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■ 1^! -r '.'••'■, 













PURCHASED FOR THE 

UNIVERSITY OF TORONTO LIBRARY 

FROM THE 

CANADÁ COUNCIL SPECIAL GRANT 

FOR 

LáTIIÍ MEi^LCJ^ STUDISS 



^alLÓI (^^ ZOUÓ ¿ 



Año XIV-N.' 157 



^boletín 



Abril: 1922 



DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 

ORGHHO De Lñ flcfloemifl nncionñc oe historia 



DIRECTOR, 

EDUARDO POSADA 



F 
5 



REDACTORES, 

LUIS AUGUSTO CUERVO 
ROBERTO CORTAZAli 



v./f 



Bogotá— República de Colombia / 



GOBIERnO 




nm ^ 



DKL GENERAL L. CANAL Y DEL DOCTOR M. DEL RÍO, 13^^*48613 

Para mediados de 1861 la situación del Gobierno de 
ia ConfederacioQ Granadina era harto difícil. La legiti- 
midad sucumbía, y la revolución avanzaba rápida e incon- 
tenible hacia la capital. 

Esta situación angustiosa del Gobierno la agravaba la 
circunstancia de no haber Presidente electo, ni Designa- 
dos que pudieran asumir el ejercicio del poder supremo 
en el caso de que la victoria coronara las armas de los re- 
volucionarios. 

En tan apurada emergencia, el Procurador General, 
encargado del Gobierno, presintiendo «los futuros aconte- 
cimientos y que cayeran en manos del Dictador los Secre- 
tarios de Estado, nombró, el 13 de julio al General 

Leonardo Canal, que desempeñaba a la sazón el puesto de 
Intendente en Santander, Secretario de Gobierno y Gue^ 
rra, para que funcionase en caso necesario (i). Este nom- 
bramiento le fue enviado al General Canal con el señor 
don Máximo A. Nieto (ii). Herido después gravemente el 
señor don Juan Crisóstomo Uribe en la batalla del 18 de 
julio, revalidó su dimisión de la Secretaría de Gobierno y 
Guerra, y el Procurador General ratificó el nombramien- 
to del General Canal. 

La batalla del 18 de julio de 1861 fue adversa a las 
armas nacionales. El Procurador General, señor Calvo, 
después de haberse asilado en la Legación Británica, fue 
hecho preso, y los Secretarios de Estado, a excepción de! 
doctor Uribe, quien quedó gravemente herido y falleció 
poco después, se asilaron en otras Legaciones. El Gobierno 
legítimo quedaii)a por el momento sin Jefe superior, acé- 
falo; y así lo estuvo hasta el 30 del mismo mes de julio, pues 

XIV- i 



BOLETÍN DK HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



en esta fecha el Secretario de Hacienda, doctor don Igna- 
cio Gutiérrez Vergfara, asumiendo las responsabilidades 
consiguientes a Jas grandes resoluciones, se declaró en ejer- 
cicio del Poder Ejecutivo, de acuerdo con el artículo 42 
de la Constitución que regía en aquella época. Oculto, aho- 
ra en una casa y luego en otra, al fin el Dictador dio con 
él y le hizo apresar el 25 de enero de 1862. Nuevamente que- 
daba la autoridad suprema en acefalía. 

El General don Leonardo Canal, depositario único de 
la legitimidad, luchaba heroicamente en Santander contra 
ios huestes bien numerosos de los rebeldes; mas no siendo 
aquel territorio campo de acción propicia para el desarrollo 
de sus operaciones militares, ni para asumir el ejercicio 
del Gobierno, se dirigió al Sur, al Cauca, en donde abun- 
daban los elementos favorables a la causa que representa- 
ba. En su marcha «atropello» en Boyacá.el Ejército que 
regía en persona el General Mosquera; entró en Bo- 
gotá, donde sostuvo reñido combate contra las fuerzas de la 
guarnición encerradas en el edificio de San Agustín, con- 
vertido en inexpugnable fortaleza, y atravesó los Estados de 
Cundinamarca y Antioquia. Cuando estuvo en territorio 
cancano, y cuando lo juzgó conveniente, se declaró en ejer- 
cicio del Poder Ejecutivo]] en La Venta o La Unión, el día 
18 de julio (iii), estableciendo la residencia del Gobierno 
en la ciudad de Pasto (iv). 

Su Secretario de Estado en el Despacho de Relaciones 
Exteriores comunicó tal acto a los Gobiernos extranjeros 
por medio de la carta oficial que reproducimos: 

* Con) eder ación Granadina— Poder Ejecutivo Nacional— Des- 
■pacho de Relactones Exteriotes — Pasto, a 2y de julio 
de 1862. 

Señor: «Tengo la honra de poner en conocimiento de 
Vuestra Excelencia que el 18 del mes corriente, y confor- 
me al artículo 42 de la Constitución Federal, se encargó del 
Poder Ejecutivo de la Confederación el ciudadano General 
Leonardo Canal, Secretario de Estado en los Despachos de 
Gobierno y Guerra. 

«En el adjunto Baletin oficial auténtico hallara Vues- 
tra Excelencia el Decreto y demás documentos de la ma- 
teria (iii). 

«Al ordenarme el ciudadano Presidente que participe 
a Vuestra Excelencia este acontecimiento, me ha encarga- 
do manifestavle que el Gobierno cuenta con el general 
apoyo de la opinión nacional y con los demás elementos 
necesarios para restablecer en breve el orden legal en todo 
el territorio de la República; y me ha prevenido también 
asegurarle como lo verifico, su sincera y firme resoliicíón 



GOBIERNO DEL GENERAL L. CANAL 



de cultivar y estrechar más las amistosas relaciones que 
por fortuna ligan al Gobierno y pueblo de la Confedera- 
ción con el Gobierno y pueblo de ... . 
, «Sírvase Vuestra Excelencia aceptar ios sentimientos 
de profundo respeto y alta estima con que me suscribo de 
Vuestra Excelencia atentamente. 

«Su muy obediente servidor, Vicente Cáidenas 
«Al Excelentísimo señor Ministro de Relaciones Eiteriore» de....> 
KRepertotio Colombiano, tomo v, Bog^oti, 1880). 

El General Canal tuvo por Ministro o Secretario de 
Estado a don Sergio Arboleda, en el Despacho de Gobierno 
y Guerra, a quien reemplazó accidentalmente su Oficial 
Mayor don Rafael Ramírez Castro; al doctor don Vicente 
Cárdenas, en el Despacho de Relaciones Exteriores, y al 
doctor don Joaquín Fernando Vélez, en el de Hacienda. 
Durante una ausencia del señor doctor Cárdenas se encar- 
gó de la Secretaría el Oficial Mayor de ella, don Adolfo 
Sicard y Pérez. Mientras se hacía cargo de la Secretaría de 
Hacienda el doctor Vélez, la desempeñó también el Oficial 
Mayor don Luciudo Almeida; don Sergio Arboleda reem- 
plazó luego al doctor Cárdenas, y a aquél, el doctor don Ma- 
nuel del Río (v). 

Las necesidades de la campaña hacían indispensable 
la presencia del General Canal al frente de las tropas; pero 
no pudiendo mandar en persona el Ejército, según lo pre- 
ceptuaba la atribución 6* del artículo [43 de la Constitu- 
ción (vm), dejó el Poder Ejecutivo a cargo del Secretario 
de Estado, de mayor edad, que lo era el doctor Manuel del 
Río, quien asumió este alto cargo el día 6 de noviembre 
del citado año de 1862 (vi£). 

Aherrojado en las bóvedas de un castillo de Cartagena, 
el Procurador General de la Confederación, don Bartolomé 
Calvo, el General Canal, encargado del Gobierno de la Na- 
ción, nombró Procurador interino al señor General don 
Julio Arboleda (viii), y más tarde, y por excusa de éste, 
al mismo señor Calvo, quien ya, para esta última fecha, ha- 
bía terminado su período de Procurador (ix), pero ausente 
este señor, correspondió al doctor del Río encargarse del 
Poder Ejecutivo el día 6 de noviembre de 1862. Durante 
el corto período de su Gobierno fue asesinado vil y cobar- 
demente el General Arboleda en la tristemente célebre 
montaña de Berruecos; la guerra llegó a su término con el 
triunfo de los revolucionarios, y el Gobierno de la Confede- 
ración cesó de hecho el día 16 de enero de 1863 (x). En 
esta fecha el doctor del Río. sus Secretarios de Estado, el 



BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



General Canal y algfúa personal de su Estado Ma3'or, se 
pusieron en marcha hacia la vecina República del Ecuador. 

El tratado que puso término a la guerra fue celebra- 
do, en Cali, por el señor General don Gabriel Reyes Patria, 
General en Jefe del Ejército revolucionario del Sur, y don 
Evaristo Delgado y don José María Bucheli, comisionados 
del señor General Canal. General en Jefe de los Ejércitos 
de la Confederación. 

Este tratado fue aprobado en la misma fecha de su 
celebración en Cali, el 29 de diciembre, por el General Re* 
yes Patria, y el día 13 de enero siguiente, en Pasto, por el 
General Canal (xi). 

El doctor Del Río fijó su residencia en el Ecuador, en 
donde murió el 16 de enero de 1874, en la ciudad de Gua- 
yaquil. Su honorabilidad, nunca desmentida, le hizo acree- 
dor a la estimación, siempre constante, de aquella culta 
sociedad. 

TüLio Samper y Graü 

(i) La legitimidad de la Confederación Granadina, por 
don Ignacio Gutiérrez Ponce, Boletín de Historia y Anti- 
güedades, año VIH. 

(ri) Bogotá, enero 13 d« 1915 -Señor don Tullo Samper y Grau. 
Presente. 

Muy estimado señor y amigo: 

La atenta carta de usted, fechada el 30 de noviembre 
último, no llegó a mi poder hasta ayer, por haber estado 
fuera de la ciudad en los últimos días de diciembre y pri- 
meros de este mes. 

Respecto de lo que usted desea saber sobre el, General 
Leonardo Canal, le diré lo siguiente : 

El día 14 de julio de 1861 salí de esta capital, en cali- 
dad de posta, llevando unos pliegos del Gobierno para el 
General Canal, y se me dijo gue tino de ellos contenia el 
nombramiento de dicho General para Secretario de Gobierno, 
a fin de gue si llegaba el caso, -pudiera ejercer el Poder Ejecu- 
tivo. Entregué dichos pliegos al General Canal, en Pam- 
plona, a fines del citado mes de julio. 

Sin más por hoy, ofrezco a usted mí cooperación en la 
obra que usted ha acometido, y me suscribo su atento ser- 
vidor y amigo, Máximo A. Nieto. 

(lu) Leonardo Canal, Secretario de Estado del Despacho 
de Gobierno y Guerra de la Confederación Granadina, 
Gobernador constitucional del Estado de Santander y Ge- 
neral en Jefe del Ejército del Norte, considerando: 



GOBIERNO DFX GENERAL L. CANAL 



1° Que el artículo 42 de la Constitución previene que 
en todo caso de falta absoluta o temporal del Presidente 
de la Confederación, asumirá este título y ejercerá el Po- 
der Ejecutivo uno de los tres Designados que por mayoría 
absoluta elegirá el Congreso, designando el orden en que 
deberán entrar a ejercer sus funciones, y que cuando 
ninguno de los Designados se hallaren en la capital de la 
Confederación, o no pudiere por cualquiera otra causa en- 
cargarse del Poder Ejecutivo quedará éste, accidental- 
mente, á cargo del Procurador General, y en su defecto, 
del Secretario de Estado de mayor edad. 

2° Que yo fui nombrado Secretario de Estado en el 
Despacho de Gobierno y Guerra, por renuncia que hizo el 
distinguido ciudadano que lo desempeñaba, señor don Cri- 
sóstomo Uribe, a consecuencia de la mortal herida que re- 
cibió combatiendo heroicamente en la desgraciada batalla 
del 18 de julio de 1861. 

3^ Que aun cuando admití oportunamente el destino, 
y he sido excitado por varios funcionarios públicos y por 
multitud de ciudadanos para que me declare en ejercicio 
del Poder Ejecutivo, me he abstenido hasta ahora de ha- 
cerlo, con la esperanza^de que lo verificará cualquiera de los 
señores Ignacio Gutiérrez o Manuel María Mallarino, Se* 
cretarios de Estado' de los Despachos de Hacienda y Re- 
laciones Exteriores. 

49 Que encontrándose preso, bajo el poder de ios re- 
beldes, el señor Gutiérrez, y hallándose el señor Mallarino 
en el territorio que los mismos rebeldes dominan, sin li- 
bertad para poder pasar a alguno de los Estados en donde 
se conserva el orden público, se hallan imposibilitados para 
el ejercicio de sus funciones, y que por lo mismo soy yo el 
único Secretario de Estado hábil para ejercer el Poder 
Ejecutivo. 

5° Que habiéndose prolongado la guerra, complicado 
los acontecimientos y suscitado cuestiones con algunos 
Gobiernos extranjeros que exigen pronta y satisfactoria so- 
lución, es de imperiosa necesidad que yo asuma el ejer- 
cicio del Poder Ejecutivo tanto para dar unidad a los es- 
fuerzos que los empleados subalternos y los buenos ciuda- 
danos hacen en defensa de la santa causa de la luz, de la 
moral y deja civilización, como para mantener las relacio- 
nes de amistad y buena armonía que ligan a la República 
con las naciones extranjeras, decreto: 

Artículo 19 Por ministerio de la Constitución y de las 
leyes asumo el título de Presidente de la Confederación 
Granadina, y ejerzo el Poder Ejecutivo Nacional. 



BOLKTÍN DE HISTORIA Y ANTIGUKD-<VDE;S 



Artículo 2° Nómbrase Secretarios de Estado a los se- 
ñores Sergio Arboleda, para el Despacho de Gobierno y 
Guerra; Marceliano Vélez, para el de Hacienda; y Manuel 
José González para el de Relaciones Exteriores. 

Artículo 39 Restablecido que sea el orden público en 
todo el territorio de la Confederación, resignaré el mando 
en manos del empleado a quien, por la Constitución, corres- 
ponda el ejercicio del Poder Ejecutivo, con anterioridad al 
Secretario de Estado de mayor edad. 

Artículo 49 Les ciudadanos nombrados legítimamen- 
te Ministros Plenipotenciarios y Flncargados de Negocio» 
de la Confederación en países extranjeros, continuarán en 
el ejercicio de sus funciones; también continuarán desem- 
peñando sus destinos los demás empleados nacionales, has- 
ta que sean reemplazados conforme a las leyes. 

Artículo S.° Comuniqúese a los Intendentes, Goberna- 
dores de los Estados y demás empleados legítimos de Ir 
Confederación. 

Publíquese y circúlese — La Unión. 18 de julio de 1862. 

Leonardo Canal. 

IV. El Presidente de la Confederación Granadina, en 
uso de la autorización que le concede el artículo 4." de la 
Ley de 30 de abril de 1859, para trasladar, provisionalmen- 
te, en caso de grave turbación del orden general, la capital 
de la Confederación al lugar que las circunstancias indi- 
quen como más conveniente, decreta: 

Artículo único. Desígnase, para los efectos legales, la 
ciudad de Pasto como capital provisoria de la República. 

Dado en Pasto a 26 de julio de \%i¡l— Leonardo Canal. 
El Secretario de Gobierno y Guerra, Sergio Arboleda. 

V. Don Rafael Ramírez, honorable caballero, digno de 
todo crédito y Oficial Mayor que fue de la Secretaría de 
Gobierno y Guerra del Gobierno de la Confederación, 1862 
a 1863, nos escribió, con fecha 12 de septiembre de 1906, 
una extensa carta que reproduciremos en la cota núme- 
ro x, de la cual hemos extractado los datos referentes al 
Ministerio del General Canal y al del señor doctor Del Río. 
Estos datos del señor Ramírez Castro han sido confirma- 
dos después con la publicación del libro Don Julio Arboleda 
en el Sur de Colombia, el cual contiene una documentación 
que por tantos años se creyó perdida. Como omitiera el se- 
ñor Ramírez Castro el nombre de pila del señor Almeida, 
lo pedimos, con otros datos, al señor doctor don Evaristo 
Delgado, quien nos contestó así: 



GOBIERNO DEL GENERAL L. CANAL 



eBog^otá, abril 7 de 1911 — Señor don Tulio Samper y Grau— Ba- 
rranquilla. 

«Distinguido señor y amigo : Lleno de pena estoy con 
usted por haber retardado mi respuesta a sus apreciables 
cartas de 20 de octubre y 12 de diciembre último y 14 del 
próximo pasado, porque estuve esperando que me contes- 
tara rai lamentado amigo el Ilustrísimo señor Obispo de 
Pasto, doctor Perea, acerca de El Esfedador que le pedí 
con interés. Desgraciadamente la muerte lo arrebató pre- 
maturamente. Igual recomendación he hecho al doctor Ju- 
lián Buchelide Pasto, ex-Gobernador de Nariño. 

^Res-pecio de los datos que dio a usied el señor don Rafael 
Ramírez Castro, a que se reüere su afredahle del 20 de ociu- 
hi e, los ratifico en todas sus partes. 

«Llene el vacío del nombre del señor Almeida, que es 
Lucindo. 

«Olvidaba decir a usted que hice una prolija investiga- 
ción en la Biblioteca Nacional acerca de El Espectador, de 
Pasto, de 1861 a 1863, y sólo encontré unos dos números 
finales, que no tienen ningún interés. 

«Sin otro asunto por hoy, me es grato suscribirme de 
usted afectísimo, obediente, seguro servidor, Evaristo Del- 
gado.* 

(vi) Artículo 43 de la Constitución de 1858: «Son atri- 
budones del Presidente de la Confederación: ... 

«6^ Dirigir la guerra como Jefe superior de los Ejérci- 
tos y Marina de la Confederación, sin que pueda mandar -per- 
sonalmente las fuerzas de mar y tierra, > 

(vil) El Presidente de la Confederación Granadina, de 
conformidad con lo dispuesto en el artículo 42 de la Cons- 
titución Nacional, y debiendo separarse del ejercicio del 
Poder Ejecutivo para tomar el mando de una parte del 
Ejército, decreta: Artículo único. El Secretario de Estado 
de mayor edad, que lo es el señor Manuel del Río, queda 
encargado, durante la separación del infrascrito, del Poder 
Ejecutivo Nacional — Dado en Pasto a 6 de noviembre de 
\^b2—Leona7 do Canal— Dq orden del ciudadano Presiden- 
te, el Subsecretario de Hacienda, encargado del Despacho, 
L. Ahneida. 

(viii) El Presidente de la Confederación Granadina, en 
uso^de sus atribuciones legales, y considerando: 

1.° Que el señor Bartolomé Calvo, Procurador General 
de la Nación, se encuentra preso en las bóvedas de Carta- 
gena, bajo el poder de los rebeldes, y que los tres suplen- 
tes nombrados para subrogarle, por la Cámara de Repre- 



8 boletín de historia y antigüedades 

sentantes, en las últimas sesiones del Congreso, han termi- 
nado su período. 

2*? Que el artículo 35 de la Ley de 29 de junio de 1858, 
orgánica del Poder Judicial, ordena que en el caso de falta 
absoluta del Procurador General de la Nación, lo subroga- 
rá uno de los tres suplentes que por orden numérico nom- 
brará cada año la Cámara de Representantes; y que, cuan- 
do la falta fuere temporal, o cuando faltaren absoluta o 
temporalmente los suplentes, y en los casos de impedimen- 
to para intervenir en algún negocio determinado, nombra- 
rá el Poder Ejecutivo un Procurador interino, o sustitu- 
to, según el caso. 

3.** Que, en consecuencia, debe procederse a hacer el 
nombramiento del ciudadano que haya de ocupar el puesto 
de Procurador General de la Nación. 

49 Que este empleado es el llamado por el artículo 42 
de la Constitución Nacional, de preferencia a los Secreta- 
rios de Estado, a Ejercer el Poder Ejecutivo de la Confe- 
deración, en caso de falta absoluta o temporal del Presiden- 
te y de los tres Designados nombrados por el Congreso. 

5° Que nada es más natural, al tratar de hacer un 
nombramiento de tan alta importancia, que escogerá uno 
de aquellos ciudadanos que. por sus relevantes cualidades, 
haya merecido la confianza de los pueblos y del Congreso, 
para llamarlo a la Presidencia de la República. 

69 Que el ciudadano General Julio Arboleda es, en la 
actualidad, el Presidente electo de la Confederación, pues 
en las últimas elecciones nacionales, para proveer ese desti- 
no, en propiedad, obtuvo una considerable mayoría de vo- 
tos; y además fue nombrado por el último Congreso consti- 
tucional primer Designado para el ejercicio del Poder Eje- 
cutivo; y 

79 Que haciéndose el nombramiento de Procurador 
General de la Nación, en el ciudadano General Arboleda, 
y entrando como tal a ejercer el Poder Ejecutivo, se con- 
sultan a un mismo tiempo el principio de legitimidad y el 
de respeto y sumisión a la voluntad soberana de los pueblos 
y del Congreso, que sucesivamente lo han nombrado para 
Presidente y Designado, decreta: 

Artículo único. Nómbrase al ciudadano General Julio 
Arboleda Procurador General de la Nación, y excítesele 
para que ee haga cargo de este destino, y asuma luego, como 
tal Procurador, el título de Presidente de la Confederación, 
y entre en ejercicio del Poder Ejecutivo Nacional. 

Dado en Pasto a 17 de agosto de 1862- -Leonardo Canal. 
El Secretario de Gobierno y Guerra, Manuel del /?lo—El 



GOBIERNO DEL GENERAL L. CANAL 



Secretario de Relaciones Exterior es, Vicente Cárdenas— Por 
el señor Secretario de Hacienda, el Subsecretario, L. Al- 
meida. 

(ix). El Presidente de la Confederación Granadina, en 
uso de la facultad que se le confiere por la última parte del 
artículo 35 de la Ley de 29 de junio de 1858. orgfánica del 
Poder Judicial, decreta: 

Artículo único. Nómbrase al señor Bartolomé Calvo 
Procurador General de la Nación, cuyo empleo desempe- 
ñará interinamente, entretanto que la Cámara de Repre- 
sentantes hace el nombramiento en propiedad, conforme a 
lo dispuesto en el artículo 60 de la Constitución Nacional. 

Dado en Pasto a 30 de octubre de 1862 — Leonardo Canal 
El Secretario de Gobierno y Guerra. Manuel del Rio. 

(i) Bogotá, 12 de septiembie de 1906— Señor General don Tulio 
Samper y Grau— Barranquilla. 

Muy estimado señor General: Circunstancias indepen- 
dientes de mi voluntad me habían impedido contestar la 
apreciable carta de usted, de 29 de mayo último; y lo hago 
ahora con sumo g^usto, por el asunto de que se trata y por 
dar a Usted una prueba de afecto y atención. 

Envío a usted por separado los datos relativos al Gene- 
ral Canal y al doctor Del Río. 

Acabo de ver en el Boletín de Histokl\ y Antigüe- 
dades (a) un trabajo de usted, al cual le pusieron una nota 
en que se dice que el General Canal desempeñó el poder 
Ejecutivo hasta el 31 de diciembre de 1862, no siendo sino 
hasta principios de noviembre de ese año. como lo verá 
usted en mi relación. La nota del periódico no es exacta, y 
lo aseguro así porque mi relación la he tomado de apunta- 
mientos hechos en la época a que me refiero. 

Felicito a usted por sus magníficos trabajos históricos, 
de los cuales conozco un laborioso y espléndido cuadro, que 
es muy difícil superar. 

Quedo profundamente agradecido a usted por la honra 
que me ha dispensado con su carta, y por las bondadosas 
expresiones con que rae favorece. 

Ofrezco a usted mi amistad y mis servicios, y me sus- 
cribo de usted deseoso servidor y amigo, Rafael Ramírez 
Castro 



(a) Número 38, año iv. 



10 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



Recuerdos de la campafia de 1861 a 1863, 

Ei 18 de julio de 1861 fue herido mortalmente, en la 
batalla librada ese día en Bogotá, el doctor Juan Crisóstomo 
Uribe, Secretario de Gobierno y Guerra^ del señor don 
Bartolomé Calvo, quien como Procurador General de la Na- 
ción ejercía el Poder Ejecutivo. Por esta causa nombró el 
señor Calvo, en reemplazó del doctor Uribe, al señor Gene- 
ral don Leonal Canal (b). Según supe después, el nombra- 
miento lo llevó al Norte el señor Máximo A. Nieto, quien 
vive en esta ciudad; y al General Jenaro Moya le oí decir 
que había visto la comunicación que contenía el nombra- 
miento mencionado. 

El General Canal vino aquí con su Ejército en febre- 
ro del año siguiente (1862); yo me le uní antes de llegar a 
la capital, y seguí con él hasta el sur de la República. 

El 18 de julio de 1862 se encargó el General Canal del 
Poder Ejecutivo en el pueblo de La Venta o La Unión, y 
gobernó hasta los primeros días de noviembre del mismo 
ano. 

Como prueba de que desempeñó el empleo de Presi- 
dente de la Confederación Granadina, cito los hechos de 
haber nombrado Secretario de Gobierno y Guerra al señor 
doctor don Sergio Arboleda; de Relaciones Exteriores, al 
señor doctor don Vicente Cárdenas, y de Hacienda, al se- 
ñor doctor don Joaquín F. Vélez; y de que, posteriormen- 
te, nombró Ministro Diplomático ante el Gobierno del 
Ecuador al expresado señor don Sergio Arboleda, quien 
desempeñó el empleo, pues fue reconocido como tal por el 
Gobierno ecuatoriano. 

De estos hechos doy testimonio por haber sido testigo 
ocular y actor en muchos de ellos, con motivo de haber des- 
empeñado el cargo de Oficial Mayor de la Secretaría de 
Gobierno y Guerra para que fui nombrado por el mismo 
General Canal; y es del caso expresar que no me atengo sólo 
a mi memoria al hacer esta relación, sino que la he tomado 
de apuntamientos hechos en la época a que me he referido. 

El señor doctor don Manuel del Río, cartagenero, re* 
Bidente a la razón en Pasto, fue nombrado por el General 
Canal Procurador General de la Nación (?), y en calidad 
de tal asumió el Poder Ejecutivo en noviembre de 1862, y lo 
efetció hasta el 16 de enero de 1863, fecha en la cual salimos 
de Pasto para el Ecuador. El General Canal dejó el Poder 
para encargarse del mando del Ejército. 

Bogotá, septiembre de \^0b— Rafael Ramírez Castro. 



(b) Véase la nota número 11. 



EL ARCHIVO DEL MARISCAL DE AYACüCHO 11 

Olvidaba decir que accidentalmente reemplacé como 
Oficial Mayor al doctor Arboleda; que el señor don Adolfo 
Sicard y Pérez reemplazó al doctor Cárdenas, por ausen- 
cia de éste en una comisión importante del General Canal, 
y el señor Almeida, también Oficial Mayor — lo mismo que 
el señor Sicard y Pérez, — se encargó de la Secretaría de Ha* 
cienda. mientras se hacía cargo de ella el señor doctor don 
Joaquín F. Vélez. 

El i6 de enero de 1863 salimos de Pasto para el Ecua- 
dor, por haberse celebrado un tratado de paz entre el Ge- 
neral Reyes Patria y el General Canal — Ramírez Castro. 

(xi) Del Boletín Oficial del Gobierno del Cauca, número 
103, publicado en/ Popayán el 25 de enero de 1863, tomamos 
este documento: 

^Confederación Granadina —Estado del Cauca -El General 
en Jefe de los Isjércitos de la Confederación — Cuartel Ge- 
netal en Pasto, a 13 de enero de 1863 — Ntimero 116. 

«Señor General Gabriel Reyes Patria. 

<Examinado el convenio de paz que usted me remite 
adjunto a su comunicación de 31 del próximo pasado, que 
he contestado en esta misma fecha, bajo el número 115, he 
dictado la resolución siguiente: 

"Apruébase el convenio de paz celebrado el día 29 de 
diciembre próximo pasado en la ciudad de Cali entre el 
General Gabriel Reyes Patria y mis comisionados, los seño- 
res Evaristo Delgado y José María Bucheli." 

«Lo que tengo la satisfacción de transcribir a usted 
para ios efectos convenientes, reservándome, como lo he 
dicho en mi citada comunicación, el derecho de recabaren 
la conferencia a que se ha servido invitarme, el otorgamien- 
to de otras condiciones que tiendan fexciusivamente ala 
efectividad y consolidación de la paz que hemos alcanzado. 

«Me repito de usted muy atento, obsecuente servidor, 

^Leonardo Canah 

Eh flRGBlVO DEfa ÍDflRISCflfa DE flyflCÜCBO 

Yale University Ltbrery— New Haven, Conn., agrosto 21—21. 

La historia de la revolución de independencia de His- 
pano América ha tenido como ulna de sus bases principales 
la correspondencia particular del Libertador en las Memo- 
rias de O'Leary; los documentos de Blanco y Azpurúa, y el 
Archivo de Santander publicado en los últimos años. Pero 



12 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 

nada se ha estudiado respecto al archivo que debió dejar 
el Mariscal Sucre. Laa cartas de éste para el Libertador y 
para otros militares de la Independencia se hallan en las 
obras mencionadas, pero la correspondencia privada de 
estos Jefes para él y los papeles y documentos que necesa- 
riamente debió dejar permanecen inéditos, y quizá para 
muchos sea desconocida la existencia de este archivo y el 
lugar donde se ha conservado. 

Por vueltas inexplicables de la suerte, los papeles del 
Mariscal Sucre no se guandan en medio del hogar colom- 
biano, donde él hubiera querido dejarlos, sino que, digna- 
mente apreciados, se conservan bajo la custodia de la Biblio- 
teca de la Universidad de Yale, en New Haven, Estado de 
Connecticut. Son propiedad particular del ilustre Profesor 
Hiram Bingham, quien, siguiendo en 1906 la ruta de los li- 
bertadores de 1819, transmontó los Andes hasta llegar a 
Boyacá. y escribió luego una obra de viajes por Colombia 
y Venezuela, en la que dejó también valiosas páginas de 
nuestra historia nacional. 



* 

* * 



«No siempre se recuerda que las primeras colonizacio- 
nes de Sur América son anteriores a las de los ingleses en 
Norte América en más de cien años — ha escrito el Profesor 
Bingham,— y que cuando los puritanos desembarcaron en 
las costas de la Nueva Inglaterra en 1621, ya había ciuda- 
des de Sur América que podían vanagloriarse de una his- 
toria más larga que la que Chicago puede contar ahora. 
Cuando Harvard, nuestra más antigua Universidad, era ape- 
nas una idea en la mente de unos pocos ingleses, la Univer- 
sidad de San Marcos, en Lima, era ya una institución bien 
organizada.» 

Cuando hemos recorrido los edificios de Harvard en 
Cambridge y de Yale en New Haven y hemos repasado laa 
colecciones de retratos que guardan en su Memorial Halls^ 
nos parecen estos casi modernos al recordar el Aula Máxi- 
ma del Colegio del Rosario y las galerías de San Bartolomé 
en Bogotá, que se remontan a la mitad del siglo xvii. 
Cuando en 1718 comenzaron a levantarse los edificios de 
Yale que ahora contemplamos, y la Universidad de Har- 
vard era apenas sostenida por los recursos particulares de 
los colonos ingleses, el Colegio del Rosario ya llevaba más 
de medio siglo de existencia y tenía Constituciones aproba- 
das por Felipe iv de ICspaña y preeminencias iguales a las 
de los Colegios Mayores de Salamanca, todo lo cual hace 
del instituto de fray Cristóbal de Torres iuno de los más 
antiguos y valiosos principios de la cultura y de la educa- 
ción hispanoamericana. 



EL ARCHIVO DEL MARISCAL DE I^YACüCHO 13 

Ya que no bajo los techos patrios, bien está que a la 
sombra de los muros de Yaie se custodien los papeles del 
Mariscal de Ayacucho. 

♦ 

Con sólo mencionar este archivo se puede formar idea 
de su valor: 2,128 cartas y documentos, en su gfran mayoría 
inéditos, que le dan las proporciones de las Memorias de 
O'Leary y del Archivo Santander. Son la correspondencia 
con Bolívar, Córdoba, Santander, Flores, Salom, Soublette. 
Olmedo, Ibarra, los Generales peruanos, ecuatorianos, y 
todos los que desde antes de 1820 lo acompañaron hasta 
1830. Todas estas cartas y papeles se hallan correctamente 
conservados y con índices y numeración adecuada, en cajas 
de seguridad de Yale. 

O'Connor refiere en sus Meinotias que Sucre era un tra- 
bajador infatigable: «Pasaba las noches—dice— escribien- 
do sin descanso; él mismo, de su propio puño, a las autori- 
dades locales. Curas, etc., y su actividad y laboriosidad nos 
tenían a todos admirados.» 

Hojeando este archivo hemos hallado confirmada per- 
fectamente esta aseveración del General irlandés; hay mul- 
titud de documentos, borradores de notas, de proclamas y 
cartas de puno y letra de Sucre, y allí puede verse el curso 
que iba siguiendo su pensamiento al escribir por las correc- 
ciones, entrerrenglonaduras, cambios y borrones que dejó 
en los originales. El legajo de documentos número 2025 es 
un cuaderno copiador de comunicaciones de 1820, de letra 
de Sucre, quien además escribía al margen de las cartas 
que recibía. El documento número 1276 es la clave reser- 
vada que usaba con los demás Jefes del Ejército del Liber- 
tlidor. 

El General Urdaneta le escribió desde Angostura el 18 
de agosto de 1818: 

«Santander segufra dentro de tres días a Casanare con 
algunos Oficiales, y puede hacer una campana brillante, 
pues como los godos esfán distraídos por el Sur, según di- 
cen los mismos reinosos, es muy fácil con mil hombres 
apoderarse de las Provincias de Pamplona, Socorro y aun 
Tunja > 

Los acontecimientos superaron las previsiones de Ur- 
daneta, quien quizá consideró demasiado pensar que aque- 
lla habría de ser la campaña libertadora de la Nueva Gra- 
nada. 

Desde Quito, el 3 de diciembre de 1822, envío el Gene- 
ral Flores, por orden de Bolívar, el Coronel Maza a Sucre, 
para que sirviera a sus órdenes en alguna de las Divisiones 



14 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



de SU mando. Sabido es que Maza, a pesar de ser «el ángel 
exterminador de las huestes realistas,» era vigilado de cerca 
por el Libertador, debido a sus conocidas aficiones en la 
vida privada. Al enviarle a Sucre este valiente soldado le 
dice Flores: «No tenga a este Oficial sin destino efectivo en 
la División, pues por el contrario, quiere Su Excelencia el 
Libertador que ejerza comisiones batiéndose, si es posible, 
todos los días. ...» Tales eran los soldados de nuestra Inde- 
pendencia. 

Nombrado Sucre Jefe del Ejército del Sur en reemplazo 
de Valdés. inicio la campana de 1821, arreglando ante todo 
la situación en el Valle del Cauca, «con su conducta conci- 
liadora y sus maneras afables, unidas a la energía y firmeza 
de su carácter,» como dice O'Leary. En el archivo pueden 
irse viendo las comunicaciones, noticias y órdenes; los inci- 
dentes diarios de la campaña, la situación y posibilidades 
del Ejército, etc. Los documentos números 1857 A. B, C, D 
y F son la relación completa de la oficialidad y tropa que 
peleó en Pichincha, con expresión de muertos, heridos, etc. 
y luego muchos documentos, de no menor valor, sobre Junín 
y Ayacucho, los cuales es verdaderamente emocionante 
hojear, pues son los primeros recibidos y expedidos por el 
vencedor en aquella gran contienda por la libertad de Sur 
América. 

En cuanto a las ideas políticas de Sucre, pueden estu- 
diarse en su archivo, entreoíros en un documento de su 
letra útulaáo J^royecio, bases sobre la ¡ey tundatnentnl de la 
limón de los fueblos de Colombia pata que se ado-pten en la 
Constitución por el Congreso. Gobierno republicano con 
separación de poderes; Presidencia no vitalicia; poderes 
sin facultades extraordinarias; resfionsabilidad de los Mi- 
nistros ante el Ministerio Público; voz de los Ministros en el" 
Congreso y facultad de presentar proyectos; Administra- 
ción departamental, civil, separada de la militar; igualdad 
legal; seguridad personal; inviolabilidad de la propiedad; 
libertad de imprenta, y derecho de petición. Si se estudian 
estas bases de acuerdo con la situación de entonces, con 
los rumbos que iba tomando la política suramericana; con 
las diversas tendencias con que se iniciaba la vida indepen- 
diente de las Repúblicas separadas de España, surgirá ía 
figura civil del mandatario de Bolivia, del Presidente del 
Congreso Admirable de 1830, y se hallará quizá la clave de 
muchos acontecimientos trascendentales que son todavía 
una incógnita por despejar en la historia de Sur América, 

* 
* * 

La pluma de los contemporáneos y de loa historiadores 
de Sucre se ha complacido en alabar la figura moral de 



EL ARCHIVO DP:L MARISCAL DE AYACüCHO 15 



Sucre. Bolívar envainó la espada, a raíz de Ayacucho. para 
escribir su biografía: «El era el alma del Ejercitó en que 
servía; él metodizaba todo; él lo dirigía todo, más que con 
esa modestia, con esa gracia con que hermosea cuanto eje- 
cuta. > En 1821 había dicho a O'Leáry: «Sucre tiene los 
conocimientos profesionales de Soublette; el bondadoso ca- 
rácter de Briceño, el talento de Santander y la actividad de 
Salom.» Y a Perú de la Croix le dijo: «Sucre es la cabeza 
mejor organizada de Colombia .> Y cuando l^legó a San- 
ta Marta la noticia de la maldita Berruecos, exclamó con 
dolor: «¡Santo Dios! Han matado a Abel.í^ "^ 

El protector San Martín escribió sobre Sucre: 

«Bravo y activo en alto grado, reunía a estas cualida- 
des una prudencia consumada, y era un excelente adminis- 
trador. No sólo poseía mucha instrucción, sino también 
conocimientos militares más extensos quizá que los del Ge- 
neral Bolívar.* 

El chileno Vicuña Mackenna lo ha llamado «el Was- 
hington del Sur,» y el venezolano Villanueva dice: «A los ím- 
petus de Bolívar sabía oponerle la extremada delicadeza de 
su modestia siempre pura, y a sus caprichos derivados de su 
temperamento y de su índole dominadora y absoluta, con- 
testaba siempre con respuestas sencillas pero lógicas, reves- 
tidas de formas suaves y seductoras.» Era pues el elemen- 
to necesario al lado de Bolívar: era el contrapeso, la reflexión, 
la meditación al lado de los desbordes de la imaginación 
genial. Así fue como, completándose el uno al otro, realiza- 
ron los hechos gloriosos que crearon a Colombia en Boyacá, 
al Ecuador en Pichincha, a Bolivia en Junín, a Venezuela 
en Carabobo, al Perú en Ayacucho: cada victoria creó una 
patria y fundó una República. 

Pero Sucre era todavía más, por cuanto con su genero- 
sidad y su benevolencia sellaba los triunfos sobre sus enemi- 
gos: el tratado de 1820, que negoció con Morillo, era digno de 
su alma; como dijo Bolívar: «la benignidad, el genio de la be- 
nevolencia lo dictaron.» El más reciente de los biógrafos de 
Bolívar, el Profesor de Historia de la Universidad de Co- 
lumbia en Nueva York, Mr. G. A. Sherweil, dice así; «Es 
difícil concebir cómo Sucre pudo tener enemigos; él, que 
fue quizá la más pura, la más bondadosa figura de la inde- 
pendencia de toda la América; él, que todo era generosidad, 
perdón y benevolencia.» («It is diffu«jalt to conceive how 
Sucre could have had enemies. he who waa perhaps the 
purest and kindest figure of alí the América war cf inde- 



16 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



pendence; all generosity, forgiveness and benevolen- 
ce>).(l). 

Sucre era, en suma, <el copo de nieve sobre el charco 
de sangre,» como dice C. Pereira, y según la fórmula defi- 
nitiva hallada por Bolívar, «era la piedad aplicada a la 
guerra.' 

Su archivo conservado como una reliquia en la Univer- 
sidad de Yale^s una base de documentación que ha de con- 
firmar o de rectificar muchas páginas de historia, y una 
fuente de inspiración que siga guiando la vida política de 
Hispano Americana por las sendas de la justicia, de la tra- 
dición y de la verdad que señaló la espada del Mariscal de 
Ayacucho. 

Nicolás García Samudio 



Eh flRC5L170 DEh GEHERAh SflHCfinDER 

Señor Presidente de la Academia Nacional de Historia — Presente. 

Nombrados por la Academia para desempeñar una 
comisión relativa al archivo del General Santander, tene- 
mos el honor de presentar a la corporación el siguiente 
informe: 

Para investigar los hechos oyendo previamente a los 
señores don Ernesto Restrepo Tirado y don Juan B. Pérez 
y Soto, y poner de nuestra parte los medios tendientes a 
la consecución del archivo para la Academia, como así lo 
acordó ésta, dirigimos sendas comunicaciones a dichos se- 
ñores, con copias auténticas de las proposiciones de 19 de 
agosto y 19 de noviembre del año próximo pasado, y pre- 
sentamos al señor Juez 3*? del Circuito de Bogotá, en lo 
criminal, que tiene a su conocimiento el asunto, una nota 
sobre el particular. 

El señor Restrepo Tirado contestó en carta de que ya 
dimos conocimiento a la Academia, carta que se insertó, 
en parte, en el acta de una sesión reciente; la Comisión 
aún no ha recibido respuesta del señor Pérez y Soto. Tan 
pronto como la contestación llegue a nuestro poder, dare- 
mos conocimiento de ella a la Academia. 

El señor Juez citado tuvo a bien nombrarnos peritos 
para que diésemos concepto sobre ciertos puntos que for- 
muló, y puso en uuestro poder el archivo para el estudio. 
Después de un examen detenido délos papeles, cartas y 
documentos, en que empleamos varios meses, presentamos 



(1) Simón Bolívar. A sketch of his Ufe and his work. Washing- 
ton, 1921. 



EL ARCHIVO DEL GENERAL SANTANDER . 17 



el concepto oficialmente al Juzgado, y solicitamos por es- 
crito de éste que en atención al encargo que nos dio la 
Academia, al concepto pericial y a que el instituto ha 
acordado continuar la publicación del archivo, se deposite 
éste en la Academia hasta que se decida por la justicia or- 
dinaria la cuestión pendiente en tan delicado asunto, para 
lograr la conservación y seguridad de lo que resta de tan 
valiosos papeles. Advertimos al Juzgado que los académicos 
que designe como depositarios están prontos a dar las se- 
guridades previas que se exijan. 

Presentamos atentamente a la Academia un ejemplar 
del concepto que rendímos al Juzgado, y en atención a él 
nos permitimos proponer: 

Dése conocimiento al Gobierno, por el conducto re- 
gular, del concepto sobre el archivo del General Francisco 
de P. Santander, dado por la Comisión nombrada por la 
Academia, con el fin de que si lo estima conveniente en 
vista del estudio que haga el señor Procurador General de 
la Nación, se inicie la acción civil respectiva en defensa de 
los derechos de la República (1). 

Del señor Presidente muy atentos servidores, 

Jesús M. Henao— Rufino Gutíbrrez — Maximiliano 
Grillo. 

Bogotá, octubre de 1921. 



CONCEPTO PRESENTADO A LA ACADEMIA CON EL INFORME ANTERIOR 

I 

Sefior Juez 3? del Circuito de Bogotá, en lo Criminal — Presente. 

La Academia Nacional de Historia, a la cual tenemos 
el honor de pertenecer, y usted, nos han honrado con la 
delicada y trascendental comisión relativa al archivo del 
ilustre Hombre de las Leyes, que vamos a desempeñar, ver- 
dad sabida y buena fe guardada, en la exposición que sigue. 

Recibimos del Juzgado varios paquetes envueltos en 
periódicos y algunos tomos que contienen cartas y docu- 
mentos manuscritos pertenecientes al inapreciable archivo 
de que se trata. Examinamos detenida y minuciosamente 
cada uno de los paquetes y tomos, y esa labor silenciosa y 
paciente explica y justifica el lapso necesario para poder 
elaborar o dar forma a nuestro concepto. No hemos leído 
todos los documentos, porque no era preciso; nos hemos 

(1) La Academia aprobó esla proposición por unanimidad de 
votos, después de leído el concepto que sigue. 

rxv— 2 



18 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



concretado a los más importantes de cada volumen, para 
poder dar idea de su contenido, teniendo presente la consi- 
deración de que muchos de ellos corren publicados en diez 
y siete volúmenes por una Comisión de la Academia. 

