teoría necesita alguna limitación, ó admitirse con reserva, pues la mone- 
dita á que antes me he referido y va reproducida bajo el núm. 4, quizá sea de Badajoz, 
y sin embarg-o se lee en ella el nombre de Hixem II: es una monedita de oro, existente 
en la colección de Sr. D. Pascual de Gayangos; en regular conservación: pesa 8 deci- 
gramos: en ella leemos, aunque est& escrito con mucha incorrección, pues faltan mu- 
chos trazos. 

N. 4. 
I. A. jj9 Mowa- 

^\ ^\ A !t ^ No (hay) Dios sino Allah, 

éWl \jy^) ^^V^^ Mahoma (es) el enviado de Allah, 

En la orla solo existen casi integras las letras — 3Jl ]<Ají s^^y^,,* fué acuña- 
do este...: las otras están recortadas; pero se distinguen trazos que parece convienen al 
nombre , wo^JLk) Badajoz. 

I^ p^^ r' •'•■ ^ >l— P^ ) El imam Hixem 

¿JULj JuJ^^I Almuwayad billah 

. fc_*_Jw>»aJ I yj^S amir de los creyentes. 

En la orla sucede lo mismo que en la de la otra área, sólo se lee WJl \jy^^ *^-jp^ 
distinguiéndose la parte inferior del resto de la leyenda. 



358 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

nimo Ahdallah en los tiempos en que se daba como segura la 
existencia de Hixem; esta circunstancia es muy de notar, pues 
siendo estas monedas del año 431, cuando se iniciaba la farsa del 
pretendido Hixem II, es seguro que Jálid no pertenecía al parti- 
do adicto á los Omeyyas; pues de otro modo hubiera creído la no- 
ticia ó hubiera hecho como que la creía. 

Podrá parecer aventurado el intercalar uno ó varios reyezuelos 
en Badajoz, suponiendo que su historia debe estar deslindada al 
menos en cuanto á la sucesión de los reyes; pero son tan escasas 
las noticias conservadas en los autores conocidos, que M. Dozy, 
admitiendo cinco reyes de Badajoz, Sapur^ — Ahu Mohammad 
Ahdallah ben Maglamah Almanzor, — Ahu Bequer Mohumad Ah 
mothaffar, — Yahya Almanzor II y Ornar Almotawaquil^ solo 
se atreve á fijar el fin del reinado del 3.* y del 5.* (1), y por cierto 
que según resulta de las monedas que dejó grabadas el difunto 
Sr. D. Antonio Delgado, había dos de Yahya Almanzor II de los 
años 456 y 457, anteriores por tanto al 460 en que se supone la 
muerte de su antecesor Abu Bequer Mohammad Almothaffar (2). 

Sapur que. llevó el título de háchih^ comenzó á reinar hacia el 
año 406 y murió según resulta de su inscripción sepulcral, en la 
noche del jueves, nueve noches pasadas del mes de xaában del 
año 413 (3). 

De este rey Sapur se tienen muy pocas noticias: Aben Al-Atsir, 
uno de los pocos autores que le mencionan , dice: «En cuanto á 
Badajoz, se alzó en ella el esclavo [y^^j ) Sapur, el amirí, llamado 
Almanzor» (edi. Tornberg. to. ix, p. 203). Aben Alabbar, tomán- 
dolo de Aben Hayyan , dice algo más, pues le llama cliente ó li- 
berto de Almoctansir, con quien tuvo mucho valimiento: y aña- 
de que lleno de riquezas é influencia, se apoderó del mando ((Je 
Badajoz); y próximo á morir, dejó el reino á Mohammad Almo- 



y (1) Hisióire des musulmana d'Espagnejusqu'a la conquéte de VÁndaloíisie par les Al- 
morávides par R. Dozy, t. iv, p. 302. 

(2) Para los datos acerca de la historia de los reyes de Badajoz , véase Hooguliet. 
Specimen e litteris orientalibus exhíbeos diversorum scriptorum locos de Regia Aphta 
sidarum familia. 

(3) Lápida en poder del Sr. D. Nicolás Diaz y Pérez, y de la cual hemos visto una 
copia (Abril de ISSij. 



UN REYEZUELO DE BADAJOZ. 359 

thaffir (debió ser á Abdallah Almaasur): Casiri, Bihliotheca Ara- 
hicO'Escurialensis, t. ii, p. 41. 

Aba Mohammad Abdallh ben Mohammad ben Maclamah, el 
primero de la familia de los Aftasitas de Badajoz', sucedió en el 
mando á Sapur, y tampoco conocemos la fecha de su muerte 
(martes 19 de chumada postrero del año 437) más que por la ins- 
cripción sepulcral (1). 

Si las monedas que han dado ocasión á este escrito son de Ba- 
dajoz, y Jálid fué rey de esta población, su reinado envuelve quizá 
la idea de que Abu Mohammad Abdallah fuese privado del reino 
al menos en parte del año 431, á que pertenecen dichas monedas. 

Francisco Codera. 

Madrid 25 de Marzo de 1881 . 



(1) No estando publicados los textos de ambas inscripciones sepulcrales, los pone- 
mos á continuación: el del primero dice así: 

^9yj ^\ II ¿^i^j ,_.=.U:! j^fL,^ U» II ^^^ji\ ^^^ji^ *Ü1 p^f 

^]^\ Jl^i jl|l^^. J^J^^^^flI^J 

En el nombre de Alla/t, el clemente, el misericordioso \\ éste f"es) el sepvlcro de Sapur el 
háchib^ compadézcase de él H AllaJt: y murió en la noche del jueves |1 á diet noches pasadas 
de xaába jl n del año tres diez y ctm H tro cientos (413); y testificaba I que no (hay) Dios 
sino Allah.\ 

La inscripción sepulcral del segundo, de la cual el Sr. D. Pascual de Gayangos posee 
copia, hecha por el Sr. Saavedra, dice asi: 

(sic) IJcs."^ II U'iJI ¿JLJ s^\fi ¿d::.ó^j}? J U>5 ^ C^JJ ^' ^'^^j ^¡^^J^ 
üjU suj ^J ^^J^J II ;»-:-*- ¿^ iip.^! ^^[^ ^^^^ ^ ijLz 

Un el nombre de Altah, el clemente, el misericordioso^ éste es el sepulcro de Almanzor 
Abdallah ben Mohammad ben I MagZamah, apiádese de él Allah, y apiádese de quien pida 
para él su misericordia: murió en la noche del martes \\ á once noches por andar de chumada 

postrero del año siete |] y treinta y cuatro cientos (No leo las tres ó cuatro palabras 

que faltan). 



360 BOLETÍN DE LA BEAL ACADEMIA DE LA HISTOBIA. 



IV. 



ACTAS DEL CONCILIO DE CLERMONT (18 NOVIEMBRE 1130) 

REVISIÓN CRÍTICA. 



Brillante luz, ya lo vimos (1), esparce este gran Concilio sobre 
las Cortes generales de Cataluña , celebradas por D. Ramón Be- 
renguer III (10 Marzo 1131) en el palacio condal de Barcelona. 
Balucio en 1715 publicó las Actas (2) , y Man si las reimprimió en 
1759 (3) y 1761 (4), sin que hasta ahora se haya cotejado el texto 
con la única fuente conocida. La cual apunta Balucio con cierta 
vaguedad , que corta ó dificulta los pasos de la estudiosa crítica: 
ex archivo EcclesiéeBarcinonensis^ unde illud hahuerat illustrissU 
mus vir Petriis de Marca Archiepiscopus Parisiensis. Las copias, 
ó traslados, que tuvo Marca de nuestros archivos catalanes, no 
siempre se recomiendan por su exactitud; conforme lo ha demos- 
trado más de una vez el diligentísimo Villanueva Í5). Acerca de 
las Actas la desconfianza sube de punto, leyendo el resumen que 
de ellas hizo Bernardo Guidón, y transcribe del P. Sirmond el 
mismo Balucio (6). Con efecto, quien acudiere á confrontar el 
tipo del archivo barcelonés, que he buscado y acabo de encontrar, 
verá que Bernardo Guidón, en los vocablos en que difiere de la 
copia Baluciana, se ajusta cabalmente al texto auténtico. Razón 
será, pues, y de mucha ventaja para la Historia universal, que le 
devolvamos íntegro un documento de tanta valía. 

Contiendo bajo el número 385, fol. cxxx, recto, el códice, titu- 



(1) Boletín de la Real Academia de la Historia, t. iy, pág. 82. 

(2) Miscellanea^ t. yii, págr. 74. 

(3) Conciliorttm amplissima coUectto, t, xxi, col. 437. 

(4) Balvúi Miscellanea noto ordine digesta, t. ii, pág. 119. 

(5) Viaje literario, viii, 9P; x, 67; xi, 164; xii, 41; xiii, 34; xvii, 190, 210. 

(6) «ABno Domini mcxxx, indictione viii, mense Novembrl apud Olarummontem, 

presidente ibidem Innocentio Papa II celébrala est synodus in qua..... obedientia 

eideiD Papse Innocentio adstanti ab universis est gratanter promissa.» 



ACTAS DEL CONCILIO DE CLERMONT. 361 

lado Líber II Antiquitatum Calhedralis Barcinonensis, gemelo y 
contemporáneo del Liber I que describí en otro lugar (1). 

Las Actas, con su rúbrica, que Balucio pasó por alto, dicen de 
esta manera : 

Privilegium Domini pape, tractans de simonía; de 
cissura et colore vestium ; de rebus Episcopi et cle- 
rici mortui ; de ordinatis qui uxores ducunt ; de mo- 
nachis et Regularibus qui leges et fisicam exercent; 
de laicis qui non teneant ecclesiam ; de securitate pa- 
oís et tregüe; de junctís; de percussione clericorum; 
de coníunctione consanguínitatis ; de his quiignem 
míttunt. 

Anno Dominice incarnationis Millesimo. g.° xxx.° presidente (2) 
Domino papa Innocencio cum episcopis et cardinalibus catholicis 
siquidem (3) et religiosis viris, ac R. (4) lugdunensi, W. bituri- 
censi, étephano vienensi, A. narbonensi, B. arelatensi, O. terra- 
conensi, G. auxitano, F. aquensi, P. tarentassiensi (5), archiepis- 
copis, eorumquc suffraganeis episcopis et abbatibus quampluri- 
bus, Gluniacensi, Dolensi, case Dei, et aliis iuris sedis apostolice 
cum prefatis pontificibus subiectis, una cum salsiburgensi archie- 
piscopo et monasteriensi episcopo ac abbate gorgiense, qui pro 
honore et salute ecclesie pro teutónico regno occurrerant, assi- 
dente etiam (6) Hu. (7) anniciensi episcopo cum innúmera multi- 

* 

tudine sapientium et bonorum vivorum apud clarum montem, 
mense novembrio (8), indiccione octava, sinodus est in nomine 
domini celebrata. In qua de fide catholica, et animarum edifica- 



(1) Boletín, iv, "9. 

(2) Bal. «residente.» 

(3) Bal. «simul.» 

(4) Rainnldo de Semur.— Gams /"Series episcoporitm ecclesUe catholicce^ pág. o"/!) se- 
ñala prematuramente su defunción á 7 de Agosto de 1129. 

(5) Pvídro II.— Su prelacia en la serie de Gams no corre antes del año 1132. 
16) Bal. «et.» 

(7) Humberto.— La Sede Aniciense, ó del Puy, había sido no mucho antes declarada 
exenta por concesión de Pascu»! II. 

(8) Bal. «Novembris.» 

TOMO IV. 25 



362 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

done, ac morum honéstate, malorumque puUulancium eradica- 
tione traclatum est; et obedientia domino pape Innocencio aslanti 
ab universis est gratan ter (.1) promissa. Capitula vero recítala 
sunt hec. 

Quoniam frigescente caritate super habuadavit iniquitas, et 
in novissimis diebus instant témpora periculosa; sunt enim ho- 
mines seipsos amantes, cupidi, elati, superbi, blasphemi, paren- 
tjbus inobedientes, ingrati, scelesti, sine aíFectione, sine pace, 
criminatores, incontinentes, immites, sine benignitate, prodito- 
res, protervi, tumidi, voluptatum amatores magis quam dei, in- 
vocanda est ab universis cum devolione gratia sancti spiritus ut 
mala puUulanlia resecet, et in servis suis sua dona multiplicet ac 
témpora quieta conservet. Ad extirpandas igitur vitiorum pravi- 
tates, predecessoruní statula in médium sunt producta, et novita- 
tibus crescentium vitiorum nova medicamenta sunt adhibita. 

[I.] Statuimus ut siquis symoniace ordinatus fuerit, ab officio 
omnino cadat quod illicite usurpavit; vel siquis prebendas aut 
honorem vel promotioncm aliquam ecclcsiasticam, interveniente 
execrabilis ardore avaritie, per pecuniam acquisivit, honore male 
adquisilo careat et nota infamie percellatur. 

[II.] Precipimus eliam quod tam episcopi quam clerici in 
statu mentis, in habitu corporis, Deo et hominibus placeré stu- 
deant; et nec in superfluitatc, cissura (2), aut colore vestiura, 
iiituencium quorum forma et exemplum csse debent oíFendaut 
aspectum; sed quod eorum deccat sanctitatem. 

[III.] Illud autem, quod in sacro calcidonensi constitutum est 
concilio, inrefragabiliter couservari precipimus; ut videlicet de- 
cedentium bona episcoporum a nuUo omnino hominum diripian- 
tur; sed ad opus successoris sui in libera economi et clericorum 
pcrmaneat poiestate. Gesset igitur de cetcro illa detestabilis et 
seva rapacitas. Siquis autem hoc amodo (3) atemptare presump- 
serit, excommunicationi subiaceat. Qui vero morientium presbi- 
lerorum vel clericorum bona rapuerint, simili sentencie subi- 
ciantur. 

(1) Bal. «constan ter.» 

(2) Bal. «scíssura.» 

(3) Bal «omnino.» 



ACTAS DEL CONCILIO DE GLERMONT. 363 

[IV.] Decernimus (1) ut hii qui a subdiaconatu etl^upra uxo- 
res duxerint, aut concubinas habuerint, offlcio atque ecclesiastico 
beneficio careant. Cum enim ipsi templum dei, vasa domini, sa- 
•crarium spiritus sancti debeant esse et dici, indignum est eos cu- 
ájilibus et immunditiis deserviré. 

