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boletín 



SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



A 




boletín 

TOMO m 

MARZO 1895 Á FEBRERO 1896 
MADRID 

Imprenta.— Pasaje de la A'hamhra. i. 







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BOIvKTlN 



DE LA 



SOCIEDAD ESPAiOLA DE EICÜRSIOIS 



AÑO III 



nVCadrid Í-° de l^^Carzo de 1895 



I 



NÜM. 25 



EXCURSIONES 



FORTALEZAS Y CASTILLOS 

r)E Iva: A-GiXTEiD^A. -^ eso A.Lo:isr.A. 



I . 
Maqueda. 

L estudio de la arquitectura mili- 
tar en la Edad Media ofrece en Es- 
paña singular atractivo, entre los 
numerosos asuntos que constitu- 
yen la arqueología de esa época, no sólo 
por su importancia intrínseca, general- 
mente reconocida , sino que también por 
el carácter peculiar que distingue á las 
construcciones militares musulmanas y 
cristianas de aquel tiempo, en España, y 
por la escasez de especulaciones artísti- 
cas y técnicas de que han sido objeto. 

Si la contemplación de esos inválidos 
testigos de la memorable epopeya de la 
Reconquista y de las contiendas civiles, 
eternas en nuestra patria, embarga el 
ánimo del ferviente arqueólogo, no le ab- 
sorbe menos la resolución del intrincado 
problema cronológico que en cada ejem- 
plar le presentan los desmochados muros 
y los ruinosos torreones , en cuyos recin- 
tos y al pie de cuyos adarves se desarro- 
llaron los innúmeros dramas, por tan grá- 
fico estilo relatados en las interesantes 
crónicas generales y particulares. 

Entre las muchas ruinas de fortificacio- 
nes que aún perduran en España, las de 
las fortalezas y castillos de Escalona y 
Maqueda presentan especial dificultad á 
la investigación, aquí, como en otros mu- 
chos casos, hostigada por el interés histó- 
rico que guardan en sus desmantelados 
T. m 



recintos, inexpugnables y nunca forza- 
dos, vastos, poblados y extraordinaria- 
mente fortalecidos en otros tiempos, iner- 
mes, yermos y asolados al presente. 

No ofrecen, pues, á los ojos del excur- 
sionista un objetivo de gran bulto los es- 
cuetos muros torreados que restan del 
castillo-palacio del Comendador mayor 
de León, construido en Maqueda durante 
los primeros años de la segunda mitad 
del siglo XV, de una parte; la antigua 
torre de la Vela y la puerta maestra de 
la fortaleza, únicos vestigios de la cons- 
trucción mucho más antigua, de otra. 
Enteramente desprovistos de todo deta- 
lle de esos que comúnmente se llaman 
artísticos y que, como vulgarmente se 
dice, llenan el ojo, sólo al aficionado al 
estudio de las construcciones militares ó 
al que se complace en la contemplación 
de cualquiera reliquia arquitectónica de 
la Edad Media pueden interesar. 

Debieron constituir el poblado y forta- 
leza de Maqueda ' una de las más pode- 
rosas defensas de la línea del Tajo en to- 
das épocas , por su situación próxima á 
una de las grandes vías militares, reco- 
rrida ya por Aníbal en su primera inva- 
sión, reparada luego por los romanos, y 
más tarde por el amir Yussuf el Fehri 
en 746. Más próxima todavía, pues acaso 
pasase por el pie de sus muros, tenía la 
vía de segundo orden, que guiaba direc- 
tamente desde Toledo, dejando á su de- 
recha el Guadarrama y el Alberche, á los 
pasos de la sierra de Cadalso que más 
acortaba el camino del NO. de la Penín- 



1 No fué villa hasta el siglo xiv muy entrado. 

I 



boletín 



sula, eterno objetivo de todos los pue- 
blos invasores, que codiciaron las fabulo- 
sas riquezas metalúrgicas de aquella re- 
gión, de que tan asombrosas noticias nos 
han dejado los historiadores de la anti- 
güedad clásica ', y de cuya explotación 
perduran pruebas tan memorables como 
la desviación del río Sil en Monte Fura- 
do, atribuida á algún pueblo anterior al 
romano. 

Que las razas primitivas, de quienes 
no se ha podido escribir historia alguna, 
dejaron rastros de su vivienda en estas 
tierras de Toledo, lo prueban las aras de 
Almorox, los toros que existían en la sie- 
rra de San Vicente en 1576 y los sepul- 
cros encontrados en muchos puntos, 
como Maqueda, donde existían descu- 
biertos y notados en la segunda mitad 
del siglo XVI. Más memorias se conser- 
van en toda esta tierra y en la propia 
villa, de la dominación romana; pero sólo 
por inducción puede decirse que en su 
época debió ser atendida Maqueda como 
plaza fuerte, defensora de vías importan- 
tes y de un país llano y rico, sabiendo 
que en sus inmediaciones debió librarse 
alguna gran batalla, según exploraciones 
verificadas en el siglo xvi. 

Y así seguiría hasta la invasión aga- 
rena. Los primeros amires atendieron á 
la reparación y reconstrucción de las nu- 
merosas é importantes obras etruscas y 
románicas que aún quedaban en la Pe- 
nínsula, y se apresuraron á fortificar las 
plazas que habían de asegurarles la po- 
sesión del rico país en que tan á gusto 
se iban estableciendo, así las salvajes 
hordas africanas, como las tribus que, 
procedentes de Siria, de Egipto, de Ara- 
bia, traían una civilización tan diversa de 
la romana y visigótica. En 761 se hallaba 
ya Toledo muy íortalecida, con muros y 
torreones de nueva fábrica , y es verosí- 
mil que lo mismo sucediera en todo su 
territorio -. Más adelante Abderahmán II 
encargaba á Giafar ben Muhasin Saheb- 
alehnia, ó jefe de los arquitectos, la repa- 
ración de las fortalezas y murallas de 
Mérida, y en 981 el arquitecto Fatho ben 



Ybraim el Omeya, célebre por su saber 
y por sus numerosos viajes á Oriente, 
fortifica ó aumenta las fortificaciones de 
Maqueda, ante las cuales era vencido y 
hecho prisionero, en una gran batalla en 
1013, el ví^alí de Toledo, Obeidala, rebe- 
lado contra el rey de Córdoba, Hixen. 
Integra debió llegar á poder de las hues- 
tes de Alfonso VI, cuando, apoderadas 
ya de Madrid, fueron dominando su terri- 
torio y el de Toledo antes de rendir á la 
gran metrópoli; y nada nos dicen las his- 
torias acerca de asedios, escaladas ni des- 
trucciones de las numerosas plazas fuer- 
tes que defendían el país. Hay, pues, fun- 
dadas razones para dar como seguro que 
estas plazas fueron ocupadas por los al- 
caides cristianos sin que necesitasen nue- 
vas obras de defensa '; y como de épocas 
posteriores tampoco consta que Maqueda 
fuese desmantelada en poco ni en mucho, 
puede afirmarse , con visos de certidum- 
bre , cuál sea la filiación cronológica de 
las obras que hasta nuestra época han 
llegado y de las que adelante nos ocupa- 
remos. 

Maqueda se entregó á Alfonso VI en la 
campaña de 1083 con todo el territorio 
comprendido entre Talavera y Madrid, 
campaña que continuaba la que el año 
anterior había llevado á cabo felizmente, 
entrando por los puertos de la sierra de 
Guisando y apoderándose de Escalona y 
de Talavera, principales plazas fuertes 
al Norte y á Poniente de Toledo y que 
con la posesión de Maqueda, que no debía 
ceder en importancia estratégica á las 
mencionadas , aseguraba á los cristianos 
el dominio de la región fronteriza. Otra 
prueba de la importancia militar de Ma- 
queda es que no figura entre los pueblos 
con que Alfonso VI dotó á la iglesia de 
Toledo á raíz de la conquista, debiendo 
quedar en el dominio real ; y si bien en 
1115 doña Urraca y Alfonso VII le dona- 
ban Maqueda y Alfamín y en 1127 otorga- 
ba el Papa Honorio la bula de donación ó 
constitución de la diócesis, era esto cuan- 
do ya se hallaba relativamente consolida- 
da la posesión de entrambas riberas del 



1 Y los arábigos. V. Al-Makari. 

2 Al-Makari lo afirma concretamente. 



1 Así lo afirma la Crón. del Anónimo de Córdoba 
coetánea y la arábiga del Embajador de Marruecos. 



DK LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



Tajo. Esa importancia resulta asimismo 
en el hecho de aparecer tres vecinos de 
Maqueda confirmando el fuero concedido 
á los muzárabes, castellanos y francos de 
Toledo en 1118 * por el emperador. Ase- 
gúrase que también figura esa confirma- 
ción al pie del fuero primitivo de Madrid; 
y cuando Alfonso VIH exigió á los "ba- 
rones principales del reino, gobernado- 
res, ciudades, al maestre de Calatrava 
con sus freyles, al comendador de Lacles 
con sus hermanos, al arzobispo de Tole- 
do y obispos,, juramento y promesa de 
recibir á Conrado de Suevia, hijo del em- 
perador de Alemania y entregarle por 
mujer á la infanta doña Berenguela, hija 
de Alfonso VIII y "dar el reino á la mis- 
ma mujer suya y á Conrado de Suevia 
con ella,,, Maqueda aparece confirmando 
al pie de la escritura de contrato que pre- 
cedió al matrimonio de la infanta, y al 
lado de Toledo, Madrid, Talavera, Gua- 
dalajara, Cuenca, Plasencia , Trujillo, 
Escalona, Huete , Cuéllar, Coca, Por- 
tillo, Pedraza , Hita, Talamanca, Uze- 
da y Buytrago. Del texto de esta escri- 
tura deduce el marqués de Mondéjar que 
en esta época concurrían á las Cortes ge- 
nerales de Castilla, no sólo las ciudades 
del reino, sino que también los /«¿"«r^s 
tnds señalados suyos. Y esto se prueba 
por cierto, andando el tiempo, por ia con- 
testación que dan los regidores de Ma- 
queda, á una de las sesenta y dos pregun- 
tas que constituyen la Instrucción en- 
viada por Felipe II á las ciudades y villas 
de España, para la formación del censo 
general que proyectó. En 1177 D. Alfon- 
so Vil había donado la villa, fortaleza y 
castillo de Maqueda á la Orden de Cala- 
trava en recompensa de sus muchas y 
valiosas hazañas en la frontera. 

Maqueda, como Toledo y Talavera, re- 
sistían en 1197 la acometida del rey de 
los almohades lusuf, quien tuvo que re- 
troceder fugitivo. 

Y este es el último hecho de armas de 
importancia general en que mencionan á 
Maqueda las historias de la Edad Media, 
no apareciendo ya en los siglos posterio- 



res sino como uno de tantos alcázares 
fortificados, que cambiaba de dueño con 
las peripecias de las contiendas civiles, 
amparando ya á monarcas niños secues- 
trados por sus propios subditos, ya á re- 
yes fugitivos de su propia corte , ya sir- 
viendo de cárcel y lugar de suplicio de 
poderosos magnates, como el maestre de 
Calatrava D, Juan Núñez de Prado, de- 
gollado en la fortaleza de Maqueda, no 
por orden de D. Pedro I, como han su- 
puesto algunos, sino por la del maestre 
que le sucedió D. Diego García de Padi- 
lla, quien castigó en él muchas traiciones 
y su odio á la familia de los Padillas. 

Perteneció Maqueda por donación de 
Alfonso VII á la Orden de Calatrava, 
constituyendo con la villa y castillo de 
San Silvestre y sus términos una de sus 
encomiendas, hasta el año 1435, en que el 
condestable D. Alvaro de Luna trató con 
la Orden y su maestre y el comendador 
de Maqueda "que le trocasen la villa y á" 
San Silvestre por los lugares de Arjona 
y Arjonilla,,, que había comprado al con- 
de de Luna y que constituyendo el du- 
cado de Arjona, en la provincia de Jaén, 
le había sido transmitido por D. Juan II 
tiempo atrás "y después de muchos dares 
y tomares se vinieron á concertar y po- 
ner tasadores por la una parte y por la 
otra, y al fin se vinieron á concertar y ha- 
cer el dicho trueco„ con doce mil mara- 
vedís que agregó el Condestable á sus 
dos nombrados lugares ', y según Sando- 
val, entrando en la negociación además 
las villas de Ximena y Recena y la escri- 
banía mayor de Ciudad Real. 

Las razones políticas y de propia con- 
veniencia que á D. Alvaro pudieron su- 
gerir este trueque serán expuestas al 
tratar de Escalona. Por ahora nos basta 
consignar que la importancia de Maque- 
da no debía haber disminuido, sino antes 
aumentado, cuando valía el cambio con 
dos lugares y dos villas importantes y 
una pingüe renta. 

En la accidentada historia del malaven- 
turado Condestable figura Maqueda como 
uno de los baluartes inexpugnables de su 



1 Hasta 1169 no obtuvieron asiento en las Cortes los 
concejos. (T. i, Códs. esp., pág. 250, 2.") 



1 Relaciones pedidas á las ciudades y villas de Es- 
paña de orden de Felipe II. 



boletín 



poderío. En la conjuración que en el año 
1441 tramaron contra él las reinas de 
Castilla y de Navarra, el infante D. En- 
rique de Aragón y varios grandes, fueron 
á provocarle en sus estados con gran co- 
pia de gente, y aunque el Condestable les 
salió al encuentro en Maqueda y aceptó 
el reto, nada pudieron contra él ni en esta 
plaza fuerte ni en campo abierto, pero 
harto fortalecido como adelante vere- 
mos. 

Más triste papel desempeñaba la invic- 
ta fortaleza algunos años después. Tenía- 
la por el Condestable Fernando de Ri- 
vadeneyra, uno de sus más fieles amigos 
y servidores, y quien á su lado estuvo en 
Burgos hasta los últimos momentos... "y 
ya después de degollado el Maestre, él 
se va derechamente para aquella villa- 
dice la Crónica de D. Alvaro— con pro- 
pósito de la defender por su señor contra 
todas laspersonas del mundo, e barréala, 
e fortalesce la misma villa e la fortaleca 
della lo mejor que puede. E por mas se 
enfortalesger, fase quemar e derribar un 
grand numero de casas, que estavan en 
cave la cerca; e aun a vueltas dellas fas- 
Qe derribar unas dos Eglesias por cabsa 
de lo qual el se vido después en assaz tra- 
bajo por aver absolución del excesso e 
crimen que cometió en las fascer derri- 
bar, e espendió sobre ello assaz suma de 
su fascienda, fasta aver la tal absolución. 
El rey e los que con él iban se apossen- 
tan por las casas de fuera como mejor 
pudieron. De la fortaleza lanzaban pie- 
dras con mandrones e lanzaban passado- 
res con ballestas fuertes '. Los de fuera 
ponen sus anteparas por sus possadas, de 
puertas e de tablas , e de otros amparos 
contra los tiros que se langaban, e por las 
calles andaban cercanos e arrimados á 
las paredes por se guardar e defender de 
los tales tiros. El rey estovo allí algu- 
nos dias , e Fernando de Ribadeneyra e 
los que con él eran se defendieron recia- 
mente, fasta tanto que el rey e los de su 
Consejo, veyendo ser complidero que lo 
que por armas non se podia acabar se 
acabase con vozes e con palabras, e por 



los actos, que para en tales cosas é ca- 
sos están ordenados por las leyes de las 
Partidas e Ordenamientos del reyno, 
acordaron que raandasse, segund que lo 
mandó el rey fascer dar pregones e fascer 
processo contra el Fernando de Ribade- 
neyra e contra los que con él estaban, 
para fascer estrado de luto e los dar por 
traydores. El Fernando de Ribadeneyra 
como era cauallero de prez e de valor e 
persona que amaua mucho su honor e su 
fama; e como sea otrossi que todas las 
personas son más obligadas á sí mismas 
que á otro alguno... convínole de entre- 
gar la villa e la fortaleza al rey e final- 
mente que lo entregó todo essenta e li- 
bremente...,, 

En virtud de las leyes que regían lass 
relaciones político-militares entre el rey 
y sus magnates, y que rara vez se cum- 
plían sin lucha y transacciones, la fortale- 
za y castillo de Maqueda se rindió al mo- 
narca, tan solamenteen el concepto de res- 
tarlos á la familia y criados del Condesta- 
ble. Mediaron pactos entre Fernando de 
Ribadeneyra y el rey: éste nombraría al- 
caide suyo que se incautase de la plaza, 
pero quedando ésta de propiedad del 
conde de Santisteban, hijo de D. Alvaro, 
á quien compró la villa y sus defensas el 
arzobispo de Toledo, D. Alonso Carrillo, 
el cual la dio luego á un sobrino suyo. 
Carrillo también. De éste la adquirió por 
fin el comendador mayor de León, don 
Gutierre de Cárdenas ', el célebre conta- 
dor mayor del rey D. Fernando el Cató- 
lico y de la reina Isabel, "á quien sirvió de 
maestresala,, — según dice Salazar y Men- 
doza— "y fué mucha parte para que se 
efectuase su casamiento con el rey,,. Tuvo 
tanta mano en el gobierno destos reinos, 
como dice la copla: 

«Cárdenas y el Cardenal 
Chacón y fray Montero 
traen la corte al retortero. „ 

Obtuvo D. Gutierre el señorío de Ma- 
queda con título de duque, por merced de 
los reyes, viniendo así á ser el postrero 
señor de Maqueda y quien la elevó á gran 
esplendor, reconstruyendo el castillo-pa- 



1 Y ¡iros de pólvora , según el bachiller Fernán 
Gómez de Cibdareal. 



1 Compró además al cabildo catedral de Toledo 
las villas de Torrijos y de Alcabón. 



DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



5 



lacio y reparando sus defensas , aumen- 
tando hospitales y otras fundaciones, bien 
ajeno de que la incuria de sus sucesores 
había de dejar en breve tiempo yermo, 
asolado y desierto el que había sido por 
tantos siglos uno de los más firmes ba- 
luartes del reino de Castilla. 



Escasísimos son, con efecto, los restos 
que de esa pasada y prepotente grandeza 
quedan en Maqueda, pero miserables y 
t abatidos como subsisten todavía, repre- 
sentan muy característicamente á los dos 
pueblos que, en las últimas etapas de su 
historia militar, tuvieron en ella una de 
sus mejores fortalezas. La alta torre de 
la vela, cuya gallarda altivez aún no han 
abatido ni las dentelladas del año , ni la 
codicia del hombre; la puerta maestra 
de la fortaleza, nos hablan de los arqui- 
tectos militares de Yusuf-el-Fehri, de 
otros anteriores y de los primeros califas. 
El desmantelado alcázar que, á 40 me- 
tros de altura sobre el llano , le domina 
por Oriente y Mediodía , aún ostenta so- 
bre su puerta los blasones de los Cárde- 
nas y nos presenta la época, harto diver- 
sa, de la terminación de la Reconquista; y 
estos dos puntos extremos: puerta y al- 
cázar, limitan el eje mayor del plano 
poligonal de la fortaleza, de la villeta, 
como se designaba en el siglo xvi, por lo 
que de vasto campo atrincherado y copio- 
samente fortalecido tuvo siempre, como 
tantas otras en la Península. 

Debió tener Maqueda, como hemos 
apuntado, gran importancia estratégica 
en todas épocas, como la más importante 
defensa en la orilla derecha del Tajo, y 
avanzada de las artificiales y naturales 
que cortaban el paso á los invasores en 
las vías que , desde la región meridional, 
se dirigían, por la línea más corta y prac- 
ticable, al centro y Noroeste de la Pe- 
nínsula, por sus vastas llanuras. 

Era, asimismo, la principal avanzada 
en el sistema defensivo de la línea del 
Tajo, comprendido entre este río y las 
sierras de Cadalso, al Norte, y de San Vi- 
cente al Poniente, dominando la conñuen- 
cia de la vía que, desde el Mediodía, por 



Toledo, llevaba á la región central de 
ultra puertos, por el Portachuelo de Pa- 
redes y por Almorox, camino directo á 
las llanuras castellanas, con la que, desde 
el Nordeste , se dirigía á Extremadura y 
Portugal, por Talavera. 

Tuvo fuertes avanzados en San Silves- 
tre, á una legua, con castillo y fortaleza 
al Oriente, y á Quismondo al Nordeste 
que, con la importante fortaleza de Alfa- 
min y la Torre de Esteban Ambrán, se 
apoyaban en la orilla izquierda del Al- 
berche; á Noves y Caudilla, pueblo aquél 
rico y con casas fuertes de los González 
de Mendoza y Pérez de Ayala, patria de 
Juan de Padilla y de Juan Bravo, á una 
legua al Oriente; fuerte atrincherado el 
segundo á igual distancia hacia el Medio- 
día, y comprendiendo entre ambos, que 
distan dos kilómetros uno de otro , la 
atalaya de Noves , fuerte destacado que 
vigilaba los caminos de Toledo á Maque- 
da y San Silvestre, y que continuaban 
la línea defensiva del Sudeste, hasta rasar 
con el Tajo, teniendo á Val de Santo Do- 
mingo, Alcabón y Santa Olalla, y algunos 
otros fuertes destacados, como eslabones 
dependientes de la jurisdicción militar de 
Maqueda, hasta enlazar con el castillo de 
Montalbán en el meridiano de Escalona, 
avanzada extrema del llano, al amparo 
del Alberche y del Tajo. 

Aún tuvo Maqueda mayor población en 
su territorio, y precisa tenerlo en cuenta, 
pues, dada la organización social y militar 
de pasadas épocas, sobre todo de la Edad 
Media, aldeas y lugares podían conside- 
rarse, aun no teniendo defensas de impor- 
tancia, ya como fuertes destacados, ya 
como simples acuartelamientos de los 
que, en momentos de peligro y á la señal 
de una ahumada ó de una almenara he- 
cha desde la plataforma de una atalaya, 
como la de Noves, acudían á concen- 
trarse en el fuerte, castillo ó fortaleza 
designados los ballesteros y lanceros de 
nómina. 

Con efecto, en 1576 quedaban vestigios 
que demostraban haber existido en torno 
á Maqueda, los lugares ó aldeas de Jaén, 
Carmena, Don Andrés, la Fuente de Doña 
Guiomar, San Juan de la Higuera y el 
Torrejón del Retamal, que sería proba- 



boletín 



blemente otra atalaya ó fuerte desta- 
cado '. 

De todo esto resulta que Maqueda debió 
ser un campo atrincherado de dos recin- 
tos: la villa, cercada y torreada, la for- 
taleza, con más fuertes muros y más po- 
derosas torres, y con un gran reducto de 
seguridad en su sólido y bien situado cas- 
tillo, dominando un extenso y despejado 
territorio muy poblado y abastecido de 
defensas de todas las categorías, necesa- 
rias en un completo plan de fortificación. 

Aun en la época en que se había ini- 
ciado su decadencia, era Maqueda pobla- 
ción de cierta importancia, puesto que 
en 1575 tenía quinientos hogares y unos 
quinientos cincuenta vecinos, con reli- 
quias de haber sido mucho mayor en ex- 
tensión. Contaba veinte casas de hijos- 
dalgo, guardábala una cerca torreada, 
cuyas cortinas y cubos de argamasa de- 
nunciaban su fábrica indígena muy anti- 
gua, pues en esta época estaban ya muy 
decrépitas *, y desde el centro de la villa, 
donde hoy se levanta aún el rollo , se su- 
bía á la villeta, cuya puerta principal es 
uno de los restos que han quedado de la 
antigua fortaleza. Desde aquí, extendién- 
dose á derecha é izquierda hasta unirse 
con el alcázar, corría un fuerte muro de 
cal y canto "con vnas torres muy anti- 
guas, á manera de flautas ', de cinquenta e 
noventa pies,,, dentro de las cuales había 
"algunas casas,,. Tenía la villeta dos 
puertas, defendidas una de ellas por un 
verdadero baluarte avanzado de planta 
pentagonal, y la otra por la torre del ho- 
menaje, con más la puerta que subsiste 
hoy, sobre la cual se alzaba "otra torre 
fuerte,,. Todas estas defensas eran de cal 
y canto y ladrillo. 

Estas noticias que nos suministra la mi- 
nuciosa Relación extendida en 7 de Fe- 
brero de 1576 por los alcaldes honorarios 
en la dicha villa, que nombraba el ilus- 
trísimo Sr. D. Bernardino de Cárdenas, 
duque de Maqueda, en cumplimiento de 



1 De la'antigüedad y prodigioso número de estas 
atala^-as existentes en la Península, nos habla Plinio 
en el libro citado más adelante, de su Natnralis Hi. 
sto} iae, y los cronistas y geógrafos arábigos copiados 
por Al-Makarí, el moro Rasís, etc. 

2 Véase adelante la cita que hago de Plinio. 

3 Torres de planta semicircular. 



la cédula real expedida por Felipe II, para 
la confección del censo de sus reinos, in- 
dican cuál era todavía en el siglo xvi la 
importancia de Maqueda y el estado de 
sus fortificaciones, hoy en tan gran parte 
arrasadas. Colacionados estos auténticos 
datos con las plantas y estructura de la 
torre y puerta existentes, comprueban 
la fortaleza de aquellas defensas , que 
eran numerosas, sobre todo las torres, 
por lo que dice en otro lugar la citada Re- 
lación. 

Con efecto, la que, por su situación y 
altura, no hemos vacilado en llamar to- \ 
rre de la vela, atalaya dominante del re- 
cinto, principalmente para la campaña del 
Norte, Nordeste y Noroeste, vigilaba una 
extensión de más de 30 kilómetros ha- 
cia el arco del horizonte señalado por la 
sierra de San Vicente al Poniente , la de 
Guisando ó Cadalso al Norte, y hasta las 
últimas estribaciones de la de Guadarra- 
ma al Nordeste, que constituía el frente 
de más cuidado para la plaza, desde la 
época de su construcción hasta el fin de 
su ocupación por los musulmanes. Por la 
parte meridional aún dominaba mayor 
extensión, por ser todo terreno llano has- 
ta los límites del horizonte. Podían, pues, 
los vigías percibir desde las plataformas 
de la torre los avisos de alarma que en 
ahumadas ó almenaras daban las nume- 
rosas atalayas y los fuertes destacados, 
diseminados por toda la campaña, así 
como los castillos atrincherados de San 
Silvestre, de Caudilla y otros que han 
desaparecido; distinguir á largas distan- 
cias el centelleo de los bruñidos bacinetes 
y capellinas, los destellos de los acicala- 
dos hierros de las lanzas, mudos delato- 
res de toda fuerza armada; empardecerse 
la campaña con las nubes de polvo que 
levantaban caballos y peones, señalando 
por entre los olivares el camino que se- 
guían los tropeles de amigos que venían 
en auxilio, ó de adversarios que acudían 
al ataque, con mucho más tiempo del ne- 
cesario para apercibirse á la defensa. 

Es la estructura de esta torre con ex- 
tremo interesante, por cuanto ofrece el 
único ejemplar de su época y estilo, y 
casi integro, que conozco. Semejante en 
su aparejo, en los cinchos ó plintos de 



DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



ladrillo que señalan la línea de sus dos 
pisos superiores, y en su planta á algunas 
de las que en los muros de Toledo y de 
Talavera se reputan muy fundadamente 
como de la primera época musulmana, 
presenta, sobre todo en la disposición de 
los dos órdenes de ventanas de sus adar- 
ves cubiertos, un carácter oriental de in- 
discutible originalidad, que confirman da- 
tos gráficos tan auténticos como la minia- 
tura del códice Vigilano , conservado en 
la Biblioteca Escurialense, que nos re- 




TORRE DE LA VELA EN LA FORTALEZA 
DE MAQUEDA 



presenta una imagen detallada de los mu- 
ros, puertas y torres de Toledo, tales 
cuales eran á mediados del siglo x y tal 
cual se conservan, aunque tapiadas las 
ventanas , en la Puerta Vieja de Bisagra 
y la de la Almofala y la torre de planta 
rectangular inmediata á la Puerta Nueva 
de Bisagra, entre otras. 

Son estas ventanas, en las torres sobre 
todo, uno de los accidentes característi- 
cos de las fortificaciones del extremo 
Oriente y hay indicios vehementes para 
afirmar que fué esta una de las modifica- 
ciones que introdujeron en la fortifica- 
ción los arquitectos caldeos y asirlos, des- 



de que se percataron de que el objetivo 
primordial de las máquinas de tiro del 
sitiador eran los merlones del adarve, 
destrozados los cuales quedaban sin am- 
paro los arqueros que contenían el apro- 
che de los buzones y gatas del enemigo. Y 
esos indicios nos los dan las numerosas 
reproducciones de asedios de plazas y de 
fortificaciones de todos los grados, que 
se ven en los relieves asirlos 5' en los mo- 
numentos egipcios, recogidos y guarda- 
dos en los Museos del Louvre y Británi- 
co, ó reproducidos en obras monumenta- 
les *. Casi todos ofrecen ese detalle de las 
ventanas correspondientes á uno ó dos 
pisos inmediatamente inferiores á las pla- 
taformas de las torres ó al suelo del adar- 
ve en los muros, por donde podía conti- 
nuarse la defensa aun después de destro- 
zado el clatel de almenas. Esas mismas 
reproducciones presentan éste, formado 
por merlones triangulares unas veces, 
semicirculares otras, como se ven en el 
Códice Vigilano, dentellados ó de esca- 
lones otras, como quedan en monumen- 
tos subsistentes en la Península. Estas y 
otras enseñanzas, que adelante expondré, 
me han hecho adquirir la convicción de 
que no es tan descabellada la asevera- 
ción de los escritores rabínicos antiguos, 
que aseguraron el origen hebreo de las 
villas de Escalona y Maqueda, cuyas ho- 
mónimas existieron en Siria ^, así como 
que los pueblos de origen semita que en 
Egipto, Arabia, Siria y otras regiones 
habían recibido las tradiciones de las an- 
tiguas civilizaciones caldea y asiría , tra- 
jeron en su invasión de la Península ibé- 
rica muchos de sus gérmenes, si no de 
sus frutos sazonados. Sabido es, además, 
que, como otros muchos sabios cordobe- 
ses anteriores, Fatho ben Ibrahim el Ome- 
ya, acaso el que perfeccionó las defensas 
de Maqueda , viajó mucho por Oriente 
antes de acometer muchas obras de forti- 
ficación en el territorio del califato. Mu- 
chos datos podría aducir para la confir- 
mación del origen asiático de no pocos 



1 Monuments of Nineveh , por Mr. Layand, entre 
otras muchas. 

2 No es de este lugar explanar algo este punto, que 
trato con más extensión en mi monografía acerca del 
Gran Condestable D. Alvaro de Luna, 



boletín 



detalles relativos al arte militar de la 
Edad Media en España; pero tendría que 
apartarme demasiado del asunto de estos 
apuntes, y extenderme con exceso imper- 
tinente. 

Todavía en el siglo xvi pudo ser esta 
una de las torres "que tenían casas,, den- 
tro, según expresa la Relación citada, 
pues ho}^ se ven claramente sus dos pisos 
superiores á una altura de veinticinco 
metros por lo menos, y esto indica que 
en sus cuerpos inferiores, por donde es- 
tuviera unida al muro, hubo de tener 
construcciones de mayor planta, que con 
ella formasen edificios de importancia. 

No creo aventurarme gran cosa al afir- 
mar que toda la evolución del arte del 
arquitecto militar se encuentra en las épo- 
cas de que trato, supeditada al sucesivo 
desenvolvimiento de las armas de tiro 
manuables; el arco, la ballesta de mano y 
la ballesta de muro. De los pueblos orien- 
tales antiguos no sabemos que empleasen 
sino el primero, y á juzgar por el resul- 
tado de las exploraciones en Oriente rea- 
lizadas con tanto resultado, su alcance de- 
bía ser de unos veintisiete metros , pues 
esta es la distancia que separaba las to- 
rres en las cortinas de los muros. An- 
dando el tiempo, aparece la ballesta de 
muro y de mano (scorpio, arcubalista) 
entre los ejércitos romanos, quienes la to- 
maron de otros pueblos que no se nom- 
bran; pero ni entonces, ni hasta mucho 
después debía ser grande su alcance, y 
el arco debía seguir siendo la poderosa 
defensa opuesta desde los adarves á los 
zapadores de los muros. Así se ve que 
entre los egipcios, caldeos, asirlos y de- 
más pueblos del Oriente, por excepción 
se ven torres de planta curvilínea ó mix- 
ta (semicircular ó paralelográmica-semi- 
circular), cuya adopción en posteriores 
tiempos acusa un progreso en la arqui- 
tectura militar, ó, mejor dicho, una nece- 
sidad de adaptación al progreso evolutivo 
de la artillería de sitio, y á la adopción de 
la arcubalista y de la balista de muro, 
de efecto más cierto y eficaz que el arco, 
pero de más corto alcance en sus prime- 
ros tiempos. Y mientras en la época de 
Vitrubio se preconiza ya por este autor 
como más ventajosa la planta poligonal 



y paralelográmico-semicírcular ', pero 
prefiriendo aún la planta rectangular, que 
copiaron de los griegos, como éstos la 
habían tomado de los pueblos del Asia, 
los persas, á quienes se atribuye la in- 
vención de la ballesta y muchos otros 
perfeccionamientos en el arte militar, lle- 
vaban á Egipto , á Arabia, á Siria, etc., 
nuevos procedimientos y nuevas prácti- 
cas, que fueron asimilándose las razas 
de quienes salieron los ejércitos musul- 
manes, conquistadores de la Península 
ibérica. 

Débense contar entre estos perfeccio- 
namientos las torres de gf an elevación y 
cara exterior convexa, el aparejo mixto 
ó de solo ladrillo y los adarves de venta- 
nales cubiertos. Con la estructura semi- 
circular se aumentó mucho el ñanqueodel 
recinto adyacente; se obtuvo mayor re- 
sistencia en la obra contra la artillería 
de zapa y tiro, con la supresión de esqui- 
nas y la sustitución del aparejo de ladri- 
llo al mediano de sillarejos ó de mam- 
puestos -. Los dobles adarves con clatel 
de almenas en la plataforma y ventanas 
ballesteras en el piso inmediato , ya usa- 
das anteriormente en Asiría, completa- 
ron la torre perfeccionada de esta época. 

Al tomar posesión de Toledo y de su 
territorio, debieron considerar los mu- 
sulmanes la línea del Tajo como la más 
formidable defensa central de sus nuevos 
dominios , y así se lo confirmaron los su- 
cesos durante cerca de cuatro siglos. 
Nada de extraño tiene, pues, que extre- 
masen su defensa en ambas orillas del 
Tajo, hasta las sierras, como atestiguan 
los numerosos restos de fortificación que 
aún se encuentran, y los datos estadísti- 
cos del siglo XVI. 

Estas construcciones militares de los 
primeros amires y califas tienen un ca- 
rácter muy determinado, que, diferen- 
ciándolas esencialmente de las que, se- 
gún Plinio ', y posteriormente los cronis- 
tas arábigos de la invasión *, existían de 



1 Lib. I, cap. V, De Arqtiitecluya. De fundamentis 
nnirorum et turriura. 

2 Véase el incidente del asedio de] castillo de Gi- 
braltar en tiempo de Alfonso XI, entre otros muchos 
casos que podría citar. 

3 iVatnralís Historiae , xxxv , 48. 

4 Citados por Al-Makari. 



DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



tiempos muy antiguos en la Península, 
delatan su origen asiático perfectamente 
justificado, no sólo por la presencia de 
gentes persas, sirias y egipcias en los 
ejércitos de Muza, sino que también por 
las constantes relaciones que , hasta la 
época de Abderrhaman III sobre todo, 
mantuvo el califato con Oriente. Es sabi- 
do, además, que este califa llevó le gue- 
rra á Egipto y Siria. Seguramente las 
huestes musulmanas trajeron á la Penín- 
sula los procedimientos y sistemas de 
fortificación empleados en aquellas re- 
giones, del mismo modo que los cruzados 
llevaron á Palestina los suyos y sus ar- 
quitectos, dejando allí las numerosas cons- 
trucciones que aún perduran, y portan 
magistral estilo ha estudiado y reprodu- 
cido M. G. Rey ', confirmando las noti- 
cias de los muchos documentos coetá- 
neos registrados en las historias de las 
Cruzadas, en nuestra Gran conquista 
de Ultramar , etc. 

Más evidente aún, si cabe, que en la to- 
rre de Maqueda, aparece esa tradición 
oriental en la ya nombrada puerta de su 
fortaleza. En ambas construcciones pre- 
domina el ladrillo , elemento caracterís- 
lico de los monumentos civiles y milita- 
res de los persas , de quienes tanto toma- 
ron los musulmanes de Oriente, á quie- 
nes copiaron luego los africanos del Norte 
y de quienes es otro auténtico vestigio, 
así los merlones dentados de la cerca y 
muros déla Mezquita de Córdoba, de la 
antigua convertida en Iglesia de Santa 
María del Águila en el centro de la forta- 
leza de Alcalá de Guadaira, y en el to- 
rreón del patio de los Naranjos de la ca- 
tedral de Sevilla, como los merlones de 
sillarejos escalonados que adoptaron los 
arquitectos cristianos y se conservan en 
las torres de la catedral de Sigüemza, en 
la Puerta Baja de Daroca , en la de San 
Vicente de Avila, etc. 

Fueron siempre éstas en las villas y 
fortalezas orientales construcciones en 
cierto modo independientes de los recin- 
tos, según han revelado á los modernos 
exploradores las fortalezas aún existentes 



en Siria * y Persia, y las ruinas de Pteria 
en Capadocia, las del puesto ó avanzada 
militar, campo atrincherado más bien, de 
Abydoss en Egipto. Ni los griegos, ni los 
romanos, ni los bizantinos, ni francos, ni 
españoles de la Edad Media, creyeron 
conveniente adoptar en sus construccio- 
nes nuevas este sistema, mientras los 
musulmanes lo practicaban estrictamen- 
te aun en el siglo xiv, al levantar la mag- 
nífica puerta del Juicio en la fortaleza de 
la Alhambra, siguiendo las prácticas em- 
pleadas al levantar la de las Torres Ber- 




'^^^ 



PUERTA PRINCIPAL DE LA FORTALEZA 
DE MAQUEDA 



mejas , la de los Siete Suelos , y antes en 
el recinto de la Alcazaba Cadima, en 
tiempos mucho más antiguos, las de El- 
vira, la del Estandarte, la Siyada, la 
Monaita, ó de las Banderas y la del Al- 
baicín. En Carmona, en Sevilla (la de 
Triana), en Málaga, en Almería, en Ron- 
da, en Alcalá de Guadaira y aun otras 
muchas plazas de Andalucía, en la puer- 
ta de Vieja, de Bisagra y en la cabeza de 
Puente denominada Baños de la Cava, y 
en Talavera, con otras del reino de To- 
ledo, que no cabe en los límites de estos 
ligeros apuntes detallar, ni reproducir, 



1 Monuments de l'arcltitecttire milituire des Croi- 
sées. 

T. III 



1 Una de las más elocuentes es la Puerta Judicia- 
ria en Jerusalén. 

2 



boletín 



puede estudiarse este sistema de defensa 
eficacísima aplicado al ingreso principal, 
constituyendo un baluarte, no avanzado, 
sino constituyendo obra integrante^ del 
recinto. 

Tuvieron en todo tiempo entre los 
orientales gran importancia estas puer- 
tas defensivas. La de la ciudad, demás de 
su destino natural de guardar suficiente- 
mente su entrada, fué siempre y en cierto 
modo lo que el agora para las ciudades 
griegas y el foruin en las de Italia. "Se- 
guramente—dice M. Perrot ' —no habían 
servido como las plazas públicas del mun- 
do greco-romano de teatro para los de- 
bates políticos y judicia'es, pero las so- 
ciedades asiáticas jamás conocieron la 
vida municipal moderna... no necesitaron 
un amplio espacio donde levantar una 
tribuna y emitir el voto popular... Basta- 
ba un sitio para reunirse, para comuni- 
carse las noticias, donde los ancianos, ro- 
deados por un círculo de conciudadanos 
encuclillas, pudiesen, después de haber 
escuchado á las partes, pronunciar aque- 
llas sentencias arbitrales que son la for- 
ma más antigua de la justicia ^. Ningún lu- 
gar más apropiado á este destino que la 
puerta de la ciudad fortificada ó de la for- 
taleza de extenso recinto. Abierta en el 
espesor del grueso muro, resguardaba en 
invierno del cierzo á los que se sentaban 
en los bancos adheridos á sus paredes; 
en verano les facilitaba esa media luz y 
esa fresca umbría que constituyen en los 
países cálidos el mayor de los solaces. 
Por allí pasaban yentes y vinientes ; pa- 
rábanse para charlar un momento antes 
de partir para la labranza ó para la gue- 
rra, allí se detenía todo rumor antes de 
penetrar en la ciudad ó en la fortaleza, y 
allí pasaba una gran parte del tiempo en 
conversación ó en esa semi-somnolencia 
á que tan inclinados son los orientales, 
aquellos á quienes su edad ó su posición 
social dispensaban del trabajo ó de la 
guerra.,, 

¿No se está viendo aquí la Puerta del 
Juicio de la Alhambra? Que esto era 



además la Puerta; sala del tribunal, co- 
mo puede verse en muchas páginas del 
libro que con más sincera fidelidad des- 
cribe las antiguas costumbres de Oriente 
en gran parte por el pueblo hebreo, de 
los antiguos imperios asiáticos *. Así lo 
relatan las crónicas árabes y las mismas 
castellanas, pues esta costumbre orien- 
tal, como tantas otras, hubo de trascen- 
der á los reinos cristianos. 

Constituía pues, la puerta maesfa ó 
principal, en las fortalezas musulmanas, 
un cuerpo de edificio de cierta importan- 
cia, independiente de los muros y. consti- 
tuyendo una avanzada fortificada. En 
Carmona, en Alcalá ie Guadaira y en la 




BARBACANA DE LA PUERTA PRINCIPAL 
DE LA FORTALEZA 



Puerta del Juicio de la Alhambra se 
puede hoy estudiar más especialmente 
(entre otras muchas) lo que fué la de Ma- 
queda, cuya planta hemos tratado de re- 
construir para que se vean los obstácu- 
los que se oponían al ataque directo por 
el frente, por medio de los buzones, ga- 
tos y picos al amparo de gatas y mantas, 
y el frecuente medio del incendio que tan 
gráficamente describe el Obispo D. Pe- 
dro, cronista presencial de las campañas 



1 L'Art Aticien, t. ii, Clialdée et Assyyie. 

2 El Tribunal de las aguas en la Puerta de la Ca- 
tedral de Valencia conserva íntegra esta costumbre 
oriental. 



1 No pudiendo extendernos en justificar nuestros 
asertos, remitimos al lector que sienta curiosidad á 
los siguientes libros de la Biblia: Gen., xxiii, 10; 
Deut., XVII, 5, 8; xxi, 19; xxii, 15; Josué, xx, 4; Ruth, 
IV, 1 y 2; Rej'es, xviii, 33; Esther, ii, 21; iii, 2 y 3; iv, 
2 y 6; Ps , cxxvi, 5; Prov., xxxi, 23; Jer., xxvi, 10. 



DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



de Alfonso VI, tratando del ataque al 
castillo de San Servando por las huestes 
de Almohait Yaya en 1099. 

Amparados por paveses, gatas y otras 
defensas , los sitiadores amontonaban 
materias combustibles al pie de la puer- 
ta ', y luego con flechas incendiarias les 
prendían fuego desde lejos. 

Nada de esto se podía hacer ante la 
puerta de Maqueda, amparada en primer 
término por la barbacana transversal, to- 
rreada y aspillerada, que ocultaba el in- 
greso al frente de ataque, y cuya planta 
baja estaba cimentada en un firme de 
roca de algunos metros de altura sobre 
el nivel de la plaza de armas exterior que 
era la plaza de la villa. De suerte que ni 
picos, ni buzones, ni el fuego, podían em- 
plearse contra ella. Había que tomar el 
flanco izquierdo, en pendiente, de la bar- 
bacana, único acceso á ella *, y arrostrar 
así los tiros del adarve del muro por el 
flanco, y los del adarve de la torre de la 
barbacana por el frente, sin contar con la 
fuerza que pudiera mantenerse en el cen- 
tro de la planta baja de esta. Rechazada 
la defensa, y apoderado el sitiador de la 
barbacana, tenía que enfilar el pasadizo de 
la puerta largo y estrecho, en el cual se 
le oponían unos fuertes batientes barrea- 
dos de hierro (en el punto señalado con 
la letra b en el plano) luego el peine, ras- 
trillo ú órganos (en c), un pozo descu- 
bierto ó claraboya abierta en el piso del 
adarve, desde donde podían llover sobre 
el enemigo piedras , flechas , agua hir- 
viendo, etc. (entre b y d)\ y por fin, otra 
puerta que abrir en d. Forzada esta 
puerta, hallábase el sitiador ante un re- 
cinto aspillerado al frente y al flanco iz- 
quierdo, abierto por arriba y almenado 
(e), y sin más salida que la puerta f por 
donde se pasaba á la primera plaza de 
armas ó compás de la fortaleza, cuyo 
arco de herradura y obra de ladrillo es 
hoy el de la nave de la epístola de la 
iglesia. 
Constituye el detalle más importante 



de esta defensa la barbacana de través 
de enfilada y torreada de que no he visto 
indicios sino en esta puerta y en la lla- 
mada del Castillo en la villa de Escalo- 
na, entre los numerosos ejemplares de 
construcciones militares que he estudia- 
do. No debía ser raro, sin embargo, pues 
he encontrado frecuentes referencias á 
torres construidas sobre puertas, en las 
crónicas, pero debía ser obra peculiar de 
los ingenieros musulmanes y cristianos 
de la Península, porque tampoco se en- 
cuentra referencia alguna ni ejemplar, ni 




1 o desencajaban sus hojas con fuertes palancas 
como en el asedio de Cuenca, por Fernán Ruiz en 
1106. 

2 Por error aparece en el plano abierto el flanco 
derecho. 



PLANTA DE LA PUERTA PRINCIPAL 
DE LA FORTALEZA 



restos de construcción que la acusen, ni 
en tratados, ni en monumentos de otros 
países, así europeos como asiáticos. 

De esta barbacana de Maqueda sólo 
restan los dos cinchos de ojiva que soste- 
nían la bóveda sobre que se extendía la 
plataforma del adarve. La abertura del 
ángulo curvilíneo de estos cinchos lo de- 
latan como de los principios del sistema 
ojival, por lo que puede asignársele como 
época de su construcción el promedio del 
siglo XII, y, por tanto, ser una de tantas 
obras que se iban agregando á las cons- 
trucciones militares, á medida de los ma- 
yores perfeccionamientos de las armas 
de tiro ó de los mayores recursos ó nece- 
sidades de defensa del señor de la plaza. 



boletín 



Donadas la fortaleza y villa de Maqueda 
á la orden de Calatrava por Alfonso VII, 
en 1177, en recompensa de sus hazañosos 
hechos en la frontera, nada de aventura- 
do me parece que tiene el suponer que 
esta obra se debiera áiniciativa del maes- 
tre en aquella época, dado que, no obs- 
tante hallarse asegurada al parecer la 
reconquista de la línea del Tajo, no era 
prudente descuidar la mayor fortifica- 
ción posible en todas las numerosas de- 
fensas de su territorio. Así se ven en ellas 
multitud de obras de esta época, aumen- 
tadas á las torres y espolones musulma- 
nes y á los muros de diversas épocas, 
poco ó nada discernibles en muchos casos 
por la larga persistencia que ciertos apa- 
rejos han guardado al través de los si- 
glos. 

Esta era, pues, la entrada principal de 
la villeta, de la fortaleza de Maqueda, 
que en vasta y no muy áspera pendiente 
en plano pentagonal, se extendía al Orien- 
te de la villa, dominándola por Occidente 
y amparándola por el Norte, pues en la 
época anterior á la Reconquista, esto es, 
durante la dominación musulmana, debió 
tener mucha extensión, á juzgar por los 
restos de sus murallas y de habitaciones 
de los arrabales que en el siglo xvi se 
conservaban, Laadvocaciónde5rtw/!aJ/a- 
rla de los Alcázares que ha conservado 
la iglesia parroquial, construida en el so- 
lar del que, como sucede en Carmona, 
tenía indudablemente como aledaño de- 
fensivo la Puerta que hemos descrito, 
demuestra que había más de uno dentro 
del recinto de la villeta. 

Si entre las plantas de las puertas de 
las ciudades y fortalezas griegas, roma- 
nas y modernas (Edad Media) y las orien- 
talesy musulmanas de todas épocas exis- 
te una radical diferencia, no sucede lo 
mismo con los planos de las fortalezas. 
En los de las de Atenas, Mycenas y Tyrin- 
tho en Grecia; los de muchas de Caldea, 
Asiría, Siria, Judea y Palestina, y, por 
último, las musulmanas de la Península, 
hay una completa similitud. Pueden aún 
estudiarse muchos ejemplares de ellas 
en el reino de Andalucía, entre las que 
citaré como más determinadas, la de Al- 
calá de Guadaira, la de Málaga (Alcaza- 



ba), la de Antequera y la de la Alhara- 
bra, como más conocidas. Cerrábala un 
fuerte y alto muro almenado y torreado 
en la corona del cerro ó en lo alto de la 
pendiente, en que se extendía la villa ó 
ciudad que defendía. Dentro de este re- 
cinto fortificado se levantaba, en el punto 
estratégico conveniente, la alcazaba, al- 
cázar ó castillo, fuerte reducto de seguri- 
dad de la fortaleza y de la población, y en 
la extensión de aquel había algunos ó 
muchos edificios, ya en los grandes to- 
rreones del muro, ya aislados, el alcázar 
del señor, los cuarteles para la guarni- 
ción, mezquita ó iglesia, y diversas vi- 
viendas, quedando aún espacio amplio 
para campamento y refugio de la pobla- 
ción inválida ó inepta para la guerra, en 
el caso de un asedio estrecho ó de la 
toma de la villa por el enemigo, délos 
mismos rebatos, en fin, en contiendas civi- 
les, entre señores y vasallos, tan comu- 
nes en todas épocas. 

El origen de esta disposición topográ- 
fica en las fortalezas es tan antiguo, que 
se encuentra en todas las épocas de la 
historia, hasta en aquellas que se mantie- 
nen todavía en las nebulosidades de lo 
escasamente conocido; pero de que dan 
fe en muchos países las altas y vastas 
mesetas calcáreas donde hubo habitacio- 
nes, como en Cuenca y Burgos, donde se 
conservan sepulcros y otros restos en 
Gayangos. Las acrópolis de Troya, My- 
cenas, Tyrintho y Atenas, las oppida 
etruscas, los castros romanos, no fueron 
otra cosa que campos atrincherados con 
reductos de seguridad de mayor ó menor 
importancia, como casi todas las fortale- 
zas musulmanas de España y muchas de 
las cristianas posteriores. 

Como ya he dicho, por entrambos flan- 
cos de la puerta descrita se extendía el 
muro torreado de la villeta ó fortaleza, 
aislándola de la villa, levantándose á plo- 
mo sobre la cortadura del terreno por el 
Mediodía y dominando el río, que corre 
por su pie, hasta enlazar con el castillo ó 
alcazaba que en todos tiempos debió ocu- 
par el sitio culminante de la pendiente. 
Por el lado opuesto, después de seguir la 
línea del frente, en cuyo centro se abría 
la puerta principal, formaba ángulo en el 



DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



13 



punto en que hoy se levanta una torre de 
campanas de poca altura y cuya base de- 
bió ser la misma del torreón de esquina 
del muro, y desde allí por el flanco N. tre- 
paba á enlazar con la torre que he des- 
crito y otras desaparecidas, hasta cerrar 
con la barbacana de la alcazaba, recons- 
truida en el castillo moderno del siglo xv. 
Como fuerte reducto de seguridad pue- 
de contemplarse este hoy, y en su aspec- 
to exterior es uno de tantos ejemplares 
como se encuentran todavía en la Penín- 
sula. Es su planta paralelográmica, y tie- 
nen sus fuertes muros de cal y canto un 
espesor de quince pies por una altura de 



quince á diez y ocho metros, según el 
desnivel del terreno, y una extensión de 
sesenta y cinco metros en los lados ma- 
yores, y de sesenta en los menores. Re- 
fuerzan tres de sus cuatro ángulos sólidos 
torreones de planta circular, también de 
compacta mampostería, con saeteras en 
su zócalo, y corta en dos, en su centro, al 
lienzo de poniente fronterizo á la villeta, 
por el frente más llano, otro torreón de 
igual planta y alzada que los de esquina. 
Consérvase en toda su integridad este 
recinto, y sin menoscabo notable su cu- 
rioso adarve, que merece especial men- 
ción. Señala en el paramento exterior el 




CASTILLO DE LA FORTALEZA DE MAQUEDA. 



nivel de sú piso una faja de dientes de sie- 
rra comprendida entre cuatro filetes, todo 
de ladrillo esmeradamente cortado , y 
puesto en obra con mucha corrección, 
plinto que produce un efecto artístico 
muy agradable como base del clatel de 
almenas. La disposición de éstas, que en 
el adjunto dibujo con escrupulosa fideli- 
dad calcado de una fotografía puede ver 
el lector, es para mí cosa nunca vista has- 
ta entonces, en fortaleza ni plaza fuerte 
de la Edad Media; y no sólo por sus es- 
beltos y elegantes perfiles cuanto por la 
sabia disposición táctica con que se con- 
cibió su alzada, juzgólas por las más per- 
fectas y eficaces. Sin semejanza ni prece- 
dentes en las fortificaciones anteriores ni 
coetáneas, bien puede decirse que el maes- 
tro á quien D. Gutierre de Cárdenas en- 



comendó la reconstrucción de este casti- 
llo, tuvo una verdadera inspiración al 
concebir y ejecutar este coronamiento del 
muro y torres, parte la más esencial en 
las defensas de la Edad Media, lograda y 
asegurada, por de contado, la solidez y 
fortaleza de torres y muro. 

Con efecto, aunque dada la situación de 
este castillo, poco ó nada tenían que te- 
mer de la artillería balística los merlo- 
nes, construyólos de fuerte mampostería, 
terminándolos con ladrillo y coronándo- 
los con un copete prismático, cubierto de 
baldosas, con lo cual consiguió preser- 
varlos de los estragos de las aguas y que 
se hayan conservado hasta el día, caso 
rarísimo en estas construcciones. Dejólos 
reforzados en su base con un sillar de 
unos setenta centímetros de alto por cua- 



H 



boletín 



renta de ancho, abriendo en su centro la 
saetera que sólo para ballestas de pasar, 
ó para ballestas fuertes, y para culebri- 
nas, dado que en el piso del adarve no 
había espacio para situar bombardas, ni 
truenos. Digo esto, para demostrar la in- 
exactitud con que muchos han afirmado 
con harta ligereza, que las saeteras de la 
forma que afectan estas de Maqueda son 
señal cierta de haberse hecho para arti- 
llería de fuego. Observaciones hechas y 
planos tomados en Alcalá de Guadaira, 



en Trujillo, en Carmena, y otros puntos 
me permiten asegurar que estas saeteras 
que se llamaban también buitreras ' cuan- 
do están abiertas en los zócalos ó en los 
cuerpos bajos de muros y torres, no ser- 
vían sino para las armas de fuste y cuer- 
da ó de fuste y muelle citadas. 

Lo más original de este clatel de alme- 
nas es el doble merlón reforzado y traba- 
do por un sillar grande con aspillera para 
atalayar. De unos dos metros de alzada y 
de un espesor de más que medio metro, 




.J>sr-*^^ 



EXTERIOR DEL ADARVE DEL CASTILLO. 



ofrecía al ballestero ú hondero un ampa- 
ro cómodo y fuerte contra los tiros del 
sitiador, quedando perfectamente oculto, 
de suerte que en caso necesario podía 
estar guarnecido de defensores todo el 
adarve, sin que desde la campaña se viese 
á ninguno de ellos, lo cual no era posible 
en ninguno de todos los otros sistemas de 
almenaje. En la cerca de Torrijos se em- 
pleó una imitación de aquél, pero sólo 
como simple remate decorativo de ella, 
pues nunca tuvo aspiraciones á villa for- 
tificada. 

Una puerta y un portillo facilitaban el 
ingreso y la salida á este castillo. La prin- 
cipal, situada en el ángulo N-0., estaba 
amparada por una torre de planta cua- 
drada y obra antigua, resto de la primiti- 
va alcazaba seguramente, cuyo aparejo 



era el hormazo, mencionado por Plinio y 
los cronistas arábigos de la invasión mu- 
sulmana y que muchos escritores moder- 
nos no vacilan en nombrar hormigón 
árabe, con sobrada inexactitud. Tiene 
esta puerta todos los caracteres peculia- 
res de los vanos de los primeros tercios 
del siglo XV. Arco semicircular de gran 
dovelaje, recuadro de sarta de perlas en- 
tre filetes, y como confirmación, el escudo 
del Comendador mayor de León, D. Gu- 
tierre de Cárdenas, por quien fué manda- 
do reconstruir este castillo. Un matacán 



1 Debió dárselas este nombre porque por ellas se 
tiraba al aguardo á los buitres cebados en las in- 
mundicias ó cadáveres que abundaban en los fosos ó 
en la campaña, En las crónicas de D. Alvaro de Luna 
y de D. Juan II, se encuentran interesantes referen- 
cias á estas buitreras. 



DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



de tres ménsulas domina el ingreso desde 
el adarve. Abierto el portón se encuentra 
todavía la verja de hierro machihembra- 
da que á guisa de rastrillo reforzaba la 
puerta, girando sobre goznes. 

En el interior nada se conserva. Lo que 
fué alcázar fuerte, mansión de los alcai- 
des de la fortaleza, residencia pasajera de 
infantes y de reyes, sólo abriga hoy á una 
prolífica familia de conejos. En el ángulo 
N-E. se conservan restos de habitaciones 
que debieron constituir la nombrada To 
rre de los Palasuelos, vieja ya en 1575, 
donde, según se aseguraba entonces en 
la villa, "se criaron las infantas, hijas del 
rey Don Juan „. 

En el ángulo S-E. al pie de la torre y 
en el lienzo de Oriente á una altura de 
veinte metros ó más sobre el llano, se 
abre el portillo, de arco ojivo que de- 
muestra por su hechura ser acaso cons- 
trucción más antigua que las del Comen- 
dador mayor de León ; por tanto que 
éste debió utilizar gran parte de los mu- 
ros y torreones del alcázar anterior al 
castillo actual. Constituían estos portillos 
excusados, y siempre abiertos en puntos 
estratégicos medio ocultos, un carácter 
peculiar de todas las construcciones mili- 
tares de la Edad Media. Abríase ó abrían- 
se, porque según la extensión del recinto 
eran uno ó varios, en puntos de él opues- 
tos á la entrada principal y facilitaban la 
fuga en momentos de supremo apuro. 
Generalmente aparecía condenado para 
la guarnición del castillo, de quien siem- 
pre era prudente desconfiar, y sólo el al- 
caide, el señor ó persona de su absoluta 
confianza, tenían conocimiento de que era 
practicable aquella salida y del sitio don- 
de se guardaban las llaves. Estos detalles 
se encuentran indicados por relaciones y 
crónicas, así como que cuando se enseña- 
ban los castillos y alcázares á personajes 
extraños se cuidaba mucho de no exhibir- 
les ciertos detalles y recursos de ellos, 
como la situación de tales portillos. La 
experiencia acreditaba frecuentemente 
el peligro de que fuesen conocidos. Este 
de Maqueda se abre sobre la tela exterior, 
la que llaman algunos camino de ronda 
(á la francesa) y denominan algunas cró- 
nicas albacara (á lo arábigo) que era el 



espacio descubierto comprendido entre el 
primer contramuro ó barbacana y el pie 
del muro. Aquí este contramuro que es- 
taría almenado se levantaba á plomo so- 
bre el corte del terreno en asperísima 
pendiente. 

De esta suerte, examinados con deteni- 
miento estos escasos, pero elocuentes 
restos, puede llegar á formarse una idea 
aproximada, de lo que pudo ser una de las 
fortalezas más importantes y curiosas del 
llano de Toledo que por su situación to- 
pográfica hubo de ser creada enteramen- 
te por el estudio y esfuerzos de los maes- 
tros en arquitectura, sin auxilio alguno de 
los accidentes naturales que en otros pun- 
tos tanto les ayudaban. 

Felipe B. Navarro. 



EXCURSIÓN A SAN FRANCISCO EL GRANDE 




L día 10 de Enero fué el señalado 
para excursión de tanto interés, y, 
á pesar de una violenta lluvia, te- 
mible para quien no tuviera viví- 
simos deseos de recrear una vez más los 
ojos en las maravillas del citado monu- 
mento, se reunió una comisión, compues- 
ta de los Sres. Serrano Fatigati, Herre- 
ra, Poleró, Alvarez Sereix, Fernández 
de Haro, y Puente, quienes fueron reci- 
bidos en el atrio de San Francisco por el 
tan amable como ilustrado rector del mis- 
mo, Sr. de Paz, el cual, sin darse punto 
de reposo, fué mostrando á los excursio- 
nistas los tesoros artísticos allí reunidos, 
mientras sazonaba sus eruditas explica- 
ciones con recuerdos personales llenos 
de interés relativos al tiempo en que tan 
activa parte hubo de tomar en el embe- 
llecimiento del templo. 

Ocioso parece recordar los orígenes de 
este á nuestros entendidos lectores. La 
primitiva fundación se atribuye al Será- 
fico Padre en los comienzos del siglo xiii; 
pero la historia artística de la iglesia co- 
mienza con Carlos III, cuando aquel mo- 
narca, tan protector de la arquitectura, 
y de cuya época procede la mayor parte 
de las construcciones notables de Ma- 
drid, hizo levantar el actual edificio; fae- 
na comenzada en 1760 y terminada en 
1784. 

Muchos recordarán también, y esto co- 
mo testigos presenciales, la traslación á 
San Francisco de los restos mortales de 
Rodríguez y Villanueva, los famosos ar- 
quitectos; de Juan de Mena, Garcilaso, 



i6 



boletín 



Calderón, Ercilla y Quevedo; del Gran 
Capitán, de Lanuza y otros hombres ilus- 
tres. Las fiestas con las cuales se trató 
de convertir el templo en Panteón nacio- 
nal, fueron quizá las menos marcadas con 
el sello de la pasión política; mas en esto, 
la obra de 1869 no prevaleció, y cinco 
años después, las cenizas de artistas, 
guerreros y políticos hubieron de volver 
á sus primitivas tumbas, menos suntuo- 
sas; pero más piadosamente guardadas. 
En 1881 se comenzó la restauración con 
fondos de la Obra pía de Jerusalén, y la 
esplendidez del ministerio de Estado 
permitió no reparar en gastos y repartir 
el trabajo entre los más afamados artis- 
tas y artífices de España, naciendo así 
una poderosa muestra de la facundia ar- 
tística de la época presente. 

Para los siglos venideros será San 
Francisdo el Grande el sitio donde mejor 
puedan apreciarse las artes de fines del 
siglo XIX. Para nosotros hay allí un mu- 
seo moderno lleno de interés; pero, ¿nos 
atreveremos á decirlo ? ¿ Será quizá 
aprensión la idea de que en el templo se 
respira un ambiente profano? ¿Habrá un 
vicio de origen, debido á que la frialdad 
administrativa no ha sabido subordinar 
tamas bellezas allí reunidas al primordial 
fin de enaltecer el sentimiento religioso? 
Lo cierto, lo innegable, es que San 
Francisco resulta una verdadera joya y 
que el describir todas las piedras precio- 
sas en ella engarzadas sería insoporta- 
ble tarea para los lectores, pues sabido 
es cuan impotente resulta el lenguaje 
para reproducir las creaciones de las ar- 
tes plásticas, y aun circunscribiéndonos 
á una sencilla enumeración, habrá ésta 
de encerrarse en ciertos límites para no 
caer en las pesadeces de un catálogo. 

Ya en el atrio nace la admiración de- 
lante de las hermosas puertas, obra del 
malogrado restaurador de las esculturas 
del claustro de San Juan de los Reyes, 
Antonio Várela, cuyas figuras y adornos 
tallados en bien sentido estilo de nuestro 
renacimiento, quedan recuadrados por 
accesorios ojivales finos, delicados y dig- 
nos de los imagineros, cuya rica labor 
embellece la construcción de Juan Guas. 
También hay sobre las puertas centrales 
unos bajo relieves notables de Molinelli y 
Algueró; pero, antes de penetrar en el 
templo, aún se ve algo digno de aten- 
ción: los herrajes, labrados en los talle- 
res de Asins, capaces de darle fama si 
él no la tuviera bien conquistada desde 
tiempo atrás. 

Al trasponer los umbrales, la variedad 
de obras, la continuidad esplendorosa de 
magnificencias artísticas embota el crite- 
rio, como deslumhraría la vista una ince- 
sante cascada de perlas á cual más bella. 



La más severa de las tres hermanas, 
la escultura, ostenta desde luego las pi- 
las de agua bendita con pedestales for- 
mados por grupos de angelones de bron- 
ce debidos á Vancells, Algueró y Zaldo, 
y siguen después los doce apóstoles en 
mármol de Carrara, firmados: Santiago 
el Menor y Santo Tomás, por Elias Mar- 
tín; Santiago el Mayor, por Valmitjana; 
San Juan, por Samsó; San Andrés y San 
Bartolomé, por los Bellver; San Pedro y 
San Pablo, por Suñol; San Tadeo, por 
Candarías; San Mateo, por Benlliure;y 
San Felipe y San Simón, por Moltó. 

Parece que estamos recordando nom- 
bres ilustres de los laureados de todas 
las exposiciones. ¿No es cierto? Pues si 
echamos de menos á Molinelli y Sanmar- 
tí, presto los hallamos al contemplar sus 
cuatro estatuas de los Evangelistas sen- 
tadas sobre pedestales de mármol negro 
y talladas en madera bronceada, y aún 
queda el tabernáculo del altar mayor, 
del arquitecto Cachavera, y los pulpitos, 
del arquitecto Amador de los Ríos, y la 
puerta del tabernáculo de la Pasión cin- 
celada en plata por Martin, y todavía co- 
metemos omisiones tan involuntarias 
como sensibles. 

Pero lo más sorprendente es que tales 
obras escultóricas ni resulten perjudica- 
das por la inmediata presencia de la si- 
llería del coro del monasterio del Parral, 
preciosa obra del renacimiento, ni por 
las dos traídas del Paular, del renaci- 
miento la una y ojival la otra, restaura- 
das por Guirao , ni por la reproducción 
del San Francisco de Alonso Cano, ni 
perjudiquen á su vez á estas maravillas 
de tan distinta época y carácter que la 
primera, y al revés de lo que suele suce- 
der en pintura, donde lo moderno y lo 
antiguo, aun tratándose de obras maes- 
tras, se repelen y hacen desmerecer. 
* Si pasamos á admirar las obras de los 
pintores, hallamos nombres tan afama- 
dos en el extranjero como en la patria 
misma: Silvela y Germán Hernández, 
Amérigo y Contreras, Rivera y Ferrant, 
Muñoz Degrain y Martínez Cubells, Ca- 
sado, Plasencia, Domínguez y Moreno 
Carbonero, cuyo Sermón de la Montaña 
de la capilla bizantina suscitaba en el 
digno rector escrúpulos de ortodoxia por 
la ñora del paisaje y la indumentaria de 
las humildes oyentes de Jesús. 

Poco adecuado era día tan obscuro y 
lluvioso para apreciar tanto portento de 
dibujo, colory composición, y aun cuando 
todos éramos fervorosos amantes de las 
bellas creaciones allí acumuladas, y no 
las veíamos por vez primera, necesitá- 
bamos contemplarlas á medias con el re- 
cuerdo y con los ojos. 

De Ferrant son los reyes y profetas del 



DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



17 



arranque de la bóveda y las profetisas 
de los segmentos de la cúpula mayor; la 
aparición de Cristo y la Virgen á San 
Francisco y la confirmación del jubileo 
por Honorio III, de la capilla principal. 

Plasencia pintó Nuestra Señora de los 
Angeles y los evangelistas San Mateo y 
San Juan en la cúpula mayor y la apoteo- 
sis celeste de la Orden de Carlos Ili en 
la capilla de. este nom^bre. Domínguez, 
los doctores de la Iglesia; una alegoría 
de la villa de Asís y la Virgen del Car- 
men entregando un escapulario al funda- 
dor de la Orden. 

Rivera se reservó toda la capilla de 
Nuestra Señora de las Mercedes, toman- 
do como asunto de su decoración el amor 
divino y la candad cristiana. Casado re- 
presentó, en la capilla de las Ordenes mi- 
litares la batalla de Clavijo ganada por 
Ramiro I con el auxilio del apóstol San- 
tiago. Hernández Amores nos dejó un Cal- 
vario en la capilla de la Pasión ; Contre- 
ras, un San Juan bautizando en la de las 
Ordenes, y Martínez Cubells los evange- 
listas San Lucas y San Marcos. 

Aun después de esta relación, ¡cuántas 
obras notables modernas omitimos ! , re- 
cordando aun de paso, entre las muchas 
buenas antiguas, un cuadro de Goya, 
cuyo asunto es la predicación de San Ber- 
nardino de Sena ante la corte de Alfonso 
de Aragón. 

Parece agotada la serie de maravillas, 
y. sin embargo, faltan por mencionar: un 
zócalo de azulejos traídos del palacio 
levantado en Cadalso de los Vidrios por 
D. Alvaro de Luna, y completados hasta 
el número necesario de un modo insupe- 
rable, porZuloaga, en los hornos de la 
Moncloa, y no hemos hablado aún de las 
vidrieras de colores pintadas según car- 
tones de Amérigo y Laplaza; ni de los 
repujados de la puerta del Sagrario del 
altar mayor; ni de la alfombra de éste, 
tejida en la Real fábrica de tapices, ni de 
ricos ornamentos de Iglesia sacados de 
sus suntuosas cajoneras ante nuestros 
embelesados ojos por el solícito cuidado 
de nuestro guía. 

Sólo haremos mención especial de una 
caprichosa pintura del Bosco, puesta en 
la escalera del coro. Como hechura es 
notable; mas por cima de ésta descuella 
la picaresca intención del autor compla- 
ciéndose en pintar las tentaciones de San 
Antonio, á quien distrae de su atención 
ver cómo los frailes invaden el campo, 
en cuyo centro , una fantástica represen- 
tación de la mujer sirve de base á un mo- 
lino de viento. ¿No es cierto que no era 
San Francisco el Grande sitio donde pu- 
diera esperarse hallar tales manifesta- 
ciones de humorismo? 

La arquitectura, cual huésped que vo- 



luntariamente se oscurece para dejar 
brillar por completo á sus invitados , casi 
no aparece con personalidad propia en la 
restauración del edificio, dejando campar 
ala pintura y la escultura, á las cuales 
prepara lienzos y espacios , de cuya ex- 
tensión da una idea la cifra de la mayor 
altura interior, que llega á 33 metros. 
Aun asi, en los detalles escultóricos ya 
mencionados y en el resto del templo se 
ven los notables trabajos de arquitectos 
tan llenos de mérito como Avalos, Ama- 
dor de los Ríos, Cachavera y Farrés. 

El señor Rector nos obsequió por fin 
conduciéndonos á su morada, digna de 
un inteligente aficionado, en la cual toda- 
vía pudimos admirar algo, aun después 
de ver tanto bueno. 

Tan agradable expedición terminó como 
los desafíos al uso, reuniéndonos todos 
ante una mesa del hotel de Rusia, donde 
entre plato y plato se continuaron las ala- 
banzas al talento de los artistas y á la 
bondad de nuestro respetable cicerone, 
pero uno y otra son tan del dominio pú- 
blico , que, como de cosa juzgada, no 
hay que hablar. 

El nuevo triunfo logrado por Felíu y 
Codina con su Miel de la Alcarria, naci- 
da en una de las excursiones de la Socie- 
dad, estaba muy reciente, y se acordó es- 
cribirle un mensaje de felicitación. La 
elegante pluma de Alvarez Sereix le re- 
dactó, todos le sentimos y firmamos y 
después..., después, desde las serenas 
regiones del arte, donde nos habíamos 
mecido unas horas , volvimos á caer en 
las arideces de los asuntos cotidianos. 
Gerardo de la Puente. 

SECCIÓN DE CIENCIAS HISTÓRICAS 



epigrafía arábiga 




Lápida conmemorativa del Castillo de Tarifa 

ESTiMOXio evidente de la progenie 
muslímica de su primitiva fábrica, 
guarda y conserva á modo de mar- 
ca ó sello el histórico castillo de 
Tarifa,— de tan singular renombre por el 
heroico Alonso Pérez de Guzmán, el 
Bueno ,— un epígrafe arábigo, colocado 
sobre una de sus puertas. Excita allí la 
curiosidad, y nadie, que sepamos, ha in- 
tentado hasta ahora su lectura, ni su con- 
texto era conocido por los doctos, á pesar 
de la importancia que á sus declaraciones 
eran generalmente atribuidas. 
Noticiosos nosotros de la existencia de 



i8 



boletín 



este monumento epigráfico, por las indi- 
caciones de nuestro buen amigo el inge- 
niero de montes D. Luis Heraso y Piza- 
rro, no vacilamos en solicitar del exce- 
lentísimo Sr. Ministro de la Guerra, para 
la colección epigráfica del Museo Ar- 
queológico Nacional, una reproducción 
en yeso del referido monumento ; y, defi- 
riendo galantemente á nuestros deseos, 
el general Sr. López Domínguez hubo de 
acceder á ellos, proporcionándonos la re- 
producción solicitada. 

Es para nosotros desconocida la mate- 
ria en que el epígrafe está tallado, bien 
que todo hace presumir que lo fué en una 
tabla de mármol blanco , la cual debe me- 
dir, á juzgar por la reproducción, 0,m 73 
de alto por 0,^ 55 de ancho. Consta la 
lápida de once líneas de inscripción en 
caracteres cúficos, faltos de elegancia, de 
corrección y de gallardía en el dibujo, y 
de estas once. líneas, la última ocupa so- 
lamente breve espacio en el centro del 
epígrafe. Efecto sin duda de la intempe- 
rie, no todas las líneas, por desgracia, 
resultan igualmente legibles, y aun en 
aquellas que pueden ser entendidas, es 
necesario hacer reiterados esfuerzos para 
leerlas, existiendo palabras escritas in- 
correctamente, y otras, ya muy borra- 
das, de reducción é interpretación impo- 
sibles. Así y todo, el epígrafe, que es de 
cierta importancia histórica, dice de esta 
suerte, según la reproducción á que nos 
referimos: 

^^;yl^\ ^UL J.-»^'» (2) J^ ¿)JJ'\ 

^ — « — ^j — i\ J.^ ¿>S)\ J^>o: , «\ 

slX> <í^_LJ\ JLL\ ^^;,.^^\ ^^^\ 




En el nombre de Alláh, el Cletnente, 
el Misericordioso! 

Alabado sea Alláh, Señor del Uni- 
verso! La bendición 

de Alláh sea sobre Mahoma, sello 
de los Profetas [\)! 

Mandó el siervo de Alláh Ab-er- 

Rahmán, 
5 Amir de los muslifnes {/prolongue 
Alláh sus días!) 

construir este castillo [¿y se con- 
cluyó?] 

en la luna de Ssafár del año 

nueve y cuarenta y trescientos (2) 

bajo la dirección del Guasir 

Abd-er-Rahmán ¿ben-Hayyán? 
11 

Corresponde, pues, el monumento á la 
categoríadelosí:o«;?z^wo;'rt//í;os^ypor él 
se atestigua que Abd-er-Ruhmán III man- 
dó edificar ó construir aquel castillo de 
Tarifa en el mes de Abril de 960 de nues- 
tra era, resultando, por consiguiente, el 
único de que aún quedan restos, — bien que 
trastornados por las vicisitudes políticas 
de España desde la segunda mitad del si- 
glox, — elcualseapor modo auténtico obra 
y producto de la arquitectura militar del 
Califato , concepto en el que bien merece 
ser con toda detención estudiado por los 
entendidos. 

Era ocasión aquella en la cual las re- 
vueltas ocasionadas en León por la repo- 
sición de Sancho el Craso en el trono, 
habían obligado á Abd-er-Rahmán III á. 
suspender la guerra que en África soste- 
nía con los Fathimitas, enviando al servi- 
cio del monarca leonés el ejército desti- 
nado para combatir á aquéllos, y con 
cuyo auxilio , mediado ya el año %0 , las 
Asturias, que habían sido el último refu- 
gio de Ordoño IV el Malo, se entregaban 
en poder del rey don Sancho. 

Momento de tregua en la lucha crude- 
lísima y accidentada trabada con los arro- 
gantes Fathimitas , aprovechado era por 
An-Nássir para fortificar las costas, 
mientras él, en Marzo de aquel año , caía 



1 Por ^_5J-o 

2 Por ^ 

3 Por ^JO ,^_ylj: 



1 Es decii : el último, y por consiguiente el más 
caracterizado y perfecto. 

2 Del 2 al 30 de Abril inclusives del año 960 



\ 

^ 




PORTAP^iZ DE SANTIAGO DE UCLÉS 
blGLO {X\' l ' 



DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



'9 



en Córdoba gravemente enfermo, de una 
pulmonía que hizo temer por su exis- 
tencia. 

Conocidos estos hechos, que consignan 
á la par los cronistas cristianos y los 
muslimes, ocurre preguntar si en la anti- 
gua Mellaría, á que dio en 710 nombre el 
explorador Thárif-Abú-Zara, no existían 
defensas, si éstas eran escasas, ó si ya 
los normandos en el siglo ix, ya los Fathi- 
mitas en los días de An-Nássir, pudieron 
destruirlas, cuando este glorioso Califa se 
veía en la precisión de edificar de nueva 
planta aquel castillo. Los escritores ára- 
bes aseguran que Abd-er-Rahmán III lle- 
vó sus armas al África, donde no siem- 
pre le fué devota amiga la fortuna; hablan 
de diversas expediciones, realizadas con 
más ó menos éxito, contra Maád-ben-Is- 
maíl , señor de África , en 346 , 347 y 348 
(957, 958 y 959 de J. C), y hacen mérito 
especial de la en que, al mando del al- 
caide Ahmed-ben-Yila, incendiaron los 
cordobeses á Mers-al-harez, y devastaron 
los alrededores de Susa y de Tabarca. 

No hacen alusión alguna á ningún de- 
sastre; mas quizá no estaría grandemente 
seguro Abd-er-Rahmán 111 de la suerte 
de sus armas en la guerra africana, cuan- 
do fortificaba á Tarifa, disponiéndola para 
eficaz defensa, ó acaso los Fathimitas hu- 
bieran logrado, á despecho de Ceuta, in- 
festar de piratas el Estrecho, dando algún 
tiento á Tarifa en cualquiera de sus co- 
rrerías , cuando el Califa disponía seme- 
jante obra de fortificación, que nada ha- 
bría justificado en aquella fecha, á haber 
sido siempre vencedor de sus irreconci- 
liables enemigos los africanos. 

Como quiera que sea, según compren- 
derán los lectores , la declaración expre- 
sa de este monumento epigráfico, desco- 
nocido hasta el día, bien merece que los 
entendidos fijen en ella la atención, y acla- 
ren este punto interesante de la historia 
del Califato de Córdoba, invitándoles por 
nuestra parte á ello. 

Rodrigo Amador de los Ríos. 



ORFEBRERÍA 



-Jarro del Pilar 




Porta-paz de Santiago de Uclés. 
de Zaragoza. 

N los comienzos del siglo xvi lle- 
garon á España multitud de orfe- 
bres procedentes de Alemania, Ita- 
lia y Francia. Conducíales la segu- 
ridad de obtener la protección de muchos 
magnates que , haciendo acertado uso de 
sus riquezas, fomentaban las artes y se 
enorgullecían con enriquecer las iglesias 
de sus patronatos y sus fastuosas mansio- 
nes, que á veces competían en esplendor 
y gala con los alcázares soberanos. 

La influencia de aquellos maestros dio 
gran vuelo á la industria de la platería 
nacional, cuyos productos se veían gene- 
rosamente recompensados, obteniendo in- 
mediata acogida, así en las casas de los 
poderosos, como en las iglesias y monas- 
terios. 

Entre éstos figuró en primera línea, 
por el poderío de sus jefes y su significa- 
ción é importancia histórica y política, la 
Casa conventual de Santiago de Uclés. 

En ella, y con otras muchas alhajas no- 
tables, se hallaba el porta-paz de plata 
dorada, con esmaltes, que nuestro gra- 
bado reproduce, y hoy pertenece al Ca- 
bildo prioral de las Ordenes militares de 
Ciudad Real. 

Ocupa el centro un bajo relieve labrado 
en serpentina, que tiene por asunto la re- 
surrección de Lázaro. Por la colocación 
de las figuras, el plegado de los paños y 
la tosquedad de la ejecución, revela el 
carácter romano-bizantino del último pe- 
ríodo, y, por consiguiente, fecha muy 
anterior á la del trabajo de orfebrería que 
le sirve de marco. 

Los regulares y correctos cuerpos ar- 
quitectónicos que componen esta pieza 
son notabilísimos, y presentan toda le ele- 
gancia y fausto del estilo plateresco, que 
tantas maravillosas obras produjo en 
nuestra patria. 

Columnas en forma de cariátides; deli- 
cadas estatuitas de San Pedro, San Pa- 
blo, Santiago y San Juan Bautista, en las 
hornacinas de ambos lados; pequeñas y 
finas imágenes de los cuatro Evangelis- 
tas, colocadas en los netos de las bases y 



boletín 



frisos de la cornisa; diminutas figuras re- 
presentando la batalla de Clavijo, ocu- 
pando todo el friso superior; el medallón 
del coronamiento con la imagen de la In- 
maculada Concepción , rodeada de ánge- 
les: las Virtudes cardinales que completan 
el decorativo conjunto y la esmaltada es- 
tatua del Salvador, que terminan la obra, 
son todas armónicas partes de un armo- 
nioso conjunto que demuestra la pericia 
del autor de tan prodigiosa 5^ perfecta j oy a. 
No es menos notable, ni en nada desme- 
rece, por cierto, de este bellísimo todo, 
el asa, que representa una quimera alada, 
hecha tan gallarda y briosamente como 
pudo soñar la creadora fantasía del ar- 
tista, reverso de la alhaja, por sí solo su- 
ficiente para hacerla digna de la admira- 
ción de los inteligentes. 

El carácter perfectamente definido del 
Renacimiento español que , inspirándose 
en las suntuosidades de Pavía creó ei 
estilo llamado plateresco; el hallarse de- 
dicado el porta-paz al convento de Uclés, 
y llevar las emblemáticas insignias de la 
Orden, las tradicionales conchas, la ima- 
gen de Santiago y el recuerdo de Clavijo, 
bastarían para que no pudiera dudarse de 
que esta obra, que compite con los más 
acabados productos del arte de la orfe- 
brería, es de procedencia nacional; mas 
por fortuna no se necesita acudir para 
asegurarlo á presunciones más ó menos 
fundadas, pues una de las marcas que 
conserva, revela haber sido construido 
en Cuenca, por tener sus blasones y la 
palabra Cuen '. 

Otros tres punzones se hallan en el 
porta-paz, pero hasta ahora no se han 
descifrado. Tal vez sea alguno de ellos 
del famoso Cristóbal Becerril , que en 
aquella ciudad labró el precioso osculato- 
rio que se guarda en El Escorial, y la cus- 
todia de Alarcón, ó de alguno de sus her- 
manos, que con aquél hicieron la de la 
catedral de Cuenca, y que por cierto tiene 
por coronamiento, como el porta-paz de 
que nos ocupamos, una pequeña estatua 
del Salvador. 



1 Debemos esta noticia A la señora doña Adela 
Croocke de Osma , tan competente en semejante gé- 
nero de investigaciones. 



El jarro de la iglesia del Pilar de Zara- 
goza que el grabado representa, aunque 
de otro orden, es también una pieza no- 
table. Labrado en plata , con gran profu- 
sión de relevados adornos, recorridos á 
cincel, corresponde al mismo estilo del 
Renacimiento italiano, é indica en su cons- 
trucción los últimos años del siglo xv, por 
el empleo de elementos decorativos per- 
tenecientes al estilo ojival. 

Conocíase vulgarmente en la heroica 
ciudad con la denominación de El jarro 
de D. Jaime el Conquistador, mas basta 
verle para comprender lo infundado de 
semejante atribución. 

Ofrece, además de su valor, el grandísi- 
mo interés de llevar la marca del contras- 
te de Zaragoza, con el león heráldico y la 
inscripción Cces-aug. Mide 22 centímetros 
de alto y 13 de ancho, y pesa 47 onzas. 

Ambas piezas son buena prueba de la 
riqueza y perfección que alcanzó en Es- 
paña el arte de la platería durante un 
largo período. 

Enrique de Leguina. 

se<sí(síIOK_OHI<gIHii 

La Sociedad de Excursiones en Marzo. 

La Sociedad Española de Excursiones 
realizará una á Segovia en los días 23 y 
24 del corriente, con arreglo á las condi- 
ciones siguientes: 

Salida de Madrid (Estación del Norte) 
el sábado 23 á las 7*^ 15' de la iiañana. 
Llegada á Segovia, 11'' 23' mañana. Sali- 
da de Segovia el 24 á las 6'' 44' tarde. Lle- 
gada á Madrid, 10'' 20' noche. 

Montimeiitos que se visitarán. — Acue- 
ducto romano, iglesias románicas de San 
Martín, San Esteban y San Millán; monjas 
del Corpus-Cristi, catedral, Santa Cruz, 
el Parral, Alcázar, en restauración, etc. 

Cuota. — Treinta y siete pesetas, en las 
cuales se incluye el viaje de ida y vuelta 
en segunda clase, coche entre la estación 
y la ciudad, almuerzo, comida y habita- 
ción el 23; desayuno, almuerzo y cena 
de fiambres en el tren el 24; gratificacio- 
nes, etc., etc. 

Para las adhesiones á esta excursión 
dirigirse de palabra ó por escrito, hasta 
el día 22, á las 3 de la tarde, acompañan- 
do la cuota, al Sr. Presidente de la Co- 
misión ejicutiva, D. Enrique Serrano 
Fatigati, calle de las Pozas, 17, segundo 
derecha. 

Madrid, 1.'^ de Marzo de 1895. El Secre- 
tario general, Vizconde de Palasuelos. — 
V.°B." EWresiáenle, Serrano Fatigati. 

K)03— A. AVRIAL, impresor.— San Bernardo, 92 



^c 




t,B flAUSEBY JUbNBT.-J^ÍAO 



JARRO DEL PILAR DE ZARAGOZA 
(SIGLO XV) 



BOLETÍN 



DE LA 



SOCIEDAD ESPAIOLA DE EXWIOIS 



AÑO III 



t 



IVIadrid 1-° ele -A-laril de 1895 



)^ NOM. 26 



EXCURSIONES 



FORTALEZAS Y CASTILLOS 

IDE lvfl:A.GiXJEID A. -^ ESC-A-LOIST-A. 




ESCALONA 

E olvidadizo y hasta de ingrato pe- 
K)l\ (,^j-j^ gj ^i presentar aquí mis lige- 
ros apuntes de la divertida excur- 
sión realizada á orillas del río Al- 
berche no consignase la parte principal 
que en su atractivo tuvo la cordial fran- 
queza y alegre expansión de las personas 
que la realizaron. 

Era en cierto modo nuestro viaje una 
peregrinación por los lugares que fueron 
teatro de interesantísimos episodios de la 
historia accidentada de nuestra patria, y 
entre ellos, ninguno tan dramático como 
el de los últimos actos de la tragedia en 
que el gran condestable de Castilla don 
Alvaro de Luna fué protagonista y vícti- 
ma voluntaria. Conocida por todo el que 
haya leído siquiera en las escuelas las 
historias compuestas por los dómines de 
antaño, ¿cómo no había de ser entendida 
á fondo por nuestro activo y entusiasta 
vicepresidente D. Adolfo Herrera; por 
nuestro simpático y eruditísimo secreta- 
rio señor vizconde de Palazuelos, ilustre 
vastago de los López de Ayala, apegados 
á la historia de Toledo en toda la Edad 
Media, y que en este viaje parecía hacer- 
nos los honores de la tierra; por el exper- 
to jurisconsulto y distinguido escritor don 
Marcelo Cervino, hábil investigador di- 
plómata; por el respetable maestro en arte 
Sr. Poleró , más joven de espíritu y entu' 
siasmo artístico que ningún otro délos ex- 
T. lu. 



cursionistas, y por fin del joven oficial del 
ejército Sr. Ibáñez Marín, digno sucesor de 
escritores militares como el autor de los 
Diálogos del Soldado, y de aquellos ofi- 
ciales de Flandes que escribían la relación 
de la batalla de San Quintín al alcance de 
las baterías francesas? Declaro con since- 
ridad que si la contemplación de las reli- 
quias monumentales y de los pintorescos 
paisajes que atesora el llano y sierra de 
Toledo, los suculentos refrigerios ofreci- 
dos con esplendidez y franqueza verda- 
deramente castellanas, el néctar escaló- 
nense del vino de sol, á ningún otro com- 
parable, con que en la antigua corte del 
Condestable, nos obsequió el Sr. Blanco, 
no hubiesen constituido ya suficiente é 
intenso solaz para el espíritu y el cuerpo, 
la sabrosa y enciclopédica plática soste- 
nida entre tan discretas é ilustradas per- 
sonas hubiese bastado para hacernos per- 
der la noción del tiempo. 

Salimos de Maqueda sugestionados ya 
por la sombra del Condestable, y al reco- 
rrer el camino que conduce á Escalona, 
probablemente el mismo que seguirían sus 
implacables enemigos cuando fueron á si- 
tiar su palacio y fortaleza, nuestro ánimo 
se encogía y apesadumbraba recordando 
aquella enorme sucesión de felonías que 
terminó por tan cruel é injusta suerte en la 
Plaza del Ochavo de Valladolid. Llegá- 
bamos por fin á orillas del Alberche cuan- 
do empezaba á cerrar la noche, y en aquel 
instante parecíanos ver en su orilla dere- 
cha, acampada ante la imponente forta- 
leza, cuyo aspecto en aquella hora tan 
gráficamente ha descrito en artículo an- 
terior nuestro distinguido consocio señor 

4 



boletín 



Cervino, la hueste real rodeando el pa- 
lenque donde en suntuosas tiendas que 
vemos fielmente representadas en la Sala 
de Batallas del Escorial, se cobijaba aque- 
lla taifa de desaforados jueces, por dere- 
cho que á sí propios se habían otorgado, 
para ver y fallar en familia la suerte del 
malaventurado D. Alvaro, no de otro 
modo por ellos condenado que como sen- 
tenciaron tantas veces los bandidos á sus 
víctimas secuestradas. De allí partió la 
sentencia de muerte, sin la cual no espe- 
raba el rey que se le entregase la villa y 
la fortaleza y los tesoros en ella guarda- 
dos por el Condestable, no para sí, sino 
para las necesidades de aquel rey mente- 
cato, y las más legítimas del reino; y al 
tender la vista por aquella ribera yerma 
y seca, y levantarla luego ala imponente 
masa de la que en torreadas ruinas, aún 
amenaza su bulto, no podíamos por me- 
nos de recordar cuál han llegado hasta 
nosotros las memorias de la víctima y del 
inconsciente verdugo: la del rey por los 
suelos, la del Condestable por las nubes. 
No es posible sustraerse al atavismo 
romántico que todo español lleva infiltra- 
do en sus circonvoluciones cerebrales, al 
extraviarse por los meandros de la his- 
toria de su patria. Si el racionalismo lite- 
rario imperante lo tacha de cursi, el ca- 
lor del alma española lo acoge siempre á 
su pesar, y yo pido perdón al lector de 
este extravío que de cierto le parecerá 
impertinente; pero que el recuerdo de los 
queridos amigos nombrados y de aquella 
excursión inolvidable me ha impuesto por 
ineludible sugestión. 

Cedió á Escalona Alíhamin la impor- 
tancia de capitalidad militar de la zona 
defensiva del Norte del Tajo, desde que 
el califato realizó la constitución del te- 
rritorio y sus wazires entendieron que la 
vía de la orilla derecha de los ríos Gua- 
darrama y Alberche era más fácil y se- 
gura que la de la izquierda para el paso 
á las climas del Norte. Conservó Alfha- 
min mezquita catedral, mezquita parro- 
quial, palacio y castillo, pero sólo fué ya 
con sus frondosos bosques y placentera 
situación más bien sitio de solaz para los 
wazires toledanos, mientras que en Esca- 
lona se aumentaron las fortificaciones, 



constituyendo la plaza más fuerte de la 
zona. 

¿Para qué entretener al lector en dis- 
quisiciones acerca de su antigüedad? Su 
nombre, antiguo (Ascalona) como el de 
Maqueda ó Maceda ', Noves, Aceca, Ye- 
pes y algún otro, iguales á los de otras 
ciudades de la Siria y Palestina, prueban 
que hetheos, hebreos ó árabes sirios de- 
bieron dárselos, y que en épocas más ó 
menos remotas, enincursiones anteriores, 
en mil ó más años anteriores á nuestra 
era, quizá, debieron fundarse poblaciones 
en estos sitios. No hay para qué divagar. 
La historia consigna la naturaleza beli- 
cosa de los hetheos anteriores á los he- 
breos en la tierra de Canaam y en la Pe- 
nínsula ibérica como en otras muchas re- 
giones; las crónicas arábigas registran el 
auxilio que los judíos prestaron á los mu- 
sulmanes en su invasión, facilitándoles la 
sumisión ó entrega de todas las plazas; 
pudieron, pues, Escalona y Maqueda, y 
Noves y Aceca ser habitadas por he- 
breos ^ y por ellos entregadas sin lucha 
á los agarenos. El testimonio subsisten- 
te, vivo, de la antigüedad de Escalonai 
existe en sus muros, en los restos de vía 
romana hallados en la villa, en los toros 
de indefinida procedencia del Real de San 
Vicente, en las aras y sepulcros etruscos 
de los montes vecinos, en el plano de la 
villa, en la situación topográfica de su for- 
taleza. 

Con efecto, en estos dos últimos datos 
se encuentra la tradición de las poblacio- 
nes y fortalezas que cartagineses y roma- 
nos encontraron en tan gran número y 
tan fortificadas, como concretamente nos 
dicen los historiadores y geógrafos de la 
antigüedad clásica ', consignando la exis- 



1 Así la nombra Juan de Mena. 

2 Como las que cita El-Edrissi en la primera mitad 
del siglo XII, y como el fuerte castillo de Tudela en- 
tregado á la custodia de los judíos por D. Sancho el 
Mayor en 1170, y los de Funes y Estella, y como las 
fortalezas de Or y Celorigo, encomendadas á los mis- 
mos por D. Alfonso VIII en 1174, y el castillo de Ma- 
yorga en 1206 por D. Alfonso VII. Es de recordar 
asimismo la importancia que á los judíos \ conversos 
concede D. Alfonso VII en el fuero de Escalona. 

3 Polibio: libros iii, viir. Appiano, iv. Strabon, iii, iv. 
Frontino, Strategematicon, libros i, ii , iv. Es notable 
lo que dice este último en el cap. iii de su primer li- 
bro acerca de Scipión, cuando "no queriendo detener- 



DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



23 



tencia de fuertes destacados ó atalayas, 
campos atrincherados y fortalezas en los 
tiempos anteriores á las colonizaciones 
fenicias y griegas. En las relaciones de las 
campañas de Aníbal aparecen ya los pue- 
blos carpetanos como indomables guerre- 
ros, que con olcades y vacceos "en nú- 
mero de 100.000 hombres: invicta acies si 
aequo diinicaretur canipo„ , pusieron en 
grave aprieto al célebre general cartagi- 
nés, á orillas ó en las cercanías del Tajo, 
quiza en los pasos de la sierra. 

Todas las noticias que abundantemente 
recogieron los historiadores de la con- 
quista de la Península, ponen de manifies- 
|0 que ya al abordar Scipión en Sagunto, 
se encontró en ella con una perfecta y po- 
derosa organización militar. 

Debió haber, pues, en esta meseta arci- 
llosa que domina el paso del Alberche que 
atravesaba la vía antigua, una población 
y un fuerte; en el plano actual de Escalo- 
na, conservado por su muro y en la posi- 
ción topográfica, parece encontrarse la 
tradición etrusca, que es á la que, en mi 
concepto, hay que atribuir todas esas for- 
tificaciones y ciudades de que nos hablan 
los citados historiadores. 

Aunque los vados del Alberche fueron 
siempre peligrosos y casi impracticables 
por lo movedizo y blando de su seno du- 
rante la mayor parte del año , en los que, 
como este de Escalona, eran muy frecuen- 
tados, se tendía un vaden de fuerte enlosa- 
do cuando no se podía ó no convenía cons- 
truir un puente. Aquí se ha creído en al- 
guna ocasión encontrar restos de uno 
romano en lo que fueron reliquias del an- 
tiguo vaden. 

Era, pues, indispensable la defensa de 
este paso, y sobre él, á plomo, debió le- 
vantarse el primitivo reducto de seguri- 
dad del campo atrincherado, oppidiun, 
arx, castellwn, que desde tiempos remo- 
tísimos fué necesario allí, y cuya cimenta- 
ción sostiene acaso aún al presente, la 
explanada y torreón de la vela de la for- 
taleza actual. 
Aparte de la vía antigua que, ó bien 



se en el asedio de muchas plazas (plnrium oppidum). 
hizo volver sus tropas á cuarteles de invierno „ (año 
217 antes de Jesucristo'. 



atravesaba la villa de Sur á Norte, ó bien 
la rodeaba, y cuyo punto de acceso desde 
el río no es fácil descubrir hoy, un sende- 
ro abierto en la escarpadísima pendiente 
sobre que se asienta el muro de la villa 
era el único acceso á ésta, paralelo á él y 
dando frente al torreón de la vela, espo- 
lones y muros de la fortaleza. El aparejo 
de estos muros es propiamente indígena, 
esto es, de tradición ibérica, enteramen- 
te diverso del hormazo de que habla Pli- 
nio como usado en la región Noroeste de 
África y Mediodía de España, y propio de 
algunas villas y ciudades ribereñas. Ciu- 
dad Rodrigo y León (ésta en una gran 
parte de sus murallas), entre otras, lo tie- 
nen igual. Constituyelo una fuerte arga- 
masa de arena pura, cantos rodados que 
nuestros ríos ofrecen en abundancia en la 
proximidad de las sierras y cal tan hi- 
dráulica que ha resistido incólume las 
constantes heladas de muchos centenares 
de inviernos. No es posible calcular ni 
aun aproximadamente la fecha de su 
construcción, pues como en otros apare- 
jos se observa, el procedimiento ó receta 
de su confección se ha transmitido al tra- 
vés de los siglos inalterable , como su 
consistencia. Ni se encuentra mención de 
él en los tratados de Vegecio y de Vitru- 
vio, ni se ha hallado en ninguna de las nu 
merosas ruinas de construcciones milita- 
res exploradas y minuciosamente estudia- 
das en Asia menor, Egipto, Grecia, Si- 
ria, etc., ni en las construcciones maurita- 
nas tan cercanas á la Península, ni en el 
Mediodía de ésta, donde predominó el ver- 
dadero hormazo, ni en lo que se conoce 
de Europa, en fin, á no ser en las ruinas 
de algunos fuertes de montaña de la Sie- 
rra de Estrella en Portugal, se encuentra 
tampoco. 

Creo, pues, que hay algunos indicios 
que permiten afirmar fuese esta obra 
peculiar de algunas de las regiones cen- 
trales de la Península y que los sahib- 
alebnia de los primeros amires del cali- 
fato de Damasco pudieron aprovechar los 
muros así construidos en plazas como la 
de Escalona, donde encontrarían proba- 
blemente dos grandes espacios atrinche- 
rados por simples cercas: la villa antigua 
de planta casi cuadrangular y el arx con 



24 



boletín 



su gran recinto que podía resguardar á 
más de mil hombres. 

Y no es extraño que aquellos arquitec- 
tos musulmanes conservasen estos mu- 
ros , cuya destrucción por el pico y la 
zapa, únicos medios á su alcance, era 
muy difícil y costosa, y cuya reconstruc- 
ción hubiese sido de resultados inferio- 
res. Recientes eran y harto conocidos he- 
chos como los que relata uno de los cro- 
nistas arábigos del Achbar Machmua *, 
relativos á las operaciones de sitio de Se- 
villa y de Mérida, en los comienzos de la 
invasión musulmana, en los que nada pu- 
dieron lograr contra la laxamaxa de los 
muros las barras, ni los "picos, que, á lo 
sumo, con mucho tiempo y trabajo y pe- 
ligro conseguían encentarla , pero en 
manera alguna perforar la base del muro 
para ponerlo en cw^«/c»s (apuntalarlo), y 
poniendo fuego después á estos, conseguir 
el derrumbamiento de un trozo de cortina 
y la brecha para el asalto, como con los 
aparejos de mampuestos, de sillería, ó 
mixtos se consiguió en numerosas oca- 
siones. 

Los arquitectos musulmanes reforza- 
ron mucho esta antigua y sencilla fortifi- 
cación, que, por las razones indicadas, 
volvió á adquirir la gran importancia que 
tuvo en antiguos tiempos , y que durante 
los tres siglos de dominación visigótica 
hubo de amenguar. Levantaron los ro- 
bustos y bien obrados espolones que por 
el frente N-E. y N-0., no sólo consti- 
tuyeron unos poderosos traveses de des- 
entilada, con arcos de comunicación sobre 
la tela exterior, sino que contrarrestaron 
los empujes del muro, reforzado interior- 
mente en la extensa línea de estos dos 
frentes con un grueso paramento de mam- 
postería con que se constituyó el andén 
del adarve , dejando convertido en fuerte 
muro torreado de diez metros de altura y 
tres de ancho lo que era antes simple cer- 
ca. Proveyeron á la defensa de este ca- 
mino de ronda exterior con una barrera 
ó contramuro almenado, de mampuesto, 
en el borde de la escarpa, revestida con 
grandes losas, fuerte revestimiento que 
se conserva íntegro en toda la extensión 



1 Pág. 29. 



del foso exterior é interior, pues también 
lo tiene el alcázar, así como en la con- 
traescarpa. 

Tanto esta cresta de combate, baja, con 
su foso ancho y perfecto, como siete de los 
ocho espolones mencionados, creólos obra 
musulmana. Lejos de deberse reputar por 
obra exclusivamente moderna los taludes 
de barreras, muros y torres, son tan an- 
tiguos, que los arquitectos musulmanes 
procedentes de Asia y de Egipto, habían 
podido verlos y estudiarlos en obras mi- 
litares de la décima dinastía nada menos, 
como la fortaleza de Senneh, ó en Asia 
menor, en Pteria y otros puntos. Lo mis- 
mo sucedía con los espolones, torres de 
planta paralelográmica de gran través, 
que constituían por sí solos pequeños 
fuertes del recinto , cuyo flanqueo domi - 
naban interior y exteriormente por su 
gran elevación sobre el muro. El aparejo 
de estos espolones es el mismo que el de 
algunas de las torres de Talavera (cuyos 
espolones tienen la misma disposición es- 
tratégica que los de Escalona), igual al 
de la Puerta Vieja de Bisagra y otras del 
recinto de Toledo; al de las torres más an- 
tiguas de la Alcazaba en Alcalá de Gua- 
daira; la del torreón del Puente de Alcán- 
tara ; las construcciones primitivas de 
Granada en la Alcazaba; en otras muchas 
construcciones que sería prolijo enume- 
rar, y que todas son de origen reconoci- 
damente musulmán. 

Este enipleción de cajones pequeños de 
mampuestos separados entre sí por ma- 
chos y verdugados de ladrillo, con ma- 
chos de mayor á menor de ladrillo en las 
aristas, es peculiar de algunos puntos de 
la región meridional y no debió trasponer 
la Sierra, pues apenas se encuentra al 
Norte de ella alguna reliquia de esa clase 
de construcción, por caso raro, como su- 
cede con el arco deSan Basilio en Cuéllar. 
Las construcciones militares cristianas 
de estas épocas no pueden confundirse 
con las musulmanas; pues desde el último 
tercio del siglo xi, en que Alfonso VI im- 
primió nuevo rumbo á la sociedad caste 
llana, todas aquellas construcciones se 
sujetan á los planos y procedimientos 
usados en los países europeos , y aun por 
los mismos musulmanes en Sicilia. Segó- 



DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



via y Avila, principalmente, nos facilita- 
rían todos los datos necesarios para com- 
probar nuestro aserto, si fuera esta oca- 
sión de explanar el asunto. 

La planta de los espolones, sus aristas 
de ladrillo y su aparejo todo, demuestran 
además pertenecer á una época en que en 
la Península, por lo menos, eran poco ó 
nada usadas las máquinas grandes de 
tiro, que, en el caso de esta fortaleza so- 
bre todo, eran de imposible aproche por 
tres de sus frentes y muy difícil por el 
cuarto. En suma, la absoluta faha de mata- 
canes y de huecos y canes ó ménsulas en 
el paramento exterior á la altura del an- 
dén del adarve para la construcción de 
andamios, cadahalsos ó camaranchones 
con que se armaban ó barboteaban las 
crestas altas de combate en tiempo de 
guerra, y la carencia de saeteras bajas, 
por fin, demuestran la confianza que se 
tenía en la solidez de los cimientos y base 
de los muros, y en la imposibilidad del 
aproche de los mineros y zapadores, prin- 
cipal recurso del sitiador contra muros de 
sillería ó mampostería, como hemos di- 
cho. Constituye además esta falta de ele- 
mentos preventivos un dato cronológico 
irrefutable que confirma la deducción de 
la fecha de estas construcciones; y de- 
muestra evidentemente ser la construc- 
ción de los espolones posterior á la del 
muro de la fortaleza, la circunstancia de 
advertirse claramente haber sido incrus- 
tada la obra de aquéllos en la de éste sin 
aquella unión en los ángulos entrantes 
que ostenta toda obra hecha sin solución 
de continuidad en el aparejo, ni en el 
tiempo. 

Es otro dato también digno de tenerse 
en cuenta, el de que pudieron estudiar los 
árabes, sirios y egipcios el sistema de 
construcción empleado por las razas an- 
teriores, en Siria sobre todo, y seguido 
por los bizantinos en el N. de África, 
en las numerosas fortificaciones de Nu- 
midia y Byzacena, casi todas construidas 
á mediados del siglo vi por Solomón, el 
gobernador de África, por Justiniano, 
y en las que se habían seguido las tradi- 
ciones griegas y romanas, empleando ex- 
clusivamente la sillería y los planos y 
perfiles antiguos: no obstante, constru- 



yeron unas fortalezas y reconstruyeron 
otras romanas, en la Península, con suje- 
ción á las formas y procedimientos pura- 
mente orientales. 

Si en los dos frentes inmediatos .á la 
villa quedó la fortaleza tan perfectamente 
defendida, por el opuesto, que en línea 
quebrada enlaza el ángulo N-E. con el 
torreón de la vela al M., era verdade- 
ramente inexpugnable. El río Alberche, 
con una anchura de ciento cincuenta á 
doscientos metros, sirve de foso al ce- 
rro sobre que se asienta la fortaleza, casi 
vertical sobre la orilla, á una altura de 
unos treinta y cinco metros. Al pie del 
muro, y en el último lado de esta línea 
quebrada, frontero á Levante, avanza 
sobre el terreno en declive una explana- 
da sobre fortísimo muro de contención, 
torrea io con sólidos cubos en las esqui- 
nas , de alto y poco oblicuo talud y de 
unos ocho metros de altura. Otras obras 
inutilizaban ó imposibilitarían la escala- 
da por este lado; barreras de desenfilada 
y de través bajaban hasta la misma orilla 
y cruzaban todo el frente; revestimientos 
de losas y mampuestos solaban la pen- 
diente en líneas descendentes, y vénse 
aún restos de refugios para la ballestería, 
fuera de las barreras , ocupando así todo 
el frente del río una completa serie de 
defensas, pues el resto de la pendiente 
hasta el ángulo N-E. de la fortaleza, 
es un perfecto derrumbadero, de todo 
punto inaccesible, como lo demuestra el 
no haberse reforzado en este último tre- 
cho la primitiva cerca. 

Estas obras debieron ser perfecciona- 
das por D. Alvaro de Luna sobre las an- 
tiguas del primitivo castillo ó arx, y en 
la explanada descrita tendría emplazadas 
las lombardas que, de ser cierto el cúmu- 
lo de imputaciones formuladas contra él 
en la carta á las ciudades que los impla- 
cables enemigos del Condestable hicie- 
ron firmar al rey, se dispararon contra el 
real. De todos modos, bueno es tener en 
cuenta que el alcance de estos primitivos 
cañones no era tanto que pudiese causar 
gran daño ni acaso llegar al real. 

No tiene ni tuvo la fortaleza de Escalo- 
na, mientras verdaderamente fué plaza 
fuerte, más ingreso que una puerta en el 



26 



boletín 



centro del frente N-0., flanqueada por el 
gran espolón que comunica con el alcázar 
por encima del adarve del muro, en el flan- 
co izquierdo y en el derecho por un doble 
torreón de planta rectangular que cierra 
el paso directo de la tela, la cual rodea 
el perímetro del torreón, quedando así la 
puerta sin más aproche abierto que el del 
flanco izquierdo. Debió ser esta reforma 
de la época del infante D. Manuel, en el 
siglo XIII ó XIV, como parece demostrarlo 
el aparejo de gruesa cantería y un signo 
lapídeo , monograma más bien , de algún 



maestro cantero, en uno de los sillares de 
una arista. Por la parte interior de la for- 
taleza se ven aún restos del ediñcio que 
debió haber al pie del adarve y de este 
torreón, que no era ciego, sino que debía 
constituir refugio y acuartelamiento para 
la guarnición de este cuerpo de la forta- 
leza, que constituye la mitad próxima- 
mente de su recinto total. 

La tela que antes seguiría al través del 
primitivo espolón, rodeó el perímetro del 
nuevo torreón, defendida siempre por la 
barrera almenada y el foso , con dos co- 




CORACHA Y ESPOLÓN QUE DEFIENDEN LA PUERTA DE LA FORTALEZA 



rachas * bajas, emplazadas, una delante 
de la esquina N. de aquel y otra írente á 
la puerta de la fortaleza, constituyendo 
parte de la barbacana, que completaría la 
defensa de esta puerta. 

Pasado el espolón del flanco izquierdo 
y arrimado á su lienzo meridional, se en- 
cuentra el paso que, desde la tela, comu- 
nicaba la fortaleza con la villa por un 
puente que se conserva, con tablero leva- 
dizo sobre el foso. El muro de la villa se 



1 "...como las barbacanas y corachas de la cava...,, 
— Memoria de lo que Francisco de Salamanca ha de 
hacer en Simancas. Doc. publicado por Ceán, t. u. 



alza en el borde de la contraescarpa de 
éste y en toda su extensión, rebasando en 
una gran distancia los límites del períme- 
tro de la fortaleza por este lado, con una 
altura de nueve metros. El ancho foso de 
sesenta pies, con su escarpa y contraes 
carpa revestidas de grandes losas, es una 
de las mejores obras de esta fortaleza, y 
se conserva en perfecto estado de inte- 
gridad. Por él esparcía sus aguas el arro- 
yo Tordillos, que venía desde la Sierra á 
desembocar en el Alberche. 

Es por demás curioso é interesante ob- 
servar cómo en el trazado, alzada, planta 



DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



27 



y perfiles de este completo sistema de for- 
tificación, se encuentran todos los precep- 
tos que, descontadas las modificaciones 
impuestas por la diversidad entre las ar- 
mas de tiro modernas y las de la época 
del califato , registran obras como la del 
general Brialmont, los notables comenta- 
rios á ella del distinguido oficial de inge- 
nieros Sr. Lallave, estudios como el que 
acerca de los fuertes de montaña publicó 
el Memorial de Ingenieros, y otras mu- 
chas. Precisa hacer un estudio compara- 
tivo de estos tratados y aquellas obras 
antiguas, para convencerse de que, no ya 
sólo en esta época, sino en las de Vege' 
ció y Vitruvio, el arte importantísimo de 
la fortificación ha tenido en todas épocas 
una misma base, entendida en sus lineas 
generales de una manera casi igual. 



Al penetrar en el primer recinto de la 
fortaleza, se entra en un vasto patio, pla- 
za de armas ó compás, de planta penta- 
gonal irregular, cuyo eje mayor mide 
ciento diez metros por cincuenta el me- 
nor y en el cual cómodamente puede 
evolucionar un nutrido batallón. Bien se 
comprende á su aspecto lo lucido que se- 
ría aquel famoso simulacro de combate 
entre dos tropeles de lujosos hombres 
de armas caballeros, que describe la 
crónica, las justas, las fiestas de toros 
y de cañas con que el Condestable ob- 
sequiaba todos los años al rey D. Juan 
en las frecuentes estancias que en aquel 
suntuoso alcázar hacía. Rodea á este 
compás en tres de sus frentes el muro y 
cerca, viéndose en el ángulo izquierdo la 
escalera que daba acceso desde el suelo 




^.yU^-"-- 



MITAD DEL RECUADRO DE LA PUERTA DE INGRESO A LA PLANTA BAJA DE LA SALA RICA 



al torreón abaluartado de la esquina N-0., 
y desde allí al adarve y espolones. En 
el centro un aljibe de los tres con que 
cuenta la fortaleza, en cuyo fondo que- 
dan bóvedas c¡ue acusan la existencia de 
un manantial. Al lado derecho se alza im- 
ponente la fachada del alcázar construi- 
do por D. Alvaro de Luna entre 1435 y 
1437, con la suntuosidad de que dan fe do- 
cumentos del archivo de Escalona, las 



descripciones de la Crónica del Condes- 
table, las cartas del bachiller Fernández 
Gómez de Cibdarreal y las excelentes 
descripciones que de él hicieron nuestros 
queridos consocios, D. Marcelino Cervi- 
no en uno de los números anteriores de 
este BoLETÍx; y en el diario El Heraldo 
de 20 de Mayo de 1894 D. José Ibáñez Ma- 
rín. Defiende la puerta principal un to- 
rreón almenado y aspillerado en el cen- 



28 



boletín 



tro de una barrera almenada que sigue 
el perfil de la fachada, con puerta y 
puente levadizo sobre un foso con escar- 
pa y contra escarpa enlosadas, que con- 
tinúa la línea hasta la cerca. Otra cerca 
transversal corta por delante de este foso 
el recinto total, desde la torre cuadrada 
del ángulo del Alcázar hasta la cerca ex- 
terior, dejando otro compás interior ante 
la fachada N-0., de aquél. La princi- 
pal está coronada por un corredor que 
estuvo cubierto y constituía un perfecto 
adarve en todo el coronamiento del al- 
cázar, con su voladizo de matacanes al 
uso del siglo XV, de poca salida, y su gran 
ladronera, á plomo sobre la puerta. La to- 
rre cilindrica de la derecha de la puerta 
comunicaba por el corredor con el espo- 
lón exterior. 

Cerraba el compás interior otro muro 
al través y á él se salía desde el Alcázar 
por una puerta defendida por barbacana. 
Este compás y el patio interior claustra- 
do del Alcázar tenían sendos aljibes. 

Ante la fachada posterior quedaba un 
espacio que debió estar ocupado en parte 
por construcciones que constituían el al- 
cazarejo ó castillete del ángulo S-E., 
donde queda el torreón de la vela y algu- 
nos otros restos; y sobre el río la expla- 
nada, separada del recinto por el muro 
torreado y con puerta en él defendida por 
barbacana. De esta manera, el alcázar 
podía quedar completamente aislado en 
caso de invasión del primer recinto, y con 
suficientes defensas para aguantar un 
asedio. 

En los tres patios interiores debieron 
estar los magníficos naranjales, arbola- 
dos y jardines que tanto encanto presta- 
ban á la suntuosa mansión, y aun de mu- 
chas de sus esencias quedan ejemplares 
en la viciosa vegetación que por doquier 
ha invadido estas ruinas. 

La villa.— A\ acercarse á ella por el ca- 
mino de Maqueda, sólo se ve un fuerte mu- 
ro almenado que parece continuación de la 
fortaleza, extendiéndose hacia el Medio- 
día, de una altura de nueve metros y un 
espesor de dos y medio, tras del cual se 
oculta por completo la población cuyos 
edificios no alcanzan á su altura. En cier- 
tos sitios se han notado al pie de esta mu- 



ralla en algún tiempo vestigios de otra 
más antigua aún, y parte del pavimento 
de las vías llamadas romanas aunque 
sean anteriores á los romanos. Esta, y 
los restos del vaden que continuaba por 
el río la calzada antigua, son las reliquias 
más antiguas. Tuvo ancho íoso desde el 
de la fortaleza, continuado por el barran- 
co del Salto; con esta defensa por la par- 
te de la sierra y la del río Alberche que 
cierra el paso de N-E. á S-0. y la fortale- 
za por el lado N-E., la villa quedaba per- 
fectamente aislada y sin más acceso 
abierto que el del N-0., adonde va á des- 
embocar el camino de los puertos y en 
cuyo centro se abre la puerta llamada 
del Castillo (por el que tuvo sobre ella), 
y del que conserva algún vestigio la to- 
rre de la actual iglesia parroquial. Esta 
puerta, de arco ojivo y muy bajo, estuvo 
defendida por una barbacana semejante 
á la que hemos descrito al tratar de la 
fortaleza de Maqueda y á que allí nos re- 
ferimos. Así lo demuestra el arranque de 
la bóveda transversal que, como de fuer- 
te sillería, se ha conservado en el para- 
mento del muro. A las otras dos puertas, 
la del Río y la de San Vicente, de arco 
ojivo y bajo también, se sube á la prime- 
ra por el áspero y sinuoso sendero de 
que ya he hablado, hasta que se abrió la 
carretera Maqueda á Almorox; y la se- 
gunda, situada en sitio algo más llano, 
también tiene acceso por un camino en 
cuesta pegado á la muralla. 

El plano de la villa ofrece asimismo 
pruebas de la esmerada previsión conque 
se atendió á reunir cuantos elementos 
estratégicos pudieran allegarse. Una vas- 
ta plaza paralelográmica, de sesenta y 
dos metros por treinta y seis , inmediata 
á la fortaleza, con la que se comunicaba 
por una calle que desembocaba estraté- 
gicamente en aquélla por uno de sus án- 
gulos, como todas las antiguas, consti- 
tuían á esta villa en un vasto campo 
atrincherado, que es lo que sería en sus 
primitivos tiempos. Todas las calles, es- 
trechas y tortuosas, hacían muy difícil 
el aproche del enemigo apoderado de al- 
guna de las dos puertas ó de ambas, por 
el lado más débil y una fuerza agrupada 
en la plaza podía impedir fácilmente su 



DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



29 



invasión por pequeños grupos aislados, 
que, con frentes de cuatro hombres á lo 
más, podían desembocar en ella. Por otra 
parte, las comunicaciones de la guarni- 
ción con la fortaleza, no eran de fácil in- 
terrupción. De este modo, la villa era una 
avanzada vasta y fuertemente atrinche- 
rada de la fortaleza, la cual, sin embar- 
go, tenía adoptadas suficientes precau- 



ciones para que , dominada aquélla poY el 
enemigo, no pudiese atacarla fácilmente, 
defendida como estaba por el propio mu- 
ro de la villa, el foso y la barrera con co- 
rachas de la fortaleza. La antigüedad de 
estas fortificaciones, muy anteriores á la 
época de D. Alvaro de Luna, demuestra 
la importancia que tuvo siempre esta de- 
fensa del paso del Alberche, y que Justi- 




PLANO DEL CASTILLO DE ESCAL©NA 



fican los documentos que consignan la 
existencia de la fortaleza en la época de 
su repoblación • , la inducción de haber 
permanecido en el dominio real hasta que 
D. Fernando III la donó á su hijo el Infan- 
te D. Manuel *, cuyo hijo D. Juan Manuel 



1 Véase el fuero de Escalona otorgado en 1118 y no 
en 1130 como parece resultar del único ejemplar que 
existe en el Archivo de aquella villa. 

2 Salazar de Mendoza así lo añrma. 

T. III. 



nació en esta villa, volviendo al dominio 
real después de las traiciones del hijo de 
éste contra D. Alfonso XI, hasta que en 
tiempos de D. Juan I, quizá se consti- 
tuyera con otras villas y fortalezas de 
este territorio el estado del Condestable 
de Castilla, pues consta que si no Esca- 
lona, otras pertenecían á D. Ruy Ló- 
pez Dávalos al tiempo de su caída. Re- 
cibióla por fin D. Alvaro de Luna, y no 

5 



boletín 



decreció su importancia, puesto que si- 
guió después de su muerte siendo sitio 
real y en él parece que se educaron y 
criaron el príncipe D. Alfonso y la infan- 
"ta Doña Isabel, y que en Escalona estaba 
esta princesa cuando fué á la célebre en- 
trevista con su hermano D. Enrique IV, 



en las cercanías de la vecina villa de Ca- 
dalso de los Vidrios. 

A riesgo de resultar machacones, he- 
mos de terminar con algunos datos topo- 
gráficos que atestigüen la importancia 
militar que tuvo Escalona en los últimos 
siglos de la Edad Media, pues ya en las 




CASTILLO DE ESCALONA 



revueltas del reinado de D. Alfonso XI, 
era el gran reducto de seguridad de don 
Juan el Tuerto y sus turbulentos secua- 
ces, continuadores y antecesores de aque- 
lla codiciosa é insaciable bandada de bui- 
tres carniceros de la monarquía y del te- 
rritorio, que unas veces, las más, se re- 
partían y gozaban el botín arrancado á 



la corona, otras eran cazados y destruí- 
dos por caracteres enérgicos como Don 
Alfonso XI y su hijo D. Pedro I, pero que 
siempre dejaron prolífica ralea, que acu- 
mulaba desastres sin cuento , cual los que 
registran las crónicas de los tristes rei- 
nados de los Trastamaras. 
No obstante los grandes medios de go- 



bÉ LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DÉ EXCURSIONES 



3í 



bierno con que contaba Alfonso Xí, su in- 
domable energía y sus procedimientos 
justicieros, nada pudo contra Escalona, 
cuando se presentó á que se le rindiera, y 
tuvo que retirarse furioso y avergonzado. 

Los documentos del archivo de la casa 
del Infantado , á la que vinieron á parar 
los estados del Condestable D. Alvaro de 
Luna, las noticias de las crónicas de su 
época, con el estudio del terreno y los 
datos de las Relaciones del siglo xvi, que 
he utilizado en mi artículo anterior, per- 
miten reconstituir en cierto modo, cómo 
fueron los estados del infortunado Maes- 
tre de Santiago, quien perfeccionó por 
asombroso estilo la constitución militar de 
esta siempre importante zona estratégi- 
ca. Aquí solo trataré del estado toledano. 

Situada Escalona en su centro y rodea- 
da inmediatamente de las defensas natu- 
rales y artificiales que he tratado de des- 
cribir, tenía á su rededor en líneas pa- 
ralelas campos atrincherados y fuertes 
destacados en Alhamín, la Torre de Es- 
teban Ambrán , Santa Cruz del Retamar 
y el descrito territorio de Maqueda, en la 
orilla izquierda del Alberche y derecha 
del Tajo , confinando con los estados del 
Arzobispado de Toledo, que durante la 
prelacia de su hermano de madre, don 
Juan de Cerezuela (muerto en 1442), au- 
mentaron considerablemente sus recur- 
sos defensivos contra los enemigos in- 
testinos del reino. Al Mediodía hasta el 
Tajo otras villas y fuertes destacados, en 
cuyas orillas se levantaban Hormigos, 
Nombela y otros , con el fortalecido cas- 
tillo de Montalván, una de las defensas 
del camino de Portugal, cuya frontera 
logró al fin tener en guarda completa, 
cuando, obtenido el maestrazgo de San- 
tiago y con esta suprema dignidad las 
poderosas fortalezas de Trujillo, Albur- 
querque, Montánchez y otras, eslabonó 
la línea de fortificaciones con la Sierra 
de San Vicente al S-0. y O. del Estado 
de Escalona, donde tuvo la villa y Castillo 
de Vayuela. De los documentos á que me 
he referido, resulta que esta fortaleza 
(situada á legua y media al S-0. de Es- 
calona), Maqueda y Montalván, figuraban 
entre las más importantes de las del Con- 
destable. 



Pero donde mayor número de defenso- 
res procuró tener fué en los pasos de las 
sierras, lo cual se explica perfectamente, 
dado que el camino desde Toledo á Avi- 
la, Arévalo, ValladoUd y Burgos, donde 
en su tiempo andaba de continuo la corte, 
como en reinados anteriores, y de conti- 
nuo bullían las intrigas y conspiraciones 
en contra suya, pasaba por delante de 
Escalona y se bifurcaba hacia Almorox 
y hacia el Portachuelo de Paredes. 

Es curioso el estudio de los viajes que 
durante la Edad Media hacían reyes y 
magnates al través de la Península, su 
rapidez poco conocida, la resistencia que 
se necesitaba para salvar en dos jorna- 
das la distancia de más de treinta y cinco 
leguas que separa á Valladolid de la 
Puebla de Montalván, como hizo D. Pe- 
dro I, corriendo en posta de muías de 
paso, con tres solos acompañantes, y ha- 
ciendo una sola noche en Pajares al Me- 
diodía de Arévalo. Este viaje, que cito 
como ejemplo, entre otros muchos, sólo 
podía hacerse por el camino de Almorox, 
y así en esta época como en la de D. Al- 
fonso XI y las posteriores, este fué el ca- 
mino obligado desde Andalucía á Castilla 
la Vieja. 

Castillos y fortalezas ó villas más ó 
menos estratégicas tuvo, pues, Don Al- 
varo al N-0. y N. de Escalona en Are- 
nas , Cebreros , Higuera de Dueñas , Ca- 
dalso de los Vidrios, Hontanares, San 
Martín de Valdeiglesias, Villa del Prado, 
el Quejigar, la Adrada, el Tiemblo, Vi- 
llalba, con otros xuMchosJtiertes de tnon- 
taña, castillos roqueros aislados en la 
sierra y hasta riscos fortificados por la 
misma naturaleza, como la enorme Peña 
de Cadalso, á dos kilómetros de esta 
villa, y que desde tiempos muy antiguos 
constituyó una fortaleza natural. 

Así se comprende que los enemigos del 
señor de Escalona excusasen en ciertas 
ocasiones el paso por este territorio, com- 
pletamente ocupado por sus alcaides y 
los numerosos caballeros de su casa, que 
de él tenían acostamiento y en todas esas 
villas, casas fuertes y másómenosíawá^as 
de nómina. En 1353 debía ser del patrimo- 
nio real, y cuando D. Juan Alfonso de Al* 
burquerque partió en demanda del rey fu- 



32 



boletín 



gitivo del tálamo nupcial, y no obstante, 
llevar 1.500 hombres, temiendo con razón 
las iras de D. Pedro y las órdenes que hu- 
biese podido dar á los alcaides de la tie- 
rra, dio un gran rodeo para no pasar la 
sierra de Cadalso, llegando A Santa Ola- 
lla por Fuensalida. 

En 1441 el infante de Aragón y los 
grandes confederados contra D. Alvaro 
de Luna tampoco se atrevieron á pasar 
con su hueste por el Berrocal, y vinieron 
á Maqueda por el camino del Guada- 
rrama. 

Por esto hicieron venir á D. Juan II á 
asentar su real al pie de la fortaleza de 
Escalona, á la orilla izquierda del Alber- 
che los que pretendían juzgar al Condes- 
table, preso ya en su propia fortaleza de 
Portillo, y allí consumó su ruina, olvida- 
do de que en los suntuosos salones de 
aquel alto y espléndido alcázar había pa' 
sado largas y frecuentes temporadas , allí 
donde había materia sobrada para inspi- 
rar al cronista estas reflexiones tratando 
de las delicias de aquella mansión casi re- 
gia, puesto que casi nunca la disfrutó don 
Alvaro sino en compañía del Rey : "Por 
cierto menester fuera en este passo aquel 
en escrebir abundante Ovidio Nasso , para 
que segund él en sus Metamorphoseos e 
ficiones escribe e designa la casa del sol, 
e los adornamientos, e polidezas, e arreos, 
e los edeficios de aquella, escribiera con 
verdad e con realidad del fecho, los pala- 
cios de mucho frescor, los altos olorosos e 
perfumes de suave olor, los jardines, los 
naranjales, los exquisitos e ingeniosamen- 
te invencionados modos de humanas de- 
ley taciones, que el noble Maestre e Con- 
destable en aquellos dias que el Rey su 
Señor estovo en aquella su villa le sopo 
administrar e administro. „ 

De tanta previsión, de tanta fortifica- 
ción y magnificencia que dieron á alcá- 
zar y fortaleza fama de ser los mejores 
de Castilla, ¿qué ha dejado la incuria de 
sus últimos señores, la indiferencia de las 
nunca bastante zaheridas comisiones de 
monumentos, el descuido del propio inte- 
rés de los vecinos, que así dejan hundirse 
una joya arqueológica que, bien conser- 
vada, hubiese podido producirles los be- 
neficios que A otras poblaciones mejor 



inspiradas les rinden las suyas? El fuerte 
muro íntegro, con sus contrafuertes y 
defensas , los fuertes espolones á los que 
no falta sino el almenaje; casi toda la ba- 
rrera con sus dos corachas, el torreón de 
la vela, la explanada. El alcázar de Don 
Alvaro, como obra más moderna y ligera? 
es la parte más arruinada; en el presente 
invierno se ha derrumbado una parte del 
muro moderno; proseguirá la obra de 
destrucción más ó menos lenta, y quizá 
no tarde la ocasión en que puedan hacér- 
sele á la fortaleza de Escalona las exe- 
quias que el gran Quevedo hacía al cas- 
tillo de Joray en aquel romance que dice: 

" Son las torres de Joray 
Calaveras de unos muros 
En el esqueleto informe 
De un castillo ya difunto. 

Hoy las esconden guijarros, 

Y ayer coronaron nublos; 
Si dieron terror armadas, 
Precipitadas dan susto. 

Las dentelladas del año , 
Grande comedor de mundos , 
Almorzaron sus almenas 

Y cenaron sus trabucos. 



Donde admitió su homenaje 
Hoy amenaza su bulto; 
Fué fábrica... y es cadáver ; 
Tuvo alcaides... tiene buhos. 

Como herederos monteses 
Pájaros le hacen nocturnos 
Las exequias: y los grajos 
Le endechan los contrapuntos. 

Sobre un alcázar en pena 
Un baluarte desnudo,* 
Mortaja pide A las hierbas, 
Al cerro pide sepulcro. 

F. B. Navarro. 



SAN JUAN DE ORTEGA 



Recuerdos de una excursión. 

||UANDo la Sociedad Española de Er- 
cursiones vaya aumentando en im- 
portancia, y se piense formalmen- 
^[ te en establecer hijuelas de ella en 
nuestras principales ciudades, como ya 
en alguna existen si no estoy mal infor- 




'^' 




MONASTERIO DE SAN JUAN DE ORTEGA 
(Burgos) 

SEPULCRO DEL SANTO FUNDADOR 



DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



33 



mado, habrá seguramente de ser Bur- 
gos una de las capitales que con maj'or 
razón y derecho pida y establezca un 
centro excursionista, de que en verdad se 
halla necesitado. 

Pocas tierras como aquella vieja tierra 
castellana pueden atraer á los artistas, ;'i 
los arqueólogos, á los que se complacen 
viendo nuestras antiguas joyas, y aun á 



los que se contentan con contemplar las 
admirables maravillas que la naturaleza 
ha fabricado. 

Desda los mismos muros de la ciudad 
hasta los más apartados confines de la 
dilatada provincia puede decirse que 
cada palmo de terreno brinda con porten- 
tos dignos de admirarse, con paisajes ex- 
cepcionales de risco, sierras y montes, y 




SAN JUAN DE ORTEGA 



con gloriosos recuerdos de tiempos que 
pasaron; la Cartuja de Miraflores, mara- 
villa ojival del último período; San Pe- 
dro de Cárdena, lugar de la escena de 
tantos romances; Santo Domingo de Si- 
los, tan ilustre por sus memorias como 
por su arquitectura; Lerma, con su co- 
legiata famosa; Bisjueces, rica en glorio- 
sísimos recuerdos; Covarrubias, de anti- 
güedad venerable; Pancorbo, con sus ci- 



clópeas montañas y sus agudos picos; 
Briviesca, donde se reunieron Cortes; 
Fresdelval, con su portentoso claustro; 
Medina de Pomar, con sus iglesias in- 
signes; San Pedro de Arlanza, de que ya 
en estas columnas se ha hablado; la cole- 
giata de San Quírice; la cueva maravillosa 
de Atapuerca; cien y cien cosas más que 
harían esta relación interminable, convi- 
dan al aficionado con sus encantos y pi- 



34 



BOLETÍN 



den á voces que no se oyen, la creación 
de un centro excursionista '. 

Pídelo no menos que todo lo citado el 
desconocido y olvidado monasterio de que 
he de hablar hoy á los lectores, y hacia él, 
en un hermoso día de Agosto del pasado 
año, dirigímonos con varios forasteros 
unos cuantos burgaleses entusiastas, so- 
cios de la de Excursiones algunos, capita- 
neados por el presidente de ésta, D. Enri- 
que Serrano Fatigati, y por el delegado de 
ella en Burgos, D. Isidro Gil, de cuyas do- 
tes artísticas ya de antiguo conocidas por 
los lectores de este periódico, dan gallar- 
da muestra los dibujos que ilustran el 
presente artículo y que á su lápiz son de- 
bidos; componíase el resto de la expedi- 
ción de artistas, periodistas, algún cate- 
drático del instituto, un diputado provin- 
cial, varios individuos de la Comisión de 
Monumentos y algunas otras personas, 
entre ellas varios aficionados al arte de 
Daguerre, que no perdieron tampoco el 
tiempo, y de cuyos trabajos pueden tam- 
bién juzgar los lectores por la fototipia 
que á este artículo acompaña y que está 
tomada de una fotografía debida á don 
Juan Albarellos, director del Diario de 
Burgos, y tan buen periodista como fotó- 
grafo, ó tan buen fotógrafo como perio- 
dista, que quizá esté mejor dicho. Fui 
por voto unánime, y con el visto bueno 
del Presidente, nombrado cronista de la 
excursión, sin duda teniendo en cuenta 
que siempre es el secretario el de menor 
edad y de menores méritos, y ahí, al'cabo 
de tantos meses, van ahora, antes que se 
borren las pocas notas de lápiz y que se 
acaben de olvidar, las impresiones reco- 
gidas, lo que merece contarse de la expe- 
dición y del momento. 

En el abandono general de los conven- 
tos todos, al tiempo de la exclaustración 
ocurrido, tengo para mí que ninguno su- 
frió tantos daños, ó tan pronto cayó en el 
olvido como el de San Juan de Ortega; 
hundiéronse otros al cabo de algún tiem- 
po , pero se hundieron con estruendo , si 
así puede decirse; olvidáronse muchos, 



1 Acerca de las excursiones que desde Burgos pue- 
den }' deben hacerse por los aficionados, véase el her- 
moso libro de D. Víctor Balaguer, Añoransas, ha 
bien poco publicado. 



pero no se olvidaron tanto que algún es- 
critor, de más ó menos competencia, no 
dejase inmortalizado su nombre en letras 
de molde; fueron saqueados casi todos, 
pero de ninguno dejó de conservarse al- 
gún objeto en museo público ó en propie- 
dad particular; desaparecieron bibliote- 
cas y archivos, pero no tan por completo 
que de ellos no se salvase papel ni libro 
alguno, y en San Juan de Ortega, cuya 
fábrica no fué de las más castigadas, pasó 
todo lo contrario ; perdióse por completo 
su recuerdo, desaparecieron sus alhajas, 
olvidóse su nombre, jamás fatigáronse 
las prensas imprimiéndole, y hoy, al que- 
rer hablar algo de lo que de él se conser- 
va , si tengo la satisfacción de ser el pri- 
mero que le saca á colación en lo que va 
de siglo, tengo también la mala fortuna 
de no contar apenas con otros documen- 
tos y otros datos que los que su vieja fá- 
brica pueda comunicarnos. 

"En lo que va de siglo,,, he dicho, que 
antes dos escritores (dos tan sólo, que yo 
sepa), el P. Enrique Flórez, en su Espa- 
ña Sagrada, y el P. Bernardo de Pala- 
cios, en su manuscrito inédito Historia 
de la ciudad de Burgos, ya otra vez por 
mí citado en estas columnas, hablaron de 
el monasterio de San Juan de Ortega en 
el siglo pasado, aunque por desgracia 
cuidando más de referirnos los milagros 
obrados por su fundador que de describir- 
nos los objetos de arte que allí existiesen 
dignos de ser recordados. Relatan estos 
escritores que fué San Juan de Ortega 
natural de aquella tierra, y pueblo de 
Quintana Ortuño, en donde nació por los 
años de 1080, y que, dado desde muy joven 
á las prácticas religiosas , tras una expe- 
dición á Tierra Santa, volvió á la suya, y 
en acción de gracias á San Nicolás, á cu- 
ya intercesión atribuyó el haberse salvado 
de un naufragio, fundó en el país llamado 
Urtica (por ser espeso en maleza, dice Fló- 
rez) una iglesia y una mansión donde se 
retiró á vivir, limpiando con su ejemplo 
de bandidos aquellos contornos , y favo- 
reciendo á los peregrinos que por allí 
habían de pasar cuando caminaban á San- 
tiago; unióse para todo esto con dos so- 
brinos suyos , á quienes hizo profesar la 
Orden de San Agustín ; consiguió que el 



DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



35 



Papa Inocencio II aprobase la fundación 
en 1138; hizo su testamento, que Flórez 
trae, y en el que se hallan curiosas noti- 
cias, fechándolo en Nájera en 1152, y mu- 
rió en la casa que había fundado, en 2 de 
Junio de 1163, dejando ya la iglesia bas- 
tante adelantada, y la comunidad y hos- 
pital en floreciente estado, favorecida por 
donaciones de todas clases, principal- 
mente reales, hasta el punto de poderse 
apellidar el santo Señor de Ortega, en su 
testamento ya citado. 

Más tarde fué decayendo su fundación, 
vino muy á menos el convento, y en vista 
de esto, en los tiempos del ilustre obispo 
de Burgos, literato insigne y famoso con- 



verso, D. Pablo de Cartagena y Santa- 
maría, en la primera mitad del siglo xv, 
dióse la casa á la orden de San Jerónimo, 
establecióse que dependería en lo sucesi- 
vo del monasterio de Fresdelval,yalmuy 
poco tiempo, ganando de día en día en im- 
portancia, se la declaró independiente por 
la autoridad apostólica en 1442 en que go- 
bernaba la diócesis el ilustre hijo de don 
Pablo, D. Alonso de Cartagena. 