Como resultado del examen o estudio, presentamos por 
separado, en cuatro fojas útiles, una relación del conteniio 
de cada paqueteo tomo, del número de documentos de 
cada uno y de sus folios, de la cual resultan: 31 paquetes 
(incluyendo los tomos empastados) que contienen 2,501 do- 
cumentos y cartas, con un total de 5,456 folios, salvo error 
u omisión. En resumen, los paquetes son 24, formados por 
cartas y documentos que fueron desprendidos o descosidos 
de los tomos o volúmenes de que hacían parte, según el plan 
o sistema que se empleó hace años en su encuademación; y 
los tomos o volúmenes empastados e intactos, conforme los 
arregló el benemérito servidor y cultivador de la historia 
nacional, señor don Roberto Suárez, son 7, así, según reza 
el lomo de cada uno: tomo xv, 1826-1827; tomo xvi, 1828- 
1831; tomo xvii, 1831-1832; tomo xvm, 1832-1834; tomo 
XIX, 1834-1835;^ tomo xx, 1835-1836, y tomo xxi, 1836- 
1837. Estos volúmenes intactos forman hoy lo que queda, 
entre lo que nos ha entregado el Juzgado para el estudio, 
del antiguo arreglo del archivo que llevó a cabo el citado 
señor Suárez. 

Damos por incorporada aquí la relación del contenido 
actual del archivo que hemos formulado por separado para 
8U mejor consulta, yllamamos la atención a que enella no se 
computan los documentos y folios de los paquetes números 
XIV y XX, porque juzgamos que no pertenecen al archivo 
del General Santander. Además debe quedar constancia 
de que todos los paquetes estaban cerrados y con la indica- 
ción cada uno del contenido de los folios, contenido que en 
algunos resultó mayor o menor al verificar la cuenta de ta- 
les folios. 

Estudiamos también las diligencias del juicio ordinario 
que se ventiló en el Juzgado 3° del Circuito de Bogotá, en lo 
civil, iniciado por el señor don Ernesto Restrepo Tirado, 
en su carácter de cónyuge de la señora doña Clementina 
Suárez Santander, contra la señora doña María Costa de 
Suárez y los señores don Laureano García Ortiz y don Luis 
Soto L., y en ellas consta la diligencia de entrega judicial 
del archivo, en 13 de abril de 1916, al señor Restrepo T. Ni 
en esa entrega ni en la que se hizo primeramente al depo- 
sitario nombrado, señor don José Joaquín Guerra, consta un 
detal o índice de cada volumen; apenas se indican el número 
de documentos y el de los folios de cada tomo. Presentamos 
por separado la relación de esa entrega judicial, real y ma- 
terial, verificada en la fecha expresada, la cual formu- 



EL ARCHIVO DEL GENERAL SANTANDER 19 



lamos teniendo a la vista las diferentes dilig'encia» de en- 
trega que hizo el Juzgado al depositario señor Guerra, y 
aparece de ella que el antiguo archivo se componía de vein- 
titrés tomos, que el número de documentos alcanzaba a 3,336 
y los folios a 7.546. Además resulta también el número de 
documentos que contenía cada tomo, y que los quinto y déci- 
mo estaban formados con la correspondencia del Libertador 
Bolívar con el General Santander. Comparada esta relación 
con la del contenido actual de que ya hicimos mérito, apa- 
rece, salvo error u omisión, que el archivo no está com- 
pleto: faltan 835 documentos, o 2,090 folios. Esta grave mu- 
tilación se nota en nuestra relación separada, pues en ella 
no figuran cartas o documentos originales de Bolívar, de 
Sucre y de algunos otros personajes o servidores públicos. 

La excepcional colección de documentos manuscrito», 
originales, que constituyen el archivo, es de tan grande im- 
portancia histórica, que aclara, adiciona o complementa las 
demás que existan sobre la historia de la revolución de in- 
dependencia de los países de la América Española, sobre la 
constitución y existencia efímera de la Gran Colombia y 
sobre la organización de la Nueva Granada, hoy nueva Co- 
lombia. Bastaríaleer cualquiera de los diez y siete volúme- 
nes publicados^ para persuadirse de esta verdad, que es ya 
de pública notoriedad. En una palabra, diríase que, sin el 
archivo, la historia de la emancipación quedaría incompleta, 
y la de nuestro país sin raíces sólidas que la sustenten; y 
esto se deduce fácilmente si bien se mira la posición influ- 
yente de Santander, su intervención directa en las armas y 
en la Administración Pública, su época y la colaboración de 
los diferentes personajes y hombres públicos que contribu- 
yeron, cual más, cual menos a la obra común: América li- 
bre. 

La verdad sobre la importancia del archivo resulta ma- 
nifiesta en las mismas diligencias del juicio ordinario de 
que arriba hicimos mérito, seguido por el señor Restrepo 
Tirado. Trayendo a la vista esa actuación, aparece que di- 
cho señor, en el incidente sobre embargo o depósito preven- 
tivo del archivo, levantó una información de declaraciones 
de testigos a fin de establecer este hecho capital que for- 
muló él mismo en estos términos: «Que el archivo que ac- 
tualmente se halla en poder de Laureano García Ortiz se 
compone de gran número de documentos de importancia 
que pueden ser sustraídos, transportados, ocultados o em- 
peorados, con grave perjuicio para Colombia, para la histo- 
ria de la República y para los representantes de la sucesión 
del mencionado General Santander.» Los testigos aducidos 
fueron los académicos señores don Pedro María Ibáñez, don 



20 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



Nicolás García Zamudio y don José Dolores Monsalve, quie- 
nes afirmaron tal hecho; y el señor Restrepo Tirado, al pre- 
sentar esa prueba para pedir revocación del auto en que se 
negó el embarg"o preventivo, dijo en su memorial: «En tres 
fojas útiles presento una información sumariade testigos há- 
biles y notoriamente honorables, para comprobar que el ar- 
chivo del General Francisco de Paula Santander, que actual- 
mente se halla en poder del doctor Laureano García Ortiz, 
se compone de gran número de documentos importantes, 
que pueden ser sustraídos, transportados, ocultados o 
empeorados con grave perjgicio no sólo para los herederos 
sino para los intereses de Colombia.> Más adelante, tratán- 
dose de la naturaleza de una fianza, dijo el mismo señor 
Restrepo Tirado en otro escrito: *A pesar de que es pú- 
blico y notorio que el mencionado archivo tiene un valor 
inapreciable para Colombia, y que aun considerado en el 
solo carácter económico tendría que apreciarse en muchos 
miles de pesos, mal podría determinarse que fianza de- 
bería prestarse por el doctor García Ortiz.» Además, el 
señor Magistrado que decretó el embargo preventivo, 
en auto de 14 de noviembre de 1913 dijo: «Dejando a 
un lado lo que tiene de importante para el país y para 
la humanidad la conservación de los documentos relativos 
a la vida pública de un hombre como el General Santan- 
der, uno de los fundadores de la nacionalidad colombia- 
na, militar y estadista en grado eminente, dejando aparte, 
porque de todos es sabido que una nación sin historia es- 
crita es una simple expresión geográfica , . . . > 

Bien puede concluirse, pues, que nuestro concepto so- 
bre la importancia o valor histórico del archivo, no es ais- 
lado: se respalda en el de los notables académicos citados, 
señores Restrepo Tirado, Ibáñez, García Zamudio y Mon- 
salve, y en el muy valioso del Juez señor doctor José G. La- 
borde, quien fue alta mentalidad bien conocida y apreciada. 
Pero hay todavía más: el concepto de los extraños cristali- 
zará mejor nuestro pensamiento sobre la importancia del 
monumento histórico de que hablamos. La obra «Memorias 
del Perú en el arbitraje sobre sus límites con el Ecuador, 
presentada a Su Majestad el Real Arbitro, por don Maria- 
no H. Cornejo y don Felipe de Osma, Plenipotenciariosdel 
Perú— tomo 2.°, Barcelona. Imprenta de Henrich y Cía. 
en conmandita. Calle de Córcega, 348. 1916, > — trae fotogra- 
fiada en varias láminas una carta perteneciente al archivo, 
fechada en Guayaquil en agosto 3 de 1822 y dirigida por 
Bolívar a Santander, en la cual se lee este párrafo: «Tenga 
usted entendido que el Corregimiento de Jaén lo han ocu- 
pado los del Perú, y que Mainas pertenece al Perú por 



ÉL ARCHIVO DEL GENERAL SANTANDER 21 



una Real Orden muy moderna; que también está ocupada 
por fuerzas del Perú. Siempre tendremos que dejar a Jaén 
por Mainas, y adelantar si es posible nuestros límites de la 
costa más allá de Tumbes. Yo mej informaré de todo en el 
viaje que voy a hacer, y daré parte al Gobierno de mi opi- 
nión. > Los señores Plenipotenciarios peruanos comentan 
así: *E1 Perú debería presentar este párrafo al augusto ar- 
bitro en letras de oro. Es su defensa suprema e incontes- 
table. Todas las frases de este período revelan un pensa- 
miento político, y a pesar de su forma, o más bien por ella, 
descubren la verdad de los hechos. . . . Bolívar no pudo pre- 
ver que al escribir estas líneas dictaba la sentencia en un 
pleito que se iba a resolver ochenta y cuatro años más tarde* 
(páginas 175 y 181). Esta carta desapareció del archivo 
como todas las demás de Bolívar, y fue publicada enjel vo- 
lumen VIH del Archivo Santander^ páginas 340 a 344. Dire- 
mos de paso que para que las líneas de Bolívar tengan toda 
la importancia de una sentencia irrevocable que se les su- 
pone, el arbitro debe pesarlas y compararlas con estas otras 
del mismo autor en carta dirigida a Santander posterior- 
mente, desde Quito, en 30 de enero de 1823: «Por esta con- 
sideración—dice — mi opinión es que nosotros debemos hacer 
la paz. si podemos lograr esta inmensa ventaja, aunque 
sea aisladamente y sin contar con otro Estado que con Co- 
lombia sola. Bien entendido que las Provincias de Braca, 
Moros y Mainas deheti quedar por nosotros, segtín los limites 
de i8io.'> (Volumen ix del Archivo citado, página 223). 

Dado lo hasta aquí expuesto, creemos que se ostenta para 
el Juzgado a quien tenemos el honor de dirigirnos, y para 
todos, brillante y victoriosa, la verdad del valor histórico 
del archivo del General Santander; y si esto es incontesta- 
ble, conceptuamos que conforme al espíritu del Decreto 
legislativo número 21 de 8 de marzo de 1906 {Diafo Ofi- 
cial número 12594), el archivo quedó incluido entre los 
objetos que por su carácter singular y reconocido valor 
histórico no podían desde aquella fecha sacarse del país «sin 
previo permiso del Gobierno, por conducto del Ministerio 
de Instrucción Pública. > Verdad es que tales manuscritos 
no quedaron expresamente señalados allí, pero los casos que 
señala el artículo 2*? de! Decreto son ejemplos, y la razón de 
ser de la prohibición admite la misma disposición para el 
caso o ejemplo que se contempla. Si hoy se pensara en sacar 
nuevamente el archivo del territorio de la Nación, el acto 
quedaría sujeto alas disposiciones de la Ley 47 de 1920. 
hacia la cual llamamos respetuosamente la atención de las 
autoridades que deban intervenir en la fiel ejecución de las 
leyes. 



22 BOLETÍN DE HISTORIA V ANTIGÜEDADES 



ir 

Se dijo antes que el benemérito señor don Roberto 
Suárez arresfló el archivo, y conviene darle a esta afirma- 
ción toda la amplitud conveniente, para dejar la verdad his- 
tórica en su natural asiento. El señor Suárez se sirvió bri- 
llantemente del archivo para publicar varios artículos de 
carácter histórico en la muy conocida y apreciada revista 
mensual El Repertorio Colombiano^ del distinguido pu- 
blicista doctor don Carlos Martínez Silva. En ella vieron 
la luz, entre otros estudios con documentos del archivo, 
Colombia y Cuba, José María Córdoba y La Romántica 
Aventura. De éste es el traslado que va a hacerse de una 
pág^ina que da a conocer la historia o las vicisitudes del ar" 
chivo durante muchos años. 

El señor Suárez inserta el sigfuiente párrafo dei doctor 
Dieg:o Mendoza: «Cuenta el señor Ricardo Becerra que el 
General Santander dio orden a sus albaceas testamentarios 
de que su archivo fuese oportunamente aprovechado en 
servicio de la historia patria. El señor Roberto Suárez, 
actual poseedor de ese archivo, ha comenzado a hacer uso 
de él conforme lo habrán visto los lectores de ^//P^^^y^/o- 
rio Colombiano y La Crónica.> «Me sorprende mucho— con- 
tinúa el señor Suárez — que el doctor Mendoza haya bus- 
cado la lejana referencia del señor Becerra, pudiendo 
apelar a una más cercana y mejor informada, como es la 
del mismo doctor Mendoza, a quien le constan mejor que al 
señor Becerra los hechos que voy a relatar, pues ha estado 
riendo en mi casa ese archivo desde que era una masa in* 
forme de papeles, hasta que se convirtió en una colección 
ordenada, empastada y con sus índices completos. . . . En la 
cláusula 34^ encarg-a (testamento de Santander) encareci- 
damente a sus albaceas "designar y recompensar a la per- 
sona que se encargue de arreglar todos mis papeles oficia- 
les y particulares y escribir, según ellos y los papeles im- 
presos, una especie de historia de mi vida pública y de 
mis servicios a la patria, que acredite a la posteridad que 
he procurado ser un ciudadano útil a ella." 

«En consecuencia de esas disposiciones, emprendió la 
ardua labor el respetabilísimo doctor Francisco Seto, su 
compadre y el mejor de sus amigos, como lo califica en el 
mismo testamento; labor que fue, por desgracia, detenida 
por su muerte ocurrida poco tiempo después. 

«La familia del finado doctor Soto devolvió el archivo 
a la viuda del General Santander, en cuyas manos estuvo 
hasta el año de 1858, en que le fue entregado con e! mismo 
objeto a los señores doctores Ezequiel Rojas y Carlos Mar- 



EL ARCHIVO DEL GENERAL SANTANDER 23 



tía. Ellos lo devolvieron en 1862 (sin llevar a cabo trabajo 
alguno que yo sepa), conservando el doctor Martín en su 
poder algunas piezas muy notables, que son las que está 
hoy publicando en La Revista Ilusiiada el señor don Pe- 
dro Carlos Manrique. 

«En 1868, próximas a ausentarse del país las dos hijas 
del General Santander, creyeron que el eminente doctor 
Manuel Murillo érala persona adecuada para emprender 
ese trabajo, y le entregaron el archivo acompañado de una 
carta tan bellamente escrita como noblemente contestada, 
y que siento no tener entre mis papeles para darme el pla- 
cer de publicarla. 

«No era esta elección, sin embargo, la más a propósito 
para llevar a cabo la tarea. El gran talento del doctor Mu- 
rillo no estaba acompañado de cualidades pacientes, que 
reñían con su carácter batallador y con esas dotes de man- 
do que le dieron tan firme autoridad en su partido. 

«Un día del año de 1876 me mandó llamar el doctor 
Murillo a su casa, y me dijo poco más o menos las palabras 
siguientes: "Estos baúles que están aquí encierran el archi- 
vo del General Santander; yo no los he abierto siquiera 
para emprender el trabajo que me suplicaron sus hijas, 
porque me siento ya muy viejo y muy cansado. Natural- 
mente ya no viviré mucho tiempo, y muchas noches no he 
podido dormir pensando que estos papeles pudieran extra- 
viarse. Quiero que queden en manos seguras, y por eso 
le suplico que se los lleve ahora mismo, lo cual me quitará 
una gran preocupación. Usted está joven, y debe erapren* 
der esa tarea. . . " 

«Por muchos años no di principio al trabajo material 
de ordenación de ese archivo, porque rae arredraba la 
enormidad de la labor, a pesar de haber sido generosa" 
mente estimulado a ello con delicadas instancias de la única 
hija sobreviviente del General Santander, la distinguida y 
brillante señora doña Clementina Santander de Freyre. 

«No encontrándome con fuerzas para tanto, le ofrecí 
que yo me haría cargo del trabajo material si una inteli- 
gencia de primera línea se encargaba de su dirección. 
Aceptado por ella, vino, como era natural, el primero a 
nuestro espíritu el nombre del doctor Santiago Pérez, a 
quien ambos escribimos en un mismo día. . . . Por desgra- 
cia las circunstancias prácticas del doctor Pérez le impedían 
por entonces consagrarse a esta tarea, y me contestó la 
carta que transcribo como un documento grandemente su- 
gestivo y de grave importancia: "Mucho le agradezco (ha- 
bla el doctor Pérez en carta de 23 de febrero de 1884, diri- 
gida al señor Suárez) la espontaneidad enteramente amis- 



24 BOLETÍN DE HISTORIA V ANTIGÜEDADES 



tosa con que se ha servido suministrarme informes acerca 
de los materiales allegados para escribir la vida del Gene- 
ral Santander, y acerca también de las vicisitudes sobreve- 
nidas en la ejecución de este trabajo.,.. Por desgracia 
para mí, el asunto, del modo como se presenta, queda fuera 
de mi alcance, pues resulta que el trabajo está todo por 
hacer.... Semejante labor exige una aplicación absoluta 
por tiempo suficiente y con dotes y medios proporcionales. 
Temeridad fuera intentar el llevarla a cabo como por dia- 
tracción de afanosos quehaceres cotidianos y de las aten- 
ciones de todo género que son indeclinables eo una vida ya 
gastada y siempre jornalera como la mía. Así es que, sin 
agregar sobre el asunto más que la expresión de mis agra- 
decimientos por la buena opinión que de mis aptitudes ha 
sido manifestada, le pongo término aquí. > . . " 

«Después de este paso (sigue el señor Suárez), di mu- 
chos otros. En dondequiera que yo veía asomar una dote 
de estudio, una inteligencia, una aptitud, buscaba el medio 
de comprometerla para este fin. Entretanto principié a 
clasificar y poner en orden ese archivo, convirtiéndolo de 
un cúmulo aterrador de papeles en degreño, en una colec- 
ción de tomos empastados, con sus índices minuciosos, 
constante de 3,476 cartas y documentos elegidos entre los 
de mayor importancia, en donde campean las firmas de 
Bolívar y San Martín, Sucre y O'Higgins, Zea y Nariño, 
Anzoátegui y Manrique, Urdaneta y Páez, Roscio y Osorio, 
Restrepo y Gual, BriceSo Méndez y Córdoba, Joaquín 
Mosquera y Aranzazu, Alejandro Vélez y Flores, Revenga 
y Nariño, Vargas Tejada y Márquez, Cuervo y Arismen- 
di. Castillo Rada y Soublette, Lacroix y Fortoul, Concha 
y Nariño, París y Brion, el Padre Blanco y Cortés Mada- 
riaga, Azuero y Padilla, Borrero y Sarda, Peñalver y Ló- 
pez Méndez, García del Río y Herrán, Fernández Madrid 
y Olmedo. López y Pombo, Obando y Narvarte, Floren* 
tino González y Arganil. A eslo he agregado una colección 
de obras de historia, cuadernos, hojas sueltas y periódicos, 
del tiempo todos de la Gran Colombia, que en número de 
cerca de 400 volúmenes constituyen una de las más comple- 
tas colecciones del país. Y tengo la vanidad de creer que no 
sea inferior en cantidad de libros impresos a las de los 
señores doctor Vicente Restrepo y don Antonio Clavijo 
Duran, ya que como riqueza en documentos inéditos y ori- 
ginales no creo que tenga rival en Sur América. 

«Recuerdo, entre otros, haber solicitado la colaboración 
de los señores José Ignacio Escobar, Juan Manuel Rudas, 
Facundo Mutis Duran, José Camacho Carrizosa, Laureano 
García y Diego Mendoza. Justamente invité a los tres últi- 



EL ARCHIVO DEL GENERAL SANTANDER 25 



mos a que lleváramos a cabo la obra por períodos, encar- 
gándose cada uno de una época perfectamente separada 
por los años como por la índole de las circunstancias. Esta 
vez fue la única que el proyecto asumió una forma seria, y 
muchas noches y muy gratas pasamos en mi casa, Mendoza, 
Camacho, García y yo discutiendo los detalle» y tratando 
de ponernos de acuerdo en el método de la exposición. A mí 
me tocaba la parte primera hasta el año de 1826, excluyendo 
lo relativo aK empréstito, de lo cual debía hacer el señor 
Laureano García una monografía separada; al doctor Men- 
doza, de 1826 a 1830, y al doctor Camacho lo relativo a la 
Nueva Granada, de 1830 a 1840. Forma tan definitiva tomó 
el propósito, que el doctor Camacho me pidió, y le di con 
el mayor placer, una gran parte del archivo de la época que 
a él correspondía, sin que hasta ahora me haya ocurrido 
reclamársela. 

<Poco antes de iniciar esta asociación, había creído yo 
de mi deber dar parte de mi intento a la señora doña Cle- 
mentina Santander de Freyre, como la persona más intere- 
Bada en su ejecución, y al eminente doctor Poción Soto. . , » 

El señor Suárez inserta la carta que en 16 de abril de 
1895 dirigió al doctor Soto, en la cual le dijo, entre otras 
cosas: «Pues bien, el General Santander manifestó su vo- 
luntad de que su biógrafo fuera el respetable doctor Soto, 
y es tradicional en mi familia (varias veces lo oí a mi tío 
Antonio María Silva y a mi padre) que él dio principio a 
su trabajo. Si fue así, ¿existirá? El tuvo poco tiempo para 
ello, pues murió pocos años después, pero si algo hizo, sería 
ese trabajo de gran precio y un excelente derrotero.» El 
señor doctor Foción Soto contestó desde Maracaibo, en 
carta de 20 de mayo de 1895: «Cuando S. Camacho Roldan 
escribió el ligero boceto biográfico a que usted se refiere, 
me interesé vivamente con él para que acometiese la obra 
de escribir la historia documentada de esa vida tan corta 
como llena, pero me contestó que carecía de tiempo para 
ello y sobre todo de documentos, pues él probablemente 
ignoraba el paradero de los que estuvieron en manos de los 
señores doctores Rojas y Martín, lo que también me era 
desconocido. Ahora bien, es cierto que mi padre se encargó 
de escribir esa historia, y desde cierto punto de vista era el 
más llamado a hacerlo, pues nadie mejor que él podía estar 
al cabo de multitud de incidentes y circunstancias que co* 
bijaron a esos dos amigos casi inseparables, aun cuando 
esta misma ventaja debería naturalmente quitar a la obra 
la imparcialidad necesaria. La muerte sorprendió a mi pa- 
dre en 1846, sin que hubiese podido sino iniciar su trabajo, 
del cual tenía escrita precisamente la parte menos impor* 



26 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



tante, si se quiere, desde 1810 hasta 1819 o 1821. Esa parte, 
puesta en limpio, fue entregada a la señora viuda del Ge* 
neral Santander; yo suponía que ese escrito hubiese corrido 
la suerte de todos los demás documentos que mi padre reci* 
biera, y que eran como tres o cuatro baúles de impresos y 
manuscritos, todos los cuales creía yo estaban completa- 
mente perdidos o a lo menos mutilados. Mi padre dejó al- 
gunos manuscritos, los cuales tenía yo, así como el borra- 
dor de ese principio de historia, pero desgraciadamente se 
perdieron en el terremoto de Cúcuta en 1875, y entre ellos 
estaban las cartas que el General Santander había escrito a 
mi padre. ...» 

«La hija del General Santander (sigue el relato del se- 
ñor Suárez), en carta de 20 de septiembre de 1896, me dice 
lo siguiente: "El proyectoque usted me comunica sobre la 
magna obra que ha emprendido, me ha henchido el corazón 
de júbilo: al resplandor de la gloria que ella dará a mi padre, 
todas mis ansiedades y los mezquinos intereses del presente 
desaparecen. Usted sabe que este ha sido uno de los votos 
ardientes de mi alma, no sólo porque soy su hija, porque 
es la herencia inmortal que lego a mis hijos, sino porque 
fue la suprema voluntad de mi madre, que si dejó el mundo 
con dolor, fue porque esta parte de su misión quedaba por 
llenarse. Mi gozo es completo porque sea usted el autor de 
esa obra." 

«Estos hechos son como los he narrado, y celebro que 
el doctor Mendoza me haya dado ocasión para hacerlos 
conocer, más hoy, después de un suelto que trae el número 
310 de La Crónica^ cuyo autor me es desconocido, en que 
se insinúa la idea de que el Gobierno celebre un contrato 
conmigo para la publicación del archivo del General San" 
tander. Ellos explicarán mi perseverante esfuerzo para 
conseguir un resultado, en servicio del cual he puesto mi 
mejor voluntad, pero que las proporciones de la obra, a la 
cual sería necesario dedicar toda una vida, han hecho tan 
difícil." {^El Repertorio Colombiano, volumen xviii, pági- 
nas 406 3 416). 

Hasta aquí el interasante relato del señor Suárez, que 
persuade que él salvó el archivo de una pérdida total, lo 
ordenó y empastó, lo mantuvo en seguridadad, y con gran 
celo y patriotismo quiso realizar la magna obra de publicar 
la vida documentada del General Santander. Conviene ano- 
tar que el señor Suárez, tenaz en su empeño, presentó a 
las Cámaras Legislativas de 1898 un memorial, en el cual 
ofreció el archivo para que fuese publicado por la Nación. 

La idea o el propósito de una publicación nacional 
aparece claramente manifestado en el documento o acta 



EL ARCHIVO DEL GENERAL SANTANDER 27 



que insertó el Tribunal Superior en el auto de 14 de no- 
viembre de 1913, en que decretó el secuestro preventivo 
de los volúmenes empastados que constituyen el archivo. En 
efecto, la muerte sorprendió en sus pasos al señor Suárez, 
y su muy apreciable viuda, la señora doña María Costa de 
Suárez, confío los tomos arregflados a la custodia y vigilancia 
de una Junta depositaria, compuesta de los señores don 
Fraocisco de la Torre, don Pablo Valeozuela, don Luis 
Soto L., don Manuel de Freyre y Santander y don Lau- 
reano García Ortiz. Consta en dicha acta que el señor don 
Eduardo Posada, «comisionado por el Gobierno para los 
fines de la reunión, y como tal invitado a ella, se había visto 
obligado a excusarse por atenciones ineludibles en el Minis- 
terio de Relaciones Exteriores,» y que «la señora Costa de 
Suárez manifestó a los concurrentes que tratándose déla 
publicación de tan valioso archivo, publicación que el Go- 
bierno Nacional se proponía hacer a costa de la Nación y 
en homenaje a la memoria de tan grande hombre de Estado, 
ella se creía en el deber, como actual depositaria del archivo, 
de disponer lo conveniente para que tal publicación se hi- 
ciese en un todo de acuerdo con los deseos del General San- 
tander y ajustándose al plan que su finado esposo el señor 
Roberto Suárez había determinado en cumplimiento de 
aquellos deseos; que proponiéndose ella ausentarse próxi- 
mamente del país, había pensado en la constitución de 
una Junta depositaria de tan importantes documentos, en- 
cargada de su custodia y de dirigir y reglamentar de 
acuerdo con el Gobierno su publicación.... En seguida se 
trató de la manera práctica de principiar a dar cumpli- 
miento a la comisión, y se fijaron algunos puntos de detalle 
que se convino en dejar para próxima ocasión su adopción 
definitiva.» Esta acta lleva la fecha de 1^ de junio de 1906. 

III 

La Junta depositaria conservó el archivo por varios 
años, y vino luego el juicio ordinario de que al principio se 
ha hablado, el cual terminó con sentencia del Tribunal Su- 
perior del Distrito Judicial ie Bogotá, de fecha 29 de no- 
viembre de 1915, que resolviólos siguientes puntos: «El ar- 
chivo de documentos compuesto de veintidós volúmenes em- 
pastados, dice (error, porque son veintitrés los recibidos por 
el señor Restrepo Tirado), que la señora María Costa de Suá- 
rez, como viuda del doctor Roberto Suárez, tenía en su poder 
y entregó en calidad de depósito a varios caballeros, entre 
ellos a los señores Laureano García Ortiz y Luis Soto L., 
pertenece a la sucesión del General Francisco de Paula 
Santander; se condena a la señora María Costa de Suárez 



28 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



y al señor Luis Soto L. a entregar el mencionado archivo 
a la señora Clementina Suárez Santander de Restrepo, en 
su calidad de heredera del General; la señora Suárez San- 
tander de Restrepo tiene derecho a la propiedad y a la te" 
nencia del archivo a que se refiere este pleito, sin perjuicio 
de las acciones que tengfan o puedan tener los demás here- 
deros o representantes del General Santander; entregúese 
el archivo a la señora Clementina Suárez Santander de 
Restrepo o a quien represente sus derechos, dentro de tres 
días de notificada esta sentencia.» Para la exposición que 
en seguida se va a hacer, conviene trasladar aquí el último 
párrafo de la parte expositiva de la sentencia. Dice asi: 
«Por consiguiente, la actora, nieta legítima del General 
Santander, tiene derecho a que se declare que le pertenece 
el archivo que fue el de aquel grande hombre, y a que se 
le mantenga en la propiedad de él, sin perjuicio de los de- 
rechos de los demás herederos, una vez que la cosa deman* 
dada está en poder de terceros que no alegan sobre ella ni 
propiedad ni posesión, y que no aparece adjudicada a nin- 
gún otro de los herederos.» 

Los terceros que tenían la cosa demandada no alegaron 
ni podían alegar sobre ella propiedad ci posesión, puesto 
que eran simples tenedores en virtud del depósito de que 
trata el acta relativa a la junta constituida por la señora 
viuda de Suárez; y la cosa demandada en ningún tiempo se 
adjudicó a los herederos o a ninguno de ellos, porque no fue 
esa la voluntad del General Santander. Del relato del señor 
Suárez resulta que el propósito de los herederos fue man- 
tener y conservar el archivo para publicar la obra histórica 
que se inició y que no pudieron llevar a término por las 
dificultades varias que apunta el señor Suárez. 

En el número 39 del Boletín de Historia y Antigüe- 
dades revista de la Academia Nacional de Historia, se pu- 
blicó el testamento de Santander, testamento solemne ce- 
rrado, que escribió de su puño y letra en cincuenta y dos 
cláusulas numeradas, en Bogotá, a 1.9 de enero de 1838, y 
que fue protocolado al día siguiente de su muerte, el 7 de 
mayo de 1840, por la escritura respectiva, ante el Escribano 
Público Joaquín Zapata y Porras. En ese protocolo, que 
pertenece hoy al archivo de la Notaría 1^ de Bogotá, hemos 
estudiado el testamento para apoyar las consideraciones 
que luego se verán. 

La cláusula 45^ del testamento dice: «ítem declaro so- 
lemnemente que todos los hechos que he referido en los 
Apuntamientos para las memorias de Colombia y Nueva Gra- 
nada, publicados por mí en esta ciuda, del día 22 de octubre 
de 1837, son todos ciertos y positivos. . ..> Evidentemente, 



EL ARCHIVO DEL GENERAL SANTANDER 29 



Santander hizo la publicación de la obra que cita, y tenemos 
a la vista la edición que hizo de ella en París, en 1869, el se- 
ñor don Manuel Suárez Fortoul. El autor la escribió para 
defenderse de los ataques que se le hacían, y la apoyó en 
muchos documentos de su archivo que puso como A-péndice 
al fin de la obra, lo cual persuade que Santander estimaba 
altamente sus cartas y documentos de distintas proceden- 
cias relativos a las campañas )' a su Administración Pública. 
Incluyó, por ejemplo, la carta autógrafa que hemos visto en 
el archivo, que le dirigió de Leiva el General Narifío el 12 
de octubre de 1823, dos meses antes de la muerte de este, 
para acreditar con ella que mantuvieron hasta el fin amis- 
tosas relaciones; y en la Conclusión de la obra, página 102, 
dice: «Los que tanto se jactan de haber defendido la ver- 
dadera libertad de ebtoa países, presenten un solo documen- 
to donde hayan hablado con la dignidad de un republicano 
perseguido por sus opiniones y hechos contrarios a pro- 
yectos liberticidas. A su tiempo saldrá a luz la correspon- 
dencia que tuve con el General Bolívar sobre eitos proyec- 
tos.... Los documentos que han podido contener estos 
apuntamientos, bastarán por ahora a llenar el objeto que 
me propuse. Juzgúeseme por ellos.> 

Volviendo al testamento, diremos que es una manifes- 
tación de la voluntad muy clara, minuciosa y ordenada, en 
que el testador dispuso del todo de sus bienes y expresó 
sus mandatos sin ambigüedades; esa escritura revela el 
mismo carácter del hombre. En ella declara cuáles son sus 
bienes raíces y los determina con precisión; en cuanto a loa 
bienes muebles dice que siendo muy difícil enumerar todos 
los que tiene, como libros, alhajas, vajillas, etc., son pro- 
pios suyos «todos los que se encuentren en mi casa de Bo- 
gotá, y en las de Hatogrande y la Resaca, así como cuales- 
quiera otros que tenga depositados, prestados o en poder 
de alguna persona»; particulariza sus créditos activos y pa- 
sivos; declara corrientes y canceladas unas cuentas relativas 
al manejo de dos de sus fincas; ratifica una donación quelfa- 
bía hecho de una casa a su hermana y a las hijas de ésta; deja 
una relación de los gastos que ha hecho con su renta en so- 
corro de viudas, huérfanos y desvalidos y para proteger 
establecimientos de instrucción, beneficencia y piedad, y 
para ayuda de varios actos útiles al país, y manda que se 
publique por la imprenta; dispone sobre la libertad de sus 
esclavos; instituye por sus herederos a sus hijos legítimos y 
a su esposa, por iguales partes; hace varios legados a deter- 
minadas personas, y manda que se conserven siempre en su 
familia, según el más inmediato parentesco con él, una caja 
de polvo, una camándula de piedras finas, una casaca uni- 



30 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



forme de General, una espada y unas medallas, el libro déla 
Constitución que le servía de consulta durante su gobierno 
de la Nueva Granada, y otros objetos. Entre los diversos ca- 
sos que previo para instituir herederos extraños, en la cláu- 
sula 33^ señaló el relativo a la República, y en la siguiente dis- 
puso esto: «34^ ítem los dos mil y quinientos pesos que tengo 
ordenadose saquen del quinto de mis bienes, en todo casólos 
destino en la forma siguiente: mil y quinientos pesos para 
recompensar la persona que se encargue de arreglar todos 
mis papeles oficiales y particulares y escribir, según ellos y 
los papeles impresos, una especie de historia de mi vida pú- 
blica y de mis servicios a la patria, que acredite a la poste- 
ridad que he procurado ser un ciudadano útil a ella; y los 
otros mil pesos para que se imprima dicho trabajo, cuya 
operación encargo encarecidamente a mis albaceas y here- 
deros.> Concuerda con esta cláusula la parte final de la 44^, 
que dice: «Preferí a la amistad de Bolívar el cumplimiento 
de mis deberes, y tengo la satisfacción de que jamás dejé 
de hablarle francamente .... Así consta de nuestra corres- 
pondencia privada, que se tendrá presente para escribir lo 
que dejo encargado en la cláusula 34^ de este testamento. > 
El tenor de estas disposiciones es sumamente claro: se 
destina una suma para pagar a quien se encargue de arre- 
glar el archivo (papeles oficiales y particulares) y de escri- 
bir la vida de Santander, y otra para que se imprima la 
obra (dicho trabajo), operación esta que el testador enco- 
mendó con encarecimiento a sus albaceas y herederos. Los 
albaceas que designó en primer término fueron su esposa 
doña Sixta Pontón, el doctor Francisco Soto y el presbí- 
tero Francisco Oberto (cláusula 46^). Los dos mil quinien- 
tos pesos que se deben sacar del quinto de sus bienes, los 
destina en la forma dicha en todo caso, es decir, aun en 
aquel que previo en la cláusula 33^ para instituir por he- 
redera a la República, y obsérvese que el archivo no se deja 
a los herederos, pues a éstos y a los albaceas sólo les impuso 
la obligación de imprimir la obra pagando la suma señalada 
(mil pesos). La vida pública debía escribirse según los pa- 
peles oficiales y particulares y los impresos, es decir, que 
debía ser una obra fundada o documentada, de modo que 
propiamente el testador no mandaba imprimir o publicar 
su archivo únicamente; quedaba a juicio del escritor de la 
obra publicar los documentos fundamentales. El hecho de 
disponer el arreglo del archivo para que sirviese de fun- 
damento a la historia de la vida pública del testador, de- 
muestra, sin lugar a duda, que éste separó aquél de la masa 
partible de sus bienes para que sirviese sólo al fin indicado, 
o sea de fundamento a la obra sobre la historia de su vida. 



EL ARCHIVO DEL GENERAL SANTANDER 31 



de modo que ni los albaceas ni los herederos podían dispo- 
ner a su arbitrio, como cosa propia, de tales papeles o ar- 
chivo, pues en relación con éste no tenían sino que llenar la 
obligfación que les impuso el testador. Y nótese que el tes- 
tamento contiene dos cláusulas especiales, 40^, 41^, sobre 
institución de legados y conservación en la familia de se- 
ñalados efectos; pero Santander a nadie legó su archivo ni 
dispuso que éste fuese conservado siempre en su familia 
segiín e¡ más inmediato parentesco con éi, como así lo or- 
denó respecto de otros bienes muebles. Además, si alguien 
puede suponer que el archivo puede estimarse como incluí- 
do en la denominación general de papeles de la sucesión, 
tal supuesto es inadmisible, porque el mismo testador, al 
determinar sus bienes, señaló también sus títulos y escri- 
turas que le daban la propiedad de ellos, e indicó los docu- 
mentos privados relativos a sus negocios y a sus créditos 
activos y pasivos, y sus libros de cuentas y recibos, todo lo 
cual interesaba sólo a los herederos como a tales; y respec- 
to de sus papeles oficiales y particulares, entre los cuales 
quedó incluida de modo expreso la correspondencia priva- 
da con Bolívar, los separó, ya se ha dicho, de la masa par- 
tibie y ordenó el arreglo de ellos para que se escribiese la 
historia de su vida. 

Santander quería que la posteridad conociese su vida 
pública y sus servicios a la Nación, para acreditar o dar 
testimonio con aquellos documentos que él había procurado 
ser un ciudadano útil a la pattia. Según esto, la obra o his- 
toria de verdadero interés público es de la Nación o debe 
serlo, puesto que a ella le atañe exclusivamente, dado que 
es la historia de ella misma en un lapso determinado. En 
efecto, escribir la vida de Santander equivale a hacer la his- 
toria nacional desde fines del régimen colonial hasta la época 
de la muerte de aquél, labor grande, de exposición completa 
y lúcida, de disquisición y controversia ya en lo militar, ya 
en el vasto campo de la administración y de la ardiente po" 
lítica, estudiando primero la Colonia subyugada y airada 
después, luego la primitiva Colombia, y por último la Nueva 
Granada en sus primeros pasos, hasta 1840; y todo esto debe 
escribirse sobre el archivo, que es su apoyo o fundamento 
y como tal, inseparable de la obra. Con esto se forma más 
cabal idea del alcance de la afirmación de los señores aca- 
démicos arriba nombrados, al asegurar que la sustracción, 
el transporte, la ocultación o el deterioro de loa documen- 
tos que forman el archivo causa grave perjuicio a Colombia 
y a la historia de la República. 

La obra no puede separarse de esos originales o archi- 
vo que es la piedra angular; a ella le pertenece en todo 



32 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



tiempo, para que pueda demostrar sus afirmaciones o con- 
clusiones con la exhibición del original, llegado el caso; y 
como demostración patente y manifiesta de esto ahí está lo 
que dejamos expuesto sobre la carta de Bolívar exhibida en 
láminas fotográficas por los Plenipotenciarios del Perú en 
la cuestión de límites de esta República con el Ecuador; eso 
mismo no podría hacerse hoy, por lo menos aftiuí, con la otra 
carta de Bolívar que citamos, porque esa correspondencia 
desapareció del archivo. En asuntos históricos de suyo con" 
trovertibles, y más si están vinculados a ellos grandes inte* 
reses que se relacionan con la honra o fama de las personas, 
con la política y la administración, con el territorio, etc., 
no puede dejarse de la mano el precioso original o docu- 
mento autógrafo, que es como el espejo en que se mira el 
asunto con claridad, y muestra al historiador fácilmente 
los ápices déla cuestión para entenderla bien y juzgarla 
con sabiduría. Ahora, debe considerarse el texto mismo de 
los documentos del archivo o su naturaleza, para que se vea 
el interés público que de él se desprende y que atañe a la 
Nación. 

En la relación o resumen que presentamos por sepa' 
rado del contenido actual del archivo, se dan a conocer los 
nombres más importantes de los autores de las cartas y se 
indica simplemente que éstas versan sobre asuntos públicos, 
pues son contadas las que tienen carácter puramente amis- 
toso o personal con prescindencia de la cosa pública. En 
aquellos documentos se trata de campañas, de funciones de 
armas y de batallas en los países que formaron la primera 
Colombia, en el Perú y en Bolivia; de asuntos políticos y de 
gobierno, de cuestiones económicas y fiscales, de asuntos 
territoriales e internacionales y de la situación general, 
social y política de algunos otros países de América y de 
Europa. Muchas de esas cartas, por su mismo contexto, por 
las circunstancias en que aparece que las escribieron sus 
autores, por las indicaciones que contienen, pueden consi" 
derarse como comunicaciones oficiales que sirvieron sin 
duda para ejecutar una operación o adoptar determinada 
medida por el superior o por el Jefe del Gobierno; y en 
muchas de ellas se lee que el autor se sefiere a determinado 
oficio que ya había remitido y que en su carta quiere am- 
pliar indicando lo que no le pareció conveniente decir en 
la comunicación oficial, o la causa o motivo de señalada me* 
dida, providencia o propósito con sus peculiares circuns- 
tancias. Diríase por esto que esas cartas confidenciales con- 
tienen la sustancia principal del oficio a que se refieren, y 
que son como el nervio o el alma de él; de donde se sigue 
que alguna parte del archivo es complemento inseparable 



KL ARCHIVO DEL GEN8RAL SANTANDER 33 



délas comunicaciones oficiales que deben reposar en el ar- 
chivo de la Nación y que forma con éstas un todo que cons- 
tituye el fundamento o la fuente fidedigna de la historia. 
La Nación no tuvo intervención ninguna en el juicio 
que falló el Tribunal Superior, y la sentencia de que antes 
se hizo mención sólo afecta a las partes que intervinieron 
en la controversia; de modo que si ella inicia, como debe 
hacerlo en nuestro concepto, la correspondiente acción 
civil en defensa de sus derechos sagrados, no puede oponér- 
sele la presunción legal de verdad relativa y convencional 
denominada la cosa juzgada, porque dada la índole de esta 
y las condiciones que deben concurrir para que obligue al 
respeto y aceptación de la sentencia a los contendientes, 
bastaría anotar que la demanda no es entre las mismas par* 
tes propuesta por una contra otra en la misma cualidad, y 
que la causa, o sea el hecho jurídico que constituye el fun- 
damento del derecho, es distinta. En síntesis, el juicio que 
definió el Tribunal Superior no tiene ni puede tener 
efectos sino respecto de aquellos que en él tomaron parte. 

CONCLUSIONES 

La exposición que hemos hecho nos permite contestar 
afirmativamente las cuestiones que el Juzgado ha sometido 
a nuestro dictamen, en la forma que sigue: 

1*? El archivo del General Francisco de Paula Santan- 
der contiene comunicaciones y documentos de trascenden* 
tal importancia para Colombia, sea que se la considere por 
sí sola o que se mire su historia con relación a las Repú- 
blicas limítrofes y a otras naciones de Sur América. Tan 
preciosa colección no sólo se refiere a hechos de la magna 
guerra de la Independencia, sino a asuntos de gobierno, de 
política y de administración pública, de hacienda, de re- 
laciones exteriores y de otros. 