[V.] Prava aulem consueludo, prout acccpimus, et detestabilis 
inolevit; quoniam monachi et regulares canonici post susceptum 
habitum et professionem factam, spreta bonorum magistroruní 
benedicti et Augustini regula, leges temporales et mcdicinaní 
gratia lucri temporalis addiscunt. Avaritie namquc flammis 
^ccensi se patronos causarum faciunt. Et cum psalmodie et hym- 
iiis vacare deberent, glorióse vocis freti munimine, allegationum 
suarum varielale, iustum ct iniustum fasque nefasqtie confun- 
dunt. Atlestantur vero imperiales constitutiones absurdum, im- 
mo et obprobrium esse clericis si peritos se velint disceptationum 
<3sse forcnsium ; huiusmodi temeratoribus graviter feriendis. Ipsi 
quoque, neglecta animarum cura, ordinis sui propositum nulla- 
tenus attendentes, pro deteslanda peccunia sanitatem poUicentes, 
liumanorum curatorcs se faciunt corporum. Gumque impudicus 
oculus impudici cordis sit nuncius, illa de quibus loqui etiam 
«rubescit honestas, non debet religio pertractare. Ut ergo ordo 
monasticus et canonicus, deo placens, in sancto proposito invio- 
labiliter conservelur, ne hoc ulterius presumatur auctoritate 
apostólica interdicimus. Episcopi autem abbates et priores (2) 
cnormitati consencientes et non corrigeñtes propriis honoribus 
spolientur. 

[VI.] Precipimus etiam ut laici, qui ecclosias tenent, aut eas 
episcopis restituant, aut excommunicationi subiaceant. 

[VII.] Innovamus autem et precipimus ut nuUus in archidia- 
conum nisi diaconus, nuUus in decauum vel prepositura nisi 
presbyter ordinetur. Archidiaconi vero, decani vel prepositi, qui 
infra ordincs prenominatos existunt, si inobedientes ordinari 
contempserint, honore suscepto priventur. 

[VIIL] Precipimus etiam ut presbyleri, clerici monachi, pe- 



(1) BaL «Decrevimus.» 

(2) Bal. intercala «tanta;.» 



364 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

regrini ettnercatores omni temporc siiit securi. Treguam autem 
ab occasu solis in iiii' feria (1) usque acl ortum solis in secunda 
feria, et ab avenlu domini usqac ad octavas epiphanie, el a quin- 
quagesima usque ad octavas pentecostes, ab ómnibus inviolabili- 
ter obscrvari decernimus. Siquis autem treguam frangere temp- 
taverit, post lu" commonitionem si non satisfecerit, episcopus 
suus excomunicacionis in cum sentenciam quisque confirmet. 
Siquis autem lioc violare presumpserit, ordinis sui periculo sub- 
iacebit. Et quoniam funiculus triplex difficile rumpitur, preci- 
pimus ut episcopi, ad solum deum et salutem populi habentes- 
respectum, omni trepiditate (2) seposita, ad pacem firmiter tenen- 
dam mutuum sibi consilium et auxilium prebeant; noque hoc 
alicuius amore aut odio pretermittant. Quod siquis in hoc dei 
opere tepidus inventus fuerit, dampnum proprie dignitatis in- 
curran t. 

[IX.] Detestabiles autem illas nundinas vel ferias, in quibus 
milites ex condicto conveniro solent, et [ad] ostentationcm virium 
suarum pericula sepe proveniunt, omnino (3) interdicimus. Quod 
siquis eorum ibidcm mortuus fuerit, quamvis ei poscenti peni- 
lentia et viaticum non negetur, ecclesiastica tamen careat se- 
pultura. 

[X.] ítem placuit ut siquis, suadente diabolo, huius sacrile- 
gii reatum incurrerit quod in clericos vel monachos manus inie-* 
cerit, anathemati subiaceat. Quod qui fecerit excomunicetur. 

[XI.] Indubitatum est quoniam honores ecclesiastici, sangui- 
nis, non sunt, sed merili; et ecclesia dei non hereditario iure 
aliquem nec secundum carnem successorem expetit, sed ad sui 
régimen et ofñciorum suorum dispensaliones, honestas sapientes 
et religiosas personas exposcit. Eapropter auctoritate prohibemus 
apostólica nequis ecclesias, prebendas, preposituras, capellanias, 
aut aliqua ecclesiastica beneficia hereditario iure valeat vendica- 
re, aut expostularc presumat. Quod siquis improbus, aut ambi- 
tionis reus, attemptare presumpscrit, debita pena multabitur et 
postulalis carebit. 



(1) Bal. «solis qiiarta feria.» 

(2) Bal. «tepiditate.» 



(3) Bal. «omnimode.» 



ACTAS DEL CONCILIO DE CLERMONT. 3G5 

[XII.] Sane coniunctiones consanguineorum omnino ñeri 
prohibemus. Huiusmodi namque iiicestum, qui ianí fere, stimu- 
lante humani generis inimico, in usum versus est, sanclorum 
patrum slatuta et sacrosaucta dei deteslatur ecclesia. Leges etiam 
seculi de tali contabcrnio natos infames pronunciant et ab here- 
ditatc repellunt. 

[XIII.] Pessimam siquidem depopulatricem et orrendam in- 
^endiorum maliliam, auctoritate dei et beatorum aposlolorum 
Petri et Pauli omnino detestamur et interdicimus. Hec etenim (1) 
pestis, hechostilis vastitas omnes alias depredationes exuperat. 
<3ue quantum dei populo sit dampnosa, quantumque detrimeu- 
tum animabus et corporibus inferat, nullus ignorat. Assurgen- 
duin est igitur, et omnimodis laborandum ut tanta clades tanta-r 
-que pernicies pro salute populi eradicetur et extirpetur. Siquis 
igitur post huius nostre prohibitionis promulgationem malo stu- 
dio, sive pro odio sive pro vindicta, ignes apposuerit vel apponi 
fecerit, aut appositoribus consilium vel auxilium scienter tribae- 
rit, excomunicetur. Et si in hoc mortuus fuerit incendiarius, 
chrislianorum careat sepultura; nec absolvatur, nisi prius, damp- 
no cui intulit secundum facultatem suam resarcito, iuret se ulte- 
rius ignem non appositurum. Penitentia autem ei detur ut in 
iherosolimis aut in ispania in servitio dei per integrurn annum 
permaueat. Siquis autem archiepiscopus (2), episcopus, hoc rela- 
xaverit, dampnum restituat, et per unum annum ab officio epis- 
€opali abstineat. Sane regibus (3), principibus, faciendo iusticie 
facullatem, consultis archiepiscopis, non negamus.» 

Las Actas exhiben á Inocencio II, no residente, según estampó 
Balucio, sino presidiendo (presidente) en medio de los cardena- 
les católicos, ó no adherenles al cisma del antipapa Anacleío. 
Nómbranse los arzobispos Raimundo, de Lyon; Yulgrino, de 
Bourges; Esteban, de Viena, sobre el Ródano; Arnaldo, de Nar- 
bona; Bernaldo, de Arles; San Olaguer, de Tarragona; Guiller- 
mo, de Auch ; Fulco, de Aix, en Provenza; y Pedro II, de Taran- 



(l) Bal. «enim.» 

<2) BaL interpone «et.» 

<3) Bal. añade «3t.» 



366 BOLETÍN DE LA REAL ACADEiMIA DE LA HISTORIA. 

sia Ó Moutiers, en Saboya; rectificándose por este medio algunas 
erratas ó inexactitudes de que adolece la Series episcoporum 
EcclesiiB Caiholicse, escrita por el P. Garas. Hacen notar la pre* 
sencia de los obispos sufragáneos de aquellas sedes metropolita- 
nas; y por consiguiente se viene abajo la aserción del escritor anó- 
nimo, que en 1334 trazó la biografía de San Olaguer, y no quiso 
ver en el sínodo más Prelados españoles, que el arzobispo desig- 
nado por su propio nombre (1) : «Convenit iste solus Hispanus ad 
sauctum Claromontanum concilium; quem gratitudinis causa et 
gratan ter recepit eum Innocentius et honoribus cumulalum di- 
misit.» Florez (2) ha bosquejado rápida, pero sustanciosamente 
la parte que en el concilio de Glermont, contra los monjes de Ri- 
poli, cupo al santo arzobispo de Tarragona y á Ramón Gaufredo,. 
obispo de Vich; y con ella parece se deberían aumentar, ó por la 
menos ilustrar, las Actas señaladísimas, cuya fuente y revisión 
os he presentado. 

Fidel Fita. 

Madrid , 3 de Mayo de 1884. 



V. 



SOBRE UN TEXTO DEL ARZOBISPO D. RODRIGO (3). 

« Nam Tarracona metrópolis diu destructa f uit tempore Bernardi Toletanr 
Primatis, sicut patet in regesto Urbani Papae secundi ; qui Urbanas eum- 
dem Bernardam de restanratione civitatis et ecclesiae suis litteris ani- 
mavit.3> 

Tres son los puntos, de la mayor importancia histórica (4)^ 
significados por este pasaje, que voy á examinar en sus fuentes. 

(1) Esparia Sagrada^ xxix, 499. 

(2) Esp. Sagr.^ xxviii, 202, 203. 

(3) De relees ffispaniae, iv, 11. 

(4) España Sagrada, xxv, 112-115. 



SOBRE UN TEXTO DEL ARZOBISPO D. RODRIGO. 3G7 
\ 



Begistro de Urbano II. 

Un cartulario de pergamino, escrito en el siglo xiii, cuya signa- 
tura (cajón 42, núm. 23), y título (Liber privilegiorum ecclesie To- 
letane) descubren á la legua el origen, ha venido á parar al Ar- 
chivo Histórico Nacional. Exhibe los rescriptos de Honorio III, 
dirigidos al arzobispo D. Rodrigo y al Cabildo de Toledo. El res- 
cripto primero (fol. 86-88) autentica siete bulas A.Q\registro de Ur- 
bano IJy pero carece de fecha. La cual, si bien omitida por el có- 
dice, se puede no obstante inferir, así de la naturaleza del docu- 
mento (1) como de la paridad que guarda con el otro rescripto. 
Este fué expedido en el palacio de Letrán á 7 de Enero de 12 J 8, ó 
incluye á su vez (fol. 83-85) y da por auténticas ocho bulas de Euge- 
nio III; seis ya conocidas (2) y dos inéditas (3). 

Ambos rescriptos van encabezados de la misma manera: 

«Honorius cpiscopus, servus servorum Dei, venerabili fratri 
Roderico Archiepiscopo et dilectis filiis Capitulo Toletano salu- 
tem et apostolicam benedictionem. 

Supplicasti nobis, frater Archiepiscopo, ut cum in regestis 
Romanorum pontificum quedam contineantur munimenla eccle- 
sie Toletane, illa conscribi et tradi tibi sub bulle nostre muni- 
mine faceremus. » 

Semejante introducción hace creer que vinieron rescriptos en 
mayor número y de igual ó aproximada fecha. Con efecto, Don 
Rodrigo no se olvidó de indicárnoslo , cuando copió una de las 
cartas, extractadas del registro de Gelasio II (4); y de ello hace fe 
el Libet privilegiorum^ fol. 94. 

(1) Forma cuerpo ó se compagina cou la bula inédita del 19 Enero 1218 f'Lib. privil.^ 
f. 100) y con la del 31 de Diciembre de 1217, publicada por D. Vicente de La Fuente en 
el bello Elogio del arzobispo D, Rodrigo Jimene% de Rada; Madrid, 1862, pág. 64. 

(2) Jaffé, 6150, 6430, 6504, 6505, 6582, 6585. 

(3) La 5.* y la 8.* Aquella fué enderezada (29 Junio, 1150) al arzobispo de Tarragona; 
y la última al de Toledo (llol-ll66) Juan. En esta el códice pasó por alto la fecha ver- 
dadera, y la suplantó por la del rescripto de Honorio III fLaterani^ Vil idvs januariiy 
pontíjlcatus nostri anno II J , que llevo dicha. 

(4) « Qui scripsit Toletano Primati, sicut in ejusdem Papae invenitur regesto, epis- 
tolam sub his verbis.» De redus Hispaniae, vi, 27. 



368 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

Nuestro egregio historiador, veintiún años después, obtuvo de 
la Santidad de Gregorio IX rescriptos análogos, que pensaba sin 
duda hacer valer en la eventualidad de un^próximo concilio ecu- 
ménico, ó siquiera en el pleito á que dieron pié sobre jurisdicción 
de metrópolis las conquistas de Valencia y de Murcia. El res- 
cripto de Gregorio IX (1) , que autentica las Tjulas de Urbano II, 
firmóse en el palacio de Letrán á 26 de Mayo de 1239. Lo pu- 
blicó, mas no enteramente, Raynaldi, continuador de los Anales 
Baronianos, Aguirre lo mutiló, y dio pretexto á que sin tino lo 
interpretase, como harto sabéis, el primer autor de la España 
Sagrada, No habiendo reparado en que el autor del rescripto , de 
que tratamos ahora, se nombra desde el primer comienzo Gre- 
gorio IX y habla con D. Rodrigo, arzobispo de Toledo, achacó 
Flórez el documento á Pascual II; negó en consecuencia que to- 
das las cartas allí recopiladas hubiesen salido del registro de 
Urbano, y propuso en resolución enmiendas infelicísimas. No se 
creería, si no se viese; pero alguna vez dormita el buen Homero. 
Dice Flórez (2) : 

(cBesta ver, si pudo ser en el 91, en que se hallaba en España Ricardo, 
antecessor de Raynerio? Para esto es preciso suponer y disolver un grande 
enredo, que se halla en Aguirre, iom. 3 pág. 300, por una Carta (tomada de 
Olderico Raynaldi en sus Anales al año 1239, núrn. 52), que en nombre de 
Urbano II se pone dirigida á Raynerio Cardenal Legado en España, Esta, 
según se halla allí, y en Lahbé (tomo 42 de la Edición de Ooleti, col. 75t, 
entre las Cartas de Urbano II) no es de Urbano II, sino un conjunto de di- 
versas cartas, remitida la una al expresado Legado, y repetida en otra por 
el mismo Haynerio siendo ya Papa: la primera fue enviada por Urbano II 
al Rey D. Alfonso VI; la otra (que es la que se exhibe en los Autores cita- 
dos) es enteramente de el mismo Raynerio (siendo ya Papa, con el nombre 
de Pascual II), la qual fue dirigida al Arzobispo de Toledo: y assi, confor- 
me esta alli, se debe borrar el titulo, que dice A Raynerio etc, y poner A 
Bernardo Arzobispo de Toledo^ mudándola del Registro de las cartas de Ur- 
bano II al de Pascual II. Consta esto, por quanto en exordio de la citada 
epístola se nombra Urbano II como difunto y predecessor del que escribe: 
In regestisfel. record. Urbani II ^ prcadecessoris nosiri etc. Luego esta carta es 
del sucessor de Urbano II, que fué Pascual 11.» 

(1) Potthast, 10749.— Corrige Potlhast, sin dar de ello razón, el año del pontiñcado 
que Raynaldi estampó. La bula del 19 de Julio de 1239, que ha sacado á luz el señor 
Lafuente resuelve, si mal no se me alcanza, la cuestión. 

(2) EapaTia Sagrada^ in, 320, 327. 