Y basta de historia; hacia esta olvidada 
y vieja fundación, que, como se ha visto, 
data no menos que del siglo xii, nos en- 
caminamos aquella hermosa mañana de 
Agosto por la recta y cuidada carretera, 
atravesando los áridos campos que por 




CAPITEL HISTORIADO DE LA IGLKSIA DE SAN JUAN DE ORTEGA 



aquél lado conducen á la ciudad cercana: 
no bien nos fuimos separando de ella, el 
paisaje mejoraba por momentos, rom- 
piendo la monotonía del horizonte las 
elevadas cimas de la cercana sierra que 
empezaban á distinguirse. 

Pasado ya Zalduendo, que no justifica 
el allí vulgar dicho de "entrar de prisa y 
salir corriendo,,, abandonamos la carre- 
tera para llegar por no muy mediano ca- 
mino vecinal al pueblo de Santo venia , y 
desde allí, atravesando un extraño puente 
de un solo arco, y siguiendo un rato por 
monte bajo y raquítico, á la villa de San 
Juan de Ortega, pequeñísima reunión de 
casas (36 edificios con 73 habitantes, se- 
gún el último censo), perteneciente al 



ayuntamiento de Barrios de Colina, cuya 
capital que lleva este nombre se encuen- 
tra á bien corta distancia, y en la que se 
halla enclavado el monasterio, que casi 
puede decirse que en su totalidad forma 
la villa, que sólo se compone de lo que en 
otro tiempo fueran dependencias de la 
casa. 

Queda hoy de ésta, abandonada y en 
detestable estado, la iglesia conventual, 
que en otro tiempo debió ser hermosa 
según lo denuncian sus proporciones y 
arquitectura, que corresponden á la época 
de transición anterior al período ojival, 
comprobándose así la exactitud de los 
datos de Flórez, que la da por empezada 
á construir en vida del santo fundador, 



36 



BOLETÍN 



según queda expresado; no hay en ella ya 
imágenes, ni apenas retablo ninguno, por 
más que los restos de uno de ellos, que en 
deplorable estado se conservan, merecen 
fijar la atención de todos, como la merece 
también, sin duda, siendo casi el único de- 
talle arquitectónico digno de mencionar- 
se en el interior del templo, el capitel his- 
toriado de esmeradísima labor, cuyo dibu- 
jo acompaña á estas líneas, y que repre- 
senta, al decir de algunos de los más 
competentes expedicionarios, pasajes de 
la vida de la Virgen, no siendo el que 
menos pueda extrañar entre ellos aquel 
en que el ángel Gabriel anuncia á María 
que será pronto madre , por la peregrina 
invención del artista, que ideó poner con 
una cruz en la mano al enviado del Se- 
ñor. Fuera de esto, como digo, poco ó 
nada puede llamar la atención en la igle- 
sia, que consta de tres naves y tiene el 
carácter general de todas las de su épo- 
ca, con las anchas bases de las columnas 
casi enterradas en el suelo hoy por la ele- 
vación que se ha debido dar al pavimento, 
razón por la cual no resultan tan airosas 
como otras de este mismo estilo, las de la 
catedral vieja de Salamanca, por ejemplo. 

El exterior del templo no tiene tampoco 
nada digno de llamar la atención como no 
sea el ábside muy característico de la 
época y que puede verse en el dibujo que 
encabeza este trabajo. 

Si sólo quedase del monasterio la igle- 
sia, no merecería la pena de hacer la 
larga excursión; mas, por fortuna, gra- 
cias á haberse dedicado á parroquia del 
pueblo, resta algo más que atrae y entu- 
siasma al viajero, como le atraen y en- 
tusiasman siempre las joyas del arte, mu- 
cho más si, como ésta, se hallan casi del 
todo ignoradas y ocultas en apartados y 
desconocidos rincones. Me refiero á lo 
que se llama la capilla del Santo, primo- 
rosa obra de estilo ojival florido, á que se 
llega pasando por el feo claustro de fines 
del pasado ó principios del corriente siglo. 

Parece ser, según cuentan las piadosas 
historias, que fué San Juan de Ortega abo- 
gado contra la esterihdad, y que cuantas 
mujeres de los contornos deseaban hijos 
y no conseguían tenerlos, acudían devo- 
tamente al convento para pedir tan seña- 



lado favor por conducto del santo, á quien 
se atribuyó esta virtud por haber naci- 
do cuando ya sus padres llevaban largo 
tiempo de matrimonio y habían perdido 
toda esperanza de tener herederos. Si- 
guiendo esta devota práctica (cuenta el 
Padre Palacios), y hallándose también 
largo tiempo sin hijos la reina Isabel la 
Católica, acudió asimismo al santo, ob- 
tuvo, según parece, lo que apetecía, y en 
acción de gracias fabricó esta suntuosa 
capilla, que consta de una sola nave de 
esbeltísima arquitectura, en la que se 
ostenta repetido diversas veces en las 
claves de la bóveda el escudo de España 
en tiempo de los Reyes Católicos, dándo- 
se por él á entender á quién fué debida 
la obra. 

En el centro de esta capilla, que tiene 
en su fondo un altar de no muy esmerada 
labor, y á cuyo medio se eleva una fuer- 
te reja que divide la parte destinada al 
pueblo de la reservada á los sacerdotes, 
álzase el galano é ideal sepulcro ó tem- 
plete ó baldaquino, si así puede decirse, 
en que el santo fundador reposa. La ver- 
dadera imposibilidad de describirle me 
veda entrar en detalles que requerirían 
mucho espacio para referir, aunque sólo 
fuese á la ligera, las admirables escultu- 
ras, las artísticas estatuas, las caladas la- 
bores y cresterías que la adornan, y que 
aun malamente destrozadas con una ri- 
dicula capa de pintura de colores chillo- 
nes , aún admiran y asombran á cuantos 
le contemplan: mejor que con la descrip- 
ción, desde luego deficiente, que yo aquí 
pudiera hacer, daránse cuenta de su mé- 
rito los lectores por la fototipia que á este 
número acompaña, y en la que con exac- 
titud pueden apreciarse todos los primo- 
res de ejecución que le avaloran. En la 
parte inferior del sepulcro en que descan- 
sa la estatua de hermosa labor (y que no 
puede verse en la lámina), hallánse fiel- 
mente reproducidos por un cincel de 
maestro varios episodios de la vida del 
santo y varios de los milagros que se le 
atribuyen; así se ve en uno de los relieves 
al santo en una barca cuando de vuelta de 
Jerusalén pide protección á San Nicolás 
para que le libre de la tempestad que le 
amenaza; en otro al mismo santo en ora- 



DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



37 



ción junto á un hombre yacente á quien 
resucita; curando á un enfermo en otro, 
y así hasta el número de ocho, llevando 
como única inscripción el sepulcro, que 
se halla decorado con muchos escudos de 
diversas familias que debieron contribuir 
á su construcción, estas tres palabras la- 
tinas 

Spes lumen splendor 

y coronando el todo, que se eleva arro- 
gante sobre la esbelta nave, airosa creste- 
ría de gusto original y exquisito. El P. Fló- 
rez, poco aficionado á dar detalles de las 
obras de arte, después de relatar los tra- 
bajos que se hicieron para trasladar el 
cuerpo del santo desde el lugar en que se 
hallaba, que es el mismo en que en la ac- 
tualidad se encuentra, al centro de la igle" 
sia, trabajos que resultaron inútiles por 
tropezarse siempre con grandísimos obs- 
táculos que bien á las claras demostraron 
que el santo no quería moverse *, dice sim- 
plemente : " se acabó de sentar el taber- 
náculo que tiene hoy el mausoleo del cuer' 
po santo en su capilla, bien hermoseado, 
con cuatro culumnas en los ángulos, en el 
día 23 de Mar so del año 1474„. Aun con 
decir tan poco, no es de pequeña utilidad 
el dato de la fecha exacta de la construc- 
ción de este admirable monumento, que 
me atrevo á creer único en su clase en 
nuestra nación, y aun quizá primero de su 
clase en el mundo, pues son posteriores 
en bastantes años los pocos de igual gé- 
nero que en el extranjero se hallan, entre 
los cuales descuella, en lugar preeminen- 
te, el sepulcro de Margarita de Austria 
en la iglesia del Brou, obra ya del si- 
glo XVI, de que he tenido ocasión de ver 
una fotografía en la magnífica colección 
de uno de los que á esta expedición asis- 
tieron, el Sr. Serrano Fatigati. 

Rodea al sepulcro, como puede verse, 
una hermosa verja de hierro ricamente la- 



1 Cuéntase que queriendo en una ocasión verificar 
esta traslación, acudieron varias personas que le- 
vantaron la tapa del sepulcro del que salió un suavísi- 
mo olor exquisito, pero del que también empezaron á 
salir blancas abejas, que escarmentaron para siempre 
con sus aguijones á los que trataban de mover el cuer. 
po de San Juan. Un pintor, cuyo nombre por íortuna 
se ha perdido, ha representado en detestables cuadros 
que ornan las paredes de la capilla este y otros mu- 
chos milagros del santo que en ella yace. 

T. III 



brada, en la que se ven dos cartelas, una 
de las cuales dice: 

Diego de Vargas secretario del Rey, 

y la otra: 

la mandó hacer año 156 1. 

Después de contemplar una y otra vez 
á sabor este sepulcro, después de ver, 
tan bien como fué posible una arca sepul- 
cral que se encuentra bajo él, pero que no 
tiene punto de vista ninguno, pudiéndose 
apenas adivinar gracias á unos estrechos 
orificios, que es obra del siglo xii según 
todas las probabilidades, y que debe estar 
adornada de un apostolado, como lo están 
no pocas del convento de las Huelgas, por 
citar cosa del mismo país, y tantos otros; 
después de ver las ricas cornucopias de 
dorada talla que decoran las paredes de la 
capilla, y en la sacristía una tabla gótica 
que debió ser de gran mérito, pero que se 
encuentra en deplorabilísimo estado, y al- 
gunas hermosas ropas de iglesia que tam- 
poco se hallan en muy bueno, pudo dar- 
se nuestra expedición artística por termi- 
nada. 



Comenzaba á caer la tarde, y tras un 
breve vistazo á la parroquia de Santove- 
nia, que nada digno de mención encierra, 
y unos apretones de manos al digno pá- 
rroco del pueblo, que nos había acompa- 
ñado con la mayor cortesía, subimos al 
carruaje para de nuevo encaminarnos á 
la antigua Caput Caslellae ; apenas si el 
sol ya doraba las altas cumbres que más 
allá de Burgos se distinguían, con sus 
postreros rayos; la calma del día de estío, 
en que ni una ráfaga de aire movía las 
mieses; el silencio sepulcral de aquellos 
campos, la monotonía del paisaje, apenas 
de cuando en cuando rota por alguna to- 
rre de no muy esbelta traza, ó por algún 
lugarejo pardo y triste casi oculto entre 
los terrenos de labor; lo que habíamos 
contemplado durante el día, todo convi- 
daba á la reflexión y al ensimismamiento; 
sólo de cuando en cuando alguna discu- 
sión histórica ó algún recuerdo que se 
evocaba, hacía hablar un instante á los 
que ocupaban el interior del coche : nos- 

6 



38 



boletín 



otros (los Sres. Gil, Casado, Sama y quien 
esto escribe), subidos en la imperial, con- 
templábamos perderse en las tintas del 
crepúsculo el campo castellano, triste, 
seco, árido; mirábamos como recuerdo 
de otros tiempos las torres, las casas, los 
mismos aldeanos, que, vestidos de paño 
pardo, montados en sus burras, ó tras de 
su yunta, ó en su pesada carreta de bue- 
yes, cruzaban con nosotros, y pensába- 
mos sin duda, ó pensaba yo al menos, 
cuan poco el progreso moderno y la mo- 
derna vida se deja sentir en nuestros cam- 
pos, donde las carretas que andan por los 
caminos se sujetan á igual modelo que las 
en el sepulcro de San Juan de Ortega es- 
culpidas ha cuatro siglos, y... ¿quién sabe? 
tal vez por dentro deseábamos que todo 
siguiese lo mismo para encanto de los afi- 
cionados á lo bello, y tal vez, como yo to- 
dos, al acercarse á la vieja Burgos, des- 
pertaran impresionados tristemente de un 
sueño dulce y agradable al oir el sonar 
de las trompetas que tocaban retreta en 
los cuarteles , y al ver el brillante alum- 
brado de calles y paseos por donde á 
aquella hora, bulliciosos y alegres, tras 
los trabajos del día caluroso, tomaban el 
fresco y esparcían el ánimo los buenos y 
pacíficos burgaleses. 

Paramos en seco á la entrada del Espo- 
lón, radiante de luz y henchido de gente; 
abandonamos el coche; perdímonos unos 
de otros, y unas de otras también se sepa" 
raron las impresiones de aquel hermoso 
día, los sueños de aquel agradable ere» 
púsculo que hoy sólo pueden recordarse 
como lo que fueron, como sueños momen- 
táneos, como pasajeras ilusiones, de las 
cuales, transcurrido un día, apenas si 
queda remembranza allá en el fondo del 
alma, donde se revuelven y confunden 
tantas cosas distintas, agradables unas, 
tristes otras, consoladoras pocas, y don- 
de lucha con ellas la imagen viva del po- 
bre lugarejo de San Juan de Ortega, solo, 
triste y abandonado, allá en "campo alto 
y despoblado, que forman las faldas del 
monte Idubeda, llamado hoy de Oca,,, 
como decía el P. Flórez. 

Eloy García Concellón. 



SECCIÓN DE CIENCIAS HISTÓRICAS 

CniSMEEAS DE FLOIIO HISTORIADO ' 




N el lamentable descuido en que te- 
nemos los españoles la historia de 
las artes industriales inñuye , con 
otras causas, la pobreza de los ma- 
teriales de que se sirvieron aquellas artes, 
tan dignas de estimación y de estudio. 
Las fastuosas vidrieras pintadas, los áu- 
reos recamados, los brillantes colores de 
los esmaltes, la cincelada labor de bron- 
ces y hierros, las bien pintadas porcela- 
nas, las formas artísticas ó el interés his- 
tórico de las piedras esculpidas, de los 
yesos modelados y de los barros cocidos 
son excepciones muy notables; pero, en 
cambio, ¿qué interés han despertado has- 
ta aquí los muebles, los hierros, el plomo 
y el estaño, la cera, la loza, el vidrio y 
otros materiales, cuando no están embe- 
llecidos con los primores de la escultura 
y de la pintura? 

Consecuencia de esto es que la penuria 
de datos acerca de nuestra historia indus- 
trial sea verdaderamente escandalosa. 
Apenas si sabemos más que lo que escri- 
bió Larruga desde el punto de vista eco- 
nómico, sin que los mismos eruditos, fue- 
ra de algunos dignos de loa, hayan fijado 
su atención en las noticias que se refieren 
á la industria no esencialmente artística. 
De otra manera proceden los extranje- 
ros. Asombrados, por ejemplo, los erudi- 
tos franceses ante muchos objetos, al pa- 
recer despreciables, rotos y resquebraja- 
dos, que salieron de entre las capas de 
escombro y légamo extraídos del Sena 
cuando se hicieron las obras de canaliza- 
ción de este río en su trayecto por París, 
recogieron cuidadosamente aquellos ob- 
jetos, los estudiaron y los colocaron en 
lugar preferente en colecciones tan im- 
portantes como las del Hotel de Cluny, 
Víctor Gay y otros, no obstante que gran 
parte de esos objetos eran de plomo y de 
estaño. 

En España se han despreciado los obje- 
tos de naturaleza tan pobre, si no es que 
con el uso se han perdido obras de mate- 
rias tan poco consistentes. Por eso se en- 
cuentran muy pocos; por eso cuando, con 
motivo de la Exposición Histórico-Eu- 
ropea, examiné los tesoros y sacristías 
de muchas de nuestras catedrales, mo- 



o 

-■ > 

í c 




DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



39 



nasterios é iglesias , sólo encontré y sólo 
pudieron venir al inolvidable certamen 
cuatro vinajeras y dos cálices de plomo, 
con escudos y adornitos en ellos impre- 
sos, y que , aun cuando en el catálogo no 
se supo ó se olvidó señalar su época, pue- 
de asegurarse que pertenecen alsiglo xiv, 
al que también corresponden los dos cá- 
lices de la misma materia que existen en 
las colecciones de la Academia de la His- 
toria. 

Cualquier objeto, pues, que se encuen- 
tre en nuestra España con caracteres de 
ser obra del arte nacional, merece singu- 
lar estimación, Y si á sus formas artísti- 
cas junta una decoración profusa, artísti- 
ca y de mucho carácter, mayor será el 
interés que ofrezca, porque los plomos y 
estaños con figuras ó historiados, consti- 
tuyen una verdadera orfebrería, tanto 
más cuanto que imitan y reproducen á su 
manera, aunque con materiales pobres, 
las formas y ornamentación de los traba- 
jos más delicados de los plateros de la 
Edad Media y del Renacimiento. Por su 
resistencia y calidades se presta á ello 
mejor el estaño que el plomo; por eso 
mismo son más comunes y más ricas las 
obras de aquel metal que las de éste, cu- 
yos productos, precisamente por esta ma. 
yor rareza, son más dignos de aprecio. 

Ofrecemos á los lectores la representa- 
ción de uno de los objetos de plomo histo- 
riado más notables, si no es el principal, 
que se conserva en España y que es, sin 
duda alguna, obra de artífice español. Es 
una caja de crismeras, desprovista de es- 
tas, que conforme á la liturgia serían de 
plata, y que se han perdido. Hallólo en un 
pueblo de la provincia de Guadalajara y 
de la diócesis de Toledo, y creo que me- 
rece ser descrito para completar el estu- 
dio que el grabado permite. Consta de dos 
cuerpos, formados por delgadas planchas 
de plomo recubiertas al exterior de ador- 
nos de relieve de poco realce , casi plani- 
relie ve. El cuerpo principal ó interior cons- 
ta de cuatro lados formando ángulos rec- 
tos, con su base ó fondo liso y la tapa ho- 
rizontal, donde se abren tres orificios 
circulares, en los que encajaban los tres 
vasos ó ampollas argénteas de los santos 
óleos. Los ángulos están adornados y re- 
forzados por pilastrillas góticas, y la cara 
del frente y las dos laterales llevan como 
coronamiento una elegante crestería oji- 
val. 
Las superficies exteriores de las cuatro 



caras están tan adornadas, que apenas 
queda campo para que no se confundan 
los adornos. Desde luego corre por las 
cuatro caras, á manera de zócalo, una 
franja con inscripciones góticas entre dos 
listeles, de los que el inferior remata en 
una labor de dientes de sierra. 
Describamos estos adornos: 
Cara principal. En el centro, sobre la 
zona de la inscripción y bajo tres arcos 
de ese estilo que en las obras de orfebre- 
ría anuncia el paso del ojival al renaci- 
miento y que merece el nombre de plate- 
resco con que algunos le llaman, se ven 
tres imágenes, vestidas de largas y am- 
plias ropas, plegadas con mucha torpeza. 
Lo grosero del dibujo, el poco realce del 
relieve y el estar algo borroso, no nos 
permite decir lo que estas tres figuras 
representan. A uno y otro lado de ellas 
se ve el escudo del Cardenal Cisneros. 
La inscripción de la faja inferior, dice en 
caracteres góticos de fines del siglo xv: 
OLEVM I CRISMAS | OLEVM | LV. 
Indudablemente el IN final es principio 
de la palabra infirtnorum. 

El lado izquierdo representa en dos 
arcos del mismo carácter que los ya men- 
cionados la imagen nimbada de San Die- 
go, según demuestra por su traje de frai- 
le y por leerse en la inscripción de deba- 
jo: S I D; y la de un santo obispo funda- 
dor, porque tiene en la mano izquierda 
un edificio. Aunque debajo se lee S | O, 
yo creo que es San Agustín, y que el artí- 
fice trazó equivocadamente en el molde 
la O en vez de la A. 

En el lado opuesto á este, ó sea el de- 
recho, y bajo la misma ordenación arqui- 
tectónica, están las imágenes de Santa 
Catalina y de Santa Bárbara, con sus 
atributos tradicionales y muy conocidos 
de la rueda y la espada aquélla, y de la 
torre y la palma ésta. Debajo se leen res- 
pectivamente estas iniciales: S I KyS I B. 
El lado posterior no lleva imagen al- 
guna, sino una especie de elegante im- 
bricación, formada por series horizonta- 
les y entre sí combinadas con gusto, de 
conchas, flores de lis y rosáceas de cua- 
tro pétalos. La inscripción de la zona in- 
ferior dice así: O MATER | DEI | ME. 
La tapa de este primer cuerpo, en la 
que se abren los huecos para los tres va- 
sitos de los óleos, no tiene más ornato 
que dos inscripciones á lo largo, con- 
teniendo entre ellas dichos huecos, y re- 
piten la incripición de la cara anterior, y 



40 



boletín 



aquí con más motivo, porque servían 
para distinguir los distintos usos de los 
tres vasitos. 

A manera de tapa ó cubierta de este 
primer cuerpo, dando al objeto todo el 
carácter arquitectónico de las cajas de 
reliquias de la Edad Media, y como te- 
chumbre artística de cuatro vertientes, 
se levanta el segundo cuerpo de este her- 
moso vaso sagrado, rematando en una 
doble crestería gótica, más fina y menuda 
que la del inferior. De entre ambas, y 
en el centro, se levantaba una crucecilla 
que ya no existe , pero cuya basa aguje- 
reada indica su primitiva existencia. 

La cara delantera está dividida en tres 
compartimientos, bien señalados por sus 
correspondientes arcos conopiales de 
crestería y sus pilastras góticas, que se 
prolongan en agudos pináculos, con hojas 
zarpadas que los embellecen. En el arco 
central se representa á nuestro Salva- 
dor, casi desnudo, mirando de frente y 
con las míanos juntas sobre el pecho; á 
su derecha el Bautista, vestido de pie- 
les, en actitud de bautizar al Señor, y á 
la izquierda un ángel. Encima, y sobre el 
arco, el sol y la luna. En el arco de la 
derecha una mujer arrodillada, que creo 
sea la Virgen, y en el opuesto un án- 
gel que tiene en la siniestra mano un ob- 
jeto indefinido, quizá un ramo de ñores. 
En este caso, el ángel y la Virgen cons- 
tituyen, aunque rota por la representa- 
ción central, la escena de la Anuncia- 
ción. 

Las dos caras laterales y triangulares 
de la techumbre muestran cada una un 
ángel con una especie de aureola de ro- 
sáceas , y el ángel con un incensario. 

La cara posterior de la cubierta tiene 
la misma ornamentación de rosáceas , li- 
ses y conchas que la correspondiente 
del cuerpo principal del vaso. 

Las dos planchas mayores de esta cu- 
bierta ofrecen una circunstancia que pue- 
de referirse al modo de su elaboración. 
La plancha de la cara principal tiene en 
su interior las mismas escenas del Bau- 
tismo y la Anunciación. Si fuera obra de 
repujado ó relevado, como ahora se dice, 
renovando una palabra castiza, á los re- 
saltos exteriores corresponderían rehuri. 
didos interiores, y viceversa. Pero no es 
así; de tal modo, que dentro la figura de 
San Juan y la de la Virgen, que están á 
la derecha, aparecen en la misma dispo- 
sición en el interior de la placa. Esta, 



pues, debió ser fundida entre dos plan- 
chas matrices iguales. 

En cambio, en la placa posterior de la 
cubierta, que en la parte de afuera lleva 
las imbricaciones de lises, conchas y ro- 
sáceas, por dentro, como si dijéramos en 
la espalda, presenta unos dibujos quizá 
hechos á la punta, á manera de grafitos, 
representando á Cristo triunfante, senta- 
do, en actitud de bendecir , con un ángel 
á la izquierda de sus pies. No correspon- 
de, pues, la labor interior con la exterior, 
y lo mismo sucede en las dos caras late- 
rales y triangulares , donde están los án- 
geles incensando. 

Esto nos hace creer que las placas de 
este cuerpo superior, como las del infe- 
rior, se fundieron separadamente, y aque- 
llas entre dos moldes ó placas de piedra, 
probablemente de asperón, de pizarra ú 
otra substancia semejante. Quizá, digo, de 
asperón, porque el interior de las placas 
presenta una granulación ó aspereza que 
el artífice borró en las caras exteriores. 
Lo notable es que las placas, que en 
sus bordes están soldadas por el proce- 
dimiento ordinario de aquella época, son 
de un espesor insignificante, de milíme- 
tro y medio. La fundición exigía, pues, 
mucho esmero y habilidad, y debía com- 
pletarse con algún toque de buril y un 
ligero pulimento. 

La altura vertical de la caja de crisme- 
ras es de 0m,13, el eje mayor de 0,14 y el 
eje menor de 0,07. Es de plomo, como he 
dicho, mezclado con una pequeña canti- 
dad de estaño, que se le añadió quizá 
para darle más consistencia. 

Su arte es tosco y tosco el dibujo, por- 
que la condición del material y el poco 
relieve de las figuras y líneas no con- 
sienten otra cosa. El estaño ha permitido 
hacer obras muy notables, semejantes por 
su labor fina y delicada á las obras per- 
fectas de orfebrería, y famosos son los 
los estañeros de Augsburgo y Nurem- 
berg, en Alemania, como Gaspar Ender- 
lein, y en Francia el muy celebrado Fran- 
cisco Briot. Pero el plomo no puede ser 
objeto de trabajos muy delicados y así 
como el estaño remedó la plata y el oro, 
aquel metal es á su vez un imitador del 
plomo. 

Pero yo creo que estañadores y plate- 
ros eran unos mismos. Nuestro erudito 
Capmany dio algunas noticias del gremio 
de estañeros de Barcelona, y es seguro 
que no faltarían en Castilla. 



DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



4» 



A ellos debiéronse las crismeras que 
examino. Los datos que tengo para creer- 
lo así son: I.*' que los santos representa- 
dos son muy populares en Castilla; 2.°, las 
armas del cardenal Cisneros que como 
marca de procedencia tiene dicho vaso; 
3.°, que perteneció á un pueblo de la dió- 
cesis toledana; 4.°, que he visto en otros 
dos pueblos de la misma crismeras se- 
mejantes, aún muy destrozadas, con la 
circunstancia de que una de ellas, la más 
completa, tiene en blanco el escudo del 
insigne Cardenal, si bien en todo lo de- 
más son iguales á estas que describo y 
que son de mi propiedad; 5.°, que en in- 
ventarios del siglo XVI de algunas igle- 
sias de la Orden de Santiago, enclavadas 
en dicha diócesis, como sucede con la de 
Mohernando, he visto citadas crismeras 
de plomo, 

Es posible que aquel ilustre arzobispo, 
que llevó su generosidad y previsión 
hasta el punto de hacer magníficas edi- 
ciones, impresas en Alcalá y en perga- 
mino, de los libros de coro y de rezo más 
necesarios en las parroquias, para rega- 
lárselos á las que eran pobres, hiciese lo 
mismo con algunos vasos sagrados, y 
por tanto, que costease una que pudiéra- 
mos llamar edición de crismeras de plo- 
mo para las iglesias más necesitadas del 
arzobispado. Al menos, las tres que yo 
conozco, no pertenecieron sino á parro- 
quias de humildes aldeas *. 

Juan Catalina García. 

m-M-m- 

EPIGRAFÍA ARÁBIGA 



Lápida conmemorativa descubierta en Toledo.'^ 

ON ocasión de ciertas obras ejecu- 
tadas no ha mucho tiempo en la 
notable Capilla que, bajo la advo- 
cación de Santa Catalina, fundó 
á ñnes del siglo xv, en la Parroquia del 




1 Por no hacer demasiado extenso este articulo, 
no he hablado de los procedimientos técnicos del arte 
del plomero, ni tampoco de los monumentos más no- 
tables que se refieren á esta industria en la antigüe- 
dad, en la Edad Media y en el Renacimiento. Los 
catálogos de los museos franceses, alemanes é ingle- 
ses, donde estos objetos se han recogido, la esce- 
lente obra de Germán Bapst L'etain, el Glossaire 
de V. Gay, las revistas arqueológicas é industriales, 
los boletines de las sociedades arqueológicas y cien 
obras más, pueden servir de guía al lector que desee 
conocer la historia de los estaños y plomos historia- 
dos y de imaginería... en el extranjero. 



Salvador, Ferrando Alvarez de Toledo, 
Secretario de los Reyes Católicos, apare- 
ció allí, empotrada en restos de la fábrica 
primitiva, pequeña lápida arábiga, talla- 
da en mármol, que medía 0m,58 de alto 
por 0ni,42 de ancho. 

La singularidad del fortuito invento, y 
el natural deseo de conocer las declara- 
ciones contenidas en el epígrafe, hubieron 
de mover discretamente al Excmo. Señor 
Conde de Cedillo, patrono de dicha Ca- 
pilla, y por cuya orden las obras eran eje- 
cutadas, á remitir un calco déla inscrip- 
ción al Sr. Codera y Zaidín, quien se apre- 
suraba á publicar la versión de la lápida 
en el Boletín de la Real Academia de la 
Historia '. Cerca de un año después, y 
con el noble propósito de enriquecer, sin 
duda, la interesante colección de epigra- 
fía arábiga reunida por nosotros en el 
Museo Arqueológico Nacional, hacía 
donación á este científico Establecimiento 
de una reproducción en yeso del monu- 
mento mencionado, el cual, por su fecha, 
figura en la referida colección el séptimo. 

Corresponde la lápida á la clase de las 
conmemorativas, y consta de doce líneas 
regulares de caracteres cúficos de resal- 
to, desarrolladas dentro de un rectángu- 
lo trazado en el mármol, y que le sirve 
como de marco ú orla, según uso y cos- 
tumbre general, en toda suerte de epígra- 
fes mahometanos. Los signos hállanse 
dibujados y tallados en forma vulgar y 
corriente, sin exorno de ningún género, 
y repartida la leyenda no con gran con- 
cierto, y sin que el lapidario hubiera an- 
tes hecho el debido tanteo en el mármol, 
para impedir el que, mientras en las seis 
primeras líneas la escritura se aprieta y 
aún amontona, en las otras seis restantes, 
y principalmente, á partir de la octava, 
se espacie y ensanche más de lo natural, 
á fin de que la línea ocupe el espacio re- 
gular de las otras, advirtiéndose algunas 
omisiones en la redacción del epígrafe, 
faltas de ortografía, y cierta inconexión 
en las últimas oraciones, circunstancia 
esta última que, con otras de que habla- 
remos, obscurece el sentido, y natural- 



1 Tomo xxni, pág. 434. 



42 



ÍNDICE DE MATERIAS 



mente impide la interpretación exacta 
del monumento. 
Dice, pues, éste de la siguiente forma: 

^^^'^\ ^Usw^¿\ ,^^-^.aaL.o ^JO ,^_5L: 



a 






Xl_Jí._J\oi ¿^~ 






^_.«_i.l_Sl_J\ ^j 



3 ¿— JÍ 'O g — > 

<._ ^\ ¿^ — 2 



£"w el nombre de Alláh^ el Clemente, 
el Misericordioso' hiié construida 

esta nave, can beneplácito de Alláh 
y su protección, 

bajo la dirección de los dos adminis- 
tradores de los Habises constitui- 
dos con donaciones, 

Ab er-Rahmán-ben-Mohdmmadben 
Al-Bero... 
5... la y Cásim-ben-Kahldn, en la luna 

de Récheb del año dos y treinta y 
cua... 
... trocientos {\). Apiádese Alláh .lega- 
tario 

de esto , de quien ha cuidado de su 
ejecución, 

de quien haga oración en este lu- 
gar , y de quienes se congreguen 
10 en él, amén/ /Oh, Señor del Uni- 
verso f 

La bendición de Alláh sea sobre 
Mahoma , 
último de los Projetas! Salud! 

Por el contexto del epígrafe, viénese, 
pues, en conocimiento deque la mezquita, 
emplazada antes del año 1040 de Jesucristo 
en el área donde probablemente en el si- 
glo XIV fué erigida la Parroquia del Sal- 
vador, no era acaso en aquella fecha su- 
ficiente para el número de vecinos del 
barrio al cual correspondía, y que con el 
producto de las mandas piadosas y de las 

(1) Récheb de 432 H.— Del 9 de Noviembre al 8 de 
Diciembre inclusives del año J040 de Jesucristo. 



donaciones hechas por los fieles á aquel 
templo,— mandas y donaciones que cons- 
tituían los Habises, — í\xé conveniente- 
mente ampliado, añadiéndole una nave 
más, sobre las que ya desde su fundación 
contaba, si no es que por su antigüedad, 
por su abandono, ó por otras causas difí- 
ciles de ser hoy señaladas, se hallaba la 
indicada mezquita en parte ruinosa, y ne- 
cesitada por tanto de urgente reparación, 
y de la reconstrucción de la nave á que 
en la lápida se alude. 

Aunque, á haber sido ésta la causa de 
la obra ejecutada, y conmemorada en el 
epígrafe transcripto, es más que probable 
se hubiera en él expresamente consigna- 
do, según fué á no dudar costumbre, y 
conforme acontece en la hermosa lápida 
que todavía subsiste empotrada en la to- 
rre de la iglesia del Salvador de Sevilla, 
en la cual se declara que el famoso Al- 
Mótamid mandó construir la parte supe- 
rior de dicha torre, por haberse destruido 
á consecuencia de los terremotos que añi- 
gieron á la indicada ciudad el año 472 de 
la Hégira (1079 á 1080 de J. C.) ',— algo pa- 
rece indicar en sentido semejante el em- 
pleo del verbo ^\a en sustitución del nom- 
bre o^r*-íi usado siemprey sin excepción, 
en todas las lápidas conmemorativas de 
que hasta aquí tenemos conocimiento, 
circunstancia que es digna de ser repara- 
da, y que da cierto carácter de singulari- 
dad al monumento cuyo estudio preten- 
demos de presente. 

De cualquier modo que sea, sin embar- 
go, es indiscutible que, ya fuere de amplia- 
ción, ya de reconstrucción ó de restaura- 
ción la obra ejecutada en el templo toleda- 
no, fué llevada á cabo sin la intervención 
oficial ni extraoficial del régulo que á la 
sazón obtenía aquel pequeño reino, á ex- 
pensas sola y únicamente de los Habises, 
—legados especiales, distintos del asaque 
ó tributo con que todos los fieles contri- 
buían para el sostenimiento del culto, he- 
chos aquellos por sus donadores para fines 
piadosos, unas veces mortis causa y ex 



1 Véase la transcripción y la traducción de este epí- 
grafe, publicadas por el Sr. Gayangos en el tomo n 
del Memorial histórico español, pág. 396, é insertas 
en nuestras Inscripciones árabes de Sevilla, pá- 
gina 104. 



DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



43 



testamento, por voto otras, y otras sim- 
plemente ínter vivos,— y por iniciativa y 
bajo la dirección y la inspección inmedia- 
tas del administrador de los bienes refe- 
ridos, quien recibía el nombre de (_-..í».Uo 
j_^Ua.'^\, con que era designado, persua- 
diendo de ello la circunstancia de que si 
hubiese ocurrido de otra suerte, por modo 
forzoso habría sido consignado en el epí- 
grafe, por medio de la frase sacramental 
que sucede siempre á la invocación reli- 
giosa, y que en este caso hubiera sido: 
mandó Al-Mámun-dsu-l-machdain-ben- 
Adh-Dháfir-dsu-r-rayastain construir 
esta nave , bajo la ¡iirección de... etc., 
ya que á los días de Al-Máraun corres- 
ponde la fecha del epígrafe. 

Constituye, pues, éste, á causa de cir- 
cunstancia semejante, una variedad digna 
de estima de los epígrafes conmemorati- 
vos, no ofreciendo hasta aquí duda algu- 
na su interpretación; pero sí llama la 
atención en él el hecho de que, teniendo 
cada mezquita sus bienes propios, consti- 
tuidos por los legados y las donaciones 
piadosas (habises), y siendo estos bienes 
administrados en cada templo por un solo 
individuo apellidado j_^L^s^^i\ >_^.o».Lo, 
cual queda insinuado arriba, y cual pa- 
tentiza con los léxicos la lápida del Sal- 
vador de Sevilla, esculpida por el mar- 
molista Abú-Ibrahim-ben-Afláh bajo la 
inspección del amir, j_^'u.js^^)\ v_-'.i».Lo, 
Ahmed-ben-Hixém,— en la lápida de la 
capilla de Santa Catalina en la Parro- 
quia del Salvador de Toledo, aparez- 
ca clara y distintamente el dual ^^-..^sJ.^ 
(no .^Vo^ como se ha leído), y en 
vez "de un solo nombre, el de Abd-er- 
Rahmán-ben-Mohámmad-ben-Al-Berola, 
y el de Cásim-ben-Kahlán, detrás escrito. 

Como uno y otro personaje son por 
completo desconocidos, pues no hacen 
al primero relación ostensiblemente ni 
Aben-Baxcual ni Adabbí, citados por el 
Sr. Codera, vése éste obligado á suponer, 
por la existencia del dual citado y por 
los dos nombres escritos en la lápida, 
que ambos eran meros empleados con- 
junta y simultáneamente en los habises, 
viniendo "'quizan á demostrar "la exacti- 
tud de esta versión,.... la palabra siguien- 
te de la inscripción, ^-*-U-<^^\, los dos 



amines, los dos hermanos mayores ó 
priores de la cofradía ó corporación, 
en cuya acepción se emplea mucho hoy 
la palabra ¿^-y«\.,i 

Por desventura, demás de que la tra- 
ducción de tal vocablo, según expresa el 
primer ilustrador de este monumento 
epigráfico toledano, "ofrece alguna difi- 
cultad por la vaguedad de dos modismos 
árabes, y por los significados de la pala- 
bra ^.^^í\,„ el dual ^;^_;yUxi^J\ , cuya lectu- 
ra ya ofrecía dudas al Sr. Codera, no es 
la voz escrita al final de la tercera línea 
del epígrafe. Muéstrase algún tanto bo- 
rrosa; y examinada con todo detenimien- 
to, por el dibujo de sus signos y por otras 
señales, bien visibles, viénese en conoci- 
miento deque no existen allí ni el ^ i^) 
ni el primer ^ ( .^ \ ni hay espacio tam- 
poco para tales signos; y comparando 
la primera letra que sigue al lam-alif 
con el 8 inicial de \3ob y el de medio 
de o'iUai',— letra cuyo dibujo en la escri- 
tura cúfica de los siglos iii, iv, v y vi de 
la Hégira no varía por el lugar que en la 
palabra ocupa, según sucede en la escri- 
tura nesji, ajricana, mogrebina ó cursi- 
va,— adquiérese la convicción de que la 
voz esculpida en aquel sitio es el plural 
regular del nombre de acción ¿L-.* de la 
raízt^^ofcj, que significa don, presente, 
regalo, y que por tanto, á lo que nos es 
dado entender, sólo viene á expresar por 
superabundancia la naturaleza graciosa 
de los habises, y no la condición de co- 
hermanos mayores ó co-priores de nin- 
guna cofradía, de los dos administrado- 
res mencionados en el monumento. 

Dada la preeminencia de condición .que 
supone el participio ,^^:í.Lo , según la 
cual los árabes llaman ^L\ ,^o».Lo , Se- 
ñor de la verdad á Dios, y por extensión 
á su profeta verdadero Mahoma, t_^s».l-o 
^y.¿L-^\ , señor del ejercito , al general ó 
jefe que lo conduce y guía, ¿Lo jJ=\ ^_-^^Lo, 
al jefe superior de la ciudad, 7Aj¡L\ ^_.^5».Lo 
al recaudador del impuesto ó contribu- 
ción de aquel nombre, etc., no pare- 
ce natural que hubiese , para los bienes 
propios de la mezquita en la cual se prac- 
ticaba la obra, dos jefes de igual catego- 
ría al mismo tiempo, tanto más cuanto 
que el ejemplo de lo que ocurría en Sevi- 



44 



boletín 



lia y pone de relieve la citada lápida del 
Salvador de esta ciudad, en que no se 
menciona sino un solo administrador ó 
prefecto de los habises de aquella mez' 
quita , ^_^U^'^\ ,_^2^Lo , parece demos- 
trar de cierto semejante exclusiva pre_ 
eminencia, cuando no hay causa justifica- 
da por la cual se acredite que los toleda- 
nos se hubieran apartado de los usos y 
de las costumbres seguidos en las demás 
regiones musulmanas. 

Del empleo del dual y de la consigna- 
ción de los dos nombres, débese, pues, in- 
ferir como natural y de todo punto vero- 
símil, que la obra de reparación, recons- 
trucción ó ampliación de la mezquita 
toledana, comenzó ó tuvo principio sien- 
do ^\..^^^\ u-^o^UsAbd-er-Rahmán-ben- 
Mohámmad-ben-Al-Berola, si éste es su 
último nombre; pero que muerto ó sepa- 
rado de tal cargo por cualquier motivo, 
hubo de reemplazarle Cásim-ben-Kahlán, 
quien era j_^-Uía."^\ ;_..^l.^ al terminar los 
trabajos, momento en el cual fué escul- 
pida y colocada para perpetua memoria 
la lápida en la obra cuya ejecución se 
hallaba concluida , y que se había inau- 
gurado por iniciativa ó por las gestiones 
de Abd-er-Rahmán-ben-Mohámmad, cuyo 
nombre debía ser y era por gratitud con- 
signado en el epígrafe. 

No menos notable que por la singulari- 
dad marcada, lo es asimismo éste por 
las frases con que termina, después de la 
fecha, la primera de las cuales es para 
nosotros por extremo vaga, pues siendo 
^_v^^s.^\ participio pasivo de la segunda 
forma, lo mismo puede significar el le- 
gado ó la donación hechos para obras 
pías, que el legatario, es decir, aquel 
á quien se hace el legado ó la donación; y- 
siendo nombre de lugar ( ^,— ^^\ ) , de 
igual manera puede entenderse por la 
mezquita, si en ella se efectuaban las do- 
naciones de esta naturaleza, que el edificio 
donde estaba la oficina en que tales do- 
naciones se verificaban, si no se hacían 
en el templo. Si lo primero, debe enten- 
derse, á nuestro juicio, que el legatario es 
Alláh,noel que destina su donativo á 
obras piadosas, ni el que dedica la ejecu- 
tada á fines religiosos; si lo segundo, 
debe interpretarse por el templo mismo. 



y en este caso, se pide la misericordia 
divina para el edificio, con objeto de que 
no se destruya, y se conserve bajo su 
protección y amparo, preservándole de 
todo daño y peligro. 

Clara aparece la última palabra de la 
línea 9, ^_5i^LaJ\ plural irregular de o^^i 
y natural su empleo en la inscripción, 
pues al azalear los musulmanes, leen 
los versículos del Koran, y no había ne- 
cesidad de repetirlo, habiéndolo dicho en 
la misma línea; pero son de advertir la 
supresión de la partícula U en la frase 
invocativa ¡Oh, señor del universo/ j la. 
inconexión de la frase siguiente , y las 
faltas de ortografía cometidas en la pa- 
labra J.^ por j^Lo y ¿^:^.^\ por ^^^^^^.^^.^l, 
donde se ha suprimido el ^ final de 
la primera , y uno de los de la segunda, 
defecto sin embargo nada extraño, de 
que adolecen otros muchos epígrafes de 
esta época y de las anteriores y posterio- 
res, y de que da abundante ejemplo la 
lápida conmemorativa de Tarifa, délos 
días de Abd-er-Rahmán III, publicada 
en el número precedente. Sería exigencia 
injusta la de pedir que los lapidarios mu- 
sulmanes fueran por tal modo cultos y 
doctos como para no incurrir en faltas de 
este género, cuando tan acostumbrados 
estamos en nuestros días á letreros é ins- 
cripciones en los cuales, no sólo se olvida 
sensiblemente la sintaxis, sino la orto- 
grafía, que debiera ser conocida de todos, 
supuestos los medios que existen para 
ello, y que no existirían de seguro entre 
los muslimes. 

Rodrigo Amador de los Ríos. 

se<s!@ioi:?_oEíi@ije;]a 

La Sociedad de Excursiones en Abril. 

La Sociedad realizará una á Illescas el 
28 de Abril, con arreglo á las condiciones 
siguientes: Salida por la estación de las 
Delicias, 8^52' de la mañana.— Llegada 
á Illescas, IQi^S' de la mañana. — Salida 
oh 32' tarde.— Llegada á Madrid, ó^ 45' tar- 
de.— Se visitará el Hospital de la Caridad 
franciscana, Iglesia con torre mudejar, 
Posada en que paró Francisco I, restos de 
puerta. — Cuota.— Trece pesetas. 

Para las adhesiones dirigirse hasta el 
día 26, acompañando la cuota, al señor 
Presidente D. Enrique Serrano Fatigati, 
Pozas, 17 segundo derecha. 

Madrid 1.° de Febrero de 1895. 



1.038.— Establecimiento tipográfico de AgTistía Avrial, 5. Bernardo, 92. — TeléU 3.09 4. 



BOLBTÍN 



DE LA 



SOCIEDAD ESPAIOLA DE EXCÜRSMES 



DIRECTOR: 
EL VIZCONDE DE PALAZUELOS, Secretario general de la Sociedad. 



AÑO III 



nVEadrid. 1.° de ]VEayo de 1895 



NÚM. 27 



ADVERTENCIA.— Por acuerdo unánime de la Comisión ejecutiva, desde el 
presente número vuelve á encargarse de la dirección del Boletín de la Socie- 
dad Española de Excursiones, el Secretario general de la misma, Sr. Vizcon- 
de de PalüBiielos. 



EXCURSIONES 



POR TIERRA DE SEGüVIA 



Excursión á La Losa, Navas de Riofrío 
y Revenga. 

^? o por muy repetido y asendereado 
J es menos cierto. Los españoles, en 
I [W/ tanto que solemos buscar en extran- 
-^i^ jero suelo emociones é impresiones 
de todo género, sin excluir las artísticas, 
desconocemos en gran parte nuestra pa- 
tria, cuando no desdeñamos los aún abun- 
dantes restos que, á despecho del tiempo 
y de la mano del hombre, nos muestran 
con sus elementos propios fases harto in- 
teresantes del arte ó de la historia nacio- 
nal. A destruir aquellas rutinarias prác- 
ticas ha de tender, como uno de sus prin- 
cipales fines, la Sociedad Española de 
Excursiones, cuyos individuos, ora en 
expediciones colectivas, ora en las de ín- 
dole privada é independiente, deben aspi- 
rar al conocimiento del país' que les dio 
por patria la Providencia. Al examinar 
los monumentos, mayormente si son des- 
conocidos, al hacerlos objeto de un estu- 
dio detenido, al reproducirlos por medio 
del dibujo ó de-la fotografía, al investigar 
su origen y circunstancias históricas, 
T. III. 



aportando más tarde cuantos datos alle- 
garon al caudal que intenta reunir nues- 
tra Sociedad, prestan un servicio útilísimo 
á la patria y á la general cultura; tan útil 
dentro de su esfera, como el del que en la 
suya respectiva emplea su actividad, por 
ejemplo, en los estudios financieros ó en 
los problemas sociales. Por este camino, 
que no por otro; procediendo de lo parti- 
cular á lo general, se llegará á la forma- 
ción del verdadero y circunstanciado in- 
ventario monumental de España, base de 
nuestra historia artística, que en grandí- 
sima parte está por escribir. 

Queden á un lado ya consideraciones 
que llevan demasiado lejos; y predicando 
con el ejemplo, procedo á dar cuenta de 
un paseo más que viaje artístico llevado 
á cabo no ha mucho á través de tierra 
segoviana, único objeto del presente ar- 
tículo. 

Si el excursionista ocupa el tren que 
conduce á Segovia, deteniéndose en la 
estación inmediatamente anterior á aque- 
lla ciudad (La Losa— Navas de Riofrío), 
podrá examinar á costa de poco trabajo 
apreciables restos correspondientes á dos 
distintas civilizaciones artísticas, por na- 
die hasta hoy reproducidos, descritos ni 
aun citados. Tales son la iglesia parro- 

7 



46 



boletín 



quial de La Losa y la ermita del Soto de 
Revenga. Cuanto á la iglesia de las Na- 
vas de Ríofrio, hace algún tiempo la di á 
conocer y describí por lo menudo * , á 
pesar de lo cual he de volver ahora sobre 
ella, por lo que se enlazan naturalmente 
en una sola excursión aquellos tres pue- 
blos. 

A dos kilómetros á la izquierda de su 
estación sobre la vía férrea, hállase si- 
tuado el lugar de La Losa, que cuenta 
con unos ochenta vecinos. Su importan- 
cia relativa , si alguna tuvo, debióla á la 
industria y al ganado lanar, antaño fuente 
principalísima de riqueza para la provin- 
cia de Segovia; y aún se conserva en pie, 
aunque vetusto y destartalado, el gran 
cason ó rancho, antigua propiedad de la 
familia de Sesma y Horcasitas, donde se 
verificaba el esquileo de su ganadería, 
una de las más importantes y renombra- 
das de la comarca segoviana. 

Otra, fue )ite (en el sentido recto y en el 
figurado) de prosperidad, hoy en día más 
positiva, podría tener La Losa, á no estar 
en España, donde es añejo achaque el 
desperdiciarse los dones con que brinda 
la naturaleza. Me refiero al rico manan- 
tial de agua sulfurosa que brota á media 
legua del lugar, sólo conocido y disfru- 
tado en pocos kilómetros á la redonda; á 
bien que fuera imposible otra cosa, no 
existiendo, como no existe allí, estableci- 
miento, hospedería ó casa de cualquier 
género donde aguardar á pie firme el 
efecto terapéutico de las aguas. 

En el pueblo debe visitarse la iglesia 
(San Juan Evangelista), buen ejemplar de 
templo rural, construido en el siglo xv. 
Es de granito, dispuesto en bien labrada 
sillería, y conserva el exterior é interior 
todo el carácter de la época en que se le- 
vantó. La portada, que, según frecuentí- 
sima práctica, mira á Poniente, puede 
apreciarse por el adjunto diseño, tomado 
del natural, como los demás que acom- 
pañan á este artículo, por nuestro conso- 
cio D. Manuel López de Ayala. La serie 
de rebajados arcos, los pilarillos con pe- 
queños zócalos y base común, la decora- 



1 Navas de Ríofrio. — Un monumento del arte ro- 
mánico. Artículo inserto en el Boletín de la Real 
Academia de la Historia, tomo xvii, pág. 200. 



ción de florones y perlas ó medias esfe- 
ras de los capiteles, intercolumnios y do- 
velas; el arco canopial de la parte alta; 
los elegantes pináculos y la cornisa con 
adorno de bolas que entre ellos corre en- 
cuadrando la portada, acusan bien el úl- 
timo período del arte ojival, presentando 
visualidad agradable. Lástima es que los 
tres florones que coronan el arco canopial 
sean excesivamente grandes y despro- 
porcionados: testimonio viviente de la 
decadencia que se había operado en el 
arte franco-germánico. 

Rodeando exteriormente el templo, ha- 
llamos los siguientes accidentes, vista ya 
la portada é imafronte, que termina en 
forma de frontón. Tanto en la fachada 
del Norte como en la del Mediodía, re- 
fuerzan la fábrica cuatro proporcionados 
contrafuertes que terminan en plano obli- 
cuo, y sobre los cuales y bajo la línea del 
tejado anima la desnudez del muro una 
cornisa con adorno de perlas. Entre los 
contrafuertes segundo y tercero de la fa- 
chada meridional , vese tapiada hoy y 
medio oculta entre malezas una pequeña 
portada igualmente gótica; constitúyen- 
la un arco de medio punto formado por 
grandes dovelas y una moldura de resalto 
que la encuadra, matizada de semiesfe- 
ras. A esta misma fachada adosaron un 
cuerpo hecho también de piedra sillar, 
que corresponde á la sacristía. 

El ábside es de forma pentagonal; lleva 
cuatro contrafuertes análogos á los de 
las fachadas laterales y tuvo idéntica cor- 
nisa con adornos de forma semiesférica, 
hoy destruida. 

Igual disposición y decoración que la 
del Mediodía presenta la fachada del 
Norte, salvo que entre el segundo y ter- 
cer contrafuerte se ostenta una muy lin- 
da ventana con arcos y pilarillos góticos. 
Por último, entre esta fachada y el ábside 
hállase adosada la cuadrada torre, obra 
de sillería y mamposteria, posterior en 
su construcción al templo y en la que 
nada se repara digno de atención. 

El interior de la iglesia es también, des- 
de el punto de vista artístico, digno de 
una visita. Tras un á manera de atrio, 
desprovisto de carácter, que quedó por 
concluir, penetrase en la proporcionada 



DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



47 



nave, cubierta por tres hermosas bóve- 
das ojivales de piedra de sillería. Airosa 
y agradable á la vista es la línea de las 
ojivas; variada la disposición de los ner- 
vios, que siendo sencilla es dintinta en las 
tres bóvedas. Los arcos torales y forme- 
ros descansan en ménsulas adornadas 
con perlas. El conjunto, en fin, recibe la 
luz de dos claraboyas circulares abiertas 



en el muro meridional, de la ventana del 
lado del Norte y de otra ventana sin ca- 
rácter alguno que se abrió sobre la puer- 
ta de ingreso. 

En el presbiterio, elevado una grada 
sobre el resto de laiglesia, osténtase el re- 
tablo principal , obra del Renacimiento, 
corintio, dorado y no despreciable, aun- 
que tocado de decadencia, sobre todo en 




PORTADA DE LA IGLESIA PARROQUIAL DE LA LOSA (SEGOVIA) 



la labor de los intercolumnios. En estos 
hay algunos lienzos sin mérito, y en lo 
alto del retablo un Calvario de estimable 
talla, con las imágenes de Cristo cruci- 
ficado, la Virgen y San Juan. 

Varios retablos diseminados por el tem- 
plo ahuyentan la vista del espectador por 
su exceso de barroquismo. Pero no ocu- 
rre lo propio con otro retablo gótico ado- 
sado al muro izquierdo y notable por su 
carácter de época. Va circunscrito por un 



recuadro que apoya en exornadas mén- 
sulas y por cuya longitud se mueve y cu- 
lebrea gracioso vastago. Encerrado en 
un marco muy laboreado de talla moder- 
na, aparece el retablo, ó más bien relie- 
ve, que es de piedra y muy lindo. La es- 
cena que parece haber representado el 
escultor fué del especial agrado de los ar- 
tistas del último período de la Edad Me- 
dia y del Renacimiento, quienes la repro- 
dujeron muchas veces : el Papa y Doctor 



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boletín 



San Gregorio Magno celebrando el santo 
sacrificio de la Misa. Aquí aparece el 
episodio acompañado de accidentes y ac- 
cesorios que le dan cierto carácter de can- 
dido realismo. 

Vése en el altar á Jesucristo resucita- 
do con una cruz en la mano. Nótanse allí 
también, siempre en relieve, cáliz, misal, 
candelabros y vinajeras. Ante el altar, el 
santo eleva la Hostia consagrada; y le 
ayudan y sostienen las vestiduras dos 
acólitos, de los que uno está de rodillas 
y otro de pie. Sobre estos personajes nota 
en el aire un ángel que sostiene un escu- 
do de armas; y cobijando todo el relieve, 
á manera de doselete, divísase un lindo 
calado de entrelazos y pinas que reposa 
en dos columnas, en cuyos laboreados 
fustes y capiteles, que recuerdan el orden 
corintio, nótase la época de transición. 

El retablo fué, pues, sin duda, costeado 
por la devoción particular, como lo acre- 
dita el heráldico escudo. Y, en efecto, 
bajo el propio retablo léense las siguien- 
tes palabras en caracteres germánicos 
minúsculos de relieve : 

Este retablo mando aser iullo imero 
a su costa e asentóse. 

En el centro del epígrafe hay otro es- 
cudo en que se ostentan las cinco san- 
grientas llagas de San Francisco. 

Junto al retablo antes descrito está el 
pulpito, de gusto ojival florido, aunque 
afeado por moderna enjalbegadura. En 
sus seis caras ó lados vense arcos cano- 
piales, trilobulados y reentrantes; jun- 
quillos, columnillas, pináculos, florones 
y otras labores del propio arte. El torna- 
voz es moderno y de madera. Sobre el 
pulpito repítese el escudo con las llagas; 
y bajo él enunciase abreviadamente la 
salutación angélica en letras góticas, y 
en esta forma : aue tna gra plena. 

Tal es la iglesia parroquial de La Losa. 
Cuanto al pueblo, sólo agregaré que, co- 
mo los de sierra de la comarca segovia- 
na, es muy pintoresco y abundante en 
aguas y arbolado. 



Media legua de accidentado y agrada- 
ble terreno separa á La Losa de las Na- 



vas de Riofrío. Esta aldea, conocida en el 
país con el abreviado nombre de Las Na- 
villas, hállase situada á dos kilómetros 
del real palacio de Riofrío, famosa funda- 
ción de la reina doña Isabel Farnesio, en 
cuyo examen no es mi objeto entrar por 
el momento. Pocos pueblos de la provin- 
cia aventajan en verdad á dicha aldea por 
su emplazamiento y risueña naturaleza. 
Al pie de una alta sierra, rodeada de 
frondoso arbolado y deleitosas praderas, 
provisto su suelo de excelentes pastos y 
surcado por murmuradores arroyuelos 
de cristalinas aguas , destácase poética la 
aldehuela, con la cuadrada torre de su 
iglesia y las escasas viviendas que en 
torno suyo se agrupan , cual bello cuadro 
en su adecuado y conveniente marco '. 

La iglesia , que á través de los siglos ha 
sufrido mudanzas que la han transformado 
casi por completo, sólo ofrece de notable 
al exterior la antes citada torre, sólida y 
sencilla fábrica de piedra de sillería, que 
consta de tres cuerpos superpuestos que 
van retallando sucesivamente y no al- 
canzan gran altura. En el último ábrense 
cuatro arcos semicirculares que cobijan 
las campanas, modernas en su mayoría, 
pues la más antigua fué fundida en el si- 
glo XVII. 

Lo que en realidad caracteriza al tem- 
plo es su linda portada románica, harto 
curiosa por lo bien conservada y por las 
singulares labores de que se adorna. Pro- 
tégela un pobre é impropio atrio moder- 
no, y según una costumbre, no por muy 
frecuente menos censurable, está actual- 
mente embadurnada de pintura amarilla. 



1 Las Navas de Riofrío forma ayuntamiento en 
unión con La Losa. Nunca , como pueblo, tuvo impor- 
tancia , (5 si alguna tuvo, habíala ya perdido en la se- 
gunda mitad del siglo xvi, según se desprende de su 
pequeño archivo parroquial, por mí examinado, y 
cuyo más antiguo libro, que es el de matrimonios, 
arranca del año 1588. En lo eclesiástico dependió, al 
igual que La Losa y Revenga, de la Abadía de la 
Santísima Trinidad del Real Sitio de San Ildefonso, 
y hoy corresponde A la diócesis de Segovia. Es aldea 
de unas quince ó veinte casas, siendo la principal de 
ellas la que, en tiempo de la riqueza lanera de Sego- 
via , hoy desaparecida, fué esquileo y gran lavadero 
de lanas , propiedad de una familia de la capital de la 
provincia, y casi único elemento de vida de las Na- 
villas. Como á medio kilómetro del lugar, en direc- 
ción al S-0., existen aún las ruinas de La GranjiUa, 
sitio y casa de recreo que fué de la Comunidad de 
Jerónimos del Parral en Segovia. 



DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



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A continuación transcribo, en parte, la 
descripción que ya hice de esta portada 
en el artículo antes citado, inserto en el 
Boletín de la Real Academia de la His- 
toria: 

"Consta la portada de tres arcos decre- 
cientes de medio punto. Las dovelas del 
más interior aparecen adornadas en toda 
su extensión con una labor de vegetales 
formando círculos ó figuras semejantes á 
la circular. La archivolta carga sobre dos 
sencillas jambas provistas de una im- 
posta corrida, que llega por ambos la- 
dos hasta lo más exterior de la portada, 
y muestra dibujos análogos á los de la 
archivolta. Sobresaliendo con relación á 
ésta hay otra archivolta , cilindrica y 
sencilla, que corresponde á dos colum- 
nas, cuyos fustes y basas nada ofrecen de 
particular; cada uno de los capiteles, por 
lo contrario, presenta esculpidas dos aves 
de bastante tamaño, colocadas frente á 
frente, siendo de notar que las del capi- 
tel izquierdo se muerden á sí propias una 
de las alas. 

„Más notable, por último, es el exte- 
rior y tercer arco, asentado en dos ro- 
bustas jambas desnudas de todo ornato. 
En su extensión toda está bordado de ex- 
traños relieves y símbolos de apariencia 
semioriental y muy torpe ejecución, dig- 
nos de atento examen. 

„La archivolta va exteriormente ceñi- 
da de un estrecho ajedrezado, y en am- 
bos puntos de arranque de la misma hay 
esculpidas varias estrellas ó flores ence- 
rradas en círculos. Dejados aparte estos 
adornos secundarios, nótanse en ella 
veinte divisiones ó espacios ocupados por 
las figuras á que antes hice referencia. 
Que todas ellas ó casi todas tienen un 
sentido simbólico ó enigmático me parece 
fuera de duda, teniendo en cuenta la ín- 
dole y tendencia del arte romano-bizan- 
tino, hijo y heredero por varios concep- 
tos de la civilización oriental. Ahora bien; 
varios de estos símbolos escapan á nues- 
tra penetración, y esto es debido, ora á la 
imperfección con que el artista medio- 
eval llevó á cabo su obra, ora también á 
la distinta manera con que en aquella 
remota época solían representarse esce- 
nasy personajes conrelación á la nuestra. 



„He aquí ahora las figuras encerradas 
en los veinte espacios, procediendo de 
izquierda á derecha. En el primero ve- 
mos representado un ciervo de rara traza 
ó animal monstruoso dotado de astas cer- 
vunas. Recuérdame por su factura el as- 
pecto de algunas representaciones asi- 
rías. En el segundo nótase una especie 
de ibis matando al parecer una serpiente, 
figura que trae á la memoria el contenido 
de algunos bajorelieves egipcios. 

„Un personaje humano, desnudo de 
medio cuerpo y muy toscamente escul- 
pido, aparece en el tercero. En el cuarto 
espacio figúrase ala luna; en el quinto 
vese á dos personajes imberbes, iguales 
ó muy parecidos, con la cabeza descu- 
bierta y ataviados con mantos plegados 
de arcaica manera. Ocupa el sexto espa- 
cio un centauro ó sagitario; el séptimo 
una gran serpiente enroscada, emblema 
probable de la del Edén, y el octavo un 
ave ó pájaro. 

„E1 relieve noveno es el peor conserva- 
do de todos, hasta el punto de no poderse 
decir con certeza lo que representa; paré- 
cerne, sin embargo, que en él se observan 
las trazas de un personaje sentado. El es- 
pacio que le sigue encierra, en pequeño, 
un verdadero cuadro, en esta forma: un 
personaje dormido, vistiendo traje talar, 
y á su derecha un tosco árbol , en cuya 
copa hay un pájaro. Debe figurarse en él 
el sueño místico y visión profética de 
Adán, en relación con el cuadro séptimo. 

„E1 undécimo espacio corresponde á la 
clave del arco, y se presta á muy diver- 
sas interpretaciones. En él se observan 
tres personajes bastante semejantes, si- 
tuados paralelamente, y de los cuales los 
de los extremos parecen enlazar ó ade- 
lantar mutuamente sus manos. 

„En el espacio duodécimo se ve á un 
obispo con su mitra y báculo. Puede figu- 
rar á algún santo prelado, y más proba- 
blemente al que ocupaba la silla segovia- 
na en la época en que se labró la portada. 
El relieve decimotercero es también de 
confusa interpretación. En él aparece 
una figura femenina, de pie, cogiéndose 
con ambas manos una toca que lleva en 
la cabeza. 

„Las representaciones ornitológica^ 



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boletín 



parecen haber sido muy del agrado de 
los escultores románicos; y por lo que 
hace á esta portada, aves hemos visto en 
ambos capiteles y en las casillas segun- 
da, octava y décima de la archivolta ex- 
terior. En la décimacuarta vemos aún 
otra ave de extraña forma, con la cabeza 
vuelta hacia la espalda; en la décima- 
quinta, una paloma bien determinada; en 
la décimasexta, otra ave de análoga for- 
ma y en idéntica posición que la del es- 
pacio catorce, y sobre la cual hay, al pa- 
recer, una hoja; en la décimaoctava, un 
gallo perfectamente conservado; y en la 
vigésima, un ave vuelta hacia la derecha, 
con varias hojas por cima de ella. 

„Por último, ocupa el espacio décimo- 
séptimo, la representación del sol ; y el 
decimonono, un corazón atravesado por 
dos flechas. 

„Tal es esta singular portada, por de- 
más típica entre sus congéneres. Por sus 
representaciones simbólicas, que más 
recuerdan el arte bizantino que el romá- 
nico, y por la tosquedad de sus ornatos, 
no puede considerársela como uno de los 
sazonados frutos que brotaron de aquella 
escuela arquitectónica corriendo adelan- 
tada la duodécima centuria; y más bien 
recuerda á algunas otras de la segunda 
mitad del siglo xi ó de muy á principios 
del XII.,, 

He creído de interés para el excursio- 
nista la transcrita descripción (aunque 
quizá peca de difusa), en gracia á lo des- 
conocido del monumento. Por lo demás, 
el interior de este humilde templo de al- 
dea no corresponde actualmente á la por- 
tada. Las múltiples reformas que en el 
transcurso de los siglos ha venido su- 
friendo, le han destituido de todo carác- 
ter de época. Ni la pobre techumbre de 
madera que le cubre, ni los insignifican- 
tes altares y retablos que le adornan, 
ofrecen el menor interés ante el arqueó- 
logo ó el artista. Sólo en la pila del agua 
bendita, formada por un capitel románico 
de no escaso tamaño, se recuerda el esti- 
lo que campea al exterior. 



Siguiendo esta rápida excursión, hálla- 
se en dirección al Nordeste, media legua 



más lejos de las Navas, el pueblo de Re- 
venga, apartado un kilómetro á la dere- 
cha de la carretera que conduce desde el 
real sitio de Rio frío al de San Ildefonso. 

Revenga cuenta con setenta vecinos, 
y con una iglesia parroquial (San Sebas- 
tián) muy capaz y adecuada á sus nece- 
sidades *. De sólida construcción, hoy 
muy renovada, sólo conserva de la época 
ojival el presbiterio cubierto por bóveda 
de gótica tracería; mostrándose también 
aquel arte al exterior en el pentagonal 
ábside, reforzado por contrafuertes. 

Mas interés ofrece la ermita de Nues- 
tra Señora del Soto (ó de Santa María la 
Mayor, verdadero título suyo), patrona 
del lugar desde hace muchos siglos, y si- 
tuada á un kilómetro de aquel, á pocos 
pasos de la carretera ya citada antes. Es 
un pequeño edificio rectangular, en gran 
parte de sillería, cubierto por tejado con 
vertiente á dos aguas. Sensible es que el 
estado de conservación de este lindo mo- 
numento románico deje mucho que de- 
sear; á pesar de lo cual, aún son dignos 
de atención los restos que de aquel arte 
se manifiestan al exterior y al interior de 
la ermita. 

Al exterior queda en la fachada de Oc- 
cidente, que corresponde á los pies del 
pequeño templo, un arco hoy enjalbega- 
do, con varias molduras cóncavas y con- 
vexas, de románica contextura, que cons- 
tituye uno de los dos ingresos. En el áb- 
side, sencillo y semicircular , nada resta 
de su antigua decoración; pero hacia su 
arranque, junto al muro del Norte, aún 
se divisan tres modillones, y entre ellos 
adornos de entrelazos , apareciendo por 
cima parte de una cornisa en que se dis- 
tinguen varias flores inscritas en círculos. 

El principal punto de ingreso á la er- 
mita es por la fachada del Mediodía, don- 
de radica la portada, hoy muy deteriora- 
da en sus ornatos. De regulares propor- 
ciones, algo tosca y no de gran relieve, 
hállase enclavada en un cuerpo cuadran- 



1 El archivo parroquial carece de importancia. El 
libró de ofrendas y limosnas á. Nuestra Señora del 
Soto, de que más adelante hablamos, sólo arranca de 
1702; el de la cofradía de la Vera-Cruz, instalada en 
la iglesia, empieza en 168b; y el más antiguo libro de 
bautizos, en 3 de Agosto de 1588. 



DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



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guiar que sobresale del muro. Dos co- 
lumnas de lisos fustes y capiteles que, 
aunque muy destrozados, ostentan restos 
de decoración zoomórfica, sustentan una 
imposta ó abaco, en que se aprecian en- 
trelazos geométricos , círculos , óvalos y 
grandes flores cuadrifolias y puntiagudas. 



Quizá el tímpano, hoy dado de yeso, 
ostentó algún relieve decorativo. En tor- 
no suyo desarróllanse varias archivol- 
tas. En la clave de la más interior es de 
observar la dovela central, en que apa- 
rece una mano benedicente, figurando en 
las dovelas restantes una curiosa combi- 




PORTADA DE LA ERMITA DE REVENGA SEGOVIA 



nación de entrelazos, hojas y líneas. La 
estrecha archivolta siguiente presenta 
una serie de círculos en que se encierran 
flores. Sigue una moldura convexa. Más 
exteriormente, en las dovelas de otra ar- 
chivolta, descúbrense vestigios de hojas, 
de flores, animales y otros motivos de or- 
namentación, hoy casi del todo perdida. 



y cierra la serie un nuevo arco ó moldura 
con labor de ajedrezado. La portada, en 
su conjunto, á más de ser completamente 
románica, es de sabor local muy acen- 
tuado; en ella se adivina la mano de los 
arti.stas segovianos, que poblaban de mo- 
numentos su ciudad en todo el curso del 

siglo XII. 



52 



boletín 



El interés del interior de la ermita se 
concentra en las cuatro columnas, adhe- 
ridas dos á dos á los lados del presbite- 
rio, siendo todas del más puro carácter 
románico. Los fustes son lisos y esbel- 
tos, y las basas, semejantes á las áticas, 
asientan sobre un zócalo ó plinto. Entre 
los capiteles hay dos arcos de resalto, sin 
que nada se haya librado de la manía del 
blanqueo, excepción hecha de dichos ca- 
piteles, que son historiados y muy curio- 



sos y estimables por su factura y buena 
conservación. He aquí los motivos de 
decoración que ostentan. De los dos más 
próximos al altar, en el de la derecha hay 
cuatro aves con cabeza de mujer y ade- 
más varias pinas. En el de la izquierda 
(reproducido en el grabado), dos guerre- 
ros á caballo acométense lanza en ristre, 
dejando apreciar muy bien los detalles de 
sus arreos é indumentaria, tales como la 
túnica ó perpunte, el escudo, casco, espue- 




CAPITEL DE LA ERMITA DE REVENGA (SEGOVIA) 



las, etc.; y en los lados del capitel vese 
una figura mujeril con toca en la cabeza, 
y otra de hombre, llevando, al parecer, 
un cabrito á cuestas. 

De los dos restantes capiteles , descú- 
brese en el izquierdo un obispo revestido 
de pontifical, con mitra y báculo y en ac- 
titud de bendecir; en el centro, y á un 
lado y otro, sendos y fieros leones cu- 
yas cabezas ocupan los ángulos. El capi- 
tel derecho y último, en fin, el menos 
tosco de todos, ofrece cuatro animales 
fantásticos y alados con cuerpo de cua- 



drúpedo y cabeza de ave, mordiéndose 
sus propias alas. 

Fuera de estos restos, la ermita nada 
encierra digno de atención, pues la efigie 
de la Virgen y su retablo son obras mo- 
dernas desprovistas de mérito. Por lo de- 
más, la ermita llamada del Soto, hállase 
efectivamente situada en un soto amení- 
simo, matizado por verdes praderas y po- 
blado de corpulentos álamos, fresnos y 
encinas. Cuando por el mes de Mayo la 
nauraleza, ya vestida con sus mejores ga- 
las, brinda al hombre con las delicias del 



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DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



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campo, celébrase la romería de la Virgen 
del Soto, y acuden á la ermita los habi- 
tantes de los pueblos y aldeas vecinas y 
aun gentes de Segovia. 

El excursionista que se decida á visitar 
estas ignoradas migajas del arte patrio, 
puede restituirse, tras una hora escasa 
de fácil marcha por buen terreno, desde 
el Soto de Revenga á la estación de La 
Losa, desde donde el tren le tornará al 
punto de partida de su excursión. 

El Vizconde de Palazuelos. 



'<S'<iJb-V'<ii> *>*^ 



SECCIÓN DE CIENCIAS HISTÓRICAS 




SELLO DE DON ALFONSO 

DUQUE DE GANDÍA 

L hermoso sello que reproducimos 
en lámina suelta llamará sin du- 
da la atención de los lectores del 
Boletín, no sólo como obra de ar- 
te y por el lejano período histórico á que 
pertenece, sino también por correspon- 
der á un personaje harto conocido en su 
tiempo, y que, á pesar de haber sido con- 
siderado como extranjero en Castilla, in- 
fluyó poderosamente en un gran suceso 
histórico de este antiguo reino. 

Lo que constituye en realidad el sello, 
ó sea su imprimación, es de cera colora- 
da, y mide 66 milímetros de diámetro, 
pero tiene, de cera amarilla, un tosco 
cerco y un reverso, sobradamente abul- 
tado y convexo , parecido á los usados en 
Francia en tiempo de Luis el Joven, y en 
cu3'a parte culminante se empezó á es- 
tampar un blasón. 

D. Pedro IV de Aragón, siguió tam- 
bién esta costumbre, que tenía por objeto 
evitar falsificaciones y engaños por me- 
dio de traslaciones de estos signos de au- 
tenticidad desde unos documentos á otros. 
En comprobación de la exactitud de este 
propósito, se cita el ejemplo de un obispo 
de Winchester que hizo grabar en su con- 
trasello esta inscripción: "Swm cusios et 
testis sigill¿.„ 

El sello que estamos examinando está, 
sin embargo, desprovisto de semejante 
T. lu. 



contrasello, por más que plásticamente 
afecte la figura de los que suelen tenerlo. 
Corre á lo largo de su orilla una cinta 
circular con su acostumbrada leyenda, 
circunscrita por dos cordones concéntri- 
cos , el menor de los cuales , que lleva por 
dentro una decoración lobulada , aprisio- 
na un campo flordelisado y losangeado. 
En su centro se destaca un soberbio es- 
cudo casi rectangular, cuartelado en so- 
tuer, donde figuran las barras de Ara- 
gón alternando con lises, cargadas á su 
vez con un lambel. 

Descansa sobre dicho escudo, que cae 
inclinado hacia la derecha, un yelmo ce- 
rrado y coronado, desde cuyo vértice se 
levanta enhiesta la famosa cimera del 
dragón alado, que sirvió de materia á otro 
modesto trabajo que tuvimos la honra de 
publicar el año pasado en este Boletín. 

En la orla exterior, á que antes nos he- 
mos referido, figura la siguiente inscrip- 
ción, escrita en valenciano con caracteres 
góticos minúsculos: 5. (Segell) de D. Al- 
fonso duch de Gandía. 

De seguro que instintivamente, como 
nos ocurrió á nosotros, habrán pensado 
nuestros lectores, al leer el ilustre título 
de duque de Gandía, que se trataba de 
algún personaje perteneciente á la tan 
conocida alcurnia de los Borjas, señores 
durante siglos de tan soberbio feudo. Em- 
bargados por este prejuicio, y sin fijarnos 
en detalles principalísimos del sello, an- 
duvimos buscando en el largo catálogo 
de duques de Gandía el nombre de Al- 
fonso, al que pudiera referirse la inscrip- 
ción que hemos copiado; pero estéril fué 
nuestro trabajo, inútiles las investiga- 
ciones practicadas, por cuanto desde que 
los Reyes Católicos concedieron en 1485 
dicho ducado á D. Pedro Luis de Borja 
hasta principios del siglo xvii, en que lo 
poseía D. Carlos segundo de este nom- 
bre, no hemos hallado un solo duque que 
llevara el nombre de Alfonso '. 

No procedimos más adelante en nues- 
tras investigaciones, porque tratándose 
de un objeto con caracteres marcada- 
mente ojivales, no podíamos suponerle 



1 He aquí los nombres de los duques contenidos en 
el período á que nos referimos: Pedro Luis , Juan 1, 
Juan II, Francisco I, Carlos I, Francisco II, Carlos II. 

8 



54 



boletín 



ejecutado en el siglo xvii ó siguientes; y 
si comprendimos en nuestras pequisas 
el XVI, en que brillaba ya con todo su es- 
plendor el Renacimiento, fué porque en 
los Estados, que constituían el reino de 
Aragón, se conservan varios monumen- 
tos ojivales edificados ó terminados en 
dicho siglo. 

Cerrado el camino, que ligeramente ha- 
bíamos err.p rendido, volvimos á exami- 
nar el sello con más detenimiento, y ob- 
servamos que los cuarteles del blasón 
descrito no correspondían en manera al- 
guna al linaje de los Borjas. Es verdad 
que la famosa Lucrecia Borja se casó en 
terceras nupcias con un Alfonso de Ara- 
gón, duque de Biseglia é hijo natural de 
Alfonso II de Ñapóles, y que Juan ÍI de 
Borja contrajo matrimonio con Juana de 
Aragón , nieta de los Reyes Católicos; 
pero ni Lucrecia fué jamás duquesa de 
Gandía, ni por lo tanto su marido pudo 
intitularse duque de aquellos estados, ni 
Juan II de Borja, por el mero hecho de 
llamarse Juan, puede confundirse con el 
duque Alfonso que figura en el sello. Las 
barras de Aragón, que ostenta éste, no 
se refieren, pues, á ninguna de las dos 
individualidades de la prosapia de los 
Borjas enlazadas con la casa real de 
Aragón. 

¿Quién será, pues, el noble vastago de 
la misma á quien pudo pertenecer y re- 
presentar este céreo documento? 

Registremos olvidados y polvorientos 
cronicones, donde acaso podamos descu- 
brir la incógnita que se ofrece á nuestra 
vista. 

Refiere Escolano en sus Décadas de la 
Historia de Valencia, que Gandía fué 
dada en el año 1296 por el rey D. Jaime II 
á su tía doña Constancia, emperatriz de 
Constantinopla, y que, muerta aquella, 
volvió á la corona real. Más tarde el mis- 
mo D. Jaime hace cesión de aquel Estado 
á su hijo segundo D. Pedro, conde de Ri- 
bagorza, que lo poseyó durante su vida, 
y á su muerte pasa á su primogénito don 
Alfonso. 

Este D. Alfonso fué uno de los infantes 
de Aragón que fueron á Castilla duran- 
te la fratricida lucha de D. Enrique II 
contra D. Pedro I y que más se distin- 



guieron en favor del primero de los dos 
contendientes, por cuyo motivo trabóse 
entre el pretendiente y el infante una 
amistad sincera y profunda desde 1356 en 
que D. Pedro IV de Aragón llamó al de 
Trastamara, que estaba en Francia acau- 
dillando mesnadas castellanas. En testi- 
monio de esa amistad y por agradeci- 
miento á la eficaz ayuda que le prestaba, 
D. Enrique, en el acto de su coronación 
en Burgos (Marzo, 1366), creó en favor de 
D. Alfonso el marquesado.de V^illena, que, 
si no mienten las historias, fué el primero 
que se instituyó en Castilla. Esta esplén- 
dida merced le originó muchos sinsabo- 
res por las rivalidades y envidias que 
despertó entre la nobleza castellana, la 
cual no paró en sus intrigas hasta conse- 
guir que se anulara aquella gracia y se 
creara un ducado de Mllena en favor de 
la infanta doña María , hija de Enrique III. 
Antes, sin embargo (en 6 Julio 1382), ha- 
bía conseguido D. Alfonso otra esplén- 
dida merced de parte de D. Juan I de Cas- 
tilla. 

Hallábase este monarca en 1382 delante 
de Ciudad Rodrigo preparando la inva- 
sión de Portugal con motivo del derecho 
que creía tener á la soberanía de aquel 
Estado, y para dar una muestra del alto 
aprecio en que tenía al infante aragonés, 
instituyó para él la condestablía de Cas- 
tilla, á imitación de lo que se había hecho 
en el vecino reino, cuya posesión codicia- 
ba. Pocos años después (en 1393 ?), duran- 
te la menor edad de Enrique 111, también 
una conjuración de sus émulos le arre- 
bataba esta dignidad, con que consiguió 
engalanarse D. Pedro Henríquez,tío bas- 
tardo del rey. D. Alfonso, como es de su- 
poner, asistió á la desdichada batalla de 
Aljubarrota en compañía de su hijo don 
Pedro, que perdió la vida después de ha- 
ber hecho prodigios de valor. Tales son 
los rasgos principales del infante de Ara- 
gón D. Alfonso durante su permanencia 
en Castilla. Veamos ahora la importancia 
que tuvo en su patria y las honras con 
que fué distinguido. 

Ya sabemos, en cuanto á su nacimien- 
to, que fué hijo del infante D. Pedro, 
conde de Ribagorza y de Denia, y nieto 
de D. Jaime II. Sabemos también que en 



DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



55 



calidad de heredero de su padre poseía 
los estados de Gandía, donados por el re- 
ferido D. Jaime al relatado D. Pedro; 
pero esos, estados constituían á la sazón 
tan sólo un señorío no revestido de dig- 
nidad titular, hasta que con motivo de la 
coronación en Zaragoza (13 de Abril de 
1399) de D. Martín el Humano, este mo- 
narca elevó dicho señorío á ducado, con- 
cediéndoselo á su deudo D. Alfonso, re- 
sultando, por lo tanto, este esforzado in- 
fante el primer duque de Gandía que 
registran los anales. Hallándose éste de 
una edad avanzada, presenció la muerte 
de su real favorecedor (J410), y por ha- 
ber quedado dudosa la legitimidad de la 
sucesión , se presentó el infante al Parla- 
mento de Caspe, alegando preferente de- 
recho á la corona. Antes, sin embargo, 
de que se pronunciara el memorable fallo 
por el cual se elevó al trono aragonés á 
D. Fernando de Antequera, la Providen- 
cia dispuso de la larga y azarosa vida 
(1410-12) del que tanto se distinguió en 
Castilla y Aragón. 

Con presencia de estos antecedentes 
históricos, consideramos que ha llegado 
ya el momento de determinar la atribu- 
ción del sello que nos ocupa. 

La inscripción que rodea al mismo se 
refiere á un D. Alfonso, duque de Gan- 
día, cuyo nombre y título coinciden, como 
ven nuestros lectores, con la noble per- 
sonalidad que acabamos de historiar. Los 
cuarteles preferentes del escudo son las 
barras de Aragón, que tan bien cuadran 
á nuestro personaje, puesto que era in- 
fante de ese reino, y lo propio podemos 
afirmar de los otros dos cuarteles por la 
razón que vamos á exponer. 

Sabido es que D. Jaime II contrajo ma- 
trimonio con Blanca de Ñapóles, nieta de 
Carlos de Anjou, el cual era hermano á 
su vez del santo rey de Francia Luis IX. 
Carlos, por tanto, podía y debía usar el 
blasón flordelisado como miembro de la 
dinastía de los Capetos, y por su carácter 
de segundón debía también distinguir su 
escudo del que correspondía al rey, su 
hermano, por medio de la figura heráldi- 
ca llamada lambel, que tiene precisa- 
mente esta significación y objeto. Con ob- 
servar que tanto la flor de lis como el 



lambel, que aparecen claramente en di- 
chos cuarteles, pertenecían á la abuela 
de D. Alfonso, resulta evidenciado que 
los cuatro cuarteles que hemos examina- 
do separadamente son aplicables al in- 
fante de Aragón, del cual venimos ocu- 
pándonos. 

Por otra parte, si consideramos el sello 
en cuestión bajo el punto de vista mera- 
mente arqueológico, preciso es convenir 
en que, tanto su factura como sus atribu- 
tos, la forma del escudo y singularmente 
el carácter de la cimera, revelan una 
obra artística de últimos del siglo xiv ó 
principios del xv, fecha en que D. Alfon- 
so de Aragón obtuvo precisamente el du- 
cado de Gandía. 

En virtud, pues, de todo el cúmulo de 
datos que preceden, nos consideramos 
autorizados para afirmar resueltamente 
que el sello de que tratamos pertenece á 
D. Alfonso de Aragón, conde de Riba- 
gorza y de Denia, duque de Gandía, mar- 
qués de Villena y almirante de Castilla. 

El Barón de las Cuatro Torres. 



-^-M-i 



FRONTAL DE ESTILO FLAMENCO 
en la catedral de Valencia. 



El frontal que representa nuestro gra- 
bado figuró con el número 14 en la sala 
octava de la memorable Exposición His- 
tórico-europea de Madrid, y fué expuesto 
por el Excmo. Cabildo Metropolitano de 
Valencia. 

Sobre oro y sedas aparecen en el fron- 
tal representadas varias escenas de la 
Pasión y muerte de Jesús, desde que con 
la cruz á cucí tas salió de Jerusalén hasta 
que fué colocado en el sepulcro. 

Los convencionalismos del arte fla- 
menco se dejan ver desde la colocación 
de la cruz sobre los hombros del Salva- 
dor hasta en la sangre que sube en el col- 
gante brazo, en la sepultura. Es claro 
que se falta á la propiedad en el paisaje, 
en la indumentaria y en lo relativo al se- 
pulcro. Sigúese la tradición de no haber 
sido clavados los ladrones. 

Pero aparte de lo que entonces no po- 
día exigirse en cuanto á la técnica del 



56 



boletín 



bordado, la catedral de Valencia po- 
see una maravilla con los dos frontales 
que conserva, de los cuales es uno el que 
nos ocupa; dominan los colores amarillo, 
verde y rojo aparte del oro; y nadie pue- 
de dudar de que proceden ambos fronta- 
les de talleres flamencos allí existentes 
en los siglos xv y xvi. 

Respecto de lo demás, el frontal por sí 
mismo habla bien claramente. 



X. 



■ >•>> »> «:< o- 



SECCIÓN DE LITERATURA 



LA CAJA DE PANDORA 

FRAGMENTO DE UNA OBRA DRAMÁTICA 



El Olimpe. — En el centro la caja de Pando- 
ra.— A un lado de la escena un montón de 
arcilla. 

Júpiter sentado en su trono; colocados en hemici- 
clo Venus, las Gracias, Minerva, Apolo, Mercurio, 
VuLCANO, Plutón, Neptuno, Marte, Eolo j^ demás 
dioses. 

MERCURIO 

Ya en tu presencia congregados, Júpiter, 
De la mansión olímpica los dioses 
A tu mandato están: tu acento esperan 
Gual, tembloroso, en el callado monte 
Espera el árbol que Euros le acaricie 
O implacable sus ramas Bóreas tronche. 
Habla, por fin, y que tu voz, rasgando 
La dura capa en que envolviste al orbe, 
Desde el trono inmortal en que te sientas 
Llegue á la inmensa pequenez del hombre. 

JÚPITER (con voz atronadora). 

Iras vertiendo y rebosando enojos. 
Como rugiente mar que de sus bordes 
Se befa y hierve y espumante avanza 
Y el llano inunda, contemplad á Jove. 
(Los dioses se inclinan aterrados.) 
Pero la frente erguid. No es el Olimpo 
Quien hoy el dique de mi encono rompe; 
Sobre otro ser mi diestra se levanta , 
Que el rayo vengador en ella pone. 
Brille para vosotros mi sonrisa ; 
Mas, si veis que fugaz luce y se esconde. 
Pensad que es el destello fugitivo 
De errante estrella en tormentosa noche. 



MINERVA 

Nuestra j asta ansiedad calma, y permite, 
Padre y Señor, que, la que al rudo golpe 
Del hacha formidable de Vulcano 
Salió de tu cerebro, te interrogue. 
¿Quién, atrevido, al que, mirando, abarca 
Del mundo los extremos horizontes 

Y límites da al mar, luz al espacio. 
Vida al reptil é inteligencia al hombre. 
Osa ofender sin que sobre él del cielo 
La inmensa pesadumbre se desplome? 
Si mortal, que tu rayo le aniquile; 
Pueblo, que sobre él vayan tus legiones; 
Sin gloria semidiós, caiga vencido, 

Y dios... si es dios, que tu perdón le otor- 

gues, 

JÚPITER 

Oidme atentos. De Japet y Themis 
Prometeo, hijo audaz, en las regiones 
De la apartada Escitia, la soberbia 
De su padre el titán purga y esconde. 
Libre de males, de la vida el piélago 
Cruza risueño con tranquilo porte. 
Cual blanca nave que la mar columpia, 
La brisa impele y á sus lares corre. 
Mas ¡ay! un día en que amoroso Febo, 
De hojas ceñido y odorantes flores. 
Como lluvia de luz baja á la tierra 
Pintando valles y vistiendo bosques , 
El osado titánide una estatua 
Formar de limo inmundo se propone, 

Y miembro á miembro sus contornos bro- 
Del rígido cincel al rudo choque. [tan 
Ebrio la admira; mas de pronto anublan 
De sus ojos la luz negros crespones. 
Cual de Apolo y Selene al casto beso 

Se apaga el mundo en prematura noche. 

Y es que el mortal, á quien al cielo plugo 
Dotar benigno con tan ricos dones. 

El sacro jugo de la vida intenta 
Vaciar soberbio en el inerte molde. 
Rompiendo el éter, el Olimpo escala, 
Camina artero, el hálito recoge, 
Acecha, roba el fuego, huye, desciende, 

Y el barro anima... Pero juro, ¡oh dioses! 
Por Rea y Cronos que su ser me dieron 
Y, ved mi enojo, hasta de Estigia en nom- 

[bre. 
No más néctar libar sin que venganza 
Olímpica y feroz Júpiter tome. 



DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



57 



MARTE 

Manda y verás al que á Peloro un día 
De la empinada cumbre del Rodofe 
Despeñado arrojó sobre la tierra 

Y en sangre tinto de su lanza al bote, 
Vestir al punto la ferrada cota, 
Cabalgar sobre Notos y Afeliotes 

Y desde el antro en que el raptor se 

[oculta, 
Gritar: "¡Oh Padre: te vengó Mavorte!,, 

VULCANO 

Si de mis fraguas el metal candente 
Quieres que al hijo del titán devore. 
Yo á las bocas del Líparis y el Etna 
Diré que en hipo abrasador lo arrojen. 

APOLO 

Nuevo Faetón que, calcinando al mundo. 
Tostó la faz del africano etiope, 
Del carro de Hiperión yo á los corceles 
La suya haré que con la crin azoten. 

NEPTUNO 

Yo irritaré los mares. 

PLUTÓN 

Yo á Leteo, 

A Flegetón, Cocito y Aqueronte, 
Las puertas abriré porque del Tártaro 
Parcas, furias y euménidas desborden. 
iVenganza! 

TODOS 

Sí, venganza. 

JÚPITER 

• 

En mis oídos 
Más sonoras resuenan vuestras voces 
Que de Castalia y de Hipocrene el canto 
Con que á Helicón refieren sus amores. 
Mas... tortura ambiciono y no exterminio. 
Que vengarse matando es breve goce; 
La muerte acaba, el sufrimiento dura: 
Las horas el dolor las cuenta dobles. 
Héfestos: De ese limo que los campos 
Flégreos tapizó, tus manos formen 
Ser tan perfecto, que Minerva, Juno 
y Venus misma su belleza adoren. 



VULCANO 

(Vulcano se pone á modelar el montón 
de barro que hay en la escena.) 

Pandora ha de llamarse, porque todos 
El presente le haréis de ricos dones 
Con que, amor inspirando á Prometeo, 
De ventura sus sueños emponzoñe. 
Y esa mujer, que el mundo la primera 
Con su planta va á hollar, nuevas pa- 

[siones 
Lleve tras sí, que fecundantes leguen 
A sus hijos los hijos de los hombres. 

(Los dioses se acercan al litno y tienden 
la mano como para otorgar un don.) 

VENUS 

El arte de agradar y la belleza 

De Venus, ¡oh Pandora!, ten en dote. 

EGLÉ 

Eglé, Talia y Pitho te conceden 
El don de seducir. 

MINERVA 

Palas, de nobles 
Paños te viste que, á indiscretos ojos, 
La estatua acusen y la virgen roben. 

MERCURIO 

Recibe de Mercurio la elocuencia. 

APOLO 

Preste á tu voz mi lira sus acordes. 

JÚPITER 

El ser toma de mí. 

(Nace Pandora del limo.) 

VULCANO 



Padre, ¿la admiras? 



¿Tus deseos llené? 



JÚPITER 

(Extasiado.) No, los transpones; 

Porque es tan bella, que, al perderla, ig- 

[noro, 
Quién se venga de quién, si el dios ó el 
Inútil vacilar. A Prometeo [hombre. 

Condúcela, Mercurio, y ese cofre 
Con Pandora le da. Todos los males 
En su fondo encerré; y apenas ose 



58 



boletín 



El tiLáníÍ2 abrirle, por la tierra 
Su eterno germen sembrarán veloces, 
Quedando en él tan sólo la esperanza, 
El mañana sin hoy de los dolores. 
Parte por fin... Mas sus contornos puros 
De nuevo contemplar dejadme, ¡oh dioses! 
Aléjate... Detente... Parte... Espera... 
(Fluctuando.) 



TODOS ' 



iVenffanza! 



JÚPITER 

¡Oh! Sí. Venganza, y tiemble el orbe. 
Enrique Gaspar. 



SECCIÓN DE BELLAS ARTES 



EL RETRATO EN ESPAÑA ^'^ 

L calificativo de maniático que 
vulgarmente se aplica á aquel, 
que, persiguiendo una idea, se 
dedica sin descanso ni sosiego á 
coleccionar objetos de arte y de otras 
clases, envuelve notoria injusticia para 
quien , por el contrario, es merecedor del 
aplauso , estima y consideración. 




1 Anticipamos á nuestros lectores este estudio, ex- 
traído de una notable y monumental obra inédita, á 
que nuestro consocio, el distinguido artista Sr. Pole- 
ró, ha consagrado gran parte de la labor de su vida. 
El titulo de la obra es: El traje en España. Apun- 
tes iconográficos sacados de los monumentos délos 
siglos VIII al XVII, con texto biográfico descripti- 
vo, por D. Vicente Poleró. 

Las materias de que tratan los ocho volúmenes de 
que consta el trabajo son como sigue: 

I.— Iluminaciones de códices y libros manuscritos 
de los siglos vjii al xvi. 

II.— Pinturas murales, vidrieras y cuadros al tem- 
ple, de los siglos XI al xvi. 

I il. -Estatuas conmemorativas, imágenes sagra- 
das, arcas de reliquias y bajo-relieves, de los si- 
glos IX al XVI. 

IV.— Bultos sepulcrales de reyes, príncipes é in- 
fantes del siglo X al xvi, 
V y VI. -Cenotafios y bultos sepulcrales de gran- 
- des prelados e' insignes capitanes, caballeros, escrito- 
res y damas ilustres del siglo xiii al svii. 

Vil. — Retratos de personajes ilustres, desde el si- 
glo XV al XIX. 

VIH.— Alhajas de oro, plata y piedras preciosas, 
del siglo XV al XIX. 

(N. DE LA R.) 



A esos seres llenos de entusiasmo y 
actividad deben las artes, las ciencias, 
la literatura y la industria sus adelantos 
y sus triunfos. 

La historia del trabajo humano, como 
resultado de los esfuerzos hechos en di- 
ferentes épocas, clasificando con buen 
orden y concierto sus adelantos, presta 
á los estudiosos en cualquiera de los ra- 
mos del saber señalados servicios, que 
vienen á refluir en bien de la sociedad en 
general. 

El estudio de la indumentaria é icono- 
grafía; la estatuaria y la pintura en sus 
variadas manifestaciones, la primera, por 
sus obras decorativas y sepulcrales; y la 
segunda, por sus códices, pinturas mura- 
les y cuadros , dan á conocer cumplida- 
mente las diferentes formas que el lujo, 
el capricho ó la necesidad han venido 
revistiendo desde muy antiguo. 

Las colecciones de retratos de hombres 
eminentes en las ciencias y las letras, tu- 
vieron principios desde el siglo xvi en ade- 
lante en los monasterios , universidades 
y otros centros, cuyo ejemplo siguieron 
muy en breve varios imitadores de la 
grandeza, artistas y hombres de letras, 
como Argote de Molina, Francisco Pa- 
checo, en Sevilla, y Lastanosa en Hues- 
ca, á los que siguieron en tan laudables 
propósitos, después, en nuestros días, 
los marqueses de Santa Cruz, príncipe 
de Anglona, duques de Medinaceli^ Osu- 
na, Alba, ln!antado,Villahermosa, condes 
de Altamira, Bornos y duque de Pastra- 
na, con los Sres. D. José de Madrazo, 
D. Valentín Carderera, D. Carlos Ortiz 
de Taranco , D. Pedro Jiménez de Haro 
y D. Serafín de la Huerta , cuyo camino, 
en materia de retratos, tahibién procuró 
imitar el Excmo. Sr. Conde de Toreno, 
que siendo ministro de Fomento dispuso 
la formación de una Pinacoteca ó colec- 
ción de retratos de españoles ilustres en 
el Museo Nacional de pintura, para sub- 
sanar el abandono ó descuido anterior. 

Compréndese bien que sólo un Museo 
costeado por la nación puede llegar á 
reunir obras capitales, pues á un particu- 
lar no le es dado coleccionar retratos de 
Tiziano, Sánchez Coello, Moro, Veláz- 
quez. Ribera, Murillo, Zurbarán, Reñí- 



DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



59 



brandt, Rubens, Van D3^ck y otros iníini- 
tos artistas eminentes; pero en su defecto, 
hay muchos pintores de segundo orden 
que en este género han conseguido justa 
reputación, entre los cuales deben seña- 
larse, Pantoja de la Cruz, Sebastián Mu- 
ñoz, Antonio Arias, Juan Bautista del 
Mazo, Juan de Pareja, Amonio Pereda, 
JuanCarreño, Bartolomé González, Clau- 
dio Coello, el P. Maino, Hidalgo y Juan 
Alfaro, á los que deben agregarse, en 
nuestros días , D. Francisco Goya, Don 
Vicente López, D. Leonardo Alenza y 
D. Federico de Madrazo, con otros mu- 
chos, gloria de la pintura contempo- 
ránea. 

Siguiendo, pues, esta progresión, en- 
tendemos que deben considerarse como 
de interés relativo las copias de retratos 
de varones ilustres hechas por artistas 
desconocidos en épocas posteriores, cuan- 
do no se conocen ó no se tienen noticias de 
en dónde se hallan los originales como su- 
cede con los del Gran Capitán, Cristóbal 
Colón y Pizarro, que, entre otros varios 
de grandes capitanes y personajes ilustres, 
si bien presentan por lo general grandes 
defectos y censurables libertades alte- 
rando ó modificando los trajes y algunos 
de sus accesorios, no dejan de ser de 
sumo interés, por no existir otros más 
auténticos '. 



1 El de Gonzalo de Córdova se sabe que lo hizo 
el Giorgione en Italia, y en la colección de retratos 
que Paulo Jovio formó de hombres ilustres se regis- 
traba, no sabiéndose actualmente su paradero. Los 
que hoy se conocen aparecen de perfil, y son copias 
todas más ó menos antiguas , teniéndose como los 
más auténticos el que se publicó en el siglo xvi para la 
obra de Coito capitaiti ilitstri, y los que copia Car- 
derera en su Icoiio?.rafia española. Lo mismo deci- 
mos con respecto al del eminente político Cardenal 
Cisneros, que también en la citada Iconografía puede 
verse. 

Iguales dudas asaltan con relación á Cristóbal Co- 
lón, pues todos los que de este célebre hombre se die- 
ron como del célebre genovés y estuvieron al público 
en la Exposición Hisiórlco-Europea , dejan mucho 
que desear y aumentan, por consiguiente, la incerti- 
bre. Si alguno de ellos revela algo de su fisonomía, 
como todos parecían copias de copias, será siempre 
muy dudoso el parecido con el original, incluyendo el 
que existe en la Biblioteca Nacional. Con relación al 
del Conquistador de Méjico, el que tal vez sea más 
auténtico, aunque no de buen artista, es el que se 
conserva , según se sabe, en la iglesia-hospital de Alé- 
jico, fundación de aquel gran capitán j- político. 



En todas épocas fué considerado el re- 
trato y tenido en gran estima de padres á 
hijos, mas, por lo general, al desaparecer 
aquéllos, sus herederos no participan á 
las veces de tan noble sentimiento, suce- 
diendo al desdén la indiferencia, la cual 
tanto más se aumenta , cuanto más va 
alejándose el recuerdo de los seres un 
tiempo queridos y respetados. 

La nobleza y el clero, por interés de 
clase la primera y respetuoso recuerdo el 
segundo, han conservado hasta el adve- 
nimiento de las nuevas ideas, las colec- 
ciones que ya menguadas han llegado 
hasta nosotros en castillos, casas de recreo 
y palacios, á los que añadieron los retra- 
tos de capitanes ilustres copiados de otras 
colecciones. 

La dispersión de los retratos, no ya sólo 
en España, sino en Francia é Italia, se 
presta á tristes reflexiones, sin que tenga 
disculpa el represensible abandono de al- 
gunos, permitiendo arrancar de los muros 
délos antiguos solares los nobles y ve- 
nerables recuerdos de sus antepasados. 

No sólo la indiferencia ó descuido fue- 
ron las causas de esto, pues deben consi- 
rarse otras muy poderosas que no hubo 
medio de contrarrestar; tales fueron las 
repetidas emigraciones, la exclaustración 
de Ordenes religiosas , las interminables 
discordias civiles, las luchas emanadas 
de los partidos políticos y ciertas ideas 
modernas que con la alteración de las 
costumbres han ido borrando las huellas 
del recuerdo y el noble patriotismo de 
nuestros mayores. 

En cuanto á las demás clases sociales, 
apenas á medio siglo llega la conserva- 
ción del recuerdo por el retrato, pues 
desde la familia á los extraños pasando de 
una á otra mano, vienen á dar los más en 
las prenderías ó en el Rastro , y de aquí 
se explica que algunos , ya por modestia, 
y son los menos, ó por vanidad excesiva, 
rehusan el ser retratados por no verse en 
vida expuestos á las censuras ó burlas 
de algunos. 

Al variar las épocas, se cambian por lo 
regular las costumbres. 

Los caprichos de la moda , diosa en- 
cargada desde lejanos tiempos de alterar 
el juicio aun á las personas más sensatas, 



6o 



boletín 



contribuyen en gran parte á que el vatici- 
nio anterior se cumpla. 

A este avasallador impulso responde 
el que, en los primeros años del siglo ac- 
tual, los cuadros estorbando y los retra- 
tos pareciendo ridiculos, aquéllos cedie- 
ran el puesto al papel pintado y éstos 
fueran relegados al olvido, en los grane- 
ros, desvanes y guardillas, si no es que 
se cambiaron por detestables y ridiculas 
estampas de Átala y Chactas , asuntos 
de la historia antigua romana ó célebres 
batallas de Napoleón I. 

Por relación de testigos presenciales 
sabemos que, en la citada época, cuando 
se vendía un cuadro en doscientes reales, 
se consideraba como un gran negocio (á 
tal extremo había llegado la afición y en- 
tusiasmo por las artes) y la persona que 
lo realizaba era considerada feliz como 
la más. 

A estas causas se debe la formación de 
escogidas colecciones de celebrados ar- 
tistas que han salido del reino, y que un 
día fueron el regocijo de las familias, 
desde el siglo xvi, sirviendo de principal 
adorno en los estrados de las casas seño- 
riales '. 

Únese á esto también la desamortiza- 
ción y las poco acertadas medidas de los 



1 Ya en la época de Felipe IV , comenzó la extrac- 
ción de pinturas en España, siendo el príncipe de Ga- 
les, después Carlos I, el que á su vuelta á Inglaterra, 
por no haberse concertado su enlace con la infanta 
doña María, se llevó á Inglaterra muchos cuadros 
que le fueron regalados por el monarca y los gran- 
des, con otros que adquirió en las almonedas del con- 
de de Villamediana, y de Pompeyo Leoni. Desde el 
siglo XVI data en España la afición á coleccionar 
obras de arte, formándose las del almirante de Cas- 
tilla, marqués de Leganés, conde de Benavente, prín- 
cipe de Esquilache, marqués de Medina de las To- 
rres, conde de Monterrey, marqués de Villanueva 
del Fresno, D. Jerónimo de Villafuerte, D. Rodrigo 
de Tapia, D. Suero de Quiñones, D Francisco de Mi- 
ralles, D. Jerónimo de Alvis, D. Francisco Manuel, 
D. Francisco Antonio Calamata, Mateo Montañés, 
D. Jerónimo Fures, Butilio Gaxi, D. Gaspar Galcerán 
de Castro y Pinos, conde de Guimerá, que fué uno de 
los más doctos, en el siglo xvi, en antigüedades, y, por 
último, D. Martín de Aragón, duque de Villahermosa, 
que en Pedrola reunió una colección de estatuas, mo- 
nedas y medallas. D. Vicente Juan de Lastanosa, que 
en Huesca reunió una muy escogida colección de cu- 
riosidades , dando origen á decir por entonces (si- 
glo XVII), que "quien va á Huesca y no visita la casa de 
Lastanosa, no ve cosa„; formábanla una selecta libre- 
ría, notable monetario, curiosa y rica armería, anti- 
guas estatuas y gran numero de pinturas al óleo y en 
miniatura, con no pocos selectos grabados. 



gobernantes con el mal desempeño de las 
comisiones nombradas para la incauta- 
ción, y se comprenderá el poco esfuerzo 
que costaría la formación de muchas co- 
lecciones que hemos conocido, tales como 
las de D. José de Madrazo, D. Valentín 
Carderera , D. Pedro Jiménez de Haro, 
D. Serafín de las Huertas, y después, don 
J. Puig y Bautista, La Portilla, Calvo, 
Carriquiri, Peleger, Bueno, Araujo, mar- 
qués de Remisa, Salamanca, conde de 
Adanero y D. Isidoro Urzaiz, á las que 
fueron agregándose multitud de curiosi- 
dades arqueológicas de todas clases, 
guardadas un tiempo religiosamente en 
monasterios , conventos y santuarios. 
Procedentes de este sitio y también de 
particulares, eran expuestos á la venta 
pública toda clase de muebles y objetos 
de arte, en plazas, plazuelas, calles y por- 
tales de la coronada villa y corte de Ma- 
drid, todos los años el 21 de Septiembre. 

Esta acumulación de trastos de todas 
especies y épocas, á las que cada cual 
pagaba el tributo de su particular afición, 
produjo un movimiento inusitado de ex- 
traordinaria actividad, dando ocasión á 
que desconocidos individuos de humilde 
clase, se diesen á recorrer los pueblos sin 
descanso ni sosiego, poniendo á las veces 
de manifiesto, sin conciencia de ello, va- 
liosos é importantes objetos arqueológi- 
cos. 

Solía suceder en ocasiones al res- 
taurador, que, de la limpieza de un cua- 
dro devoto, cuyo mérito no correspon- 
día al interés de conservarle, quedaba 
de manifiesto haber sido pintado sobre 
un retrato y éste á las veces sobre otro 
asunto mejor desempeñado. En muchos 
cuadros se vieron tan singulares trans- 
formaciones y hasta en el Museo real 
de pinturas se ofrecieron casos si no 
iguales, parecidos, á cuj'as profanaciones 
se prestaron sin titubear, profesores res- 
petables de la época de Fernando VII, 
obedeciendo órdenes emanadas de la rei- 
na Amalia, que no podía transigir con las 
desnudeces presentadas por Rubens, Ze- 
gers, Tiziano, Tintoretto y Veronés *, 



i 



1 Entre otros, citaremos los cuadros que siguen: 
Aitt/as perseguidas por sátiros (Rubens), Jesús en 



DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



6i 



A las anteriores causas se debe, saber el 
verdadero nombre de un héroe ó perso- 
naje histórico y la firma del autor de la 
obra, siendo frecuente, hallarse tres le- 
treros diversos, correspondientes á otros 
tantos sujetos. Lo que sucedía con las 
inscripciones, era más frecuente con los 
trajes y las personas, no siendo menos 
los retratos con nombres supuestos, atri- 
buyéndoles títulos que no tuvieron y haza 
ñas que jamás realizaron , llegando por lo 
tanto, un Juan Lanas, á ser un duque, 
marqués, varón ilustre ó bien un célebre 
general. 

Este singular medio de alterar la histo- 
ria á voluntad, haciendo que un individuo 
del siglo xvii representase otro del si- 
glo XIII ó el XV, es tanto más censurable y 
ridículo, cuanto que ni el que lo mandó 
hacer, ni el que se prestó á ello, sabían 
que las trusas, los gregüescos, la capa 
corta y el chambergo, no fueron prendas 
por entonces llevadas. Esta manía y el po- 
co conocimiento de los estudios iconográ- 
ficos é indumentarios, dan ocasión á que 
una cabeza pintada en el siglo xvii por 
autor italiano, se diga hoy con el mayor 
aplomo ser D. Alfonso el Sabio, sólo por 
estar su nombre puesto en el lienzo , sin 
tener en cuenta que por entonces ni se pin- 
taba al óleo ni se utilizaban las telas para 
el caso, siendo además la forma de la letra 
tan diversa en aquella época. Un retrato 
que se decía encontrado en Sevilla ó Car- 
mona, con su letrero correspondiente de 
D. Pedro I de Castilla, fué prueba suficien- 
te para acreditarle como del siglo xiv, 
siendoeste yelanteriorno más queproce- 
dentes de los que solían pintarse como 
decoración en los frisos y artesonados de 
los salones de casas solariegas ó palacios 
del siglo XVI. 

Otro retrato hecho al oleo y con corres- 
pondiente inscripción de la misma manera 
pegado en tabla, encontrado en una anti- 
gua casa del Albaicín de Granada, y que 



casa de Marta y Alarla (Zegers), Ofrenda á Baco 
(Caballero Máximo), Andrómeda (Escuela flamenca) 
y Alegoría (Sebastián Bourdón); habiéndose afor- 
tunadamente librado de ser repintadas ó tal vez des- 
truidas las Fe«ws (Tiziano), guardadas en la Aca- 
de mia de San Fe i nando, como también la que se ha- 
llaba en el palacio de El Escorial, que fué destruido. 

T. III. 



no es más ni menos que una cabezota de 
moro con una gruesa cadena al cuello , re- 
corte de un antiguo escudo nobiliario, noá 
chamarileros ó rebuscadores de oficio, sino 
á personas distinguidas hemos oído ase- 
gurar con la mayor seriedad ser retrato de 
Boabdil, último rey de Granada. Hasta el 
desgraciado príncipe de V'iana, antes San 
Bartolomé, pintado al temple y fondo do- 
rado, que en el siglo xv compuso parte 
con otros Apóstoles de un retablo del si- 
glo XV, procedente de una iglesia de Borja 
en Aragón, pasa hoy en una casa de la aris- 
tocracia como la vera efigie de aquel des- 
dichado príncipe de Navarra. Si esto su- 
cede actualmente que tan conocidos son 
los estudios arqueológicos y que de todo 
se duda menos de aquello que halaga 
nuestro amor propio, ¿que no ocurriría en 
el siglo anterior, cuando íué tan desatina- 
da la manía de linajudas procedencias, 
embargando tanto la vanidad de los seño- 
res de chupa y casacón, que para enalte- 
cer su origen y acreditar sus apellidos, no 
se paraban en barras, mandando pintar 
colecciones enteras de retratos , desde el 
rey godo D. Rodrigo hasta Carlos III, sin 
cuidarse de la exactitud de los trajes y 
traeres correspondientes á la época en 
que brillaron? 

Esto, en cuanto á los retratos de nuevo 
cuño, porque tratándose de aprovechar 
otros, poniendo su sobrescrito, pronto sa- 
lían del paso sin parar mientes en más 
pormenores. 

Merced á tan ridiculas pretensiones, se 
han hallado retratos de varones ilustres 
en las armas y las letras cuya falta se la- 
mentaba, siéndonos ya conocidos el céle- 
lebre secretario de D. Juan de Austria, 
D. Juan de Escobedo ' ; Fr. Gabriel Téllez 
(Tirso de Molina), Medinilla, poeta y ami- 
go de Lope de Vega; el marqués de Villa- 
mediana y Juan Mateos, ambos célebres 
en el reinado de Felipe IV ; doña Brianda 
de Cárdenas, condesa de la Puebla *; Don 
Pedro de Cárdenas y Villalobos, secreta- 
rio que fué de los tres Felipes ^ Fr. Alon- 
so Chacón, Nicolás Miranda, Diego Va- 



1 Hoy lo posee D. Enrique Leguina. 

2 Id. el conde de la Puebla. 

3 Id. D. Segismundo Moret y Quintana. 



62 



boletín 



lentín Díaz y Francisco Barrios, artistas 
pintores; Juan Solórzano Pereyra, céle- 
bre jurisconsulto, comentador de las leyes 
de Indias (siglo xvii). El conde de Gages, 
D. Juan Buenaventura Dumont; la mar- 
quesa de Mansilla, una de las heroínas del 
segundo sitio de Zaragoza; D. José Joa- 
quín Ferrer, célebre astrónomo y distin- 
guido matemático; D.Juan Bautista Crha- 
mer, insigne músico ' ; el marqués de Ga- 
moneda*; D. Fernando de Valenzuela, 
ministro de Carlos II '; el cardenal Bellu- 
gal, el marqués de Mirabel ■*; la marquesa 
de Peña Flor ^ ; la de Águila Fuente ®; 
una hija de Hernán Cortés '; y el segun- 
do conde de Tendilla, D. Iñigo López de 
Mendoza, con otros más de menos impor- 
tancia, todos ellos con letreros supuestos 
y algunos alterados y repintados sus tra- 
jes, pudiendo servir de ejemplo lo dicho, 
y no es bastante, para dar carta de natu- 
raleza sin otros antecedentes á cualquier 
retrato dudoso, sin un detenido y maduro 
examen ®. 

La pintura de adorno ó iluminación por 
la aguada, en sus primeros ensayos, des- 
pués de extinguido el recuerdo de lo que 
había sido en su origen, comenzó de nue- 
vo á dar muestras muy incorrectas, en 
los siglos viii y IX, y en el X ya preten- 
dió representar la figura humana, pero 
tan deficiente y con tan groseras formas, 
que apenas da razón de lo que quiere sig- 
nificar. En el siglo xi, los adelantos se 
acentúan y el colorido toma, especial- 
mente en los trajes, algunos visos de 
verdad, como lo demuestran las curiosas 
pinturas del importante códice de los Tes- 
tamentos de D. Alfonso el Casto, conser- 
vado en el Archivo de la Catedral de 
Oviedo, sin que pueda darse nombre de 
retratos á las diferentes figuras con le- 
treros que contiene este precioso monu- 
mento. 



1 Todos los señalados desde el núm. 4 hasta la nota 
■5.*, los posee el marqués de Santa Marta. 

2 Id. D. Manuel Salvador López. 

3 Id. el marqués de la Fuensanta. 
- 4 Id. id. de Mirabel. 

5 Id. id. de Peñaflor. ■ 

6 Id. id. de Águila Fuente. 

7 Id. id. de Vjllavieja. 

8 Gran auxiliar para el caso es la colección de re- 
tratos que hoy posee la Biblioteca nacional, proceden- 
tes de la colección Carderera. 



Por estas miniaturas y las notabilísimas 
que decoran y embellecen los códices 
de los siglos XII al xiv, se viene en cono- 
cimiento que el retrato no pudo alcanzar 
las necesarias condiciones para formar 
juicio exacto, ni menos aproximado, de 
los personajes que se pretendía repre- 
sentar •. 

La escultura, por el contrario, aunque 
ejercida desde el siglo x al xiii por sim- 
ples imagineros, fué acercándose poco á 
poco al natural, hasta llegar á reprodu- 
cirle con marcada naturalidad desde el 
siglo XIII en adelante; considerándose ya 
las obras de estas centurias, como nota-, 
bles obras escultóricas, y, por lo tanto, 
con todas las condiciones precisas en un 
retrato, ó por lo menos con semejanza 
completa del natural ^. 

Los bultos sepulcrales que, ya en vida 
ó poco después del fallecimiento del fun- 
dador de un monasterio ó capilla se hi- 
cieron desde mediados del siglo xii en 
adelante, en cuyo número nación alguna 
nos superó , demuestran los esfuerzos 
que sus autores hicieron para conseguir 
acierto en las facciones de las personas 
que figuraban en sus lechos sepulcrales. 

Registran algunas crónicas y manus- 
critos antiguos, varios retratos pintados 
al temple, que hasta los primeros años 
del presente siglo se han conservado, se- 
ñalándose especialmente el de D. Alfon- 
so VIII que había en el Hospital del Rey 
cerca de Burgos; el de doña Berenguela, 
hija de aquél, en el real monasterio de las 
Huelgas ^; los de D. Jaime I y sus hijos 
que sobre un muro fueron pintados en 
una antigua capilla de San Jorge, hoy 



1 Los iluminadores y miniaturistas de que tenemos 
noticia en el siglo x fueron Vigila, Sarracino y Gar- 
cía; en el siglo xm Pedro Pamplona; en el xiv Gar- 
cía Martínez y en el xvi F. Felipe, Luis Sánchez, 
Alonso Vázquez, Bernardino Candamo con otros 
varios que hasta el siglo xviii trae Cean Bermúdez 
en su curioso Diccionario de Profesores de Bellas 
Artes. 

2 Consideramos como retratos muchos de los bul- 
tos sepulcrales de reyes, príncipes é infantes y otros 
varones ilustres en las armas y las ciencias délos 
siglos xiii al XV, y así lo consignamos en sus respec- 
tivos artículos. 

3 Estos retratos con multitud de curiosidades y 
alhajas artísticas, desaparecieron del monasterio 
cuando las tropas de Napoleón ocuparon á Burgos 
durante la guerra de la Independencia. 



DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



63 



convento de monjas que en Valencia 
fundó dicho Monarca; los de tres prioras 
de apellido Carnol, pintadas de cuerpo 
entero sobre las cajas de madera que con- 
tienen sus restos, en el monasterio real 
de Sixena; otro de doña Sancha, en el 
mismo cenobio, y por último, el curiosí- 
simo de una infanta, hija de D. Jaime el 
Conquistador, que existe en el lado del 
Evangelio de la capilla mayor de la Seo 
de Zaragoza, obras todas ellas de los si- 
glos XIII y XIV. 

Algunos otros retratos pudieran citar- 
se pintados al temple que han formado 
asuntos de historia sagrada, pertenecien- 
tes á la época de D. Enrique II y III de 
Castilla, con otros que aún existen en al- 
gunos altares de las iglesias de Navarra, 
Aragón, Cataluña y Valencia '. 

A mediados del siglo xv, el retrato, por 
haber alcanzado el arte grandes adelan- 
tos, puede considerarse con grandes vi- 
sos de verdad, como lo demuestra el fa- 
moso cuadro votivo de los Reyes Cató- 
licos y sus hijos, que procedente del su- 
primido convento de Santo Tomás de 
Avila, se encuentra hoy en el Museo del 
Prado, catalogado bajo el número 2184, 
y otros que se ven en una curiosa ^abla, 
del primer auto de fe celebrado en Avila 
existentes también en dicho Museo. 

El grabado, por otra parte, que ya antes 
del siglo XV había dado muestras de exis- 
tencia por medio de los Nidos ó impron- 
tas sacadas por los plateros, origen aca- 
so del descubrimiento de la Imprenta y 
contemporáneo de la pintura al óleo, 
fué de gran provecho, ya haciendo retra- 
tos para las obras que se comenzaron á 
publicar, ó bien reproduciéndolos por se- 
parado, cuyos trabajos en muchas oca- 
siones han ayudado y sirven de compro- 
bantes, para los que, á falta de letreros, 
fueron pintados desde el siglo x vi al xviii*. 

Vicente Poleró. 
(Continuará.) 



LA SOCIEDAD DE EXCURSIONES EN ACCIÓN 



1 Entre otros, deben citarse el del marqués de San- 
tillana en una capilla fundada por dicho señor en 
1457 en Buitrago; el de D. Avaro de Luna, en la de 
Santiago de la catedral de Toledo, y el de mossén En- 
rique Cribell, de últimos del siglo xiv, que poseyó 
D. Valentín Carderera. 

2 Hasta mediados del siglo xvi no se hicieron retín 



Velada en el Ateneo de Madrid.— Excursiones 
realizadas á Segovia é lllescas. 



.^■^ RiLLANTÍsiMO aspecto ofrccía, la no- 
che del 2 del pasado Marzo, el ele- 




T); ¡j gante salón de actos del Ateneo de 
Madrid: se conmemoraba con una 
velada el segundo aniversario de la fun- 
dación de la Sociedad Española de Ex- 
cursiones, que cada día cuenta con mayor 
número de simpatías en la opinión, y á 
cada momento ve engrosar sus filas con 
valiosas personalidades; y un público tan 
numeroso como selecto, poblaba los esca- 
ños de la docta casa, ocupando en total 
sus localidades del salón y tribuna ; hace 
tiempo que no veíamos concurrencia tan 
escogida en el Ateneo, por lo que la co- 
misión organizadora, merece plácemes 
entusiastas. 

Dio principio la velada leyendo el se- 
ñor Alvarez Sereix, con notable entona- 
ción, y de la manera que el sólo sabe ha- 
cerlo, una oda, del eximio poeta Sr. Gon- 
zalo de Castro, que el público aplaudió 
entusiasmado, por los hermosos pensa- 
mientos que á cada paso cautivan la aten- 
ción del que saborea tan hermosa poesía: 
está dedicada Al Siglo XIX, y en ella se 
cantan las valiosas conquistas, los es- 
fuerzos inauditos llevados á cabo por el 
hombre, para avanzar más y más en el 
camino del progreso. Contento puede es- 
tar el autor, pues el Sr. Sereix, hizo re- 
saltar las bellezas todas de la oda, leyén- 
dola magistralmente. 

Dieron á conocer también sus produc- 
ciones, escritores tan reputados como los 
Sres. Palacio (D. Manuel), Palau, Feliu 
y Codina y Vahamonde: el primero cau- 
tivó al auditorio con sus chispas, peque- 
ños poemas diríamos nosotros , en que la 
luz centellea, en que van envueltos en 
medio de frases ingeniosas, pensamien- 
tos profundos, tristes reflexiones y ense- 
ñanzas provechosas; el público, que oía 



tos de cuerpo entero; Vassari dice que el retrato que 
Tiziano hizo de D. Diego Hurtado de Mendoza, de 
cuerpo entero, dio motivo á ponerse en práctica el 
uso de los retratos de esta clase. 



64 



boletín 



con delectación tan hermosos versos, 
pedía más y más, y el bueno de D. Ma- 
nuel, que se remoza en tales momentos, 
se mostró galante con el concurso, ha- 
ciendo oir lo mejor de su repertorio tan 
extenso como escogido. 

Palau dio á conocer fragmentos de un 
poema, varios sonetos, y su oda Al carbón 
de piedra, composición que pudiéramos 
llamar del género científico, que con tan- 
ta fortuna cultiva el ilustre ingeniero. 

Felíu y Codina recitó admirablemente 
su precioso romance La Tuna, en el que 
describe de modo maravilloso escenas 
estudiantiles, de los tiempos en que Al- 
calá de Henares era emporio de la cien- 
cia; dicha composición, en cuyo elogio 
sólo hemos de decir que es digna de la 
fama del autor de La Dolores y de Miel 
de la Alcarria, forma parte del Álbum 
de Alcalá, que por iniciativa del Sr. Don 
Lucas del Campo pronto verá la luz pú- 
blica. 

Fernández Vahamonde declamó su her- 
mosa leyenda La Abadía, composición 
del género romántico, que fué escu- 
chada con grandes muestras de agrado 
por parte del público y aplaudida des- 
pués ruidosamente. El Sr. Vahamonde 
irá lejos, si continúa trabajando y des- 
echa ese temor que otros con menos mé- 
ritos que él hace tiempo perdieron. 

Y tócanos ahora, para terminar, ocu- 
parnos en la parte más simpática de la ve- 
lada; nos referimos ala intervención que 
en la misma tuviéronlas señoritas María 
Ángulo, Luisa Garín y Matilde Torija. 

La primera , elegantemente vestida, 
cantó de manera inimitable un aria de la 
ópera Carmen y la de Margarita de Me- 
fistofele; en ambas demostró su exce- 
lente educación musical y buen gusto, 
premiando el público con estrepitosos 
aplausos su trabajo y pidiendo la repeti- 
ción del aria de Margarita, que por mo- 
destia exagerada de la señorita Ángulo, 
nos vimos privados de volver á oir. 

Luisa Garín cantó el aria de la ópera 
vascongada Pudente y el rondó final de 
Sonámbula , demostrando sus buenos 
conocimientos artísticos y sus grandes 
facultades como tiple ligera: fué aplau- 
didísima. 



Matilde Torija cautivó por su hermo- 
sura y su manera de tocar el piano : eje- 
cutó, Una página de Heller , y Legge- 
ressa, demostrando en ambas su pasmo- 
sa ejecución y exquisito gusto, que para 
sí quisieran otros maestros que hemos 
oído en el Ateneo. 

Dio término tan agradable fiesta con la 
Tarantella de Gotschalk , ejecutada á 
cuatro manos por las señoritas Torija y 
Ángulo, que fué maravillosamente toca- 
da; el público tributó una gran ovación á 
las dos señoritas, que á su gran distin- 
ción reúnen conocimientos más propios 
de maestros que de aficionadas. 

Los individuos de la Sociedad de Ex- 
cursiones siempre guardarán gratitud 
para cuantos tomaron parte en fiesta tan 
agradable. Reciban el testimonio de la 
misma los Sres. Feliu , Palacio , Gonzalo 
de Castro, Vahamonde y Palau, así como 
las señoritas Torija, Garín y Ángulo, es- 
pecialmente estas últimas, que fueron el 
mayor atractivo de la velada. 

Pecaríamos de injustos si no hiciéra- 
mos mérito de la comisión organizadora, 
y especialmente del alma de la misma, 
Sr. Alvarez Sereix, que con su incansa- 
ble actividad, lo dispuso todo de modo 
que la fiesta resultara tan brillante, como 
pudieron apreciar cuantos á ella asis- 
tieron. 

La Sociedad de Excursiones adquie- 
re cada día mayor importancia, debido á 
la labor incesante de su ilustre presidente 
el Sr. Serrano Fatigati, y no tardará en 
llegar el día en que, vencidas las peque- 
ñas dificultades con que hoy lucha para 
su amplio desarrollo , los socios de la 
misma puedan visitar á poca costa, y lo 
más cómodamente posible, los mil monu 
mentos é ignoradas preciosidades artís- 
ticas que por todos sus rincones guarda 
nuestra querida España, signos de otras 
edades, en las cuales el arte y la ciencia 
estaban más atendidos que lo están hoy, 
que tanto blasonamos de progreso. 

F. Calatraveíño. 

El domingo 24 de Marzo, en el último 
tren de la noche, regresó de Segovia y La 



DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



65 



Granjalacomisiónexpedicionaríade nues- 
tra Sociedad, compuesta de su Presidente 
Sr. Serrano Fatigati y los Sres. Bosch 
(D. Pablo), González Revilla, Mediavilla, 
Navarro Amandi y Rosell, viniendo agra- 
decidos todos sus individuos á las delica- 
das atenciones que con ellos han tenido 
los sabios ingenieros Sres . Breñosa y 
Castellarnau, delegado éste último de la 
Sociedad en Segovia. 

Los viajeros estudiaron el hermoso 
acueducto, la iglesia de San Millán, los 
pórticos de San Martín y San Esteban, la 
torre elegantísima de éste último templo, 
el alcázar y sus trabajos de restauración, 
la catedral y su claustro, la antigua sina- 
goga del Corpus Christi, la Vera Crus, 
el Parral, el Tanto Monta, las casas del 
comunero Bravo , marqués de Alpuente 
y la llamada de los Picos y el famoso 
Santo Cristo perteneciente á la Sra. Mar- 
quesa viuda de Lozoya,siemprebenévola 
y bondadosa con los forasteros. 

El cronista de la excursión dará cuenta 
en breve en el Boletín del resultado de 
sus trabajos. 



También el 28 del pasado mes de Abril 
se verificó la anunciada excursión ala villa 
de Illescas (Toledo), á que concurrieron 
el Presidente y Vocal de la Sociedad, se- 
ñores Serrano Fatigati y Herrera, y los 
Sres. Bochs, Florit, Foronda, Mediavilla, 
Stuyck y \'argas. Acompañados nues- 
tros consocios por las autoridades civiles 
y eclesiásticas de aquella villa y por va- 
rios señores particulares, examinaron los 
monumentos y curiosidades que encierra, 
regresando á la corte satisfechos y agra- 
decidos á las finas atenciones de que fue- 
ron objeto. 



-c^-<^'-eKi.<bJ!^«).«y?> o^-i • 



NUEVA SOCIEDAD EXCURSIONISTA 



LA SOCIEDAD PORTUGUESA DE EXCURSIONES 

*N0 de nuestros más entusiastas 
compañeros, cuyas anuales ex- 
cursiones veraniegas al vecino 
Reino le han proporcionado in- 
equívocas muestras de afecto por parte 




de las más distinguidas personalidades 
lusitanas , tuvo el verano último la feliz 
idea de dar á conocer nuestra Sociedad al 
Excmo. Sr. D. Alvaro Rebello Valente. 
Este distinguido caballero, cuyas aficio- 
nes artísticas son bien notorias, como lo 
demuestra el constante estudio de los más 
notables y menos conocidos monumentos 
arquitectónicos de Portugal , cuyas foto- 
grafías obtiene con rara habilidad y gran 
sentimiento de arte, recordando que allá 
ensus años juveniles había formado parte 
en Italia de una de estas análogas Socie- 
dades, oyó con singular complacencia 
cuanto á la Española de Excursiones se 
refería, y entrando á formar parte de la 
misma, concibió desde luego el proyecto 
de constituir en Porto una Sociedad ex- 
cursionista bajo bases análogas á las que 
á la nuestra informan. 

Satisfacción grande nos produjo el 
ingreso en la Sociedad del Sr. Rebe- 
llo Valente, á quien manifestamos al 
punto nuestras simpatías invistiéndole 
con el cargo de delegado nuestro en 
Porto. 

Así las cosas, hemos recibido un nú- 
mero del notable periódico portuense O 
Prirneiro de Janeiro , correspondiente 
al 22 de Marzo próximo pasado, dándo- 
nos la agradable noticia de la constitu- 
ción en Porto de la Sociedad portuguesa 
de excursio}ies,no\.\c\di que era ya imposi- 
ble dar á nuestros consocios, no sólo por- 
que el día en que tan grata nueva reci- 
bimos se hallaba en prensa el número de 
nuestro Boletín, correspondiente all." de 
Abril, sino también porque consideramos 
el suceso de tanta importancia que no po- 
díamos limitarnos á darle á conocer sin 
dedicarle algunas frases que reñejaran la 
simpatía en que acogemos á nuestra her- 
mana Portuguesa, los votos que hacemos 
por su prosperidad, y las seguridades que 
abrigamos de los grandes servicios que 
ha de prestar á la ciencia y á las artes 
una corporación, que, al iniciarse, cuenta 
ya en su seno con el apoyo y cooperación 
de personajes tan ilustrados como distin- 
guidos. 

Pero dejemos á O Primeiro de Janeiro 
el relato de tan importante aconteci- 
miento ; 



66 



boletín 



"Sociedad Portuguesa de Excursiones. 

Con esta denominación, y con ramifica- 
ción en diferentes comarcas de nuestro 
país, trátase de crear en Porto una Socie- 
dad cuyo objeto es, según el proyecto de 
sus Estatutos, el estudio de nuestro país 
bajo los puntos de vista científico, histó- 
rico, literario, artístico y pintoresco. 

A este fin se reunieron anoche en el sa- 
lón de nuestro estimado colega Commer- 
cio do Porto, los señores : 

D. Benito Carqueja, distinguido botáni- 
co; el Director de la Escuela de Medicina; 
Consejero D. Wenceslao de Lima, profe- 
sor de mineralogía y geología en la Aca- 
demia Politécnica; el Dr. Gómez Ferrei- 
ra, ilustradísimo director del Comercio 
de Oporto; los ingenieros Teixeira, Le- 
ranjeira, profesores de la Academia Poli- 
técnica; D. Manuel de Alburquerque, bo- 
tánico distinguido, y D. Francisco de Al- 
burquerque; el Médico doctor, D. íuanBa- 
rreira , eximio escritor ; el arqueólogo 
D. Alfredo Alvés; el agricultor y anticua- 
rio insigne D. Manuel S. Romao; D. Alva- 
ro Rebello Valente, delegado de la Espa- 
ñola de Excursiones; el Sr. Roha Peixoto, 
arqueólogo naturalista; D. Joaquín Pa- 
checo, copropietario del Comrnercio do 
Porto, y otros. 

Leído el proyecto de Estatutos presen- 
tado por el Sr. Rebello Valente, ferviente 
y entusiasta iniciador de la Sociedad, fué 
aprobado por unanimidad con ligeras al- 
teraciones, propuestas por los Sres. Gó- 
mez, Teixeira, Lima y Carqueja.,, 

Una de las disposiciones del proyecto de 
Estatutos es la siguiente: 

"La sociedad se divide ¡en cuatro sec- 
ciones, á saber: a) Ciencias naturales, 
b) Ciencias históricas, c) Literatura, d) 
Bellas artes.,, 

Dispone también el proyecto que " en 
cualquier localidad donde exista un cierto 
número de socios, podrá ser constituida 
una delegación administrativa de la Co- 
misión central.,, 

"La cuota anual de los socios es de 3.000 
reis.„ 

Respecto á excursiones, el proyecto de 
Estatutos dispone lo siguiente: 
"Todos los años habrá una excursión or- 



dinaria y las excursiones extraordinarias 
que la Comisión ejecutiva juzgue conve- 
niente organizar. „ "Cuando la Comisión 
ejecutiva lo juzgue conveniente, organi- 
zará conferencias científicas y literaria.s 
en los puntos donde tenga lugar la excur- 
sión. „ 

Se acordó gestionar la inmediata aproba- 
ción de los Estatutos por la autoridad com- 
petente, para que pueda quedar en breve 
y definitivamente constituida la Sociedad 
y dirigir circulares en la capital y en pro- 
vincias con objeto de admitir adhesiones. 

De esperar es que esta idea tenga bri- 
llante acogida y que contribuya á des- 
arrollar entre nosotros el gusto por el gé- 
nero de excursiones que la sociedad se 
propone realizar, como sucede en otros 
países, y señaladamente en España, don- 
de existe una floreciente sociedad de esta 
clase.,, 

Reciba, pues, nuestra ilustre hermana 
al más cariñoso saludo ; reciba nuestro 
digno delegado, Sr. Rebello Valente, las 
más sinceras felicitaciones , á las cuales 
se unirán las de todos cuantos por el pro- 
greso de la ciencia, las artes y las letras 
se interesen, porque de seguro con nada 
podría haberlas prestado mayor servicio 
que con la creación de un cuerpo ilustre 
que, llevando á los pueblos que recorra 
en sus excursiones el convencimiento de 
que la conservación de aquellos monu- 
mentos, resto hoy de las pasadas grande- 
zas de que fueron testigos , es una de las 
mayores muestras de cultura que la edad 
presente puede ofrecer á la venidera. 

Si en los últimos tiempos hubieran exis- 
tido sociedades de esta índole, no lamen- 
taría Portugal, ni lamentaría España, la 
desaparición de tantas y tantas riquezas 
como la piqueta demoledora de la revo- 
lución y la más demoledora aún de la ig- 
norancia han destruido. 

Adelante, pues, en tan noble empresa y 
hagamos votos porque, en día no lejano, 
nos hallemos ambas sociedades reunidas 
en una de esas conferencias de que habla 
el proyecto de estatutos, y en la cual can- 
temos fraternalm.ente las excelencias de 
nuestras respectivas arquitecturas na- 
cionales la mudejar y la manuelina en 
los ricos idiomas de Camoés y Cervantes. 



DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



67 



De hoy para siempre, sepa la Sociedad 
Portuguesa de Excursiones que hallará 
en nosotros la más leal y afectuosa co- 
rrespondencia, y que los individuos de 
aquélla que nos honren con su visita, se- 
rán, por el solo hecho de formar parte de 
la Sociedad Portuguesa, recibidos y con- 
siderados cual si nuestros propios con- 
socios fueran. 

La Redacción. 

SQ<§@lOXt OHI©lflJa 



BIB]i,IO@ElflH,TH 



La Sociedad de Excursiones en IVIayo. 

La Sociedad Española de Excursiones 
realizará una á las villas de Ocaña y Ye- 
pes (Toledo) en los días 18 y 19 de Mayo, 
con arreglo á las condiciones siguientes: 

Salida de Madrid (estación de Atocha), 
el 18 á las 7h 15' de la mañana. 

Llegada á Ocaña, á las lOíi 31' mañana. 

Salida de Ocaña para Madrid, el 19 á 
las llh 47 de la mañana. 

Llegada á Madrid, á las 4^ 25' tarde. 

Monumentos que se visitarán. — En 
Ocaña: iglesias de Santa María, San Pe- 
dro, San Juan y San Martín; restos del 
castillo, etc. 

En Yepes, la magnífica colegiata. 

Cuota. — Treinta pesetas, en que se 
comprende el billete de segunda clase de 
Madrid á Ocaña y viceversa, asiento de 
coche á Yepes, manutención y gratifica- 
ciones. 

Para las adhesiones á esta excursión, 
dirigirse de palabra ó por escrito hasta el 
día 17 á las 7 de la tarde, acompañando 
la cuota, al Sr. D. Enrique Serrano Fa- 
tigati, Presidente de la Sociedad, calle de 
las Pozas , núm. 17. Los Sres. Socios 
adheridos deberán estar en la estación 
quince minutos antes de la salida del tren. 

Madrid 1.° de Mayo de 1895.— El Secre- 
tario general, Vizconde de Palazuelos. 
— V.^ B.° El Presidente, Serrano Fati- 
gati. 



Juventud. 