2^ Dado lo ya expuesto sobre el testamento del General 
Santander y sobre el texto o naturaleza de tales documen- 
tos, éstos pertenecen a la Nación. 

3*? Por las mismas razones aducidas, los manuscritos 
del archivo que versan sobre los asuntos indicados y que 
constituyen los fundamentos de la historia, no pueden ni 
deben ser materia de transacciones comerciales, sin menos* 
cabo de los intereses patrios. 

Dejamos así terminada nuestra misión. 

Del señor Juez muy respetuosos y obedientes servidores, 

Jesús M. Henao — Maximiliano Grillo— Rufino Gu- 
tiérrez. 

Bogotá, octubre 8 de 1921. 

xrv— 3 



34 



BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



RELACIÓN O RESUMEN 

DEL CONTENIDO ACTUAL DEL ARCHIVO DEL GENERAL SANTAN- 
DER, ENTREGADO POR EL JUEZ 3*? DEL CIRCUITO EN LO CRIMINAL, 
A LOS PERITOS PARA QUE DEN SU DICTAMEN. 



Paquetes 
y tomos 

de docu- 
mentos. 



Número de 
documentos 
de cada uno. 



Folios. 



I. 



n. 



in. 



IV, 



V. 



VI. 



vn. 



Cartas de don Pedro Gual. Casi 
todas tratan sólo de asuntos pú- 
blicos, especialmente de hacien- 
da 36 94 

Cartas del Coronel Antonio Mora- 
les y una carta privada de su es- 
posa Carmen Vitores de M. To- 
das; las cartas de Morales se 
refieren a asuntos públicos; hay 
una nota oficial en papel timbrado 
y una copia de una arenga dirigi- 
da al Libertador cuando llegó al 

Socorro en febrero de 1819 19 57 

Cartas de don José Manuel Res- 
trepo, sobre asuntos públicos to- 
das ellas. Contiene una del Gene- 
ral Domingo Caicedo, de marzo de 
1820, para el General Santander. 37 78 

Cartas del General José Padilla. 
Diez y siete versan sobre asuntos 
de carácter público, y una sobre 

un incidente personal 18 32 

Cartas de don Joaquín Mosquera. 
Todas versan sobre asuntos pú- 
blicos 9 22 

Cartas de don J. M. del Castillo 
Rada, sobre asuntos públicos. 
Contienen un proyecto sobre una 
emisión de documentos de crédi- 
to, respaldada por las salinas te- 
rrestres 14 40 

Cartas del General Jcsé María 
Córdoba, sobre campañas de la 
guerra de la Independencia. En 
carta de julio de 1826, de Cocha- 
bamba, dice que le envió al Ge- 
neral Santander una relación de 



133 



323 



EL ARCHIVO DEL GENERAL SANTANDER 



35 



VIII. 



IX. 



Paquetes 
y tomos 
de docu- 
mentos. 

Vienen 

la campana de Ayacucho, y la 
«explicación de un nuevo orden 
de Columna Ayacucho en el cual 
formé la División de mi mando en 

aquella batalla> 

Cartas del General Bartolomé 
Salom, sobre campañas en Vene- 
zuela, en 1820 

Cartas del General Daniel F. 
O'Leary, sobre asuntos públicos. 
Hay una del mismo al General 
Tomás de Heres, y otra al Liber- 
tador con una posdata de éste; las 
demás, ocho, dirigidas al Gene- 
ral Santander 

Cartas del General Manuel Val- 
dés. sobre asuntos de las campa- 
ñas, y una proclama del mismo a 
los habitantes de Popayán .... 
Cartas del General Carlos Sou- 
blette, sobre asuntos públicos, y 
aun pudieran considerarse como 
oficiales algunas de ellas. Hay 
una carta firmada por el General 
Santander, dirigida a Francisco 
Rivas, y tres en papel timbrado.. 
Cartas del Coronel José Félix 
Blanco, sobre asuntos de política 
y de las campañas. Contienen co- 
pia de una proclama del General 
J. A. Páez y de un decreto del 

mismo, de 1826 . . , 

xra. Cartas del General José María Ca- 
rreño, dirigidas al General San- 
tander. Contienen copia de una 
carta del General Salom, en que 
transmite ciertas censuras de Bo- 
lívar a la conducta de Carreño.. 
XTV. Copias de cartas del Genera! San- 
tander, así: nueve al General Ma- 
riano Montilla, una a la esposa 
del mismo, una a J. Rafael Re- 



X. 



XI. 



xn. 



Námero de 
documentos 
de cada uno. 

133 



36 



Folio». 
323 



85 



17 



10 



28 



25 



81 



26 



67 



30 



73 



17 



41 



Pasan 



288 



712 



^ BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



Número de 
Paquetes documentos 

y tomos ¿e cada uno. 

de docu- Folios, 

mentos. _ i-^« 

Vienen... y 288 712 

venga; trece no tienen dirección; 
una del General Montilla a San- 
tander, y una de Santander al Li- 
bertador. Todas sobre asuntos 
públicos, menos la carta a la es- 
posa de Montilla. Se ve que estos 
documentos, que son 26, en 65 
folios, no fueron empastados, y 
no pueden considerarse pertene 
cientes al archivo de Santander. 
XV Cartas del General Pedro Bnce- 
ño Méndez, sobre asuntos públi- 
cos, menos una de carácter pri- 
vado. Contienen dos copias: una 
de una carta del Libertador, en 
clave, en parte, y otra de una 
carta de Briceño al General Ur- ^^ ^^^ 

daneta •• •/ ".;'" 

rvi. Cartas del General Mariano Mon- 
tilla, dirigidas al General Santan- 
der, sobre asuntos públicos. Con- 
tienen copia de una dirigida al 
General Soublette y un plano de . 
la bahía y lago de Maracaibo. 
Tres están en papel timbrado y 
una tiene carácter claramente ^^ ^^^ 

oficial • • V* • ' "ñ" IL 

xvn Cartas del General José A. Paez 
al General Santander, sobre asun- 
tos públicos. Contienen, entre 
otras, copia de carta de Santan- 
der a Páez, sobre la acusación de 
éste; un estado de las tropas que 
existían en Valencia después del 
sitio de Puertocabello; copia de 

las notas de Santander a la car- 

ta de Páez de 16 de julio de 182b, 

y copia de carta de Santander 

en que le aconseja a Paez la su- 

misión a las leyes. ;•• 

xvin. Miscelánea de cartas de vanos, 

entre otros. José María Vergara, 

Pasan ^^1 U8Í 



EL ARCmVO DEL GENERAL SANTANDER 37 



Paquetes Número de 

y tomos documentos 

de docu> de cada uno. 
mentos. Foltoá. 

Vienen 491 1,187 

José Concha, José María Mantilla, 
Pedro Fortoul, M. Santamaría, 
Luis Francisco de Rieux, J. V. 
Forey K. (quien propone a San- 
tander en 1823 la naveg^ación por 
vapor), Lino de Clemente y José 
Ucrós. Sobre asuntos públicos. . . 140 291 

XIX. Miscelánea de cartas de varios, 
entre otros, Leandro Palacio, 
Manuel José Hurtado, Agustín 
Gutiérrez y Moreno, F. Monto- 
ya, M. A. Arrubla, Juan de Fran- 
cisco Martín y Juan F. CalcaHo, 
M. Santamaría, Guadalupe Vic- 
toria, Eloy Valenzuela e Ignacio 
Tejada. Sobre asuntos públicos. . 143 307 

XX. Miscelánea de cartas del señor Ar- 
zobispo Mosquera a don Joaquín 
Mosquera, y de Manuel María 
Mosquera a sus hermanos. Contie- 
ne también unas pocas dirigidas a 
Rufino Cuervo, Francisco Monto- 
ya, Manuel A. Arrubla y Anselmo 
Pineda, una de Ignacio Gutié- 
rrez a Tomás C. Mosquera, y 
otra de éste. No están foliadas, 
Bon 204; se ve que no fueron em- 
pastadas y no puede considerar- 
que hacen parte del archivo del 
General Santander. 

XXI. Tomo de cartas de 1836 a 1837, 
está empastado e intacto confor- 
me al arreglo que hizo de todo el 
archivo el señor don Roberto Suá- 
rez. Contiene cartas, entre otras, 
de Juan de Dios Aranzazu, el Ar- 
zobispo Mosquera, Rufino Cuer- 
vo, copia del concepto de Lino de 
Pombo sobre la cuestión france- 
sa, de Juan José Flores, Pedro Al- 
cántara Herrán, José Hilario Ló- 
pez, Lorenzo M. Lleras, Antonio 

Pasan 774 1»785 



38 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 

Paquetea Número de 

y tomos documentos 

de docu- de cada uno. 
mentoa. Folios. 

Vienen 774 1,785 

Morales, Joaquín y Tomás C. de 
Mosquera, José María Obando, 
Salvador, Obispo de Popayán; 
Lino de Pombp, Vicente Roca- 
fuerte, Santander a. Flores e 
Ignacio Tejada, Ministro en el 
Vaticano. Asuntos públicos.. 169 350 

XXII. Cartas del General Borrero y de 
otros personajes, como Joaquín 
París, el Obispo Jiménez, de Popa- 
yán; JoséMaríaSalazar, Alejandro 
Osorio, Andrés M. Rosillo, Luis 
López Méndez, y de Santander a 
Osorio y a José Manuel Restrepo. 
Versan sobre asuntos públicos. . . 89 187 

xxni. Miscelánea de cartas de varios a 
Santander, entre otros, J. García 
del Río, sobre separación del Ge- 
neral San Martín del gobierno 
del Perú; José de Lámar, San- 
tiago Marino, Manuel Purreyron, 
Jerónimo Agüero, FranciscoCon- 
de, José Gabriel Pérez, J. A. Mi- 
ralla, Manuel de Vidaurre, Luis 
Vargas Tejada (en verso). J. Illin- 
grot, Luis A. Baralt (oficial), 
Francisco Carabaño, J. J. de Ol- 
medo, Ramón Freiré, Supremo 
Director de Chile (oficial), Hi- 
pólito Unanue, Antonio Nariño, 
José de San Martín y Bernardo 
O'Higgins. Sobre asuntos públi- 
cos....^ 121 276 

XXIV. Miscelánea de cartas que contie- 
ne, entre otros documentos: car- 
tas y mensajes de Santander, ex- 
pediente sobre la conducta mi- 
litar del mismo en 1814, proposi- 
ciones de las Cámaras en copias 
oficiales, opinión de Castillo sobre 
el patronato, cuenta de las su mas 
t[ue ha producido el empréstito 

Pasan 1,153 2,598 



EL ARCHIVO DEL GENERAL SANTANDER 



39 



Paquetes 
y tomos 
de docu- 
mentos. 



Número de 
documentos 
de cada uno. 



Vienen 

Zea-Hurtado, proclamas de San- 
tander, carta de Juan Germán 
Roscio, extracto de las provi- 
dencias comunicadas a la Vice- 
presidencia por el Ministerio de 
Guerra en 1820, progreso de las 
fuerzas sutiles sobre la plaza de 
Cartagena, y otros documentos y 
oficios en copia u originales 

XXV. Tomo de cartas de 1828-1831; es- 
tá empastado e intacto conforme 
al arreglo que hizo el señor don 
Roberto Suárez. Contiene, entre 
otros documentos, el Reglamento 
de la Convención de Ocaña, re- 
presentación de la minoría, expo- 
sición de Santander al Congreso 
de 1830 con motivo de sus perse- 
cuciones, decreto del Vicepresi- 
dente de la República, en que se 
levanta a Santander la pena de 
confinamiento, y copias de docu- 
mentos sobre proyecto de monar- 
quía, del Consejo de Kstado de 
1829 

xxvL Tomo de cartas de 1835-1835; 
está empastado e intacto confor- 
al arreglo del señor don Roberto 
Suárez. Contiene cartas del Ar- 
zobispo Mosquera, de don Joa- 
quín Mosquera, del General Páez. 
del General Borrero, Juan José 
Flores, Vicente Rócafuerte, Juan 
de Dios Aranzazu y José María 
Obando, y un apéndice al folleto 
La Nueva Granada al empezar el 

año de 1836 , 

xxvn. Tomo de cartas de 1834-1836; 
está empastado e intacto confor- 
me al arreglo que hizo el señor 
don Roberto Suárez. Contiene 
cartas de J. M. Obando, Juan 



Polios. 
1,153 2,598 



187 



432 



160 



350 



167 



357 



Pasan 1,667 3,737 



40 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



Paquetes Número de 

y tomos documentos 

de docu* de cada uno. 
mentos. Folios. 

Vienen 1,667 3,737 

José Folres, José Hilario López, 
Arzobispo Mosquera, Salvador 
Córdoba, Rufino Cuervo, José A. 
Páez, Pedro A. Herrán e Ingna- 
cio Tejada 161 350 

xxvin Cartas de 1831-1832. Tomo em- 
pastado e intacto conforme al arre- 
glo del señor don Roberto Suárez. 
Contiene, entre muchos otros do- 
cumentos, comunicación del Se- 
cretario déla Convención de 1831 
al General Santander; nota de 
Obando en que comunica oficial- 
mente a Santander la designación 
que le hizo la Convención Grana- 
dina para Presidente de la Repú- 
blica; cartas de Florentino Gon- 
zález, Pedro A. Herrán, José Bo- 
ñaparte, Juan José Flores, José 
Ignacio de Márquez, Joaquín 
Mosquera, José Antonio Páez, 
José Ignacio París y otros 180 351 

XXIX. Tomo de cartas de 1832-1834, 
empastado e intacto conforme al 
arreglo del señor don Roberto 
Suárez. Contiene cartas, entre 
otras, de Juan José Flores, José 
María Obando, Salvador Córdoba, 
Pedro Carujo, Vicente Azuero, 
Joaquín Mosquera, José Antonio 
Páez; uní nota del Consejo de 
Estado y letras de cuartel del 
General Santander y liquidación 

de los sueldos del mismo 166 350 

XXX. Miscelánea de cartas y documen- 
tos de diferentes años. Contiene 
cartas del General José Francisco 
Bermúdez, J. Escalona, Juan Paz 
del Castillo, José Anzoátegui, 
Francisco A. Zea Cuna de éste so- 
bre asuntos de familia), Francisco 
de Peñalver, J. R. Revenga, Lino 

Pasan 2,174 4,788 



EL ARCHIVO DEL GENERAL SANTANDER 



41 



Paquetes 
y tomos 
de docu- 
mentos . 



Número de 
documentos 
de cada uno. 



Vienen ....... 

de Clemente, Juan B. Arismendi, 
M. Manrique, Juan G. Roscio, 
Alejandro Osorio y Francisco Ja- 
vier Yáñez . . 

XXXI. Tomo de cartas de 1826-1827, em- 
pastado e intacto conforme al 
arreglo del señor don Roberto 
Suárez, Contiene cartas de E. 
Borrero, José María Ortega, José 
María Córdoba, Rufino Cuervo, 
José Fernández Madrid, Juan 
JciS Flores, Pedro Gual, José 
Padilla, José Manuel Restrepo, 
Antonio Obando, Carlos Soublet- 
te, Alejandro Vélez y otros.. ... 

Sumas 



Folios. 
2,174 4,788 



146 



313 



181 



355 



2501 5456 



ARCHIVO DEL GENERAL SANTANDER 

RECIBIDO JUDICIALMENTE POR EL SEÑOR ERNESTO RESTREPO 
TIRADO, EN 13 DE ABRIL DE 1916 



Tomos. 



1 
2 
3 
4 
5 

6 
7 
8 

10 

11 
12 



Número de 

documentos 

de cada 

tomo. 



150 
146 
118 
119 

137 



115 
121 
160 
142 
89 

167 
164 



(Casi todos del Gene- 
ral Bolívar). 



(Todos del General 
Bolívar). 



Folios 
de 
cada 
tomo. 

317 
328 
244 
250 

350 
256 
260 
377 
325 

343 
360 
360 



Pasan 1,628 



3,770 



42 



BOLETÍN DE mSTORIA Y ANTIGÜEDADES 



Domos. 


Número de 




documentos 




de cada 




tomo. 


Vienen. .. 


. .. 1,628 


13 


109 


14 


170 


15 


, 177 


16 


150 


17 


184 


18 


167 


19 


160 


20 


169 


21 


169 


22 


143 


23 


110 


Sumas. . . . 


. . 3,336 



F olios 

de 

cada 

tomo. 

3,770 
360 
373 
355 
350 
356 
350 
352 
367 
350 
280 
283 

7,546 



flCflDEÍDIfl nflCIOnflfa DE BlSTORIfl 
Extracto de las actas. 1921. 

15 DE NOVIEMBRE 

El Círculo Militar del Ecuador pide la lista de las pu- 
blicaciones de la Academia, pues tiene interés en adquirir 
todo lo que ella haya publicado. 

El Ministro de Gobierno solicita una información, lo 
más completa posible, sobre la historia de la bandera y es- 
cudo nacionales, y de las publicaciones que se hayan hecho 
sobre ella. 

El señor Gijón y Caamaño avisa que tiene treinta y dos 
cartas del doctor Rufino Cuervo, dirigidas a don José Ma- 
nuel Giióu, y que las remitirá para el Epistolario que aquí 
se está publicando. 

Los señores Moros, Villaveces y Monsalve informaron 
sobre los cuadros de Paya y Boyacá, pintados por el señor 
Rafael Tavera, y propusieron una felicitación a su autor, 
la cual fue aprobada. 

Fue presentado como candidato para miembro corres- 
pondiente el señor Vicente J. Arboleda. 

El Director de la Oficina de Información en Londres, 
señor Medina, envía una colección de la revista que sirve 
de órgano a esa oficina, en la cual se ha publicado un dia- 
rio inédito del General O'Leary. 

Se acordó manifestar al señor Daniel O'Leary, resi- 
dente en Londres, y dueño de dicho diario, que la Acade- 



ACADEMIA NACIONAL DE HI5?T0RIA 43 



mia agradecería le enviara algunos de los documentos iné- 
ditos de su archivo. 

La Biblioteca Nacional del Uruguay envió varios libros 
de alta importancia. 

Da las gracias el señor Arroyo, por su nombramiento 
de miembro de número. 

El Secretario de Relacioiles Exteriores remite una 
copia de la carta del Gobernador de Cartagena, doctor 
Francisco de Muerga, del año de 1631, al Rey de España, 
en la cual hace una descripción de la isla de San Andrés, y 
menciona la de Roncador. 

El Tribunal Superior de Cundinamarca pide copia 
auténtica del informe rendido en 1908 por los señores León 
Gómez y Guerra, sobre las presillas del Mariscal de Aya- 
cucbo. 

El señor Rivas informó sobre los documentos hallados 
por el señor García Zamudio en la Biblioteca Pública de 
Nueva York, en el cual expresa cuáles de ellos han sido ya 
publicados; y pidió que se solitara de dicho señor una ins- 
pección al archivo del General Herrán, que se halla en The 
Geo7getozvn Univetsity, lo cual fue aprobado. 

El señor J. M. Portocarrero remitió unas cartas de 
varios proceres dirigidas al General Vergara; se acordó 
publicarlas en el Boletín. 

El señor Carlos Echeverri envió su libro A-puntes f ara 
la historia de Pereira, el cual fue pasado en comisión. 

El señor Enrique Ortega presentó la lista de Alcaldes 
de Bogotá, que ha empezado a publicar en el Registro Mu- 
nicifal. 

Se resolvió enviar a la Unión Panamericana de Was- 
hington algunos escritos sobre el General Santander, que 
fueron de allá solicitados para el número que el Boletín de 
dicha Unión va a dedicarle. 

El señor Cortázar manifestó que a su próxima sesión 
llevaría los materiales que tiene para la continuación de la 
obra Archivo Santander^ a fin de que la Academia resolvie- 
ra sobre su publicación. 

El señor Cónsul de Colombia en Huelva pidió las pu- 
blicaciones de la Academia. 

El Ministro de Gobierno solicitó treinta ejemplares del 
númerollS del Boletín de la Academia, editado enimprenta 
particular. Se resolvió contestarle que ese número había sido 
costeado por el señor Posadaj y que a él debía pedírselo. 

Se presentaron varios informes sobre nombramiento 
de miembros correspondientes, pero no se consideraron por 
falta del número requerido para esto. 



44 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



/ 1922 

15 DB FEBRERO (l) 

El señor Grillo avisa que le sería grato cumplir en Río 
de Janeiro las órdenes de la Academia. 

El Ministro de Agricultura solicita cinco ejemplares 
de uno de los volúmenes de H Biblioteca de Historia Nacional 
{Monografías), para remitirlos a las Oficinas de Informa- 
ción, en el exterior. 

La Oficina de Estadística de Cali solicita la obra La 
Re-pública de Colombia, impresa en Bruselas. 

La Sociedad de Geografía italiana da las gracias por el 
ejemplar de la biografía del señor Codazzi, que ella había 
pedido y que recibió oportunamente, y pide unos números 
del Boletín de Historia. 

La Biblioteca de la Universidad de Yale (Estados Uni- 
dos) solicita igualmente algunos números del Boletín, que 
hacen falta en su colección. 

El señor W. Heims, de Leipzig (Alemania), ofrece en 
venta a la Academia un manuscrito del filósofo Feuerfach,- 
en nueve mil marcos. Se resolvió contestarle que por no 
tener ello relación con nuestra historia, no lo compraría. 

El capellán de la cárcel de Buga solicita las publicacio- 
nes de la Academia para la biblioteca que está fundando. 

El R. P. J. Martínez envía una colección del perió- 
dico que ha publicado en Támara y que contiene trabajos 
históricos. 

La Biblioteca pública de Nueva York envía el Boletín 
que ella publica y hace notar que están incompletas allá las 
colecciones de la Biblioteca de Historia Nacional^ del Bole- 
tín de la Academia, a fin de que se le manden los volúmenes 
que le faltan. 

El señor Valentín Macía remite, de Armenia, el folleto 
que ha publicado sobre la fundación de dicha población. 
Pasó en comisión al señor Correa. 

El señor Negret manifiesta su agradecimiento por ha- 
ber sido premiado su trabajo sobre la batalla de Bom- 
bona. 

Los señores A. Terrero y T. Gutiérrez envían varias 
circulares de Caracas, referentes a la fundación de la Re- 
vista Hispano Americana. 

El Director de El Heraldo, de Medellín, manifiesta 
que desearía las publicaciones de la Academia, para su 
salón de lectura. 



íl) Durante los meses de diciembre y enero estuvo la Academia 
en vacaciones, conforme al reglamento; y el 1? de febrero no hubo 
sesión por falta de quorum. 



ACADEMIA NACIONAL DE HISTORIA 45 



El señor Manacorda participa, de Montevideo, que 
ha sido nombrado Director del Archivo y Museo Histórico 
Nacional. 

El Jefe de la Oficina de Estadística de Barranquilla 
avisa el recibo de los tomos xv, xx y xxi, de la Biblioteca de 
Hisioria Nacional y de la Cam-paña Libertadora de 1821^ y 
presenta sus agradecimientos. 

El señor A. M. Londoño envía unos certificados rela- 
tivos a la autentecidad de un manuscrito de Cristóbal Co- 
lón. El señor Posada manifiesta que hace algún tiempo re- 
cibió una carta del ilustre historiador de Colón, señor Vi- 
gnau, a quien le había transmitido una copia de aquél, en 
ia cual trata sobre el asunto. En comisión al señor Mesa. 

Los señores Arrubla y Cuervo Márquez informan so- 
bre las reglas para el nombramiento de miembros corres- 
pondientes de la Real Academia de Ciencias Morales y Po- 
líticas de Madrid, las cuales habían sido transmitidas por el 
señor Ministro de España. 

Los señores Riva»y Marroquín informan sobre los do- 
cumentos que ha enviado el señor Restrepo Tirado, de Se- 
villa, y proponen se agradezca a dicho señor tal envío, y se 
le excite a que continúe en esa patriótica labor, lo cual fue 
aprobado. 

El señor Posada manifiesta que dicho señor ha hallado 
también un documento con la firma autógrafa de Rodrigo 
Bastidas, y presenta una fotografía de él, hallazgo que ha 
producido vivo regocijo en Santa Marta, por no ser conoci- 
da antes la firma de su fundador. 

Se aprueba una proposición de pesar por la muerte del 
miembro de número señor Manuel María Fajardo, y de los 
correspondientes, señoresManuelCarreño yDelioCifuentes. 
Fue presentado como candidato para miembro corres- 
pondiente el señor Cayetano CoU y Tosté, distinguido his- 
toriador de Puerto Rico. 

Los señores Posada y Rivas participaron que el Ayun- 
tamiento de Sevilla les ha concedido el título de ciudada- 
nos de aquella ciudad, por su asistencia al Congreso de His- 
toria y Geografía que se reunió allí, el año pasado y pre- 
sentaron una relación que, de las labores de dicho Congreso, 
ha hecho la inteligente historiadora americana Miss Wri- 
ght, en una revista de los Estados Unidos, y en la cual 
menciona de manera honrosa a los representantes de la 
Academia. 

1^ DE MARZO 

Se recibieron cuatro composiciones de Ibagué, Pasto, 
Ospina y Bogotá, sobre la batalla de Bombona, que ^se 
envían para el concurso abierto por el Grobierno de Nariño. 



46 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 

La Biblioteca Pública de Nueva York manifiesta no 
haberrecibidoalgunosnúmerosdel Boletín que hacen falta 
en BU colección. 

El señor Negret expresa su deseo de que se publique 
su trabajo sobre Bombona. Se pasó en comisión al señor 
Flórez. 

El señor Gabino Charri, de Neiva, consulta sobre la 
actuación de los batallones Bogotá y Vargas en la batalla de 
Bombona, pues hay contradicción en algunas publicaciones 
sobre ello. 

El señor Posada presentó el trabajo Historiadores del 
Nuevo Reino de Gr añada ^ que ha escrito en Mompós el 
doctor P. M. Rebollo; y el Estudio sobre la esclavitud, cora- 
puesto por el señor Roberto Rojas. Se pasaron en comisión. 

Fueron propuestos como candidatos para miembros 
correspondientes los señores Carlos Blanco, del ejército de 
Bolivia, Manuel Bobrilla, del ejército del Perú, y fray Mar- 
celino Ganuza, religioso. 

15 de marzo 

La Junta de Festejos del Centenario de Bombona co- 
municó de Pasto que el Jurado Calificador puede estudiar 
trabajos que se envíen hasta el día 20. 

El Director de la Biblioteca Nacional de Honduras 
acusó recibo del último volumen de la Biblioteca de Historia 
Nacional, y pide los que faltan en su colección. 

El Ministro de Instrucción Pública acusó recibo de 
la proposición aprobada por la Academia sobre el Archivo 
del General Santander, en noviembre del año pasado, que 
oportunamente le había sido comunicada. 

El señor J. M. Pinto participa de Tunja que ha solici- 
tado de la Asamblea de aquel Departamento que se resta- 
blezcan los nombres antiguos de los Municipios, y que de- 
sea saber la opinión de la Academia. 

El R. P. Fabo envió de Manizales varias obras impor- 
tantes, de las cuales es autor. 4^^^ 

Se resolvió solicitar del Gobierno se dé estricto cum-"^ 
plimiento a la ley que ordenó la compra de la Quinta de 
Bolívar, pues aún se adeuda el valor de ella. 

Se aprobó una proposición de pesar a la ciudad de 
Mompós, con motivo del incendio que destruyó parte con- 
siderable de ella. 

Fueron admitidos como miembros correspondientes 
fray Marcelino Ganuza y fray Bernardo Merizalde, auto- 
res de una monografía sobre las misiones de los agustinos 
en Colombia, y de una historia de las misiones en las re- 
giones del Pacífico, respectivamente; y los señores Arcesio 
Guzmán, autor de la monografía de Almaguer, Vicente 



ACADEMIA NACIONAL DE HISTORIA 47 



Javier Arboleda, Cunninghame Graham, y R. Verneau, 
quienes han publicado diversas obras relativas a nuestra 
historia y geografía. 

El señor Gómez Calvo manifestó la conveniencia de 
hacer algunas reparaciones a la Quinta de Bolívar. 

Fueron elegidos para dirigir la publicación de los 
nuevos volúmenes del Archivo Santander los señores Men- 
doza, Arrubla y Henao. 

Se leyó una comunicación de un distinguido extran- 
jero, en la cual llama la atención sobre la destrucción de las 
murallas de Cartagena, y se resolvió comisionar al señor 
Flórez Alvarez, quien sigue para esa ciudad, a fin de que 
informe a la Academia sobre el asunto. 

El señor Posada presentó algunos escritos sobre asun- 
tos históricos del señor Luis Acebedo, los cuales fueron 
pasados en comisión. 

Se aprobó una proposición de saludo a la señora Blanca 
de los Ríos, por su revista Raza Esfañola^ en la cual se pu- 
blican artículos importantes sobre nuestro país. 

El señor Triana propuso se pidiera al Gobierno alguna 
disposición que facilite el viaje délos comisionados para 
recibir la expedición etnográfica y arqueológica americana, 
que llegará próximamente. 

• 1° DE ABRIL 

La Oficina de Longitudes envió dos ejemplares del fo- 
Ifeto Coordenadas Geográficas, y pide que la Academia se 
sirva hacerle las observaciones y adiciones que estime con- 
veniente. 

El señor Mesa informó que a la Academia no le corres- 
pondía autenticar firmas, como se había solicitado de ella 
con respecto a una documentación de un autógrafo de Cris- 
tóbal Colón, lo cual fue aprobado. 

El Gobernador de Nariño preguntó por telégrafo 
cuántos trabajos habían Ikgadopara el concurso del cente- 
nario de Bombona. 

El señor B. Heyder envió varias publicaciones del 
Deustch-Sudarnerikanischer Instituto de Alemania. 

Los señores Acebedo, Arroyo y Quijano presentaron 
el informe sobre el concurso de Bombona. Se aprobó lo que 
en él se pide: 

Que se dé el primer premio al trabajo firmado Martín 
del Río, y si hubiere un segundo premio, al firmado Lope 
de Ayala. Abiertas las cubiertas correspondientes, resulta- 
ron ser los autores los señores Nemesiano Rincón y Luis 
Pordomo Torres. 



48 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



Se aprobó un voto de aplauso a la Sociedad de Embe- 
llecimiento por haber organizado la exposición de vistas del 
antiguo y moderno Bogotá, que tuvo lugar en la Quinta de 
Bolívar. 

El señor Restrepo envió de Sevilla copia de una docu- 
mentación sobre la campaña de don Juan de Borja contra 
los indios pijaos. 

El Ayuntamiento de Madrid comunicó que le ha pues- 
to el nombre de Jiménez de Quesada a una de las calles de 
aquella ciudad, como fue pedido en el Congreso de Sevilla. 
Se aprobó una proposición de agradecimiento. 

Los señores Marroquín y Restrepo propusieron que en 
cada una de las sesiones se tratara, por un miembro de la 
corporación, sobre un tema histórico durante un cuarto de 
hora, lo cual fue aprobado. 



nocfls 

Bogoti, 4 de septiembre de 1920 
Señor Ministro de Relaciones Exteriores: 

Tengo el gusto de remitir a Su Señoría el catálogo de 
cien mapas de la Biblioteca Nacional. Es el principio del 
trabajo que he emprendido y que ofrecí hacer gratuita- 
mente a Su Señoría ahora días. 

Como verá Su Señoría, he anotado al frente las fechas 
y los nombres de autores. Allí figura uno de los mártires de 
Cartagena, Manuel Anguiano, y otro que parece ser obra 
de Caldas. 

Están la mayor parte en muy mal estado, y convenien- 
te sería que a los más deteriorados se les pusiera en lá Ofi- 
cina de Longitudes algún papel o lienzo al respaldo antes de 
que se pierdan los pedazos. Ya hay algunos incompletos. 
Difícil me ha sido, en muchos, juntar las diferentes partes. 
Todos estaban cubiertos espesamente de polvo y en com- 
pleto desorden. 

Conseguí que en la Biblioteca Nacional se pusieran en 
el salón bajo, unos estantes que existían en otra pieza sin 
prestar utilidad, y allí he colocado los cien mapas ya catalo- 
gados. Los arreglé de a diez en cada anaquel, y esto facili- 
tará su consulta y conservación. No rodarán ya más por el 
suelo, si acaso se respeta este arreglo. A todos les puse el 
número correspondiente con lápiz rojo, bien visible. 

En esta tarea me han ayudado eficazmente el señor 
Maximiliano Uribe, empleado de ese Ministerio, y el señor 
Roberto Triana, estudiante de la Facultad de Derecho. 



NOTAS 49 

Próximamente remitiré a Su Señoría la continuación 
de este trabajo. 

Soy de Su Señoría atento servidor y compatriota, 

E. Posada 

República de Colombia— Ministerio de Relaciones Exteriores — Sec- 
ción !?• — Número 652 — Bogotá, septiembre 16 de 1920. 

Señor doctor Eduardo Posada — Presente. 

Me es gfrato avisar a usted recibo de su estimable co- 
municación fechada el 4 último, y del catálog-o anexo, for- 
mado por usted, con laudable celo patriótico, por comisión 
de este Ministerio, que contiene la lista de cien mapas de los 
existentes en la Biblioteca Nacional, catálogo a que este 
Ministerio da la merecida importancia, y por cuya confec- 
ción expresa a usted de modo muy cordial sus ag^radeci- 
mientos. 

A la Oficina de Longitudes, de acuerdo con su sug-estión, 
me he dirigido para que de allí se envíe un empleado idó- 
neo que repare las cartas que se encuentran en mal estado 
de entre las ya catalogadas. 

Cuando esté terminada la labor, muy afortunadamente 
confiada a la ciencia y diligencia de usted, y se halle en po- 
der de este Ministerio el catálogo completo de estos ma- 
pas, el cual se depositará en la Biblioteca del Ministerio, 
se resolverá de acuerdo con la Comisión Asesora de Rela- 
ciones Exteriores y con la Oficina de Longitudes, si es 
conveniente su publicación. 

Reciba usted las seguridades de mi consideración muy 
distinguida, L. García Oriiz. 



Bogotá, septiembre 27 de 1921 
Señor Presidente de la Academia de Historia — La ciudad. 

Señor: Determinó esta corporación, en su sesión ante- 
rior, que la obra del doctor Rivas intitulada Diccionario 
Biog}áJico de los -primeros descubtidor es y conquistadores del 
Nuevo Reino de Gf añada formase uno de los volúmenes de 
la Biblioteca de Historia Nacional^ y que se me diese aviso 
de esto. 

Altamente agradezco a la Academia la atención que se 
ha tenido al acordar esto último, y paso a manifestar mi dic- 
tamen sobre aquella determinación, como uno de los fun- 
dadores de dicha Biblioteca y hoy su único director. 

Conozco gran parte de la obra mencionada, y he podido 
apreciar su grandísimo mérito. Será pues uno de los más 

XIV— 4 



50 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 

importantes volúmenes de dicha colección, y con vivo pla- 
cer doy mi consentimiento para que forme parte de ella. 

Aproyecho esta ocasión para manifestar el deseo de 
que los volúmenes de la Biblioteca de Historia Nacional s&zn 
lo más uniforme posible, en su formato, de modo que todos 
tengfan más de 29 pliegos (de 16 páginas), sin pasar de 32; 
lleven al frente el escudo de la Academia, 5'^ la portada 
a dos tintas; sean iguales a La Patria Boba, que fue el 
primero de la colección, en las dimensiones de las páginas; 
y se ponga en el lomo su título y número, como los llevan 
éste y algunos más. Conveniente sería, también, que no se 
imprimieran varios volúmenes al tiempo, 3' que se siguiera 
en orden la numeración, sin hacer saltos en ella. Hoy están 
en prensa el escrito por el señor Orjuela, sobre el sacrificio 
de Ricaurte, y el segundo tomo de la Bibliografía Bogotana^ 
por el infrascrito. Podría emprenderse la edición de la 
obra del doctor Rivas al concluir aquél, pues por mi parte 
suspendería gustoso mi obra para darle el turno al libro de 
que se trata. De todo volumen deben hacerse mil ejempla- 
res para que no resulten unos más abundantes que otros. 

Repito las gracias a la Academia por el reconocimiento 
de mis derechos en esta empresa, y me suscribo de usted 
atento, seguro servidor y colega, E. Posada, 



inFOROlES 

NOTARÍA 1^ DE BOGOTÁ 
Señor PresLdente de la Academia de Historia. 

En una de las últimas sesiones de la Academia se me 
confió el encargo de practicar una visita a la Notaría 1^ de 
esta ciudad, con ánimo de conocer el estado en que se ha- 
lla esta oficina, y con el de ver las mejoras que pudieran 
introducirse en ella, previa la solicitud a la autoridad co- 
rrespondiente. Sin duda el pensamiento de la Academia al 
ordenar esta visita a notarías y demás luguras que guardan 
documentos preciosos, con el fin patriótico ya enunciado, 
será bien acogido por los señores dirigentes de la cosa pú- 
blica, que han de ver en estos procedimientos el deseo de 
contribuir a la mejor conservación de lo que es y puede ser 
fuente de nuestras investigaciones históricas. 

De la visita que he practicado en la Notaría 1^ he obteni- 
do el convencimiento de que es necesario legislar sobre este 
asunto, o al menos tomar algunas providencias que evítenla 
pérdida lenta pero segura de muchos protocolos. El señor 
doctor don Heliodoro Ramos Ruiz, Notario 1*?, opina que el 



INFORMES 51 



Gobierno o la Academia deben solicitar del Congreso la ex- 
pedición de una ley sobre conservación de archivos notaria- 
les, cuya parte esencial debería disponer el traslado de los 
protocolos de las diferentes notarías de cada Departamen- 
to a la respectiva capital, aumentando así el archivo depar- 
tamental, mediante las seguridades exigidas por la impor- 
tancia de tales documentos. Es claro que al trasladar los 
protocolos a los archivos seccionales se dejarían en cada 
oficina de notaría los volúmenes correspondientes a treio' 
ta o cuarenta años anteriores, con el objeto de atender el 
servicio público antes de la prescripción que determina 
la ley. 

Pasando ahora concretamente al estado en que se en- 
cuéntrala Notaría 1^, informaré a la Academia que se halla 
instalada en un local relativamente amplio, de la calle 13, 
bajo de techos, regularmente ventilado pero húmedo quizá 
en demasía. En estantes bien ordenados se ven los protoco- 
los encuadernados con pastas de cuero en su mayor parte. 
Como preguntase al actual Notario si había recibido la ofi- 
cina por inventario, me manifestó no haberlo hecho de 
esta manera de manos de su antecesor, don Enrique Ra- 
mos, porque no existía anteriormente alguno al respecto, 
pues el señor Ramos recibió de su antecesor, señor Jor- 
ge Gaitán, sin cuenta y razón ios protocolos existentes. 
Es este un defecto muy generalizado entre nosotros, que 
debe extirparse por medio del buen ejemplo de las oficinas 
bien organizadas, donde el sucesor no se encuentre a oscu- 
ras en ningún momento, ya que un inventario bien elabora- 
do es como un magnífico empleado que conserva la tradi- 
ción de la oficina. 

Me" permití aconsejar al señor Ramos Ruiz empezara a 
elaborar el inventario de la notaría de su cargo, no porque 
corra riesgo de llegar a ser el antecesor de nadie, sino por- 
que esa labor será benéfica para el público y para el mismo 
empleado, que a cada paso tendrá que hacer uso dé los pro- 
tocolos en las cuestiones de su cargo. 

La Notaría 1^ conserva en dos lugares diferentes los 
protocolos más antiguos. Con pesar se registra que el tiem- 
po ha desleído buena parte de aquellos documentos, que 
a haber sido guardados cuidadosamente de la acción de la 
humedad, de la polilla y del aire, no presentarían aquella 
huella de destrucción y deterioro, sino esotra que da el 
paso de los años y de los siglos, y 'que imprime en las cosas 
un sello de majestad y en la mente del que las contempla 
un sentimiento de profundo respeto hacia generaciones que 
aún parecen vivir en la hoja desteñida y amarillenta de un 
instrumento público, que produjo sensaciones diversas, en- 
gendró derechos y deberes y fue como grano de arena en 



52 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



el pedestal del derecho de propiedad. Sacudiendo la gruesa 
- capa de polvo secular que cubre varios de aquellos volú- 
menes, hube de buscar la fecha más antigua que pudiera ha- 
llarse en loa lomos desleídos, y es admirable ver el año de 
1585 haciendo el oficio de la mayor antigüedad entre sus 
compañeros, y de ahí para acá podría afirmarse que se en- 
cuentran instrumentos de todos los años. Abierto uno cual- 
quiera de aquellos tomos envejecidos, y que reclaman, por 
su solemne vetustez, un tratamiento mejor, es no menos ad- 
mirable ver la calidad de las tintas y la forma de la letra de 
que hicieron usólos escribanos y escribientes para trans- 
mitir la voluntad de los vecinos de la naciente ciudad de 
Quesada. 

Lo más importante que guarda la Notaría 1^ de Bo- 
gotá hace parte del protocolo del año de 1830. En aquel 
volumen, de pocas hojas, cuidadosamente guardado bajo 
llave y en magnífica pasta de cuero, se encuentra el origi- 
nal de la escritura de donación que de la Quinta de Porto- 
carrero hizo el Libertador y padre de la Patria a su di- 
lecto amigo don José Ignacio París. Aquel instrumento he- 
cho con las formalidades vigentes entonces, fue suscrito el 
28 de enero, y da fe de su autenticidad don Joaquín Zapata 
y Porras, Escribano Público de Gobierno, Hacienda y 
Guerra. 

En algunas encuademaciones de los protocolos de 1896 
se cometió e\ error de ejecutar la obra con tablas, de suerte 
que al asegurar a éstas los papeles, se usó de clavos, que 
perforaron malamente el legajo, produciendo oscuridad en 
la apreciación original de algunas palabras. No es esto muy 
grave, y de 1896 para acá no se ha incurrido segunda 
vez en el error, pero creo de necesidad anotarlo para 
prevenir el caso en algún notario futuro, menos escru- 
puloso que el señor Ramos Ruiz, cuya consagración, hono- 
rabilidad y competencia están lejos de la menor duda. 

PaTa demostrar el crecimiento de nuestras transaccio- 
nes notariales, bastará anotar que el protocolo de 1918 con- 
tiene 2,126 instrumentos; el de 1919, 3,123, y la cifra de lo 
que va corrido del presente año alcanza ya a la considerable 
de 2,762. 

Para concluir, señor Presidente, me permito propo- 
ner que el presente informe se conserve en la Secretaría 
para cuando lleguen otros análogos como resultado de las vi- 
sitas a que aludí al principio, y se redacte por una Comisión 
de la Academia un memorial al Gobierno o a quien corres- 
ponda, con el objeto de pedirlo que la Academia juzgue 
conveniente a la mejor conservación y arreglo de documen- 
tos que han de ser arsenal preciosísimo de nuestros anales. 

PublíqucM. /?. Cortázar 



INFORMES 53 



CAMPAÑA LIBERTADORA DE ANTIOQüIA 
Señor Presidente de la Academia Nacional de Historia— Presente. 

La corporación que usted dignamente preside abrió 
en el ano pasado, siguiendo laydable tradición, un concurso 
sobre el siguiente tema: 

«Campaña libertadora de Antioquia, el río Magdalena 
y la Costa, desde la batalla de Boyacá hasta el sitio y toma 
de Cartagena.» 

Para juzgar los trabajos que se presentasen sobre el 
tema dado, la Presidencia nos honró con el cargo de miem- 
bros del Jurado Calificador, y, en consecuencia, rendimos 
el informe del caso. 

Sólo se presntó al concurso un trabajo, en nueve pági- 
nas, bajo el título de Fragmento. Una fagina tara la histo- 
ria, y con el seudónimo de Rumichaca. Este estudio, aun 
cuando está escrito en estilo fácil y correcto, y es una di- 
sertación histórica apreciable, no llena las condiciones del 
tema propuesto, que de suyo es mby comprensivo, puesto 
que se trata de apreciar las consecuencias de la batalla de 
Boyacá en una parte importante del territorio colombiano, 
a través de varias campañas parciales que culminaron en el 
sitio y toma de Cartagena por las armas libertadoras. El 
autor se contrajo a esbozar la figura de nuestro beneméri- 
to Hermógenes Maza, que fue sin duda uno de los caudillos 
salientes en el lapso que comprende el tema; y contempla- 
do así el trabajo histórico, tiene mérito. 