SOBRE UN TKXTO DEL ARZOBISPO D. RODRIGO. 360 

Por dicha, lo que el Codex RegiuSy que extractó Raynaldi, nos 
oculta aún, eso mismo el Liher privilegiorum ecclesie Toletane, 
mucho más precioso nos ha do descubrir, sometiendo á nuestra 
desinteresada apreciación, el ejemplar contemporáneo del rescrip- 
to de Honorio III, acerca del registro de Urbano, que expresa- 
mente alegó D. Rodrigo. He citado el preámbulo del rescripto. En 
el códice toledano prosigue de esta manera: 

«Nos igitur tue solicitudinis providentiam comendantes, pre- 
sencium signiíicatione testamur, quod in Regestis felicis recor- 
dationis Urbani pape secundi, predecessoris uostri, scriptum est 
de bone memorie Í3ernardo Toletano Archiepiscopo in hec verba: 
Hoc tempore Toletanus Archiepiscopus Bernardus, Romam ad dO'- 
minum IJrbanum papam veniens, ei pro episcoporum more hira-, 
v¿í, et palleuyn et privilegium accepit, Regnisque Hispaniarmn pri^ 
mas institutus est. Tum etiam in Gallicia omnis diócesis sancti 
Jacóbi áb omni est officio excomunicata divino, quia sancti Jacohi 
episcopus in Regis carcere depositus fuerat; unde et hec Regi Ilde- 
fonso epistola missa est. 

[1] ídem Regi Ildefonso Gallecie. — Dúo sunt, Rex Ildefon- 
se... (1). 

[2] ídem Terraconensibus et ceteris hyspaniarum Archiepis- 
copis. — Quisquís voluntatem gerit... (2). 

[3] ídem Ugoni Cluniacensi Abbati. — Venerabilem fratrem 
nostrum Bernardum... (3). 

[4] ídem Bernardo Toletano archiepiscopo. — Postquamano- 
his tua dilectio... (4). 

[5] ídem Urbanus B[erengario] Terraconensi Archiepiscopo. 
— Novit dilectio tua... (5). 

[6] ídem Rainerio Cardinali presbítero. — Quantum de tua re- 
ligione... (6). 

[7] Urbanus episcopus, servus, servorum Dei, Reverentissi- 



(1) Jiiffé, 4.02-2. 

(2) Jaffé, 4.023. 

(3) Jaffé, 4.024. 

(4) Inédita. 

(5) Jaffé, 4.070. 
{6^ Jaffé, 4.044. 



370 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

simo fratri Bernardo Toletano Archiepiscopo eiusque succes- 
soribus in perpetuum. Cunclis sanctoruin decretales scienti- 
bus... (1). 

La carta última se libró en Anagni á 15 de Octubre de 1088; y 
en el mismo día, ó muy poco antes ó después, la 1/, 2." y 3." 
Todas ellas son conocidas del público; mas no así la 4/ Esta so 
expidió en 1089, algunos días ó semanas después del día !.• de 
Julio; y es anterior por orden de tiempo á la 6.*, como esta á la 
5.* Dice así en el códice: 

«Postquam a nobis tua dilectio digressa est, veniens ad nos et 
de illa quam seis discordia satisfaciens karissimus frater noster 
Riccardus, Cardinalis ecclesie Romane presbiter et Massiliensis^ 
abbas,Terraconensemprovinciamad Narbonensem ecclesiam per- 
tinere testatus est. Post hec, Beringarius auxonensis episcopus, 
ad apostolorum limina veniens et nobiscum aliquandiu commo- 
ratus, predicti fratris verba contraria prorsus asseruit; sue eliam 
ecclesie nobis privilegia (2) protulit, quibus vice Terraconensis vi- 
debatur ecclesie honorata. Qua de re, siquid certi tua dilectio re- 
cognoverit, tuis volumus litteris informari. Nosenim et Narbonen- 
si significa vim US utse [ad] huius rei responsionem sedi apostolice 
i'epresentet. Notum etiam tibi volumus litteras (3) a nobis Terraco- 
nensis provincie episcopis et principibus destinatas, quatinus 
restrtutioni ecclesie Terraconensis insistan t, ad cuius cífectum 
operis tuam quoque prudentian volumus insudare. Si enim Ter- 
raconensem provinciam Narbonensis antistes Romano privilegia 
vendicare nequiverit, et si annuente domino predicta fuerit civi- 
tas restituía ut episcopalis ibi valeat cathedra collocari, dignum 
videtur, et nostro jam ore promissum est (4), utantique dignita- 
tis gloria Ausonensis episcopus, Terraconensis habendus, redo- 
netur. Ad hec igitur omnia consilium te et auxilium impenderé 
postulamus.» 

Tal es la carta famosa, y objeto hasta hoy de interminables dis* 



(1) Jaffé, 4.021. 

(2) Del papa Juan XIII en el año 971 (Jaffé, 2.871 , 2.872). 

(3) El día 1.0 de Julio de 1089.— Jaffé, 4.035. 

(4) En dicha carta del 1.° de Julio. 



. SOBRE UX^ TEXTO DEL ARZOBISPO D. RODRIGO. 371 

putas por ignorarse el texto, de la que hizo D. Rodrigo singular 
mención y argumento histórico. Veamos de aprovechar la nueva 
luz que nos trae. 



II. 



Examen de la carta inédita, citada por D. Rodrigo. . 

El mismo día que murió San Gregorio VII (25 Mayo, 1085), 
entraba en Toledo, á guisa de emperador triunfante, el rey don 
Alfonso. Año y medio más tarde (18. Diciembre, 1086), no había 
sido el obispo de Santiago D. Diego Péláiz, depuesto de su dig- 
nidad, supuesto que en el propio día de la elección de D. Bernardo- 
para arzobispo, firmó D. Diego el acta de dotación munificentísi- 
ma que el rey otorgó á la Catedral, ó ex-mezquita toledana (1). 
Fué depuesto inválida y anticanónicamente el obispo de Santiago 
por el Cardenal Ricardo, cuando estaba este inhabilitado para 
funcionar como legado de la Sede apostólica, conviene á saber, 
luego que le excomulgó el papa Víctor III (Agosto, 1087), y á 
buena cuenta hasta la elección de Urbano II (12 Marzo, 1088), 
quien ignorando aquel desmán, y haciendo gracia al Cardenal, le 
devolvió el oficio. D. Rodrigo atribuye á semejante situación y al 
deseo de salir á la defensa del obispo oprimido, un acto heroico 
de D. Bernardo (2). 

<iQai (Ricardas), mious religioso officium perAgens, coepit irregulariter se 
habere. Quod attendens Toletanus electus, per maris et terrae pericola se 
Bomani Pontiñcis conspectai praesentavit; et, Gregorio séptimo viam uni- 
versae camis iogresso, invenit Urbannm secundum in Sede apostólica con- 
fititutum. A quo, gratanter et beoigne suscdptus, consecrationem, pallium et 
privilegium obtÍDUÍt.2> 

D. Bernardo no se puso en marcha tan pronto como, leyenda 
este pasaje, podría parecer. El día 11 de Marzo de 1088, víspera 



( 1 ) Liber privilegiorum , fol 1 . 
(2; De rebus Hispaniae^ vi, 35, 



372 BOLETÍN DE LA REAL AGADEMLA DE LA HISTORIA. 

de la elección de Urbano TI, se hallaba el electo Toledano aliado 
del Rey, del mismo Legado y de varios obispos: Raimundo de Fa- 
lencia, Gómez de Auca (Burgos), Pedro de León, Asmundo de As- 
torga y Arias do Oviedo. Obsérvase en varios documentos (1) que 
ol Monarca, agente principal de la deposición del obispo Compos- 
lelano, á quien retenía en dura cárcel, trataba de halagar al Car- 
denal con darle en encomienda, ó sujetará la jurisdicción del mo- 
nasterio de San Victor de Marsella, el Toledano opulento de San 
Servando. No sería, pues, de extrañar que á la sazón se hubiese 
cometido la violencia, contra la cual se decidió á ponerse en viaje 
D. Bernardo, é informar sobre ella al nuevo Pontífice para que 
aplicase eficaz remedio. Conviene, sin embargo, añadir que Don 
Rodrigo, si bien sin faltar á la verdad sugirió el motivo principal 
de lo prematuro y e:spuesto de aquel viaje, otros motivos se calló 
que lo decidieron, y están claramente manifestados por la bula 
de 15 de Octubre (2). 

Esta bula forma época en la evolución de la alta jerarquía ecle- 
siástica sobre nuestro suelo. Dispone que todos los obispos y me- 
tropolitanos (pontífices) de la Península se sujeten, como por lo 
pasado, á la Primacía del arzobispo de Toledo; dando con esto 
claramente á entender que no circunscribe el derecho del Pri- 
mado al territorio de una sola corona ó nacionalidad; que tres en- 
tonces se contaban bajo el cetro de diferentes Príncipes, desde el 
cabo de Creus hasta el de Finisterre. Urbano además encomienda 
al buen celo y actividad del Primado el empeño de procurar con 
la mayor brevedad posible la restauración de las restantes anti- 
guas Sillas metropolitanas en sus propias ciudades (Tarragona, 
Braga, Mérida y Sevilla) ; é ínterin que esto se logre, determina 
que las sufragáneas existentes ó por existir, no exentas, que care- 
cieren de Metropolitano propio, sean administradas y regidas por 
ol de Toledo: «ut, quoad sine propriis exstiterint Metropolitanis, 
tibi ut proprio debeant subjacere.» 

Esta última disposición, por lo que se refería á Tarragona, de- 
jaba en pié dos puntos litigiosos: por una parte la propiedad de 



(1) Líber prUilegiorum, fol. 6, 33, 50. 

(2) Lifjer prívileffiorum^ foL 91,— España Sagrada ^ vi, 347-350. 



SOBRE UN TEXTO DEL ARZOBISPO D. RODRIGO, 37»^ 

Primacía y de administración que afectaba el arzobispo de Nar- 
bona, y por otra los derechos mejor fundados de la mitra de Vich; 
De todas maneras, ó como quiera, debía D. Bernardo, en virtud 
de su cargo, dar calor y atender á la restauración de Tarragona. 
Leyóse la bula y fué acatada en el concilio de Husillos (1), re- 
unido á fines del mismo año ( 1088). El número de los prelados y 
abades que lo compusieron; la intendencia del arzobispo de To- 
ledo, que no se nombra electo (2), sino arzobispo en propiedad, y' 
.su preferencia al de Aix; la presidencia del Legado Ricardo, y la 
presencia, en fin, y las acciones del Rey, todo concurre á demos- 
trar que la porción de actas sinodales que poseemos (3) no es la 
esencial ni la más extensa. Redúcese á la deiñarcación de límites 
entre los obispados de Osma y de Burgos, afecto este á la me- 
trópoli de Tarragona, aquel á la de Toledo. La división fué san- 
cionada cinco años después (14 Marzo 1095) por la Santa Sede, ó 
por bula de Urbano: 

«Parochiarum etiam divisionos, quae ínter Burgensem et Oxoraensem 
ecclesiam coram Sedis apostolicae legato Ricardo Cardinali presbitero et 
Massiliensi abbate in synodo apud monasteriam de Fuselis constitutae sunt, 
Bicut ex ejusdem confratris nostri assertione didicimus, vim perpetuam ob- 
tinere mandamus.iD 

El acta del acuerdo sinodal da por precedente la disensión sobre 
partición de límites que el arzobispo de Toledo y el obispo de 
Burgos mantenían viva y continuada hacía bastante tiómpo: 
«quiajugis contentio erat ínter Bernardum Toletanum archie- 
piscopum, ad quem Oxomensis ecclesia metropolitano jure perti- 
net, et Gomizonem Aucenseni sive Burgensem episcopum.» Auca, 
ó Burgos, era entonces de la metrópoli tarraconense, que estaba, 
en sentir del Cardenal Ricardo, exceptuada de las atribuciones 
asignadas ala Primacía de D. Bernardo. En la carta que vamos 
comentando se nos descubre aquel sentir del Legado, ú oposición 
por discordia, que retrasó los plazos do ^ sentencia definitiva: 



(1) Monasterio y pueblo cercano á la ciudad de Falencia. 

(2) Las actas especifican cuidadosamente este dictado en la serie de los obispos y 
abades. 

(3; Affuirre, CoUectio máxima concih ffisp., t. ii, páginas 3'77 y 308; Roma, 1694. 



374 boletín de la real academia de la historia. 

«venicns ad nos et de illa, quam seis ^ discordia satisfaciens... Ri- 
cardas... Terraconensem ptovinciam ad Narboiiensem ecclesiam 
pertinere teslatus est. » 

Al cabo de algunos meses, contados desde la reunión del conci- 
cilio de Husillos, sabemos ya que habla ido el Cardenal á Italia y 
comparecido ante Urbano. ¿ Por qué razón? Nos lo dirá la Histo- 
ria Compostelana (1). 

aCelebrante itaque Ricardo, sanctae Romanae Ecclesiae Cardinali atque 
Legato apud saoctam Mariam de Fusellosconcilium, ipse rex Adefonsus ad- 
fuit; et praedictum episcopum, quem díutias vinculis maocipari fecerat, 
quasi Bolutum sed tanien sub custodia, venire jussit, videlioet ut eam a poii> 
tifícali dignitate dejiceret (2). Tune praedictus episcopus metu regis et spe 
liberatioDÍs, perjudicium romani Oardinalis passus est; et coram omni con- 
cilio se indignum episcopatu proclamaus, annalum et virgam pastoralem 
Cardinali reddidit. Cardinalis autem aliuin, videlicet Petriim nomine, Car- 
dinensem abbatem, in pontifícalem ecclesiae beati Jacobi cathedram inthrc- 
nizandi liceniiam concessit. Post haec, idem episcopus, quamquam praeju- 
dicio gravatus, captioni tamen regis iterum mancipatus est. Eapropter, bis 
demuin Bomae ventilatis, praedictus Bicardus, sanctae Romanae Ecclesiae 
Cardinalis atque Legatus, confusionis atque ignominiae jaculo confossus 
est. Nimirum Papa Urbanus atque sancta Romana Ecclesia [eum] admodum 
objurgavit atque confudit, utpote qui praedictum Oompostellanensem epi- 
scopum, captioni mancipatum, praejudicio gravaverat et in juste deposuerat; 
proindeipae queque legatioue, qua talia praesumpserat, privatus est.» 

¿Quién fué el promotor de la causa, ó acusador de Ricardo ante 
la Sede Romana? Nos lo manifestará D. Rodrigo (3): 

«Verum quia Rícardus legatus (4) se gorebat in aliquibus minus cante, 
religione et auctoritate compescuit (Bernardus) attentata; adeo (fuodille Rí- 
cardus, legatione privatus, fuit ab Urbano pontífice summo revocatos... 

Ricardo itaque legatione prívate. Primas Bernardus coepit in Hispaniís 
ecclesias ordínare.» 

Da razón al historiador la carta de Urbano á D. Bernardo, 
escrita no entre los años 1096 y 1099 como supone Jaffé (4.316) , 



(1) 1,3. 

(2) Tócase aquí el efecto de la intimación (Jaffé, 4.022) del Papa al Rey. No pudiendo 
ser el obispo canónicamente destituido, ni queriendo D. Alfonso enviarlo al tribunal 
de la Santa ISede, echó mano de una renuncia forzosa y al parecer espontánea. 

(3) De rebus Hispaniae^ vi, 25. 

(4) En el concilio de Husillos. 