Si conoces, carísimo lector, á Federico 
Degetau, si has entretenido tu imagina- 
ción con la ingeniosa trama de El Secre- 
to de la Domadora, ó si has meditado al- 
gún momento en los profundos problemas 
expuestos, bajo forma amena é intere- 
sante, en la colección de cuentos titula- 
dos Para el viaje; no necesito decirte 
más, sino que el epígrafe que sirve de 
encabezamiento á estas líneas , figura en 
la portada de una nueva obra del referi- 
do autor, que verás expuesta estos días 
en los escaparates de todas las librerías. 
Mas si por acaso no hubieras entablado 
aún relaciones literarias con el distingui- 
do escritor puerto-riqueño, si el género 
que cultiva te fuese desconocido, enton- 
ces permíteme que dedique unos cuantos 
renglones nada más á su última produc- 
ción. 

Juventud, es un volumen en 8.°, de cer 
ca de 400 páginas, elegantemente impre- 
so, que revela en todos sus detalles tipo- 
gráficos el cuidadoso esmero con que De- 
getau atiende á presentar los hijos de su 
ingenio pulcramente acicalados ante las 
miradas del público. No se crea, sin em- 
bargo, por lo que dicho queda, que la 
bondad del papel y los primores de la 
impresión son las cualidades distintivas 
de la novela que me ocupa, porque esto 
equivaldría á decir, que bajo una brillan- 
te capa se esconde un mal bebedor, cuan- 
do justamente es todo lo contrario, por- 
que la obra de Degetau, aun impresa en 
el peor papel posible y en la imprenta 
más pésima de Madrid , resultaría siem- 
pre, en mi humilde concepto, una novela 
de buena casta, digna de ser leída por 
toda persona de buen gusto artístico. 

No hay que buscar en Juventud trage- 
dias espeluznantes, crímenes á granel ó 
descripciones pornográficas de esas que 
tan frecuentes son en las producciones 
contemporáneas á título de estudios del 
documento huniano, que con tal motivo 
resulta con efecto un documento, pero 
recogido en las carretillas de los barren- 
deros, con todas las máculas propias de 



b8 



boletín 



los papeles que á tan desdichado extre- 
mo vienen á parar. El documento estu- 
diado por Degetau es limpio y decente. 
Lo mismo el fondo, delicadísima trama 
entretejida con singular primor, que la 
forma correcta y trabajada á conciencia 
hacen al libro presentable y admisible en 
todas partes, sin dejar por ello de ser 
atractivo en alto grado. 

Algo tal vez pudiera suprimirse en la 
novela, que por su carácter episódico dis- 
trae algún tanto la atención en el último 
tercio de la narración; pero hay que tener 
en cuenta que Degetau es, ante todo, un 
profundo pensador, preocupado muchas 
veces con las más graves cuestiones so- 
ciales, y que esto ha de conocerse forzo- 
samente en sus obras, sobre todo cuando 
acontece como en el caso de que se trata, 
en el que la acción de la novela se rela- 
ciona directamente con problemas tan pa- 
vorosos como la abolición de la pena de 
muerte; con todo lo cual, y en último ex- 
tremo, nada va perdiendo el lector. 

Por lo demás, los caracteres están estu- 
diados del natural á la perfección y en to- 
dos sus detalles. Lo mismo el tipo her- 
mosísimo de Pepe, el protagonista de la 
obra, que personifica la juventud con to- 
dos sus entusiasmos, que las delicadas 
figuras de la criolla Suncha y de su ma- 
dre; las personalidades simpáticas del 
Dr. Sánchez y de doña Angeles, y las pi- 
carescas de la condesa de Arete y del pe- 
riodista Emilio, revelan un profundo es- 
píritu de observación y un .dominio de los 
recursos literarios, que dan por resultado 
el gran interés que inspiran los persona- 
jes que intervienen en la acción, aun los 
más secundarios, todos ellos dibujados de 
mano maestra. La parte descriptiva no le 
va en zaga, y páginas enteras, arrancadas 
del libro de Degetau, podrían, sin incon- 
veniente alguno, intercalarse entre las de 
las novelas de nuestros más ilustres es- 
critores contemporáneos. 

En resumen , Juventud es una pfoduc- 
ción que honra á la literatura patria, y 
abrigo la esperanza que, de ser conocida 
como se merece, si no proporciona á su 
autor los grandes rendimientos que obras 
de esta índole alcanzan en el extranjero, 
por lo menos obtendrá la consideración y 



el aplauso de todos los amantes de lo ver- 
dadero, de lo bello y de lo bueno. 

A. D. J. 



* * 



Apuntes de sigilografía española ó estudio de los 
sellos que autorisan los documentos antiguos de 
España , precedidos de unas nociones de carácter 
general , por Manuel Fernández Mourillo, Archive- 
ro-bibliotecario, Licenciado en Derecho.— Madrid, 
Avrial , 1895. En 8.°, 96 páginas. 

El libro del Sr. Mourillo, á más del pre- 
liminar, que bien pudiera llamarse Intro- 
ducción al estudio de la sigilografía, está 
dividido en "Parte general,, y "Parte es- 
pecial,,. 

En la primera trata en términos gene- 
rales de los sellos, sus nombres, historia, 
clasificación, maneras de adherir los se- 
llos á los documentos, tamaños, materias 
empleadas en los mismos y medios de 
conservarlos, figuras, tipos y leyendas. 

En la segunda parte se ocupa de los se- 
llos españoles por regiones y por épocas, 
así de los de reyes y príncipes , como de 
los de reinas, infantes, nobleza y corpora- 
ciones; dedicando la última sección, ó sea 
la quinta, á los sellos eclesiásticos. 

Las descripciones están bien detalla- 
das, y revelan conocimiento de la ciencia 
heráldica y de todos los diferentes ramos 
de la arqueología. 

Las inscripciones y leyendas que con- 
tienen los sellos están copiadas con mu- 
cho esmero. 

El libro del Sr. Mourillo es de suma 
utilidad á cuantos se dedican al estudio 
de las ciencias históricas. Le faltan las 
láminas á tan importante obra; pero el 
autor excusa esta omisión en su prelimi- 
nar: "Bien comprende el que esto escri- 
be, que su trabajo queda incompleto sin 
un álbum ó láminas que facilitasen el co- 
conocimiento gráfico de los sellos descri- 
tos; pero dificultades de diversa índole le 
impiden, al presente, realizar sus propó- 
sitos en este punto. „ 



1.081. Establecimiento tipográfico de Agustín Avrial, 
San Bernardo, 92.— Telé/. 3074 



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^L. 



BOIvBTlN 



DE LA 



SOCIEDAD ESPAiU DE EXCÜRSIOIS 



DIRECTOR: 
EL VIZCONDE DE PALAZUELOS, Secretario general de la Sociedad. 



AÑO III 



nvtadria 1-° de jrvuiio de 189S 



NÜM. 28 



EXCURSIONES 



EXCURSIÓN PARTICULAR 



A LA factoría DE MATAGORDA 




N la hermosa bahía Gaditana, fren- 
te al muelle y fuerte de Punta- 
les, álzase una naciente población 
obrera, que, si bien menor en ex- 
tensión que sus hermanas, las antiguas 
y alegres ciudades de Cádiz, San Fer- 
Tiando, Puerto Real y Puerto de Santa 
María, que pueblan la extensa bahía, no 
por ello deja de ser menos bulliciosa que 
aquéllas, gracias á la industria y labo- 
riosidad de sus moradores. Tal pobla- 
ción conócese con el nombre de Facto- 
ría de Matagorda, y está constituida ex- 
clusivamente con obreros y empleados 
de la Compañía Trasatlántica. 

La excursión á ella verificada en el pa- 
sado mes de Abril, fué de cuantas he 
realizado desde la fundación de la Socie- 
dad, una de las que mejores y más agra- 
dables recuerdos ha dejado en mi memo- 
ria. 

Recorriendo aquellos grandes y orde- 
nados talleres, donde cada uno tiene su 
puesto; contemplando el hermoso dique 
seco y visitando las extensas dependen- 
cias, ensánchase el ánimo, y la alegría 
renace en el corazón de todo buen espa- 
ñol, al admirar aquel adelanto y activi- 
dad, aquella gran maquinaria, aquellos 
almacenes, y finalmente, aquel orden que 
T. III. 



en todo reina, á que, por desgracia nues- 
tra, tan poco acostumbrados estam.os los 
españoles. Obsérvase en el Astillero un 
esmero y cuidado en todo lo que se refie- 
ra á amparar y proteger á la clase traba- 
jadora, que no parece sino que una ma- 
dre atenta y cariñosa vela por ella. Allí 
tiene el obrero iglesia donde poder cum- 
plir con los deberes religiosos, asilo para 
huérfanos, escuela de niños y niñas, tea- 
tro para distraerse los días festivos, bi- 
blioteca popular donde encontrar sana é 
instructiva lectura, farmacia y asistencia 
médica gratuita ', cocina económica, en 
una palabra, todo cuanto pueda contri- 
buir á amparar y proteger á los numero- 
sos y honrados operarios; pues á ellos, 
que con sus esfuerzos é inteligencia con- 
tribuyen al desarrollo y engrandecimien- 
to de la Compañía, debe ésta, y tal es la 
teoría sustentada por su digno presiden- 
te el Sr. Marqués de Comillas, consagrar 
una gran parte de su capital. 



En un cuarto de hora escaso hácese la 
travesía desde el muelle de Cádiz á los 
Astilleros. Al irse aproximando, y antes 
de atracar, nadie puede suponerse la acti- 
vidad y movimiento que allí reinan, ocul- 



1 Llegando la generosidad de la Compañía hasta 
costear los gastos al obrero que por prescripción fa- 
cultativa necesita aguas minerales. 



70 



boletín 



to como está por los numerosos barcos 
que en espera de carena ó recomposición 
hállanse fondeados en la ensenada. 

Saltamos al muelle, y lo primero que 
nos llama la atención es el dique seco. 
Mide 156 metros de eslora por 27 de man- 
ga, y 7,70 de calado. Empezó á cons- 
truirse en Agosto de 1872, y se inauguró 
en Julio de 1878 con la entrada del vapor 
correo Guipúscoa. 

Las compuertas son metálicas y las 
bombas de desagüe tardan tres horas so- 
lamente en hacer el achique de tan in- 
menso depósito. 

El antedique ó dársena tiene más de 
8.000 metros cuadrados de superficie, y 
dos muelles laterales, provistos de vía 
férrea en comunicación directa con la 
red de ferrocarriles andaluces. Además, 
gran número de grúas, una cabria de ar- 
bolar de 60 toneladas de fuerza, movida 
á vapor, y un material completo de fe- 
rrocarril de vía estrecha , facilitan el 
buen servicio del Astillero. 

En la grada grande, de 145 metros de 
eslora por 19,5 de manga, álzase, ya pró- 
ximo á ser lanzado al agua, el casco de un 
vapor que con destino á una Compañía 
naviera de Filipinas construye la Tras- 
atlántica. 

Siguiendo por el lado derecho, confor- 
me desembarcamos, se llega al taller de 
herrería de ribera, donde entre ensorde- 
cedor estrépito, se trabajan y ajustan las 
planchas que han de formar el casco de 
las embarcaciones. A continuación está 
el taller de botes y embarcaciones meno- 
res, y después el de mecánica y carpin- 
tería. En estos extensos talleres se cons- 
truyen desde las obras más finas y deli- 
cadas como el modelito del Joaquín del 
Piélago, que figuró en la Exposición de 
Chicago, hasta las más toscas y ordina- 
rias obras de carpintería, como bancos 
de pino, piezas de arboladura, etc., etc. 

Conista este edificio de dos pisos; el 
bajo, en que se cortan, labran y ajustan 
las maderas, y el alto, en que está instala- 
da la sala de trazados y las de barniz y 
tapicería. Vi en dichos talleres tres útiles 
inventos, debidos al estudioso jefe de di- 
chos talleres, Sr, García Cabezas. Uno de 
ellos es un banco que, colocado sobre Ki 



cubierta de un barco , se transforma en 
un momento, por medio de sencillo me- 
canismo, en bote salvavidas '. Otro es 
una balsa que, plegada, ocupa reducido 
espacio, y en caso de necesidad puede 
sostener gran número de náufragos, y, 
por último, el tercero lo contituye un ca- 
jón muy manejable que, con gran facili- 
dad se transforma en altar, sirviendo 
al mismo tiempo para guardar los orna- 
mentos sagrados. 

En la parte izquierda del Astillero están 
los talleres de forja, ajuste y calderería, 
los de maquinaria, electricidad, galvano- 
plastia, almacenes de modelos, tahona, 
farmacia, oficinas, casa de bombas y ma- 
terial de incendios, etc., etc. Últimamente, 
en la parte central correspondiente á la 
cabeza del dique, está el almacén de 
maderas, el de excluidos, el laboratorio 
químico y el almacén general, donde, per- 
fectamente ordenado y pronto para utili- 
zarlo, se halla todo cuanto puede necesi- 
tarse en un barco, tanto para su manejo 
y mantenimiento como para el servicio 
del pasaje y tripulación. 

Hay además en la Factoría de Mata- 
gorda un completo material de salva- 
mento de buques, con escafandras y de- 
más aparatos modernos á tal uso desti- 
nados; un depósito de 5.000 toneladas de 
carbón Cardiff, al que pueden atracar los 
buques directamente; agua dulce; gran 
número de piezas de respeto para recom- 
posición de máquinas y calderas; depósi- 
tos de motonería, jarcias y demás pertre- 
chos de aparejo; en fin, todo cuanto pueda 
necesitar un barco para estar listo y ha- 
cerse á la mar. 

Rodeados de jardines, contribuyendo 
así á dar un bello y alegre aspecto al 
Astillero, al mismo tiempo que eleva los 
altos fines que la Compañía se propone, 
álzanse los siguientes edificios. Una igle- 
sia de estilo bizantino construida según 
los planos y bajo la dirección del Sr. Gar- 
cía Cabezas, y á los lados, como comple- 
mento, una escuela y un asilo de huérfa- 
nos. Además hay un teatro que, aun cuan- 
do hecho de madera , por exigirlo así la 
proximidad del fuerte de Matagorda, ya 



1 S: usa ya en algunos vapores trasatlánticos, 



DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



71 



lo quisieran algunas capitales de pro- 
vincia. 

En medio de todo, y como presidiendo, 
está colocado el monumento dedicado al 
fundador de la Compañía, D. Antonio Ló- 
pez. Alzase su estatua, fundida en bron- 
ce, sobre un pedestal de piedra cuyas cua- 
tro caras representan alegóricamente los 
cuatro puertos principales de Cádiz, Bar- 
celona, Santander y la Habana, donde la 
flota Trasatlántica hace sus escalas. 

Hecha esta ligera reseña de cuanto vi 
en mi excursión, réstame únicamente 
dar las gracias á los Sres. Salvador Ma- 
ristani , Gil y García Cabezas, por su 
atención y amabilidad al enseñarme todo 
cuanto digno de verse hay en la Factoría, 
y especialmente á este último, que me 
acompañó durante las tres horas que du- 
ró la visita. Y como dato para que los 
lectores puedan juzgar de la utilidad y 
beneficios que á la clase obrera reporta 
la Com_pañía Trasatlántica, haré constar 
que la suma pagada anualmente en con- 
cepto de pensiones á individuos inutiliza- 
dos ó envejecidos en el servicio ó á las 
familias de los muertos en el cumplimien- 
de su deber, excede de setenta y cinco 
mil pesetas ; y que lo satisfecho en con- 
cepto de sueldos y material por la Dele- 
gación de Cádiz, pasa un año con otro, de 
diez millones de pesetas. 

Pelayo Quintero. 



—^■¥>i-^- 



SECCIÓN DE CIENCIAS HISTÓRICAS 

LA ESTACIÓN PREHISTÓRICA 

DE 



I 



UCLÉS PREHISTÓRICO 

pCLÉs ha sido estudiado bajo varios 
aspectos. Celebrada fué por los 
entomólogos la riqueza y varie- 
'^^¡^ dad de su fauna; cantaron los poe- 
tas las hazañas de sus caballeros; repeti- 
das veces los historiadores vinieron á ho- 



jear las páginas tan gloriosas de su histo- 
ria: hoy día, aquí lo mismo que en otros 
puntos de la Península y demás partes 
del mundo, sopló el viento ala prehistoria. 
¿Quién podrá conjeturar cuántos teso- 
ros arqueológicos hubiera de entregar- 
nos el atento estudio de este suelo cuyas 
riquezas con pie indiferente ó distraído 
hace catorce años vamos pisando? Por lo 
alto de los collados, dentro del desecado 
lecho.de los torrentes, en la superficie de 
los labrados campos, hasta mezclados con 
el polvo de los caminos, no es raro en- 
contrar vestigios de un arte primitivo, 
bosquejados productos de la naciente in- 
dustria humana: hachas de pedernal, pun- 
tas de flechas (fig. 1), instrumentos de pie- 
dra (fig. 2), punzones de hueso (fig.3),con- 





Fig-. I.*'— Punta de 
flecha. 



Fig. 2.^— Instrumento de 
piedra. 




chas horadadas (fig. 4), fragmentos de una 
cerámica rudimentaria (fig. 5). 

Poseen la mayor parte de los pueblos 
vecinos gran número de hachas pulimen- 
tadas, las cuales consideran todavía mu- 
chos como preciosos amuletos contra el 
rayo. Los romanos y griegos las llama- 
ron ceraimias; los franceses, pierres du 
tonnerre; aquí las apellidan rayos ó cen- 
tellas. 

En Alcásar del Rey me entregó D. Luis 
Valdecabras, diputado provincial de 
Cuenca, tres de los dichos instrumentos, 
en cuyo número se encontraba una mag- 
nífica de fibrolita, la más hermosa, según 
parece, de las que hasta ahora se han en- 
contrado en España. En Almendros reco- 
gí unas sesenta y varias en otros puntos 
de la región. 

Sin embargo , en ninguna parte apare- 
cieron más abundantes que en Segóbriga 
los restos de las primeras civilizaciones 



1-^ 



boletín 



que fuéronse desarrollando en este país. 

Segóbriga es una antigua ciudad roma- 
na asentada en la orilla del Giguela^ ria- 
chuelo afluente del Guadiana. 

Un anfiteatro medio rellenado, las rui- 
nas de un templo y numerosos' edificios 
públicos, gigantescos pedazos de mura- 



cerro de Cabeza del Griego, ora en las se- 
pulturas visigóticas. 

Nadie, sin embargo, sospechó hasta es- 
tos últimos tiempos que, á poca distancia 
de la ciudad, existiese una cueva profun- 
da é inexplorada, en cuyas tortuosas ga- 
lerías yacían sepultados muchos restos 
de la edad neolítica y de la del cobre puro. 



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Fig, 4.* — Fragmento de concha horadado. 

En 1892 un guarda bosque de D. Gre- 
gorio Alonso y Grimaldi, al levantar una 
piedra, tropezó con esa gruta cerrada 
desde tantos siglos; pero no atreviéndose 
á penetrar, la señaló á D. Pelayo Quinte- 
ro y Ataurí, quien se sirvió indicármela 
y bajar á ella para que después fuésemos 
á hacer detenidas excavaciones; lo que 
comenzamos á verificar en Octubre del 
mismo año; pero habiendo tenido mi ami- 
go que marchar á Madrid, no por esto 
quise dejar de seguir el emprendido tra- 
bajo. 

Duraron las excavaciones desde Octu- 
bre 1892, hasta Septiembre 1893, pero no 
sin repetidas interrupciones. EnSeptiem- 



Fig. 3.*— Punzón de hueso. 

lias, he ahí lo poco que ha sobrevivido de 
la antigua magnificencia de la que fué ca- 
pital de la Celtiberia durante la domina- 
ción romana y cabeza de una diócesis en 
tiempo de los visigodos. 

Al revolver unas y otras veces los es- 
combros amontonados en su recinto, sa- 
lieron á luz vestigios no despreciables de 
una civilización prehistórica. Délas trein- 
ta ó cuarenta hachas entregadas al Mu- 
seo de Madrid por D. Román García y 
Soria, siete ú ocho fueron recogidas, ora 
en el anfiteatro , ora en la vertiente del 




Fig. 5.*— Fragmento de vasija. 

bre de 1893, salió en el Boletín de la Real 
Academia de la Historia una' primera 
memoric', en la que resumí los descubri- 
mientos hechos hasta el mes de Junio del 
citado año. 

La extensa relación de todas nuestras 
exploraciones ha comenzado á publicar- 
se con el número 2.° del tomo xxiii de los 



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NUESTRA SEÑORA DEL CLAUSTRO 



DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



73 



Anales de la Sociedad española de la 
historia natural y continuará en la mis- 
ma revista. Pero como el estudio deteni- 
do del yacimiento de Segóbriga, por ser 
el primero de la edad neolítica encontra- 
do en la parte central de la Península, ne- 
cesita otro estudio comparativo y de mu- 
cho aliento de las demás civilizaciones de 
la misma época descubiertas en otros 
puntos de Europa, me he decidido, á rue- 
gos del Sr. Quintero, á escribir un com- 
pendio que dé á conocer brevemente los 
resultados más importantes de las exca- 
vaciones efectuadas. 

P. Eduardo Capelle. 
(Continuará) 



'm-^M-m- 



ARQUETA DE LA CATEDRAL DE ASTORGA 



Wli. A arqueta que reproduce nuestra 
'^J fototipia debe contarse entre los 
objetos que figuraron en primera 
^^* línea en la celebrada Exposición 
Histórico-Europea de Madrid (Sala vi, 
número 52). Contribuyen al interés que 
despierta semejante joya arqueológica 
su auténtica y respetable antigüedad, sus 
caracteres artísticos y su significación 
histórica, como enlazada que está con 
aquel gran monarca asturiano, Alfon- 
so III el Magno y su esposa Jimena. 

Es de madera chapeada de plata; su 
forma es prismática, terminando en pirá- 
mide truncada, y tiene por dimensiones 
30 centímetros de longitud por 20 de an- 
chura y 17 de altura. 

De las dos caras principales, en la de- 
lantera aparecen dos órdenes superpues- 
tos de á seis arcos de medio punto y filia- 
ción latino-bizantina, correspondiendo el 
orden inferior al cuerpo de la arqueta y 
el superior á la tapa; son de notar en 
unos y otros la labor en zig-zag y las pie. 
dras, ora rectangulares, ora romboidales 
y redondas, que aparecen en las archi- 
voltas, pilastras y enjutas. Los arcos su- 
periores cobijan formas vegetales, y los 
inferiores seis ángeles vestidos y alados, 
de tan rudimentaria y torpe factura como 



corresponde al estado de las artes en los 
siglos IX y X. La cara contrapuesta á la 
ya descrita fué, sin duda, análoga á ella, 
si bien sus adornos han desaparecido. En 
las dos caras laterales nótase también la 
labor de arcos. 

La pirámide truncada en que consiste 
el remate de la cubierta excede en interés 
al resto de la arquilla; y por no permitir 
el grabado gozar de su vista íntegra, des- 
cribimos detalladamente los adornos y 
leyendas que la acompañan. De las cua- 
tro caras trapezoidales á que da lugar la 
forma de este remate, la posterior está 
hoy falta de su guarnición de plata. En la 
anterior, como puede observarse por el 
grabado, aparecen, cual representacio- 
nes simbólicas de dos Evangelistas, el 
buey y el águila, alados, destacándose 
bajo ellas los nombres L VCAS y lOHAN. 
Es, pues, seguro que en el trapecio con- 
trapuesto figurarían igualmente las re- 
presentaciones de los Evangelistas San 
Marcos y San Mateo. 

En los trapecios laterales divísanse 
ángeles muy parecidos entre sí y acom- 
pañados de las palabras ANGELVS (iz- 
quierda) y GABRIEL (derecha). El rec- 
tángulo superior, que corona el arco, 
muestra en su centro un cordero con la 
cabeza vuelta hacia la izquierda, y sos- 
teniendo una cruz griega con su corres- 
pondiente astil. Sobre él léese AGNVS, 
y debajo DEL Por último, en dos ins- 
cripciones laterales que se desarrollan 
transversalmente, distínguense estas pa- 
labras: ADEFONSVS REX: SCEMENA 
REGINA. 

Esta preciosa indicación es lo que más 
importancia presta á la arqueta, al par 
que le proporciona notorio valor históri- 
co. ¿Perteneció exclusivamente aquel ob- 
jeto á Alfonso el Magno y á su esposa, 
pasando después, por vicisitudes de la 
suerte, al dominio de la catedral de As- 
torga? ¿Fué acaso un don del esforzado 
y religioso rey á la iglesia asturicense? 
Sea como quiera, por figurar en la ar- 
queta los nombres de los dos cónyuges, 
íuerza es suponer que hubo de labrarse 
antes de su separación y de los disgustos 
familiares que desde el año 908 acompa- 
ñaron á aquel soberano digno de mejor 



74 



boletín 



suerte; correspondiendo, por tanto, al 
último tercio del siglo ix ó á los primeros 
años del x, cuyos caracteres artísticos 
acusa perfectamente. 

X. 



■c^<5^'3 íVJtv c,^ y-t- 



INSCRIPC ÓN ÁRABE 

DE LA 

CAPILLA DE SANTA CATALINA EN TOLEDO 



RECTIFICACIÓN 

En el número 26 de nuestro Boletín se publicó un 
artículo, en el que se pretende rectificar lai-lectura de 
una inscripción árabe publicada por raí en el Boletín 
de la Real Academia de la Historia: como el articu- 
lista indica que incurrí en algún error grave, además 
de no haber acertado á leer palabras que se dice es- 
tán claras en el original , creí que debía dar explica- 
ciones á la Real Academia de la Historia, por cuyo 
acuerdo se había publicado el artículo en cuestión. 

Enemigo de polémicas literarias, invité en carta 
particular al articulista á que rectificara lo dicho, 
haciéndole notar los errores en que había incurrido 
al querer corregir lo ajeno; pero como no haya creído 
oportuno hacerlo, me ha sido preciso pedir al Direc- 
tor de nuestro Boi.etíx que , como rectificación nece- 
saria para mí, accediera á publicar el adjunto escrito, 
para defenderme de la ligereza que se me atribuyó 
en nuestro excelente Boletín de la Sociedad Espa- 
ñola DE Excursiones , cuyos lectores se verán priva- 
dos con este motivo de algún trabajo, cuj-a lectura 
sería más amena é instructiva. 

N sesión de 13 de Octubre de 1893 
tuve el honor de leer ante la Real 
Academia de la Historia un corto 
artículo, dando cuenta de una ins- 
cripción árabe descubierta por aquellos 
días en las obras de reparación de la ca- 
pilla de Santa Catalina de Toledo, y de 
la cual me había remitido un buen calco 
el Académico Correspondiente, excelen- 
tísimo señor conde de Cedillo: la Acade- 
mia acordó que se publicase en el Bole- 
tín, como efectivamente fué publicado en 
el tomo XXIII, páginas 434 á 437. 

En el número 26 del Boletín de la So- 
ciedad ESPAÑOLA DE EXCURSIONES, Corres- 
pondiente al 1.° de Abril de este año. se 
ha publicado por el Sr. ü. Rodrigo Ama- 
dor de los Ríos un artículo de casi doble 
extensión, en el que el articulista cree ha- 
ber probado, no sólo que en la lectura de 
la inscripción, tal como se leyó, hay una 
falta grave de gramática árabe, y otras 
dos de lectura de palabras de las cuales, 
al menos la una está clara según el arti- 




culista, sino que casi todas las considera- 
ciones que me permití, ó no hacen al caso 
ó son desacertadas. 

Ante afirmaciones tan graves , sólo en 
el supuesto de que el crítico hubiera pro- 
bado sus asertos, podía ó debía yo callar- 
me y tomar la resolución de no despres- 
tigiar con mis escritos el lustre de la Aca- 
demia; creí, por tanto, que debía entrar 
en el examen de las apreciaciones del ar- 
ticulista, y molestar quizá demasiado la 
atención de los señores Académicos; si 
bien, por fortuna, las rectificaciones que 
se refieren á la parte técnica y que ha- 
bían de ser más molestas para los no ara- 
bistas, ocuparán poco espacio, y no temo 
asegurar que podrían quedar rectifica- 
das con la proposición siguiente: las tres 
ó cuatro rectificaciones propuestas son 
absurdas graniaticabnente , al menos 
analizadas corno lo hace el articulista. 

La primera de las palabras que el ar- 
ticulista rectifica, de la lectura que yo 
propuse, es la palabra c5■^=>-^-^, que el crí- 
tico dice debe leerse ^^^^-.'^^^ , diciendo 
"llama la atención el hecho de que... en la 
lápida de la capilla de Santa Catalina en la 
parroquia del Salvador de Toledo, aparez- 
ca clara y distintamente el dual e5-:^-^^^ 
(no (^^.^.s^Lo como se ha leído).,, Pasando 
por de pronto porque aparezcan clara y 
distintamente los trazos que el articulis- 
ta transcribe por ^_5-v-^U3, esto no puede 
en manera alguna ser dual de <_-.-vi>.l^, al 
que indudablemente se refiere el autor, si 
no en las palabras copiadas, poco más 
adelante en el párrafo que habremos de 
discutir para la traducción que deba dar- 
se del dual de w^2».L^ , que ambos admi- 
timos. 

Si en el texto apareciese clara y distin- 
tamente la palabra como la transcribe el 
articulista, podría recibir una explicación, 
posible gramaticalmente, pero en mi sen- 
tir poco aceptable, y aunque confirmaría 
algo de lo que después habré de discutir, 
no creo merezca la pena de proponerse, 
por cuanto considero seguro que el dibu- 
jante de la inscripción no dio á ese trazo, 
que parece estar demás, el valor que se 
le atribuye: los trazos que el articulis- 
ta transcribe por (_j^, son absolutamente 
iguales á lo que aparece en la palabra 



\)K LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



75 



anterior ^o^, y que ambos transcribimos 
con un solo ^ : la única diferencia con- 
siste en que en la palabra (,^-^^U> el últi- 
mo trazo se ha puesto en contacto, es 
decir, se ha unido á la letra anterior, y 
en la palabra ^j>^?, no se ha unido, porque 
la letra j«. no lo consentía. 

Como las figuras que presentan las le- 
tras en los manuscristos , sirven no poco 
para explicar en casos dados lo que apa- 
rece en las inscripciones, estoy seguro 
de que los que hayan manejado muchos 
manuscritos árabes, no encontrarán di- 
ficultad en admitir la explicación que aca- 
bo de dar: tengo á la vista el Ms. Ar. N 
35 de la Academia, en el cual, en una sola 
página, encuentro las palabras (^^^Ja> — 
<^^=-?. cr^ que ateniéndonos al rigor de 
la escritura, pudiéramos muy bien trans- 
cribir ,^^JJ^-Ji> — ,^5^X:£=_^_,^^J _y (Je. 

vanarnos los sesos buscando explicación 
aceptable de palabras conocidísimas '. 
Quien no se satisfaga con las explicacio- 
nes dadas, y crea que hay que admitir 
una letra más en la palabra ^^'y^l^ , bus- 
que la solución, sea poniendo los puntos, 
que pone el articulista, ó proponiendo 
otras combinaciones, que podrían ser 
casi infinitas, dado que de las seis letras, 
en último término, sólo dos son seguras, 
si prescindimos del sentido. 

En la palabra que yo leí ^^^-v-Ux,^í\, y 
que, si gráficamente ofrece alguna difi- 
cultad, por el sentido y construcción gra- 
matical nos parecía y parece aceptable, el 
articulista lee c^^r^'^\ , que no negare- 
mos pudiera aceptarse, si diera sentido 
su traducción; pero para explicarla se ha 
visto forzado el articulista, sin duda des- 
pués de pensar mucho en ello, á proponer 



1 Un ejemplo concreto podemos citar en apoyo de 
la utilidad de manejar manuscristos para tener fa- 
cilidad de leer las inscripciones : en la Exposición 
Histónco-europea , figuró la bien 6 mal llamada 
Bandera del Salado, en cuya inscripción la pa- 
labra ^X^ aparece con figura muy especial , que no 
había podido leer el Sr. D. Rodrigo Amador de los 
Ríos cuando la publicó por primera vez en el Boletín 
de la Academia : como en la obra de Aben-Alkádhi, 
litografiada en Fez , que yo acababa de leer, había 
visto esta palabra escrita del mismo modo, aunque 
menos práctico en la lectura de inscripciones, pude 
leerla sin dificultad : volviendo sobre su trabajo el 
Sr. Amador de los Ríos cayó en la cuenta de la ver- 
dadera lectura , y rectificó esa y otras palabras en el 
número siguiente del Boletín. 



una explicación imposible; pues dice, "ad" 
quiérese la convicción de que la voz es- 
culpida en aquel sitio es el plural regular 
del nombre de acción '<L^ de la raíz ^-^¿, 
que significa don, presente, regalo,y\\xQ, 
por tanto, á lo que nos es dado entender,' 
sólo viene á expresar por superabundan- 
cian la naturaleza graciosa de los habi- 
ses„: el inconveniente de la lectura pro- 
puesta, aunque las letras estuviesen cla- 
ras con sus puntos correspondientes, es 
sólo que resulta imposible gramatical- 
mente, pues nunca un nombre de acción 
como ¿-A puede tomar forma de plural 
llamado regular, ó sea con terminación 
o? para nominativo, ^. para genitivo. 

Mientras no se proponga una explica- 
ción, ó, mejor dicho, una lectura comple- 
tamente satisfactoria partiendo de la base 
de que la segunda letra después del ar- 
tículo es A, sin tener pretensiones de 
epigrafista, creeré haber acertado con la 
verdadera lectura, porque no es seguro, 
ni mucho menos, que lo que yo creí -o, 
sea A ; esta letra en el único caso en que 
no está ligada por el principio, que es en 
la palabra iJofc, de un modo claro, está li- 
mitada por una línea recta en la parte 
inferior y de un modo perfectamente per- 
ceptible en los otros casos, y el trazo ó 
letra en cuestión aparece redondeado por 
la parte superior é inferior de la derecha, 
sin que, por el calco al menos, se note 
ruptura del relieve por esa parte. 

En la línea nueve de la inscripción, 
donde yo leí ^^LiJ\^, el articulista ve otra 
cosa, y dice: "Clara aparece la última pa- 
labra de la linea 9, J>J^\, plural irregu- 
lar de 0^1S...„ Pase por ahora lo de que la 
figura de las letras aparece clara, no los 
puntos que hay que suplir ; pero resulta 
q^e ^^l.jü\ no puede ser plural regular 
ni irregular de q;l¿", y como para los que 
sepan sólo muy poco de gramáiica árabe, 
quizá, recordando que hay muchas for- 
mas de plurales irregulares, sospechen 
que pueda ser una de las formas muy 
raras, diremos terminantemente que en 
ninguno de los trabajos especiales acerca 
del plural irregular encontramos citada 
esa forma entre las dadas á conocer por 
Hamaker, Derenbourg, Guyard, Carra 
de Vaux, ni en el reciente trabajo no 



76 



boletín 



menos completo de la Gramática del 
P. Donat Vernier, S.J.: no es esto negar 
en absoluto que pueda presentarse una 
semejante forma; pues así como los tra- 
tadistas anteriores han podido dar á cono- 
cer muchas formas antes no conocidas, es 
probable que se encuentren aún otras; 
pero nunca se justificarán sólo por una 
inscripción. 

Pero es el caso que, á pesar de la ter- 
minante aserción del articulista, no apa- 
rece clara la palabra <^^^^\: el trazo 
que transcribe por las dos letras ^>, es 
una línea quebrada, compuesta de cuatro 
trazos (en forma de zig-zag), de los cuales 
el superior está inclinado de un modo 
muy marcado hacia la izquierda, y el in- 
ferior casi horizontal , de modo que, como 
para que constituyese la letra > inicial, el 
trazo debería ser perpendicular, en el 
caso de que haya más de una letra, difícil- 
mente podría admitirse que fuese > nun 
inicial: por tanto, no aparece clara lapa- 
labra ^^^^^ como no podía estar ni cla- 
ra ni confusa. 

Pasemos por alto y achaquemos á erra- 
ta de imprenta ó á inadvertencia, el trans- 
cribir ;3"Ua<J\ con texdid en la última, en 
vez de habérselo puesto sobre la letra 
anterior, ya que la traducción dada supo- 
ne esta lectura, pues la transcrita, aun- 
que posible gramatical y gráficamente, 
no cabe por el sentido. 

El articulista da por seguro que hay dos 
erratas en la escritura, faltando una le- 
tra en las palabras J-^ por <^'^ y crTrt"^^ 
por ¿j-w^--L^\: en esta última encontramos 
que efectivamente falta un trazo, pero no 
era preciso advertir esta omisión del ta- 
llista: en cuanto á la primera palabra no 
encontramos que falta un ^, pues de las 
cuatro veces que enlainscripción resultan 
las letras finales ^"l-, en las cuatro apare- 
cen figuras diferentes , si bien sólo en la 
palabra (^^-^ puede admitirse que el gra- 
bador no marcara bien la figura corres- 
pondiente. 

Pasemos á examinar la traducción que 
debe darse á las palabras que se leen en 
la inscripción, dejando diferencias de poca 
monta. 

El articulista traduce "constituid'js con 



donaciones,, la palabra que nosotros tra- 
dujimos "los dos directores,, amines ó 
fieles, cuyo uso explicaremos después; 
concertando las palabras "constituidos 
con donaciones „ con la palabra habises, 
en castellano está bien, pero no en árabe, 
cuyos plurales irregulares ó fractos es 
regla elemental de sintaxis que sean con- 
siderados como singulares femeninos 
para los efectos de la concordancia; de 
modo que si la palabra ^^>-v.-.a'^\ fuese pa- 
labra árabe y plural regular, como quiere 
el articulista, no podría calificar á la an- 
terior, que es un plural irregular ó fracto. 
Después de la fecha, cuya correspon- 
dencia á nuestra era se ha equivocado 
por distracción sin duda ', continúa la 
traducción: "Apiádese Alláh, legatario 
de esto, de quien ha cuidado de su ejecu- 
ción, de quien haga oración en este lu- 
gar y de quienes se congreguen en él„. 
Una palabra nuestra, que empleamos con 
gran impropiedad, la palabra legatario 
ha extraviado al Sr. Amador de los Ríos, 
y remachando el clavo, como suele decir- 
se, le ha llevado á aplicar la palabra le- 
gatario á Alá ; después ha sido preciso 
suprimir la conjunción de la palabra 
j^fcU^M^, que había puesto en el texto, la 
cual obliga á considerar este miembro 
de la frase como de la misma naturaleza 
del anterior, á no ser que entre á formar 
parte de una nueva oración; de modo que 
si el primer calificativo se refiere á Alá, 
al mismo han de referirse los que siguen: 
corrigiendo la traducción que dimos, 
"compadézcase Alá del legatario (del que 
destina esto á usos piadosos), del que 
cuide ó tome parte en su obra, del que en 
él haga la oración y del que lea en él„, 
hoy traduciríamos "compadézcase Alá 
de quien haga legados á él (al palacio ó 
edificio construido), de quien cuide de él, 



1 El mes de racheb del año 432 de la hégira, comen- 
zó el día 7 de Marzo y terminó el 5 de Abril de 1041: 
los días de 9 de Noviembre á 8 de Diciembre de 1040, 
correspondieron al mes rebia l.°, que es el tercer 
mes del año: véase Masdeu ; Historia critica de Es- 
paña, tomo XIV. Tabla. Reducción de hégiras, pági- 
na 249, y Wusteiifeld, Vergleichniigs- Tabellen der 
Mnliainincdaiiischcn uiid Christlichen Zcitrech- 
nung, pág-. 18, advirtiendo que en el cómputo de am- 
bos autores hay un día de diferencia, y que seguimos 
el cómputo más moderno. 



DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



77 



de quien en él haga oración y lea (ó en- 
señe) en él„, la traducción del articulista, 
aún admitido que debiera leerse (^^^^^ 
y que fuera plural de o^^, no es exac- 
ta, pues no podría ó no debería traducir- 
se por "de quienes se congreguen en él„, 
ya que el verbo ¿jj^ significa unir, no 
reunirse, para cuya acepción debería 
emplearse otra forma. 

Discutida la lectura y traducción, pa- 
semos á la interpretación ó explicación 
del uso de ciertas fórmulas y títulos, que 
se aplican á los personajes mencionados 
en la inscripción. 

Encontrando yo entre los literatos de 
Toledo, que vivían hacia los mismos años, 
un Abderrahmán ben Mcharnad ben Al- 
berolo ó Alberola, teniendo en cuenta 
las singulares coincidencias de nombres, 
en especial , como puede suponerse, el de 
Alberola, partí del supuesto, aunque sin 
asegurarlo, de que el mencionado por la 
inscripción es el mismo cuya biografía 
ponen Aben Pascual y Adabbí, indicando 
que murió en Toledo en el año 465, ó sea 
treinta y tres años después de la fecha de 
la inscripción: en verdad que quizá hu- 
biera sido prudente indicar de un modo 
explícito que no asegurábamos fuese el 
mismo; pero el articulista con menos ra- 
zones asegura que no lo es, diciendo que 
uno y otro personaje son por completo 
desconocidos; pues, añade, no hacen 
al primero relación ostensiblemente ni 
Aben-Baxcual ni Adabbí, citados por el 
Sr. Codera, y en verdad que ni uno ni 
otro autor dicen que sea el mencionado 
en la inscripción, y si lo fuera, pudieran 
haberlo dicho, si lo sabían. 

Aunque no sea seguro que el Abder- 
rahmán ben Mohamad ben Alberolo cita- 
do por Aben Pascual sea el mismo de la 
inscripción, no será fuera de propósito 
indicar, y los toledanos lo agradecerán, 
que aunque en la biografía no dice Aben 
Pascual que Abderrahmán escribiera libro 
alguno, en dos partes (páginas 198 y 261], 
le cita como fuente histórica; por tanto, 
deberemos admitir que escribió de histo- 
ria de Toledo, pues le cita con motivo de 
las biografías "c¡e dos toledanos; por su- 
puesto, que nadie le conoce como histo- 
riador, así que no figuia en la obra del 
T. III 



Dr. Wustenfeld Los Historiadores ara- 
bes y sus obras. 

La indicación hecha por nosotros de 
que la expresión ^_y^~^.sJ^^\ v_^í>>l^ quizá no 
deba tomarse como prefecto de los lega- 
dos piadosos, sino simplemente como in- 
dividuo de la obra pía, es decir, uno de 
tantos de los que constituyeran la junta 
ú oficina que tuviera á su cargo la admi- 
nistración de estos bienes, ha debido ex- 
trañar al articulista y parecerle un atre- 
vimiento contra la autoridad de los Dic- 
cionarios y arabistas, que generalmente 
traducen esa palabra por prefecto, y 
como tomada esta palabra castellana en 
su sentido estricto, no cabe que haya dos 
prefectos de una cosa, á pesar de recono- 
cer que en la inscripción se mencionan 
dos, acude al recurso de suponer, ó, me- 
jor dicho, de dar como indudable, que los 
dos prefectos mencionados debieron de 
ser sucesivos, no simultáneos. 

Pocas veces se empla la palabra »_-*.=». to 
en dual ó en plural, á no ser en las acep- 
ciones de amigo ó compañero; cuando 
forma parte de títulos, generalmente se 
emplea en singular, acompañada de una 
palabra que la determina, y viniendo ésta 
á suprimirse muchas veces, resulta que 
el nombre >_;---a.Lo tiene multitud de acep- 
ciones, que sólo el contexto puede deter- 
minar; de aquí que Mr. Dozy, en el Suple- 
mento á los diccionarios, ha debido con- 
signar varias que no constan en el Dic- 
cionario de Freitag, con cuya autoridad 
se ha escudado el articulista copiando sus 
ejemplos: pudiera haberse apoyado en el 
testimonio más valioso de Dozy, que pone 
este mismo título, y que traduce como el 
articulista por inspector de los legados 
piadosos: á pesar de tales autoridades 
sostengo que v_--^s..l^ no debe traducirse 
por prefecto, ni señor, ni amigo^ sino en 
su acepción primitiva, por compañero 6 
el de, á no ser cuando conste que se trata 
del compañero, del señor, ó del que pre- 
side ó dirige una cosa: veamos la prueba. 
Si >_-^i>»U<o se ha de tomar como pre- 
Jeclo en sentido estricto, admitiremos que 
no cabe más que uno, y así ¿U3;-i¿J\>-^-^^l-o 
será el prefecto de la guardia, en la cual 
no habrá <_jIs'^\ prefectos. 
El historiador Aben Hayyan, en el tomo 

lO 



78 



boletín 



de su historia existente en la biblioteca 
familiar de ^idi Hamuda en Constanti- 
na', nos suministra datos irrecusables, 
en mi sentir, para asegurar que la expre- 
sión iÜ3,.Jü\^_-..i».V^ no indica en muchos 
casos el jefe de la guardia preíoriana, 
como se ha dicho, sino uno de la guardia. 
Al hablar de las solemnes recepciones 
en honor de Alháquem II, indica el orden 
de colocación de las diversas clases de 
empleados, y distinguiendo I res guardias 
pretor i anas (ya que así se ha llamado 
á la única conocida) ^J-aJ\ 'i]=>j¿:^\\— guar- 
dia superior — ,^J=^^^\ ¿.l3j.^\ — guardia 
inedia — \Sf^^'^ ¿Ü3j.¿3\ — guardia me- 
nor, al fol. 118 V. de la copia de la Aca- 
demia menciona los ^-^^'^ ^^j-¿J\ ^-_>li'^\ 
— los de la guardia superior: en varios 
puntos menciona hasta nueve individuos 
á quienes llama ^J^^ ó^syJu^\ ^.^.-^íí-I^ 
el de la guardia mayor; pues no vamos 
á suponer que en los cuatro ó cinco años 
de que trata en este tomo, cada año se va- 
riase de j eje de la guardia:— sil fol. 129 
vuelto menciona el autor á los '--->Us.^\ 
^^Á^\ ó¿3jJcJi\ los soldados de la guar- 
dia menor, y en otros puntos menciona 
á tres individuos á quienes llama w^^l-o 
^jÁ^\ ¿¿ajJuW y á uno á quien da el tí- 
tulo de ^$ ivall de la guardia menor, 
que supongo seria el iefe: con aplicación 
á los individuos de la guardia media no 
tengo anotado que Aben Hayyan emplee 
la palabra v^^^^\; pero encuentro que cita 
tres individuos á quienes llama u.--^íí.Lo 
con la particularidad de que da este título 
al que supongo era verdadero jefe, al me- 
nos honorario, pues es el futuro Alman- 
zor, de quien al fol. 73 v.° dice que Alhá- 
quem, en el mes de Xawal del año 362 
(de 5 de Ju io á 2 de Agosto de 973) 

<*wi>_*Í^J\ ,Xk:L -vvo 8^¿X> Lo , J\ lc<v^s'" 

le confirió en este tiempo el mando de 
los cadies en la parte opuestafel actual 
Marruecos), unido á lo que ya le había 
confiado de las dos dignidades (ó direc- 
ciones) de la guardia media y superior, 
de las herencias y del cadiasgo de la 



cora de Sevilla *. Cuando Mohamad 
ben Abu Amir, el futuro Almanzor, re- 
unía en su persona todos estos títulos, no 
es de suponer que fuese un simple solda- 
do ó individuo de las guardias media y 
superior, sino jefe efectivo ú honorario, 
que esto no hace al caso; tenemos por 
tanto una prueba de que, á pesar de la 
preeminencia de condición que (según el 
articulista), supone el participio ^-^sa-Ua 
tan ¿üa^-^M ;_,o>.Lo era el último soldado 
de la guardia, como el jefe que la manda- 
ba, y esto sin pensarlo lo ha reconocido 
en otra parte el articulista al traducir las 
palabras ¿^^^^ <^\^'^\ que se refieren 
á los tres personajes que se mencionan 
como inspectores de una obra, por de la 
guardia del prefecto ^. 

Como es natural, no de todos los car- 
gos que hasta ahora conocíamos, se en- 
cuentra en Aben Hayyan mención de 
t_jls:^\ individuos del cuerpo ó depen- 
dencia; pero sí de varios; así encuentro 
^¿;\^\ <_jIs:'*^\ — los de la corasa, — 
i^J>-^ls^^\ «>_jI^'^\ — los de los caballos 
cubiertos de placas de hierro — «^ls.^\ 
J^y^]\^ C>^jS¿\ —los de las espadas y 
tambores — CjI¡\j}U j^3\ <^\^'^\ — los 
de los pendones y banderas— '^^'^\ 
Cj\j^\ — los del almacenaje — ^Ls-^l 
'<i-s)^\-¿losde lalugartene>iciaP—^^'^\ 
Jj^\—¿los del tribunal de casación? — 
J¿LojJ\ i-_jUs.-^\— /os de la secretaria,— 
^\¿j^i \ ^U'^\— ¿los del est riboP—^^^ \ 
J^\y!¿\ — ¿los de la revista P — y otros, 
cuyas transcripciones no ponemos por 



1 El futuro Almanzor había sido nombrado para 
alguno de estos últimos cargos en el mes de chumada 
primero del año 261, como dice el autor al fol. 40, v." 

(léase áJJ\>>.-»fi ) eXJJo\ j^^* ^ '^■^^'^ ^"^3 
¿.kíL ^xi í^j j^yS L<! ^^\ «o Ifi^s"^ (^_ylx*o^)\)■ 



.¿^\ ¿ÜlS'_o,_5 ¿cJi-y^b fiUaJü 



1 Véase Boletín déla AcadetHia, t. Xiii, pág. 53; xvr, 
pág. 377. 



•y -' 

»l-iÍXA J^^J^\ , _>\ y nombró á Mohamad ben Ab- 

dalá ben Abu Amir para la dirección de la guardia 
media, agregando estos cargos á los que ya tenía de 
la dirección de las herencias, del cadiazgo en Sevi- 
lla y de la intendencia del príncipe Abu Alwalid 
Hixem. 
2 Inscripciones árabes de Córdoba.— FAg. 231: las 

palabras áJ^^io i jIs."'^\ están leídas k í\js.'^\ 

¿.•.>i>j.J ; transcripción que no admite la tr.iducción 

que da el autor, y que difícilmente admitiría una 
explicación satisfactoria. 



DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



79 



ser poco seguras ciertas letras y no en- 
contrar nada parecido en los Dicciona- 
rios. 

En confirmación, si se necesitase, de 
que u^'O.-'-'^ no puede traducirse por 
señor ni prefecto, mientras no conste, en 
trabajo publicado muy recientemente en 
el Journal Asiatiqíie^ encuentro la ex- 
presión ¿^^i\ t— ->ls.'^\ los de los fundos , 
los cultivadores, quizá enfiteutas, en con- 
traposición á f.^~y<^\ V'^-i)^ ^os señores 
de las aldeas, doniini solí, como dice 
Mr. J. Goeje *. 

Hasta en cargo más importante, como 
es el de hachib ó primer ministro , en- 
contramos en Aben Hayyan el plural 
v_jIs^, indicando, según creemos, á to- 
dos los individuos de su departamento. 

De empleados ó prefectos de la obra 
pía no hace mención Aben Hayyan, pro- 
bablemente por no ser corporación de- 
pendiente directamente del Califa, sino 
meramente religiosa. 

Veamos si el título amiii se emplea 
para designar cargos y puede tener apli- 
cación en el caso de la inscripción de To- 
ledo; y sobre todo, si puede haber dos al 
mismo tiempo. 

Con la palabra ¿^■rr'O^ ha sucedido lo 
mismo que con la palabra ;_^=>.Lo; su 
significado ha dependido del nombre 
que le determina: el fiel de pesos y -me- 
didas,— el fiel (juez) de los edificios — el 
inspector de las aguas— el fiel de los 
perfumistas (jefe del gremio de perfu- 
mistas, etc.: (Dozy, Suplemento á los 
Diccionarios) y suprimido el nombre de- 
terminante, podrá siempre traducirse por 
el fiel de una cosa ó de una corpora- 
ción (jefe de ella); las acepciones concre- 
tas sólo podrán admitirse cuando por el 
contexto ó por otro medio puedan ser co- 
nocidas. 

En la citada obra de Aben Hayyan en- 
contramos citados varios personajes con 
el título de amin (fiel), sin añadir deter- 
minante , y sólo en un nombramiento 
encuentro la determinación : en el mes 
de chumada primero del año 361 , Alhá- 



1 La fin de l'empire des Cannathes dit Bahrain, 
por M. J. de Goeje, extrait du Journal Asiatique, 
París 1895. 



quem II ¿,.j ^^S f->^" i^^ c^-? -Sr^^'" f-^* 

*l, s^^\ ¿3L«\ ^\ ^^^3 ^^ ^Ki 

nombró á Mohamad ben Abu Kddim 
y á Ahmed ben Ká^im ben Kalsam 
para el fielato de los graneros rea- 
les; tenemos, por tanto, un testimonio 
auténtico de que, al menos para alguna 
dependencia , los amines eran dos, y, por 
tanto, nada tiene de particular que la cor- 
poración de los legados piadosos en To- 
ledo tuviese dos amines, como dice la 
inscripción de la capilla de Santa Cata- 
lina en la parroquia del Salvador. 

El título cr:^^ consta casi con seguri- 
dad en la inscripción de Sevilla á que el 
Sr. Amador de los Ríos se refiere con 
frecuencia en su artículo, pretendiendo 
probar que si en Sevilla había un solo 
j_j^Ur>.^í\ i_^2».l.^ administrador de los 
habises,i?iVí\hién en Toledo debía ser uno 
solo "cuando no hay causa justificada por 
la cual se acredite que los toledanos se hu- 
bieran apartado de los usos y de las cos- 
tumbres seguidas en las demás regiones 
musulmanas,,: el ^\.'^>^\ ._^í!i-l^ de la 
inscripción de Sevilla lleva el título de 
j-'^^^\ el amir, según se ha leído, y como 
entre j-^"^\ y ^-^^\ en las inscripciones, 
al menos en algunas, dada la figura de las 
letras j- y ¿^ finales, no es posible encon- 
trar diferencia , no es de extrañar que se 
haya leído lo uno por lo otro, tanto más, 
cuanto parece que no se hizo la publi- 
cación en vista del original, sino de da- 
tos anteriores: lo mismo sospechamos 
deba leerse en la lápida llamada de San 
Juan de la Palma , publicada también por 
el Sr. Amador de los Ríos, donde el ii- 
t\x\o j^'^\ el que manda, aplicado á un 
wasir y escribiente ó secretario , nos 
parece casi imposible; en esta inscrip- 
ción, que aparece grabada, resulta, como 
hemos dicho , la absoluta identidad de 
las letras finales c? Y >" i poi" tanto, no es 
de extrañar que se haya leído de un 
modo ó de otro, no siendo conocido el 
personaje á quien se da ese título; pero, 
de todos modos, ^r:^'^\ parece que no pue- 
da aplicarse sino á individuos de la fa- 
milia real, en realidad al príncipe he- 
redero, aunque no esté en edad de po- 
der mandar: en el mencionado tomo de 
Aben Hayyan no encuentro que se dé 



9o 



BOLETÍN 



este título más que al príncipe heredero 
Hixem. 

Aunque el articulista no discute ni re- 
prueba la indicación que hicimos de la 
vaguedad de las palabras <V.^?. uy^', di- 
gamos algo de esto, ya que, como diji- 
mos, se han traducido generalmente estas 
palabras, por mano de él ^ tomándolo en 
las obras artísticas como indicación del 
artista, y otras veces, por intennedio 
de, bajo la dirección ó cotí auxilio de: 
indicamos que quizá debieran tomarse 
alguna vez en el sentido de á costa ó d 
expensas de ; y como esta acepción, si 
pareciese aceptable, cambiaría el modo 
de apreciar el mérito ó estimación de 
ciertos objetos arqueológicos, creo me- 
rece alguna consideración. 

Un texto de la obra traída de Marrue- 
cos y ofrecida á la Real Academia de la 
Historia conotras por el Correspondiente 
en Zaragoza, D. Julián Ribera, titulada 
El Buen olor de los ¿méritos repetidos 
ó virtudes P, por Abu Abdald ^eidi Mo- 
hanmiad ben Attayib ben el imam Qeidí 
Abdeffalam el xerij el kadiri *, nos hizo 
comprender que alguna vez la expresión 
^. U5^* indica d expensas de; pues ha- 
blando de los acontecimientos ocurridos 
en el año 1066 de la hégira (de 31 de Oc- 
tubre de 1655 á 19 de Octubre de 1656), 
dice que en este año ó en el anterior fué 
renovado el sepulcro del wali , el co- 
nocido, feidi Ali el Sanan, que (está) 
entre la puerta de la Alhambra y la 
mosala de Fes , por mano ( ¿d expen- 
sas?) de geidi assaguir ben Alkadhi 
con la riqueza que heredó , ^s ^ «í^^áj 

y^J^¿^\ f^^\ íi-r-'O JJvia- dXy^i s^^\ ^IjiJ 
fi^Tj-^^ '-r*^ C-y'^í ^'^^ (_^>Ij!.-^-^\ ^^i-C j^iX-^-i*) 



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<*-^;)3 nJ^TT? (^-^^\ tomo I, página 216; en 
el tomo II, página 75, encontramos la mis- 
ma fórmula y creemos que tiene la misma 
acepción, si bien hay que convenir en 
que no resulta tan claro. 

Como el nombre oo entre sus muchas 
acepciones tiene las de mano, beneficio, 
riqueza, auxilio, y no consta que tenga 



también la de dirección , resulta que en 
la traducción de la fórmula ^^, ^^^^ por 
bajo la dirección de, todos nos hemos 
permitido una libertad quizá no justifi- 
cada, y que deberá traducirse literalmen- 
te con auxilio de, sin fijar que fuera á 
sus expensas , pero sin que tampoco se 
excluya esta acepción; cuando en la fór- 
mula se use la palabra ^3->^í., si supone- 
mos que la palabra está en dual , pare- 
ce que debe indicar el artífice ; si se 
considera que está en plural, deberá tra- 
ducirse por con auxilio de ó á expen- 
sas de. 

Creo haber probado que , si me equivo- 
qué en alguna cosa al dar noticia á la 
Real Academia de la Historia de la ins- 
cripción encontrada en la capilla de San- 
ta Catalina de la parroquia del Salvador 
de Toledo, no incurrí en los graves erro- 
res que el articulista supone. Si rae he ex- 
tendido más de lo necesario, sírvame de 
disculpa el deseo de ilustrar algunas 
cuestiones histórico-lexicológicas rela- 
cionadas con la cuestión capital, aprove- 
chando datos no utilizados por descono- 
cidos. 

Francisco Codera. 

Madrid 10 de Mayo de 1895. 



SECCIÓN DE LITERATURA 

EL- PAN NUESTRO DE CADA DÍA 
(artículo que no se pone duro) 

^'engo yo un tío por parte de ma- 
dre, natural y vecino de Villafrita, 




1 Véase Boletín de la Real Academia de la His- 
toria, tomo XXIV, pág. 375. 



[i a)" pintiparado para servir deprota- 
?^j gonista á una de esas piezas que, 
rebosando chiste, suelen representar en 
Lara. 

Es mi pariente hombre que frisa en 
los sesenta y cuatro, sano, coloradote, 
con dos patillas como el ampo de la nie- 
ve, ágil, despejadísimo, erudito y muy 
poco tolerante con la injusticia ó el abu- 
so. No sale jamás del pueblo y eso que 
da en arrendamiento toda su hacienda 
rural, menos una hermosa viña que él 
plantó y labra siempre con gran esmero, 
para cosechar el vino que consume. 



DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



Si 



Sostiene mi tío, con muchas y buenas 
razones, "que en ninguna casa, cuyo due- 
ño se estima, deben faltar biblioteca y 
bodega...,, ^^ Remedios del alma la pri- 
mera, como dijo el Rey egipcio Osiman- 
dias, y puso sobre la puerta de la suya 
en grandes letras (de la librería, ¿eh?),— 
y salud del cuerpo la segunda, porque en 
ella se guarda el don más preciado del 
cielo, según Gilbert.,, "La biblioteca, — 
añade,— es el vasto almacén donde duer- 
men tranquilamente las ideas de nuestros 
padres.,, "La bodega, el campo virgen en 
donde hierve en germen la inspiración de 
nuestros hijos...,, Y así sigue establecien- 
do comparaciones entre los estantes y les 
toneles. Ello es que el hermano de mi 
madre (D. Paco, como todos le llaman) 
vive feliz en Villafrita, merced, según él 
dice, á aquellas dos bien provistas ofici- 
nas, sin familia, y servido por un matri- 
monio que nació en la casa, y de ella y 
del señor cuidan. 

Mi tío aborrece la política militante, 
en cuyo espigado campo cosechó los úni- 
cos desengaños de la vida, ya que desde 
muy joven, se encontró sin familia, y no 
trató jamás, por otra parte, de llenar es- 
te vacío con el matrimonio. 

Don Paco no visita á nadie en el pueblo, 
pero recibe á todo el que va á verle ; re- 
huye que le cuenten chismes de localidad; 
se defiende, como gato panza arriba, de 
pertenecer al Ayuntamiento, y no hojea, 
en clase de publicaciones periódicas, más 
que la Gaceta y alguna que otra ilustra- 
ción española ó extranjera. 

En fin, mi pariente tiene cosas, y todos 
allá le quieren bien, otorgándole esa es- 
pecie de protectora condescendencia con 
que el vulgo suele premiar ciertos mé- 
ritos que no comprende. Diariamente re- 
cibo un gran paquete de cartas, firmadas 
por las personas de más suposición en el 
pueblo, interesándose por la salud de mi 
querido enfermo. 

El pobre de D. Paco atrapó una pulmo- 
nía de p p y IV. 

Muchos años hace que acariciaba yo el 
deseo de que viniese á Madrid una tempo- 
radilla,y por fin lo conseguí. ¡Nunca lo 
hubiera intentado! 

Mi tío llegó tal día como hoy, á las 



siete de la mañana, y á las doce y media 
de la noche se metió entre sábanas para 
no volverse á levantar quizá. El buen se- 
ñor no había estado nunca en la corte, si 
bien conoce á fondo por los libros la his- 
toria de la villa y sus pocos monumen- 
tos, y, por mis cartas, la vida que aquí 
hacemos chicos y grandes. 

Al bajar del vagón para arrojarse en 
mis brazos, tropezó D. Paco con un chi- 
cuelo que corría voceando El Imparcial' 
y dio en tierra, revuelto con la maleta y 
un cesto de huevos de sus famosas galli- 
nas, que me traía de regalo. 

Había olvidado decir que es inteligentí - 
simo en avicultura. 

* —La verdades,— exclamó, levantándo- 
se con presteza y algo mohíno ,— que no 
entro en Madrid con muy buen pie... ¡ya 
tropecé con la política! Vamos á tu casa; 
me asearé un poco , y comenzaremos á 
aprovechar el día. ¿Dónde hay simones, 
como vosotros decís? No me gusta ir en 
ómnibus. — Allí veo uno. — ¡Eh... cochero, 
cochero! — ¡Hombre! ¿También ese zan- 
guango atiende más al periódico que á su 
negocio? 

El auriga estaba encantado, al parecer 
con la lectura de El País. 

— A la calle de la Independencia, nú- 
mero 1. 

El cochero dobló el papel con mucha 
cachaza, y arreó de mala gana. 

Cuando mi señor pariente hizo sus ablu- 
ciones, cambió de traje y se desayunó, 
como acostumbra, con una taza de café 
con leche, me dijo : 

—Oye, Juan , aunque yo me afeito siem- 
pre solo, como tú sabes, porque no me 
gusta que nadie me sobe la cara, hoy has 
de llevarme á la peluquería; es preciso 
conocerlo todo. 

—Vamos allá 

—¿Qué va á ser, caballero? 

—Afeitarme. 

Reclinó D. Paco la venerable cabeza en 
el respaldo del sillón, y el mancebo, des- 
pués de ponerle un paño al cuello á ma- 
nera de babero, comenzó á enjabonarle la 
barba que muy pronto se confundió con 
las patillas. 

Luego se puso á suavizar la navaja en 
la correa, y mientras tanto reanudó la 



82 



boletín 



discusión que tenía emprendida con un 
parroquiano que se rizaba el pelo, ó se lo 
rizaban, en el tocador inmedi^ito. 

El barbero, á cada tajo, interrumpía su 
tarea, y con una mano en la cara de mi 
tío para estirarle la piel, se volvía de me- 
dio lado accionando con la navaja al aire 
como si de este modo reforzase sus argu- 
mentos. 

El mancebo y el parroquiano comenza- 
ban ya á dar grandes voces, cuando mi 
tío, con sólo media barba afeitada, se puso 
en pie de pronto, se arrancó el paño de 
un tirón, se enjugó la espuma, sacó una 
peseta, que dejó sobre el mármol del to - 
cador, y encarándose con el barbero: 

—Vd. perdone— le dijo;— soy nuevo enla 
corte, y, sin duda, tomé el Congreso por 
peluquería y á Vd. por barbero. Beso á 
Vd. la mano, Sr. Diputado. 

—¡Pero, tío!... por María Santísima, esta 
ha sido una salida de saínete— le dije ya 
en la calle. 

—¡Qué quieres!... Aunque he leído aque- 
lla sabia máxima del P. Coloma, que dice: 
" Mu}^ superior á la caridad que consiste 
en dar, es la que consiste en soportar las 
humanas flaquezas,,, pienso que no gana- 
ré la gloria ejercitando aquella virtud 
en semejante forma. Puede que ese rapa- 
barbas sea un Bismarck en canuto, pero 
en punto á afeitar, que es lo que debía 
saber en primer término, está aún en el 
silabario: ¡pensé que me dejaba sin un 
cañón ! 

Dime, esa de enfrente es la antigua Casa 
de Correos^ hoy Ministerio de la Gober- 
nación, ¿verdad? 

—Sí, señor. 

—Pues vamos allá que quiero infor- 
marme del estado de un expediente sobre 
el pósito de mi pueblo: es encargo espe- 
cial de nuestro alcalde. 

— ¿S. E. el Sr. Director de Administra- 
ción local? 

—Está en el Congreso— respondió con 
malos modos y sin levantarse de la silla 
portero que leía El Liberal junto á un 
choubersky al rojo cereza. 

Mi tío, que se había descubierto al en- 
trar en la portería, se puso el sombrero 
de golpe. 

—¿Y el señor jefe de la sección de...? 



—No hay... fué nombrado Gobernador 
de Burgos. 

—¿Y el jefe del negociado de pósitos? 

—Enla redacción estará... ¿no sabe V. 
que es director de El Centinela Admi- 
nistrativo? 

—No, señor, ni me importa; lo que voy 
aprendiendo es que Vd. no tiene crianza 

y-- 

— ¡Caballero! 

— Pocas palabras... Yo represento... 

El portero se puso en pie de un brinco. 
Comprendí, en seguida, que tomaba á mi 
pariente por diputado de la mayoría. Sólo 
ellos se atreven á alzar el gallo en los 
Ministerios. 

— V. S. disimule..., ¿podría saber lo que 
desea? 

— Averiguar el estado en que se en- 
cuentra un expediente relativo al pósito 
de V^illatrita, pueblo de... 

— Sí, sí señor..., ya comprendo: sírvase 
V. S. venir conm^go junto á Rapila, que 
él le pondrá al corriente... Lleva el nepo- 
ciado en la punta de los dedos. 

En efecto, el Sr. Rapila, empleado de 
menos sueldo que el portero, dio á mi tío 
cuantas noticias podía apetecer. 

El expediente estaba á la firma, hacía 
un mes, ¡pero vaya Vd. Acogerla á los 
jefes en aquellos días de grandes campa- 
ñas parlamentarias! 

D. Paco sintió desde el primer momen- 
to muchas simpatías por aquel modesto 
funcionario, tan inteligente como ama- 
ble. La oficina tenía seis mesas, sin con- 
tar la del director de El Centinela ; aca- 
baba de dar la una, y el único puesto 
ocupado era el de Rapila, quien para 
responder á mi tío no necesitó ni con- 
sultar el registro de la dependencia. 

D. Paco sacando un magnífico veguero 
lo ofreció al covachuelista. 

—Mil gracias, no fumo ; es demasiado 
lujo para mí, que tengo mujer, siete hijos 
y 5.000 reales con descuento. 

— ¿Y cuántos años de servicios? 

—Quince... con treinta y dos cesan- 
tías... 

— "De la Subsecretaría,,— dijo el porte- 
ro de marras, dando un pliego á Rapila, 
que se puso más amarillo que níspero del 
Japón maduro. 



DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



83 



— ¿Vd. me permite?... ¡¡Mentía, señor 
de...!! 

—Francisco Mirallcs, servidor de Vd. 

— Pues bien, Sr. Miralles..., las cesan- 
tías son, con esta, tantas como los años de 
Cristo. ¡El señor Subsecretario acaba de 
dejarme á pedir limosna con mis pobres 
hijos ! 

Y el infeliz de Rapila cayó en el si- 
llón desfallecido estrujando el maldito 
oficio. 

Se había hecho tarde y propuse á mi tío, 
al salir del Ministerio, que fuésemos á al- 
morzar al Hotel Inglés. 

D. Paco quería comer ostras, marisco 
desconocido en Villafrita. 

— Se han concluido -dijo el mozo;— las 
consumieron todas en un almuerzo que 
acaba de dar el diputado electo por Zam^ 
pal taifa al Subsecretario de Goberna- 
ción y á otros políticos de los que tnan- 
dan, que acaban de marcharse al Con- 
greso. 

—Se me han quitado las ganas de al- 
morzar, pide tú lo que quieras— exclamó 
mi tío. — No haría más Felipe II que lo que 
ese político acaba de hacer con el desdi- 
chado Rapila. Mientras que éste irá aho- 
ra probablemente camino del viaducto de 
la calle de Segovia, el señor Subsecreta- 
rio digiere las ostras recostado en un es- 
caño del Depósito de Sanguijuelas del 
país. 

—Vamos á paseo , necesito respirar el 
aire libre. 

— ,;Ese es el palacio de la Marquesa del 
Aljibe? 

— El mismo. 

—Aguarda un poco, vo}'' á entrar un 
momento á saludar á la señora; ya tú sa- 
bes que medio Villafrita es suyo..., y que 
cuando visitó sus estados tuvo conmigo 
grandes atenciones. 

—¿La Sra. Marquesa? 

— No está en casa; la señora asiste aho- 
ra todas las tardes á la tribuna diplomá- 
tica del Congreso. 

—Está bien: hágame Vd. el favor de 
darle esta tarjeta. 
— Sigamos al Retiro. 
¡Hombre, tiene gracia ! El contribuyen- 
te paga los carruajes de los Ministros 
para que éstos paseen á las niñeras con la 



prole; ¡la Guardia Civil se pasa la tarde 

saludando amas de cría!! 

"¿y para vei- tal situación, 
se armó la gran revolución?,, 

como cantan en una zarzuela bufa.,, 

Después de comer dimos con nuestros 
cuerpos, á primera hora, en Martín. Re- 
presentaban una revista política intitula- 
da "Padrino te dé Dios, hijo, é irregula- 
risay poco te importe.» 

Más tarde fuimos al Ateneo. 

La sección de Literatura celebraba se- 
sión. Los oradores comenzaron á discu- 
tir sobre Calderón de la Barca, conclu- 
yendo por disputar sobre Moret y Pidal. 

Quisimos luego tomar un helado en El 
Suizo, y también allí se ^hablaba, en va- 
rias mesas, deSagasta, Cánovas y Ruiz 
Zorrilla á grito pelado. Como en todas 
partes, más que los hechos se discutían 
las personas, poniéndolas como la alfom- 
bra del Salón de Conferencias, en el 
Congreso. 

Mi pobre tío estaba furioso y creo hasta 
que sudaba cuando llegamos á la puerta 
de casa. 

Yo me desgañitaba llamando al sereno, 
y la autoridad nocturna no parecía por 
ninguna parte, cosa que ocurre muy fre- 
cuentemente en España cuando aquélla 
hace falta. De pronto se levantó el aire- 
cilio asesino del Guadarrama; D. Paco 
tuvo que abrocharse el gabán y subirse 
el cuello. Por fin vimos salir á Pepe, con 
chuzo y farol, de la taberna inmedia- 
ta, seguido de una bulliciosa turba de 
borrachos y dos ó tres individuos de 
Orden Público que trataban de ponerlo 
entre aquella gente. En la tasca se había 
armado una bronca regular entre el ta- 
bernero, alcalde del barrio, que defen- 
día al gobierno, y los parroquianos que 
representaban la oposición en semejante 
Parlamento. Excusado es decir que el 
motivo de la polémica, de los palos y las 
Jsofetadas, había sido la política. 

Mi tío, con aire muy triste y dando 
diente con diente, murmuraba al subir la 
escalera: 

— Según D. Antonio Cánovas, la len- 
gua es el alma exteriorizada; sí, y el 
altna de toda esa ciencia, que, en gene- 
ral, persigue en España el vil garbanzo, 



84 



boletín 



burlándose, en el fondo, de otros princi" 
píos más sólidos... es la lengua, verdade. 
]-a palanca de Arquímedes de los tiempos 
presentes. ¡Hay algo "más regugnante 
que una salsa vista al sol,, que decía Sa- 
varin: ese algo, querido sobrino, es Ma- 
drid político; 

Aquí acometió á mi tío un fuerte golpe 
de tos seca y cavernosa. 

— Me parece que la cogí... Vine á la 
Corte para verte y por la maldita polí- 
tica, me va á costar caro el viaje. Llama 
á tu médico en seguida, me siento muy 
mal. 

—¿Quiere Vd. los periódicos de por la 
noche?— dijo la criada al abrir la puerta 
del cuarto. 

—No, hija mía, guárdalos; estoy ya sa- 
tisfecho de el pan nuestro... (es decir, 
vuestro...) de cada día, que ya me lo die- 
ron hoy en bollos, en tortas y en hogazas 
de á quintal. 

El Conde de las Navas. 



-^'c~-^,,<s<iiit9y'&^sy-^~a - 



SECCIÓN DE BELLAS ARTES 



EL RETRATO EN ESPAÑA 



(CONCLUSIÓN ) 

Considerando á la humanidad siempre 
la misma, lógico será también deducir 
que todo aquel que por algún concepto 
llegara á distinguirse, quisiera ó procu- 
rara su retrato, y que, otros menos se- 
ñalados, sirvieran de modelo á los artis- 
tas en sus concepciones, como efectiva- 
mente fué costumbre, especialmente en 
los asuntos sagrados que se hicieron 
para los retablos délos siglos xv al xvii. 

A ser esto cierto, como lo es , ¡cuántos 
retratos habrá esparcidos sin poderse 
señalar de quiénes sean, como sucede con 
el que nos dice Cervantes, le hizo en 
Sevilla su amigo Jáuregui! Y también 
con los 170 que dibujó Francisco Pache- 
co, de los cuales una pequeña parte afor- 
tunadamente han parecido '. 

La miniatura sobre marfil, desde que 



apareció en Alemania en el siglo xvii , y 
pasó á Francia en los primeros años del 
siglo pasado, hasta el descubrimiento del 
daguerreotipoy fotografía, su mayor ene- 
migo, alcanzó tal boga, que fué hasta 
nuestros días un artículo de lujo, del que 
ciertas clases de la sociedad no pudieron 
prescindir. 

Llegó á generalizarse tanto la costum- 
bre de retratarse en miniatura, que en 
brazaletes, collares, pendientes y meda- 
llones, fué el mayor y más estimable dije 
de las damas, sin contar las cajas de ta- 
baco, guardapelos, relojes y sellos, que 
en tanta abundancia han llegado á nos- 
otros '. 

No sólo retratos, sino también asuntos 
tomados de la fábula, se hacían sobre 
delgadas láminas de marfil y cobre, exis- 
tiendo muchos de tamaños reducidos eje- 
cutados en los siglos xvi y xvii. 

No se crea que fuesen artistas adoce- 
nados los que se dedicaron á estos traba- 
jos, pues son conocidos algunos, pintados 
al óleo por Velázquez -, Murillo, Mazo, 
Pantoja de la Cruz, Sánchez Coello, Lia- 
ño, Escalante y Mateo Zerezo, á los que 
deben agregarse los hechos sobre mar- 
fil por Huerta, Méndez, Ugalde, Muñoz 
Rivero , Ana Mengs , Goya , Duquer, 
Corro, Reygón y Balaca. Las medallas 
acuñadas ^ han sido otro de los triunfos 
conseguidos por el grabado en hueco, 
por cuyo medio se perpetúa la memoria 
de los grandes hombres; los notables he- 
chos de la historia y los más famosos 
edificios de la antigüedad, cuyas ruinas 
el tiempo ha respetado. 

El origen de esta clase de grabados no 
se puede precisar; sólo se sabe que en la 
octava Olimpiada se fundó en Egina la 
primera fábrica de moneda. Después de 
algún tiempo que vino grabándose en las 
monedas, la forma de una concha ó figura 



1 Hoy los posee D. José María Asensio, y hace al- 
gún tiempo comenzó á publicarlos por medio del fo- 
tograbado. 



1 El miniaturista D. Antonio Beygón, llegó á reunir 
una numerosa y escogida colección de retratos en 
miniatura, en su mayor parte de artistas españoles, 
procedentes de los objetos antes citados. 

2 Uno posee excelente nuestro amigo D. Luis de 
Madrazo. 

2 El Sr. Nogués ha conseguido reunir una curiosa 
colección de medallas y otra de retratos pequeños 
importantes, en su mayor parte procedentes de la co- 
lección Carderera. 



DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



85 



de tortuga, se emplearon escudos, abejas 
y cabezas de divinidades, adoptando, por 
último, la de ciertos juegos olímpicos, 
representaciones mitológicas y cabezas 
de los dioses, de las que tantas preciosida- 
des se hicieron en Grecia, cuyos artistas 
se vieron obligados á buscar refugio en 
Roma, amparándose de sus mismos ene- 
migos. 

La moneda entre los r<. manos, fué de 
grosera ejecución, hallándose muchas 
acuñadas de familias consulares en las 
que aparecen por un lado una cabeza en 
representación de la ciudad; y por el otro, 
un carro tirado por caballos. 

Poco á poco fueron mejorándose los 
cuños, y así vemos que llegaron á regu- 
lar perfección en tiempo de los empera- 
dores Julio y Flavio, mejorándose en las 
medallas de Nerón, desde cuya época 
decayeron hasta el extremo de que los 
bustos no son conocidos más que con au- 
xilio de las inscripciones. 

Con la irrupción de los vándalos des- 
apareció la civilización romana, quedan- 
do, por lo tanto, las artes en el ma^'or 
abandono, hasta que apareció con Teo- 
dosio el estilo bizantino, adoptándose po- 
ner las cabezas de frente, en vez de per- 
fil, como había sancionado la costum- 
bre. 

Con relación al grabado de las piedras 
duras, no puc de precisarse la época en 
que dio principio, pero sí que siguió á 
las monedas y medallas, sufriendo las 
mismas alteraciones de progreso y de- 
cadencia. 

Con el renacimiento de las artes y su 
completo desarrollo en el siglo xvi, se 
elevó el grabado en Italia á la mayor al- 
tura de perfección, y sus artistas nos han 
dejado una importante y rica colección 
de medallas conmemorativas. 

A esta feliz región de las artes, siguie- 
ron después Alemania, Francia, é Ingla- 
terra; y á España vinieron los maestros 
más eminentes, llamados por el empera- 
dor Carlos V, y Felipe 11; siendo estos, 
entre otros, León Leoni )'■ Jácome Trezo, 
cuya primera obra fué el famoso Taber- 
náculo del monasterio de El Escorial, y 
la medalla que hizo á Juan de Herrera. 

A tan gran maestro sucedió Pompeyo 
T. III. 



Leoni, autor de las mejores medallas de 
Felipe II. 

Otro grabador en hueco, Clemente Vi- 
rago, se hizo célebre con el retrato en 
piedra dura del príncipe Carlos, suce- 
diéndole Cambiago, Pogini , Rodríguez 
del Castillo, Bautista, Jacobo y Diego de 
Estor; y en tiempo de Felipe V, Monte- 
mar, Hernández, Fernández de la Peña y 
Prieto. 

La gran cantidad de retratos en meda- 
llas que las ilustres casas españolas co- 
leccionaron, en muestra de su ilustración 
y sus viajes por Italia, desde los tiempos 
de D. Alfonso V de Aragón, han desapa- 
recido, quedándonos solo su recuerdo, 
en Alfonso Vde Aragón, por Víctor Pisa- 
no, que también grabó el de D. Iñigo 
Dávalos; el Gran Capitán; Cardenal Cis- 
neros; D. Iñigo López de Mendoza, se- 
gundo conde de Tendilla; doña Margari- 
ta de Austria, hija de Carlos V; D. An- 
tonio de Leyva; duque de Alba; D. Pera- 
fan de Ribera; Gonzalo Pérez, secretario 
de Felipe II; D. Pedro de Toledo, mar- 
qués de Villaíranca; D. Luis de Reque- 
sens; D. Martín de Aragón, conde de Ri- 
bagorza y duque de Villahermosa; don 
Francisco Fernández de Liévana, graba- 
do por Pompeyo Leoni; D. Fernando de 
Moneada; D. Juan Figueroa, virrey de 
Milán; marqués de Mondéjar, virrey de 
Ñapóles; Cardenal Quiroga, Arzobispo 
de Toledo; D. Juan de Austria; Honorato 
Juan, Obispo de Albarracín; D. Antonio 
Agustín, Arzobispo de Tarragona; Beato 
Nicolás Factor, y las labradas en el si- 
glo XVII, de San Ignacio de Loyola, Mateo 
Vázquez de Luca, D. Francisco de Mon- 
eada, marqués de Aj^tona , D, Pedro Gi- 
rón, duque de Osuna, duque de Alcalá, 
virrey de Ñapóles; D. Antonio P. Alva- 
rez Osorio, marqués de Velada; Carde- 
nal Portocarrero, virrey de Sicilia; du- 
que de Montalbo; D. Gaspar de Braca- 
mente y Guzmán, duque de Alcalá; don 
Tomás Enriquez de Cabrera, conde de 
Melgar; duque de Montemar; Luis Ve- 
lasco y Vicente González, defensores 
del Castillo del Morro en la Habana. 

Hoy la fotografía, con sus grandes 
triunfos y adelantos, se ha encargado de 
dejar al porvenir la fisonomía especial y 



86 



boletín 



las costumbres del siglo presente, en sus 
hombres, artes y monumentos, conclu- 
yendo, á nuestro juicio, con el grabado, 
como sucedió con la miniatura. Ahora 
bien; ¿llegará su poder á tanto, que alcan- 
ce arrebatar á la naturaleza sus brillan- 
tes colores? Si lo consiguiera, grande se- 
ria la impresión que el arte pictórico su- 
friría, pero dudoso nos parece consiga 
vencer al ingenio del artista en sus con- 
cepciones, pues siempre tendrán el pri- 
vilegio de pasar á la posteridad, como el 
mejor y más seguro medio de expresar 
los mayores entusiasmos del alma, tra- 
ducidos por el color y el sentimiento de 
la forma. 

Vicente Poleró. 



BIBMOOI^flHIH 



Anatomía pictórica. Ensayo de An- 
tropología artística, por José Parada y 
Santín, catedrático por oposición de di- 
cha asignatura en la Escuela Especial de 
pintura, escultura y grabado de Madrid. 
(Madrid, Viuda de Hernando , 1894.) 

Entre los trabajos más sólidos y serios 
de la moderna cultura científica española 
debe contarse la obra que nos ocupa; 
obra en que la erudición y la crítica se 
dan la mano, levantando un monumento á 
la íntima relación que enlaza la ciencia y 
el arte. 

El distinguido catedrático de la Escuela 
de Bellas Artes divide su amplio trabajo 
en cuatro partes. Tras razonada intro- 
ducción, historia en la primera la Ana- 
tomía artística, partiendo de los pueblos 
más remotos , hasta nuestros días ; inclu- 
ye una abundante bibliografía, sazonada 
con observaciones críticas; considera al 
hombre, en su doble concepto, de objeto 
de estudio del anatómico y del artista, y 
recorre en toda su extensión el ancho 
campo de la Antropología artística. De- 
dícase la segunda parte á la Fisiología; 
la tercera, á la Morfología, y á la Etno- 



logía, la cuarta: estudiándose en las tres 
las diferentes ramas de la Anatomía pic- 
tórica con un acierto y lucidez que hacen 
igualmente recomendable tal estudio al 
artista y al antropólogo. 

Acompañan á la obra 163 fotograbados, 
reproducción de dibujos y obras de otros 
géneros de artistas antiguos y modernos. 
Citaremos entre aquéllos á Arfe y Villa- 
fañe , Alberto Durero, Rafael, Vinci, 
Miguel Ángel, Velázquez , Le Brun, Au- 
drán, Sagredo, Rubens, D. Vicente Ló- 
pez , y entre los contemporáneos á Aran- 
zadi, Arroyo, Alvarez Dumont, Amérigo, 
Domínguez , Garnelo , García Sampedro, 
Haes, Madrazo, Urgell, Villodas y otros 
muchos, sin excluir al mismo autor de la 
obra. 

Entendemos, pues, de acuerdo con el 
informe del claustro de profesores de la 
Escuela de pintura, escultura y grabado, 
que acompaña al libro, que éste viene 
á llenar un gran vacío en dicha Escuela; 
y hacemos nuestra la recomendación que 
á los artistas dirige el Sr. D, Julián Ca- 
lleja en el preámbulo que precede al volu- 
men asegurando "que no harán cosa que 
de más provecho les sea , que ocupar 
mucho tiempo en la lectura de esta exce- 
lente obra, que merece figurar entre las 
buenas de Anatomía pictórica^. 



Una excursió á Londres (1893). Con- 
Jerencias donadas en lo Centre excur- 
sionista de Catalunya ab exposició de 
Jotografias, per Ramón Arabía y Sola- 
nas. (Barcelona, L'Avenf, 1894.) 

El Sr. Arabía, probado y erudito ex- 
cursionista, ha concentrado en cuatro con- 
ferencias, escritas en su materna lengua 
catalana , una verdadera Guía de Lon- 
dres , que puede prestar indudables ser- 
vicios á nuestros compatriotas que visi- 
ten la gran ciudad. Comenzando por dar 
cuenta de ciertas generalidades, del as- 
pecto, carácter, alojamiento, medios de 
locomoción, datos estadísticos , etc., en- 
tra luego el autor á describir los monu- 
mentos, edificios notables, jardines, vías 



DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



87 



públicas y Museos. No faltan noticias cu- 
riosas acerca de la vida y usos del pueblo 
londonense, como tampoco una descrip- 
ción y reseña de los alrededores de la 
Metrópoli inglesa. 

En suma, recomendamos la lectura de 
este folleto, en que son de notar correcto 
lenguaje , fácil estilo , espíritu observa- 
dor, atinados juicios é indicaciones prác- 
ticas de verdadera utilidad para el via- 
jero. 



ta, por las reproducciones monumentales 
á que antes hicimos referencia. 



Retratos de antaño, por el Rdo. P. Luis 
Coloma, déla Compañía de Jesús. Publí- 
calos la duquesa de Villahermosa, conde- 
sa viuda de Guaqui. (Madrid, Tello, 1895.) 

Magnífico volumen de 597 páginas en 8.° 
mayor, editado con esplendidez verdade- 
ramente regia por una de las más ilustres 
representantes de nuestra aristocracia. 
Desarróllase principalmente en él la bio- 
grafía de los duques de Villahermosa, Don 
Juan Pablo Aragón Azlor y Doña María 
Manuela Pignatelli de Aragón, durante el 
período de su matrimonio (1769-1790); pero 
con este motivo y con carácter episódico, 
el historiador presenta los retratos de per- 
sonalidades más ó menos salientes de la 
época, relata curiosas anécdotas y com- 
pone, en suma, una narración en alto gra- 
do interesante y amena, cuya lectura es 
difícil interrumpir una vez comenzada. 

Avaloran más aún el libro seis magní 
cas heliografías, que son los retratos del 
autor, del duque de Villahermosa, de la 
duquesa de Medinaceli y las vistas del pa- 
lacio de Pedrola, del claustro de Veruela 
y del castillo de Javier. Acompañan tam- 
bién veintiocho facsímiles y transcripcio- 
nes de cartas autógrafas de Beaumar- 
chais, Galiani, D'Alembert, Polignac, La- 
valliére, Geoffrin, Grimaldi, Mayans y el 
conde de Aranda, con muy buen acuerdo 
extraídos para su publicación del archivo 
de Villahermosa. 

Encierra, pues, la obra en que nos ocu- 
pamos, notoriointerés para el historiador, 
para el literato y aun para el excursionis- 



Víctor Balaguer, de las Reales Acade- 
mias Española y déla Historia.— £"w Bur- 
goSj recuerdos de esta ciudad insigne. 
(Madrid, El Progreso editorial, 1895.) 

Forma este bello volumen, publicado 
recientemente, una colección de estudios 
históricos y literarios, que ya habían vis- 
to la luz con anterioridad en la obra del 
mismo autor titulada Añoranzas^ en su 
Historia de los Reyes Católicos y en la re- 
vista Pro Patria. He aquí el interesante 
contenido del libro. Glorias y ruinas (car- 
tas á una dama).— La casa del Cordón.— 
El castillo de Burgos.— El cuento del Cid. 
—La cuesta de la Reina. 

Excusamos elogiar estas producciones 
del insigne académico y vate catalán, so- 
bre las cuales ya la crítica dictó favorable 
fallo; y sólo diremos aquí que la reunión 
en un volumen de aquella serie de traba- 
jos acerca de Burgos y su comarca ha si- 
do excelente idea, tan útil para el excur- 
sionista, como propia del benemérito Pre- 
sidente de la Sección de Literatura de la 
Sociedad Española de Excursiones. 

Víctor ^dL\2ígyxQr .—Los Jue gos florales 
en España, memorias y discursos. 

Acaba también de aparecer este tomo, 
que forma el xxxii de la colección de las 
obras completas del Sr. Balaguer. Encié- 
rranse en él varios trabajos ya anterior- 
mente publicados y otros nuevos, que el 
público saboreará con delectación. Entre 
ellos se cuentan los discursos pronuncia- 
dos en Barcelona, Valencia, Pontevedra, 
Granollers, Reus y Zaragoza con motivo 
de la celebración de juegos florales, y 
otros leídos en las Reales Academias Es- 
pañola y de la Histeria, en el Ateneo de 
Madrid y en el Circulo de Bellas Artes, 
con motivo de recepciones, contestaciones 
y sesiones públicas. 



boletín 



Fechas prehistóricas y porvenir de las 
^'flá'ffs.— Conferencia dada en la Sociedad 
Geográfica de Madrid , el 2 de Abril 
de 1893, por Rafael Alvarez Sereix. inge- 
niero de montes. (Madrid, Rojas, 1895.) 

Interesante por más de un concepto es 
este trabajo, que su autor divide en dos 
partes, como el mismo título indica. En la 
primera afirma resueltamente la apari- 
ción del hombre sobre la tierra en el pe- 
ríodo cuaternario; examina las diferentes 
opiniones de los sabios sobre la duración 
de los períodos geológicos; bosqueja rá- 
pidamente las primitivas civilizaciones 
históricas de Caldea, de Egipto y de los 
primitivos europeos; y proclama que la 
humanidad no procede del estado bestial, 
como se ha pretendido vanamente. 

La segunda parte de la conferencia es, 
si cabe, más notable que la primera. Fun- 
dándose el conferenciante en la resurrec- 
ción contemporánea del Japón y en otros 
hechos y observaciones, combate la gene- 
falizada creencia de la superioridad abso- 
luta y perdurable de nuestra raza caucá- 
sica, y el subsiguiente desdén con que mi- 
ramos las demás razas, juzgándolas infe 
riores. Examina y analiza los grandes 
problemas europeos contemporáneos en 
su relación con la lucha de razas, y res- 
pecto de estas últimas, concluye que las 
hoy existentes han de sufrir notables mo- 
dificaciones, sin que desaparézcanlos dos 
tipos cardinales, el blanco y el negro, en 
tanto que el planeta no sufra un completo 
trastorno de esos que separan entre sí las 
edades geológicas. 

El Sr. Alvarez Sereix ha dado en este 
trabajo nueva muestra de la erudición y 
atinada crítica que tanto avaloran sus es- 
critos. 



El Dominio del capital. — Conferencia 
dada en el Círculo de Contribuyentes de 
Alcalá de Henares, el 5 de Mayo de 1895; 
por Rafael Alvarez Sereix, Ingeniero 
de montes. 

Folleto de gran actualidad, debido á la 
pluma del mismo distinguido publicista, 



en que se aborda la cuestión social con 
tan sana tendencia como atinada crítica. 
"Determinar el alcance de la-revolución 
que va á verificarse, señalar las causas 
que la hacen inevitable, analizar las ten- 
dencias que pretenden dominar en lo fu- 
turo,,; tal es el objeto de la disertación. 

En el curso de ella marca su autor la 
debida distinción entre la propiedad y el 
capitalismo, proclamando las excelencias 
de aquélla y condenando este último como 
explotación que es del hombre por el hom- 
bre. Examina las soluciones que tienen 
relación inmediata con el sistema social 
existente, á saber: el llamado socialisino 
cristiano y el socialismo del Estado. 
Hace, por último, un llamamiento á los 
hombres de buena voluntad para evitar 
en lo posible la violencia de la revolución 
que amenaza. La disertación que nos 
ocupa es digna en todos conceptos de su 
autor el infatigable publicista Sr. Alvarez 
Sereix. 



La Decena (cuentos y chascarrillos), 
por el Conde de las Navas. (Madrid, Du- 
cazcal, MDCCCXCV.) 

Ya el Conde de las Navas venía mos- 
trándose en anteriores producciones 
como discreto novelista y cuentista exce- 
lente, y uniendo en ellas al fin moraliza- 
dor, á la consoladora máxima ó al agudo 
pensamiento, una concepción vigorosa, 
limpieza de frase, gran fuerza de obser- 
vación y acierto en la pintura de tipos y 
caracteres. 

Todas estas condiciones y otras más 
hallará el lector en La Decena., especie 
de mosaico literario, cuya amena lectura 
no es dable interrumpir una vez empren- 
dida. 

Cuentos llama el autor á El Cura de 
Retamales y á María de la Purifica- 
ción, y, sin embargo, el heroico sacrifi- 
cio del simpático P. Alfredo, y el arran- 
que y noble desprendimiento de la pobre 
inclusera, más nos parecen que cuentos 
narraciones impregnadas de realidad y 
de vida. Cosas del mundo es un cuadro 



DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



89 



muy sentido, en que se destacan vigoro- 
sos contrastes. En Ríñones salteados el 
autor emprende opuesto camino, atacan- 
do la nota cómica. Hay, en fin, en el libro 
chascarrillos (que por su extensión pu- 
dieran más bien llamarse cuentos en ¡ni- 
niatura)^ en que el donaire andaluz cam- 
pea; citemos entre ellos Un adverbio y 
una liebre, Caracoles^ Política y arru- 
gas y El Oidor, en nuestro concepto el 
más donoso de todos. , 

Con lo ya dicho, y con recomendar á 
nuestros consocios la lectura de tan sa- 
broso libro, nos creemos dispensados de 
insistir en su elogio. 



Historia y Arte. — Revista mensual 
ilustrada. Director: Adolfo Herrera. 

Aún no se habían hecho eco estas co- 
lumnas de la aparición de aquella impor- 
tante Revista, que, por el excepcional lujo 
con que viene presentada y por las firmas 
que la autorizan, merece protección deci- 
dida de los amantes del arte y de la histo- 
ria. La circunstancia de ser el Sr. Herre- 
ra Vocal de la Comisión ejecutiva de 
nuestra Sociedad no puede impedir que á 
la publicación por él dirigida tributemos 
los elogios que merece, y que en justicia 
deben también alcanzar á los editores se- 
ñores Hauser y Menet, quienes, al arries- 
gar sus intereses donde por desgracia 
no alcanza todavía la afición á los estu- 
dios serios el desarrollo que debiera, me- 
recen todo género de alientos y de éxitos. 

He aquí ahora el sumario de los tres nú- 
meros publicados , que constituyen por sí 
mismos el mejor encomio que de la obra 
pudiera hacerse. 



MARZO 



Texto: Del carácter, por D. José Eche- 
garay, de la Academia Española.— A un 
ruiseñor cautivo, por D. Gaspar Núñez 
de Arce, de la Academia Española. — La 
cuchillería en España (siglo xvii), por don 



Manuel Ricoy Sinobas, de la Academia 
de Ciencias.— En Montserrat, por D. Víc- 
tor Balaguer, de la Academia Española. 
— Canova y Thorvaldsen, por D. Augusto 
Danvila, C. de la Academia de San Fer- 
nando. —La agrupación de los grandes 
hombres que personificaron la cultura 
española, por A. — Varia, por R. 

Láminas sueltas en fototipia: Cuchi- 
llería española (siglo xvti).— Marte y Ve- 
nus (escultura de Antonio Canova).— 
Mercurio aprestándose á matar á Argos 
(escultura de Alberto Thorvaldsen). — La 
agrupación de los grandes hombres que 
personificaron la cultura española (cartón 
de D. José Garnelo). 

Láminas intercaladas en el texto en 
fototipia y fotograbado: Tijeras mejica- 
nas (siglo xvii). — Tijeras de Jaén (si- 
glo xvii).— Tijeras de Albacete (siglo xvii). 
—Museo Nacional de Madrid. — Alberto 
Thorvaldsen (Museo de Copenhague).— 
Antonio Canova (de una medalla italiana). 
—Alegorías. —Viñetas . 



ABRIL 



Texto: El Arte como propagandista, por 
D. Eduardo Benot, de la Academia Espa- 
ñola.— Espadas benditas, por D. Cesáreo 
Fernández Duro, de la Academia de la 
Historia.— Calvario, por D. Federico Ba- 
lart, de la Academia Española.— Espejos 
etruscos que se conservan en el Museo 
Arqueológico Nacional, por D. Juan de 
Dios de la Rada y Delgado, de la Acade- 
mia de la Historia.— La copa de Ayson, 
vaso griego del Museo Arquelógico Na- 
cional, por D. José Ramón Mélida.— Sor- 
presa, por D. Ricardo Gil. 

Láminas sueltas en fototipia: Espejo 
etrusco que se conserva en el Museo Ar- 
queológico Nacional núm. 1. — Espejo 
etrusco que se conserva en el Museo Ar- 
queológico Nacional, núm. 2.— Teseo ven- 
cedor del Minotauro, pintura del interior 
de la copa de Ayson, vaso griego del 
Museo Arquelógico Nacional.— Sorpresa, 
cuadro de D. José Garnelo. 

Lámina suelta en fotograbado: Haza- 
ñas de Teseo, pintura del exterior de la 



90 



boletín 



copa de Ayson, vaso griego del Museo 
Arqueológico Nacional. 

Láminas intercaladas en el texto en 
fototipia y fotograbado: Espada donada 
por el Papa Paulo V á Felipe IV.— Espada 
donada por el Papa Clemente VIH á Feli- 
pe II.— Espada donada por el Papa Euge- 
nio IV á Juan II.— Hoja de la espada con- 
cedida por el Papa Calixto III á Enrique IV 
de Castilla.— Hoja de la espada concedida 
por el Papa Clemente VII ál Emperador 
Carlos V.— Hoja de la espada concedida 
porelPapa Paulo III á Felipell.— Hoja de 
la espada concedida por el Papa Pío I V á 
Felipe II.— Hoja de la espada concedida 
por el Papa Pío IV á Felipe II.— Hoja de 
la espada concedida por el Papa Pío V á 
D. Juan de Austria.— Hoja de la espada 
concedida por el Papa Gregorio XIV á 
Felipe III.— Alegoría.— Perfil de la copa 
de Ayson. 



MAYO 



Texto: Ideal en el arte, porD. Eduardo 
Benot, de la Academia Española.— Las 
locas por amor, por D. Ramón de Cam- 
poamor, de la Academia Española. — Es- 
pejos etruscos del Museo Arqueológico 
Nacional, por D. Juan de Dios de la Rada 
y Delgado, de la Academia de la Histo- 
ria.— Fragmento (poesía), por D. Gonzalo 
de Castro.— Antigüedades : El Renaci- 
mieto italiano. Su introducción en Espa- 
ña y carácter nacional que adquiere. Sus 
dos géneros especiales. Mesa de plata de 
los señores marqueses de Viana, por don 
Enrique de Leguina, C de la Academia 
de la Historia.— Carlos de Haes, por don 
Augusto Danvila, C. de la Academia de 
Bellas Artes.— Varia, por R. 

Láminas sueltas al agua fuerte: El 
Otoño, por D. Carlos de Haes, 

Láminas sueltas en fototipia: Espejos 
etruscos del Museo Arqueológico Nacio- 
nal, números 3 y 4,— Plancha de plata re- 
levada y cincelada (siglo xvi), propiedad 
de los señores marqueses de Viana.— Ca- 
nal de Mancorbo en los Picos de Europa, 
cuadro de D. Carlos de Haes. 
Láminas iittercaladas en el texto en 



fototipia y fotograbado: Espejo etrusco 
del Museo Arqueológico Nacional, núme- 
ro 5.— Espejo griego del Museo Arqueo- 
lógico Nacional. —Pie de mesa. Platería 
de Córdoba. — Carlos de Haes. Márgenes 
del Lozoya.— Alegorías. 



Por ambos mundos. Narraciones cos- 
mopolitas. (La Arqueología entre nues- 
tra juventud: arqueólogos y anticua- 
rios. '■^ Los antiguos campos góticos^, 
por el Dr. Simón y Nieto. ''Cervantes 
vindicado de su supuesto antiviscainis- 
mo„, por el Dr. Apraiz), por I). Ricardo 
Becerro de Bengoa. 

No se trata aquí de un libro, sino de un 
artículo publicado en La Ilustración Es- 
pañola y Americana y su número del 8 
del pasado mes de Mayo: pero artículo de 
que debe hacerse eco este Boletín^ por el 
espíritu que le informa , conforme en un 
todo con el que inspira á nuestra Socie- 
dad. 

El Sr. Becerro de Bengoa levanta acta 
de un hecho consolador para el presente 
y el porvenir de la cultura nacional. "Un 
nuevo género— dice — de exquisita cultura 
para la generación joven que, en bien de 
la patria, va poco á poco levantando su 
inteligencia y sus corazones, como con 
gran complacencia lo vemos todos cuan- 
tos de cerca la tratamos, es el de los es- 
tudios artísticos, y singularmente el de la 
arqueología, antes reservada á excéntri- 
cos exploradores y sabios, á quienes el 
vulgo miró como á gentes raras, un si es 
no es tocadas de lastimosa chifladura, sea 
dicho en verdad, sin ningún eufemismo 
atenuante. La historia de nuestro pueblo 
estudiábase poco menos que de memoria, 
en hbros viejos y nuevos, en manoseados 
impresos y en ocultos ó bien guardados 
manuscritos; pero muy pocos eran los 
que completaban su conocimiento, reco- 
rriendo los pueblos y admirando lo que 
aún queda en pie, ó cayéndose, ó en rui- 
na, ó restaurado y adulterado por manos 
tan cuidadosas como profanas...,. 



DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



01 



"Hoy, aunque todavía en ningún grado 
de la enseñanza, salvo en la Escuela de 
Arquitectura y en algún Seminario, se 
estudia el arte, su desarrollo y su histo- 
ria en España; hay mucha juventud entu- 
siasta que es a niga de estos conoci- 
mientos, y que los cultiva y practica, no 
por interés positivo, porque nada pecu- 
niario dan de sí, sino como placentera 
satisfacción para la inteligencia, ávida 
de tan hermosos y elevados goces. No 
es, pues, extraño el que hayan aparecido 
en nuestros días asociaciones amistosas 
de excursionistas arqueólogos, ni que en 
los Ateneos y círculos haya cátedras de 
arte español, ni que muchos hombres de 
carrera, y de muy distintas carreras por 
cierto, viajen, estudien y publiquen sus 
investigaciones en periódicos diarios y 
revistas ilustradas. Este avance de la 
cultura pública, este evidente síntoma de 
la elevación intelectual de nuestra juven- 
tud, es un hecho. Yo lo afirmo sin reparo 
alguno, porque por necesidad conozco á 
mucha parte de la generación que estu- 
dia desde hace treinta años. Y todos los 
lectores aficionados á este asunto espe- 
cial, recordarán haber leído curiosas des- 
cripciones de los restos arqueológicos, y 
memorias de muchos y muy entendidos 
jóvenes que en todas las provincias, y 
algunos en olvidados pueblos, dedican 
las horas sobrantes de sus faenas pecu- 
liares al sabroso esparcimiento de las 
investigaciones artísticas de los pasados 
tiempos. Pagan gustosos su contribución, 
como se dice en el extranjero, á estos 
estudios, y de cuando en cuando obse- 
quian á sus amigos y al público con el 
delicado regalo de sus obras.,, 

Tras estos expresivos párrafos, y en 
confirmación de sus asertos, cita, analiza 
y encomia el Sr. Becerro de Bengoa la 
colección de excursiones que bajo el títu- 
lo de Los antiguos Campos góticos pu- 
blicó no ha mucho en estas columnas 
nuestro consocio el Sr. Simón y Nieto, 
"médico joven muy reputado en aquella 
tierra (Falencia), escritor serio y correc- 
to, arqueólogo entusiasta y bien cono- 
cido y estimado en la Academia de la 
Historia y en la Sociedad Española de 
Excursiones». 



Más adelante el docto articulista dedica 
también su atención á otro excursionista 
infatigable, el Sr. D. Julián Apraiz, de 
quien dice el Sr. Becerro de Bengoa, an- 
tes de examinar alguna de sus produc- 
ciones que, "excursionista andante, bien 
espolvoreado en el campo y bajo techo, 
ha andado á menudo por los montes y va- 
lles vascongados, en busca de sepulturas 
prehistóricas, de cuevas troglodíticas y 
de dólmenes celtas,,. 

Es, pues, un hecho el desarrollo suce- 
sivo del excursionismo combinado con la 
afición á los estudios retrospectivos, he- 
cho que satisfará seguramente á cuantos 
forman parte de nuestra Sociedad de Ex- 
cursiones. 

P. 

LAS CATACUMBAS DE ROMA 

-pOR 

JOAQUÍN PAVÍA Y BERMINGHAM 




(Un tomo de 240 páginas.— Madrid, Imprenta de los 
Huérfanos, 1895.) 

ox este título acaba de publicarse 

una interesantísima obra, que no 

AWW'^yti podemos por menos de dar á cono- 

c^'l cer á nuestros lectores. Consiste 
ésta en tres conferencias que acerca de 
asunto tan complejo é importante bajo el 
punto de vista del Arte y de la Ciencia 
arqueológica, como son los hipogeos cris- 
tianos de Roma, ha pronunciado el Sr. Pa- 
vía y Bermingham en el Centro Católico 
de la capital de Guipúzcoa. 

El arquitecto Sr. Pavía, que ha sido 
pensionado de mérito en la Academia de 
Bellas Artes de España en Roma, ade- 
más de sus estudios del Arte pagano, 
como la notabilísima restauración del 
templo de Vesta en el Foro Romano, obra 
premiada con medalla de primera clase 
en la Exposición internacional de Bellas 
Artes de 1892, ha hecho también, durante 
su permanencia en la Ciudad Eterna, es- 
tudios no menos interesantes del primi- 
tivo Arte cristiano, y en estas tres confe- 
rencias ha reunido cuantos datos pueden 



9^ 



boletín 



constituir la historia de estos cemente- 
rios subterráneos , desde su ejecución 
hasta nuestros días. 

Dedica la primera conferencia á des- 
cribir las Catacumbas, viendo su origen 
y disposición, sus inscripciones y pintu- 
ras murales, compendiado, sí, en los lí- 
mites de una conferencia, pero sin dejar 
de anotar lo más interesante y de mayor 
alcance. 

La segunda comprende el estudio del 
periodo histórico en que se construyeron 
estos cementerios y desarrollo que fue- 
ron tomando desde la predicación apos- 
tólica hasta la paz de Constantino. 

En la tercera conferencia abarca el pe- 
riodo desde que las Catacumbas fueron 
objeto de la veneración pública, pasadas 
las persecuciones, su devastación y aban- 
dono, hasta su descubrimiento en el si- 
glo XVI, enumerando los trabajos de Bo- 
sio, y por último los más importantes y 
modernos del P. Marchi y del gran ar- 
queólogo de nuestro siglo , el insigne 
Juan Bautista de Rossi , el verdadero 
descubridor de las Catacumbas, y que 
con sus notables trabajos es el que ver- 
daderamente trazó las bases de la cien- 
cia arqueológica cristiana. 

Con gran copia de datos, á la vez que 
con suma claridad y sencillo lenguaje, 
están escritas estas conferencias, donde 
el docto encontrará un resumen admira- 
ble de materia tan vasta y objeto de tan- 
tas y tan voluminosas obras, y el que no 
lo sea, puede estar al corriente con su 
lectura de lo que son estos cementerios 
y de los descubrimientos más modernos 
en ellos verificados. 

Un apéndice acompaña á estas tres 
conferencias, si cabe más interesante que 
ellas mismas, pues es un estudio biográ- 
fico de Juan Bautista de Rossi, quizá el 
primero que se hace en nuestra patria, y 
desde luego el más completo, haciéndose 
mención de las fiestas que se celebraron 
en Roma para festejar el septuagésimo 
aniversario del nacimiento del gran ar- 
queólogo , y en cuyas fiestas tomaron 
parte todas las naciones, á las que se 
unió España, que en esa ocasión fué de 
las primeras en tributar su homenaje al 
verdadero talentp. 



Para terminar, la obra resulta suma- 
mente amena, la presentación excelente, 
y la precede una buena fototipia, hecha 
por los Sres. Hauser y Menet, de un pre- 
cioso bajo relieve del eximio escultor 
Aniceto Marinas, nuestro consocio, que 
tiene por asunto la primera visita de 
Pío IX á la cripta de los Papas en la 
Catacumba de San Calixto. La obra es 
propiedad de las Hermanitas de los Po- 
bres, pues á ellas ha sido regalada por 
su autor, el Sr. Pavía, á quien damos 
nuestra enhorabuena por su trabajo. 



A. A. 



==a<=3í>á^g©í>-® 



sa@@IOR 0HI@IS]2 



La Sociedad de Excursiones en Junio. 

La Sociedad Española de ExcursiOxNtes 
realizará; una á Villa del Prado, Ca- 
dalso DE los Vidrios, Guisando y San 
Martín DE Valdeiglesias, el viernes 28 
de Junio, con arreglo á las condiciones si- 
guientes: 

Salida de Madrid (estación de Naval- 
carnero): el 28, á las siete y media de la 
noche. 

Regreso á Madrid: el domingo 30, á las 
ocho de la noche. 

Monumentos que se visitarán: Iglesia 
y picota de Villa del Prado, palacio de 
D. Alvaro de Luna, en Cadalso de los Vi- 
drios ; monasterio de Guisando y restos 
diversos en San Martín de Valdeiglesias. 

Cwoííí.'Cuarenta pesetas, en que se com- 
prende el billete en segunda clase de ida 
y vuelta, coches, hospedaje, manuten- 
ción, gratificaciones, etc. 

Para las adhesiones á esta excursión, 
dirigirse de palabra ó por escrito, hasta 
el día 27 á las ocho de la noche, acompa- 
ñando la cuota, al Sr. D. Enrique Serra- 
no Fatigati, presidente de la Sociedad, 
calle de las Pozas, núm. 17. 

Madrid 1.° de Junio de 1895.— El secre- 
tario general, vizconde de Palas uelos.— 
V.^'B.'^— El presidente, S^;'rawoFa/2á'«/í. 

l.ni. Establecimiento tipográfico de Agustín Avrial, 
San Bernardo, 92.— Teléf. 3074 



BOIvBTlN 



DE LA 



SOCIEDAD ESPAIOLA DE EXCÜRSIOIES 



DIRECTOR: 
EL VIZCONDE DE PALAZUELOS, Secretario general de la Sociedad. 



AÑO III 



Ivladrid 1." de J"vilio de 1895 



NÚM. 29 



SECCIÓN DE CIENCIAS HISTÓRICAS 



Ei^ia-iE 



DE 



NUESTRA SEÑORA DEL CLAUSTRO 

EN LA CATEDRAL DE SOLSONA 



p^. STA efigie, cuya fototipia aparece 
'*^ ^ en el presente número, es uno de 




los más bellos ejemplares de icono- 
grafía cristiana de la Edad Media 
que tenemos en España. Mide de alto un 
metro cinco centímetros, y está hecha de 
una piedra de color obscuro y ceniciento. 
El asiento de la V^irgen es un taburete con 
almohadón encima, todo de la misma pie- 
dra y con algunos detalles decorativos. 
Los pies de la Señora, separados uno de 
otro, descansan sobre dos monstruos que 
se parecen al león y al águila. Sóbrela 
rodilla izquierda, algo más levantada que 
la otra, tiene sentado á su divino Hijo, 
sosteniéndole con la mano izquierda, y 
en la derecha lleva un cetro que figura 
en : u base un pomito y en el remate una 
pina ó granada que están picando dos 
.avecitas. 

Contra el uso dominante en las estatuas 
de la Virgen, la del Claustro tiene la ca- 
beza sin manto ni velo dominical que la 
cubra; pero ciñe una corona ó diadema 
con adornos esculturados de pedrería 
T. m 



que remata en tres florones formados por 
el combinado repliegue en doble voluta 
del borde superior de la misma corona. 
Lleva partido el cabello, que luego se re- 
coge en dos soberbias trenzas que caen 
graciosamente á lo largo de los hombros 
y bajando por los lados vienen á termi- 
nar más abajo de las rodillas. De la parte 
posterior de la corona se desprende una 
especie de cinta de once centímetros de 
ancho por veinte de largo, que puede ser, 
ó bien un adorno de la corona parecido al 
que se ve en coronas ác las Catacumbas 
y á semejanza de las ínfulas de las mi- 
tras, ó bien una redecilla para recoger 
los pelos de la cabeza. 

Viste la Virgen una túnica muy ajusta- 
da que le llega hasta los pies, formando 
menudos y delicados pliegues. De dere- 
cha á izquierda cruza su pecho una ban- 
da adornada de pedrería é hilos de per- 
las; y por debajo de la rodilla derecha 
ostenta un hermoso festón adornado de 
la misma manera, y si bien corresponde 
al manto, parece indicar la orilla inferior 
de una sobrevesta griega. El manto que 
cubre sus hombros está orlado de vistosa 
y rica cenefa , se abrocha al pecho con 
una grandiosa fíbula calada y genimata, 
y al recogerse sus caídas por encima de 
las rodillas, forman en sus extremos al- 
gunos amplios cañones por delante de la 
túnica que se quedan más cortos que ésta. 

12 



94 



feOLETÍN 



Enseña los pies parca y modestamente, y 
su calzado es puntiagudo y con adornos 
de pedrería. Las manos tienen alguna 
rigidez é impropiedad, sobre todo la de- 
recha que sostiene el cetro por la base, 
cuando parece más natural empuñarlo 
por el fuste. 

El semblante de la Virgen es, á la par 
que grave, apacible y dulce; su boca pe- 
queña, aguileña la nariz, y éstas, lo mis- 
mo que los ojos y mejillas , están perfec- 
tamente esculturadas. 

El Niño Jesús tiene la cabeza y los pies 
desnudos, y éstos se apoyan ligeramente 
en la rodilla derecha de la Virgen. Viste 
túnica primorosamente adornada de pie- 
dras y perlas en la parte que cubre el 
pecho y en las bocamangas ; y, además, 
manto orlado de finísima greca. Está un- 
un poco vuelto hacia el pueblo, con la ma- 
necita derecha levantada en actitud de 
bendecir, y con la izquierda se recoge 
graciosamente el manto sobre sus rodi- 
llas. Su semblante, más bien que el de un 
niño de corta edad, representa ya el de 
un adolescente. 

A pesar de que el grupo escultórico de 
Nuestra Señora del Claustro adolece de 
cierta tiesura y sequedad de contornos y 
del amaneramiento general de las figuras 
bizantinas, tales defectospreséntansebas- 
tante velados, y los compensa, por otra 
parte, la perfección y riqueza de algunos 
detalles. 



II 



¿Cuándo fué construida esta efigie de la 
catedral de Solsona? No hay documento 
alguno que nos diga en qué tiempo y por 
quién fué esculturada, y por lo mismo de- 
bemos limitarnos á su examen arqueoló- 
gico y artístico. En nuestro humilde jui- 
cio, hay que fijar la fecha de la construc- 
ción de esta imagen en la época de la do- 
minación carlovingia en Cataluña, ó sea 
en el tiempo que media entre la segunda 
mitad del siglo viii y la primera del ix. 

Las persecuciones levantadas en Orien- 
te por el iconoclasta León Isáurico (año 
726) motivaron la emigración de muchos 



artistas á Italia, y á ellos se debe el rena- 
cimiento del Arte en Occidente, y ellos 
fueron los íundadores de aquel estilo es- 
pecial que llamamos latino-bizantino, pro- 
pio de los países más occidentales de Eu- 
ropa, y que participa del estilo románico 
y bizantino, si bien predomina sobre la 
influencia que pudiéramos llamar roma- 
na la de Bizancio, Los Papas primero, y 
más adelante Carlo-Magno, dispensaron 
generosa protección á estos artistas ex- 
pulsados de Oriente, é impulsaron pode- 
rosamente el renacimiento de las Bellas 
Artes en las regiones occidentales. Esta 
influencia é intervención gloriosa de Car- 
lo-Magno aparece comprobada en varias 
obras de su tiempo en Francia y Alema- 
nia, y debió también dejarse sentir en 
España, y particularmente en las regio- 
nes pirenaicas ; y por más que sea pro- 
blemática su venida á Cataluña, no puede 
negarse su protección eficaz en todo lo 
referente al bien y esplendor de las igle- 
sias de esta región, como tampoco puede 
negarse la parte personalísima que su 
hijo Ludovio Pío tomó en la reconquista 
de Cataluña y en la erección y restaura- 
ción de varias iglesias y monasterios. 
Solsona fué definitivamente reconquista- 
da por Ludovio Pío en el año 798, y apa- 
rece desde esta fecha como plaza forti- 
ficada y cuidadosamente defendida por 
los cristianos, á causa de su posición to- 
pográfica é importancia estratégica. 

Pues bien; esta época de la dominación 
carlovingia en Cataluña, es, á nuestro en- 
tender, la en que fué labrada la hermosa 
efigie que nos ocupa ; y dejándonos de su- 
posiciones más ó menos fundadas, vienen 
en prueba de nuestra opinión los mismos 
caracteres arqueológicos y artísticos que 
presenta la venerada efigie de Solsona. 
Ella tiene sin género de duda los tres ele- 
mentos que dan vida y distintivo á las 
obras del arte latino-bizantino en la esta- 
tuaria; base marcadamente clásica, ras- 
gos decididamente orientales, 'expresión 
y esplritualismo cristianos. La actitud de 
la Virgen y la del Niño es seria, majestuo- 
sa, reposada y profundamente espiritual 
y ascética. El dibujo de las figuras no cho- 
ca por lo desproporcionado, y si bien se 
nota algo de incorrección en los brazos y 



DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



9$ 



manos de la Virgen, hay en cambio pure- 
za y corrección suma en otros miembros 
de la misma y en los pies y manos del 
Niño. Esto, unido ala belleza y majestad 
de los plegados de los paños y á la ga* 
llardía y variedad de la ornamentación 
de la efigie, que sin querer nos recuerda 
la ornamentación bizantina de las esta- 
tuas descubiertas en las ruinas de Pal- 
mira, de los mosaicos de San Venancio 
de Letrán y de San Apolinar de Rávena, 
y de los dípticos del museo de Berlín y de 
la catedral de Monza, revela desde luego 
que su autor no tenía olvidadas las tradi- 
ciones de un estilo clásico y grandio- 
so que había florecido en siglos anterio- 
res. 

Sabemos que, según la creencia gene- 
ral, el estilo latino-bizantino no comenzó 
á vulgarizarse en España antes del si- 
glo x; pero también es indudable que á 
partir desde este siglo, aquellas formas 
agraciadas y bellas propias del estilo, 
cuyo ejemplar se halla en el templo de 
Santa Sofía, de la antigua Bizancio, de 
generan en toscas, pobres y amaneradas. 
Esto explica, por qué desde el siglo vi 
alx, los ejemplares de estatuaria, orfe- 
brería y arquitectura bizantina son tanto 
más perfectos cuanto más antiguos, como 
que se acercan más á los tipos ejem- 
plares de Santa Sofía de Bizancio y de 
San Marcos de Venecia. Hágase un es- 
tudio comparativo de la Virgen del Claus- 
tro con otras efigies marianas de estilo 
románico ó bizantino que se veneran en 
España construidas desde últimos del 
siglo IX al XI inclusive, y se verá que no 
tienen ni la pureza de líneas, ni la correc- 
ción de dibujo, ni la riqueza de ornamen- 
tación de la efigie de Solsona. 

Esto nos confirma en nuestra opinión 
de que la del Claustro fué labrada duran- 
te la dominación de los reyes francos en 
Cataluña. Y por más que se nos objete 
que en este período no estaba vulgariza- 
do en España el estilo latino-bizantino, 
contestaremos que tampoco las demás 
regiones ibéricas estaban entonces en las 
condiciones favorables de la cataláunica 
para que á la vez que en ésta se labraran 
estatuas parecidas á la que nos ocupa. 
En una extensa Memoria histórica que 



sobre esta imagen tenemos publicada ', 
llevamos expuestas las razones que, á 
nuestro entender, militan en contra de 
aquellos que sostienen haber sido e^ta 
efigie importada de Oriente y anterior al 
siglo VIII, y de aquellos otros que preten- 
den ser posterior al siglo xii. A dicha Me- 
moria podrán acudir los que quieran te- 
nerlas en cuenta para formar su juicio 
propio sobre la época en que fué labrada 
la efigie del Claustro, y quieran á la vez 
conocer la tradición popular sobre esta 
imagen y la devoción ferviente de que es 
objeto en la ciudad de Solsona y en toda 
la comarca. 

Ramón Riu y Cabanas. 

Toledo, 20 Junio 1895. 



TRÍPTICJ DE RÓ.>IULO CINCINATO 




Sala XXVI.— Tabla pintada al óleo.— Tríptico.— Fcli- 
lipe el Hermoso y su familia adorando á la Virgen. 
Siglo XVI. — Original de Rómulo Cincinato.— Fir* 
raado.-Alto, 0,69; ancho, 0,44. 



E esta manera consigna el "Cátalo. 

Vjjfi ^^ ^^ ^^ Exposición Histórico-eu- 

ropea„ el notable tríptico, cuya 

W# descripción intentamos, á pesar de 
que nuestra notoria incompetencia nos 
impide entrar de lleno en su estudio bajo 
el punto de vista artístico, que es el que, 
por tratarse de una obra pictórica, pare- 
cía llamado, más que otro alguno, á fijar 
nuestra atención. 

Pero desgraciadamente para el pintor, 
no es así. Ni el tríptico de Cincinato es, 
en sentir de competentísimas personalida- 
des por mí consultadas, una de esas obras 
que descuellan entre las de su clase, ni 
de las que revelan personalidad en el au- 
tor, siquier fuera ésta de un orden secun- 
dario. Es una pintura más, en el siglo xvi, 
de transición bien marcada, pero sin re- 
miniscencia alguna de lo bueno que tienen 
las pinturas de la época inmediatamente 
anterior, ni de la grandiosidad del rena- 
cimiento subsiguiente. 

A pesar de este juicio de mis buenos y 



1 Lérida, imprenta Mariana, año 1891. 



q6 



boletín 



doctos amigos, y que á alguno podrá 
parecer severo en extremo; á pesar de 
esto, decimos, el cuadro está muy dis- 
tante de ser una de esas obras llamadas 
á perderse en la noche del olvido, no 
sólo porque hay en ella algo de agrada- 
ble y correcto bajo el punto de vista del 
arte, sino porque las seis figuras (cinco 
de ellas orantes) que acompañan á la 
santa imagen, y el letrero que rodea á la 
pintura central, hacen referencia á eleva- 
dísimas personalidades de nuestra histo 
ria; y tanto éstas como el nombre del 
autor, bien poco vulgarizado entre nos- 
otros, merecen cumplidamente que dedi- 
quemos algunas líneas, recordando algo 
de lo que fueron unas y otro, con lo cual 
demostraremos la relativa importancia 
que, en nuestro sentir, reviste el tríptico 
en cuestión. 

Y como el método es útil para todas 
las cosas, bueno será que adoptemos uno 
cualquiera; y para ello, empecemos por 
describir lo que el pintor ha trazado; que 
sigamos determinando lo que el pintor 
representó, y que terminemos recopi- 
lando las cuatro noticias biográficas que 

'del mismo hemos logrado reunir. 

Y empezando por el principio, esto es, 
por lo que no se ve en la lámina que 
acompaña á este artículo, diremos que 
cerrado el tríptico, en cada una de sus 
puertas, hay un óvalo pintado de blanco. 
Sobre el de la puerta de la izquierda se 
ve el escudo de armas de los Dehesa ó 
Hedesa y Verástegui , y sobre el de la 
derecha las armas reales con castillos, 
leones, granada, flores de lis y toisón 
de oro. Dentro de ambos óvalos se halla 
repartida la inscripción siguiente: 

"Razones fueron tales los fechos de los 
«progenitores de la casa de los Dehesa ó 
„ Hedesa y Verástegui, que llamaron la 
«atención de nuestro amado rey D. Car- 
„los el segundo. Pidió á D. J.e Ramón 
„ Verástegui sacara certificación de di- 
„chos fechos de su noble familia en el 
„año de 1672, por D. Juan de Mendoza. En 
„vista de éstos Su Majestad „ 

"Rectificó el escudo de armas que, se- 
„gún sus dichos, pueden ponerlas en todo 
„lo que sea de su propiedad, y esta con- 
„formidad autorizó ponerlas en el real 



„regalo que el católico rey D. Felipe II 
„hizo á D. Juan Manuel Verástegui del 
„famoso tríptico, que representa la acción 
„de gracias de Felipe el Hermoso y doña 
„ Juana (la loca) ' con su real familia á la 
«inmaculada Virgen del Consuelo, pin- 
„tada por el muy noble Rómulo Cinci- 
,,nato, en el año de 1545 „ 

Dejemos á la consideración del lector 
curioso la gratitud que revela en el noble 
Verástegui el hecho de apellidar "la loca,, 
á la abuela del augusto donante del tríp- 
tico , el de llamar en cambio muy noble 
al pintor, de cuyos antecedentes de fami- 
lia muy poco ó nada se sabe, el de fijar 
en 1545 la fecha en que el tríptico se pin- 
tara, y por último, en ser el año de 1672 
en el que Carlos lí mandara sacar la cer- 
tificación de nobleza de aquella ilustre 
familia, hecho que revela que los letreros 
de los óvalos son, cuando menos, poste- 
riores en ciento veintisiete años á la épo- 
ca en que suponen pintado y tal vez do- 
nado el tríptico , todo lo cual hace que no 
haya medio de conceder absoluta fe y 
crédito á lo en ellos consignado. 

Abierto el tríptico, que es como está en 
la lámina correspondiente, se hallan en 
las puertas laterales las imágenes de San 
Pedro y San Pablo, representadas por an- 
cianos de luenga barba coronados con 
sus correspondientes nimbos, vestidos con 
túnicas azules, mantos rojos recama- 
dos de oro, y ostentando, el Príncipe de 
los Apóstoles, las doradas llaves, y el 
Apóstol de las gentes, la espada y el libro 
que constituyen respectivamente los atri- 
butos con que se les representa. 

Contiene el cuerpo central una concha 
muy bien dibujada que forma la hornaci- 
na, ceñida por dos arcos concéntricos 
guarnecidos de dorado follaje sobre fon- 
do oscuro y sostenidos por dos pilastras. 
Dentro de esta hornacina se halla la ima- 
gen de Nuestra Señora del Consuelo, de 
rubia cabellera y vestida con imperial co- 
rona de oro guarnecida de perlas, hermo- 
sa túnica roja y rico manto de terciopelo, 
también recamados de oro, de cuyo me- 
tal son los lazos y borlas de la faja de seda 
verde que ciñe la noble figura de María, 



1 Sic. 



DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



97 



cuyo brazo izquierdo sostiene al Niño 
Dios que inclina su preciosa cabecita ru- 
bia sobre el tierno regazo de su bendita 
Madre. 

A ambos lados, y en actitud orante, se 
hallan seis figuras, tres de varón al lado 
izquierdo y tres con femeniles tocas al 
lado derecho. Rodean á este cuerpo cen- 
tral del tríptico dos inscripciones en ca- 
racteres romanos que dicen así. 

La de la parte superior del arco : Tota 

PULCHRA EST MaRIA. 

La que empieza á la Izquierda en el 
arranque del arco y baja bordeando el 
cuadro hasta subir á igual punto del lado 
derecho: 

Philippus alemanie (fermosüs) primogé- 
nito suü Carolo Uxor M.'' Joana et im- 

PERIALIS EJUS SUCESSIO PETEXTES GRATIA 
NOSTRA SANCTA MATER CONSOLATRIX. 

Esta inscripción, indudablemente coe- 
tánea de lapintura, revela quiénes son las 
personas retratadas en el tríptico, y deci- 
mos retratadas, porquecomparadala ima- 
gen del personaje que se supone ser Fe- 
lipe el Hermoso con el retrato del mismo 
original de \'ander Goes, existente en la 
catedral de Brujas, y del cual poseemos 
un excelente grabado de J. Delboéte, no 
cabe la menor duda de que el personaje 
representado en el tríptico es el propio 
Felipe. No será, pues, muy aventurado el 
suponer la misma autenticidad en los 
otros retratos. 

Hállase en el término más próximo á la 
Virgen Felipe el Hermoso, con un ropón 
de terciopelo guarnecido de pieles y cue- 
Uode encaje rodeadopor elToisóndeOro. 
Delante de éste 3' al mismo lado izquier- 
do, el primogénito D. Carlos, de cabellos 
rubios, vestido con traje azul celeste y 
adornos negros, forrado todo de seda co- 
lor y ocre; sosteniendo á D. Fernando, ni- 
ño, desnudo y de cabellos también rubios. 

Al lado derecho y por el mismo orden 
está la reina doña Juana, cuyas tocas 
blancas y traje negro violáceo caracteri- 
zan severamente su noble figura. 

Sigue doña Leonor, con un traje de co- 
lor obscuro , alto cuello forrado de pieles 
y la blanca toca cuya larga cola viene 
rodeando todo el vestido. 

Por último, una niña, doña Isabel, que 



por cierto lleva un traje color salmón 
con adornos de oro y encajes, cuyo gusto 
y hechura no habría rechazado hace po- 
co, años ninguna de nuestras más ele- 
gantes señoritas: lleva en la cabeza un 
cidasis bordado ricamente, y en la mano 
un rosario, cuyas cuantas de oro pasa. 
Como todos los demás, está arrodillada 
sobre el rico tapiz oriental que cubre el 
pavimento de todo el cuadro. 

Sabido es que Felipe el Hermoso y 
doña Juana tuvieron seis hijos, á saber: 
Doña Leonor, que nació en Flandes el 
14 de Noviembre de 1498, y más tarde fué 
reina de Portugal por su matrimonio con 
D. Manuel; y á la muerte de éste, reina de 
Francia por su matrimonio con Francis- 
co L 

D. Carlos, nacido en Gante el 25 de Ju- 
lio de 1500, y que después fué rey, el pri- 
mero de este nombre en España y V em- 
perador de Alemania. 

Doña Isabel que nació en Bruselas el 15 
de Julio 1501, reina después de Dinamar- 
ca, por su matrimonio con Cristierno II. 
D. Fernando que nació en Alcalá el 10 
de Marzo de 1503, rey de Hungría y de 
Bohemia, y emperador de Alemania por 
renuncia de D. Carlos. 

Doña María nacida en Bruselas el 15 de 
Septiembre de 1505, que casó con D. Luis, 
rey de Bohemia, de Hungría, y después 
de enviudar en 1526, fué gobernadora de 
Flandes por su hermano Carlos V. y 

Doña Catalina, que nació en Torquema- 
daá 14 de Enero de 1507, y fué reina de Por- 
tugal por su casamiento con D. Juan III. 
Si D. Felipe y doña Juana no tuvieron 
más hijos varones que D. Carlos y D. Fer- 
nando y éste, D. Fernando, es á su vez el 
menor de los cuatro hermanos retratados 
en el tríptico, no cabe duda de que doña 
María y doña Catalina, nacidas dos y cua- 
tro años respectivamente después que 
■ D. Fernando, no pudieron serlo en aquella 
época. Pero aún hay más: como doña Ma- 
ría nació en Septiembre de 1505 y no está 
retratadaconlaRealfamilia,no cabe duda 
de que D. Fernando tendría á lo sumo en 
la época á que se refiere la pintura, unos 
dos años y medio, que es justamente la 
edad en que el pintor le ha representado; 
doña Isabel tendría unos cuatro años y me: 



q8 



boletín 



dio, D. Carlos cinco años y medio, y doña 
Leonor siete años y medio. D. Felipe vein- 
tisiete años y doña Juana veintiséis. Con 
estos datos no puede considerarse aven- 
turada la afirmación que antes hicimos 
y es la de que los príncipes retratados no 
pueden ser otros que doñaLeonor, D. Car- 
los, doña Isabel y D. Fernando. 

Pocos cuadros de aquella época logran 
reunir mayor grandeza en los personajes 
representados. 

Dos reyes, otros dos que más tarde fue- 
ron emperadores y cuatro reinas, las de 
Francia, Dinamarca, Bohemia y Hungría, 
y entre ellos nada menos que un Carlos V. 
Verdaderamente que Cincinato no podía 
aspirar á más. Pintó á los reyes y princi- 
pes del cielo y retrató á los de la tierra... 

Pero ¿quién fué éste Rómulo Cincinato? 
Pocas son las noticias que de él se tienen, 
y á no ser por Ceán Bermúdez y por Ponz, 
casi ignorado de todos quedaría el nom- 
bre del pintor de Felipe II. Según Ceán 
Bermúdez *, Rómulo Cincinato fué natu- 
ral de Florencia; estudió su profesión con 
Francisco Salviati, y fué condiscípulo en 
Roma de nuestro Pedro Rubiales, donde 
tenía gran reputación cuando Felipe II 
escribió á D. Luis de Requesens, su em- 
bajador en la corte pontificia, que le en- 
víase algunos pintores de habilidad. En- 
vió á Cincinato y á Patricio Caxesi, el 
año 1567, concertados á trabajar tres años 
por 20 ducados al mes. 

Llegaron á Madrid y pintaron dos ha- 
bitaciones al fresco , en el Alcázar, á sa- 
tisfacción de S. M. Pasados los tres años, 
S. M., por Real cédula de 3 de Septiembre 
de 1570, mandó que continuasen con el 
el mismo salario. Más tarde pintó los dos 
oratorios del ángulo entre S. y E. del 
monasterio de San Lorenzo , y esta obra 
le elevó al grado de ciencia y conocimien- 
tos que el que tuvieron los demás pinto 
res que han trabajado en aquel sitio. En- 
tre sus obras está un fresco que pintó de 
prestado en la sacristía en 1571. 

Por Real cédula en el Pardo á 3 de Agos- 
to de 1572 le concedió S. M. licencia para 



ir por tres meses á Cuenca sin que se le 
descontase nada de su salario, y en 1573 
otra por tres meses también y en la mis- 
ma forma. 

Pintó en Cuenca la famosa Cincuncisión 
tan celebrada por una figurra arrodillada 
y puesta de espaldas que arroja un pie 
con tan buen arte que parece salir fuera 
del cuadro, de lo que estaba tan satisfe- 
cho el autor, que respondió al que cele- 
braba sus obras del Escorial : "Vale más 
un zancajo que pinté en los Jesuítas de 
Cuenca que todo lo que he hecho en aquel 
monasterio.,, 

Por otra cédula en San Lorenzo á l.°de 
Septiembre de 1579, mandó S. M. á D. Luis 
deRibera le pagase su salario por entero, 
sin embargo de haber estado pintando 
en Guadalajara para el duque del Infan- 
tado; y finalmente, por otra, fecha en el 
Escorial á 21 de Septiembre de 1591, le 
concedió el rey vivir con su sueldo en 
aquella ciudad por estar tullido é impo- 
sibilitado para poder trabajar. Palomino 
alarga su vida hasta el año 1600, y dice 
que falleció en Madrid con sentimiento 
de los profesores por su trato amable y 
gran habilidad. Dejó dos hijos, Diego y 
Francisco Rómulo, que siguieron su es- 
cuela. 

Hasta aquí Ceán Bermúdez, que sólo 
añade una ligera noticia de las obras de 
este pintor. 

No así Ponz (1) que como datos biográ- 
ficos , consigna sólo que Cincinati vino 
de España al servicio de Felipe II, que 
trabajó en el Escorial , Guadalajara y 
Cuenca, etc., etc., y que "no fué falto de 
invención,,, como le tachaban, según re- 
fiere Palomino. 

Dice que Rómulo pintó en el Escorial 
el cuadro de San Mauricio y compañeros 
que está en uno de los altares, y en el 
coro cuatro lienzos, que representan la 
prisión de San Lorenzo; este santo pre- 
sentando los pobres á los tiranos; San 
Jerónimo escribiendo, y el mismo ense- 
ñando á los monjes la Sagrada Escritura. 
En los oratorios: la Transfiguración, la 
Cena, y en sus puertas la Samaritana, la 



1 Diccionario de los más ilustres profesores de las 
Bellas Artes en España, por D. Juan Agustín Ceán 
Bermiidez. Madrid, 1800, tomo i, pág. 332. 



(1) Viaje de España por D. Pedro Antonio de la 
Puente. Madrid, 1772, 18 vol., 8.» 



DÉ LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



99 



Adúltera, la institución del Santísimo Sa- 
cramento , la entrada en Jerusalén y el 
Lavatorio. 

En el palacio del Infantado, en Guada- 
lajara, pintó varias fábulas y adornos, y 
en la iglesia de los jesuítas de Cuenca, 
dos figuras representando San Pedro y 
San Pablo, y el cuadro principal, que es 
sin duda la mejor pintura del artista, que 
representa la Circuncisión. Componen el 
cuadro (1) unas doce ñgunis, entre las 
cuales son bellísim.as una mujer sentada 
con su niño, en primer término á la de- 
recha, y otro de pie á la izquierda, que 
está de espaldas leyendo en un libro 
mientras se realiza la ceremonia, á que 
asisten Nuestra Señora y San José en 
actitudes muy propias y devotas. El cam- 
po es una bellísima arquitectura, en lo 
que se conoce que tenía mucha inteligen- 
cia y genio, como lo dio á entender en sus 
cuadros del Escorial. 

Con estas noticias y con añadir que Se- 
rrano (2) se contenta con decir que fué 
pintor florentino , discípulo de Salviati, 
que nació en 1302 y murió en 1593, y que 
sus principales obras son frescos y los 
dos cuadros de San Jerónimo y la Cir- 
cuncisión , quedan consignadas cuantas 
noticias hemos podido procurarnos del 
autor del Tríptico. 