Por lo expuesto, proponemos: 

Declárase desierto el concurso abierto por la Acade- 
mia en 1919, sobre el tema arriba indicado. Si el autor del 
T^ra^wew/o que se presentó !o tiene a bien, publíquese en 
el BoLKTÍN de la corporación. 

Bogotá, octubre de 1920— Señor Presidente. Jesús M, 
Henao — Ger ardo Ar rubia — Luis Augusto Cuetvo. 

INDÍCE DEL ARCHIVO NACIONAL. 
Señores miembros de la Academia. 

El señor don Roberto Rojas Gómez se ocupa en hacer 
un «índice cronológico de la sección colonial del Archivo 
Nacional,» y ha enviado a la Academia una muestra de él. 

Nos eran conocidos los méritos del señor Rojas, por ha- 
berlo visto en estas labores, en nuestras frecuentes visitas 
al mencionado archivo. Conoce él, como ninguno, aquel teso- 
ro de nuestra historia; sabe descifrar las letras más ininte- 



54 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



ligibles de otros siglos y las abreviaturas enigmáticas tan 
usadas entonces; y baila fácilmente, uo obstante las defi- 
ciencias y errores de los catálogos y la confusión que se 
hizo al empastar los volúmenes, cualquier documento que 
se necesite para algíin estudiq. 

El trabajo que ha emprendido es una obra seria, metó- 
dica, inteligente y de utilidad inmensa. Sabido es por vos- 
otros cuan grande es la dificultad de orientarse en ese in- 
menso depósito de manuscritos; de encontrar la pieza que 
se busca, y de poderla leer y copiar, si acaso es hallada. El 
señor Rojas, con su catálogo, facilita inmensamente !a ta- 
rea. Ha tenido el acierto de dividir su índice según las di- 
versas materias de que tratan aquellos legajos, y nos envía 
hoy lo relativo a correos, anotando al lado el tomo, el de- 
partamento y la página. Da, además, el título de cada papel 
o códice, con pormenores, y no con laconismo o expresio- 
nes vagas, como se ha puesto generalmente en estos catálo- 
gos. Ahí no se ve aquello de «Miscelánea,» «Papeles ira- 
portantes,» «Documentos varios,» «Escritos inútiles» y otras 
frases semejantes que hemos visto frecuentemente, sin nin- 
gún otro detalle. El orden cronológico seguido por el se- 
ñor Rojas es el más conveniente, pues así puede seguirse 
la marcha de cada asunto a través de nuestros anales. Para 
los que quieran hacer monografías será este trabajo de 
utilidad inapreciable; y al verlo se comprende que, más 
que tablas del archivo, son como cuadros sinópticos de la 
historia de los asuntos administrativos y políticos de nues- 
tro país. 

El día en que los catálogos de nuestros archivos sean 
impresos y se les haga circular, no sólo en la ciudad sino por 
toda la República, y en el extranjero, serán numerosas las 
copias que solicitarán muchas personas amigas de la histo- 
ria y geografía, bien para asuntos personales, ya para dife- 
rentes propósitos; y muchas gentes podrán beneficiarse con 
el trabajo que ello proporcione. 

En consideración a todo esto, os proponemos: 

La Academia de Historia aplaude con entusiasmo la 
labor emprendida por el señor don Roberto Rojas Gómez, 
de hacer un catálogo cronológico del Archivo Nacional; de- 
clara que la muestra que se le ha presentado es ua trabajo 
de alto aprecio; y vería con placer que el Congreso Na- 
cional le diera su apoyo, por ser obra de justicia y de ira- 
portante beneficio para la Nación. 

Señores académicos. Eduardo Posada — Manuel M. 
Tobar, 



INFORMES 55 



LA METÁFORA CHIBCHA 
Señor Presidente de la Academia Nacional de Historia. 

Tenemos el honor de informar, a virtud de comisión 
que se nos confió, acerca del trabajo presentado a la Aca- 
demia por el doutor don Migfuel Triana, y que se intitula 
L,a metáfora chihcha y los nombres geográficos. 

El autor de aquel estudio es ventajosamente conocido 
en el país y fuera de él, por varias obras escritas en estilo 
ameno, eruditas y llenas de originales investigaciones. Ahí 
están sus libros de viajes por el Sur de Colombia j Al Meta, 
que lo acreditan como publicista inteligente. 

Y por lo que se refiere a las disciplinas históricas, los 
recientes artículos de Triana robre las piedras pintadas de 
los chibchas, que vieron la luz en una revista ilustrada de la 
capital, revelan al crítico sagaz que ha sabido abrir nuevos y 
amplios horizontes en el campo, apenas transitado por unos 
pocos hombres de ciencia de la prehistoria colombiana. 

Viniendo ahora al trabajo sobre* el cual versa este in- 
forme, tiene él. a nuestro juicio, mérito real. Es una nueva 
muestra del fino espíritu de investigación de su autor, quien 
con paso audaz penetra por derroteros desconocidos en el 
estudio de los chibchas, %ación de la más avanzada entre 
las que constituyeron la gran familia andina. Apartán- 
dose del sentir de cuantos han estudiado la índole del idio- 
ma chibcha y las facultades psíquicas de aquellos aboríge- 
nes, el doctor Triana, previo un análisis metódico, concluye 
afirmando que tal lengua fue pintoresca en sus expresiones, 
y que el pueblo chibcha poseyó en alto grado la facultad 
imaginativa. Basta este enunciado para que la Academia se 
percate de la atrayente novedad que aporta al estudio in- 
cipiente de nuestra prehistoria el autor de La metáfora 
chibcha y los nombres geográficos. 

Por lo dicho, vuestra Comisión os propone: 

Acéptese como miembro correspondiente de la Aca- 
demia Nacional de Historia al doctor don Miguel Triana. 

Bogotá, agosto 16 de 1921 — Señor Presidente, vuestra 
Comisión. Gerardo Af rubia — R. Cortáza?. 



NOMBRAMIENTO DE MIEMBRO CORRESPONDIENTE 

Bogotá, 22 de septiembre de 1921 

Señor Presidente de la Academia Nacional de Historia— Presente. 

Nos es grato informar sobre la candidatura del señor 
don Miguel Arroyo Diez para llenar la plaza de número 
declarada vacante por fallecimiento del señor don Tulio 
Ospina (que en paz descanse). 



56 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



El candidato es individuo correspondiente de la Aca- 
demia desde el año de 1907, y tiene méritos más que sufi- 
cientes para el ascenso de que se trata, pues es autor de 
los siguientes trabajos, publicados en su mayor parte en la 
revista Pofayán: 

Monografías: Obras del Cabildo dePopayán (Puente de 
Cauca, 1780); La Cuchilla del Tambo; La Torre del Reloj. 

Estudios cfiticos-hisióricos:'H\%ioY\íL Pedagógica ¿Cuán- 
do nació Caldas? ¿De dónde era don Miguel Montalvo? 
¿Cuándo se fundó Popayán? 

Biografías : El Capitán español Francisco de Mosquera 
y Figueroa; el Capitán español don Pedro de Velasco; don 
Pedro Agustín de Valencia y Castillo; don José Rafael Ar- 
boleda y Arroyo; doña Asunción Tenorio; el General José 
María Cabal; don Camilo Torres; don Miguel de Pombo; 
don Francisco Antonio Ulloa; el General Julián Trujillo; 
don Francisco de Paula Urrutia; don José Rafael Mos- 
quera; don Liborio Mejía; don José Rufino Cuervo; el Ge- 
neral Francisco de Paula Santander. 

Estudios vados: Las Cortes de Cádiz; Centenario de 
Manuel María Mallarino; el cuarto centenario del descu- 
brimiento del Pacífico; Estudio Critico sobre la Geografía 
del Cauca, por Tomás Maya; Breve estudio sobre don Mi- 
guel Antonio Caro; La Virgen de Chiquinquirá; Centena- 
rio del fusilamiento de Caldas; Mártires caucanos de la 
Independencia; Nacimiento y muerte de Julio Arboleda; 
Algo sobre Obando; Bolívar y España; La Legión Británi- 
ca; Los Arboledas; Los hermanos Mosqueras <, Manuel José 
y Manuel María); Reseña histórica de Popayán; El Negro 
Manuel Segundo. 

Además ha publicado y anotado (en asocio del señor 
Antonino Olano), la Historia de la Gobernación de Popayán 
por don Jaime Arroyo, y la Historia de los Tipitenorios y 
los Pambazos del siglo xvii. 

En consecuencia, vuestra Comisión propone: 

Nómbrese individuo de número de la Academia Na- 
cional de Historia, para ocuparla vacante del señor don 
Tulio Ospina al correspondiente señor don Miguel Arroyo 
"Dí^z—José María Restrepo Sáenz — Rufino Gutiérrez. 



MONOGRAFÍA DE ALMAGÜER 

Bogotá, septiembre 9 de 1921 

Señor Presidente de la Academia de Historia de Antigüedades— Pre- 
sente . 

Para corresponder al honor que se me hizo en la sesión 
anterior, al pasarme en comisión para su estudio la Mo- 



INFORMES 57 



nografia del Disiriio de Almaguef , Q^crxtdi por t\ señor don 
Arcesio Guzmán, actual Representante en el Congreso por 
el Departamento del Cauca, he estudiado con atención ese 
trabajo. 

La Gobernación del Cauca, por decreto número 498 
de 1911, abrió un concurso para premiar, entre otras pro- 
ducciones, los textos de enseñanza, mapas del Departamen- 
to y cuadros estadísticos de producción agrícola, de gana- 
dería y de industria. El señor Guzmán presentó a ese con- 
curso su Monografía de Ahnaguer, y la Junta General de 
los concursos no pudo considerarla, porque estaba fuera del 
programa trazado para el concurso; pero el Jurado Califi- 
cador, «asesorado por persona muy competente en el co- 
nocimiento de la Provincia de Caldas,> consideró «como 
obra de mérito verdaderamente notable esta. Monografía, y 
en su informe manifestó que sentía que no entrara «en el 
marco de la sección científica determinado por el decreto,» 
y solicitó que a falta de premio ofrecido se hiciera una 
mención honorífica de la obra y se publicara «para bien 
de todos los amantes de la ilustración en Colombia.» La 
Junta General declaró que estaba «en un todo de acuerdo 
con el concepto anterior,» y que «como la Monografía de 
que se trata representa un esfuerzo muy inteligente que 
no puede pasar inadvertido, máxime si se tiene en cuenta 
que si como Caldense (firma que llevaba el trabajo) hubiera 
otros que se dedicaran a escribir circunstanciadamente la 
geografía de cada distrito, podría obtenerse la más com- 
pleta geografía del Departamento, > se le concedió al autor 
de la Monografía «una medalla de primera clase y un di- 
ploma de la misma categoría,» y además se ordenó que se 
publicara la obra por cuenta del Departamento y que déla 
edición se ent-cegaran cincuenta ejemplares al autor. 

Los anteriores conceptos están firmados por los miem- 
bros de la Junta General, señores Alfredo Garcés, Eudoxio 
Constaín, Simón Rojas, Joaquín Rebolledo y Miguel J. 
Arroyo. 

Estos conceptos, muy autorizados, porque son de per- 
sonas de indiscutible competencia, hacen innecesario el 
mío, de poco valor ante los de ellos; pero como me precio 
de conocer bastante toda la Provincia de Caldas, me per- 
mito agregar algunas palabras. 

Contiene la M,onografía noticias precisas y muy deta- 
lladas sobre la situación del Municipio, límites, extensión, 
producciones, industrias, comercio, vías de comunicación, 
cordilleras, ríos, páramos, habitantes, instrucción pública, 
gobierno, población, capacidad fiscal, división territorial, 



58 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



etc., lo mismo que de la cabecera del Distrito y de cada 
uno de los Corregimientos que lo componen. 

Esto sólo bastaría para recomendar la obra del señor 
Guzmán como de gran mérito, porque los datos que contie- 
ne sirven para conocer con exactitud lo que es Almaguer. 
Pero el mayor mérito de la obra quizá no está en esos de. 
talles sino en las pormenorizadas y extensas noticias histó" 
ricas de lo que fue aquel territorio antes de la Colonia, de 
su conquista, de la fundación de la noble ciudad, de la épo- 
ca colonial, de au actuación en la guerra de la Independen- 
cia, de los acontecimientos más notables ocurridos allí du- 
rante la República, de la gran riqueza que en otro tiempo 
tuvo su industria minera, y de las muy acertadas medidas 
que las autoridades dictaron e hicieron cumplir para evitar 
quería que aquí \\arm.mos pesie de Santos ¿9// invadiera a los 
pobladores de la región. 

Como complemento de la historia de Almaguer contie- 
ne la Monografía biografías completas de algunos de los 
principales hijos de la población que figuraron en tiempo 
de la Colonia y durante la guerra de la Independencia, 
como la del muy ilustre procer presbítero doctor Domin- 
go Belisario Gómez, fundador de la población de Bolívar, 
capital hoy de la Provincia de Caldas, compañero que fue 
de Bolívar y de Nariño en sus campañas del Sur, y sacer- 
dote que por sus relevantes prendas ocupó altos puestos en 
la jerarquía eclesiástica. Es sensible que no se hayan agre- 
gado algunas biografías de nobles alraaguereños que hicie- 
ron papel prominente como jefes de los patianos. 

La Monografía tiene además el mérito de estar escrita 
en estilo claro, elegante y conciso. 

Mi concepto sobre este trabajo lo resumo en la siguien- 
te proposición, que presento con mucho gusto y con todo 
respeto a mis dignos colegas como un tributo de aplauso al 
señor Guzmán: 

Por llenar \^ Mo7wgrafia de Almaguer las condiciones 
fijadas por la Academia de Historia y Antigüedades en la 
proposición aprobada en la sesión del 5 de marzo del pre- 
sente año. téngase como candito al señor Arcesio Guzmán, 
autor de ella, para miembro correspondiente de esta cor- 
poración, y publíquese ese trabajo en el Boletín. 

Rufino Gutiérrez. 

hfl BflCflhhfl DE BOmBOIlfl 
(Para mi distinguido amigo el doctor Luis Augusto CuerTo). 

Dolor profundo, amargura intensa, se apoderan de todo 
corazón patriota al recordar la campaña de 1822. Campaña 



LA BATALLA DE BOMBONA 59 



sangrienta y cruel, como ning-una, que hace pensar de cuan" 
to es capaz el hombre que persig-ue como único ideal la li- 
bertad. En esta campaña inaudita aparece radiante, colo- 
sal, gloriosa, la figura procera de Bolívar: lo atajaban las 
rocas inaccesibles de Cariaco; detenían su marcha las hon- 
donadas y los abismos y los ríos; diezmaban sus batallones 
las llanuras inclementes del Patía; aniquilaban sus fuerzas 
las feroces guerrillas de los pastusos; el terreno era desco- 
nocido; el plan del enemigo, ignorado; y con todo esto, y a 
pesar de la naturaleza, pobre, desnudo, enfermo, abando- 
nado y débil, el ejército libertador desfilaba por las pam- 
pas de Bombona el 7 de abril de 1822, teniendo como ob- 
jetivo táctico intermedio para llegar a Pasto, las escarpa- 
das alturas del Cariaco, que sirven de base al nevado del 
Galera, en su flanco occidental. 

Llevaban los patriotas a su cabeza hombres como Bolí- 
var, Torres. París, Valdés y muchos otros acostumbrados 
a vencer; tostados por el so; de las batallas; ungidos con el 
óleo de la sangre, y resueltos, en fin, a ofrendar el mísero 
patrimonio de la vida donde fuera menester. El General 
Torres, que dirigía el ala derecha, al frente de setecientos 
cuarenta hombres, atacó violentamente a los pastusos; a las 
dos de la tarde de ese memorable día; pero éstos lo recha- 
zaron, dejando el bravo jefe patriota, al retirarse, cien 
muertos y treinta heridos entre las grietas profundas de 
ese valle infernal. Desesperado Torres, se unió al General 
París, y rehabilitado con nuevas fuerzas y mejores bríos, 
se lanzó sobre el centro realista, defendido por los españoles 
a las órdenes de don Basilio García. Para coronar la cima 
que ocupaba García, en un desfiladero como el de las Ter- 
mopilas, en la posición militar más ventajosa déla tierra, 
se imponía un arresto sobrehumano, una resolución firme e 
irrevocable, un heroísmo supremo. Empezaron los patriotas 
a descender por una honda cañada bajo la nube de fuego 
de las fuerzas españolas, y expuestos a morir despedazados 
por las enormes piedras que desde la altura arrojábanlos 
pastusos. Pero para esos héroes, para esos mártires, todo 
sacrificio era pequeño y todo peligro despreciable; y entre 
las charcas de sangre, amparados de la serranía unas veces, 
y de la densidad de la niebla otras, lograron ascender al 
más elevado pico de aquel nevado inmortal, que sirvió de 
sepulcro a los más valerosos soldados de la libertad, vencedo- 
res en Carabobo y Boyacá. En esta arriesgada acción que- 
daron heridos la mayor parte de loa soldados, todos los ofi- 
ciales y todos los jefes, inclusive Torres y París. Los dos 
gloriosos batallones de la guardia colombiana, el Bogoti y 
el Vargas^ desaparecieron entre las rocas, sin que hubiera 



60 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



un solo medio de salvarlos; porque la lluvia de fuego era 
horrible, porque el coraje de los realistas era admirable, 
porque el empuje de los pastusos era irresistible; y nadie 
podía dar un paso adelante sin peligro de perecer. Por eso 
el gran Bolívar, que parecía no conmoverse ante nada, ese 
día dejó deslizar una lágrima de compasión por sus solda- 
dos, que advirtió Barreto con dolor. 

Para darle estímulo, para infundirle confianza en el 
triunfo, le dijo Bolívar a Valdés en el momento más angus- 
tioso de la batalla: «¡General, qué bien entra mi gente!> 

Y Valdés, con el más profundo de los desconsuelos, le 
contestó: «Sí, mi General, pero no sale.» 

Este pequeño diálogo entre los grandes jefes patriotas de 
Bombona, da una idea precisa de esa horrible hecatombe, 
que muchos historiadores han considerado como un error 
de Bolívar, y que nosotros no nos atrevemos a calificar. 

Eran las cinco de la tarde, y el combate estaba en todo 
su fragor; Bolívar había perdido toda esperanza; pero Valdés 
hizo el último esfuerzo, la postrera intentona; logró subir a 
una pequeña altiplaniciedominadapor las fuerzas de don Ba- 
silio García, y ordenó al batallón Rifles cargar a la bayoneta. 
El Aragón, Cuerpo de línea español y de reserva, recibió 
también con bayoneta armada el ataque del Rifles; y dicen 
los que allí estuvieron, que todos los combatientes, asusta- 
dos, lívidos de horror, paralizados de asombro, suspendieron 
los fuegos para mirar con avidez el más encarnizado cho- 
que de dos batallones que se disputaban, cuerpo a cuerpo, 
el laurel de la gloria. Este fue el momento épico, fue ésta 
la hora inmortal. A las seis de la tarde Valdés había venci- 
do, y tenía de refuerzo el batallón Vencedor. Pero las som- 
bras de la noche cobijaron aquel campo de muerte, y lo 
que había sido un triunfo de los patriotas se convirtió en 
una retirada lenta e intencionada de Bolívar, por motivo 
del agotamiento de sus tropas, por el desconocimiento ab- 
soluto del terreno y por la sombra intensa que podía favo- 
recer a los realistas y procurarles una reacción favorable. 
Bolívar se replegó sobre la población de Consacá, con el áni- 
mo de hospitalizar a sus heridos y de conseguir recursos 
para sus diezmados batallones. Los pastusos y los españoles 
regresarona Pasto con el propósito de reorganizarse y prepa- 
rarse para defender la ciudad en caso de que el Libertador 
pretendiera sitiarlos. Pero éste, siempre previsor y sereno, 
temiendo un asalto de fuerzas superiores, resolvió seguir 
por El Peñol y situarse en el Tablón de Guascaurco. bri- 
llante posición militar defendida por las hoyas de tres 
grandes ríos. Allí permaneció acampado hasta que tuvo 
conocimiento del triunfo obtenido en Pichincha, el 25 de 



EXORDIO 61 



mayo, por el Mariscal Sucre, y entonces determinó dirigir 
una comunicación a don Basilio García, con el objeto de con- 
cluir las capitulaciones, y al efecto envió en comisión a don 
José Gabriel Pérez. Cuando los pastusoa se dieron cuenta de 
la intimación de Bolívar, montaron en cólera y pretendie- 
ron asesinar a don Basilio García, pero la oportuna inter- 
vención del Obispo y de la nobleza calmó los ánimos y se 
sometieron al armisticio. 

Bolívar entró a Pasto, el 8 de junio de 1822, después 
de sufrir todos los horrores de esta legendaria campaña, 
donde el infortunio y el dolor corrieron parejas con el he- 
roísmo y la constancia. Para darnos una idea de la situa- 
ción del ejército patriota en la campaña de Pasto, oigamos 
al célebre historiador Groot: 

« . . El Libertador no estaba en estado de seguir ade- 
lante sin recibir refuerzos, porque por experiencia supo 
que guerrear en el territorio de Patía o Pasto, contra pa- 
tianos y pastusos, era algo diferente que guerrear en Ve- 
nezuela. En Pasto encontraron su sepulcro hombres valien- 
tes que habían hecho las campañas más difíciles en Vene- 
zuela.» 

Este es el resumen de esa terrible batalla, que paralizó 
tantas vidas preciosas. Después de cien años de admiración, 
inclinamos hoy los colombianos libres, con profundo respe- 
to, nuestras frentes, por todos los sacrificios, por todos los 
dolores, por todo el heroísmo de los mártires de Bombona. 

José Ma.ría Garcés Bej araño 

EXORDIO (1) 

Bastidas es el precursor de nuestra conquista. Cierto 
que ya, antes de él, al poniente y al levante, habían tocado 
el territorio dos marinos intrépidos: Colón y Ojeda, y que 
ellos habían puesto las columnas extremas de nuestro pór- 
tico sobre el mar Caribe; pero es Bastidas quien, como co- 
rriendo a los lados la verja de un inmenso parque, abre nues- 
tra comarca a las miradas del mundo, y une esos dos lími- 
tes donde pusieran sus mojones aquellos iniciadores de tan 
magna empresa. 

El va desde esa península que se avanza sobre el mar, 
como un bastión de titanes, hasta donde el océano, como to- 
mando desquite de aquella invasión, penetra en la tierra 
firme y forma un golfo resplandeciente y magnífico. El fija 



(1) Prólogo de la obra Rodrigo de Bastidas, por Rodrigo Nogue- 
ra. Bogotá. 1920. 



62 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 

el croquis definitivo de nuestro litoral sobre el Atlántico, 
que hasta entonces aparecía vag-o e indeciso, pues apenas 
habían adivinado confusamente sus perfiles, e! iiustre des- 
cubridor del Nuevo Mundo, al delinear sus planps en la 
costa del istmo, y Juan de la Cosa, al trazar su hermoso 
mapa, bordeando los arrecifes de la Goajira. 

Cuan interesante la figura de ese notario de Sevilla, 
que bota su pluma de gfanso, su salvadera y sus perg-aminos 
para cruzar e! piéiago y correr aventuras per el mundo que 
acaba de descubrirse. Mágica tarea la de ese hon;bre desli- 
zándose, en desmantelados bajeles, a lo largo de esas playas 
del océano, y descubriendo, ante las gentes del viejo mundo, 
el contorno de la cabeza de un continente. 

Y así como fuera el Bautista, por las riberas del Jor- 
dán, predicando la buena nueva y derramando sobre las 
cabezas el agua lustral, va Bastidas, por las orillas del mar, 
bautizando con sus linfas cada ensenada y cada promonto- 
rio, cada montana y cada islote, cada pueblo que allí baña 
sus cimientos y cada río que allí arroja sus ondas, y anun- 
ciando la llegada de una civilización a esas bárbaras re- 
giones. 

Aún se guardan, a pesar de nuestras torpes mutaciones 
¿e nombres, algunas de esas denominaciones que él hicie- 
ra- Ahí están, principalmente, como recuerdo eterno 
¿e su paso, los dos apodos bíblicosde las dos santas del ca- 
lendario: Marta yMagdalena. Quienes los llevan, ciudad y 
río, proclaman su gloria: una desde su blanca sierra que se 
destaca como un nimbo sobre la frente de Colombia, y el 
otro, al entrar impetuoso al océano y endulzarle a éste, en 
ancha zona, sus amargas olas. 

Y con Bastidas se inició también la lucha de las dos ra- 
zas. Ejecuta él los primeros episodios de ese colosal poema 
que había de desarrollarse luego en toda la extensión del 
país. Se libran a su lado esas primeras contiendas con que se 
empieza el empuje avasallador que fue arrollando las tribus 
y que, como alud formidable, cubrió esa tierra que extendía 
hacia el sur sus campos de esmeralda y sus montes de zafiro. 

Tras él, al contemplar el escenario que se ofrecía a sus 
proezas, se lanza la turba de audaces aventureros— crueles o 
magnánimos, ignorantes o letrados, ambiciosos o altruis- 
tas, — y subiendo los ríos o cruzando^las serranías, van al co- 
razón del país, y hallan allá, como tierra de promisión, 
campos fértiles, veneros de oro y climas paradisíacos. Y 
buscan después, aún no saciadas sus ansias, lo que no halla- 
ron jamás, un país dorado, empedrado de diamantes, con 
ricos palacios, como fueran los argonautas, en pesquisa del 
áureo vellocino, en las horas vespertinas de la historia del 
mundo. 



EXORDIO 63 



Pero al lado de tanto esplendor aparece la sombra in- 
fausta. También con Bastidas, aunque sin culpa de él, se 
inauguran las querellas oprobiosas, las intrig-as nausea- 
bundas, las rivalidades insensatas, y, como consecuencia de 
todo ello, esa serie de crímenes que pusieron borrones en 
la soberbia epopeya. 

ICuán cínica es esa conspiración contra él para quitar- 
le el mando, cuan repugnante todas esas maniobras para 
despojarlo de sus laureles, y cuan negra esa hora en que se 
clava a su pecho generoso un puñal maldito! 

Bien ha hecho el joven Noguera en trazarnos la silueta 
del conquistador. No teníamos una biografía de él, sino 
apenas breves menciones de sus actos en las historias ge- 
nerales o esbozos rápidos de su figura. Y lo ha hecho 
con erudición y arte: se destaca, como veréis, lector ama- 
do, en las siguientes páginas, luminosa y vivida, la imagen 
de aquel ardoroso sevillano. 

El autor fue, hace unos tres auos, alumno de la Escue- 
la Militar, donde lo conocimos y tuvimos ocasión de apre- 
ciar su inteligencia y cultura. Luego dejó el yatagán para 
servir el puesto de Secretario de Hacienda en su Departa- 
mento natal, y allí mostró su pericia en finanzas. Ha amado 
siempre el estudio de nuestros anales y nos ha dado ya na- 
rraciones amenas. El haber nacido en Santa Marta y qui- 
zás el llevar como nombre de pila el mismo del fundador 
de la ciudad, que le fue puesto, sin duda, en homenajea 
este, han movido, especialmente, su pluma, a investigar esa 
vida y a dibujarla con la maestría que se verá en los capí- 
tulos de este folleto. 

Tuvimos, ahora tiempos, ocasión de llamar la atención 
de nuestros rebuscadores de historia sobre las fechas asig- 
nadas generalmente para la fundación de Santa Marta, e 
hicimos not^r que este nombre se había dado a la tierra 
mucho antes de aquel acontecimiento, y que resultaban dos 
viajes de Bastidas, cuando muchos historiadores sólo men- 
Clonaban uno. También apuntamos, por ahí en una aposti- 
lla, que la tumba de este descubridor existía en Santo Do- 
mingo, por haber llegado a nuestras manos una historia de 
esa isla donde ello se relataba, y cómo su lápida podía ser- 
vir para aclarar detalles de la vida de este hijo del Betis. 

Tal vez este aporte nuestro al estudio de esa biografía, 
o quizás el recuerdo de un maestro, de sus días de cadete, 
hicieron que nuestro amigo nos designara para escribir el 
prefacio de su obra. Con vivo gusto ponemos estas primeras 
líneas, pero somos tan sólo el conserje que introduce al vi- 
sitante a una suntuosa morada. Amigo lector, siga usted, 
que adentro está el autor con pluma de oro, provisto de 
documentos y en un elegante escritorio. 



64 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



Nos permitimos, sí, decir, como todo portero entro- 
metido, otros pormenores que hemos hallado sobre el bio- 
S^rañado, y que vienen a comprobar, aún más, la residen- 
cia de él en la isla Española, entre sus dos expediciones. 

En la diligrencia para el repartimiento de indios que se 
hizo en la ciudad de Santo Domingo el 9 de diciembre de 
1S14, hay este párrafo: «Asimismo se le encomendó (a Juan 
Guillen) diez naborías de casa de las que registró Rodrigo 
de Bastidas, que son las siete allegadas,» y más adelante 
dice: «Para la obra de la iglesia de la dicha ciudad se depo- 
sitaron en Rodrigo de Bastidas, vecino de la dicha ciudad, 
por el tiempo que se contienen y declara en una cédula que 
Su Alteza dio a petición del Obispo de la dicha iglesia acerca 
de lo susodicho, cincuenta personas de servicio en la cacica 
Catabano de Higuey.> Y después hay estas otras dos parti- 
das: «A Gonzalo Cazalla se le encomendó siete naborías de 
casa que registró Rodrigo de Bastidas.... A Rodrigo de 
Bastidas, casado en Castilla, se le encomendó diez naborías 
de casa de las que él registró.» 

Tenemos también este dato que puede agregarse a los 
que pone el señor Noguera sobre la vida que llevó el des- 
cubridor en la citada isla: «La dicha ciudad de Santo Do- 
mingo tiene a la entrada del dicho río una fortaleza grande 
y muy fuerte, de que es Alcaide don Rodrigo de Bastidas, 
yerno de Oviedo, el coronista de Su Majestad.» (1). 

Todos tropezamos con el nombre de Bastidas al abrir 
los libros de historia nacional, aun los más pequeños com- 
pendios, pero pasamos de prisa las hojas y tan sólo el nom- 
bre queda sonando en nuestros oídos. Fue, sin embargo, 
una vida intensa, y justo es remomorarla con amplitud. 
Estas páginas hacen seguir sus pasos y sentir su acción 
trascendental y fecunda. 

Así como en la ciudad antillana se guardan con venera- 
ción sus restos y la pátina de cuatro siglos no ha desteñido 
su epitafio, conservemos nosotros siempre fresca la memoria 
de aquel que pusiera la primera huella sobre la arena don- 
de termina su curso la arteria que brota en el corazón del 
país, que cruza su territorio recibiendo las venas de todos 
los confines y que da vida y vigor a nuestra patria; de aquel 
que colocara la primera piedra de la risueña metrópoli que 
había de recibir, centurias después, el estertor de Bolívar. 

Bastidas es para Colombia lo que Colón es para la 
América. 

Eduardo Posada 



(1) Encontramos éste y los anteriores datos en Documentos Iné- 
ditos del Archivo de Indias, tomo 1', páginas 19, 115, 122, 132 y 141. 



boletín 



Año XIV-N.' 158 W^i II P I I rV Mayo: 1922 



DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 

oROHno De £fl flcfloemifl nflcionflí oe historia 

DIRECTOR, REDACTORES, 

EDUARDO POSADA LUIS AUGUSTO CUERVO 

ROBERTO CORTÁZAR 

Bogotá — República de Colombia 



inFORfllES 

CONGRESO DE SEVILLA 
Señor Presidente de la Academia Nacional de Historia. 

Señor: Tenemos el gusto de presentar a usted una co- 
pia del informe que hemos rendido a Su Señoría el Ministro 
de Relaciones Exteriores, sobre el desempeño de la misión 
que tuvo a bien encomendarnos, para el Congreso de His- 
toria y Geografía de Sevilla. 

Bien que a la Academia hemos tenido el gusto de in- 
formarle, en varias ocasiones, con respecto a nuestras la- 
bores'como Delegados a dicho Congreso, hacemos extensi- 
vo a ella aquel informe para que queden, en una sola pieza, 
los detalles de nuestra misión, puedan conocerlos los colegas 
que no nos han oído y se publiquen en el Boletín, si ello 
se estimare conveniente. 

Repetimos, una vez más, a la Academia y a cada uno 
de sus miembros los sentimientos de alta gratitud por el 
honor que se nos hizo al designarnos para aquella distingui- 
da representación. 

Bogotá, 15 de agosto de 1921. 

Señor Presidente, Raijnundo Rivas — Eduardo Posada 



A Su Señoría el Ministro de Relaciones Exteriores. 

Señor: Nos es honroso dar cumplimiento al deber de 
informar a Su Señoría sobre la misión que nos fue encomen- 
dada de representar a Colombia en el segundo Congreso 
Hispanoamericano de Historia y Geografía, reunido en Se- 
villa. 

Encaminados a la capital de Andalucía, por distintas 
vías, nos reunimos en dicha ciudad en los últimos días de 
abril, e inmediatamente nos pusimos en comunicación con 

xrv— 5 



66 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



los organizadores del Congreso; con los Delegados de los di- 
versos países y entidades que iban llegando, y con el señor 
doctor Luciano Herrera, Encargado de Negocios en Ma- 
drid e invitado a concurrir a las sesiones del Congreso por 
la Comisión Directiva. 

El día 30 de dicho mes tuvo lugar la junta preparato- 
ria, y en ella se acordó la Mesa de Honor y las Comisiones 
de la Mesa de cada una de las Secciones. Presidió esta jun- 
ta el señor Marqués de Figueroa, de la Academia de Histo- 
ria de Madrid. 

El día 2 de mayo, a las cuatro de la tarde, tuvo lugar, 
en el magnífico Palacio de Artes e Industrias de la Plaza de 
América, la sesión inaugural. Celebróse el acto en el gran 
salón central, bellamente adornado con los tapices del Ayun- 
tamiento, del célebre pintor Bacarisas, y profusión de flores. 
Presidió la sesión y pronunció el discurso de estilo el señor 
Ministro de Instrucción Pública, señor Aparicio, quien te- 
nía a su derecha al Eminentísimo señor Cardenal Almaraz; 
al Alcalde de Sevilla, señor Conde de Urbina, y al Gober- 
nador Civil, señor Elio, y a su izquierda al Director de la 
Real Academia de la Historia y Presidente efectivo del 
Congreso, señor Marqués de Laurencín, al Capitán General 
interino, y al señor Marqués de Peralta. En los otros asien- 
tos del estrado se instalaron las demás autoridades de Se- 
villa; los ex-Ministros de Estado, señores Cañal y Borbolla; 
el Director General de Bellas Artes, señor García de Lea- 
niz, y el del Instituto Geográfico, don Severo Gómez Nú- 
ñez; el Ministro Plenipotenciario del Brasil, don Abelardo 
Pecanha; la señorita Wright, notable historiadora norte- 
americana, y los Delegados de España y de las República» 
hispanoamericanas. El resto del salón estuvo destinado al 
público, y allí asistieron distinguidas damas y personas no- 
tables. 

Abierta la sesión por el Ministro, el Secretario General, 
don Jerónimo Bécker, hizo la historia del Congreso, inicia- 
do en el que se celebró en 1914 y aplazado por consecuen- 
cia de la guerra, y puso de relieve su importancia como 
factor para estrechar los lazos de amistad entre España y 
América. En seguida hablaron el señor Director de la Real 
Academia de Historia; el señor Ministro del Brasil, en nom- 
bre de los pueblos que colonizó Portugal; el señor Alcalde 
de Sevilla; y el primero de los suscritos, quien rindió a la 
Madre Patria el homenaje de las naciones hispanoameri- 
canas. Fue pues una distinción la que se hizo a la Delega- 
ción colombiana al designar auno desús miembros para 
llevar la palabra en dicho acto. 

El Congreso se dividió en cuatro Secciones: 1^ Sección 
Preespañola, común a América y Filipinas; 2^ Sección, de^ 



INFORMES 67 



Histoi ia de América; 3^ Sección, de Geogfrafía de América, 
y 4^ Sección, de Historia y Geografía de Filipinas. Los dig- 
natarios de las Secciones fueron los siguientes: 

A/esa de Honot — Presidentes: Excelentísimos señores 
Ministro de Instrucción Pública; Cardenal Almaraz; Conde 
de Urbina; Alcalde de Sevilla; Ministros de las Repúblicas 
americanas acreditados en Maüiid; Manuel Valladares, 
Ministro de Guatemala en París; Pedro Rodríguez de la 
Borbolla, ex-Ministro; Carlos Cañal, ex-Ministro; Director 
General de Bellas Artes; Director del Instituto Geográfico. 
Vicepresidentes: Raimundo Rivas, Representante del Go- 
bierno de Colombia y Presidente de la Academia de Histo- 
ria de Bogotá; Eduardo Posada, Representante del Gobier- 
no de Colombia y Secretario de la Academia de la Historia 
de Bogotá; Luis Ulloa, Representante del Gobierno del 
Perú; Pascual Guaglianone, Representante del Gobierno 
argentino; Ernesto de la Cruz, Representante del Gobierno 
de Chile; Salvador Manijo, Representante del Gobierno de 
Cuba; Francisco A. de Icaza, Representante del Gobierno 
de Méjico; Luciano Herrera, Encargado de Negocios de 
Colombia; Ismael S. Fuentes, Encargado de Negocios de 
El Salvador; Pelayo Quintero, Representante del Gobierno 
de Honduras y Presidente de la Academia Hispanoame- 
ricana de Ciencias y Artes de Cádiz; Adolfo Carranza y se- 
ñor don Marcos U. Ayala, Representantes del Ateneo His- 
panoamericano y de la Academia Americana de la Historia 
de Buenos Aires; Ernesto Restrepo Tirado, Representante 
del Gobierno de Colombia y de la Academia de la Historia 
de Cartagena de Indias; don José M. Pérez Sarmiento, Re- 
presentante del Gobierno de Colombia y de la Academia 
Hispanoamericana de Cádiz; Gonzalo Zaldumbide, Repre- 
sentante de la Academia de la Historia de Quito; Ilnstrísi 
mos señores Gobernador Civil; Presidente de la Diputación 
Provincial; Deán de la Santa Iglesia Catedral; Rector de la 
Catedral; Presidente de la Audiencia y Delegado de Ha- 
cienda; Excentísimos señores Gobernador Militar; Dele- 
gado de Hacienda; Marqués de Tablantes; Marqués de 
Torrenueva; Conde de Aguiar, y señor Presidente del 
Círculo de Labradores; Diego de Ángulo, Presidente del 
Ateneo de Sevilla, y Representante de la Residencia de Es- 
tudiantes de Madrid. 

Mesa efectiva — Presidente: Excelentísimo señor Mar- 
qués de Laurencín, Vicepresidentes: Excentísimos señores 
Marqués de Figueroa; Alcibíades Pecanha, Ministro Ple- 
nipotenciario del Brasil; señores Pascual Guaglianone, Re- 
presentante del Gobierno de la República Argentina, y Ri- 
cardo Beltrán y Róspide. 



68 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 

Secretario General: Exceltntísimo señor don Jerónimo 
Bécker. 

Secretarios: Excelentísimos señores don Joaquín de 
Ciria; don Francisco V. Silva; don Santiagfo Montoto; don 
Marcos U. Ayala. 

Mesa de las Secciones—Stccxón Preespañola común a 
América y Filipinas. Presidente: señor don Pelayo Quin- 
tero. Vicepresidentes: señores don Raimundo Rivas; señor 
don Pedro Torres Lanzas, Jefe del Archivo General de 
Indias. 

Secretarios: señor don Francisco Navas del Valle; se- 
ñorita Sara S. de Ibalgué. 

Sección de Historia de Améríca — Presidente : señor 
don Luciano Herrera. Vicepresidentes: señores don Ismael 
G. Fuentes; señor don Ramón de Manjarrés. 

Secretarios: señor don José M. Pérez Sarmiento; señot 
don Ricardo Beltrán y González. 

Sección Geográfica de /áw^/vW/— Presidente: Excelen- 
tísimo señor don Ricardo Beltrán y Róspide. Vicepresi- 
dentes: señores don Pascual Guaglianone y don Gustavo 
Fernándes Bastos. 

Secretarios: señores don Germán Latorre y don José 
Romero Filgfueira. 

Sección de Historia y Geografía de Filipinas — Prt&í- 
dente: Excelentísimo señor don Antonio Blásquez. Vice- 
presidentes: Reverendo Padre Pablo Pastélls y señor Ma- 
nuel Rodiíguez Navas. Secretarios: señores don Salvador 
Massio y don Cristóbal Bermúdez Plata. 

Las Secciones se reunieron en los días 4, 5, 6 y 7 de 
mayo para la presentación y estudio de los'trabajos presen- 
tados, y para acordar conclusiones, y el día 10 tuvo lugar la 
sesión solemne de clausura. Tuvimos el gusto de presentar, 
en las tres primeras Secciones citadas, varios trabajos rela- 
tivos a nuestra historia y geografía, a saber: «Datos biográ- 
ficos del Adelantado Quesada.> «Diccionario Biográfico de 
los primeros descubridores y conquistadores del Nuevo Rei- 
no de Granada.» «Estudio bibliográfico sobre lenguas indí- 
genas de Colombia. «Diccionario geográfico.» «Cronología y 
cartografía de Colombia.» 

Entre los importantes trabajos presentados al Congre- 
so por los Delegados españoles y americanos recordamos 
los siguientes: 

«Prehistoria e historia precolombiana de las Antillas,» 
por don Calixto Massó. «Criollos empleados,» por don Ma- 
nuel de Castro y López. «Textos Escolares,» por el mismo. 
«Historia de la educación piíblica en Santiago del Estero,» 



INFORMES 69 



por don Camilo Quiazio. «La enseñanza de la Historia y la 
solidaridad hispanoamericana, > por José R. del Franco. 
«Formalidades forenses en la época colonial, > por el Reve- 
rendo Padre Grenón. <E1 Famatino de Rosas de Oquendo,* 
por el presbítero don Pablo Cabrera. «La Religión colonial,» 
por el Padre fray José M. Liqueno. «Carácter de la colo- 
nización española en América,» por el Padre Ángel Clave- 
ro Navarro. «El primer poema escrito en Cuba. Documen- 
tos inéditos referentes al Obispo fray Juan de las Cabezas,» 
por don José María Chacón y Calvo. «El Padre fray Juan 
Infante,» por don Adolfo R. Rivera. «Don José de Beitia 
Linaje y su libro Norte de la Contratación de las Indias,» 
por don Santiago Montoto de Sedas. «Pedro Valdés, Gober- 
nador de Cuba,» por Miss J. A. Wright. «España en Améri- 
ca,» por don Adolfo S. Carranza. «La denominación Améri- 
ca Latina,» por don Ramón Manjarrés. «Sobre la revista 
Archivo Ibero Americano» y «Los doce primeros apóstoles 
de Méjico,» por el Padre Anastasio López. «La unidad his- 
tórica de la Península Ibérica y los primeros descubrimien- 
tos del territorio hoy Brasil,» por don A. Huertas. «Manera 
como deben hacerse y publicarse las investigaciones lleva- 
das a cabo en el archivo de Indias,» por Miss J. A. Wright. 
«Reseña cronológica de las principales exploraciones hidro- 
gráficas realizadas por los españoles en las costas del Conti- 
nente hispanoamericano,» por don Gonzalo Fernández Bas- 
tos. «Itinerario marítimo de California al río de La Plata,» 
por don Francisco Silva. «El estrecho de Magallanes y su 
territorio,» por don Javier Fernández. «Trabajos geo- 
gráficos y colonizadores de los misioneros jesuítas en Ca- 
lifornia,» por el Reverendo Padre Constantino Bayle. 
«Un viaje precolombiano de los chinos a la América del 
Norte.» por el doctor Massip. «Algunos documentos del 
Archivo de Indias sobre ciudades chilenas,» por don Jesús 
Pavón y don Luis Jiménez Placer. «El Amazonas. Navega- 
ción de los ríos y las cascadas,» por don Abelardo Pe- 
canha. «El macizo de los Andes colombianos,» por don Joa- 
quín Emilio Cardoso. «Un nuevo reiato de la expedición 
de Loaisa,» por don Antonio Biásquez. «Noticias de una 
geografía en las islas Filipinas,» manuscrito inédito del si- 
glo XVIII, por don Ángel Biásquez Jiménez. «Descubrimien- 
tos y conquistas de los castellanos en el Extremo Oriente,» 
por el Padre P. Pastélls. «Origen de las misiones francis- 
canas en el Extremo Oriente» y «Fray Juan de Placen- 
cia y sus relaciones sobre las costumbres de los filipinos,» 
por el Padre Lorenzo Pérez. «índice de personas nobles y 
otras de calidad que han estado en Filipinas desde 1521 
hasta 1898,» por don E. Bentana. «Diccionario de Filipinas 



70 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES "^ 



con la revisión de lo que al respecto lleva publicado la Aca- 
demia Kspañola,> por el mismo. «índice biográfico de los 
que asistieron al descubrimiento de las islas Filipinas,» por 
don W. E. Retana, trabajo publicado en el número espe- 
cial de «Raza Española. > dirigida por la ilustre escritora 
doña Blanca délos Ríos Lampérez, con motivo del cuarto 
centenario del descubrimiento de las Filipinas. 