SOBRE UN TEXTO DEL ARZOBISPO D. RODRIGO. 375 

sino ea 1089, y probablemente al celebrarse el concilio de Amalfi 
(1 1 de Setiembre) cuando más desencadenada rugía la fracción del 
antipapa Guiberto. 

«Semper te memorem esse oportet benedictionis^ et gratiae excell^ntis- 
que líber alitatis, quam de Sede apostólica accepisti; eetíaperque quanti 
geras culmen offícii ; et rebus ostendere rivnm te a fonte Petri apoatoli 
descendíase , et flammam quam ab ejus camino susceptam foves semper in 
altíora producere. Nunc praecipue fraternitatem tuam ampliorem princi- 
pum Petri et Pauli disciplínam instruere, tuíque offícii oportet exhibere 
censuram; nunc praecipue, quum nullus in vestris partibus Aposíolicae 
sedis legatus existit. Ricardo enim legationem, quam hactenus habuit^ de- 
negavimus; nec alíi cuipiam vestrarum partium legationem injunximus. 

Te igitur, ut prudentem ac religiosum virum, hortamur et obsecramaa 
in Domino, ut quae dicta sunt, studiose exerceas, bonos in melíus acuaa, 
pravos corrigas, et canonicam in ómnibus disciplínam ad Romanae Bcclesiae 
gloriam, tuique studii mercedem, ferventer et indesinenter observare pro- 
cures. Adesto, invigila, insta cum f ratribus nostrís episcopis, regibus, prin- 
cipibus ac populo, quatenus aberrantes ad rectum propositum redeant, 
manentes in ñdei veritate ad exitum usque viriliter perseverent. 

Id vero, praecipue te laborare volumus et rogamus ut sancti Jacobt 
episcopus emancipatus vinculis suo restituatur of ñcío. De quo , quicqnid 
auxiliante Domino egeris tuis nobis literís índicabis. De ceteris , et qnad 
in Hispaniarum regnis per nos disponenda provideris (1), et cui poíissimum 
commiUenda Sedis apostolicae legatio videatur, tuis nos nunciis et apicíbaa 
informabis. 

Labores autem quos in membris suis apostolorum Principes quotidie 
patiuntur, nolito ullomodo oblivisci ; sed eos semper in corde bajulans et 
fídelibus ómnibus commendans, solatiorum vestrorum ope lenire festina.» 

¿A quién propuso D. Bernardo para sucesor del Legado desti- 
tuido? Lo calla la Historia; pero es de creer que su voto impar- 
cial y oportuno recayese en quien indican las siguientes instruc- 
ciones, cuya fecha (2) (8 Enero, 1090) nos ha conservado el Liher 
privilegiorum^ fol. 87: 

(1) « Regaisque Hispaniarum Primas institutus est. Tiim etiam in Gallicia 

omnis diócesis sancti Jacobi ab omni est officio excommunicata divino, quia sancti Ja* 
cobi episcopus in Regis carcere depositas fuerat.» Regristro de Urbano II. Semejante 
disposición no se tomó sino algún tiempo después de escrita (15 Octubre 1088), la carta 
del Papa al Rey. 

(2) Jaffd (iJ)U) la deja incierta dentro del año 1089. La cercana, que ha propuesto el 
ébsXQ'D&TTSiat'ffistoire ffén^rale de rÉffli8eft,x\iu,^éig. 140; Paris, 1875) nació de un 
texto erróneo que transforma, vi id. en v kal. 



376 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

«ídem Rainerio Cardinali presbítero. 

Quantum de tua religiono confidentes, qna fíde, qua caritate in partes 
illas te direxerimuB, ipse tu, frater dilectissime recognoscis. Age ergo pro 
spe, quam de tua prudentia gerimus, et negotia, queque poteris domino 
adiuvante, canonice dif finiré procura; ea máxime pro quibus missus es, 
Tidelicét que inter Narbonensem antistitem (1) et Tomeriensem abbatem 
iactantur, Veniens siquidem ad nos cum Barchinonensi f ratre nostro, vene- 
rabili episcopo (2), reverentiesimus frater noster Narbonensis archiepis- 
copns , quem iam dudum vita et religión^ spectatum habemus, plurima 

adversus Tomeriensem Abbatem conquestus est ínter cetera, preiudi- 

cium sibi factum de TeJTaconensium [episcoporum subiectione per Komanam 
ecclesiam suppliciter intimavit, cum eos Narbonensis metrópolis, ^er annos 
quadriñgentos (3) sine alterins reclamatione possederit. 

Nostra igitur vice in illis partibus fungens, Terraconensibus episcopis 
nostra auctoritate piecipito, ut interim Narbonensi tamquam proprio metro- 
politano obediant, doñee parante domino Terraconensi restauretur ecclesía. 
Toletano autem sicut primati reverentiam exbibeant, doñee Narbonensis 
Archiepiscopus se eorum primatum fuisse certa possit auctorite monstrare. 
Novit siquidem tua f raternitas prímatem a nobis Toletanum sic institutum, 
ut salva sint metropolitanorum privilegia ceterorum. Abbatem queque... 

Quia vero Narbonensis Archiepiscopus privilegia de primatu ecclesiam 
snam habuiese memoravit, quae a suo predecesore (4) translata , se tamen 
sperat parante domino reperturum, tu causam diligenter inquire, inquisi- 
tam ad nos referre procura. Quod, si pHvilegiorum nequiverit auctoritas inve- 
nirla tu cum principibus terre de restauratione Terraconensis ecolesio 
stude. Interim tamen Terraconenses episcopos ei, tamquam metropolitano 
proprio , obedire precipito. Elenensis quoque episcopi (5) causam diligenter 
inquirito; et inter Narbonensem archiepiscopum et ipsum iusto omnia iudi- 
cio deffínito. ídem quoque te de Crassensi cenobio inter Narbonensem 
Archiepiscopum et monachos eiusdem cenobii exercere precipimus. 

Datum Laterani, vi idus Januarii, pontifícatus nostri anno ii.» 



Raynerio, nueve años más tarde (13 Agosto 1099), había de 
reemplazar á Urbano II sobre el solio de los romanos pontífices. 
Ahora (8 Enero 1090), sucesor del cardenal Ricardo, como lega- 
do de las Españas, y obrando de acuerdo con el Primado se apres- 
taba á levantar la ciudad y metrópoli Tarraconense de la postra- 
ción en que yacía. 



(1) Dalmacio. 

(2) Bertrán. 

(3) Número redondo, ó equivocado como la pretensión siguiente. 

(4) Guifredo de Cerdaña (años 1019-1019}. Fué varias veces excomulgado. 

(5) Artaldo. 



SOBRE UN TEXTO DEL ARZOBISPO D. RODRIGO. 377 

Y lo pusieron ambos por obra en el concilio de Tolosa, que 
describe D. Rodrigo (1) en esta manera. 

Et Primas ÍDatitutns Hiepaniarum et per Tolosam redieDS, ibidem cnm 
epiacopis Gothicae Galliae et Narbonensi archiepiscopo concilium cele- 
bravit. 

El concilio se celebró cerca de la Pascua de Pentecostés (9 de 
Junio, 1090); y debió dar por nulos los alegatos del arzobispo de 
Narbona, fundados en una bula espuria ó falsa (2), de Esteban VI. 
Pretendíase con este documento apócrifo nada menos que autori- 
zar con la voz de la Santa Sede el soñado precepto del Apóstol San 
Pablo, ordenando que todas las iglesias de España dependiesen 
de la narbonense. Que el sínodo tolosano entendió en los nego- 
cios eclesiásticos de nuestra Península, lo atestigua Bernoldo, 
autor contemporáneo (3). 

DomÍDiss Papa ürbanus generalem synodum cura episcopis diversarum 
provinciarum per Legatos suos in Tolosana civitate circa Pentecostem col- 
legit; ibique multa in ecclesiasticis causis, quae corrigenda erant correxit. 
lo qua synodo Tolosanus episcopus de illatis crirainibns canonice expur- 
gatur; et legatio pro restauranda christianitate in Toletana \_corr, Tarraco- 
nensi] civitate. Rege Hispaniarum supplicante, destinatur. 

Las súplicas del Rey de las Españas en favor de la restaura- 
ción de Tarragona, fueron, no me cabe duda, obtenidas por don 
Bernardo. Removido el óbice que el Papa le había señalado, par- 
tió el Legado Reinerio á cumplir en Cataluña lo que llevaba pre- 
venido: «Quod si privilegiorum (pro archiepiscopo Narbonensi) 
neqniverit auctoritas inveniri, tu cum principibus terrae de res- 
lauratione Tarraconensis ecclesiae stude.» 

De ello tenemos dos documentos insignes que estampó (4) Vi- 
llanueva. Allí constan los compromisos solemnes del conde Be- 
renguer Ramón II y de sus magnates en manos del legado para 
repoblar á Tarragona, habiendo ya recaído en cabeza del obispo 

(1) De rebns fíispaniae, vi, 25. 

(2) Jaffé, cccLii, 

(3) Migne, Patrolog, lat,, t. clviii, col. 1.402. 
(i) Viaje literario^ vi, 326-329. 

TOMO IV. 23 



378 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

de Vich la elección canónica para arzobispo de Tarragona. El pri- 
mer compromiso importa que el conde ha de entrar en la ciudad 
para repoblarla el próximo dia de Todos Santos (1." de Noviembre 
1090): «sub hac conditione, ut ipse praefatus Comes, hac immi- 
nenti festivitate omnium sanctortim^ ingrediatur praelibatam ur- 
bem ad restaurandum.» Y no es poco de notar que otros proceres 
fijan, como plazo de sus rehenes, la vuelta del viaje que eslalKi 
en disposición ó á punto de hacer hacia Castilla el arzobispo 
electo: «Gcrallus miltit hostalicos in potestate memorati Comilis 
et Berengarii Ausonensis episcopi, qui est electus a Domino Papa 
Urbano tarraconensis archiepiscopus... ut postquaní praedictus 
archiepiscopus redierit ab Hispania^ quam nunc vadit^ intra spa- 
tium XG dierura quod ipse manda vcrit, mitlat in potestate ejus- 
dem episcopi castrum de Gélida, ut ingrediatur ad restaurationem 
praelibatae urbis.» Ni es menos digno de atención que el reparto 
de la ciudad se estipuló deber hacerse bajo el dictamen del Conde, 
del arzobispo electo, del dicho Geraldo Alemany y otros. El se- 
gundo compromiso, da por plazo úUimo de repoblación el miér- 
coles de ceniza capul jejunii, 6 sea el 13 de Febrero de 1091. 

De estos documentos no conviene separar el instrumento de 
donación (1) á la sede apostólica, que hizo el Conde de Barcelona, 
poco después de haberse celebrado el concilio de Tolosa. Lo hizo 
per consüium et voluntatem Berengarii ardnepiscopí Tarraconen- 
sis.,. per manum domini Rainerii^ Romanae EcUsiae Cardina- 
lis, qui nunc legatione fiingilur in paHihus nostris. 

El viaje del arzobispo electo de Tarragona á España, del que 
habla el primer compromiso «postquam praedictus archiepisco- 
pus redierit ab Hispania quam nunc vadit», no puede menos de 
significar el deseo, puesto por obra, de verso el prelado con el 
rey D. Alfonso VI (2). Ya nos dijo Bernoldo que en el concilio 
de Tolosa, fué presentada la súplica del Rey de las Españas (don 



(1) Bsp, Sagr. xxv, 212, 2r3. 

(2) En el códice de Calixto llámase Hispania dentro de los dominios cristianos la 
tierra de León y de ambas Castillas, por oposición á la de Aragón y Navarra. Otro tanto 
se desprende de los estatutos de la universidad de Lérida (Villanueva. Viaje litera- 
riOt xvi,2l3): «omnes de natione Hispanorum ad differentiam Ara^num et alioram prae- 
dictorum, qui per se faciunt nationem.» 



SOBRE UN TEXTO DEL ARZOBISPO D. RODRIGO. 379 

Alfonso) á fin de que el Legado Reinerio pasase á entablar en Ca- 
taluña lo conveniente para la restauración de la cristiandad, ó de 
la ciudad y Sede nnetropolitana de Tarragona. Tocábale pues al 
-electo no mostrarse indiferente á la protección y amistad del mo- 
narca, realzar con su presencia los funerales de D. García y asis- 
tir con el mismo Reinerio y con D. Bernardo al concilio de León 
í(Enero ? 1091), que afectaba muy de cerca y tocaba muy al vivo 
los intereses de su propia metrópoli. La bula del 1.° de Julio (1), 
que otorga al electo el palio, siempre será firme argumento de 
•que no en balde Urbano 11 había dirigido sus letras apostólicas 
Á D. Bernardo (2) animándole á procurar la restauración de la ciu- 
dad é iglesia Tarraconense. 



III. 



Postración prolongada de Tarragona. 

La bula, que instituyó al obispo de Vich, D. Berenguer, arzo- 
bispo de Tarragona (1.** Julio, 1091), renovando lo establecido por 
las de Juan XIII (971), habla de la restauración y repoblación de 
la ciudad, en términos, que no parecía hubiese más que pedir: 

«üt igitur haec omnia, Deo auctore, iastituta permaneant, nos aDteces- 
fiorum uostrorum privilegia sequen tes, qui Ausonensem ecclesiam tuam 
Tarraconensis quondam instituere vicariam, tibi, o carissimefíli Berengarí, 
quia tuo potissimuai stadio haec est restitutío instituta, ex Romanae Eccle- 
siae líberalitatis gratia pallium, totius scilicet sacerdotalis dignitatis pleni- 
tadiaem, indulgemas. » 

Tan buenos auspicios se trocaron en días de amargo luto con 
la cautividad del nuevo arzobispo. Llegó el momento en que, 
descorazonado, después de vejado y fieramente oprimido por el 
de Narbona, hizo formal renuncia de su dignidad ante el concilio 
de Saint-Gilíes, célebre población situada 20 kilómetros al Sur 



(3^ Jafié, 4 0G7. 