Pero la lectura de las diversas techas 
que dejamos consignadas en el curso de 
este artículo nos sugiere algunas conside- 
raciones que nos permitimos sólo apun- 
tar, para que el docto curiosolectorsaque 
de ellas las conclusiones que su buen jui- 
cio, á su vez, le sugiera. 

Se dice que Cincinato nació en 1502, y 
como D. Fernando nació en 1503, claro 
está que el tríptico no pudo ser pintado 
en la época que los personajes, por sus 
edades respectivas, representan. Fué sin 
duda trazado de memoria y pintado, tal 
vez, en vista de miniaturas ó de retratos 
auténticos (como lo prueba el de D. Feli- 
pe) de los reyes y principes en él repre- 
sentados. 
¿Fué pintado en 1545? Entonces, ¿cómo 



se explica que no estuvieran en él retra- 
tadas las princesas doña María y doña Ca- 
talina? ¿Es que doña Isabel es la que no 
está representada por que había falleci- 
do en 1527? ¿Porqué no lo está doña Ca- 
talinn? Y sobre todo, ¿dónde pudo pintar 
este cuadro Cincinato, cuando consta que 
no vino á España hasta 1567? Y si lo pintó 
después de su venida, como parece pro- 
bable, ¿por qué no fueron retratadas to- 
das las tías de Felipe II? 

Preguntas son estas que suscitan un mar 
de confusiones, délas cuales no vemos por 
ahora otro medio de salir que con una de 
esas respuestas que se califican con el 
nombre de verdades de Perogrullo. Como 
Felipe II fué quien mandó pintar el tríp- 
tico, designó para que aparecieran en él 
á los personajes que tuvo por convenien- 
te, quién sabe si por tener de éstos los 
retratos al óleo ó las miniaturas que los 
recordaban. Grato será, al que estas lí- 
neas escribe, el ver que con las noticias 
incompletas que deja apuntadas, se des- 
pierta la curiosidad de alguna persona de 
autoridad y competencia, y resuelve ésta 
el cúmulo de dudas que suscita el exa- 
men comparativo del trabajo pictórico 
con las fechas irrebatibles que la historia 
consigna, referentes al autor y á los per- 
sonajes por él representados. 

Manuel de Foronda. 



'^=^-^^¥^- 



ESCllITURAS MOZÁllABES TOLEDANAS 

Procedentes de Ja Catedral de Toledo se 
conservan en el Archivo Hi?tórico Nacional 
de esta corte buen número (pasan de 250) 
de pergaminos escritos en caracteres arábi- 
gos, que hasta ahora no lian tenido la for- 
tuna de encontrar un arabista que se haya 
consagrado á su detenido estudio, comuni- 
cando al público los resultados de su inda- 
gación. 

Llamó ya sobre tales documentos la 
atención de los eruditos el docto y laborioso 
P. Burriel 1, y muy recientemente han 
sido estudiados con fines puramente filoló- 
gicos por el Sr. Simonet *, sacando de 



(IJ Está en la Real Academia de San Fernando 
(2) Diccionario universal. 



• Burriel, Paleogr., pái^s. 307 y siguientes. 
" Giosario de voces ibéricas... Pról., pá- 



»oo 



boletín 



ellos abundantes materiales para su Glosa- 
rio de voces latinas é ibéricas usadas por los 
Mozárabes españoles, obra calificada de mo- 
numental por el incomparable autor de la 
Historia de las ideas estéticas. Y esto es todo 
lo que hasta la fecha se ha intentado con 
respecto á las citadas escrituras. 

Cuando allá por el año iS88 fui adscrito 
al referido Archivo, hubo de llamar mi aten- 
ción aquella confusa baraúnda de perga- 
minos arábigos, sin el menor asomo de que 
nadie hubiese puesto mano en ordenar aque- 
lla colección, ni menos en dar al mundo li- 
terario minuciosa noticia de lo que allí se 
contenía. Sólo el lápiz del Sr. Simonet ha- 
bía dejado brevísimas notas sobre dos ó tres 
de estos pergaminos, y la indicación numé- 
rica en casi todos ellos del año en que se 
otorgaron. En suma, las escrituras mozá- 
rabes toledanas continuaban siendo un arca- 
no impenetrable para la generalidad de los 
eruditos. 

Traté, pues, de llenar este vacío, proce- 
diendo desde luego á redactar las corres- 
pondientes papeletas que, ordenadas crono- 
lógicamente (bien así como los documentos 
á que se refieren) y siguiendo numeración 
correlativa, han venido á formar el índice 
que hoy someto al juicio de los inteligentes, 
no sin decir antes dos palabras acerca de la 
importancia que, á mi juicio, tienen los tales 
documentos , y para indicar mis propósi- 
tos de darlos á conocer tan cumplidamente 
como posible sea á mis fuerzas, dadas las 
circunstancias no del todo favorables que 
en mí concurren para acometer tamaña em- 
presa. 

Los documentos á que me refiero no son, 
considerados en sí mismos, piezas de alto 
interés histórico, dado que todos ellos son 
documentos particulares, escrituras de com- 



gina CLViu: «Entre las fuentes arábigas de 
nuestro trabajo, debemos mencionar muchas 
escrituras, siendo las mns numerosas é impor- 
tantes las arábigo-mozárabes de Toledo y las 
arábigo- granadmas. De las primeras hemos 
consultado hasta 500, escritas desde el siglo xi 
hasta ün del xiu. habiendo algunas de la Era 
1133 (1095). y, por tanto, próximas á la restau- 
ración de Toledo (1085); ^'^ cuyos preciosos 
diplomas, entre muchos vocablos castellanos 
introducidos después de la reconquista, hemos 
hallado no pocos más antiguos y que convie- 
nen á veces con los encontrados en documen- 
tos fidedignos de la época arábiga. 



pra-venta, de permuta ó cambio, de dona- 
ción, testamentos..., etc., sin más alcance, 
por consiguiente, que el que pudiera tener 
cualquier instrumento notarial de nuestros 
días. Tienen, sí, alguna importancia para 
la historia y geografía de la comarca tole- 
dana, por las personas y lugares que en 
ellos se citan, y les concedetnos con el se- 
ñor Simonet especial interés lingüístico, 
tanto por las palabras aljamiadas que en 
ellos se encuentran, cuanto por las anoma- 
lías que presentan con respecto á la analo- 
gía y sintaxis del árabe clásico. 

Creemos, además, que alguna nueva luz 
podrán comunicar, bien que indirectamente, 
á la historia patria, cuando trate de estudiar 
la condición social, usos y costumbres, ins- 
tituciones jurídicas..., etc. , de los Mozára- 
bes españoles. 

Pero el título principal que á nuestro 
aprecio y consideración ostentan aquellas 
escrituras, cualquiera que sea su importan- 
cia intrínseca, consiste en ser reliquias ve- 
nerables de aquella raza latino- visigótica 
que, aunque rodeada durante los cuatro si- 
glos anteriores por los sectarios del Islam, 
conservó inmaculado el depósito de las 
creencias cristianas, de la ciencia isidoria- 
na y de las tradiciones nacionales. El idio- 
ma árabe que en ellas se emplea no es ins- 
trumento de invectivas contra los discípu- 
los de Cristo y de su Iglesia, ni escarnece 
y menosprecia el augusto misterio de la 
Trinidad cristiana, ni prorrumpe en en- 
comiásticos ditirambos al Enviado de Alali: 
nada de todo esto, que parece connatural á 
la lengua árabe clásica, tiene cabida ni re- 
motamente en nuestras escrituras; antes, 
por el contrario, el idioma árabe es allí 
elocuente expresión de la más pura orto- 
doxia católica: en él se formulan explíci- 
tas y solemnes profesiones de fe «en el Pa- 
dre, en el Hijo y en el Espíritu Santo, un 
solo Dios»; se invoca la protección de San- 
ta María y de los Santos, y se confiesa y 
proclama el dogma católico en su integri- 
dad, «tal como lo anunciaron los Apóstoles 
y lo expusieron los Santos Padres '». Bien 
pudiéramos decir, por consiguiente, que el 



« Formúlanse estas explícitas profesiones 
de fe en los testamentos principalmente, se- 
gún veremos en su lugar. 



DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



lenguaje que aquí se emplea, fiel reflejo de 
las más arraigadas creencias y de los más 
puros sentimientos cristianos, es un árabe 
especial, que dista tota coció, del que emplean 
los escritores musulmanes; es el árabe, por 
decirlo así, cristianizado y españolizado. 

La historia del pueblo árabe, aun pres- 
cindiendo de las relaciones íntimas que al 
nuestro le ligan, nos interesa ciertamente 
bajo el aspecto científico, pues ante la in- 
teligencia humana, como ante Dios, no hay 
aceptación de personas: todos los pueblos, 
todas las razas y las instituciones todas de 
la humanidad se prestan á su investiga- 
ción, sin que nada sea capaz de satisfacer 
su insaciable voracidad. Pero cuando nos 
entramos por la historia de los Mozárabes 
españoles y estudiamos sus monumentos; 
cuando nos ocupamos principalmente en 
lo que concierne á los Mozárabes de To- 
ledo, esa ciudad que parece, en los tiem- 
pos á que nos referimos, una España en 
miniatura dada la variedad de gentes de to- 
das partes que la habitan, y que hizo las ve- 
ces, como ha dicho muy bien el P. Burriel, 
del corazón en el organismo de nuestra na- 
cionalidad, parece como que éste se ensan- 
cha, y á más del deleite puramente científi- 
co, percibimos en estos estudios otra satis- 
facción más intensa, más íntima, resultado 
de las simpatías que engendra la homoge- 
neidad de raza y de creencias que nos une 
á ese pueblo varonil que no se avergüenza 
ni intimida de proclamar su fe y practicar 
su culto á la vista de sus infieles y en algún 
tiempo poderosos adversarios. 

Estas debieron ser las razones que movie- 
ron al Sr. Simonet á escribir su Historia de 
los Mozárabes españoles, cuya tardanza en 
hacerse pública es el tormento de los erudi- 
tos. Con esta obra creemos que el ilustre 
arabista no sólo merecerá bien de las letras 
patrias, consolidando más y más el buen 
nombre de que goza en el mundo literario, 
si que también llenará un vacío que ofrece 
los caracteres de una verdadera injusticia 
nacional. Y á estas mismas razones obede- 
cía también, sin duda, el Sr. Simonet, cuan- 
do en distintas ocasiones nos ha honrado 
con sus amistosas excitaciones para que dié- 
semos á la prensa el presente trabajo, que 
teníamos escrito y casi olvidado hace ya 
algunos años. 



La^ repetidas instancias de nuestro ilus- 
tre amigo no dieron resultado, por motivos 
que no hay necesidad de exponer tratándo- 
se de españoles y de trabajos de erudición; 
ni la publicación por cuenta propia era em- 
presa llana para un modesto empleado, ni 
podía ofrecerse á ningún editor como nego- 
cio. A decir verdad, no sentíamos grandes 
entusiasmos por dar á luz el resultado de 
nuestra labor, en atención á que ésta, por 
su propia índole y por ser nuestra, habría 
de resultar doblemente imperfecta. Por esto 
nos resignábamos sin esfuerzo á que nues- 
tros apuntes quedaran para siempre conde- 
nados á la obscuridad en el fondo de nues- 
tro pupitre. 

Creíamos, en efecto, y seguimos creyen- 
do, que para sacar de las escrituras mozá- 
rabes toledanas todo el partido posible, de- 
biera encargarse de su estudio un arabista 
toledano, es decir, un literato que á la su- 
perior pericia en la lengua arábiga, uniera 
extensos conocimientos sobre la historia y 
topografía de la comarca á que dichas es- 
crituras se refieren: de este modo se hubie- 
sen identificado personajes, reconocido lu- 
gares y relacionado acontecimientos, con in- 
dudable utiUdad de la historia y geografía 
patrias. Pero, por desgracia, entre los que 
cultivan las letras en la famosa ciudad de 
los Concilios, no tenemos noticia de ningún 
arabista que se haya dedicado con empeño á 
esclarecer los restos de la cultura oriental 
que allí tanto abundan; y ésta es la razón 
por qué, en el asunto concreto á que nos re- 
ferimos, viene á esbozar el trabajo un des- 
conocido en la república literaria, que ni es 
toledano ni presume de docto arabista. 

Por otra parte, trabajos de esta índole 
ofrecen dificultades tales, que sólo los á ellos 
avezados son capaces de comprender. No se 
trata sólo de aquellas dificultades en el tra- 
zado de las letras, que proceden de la im- 
pericia, descuido ó mal gusto de los ama- 
nuenses ó de los que redactaron tales es- 
critos; pues en los tiempos antiguos y éh 
los modernos, entre los Árabes y Mozárabes 
como entre los que no lo son, siempre ha 
habido y habrá escritores que parecen pro- 
ponerse como fin principal en sus escritos 
ejercitar la paciencia de los que hayan de 
leerlos : ni son tampoco factores únicos 
de esa dificultad que encarecemos los 



102 



boletín 



desgastes y destrozos que la incuria del 
tiempo y la acción de los elementos han cau- 
sado en mayor ó menor grado sobre toda 
escritura antigua. Defectos son éstos que 
comparten nuestros documentos con los 
demás de su época, y aun anteriores y pos- 
teriores, sin que haya razón para que de ellos 
se hallasen exentos. Los que hayan maneja- 
do documentos escritos en las letras llama- 
das de albalaes y procesal, nos comprenderán 
fácilmente si les decimos que no son menores 
las innovaciones y los abusos que, en cuan- 
to al trazado de los caracteres arábigos, se 
presentan en algunas de las escrituras á que 
nos referimos. Si á esto se añade ahora la 
casi absoluta carencia de vocales y aun de 
los puntos llamados diacríticos (parte inte- 
grante de la letra); si se repara además en 
que el lenguaje que allí se emplea adolece de 
ciertos resabios ajenos á la pureza clásica de 
la lengua árabe (ya de por sí la más compli- 
cada y difícil de las semíticas) *; y si se con- 
sidera, finalmente, que abundan en semejan- 
tes documentos los nombres propios de po- 
blaciones y caseríos, y algunos nombres co- 
munes del lenguaje hispano-latino de aque- 
llos tiempos, transcritos con arreglo á un sis- 
tema de pronunciación que dista bastante del 
que hoy damos á los caracteres árabes; si se 
atiende, digo, á todo este cúmulo de dificul- 
tades, capaces de poner miedo en el ánimo 
más resuelto y esforzado, se comprenderá 
nuestra anterior indiferencia tocante á la pu- 
blicación de un trabajo que considerábamos 
ví\uy distante de la perfección, no ya abso- 
luta, que hemos convenido en considerar 
incompatible con la imperfección y debili- 
dad humanas, sino aun de aquella perfec- 
ción relativa y razonable que la crítica está 
en el derecho de exigir. 

Hoy las cosas han cambiado. La dificul- 
tad económica se ha vencido, gracias á la 
generosidad literaria del señor Vizconde de 
Palazuelos, quien, no contento con poner á 
nuestra disposición las columnas del Bole- 
tín DE LA Sociedad española de Excursio- 
nes, todavía nos ha favorecido con libros 
y noticias que nos servirán para el mejor 
desempeño de nuestro cometido. Además, 
en la revisión que recientemente hemos 



emprendido de nuestro anterior trabajo, he- 
mos podido ampliarle con nuevos datos 
de que entonces prescindimos; hemos acer- 
tado á leer palabras que antes no logramos 
descifrar, y aclarado conceptos que anterior- 
mente no entendimos. Esto, unido al valioso 
concurso del Sr. Simonet, que tan á fondo 
conoce los tales documentos, y á quien pen- 
samos consultar todas nuestras dudas, se- 
guros de merecer su amable y docta coope- 
ración, como también la del egregio ara- 
bista Sr. Codera, el cual ha puesto gene- 
rosamente á nuestra disposición su rica li- 
brería arábiga , hace que consideremos hoy 
nuestra obra menos indigna de la atención 
de los lectores , y principalmente de los ara- 
bistas , á quienes de una manera especial va 
dirigida. 

Para que así sea, y á fin de que los docu- 
mentos puedan ser apreciados en todas sus 
fases, distribuiremos nuestra labor con arre- 
glo al siguiente programa: 

L Breve noticia de cada uno de ellos, ó 
sea publicación de las notas que dan idea 
del contenido de cada documento. 

II. Texto árabe y traducción íntegra de 
algunos entre los que conceptuemos más 
importantes. 

III. Ligeras consideraciones lingüísti- 
cas, geográficas, jurídicas, etc., etc, que nos 
sugieren las dichas escrituras. 

IV. índice general de personas, lugares 
y vocablos del lenguaje vulgar que en ellos 
se citan *. 

Aun contando con los nuevos elementos 
que perfeccionan hoy nuestro trabajo sobre 
el que realizamos hace algunos años, sería 
suprema insensatez el suponerle tan acaba- 
do y perfecto que alejase de sí toda tenta- 
tiva de rectificación y mejoramiento. Lejos, 
muy lejos de nosotros tamaña estolidez. Los 
que hemos visto á todo un Dozy, el maes- 
tro de los maestros, rectificar y enmendar 
sus propias rectificaciones y enmiendas ', 



' Derenbourg, Crestotnathie: Avant-pro- 
pos, pág. V. 



* Supeditada nuestra publicación á la del 
Boletín de la Sociedad española de Excursio- 
nes, no contraemos con el público el compro- 
miso de dar cima á nuestros propósitos, aun- 
que sí nos obligamos á hacer cuanto esté de 
nuestra parte para cumplir nuestra oferta. 

* A ios dos tomos de su obra Scriptorum 
Arabum loci de Abbadidis, publicados en 1846 
y 1632 respectivamente, añadió, en 1863, un 
tercer lomo con las rectificaciones que hubo 



DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



103 



estamos curados a pviori de semejantes ton- 
terías y pujos de propia infalibilidad. Lo que 
sí podemos afirmar es que , si no siempre he- 
mos acertado, al menos hemos puesto para 
ello los medios que han estado á nuestro 
alcance, y que ni hemos disimulado nues- 
tras dudas en los puntos dudosos, ni ocul- 
tado nuestra ignorancia en aquellos que se 
han resistido tenazmente á nuestra diligen- 
cia, pues á defecto de otras condiciones que- 
remos que resalte en nuestras obras la sin- 
ceridad y buena fe que tan bien sientan en 
los que á las letras consagran todo su tiem- 
po y todas sus energías. 

Y estamos tan lejos de creer que hayamos 
agotado la materia de investigación que nos 
ofrecen las escrituras mozárabes toledanas, 
que veríamos con el mayor gusto una serie 
de trabajos de índole biográfica y propia- 
mente histórica donde se tratase con ampli- 
tud y conocimiento de causa de los perso- 
najes que aquí se mencionan, y se mostrase 
con más luz que hasta el presente esa socie- 
dad toledana de los siglos xii, xiii y xiv con 
sus famosas escuelas, que atraen alumnos de 
las más lejanas regiones; con ese colegio de 
traductores latinos de las obras arábigas que 
difunden el saber oriental por toda Europa, 
según nos han enseñado — ¡vergüenza da el 
decirlo! — eruditos extranjeros como Jour- 
dain, Leclerc, Wustenfeld y otros. 

Creemos que fué tal la importancia de To- 
ledo en estos siglos, que nos parecerá siem- 
pre poca la diligencia que se ponga en am- 
pliar los conocimientos que sobre ella posee- 
mos. La patria literaria de los Gundisalvos, 
Avendaud y Gerardo de Cremona; la sede 
de D. Raimundo, D. Martín López y Don 
Rodrigo Jiménez de Rada (citados con fre- 
cuencia en nuestras escrituras); la ciudad, 
en fin, convertida por Alfonso el Sabio en 
emporio de la ciencia hispano-arábiga y en 
foco de cultura que se difunde por todos los 
ámbitos de la Península y aun por las na- 
ciones extranjeras, bien merece que á ella 



dediquen sus investigaciones los sabios es- 
pañoles, siquiera sía para encontrar en 
nuestras glorias pasadas lenitivo á nuestras 
desdichas presentes. Y esa sociedad cris- 
tiana que. al propio tiempo que vierte al la- 
tín las producciones del ingenio musulmán, 
redacta en árabe sus instrumentos públicos, 
y acude en el terreno artístico á la técnica 
musulmana con ornamentación genuinamen- 
te cristiana ', bien acreedora es á más serios 
estudios de los que hasta ahora ha mereci- 
do. No parece sino que esa sociedad tole- 
dana á que me refiero trata de llevar á cabo 
una especie de fusión entre los elementos 
compatibles de ambas civilizaciones, recon- 
ciliando al islamismo con el cristianismo, é 
intentando realizar con respecto á la civili- 
zación musulmana lo que con relación á la 
griega expresaba aquella hermosa frase: «La 
Grecia en gracia de Dios.» Vengan, pues, 
esas monografías sintéticas que nos presen- 
ten rodeada de abundante luz esa extraña 
sociedad, oriental en la forma y cristiana en 
el fondo, que al propio tiempo que nutre los 
ejércitos para combatir á la morisma, adop- 
ta de ésta lenguaje, costumbres, institucio- 
nes jurídicas, adelantos científicos y cuanto 
no se halle en oposición con su índole cris- 
tiana y española, proporcionando con ello 
un singular contraste, como ha indicado el 
sabio Leclerc. 

Nosotros dejamos íntegra para otros la 
gloria de tales trabajos, aspirando tan sólo 
á preparar el camino (parare vias ejus) á 
quien se halle en disposición de empren- 
derlos. 

Francisco Pons. 
(Se continuará.) 



* Recientemente se ha descubierto en la sa- 
cristía de la iglesia de San Justo una bellísima 
labor mudejar con adornos cristianos. Puede 
verse su descripción en un artículo de D. R Lo- 
rente publicado el 10 de Junio en La. Corres- 
pondencia de España con el título de Un 
moderno monumento toledano. 



de hacer sobre lo contenido en los dos prime- 
ros; pues todavía en el ejemplar de su uso de 
este tercer tomo, ejemplar adquirido por el se- 
ñor Codera á la muerte del autor, hay un buen 
número de notas manuscritas corrigiendo nue- 
vamente lo que antes había corregido. 



^^r^rS^rt^^*' 



194 



boletín 




LAPIDA ARÁBIGA 

conmemorativa de la Capilla de Santa Catalina 
en Toledo. 



RECTIFICACIÓN '. 

N el número 28 de nuestro Boletín, 
aparece un largo artículo, firmado 
por el Sr. D. Francisco Codera y 
Zaidín, pretendiendo rectificar la 
lectura de una lápida arábiga, por mí pu- 
blicada en el número 26 de esta misma 
Revista. Por circunstancia semejante, y 
porque el articulista hace mención de 
una carta particular, que me dirigió efec- 
tivamente, y en la cual no me invitaba, 
sino me exigía con bastante descompos- 
tura me confesase públicamente equivo- 
cado en todo, poniéndome en el caso de 
no darle respuesta alguna,— acudo hoy al 
Boletín, con ánimo de rectificar breve- 
mente, á fin de no ocupar espacio que po- 
drá ser útil para cosa más interesante. 

Con tal objeto, pues, señalaré los pun- 
tos de controversia, y procuraré huir del 
ejemplo que me da el articulista, sin de- 
tenerme en las insinuaciones malévolas, 
ni en las frases de mal gusto que me de- 
dica. 

Primer punto. — El articulista dice que 
propuso la lectura j_^s.-.i>.Uo, y que el crí- 
tico, es decir, yo, afirmé debía leerse 
^-^-^Lo. No es cierto.— Lo que yo escri- 
bí, después de consignar que es notable 



1 La interpretación de una lápida arábiga hallada 
en Toledo viene dando lugar á una discusión ó con- 
troversia de carácter técnico entre dos consocios 
nuestro,s, distinguidos catedráticos y académicos am- 
bos, los Sres. Codera y Amador de los Ríos. Con este 
motivo, al director del Boletíx de la Sociedad Espa- 
ñola DE ExcuRsioxhs cabe manifestar: 1.", que ni el 
BoLETfx ni la Sociedad se hacen solidarios de las opi- 
niones y doctrinas sustentadas en los artículos de 
aquellos señores, á quienes alcanza únicamente la 
responsabilidad de los escritos publicados bajo su fir- 
ma; y 2.", que siendo ya cuatro los artículos motiva- 
dos por la lectura de la lápida (dos del Sr. Codera y 
dos del Sr. Amador de los Ríos), de los que tres Se 
publicaron eñ nuestro Boletín, juzga la cuestión sufi- 
cientemente debatida, y cierra la discusión por lo que 
respecta á las columnas de nuestra Revista.— (Nota 
DE LA Dirección.) 



este monumento epigráfico por las faltas 
de ortografía en él reparables, es que 
"llama la atención (y si hubiera sido cosa 
natural, no la llamaría) que... aparezca 
clara y distintamente el dual ^^^-y^^ (no 
j^_y^:^Lo como se ha leído),,; esto es: que 
el lapidario colocó en la palabra una le- 
tra de más, lo cual constituye en todas 
partes una falta, igual á la que cometería 
quien escribiese hoy Enrrique ^ov Enri- 
que. El epigrafista tiene la obligación de 
reproducir fielmente el epígrafe, y de ad- 
vertir todos sus errores y defectos; y 
cumpliendo este deber elemental, hice 
notar el yerro, que el articulista no había 
advertido, sin pretender yo que sea tal la 
forma del dual gramaticalmente, ni mu- 
cho menos. El autor del artículo me dis- 
pensa el honor de "pasar por de pronto„ 
el que aparezca ese trazo más, cosa de 
que puede convencerse quien quiera, con 
sólo la mera inspección de la palabra, en 
la reproducción á&\3h'tseo Arqueológico 
Nacional; y "sin tener pretensiones de 
epigrafista,,, agrega razones y argumen- 
tos, los cuales persuaden de que confun- 
de lastimosamente la escritura monu- 
mental cúfica con la escritura ordinaria 
nesji, suponiendo que el dibujo y el des- 
arrollo de los signos en la una, son los 
mismos en la otra, y por tanto que el ^ 
final se desenvuelve de idéntica forma en 
ambas, cuando no es así, por lo cual huel- 
gan, á mi juicio, las comparaciones pa- 
leográficas en que se engolfa, como huel- 
ga por impertinente la nota ilustrativa, 
con la que procura molestarme. 

Segundo punto. — En la palabra que el 
articulista leyó c;:.'^^^ Y yo c;■:^-^*''^^ po- 
dría tener razón gramaticalmente, si di- 
cha voz se hallare escrita con toda orto- 
grafía, lo cual no sabemos ni él ni yo, por 
más que no ofrezcan garantía alguna de 
ello las faltas de esta naturaleza que en 
el monumento aparecen, á despecho del 
Sr. Codera. En lo que entiendo no está 
en lo cierto, es en decir que la letra s (*) 
"en el único caso en que no está ligada 
por el principio... está limitada por una 
línea recta en la parte inferior, y de un 
?nodo perfectamente perceptible en los 
otros casos„; porque en el cúfico epigrá- 
fico, la letra á que se refiere, es lo mismo 



DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



105 



al principio que al méllio de dicción, y 
termina sietnpre por la parte inferior en 
la línea horizontal, común á las demás 
letras que no exceden de aquella, decla- 
rando ser para mí ininteligible lo subra- 
yado, pues en todos casos, la terminación 
horizontal del indicado signo es perfecta- 
mente perceptible. En la reproducción 
del Museo aparece el borde que podría- 
mos llamar externo, algo redondeado, 
circunstancia que podría inducir á creer 
que la referida letra fuere un inim, si no 
fuese porque éste en el cúneo anterior 
al granadino es todo él circular, y tenien- 
do su eje en la línea horizontal mencio- 
nada, excede de ella por consiguiente, 
cosa que no ocurre en el monumento, ó 
por lo menos en la reproducción por mí 
conocida, á que me refiero, distinguién- 
dose en cambio en la letra dudosa algo 
que pudo ser las dos pequeñas incisiones, 
características del ». Por lo demás, yo no 
pretendo imponer á nadie mi lectura. 

Tercer piinto.~A\ final de la novena 
línea del epígrafe, entendió el articulista 
la última palabra de ella por ^^Uül. No 
debía estar sin embargo muy seguro, 
cuando, en señal de duda, la colocó entre 
interrogantes; yo leí ^j5^^^^\, y creo ha- 
ber acertado, pues unida al ^ final hay 
ostensiblemente otra letra, la cual puede 
ser el nún; el articulista, firme en la con- 
fusión del cúfico y del nesji, trata de de- 
mostrar que no hay tal letra, y yo em- 
plazo á quien quiera para que lo vea en 
la reproducción del Museo. Si la palabra 
^^liJ\ no fuere plural irregular, no hay 
duda que puede serlo, así porque confor- 
me al sistema actual de los gramáticos, 
toda palabra cuyo vocalismo del singu- 
lar experimenta alteración al pasar al 
plural, se llama plural fracto, según De- 
renbourg y Guyard, sino porque el pro- 
pio articulista declara que no niega "en 
absoluto que pueda presentarse una se- 
mejante forma„, aunque líneas anteriores 
afirma íernii'nantemente lo contrario. 

Cuarto punto.— Reconoce el autor del 
artículo, que en ¿r:^->^\ falta un ^, lo cual 
constituye una falta de ortografía, de 
cuya mención no puede prescindir el epi- 
grafista, por lo que significa; pero según 
aquel,— que no quiere reconocer que so- 



bra otro ^ en ^-^-;o^'^\ ,— "no era preciso 
advertir esta omisión del tallista„, ignoro 
por qué causa. 

Quinto punto.— Asegnr a. que "los plu- 
rales irregulares ó fractos es regla ele- 
mental de sintaxis que sean considerados 
como singulares femeninos para los efec- 
tos de la concordancia,,; pero en la Chres- 
toinathia de Kosegarten, que él conoce 
muy bien, hay en el Cuento del Cambista 
de Bagdad, tomado de las Mil y una no- 
clies, un ejemplo terminante de lo con- 
trario, pues en él (pág. 4, línea 10) se 

dice : cy-í^-^'-i'J^ ^ ^^ 

Sexto punto.— Afirma, el articulista que 
la correspondencia de la fecha está equi- 
vocada; y tiene razón, y confieso que tal 
yerro mío me sorprende y no sé explicár- 
melo, pues el mes de Récheb de 432 co- 
menzó el 6 de Marzo y terminó el 4 de 
Abril de 1041. Suuní cuique. 

Séptimo punto.— Considero que por lo 
menos fué mi trabajo de alguna utilidad, 
cuando mi impugnador confiesa que si es 
infalible en árabe, no lo es tanto en cas- 
tellano, al declarar que empleó con "gran 
impropiedad„ la palabra legatario en la 
traducción , y al corregir ésta cual lo 
hace. Como yo no tenía, ni tengo, espíri- 
tu alguno de hostilidad hacia el articu- 
lista, no dije palabra de esto, pues, con 
efecto, más que impropiedad es olvido 
manifiesto del idioma llamar legatario á 
quien hace el legado. A estas bizarrías, ú 
otras por el estilo, nos tiene acostumbra- 
dos mi impugnador, quien, hablando en 
su gramática árabe (pág. 54) de los géne- 
ros del nombre, sienta textualmente como 
regla que "son masculinos los que no son 
femeninos„ *. Por lo demás, haciéndose 
las mandas piadosas para implorar la gra- 
cia y el perdón de Dios, no creo violento, 
sino muy natural, que se entienda ser 
Dios el legatario, tanto más cuanto que 
la amplificación, reconstrucción ó repa- 
ración de la mezquita á que alude la lá- 



1 Como el articulista tiene el prurito de corregir á 
los demás, recuerdo ahora que en un trabajo suyo re- 
cientemente publicado en el Boletín da la Real Aca- 
demia de la Historia , corrige á un escritor francés, 
entendiendo caprichosamente la locución les deux 
iinatiies. 



io6 



boletín 



pida, eran en la casa de Dios hechas, y 
para gloria del mismo ejecutadas. 

Octavo punto.— Rs empeño pueril es- 
forzarse en demostrar que era hombre 
conocido el Alberolo ó Alberola de la lá- 
pida toledana, y esto á nada conduce, se- 
gún habrán advertido los lectores. 

Noveno punto.— ^o es menos pueril é 
inútil para la cuestión epigráfica suscita- 
da, la lucubración referente al título de 
ashah; no puede negar que significó siem- 
pre preeminencia, en el sentido en que se 
halla en este y otros muchos casos. Si 
siempre fuera lo que asegura ¿cómo en- 
tendería las frases tan frecuentes en ca 
píteles, basas, arquetas y otros objetos, 
que terminan diciendo: «^..^^a^UJ, ^^_^^^\^ 
ó <íJ-U¡i.Uai , si no las traduce por "para 
su dueño,,, "para mi dueño,, ó "para su 
señora?,. De la preeminencia no es posi- 
ble dudar, y así se confirma una vez más 
por el ejemplo de otros muchos epígrafes, 
y muy en especial por el que ofrece la lá- 
pida conmemorativa de Mérida del año 
220 de la H. , donde se declara que la 
obra, á que alude, fué ejecutada por 
orden del Califa, y bajo la dirección (no á 
expensas) entre otros, del ot^J\ ^^^s^Lo 
el jefe ó director de la obra, no el compa- 
ñero, socio, ni empleado de la misma. 

Por lo que hace á la frase »3>>^. ,^^, nada 
dije, y nada digo; pero sí me será permi- 
tido declarar, contra lo aseverado gra- 
tuitamente por el articulista, en cuanto á 
la confusión del ra y del nún á fin de dic- 
ción, que ésto podrá ocurrirle á él, que no 
presume de epigrafista, cuando se trata 
de la escritura cúfica, estando en su mano 
convencerse de ello, con examinar la co- 
lección epigráfica del Museo Arqueoló- 
gico Nacional: todo consiste en la erró- 
nea creencia de que el cúfico y el nesji 
son la misma cosa. 

Para concluir: el articulista presume 
que los musulmanes eran incapaces de 
cometer faltas de ortografía y de sinta- 
xis, como hoy día las comete entre nos- 
otros el vulgo, con letreros como los de 
Se gisan callos y caragoles, Mediaspara 
clérigos de lana, Sombreros para niños 
de paja, y el muy reciente, que he leído 
hace pocos días, de Se peinan señoras de 
real y medio en adelante; cree también 



el articulista que todos los musulmanes 
en España hablaban y escribían gramati- 
calmente, no existiendo ni locuciones par- 
ticulares, ni provincialismos, ni modis- 
mos, ni barbarismos, ni nada de eso; y yo 
estimo que tales presunciones y tales 
creencias no son en buena lógica admisi- 
bles, aunque no hubiera, que los hay, tes- 
timonios fehacientes de estas faltas entre 
los musulmanes españoles. 

Nadie debe hacerse, por último, la ilu- 
sión de que ningún ramo de la ciencia 
sea patrimonio exclusivo suyo, ni de que 
sus obras se hallan exentas de error ó de 
descuido, ni de que es infalible; porque 
los que para el público escriben, lo hacen 
para ser por el público libremente juzga- 
dos, y sienta mejor la modestia en el sa- 
bio que el desvanecimiento y la soberbia, 
pues, como dice el vulgo, todos los días 
aprendemos algo, debiendo recordar siem- 
pre aquellas palabras de Cristo: "El que 
se halle limpio de culpa, arroje la prime- 
ra piedra.,, ¡Dichoso quien pueda tener la 
seguridad de haber acertado una vez en 
la vida! 

Rodrigo Amador de los Ríos. 

18 Junio de 1895. 



-< .irKa ^^'tt^yiCr-Sy^ s- 



SECCIÓN DE CIENCIAS NATURALES 



CIENCIA ESPAÑOLA 




I O es cosa frecuente, y antes bien de- 
be tenerse por extraña é inusitada, 
ver citadas en Revistas y Acade- 
mias extranjeras ó traídas á cuen- 
to como autoridad, investigaciones de sa- 
bios españoles, que, siendo poco lo que 
aquí se hace de original en tal sentido, 
tiene su importancia é indica, cuando me- 
nos, algo de vitalidad científica, siquiera 
ésta haya de ser, por ahora, muy limita- 
da. Y es bien particular que, por males de 
nuestros pecados, no pocas veces tenga 
que venir de fuera el relato de las pro- 
pias investigaciones y el favorable juicio 
de la labor meritísima, hecha por los con- 



DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



107 



tados que en España consagran su vida 
á la experimentación y se afanan por aña- 
dir datos nuevos y de propia cosecha á lo 
ya sabido y recibido en la ciencia. Sin em- 
bargo, recorriendo las publicaciones ex- 
tranjeras de estos últimos años, suele en- 
contrarse citado alguno que otro trabajo 
español, siempre con elogio á decir ver- 
dad, y en varios casos no ha parecido su- 
ficiente la sola noticia y se ha extractado 
ó publicado íntegro, si su importancia así 
lo requería; siendo de advertir cómo el 
conocimiento de estos mismos trabajos 
se tiene entre nosotros por lo que de ellos 
han dicho fuera, que en achaques de cien- 
cia pura no somos ciertamente muy da- 
dos á lecturas que nada tienen de amenas, 
y carecemos, por lo general, de la pacien 
cia necesaria para seguir paso á paso to- 
do el trabajo de pormenor y detalle que ha 
sido necesario al buen experimentador an- 
tes de alcanzar una ley ó principio que 
generalice el dato que la propia obser- 
vación de las cosas ha suministrado, y 
acontece también, muy á menudo, que el 
medio no es adecuado, y en general falta 
ambiente propicio al desenvolvimiento de 
cierto género de estudios, y la cultura 
científica de la generalidad es inferior á lo 
que debiera ser, dado el actual progreso 
de las ciencias, y aun habiendo cuenta de 
nuestra antigua tradición, que tenemos 
tan abandonada, como si en España ja- 
más se hubieran cultivado las ciencias. 
Al registrar un nombre español, consig- 
nado con elogio en acreditadas publica- 
ciones extranjeras, ó al ver en ellas cual, 
quiera trabajo de investigación hecho en 
nuestra tierra, se experimenta casi casi la 
misma alegría que haciendo un descubri- 
miento, y nacen en nosotros esperanzas 
de una regeneración científica, ya co- 
menzada en nuestros nacientes laborato- 
rios y en algunas cátedras de las Facul- 
tades, en las cuales impera como sobe- 
rano el criterio experimental, y á él se 
subordina todo conocimiento, particular- 
mente en el orden de las ciencias de la 
naturaleza. 

Por más que se trata de algo que está 
todavía en sus comienzos y de un movi- 
miento científico apenas iniciado, ya se 
advierte en todo una nota característica, 



cierta originalidad, algo, en fin, que es 
propio de nuestro carácter é ingenio, me- 
nos dado de lo que parece á cosas sutiles 
y á sublimidades teóricas, á fantasías y á 
imaginaciones, por lo menos cuando de 
ciencia se trata, justificando de tal modo 
nuestro abolengo en estas materias ; pues 
apenas hay libro científico de nuestra 
buena época que no tenga carácter prác- 
tico y de inmediata aplicación, hecho que 
explica la carencia casi total de libros de 
alquimia en la bibliografía científica es - 
pañola , porque lo que en ella hay refe- 
rente á la materia, es traducido ó trans- 
crito de antiguos manuscritos. Verdad 
es, por lo menos, respecto de ciertas ma- 
terias, que caminamos muy despacio y 
vamos á la zaga del progreso científico; 
pero esto no implica desconocimiento de 
las ciencias, ni carencia de investigadores 
y trabajos originales, contándose algu- 
nos de grandísima importancia, y como 
tales considerados y tenidos por los más 
doctos y muy apreciados en las corpora- 
ciones científicas que gozan de mayor 
renombre y fama. Acaso debido á su mis- 
ma índole, no llegan á la generalidad los 
trabajos experimentales á que me refie- 
ro, porque aquí carecemos de una cultu 
ra general suficiente para apreciarlos, y 
no existe lo que se llama medio científi- 
co ; pero su desconocimiento no es moti 
vo para que nosotros mismos nos colo- 
quemos en lugar todavía más bajo del 
que nos corresponde en este gran movi- 
miento progresivo de las ciencias, que es 
la mayor gloria del siglo que alcanzamos. 
Podrá nuestra escasa cultura ser causa 
de que los extranjeros tengan que seña- 
larnos los trabajos de experimentadores 
españoles; mas no debemos nunca po- 
nerlos en lugar inferior, ni confundí;-, 
como se hace con gran daño de la cien- 
cia española, lo que tiene valor real y po- 
sitivo con las quimeras y fantasías de los 
que teorizan sin ton ni son, desconociendo 
en absoluto los fundamentos de toda cien- 
cia, que nunca han entendido y ni siquie- 
ra saben que tales principios existen. 

En este mismo año se han ocupado va- 
rias Revistas extranjeras en el relato de 
trabajos científicos realizados en España, 
que han merecido grandes elogios de 



io8 



boletín 



parte de sabios eminentes y el honor de 
ser traducidos íntegros ó extractados lar- 
gamente. Inútil es decir que el lugar pre- 
eminente en esto corresponde al gran his- 
tólogo D. Santiago Ramón Cajal, nuestra 
más pura gloria científica en el presente, 
tanto que es ya corriente que todos sus 
trabajos, no sólo se acojen como corres- 
ponde aun sabio de primer orden, sino que 
se esperan con verdadera ansia, anun- 
ciándose sus descubrimientos; mas sién- 
dome desconocida la materia á que se re- 
ñiré la asidua labor científica de mi ilus- 
tre amigo, no puedo entrar, bien á pesar 
mío, en el relato de sus últimos y más 
trascendentales trabajos, los cuales, si de 
una parte resuelven interesantes proble- 
mas acerca de la constitución íntima de 
los órganos del sistema nervioso tocan 
de otra en las más elevadas cuestiones 
de la psicología experimental, suminis- 
trando preciosos datos sobre los cuales 
se han de fundar los términos de rela- 
ciones que entre lo físico y lo psíquico 
pretende establecer, de una manera ra- 
cional y positiva, la ciencia moderna. En 
otro trabajo español se han ocupado los 
sabios extranjeros en lo que va de año: 
hace ya algunos publicó el Sr. D, Federico 
de Botella y de Hornos, Inspector gene- 
ral del Cuerpo de Ingenieros'de Minas, y 
geólogo muy distinguido y notable, cuyos 
trabajos son bien conocidos en el mundo 
científico, un voluminoso libro que lleva 
este título; Apuntes paleográficos, mor- 
fología , etiolgoia, orografía é hidro- 
grafía de la Península, España y sus 
antiguos mares, las formas, las causas, 
las leyes, ilustrado con multitud de lámi- 
nas y planos. Resultado de minuciosas y 
prolijas observaciones, llevadas á cabo 
con rigurosa escrupulosidad y prosegui- 
das durante largos años, tiene el libro del 
Sr. Botella grandísimo interés nacional, 
y refiriéndose todo á España, sirve para 
darse cuenta de las vicisitudes y meta- 
morfosis por que ha pasado este pedazo 
de la corteza terrestre, sobre el cual nos 
ha tocado vivir. Unidas y relacionadas la 
observación geológica, en la que es el 
autor peritísimo y maestro , y el conoci- 
miento geográfico y orográfico más per- 
fecto y minucioso, resulta el libro del se- 



ñor Botella una obra de capital importan- 
cia, un libro verdaderamente fundamen- 
tal, en el que ha sido menester gran tra- 
bajo de pormenor, y como si dijéramos 
preparatorio, indispensable para llegar á 
la exposición de doctrinas muy origina- 
les, apoyadas directamente en hechos de 
propia observación, que nos consienten 
asistir, si así vale expresarse, á la serie 
de fenómenos acaecidos en la evolución 
de los antiguos mares de la Península. 
Con ser tanta y tan grande la importan- 
cia de este hermoso libro, bastante para 
hacer la fama y la gloria de un sabio, na- 
die aquí habló de él, ni tengo noticia dé 
ninguna nota bibliográfica referente al 
trabajo del Sr. Botella, tan rico en datos 
como afortunado en la doctrina en ellos 
fundamentada: verdad que no se trata de 
una obra popular; pero atendiendo á que 
constituye un estudio original y propio, 
apoyado en observaciones hechas sobre 
el terreno y á la vista de los objetos, con 
muy pocos antecedentes, paréceme que 
valia la pena de haberle consagrado cuan- 
ta atención merece, que no es frecuente 
entre nosotros contemplar el espectáculo 
de una vida con.'- agrada á investigacio- 
nes que reclaman muchísima atención y 
exigen conocimientos muy especiales. 

Por fortuna un sabio extranjero, que 
goza de grande y merecida fama, el emi- 
nente Daubrée, bien conocido en el mun- 
do científico por sus trabajos de Minera- 
logia y de Geología sinténtica, fijó su aten- 
ción en el libro del Sr. Botella, y á los an- 
tiguos mares de la Península consagró 
un artículo notabilísimo, que vio la luz 
pública en la Revista denominada yo wr- 
nal des savants, en el número corres- 
pondiente al mes de Abril del año corrien- 
te. M. Daubrée, no sólo se ocupa, en el 
artículo de referencia, en el libro del se- 
ñor Botella, sino que tomando como pun- 
to de partida este admirable trabajo, para 
el que tiene grandes elogios, trata, al 
propio tiempo, de la obra general llevada 
á cabo por los geólogos españoles é ini- 
ciada ya por Ángulo en los últimos años 
del pasado siglo. Es en verdad muy grato 
ver así ensalzada una labor casi descono- 
cida entre nosotros y que tiene, sin em- 
bargo, altísima importancia, no ya sólo 



DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



10(^ 



dentro de las puras especulaciones cien- 
tíficas, sino también en el terreno de las 
aplicaciones prácticas : el conocimiento 
de la Geología en España está en el mo- 
mento presente muy adelantado, desde 
aquel gran impulso que le comunicara, no 
hace muchos años, el por tantos títulos fa- 
moso D. Casiano de Prado, y de ello son 
pruebas los trabajos de la Comisión del 
Mapa Geológico, organizados por D. \'a- 
nuel Fernández de Castro, muerto en es- 
tos días, y consignados en muchos tomos 
de Memorias originales y descriptivas de 
varias provincias y en el Boletín de aque- 
lla Comisión; el hermoso Mapa Geológico 
de la misma; los estudios publicados en 
los Anales de la Sociedad Española de 
Historia Natural y las magníficas inves- 
tigaciones de los Sres. D. José Macpher- 
son, D. Salvador Calderón, D. Lúeas Ma- 
llada, D. Daniel Cortázar y otros muchos, 
sin olvidar al profesor D. Juan Vilanova. 
Para todos tiene Daubrée en su artículo 
una palabra de elogio, y no es ciertamente 
parco en encomiar una obra que le es co- 
nocida en todos sus pormenores y deta- 
lles, cumpliendo asi un deber de jus" 
ticia, ya que nosotros no hemos querido 
cumplirlo, faltando al patriotismo con que 
es preciso ver tales cosas. Al dar esta 
ligera noticia del artículo escrito por el 
eminente profesor de París, que es uno 
de los primeros sabios de Francia, quiero 
consignar la manera cómo la Comisión del 
Mapa Geológico anhela completar su obra: 
los materiales reunidos en sus ricas co- 
lecciones, permiten hacer un reparto á 
todos los Establecimientos científicos de 
España, á los cuales se van á donar co- 
lecciones completas de minerales, fósiles, 
y rocas de España, con admirable preci- 
sión clasificadas, teniendo como base lo 
recogido en la provincia donde radique el 
centro docente ; cada ejemplar lleva una 
etiqueta detalladísima precisando todas 
las circunstancias, sino nimia y localidad 
donde se halla, y de ello tengo para mí 
que ha de venir gran provecho á la 
cultura general delpaís, llegando á todos 
el resultado de las investigaciones, se- 
guidas durante muchos años, con objeto 
de conocer y describir el suelo de España. 
En otra especie de trabajos originales 
T. III 



ocuparéme ahora, tratando de un artícu- 
lo que publicó, en el mes de Marzo del 
año corriente, la Reviic Scientifiqiie de 
París, cuyo artículo es un resumen, muy 
bien hecho y detallado, de los experimen- 
tos que llevaron al Sr. D. Victorino Gar- 
cía de la Cruz, en la actualidad profesor de 
Química Orgánica de la Facultad de Cien- 
cias de la Universidad Central, al descu- 
brimiento y enunciado de las leyes me- 
cánicas de los gases nebulosos y de los 
líquidos turbios. No era la primera vez 
que el Sr. García de la Cruz veía sus 
trabajos en lengua francesa, porque en el 
Bulletin de la Soci^té Chimique de Pa- 
rís, se han publicado varios, todos ellos 
de carácter experimental, al igual de este 
.que últimamente ha parecido en una de 
las más acreditadas Revistas de Europa, 
y mucho tiempo hace que el profesor 
noníbrado viene consagrándose al estu- 
dio de referencia, añadiendo datos y ex- 
perimentos para dar á las le^^es que des- 
cubrió maj'or carácter de generalidad y 
á sus demostraciones precisión matemá- 
tica; prueba de ello es el nuevo estudio 
de líquidos turbios y gases nebulosos, 
publicado este mismo año en La Natura- 
lesa, cuyo estudio bien puede asegurar- 
se que es lo más extenso y períecto y 
aun pudiera decirse lo único sistemático 
y completo conocido acerca del particu- 
lar; puesto que fuera de algún experi- 
mento aislado y curioso, referente á ca- 
sos especiales de líquidos turbios y gases 
nebulosos, sólo cuenta la ciencia con las 
prolijas y minuciosas investigaciones del 
Sr. García de la Cruz, y son éstas de tan- 
ta importancia, que le consintieron llegar 
á establecer leyes generales, de carácter 
mecánico, demostrándolas por medio de 
experimentos. 

Cuando se estudian las propiedades ge- 
nerales de los líquidos y sus relaciones 
con los cuerpos en ellos sumergidos, no 
se acostumbra á parar mientes en las que 
pueden establecerse entre el fluido y el só- 
lido, en el de ser éste pulverulento y ha- 
llarse en estado de grandísima división: la 
mezcla del líquido con el sólido constitu- 
ye entonces lo que se denomina un líqui- 
do turbio, en el cual pueden acontecer dos 
series de fenómenos, á saber: ó el sólido 

14 



i 10 



boletín 



se deposita en el fondo de la vasij a, con ve- 
locidad bastante considerable y en tiem- 
po no muy largo, dependiendo el hecho, 
no sólo del peso específico del sólido, 
sino también del tamaño de sus partícu- 
las, ó el depósito se hace y lleva á cabo 
con lentitud extraordinaria, tardando á 
veces muchos meses en efectuarse, de 
lo cual tenemos magnífico ejemplo en 
ciertas arcillas finísimas y coloridas de 
amarillo ó rojo, suspendidas en algunas 
aguas, la de Lozoya entre ellas, que pa- 
san á través de los filtros de papel y no 
se reúnen en el fondo de las vasijas y se 
mantienen en el agua hasta transcurridos 
algunos meses, formando sus depósitos 
los ocres más finos que se conocen. 

José Rodríguez Mourelo. 
(Concluirá.) 



- t,<r <feK5"<¡'^¡r<í>''t>'S>'^> -J - 



SECCIÓN DE BELLAS ARTES 



RESTAURACIÓN 



CASA DE POLENTINOS EN AVILA 



A ciudad de Ávila es un rico museo 
W-^ arquitectónico cuyos ejemplares se 
hallan esparcidos por todas sus ca- 
lles, en términos que no se da un 
paso por ellas sin tropezar con algo inte- 
resante. Aparte de sus monumentos reli- 
giosos y de sus incomparables murallas, 
el antiguo caserío ofrece al artista ejem- 
plos notables que estudiar, correspon- 
dientes, en su mayor parte, á la época de 
transición del ojival estilo al del Renaci- 
miento. Las casas de los repobladores, 
pegadas á las murallas, son de las más 
antiguas, y en las de lo interior vense los 
rasgos característicos de estilos más mo- 
dernos. 

Entre estas últimas ocupa uno de los 
primeros lugares la que perteneció al 
Conde de Polentinos, y que adquirida por 



el Ayuntamiento, que la tuvo por alber- 
gue durante la construcción de su actual 
Casa Consistorial, ha sido destinada al 
establecimiento de la Academia de Ad- 
ministración militar ; destino apropia- 
do, no sólo por su amplitud y disposición, 
sino por la ornamentación guerrera de 
su portada. 

Nada podemos decir de su historia ni 
de la época de su construcción, si bien, 
correspondiendo al estilo plateresco, debe 
datar del siglo xvi. Hállase situada en la 
antigua calle de la Rtia, que era la prin- 
cipal de la ciudad, y cuyo tradicional 
nombre ha sido recientemente sustituido 
por el de Vallespín^ en honor del malo- 
grado Director que fué de dicha Acade- 
mia, quien por sus especiales dotes y sim- 
patías ha merecido tal honor. Pero, sin 
negársele en modo alguno, creemos que 
hubiera sido preferible dar su nombre á 
otra calle de la ciudad, para que no des- 
apareciera el típico de la Rúa, existente 
en todas las ciudades castellanas, para 
indicar la calle por excelencia de las po- 
blaciones, la ruta de los mercaderes y la 
principal arteria que las cruza, comuni- 
cando, en ésta de Ávila, el puente sobre 
el Adaja con el centro comercial. 

La fisonomía exterior de la casa en 
cuestión por la Rúa era por demás ex- 
traña. Retirada su fachada de la línea de 
la calle y resguardada por un pretil, com- 
poníase de fuerte maro de granito de es- 
casa altura, coronado de sencilla imposta 
y ostentando en su centro magnífica por- 
tada, que se remataba por amplia y de- 
corada barbacana elevada sobre dicha 
fachada y acodándose con su cornisa por 
medio de graciosas curvas. Á cada lado 
de la puerta dos ventanas bajas y otras 
dos sobre ellas, sin ornamentación alguna 
y tapiadas. La fachada quedó así suelta, 
sin crujía, como muro de cerramiento del 
solar; y, paralelo á ella, uno de los lados 
del patio, también sin terminar. Mas aho- 
ra, felizmente el Ayuntamiento ha cos- 
teado la terminación del edificio, levan- 
tando su fachada principal, estableciendo 
en dos pisos la crujía entre ella y el patio 
y terminando éste con su ornamentación 
escultórica. Semejante obra ha sido pro- 
yectada y dirigida, con noble entusiasmo, 



DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



III 



por el inteligente Arquitecto municipal 
D. Ángel Barbero, á quien debemos los 
dibujos que se acompañan y quien, con 
celo nunca bien ponderado, ha estudiado 
todos los detalles de la ornamentación y 
construcción y ha modelado con sus ma- 
nos los bajo-relieves del patio, imitando 
concienzudamenle el estilo, hasta con 
sus incorrecciones. Corresponde también 
parte de gloria al contratista D. Antonino 
Prieto, experto constructor, de inteligen- 
cia é instrucción poco comunes, y con la 
rara cualidad de poseer tan acendrado 
amor á su profesión y á las obras por él 
ejecutadas, que llega á anteponerle á sus 
intereses. Reciban ambos nuestros pláce- 
mes por sus trabajos en esta ocasión, 
como con notoria justicia los han recibido 
de los ilustrados Director y Profesores 
de la Academia y de cuantas personas 
entendidas han visitado las obras. 

Casi huelga la descripción cuando se 
acompañan dibujos como los del Sr. Bar- 
bero, por lo cual seremos muy concisos, 
haciendo sólo notar algunas particulari- 
dades del edificio. 

Como casi todos los de la época, cons- 
tituye su núcleo un gran patio decorado, 
rodeado de galerías; y, contiguas y para- 
lelas á éstas , sendas crujías de buen an- 
cho, donde se distribuyen las habitacio- 
nes, con amplia escalera en un costado 
para acceso del piso principal. En éste 
tiene el patio, que es cuadrado, unos 13 
metros de lado, 3^,40 las galenas y de 6 
á 7 las crujías. Opuesta á la fachada prin- 
cipal hay otra á la Plaza de Santo Do- 
mingo, con entrada que ostenta un deco- 
rado dintel. 

La puerta de la primera es un ancho 
hueco cerrado por arco circular, bordea- 
do de una faja decorada con perlas, ba- 
quetones y palmetas, y flanqueado por 
anchas pilastras sobre basas, conteniendo 
en su parte superior cabezas de leones, 
de cuyas fauces, y atadas con cintas for-^ 
mando lazos, cuelgan piezas de armadu- 
ras y trofeos de armas ofensivas; una 
impostilla tangente á la archivolta recua- 
dra el hueco, en cuyas enjutas campean 
medallones con bustos, y sobre ella corre 
un friso con un escudo central rodeado 
de corona de laurel y tenido por dos gri- 



fos sujetos con cadenas, y otros dos es- 
cudos correspondiendo á las pilastras, te- 
nido el de la izquierda por un águila pas- 
mada y coronado por cimera el de la de- 
recha. Claro es que dichos escudos co- 
rresponderán á la casa de Polentinos. 
Una cornisa decorada corona este friso, 
y sobre ella ábrese en el centro una ven- 
tana, flanqueada también por pilastras 
decoradas, acompañadas de rica orna- 
mentación que llena los espacios de ambos 
lados, y cuyo dintel, tallado en forma de 
cornisamento, está también muy decora- 
do , existiendo sobre él ornatos hasta el 
arranque de los canes de la barbacana. 
Son éstos en número de ocho, compuestos 
cada uno de tres piedras talladas en cur- 
va y decoradas, y sobre ellos una moldu- 
ra que, como la imposta del resto de la 
fachada, está decorada con coronitas, y 
encima de ella el pretil, terminado tam- 
bién por otra decorada moldura. 

En la restauración se ha levantado la 
fachada hasta la altura del arranque de 
los citados canes, coronándola con una 
sencilla cornisa del estilo, y se han abier- 
to las ventanas, proveyéndolas de artís- 
ticas y típicas rejas. 

Cada frente del patio está constituido 
por cinco columnas (contando las dos an- 
gulares), cuyos fustes son monolitos, con 
basas áticas sobre plintos decorados, ca- 
pitel dórico, con modillones formando 
zapatas, donde se apoyan los dinteles que 
cierran los espacios, hermosas piezas de 
granito de Cardeñosa de unos tres metros 
de largo, decorados con bajo-relieves 
distintos compuestos con cabezas en me- 
dallones, grifos y hojarasca, y separados 
por escudos que corresponden á las co- 
lumnas. Otra serie de éstas, de menor 
altura, constituye la galería del piso prin- 
cipal, y, de modo análogo, sostienen din- 
teles tallados y escudos, coronando el todo 
una pequeña y decorada cornisa. El an- 
tepecho de esta galería alta está consti- 
tuido por balaustres de piedra con hojas 
talladas sobre plinto y sosteniendo un 
curvo pasamanos. 

Tiene el patio un aspecto elegante; y si 
los bajo-relieves acusan en detalle falta 
de dibujo é incorrección de ejecución, 
producen en conjunto buen efecto, espe- 



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114 



boletín 



cialmente los escudos, que se destacan 
vigorosamente con formas acentuadas. 

Dos de los lados del patio, que estaban 
sin terminar, se han terminado con tal 
perfección, que no parecen hechos ahora; 
se han derribado los tabiques que cerra- 
ban las galerías altas, dejándolas diáfa- 
nas y restaurando y reponiendo muchos 
balaustres. Tienen éstos 0m,80 de alto por 
Ora, 18 de diámetro, son de piedra graníti- 
ca blanca de Cardeñosa, y ha costado cada 
uno 30 pesetas; los trozos de pasamanos 
son de una pieza, de 2m,S0 en cada inter- 
columnio; los frisos tallados, de 3m,25 
X 0^,50 X 0m,30, han costado á 365 pese- 
tas, y los escudos, de 0ni,70x0m,70x0m,50, 
á 170. Son también de notar, por sus di- 
mensiones extraordinarias , los peldaños 
del vestíbulo, pues miden 6ra,80 de longi- 
tud y pesan 1.750 kilogramos cada uno. 

Con las obras ejecutadas y las de deco- 
ración interior y remates que al presente 
se están haciendo , el antiguo palacio de 
los Condes ;de Polentinos ofrece á la 
Academia de Administración militar un 
albergue, no sólo cómodo y amplio , sino 
elegante y artístico; y dignos son también 
de aplauso el Ayuntamiento de la ciudad 
y su entonces Presidente, D. Bonifacio 
Jiménez, por el empeño mostrado para 
llevar á feliz término tan importante tra- 
bajo, así como el celoso é ilustrado Direc- 
tor de la misma Academia D. Adolfo Pas- 
cual, por sus iniciativas, 

Enrique M. Repulles y Vargas 

(Resumen de Arqtiitecttira). 



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LA SOCIEDAD DE EXCURSIONES EN ACCIÓN 



Sabido es de todos cuantos conocen 
nuestra Sociedad que el objeto de sus ex- 
cursiones no se reduce sólo al de procu- 
rar á los que á ellas concurren un grato 
al par que instructivo solaz, que venga 
á ser como un higiénico paréntesis de más 
arduas y sedentarias ocupaciones. 

Fomentar el amor á los monumentos, 
coadyuvar á su conservación, inculcar en 



los pueblos el convencimiento de que esas 
manifestaciones de cultura que preceden- 
tes generaciones nos legaron, permanez- 
can respetadas y sobrevivan á nuestras 
edades, como testimonio fehaciente de lo 
que en otro tiempo fueron nuestra gran- 
deza y esplendor, esos son los fines que 
nuestra Sociedad persigue. Si se realizan 
ó no, ahí están las reseñas de las excursio- 
nes verificadas. Recordemos sólo la vela- 
da de Brihuega, en la que todos los que en 
ella tomaron parte dirigieron sus notables 
improvisaciones á ensalzar la importancia 
y hermosura de los monumentos visita- 
dos, á realzar su historia, á vulgarizar la 
idea de su conservación hasta el punto de 
que el último, de los que dirigieron la pa- 
labra á tan abigarrado concurso, para 
hacer más comprensible y simpática la 
idea, comparó aquellos monumentos y 
objetos de arte con los que, por haber 
pertenecido ó haber sido obra de algún 
antepasado , conservan las familias como 
recuerdo de religiosa veneración y alta 
estima. 

Algunas, veces, estas manifestaciones 
suelen ser oídas como sermón en el de- 
sierto ; pero otras , en cambio , producen 
resultados tan satisfactorios cual lo fueron 
el acuerdo del Ayuntamiento del mismo 
Brihuega, de erigir una lápida conmemo- 
rativa del Arzobispo D. Rodrigo Jiménez 
de Rada, y dar su nombre á uno de los pa- 
rajes más principales de la población, y 
el de haber podido nuestros consocios ad- 
mirar en toda su belleza y despojada de 
las anacrónicas vestiduras con que la pie- 
dad más antiartística cree adornar la no- 
tabilísima imagen de Nuestra Señora de 
la Peña, cuya reproducción acompañó al 
número de nuestro Boletín correspon- 
diente al mes de Septiembre de 1893. 

Como siempre es grato el saber que 
nuestras desinteresadas observaciones y 
sanos consejos son de vez en cuando fa- 
vorablemente atendidos, vamos á consig- 
nar un hecho que revela, lo bien que fruc- 
tifica el grano que cae en terreno abonado 
y la satisfacción que la Sociedad experi- 
menta cuando consigue salvar algún obje- 
to artístico de una inminente desaparición 
ó ruina. 

Es el caso que en la excursión á Ules- 



bE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



n5 



cas, el 28 del pasado Abril, visitando la 
iglesia del convento de la Madre de Dios, 
fundado por el Cardenal Cisneros , halla- 
mos una hermosa imagen de Nuestra Se- 
ñora, tallada en piedra en el siglo xv, de 
bastante belleza artística y colocada en un 
altar próximo á la entrada del templo, 
donde por las especiales condiciones de 
situación , podría fácilmente hacérsela 
desaparecer si algún inteligente especu" 
lador en antigüedades acertaba á descu- 
brirla. 

Nuestra inesperada visita, á hora in- 
tempestiva para la comunidad , excitó la 
curiosidad de ésta, y tanto la madre aba- 
desa, como algunas de las religiosas se 
aproximaron á la reja del coro bajo, y 
con amabilidad extrema, satisficieron has- 
ta donde las fué posible á nuestras pre- 
guntas referentes á los objetos artísticos 
que estábamos examinando. 

Llegó su turno á la efigie de que nos 
ocupamos, y por los allí reunidos se hizo 
comprender á las madres el valor artísti- 
co de la imagen; que no era apropiado el 
título de El Carmen con que poco ha se 
la designaba; que, según todos los indi- 
cios, procedía de la derruida ermita de 
la Vega, y, por último, que debería colo- 
cársela en lugar menos expuesto á una 
desaparición, y más adecuado á la repre- 
sentación y al valor artístico de la escul- 
tura- 

Que aquellas indicaciones no cayeron 
en saco roto, lo demuestra la carta recibi- 
da poco tiempo después por el que estas 
líneas escribe, carta que hiriendo tal vez 
la modestia de su autora, nos atrevemos á 
publicar á continuación, para honra de tan 
respetable abadesa y comunidad, para 
satisfacción de la Sociedad Española de 
Excursiones, y como ejemplo digno de ser 
imitado por cuantos, por su posición ó 
circunstancias, se hallan en posibilidad 
de contribuir á la conservación de los mo- 
numentos enclavados dentro de sus res- 
pectivas jurisdicciones. 

Dice así: 

"Convento de la Madre de Dios.— Ules, 
cas. — Sr. D,..— Muy señor mío y de mi ma- 
yor consideración y respeto: Aunque han 
transcurrido algunas semanas sin tener 



el gusto de poder escribir á V. dándole 
un millón de gracias por haberme servi- 
do con prontitud y caridad como había 
prometido esa distinguida Sociedad, no 
por eso nos hemos olvidado de Vds., y 
prueba dé ello es la presente, que no tiene 
más objeto que saludar á V. y á toda la 
Sociedad y decirles á Vds. que ya hemos 
trasladado á otro sitio mejor la imagen 
que tanto nos ponderaron y á la que hon- 
rábamos bajo el nombre del Carmen; la 
hemos quitado los escapularios, y hoy la 
apellidamos Nuestra Señora de la Vega.,, 
Sigue enumerando las fiestas con que van 
á solemnizar este acontecimiento y las 
obras que realizan para decorar el nuevo 
sitio, y termina diciendo: "Por lo tanto, 
Sr. D... le supUco notifique esta nueva á 
todos sus señores compañeros, haciéndo- 
les presentes nuestros respetuosos re- 
cuerdos, muy especialmente los de esta 
humilde afma. s. s.. Sor Josefa María de 
LA Purificación, Abadesa. —yí?iy o 26 
de 1895. 

Grande fué nuestro sentimiento al ver- 
nos imposibilitados de publicar esta carta 
en el número del Boletín de Junio pró- 
ximo pasado, á causa de hallarse ya el 
mismo en prensa el día en que recibimos 
aquélla. Disculpado lo involuntario del 
retraso, estamos seguros de que nues- 
tros compañeros de excursión han leído 
con sumo gusto las noticias que por nues- 
tro conducto se les comunican, y agrade- 
cen las corteses frases de tan respetable 
señora en todo lo que valen. 

En cuanto á la sociedad, satisfecha del 
éxito alcanzado, envía á tan respetable 
comunidad sus más sinceros plácemes, á 
los cuales se unirán, desde luego, los de 
todos cuantos se interesan por la conser- 
vación de las obras de arte en España, 
entre los cuales figura, en primer térmi- 
no, el sabio Cardenal Monescillo, que, 
estamos seguros, aplaudirá en cuanto de 
ellas tenga noticia, las muestras de cul- 
tura y piedad ofrecidas por las religiosas 
de la Madre de Dios de Illescas; ejemplo 
digno de ser imitado por todos los que, 
poseyendo obras de arte, se hallen en las 
condiciones que motivaron las iniciativas 
de la Sociedad Española de Excursiones, 



ii6 



BOLETÍN 



tan pronta y hábilmente realizadas por 
aquella venerable comunidad. 



En la fecha y forma previamente anun- 
ciada, verificóse en el pasado mes de Ma- 
yo la excursión á Ocaña y Yepes, que re- 
sultó de no escaso interés desde los pun- 
tos de vista histórico y arqueológico. Los 
excursionistas, guiados y colmados de 
atenciones por nuestro digno socio dele- 
gado en Ocaña, Sr. Gálvez, recorrieron 
ambas villas, examinando los notables 
monumentos y detalles arqueológicos y 
sacando fotografías de varios de ellos. 
En su día se publicará, como de costum- 
bre, en el Boletíx la crónica de la excur- 
sión. 



Para cubrir las vacantes que por de- 
función ú otras causas habían resultado 
en las juntas de Sección de la Sociedad, y 
atendida la dificultad de cumplir por aho- 
ra la última parte del texto del capítu- 
lo IV, art. 3." del Reglamento, en tanto la 
Sociedad no cuente con domicilio propio 
definitivo, la Comisión ejecjutiva ha acor" 
dado los siguientes nombramientos: 

Sección de Ciencias Naturales.— Y o- 
cal, limo. Sr. D. Perfecto María Clemen- 
cín.— Vocal, Sr. D. Felipe Mora. 

Secciónde Literatura.— Secretario 2.'^, 
Sr. D. Marcelo Cervino. 

Sección de Bellas Artes. — Presidente, 
Excmo. Sr. D. Pedro de Madrazo.— Vo- 
cal, Sr. D. Felipe Benicio Navarro.— Vo- 
cal, Sr. D. José María Florit. 



Con motivo de haberse constituido en 
el Círculo de la Unión Mercantil de Ma- 
drid una comisión para el estudio de los 
nuevos reglamentos del Canal de Lozoya, 
nuestro consocio y amigo D. Felipe Mora, 
autor y concesionario del proyecto del 



Canal de Guadarrama, ha dirigido á di- 
cha comisión nna importante proposición 
que, en su concepto, resuelve el proble- 
ma de abastecimiento del agua necesaria 
en Madrid. 

Fundado el Sr. Mora en que el facilitar 
agua ilimitada merece el apoyo del go- 
bierno, autoridades y particulares, y que 
el monopolio de este elemento produciría 
la muerte de las industrias, siendo al pro- 
pio tiempo imposible que el Canal de 
Lozoya amplíe la venta, ni atienda, por 
falta de presión, á los servicios de deter- 
minadas zonas de Madrid, propone abrir 
una subscripción en que todo propietario 
podrá adquirir el agua que necesite del 
nuevo Canal del Guadarrama, el cual se 
compromete á hacer á sus expensas una 
conducción, y establecer depósitos á la 
altura de 25 metros sobre el nivel de los 
del Lozoya. 

Con esta construcción se evitaría la 
falta de agua y que las turbias fueran 
generales, puesto que el nuevo Canal po- 
dría proporcionar 52.000 reales fontane- 
ros, ó sea una cantidad igual á la sumi- 
nistrada por el Lozoya. 

Para las atenciones de la Real Casa , el 
Estado, la provincia y los Municipios, 
tanto de Madrid como á los que esto al- 
canza, será el 50 por 100 del precio fijado 
de 2.000 pesetas, mientras no utilicen la 
canalización del Lozoya, en cuyo caso 
este descuento será á favor de este 
Canal. 

Esto es, en resumen, lo esencial de la 
proposición Mora, que por su importan- 
cia merece ser estudiada. Felicitamos 
por su oportuna idea á su autor, cuyo 
proyecto del Canal es ya conocido y apre- 
ciado en lo que vale por nuestra Socie- 
dad, que en 27 de Mayo de 1894 realizó 
una excursión á Villalba con objeto de 
estudiar las importantísimas obras pro- 
yectadas por el Sr. Mora ', 



1 Vid. Excursión á Villalba el 27 de Mayo de 1894, 
por D. Manuel Marchámalo y Sanz.— Tomo n de 
nuestro Boletín, pág. 101. 



1.20'7. Establecimiento tipográfico de Agustín Avrial, 
San Bernardo, 92. 



BOLKTIN 



DE LA 



SOCIEDAD ESPAIDLA DE EXCURSIONES 



DIRECTOR: 
EL VIZCONDE DE PALAZUELOS, Secretario general de la Sociedad. 



AÑO III 



Iwflladrid. 1.° de A.gosto de 1895 



NÜM. 30 



SECCIÓN DE CIENCIAS HISTÓRICAS 



LA ESTACIÓN PREHISTÓRICA 

DE 



(Ooxxtixxu.acióxa..) 



II 




unos trescientos metros del río 
''^^ Giguela, en una de las vertientes 
l|! que derivadas de la sierra de Al- 

tomira van á desembocar en la 
vega del mencionado río, al Oeste del ce- 
rro denominado Cabeza del Griego (Se- 
góbriga), se abre una cueva de gran pro- 
fundidad, horadada en las estravas del 
terreno cretáceo. 

La entrada, elevada á unos ochenta y 
cinco metros sobre el nivel del río, da 
acceso á la galería principal, que mide 
diez y seis metros de longitud y ramifi- 
case en diversos puntos formando otras 
galerías secundarias, viniendo á terminar 
en una con una pendiente de cincuenta 
centímetros por metro, á cuyo fin hay 
una balsa de agua salobre con un nivel 
oscilante, según la sequedad de los años, 
entre tres y cuatro metros. 

No fué cosa fácil dar con la entrada 
primitiva de la caverna. La abertura, ta. 
piada con enorme cantidad de piedra y 
arciUa, había desaparecido por completo 
bajo la espesa capa de tierra con la que 



se había nivelado el suelo por la parte 
exterior de la gruta, de tal manera, que 
el techo formaba el piso del valle. 

No es extraño, pues, que tuviéramos 
que bajar á la cueva por una especie de 
pozo vertical como de uno ó dos metros de 
hondo, cuyo orificio, practicado en la pie- 
dra viva, apenas si podía dejar paso á 
una persona. Del fondo de este pozo na- 
cía un pequeño caño que desembocaba en 
una galería central, donde más tarde en- 
contramos una tosca sepultura completa- 
mente desprovista del menor vestigio 
funerario. 

Al empezar nuestras exploraciones, la 
galería principal estaba interceptada con 
grandes piedras corridas desde la en- 
trada y mezcladas con una regular can- 
tidad de tierra. Sin embargo de lo cual 
quedó una estrecha senda por la que 
solían penetrar los zorros y conejos, cau- 
sa ocasional del hallazgo, pero no cier- 
tamente humano ser alguno, pues sólo 
los primeros exploradores de la gruta 
pueden comprender las muchas dificul- 
tades y apuros que era necesario sufrir 
para llegar hasta la primera sala. Echa- 
dos en el suelo, y empujando con los pies 
las piedras, que rodando con estrépito se 
precipitaban por la pendiente, pudimos 
al fin llegar á una excavación bastante 
ancha para caber todos y andar de pie. 
En la extremidad de esta cámara empal- 



ii8 



boletín 



ma el caño ó galería central formando un 
islote ó promontorio de piedra, al rede- 
dor del cual habíanse amontonado multi- 
tud de restos de cerámica y varios útiles 
de hueso. Los fragmentos de esta primiti- 
va cerámica abundan en todas las galerías 
superiores, y hubiera sido fácil llenar con 
ellos varios carros. El sendero después 
empalma y nos lleva por la bifurcación 
de la izquierda á uno de los departamen- 
tos más espaciosos de la caverna, cuyo 
suelo, lleno completamente de cacharros» 
trigo carbonizado, huesosyotros objetos' 
atestigua que fué pisado por varias ge- 
neraciones. 

Algunas galerías secundarias princi- 
pian en este departamento, que fué, según 
parece, especialmente habitado , y en las 
que puede el explorador ver muchas hen- 
diduras disimuladas con arcilla, especial- 
mente algunas sin salida, preparadas para 
habitaciones ó sepulturas. 

A menudo aparece la bóveda ennegre- 
cida con el humo de los hogares y hasta 
de las antorchas, como puede testificarse 
examinando detenidamente algunos es- 
pacios ahumados en el techo de algunas 
cámaras. 

Si en lugar de seguirse por el lado de 
la izquierda lo hacemos por la galería 
principal, tendremos que andar aun unos 
cien metros, atravesando muchas cavi- 
dades de dimensiones distintas, aunque 
ninguna se aproxime por su belleza á las 
espaciosas y magníficas de los Pirineos. 
Dejando acá y allá una infinidad de bo- 
cas de galerías secundarias, acábase por 
llegar á una excavación honda y ancha, 
en la que resplandece á la luz de las an- 
torchas un agua muy pura y cristalina. 
En la galería central se encuentran muy 
pocas estalactitas; la caliza del techo acri- 
billada con muchos nichos y agujeros de 
todos tamaños, ofrece á veces, sobre el 
humo, una red de brillantes cristalizacio- 
nes de carbonato de cal, cuya transparen- 
cia es notable. 

En las salas inferiores, las formaciones 
cretáceas presentan la figura de gigan- 
tescos liqúenes pegados en las paredes. 
Las estalactitas sólo se encuentran en 
en una galería lateral muy húmeda. Esta 
galería desemboca por sus dos extremi- 



dades en la calle central, pero de ella 
parten hacia el interior de la colina fre- 
cuentes ramificaciones, por algunas de 
las cuales seguimos durante tres ó cuatro 
horas sin poder llegar al fin. No tienen 
ningún interés desde el punto de vista 
arqueológico, pues en ellas no se nota 
ni humo, ni huesos, ni resto alguno de ce- 
rámica, siendo su acceso muy penoso, 
tropezando á cada momento con pozos 
verticales adonde no puede bajarse sin 
peligro de rasgarse los vestidos ó produ- 
cirse alguna herida con las innumera- 
bles asperezas del risco. En la parte cen- 
tral de este caño, dispuesto en arco de 
círculo, encontramos el esqueleto entero 
de un hombre , pero sin vestigio alguno 
de sepultura ni resto de armas ú otros 
objetos. 

P. Eduardo Capelle. 

(Se continuará.) 
= ^=^-^^P- — 



ESCRITURAS MOZÁRABES TOLEDANAS 



(Continuación.) 
ADVERTENCIAS PREVIAS 

I.'' En la transcripción de nombres pro- 
pios árabes hemos seguido el sistema usado 
comunmente por los arabistas españoles, y 
que hemos expuesto detalladamente en otro 
trabajo nuestro que espera ver la luz públi- 
ca en plazo no lejano. 

2.^ Los nombres propios latino-hispa- 
nos y los comunes del lenguaje vulgar los 
hemos transcrito vertiéndolos á la forma que 
tienen actualmenteentrenosotros:así, en vez 
de decir Bithro , Yoaiiex, Dominqnis, Be- 
láis, hemos escrito Pedro, Juan., Domínguez, 
Peláez; en vez del archiprexte (otras veces 
ayxiprexie), archidiakono... etc., escribimos 
arcipreste, arcediano, etc. ; es decir, que la 
forma latina ó del romance antiguo que ofre- 
cen estos nombres en el texto árabe, se con- 
vierte aquí generahnente en la forma actual 
correspondiente. 

3.* Por la razón anterior, y en corrobo- 
ración de nuestras afirmaciones al interpre- 



DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



119 



tar estos documentos, hemos prodigado los 
textos árabes, cosa que, sia estorbar á los 
no arabistas, es de gran utilidad para los 
que, siéndolo, se ven imposibilitados de 
consultar los originales. 

4.^ Para no aumentar desmesuradamen- 
te el número de notas aclaratorias al pie de 
cada página, seremos parcos por ahora en 
este punto, dejando para la tercera parte de 
este trabajo llenar los vacíos que ahora se 
noten. 



líos en que diez dirhames componen un miz- 



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UM 



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,,.J! ^, 



^z. i.^3 L^.^ 



J ,L)1 \J.S> .,^^ ¿..liaiL 



cal,« 

... Jliu. 

Otorgóse esta venta, según la legislación 
musulmana ^ ( f-s^Lv^f 'ix^ ^^), en el mes 
venerando del Ramadán del año 475 de la 
Hégira (1083 de J. C.) 2. ^k%i\ ,,l^^ J) 



.(;^jUaJ,L .-.: 



r 



u 



II 



Venta de la mitad de una viña i sita en el 
término del lugar de Chalaneas 2, que es una 

de las alquerías de Toledo, y^ ^_ ^_^^_;.J' ) 

(^ilJa J.ja ^ j5 . y^ ^jíSA:s^ h y3 ¿''js-;' . . . * i-X.' ! 

y que linda: al S. con el camino '¿X^\ J) 

{^ ^ j.]=J!; al N. con la propiedad 3 de Aben 

Porthal (JIL^ ^^)i Jib. _Jj^\ ^.y, al 
E. , la viña de Aben Franchil J ^^j^^^^ c?^) 
[j.-sr'ji yA >jí\ al O., el camino, 3^ en él 
la puerta ó entrada de la finca en cuestión 

Otorga esta venta Chamila (hermosa) 5, 
hija de Farach 5' esposa del Beliuxi i•i^y=^) 
( ^jAj\ -. ^\ ^ j3 C^uj, í\ favor del judío 

Rabí Bu Ishak b. Lahmaix v^_^"'ljf -J .) 

(, vi.^^,3r^ ,.fj por el precio de «300 mizcales 

de la moneda corriente en Toledo al tiempo 
de otorgarse la presente escritura, de aqué- 



i' La viña que aquí se indica era conocida 
por un sobrenombre cuyo sijíniñcodo no acer- 
tamos á precisar. Dice el texto: ^_^j; ^«!' r'J-^"^' 
jlaa^üJu, la vina conocida por el Cojiielo? 

2 La montaña de Charancas hiíllase citada 
en la toma de Toledo por Abdeirahman III 
{Dozy, Hisí. II, 349). 

3 No tenemos seguridad en la lectura de 
esta palabra, pero la que tenemos por más pro- 
bable es la que damos en el texto con signirt- 
cado de campo destinado á cereales. 

4 En el texto sólo lleva puntos el *. 

5 En el original no lleva punto la primera 
letra. 



Venta de una huerta u^-U! «-«^a^) sita en 
el parador ó posada de Moxca (i.Ci*-- ^j-'^) 
y cuyos lindes son: al S. y O,, una posesión 
del K.r.,lení 3; al E. y N., dos caminos 
grandes, uno de los cuales va desde Toledo 
á Alcardet ^^ iOLJl i^f-i! ^j^^i -Sj) 

Otorgan esta venta Pedro Alfonso 4 y su 
mujer Justa (¿.zú,j '^■^jj^ ^wjj.áj' ¡fjl^^j) á 
favor de Yahya b. Jalaf y Yah3'a b, Koraix 

El precio de la venta es de 82 dinares de 
los que circulan en Toledo, cediendo ade- 
más los dos compradores á los vendedores 
ima pequeña viña (♦jj.-CJ|) sita en el mismo 

pago donde está enclavada la dicha huerta; 
viña que también se conoce con nombre pa- 
recido al que encontramos en el documento 
anterior (Jj=s-^Ij ^ ?«;»-it), y cuyo signifi- 
cado á ciencia cierta desconocemos. 



1 Es éste uno de los pocos documentos mu- 
sulmanes de la colección. 

2 El hallarse tan maltratado el pergamino 
y carecer casi por completo de vocales y pun- 
tos, hace muy embarazosa y difícil su lectura. 
Otro tanto. pudiera decirse del siguiente docu- 
mento; sobre uno y otro abrigamos todavía 
algunas dudas. 

3 En el original parece leerse: i— J t — ^— -" 
^áJL-Jj-ííJi que podría interpretarse la gran 

tienda del de Crevillente ( ¿■^J^' iÜJm ó del de 

Corella c-i^»— ' j¿^^ según que se suplan uno 

o dos puntos. 

4 En el texto Anfonxo ó Anfunxo. 



120 



Boletín 



Esta escritura está fechada en Abril 

(Jj .í!) del año 1133 de la Era de (^ofar 

(Española). 

Entre las suscripciones podemos leer las 

siguientes: Abdelmelic b. Amir ^-l-l! -^-c) 
( .^Lt yi; Abdalah b. Chelabert JJl ^~^_^) 
(^l^.JU. yj ; Ornar b. Amir b. Al-Laits 
(ó-^^l i^f y^^ ívTÍ >-K^j)' Abdelaziz b. 
Saíd, «se escribió por él á su mandato.» 

zaragozano, idem ¿w^-c 



fecha, ^^- ^^^iii jLj:) ^^r:-^■'^'' *-''-^ ^«^;') 
(^j jUJ! .jw=^ ijiLs-^ -^«h^-'l, advirtiendo 

que el mizcal oriental de Almamún consta 
de dos dinares y un sexto... í^í^A.J! JLái^lj) 

(^-V^j y.U-O iJj^U!, y añadiendo que 
los vendedores recibieron del comprador el 
precio estipulado, transfiriendo á él el do- 
minio que les correspondía sobre la finca 
mencionada ^ 



^' 



9) 



.{syL 






III 



Venta de la mitad de un huerto >i^^9-) 

( .lUar'l ^ 6^3 sito en el pago de Al--Lai- 

tic I, que pertenece á la jurisdicción ó go- 
bierno de la ciudad de Toledo t3-..-;iM l^j^) 
(^iUsAh i^jJ^ kJáJ ^, y con los siguientes 
límites: al E. y S., el río Tajo (¿.^vb ..^3); 
al O., el cercado de tierra blanca 2 pertene- 
ciente al jeque Aben Moxkik L^j ^Lv::^) 
(v^-^íí^^-^ ¡ji^ ¿~^-') y al N., el gran camino 
que por allí pasa (ixJL^J! ¿¿^4']. 

Otorgan esta venta Elvira, esposa de Fer- 
nando Muñoz {,y^j.^X^ SJj.Jj3 ^jj 5,-Jt), 

y sus hijos Munio, Gonzalvo y Xóli 3 íj^j^) 
( ^J^-i-j ... ^~^L^x¿, á favor deMicael ben 
Baqui ( ^¿J yj JjU.^'), por precio de 200 
dinares de las monedas corrientes en esta 



Fecha á fines de Febrero ( »j ».^3 >. 

del año 1149 de la Era de Cofar (Española). 

Firman como testigos: Sahl b. Jalaf b. Alí 

(«^ lJ' '^ ^ llT' '-^■'r**')' Hasán b. Cha- 

™il? (J-^s^ l^rf lO^'***^)' Abdalah b. Hasán 
( ,1,^.0^ ^_j i-Ul -V^)> y Salema ó Selma 
b. Sadrún, que firma por mano ajena kJ-^j 



Cj~^\ 



ii^y 



IV 



Venta de toda una viña 2 ( .^_CJ1 >s.^v^) 
sita en Alcardet 3 (Í:_j¿^¿JLj), al oriente de 
Toledo, y con los siguientes lindes: al E., 
otra viña del judío Ishac b. Alafthas ^j^) 

(^cX.Jl ^li'^y ^j: v_^-^^; al O., la 
viña de Estéfano Xalvathores aclualmente 



^^ ^^j 



» .j^); al S. 



tie- 



1 Los nombres Lailic y Letic (con el ar- 
tículo, Al-Laitic, Al-Letic) corresponden á un 
pago próximo á Toledo, bastante citado en es- 
tas escrituras, cuya situación no podemos de- 
terminar ahora. 

2 El caliñcativo blanca aplicado á la tierra 

('■'^:^f Ct'y) ^^^ tanto se repite, entendemos 
significa tierra sin árboles como todavía se la 
llama en Valencia; más en alguno de los do- 
cumentos bilingües hemos visto traducida di- 
cha frase por térra inculta. 

3 Opina el Sr. Simonet que éste es un nom- 
bre híbrido equivalente á ^^^ Mi-Sol. 



rra blanca del judío Hakaí (?) L.^^j.j lJ^j^) 
(^J5_^Jl ^LiLsr^^ y al N., viña de Ciprián 
b. Salema? (¿a.^1^ y> _X^ j^ cJ^)' 

Otorgan esta venta Pelayo Pithris ó Pérez 
(, f-^Jsjj ^3-if) y su esposa Dueña Balensia 
(ijwv^^j ¿,3 1^3 *-*!?;>) ^ favor de Pedro Muñoz 



I En la redacción de estas papeletas pres- 
cindimos, como es natural, de todo lo que sea 
puramente formulario, lo cual entrará de lleno 
en los estudios que reservamos para la tercera 
parte del presente trabajo. 

i Aunque tal parece el significado de esta 
palabra según los diccionarios, en el reverso de 
alguno de estos documentos y de letra antigua, 
se halla traducido por huerta. 

3 Hoy Villanueva del Cárdete á 15 leguas 
de la capital en el partido judicial de Quinta- 
nar (Madoz). 



DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



ni 



(j^^jL^ Sj]a^_>) y su mujer Ximena Rodríguez 
(^.¿j ji, d.'Á^L), por precio de 33 mizcales 
de oro almoravide (iLÍ2j|j.i] v,.^s«iJ) ^.y'»). 
Fecha en Diciembre {j^'-=^ ^) del año 1 157 
de la Era de Cofar ó Española ^ ^ i^-j y/=). 

Firman como testigos entre otros: Gothar- 
do [s:>jhi), Martín Yoannix (jf^j'j;| ii.'f^j^^' 
Martín b. Jalaf (,^i¿^ ^Ji l^^l^'')' ^^'^" 
tía Pithris (^-^Ja^ (jrrl)-^)' O'^^^r b. Abde- 
rrahman ((^^=^•'1 ^^ ^ri jis^)> ^^ todos 
los cuales se dice que se escribió por ellos 



jer Dominga, hija de Melendo Arias «tó^^ ; j) 
(^ji^ 1! íJ-U^ c^sij ii;^^ por precio de 40 
dinares en moneda corriente. 

Fecha en Enero, Era de 1159. 

Firman como testigos: Dommgo b. Yahya 
( ^^i y-i ii^/»v5), Abú Omar b. abí Ornar 

(/Tf^ ^i^ (ji jyF- _?f ^j)» Xuan (Juan) Melen- 
des (^J.Á-.l-' _^^.L,^, repitiéndose del pri- 
mero y último la fórmula »(./>Lj Ut ^^--^ «se 
escribió por él á su ruego.» Y en caracteres 
latinos (muy mal trazados), Didacu Albariz. 



VI 



V 



Venta de toda una casa exterior ~ con una 
entrada ó pasillo á la habitación interior 

(iJ.ii.ijJ! jIjJI, sitas en el arrabal de la 
iglesia 3 de Santa Inés en Toledo y—^ ...) 
(... iklJa-*_A_Jaj ¿ yM^») •.^^.XJ:^ 'i^^S ¡i^^j, 
y cuyos lindes son: al E., la casa ó habita- 
ción interior (iJ^^fj Jl il^-Jf); al O., casa de 
Suleimán Ar-Raxah (~L^Jl i^^ .]:>); 
al S., la vía pública (¿IJl ^^^jh), á la cual 

da la puerta de a casa en venta L_^_jL_j) 
(c, j\ — :„, y al N., también el camino ó calle 
que acabamos de citar (^J J3 ^_4jí5rM s^). 
Otorgan esta venta Suleimán b. Meruan 
( O^ ijf'. r,' m ) y su hijo Yaix b. Sulei- 
mán ( ,L^y_J — , .j ¡r^. ^'^i^j) ^ favor de 
Domingo Sides ((^-w. ^a.:^^^) y de su mu- 



1 Entiéndase en adelante, mientras no se 
advierta otra cosa, que se trata de los años 
computados con arreglo á la Era Española ó 
de Cofar (del cobre), seí^ún la denominación 
arábiga, 

2 Sobre las voces albarrán y albarrana 
pueden consultarse los Glosarios ác Dozy-En- 
gelmann y de Eguilaz. 

3 I^a metátesis ¿L^^xT por L^S es muy co- 
riente en estas escrituras. 



Testimonio en que constan las gestiones 
hechas y las condiciones impuestas para la 
plantación de un predio, ya de mucho tiem- 
po abandonado, llamado Dny Al-Hácin 
( , jLs-Mj!jí), sito en la parte occidental de la 
ciudad de Toledo, y en'el cual se compren- 
dían dos heredades, pertenecientes luia á 
Santa Leocadia de fuera y la otra á San Mar- 
tín. Hecha la plantación y reconstruida la 
noria ó azuda (Si^^LJl), surgieron ciertas di- 
ficultades para la partición de los beneficios 
entre los que se encargaron de los trabajos y 
sufragaron los correspondientes gastos, has- 
ta que por fin se resolvieron dichas dificul- 
tades con la intervención del Arzobispo de 
Toledo y en beneficio de la iglesia de Santa 
Leocadia. 

Fecho en Agosto de la Era 1159. 

(Documento bilingüe, texto árabe y tra- 
ducción latina en la cual, después de varias 
suscripciones, se lee la del Arzobispo de To- 
ledo concebida en estos términos: «(Ego. R. 
(Raimundus) toletanus archiepiscopus con- 
cedo domno B. zamurensi episcopo supra 
scriptam uineaní ecclesie sánete leocadie in 
uita sua. Post decessum uero eius predicte 
ecclesie restituatur.») 



VII 



Testimonio por el que se afirma el otor- 
gamiento de un contrato de compra-venta, 



boletín 



y la legitimidad del documento redactado 
con tal motivo. 

(La escritura objeto de este cotejo está fe- 
chada en Febrero de IÍ49, 5' se refiere á la 
venta de la mitad de una hueita sita en Al- 
Laitic, siendo el comprador Micael ben Ba- 
qiií y vendedores Elvira, esposa de Fer- 
nando Muñoz, con los hijos de ésta Munio y 
Gonzalbo y su hermana Mi Sol.) — Es la que 
figura en el número III de este Catálogo. 

Fecha en Septiembre, Era de 1166. 



VIII 



Copia del testamento otorgado por el 
Presbítero Mayr ' Abdelaziz b. Sohail, en 
8 de Diciembre de la Era 1163, y un testi- 
monio fecho en Julio de la Era 1167, mani- 
festando que se han cumplido las disposi- 
ciones del testador. 

(En la segunda p^rte de nuestro trabajo 
procuraremos dar un extracto del presente 
documento). 



IX 



Venta de un trozo de huerta y de la tie- 
rra blanca que está al N. del mismo >í-^9^) 

sitas en el pago de Al-Laitic, al oriente 
de Toledo (iiklL ^^ ^J^^}-^ l^jér^,) 
y con los lindes que se expresan: al E., el 
río Tajo (¿>=s.lj j^y, al O., viña ó huerta de 
los herederos de Ponce? (^^j íijj} fj^)\ 
al S., huerta de los compradores i-«.^.-») 
{,^.r^r^\ y al N., el plantío de Estéfano 
b. Jalaf As-Sectani ^Id» ^> yslxú,) , ►-/) 
.(^LxCJl 

Otorga esta venta Doña Justa, hija de Sid 



b. Hachama (¿--Ls^ ^j -X^ CI^j ¿,xá.j) á 
favor de Sit-Amira {jij-^A w^-) y de sus hi- 
jos Hosain, Julián, Sancho y Pedro »^«.:2>.) 



(s^Ja^jj ¿^•'Li.^ -y-T^ ^ P*^"^ precio de seis 
mizcales de oro almoravide, con la condi- 
ción de que así los compradores como la 
vendedora cesen en los litigios y demandas 
que sostenían con motivo de la herencia de 
Micael b. Tomé y^yo ^¡ J.jlil^). 

Fecha en Diciembre {j^x.^:>), de la Era 

II73- 

Firman como testigos, entre otros: Yah- 
ya b. Mofárrich (~. ^¿^ ^-í í;c=^-)5 ^^bde- 
rrahman b. Mofárrich ^_í ^-^-a^Jl -v^j) 

(-J. ji/», Gálib b. Abdelmelic ^~¡ >, aJI-¿j) 

(.¿Jil J-c, Bahlul b. Omar ( j.^ ^j Jj^f j)> 
Felis b. Ibrahim (a^»|;-.j1 ^í it^)- Y en ca- 
racteres latinos: Domimcns Mavünix iestis ^. 



Convenio entre Domno 2 .Raimundo, Arzo- 
bispo de la Sede toledana , . Jj'^-' ^-^yJ, 1 i-^^) 
(¿JiisJis LjJ.^ ¿>~'P , y Don Pedro, Arce- 

V .. .. o ^ 

diano de Segovia ^sUja^l ^j^':.i ,-)3^j) 
(L-j J-i. íaj^v», para la construción de una 
rueda hidráulica (noria) {ijy.lj ) en la pre- 
sa ó azud 3 de Algondari 4 (^jAAi't J,^}), 

cerca de la tierra del citado Arcediano. 

Oblígase éste á sufragar la tercera parte 
de los gastos de la construcción, teniendo 
derecho á la tercera parte del agua y de to- 
dos los beneficios del canal: y asimismo el 
dicho Arzobispo poseerá la tercera parte de 



» Título honorífico usado por los Mozára- 
bes toledanos, correspondiente al ?J2a/o/- lati- 
no usado tn la Edad Media (V. Simonct, Glo- 
sario de voces ibéricas..., etc.) 



I Citada por el P. Burriel: pág. 344, lámi- 
na xvni, núm. i. 

i A las personas constituidas en altas dig- 
nidades eclesiásticas se les da este tratamiento 
en vez del Don, que suele aplicarse también al 
vulgo. 

3 La palabra _\-.Jl se halla traducida en 
P. de Alcalá por represa de agua, acuda; en 
R. Martín por obex. (Eguilaz, Glosario.) 

4 Hubo dos pagos con este nombre: Algou- 
deri el Mayor y Algonderi el Menor ó Al- 
gonderinejo, citado este último por el Sr, Ca- 
mero en sus Cigarrales de Toledo, pág. 74, 
como uno de los en que se subdividía antigua- 
mente la Vega de San Román. 



DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



'23 



la tierra inculta que eu dicho sitio pertene- 
cía al Arcediano, con los derechos adjuntos. 

Fechada en Agosto [-JL^ ¿i) de la Era 

1176. 

De este documento hay texto árabe y 
versión latina i. Firman el primero, Pedro 
Marof, testigo, j se escribió pot él en su presen- 
cia (... J-aLí. ^^jj.«.í ij]a^), y Mikael ulia- 
niz, éste último en caracteres latinos. 

En la versión latina aparecen las siguien- 
tes confirmaciones: «Ego R. gratia dei tole- 
tana sedis archiepiscopus confirmo supra- 
dictam conuentionem. — Ego A. prior testis. 
— Ego P. secobiensis archidiaconus confir- 
mo supradictam conuentionem. — Ego P. 
presbyter testis. — Petrus magister testis. — 
Ego Petrus huius cartule scribtor, presbiter 
testis. — Gauzelmus de a9el<a testis, Munial- 
fons testis. 



XI 



Venta que otorga Mitho Arias y su hijo 
Fernando a favor de Balduino Goliau 2 y 
de su mujer Munina, de un corral 3 con la 
vivienda cubierta de teja que en él edificó el 
comprador, sito todo ello en la colación de 
Santa María (catedral), y con los lindes si- 
guientes: al E., las tiendas de los legados 
piadosos ó habices y las tiendas del Sultán •» 
(protéjale Dios); al O., la parte del citado 
corral perteneciente á los vendedores; al S., 
la tienda de los compradores y sobre ella la 



1 Ambos publicados por el Sr. Simonet en 
su Crestomatía. 

2 Sospecha el Sr. Simonet que este nombre 

sea Guillen ó Guillermo (^Ll¿); pero consul- 
tado nuevamente el original, veo que no hay 
lugar á dudas: hállase escrito con toda clari- 
dad (cosa poco común) y vocalizado según apa- 
rece en el texto. Es sin duda nombre extranje- 
ro; uno de los confirmantes lo es también. 

3 La palabra corral {^}\^\) es de uso fre- 
cuentísimo en estas cscriiui as, y en alguna de 
ellas se le traduce por solare, solar, sobre cu- 
ya palabra puede verse el libio de Godoy Al- 
cántara sobre los Apellidos castellanos, pági- 
na 47. 

4 Entiéndase el rey de Castilla, 



algorfa ', y al N., las tiendas de losalfaha- 
reros del Sultán. ^LU .^> .J._Lj .r, :-: A.j) 






J_;J._.Lj C 









Xiyi 






^^X^ LV-tLJLJl 'í^j^^ i/i-t! JJ^vÜ-'l l-3-»j 



•■■"'l^ 0.^•^^' ^^ 



»J. 



^5. ^,^xjLU jSxú j\jii\ i^.js -^yJ^ 

i, ... i. — Le Í3,¿» .^U.il ji.>jL->. iJLiiJI 
(... .,LLUJU .,. ,L¿¿M OoL:. ^4^M 

Precio, 30 mizcales reales de oro almo- 
ravide (... i^CJL- 'L1íj\j.^ La.5 ^IsX' .^jiS'). 

Fecha en Octubre (^f-j^-X-iT) de la Era 
1177. 

Suscriben, entre otros: Hasán b. Abdel- 

melic {^i\ -\£ ^^3 ^j^=>^), Estéfano b. Jalaf 
As-Sectaní ( jLCJI ,^_^ .j,3 ^Ui,!^), 
Abderrahman b. Suleimán b. Banal? J-cj) 

(¿JL^Í ^rf ^r^\- ^rí ^^Jl Yahya b. Mo- 
farrich {... ^yu» ^^ ^.s-.-'.j), Hirbau el 

francés (... ^^^--^31 j^j^j)- 

Y en caracteres latinos: «iulian dominici 
testis; papin testis; et populin testis.» 



XII 



Venta de la cuarta parte de la alquería de 

Villa Algariba 2 (i.J^-l ^-^j 'i-^j^ ^.j «-;^) 

«que es una de las alquerías de la ciudad de 
Toledo. » Hállase la finca objeto de este con- 
trato en el territorio de la Sagra, inmediata á 
la fortaleza de Canales, sobre la acequia de 



1 Habitación en la planta alta. R. Martín 
traduce esta palabra por solarium. El P. Al- 
calá «celda cámara, cenadero en sobrado, cá- 
mara donde dormimos, cámara corro quiera » 

2 Se llamó también Villafranca en tiempos 
posteriores. 

(*) Esta palabra aparece siempre escrita sin 
el ^ de prolongación, según uso corriente del 
árabe vulgar, 



124 



boletín 



Camarena y próxima á la alquería de Mura- 
dle! I (P^^-^ .r^^ -r" ^•rfl >^' ¿jÁ-i^ •••) 
.' Lo,'»^- h Js¿ í, .Ls4t áJ^-^2 A-iL.. Js. 

Aparece como vendedor D. Estéfano...?... 
y como comprador Abdalah b, Suleimán Al- 

Policheni ( ^¿L^rM Jl^^^ ^ri ^^J' J-0, 

siendo el precio de la venta cuatro mizcales 
de oro almoravide. 

Fecha en la primera decena de Diciembre 

de la Era 1178.^^^ ^^^ Jjr^^ j^*.i\ ^5) 

Comparecen como testigos, entre otros: 
Jair b. Jair ( ,-¿- .^f y^), Hasán b. Abdel- 
melic (jJ..U! -V^ .r^ ,,L..^«), Yahya b. Isa 
b. Yahya ( c-^:' r^. c-*^ -tf Q-i-r^-j)' 
Yaix b. Coraix (, ^ 3 ,.r-» . — *J ') ^. 



XIII 



Gloria) se adjudicará forzosamente á la parte 
de María, y otra esclava llamada Xoli ( ~L¿-) 
á la parte de Clemente, é indicando, final- 
mente, las consecuencias del contrato en el 
caso de que cualquiera de los contratantes 
fallezca antes de verificarse la partición. 

Fechada en Diciembre (^-áss..^). Era de 
1181. 

Suscripciones: «ioan petriz testis; tirsus 
presbyter testis; petrus presbyter testis; 
iohanes presbyter testis; petrus iben marc- 
tin testis; iulian dominicis testis; donna do- 
minica uxor iben lanpader confirmo; eulalia 
petriz confirmo,» 

Y en caracteres árabes: Domingo b. 
Jair... testigo? (¿JlsLl ... ..01. ..^ ¿.ü^Jíj), 
Moflih b. Yahya atestiguó y escribió de su 

mano (í-J-;-J > ■•■^j ^-^ ,crr^- 'í -<"^) Y 

Abdelaziz b. ^ofian testigo, y se escribió 
por él á su ruego ó mandato .rf í-' '^-'^^ '^^j) 



.[íjÁi, 



X 



J.íU 






Escritura de convenio ó avenencia entre 
Clemente el Monje ó Ermitaño 3 01^3 UjIí) 
( . ^í! K \ y María , hija del difunto wizir Mair 



Temám i-..,=^, 



,A. . ;J| 



(JJí, por la cual reúnen en un fondo común 
los bienes de que ambos son copartícipes, es 
á saber: una casa con su huerta y demás ac- 
cesorios de labranza, bestias, esclavos, etc., 
estipulando que cada uno de los contratan- 
tes tendrá derecho á la mitad de este fondo 
el día en que se verifique la partición; las 
condiciones en que ésta habrá de verificarse 
á demanda de cualquiera de ellos, que una 
de las esclavas por nombre Izzi (^ ^t Mi- 



1 Camarena, á cinco leguas de la capital; 
conñna al E. con Chozas de Canales, al S. con 
Arcicollar (Madoz). Ignoramos la correspon- 
dencia exacta de Almuradie], pues no creemos 
deba identificarse con la actual Puel)la de Al- 
moradiel, en el partido judicial de Quintar de 
la Orden, dada la distancia que la senara de las 
otras poblaciones aquí citadas. 

2 Hali/mdose muy maltratado el pergami- 
no, se hHce imposible la lectura de algunas pa- 
labras. 

3 El Sr. Simonet sospecha que fuese algún 
mozárabe emigrado que llevase este apodo^ 



XIV 



Venta del octavo de la alquería de Villa 
Algariba, cerca de la alquería de Morale- 
ja? I y de Arcicollar ^ en la jurisdicción de 

Toledo á^-J ^¿•'' i-J j.i.'f Í.L h ji ^^ r-^^í) 

(... ¿.J^sj jb ^Aj í.J.J!^ h yí ^^ como asi- 
mismo de una casa y del tercio del corral en 
el interior de la citada alquería ... j-li-O «) 

Otorga esta venta Pedro b. Isa .y> St.Js^-') 

( ^*w^ á favor de Juan, hijo de Abú-l-Ha- 

sán, conocido por Abú-Hadida , ,_j iI»-j) 

^ ■ ^ ^ " 
(2<,Vj^2>. ¿.>\.! ¿„y9.\,\ .w^stM -.'Kascen- 



1 No tenemos completa seguridad ni en la 
lectura ni en la interpretación de este nombre 
geográfico; pero entre los lugares que com- 
prendió el arciprestazgo de Canales, encontra- 
mos dos caseríos con el nombre de Moraleja. 

2 .Arcicollar á cuatro leguas de Toledo 
en el partido judicial de Tornjos (Madoz). 



DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



'25 



diendo el precio de la venta á cinco mizca- 
les de oro almoravide, de la real acuñación 
de Almería LvJU ¿Jaj]^-' L^^ J::^^ ^'"í^) 

Fechada en Abril ( Jj^ 1) de la Era 1 182. 
Firman, entre otros, como testigos: Do- 
mingo b. Abde-1-Hacam w>-«.c wj ¿._J¿_^_o) 

(♦\3r^!, Pethrob. Yusuf... (, ¿^^ yj s^iaS) 

\ _ ^- L. • - ••■ 

Jair b. Jair (^^-=i. ^^j ^::=^;)) Bahlul b. Ornar 

Y en caracteres latinos: «Ego giza ibn 
abib bra3'm confirmo quod est supra scrib- 
ta (sic) et scvipserimt pro eo.» ^ Dominico fe- 
IÍ9ÍS testis. 



importando el precio siete mizcales de oro 
almoravide, de la real acuñación de Almería. 

Fechado en Enero {j-_--^-i j^-i^ ^i) de la 
Era 1184. 

Entre las subscripciones está la del ven- 
dedor que dice así: «Yo Ayub b. Athaf he 
vendido todo el lote citado en la parte supe- 
rior de esta escritura, con el favor de Dios '; 






Domingo b. Abdelaziz, testigo ^j íJL^O) 
(AíLi. cj Y*i\ J^; Yoanex b. Ayub, testigo 

(jjrU, . y\ ^j -jUj); Miguel b. Sid b. 

Xabl (J.,i, ^,^ J.1 ^,^ jLi^O. 

Y en caracteres latinos: Ego gonsalbo pe- 
tris testis.. 



XV 



Venta de una yugada de tierra 2 sita en 
Olías la Mayor 3, de la jurisdicción de Tole- 

do (... J.^ ,^y> ^-CJt ^j^}-\ hjíl ^jj'J.^), 

y asimismo de un corral situado entre dos 
caminos de la dicha población ... ■^JJSj) 

cuyos lindes son: al E., un camino que con- 
duce á la fuente ((.y-*-'í Jl l^.j^)> al O., 
un segundo camino ( ^iU ^jh); al S., ca- 
sa de Aben Alba90 4 (¿^^Ul ^A j\^), y al 
N. un lugar de ruinas en un baldío? h y=^) 

Otorgan esta venta Pedro b. Jalaf í;^Lj) 
(^ ^\-i>. ,.y-¡_, como comprador y Ayub b. 

Athaf (^l-b_i .»j w-'jjI) como vendedor; 



I Esta es, á nuestro juicio, la traducción de 

la fórmula ¿-^ <^_^:S que tanto se repite en 

las suscripciones. 
í Literalmente, labor de un par ó yunta. 

3 También llamada Olías del Rey, á dos le- 
guas de la capital (Madoz'. 

4 Aben Aibaco, el hijo del Baco, Este es 
un apodo conocido que sii^nifica moreno ama- 
rillento ó trigueño. Godoy Alcántara [Apelli- 
dos castellanos, pág. ^4 nota), cita un Avolfa- 
can Avemba^o. que es evidentemente Abu-1- 
Hasán ben Aibaco. nombrado en varias de es- 
tas escrituras. 

T. III 



XVI 



Venta que otorga el Pbro. Estéfano b. Su- 
leimán (?) (¿ j^;^.^ ¡j^. ^J^'^^ ^^^-^, ads- 
crito al clero de la iglesia de San Cipriano 
( ,,L J..^9. ■j:^x^ i^^;.r i^j| .r*) á favor de 

Juan b. Hadida (5_\j-Vcs. .^j ,.il?í)' ^^ ^^^^ 
la parte que le corresponde en la alquería de 
Villa Algariba, próxima á las de Moraleja? y 

Arcicollar - u> i-' j-9 £-' i^^-^=^ 



^' 



r:-K^ 



(J<>_3; ib, por precio de cinco mizcales de 
oro almoravide. 

Fechada en Octubre (ji yf\ j:^^ ^3) de 
la Era 1184. 

Testigos: Suleimán b. abí-1-Hasan b. Al- 

ba90 (^^LJ^ ^y} ^^r*^^^ ^'^ c^- J^C^^)- 
Y en caracteres latinos: «Johannes pres- 
biter ecclesie sancti nlcolai testis. — Ego do- 
minicus diaconus sancti nlcolai testis.» 



1 Esta última fórmula a.-1jÍ LL ,1 es fre- 

exentísima entre los musulmanes cuando se 
trata de cualquier acto futuro, conforme con la 
prescripción del Corán, XVIII, i}. En algunos 
casos, come nota Bresnier en su Crestomatía 
(p. 286), equivale á nuestra palabra 5/, para 
afirmar con más fuerza. 

2 Es la posesión á que se refiere el núme- 
ro XIV. 

16 



126 



boletín 



XVÍI 



SECCIÓN DE CÍENCUS NATURALES 



CIENCIA ESPAÑOLA 



Escritura de venta otorgada por Alba- 
nia? 1, hija de Abú Yahia? ¿.A JL.-.:.-^ i-vl) 
(l.^., á favor de Domingo b. Abdelaziz 
{jjy-\ --;- . ri i-i-' -), de la parte que aqué- 
lla heredó de su padre, es á saber: dos yuga- 
das menos cuarto de tierra en Olías la Mayor 









(Jü! i.^j L^._j!. Incluyese en la venta la 
mitad del solar de una casa derruida, del 
pozo y demás accesorios de la finca en cues- 
tión, perteneciendo la otra mitad á los hijos 

de Lázaro b. abú Yalva «-vi' 

(...j_»rj.4l l~--5^'. -;'' ^_^r:' ^jj^V pero ex- 

clu3'endo del contrato las plantaciones he- 
chas antes de la fecha de esta escritura, las 
cuales no entran en la venta ,^j.ji.}\ ^■~^^) 






J ^! ^..,SJ\ !J^ ^; ,b J.,.5 



k^ 



L' 



4! 



Precio: diez mizcales de oro almoravide 
de la acuñación real de Almería. 

Fechada en Marzo ( , v^',L_/» ) de la Era 

1185. 

Aparecen como testigos, entre otros: Mi- 
guel b. Sid b. Xabl ( J-^-^ ^^^ ----> ¡^ 
Juan b. Abdalah b. Imrán J-_--£ .^j 



C' 



^;:^'j. 



( .,^.^ .yj ¿.IJt, Tomé b. Obaidallah ^j^j) 



'C 



\ ... ^r, 

Y en caracteres latinos: micael dnis (domi- 
nici?) Ustis. 



Francisco Pons. 



(Continuara.) 



1 Tal vezAlbonaiya (¿^a^J|), equivalente al 
latino Filióla. 



(Conclusión.) 

Se trata, pues, de saber, en las inves- 
tigaciones del Sr. García de la Cruz, cuá- 
les son las propiedades de estas mezclas 
homogéneas de sólidos mu}"- divididos con 
líquidos, que constituyen lo que en senti- 
do general se denomina líquido turbio. 
Existen, no obstante, fluidos de esta mis- 
ma especie producidos cuando á un líqui- 
do homogéneo y transparente se mezcla 
otro de diferente densidad, y dividido en 
menudísimas gotas y líquidos turbios 
prodúcense asimismo si en la masa de 
uno claro y transparente se interpone 
un gas cualquiera con tal de estar, de 
la propia manera, fraccionado en muy 
pequeñas burbujas. En estas materias 
realizó el Sr. García de la Cruz sus expe- 
rimentos, valiéndose de muy sencillos é 
ingeniosos medios, como son: un aparato 
de vasos comunicantes y un densímetro, 
y utilizando además cuerpos flotantes y 
sumergidos en los líquidos. De tal mane- 
ra, y sin otros artificios complicados, fué 
completando el hábil experimentador 
nuestro conocimiento respecto de las mez- 
clas de líquidos con sólidos , de líquidos 
con líquidos y de éstos con gases, llegan- 
do á esta primera ley: "Los fenómenos 
mecánicos de los líquidos turbios no co- 
rresponden á la densidad del verdadero 
fluido que en ellos existe. Para explicar- 
los hay que admitir una densidad media, 
igual al cociente que resulta de dividir la 
suma de las masas de las substancias mez- 
cladas por la suma de los volúmenes de 
las mismas substancias.,, De donde infe- 
rimos cómo la densidad de un líquido tur- 
bio aumenta si la materia que lo enturbia 
es algo más densa que él; pues, en caso 
contrario, actúa el fluido como si su 
peso específico hubiera disminuido. Se 
comprende bien , por virtud de la propia 
ley, cómo en igualdad de peso y volumen 



DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



127 



de la substancia sólida y del fluido al que 
se mezcla, el líquido turbio, en cuanto á 
los fenómenos mecánicos, ha de presen- 
tarse como si estuviera claro y transpa- 
rente, y también que dos líquidos de di- 
versa densidad 3^ variadas condiciones 
mecánicas, puedan hacerse idénticos, des- 
de este punto de vista, dejando uno de 
ellos claro y enturbiando al otro por me- 
dio de un cuerpo sólido pulverizado que 
compense la diferencia de densidad. 

Prescribe el Sr. García de la Cruz , tra- 
tando de la demostración experimental 
de la ley de los líquidos turbios, y ocu- 
pándose ya en el mecanismo de las ope- 
raciones, las reglas prácticas que han de 
tenerse presentes para llegar á estable- 
cer las convenientes relaciones entre las 
masas, volúmenes y densidades de dos 
substancias que han de mezclarse, y las 
masas, volúmenes y densidades de las 
mezclas resultantes; y empleando fórmu- 
as muy sencillas, cuya demostración ex- 
perimental redúcese á medir volúmenes 
con una probeta graduada y pesos espe- 
cíficos con un densímetro, llega á esta- 
blecer, de manera cierta y positiva, que 
"los volúmenes de dos substancias que se 
unen constituyendo una mezcla, están en 
razón inversa de las diferencias entre sus 
densidades y la densidad media del con- 
junto que resulta,,, é introduciendo en la 
fórmula que representa esta ley la ex- 
presión de la densidad, llega, valiéndose 
de sencillísima ecuación, á esta otra 
ley: "La razón de los pesos de las dos 
substancias mezcladas es igual al pro- 
ducto de la razón de sus densidades, por 
la razón inversa de las diferencias entre 
éstas y la densidad media. „ 

Inmediatamente surgen las aplicaciones 
de los principios enunciados los cuales se 
emplean en la resolución de problemas 
tales como estos, que el autor presenta 
en su último trabajo: "Averiguar el peso 
de una materia, en polvo impalpable y 
de conocida densidad, que es menester 
añadir á determinado volumen de agua, 
para conseguir un líquido turbio, de den- 
sidad media que se fija, comprendida en- 
tre la del sólido y la del agua; averiguar 
el volumen de agua que hay que añadir 
á un volumen de líquido turbio cuya 



densidad media es conocida, para lograr 
una mezcla de cierta densidad, inferior á 
la de aquel y superior á la unidad; y ave- 
riguar los pesos de las materias sólidas, 
parafinay minio, por ejemplo, de densi- 
dad conocida, que deben mezclarse para 
formar un conjunto cuya densidad sea 
igual á la del agua y que quede equilibra- 
do en el interior de este líquido.,, Por lo 
referente á los medios experimentales y 
demostrativos de las leyes de los líqui- 
dos turbios, válese el Sr. García de la 
Cruz, en primer término, de unaparato de 
dos tubos comunicantes por otro más es- 
trecho, provisto de llave, y sabiendo que 
el equilibrio se consigue cuando la altura 
de los líquidos en las dos ramas se halla en 
razón inversa de las densidades, con una 
medida bien sencilla llégase á demostrar 
la ley; el densímetro se utiliza asimismo y 
es de excelente resultado, y puedeapelar- 
se á los cuerpos sumergidos, lo mismo si 
son flotantes, que cuando se sumergen 
hasta llegar al fondo de las vasijas que 
contienen los líquidos, y como estos fe- 
nómenos dependen, en definitiva, de las 
densidades de los líquidos, compréndese 
cómo por medio de los turbios es dable mo- 
dificar las condiciones mecánicas de los 
cuerpos flotantes, consiguiendo demos- 
trar el principio fundamental. 

En cuanto á los gases nebulosos, pueden 
originarse mediante partículas sólidas tan 
leves que se sostienen sin depositarse en 
el seno de una atmósfera gaseosa, ó por 
incorporación de líquidos, ó mediante ac- 
ciones químicas, la combustión entre ellas, 
ó también mediante aquellas precipita- 
ciones de líquidos por medio de la ley, que 
T3'ndall utilizó en sus clásicos experi- 
mentos. Por cualquier medio que se pre- 
paren gases nebulosos, en ellos se mani- 
fiesta la ley que el Sr. García de la Cruz 
enuncia en estas palabras: "Los hechos 
mecánicos comunes á líquidos y á gases, 
se verifican también con gases mezclados 
con partículas sólidas ó líquidas, y pue- 
den explicarse ó calcularse admitiendo 
una densidad media igual á la suma de las 
masas de las diversas substancias mez- 
cladas dividida por la suma de los vo- 
lúmenes de las mismas.,. Para la demos- 
tración experimental de esta ley válese el 



128 



boletín 



autor del cálculo de la fuerza ascensional 
de un globo, lastrado con peso conocido, 
en el seno de una atmósfera limitada y 
que se ha hecho previamente nebulosa 
por un procedimiento cualquiera, que es 
de ordinario una combinación química. 
Basta enunciar el fundamento del mé- 
todo, y saber cuánto influye la densidad 
en la fuerza ascensional y al punto se en- 
tiende cómo la ley enunciada recibe, de 
esta suerte, la sanción experimental más 
completa, pudiendo aplicarse, al igual del 
caso anterior, en la resolución de proble- 
mas referentes á mezclas de gases y só- 
lidos muy divididos, gases y líquidos y 
gases de distinto peso específico. 

Tal es, reducido á sus términos más 
esenciales, el trabajo del Sr. D. Victorino 
García de la Cruz, que ha merecido el ho- 
nor de ser publicado en el primer número 
del mes de Marzo de este año de la Revue 
Scientifique de París. Refiérese á un 
asunto poco estudiado; pues, aparte de los 
fenómenos de precipitación, debidos á la 
luz, que Tyndall ha investigado para lle- 
gar á su teoría del color del cielo y de las 
acciones de los rayos luminosos sobre el 
liquido turbio que resulta cuando se mez- 
cla con agua una disolución alcohólica de 
resina, poquísimo se conoce de líquidos 
turbios y gases nebulosos y las notas re- 
ferentes al particular sólo tratan de casos 
aislados y de hechos curiosos una sola 
vez observados. El trabajo del Sr. García 
de la Cruz , sobre ser la labor metódica 
de un experimentador hábil, prosegui- 
da asiduamente durante mucho tiempo, 
tiene carácter de generalidad y consiente 
enunciar leyes aplicables sin excepción 
á todos los casos y demostrables por me- 
dio de bien sencillos experimentos; de 
suerte que la ciencia española, esta vez 
por lo menos, se ha adelantado, alcanzan- 
do resultados que nadie había previsto. 
Quizá á los poco avezados á lides expe- 
rimentales podrá parecerles nimio y pe- 
queño el objeto de tantos trabajos y cosa 
de poco momento para ocupar la atención 
de un profesor tan notable como el señor 
García de la Cruz. Sobre que en la cien- 
cia nada hay pequeño ni desprovisto de 
fin práctico y utilidad más ó menos in- 
mediata, bien pueden recordar los que 



así opinan los siguientes versos, que he 
visto en las primeras páginas de una an- 
tigua edición de la famosa Mosquea del 
buen D. Joseph de Villaviciosa y di- 
cen así: 



"Dirá viendo el fundamento 
y la materia que eliges, 
alguno, con mal intento, 
que en la arena escribes 
y ha de llevársela el viento. 
Mas si ve el Arte que da 
á la materia hermosura, 
sobre el cielo la pondrá, 
y como no hay viento allá 
en la arena está segura. „ 



José Rodríguez Mourelo. 



-==»<=3$x5^g^e»®=«=- 



SECCIÓN DE LITERATURA 



ALCALÁ DP: henares 



PARA EL ÁLBUM DE D. LUCAS DEL CAMPO 

Yo he pisado tus calles, y el alma mía 
no sé qué deliciosos goces sentía; 
eran goces que embargan, goces que 

[llevan 
deliciosos sonidos que el alma elevan. 

Explicarme no pude por qué sentía 
en mi pecho tan dulce, grata armonía, 
cuando con acogida muy lisonjera 
penetré en tu recinto por vez primera. 

Mas ayer, meditando tranquilamente, 
escuchaba unas voces interiormente, 
como modulaciones del vago viento, 
y era que me decía mi pensamiento: 
¡Esos goces son propios en los amantes 
del autor del Quijote, del granCervantesI 



Cuando la negra noche tendió su velo 
por los tonos azules del puro cielo. 



DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



129 



contemplé del archivo la mole escueta, 
los hermosos perfiles de su silueta, 
y en aquellas almenas y torreones 
que edificaron otras generaciones 
ver creí la figura de Catalina 
reina de los ingleses y alcalaína. 

Vi aquel otro notable, gran monumento, 
cuya fachada estilo Renacimiento, 
de gallarda presencia, trae á las mientes 
épocas más felices, más florecientes, 
y vi el balcón del centro, donde es sabido 
que estando en un enorme cesto escondido, 
una noche á la ronda dijo Quevedo: 
"Yo ni subo, ni bajo, ni me estoy quedo.,, 



Con qué placer nueve horas pasé á tu 

[lado 
y cuánto el pecho mío se ha deleitado, 
pues á más de lo bella, Cómpluto, que eres . 
guardas en tu recinto tales mujeres, 
que, aunque á mi me empalagan los ideales 
las comparé aquel día con las Vestales. 
¡Bendito una y mil veces sea tu suelo, 
donde tanta hermosura colocó el cielo, 
y dichososloshombres que allí han nacido 
allí, donde Cervantes tuvo su nido! 
Yo he pisado tus calles tan sólo un día 
y en mi pecho he sentido gran alegría, 
¡Alegrías innatas en los amantes 
del autor delQutjote, del gran Cervantes! 

Luis Cordavías. 



<S»<í <*"*c>'chsy-^ -3 - 



SECCIÓN DE BELLAS ARTES 



BALANCE DE LA EXPOSICIÓN DE BELLAS AETES 

o se crea que pretendemos poner 
de manifiesto aquí los resultados 
positivos de 1^ Exposición del 95; 
¡tristes resultados, en verdad, tan- 
to si se busca la proporción entre lo bue- 
no presentado y lo vendido , como si se 
busca entre lo comprado por los particu- 




lares y lo adquirido por el gobierno! Am- 
bos resultados estaban previstos: el pri- 
mero porque, aparte lo difícil de escoger 
un puñado de firmas entre un millar de 
ellas, la elección de cosas de arte siem- 
pre estará expuesta á irreflexivas prefe- 
rencias que el vulgo trata de justificar con 
la frase "de gustos no hay nada escrito,,, 
que sería cierta si no existieran libros de 
Estética; y el otro resultado porque des- 
graciadamente es harto cierta la frase 
axiomática de "no se vende un cuadro,,, 
tan repetida por nuestros artistas, que 
tienen que ganarse el pan pintando retra- 
tos y el cielo con la dificilísima ascensión 
de un lienzo grande á las alturas de la 
protección oficial. 

Quien dice lienzos , apenas habla de es- 
culturas. 

Pero, en fin, sin plagiar á Jeremías, ni 
sacar en cifras exactas el total de lo que 
la Exposición ha producido á los exposi- 
tores tanto en metálico como en honores 
que no siempre se cotizan, vamos á hacer 
otro balance, el que cabe hacer en el te- 
rreno de las ideas. 



Nada más útil y necesario para la vida 
progresiva del arte que las Exposicio- 
nes, palenque de emulación y de triunfo 
para los artistas, materia de instrucción 
y de recreo para el público; pero nada 
más estimulador de pasiones vehemen- 
tes, más ocasionado á promover acerbas 
y personales censuras, lamentables y ve- 
jatorias injusticias. En la memoria de todo 
el mundo están los patentes errores co- 
metidos respecto de la admisión y coloca- 
ción de las obras expuestas este año, y 
de la adjudicación de premios entre los 
notables. Tales hechos, sin el temor de 
que se repitan, solamente merecerían ol- 
vidarse. Admitir todo lo que se presente 
es quitar estímulos al perfeccionamiento 
y acrecentar injustas pretensiones. La 
selección es más beneficiosa que los pre- 
mios. Respecto de la colocación, separar 
las obras de un mismo artista es impedir 
que se juzgue á éste de un modo comple- 
to, pues la comparación de aquéllas entre 



130 



boletín 



sí es un medio poderoso de apreciar la 
personalidad del autor; y, pov otra parte, 
colocar los cuadros tan juntos, formar el 
mosaico que se acostumbra, contrapo- 
niendo asuntos, estilos, valores de to- 
no, etc.— quizá sea un capricho nuestro, 
pero ya lo hemos indicado en otra parte, 
—nos parece perjudicial para los cuadros 
y para quien los mira. De los premios 
hace tiempo que creemos una cosa, y es 
que lo mejor era suprimirlos. El premio 
es un honor, y como tal, debiera dispen- 
sarse con suma parquedad; prodigados 
hasta el exceso, han perdido su verda- 
dera significación. Sustituyase con la ad- 
quisición de la obra por el Estado, para 
lo cual pudieran fijarse tres ó cuatro tipos 
de precio, según la importancia de aqué- 
llas. ¿Qué mejor recompensa que ver 
luego la obra en el Museo Nacional, don- 
de los cuadros y esculturas notables de 
cada certamen deben ser los que formen 
las páginas de la historia de nuestras ar- 
tes plásticas? 

Pero dejando á un lado estos reparos 
al reglamento de las Exposiciones nacio- 
nales, volvamos los ojos á esa nueva y 
última página de la historia del arte es- 
pañol. 



Todavía es voz general que la Exposi- 
ción ha sido "floja„. Entre los discrepan- 
tes de esta opinión nos contamos desde el 
día en tuvimos la suerte de asomar la ca- 
ra á aquellas salas, antes de que fuesen 
colgados los cuadros. Ya se reconoce por 
muchos que el celebrado certamen reve- 
la adelantos en la técnica de la pintura; 
luego no habrá sido tan "flojo„. De la mis • 
ma opinión es nuestro muy querido ami- 
go D. Zeferino Araujo Sánchez, quien, 
sin haber visto la Exposición, ha dicho, 
con el acierto que le da su experimentado 
saber en la materia: "Si en la Exposición 
hay cien cuadros buenos, que sí los habrá, 
y diez ó doce superiores, que también los 
habrá, no hay por qué llorar, ni creer que 
el edificio del arte se hunde.,, Con efecto, 
y como ha dicho muy oportunamente otro 
amigo nuestro, Pero Pérez, contestando 



y comentando las anteriores frases, han 
pasado de doce los cuadros superiores y 
de ciento pasarían los buenos. Fácil es de 
sacar la cuenta con un de poco memoria 
y un repasón al Catálogo de las obras ex- 
puestas. Si dejando la cantidad de éstas, 
atendemos á las calidades de las mismas, 
en 'o que á primera vista resulta más pa- 
tente aún el adelanto que revela el nuevo 
certamen, es en los asuntos. Después de 
tantas y tantas Exposiciones , en que se 
nos ofrecían como obras obUgadas para 
la misma aquellas páginas de la Historia 
oficial de España, rara vez bien encon- 
tradas y rarísima vez sentidas, al pasar 
la vista por los cuadros de esta Exposi- 
ción percibíase algo como una oleada de 
vida moderna, de modernismo , puesto 
que ya quiere la Academia que así se diga 
Parecía como si los artistas , cansados ó 
desengañados de mirar hacia lo pasado, 
con empeño de resucitarlo, hubieran vuel- 
to los ojos hacia lo presente, hacia lo que 
^es rodea y dejádose llevar por las seduc- 
ciones de la palpitante existencia. ¿Han 
perdido, se han empequeñecido los idea- 
les del Arte con este nuevo derrotero por 
el cual le llevan sus cultivadores? Por 
nuestra parte, no acertamos á contestar 
esta pregunta, ni quizá es ocasión de con- 
testarla; que el juicio de tales hechos no 
cabe formarlo hasta que la evolución á 
que responden toque á su término. En ge- 
neral, toda novedad, todo cambio de rum- 
bo en la marcha del arte, trae aparejados 
por el pronto no pocos desaciertos ó in- 
tentonas fallidas, exageraciones y extra- 
víos, males de que sólo el tiempo y la ex- 
periencia pueden curar á los secuaces de 
la nueva idea. Notorio resultaba que mu- 
chos artistas por buscar lo real se mostra- 
ban harto positivistas; y esto es lo que 
podía justificar la frase cáustica de un 
pintor, que al oir hablar de que en el ad- 
mirable cuadro Loca, de Jiménez Aranda 
(para nosotros lo mejor de la Exposición), 
el muñeco que aquella infortunada mujer 
oprime contra su seno, creyéndole su hijo 
parecía en efecto de carne, dijo: —"¡No lo 
ha de parecer, si está rodeado de tantos 
muñecos!...,, Pocas eran en verdad las 
figuras animadas de la vida que sólo á los 
grandes artistas está reservado el privi- 



DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



»3> 



legio de darles; y en cambio, ¡cuántas 
cosas, cuántos accesorios, cuántas ropas 
pintadas con extremada verdad, destaca- 
ban con poderoso relieve! Pero cuando el 
artista había encontrado la vida en las 
mismas exuberancias de la naturaleza, 
como el Sr. Bilbao en La siega en Anda- 
lucia, otro cuadro portentoso de la Expo' 
sición, el triunfo era completo. 

Durante mucho tiempo, los artistas han 
rehuido lo moderno , especialmente la 
levita. Buscaban los efectos pintorescos 
en los asuntos históricos , que podían 
revestir las riquezas indumentarias de 
otros tiempos, y hasta el género; busca- 
ban los casacow^s de antaño ó los tipos 
lugareños, para sus composiciones. Hoy, 
la gran pintura busca sus asuntos en los 
talleres, en los centros de la vida fabril, 
donde se agitan los problemas del socia- 
lismo; en las costas, donde los azares de 
la vida marinera provoca dramas pavo- 
rosos; en el hogar, donde las enfermeda- 
des ó los extravíos afligen con terrible 
crueldad. ¡Cuántos cuadros bien pensa- 
dos y ejecutados de una manera débil ó 
inexperta había en la exposición! Al ver- 
los, se comprendía que los artistas em- 
piezan á pensar más que antes, pensar 
por sí, de un modo más individual. ¿Po- 
drá negarse que esto es un adelanto? 



En cuanto al adelanto técnico, quiza no 
haya influido poco en él esa misma eman- 
cipación de aquellas antiguas y más ó 
menos convencionales corrientes. A me- 
dida que el artista se pone en relación 
más directa con el natural, le estudia más, 
y para dar realce artístico á lo que ve- 
mos todos los días, ha menester buscar 
sus efectos en la precisión y carácter del 
dibujo, en los efectos de luz, en los con- 
trastes y armonías del color. Perdida 
desde mucho tiempo la tradición del di- 
dibujo purista y justo, sólo el esfuerzo in- 
dividual de los artistas que por convic- 
ción han vuelto los ojos hacia la correc- 
ción griega, y los vigorosos trazados por 
los grandes maestros del Renacimiento, 



han conseguido dibujar bien y promover 
con su ejemplo una reacción saludable. 
Pero durante estos años pasados, ¡qué lu- 
cha tan despiadada y loca entre las aca- 
démicas tradiciones del dibujo y las vio- 
lentas libertades del color! El genio me- 
ridional desbordaba por este lado; y todos 
nuestros lectores recordarán aquellos 
triunfos ruidosos de cuadros que subyu- 
gaban ó deslumhraban por la magia del 
color. 

Ahora, indudablemente se dibuja más, 
empiézase á estudiar lo que se dibuja; 
pero todavía, ¡qué poquísimos desnudos! 
Quizá no había una docena de ellos en 
toda la Exposición. El desnudo es la pie- 
dra de toque del dibujante. Por eso los 
artistas contemporáneos, coloristas acé- 
rrimos, le han rehuido más que á lalevita. 

Al templarse aquella lucha, al renacer 
las excelencias del dibujo, se buscan con 
el color, no los efectos mágicos, sino esas 
armonías en que las finezas de tono y la 
nota sincera y justa del natural dan la 
expresión de la verdad. Empléanse hoy 
mucho más que antes, las medias tintas, 
las gradaciones de tono;búsquese el efec- 
to en los derroches de la luz meridional ó 
en la nebulosa claridad del Norte, hay 
en los lienzos de hoy una riqueza de va- 
lores que rara vez había antes. Sin con- 
tar un Sorolla, que con prodigiosa facili- 
dad consigue peregrinos y dificilísimos 
efectos contraponiendo valores iguales ó 
casi iguales, dando un color, una vida ex- 
traordinaria á las medias tintas, y un vi- 
gor colosal á los tonos enteros y vivos, 
hácese hoy en general un empleo del co- 
lor, más sabio y provechoso que antes. 



Para completar en cierto modo este re- 
cuerdo de la Exposición del 95, y apreciar 
esos adelantos , los lectores del Boletín 
pueden contemplar en fieles reproduccio- 
nes dos obras importantes/escogidas al 
azar entre las excelentes que figuraron 
en aquella. Las dos obras indicadas son 
La tarde en el Pardo, hermoso paisaje 
de D. Juan Espina, y Tulia, precioso mar- 



13^ 



boletín 



mol de D. Agustín Querol. El cuadro del 
Sr. Espina es una prueba manifiesta del 
sentimiento naturalista del color á que 
nos hemos referido; su autor ha conse- 
guido, contraponiendo valores y grandes 
finezas del color, expresar ese momento 
de la tarde en que las lozanas verduras 
de un paisaje espléndido se muestran en 
todo su vigor de colorido, antes de que 
las grises tintas del crepúsculo las apa- 
guen y ennegrezcan. ¡Cuánta verdad y 
cuánta poesía en aquellas grandes masas 
de árboles, de verde aterciopelado, que 
contrastan con el tono de las laderas y 
con la mancha blanca del Guadarrama 
que limita el horizonte! Es un cuadro que 
representa mucho estudio, mucho traba- 
jo y de un efecto grandioso y severo; es 
un paisaje que convida á amar á la natu- 
raleza y á gustar de su solemne reposo. 
El mármol del Sr. Querol es un busto 
de una dama romana, que aún conserva 
abrochada la túnica sobre el hombro de- 
recho; pero es un busto clásico, sin aque- 
lla sequedad de líneas del purismo gre- 
co-romano y moderno; por el contrario, 
encontráis en él las mórbidas redondeces 
y el acento vigoroso de la vida, á cuyo 
efecto contribuye sin duda ese algo de 
desdén que tiene en la expresión. Por pe- 
regrino contraste, ese marmol clásico 
moderno ofrécese como [^despedazado en 
algunos sitios, como los mármoles anti- 
guos. Este busto notable es de lo mejor 
que ha figurado en la sección de Escultu- 
ra en la Exposición, y demuestra que los 
escultores caminan también por una sen- 
da de perfeccionamiento en los asuntos y 
en la ejecución, en este ejemplar muy 
cuidado y hábil. 

José Ramón Mélida. 

La acreditada revista Pro Patria, que 
dirige nuestro consocio y amigo D. José 
Marc, trae en su número de Julio de 1895 
el siguiente sumario: 

Introdiícción de un libro inédito , por 
D. Ángel Lasso de la Vega. 

El Trabajo , por doña Joaquina Balma- 
seda de González. 

Más sobre Par emiologia toledana, por 
el presbítero D. José María Sbarbi. 

Tn medio virtus, por D. Abdón de Paz. 



// terso centenario di Torquato Tasso, 
por el profesor Arnaldo Bonaventura. 

Las fiestas reales en Badajos, por don 
Nicolás Díaz y Pérez. 

A rs est Poesis, por D . J . Fabré y Oliver . 

El ajedres jugado de ineínoria (con- 
clusión), por D. Andrés Clemente Váz- 
quez. 

La enredadera y la violeta, fábula, 
por D. Nicolás Pérez Jiménez. 

El teatro lírico catalán, por D. Rafael 
Mitjana. 

Notas y lecturas , por D. Constantino 
Román. 