Además de estos trabajos importantes--y de otros que 
involuntariamente hayamos omitido anotar — oyó el Con- 
greso las eruditas conferencias dictadas por el señor Mar- 
qués de Figueroa y por don Jerónimo Bécker. Versó la 
primera sobre «Las navegaciones oceánicas y la civilización 
peninsular personificada en Magallanes»; y fue tema de la 
segunda la acción de España en América. Tuvieron lugar 
estas conferencias, así como las juntas de las Secciones del 
Congreso y solemne de clausura, en el salón de actos del 
monumental edificio del Archivo de Indias, la histórica Casa 
Lonja de Sevilla. 

El Congreso discutió y aprobó las siguientes conclusio- 
nes, algunas de ellas presentadas por la Delegación colom- 
biana: 

«l^ Solicitar de los Gobiernos hispanoamericanos enco- 
mienden a sus Delegados ante los Congresos internacionales 
de carácter científico, literario o político, el reconocimiento 
de la lengua castellana como uno de los idiomas oficiales de 
dichos Congresos. 

«2^ Estimando de suprema necesidad que las corrien- 
tes de aproximación que felizmentente existen entre Es- 
paña y las Repúblicas hispanoamericanas tomen cauces 
propios para asegurar en el porvenir la intimidad de las re- 
laciones y el acuerdo espiritual que entre unas y otras de- 
ben existir, declara: 

«Que es indispensable que las corporaciones que en Es- 
paña y en los países hispanoamericanos se consagran al 
estudio del Derecho Internacional, procuren armonizar los 
principios que en la esfera de la Ciencia ha proclamado 
América, y las doctrinas mantenidas por España respecto 
de) particular, a fin de que las conclusiones a que se llegue 
puedan servir de norma en sus relaciones a todos los pue- 
blos de origen español, y 

«Que adoptando un procedimiento análogo u] emplado 
por los Estados escandinavos, u otro que se estime mejor, 
se procure que la ley mercantil en España y en las Repú- 
blicas americanas se inspire en principios análogos, con lo 
cual se facilitaría grandemente el comercio entre una y 
otras. 



INFORMES 71 



«3^ Que con objeto de convertir en realidad el voto san- 
cionado por el primer Congreso de Historia y Geografía His- 
panoamericanas, referente a la creación de un Centro Inter- 
nacional de Investigaciones históricas americanas con sede 
en Madrid o Sevilla, el segundo Congreso resuelve que enco- 
miende a una Comisión constituida por los miembros de la 
Mesa Directiva, residentes en España, y por un número igual 
de diplomáticos americanos, la constitución del referido 
Centro de Investigaciones; y que la Comisión que se designe 
redactará el programa de trabajos y el reglamento del 
Centro, fijará el presupuesto de sus gastos, determinará la 
cuota que se solicitará de cada uno de los Gobiernos his- 
panoamericanos y comunicará a éstos, antes del 1° de sep- 
tiembre próximo, por intermedio de los respectivos Re- 
presentantes diplomáticos, la constitución definitiva del 
Centro. 

«Autorízase a la Mesa Directiva del Congreso para 
designar por mayoría de votos los diplomáticos que integra- 
rán la Comisión creada. 

«4^ El Congreso declara que hay conveoiencia científica 
y didáctica en crear como Sección en las Facultades de Filo- 
sofía y Letras, o como instituto independiente en cada una 
de las Universidades, una Escuela de Geografía, destinada 
a la formación del profesorado que ha de atender las cá- 
tedras de dicho ramo de estudios en los establecimientos de 
segunda enseñanza, en. los del magisterio y en los técnicos. 

«Que el plan de estudios de dicho Escuela deberá com- 
prender, como mínimum, los siguientes cursos: 1^, Geogra- 
fía matemática y Física terrestre; 2°, Topografía; 3^, Geo- 
logía y Paleontología; 4^, Geografía física (dos cursos); 
5°, Biogeografía; 6^, Antropogeografía; 7*?, Geografía econó- 
mica y política; 8°, Estadística; 9°, Geografía física del país, 
en que funciona la Escuela; 10, Geografía política y econó- 
mica del país en que funciona la Escuela; 11, Historia de la 
Ciencia geográfica y de los descubrimientos; 12, Problemas 
modernos de la Geografía; 13 Cartografía (dos cursos); 
14, Seminario de Geografía económica y política (dos cur- 
sos); 15, Tres excursiones, de una duración de diez días, 
como mínimum, cada una, a lugat es geográficos típicos. 
Y, además, como ramas didácticas: Pedagogía general; 
Metodología especial y práctica déla enseñanza (tres se- 
mestres). 

«Que para ingresar en la Escuela de Geografía se re- 
quiera poseer el certificado de bachiller, o de maestro nor- 
mal, o comprobar poseer una preparación equivalente. 

«El Congreso recomienda el estudio, en forma siste- 
mática y científica, de la influencia ejercida por los ele- 



72 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



mentes antropogeográficos en la evolución social y política 
de los pueblos americanos. 

«5^ El Congreso aprueba, hace suya y coloca bajos sus 
altos auspicios la iniciativa que tiende a hacer de la ense- 
ñanza de la Historia, rectamente explicada, el medio más 
práctico y decisivo para llegar al anhelado advenimiento de 
la comunión espiritual de la raza hispanoamericana. 

«Invita oficialmente a los Gobiernos de todas las nacio- 
nes de Hispano América para que incorporen a sus respecti- 
vos programas de instrucción pública la enseñanza especial 
de la Historia de España y de la conquista, colonización y 
emancipación del Continente americano, expuesta con sin- 
cera lealtad y con la extensión que su importancia reclama. 

«Ruega especialmente al Gobierno español que apoye 
oficialmente esta iniciativa y proceda con urgencia a adap- 
tarla, incorporando a los programas de las Escuelas del Es- 
tado la enseñanza de la Historia de la emancipación de las 
Repúblicas americanas, y de su respectiva Geografía física 
y política, con igual criterio de honesta investigación y sana 
crítica. 

«6^ Que estima como la labor más urgente y necesaria 
a realizarse por los archivos americanos la publicación si- 
multánea de los catálogos de documentos que se refieren al 
coloniaje, independencia y organización política. 

«Que, sin perjuicio de la obra que realizan los Archi- 
vos, hay verdadera conveniencia científica en que las Uni- 
versidades americanas se preocupen de la publicación, en 
series, de los documentos que se conservan en los archivos, 
públicos o privados, de su zona de inñuencia. 

«Que es necesario crear en las Facultades de Filosofía 
y Letras una Sección de Historia e incorporar a sus planes 
un curso teóricopráctico de introducción a los estudios 
históricos americanos y un Seminario de investigación, con 
asistencia obligatoria. 

«Que hay urgencia en que los países americanos se 
preocupen de la publicación sistemática de los documentos 
que reflejen la vida económica, social y política de la época 
colonial y que se conservan en los archivos españoles y 
americanos. 

«Que es procedente iniciar a los jóvenes que cursan los 
últimos años del bachillerato en el estudio de los documen- 
tos que se refieren a la independencia y organización polí- 
tica, por lo que se recomienda la publicación de textos con 
documentos. 

«Que por razones de orden científico, didáctico y ame- 
ricanista, estima procedente recomendar a los autores de 
textos de Historia el evitar los paralelos entre las figuras 
de proceres déla independencia americana. 



INFORMAS 



«7^ El Congreso estima necesario crear en Sevilla, en 
el local del Archivo General de Indias, una biblioteca públi- 
ca americana, dividida en tantas secciones cuantas son las 
Repúblicas que constituyen el Nuevo Mundo, y acuerda un 
voto de simpatía y de cordialísima adhesión al mencionado 
Archivo. 

«8^ Considerando que las fuentes para el verdadero 
conocimiento de la Historia de América desde su descubri- 
miento están principalmente en los documentos que guar- 
dan los archivos de España y de las naciones americanas, 
declara que vería con agrado que las autoridades respecti- 
vas de quienes dependar dichos archivos, publiquen catá- 
logos generales de los documentos que aquéllos contienen, 
a fin de hacer fácil su conocimiento a los estudiosos y en 
garantía de la verdad histórica. 

«9^ Aunque en cumplimiento de las conclusiones apro- 
badas en 1914, el próximo Congreso debía reunirse en 
América, el actual, teniendo en cuenta el espíritu de dichas 
conclusiones, y queriendo demostrar su gratitud a Sevilla, 
acuerda que el tercer Congreso se celebre en esta culta 
y bellísima ciudad en 1924, coincidiendo con la Exposición 
que en la misma se prepara. 

<A1 propio tiempo resuelve que el cuarto Congreso te 
reúna en Buenos Aires en 1926. 

«10^ Como acto de reconocimiento a Sevilla, se invita a 
los Delegados americanos a que gestionen de sus respectivas 
autoridades den el nombre de dicha histórica ciudad a una 
de Iss calles de sus capitales. 

<11^ El Congreso solicita del Excelentísimo Ayunta- 
miento de Madrid dé a una de las calles de dicha capital el 
nombre de Jiménez de Quesada, uno de los más notables, 
por sus múltiples cualidades, entretlos fundadores de la na- 
cionalidades americanas. 

«Igual excitación hace al Excelentísimo Ayuntamiento 
de Granada, en atención a que, según todas las probabili- 
dades, se meció en dicha ciudad o en sus cercanías la cuna 
de tan esclarecido letrado y guerrero. 

«12^ Siendo muy difícil a los aficionados a estudios his- 
tóricos adquirir datos auténticos y precisos, referentes a 
los hallazgos arqueológicos producto de las primitivas civi- 
lizaciones americanas, y con el objeto de fomentar las ex- 
cavaciones y contribuir eficazmente a la difusión de los es- 
tudios prehistóricos, hispanos y americanos, el Congreso 
resuelve gestionar por medio de los señores Representante» 
de las diferentes naciones hispanoamericanas la creación o 
fomento de Juntas oficiales de antigüedades y excavaciones 
análogas a las de España. 



74 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



«Publicación anual de memorias, dando cuenta detalla- 
da de los trabajos efectuados, e intercambio de ellos entre 
las Juntas que existan y Academias de Historia de los di- 
versos países; y 

«Autorización oficial para poder cambiar entre las 
Juntas y Museos oficiales los ejemplares repetidos proce- 
dentes de las excavaciones; y que se fomente el estudio del 
Folklore en cada uno de los países hispanoamericanos. 

«13^ El Congreso de Historia y Geografía Hispano- 
americanas, al terminar su tareas, deja constancia de bu 
profundo reconocimiento a los Magistados de la ciudad, al 
Comité de Exposición Hispanoamericana, a la Cámara de 
Comercio, al Ateneo y al Centro Social de Labradores y 
Propietarios, por los gentiles y espléndidos agasajos de que 
el Congreso ha sido objeto y que han hecho más grata, si 
cabe, a los Congresistas todos, y especialmente a las Dele- 
gaciones americanas, su permanencia en la hospitalaria y 
maravillosa ciudad de Sevilla, tan evocadora y tan cara al 
corazón de los americanos. 

«14^ El Congreso declara que la política colonial espa- 
ñola estuvo inspirada en los mismos conceptos que regían 
en dicha época en España, ampaifendo a la vez que los inte- 
reses económicos de la Metrópoli, el progreso de las colo- 
nias y la defensa de los pobladores indígenas con una sabia 
legislación; y que, como consecuencia de la valiosa obra que 
representa para el hispanoamericanismo la celebración del 
segundo Congreso hispanoamericano de Geografía e Histo- 
ria reunido en Sevilla, y de la importancia que para Espa- 
ña y las Repúblicas americanas tendría el viaje del Sobera- 
no español, por unanimidad, el Congreso vería con agrado 
que Su Majestad el Rey don Alfonsoxiii se sirviera realizar 
cuanto antes su proyectado viaje a América. 

«15^ Considerando impropia la denominación de Amé- 
rica Latina aplicada a los países descubiertos y colonizados 
por los españoles, el Congreso declara que la única apro- 
piada es la de América Kspañola o Repúblicas Hispanoame- 
ricanas. 

«16^ El Congreso acuerda dar por reproducidas aquí las 
conclusiones de 1914, que no han sido aún llevadas a cabo.» 

Alternaron con los trabajos del Congreso varios festejos 
con que la ciudad de Sevilla — exponente altísimo de la le- 
gendaria hospitalidad española- obsequió a los Delegados. 
Entre esas fiestas, llenas de briljantez y cultura y que deja- 
ron huella i raborrable en nuestro ánimo, citaremos la aristo- 
crática Buñoladaen la Caseta de ferias del Real Círculo de 
labradores y propietarios, a la cual concurrieron las da- 
mas ataviadas con el traje clásico español, y hubo bailes ña- 
mencos; el banquete dado por el Comité ejecutivo de la 



INFORMES 75 



Exposición Hispanoamericana en el Pabellón Regio de la 
misma; la recepción particular de la Excelentísima señora 
Condesa de Lebrija, en su magnífico Palacio, -que es un 
verdadero museo, en el cual se guardan, entre otras rique- 
zas, varios de los más hermosos mosaicos extraídos de las 
ruinas de Itálica; la recepción oficial dada por el ilustre 
Ayuntamiento de Sevilla en la Casa Consistorial, en la cual 
tuvimos los Delegados oportunidad de admirar innumera- 
bles tesoros históricos que allí se custodian, tales como los 
estandartes del Rey San Fernando, ganador de la ciudad, 
códices y manuscritos antiquísimos, y autógrafos de hom- 
bres celebres; y un paseo por el Guadalquivir, obsequiado 
por la Junta de obras del puerto. En la recepción del 
Ayuntamiento, previo un elocuente discurso del señor Te- 
niente Alcalde, los Delegados hispanoamericanos fuimos 
honrados con el título de hijos adoptivos de Sevilla, e igual- 
mente recibimos la distinción de ser elegidos miembros 
honorarios del Comité de la Exposición, la cual, según lo 
resuelto, debe tener lugar el año de 1924, a tiempo con la 
reunión del tercer Congreso de Historia y Geografía. 

Privadamente convinimos con muchos Delegados en 
canje de publicaciones, y en dar a conocer cada uno en su 
país las labores de los centros y de las personalidades que 
se dedican en Hispano América al estudio de la Historia. 

Fue este Congreso un espectáculo de fraternidad en- 
tre todas las naciones americanas, y de amor y respeto ha- 
cia la Madre Patria. Se formaron allí vínculos de estrecha 
cordialidad que habrán de conservarse perpetuamente, y 
que traerán saludables consecuencias para todas las que 
allí tomaron parte, especialmente en loque respecta al 
cultivo de la Historia y de la Geografía del Nuevo Mundo. 

Presentamos también este^nforme en nombre de nues- 
tros distinguidos compañeros de Delegación, General Er- 
nesto Restrepo Tirado, Cónsul en Sevilla, y don José Ma- 
nuel Pérez Sarmiento. Cónsul en Cádiz, quienes no pueden 
suscribirlo por hallarse ausentes de esta ciudad, y cuya 
tinosa colaboración, lo mismo que la de don Luciano He- 
rrera, nuestro Encargado de Negocios en Madrid, fue 
factor importante en la labor que a grandes rasgos queda 
expuesta. 

Renovando a Su Señoría y por su digno conducto a Su 
Excelencia el Presidente de ¡a República el testimonio de 
nuestro profundo agradecimiento por la confianza en nos- 
otros depositada, tenemos el honor de suscribirnos, con 
sentimientos de la más distinguida consideración, atentos, 
seguros servidores y compataiotas, 

Raimundo Rivas — Eduardo Posada 

Bogotá, agosto 7 de 1921. 



76 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 

raiEíTlBRO CORRESPOnOIEnTE 
Señores miembros de la Academia Nacional de Historia. 

Un distinguido miembro correspondiente de la Acade- 
mia, el doctor Ramón Correa, con el entusiasmo que des- 
pierta en él cuanto se relaciona con la Historia Patria, se 
ha anticipado a emitir concepto por la prensa acerca de la 
obra recientemente publicada en la capital del Departa- 
mento de Nariño por el benemérito General doctor Gusta- 
vo S. Guerrero, que lleva por título Causa célebre seguida 
en Pasto al extranjero don Alejandro Macaulay, y que ha 
sido sometida a mi examen por el señor Presidente de esta 
ilustre corporación. De manera que para el acertado des- 
empeño de mi cometido, me bastaría reproducir aquí las 
frases pertinentes del antedicho académico, cuyas opinio- 
nes, por lo autorizadas, tienen para mí el carácter de fallo 
definitivo, y están además a cubierto de toda sospecha de 
parcialidad; las mías, aun prescindiendo de su modesto ori- 
ífen, podrían acaso ser consideradas como mera expresión 
de los sentimientos personales que naturalmente me predis- 
ponen en favor de la obra misma y del autor, por tratarse 
en ella de reivindicar la honra del terruño y estar yoligfado 
al General Guerrero por vínculos regionales y de vieja 
amistad. Vayan, no obstante, algunas observaciones de mi 
propio discurso a corroborar las ideas expuestas de ante- 
mano sobre el particular. 

Me atrevo a decir, parodiando las expresiones de un 
insigne escritor, que la mitad, por lo menos, si no las tres 
cuartas partes de la historia de Colombia, permanece ente- 
rrada. Enterrada en el famoso Archivo de Indias de Sevilla, 
fuente preciosa y rara vez explotada de información colo- 
nial; enterrada en nuestras bibliotecas piiblicas. en las de 
Venezuela, Ecuador, Perú, Boliviay demás Repúblicas sur- 
americanas; enterrada en los protocolos de las Notarías, 
Concejos, Prefecturas, Juzgados y Alcaldías, de las cinco 
naciones libertadas por Bolívar; enterrada en los anaqueles 
de las librerías de los hombres de letras; enterrada, por 
ultimo, hasta en el rincón oscuro que en todas partes se 
destina al depósito de papeles y otros objetos en desuso. 
Mientras no se proceda a exhumar prolijamente la multi- 
tud incalculable de documentos inéditos exparctdos aquí y 
allá, en toda la extensión del territorio patrio y fuera de 
él, cualquir esfuerzo que se haga para complementar, con 
los elementos disponibles actualmente, la historia del país, 
resultará infecundo, y, a más de infecundo, perjudicial; 
puesto que sólo habrá de contribuir a intrincar cada vez el 



MIEMBRO CORRESPONDIENTE 77 



laberinto de dudas, contradicciones, vacíos e inexactitudes 
que se observan al través de las distintas obras que consti- 
tuyen el acopio nacional en la materia. Por la sencilla ra- 
zón de que ninguno de nuestros historiógrafos, ni aun los 
mejores reputados, podrán gloriarse de contar con los da- 
tos indispensables para establecer en su punto la verded de 
los hechos a que se extiende'su narración, y ni siquiera les 
es dado disponer de una carta geográfica perfecta de la 
República, que les permita determinar coa precisión los 
lugares, teatro de tantos y tan diversos acontecimientos. 

A mi juicio, la obra de reconstrucción en referencia 
demanda todavía media centuria siquiera de labor ince- 
sante. A la generación actual sólo le incumbe recoger y 
acumular con paciencia benedictina los elementos disper- 
sos de que be hablado, y disponer así el campo de acción de 
las futuras generaciones, que son las únicas llamadas a aco- 
meter y ejecutar con probabilidades de buen éxito la empre- 
sa magna que todos ambicionamos. Cuantose intente ahora, 
sin las condiciones requeridas, no pasará de ser, repito, un 
esfuerzo más o menos laudable, pero estéril, propicio ape- 
nas a la propagación de fábulas e inexactitudes, de que 
está plagada la epopeya nacional. Y no debe nunca olvidar- 
se al respecto la sentencia de don Miguel Antorio Caro: 

<La historia no es fábula sino verdad. Quien no ame la 
verdad antes que todo no escriba historias, porque no hará 
otra cosa que acumular ruinas y crear escombros.» 

Corresponde pues a vosotros encauzar la corriente in- 
telectual del país en ese sentido. 

Penetrado, como el que más, de las ideas que acabo de 
expresar, el ilustrado autor del volumen que motiva este 
informe, viene desde mucho tiempo atrás acrecentando el 
acervo de documentos y noticias aplicables al fin que señalo 
como norte de las aspiraciones comunes en la materia que 
constituye el objeto primordial de vuestras tareas, con te- 
nacidad y acierto verdaderamente recomendables. Prime- 
ro, en su condición de gobernante dispuso y llevó a cabo en 
Nariño la publicación de una serie de documentos, a cual 
más interesantes, relacionados con los hechos acaecidos en 
el sur de la República durante la guerra magna, documen- 
tos que repetidas veces han servido a propios y extraños 
para rectificar conceptos erróneos, aclarar dudas y llenar 
vacíos en las páginas referentes a la independencia nacio- 
nal. Ahora, encaminando de nuevo su actividad por el rum- 
bo que le señalan sus aficiones de hombre de estudio y 
sagaz investigador de noticias pretéritas, presenta a la consi- 
deración de los dedicados a esta clase de investigaciones, en 
edición nítida, el proceso antes inédito del Coronel Alejan- 



78 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



dro Macaulay, precedido de un estudio crítico de gran 
valor histórico y sobresaliente mérito literario, que cir- 
culó desde 1884 en las columnas del Correo del Sur, j ^q 
debe a la bien tajada pluma del doctor Joaquín Guerrero, 
de quien heredó Gustavo su hijo, con la sangfre, las inclina- 
ciones y talentos de que ha dado muestras repetidas en los 
diversos campos en los cuales ha ejercitado su capacidad 
individual. Con uno y otro documento ha logrado él termi- 
nar para siempre toda divergencia acerca de la traición 
atribuida a los pastusos en la célebre jornada de Catambu- 
co, hacer recaer sobre quienes lo merecen la responsabili- 
dad de la hecatombe sangrienta que sobrevino después 
como consecuencia de esa inesperada acción de armas, y 
demostrar de manera irrefutable la hidalguía y lealtad ca- 
racterísticas del pueblo valeroso, tan mal comprendido como 
peor calificado hasta ahora, que se precia de contar al Ge- 
neral Guerrero entre sus hijos ilustres. 

Si de las obras mencionadas se pasa a considerar los 
méritos personales del autor, son muchos los títulos que 
asignan a éste lugar prominente entre sus compatriotas. 
Lo mismo que en la prensa, en los campos de batalla, en el 
estadio de la política, en el foro, en los parlamentos, etc., 
desde su temprana edad ha prestado y continúa prestando 
importantes servicios a la patria colombiana. Justo es reco- 
nocerlo así y dar de ello piíblico testimonio, en obsequio 
del aludido personaje y para estímulo de cuantos se hallen 
dispuestos a emprender la misma áspera senda recorrida 
por él en los ya largos años de su fecunda existencia. 

Fundado en lo que antecede, concluyo proponiéndoos 
respetuosamente adoptéis la siguiente resolución: 

La Academia Nacional de Historia, visto el informe 
que acaba de leerse, acoge en su seno, con el carácter de 
miembro correspondiente, al señor don Gustavo S. Gue- 
rrero. 

Comuníquesele y procédase a extenderle el título res- 
pectivo. Bogotá, mayo 16 de 1921 — Señores académicos, 
vuestra Comisión. Daniel Zar ama. 



DISCURSO 

Venimos hoy aquí los hijos de América a celebrar en 
la mansión solariega una de esas efemérides que concen- 
tran, en un solo haz de fulgores, los épicos recuerdos de la 
raza. Y desde las poblaciones que en los flancos de los An 
des fundaron nuestros abuelos, en recuerdo de aquellas e n 
que se mecieron sus cunas, atravesando los mares que hace 



DÍSCÜRSO 79 



cuatro siglos surcaron las carabelas de Mag-allanes y Sebas- 
tián Elcano, traemos a la Madre Patria el saludo, fecundo 
en promesas y palpitante de entusiasmo, de las naciones 
hispanas del mundo de Colón. 

Ayer, el cumplimiento de la misión histórica que co- 
rrespondió a España al descubrir y colonizar inmensa parte 
del Continente, formó una cadena humana que sobre el 
Atlántico mantuvo en estrecho contacto a los miembros 
de la familia que lo mismo laboraba la tierra en las már- 
genes clásicas del Ebro y del Guadalquivir, como en las 
ubérrimas del Amazonas o del Orinoco. Hoy, la conmemora- 
ción de las fechas culminantes en el período que dio a Euro- 
pa campo para el empleo de todas las energías, inicia, en sen- 
tido inverso, una corriente que de las Repúblicas america- 
nas trae a este suelo, desarrollada al calor tiel trópico y en 
el contacto con una naturaleza cuyo eterno florecimiento 
constituye una enseñanza para el hombre, la misma savia 
que la Península infundió, pródiga y generosamente, en 
nuestras venas. Es que acaso empieza ya a cumplirse aque- 
lla ley sociológica señalada por un pensador como el más 
bello programa de educación: la de los padres a los hijos 
a fin de transmitirles el fruto sazonado déla experiencia 
con las cualidades atávicas de la raza; la de los hijos a los 
padres para infundirles ese hábito de renovación que es 
el privilegio divino de la juventud. 

Pasó ya para siempre el período heroico en que los an- 
dantes caballeros de la aventura esculpieron el poema de la 
conquista con hazañas que encontrarían sitio apropiado eu 
las gestas del Mió Cid o de Bernardo del Carpió. En nues- 
tros días, ya no forma Hernán Cortés auréola a su cabeza 
con el rojizo resplandor del incedio cuyas llamas hacen des- 
tacar su figura en el panorama de la Historia; ni sueña Pi- 
zarro, en perdido islote del Pacífico, en que habrán de aca- 
riciar las plumas de su yelmo los rayos de un sol que serán 
de gloria para sus armas y de oro para su bolsa vacía; ni 
alienta Juan Ponce de León el delirio de beber en la Flori- 
da el agua de la Fuente de Juvencio que ha de volver a su 
organismo el perdido vigor. No ya Quesadas y Valdivias, 
Sotos y Benalcázares, Losadas y Almagros, bardados en 
bronce, con las viseras levantadas, dominan, bajo los brazos 
interrogantes de la Cruz del Sur, el suelo que chafa el cor- 
cel de guerra en su continuo galope, con el intento de vol- 
ver a la Corte para ofrendar ante los pies del Rayo de la 
Guerra o del Rey Prudente» como modernos Reyes Magos, 
nosólo el incienso, la mirra y el áureo metal, sino los terri- 
torios mismos en que se han dado cita todas las maravillas. 
Ya no se despuebla como en el siglo xvi Sevilla, la hechicera 



80 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



que aprisiona todo el encanto inenarrable de Andalucía, 
porque las gentes se agolpan ante las puertas de la Casa de 
Contratación en busca de permiso para pasar a Indias, ni 
los hermanos de las Teresas de Jesús y los nietos de Garci- 
lasoS/de la Veg-a, piensan que es Nueva España o el Perú el 
palenque propicio para que aniden en los cuarteles del an- 
tiguo escudo otras aves heráldicas; y si viviera el Monarca 
de las Letras, don Miguel de Cervantes Saavedra, es proba- 
ble que no intentaría una de las salidas del Ingenioso Hidal- 
go por los arenales que circundan a Cartagena del Poniente. 
Mas sí está terminado el cuadro de la conquista y coloniza- 
ción — queno puede tener en todos sus detalles, como desean 
quienes abrigan aún la ingenua ilusión de que la Historia 
puede hacerse por seres impecables, los tonos claros de un 
cielo de Murillo, sino los colores, a trechos luminosos y en 
parte sombríos, con que don Diego de Velásquez aprisionó 
la vida,— Icuán erróneo es el concepto de que a España no 
queda acción intensa que desarrollar en las que fueron has- 
ta ayer sus colonias, y son hoy Estados que aspiran a que 
se encauce en normas de fraternidad y de justicia la mar- 
cha futura de las sociedades! 

La nueva misión que le incumbe es la de ser como el 
imán adonde converjan todos los pueblos que tienen su 
origen en el solar ibérico, para formar así un solo foco que 
irradie la luz del ideal y el fuego de comunes aspiraciones 
sobre todo el universo. Há mucho tiempo que voces que 
tienen mayor resonancia y armonía que la desconocida que 
hoy se atreve. hablaros, han ensalzado la grandeza que en- 
cierra la culminación de tal empeño. Mas ya eshora de que 
él no sea tan sólo el generoso anhelo de algunos miles de 
pensadores, sino la realidad, más bella aún, y que ha de 
comprender todas las manifestaciones de la actividad hu- 
mana, lo mismo las que son los dones propios de Apolo y de 
Minerva, que aquellas que tienen su representación en los 
atributos de Vulcano y de Mercurio. Debemos dejar a un 
lado las palabras, cuyo atractivo esteriliza el campo de ac- 
ción si no son el fiel trasunto de los hechos, para rimar con 
actos diarios el cántico de unión de España con las Ameri- 
cas. Y reunirse para evocar la Historia— que narrada en 
un idioma que tiene a la vez la dulzura de las uvas malague- 
ñas y la grave sonoridad de les aceros que se templan en 
las ondas del Tajo, se convierte en hilo milagroso que nos 
lleva desde pretéritas edades hasta los días futuros en que 
habremos de fundirnos en una confederación ideal — es uno 
de esos acontecimientos que lleva al espíritu el risueño ger- 
minar de muchos optimismos. 

En este jardín paradisíaco, éntrela floración de las ro- 
sas y bajo el azul de los cielos, ante la mirada de innúmeros 



LAS PIEDRAS DE LEIVA 81 



seres que por él divagan, está ya el símbolo de esta alianza. 
Allí, cerrando círculo con los leones de Castilla que ostentó 
en sus blasones el Almirante de las Indias, se levanta la es- 
trella de los hijos de Arauca y la de la isla cantada por el 
poeta del Niágara, y brilla el sol que fertiliza las regiones 
bolivianas, los campos que amaba Rodó y los que hume- 
decieron con su sangre los hijos del Paraguay. Allí palpitan 
las manos, que si lograron unirse sobre el Plata, también pue- 
den estrecharse a través del Océano; galopa el potro de las 
llanuras venezolanas que domó el centauro Páez. y detiene 
su paso ligero la llama del Perú; paran su vuelo el libre 
cóndor de Colombia y el águila indomable de Méjico; se yer- 
guen, como atalayas del porvenir, el Chimborazo ecuatoriano 
y los altos montes que campean en los escudos de Honduras 
y Costa Rica, el Salvador y Nicaragua; cierra sus alas de 
púrpura el quetzal, cuyo canto interrumpió para siempre la 
tizona de Alvarado, y despliegan sus colores los estandartes 
de la Española, donde quiso dormir su sueno eterno el gran 
Descubridor. Que ese concierto magnífico se realice efecti- 
vamente en un escenario que abarca todo el mundo y tiene 
para desarrollarse la plenitud de los tiempos, y habrá lleva- 
do a efecto la Madre Patria, como también nosotros al 
agruparnos en torno de su pendón legendario, la más tras- 
cendental y armoniosa de todas sus empresas. 

Y hoy que, convocados por la voz del augusto Soberano 
Su Majestad don Alfonso xra, quien reina en España por 
derecho de nacimiento y en las Américas por la conquista 
de la simpatía, nos reunimos en esta urbe que custodia el 
depósito sagrado sobre el cual vela la Musa de la Historia, 
ante los recuerdos que se agolpan a la mente en muda cata- 
rata y las ilimitadas perspectivas que columbran los ojos 
del alma, repitamos el grito de ^alarma de uno de nuestros 
grandes poetas, grito que es al mismo tiempo la síntesis de 
los lazos que nos unen con fuerza indestructible; 

Que la raza esté en pie y el brazo listo, 
que va en el barco el Capitán Cervantes 
y arriba flota el pabellón de Cristo. 

(Pronunciado por el señor R. Rivas en el Congreso de 
Sevilla). 



hflS PIEDRAS DE hEI\7fl 

A INMEDIACIONES DE SANTA SOFÍA 

En el pintoresco valle de Ricaurte y muy cerca del río 
Sutamarchán, que lo atraviesa de Sur a Norte, en la vereda 
4e «El Salto y Lavandera,> perteneciente a la jurisdicción 

XIV— 6 



82 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



de la histórica Villa de Leiva, dominios que fueron del cé* 
lebre Monarca indígena^Zaquenzipa. se encuentran las fa- 
mosas piedras de jeroglíficos que vamos a describir, ig-no- 
radas aún por los arqueólogos, como lo están también en la 
región de Santa Sofía, para los versados en los estudios 
geológicos, el hoyo de «La Romera> y las hermosas y gi- 
gantescas cuevas de «El Hayal» y «Las Hornillas,» entre 
otras muchas curiosidades naturales. 

Consiste el notable monumento chibcha citado arriba, 
en dos grandes piedras: plana la una en su parte superior, 
como una tallada mesa, y tiene por diámetro la dimensión 
de cuatro metros; y la otra, más regular severa, afectando 
una forma piramidal. 

En los contornos de ambas se ven varios conjuntos de 
jeroglíficos, grabados como a cincel, algunos de los cuales 
han ido desapareciendo con la acción del tiempo y con las 
capas de musgo que tratan de borrar esa página valiosa, 
aunque indiscifrada, de nuestra prehistoria nacional. 

Los grupos más visibles permiten adivinar ora la re- 
presentación del cuerpo humano con los brazos abiertos y 
levantados; ora la imagen del sol, su más excelsa divinidad; 
ora la silueta de la rana, con la cual parece simbolizaron la 
abundancia de las aguas; ora el estandarte, signo de la gue- 
rra, y la flor, emblema de la agricultura; ora, en fin, manos 
abiertas, momias y cráneos humanos, todo lo cual nos dice 
de sus costumbres y de su religirn, desús ritos fúnebres, 
de sus ideas y de su grado de adelanto en relación con los 
otros pueblos del continente. En medio de esas representa- 
ciones hay variedad de líneas caprichosas, como imitación de 
figuras geométricas, interpretativas tal vez de incompren- 
sibles atributos. Las piedras se hallan orientadas hacia el 
lago de Fúquen-?, y en torno de ellas aparecen excavacio- 
nes, maso menos recientes, hechas, sin duda, con el pro- 
pósito de buscar tesoros imaginarios. A corta distancia 
del monumento existen dos cementerios de indios, de 
los cuales se han extraído, en poca cantidad, oro y esme- 
raldas. 

Parece que en sus migraciones, los indios dejaban es- 
culpida en las piedras, las huellas de su paso y el indicio del 
desarrollo de sus energías mentales. Estas piedras hablan, y 
su enigmático lenguaje será, por mucho tiempo, la inquie- 
tante incógnita de las pocas inteligencias que se esfuerzan 
hoy por conocer la dinámica social de las tribus que habi- 
taron nuestro territorio y que luchan por salvar del olvido 
cuanto pudo librarse de la acción devastadora de la con- 
quista: anales, tradiciones, monumentos, todo lo que sirve 
para enriquecer la historia de la patria, para ilustrar y 



LA ESCLAVITUD EN COLOMBIA 83 

completar, en algfuna forma, las escasas noticias que posee- 
mos acerca del antigfuo imperio de los chibchas. 

Santa Sofía, noviembre de 1921. 

Peregrino Sáenz 



fafl ESCbflUITUD En CObOmBlfl 

Honorables académicos de la Historia. 

Examinando viejos protocolos, llamóme la atención una 
marca que representa una corona sobre las letras P. F. Por 
el momento pensé fuese algún signo de escribano, pero leí- 
das unas cuantas líneas de aquel documento, comprendí lo 
que en realidad era: nada menos que la marca real, el fac- 
símil del hierro con que se herraba a I03 esclavos, y del cual 
acompaño también copia en el presente estudio. Entonce» 
surgió en mí la idea de escribir algunas páginas sobre la 
esclavitud. Pensé que pudiera hacerlo, y me entregué a la 
obra, que concluida ya, someto a la consabida imparciali- 
dad de vuestros fallos. Si al leerla, por ventura una aura de 
emoción fuere a suspirar en vuestros recuerdos; si un sen- 
timiento de condolencia os sobrecogiere por aquellos que 
largos siglos, en luchas silenciosas pero caldeadas al rojo 
blanco de la tragedia, gimieron sin esperanza bajo el látigo 
de la servidumbre; si al leerlo os fuere dado decir que ha 
sido acertado, entonces podré creer que he cumplido con el 
encargo que me impuse un día, de sorprender bajo el polvo 
de las edades, historias ya olvidadas, ¿olorosas confidencias 
de la esclavitud. Si lo contrario, valga como excusa la buena 
voluntad que como humilde flor de un recuerdo ofrendo a 
la memoria de aquellas víctimas en aras de la historia, so- 
bre los altares del pasado. 

Bogotá, febrero de 1922. 

Honorables académicos. 

Roberto Rojas Gómez 



ESTUDIO SOBRE LA ESCLAVITUD 

No es posible señalar cuál fuese el momento preciso en 
que unos cuántos, sintiéndose más fuertes, impusieron a los 
más débiles el yugo de la servidumbre. La génesis de la es- 
clavitud, como la de tantas otras bárbaras instituciones, se 
pierde en la noche de lo pasado. No es posible sin embargo 
que ella existiese en los primeros días de la vida del mundo. 
Las necesidades más urgentes, las puramente materia- 



84 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



les, Únicas que acaso era dado sentir a generaciones rudi- 
mentarias, llenábanse sin mayor esfuerzo con lo que natural- 
mente la tierra producía; el interés y la propiedad entonces 
desconocidos, no eran propicios elementos al desarrollo de 
la esclavitud. Por ende, no es dudoso que el primer paso 
de la humanidad ala servidumbre fuese dado con el pri- 
mero a la rudimentaria y viciosa civilización de tan remo- 
tos tiempos. Desarrollados entonces los primeros gférmenes 
del interés, las primeras ideas de la propiedad, empezó a la 
sombra de aquéllos a diseñarse el espectro de la servidum- 
bre, acentuáronse sus contornos, y avanzando con la vora- 
cidad de los contagios universales, acabó por adueñarse del 
mundo, cristalizándose en inicuas leyes que se perpetuaron 
al través de innumerables siglos, sucumbiendo en ella ge- 
neraciones de infelices que siempre tuvieron obligaciones y 
jamás derechos, que esperaron en vano, hasta que con la 
angustia en el alma y en el corazón, y el cuerpo hecho jiro* 
nes, se desplomaron sobre el cadáver de todas sus esperan- 
zas, mientras la muerte, único, triste y último consuelo de 
sus hondas amarguras, cerraba aquellos ojos que habían 
llorado tanto, y los libraba de una vida que habían ido de- 
jando hecha pedazos en los zarzales del doloroso calvario 
que en este mundo les tocara recorrer. 

Como consecuencia de la iniquidad de aquellas leyes 
que consagraban la esclavitud como un derecho de vida y 
muerte del fuerte contra el débil, surgió el odioso tráfico. 
Por cargamentos, como fardos, se introducían los esclavos 
para ser vendidos, y a tanto llegó la fiebre de este comercio, 
que en algunas naciones, como la India, los maridos vendían 
a sus mujeres, los padres a sus hijos, pretextando para 
ello la miseria y carestías de aquel país, aunque en el fondo, 
la relajación de los lazos de familia era el verdadero motivo, 
ya que las causas que ellos alegaron se han ensoñoreado 
también en otras naciones, sin que a pesar de ello se hubie- 
se visto que apelasen a semejantes extremos. 

En Egipto los prisioneros de guerra y los criminales 
eran vendidos como esclavos, condenados a las minas, don- 
de cargados de cadenas, y sin perdonar ni a los enfermos ni 
valetudinarios ni ancianos, trabajaban hasta que la muerte 
ponía fin a tantos padecimientos. 

Entre los hebreos eran condenados a la servidumbre 
los que hurtaban o debían y no restituían o pagaban: eran 
vendidos como esclavos; y acreedores hubo que llevaran el 
desenfreno de la usura hasta el grado de esclavizar también 
a las mujeres, hijos e hijas de sus deudores. 

En Grecia los prisioneros de guerra eran también ven- 
didos como esclavos y empleados en el cultivo de la tierra. 



LA ESCLAVITUD EN COLOMBIA 8Í 



Y a tal gfrado llegó el tráfico de estos infelices, que fue pre- 
ciso se nombraran jueces encargados de prevenir ,108 frau- 
des. Pero ningún país de la antigüedad tuvo tan numerosos 
esclavos ni traficó tanto ni tan espantosamente con ellos 
como Roma.. También allí había en la materia tan amplias 
autorizaciones, que los hombres podían vender hasta sus 
hijos. Los esclavos se dividían ordinariamente en dos clases: 
públicos, que eran los que pertecían al Estado, y privados, 
que pertenecían a los particulares. En casi todas las nacio- 
nes los amos tenían derecho de vida y muerte sobre sus es- 
clavos. Los marcaban con hierro candente hasta en el ros- 
tro; se les ponía collar como a los perros; se les negaba el 
asilo; no podían contratar, ni nada por el estilo, puesto que 
no eran ciudadanos sino cosas; no se les llamaba casi nunca 
por sus nombres, sino con la palabra «piezas»: tantas pie- 
zas de esclavos; y en las embarcaciones se les designaba por 
toneladas: tantas toneladas de negros; y se les azotaba hasta 
dejarlos exánimes. Maso menos esto sucedía en todas par- 
tes, como se verá por documentos irrefutables en el curso 
de este estudio. 

El cristianismo no desarraigó de un golpe la esclavitud, 
porque había intereses creados, costumbres bárbaras que 
habían formado una segunda naturaleza, pero injusto sería 
quien negare que dulcificó en cuanto fue posible la amar- 
gura de aquellos desgraciados convertidos en mercancías y 
máquinas de carga, porque la humanidad, que no tuvo paz 
ni con los animales, a quienes sometió a todos sus caprichos 
y barbaridades, tampoco pudo tenerla con sus semejantes, 
y también los esclavizó. 

Transformada en Europa la esclavitud lentamente 
bajo la benéfica influencia del cristianismo, reapareció en 
América con toda la ferocidad de su primitiva barbarie. 
Las colonias españolas no podían ser excepción de tales ho- 
rrores; los mismos interesesjque hicieron ley la esclavitud 
en otras naciones, la hicieron también en éstas. Para los 
siervos no prodigóla esperanza sus sonrisas, ni el sol sus res- 
plandores, ni la noche sus estrellas. Concebidos en la escla- 
vitud, nacidos en la esclavitud, arrullados en el regazo de 
la servidumbre con los cantos de la muerte y del dolor, para 
ellos no cantaron las aves en la enramada florecida cánticos 
de amor que arrullaran los sueños de sus noches y las au- 
roras de sus sombríos amaneceres, porque nó, porque ellos 
vivían, pero vivían con la muerte en el corazón, bajo la no- 
che de su existencia, tan sólo consagrada a enriquecer la ha- 
cienda de sus amos. ¿Ilusiones? iOh! los esclavos nunca las 
tuvieron, y si alguna vez en sus sueños pudieron acariciar- 
las, se desojaron como los pétalos de las rosas en la violen- 



86 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



cía de las tempestades, se dispersaron como las plumas que 
las aves dejaron entre sus nidos cuando se fueron al infinito, 
a la muerte, a la nada, a donde van las ilusiones que nos ol- 
vidan, a donde van las esperanzas que para siempre nos 
abandonan, a donde va lo que nunca vuelve! La vida para 
ellos no pudo ser sino alg-o tan horrendo como la sangre 
con que el verdugo enrojeció sus cuerpos, algo tan som- 
brío como la humedad de las lágrimas que congeló la 
muerte en la negrura de la noche de sus pupilas. ¡La tierra 
prometida estaba tan lejos, que no alcanzaron ni a divisar 
el humo desús hogares elevándose en columnas bajo el 
azul de la lontananza, ni a escuchar siquiera entre sus sue- 
ños el himno de los libres! 