(4) «Ad haec igitur omnia consilium te et auxilíun impenderé postulamus... Adesto, 
invigila, insta cum fratribus nustris episcopis, regibus, príncipibus ac populo.)i> 



380 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA H1ST0RL\. 

de Nimes. El concilio se reunió durante la mitad de la Cuaresma^ 
mediante Quadragesima (7-13 Marzo) del año 1092, discurriendo 
el XXXIII (1) del rey Felipe I, y la era española 1130. Presidia 
Gualtero, Cardenal obispo de Albano y Legado de la Santa Sede; 
y se juntaron, además de los arzobispos de Tarragona y de Nar- 
bona, los de Aix y Arles, con los sufragáneos de cada una de es- 
tas cuatro metrópolis y gran número de Abades. Lo que trataron- 
y acordaron sobre la causa de D. Berenguer, escribió el Legado* 
á los dos Condes correinantes de Barcelona y á los Príncipes 6 
magnates, pueblo y clero de la Tarraconense (2) : 

«In quo concilio, quum de statu sanctae Dei eccleeiae tractaretur, Be- 
rengariam Tarraconensem archiepiscopnm ostendísso privilegian! vidimufi^ 
CQJus auctoritate a domino Papa Urbano confírmala ecclesia Tarraconae 
reetauratur omni sua dignitate, sícut probatur, et inf ra f uturum probabitnr, 
antiquitus possedisee. Quo privilegio periccto in conspectu sancti concilii, 
judicavit et confirmavit sancta synodus privilegii auctoritatem et confirma- 
tíonem deberé manere inconcuesam. Verum, quoniam quidem praefatua 
Tarraconensis arcHiepiscopus zelo resta urationis Tarraconensis metrópolis 
afratre Narhonensi arcJiiepiscopo in vínculis diu detentus fuerat^ etpost illatas 
injurias redimere eum f jcerat, ídem f rater arcbiepiscopus projecit privile— 
gium in conspecta totius concilíi ante pedes noetros, volens dimittere Tar- 
raconensem archiepiscopatum, eo quodinimicitiasindepateretur a praeliba- 
to archiepiscopo Narbonensi, qui sine aliqua auctoritate privilegii per ali- 
quod tempus tenuerat praefatum archiepiscopatum, quantum infestantibus 
barbaria olim deetructa f uerat eadem metrópolis. Unde, quia a domino Papa 
Urbano jam acceperat inde privilegium et pallii dignitatem , necnon in re* 
staurationem urbis et ecclesiae Tarraconensis nimium insudaverat, laudavit 
praetaxata synodus non deberé enm respuere auctoritate Apostólica eccle- 
siam sibi per obedientiam in remissionem peccatorum suorum commissam» 

»Deinde praenominati archipontifíces cum suis sufEraganeis deprecati 
sunt eum, ut dimitteret archiepiscopo Narbonensi, gratia charitatis male- 
Tolentiam, quam erga eum habebat ea deliberatione, ut idem Narbonensis 
archípraesul ref utaret sibi oranem Tarraconensem archiepiscopatum , sicut 
antiquitas cognoscitur permansisse, juxta modum privilegii domini papae 
Urbani. Qaod et f actum est in conspectu totius concilii, et laudatum est ibi 
atque definitum, ut eadem Tarraconensis ecclesia propriam habeat paro— 
chiam et majorem ceteris epíscopatibus, eo quod mater sit, et antiquis tem- 
poribus nobilior ceteris metropolitibus Hispaniarum; et ut sufiEraganei epi- 



(1) Contado desde el 23 de Mayo de 1 '59.— Véase Villanueva, Viaje literario, vi, 217» 
(2j España Sagrada^ xxviu, 295-297. 



SOBRE UN TEXTO DEL ARZOBISPO D. RODRIGO. 381 

«cppjy facientes el obedientiam sempor siot subjecti, et ut fílii matrem jaxta 
8uum posee adjuvent eam restauran. 

»Igitur ego Gualterus Romanae Sedis vicarius, praecepto domÍDÍ papae 
UrbaDÍ, Tarraconam et ejus territorium vídens concilio religiosorum viro- 
rom archiepiscopatus términos designan , quamvis majorem termionra du- 
dum habuisse a nonnullis existimetur, eo quod mater Ecclesia, ditior et 
eubiimior tam dignitate quam possessione temporibus praeteritis haberetnr 
fíliabos ecclesiae ejus ditioui subjaceutibus : terminum itaque praefati ar- 
<}hiepÍ8copatu8 sic dono et designo vice domini nostri Papae, sicut inferius 
demonstratur. A mari usque ad crucetn concedítur terminus; et inde pertrau' 
siena per montera qui vocaíur Portelh; et inde pervenit usque ad castrum quod 
dicitur Gélida j quodfuit Geriberti ügonia; dehinc per directam lineam tran- 
siens^ terminatur inforamine Montis serrati (1). Siquid amplius poterit inve- 
niri f uisse antiquitus ex parocliia Tarraconae ecclesiae, vice ot auctoritate 
domini nostri Papae concedo atque confírmo juri praefatae ecclesiae aeter- 
naliter ad babcndum.» 

Mas ni con eso logró la restauración de la ciudad llevarse á 
cabo, ni levantar cabeza. Todos los sufragáneos habían por escrito 
firmado en el concilio de Saint-Gilles la declaración de hallarse 
resueltos á contribuir á tamaña obra. ¡Esfuerzos inútiles! Del 
deseo y del dicho al hecho se interpuso el doble trecho de los 
trances de fortuna y de crudos lances harto temibles á una política 
previsora. Aun sin contar con la derrota del conde de Barcelona 
á manos del Cid en Tobar del Pinar y con el creciente empuje 
del poder de los almorávides, muy precaria deb.ía de ser la 
rehabilitación de Tarragona y la repoblación de su campoy 
mientras no existía una armada suficiente á contener el vuelo de 
los bajeles morunos, que desde Tortosa , Denia y las Baleares 
infestaban y desolaban la bella costa marítima comprendida 
<5ntre el Llobregat y elEbro. 

Hubo no obstante momentos como de tregua y de respiro, é 
intervalos propicios á rejuvenecer las esperanzas casi perdidas. 
Cuando el Cid se apoderó de Valencia, y las armas de Navarra y 
de Aragón se aprestaban á recobrar para el imperio do la Cruz 
las plazas fuertes de la izquierda del Ebro desde Huesca hasta 



(l) Suple esta demarcación por lo que falta á la vulgar del Itacio (Esp. Sagr, iv, 
.237, 238) Ciovíáe Portella se dice límite de los obispados de Egara, Ictosa y Tortosa. 
Merece confrontarse y completarse con la del año 1118 (1117 de la Encarnación), á23 
4e Enero, que trae Florez (Esp, Sagr.^ xxv, 220.) 



382 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORA. 

Monzón, Urbano II nombró Legado suyo en España al Primado» 
Toledano con el intento, por demás comprensible, de mancomu- 
nar acertadamente la acción de los Estados cristianos peninsula- 
res contra los agarenos recrecidos por la constante inmigración 
del otro lado del Estrecho Hercúleo. Dásenos á conocer aquel 
nombramiento con el acta de dotación y recomendación del mo- 
nasterio Toledano de San Servando , que nos brinda y trae el 
Liher privilegiorum ^ fol. 6. Está fechada el acta en 13 de Febrera 
de 1095, y en ella firma Bernardus Toletane Sedis archiepiscopus^ 
et romane eclesie legatus. Presumo que del mismo año sea la 
carta de Urbano contenida bajo el número 5 en el rescripto de 
Honorio III. 

«ídem ürbanus B. Terraconensi Archiepiscopo. 

Novit dilectio tua, frater in Christo venerabilie, quo tenore, qua coDditione^ 
palleum tibí privilegiumque concesserimup, quomodo nobis et ta in fíde tua 
et comprovinciales primates {\ ) per scriptum promiseritis vos íh restitu- 
tionem Terraconensis eclesie omnimodis institutos ; nunc autem f requenti 
fama audimus ve&trara illam industriam, vestrum stndium iam cessare, et 
Terraconensis restitutionem iam pene deficcre. Te igitur litteris presentibus 
admonemus ut huius boni operis perfectioni sedulus operator existas. Me— 
minerís tamen ita te Archiepiscopum institutum, ut tam tu quam universe 
provincie Terraconensis episcopi Toletano tamquam primati debeatis esse 
subiecti. Sic enim a nobis in Toletane eclesie privilegio constitutum est^ 
quod nos oranino ratum volnmus permanere. Nunc autem multo ampliup^ 
quoniam ei nostre sollicitudinís vices in hispania universa et in Narbonensi 
provincia ministrandas iniunzimus. Datum VII kalendasMaii.» 

Desde Placencia en Italia, á 14 de Marzo de 1095, el Papa san- 
cionó, como dije ya, el convenio del obispo de Burgos con el 
arzobispo de Toledo sobre límites de la diócesis de Osma con 
arreglo á lo estipulado en el concilio de Husillos; y se ocupó en 
consolidar la traslación hecha por Alfonso VI déla Sede Catedral 
Aucense á la ciudad de Burgos, ratificándole las posesiones 
otorgadas y reconocidas por el monarca. Lo cual no pudo acaecer 
sin reclamaciones de parte del arzobispo de Tarragona quien en 



(1) En el concilio de Saint-Gilíes, Marzo de 1092.— A este año atribuye Jaffé (4.(X79> 
las palabras de Urbano ; mas claro se ve que el docto alemán no supo atar todos lo» 
cabos. 



SOBRE UN TEXTO DEL ARZOBISPO D. RODRIGO. 383 

manera alguna no había de suscribir á la pretensión del Rey y 
del Primado, sobre que Burgos, colocada en territorio ajeno al 
primitivo de Auca, debía someterse á la metrópoli de Toledo. 
Esta ü otras semejantes disensiones, tal vez exacerbadas por la 
cuestión del momento, se dejan entrever al pie de la carta del 
Papa al arzobispo de Tarragona, expedida el día 25 de Abril. Ni 
hay que asombrarse por ello. La cláusula de la restitución de la 
Primacía, (ísalvis privilegiis metropolitanorum)^ al arzobispo To- 
ledano ha sido largos siglos y es aun fundamento y pretexto do 
excepción por parte de las Sedes de Braga y de Tarragona. La 
resistencia, aunque embozada, asoma en el encomio que el con- 
cilio de SaiiU-Gilles hizo (1092), según hemos visto, de la Metro- 
politana Tarraconense: (tantiquis temporihus nohilior ceteris me- 
tropolitihus Hispaniaruyn,)y Compréndese por la tanto que, así 
para mejor organizar los esfuerzos de la España cristiana contra 
los musulmanes, como para atajar todo murmullo refractario á 
la Primacía por él prescrita, hubiese querido el Papa justamente 
realzar la dignidad del arzobispo de Toledo con el título amplísimo 
de Legado, sobre el que insiste la carta del 25 de Abril del 
año ¿1095? 

Al recibirla D. Berenguer convocó á sínodo provincial sin dnr 
previo aviso á D. Bernardo, creyendo sinceramente y de buena 
fe que el paso estaba en sus atribuciones. Inhibióselo el Primado 
con autoridad apostólica en virtud de la carta (1) que voy á leer: 

«B. Dei gratia Toletanae ecclesiae archiepiscopus » apo&tolicae sedís le- 
gatue, B. Terragonenei archiepiscopo salotem. 

Cuín sanctaet universalis apostólica tcDeateccIesia concilia celebran non 
oportere praeter senientiam Romani pontificia, valde miramur euper prae- 
Bumptione tua, quod nobis inconsuhi», postquam apostolicae sedis vices^ tam 
in iota Ispania quam etiam in Narhonensi provintia ^ indultas esse audivisti, 
sinodum convocare praesumpsisti. Si vero licitum fuit, legeudo decreta 
Julii papae et auctoritatem Nicenae sinodi (2), reperire potería. Nos igitur 
non param laetaremur, ai raíio pateretar, vos concilium celebrare deberé. 
Sedquia non videmus, dedecus et contemptum Romanae eccleaiae diasimu- 
lare non audemus. Ideo apostólica auctoritate ne concilium convocare prae- 



(1) Villanueva, Viaje ¡it , vi, pág. 325, 326. 

(2) Véase Bouix, Tractaíns de concilio próvinciali. 2.* ed , Paris, 1862, pág. 226. 



• 



\ 



384 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

eumatis, interdícimus, ct ut praesentiam veetram nobís in festivitate sancti 
Mícliaélis (1 ), remota omni occaeione, ubicamque f uerimus in Ispaniis, ex- 
hibeatis, eadem auctoritate iniungiiuus, auditurus praeceptum papae per 
nos vobis directum.» 



El precepto reiterado del Papa, que hemos visto en su carta á 
D. Berenguer, atañía bien claro á la restauración de Tarragona; 
para cuyo efecto era expediente la celebración de un concilio, 
mas no de suerte que este prescindiera de la intervención ó plá- 
ceme del Legado. Lo cual acaeció, no en 1090, como sospecha 
Villanueva (2), sino años después, como razona D. Rodrigo: 
(íNam Tarracona metrópolis DIU destnicta fuit tempore Ber- 
nardi Toletani PrimatiSy sicut patet in regesto Urhani Papae sc- 
cundi. » 

D. Rodrigo añade (3) : 

«Eisdem diebas sanctissimus Urbanus Papa secundup, tactos dolore cor- 
dis eo qnod ab Agarenis Hierosolymitana civitas tenebatur, personaliter 
verbum crucis coepit praedicare ómnibus, sicut superius meminimus nos 
dixisse (4). Ejus indulgentiis provocatus venerabilis Primas Bernardus de 
clericis indigenis Toletanam ecclesiam ordioavit, et assumptis ad viam ne- 
cessariis, crucis signáculo iosignitus, recessit a propria civitate, voleos 
cum exercitu de quo superius diximus ad Syriam transfretare... Ipse vero, 
coepto itinero Romam ivit. Sed, cum ad Sedem apostolicam perrenisset, 
prohibuit eum dominus Papa Urbanus ne procederet , sed in tanta novitate 
ad Sedem propriam remearet, ne Pastoris absentia novella plantatio pe- 
riculo snbjaceret. Gumque eum a voti et crucis proposito absolvisset, ipse 
per partes rediit Galliarum , ubi eligens de diversis locis viros honestos et 
litteratoB, necnon et juvenes dóciles quos habere potuit, in Hispaniam 
secum dnxit.i> 

Consigna el historiador que D. Rodrigo pasó más allá de los 
Alpes (per partes rediens Galliarum). Alfonso VI no podía ver 
de mal grado que su hija Doña Elvira tuviese por compañero de 
la expedición á Jerusalén un amigo y protector tan calificado 
como el arzobispo de Toledo. Mas, por lo que parece, los distur- 



(1) 29 Setiembre. 

(2) Viaje literario, vi, 211. 

(3) VI, 26. 

(4) VI, 20. 