Costas, las de Levante...^ por D. Ma- 
nuel Amor Meilán. 

Academias y Sociedades^ por Sinesio. 

Notas bibliográficas, por Amando. 

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■<t- 

He aquí el sumario de Junio de 1895, de 
la Revista critica de Historia y Litera- 
tura españolas: 

Libros españoles.— Menén-iez y Pela- 
yo, Antología de poetas líricos (E. Co- 
tarelo). — J. Catalina, La Alcarria (J. R. 
Lamba).— R. Altamira, La Enseñanza 
de la Historia (E. Ibarra). —Libros ex- 
tranjeros.— A. Parnell, Guerra de Suce- 
sión en España (J. Maldonado Macana z). 
— Dr. Gr\xwwsi\á^ Dialectología (R. Me- 
néndez Pidal). — Justi, Palacios de los 
Hapsburgos (J. Suárez Bravo). — Laug- 
thon. Papeles de la Armada Invenci- 
ble (J. Fitz-Maurice-Kelly).— E. Berger, 
Blanca de Castilla (E. Sanz v Escartín). 
= Notas bibliográficas. = Revista de 
revistas.=comunicaciones v noticias.— 
Nueva lus sobre Bernardim Ribeiro, 
por Th Braga.— yo5í' Lxart — A. Braga. 
—Los Libros de F. de Holanda.— San- 
che s Calvo , por J. O — Séneca en Espa- 
ña. — Noticias =Ámena literatura.— Ru- 
siñol. Desde el molino (R. Soriano).— Z,f- 
bros de viaje (R. A.) — Publicaciones li- 
terarias periódicas (C) — Libros recibi- 
dos. — Noticias. 

Sumario de Historia y Arte, en su nú- 
mero de Julio de 1895, revista publicada 
bajo la dirección del vocal de la comi- 
sión ejecutiva de nuestra sociedad, se- 
ñor D. Adolfo Herrera: La bellesa obje- 
tiva , por D. José Elchegaray, de la Aca- 
demia Española.— J// único enemigo (so- 
neto), por D. Ricardo G'ú.— Contraste (en 
la pérdida del crucero ReinaRe gente), 
por D. Federico Balart, de la Academia 
Española.— Z,a cithillcría en España (si- 
glo xviii), por D. Manuel Rico y Sinobas. 
—Bacanal (oda sáfica), por D. Alejandro 
Harmsen , barón de Mayáis . catedrático 
de la Academia de la Historia. — Las ar- 
mas del Licenciado Pedro Gasea, paci- 
ficador del Perú, por D. Marcos Jimé- 
nez de la Espada, de la Academia de la 
HistoviR.— D. Federico Madraso y Kujtts, 
por D. Francisco Alcántara. 

A este número acompañan, como de 
costumbre, preciosas láminas en fototipia 
y fotograbado. 

1289.— A. AVRIAL, impresor.— San Bernardo, 92. 




■■■ n.nix.,- !i M, 



T U L I A 

Busto de d. Agurtín qu.erol 



BOLKTIN 



DE LA 



SOCIEDAD ESPAIOLA DE EXCURSIOIS 



DIRECTOR: 
EL VIZCONDE DE PALAZUELOS, Secretario general de la Sociedad. 



AÑO III T Is^Eadria 1.° de Septierxi-bre de 1895 ^ NOM. 31 



EXCURSIONES 



[RECUERDOS DE UNA EXCURSIÓN 



A LAS ISLAS CANARIAS 




^ O hace aún mucho tiempo que, lle- 
vado á las islas Canarias por las 
obligaciones propias de mi carre- 
c^.^vví ra, sentí gran satisfacción, como 
excursionista ferviente que soy, en reco- 
rrer aquellas hermosas islas tan poco 
conocidas por la inmensa mayoría de los 
españoles y de que tanto provecho po- 
drían sacar nuestros gobiernos si las pu- 
sieran ala altura que merecen en atención 
á su clima, bellezas naturales y situación 
estratégica frente á la costa africana. 

Embarcado en el hermoso trasatlántico 
Antonio Lopes, salí de Cádiz, y después 
de cincuenta horas de plácida navegación, 
dimos fondo en el puerto de Santa Cruz 
de Tenerife. La hora de llegada (serían 
las seis y media de la tarde), la falta de 
crepúsculo y la tristeza que prestan á la 
ciudad las peladas montañas que la ro- 
dean, me impresionaron bastante desfa- 
vorablemente acerca de la situación de la 
capital del archipiélago. 

Pero la mala impresión se desvaneció 
pronto. Santa Cruz, no obstante ser la 
primera población que se construyó en la 
isla por los conquistadores, tiene aspecto 



moderno y encierra edificios dignos de 
ser visitados. Llamó particularmente en- 
tre ellos mi atención, la parroquia de la 
Concepción, templo de orden toscano y 
cinco naves : encierra hermosos cuadros 
y esculturas y conserva en su recinto dos 
banderas cogidas en 1797 á los ingleses 
durante el ataque que dio á la ciudad el 
almirante Nelson, quien de resultas per- 
dió el brazo derecho y más de la mitad 
déla gente que mandaba. Dignos tam- 
bién de mención son la Capitanía gene- 
ral, residencia de la auto: idad superior 
de las islas, y el Hospital militar, cons- 
trucciones modernas ambas, debidas al 
interés que por esta provincia española 
se tomó el general Weyler, cuando ejer- 
ció aquí el supremo mando de la milicia. 

Casi todas las calles de la población 
están tiradas á cordel ; enbellécenla her- 
mosos paseos en todo tiempo cuajados de 
flores; y préstale importancia su puerto, 
todavía no del todo terminado , de los 
más frecuentados y comerciales de la 
nación española. 

Entre las varias carreteras de la isla 
de Tenerife, es la principal la que pone 
en comunicaciónála capital con La Lagu- 
na y La Orotava. Desde este punto, la 
carretera, parte en construcción y parte 
en proyecto, recorre, entre otros, los lu- 
gares de Icod, Garachico y Buena vista, 

17 



'34 



boletín 



este último situado á 75 kilómetros de la 
capital. La excursión más importante por 
esta carretera es, pues, la de La Orotava. 
Dejada atrás, á los 9 kilómetros de Santa 
Cruz, la ciudad de La Laguna, con su 
ostentosa Catedral y sus hermosas casas 
particulares, llégase, á los 35 kilómetros 
recorridos por muy buena carretera, que 
se desarrolla pasando por terrenos cu- 
biertos de vigorosa vegetación, al céle- 
bre valle, el más hermoso del mundo, 
donde se crían al aire libre las plantas de 
los climas frios al lado de las que vege- 
tan en la zona tórrida. Los ingleses, más 
prácticos que nosotros, han hecho de este 
valle la más importante mansión de in- 
vierno de las islas, construyendo para 
este objeto, entre otros muchos, el magní- 
fico Hotel Balcón, dotado de todos los 
adelantos modernos y capaz para más de 
cuatrocientas personas. 

¿Quién no conoce por su fama el tan 
renombrado Pico de Teide? Desde la Oro- 
tava hácese esta excursión, la que tan 
sólo suele verificarse durante los meses 
de Agosto y Septiembre; guías conoce- 
dores del país conducen á los excursio- 
nistas montados en caballerías hasta Es- 
tancia, desde cuyo punto es forzoso con- 
tinuar la marcha á pie. Pero aunque la 
jornada sea ruda, el espectáculo que se 
desarrolla ante el viajero premia con cre- 
ces sus fatigas; desde el vértice del Teide, 
situado á 37b0 metros sobre el nivel del 
mar, contempla á sus pies la isla de Te- 
nerife, todas las Canarias y la inmensidad 
del Océano: panorama grandioso, que á 
desarrollarse en día claro y á través de 
una atmósfera diáfana, no tiene rival en 
el mundo. 

Los vapores-correos interinsulares po- 
nen en comunicación, tras cómoda trave- 
sía, unas islas con otras. El viajero que 
procedente de Tenerife arriba al puerto 
de La Luz, situado en Gran Canaria y el 
principal de las islas, observa al punto 
que se halla en una comarca laboriosa ; y 
acredítalo así el gran movimiento de los 
muelles, la carga y descarga de frutos 
y maderas, y en suma, la actividad que 
promueve la entrada de unos diez vapo. 
res que por término medio recalan dia- 
riamente en este puerto de refugio. 



Aspecto británico más que español tie- 
ne el caserío formado junto al puerto. 
Las muestras de las tiendas están pues- 
tas en inglés; y en el mismo idioma, un 
anuncio compuesto de letras de unos diez 
metros de alto , que en el centro de una 
montaña que domina al puerto se le ocu- 
rrió poner á la fecunda imaginación in- 
glesa. 

Por una de las fototipias que acompa- 
ñan á este esbozo de artículo, puede for- 
marse exacta idea de la situación de la 
ciudad de Las Palmas y sus inmediacio- 
nes en dirección del puerto de La Luz. 
Une á ambos una carretera que se reco- 
rre en tranvía de vapor. Hacia la mitad 
del camino hállase el Holel de Santa Ca- 
talina, bonita edificación de estilo inglés, 
saiiatoriwn concurridísimo durante los 
meses de invierno; y frente al mismo, 
construyó un acudalado armador una 
preciosa casa de recreo, convertida hoy 
en Hotel Métropole. 

Las Palmas parece una ciudad andalu- 
za. Alegre y simpática á primera vista, 
con sus calles rectas, bellos jardines y 
casas provistas de terrados y miradores, 
hácese doblemente agradable por el buen 
carácter y cultura de sus habitantes y por 
las comodidades que en sus excelentes 
hoteles se disfrutan. 

Entre sus mejores edificios, no es posi- 
ble dejar de citar la Catedral, comenza- 
da en el siglo xvi, con sus dos torres de 
cuatro cuerpos, su fachada de orden jó- 
nico y los laboreados ornatos que al ex- 
terior la acompañan. Forman el interior 
tres extensas naves, sostenidas por diez 
columnas de ciento veinte pies de altura, 
que finas y esbeltas sobre toda pondera- 
ción, semejan palmeras, comunicando al 
recinto elegante carácter. El altar mayor, 
el coro, algunos cuadros y alhajas hacen 
además á esta iglesia digna de una dete- 
nida visita por parte del viajero. 

Hacia la parte izquierda de la fototipia 
que acompañamos, alcánzase á ver el 
Teatro , edificio grandioso y elegante, 
muy recientemente terminado, que por 
su hermosura, solidez y elegancia puede 
competir con los mejores de España. La 
Audiencia territorial, la casa consisto- 
rial, el gobierno militar, y las parroquias 



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DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



•35 



del Carmen, San Francisco y Santo Do- 
mingo, son otros tantos buenos edificios 
que realzan notablemente el valor de la 
población. Dominándola completamente 
álzase el castillo del Rey, en que está el 
vigía del puerto y donde actualmente se 
construyen magnificas baterías. 

Agradables y variadas excursiones pue- 
den efectuarse desde Las Palmas, excur- 
siones que realicé varias veces, aprove- 
chando los expeditos medios de comuni- 
cación de que se halla provisto el país. 
Tres carreteras que parten de Las Pal- 
mas, enlazan á esta capital con los prin- 
cipales pueblos de la isla. La del Oeste 
llega hasta Gáldar, pueblo en que todavía 
se conservan curiosas cuevas y pinturas 
propias de los guanches , primitivos po- 
bladores del archipiélago. Numerosos in- 
genios y fábricas de azúcar establecidos 
en esta comarca contribuj^en á su actual 
riqueza, que sustituye á la hace tiempo 
perdida por la falta del cultivo de la 
cochinilla. 

La carretera del centro discurre por 
pueblos deliciosos como Tafira, Santa 
Brígida y San Mateo; la hermosura de 
sus valles, lo accidentado del terreno y la 
constante temperatura primaveralqueen 
ellos reina han hecho de aquellos pue- 
blos otros tantos puntos de cita veranie- 
ga para los habitantes de Las Palmas, 
que han construido en sus cercanías pre- 
ciosas quintas de recreo. 

Otra carretera, la del Este, conduce 
hasta el pueblo de Telde, después de pa- 
sar por otros de menor importancia, en 
todos los cuales se observa el estado flo- 
reciente en que se halla la agricultura, 
auxiliada grandemente por la abundan- 
cia de aguas de que goza la isla. La ca- 
rretera habrá de enlazar con la del cen- 
tro, y uno de sus ramales llegará hasta 
Gando, donde se ha construido un laza- 
reto, notable por la amplitud de los edifi- 
cios que le componen. 

Todas las Canarias merecen en mayor 
ó menor escala una visita, á que las ha- 
cen acreedoras su suave clima, costum- 
bres de iius habitantes y accidentes de 
su terreno. En la isla de la Palma debe 
verse la Caldera, espantoso barranco de 
veinte kilómetros de circunferencia y 



tres mil pies de profundidad. En la Go- 
mera es particularmente notable el sis- 
tema de silbidos que emplean sus habi- 
tantes, manera especial de entenderse á 
largas distancias. La isla de Hierro, la 
más occidental de todas, es famosa por 
haber servido de meridiano en tiempos 
antiguos. En cambio, Fuerteventura y 
Lanzarote poco tienen de notable; su es- 
casa población atraviesa una situación 
bastante precaria, á causa de la falta de 
agua y de las malas cosechas. 

Mucho más podría agregarse si se hu- 
biera de hacer una reseña de las islas 
Canarias. Como no es ese mi objeto y sí 
sólo el de coordinar algunos recuerdos 
de mi excursión por aquel hermoso ar- 
chipiélago, tan codiciado por los ingleses, 
hago aquí punto, deseando tan sólo que 
las antiguas Afortunadas merezcan al- 
guna atención á la vida excursionista, 
que tanto va desarrollándose en nuestra 
patria. 

Mariano López de Ayala. 



--^■-#-^5^ 



SECCIÓN DE CIENCIAS HISTÓRICAS 




MUSEO ARQUEOLÚGICO DS CÁDIZ 
sala fenicia 

ON grandes dificultades, con muy 
grande falta de recursos, y con 
grandísima fuerza de voluntad por 

-^/x^- , parte de todos, se dio principio á 
la obra, que quedó terminada en el mes de 
Septiembre del pasado año. 

Orientada esta sala de S-0, á N-E. y re- 
ducida á pequeñas dimensiones, pues sólo 
mide 6 metros 70 centímetros de largo 
por 4,90 de ancho, es una representación 
de las cámaras encontradas en los hipo- 
geos tebanos. 

Rodéala un ancho friso donde están co- 
locadas de relieve las monedas fenicias 
gaditanas, y sobre éste descansa el techo, 
plano, pintado de color gris azulado, en 
medio del cual se ve dibujado el conocido 
zodíaco del templo de Denderak, con sus 
decanos, ó sean las treinta y seis divini- 
dades inferiores, á quienes los egipcios 



136 



boletín 



atribuyeron para regir los destinos del 
hombre, un gran poder sobre el bien y 
el mal. 

Situada la puerta en el lado SO., imita- 
ción de los píleos que aún existen en el 
alto Egipto, se ve en su coronamiento el 
disco del sol alado con las serpientes 
úrseus, adorno característico de la ar- 
quitectura egipcia, y que representa al 
Dios Fre, tercera divinidad de la triada 
cosmogónica, ó sea la luz del universo 
convertida en luz solar. 

En el dintel y las jambas están escul- 
pidas las representaciones de la navega- 
ción, la agricultura, la caza y las artes, 
siendo de notar que algunas de éstas se 
practican hoy del mismo modo que las 
praclicaron aquellos pueblos, hace trein- 
ta siglos. 

Dos simbólicas guarniciones, la una 
formada por serpientes ui seus ( adorno 
exclusivo de los dioses y de los reyes) 3- 
el disco solar, y la otra por las plumas de 
Osiris, el disco solar y la llave del Nilo, 
adornan la parte alta del muro encima de 
la puerta, y debajo de éstas, escritas en 
jerogliflcos azules, se leen dos inscrip- 
ciones que dicen: la de la derecha, "Rey y 
Señor del mediodía y del norte,, (estos 
son los títulos del Sol), y la de la izquier- 
da "Tun qiil se acuesta en Mamu„, esto 
es, el Sol poniente que va á dormir con 
su madre la noche. 

En ambos lados de la puerta se ve otra 
leyenda jeroglífica, y sobre dos guana- 
clones de fondo verde compuestas de el 
cetro de los dioses y la llave del Nilo, 
descansan dos figuras de ambos sexos, 
sentadas delante de dos mesas con algu- 
nas ofrendas. 

>Ocho piedras imitadas ocupan los án- 
gulos de este muro, copia de las estelas 
ó lápidas encontradas en Cartago, cuyas 
traducciones son debidas á M. Renán y 
otros sabios egiptólogos , de las que sólo 
copiamos una, tanto porque se encuen- 
tran publicadas en la otra titulada Cor- 
pus inscriptioíimn seniiticarwn, cuan- 
to porque, á excepción de los nombres y 
ocupaciones de los individuos á quienes 
fueron destinadas, son iguales las invo- 
caciones: dice asi la tercera de la derecha 
de la puerta. 



Lápida 232 del Corpus. 

DOMINAE TANITIUI FACIEI BAALIS, 

ET DOMINO BAALI HAMMONi; 

QUOD VOVIT ASDANITA UXOR MAGONIS 

FILII AZRUBAALIS PRINCIPII FILII 

MELGARTHILLESI. 

Tanitide ó Tanita, según Maneton, cé- 
lebre sacerdote egipcio que floreció ha- 
cia el año SOJ antes de Jesucristo, se dice 
de los Reyes de la vigésimaprimera di- 
nastía egipcia, que duró desde 1101 hasta 
971, y de la vigésimatercera desde 851 á 
726. Tanis fué ciudad muy comercial y 
residencia de los reyes de Egipto. 

Baal fué en el Sur la primera persona 
de la triada fenicia. 

Debajo de estas estelas en dos pilares, 
representaciones de Demarkun, están 
escritas con letras rojas sobre marm.ol 
blanco las innscnpciones siguientes: 

1.''* Ninguno de los autores que se ocu- 
paron de las antigüedades de la Isla ga- 
ditana, señaló monumento conocido que 
testificara la existencia de los fenicios en 
dicha Isla. 

2.'^ Al." de Junio de 1887 se descubrió 
el sarcófago fenicio que aquí se conser- 
va, en el sitio denominado Punta de la 
Vaca en esta ciudad de Cádiz. 



Cual celosos centinelas en un inaltera- 
ble reposo, dos estatuas de grandes pro- 
porciones, imitación de granito rojo, arri- 
madas al muro , completan el adorno de 
esta parte de la sala. 

Cada una de estas estatuas contione 
una leyenda jeroglífica, cuyas traduccio- 
nes son las siguientes: la del lado dere- 
cho dice Adoraciones á Rá l nandú se 
levanta al día y la otra Tú le calmas al 
acostarse en la vida, aludiendo ambas al 
Orto y el Ocaso, pues ios egipcios llama- 
ban Rá al Sol durante su carrera por el 
espacio. 

Dividido en tres grandes cuadros al 
lado SE., llenan el del centro cuatro imi- 
taciones de lápidas fenicias. 

Una ancha guarnición ocupa la parte 
alta de los otros dos, donde se ve el bus- 
to de una diosa, un cartel, y el buitre sa- 
grado, símbolo de la maternidad. 



DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



•37 



Debajo de esta guarnición hay otra 
faja con signos jeroglíficos pintados en 
azuL Los restos de estos cuadros están 
ocupados por escenas de adoración, imi- 
tación de los bajo relieves del templo de 
Denderak , pertenecientes á la última 
época de la civilización egipcia. 

En el primero está representado un 
Faraón ofreciendo su homenaje á la diosa 
Hathor, divinidad primitiva, transforma 
ción de la inteligencia suprema , que re- 
presentaba el principio húmedo en cuyas 
entrañas se elaboró el universo, y que 
llegó á confundirse con el planeta Venus. 

Sentada sobre su trono, tiene por insig- 
nias en la cabeza el buitre (adorno pecu- 
liar de las divinidades que tienen carácter 
de madre), los cuernos del macho cabrío 
y el disco solar; y en las manos el litus, 
símbolo del poder soberano, con la flor 
del loto y la llave del Nilo. 

Detras de esta divinidad está sentado 
en el mismo trono el dios Tañen, que 
también se llamó Seb, representación de 
la tierra, padre del Sol, ostentando en la 
cabeza dos plumas, el disco solar, las 
serpientes úrseus y los cuernos como la 
diosa Hathor. 

En otro cuadro se ve de pie á Sate, lla- 
mada también Ma, diosa de la verdad y 
de la historia, adornada con un pluma de 
avestruz ; y de frente á ésta sentada en 
su trono, á la diosa Isis, personificación 
de la luna fecundadora de la tierra, acom- 
pañada de Horo, tercera divinidad de la 
triada terrestre, considerada como el sol 
naciente. 

Completan el adorno de estos cuadros 
abundantes leyendas jeroglíficas, conte- 
niendo invocaciones á las divinidades. 

En el centro del muro N-E. de la sala, 
en un cuadro coronado con la guarnición 
de la serpiente úrasus y el disco solar, se 
ve al dios Melkarth (el Hércules tirio) 
una de las principales divinidades del 
pueblo fenicio. 

Joven y cubierto de una piel de león 
como se le representa en las antiguas mo- 
nedas gaditanas, y vencedor de dos leones 
de la Mesopotamia, como se ve en el es- 
cudo de esta ciudad, simbolizaba la fuer- 
za y la sabiduría. Navegante, guerrero 
y comerciante , era el lazo federativo 



entre la metrópoli fenicia y sus colo- 
nias. 

Debajo de esta figura hay dos barcos 
fenicios, y entre ellos está el disco del 
sol, dentro del cual se contienen el 
escarabajo sagrado, representación de 
Ammon. Nilo, símbolo de la vida eterna, 
y el dios solar con cabeza de carnero. 

En ambos lados de este cuadro, en otros 
más pequen is, separados por bandas 
perpendiculares de leyendas jeroglíficas 
en elogio del sol, como son Humetiaje 
á ti viajero limiinoso. Homenaje á ti el 
más grande de todos los dioses, etc.^ es- 
tán representadas la primera y segunda 
divinidades de la triada terrestre Osiris 
é Isis. 

En Isís (que ocupa el lado izquierdo), 
hermana melliza y esposa de Osiris, uni- 
da con él desde el seno materno donde 
concibió á Horo, tercer dios de la misma 
triada, estaban reunidas todas las calida- 
des de las diosas superiores. 

Ella enseñó á cultivar el trigo y la ce- 
bada, y gobernó los estados de su esposo 
mientras éste se ocupó de la conquista 
del mundo. Cubierta con una túnica blan- 
ca y ceñida, tiene en la mano la llave del 
Nilo, y en la cabeza el disco solar y los 
cuernos de vaca. 

Osiris, también con túnica blanca, os- 
tenta en la cabeza el pschent, especie de 
mitra, y en las manos el báculo ó cetro 
augural, y el azote, insignias del poder 
supremo. 

Este dios, el más popularmente adora- 
do en el valle del Nilo, fué sabio y bien- 
hechor; á él se debió la fundación de la 
ciudad de Tebas, él enseñó á cultivar la 
vid, á trabajar los metales construyendo 
instrumentos para labrar la tierra , y de- 
rramó entre los hombres la benéfica se- 
milla de la civilización. 

El buey, símbolo del trabajo, represen- 
taba á este dios, que fué considerado 
como el sol luchando con las tinieblas 
durante la noche, para convertirse en 
Horo (el sol naciente) al amanecer, y en 
Ra (el sol adornado de todo su esplendor) 
durante el día. Lucha incesante entre el 
bien y el mal; entre la aurora y el cre- 
púsculo de la vida. 

Dfcbajo de esta divinidad y de su espo- 



•38 



boletín 



sa Isis, se ven dos figuras de ambos se- 
xos arrodilladas, presentando algunas 
ofrendas. 

Dan entrada á la luz de la sala dos ven- 
tanas situadas en el muro N-0., entre las 
que se repiten, como en los ángulos, cua- 
tro estelas cartaginesas. 

Dichas ventanas están decoradas con 
figuras funerarias , escudos, carteles y 
jeroglíficos. 

Junto á la de la izquierda, esculpido en 
el muro se ve un esclavo fenicio, y enci- 
ma de éste una leyenda en jeroglíficos 
azules que da vuelta á la ventana y dice: 
lliot , inspirador de los divinos escritos. 
Encima del genio funerario, en un jero- 
glífico del mismo color, se lee: Isis la 
grande, y en la otra ventana, en igual 
situación, Nul la grande. 

Una guarnición de rosetones (adorno 
empleado por los fenicios) y un zócalo de 
un metro noventa centímetros de alto, 
imitando el granito gris, decorado con 
flores de loto, rodean la sala. 

Grandes losas de dos metros de largo, 
forman el pavimento de la misma, y en 
medio, sobre dos plataformas de piedra 
negra, está colocado el hermoso sarcó- 
fago fenicio, joya inestimable que posee 
este Museo. 

También está instalada en el fondo de 
la sala una tumba de piedras toscas, 
igual á las que se conservan en la Necró- 
polis de la Punta de la Vaca, con la sola 
diferencia de tener en el fondo una espe- 
cie de cruz formada con las mismas 
piedras. 

En breve serán colocados en instala- 
ción digna de su mérito, los amuletos ex- 
traídos de las tumbas fenicias, entre los 
que se encuentra una triada de inestima- 
ble valor por su significación histórica. 
Esta sala fué construida en lo que antes 
era depósito de leña, por el distinguido 
artista cuanto modesto é ilustrado gadi- 
tano D. Pedro Sánchez Acuña, sin otra 
cooperación que la de un oficial de alba- 
ñil, y percibiendo sólo las reducidas can- 
tidades de que podía disponer la Dipu- 
tación Provincial, guiado únicamente solo 
de su amor á la localidad. 

FkamciíjCO Asís de Vera. 



ESCRITURAS MOZÁRABES TOLEDANAS 



CCoMtinitación.) 

XVIII 

Testimonio de Julián Domínguez, hijo del 
platero (... ¿A^)! aJj. ^w^Üx^^ .,L1j -^i^l), 

por el cual consta que se asoció á Lázaro 
b. Alí para verificar á meiias la plantación 
de una tierra, sita en el pago de Mauzil Yaíx 
(parador ó posada de Yaix), y que dicho Lá- 
zaro había tomado del difunto Julián b. Es- 
teban con aquel objeto: Ji ^Ü^^l J.^ ¿.jf) 

(... j)¿^J. Linda esta tierra: al E. y O., con 
otras del citado Julián Esteban; al S., el 
monte (J^¿!), y al N. el camino que condu- 
ce á Corral Rubio ^ , ^ ^.JaJi ,^ ¿s¿! ^Jj) 

Hicieron, pues, la plantación de cepas 

(^^^.vtjiJ! '^ 'j^^,) según se había convenido 

con el dueño del campo; mas luego vendió 
Julián á su compañero Lázaro, por 14 miz- 
cales, el cuarto del terreno plantado que 
le correspondía por derecho de plantación^ 
quedando Lázaro dueño de la mita'l de la 
dicha tierra, y excluyendo á Julián de todo 
dominio en ella. ^iJ-lv» vjJ.Jj j hj^^ u^^'^j) 



j.jt íj.» ^.. _v. 



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Fechada en la última decena de Abril 
II9I. 



^' jÁ^i\ ^) de la Era 



1 El antiguo pago de este nombre, en el 
término de la capital, hállase citado y en parte 
descrito por el Sr. Ga-mei o en sus Cigarrales, 
cap. Vlll. Existe también un lugar con la mis- 
ma denominación en el partido judicial de 
Puente del Arzobispo (Madoz). Aquí se refiere 
jndudablemeotc al primero. 



DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



139 



Suscripciones: Jair b. Jair {j-^^l y) »t:^)i 
Hasán b. Chafar b. Hasán ^Ájta. ^ ^**»=s.j) 
(,.,.v-cs. yi, Farach b. Zacaria b. Ishak 
(s^^=sr-| ^^j 1) jíj ^í TJ^S)' Julián b. Re- 
bia Al-Ahcam (el muy docto?) ,.^ .,Llj ^) 
(... Ak^t ^j, Pedro b. Abdalah b. Ma- 

SUd (Jj»—^ ^^ ¿DI J-.C yJ ^Is^-' o) 1. 

Y en carácter latino: «Petra petri^, tes- 
tis — ego gorisalbo petris testis» 2. 

XIX 

Venta de un corral (JI)ÜJ! «-t;»^) situado 
en la demarcación de la iglesia de Santa 
María Magdalena de Toledo 3 'i^^s:^, ^JJl) 

(... ¿lii.ii; ¿.^JJ-yJ íJJAs"** i) ►> iJU-i- íLvw^J 

y con los siguientes límites: al E., la casa de 
Justa, madre de Raimundo Mineo 4 vxL.¡ \S) 

(j.X>' Jj^j , }\ al O., otra casa de los vende- 
dores; al S., otra casa perteneciente al com- 
prador, y al N., la vía pública ,^ '^^ y=>) 

Otorgan esta venta Cristian, hijo de Pe- 
dro de Cuenca, y su mujer Urraca Pethres ó 
Pérez ^^\ (^^j ¿JvO^ s^isb .j .,L;:^^íi) 



1 De los dos últimos se dice que es'cribie- 
ron otros por ellos por su mandato ¿-^^ > ^3)' 

2 Esta escritura lleva en el reverso, y de le- 
tra antigua, la siguiente leyenda: «Carta de tes- 
timonio de una tierra que es la vega de San 
Martín»; y más abajo se lee: Corral-Rubio. En 
vista de esto, nos inclinamos á creer que el pa- 
go titulado Mandil Y'atx era uno de los en 
que se dividía la dicha Vega de San Martín 
(véase Cigarrales., pág. 89), si es que no deba 
identificarse con ella por completo. 

3 Puede verse una descripción detallada de 
este templo en la Guía artístico-práclica de 
Toledo del Sr. Vizconde de Palazuelos, pági- 
na 1065 y siguientes, 

4 El documento no indica la vocal de la 
primera letra, aunque suponemos haya de vo- 
calizarse de este modo, pues el apellido Min- 
eo ó Mingo (derivado de DominicusJ, suele 
ser bastante frecuente. (Véase Godoy Alcánta- 
ra, op. cit., pág. 151, y Camero, op. cit., pá- 
gina 1 36, donde cita á cierta María Mingo.) 



(, f^visu i'^\j\, á favor de D. Raimundo, so- 
brino de Pelro Tolosa .fj^ "^^ J ■)J^) 

(¿ — ^_.Lja ^^J^L), por precio de 42 mizcales 
de oro bueno y de jubto peso, expresándose 
además que el citado D. Raimundo levan- 
tará á su costa la pared que divida el corral 
en venta de la casa de los vendedores. 

Fechada en Noviembre {j--jy) de la Era 
1191. 

Aparecen como testigos: Yahya b. Mofa- 
rrich, que estuvo presente y escribió ^rr^O 

(y ^xT , ►^;a:s. -► Jj> ,..j; Abdelaziz b, Su- 

leimán (^«íJ-- ^J', f..}*^^ -V^)' Ahde-s-Sa- 
lám b. Pethres L '^y^Ai .,j >}.J\ _V.), 
Bernaldo de sant Facundo 1 ^ jJL;>-'_3j 

Y en caracteres latinos: «Joan ordoniz 
testis — micael portagira testis — martin filiz 
testis». 

XX 



Venta de la mitad de un rmjuelo y de la 

tierra blanca que le está adjunta ,^ ^^_j) 

, ^hiJ^ íLvs;;^! La-.Jl . >:íi'j!j {sic) J.J.J irn*-^^ 
[>Sx^\ [i ^ji]j), que se hallan á la otra 

parte del Tajo, sobre el molino del arcediano 
D. Salvador?, en el sitio denominado Borch 
Ax-Xaycithin (torre de los demonios), ,^ ^-Lk) 



c 



^\ ^,^ t- 



J! 



^.v 



.1. 



en los alrededores de Toledo. Lindan: por 
el E., con viña del Presbítero D. Martín, del 
clero parroquial de Santa Justa, y con otra 
viña de Domingo Micael; al O., tierra blan- 
ca, que fué corral en tiempos pasados, don- 
"de estuvo la citada torre.,. 1-^,1 ^j^^ ^) 

J^ ^^v-- _,^^ U-t^3 J'^5 ^Lr L^,j 

(jj-rj^Jl .^ j'}y y un plantío « de Farach 
b. Moluc (dir-i-^ ^.rf •?: y-^ l^-T^j)' ^^ ^•' 



1 De los dos últimos se dice que escribie- 
ron otros por ellos (i-^ ^.-^j)- 

2 Esta palabra ¡'-■r^ indica también huerta 
en el dialecto marroquí. Lerchundi, Gramá- 
tica, passim. 



I40 



boletín 



otro plantío del cita lo D. M ir;í i. 

Santa Justa, y al N., el río Tajo ^^\^j^'^) 

Otorgan esta venta, como co nprador Don 
Sancho el Diácono (^^s'-jjJ! i.sr'^ ^>J^)' 
y como vendedor D. Pedro Chilabert j ^^) 
(^l^^^Lx í^la-f , ambos adscritos al clero de 
Santa Marí.i (i^y ¿.^^ l^j.f lj\ ^}, y 
el importe de la finca vendida asciende á 15 
mizcales de oro nlbayesí ó de Baeza (.y— '•) 



deYulianis, convertida recientemente al cristia- 









^ ^ \^ ^ — ' 



.*.^ 






msmo ¿»j 

Fecha en Junio (J^^J^) de la Era 12 ji. 
Suscriben esta escritura: Ornar b. abi Al- 
iara ch C^y^l j:>\ ^^, j-rff"), Aixún b. Alí 



(J 



y^ 1-^-?^)' Abderrahmán b. Hárits 



c^- c' 



(^^L;:^ ^y} o'-'-'V''' -^-rj)' A-bdelmélic b. Ab- 



( ^L J! A>jJ!, indicándose expresamen- derrahmán {^,^y\ J^ .y -^-U - -^j), Mi- 
te que si la finca vendida fuese objeto de al- cael b. Alwádiaxi i ( i^Lo! Jj j J-Aü^^^), 
guna demanda judicial y se adjudicase al ^^^^j^j^ ^^ Suleimán. ( .^L ,/ Jjí .C.,)! 
demandante, entonces el vendedor entrega- ^ " ^- " -^ 
ría al comprador el precio que alcanzase la 
finca al tiempo de posesionarse de ella el 



)jy 



demandante (... i^ míIsj] 

Fecha en Abril (J._j^j)) de la Era 1194. 

Todos los testigos que aquí intervienen 
firman en caracteres latinos: «Ego petrus 
confirmo — ^Petrus petri filius sancti andree 
presbiter testis — Ego^dominicus presbiter 



(De los dos últimos se dice que firman otros 
por ellos en su presencia y por su mandato 

XXIII 

Venta de un plantío 3 que radica en e! si- 
tio denominado Torre de los diablos, al otro 



testis— Ego Martinus presbiter et canonicus lado del Tajo y distrito de San Félix =.^^9.) 



sánete Marie testis». 



XXI 

Copia del testamento del wazir y cadhí 
(alguacil y ^alcalde) D. Domingo Antolín 
( yJ:j| ¿.£:^0 ^-s.)] yi \j-\), fechada en 
27 de Diciembre de la Era 1199. 

Empieza con una explícita profesión de 
fé, según es costumbre en estos documen- 
tos, dando luego numerosas disposiciones 
sobre la solemnidad con que desea se cele- 
bren sus exequias y la" distribución de sus 
riquezas. 

Daremos al fin de este índice un extracto 
de tan curioso documento, verdaderamente 
importante para la historia de los Mozára- 
bes españoles. 

XXII 

Acta de emancipación otorgada por D. Ro- 
mán b, Selma ó Salema (¿.^Ll »j ,U, ..^) 
á favor de una esclava, por nombre María 



J^ 



5.J.& 



JA.JuJ ' — y> 't>J>jS:\ 



(^-i^ 



•Ju, i-íjús. v3 ¿-^ '-■'', y cuyos lin- 
des son: al E., plantío de D. Esteban, el 
de Camarena ( j\y~^Si}\ .jL;uÍo| .ij^); 

al O., senda pequeña que conduce desde el 
citado río á los caminos (]ue hay en el si- 
tio mencionado y á otros i-ii^^i. ^_^*J^ \S) 



(lsIo.^ JL 5i_^5'j.^j| i-^.:S.b; al S., plan - 
lío dé Andrés Al-Baichenisí? , ^Ij JjJ i_^j^) 
(¿ ,^^x=».tJí, y al N., otro plantío de Pedro 
IzquierJo (?VV^1 ^y^}- i/-'y^) ^' 

Otorga esta venta D. Pedro Chilabert 
(^l^.Jj2>. aJa^j iJLxJ5) á favor del diácono 
Domno Domingo Negro A.i--'» i ¿-i-»-^ ^t'^-- ) 



1 El guadixiíño, de Guadix. 

2 Este documento ha sido publicado por el 
Sr. Simonet en su Crestomatía. 

3 De viña probablemente. 

4 Adviértese al fin del documento que se 
anexionaron á la tinca descrita otros tres tro- 
zos de viña que le eran contiguos. 



DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



141 



(»^¿j, ambos adscritos al clero de Santa Ma- 
ría de Toledo, por precio de 13 mizcales 
y medio de oro bnyesi, burilo y de justo peso. 

Fecha en Marzo (rr-r-') de la Era 1202. 

Aparecen como testigos, entre otros: 
«dominicas archipiesbiter testis, benedic- 
tas sancti salvatoris (?) presbiter testis, Ego 
Ro lericus diaconus testis, Ego petrus con- 
firmo» I. , 

XXIV 

Cambio ó permuta de dos casas, pertene- 
ciente una de ellas á los bienes ó legados 
piadosos de la iglesia de Santa Leocadia 

(... ¿j^LjftJ J!^x^ 'L.^xSi.j] ^xí wii-^ci.), ca- 
sa que habitó el difunto Presbítero D. Pe- 
dro, el conocido por Fanbaco 2 ^[f ^Jj\) 

(iJLxh, y la otra á D. Clemente el Monje, co- 
nocido por el Santo? v>_,^^Jl J^X^xí .j^) 
f ..ja^'Lj ^ á^,x^M, hallándose la una fren- 
te á la iglesia por la parte de levante y la 
otra por la parte norte. 

Otorgan este contrato de permuta: por una 
parte, los ministros, los presbíteros y los 
notables 3 de la iglesia de Santa Leocadia 



1 Pergamino muy deteriorado y borroso en 
algunos puntos. 

2 Sin vocales en el texto. Desconocemos 
este apodo. 

3 Entendemos por .,_^jJ.y-M, los clérigos 
no presbíteros que están en vías de llegar al 
sacerdocio; por r^jJÜ] creemos se significa 
los presbíteros, según el significado del griego 
TtpEaSu-Epof, ancianos, respetables; .j — n~*^^ 
son, á nuestro juicio, los que, entre éstos, 
ejercen alguna autoridad.— Sobre el significa- 
do de estas tres palabras, mi respetable amigo 
el Si . Simonet me escribe lo siguiente: «¿No po- 
dría traducirse ios ordenados (es decir, la cle- 
recía), los ancianos y los magnates (ó nota- 
bles} de la iglesia (parroquial) de Santa Leoca- 
dia?» Tal vez volvamos sobre el particular en 
el transcurso del presente trabajo.— Escrito es- 
to, llega á nuestras manos un documento bi- 
lingüe en que la palabra _. .jj» aparece tradu- 
cida por portionarius^ el racionero ó benefi- 
ciado. 



(... ioUy, que consideran justa esta per- 
muta y conveniente á los intereses de la di- 
cha iglesia; y por otra, el referido D. Cle- 
mente, contando ambas partes con la auto- 
ri-'íación y el consejo del seiior Arzobispo 

Oblíganse, además, el Presbítero D. Cris- 
tóbal, D. Juan Mozárabe, D. Pedro Al-Bak- 
kal (el comerciante en legumbres)..., á en- 
tregar todos los años al dicho D. Clemente 
tres cahíces de trigo, sesenta arrobas? i de 
vino y mizcal y medio de oro...; y cuando 
Dios disponga de su vida, se compromete 
el clero de Santa Leocadia á celebrar sufra- 
gios por su alma. ,.(_5-^ (J Uísj ! ^)2S ^ 



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Fecha en i.° de Abril del año 1202 j^l ^) 

Siguen las suscripciones, cuyo número 
excede de cincuenta, pues suscriben todos 
los clérigos de Santa Leocadia y bastantes 
testigos. Reproducimos casi todas ellas. 

En carácter latino: «ego xpoforus presbi- 
ter outurgo, ego felix presbiter similiter, ego 
dominicus diaconus concedo, et ego iulia- 
nus presbiter outurgo. Ego pelagius diaco- 
nus similiter, Ego iohannes presbiter si- 
militer, Sompnia? diaconus outurgo, Ego 
iohannes diaconus similiter, dominicus sub- 
diaconus similiter, Ego micael tizón simi- 
liter». 

Y en carácter árabe: Pedro b. Yahia b. 
Said? {i\.x~. ^y¡ ^.. ^y} í^ia^J^), Miguel 

b. Abderrahim b. Asad A^o ^ J.jU^^) 

(X.^\ .yi * ^y^y Abderrahmán b. 0090 

( .^¿ y} ^yf^y^ ^■^^S)> Hátim b. AIí b. 
Selma b. Mayón ¿L^l^ ^yf ^Ic ^^^ ^^^) 
( .i_j^ ^i, Martín b. Yohannis y) y^y^) 

I La palabra aj Jt significa «cuartal, me- 
dida, cuarta parte de la cosa », en P. de Alcalá, 
Rosal, Cañes y Marina. {Glosario de Eguílaz, 
en la voz Arroba.) 

18 



£42 



boletín 



( A3U, Pedro de Curaca I í3 íi: n') pK- é jestos ténniaDí: «I. dii gratia tholítaau 



archiepiscopus et ¡spaniarum primas coa- 
firmo». 



XXV 

Venta de un plantío ^ sito en el pago de 

ras 2 



á su mandato w^^j jJJ^.S' i-Cj/ ¿ ^^^•' j) 
(íf-,A.j j..^-:;, Julián Pithris ó Pérez, idem 
(... oX'j/ ^.^^e j'-n^:'.j)' Gonzalbo Pe- 
láis el galgo? el gallego? J^^^. i-^-^^j) 
(... ^UM, Miguel b. Julián ,j> jM.r'j) 

( .Ll) Domineo de Marhamdun? ^ i.¿^:>j) o /ó ^'7'" ^^T\ ''",'"' ^'^^ 

Ij » ,.» ■^'^"""^^ -^^ fií>'-/l/;/mm? (Pozo Amargo?) en las afue 

C; ..A. -s^f--* i, Gonzalbo Pérez á,J^^¿) , , . , j r -n i j • t» 

U^i>-^— «■ r^^ ' • ^ de la ciudad de Toledo ... ^.^xJ) ^s.. 

(^^L^, Domingo Joannis 3 (^üL. ^..O^.), (^ILij, •,,,.,, ^ ,U ... ! Ji ,.. i'.^^^y cu^ 

Juan Xanchón {^-^^ j^-^ ^), Andrés ^^^^ j¡^^^; ^^^^;^ ^^ J"^;^ ^ ¡¡^^^ ^¡^ g^_ 

Zapatero? (¿^^.-^-.-^ j^.!jJ-jU), Yolafi? 4 villano, el carnicero judío ^L^¿.^J , r^-¿) 

Bermondes (Bermudes?) el gallego j%) ^^^^^s^ ^|.¿,. ^^ ^^^ ^j ^j^^^^ ^^^^ p^^_ 

(..£^.UJi ^^.,-^y, Rodrigo Peláez .5,^^) ^^^g^j. ^^ j^^,^ (^j^j^^^ ^.^Jj _¿) ^^_ 

(, v«j^, Martín Domínguez (, ^.£;^0 ^^jy), xt > ^ /,\ i c ^ i ^ •- j tvt- i 

^L/^- •' ^ ^ .. ^"-^ Naba (?); al S., otra plantación de Miguel 

Martín Granadino ( -.íu^k-'c .^'V'), Martín , ./ ,1 •• t 

^C^ " J U"^ ^ Selma (i.^.U JIj!.^J ^^^s); y alN.,otrapo- 

Crespo (L^/ ^,^y), Petrero? {ij\j^i), sesión de la misma índole, perteneciente á 

Juan Domínguez (^..£a^^ ^,b_.). Miguel b. j^^^^ Cristóbal (J^>:^y ^,y ^^^^¿). 

Abdenahman... Martín Crespo 5 ^y-^Jy) Otorga esta venta el judío Yehuda b. Am - 

(í.^/, Juan Habib (^^.^.^^ jW.j)' Ser- Daud (?) (^3^^Jt ^^3 *^ ^,.' ^^j-^.) á fa- 

vando b. Isa (^...^-^ ^j jJ'.^^^), Pedro b. ,,^^ ^^ p p^]^^,^ Calvo (^JL? _c^ , .-^) 

Loyón { .\^ ,. tf ^-^n:')' Juan Mostárab por precio de cuatro mizcales de oro alba- 



ca 



,^\j¡), Pedro Rodríguez ^i=-Jj;) 3'^^^' ^^"^no y de justo peso 



{sic ^j 

(^.ii.' ,:)., Mineo (Domingo?) Félix i-s.^^) 
( V...I5, Juan Gallego (iJi-«.¿ .,I^j,), Pedro 
Forcón {^/y ^jK.^^)- 

Al final de todas estas confirmaciones, en 
el centro del pergamino y con bien traza- 
dos caracteres , se lee la del Arzobispo en 



Fecha en la última decena de Septiembre 

[j- .^^-^ ^^•i^ y^ j^^ j¿^»^\ ^) de la Era 



1204. 

Intervienen como testigos Yakub b. Al- 

chazzar (?) (¿ ,L^! .y> <^j£jo), Ibrahim ibn 

Yakub (... ^j¿*: ^J>\ r;^-í), Otsmán b. 

Yahya (JjL^ ^n=^:'. ^J> j^v^s_?). Antonino 

L. o ,.„;x3L) 



1 En el original S S por i.-Oj> ; ó tal vez 
de (Joca, sin errata en el original. 

2 Suponemos con el Sr. Simonet que éste 
es un nombre geográfico convertido en apelli- 
do, aunque por ahora no barruntamos á qué 
población corresponda. 

3 De casi todos estos se repite la tan cono- 



b. Selma b. Masód ^j ó- 



U' 



•Pj 



XXVI 



cida fóimula íj'Vi ¿.x^ 
él á su ruego. 

4 Me indica el Sr. Simonet que acaso este 
nombre pudiera ser ^a>^^J Pelayo, Consulla- 
do de nuevo el original, me ratifico en la pri- 
mera lectura. Están muy claros los dos puntos 
de la primera letra. 

5 Antes aparece un Martín Crespo ..r-'c'*) 



Venta de una mitad de la mezquita que 



s^, escribieron por ge halla en el distrito ó colación de Santa 



I De viña probablemente. Véase la nota 
del núm. 20 acerca de esta palabra t^j^- 

i En el interior de la ciudad aparece un ba- 
rrio con el mismo título. 

3 Este documento es uno de los pocos es- 
critos en papel. 



DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



143 



María de la corte de Toledo ^ ^^\ í^^^^) 

(i-Ha-ilí, señalada con los siguientes límites: 
al E., la otra mitad de la dicha mezquita 
perteneciente á Xóli, hermana de la vende- 



dora 1. 



-^- 



3 



_5J.J! M)] ^^J|) u 



( Jj^; al O., una habitación de Mariam ^ la 
musulmana, la que fué esposa de Abu-1- 
Chazzar ^-1 S^L-ll *j^-1 s^5^ ^^jij] ^j) 
{j\js:r'\ ^j-. WjJ C^-jl-^; al S., la casa 
que íué de Abrasia? 2 c^jL^ ^,J! ,bJ') 
(i^^jjJ, y al N., la vía pública á la cual da 
la puerta de la finca vendida ¿.J!« ^^_p fLJl) 

.{■, >LJ| 5- r-^ 

Otorga esta venta Dominga, hija de Sal- 
vador ( ijJa-^-l — vju-— X-J ¿JLl-O), en presen- 
cia y con consentimiento de su marido Do- 
mingo Yulianis ( ....31 — L; ¿.¿a^;;), á favor 
del muy ilustre Arcipreste ilomno Nicolaus 
.(, v.-^b5¿j i^O J.cv"^!! .Ji^^^^ow,^!!) por pre- 
cio de 18 mizcales. 

Fecha en la última decena de Mayo {i>'>^-') 
de la Era 1205. 

Aparecen como testigos: Abderrahmán b. 
Abdelmelic (cJJ.,J| -X^.t ^,j ^J^J'^ '?')' 
Domingo Pethrix? Al-Bayesí (el de Baeza) 
( -i.LJt ±jjL.} i^i.^-.Oj), Abdalah b. 

Ümar ( K;^ ^.^J ¿'^■'' -"^r^^). Yoannex b. Su- 

leimán ( .*^1~> »j , ¿j^.j), Gáfir b. Yahya 

^y_' •• {¿,'. ^ ^■. 

1). Pela yo {^% ^Jri ¿^- ^^J y^;)• 

Y en carácter latino: mertin (sic) Joannis 
ttstis. 

XXVII 

Venta que hacen Domingo Joannix y su 

esposa Justa (LíLj j-^^Jj, ••• [/"j'jJ ¿•¿^-5) 
de la parte que poseen (mitad?) en una ca- 



sa, sita en la demarcación de la iglesia de 
San Sebastián, parte que adquirieron, á tí- 
tulo de compra, de Miguel Domínguez y de 
su esposa Xóli, á quien pertenecía, en unión 
con su hermana María ^-.'1 jh^i] ^^^) 



J' 



Cr^ c»' 



"i-t^í L^! hj^jj 



'¿Jjíj^i\ 



(.-W 



I Nótese que el nombre María es Mariam 
(*j j.^) entre los musulmanes, mientras que en 
las mujeres cristianas que aquí se citan es siem- 
pre María (í.j i-"). 

3 Ignoramos qué nombre sea éste: ¿será Eu- 
frasia; será Brasia por Blasa? Nada de esto nos 
satisface. 



xS:^ L"*J^. Linda dicha casa: 
al E., con otra de los herederos del wazir 

Sid (a^ jijj^ ^jJ ;'^); ^^ O-' ^°" "^ '^^" 
lie ó camino que conduce cerca de la Puerta 

de los Curtidores s >u jsr- >^JL^ ^^ '^.j^) 

( .^¿bjJl, y á esta vía se abre la puerta 
(^Ul ^ ,.á.j *rr'j); 3I S., un corral perte- 
neciente á los citados herederos 'üjS^ Jl;^) 
(¿".y'j^l. y al N., la otra parte de la casa en 
cuestión {SjS^J j t-J^ ,^^^ ^jlíJl ^IsiJ!). 
Aparecen como compradores D. Pedro 
Al-Karman y D. Lázaro b. Alí, albaceas 
testamentarios de Xamsi (Mi Sol), hija de 

Chafar ^,^3^ J-^J^^^ J^T.'. JJ^ ^J^^) 

^¿.^io j.^ :>U3 J.Í J^-^J\ ^^ ^Ji ^jy 

{jS.3^ C^f, y para cumplir la voluntad de 
la testadora, qtie lega 20 mizcales á los al- 
baceas para que se compre con ellos una 
casa á María Yoannis. Y siendo el precio de 
la media casa que ahora se adquiere catorce • 
y medio mizcales de oro, restan á favor de 
dicha María Yoannis cinco y medio mizcales, 
de los cuales, así como de la expresada me- 
dia casa y de otros legados á su favor, se le 
pone en posesión por el presente documen- 
to, fecho en Noviembre de la Era 1206. 

Suscripciones: Esteban b. Ismail ,j^:;í-i_.) 
(J.^jt^^\ ,,yi, Domingo b. Jalaf ^yj i.'¿x^:>^) 

( ^.l¿^ , J ua n Domínguez ' ( (^¿^-" ^ ^j [$' j ) . 

Xalmón b. Alí b. Waid Js, ^^j ^i_?^j) 

Y en carácter latino: «aluaro diez testis, 
dominico iulian testis». 



1 De este testigo se dice que firmaron otros 

por él en su presencia 5^'»'-^ *---= ■^-^■•-^j) 



144 



boletín 



XXVIII 

Venta que otorgan Alvaro b. Pedro, co- 
nocido por Aben Gobdina (?), 3' su mujer 
Mi-Sol, hija de Juan >^ éjj*J^ ^j,.^. i-'í ^rO 

de un tercio de la viña que poseen junta- 
mente con Pedro Peláez (^«jX- 5)J=^j), en 
el pago de Torres {ir-:y=' i--"^:'), déla juris- 
dicción de Toledo, perteneciendo los dos 
tercios restantes uno á los vendedores y el 
otro á Pedro Peláez. Linda dicha viña en su 
totalidad: al E., con otra de Aben Bahlul 

(Jj-^^f ^Ji^ (/y^ ^^ ^•' °'ra viña de Rai- 
mundo Crespo (i.~i.;J ^\^ y 'j^)'' ^l S., 

con el camino (oJl» ^^ n j]s), y al N., el 

río Tajo (¿cvij'^j). 

Interviene como comprador Yah3'a b. Ga- 



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-:',), ascendiendo el im- 



porte de la venta á diez mizcalesde oro al- 
bayesí. 

Fecha en Noviembre ( ,JJ) de la Era 
1207. 

Firman como testigos: Haquem b. Jalaf 

b. abi-1-Haquem ^¡\ .j ^^ |.)¿^ vJ S=^) 

(*X-5.|, Abderrahmán b. Chabir ,^=-^31 >.u-) 
(¿ ^.•'•^ í-if' J^li<J ^- Jalaf b. abi-1-Hasán? 

Ibrahim b, Sejma (oJii-^ ¿-J-^ ,j ^-.2'^Jl.) 
y Domingo b. Xaluih \)o\l. .j íü^^-j^). 

Francisco Pons. 



(Continuara.) 



-c_<r vfc>» (."'jr'v t-*>- 



SECCIÓN DE BELLAS ARTES 



TRÍPTICO DE ROMULO CINCINATO ", 



Excmo. Sr. D. Manuel de Foronda. 

1 querido amigo: ¡Qué lástima 
que, dejándose llevar de su ex- 
cesiva modestia haya V.prcs- 
^^^^:^*í cindido del Triplico de Rómu- 
lo Cincinato como obra de arte, para 




1 Véase el numero de 1.° de Julio de 1695, pág. 95. 



considerarlo solamente como objeto his- 
tóricol ¡Qué lástima que los anacronis- 
mos y otros dislates que su buen juicio 
le advirtió á tiempo no le hiciesen desis- 
tir de emplearlo en tan candorosa super- 
chería! 

Si V., que por más que diga, tiene tan- 
tos conocimientos artísticos, no se hubie- 
se dejado cegar por esa veneración á las 
personas y familias de los reyes absolu- 
tos que tanto le ha perjudicado en su vida, 
hubiera visto que los tableros laterales 
del tríptico en cuestión son italianos y 
malos, mientras que el cuadro central es 
una copia en miniatura de la celebérrima 
Madona de Holhein, llamada del Burgo- 
luacstre Meyer, y conocida en todas par- 
tes por la Madona de Dresde. El tre- 
mendo desconcierto que resulta de estilo 
y mérito tan distintos hubiera indudable- 
mente chocado á su gusto exquisito, ha- 
ciéndole sospechar, cuando menos, de la 
autenticidad del conjunto. 

No hablemos de los postigos,— que no 
valen la pena, — y ocupémonos del cuadro 
principal. Hasta hace pocos años se con- 
sideraba que la Madona de Dresde, re- 
petición con algunas variantes de la de 
la Princesa de Hesse, era la obra maes- 
tra de Hans Holbein, el Joven, pero en 
1871, para disipar ciertas dudas, se expu- 
sieron juntas y desde entonces se cree 
generalmente que la auténtica es la de 
Darmstadt, y que la de Dresde, aunque 
admirable, no es de la propia mano dei 
maestro. Sea de ello lo que quiera, que 
para el caso no nos importa, lo sabido, lo 
indudable es que una y otra representan 
la honrada y plebeya familia del burgo- 
maestre de Basilea dando gracias á la 
Virgen por el hecho de haber sanado de 
una enfermedad el más pequeñito de los 
Meyer. Allí están todos: el padre, en 
quien ve V. tanto parecido con Felipe el 
Herm.oso; la madre, que en el tríptico pasa 
por Doña Juana //a Zoca/ y los demás 
hijos é hijas del matrimonio. 

Tal vez cuando Holbein pintaba el cua- 
dro, en 1525, interrumpían el rtposo de su 
estudio el rumor y los lamentes de los 
fugitivos de Pavía que atravesaban pre- 
surosos las calles de Basilea para llegar 
cuanto antes á su patria. ¡Y quién sabe si 



DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA J^E EXCURSIONES 



145 



el hijo del burgomaestre levantó la rodi- 
lla del suelo abandonando la postura en 
que el maestro le retrataba para asomar- 
se y verlos pasar! Si acaso, ¿cómo había 
de imaginar que andando el tiempo le to- 
marían á él, mozalbete de diez ó doce 
años, por el héroe del día, por el que 
acababa de hacer prisionero al rey de los 
franceses? 

Pero todavía hay otra cosa más extra- 
ordinaria. ¿Sabe V. quién es el niño des- 
nudo del primer término? Nada menos 
que el Niño Jesús, pues el delicado y tí- 
mido infante que se ve lleno de vergüen- 
za en los brazos de la \'irgen es el tier- 
no convaleciente de losMeyer,á quien 
la Madre de Dios ampara como á hijo, 
dejando por un n omento que la divini- 
dad del suyo condescienda á colocarse 
entre los individuos de la piadosa fami- 
lia. 

La idea tiene algo de heterodoxa, ya 
lo dice Luis Viardot: "Hay en este cam- 
bio algo tal vez muy atrevido y muy te- 
merario bajo el punto de vista del dog- 
ma, pero considerándolo sin salirse de la 
esfera del arte, resulta una idea feliz y 
conmovedora, que pinta con rasgos sen- 
cillos la franqueza y la cordialidad de los 
alemanes. „ Sí, señor; el emperador Fer- 
nando del tríptico es el Niño Dios que 
comparte con la Virgen la adoración del 
devoto concurso. 

Ya ve V., amigo Foronda, que el cua- 
dro no pierde en grandeza sustituyendo 
á unos personajes por otros, siquiera los 
verdaderamente representados no sean 
reyes y emperadores. 

Con lo dicho desaparece el mar de con- 
fusiones de que V. habla y se disipa el 
cúmulo de dudas en que le envolvía la 
ignorancia ola presunción socarrona del 
Verástegui de Carlos 11. ¿Qué tiene que 
ver Cincinato con la Madona de Hol- 
bein? ¿De dónde sacaron la fecha de 1545? 
En el terreno de las conjeturas, podemos 
suponer, para armonizar datos tan dispa- 
ratados, que Felipe 11 hubiese hecho sa- 
car en 1545 una copia en miniatura del 
célebre cuadro, y que, pasado ya el 1567, 
en que vino á España Cincinato, le diese 
la orden de pintarle unos postigos para 
convenirlo en altar de viaje. Una vez 



hecho el tríptico, no había de gustar al 
rey seguramente; y así es muy verosí- 
mil y aun laudable que lo regalase al 
Sr. Verástegui... ó á cualquiera; yya está 
esa noble familia en posesión del donati- 
vo regio. Al principio á nadie se le ocu- 
rría, naturalmente, hacer aplicaciones de 
los personajes á la familia real, pero, 
andando el tiempo, algún erudito encon- 
tró parecido entre el burgomaestre y Fe- 
lipe el Hermoso, como le sucede á V., le 
pintaron un toisón de oro, y ya tenemos 
á la familia republicana de Suiza conver- 
tida en familia imperial de Austria. Y 
como esto daba más valor al regio don y 
por lo tanto mayor brillo á los pergami- 
nos de los Dehesa ó Hedesa y Veráste- 
gui, es natural que al sacudirles el polvo 
en 1672 hiciesen, con esa buena fe que 
inspira la Vanidad, pintar la leyenda que 
le ha seducido á V., y cuyo latín, entre 
paréntesis, acusa la época á mayor abun- 
damiento. 

Dispénseme la pesadez de esta carta 
escrita en vista de las frases con que ter- 
mina V., su artículo, y aunque no me creo 
con autoridad ni competencia, me he per- 
mitido responder á su invitación por la 
indignación verdadera que me produjo 
ver en la Exposición del Centenario como 
obra de un tal Cincinato uno de los cua- 
dros que más han contribuido á mis an- 
dones artísticas. 

Siendo muy joven visité el Museo de 
Dresde, cuyas dos pricipales joyas, ex- 
puestas cada una enteramente sola en un 
gabinete ad-lioc, son la Madona Sixlina, 
de Rafael, y la del burgomaestre Meyer, 
de Holbein. Las dos escuelas se presen- 
tan allí en todo su esplendor, y al ver es- 
tas soberbias manifestaciones de cada 
una, nadie que haya experimentado la pro- 
funda emoción que producen puede olvi- 
darlas en su vida, ni siquiera en el más 
pequeño de sus detalles. En frente de 
ellas, pasando varias veces de una á otra, 
se llega á la conclusión de que los estilos, 
las escuelas, todo es secundario para la 
realización de la sublimidad en el arte. 
Y si tal impresión he conservado de la 
obra de Holbein, ¿ cómo no he de aprove- 
char la ocasión de deshacer una impos 
tura que la achica y la rebaja? 



146 



BOLETÍN 



Ya sabe V. que es siempre suyo afec- 
tísimo y antiguo amigo 

Pablo Bosch. 



•f-40f-l* 



DESCRIPCIÓN 



REAL PALACIO DE EL PARDO 




-, „„ STE Real Sitio, distante de la corte 
"^- ' unas dos leguas, fué siempre, hasta 
los últimos años del reinado de 
>[ Carlos IV, el lugar predilecto de 
los "monarcas españoles, así para las 
grandes cacerías, como para residir en 
él durante los meses de Diciembre, Ene- 
ro y Febrero, por su temperatura suave 
y benigna, mucho más grata y lleva- 
dera que la de Madrid en la estación de 
invierno. 

Sus dilatados y anchurosos bosques, 
cuyos límites se extienden hasta muy 
cerca de las elevadas cumbres del Gua- 
darrama, están accidentados por varie- 
dad de clases de terrenos, como valles, 
collados , llanuras , prados y colinas, po- 
blados de árboles, arbustos y matorrales, 
de robustas y corpulentas encinas, de 
chaparrales bajos y extensos tomillares, 
sobre los que destaca la olorosa retama, 
formando todo con la alfombra del tomi- 
llo y cantueso, un armonioso y delicio- 
so conjunto. El río Manzanares, que le 
baña de Norte á Sur, comunica al sitio 
una agradable frescura, y variedad de pa- 
jarillos dan nuevo atractivo á aquel vas- 
to y amenísimo recinto. En sus muchos y 
dilatados cuarteles, ricos en pastos, se 
cría abundante caza mayor y menor, 
compuesta de jabalíes, venados, gamos, 
liebres y conejos, abundando también las 
perdices, las chochas y los ánades, con 
otras muchas aves de distintas especies. 
Prendado D. Enrique 111 de la ameni- 
dad de un sitio tan á propósito para el 
descanso de los cuidados del reino, de- 



terminó la fabrica de una casa fuerte ó 
pequeño palacio con torreones, en don- 
de con frecuencia pasaba largas tempo- 
radas, siempre que venia al morisco alcá- 
zar de Madrid. 

D. Juan II y D. Enrique IV siguieron 
visitando la pequeña casa de El Pardo, á 
la que demostró éste último singular pre- 
dilección, habiendo recibido en ella á va- 
rios embajadores. 

Por los años de 1543, el emperador 
Carlos V mandó demoler el primitivo 
palacio, encargando los planos y edifica- 
ción de otro nuevo y de mejores condi- 
ciones, al arquitecto Luis de la Vega, 
que no lo dio por terminado hasta el año 
de 1558, cuando ya no pudo disfrutarlo 
su regio fundador, por haber muerto en 
el propio año tn su retiro de Yuste. 

Durante las largas ausencias del Em- 
perador , su hijo D. Felipe II cuidó con 
particular esmero de la fabricación del 
palacio, compartiendo su atención entre 
ella y las obras de restauración de los 
alcázares de Madrid y Toledo, que por 
entonces se estaban ejecutando. Conclui- 
do el palacio de El Pardo, quiso el Monar- 
ca adornarlo y enriquecerlo con diver- 
sidad de objetos artísticos, encargando 
las pinturas de los muros y bóvedas á 
los más eminentes y renombrados pinto- 
res de la época, entre los cuales sobresa- 
lían, Gaspar Becerra, Jerónimo de Cabre- 
ra, Teodosio Mingot y Juan Bautista 
Castelio Bergamasco, sin olvidar los cua- 
dros de cacerías y retratos, estos últimos 
en número de cuarenta y siete entre 
príncipes, reyes é infantes y famosos 
capitanes, ejecutados por Ticiano, Anto- 
nio Moro, Alonso Sánchez Coello, Panto- 
ja de la Cruz y otros no menos afamados 
artistas, cuya descripción hizo Argote de 
Molina en su libro de la montería que de- 
dicó á Felipe II. 

Un voraz incendio, acaecido el 13 de 
Marzo de 1604 y que no fueron parte á 
contener los desesperados esfuerzos que 
para atajarle se hicieron , ct ncluyó para 
siempre con la maycr parte de las pre- 
ciosidades que la solicitud del monarca 
había ido acumulando , sufriendo igual 
suei te gran parte de la fabrica, que quedó 
resentida en su totalidad. 



DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



147 



Deseoso D. Felipe III de reparar en lo 
posible tan lamentable pérdida, dispuso 
que á la mayor brevedad se diese prin- 
cipio á su restauración, á cuyo fin expi- 
dió Real cédula en Valladolid á 5 de Julio 
del mismo año, fijando en 80.000 ducados 
la cantidad que se calculaba necesaria 
para las obras. De su ejecución fué encar- 
gado el arquitecto Francisco de Mora, 
quien, dando inmediatamente principio á 
los trabajos, no pudo menos de introdu- 
cir varías reformas que la conveniencia 
requería, entre ellas la nueva distribución 
de algunas habitaciones, quedando empe- 
ro la forma exterior del edificio iguálala 
que tenia, es decir, un cuadrado perfecto 
con una torre en cada uno de sus cuatro 
ángulos y rodeado todo de un foso muy 
capaz, sembrado de cuadros de boj, en 
los que se plantaron muchos árboles 
de sombra y frutales. 

Las pinturas de las bóvedas fueron 
encomendadas á los más distinguidos 
artistas y estuquistas de S. M., distribu- 
yéndose el decorado en esta forma. A 
Eugenio Caxés la sala de audiencia, y la 
galería de la Reina á Bartolomé y Vicen- 
te Cardúcelo; la galería de Mediodía del 
cuarto del Rey y el tocador de la Reina á 
Juan de Soto; los dormitorios á Fabricio 
Castello, á Luis de Carvajal; y á Alejan- 
dro Semán dos piezas; la escalera que 
sube á la cámara de la Reina, á Jeróni- 
mo de Mora, y á Francisco López la que 
da á las habitaciones del Re}' , en una de 
de las cuales, que fué la sala de vestir de 
S. Rí., se colocaron una serie de retratos 
de la casa real de Austria, en su mayor 
parte pintados por Bartolomé González. 
Durante los reinados de D. Felipe I V , Car- 
los II y Felipe V, permaneció este real 
sitio sin reformas de ninguna especie en 
su planta, hasta que D. Carlos III deter- 
minó darle mayores proporciones y co- 
modidad, á cuyo fin encargó en 1772 á su 
arquitecto D. Francisco Sabatini, que, sin 
variar la primitiva forma, aumentase 
otro cuadro por la parte del Este, igual 
en un todo á la que existía. A este efecto, 
fué preciso derribar dos torres, y prolon- 
gándose sus resaltos , se formaron dos 
puertas principales , la una mirando al 
Sur, y la otra á la fachada del Norte, 



ambas en comunicación por medio de un 
patio central que da paso cómodo á los 
coches, con lo que, y otro patio, puede 
asegurarse que Carlos III hizo más de la 
mitad del palacio fundado por Carlos V. 

Con esta acertada mejora, cobró el 
edificio mayor majestad y más severidad 
de líneas, resultando la figura de un 
paralélogramo rectángulo, cuya área es 
poco masó menos de 72,260pies cuadrados. 

Sin detenernos en más detallada expli- 
cación del palacio y de las muchas de- 
pendencias que se le agregaron, diremos 
que sólo quedan cinco salas decoradas de 
las sesenta y tres de que se componía 
en la época de la reedificación, mandadas 
hacer por Felipe III, cuyos techos paten- 
tizan el gusto de su ornamentación y la 
importancia de los frescos que hubieron 
de lucir las demás. 

Las reedificaciones sucesivas, con el 
aumento de tabiques, dividiendo grandes 
salas y rebajando los techos á otras, 
fueron parte á que las pinturas de los 
unos desmerecieran, y las de otros con 
sus adornos desaparecieran por completo. 

D. Antonio Ponz, en su obra titulada 
Viaje por España, asegura que en su 
tiempo aún llegó á ver algunas bóvedas 
pintadas por Becerra y el Bergamasco, 
siendo una de ellas la que afortunada- 
mente se conserva, perteneciente sin duda 
á las que mandó hacer Felipe II y que 
corresponden á la torre del Oeste, de las 
cuales hace mención Vicente Carducci 
en sus Diálogos de la pintura y D. An- 
tonio Palomino en su Arte pictórico. 

No sólo en tiempo de Carlos III se pin- 
taron algunos techos, una vez terminadas 
las obras de ensanche, sino que D. Car- 
los IVy también su hijo D. Fernando VII, 
encomendaronálos artistas de su tiempo 
la ejecución al fresco de varios techos 
en esta forma. Las salas señaladas con 
los números ocho y nueve, fueron pinta- 
das por D. Francisco Bayeu y represen- 
tan á Apolo premiando las artes , y en la 
segunda, que es el suntuoso comedor, la 
monarquía española en un trono, acom- 
pañada de las artes , con otras figuras 
alegóricas. 

La sala tercera es de Maella, en la 
que se representa la Justicia con la Abun- 



148 



boletín 



dancia y en otra bóveda la diosa Palas 
abatiendo los vicios. 

En la sala sexta fingió D. Juan Ribera 
la España acompañada de los más emi- 
nentes artistas, poetas, escritores y con- 
quistadores. 

El techo de la sala séptima , que es de 
los Embajadores, fué pintado al tem- 
ple por D. Juan Gálvez, representando 
el cornisamento las provincias de España, 
significadas por jóvenes con los trajes y 
atributos que las distinguen. 

La bóveda de la once, fué pintada por 
D. Zacaríasi Velázquez, en la que repre- 
sentó la España victoriosa con la Sober- 
bia y la Discordia á sus pies. 

La sala cuarenta y tres fué ejecutada 
al temple por el antedicho artista, y re- 
presenta los cuatro episodios más culmi- 
nantes de la historia de Isabel I, per- 
teneciendo los adornos de las restantes, 
en su mayor parte de estucos y dorados, 
á D. Roberto Michel, cubriéndose por 
último los muros con ricos tapices la- 
brados en la famosa fabrica de Madrid, 
los cuales constituyen sin duda el mejor 
adorno del palacio, por la belleza de sus 
tintas, por lo exquisito de su tejido y por 
la exactitud de la copia de los bocetos 
hechos por Goya, Bayeu , y D. José Cas- 
tillo, con otras más de cuadros de Te- 
niers , representando cacerías , costum- 
bres españolas , escenas campestres, ti- 
pos, costumbres de Madrid y de otras 
provincias, con varios paisajes de la his- 
toria del famoso hidalgo manchego don 
Quijote *. 

Pasemos ahora á las cinco salas que 
ostentan su decoración primitiva, ó sea 
las bóvedas que fueron pintadas después 
del incendio de 1604. 

En la galería llamada de antiguo ga- 
lería de la Reina, donde Felipe II, dispu- 
so la colocación de los cuarenta y siete 
retratos de que antes se hizo mención, 
se formaron en tiempo de Carlos III, las 
salas cuarenta y cuatro , cuarenta y cinco 
y cuarenta seis : dicha galería mira al 



1 Los bocetos de estos tapices, y algunos otros que 
se hallan en el palacio del monasterio de San Loren- 
zo, están colocados en las salas altas del Museo del 
Prado. 



Norte y su grandiosa bóveda esta pintada 
por Eugenio Caxés. Entre la variedad 
de adornos relevados de estuco, pintados 
unos y dorados otros, así como todo el 
cornisamento, con la escocia que corría 
por sus cuatro lados, fórmanse recua- 
dros y medallones, consagrados exclusi- 
vamente á la representación de los prin- 
cipales pasajes de la vida del casto José* 

La sala cuarenta y ocho, cuyo frente 
da á la fachada de Oeste, que es donde 
se encuentra la puerta principal, de or- 
namento plateresco muy sencillo , prime- 
ra que tuvo el palacio, se halla decorada 
con el mismo gusto que la anterior, y fué 
pintada por Vicente Carducci, que repre- 
sentó una cacería de venados en un 
ameno y frondoso país. En el cielo, apa- 
rece la Aurora guiando su carro, tirado 
por tres caballos, y esparciendo flores 
por el campo. Esta bóveda se halla divi- 
dida por doce lunetos , en cuyo centro 
vense países alusivos á los meses del 
año. 

Adornan la bóveda de esta sala varios 
episodios de la vida de Ester, encerrados 
en recuadros guarnecidos de adornos 
de estuco, pintados y con toques de oro, 
y en las enjutas se ven matronas simboli- 
zando virtudes: contiene como la anterior 
doce lunetos, sobre los cuales se ven los 
signos del Zodíaco. 

La sala cincuenta y cuatro se halla 
situada en la torre que mira á Ponien- 
te y Mediodía, y su bóveda conserva 
como muestra de las antiguas techumbres 
que decoraban la regia estancia, una re- 
liquia gloriosa del afamado pincel de 
Gaspar 'Becerra, que tantas pruebas dejó 
de su talento en este real sitio. 

Episodios de las fábulas de Andróme- 
da, Medusa, Danae y Perseo, son los 
asuntos que decoran la bóveda, agrupa- 
dos con exquisito gusto, y realzados por 
figuras alegóricas talladas en madera y 
doradas, que desgraciadamente han su- 
frido no muy acertadas reformas en épo- 
ca no muy lejana. 

Vicente Poleró. 



1.291. Establecimiento tipográfico de Agustín Avrial, 
San Bernardo, 92. 



BOLKTIN 



DE LA 




llflli ¥ P^ 



I U 




DIRECTO R : 
EL VIZCONDE DE PALAZUELOS, Secretario general de la Sociedad. 



ANO III 



MadPid 1." de Octabpe de LS05 



NUM. 32 



EXCURSIONES 



Los túmulos de Canillas del Serrano. 




lo por virtud, sino por vicio, 



como diría el otro, por mis afi- 
^i^ ciones á la Arqueología , antes 
de honrarme con pertenecer á la Socie- 
dad Española de Excursiones perte- 
necí á la sevillana (de la que fui uno 
de sus once fundadores), y, bajo la di- 
rección del sabio catedrático D. Ma- 
nuel Sales y Ferré, no dejé de tomar 
parte en cuantas exploraciones se em- 
prendieron, realizando otras muchas 
por mí solo. 

Si no siempre , algunas veces vi co- 
ronados por el éxito mis asiduos y pe- 
nosísimos trabajos ; pero de todos los 
pequeños descubrimientos hechos du 
rante mi estancia en la región andalu- 
za, ninguno fué tan pregonado como el 
que menos fatigas me costó y en el que 
tuve por compañero á mi buen amigo 
D. Feliciano Candau y Pizarro. 

Me refiero á los túmulos de la dehe- 
sa de Canillas del Serrano, denuncia- 
dos por nosotros el 7 de Noviembre de 
1890, y de los que casi al otro día da- 
ban cuenta en la siguiente forma los 
Anales de la Sociedad Española de His- 



toria Natural (tomo XIX, pliego 3, 
pág. 33), en el extracto de las últimas 
sesiones: 

"El Sr. Calderón envió esta nota. 

„En una excursión emprendida á la 
dehesa de Canillas, término de Guille- 
na, los Sres. D. Feliciano Candau y 
Pizarro y D. José Cáscales y Muñoz, 
han descubierto recientemente un im- 
portante túmulo prehistórico que, se- 
gún la noticia de estos exploradores, 
representa la transición de los primi- 
tivos dólmenes de la edad neolítica á 
los túmulos de corredor de la época del 
bronce. El plano de la construcción 
forma un trapecio de 7,15 metros de 
de altura , cuyas bases paralelas tienen 
respectivamente 1,43 y 0,83 metros de 
longitud; los lados paralelos están 
construidos por enormes piedras , no 
talladas, de l,2v5 metros de altura me 
día que, colocados verticalmente, sin 
cemento de ninguna clase, sostienen el 
considerable peso de otros monolitos 
largos que, puestos horizontalmente, 
forman la techumbre. 

„Hay en este curioso monumento 
una parte ensanchada, que serviría de 
cámara funeraria, en la que se deposi- 
taría el cadáver sentado ó acurrucado; 

19 



150 



BOLETIX 



modo de enterramiento distinto del 
usado más tarde en las épocas del 
bronce ó del hierro. No se han hallado 
objetos en este túmulo, que sin duda ha 
debido ser profanado ; pues el nombre 
de Puerto de los entierros que tiene el 
sitio, indica que de antiguo son conoci- 
dos en el país estos monumentos, se- 
gún ocurre de ordinario en análogos 
casos. „ 

La Crónica Científica de Barcelona, 
en su número 313, la Reviie Archéolo- 
gique de París en su tomo XVI, pági- 
na 287, y otros muchos periódicos y 
revistas extendieron la noticia con pas- 
mosa celeridad; no faltando quien al 
darla hiciese alarde de su erudición, 
cual lo demuestran estos párrafos que 
copio de El Posihilista de Sevilla, nú- 
mero del 14 de Noviembre de aquel 
mismo año: 

"Los progresos que en estos últimos 
años ha alcanzado la prehistoria son 
patentísimos, y á ninguna persona me- 
dianamente instruida se oculta la mar- 
cha lenta, pero segura, de la ciencia 
que trata de reconstruir, en lo posible, 
la historia primitiva del hombre á tra- 
vés de la dilatada época en que se ca- 
rece de todo testimonio y no se cuenta 
con otra ayuda que la prestada por la 
Geología, la Antropología, la Arqueo- 
logía y la Paleontología; ciencias cuyo 
auxilio, si bien no deja de ser bastante 
poderoso, es, sin embargo , deficiente 
„Hoy hay que añadir nuevos mate- 
riales, que aumentarán seguramente el 
caudal de datos con que actualmente 
cuenta la prehistoria, para establecer 
sus admirables conclusiones. El hom- 
bre, cuya aparición data, de una mane 
ra cierta, del comienzo de la época cua- 
ternaria, no obstante encontrarse hue 
Has de su presencia en la época tercia- 
ría, á partir del período eoceno, no se 
ocupó en sepultar á sus cadáveres has- 
ta los comienzos del período neolítico. 
Desde la época en que el hombre pu- 
limenta la piedra sin abandonar por 



completo la talla y en la que la raza de 
Furfooz emigra del Oriente al Occiden- 
te, donde se cruza con los restos deca- 
dentes de su antecesora la raza de Cro- 
Magnón; desde ésta época, repetimos, 
aparecen por vez primera los lugares 
de sepultura tales como los dólmenes, 
túmulos, crom'lechs y menhires; las 
sepulturas de gigantes de Cerdeña, los 
chulpas del Perú y los motinás de la 
América del Norte. 

„A la segunda de estas diferentes 
clases de sepultura , á los túmulos, se 
refiere el descubrimiento recientemen- 
te realizado en la dehesa de Canillas, 
por los Sres. Cáscales y Candan, discí- 
pulos del ilustre profesor de Historia 
Universal de esta Universidad, Sr. Sa- 
les y Ferré, 

„ Guiados por el nombre de Puerto 
de los entierros con que es conocida 
una parte de aquellas tierras, y por 
la forma característica de algunos 
montículos que en este sitio se levan- 
tan, hicieron cavar en uno de ellos, 
consiguiendo que la realidad respon- 
diese á lo imaginado. 

En este monumento , único en su 
clase que sepamos existe en Andalu- 
cía, la parte ancha hacía el oficio de 
cámara funeraria, en la que se coloca- 
ba el cadáver 

« 

Reproducidas las anteriores líneas, 
que me economizan describir la natu- 
raleza y el actual estado del megalítico 
monumento, daré á conocer con más 
detalles cómo y por qué se descubrió el 
citado túmulo, al que rodean otros mu- 
chos de su clase, y una extensa necró- 
polis romana; habiéndome movido á 
tratar esta cuestión la lectura de dos 
libros impresos hace muy poco (ambos 
con el título de Prehistoria de la pro- 
vincia de Sevilla, y escritos por mi 
compañero el Sr. Candan y el laborio- 
so D. Carlos Cañal), donde he visto 



DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



nuevamente citados los enterramientos 
prehistóricos de Canillas. 



* * 



Aún no había obtenido ni el grado 
de Bachiller, é ignoraba por entonces 
hasta el nombre de las ciencias arqueo- 
lógicas, cuando estando un día de caza 
en la ya dicha finca de mi padre, me 
senté á descansar, acompañado de uno 
de los guardas, sobre unos enormes pe- 
druscos que, colocados horizontalmen 
te encima de otros verticales, consti- 
tuían una especie de albañal. 

Como llamara mi atención la forma 
de aquellos monolitos, satisfizo mi cu- 
riosidad el campesino diciéndome que 
eran parte de un entierro de los moros^ 
semejante al cual podía enseñarme 
otros muchos de los que extraían fre- 
cuentemente piedras de yesca y esque- 
letos muy grandes. 

Me di por satisfecho con tan sencilla 
explicación y no volví á pensar en tan, 
para mí, originales sepulcros, hasta 
que siendo alumno de la Universidad de 
Sevilla hice una excursión á los dól 
menes de Castilleja de Guzmán , en 
compañía de D. Manuel Sales y de 
otros estudiantes, quienes, como yo, 
cursaban la Historia. 

Aunque de época y carácter distin- 
tos á las construcciones de Canillas del 
Serrano, la vista de aquellos dólmenes 
me sugirió la idea de que las sepultu- 
ras de que tan poco caso había hecho 
siendo niño, debieran ser prehistóri 
cas, y no del pueblo árabe. 

Hice un esfuerzo para recordarlas 
bien, y las describí á los demás excur- 
sionistas, quienes convinieron en dar- 
me la razón, animándome á que visita- 
ra otra vez aquellos sitios y les traje- 
se datos más concretos, para secundar- 
me ellos si la cosa lo merecía. 

Ofrecí complacerlos en la primera 
ocasión que mis ocupaciones de esco- 
lar lo permitiesen; y aunque por va- 
rios motivos no pudo ser tan pronto 



151 



como todos deseábamos, algún tiempo 
después de licenciado, no habiendo 
echado en olvido mi palabra, invité 
para la empresa al Sr. Candau y Piza- 
rro, y con tan selecto acompañante 
marché á Canillas en Noviembre de 
1890. 

De dos medios disponíamos para 
realizar la expedición: hacerla toda á 
caballo, pasando por Guillena, ó to- 
mar la diligencia hasta las Ventas de 
la Pajanosa y desde aquí dirigirnos en 
caballería á la dehesa, distante unos 
seis kilómetros. 

Optamos por este último, y á las ocho 
de la mañana del día 6, salimos de 
Sevilla en tan molesto coche, llegando 
á las famosas ventas á la una de la 
tarde. 

Antes de emprender la segunda jor- 
nada creímos oportuno reparar las 
fuerzas, y en demanda de alimento 
nos encaminamos á uno de los meso- 
nes. Al preguntar á la posadera por 
los comestibles de la casa , nos contes- 
tó, como suelen hacerlo todas las pa- 
tronas de su clase , " que ella tenía de 
todo y podíamos pedir cuanto quisiéra- 
mos. „ Sin embargo, resultó que no tenía 
de nada; mas al fin compró unos pollos 
que, aderezados con arroz, nos supie- 
ron á gloria, merced á nuestro apetito; 
y, satisfecho éste, reanudamos el viaje. 

Mal lo habíamos pasado hasta allí, 
oprimidos como sardinas en banasta, 
y martirizados por el zarandeo del ve- 
hículo; pero desde la carretera á la fin- 
ca no lo pasamos mejor, subiendo y 
bajando empinadas cuestas, marchan 
do siempre por estrechísimas veredas, 
al lado de las cuales se abrían profun 
dos precipicios, en los que mi compa 
ñero, menos avezado que yo á tales pe • 
ligros, creía caer á cada instante, y re- 
cibiendo, por añadidura, las expresi- 
vas caricias del monte que á veces azo- 
taba nuestros rostros. 

Por todos estos inconvenientes an 
dábamos tan despacio, que cuando lle^ 



152 



boletín 



gamos á la casa de Canillas no era 
hora de ir á ver los túmulos, sino de 
cenar y acostarse, hasta que Febo vol- 
viera á iluminarnos. 

Apenas amanecía cuando, seguidos 
por varios obreros, provistos de aza- 
dones y piquetas, nos dirigíamos impa- 
cientes al Puerto de los entierros. 

Para llegar al anhelado Puerto, que 
se encuentra á media legua de la casa , 
necesitábamos cruzar un ancho valle, 
cubierto de los fragmentos de roca 
(convertidos en cantos rodados) y de 
la tierfa y malezas que las lluvias, de 
muchos siglos quizá, habían ido arras- 
trando de las montañas laterales , for- 
mando uti vasto depósito, con todo el 
aspecto de los terrenos de aluvión. 

Mientras yo caminaba silencioso, 
tratando de reconstruir en mi cerebro 
la sepultura que íbamos á ver, mi 
amigo, ante el carácter de aquel suelo, 
me suponía equivocado y, acusándome 
de iluso, se mostraba arrepentido de 
haber hecho tan incómodo viaje para 
encontrarse tal vez con alguna cone- 
jera. Cuando mayor era su disgusto 
distinguí sobre la falda de una cuesta 
el montículo artificial que, interrum- 
piendo la pendiente de aquélla, se des- 
tacaba á lo lejos, indicando el lugar 
que perseguíamos, hacia el que llamé 
en seguida la atención de Feliciano 

Verlo éste, lanzar una exclamación 
de alegría, y echar á correr hacia el 
pequeño monte, fué todo obra de un 
momento. 

Una vez sobre el curioso túmulo, hi- 
cimos arrancar las espesas matas de 
cascajo y jara que lo cubrían por com- 
pleto y se procedió á sacar la tierra 
que cegaba al corredor y á la rotonda. 
Después tomamos las medidas que ya 
conoce el lector, y, animados con aquel 
primer hallazgo , reconocimos minucio 
sámente todo el término , practicando 
exploraciones que no resultaron in- 
fructuosas. 



Existe en aquellos campos una ver- 
dadera población de túmulos que se 
destacan á la simple vista, no ya del 
arqueólogo, sino de persona más in- 
competente, á quien por lo menos ha de 
sorprender la presencia de tantos mon- 
tones de tierra colocados en las ver- 
tientes y en las cúspides de los cerros. 
Muchos de ellos han sido registrados, 
y otros, como ocurre con uno del 
"Barranco de los junciales„ muestran 
hundidos la cámara y el corredor, re- 
velándose su plano en la depresión del 
suelo; pero los más permanecen in- 
tactos, y es de suponer que si se ex- 
ploraran discretamente, aportarían 
gran número de osamentas humanas 
y objetos de la manufactura primitiva. 

Al lado de estos túmulos, aunque 
abundando más que en Canillas en la 
inmediata dehesa del Campillo (pro- 
piedad de D. Andrés Parladé), se des- 
cubren á cada paso otros sepulcros de 
forma cuadrangular, tan toscamente 
fabricados, que, al ver uno que se ha- 
llaba descubierto, lo supusimos al 
pronto obra de los trogloditas. Mas no 
tardó en desvanecerse tal creencia 
así que hicimos excavar en otro seme- 
jante, en cuyo interior aparecieron, 
mezclados con ceniza, varios huesos 
carbonizados y diferentes piezas de 
cerámica romana. 

J. Cáscales y Muñoz. 



i -= oij a J O» 3 oa r— M 



SECCIÓi^ DE CIENCIAS HISTÓRICAS 



LA ESTACIÓN PREHISTÓRICA DE SEGÓRRIGA 



(Contintiación.) 
III 

Residuos alimenticios. 

i\f consecuencia de un aconteci- 
I5 miento cuya naturaleza me pa- 
rece imposible determinar con 
precisión, fué la cueva, mucho antes 
de amanecer los tiempos históricos, 




DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



153 



trastornada y vuelta de arriba abajo. 
Los hombres que en ella habían esta 
blecido su morada ó encontrado un re- 
fugio, perecieron víctimas de una im- 
prevista catástrofe. Me parece inútil 
detenerme en discutir las hipótesis que 
un atento examen ha despertado, y ten- 
go por mejor y más científico pregun- 
tar al mismo suelo de la caverna lo 
cierto que nos pueda revelar por lo 
que toca á las generaciones que lo han 
pisado y no poner el pie en el terreno 
de las conjeturas. En las diversas ca- 
pas de tierra del dicho suelo conviene 
buscar, como en las hojas de un libro, 
la historia de esas edades tan lejanas. 

Hállase el piso primitivo de la cueva 
cubierto con varias capas de tierra y 
residuos sobrepuestos unos á otros, y 
cuyo número variable en las distintas 
salas, es generalmente tanto mayor 
cuanto menor es el declive, 5'- llega en 
algunos puntos hasta doce. En todas 
hemos observado restos de cerámica, 
pedazos de carbón , huesos humanos y 
de animales, armas, instrumentos, ob- 
jetos de diferentes formas y usos, de los 
cuales unos parecen haber servido de 
adorno á los trogloditas, y otros á al- 
gún culto religioso. 

Todos estos restos se presentan sin 
orden á la vista del explorador, de tal 
suerte, que sólo con gran temeridad 
podría tomarse su diversa posición en 
las estratas, como base de una distin 
ta época y civilización: por esta razón, 
sin preocuparme más de lo que con • 
viene del lugar en que los encontré, los 
daré á conocer sucesivamente. 

La estrata inferior está generalmen 
te formada con tierra rojiza proceden- 
te del mismo piso de la gruta ; á dicha 
estrata se sobrepone en muchos puntos 
otra capa de ceniza de color gris ó 
blancuzco, en la cual es bastante fre- 
cuente el encontrar pedazos de carbón 
medio quemado , y aun de leña respe- 
tada por las llamas. Algunas veces es 
tan abundante el carbón que llega á 



formar un lecho del todo distinto, en 
el que aparecen montoncitos de fosfa- 
to de cal, residuo de la combustión de 
los huesos; lo mismo se ha notado en la 
cueva de Gourdon visitada por Mon- 
sieur Piette. 

Parece que la carne formaba la parte 
principal de la alimentación de nues- 
tros trogloditas; así fué en muchas re- 
giones, como lo observa el Sr. Mar- 
qués de Nadaillac en su hermoso libro 
McEiirs et moHitments des peuples pré- 
historiques. Los restos de venado y 
animales domésticos que abundan alre- 
dedor de los hogares son una prueba 
de dicha opinión. Entre ellos he podi- 
do clasificar huesos de ciervos , corzos, 
cabras, carneros, bueyes, caballos y 
cerdos, unos medio tostados y otros 
que parecen haber sido descarnados 
sin pasar por el fuego. 

Los huesos largos están partidos á 
veces de una apófisis á otra, y aun di- 
vididos y quebrantados en un sinnú 
mero de fragmentos. 

Sólo encontramos dos cráneos ente- 
ros, uno de perro y otro de carnero; 
parecen los demás haber sido abiertos 
para extraer los sesos. 

Con algún interés puédese notar que 
los huesos de animales completamente 
desarrollados, no se encuentran tan á 
menudo como los de individuos de me- 
nor edad, sin duda porque estos podían 
procurárselos con más facilidad, bien 
con lazos ú otros útiles de caza; pero 
siendo de notar que no sólo con el ve- 
nado, sino también con los animales 
domésticos se observa lo mismo. 

También se han recogido huesos de 
aves, pero en menor cantidad que de 
mamíferos; puedo señalar el cisne, el 
tetras, el pato silvestre, y la avutarda. 

Mezclados con estos huesos, quebra- 
dos y tostados del mismo modo, yacían 
entre los residuos de los hogares res- 
tos humanos, lo que indica que los pri- 
meros moradores de la península fue- 
ron antropófagos. 



154 



boletín 



La tesis del canibalismo en España 
merece detenido examen y no la puedo 
tratar en esta breve reseña. Mr. Car- 
tailhac y otros antropólogos han rehu- 
sado con bastante ligereza- aceptar las 
conclusiones que presentaban varios 
exploradores españoles, portugueses 
y franceses, conclusiones fundadas en 
serios y auténticos descubrimientos. 

Además de la carne de los animales 
y del hombre, se alimentaban los tro- 
gloditas con otras substancias en cuya 
enumeración nadie se extrañará encon- 
trar trigo, almendras, bellotas y ceba- 
da, cuyos restos ó cascaras conserva- 
das por el fuego y encontradas en dos 
ó tres salas de la caverna no nos dejan 
la menor duda de que hayan sido utili- 
zados dichos alimentos en los primiti- 
vos tiempo de nuestras civilizaciones. 

Dos moluscos, el Mytüiis edulis, L. 
y el Bulimiis decollatus, L. aparecen 
también de vez en cuando en las estra- 
tas que se aproximan á la entrada. 

P. Eduardo Capelle. 



ESCRITURAS MOZÁRABES TOLEDANAS 



(CoatinltuCiÓll.) 



XXIX 



Cesión hecha por D. Hátim b. Hátim y 
su hermana Doña María en favor del muy 
ilustre D. Juan, Sactistán de la catedral de 
Santa María de Toledo, y como represen- 
tante de esta iglesia, de toda la tierra blan- 
ca, sita en el pago de Alcardete, que perte- 
neció á Doña María, tía de los donantes, 
quien la había adquirido de su marido Do- 
mingo b. Yahya b. Barbír. ^i'L-v .^J) J^il 

^^r^ J ••• ky '^-^-^ ^"-^^ ^'-'l^^. ^)J^ 



c' 



^^■' 'r 



,i.:> UJL¿ ^3 ir 



vJ ¿wav. 



^.. ^r. ^- - ^-,-^,. Linda 
dicha tieria: al E., con tierra blanca de los 
herederos de Sancho b. Bezetix? ,.' ¿.s^-^) 



( l^jtjlj; al O., ídem de Pelayo Pethresde 
Fromista (üxiu-^y :> (^^■5=Lj ^I^j); al S., 
con la hoya ú hondonada, en la cual está 
el prado (^ jj\ ^^,^ cr^\ 'í^^^), y al N., 
con la tierra de Juan b. Barbír ,,Uj ¡J^j\) 

Hacen esta donación los citados Hátim y 
María cumpliendo una disposición testa- 
mentaria de la dicha Doña María, su tía, y 
para sufragios por su alma. 

Fecha en Febrero {y ,^.9) de la Era 1208. 

Firman como testigos: Juan b. Pedro 

(í^Ja/;j yj y¿.3lj,j), Domingo b. Esléfano b. 

Aixón ( .)j^^' j.y' (.)3L;;ál ,j á.ji;^0_a), Ma- 
teo b. Esteban Al-Karman? yjLxi;,! ,j L¿»_j) 
(¿ _,L.í^,JiJi, Tomé b. Yahya b. Pelayo?... 

XXX 

Venta que otorga Doña Sacrata Colomba', 
hija de Obaidalah y esposa que fué de Pe- 
dro el Zapatero, á favor de Domingo b. Ja- 
laf, de toda la parte de tierra que poseía en 
la alquería de Olías la Grande... ^j;j.x¿-') 



^^ 






u: 



, _.. ^..1 .1)1 

(^ j.Aj| , ►"^^Jj! Íj yi L^^^cv, por precio 
de 15 mizcales de oro alhayesí. 

Fecha en Junio (¿■~-'y) de la Era 1208. 

Aparecen como testigos: Esteban b. Is- 
mail (J,;ji.j^^) y) ^¡v-j^]), Domingo b. Mar- 
tín (... f^y ^ i.iÍÁ'=J>j), Lázaro b. Alí 
( ^ y »ijb5_.), Juan Domínguez 2 •ji?-'j) 
(^^x^^ y Domingo b. Xaluth... ^) ¿JÍÁ/>Jj) 

(%U 3. 

Y en carácter latino: dominco sabastati. 



1 Sacrata Colomba, en significación del Es- 
píritu Sirnto, era nombre conocido entre los 
Mozárabes toledanos, según me advierte el se- 
ñor Simonet. 

2 De éste y los dos anteriores se dice: Se 
escribió por ellos á su ruego y en su presen - 
cia {i.'iy£¡sr^,j Jfy^i ^^ ^ ^^j). 

3 Pergamino muy malirado y borroso. 



DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



155 



XXXI 

Venta de una casa sita en el distrito de San- 
ta María la Mayor, en el interior de la ciu- 
dad de Toledo ifA-LiJ! i^^srJ ...jUJ! fL^^s^) 

(... ük.ljr iL<j^ J-¿<b Cí^*^í '^^ y ^^-^-^ 

y lindante: al E., con casa de Pedro Jalil 
(JJaw í^ls^'); al O., con la calle que baja 
al Pozo Amargo ^ J\ laA^-M ^' f^-'') 
(\y^j\ ^-J|; al S., con la casa de Juan Do- 
mínguez ( v-ii;^3 .\Uj), y otra de los here- 
deros del Bernithí ( ^laJ^Jl ¿Jjj' lí-i), y al 
N., con un callejón al cual da la puerta de 
la algorfa ¿^--^fj 'Jib (Jils; .^ ¿,^A\ 3^) 

.(jjfj.j\ SL..^J! IJJS ^yA lÍj¿ ^.J ''" J^t 

Otorga esta venta Doña María, hija de 
D. Martín Albernithí, en presencia y con el 
consentimiento de su esposo D. Martín Gar- 
cía (i;.-~j¿ K^y -^j-^)' á favor del canónigo 
D. Jordán [^ •^í^xsü\ .,f^»=s. ,., .^), por pre- 
ció de 160 mizcales de oro alfonsí. 

Fecha en Enero ( t^') de la Era 1210. 

Suscripciones: Alíb. Said? b. Gania <..U) 






{'¿.^Xi ,.^ 



U 



1^, Pedro b. Domingo Alber- 



Precio de la venta, 12 mizcales de oro al- 
bayest. 

Fecha en la segunda decena de Junio 
(... hJiy jH^io ^^A is__,^ jL%]\ ^J) de la Era 

1210. 
Figuran entre las suscripciones: Lázaro b. 

Rebiab. Wazlan?( .,^J^ ^ ^¡ ^ y¡ ¡Sj^), 
Esteban b. Ismail testigo ^.i ^jL_x_¿,!j) 
(Jjdi;, J*».,f~'!, Domingo b. Xaluth ¿-iú/»Jj) 
(Ja-Lx. ^j, los cuales testifican sobre lo con- 
tenido en el documento (^J--' íjA^I). 

Y en carácter latino: tego gonzalbo petriz 
testis, petrus iulian testis». 

XXXIII 

Venta que otorga D. Gonzalbo, hijo de 
Miguel b. abí-1-Hasán b. Al- Bago .,jJ) 



[i.^ 



&' lt-^' ^'.^ ij'- ^^^"V C'- ^■ 



\.^x¿. 



nithí ( ^kj^Jí a^^-^ ^^js^Lj^), Nicolaus el ^ favor de D. Servando b. Tami J^^j^ jji) 
presbíí¡ro?' (¿ ^¡Ó\ ^..^ii^a^ Julián Martí- ^^'^ &■' ^^ '^ "^'^"^ ^"^ ^^ pertenece de 
nez (, ><^xJf.' .,Llj), Xalmón b. Alí b. Waid 



\o ^. ,,,yi.) 



Y en carácter latino: «micael iben heza 
azafar, paulus ioannes testis». 



una viña sita en Olías, y cuya segunda mitad 
es propiedad de Doña María, hermana del 
vendedor y esposa del comprador. Linda al 
E. , con un camino; al O. , con viña de Pedro 
Domingo b. Al-Fullús ' ^,¡ iiL^^^Ja^J ^y) 



XXXII 



(jy^JJí)\\ al S., un plantío de viña de Jor- 
dán { .■^\:¡j^ *^ Lj-'f^' y al N., la viña de 
Venta que otorgan los hermanos Bahlul yahya el alfarero (.Uri^l ^^^t ./). 
y Pedro, hijos de Julián el herrero, á favor r^ • j , . -^..i . j 

de D. Domingo b. Jálaf, de la parte de tie- 



rra que poseen en Olías la Grande, parte que 
adquirieron por herencia de su abuelo Jair 
b. Rachel? y que tiene de cabida lo que se 
calcula labor de un par ó yunta de bueyes 
ó vacas ^ i^U. ^ iilL-O .,_«:> ^j^\) 



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\Ú\ ,LL 



^ijii 



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^^' 



I Citado por el Sr. Gamero (Cigarrales, 
pág. 109, nota) Este célebre pozo ha dado 
nombre á una calle, según puede verse en el 
plano que acompaña á la Guia del Sr. Vizcon- 
de de Palazuelos. 



Precio de la venta: 15 mizcales de oro 
alfonsí. 

Fecha en Junio (¿^j^j) de la Era 121 1. 

Suscripciones: Abdelmelic b tes- 
tigo y escribieron por él por su orden y en 

su presencia J.»L¿. ¿(.»j¿' ^\ dil^'t -^-c^j) 
(¿.j\.^ai.j íjAj ¿.;.c. ^,.^'Sj. Yo Gonzalbo, 
hijo de Miguel b. abí-1-Hasán b. Al-Ba90, 
otorgo la venta ^^i J^^ /-rf >Ji^^ ul) 



I Del latino puUus, pollo, según adverten- 
cia del Sr. Simonet. 



156 



boletín 



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J] ^Z^..^.*] i-^^LJl _J .1**^^ 



Fernando b. Miguel b. abí-1-Hasán b. Al- 



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.i í_\a3J.) 



Y en carácter latino: «muniu micael tes- 
tis^ giiter pedrex». 



XXXÍV 

Venta del tercio de una viña 



í...^--'! 



L}-' 



j^M) 



sita 



XXXV 

Venta de un mesón { , a.s>sj| ;í.*^=.) sito 
en el distrito de Alcudia, cerca de las tien- 
das, en el interior de Toledo ÍjJ.-01 l-ysr^) 

y cuyos lindes son: por levante, casa que 
fué de Doña Mayore, hija de Abdelmelic, y 
que ahora se halla convertida en mesón... 

( ^Jsr■■^^•, por poniente, mesón que perteneció 
á Albaro y que es ahora de los peregrinos (?) 

U<^ J^J^i ^j^^ J-^ ^)J---); ni 5., el 

camino (calle?) al cual dan las dos puertas 

de este mesón en venta v^il^Jf ^^ ¡ij ^JaJl) 

(... ^,^-.M ! J.^) .(**) ^„.b ^j^- J\j,y 

al N., casa de Pedro, el comerciante al por 

menor (^llJ! í.LJ ,b). 

Otorga esta venta Doña María Domín- 
guez, la que fué esposa de Domingo Joan- 



2.*„cv siua en Torres f, '¿^-^h Iaus-^), 
cuyos límites son: al E.. otra viña que fué 
de Aben Bahlul (JjU,> ^y¡)^ jií .<\ al 
O., otra Ídem de Raimundo Crespo X'^^i .); 

(i^fi al S.', un camino (jJ.JL^. ^^ p ^Íj), y 

al N., el río Tajo (i.^^l-'' ».^3) i. 

Intervienen: como comprador Yahj^a b. 
Gálib (>^^^-''-¿ ^r: crr^)' Y como vendedor 
Pedro Peláez (, >^¡^> ív^'-O, ascendiendo 

la cuantía del precio á nueve mizcales, de 

los cuales se entregaron cinco en el acto del 

otorgamiento, debiendo satisfacer los cuatro 

restantes en la fiesta de San Juan más pro- nis y lo es actualmente de Juan (?) ^ .,Lj) 

xima á la fecha en que se otorgó la presente 

escritura ¿.-.sLJ! J.jL¿o 'ix¡ j¡( ^ 2<^¿^a «) 

.(J 1^,3 jj ^-LCJl 

Fecha en Febrero (j-J^c-J) de la Era 1212. 

Hay además un testimonio fechado en 
Septiembre del mismo año, por el cual Juan 
Miguélez, albacea testamentario de Pedro 

Peláez ^LÁjt ^L ^^yi ^JL£. .,L0 

(^Tí . ^j^"-:^ ^^-, confiesa que se han re- 
cibido los cuatro mizcales á que se alude 
anteriormente. 

Entre las suscripciones aparecen las de 



c- 



(ijSs — el cual asistió al acto y manifestó 

su consentimiento, — á favor de D. Jordán, 
canónigo de Santa María la Mayor de Tole- 



do ¿1j j.' i^^-^- í^-clh 



•;^jxs}\ ^!^_^:> 



^ 



o 



^) 



( p^iaJ^, importando el precio 35 mizcales 

de oro alíonsí. 

Fecha en Marzo de la Era 1212. 

Entregó el comprador á la vendedora, en 
el acto del otorgamiento, la citada cantidad, 
y recibió de ella tres escrituras en confirma- 
ción de su dominio sobre la finca objeto del 
contrato 2. 



Parece leerse j^»^ 



iÜl 



Xalmón b. Alí b. Waid Jo .,.« ,., -_k) 
{•'■■r-Pj fji_, Maslema b. Abdela/iz? ¿-^1— *) 

Y en caracteres latinos: «andreas presbi- 
ter testis, román micael testis». 



' Véase supra núm. XXVI II. 



(**) En vez de _,Ijlj, según uso muyfre- 

cuente en estas escrituras. 

1 Dudosa la primera letra (que podrá ser i 
ó 9), y careciendo de vocales en absoluto, no 
nos atievemos á transcribir este apellido. 

2 En el reverso aparece escrito con letra tal 
vez contemporánea del documento: «hec est 
carta de mesonibus Jordani in alcudia», y más 
abajo, de letra más moderna: mesones. 



DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



157 



Firman, entre otros: Servando b. Pethro 
{...yAi .^ ^vj^i.), Xalmón b. Alíb. Waid 
(-^J C^f ^ C^ Jj>c^). Felis b. Yoa- 
nes b. Alí b. Waid ^j ij-"^tí-' í-rí r, « ^) 

Y en carácter latino: «andreas Johannis 
testis, petrus diachonus testis (?), sancti mi- 
caelis, petrus ecclesie sancti micaelis diaco- 
ñus testis». 



XXXVI 

Escritura i por la cual Pedro Cauxa em- 
peña en poder de Justa, la que fué esposa de 
Suleimán Al-Marur, todo el mesón que po- 
see en el distrito de la catedral, en el sitio 
conocido por Alcudia, en el interior de To- 
ledo O^jt-5' "'t 'i^t.¡ J>.Xí ii^5 Sfla^ .!bj) 

(... ilkaJs. Linda dicho mesón con otros 
dos, uno del que empeña y otro que fué de 
su hermano Sancho, y que pertenece ahora 
á la catedral, sin que sea necesario puntua- 
lizar más sus linderos á causa de su notorio- 

dad ^j^J Uí ^f-^J' jj^,J\ j^j) 

Empeñóse en siete mizcales de oro alfon- 
sí, de buena acuñación, pesados en la zeca ó 



casa de moneda 



(¿>;l\- 




,a3L/1^ ¿.X-S.VV 



i) 



La que exigió la prenda (la prestamista) 
entregó la citada cantidad de oro al que dio 
dicha prenda, el cual la tomó de ella, y 
quedó en su poder y en su dominio y á su 



I Por ser éste uno de los documentos cuya 
lectura nos ha costado mayores esfuerzos y 
ejercitado más nuestra paciencia, daremos en 
gran parle su texto árabe, allanando así el ca- 
mino á los arabistas que quieran consultarle: 
así podrá rectificarse también si hemos incu- 
rrido en algún error al interpretarle. 



disposición y responsabilidad, por lo cual 
púsola en posesión de la finca empeñada, 
para que pudiera percibir el alquiler y apro- 
vecharse de ella en cambio de la utilidad 
que él reportaba del referido oro, durante un 
año, que empezaría en el mes de la fecha de 

esta escritura ijj^X^j] ¿Us^Xw.^J! .j:.^^^) 



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i.__^2>3JLj i.£.L¿XJ) , w« L:5aC iJ ftJSjJt 51 H 



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Al expirar este plazo convenido entre am- 
bos, él pagará á ella la indicada suma de 
oro, devolviéndose á él la dicha prenda 



Us,)- 



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Se posesionó la prestamista de la casa em- 
peñada con las condiciones indicadas, des- 
pués de enterarse ambos contratantes, y en 
virtud de esta pignoración y del convenio mu- 
tuo, y según la ley de los cristianos en seme- 
jantes contratos ^ ^y^^^\ ^^*y\ \J- ^JL^y^) 






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^U,x.^j! 13. , 






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Y manifestó el que daba laexpresada pren 
da que él tomaba en arriendo el mesón de la 
dicha pignoración por cinco mizcales de oro 
durante el tiempo indicado, y que se obliga- 
ba á pagar á la citada Justa al fin del año, 
con el favor del Dios excelso, el oro de la 
citada pignoración (del préstamo) y además 

los cinco mizcales del arriendo , ^j.^íU) 



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L^J5 JjL; 






Declara asimismo la prestamista que el 

30 



158 



boletín 






dinero del préstamo y del alquiler pertene- 
cen á sus hijos Juan, Lázaro y Domingo por 
la parte que les correspondía del precio de 
una casa que vendió en el distrito de la 
Puerta de Hierro, y así se obliga el pigno- 
rante con todos sus bienes... v^_3J>— Jj) 

Y si ocurriera la muerte de éste antes de 
solventar su deuda, que pueda cobrar la ci- 
tada Justa de los bienes que aquél dejare, 
con preferencia á todos los demás (aeree - 
dores), sin que se la oponga obstáculo en 
esto por ninguno de los herederos .,L) 

Fecha en i.° de Mayo, Era de 1213. 

Suscripciones: Ornar b. abí-1-Farach 

(-.jáJ! ^\ ,.y^ j^j). Suleimán b. Hayún? 



quien en unión de aquéllos pertenecía la ca- 
sa vendida; y como comprador el Presbíte- 
ro D. Jordán, adscrito al clero de la cate- 
dral, en representación y con dinero de Don 
Martín Garcés, mayordomo del Arcediano 

D. Gonzalbo ... .j^«5).=i>- .)_;>5 lT^^^ ■Jrj''-^^) 



SXi\ 



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.( 



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^7Í^""U ) 



Precio de la venta, 52 mizcales de oro al- 
fonsí. 

Se menciona el testimonio de Martín Gon- 
zalbes, padre de los vendedores, aprobando 
y ratificando el presente contrato celebrado 
por sus dos mencionados hijos. 

Fecha en Septiembre de la Era 12T3. 

Suscripciones: Estéfano b. Abdalah Al- 

hach (¿;^L¿! í-Ui J,^c ,y) ..liUá'), Xalmón 

b. Alíb. Waid (^^c_. y} J.& yj .,j^láj). 

Y en caracteres latinos: «Michael sub- 
diaconus sancti nicholai testis, aluaro diez 
testis». 

XXXVIII 



XXXVII 

Venta de una casa sita en el arrabal de 
Bab-Sncra (Puerta de la Sagra), en el distrito 
de la iglesia de Santiago de Toledo ^J¡£t-} , ^] 

(iXhAh, y con los lindes que se expresan á 
continuación: al E., el camino ó vía públi- 
ca al cual da la puerta uí\ , >U|_. ^^ ^' ^ü í) 

(f" ^' ' ^^ ^' y ^•' ^^'^^ ^^^^ perteneciente 
á Pedro Miguel y á su hermano Domingo 
Rubio (i^) . . í1xa:> ^^^_; J^-^' 2f,l=-J ,':>), 
y al N., la casa del Presbítero D. Guillen 

Intervienen como vendedores los herma- 
nos Pedro y Ximena, hijos de Martín Gon- 
zalbes, los cuales otorgan dicha venta en 
nombre propio y. en el de su citado padre, á 



Acta de la demanda presentada por Mi- 
guélez, hijo de Pedro (de) Zaragoza el escu- 
dero (, f.!,:;! Ih^Sy^ ^t-^*'' i-\i ,vV'J.¿;;'=), en 
nombre de su sobrina María, hija de su her- 
mana Urraca ^y.^^ J^xj í.í y^ í::x: y^ yí) 
{iS\j\, acerca de ciertos bienes que poseía 
Pascuala, hija de Juan de Madrid iJuN^) 



•> kS-"" <r. 



O'- 



.*^, por cuanto, en 



concepto del Miguélez, pertenecían á su 
sobrina. 

Exigió el demandante que la citada Pas- 
cuala renunciase á la posesión de las tres 
cuartes partes de la casa que había sido em- 
peñada en favor de su padre -r j=^^ W 3^^S^ 

ijyí^i! jIjJl (*) f-b j'^t "t¿^\ yJ' •-tIjA-j L^^ 



(*) Conste, de una vez para siempre, que 
el artículo árabe se separa aquí con mucha 



DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



159 



.X.J 



^ ... JjJ', 



jLr 



Demandóla también por los esclavos que 
se había apropiado su padre, y además por 
los muebles, lo poco y lo mucho, etc., etc., 

LíjJL **Ád^! ,^jlJ U;í l^v» ^ik) 



u-,. 



ii\ ^.^hj^j/ii\ 



Interpusiéronse gentes que los invitaron á 
una avenencia ^j\ «--j-jf-J .^^ l^x^)jAs:sr^ ) 
(... _^x^\, como así sucedió, comprome- 
tiéndose la mencionada Pascuala á satisfa - 
cer al demandante cinco mizcales deoroal- 
fonsí, y renunciando éste á ulterior recla- 
mación. 

Fecha en Febrero ( y) ^J), Era de 12 14. 

Suscripciones: Felis b. Guilielmi testigo 
(j.sLi- X.\¿ y} W..J3), Yoanes b. Guiliel- 
mi testigo J.í'--o «.l.J¿ ,J , r"j|y j), Julián 
b. abú-1-Chadsil (Jjil ,j| ^,j .M^.j). 
Munio Pethri de Suc-al-dawab (de Zoco- 



dover) ■ >[«-'.' 

Y en caracteres latinos: «dominicus petri 
testis». 

XXXIX 

Acta de emancipación de un esclavo lla- 
mado Domingo {i3.x^:¡) con su mujer y dos 
hijos I, mediante pago de lómizcales, otor- 
gada por D. Pedro Segura y su sobrino Don 

Sancho? (as-^ ,«i. 5,Ja«.j 1 9-5). 

Fecha en Julio, Era 1214. 

Entre las suscripciones se leen las siguien- 
tes: «Simón acolitus ecclesie sancti uincencii 
testis, micael ecclesie sancti uincentii acoli- 
tus, Petrus secura». 

Y en caracteres árabes: Pithro b. abí-1 
Agbag b... (... ^,j ^^"^l] ^\ ^,j ^/^f j). 



frecuencia de las leyes que regulan su uso en 
el árabe clásico. 

I Por estar muy borroso el pergamino, no 
hay completa seguridad en la lectura. 



XL 

Contiénense en este pergamino dos docu- 
mentos: 

I .° Venta de dos tercios i de yugada de 
tietra laborable, sita en los octavos conoci- 
dos con el nombre de Aben Badáh en el tér- 
mino de Olías la Mayor, una de las alque- 
rías de Toledo... T ^j "^J^ Sts^ c-^) 

Otorga esta venta D. Gonzalbo b. Miguel 
b. abú 1-Hasán b. Al-Baijo ii.S^xí ^j^^ 

favor de D. Domingo b. Jalaf ó.a.x^:> .>j>^) 

(i^ p.¿. fj, por precio de nueve mizcales y 

un tercio de oro alfonsí. 

Fecha en Julio (i^ji) de la Era 1214. 

Suscripciones: Suleimán b. Hasán? 
(¿ y^^ yi .^JL,), Ornar b. abú-1-Farech 
(_^i3l -j1 y) h^j), Domingo b. Xaluth 
.(k.U ^y^ i.aj^:ij) 

Y en carácter latino: «ego micael tizón 
testis, anericus (Enricus ) dominici testis, 
petrus dominici testis». 

2.° Un testimonio otorgado por Munio 
b. Miguel b. Abú-1 -Hasán b. Al Ba90* y 
autorizado por Domingo b. Xaluth, por el 
cual se declara que el otorgante vendió al 
propio D. Domingo b. Jalaf parte de la mis- 
ma finca. 

Fecho en 15 Septiembre de la Era 1220. 

Suscriben: Pedro b. Omar b. Gálib b. 

Al-Kallás? j >._^Jl¿ y) ^.^-c ^} ij^^i) 
( ^b5iü I , Pedro b. Domingo...? ^j ^^fj) 



2 La palabra Jm parece tener la forma de 
un dual con régimen, ¡^ por ,.y^\ sin em- 
bargo, como en alguna ocasión creemos haber 
encontrado los adjetivos partitivos con el ^ 

final, no tenemos por seguro que aquí se trate 
de un dual. 

I Hermano del anterior vendedori 



.160 



BOLETÍN 



( ,|^x¿, is.xj>:>, Domingo b, Xaluth íí1a^:>_;) 
(isJli- .j, y Ornar b. abú-1-Farach ^,j /r^^) 



Francisco Pon?. 



(Continuará.) 



Ogjg^* 



ÜM PÁGINA DE LA HISTORIA 

DE LA GUERRA DE LA LVDEPENDENCIA 



Entre los muchos hechos de armas 
verificados en los principios de la gue- 
rra de la Independencia, fué uno la de 
fensa de El Escorial contra las tropas 
francesas, que se llevó á cabo en la no- 
che del 3 de Diciembre.de 1808. Como 
quiera que los historiadores de aquella 
gloriosa lucha no dieron noticia de la 
acción á que hacemos referencia, cree- 
mos no exento de interés el parte 'que 
de ella dio desde Sevilla, en 26 de Ju- 
nio de 1 809 , D . Francisco Carmona , jefe 
que la dirigió, al Sr. D. Martín de Ca- 
ray, que entonces y más adelante asu- 
mió los cargos de individuo de la Junta 
central gubernativa de España é In- 
dias, Intendente de Extremadura, Mi- 
nistro honorario del Consejo de Guerra 
y primer Secretario general de la Junta. 

El documento (1) es como sigue: 

"Excmo Sr.: Debiendo dar parte á 
V. E., en cumplimiento de mi obliga- 
ción , de los sucesos ocurridos en el go- 
bierno de mi cargo desde que por ha- 
ber entrado los franceses segunda vez 
en Madrid no lo he podido verificar, 
ya por la absoluta falta de correspon- 



11) Forma parte de la escogida colección de autó- 
grafos, papeles y documentos de la pertenencia de 
ntiestro consocio 3' amigo el Sr. Marqués de Casa-To- 
rres, á cuya amabilidad se debe su publicación en 
este Boletín. 



dencia, y ya porque después que he es- 
tado en libertad, no he podido tener 
los datos suficientes para ello, lo eje- 
cuto ahora, que con la reunión de mi 
Ayudante, me he hecho con algunos 
apuntes y noticias, que conservaba de 
mi orden, por las cuales iré, en cuanto 
pueda, cumpliendo con este deber, que- 
dando sólo pendientes los asuntos que 
son relativos á documentos y papeles 
que no he podido traer, y que he dejado 
guardados para en su día dar á V. E. 
cuenta de lo que contienen. 

"Bajo este supuesto y omitiendo ma- 
nifestar á V. E. el pormenor de los 
trabajos ocurridos en mi gobierno con 
motivo de la inesperada llegada del ejér- 
cito del general San Juan; con haber 
de disponer al mismo tiempo de más 
de 118 familias francesas de las domi- 
ciliadas allí por orden de la Junta á la 
ciudad de Plasencia ; con tener que 
proporcionar víveres y otros auxilios 
á dichas tropas, cuando el pueblo es 
taba exhausto de recursos por la larga 
permanencia de las francesas, españo- 
las y últimamente las inglesas al mando 
del general Hope, que hacía pocos días 
se habían ido, y con otra infinidad de 
asuntos, que ocurrieron y exactamente 
se desempeñaron, como el del suminis- 
tro de víveres á nuestro ejército, dando 
todo aquel vecindario, no sólo sus co- 
midas, sino cómo el Real Monasterio 
hasta las provisiones con que se ha- 
llaba, paso á exponer á V E. lo ocu 
rrido posteriormente. 

„Los habitantes del pueblo , lejos de 
desanimarse viendo la salida del ejér- 
cito; pasar por allí continuamente fa- 
milias prófugas de Segovia, al señor 
Obispo, monjas, clérigos, frailes y toda 
clase de gentes de los pueblos inmedia- 
tos, ni por saber con larga experien- 
cia lo que eran las tropas francesas, se 
me presentaron animosos, manifestan- 
do sus deseos de resistir al enemigo en 
cuanto alcanzasen sus fuerzas, y pi- 
diéndome que los comandara. 



DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



161 



„Gon este motivo puse avanzadas de 
ellos en los caminos de Guadarrama y 
de Madrid, y el día 2 y 3 de Diciembre 
anterior se pasó en el sitio y villa sin 
novedad más que el cuidado continuo 
que era consiguiente y recogiendo 3' 
dando viveres, y encaminando al ejér- 
cito los soldados dispersos que llega- 
ban. 

„A1 anochecer del mismo día 3 se 
presentó D. José Manuel Sandoy , te- 
niente de caballería de Voluntarios de 
España, que habiendo estado de avan- 
zada en una posición crítica, que no 
le había permitido seguir el ejército á 
su salida de Guadarrama , caminaba á 
incorporarse con él. 

No bien se había separado de mí este 
oficial, para ir á alejarse con los 24 ca- 
ballos que traía en su partida , cuando 
Francisco Laviada, uno de los paisa- 
nos apostados en el camino de Madrid, 
se me presentó diciendo: que había de- 
jado en el Caño de los Moros, camiíian- 
do hacia el Sitio , de 50 á 60 dragones 
franceses y que él se había venido por 
trochas y atajos corriendo, por dar 
parte. 

„Persuadido de su proximidad, salí 
inmediatamente á la plaza con el sub- 
teniente D. Miguel Josef de Quevedo, 
mi aj^udante, y reuniendo á los pocos 
paisanos que había en ella, di orden 
al alguacil mayor, y al alcaide de la 
real cárcel, de que incontinenti fuesen 
llamando á los vecinos que andaban 
por las calles, á los soldados dispersos 
que acababan de llegar y estaban en 
las posadas , y al sargento y soldados 
del corto destacamento de inválidos de 
residencia en el Sitio , previniéndoles 
los encaminaran á la Parada, adonde 
yo me dirigía, y desde donde se les des- 
tinaría oportunamente. 

„En dicho sitio tuve por convenien- 
te oir el parecer de mi ayudante y del 
teniente Sandoy , y resolvimos salir al 
encuentro de los enemigos; colocar los 
soldados dispersos y los paisanos en 



emboscada tras de la tapia de la Gran- 
jilla, que va al camino real y desem- 
barca en la entrada de la villa, por 
ser paraje desde donde podía hacerse 
fuego ventajosamente, tanto porque 
los enemigos eran cogidos en aquel 
callejón, como porque siendo de caba- 
llería no podían saltarla , y en caso de 
que rompiesen adelante y arrollaran 
nuestra caballería, que se había de co- 
locar á un lado de la entrada del pue- 
blo, allí podían ser contenidos por los 
vecinos, y siempre podría asegurarse 
una retirada en las fragosidades del 
bosque. 

„En consecuencia, mandé á mi ayu- 
dante y á Sandoy que con dos soldados 
de caballería pasasen á reconocer el 
sitio y elegir las posiciones que se ha- 
bían de ocupar, mientras yo iba habi- 
bilitando de municiones las gentes y 
soldados que iba reuniendo y les iría 
mandando. 

„Quedé ocupado en esto, cuando los 
citados oficiales marcharon; pero antes 
de llegar al paraje elegido , y cuando 
se acercaban frente de la villa, se en- 
contraron con la avanzada francesa, 
que hizo fuego sobre ellos, y retirán- 
dose los dos soldados , Sandoy y mi 
a3^udante se vieron en inminente peli- 
gro de ser muertos ó prisioneros , por 
hallarse de improviso entre el fuego de 
los vecinos de la villa , que salieron á 
la altura á defenderla, y el de los ene- 
migos que atacaban, de cuyo riesgo se 
libraron pasando entre árboles , y por 
fuera del camino, hacia el Sitio, en me- 
dio de las descargas que sin cesar se 
hacían. 

„Los franceses, no obstante la vigo- 
rosa defensa y resistencia que allí ha- 
llaron, se empeñaron en seguir al Si- 
tio, y quedando su mayor fuerza ata- 
cando la villa, se adelantaron de doce 
á catorce dragones á galope tendido 
hacia arriba. 

„ Viendo esto, y sin más reflexión que 
considerar que si no se les contenía, 



162 



boletín 



entrarían sembrando la desolación y 
la muerte sobre tantas familias ino- 
centes como entonces andaban por las 
calles, me arrojé con dos soldados y 
seis paisanos, que á la sazón estaban 
á mi lado, al mismo camino real que 
traían, y esperándolos de cerca, les di- 
mos á tiro de pistola una descarg-a, que 
fué tan acertada y surtió tanto efecto, 
que cayendo muerto un dragón y he- 
ridos otros, según su desorden, se retí 
raron aceleradamente, y del todo des- 
ocuparon el camino por el fuego de 
los vecinos del Sitio, que se habían 
echado fuera de él, y estaban en las 
zanjas por no haber podido llegar al 
paraje de su reunión. 

„Desde entonces fué todo el punto de 
ataque la villa, la que su alcalde, sus 
vecinos , los soldados dispersos y los 
moradores del Sitio, que allí bajaron y 
se reunieron, defendían con el mayor 
tesón. 

(Concluirá.) 



SECCIÓN DE BELLAS ARTES 



UNA ESCULTURA Y UN CUADRO 
de la últ ma Exposición de Bellas Artes de Madiid. 




; FRECEMOS á nuestros consocios la 
reproducción de dos obras ar- 
tísticas que llamaron justamen- 
te la atención en el certamen celebrado 
en Madrid en el presente año 1895. 

Es una de ellas la Estatua de don 
Antomo de Trueba , por D. Mariano 
Benlliure, destinada al monumento que 
en honor de aquel distinguido literato 
se levanta en la capital de Vizcaya. La 
estatua tiene tiene tres metros de al- 
tura. Aparece la simpática figura de 
Antón el de los cantares, sentada na- 



turalmente en un rústico banco; y cau- 
tiva al espectador por lo sencillo de la 
expresión, la verdad en la actitud y lo 
perfecto de la ejecución, tanto de la 
cabeza y manos como del traje. Si ya 
con otras obras anteriores no hubiera 
hecho alarde el insigne artista valen- 
ciano de su destreza y maestría, bas- 
taría la estatua de Trueba para colocar 
á su autor en uno de los primeros lu- 
gares de nuestra moderna escultura j 
Del pintor malagueño Sr. Palomo }'■ 
Anaya (D. Antonio), discípulo que fué 
de los Sres. Ferrándiz y Muñoz De- 
grain, y ya premiado con mención ho- 
norífica en la Exposición internacional 
de 1892, es la otra obra que reprodu- 
cimos: la Muerte de la Virgen, cuadro 
en que su autor ha sabido elevarse á 
envidiable altura entre la moderna ge- 
neración de nuestros artistas. Mide el 
cuadro 2,95 metros de alto por 4,95 de 
ancho. La solemne escena del tránsito 
de la Virgen está representada de una 
manera grandiosa. En precioso lecho 
fúnebre, yace muerta la Madre deDios, 
perfumado el cuerpo con preciosos aro- 
mas y envuelto en un hermoso paño 
blanco. Los Apóstoles y las santas mu- 
jeres rodean en diversas y movidas ac- 
titudes el lecho, que siembran de flo- 
res, esparciendo también al aire deli 
cados perfumes. La composición de 
este cuadro es muy acertada; correcto 
su dibujo, rico su color y hondo el sen- 
timiento: circunstancias que avaloran 
notablemente esta hermosa página de 
nuestra hoy harto decaída pintura re- 
ligiosa. 

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D. ANTONIO DE TRUEBA 
Estatua de D. Mariano Benlliure 



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DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



163 



MISCELÁNEA 



LOS NUEVOS JUEGOS OLÍMPICOS GRIEfiOS 

Y LA 

SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



^^L Congreso internacional Atléti- 
}[^ co reunido en París, en el Pala 
cío de la Sorbona, en 16 de Ju- 
nio de 1894, bajo la presidencia del Se- 
nador Sr. Barón de Courcel , decidió el 
restablecimiento de los célebres Juegos 
Olímpicos y su primera celebración en 
Atenas, en el próximo año 1896. Seme- 
jante acuerdo ha merecido en Grecia 
una entusiasta acogida. 

Con este motivo se ha constituido en 
Atenas, bajo la presidencia de S. A. R. 
el Príncipe Real de Grecia, un Comité 
Heleno de los Juegos Olímpicos , que 
por conducto de su Secretario general, 
el Sr. Timoleón J. Philemon, ha tenido 
la atención, que agradecemos, de invi 
tar especialmente á la Sociedad Espa 
ñola de Excursiones á los futuros y ya 
restablecidos Juegos Olímpicos. 

He aquí el programa con arreglo al 
cual habrán de celebrarse y que, para 
conocimiento de nuestros consocios, 
copiamos á continuación: 

F'ROGRArvIA 

DE LOS JUEGOS OLÍMPICOS DE 1896 

Atenas. 

A. — Deportes atléticos. 

Carreras á pie. — 100 metros, 400 
metros, 800 metros y 1.500 metros, en 
llano. 110 metros con obstáculos. Los 
reglamentos ' .rán los de la Union des 



Sociétés franQaises de Sports Athléti- 
ques. 

Concursos — Saltos en longitud y en 
altura (runniitg long et high jiimp); 
Salto á la garrocha (Pole jump); Lan- 
zamiento de pesos (Ptitting theweihgt) 
y del disco. — Los reglamentos serán 
los del Amateur Athletic Association 
de Inglaterra. 

Carrera á pie, dicha de Maratón. 
— Distancia de 42 kilómetros , de Ma- 
ratón á Atenas, para aspirar á la copa 
ofrecida por Mr. Michel Bréal, miem- 
bro del Instituto de Francia. 

(Esta carrera terminará en el Esta- 
dio Panatenaico^ restaurado por la mu- 
nificencia del ciudadano griego Jorge 
Averoff. — También se verificarán en 
dicho Estadio los deportes atléticos y 
gimnásticos). 

B . — Gimnástica . 

Ejercicios individuales. — Cuerda 
lisa. — Ejercicios diversos en la barra 
fija. — Ejercicios en las anillas. — Para- 
lelas profundas. — Salto á caballo. — 
Trabajo de pesos. 

Movimientos de conjunto. — (Las 
Sociedades no podrán presentar equi- 
pos inferiores á 10 gimnastas. ) 

C. — Esgrima y lucha. 

Asaltos de florete, sable y espa- 
da.— Aficionados; profesores (civiles }'■ 
militares).— Se ha redactado un regla- 
mento especial por la Société d'encou- 
r ágeme nt d'Éscrime de Paris. 

Lucha. — Romana y griega. 

D. — Tiro. 
TiRO.-^Con arma de guerra y arma 



164 



boletín 



libre, á 200 y 300 metros.— Revólver 
de reglamento, á 25 metros. — Revól- 
ver libre, á 30 metros. — Pistola, á 25 
metros. 

E , — Deportes náuticos . 

Yachting ( Ante-programa ) . — Ca- 
rrera de Steam-yachts , según regla- 
mento del Ccrcle de la Voile de Paris. 
Distancia, 10 millas. 

Carreras á la vela, según reglamen- 
to del Yacht Racing Association de In- 
glaterra. 

l.'*^ Barcos menores de 3 toneladas 
(Divisible en dos series , en caso nece- 
sario.) Distancia, 5 millas. 

2.^ Barcos de 3 á 10 toneladas. Dis- 
tancia, 10 millas. 

3.3 Barcos de 10 á 20 toneladas. 
Distancia, 10 millas. 

^.^ Barcos mayores de 20 tonela- 
das. Distancia, 10 millas. 

Además se reservarán carreras es- 
peciales para los marinos y embarca- 
ciones del país. 

Remo. — Un remero, 2.000 metros; 
esquifes. 

Pareja de dos remeros ; botes y 
outrigget's. 

Cuatro remeros; botes. 

Se organizará una carrera especial 
para las dotaciones de las escuadras. 

Los reglamentos serán los del Ro- 
isúing Club Italiano. 

Natación.— Velocidad, 100 metros. 
Resistencia y velocidad, 500 metros. 
Resistencia, 1.000. 

Juego de Water-polo. 

F . — Velocipedta . 



sin entraineurs ; 10.000 metros, en 
pista; sin entraineurs. 

Resistencia. — 100 kilómetros, en 
pista, con entraineurs. 

Carrera de doce horas, en pista, 
con entraineurs. 

Los reglamentos vigentes serán los 
de la International Cyclist's Associa- 
tion. 

G . — Juegos atléticos . 

Lawn tennis. — Sencillo. Doble. 

Cricket. — Los reglamentos serán 
los de la All'England Laiicn Tennis 
Association y del Alarylebone Cricket 
Club. 

Firman este programa los señores si- 
guientes: N. Delyanni, Presidente del 
Consejo de Ministros;. L. Deligeorges, 
A. Zaimis y C. Carapanos, ex Minis- 
tros; Coronel Th. Mano; K. Mavromi 
Chalis, ex diputado; Coronel N. Meta 
xas, Ministro del Interior; Th.Retzinas, 
alcalde del Pireo; G. Roma, ex Vice- 
presidente de la Cámara de Diputados: 
Al. Skouzes, ex diputado; Comandante 
A. Soutzo; G. Kozakis-Typaldo, ex di- 
putado, individuos del Consejo del Co- 
mité Heleno; T. Philemon, ex alcalde 
de Atenas, Secretario general ;C Mano, 
G. Melas, G. Streit, A. Mercati, Secre- 
tarios. 

Las fiestas tendrán lugar entre los 
días 5 y 15 de Abril de 1896, La Socie- 
dad Española de Excursiones confe- 
rirá gustosamente su representación al 
socio ó socios que concurran á las fies- 
tas helénicas, ora para tomar parte en 
los Juegos Olímpicos, ora como simples 
espectadores. 



Velocidad: 2.000 mttro5,-«n pista, 




BÁCULO Y CALZADO 



BOLBTÍN 



DE LA 




i ¥ s^' 



u u 




DIRECTOR : 
EL VIZCONDE DE PALAZUELOS, Secretarlo general de la Sociedad. 



ANO III 



Madrid 1.° de Novierabpe de 1805 



NUM. 33 



SECCIÓN DE CIENCIAS HISTÓRICAS 



BÁCULO Y CALZADO 

DEL OBISPO DE MONDOSEDO, DON PELAIO (f 1218). 



gíps indiscutiblemente uno de los 
fc^' . medios más adecuados que pue- 
de emplear la Sociedad española 
de excursionistas para conseguir el fin 
que se propone, de llegar al conoci- 
miento completo de nuestra patria, den- 
tro de los aspectos científico, histórico, 
artístico y literario, el continuar pu- 
blicando en su Boletín noticias de los 
objetos arqueológicos que figuraron en 
\?í Exposición histór ico-europea por los 
años de 1892y 1893; llenando en parte, 
y poco á poco, el lamentabilísimo vacío 
de un Catálogo que tal nombre mere - 
ciese, metódico y razonado, de aquella 
pasajera reunión de buena porción de 
la riqueza histórico-artística disemi- 
nada por toda la Península y encerrada 
después, en su gran mayoría, en de- 
pendencias poco ó nada accesibles de 
nuestras catedrales. 

No por lo que á este último extremo 
se refiere, sino por lo relativo al vacío 
del Catálogo, tiene lo dicho particular 
aplicación respecto <á los objetos min- 
donienses enviados á la Exposición 



y que llevan los números 158 y 159 
(Sala VI) del llamado Catálogo general; 
pues la noticia que de ellos se da allí 
es tan sumamente vaga, que con ser el 
báculo el único de su clase, género, 
época y materia que en la Exposición 
figuraba, se padeció el olvido de espe- 
cificar que era de cobre esmaltado : 
olvido tanto menos disculpable ni aun 
comprensible, cuanto que en el Catá- 
logo de los objetos de Galicia que yo 
había publicado tiempo antes de im- 
primirse el oficial, ni yo le había pa- 
decido, ni había dejado de advertir que 
era el único báculo éneo traído por las 
catedrales y coleccionistas á la Expo- 
sición. 

Al leer esto no ha de entenderse que 
semejante báculo sea un objeto arqueo- 
lógico de gran rareza. Lejos de eso, 
y por de pronto, la iglesia toledana 
pudo traer á la Exposición aquel de la 
misma clase, materia y aun época (que 
tiene hoy arrinconado en un estante 
alto del actual depósito de alhajas es- 
tablecido en la planta baja de la torre, 
y que antes se podía ver á todas horas, 
colocado en su asta , en un cuarto de 
al lado de la sacristía) del cual se de- 
cía, por cierto, que provenía de los fa- 

21 



166 



boletín 



mosísimos Concilios celebrados en To- 
ledo durante la época visigoda; en las 
iglesias, y particularmente en los mu- 
seos del extranjero , se hallan repeti- 
dos y variados ejemplares de báculos 
éneos esmaltados, con la misma deco- 
ración iconográfica que el usado por 
el Obispo mindoniense en el siglo XIII. 
En la parte destinada á Vajilla por 
el muy ilustre señor canónigo compos- 
telano D. Antonio López Ferreiro, en 
sus Lecciones de Arqueología cristia- 
na (Santiago, imprenta del Semina- 
rio, 1889) puso (no en la lección XLI, 
á cuyo final trata en particular de los 
báculos, sino en la XXXVI, al ocu- 
parse del esmalte y á título de ejemplo 
de los de campo excavado) un dibujo 
(figura 260) de báculo tan semejante al 
de Mondoñedo, que sólo se diferencia 
de él en detalles poco perceptibles sin 
hacer entre ellos alguna detenida com- 
paración. No dice de dónde sea, pero 
yo puedo añadir (y adviértolo para 
que no se caiga en el error de tomar- 
le por el mindoniense) que es repro- 
ducción de la viñeta que se halla en la 
página 239 del Abécédaire ou rudiment 
d'archeologie ( Architecture religieiise) 
de Mr. Caumont, tercera edición del 
año 1855, representando uno del Mu- 
seo de Amiens, ó del de Angers. 