Así planteado el asunto, veamos los documentos, que 
nos dirán la pura realidad. 

«Don Sebastián de Eslava, Caballero de la Orden de 
Santiago, Capitán General de los Reales Ejércitos, Virrey, 
Gobernador y Capitán General del Nuevo Reino de Gra- 
nada y Provincias agregadas, y Presidente de la Real Au- 
diencia y Cancillería de la ciudad de Santafé por el Rey 
nuestro señor, etc. Por cuanto después de estar prescrito 
el término que se asignó para el indulto de negros ilícita- 
mente introducidos en esta Provincia y la de Santa Marta, 
por el año pasado de mil setecientos y cuarenta, se ha tenido 
noticia en este superior Gobierno de hallarse negros sin 
marca, ya sea por malicia de sus dueños o porque después 
se han introducido, por cuyas razones hube de conceder 
nuevo indulto en esta ciudad y su jurisdicción, de que ha 
resultado beneficio a la Real Hacienda en la contribución 
de los derechos que se han exigido de las manifestaciones 
que se han hecho, y esperándose que el mismo provecho se 
ccTnsiga en la villa de Mompós, en cuyo distrito se asegura 
existe porción de negros de mala entrada, y debiendo aten* 
der al alivio de los vasallos de Su Majestad, y que gocen 
aquellos del mismo beneficio que han gozado los de esta ciu- 
dad y su jurisdicción, he venido en extender por decreto 
de este día la concesión del indulto a la expresada villa. 

«Dado en Cartagena a dos de enero de 1743.» 

«En la Villa de Santa Cruz de Mompós, en 6 de marzo 
de 1743 años, ante los señores doctor don Juan Bautista Ba- 
hamonde Taboada, Consultor del Santo Oficio de la Inqui- 
sición, Oidor de la Real Audiencia de Panamá, Teniente 
Gobernador, Auditor General de Guerra déla Plaza y Pro- 
vincia de Cartagena de Indias; Contador don Nicolás de la 
Lastra Riva Agüero, Oficial de la Real Hacienda de esta 



LA ESCLAVITUD EN COLOMBIA 87 



villa por Su Majestad, y de las capas agregadas a ésta, 
Jueces privativos para el indulto y marca de esclavos por el 
Excelentísimo señor Virrey de este Reino, pareció don 
Cosme González, vecino de esta villa, y dijo que hacía e 
hizo manifestación de dos negros para efecto de su marca, 
en conformidad del despacho publicado, los que son, a saber: 
Manuel, casta Mina (nacionalidad), de veinticinco años; con 
tres rayas en el entrecejo y cinco en cada sien; y Francis- 
co, casta Congo, sin señal alguna, de diez y ocho años, y 
ambos se marcaron en el pecho con la marca real del mar- 
gen, y el dicho don Cosme González exhibió la cantidad de 
su importe, que son ciento y veinte pesos por ambos dos es- 
clavos, y entraron en la caja destinada para este efecto, y 
mandaron se le diese el despacho necesario, y lo firmó coa 
sus mercedes, de que yo el presente Escribano doy fe. 

«Doctor don Juan Bautista Bahamonde — Don Nico- 
lás de LA Lastra Riva de Agüero- Cosme González. 
Ante mí José Castellón, Escribano de Su Majestad.» 

«En la villa de Santa Cruz de Mompós, el mismo día, 
mes y año, ante los señores Jueces comisarios de de esta 
causa y de mí el Escribano, pareció don Pedro Berrueco 
Samaniego, vecino de esta villa, e hizo manifestación de un 
negro nombrado Francisco, casta Congo, de edad de vein- 
tidós años, con seis piqueticos menudos junto a la sien iz- 
quierda, el cual se hubo por admitido a dicho indulto, y 
medida, se halló ser pieza de Indias, y se marcó con la real 
marca del margen y se exhibió la cantidad de sesenta pe- 
sos, que entró en la Real Caja, etc. > 

«El doctor don Pedro Borras, abogado de esta Real Au- 
diencia y P'rocurador General de esta villa de Nuestra Se- 
ñora de Leiva, previas las solemnidades de derecho nece- 
sarias, ante Vuestra Señoría parezco y digo: Que movido 
de la obligación de patrocinar a los pobres de toda solemni- 
dad, como defensor de ellos, me veo en la presente ocasión 
precisado a buscar en el recto Tribunal de Vuestra Mer- 
ced el amparo y protección que solicita Juan Andrés de 

Silva, mulato esclavo de , vecino de la ciudad de 

Vélez. Este en consorcio de María Catalina de Atuesta, 
su legítima consorte, también sujeta a la misma servidum- 
t)re, pasó a esta villa fugitivo, en solicitud de sujeto que 
lo quisiere comprar, por no poder sufrir el maltrata- 
miento y atrocísimo castigo que con inhumana crueldad 
bao experimentado en el penoso y dilatado tiempo de sa 
esclavitud, no por parte del expresado amo, sino por lu 
4e , su legítima mujer, quien continuadamen- 



88 BOLETÍN DE fflSTORIA Y ANTIGÜEDADES 



te los mortifica con insufribles castigfos. Y no obstante 
que por tan justos motivos como éste, compete a éstos 
acción fundada en terminantes disposiciones de derecho 
para solicir amo a su satisfacción, en el día no aspiran al 
logro de este favor, por hallarse inhábil de poderlo ejecutar 
el Juan Andrés de Silva, por padecer la fea e inaudita tacha 
de estar marcado en el rostro hacía los dos carrillos con la 
marca de dos eses, de la que acostumbraba la referida 

poner a sus esclavos. No pensaba el defensor que 

entre cristianos se llegare a cometer tan execrable exceso, 
digno por su gravedad del más severo castigo y escarmien- 
to, por la inmediata, atroz injuria que con el se ha irrogado 
al Artífice Divino que con su infinito poder y sabiduría for- 
mó la cara del hombre a imagen y semejanza de la suya 
para distinguirle y engrandecerle entre las demás criatu- 
ras. Las leyes que santamente prohiben a los Jueces impo- 
ner a los reos de cualesquier delitos la pena de señalarles 
la cara con fuego, sólo miraron como único y principalísi- 
mo objeto de esta prohibición, el evitar y precaver la inju- 
ria que con ello se hace al mismo Artífice Supremo. ¿Y 
qué diremos a vista de tan justa y sabia disposición y del 
exceso cometido por la en haber señalado y que- 
mado en la cara con una marquilla de plata hecha ascua 
a su infeliz criado Juan Andrés de Silva? No otra cosa sino 
que por tan reprensible exceso ha quedado este pobre 
imposibilitado de poder adquirir nuevo amo para sacudir 
el yugo de tan penosa servidumbre, y pareciéndole al de- 
fensor que por este motivo ha adquirido pleno derecho a 
la libertad que reclama en satisfacción de la atroz injuria 
que se le ha irrogado por la referida . . . . , su señora, con la 
notable deformidad que se le ha imprimido en la cara con 
dicha marca, espera que en vista de los expuestos funda- 
mentos, accediendo ustedes a esta solicitud, se sirva librar 
pronta providencia, compeliéndose por ella a la mencio- 
nada ala que sin réplica ni contradicción alguna otor- 
gue la correspondiente carta de libertad al expresado Juan 
Andrés de Silva, por ser así conforme a justicia, etc. 

< Pedro Boiras^ 

«En la Villa de Leiva, en 7 de noviembre de 1780 años. 
Yo el Escribano Público del Número y Cabildo en ella y su 
jurisdisción, en virtud de lo mandado en el decreto antece- 
dente, habiendo comparecido Juan Andrés de Silva, esclavo 

que expresa ser de , vecino de la ciudad de Vélez, 

a presencia del señor Corregidor y Justicia Mayor de 
„eBta Provincia, le reconocí el rostro al citado esclavo, y en 
cada carrillo se le halló tener grabada esta señal o fierro: 



LA ESCLAVITUD EN COLOMBIA 89 



S Y; expuso que quien lo marcó fue su dicho amo.... 
. . . . , sienao bastante pequeño, que no se acuerda qué años 
tendría. En cuyo acto mediante el mismo mandamiento 
pregunté al dicho esclavo si en casa del citado su amo 
había algún otro marcado, y dijo que nó, y sólo sí que 
hermano del dicho su amo, tiene dos esclavos he- 
rrados con la misma cifra, y que don tiene dos o 

tres con igual fierro, que no hace reflexión qué otros haya 
por aquella jurisdicción, pero que los más acostumbran 
señalar a sus esclavos, y quien hace oficio de herrador cuan- 
do se ofrece, es Tomás de Safra, y para que conste, etc. 

<José Gregorio Sánchez> 

El expediente fue remitido a la Real Audiencia en 14 
de diciembre de 1780. El Fiscal de ésta, señor Moreno, con 
fecha 10 de enero de 1781 dijo: «Que siendo digno de pron- 
to y eficaz remedio el abuso de acostumbrar en Vélez los 
dueños de esclavos tener cifra para marcarlos a fuego en 
el rostro, se debían tomar severas providencias, perdiendo 
el esclavo los que tal atrocidad cometían, y siendo además 
severamente castigados, para lo cual debía en el presente 
caso levantarse información y recoger las marcas que an- 
duvieren en poder de particulares.> La Audiencia devolvió 
el expediente al Corregidor de Tunja para que practicara 
las diligencias correspondientes y devolviese a .... los 
esclavos con la caución de no castigarlos por esta causa. 
.... presentó un memorial de agravios, en que habla de los 
perjuicios que le causaban las fugas de aquéllos, pero cuida 
mucho de callar las causas que las motivaban, que no eran 
otras que el mal trato que losamos les daban. Termina 
manifestando estar pronto a otorgar la caución juratoria 
de que los recibirá y tratará de su venta sin castigarlos 
mientras estén en su poder. 



«Digo yo don Jorge Crowe, Factor Principal, y yo don 
Diego Ord, Factores y Administradores de la Real Com- 
pañía del Asiento de la Gran Bretaña, establecido para la 
introducción de negros esclavos en esta América, que ven- 
demos realmente y con efecto a don , y por mano 

de don una negrita de los introducidos por la ba- 
landra nombrada "El San Jorge." de casta, edad y señales 
como al pie de ésta se refiere, marcada con la marca real 
en el pecho derecho, y con la marca de este Asiento en la 
espalda izquierda, como a la margen, en precio y cantidad 
de doscientos y quince pesos de a ocho reales. Cuya cantidad 
pagará de contado dicho don a nos dichos Facto- 
res. La cual dicha negrita vendemos con todas sus tachas, 



90 BOLETÍN DÉ HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



malas O buenas, alma en boca, costal de huesos, con todas 
sus enfermedades, ocultas y manifiestas, exceptuamos sola- 
mente gota coral, o por otro término, mal de corazón, y es 
condición que para poderse valer de la redhibitoria del es- 
clavo, o esclavos, que tuviesen esta enfermedad, se ha de 
hacer notoria y constante en término de dos meses de la fe- 
cha de este instrumento conforme al uso, y en esta referida 

forma, yo don acepto la venta, y recibo la dicha 

negrita, y para que conste y en señal de posesión, he fir- 
mado duplicado de este instrumento, que queda en la Real 

Factoría. Y para que pueda dicho don ,. disponer 

de la dicha negrita como más bien le convenga, nos los di- 
chos Factores otorgamos y firmamos el presente, teniendo 
al pie de él, recibo del B^actor, de la cantidad que impor- 
tare la esclava mencionada en este despacho, que es fecho 
en esta Factoría de Cartagena de Indias en veinte y seis 
de enero de mil setecientos treinta y seis, siendo la negrita 
contenida en este despacho de casta Mondongo, de edad de 
trece años, con trescarreritas de rajaduras en el estómago. 

<Torge Croive^ Dtego Ord* 

Como se ve pues por los anteriores documentos, los es- 
clavos no solamente eran herrados con la marca real, sino 
que también los amos tenían sus marcas particulares, que 
les aplicaban como a bien tenían y donde les pareciera, y 
en último caso empleaban instrumentos punzantes y cortan- 
tes, con los cuales les hacían sajaduras y piquetes, de ma- 
nera tal, que aquellos infelices no solamente servían para 
enriquecer la hacienda de sus amos sino además como papel 
de dibujo o talla de grabado o fardo de mercancía, que se- 
gún va pasando de mano en mano, va recibiendo sellos y 
contrasellos. La marca real de que va un facsímil en el 
presente estudio, consistía como se ve, en una corona real 
sobre las letras P. E. algunas veces, P. F. otras, o bien la 
corona real únicamente. 

Por una de tantas aberraciones de la especie humana, 
el ser útil, que trae como natural consecuencia la compen- 
sación, sólo sirvió a aquellos infelices para hacerlos más des- 
graciados; el solo hecho de tener un valor mercantil, fue un 
motivo poderoso para perseguirlos con más encarnizamiento, 
para darles caza como a las fieras hasta en sus mismas gua- 
ridas, para llevarlos a los jardines zoológicos, donde se pa- 
gan a envidiables precios. El incremento que tomó este 
comercio fue tan formidable, tan espantosas fueron sus 
proporciones, que se fundaron empresas para la explotación 
de aquella mercancía en grande escala, y ni aun linajudas 
damas desdeñaron aquel negocio, como bien se echa de ver 



LA ESCLAVITUD EN COLOMBIA 91 

por la siguiente relación de reales cédulas, órdenes, pode- 
res, concesiones y asientos o contratos otorgados en la ma- 
teria: 

«Real Cédula fechada en Madrid a 19 de febrero de 
1682, concediendo nuevo Asiento a Juan Barroso y Pozo por 
cinco años para la introducción de negros, por haberse 
cumplido los cinco del asiento que se ajustó con el Consu- 
lado y comercio de Sevilla, para la introducción de diez mil 
toneladas de esclavos.> 

«Concesión a doña Francisca de Miranda y Gómez, 
Marquesa de Valde Hoyos, vecina de Cartagena, para in- 
troducir mil negros bozales (recién sacados en su país), los 
que se le entregaron marcados con la Marca Real en el pe- 
cho derecho. Año 1763. > 

«Real Cédula fechada en San Lorenzo, a 24 de noviem- 
bre de 1791, Concediendo libertad para el comercio de 
negros con los Virreinatos de Santafé, Buenos Aires, Capi- 
tanía General de Caracas e islas de Santo Domingo, Cuba 
y Puerto Rico, a españoles y extranjeros.> 

«Real Cédula dada en Aranjuez a 1^ de mayo de 1773, 
concediendo gracias y ampliaciones a laCompañía de Asiento 
General de negros para los dominios de América, que co- 
rría a nombre de Aguirre y Aristegui, del comercio de 
Cádiz,» 

«Real Orden dada en San Ildefonso a 22 de agosto de 
1778, sobre que la Compañía del Asiento General de negros 
de Cartagena deposite por los que introdujere la mitad de 
los derechos de marca de su primera contrata, por el año 
de prórroga que se le concedió. > 

«Poder que da Antonio Fernández" Delbas, Adminis- 
trador General de la renta de esclavos que se navegan en 
las Indias, de Castilla, del Cabo Verde, de Guinea y Angola, 
a Jorge Fernández Delbas, su hijo, residente en Cartagena, 
otorgado en Lisboa a 3 de enero de 1619.* 

Cartagena, como es natural, fue el foco de aquel co- 
mercio. Allí llegaban los grandes cargamentos, allí donde 
Pedro Claver, el ^anto apóstol de la esclavitud, les prodi- 
gaba el consuelo posible en aquellos tiempos, en aquella edad 
de hierro, en aquella era en que la humanidad fue lo más 
inhumano que hayan podido contemplar los siglos bajo el 
cielo impasible, sereno, puro y hermoso, mudo testigo de 
tan inmensas iniquidades. 

Pero no eran tan sólo las penalidades de la navegación, 
durante la cual venían amontonados como bultos y encade- 
nados coma perros; no era tan sólo el doloroso resquemor 



92 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 

del fierro candente sobre el ébano de sus carnes, lo único 
que pudiera atormentarlos; esto apenas era un principio del 
calvario que debían recorrer hasta que la muerte, desnu- 
dándolos de sus carnes doloridas, hiciera blanquear sus hue- 
sos en las veredas de aquel camino. Su vida no érala vida 
sino la expectativa, pero la expectativa constante de un 
sufrimiento, como se verá por los siguientes documentos: 

«En Tadó, a 17 de octubre de 1795, yo dicho Juez 
(José Alvarez del Pino), para el efecto de la información 
mandada hacer, hice comparecer a don Miguel Gómez, a 
quien hice saber el oficio librado a mí por el señor Gober- 
nador de estas Provincias, don José Micaeli, y en su virtud 
el auto que antecede, y en su inteligencia le recibí jura- 
mento, que hizo según derecho, por Dios Nuestro Señor y 
una señal de cruz, a cuyo cargo ofreció decir verdad. 
Preguntado, dijo que el día trece del presei^te, como a las 
nueve de la noche, hallándose en casa del Corregidor Ma- 
nuel Sanclemente, en compañía de otros, jugando ropilla, 

se presentó una negra (Agustina) de don . ante 

dicho Corregidor, pidiendo por el amor de Dios y en méri- 
tos de justicia la amparase, que temía que sobre aquel 
castigo excesivo que tenía recibido, la volviese a castigar 
su amo, según las amenazas que le hizo este mismo día en 
casa de Patricia, donde la tenía su amo para que le curase 
las llagas que con el castigo se le habían hecho, y a este 
reclamóle preguntó el Corregidor qué motivo había dado 
para semejante castigo, y dicha negra respondió que su 
amo suponía la falta de dos velas que dice le faltaron en 
una porción de sebo que se labró un día antes. Con esta ra- 
zón mandó el Corregidor hicieran reconocimiento de aquel 
castigo, y habiendo hecho el reconocimiento, se le halló 
llagada hasta las corvas.> 

Más adelante dice la esclava: «que lo que ella presumía 
era que su amo intentaba que con aquel castigo mal na- 
ciere el hijo de él mismo.» Esto se verificó según consta del 
siguiente documento: 

«En el pueblo de San Francisco del Tadó, a 12 de mayo 
de 1796, yo José Micaeli, Gobernador de estas Provincias 
del Chocó, digo que hallándome en la capital de Nóvita, se 

me dio parte que don residente en este pueblo, 

a quien ya se había amonestado antes de ahora por el rigu- 
roso castigo que dio a dos esclavos suyos, uno varón (Juan 
de Dios) y la otra mujer (Agustina), había reincidido cas- 
tigando a la esclava, de cuyas resultas mal nació una cria- 
tura.» 

Es digno de hacerse notar que el tal negó aquella 

paternidad, atribuyéndosela al esclavo Juan de Dios, ale- 



LA ESCLAVITUD KN COLOMBIA 9S 

gando esto como justificación de los martirios a que los so- 
metió; y la causa que se le siguió por estas crueldades no 
tuvo más efecto que condenarlo en costas, leve castigo para 
tanto crimen. 

«En la ciudad de Cartagena, a 1^ de febrero de 1603, el 
dicho Alcalde Juan de Porras presentó por testigo a Cos- 
me de Albornoz, cirujano, del cual fue recibido juramento 
por Dios Nuestro Señor en forma de derecho, y pregun- 
tado al tenor de la cabeza del proceso, dijo: que habrá mes 
y medio poco más o menos que viviendo este testigo en com- 
pañía de Francisco Núñez, que es un bahareque en medio 
de palmas, de la casa y aposento donde vive doña .... . . . , 

vio que la dicha doña .... colgó a la dicha negra María 

angola o conga (natural de aquellos lugaresj como una ha- 
maca, los pies a un cabo y la cabeza a otro, y la dio muchos 
azotes.> 

Varias declaraciones hay sobre ese hecho. No obstan- 
te, la Real Audiencia revocó la sentencia por la cual el Al- 
calde condenó a aquella dama en veinticinco pesos oro de 
veinte quilates, y mandó devolvérselos, según consta en la 
sentencia de dicha Audiencia, fecha 22 de noviembre de 
1604. 

<En Mompós a 4 de abril de 1639, Gregorio de Alvarez, 
Alcalde de Santa Hermandad, hizo parecer a Susana, ne- 
gra presa, de la cual se recibió juramento por Dios Nues- 
tro Señor y sobre una señal de cruz, y lo hizo y prometió 
decir verdad, y se le hicieron las preguntas siguientes: 
"Fue preguntada qué tanto tiempo hace que se huyó; dijo 

que hará tres meses se huyó del servicio de su ama , 

por el rigor con que azota así a esta declarante como a las 
demás negras, y para que conste al dicho Alcalde le mues- 
tra las señales. Y parecieron señales de verdugones grue- 
sos y blancos, como señales de haber tenido llagas. Lo cual 
mandó el dicho Alcalde así se pusiese por diligencia. > 

Declaraciones semejantes fueron rendidas por las es- 
clavas María e Isabel, quienes dicen haber estado a punto 
de muerte por los azotes, cuyas señales constaron al Alcal- 
de. No puedo resistir la tentación de copiar las palabras de 
la esclava Isabel. Dice así: 

<Que habrá tres meses, poco más o menos, se huyó, y la 
causa por que se ha huido es por los rigurosos castigos que 

la ha hecho doña su ama, poniéndola muchas veces en 

riesgo de perder la vida por ser sin piedad loa azotes que 
la hacía dar y daba; que aunque esta declarante se valió de 
personas principales que la apadrinasen con la dicha su 
ama y le rogasen no la tratase tan mal, no aprovechaba, 



94 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 

antes se irritaba y la metía en prisión muy rig^urosa, y la 
azotaba, y lo mismo bacía a las demás sus esclavas compa- 
neras de esta declarante, que viéndose apurada de tan 
excesivo castigo, sin causa que para ello le diere a la dicha 
su ama, le hizo maltener a esta declarante una criatura a 
fuerza de azotes que le hacía dar amarrada, tan crueles, y 
en las caderas; que muchas personas vieron en la criatura 
que malnació señales de los dichos azotes.» 

El Fiscal dio la siguiente vista: 
«Muy poderoso señor: 

«El doctor Jorge Herrera y Castillo, vuestro Fiscal, he 
visto a la letra estos autos hechos por el Gobernador de 
Cartagena (Melchor de Aguilera), y su Teniente (Fernan- 
do de Berrío) de oficio de la Real Justicia, contra doña ... 
. . . . , mujer de , vecinos de la villa de Mompós, so- 
bre haber castigado rigurosamente a sus esclavos, y del 
castigfo haberse seguido la muerte de algunos, y conforme 
lo que de los autos resulta Vuestra Alteza ha de agravar la 
sentencia dada por dicho Gobernador contra dicha doña 
. . . , condenándola en todas las penas en que ha incurrido, 
que para que así se mande y haga, hago todos los pedimen- 
tos en derecho necesarios, y siéndolo, la pongo acusación en 
forma, y pido justicia y juro, etc. En Santafé 26 de enero 
de 1640.» 

La sentencia del Gobernador a que se refiere el Fiscal, 
fue la de pagar cuatrocientos pesos a la Cámara; y que las 
esclavas fueren vendidas con la condición de no volver a po- 
der de doña .... 

A pesar de todo, la Real Audiencia revocó, y sólo con- 
denó a la doña .... a pagar veinte pasos. 

Una de las dolorosas escenas de la esclavitud, era el caso 
de dar algunas esclavas muerte a sus hijos para librarlos de 
una vida de servidumbre. Sabían que, como ellas, llevarían 
la pena en el alma, sufrirían azotes y serían marcados con 
el fierro candente hasta en el rostro. Matábanlos por piedad 
y por amor. Hay palabras cuyo sentido en el primer mo- 
mento no se desentraña. ¡Matar por amor! ¿Así de buenas a 
primeras, no os parece el más grande de los absurdos? Y sin 
embargo no lo es. El caso délas esclavas que mataban a sus 
hijos es una demostración la más práctica de aquello. ¡Oh, 
amor, que nos das vida, que nos das vida yque también nos 
matas! 

Más aún: las esclavas no solamente mataban a sus hijos, 
sino que atentaban también contra sus propias vidas para 
morir juntos. Tenemos pues que los esclavos también se 
suicidaban. El instinto de conservación, este instinto tan 



LA ESCLAVITUD EN COLOMBIA 95 



desarrollado aun en los más microscópicos gérmenes tí- 
vientes, era sofocado por los dolores de la esclavitud, y ape- 
laban a ese atentado contra la naturaleza, contra el instinto, 
como a la única puerta de escape, como al último recurso 
preferible a tan desgraciada vida. 'Iban al encuentro de la 
muerte como los gladiadores en la arena del circo de los 
Calígulas y Nerones, al encuentro de las fieras. 

Veamos los siguientes documentos que con dolorosa y 
elocuente precisión nos darán la prueba de aquellos casos: 

«En dicha villa (del Socorro), en 16 del mismo mes y 
año (abril de 1796), el señor Alcalde Ordinario, asociado de 
mí el Escribano, se constituyó a la Real Cárcel de mujeres 
para efecto de lo mandado, en la que hizo comparecer a una 
mujer libre de todas prisiones, a la que por ante mí recibió 
juramento; le instruyó en él, bajo el cual prometió decir ver- 
dad en lo que supiere y le fuere preguntado, y siéndolo 
cómo se llama, de dónde es vecina, qué edad, si es esclava o 
libre, dijo: Que se llama Juana María de la Cruz; que es 
vecina de esta villa; que es mayor de veinticinco años; que 

es esclava de don Preguntada si sabe la causa de 

su prisión y quién la puso presa, dijo: que está presa de 
orden del señor Alcalde de primer voto, ante quien ella se 
presentó, por haber dado muerte a dos hijassuyas. llamadas 
María Mónica y María Eulalia, en el sitio de Majabita. alas 
cuales dio la muerte ahogándolas en un pozo de agua que 
hace junto a la casa de su referido amo. Preguntándole qué 
motivo tuvo para darles la muerte a sus dos hijas, dijo que 

el motivo que tuvo fue ver que su señora esposa 

de su referido amo, las maltraba mucho con rejo y con palo, 
siendo la mayor de cinco a seis años, y que aunque les decía 
a sus amos que no les quería servir, que le buscasen otro 
para ella y sus hijas, le respondieron que en cuanto les 
diera el montón de plata que les había costado, saldría de 
su casa, y que este requerimiento les hizo más de cuatro 
ocasiones, y que a la confesante igualmente la castigaban, 
y que en una de ellas fue colgada, y su amo le dio unos 
cuatro o cinco azotes. Preguntada por qué causa o motivo 
sus amos castigaban a ésta y a sus hijas, dijo: que su seño- 
ra, sin causa ni motivo, las castigaba, pues a la hora que 
tenía cólera con la confesante, decía que sus hijas la habíin 
de pagar, a causa de no poderle pegar a la confesante, por- 
que ésta cuando su señora la quería castigar, le andaba 
huyendo, y que a su hija la mayor de las ahogadas, que 
andaba en cinco o seis años, la tenía aborrecida su señora, 
y cuando mandaba llamar a su señora con la dicha su hija 
para que viniera a comer a la cocina, la echaba a pellizcos y 
a palos, y que cuando ésta le iba a llevar en otras ocasiones 



96 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



la comida adentro a su señora, le tiraba con el plato a la 
cara, y cada instante estaba maldiciendo su señora a ésta y 
sus dos hijas, y que por todas estas razones, por no ver pa- 
decer más a sus hijos, fue que les dio la muerte; que su 
señora no dejaba a la confesante salir a oír misa sino era 
cada cinco o seis meses, y que en seis o siete años que les ha 
servido no le han dado más naguas que las que tiene actual, 
y para vestirse tenía que trabajar los días de fiesta, pues 
hubo año que sólo le dieron una camisa, y para lavarla tenía 
que quedar desnuda, y siempre fue muy poco lo que le 
dieron para que se vistiera, pues para salir a misa o a con- 
fesarse cada año, tenía que buscar quien le prestare con 
qué poder salir. Y aunque se le hicieron otras varias pre- 
guntas, siempre respondió lo mismo.> 

En esta causa ocurrió un incidente curioso: la esclava 
se fugó, según consta en la siguiente nota: 

«En veinticinco de este raes (mayo) se huyó la mulata, 
y para que conste lo anoto.> 

El proceso continuó su curso; se libraron requisitorias, 
pero la esclava no pareció. Pasaron nueve años, al cabo de 
los cuales fue sentenciada a muerte, pero habiendo alegado 
el Protector de Esclavos don Tomás Tenorio Carvajal, 
causas de nulidad, tales como la no intervención del Protec- 
tor en la confesión de la sindicada, y no haberse averiguado 
los ultrajes que de sus amos recibía, lo que hubiera podido 
servir como atenuante en la defensa, la Real Audiencia con- 
denó en unas cuantas multas a los que actuaron como Jue- 
ces, y en cuanto a seténela, no se cumplió ninguna, puesto 
que la esclava no pareció. 



«En la villa de la Purificación de Nuestra Señora, en 3 
de febrero de 1768, yo don Ignacio Díaz de Arrigui, Alcal- 
de Ordinario más antiguo de dicha villa, para la prosecu- 
ción de este sumario hice comparecer ante mí a don Salva- 
dor de Albis, becino de esta villa, de quien en presencia de 
los testigos con quienes actúo por no haber Escribano, re- 
cibí juramento, etc., y habiéndole leído el escrito que va 
por cabeza de este sumario, dijo: que habiendo ido en com- 
pañía del doctor don el 28 del mes pasado a ayu- 
darle a pasar sus ganados del río Prado, para contarlos, 
estaban en ese ejercicio cuando llevaron noticia a dicho don 
.... de que la negra Felipa había dado de puñaladas a la 
negrita Catalina y al negro Víctor, de cinco y diez y seis 
años de edad, respectivamente; que a aquél lo había casi 
degollado, y que ella misma se había dado una puñalada, 
con cuya noticia se vino el declarante a fuerza de carrera 



LA ESCLAVITUD KN COLOMBIA 97 

al río de Prado, en donde encontró a la negra Felipa con 
una herida en el estómago, echando por ella mucha sangre, 
y a la negrita Catalina, con dos heridas en el estómago, y al 
negro Víctor, con una cruel herida en la garganta, y que 
preguntándole el setior don Pedro (el amo) a dicha Felipa 
quién les había dado aquellas heridas, respondió que ella se 
las había dado a sus dos hijos y a ella misma, porque le ha- 
bía quitado su amo su hija, la que más quería, y que lo que 
sentía era que no hubieran muerto todos juntos; y que le 
consta al que declara que Cil día siguiente murió la negrita 
Catalina.» 

Está causa terminó con el fallecimiento de la esclava» 
según consta de la siguiente nota: 

«En la ciudad de Santafé, a 17 de agosto de 1768, yo el 
Receptor pasé de orden de los señores de esta Real Audien- 
cia a la casa de niños expósitos, donde se hallaba presa una 
negra que dijeron llamarse Felipa, por el delito de homici- 
dio, y preguntando al Mayordomo por la dicha negra, res- 
pondió había fallecido en el día de hoy, en cuya virtud me 
condujo a una pieza, donde se halla un cuerpo difunto, con 
una frazada encima y dos velas a los lados, diciéndome ser 
la referida negra, por lo que me llegué y la llamé por su 
nombre, diciendo: "Felipa, Felipa, Felipa," y no me respon- 
dió, por estar al parecer difunta, y por que conste pongo la 
presente en dicho día, mes y año.> 

«En el sitio de Santa Rosa de Osos, jurisdicción de la 
ciudad de Antioquia, a 22 de mayo de 1804, el señor don 
• Mateo Zapata, Teniente de Gobernador, dijo que por cuan- 
to el día de ayer, como a las ocho de la noche, encontró José 
Torcuato Pino colgado en un árbol, ahorcándose con una 

cabuya, a Julián, esclavo de don a quien 

soltó y condujo a casa de mí el Escribano, en donde estaba 
de orden del Juzgado hasta que pareciese su amo y se de- 
terminase la demanda pidiendo se le obligase a venderlo, 
porque no le daba de vestir, e informado de la situación en 
que se había encontrado por el expresado Torcuato, mandó 
lo llevase y pusiese preso en el cepo con un par de grillos, 
en la pieza que sirve de cárcel, j que en averiguación del 
delito se ponga este auto de oficio, cabeza de proceso, etc.> 

El esclavo fue sentenciado el 23 de agosto de 1805 por 
esa tentativa de suicidio a que sirviese en la fábrica de la 
iglesia parroquial de Medellín durante dos años. El Protec- 
tor de EJSclavos, don Tomás Tenorio Carvajal, con fecháis 
de diciembre de 1805, expuso; «Que la crueldad comproba- 
da de los amos del Julián lo arrastró al despecho, del cual 



98 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



fue consecuencia el intento de matarse, y sin duda alguna a 
ese tiempo estaba también demente. > Terminó pidiendo se 
diese providencia en orden a la tiránica conducta que . . . 
.... y su consorte doña acostumbraban con sus es- 
clavos, y que también se tuviese en cuenta no haber sido 
apelada la sentencia por parte del defensor precedente ni 
del acusador. 

La crueldad de los amos a que el Protector se refiere 
está comprobada especialmente en la respuesta séptima por 
considerable número de testigfos. En cuanto a la demencia 
del esclavo, se deduce de la misma incoherencia de sus pa- 
labras, en las cuales mezcla lo material con lo ultraterreno, 
y así dice unas veces que sus amos no lo vestían, otras, que 
no le quisieron dar un rosario, y por eso los malos espíritus 
se apoderaron de él, empujándolo a la tentación de matar- 
se. La lectura de este proceso deja en el alma una impre- 
sión dolorosa, y se presiente que en la mente de aquel infe- 
liz las negras alas de la locura, estremecidas por el dolor, 
se agitaban lúgubremente como las alas de un ave negra 
en el momento de la agonía. 

Otra de las dolorosas escenas de la esclavitud era la se- 
paración: los amos podían separar a los hijos de las madres, 
a las mujeres de sus esposos. Las esclavas no debían tener 
sentimientos maternales, eso era lujo de la nobleza, privile- 
gio de la aristocracia; por eso quitaban los hijos a aquellas 
madres como se quitan a los animales para regalarlos, ven- 
derlos o enajenarlos en cualquier forma, y así se despedían 
unos de otros, muchas veces para no volverse a ver jamás 
en este mundo. En los documentos anteriores hemos visto 
ya el caso, y todavía lo veremos en el siguiente: 

«Juana Jacinta, morena, digo que estando como estoy, 

casada con Francisco Biatara, esclavo de . . . . , 

y siendo yo de , y estando ambos en 

esta ciudad (Santafé), el dicho mi amo me vendió a 

, vecino de Muzo, el cual me llevó a la 

dicha ciudad apartándome del dicho mi marido, y estuve 

en la dicha ciudad cinco años sirviendo al dicho 

. . y su mujer, donde padecí muchos trabajos y maltrata- 
mientos, así de hambres y desnudez como de azotes y otros 
maltratos, sin causa ni razón alguna que para ello hubiere, 
en tal manera que teniendo yo una negrita hija mía y del 
dicho mi marido, de edad de cinco años poco más o menos, 
sin causa que para ello hubiere, pues no la podía dar una 

muchachita tan pequeña, la mujer del dicho 

la trató un día con tanta crueldad, que después de haberla 
azotado un día excesivamente, le dio un golpe con un pie, 
tan grande, que vino a morir la dicha muchachita dentro 



LA KSCLAVITUD EN COLOMBIA 99 



de muy breve tiempo, sin que desde que recibió el dicho 
golpe y azotes pudiese comer cosa alguna, ni aun pasar 
agua, y viendo tanto rigor y tan grandes malos tratos, y 
que estaba descasada del dicho mi marido, me vine a esta 
ciudad por que no me matasen a mí como a la dicha mi hija, 
y habiéndosele mandado por la justicia eclesiástica me ven- 
diese en esta ciudad parí que hiciese vida con dicho mi 

marido, vino aquí el dicho y alegó contrato 

en que el dicho dice que le vende al dicho mi 

marido, para con este fingimiento sacarme de esta ciudad y 
llevarme a la de Muzo a matarme con malos tratamientos, 
etc. Agosto 25 de 1638. > 

El amo ... negó los cargos y manifestó 

que estaba dispuesto a venderla junto con su marido. 

La violenta situación de esos infelices solía dar lugar 
también a escenas de desesperación que lanzaban a veces al 
esclavo a matar al amo. Otros, por su carácter tímido, por 
su pobreza de espíritu, porque creían que ese era su desti- 
no y que por tanto no debían, aspirar a más, no protestaban, 
nada decían, pero odiaban de muerte a sus verdugos. Los 
tiranos podrán ser adulados y temidos, pero jamás podrán 
ser amados. De la esclavitud, de la servidumbre, no brotan 
nunca benévolos sentimientos; el sufrimiento engendra un 
rencor que se lleva en el corazón y que algún día puede es- 
tallar, como lleva el volcán en sus entrañas algún rescoldo 
que de un momento a otro puede inflamarse. El exceso de 
electricidad en las nubes forma el rayo; los roces fuertes 
provocan explosiones; y la presión engendra el estallido. 

Las generaciones del pasado jamás quisieron conven- 
cerse de que más moscas atrae una gota de miel que un ba- 
rril de vinagre, y cifraron toda su gloria en hacerse odiar 
y hacerse temer, pero jamás en hacerse amar. Los matones 
fueron los amos del mundo en aquellos tiempos; hoy, cuando 
más, clientela de presidio. 

Veamos la verdad de las anteriores palabras en los 
siguientes documentos: 

«En el sitio o Bodega de Bebará, en 10 de julio de 1788» 
yo don Melchor de Betancourt, Fiscal en la Real Audiencia 
Pretorial de este Reino, Gobernador y Visitador General de 
estas Provincias, dije: que en virtud de habérseme pre- 
sentado un negro nombrado Joaquín, esclavo de 

, en esta fecha, como a las dos de la tarde, con una 

herida en el brazo, acompañado de don Luis Díaz, don Ja- 
vier de Potes y don José Antonio Polo, y sin haber parte 
que pida, se denunció el dicho negro, expresando que en 
este mismo día había muerto a palos con un cabo de hacha 
a su señora, por decir el dicho que lo hostilizaba y maltra- 



100 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 

taba con castigo en el trabajo, significando haberse arreba- 
tado de impaciencia para ejecutar este delito, y en atención 
a haberse él mismo delatado, le hice poner en captura, bien 
asegurado, etc.» 

El defensor Juan Gómez, con fecha 30 de agosto de 
1V88, presentó un interrogatorio, del cual tomamos las si- 
guientes preguntas: 

«A la primera, digan si les consta que la 

.... trataba a los esclavos con mucho rigor. Segunda, digan 
de qué le resultó la muerte al mulato Pablo, si fue del ba- 
rretazo que le tiró desde el borde de un hoyo, y lo resistió 
en el pecho, y en el mismo instante comenzó a vomitar san- 
gre, y en pocos días murió. Tercera, si les consta lo que su- 
cedió con la mujer de Joaquín de Rivera, que después de 
un riguroso castigo de azotes pasó a la inhumanidad de 
pringarla con ají y fuego, de que se le originó la muerte. 
Cuarta, si estando tan enfermo de una pierna y cargado de 
males el expresado Rivera, la cargaba en una silla, y para 
si tenía algún deslizo resbalaba, le daba con un tolete de 
palo en la boca o en la cabeza, que para el efecto llevaba, y 
no obstante, le hacía trabajar para sostener la casa y tres 
nietas, queriendo que el trabajo de uno fuere como el de 
muchos.» 

Los testigos Enrique Piedrahita, Joaquín Rizo y Ma- 
nuel José de la Romana dijeron constarles algunas de las 
anteriores preguntas, de vista; otras, de oírlas públicamehte, 
y otras, dicen, no les constan. 

A pesar de ello no se consideraron como atenuantes, y 
el esclavo Rivera fue condenado a la última pena, según 
consta de los siguientes documentos: 

«En el pueblo de San Francisco de Qüibdó, capital de 
la Provincia del Citará, en 26 de octubre de 1789, para dar 
cumplimiento a lo mandado por la sentencia que antecede, 
fue sacado de la Real Cárcel de este pueblo el reo Joaquín 
de Rivera, con asistencia de mí, el Escribano, la de don 
José de Ramos y Várela, Corregidor del pueblo de Lloró, 
etc., con el pregonero que iba publicando "en alta voz el 
pregón. Fue conducido (arrastrando desde la cárcel hasta 
horca) por las calles públicas y acostumbradas de este pue- 
blo, hasta que habiendo 'llegado al sitio, siendo como las 

once, fue colgado en ella del pescuezo por el mulato 

, quien tiraba de los pies del reo, y por su poca ha- 
bilidad, se mandó a cuatro milicianos por el Teniente 

le tirasen al pecho, lo que ejecutaron hasta 

que al parecer murió, etc. 

«Inmediatamente, siendo como las tres de la tarde, en 



LA ESCLAVITUD EN COLOLOMBIA 101 



cumplimiento de lo mandado, el mulato Nicolás lo bajó de 
la horca y cortó la mano derecha, y se la llevó para freiría, 
y siguió con un cabo y dos milicianos al sitio de Belén para 
fijar dicha mano en una escarpia.» 

Viene una nota que dice haberse ejecutado la sentencia 
fijándose la mano en el sitio de Bebará. 

Como se ve, la justicia no era igual para los amos que 
para los esclavos; los delitos cometidos por éstos se casti- 
gaban con el ultimo suplicio; en los cometidos por los amos 
respecto de sus esclavos, como también lo hemos visto ya 
comprobado con documentos, mucho era si se les hacía pa- 
gar veinte pesos como costas del proceso. También hemos 
visto que a veces las autoridades obligaban a los amos crue- 
les a que vendieran sus esclavos a otros que les dieran mejor 
vida, pero solía suceder que el nuevo amo resultara peor. 
Esto trae a la memoria el caso aquel de un individuo que 
diz que se había casado muchas veces; preguntado porqué 
hacía eso, dijo que buscaba la mujer ideal; cada vez que se 
casaba creía haberla encontrado, pero pasado algún tiempo 
se llamaba a engaño. Tal sucedía también a los esclavos: 
buscaban el amo ideal, y como en el juego de pelota, pasa- 
ban de mano en mano sin encontrarlo nunca. 

Los esclavos podían rescatarse comprando su libertad 
al amo, si éste convenía, pero también en los más de los ca- 
sos era un miraje muy ilusorio. La primera dificultad era 
la consecución del dinero; ya hemos visto que no podían 
hacer negocios;los amos no les pagaban su trabajo, y mucho 
era si les permitían trabajar los días de fiesta para su propio 
beneficio, y emplear esas pobres economías en ropa, porque 
tampoco se las daban; por consiguiente, la consecución de 
cien, doscientos o cuatrocientos pesos que la libertad les 
costara, era un problema que sólo se resolvía en muchos 
años de economías del triste producto del trabajo de los 
días festivos, completado con limosnas que personas compa- 
sivas les proporcionaban. Completa la suma a fuerza de tan 
dolorosas economías, entregaban el dinero al amo, pero un 
nuevo y terrible desengaño les esperaba: el amo recibía el 
dinero y retenía la libertad; el esclavo solía quejarse a la 
justicia, pero aquél, entonces, negaba haber recibido el di- 
nero, o lo confesaba, alegando que el esclavo se lo había 
robado, como se verá en los siguientes documentos: 

«Señor Gobernador y Capitán General: 

«Paulina, de color pardo, esclava de las minas que dejó 
Juan Jacinto Palomino en el río de San Agustín, para obra 
pía en beneficio de las benditas ánimas del Purgatorio, 

cuyo patrono y administrador es el doctor don 

vecino y Alférez Real de Cali, ante vuestra merced 



102 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



parezco y digo: que el año de 733, con mi industria y a costa 
de unos pesos que tenía adquiridos con mi trabajo los días 
festivos, como es costumbre en las cuadrillas de labor de 
minas, hice un roza de maíz en dicho río San Agustín, a 
vista, ciencia y paciencia de Nicolás de la Serna, minero, y 
estando ya dicha roza en positura (posibilidad) de poderse 
coger, pretendió comprarme el maíz que produjera el Ca- 
pitán Gregorio de Zúñiga. cogiéndola con sus esclavos y pa- 
gándome el colado de maíz a dos pesos y medio de oro por 
la necesidad que había en la ocasión, como consta de la 
carta que escribió a Nicolás Serna, que es la que presento 
original, y porque la hacienda de mi amo se hallaba con al- 
guna falta de bastimento, no quiso dicho minero que co- 
rriese el trato, pasando a coger en dicha roza con los escla- 
vos déla cuadrilla ciento sesenta y seis colados, entrando en 
la hacienda los ciento sesenta, que dichos colados al dicho 
precio hacen cuatrocientos pesos oro, de los cuales me es 
deudora la hacienda, y aunque he pretendido se me dé li- 
bertad por la cantidad que fuere justo, y se me pague la de- 
masía, no lo he podido c(Jnseguir, etc. Por lo cual suplico a 
vuestra merced sea amparada en la libertad que debo go- 
zar por el precio justo.» Enero 24 de 1738. 