SOBRE UN TEXTO DEL ARZOBISPO D. RODRIGO. 385 

bios que nacieron en la catedral primada, y retrasaron notable- 
mente la marcha de su Prelado, dispuesto á unirse al grueso del 
ejército capitaneado por el conde Raimundo de Saint-Gilíes, yerno 
del Rey de Castilla, y por el Legado apostólico Adhemar de Mon- 
teil , fueron parte para alterar la ruta que en un principio se ha- 
bía designado, y para que en vez de echar por la Lombardía y 
por el otro lado del Adriático, se encaminase á Roma. Desde allí 
regresó probablemente entrado ya el año 1097; y no sólo se 
aplicó á recorrer las Gallas con la mira de escoger un plantel de 
jóvenes y ñorecientes ingenios que llevar á Toledo para ocurrir 
á la reorganización y justo esplendor de las iglesias de Osma, 
Sigüenza, Segovia, Patencia, Braga, Coimbra, Gompostela, y aun 
la misma Valencia, ya sometida al Cid, sino que además no per- 
donó ningún medio ni deja piedra por mover á fin de reparar y 
de hacer salir de su postración el estado de la metrópoli Tarra- 
conense. Varios autores, sin otro fundamento que el de la espe- 
cie vertida por D. Rodrigo sobre la carta de Urbano II, que he 
demostrado haber sido escrita en 1089 , y que nada tiene que ver 
€on el propósito á que la reducen , han pretendido sentar como 
hecho histórico que el Papa Urbano II, llevando á bien la devo- 
ción del Primado, pero absolviéndole del voto que hiciera de ir á 
Jerusalén , le mandó invertir en la reparación de Tarragona la 
que debiera gastar en la empresa ultramarina de la cruzada. Me- 
jor que dinero , si es que lo llevó á Roma , empleó D. Bernardo 
su industria y su cuidado prolijo en la tierra de Cataluña que 
personalmente visitó á fines de aquel año y cuyas iglesias reani- 
mó , obrando siempre de acuerdo con el arzobispo de Tarragona 
y con los prelados , que no una sola vez presidió congregados á 
sínodo. Del de Gerona ( 12 Diciembre 1097) teníamos noticia por 
la Marca Hispánica; mas, como dice el Sr. Lafuente, no sin ra- 
zón (1) , hay que deplorar que el texto de sus actas haya perma- 
necido hasta hoy completamente inédito. Afortunadamente existe 
la pieza auténtica, cuya cabal indicación ocultó Balucio. Tráela 



(1) Historia eclesiástica de España {2,* edic, Madrid, 18"J3 , t. iii, pág. 5-21, cf. 541, 
IV, 524. 



386 BOLETÍN DE LA KEAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

el Liber III Antiquitatum (núni. 138, fol. 48, verso) que acabo de 
compulsar en el archivo de la catedral de Barcelona. 

Dice así el texto: 

•Juditium legati super ecclesias colla sábatelli^ etc. 

Incaruationis dominice anno post millesimum xc"*. vir. ii idus 
decerabris, convenientibus gcruude ad corroborandam ecclesias- 
tice liberta tis dignitatem discretissimo b. toletane sedis primate 
sancteque Romane ecclesie legato, necnon et venerabilibus ter- 
rachonensi archiepiscopo b. et rothensi, sive barchinononsi at- 
que gerundensi poniificibus, ac non pauca abbatum et clericorum 
monachorumque contiene, barchinonensium conventus canoni- 
corum magnopere conquestus est super prefato gerundensi epi- 
scopo, eo quod ipsis iuste debitas tres cum suis parrochiiset per- 
tinentiis ecclesias iniusle abstulerit et hereditario sibi jure dc- 
fenderit, ipsam scilicet de colle sabatelli et de senata et de vul- 
peieres. Unde prelibatus memorabilis legatus utrobique causa 
diligenter examinata, hanc tándem finitivam super his canonice 
promulgavit sententiam. 

Quoniam barchinonensium postulationem tam pontificali con- 
cesione quam canónica seu legali astipulatione evidentibus scrip- 
tis ratam esse comperimus, et gerundensi ratiotinationem ponti- 
ficis nullam scripturarumque auctorite, nuUa justicie ratione ful- 
lam esse perspexiraus, prefecto censemus ut ipse episcopus pre- 
taxatas de quibus agitur cum suis pertinentiis ecclesias in jus et 
dominationem canonice barchinonensis, omni remota cavillatione 
seu dilatione solide restituat, et easdem sine diminutione perpe- 
luo possidendas ipsa sub ditione sua barchinonensis canónica 
recipiat. Hanc autem canonicam nostri decreti censuram siqua, 
quod absit, in crastinum cuiuscumque dignitatis seu mediocrita- 
tis ecclesiastica secularisque persona temeré violare presumpserit 
vel tanti mali fautrix existere, secundo terciove commonita nisi 
resipuerit et satisfecerit, excomunicationi obnoxia gradus et ho- 
noris sui periculo subiaceat et a liminibus ecclesie seu christi 
corpore alienus existat. Simili queque conditione excomunioni 
subicimus eos, qui barchinonensi canonice ecclesiam de linars 
cum suis pertinentiis diripiunt, atque bernardum raimundi, qui 
episcopalem feuum de galano pe tro deusdedit barchinonensi ca- 



SOBRE UN TEXTO DEL ARZOBISPO D. RODRIGO. 387 

nonico siue ulla ratione rapit, ipsos raptores eorumque fautores 
et adjutores, doñee resipiscaat et satisfaciant.» 

A 8 de Marzo de 1098 presidió D. Bernardo otro concilio en 
Vich, cuyas actas son á todos notorias. (1) Largo tiempo persis- 
tió D. Bernardo en la obra de consolidar y mejorar el estado de 
las iglesias catalanas, pues medio año más tarde (7 Octubre) le 
vemos en Cardona, confirmando una donación del obispo de Bar- 
celona, Fulco, en presencia de Poncio que lo era de Roda (2). La 
fecha es segura: mense octobriy feria quinta, in crastinum post 
festum sánete fidis, 

1^\ arzobispo D. Berenguer murió á II de Enero de 1099 (3) sin 
lograrse sus más ardientes deseos; y bien pronto bajó también á 
la tumba Urbano II (29 Julio). Al desaparecer con ellos el siglo xii, 
Tarragona siguió la suerte de Valencia, y no se levantó de su 
postración hasta la reconquista de Zaragoza (1118]. Lo insinuó 
D. Rodrigo: Tarracona metrópolis diu destructa fuit temporeBer- 
nardi, Toletani Primatis, 

Réstame apurar la discusión de tan grave argumento, sacando 
del Liher privilegiorum, fol. 100, la bula inédita de Honorio III 
(19 Enero 1218) sobre la primacía de la iglesia toledana. 

«Honorius episcopus, servus servorum dei, venerabili fratri 
R[oderico] Archiepiscopo, et dilectis filii Capitulo toletano, salu- 
tem et apostolicam benedictionem. 

Cum tu, frater archiepiscope, ius primacie in Regnis yspania- 
rum tibi vendicare contendens, super hec coram felicis memorie 
I[nnocentio] Papa predecessore nostro (4) litera fuisses cum ve- 
nerabili fratre nostro [Stephano] (5) Bracharensi archiepiscopo 
sollempniter contestatus; demum causa coram nobis diutius veh- 
tilata, tándem te ac eodem archiepiscopo in nostra presencia con- 
stitutis, fuit probationibus et allegationibus renunciatum hinc 
inde ac a partibus postulatum instanter ut diffinitivam senten- 
ciam proferremus. 



(1) España Sagrada, xxviii, 297-300. 

(2) Marca hispánica, cccxviii. 

(3) Villanueva ( Ftúye literario, vi, 216-118) lo ha evidenciado plenamente. 

(4) ¿En el concilio iv ecuménico de Letrán (11-30 Noviembre 1215)? 

(5) Esteban Soares de Silva (1213-1228). 



388 BOLETÍN DE LA REAL ACADEML\ DE LA HISTORIA. 

Nos vero, pensatis rerum et temporum circumstantiis, de fra- 
trum nostrorum consilio supersedentes ad presens procedendum 
aon duximus ad seatenciam proferendam (1). Munimenta vero et 
acta omaia ad instanciam parcium clausa siib bulle nostre muni- 
mine penes nos retinuimuSy et U^adidimus etiam partihus sub bul- 
la nostra inclusa. Quod autem quedara ex munimenlis huius- 
modi sunt decisa, factum est de utriusque partís assensu; et per 
inspectionem eorum in regestis cognoveruiit quod ea que oraissa 
suut ad hanc causara nihíl penitus faciebant. 

Dat. Laterani, xiiii kaleadas februarii, Pontíficatusnostri Anno 
Secundo.» 

D. Rodrigo había pues visto por sus propios ojos los registros 
epistolares auténticos y originales de los Papas, que cita en su 
obra histórica. 

Fidel Fita. 

Madrid 9 de Mayo 1^1. 



(1) ObBtaiía tal vez Alfonso IX malquisto contra su hijo San Fernando. Las sedes 
episcopales gallegas y asturicense dependían entonces de la metropolitana de Braga ; 
y no le pesaría al rey de León, así como tampoco al de Portugal, minar ó descabalar por 
•ese lado la Primacía de Toledo. 



VARIEDADES. 



MEMORIA 

HISTÓRICA, POLÍTICA Y ECONÓMICA DE LA PROVINCIA 
DE MISIONES DE INDIOS GÜARANÍS *. 



( Conclusión.) 

200. Aunque por razón de Párrocos tienen obli- Misas no se di- 

ce 1 & s cfue 

gacion estos Curas de aplicar las Misas de los dias diceíaorde- 



festivos por el pueblo, cantar cada lunes una por las 
almas de los difuntos, y aplicar otra en cada entierro 
de los adultos que murieren, como todo se expresa en 
el Ynforme ya citado que dio el YH."" S.**'' Obispo de 
Buenos Ayres, no tengo noticia de que algún Gura 
cumpla con todas estas cargas; y lo mas que sé es, 
que unos cumplen con unas y otros con otras, según 
la mayor o menor disonancia que le hace el faltar o 
no a ellas. Y, aunque en conversación he significado 
a algunos Curas esta falta que he notado, me han res- 
pondido que, quando el 8.°'" D." Manuel Antonio de la 
Torre expresó las cargas de los Curas en los términos 
que constan en las Ordenanzas, haciéndose cargo de 
ellas, señaló trescientos pesos de sinodo a cada Cura, y 
doscientos y cinquenta al Compañero por precisa con- 
grua, atendiendo a las cargas que tenían; y que, ha- 



naDza. 



í Véase el cuaderno V, tomo IV. 



390 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTOBIA*. 

viéndoles rebajado. * el sínodo, no están obligados a 
ellas, mayormente pensionándolos de ordinario sus 
Prelados con Misas que tienen que aplicar por el Con- 
vento, y no les queda lugar para todas las del pueblo. 
A los Religiosos de San Francisco los obligan regular- 
mente los Provinciales a que el trienio * apliquen por 
su intención cien misas los Guras, y ciento y cin- 
quenta los Compañeros, fuera de las que tienen obli- 
gación de aplicar por los Religiosos difuntos. Sea lo 
que fuere, la verdad es que estos naturales carecen en 
parte de los beneficios espirituales que la Silla Apos- 
tólica les concede por las obligaciones que impone a 
los Párrocos; y que la piedad de Nuestro Soberano 
quiere se les cumplan señalando y pagando ministros 
para ello, en quienes descarga su conciencia; y estos 
pueblos acuden con puntualidad con los alimentos a 
sus Curas, sin faltarles en nada. 
Administra- 201. Eu la administración de los Santos Sacra- 

cion de Sa- . . . /-i i • . j 

crameiitos. mentos Siguen estos Guras el mismo método con cor- 
ta diferiencia " que el que observaban los Jesuítas. 
Estos, en naciendo las criaturas, si estaban de peli- 
gro, se las traian a su cuarto, y les administraban el 
Bautismo privadamente, y el domingo bautizaban so- 
lemnemente a todas las criaturas^que havian nacido 
en toda la semana, y ponian los óleos a las que ha- 
vian hechado el agua *. Esto mismo se practica en al- 
gunos pueblos; en los mas no hay dia fijo para admi- 
nistrar este Sacramento. 

202. El modo que se observava ' en todcCs los pue- 
blos en la administración del Sacramento de la Peni- 
tencia, meréceme detenga un poco; porque, siendo 



* En la edic. de Ángelis: y que habiéndolos reb jado, 
s En la edic. de Ángelis: en el trienio. 

3 Asi en el ms. En la edic. de Ángrelis: diferencia. 

* En la edic. de Ángelis: á las que les habían echado el agua. 

* En la edic. de Ángelis: El modo que se observaba, y observa. 



MISIONES DE INDIOS GUARANIS. 391 

este Sacramento la puerta * que tenemos para el re- 
greso a la gracia perdida, y la tabla que después "del 
naufragio de la culpa nos conduce a la seguridad del 
puerto, me parece es en donde devian los Curas po- 
ner mayor cuidado, asi para que se confesasen vien, 
como para que llegasen con la disposición devida ' a 
recivir la Sagrada Comunión, y formasen idea per- 
fecta de tan santos y necesarios Sacramentos. Pero es 
mucho el descuido y abuso que hay en la practica 
que se observa, como manifestaré a Vm. 

203. Los yndios no se confiesan por lo regular 
sino una vez al año para el cumplimiento de yglesia *. 
El modo con que esto se verifica es el siguiente: Desde 
antes que éntrela Quaresma disponen los Curas que 
cada dia ** vengan los yndios, o yndias de dos o tres 
Casicasgos ^ a examinarse de la Doctrina Cristiana a 
la puerta de la yglesia; cuyo examen lo executa uno 
o mas yndios de la confianza del Cura, a que asiste el 
algunas veces, tal vez siempre, según su mayor o me- 
nor eficacia. Todos los que saven la Doctrina a satisfa- 
zion del Cura ' o del que los examina, van aprobados; 
y los que no la saven, continúan aprendiéndola con 
los que están señalados para enseñarla; y, en estando 
capaces ^, se les da la aprobación de examen. En en- 
trando la Quaresma cita el Cura para cada dia los ca- 
sicasgos ^, que han de venir a confesarse a los que las 
Justicias obligan a que vayan, estén o no dispuestos. 



* En la edic. de Ángelis: siendo este la puerta. Omite: Sacramento. 

* En la copia ms.: que después que después. Asi: repetido. 

3 Menos correcto en la edic. de Agelís: con la disposición de vida. 
Así. 

^ En la edic. de Ángelis: para el cumplimiento de la iglesia. 

** En la edic. de Ánjfelis: que á cada dia. 

íi En la edic. de Ángelis; cacicazgos. 

7 En líi edic. de Ángelis: á satisfacción d.-l cura. 

8 En la edic. de Ángelis: y estando cipacep, 

9 En la edic, de Ángelis: los cacicazgos. 






.A. _i _1- 






-_.-_-: ^ s 



. .^r &.. . 






- - « k 






. ^* ••- • 









MISIONES DE INDIOS GüARANIS. 303 

yndios *, haviau traído para el mismo algunas mu- 
chachas de edad suficiente para confesarse*, las que 
estando del confesionario ' tcnian entre si mucha risa, 
y alboroto, tanto que le obligó a reñirles, y mandar- 
les callar. Comenzó a confesarlas, y halló que todas 
ellas se confesaron de unos mismos pecados, en nu- 
mero y en especie; de lo que concivió que la risa qué 
havian tenido seria originada de estar parlando entre 
si * los pecados de que havian de acusarse; pues no 
podia ser do otro modo el que todas se confesasen de 
unos mismos. A otros Curas les he ovdo muchos ca- 
sos semejantes, ya de acusarse de haver faltado al pre- 
cepto de la Misa mas veces que los dias a que están 
obligados en el año: otros en haver quebrantado el 
ayuno en mayor numero que les obliga; y de algu- 
nos, que han confesado pecados que moralmente es 
imposible que ellos los hayan cometido, y que exa- 
minándolos vien hallan ser mentira fraguada para 
confesarse de algo, por no tener hecho examen o no 
querer confesarse de lo que verdaderamente han he- 
cho, y parecerles que el Padre no los ha creer ', sino 
se acusan de muchos y graves pecados. 