De los cuatros báculos éneos ex- 
puestos entre los esmaltes del Museo 
parisiense del Louvre, uno de ellos, 
de fábrica lemosina, que está incom- 
pleto (núm. 123) y procede de la co- 
lección Durand, ofrece identidad de 
asunto con el mindoniense. De los seis 
que se han reunido en el Museo llama- 
do des Thermes et de l'hotel de Cluny, 
dos de ellos , ambos de Limoges , tie- 
nen gran semejanza con el de Mondo- 
ñedo: el que lleva el núm. 4.545, clasi- 
ficado como del siglo XIII; y el seña- 
lado con el 4.547, hallado en las exca- 
vaciones practicadas en Lu^ón en 1850 
y asignado al siglo anterior , en el Ca- 
tálogo publicado por el director del 



establecimiento, Mr. de Sommerard, 
en 1883. Y en la sala 157 del Museo de 
Amsterdam me he encontrado otro 
báculo de émail champlevé , XIII sie- 
cle , que tiene, como el mindoniense, 
doble representación del dragón. 

Avalora al de Mondoñedo la circuns 
tancia de que , al lado de una autenti- 
cidad sobre que no cabe abrigar la 
más ligera duda , tiene época perfec- 
tamente conocida ; pues hallado en un 
sepulcro episcopal de la iglesia que 
muy pocos años fué catedral en Riba- 
deo, sólo podía pertenecer al Obispo 
D. Pelayo de Cebeyra (1199-1218), 
que fué el único Prelado que allí mu- 
rió y en aquella iglesia catedral fué se 
pultado. Todo lo cual consignó ya el 
P. Flórez al ocuparse de ese Obispo 
mindoniense en el tomo XVIII de la 
España Sagrada. 

Es de cobre, enriquecido con tur- 
quesas. El tubo que forma la voluta 
está brillantemente esmaltado de azul 
y adornado de gracioso follaje ser- 
peante dorado; en cada una de las mi- 
tades de la poma se ven cuatro lagartos 
enlazados y á lo largo del cubo otros 
rectos, con la cola revuelta en espiral, 
el lomo realzado de turquesas, y dora- 
dos como los otros. Ocupa el centro 
de la voluta el arcángel San Miguel, 
dorado, de cabeza y extremidades des- 
proporcionadas y actitud severa, ves- 
tido de larga túnica menudamente ple- 
gada, y provisto de grandes alas fajea- 
das de azul, empuñando con ainbas 
manos una lanza que asesta al lomo de 
un dragón que tiene á sus pies, tam- 
bién dorado, y con no menores alas, 
esmaltadas de azul y rojo; el cual, con 
la cabeza de serpiente en que termina 
el tubo que forma la voluta, constitu- 
yen la doble representación apocalíp- 
tica del diablo y Satanás (1). 

Yo no he de aventurarme á decir ni 
una sola palabra sobre el lugar de la 



(1) Apoc, XII, 7y9. 



DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



167 



fabricación de este báculo, ni si es ni 
deja de ser de Limoges ; y mucho me- 
nos de si es ó puede ser obra de artis- 
tas g-allegos, así de aquellos que for- 
maban parte del que el citado señor 
López Ferreiro (Fueros de Santiago, 
cap. I, pág. 90) llama Colegio de artis- 
tas, al cual estaban confiadas las obras 
de la Catedral compostelana, 5''a desde 
los tiem-pos del Obispo D. Diego Peláez 
(1070-1088), como de aquellos otros 
fabricantes de esmalte que el mismo 
señor (Lecciones de Arqueología, pá- 
gina 314) dice que florecieron en San- 
tiago, durante los siglos XII y XIII, 
entre los que figuraban Arias Pérez, 
Pedro Peláez, Pedro Martínez y Fer- 
nán Pérez. Y añado que nada he de 
decir sobre ello, porque me encuentro 
completamente desprovisto de los da- 
tos más indispensables para entrar en 
deducciones firmes, y á la vez absoluta- 
mente faltoso del necesario valor para 
formar opinión peligrosa , desde que 
hay que hacer afirmaciones sin base 
sólida, cimentadas solamente sobre su- 
posiciones más ó menos atrevidas, ana- 
logías más ó menos exactas y conje- 
turas que suelen ser visiones forjadas 
por el exagerado patriotismo, degene- 
rado al presente en mero regionalismo. 



II 



Tocante á los que, empleando una 
locución genérica, creo poder llamar 
sotulares del Obispo mindoniense don 
Pelayo , tengo que empezar por decir 
que son ejemplares , de suma rareza, 
de la lujosa indumentaria del siglo de 
San Fernando; pues en ningún Museo 
ni colección, no sólo de España, sino 
del extranjero, se encuentra nada igual 
ni aun parecido, que yo sepa. 

Pertenecen á la clase de calzado 
áureo usado por los clérigos y los ca- 
balleros de Compostela ya á principios 
del siglo XII y en el siguiente, y pro- 
hibido por Alfonso X , á los moros de 



la tierra de Santiago, en 1252, y tam- 
bién, después, en las Cortes de Valla- 
dolid de 1258, á escribanos, balleste- 
ros , falconeros , porteros y escuderos. 
Y muy bien pueden tenerse como unos 
de aquellos sotulares cosedizos ó pun- 
tiagudos, dorados, con las palas pinta- 
das y realzados de tiras de oro y plata 
y otros adornos , cuyo uso prohibió á 
los clérigos el Concilio de Lérida en 
1229 (1); pues coincide perfectamente 
con estas circunstancias el corte y la 
ornamentación del calzado que usó el 
Obispo D. Pelayo, cuya descripción de- 
tallada hice en el apéndice V de mi Ca- 
tálogo de los objetos de Galicia en la 
Exposición histórico-europea. 

Allí mismo se podrá ver algo de lo 
que hay desparramado por libros y do- 
cumentos acerca del calzado usado en 
nuestra Península durante la Edad Me- 
dia. A lo cual tengo que agregar aho- 
ra algunos otras noticias novísimas, 
dadas al público recientemente por el 
que bien pudiera ser llamado, ya que 
no dueño, poseedor de la historia de 
Galicia ; pues que en su poder y á su 
disposición tiene el copiosísimo caudal 
atesorado en los libros, diplomas y pa- 
peles del Cabildo compostelano. 

Son las contenidas en el Código (así 
le llama el aludido Sr. López Ferrei- 
ro) dado por Alfonso el Sabio en Sevilla 
á 15 de Febrero de 1252, á la tierra de 
Santiago , con el nombre de posturas 
quejis con conseio et con acordó de mió 
tio don Alfonso de Molina et de mios 
hermanos et de toda mi Corte et de 
los Obispos et de los Ricos Omes et 
de los Caualleros et de las Ordenes et 
de omes buenos et de otros omes que 
se acercaron conmigo; y que, en suma, 
vienen á ser un verdadero ordenamien- 
to de Cortes (no incluido en los publi- 
cados por la Academia de la Historia), 



(1; Soliilaribus consiitUiis vel Yostralis aiirifri- 
cis , pictis palUs sérico stiper ornatis fibitlis aut 
corrigis aurii vel argentis orttatmn habentibus ^ ca- 
non XI; , 



168 



BOLETÍN 



el mismo dado á Sevilla por el propio 
Monarca cuatro años después, en 27 
de Febrero de 1256, de que puso frag- 
mentos D. Juan Sempere 5^ Guarinos 
en su Historia del liixo y de las leyes, 
suntuarias de España (Madrid, 1788, 
t. I, pág. 87). 

En unas de estRS posturas (XXIX), 
y bajo el título de que ningund home 
non hastone pannos , se dispone que 
trayades zapatos dorados que non sean 
fcrpados {\),y que el sapatero que fer- 
pare el mipato... quel corten el pulgar. 
En otra (LXV), que trata de commo 
anden los moros vestidos^ se manda 
que non t rayan... qapatos dorados nin 
blancos. Y en aquella (XXXIV) dedi- 
cada particularmente á de como anden 
los <;apatos se pone una tasa que bien 
merece ser reproducida aquí y dice: 
zapatos dorados que den vii pares por 
huH maravedí de los líieiores: et de los 
suecos (que el Sr. Ferreiro se adelanta 
á traducir por borceguíes) /// pares 
por i maravedí et qui mas quisier dar 
que mas dé: et de los ¡zapatos dorados 
de vmigier vi pares por i maravedi los 
meiores: et gapatos prietos de cabrito 
entallados et á cuerda v pares por i 
maravedi los meiores: et de cordouan 
entallados et a cuerda vi pares por i 
maravedi los meiores (2) De cuyas cla- 
ses, la de entallados et a cuerda no 
figura en las muy conocidas tasas de 
las Cortes de Valladolid del año 1351. 

No he de embargar yo las columnas 
del Boletín con aquello ya dicho y re- 
petido hace mucho tiempo, que el cu 
rioso puede ver en publicaciones tan 
conocidas como El Arte en España y 
el Museo español de antigüedades. A 
lo que escribí en el tomo III de la pri- 
mera, publicado en 1865 (páginas 419 
y 425), tratando de la Catedral de 
Mondoñedo su historia y descripción, 
sus pinturas murales^ accesorios, mo 



biliario, bronces y orfebrería , vestidu- 
ras y ropas sagradas; y á lo que puse 
en el II, de la segunda, al ocuparme 
particularmente de los mismos objetos, 
remito á quien desee conocer algo al 
por menor la historia de ellos y ver 
detallada descripción de los mismos. 
Pero no he de concluir sin decir que á 
la historia de estos objetos mindonien- 
ses pertenece aquel episodio parla- 
mentario de la sesión del 6 de Marzo, 
de las Cortes Constituyentes de 1869 
(páginas 346 á 354 del Diario de se - 
síonesj, lo que, por no haberlo consig- 
nado en mis anteriores citados trabajos, 
no he de callarlo ahora ; como tampo - 
co que incautados esos objetos con 
otros (al fin y al cabo) no obstante lo 
dicho en esa citada sesión, á vuelta de 
tales y cuales vicisitudes , se mandó 
que fuesen llevados al Museo Arqueo- 
lógico Nacional por una Real orden, 
que, como tantas otras, no recibió cum- 
plimiento. 

José ViLLA-AMiL y Castro. 

—— warJíJOJJjTi — — 



LA VIRGEN CON EL NIÑO EN LOS BRAZOS 

(Escultura en marfil, 
propiedad de la catedral de Toledo.) 



(1) Con puntas. 

(2) López Ferreiro, Fueros municipales de San- 
tiago y de su tierra, t. I, pag. 355.— Santiago, 1896. 



I 

Tan interesante es para el conoci- 
miento del arte cristiano el estudio de 
la iconografía mariana, como para la 
ciencia arqueológica en general el de 
la eboraria, rama consagrada á los 
objetos labrados en marfil. Aunándose 
en la obra que nos proponemos exa- 
minar aquella primera materia y el 
tipo ó representación de la Madre de 
Dios, creemos conveniente anteponer 
á la descripción y juicio de la efigie 
que motiva este estudio, algunas noti- 
cias y consideraciones acerca de la es- 
cultura en marfil y sobre las imágenes 
de la Virgen María, creadas por el arte 
cristiano desde sus comienzos hasta 
el período que cierra la Edad Media. 



DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



169 



El empleo del marfil como materia 
propia de la escultura es tan antiguo 
como la primitiva civilización de la 
humanidad; y para explicarlo basta- 
rían su finura, la facilidad de su labor, 
la belleza de tonos que imprime al ob- 
jeto y el aprecio que sobre sí atraía 
una materia considerada como precio- 
sa y no fácil de adquirir. Usáronlo los 
egipcios, y de ello hay pruebas feha- 
cientes. El Museo del Louvre posee, 
entre los más notables objetos de sus 
salas egipcias, una almohada de marfil 
que en su base ostenta la leyenda je- 
roglífica de Nepherkeres , rey de la 
quinta dinastía. 

Los pueblos orientales y los euro- 
peos emplearon el marfil con profu- 
sión. Griegos y romanos aplicáronle 
repetidamente, tanto á la estatuaria 
como al relieve, y á este propósito nos 
bastará recordar las estatuas llamadas 
criselefantinas (hechas de oro y mar- 
fil), y los dípticos consulares, varios de 
los cuales aún se conservan. 

Mayor estima y uso hizo aún del 
marfil el arte cristiano en sus diferen- 
tes y distintas fases. Si la escultura la- 
tina sigue de más ó menos cerca las 
huellas de la romana clásica, la bizan- 
tina rompe los trillados moldes, adop 
tando nuevos caracteres y formas me- 
nos acordes con el realismo y con el 
estudio del natural, bien que más con- 
formes, en cambio, con el idealismo 
cristiano y con la general reforma que 
en el campo de las artes tendía á in- 
troducir y á consolidar durante varios 
siglos la nueva y verdadera religión, 
impuesta ya en Oriente y Occidente. 

El olvido de las tradiciones clásicas, 
la ruina del Imperio de Occidente y 
otras causas harto complejas, entre las 
que fué una la herejía iconoclasta, que 
dirigió hacia el centro y el oeste de 
Europa una falange de artistas grie- 
gos, promovieron, principalmente des- 
de los siglos VIII y IX, la difusión 
del bizantinismo , y con ella la afición 



creciente hacia la labor de obras en 
marfil. En Alemania, en Italia, en la 
Francia merovingia y carlovingia y 
en la España visigoda, cultivóse la 
eboraria artística, haciéndose imáge- 
nes, dípticos, arquetas esculpidas, ta- 
pas ó encuademaciones y aun carros 
de marfil, como el suntuoso desde el 
cual peleó, según la tradición, el últi- 
mo Rey godo, en la funesta batalla que 
le privó de corona y vida. 

Desde el siglo XI hasta el XV es la 
gran época de la escultura en marfil, 
extensamente cultivada por árabes y 
cristianos. Aquéllos y sus descendien- 
tes los mudejares esculpen bellísimas 
arquetas exornadas con leyendas y 
labor de ataurique. La eboraria cris- 
tiana alcanza ancho campo de acción, 
Lábranse dípticos y trípticos en que 
con maravillosa finura á veces , se re- 
presentan escenas del Antiguo Testa- 
mento ó de la vida de Jesucristo; reli- 
carios, arquetas y cofrecillos profusa 
y variamente adornados; imágenes del 
Crucificado y de la Santísima Virgen; 
bocinas, báculos episcopales, marcos 
de espejo, grupillos escultóricos, pei- 
nes, cucharas, y, en suma, cuantos 
objetos de uso más ó menos común 
eran susceptibles de entallarse en 
aquella preciosa materia, tan apropia- 
da para la pequeña escultura. 

Cierto que en los últimos cinco si- 
glos de la Edad Media los caracteres 
artísticos no son los mismos, antes va- 
rían considerablemente, y la escultura 
en marfil no podía escapar á esta ky 
general. Un arqueólogo moderno mar- 
ca á este propósito tres fases ó perío- 
dos dentro de la Edad Media; el de la 
infancia, que abarca hasta el siglo XII 
inclusive; el de completo desarrollo, 
durante los siglos XIII y XIV, y el de 
decadencia, en el siglo XV. La clasifi 
cación es exacta; pero no debe tomar- 
se tan á la letra que se pretenda no 
existir obras muy bellas de aquel gé- 
nero, comenzada ya la XV centuria. 



17Ó 



BOLETÍN 



En los interesantes ejemplares existen- 
tes en los Museos del Louvre y de Clu- 
ny, en París, y en el nuestro Arqueo- 
lógico Nacional de Madrid, pueden 
apreciarse y estudiarse las condicio- 
nes y diferencias que caracterizan 
aquellos diversos períodos, al último 
de los cuales puso fin y remate el Re- 
nacimiento, que aunque cultivó tam- 
bién la escultura en marfil, la empe- 
queñeció en realidad, despojándola de 
su especial sello y de su verdadera im- 
portancia (1). 



TI 



La tradición y el recuerdo venidos 
de Judea á las comarcas de Occidente 
influyeron notoriamente en las repre- 
sentaciones atribuidas á la Virgen por 
los primitivos artistas cristianos. Las 
más venerables por su remota antigüe- 
dad hállanse en las Catacumbas, y, se- 
gún Rossi, pasan de veinte las escenas 
pictóricas en que la Virgen constituye 
la figura principal. En conformidad 
con la edad y el aspecto, no de aquella 
tierna doncella desposada con José, 



(1) El Sr. Assas, á quien nos hemos referido en el 
texto, enumera los objetos de marfil que posee el 
Museo Arqueológico Nacional. Entre otros figuran 
los siguientes: 

Siglo X/. — Crucifijo labrado para los Reyes de 
León y Castilla D. Fernando I y Doña Sancha. 

Siglo XII.- Arqueta con figuras grabadas; 18 cen- 
tímetros de altura por 16 de longitud. 

Siglo A'/K- Arqueta de madera con esculturas de 
marfil, que representan pasajes de ia vida de San 
Jorge, en el cuerpo de la caja, y asuntos del Antiguo 
Testamento en la tapa. 

Hoja de díptico, dividida en dos partes, con esce- 
nas de la vida de Cristo. 

Díptico con escenas de la Sagrada Pasión. 

Sí'g/o XF".— Estatua de la Virgen en pie, con el 
Niño en los bi'azos (15 centímetros de base por 39 de 
altura.) 

Hoja de díptico, representando la Adoración de los 
Santos Reyes (11 centímetros de altura.) 

Dos figuritas, detalle de ornamentación. 

Grupo con figuras decorativas. 

Otro grupo representando animales, adorno de 
arqueta ó mueble. 

Cuchara con seis cocodrilos esculpidos en el man- 
go ( 25 centímetros de longitud ) 

{Objetos artísticos de marfil que se conservan en 
el Museo Arqueológico Nacional, etc., por D. Ma- 
nuel de Assas. Musco español de antigüedades, 
tomo VII, pág. 114.) 



sino de la Madre del Dios ya muerto 
por amor del género humano, de aque- 
lla á quien conocieron y veneraron los 
Apóstoles y los primeros fieles de la 
grey cristiana, aparece generalmen- 
te la Virgen representada como una 
grave matrona sentada, que suele lle- 
var á su divino Hijo en los brazos ó 
sobre las rodillas. La figura joven y 
graciosa de la Virgen es una excepción 
en los primeros siglos del Cristianis- 
mo; esto ocurrió más adelante, princi- 
palmente desde las tres últimas centu- 
rias de la Edad Media en lo sucesivo. 
Obsérvese aquí que lo contrario acae- 
ció con Jesucristo , á quien se repre- 
sentaba en un principio apenas en la 
edad de la pubertad y casi en la de la 
infancia, figurándosele después como 
hombre llegado á la edad madura. 

Como no puede menos de suceder, 
en estas efigies primitivas refléjase aún 
el naturalismo clásico y se adivina sin 
dificultad la cercana fuente en que para 
la reproducción de la humana forma 
bebieron los artistas romano-cristia- 
nos. 

La metamorfosis operada en el arte 
clásico déjase observar bien pronto en 
la iconografía de la Virgen, á medida 
que se suceden los siglos. Durante el 
período llamado latino, el tipo corróm- 
pese y se transforma. La sencillez y 
naturalidad de la época clásica con- 
viértense en incorrección y dureza en 
los miembros y facciones. El rostro 
prolongado, el luengo y rígido cuerpo, 
las facciones inexpresivas que se atri- 
buyen entonces á la Virgen marcan 
bien la decadencia apoderada del arte. 
El escultor y el pintor quieren contra- 
rrestar su escasa destreza cubriendo 
los vestidos con piedras preciosas, lujo 
de detalles y recargados adornos que 
anuncian el predominio del gusto orien- 
tal. Pero la posición ó actitud seguía 
siendo la misma, con ligeras variantes, 
que la preferentemente adoptada en el 
anterior período histórico. 



DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



171 



El arte bizantino^ que al lado del la- 
tino y con más pomposos éxitos que 
éste, vio extenderse su crédito y sus 
influencias, creó ó acentuó ciertos ti- 
pos de la Virgen que, repetidos hasta 
lo infinito, se sucedieron durante siglos 
en Oriente y Occidente. La Virgen se- 
dente, con ó sin Jesús en los brazos ó 
sobre las rodillas, sigue en boga; pero 
la delgadez y alargamiento de formas 
y proporciones son más extremadas, 
la actitud más rígida y hierática, los 
accesorios y vestiduras más cuidados 
y lujosos aún que entre los artistas lati- 
nos. También representaron con gran 
frecuencia los bizantinos á la Virgen 
orante, con las manos y brazos le- 
vantados, en actitud verdaderamente 
oriental. 

Entre nosotros, los moldes propios 
de la escultura latino-bizantina perma- 
necieron desde el período visigodo, y 
durante los llamados latino y románi- 
co, hasta bien entrado el siglo XIIL 
Un estudio comparativo de las imáge- 
nes y relieves marianos que en nuestra 
patria se conservan de esta larga épo- 
ca, sería muy conveniente y aprove- 
chado para el conocimiento del arte 
cristiano. Recordemos solamente, en su 
cualidad de muy conocida, la Virgen 
con el Niño en los brazos, que fué del 
monasterio de Sahagún y hoy se con- 
serva en el Museo arqueológico na- 
cional. Por la doble filiación y tenden- 
cia que en ella se observa, es á la vez 
latina y bizantina. Por la incorrección 
de su dibujo, lo prolongado de sus for- 
mas, el arcaísmo de los pliegues y 
vestiduras y lo característico de cier- 
tos d.^talles, tales como las coronas que 
ostentan ambas figuras y el libro que 
sostiene el Niño, puede considerarse 
este relieve, que se remonta al siglo XI 
ó principios del XII, como una de las 
más características obras del período 
é índole que nos vienen ocupando. 

En los siglos XII y XIII fueron es- 
pecialmente frecuentes (aunque tam- 



bién se fabricaron en siglos posterio- 
res) ciertas imágenes de la Virgen, lla- 
madas aby lentes, porque, en efecto, se 
abren á manera de díptico ó tríptico, 
conteniendo en su interior, ora algu- 
na decoración esculpida, ora, más fre- 
cuentemente, alguna piadosa reliquia. 

Como por lo general ocurre con las 
demás ramas del arte cristiano, cuan- 
do las representaciones de la Virgen 
alcanzan el más supremo grado de esa 
belleza ideal que, sin desdeñar el estu- 
dio y la reproducción de la forma hu- 
mana, cifra su verdad y su mérito en 
la compenetración con el sentimiento 
espiritualista propio del Cristianismo, 
es durante el último período de la Edad 
Media, en lo que se relaciona con la 
esfera del arte tan impropiamente lla- 
mado gótico. 

Por lo mismo que la arquitectura oji- 
val es un arte nuevo y libre que sacu- 
de lejos de sí las obligadas trabas pro- 
pias del románico y el bizantino, la es- 
cultura de la época no va en zaga á la 
arquitectura en ese gran movimiento 
entusiasta y progresivo hacia la posi- 
ble perfección, dentro del arte religio- 
so. En las estatuas y relieves de la Vir- 
gen nótase este cambio de frente ope- 
rado desde el siglo XIII. El artista com- 
plácese en libertarla de ese hieratismo 
y envaramiento excesivos que predomi- 
naban en las centurias anteriores. Re- 
preséntala generalmente de pie, dótale 
de mayor naturalidad en las actitu- 
des y flexibilidad en los movimientos. 
Estos simulacros de la Virgen, por lo 
común con el Niño en los brazos, bro- 
tados en los siglos XIV y XV al calor 
de la inspiración artística cristiana y 
del culto poético y amable de la Madre 
de Dios, suelen ser obras más que apre- 
ciables, y á las veces del más alto inte- 
rés para el arqueólogo. Juntamente 
con este tipo, no es raro encontrar du- 
rante el período gótico el de la Virgen 
sentada y aun de rodillas ante su divi- 
no Hijo; actitudes aprovechadas para 



172 



boletín 



el cuadro y para el relieve, principal- 
mente en aquellas escenas en que, como 
en el Nacimiento, la Adoración de los 
Reyes y de los Pastores, la fig-ura de 
la Virgen Madre es más episódica que 
principal. 

Ese arte escultórico de los siglos XIV 
y XV, tan variado, tan libre, tan inge- 
nuo y espontáneo las más de las veces, 
aventaja, en lo que respecta á la repre- 
sentación plástica de la Virgen, al del 
Renacimiento, no obstante sus perfec- 
ciones y mag-nificencias, que no es po- 
sible negar. En tanto que la plácida 
sonrisa ó la vaga expresión de dolor 
que iluminan el semblante de una Vir- 
gen gótica dan idea de algo sobrena- 
tural, más que humano y no sentido 
por los demás mortales, las estudiadas 
actitudes, la sabia ejecución y el natu- 
ralismo que campea en análogas efi- 
gies de los siglos XVI y XVII (por no 
mentar las de época más moderna), 
traen á nuestra mente recuerdos y se- 
mejanzas de placeres y dolores más 
parecidos á los nuestros, más comunes 
á la generalidad, con detrimento en 
muchos casos del efecto y del senti- 
miento verdaderamente religioso. 



III 



A ese tipo gótico á que poco ha ha- 
cíamos referencia, corresponde la ebúr- 
nea efigie que va á ocupar nuestra 
atención, y que, fielmente reproduci- 
da, acompaña á estas páginas. Propie- 
dad del Cabildo catedral de Toledo (1) 
figuró en la Exposición histórico -euro 
pea de Madrid, donde pudimos exami- 
narla. El Catálogo de aquel certamen 
sólo decía acerca de dicha obra lo si- 
guíente: 

"Una Virgen de marfil, gótica, de 
65 centímetros de altura, teniendo en 
sus brazos al Niño Jesús, y coronada 



con la diadema flordelisada, tan común 
en el siglo XV, á que pertenece„ (1). 

Ampliemos esta descripción, cuya 
sobriedad es excesiva. La Virgen apa- 
rece de pie, algo inclinada hacia atrás 
en gracioso movimiento, que imprimió 
el artista aprovechando la natural cur- 
vatura del colmillo que le servía de 
materia laborable. Cubre la rizada ca- 
bellera de la Virgen sutil manto , gra 
ciosamente plegado, sobre el cual asien- 
ta la floreada corona, cuya mitad iz- 
quierda se halla rota. 

Ciñe el cuerpo, bajando hasta los 
pies, una túnica en parte cubierta por 
un manto recogido por delante en airo- 
sos pliegues. En lo alto de la túnica, 
bajo el cuello de la Virgen, vese la 
inscripción AVE MAR (principio de 
la salutación angélica) en letras góti- 
cas mayúsculas. 

Con el brazo y mano izquierdos sos- 
tiene la Virgen á" Jesús niño, y con la 
diestra ofrécele una flor, como en infan- 
til presente. El Niño, por su parte, ase 
con la manita derecha la toca ó velo 
de su Madre, por detrás de la cabeza 
de ésta. En la espalda de la efigie abre 
se un gran hueco ó espacio rectangu- 
lar, sin tapa ni guarnición adosada, 
que debió de contener tiempo atrás al- 
guna reliquia. 

Tales son los rasgos principales que 
ofrece esta imagen , muy notable por 
cierto entre sus congéneres y entre las 
obras de eboraria artística de la Edad 
Media. Algunas particularidades ofre- 
ce además, en que es conveniente nos 
fijemos. Según práctica frecuente en 
los tiempos medios, y también en los 
antiguos, el trabajo del escultor vese ó 
más bien vióse aquí realzado con el 
del pintor ó iluminador. El cabello de 
la Virgen conserva restos del dorado 
con que se quiso imitar el color rubio. 
En el interior de la corona, en los ves- 
tidos y también en las caras de la Vir- 



il) Consérvase, juntamente con multitud de riquí- 
simas alhajas y obras artísticas, en la antigua capi- 
lla de San Juan, de la dicha Catedral de Toledo. 



( 1 ) Catálogo general, sala V, núm. 8. 



\ 





LA VIRGEN CON EL NIÑO EN LOS BHAZOS 
Escultura en marfil, propiedad de la Catedral de Toledo 



DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



173 



gen y del Niño, nótanse muchas hue- 
llas de la pintura , principalmente roja, 
que les prestara ma5^or brillantez y vi- 
sualidad. 

La excelente conservación de la efi- 
gie permite apreciar de lleno sus rele- 
vantes dotes artísticas. El escultor qui- 
so hacer gala en esta obra de exquisi- 
to gusto y delicadeza de cincel. Anima 
la cara de la Virgen una graciosa son- 
risa é inefable expresión de bondad; 
los rasgos fisonómicos son finos , co - 
rrectos, y aun pudiéramos decir aris- 
tocráticos. Bellísimos son los partidos 
de paños, y hechos con un esmero y 
prolijidad que en nada perjudican al 
grandioso efecto estético del conjunto. 
La esbeltez de la imagen, evidentemen- 
te excesiva si se la contempla á la luz 
del canon realista y naturalista, com- 
pone muy bien aplicada á este trozo de 
marfil que parece animado por un so- 
plo de la belleza ideal. 

Muy inferior se mostró el artista al 
esculpir el Niño, que en este grupo 
sólo tiene un valor secundario. Pres- 
cindiendo de la desproporcionada pe- 
quenez de la figura y de lo diminuto 
de la cabeza, en la factura de la cara, 
de los cabellos, de la túnica y del pie 
que sobresale, descúbrese menos arte, 
hállanse mayores incorrecciones y aun 
antojase cierto carácter vulgar que se 
compadece mal con la figura delicada 
de la Virgen. 

IV 

¿Cuándo y dónde se labró esta efigie? 
¿Cuándo y por qué vino á acrecentar 
el tesoro artístico de la Catedral de 
Toledo? Faltan noticias sobre unos y 
otros extremos, que deberemos tratar, 
por tanto, guiados tan sólo por deduc- 
ciones y conjeturas. 

Atendiendo á sus caracteres artísti- 
cos, parécenos la imagen, más bien 
que del siglo XV, como reza el Ca- 
tálogo de la Exposición retrospectiva, 
de la segunda mitad del XIV. El si- 



glo XIV es el de oro de la escultura en 
marfil; en él alcanzó el arte de la ebo- 
raria una perfección técnica y una 
elegancia tal, como nunca obtuvo en lo 
sucesivo, siendo más bien aquel perío- 
do culminante el punto á partir del 
cual se inició la decadencia. La obra 
que examinamos conviene más bien 
con un período de gran florecimiento 
que con otro ya decadente; y aun pare- 
cen percibirse en la cara de la Virgen, 
y en la del Niño, ciertos signos y hue- 
llas de atenuado arcaísmo que no des- 
dice de los primores que trazó el cincel 
en la delicada materia sobre que se 
ejercitaba. 

Vese usada, tanto en el siglo XIV 
como en el XV, la forma de corona 
que aparece en la imagen. No hay, para 
cerciorarse de ello, sino contemplar 
los sellos mayestáticos de Alfonso XI, 
Enrique I] y Juan I de Castilla, y las 
monedas de los Juanes I y II y de los 
Enriques II, III y IV. 

La corta inscripción trazada en la 
estatuíta ayuda también á inquirir la 
fecha en que se labró. Las letras son 
mayúsculas, del carácter monacal muy 
usado en la segunda mitad del si- 
glo XIV y en el transcurso del XV. 

Cuanto á la procedencia, no creemos 
sea éste un trabajo español ; parécenos 
francés, y aun labrado en el Norte de 
Francia, donde en los siglos XIII y XÍV 
florecía una notable escuela de artis- 
tas en marfil, y donde debe buscarse la 
cuna y el asiento del puro arte del perío- 
do ojival en todas sus manifestaciones. 
Procediendo además por compara- 
ción, dos obras del mismo género, evi- 
dentemente francesas, conocemos, con 
las cuales la de la Catedral de Toledo 
tiene estrecho parentesco. Es una de 
ellas una estatuíta de marfil que figuró 
en la inolvidable Exposición histórica 
de Madrid (Sala IV). Inferior en arte 
y bastante más pequeña que la de To- 
ledo, es, en nuestra opinión, algo más 
antigua. La efigie adopta la misma 



174 



BOLETÍN 



graciosa postura ó inclinación hacia 
atrás ; la faz sonríe ligeramente y los 
paños están tratados con inteligencia. 
Sobre el manto ó toca ostenta la Virgen 
una especie de diadema ó corona lisa, 
de forma rudimentaria. Conla mano de- 
recha sostenía ó presentaba un objeto, 
hoy desaparecido, y sóbrela izquierda 
y el correspondiente brazo soporta al 
niño Jesús, quien, en vez de extender el 
brazo derecho para coger el manto de 
la Virgen, lo tiene recogido sobre el 
pecho. Faltan á esta imagen casi todo 
el brazo derecho y los pies, y al Niño 
la cabeza y parte del brazo izquierdo. 
Aunque semejantes mutilaciones no 
quitaran á esta pequeña estatua parte 
de su importancia, sus condiciones ar- 
tísticas la colocan á gran distancia y 
en mu}^ inferior categoría con relación 
á la efigie toledana. 

Mucha mayor analogía ofrece con 
ésta, otra que se conserva en el Museo 
del Louvre ; hasta tal punto se observa 
la semejanza entre ambas, que no pa- 
rece sino que fueron debidas á una 
misma mano. Cuando esto no ocurriera , 
el arte, la escuela, la filiación de una 
y otra son idénticos. 

La posición de la efigie de París es 
absolutamente la misma, sin que en los 
detalles dejen de observarse algunas 
diferencias. La expresión del rostro es 
aún más abierta y sonriente, los ojos 
más rasgados y las facciones más co- 
rrectas. La corona es más rica y com- 
plicada en sus adornos. Sobre la túni- 
ca de la imagen vese un cinturón. La 
Virgen ofrece , no una flor , sino una 
manzana al Niño, que aventaja en sus 
buenas proporciones y en su factura 
al del grupo de nuestra Iglesia prima 
da. Exornan el pequeño pedestal sobre 
que se yergue la imagen, menudas la- 
bores repetidas, mu}'- características 
del siglo XIV, en lo que también se 
nota diferencia con la nuestra, cuyo 
pedestal es liso. Por lo demás, la dis- 
posición del grupo, lo gracioso del mo- 



vimiento, la esbeltez y elegancia de las 
figuras, el gusto y la destreza con que 
están plegados y trabajados los paños, 
todo lo que el artista quiso hacer re- 
saltar como principal, es gemelo en am- 
bas obras. La estatua de París es tra- 
bajo muy notable é importante , hasta 
el punto de que un experto crítico mo- 
derno (1) la considera como una de las 
dos mejores obras en marfil propias de 
la Edad Media, entre las conservadas 
en el Louvre, y como obra maestra de 
la escuela parisiense de escultura. Pero 
aunque aventaje desde ciertos puntos 
de vista á la casi ignorada efigie tole- 
dana , no es pequeña gloria para ésta 
poder arrostrar sin grave riesgo el 
parangón con su tan ponderada com- 
pañera. 

La imagen es, pues, probablemente, 
obra francesa y parisiense. El cómo, 
cuándo y por qué vino á poder del 
Cabildo toledano, es punto más obscu- 
ro y que no reviste verdadera impor- 
tancia. En la Catedral primada ignó- 
rase su historia y procedencia; pero 
débase su posesión por aquella Iglesia 
á la piedad de algún Prelado ó á la 
devoción de algún Monarca, Reina ó 
personaje, en cualquiera de estos casos 
queda como cosa cierta y principal la 
belleza y el interés arqueológico que 
encierra este simulacro de la Madre de 
Dios, hermoso producto de la inspira- 
ción y del arte religioso de la Edad 
Media. 

El Vizconde de Palazuelos. 



ESCRITURAS MOZÁRABES TOLEDANAS 



fContitittaa'ón.J 

XLI 

Venta de una yugada de tierra labrantía 
sita en Olías la Mayor, otorgada por Doña 
Mi-Sol (Xamsí), la que fué esposa de Miguel 



(1) Gonsc, L'Ait Got/tiqíu; páginas 450 y 451. 



DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



175 



Ad-Dení (de Denia), y sus dos hijos Juan y 
Alfonso, á favor de D. Domingo b. Jalaf, 
por precio de 14 mizcales de oro alfonsí. Há- 
llase la tierra objeto de este contrato en el 
octavo I de Aben Abde-s-salam, y la adqui- 
rieron los vendedores por herencia de este 
último, que fué abuelo de Miguel Ad-Dení. 



íXz 



yi ¿.Ai^O ^,_j) ^ )^^^) 



^_i^ f^ V ^-"-^ ijri o^^'^-' iJJ-' "^J^ 

•^!í ^3j J-r* j-¿Mj ^i\j^ l^xA ^. 



(... j 



Wt 



Fecha en Noviembre {ji~>y) de la Era 
1214. 

Suscripciones: Julián Pethres hijo de Is- 

mail, testigo J-^-l ^j! ^j-j-^^ j'-c-'W.) 
(j.sl¿.; Sebastián b. Abdalahb... ¿.^x^^j) 
(... J5| J.^c yi, y Alfonso b. Miguel de De- 
nia, testigo qí\^j\ J._jLjí-/» y} ^.új\j) 

XLII 

Testimonio otorgado por D. Juan Al- 
Jodsri, por el cual declara que Doña Hora- 
Bona, hija de Domingo Peláez, compró, 
para sus dos hijas María y Xolé y con di- 
nero de ellas, una habitación ó aposento 
('¿^^M) 2 sito en la demarcación de la iglesia 

de San Justo, en el interior de Toledo; que 
se ajustó el precio en cinco mizcales y me- 
dio de oro alfonsí, de los cuales el vendedor 
recibió cinco en el acto del ajuste, proce- 



1 En la delimitación de los predios rústicos 
se lee con frecuencia que tal finca se halla en 
el octavo (en el reverso de algún documento se 
escribe también ochauo) ú octavos de fulano. 
Entendemos que con esto se alude á la división 
de una propiedad en octavas partes, según las 
leyes que regulaban la sucesión hereditaria, y 
suponemos que la finca así dividida continuaba 
designándose con el nombre de aquél que la 
poseyó indivisa, tal vez á raíz de la conquista 
de Toledo por Alfonso VI. 

2 En uno de los documentos bilingües apa- 
rece traducida esta palabra por domuncula 
(casita). 



dentes de la venta que hizo Hora-Bona de 
unas ropas que pertenecían á sus dichas hi- 
jas María y Xolé, quedando por pagar el me- 
dio mizcal restante, en razón á lo cual se re- 
trasó la redacción del correspondiente ins- 
trumento notarial; que al tiempo de otorgarse 
éste, recibió el vendedor de las dichas María 
y Xolé un cuarto de mizcal, perdonándoles el 
otro cuarto por amor de Dios... y renunciando 
con esto á todo derecho sobre la finca ven- 
dida. K.}\ ... ^y^M ^'^\^_ ^,j:> A^~i) 



-^Xi»J \^J^XX^ ¿..vumÁJ i,'^S^^ 









^jJj/¿'Á\ Jy^¿ h ,^ 



,^! 



i,=i.y c^>-^5 Q^^ij^^ '^■s^.^jj (*) --'''O''' 
V- 

Fecha en Diciembre? de la Era 12 15. 
Suscriben: «iulian martiniz testis, román 
micael testis». 
Y en caracteres árabes: Xalmón b. Alí b. 

Waid {^-^■pj ^jJ c^t ^)i ,j^Il) y Albaro 

b. Domingo b. Alí b. Waid iJü^i yi j-JU) 

XLIII 

Venta de una tienda (O^jL^-l ^a-^^) sita 

en el distrito de los Herbolarios, cerca de 

Santa María la Mayor de Toledo... ¿>.3rf) 

(... 5J^L¿)! h ,íUj ... ^jLlxJ!, y lindante: 

al E., con otra tienda del Arcediano D. Pe- 
dro; al O. y N., casa de Domingo Martín, y 

al S., un camino grande (calle) .^ '^jjhj\) 

[j^J], al cual se abre la puerta de la 

tienda. 



(*) Suponemos por el contexto que aquí se 
trata del partitivo del numeral cuatro, aunque 
esta forma en el árabe clásico tenga diferente 
significado. 



176 



boletín 



Intervienen: como vendedor Estéfano de 
Xetier? {X^^ ^ (^sLxd,!), y como compra- 
dor el canónigo D. Matías ,j^ ^-J»--'^) 
(^^^jj-LüJí (P^s importando el precio 25 

mizcales de oro alfonsí. 

Fecha en Abril de la Era 1216. 

Entre las suscripciones sólo podemos leer 

las siguientes: «micael iben besa azafar». 
Y en carácter arábigo la de Xalmón b. Alí 

b. Waid, que tanto se repite ^ 

XLIV 

Venta de ima casa y del estohlo que hay 
enfrente, el cual fué mezquita en pasados 
tiempos á^JLa ^3-51 J^L^^L jl^Jt ^^^) 

(^.viJ! J _\sr— - JS. 'ijS'M\ j\ú), sito 

todo ello en la demarcación de Santa María 
de Toledo. Linda dicha casa: al E., con 

otra de los herederos del caid D. Xabib jb) 

(w»..^ A ^^ J-jUJ! ijj_^3; al o., con la vía 

ó calle que baja desde la catedral hacia la 

parte del Pozo Amargo ^» h¡\j^\ ^ ^^L-M) 

(Lil jJ) \ "i^a^ ^ 1 JAoUJ! , y á esta calle da 

una de las piuertas ^ de la posesión en ven- 
ta; al S., otra vía ó calle, á la cual da la 
puerta principal de la casa vendida, y al 
N., casa del Capiscol de la iglesia catedral 

de Santa María h-'J:. 'LvtU J jüi. üJ .b) 

(... 'Ljj^. Linda el establo: al E., casa de 

los herederos de Pedro b. Hacam ij-h^.¡) 

{Ss^ ^y, al O., otra habitación (N-S^) del 

difunto arcipreste D. Nicolás, cuyos alba- 
ceos son los vendedores en este contrato; al 

S., casa que fué de Euf vasto} Cl^jlT .1^) 

{b.^j¡^, y al N., un camino {,^_^ X). 

Otorgan esta venta el Arcediano D, Do- 
mingo Gonzalbo, D, Andrés b. Abdallah y 



1 Letra muy borrosa. 

2 El texto dice:^ki;,Jl w^L t, jLí ^\^ 

... ^^^i\ li» i.lj.=. ^yA ^jJ)._Y á ella da 

(ó en la cual se abre) la puerta del sótano de 
la totalidad de la finca en venta. 



D. Tomé Xathurnin (^^i^Li.), como testa- 
mentarios del Arcipreste D. Nicolás L^^^l'* 
(, ^to (jj^ ^JÍ-^Í'j-^-m'^!, á favor del Arci- 
preste de Talavera D. Pedro b. Miguel, por 
el precio de 202 mizcales de oro alfonsí, que 
habrían de invertir los albaceas en sufragios 
por el alma del testador, en cumplimiento de 
su última voluntad. 

Se advierte además haberse entregado al 
comprador cuatro escrituras en que constan 
los derechos del testador sobre las fincas 
vendidas. 

Fecha en Junio de la Era 1216. 

Suscripciones de este documento: «Ego 
d. colar archidiácono confirmo, Ego F. ar- 
chidiácono Calatrave confirmo, Ego W. 
prior testis, Raimundus capellanus testis, 
ego iohanes sacrista testis, ego petrus eccle- 
sie sancti micaelis diaconus testis, ego do- 
minicus mistarabs testis, Ego Gondisaluus 
archidiaconus aluacea archipresbiteri nicho- 
lai supradictam uenditionem uendo et con- 
firmo, Ego W. capellanus altaris sancti Tho- 
mae ecclesie sánete Marie testis, Ego petrus 
ecclesie sancti micaelis diaconus testis». 

Y en caracteres arábigos: Andrés b. Ab- 

dalah b. Xabith ím\ ^^í ^i fsic) r,^'|i-V:) 
(kAi. ^,i, Xalmón b. Alí b. Waid ^^»J.¿.) 
(J^íi. yi ^\z. ^j, Pithro? Abderrahmánb, 



Yahya b. Harits 



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XLV 



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-k.-j) 



Partición que hacen entre sí Lázaro b. Alí 

é Ismail b. Lop, el Israelita Js ^yi_ ^jj^) 

( bL^'^ >^_^J y¡ J-n*fr"b' ^^ la viña que 

compraron mancomunadamente de Juan b. 
Otsmán en el pago de San Esteban, á la 
otra pai te del Tajo, en la jurisdicción de la 

ciudad de Toledo j La ^JJl /^j-^Jl í^-^-^^) 

Se hacen tres partes de la viña en cues- 
tión, adjudicándose dos de ellas (una á le- 
vante y otra á poniente) á Lázaro b. Alí, y 



DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



177 



la que queda en medio de ambas á Ismail b. 
Lop, entregando éste á aquél la cantidad de 
medio mizcal alfonsí para la perfecta igual- 
dad en la partición ^ U^;;^^..? .j:^j::',\ L^') 

Fecha á últimos de Agosto yi^t ^1 ^) 
(yJU¿-¿l de la Era 1216. 

Firman, entre otros: Domingo b. Pethro, 
testigo (»Xa>Li. ?j.J=-f ^y> ¿.Ü:^^), Ismail b. Lop 
Al-Israilí?, Ishac b. Suleimán b. Nuh tes- 
tificó y escribió ^ ^ yj í-r-<rr^ i-r'. v ?==^^) 

.0 



.•r 



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j -^ - j^ 



XLVI 



Fecha en la última decena de Diciembre 
(^í-^^ j-^^ ^^' j¿^^\ ^^xJl J) de la Era 
I2ig. 

Suscripciones: Abdallah b. Abdelaziz b. 
Hatháb (w^lia^ ^j J¡Jx}\ j^ ^^; ¿.U! j..c) 
Vicente? h. Abdelaziz b. Saad y¡ ^Jl^x^j «) 
(j,»^ ^,j j-O^ "■'^» Fernando Yoannix, 
testigo (-VíLL i.^^^i?-' 2^-^"=J;3j). y Pedro b. 
Ornar b. Gálib b. Al-Kalás j^ yj íXX.) ^) 

En el reverso: «Carta de la uinea de sáne- 
te columbe». 

Francisco Pons. 

(Continuará.) 



Venta de una viña sita en el pago de la 
igle3Ía de Santa Colomba, jurisdicción de 



Toledo 1 LL 1.^S A^ais-^ ... j y-CJ! >^^.^.=^^) 

(ilLJL io-U' J.^i i-^.li y contigua á otras 
dos viñas de García de Camarena A;«.^¿) 
( c}]}T.>^' y ^^ Justa, la que fué esposa de 
Martín Mozárabe {^,x::.^- rK'^jJ)' 

Intervienen como vendedores Doña Leo- 
cadia, hija de Pedro So/¿»és.^ (Suelves?) ij^^) 
(¿ v"4-^ í).ia~^ vJI^iJ LoLaJ y su hijo Rodri- 
go b. Pascual {J\Sá>) ,.yj ¿aj .J 1 ¡-.^f'j) á 
favor de abú Z^crym Yahya b. AIí el de Má- 
laga iJ^K^^ ^^ ^J>, ^^.^'. (*) ^/jji^) 

por precio de 55 mizcales de oro alfonsí, y 
haciéndose constar que la vendedora adqui- 
rió el dominio sobre la finca que enajena, por 
herencia de su hijo Pedro, que lo fué de su 

segundo marido ,_a5'J^J! 5t---l! ^j^-^\ ^--^j) 

(... ^ÁX}\ V^jJ ^y. í^yk. l^.! ^y^ ^'j)^l , 

como asimismo se advierte que asistió al ac- 
to del otorgamiento D. Juan Pethres ó Pé- 
rez, actual marido de la vendedora, el cual 
dio su consentimiento y aprobación á lo he- 
cho por su consorte. 



UNA PAGINA DE LA HISTORIA 

DE LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA 



I Documento escrito en el papel caracte- 
rístico de fabricación toledana, como el que 
hemos encontrado en el núm, XXV. 

(*) La ortografía clásica de este nombre es 

byf; 



(Conclusión.) 

„ Yo seguía auxiliándolos con gfente y 
municiones ; pero debiendo guardar 
esencialmente los caminos por donde 
el Sitio estaba más expuesto á ser nue- 
vamente atacado; reunido ya conmi- 
go mi Ayudante, pude colocar hasta 
sesenta hombres entre los soldados in- 
válidos, los dispersos y los paisanos 
en los puntos del camino de Guadarra- 
ma, Compaña y camino real, dirigien- 
do en aquéllos á los paisanos, cabos y 
soldados de inválidos y recorriendo 
sin cesar todos los sitios mi Ayudante. 
Sandoy y yo, permanecimos siempre 
más entre la villa y el pueblo por ser 
lo de más riesgo, y por estar más pron- 
to á acudir en donde fuese necesaria 
nuestra presencia. Así se pasó hacién- 
dose fuego hasta las doce de la noche, 
hora en que los enemigos, incendiando 
el pajar y casa de Manuel Álvarez, 
que está á la entrada de la villa, pene- 
traron en una de sus calles, forzaron 
algunas puertas, y echaron fuego á to- 
das las del recinto de la plaza, excep» 
to dos. 

„Entonces, oyéndoles tocar susclari^ 
nes, y viéndolos en todo su número 



178 



boletín 



reunidos, que no bajaban de cuatro- 
cientos hombres, reuní la gente de arri- 
ba al camino real , mandé al hospital 
por cartuchos, que se escaseaban, se 
juntaron unos pocos, y diez ingleses 
enfermos que tenían unos paquetes, di- 
jeron que ellos no los daban, sino que 
vendrían á gastarlos por su propia 
mano, y así fué, que seis de ellos que 
estaban capaces , se vistieron y arma- 
ron, y se presentaron en acción, sien- 
do tan constantes, que en ningún pun- 
to me desampararon hasta que se fina- 
lizó. 

^Resueltos á resistir hasta el último 
extremo, preparado todo en la manera 
dicha y en formación la gente para 
nuevo ataque, mandé tocar el fabordón, 
ó campana gorda del Monasterio, tan- 
to para que las mujeres y gentes que 
aún había en el Sitio se ausentasen, 
como para imponer más respeto al 
enemigo. Este, en efecto, volvió á to 
car sus clarines, y se empezó á poner 
en retirada. El teniente Sandoy fué si- 
guiéndolo, y observándole sus movi- 
mientos. Seguros de ella oí el parecer, 
no sólo de mi Ayudante, sino de don 
Juan de Bartolomé, D. Vicente Rive- 
ra y otras personas del pueblo, que 
eran las más respetables, y que tam- 
bién habían concurrido á la acción, y 
teniéndose presente, entre otras refle- 
xiones, que no había municiones para 
más defensa, pues había quien no tenía 
más cartucho que el cargado, se resol-' 
vio dejar la población, sin perderla de 
vista, retirándonos á la sierra hasta 
ver el éxito que tenía el ataque de Ma- 
drid, y si se nos reunía gente y había 
medio de adquirir cartuchos y volver 
á defenderla, y si no, obrar según las 
circunstancias. 

„Con arreglo á esto, di orden para 
que se retirasen los paisanos y solda- 
dos que estaban en las avenidas de 
Guadarrama y la Compaña, y dirigí 
á los ingleses para que se fuesen con 
los soldados de caballería. 



„ Mi ayudante y yo pasamos á casa 
á recoger las reales órdenes y los pa- 
peles de gobierno, que debía poner en 
salvo, y así se hizo. 

„Todo el día 4 estuvo la villa y Sitio 
libre; pero á la noche, ya tomado Ma- 
drid, llegó al Sitio la división de dra- 
gones del general Lahaussaye, com- 
puesta de los regimientos 18 y 19, que 
no encontrando en el pueblo sino al 
alcaide de la cárcel , á quien yo había 
mandado para observar, se estuvieron 
todos sobre las armas, rodeándolo. 

„Recibí por la madrugada la intima- 
ción de presentarme por la mañana 
antes de las ocho, bajo las amenazas de 
incendiar el pueblo, y ésta, y los cla- 
mores de los vecinos del Sitio , me hi- 
cieron arrostrar por todos los peligros, 
y presentarme con mi ayudante, al- 
guacil mayor y demás gentes que me 
acompañaban , á disposición de dicho 
general, que volviéndonos nuestras es- 
padas, nos trató con honor , y en ban- 
do, que publicaron, y que conservo, 
elogiaron la lealtad y el valor de los 
habitantes del Sitio á quienes decían 
perdonaban las vidas por la humani- 
dad que habían usado con los prisio- 
neros de estado franceses. 

„Después tuvieron lugar los aconte- 
cimientos ulteriores, de que daré par- 
te á V.E., porque no pienso referir sino 
lo que es propio de esta acción, en que 
tanto valor, lealtad y espíritu de pa- 
triotismo han desenvuelto aquellos ha- 
bitantes, dignos de la piedad del Rey, 
añadiendo que además de lo que á to- 
dos acredita esta sencilla y verdadera 
relación del suceso, son muy dignos 
del reconocimiento nacional D. Josef 
Manuel Sandoy, teniente de caballería 
de Voluntarios de España, y el subte- 
niente D. Miguel Josef de Quevedo, mi 
ayudante por su actividad y resolución 
acreditada en los graves peligros de 
que se vieron rodeados principalmen- 
te en el principio del ataque. 

„Los vecinos del Sitia que me acom- 



DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



179 



pañaron y que á pecho descubierto se 
pusieron en medio del camino á con- 
trarrestar la caballería francesa, dan- 
do á mi lado y á la voz , la más opor- 
tuna descarga que se puede decir, fué 
la que salvó á todos sus habitantes. 

„La actividad y celo del alcaide de 
la real cárcel, que estuvo conmigo, no 
sólo en la acción , sino que me acom • 
paño constante en todas ocasiones. 

„Y últimamente es digna del mayor 
elogio la respetable memoria del reve- 
rendo P. Fr. Silvestre Ruiz, monje de 
aquel real Monasterio, que, inflamado 
del celo que siempre le animó, desde 
por la tarde en que vio los preparati- 
vos que se hacían para la defensa, pre- 
sentándose voluntario, dijo "que acre- 
ditaría con las armas, en la ocasión, 
lo mismo que había exhortado en el 
pulpito, que debían todos obrar. „ Y, en 
efecto , por la noche fué de los prime- 
ros que salieron contra los enemigos, 
y haciendo fuego murió atravesado de 
un balazo. 

„Tuvimos de pérdida, además de es 
te religioso , dos soldados , que murie- 
ron de resulfas de sus heridas, y un 
paisano herido, que se retiró de la ac- 
ción, llamado Josef Medina. 

„En la villa pereció un forastero que 
estaba dentro de una de las casas que 
incendiaron , en venganza del fuego 
que de ellas les habían hecho. El sobre- 
guarda de los reales bosques y su cria- 
do , que cogieron, fueron arcabucea- 
dos. El sacristán fué también acuchi- 
llado terriblemente, de modo que á los 
dos días murió de sus resultas. 

„La pérdida cierta de los enemigos 
fué de veintidós hombres; esta es la 
vista y averiguada con exactitud; pero 
se debe creer mayor por los regueros 
de sangre y caballos muertos que se 
vieron en todo el camino de Madrid 
posteriormente, y heridos que en la 
misma noche que entraron condujeron 
al Hospital. Es cuanto tengo que infor- 
mar á V. E. sobre este asunto. 



„Dios guarde á V. E. muchos años, 
como deseo. Sevilla 26 de Junio de 
lS09.=:Excmo. Sv. = Francisca Car- 
mona. =Excmo. Sr. D Martín de Ca- 
ray. 

-^í^ 

OQl^©EDÁNEA 

El excursionisrro,práct¡c I sana parael cuer- 
po y para el espíritu, va iotiUrándose más cada 
día en las asociaciones y aun en la prensa. El 
Ateneo Tarraconense de la clase obrera, so- 
ciedad la más importante de Tarragona, ha 
creado una nueva sección, cuyo objeto será 
practicar excursiones por el territorio catalán, 
á fin de estudiarle y darle á conocer; y al efec- 
to, ya ha realizado colectivamente algunas 
muy interesantes. 

También la revista de Guadalajara intitula- 
da Flores y Abejas, en cuya redacción conta- 
mos con algunos compañeros, ha inaugura- 
do una serie de excursiones por la provincia, 
siendo objeto de una de ellas Brihuega, ya 
visitada tiempo atrás por nuestra Sociedad. 
En su núra. 5o, correspondiente al 1 1 de Agos- 
to último, aquella Revista insertó un intere- 
sante artículo, ilustrado con varios grabados, 
en que se daba cuenta de la excursión. 



El Excmo. Sr. Arzobispo Obispo de Madrid- 
Alcalá, Presidente de la Sección de Ciencias 
históricas de la Sociedad española de Excur- 
siones ha terminado recientemente la visita 
pastoral hecha á la parte montañosa de las 
iglesias de la diócesis, que ha resultado nota 
blemente beneficiosa para el arte. 

A más de dictar otras disposiciones, ha man- 
dado á los párrocos que le remitan la reseña 
histérico-artística de las parroquias y de su en- 
lace con la historia de la localidad, copiando 
inscripciones y dando antecedentes de las 
obras de arte en retablos, cuadros, esculturas, 
vasos y ornamentos. 

En los pueblos que vivieron durante los si- 
glos XV al XVII, bajo influencia artística tan 
sana como la ejercida por el Paular, insigne rui- 
na que todavía es una maravilla del arte , tales 
como El Horcajo, Buitrago, Robledo de Cha- 
vela y otros, ha hallado bellísimos retablos gó- 
ticos, ornamentos bordados de imaginería, 
cruces parroquiales y cálices del mismo gusto, 
ordenando la formación de índices de todos 
los objetos de arte para cuidar de su conserva- 
ción en las localidades respectivas. Con tan 
acertada medida se logrará en adelante defea- 



Í80 



boletín 



der de la rapacidad de anticuarios logreros las 
joyas artísticas que aún quedan en nuestras 
iglesias. 

Unimos nuestro modesto y entusiasta aplau- 
so al muy sincero que seguramente tributarán 
los amantes del arte al sabio Prelado de Ma- 
drid-Alcalá. 

Nuestro respetable amigo el Sr. Obispo de 
Solsona, Dr. D. Ramón Ríu, colaborador de 
este Boletín, dando nueva muestra de su 
amor á los estudios retrospectivos, se propone 
crear en la capital de su diócesis un Museo de 
arte cristiano, que se instalará en el palacio 
episcopal. Felicitamos al docto Prelado por su 
pensamiento, que desearíamos repercutiera en 
todas las diócesis de España. La noble con- 
ducta de los Obispos de Vich y de Solsona, y 
la protección que dispensan al arte y á la his- 
toria, son dignas del mayor encomio y de ha- 
llar fervientes imitadores. 



materiales romanos, se ha descubierto un cipo 
funeral, cuya copia , hecha á raíz del hallazgo 
por don Faustino Merlín Aguilar, ha sido pre- 
sentada á la Academia de la Historia, en cuyo 
Boletín (Octubre de 1895) acaba de publicarse. 
El epígrafe se refiere á un Lucio Junio Hebe- 
no, liberto de Lucio, y á su mujer Valeria 
Restituta. 



Un interesante bronce romano-celtibérico se 
ha descubierto á orillas del arroyo de la Ave- 
llaneda , sitio de los Veneros, en término de 
Arenas de San Pedro ( Avila). Es un busto de 
mancebo con pátina verdosa, cubierta la cabe 
za por abundante cabellera, y el hombro iz- 
quierdo por un manto. Mide o"'i25, es hueco 
en el interior, y en la parte superior de la ca 
beza tiene un orificio, con tapadera formada 
de un trozo del peinado, fija sobre la coronilla 
por un gozne. 



El ilustre escritor D. Víctor Balaguer, Pre- 
sidente de la Sección de Literatura de nuestra 
Sociedad, ha aceptado la invitación que le ha 
dirigido el Ayuntamiento de Calatayud para 
que presida los Juegos Florales que el año pró- 
ximo se han de celebrar en aquella ciudad. 



Se ha descubierto en la Catedral de Santia- 
go el sepulcro del célebre caballero gallego 
D. Pedro Fernández de Castro, Adelantado 
mayor del reino y generalísimo de los ejérci- 
tos españoles, que floreció en el siglo XVL 
También se han descubierto, según noticia 
que da un periódico valenciano, en la Cartuja 
de Val-de-Cristo (diócesis de Segorbe) los res- 
tos mortales de fray Bonifacio Ferrer, general 
que fué de la Orden de los Cartujos y herma- 
no de San Vicente Ferrer. 



En un lecho de arena colindante al Santua- 
rio de Nuestra Señora de la Regla, cerca de 
Sanlúcar de Barrameda (Cádiz), junto á las 
ciclópeas ruinas de un vetusto castillo, donde 
se supone que existió una población, hoy su- 
mergida en el mar, han aparecido varias sepul- 
turas perfectamente alineadas y orientadas. 
La Comisión de monumentos de Cádiz ha 
pasado á aquel lugar con objeto de practicar 
trabajos de excavación, y ha dado cuenta del 
descubrimiento á la Real Academia de la His- 
toria. 

-«I— 

En término de Medina de las Torres, y jun- 
to á su ermita de San Blas, construida con 



La prensa de Lérida anuncia el descubrí 
miento en aquella comarca de una interesan- 
te cueva prehistórica, que acaba de explorar 
D. Luis María Vidal, ingeniero jefe de aque- 
lla provincia. Hállase situada por cima de Po- 
bla de Segur, en el llamado Congost d'Erin- 
yá, en disposición casi inaccesible; y se le con- 
cede importancia por el avance que represen- 
ta en dirección del Norte, y ya en plena región 
pirenaica, el área conocida de la habitación 
humana en la época protohist^rica. 



SECCIÓN OFICIAL 

La Sociedad Española de Excursiones reali- 
zará una el domingo i.° de Diciembre al Mu- 
seo Arqueológico Nacional , instalado ya en 
su nuevo edificio, Palacio de Museos y Biblio- 
tecas, con arreglo á las condiciones siguientes: 

Sitio y hora de reunión: Puerta del Museo 
(calle de Serrano), á las nueve y media de la 
mañana. 

Cuota. Cinco pesetas, en que se comprende 
el almuerzo en el restaurant del Círculo de 
Bellas Artes, café, gratificaciones, etc. 

Para las adhesiones dirigirse, de palabra 
ó por escrito, acompañando la cuota , al señor 
Presidente de la Comisión Ejecutiva, D. Enri- 
que Serrano Fatigati, Pozas, 17, hasta el sába 
do á las ocho de la noche. 

Madrid i.° de Noviembre de 1895. 

El Secretario general, Vizconde de Pala 
!fue¡os.—Y.° B."— El Presidente, Serrano Fa 
tigati. 



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BOLBTIN 



DE LA 






DIRECTOR : 
EL VIZCONDE DE PALAZUELOS, Secretario genera! de la Sociedad. 



AWO III 



Madrid 1.° de IDieiembr'e de 189o 



WUM. 34 



SECCIÓN DE CIENCIAS HISTÓRICAS 



ARCA Ó BAÚL 

DE LA PROBABLE PERTENENCIA DEL CARDENAL 
CISNEROS 



aSnNTRE los objetos que componían 
J el mobiliario de la Edad Media, 
1 las arcas ó baúles puede decir- 
se que fueron los muebles más indis- 
pensables para la vida, pues tan nece- 
sarios eran para el Rey como para el 
vasallo, para el noble como para el 
sacerdote. Guardábanse en ellos los 
objetos preciosos , ricas telas y tapices 
del Señor, los vasos sagrados y orna- 
mentos de la Iglesia , los archivos de 
las familias y los enseres del plebe- 
3'0. Servían algunos como asientos y 
lechos, al mismo tiempo que decoraban 
las habitaciones; se guardaba en otros 
el dinero , ocupando el lugar que hoy 
las arcas de caudales, y otros, final- 
mente , se utilizaban para llev^ar al 
cementerio á los que pasaban á mejor 
vida. 

Distinto es su arte y decorado según 
el progreso y adelanto de los tiempos. 



y según los usos á que se aplicaban. 

Muchos y hermosos arcones se con- 
servan lo mismo en Francia qué en 
España, en museos y colecciones par- 
ticulares, fabricados en los siglos XIII, 
XIV y XV. 

Poco sabemos en nuestra patria so- 
bre autores de arcones ó cofreros, que 
se llamaban vulgarmente , pues las 
investigaciones sobre este particular 
van muy despacio entre nosotros , sin 
embargo de poseer varios arcones muy 
notables; y citaremos entre éstos el de 
doña Urraca, que existe en la Cate- 
dral de Falencia, el llamado cofre del 
Cid , que hay en la de Burgos y que, 
según Orcajo , fué uno de los que dio 
Martín Antolinez lleno de arena á los 
judíos Vidal y Rachel , cuando de una 
manera tan encarnizada persiguió el 
rey de Castilla á Rodrigo Díaz de Vi 
var; tradición, aunque respetable, no 
comprobada; el que cedió el Cabildo 
de León al Museo Arqueológico, siendo 
director D. José Amador de los Ríos, y 
otros varios, en fin, que existen en di- 
cho Museo y en casas particulares, 
entre otras la del Marqués de Monis- 



182 



boletín 



trol, que posee algunos de notable mé- 
rito. 

En Francia fueron muy usados los 
arcones en la Edad Media, y nos ofre- 
cen una prueba de ello las hermosas 
delanteras que pueden admirarse en el 
Museo de Orleans, obra acaso ejecuta- 
da por alg-uno de los Esteban Quinerit, 
Mathurin Thibaul, Juan Primelle, etc. , 
que tanto se distinguieron , en aquella 
época, en su artística industria. 

El arca cuya reproducción acompa- 
ña al texto es un mueble de madera 
que afecta forma de baúl y va forrada 
al interior de un paño azul oscuro, y 
exteriormente de un terciopelo rojo, ya 
muy deteriorado por el roce. Las di- 
mensiones del arca son: altura, Col"; 
longitud, 1,31""; anchura, 0'51'". Toda 
ella, por su frente, tapa y costados vese 
llena de adornos de chapa de hierro 
repujado, que constituye su ornamen- 
tación. Muy común era en el siglo XV, 
en fines del cual debió construirse este 
mueble, hacerlos cubiertos de cuero 
ó terciopelo y con herrajes , pues en 
Francia Gilíes de Willis, carpintero de 
Lila, hizo cofres en que, además de la 
madera, entraban aquellas otras ma- 
terias; Gilíes Bounier, cofrero en 1443, 
hizo otro cofre, también cubierto de 
cuero con flores y viñetas y con fajas 
de hierro; y en 1481 el tapicero de 
Luis XI, Roberto Gaultier, suministró 
un gran cofre de cuero, herrado, para 
poner paños de oro y objetos pre- 
ciosos. 

Los adornos de hierro , ya citados, 
constituyen la parte más interesante 
del arca. En el frente, tapa y costados 
figuran representar un cuerpo arqui- 
tectónico ojival, calado, con sus colum- 
nas de retorcidos fustes y sus arcos 
canopiales. Cinco intercolumnios apa- 
recen en el frente y tapa, y dos en cada 
costado. Ocupando los aparentes va- 
nos y destacando sobre el terciopelo, 
vense hojas de cardo , esencialmente 
góticas, adornadas con nervios, flores 



cuadrifolias y circulillos de puntos re- 
pujados. 

Tres cerraduras de gótica traza, una 
pequeña en el centro y dos mayores á 
los lados, todas desiguales, pero inte- 
resantes por la pureza de su estilo, 
adornan el frente. En la de la izquier- 
da nótase figurado un dragón. Bajo la 
central , y sustituyendo á las hojas de 
cardo, vese un escudo de armas, con 
capelo y borlas, también de chapa de 
hierro, con el único cuartel jaquelado. 
Encuadra todo el frente del arca un 
cordón de San Francisco. En uno y 
otro costado del mueble , fíjase un asa 
ó agarradera con terminaciones de ca- 
beza de animal toscamente forjadas. 
Por último, tanto en el frente como en 
cada costado, hay un sumamente reba- 
jado arco canopial, contribuyendo los 
tres á destacar los cuatro pies del arca. 
Con escudo de armas en el centro, 
propio de la familia que la poseía , co- 
nocemos muchas arcas, y el detalle de 
tener tres cerraduras no es raro en 
aquel tiempo ; pues , entre otras , Juan 
Guiselin, cerrajero de Bruselas, adornó 
con tres cerraduras un arca que hizo 
Antonio Gossin para Felipe el Bueno, 
duque de Borgoña. 

El arca que describimos , que indu- 
dablemente puede considerarse como 
gasofilácea, ó sea propia para guardar 
ornamentos sagrados y objetos precio- 
sos del culto , debió de pertenecer sin 
duda al Cardenal Cisneros , pues el 
. jaquelado del escudo , el capelo y las 
borlas, el cordón de San Francisco, 
propio de la Orden á que pertenecía el 
Gran Cardenal, la época en que indu- 
dablemente se construyó el mueble y 
el haber sido adquirido éste en Toledo, 
ciudad llena de recuerdos, memorias y 
fundaciones del insigne Regente , son 
otras tantas circunstancias que pare - 
cen con fundamento así acreditarlo. 

Manuel López de Ayala. 



DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



183 



ESCRITURAS MOZÁRABES TOLEDANAS 



(Continuación.) 



XLVII 



Convenio celebrado entre Berenguer, hijo 
de Albellitair (el pellejero?) ', y su esposa 
María, por el cual se establece lo siguiente: 

Si muriese ésta sin sucesión, todos sus bie- 
nes pasarán al marido, sin que á ello se 
opongan los parientes de la donante: el es- 
poso usará libremente de dichos bienes, sa- 
cando de ellos cinco dinares y una medalla * 

(XJLia^) que entregará á los parientes más 

próximos de aquélla (sean éstos muchos, po- 
cos ó uno solo); también se destinan otros 
cinco mizcales para honras fúnebres al arbi- 
trio del marido. Si falleciese éste antes, pa- 
gadas las deudas del fondo común, la cón- 
yuge sobreviviente tomará para sí la mitad 
de cuanto el matrimonio poseyese al tiempo 
de la defunción, así dentro como fuera de 
Toledo, en cualquiera clase de bienes , des- 
tinándose á los herederos del difunto (no ha- 
biendo hijos, como se ha dicho antes) la otra 
mitad, sacándose además cinco mizcales 
para las pompas fúnebres '. 

Fecho en Julio de la Era 1223. 

Suscripciones: Yahya b. Yaix b. abú-1- 

Jair (j.^1 ¿j1 fj>\ ^J^^i ^^. ^r^^)» Ab- 
delmelic b. Abderrahmán b. Hothaya? Xx) 
(i^laa. yi ^j-<^J\ ^^ ijri '■^^^' Suleimán 
Thaurel? (¿J!;j^ (jv^j)' Xalmón h. Alí 
b. Waid (J.-¿ij ^ji ^Ic (^ (J,»^^í)• 



1 En el texto parece leerse: ^^^^J' \}^y. 
f-^\. Después del J final de la primera pala- 
bra sigue un j, como si el amanuense hubiese 
querido corregir Berenguer en vez de Beren- 
guel. 

2 Moneda antigua llamada también meaja 
en los documentos castellanos. 

I Como consideramos este documento de 
alguna importancia y no tan claro como fue- 
ra de desear, daremos al fin el texto y la tra- 
ducción de lo esencial en su contenido según 
nuestra manera de entenderle. 



XLVIII 

Testimonio de D. Gonzalbo Díaz -^¿.1) 
({J^."^ i.íl~ai¿ ,jj!> por el que afirma haber 
entregado á su sobrina Doña Sancha, esposa 
de D. Munio Armilez, 20 mizcales ^iacj ¿Jl) 

ii^^J' jy^ ^^ ^°s 100 que tenía en su po- 
der y que procedían (de la testamentaría?) 
de Doña María, esposa de D. Lope de Are- 
nas jj-^-' Wjj c^L^ ^:J| h ^ iij:>) 
(iT^.y ^ "r^' ^°" '^^ condiciones y salve- 
dades que se indican. 

Fecha en la segunda decena de Noviem- 
bre, Era 1223. 

Suscripciones: Fernando b. Hasán escri- 
bió {^^^^ r)^"**^ f¿.ri '^^^)' Pethro b. Ab- 
derrahmán b. Yahya b. A9bag Jt^ y) SjL.>) 
{^-^^ ¡jti c^.- [.yJ (•r-íf^M-'K Yahya b. Wa- 
lid b. Kasim (**-L5 j^^j aJ^ .í <;lf^'j) >' 
Vicente b. Abdelaziz b. Saad testificaron 
sobre esto Jju- ^j j^ y*-^^ ^-^ i^y' ^-1^~«J j) 

(Por estar maltratado el documento no te- 
nemos completa seguridad en la lectura de 
algunas palabras, lo cual nos hace dudar res 
pecto al sentido de algunas frases). 

XLLX 

Venta de una yugada y media de tierra en 
el pago ó término de Olías la Mayor, de la 
jurisdicción de Toledo ^, como asimismo de 



cTÍ 



I a3> 



ai ;..J! 11*. 






^ 



;j r^ 



l^y ^'j ;"^! ¿"^U. «Y la citada venta se ha- 



lla en el octavo de Aben Florent? t:n la citada 
alquería y forma parte del total de los 18 pares 
ó yugadas (?) que se conocen en los dichos oc- 
tavos, según los pares ó yugadas que allí se 
usan». Ignoramos si habremos interpretado 
rectamente estas palabras. 



18 



boletín 



ua corral contiguo á otros dos de los here- 
deros de Abú Jair y de Juan Meléndez res- 
pectivamente. 
Vende Abú-1-Hasán Abdalah b. Abdel- 

melic el de ^ ?... -V-.^ ,.r> ¿-'Jl --^ ,.r"¿i yl) 
( ^2. .-V.'"^l jJM] á Doña Ana, hija de Don 
Pelayo Calvo y esposa de D. Pedro Martí- 
nez c^l iJU L% ,.> c^-j s:3^ ij„^) 

{^j^y jí^L^j .\ 3^^^ Tj) ^, por precio 

de 24 mizcales de oro alfonsí, y advirtién- 
dose que no forma parte de la finca vendida 
una plantación que hizo el vendedor y que 



diano D. Domingo Alpolichení ^j-x.^\) 



J\ ^,^:^ -i^ J^J ^Jir 






¿.. lUxJ! i.-UJí is, i.l 



^^U...) 

::}\ 



CJ 



reserva en su dominio /r^' ' ^ 

Fecha en la última decena de Noviembre 
(le la Era 1223. 

Suscripciones: Abderrahmán b. Xabíb 
(s_^-.,^i. ,,fj f^3.J! -X-!^), Yahya b. Abda- 
lah (éM\ -V-.= ,.r-' ^-ST'^). Pedro b. Ornar b. 



Gálib b. Al-Kallás ,.^.j w_^ ,.^.> í^isL ,) 
( ..^iíJt ,.' ^U; y yo Abdalah b. Abdel- 



melic Al he suscrito todo esto bt 






c' 



Ka el dorso: «hec est carta domine anne 
filie pelagii calui. de yugada et media en 
Olias». 



L 



Venta de un mesón, situado junto á la ca- 
tedral, con la azotea (algorfa) que ha}^ enci- 
ma de dicho mesón y del arco que le une á 
la torre mayor de la expresada catedral, lin- 
dando al E. con tiendas de Doña María, mu- 
jer que fué de Pe 1ro de Camarena ; al O., 
c >n una plazuela que está delante de la puer- 
ta de la citada iglesia catedral, y á ella da la 
puerta del mesón en venta; al S., con la ca- 
lle que pasa por debajo del arco, y al N., 
con el mesón de D. Salvador. Otorga esta 
venta Doña Plasencia, esposa que fué de 
n Pelayo Garganta, á favor de D. Pedro 
ben Alachamí, en representación del arce- 



I Rl Si-, Siinoni.-l sospecha que pudiera ser 
Andújar con un lii;ero cambio de letras. 



^^ ■ 

Precio, 21 mizcales alfonsíes. 

Eecha en el último tercio de Agosto, Era 
(le 1224. 

Suscripciones: Abdelaziz b. Abderrah- 
mán ( ^=^3! wUc i-yí j'}*^^ A-I-), Tomé b. 
Yah3'a b. Pelayo (^-"-J ..vf c^'^^ ,-rf '-'t?^)' 
Jacob b. Abdelaziz Alchábir ^} ^-i^^ j) 
(j.A¿! i-J }*'! '^■f- y Pelhro Yoanex b. An- 
tar {y^^ ..yi ^j\^^ s^Lj^), 

En caracteres latinos: Polaco pean testes. 
(Existe también la traducción de este do- 
cumento.) 



LI 



Venta de un huerto sito en el término de 
Alcardet (L,^j¿j\ i^ysri ... (jj*-^^^ /^tf^) 3^ 

coa los siguientes lindes: al E., un camino; 
al O., el río Tajo; al N., un huerto de los 
compradores, y al S., otro huerto de los he- 
rederos de Pedro, el comerciante en legum- 
bres (Jl-a^l ^j^, ^jy .)*-^ <kL¿il ¿5_j). 
Figuran como compradores Lob (Lope) 
b. Yahya b. Hixém y su madre Doña Xam-sí 
(Mi-Sol), hija de Abde-1-Mesiah i; y como 
vendedores, Yahj^ab. Saidatihi y su hijo An- 



drés Aiu» 



U 



L" 



Precio de la venta, 26 mizcales de oro al- 
fonsí. 

Fecha en Septiembre de la Era 122^. 

Suscripciones: Pascual b. Domingo...?... 
(... ¿.ÜÁP^ y¡ Jt^-^Jj), Suleimán b. Alí 



( [ue) escribió (■. ^i. 



^^" c^^ 



•r-í^n 



?). 



Sebastián b. Farach (.7- vS , »j .Lx^u;...), 



I El Sieivo de Cristo. 



DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



185 



Y ihya b. Said-Allah {¿¿\ J^ ^ji í^j)' 
Vicente b. Abdelaziz b. Saad ,.vJ vJI^jLv^o.) 
(Ajuv yj jij^^^ ^^> Oi'iar b. abú-1-Farach 

LII 

Venta de la cuarta parte de una casa, sita 
en el distrito parroquial de San Justo X'js-') 
( j:,.v¿.j .J^'Jx, "L^^^ en el interior de Tole- 
do, la cual casa se halla entre dos calles, y 
su puerta se abre hacia el lado de Poniente 



(. 



>j^. 



Üt 



Aparece como compradora Doña Eiiirtlia, 
la que fué esposa de Martín el Calero, y 
como vendedores sus dos hijos D. Paris ^ y 
Doña Cecilia, que heredaron de su difunto 
padre la parte que ahora venden á la dicha 
Doña Eulalia, su madre, la cual posee las 
tres cuartas partes restantes de la casa en 

cuestión <^'^S J! h}^j^ "^h-^ v3j^^) 



L.^ 






.:> 



Ux.l 



coJí 






:1\ ^„^J u 



^Jf aj ,j 'iúx)\ 'ÍzLL\ 



Precio de la venta, ocho mizcales y me- 
dio de oro alfonsí. 

Fecha en la primera decena de Octubre de 
la Era 1224. 

Suscripciones 3 : Estéfano b. Yah3''a? b. 

abú-1-Jair {j;^\ ¿>\ ..^j ^s^. ^j ,.,ilza|), 
F'arach b. Yahya testificó y escribió con sus 
manos (¿.jJ^j ^^.^^cS" ^ ^.At, ^^sr^ ,j - ^)> 



Yahya b. Walíd b. Kásim 



.(4.^15 



L}'- 



J. 



I Hállase muy despintada la escritura de 
este documento. 

3 El nombre Paris procede de Apparitio 
( F.piphanía). — Godoy Alcántara, Apellidos 
castellanos, pág. 151. 

3 Están las tres tan borrosas, que no tene- 
mos completa seguridad en la lectura de todas 
las palabras. 



Lili 

Venta de tma casa de la demarcación de 
la iglesia de San Cebrián ó Cipriano, en el 
interior de Toledo c^^i- 'i^.^^xS l^ysr^) 
{UhÁh i^J->--' J^^>Xj ^Lj^^..^, cuyos lindes 
son: al E. , una casa de Domingo el Cojitó?, 
el Pescadero? (C^Í^M Jl^:^yj| íIíajJ .b); 
al O., casa de Martín Joroba? ^J^J^ jb) 
(^í J^^! al S., otra casa de Doña Dominga,' 
esposa que fué de Juan el Ancurí ^3Lj) 



J. 



.iLi_*.3t, y al N., el camino ó calle 

(, ^^j^) á donde comunica la puerta de la 

casa en venta. 

Otorgan esta venta el Presbítero D. Mi- 
cael b. Yoannes, del clero de la iglesia de 
San Torcuato, y D. A9an b. Maurel como 
albaceas de Abdalyh b. Bixar, á favor de 
D. Micael el Snbdiácono y de su hermano 
D. Pedro, hijos de D. Pedro Al-Hasán, 



.y. J 


lüU. 


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J--^ c'-- 


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(^r:» *^' -'-.-^ kr^í-^jT^ ^J^^^ 



Precio de la venta, 1 1 mizcales de oro al- 
fonsí, cantidad que han de invertir los testa- 
mentarios en sufragios por el alma del tes - 



ij 



- .r^ ^ 



tador ím\ J.^ L^^-,0»^' ^ 

Fecha en Agosto de la Era 1225. 

Suscripciones: en carácter latino, «domi- 
nicus inicael testis». 

En caracteres arábigos: Lázaro b. Do- 
mingo, testigo (j-íLi.. iA^,o .,j , ;b5.); Vi- 
cente b. Micael el diácono ,j .ji^-'L^j^) 
(' ^Lj.J! JjLaL^^; Miguel el Presbítero, hijo 
de Juan, testigo , -3^.' .»j , y-.¿Jl J.jlfi*^,) 
(jjsLi,, y Vicente b. Abdelaziz b. Saad, tes- 
tifican sobre esto ,j \*j^ -^-¡-^ y^ •J^x^i ^) 

En el reverso: «carta de las casas de ssan 
9Íbrian». 



186 



BOLETÍN 



LIV 

Venta que otorga D. Mido, hijo de Don 
Arias, á favor de Domingo Gon9a]bo, de 
todo el patio del corral que posee en Olías 
la Mayor .,ji ^^-^ iJl^xc ¿Jii/»i ^jXá,]) 

(... <C ^.Ol : J\ h jSJ ¿.J, lindando con 
otros corrales de Pedro b. Ajthal ^j ^-1=*^) 
(JLLá.) y de Juan de Olías (, r ^•'^ ^ r)l>fl j)' 

y con dos caminos. 

Precio de la venta, tres mizcales menos 
octavo I de oro alfonsí y-^ Ls^J J.*9L¿* i¿AV) 

Fecha en Abril de la Era 1226, 
Adviértese después de la fecha que asis- 
tió al acto Domingo Domínguez, hijo del 

Serrano (ij!^^A.Jt ^> ^>«ajo»í iAt«i), dicien- 
do que no alegaba derecho alguno sobre la 
finca vendida, y que se adhería al acto de la 
venta, conformándose en un todo con ella. 
Suscripciones: Abdelaziz b. Amir b. Ab- 

delaziz J-^-& yi ^^^Lc yi jij '^^ 
(jj fxJt, Juan b. Abdallah b, Jáli? ^)^j>i. j) 
(jjaAá. ^} iX}\ A^ ^i\, D. Domingo b. 
Julián b. abú-1-Hasán b. Al-Ba90 2 j^^j) 

{^'J\ ^y,\ ^^\ ^1 ^,. Jl± ^y^ .ÍU.O, 

Vicente b. Abdelaziz b. Saad ..yi sJi.-J-^u) 

LV 

Copia del testamento otorgado en Mayo 
de la Era 1228 por Doña Leocadia, hija de 

Juan ( ¿.j|y «JI^jü Íj^Lí^J '¿Jj^). 

(De este documento, como de todos sus 
congéneres, daremos un extracto detallado 
en la segunda parte del presente trabajo.) 

La copia está fechada en la última decena 
de Febrero de la Era 1229, 



1 Véase supra núm. XL nota primera so- 
bre esta forma de partitivo. 

2 Firman por él á su orden y en su presen- 
cia: (iJfc^iacsr^j ^"í *^ V^^)* 



LVI 

Venta de una tienda y del edificio ruinoso 
á ella adjunto en el barrio de los Herbolarios 

^J ^x)\ U iL^jJl hjár^j o^L¿t ^*>^) 
( w.jLAjJ| i^jc^, colindando con otras tien- 
das y una casa de los Señores Canónigos 



.L.y,,^^xÚ) 



^(¿-^ 



;L.i.U) 



Otorga esta venta el Arcediano D. Domin- 
go Al-Polichení á favor de los Canónigos de 
Santa María, representados al efecto por su 

Prepósito ó Preboste {*) (^I^^.¿^J»J)D. Guillen 



¿fJxUJ! ^j^-y's ^Jv^jj.j ^L.-L=^ ^,,_jj) 



^-^.'j-f ^^-^A'^ jj- 



Precio de la venta, 20 mizcales de oro al- 
fonsí. 

Fecha en la primera decena de Marzo de 
la Era 1229. 

Suscripciones: «petrus garsie presbyter 
testis, Ego Michael pe tri presbyter testis» ». 

LVII 

Cambio ó permuta de dos lotes ^ de tierra 
sitos en Olías la Maj^or: el perteneciente á 
D. Domingo b. Jalaf, conocido por Mayur- 

nacha 3 (Usr'.^jL^j >, ?^j-vl). que fué ad- 
quirido por compra de D. Bahlul el herrero, 
en el octavo de Aben Bahlul ^^A ^^ ^) 
(Jy^j, y el que posee D. Servando b. Yu- 
nus en los octavos de Aben Badah i^^^ \^) 



1 En una faja de algunos centímetros del 
lado izquierdo ha desaparecido casi por com- 
pleto la escritura por efecto de la humedad. 

2 En el original se emplea la palabra l&ji, 
parece ser medida agraria por lo que dice de la 

segunda de dichas fincas ílí ^ j.^ ^X.sJ\^ '¿Cj3 

... ¿s^jS. Los diccionarios le atribuyen el signi- 
ficado de ¡ote, parte, porción, etc. 

3 Desconocemos el significado de este 
apodo. 

(*) Tal vez deba llevar punto el es aunque 
no se distingue en el original. 



DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



187 



(^|jü , yj\, adquirido por herencia de Doña 

María, su mujer, hija de D. Miguel b. abú- 
1-Hasán b. Al-Baco. 

Otorgan este cambio sus respectivos po- 
seedores con las limitaciones que se indican 
en el documento, poniéndose mutuamente 
en posesión de sus nuevas propiedades. 

Fecha en la última decena de Junio de la 
Era 1229. 

Suscripciones: Julián b. Hilal (Jj-s) Te- 
mam b.Zakaría b.Gálib... l.j ySj ^.j X^-~') 
(... v_,JL¿ .j, Domingo b. Jalaf, testigo 
(jjíLi. ¿lá. ..fj va^^), Pedro b. Omar b. 
Gálib b. Al-Kallás ^v-j j^ ,0 s^]sL.j_.) 
(, ^.j.¿Jt yi w^-¿ y yo Servando b. Yunus 
b. Tamy confirmo la citada permuta l-Mj) 

(SjSlW y Abdallahb. Abdelmelic... J^j) 
(... ^yi J^c ^^ .Jü! 



Francisco Pons. 



(Se continuará.) 



SECCIÓN DE LITERATURA 



TAINE, POETA 

^Íe ignoraba que fuese poeta el 
l'í^^i^ ilustre historiador y crítico 
cuyo nombre va al frente de 
estas líneas, hasta que al ocurrir su 
muerte, en el año 1893, se dio publici- 
dad á unos sonetos hermosos que había 
escrito y guardaba en su gaveta con 
el decidido propósito de ocultarlos allí 
como un pecado literario. 

Los tenía dedicados el autor á tres 
gatos suyos, y acaso por esta circuns- 
tancia, entre las pocas personas que 
conocían los geniales versos, contába- 
se Lambert, el famoso pintor de los 
gatos, quien con inútil perseverancia 
había propuesto á Taine, hacer de los 
sonetos una edición ilustrada. 

Mientras acariciaba el lustroso lomo 
de su gato familiar y éste clavaba en 



él con gratitud sus ojos de esmeralda, 
meditó sin duda el poeta esas compo- 
siciones, convergiendo en el gato, como 
los puntos de un círculo en el centro, 
sus ideas informadas por el materialis- 
mo positivista: con la pertinacia con 
que el pensamiento gravita á la obse- 
sión en el alucinado, brotaron de su 
pluma, refiriéndolos á aquel cuadrúpe- 
do, conceptos sobre La Religión egip- 
cia, La Sociedad, Los recuerdos, Los 
Penates, La Filosofía, La doctrina, 
La práctica, La infancia, La sensibi- 
lidad, El piuito de vista y Lo absoluto. 

Como débil muestra de la forma de- 
licada de esas poesías, hemos traduci- 
do tres de ellas, eligiendo las que me- 
nos cantidad del veneno materialista 
y de la hiél del pesimismo llevan mez 
ciada con el dulce néctar poético que 
escanció Taine en la cincelada copa de 
la rima. 

He aquí la extravagante dedicatoria 
que precede á los sonetos: 

"A tres gatos Puss, Ébéne y Mitón - 
ne, domiciliados en Mentón, St.-Ber- 
nard. Alta Saboya, dedica estos doce 
sonetos su amigo, amo y servidor, — 
H. Taine. — Noviembre, 1883. „ 

LA RELIGIÓN 

Desde el alba, acudían como enjambres, 

Los peregrinos ávidos, 

Y en confuso tropel se amontonaban 

En el umbral del pórtico cuadrado; 

Llenos de admiración, atentos, mudos, 

Apenas respirando , 

En el sagrado speos tenebroso 

Fija la vista con empeño vano. 

Aclarando el azul del cielo tórrido, 
Iba el sol, paso á paso, 
En la senda medida por el hombre, 
Sin discrepar, marchando; 
Sus áureos resplandores desfloraban 
El religioso antro, 
Al pie de las pirámides 
Las fantásticas sombras alargando. 

Después, su carcax de oro 
Vaciaba, al surgir radiante el astro; 
Un dardo de su lumbre taladraba 
El corredor oblicuo, donde el vaho 



188 



BOLETÍN 



Del incienso y la mirra se esparcían, 

Y dentro, en el abierto tabernáculo, 
Veíase, guiñando un ojo verde 

Y el corvo lomo alzado, 
Al divino cuadrúpedo 

Sus lucientes pupilas estrechando. 

LA SENSIBILIDAD 

Largas é hirsutas pestañas, 
Con erizadas ai:tenas, 
Son de nervioso hocico 
Vigilantes centinelas; 

Y al más ligero contacto 

De algo estraño que se acerca, 
Alarga sobre la frente 
Las estiradas orejas. 

Cuando la noche en sus sombras 
Las formas esfuma y mezcla. 
El ve; que las sombras abren 
Sus abismos de tinieblas 
A las lucientes miradas 
Qye la obscuridad barrenan. 

Allí distingue y presiente 
Lo que á distinguir no acierta, 
Pues sus agudos sentidos 
Sus pensamientos aceran. 

Corren sobre su piel roja 
Chispas de luz que azulean ; 

Y un dulce estremecimiento 
A lo largo de su médula, 
La emoción que le provoca 
Conduce hasta el alma inquieta. 

Al unísono, sus barbas 
Vibran en su nariz trémula, 

Y al espeluzno divino. 

Su elocuente cola espléndida, 

Como una lira de oro 

En manos de un gran poeta. 

LOS RECUERDOS 

Reposa junto al fuego. 
Los párpados á medias entornados, 

Y el calor de la brasa, que se extingue, 
Perezoso aspirando; 

Preso en cadenas, el perol borbota 
Con rugido metálico, 

Y aún llamea algún tronco y se ennegrece, 
R'jos carbones en su extremo hilando. 

Toma excelsas posturas 
El regio desterrado. 
Alargando su hocico, lo acomoda 
Sobre sus pies de raso, 

Y con sublime hastío, se adormece 



Huyendo así de su destino ingrato, 
De la fatal caída de las cosas, 
I Del hecho consumado! 

En su doliente corazón, los siglos 
Su noche condensaron; 
Pero en el fondo de él, inextinguible 
Como fuego sagrado , 
Brilla, entre soledades y tristezas, 
Su sueño hereditario: 

Una tarde de oro, el sol bermejo. 
Cayendo en el ocaso, 
Los negros troncos de un palmar erguido 
Sobre el fondo de un cielo arrebolado. 
Un gran río que rueda entre dos muros 
De tierra, suspirando. 

Juan Menéndez Pidal. 



SECCIÓN DE BELLAS ARTES 



OASPAR BECERRA 




APUNTES BIOGRÁFICOS 

jEiMPO hacía que se nos presenta- 
ban á la vista obras de anóni- 
^j mo autor , del más consumado 
arte, ostentando todas semejanzas de 
estilo y marcadísimo carácter de la 
época del Renacimiento, que nos lle- 
vaban á meditar sobre á quién debe- 
ríamos producciones tan peregrinas: 
no se limitaban éstas á un solo género 
de las que llamamos plásticas, pues ya 
eran pinturas, ya esculturas, ó dibujos 
y estampas, en las que veíamos lucir 
igual magistral mano 5^ calidad seme 
jante: recordando nombres, reunien- 
do datos y comparando ejemplares , 
ocurriónos si el insigne autor, tan des- 
conocidocomoeminente, nopudiera ser 
el tan celebrado por sus contemporá- 
neos, y algo dado al olvido después, el 
ilustre baezano Gaspar Becerra. Aque- 
lla primera suposición constituye hoy 
ya en nosotros completo convencimien- 
to; pues aunque aún nos faltan por exa- 
minar bastantes ejemplares de los que 



DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



189 



por de tal autor se tienen, nos parecen 
ya suficientes los descubiertos y ana- 
lizados para trazar por lo menos las 
líneas generales de lo que en su día 
pudiera ser más completa y acabada 
monografía. Persiguiendo estos datos 
desde hace tiempo y sallándonos otros 
inesperadamente al encuentro, nos atre- 
vemos á hacer públicos algunos de 
ellos y someterlos al examen de las 
personas peritas, considerándonos por 
lo demás muy honrados con que el 
notable Boletín de Excursionistas nos 
distinga con la publicación de algunos 
de los párrafos de nuestro trabajo, acce- 
diendo así gustosos á que á él corres- 
pondan las primacías del mismo. Tén- 
gase, pues, éste sólo por ensayo y por 
serie de apuntes, en los que manifesta- 
mos nuestro pensamiento, á reserva de 
modificarlo sin esfuerzo ante las fun- 
dadas razones que pudieran oponér- 
sele. 



X 
X X 



Corría el siglo XVI con todo sus es 
plendores del renacimiento, con todos 
sus inventosyadelantos, que patentiza- 
ban losdestellosdeunanueva aurora en 
los días de la historia; las ciencias y las 
artes, de común acuerdo, se armoniza- 
ban y apoyaban mutuamente para in- 
formar aquellos nuevos impulsos, á un 
extremo, que nunca las ciencias fueron 
más artísticas ni las artes más cientí- 
ficas que en aquellos tiempos; genios 
extraordinarios, hombres de múltiples 
talentos, encarnando en sí distintas na- 
turalezas, enlazaban con sus prodigio- 
sas intuiciones , con sus asombrosas 
clarividencias, la interrumpida cadena 
de los grandes adelantos en el saber y 
en las artes, del tiempo antiguo con el 
novísimo que inauguraban. 

La Edad Media había terminado , y 
después de pasados aquellos siglos, ne- 
cesarios para que la idea cristiana di- 
latara sus raíces hasta hacerse ya impo- 
sible su extirpación en las que á la hu- 



manidad resten de vida, volvíase tras 
esta regeneración á continuar la obra 
del terrenal progreso científico y artís- 
tico, tan puramente formal antes de 
obtener la redención del alma, morali- 
zada y humanizada, para la mayor ex- 
celsitud del total proceder en la vida 
terrena. 

Centro de este gran movimiento y 
de este enlace con la antigua civiliza- 
ción, que había dejado su último pro- 
ducto en aquellos lugares italianos, fue- 
ron las ciudades principales de esta 
península, suelo de donde brotaban los 
restos que esparcían una nueva luz al 
volver á la del día, después de tan lar- 
go inhumamiento. 

Las ciudades italianas fueron las 
primeras en respirar libres de aquellos 
señores que, marchando á las Cruza- 
das, última empresa del militarismo 
romano por ellos heredado, dejaban 
lugar á que el Municipio , la idea de 
nacionalidad y la noción del derecho, 
sustituyese á la edad de la fuerza por 
ellos representada. 

Careciendo los Papas del suficiente 
poder militar para hacerse los Reyes 
de Italia, y sin aspirar tampoco nun- 
ca á ser el centro de su unidad nacio- 
nal ; entremetidos los emperadores de 
Alemania en el gobierno de ella, hasta 
incorporar gran porción de su territo- 
rio al cetro imperial, en su parte Nor- 
te; peleando constantemente en la del 
Sur los duques griegos y longobardos, 
surgió, á la caída del feudalismo, la 
necesidad de que muchas ciudades se 
declarasen completamente libres, to- 
mando distintas formas en su gobierno 
municipal. Fueron las primeras Vene- 
cia, Genova y Pisa, erigidas autónomas 
en el siglo X, cuando el emperador 
Otón el Grande incorporaba la Lom- 
bardía á su corona ; más tarde Floren- 
cia se emancipa de Pisa, y, constituida 
en república, experimenta distintas vi- 
cisitudes, sufre las luchas de opuestos 
partidos y la presión de poderosos se- 



190 



BOLETÍN 



ñores, hasta que en el si.2;lo XV la afor- 
tunada casa de los Médicis vincula en 
sí la gobernación de aquella República. 
En este período, pues, se suceden to- 
dos los albores de la nueva edad que 
se prepara. 

El Derecho, con el hallazgo y estu- 
dio de los textos romanos conocidos 
por el manuscrito de los Pandectas, 
que se traen los písanos como parte de 
su botín en la toma de Amalfi, adquie- 
re la mayor atención, y esparciendo su 
luz por todas las naciones, produce en- 
tre nosotros la monumental obra de las 
Partidas, directamente inspiradas en 
tan notable descubrimiento. La política 
con el sistema de privilegios, que hacía 
del manto de los Reyes dosel bajo el que 
gustosos los pueblos se cobijaban; la 
literatura, aceptando, por fin, como 
forma del pensamiento, las lenguas ro- 
mances, ya en estado de cultura sufi- 
ciente para perder su consideración de 
bárbaras, 5^ tomando por guía á los poe- 
tas clásicos en sus más místicas excur- 
siones; la filosofía, con el uso y empleo 
de la escolástica, derivación directa de 
los procedimientos impuestos por el 
gran pensador del mundo clásico, y el 
arte, fijando sus miradas en los már- 
moles antiguos que á cada paso el ara- 
do ó la casualidad descubría, tan mór- 
bidos y vivientes, tan sonrientes y mo- 
vidos, fueron, con otros varios moti- 
vos, los que impulsaron al pensamiento 
humano á reanudar sus trabajos y se- 
guir sus tareas, interrumpidas por al- 
gunos siglos bajo la opresión de la ge- 
neral barbarie. Así comenzó la Europa 
á revivir; así comenzó el renacimiento 
propiamente en el siglo XIII, siglo lla- 
mado de resumen y enciclopedia, pero 
que más bien apelaríamos nosotros de 
portada y programa de lo que después 
había de venir. 

Las artes, fieles intérpretes siempre 
de su tiempo y de sus hombres, sintie- 
ron al momento la sacudida de los co- 
razones, y la literatura, la pintura, }'■ 



principalmente la escultura, se mani- 
festaron por los labios de Dante y Pe- 
trarca, por los pinceles de Gioto y por 
el cincel de Nicolás Pisano y tantos 
otros de sus discípulos renacientes. 

Pero este volver al rnundo, este des 
pertar de la nueva primavera, tomó 
desde luego un sentido naturalista, en 
el que tuvo no poco influjo el sentir 
de un místico, de un Santo, que apa- 
rece como la más interesante figura de 
su tiempo: alabando á Dios en sus 
obras, entonando al Criador el him- 
no más elocuente de reconocimiento, 
arrastraba tras sí Francisco de Asís á 
los poetas, á los músicos, á los pinto- 
res, haciéndoles mirar á su alrededor 
el paraíso en que Dios los había colo- 
cado, para que lo alabaran cada cual 
á su modo en sus corazones y le de- 
dicaran los más tiernos y externos 
holocaustos. Esta tendencia á la na- 
turaleza hace tomar á las artes rum- 
bos de imitación, de atención al na- 
tural que informan las producciones de 
aquellos tiempos, y los pintores lla- 
mados cuatricentisti^ continuadores de 
los del siglo XIII y XIV, representa- 
dos éstos principalmente por el Gioto, 
imprimen en todas sus obras este acen- 
to, aumentando cada día su caudal de 
ideas para la representación del mun- 
do externo en que se inspiran ; pero 
nuevos hallazgos de famosos fragmen- 
tos clásicos, y sobre todo el entusiasmo 
que producen las ideas platónicas, an 
tes desconocidas, mueven todos los es- 
píritus al culto del ideal, que en nin- 
guna parte ven más altamente realiza- 
do como en los más clásicos modelos. 
Plethon es el apóstol del neoplatonismo 
alejandrino, que quiere sustituir al aris- 
totelismo de la Edad Media y que se 
presenta en lucha con el escolasticismo. 
En 1460 funda Marsile Ficin, bajo la 
protección de los Médicis, una Acade- 
mia platoniana, traduciéndolo todo en 
latín, por supuesto, y aunque extravia- 
do hasta el mayor absurdo en sus con- 



DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



191 



secuencias, produce la más grande 
exaltación y adoración de lo genial é 
inspirado, que llega hasta los delirios 
de Giordano Bruno en Astronomía y 
Física, so color de fuerza é intuición 
poética. Un defensor sale aún A Aristó- 
teles, Cesalpin de Arezzo ; pero Cam- 
panella llama al Estagirita "el padre 
de todas las herejías,, y sostiene con 
todas sus fuerzas el platonismo, que 
por un momento llega á dominar en 
todas las esferas. 

Lo que los Diálogos de Platón en la 
filosofía , son las últimas estatuas en- 
contradas en el suelo italiano por la 
escultura; el torso del Belvedere pro- 
duce una explosión de asombro entre 
los artistas, y los convence de que la 
forma ideal, llevada á aquel grado de 
robustez, es la sola capaz de producir 
las emociones estéticas de lo sublime 
y lo grandioso; y Miguel Ángel Buo-' 
narroti, que lo contempla, admira y 
hasta adora, recibe y aspira de él todo 
el estilo que había de imprimir después 
á sus grandilocuentes producciones. 

Antes de él habían existido esculto- 
res tan admirables como Donatello, 
que por el estudio del natural habían 
llegado á realizar maravillas tales 
como el Zticofie, la estatua ecuestre de 
de Gatamelata y los coros de niños de 
Florencia y otras obras de inmortal 
renombre; 'habían existido también 
pintores que , ó naturalistas como los 
florentinos, ó místicos como Fra An- 
gélico y los de la escuela de Ombría , 
cual el Perugino y hasta el mismo Ra- 
fael, dejándose llevar de espontáneos 
impulsos, interpretaron ó poetizaron el 
natural en grado insuperable; pero el 
Titán florentino, con sus colosales fuer- 
zas personales, al decidirse por el cla- 
sicismo grandioso, concluyó con toda 
otra dirección y quedó como el dueño 
absoluto del campo de las artes , en él 
reunidas y compendiadas. 



X 
X X 



Muerto Donatello , Florencia no te- 
nía ningún gran escultor: hallábase el 
Verroquio en Venecia, y Sansovino, 
viejo y disgustado se retiraba del arte: 
sólo Bertoldi, mediano artista, discípu- 
lo de Donatello, encargado de la colec- 
ción de Lorenzo de Mediéis, regentaba 
una escuela, en la que entró Miguel 
Ángel. En ella aprendía también, entre 
otros discípulos, el inquieto Torrigiano, 
que después de pelear y señalar en el 
rostro para siempre al insigne princi- 
piante, había de concluir sus días en 
España. Miguel Ángel asombra á su 
maestro y al patrono de aquella escue- 
la desde los primeros momentos, y cada 
paso en su firme carrera hace que re- 
caigan en él todos los aplausos, consi- 
guiendo supeditar por largo tiempo el 
arte del mundo entero á sus máximas 
y prácticas. Bien podemos decir de él 
que llenó su siglo , ora haciendo sus 
palpitantes mármoles en Florencia, 
ora ocupándose en Roma en preparar 
las tumbas para los Papas ó subiendo 
á los andamios de la Capilla Sixtina 
para desarrollar en su extensa bóveda 
la composición inmortal de sus frescos, 
y más tarde el Juicio final en su teste- 
ro, ó ya encargándose como arquitecto 
de las obras de la gran basílica de San 
Pedro; siempre llevando á término em- 
presas de tal importancia, que le dan 
con sobrados motivos el título del más 
colosal artista de su tiempo. 

Principios estéticos que profesa, y á 
que aspira en todas sus producciones, 
son la grandiosidad de la forma, lleva- 
da al mayor extremo de corrección y 
exuberancia posible, y esto preferente- 
mente aplicado á la humana en toda 
su desnudez, pero también en todo su 
lucimiento de espléndida robustez y 
desarrollo de su sabia y complicada 
arquitectura. 

Por ello que considerara como de 
toda necesidad conocer á fondo y en 
todos sus partes el organismo de la hu- 
mana máquina, que de tal modo había 



192 



boletín 



de hacer jugar para ponerla en movi- 
miento y conseguir de sus colosos las 
posturas y actitudes más expresivas de 
sus pensamientos ó pasiones; así que, 
siguiendo el camino ya emprendido por 
otros artistas, dedicóse con el mayor 
afán al estudio de la anatomía humana, 
no contentándose con la exterioridad, 
con la capa más superficial, sino, como 
consumado médico, llegando hasta los 
últimos y más profundos detalles, dedi- 
cando años enteros á la disección de 
cadáveres, en busca de un músculo, 
de un tendón ó un ligamento, que le 
diera la razón de una postura ó la po- 
sibilidad de un movimiento. 

Los estudios anatómicos adquirían 
entonces un gran impulso; las ciencias 
médicas dan en el renacimiento uno de 
sus mayores pasos conseguidos en el 
análisis y comprensión délas funciones 
del cuerpo humano ; por aquel tiempo 
nuestro Servet descubre el curso de la 
sangre y la razón de los movimientos 
cardíacos, y el Vesalio, el célebre mé- 
dico de Carlos V, escribe admirable 
obra de anatomía, que el propio Ticiii- 
no ilustra con sus láminas. Aquellas 
sorpresas anatómicas y fisiológicas ad- 
miran á todos é interesan directamente 
á los artistas, y los italianos, que en- 
tonces llevaban la bandera del arte, son 
los primeros, como Leonardo da Vinci, 
Rafael y Miguel Ángel, en aceptar y 
reconocer el estudio de la Anatomía 
como indispensable para la mejor eje- 
cución de la figura humana. 

La escuela de artistas anatómicos 
dio lugar á dibujantes tan analíticos 
que empiezan sus esbozos por trazar el 
esqueleto de las figuras para después 
cubrirlo de los músculos y así obtener- 
las como resultado , sin error posible 
en su contorno y movimiento ; y de tal 
modo consiguen el éxito con tal pro- 
cedimiento, que todo el arte de este si- 
glo XVI presenta como carácter pro- 
pio el esencialmente anatómico, 5^ ser 
el siglo de los desnudos hasta exagera- 



damente científicos, tanto en las escul- 
turas como en sus pinturas y dibujos. 
Esto en cuanto á la parte científica; 
porque en su sentido puramente estéti- 
co, el ideal grandioso es el que se per- 
sigue, mediante la aplicación de las es- 
beltas y amplias proporciones, la va- 
lentía en las líneas y los escorzos, con 
abstracción de toda endeblez y defecto 
corporal: ésta es la metafísica del arte 
de Miguel Ángel y Rafael de Urbino, 
los dos grandes corifeos del Renaci- 
miento clásico , pretendiendo además 
revestir á la idea cristiana con la for - 
ma pagana, aunque resultando sacrifi- 
cada aquélla al admitir con demasiada 
pasión las bellezas de los mármoles an- 
guos, no por cierto éstos los mejores de 
su edad, lo que constituye gran defi- 
ciencia para el despertar clásico de la 
décimasexta centuria, lo propio en sus 
artes plásticas que en su literatura, por 
ser todo entonces completamente neo- 
latino , y no de directa derivación he- 
lénica. 

X 

X X 

No podía limitarse aquel gran mo- 
vimiento al foco donde había nacido, y 
dejar de llegar en sus ondulaciones 
hasta los últimos países con él relacio 
nados . La España del siglo XVI , con 
su unidad realizada por los Reyes Ca- 
tólicos, interviniendo tan directamente 
desde antes en los asuntos de la penín- 
sula italiana por los Monarcas arago- 
neses, que convirtieron el Mediterráneo 
occidental en un verdadero lago ibéri - 
co, nación ya rica y afortunada, nece- 
sitada de artistas que esculpieran toda 
su grandeza adquirida, los enviaba á 
Roma, á Florencia y demás centros 
italianos, para que amaestrados allí 
trajeran después los estilos que tanto 
auge y tanto progreso representaban 
en el campo de las bellas artes. 

La ojiva y sus consecuencias artísti- 
cas habían hecho entre nosotros su 
más completa evolución, y el renací- 



DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



193 



miento italiano iba infiltrándose en to 
das las esferas y adquiriendo cada vez 
mayor auge, é impulsando con sus es- 
plendores á los artistas á marchar á 
aquella nación, en donde podrían con- 
templar en todo su esplendor al nuevo 
sol de la belleza y del progreso. 

En Aragón sintióse más pronto que 
en Castilla esta' tendencia , y por allí 
penetraron realmente entre nosotros 
las auras del renacimiento italiano : la 
arquitectura , admitiendo detalles y 
miembros que después habían de cons- 
tituir el florido y lujoso estilo plateres- 
co; la pintura, adornando el lugar de 
de sus escenas con perspectivas de clá- 
sicos edificios y exornos de grutescos; 
la escultura, ampliando y redondeando 
sus formas y rebusteciendo los miem- 
bros, y los entalladores alardeando ya 
de báquicas fantasías al gusto clásico, 
preparaban el terreno para que los Ría- 
nos , Covarrubias , Gil de Hontañón y 
otros insignes arquitectos nos dejaran 
muestra de su espléndida fantasía en 
el Ayuntamiento de Sevilla , Alcázar 
de Toledo, Palacio arzobispal de Al- 
calá de Henares, y la misma Universi 
dad Complutense, con tantos otros edi- 
ficios llamados platerescos, porque la 
bor digna de ser cincelada en plata 
nos ofrecen , y de los que por fortuna 
tal abundancia aún poseemos. La escul- 
tura adquiría también el marcado sa 
bor italiano que nos daban á conocer 
los iniciados en aquel renacimiento: 
cada día apreciamos más los detalles 
admirables que enriquecen tantos coros 
de nuestras catedrales y conventos , y 
los nombres de Guas y Almonacid que 
hacían la portada y el retablo mayor 
de la primada de Toledo, Damián For- 
men t, el autor de los grandiosos reta- 
blos del Pilar y la catedral de Huesca, 
con Morlánez que daba un paso más 
hacia el estilo que venía, decorando la 
fachada de Santa Engracia, en la pro 
pia capital aragonesa, van formando 
el nuevo gusto, manifestado ya esplén- 



didamente por Miguel Florentino y el 
Torrigiano en Sevilla, Bartolomé Or- 
dóñez y Felipe de Vigarny , Gil de Siloe 
y Juan de Colonia, en varios puntos, 
hasta que vuelve de Italia Alonso Be- 
rruguete^ que á todos eclipsa al repre- 
sentar más que otro alguno la tenden - 
cia puramente clásica italiana , como 
fiel discípulo del titán florentino, que 
ilumina y fortalece su genio con las 
máximas de su escuela, 

Alonso Berruguete, marchando á 
Italia, entra en la Academia de los Me- 
diéis y allí traba amistad con el Buona- 
rroti; con él trabaja en Roma en com- 
petencia con otros artistas italianos; 
allí hace, entre otras obras, una copia 
en cera del Laoconte, por encargo del 
arquitecto Brabante, y después de per- 
manecer varios años en tan artístico 
centro vuelve á su patria trayendo en 
toda su frescura aquel estilo, conside- 
rado en su tiempo como la más alta 
concepción posible adquirida en el te- 
rreno del arte. 

En Zaragoza, donde quiso conocer á 
Damián Forment; en Toledo, trazando 
y ejecutando en gran parte el coro de 
su Catedral, notabilísimo, y el sepul- 
cro del obispo Tavera, no menos fa- 
moso; en Granada, adornando el pala- 
cio de Carlos V; en Valladolid, levan- 
tando entre las disputas de los aman 
tes del gusto antiguo el soberbio reta- 
blo de San Benito y el sepulcro del 
obispo Falencia , y en tantas otras 
obras importantísimas y de inaprecia- 
ble valor, en que se reconoce general ■ 
mente su cincel, nos dejó las muestras 
del arte que había adquirido en Italia. 

Eran aquellos tiempos los de nuestro 
mayor esplendor y poderío, y cuando 
aparecían entre nosotros hombres dota- 
dos de múltiples talentos que, no bas- 
tándoles aplicarlos á una sola esfera, 
ejercían á la par los que requiren á ve- 
ces las más variadas y hasta antitéticas 
disposiciones; siglo aquel de colosos en 
todos los ramos, con un Emperador 



194 



BOLETÍN 



que emulaba á los Césares, engrande- 
ciéndonos ante el mundo entero; de 
conquistadores que extendían nuestros 
dominios por los más desconocidos 
confines; con sabios teólogos y huma 
nistas que lucían su saber é ingenio en 
ocasiones tan solemnes como el Conci- 
lio Tridentino; con historiadores que 
sacaban la reseña de los hechos del 
primitivo estado de la crónica y lo ele- 
vaban al más completo de la historia 
propia; con poetas émulos de Virgilio 
y los mejores clásicos latinos; prosis 
tas esculturales, y científicos y mecáni- 
cos admirables, elevaban entonces la 
cultura española á un nivel como des- 
pués no volvimos á disfrutar, ni sos- 
tuvimos, por desgracia, por mucho 
tiempo. 

Pocos hombres representan mejor 
este momento entre nosotros que el 
cordobés Pablo de Céspedes: humanis- 
ta consumado; poseedor de las lenguas 
sabias y de las filosofía antigua y cris- 
tiana; artista de generales aptitudes, 
pintor, escultor y arquitecto; poeta 
grandilocuente y correctísimo, en todo 
al igual eminente, ya pintara la céle- 
bre Cena y otros frescos y tablas en 
Córdoba y Sevilla, ya esculpiera el 
valiente San Pablo, ya dictara el her 
moso y didáctico Poema de la PinUi- 
r«; encarnó en él todo el genio andaluz, 
cual foco de muchos rayos y ejemplo 
de grandiosos talentos. Luis de Var- 
gas y Villegas Marmolejo pintaban en- 
tonces en Sevilla tablas dignas de la 
mano de Rafael de Urbino; Pedro To - 
rrigiano modelaba en la misma ciudad 
sus Vírgenes y el admirable San Jeró- 
nimo] el divino Herrera hacía sonar 
los bíblicos trenos con acentos horá- 
danos; pero Céspedes los resume á to- 
dos, y ya toma los pinceles para re- 
tratar á Cristo con sus doce Apóstoles, 
como deja. correr la pluma, impulsada 
por la más poderosa pero disciplinada 
inspiración poética. 

De otro de estos genios múltiples, de 



otro de estos ilustres andaluces tocó 
ser patria á la ciudad de Baeza, capi- 
tal efectiva del reino de Jaén en aquel 
tiempo, aunque las exigencias de las 
guerras pasadas la hubieran llevado 
oficialmente á otro lugar más cercano 
á la frontera. La ciudad de Baeza ofre- 
cía en la primera mitad del siglo XVI 
una vitalidad y riqueza que le hacían 
ir adquiriendo un aspecto verdadera- 
mente monumental, merced á las im- 
portantes construcciones que edificaba. 
Situada en las proximidades de la roma- 
na Castulo derruida, aprovechábanse 
en Baeza aquellas marmóreas riquezas 
que brotaban de su suelo para la cons- 
trucción de sus edificios y monumen- 
tos públicos. La célebre Casa del Pó- 
pulo, en la que columnas, medallones 
y frisos son romanos, levantábase al 
principio de la centuria, y poco más 
tarde edificaban el bellísimo Palacio 
municipal, del más hermoso estilo pla- 
teresco, en el que muchos creen distin- 
guir el cincel de Berruguete. Tales mo- 
mentos patentizan, con otros motivos, 
el gran movimiento artístico en aque- 
lia localidad y la presencia en ella de 
artistas eminentísimos, que mucho ha- 
bían de influir en el ánimo de algunos 
que entonces por ellos despertaban á 
la inspiración estética. Entre éstos se 
encontraba el joven Gaspar Becerra, 
natural de aquella ciudad y gloria des- 
pués para ella y para el arte español, 
como á seguida veremos. 



X 
X X 



No tratamos de resucitar la memo- 
ria de un artista más ó menos notable 
que pudiera servir de timbre de gloria 
más especialmente para su ciudad na- 
tal ó región en que floreciera ; trátase 
de una de las primeras figuras del arte 
español en su época, de un verdadero 
genio, reconocido por sus contemporá- 
neos y olvidado después un tanto por 
la poca abundancia de sus obras y por 



DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



195 



la falta de estudio y análisis de algu- 
nas de ellas. 

Los elogios para él de sus contempo- 
ráneos no fueron escasos ni se dejaron 
desear un momento: Juan de Arfe, el 
famoso autor de tanta notable obra de 
platería y de la escrita titulada Varia 
Comen sur ación ^ decía en .ésta, equi- 
parándolo con Berruguete: "ambos en 
escultura principales,, "y que por su 
temprana muerte dejó de señalarse 
más „ Insigne le apellida Carducho: 
Pacheco llega hasta decir de él que 
"quitó á Berruguete gran parte de la 
gloria que había adquirido por haber 
seguido á Miguel Ángel, y ser sus 
figuras más enteras y de mayor gran- 
deza, y así imitaran su manera y si- 
guiei'an su camino los mejores esculto- 
res y pintores de España; „ y el bueno 
del maestro Juan López de Hoyos, con 
su estilo harto llano decía que fué "el 
que más ha tirado la barra en materia 
de obras artísticas,,; no perdiendo oca- 
sión de citarlo con elogio, estos 3^ otros 
autores, como aún tendremos ocasión 
de ver. 

Hubo de conseguir tan alta estima, 
no tanto por la alteza de su ingenio 
como por la perfección de su obra, pues 
conjuntáronse en él, por feliz coinci- 
dencia , la intensidad del genio con la 
más incansable paciencia en la ejecu- 
ción, con tal de obtener el más perfec- 
to resultado: y tiempo es ya de que 
conozcamos el autor y sus singulares 
obras. 

X 

X X 

Nacido en Baeza, como decimos, en 
1520, debemos suponer pasara en su 
patria los primeros años de la vida, ali- 
mentando sus disposiciones artísticas 
con la contemplación de los modelos 
que del arte romano se exhumaban en 
Castulo , ejerciendo éstos en su ánimo 
semejante efecto al que producían en 
los artistas italianos los que brotaban 
de aquel suelo: mucho debieron influir. 



tanto tales fragmentos como las gallar- 
días de la decoración arquitectónica de 
los edificios que entonces se levanta- 
ban en Baeza , en el ánimo del joven 
artista , impulsándole á conocer en su 
fuente tan bello y lozano arte, que con 
todos sus atractivos se presentaba ante 
sus ojos. 

Ello es que partió para Italia, donde 
amplió sus conocimientos con la socie- 
dad de los grandes maestros, especial 
mente con el Buonarroti, por el que 
llegó á sufrir una verdadera seducción. 
Unido después al Vasari, por ausencia 
de Cristófano Cherardi, ayudóle en la 
pintura de la Sala de la Cancillería de 
Roma para el Cardenal Farnesio, obra 
que se realizó en cien días, y en la que 
el mismo Vasari confiesa haber proce 
dido demasiado á la ligera, pero que 
sirvió de gran ejercicio, tanto para 
Bizzerra como para otro español lla- 
mado Roviale (Pedro de Rubiales) que 
assai vi lavor araño con essa meco (1). 

En 1550 la señora Lucrecia della 
Rovera encargó á Daniello Riciarelli 
la decoración de una capilla en la igle- 
sia de la Trinidad , donde el joven es- 
pañol Becerra obtuvo ver colocado un 
cuadro suyo de la Natividad de la Vir- 
gen, formando compañía con otros del 
Pellegrino de Bologna y Giovan Paulo 
Rossetti da Volterra. 

En 1556 publicó en Roma el doctor 
Juan de Valverde el primer libro de 
Anatomía escrito en español , famosa 
edición ilustrada con magníficas lámi- 
nas, que constituye el monumento bi- 
bliográfico más notable de la medicina 
española en el siglo XVL Afirman Pa- 
checo y Carducho terminantemente 
que estas láminas fueron dibujadas por 
Gaspar Becerra; y aunque Valverde 
no lo consigna, diciendo sólo que fue- 
ron tomadas de las que Ticiano hizo 
para el Vesalio, "porque sus figuras 
están tan bien hechas, que me parece- 



(1) Tomo I, pág. 29. 



196 



BOLETÍN 



ría enridia ó malignidad no querer 
aprovecharme de ellas, „ también ma- 
nifiesta que muchas las modificó, y 
hasta otras las hizo completamente 
originales, siendo extraño y prestan- 



querido mostrar lo que un buen pintor 
suele mostrar en un cuerpo con pellejo 
5' todo, á los cuales en ella he querido 
servir, y hiciera gran estorbo dejar los 
morcillos que nacen de la tela carnosa. 




DIBUJO PROBABLE DE GASPAR BECERRA 

íSala de estampas de la Biblioteca Nacional de Madrid.) 



dose á algunas interpretaciones el que 
no citara á Becerra, y sí á su compa- 
ñero Rubiales. En la explicación de la 
Tabla III del segundo libro, inserta el 
siguiente párrafo, que transcribimos 
por su interés y doctrina, en el que 
dice: "porque en esta figura sólo he 



Aunque no solamente es necesario co- 
nocer los morcillos superficiales (si 
quiere exprimir bien las diversas pos- 
turas que el cuerpo hace); pero tam- 
bién los que están debajo de ellos, así 
el nacimiento y fin como el oficio, para 
poder saber cuándo han de hacer un 



DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



197 



morcillo más largo ó corto, más levan- 
tado ó hundido. Cuánto esto sea ver- 
dad, nos lo han hecho ver, en nuestro 
tiempo, Miguel Ángel Florentín y Pe- 
dro Rubiales, extremeño, los cuales, 
por haberse dado á la Anatomía, jun- 
tamente con la pintura , han venido á 
ser los más excelentes y famosos pin- 
tores que grandes tiempos ha se han 
visto. „ 

No dice Valverde que Gaspar Be- 
cerra le dibujara sus láminas; pero 
ante la afirmación tan rotunda de Pa- 
checo y Carducho, no podemos dudar- 
lo, y afírmanos más en ello el encuen- 
tro entre los dibujos de la Sala de Es- 
tampas de nuestra Biblioteca Nacio- 
nal, de uno admirablemente ejecutado 
(que aquí reproducimos), y que debió 
servir de modelo para la plancha se- 
gunda del libro primero, representan- 
do un esqueleto, de perfil, colocado en 
actitud meditabunda, apoyándose en 
un pedestal y con una calavera en la 
mano, como se ve en el grabado en 
cuestión, y en cuyo dibujo vemos apa- 
recer los caracteres de esmeradísima 
conclusión y belleza de líneas, propios 
de los de Becerra, algo perdidos en la 
plancha por mano del grabador. Her- 
mosa colección sería la de todos los 
demás dibujos, incluyendo la gallar- 
dísima y monumental portada de la 
obra, de composición y dibujo admi- 
rables. 

Valióle este trabajo el profundo co- 
nocimiento anatómico de que luego 
hizo alarde en sus obras, siguiendo 
por esto con más fidelidad las huellas 
del gran maestro florentino, en cuyos 
moldes vació más directamente su es- 
tilo. 

Casado aquel mismo año de 1556 
en Roma, con su compatriota Paula 
Vázquez, volvió á España, y desem- 
barcando sin duda en algún puerto de 
Cataluña, pasó por Zaragoza, donde 
fué muy bien recibido y admirado por 
Montánez el menor, á la sazón ocupado 



en la decoración de los espacios exte- 
riores del coro de la Seo. Becerra qui- 
so corresponder á aquellas atenciones 
regalándole un relieve de alabastro, 
de gran composición, representando la 
Resurrección de los muertos, traído 
quizá de Italia , y que se ve hoy en la 
capilla de San Bermudo de la Catedral 
zaragozana. 

Ignoramos por completo cuáles fue- 
ron sus trabajos hasta seis años más 
tarde, que lo llamó á su servicio Fe- 
lipe II; mas suponiendo que no estaría 
ocioso, vamos á intentar atribuirle al- 
gunas obras. 

Después de examinar el estilo y pro- 
porciones de las de este autor, tanto 
en sus dibujos para el Valverde como 
en el mismo relieve de Zaragoza y 
otra que notaremos, ocurriósenos si 
no sería de él una famosa pintura, de 
todos notada y por todos discutida. 
Nos referimos á la tabla de La Flage- 
lación, de nuestro Museo del Prado, 
atribuida generalmente á Miguel Án- 
gel. Esta tabla, que perteneció á la 
colección formada en el Palacio de San 
Ildefonso por Doña Isabel Farnesio, 
registrada entre las que se conserva- 
ban en la pieza del antiguo oratorio; 
figurando después en la colección de 
Carlos III, fué de alH transportada 
á Madrid, y hoy figura en nuestro 
Museo del Prado con el núm. 69; de 
su mérito artístico nadie ha dudado, 
antes bien todos lo celebran , manifes- 
tándose Madrazo tan entusiasta de ella 
en el Catálogo extenso, que llega á 
decir que puede sostenerse que pudiera 
ser de Miguel Ángel ; pero la carencia 
absoluta de cuadroá* de caballete de 
este autor, y algunas variantes de es- 
tilo que, por su examen, se notan, 
nos hacen proponer la atribución á 
nuestro Gaspar Becerra, apoyándonos 
en razones á ello conducentes. 

Nada más parecido á las láminas 
del Valverde que el dibujo, proporcio- 
nes, movimiento y acentuación anató- 



198 



boletín 



mica de aquellas figuras. La de Cristo que examinar el carácter de sus tintas 
amarrado á la columna la encontramos y el empaste de su color; pero en esto 
c'r epetida en alguna de aquellas creemos aún más decisiva la compa 




LA FLAGELACIÓN DE CRISTO 
( Cuadro atribuido A Miguel Ángel Buonarrotti, existente en el musco del Prado, de Madrid. ) 



láminas, y su pierna derecha, sobre 
todo, con su aplomo especial, y hasta 
la pequenez del pie y separación del 
dedo grueso de los demás, aparece 
como calcada de muchas de ellas, por 
sus líneas y movimientos. Quédanos 



ración con otras pinturas de este au- 
tor, entre ellas la indubitable cuanto 
bellísima del San Sebastián, de las Des- 
calzas Reales, que examinaremos, me- 
diante la cual parécenos estar notando 
la misma mano que la del autor de la 




FoMipia de fíausur ii Mrnnt.-M't'h-i'i 



CRISTO ATADO A LA COLUMNA 
ESTATUA DE PLATA CINCELADA 

I Propiedad de la Catedral dk San-i , 



DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



199 



tabla de La Flagelación. De ser así, 
nos congratularíamos de haber emitido 
una opinión aceptable sobre tan deba- 
tido punto artístico. 

Otra de las obras de aquel incógnito 
autor que nos salían al encuentro, pre- 
sentando tan decididos caracteres , fué 
una preciosísima escultura en plata, 
también de Cristo á la columna^ que 
figuró en la grandiosa Exposición His- 
tórico-Europea del centenario ¡del des 
cubrimiento de América, procedente 
de la Catedral de Santiago ( véase la 
reproducción fototípica que acompa- 
ñamos al texto) (sala VI, núm. 116), y 
en cuyo diminuto tamaño, pues no pa- 
saba su altura de 0^1^,21 extasiábase la 
vista contemplando tal grandiosidad 
de proporciones, tal corrección de di 
bujo y estudio anatómico, que no pare- 
cía hubiera manos posibles de llevar á 
efecto en tal tamaño aquel cincelado 
tan maravilloso como concluido. Mu- 
chos, al contemplar la lámina fototípi- 
ca de ella sacada, han creído corres- 
ponder á alguna figura de tamaño na- 
tural; y sin embargo, como decimos, 
sólo alcanzaba unas tres pulgadas de 
altura la preciosísima figura. Desde 
luego no faltó quien pensara si sería 
aquella obra debida también á Miguel 
Ángel; pero su pequenez, tan contraria 
al toque del coloso florentino, y la ca- 
rencia de datos á favor de él en estas 
obras diminutas, hízome también pen- 
sar si podría ser del ilustre baezano, á 
quien todos atribuyen como carácter 
suyo la más paciente conclusión en to- 
das sus obras. Varias anécdotas se 
conservan á propósito del esmero in- 
terminable en sus trabajos; y de la com 
paración en las líneas, proporciones y 
anatomía de la preciosa estatuíta con 
las obras que ya vamos conociendo del 
consumado maestro español, aparecían 
los propios rasgos , los mismos carac- 
teres, hasta el punto que pudiéramos 
sin violencia alguna á ellos asimi- 
larlos. 



En cambio nos satisfacen poco , y . 
ponemos muy en tela de juicio , otros 
dibujos y obras atribuidas á nuestro 
autor: de él se ha dicho ser la mons- 
truosa llamada figura anatómica que 
se guarda en la colección de grabados 
déla Biblioteca Nacional, que indica 
en su grabador la carencia más abso- 
luta de conocimientos sobre la mus- 
culatura humana , costándjnos tam- 
bién trabajo el aceptar como suyas las 
copias al lápiz del Juicio final de Mi- 
guel Ángel, uno de cuyos trozos exis- 
te en el Museo del Prado , y otro en la 
referida dependencia de la Bibliote- 
ca Nacional , que acusan , ó retoques 
posteriores, ó falta primitiva de maes- 
tría en su autor. Quizá sean estos di- 
bujos copia de otros de Becerra del 
mismo asunto que le atribuyen los au- 
tores. No hemos tenido ocasión aún de 
ver los que de él existen en la soberbia 
colección de dibujos del Instituto de 
Jovellanos, de Gijón, clasificada y or- 
denada por Ceán Bermúdez; pero sí 
llamamos la atención sobre los del Po- 
lifemo y unos caballos montados por 
guerreros romanos , que figuran entre 
los grandes tomos de la Biblioteca de 
la Academia de San Fernando, que 
ostentan todos los caracteres de su es- 
tilo reconocidos por Ceán, no pudien- 
do aceptar la atribución á él del nú- 
mero 14, del tomo segundo, que repre- 
senta im proyecto arquitectónico , dis- 
conforme por completo con el del reta- 
blo de las Descalzas, de que hablare- 
mos, y firmado, á mayor abundamien- 
to, por un Brachius Grandinos^ si no es 
ésta una indicación de tamaños. 

Desde el año de 1562, en que Feli- 
pe II le llamó á su servicio , sin duda 
■ en atención á su fama, nos son ya más 
conocidos los hechos de Gaspar Bece- 
rra. Cuarenta y dos años contaba en- 
tonces de edad, y habiendo 3'^a muerto 
Berruguete en el anterior del 61 , bien 
podemos decir que quedó Becerra sien- 
do el artista más genial y completo de 



200 



JBOLETÍN 



España , pues lo mismo cincelaba los 
metales y tallaba la madera, como le- 
vantaba proyectos arquitectónicos y 
pintaba cuadros excelentes. 

Ocupólo primeramente el Rey favo- 
recedor de los artistas, Felipe II, en las 
obras del Alcázar de Madrid, que en- 
tonces recibían gran impulso. Comen- 
zó por decorar el paso de la Sala de 
audiencias de la galería de Poniente y 
otra sala, en la que representó alegóri- 
camente los cuatro elementos con sus 
característicos atributos, y en el cubo 
del Mediodía de la misma galería las 
artes liberales. El Rey le otorgó dos- 
cientos ducados para comenzar estos 
trabajos, y tan complacido quedó de 
ellos, que al año, en 1563, le nombra- 
ba su pintor. También, ayudado por el 
Bergamasco y Rómulo Cincinato, ita- 
lianos que habían llegado para pintar 
en el Escorial, decoró toda la estancia 
de la segunda torre que miraba al Me- 
diodía , á la que se le dio la impor- 
tante aplicación de despacho del Rey. 
Todas estas pinturas y decorados pe- 
recieron más tarde por el gran incen- 
dio del Alcázar, que consumió tantas 
artísticas maravillas. 

En el palacio del Pardo , verdadera 
casamata que aún conserva muchos 
detalles de la época del Emperador, 
aunque más tarde también casi com- 
pletamente reconstruido tras de voraz 
incendio, tuvieron aplicación sus pin- 
celes, siendo aún muestra de su estilo 
la decoración de la estancia del piso 
principal de la torre angular del Sud- 
oeste, en cuyo techo, aunque bastante 
lastimado^ aún se pueden admirar las 
bellas escenas mitológicas que desa- 
rrolló en sus medallones. La fábula de 
Medusa, Andrómeda y Perseo en todos 
sus principales episodios , fué la esco- 
gida; y cuéntase á propósito de su es- 
mero en la ejecución de sus trazados y 
dibujos preparatorios, que como pasa- 
ra el Rey á ver lo que tenía hecho para 
este trabajo y le encontrara aún, al 



cabo de varios días, enmendando la 
figura de Mercurio, que él deseaba re- 
sultara irreprochable, á pesar de su di- 
fícil escorzo, le dijo el Monarca: "¡Qué! 
¿Y no habéis hecho más que esto?„ 

Pero aunque excelente pintor, como 
aún veremos , pertenecía á la escue- 
la de aquellos artistas italianos entre 
quienes había vivido, que sintieron y 
realizaron mejor la forma tangible que 
la simulada; las bellezas reales de la es- 
cultura que los espejismos y encantos 
del color. Así se explica bien el dicho 
de Ceán "de que excedió, como escul- 
tor, á todos los españoles que le habían 
precedido, y ninguno le igualó de los 
que le siguieron. „ 

Desde las dos estatuítas " desnudos 
anatómicos que andan vaciados por 
los talleres de los artistas, para el estu- 
dio de la anatomía„ y el famoso esque- 
leto, que no sabemos si aún permane- 
cerá en el convento de San Francisco 
de Zamora , hasta otras obras recono- 
cidamente suyas, podemos formar una 
serie de obras escultóricas, entre éstas 
la de la Virgen Dolorosa, que aún pa- 
sea las calles de Madrid en la proce- 
sión del Viernes Santo, suficientes para 
darle con sobrados títulos el de primer 
escultor entre los nuestros. Pero sus 
más importantestrazas fueron los gran- 
des retablos para las iglesias , en que 
armonizó la arquitectura con la escul- 
tura y la pintura, correctísima aquélla 
en sus líneas y engalanada con gran 
gusto , como correspondía á un artista 
del renacimiento , antes que se impu- 
siera como supremo estilo la fría co- 
rrección del vignolismo. 

En los retablos de San Miguel de 
Valladolid, en el de Santa Clara de 
Briviesca, dio muestras elocuentes de 
su gusto y profundo arte; pero donde 
alcanzó mayor altura y lució todo su 
ingenio, fué en el de las Descalzas Rea- 
les de la corte , desgraciadamente con- 
sumido por el fuego en la noche del 
15 de Octubre de 1862. 



DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



201 



Los que pudieron contemplarlo re- 
cuerdan todos su hermosura y gran 
mérito, no acabando de lamentar su 
pérdida, y hacen de él los más extre- 
mados elogios; pero puede servirnos 
aún de algún consuelo el encontrarse 
entre los dibujos de nuestra Biblioteca 
Nacional el trazado que para él hizo 
al negro y rojo , donde bien se nota la 
corrección y el gusto ornamental tan 
miguelangesco de su autor: sus miem 
bros todos aparecen preciosamente or- 
namentados con las fantasías propias 
de aquel florido estilo, mil veces más 
bello y jugoso, rico y excelente que el 
frío y rígido vignolista , considerado 
más adelante como la última palabra 
del aticismo y del más depurado gusto 
arquitectónico. 

Pero no pereció toda la obra de Gas- 
par Becerra en la iglesia de las Des- 
calzas Reales con el incendio del prin- 
cipal retablo; aún quedaron otras, por 
fortuna, en los cuales luce con todo 
esplendor el gusto soberano de aquel 
insigne maestro, que en su tiempo al- 
canzaba la suprema perfección en el 
ejercicio de su arte-. Los dos correctí- 
simos retablos laterales, colocados en 
los brazos de la cruz que forma la plan- 
ta de la iglesia, conservan aún hoy dos 
pinturas del insigne maestro, á cual 
mas notables; representa una de ellas 
á San Juan Bautista, de cuerpo entero, 
excelente como dibujo y similar en todo, 
por su estilo, con la Magdalena peni- 
tente que de él hay en el Museo del Pra- 
do; pero aún supera en mucho á éstas 
la del retablo del lado de la Epístola, 
en la que aparece de completa figura 
San Sebastián, amarrado al tronco y 
recibiendo las flechas con que le mar- 
tirizaron. 

No comprendemos cómo tan sober- 
bia obra carezca en absoluto de nom- 
bre y haya pasado hasta hoy casi in- 
advertida, pues tanto por la grandio- 
sidad y perfección de las formas, como 
por la pasta y belleza del colorido, pue- 



de disputarse como uno de los más 
bellos cuadros del Renacimiento Espa- 
ñol, y que sancionan por completo los 
elogios de sus contemporáneos para 
con su autor. 