La declaración de Serna y la carta a que la esclava hace 
referencia están de acuerdo con el contenido de su petición. 
El Gobernador del Chocó, don Antonio Cavero, dictó auto 
ordenando se otorgase a Paulina la carta de libertad dentro 
del término de sesenta días, por el justo precio de su avalúo, 
devolviéndole el sobrante de la suma que demandaba. Fue 
avaluada por cuatrocientos pesos. Notificada la sentencia a 

don amo de Paulina, alegó contra ésta, 

presentó información para desvanecer los cargos y pruebas, 
y apeló a la Real Audiencia, ante la cual presentó un memo- 
ria! de que tomamos la siguiente parte: 

«Don , en nombre de don .... 

, en la causa de Paulina Montano, sobre la liber- 
tad que pretende, digo que habiendo suplicado del auto 
proveído en dicha causa en lo que le es gravoso a mi parte, 
se virvió Vuestra Alteza admitirme la súplica, en cuya con- 
secuencia se ha de servir Vuestra Alteza como lo suplico, re- 
vocar dicho auto en cuanto a que sea libre la dicha Pauli- 
na, pues que esta libertad la pretendió por decir que una 
roza de maíz que se hizo en la hacienda habrá cuatro años, 
fue costeada con unos pesos de oro que había adquirido con 
su trabajo los días festivos, con que cuanto fuere como ella 
digo, lo que únicamente hizo fue pagar los indios que roza- 
ran el monte, etc.» 



LA ESCLAVITUD EN COLOMBIA 10^ 



Más adelante dice que sólo tenía derecho a que se le pa- 
gasen los costos suplidos, que sólo serían treinta pesos, lo 
cual no equivalía al valor de la libertad; que no había pro- 
bado tener permiso para trabajar los días festivos, ni haber 
trabajado, y que tampoco por ser una constumbre, podía' 
presumirse que el oro que tenía fuere de su trabajo, por- 
que lo mismo podía presumirse que fuere hurtado de la mi- 
na mientras no se probase lo contrario. Y así en pesadísimo 
estilo, sigfue haciendo objeciones tinterillescas y sofísticas 
para probar que los esclavos no podían hacer rozas ni tener 
oro aun cuando lo sacasen con licencia en los días festivos, 
todo esto para estorbar la libertad de aquella infeliz. No sa- 
bemos qué resolviera en definitiva la Audiencia, porque el 
expediente no da más luz en el asunto. 



«Francisco Bernáldez, en nombre de Isabel, color negra, 
que está presa en la Cárcel Real de esta Corte, por el poder 
que de ella tengo, de que hago presentación, digo que es 

así que trayendo . . . .* ya difunto, vecino 

que fue de la ciudad de Mariquita, a la dicha mi parte a 

esta ciudad, como heredero de , difunto, 

cuya esclava era la dicha mi parte, y estando con el dicho 

en esta ciudad, trató de venderla y la vendió a 

residente en esta Corte, y al tiempo 

que se trató la dicha venta, se hizo y fue con pacto y condi- 
ción que el dicho sacó al dicho , 

y él la aceptó, que dándole la dicha mi parte doscientos pesos 
de buen oro por su libertad, él aceptase y fuese obligado a ello, 
para en cuenta y parte del pago, de lo cual, el dicho .... reci- 
bió de la dicha negra cierta cantidad de pesos oro que ella no 
sabe declarar cuántos, que le habían dado en limosna para 
ayuda a la dicha su libertad, y debajo de esto y con este 

gravamen se celebró la dicha venta, y el dicho , 

movido de piedad, viendo que la dicha negra está muy vieja, 
enferma y tullida, y en alguna remuneración, y haber cria- 
do como dicen que crió a la mujer de dicho .... enEspana, 
no sólo condescendió con el dicho pacto, pero desde luego 

que la hubo del dicho , le dijo que 

no tuviere pena, porque él cumpliría con ella lo dicho, y que 
para que más presto sucediere adquirir los dineros que le 
había de dar por la libertad, le dio expresa licencia y facul- 
tad, pues no podía prestar otro servicio, por su vejez, para 
que amasase pan de por sí, para vender como lo hacía, e 
hizo en su presencia y sabiduría, teniendo casa de por sí, 
usando de este trato, vendiendo y contratando como mujer 
libre, y el dicho ... confesó muchas veces ante muchas 



104 . BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



personas que la dicha Isabel era libre, y no estando oblig^ada 
a cautiverio sino a pagar los doscientos pesos, descontándose 

lo recibido, ahora poco acá el dicho sin causa legítima, 

la ha vendido a , y la puso en la Cárcel 

diz que para entregársela, etc.»— Septiembre 16 de 1567. 

La Real Audiencia ordenó que no pudiese entregarla 
hasta que no se determinase el asunto. 

El presentó memorial en el cual dice lo 

siguiente: 

« , teniendo una esclava mía. negra' 

llamada Isabel, la concerté en venta con el Capitán. 

, y es así que muchos esclavos que en esta ciudad 

se venden, favoreciéndose de otros esclavos de ella, se han 
huido y los han ocultado, y así han venido los dueños a per- 
der sus esclavos. Atento a lo cual, para redimir semejante 
daño y por me constar tener necesidad de remediarlo, tomé 
la dicha mi esclava y la metí en la Cárcel Real de esta Corte 

hasta tanto que el dicho la llevase como 

esclava suya; después de lo cual Francisco Bernáldez. Pro- 
curador de esta Real Audiencia, a fiíi de me defraudar mu- 
cho número de pesos de oro y hacienda que la dicha Isabel 
me ha robado de mi casa, y con su industria y mi hacienda 
ha granjeado, y son míos y me pertenecen por ser bienes y 
hacienda mía y adquirida por la dicha esclava mía, cautiva, 
ha pedido en esta Real Audiencia con siniestra relación, que 
la dicha mi esclava ha de ser por Vuestra Alte^^a dada por 
libre, etc.» 

Sigue alegando contra el Procurodor en pesadísimo 
lenguaje sofístico y rabulesco, todo para estorbar la liber- 
tad de aquella infeliz. 

En este proceso se dictó la siguiente sentencia: 

«En la ciudad de Santafé, a 3 días del mes de octubre 
de 1567 años, los señores Presidente y Oidores de la Audien- 
cia de Su Majestad, habiendo visto los autos e pedimientos 
entre Isabel, esclava, y su amo, dije- 
ron que mandaban, y mandaron, que la dicha Isabel sirva al 
dicho su amo y para ello sea suelta de la prisión en qué está, 
al cual mandaron que no la maltrate ni la transporte hasta 
tanto que por esta Real Audiencia otra cosa se provea, y a 
ella se le da licencia para que siga su justicia en la dicha 
Audiencia sobre su libertad.» 

En conclusión, la esclavitud puede resumirse en los si- 
guientes términos: primero: los esclavos tenían un Protec- 
tor más de fórmula que real no porque éste no trabajase 
concienzudamente por sus defendidos, sino porque la justi- 



LA ESCLAVITUD EN COLOMBIA 105 



cia estaba siempre más de parte de los amos que de los es- 
clavos. Los que aquel cargo desempeñaban, justo es decirlo, 
hacían cuanto estaba a su alcance, probaban hasta la sacie- 
dad la tiranía de los amos, para lo cual tampoco necesita- 
ban de ir tan lejos; allí no más, en el cuerpo de los esclavos. 
• en los verdugones, en las llagas, en los rastros dolorosos 5" 
sangrientos, en las marcas y contramarcas infamantes; allí. 
estaba el proceso dolorosamente elocuente, desgraciada- 
mente cierto, para demostrar hasta la saciedad qué tanto 
eacruol, qué tanto es egoísta, qué tanto es duro el corazón 
humano. Segundo: todos los recursos de los esclavos para 
conseguir la libertad eran nulos, salvo la fuga y la muerte; 
la fuga, siempre que huyeran a veinte o treinta leguas de 
distancia para no ser conocidos por los sellos y contrasellos, 
y devueltos a sus amos; y la muerte, porque j^a sabemos que 
es la gran libertadora contra la cual nada pueden los tira- 
nos de este mundo. 

¡Largas generaciones de infelices! Menos cruel la muer- 
te que sus dueños, los libró para siempre del dolor, y más 
compasiva la madre tierra, no les rechazó por negros ni por 
feos, recibiólos amorosa en sus entrañas, y formó de su feah 
dad y su negrura flores en cuyos cálices vertieron las go- 
tas de su llanto las auroras y el tibior de sus ósculos el sol. 

A más de las causas que hemos señalado, otro elemen- 
to propicio para el fomento de la esclavitud fue la ignoran- 
cia en que sistemáticamente los tuvieron. Los déspotas de 
todos los tiempos han comprendido siempre que el látigo 
de la tiranía no puede esgrimirse entre individuos a quie- 
nes la ciencia ha enseñado a conocer sus deberes pero tam- 
bién sus derechos. 

Si os quisiese referir una por una todas las tragedias de 
la esclavitud entre nosotros, y si ciertos límites pudiesen 
traspasarse sin violar el santuario de ciertos sentimientos, 
os causaría espasmos de horrores infinitos; mas puntos haj' 
de tan encendidos colores, que la pluma se detiene vacilan- 
te, y el dedo del silencio se impone sobre los labios como el 
sello del recato y del pudor. 

Si me propusiese historiar una por una los páginas de 
aquella inmensidad de protocolos donde yacen consignadas 
en polvorientos y borrosos caracteres las dolorosas y trági- 
cas memorias de la esclavitud, acaso consiguiera proyectar 
en vuestras conciencias un bosquejo aunque pálido de aque- 
llas luchas silenciosas pero caldeadas al rojo blanco de la 
tragedia, de la amargura de aquellas generaciones que du- 
rante centurias llevaron a la boca un pan humedecido con las 
lágrimas de la servidumbre, como el Nazareno a sus labios 
moribundos una esponja empapada en el vinagre y la hiél 
de la pasión. Pero nó; ni el placer ni el dolor deben ser apu- 



lOG BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



rados hasta las heces, porque el exceso de aquél rekja los 
sentimientos, y el de este otro vuelve jirones el corazón 
donde forma el nido. Y sería repetirme indefinidamente 
para demostrar lo que por sí no necesita de tantas demos- 
traciones; tal es esa tendencia dominadora, brutal, egoís- 
ta y pretensiosa de media humanidad sobre la otra^ media,^ 
tanto más destructora entonces, cuanto era ley, verdadera 
ley del embudo, en cuya parte ang-ost^ sucumbieron tantos 
infelices bajo el férreo tacón de aquellos nobles, verdaderos 
señores de horca y cuchillo, si es que señorío puede caber 
entre individuos de los cuales el menos malo en la actua- 
lidad merecería una celda en los presidios de Ceuta. Pero, 
en fin, se ha abusado tanto de las palabras: Nerón se apelli- 
do divino, se llamó dios, se le erigieron estatuas, y cuantos 
a quienes el mundo ha proclamado grandes, y cuya memo- 
ria ha querido perpetuar en la eternidad del bronce, no 
pudieron acaso presentar ante el Tribunal de Dios, cOmo 
los antiguos amos, sino los sangrientos despojos de sus víc- 
timas. 

Ilnfelices víctimas! ¡Largas generaciones de mártiresl 
¡Y la tierra prometida estaba tan lejos! Aquel que hubiera 
de salvarlos aún estaba en los limbos de la mente del Señor, 
en el país ignoto de las almas, de donde vienen éstas a unir- 
se con los seres que el amor anima y un soplo divinal des- 
pierta del sueño de la nada. Aún no llegaba el mimado del 
amor, de la guerra y de la gloria. Aún no llegaba esa águi- 
la esplendente que un día en un delirio voló sobre el Chim- 
borazo, y con las alas extendidas sobre el diamante que le 
sirvió de lecho, contempló sobre el cielo de cinco naciones 
predilectas extendido como enseña triunfadora el iris de 
la libertad. Ellos no oyeron aquellas sublimes palabras del 
Padre de la Patria: «Libres serán en adelante vuestros pa- 
dres, libres vuestros hermanos, libres vuestros esposos, y li- 
bres los hijos de vuestro amor.> 

No obstante la presión ejercida sóbrelos mártires de 
la servidumbre, éstos solían levantarse a veces contra los 
amos en grandes masas. Tales movimientos no eran otra 
cosa que preludios de libertad, amagamientos de indepen- 
dencia, la lucha del instinto contra la fuerza bruta, el estre- 
mecimiento de la fiera que sacúdelos barrotes de la jaula 
que la aprisiona, porque, 

Ser libre es un. instinto y un derecho; 

la libertad es hecho 

aun cuando en contra el despotismo vibre; 

es flor que cuando se halla comprimida 

batalla por la vida 

hasta que se abre encantadora y libre. 



LA ESCLAVITUD EN COLOMBIA 107 

Tal fue la historia de la esclavitud,, pero la emancipa- 
ción de las colonias, la proclamación de la República, la 
abolición de las monarquías obsolutas, debían acabar con 
ella, y acabaron. Entre nosotros el primer golpe de muerte 
asestado contra ella fueron aquellas palabras, sublimes pa- 
labras del Padre de la Patria, al Congreso de Venezuela: 

<Yo abandono a vuestra soberana decisión la reforma 
o revocación de todos mis estatutos o decretos; pero imploro 
la confirmación de la libertad de los esclavos, como implo- 
raría mi vida y la vida de la República. > 

No obstante aquella petición, la libertad no se decretó 
sino basta el advenimiento de la administración López, por- 
que la humanidad no tan fácilmente renuncia a sus odiosos 
privilegios; porque la humanidad, como el caos, no deja pene- 
trar a torrentes la luz en sus entrañas sino lentamente, por 
medio de las grandes revoluciones de la naturaleza; pero al 
fin penetra. La esclavitud y la crueldad dejaron de ser ley. 
El progreso, el avance de las ideas, el empuje incontenible 
de la civilización, fueron arrojando a la vera del camino 
esas malas yerbas, como basura vil, como rezago infame, 
como herencia morbosa de tiempos desgraciados que, a 
Dios gracias, no volverán 3'a nunca, como no vuelven atrás 
las corrientes que se alejan, como las corrientes de la vida, 
arrastrando con ellas los despojos de las grandezas y peque- 
neces de un mundo perverso y presumido, que ni siquiera 
sabe de dónde viene ni a dónde va. 

Las fieras humanas tuvieron que replegarse en la som- 
bra, donde si ejercen dominio, lo ejercen clandestinamente, 
al amparo de la impunidad 3' al auxilio de otros, pero no ya 
al amparo de la ley, sino a espaldas de ésta, porque hay 
leyes para investigar los delitos, jueces para castigar a los 
verdugos y sanción que contra todo acto inmoral protesta 
y contra todo brote salvaje se levanta. 

La eternidad de aquella noche tuvo un fin: la claridad 
del día. Y bajo el cielo de un continente donde durante 
largáis centurias sólo se oyeron los ayes de la servidumbre, 
resonaron por fin también aquellas palabras, queridísimas 
palabras del himno de los libres: 

Cesó kt horrible noche, 
la libertad sublime 
derrama las auroras 
de su invencible luz. 

Hemos hallado los documentos sobre la esclavitud, cita- 
dos en este escrito, en los siguientes códices: 

, Archivo Nacional. Salón de la Colonia. Miscelánea, to- 
mo 87, páginas 763 a 764-769 vuelta a 770 vuelta y 772 
vuelta. Negros y esclavos de Boyacá, tomo 2°, páginas 54 a 61. 



108 boletín de historia y antigüedades 



De Cundinamarca. tomo 8.°, página 496, tomo 6.", pág-inas 
256 a 259 vuelta. De Antioquia, tomo 4.", páginas 715 a 716. 
De Cundinamarca, tomo 89, páginas 449 a 457. Del Magda- 
lena, tomo 4°, páginas 55 a 58. De Bolívar, tomo 4^. página 
411, tomo 5^, páginas 239 a 244. Del Cauca, tomo 1*^, pági- 
nas 711 a 712 y 719. Del Magdalena, tomo 1.°, páginas 516, 
vuelta a 517 y 550. De Bolívar, tomo 1.", páginas 13 a 22, 
218 231 y 232. De Santander, tomo 4.°, páginas 316 a 118, , 
vuelta y 365 a 366. Del Tolima, tomo 2°, páginas 639 vuelta 
a 647 vuelta. De Bolívar, tomo 12, páginas 790, 834 a 845, 
853 y 857. De Boyacá, tomo 2.", páginas 549 y 551. Del Cau- 
ca, tomo l.^ páginas 543. 570 a 571, 574, 435 a 440 y 538 a 
540. De Cundinamarca, tomo 1^, páginas 499, 501 y 517. (1) 

Roberto Rojas Gómez 

flCflDEmifl nflcionflb de biscoria 

Extracto de las actas. 
1.° DE MAYO 

1. Kl Gobernador de Narino manifiesta su agradeci- 
miento por la comunicación sobre el concurso de Bombona. 

2. El señor Lasprilla, miembro correspondiente, comu- 
nica que hasido designado Secretario de la Oficina de In- 
formación en Londres, se despide de la Academia y ofrece 
sus servicios en aquella ciudad. 

3. La Biblioteca de Harvard avisa que en un reciente 
incendio fueron destruidos cuatro volúmenes del Boletín 
DE Historia, y solicita se le envíen nuevamente, por los 
cuales pagará el valor correspondiente. 

4. La Sociedad de Embellecimiento transmite una reso- 
lución de la Municipalidad de Facatativá, sobre conserva- 
ción de las piedras históricas que hay en aquella ciudad. 

5. El señor Quijano Wallis envía desde Roma la contes- 
tación qi^ da al informe del señor Arboleda sobre sus Me- 
morias. Fueron leídas sus observaciones y se pasaron en 
comisión al señor Monsalve. 

6. El señor A. M. Moreno solicita que se active la re- 
dacción de la biografía del General Moreno, para lo cual 
había enviado algunos documentos. 

7. Fue presentado como candidato para socio corres- 
pondiente el Mayor Luis Acebedo. 

8. Se resolvió celebrar una sesión solemne el día 25 de 
los corrientes como homenaje en el centenario de la batalla 
de Pichincha. 



(1) Aunque los nombres que figuran en los documentos no son de 
personas conocidas, hemos creído conveniente suprimirlos. 



ACADEMIA NACIONAL DE HISTORIA 109 



9. Fueron nombrados representantes de la Academia 
en la exhumación de los restos del procer Carlos Montúfar, 
que tendrá lugar en Buga, el doctor Tulio E. Tascón y a 
los socios que señale el Centro de Historia de Cali. 

10. Fue elegido miembro correspondiente el señor Coll 
y Tosté, historiador de Puerto Rico. 

11. Se informó, por la Secretaría, que la Corte Supre- 
ma de Justicia había enviado un exhorto en el cual se pedía 
un concepto sobre el camino por donde entraron a esta ciu- 
dad el ejército patriota en 1819, y el del General Mosquera 
en 1860 para un pleito relacionado con el Ferrocarril del 
Norte. Pasó en comisión a los señores Trjana, Guerra y 
Gutiérrez. 

12. El señor Marroquín (presbítero) leyó una inte- 
resante conferencia sobre el primer obispado en el país. 

13. El señor Zawadsky (presbítero), comunica de Cali 
que el Centro Vallecaucano de Historia celebró el 7 de abril 
sesión solemne para conmemorar el centenario de la bata- 
lla de Bombona, y que él dio un* conferencia sobre el 
asunto. 

14. El señor Otero D'Acosta manifiesta que tiene lista 
su obra Cronicón solariego „\í¡. cual publicará en Manizales. y 
que desea saber si ella podría ser un volumen de la Biblio- 
teca Nacional de Historia. Esta corporación manifestó su 
complacencia por esto, y señaló los requisitos de formato, 
paginación, número de ejemplares, etc., etc., necesarios 
para esto. 

15. El señor Posada manifestó que había recibido un 
telegrama de Caracas, en el cual se le pedían fotografías 
del campo de Bombona e inmediaciones, para un cuadro 
que prepara el señor Tito Salas. 

16. Fueron designados los académicos que deben hacer 
lecturas históricas en las diez próximas sesiones. 

17. El señor Rivas presentó varios documentos de im- 
portancia, enviados por el señor Restrepo Tirado y copia- 
dos del Archivo de Indias en Sevilla. 

18. La Biblioteca Nacional de Francia manifiesta que 
posee tan sólo la Vida de Hetrán, El Tribuno de iSio y Re- 
laciones de viando, y que desea completar esta colección, 
"que hace tanto honor a la ciencia colombiana." 

19. La Biblioteca Nacional del Salvador solicita igual- 
mente algunos volúmenes de la Biblioteca de Historia Na- 
cional. 

20. Se informó que el medallón del historiador Restre- 
po, que recordaba la casa que él habitó, había desaparecido. 
Se comisionó al señor Rivas para procurar su reposición. 



1 10 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



21. Fue nombrado el señor Monsalve orador para la se- 
sión solemne. 

15 DE MAYO 

1. El señor Medina Chirinos, de Maracaibo, envíala 
publicación que ha hecho, intitulada: «La batalla de Cara- 
bobo no selló la independecia de Venezuela; fue la batalla 
naval de Maracaibo la que selló a la vez la independecia de 
la Gran Colombia.» 

2. Se aprobó una proposición, en la cual se solicita del 
Gobierno alguna providencia para salvar al Museo del aban- 
dono en que se halla, a ñn de que pueda volverse a abrir 
para el público. 

3. Se informó que los restos de don Pedro Gual exis- 
ten aún en la ig-lesia de Facatativá, y se proyecta un mau- 
soleo para ellos en la Catedral. 

4. Se hizo el programa de la sesión solemne que ten- 
drá lug-ar con motivo del centenario de la batalla de Pi- 
chincha. 

5. Se nombró la coiflisión encargada de los festejos del 
20 de julio y 7 de agosto, la cual quedó compuesta de los se- 
ñores Restrepo Sáenz, Gómez Restrepo, Robledo y Ramos. 

6. El señor Enrique Ortega Ricaurte presentó la conti- 
nuación de la lista de los alcaldes de Bogotá, en tiempo 
de la colonia. 

7. El Comité organizador del Congreso de Americanis- 
tas, que se reunirá en Río de Janeiro, participa que las se- 
siones tendrán lugar del 20 al 30 de agosto del presente año, 
envía el programa de ellas, y nombra propagandista de él 
en Colombia al señor Posada. 

8. El señor Rivas dio cuenta de que se había firmado 
la escritura de compra de la Quinta de Bolívar, la cual pasó 
al fin a ser propiedad nacional. 

9. El señor José María Restrepo leyó un estudio sobre 
el guerrillero'José María Ardila. 

PROPOSIGIOnES 

(15 DE FEBRERO DE 1922) 

La Academia Nacional de Historia deja constancia, al 
reanudar sus tareas en el presente año, de su hondísimo 
pesar por la muerte del miembro de número señor doctor 
don Manuel María Fajardo, que con tanta probidad y celo 
sirvió durante varios años el puesto de Tesorero, y que ayu- 
dó siempre con acierto singular a las tareas de la corpora- 
ción ; y de los miembros correspondientes señores Manuel 
Carreño y Delio Cifuentes, quienes fueron igualmente cola- 



PROPOSICIONES 111 



boradores inteligentes y eficaces de sus labores históricas. 
Todos*tre8 han dejado aquí un gran vacío y en el país una 
huella de estimación y simpatía. También presenta la Aca- 
demia su sincero pésame al distinguido académico don Ru- 
fino Gutiérrez por la muerte de una de sus señoritas hijas. 
El Presidente de la Academia transmitirá a las familias de 
dichos señores estas manifestaciones de condolencia. 

(15 DE marzo) 

La Academia Nacional de Historia ha visto con alto re- 
gocijo las labores de la distinguida escritora señora doña 
Blanca de los Ríos de Lampérez, en pro de la cordialidad y 
unión hispanoamericana, y de la evocación de sus gloriosos 
recuerdos, especialmente en su revista Raza Española; y le 
envía, junto con su sincero aplauso, los votos que hace por 
su ventura personal y la prosperidad de sus tarcas. 

(15 DE mayo) 

La Academia Nacional de Historia, consideranno: 1°, 
que. uno de los fines del instituto es velar por la conser- 
vación de los objetos históricos; 2.°, que el Museo Na- 
cional, en las condiciones en que se halla instalado en 
la actualidad, no presta servicio alguno, y están en vía 
de dañarse o perderse definitivamente muchos de los 
objetos que lo integran; 3°, que las gestiones hechas por 
el Ministerio de Instrucción Pública para adquirir un local 
adecuado no han dado hasta el momento presente resul- 
tado satisfactorio, y que la Academia, por los informes 
recibidos, es de concepto que no tiene las condiciones ne- 
cesarias el local que dicho Despacho tiene en negocio para 
el Museo; 4.°, que la Ley 40 de 1920, por su artículo 19 au- 
torizó al Gobierno Nacional para enviar al Museo Histórico 
de la Quinta de Bolívar los objetos pertenecientes al Li- 
bertador que se encuentren en el Museo Nacional y en 
otros edificios públicos, acuerda: 

1." Solicitar respetuosamente del Gobierno Nacional, 
por conducto del señor Ministro de Instrucción Pública, se 
proceda a dar cumplimiento al citado artículo 19 de la Ley 
47 de 1920, para construir así el Museo Boliviano en la his- 
tórica Quinta que ha pasado ya a ser del dominio de la Na- 
ción; 2°, que mientras se construye o se consigue un local 
apropiado para el Museo Nacional, se depositen en la mis- 
ma Quinta de Bolívar todos los objetos relativos a la época 
de la independencia de Colombia. Con esta medida se con 
seguirá, por una parte, que dichos objetos estén a la vista 
del público en lugar adecuado, y, por otra, facilitar la labor 



112 BOLKTÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



del Ministerio para instalar en otro local las otras depen- 
dencias del Museo con no pequeña economía para el Teso- 
i'O Público; 3^, solicitar igualmente del Gobierno Nacional, 
por conducto del Ministerio del ramo, que se dé cumpli- 
miento a lo dispuesto en el artículo 21 de la citada Ley 47 
de 1920, por el cual encargó al Ministerio de Gobierno dic- 
tar las medidas convenientes con el fin de dotar el Museo 
de la Quinta de Bolívar de la garantía y vigilancia necesa- 
rias para que los objetos que en ella se custodien queden 
en seguridad completa. 



(25 DE mayo) 

La Academia Nacional de Historia conmemora con 
hondo regocijo y férvido entusiasmo el centenario de Pi- 
chincha, la jornada épica que selló la independencia del 
Ecuador y puso nuevos y hermosos laureles en las bande- 
ras de Colombia. Y al rememorar, en su secular aniversario, 
este acontecimiento tan fausto, tan patriótico y de trascen- 
dencia grandísima, hace votos por que el sol glorioso que 
alumbró la cuna de la Nación ecuatoriana, siga brillando 
sobre sus destinos y haga brotar siempre, en sus ciudades y 
campiñas, el sosiego, la abundancia y la alegría. Manifiesta 
también esta corporación su ardiente anhelo porque las dos 
naciones, hijas ambas de la generosa tierra castellana, y que 
mecidas fueron en su infancia bajo el mismo techo y arru- 
lladas por las dianas de las mismas victorias, estén siempre 
en vínculo fraternal, y la historia futura las halle estre- 
chando sus manos con afecto sincero y perpetuo, así como 
eternamente las bañan, en sus costas, las olas tranquilas de 
un igual océano y las ata en su interior la cadena gigantesca 
de los Andes. 

La Academia ruega al Excelentísimo señor don Au- 
gusto Aguirre Aparicio, Ministro del país hermano de 
nuestra Patria, se sirva presentar al Gobierno y pueblo 
ecuatorianos estos sentimientos de admiración y cariño y 
recibir las felicitaciones de ella en este día de tan inmorta- 
les recuerdos. 



inFORmE 

Señor Presidente de la Academia, Nacional de Hiitoria — La ciudad. 

Tenemos el honor, para cumplir un precepto regrla- 
mentario, y en obedecimiento a la comisión que nos confias- 
teis, de rendir informe acerca de los méritos del reputado 
publicista español don Jerónimo Bécker, quien ha sido pro- 
puesto como candidato para miembro correspondiente de 
nuestra Academia. 



GUERRA CON LOS FIJAOS 113 



El señor Bécker es individuo de número de la Real 
Academia de la Historia y del Instituto Geográfico de Ma- 
drid y correspondiente de muchas corporaciones similares; 
fue Secretario General del Congreso de Historia y Geogra- 
fía Hispanoamericano reunido en Sevilla en el presente 
ano, y es autor de importantes trabajos sobre historia de 
la Península y de América. Por lo que se refiere a nuestro 
país, el señor Bécker ha publicado varias monografías, ta- 
les como La Política española en las Indias, en donde se tra- 
ta de la organización y funciones de las audiencias, y JLos 
Virreyes del Ahuevo Reino de Granada^ obra monumental 
ésta, escrita en asocio de nuestro distinguido compatriota 
don José María Rivas Groot, y de la cual, según informa- 
ciones de la prensa, acaba de ver la luz el tomo primero, 
que abarca la época que va de la Presidencia de Cabrera y 
Dávalos al nombramiento de Pedrosay Guerrero, quien es- 
tableció el Virreinato. Vuestra Comisión, en virtud de lo 
expuesto, es propone: 

Acéptese como miembro correspondiente de la Acade- 
mia Nacional de Historia al señor don Jerónimo Bécker. 

Señor Presidente, vuestra Comisión, Gerardo Arrubla, 
Arimo Qiiijano — Bogotá, septiembre 28 de 1921. 



GUERRA con h05 PlüflOS (1) 

Los sucesos que hasta hoy a tenido la guerra de los 
Pijaos que V. M. G. me tiene encargada contiene la rela- 
ción que será con esta e la tomada desde sus primeros 
principios para que con mas claridad se heche de ver la 
grandeza de esta guerra como sea tratado y esta solamiea- 
to y destrucción que estos bárbaros han hecho no solo de 
las provincias contiguas a ellos sino de otras muy remo- 
tas a donde sean estendido, y fué precisamente necesario 
que yo emprendiese esta guerra con la fuerza y pujan9a 
que se verá por las mismas razones que contiene mi rela- 
ción, y porque estos bárbaros no podían ser reprimidos 
por otro camino pienso que con la continuación que de mi 
parte a de aver en muy breve tiempo; a de llegar a estado 
que se jusgue por acabada, quedo tratando de volver per- 
sonalmente, espero que ha de ser este casi el último esfuerzo 



(1) El señor Ernesto Restrepo ha enviado, de Sevilla, a la Aca- 
demia documentos de altísima importancia copiados por él en el Ar- 
chivo de Indias, entre ellos una Relación sobre la guerra de los 
pijaos. Publicamos hoy la nota de don Juan de Borja que a ella 
precede, y en los próximos números irá dicha Relación. 

XIV— 8 



114 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



porque junto con el que el gobernador don Francisco Sar- 
miento ha de hacer por la parte de Popayán, y el que ya 
tengfo asentado con don Pedro de Velasco por Timaná, cuya 
capitulación envió a V. M., donde van espresados todos los 
motivos que me inclinaron de (roto), en cumplimiento me 
ha parecido suplicar de nuevo a V. M. que sirviéndose de 
confirmalla se sirva assi mismo de remitírmela con cargos 
de que no se le entregue al capn. Velasco, hasta que ente- 
ramente aya tenido eífecto su ofrecimiento porque assi ser- 
virá de seguridad y también (sabiendo que esta ya en mi 
poder) apresurara más las cosas de su cargo por comen§ar 
a gozar los premios más aynas. 

Es este Pedro de Velasco el hombre mas rico que ay 
en la Gobernación de Popayán de capacidad y talento para 
ocuparse en cosa tan importante, inteligente y cuidadosa, 
y en cuya ayuda tengo librada gran parte del breve y buen 
subceso, y considere V. M. que lo que él pide por lo mucho 
que promete, suele dar un gobernador, con no mas aten- 
dencias que las de su particular respeto o gusto. 

Con estaorden que e dado para que aun mismo se haga 
la entrada por Popayán y Timaná, y este Reino, espero se 
harán los efectos que refiere. 

Muy gran costa se han tenido las compañías que se han 
levantado a sueldo de V. Md., y las municiones y bastimen- 
tos; que lo uno y lo otro, es lo primero que en este Reino 
sea hecho con paga cierta y segura, todo a sido hasta ahora 
sin gastar ninguna cosa de la azienda de V. Md.. sino pro- 
curado de los arbitrios justos que V. M. tiene permitidos 
y aprobados por su cédula real de 5 de junio de 1607, en la 
cual solo excepta que no se use de la composición de las 
personas que han pasado sin licencia, y ésta nunca yo la 
hize, porque aunque escribí a V. Md. que me valía de las 
instrucciones y cédulas de V. Md. de los que pasan e stas 
partes sin licencia, y viven en ellas, fue amenazando con la 
ejecución para que se inclinasen asta servir en la guerra 
por la falta que acia de otra gente, y no solo no los compuse 
pero antes llevaron sueldo de V. Md., y esto con alguna" 
disimulación conveniente por entonces; de cuya verdad va 
certificación de los officiales reales. 

Esta guerra por las grandes dificultades que tiene cau- 
sadas de las rapasidad y asperesa de la tierra no se puede 
hacer sin que concurran indios amigos de este Reino que 
ayuden a los españoles, porque los que están en comarca de 
los Pijaos y más vesinos a ellos no son suficientes, hacese 
con mucha moderación y atendiendo a la utilidad pública 
que a todas se sigue. 

Por la relación de esta guerra verá V. Md. que estos 
indios cometen las mayores y mas desusadas crueldades de 



EPISTOLARIO DEL VIRREY ESLAVA 115 



quantas oy se saben en el mundo, y assi en tiempo donde 
no heran también entendidas las condeno V. Md. a esclano- 
mia de diez años. E hallado por esperiencia que esto trae 
muy grave inconveniente porque estos indios son de tan 
bárbara e indómita naturalesa que aunque en muy tierna 
edad los captiven y estén los dies años en ese lazitud se 
vuelven a su natural y éstos son los que mayores daños ha- 
cen y han hecho en nosotras y así es conveniente y presisa- 
mente necesario que V. Md. los declare por esclavos per* 
petuamente no solamente a elios pero a toda su descenden- 
cia como se hace con los negros y moros; guarde Dios a V. 
Md. como la cristiandad ha menester — De Santa Fé 20 de 
junio de 1608 — Don Juan de Borj'a. 

Dice al margen: <Q se consulte a Su Md. q' se pueden 
dar por esclavos estos indioz como lo dize el govor. en la 
forma q' se hizo con los de chile. > 

ePlSTOCRRlO De£ VlRRCy eS£flVfl 

No existiendo la Relación de mando de este mandata- 
rio, el de mayor relieve indudablemente entre todos los de 
la Colonia por la coyuntura que le proporcionó el ataque de 
Cartagena, hemos creído conveniente dar a la publicidad 
algunas cartas que dan fe de las medidas del señor Eslava 
tocante a la administración del Virreinato, las cuales dan 
idea asimismo de la habilidad del gran estadista, que a pesar 
de vivir al pie del cañón durante los dos primeros años de su 
período (en los aprestos al principio y luego en la defensa 
de la plaza), no se desentendía de asunto alguno de aquí, 
por insignificante que fuese. Allí está la historia fidedigna 
de esa administración, caracterizada además del famoso com- 
bate, por el hecho de tocar en suerte a su representante la 
reinstalación del Virreinato, y por la circunstancia singu- 
lar de no haberse asomado aquél al interior del país una 
vez siquiera en todo su período, 1740-1749. 

Los originales de dichas cartas se encuentran en un le- 
gajo inserto en el volumen xix del Archivo Nacional, rela- 
tivo a Virreyes, encabezado con esta leyenda: 

«Quaderno de cartas escriptas por el Exmo. señor se' 
vastian de Eslava, escriptas a esta Rl. Aud^ durante e' 
tiempo de su /M. Virreinato. > 

En la reproducción de ellas hemos tenido que alterar el 
orden en que se hallan para seguir el cronológico, el cual 
habremos de interrumpir asimismo cuando la necesidad lo 
requiera, a fin de presentar conjuntas las cartas relativas a 
un mismo suceso. ^ 



116 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



* Reinstalación del Virreinato 

«Señores míos (l), acompaño á Vs. dos Reales Cédulas 
que comprehendan la forma, y facultades con que se ha de 
erig"ir este Virreynato, lo que se debe practicar en los ne- 
gocios en que hubiere discordia, y no ofreciéndoseme duda 
en el restablecimiento por que el cumplimiento del Real 
literal contexto ministra la mas acertada regla para la di- 
rección, me aseguro en lo segundo que no violentando in- 
clinaciones, propongo al servicio una continuada paz acre- 
úitora concorde de felicidad del Gobierno, gloriándome 
particionero de las medras que produzca la unidad en los 
ánimos, y uniformidad de voluntades. 

«Nuestro señor Guarde a V. S. mus. as. y Cartagena 5 
"de mayo de 1740.> 

Con fecha idéntica aparece otra, en la cual designa al 
Presidente González Manrique «para anticipar la toma de 
posesión» conforme a real cédula, y en la cual anuncia ya 
también el sitio de la plaza. 

«Siendo preferente a todos los encargos que me ha fia- 
do la piedad de S. M. con el Virreynato de este Reyno el 
de asegurar las Plazas y Presidios de esta Costa, remito la 
Real Cédula expedida para anticipar la toma de posesión, 
por medio de Don Juan Francisco González Manrique, a 
■quien la dirijo con el poder especial correspondiente. Par- 
ticipóle a V. S. con mi promoción esperando facilitará un 
acto tan preciso para que no se me retarde el gusto de mi- 
rarme como individuo de esse Tribunal, que solóse consi- 
derará caveza para admitir y promover los sabios consejos 
con que me prometo auxilie y ilumine V. E. mi conducta a 
fin de dirigirla a los aciertos á que aspiro, sostenido del 
selo, y amor del Real servicio, que experimentará en mí, y 
supongo en V. S. a quien me ofrezco afectuoso, deseando 
las ocasiones de acreditarlo y de que N. Señor Guarde a V, 
S.» etc. 

Consecuentes con nuestro propósito empezamos a inte- 
rrumpir el orden cronológico para reproducir aquí, en el 
lugar de otra de las tresiínicas de mayo, una carta de junio 
en que el señor Eslava establece la jurisdicción de González 

Manrique. 

«Cartagena y junio 22 de 1740 

«Enterado por la que recivo del Real Acuerdo con data 
de 4 del corriente de la pretensión de Don Francisco Gon- 
zález Manrique sobre que devía quedar substituyendo mi 
persona por el término de mi ausencia, y habérsele conce- 

(1) En la parte inferior lleva la dirección de todas las demás: 
«Sres, Oydores de la Rl. Aud* de Santa Fée.» 



UN DIARIO DE O'lEARY ll7 



dido por esa Audiencia este honor sin acto que denote pro- 
piedad ni uso de jurisdicción, declaro: que por el mismo he- 
cho de haver tomado en mi nombre posesión de los empleos 
que se me han conferido, cessó en el uso de su Presidencia, 
y en todo lo honorífico que le pertenecía, y que por mi au- 
sencia recayó en esa Real Audiencia, sin que por mi carta, 
ni posdata, haya cláusula que pueda inducir subdelegfa- 
ción alguna: Y ansí lo tendrá entendido el Real Acuerdo 
para su observancia. > 

Y son estas tres cartas todo cuanto sobre reinstalación 
del Virreinato consta en el Epistolario. 

Suspendemos aquí reservándonosla otra carta de mayo 
para abrir con ella la serie de las relativas al Ataque de Car- 
tagena, que empezaremos a publicar en la próxima entre- 
ga, y habrá de ocupar unas cuantas, 

Roheito Triana 



un DIARIO DE O'hBflRy (1) 

Un representante de esta Revista tuvo ocasión de exa- 
minar recientemente en casa de don Daniel O'Leary San- 
tamaría (2), digno nieto del ilustre procer general Daniel 
Florencio O'Leary, el valioso archivo que los descendien- 
tes del amigo y ayudante de campo de Bolívar guardan 
con religioso respeto. 

Cuando bajo los auspicios del gobierno de Venezuela 
se publicaron en Caracas las Memorias del General O'Lea- 
ry, el presidente Guzmán Blanco puso por condición que 
los originales de la magna obra de O'Leary quedaran de- 
positados en los archivo del país; pero el nieto del procer 
conserva aquí en Londres muchos papeles interesantes que 
Colombia podría adquirir para nuestra biblioteca de estu- 
dios históricos. 

Existen en el archivo del señor O'Leary Santamaría 
bellas cartas de Bolívar, algunas de puño y letra del Liber- 
tador, y otros documentos de mérito histórico indiscutible. 
Entre éstos, y debido a la amabilidad de don Daniel, en- 
contramos un pequeño cuaderno, escrito de puño y letra 
del general O'Leary, en el cual consignó sus impresiones 
cuando salió de Lima, acompañando a Bolívar, en 1825. El 
diario en cuestión tiene el mérito de haber sido escrito por 
el general O'Leary cuando este hijo de Irlanda — que todo 
lo había abandonado en su patria para ir a luchar por la 

(1) De The Colombian Trade Review, de Londres, tomamos este 
artículo. Fue publicado en los námeros de marzo y abril de 1921. 

(2) La madre de este caballero era colombiana. 



118 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



libertad de Colombia y del Perú — apenas empezaba a en- 
sayar su pluma en lengfua castellana. Según nos informó el 
nieto del procer, este diario ha permanecido inédito hasta 
ahora, y nos autorizó para publicarlo en esta Revista. 

Hemos respetado la puntuación y la ortografía del 
ilustre autor del diario, y nuestros lectores no podrán me- 
nos de reconocer que ya por esa época había logrado el ere- 
neral O'Leary bastante familiaridad con el idioma caste- 
llano. Dice así: 

«Abril 11 de 1825 —De Lima salimos el 11 a las cuatro 
de la tarde con tres amigos antiguos. No hay nada de más 
agradable que viajar con amigos antiguos después de co- 
mer y beber un poco vino antig-tw. Así fue. El camino, como 
todos los de la costa del Perú, es lleno de arena. A las ocho 
llegamos a Lurin. A la distancia de tres cuartos de legua 
se ven árboles y terreno cultivado. Aunque era de noche y 
oscuro, parecía el país alegre. Al entrar al pueblo hay un 
buen puente. Hubo mucha iluminación. 

«12 DE ABRIL — Salimos a las cinco de la mañana, y llega- 
mos a las diez a Chilca. Aquí encontramos a los indios del 
pueblo llenos de regocijo y bien vestidos. En esta jurisdic- 
ción hay tres mil almas que existen por su industria. No 
hay agua sino la muy mala que se recoge de los pozos. Las 
mujeres tienen buenas caras. Aquí hacen sombreros de 
paja, tabaqueras y telas de algodón, que se cambian por las 
necesidades de la vida. El pueblo es malo. Alas 2 p. m. con- 
tinuamos nuestra marcha, y después de cuatro leguas de 
un camino árido y desagradable, subimos un cerro de are- 
na, y de allí vimos con placer un valle delicioso. Todos los 
árboles y plantas de un temperamento caliente. Qué her- 
moso contraste. Pasamos por una pequeña población lla- 
mada San Antonio, que depende de Chilca, y de allí en cuar- 
to de hora terminamos la jornada, llegando a Mala. Mala es 
un buen pueblo, tiene como mil habitantes. El campo es 
bien cultivado. En el camino de hoy pasamos por unos sa- 
litres excelentes. Con muy poco trabajo se pueden hacer 
famosos caminos endureciéndolos con sal. 