205. Como los mas de los Curas están persuadidos 
de que les toca de derecho el celar y corregir los peca-v 
dos públicos de incontinencia, practican algunas ave- 
riguaciones sobre ello, en las que los acusados suelen 
negar; y, quando llega el caso de confesarse, callan 
sus pecados, porque antes los han negado: sin distin- 
guir que aquel es otro tribunal, y que por lo que allí 



* Kn la edic. de Ángrelis: á algunos indios. 

2 En la edic. de Ángelis: habian traído para el mismo efecto algunas 
muchachas de edad suflcientes para confesarse. 

s Asi en el ms. En la edic. de Ángelis: las que estando cerca del 
confesionario. 

* En la edic. de Angelis: de estar propalando entre si. 

s La copia ms.: no los ha crer. En la edic. de Ángelis: no los ha de 
creer. 

TOMO IV. 27 



394 BOLETÍN DÉLA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

confesaren no han de ser castigados. Otros, porque el 
Cura no sepa sus defectos, y los cele después, no se 
atreven a confesarlos; mayormente si saven que el 
Cura los persigue por este vicio que en ellos es muí 
común. 

206. A lo defectuoso de estas confesiones se agrega 
el que, confesándose el dia antes, quedan expuestos 
por su rudeza y flaqueza, a pecar antes de recibir la 
Comunión: el poco recato que tienen en sus casas, en 
donde por lo regular viven distintos matrimonios, tal 
vez sin ser parientes, y que, aunque lo sean, reparan 
poco en los incestos; lo dados que están al vicio de 
la incontinencia, y el poco conocimiento del sacrilegio 
que cometen, son motivos para creer que pocos llega- 
rán a la Comunión sin haver añadido nuevos pecados 
a los que dejarían de confesar; principalmente las yn- 
dias que, si están amancebadas con español, o algún 
mandarín \ es cosa sentada que no dejará de condes- 
cender con la voluntad de su mancebo, por no tener 
resolución para negarse, aun quando su voluntad fue- 
ra el abstenerse siquiera esa noche. 

207. Ya Vm. vé, amigo mió, con quanta razón 
digo, merece este punto de atención, y remedio, prin- 
cipalmente para que las confesiones se hagan en toda 
la mañana desde el alva hasta el medio dia, dando de 
hora la Sagrada Comunión *, y no hacer las cosas al 
rebcs, confesando toda la tarde, y teniendo toda la 
mañana franca '. 

208. A los enfermos los confiesan los Curas, y lle- 
van el Santissimo por Viatico a sus casas, lo que se 
executa con bastante decencia; a que siempre un buen 



1 Ea la edic. de Ángelis: ó alg'un indio mandarín. 
* Asi en el ms. En la edic. de Ángelís: dando de hora en hora la sa- 
grada comunión, 
s En la edic. de Ángelis: y teniendo la mañana toda franca. 



MISIONES DE INDIOS GüARANlS. 395 

numero de yndios músicos *, y otros que no lo son. 
Llevan a Su Magestad debajo de palio; repican las 
campanas todo el tiempo que tarda desde que sale 
hasta que buolve a la yglesia; van algunos yndios con 
tamboriles: que estos nunca faltan en las funciones, y 
todo se hace con bastante aparato. A la casa del en- 
fermo llevan con anticipación de la yglesia lo necesa- 
rio para disponer un altarito decente, con sitial, ara, 
candeleros, manteles, y alfombra; y, si el enfermo 
está muí de peligro, le ponen la Santa Unción; y sino, 
aguardan a que lo esté, y entonces se la administran. 
Todo esto se hace con bastante veneración; y si llueve 
y las calles con lodo *, llevan al Sacerdote en silla de 
manos, o por mejor decir, de hombros; pues en ellos 
la llevan quatro o mas yndios; sin que por esto deje 
de sacarse el palio, y demás decencia que queda ex- 
plicada. 

209. Para celebrar los matrimonios parece tenian 
los Jesuitas tiempo determinado, y era después de 
Quaresma. Entonces se hacian traer lista de todos los 
muchachos y muchachas, viudos y viudas del pueblo, 
capaces de casarse, y aun los hacian concurrir a v nos 
y a otros a la puerta de la yglesia, y alli examinaban 
si alguno o algunas 'tenian tratado el casarse, o los 
padres de los muchachos les tenian tratado matrimo- 
nio; y a los que lo tenian tratado * (que eran pocos o 
ningunos) procuraban se efectuase, sino hallavan cau- 
sa para impedirlo; y a los demás alli mismo les hacian 
elegir muger, o ellos se la señalaban: y guardando 
las ceremonias de proclamas los casaban tal vez todos 
en un dia, por lo menos a muchos juntos. Yo he vis- 



1 Aeí en el ms. En la edic. de Ángelis: á que asiste siempre un buen 
número de indios músicos. 

* Así en el ms.: en la edic. de Ángelis: y si Hueve ó las calles están 
con lodo. 

3 En la edic. de Ángelis: sí algunos ó alguna?. 

* En la edic. de Ángelis: y á los que ya lo tenian tratado. 



396 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

to un cordón compuesto de cuentas, que servia de- 
yugo para las velaciones, con divisiones correspon- 
dientes para veinte y seis pares. En el dia, aunque 
no los estrechan tanto los Curas, la costumbre do 
ellos les hace no pensar en casarse, sino después de 
semana*; y para ello es preciso que los Guras les 
amonesten que procuren casarse, para retirarlos asi 
de amancebamientos ", que tienen tal vez con sus her- 
manas: y son tales los yndios, que no piensan er> 
tomar estado hasta que se lo manda el Gura o sus^ 
padres; no atreviéndose ellos a determinar por si mis- 
mos materia en que tanto se interesa su vien en toda 
el resto de la vida. 

210. Los entierros, de adultos y parbulos hacen 
los Guras de mañana después de acavada la Misa, o a 
la tarde antes o después del Rosario, para que la mu- 
sica % y toda o la mayor parto de la gente del pueblo* 
No va el Cura con la Cruz a la casa del difunto a traer 
el cuerpo, pues con anticipación lo traen en el ferctra 
los parientes o amigos *, cubriéndolo con un paña 
negro, y amortajado con un saco de lienzo de algodoií 
blanco, embuelto y cosido * de modo que no se le vé pie, 
mano ni cara, y lo colocan en el palio de la yglesia ^ 
en frente de la puerta principal; halli sale el Cura con 
capa, los acólitos con sotanillas negras y roquetes, y 
con Cruz alta. Canta la música los Responsos alli, y 
en dos o tres paradas hasta llegar al cimenterio '', que 
se comunica por puerta que tiene la yglesia que cor- 



* En la edic. de Ángelis: no les hace pensar en casarse basta despuea 
de semana santa. 

« En la edic. de Áng-elis: de los air ancebamientns. 

5 Asi en el ms.: para que la música, etc. En la edic. de Ángelis: para 
que asista la música. 

* El MS.: los Parientes o Migos, 

^ En la edic. de Angelis: y cocido. 

6 En la edic. de Ángelis: en el pórtico de la iglesia. 
' En la edic. de Ángelis: al cementerio. 



MISIONES DE INDIOS GÜARANIS. 297 

responde a aquel lugar, en donde lo entierran entre 
tanto le cantan el oficio que llaman de sepultura: 
pero a muy pocos he visto les hayan cantado Vigilia, 
y Misa de cuerpo presente. A los parbulos les hacen 
«u enlierro del mismo modo, con la diferencia que 
pide la diversidad de parbulos a adultos *. 

211. No he^isto que estos yndios conserven nin- 
guna superticion ', ni rito de los de la gentilidad ' con 
sus muertos: lo único que hacen cs^ luego que espira 
y en el tiempo que el cuerpo permanece en sus casas 
y también en el entierro, se oye que algunas yndias 
viejas, parientas o cercanas del difunto, lloran con 
una especie de tono ronco, y desagradable, mezclando 
algunas palabras de sentimiento; pero ni esto es co- 
mún en todos los que mueren, ni es tan ruidoso que 
merezca * la atención: y al tiempo de estarle echando 
la tierra encima, se llegan algunas yndias que llevan 
calavazas con agua ^, y van rociando la tierra vendi- 
•ciendola ®; y en estando ya llena del todo la sepultura, 
hechan agua bastante encima hasta que hacen barro, 
y la cubren toda. Pero en esto no concivo otra cosa, 
«ino el impedir que quede la tierra movediza^ y que 
si es tiempo de seca, levantarían mucho polvo los 
vientos sin esta precaución. Encima de la sepultura 
ponen una pequeña Cruz de madera, y una tablita 



' En la edic. de Ángelis: de párvulos ó adultos. • 

3 En la edic. de Ángelis: no he visto & estos indios conserven nin- 
:guna superstición. 

3 En la edic. de Ángelis: de los de su gentilidad. 

* En la edic. de Ángelis: que meresca. 

^ En la edic. de Ángelis: y al tiempo de estarle echando la tierra, 
ise llegan algunas indias que llevan calabazas con agua encima, y van 
rociando, etc. 

^ Asi en el ms., donde se advierte que las dos letras, segunda y ter- 
cera, en , están retocadas para sustituir con ellas y corregir otras que 
primeramente se habian escrito. Acaso me: vmediciendola. En la edic. de 
Ángelis: humedeciéndola. 



398 BOLETÍN DE LA REAL ACaUEML\ DE LA HISTOHIA. 

con el nombre del que alli está enterrado, con el dia> 
mes y año de su fallecimiento. 

212. Una cosa particular se observa en los cernen- 
terios de los pueblos *; y es, que en las sepulturas se 
consumen los huesos de los difuntos juntamente con 
la carne; de modo que, quando la abren *, todo está 
desecho, sin encontrar calaveras, cabillas, ni huesa 
alguno en ninguna. Yo desea va saver, si esto sucedía 
solamente con los cadáveres de los yndios, y se me 
cumplió el deseo: pocos dias hace que en la yglesia de 
este pueblo se abrió una sepultura en que fué enter- 
rado un español hace qualro años, y se encontraron 
todos los huesos enteros, aunque comenzados a desa- 
cer por la superficie: de lo que infiero que si hubiera 
estado mas tiempo, también se huviesen desecho '* 
Atribuyo la mayor facilidad en consumirse los hue- 
sos de los yndios a que no comen sal, porque no la 
tienen: no sé si erraré en el pensamiento *. 

213. En cada pueblo hay dos cofradias, o congre- 
gaciones, que asi les llamaban los Jcsuilas; una de 
San Miguel, Patrón vni versal de toda esta provincia^ 
y la otra de la Santissima Virgen Maria, que en unos- 
pueblos es con la advocación de la Asumpcion, y en 
otros el de la Natividad: y, aunque en estos dias * se 
celebra fiesta particular, no veo que al presente liaya 
mucho esmero en promover esta devoción. Son pocos- 
los cofrades que ahora hay: estos están escritos ^ sus 
nombres en uña tabla que arriba tiene la ymagen de 
la vocación de la cofradía, y al margen de los nom- 
bres hay agugeros con ylos y borlas de varios coloresr 



* En la edic. de Angelis: de estos pueblos. 

* En la edic. de Ángelis: cuando las abren. 

s En la edic. de Ángelis: también se hubieran desecho. 

* En la edic. de Angelis: no sé si erraré el pensamiento. 
^ En la edic. de Ángelis: en esos dias. 

^ En la edic. de Ángelis: estos tienen escritos. 



^ MISIONES DE INDIOS GÜARANIS. 399 

que cada cofrade conoce el suyo. Estas labias las po- 
nen colgadas todos los dias de mañana y tarde a la 
puerta de la yglesia, y al entrar el cofrade saca el ylo 
que corresponde a su nombre, y asi se save los que 
asisten o faltan a la Misa, o Rosario. 

214. El cuidado de las yglesias, sacristías, orna- 
mentos, vasos sagrados, alajas de plata y oro, y de- 
mas correspondientes * al culto divino, está a cargo 
de los pueblo^ *, aunque el Gobierno secular está al 
reparo de que estos no extraigan, ni menoscaven lo 
que está a su cuidado, asi por lo que toca este cuidado 
al Real Patrimonio ', como porque los pueblos so in- 
teresen en su conservación y buen estado; pues 4iene 
que costear todo lo que se vaya inutilizando, o haga 
falta. Enlreganse * a los Guras todo lo que existe en 
la yglesia por ymbentario, presenciando la entrega el 
Correxidor, y Administrador ': tomando un tanto de 
dicho ymbentario, firmado del Cura lo colocan en el 
Archivo para poderle hacer cargo en todo tiempo. En 
estas entregas ha havido notable descuido, y poquí- 
sima formalidad: son mui pocos los pueblos en donde 
el Cura, se haya recivido por peso de las alajas de 
plata y oro que se les han entregado ®; ni aun expre- 
san si la alaja es chica o grande, si está sobre ma- 
dera, o maciza; poniendo a bulto, tantos candeleros, 
tantas cruces, tantos cálices, tantas vinageras, etc.: 
lo mismo de los ornamentos diciendo; tantas capas, 
tantas casullas, tantas al vas, etc.; siendo asi que estas 
ropas devian especificarse con individualidad, porque 
hay casullas y capas de riquísimos tisúes, y otras de 



* En la edic. de Ángelis: y demás correspondiente. 

* Asi en el ii s. En la edic. de Ángelis: está á cargo de los curas de 
los pueblos. 

' En la edic. de Ángelis: al real patronato. 

* Asi en el ms. En la edic. de Ángelis: Entrégase. 

^ En la edic. de Ángelis: el corregidor, cabildo y administrador. 

^ En la edic. de Ángelis: que se le han entregado. 



400 BOLETÍN DE LA REAL ACADj:.\nA DE LA KIj^TORIA. 

telas de seda * niui inferiores. En la visita, que a fines 
del año pasado de ochenta y quatro * practicó el 
YH."" S/"" Obispo de esa ciudad en los pueblos de su 
distrilo, y que en toda ella acompañé a S. S. YU."*', 
me impuse vastante en este punto; pues, aunque no 
lo ignorava, no rae constava con tanta certeza. Fué 
raro el pueblo en que se hallasen con alguna forma- 
lidad los ymbentarios de la yglesia; de modo que 
S. S. YU."* tuvo a vien formarlos de nuevo con espe- 
cificación de todo, para que a lo menos en adelante se 
observe alguna formalidad, y cuidado. 