Si la tabla de La Flagelación del Mu- 
seo del Prado ha parecido á algunos 
digna de Miguel Ángel, no sabemos 
qué pudieron haber dicho de esta obra 
indubitable de Gaspar Becerra, hecha 
por cierto sobre una gran losa de pie- 
dra, y que supera en mucho á aquella 
célebre tabla, aunque por sus tintas, 
entonación y trazos la recuerda bas- 
tante. Esta hermosa producción ha 
sido el eje y punto de partida de nues- 
tro trabajo, pues al contemplarla por 
primera vez produjo en nosotros el 
mayor entusiasmo por su ilustre autor, 
y sugiriónos la idea de la reconstitu- 
ción de su biografía, siéndonos muy 
sensible que dificultades mecánicas in- 
superables nos hayan imposibilitado su 
reproducción fototípica, para así ha- 
berla hecho más conocida y llevado 
también el convencimiento á nuestros 
lectores, de que no exageramos en los 
elogios. Pero fácil es su vista, aunque 
no á la luz más propia , por más que 
nos desconsuele con el recuerdo del 
retablo mayor de aquel templo, que, á 
juzgar por lo que de su entallador en 
él queda, debió ser una verdadera joya 
producto del feliz consorcio de las tres 
artes reunidas. 

Todas las suyas en aquel retiro , funda - 
ción piadosa de la Infanta Doña María, 
princesa viuda del Brasil , correspon- 
den á aquellos años de 1567; ya más 
tarde hay memoria de que viajó por 
Andalucía, visitando sin duda su pa- 
tria, después de tantos años de ausen- 
cia, llegando hasta Granada; por úl- 
timo, en el año de 1569 daba por ter- 
minado el retablo mayor de la Catedral 
de Astorga, quedando tan complacido 
el Cabildo de la obra, que, á más de su 
respetable coste de 30.000 ducados, re- 
galábale 3.000 de guantes y un oficio 



202 



BOLETÍN 



de escribano, que enajenó, según cos- 
tumbre de entonces, en 8.000 ducados. 
Casi por este mismo tiempo llevaba 
también á efecto el retablo mayor y 
colaterales de la iglesia de las Monjas 
de Arriba, en Huete, mas otras mil es- 
culturas y obras que en Ceán pueden 
verse consignadas, lo que indica el 
alto renombre que ya había adquirí 
do; y aunque no todas las conocemos, 
por algunas de ellas podemos certificar 
de la excelencia de su trabajo y exqui- 
sita belleza, sobre todo en las que se 
deben por completo á sus manos, pues 
ya para estos trabajos dirigía numero- 
sa cuadrilla de excelentes oficiales, por 
él muy estimados y hasta recomenda- 
dos á Felipe II. Sin duda este Monar- 
ca lo reservaba para los más impor- 
tantes trabajos de su competencia en 
el Monasterio del Escorial, que á la sa- 
zón se levantaba, aunque por aquellos 
días apenas sobresalían del suelo los 
muros de su enorme templo. Muy útil 
hubiera sido sin duda su colaboración 
en tan suntuoso monumento, y mucho 
hubiera ganado el decorado de aquel 
Monasterio con el consejo é inñuencia 
del Buonarroti español, y hasta Car- 
ducho dice que llegó á pintar algo para 
él; pero no tan robusto de constitución 
como el titán florentino, y lastimado 
sin duda por las fatigas artísticas que 
su propio afán de ma3^or perfección le 
causaban, sucumbió joven aún, cuando 
mejores frutos comenzaba á dar su pri- 
vilegiado genio, en el año de 1570, en- 
contrándose en Madrid, y á los cin- 
cuenta de su edad, siendo llorado por 
Juan de Arfe y cuantos artistas había 
entonces en España, que lo recono- 
cían y acataban unánimemente como el 
maestro por excelencia y el artista de 
mayores talentos y esperanzas que en- 
tre nosotros vivía. Verdadero faro del 
renacimiento clásico en su patria, sin- 
tético y múltiple en sus talentos como 
los hombres de aquel siglo, fué á la vez 
el más excelente, pero también el últi- 



mo de nuestros grandes artistas rena- 
cientes; después de él, bien pronto se 
apagó el fuego de la inspiración entre 
nosotros; 5'' cuando el Rey constructor 
del Escorial tuvo que decorar aquellos 
muros de su colosal tumba, vióse obli- 
gado á recurrir á Italia por pintores 
de que en España se carecía, pero con 
poca fortuna y notándose más la falta 
de nuestro Becerra, que de muy distin- 
to modo lo hubiera ilustrado con sus 
talentos, á haber obtenido más larga 
vida. 

Hombre de tan raro ingenio, tan 
querido por los su3^os y tan reconoci- 
do eminente por los pocos que de él se 
han ocupado más tarde, no merece el 
casi olvido en que lo tenemos; y si per 
siguiendo sus obras, estudiando las que 
de él nos quedan y haciendo las asimi- 
laciones y selecciones convenientes, 
podemos presentarlo tal cual fué, y 
con la exhibición de sus méritos, nos 
tendremos por muy satisfechos y favo- 
recidos si. Dios mediante, podemos al- 
gún día fijar la atención en lo debido 
sobre tan insigne hijo de nuestra Es 

paña. 

Narciso Sentenach. 



BlBDIO^l^AFÍA 



Apuntes para ua estudio de los sellos del 
Rey I>. Pedro IV^ de Ai-agón. — Memoria leída 
en Id Real Academia de Buenas Letras de Barcelona, en 
sesión de 25 de Enero de iS^2 , por D. Fernando de Sa- 
GARRA Y DE SiscAR. (Barcttlona, J. Jepús, 1895.) 

El reputado historiógrafo y arqueó- 
logo catalán Sr. Sagarra , impulsado 
por su amor patrio, ha tiempo echó so- 
bre sí la voluntaria tarea de estudiar 
detenida y concienzudamente la sigilo- 
grafía regional de los Condes -reyes 
aragoneses; y frutos de su continuada 
labor son, por una parte, la importante 
colección de sellos originales y de im- 
prontas que ha logrado reunir , y por 



DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



203 



otra los trabajos que sobre aquella se- 
lecta sección de la Arqueología brotan 
de vez en cuando de su bien tajada 
pluma. 

La Memoria que ahora nos ocupa es 
un acabado estudio de los sellos de 
D. Pedro IV. Después de consignar su 
deseo de dar á conocer la interesante 
S3rie sigilográfica catalano-aragonesa, 
se expresa el autor en estos términos, 
en que están concentrados el pensa- 
miento 3^ plan que campean en el tra- 
bajo: " Quise , por consiguiente, darlos 
á conocer (los sellos) comenzando mi 
tarea con los de Pedro IV , en cuya 
época aparecen en ellos, en todo su apo- 
geo, los esplendores del arte gótico; y 
al hacerlo, no he querido limitarme á 
la descripción de los mismos , como 
suele acontecer en las obras extranje- 
ras, sino que he tratado de completar 
el trabajo con datos y noticias referen- 
tes á la clase de documentos en que 
debían colocarse , á las fórmulas de 
cancillería empleadas para hacer cons- 
tar su presencia, á los grabadores que 
construyeron las matrices ó moldes, y, 
finalmente, con un apéndice de docu- 
mentos curiosos é interesantes, „ 

En el curso de la Memoria el autor 
cumple lo que en la introducción ofre- 
ció, dando muestras de su bien cimen- 
tada erudición y juiciosa crítica. Como 
no se conservan bulas áureas ó sellos 
de oro de D. Pedro IV, el Sr. Sagarra 
da á conocer los de cera y de plomo 
que de aquel Monarca se han salvado 
de la destrucción, los cuales reduce á 
trece tipos diferentes, que en su ma- 
yoría son de los llamados ecuestres y 
mayestáticos. A continuación describe 
también los sellos (céreos) de las dos 
reinas y esposas de D. Pedro IV, doña 
María de Navarra 'y doña Leonor de 
Sicilia. 

El apéndice consta de veintisiete 
documentos , cartas en su mayoría de 
aquel Monarca aragonés. Avaloran el 
folleto diez preciosas láminas fototípi- 



cas en que se reproducen fielmente los 
sellos objeto de la disertación, entre 
los cuales algunos, como el de la lámi- 
na VIII, son por su riqueza y perfección 
verdaderas joyas del arte. Si no fuera 
una verdad hace tiempo demostrada, 
bastaría aquel sello para acreditar la 
importancia que para la historia artís- 
tica, la arquitectura, la indumentaria, 
la heráldica , la panoplia y la epigra- 
fía tiene el estudio de la Sfragística 
medioeval. 

La monografía de que tratamos es 
una prueba de la amplitud del campo 
en que pueden y deben desenvolverse 
los estudios históricos en nuestra pa- 
tria. Felicitamos á nuestro consocio el 
Sr. Sagarra por el desempeño de su 
trabajo, con el cual ha merecido bien 
de la historia nacional. 

P. 



OQl^@EIiÁNEA 



En el pasado mes de Noviembre la Socie- 
dad de Excursiones ha sufrido la sensible pér- 
dida de dos distinguidos socios suyos. 

El día 3 de Noviembre falleció el señor don 
José Marco, distinguido poeta y autor dramá- 
tico, y director que á la sazón era de la impor- 
tante revista Pro Patria. El Sr, Marco probó 
repetidas veces sus excelentes dotes de escritor 
correcto é inspirado. Dramaturgo fecundo, re- 
cordamos entre sus obras las siguientes: Li- 
bertad en ¡a cadena. El sol de invierno. El 
peor enemi 1^0 , Cuestión de trámites^ ¡Cómo 
ha de ser!, Hoy\ Los flacos, La feria de las 
mujeres^ La mujer compuesta.... El manico- 
mio modelo, Receta matrimonial, La gran ju- 
gada, A pesca de marido, Figuras de cera, 
¿Se puedt?. Los conocimientos y Roberto el 
Diablo. Según nuestras noticias, el Sr, Marco 
tenía presentada otra obra dramática en uno 
de los principales teatros de la corte. 

Aún recordamos la participación que el se- 
ñor Marco tomó en la velada con que la So- 
ciedad de Excursiones solemnizaba en i.^de 
Marzo de 1894 el primer aniversario de su fun- 
dación, y el justo aplauso con que fueran aco- 
gidas las festivas poesías que en aquella oca- 
sión recitara nuestro difunto compañero. 

En i'i de Noviembre falleció también el se- 
ñor D, Mario Navarro Amandi, Catedrático 
de la Universidad Central, escritor distingui- 
do, autor de varios libros sobre procedimiento 
y reformas electorales, estudios y comentarios 



204 



boletín 



al Código civil y otras materias de Derecho. 

La sólida inteligencia, extensa cultura y 
amor al trabajo del Sr. Navarro Amandi, le 
habían constituido en una délas figuras de 
más relieve de la juventud española. 

Descansen en paz nuestros dos amigos y 
compañeros, y reciban sus familias nuestro 
sentido pésame. 

El Boletín de la Sociedad Arqueológica Lu- 
liana ^ de Palma de Mallorca, da circunstan- 
ciada cuenta de un hallazgo arqueológico ve- 
rificado á principios de Septiembre último en 
término de Lluchmayor, Removiéndose el te- 
'rreno de Son Cresta, han aparecido monedas 
romanas, lamparitas, lacrimatorios y otros 
objetos de cerámica, trozos de urnas cinericias, 
cráneos y osamentas, ampollas de vidrio, una 
sortija de oro con una piedra engastada de 
color obscuro, y, en fin, diversidad de objetos 
de hierro, bronce y plomo, de procedencia al 
parecer romana y fenicia. 



En el mes de Junio del corriente año se ha 
inaugurado en Reims una Exposición retros- 
pectiva de no escasa importancia, instalada en 
el Palacio arzobispal, y principalmente en su 
vasta sala gótica, llamada Sala de los Reyes. 

Son notables en este certamen, entre otros 
objetos y colecciones: la de trajes y ornamen- 
tos sacerdotales, expuesta por Mr. Petitjean, 
de Reims; objetos religiosos y principalmente 
litúrgicos, de Mr. Chandon; miniaturas y lo- 
zas, de Mr. Morel; cuadros, estatuas y un libro 
de horas, de Mr. Hubert; tallas, cobres y mar- 
files, de Mr. de Muizen; preciosos tapices, en- 
tre los que descuellan algunos del siglo XV; 
históricos relicarios y otros objetos donados á 
la catedral de Reims por varios Monarcas fran- 
ceses; esmaltes, abanicos, estatuillas de Sajo- 
nia, porcelanas de Sévres, encajes, etc. 

Por Real decreto de 22 de Noviembre de 
1895 se ha acordado la adquisición por el Es- 
tado de la colección de libros orientales, 
propia de D. Pascual Gayángos, con destino 
á la Real Academia de la Historia; y del mo- 
netario arábigo español de D. Antonio Vives, 
con destino al Museo Arqueológico Nacional. 

La Andalucía, de Sevilla, dedica un largo 
suelto á un nuevo enterramiento de la edad 
del bronce, descubierto á la derecha del ferro- 
carril, yendo para Guadajoz, á cuatro y medio 
kilómetros de Carmona y frente á un olivar 
de la Mata del Toro. 

tLas sepulturas que hemos visto — dice el 
colega— están situadas en la cuneta de la vía, 
en un rebajo de una vara de profundidad, 
donde contamos más de veinte, las que se no- 
tan á primera vista por la capa carbonizada 
que las distingue del terreno que las rodea. 
Los trabajadores del ferrocarril llaman á estos 
sepulcros «Carboneras», por la gran cantidad 
que contienen de carbón. 

Las que nosotros hemos visto no difieren 
en su exterior de las que ya hemos descrito y 
registrado en la misma vía frente al ventorrillo 
llamado de ela Cruz del Negro>, distante dos 
y medio kilómetros de las primeras. 



El sistema de enterramientos de estos anti- 
quísimos pueblos, á juzgar por el estudio que 
hemos hecho de sus sepulcros y por los obje- 
tos indicados en ellos, es el siguiente: practi- 
cado un hoyo irregular, ponían el cadáver en 
cuclillas y lo calcinaban; recogiendo después 
sus cenizas, las colocaban en ánforas redondas, 
donde se echaba á manera de ofrenda algún 
objeto de valor, según la categoría del muerto, 
pues se han encontrado, tanto en las sepultu- 
ras como en las ánforas, láminas de marfil ó 
de pasta con grabados, vasos de alabastro que 
contendrían esencias, vasijas de barro, con 
frecuencia lucernas de una y de dos piqueras 
y algunos objetos de bronce, éstos casi todos 
hebillas de cinturones.» 



«-^oQiaijQoajy 



SECCIÓN OFICIAL 



La Sociedad de Excursiones en Diciembre. 
Excursiones proyectadas. 

Esta Comisión ejecutiva ruega á los seño- 
res socios tengan la bondad de fijarse en las 
tres advertencias siguientes: 

i.^ Desde el día 12 del corriente mes de 
Diciembre comenzará una serie de visitas al 
Museo Nacionalde Pinturas y colecciones par- 
ticulares de cuadros, tapices, armaduras, etc., 
que continuarán el 21 del corriente y demás 
días de la semana. 

Las condiciones para estas visitas serán 
siempre las mismas. 

Lugar de reunión: Ateneo de Madrid (calle 
del Prado). 

Hora: Las diez de la mañana. 

Cuota: Cinco pesetas, en que se comprende 
el almuerzo en un restaurant de Madrid, café, 
gratificaciones, etc. 

Adhesiones: A casa del Sr. Presidente de la 
Sociedad, Pozas, 17, segundo, hasta las ocho 
de la noche de la víspera de cada excursión. 

2.^ Las excursiones ya estudiadas á puntos 
interesantes y relativamente próximos á Ma- 
drid, como El Espinar, Las Navas, Turéga- 
no, etc., no podrán anunciarse hasta los meses 
de Mayo y Junio, por no permitirlo antes las 
condiciones climatológicas de dichos puntos. 

3.* Están preparadas dos excursiones más 
largas, que son: 

La primera á Medina, Salamanca y Valla- 
dolid, aprovechando los días de Carnaval. 

La segunda á Valencia y puntos próximos, 
Játiba, El Puig, Sagunto, etc., en los días de 
Semana Santa. 

Será conveniente que los socios que piensen 
tomar parte en estas excursiones manifiesten 
por carta su asentimiento á la Presidencia, 



BOIvKTlN 



DE LA 




EMi WBU II II 



u 




DIRECTOR : 
EL VIZCONDE DE PALAZUELOS, Secretario general de la Sociedad. 



ANO III 



MadPid 1." de EneTO de lS©e 



KUM. 35 



SECCIÓN DE CIENCIAS HISTÓRICAS 



U CASA M CONDE DE ESTEBAN EN TOLEDO 

%mmf¡ml^^^^^ veces, y con razón, se 
W/) MI ^^ dicho que Toledo es un 
^:^^:^ Museo. La alta representa - 
ción que obtuvo de los visigodos, cual 
metrópoli y cabeza del Imperio en lo 
político }'■ en lo eclesiástico; el tesón y 
la energía con que sus moradores, mu- 
zárabes y muladíes, supieron mante- 
nerse enfrente de los Califas de Córdo- 
ba ; la autoridad , la representación y 
la importancia que hubo de recibir, ya 
en el siglo XI , de sus fastuosos régu- 
los los Beni-Dzi-n-Nón , que extendie- 
ron su poderío á Cuenca y á Valencia; 
la significación y la trascendencia que 
tuvo su rescate por Alfonso VI para la 
obra de la Reconquista ; la influencia 
que desde tal momento supo ejercer, 
y que conservó largo tiempo en el des- 
envolvimiento de nuestra cultura ar- 
tística é industrial — con otros muchos 
más motivos que sería ocioso repetir, 
y que ha consignado la historia, — títu- 
los son sobrados para justificar cum- 
plidamente, en el terreno histórico, la 
frase, repetida en tantas ocasiones, y 
con la cual encabezamos estas líneas. 



Cierto es que , en el trasiego á que 
constantemente han sometido la ciudad 
los azares de la patria, ni de los días de 
la dominación de Roma, ni de aquellos 
otros en los cuales fué corte y asiento 
de los sucesores de Ataúlfo , ni de los 
tiempos en que se revolvió valerosa y 
decidida contra los Califas cordobeses, 
ni aun de los que exaltaron su fama 
bajo el gobierno de la dinastía berbe- 
risca — de que fué último representíinte 
el mísero Yahya Al-Cádir-bil-Láh, — 
es abastado el niimero de monumentos 
que hasta nosotros ha llegado , redu- 
cidos en su mayoría á fragmentos ó 
miembros arquitectónicos, muy dig- 
nos con verdad de estima , y por los 
cuales se acredita la importancia de 
Toledo en tales épocas; pero, en cam- 
bio, y á partir del siglo XII, y con es- 
pecialidad desde el XIII al XVII, abun- 
dan los testimonios monumentales, y 
muy en particular con relación á aquel 
peregrino estilo que surge como con- 
secuencia de los triunfos de la Recon- 
quista, y que por su naturaleza, ya bien 
determinada, es con el nombre de mu- 
dejar reconocido. 

Toledo, por tanto, más que nada, 



206 



boletín 



puede y debe ser reputado cual gran- 
dioso y muy interesante Museo del es- 
tilo iníídejdr, p\ies con dificultad habrá 
calle ó plaza, en las que ya por medio 
de edificios religiosos, ya civiles, y aun 
militares á las veces , no se halle re- 
presentación genuina de él , en su va- 
riedad característica toledana; por que 
si bien esta afirmación nuestra no ne- 
cesita comprobación para los entendí 
dos, por constituir realmente arqueo- 
lógico aforismo, — bueno es recordar, 
para quien lo hubiere olvidado , que 
el estilo mudejar presenta caracteres 
distintos en cada una de las comarcas 
españolas en que aparece, y que no es 
dable confundir sus manifestaciones 
especiales, por más que entre sí ofrez- 
can aquel sello superior de la unidad 
de origen, por el cual se corrobora y 
fortifica la variedad , en que es rico y 
poderoso. 

No es ésta, con verdad, ocasión pro- 
picia ni adecuada para tratar tal pun 
to , de no dudoso interés en el estudio 
de la arqueología monumental; pero s 
lo es para dejar sentado el hecho de 
que los artífices mudejares toledanos 
supieron conservar gran supremacía 
con relación á los del rei-to de Espa- 
ña, no sólo por acreditarlo así la sin- 
gularidad de haber recurrido á ellos 
Pedro I de Castilla para la labra , por 
lo menos, de las famosas Puertas del 
Salón de Embajadores en el Alcázar 
sevillano, sino por demostrarlo super- 
abundantemente la inmensa variedad 
y riqueza de las yeserías existentes aún 
en ios edificios mudejares toledanos, y 
más que nada , las vigas talladas , los 
canecillos , las zapatas , las tabicas , y 
todas las obras de carpintería, en fin, 
que nos son conocidas, y de las cua- 
les, las unas figuran en el Museo Pro- 
viudal de Toledo, y las otras, en el 
Arqueológico Nacional, y aun en los 
mismos edificios para los que fueron 
trabajadas, y subsisten todavía, con- 
tribuyendo á producir semejante ense- 



ñanza , la eficacia con que ostensible- 
mente influyeron en el estilo ojival y en 
el del renacimiento. 

Ni hay para qué individualizar los 
monumentos en que aquellos artífices 
ignorados hicieron gala y alarde de 
elegancia y de riqueza en el dibujo, deli- 
cadeza en la ejecución y maestría en 
el conjunto, bastando á nuestro actual 
intento traer á la memoria la yesería 
del patio de la llamada Casa del Conde 
de Esteban, señalada con el núm. 5 en 
la calle de la Cuesta de la Ciudad, que 
se abre á espaldas del edificio del 
Ayuntamiento. 

Octogonales postes de fábrica , ha- 
ciendo oficio de columnas, soportan 
en el referido patio la galería superior 
del frente, gallardamente enriquecidos 
por vistosa guarnición de filigranado 
encaje, cuyas flocaduras caen sobre 
las aristas de octógono, y cuyas labo- 
res, como sobre red de malla traba- 
jadas, se ofrecen cubiertas de cal por 
desventura. 

Cortando á cierta altura la decora- 
ción por una parte sólo — hácese ele- 
gante zapata, á manera de ménsula, 
que recuerda en su desarrollo la del 
ala que, en el Patio de la Alberca de 
la Alhambra, cae al lado del Palacio 
del emperador Carlos V, y con ellas, 
las del singular arco de la Casa del 
Chapis^ en la propia Granada , que hoy 
figura, por donación de D. Manuel de 
Góngora, en el Museo Arqueológico 
Nacional, si bien se muestra la de esta 
Casa del Conde de Esteban de mayor 
riqueza quelas del arco granadino últi- 
mamente citado, pues llenan en total 
susescuadras exteriores enlazados me- 
dallones calados, del mejor efecto, en- 
cuadrándolas y recortándolas menuda 
y sucesiva serie de molduras, á que 
sucedía ancho y escodado friso, que, 
partiendo vertical del poste ó machón, 
se doblaba en sentido horizontal para 
recorrer por sus tres frentes la zapata, 
5^ que hoy destruido, no consiente com- 



DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



2Q7 



pleta la lectura del epígrafe que, en 
caracteres africanos ó cursivos, le de 
cora (1). 

Apoyada en una de las caras del 
octógono del machón, aquella normal 
á la línea trazada por las carreras de 
la galería superior — á casi ia misma 
altura de las flocaduras de la guar- 
nición antes mencionada, — surge, á 
modo de arrahañ, un friso perpendicu- 
lar que luego sigue por bajo de la ca- 



impcrio [de todas las cosas es] de 
Alláh! (I) 

En el eje del patio, frente á la entra- 
da , y facilitándola á departamentos 
interiores— como resumen y compen- 
dio de los aciertos y de los extravíos 
de los artífices mudejares toledanos en 
la XV./^ centuria, en que hubieron 
ostensiblemente de labrarle , — ábrese 
hermoso arco de yesería , no en gran 
deterioro aún, por fortuna, y digno 




DECORACIÓIN MUDEJAR EN LA CASA DFL CONDIÍ DE ESTEBAN ( TOLEDO ) 



rrera, para volver á descender, ver- 
ticalmente adherido á otro machón; 
y demás de la guardilla ú orla que en 
plano más inferior le recorre, figuran 
en él, dentro de elíptico medallón, las 
siguientes frases, trazadas en caracte- 
res cúficoornamentales de relieve, las 
cuales se reproducen hasta llenar , no 
con orden, pero sí completamente, el 
friso: 

Gracias [sean dadas] á Allah! El 



(1) Parece entenderse en este friso las vulgares 
Felicidad perpetua. — Gloria permanente. 



por varios conceptos de la estimación 
de los entendidos. A la usanza toleda- 
na, encuádrale en primer término, en 
la parte más externa de su decoración, 
una faja como de 15 centímetros de 
ancho, que constituye el primero y ge- 
neral arrahañ, y en ella, sobre labrado 
frondario ó attaítrique, destacan en cíf- 
racteres cúfico-ornamentales de resal- 
to, no exentos de elegancia, bien que 
nunca comparables á los granadinos, 
las frases, ya copiadas J3j..v¿.)t vU ^Ut, 



(1) Es de notar, con efecto, que en el tercio de este 
arrabaá, correspondiente al machón de la derecha, 
de los dos del centro, el epígrafe termina simplemen- 
te por la palabra Q.J \ . 



208 



BOLETÍN 



que se reproducen tantas veces como 
lo consiente la longitud de la faja. 

Hácese de advertir que, por dete- 
rioro sin duda, y en tiempos que no es 
dado señalar, en el tercio vertical de 
la izquierda, y á la altura del farjáli 
ó arquitrabe, aparece visiblemente 
restaurada esta faja, pues sobre que la 
leyenda ya no es la misma, los signos 
cúficos son de dibujo y combinación 
distintos, pareciendo entenderse las 
palabras i^yCJ!, L»bi\J!, 'ij^\ hasta la 
casi terminación de la referida faja, 
donde con la misma clase de letra que 
en el tercio de la derecha, prosigue 
repitiendo: JJ^.CiJ| VÜ ^U!, que son 
las frases propias, en esta parte del 
arco. 

Estrecha orla, de menudos enlaces 
calados, recorre en plano inferior este 
arrabañ por uno y otro lado, sirviendo 
como separación y límite al mismo, 
con relación á los demás exornos de la 
portada; y mientras le sucede al inte- 
rior , con dimensiones casi idénticas 
á las del arrahaá mencionado , una 
faja de gran relieve, de aristas vivas, 
y desprovista de adorno, la cual cons- 
tituye un segundo arrahaá^ — tiéndese 
sobre éste, en la parte superior horizon- 
tal, el arquitrabe ó farjáh, formado á 
los extremos por un cuadrado , y en el 
centro por dos medallones oblongos, 
unidos y cubiertos de peregino encaje, 
pues no á otra cosa es dable comparar 
aquella labor, de la cual no puede dar- 
se con la palabra idea, tanto por su 
delicadeza y su finura , cuanto por la 
elegancia y gracia del dibujo. 
, No es éste en realidad granadino, ó, 
por mejor decir , no recordamos en la 
yesería de la Alhambra, ni de ninguno 
otro de los edificios de Granada, labor 
alguna igual ni asemejable; es, á nues- 
tro juicio , combinación mudejar espe- 
cial toledana , pero de muy peregrina 
belleza, en la que se transparenta cier- 
ta inñuencia ojival, que no se determi- 
na con claridad bastante , pero que se 



siente, sin embargo, por los elementos 
que entran en la composición de seme- 
jante exorno. 

Cerrado por el segundo y saliente 
arrabañ, desprovisto de labor , ya men- 
cionado, — hácese más al interior un 
tercero, demayores dimensiones, algún 
tanto deteriorado, acomodado á las cos- 
tumbres mudejares toledanas. Consti- 
túyenle, entre orlas de menudos enlaces 
calados , iguales á las citadas , dos an- 
chos paños de yesería á los lados , que 
recuerdan , con las tracerías más deli- 
cadas de la Alhambra , otras mudeja- 
res de Córdoba y de Sevilla , y que se 
hallan enriquecidas de medallones, te- 
nas, hojas picadas, cintas onduladas y 
rectas, festones y otros exornos de vi- 
sualidad agradable, y — entre dos cua- 
drados de menor belleza y de distinta 
labra — oblongo, ancho y muy notable 
medallón, que ocupa entero el ancho del 
ingreso, y cuyas cantoneras resaltadas 
rodea y circunscribe la orla de enlaces 
calados de que queda hecha mención 
arriba. 

Es este medallón interesante el que 
motiva principalmente las presentes 
líneas, pues resulta hasta ahora, que 
sepamos, muy singular especialidad, y 
pone de manifiesto el hecho de que, por 
lo general, los artífices mudejares tole- 
danos conservaron y reprodujeron de 
unos á otros los moldes de las inscrip- 
ciones vulgares con que decoraban fri- 
sos y arrabacs , y el de que , ya en el 
siglo XV, habían en mucha parte olvi- 
dado el dibujo de la escritura monu- 
mental; pues cuando, ó por destrucción 
de los moldes , ó por ser la leyenda 
nueva y distinta de aquellas por el uso 
consagradas , tallaron los signos cúfi- 
cos ó africanos , lo hicieron con inco- 
rrección notoria , según lo persuaden 
multitud de testimonios, y en especial 
este medallón , que es esencialmente 
epigráfico. Fíngese en él una serie de 
vastagos circulares , con hojas rizadas 
y picadas, que sirve de attaurique ; y 



DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



209 



sobre tal fondo, queriendo emular, ya 
que no los signos cúfico-ornamcntales 
elegantísimos, de que hay abundante 
copia en la Alhambra granadina, los 
de los frisos al menos del Alcázar de 
Sevilla, donde se alude al Rey don Pe- 
dro, — se desarrolla, dos veces repeti- 
da, singularísima leyenda, cuyas letras 
ofrecen extraño carácter, por atempe- 
rarse unas veces á las reglas de la es- 
critura cúfica monumental, y otras á la 
africana, nesji 6 mogrebina, si bien se 
muestran, no en plano horizontal, sino 
en superficies convexas. 

A primera vista, y teniendo en cuen- 
ta que las inscripciones restantes son 
arábigas, aunque aceptadas por los mu- 
dejares, procúrase sin recelo penetrar 
en aquel idioma la significación del 
epígrafe , luego que se ha hecho posi- 
bl:i establecer la identidad de los sig- 
nos. Las dificultades para ello son real- 
mente grandes, y así lo hicimos cons- 
tar antes de ahora, cuando escribía- 
mos , transcribiendo con error la le • 
yenda , y traduciendo la transcripción 
errónea: "Confieso, Excmo. Sr. — de- 
ciamos en 1877 al Director del Museo 
Arqueológico Nacional, — que la vaci- 
lación ha sido grande por mi parte para 
entender este epígrafe mural, pues de- 
más de la inusitada forma en que se 
enlaza el Y de ¿:_*^L , y de la figura 
del -í- , que parecen tener dos ^, al prin- 
cipio y al final del trazo superior, como 
se halla roto en algunas partes , no se 
muestra con entera claridad^ (1): cosa 
que también, y por igual causa, acón 
tece respecto de alguna palabra en el 
día. 

No abrigábamos entonces la seguri- 
dad del acierto, como no la hemos abri 
gado nunca en aquello que es dudoso; 
y reconocimientos posteriores, hechos 
sobre la excelente reproducción que 
procuramos para el Museo Arqueoló- 



(1} Memoria acerca de algunas inscripciones ará- 
bigas de España y Portugal, pág. 236. Madrid, 1883. 



gico Nacional, y que nos fué facilitada 
por la galante intervención de nuestro 
buen amigo el docto í:apitán-profesor 
de la Academia de Infantería, D. Pedro 
Alcántara Berenguer , — nos han per- 
suadido del error en que estábamos al 
estimar de arábigo el epígrafe. Sin que 
pretendamos hoy haber acertado, pues 
á tanto no llega nuestra arrogancia, 
sometemos al juicio de los entendidos 
el resultado de nuestras observaciones. 

Aunque agrupada de distinto modo, 
la inscripción aparece dos veces repe- 
tida, y da principio por un xin inicial 
(~¿'), letra que los mudejares y los mo- 
riscos transcribieron, como es sabido, 
por nuestra 5. Levantado el primero 
de sus trazos á mayor altura que los 
dos restantes, y falto de puntuación' 
como en el cúfico, el dibujo de este 
signo es, sin embargo, más cursivo ó 
tiesji que cúfico, ocurriendo lo mismo 
respecto de su enlace con el siguiente, 
que es un uíut (-), el cual sube á toda 
la altura del medallón, después de for- 
mar gracioso y bien dispuesto nudo. A 
la usanza del cúfico, únese esta letra á 
un ta final (w^), ácuyo efecto descien- 
de el trazo del nún para subir luego á 
la línea, donde no se advierte la cabe- 
za del /«, enlazándose aparentemente 
el rasgo final nesji de este signo, con 
el alif de fin de dicción de la primera 
sílaba compuesta, que corresponde á la 
palabra siguiente. 

Vocalizadas las letras reconocidas, 
en lo cual no creemos haya duda, re- 
sulta el adjetivo femenino castellano 
SJS, santa, de uso tan frecuente en 
aljamía; y prosiguiendo el examen co- 
menzado, encuéntrase cierta especie de 
presilla circular, colocada fuera de lí- 
nea y encima del ta de santa, signo 
que representa, y es un min de princi- 
pio de dicción (-^), unido por una línea 
de prolongación al alif antes mencio- 
nado (l). Detrás, y por bajo del ta refe- 
rido, con curvatura que ni es cúfica, 
ni de buenos pendolistas nesji^ apare- 



210 



boletín 



ce un ra aislado (j), y encima de él, en 
forma extraña, muéstrase un ye inicial 
(j), que se une á un he final (i), de di- 
bujo híbrido, y cuyo trazo superior se 
levanta á la altura del nihi y del alif, 
después de formar complicado y muy 
vistoso nudo. Con sus mociones corres- 
pondientes, estas letras dan la lectura 

del nombre de María (¿IjjU'), aunque 

generalmente se escribió '^y> (Meriem)^ 

y aunque, á seguir en este caso las re- 
glas establecidas para la lectura alja- 
miada, habría de leerse Merla. 

Sigue en pos un ntipt^ con la corres- 
pondiente línea horizontal de prolon- 
gación á la altura media; y con otro 
min^ puesto al extremo de ella, conti- 
núa un chin de medio de dicción (^), 
cuyo trazado es del todo viesji, para 
enlazarse luego con un guau (_?) de ca- 
beza semicúfica, y seguir un ra aisla- 
do y de dibujo cursivo. De las combi- 
naciones á que puede ser sometido este 
grupo de letras, según las vocales de 
que se haga uso, resulta como la más 
acertada, á nuestro juicio, la lectura 
jjsrr-- ó . Js^" tni mejor ó mi mejora^ 

que no vacilamos en proponer, por con- 
siguiente; pues si bien es regla, á la 
cual, sin embargo, iio se ajustaron siem- 
pre los moriscos, que para que la mo- 
ción fatha ó fetha se estime como e^ 
debe ir seguida de Mnalif^ y parece que 
debió escribirse por tanto '' 'i' 

en los textos aljamiados se encuentran 
ejemplos de que no fué constante la ob- 
servancia de este precepto, como lo 
persuaden, entre otros que podrían ser 
citados, el que ofrece el verso 17 del 

o 

Poema de Yusuf^ donde se lee Jl-^t 

y yanél por y en él, y el 19, donde 
aparece el adverbio siempre escrito 

Islilla,, sienpare (1). En cambio, en el 



verso 6.° e\ fatha seguido de alif tiene 
valor de a en las palabras siquiera 

l^Ljíi. y toda \xi (IaxíLí, ni en toda). 

También es regla, aunque no de 
igual inñexibilidad, la de que la mo- 
ción dhaínma equivale á nuestra o, 
siempre que va seguida de guau, que 
es su semivocal homogénea, no obs- 
tante lo cual, lo mismo en el Poema 
citado que en otros escritos de alja- 
mía, se halla con frecuencia >Sli, mun- 
do; jsX'/> Y j^t-VÁ, mejor; ¿Cj^^, mejo- 
ría; Ji.»^, hijo; J.s^ y ^s^, ^jo; £!y , 

fuego; jx), logar; 'j, no; XiJ", guando; 
¿^5', conmigo, etc., etc. Dedúcese, 

pues, en consecuencia, que no hubo 
verdadera uniformidad entre los mo- 
riscos al transcribir nuestras vocales, 
y que aun ocurrió lo propio en orden 
á las consonantes, pues unas veces es- 
criben tá.U, mejor, y otras I¿,U,tLs-^ 

o ' ^ I ' <^ ' '90' 

y.Li,,», mujer; ^^X^ J jL,^Xj!,,fermosa 

y hermosa; ^Jlo yjj, vo3;yi yj[^,fi30 

y fisiera, indistintamente; por otra 
parte, no es de maravillar, ni mucho 
menos, que el artífice froguista que talló 
el epígrafe de la Casa del Conde de 
Esteban en Toledo, no estuviera gran- 
demente versado en achaques de esta 



(1) Al reproducir el Sr. Eguílaz, en la p;lg. 25 de su 



interesante Estudio sobre el valor de las letras ará- 
bigas en el alfabeto castellano, el verso 15 del frag- 
mento que de este Poema publicó el Sr. Moreno Nie- 
to en las páginas 48 y 49 de su Gramática de la len- 
gua arábiga, leyó la preposición sobre que Moreno 

i "' f 
Nieto escribió ]y^X^ sobare, vocalizándola de distinto 

./ / f 
modo 1.^, (sobere);^OT\o demás, parece que siempre 

.'O * 

se escribió ) i^,('so¿?/'ej, es decir, socunandoelfta.En 
el cuento del bebedor de vino, que publican en sus 
Textos aljamiados los Sres. D. Pablo Gil, D. Julián 
Ribera y D. Mariano Sánchez, se halla el nombre de la 

Mecca escrito ^_t>^. Maca; bien es verdad que aquí 
podía estimarse escrito en arábigo; pero para ello 
faltan letras y signos, pues la verdadera forma suya 

es i>v>' 



DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



211 



naturaleza, y que por descuido ó por 
ignorancia omitiese el alif que debía 
dar el valor de e al fatha de la pala- 
bra mejor ^ copiada arriba. 

Un gain de principio (¿), con un ye 
final (^), aparecen después aislados 
respecto de toda otra palabra, produ- 
ciendo la lectura guia i ' ¿ ), y siguen 

luego un alif {\), otro signo que lo 
mismo puede ser un lam de principio 
(J), que un ye, un nún, un ba 6 un ta 
iniciales (j , 3 , J , j) , cuyo trazo supe- 
rior, como ocurre con el itún de santa 
(JuÜ)' y ^^ recto del » puntuado de 
María (^ly^^*), ha podido ser levantado 
á toda la altura del medallón, para 
formar así con el alif el primoroso 
nudo á la usanza cúfica, que enlaza ar- 
tísticamente estas dos letras, como 
alarde caligráfico, y, por último, un sin 

icr> ^ •^'^^ (l/'^ ^^ ^"^ ^^ dicción con 
que concluye el grupo; y á la verdad 
que si dificultades ofrecen la inteligen- 
cia, y por tanto la transcripción de 
las anteriores palabras, mucho mayo 
res son las que brinda la presente, no 
siendo cumplidera la presunción del 
acierto, sin tener en cuenta la signifi 
cación más verosímil y probable del 
vocablo que sigue, y con el cual da 
término la frase. 

Dicho vocablo, más entero y percep- 
tible en la repetición, principia con un 
rnin en forma de presilla (-*), continúa 
con un chin de medio (sr) , un ra de fin 
de dicción (j- ) y concluye con un xin 
aislado (^^i^), colocado encima de las 
letras anteriores de la misma palabra, 
y cuj'^o trazo inicial excede del central, 
como el superior del rasgo final exce- 
de de éste y se dobla en curva inte 
rior inusitada. De las varias combina- 
ciones á que se prestan estos signos, 
unidos á los de la voz ó voces anterio- 
res, formadas por el alif, el signo alto 
que le sucede y el xin de fin de dic- 
ción, — es, á nuestro juicio, la más acep- 
table la que da por resultado, con olvi- 



do de reglas que no obedecieron siem- 
pre ni los mudejares ni los moriscos, 
según hemos procurado notar arriba , — 
la segunda parte del singular del pre- 
sente de subjuntivo, , ^'¿- mejores, 

y en consecuencia, como carecería de 
sentido el suponer que los tres signos 
de que esta palabra se halla precedida 

pudieran ser ^\^ d los, Jr^\ ^ y 

Ins , ^j-.jI y V0.3, — aceptando la trans- 
cripción de los vocablos todos de la 
frase, conforme la hemos propuesto, 

se hace preciso leer estos signos (j^-'l 

d nos, dando así en conjunto el epí- 
grafe el resultado siguiente, que no es- 
timamos desacertado : 



■^J 



^ ¿P^ is^ J^^\ 'h^^ ^ 



¡Santa María! ¡Mi mejor guíal ¡A nos mejores! 

Es decir, mejóranos; hasnos mejo- 
res; ruega por nosotros, para que sea- 
mos mejorados; purifica nuestro espí- 
ritu para que seamos mejores. 

En plano más interior, recogido á 
los lados por los dos paños laterales de 
yesería, ya mencionados, y á la parte 
superior, por el interesante medallón 
epigráfico cuyo examen acabamos de 
hacer, extiéndese el arco ó ingreso, de 
pronunciado peralte, angrelado, y re- 
corridos los angreles por una faja 
ondulada, que llenan, multitud de ve- 
ces repetidas en caracteres semicúfi- 
cos, seminesji de resalto, las vulgares 
frases: 

y. J y 

El impc o perpetuo.— La gloria peí lanente 
(son atributos de AUáh) 

De dibujo y labor diferentes entre sí 
son las enjutas; y guarneciendo el cua- 
dro de las mismas, hácese estrecha 
cinta, donde en apretados caracteres 
ncsji ó cursivos, ó africanos, de relie- 
ve y no mal dibujo, se halla otra ins- 



212 



boletín 



cripción, cubierta de cal en unas par- 
tes, y en otras por extremo destruida, 
pero en la que aún pueden ser enten- 
didas algunas palabras, las cuales pa- 
recen ser el nombre de la Virgen y el 
de su divino Hijo, y otra que acaso 
pudiera interpretarse en el sentido que 
propondremos, arrojando el siguiente, 
que estamos dispuestos á rectificar, en 
caso necesario: 

Jesús, hijo de Santa María- 
Tal, y no otra, es la riqueza de la 
yesería que aún conserva el patio de la 
llamada Casa del Conde de Esteban , y 
tal la importancia que desde el punto de 
vista epigráfico enaltece el medallón de 
su gracioso arco, siendo de sentir que 
el lapso del tiempo concluya por des- 
truir este monumento, cuya conserva- 
ción es de verdadero interés para la his- 
toria del estilo mudejar toledano: pues 
si bien es cierto que abundan en Tole- 
do ejemplares del mismo estilo, con ca- 
racteres artísticos asemejables,— fuera 
de aquellos otros que son privativamen- 
te representantes de la variedad tole- 
dana, ninguno hay que ofrezca la vis- 
tosa guarnición de los machones, ni 
mucho menos el medallón epigráfico 
aljamiado cuyo estudio hemos preten- 
dido. 

Bueno sería que la Comisión Pro- 
vincial de Monumentos interesase al 
propietario de la finca para la conser- 
vación, no restauración, de la yesería, 
evitando obras y reparos que acaben 
de destruir lo existente, pues en rigor 
constituye uno de los monumentos más 
dignos de estima dentro y fuera de To- 
ledo, y merecedor es de singular dis- 
tinción entre todos los que posee la 
antigua y famosa ciudad de los Conci- 
lios, correspondientes al estilo mude- 
jar , dentro de la centuria de que el pre- 
sente es producto, haciendo por nues- 
tra parte fervientes votos para que no 



llegue el día en el cual tengamos que 
lamentar su ruina, como lamentamos 
la de tantos otros monumentos de su 
especie, aunque no de su categoría. 

Rodrigo Amador de los Ríos. 
t ^ ac^* 



SANTIAGO PEREGRINO 



(Estatuíta arge'ntea de la Catedral compostelana ) 
I 

^^Li el Cabildo compostelano, reba- 
Iv^vli jando á la cuarta parte los 51 
números que llenó en el Catá- 
logo de la Exposición Histórico-Euro- 
pea (1), y absteniéndose de remitir todo 
aquello que allí se colgó por las pare- 
des, se hubiese reducido á exponer lo 
que buenamente cabía en una vitrina, 
aun sin colocar en ella más que las 
alhajas que envió, habría quedado á 
gran altura en la escala de los oposi- 
tores, ocupando el primer puesto entre 
los Cabildos metropolitanos en cuan- 
to á productos de la orfebrería medio- 
eval (por más que el cáliz santiagués, 
atribuido á San Rosendo , esté muy 
distante de alcanzar la importancia 
del traído de Toledo, que el Catálogo 
oficial, con obstinación temeraria, se 
empeña en calificar de bizantino); pues 
aparte del hermoso busto de Santa Pau- 
lina (obra ya de muy entrado el siglo 
XVI), las tres imágenes argénteas de 
Santiago, San Pedro y San Juan, por ■ 
sí solas, constituían espléndido con- 
tingente, que bien pudo haberse amplia- 
do agregando alguna de las otras que 
tanto avaloran el relicario de la iglesia 
de Santiago. 

Nueve dice el Sr. López Ferreiro 
(Lecciones de Arqueología ^ V'^?>- ^^^)i 
que son las imágenes de plata dorada 
que se guardan en la capilla de las 



(1) Núm. 6. déla sala V. 



iíMi^ 




SANTIAGO PEREGRINO 
íEstatuita argéntea de la Catedral cjmpostclana.') 



DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



213 



Reliquias, y debieron ser hechas por 
el procedimiento del embutido ó relle- 
no. Y hacen este número: la de la Vir- 
gen , que en sus festividades se saca 
en la procesión capitular, y de la que 
se afirmaba que contenía leche de la 
Madre del Redentor; las dos del Após- 
tol Santiago el Maj^or, donadas ambas 
por parisienses , en los siglos XIV 
y XV; las de los Apóstoles San An- 
drés y San Pedro; la de San Juan Bau- 
tista; la de San Dionisio Areopagita; 
la de Santo Tomás de Aquino, y la de 
San León, con tiara y triple cruz, que 
lleva el escudo de armas del Arzobis- 
po San Clemente, muerto en 1602. 

Poco es , en verdad , lo que podría 
hoy añadir á lo que dije sobre estas 
estatuítas, llamándolas "obras felices 
de orfebres que trabajaron con sujeción 
á los preceptos del arte ojival,, en la 
monografía acerca de El Tesoro sagra- 
do de la Catedral de Santiago, publica- 
da en el tomo V (pág. 326) del Museo 
español de antigüedades ; pues no he 
tenido ocasión desde entonces de am- 
pliar ni corregir, ni aun concretar lo 
que allí puse. 

Tampoco he visto trabajos ajenos 
que contengan noticias más copiosas, 
fijas y detalladas de las que yo pude 
adquirir durante mis breves estancias 
en la ciudad compostelana, ni siquiera 
en los luminosos escritos de mi antiguo 
y querido amigo el respetable M, L se- 
ñor López Ferreiro (á quien hay y 
siempre habrá que citar cuando se 
trate de algún asunto de índole histó- 
rica referente á Galicia), que por su 
carácter de canónigo de Santiago y 
por la legítima é incontrastable influen- 
cia que allí ejerce, pudiera decírsele 
poseedor de la llave de la más abundo- 
sa y rica fuente de todo conocimiento 
histórico, y especialmente arqueológi- 
co, de Galicia. Y esto no debe sorpren- 
der, porque repartiendo este señor su 
laboriosidad entre obras, ya de puro 
misticismo, como la traducción del li- 



brito del P . Vadon titulado Triunfo de 
Jesús Sacramentado en Lourdes, 1889 
(Santiago, imp. de Alende, 1892), ya 
de mera amenidad, cual su flamante 
novela A tecedeira de Bonaval (La Co- 
ruña, 1895, tomo XL de la Biblioteca 
gallega), cuando no en libro de (según 
hoy se llama) carácter trascendental, 
á que pertenece el tomo I de sus Fue- 
ros de Santiago y su tierra (Santia- 
go, 1895), deja á los arqueólogos con- 
sumirse en deseos de ver aclarado 
tanto misterio legendario que él sólo 
puede descubrir, tanto problema artís- 
tico que él sólo puede resolver, y tanta 
tiniebla histórica que él sólo y tan fá- 
cilmente puede disipar sin más que 
continuar sacando á luz los tesoros de 
noticias encerradas en la inmensa ri- 
queza diplomática de la Iglesia com- 
postelana, prosiguiendo (y cuanto fuere 
en mayor escala tanto mejor) el ca- 
mino emprendido con publicaciones 
como la de Galicia en el último tercio 
del siglo XV, El altar de Santiago, El 
pórtico de la Gloria, D. Rodrigo de 
Luna, etc., etc. 

De todas esas estatuítas, por lo que 
recuerdo, bien pudiera darse como la 
más antigua la de San Dionisio, que 
parece representó primiii\ amenté á 
San Francisco, caracterizado por las 
llagas, de las cuales es patente la del 
costado, mediante una abertura que se 
puso en el hábito. Lo es más que todas 
las restantes la de Santo Tomás, pues 
la preciosa arqueta cincelada que en 
ella se encuentra, acusa claramente el 
gusto del siglo XIV. Las de San Pedro 
y San Juan (que fueron traídas á la 
Exposición), y no sé si también la de 
San Andrés, pertenecieron al Arzo- 
bispo D. Lope de Mendoza (f 1445), y 
probablemente, según el Sr. López 
Ferreiro; son obras de plateros com- 
postelanos. Todas tres tienen ricas 
diademas ó nimbos, y muy artístico el 
de la última. 

Pero la más notable de las nueve es- 

27 



214 



boletín 



tatuítas es aquella de que ya díó noti- 
cia Ambrosio de Morales, y repre- 
senta á Santiago teniendo en una mano 
preciosa torrecilla de oro, en que está 
encerrado el diente ó muela de que se 
cuenta curiosa historia, y en la otra 
el tarjetón que dice: /;/ hoc vase aitri 
quod tenet ístc i mago est dens heati 
iacohi apostoli, que gaufridtts cogita- 
trei, ciiiispar. , dedit hiiicecclesie orate 
pro eo. 

Cuyo caballero parisiense Gofredo 
Coqueresce, como le llaman los seño 
res P. Fita y Fernández-Guerra en 
sus Recuerdos de un viaje á Santiago 
de Galicia (Madrid, 1880, página 87), 
bien puede ser aquel mismo Geoffroy 
Casatrix, tesorero del Rey en Tolosa, 
hacia el año 1301, de que da noticia 
Boutarie (La France sous Philippe le 
Bel, París, 1861, páginas 227 y 297.) 

No es mucho menos notable la otra 
de Santiago de que ahora particular- 
mente trato, y de la que Mr. Emile de 
Molénes, en su libro sobre la Exposi- 
tion historique de Madrid^ 1892-1893 
(París, 1894), al hablar (pág. 168) de 
les euvois de la Catedral de Santiago, 
dice que es el objeto más curioso, aña- 
diendo que, aunque muy bella, no lo es 
tanto como la que recuerda, de San 
Jorge derribando el dragón y Carlos 
el Temerario tirant la réverence que 
posee la Catedral de Lieja. 

Cuantas veces se trate de los objetos 
reunidos en la Exposición Histórico 
Europea, otras tantas habrá necesidad 
de sacar á colación la esterilidad de 
aquel magno esfuerzo empleado para 
conseguir la cooperación de las Cate- 
drales, y de aquel costoso triunfo obte- 
nido sobre preocupaciones aún no del 
todo desvanecidas acerca de la conve- 
niencia de tener encerrados los tesoros 
en plenas tinieblas. Y todos cuantos 
escriban sobre ellos habrán de lamen- 
tarse. de que las Catedrales, al hacer la 
designación de los objetos que habían 
de remitir á la Exposición, no hubie- 



sen procedido á reunir cuantas noti- 
ciashistóricas tuviesen ó hallasen sobre 
cada uno de ellos, y en su compañía 
los hubieran enviado. 

Traídos así los objetos con su histo- 
ria, hubieran venido, podemos decir, 
completos; pues si aun en aquellos mo- 
numentos puramente artísticos á que 
por sí propios se les concede valor 
cuantioso, sin relación á lugar ni aun 
á tiempo de producción , es "de gran 
importancia que sean conocidas ambas 
circunstancias, toman el carácter de 
esenciales, para la justa valoración 
y perfecto conocimiento de todo objeto 
que tenga carácter arqueológico, las 
de saber, ya no sólo su uso y destino, 
sino para qué, por qué, por quién, 
cuándo y dónde se hizo. 

Ninguno de los Cabildos Catedrales 
(pero, en verdad, tampoco ninguno de 
los opulentos coleccionistas que contri- 
buyeron al esplendor de la Exposi- 
ción) se tomó el trabajo ni hizo el gas- 
to, relativamente exiguo , de dar al 
público noticias de los objetos que ex- 
ponía, ni aun de hacer de ellos un tra- 
bajo descriptivo de mera catalogación. 

El de Santiago dio, no obstante, á la 
prensa regional (como ahora es moda 
decir en Galicia), una sencilla lista de 
los objetos que enviaba, y que fué re- 
producida en uno y otro periódico ga- 
llego. 

De ella saqué yo lo poco que puse en 
el Catálogo de objetos de Galicia, por 
impedirme las condiciones en que se 
hacían las instalaciones tomar (cierta- 
mente no por falta de tiempo) más co - 
piosas, detalladas ni exactas notas de 
los objetos que se colocaban (y se mu- 
daban á cada paso) en las vitrinas y por 
las paredes. Así es que yo me tuve que 
contentar con decir de esta imagen de 
Santiago que tiene sombrero con con 
chas, escarcela muy abultada, túnica y 
sobretúnica más corta , y que sostiene 
en las manos un libro cerrado y el bor- 
dón, y con copiar el letrero grabado en 



DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



215 



su hexágono pedestal , con una exactitud 
que recelo no ha de haber encontrado 
absoluta quien haya hecho una deteni- 
da confrontación. 

Sin embargo, tal como yo la publi- 
qué la insertaron, tanto el Catálogo 
oficial (núm. 110 déla sala 6.*), como 
el propio M. de Molénes en su citado 
libro sobre la Exposición, quien tam 
poco añadió nada á la descripción de 
la alhaja, ni aclaró otra cosa sino que 
lleva la doble túnica del peregrino. Yo 
voy á reproducir ahora la inscripción, 
pero tomando su principio en las dos 
líneas que se ven en el paño central 
del prisma que constituye la peana, si- 
guiendo por la línea superior y conclu 
yendo con las dos inferiores que, como 
la anterior, corren por los seis lados 
del hexágono pedestal: 

DEDERUNT IST 
AM YMAGINEM 
NOBILES VIR DOMINUS JOHANNES DE ROU- 
CEL MILES DE REGNO FRANCIE ET lEHAN- 
NA VXOR EIUS AD HONOREM DEI ET SANCTI 
lACOBI DE GALECIE ET EGO IHOAJí APOR- 
TAUIT DE PARISSIIS EX PARTE FREFATI 
DOMINI ORATE PRO EIS 

He de decirlo para concluir: no pue- 
do asegurar si esta efigie del Apóstol, 
traída por Juan de Roucel, es la misma 
que aquella otra estatua de Santiago en 
traje de peregrino, de que se ha escri- 
to que está adornada de gran aureola 
realzada de pedrería y tiene un peda- 
zo del manto del Apóstol dentro de un 

libro, en cuya tapa se lee: en este 

VESTIDO DEL PATRÓN, y la cual Ostenta- 
ba el escudo de armas de Sorna ó Isor- 
na, escudo que bien pudo confundirse 
con el que lleva en la peana la estatuí- 
ta donada por el parisiense, tomando 
el cuartel de los cinco arminios que en 
ésta se ve, por las cinco lises de los 
Maldonados que correspondían al es- 
cudo del Arzobispo D. Alvaro de Isor 
na, según Piferrer.(Nob. V, pág. 149.) 

José Villa- amil y Castro. 



ESCRITURAS MOZÁRABES TOLEDANAS 



(Continuación.) 

LVIII 

Venta de un trozo de tierra blanca fí^^=^\ 
Li2-j^Jí j^'ill {sic) isilaüJl sita en Olías la Ma- 
yor, de la jurisdicción de Toledo, y cuyos 
lindes son: al E. y N., tierra blanca del ven- 
dedor; al O. , un camino, y al S. , tierra blan- 
ca de Domingo Estéfano y de su hermano 

Martín Esteban L.^.^j zo,\ iljü! Jj) 

.( yA::^! ^■^y^ '*'n^-^j (.j-íl^l ^Sj^-j 

Intervienen, como comprador D. Cebrián 
hijo de Juan Bellithis, y como vendedor 
D. Zacarías, nieto de D. Pedro el Cordobés 

ij' ¿r^'h Jy.. ^ri ^^.^^ ^^^ ^j^S) 

advirtiéndose que la finca á que se refiere el 
presente contrato está ya plantada en parte 
por el comprador, en razón á que la venta 
quedó ya concertada entre ambas partes en 
el mes de Enero próximo pasado, retrasán- 
dose hasta la fecha la redacción del corres- 
pondiente instrumento público, por lo cual 

el comprador había empezado ya la planta- 
ción ^U^^l L^^*J ^j^^ ^^' J^)^ ^j) 



Jl 



-r'^ 



W _,UxJ! Ij-a JrJj'j' ^ 'f^^^ 



Precio, dos mizcales de oro alfonsí. 

Fecha en la primera decena de Septiem- 
bre de la Era 1229. 

Suscripciones: Domingo b. Selma, testi- 
go (JjrLí- ^-J-^ L-yf i¿^^); Pascual b. Ornar 
b, Jalaf (^k ^^ j^c ^> ¿\J^>j), y Fé- 
lix b. Yabka b. Abdallah ^a^^_ ^j¡ J^^j) 
.(iJüi ,X-.c ^ 



216 



boletín 



LIX 

Venta de dos viñas ^ sitas «en el pago de 
Villn Algariba que actualmente se conoce 

por Villn Franca)) ¿1./..J j._¿_Ji LLj L»_as-') 

(iCj.9 'iX^> ,^ í._^^^3', adjuntas á otras vi- 
ñas de Pedro Domingo, hermano de la ven- 
dedora, 3' al cauce de una acequia de riego 

Intervienen: como vendedora Doña Ma- 
ríq, hija deDomingo Abú Al- A9Í, la que estu- 
vo casada con Domingo Fernández; y como 
compradores los hermanos Miguel y Cristó- 
bal Zamorano, hijos de Pedro Zamorano, 

por partes iguales úSy..^ S-}-^ Sj^^^ 
íJíXj>:> jI^xj hjfi hj^ ¡jf' ^«^^ '^i^^-^ 



iJi_t_>A_5 U 



-5J 



31/ ji\ ^Ul 



Precio de la venta, 12 mizcales y medio 
de oro alfonsí, previniéndose que en esta 
venta se incluye tatnbién la mitad de un co- 
rral existente en la dicha posesión, pertene- 
ciendo la otra mitad al citado D. Pedro Do- 
mingo, hermano de la vendedora. 

Fecha en la primera decena de Febrero 
de la Era 1230. 

Suscripciones: Juan Donís? (Dionisio?), 
testigo, y se escribió por él á su ruego 

(íj,Aj i-is. ^.^^ J^ftli» jj^jj^ íj^^.)' Pedro 

b. Omar b. Gálib b. Al-Kallás ^^ í^ÍsLj ^ 

(^^a3l ^> >,_-^'L¿ ^\ j^y y Juan b. Julián 

el Siciliano? }jL^\ ,,L_*-1-j y> .,Uj *) 

. (» J .^3 

Después de las suscripciones aparece un 
testimonio de Miguel Zamorano, uno de los 
compradores, diciendo que la parte que á él 
pertenece en la finca por el presente contrato 



adquirida, es también propiedad de su es- 
posa Doña Valencia por partes iguales M 

^^j '-K^j ^h.^, j^ ^ _^ ^^^ (^"ir^r^í j^-^ 
('-tr^'íf ^í j-*- ¿^r" . ^Jj"^; y suscriben este 
testimonio el ya citado Juan b. Julián As- 
Siquilí (el Siciliano?) y Miguel b. Alí b. 
Omar(j^t ^y> ^ ^A JLjl»j). 

LX 

Venta de una huerta sita en el distrito de 
la iglesia de San Antonino, con 47 olivos de 
varias clases, cinco moreras y dos ¿higueras?, 
hallándose rodeada por sus cuatro lados por 
otras huertas pertenecientes al wazir y cadhí 
(alguacil y alcalde), D. Vicente b. Yahya el 
Sevillano; á los herederos de Yahya b. Sel- 
ma; á Doña María, esposa de Cebrián Mu- 
ñoz; á Doña Justa, esposa que fué de Mar- 
tín ^álih, etc. 

Intervienen: como comprador el Arcipres- 
te D. Pedro h. Micael b. Amor, y como ven- 
dedores D. Martín, Doña Lucía y Doña Pas- 
cuala, hijos de D. Lope b. Farach ^j.x¿,!) 






^i 'M JJ5^ 



^-^i\ 






z^ 






, ^ v^«ft^) 



cnnLíjJI 



I El notario había escrito ^j^ en singular; 
pero luego notó el error y puso el nombre en 
dual ^^^S-j\, advirtiénJolo en la fe de erra- 
tas que suelen tener al fin casi todos los docu- 



mentos. 



(... ^,.;! 

Precio, 70 mizcales de oro alfonsí, ad- 
virtiéndose que entran en la venta l<3s dos 

pozos (¡.v,:^J^ cv.r-'^íír^) ^"® ^^y ^^ ^^ citada 

huerta. 

Fecha en la primera decena de Marzo de 
la Era 1230. 

Suscripciones: Domingo b. Yusuf b. Gal- 

bón atestiguó y escribió V ^^ ^y) -^>^-^) 

(> ^xí^ wV^ .\j-:'^ (.r,-», Juan b. Pedro Al- 

Achad atestiguó y escribió Sj^-i ^jA ^l;íj) 
(^_^r. j.^ JLxa."^!. Vicente b. Abdelaziz 
b. Saad (J.*^ ^j-j Jlj*^\ -V^ ^J^. C----*^ _;) 
Y en carácter latino: «domingo ciprian 
testis». 



DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



217 



LXI 



LXII 



Convenio celebrado entre el judío Abú 
Harún, Sahib alxot'ta "^ y Zacarías, nieto del 
Cortolí, poseedores en mancomún de un co- 
rral sito en Olías la Grande, en virtud del 
cual el segundo cede al priniero el dominio 
que le pertenece sobre la mitad de dicho co- 
rral, mediante la entrega de í8 mizcales de 
oro, mitad del valor total de la finca com- 
prada i)or ambos en nhuonedn - o ; Ji *.U-M 



I t 



^ y ...y 



4>^ |l.,>i5. 



.L* ...! 



•O- 



'.y 



... ar ilíl)^ 



^Ji 



Fecha en el último tercio de Abril, Era 
de 1230. 

Suscripciones: Juan b. Pethro... ^j ,.>1^:') 

(... í^iaj; Juan, hijo de Pedro Rubio , ¿jUj) 

( -vj . í^isj ^^j; Pedro Rubio el... (?) y se 

escribió por él v^^ JL^ifJl í-í , ij^\ «) 

(iJ^; Pedro b. Ornar b. Gálil") b. Alcollás, 

Sancho b. Jair b. Suleimán y Domingo b. 
Yoan Domínguez. 

Y en caracteres latinos: Rodrigo martínez. 

Al fin de este documento se leen unas no- 
tas en árabe con indicaciones acerca de los 
testigos supraescritos. He aquí dos de ellas 
para muestra: «Domingo Yoanex es hijo de 
Domingo Abbath; Rodrigo, en aljamiado (es 
decir, el que firma en castellano), es yerno 
del citado Domingo Yoanex» 4.Ji_j^^jj) 



Venta de la ¡cuarta parte de todo lo que 
perteneció á Abdelaziz b. Alí en la alquería 

de Olías la Mayor >5.>,=>- ^^ ^.j^^ ?^.-r<^) 

(... ^j.^.\J! ,x.Jj|, con todas sus perte- 
nencias, fuentes, huertos, jardines, etc. 

Otorgan esta venta, como vendedores, los 
nietos de dicho Abdelaziz b. Alí (*»J.a.), 

que son: el Presbítero D. Nicolás, adscrito 
á la iglesia de San Vicente, en nombre pro- 
pio y como representante de su hermana Do- 
ñi Xamsí (Mi Sol), que se halla en el con- 
vento de San Clemente; su hermano D. Lo- 
pe, y Doña Cecilia y Doña Dueña, hijos del 
difunto D, Estéfano Ax-Xektení; )' como 
compradora Doña Ana, hija de D. Pelayo 
Calvo ^M , «:> vJI^jLí XjI ¿J.i C^f^ii-I) 






Ó.X: 






IJI 



^_VJ 



^^_j l-JJ^ '¿J_.^ ^^ 



j.n 



óUCJl ^,áU-.l ^ 












.{jj^->j\ ^-j^f ^'^^^ 



^^■ 



1 Según Dozy, este título significa prefecto 
de la guardia; pero se aplicó, según el Sr. Co- 
dera, á cualquiera individuo de la escolta real. 

2 Entendemos por esta palabra la pública 
subasta. (Véase Glosario de Eguílaz). 



Precio de la venta, siete mizcales de oro 
alfonsí, advirtiéndose que se excluyen de 

ella los hornos? ( .iLáJÍ) vendidos ya ante- 
en -^ 

riormente á Domingo el Requesón? ^XaJJ) 
( ,, ^^Syj\ para durante su vida. 

Fecha en la segunda decena de Mayo de 
la Era 1230. 

Suscripciones: Pedro b. Abderrahmán 

(rJ-<^J^ "^"^ L^- t^ - -?)' ^' Sancho Peláez, 
de la comunidad (clero) de San Vicente, se 
escribió por él en virtud de su mandato y á 
presencia suya y' iTr-^i i^s-'Li, oj-'j) 

iyÁi ¿wA-c V ^x-í^ .j:^^^} c^i- ^V?' 

(á.:ú^s:f jj Domingo b. Abdelaziz b. Sofián 

(jM*- ^tf Jí.j*^^ -V (^H ^--'"5^); Lope, 
hijo de Estéfano As-Sektaní? .^j ^ J.) 

Y en caracteres latinos: «ego nicolaus su- 
pradictus presbyter confirmo». 



218 



BOLETÍN 



LXIII 

En este pergamino se contienen dos do- 
cumentos: 

i.° Venta de una viña en Loches S de la 
jurisdicción de Toledo, lindando por E., O. 

y S. con tierra blanca (Us^j (J*j')' cuyos 

propietarios no se indican, y por la parte N. 

con una viña de Juan Merwanes ,|^ *y) 

Figura como comprador el Presbítero 
D. Pedro Lázaro, del clero de la iglesia de 
San Autonino (Antolín), y como vendedor 
el Snbdiácono D. Pedro b, Yahya b. abí-1- 
Hárits, adscrito al número de los racione- 
ros ó beneficiados de la de San Torcuato 

^ ^}}\ ijj)^ 5^k. ^.:> ^:áí\ Sj-^) 



í Lj\ 




(... 



s.j3 JL* osrí ^ )_\-J' ;2-^^-=^ 



Precio de la venta, 28 mizcales y medio de 
oro alfonsí. 

Fecha en 4 de Agosto de la Era T230. 
Suscripciones: el Presbítero Estéfano de 

San Ginés, fué testigo y escribió ^j-s'!^) 

Domingo b. Abdelaziz b. Sofián y> ¿.¿i^i^) 
( .Liw (^f f-» f*^^ >^-; Félix b. Yabka b. 
Abdalah (¿-1.'^ ->-c ^yi ¿s^,, ^ j-^a)^ Y 3'° 
Pedro b. Yahya he confirmado esto u!j) 

.(viJJi) J^.^^ ^^" L^- !/^. 

Y en caracteres latinos: «iustus presbyter 
testis». 

2.° Copia de una escritura otorgada en 
la primera decena de Septiembre de la Era 
1228, referente á la misma finca del anterior 
documento. 

Figura aquí como comprador el Snbdiá- 
cono D. Pedro b. Yahya b. abí-1-Harits, de 
la iglesia de San Torcuato, y como ven- 



dedor el Presbítero D. Félix b. Miacel b. 
Jaximol I, de la iglesia de San Cristóbal. 

Precio, 26 mizcales de oro alfonsí. 

Esta copia se hizo y autorizó en la misma 
fecha en que se otorgó el anterior documen- 
to, hallándose ambos en el mismo pergami- 
no, según advertimos al principio. 

Es curioso en esta copia la parte en que 
se da cuenta de las suscripciones del origi- 
nal. Después de insertar los nombres de los 
que firman en árabe (nombres que ya hemos 
escrito repetidas veces), continúa diciendo: 

oui. 6^'^\ y^^ JAü. ^¿í ^_5v#^^ j) 



•^) , ^:.J 1\ 



u 



^:íu^ jiyüys 



'{^-^^ ^sL^ J¿i ^liLJ IJJji «Y en 



aljamiado (es decir, latín): Ego Michael, 
presbyter ecclesice Sancti Christofori testis; 
9go Lupus, ecclesiae sancti Bartholomei, tes- 
tis; Lupus, diaconus, testis». 

LXIV 

Venta de una casa y de un corral sitos en 
la parroquia de Santa María (la catedral), 
otorgada por los hermanos D. Juan y Don 
Martín Thomé, que adquirieron estas fincas 
por herencia de su padre D. Thomé Satur- 
nino, á favor del Canónigo D. Juan, «que 
es actualmente Maestrescuela en la iglesia de 
Santa María la engrandecida», por precio de 

100 mizcales de oro alfonsí ^_pjW\ ^j:íL]) 



^ jUJl ^=^ ^Jy ^,j^ i^\ ^j l^l 

(... Jl,¿Ji 

Fecha en la primera decena de Septiem- 
bre, Era de 1230. 

Suscripciones: Juan b. Abdallah ^ij(^) 

(*^| A^ jV, Juan b. Julián el Siciliano lo 

atestiguó {s^^ ¿liuJl ^LJj .j ^^ji,j)' 

Miguel hijo de Juan Xalmón, testigo JLSv»j) 

(jjt>'^ o^-K-^ ■il?-' (j»í; Domingo b. Abdel- 



I Loches ó Loeches en el partido judicial 
de Toledo (Madoz). 



I En el original sin vocales. 



DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



219 



mélic b. Hathia yi ^illj' A^c .j *Íx^Jj) 
(i^W, Juan b. Miguel b. Abdelaziz almaxa- 

nari ' y> \*j\ A-c yi J^^'' i-rí i '•"■'L?:'^^ 
(^ »Ll¿^Í y Pedro b. Ornar b. Gálib b. 
Al-Kallás ^,J wJl¿ ^^ ^^ ^yi »^^^íj) 

En carácter latino: «et^'o egidius, testis». 
Al pie del pergamino: thec carta de domibus 
que fuerunt de dona formosa et filiis suis». 
In Era M.CC.XXX. 

LXV 

Contién'ense en este pergamino cuatro co- 
pias de otros tantos documentos originales, 
compulsadas y autorizadas todas ellas en la 
•segunda decena de Septiembre de la Era 
1230. Helas aquí: 

I.' Venta de una CRsa sita en el barrio 

de la plaza del Caxalí ( jLÍ4;! X^=sj ¿^^3:-), 

lindando por levante con una casa de Jalaf 
de Chuad; por poniente, con otra de Chala- 

bert, el francés ( ¿.s-^tiJ! c^í^-.Ls. J:»); por 

mediodía, con otra de Abú-1-Hosain b. Za- 
caría, y por el norte, con otra de Mofarach 
b. Otsmán. Vende Yahya b. Abdessalám y 

compra Jair b. Raquiewí ^ (^j^ (.^ 't^^)- 

Precio, 40 dinares de los que circulan en 
Toledo al tiempo de otorgarse esta escritura 

Fecha en la Era 1131. 

(Se copian también las suscripciones, en- 
tre las cuales hay algunas latinas transcritas 
en caracteres árabes.) 

2.* Venta de un corral en el distrito de 
Santa María y en las inmediaciones del Pozo 
del Caxnlí { ^J'líuü-M ^^j . '»^-'_;). junto á la 

casa del comprador por la parte de levante. 
Aparece como tal Saturnino b. Jair j^Iai-) 



I Sin vocales en el texto; el de Manzana- 
res, según el Sr. Simonet. 

I En alguna ocasión hemos tomado este 
nombre por Zacaría, aunque dando como du- 
dosa su lectura. 



{j^,^ ^J, y como vendedor Hasán b. Abda- 
llah. Precio, seis y medio mizcales almorá- 
vides (JLÍaj|^>). 

Fecha en Junio de la Era 1180. 

(Se copian, como en el anterior, las sus- 
cripciones del original.) 

3.* Testimonio por el cual consta que 
Susana y Amira cedieron á su hermano To- 
mé b. Saturnino la parte que á ambas co- 
rrespondía en la casa antes descrita, y que 
la dicha Susana vendió a lemas á su citado 
hermano la parte que le pertenecía en el co- 



rral antes citado j:j.í s 

L 



y} L»,Í5 La. 



^O.^j) 



\ 



JtJ 



(^ ^ ■ ^ -^ - -^ ^ ■ L ■ ' 

(... -¿j/xji 

Precio de esta venta, tres mizcales almo- 
rávides. 

Fecha en Abril de la Era iigo. 

(Se reproducen igualmente las suscripcio- 
nes del original, una en aljamía. J 

4.* Venta que otorga la citada Amira en 
favor de su dicho hermano de la parte que 

le correspondía en la expresada casa ^jZL') 



■ r 



,.y^> vJa^ 



,...], 



.:> 



,1-01 



Precio, ocho mizcales alfonsíes. 

Fecha en Marzo, Era de 1213. 

(Entre las suscripciones hay dos alja- 
miadas). 

Todas estas copias terminan con la cláu 
sula de autorización concebida en estos tér- 
minos: ^yA ÍIjU'Ij i;>.-*^M 5JJ> 

ksrJ |iJ^ JjiJ 

{JuaxJ. «Hállase conforme esta copia con 

el original, según el cotejo hecho por el que 
suscribe en la segimda decena de Septiem- 
bre de la Era 1230 de Qofar». 

Firman: el notario Pedro b. Otnar b. Gá- 



) 
.'.'L) yj> J.XC ^j.^¿»j!i 



220 



boletín 



lib b. Al-Kallás ^^^i\.i ^> j^ .^j ^f<=\^) 
(, ^jÜül y los testigos Juan b. Illán b. Assi- 

kllí (»«H^ e^-^'l ^J> ^^TÍ t-rf ijbfjy J^^^ 
b, Micael b, Abdela^iiz Almaxanerí íjLj ,) 

Francisco Pons. 

(Coniinuara.) 



LA ESTACIÓN PREHISTÓRICA DE SEGOBRIGA 



(QontUniacióii ■) 

IV 

Armas, instrumentos. 

os objetos recogidos hasta hoy- 
en la cueva de Segóbrig-a, fue- 
ra de los huesos ya menciona- 
dos y de las vasijas, en cuya descrip- 
ción invertiré algún párrafo más ade- 
lante, se pueden clasificar en tres cate- 
gorías, bastante diferentes entre sí. — 
Uno de estos grupos ó categorías está 
formado por lo que los maestros en 
prehistoria han convenido en denomi- 
nar: hachas, puñales, ñechas, etc.: 
otro lo constituyen utensilios de diver- 
sas formas y aplicaciones, como ras- 
padores, sierras, piedras de moler, et- 
cétera, y, finalmente, el tercero atarea 
cuanto se refiere á objetos de adorno y 
amuletos, entre cuyo número podemos 
contar los botones de marfil, conchas, 
placas, algunas de ellas horadadas, y 
otra porción de objetos indefinidos. 

Muchos tengo recogidos, y no hubo 
excursión en la que no encontrara al- 
guno; siendo su forma bastante varia- 
ble, ^ perteneciendo, según puede de- 
ducirse, á épocas muy diferentes, pero 
por los trastornos de que indudable- 
mente ha sido teatro la cueva, no es 
fácil formar una opinión firme en lo 
tocante á los diversos períodos de ocu- 
pación que fueron sucediéndose. En- 
contramos, en efecto, mezclados con 



pedernales toscamente labrados y del 
todo semejantes á losutensilioschellea- 
nos y musterianos , puntas solutrea- 
nas, hachas, cuchillos y sierras pare 
cidas á los tipos de la Magdalena y Ro- 
benhausen. 

La edad del bronce, y antes que ésta 
la del cobre, que parece haber precedi- 
do á la primera en esta parte de Euro- 
pa, tienen también su representación 
en la cueva. 

No me detendré en el examen mi- 
nucioso de los principales objetos á 
que se refieren esas edades; no siendo 
éste el motivo principal del artícu- 
lo, me limitaré únicamente á mencio- 
narlos. 

La industria paleolítica de Segóbri- 
ga nos ha dejado algunos coups de 
poing tan característicos del chellea- 
no, raspadores del musteriano, ñechas 
con muesca lateral, propias del piso de 
Solutré , y, por fin, surtido bastante 
completo de utensilios magdalenianos 
de hechura y uso diversos, unos de pie- 
dra y otros de hueso y palazón de 
ciervo, 

Concuerdan generalmente los antro- 
pólogos en establecer que los pederna- 
les de la época de la Magdalena están 
labrados con menos firmeza ó destreza 
que los anteriores. Acaso en éstos con- 
vendría colocar una serie de pederna- 
les y guijarros que llevan señales de 
haber servido mucho tiempo, pero que 
no son notables ni por su acabada 
labor, ni por los caracteres particula- 
res de los otros. 

Todos estos objetos se refieren al 
período cuaternario; mas no por ello 
quiero asegurar que los cuatro perío- 
dos de dicha edad estén representados 
en Segóbriga, no siendo, sin embargo, 
extraño, que realmente así hubiera su- 
cedido. En Sau Isidro se encuentran 
reunidas las tres formas de Chelles, del 
Moustier y de Solutré; las dos prime- 
ras en la Cueva de las Perneras, explo- 
rada por D. Luis Siret; es musteriano 




UTENSILIOS HALLADOS EN LA CUEVA DE SEGÓBRIGA 



DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



221 



el nivel inferior de la Cueva del Palo- 
marico (Murciaj, y el superior magda- 
leniano; y lo mismo se nota en otras 
cuevas y yacimientos prehistóricos. 

La edad neolítica comprende una ci- 
vilización que se va poco á poco des- 
arrollando y se manifiesta en tres pe- 
ríodos perfectamente caracterizados á 
los que dio D. Luis Siret los nombres 
de neolítico antiguo, medio y reciente. 

Uno de ios caracteres más notables 
del período de transición del cuaterna- 
rio al neolítico , es la pequenez de los 
instrumentos 3^ utensilios; y esto que 
dice el ilustre ino:eniero refiriéndose 
á las cuevas y estaciones del Medio- 
día de la Penísula, lo he podido com- 
probar también en el Centro; pero en 
Segóbriga se nota que los naturales 
siguieron con la costumbre de fabricar 
sierras, raspadores y cuchillos de mi- 
núsculo tamaño; algunos de los cuales 
nos preguntábamos muchas veces á 
qué fin pudieran estar destinados. 

Nos fndica también el Sr. Siret el 
carácter distintivo de la civilización 
del neolítico medio, cuál es la aparición 
de los instrumentos de piedra pulimen- 
tada y de las industrias textiles y cerá- 
mica. Estos instrumentos pulimenta- 
dos son en su mayor parte muy primi- 
tivos; se recogían en los ríos ó terrenos 
de aluvión guijarros ó fragmentos de 
piedra, redondeados ya por el roce, y 
cuya forma se asemejaba con la de las 
hachas, martillos y percutores, y qui- 
tándoles un trozo formaban una espe- 
cie de diente para facilitar la sujeción 
de la piedra con el mango. Había casos 
en que el trabajo era mayor, especial- 
mente cuando quería darse á el hacha 
un cortante que naturalmente no tenía, 
en cuyo caso se afilaba en un asperón 
la parte inferior del instrumento , sin 
cuidarse para nada de la superior; 
dando también muchas veces á sus 
hachas la perfección que notamos en 
una infinidad de instrumentos prehis- 
tóricos de otras regiones. 



De las hachas recogidas en Segobri- 
ga ninguna se ha presentado hasta 
ahora perforada como las de otros 
puntos de España. Lo mismo puedo 
decir de los martillos y otros utensilios 
que generalmente suelen tener mango. 
Instrumentos que se ataban á él con 
ligaduras de cuero ó intestinos de aní- 
males domésticos ó silvestres; atadu- 
ras que al secarse adquirían tensión y 
solidez á toda prueba. Los mangos, 
unos eran de madera y otros de hueso 
ó cuerno, según el uso á que los que- 
rían dedicar. Nunca encontré mangos 
de madera , pero se comprende fácil- 
mente que hayan desaparecido al estar 
largo tiempo entre la tierra húmeda; 
no así los de hueso, de los que he reco- 
gido algunos; uno de ellos, hecho de 
una costilla de gran rumiante, conser- 
va las señales de las ataduras con que 
se fijaba al instrumento; otro tiene una 
profunda escotadura en su extremidad 
superior. A veces era tan ancha la 
ranura, que por ella cabía sin dificul- 
tad el regatón del arma ó utensilio. 
Uno de estos mangos se parece mucho 
al de Everley, publicado por Engel- 
hardt, pero es más ancha la escotadu- 
ra y corre del uno al otro lado; ade- 
más, el de Everley es de la edad del 
hierro y el de Segóbriga es del fin del 
neolítico ó principios de la edad del 
cobre, por más que no lejos de él en- 
contré una lanza de la edad de la pie- 
dra pulimentada, pero que en el tras- 
torno de la cueva nada en conclusión 
se puede deducir de este detalle. 

La gruta, además de lo dicho, nos ha 
dado una serie bastante completa de 
hachas de varias formas, labores y ta- 
maños, azuelas, moletas, martillos, per- 
cutores, bruñidores, etc. , etc. ; unos en- 
teros y otros, en mayor número, muy 
estropeados. En muchos guijarros apa- 
recen vestigios del fuego, ennegrecidos 
en una ó varias de sus caras, que- 
mados y partidos, como si después 
de enrojecidos los hubieran de repente 

23 ■ 



222 



boletín 



sumergido en agua fría: quizá respon- 
diendo esto á la costumbre que Estfa- 
bón señala como propia de los lusita- 
nos de las orillas del Duero, que calen- 
taban el agua por medio de la sumer- 
sión en ella de guijarros enrojecidos. 
Costumbre que no era sólo particular 
de los iberos, pues hoy es frecuente 
entre los pueblos salvajes de América, 
África y Polinesia. 



E. Capelle. 



(Continuará.) 



SECCIÓN DE LITERATURA 



RUINAS 

Resto de antiguos hogares 
Caídos de su grandeza, 
Se alzan entre la maleza 
De un castillo los sillares. 
...Llora el viento sus pesares. 
De las torres al huir, 

Y él, oyéndole gemir, 

Es, ala hiedra abrazado... 
Algo así como el pasado 
Deteniendo al porvenir. 

¡Cuántos años han huido 
Desde que pasó la vida 
Por su piedra ennegrecida 

Y su puente demolido! 

Si allá, un recuerdo perdido 
Cruza como una saeta. 
Rozando la silueta 
De la torre.., sólo está 
En la nota que se va 
De la lira de un poeta. 

En su carrera anhelante 
El mundo de ti se olvida, 
Y... adelante va la vida, 
Siempre gritando: ''Adelante.,, 
¡Adiós, recuerdo gigante 
De aquel pasado glorioso!... 
¡Vuela el tiempo presuroso, 

Y entre escombros y maleza 
Arrastrará tu grandeza 
Dentro de tu mismo foso! 

Manuel Machado. 




LA SOCIEDAD DE EXCURSIONES EN ACCIÓN 

II pasado mes de Diciembre de 
1895 ha sido fecundo en excur- 
siones realizadas sin salir del 
recinto de Madrid, ya que á otras más 
lejanas no se presta el tiempo invernal 
que atravesamos. 

Conforme estaba anunciado, el 1.** 
de Diciembre se verificó la excursión 
oficial al Museo Arqueológico Nacional, 
ya instalado y abierto al público en su 
nuevo edificio. La excursión resultó 
nutrida, tomando parte en ella acadé- 
micos, catedráticos, títulos del reino, 
arqueólogos, artistas y simples aficio- 
nados. Entre los concurrentes recor- 
damos al Presidente de la Sociedad 
Española de Excursiones, Sr. Serrano 
Fatigati , y á los Sres. Ballesteros y Ro- 
bles (D. Luis.), Casa Torres (Mar- 
qués de), Fernández de Haro (don 
Joaquín), Herrera (D. Adolfo), La- 
fourcade (D. Eduardo), Mélida (don 
José Ramón) , Navarro (D. Luis), 
Oliva (Conde de la) , Palazuelos ( Viz;- 
conde de), Pau (D.Francisco Manuel), 
Rada y Delgado (D. Juan de Dios), 
Rada y Méndez (D. Eduardo), Rodrí- 
guez Mourelo (D. José) y Vidart (don 
Luis). 

Los excursionistas, guiados por el 
Director del Museo , Rada y Delgado, 
y por los Sres. Mélida y Rada y Mén- 
dez , individuos del Cuerpo de Archi- 
veros , Bibliotecarios y Anticuarios 
adscritos á aquel establecimiento , re- 
corrieron las diversas secciones del 
mismo, instaladas en amplísimas salas, 
donde los objetos arqueológicos , dies- 
tramente presentados, se ofrecen ante 
profanos é inteligentes como materia 
de admiración ó de estudio. Las salas 
dedicadas al arte antiguo, medioeval 
y moderno, los patios romano y árabe, 
la rica sección etnográfica , el magní- 
fico monetario y la biblioteca, hablan 
muy alto en pro de la importancia que 



DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



225 



ha alcanzado el establecimiento, al par 
que pregonan el solícito celo con que 
le atienden su Director y el personal 
facultativo á él adscrito. 

Desde el Museo fué la gran mayoría 
de los excursionistas al Círculo de Be- 
llas Artes, donde les fué servido un 
bien dispuesto almuerzo. En el Círculo 
se agregó á los visitantes nuestro con- 
socio el Sr. Foronda (D. Manuel), y 
juntos todos recorrieron dicho Centro, 
que es digno por sí mismo de una cir- 
cunstanciada reseña, que ahora no em- 
prenderemos. Instalado no ha mucho 
en un hermoso local de la calle del 
Barquillo , el entusiasmo de sus socios 
le decora actualmente con exquisito 
gusto; y en sus amplios salones luci- 
rán, y en parte existen ya, obras de 
nuestros mejores pintores y de algu- 
no de los primeros escultores españo- 
les contemporáneos. 

La excursión de 1.° de Diciembre 
de 1895 ha sido, sin duda, una de las 
más interesantes entre las realizadas 
por nuestra Sociedad sin salir del re- 
cinto de Madrid. 



X 

X X 



El día 12 de Diciembre, gran parte 
de los socios que habían concurrido á 
la anterior excursión , efectuaron lá 
anunciada al Museo" Nacional de Pin- 
tura y Escultura , admirando los ex- 
cursionistas la inapreciable riqueza 
artística contenida en sus salas. Desde 
el Museo trasladáronse aquéllos al Res- 
taurant Italiano, donde les fué servido 
un almuerzo. 

X 
X X 

El día 21 del mismo pasado mes co- 
menzó con muy buenos auspicios la 
serie de excursiones á las colecciones 
arqueológicas particulares existentes 
'en Madrid. En dicho día encaminá- 
ronse nuestros consocios al palacio del 
Sr. Marqués deMonistrol, quien con 



exquisita amabilidad guiólos , ponién- 
doles de manifiesto la riqueza arqueo- 
lógica en espaciosos salones reunida 
por el buen gusto de los Monistrol y 
Sástago, 

Armas , tapices , tallas , hermosos 
cuadros antiguos y modernos , dibujos 
originales de afamados autores , mar- 
files, esmaltes, porcelanas, documen- 
tos históricos, miniaturas é. incunables 
constituyen, con otros objetos, en aque- 
lla casa un museo que fué objeto de 
unánimes alabanzas por los excursio- 
nistas. Entre éstos asistieron los seño- 
res Bosch (D. Pablo), Cervino (don 
Marcelo), Fernández de Haro (D, Joa- 
quín), López Acebal (D. Francisco), 
Vizconde dePalazuelos, Polero (D. Vi- 
cente), Rada y Delgado (D. Juan de 
Dios), Serrano Fatigati (D. Enrique) 
y Vallier (D. Juan). 

La aprovechada visita á la colección 
del Sr. Marqués de Monistrol será 
objeto de un artículo, confiado ya á uno 
de nuestros compañeros. 



X 
X X 



Finalmente, el 26 de Diciembre visi- 
tóse por los socios la escogida colec- 
ción del Sr. General Nogués, bien co- 
nocida y apreciada por los aficionados, 
y en la cual son de admirar, entre 
otros objetos, hermosas tablas anti- 
guas , retratos y miniaturas represen- 
tando personas reales de la casa de 
Austria y de Borbón y personajes céle- 
bres en la Historia de España; monedas 
y medallas; armas; una curiosa colec- 
ción de campanillas y otra de veneras 
del Santo Oficio. 

En nuestras columnas aparecerá la 
reseña circunstanciada de esta visita, 
á que asistieron los Sres. Bosch (don 
Pablo, D. Eduardo y D. Juan Pablo), 
Cervino, Fernández de Haro, López 
Acebal y Vizconde de Palazuelos. 



'224 



boletín 



BlBDIO©í<APÍA 

Guia ortÍKlIca y económica do Portugal.— 

De Sevilla á Batalha . excursión arqueológica ¿ histórica, 
describiendo los pueblos más importantes por que pasa la 
linea de Sevilla á Ménda y á Badajo:^, y los monumentos 
más notables de Portugal, para servir de guia al viajero 
porj. Cascalesy Muñoz (Mathéfilo). — (Sevilla, 1895 ) 

El subtítulo de este librito indica suficiente- 
mente la índole de su contenido. Su autor, 
nuestro compañero el Sr. Cáscales, ha concen- 
trado, en reducido espacio, lo más importante 
que necesita saber el excursionista que dirige 
sus pasos hacia Portugal. Tras la parte histó- 
rica y descriptiva, inserta el autor una serie de 
datos de utilidad para el viajero, tales como: 
noticia de las playas y balnearios portugueses 
más conocidos, naturaleza, composición y 
aplicaciones de las diversas ¡aguas minerales; 
alojamientos; vías de comunicación, cambio 
de moneda y guía de ferrocarriles portugueses. 

La obrita, que consta de 176 páginas y está 
esmeradamente impresa en Sevilla, se vende 
al precio de una peseta. 



Scrinyá. — Reseña histórica de este pueblo, desde la más 
remota antigüedad hasta los tiempos modernos, por Pedro 
Alsius y Torrent.— (Gerona, 1893). 

Interesante Memoria recientemente pre- 
miada por la Asociación Literaria de Gerona. 
Su autor historia desde la más remota época 
el pasado de Serinyá, pueblo hoy humilde é 
ignorado de la montaña gerundense. Son par- 
ticularmente importantes en aquel pueblo los 
diferentes períodos protc-históricos; y en él 
existe una gruta que encerró riquísimo yaci- 
miento arqueológico, ignorado hasta nuestros 
días, y que el Sr. Alsius estudió con todo de- 
tenimiento. Ocúpase sucesivamente el autor 
en las épocas romana y de la Reconquista, con 
relación al pueblo; y termina describiendo el 
curioso templo parroquial, obra románica del 
siglo XII. 

A nuestro amigo el Sr. Alsius, autor de 
anteriores trabajos históricos, entre los que'se 
cuenta el notable Ensaig hislórich sobre la 
Vila de Banyolas, enviamos nuestro aplauso 
por su nueva lucubración. 



ffll^@EDÁNEA 



Un ruego al Sr. Director general de Correos 
y Telégrafos, 

Constantemente se están recibiendo en la 
Administración del Boletín de la Sociedad 
Española de Ejícursiones quejas de nuestros 



consocios de fuera de Madrid, muchos de lofs 
cuales, ó reciben con gran irregularidad el 
periódico, ó lo reciben falto de las láminas 
sueltas, ó, lo que es peor, dejan de recibir uno 
y otras. 

Si muy grandes son los perjuicios que á los 
periódicos de empresa proporcionan los añe^ 
jos vicios inherentes al servicio de correos en 
España, mayores son, si cabe, los ocasionados 
á Revistas como la nuestra, que, destituidas de 
todo carácter ó espíritu mercantil, ven pertur 
bada su administración con el constante pedi- 
do de láminas y números duplicados. 

Por lo mismo que nos constan los buenos 
deseos del |Sr. Marqués 'de Lema , director de 
Correos y Telégrafos, nos vemos en la preci- 
sión de rogarle ponga coto á esos abusos que, 
por las trazas, parecen no terminarse nunca. 



El Ateneo y Sociedad de Excursiones de 
Sevilla convoca á un certamen científico-lite- 
rario-artístico, en que figuran catorce temas 
con otros tantos premios que ofrecen varios 
personajes y corporaciones. La fecha de ad- 
misión de los trabajos termina en 3i de Mar- 
zo de 1896, y la solemne adjudicación de pre- 
mios se celebrará en el mes de Abril ó Mayo. 

■I ■fífímooaanr- 1 



SECCIÓN OFICIAL 



LA SOCIEDAD DE EXCJRSIONES EN ENERO 

La Sociedad Española de Excursiones con- 
tinuará la serie de visitas á las colecciones ar- 
queológicas particulares existentes en Madrid, 
que emprendió en Diciembre de 1895. 

La primera visita de este mes se verificará 
en 9 de Enero; y en dicho día se fijará por los 
señores asociados la fecha de las sucesivas 
Las condiciones para una y otras serán siempre 
las mismas. 

Lugar de reunión: Ateneo de Madrid (calle 
del Prado). 

Hora: Las diez de la mañana. 

Cuota: Cinco pesetas, en que se comprende 
el almuerzo en un restaurant de Madrid, café 
y gratificaciones. 

Adhesiones: Á casa del Sr. Presidente de la 
Sociedad, Pozas, 17, segundo, hasta las ocho 
de la noche de la víspera de cada excursión. 

Los Sres. Socios que no piensen asistir al 
almuerzo no necesitan abonar cuota alguna, 
ni adherirse previamente. 



BOLKTIN 



DE LA 






DIRECTOR: 
EL VIZCONDE DE PALAZUELOS, Secretario general de la Sociedad. 



ANO III 



Madrid 1." de Fetopepo de 18©6 



NUM. 36 



EXCURSIONES 



LAS COLECCIONES PARTICULARES DE MABRID 



El Sr. Marqués de Monistrol. 

A Sociedad de Excursionistas no 
ceja en sus laudables propósitos, 
y ya que los días cortos y el 
tiempo crudo le impiden abandonar la 
corte en busca de paisajes pintorescos, 
de abadías ó de castillos, ha empren- 
dido una serie provechosísima de visi- 
tas á las colecciones y Museos particu- 
lares, utilizando la amabilidad exqui- 
sita de los afortunados poseedores de 
éstos y permitiendo á sus socios , con 
tan acertada idea, disfrutar tesoros ar- 
tísticos y arqueológicos que su carác- 
ter privado oculta generalmente á las 
miradas del público. 

Fué la primera de estas visitas á la 
casa del Sr. Marqués de Monistrol, 
hermoso palacio con torres en las 
esquinas , recientemente restaurado 
por el Sr. Velázquez. Guárdanse en él 
preciosidades de todo género, hereda- 
das las menos, porque la riqueza artís- 



tica de la casa de Sástago pereció des- 
graciadamente en Zaragoza durante 
la guerra de la Independencia, adqui- 
ridas las más por el Marqués anterior, 
peritísimo arqueólogo, de cuyas aficio- 
nes 3^ buen gusto es fiel depositario el 
Marqués actual. 

Los cuadros, armas, muebles, libros 
y tapices de su colección sirven al 
adorno de su casa, sin el amontona- 
miento del Museo que expone las obras 
de arte en formación correcta ofre- 
ciendo á los ojos del visitante un con- 
junto seco y frío, en que cada obj^eto 
puede admirar por sí, pero en que 
todos aparecen como muertos, sin uni- 
dad, sin lugar propio, arrancados á su 
primitivo destino. Cuan grande sea la 
diferencia entre contemplarlos así, ó 
rodeados de su ambiente propio, lo 
comprenderá cualquiera que compare 
el efecto que produce el retablo ó el 
sepulcro en el fondo de la obscura ca- 
pilla ó en el rincón del claustro donde 
los colocaran la piedad y el arte, con 
el que causan esos mismos preciosos 
objetos en las salas de los Museos, con 
harta razón llamados panteones de 
obras artísticas. 



226 



boletín 



No merece tal calificativo cierta- 
mente la casa del Marqués de Monis - 
trol, ni las demás que en su caso se en- 
cuentran: allí el tapiz cubre propor- 
cionados huecos del muro, como si 
para aquel paraje se tejiera; los cua- 
dros esperan aún en la capilla los ho- 
menajes de la piedad, ó decorando los 
salones, parecen ofrecer á su dueño 
de continuo gloriosas enseñanzas; las 
armas se diría que aguardan á que las 
gentes de la casa las descuelguen para 
esgrimirlas en el combate; cada obra 
de arte tiene allí puesto adecuado, fin 
propio que cumplir, distinto de la mera 
exhibición de su belleza al lado de las 
compañeras de desgracia en las pro- 
longadas filas de la pared ó de los 
armarios: por eso en la casa del ilus- 
tre procer las impresiones parciales 
se funden en una impresión total , que 
al par vigoriza cada una de aquéllas, 
y las hace más gratas. 

Esas impresiones artísticas comien- 
zan desde que se atraviesa el umbral: 
en la escalera, amplia y majestuosa, 
lucen arcones y tapices (uno de éstos 
del siglo XV, muy interesante), y sobre 
todo una silla de manos, que reprodu- 
cimos, cu3^as pinturas de amorcillos y 
flores perfectamente conservadas, de 
escuela francesa indudablemente, y no 
indignas de Roucher, hacen de tan 
precioso ejemplar rival digno del que 
posee el Museo arqueológico ^ 

Lo más selecto de la colección hálla- 
se en un salón que recibe luz cenital 
por ancha claraboya, cuyos vidrios de 
colores reproducen los timbres y blaso- 
nes de la casa; cuelgan del techo ara- 
ñas de cristal de Venecia; á lo largo 
de la pared sirven de escabel tallados 
arcones: cubren los muros en toda su 
amplitud ricos tapices, y severas arma- 
duras parecen guardar las puertas, 
cuyo adorno arquitectónico , sobrio y 



1 Reproducido en el Museo Espaíiol de Atttigüe- 
dadeSj tomo IX, pág. 1; acompáñale un erudito artícu- 
lo de D. Florencio Janer. 



elegante, recuerda los alcázares del 
Renacimiento, 

Luce en este salón la perla de la ga- 
lería, el soberbio tríptico que había- 
mos tenido ya el placer de contemplar 
en aquel corxurso brillantísimo, glo- 
ria de propios, envidia de extraños, y 
admiración de todos , que se llamó la 
Exposición HistóricoEuropea. Repre- 
senta la tabla central lo que llaman 
lositalianos laPütá, ó sea Cristo muer- 
to en brazos de su Santísima Madre, y 
acompañan los personajes que han 
asistido á la dolorosa escena del des- 
cendimiento; vese en el fondo^ arrisca- 
do y abrupto, el Monte Calvario, don- 
de aún se alzan las cruces, rodeadas de 
numeroso concurso ; y por derecha é 
izquierda de la montaña sagrada se di- 
latan bellísimos paisajes, que ilumina 
la triste luz del crepúsculo. En las por- 
tezuelas se ve á la Magdalena en una 
y á Nicodemus en otra. 

La composición , llena de gravedad 
y decoro , la admirable y devota ex- 
presión de las figuras, ataviadas lujo- 
samente con trajes curiosísimos 5' fan • 
tásticos, según usanza de los pintores 
de aquel tiempo, el dibujo, el colorido 
sólido y armonioso, el admirable mo- 
delado del cuerpo desnudo de Cristo, la 
maravillosa verdad de los detalles, que 
no caen, sin embargo, en extremo de 
minuciosidad enojosa; todo, todo hace 
de este tríptico una obra maestra. 

¿Quién fué su autor? Sólo por conje- 
turas cabe adivinarlo; que es de escue- 
la flamenca y del siglo XV, no admite 
duda. Personas tan competentes como 
el señor Rada y Delgado lo at;-ibuyen á 
Van Eyck; y aunque las obras de este 
insigne maestro me parecen, por lo 
poco que sé de ellas , más finas ( con 
serlo el tríptico tanto ) y menos gran- 
diosas, no soy yo, falto de competencia 
en absoluto, quien puede resolver la 
cuestión. Baste decir, y en esto sí creo 
no equivocarme, que sea quien fuere. 
Van Eyck ó Memling , el maestro á 



V 




SILLA DE MANOS DEL SIGLO XVIII 

(Propiedad del Sxemo. Sr. Marqués 6.3 Monistpol.) 



DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



227 



quien se atribuya tan hermosa obra, 
no puede considerarse deshonrado con 
la atribución '. 

Forman cortejo á las pinturas del 
tríptico otras muchas; recuerdo, entre 
ellas, una Crucifixión de Cranach, re- 
petición de otra que se conserva en el 
Museo de Dresde; una tabla que repre- 
senta el Descendimiento, y reprodu- 
ce con ligeras variantes, en figuras pe 
quenas , y añadiéndole fondo de paisa- 
je, la asombrosa tabla de Roger Van 
derWeyden,que todos hemos admirado 
en el Escorial; y sobre todo, un precio- 
so retrato de una joven , firmado por 
Holbein, y procedente de las coleccio 
nes de doña Isabel Farnesio, 

De escuela española hay un buen 
Ribera , dos grandes retratos de Pan- 
toja , varias tablas catalanas de fines 
del XV y principios del XVI, muy in- 
teresantes para el estudio de los oríge- 
nes de la pintura española , especial- 
mente una Virgen leyendo, de tamaño 
natural ; y , por último , un lindísimo 
retablito de batea, con su prcdella co 
rrespondiente, que añade al mérito no 
vulgar de sus tablas , la singularidad 
de haber pertenecido á la casa de San 
Luis Beltrán, en Valencia, propiedad 
hoy del Sr. Marqués de Monistrol ~. 

Completa la galería una admirable 
colección de dibujos; es sabida la rare- 
za de éstos, por el poco aprecio que de 
ellos se hizo en otro tiempo: en la Ex- 
posición Histórico-Europea presentá- 
ronse sólo cuatro coleccionistas de 
ellos; el archiduque Alberto, la Biblio- 
teca Nacional, el Sr. Ferriz y el Mar- 
qués de Argelita, que posee dos tomos 
llenos de preciosos diseños ; el tercero 
de esta colección, separado hoy de los 
restantes, eselquelosexcursionistas tu- 
vieron el placer de examinar, hoja por 
hoja, en el palacio de Monistrol. Pocas 



cosas interesan más vivamente en el 
terreno de las artes, que esos dibujos 
de autores eminentes , concluidos y 
acabados unos con el mayor esmero, 
otros expresión enérgica y nerviosa, 
en cuatro trazos, de una idea; y anti- 
cipo, ó proyecto, todos de hermosísi- 
mos cuadros: nada más grato que ver 
palpitar en aquellas manchas de sepia 
ó de tinta china , ó en aquellas pocas 
líneas de lápiz, el germen de una obra 
maestra. 

El Sr. Marqués de Monistrol los tie- 
ne de Rafael, Sebastián Conca, Jordán, 
Valdés Leal, Alonso Cano, Velázquez, 
Maratti , Becerra , Ribalta , Pereda, 
Navarrete el Mudo, Lanfranco, Rizzi, 
Pantoja, Cortona, Correggio, Herrera, 
Vinci, Julio Romano y Palomino, jun- 
to á las cuales no figuran indignamen- 
te con las obras que patrocinan los 
nombres menos ilustres de Vieyra, 
S. Martínez, Castillo, Mateo Pérez de 
Alesio, que tiene un precioso Juicio, 
Blomant , Bobadilla, Cornelio Esqut, 
Espina, Ezpeleta , Barroso, P. de Bo- 
lonia, Josef de Moro y otros. 

En libros posee también el Marqués 
de Monistrol valiosos ejemplares ; á la 
cabeza de todos ellos ha}^ que citar 
una magnífica muestra de esos hora - 
rios que los miniaturistas franceses 
del XV y del XVI llenaron de orlas, 
viñetas y letras capitales, combinando 
los colores más vivos y las planchue 
las de oro para juntar en maravilloso 
maridaje la brillantez con la suavi- 
dad. Merecen citarse además varios 
incunables, entre ellos el llamado vul- 
garmente Crónica de Nuremberg * 3^ 
particularmente varios catalanes, uno 
de 1480, otro versión de las Metamor- 
fosis de Ovidio. 

Aún hay mucho más que admirar y 
que estudiar en el palacio que descri- 
bo: entre los aficionados é inteligentes 



1 Procede el tríptico de la casa de Sástago, v 
es probable que para ella se pintara. 

2 Los asuntos principales son la Virgen con el 
Niño entre dos ángeles y la Trinidad. 



1 Ultimq Aetas i»/«w<í?.— Nuremberg, 1494; el texto 
es de Schiedel, y los dibujos deWolhgemuth, 



228 



BOLETÍN 



tiene fama la colección de arcas talla- 
das, que merecen, no una noticia des 
carnada, sino un estudio serio y dete- 
nido. Yo recordaré solamente un ar- 
con de estilo ojival florido, que ostenta 
entre labores y tracerías del mejor gus- 
to, el haz de flechas y el yugo, emble 
m-a de los Reyes Católicos, y el escudo 
de armas que el Gran Capitán ( de un 
hermano su}^© tuvo origen la nobilísi- 
ma casa de Sástago) ostentaba antes 
de que por sus victorias en Granada 
añadiese á sus blasones un rey moro 
sujeto por una cadena. ¿Sería el arca, 
llena de dones ó preseas, regalo de 
los Reyes Católicos al insigne caudillo? 
Harto verosímil me parece esta pre- 
sunción, que consigna el difunto Mar- 
qués en la interesante monografía que 
consagra al arcón en el tomo TI del 
Museo Español de Ant i f!:ü edades. 

En porcelanas vimos ejemplares se- 
lectos de la fábrica del Retiro, una 
placa rarísima de la de Sargadelos, y 
unos candeleros de primer orden, cada 
uno de los cuales ostenta seis compo- 
siciones relativas á la vida de Cristo, 
deliciosamente ejecutadas: son de la 
citada fábrica del Retiro, aunque con- 
servan todavía muy pura la tradición 
de Capo di Monte, y es lástima que las 
condiciones del kaolín , extremada- 
mente fosilífero , de que aquel estable 
cimiento se servía, las haya agrietado 
y resquebrajado. 

El poco espacio de que dispongo me 
fuerza á pasar por alto los bellos ta- 
pices del (3ratorio '; las mesas flo- 
rentinas, embutidas de piedras duras, 
con las armas de los Médicis; los mar- 
files, entre ellos el báculo abacial que 
ya conocen los lectores del Boletín '; 
el arcabuz y ballesta llenos de incrusta 
ciones; el bellísimo joyel, obra, al pare 



cer, de los talleres catalanes del si- 
glo XVII , y no inferior á los que nos 
da á conocer el Barón Davilliers ^ ; tan - 
tas y tantas otras cosas, harto más 
gratas de ver que de que yo las co- 
mente, y que nos hicieron brevísimas 
las horas que pasamos en casa del Mar- 
qués de Monistrol, cuya amabilidad 
exquisita, dignamente secundada por 
el Sr. Rada y Delgado, nunca agrade- 
ceremos en lo que vale. 

Marcelo Cervino. 

' X ) t ( ^ " 



1 Representan pasajes de la Pasión , y pertene- 
cen al siglo XVI , en sus comienzos. Proceden de la 
Calcdi-al de Sigüenza. 

2 Puede verse la reproducción fototípica de sus 
dos caras en el tomo I de nuestro Boletín, pág. 128, 
acompañando á un articulo del Sr. Rada y Delgado. 



UNA VISITA Á LORGA Y Slj CASTILLO 

WmIIntes de pasar á ocuparme, aún- 
Ika\^ que sucintamente, por conside- 
"^^^ rarme profano en esta clase de 
asuntos, en la descripción de las To- 
rres Alfonsina y del Espolón ó Espe- 
rón, (como de tiempo atrás se la nom- 
bra) que en la fortaleza de la muy noble 
y antigua ciudad de Lorca se elevan 
majestuosas , considero de absoluta 
precisión dar á conocer al lector, si- 
quiera sea muy á la ligera por el corto 
espacio de que puedo disponer , la si- 
tuación verdaderamente pintoresca de 
aquella hermosa ciudad y sus contor- 
nos, que recientemente tuve ocasión 
de visitar. 

Su cielo es azul y de sin igual pure- 
za; por dondequiera se dirija la vista, 
obsérvase que la sabía mano de la na- 
turaleza ha querido ser pródiga con 
este suelo, quedando el espectador sor- 
prendido al contemplar la fecundidad 
de sus tierras, cultivadas con gran es- 
mero, las altas mieses que en algunos 
parajes cubren con exceso al hombre, 
grupos de palmeras, moreras, naran- 
jos, limerasy limoneros que con su aza- 
har embalsaman la atmósfera, forman- 
do todo ello un conjunto tan encantador 



1 En su conocida obra Recherches sur l'orfévrC' 
ríe espagnole. 



DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



229 



é ideal, que convierte á aquellos se- 
ductores sitios en un verdadero oasis ó 
verjel, que muy bien pudiera prestar 
inspiración al artista, constituyendo el 
encanto del viajero que por allí trans 
curre. No parece sino que el Todopo- 
deroso, con su infinita omnipotencia, 
se propuso, al efectuar la grandiosa 
obra de la creación , conceder sus pri- 
micias á aquellos afortunados campos. 

¡Lástima, en verdad^ quela mano des- 
tructora de la ignorancia se haya atre- 
vido á dejar sin vegetación los elevados 
cerros de la comarca, que habrían con- 
tribuido muy poderosamente á comple- 
tar y embellecer tan grandioso cuadro! 

Conforme se va aproximando el via- 
jero á la ciudad, contempla su hermosa 
vega, hasta tal extremo ponderada, 
que si se fuera á dar cumplido crédito 
á lo que en su obra dice el benemérito 
P. Moróte, natural deLorca, no exis 
tiría otra que le pareciera en el mun- 
do. Exuberantes huertos y frondosas 
alamedas casi circundan la población 
por Levante, dándoles vida y vigor las 
aguas del Guadalentín y del pantano, 
y extendiéndose la zona de riego has- 
ta los campos sembrados de cereales. 

Antes de penetrar en la ciudad, vu 
niendo desde la estación del ferroca- 
rril, ofrécese primeramente á la vista 
el populoso Barrio de San Cristóbal, 
que en algún tiempo fué morada de los 
mozárabes. Sus edificios son, por regla 
general, de escasa importancia , con- 
servando algunos el sello de la época de 
la dominación agarena, excepción he- 
cha de algunas fábricas de tintes y te- 
jidos que le dan vida. Pasado el mag- 
nífico puente de piedra, de indiscutible 
mérito y de atrevidos arcos, construí- 
do bajo la ilustrada dirección del inge- 
niero de caminos Sr. D. Juan Moreno 
Rocafull, se entra de lleno en la pobla- 
ción por calles relativamente anchas y 
de edificios de buen aspecto , conser- 
vando muchos de ellos los blasones 
de nobleza de sus constructores, tal 



como el palacio que en la calle de San 
Juan de Dios posee la señora doña Con- 
cepción Musso, hermoso edificio man- 
dado edificar á expensas de D. Juan 
Ladrón de Guevara por los años 1649. 
Algunos de estos edificios vénse con- 
vertidos en hospederías, profanándose 
muy ciertamente, de este modo, el abo- 
lengo de sus antiguos poseedores. En 
sucesivos números de este Boletín me 
ocuparé con más detenimiento de ellos. 

Pintoresca y populosa es la ciudad 
que á la vista del viajero se presenta, 
contando hoy muy cerca de 60.000 
habitantes, según el último censo. 
Aparece escalonada y con intermina- 
bles pendientes. Su posición es estra- 
tégica; de sus dos antiguos recintos 
amurallados , de mampostería , con 
puertas y torreones, consérvanse to- 
davía vestigios. 

Destácanse visiblemente entre los 
edificios de la ciudad, la Colegiata de 
San Patricio , obra maestra, de gran so- 
lidez y de severo gusto arquitectónico, 
consagrada el 29 de Septiembre de 1776 
por el Obispo D. Manuel Rubín de Ce- 
lis, reinando Carlos III; la parroquia 
antigua de San Pedro, las de San Juan 
y Santa María. 

Lorca fué conquistada á los moros 
por el rey D, Alfonso el Sabio, en 
1244, cuando aún vivía su padre. En 
cuanto á su antigüedad, no cabe dis- 
cutirla ni por un momento, pues á cada 
instante se encuentran en sus alrede- 
dores vestigios que lo atestiguan de 
una manera elocuente. Buen testimo- 
nio da de ello la importantísima y 
abundante colección que nuestro que - 
rido y buen amigo D. Eulogio de Saa- 
vedra posee en Lorca, llamando pode- 
rosamente la atención de cuantos ar- 
queólogos y hombres de ciencia la visi- 
tan. Algunos historiadores ponen en 
duda si Lorca fué ó no colonia griega, 
ó si realmente debió su fundación á los 
fenicios ó á los romanos. Cronistas é 
historiadores de pasadas centurias fan- 



230 



boletín 



tascan bastante sobre este particular, 
opinando que griegos y troyanos fija- 
ron su residencia en aquellos sitios; 
hay quien opina que Elio, príncipe 
troyano, fundó á Lorca, dándole el 
nombre que hoy lleva. 

Por escabrosas pendientes de tor- 
tuosas sendas, plagadas de piteras y 
paleras de una altura descomunal, 
que con su amarillento fruto deleitan 
la vista, se sube á la casi destruida y 
venerable fortaleza. Excuso decirte, 
lector, cuántos recuerdos se agolpa- 
rían á mi mente al contemplar aquellas 
vetustas y ennegrecidas murallas al- 
menadas, á cuya erección y sucesivas 
transformaciones tanto contribuyeron 
romanos, árabes y cristianos recon- 
quistadores. 

Al penetrar en el recinto se experi- 
menta profunda sensación de disgusto 
y de pena; contémplase con indigna- 
ción el abandono en que se tiene en 
nuestra época esta clase de monumen- 
tos; piénsase en la inercia é indiferen- 
cia deplorable con que los Gobiernos 
y Corporaciones los miran, permitien- 
do que gente ociosa é inculta y turbas 
de muchachuelos conviertan estos si- 
tios en centro de operaciones propias 
de su afán destructor ó de sus pocos 
años. 

Mal concuerda esto con que los na- 
turales tengan en tanta estima, por 
abolengo , á la fortaleza , cuando no 
sólo no se han preocupado ni por un 
momento en este grave y trascenden- 
tal asunto, debido quizá á la indolen- 
cia que les caracteriza, sino que, lo 
que es aún más triste, han consentido 
se trate de su enajenación, y, si no es- 
to}' mal informado, por la insignifi- 
cante suma de 3.000 pesetas. 

De ser cierto esto, bien pudiera 
aquel Ayuntamiento hacer un pequeño 
sacrificio á fin de tratar de poseer tan 
preciada joj'a, paralo cual seguramente 
había de contar con el beneplácito del 
vecindario. Como apasionado que soy 



por todo lo que se relaciona con nues- 
tro hermoso arte nacional, no puedo 
contener mi corazón al ocuparme en 
él, sino diciendo clara y terminante- 
mente lo que siento. 

Apartado por un momento del fondo 
de la cuestión, y siguiendo la narración 
de lo que en la fortaleza existe, diré 
que de la plaza de armas no se conser- 
van más que vestigios y restos de alji- 
bes. La capacidad de la fortaleza es 
para unos tres mil hombres de guarni- 
ción. Hállase rodeada de muros y ba- 
luartes que la hacen inaccesible por 
todas partes, pues sus rocas escarpa- 
dasy calizas, de vegetación inculta, im- 
posibilitan cualquier asalto que contra 
ella se intentara. 

Con gran acierto dicen algunos cro- 
nistas, entre ellos nuestro querido ami- 
go D. Eulogio de Saavedra, que no sin 
exactitud ha sido comparado el traza- 
do de nuestra fortaleza al de una gale- 
ra de mar, por su figura prolongada 
de Oriente á Poniente, disminuyendo 
en puntas, más ó menos agudas, en 
ambas extremidades. 

Vamos á ocuparnos con especial pre- 
ferencia en las dos torres que atraen 
la curiosidad del viajero y dan carác- 
ter al castillo. 

Casi en el centro del muro del Sur 
se encuentra la torre denominada Al- 
fonsina, de construcción sólida, de si- 
llares pequeños y simétricos, que ir- 
guiéndose majestuosa, cual centinela 
que vela por la tranquilidad del recin- 
to que le han encomendado, podría 
más bien ser nombrada del homenaje, 
si de antiguo no recibiera su verdade- 
ro nombi'e propio. Tiene de altura 144 
palmos, 110 de largo y 92 de ancho. 
Con la acción del tiempo, y por las 
vicisitudes que ha atravesado, está 
desprovista de almenas. 

La puerta ojival que da acceso á la 
torre no puede ser más modesta. Una 
vez en el interior, se admiran ocho bó- 
vedas de cascos, que forman la techum- 



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DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



231 



bre de los departamentos, y su arran- 
que parte de uñ macizo pilar de mam 
pcstería, recibiendo luz por estrechos 
y altos tragaluces. Este primero é in- 
ferior cuerpo está destinado hoy día 
á guardar ganado. 

El muro exterior tiene 18 palmos de 
grueso, formándose en el interior otro, 
y en la parte central del edificio se le- 
vanta una elegante gradería de 114 es- 
calones, en su mayoría bien conserva- 
dos y de cómoda subida, que da comu- 
nicación á los tres pisos y á la plata- 
forma superior. En un departamento 
del tercer piso existen cuatro ventanas 
ojivas aximezadas de gallarda arqui- 
tectura, habiendo desaparecido el afili- 
granado parteluz que las realzaba, 
como también la colosal asta-bandera. 
Puede decirse que el edificio en con- 
junto se halla en relativo estado de 
conservación. ¡Cuántas veces habrá 
visto dentro de sus murallas al pode- 
roso emperador de Marruecos , como 
también á los re3^es de Almería, Gra- 
nada, Sevilla y Murcia! 

Mientras algunos historiadores atri- 
buyen la construcción de la torre Al- 
fonsina á D. Alfonso X, otros le apli- 
can la del Espolón; equivocación quizá 
motivada por existir las dos al falleci- 
miento del Re}' Sabio , pues ya en el 
siglo XIII se las denominaba de la 
misma manera que en la época pre- 
sente, á saber: Alfonsina , á la manda- 
da construir por el monarca D. Alfon- 
so, y del Espolón 6 Esperón á la que 
está en el extremo agudo occidental 
de la fortaleza. De esta manera opina 
también un historiador local de gran 
saber. 

La torre del Espolón, casi derruida 
por completo, tiene una gran semejan- 
za con su compañera Alfonsina, no sólo 
por su fábrica, sino también por la dis- 
tribución interior. Maravilla del arte 
llama el cronista Moróte á esta torre, 
y el académico Amador de los Ríos la 
estima como el monumento de más 



importancia de cuantos subsisten en el 
castillo de Lorca y en la comarca en- 
tera. Por desgracia, su tercer piso ó 
recinto desapareció, desperfecto debi- 
do á los franceses durante la guerra 
de la Independencia. 

Ya dije que algunos autores refieren 
que fué mandada labrar por Alfon- 
so X después de la conquista (1244); 
pero otros sospechan si sólo sería re- 
parada por aquel Monarca cuando res- 
tauró por completo todo el castillo, 
pudiendo ya existir anteriormente ala 
conquista, y quizá también á la domi- 
nación árabe. 

Aseguraba uno de los historiadores 
locales, tenido en gran estima en la 
pasada centuria , que los crotonenses 
la edificaron para mayor defensa de 
aquella parte del monte, por ser el 
sitio más accesible que el resto de la 
fortaleza. 

La anchura de esta torre es de 16 
varas en cuadro. 

Bajo el primer piso , y ocupando 
toda la anchura de la torre, existe un 
aljibe muy profundo, del cual no hicie- 
ron uso los moros para guardar el 
agua, sino que lo convirtieron en cruel 
y húmeda mazmorra donde sacrifica- 
ban sin piedad á los cristianos, con- 
servándose aún las dobles manillas y 
argollas de hierro donde los sujetaban 
fuertemente. 

Su portada es pequeña y ojival, for- 
mada de fuerte dovelaje. Los dos re- 
cintos sobrepuestos de sus dos cuerpos 
son de bóvedas de cascos ojivales , re- 
corridos de nervios que se atan pode- 
rosamente en la clave y descansan en 
los ángulos sobre columnas de acha- 
flanados capiteles, formados de tres 
caras ó facetas, diferenciándose la de- 
co; ación de cada uno de ellos en varia- 
dos dibujos, tales como dos órdenes de 
palmas, cabezas originales, fantásticos 
animales y bichos. En toda la labor de 
estos capiteles se revela más bien el 
gusto bizantino que el románico. 



232 



BOLETÍN 



Entre ruinas y escombros se divisa 
á la izquierda la nave de la que fué 
iglesia del alcázar, con sus muros pin- 
tados de amarillo y rojo , conservando 
un arco ojivo de poca altura. Esta par- 
ticularidad hace sospechar que esté 
oculto el pavimento entre aquel mon- 
tón de ruinas, templo en otro tiempo, 
labrado en la décimaquinta centuria. 

No sólo es notable el castillo de Lor- 
ca desde el punto de vista material, sino 
también por los históricos sucesos que 
le han dado nombradla en el transcur- 
so de los siglos. No nos es dable dudar 
que esta antiquísima fortaleza contri- 
buyó á dar á Lorca importancia bas- 
tante para ser elevada á Sede episcopal 
en tiempo de los romanos , y á cabeza 
de condado en el período visigodo , á 
cuya terminación fué Lorca una de las 
poquísimas ciudades que se libraron 
del yugo musulmán en los primeros 
momentos de la invasión . 

Sería de absoluta necesidad dar al 
presente artículo dimensiones extraor- 
dinarias para consignar fielmente he- 
chos de armas gloriosos , en que tanto 
se distinguió esta noble ciudad , 5^ que 
por ser, sin duda, conocidos del lector 
dejo de enumerar, temiendo además 
molestar más de lo justo su atención. 

Réstame tan sólo añadir á lo ya ex 
puesto , y con esto daré punto , que el 
entusiasmo y cariño que profesaba el 
Rey Sabio á la fortaleza en que nos 
hemos ocupado , revélase en él blasón 
que ostenta honrosamente la ciudad, 
concedido por dicho Monarca . Dispuso 
éste se pintara en el escudo de armas 
el castillo con la imagen del conquis- 
tador encima de sus almenas, y á sus 
lados una espada y una llave con esta 
arrogantísima empresa : 

Lorca solum gratum 
Castrura superastra locatum. 
Ensis minans pravis, 
Regni tutissima clavis. 

Fernando Peñarrubia . 



SECCIÓN DE CIENCIAS HISTÓRICAS 



ESCRITURAS MOZÁRARES TOLEDANAS 



(Continuación.) 

LXVI 

Conüénense dos documentos: el primero 
original, el segundo copia. 

i.° Venta de una viña en el pago de ^/o- 

yón ó de las FtienUs {,.\y^ I i^=s:í ), en la juris- 
dicción de Toledo. Otorga esta venta D. Do- 
mingo, hijo de D. Pedro Mostarab, el que fué 
amín (jefe) de los estereros, á favor de D. Do- 
mingo b. Félix Abú Málic y de su mujer Do- 
ña Colomba ^j í j.-l3 .y> ^SXAÍ ,,_jJ| ^j.XÍ.t) 

Precio, nueve mi/xales y un cuarto de 
mizcal. 

Fecha en la última decena de Diciembre 
de la Era 1230. 

Suscripciones: Ornar b. Ornar b. Servan- 
do, Domingo b. Pethro Alcanlarí ^ y la del 
vendedor así concebida: tY yo Domingo b. 

Pethro he vendido y he cobrado» hs^j>i ul.) 



(... ^_j.J| i.j 



J ..\ í-rf i^ft^^ 



■J^.J 



L^¿ 



>.,ia^3. 






2.° Acta muy detallada 2 de la partición 
de la herencia de D. Pedro b. Abderrahmán 
y de las querellas á que dio lugar. Empieza 



asi; 



Jl 



ijr. J ... ^^ 



^f-rí^y' -"^'- ^. "J-^t-/. JJ- ^V V) 

^'yr^J (^ÍJ^-^^^ cT^"*' J^-^ ^-^ 



'i'},^ íA. 



^5J <^- 



(... ¿JÍÁ^.> "^^-^i vj^y^' 'Cuando murió Don 

I Con objeto de acelerar en lo posible la 
marcha de esta publicación, prescindiremos en 
adelante de las transcripciones arábigas en los 
nomb'"es ya conocidos. 

í Este pergamino está destrozado y apenas 
legible en varios puntos, principalmente don- 
de se contiene este segundo documento. 



DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



233 



Pedro b. Abderrahmán, el que fué amín de 
los estereros, perdónele Dios, dejando á su 
mujer Doña Xamsí (Mi Sol) con los hijos 
de ambos, el Acólito D. Esteban y D. Do- 
mingo y Juan y Miguel y Martín y Doña Do- 
minga » (Cópianse las suscripciones del 

original, entre las cuales se leen en aljamía 
las siguientes: Ji^^-^ á.^*«b5.¿| :';;jLx^.! _^l) 

, i^isLj ^vJix-O ^fijij^^ ^LJaJj.5! ^.v^X^^.' 

{^íi-^tJ. «Ego Stephanus Ecclesiae Sancti 
Vincenlii Acolithus confirmo ; Dominicus 
Pethres testis». Y termina la copia con la 
cláusula de rúbrica, diciendo que se ha co- 
tejado con el original, por el notario que 
suscribe, en la fecha üel documento ante- 
rior, hallándose conforme. 

Suscriben: Ornar b. O.nar b. Servando 
y Domingo b. Pethro Alcantarí. 



LXVÍI 

Venta de un majuelo sito en el pago de la 
Vega de la alquería de Olías ( -^*'^t ^->-^) 
(... ^^¿^^ji ^. y^l *^,:f i-jísr;' ... (*j-J, colin- 
dando con la viña de los herederos del al- 
guacil y alcalde, D. Julián b. abí-1-Hasáu 
b. Al-Ba^o, con tierra blanca de la misma 
alquería y con un majuelo de D. Cristóbal 

el esterero ( iL^¿!). 

Figura como comprador D. Domingo b. 
Pethro de...?... ^ de Olías, y como vende- 
dor D. Domingo Gonzalbo, vecino igual- 
mente de dicha alquería. 

Precio, 40 mizcales de 01 o alfonsí. 

Fecha en la última decena de Diciembre 
de la Era 1230. 

Preséntanse como fiadores del vendedor 
D. Juan de Olías y su esposa Doña Marina. 

Suscripciones: Jair b. Xalmón b. Alí b. 
W^aid (J..C. ^^ J.Z ^> ^jj.±, ^,j ^^); 

Lorenzo, hijo de Ñuño Meléndez ^^^'■>\}j^j) 
((^AiL» 4.3jj yj; Domingo b. Pethro Al- 
cantarí (^ y'^X'i)] SyL.J yJ 4JÍX.O.). 



I No acertamos á leer satisfactoriamente 

esta palabra Sj-^h^ que lleva dos puntos en su 
parte inferior, sin que aseguremos deban atri- 
buirse á una ó dos letras. 



En caracteres latinos: lop tome testis. 

Y la signatura notarial que dice: «Diéron- 
se los testimonios ante mí y en nú presencia, 
y yo Xalmón b. Alí b. Waid» Aa¡.íS)¡\ ^^lí) 



L.'- C'-^ 
'{'-^3 c'^ 



-L 



c' 



LXVIII 



Venta otorgada por D. Domingo Gonzal- 
bo á favor de D Domingo b. Jalaf, sobrino 
del Presbítero ¿Afíif/or;mí:/?í7?, déla casa edi- 
ficada en el solar que compró el vendedor 
de D. Mido, hijo de D. Arias, en la aldea 
de Olías la Mayor, finca que linda con un 
corral de Pedro b, Ajthal, otro de Juan de 
Olías ( ;-J.l c^ ,!.J) V con la vía púhli- 



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J!,£j| U, J UL..I ,:J' ,b,J! 






(... ^ ►í^-^-'i iT^Jj^ ^^J^i 

Precio, 17 mizcales de oro alfonsí. 

Fecha en Abril de la Era 1231. 

Adviértese en el documento que el ven- 
dedor entregó al comprador la escritura del 
contrato por el que adquirió de D. Mido b. 
Arias el solar de la casa en venta, hallándo- 
se fechada esta escritura en Abril de la lira 
1226. (V. siipra, núm. LIV.) 

Suscripciones arábigas: Lope b. Estéfano 
b. Alí b. Waid; Jair b. Xalmón b. Alí b. 
Waid; Juan b. Thomé A9-9¡rafí ^j .1!*' j) 
( Jj^^]\ .^jh. «Diéronse los testimonios 
acerca de esto en mi presencia y ante mí, 3'^ 
yo Xalmón b. Alí b. Waid» ^ Á^.jJ^ ^.,lS') 



"t C'^^ ^-y 






LXÍX 

Venta que otorga Nazarena, hija de Juan 
Yoannis y esposa que fué de Juan Pérez, en 
favor de sus pi irnos D. Fernando Pérez y 



1 Aunque el amanuense dejó esta leyenda 
bastante obscura por la falta de puntos y mal 
trazado de his letras, creemos no sea otra la 
verdadera lectura. 



234 



boletín 



Doña Siti en representación propia y en la 
de otros tres hermanos menores (todos ellos 
hijos de Pedro b. Abdallah Al-PoHchení),de 
to lo lo que dicha Nazarena posee en U al- 
quería de Villa Algariba(Villafranca), alque- 
ría de Toledo i/i^^^! -^Jj-' m^-^ ^j---^') 
L^j^it ^j^j Jíj.iyi T : \ ^'•^ ^b-^ ¿■^¿wL 

(... Ul J-, U í^..,=v ... U. ; 

Pre'-io, 1 s mizcales de oro alfonsí. 
Fecha en la última decena de Mayo de la 
Era 12; I. 

S iscriicione?: Félix b. Guillen, testif^o 

{X^t. J.l¿ , vJ , ►«-U.); íuan 1). Guillen, 

te<ític;o (As)U\, *Ui ^yj jj.ül^;_.); Domingo 

b. Pedro b. Aihad (Ohaid?), testigo í^aa.O') 



LXX 

Venta de una suerte de tierras con todos 
sus derechos y pertenencias, así como tam- 
bién de tres riñas, im majuelo, un corral 
y dos palomares, sito todo ello en el lugar 
de la Ommeda que se conoce ahora por la 

Alameda, en la Sagra de Toledo í>.í ji ^ 

Otorgan est4 venta D. Juan Domínguez y 
su hermano Miguel, hijos de Dominio Pé- 
rez, á favor del Arcediano ( jLj.^j"^^) Don 
García. 

Precio, 74 mizcales de oro alfonsí. 

Fecha en el último tercio de Diciembre, 
Era de 123 1. 

Las suscripciones son todas arábigas: Mi- 
cael b. lllán, testigo; Hasán b. Farach, el 

capitán ó avvaez (, v^.-' !j.M ) ; Juan b. lUán, el 

siqnilí, y Pedro b. Ornar b. Gálib Al-Kallás. 

Nota. Acompaña una traducción hecha 
por el licenciado Miguel de Luna, intérprete 
de S. M , con fecha 13 de Julio de 1607. Hay 
algunas incorrecciones en esta traducción, se- 
gún haremos vei" tal vcz en lugar oportuno. 



LXXI 

Venta de dos quintas partes de un cuarto 
de la alquería de Villafranca, «llamada antes 
de ahora Villa Algariba», de la jurisdicción 
do la ciudad de Toledo; y esta cuarta parte 
en que están los dos quintos que ahora se 
venden perteneció á D. Miguel el medidor 
de granos, al/uelo de los vendedores. 

Figuran como tales D. Pedro Felicis, su 
hermana Doña ¿Exlonza? y los dos hijos de 
ésta D. Fernando y Doña Urraca; y como 
compradores D. Pedro de Frómista,.. ' y su 

esposa Doña ¿Quiralda? ív-»Lj .,_j^ ^^j.;:^,!) 
l>,:> ¿.-¿.I ^j^_. ^^j^\^ »^^e J ^-^ ij^ K^:.i 






yi£= 



i>3l 



J^. ^ ^,..J! L.>J! Ú. J^' JJ U) 

Precio, 36 mizcales de oro alfonsí. 

Fecha en la primera decena de Enero de 
la Era 1232. 

Todas las suscripciones son arábigas: 
Salvador b. Abdelaziz b. Abdelmelic; Juan 
b. Micael b. Abdelaziz. el de Manzanares 

(^ ,LA.y)l); Micael b. Alí b. Omar; Juan 

b. Domingo Crespo, esposo de Doña ¿Ex- 
lonza? citada, testigo, y se escribió por él á 

su mandato ^r 2J ¿--¿y-J i i¿-^-*-> ¡^^^ ^^''' J)ij) 

-(íyb; Pedro b. O. liar b. Gálib Al-K^Uás. 
Francisco ?ow. 

(Conliiuiará.) 



I Aunque parecen divisarse algunos pun- 
tos, abrigamos alguna duda respecto á su dis- 
tribución. 

(*) Si las apariencias no nos engañan, este 

nombre está así escrito i.~i..tL¿.|, cuya corres- 
pondencia desconocemos á ciencia cierta. 



DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



235 



SECCIÓN DE LITERATURA 



CATAT^OaACIOX 

La mujer del quesero, ¿qué será? 
Y la casa en que vi vía ^ ¿Q^^é serta? 

Este dicho común , á modo de acer- 
tijo, con el cual, al significarse, me- 
diante el sonsonete , que la mujer del 
quesero es la quesera, y la quesería su 
casa habitación, se pretende dar á en- 
tender como se trata de una cosa tan 
clara, notDria y evidente de suyo, que 
no ofrece duda ó dificultad alguna para 
su cabal comprensión, me ha ocurrido 
ahora con motivo de la palabra que 
acabo de escribir como título del ar 
tículo que me está bullendo en la men- 
te. Porque es el caso , si no lo has por 
enojo, lector amado, que sentiría en el 
alma que tocaras á la puerta del Dic 
cionario de la Academia en demanda 
de qué valor ó significación tiene el 
vocablo catalogación, así como su q.oxs.- 
génerQ:catalogador,catal9gadora;p\iQS 
perderías el tiempo, de igual modo que 
me ha pasado á mí, al encontrarte con 
cara de palo^ lo cual, después de todo, 
viene á resultar algo parecido ¡i^aque- 
Uo de: Perdone por Dios, hermano, ó 
bien á lo de: A otra puerta, que ésta no 
se abre . Cons\xé\ixme , empero, la idea 
de que^ en el mero hecho de ser lector 
de esta Revista, tienes por fuerza que 
saber dónde tienes tu mano derecha, 
sin necesidad de que te griten: ¡á las 
pasas! ó ¡á los higos! con objeto de 
hacer que gires un cuarto de conver- 
sión sobre tus talones en una ú otra 
dirección, como le ocurrió á aquel po 
bre recluta de marras, y, por ende, 
que, después que la Real Academia 
Espafiola ha incluido por vez primera, 
en la duodécima edición de su Diccio- 
nario el verbo catalogar, ya podrás 
moverte por ti solo y sin necesidad de 
andadores para comprender que, si la 
mujer del quesero es la quesera, y su 



morada la quesería , por una razón 
análoga y orden propincuo, cataloga- 
ción es la "acción ó efecto, de catalo- 
gar, „ así como catalogador y catato- 
gadora es "el ó la que cataloga. „ Sen- 
tados estos precedentes, pues no había 
yo de entrar en materia como Pedro 
por su casa, manos á la obra. 

Circunscribiendo ahora la operación 
de la catalogación al terreno bibliográ- 
fico, y sólo respecto á los nombres de 
autores, entro diciendo que, en ocasio- 
nes, es asunto éste más grave y espi- 
noso de lo que á primera vista parece. 
En efecto, tratándose de la nimia exac- 
titud y escrupulosidad con que deben 
ser copiados los apellidos, así como 
los nombres de pila, toda diligencia es 
poca, pues sobre desorientar en oca- 
siones al investigador, podría indu- 
cirlo á error más de una vez, hacién- 
dole perder el tiempo no pocas. Que 
escribe un autor su apellido Giménez, 
ó bien Ximenes: pues coloqúese en su 
respectivo lugar alfabético, lo cual no 
empece para que figure en la sección 
de la letra J, al tenor de como hoy se 
usa, pero con remisión á aquella de 
las dos susodichas letras que le co- 
rresponda. Mas ¿qué mucho se deba 
proceder con nimio rigor en el parti- 
cular, si hasta un acento, un simple 
acento puede desnaturalizar por com- 
pleto un nombre de familia, de que 
certificará, á vueltas de varios otros, 
el apellido Sarria, el Sarria, y el Sa- 
rria?... Sabido es de todos, que la sus 
titución, la permutación, la introduc- 
ción, la desaparición, etc., de una ú 
otra letra en tal ó cual apellido, ha 
originado más de una vez graves con- 
flictos, hasta el punto de ser sometido 
su esclarecimiento á la intervención 
de los tribunales ''. 



1 Harto conocido es de toda persona, siquiera 
medianamente instruida, el apellido /rzar/f, y noto- 
rio es, en general, que la / inicial maj-úscula se re- 
presenta en la letra de mano por medio de la Y. Pues 
bien, las varias eruditas obras de D. Juan y D. To- 
más .,tío y sobrino de dicho apeUido) aparecen cons- 



236 



boletín 



Viniendo ahora al asunto de los 
nombres propiamente dichos, ó séase 
los de pila ó bautismo, me limitaré á 
decir como tengo á la vista más de un 
catálogo del ramo de librería, en que 
se escribe Eduardo por Eudaldo, Eus- 
taquio por Eustoquio , Emilio por 
Emigdio, etc. Claro es como el agua 
(cuando no viene turbia, como la que 
mana actualmente de las fuentes de 
Madrid) ^, que todos esos nombres son 
muy buenos ¡ya lo creo! como que lo 
son de otros tantos santos; pero... no 
viene el don con el Turuleque: también 
el Credo es muy bueno, como profesión 
de fe hecha por los Apóstoles, y, sin 
embargo, no sirve para consagrar. 