215. Aunque los Guras se reciven de las yglesias, 
y sus alajas, quien corre con ellas, las cuida, y guar- 
da, son los yndios sacristanes: de modo que en algu- 
nos pueblos es tanto el descuido de los Curas que ni 
saven lo que hay, ni donde están las cosas, aun las mas 
preciosas, y vsuales '. Vien lo notó el Y11."'°S.°'" Obis- 
po de esa diócesis en su visita, en la que dejó dadas 
las correspondientes providencias para remediar el do- 
loroso abandono que advirtió en algunos pueblos: sien- 
do maravilla el que con tanto descuido no faltasen ya 
muchas alajas de la yglesia; mayormente sucediendo 
que a menudo suelen quitar y poner sacristanes, sin 
que a los entrantes se les entregue por cuenta la sa* 
christia, ni a los salientes se les tome cuenta: de modo 
que, si faltase alguna cosa, seria imposible el averi- 
guar quando, o en que tiempo havia faltado: y sino 
suceden frequentes extravíos, o robos, es porque los 
yndios tienen mucha veneración a las cosas de la 
yglesia: aunque, si hubiera riguroso cotejo * de las 
presentes existencias con las que havia al tiempo de 
la expulsión, no dejarla de encontrarse alguna falla, 



* En la edic. de Ángelis: de riquísimos tisús, y otras de tela de seda, 
s En la edic. de Ángelis: de 1784. 



s Asi en el ms. y en el texto impreso de la edic. de Ángelis: Acaso 
estarla mejor, y tal parece ser el sentido: aun las mas precisas y usuales. 

* En la edic. de Ángelis: rigoroso cotejo. 



MISIONES DE INDIOS GUARANIS. 401 

a la que no podrían dar mas salida los Curáis, sino 
que se consumió con el vso. 

216. Aunque las Librerías que tenían los Curas 
Jesuítas en sus quartos, pertenecientes a las Comuni- 
dades por ser compradas con los haveres de los pue- 
blos, no devian ni deven considerarse por vienes de 
la yglesia, pareció conveniente dejarlas al cuidado de 
los Curas, asi porque pueden tenerlas con mayor aseo*, 
como porque * se aprovechen de la lectura de libros 
útiles a su ministerio: en cuyo poder permanecen, 
aunque algunos muí deteriorados ', y de las que fal- 
tan muchos libros por la facilidad de prestarlos, y 
descuido en recogerlos; de modo que rara de estas 
Librerías se hallará hoy en buen estado; poiMjue el 
polvo, los ratones, y otras sabandijas los han menos- 
cavado, y muchas otras truncadas *■ por havcrse per- 
dido parte de sus libros. 

217. Estas son las noticias de estos pueblos que 
me parece puede apetecer Vm.: en las que. he procu- 
rado no omitir cosa alguna de su noticia '. Recivalas 
Vm. con la satisfacion • de. que todo quanto digo, lo 
sé por experiencia, y diligencia propia, y que puedo 
hacerlo patente siempre que se ofrezca; porque la 
aplicación de quatro años, el trato continuo con los 
yndios, el oficio de Theniente Gobernador y el havcr 
visto, y examinado todos los treinta pueblos, y sus 
terrenos con el mayor cuidado, me han puesto en es- 
lado de poder hablar con conocimiento de todo, como 
lo he hecho. En esta Memoria es regular encuentre 
Vm. muchas cosas superfinas para su intento, las que 



< En la edic. de Ángeiis: con mas aseo. 

* En la edic. de Ángeiis: para que. 

3 En la edic. de Ángeiis: aunque algunas muy deterioradas. 

^ En la edic. de Ángeiis: las han menoscabado, y muchas otras trun- 
cadas. 

s En la edic. de Ángeiis: cosa alguna digna de su noticia . 

® En la edic. de Angelis: con la satisfacción. 



402 BOLETÍN DE LA BEAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

desde luego podrá desechar como inútiles: pero, por 
malo que sea este Papel, no lo será tanto que no ten- 
ga algo de bueno: a lo menos tiene la bondad de no 
tener cosa * que no sea verdadera, y escrita con el 
animo de complacer a Vm. y ser útil a estos natura- 
les y a la Monarquía. Y con estos deseos concluyo la 
primera parte de esta Memoria, y paso a formar la 
segunda. 



^ En la edic. de Angelis: tiene el mérito de no contener cosa. 



ÍNDICE DEL TOMO IV. 



Págg. 

Acuerdos y discusioneB de la Academia. (Noticias) 5 

informes: 

I. Antigüedades sorianas^ por D. Antonio Pérez Rioja, — 

E. Saavedra 8 

II. Lápidas romanas del Valle de San Millán^ Vallada^ TemiU 

y Denia.—F, Fita.. <6 

III. Les Mariagea eapagnoh sous le régne de Henri IV etla ré- 

gence de Marie de Médicis. — J. Salas 25 

IV. Hebreos de Barcelona en el siglo ix.— F. Fita 69 

YABIBDADES: 

Movimiento del personal académico durante el segundo semestre 
de 4883 1\ 



Noticias 73 

informes: 

I. Cortes de Barcelona en \\ 31 . — F. Fita 75 

II. Código de los Usajes de Barcelona, Estudio critico — J. Co- 

roleu 85 

III. Mosaico romano de Beímonte. — V. de la Fuente. 405 

IV. Descripción histórica del Paraguay. — J. de la Pezuela 406 

variedades: 

I. Memoria histórica, política y económica de la provincia de 

misiones de indios guaranis. (Continuación) 407 

II. Antigüedades romanas de Valencia 4 45 



• 



404 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

Págs. 



Noticias í 145 

informes: 

• 

I. Graduaciones náuticas de las cartas de Indias.^-F. Fernán- 
dez González 1 47 

II. Monedas de la Ilergecia. — O. Pujol y Campa 1 59 

III. Leyenda vasco-hispana del Tártaro. — F. Fita 1 66 

IV. Boncesvalles; poema histórico del siglo xiii. — F. Fita 172 

V. Monumento valenciano de Isis, — J. M. Settier. 1 84 

VI, Informe dado al Gobierno provisional sobre el escudo de ar~ 
mas y atribuios de la moneda. — S. do Olózaga. — C. Rosell. 

— A. Fernández Guerra. — E. Saavedra 1 86 

VII. Informe dirigido al Gobierno de la República sobre el escudo 
de armas, leyenda y atributos de la moneda. — J. Amador 
de los Ríos. — A. Fernández-Guerra.— E. Saavedra. — 
P. Ponzano.— V. Palmaroli 492 

variedades: 

Memoria histórica, política y económica de la provincia de misiones 

de indios guaranis. (Continuación) 1 99 



Noticias 209 

informes: 

I. Inscripciones romanas de la diócesis de Barbastro. — Fidel 

Fita 211 

II, Compendio de la historia de México. — O. Fernández Duro.. . 228 
III, Cartas de Felipe II á las Infantas sus hijas. — A, Maria 

Fabié 233 

variedades: 

Memoria histórica, política y económica de la provincia de misiones 
de indios guaranis. (Continuación) 274 



Noticias , . . . , 289 

NECROLOGÍA: 

Reinhart Dozy. — Guillen Robles 291 

INFORMES: 

I, Tesoro de monedas árabes descubierto en Zaragoza. — Fran- 
cisco Codera 312 



ÍNDICE. 405 

PAg 8. 

II. Monedas ibérica», — C. Pujol y Camps 320 

variedades: 

Memoria histórica, política y económica de la provincia de misiones 
de indios guaranis. (Continuación) 330 



Noticia? • 345 

INFORMFS: 

I. Excavaciones en Clunia, — E. Saavedra 347 

II. Zas ruinas de Volúbilis en Marruecos. — S. Giménez 349 

III. Un reyezuelo de Badajoz desconocido hasta lioy. — F. Codera. 353 

IV. Actas del Concilio de Clermont {\% Noviembre 1130). Rcn 

visión crítica,— ¥, Fita 360" 

V. Sobre un texto del arzobispo D, Rodrigo, — F. Fita 366 

variedades: 

Memoria histórica, política y económica de la provincia de misiones 
de indios guaranis. (Conclusión) 389 



PRECIOS. 

M adrid. Prof. 
US. tu. 

Momorias de las Reinas católicas. Historia gencalóerica de la Casa 

Real de Castilla y de León: por el P. Enrique Flores: dos tomos en . . 21 2A 

Vida del Rzno. P. Mtro. Fr. Enrique Flores; un tomo 10 12 

Viaje literario á las Iglesias de España: por D. Jaime Villanueva: 

veintidós tomos á 8 y 9 reales cada uno, y todos 110 190 

Ensayo sobre los alfabetos de las letras desconocidas, que se en- 
cuentran en Ins antiguas medallas y monumentos de España: por 
D. Luis José Velazquez 10 II 

Demostración histórica del valor de las monedas que corrían en Cas- 
tilla en tiempo de 1). l*Inrique IV, y su correspondencia con los del 
Sr.D. Carlos IV: por Fr. Liciniano Saez 20 í» 

Sumario de las antigüedades romanas que hay en España, por D. Juan 

Agustín Cean-Dermúdcz 20 22 

Disertación sobre la historia de la náutica: por D. Martín Fernández 

de Navarrete 12 14 

Memoria historico-critioa sobre el gran disco de Teodosio: por Don 

Antonio Delgado 8 9 

Elogio histórico de D. Antonio de Escaño, teoiente general de marina 
y regente de España en 1610: por D. Francisco de Paula Quadrado y 
De-Roó ..' 10 12 

Colección de Discursos leídos en las sesiones públicas para la recepción 

de Académicos de la Historia, desde 1852 á 1S57 21 26 

Las Quinquagenas de la nobleza de España: por el Capitán Gonzalo 

Fernández de Oviedo. Tomo I ^ 50 54 

Don Diego de Peñalosa y su descubrimiento del reino de Quivira; 

por el Capitán de Navio D. Cesáreo Fernández Duro 12 14 

Colón y Pinzón —Informe relativo á los pormenores del descubrimiento 
del Nuevo Mundo; por el capitán de navio D. Cesáreo Fernández 
Duro 20 22 

Boletinde la Real Academia de la Historia. Tomos r, II y III(cada tomo). ^ 84 

Don Rodrigo de Villandrando, Conde de Ribadeo. Discurso histórico; 

por D. Antonio María Fdbié 8 9 

OBRAS PREMIADAS. 

Historia del Combate naval de Lepante, y juicio de la importancia 

y consecuencias de aquel suceso: por D. C»3'etauo Rosell 10 12 

Examen crítico-histórico del influjo que tuvo en el comercio, industria 

y población de España, su dominación en América: por D. José Arias 

y Miranda 8 1> 

Juicio critico del feudalismo en España: por D. Antonio de la Esco- 

sura y Hevia 6 7 

Memorias sobre el compromiso de Caspe: por D. Florencio Janer 10 12 

Condición social de los moriscos de España: por D. Florencio Janer.. 12 14 

Munda Pompeiana: por D. José y D. Manuel Oliver Hurtado 21 26 

Juicio critico y significación política de D. Alvaro de Luna; por 

D. Juan Rizzoy Ramírez 16 18 

Estado social y político de los mudejares de Castilla: por D. Francisco 

Fernández y González 16 18. 

Historia critica de les falsos cronicones: por D. José Oodoy Alcántara. 16 18 
Noticia histórica y arqueológica de la antigua ciudad de Empo- 

rion: por D. Joaquín Botet y Sisó. . ^ 20 22 

PUNTOS DE VENTA. 



Las obras de la Academia se venden, á los precios marcados en este Ca- 
tálogo, en sus almacenes y despacho, calle de León, núm, %\ cuarto bajo. 

También se hallan de venta en Madrid, en las librerías de Sánchez, 
Carretas, 21; Bailly-Bailliére, plaza de Santa Ana, 40; San Martín, Puerta 
del Sol, 6, y Carretas, 39; y en la de Murillo, Alcalá 7; en BilbaiO, en la 
de Delmas: en Málaga, en la de Moya. 

A los señores libreros que tomen cualquier número de ejemplares se lea 
hará una rebaja conveniente, según la costumbre recibida en el comercio 
de librería. 



CATALOGO 



DE LAS 

OBRAS DE LA REAL ACADEMLA UE LA HISTORIA 

encuadernadas en rústica, 

CON EXPRESIÓN DE SUS PRECIOS EN MADRID Y EN PROVINCIAS. 



PRECIOS. 

Madrid. ProT. 

RS. Tff. 

Memorias da la Real Academia de la Historia.— Los nueve tomos pu- 
blicados 240 270 

Se venden también sueltos. 

Los TOMOS L ir, IIÍ, IV, V'y VI, cada uno 2i 28 

El tomo VII , 30 Hi 

El tomo VIII m 4') 

El tomo IX 30 34 

Las siete Partidas del Rey D. Alfonso el Sabio, cotejadas con varios 
códices antig-uos, y autorizadas por Real orden de 8 de Marzo de 1818 

para los usos forenses : tres tomos en 60 76 

Opúsculos legales del Rey D. Alfonso el Sabio: dos tomos en 30 34 

Diccionario geografico-histórico de la Rioja y de altéranos de los pue- 
blos de la provincia de Burgos, por D. Ángel Casimiro de Govantes. 20 22 
Historia general y natural de las Indias, islas y tierra-ñrme del mar 
Océano, por Gonzalo Fernández de Oviedo; con las adiciones y en- 
miendas que hizo su autor: ilustrada con la vida del mismo, por don 
José Amador de los liíos: cuatro tomos á 50 y 60 rs. cada uno, y todos. 200 210 
Memorias de D. Femando IV de Castilla. Crónica y coleccióu diplomá- 
tica : dos tomos '. 

Catálogo de Fueros y cartas-pueblas de España 

Catálogo de las Cortes de los antiguos reinos de España 

Cortes de los antiguos reinos de León y de Castilla. Se han publica- 
do cuatrotomos.— Introducción.— Primera parte. Un tomo. Cada uno. 
Memorial histórico español. Colección de documentos, opúsculos y an- 
tigüedades. Tomos I-XIX: cada uno 

Índice de documentos procedentes de los monasterios y conventos 
suprimidos. Tomo I. — Monasterios de Nuestra Señora de La Vid y 

San Millón de la Cogolla 

Colección de obras arábigas de historia y geografía. Tomo I. Ajbar 

Maohmua. (Colección de tradiciones) 

Tomo II. Crónica de Ebn-Al-Kotiya. Enprensa, 

Diccionario de voces españolas geográñoas 

Catálogos de los nombres de pesos y medidas españolas 

España sagrada: cincuenta y un tomos. Faltan los tomos II, VII, X, XII, 
XVI, XXII y XXXIII. La Academia tiene acordada la reimpresión 
de estos tomos. 
Los tomos I, III-VÍ, VIH, IX. XI, XIII-XV, XVII-XXI-XXIII; La Can- 
tabria.— Discurso preliminar al tomo XXIV; los tomos XXI V-XXX II 

y XXXIV-L: cada uno, sueltos 

Tomando juntos los cuarenta y seis tomos existentes 

Tomo LI 

El R. P. Mtro. Fr. Henrique Florez, vindicado del Vindicador de la 

Cantabria: por el P. Mtro. Fr. Manuel Risco 

Historia del célebre Castellano Rodrigo Diaz, llamado (El Cid Cam- 
peador,; ^por e\ mismo P. Risco 

Historia de la ciudad y corte de León y de ana Reyes: de sus igle- 
sias y monasterios antiguos y modernos: por dicho P. Risco: dos 
tomos en 16 18 



40 


48 


16 


18 


12 


14 


60 


65 


14 


16 


20 


•22 


30 


32 


8 


4 


2 


3 



14 


16 


16 


6ÍI8 


20 


22 


6 


7 


8 


9 



I 

I