Y 5'^a que de nombres de pila acaba 
mos de hablar, ocúrreseme, que ni de 
perlas, la impropiedad en que incurre 
el catalogador cuando, distinguién- 
dose el autor por dos apellidos, el pri- 
mero de los cuales es un nombre de 
Santo, resulta asentado por la letra ini- 
cial del segundo, siendo impropiamen- 
te reputado como segundo nombre de 
pila el que en realidad no lo es. En 
prueba de ello, el que catalogue á An- 
to)iio Martín Gamcro por Camero, y á 
Braulio Antón Ramíres por Ramírez, 
se equivoca lastimosamente, pues Mar- 
tín y Antón son respectivamente los 
primeros apellidos de esos dos insig- 
nes escritores de nuestro suelo, por 
desgracia víctimas hoy de la inexora- 
ble Parca. 

Más lamentable es todavía el abuso, 
corriente hasta en varones leíos y es- 
cribios, de catalogar al egregio natu- 
ralista Simón de Rojas Clemente por 



tantemente impresas bajo la forma de Yi-iarte, como 
lo hacían al escribir y firmar su nombre : razón de 
ínás para que se respete en los catálogos la costum- 
bre observada por los poseedores de tal apellido^ si 
bien verificándose lo que \'a tengo indicado aniba , á 
saber, que en la letra /se haga la competente remi. 
sión á la Y. 

(1) Téngase en cuenta que, cuando se escribía este 
artículo, era por Noviembre del año próximo pasado 
de 1893, época en que las arcas del Lozoya, brindaban 
á los habitantes de Madrid con barro en vez de agita. 



Rojas Clemente. Semejante infundado 
proceder me hace el mismo efecto que 
si á un autor que se llamara,' pongo 
por caso, José de CalasauB BeníteB, 
lo suscribieran en un registro cual- 
quiera bajo el nombre de Calasans. 
No lo invento: sépase que al sabio his- 
toriador, actual obispo de Segorbe, 
Sr. D. Francisco de Asís Aguilar, le he 
visto citado en un catálogo comercial, 
pocos meses ha impreso en esta Villa y 
Corte, bajo la redacción áo. Asís Agui- 
lar (Francisco), con tanto mayor sor- 
presa por parte mía, cuanto que no hay 
perro ni gato que no conozca la exis- 
tencia de un gran amigo de Dios, á 
quien se tributa culto muchos siglos 
hace en los altares, con la denomina- 
ción de San Francisco de Asís. En se- 
mejante inconveniencia incurren, y no 
son pocos, los que llaman Calvó Puig 
al célebre maestro compositor vicense 
Bernardo Calvó Puig, así como San- 
tos Alvares al distinguido poeta Mi- 
guel de los Santos Alvares, por igno- 
rar, ó haber relegado al olvido, que 
existen igualmente un San Bernardo 
Calvó y un San Miguel de los Santos. 
Y, por último, en cierta obra bibliográ- 
fica esp^añola de gran interés y no pe- 
queña autoridad, se lee Mártir de An- 
glería (Pedro), seguramente porque á 
su autor, ó á sus coordinadores y au- 
mentadores, ó al último director de la 
edición, en medio de tanta balumba de 
negocios como debieran de traer entre 
manos (que no debieran, por aquello de 
que quien mucho abarca poco aprieta) ^ 
se les fué el santo al cielo; quiero de- 
cir: se les fué de la memoria que la 
Iglesia nuestra Madre venera á un San 
Pedro Mártir, nombre que se le impuso 
en las aguas regeneradoras del Bautis- 
mo á aquel célebre historiador italiano 
\\siV!\2íáo Anglo ó deAngleria{áe la villa 
milanesaAnghiera, en latín Angleria y 
no Anglería) ,vnvónmAs español por su 
acendrado cariño y profunda gratitud 
á nuestro suelo, á causa de las muchas 



DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



237 




distinciones que en él recibió, 3^ cuyas 
cenizas reposan en la Catedral de Gra- 
nada desde el año 1526, después de 
haber desempeñado los altos cargos 
que le confirieran los Reyes Católicos, 
escrito varias obras de gran alcance, 
y ocupado la dignidad prioral en aquel 
ilustre Cabildo metropolitano. 

José María Sbarbi. 



LA SOCIEDAD DE EXCURSIONES EN ACCIÓN 

Ix el pasado mes de Enero realizó 
la Sociedad dos visitas á otras 
tantas importantes colecciones 
arqueológicas particulares de Madrid. 

El día 9 visitóse la del Sr. D. Cesá- 
reo Aragón, Marqués de Casa-Torres, 
quien mostró á los excursionistas los 
interesantes objetos que ha logrado 
reunir, tales como cuadros, tapices, 
libros, documentos, telas, curiosidades 
de distintos géneros y principalmente 
la magnífica colección de armas de la 
Edad Media y del Renacimiento, en 
que se comprenden preciosas piezas 
artísticas é históricas de altísimo valor. 

Asistieron á la excursión: el Presi- 
dente de la Sociedad, Sr. Serrano Fa- 
tigati, y los Sres. Boix (D. Félix), 
Bosch (D. Eduardo y D. Pablo), Cabe- 
llo (D. Vicente), Cervino (D. Marce- 
lo), García Concellón (D. Eloy), He- 
rrera (D. Adolfo), López Acebal (don 
Francisco), Navarro (D. Felipe Beni- 
cío). Conde de la Oliva, Vizconde de 
Palazuelos, Peña (D. Antonio), Poleró 
(D. Vicente), Sentenach (D. Narciso), 
Tormo (D. Elias) y Velasco (D. Cle- 
mente). Terminada la excursión^ los 
visitantes acudieron al Restáurant Ita- 
liano, donde les fué servido un al- 
muerzo. 

X 

X X 

El día 14 visitaron los excursionis- 
tas el palacio del Sr. Marqués de Ce- 
rralbo, verdadero museo que encierra 



inestimables joyas del arte antiguo, 
medio y moderno, presentadas y colo- 
cadas con exquisito gusto. El Sr. Mar. 
qués fué mostrando detenidamente á 
nuestros consocios la magnífica gale- 
ría de cuadros, entre los cuales los 
hay de las más importantes firmas; el 
rico monetario, la biblioteca, multitud 
de antigüedades ibéricas, egipcias y 
romanas, armas, tapices, porcelanas 
5'- mil objetos más distribuidos en am- 
plísimos salones, cuya artística deco • 
ración moderna no es lo menos digno 
de admirarse en el palacio. Termina- 
da que fué la visita, el dueño de la 
casa obsequió á los visitantes con un 
espléndido lunch. 

Concurrieron al acto, á más del 
Presidente Sr. Serrano Fatigati, los 
Sres. Albacete (D. Luis), Álvarez Se- 
reix (D. Rafael), Bosch (D. Eduardo 
y D. Pablo), Calatraveño ;D. Fernan- 
do), Cervino, García (D. Juan Catali- 
na), García Concellón, Herrera, Ló- 
pez Acebal, López de Ayala (D. Ma- 
nuel), Millares Amor, Navarro (D. Fe- 
lipe B,), Conde de la Oliva, Vizconde 
de Palazuelos, Peña, Poleró, vSente- 
nach, Tormo y Velasco. La excursión 
terminó en el restáurant del Hotel 
Inglés. 

. Dos compañeros nuestros darán más 
extensa cuenta en el Boletín de las 
aprovechadas visitas á las colecciones 
de los Marqueses de Cerralbo y Casa- 
Torres. Entretanto, reciban estos se- 
ñores el testimonio de nuestra grati- 
tud por las bondades y deferencias de 
que hicieron objeto á los socios de la 
Española de Excursiones. 



APIA 



La real capilla de Santa Águeda, fiel pala' 
do de los Reyes ile Aragón, en BarceiO' 
ua. — IVotas hlstói'lco-ci-íticas, por D. Buena* 
vtNTURA Bassegoda. — (Barcelona, 1895.) 

Esta Memoria, una de las más interesantes 
entre las publicadas por la Asociación de Ar- 
quitectos de Cataluña, es, á pesar de su harto 




238 



boletín 



modesto título, acabada monografía artística, 
que podría servir de modelo para lo mucho 
que aún está por hacer entre nosotros en el 
campo de nuestros monumentos nacionales. 

A la Memoria precede el acta déla excursión 
realizada por la Asociación á la capilla de 
Santa Águeda, en 21 de Octubre de 1894. 

El Sr. Bassegoda hace una metódica y de- 
tallada descripción del monumento, hoy con- 
vertido en Museo provincial de antigüedades. 
Reseña después su pasado y el del Palau ma- 
jor, ó palacio de los Reyes de Aragón, del 
que la capilla era principalísima dependencia. 
Esta, tras varias vicisitudes, logró escapar in- 
cólume de la odiosa piqueta que estuvo á pun- 
to de demolerla. Compara luego el autor la 
capilla barcelonesa con las demás capillas rea- 
les de la Corona de Aragón, y aun con la San- 
ta Capilla de París; y aprovecha este examen 
comparativo para emitir atinados juicios sobre 
el monumento y acerca del estilo arquitectó- 
nico que en él campea. 

La curiosa techumbre de la iglesia le hace 
extenderse respecto del frecuente uso que de 
las de madera se hizo durante la Edad Media. 
La persistencia de las tradiciones románicas 
en el N. E. de la Península, y los caracteres 
que los monumentos ojivales presentan en 
aquella región, impulsan al autor á afirmar la 
existencia de un especial estilo aragonés, que 
principalmente se manifiesta en el siglo XIV. 
A seguida diserta sobre la historia de la arqui- 
tectura en la Corona de Aragón en los tres úl- 
timos siglos de la Edad Media; fija como fe- 
cha de construcción de Santa Águeda los últi- 
mos añosdel siglo XHI ó los primeros del XIV; 
y se ocupa después en los escudos reales escul- 
pidos en la capilla, varios de los cuales repro- 
duce. Otros grabados reproducen igualmente 
la planta del templo, diversas secciones, vistas 
y detalles artísticos del mismo, todo lo cual 
presta nuevo realce al trabajo. 

El espíritu regionalista en que se halla ins- 
pirado, hace al autor aplicar ó sustentar algún 
calificativo ú opinión, de que nosotros disenti- 
mos; y así ocurre en lo referente al Conde don 
Jaime de Urgel, al Parlamento de Caspe y á 
la dinastía castellana que se entronizó en Ara- 
gón con el advenimiento de D. Fernando I 
(páginas 3'^, nota y 48). Esto no puede impedir 
que reconozcamos el mérito de la monogra- 
fía, en que campean erudición de buena ley, 
crítica razonada, entusiasmo artístico y estilo 
brillante y pintoresco. 



Tres cartas autógrafas é inéditas de Anto* 
nio Tiillundcr, IVIossén Borra, Itlacstro de 
ios al liai danés do D Fernando el de An» 
tequera y algunos documentos desconoci- 
dos relativos ai mismo personaje, por D. Ma- 
nuel DE BoFAi{ULL Y DE SARTORIO. - (Barcelona, 1895 ) 

Publicaciones como la que nos ocupa, son 
necesarias para esclarecer la vida y hechos de 
los personajes que por sus circunstancias es- 
peciales sobresalieron ó se hicieron notorios 
entre sus contemporáneos, en más ó menos 
remotos siglos. 

En la historia de la monarquía catalano- 
aragonesa, ofrécesenos como personalidad 
original la de aquel Mossén Borra, individuo 
el más popular de su época en los dominios de 
Aragón, maestro de los albardanes, que vale 
tanto como truhán ó bufón adscrito al palacio 



de los Reyes para su esparcimiento, fiel servi- 
dor de D. Martin, Fernando I y Alfonso V, á 
quienes prestóimportantes servicios. Sobre tan 
singular personaje versa una Memoria de don 
Francisco de BofaruU, que acompaña á las 
cartas, y en la que se consignan muy curiosos 
datos biográficos de Mossén Borra. 

El monarca aragonés Alfonso V había en- 
viado á su fiel Borra cerca del emperador Se- 
gismundo para darle solaj, y de este período 
(años 1417 v 1418), datan las tres cartas diri- 
gidas por Tallander á Alfonso V, que son en 
extremo interesantes. En ellas cuenta el bufón 
sus viajes y aventuras, pondera los regalos y 
presentes que se le hicieron y consigna noti- 
cias políticas y otras relativas á la corte ale- 
mana ó á varios personajes extranjeros, Al 
texto catalán de las cartas acompaña una fiel 
versión castellana, hecha por D. Manuel de 
Bofarull. 

A continuación sigúese una pequeña colec- 
ción diplomática, compuesta de treinta y seis 
documentos, que en su casi totalidad esclare- 
cen la vida del protagonista y hacen referen- 
cia á éste y á su familia en sus relaciones con 
los reyes de Aragón. En la monografía, en fin, 
reprodúcese el sepulcro de Mossén Borra, que 
existe en el claustro de la Catedral de Bar- 
celona. 

IVyerros > Cadells. — Memoria leída en la Real Aca~ 

demia de Buenas. Lelras, en la sesión de 20 de Abnlde 189 1 , 
por D. Celestino Barallat Y FALGUERA(Biircelcna 1895). 

En este breve folleto enciérranse curicsas 
noticias históricas acerca de las antiguas fami- 
lias catalanas de Nyer, Cadell, Serrallonga y 
Torrellas, cuyos enlaces y entronques, y sus 
luchas en la Edad .Media y en los siglos XVI 
y XVII, interesan á la historia de Cataluña, y 
particularmente á la de la región pirenaica. 
Danse también noticias del célebre Juan de 
Serrallonga, de tan legendaria memoria; y 
tanto aquéllas como otras de índole asimismo 
histórica y arqueológica, realzan el trabajo 
del docto académico y secretario de la de Bue- 
nas Letras de Barcelona. 



Tres poesías t «Jesús de IVazarctli. — Sol y 
flesta. — lIi>!itoria de un diamante , por don 

Juan Menéndez Pidal. (Madrid, MDlCCXCV.) 

En varias producciones, ya anteriormente 
saboreadas por el público, ha venido demos- 
trando el Sr. Menéndez Pidal sus relevantes 
condiciones como cultivador de la poesía ca- 
balleresca y de la popular, como colector y 
anotador de nuestros antiguos romances, y 
como tratadista de Derecho público. Las tres 
poesías que acaba de dar á luz, reunidas en 
elegante folleto, consolidarán la reputación de 
su autor, por la inspiración, limpieza de dic- 
ción é ingenuidad de sentimiento que en ellas 
resplandecen. 

Sevilla intelectnal.— 5ai escritores}' artistas contetti' 
peroneos . Setenta y cinco biografías de los mejores inge- 
nios hi'paleiises, y un Apéndice con esludios bibliográficos 
y criticas acerca de las obras de algunos más que no han 
sido biografiados, por José Cáscales y Muñoz (Mathéfilo) 
con una carta del hxcmo. Sr. U. Marcelino Menéndez 
Y Phlayo.- (Madrid, 1896.) 

Si en todas las capitales de provincia y de- 
más centros españoles de producción intelec- 
tual se publicasen libros de la índole del pre- 



DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



239 



senté, tendríamos mucho adelantado para el 
conocimiento de nuestra contemporánea cul- 
tura literaria y artística. 

Con la conveniente separación en secciones 
ocúpase el Sr. Cáscales en los escritores, pin- 
tores, escultores, músicos y cantantes que hon- 
ran á la moderna Sevilla, ora por haber nacido 
en su suelo, ora por haber desarrollado en él 
sus aptitudes ó sus talentos. Sensible es que el 
autor no haya concedido tanta plaza al juicio 
propio como á la reseña biográfica, circuns- 
tancia que hubiera avalorado aúnmás su obra; 
pero que al proceder así obedeció á un propó- 
sito deliberado, lo demuestran las palabras del 
prólogo, en que se expresada este modo: « Para 
que el lector tenga en cuenta la índole ó el ca- 
rácter de mis modestos artículos, he de decir, 
ante todo, que al escribirlos no ha sido mi 
propósito hacer críticas severas de I^iteratura 
ni de Arte. No creyéndome con dotes para ac- 
tuar de censor ó de maestro, se ha reducido 
mi tarea á consignar las noticias biográficas 
que he podido adquirir de los susodichos inge- 
nios hispalenses...» 

Alguna mayor amplitud hubiéramos desea- 
do al tratarse de ciertas importantes persona- 
1 dades, como, por ejemplo, del Sr. Mateos 
Gago, cuyas obrascientíficas, históricas y apo- 
logéticas bien dignas son de algún estudio y 
examen. Extráñanos también la exclusión de 
ciertos nombres, como el del insigne crítico 
D. Manuel Cañete, ilustre sevillano nacido 
en 1822 y ha pocos años fallecido; sin que sea 
creíble que por esta última circunstancia se le 
excluyera, pues no se excluyó al antes citado 
Mateos Gago, al literato Mas y Prat y á la se- 
ñora Díaz de Lamarque, todos ellos perdidos 
ya para las letras y que, sin embargo, figuran 
con razonen la obra. 

Las anteriores observaciones, que nos ha 
sugerido su lectura, no impiden que la con- 
ceptuemos muy útil para el conocimiento de 
la Sevil'a intelectual contemporánea, fin que 
se propuso el Sr. Cáscales, á quien enviamos 
nuestra enhorabuena por su trabajo. 



Revista critica ilo Historia > Literatura cti- 
pnñoias , portuguesas é iiispnno-auícri- 
cuniis. 

Ha llegado á nuestras manos el número pri- 
mero de esta Revista, continuación de la crí- 
tica de Historia y Literatura españolas que 
comenzó á publicarse en Madrid el pasado 
año i8q3. Contiene notables artículos de los 
Sres. Mélida, Ribera, Haebler. Codera, Ber- 
langa, Hillman y Peres. Por su especial ín- 
dole, la Revista viene á llenar un verdadero 
vacío en España, y por lo mismo es de desear 
y de esperar que en los sucesivos números se 
mantenga á la altura que en el primero ha 
sabido colocarse. 

P. 



CQl^OEDÁNEA 

Exposición de acuarelistas. — El día 12 del 
pasado mes de Enero se inaguró en el Salón 
Hernández (Carrera de San Jerónimo, 49), la 



octava Exposición de la Sociedad de acuare- 
listasde Madrid, que es por todo extremo nota- 
ble. En su Catálogo sólo figuran doscientas 
nueve obras; pero el mérito intrínseco de las 
más de ellas y las firmas que las avaloran han 
hechoá la Exposicióndigna de la atención que 
le ha concedido el público inteligente de la 
corte. 

Tan sólo para dar alguna idea á nuestros 
lectores, diremos que en esta selecta colección 
figuran las obras siguientes, entre las cuales 
hay, no sólo acuarelas, sino también aguas 
fuertes y dibujos á pluma. Peluquero ambu- 
lante, de Araujo. Sevillanas, de Arroyo. Des- 
pués del baile, de la Srta. Bsquero. Soirée 
musical y Una caída al descubierto, de Ben- 
lliure. En la sierra, de Cebrián. Maniobras de 
artillería, de Comba. Dujc veneciano, de Cour- 
tín. En los Altos Hornos, de Cutanda. Un Car- 
denal, de Domingo Marqués. Estudio del natu- 
ral, de Domingo Muñoz. Retrato de Wagner, 
_de Egusquiza. Carnaval en Roma, Por los 
inundados de Almería, Diluviando y Estudio, 
de Ferrant. Mesa revuelta, de Florit. Un fau- 
no, de Fortuny. Fantasía, de Galofre. Cham- 
pagne, Bay adera y Un filósofo, de García 
Mencía. Abanderado, de García Ramos. Pai- 
saje de luna, de Giménez. Una limosna por 
Dios, de Hispa leto. Tengo que echar una co- 
pla... y Cercanías de Bilbao, de Iniesta. Armo- 
nía, de López. Un paje, de Manresa. De los 
tercios de Flandes, Charra, Socialista, Pes- 
cadora, A los pies de usted y Huerfanita, de 
Megia. Un Trovador, de Mestres. La vuelta 
del tr abijo, de Moreno Carbonero. ¿Hablaba 
usted conmigo? y Esperando , de Parada y 
Santín. Una caria, de Peña. Aflicción, de 
Peralta. Chula de Madrid, de Perea. Lugare- 
ña, de Phsencia. Un lector y En Venecia, de 
Pradilla. La madrey los hijos, de Rene Valet. 
Varios estudios, de Rosales. Pescadora, de 
Ríos. Torpederos en alta mar, de Ruiz Luna. 
Un café marroquí y Un cuarteto , de Sala. In • 
fraganti, de Ugarte. Favorita, de Sorolla. 
Japonesa, de Villegas. 

Cordial enhorabuena enviamos á nuestro 
consocio y amigo el Sr. Hernández, por el 
éxito alcanzado por la Exposición, la cual con- 
tribuirá indudablemente á hacer revivir el 
gusto del público por la acuarela y el dibujo 
á pluma, manifestaciones artísticas dignas de 
mayor atención entre nosotros. 

* * 

Noticias de Asturias dan cuenta de lo avan- 
zadas que se hallan las obras que se ejecutan 
en Covadonga. En la suntuosa basílica que se 
eleva sobre la histórica y veneranda cueva. 



240 



boletín 



cuna de la restauración de España, se trabaja 
activamente para que en la próxima primavera 
quede cubierta la nave principal, comenzada 
en Julio de 1886. 

Están terminadas !as bóvedas y hastiales del 
crucero, presbiterio y ábsides, y los techos de 
las naves laterales. Actualmente se remata la 
nave central, desde el crucero hasta la puerta 
principal. El gasto, en los nueve años de tra- 
bajo, asciende ya á i.3oo,ooo pesetas. 



**♦ 

En el pasado mesde Enero verificóse la inau- 
guración de una Exposición de Bellas Artes 
en Copenhague. Telegrafían de la capital dina- 
marquesa que en aquel certamen han logrado 
ve-dadero é indiscutible éxito las obras de los 
pintores españoles Villegas, Moreno Carbone- 
ro, Viniegra, Benlliure, Oliva y Saint-Aubin. 
Después de la apertura de la Exposición, los 
Reyes de Dinamarca recorrieron la sección es- 
pañola, acompañados por el ministro de Espa- 
ña, Marqués de Prat, á quien felicitaron los 
Soberanos por tan alta manifestación de la cul- 
tura de nuestra patria. 

*** 

Han sido agraciados por el Gobierno portu- 
gués con las encomiendas de la Orden de San- 
tiago y de la de Cristo respectivamente, los se- 
ñores D. Rafael Álvarez Sereix y D. Fernando 
Calatraveño. Reciban la enhorabuena ambos 
amigos y consocios nuestros por tan merecida 
distinción. 

*** 

Se ha inagurado en Barcelona, en el Círculo 
de San Lucas, una Exposición de pinturas de 
los sig'os XIV al XVIlí, organizada por dicho 
centro artístico. 

*** 

El Sr. Ministro de Fomento ha cedido al Mi- 
nisteno de la Guerra el histórico y ya restau- 
rado Alcázar de Segovia, con destino exclusi- 
vo para parque y Mus.^o de Artillería, confor- 
me lo había solicitado el Ayuntamiento de 
aquella capital, secundado por altas jerarquías 
de la milicia. 



SECCIÓN OFICIAL 

LA SOCIEDAD DE EXCURSIONES EN FEBRERO 
La Sociedad Española de Excursiones rea- 
lizará una á Medina del Campo, Salamanca v 
Valladoud en los días 13 al 17 de Febrero 
con arreglo á las condiciones siguientes ; ' 



Salida de Madrid. (Estación del Norte). 
Jueves i3 alas 7 h. y i5' mañana. 

Llegada á Medina del Campo: 3 h. 10' tarde. 

Salida de Medina del Campo /en el Sud- 
Expreso, 8 h. 10' noche. 

Llegada á Salamanca: 10 h. 2' noche. 

Salida de Salamanca : Sábado i5, á las 10 
horas 4' noche. 

Llegada á Valladolid: Domingo 16, 2 horas 
3i' madrugada. 

Salida de Valladolid: Lunes 17, á las 7 ho 
ras S' mañana. 

Llegada á Madrid: 5 h. 59' tarde. 

Nota. Se han elegido estas horas á pesar 
del tiempo que se pierde de día en el tren, por- 
que la combinación de los correos haría pasar 
á los señores excusionistas dos noches de via- 
je, de las cuatro que se invertirán en la excur- 
sión. 

Monumentos que se visitarán.— En Medina 
del Campo, el histórico castillo de la Mota. 

En Salanianca.—CalQÚTdÁts vieja y nueva.-l- 
San Martín. — San Benito. — San Esteban.'- 
Sancti Spíritus. — Agustinas Recoletas. — La 
Compañía.— Universidad. — Estudios meno- 
res. -Hospital del Estudio.— Colegios de San 
Bartolomé, de Irlandeses y de Calatrava. — 
Palacio de Monterey.— Casa de las Concha¡.- 
Casa de las Salinas. — Torre del Clavero, etc. 
En Valladolid.- Santa María la Antigua.— 
San Pablo.- San Gregorio.— La Magdalena.— 
Portaceli. — Museo. — Casas artísticas par- 
ticulares, etc. 

Cho/íí. — Ciento treinta pesetas, en que se 
comprende todas las estancias en Medina del 
Campo, Salamanca y Valladolid, les billetes 
de ida y vuelta en segunda clase, menos el 
trayecto de Medina del Campo á Salamanca, 
que se hará necesariamente en el tren de lujo, 
lunchs de ida y vuelta en el tren; ómnibus en 
las estaciones, gratificaciones, etc. 

Para las adhesiones dirigirse de palabra ó 
por escrito, acompañando la cuota, al Sr. Pre- 
sidente de la Comisión Ejecutiva, D. Enrique 
Serrano Fatigati, Pozas, 17, segundo, hasta el 
miércoles 12, á las tres de la tarde. Si hasta 
dicho día y hora no se hubiera recibido nin- 
guna adhesión, la presidencia suspendería el 
viaje. 

Madrid 3i de Enero de 1896. — El Secre- 
tario gene ral, Vizconde de Palaptelos.—V .°Yi.'>: 
el Presidente, Serrano Fatigati. 



ÍNDICE DE MATERIAS 



EXCURSIONES P'g'"»^- 

Fortaleza y castillos de Maque- 
da y Escalona, por D. Felipe 
B. Navarro 1 y 21 

Excursión á San Francisco el 
Grande, por D. Gerardo de la 
Puente 15 

San Juan de Ortega: Recuerdos 
de una excursión, porD. Eloy 
García Concellón 32 

Por tierra de Segó via: Excursión 
á la Losa, Nav^as de Riofrío y 
Revenga, por el Vizconde de 
Palazuelos 45 

Excursión particular á la facto- 
ría de Matagorda, por D. Pe- 
layo Quintero 69 

Recuerdos de una excursión á 
la islas Canarias, por D. Ma- 
riano López de Ayala 133 

Los túmulos de Canillas del Se- 
rrano, por D. J. Cáscales y 
Muñoz 149 

Las colecciones de Madrid. 1. El 
Sr. Marqués de Monistrol, por 
D. Marcelo Cervino 225 

Una visita á Lorca y su castillo, 
por D. Fernando Penar rubia. 228 

SECCIÓN DE CIENCIAS HISTÓRICAS 

Epigrafía arábiga : lápida con- 
memorativa del castillo de 
Tarifa, por D. Rodrigo Ama- 
dor de los Ríos 17 

Orfebrería : Portapaz de San- 
tiago de Uclés. — Jarro del Pi- 
lar de Zaragoza, por D. En- 
rique de Leguina 19 

Crismeras de plomo historiado, 
por D. Juan Catalina García. 38 

Epigrafía arábiga: Lápida con- 
memorativa descubierta en 
Toledo, por D. Rodrigo Ama- 
dor de los Ríos 41 



Páginas. 

Sello de D, Alfonso, duque de 
Gandía, por el Barón de las 
Cuatro Torres 53 

Frontal de estilo flamenco en la 
catedral de Valencia, por X. 55 

La estación prehistórica de Se- 
góbriga, por el P. Eduardo 
Capelle 69, 117, 152 y 220 

Arqueta de la catedral de As- 
torga, por X 73 

Inscripción árabe de la capilla 
de Santa Catalina en Toledo, 
por D. Francisco Codera. , . 74 

Efigie de Nuestra Señora del 
Claustro en la catedral de 
Solsona, por D. Ramón Riu 
y Cabanas 93 

Tríptico de Rómulo Cincenato, 
por D. Manuel de Foronda. . 95 

Escrituras mozárabes toledanas, 
por D. Francisco Pons. . 99, 
118, 138, 154, 174, 183, 215 y 232 

Lápida arábiga conmemorativa 
de la capilla de Santa Catali- 
na en Toledo ( rectificación), 
por D. Rodrigo Amador de 
los Ríos 104 

Museo arqueológico de Cádiz, 
sala fenicia, por D. Francis 
co Asís de Vera 135 

Una página de la historia de la 
guerra de la Independen- 
cia 160 y 177 

Báculo y calzado del Obispo de 
Mondoñedo, Don Pelayo 
(f 1218), por D. José Villa- 
amil y Castro 165 

La Virgen con el niño en los bra- 
zos (escultura en marfil, pro- 
piedad de la catedral de Tole- 
do), por el Vizconde de Pala- 
zuelos l68 

Arca ó baúl de la probable per- 



'242 



índice 



Páginas. 

tenencia del Cardenal Cisne- 
ros, por D. Manuel López de 
Ayala 181 

La casa del Conde de Esteban 
en Toledo, por D. Rodrigo 
Amador de los Ríos 205 

Santiago peregrino, por D. José 
Villa-amil y Castro 212 

SECCIÓN DE CIENCIAS NATURALES 

Ciencia española, por D. José 
Rodríguez Mourelo. . . 106 y 126 

SECCIÓN DE LITERATURA 

La Caja de Pandora, fragmento 
de una obra dramática , por 
D. Enrique Gaspar 56 

El pan nuestro de cada día, por 
el Conde de las Navas 80 

Alcalá de Henares (para el Al 
bum de D. Lucas del Campo), 
por D. Luis Cordavías 12.S 

Taine, poeta, por D, Juan Me- 
néndez Pidal 187 

Ruinas, por D. Manuel Ma- 
chado 222 

Catalogación, por D. José Ma 

ría Sbarbi 235 

SECCIÓN DE BELLAS ARTES 

El retrato en España, por don 
Vicente Poleró 58 y 84 

Restauración de la casa de Po- 
lentinos , en Avila , por don 
Enrique M. RepuUés y Var- 
gas 110 

Balance de la Exposición de Be- 
llas Artes, por D. José Ra- 
món Mélida ' 129 



Páginas. 

Tríptico de Rómulo Cincinato, 
por D. Pablo Bosch 144 

Descripción del Real Palacio de 
El Pardo, por D. Vicente Po- 
leró 146 

Una escultura y un cuadro de 
la última Exposición de Bellas 
Artes de Madrid, por X. . . . 162 

Gaspar Becerra: apuntes bio- 
gráficos, por D. Narciso Sen- 
tenach 188 

SECCIÓN OFICIAL 

La Sociedad de Excursiones en 

Marzo , 20 

Ídem id. en Abril 44 

ídem id. en Mayo 67 

ídem id. en Junio 92 

ídem id. en Noviembre 180 

ídem id. en Diciembre 204 

ídem id. en Enero 224 

Ídem id. en Febrero 240 

VARIEDADES 

La Sociedad de Excursiones en 
acción, por F. Calatraveño. . 6,3 

Nueva Sociedad Excursionista: 
la Sociedad portuguesa de 
Excursiones, por la Redac- 
ción 65 

Bibliografía, 67, 86, 132, 202, 
224 y 237 

Las Catacumbas de Roma, por 
A. A 91 

La Sociedad de Excursiones en 
acción, 114,222 y 237 

Los nuevos Juegos Olímpicos 
griegos, y la Sociedad espa- 
ñola de Excursiones 163 

Miscelánea. . . 179, 203, 224. y 239 



índice de autores 



Páginas. 



Bosch (D. Pablo).— Tríptico de 
Rómulo Cincinato 

Calatraveño (D. Fernando). — 
La Sociedad de Excursiones 
en acción 

Capelle (P. Eduardo). — La es- 
tación prehistórica de S^gó- 
hrigd. ...... 71, 117, 152 y 

Cáscales y Muñoz (D. José). — 
Los íúaiulos de Canill-is del 
Serrano 

Cervino (D. Marcelo). — Las co- 
lecciones de Madrid. I. El se 
ñor Marqués de Monistrol.. . 

Codera (D. Francisco). — Ins- 
cripción árabe de la capilla 
de Santa Catalina en Toledo. 

Cordavias (D. Luis). — Alcalá 
de Henares (para el álbum de 
D. Lucas del Campo) 

Cuatro Torres (Barón de las). — 
Sello de D. Alfonso, duque di 
Gandía 

Foronda (D. Manuel de). — Tríp- 
tico de Rómulo Cincinato. . . 

García (D. Juan Catalina). — 
Crismeras de plomo hisio 
riado 

García Concellón (D. Eloy).— 
San Juan de Ortega. Recuer 
dos de una excursión 

Gaspar (D. Enrique). — La Caja 
de Pandora. Fragmento de 
una obra dramática 

Leguina (D. Enrique de). — Or- 
febrería : Portapaz de San- 
tiago de Uclés.— Jarro del Pi- 
lar de Zaragoza . 

i.ópez de Ayala (D. Manuel).— 
Arca ó baúl de la probable 
pertenencia del Cardenal Cis- 
neros. 

López de Ayala (D. Mariano).— 
Recuerdos de una excursión 
á las islas Canarias 

Machado (D . Manuel) . — Ruinas . 



144 

63 

220 

149 

225 

74 

128 

53 
95 

:tó 

32 
56 

19 

181 



133 
222 



Páginas. 

Mélida (D. José Ramón).— Ba- 
lance de la Exposición de Be- 
llas Artes 129 

Menéndez Pidal (D. Juan). — 
Taine, poeta 187 

Navarro (D. Felipe B.). — For- 
talezas y castillos de Maque- 
da y Escalona 1 y 21 

Navas (Sr. Conde de las) . — El 
pan nuestro de cada día. ... 80 

Palazuelos (Sr. Vizconde de). — 
Por tierra de Segovia. Excur- 
sión á La Losa, Navas de Río- 
frío y Revenga 45 

— La Virgen con el Niño 

en los brazos 168 

Peñarrubia (D. Fernando). — 
Una visita á Lorca y su cas- 
tillo 228 

Poleró (D. Vicente). — El retrato 
en España 58 y 84 

— Descripción del Real Pa 
lacio de El Pardo 146 

Pons (D. Francisco). — Escritu 
ras mozárabes toledanas: 99, 
118, 138, 154,1 174, 183, 215 y 232 

Puente (D. Gerardo de la). — 
Excursión á San F'rancisco el 
Grande 15 

Quintero (D. Pelayo).- Excur - 
sión particular á la factoría 
de Matagorda 69 

Repullés y Vargas (D. Enri- 
que M.). — Restauración de la 
Casa de Polentinos en Avila. 110 

Ríos (D. Rodrigo Amador de 
los). — Epigrafía arábiga. Lá- 
pida conmemorativa del Cas- 
tillo de Tarifa 17 

— Epigrafía arábiga. Lápi- 
da conmemorativa descubier- 
ta en Toledo 41 

— Lápida arábi.^a conme- 
morativa de la capilla de 
Santa Catalina en Toledo 
Rectificación 104 



244 



índice 



Páginas. 

— La casa del Conde de Es- 
teban en Toledo 205 

Riu y Cabanas (D. Ramón).— 
Efigie de Nuestra Señora del 
Claustro en la Catedral de 
Solsona. • • 93 

Rodríguez Mourelo (D. José). — 
Ciencia española. ... 106 y 126 

Sbarbi (D. José M.) Catalogación. 235 

Sentenach (D. Narciso). — Gas- 



Paginas. 

par Becerra; apuntes biográ- 
ficos 188 

Vera (D. Francisco Asís de). — 
Museo arqueológico deCádiz, 
sala fenicia 135 

Villa-amil y Castro (D.José) — 
Báculo y calzado del Obispo 
de Mondoñedo, Don Relavo 

(f 1218) ". . 165 

— Santiago peregrino. ... 212 



CÓMO SE HAN DE COLOCAR LAS LAMINAS 



Páginas. 

Lámina I. — Portapaz de San- 
tiago de Uclés 19 

Lámina H. —Jarro del Pilar de 
Zaragoza 20 

Ijámina IH. — Monasterio de 
San Juan de Ortega ( Bur- 
gos). Sepulcro del Santo fun 
dador 32 

Lámina [V. — Crismeras de plo- 
mo historiado 38 

Lámin i V. — Sello de Don Al 

fonso, duque de Gandía ... 53 

Lámina Vi. — Frontal flamen- 
co de la catedral de Valen 
cia • 55 

Lámina VII . — Astilleros de la 
tactoría de Matagorda 69 

Lámina VIII. — Arqueta de la 
catedral de Astorga 73 

Lámina IX. — Nuestra Señora 
del Claustro. . .n^V'^i^i. 7. . . 93 

Lámina X. — Tríptico de Rómu 

lo Cincinato 95 

Lámimí XI. — La tarde en el 
Pardo 131 

Lámina XII. — Tulia 132 



Pagir a^. 

Lámina XIII. — Pico de Teide 
(Tenerife) 134 

Lámina XIV. — -Vista de Las 
Palmas (Gran Canaria). . . . 135 

Lámina XV. — D. Antonio de 
Trueba 162 

Lámina XVI. — Muerte de la 
Virgen 162 

Lámina XVII. — Báculo y cal- 
zado del Obispo de Mondofie 
do D. Pelayo 165 

Lámina XVIII. —La Virgen 
con el Niño en los brazos. . . 172 

Lámina XIX. — Arca ó baúl del 
Cardenal Cisneros 181 

Lámina XX. — Cristo atado á la 
columna 199 

Lámina XXI . — ^Santiago, pere- 
grino ... 212 

Lámina XXII — Utensilios ha 
liados en la cueva de Segó 
briga 220 

Lámina XXIII. —Silla de ma- 
nos del siglo XVIII 226 

Lámina XXIV. — Castillo de 
Lorca (Murcia) 230 



boletín 



SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



BOIvKTlN 



DE LA 




ME! 



u 




DIRECTOR: 
EL VIZCONDE DE PALAZUELOS, Secretario general de la Sociedad. 



AKO IV 



MadPid 1." de M.apzo de 180Q 



HUM. 37 



EXCURSIONES 



LAS COLECCIONES PARTÍCÜL4RES DE MADRID 



II 



El general Nogués. 

¿Quién, éntrelos aficionados al arte 
y á la arqueología, no conoce al solda- 
do viejo ^ natural de Borja? ¿Quién de 
ellos no ha leído su libro Ropavejeros, 
anticuarios y coleccionistas , lleno de 
sabrosas anécdotas? Ardía yo en de- 
seos de visitar su casa, y cierto que los 
tesoros que allí se encierran sobrepu- 
jaron á lo mucho que yo esperaba en- 
contrar. No hay un palmo de pared en 
aquella modesta habitación de la calle 
de Justiniano que no esté cubierto de 
obras de art^ ó de curiosidades precio- 
sas: el escaso hueco que dejan innume- 
rables retratos, lo ocupan medallas y 
escaparates llenos de joyeles, miniatu- 
ras y veneras: se amontonan sobre las 
mesas los objetos de plata repujada; 
asoman por bajo de ellas sus bocas lin- 
dísimos modelitos de cañones de bron- 
ce; aquí una colección de campanillas; 
allá el monetario, que se abre con una 



llavecita de hierro dorado y cincelado, 
que es una verdadera joya; por todas 
partes recuerdos históricos, muchos 
de ellos directamente enlazados con 
las campañas del general Nogués. 

¿Cómo dar idea en breves palabras 
de todo esto? Forzosamente habré de 
incurrir en omisiones graves al seña- 
lar algo de lo que más poderosamente 
llamó mi atención. 

Desde luego buscaron mis ojos la 
preciosa tablita flamenca ( atribuida 
por algunos á Antonio del Rincón) 
que tantas veces me había encantado 
en el certamen de Recoletos. Repre- 
senta á Cristo muerto, con la Virgen 
y otras dos fi^ .. s que personas auto- 
rizadísimas creen ser retratos de los 
Reyes Católicos, El caballero tiene 
desde luego grandísimo parecido con 
otras imágenes de D. Fernando: la 
dama ya no se parece tanto á doña 
Isabel. ¿Podrá explicarse esto por la 
expresión angustiada y dolorida de la 
misma, ó representó el pintor en esa 
figura á la Magdalena, ataviada con 
lujoso traje de la época? ¿No podría 
ser esta tabla puerta de un tríptico, y 
hallarse la Reina católica en la otra 



boletín 



portezuela, desgraciadamente desapa- 
recida? No soy yo, aficionado humil- 
dísimo, quien puede resolverlo, ni hace 
falta para ver en esta pintura una ver- 
dadera preciosidad. 

Nimbo y corona le forman en derre- 
dor otras bellísimas; una deliciosa co- 
pia miniada de la Sacra Familia del 
Lagarto; una Virgen con el Niño, cua- 
drito que algunos atribuyen á Sassofe- 
rrato; una Adoración del Niño Dios 
recién nacido por los ángeles, cosa 
muy buena de arte flamenco (¿Mem- 
ling?); y un tríptico en que se ven la 
Virgen con su Divino Hijo, Santa Bea- 
triz y Santa Lucía, y que lleva la fecha 
de 1555. 

La colección de retratos, provenien- 
te en gran parte de la de Carderera, 
es de tal importancia, que no puedo 
eximirme de dar minuciosa cuenta de 
ella, en gracia á los aficionados á la 
iconografía. 

Entre las personas reales figuran: 
Doña Juana la Loca, atribuido por 
D. Valentín Carderera al célebre y 
misterioso maestre Michel, tan men- 
cionado en los inventarios de pinturas 
de los Reyes Caiólicos y de Carlos V, 
y reproducido por Aloiss Heiss. (1). 
Doña Leonor de Austria, hermana 
del Emperador, Reina de Portugal, y 
después esposa de Francisco L Tabla- 
original de Mabeuge, según unos, y 
de J. Clouet, según otros. 

Doña Juana, hija de Carlos V, Reina 
de Portugal, Gobernadora de España; 
bellísimo retrato en tabla de Sánchez 
Coello. 

Doña María de Austria, hija de Car- 
los V, esposa de Maximiliano II, por 
Antonio Moro. 

Madama Margarita , hija natural de 
Carlos V, Duquesa de Parma: origi- 
nal de A. Allori, el viejo. 

Doña María de Portugal, primera 



(1) Medallas hispanocristianas desde la invasión 
de los árabes. 



esposa de Felipe II, representada á la 
edad de qiíince años, tabla. — Son muy 
raros los retratos de esta señora, ha- 
ciendo subir el mérito del que me 
ocupa la circunstancia de ser contem- 
poráneo. 

Dos retratos pequeños de doña Isa- 
bel Clara Eugenia, uno y otro cosa 
acabada en su género. 

La propia doña Isabel Clara Euge- 
nia, y Felipe III, niños; hermosos lien- 
zos de Alonso Sánchez Coello. 

El príncipe Don Carlos, retrato ad- 
mirable, digno del pincel de Tinto- 
retto: representa un muchacho de ros- 
tro inteligente y altivo; de mirada 
triste y profunda, más parecido á la 
figura ideal del drama y la leyenda 
que al mancebo de cerebro mal seguro 
y perversos instintos que pinta la his- 
toria. 

Doña Isabel de Borbón, primera es- 
posa de Felipe IV: el rostro parece de 
Velázquez, el cuerpo de Bartolomé 
González: es indudablemente obra de 
dos manos, y pudiera ser resto de un 
retrato de cuerpo entero. 

Doña Mariana de Austria, segunda 
esposa de Felipe IV y Gobernadora 
de España ; representada de unos cua- 
renta años de edad con traje de viuda, 
obra maestra de Carreño. 

Aún es más importante otro retrato 
de la misma señora, de cuerpo entero 
y tamaño natural : aparece sentada en 
un salón de Palacio, en el fondo del cual 
se desQubre al rey niño Carlos II, ser- 
vido por meninas. El lienzo es velaz- 
quesco, y digno del pincel de su autor, 
revelado por un pliego que tiene la 
Reina en la mano, en que se lee: Seño- 
ra... á los reales pies de V. M. — Juan 
Bautista del Maso. 

Doña María Luisa de Orleans , pri- 
mera mujer de Carlos II, por Carreño. 
Doña María Ana de Neoburgo, se- 
gunda esposa del mismo Monarca; be- 
llo lienzo de Vankeissel, pintor de la 
Reina. 



DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



Doña María Luisa Gabriela de Sa- 
boya, primera mujer de Felipe V; 
obra excelente de Menéndez. 

Doña María Amalia deSajonia; ori- 
ginal de Tiépolo, y modelo de los re- 
tratos que hizo Mengs de esta señora. 

Varios curiosos retratos contempo- 
ráneos, á la aguada sobre vitela, del 
Emperador Maximiliano, Felipe el Her- 
moso, el Archiduque Alberto, el Conde 
de Mansfeld, etc. 

La galería iconográfica del general 
Nogués no comprende sólo retratos 
de personas reales: en ella pueden ver- 
se también los del gran Duque de Alba, 
pintado en 1574, que es de la mayor 
importancia; de Velázquez, por su yer- 
no Juan Bautista del Mazo; de el Con 
de Duque de Olivares; Calderón; So- 
lis; San Ignacio de Loyola y San Fran- 
cisco de Borja, obras de A. del Arco, 
tan estimables desde el punto de vista 
histórico como desde el artístico; y, 
por último, un buen retrato de Lope, 
estilo de Eugenio Caxés, cuya autenti- 
cidad es indiscutible á juicio del señor 
Menéndez y Pelayo, que se ocupa de él 
en la edición monumental de las obras 
del Fénix de los Ingenios que la Real 
Academia Española tiene en curso de 
publicación. 

Completan tan rico Museo icono- 
gráfico: 

1." La serie de miniaturas jM'etra- 
tos pequeñitos, entre los cuales hay un 
Padre Sigtienza, admirable; un Feli- 
pe IV que parece de Velázquez; y una 
doña María Ana de Neoburgo: oleo tan 
diminuto, que casi merece el nombre 
de microscópico. 

2.° Una interesante colección de re- 
tratos de personajes contemporáneos, 
cuadros de pequeño tamaño en su ma- 
yor parte, que ostentan las firmas de 
Rosales, Palmaroli, Sans y otras no 
menos acreditadas y valiosas. 
3° Multitud de estampas. 
4,° No pocas reproducciones en chi 
co, esmeradamente ejecutadas, de los 



más preciosos retratos de nuestro Mu- 
seo, con las cuales ha llenado el gene- 
ral Nogués los vacíos de su galería. 

A todo esto ha}^ que agregar las imá- 
genes de personajes célebres en ca- 
mafeo, esmalte, mosaico, porcelana, 
bronce y otras materias; y cuenta que 
entre ellas hay ejemplares sobresanen 
tes. Llamaron, sobretodo, la atención 
de los excursionistas un nielo en plata 
del Príncipe de Viana, no menos inte- 
resante para reconstituir su figura que 
la estampa de la Biblioteca Nacional, 
y un precioso relieve en madera esto- 
fada, que representa al Cardenal Cis- 
neros, vestido con capa pluvial, en cuyo 
broche ostenta las armas de su casa. 

Otra de las especialidades del gene- 
ral Nogués son los joyeles, entre los 
cuales descuella un delicioso colgante 
que lleva el retrato de un personaje 
florentino del XV; pero lo verdade- 
ramente notable es la colección de ve- 




VENERAS IXQUISITOKI ALES 

(Colección del General Nogués;. 

ñeras inquisitoriales que ha logrado 
reunir. Cuenta más de cien ejemplares, 
pertenecientes á todos los tiempos del 
famoso Tribunal: en ellas campea el 
emblema de la Orden de Santo Domin* 
go, ó la cruz entre la espada y el ramo 



BOLETÍN 



de oliva. Haylas de muchas formas y de 
vario mérito: unas que revelan, con su 
severidad de dibujo, haber pertenecido 
al familiar auestero y fanático : otras, 
notables por su belleza y elegancia, 
fueron quizá adorno de hermosa y lina- 
juda dama , pues sabido es que ador- 
naban sus pechos con ellas en las so- 
lemnes y terribles ceremonias del auto 
de fe: así puede verse en el cuadro de 
Rizzi, precioso monumento de arte y 
de historia que guarda nuestro Museo. 



Marcelo Cervino, 



(Se contiHuará.) 



SECCIÓN DE CIENCIAS HISTÓRICAS 



CUÉLLAR 



(segunda parte) 



I 




^RAZADA en rápida reseña, en la 
primera parte de este estudio ( 1 ) , 
^5 la vida que pudiéramos llamar 
externa, por su relación con el resto 
de la historia nacional, de la en otros 
tiempos importante villa, propongo - 
me hoy, siquiera sea también en ligero 
bosquejo, presentar el cuadro de su 
vida interna, ó sea de aquellos hechos 
quemas íntimamente se relacionan con 
ella y que aunque no pueden dejar de 
estar enlazados, como lo está siempre 
la parte al todo, con los que se desarro- 
llaban en el resto de la nación, cons- 
tituyen, digámoslo así, la historia fami- 
liar de la población, los cambios que 
en su vida y en su señorío se han rea- 
lizado, las fundaciones que han sido 
parte de su existencia y han contri- 
buido á su desarrollo, y los sucesos de 



(1) Vid. la primera parte en el tomo II de nuestro 
Boletín, páginas 199, 224 y 241. 

fA', de la R.) 



cualquier otra índole que sean dignos 
de recordarse y que indicados, ligera - 
mente antes, merezcan ser esclareci- 
dos ó ampliados; dividido, pues, mi tra- 
bajo dehoy en tres partes que pudieran 
epigrafiarse con los títulos, transferen- 
cias de dominio; el Palacio, el Hospital 
y el Estudio; y cabos sueltos, me pro- 
pongo también en esta segunda parte 
dar á conocer algunos de los más im- 
portantes documentos inéditos que son 
interesantes para su historia y com- 
probantes de sus hechos, y después... 
abandonar ese extensísimo , feraz y poco 
espigado campo á escritor de más so- 
bresalientes condiciones, de tiempo 
más sobrado como estos estudios requie • 
ren, y, nacido en la noble provincia y, 
á ser posible, en la ilustre villa histo- 
riada; que nunca ideas^ después de la 
de Dios^ pueden interesarnos más el 
corazón y la mente que las que se rela- 
cionan en directa correspondencia con 
el aríior á nuestra patria, con la gloria 
de nuestra familia. 

Cinco siglos abarca el período que 
media entre los Ansiires y los Cuevas, 
ó sea entre el comienzo del señorío de 
Cuéllar y su definitiva cesión á la fami- 
lia de los Duques de Alburquerque, sus 
últimos señores; cinco siglos en que, no 
sin trabajo, he podido recorrer una 
serie no interrumpida de transferencias 
y sucesiones, formando así la larga 
cadena de los dominadores en la villa 
que estudiamos, y que tan pronto ha 
sido realenga como de señorío particu- 
lar, pero siempre baluarte firme de la 
legitimidad en sus distintas épocas y 
en medio de sus múltiples y tremendas 
conmociones. 

Entre las nieblas de la reconquista 
que alboreaba en el siglo X para esta 
parte de la Vieja Castilla, aparece una 
ilustre familia de Condes, señores de 
importantes territorios, con soberanía 
independiente ó casi independiente en 
los mismos, y que merced á ella han 
dejado en iglesias y monasterios tantas 



DÉ LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



memorias y privilegios por ellos otor- 
gados, que si demuestran su poder y 
munificencia, sirven también como de 
jalones para recorrer con algún acierto 
por los difíciles senderos de su historia 
y poder reconstituir en algún modo su 
existencia, sucesión y heroicas proe- 
zas: esta ilustre familia es la de los 
Anzures, señores de Cuéllar, como lue- 
go veremos. "Los Anzures, dice Ber- 
ganza (1), son de las familias más ilus- 
tres y antiguas que se reconocen en 
nuestra Castilla; y parece que eran 
naturales de tierra de Oca, pues en ella 
está el Valle llamado Assiir, y los luga- 
res Quiíitanasitr y Vülasiir. Después 
veremos que los Assures fueron Condes 
de Castilla, y que los Reyes de León los 
heredaron en tierra de Falencia y Valla- 
dolid. El P, Madrid, en la Crónica del 
Monasterio de Oña, dice que los i\ssu- 
res fueron Condes de Mongon, Señores 
de Carrión, de Cabezón, de Saldaña, 
de Ctiéllar y San Román. „ De esta ilus- 
tre familia era descendiente D. Pedro 
Anzurez de quien ya me ocupé en la 
primera parte de este estudio y de 
quien nos consta, por documentos feha- 
cientes su señorío sobre Cuéllar: el más 
antiguo de éstos y en el que más se 
comprueba su dominación, no sólo en la 
villa, sino también en los lugares de 
su tierra, es el testamento que otorgó 
en unión de doña Eilo, su mujer, y que 
más que testamento es la carta de fun- 
dación de la iglesia mayor de Vallado 
lid, á la que llamó de Santa María: 
dotóla pródigamente el generoso fun- 
dador con heredamiento y rentas de 
las que le pertenecían y que en el docu- 
mento pueden verse (A) y entre ellos 



citados nombres de posesiones no sólo 
de Cuéllar, sino en Lovingos, Fruma- 
les, Viloria y otros pueblos comarca- 
nos: documento importante para nues- 
tro objeto, porque de élarrancan, digá- 
moslo así, las sucesivas transferencias 



(1) Berganza: Antigüedades de España, pág.í9i. 

(A) 1095.— Testamento del Conde D. Pedro .-msu- 
res.— En el nombre del padre y del fijo y del espíritu 
santo, amén, que es uno y verdadero, trino en per«ío- 
na y el mismo en escencia, que rreynxen los siglos de 
los siglos, amén. Yo el Conde Pedro Anzurriz y mi 
mujer la Condesa Eilo, fatigados con gran pe sadum bre 
de pecados, rreconociendo la enormidad de nras. cul- 
pas por rremedio de ñra. Anima y de los de todos 
nros. Padres, ofrecemos muchas possesiones de nra. 



heredad en muchos logares á la Iglesia de Santa Ma- 
ría de Vallid. que esta assentada cerca del rrio Pis- 
suergaenelterriloriode Cauezonálaqualdha. Iglesia 
nosotros huuimos fundado y así yo el Conde Pedro, y 
mi mujer la Condesa Eilo ofrecemos de nra. espontá- 
nea voluntad á Santa María siempre Madre de Dios 
en cuio onor fue fundada y fabricada la dha. Iglesia, 
muchas partes de nra. heredad, con tal condición, 
quel oficio diuino cada día se celebre«en la dha. Igle- 
sia y se tenga deuoción sin yntermisión á los sacros 
altares y á las rreliquias que están allí guardadas y 
por tanto damos y ofrecemos en esta carta de testa- 
mento para el Sacro Altar y para el Abhad Salto y 
para el CoUegio de los Clérigos que allí rresiden un 
barrio en Vallid. con sus términos y divisiones desde 
aquella carrera mayor que ba por metad de la Villa 
hasta el cortijo de Martín Fra.nco... (continúan otras 
donaciones y dice á nuestro propósito)... también 
añadimos dentro de Cuéllar la Iglesia de San Pedro 
con sus solares an y quanio oy pudiéramos ganar y 
en Louingos la Iglesia de San Martín con su Solar y 
otro cortijo en la villa con toda su heredat. También 
ofrecemos el diezmo de Cuéllar y de Louingos y de 
frumales y de Villoría y de la Torre de Don Velasco 
y esto concedemos por toda nra. vida y después de 
nra. muerte aqualqr. que touiese esta nuestra here- 
dat, sin contienda alguna del diezmo á la Iglesia de 
Santa María arriua nombrada... ('s/g/zc otra relación 
de propiedades y pueblos y termina) ... Y yo el 
Abbad D. Salto doy y ofrezco allí quanto gané y 
edifique y compre en Vallid. y en todo logar don- 
de lo gané y compré así lo doj- y confirmo á esta 
dha. Iglesia de .Santa María y quanto ganare y 
comprare assi mesmo lo mando y por autos lo con- 
firmo. Nos los sobre dhos. Conde y Condesa todas 
las cosas que ofrecemos, prometemos como arriuas 
están escriptas de uucna gana las confirmamos por el 
Señor del Cielo y por todas las cosas diuinas que son 
santas ysialgún hombie queste ntro. fecho para di- 
rrumpillo viniere ó nriros. viniéremos assi de los pro- 
pinquos como de los estraños qualquiera que fuese que 
lo tal cometiese ante todas cosas sea anatematizado 
de Dios y de todos sus Santos y con Judas el traydor 
del Señor sea hechado en la eterna damnación y quan- 
to doy y sacare lo buelva allí con el quatro tanto y 
este nro. fecho sea firme y estable en el siglo perdu- 
rable y en todos los siglos, fecha carta XII Kalendas 
Junis, discorriendo la era de mili y ciento y treinta 
y tres años, y el mismo día fue aquella Iglesia consa- 
grada.— Yo el Conde Pedro y Condesa Eilo en esta 
forma de testamento nras. manos, juntamente con las 
de nros. fijos, lo roboramos.— Pedro op°. de León.— 
Gómez op°. de Burgos — Sigismundo op" de Lugo.— 
Diego Abbad de Sahagun.— Reinando el Rey Alonso 
en toda España. Reinando Conde en Galicia. Bernardo 
Ap". de ToUedo, por... op°. de Falencia y estos con- 
sagraron aquella Igltsia... (Siguen los nombres de los 
demás Condes y Señores que confirman.) Acd*. H*.— 
Col. Salz.— M. - 24 í". 1S7. — Archivo del Marqués del 
Valle.— Integro puede verse en U Historia de Valla- 
dolid, de Juan Antolinez de Burgos , publicada por 
D. Juan Ortega, pág, 201. 



boletín 



por que la villa ha pasado y en él se 
refleja el espíritu creyente y fervoroso 
del donador, tan amante del culto de 
María, que no contento con edificarla 
el soberbio templo y cederle gran par- 
te de sus bienes, da su nombre á la 
nueva población por el repoblada y le 
sirve á él mismo de título predilecto, 
como puede verse en su ñrma, puesta 
al pie del fuero de Sahagún, en que 
se lee: Comité Pelro Assttri.^ iti Sancta 
Marta et etiam in Saldan ia ( 1 ) . 

A pesar de lo dicho , hay motivos 
para creer que ya antes del Conde don 
Pedro, los Anzurez eran señores de 
aquella comarca, como parece compro- 
barlo el que "Assur Fernández, Conde 
de Mon(;^on y su mujer la Condesa doña 
Gontroda , con sus hijos Fernando , 
Oveco, Munio, Gutierre y Gonzalo, 
dieron al Abad Cypriano y monjes de 
Cárdena, el término de Fuente Alde- 
rata, en Sacramcjiía , cerca de la sie- 
rra de Urdíales y Rubiales, para que 
el Monasterio pudiese apacentar su ga- 
nado y para que edificase allí una igle- 
sia, y á ésta agregaron otra de Santa 
María, que estaba entre Cobas de Pro- 
banco y Castrillo de Alcázar, para que 
con sus posesiones pudiesen sustentar- 
se los monjes que pasasen á vivir á la 
nueva iglesia (2),„ Este documento se 
remonta á los comienzos del siglo X, 
paesto que Assur Fernández fué el pa- 
dre de Fernando Assurez, Conde en 
Castilla en 929, y uno de los cuatro que 
Ordoño II prendió traidoramente en 
Tejares , privándoles después de la 
vida: mediaron, pues, cerca de dos si- 
glos entre Assur Fernández y el testa- 
mento de D. Pedro Anzurez. No insis- 
tiré ahora, puesto que ya antes lo hice, 
en hacer resaltar los grandes dotes del 
Conde D. Pedro, de quien dice Maria- 
na (3): "él tenía todo el cuidado uni- 



versal y gobernaba todas las cosas, 
así las de la guerra como las de la paz: 
por sus consejos y prudencia parecía 
que todo se encaminaba bien. El poder 
no le duró mucho : la Reina ( doña 
Urraca), mujer recia de condición y 
brava, luego que llegó á Castilla (des- 
pués de casada con D. Alfonso, el cual 
la envió á ella antes), al que fuera ra- 
zón de tener en lugar de padre, le mal- 
trató sin razón, quitóle el gobierno y 
juntamente le despojó de su estado pro- 
pio„. Copio sí este párrafo por lo que 
hace á nuestro propósito, pues consta, 
y ya lo hice notar anteriormente , que 
D. Pedro Ansurez, en 1112, en unión 
del concejo de Cuéllar y de la Condesa 
doña Filo , concedió grandes hereda- 
mientos al Monasterio de San Boal, y 
el documento de esta concesión es otro 
de los que antes apuntaba como prue- 
ba de su señorío sobre Cuéllar. Pues 
bien: en 1113 parece que doña Urra- 
ca dio al Obispo de Segovia la villa de 
Cuéllar, y debió ser una de las que des- 
pojó á D. Pedro, si bien muy pronto 
volvió á su poder, caso que llegara á 
salir de él, puesto que al saber D. Al- 
fonso lo que su mujer con él había he- 
cho, "pesóle al Rey que varón tan se- 
ñalado fuese maltratado: que su ino- 
cencia y servicios y virtudes porque 
se le debía antes galardón, fueren tan 
mal recompensadas: restituyóle el es- 
tado que le había quitado, y sus pue- 
blos y haciendas (1).„ Como padre 
ciertamente debió mirar siempre doña 
Urraca á D. Pedro, lejos de proceder 
con la ingratitud que con él procedió, 
no sólo porque fué el más leal servidor 
de su padre D. Alfonso VI y el que le 
acompañó en su destierro y en su re - 
greso de Toledo, sino porque él mismo 
se la dio á criar (2), y el Conde "la miró 
siempre con amor paternal y fidelidad 
correspondiente á su nobleza (3).„ El 



(1) Ríos y Ríos (D. Ángel); Noticias históricas de 
las Behetrías, pág. 35. 

(2) Berganza: obra citada, pág. 213. 

(3) Mariana: Historia de España, cap. Vil, Ub. X. 



(i; Mariana^ lugar citado. 

(2) Rod. ToJed., lib. VXl, cap. I. 

(3; Flórez; Reinas Católicas, tomo I, pág. 225. 



DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



Monasterio de San Boal, á quien tan 
pródigamente dotó D. Pedro, tuvo en 
susprimerostiemposgran importancia, 
y después quedó sujeto al Priorato de 
San Isidro de Dueñas; como cur^iosidad 
relativa á este Monasterio voy á trans- 
cribir una de las cláusulas del testa- 



mento de D, Pedro de Velasco , otor- 
gado en "Cervera, Cabeza de la Merin- 
dad de Pernia, á 2 de Octubre de 1495„, 
que tiene todas las trazas de una res- 
titución in articulo mortis y que nos 
revela la poca aprensión que como Juez 
el testador tuvo, y la no mayor de los 




■-^SÍ- 



IGLESIA DE SAN BOAL (SEGOVIA) 



frailes, dedicados, al parecer, á indus- 
tria no lícita. Dice así: "ítem más man- 
do que por el tpo. que yo tenía cargo 
de la justicia de Cuéllar, llevé 31 mrs, 
al Abad de San Bobal (stc), porque le 
fallaron los cuños cu su poder para 
hacer moneda; mando que se los tornen 
y paguen al dicho Prior, y si él fuese 
muerto, que se den y paguen á la dicha 
casa (1).„ 

Restituidos sus Estados á D. Pedro 
Anzurez por el Rey, aunque á disgusto 
de la Reina (2), lo fué entre ellos el 
señorío de Cuéllar, que continuó des- 
pués en sus sucesores, en la forma que 
luego veremos, y los Reyes D. Alfon- 



so Vil y VIII, como ya se dijo en la pri- 
mera parte, concedieron al Obispo de 
Segovia los derechos que la Corona 
tenía en Cuéllar, pero que en nada 
menoscababan el señorío particular. 

G. DE LA Torre de Trasssierra. 

(Continuará.) 



ESCRlTÜRAiS MOZÁRABES TOLEDANAS 



(1) Col. Salazar, M-37, Academia de la Historia. 
,2) Luis de Salazar: Historia de la casa de Lara, 
tomo I, libro II, pág. 92. 



(Continuactón.J 

LXXII 

Venta de una viña sita en el pago del ca- 
mino de Olihuelas (Olías la Menor) y jun- 
to á dicho camino, jurisdicción de Toledo, 
otorgada por D. García Pérez, hijo de Don 



boletín 



Pedro Alvarez, á favor de D. Sancho ', hijo 
de D. Lázaro b. Abde-1-Kaw¡ ^JJ;:J:^) 



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^"^yr:-!;' v^^.J--' 



Precio, 28 mizcales de oro alfonsí. 

Fecha en la última decena de Agosto de 
la Era 1233. 

Adviértese que al otorgamiento de este 
contrato asistió Doña Solí ( }j-^), esposa 
del vendedor, y dio su consentimiento. 

Las suscripciones son todas arábigas: Fé- 
lix b. Yabka b. Abdalah; Juan b. Abdelaziz 
b. Sofián, atestiguó; García Pérez, hijo de 
Pedro Alvarez, testigo (entiéndase vende- 
dor), 5^ Domingo b. Abdelaziz b. Sofián. 

LXXIII 

Pignoración de una viña y de un majuelo 
adjunto, sitos en el pago de Loeches, juris- 
dicción de Toledo, lindando por sus cuatro 
lados respectivamente con viña de Juan Pe- 

thres b. Albanná (LtJl); con otra del diáco- 
no D. Juan, el de la iglesia de San Román; 
con otra de Pedro Loyón, etc. 

Otorga este contrato D. Miguel Lázaro, 
que constituye la prenda en poder de D. Pe- 
dro Almorabit, recibiendo de éste diez miz- 
cales, los cuales fueron entregados á Abú 
Rebia Suleimán, el israelita, en pago de otro 
préstamo que éste había hecho al dicho Lá- 
zaro, según escritura fecha en Mayo del año 
anterior, escritura que fué entregada á este 
segundo prestamisma D. Pedro Almorabit, 
á quien se puso en posesión de las fincas em- 
peñadas para que las cultivase á su arbitrio 
durante el año á que se extendía el contrato. 
Pasado éste, serían devueltos el dinero al 
prestamista y la finca al propietario, ^a,) 



:> .v^ 









I En el original se Ice: ^j^\-^ ^j;:i ^j^^\ 
'" ^JJ (J-?'^' ^^^ suponemos deba corregir- 
se como lo hacemos en el texto. 



/^ífj"'' ^í"^ ¿^Jj ÍJ.AC jL'O. ^A i.^Jlj 




Fecha en la primera decena de Abril, Era 
de 1234 I. 

Suscripciones arábigas: lUán b. ¿Hilal?; 
Micael b. Domingo, testigo; Domingo b. Pe- 
thro Alcantarí «Se formalizaron los testimo- 
nios sobre esto en mi presencia, y yo Xal- 

món b. Alí b. Waid» i^i Jíl^^^l ^_^) 

LXXIV 

Carta de donación de las cuatro quintas 
partes de un vitsón, y de venia del quinto 
restante, otorgada por D. Domingo Andrés, 
el conocido por Max. ido -, en favor del con- 
vento de religiosas de San Pedro de To- 
ledo 3. 

Hállase dicho mesón en el distrito del arra- 



1 Nos ha costado ímprobo trabajo la lec- 
tura de este documento aun con auxilio del 
reactivo: por esta razón hemos reproducido su 
texto árabe en lo que afecta á la esencia del 
mismo; de este modo se facilitará su lectura en 
lo sucesivo, y podrá rectificarse más fácilmen- 
te si hemos incurrido en algún desacierto. 

2 Vocales dudosas ; i-lj-Vil *.£;^3 ,oj^ 



.5^LA. 3 



; >*J5 



'-;> 



3 Suponemos se refiere ai monasterio lla- 
mado de San Pedro de las Dueñas. 



DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



bal del Sultán ^, en e,I interior de Toledo 

(illa Jii> Lo X» J¿.':5_j .,ils.LJt j^}j hjsr^) 

y linda: por levante, con la vía pública; por 
poniente, con las tiendas y mesón de los he- 
rederos de D. Pedro Esteban; por el N., con 
otra calle á la cual da la puerta de dicho me- 
són, y al S., con otra finca del mismo géne- 
ro perteneciente al caid D. Pedro Díaz. 

Este mesón, según hemos dicho, fué en 
parte donado y en parte vendido por su due- 
ño, quien lo había adquirido por compra de 
D. Pedro García y de su mujer Doña Leo- 
cadia, hija de D. Juan de Cutanda <J1^^>) 
{sj^ ^3 ,.,!.9. ., .^. Hizo donación de 

las cuatro quintas partes en favor de dicho 
convento, con objeto de alcanzar las bendi- 
ciones de Dios; y por esto, al aceptar esta 
donación la Abadesa de aquel convento,- Do- 
ña Sancha, «se compromete ella y las demás 
religiosas, sus compañeras y subordinadas 
y las que han de sucederías con el tiempo, á 
tener presente en. sus oraciones al referido 
donante mientras viva, y á celebrar anual- 
mente un nnive\:sario después de su muerte» 






i-v 



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>^-'j^ J, J (^J^^ 



,La.¿3 ..rV^.j 






(... ^U jr J ¿.:y 

Vendió también en favor del propio con- 
vento el quinto restante por precio de 40 
mizcales de oro alfonsí, los cuales recibió 
de dicha Abadesa Doña Sancha, quedando 
ya dueño el citado convento de la totalidad 
del mesón descrito, en virtud de los dos con- 
tratos de que queda hecha mención. 

Fecha en la primera decena de Junio de 
la Era 1234. 

Adviértese en el documento que el donan- 
te vendedor entregó á la Abadesa la escri- 
tura de compra- venta, por la cual adquirió 
la finca objeto de este doble contrato de 
D. Pedro García y de Doña Leocadia, hija 
de Juan de Cutanda. 

Suscripciones: las suscripciones arábigas 



están muy borrosas, aunque, por lo que pue- 
de leerse, los nombres son los que figuran 
ordinariamente en las demás escrituras de 
este tiempo. 

En carácter latino suscriben: «Ego domi- 
na domenga priora, confirmo. Maria petrig, 

confirmo. Eugenia, confirmo domenga 

uincent, confirmo, leocadia dominici, con- 
firmo, Sol lopiz, confirmo. Ego Sancia ab- 
batissa, confirmo. 

(Escritura muy deteriorada por la hume- 
dad en algunos puntos.) 

LXXV 

Se contienen en este pergamino dos docu- 
mentos. 

i.° Venta de una oasa sita en el ndarbe 



llamado del caid D. Xabib 



I Entiéndase el Rey de Ciistilla. según ya 
advertimos anteriormente. 



(■^--N--- .)¿^ J.AaJt ^Jj, en las inmedia- 
ciones de la catedral, lindando al E. con una 
calle (i'¿.¡\) del citado adaile: al O., con una 
casa de D. Fernando Domínguez; al S., con 
una segunda cítlle del mencionado adarhe, 
y al N., con una casa de Doña Loba, hija 
del caid D. Xabib. Otorga esta venta Don 

Lob ó Lope ben Gastón, ,j ^_,s' ijí^) 

( , .;;iL¿, sobrino de Doña llorahona, á fa- 

vor de Doña María, hija de Juan Selma, por 
precio de 40 mizcales. 

Fecha en la primera decena de Febrero, 
Era de 1-35. 

2.° Testamento de Doña Hora-bona, t;á 
del citado D. Lope, en una de cuyas dispo- 
siciones lega á éste el dominio de la casa 
que habita, y una viña en el término de ¿Vi- 
nal? (Jl-^j), siendo esta casa la á que se re- 
fiere el documento anterior. 

Su fecha en la primera decena de Marzo, 
Era de 1233. 

Autorizada su copia en la fecha del ante- 
rior. 

Las suscripciones de uno y otro documen- 
to están escritas en caracteres arábigos: Do- 
mingo b. Yahya; Micael Pethre?, amín de los 

herreros ( j.ol_v¿i ^^5); Esteban y Dorf 

mingo, hijos de Pedro Alcantarí, y algunas'! 

otras. 

Francisco Voy<. 

( ConUiuiará.) 



10 



boletín 



EL CALZADO DE LUJO EN LA EDAD MEDIA 




(rectificación) 

Aumentaría, sin duda, el gran in- 
1^ teres que inspira el Boletín de 

r^c^ nuestra Sociedad, si se aclima- 
tase en sus columnas una sección aná- 
loga , aunque no enteramente igual , á 
aquella que constituía la esencia de El 
Averiguador (fundado en 1867) y ob- 
tuvo lugar importante en la Revista 
de Archivos , Bibliotecas y Museos^ 
hace ya un número respetable de años, 
é iba encaminada directamente á la 
aclaración de dudas , descubrimiento 
de la verdad y corrección de errores 
en materias de erudición. 

Lo que voy á decir va dirigido á 
esto mismo y se refiere á algo que es- 
cribí en mi artículo acerca del Báculo 
y calsado del Obispo de Mondoñedo, 
D. Pelayo, publicado en el número del 
Boletín de 1.° de Noviembre del año 
próximo pasado. 

Al transcribir allí el texto (tomado 
de la última obra del Sr. López Ferrei- 
ro) de las posturas que Alfonso X hizo 
en 1252 para la tierra de Santiago, no 
obstante que concordaba exactamente 
con el que dio Sempere en su Historia 
del luxo, se me despertaron fuertes du- 
das de que estuviese inexacto en aque- 
llo de autorizar el uso de zapatos do- 
rados, en el mero hecho de limitarse á 
prohibir los que estuviesen ferpados\ 
porserconstantelaprohibición de ellos, 
no sólo en las varias disposiciones que 
cité al tratar especial y detenidamente 
de este particular en el ApéndiceN del 
Catálogo de los objetos de Galicia, en 
la Exposición Histórico Europea, sino 
también en las Cortes de Valladolid 
de 1258, tocante á los escribanos, ba - 
llesteros , falconeros y porteros del 
Rey y de la Reyna (cap. 4), lo mismo 
que á todos los escuderos (22), y á los 
moros (27). 



Estas dudas resultaron plenamente 
justificadas, en cuanto me he encontra- 
do con que , en el texto de las mismas 
posturas, según el quaderno original 
que se dio á la ciudad de Talavera, de 
que existen copias en la Biblioteca Co- 
lombina de Sevilla (Tomos 75 y 102 de 
Varios, en folio, y A. A— 141— 2 Est. 
de Varios, en 4.°), con el título Z,í?w5 
e Ordenamientos fechos por el Rey 
D. Alonso en las Cortes de Sevilla , a 
pedimento de los procuradores , era 
1290 (A. de J. C. 1252) , lo que se 
halla, en el mismo capítulo de Que nin- 
gún home non bastone panos , es : " e 
que non tra57^ades zapatos dorados que 
non sean serpados,,. 

Entiendo que las personas (que en 
verdad no serán en gran número ) 
aficionadas á estos estudios de investi- 
gación arqueológica, y deseosas de co- 
nocer la verdad exacta y completa, 
mediante textos escrupulosamente de- 
purados, agradecerán que haga esta 
aclaración ; como yo la hubiese agra- 
decido si cualquier consocio, por más 
que fuese en forma un tanto dura de 
rectificación, me hubiese dado la luz 
de que yo carecía, justificando las du- 
das que en mí se habían despertado 
sobre la corrección de los únicos tex- 
tos de que yo disponía. 

José Villa-amil y Castro 



SECCIÓN DE LITERATURA 



LA PRIMERA VUELTA AL MUNDO 



A SEBASTIAN ELC^lSrO 

(ODA) 

. ¿Qué insólita derrota 
A seguir \r la temeraria flota 
Que se apercibe á abandonar velera, 
De Sanlúcar la jilácida ribera? 

¿Acaso quiere España, 
Que otro dominio en apartada zona 
Paj-a ella el sol— ya sin descanso,— alumbre? 
¿No teme que, añadiendo á su corona 



DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



11 



Preciada Joya de reg'ión extraña. 
Se rinda á la soberbia pesadumbre? 

Cinco esbeltas armadas carabelas 
Al aire dan las impacientes velas-, 
Un portug-ués las manda, Magallanes, 
Que en su tierra nativa, 
Mirando mal pagados sus afanes, 
A trono que desi^ide luz más viva 
Orgulloso ofreció sus arduos planes. 

Ya el mástil giganteo, 
Cual caballo que, próximo al combate. 
Siente agudo acicate, 
Recibe de las lonas el goli)eo, 

Riííosos gallardetes. 
Formando coloridos ramilletes. 
En los topes se agitan 
De las incjuietas naves; 
Parece que responden y que incitan, 
A los pañuelos que, cual Idancas aves. 
Desde la arena al nauta felicitan. 

Cadenciosas las olas. 
Entonan halagüeñas barcarolas; 
¡Hurra! nutrido los esi)acios llena; 
Que aquellos animosos navegantes 
La costa dejan sin amarga pena, 
Y, cual en mar azi;l luna serena, 
La alegría riela en sus semblantes. 

Mas no todo es placer en la jornada : 
La mano en la ol)ra muerta abandonada 
Del Concepción, \i\\ joven, con intenso 
Dolor busca en la gaja muchedum1n-e 
Algún semblante amigo 
Que en él encienda la prendida lumbre. 

Y al no encontrarlo en el gentío denso, 

Y al verse lejos de los patrios lares. 
Dolido del quebranto, 

Una gota de llanto 

Dejó caer en los undosos mares. 

Vivaz su fantasía, 
Vio que la gota errante 
La redondez del mundo recorría. 
Mareando un derrotero, 

Y un acento escuchó que le decía; 
«Sigúela, Sebastián, aquí te espero.» 

En línea avanzan las tajantes proras. 
Hendiendo el ya tran()uilo, ya sañudo 
Elemento, con rumbo á las Canarias, 
Que al paso les envían el saludo 
Embriagador de mil esencias varias. 

Del fondo de una nave 
Sube insidiosa con sus roncas voces. 
La insurrección, que Magallanes sabe 
Apagar en la cuna; raudo enfrena 
El rugidor tumulto; 
En solitaria arena. 
Abandona al airado Cartagena. 

Prende con mano fuerte 
A Quesada, á Mendoza; 

Y en brazos los entrega de la muerte, 
Que no quiere que e¡ crimen quede inulto, 
Pues tiene por más fiera y más insana 
Que la del mar, una tormenta humana. 

Al descubrir de Santa Cruz el río, 
Con grito de terror que el alma hiela, 
Estréllase el Santiago en un bajío. 
Desderrota después el San Antonio, 
Que á España vuelve la cansada vela 
A dar de los azares testimonio. 

Tierra lejana vislumbraron luego, 
Que á plácido reposo les convida. 
Moviendo cien y cien lenguas de fuego; 
Y, tras duros afanes, 



Al embocar el suspirado Estrecho, 

Se ensancha al fln el angustiado pecho 

Del grande Magallanes: 

Que acreciendo las glorias españolas, 

Corta sereno sus virgíneas olas. 

No goza el alma pura, 
Cuando rompe la angosta 
Cárcel del cuerpo, y álzase á la altura, 
Cual la flota, vencida la estrechura, 
Navegando, sin ver frontera costa, 
Del Pacifico mar en la llanura. 

Mas ¡ay! veces sobradas 
Lo que de encanto nuestro pecho inunda, 
Sólo en su mal y en su dolor redunda. 
¡Cuan tétricas jornadas, 
Cuan rudas privaciones, 
Hasta dar en las islas clescUcliadas , 

Y en las tierras abrigo de Ladrones. 
Por fin al cielo plugo 

Conducirles á costas abxmdantes. 
Do sacudieron el tremendo yugo, 
Del hambre y escorbuto devorantes. 

¡A qué contar las islas perfumadas 
Que, cual flores de loto, 
Por el agua bañadas. 
Vieron surgir en aquel mar remoto! 

Halagüeñas sus gentes, 
Colmábanles de espléndido tesoro, 

Y en harnero sutil aechaban oro, 
Tan sólo en complacerles diligentes: 
A trueco de infantiles bagatelas. 
Llenaron de alcanfores y canelas, 
De jengibre, de sándalo aromoso. 
De riiibarbo amargoso, 

Los senos de las amplias carabelas. 

Mas en sus aguas plácidas debía 
lia hueste exploradora 
Una baja sufrir, que todavía, 
La madre j^atria llora. 

Como en la siega las agudas hoces, 
Allí tribus feroces. 
Con flechas á lo bajo disparadas, 
Al ver que la armadura las embota, 
A menguan despiadadas 
La dotación de la ya escasa nota. 

Allí perdió la vida 
El grande Magallanes, 
Moisés que en galardón á sus afanes 
No pudo hollar la tierra prometida. 

Porque muera la flor, gala del prado, 
No todo es acabado; 
Natura, bienhechora, 
En la negra caverna de la noche 
Nuevo ser elabora, 

Y halla la luz de la temprana aurora 
El capullo de ayer trocado en broche. 

La tempestad bravia. 
Que, cual provista de acerado tajo. 
Corta á cercén ó llévase de cuajo 
El robleque á los siglos desafía, 
No abarca en su influencia 
A la humilde semilla 
Que entre mojada arcilla 
Es])era la oportuna florescencia. 

También, cuando doliente. 
Sin jetes y sin t4no. 
Va la marina gente. 
Buscando quien alumbre su camino; 

Cuando, arriado otra vez el estandarte, 
Por muerte de Duai'te, 
Terror medroso cunde; 
El ánimo esforzado desfallece, 
El desaliento crece, 



12 



boletín 



Que en reflexión constante se difunde: 
Cual ág'uila ostentosa 
Que al escuchar insólito n)urmullo, 
Se eleva poderosa. 

Elcano se presenta; y animosa 
1j{i armada le saluda con orgullo; 

Y él, que ya siente el no lejano arrullo 
De las alas batientes de la Fama, 

Y el clamor de la trompa que le aclama. 
Deja al surcar los mares de la gloria, 

El buque Concepción, toma el Victoria. 
Emi)uñando la enseña castellana, 

Y en la cabeza el herrumbroso yelmo, 
Triunfar ó perecer hincado jura. 

Y es fama que al llegar la noche oscura, 
YA fuego de San Telmo, 

Festejo de la nave capitana. 
Contorneó su esbelta arboladura. 
Ya abandona la rada de Borneo, 

Y hacia Tidnr intrépido se lanza; 
<i>ue vivo como el rayo es su deseo 
(irande como el océano su esperanza. 

Mirad ya sólo el buque en que navega 
A los azares de la mar so entrega; 
Que, por adversos hados, 
]jOS bravos tripulantes detenidos 
Del Trinidad, recuerdan angustiados, 
Que á la fama son muchos los llamados 
Pocos los elegidos. 

Los ojos en la aguja palpitante , 
Explota la pasión, que con transporte 
La hace tender amante 
Al escondido norte; 

Y con tosco instrumento 
Fija el virgíneo punto 
Do se encuentra la nave. 

Que á gran mengua tuviera, y detrimento. 

No dejar de su paso más trasunto 

Que aquel (juc deja el ave 

Al cruzar la región del A'ago viento. 

Mas celoso Neptuno 
De la gloria de Elcano, 
Auxilio ])ide al veleidoso Eolo, 

Y empuñando el tridente de consuno. 
La nave empujan al terrible polo. 

Presto se cambia el bienestar en luto; 
El g'usano asqueroso 
Con el hombre comparte 

Y devora afanoso 

La mísera ración que se reparte. 

Diezmados por maléfico escorbuto , 
Esquivando del hambre la tortura, 
Se lanzan á despojos 
Con socalados ojos 
Que remedan la hueca se])ultura. 

Agua piden al agua, 
Sus gargantas ardiendo como fraguas 

Y en la dura aflicción que los azota 
No descubre la vista acongojada 

Ni un pez siquiera en la mansión salada 
Ni en la mansión del aire una gaviota. 

La muerte por las crestas del olaje 
Aterradora viene, 

Y ))enetra en el buque al abordaje. 
J^a superficie undosa 

Del mar, trocada en gigantesca losa. 
Fosforece con brillo funerario; 
Aspecto de sepulcro el casco tiene. 

Y el velamen aspecto de sudario. 
Cierta noche en que Elcano 

Seca la boca, la mirada mustia. 

Presa de horrible angustia 

La pensadora frente en la ancha mano, 



Pedia ansioso al cielo 

El coto á su amargor y desconsuelo , 

Vio brillar de rei)ente 

La roja lumbre de la austral aurora, 

Y asomar á deshora 

Un encarnado sol resplandeciente. 

Leve brisa suave. 
De aroma de azahares impregnada , 
Barrió la inficionada 
Cubierta de la nave. 

Armonioso concento. 
Llevado en alas de apacible ^■iento, 
Pobló el azul espacio, 
Y, de entusiasmo llenas, 
Abandonando el húmedo i)alacio, 
A escxicharlo salieron las sirenas. 

Alzó los ojos, y miró asombrado 
El .árbol giganteo 
En Genio transformado , 
Aunque se cubre con marcial arreo. 
Nolile aspecto ])resenta de matrona; 
Su vestido preciado. 
De emblemas adornado. 
Su cuna y su i)oder claro pregona. 

Las blancas velas, como propias alas, 
Violentaiijente agita 
Tan raudo sobre el nmr se precipita 
Que ])ai-ejas corriera con las balas. 

Poco á poco su empuje disminuye, 

Y prosigue el camino 
Como albatros marino 

Que por la espuma de las olas huye. 

Un no olvidado acento 
Llenó entonces los aires de armonía, 

Y Elcano, que prestaba oído atento, 
]*ercibió que Aibrante le decía: 

«Aunque es el mar del Sur tu advei'sa 

Y bajo de sus olas [suerte 
Un día yacerá tu cuerpo inerte. 

En aumento de glorias españolas. 
Hoy vengo á libertarte de la muerte. 

» Acude presuroso 
A la playa tu punto de partida. 
De argonaxita con fe nunca vencida 
Cierra el circuito de tu paso honroso. 

» Avanza siempre, avanza , 
Con pecho fuerte y bravo. 
Mira ya en lontananza 
Se ve asomar el bendecido Cabo 
De la Buena Esperanza. 

»Del Pisuerga en la orilla deleitosa 
Carlos Quinto te espera; 

Y cuando sepa que á la densa esfera 
Has— como Dux á la marina esposa — 
Con anillo nupcial engalanado, 

En peregrino dote 

Daráte honroso mote. 

Que diga que el 2) rimero la lias cercado. ^^ 

Desparece el coloso: 
Mira hacia atrás Elcano, ya animoso , 
Interminable estela 
Ya dejando la rauda carabela, 

Y atónito se fija en la constancia 

Con que dibuja un nombre, el de Xinnancia. 

r.Vov qué acude, al lucir la clara aurora, 
La gente de Sanlúcar á la playa, 

Y mientras con el labio á Dios bendice. 
Del horizonte la dudosa raya 

Con la mirada explora? 

Grande agorero el corazón, le dice 
Que las nacidas velas 



DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



13 



Que del alba á los nítidos reflejos 
Destácanse á lo lejos, 
Son de xma de las randas carabelas 
Que la patria risueña abandonaron 

Y hacia mares sin rumbo navegaron. 
Vedla lleg'ar, cual disparada ñecha 

Que consumió en el aire su energía, 
É indolente se abate; 
Sin la jarcia, maltrecha, 
Truncada la soberbia arboladura 
Del viento y mar bravia 
Por el furioso embate; 
En todo semejante á la armadura 
Que sostuvo Ío recio del combate. 
Tremolando la enseña victoriosa 
De proa en el alcázar aparece 
La fig'ura de Elcano majestuosa. 
La vocería al divisarle crece. 
Las lanchas á la mar se precipitan. 
Los pañuelos se ag-itan 
Roncos los bronces suenan. 

Y vítores sin par el aire llenan. 

— ¿Qué es lo qne hizo? — pregúntale á 

[un anciano 
l'n niño ;í quien conduce de la mano: 
— ¿Qué promueve entusiasmo tan profundo?— 

—Mira, con ese ceñidor de plata. 
Que rastro de la nave se dilata , 
Acaba de cei-car el vasto mundo — 

Melchor de Pai.au. 



LA SOCIEDAD DE EXCURSIONES EN ACCIÓN 



4i^?l os Sres. Serrano Fatigati y Cabello 
hicieron el viaje á Valladolid, Medina 




y Salamanca, acomodándose al pro- 
grama é itinerario publicados en el 
número anterior de este Boletín. 

En la primera población visitaron las tum- 
bas de doña María de Molina, de D. Pedro 
Lagasca y de D. Rodrigo Calderón; la iglesia 
de la Antigua, con sus restos de pórtico romá- 
nico; el claustro de San Gregorio, lleno de 
Jlores de lis y de escudos con el yugo y las 
saetas; las portadas curiosas de este mismo 
convento y de San Pablo, y el Museo provin- 
cial donde se conservan las estatuas orantes 
de los duques de Lerma y la bellísima sillería 
de Berruguete. 

Al llegar á Medina se dirigieron á la carita- 
tiva fundación de Simón Rui^ de Envito, cuyo 
busto aparece arrodillado en el presbiterio 
del templo, al lado de los de sus esposas; en- 
traron luego en la Colegiata y recorrieron, por 
tiltimo, las torres, las murallas y los fosos del 
castillo de la Mota tan lleno de glorias nacio- 
nales, tan ruinoso y tan olvidado de nuestros 
hombres políticos, que no cuidan de mantener 
en el pueblo el amor que despierta la historia 
patria. 

Salamanca fué cruzada en todos sentidos. 
Entre cien monumentos, fijan en ella la aten- 



ción del viajero la Catedral vieja, poblada de 
extraños mascarones y de estatuillas que pa- 
recen miniaturas de antiguos códices, y la 
nueva con su espléndida portada; Santo Do- 
mingo, donde se ha construido al cabo de los 
úños mil un sepulcro para el gran duque de 
A!b3,-se venera la vetusta virgen del Valle, y 
se admira uno de los mejores lienzos de Clau- 
dio Coello; el convento de Agustinas, orgullo- 
so con su Concepción de Ribera; las Úrsulas 
y Sancti-Spiritus, ricas en buenos artesonados; 
la Casa de las Conchas, dotada de preciosas 
rejas; la Universidad, el Hospital del estudio, 
los estudios menores, el Colegio de Nobles 
irlandeses, las casas de las Salinas y las Muer- 
tes, que lucen los primores del genio de Berru- 
guete y de otros escultores notables del Rena- 
cimiento; Santa Cruz, poseedora de un fron- 
tal esmaltado; San Martín, San Benito, el 
Palacio de Monterrey y la torre del Clavero, 
que recuerdan en enterramientos y bultos ya- 
centes ó en murallones espesos, luchas nobi- 
liarias y glorias españoles. 

Lamentaron, sí, nuestros consocios muchos 
de los deterioros observados, así como les re- 
gocijó, en grato contraste, la prueba de la 
solicitud por sus joyas que hoy se despierta de 
nuevo en la antigua ciudad de las elecciones 
y motines escolares. La verja que rodea el 
sarcófago del Prelado en la capilla de los Ana- 
yas ha sufrido del vandalismo manso tanto 
como padecen de las inclemencias celestes los 
sepulcros de Sancti-Spiritus y algunos de la 
Catedral vieja. La fachada de la nueva, de la 
Universidad y de otros ediricios no sirven ya, 
en cambio, de frontón á chiquillos mal cria- 
dos, y las preciosas ménsulas del edificio que 
ocupa la Diputación provincial lucen, libres 
de polvo y telarañas, las vigorosas líneas de 
sus geniales figuras. 

Los Sres, Serrano Fatigati y Cabello han 
quedado también satisfechos del hospedaje en 
la modesta casa La Victoria, de Medina, y de 
la excelente fonda de las Cuatro Estaciones, 
de Salamanca, con camas limpias y alimentos 
convenientes. 

X 

X X 

En los últimos días del mes de Febrero, por 
acuerdo de la Comisión ejecutiva, se repartió 
á nuestros asociados una hoja, cuyo contenido 
era el siguiente: 

i Sociedad Española de Excursiones. — Para 
solemnizar el tercer aniversario de su funda- 
ción, esta Sociedad realizará una excursión á 
la histórica ciudad de Alcalá de Henares el 
domingo i." de Marzo de 1896. 

Organizada la excursión después de publi. 
cadoel número de nuestro Boletín, correspon- 



14 



BOLETÍN 



diente al mes Je Febrero, por cuya causa no 
ha podido anunciarse en él, se ponen en co- 
nocimiento de los señores socios las condicio- 
nes de la misma, que son las siguientes: 

Salida de Madrid (estación del Mediodía): 
9,5 h. de la mañana. 

Llegada á Madrid : y, 3o h. de la tarde. 
Cuota: diez pesetas, en que se comprenden 
todos los gastos que ocasione el viaje. 

Adhesiones: al Sr. D. Enrique Serr.ino Fa- 
tigati, Presidente de la Comisión ejecutiva de 
la Sociedad (Pozas, 17, segundo), acompañan- 
do la cuota , hasta el 29 de Febrero, á las tres 
de la tarde. 

Los señores socios adheridos deberán estar 
en la Estación quince minutos antes de salir 
el tren, 

Madrid 22 de Febrero de 1896. — El Secre- 
rio general, Vizconde de Pala^uelos. — V." B.* — 
El Presidente, Serrano Fatigad.» 

Al salir, pues, de las prensas el presente 
número del Boletín, están nuestros consocios 
en Alcalá, ciudad especialmente grata á la So- 
ciedad de Excursiones, pues con una excursión 
á aquella vtriñcada inauguró ésta sus tareas 
en 12 de Marzo de 1893, En el número de 
Abril daremos noticia del resultado de la 
nueva excursión á la patria de Cervantes. 

X 
X X 

Para recuerdo y conocimiento de nuestros 
antiguos y nuevos socios, insertamos á conti- 
nuación los nombres de los señores que conn- 
ponen la Comisión ejecutiva de la Sociedad 
Española de Excursiones y las Juntas de Sec- 
ción, así como también los de nuestros Dele- 
gados-Representantes en provincias y en el ex- 
tranjero. 

Organización de la Sociedad Española de Excur- 
siones en 1896. 

COMISIÓN EJECUTIVA 

Presidente.— l\mo. Sr. D. Enrique Serrano 
Fatigati, Pozas, 17, segundo derecha. 

Vocal. — Sr. D. Adolfo Herrera, Alcalá, 49 
cuadruplicado, tercero izquierda. 

Secretario. — limo. Sr. Vizconde de Pala- 
zuelos, Hernán-Cortés, 3. 

JUNTAS DE SECCIÓN 

CIENCIAS HISTÓRICAS 

Presidente. — Excmo. é limo. Sr. D. José 
María de Cos, Arzobispo-Obispo de Madrid- 
Alcalá. 

Vicepresidente. — Excmo. Sr. D. Juan de 
Dios de la Rada y Delgado. 

Vocales.— limo. Sr. D.Juan Catalina García; 
Excmo. Sr. Marqués de Cerralbo, Excmo. se- 



ñor D. Cesáreo Fernández Duro, Excmo. se- 
ñor Duque de Sexto, Excmo, Sr. Conde de 
Valencia de Don Juan. 

Secretarios. — limo. Sr. D. Ramón Morenes, 
Sr. D. Antonio Vives. 

CIENCIAS NATURALES 

Presidente. — Excmo. S-. D. Federico Bo- 
tella. 

Vicepresidente. — Sr. D. Rodrigo Sanjurjo. 
Vocales. — limo. Sr. D. Perfecto María Cle- 
mencín. — Excmo. Sr. D. Rafael Alvarez Se- 
reix. — Sr. D. Fermín Iñarra. — Sr. D.Manuel 
Marchámalo. — Sr. D. José Rodríguez Mou- 
relo. 

Secretarios. — Sr, D. José Retamal, señor 
D. Paulino Savirón. 

LITERATURA 

Presidente. — Excmo. Sr. D. Vítor Bala- 
guer. 

Vicepresidente. — limo. Sr. D. Francisco 
Commelerán. 

Vocales.— Sr. D. Pablo Bosch, Sr. D. Va- 
lentín Gómez, Sr. D. José Feliú y Codina, se- 
ñor D. Cayo Ortega Mayor, Sr. D. Rodrigo 
Soriano. 

Secretarios. — Sr. D. Cayetano Cervigón, 
Sr. D. Marcelo Cervino. 

BELLAS ARTES 

Presidente. — Excmo. Sr. D. Pedro de 
Madrazo. 

Vicepresidente —Sr . D. Aureliano de Be- 
ruete. 

Vocales. — Sr. D. Felipe B. Navarro, señor 
D. Luis Romea, Sr. D. José Garnelo, señor 
D. José Parada y Santín, Sr. D. José María 
Florit. 

Secretarios. — Sr. D. Manuel Crespo, señor 
D. Pelayo Quintero. 

DELEGADOS EN PROVINCIAS 

Alcalá de Henares (Madrid). — Rmo. Pa- 
dre Abella. 

Alicante. — Excmo. Sr. Barón de Mayáis. 
Almagro (Ciudad Real). — Excmo. seftot 
Marqués de la Concepción. 

Almaján (Soria). — Sr. D. Elias Romera. 
Aranjue:^ ( Madrid). — Sr. D. Manuel Al- 
caide. 

Avila.— Sr. D. Fausto Rico. * 
Barcelona.— Sr. D. Antonio Elias de Mo- 
lins. 

Bilbao. — Sr. D. Juan Antonio Sanz. 
Burgos.— Sr. D. Juan Albarellos. 
Cabera del Buey (Badajoz).— Sr. D. Anto- 
nio Martínez de la Mata. 

Cádi:¡. —Sr. D. Pelayo Quintero. 
Cartagena (Murcia). —Sr. D. Isidoro Mar- 
tínez Rizo. 



DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



15 



Castellón de la Plana. - Sr. D, Francisco 
Domenech. 

Ciudad Real. — M. I. Sr. D. Casimiro Pi- 
nera. 

Colmenar Viejo (Madrid). — Sr. D. Valen 
tín Ramón. 

Celaje (Madrid). — Rdo. P. Emilio de La- 
torre. 

Guadalajara. — Sr. D. Miguel Marcha - 
malo. 

Huesca. — EKcmo. Sr. Conde de San Juan. 
Lwg'o. — Sr. D. Jesús Rodríguez. 
Mora (Toledo). — Sr. D. Juan Marín del 
Campo. 

Murcia.— ?>r. D. Ricardo Codorníu. 
Navalmoral de la Mata (Cáceres). — Señor 
D. Miguel Lozano. 

Ocaña (Toledo). — Sr. D. Antonio Gálvez. 
Falencia. — Sr. D. Isidoro Fuentes. 
Pamplona. — Sr. D. Juan Iturralde. 
Santa Coloma de Queralt (Tarragona). — 
Rdo. Sr. D. Esteban Puig. 

Santander.— Sr. D. Ramón Solano Po- 
lanco. 

Santiago (Coruña). — M. L Sr. D. Antonio 
López Ferreiro. 

Santillana (Santander).— Excmo. Sr. Mar- 
qués del Robledo. 

Segovia. — Sr. D. Joaquín María de Cas- 
tellarnau. 

Sevilla. — Sr. D. Rafael Ramírez de Are- 
llano. 

Solana (Ciudad Real). — Sr. D. Francisco 
Enríquez y Olivares. 

Tarragona.— Sr. D. Félix Ribas. 
Toledo, — Sr. D. Ecequiel Martín. 
Valencia. — limo. Sr. D. José Serrano Mo- 
rales. 

Villafranca de los Barros (Badajoz). — 
Sr. D. José Cáscales. 

Zarago^a.—Sr. D. Paulino Saviron. 

DELEGADOS EN EL EXTRANJERO 

Francia. — Sr. D. Juan Bautista Enseñat, 
París. 

Sr. Conde de Saint Saud. La Roche Cha- 
láis (Dordoña). 

Portugal. — Excmo. Sr. D. Alvaro Rebe- 
11o Valente, Porto. 

Italia.—Sr. D. Joaquín Paya, Bolonia. 

Estados Unidos. —Mrs, Abba Goold Wool- 
son, Boston. 

— — ««ajaojaoor — 



Informes. 

I. Un manuscrito de la Biblioteca Nacional 
de Madrid acerca de las Comunidades, atri- 
buido á Gon:^alo de Ayora. — Manuel Danvi- 
la. — II. Arquitectura barcelonesa en el si- 
glo XIV. — Datos inéditos acerca de la cons- 
trucción de Santa María del Pino y Santa 
María de Pedralbes. — Fidel Fita. — III. Ins- 
cripiions basques. — E Iward Spencer Dodgson. 

Variedades. 

I. Corles de Tarragona en Febrero de 1 177. 
— Bienvenido Oliver y Esteller. — II. Badalo- 
na.— Su iglesia parroquial. — Fidel Fita. 

Noticias. 



BlBDIO(iI^ABÍA 

Publicaciones periódicas. 
Boletín de la Real Academia de la Histo- 
rííi.— Sumario del número de Febrero de 1896. 



Boleiín de la Sociedad arqueológica lulia- 
na. — Sumario del mes de Enero de 1896. 

I. — La guerra entre ibicencos y argelinos en 
el siglo XVíI, X, por D. Enrique Fajarnés. 

II.— Sor Isabel Cifre (i545),por D. E. Aguiló. 

111. — La adoración délos Magos, pintura 
sobre tabla original de Morell, por D. Barto- 
lomé Ferrá. 

IV.— Capitols sobre els corredors (i455), por 
D. E. Pascual. 

V. — Fundación de la cátedra de Sagrada Es- 
criptura en Mallorca, por D. E. Fajarnos. 

VI. — Defensa de Mallorca contra Pedro IV 
de Aragón (i343): continuación, por D. Miguel 
Bonet. 

VII.— Constitucions de la caxa deis mariners 
de Mallorques (i5o6), por D. P. A. Sancho. 

VIII. — Noticias para servir á la historia ecle- 
siástica de Mallorca (continuación), por don 
José RuUan, presbítero. 

IX. — Incunables y libros raros de la biblio- 
teca provincial de Palma (conclusión), por 

D. B. Muntaner. 

X.— Sobre invenciones industriales antiguas 
en Mallorca, XVII á XXI (siglo XVI), por don 

E. Fajarnés. 
XI.— Noticias. 

Lámina CXII. Fototipia de una pintura de 
Morell. 

Revista crítica de Historia y Literatura es 
pañolas, portuguesas é hispano americanas.— 
Sumario del número de Enero de 1896: 

Notas críticas. — Arturo Farinelli: Baltasar 
Gradan y la literatura de corte en Alemania, 
de K. Borinski. — M. Ménendez y Pelayo: La 
inmigración de los jesuítas literatos en Italia, 
de V. Cián.— Notas bibliográficas. — Libros y 
Revistas, por R. A., J. B., R. L., y R. M,— 
Comunicaciones y noticias.— Amena literatu- 
ra.— W. Webster: La literatura española en 
Inglaterra. — R.: Juanita la Larga, de Vale- 
Ta.—Cani¡one della Cm//ít.— Noticias. 



16 



boletín 



Historia y Arte. — Sumario del número lie 
Febrero de 1896. 

Texto : La inventora del baño de Maríj, por 
D. José Rodríguez Moureio. — Mariposas blan- 
cas, por D. Ricardo Gil. — Las Amazonas alfa 
reras, por D. Marcos Jiménez de la Espada, de 
la Academia de la Historia. — Rafael Monlcón, 
aguafuertista, por D. Augusto Danvila Jalde- 
ro, correspondiente de la Academia de San 
Fernando,— Notas de la historia del Monaste- 
rio de San Pedro de Arlanza antes y después 
de su venta por el Estado, por D. Rodrigo 
Amador de los Ríos, de la Academia de San 
Fernando. — Juan de Joanes, por D. E. Mar- 
tín.— José Villegas, retrato de D. Federico Ba- 
lart, por A. — Advertencia. 

A este número acompañan varias láminas 
sueltas al agua fuerte y en fototipia, y otras, 
intercaladas en el texto, en fototipia y fotogra- 
bado. 



OQljá©EDÁNEA 

Parece próxima á realizarse la restauración 
del histórico Monasterio de Guadalupe , cuyo 
sólo nombre tantos recuerdos evoca, enLz.ido 
como está con les de muchos Monarcas cs,ia- 
ñoles y con nuestras glorias" americanas. La 
patriótica campaña iniciada en este sentilo, 
hace un año, por varios periódicos madrileños 
y la que en Extremadura sostiene el ilustre 
académico txuemeño D. Vicente Barrantes, 
pronto se verán coronadas por el éxito, pues 
S. M. la Reina Regente y S. A. la Infanta doña 
Isabel han tomado bajo su protección la obra 
de restauración del insigne santuario á cuya 
fundación va unido el nombre del vencedor 
del Salado. 

* * 

Nuestro digno y respetable consocio el señor 
D. Casimiro Pinera, Canónigo Arcipreste y 
Vicario general de Ciudad Real, ha sido nom- 
brado Obispo de la restablecida diócesis de 
Barbastro. Damos la enhorabuena al agracia- 
do por la elección, que no puede ser más justa 
y acertada. 

* * 

Dicen de Vich que el Museo Arqueológico 
de aquella j:iudad ha sido aumentado con los 
siguientes objetos: 

Una hacha de basalto de regulares dimen- 
siones; una estatuíta de la Virgen con el Niño, 
de fines del siglo XII, conservando la decora- 
ción con que fué ornada al ser construida; una 
imagen de la Magdalena, del siglo XVI: un 



rctnblo de gran estima , principalmente por el 
modo de presentar la Sagrada Familia con 
Sauta Isabel y San Juan Bautista, y por la 
agrupación y accesorios, que recuerdan el esti- 
lo de uno de los grandes maestros italianos del 
[Renacimiento. 

*** 

El 14 de Febrero último se estrenó en el 
teatro Español la comedia en tres actos y ea 
prosa, original de D. José Feliu y Codin?, titu- 
lada María del Carmen. Nuestro compañero, 
que ha llevado esta vez á la escena, en un inte- 
resante y dramático argumento, la vida y las 
pasiones popularesde los huertanos de Murcia, 
obtuvo un verdadero triunfo y el más franco 
éxito teatral de la presente temporada. 

Enviamos nuestra cordial enhorabuena al 
Sr. Feliu, á quien, según noticias recientes, 
el Ayuntamiento de Murcia ha nombrado 
hijo adoptivo de dicha ciudad. 






Para ocupar la vacante de Director del Mu- 
seo Nacional de Pintura y Escultura, ocasio- 
nada por el fallecimiento de D. Vicente Pal- 
maroli, ha sido nombrado, con fecha 3 de 
Febrero último, el insigne artista D. Francisco 
Pradilla. 






SECCIÓN OFICIAL 



hk SOCIEDAD DE EXCURSIONES EN MARZO 

La Sociedad Española de Excursiones con- 
tinuará la serie de visitas á las colecciones ar- 
queológicas particulares existentes en Madrid, 
que emprendió en Diciembre de iSgS. 

La primera visita de este mes se verificará 
en 12 de Marzo; y en dicho día se fijará por 
les señores asociados la fecha de las sucesivas. 
Las condiciones para una y otras serán siem- 
pre las mismas. 

Lugar de reunión: Ateneo de Madrid (calle 
del Prado). 

Hora: Nueve y media de la mañana. 

Cuota: Cinco pesetas, en que se comprende 
el almuerzo en un restaurant de Madrid, café 
y gratificaciones. 

Adhesiones : A casa del Sr. Presidente de 
la Sociedad, Pozas, 17, segundo, hasta las ocho 
de la noche de la víspera de cada excursión. 

Los señores socios que no piensen asistir al 
almuerzo no necesitan abonar cuota alguna 
ni adherirse previamente. 




BOIvKTlN 



DE LA 



t^ 



liiü ISPliU M EKiESiraS 



DIRECTOR: 
EL VIZCONDE DE PALAZUELOS, Secretario general de la Sociedad. 



ANO IV 



Madrid 1.° de Abril de 1806 



KUM. 38 



EXCURSIONES 



LA SOCIEDAD DE EXCURSIONES 

EN EL TERCER ANIVERSARIO DE SU FUNDACIÓN 




ÍL día 1.° del pasado Marzo reali- 
zó esta Sociedad una expedición 
á Alcalá de Henares con motivo 
de celebrarse el tercer aniversario de 
su existencia; un día espléndido y una 
suave temperatura animaron á buen 
número de socios para que acudiesen 
á conmemorar fiesta tan solemne, re- 
sultando el viaje agradabilísimo, como 
no podía menos, dadas las ilustres per- 
sonalidades, que con su ingenio exqui- 
sito, su culta conversación é instructi- 
vos relatos, hicieron sumamente breve 
el poco tiempo que se tarda en trasla- 
darse desde la Corte á la antigua Cóm- 
phito. 

Formaron la expedición los seño- 
res Serrano Fatigati, Alvarez Sereix, 
Herrera, Jordana (D. José y D. Ra- 
món), Foronda, Zaragoza (D. Juan), 
Villares Amor, Bosch (D. Pablo y don 
Eduardo), Lafourcade,Poleró, Benicio 
Navarro, Vives, Peña, Mourelo, Menet, 
Sentenach. Palau. Gutiérrez Ralle^tp. 



ros, Concellón, conde de la Oliva y el 
que esto escribe. 

En la estación de iVlcalá esperaban 
á los excursionistas el alcalde D. Ber- 
nabé Estevez, el diputado provincial 
D, Lucas del Campo, generales Man- 
glano y Ezpeleta, subdelegado de me- 
dicina Sr. Fernández Sánchez, jefe del 
archivo D. Miguel Velasco, Padres 
Escolapios Lecanda y Gallo, Abad de 
la Magistral, canónigo D. Luis Fer- 
nández, Juez de instrucción Sr. Huer- 
tas y su señor padre, primer teniente 
alcalde, director de los penales señor 
Bruyel, los Sres. Ibarra, Gil, Alonso, 
un representante de los Padres Fili- 
penses y otras muchas personas que 
sentimos no recordar. 

Después de cambiadoslos saludos de 
cortesía y hechas las presentaciones 
de rigor en tales casos, se trasladaron 
todos al Ayuntamiento, donde les fue- 
ron enseñadas muchas de las curiosi- 
dades históricas que encierra en sus 
salones, pudiéndose notar el orden más 
perfecto en todas las dependencias mu- 
nicipales y el exquisito celo con que se 
guardan documentos y objetos artísti- 

rnc; dp inpc;fimpih1p> \Tí\\c\r- 



18 



boletín 



Visitaron luego la iglesia Magistral, 
émula de la de Lovaina, y discurrieron 
los excursionistas por sus severas na- 
ves admirando sus esbeltos pilares, las 
lápidas sepulcrales que cubren los 
restos de tantos varones insignes, los 
cuadros de afamados maestros, dete- 
niéndose, llenos de admiración, ante el 
sepulcro del gran Cisneros, traído en 
el año 1520 de Italia, y rodeado de la 
preciosa reja de bronce construida por 
los hermanos Vergara, joya de inesti- 
mable valor, filigrana admirable, que 
revela gusto y condiciones artísticas 
excepcionales en sus autores. 

El arzobispo Carrillo, perseguidor 
implacable de Cisneros, tiene también 
su enterramiento en la Magistral; es 
una urna gótica, tallada en mármol 
blanco, y así como la estatua yacente 
es tan buena, en nuestra modestísima 
opinión, como la de Cisneros, la verja 
es de mal gusto y no admite punto de 
comparación con la del sepulcro del 
insigne franciscano; en la sacristía se 
nos exhibieron joyas y reliquias de 
gran valor, entre otras, una arca de 
plata repujada del siglo XVI, de gran 
mérito artístico. 

El Archivo general central es otro 
de los sitios donde tuvimos ocasión de 
admirar riquezas no bien apreciadas 
por los españoles, pero tenidas en gran 
estima por eruditos extranjeros que 
dedican sus actividades á estudios his- 
tóricos, para los cuales el archivo de 
Alcalá es fuente inagotable de fechas, 
citas, relatos y comprobantes curiosí- 
simos. Inútil es que nos detengamos á 
describir su fachada de estilo plateres- 
co; los claustros del patio, sostenidos 
por columnas de estilo, si no corintio, 
muy parecido; la escalera, verdadero 
primor de un artista de exquisito gus- 
to; los variados techos, con soberbios 
tallados, á cual más ricos, de labores 
prolijas y delicadas; pero lo que llamó 
poderosamente la atención de los visi- 
tantes, por su magnificencia, fué el Sa- 



lón de Concilios , restaurado por el 
Sr. Laredo, artista genial que ha de- 
rrochado su brillante fantasía en el 
decorado de aq-uella estancia que, se- 
gún frase de un elevado personaje, 
"no la tiene mejor ningún Rey en sus 
palacios.,, 

Una cosa entristeció á los visitantes, 
y fué la contemplación de la fachada 
principal, cubierta por costoso anda- 
mio, que lleva diez años sufriendo las 
inclemencias del aire y de las lluvias, 
y ya negruzca su madera, resquebra- 
jada por muchos lados, amenaza des- 
plomarse de, un momento á otro; es de- 
cir, que en breve plazo caerá impe- 
lido por la poderosa fuerza del tiem- 
po, y ni se ha compuesto la fachada, 
ni se ha sacado partido de los muchos 




ESTATUA DE CERVANTES EN ALCALÁ DE HENARES 

miles de duros que costó el andamiaje, 
necesitándose construir uno nuevo el 
día que un ministro de Fomento aman- 
te de las glorias patrias caiga en la 
cuenta de que á las puertas de Madrid 
existe un pueblo que guarda preciados 
recuerdos del pasado que atestiguan 
su grandeza y que se hace preciso con- 
servar á toda costa. ¿Cuándo sucederá 



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DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



19 



esto? No lo sabemos; el buen sentido 
hace mucho que huyó de las esferas 
gubernamentales, 5- Dios sabe cuándo 
podremos alcanzarle de nuevo. 

Puestos en marcha camino de la 
Universidad vetusta , cuyo emplaza- 
miento en Alcalá sería bastante para 
dar á este pueblo fama y renombre 
universales, tuvimos ocasión de con- 
templar la eleg-ante estatua del Prínci- 



Sorprende y arroba al menos aficiona- 
do á los recuerdos de pasados siglos 
la vista de la grandiosa fachada , ta- 
llada en piedra por Gil de Ontañón, 
adornada de graciosas columnas, pri- 
morosos medallones , balcones talla- 
dos con sumo gusto, cresterías delica- 
dísimas, circundando la fachada el 
cordón de la Orden franciscana á que 
perteneció Cisneros, cordón que, se- 





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UMVtRSIOAD DE ALCALÁ DE HEXARES 



pe de los ingenios españole?, del in- 
mortal Cervantes que, esbelta, se ele- 
va en anchurosa plaza, formada de 
buenos edificios y adornada de bien 
cuidado jardín. 

En la calle de Santiago, y en su nú- 
mero 14, fué también objeto de nues- 
tra curiosidad la casa donde vivió el 
famoso médico D. Francisco Valles 
de Covarrubias, llamado por su gran 
ciencia el Divino, y cuyos restos se 
guardan en sencillo enterramiento en 
la iglesia de Santa María de Alcalá. 



gún algunos maliciosos refieren, tomó 
por calabrote, ó cosa así, una insigne 
escritora, la única mujer cuyos traba- 
jos leemos con verdadera delectación. 
Los patios de la famosa Universidad 
ofrecen cada uno por sí motivos para 
que los visitantes admiren en el prime- 
ro sus columnas corintias y jónicas; 
en el tercero , conocido por el Trilin- 
güe, construido en 1557 por Pedro de 
la Gotera, la puerta de ingreso al fa- 
moso paraninfo, todo cuajado de labo- 
res platerescas, leyéndose en las pare- 



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20 



boletín 



roñes que fueron alumnos de aquella 
Universidad. Recordamos, entre otros, 
los de Santo Tomás de Villanueva, San 
Ií:vnacio de Loyola, Quevedo, Jovella- 
nos, el divino Valles, 5^ otros muchos 
que sería prolijo citar. 

Este famoso recinto creo que en cier- 
ta época estuvo destinado d pajar: sin 
duda alguna, los autores de tan sabia 
determinación sintieron la necesidad 
de alojar ampliamente su alimento fa- 
vorito; felizmente, unos cuantos pa- 
triotas alcalaínos rescataron esta joya, 
adquiriéndola en propiedad y cedién- 
dosela á los Padres Escolapios, quehoy 
dan en su recinto saludables enseñan- 
zas, oyéndose de nuevo la voz de la 
ciencia en aquel augusto edificio, fun- 
dado por el político más hábil de la 
Edad Media. 

Después de tan agradables é ins- 
tructivas visitas, fueron obsequiados 
los excursionistas por sus compañeros 
de Alcalá con un espléndido almuerzo 
en el hotel del Sr. D. Carlos E. Lar- 
det, Cónsul de Suiza; cuantos visitan 
Alcalá y tienen la suerte de penetrar 
en tan deliciosa mansión, salen encan- 
tados de las bellezas artísticas que en- 
cierra, y no pudo ser más oportuna la 
elección del sitio, pues en aquel amplio- 
salón, soberbiamente decorado, tenien- 
do delante pinturas murales en que 
pueden sintetizarse muchas grandezas 
de nuestra querida España , no es de 
extrañar se exaltaran los sentimientos 
patrióticos de los comensales , hoy 
que por groseros comerciantes, ver- 
daderos señores hechos de pronto, quie- 
re arrebatársenos la perla de nuestras 
Antillas. 

Al servirse el champagne brindaron 
elocuentemente buen número de co- 
mensales; entre otros recordamos al 
Sr. Villares Amor; Canónigo, Sr. Fer- 
nández; Alcalde, Sr. Estevez; Abad, 
Sr. Sarrión; P. Gallo, el ilustre inge- 
niero y académico Alvarez Sereix, y 
subdelegado de Medicina, que se ex- 



presó con gran patriotismo; siguióle 
el Cónsul de Suiza, dirigiendo frases 
cariñosas á España, resumiendo los 
brindis en un discurso bellísimo , elo- 
cuente é inspirado, el presidente señor 
Serrano Fatigati, que recibió una ova- 
ción entusiasta como premio á lo bien 
que supo interpretar los sentimientos 
de todos los allí reunidos. 

El acontecimiento del día fué la so- 
lemne velada literaria celebrada en el 
salón de sesiones del Ayuntamiento, y 
á cuya festividad acudieron las más 
elegantes damas alcalaínas y gran nú- 
mero de personas conocidas en la lo- 
calidad. 

Tomaron parte en ella las bellas se- 
ñoritas Monge y Rosado, demostrando 
los grandes conocimientos musicales 
que poseen; pronunciaron discursos ó 
leyeron trabajos históricos, en prosa 
y verso, los Sres. Serrano Fatigati; 
Canónigo, Sr. Fernández; alcalde, se- 
ñor Estévez; Abad de la Magistral; 
Padres Gallo y Carrillo; Sres. Foron- 
da, Mourelo, Palau; los colegiales de 
las Escuelas Pías, Sres. Barbier, Ba- 
chiller y Rodríguez; el P. Ángel, que 
recitó una hermosa poesía en latín; el 
colegial Sr. Espejo; el Sr. Alvarez Se- 
reix, que leyó admirablemente poesías 
inéditas de Núñez de Arce, Balart, Fe- 
rrari y otros, terminando acto tan 
grandioso con una sentida peroración 
del General Ezpeleta, en que se hizo 
intérprete de los sentimientos que ani- 
man al Ejército español en pro de la 
cultura nacional. 

Al salir la distinguida concurrencia 
se tocó la marcha de Cádis^ y se oye- 
ron unánimes y entusiastas vivas al 
Rey, al Ejército, á España, y frases de 
protesta contra los norte- americanos. 

El Alcalde, Sr. Estévez, coronel re- 
tirado y persona amabilísima, querien- 
do llevar sus bondades con la Sociedad 
de Excursiones hasta el último momen- 
to de nuestra permanencia en Alcalá, 
tenía dispuesto un suculento lunch, que 



DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE EXCURSIONES 



21 



saboreamos gustosos, mientras admi- 
rábamos las elegantes instalaciones de 
la luz eléctrica de la Casa Consistorial, 
que han sido hechas bajo la dirección 
del Sr. Ureña. 

A despedirnos en la estación bajaron 
gran número de personas; al partir el 
tren se dieron vivas á Alcalá, al Ejér- 
cito y á la Sociedad de Excursionistas; 
durante el trayecto que media desde 
la histórica ciudad á la corte, sólo se 
escucharon frases de gratitud inmensa 
hacia los que tanto nos habían obse- 
quiado , haciéndose fervientes votos 
por la propagación de los ideales que 
persigue la Sociedad Española de Ex- 
cursiones, que no son otros que el dar 
á conocer á propios y extraños los 
grandiosos monumentos que guarda 
nuestra, patria, muchos de los cuales 
se desconocen por punible indiferencia, 
ó lamentable ignorancia. 

F. Calatraveño. 



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SECCIÓN DE CIENCIAS HISTÓRICAS 



CUEL_L_AR 



(1) 




(Continuación.) 

íesde D. Pedro Anzurez hasta don 
Fernando Ruíz de Castro, ma- 
rido de doña Urraca Díaz de 
Háro, la que por prohijar al entonces 
infante D. Sancho, luego Rey con el 
sobrenombre de El Bravo, hizo que re- 
cayera en éste el señorío de Cuéllar, 
teniéndolo por primera vez la Corona 
entre sus bienes propios, media un si- 



glo: ¿cómo fué transmitiéndose durante 
él la posesión de la villa, hasta recaer en 
el marido de doña Urraca Díaz? Creo 
poder fijarlo de manera bastante preci- 
sa, con el auxilio de D.Luis deAyala(l) 
y del Padre Berganza, autores que á mi 
juicio, al comprobar los dos extremos de 
la línea que ya nos eran conocidos y fe- 
hacientes, nos garantizan de la exacti- 
tud de ella y del recorrido seguido des- 
de el primero al último punto: Nimo 
Rasura, uno de los Jueces de Castilla, 
tuvo una hija, que casó con Lain Cal ■ 
vo , su compañero en el Gobierno y la 
justicia; de este matrimonio nació Fer- 
nán Láines, el poblador de Peñafiel, 
quien á su vez casó con doña Jimena 
Núñe3 de Castro , señora de Castrojeriz, 
siendo padres de Alvaro Hernández ó 
Fernández Minaya , conocido también 
con el nombre de Alvar Fáñe3\ aquí es 
donde se verifica el enlace con los An- 
sures, punto esencial en el que los dos 
autores antes citados están conformes, 
con ligera discrepancia; dice el prime- 
ro que D. Alvaro casó con doña Emilia 
Ansures , descendiente del Conde don 
Hernando Anzurez, y conviene fijarse 
en la palabra descendiente , y no hija, ' 
porque sin duda el genealogista se fijó 
en esta descendencia por haber sido el 
don Fernando Conde Soberano, por 
su notoriedad á causa de la prisión y 
muerte sufrida, y quién sabe si tal vez 
también por ver en él al legendario 
Bernardo del Carpió^ puesto que no 
falta autor que crea que, si existió, 
bien pudiera ser este mismo persona- 
je (2). El P. Berganza, en cambio, 
dice (3): "Casó Alvar Fáñes con Me-- 
liana Bascuñana , hija del Conde don 
Pedro Anzurez, Conde de Carrión y 
señor de Valladolid... „ El Conde don 



(1) f or error de imprenta, en el número anterior 
al transcribir la cláusula del testamento de D. Pedro 
de Velasco, referente al Monasterio de San Boal, se 
ha Duesto: "lleve 31 mrs... v debe decir, "31 mili mrs.„ 



(1) Genealogías de España. Parte segunda, folios 
179 á 197. M. S. Bib. Nao. 

(2) Ríos y Ríos: Ensayos histórico-etimológico y 
filológico sobre los apellidos castellanos.— Árbol ge 

neológico de los Condes de Saldaña y Carrión. 
(.3) Berganza: Antigüedades de España , pág 571. 



22 



boletín 



Pedro descendía deD. Fernando Anzu- 
rcz; descendiente era, pues, de él tam- 
bién su hija, llámarase^w/7m ó Melia- 
nn, nombres que por su analogía bien 
pudieran ser uno mismo; lo evidente es 
que esta hija de D. Pedro casó con Al- 
var Fuñes y de esta unión nació doña 
Marín de Castro, como con completa 
igualdad afirman ambos autores, con- 
formes también en asegurar el matri- 
monio de ella con D. Fernando, infan- 
te de Navarra, y que de esta hija es de 
donde proceden los Castros. D. Ángel 
de los Ríos, en el árbol genealógico de 
los Condes de Saldaña y Carrión, pone 
como hija única de D. Pedro Anzurez 
á María, Condesa de Saldaña y Valla- 
dolid, que casó con Armengol, Conde 
de Urgel , llamado de Mollerusa ; pero 
don Pedro debió tener más hijos, pues- 
to que en su testamento dice que lo 
otorgó en unión de sus hijos^ lo cual 
bien claro da á entender que, además 
de algún varón^ tenía por lo menos una 
hija; y en efecto, no una, sino dos tuvo; 
la mayor, la que casó, como se ha di- 
cho, con el Conde de Urgel y llevó lo 
principal de los señoríos, y la segunda 
la casada con Alvar Fáñes^ que le lle- 
varía, como los hechos posteriores pa- 
recen comprobarlo , el señorío de la 
tierra de Cuéllar. Antolinez de Burgos, 
en su Historia de Valladolid (1), con- 
firma estos para nosotros interesantes 
extremos, así como explica perfecta- 
mente lo que antes hacíamos notar de 
haber tenido don Pedro Anzurez hijos^ 
como se dice en su citado testamento 
y, que no obstante recayeran sus Esta 
dos en las hijas^ dice este autor: 

"Tuvo el Conde de la Condesa doña 
„Eilo, su mujer, un hijo y dos hijas; el 
«hijo se llamó D. Alonso Anzurez, que 
«murió mozo y está sepultado en el con- 
« vento de San Facundo de Sahagún; 
«la hija mayor casó con el Conde de 
„ Urgel y llevó en dote á Valladolid... 



„DonJuan Manuel, en su libro titulado 
^Liicanor (1), dice que el Conde Anzu 
„rez tuvo tres hijas, y que la menor, de 
„nombre Vascuñana, casó con Alvar 
„ Fáñes que pobló á Iscar . „ El mismo 
autor explica el error de D. Juan Ma- 
nuel al decir que fueron tres hijas, en 
vez de dos, por haber doña María An- 
zurez estado casada dps veces; pero 
esto no hace á nuestro objeto. En doña 
María de Castro recayeron, no sólo los 
señoríos de su padre y madre, sino que 
además, por muerte de su tío D. Suero 
Gutiérrez de Castro, hijo, como su pa- 
dre, de Fernán Láines y doña Jiniena 
Núñes de Castro, que murió sin suce- 
sión, heredó el de Castrojeriz, solar 
verdadero de su apellido; casada con 
don Fernando , hijo del Rey de Nava- 
rra, tuvieron á D. Hernán Ruis de 
Castro y á D. Rui Hernándes de Cas- 
tro, en quien recayó toda la sucesión 
por haber muerto sin ella £>. Martín 
de Castro, hijo único de su hermano 
mayor, el anterior . D. Rui Hernán- 
des de Castro casó con doña Estefa- 
nía Peres de Trava yíué hijo suyo don 
Rui de Castro, por otros llamado Fer- 
nán Ruis de Castro, el que en 1164, y 
en la batalla de Huete, mató de un bote 
de lanza áD. Manrique de Lara, el más 
encarnizado y el mayor de los enemi- 
gos de su casa. En este tiempo verifi- 
cóse la primera unión de la familia de 
Castro con la de los Días de Haro, 
pues una hermana de D. Fernando, 
doña Constanza, casó con D, Lope Díaz, 
señor de Vizcaya. Del matrimonio de 
don Fernando Ruis de Castro con 
doña Estefanía, hija del Rey D. Alfon- 
so, nació D. Pedro Fernándes de Cas- 
tro (el Castellano), que ganó á Lemos 



(1) Publicada por D. Juan Ortega en 1877, pág. 44. 



(1) El Conde Lttcanor, compuesto por el excelentí- 
simo príncipe D. Juan Manuel, etc., con aclaraciones 
y notas de Gonzalo Argote de Molina, cap. V, pági- 
na 12; en el dice: ''después que D. Alvar Fáñes llevó á 
„su mujer ásu casa, fué ella tan buena dueña y tan 
^cuerda, que D. Alvar Fáñes se tuvo por muy bien 
„casado con ella é tenía por razón que se flziese todo 
.,)o que ella quería.,, 



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y á Sarria, lugares que le tenían usur- 
pados y eran de la herencia de su ma- 
dre: D. Pedro casó con doña Jimena^ 
hija del Conde D. Gómez y poseyó á 
Santa Olalla y á Iscar; esta villa se- 
guramente, como Cuéllar , desde los 
tiempos de Alvar Fáñes^ su fundador; 
y fijo esta circunstancia porque luego 
las tres han de figurar unidas en los 
pactos y convenios á que dio lugar la 
posesión de Cuéllar por el Rey don 
Sancho. 

De su matrimonio tuvo á Don Alva- 
ro Peres de Castro y á doña Eilo, que 
casó con Don Duarte, Vizconde de 
Cabrera, y fueron padres de Rui Her- 
nandos de Castro, que murió en vida de 
su madre, dejando un hijo y una hija, 
llamados Hernando Ruis de Castro 
y Leonor Rodrigues de Castro. Fer- 
nando Ruis de Castro debió dar , pro- 
bablemente en arras, aun cuando no 
he encontrado el documento que lo 
acredite, las villas de Cuéllar, Iscar, 
Paredes y Santa Olalla á su mujer doña 
urraca Días de Haro, pues consta de 
manera fehaciente que esta señora dis- 
puso después de ellas, dándolas al infan- 
te don Sancho, luego Rey, como apare- 
ce terminantemente por su crónica ya 
antes citada , en que, de una manera que 
no admite lugar á dudas, se afirma (1); 
y como se comprueba después en las 
sucesivas contiendas que tuvo entre sí 
la familia y con la Corona, sobre el Se- 
ñorío de Vizcaya y de las villas nom- 
bradas; contiendas de que aunque rá- 
pidamente tengo que ocuparme , pues 
fijan el paso de dominio de Cuéllar de 
los Castros al Rey y después á los Ma ■ 
míeles. Reservóse el Rey Don Sancho 
la posesión de Cuéllar, que conservó 
durante su vida y que, como A^a vimos, 
fué el refugio predilecto de su viuda 
doña María de Molina, y donde se crió 
su hijo Fernando IV, el cual la tuvo 
hasta tres años antes de su muerte en 



qUe la cedió á doña María Días de 
Haro, la esposa del infante Don Juan; 
pero este suceso necesita, por la impor- 
tancia que para la villa tiene, una ex- 
plicación más extensa. 

Don Lope Díaz de Haro , Señor de 
Vizcaya, conocido por el nombre de 
Cabesa brava, entró á poseer el Seño- 
río en 1214; protector acérrimo de 
la infanta doña Berenguela, luego 
Reina soberana de Castilla al recaer 
en ella la coroija, Don Lope logró há 
bilmente sacar del poder del Rey de 
León á su hijo D. Fernando y una vez 
en poder Je su madre ésta abdicó en él 
la corona, siendo aclamado Rey de Cas- 
tilla; pero D. Alfonso de León^ indig- 
nado por la estratagema empleada para 
la proclamación de su hijo , invadió 
sus dominios, estrellándose todos sus 
esfuerzos ante la entereza y valor del 
noble Señor de Vizcaya : D. Lope 
siguió siempre después á D. Fernan- 
do en sus empresas guerreras, que tan 
alto colocaron el poderío castellano; 
estuvo casado con doña Urraca Alon- 
so, hija natural de don Alonso de León, 
y tuvo de ella á D. Diego López, 
á D, Sancho López, de quien proce- 
den Jos Ayalas, á D. Lope, llamado 
el Chico, de quien vienen los Señores 
de Campos y Marqueses del Carpió, 
á D. Alonso López, de quien tienen 
origen los de los Cameros, á doña Be- 
renguela López, que casó con D. Ro- 
drigo González Girón, y á doña Urraca , 
que fué mujer de D. Fernando Ruiz 
de Castro. 

Al morir D. Lope Díaz de Haro en 
1239, le sucedió en el señorío su hijo 
D. Diego López de Haro, que aunque 
al principio tuvo alguna contienda con 
el rey D. Fernando el Santo, luego fué, 
como su padre, uno de sus más esfor- 
zados campeones, encontrándose con é^ 
en la gloriosa conquista de Sevilla: al 
suceder D. Alfonso X á su padre, tam- 
bién se desavino con D. Diego, desna- 

tnrfllÍ7r^í;p f^';tp dp Pa^tillH v murió dp- 



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boletín 



sastrosamente á poco en Bagares de 
Rioja, el año 1254: estuvo casado con 
doña Constanza de Bearne, hermana 
de D. Gastón, vizconde de Bearne, se- 
ñor de Moneada y Castelbel, y nacie- 
ron de ella D. Lope Díaz de Haro, que 
le sucedió en el señorío; D. Diego Ló- 
pez de Haro, que también vino luego á 
ser Señor de \^izcaya, á doña Teresa 
Díaz de Haro, que casó con D. Juan 
Núñez de Lara, ;'i doña María Díaz de 
Haro, en cuya descendencia vino, por 
último, á recaer el señorío, y á doña 
Urraca Díaz. 

D. Lope Díaz de Haro, lo mismo 
que sus antecesores, empezó en des- 
acuerdo con Castilla, y aliado con el 
Monarca de Aragón, sostuvieron por 
algún tiempo las hostilidades ; mas 
ajustadas al fin las paces, D. Alonso le 
restituyó cuanto le había tomado, en- 
tre otras cosas á Orduña, ocupada por 
el Rey de Castilla á la muerte de su 
padre D. Diego; sirvió lealmente á 
D. Alfonso hasta su muerte, y luego 
fué uno de los que más contribuyeron 
á que se sentara en el trono D. Sancho 
el Bravo, debiéndose á esto el que ce- 
lebrara con él el pacto de que antes 
nos ocupamos respecto á la posesión 
de Santa Olalla, Iscar, Paredes y Cué- 
llar: la circunstancia de estar casados, 
el Rey de Castilla y él, con dos herma- 
nas, doña María y doña Juana de Mo- 
lina, 3^^ lo que contribuyó á su entrona- 
mÍL^nto le hizo en poco tiempo elevar- 
se á la mayor privanza y poderío, has- 
ta tal punto que el colérico y vigoroso 
carácter del Rey sólo se estrellaba en 
el no menos fiero de D. Lope, la situa- 
ción llegó á hacerse insostenible, y ter- 
minó con la tan conocida y trágica 
escena de las Cortes de Alfaro. De su 
matrimonio con doña Juana de Moli- 
na dejó D. Lope dos hijos: D. Diego 
López de Haro y doña María Díaz de 
Haro, la mujer del infante D. Juan. 

El rey D. Sancho, después del asesi- 
nato de D. Lope Díaz, invadió el Seño- 



río de Vizcaya, apoderándose de Haro 
y Treviño, y entonces D. Diego, el hijo 
de D. Lope, actual señor, y su tío don 
Diego, marcharon á Aragón, en donde 
hicieron proclamar á D. Alfonso de la 
Cerda por rey de Castilla; D. Sancho, 
al saberlo, avanzó sobre Álava y man- 
dó contra Vizcaya á D. Diego López 
de Salcedo, logrando ocupar todo el 
territorio, menos el castillo de Unzue- 
ta, que no consiguió abatir. 

El joven vSeñor D. Diego murió en 
esto sin sucesión; D. Juan el marido 
de su hermana doña María Díaz esta- 
ba preso en Burgos, y en este supremo 
trance los vizcaínos alzaron por Señor 
á su tío D. Diego, bien que contra los 
derechos de doña María, hija del infor- 
tunado D. Lope. D. Diego prosiguió 
la guerra, y después de varias alter- 
nativas que no son de este lugar, logró 
recuperar en 1295 todo el Señorío, á 
excepción de Orduña y Valmaseda, el 
mismo año en que murió D. Sancho el 
Bravo de Castilla 5'' le sucedía su hijo 
D. Fernando IV. 

En la primera parte de este estudio 
hicimos notar el estado del reino al 
advenimiento de este Rey y las graves 
complicaciones á que tuvo que hacer 
frente la varonil entereza de su madre 
doña María de Molina, y apuntamos á 
la ligera las pretensiones del infante 
D. Juan y de D. Juan Núñez de Lara 
al dominio de Cuéllar: hoy me propon- 
go ocuparme con más extensión que 
entonces lo hice de este asunto tan 
importante para el fin que persegui- 
mos, y aun cuando no pueda ser con 
toda aquella que tan enredosa cuestión 
necesita. 

No podemos, ni es de este lugar, 
ocuparnos de las luchas y contiendas 
á que dio lugar la elección de los viz- 
caínos en favor de D. Diego López de 
Haro y contra los derechos preferen- 
tes que alegaba doña. María Díaz, la es- 
posa del infante D.Juan; pero como es- 
tos hechos tienen x-elación íntima con la 



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historia de Cuéllar, tampoco podemos 
dejar de dar una idea de ellos, en aque- 
llos al menos que á la villa se refieren. 

El infante D. Juan, que estaba á la 
sazón apoderado de casi todo el reino 
de León, propuso á la reina doña Ma- 
ría que pondría fin á su rebelión 3^ re- 
duciríase al servicio del rey de Casti- 
lla, su hijo, siempre que éste le diese 
algunos lugares en este reino y le pu- 
siese en posesión del Señorío de Yizca- 
ya. á que se creía con derecho por par- 
te de su mujer doña María Díaz de 
Haro: la Reina, con su recto criterio, 
pareció medir las dificultades seguras 
que opondrían los vizcaínos á separar- 
se de la obediencia á D, Diego, y no 
aceptaba este partido; el infante pare- 
ció jcon vencerse (1301) y avisó á la 
Reina que estaba resuelto á someterse 
á la obediencia del Rey y renunciar á 
sus pretensiones á Vizcaya, con tal 
que á cambio de ésta se le dieran algu- 
nos lugares; aceptada su propuesta, 
entregó al Rey el reino de León, me- 
nos Mansilla, Paredes, Medina de Río- 
seco, Castronuño y Cabreros; y re- 
nunció en D. Diego, en su hijo don 
Lope y en sus sucesores todos los de- 
rechos de su mujer doña María Díaz de 
Haro. 

Volvió á pesar de esto el infante á re- 
novar sus antiguas pretensiones (1304) 
sobre Vizcaya; reconvínole el Rey con 
los anteriores convenios y él alegó 
que su mujer, legítima Señora, había 
protestado de ellos y entonces el Rey 
propuso "que por lo de Vizcaya, y por