«13 DE ABRIL — Hoy salimos al amanecer. Nada puede 
exceder el caJor. A las doce llegamos a Matarratones, la ha- 
cienda del Señor Unanue. La casa es buena y el paisaje 
magnífico. Los productos son ricos y la caña de azúcar es 
de mejor calidad. Pasamos aquí el día y noche del 12, y el 
13 fui a Montalbán, la hacienda del ex-director de Chile, el 
General O'Higgins. Comí aquí con este caballero y el Dr. 
Moore. A la tarde marchamos. Pasamos por Cañete- Pocos 
valles en la costa del Perú son más fértiles o pintorescos 
que el de Cañete. Sus productos son ricos. Pero puede me- 



UN DIARIO DE o'lEARY 119 



jorarse infinitamente como posee un río que lleva bastante 
agua para todo el valle. Sin parar en Cañete continuamos 
el viaje a las 10 p. m. Llegamos a Chincha alta. Dormimos 
aquí, y el día 14 seguímos a Chincha baja. Todo esto parece 
un jardín. Naranjales hermosos en todo el camino, y se en- 
cuentran a cada paso con ruinas de fortificaciones, templos 
y edificios de indios. Monumentos que recuerdan la barba- 
rie española y la civilización de esta inocente raza que alio- 
ra otra vez, bajo un sistema benéfico y liberal, llegará a otu- 
par destinos dignos de la inocencia y virtud. Todo el día 
14 quedamos en Chincha baja, y el 15 de Abril salimos a las 
4 y /^ a. m., montamos a caballo y seguímos a Pisco. Toda 
la jornada de hoy ha sido muy agradable. Una mañana fres- 
ca. El mar por la derecha y a la izquierda un monte. Alre- 
dedor de Pisco hay varias haciendas de caña y viñas, &c., 
&c. Este puerto es célebre en los anales de la Revolución. 
Aquí fue donde desembarcó el ejército libertador a las 
órdenes del Gral. San Martín, en el año de 20. La bahía es 
mala; sin embargo hay mucho comercio. Los extranjeros 
cambian los efectos europeos y americanos por el aguar- 
diente que se hace en el país. Este se extrae de la uva. En 
el tiempo de los españoles este solo ramo producía un mi- 
llón y doscientos mil pesos. El pueblo contiene mil habitan- 
tes. Todo alrededor es bien cultivado. Al sur como tres 
leguas está el bello valle de Chinchunza. Mucho fue el en- 
tusiasmo que demostraron estos habitantes a la entrada del 
Libertador. Quedamos aquí el 15, y el 16 a la tarde salimos. 
Esta jornada es bien incómoda por el viento y polvo. A las 
8 p. m. llegamos a la hacienda de Villacurri. Después de 
una buena cena dormimos aquí, y el día siguiente (17 de 
Abril) marchamos para lea y entramos a las doce, habiendo 
almorzado en la hacienda de Macacona. Aquí fue donde los 
patriotas encontraron con la primera desgracia después de 
la venida de San Martín. Una división a la orden del Gral. 
Tristán fue sorprendida y dispersa por una española. lea 
es uno de los mejores pueblos de esta parte de la costa. 
Aquí se hace de la uva un excelente aguardiente que lla- 
man Italia. Como en los otros pueblos por donde transita- 
mos se recibió al Libertador con entusiasmo. Hemos teni- 
do convites, bailes y funciones de todas clases. Desde el 17 
hasta el 22 descansamos aquí. 

«22 DE ABRIL— A las tres p. m. marchamos, y a las seis, 
después de 6 leguas de un muy incómodo camino, llegamos 
al sitio llamado Aguado de los Patos. Esta hacienda perte- 
nece al Estado; produce algodón, maíz y algunas uvas. Que- 
damos en ésta hasta el día siguiente a las 3 p. m. 

«23 DE ABRIL — Marchamos a las 3 p. m., después de 
comer. El camino sigue por inmensos llanos de arena. A 



120 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



medio camino entramos por el que se llama de los Incas, 
por haber sido hecho en su tiempo, como de sies varas de 
ancho, con pequeñas piedras fijadas a los lados. Este que 
pasamos lo llamaron el de la Costa, y conduce desde aquí 
hasta de Cuzco, de donde llevan otros diferentes direcciones 
el imperio. No puede darse prueba más incontestable del 
grado de civilización a que habían llegado los aborígenes de 
este país cuando Pizarro introdujo entre ellos sus infames 
companeros trayendo con sus banderas el crimen, la muerte 
y la desolación. 

«A las 9 p. m. llegamos a Hauyuri, una hacienda perte- 
neciente al Convento de la Merced. Dormimos aquí, y el 24 
de abril marchamos a las 8, ya las diez a. m. llegamos a Palpa, 
distancia de tres leguas. A la entrada de este miserable pue- 
blo, que está situado en un pequeño valledel mismo nombre, 
encontramos a todos los habitantes que venían a recibir a 
S. E. demostrando el mayor regocijo. Tuvimos un baile, y 
el día después, abril 25, continuamos la marcha. A las 
8 a. m. llegamos a San Javier, una magnífica hacienda 
perteneciente a' Estado. Fue esta propiedad de los jesuítas; 
y como en todas las haciendas de esta orden, se ve todo me- 
jor y con más regularidad que en las demás. La habitación 
esta arruinada ahora por el descuido de su administrador. 
La iglesia está muy bien edificada. Los altares son de ma- 
dera (carved) con imágenes y pinturas por todas partes. 
A los lados de los muros están suspendidas pinturas que 
describen la historia del fundador de esta orden. Las es- 
clavas cantaron un tedeum de una voz tan alta que espe- 
raba despertarían a San Ignacio de Loyola. A las tres de 
la tarde seguímos la marcha. A la distancia de una legua 
al Sud está la hacienda de San José. Esta pertenecía a los 
jesuítas, y de consiguiente es en el día del gobierno. Como 
en San Javier, todo tiene aquí un aire de magnificencia. La 
iglesia es hermosa pero la habitación destruida. 

«A las 7/^ p. m. llegamos a Nasca. Todo el pueblo es- 
taba iluminado con mucho gusto. 

«Después de almorzar acompañé a S. E. a ver las cañe- 
rías que existen desde el tiempo de los lucas. Se llaman f li- 
gios. Es ciertamente bien remarcable el conocimiento que 
tenían los gentiles en este particular. Los pugios se for- 
man de este modo. Excavan la tierra hasta encontrar con 
agua. Entonces conducen el agua por un canal subte- 
rráneo por los terrenos que quieren regar. Los canales 
que he visto son bien hechos. Jamás pierden un pie de tie- 
rra, y siempre buscan un plano, evitando hasta donde sea 
posible hacer declives innecesarios, para que de este modo 
el arroyo no destruya la obra en su curso. Cuando pensa- 
mos que estos indios no tenían hierro o útiles de cualquiera 



UN DIARIO DE o'lEARY 121 



clase más de los que proporcionó la naturaleza, entonces 
es que sabemos apreciar lo que han hecho. ¿Cómo es posible 
transitar por estos desiertos donde todos los días se encuen- 
tran monumentos de este género sin detestar a los españo- 
les? Pobres víctimas de la sed de sangre, esto es todo lo que 
queda de ellos. Hombres cuyo único crimen fue el haber 
adorado el sol, y ciertamente ninguno otro culto pudo 
haber sido más natural, antes que la luz del evangelio eclip- 
só a este espléndido luminario. Nasca es un pueblo mise- 
rable y muy irregular, tendrá dos mil habitantes. En la 
plaza está una columna dedicada al Libertador del Perú. 

«Abril 27— Marchamos a las seis de la mañana, y a las 
nueve llegamos a,... donde almorzamos y comimos alas 
tres p. m., seguímos para Pongo, una pascuana sin agua, 
donde dormimos. En este camino pasamos la raya que divi- 
de el departamento de Arequipa del de Lima. 

«Abril 28 -A las siete p. m. marchamos a Acari, primer 
pueblo del norte de Arequipa, una miserable aldea. El calor 
es excesivo porque el pueblo está circundado de inmensos 
cerros de arena. La noche es bella. Los altos árboles al pie 
del cerro son hermosos, todo es pintoresco. Parecen los ce* 
rros y los árboles como la vejez vigilando sobre la juventud. 
Hablé con una anciana que me dice que se acuerda haber 
visto a estos cerros de arena al occidente del pueblo cuando 
era una cuarta parte menos. Esta aldea se llamaba antes 
Nacari (lugar de desastres). En este estrecho valle como 
en el de Jauca, adonde vamos mañana, se siembra en gran 
cantidad ají, en el cual consiste su comercio, llevándole a 
la sierra donde se cambia por las manufacturas del país. 

«Abril 29 — A las cuatro de la tarde salimos para Jauca, 
donde llegamos a las siete. La población es corta, compues- 
ta de 30 a 40 casas, y poco más o menos de cien moradores. 
Dormimos aquí. El ruido de las olas del mar, que dista pocas 
cuadras, es bien agradable, particularmente a uno como yo 
que nací en su seno. 

«Abril 30 — De Jauca seguímos nuestro viaje; dos leguas 
corre el camino por la orilla del océano. ¡Qué majestuosa 
vista! jQué magnífico el clamor de sus aguas! Pensaba en 
los días de mi niñez y del bello verso de Homero, acompa- 
ñando con mis recuerdos el anciano que lloraba por su 
hija:. .El camino en esta tarde era mas interesante que los 
que en general pasamos. Se ven ruinas de poblaciones indias 
hechas de piedra todas regadas de calaveras y huesos. El 
paisaje alrededor de Atiquipa es alegre y verde; hasta 
los mismos cerros son dignos del risueño de la naturaleza. 
Hay varios manantiales de agua, obra de los gentiles, que 
es causa de la fertilidad del país. Cerca de este pueblo 
(Atiquipa) adonde llegamos a las 7 p. ra., tradición dice 



122 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



que existe lo que llaman un entierro, es decir, lugar donde 
sepultaron los indios su plata. El cura me dice que la boca 
del entierro se ha tapado con un peñasco de 20 varas de 
diámetro, y que un religioso en una ocasión, ahora años, em- 
pezaba a excavarlo, y encontró con un pequeño ídolo de oro, 
y que según las señas, debían haber inmensas riquezas en 
este sitio. El fraile, habiendo recibido aviso de una herma- 
na suya, monja en un convento, que el tesoro no le tocaba 
a él sino a alguno de otra nación, dejó su empresa. La vista 
de esta aldea (que contendrá como 30 o 40 habitantes), es 
muy hermosa. A la 5 p. m. se avistó un buque grande, que 
nos pareció el navíp Camhtidge. Si alguna persona amada 
estuviese embarcada en aquel buque como hubiéramos fija- 
do nuestros ojos y nuestros pensamientos sobre él, así pen- 
só Santana. 

«1 DE MAYO— Quedamos, toda la mañana de hoy en An- 
tiquipa; el temperamento es excelente. A las 4 p. m. 
marchamos; el camino por dos leguas es divertido, al me" 
nos agradable, habiendo vestigios de verdura y algunos 
árboles. Dista de Chala 4 leguas, adonde llegamos a las 7/^ 
p. m. Chala esta situada en una quebrada verde y hermosa, 
cubierta de inmensos árboles, de olivos, de plátanos, de 
limas, de naranjas, etc., etc. Habrá en lá población como 
50 habitaciones; el agua es buena. Chala es ouerto de mar. 

«2 DE MAYO — A AYz salimos de Chala. Una gran parte 
del camino es por la playa; llegamos a las 8^ a la pascuana 
llamada de Lobos, 15 leguas. Dormimos aquí, y el 3 a las 5 
de la mañana continuamos la marcha hasta Ático, un mise- 
rable lugar conteniendo como 20 moradores. Aquí en esta 
quebrada hay muchos y muy altos olivos, pe; o casi secos. 
Restamos aquí todo el día del 3, y el 4 de mayo, a las 3, se- 
guímos hasta la pascuana de Tambilo, donde dormimos. 
Este camino toma hacia el interior, es muy pedrugoso. El 
día 5 de mayo marchamos al amanecer a Carabeli. El ca- 
mino es horrible, teniendo que transitar por pequeños ce- 
rros. Llegamos a Carabeli a las 8 a. m. Este pueblo ha sido 
destruido por un terremoto el día que San Martín entró 
en Lima. 

«6 DE MAYO — A las tres de la tarde marchamos. El ca- 
mino es horrible, en algunas partes; a las 7 llegamos ala 
pascuana de Chinchín. 

«8 DE MAYO — Seguímos la marcha a las 10 a. m. Como 
a la mitad del camino sentimos bastante frío, y nieblas cu- 
brieron toda la atmósfera. Los cerros son cubiertos de 
poca yerba. A las 5 p. m. llegamos a Ocana. Este valle es 
bonito. Tiene un río que no es siempre vadeable; el pue- 
blo es miserable. 

«9 DE MAYO — De Ocana fuimos a Camana. Este es un 



FASTOS DE SANTAFÉ 123 



hermoso valle con un río bastante caudaloso. La villa y su 
jurisdicción contendrán de 3 a 4,000 habitantes. La gfente 
es alegre y agradable; las mujeres tienen buenas caras y 
geralmente muy blancas. 

«10 DE MAYO — Seguímos a Quilca. Este es el puerto de 
Arequipa, pero como todos los de la costa del Perú, es malo. 
El río de Arequipa, que reúne en su curso varios otros, se 
desemboca aquí. El pueblo se compone de unos ranchos. 
El navio Cambridge estaba aquí a nuestra llegada, y probó 
ser el mismo que vimos desde Atiquipa; S. E. y nosotros 
comimos a bordo, donde fuimos recibidos con hospitalidad 
por su comandante. 

«11 DE MAYO— Salimos a las 7. El camino hasta Siguas 
es un inmenso llano. A la hacienda de Pachaqui llegamos a 
las 12 p. m. 

«12 DE MAYO — Salimos al amanecer. El camino es un 
vasto desierto. Llegamos al mediodía a Víctor. Este valle 
es bonito. Por el centro corre un río claro y hondo. 

«13 DE MAYO— Llegamos a la aldea de un Uchuma- 
yo, donde las corporaciones vinieron a saludar al Liberta- 
dor. Tuve el placer de ver aquí algunos antiguos compa- 
ñeros de armas. 

«14 DE MAYO — Entramos a la ciudad de Arequipa. (En- 
tre esta fecha y el 10 de junio el diario está en blanco). 

«10 DE JUNIO— Marchamos con dirección al Cuzco, y 
llegamos a Congallo, un miserable pueblo de indios. El frío 
aquí es insoportable y el país casi un desierto. 

«11 DE JUNIO— Salimos a las 8 a. m., y pasando por'un 
camino algo escabroso al pie del volcán que se llama de Are- 
quipa. Este viaje poco presenta de interesante. Llegamos 
a las 11 a la pascuana Apo. Aquí el frío es peor que el de 
Cangallo. 

«11 DE JUNIO. Llegamos a Tancapulco, la hacienda del 
señor Ribero. La jornada nos divirtió. Todo el camino fue 
decorado de arcos triunfales colocados sobre el hielo en las 
cimas de los Andes. Los habitantes de todo el país mues- 
tran mucho patriotismo. A todos lados se ven llamas, vicu- 
ñas y otros animales nativos del Perú. La noche sentimos 
un excesivo frío. 

«13 DE JUNIO — Llegamos a la Ventilla; el frío es hoy 
menor y el camino mas interesante.» 



FASTOS DE SfinTflFE 

Vino a nuestras manos, por fino obsequio de un discí- 
pulo, el joven Sabas Meléndez, un cuadernito amarillento y 
deteriorado, que a duras penas hemos podido descifrar. 
Eran los apuntes de un santafereño, y aunque son casi todos 



L24 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



sobre nacimientos, matrimonios y defunciones de poco inte- 
rés, por no referirse ellos a personas con alguna notoriedad, 
hay, sin embargo, algunas efemérides que pueden ser útiles 
para los amigos de estudiar la historia de nuestra capital. 
No era propiamente un diario, sino un libro de recuerdos, 
pues de un año pasa a otro anterior; pero viene a comple- 
mentar los de Vargas Jurado y Caballero, que publicamos 
en la Patria Boba, y el de Ramírez, de que hablamos en este 
Boletín en junio de 1911. (Ano vii página 23). Hé aquí un 
extracto de dicho manuscrito: 

«En este ano de 1793 son Alcaldes ordinarios el doctor 
don Carlos de Burgos y don Pepe Ayala. El 21 de abril del 
año 93 fue la consagración del señor Obispo de Mérida, se- 
ñor Torrijos. 

«El 31 de diciembre del año 91 murió don Pedro ligar- 
te, sábado en la tarde, y lo enterraron el día de año nuevo 
en la Capuchina, el año de 92. 

«El 17 de marzo de 89 se publicó el bando en esta ciu- 
dad, que había muerto el Rey Carlos 3^ El 18 fue el bando 
que se había coronado Carlos iv. 

«El 14 de diciembre del año de 88 salió de Cartagena 
para esta ciudad el Excelentísimo señor Virrey. 

«En 28 de mayo de 1786. día domingo, en la noche, a la 
una y media, se quemó el Palacio. En 20 de dicho arriba se 
comenzaron los cimientos de la torre de San Francisco del 
presente año de 1786. 

«El 2 de agosto del año 95. día domingo, en la noche, se 
ahogó don Francisco Tobar y Buendía, en Techo. En este 
mismo día y noche prendieron al doctor don José Antonio 
Ricaurte, abogado de esta Real Audiencia, por orden de di- 
cha Real Audiencia, bajo partida de registro, por los albo- 
rotos del levantamiento de la plaza de Cartagena. Estuvo el 
cadáver de dicho Tobar en el agua cuatro días, y lo ente- 
rraron en la Catedral, en la Capilla de Nuestra Señora del 
Topo. 

«En 29 de enero de 1796 murió el cura de Las Nieves, 
doctor don Diego Díaz de Arcaya, viernes en la noche. En 
dicho día se marcharon los pasquinistas para España. 

«En 30 de septiembre de 97, a las cuatro de la mañana, 
día sábado, murió en la Cabrera, viniendo para acá, el señor 
Prebendado don Juan de Dios Pey Andrade. En 27 de mayo 
de 98, sábado en la tarde, creció el río de San Francisco y 
se arrastró una casa y otra volteó; reventó el cerro de Mon- 
serrante por tres partes. 

«Año de 97. Alcaldes ordinarios: don Silvestre Trillo y 
don Francisco Domínguez. 

«Año de 98. Alcaldes ordinarios de primer voto: don Vi- 
cente Rojas y de segundo don Lorenzo Marroquín y Sierra. 



FASTOS DE SANTAFÉ 125 



Entró el Excelentísimo señor don Pedro de Mendinuenta, 
Virrey de este Nuevo Reino, hoy 18 de marzo, en la tarde, 
de] año de 1797. 

«Este año de 1799 entró en martes. Alcaldes ordinarios: 
don Jorgfe Lozano y don Fernando Zuleta. 

«Eí 18 de enero de este año, día viernes, se publicó el 
bando en que Su Majestad pide que todas los arrentados y 
ricos ie presten dinero dando el 5 por 109 de réditos para 
el gasto de la guerra, y que se les tendría presente. El 28 
de septiembre, día sábado del presente año, entró a esta 
ciudad el señor Arzobispo. 

«Alcaldes ordinarios de primer voto: don Fernando 
Rodrígfuez. y de segundo, don Nicolás de Ugarte. Año de 
1800. 

«1801. En este año fueron elegidos por este Muy Ilustre 
Cabildo a don Vicente Rojas y el doctor don Carlos de Bur- 
gos, qujjifnes no (^ininteligible) si vienen porque renunciaron 
ambos de la vara. 

«Año de 1802, Alcaldes ordinarios de primer voto: don 
Juan Santa María, y de segundo, don Miguel de {^ininteligi- 
ble). En 5 de noviembre del año de 802 se mató a puñala- 
das el doctor don Felipe del Campo, canónigo de esta santa 
iglesia metropolitana, y lo enterraron en su iglesia el día 
siguiente, en la tarde. 

«1803. Alcaldes ordinarios de primer voto: el doctor don 
Ignacio San Miguel, y de segundo, don Juan Gómez. En 14 
de enero se publicaron las paces, día viernes, contra el 
ingles y nuestro católico Monarca. El 31 de marzo se> pu- 
blicó el bando sobre el indulto. El 12 de agosto, viernes, 
por la tarde, arcarbuceai'on en la Huerta de Jaimes a Juan 
José Regena, soldado del batallón Auxiliar, por haber mata- 
do el día 24 de junio a otro soldado de su mismo cuerpo, y 
lo enterraron en San Agustín. En 22 de septiembre, jueves, 
a las siete 3' cuarto de la mañana, se fue para España el 
Excelentísimo señor don Pedro Mendinueta y Muzquiz; go" 
bernó cinco años seis meses cuatro días. En 18 de octubre 
arcarbucearon a José Vega, soldado del batallón Auxiliar, 
por haber herido a su cabo, en el destacamento de Fucha; 
está enterrado en el panteón de San Agustín. 

«Enero 1° de 1804, domingo. Alcaldes ordinarios: pri- 
mer voto, doctor Juan Antonio Uricoechea; de segundo, don 
Gregorio Alvarez del Pino (1). 

«En 20 de octubre, sábado, subieron a su capilla a Nues- 
tra Señora de Guadalupe. 

«Enero 1^ de 1805, martes. Alcaldes ordinarios: de pri- 
mer voto, don Pedro Ricaurte y don Antonio La Ravo. En 

(1) Más adelante repite este dato, pero a Alvarez lo llama Joa- 
quín. 



126 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



1° de febrero, viernes, por la tarde, bendijeron la sacristía 
de la Catedral. 

«En 21 de ag^osto 1807 ahorcaron a Sotelo. El 30 de di- 
ciembre bajaron las campanas de la Catedral. Alcaides 
nuevos del año 1808, don Nicolás de Rivas y don Juan Nepo- 
muceno Cabrera. Pvl28 de agosto llegó don Sinforoso Mutis, 
sábado en la tarde. En el mismo año se usaron las escarape* 
las de nuestro Rey. 

«En 1809, 1^ de enero. Alcaldes nuevos: don Luis Cay- 
cedo y don José Antonio ligarte. 

«El 4 de mayo, a las cinco d-í la tarde, llegó el señor 
Regente. 

«En 1810, 1*? de enero. Alcaldes ordinarios: de primer 
voto, el doctor Pey; de segundo, don Juan Gómez, A los 
siete meses de su gobierno sucedió que el doctor Morales 
tuvo pendencia en la calle real, en una mercadería, con el 
chapetón Llórente, porque habló del Conde don Fulano 
Villavicencio, diciendo que se {suprimimos la palabra que 
trae el mnnusctiío) en el y los americanos; entorjces se le 
avanzó el dicho doctor Morales, en unión de don Sinforoso 
Mutis, y dieron parte al señor Pey, y entonces lo prendie- 
ron a dicho Llórente; en el resto de la tarde, y juntamente, 
los prendieron a los siguientes chapetones (la fecha de este 
suceso fue día viernes, a 20 de julio), al chapetón Infiesta, 
el señor Pey, pues él mismo lo trajo, en unión de un pi- 
quete de soldados, y se supo que la noche del 20 de julio, 
viernes, a la media noche, habían salido a degüello, por se- 
ñora y abogada de este reino Santa Librada. Sabemos que 
tenían proyectado los chapetones para esa noche, primera- 
mente en cada barrio pegarle fuego, una casa, y por con- 
siguiente tocar a fuego, y a esta novedad salir todo el pue- 
blo, luego empezaban el degüello a toda la gente, chicos y 
grandes, y los que se escapaban vendidos unos a 5 reales, 
otros a 3 y otros a 2. En este mismo día 20 amanecimos 
todos los patriotas en la plaza, juntamente tratándose del 
Ayuntamiento y congregación de la Junta. El día 21, a la 
madrugada, ya estaba completa la Suprema Junta. Su nú- 
mero de estos sujetos, 32. Primeramente don José Miguel 
Pey, el Juez ordinario segundo, don Juan Gómez, don José 
María Moledo, don Manuel Alvarez, don Sinforoso Mutis, 
doctor Benítez, doctor Azuero, el señor Gil, canónigo, crio- 
llo de Caracas, don Fulano Pombo, el doctor Tenorio, don 
Pedro Groot, don Justo Castro, el doctor M-oralitos, don 
Fruto Gutiérrez, el señor Rosillo, canónigo, el doctor Uma- 
ña, doctor Gómez, don Luis Azula, don José Santamaría, el 
chapetón Incluso Benjumea, el doctor Plata, cura de la 
Catedral. En fin, para no detenerme, los restantes sujetos, 
no me acuerdo de ellos; pero son 32. Prendieron al Oidor 



FASTOS DE SANTAFÉ 127 



Alba el día 22, por la tarde, a las dos, poco más o menos, y 
al Regente, por la mañana, a las 11 del día, en unión del 
Oidor Carrión, y los pusieron en la cárcel de corte. El 23 
prendieron al Oidor Frías, a las once del día, y también lo 
entraron en la cárcel de corte, en el calabozo de las brujas, 
en unión del otro Oidor Mancilla. El 25 prendieron ai Vi- 
rrey en unión de su mujer, día miércoles por la tarde, día 
de Santiago, con la mayor preparación de mucha gente 
armada, y lo traspusieron a las cinco de la tarde en la Adua- 
na; la Virreina, al convento de la Enseñanza. Salieron los 
cinco garnachas de la cárcel desterrados, el Alba y el Frías 
para el Socorro, y Mancilla, el Regente y Carrión, para 
Cartagena, el 1*? de agosto, a las once y media del día. En 
este mismo día entró el Condecito, a las cinco y media de 
la tarde, y lo recibieron con mucha decencia en el Palacio 
Arzobispal. Le pusieron una muy completa mesa de re- 
fresco. 

<Se puso toda la gente rótulos de cinta, en los sombre- 
ros, en los que se decía: "Viva la Suprema Junta del Nuevo 
Reino de Granada." El 20 disparó una pistola el dicho cha- 
petón Infiesta, cuando toda la gente presente, permisión de 
Dios, pues no le tocó a ninguna persona, y dio el balazo al 
suelo. 

«El 22 sacaron déla Capuchina al señor Rosillo, domin- 
go, a las doce del día, con la mayor alegría y sumo triunfo, 
en manos de dos hombres hasta el Cabildo, y luego que llegó 
hizo una relación al público, que hizo verter lágrimas, en 
agradecimiento de haberlo libertado de una tan larga pri- 
sión, al mismo tiempo para esta entrada de dicho señor, en- 
colcharon todos los balcones y ventanas, y el del Virrey 
sin nada, y entonces todos los del país dijeron que si no po- 
nían colchas despedazarían el balcón, e inmediatamente pu- 
sieron. El 22 sacaron al balcón al Oidor Alba para verlo si 
estaba con prisiones, y porque toda la gente lo pidió, y por 
consiguiente al Oidor Frías, y como ya era noche, alumbra- 
ron para los pies, y se le vieron las prisiones. 

«El 5 de agosto, domingo por la noche, salió de la casa 
de administración de aguardiente un carro triunfal y el 
retrato de Fernando 7*?, y condujeron al Cabildo en proce- 
sión todo el pueblo echando muchos vivas, con música, mu- 
chos voladores. Trajeron el retrato en un trono de plata, y 
los alumbrantes fueronla oficialidad de Cartagena, todos con 
hachas de cera; luego lo pusieron frente al cabildo, y a un 
rato salió el doctor don Fruto Gutiérrez a la galería y rela- 
tó una loa la más famosa, que todos quedaron asombradlos 
y llenos de sumo gozo; volvieron a llevar el retrato a la mis- 
ma administración a las nueve y media de la noche. 



128 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 

«Agosto 13. Pontón, el procurador, dijo que no debía 
estar el Virrey en la aduana, pues no era prisión esa parte 
tan decente para un reo como dicho Virrey; y originado de 
este autor, se acaloró todo el populacho, y pidieron que lo 
pasasen a la cárcel de corte. Se puso por obra y se trató de 
ir a sacarlo, y para esta obra se puso la gente desde 
la puerta de la aduana hasta la puerta de la cárcel de 
corte, formando una calle. Vinieron a sacarlo al Virrey 
el señor vocal doctor Rosillo y don José María Carbonell. 
Cuando salió dicho Virrey eran las dos y media de la tarde, 
y lo metieron en un calabozo con un par de grillos y sin co- 
municación. En este mismo día también tuvo un maltra- 
tamiento don Pedro Gasea: dijo que todos eran unos borra- 
chos a los de la guardia de la aduana. Este mismo día lu- 
nes pidió una revendedora al señor Carbonell que le diera 
facultad para ir a sacar, en unión de las demás revendedo- 
ras, muchas carniceras, mondongueras y de todo ejercicio 
de carnes, pues no se metió ninguna mujer decente; se les 
concedió que fueran todas las mujeres a la Enseñanza y sa- 
caran n la Virreina.» 

El resto á'¿l folleto está bastante deteriorado. Apenas 
puede leerse en la última hoja la noticia de la entrada de 
Serviez con la Virgen de Chiquinquirá, y luego la de las 
tropas españolas. 

El autor de los apuntes parece que fue un señor Es- 
canden, pues dice en una de sus anotaciones: 

«Murió don Francisco Escandón, mi amado padre, hoy 
día viernes, a 6 de mayo, a las diez del día, y está enterra- 
do en San Francisco. Año de 1791. > 

E. Posada 



flPOSTIhhfl 

¿Cuál fue la primera ascensión en los aires que se hizo 
en Bogotá? 

Entendemos que el precursor de la navegación aérea 
fue José María Fldrez, quien se elevó en la atmósfera en 
septiembre de 1844. Bl Dia del 1*? de octubre de ese año 
trae este suelto: 

«Viaje aéreo de José María Flórez. En un globo de 
lienzo de 2.5 varas de alto y 15 de ancho, elevóse como 650 
varas castellanas. El punto de partida, el patio del Colegio 
del Rosario, y el de descenso, el tejado de una casa conti- 
gua al hospital de mujeres. Viose en gran peligro, echó 
mano de un cable con nudos, sufrió un golpe. La ascensión 
fue el miércoles 27 de septiembre de 1844.>— £". P. 



BOLETÍN 



Año XIV-N.' 159 r\\ 11 r I I X^ Agosto: 1922 



DE HISTORIA Y A N T I G U E D A D E S 

ORGflno De cñ flcfloemifl rmcionflí oe historia 

DIRECTOR, «REDACTORES, 

EDUARDO POSADA LUIS AUGUSTO CUERVO 

ROBERTO CORTÁZAR 



Bogotá— República de Colombia 



GUERRA DE hOS PÍDAOS (1) 

Relación y discurso de la guerra, que por especial cédula y 
borden de Sus Mag** cometida a don Joan de Borja Presidente 
goyor y Capp'° general del Nuevo Rey"» de Granada sehacencon- 
tra los Indios Rebeldes de la Provincia de los Pijaos con apunta- 
miento breve de la discrep"" dellas conforme, a la demarcación de 
la ciudad de Santa Fé cabeza de dicho Rey"" y asiento de la R' 
Audiencia del. t 

La dicha ciudad de Santa Fé esta situada a la parte septen- 
trional de la linea equinocial en altura de quatro grados y quarenta 
y quatro minutos en la cumbre de una cordillera prolongada de 
nordeste a sudoeste, en tierra llana, fresca y fértil y aunque con 
poca declinación hieren siempre los rayos solares perpendicular- 
mente templase la fuerza de su calor, con la elevación del sitio que 
se avecina a la frialdad de la media región del aire y la interposi- 
ción ordinaria de las nubes con otras causas superiores que la ex- 
periencia advierte. 

Al ocidente de la dicha ciudad treinta le^as apartada corre 
otra cordillera del norte al sur donde los dichos yns" Pijaos hacen 
Su abitación y morada y en distancia de veinte leguas mas al oci- 
dente ay otra cordillera cassi paralela que corre al mesmo rumbo 
algo torcida de noroeste al sueste y se juntan las dos con la prime- 
ra en la Gobernación de Popaian donde está poblada la ciudad de 
Almáguer cien leguas al sur de la de Santa Fé, y de todas tres se 
hace la gran cordillera que passa por las Provincias de Perú y Chi- 
le hasta el estrecho de Magallanes en Longitud de dos mil leguas. 

De los tres ramos de cordillera referidos en el remate de la 
segunda (de quien particularmente se trata en esta relación), na- 
cen dos rios muy caudalosos el de la Magdalena al oriente y el de 
Cauca al ocidente casi de igual grandeza con otros muchos que 
entran en ellos en distancias breves fertilizando la tierra y regalan- 



(1) Enviado de Sevilla por el señor Restrepo Tirado, como se dijo 
en el número anterior. 

XIV— 9 



130 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



dola con abundancia de pescados y aguas frías: llevan su curso al 
norte el uno entre la primera y esta cordillera por tierras llanas 
donde están pobladas las ciudades de Timaná, Tocaima, Ibague y 
las de Mariquita, y el otro entre la tercera cordillera por los pue< 
blos de la Gobernación de Popayan. 

Estos dos rios principales se juntan mas abajo de la Villa dt 
Mompox, en la parte que hace principio la mis» cordillera en 
cuyo remate nacen antes que se incorpore en las otras y la acom- 
'pañan en doscientas leguas que vierte a los lados quedando ella 
como ysla enmedio y perdiendo en las juntas el nombre del uno 
con el de la Magdalena, entran en la mar 9erca de la Ciudad de 
Santa Marta. 

La dicha cordillera donde avitan los Indios rebeldes es la de 
mayor aspereza que se cono§e en todas las Indias de altísimos ce- 
rros y quebradas hondas, espesísimos bosques y muchos riscos y 
despeñaderos de muy gran peligro sin apacibilidades de tierra 
llana con mas apropiada disposición para fieras 'que para avitacion 
de hombres humanos. 

Los Indios viven en lo mas interior y oculto de la sierra en 
los nacimientos de los rios que hacen gran concavidad y avertura 
con muchas cuchillas peladas que decienden de lo alto de la 
montaña hasta el rio en concierto como los dedos de la mano con 
distancias iguales de una y dos y tres leguas de caida muy peina- 
das y de extraordinaria angostura que desde afuera parece que 
con dificultad se puede subir ni aun trepando, ni caber mas de un 
solo hombre en hilera y entre una y otra cuchilla tienen quebradas 
de mucha hondura y arcabuco con arroyos de agua continua. 

En lo más alto de las dichas cuchillas donde se juntan con la 
montaña hacen sus casas solitarias y apartadas unas de otras que 
pocas veces se hallan dos o tres en compañía pero todas a la vista 
de las concavidades de los rios tomando por espaldas la montaña 
y por frente la angosta caida de las cuchillas y a los lados las que- 
bradas que hagen entre una y otra, y tienen diversas puertas apli- 
cadas para todas las retiradas y por donde quiera que fueren aco- 
metidos se libran por la contraria parte metiéndose en la montaña 
o en las quebradas de los lados o echándose por las cuchillas a la 
profundidad de los rios y para reparo de algún repentino y des- 
' cuidado asalto hacen también cuevas dentro de las casas que por 
debajo de tierra salen a las barrancas mas cercanas y ocultas. 

Desde la ciudad de Yavague que es la primera frontera de 
Hespañoles arrimada a la otra cordillera treinta leguas de la de 
Santa Fé al oriente comienza el principio de la guerra y losserrosy 
concavidades que los rios hacen en las cabeceras de sus nacimien- 
tos a quien llaman Provincias por ser en ellas la avitacion hordina- 
ria de los Indios. Las mas circunvecinas a la dicha ciudad de 
Yavague que al presente se hallan avitadas son las de Mola Caco- 
taima y Otaima y luego sucesivamente las de Maito Veuni y Amoya 
donde se considera la principal fortaleza y centro de la guerra por 
ser la mayor población de yndios la que ay en ella y pasando un 



OüERRA DE LOS FIJAOS 131 



rio grande que sale de esta Provincia de su propio nombre prosi- 
guen las de Culuculiuma, Ambeima, Irico, Paloma, Ululu,Vulima, 
Namey, Luluma, Yumbo, Totumo, Quítala, Orli, Maulu, Tumuro, 
learco, Natagaima, Ataroza, Aparoje, Usmeche, Valleviciosa, 
Naceci y Las jCarnejerias que confinan con la Villa de Timaná 
que es la última frontera de Hespafloles ochenta leguas de la de 
Ibague a la parte del Sur. 

Las Provincias referidas entre las dichas fronteras van pro- 
longadas de norte al sur conforme a longitud de la cordillera y 
todas miran al oriente y en la contraria parten al ocidente vertien- 
tes a la Gobernación de Popayan. La primera frontera de Hespa- 
ñoles que correspoade en derecho de las de Ibague es la ciudad 
de Cartago y la postrera hacia el sur la de Caloto y en medio de 
las dos la de Buga y aunque en su comarca ay pocos Indios re- 
beldes que son los de Canchuma, Vulira, Bintimay, Totoxambo 
acuden las de una parte a la otra pasando la cordillera a inquie- 
tar y hacer daños y robos en los términos y caminos reales de 
los dichos pueblos. 

De mas de las dichas Provincias de los Indios rebeldes a 
quien se atribuye el nombre común Pixao ay otra nación que lla- 
man Paeces que confinan con pueblos de la Governacion de Popa- 
yan |al cabo de la d ha cordillera en tierra mas apacible y llana 
donde se puede andar a caballo con menos dificultad y trabajo y 
nunca estos an tenido amistad ni correspondencia con los Pixaos 
por ser diferentes en lengua naturaleza y costumbres y gente mas 
política generosa y limpia y de mucha industria y valor en las ar- 
mas defendiendo con ellas solamente su tierra sin salir a buscar 
inquietudes en la agena: Tampoco acostumbran comer carne hu- 
mana ni las crueldades asaltos y traiciones que los otros hacen y 
se contentan con su libertad rehusando la servidumbre de los 
Hespañoles aunque están encomendados en ellos y acuden a ser- 
vir de amigos en la guerra y a otros trabajos de poca importancia. 

En la tierra llana que ay entre la primera y segunda cordillera 
en las riberas del Rio grande de la Magdalena avitan otros Indios 
llamados Coyaimas, Guaurox y Tamagalaes que son retirados de 
la Sierra por grandes discordias y asentada enemistad que tienen 
los unos con los otros los cuales por estar en despoblado a vista de 
los caminos reales an hecho de ordinario en ellos y en los térmi- 
nos de la ciudad de Tocaima y en los Sutágaos muchos asaltos 
contra los naturales de Pas pasageros y contratantes que andan 
de este Rey°<' al Pira y siendo encomendados en vecinos de la 
Ciudad de Ibague an bivido siempre en su libertad entre la pas y 
la guerra ayudando solamente a la que se hacia contra los de la 
Sierra sus enemigos. 

Todos los Indios del nombre común de Pixaos en llano y sie- 
rra hablan una misma lengua con poca diferencia de algunos voca- 
blos y son conformes en sus bárbaras costumbres ritos y ceremo- 
nias y en la manera de las armas y exersÍ9io de la guerra. 



132 BOLETÍN DE HISTORIA Y íiNTIGUEDADES 



Alcanzan de ninguna suerte conocimientos ni luz del verda- 
dero Dios sino confusa noticia de que ay criador de las cosas a 
quien llaman Locombo o Cóndor significaciones abuelas del tiem- 
po y abundancia del como cosa eterna e infinita y no le tienen 
entera devoción por causa de otra abucion del Demonio introdu- 
cida por tradición antigua de que ubo entre ellos un yndio llamado 
Nacuco con la cabeza herida que hacia muchos prodigios y mila- 
gros tomando varias formas y profetizando las cosas y sucgesos 
futuros^ al cual atribueen la creación del mundo y que aviándose 
aficionado de una yndia que se llamaría ybasnaca le engañó ella 
en defensa de su castidad mandándole entrar en una cueva para 
acudir a su ruego y afición y que le dejó dentro encerrado con mu- 
cha piedra y tierra donde quedó ahogado y añadiendo a estas otras 
fábulas torpes y bárbaras fingiendo que de allí calieron un bolean 
grande y dos fuentes de aguas caliente y fria que están en la Sierra 
de Itaima jurisdicción de la Ciudad de Ibague en el camino que 
va a la de Cartago. 

Ai entre ellos otra tradición mas creíble de que en la Provin- 
cia de Anaima poco tiempo antes que los Hespañoles entrasen en 
este Rey"" hubo un yndio predicador de mucho recogimiento y 
estrecha vida que andaba por todos los mercados borracheras y 
públicas congregaciones persuadiéndolos que no se comiesen unos 
a otros ni cometiesen otros grandes peccados porque para castigo 
de ellos avian de venir hombres blancos caballeros en leones pe- 
leando con rayos y truenos a consumir y sujetarlos 0. perpetua ser- 
vidumbre. 

Generalmente son grandes ydólatras y tienen muy abomina- 
bles supersticiones y en todas sus casas ydolos de madera y barro 
grandes y chicos los unos de asiento y los otros para llevar con- 
sigo a las jornadas y caminos que fueren y los adoran y pintan con 
colores como quando ellos salen a la guerra y les hacen sacrificios 
. y ofrendas de chicha, masato y otras comidas y frutos de la tierra. 

Respetan mucho a los hechiceros que llaman Mohanes y los 
tienen en gran veneración y crédito y para emprender cualquiera 
facción de guerra ayuna primero el Mohán por tiempo de ocho 
dias sin comer mas que un puño de maiz y un paxarillo o pecesito 
muy pequeño y de una totuma o calabasillo de chicha que le po- 
nen bebe con una pajuela hueca y en los primeros seis dias enteros 
' con sus noches no duerme de ninguna manera y esta siempre 
echado en una hamaca colgada en el aire atÍ9ando un fogón en- 
cendido de lumbre que junto a si tiene de horquetas de leño se- 
cadas a la sombra sin que el sol la toque. 

El dia antes que aya de acabar el ayuno ponen a co§er cierta 
cantidad de bollos de maiz con mucha quenta y ceremonias y pre- 
vienen gran suma de tinajas de chicha todos los que an de salir a 
la guerra para esperar la respuesta de su oráculo, y el ayunador se 
levanta cumpliendo con la obligación de su oficio y les manifiesta 
la rrevelacion que ha soñado declarando la significación de ella y 
luego acuden al cosinamiento de los bollos y a la calor déla ceniza 



GUERRA DE LOS FIJAOS 133 



del fuego que el Mohán ati9ava en el ayuno y si ella estuviera 
blanca y los bollos sanos y enteros tienen por dichoso agüero y si 
la ceniza sale bermeja y los bollos partidos por muy mala sefial de 
que an de morir los que fueren a la jornada y la difieren para otra 
ocasión y sueflo mas favorable. 

Después que el Mohán aya continuado su penitencia y ayu- 
no hasta tener buen sueño ceniza blanca y bollos sanos salen 
contentos a la guerra con siguridad de que todos an de volrer sin 
desgracia y al tiempo de la partida se juntan los viejos y viejas de 
lá comarca y escupen a los soldados que es lá "bendición que les 
echan para preservarlos del peligro y daño y el caudillo les per-' 
suade a que por flogedad y poco ánimo no le hagan inciertW su 
próspero agüero y si en las jornadas les sucyede mal y les matan 
gente le dan al Mohán en pago de su agüero muchoá palos y algu- 
na vez la muerte y le piden satisfacción del daflo que han rrecivido 
a que está obligado. Y aunque vuelvan sanos sino consiguen el 
efecto de la pretencion que llevan priban de oficio al ayunador de 
común parecer y acuerdo. 

Si cuando van marchando tropie9a alguno y se lastima el dedo 
del pie se vuelve a su casa y a los buenos suc9esos llaman ávidos 
con dedo sano y de ninguna suerte el caudillo se abriga ni se cubre 
con ropa cuando duerme y le cercan con fuego a la redonda y en 
toda la jornada no come sal ni axi ni duerme con mujer y final- 
mente son tan inclinados a sueños y agüeros que cuando caen 
enfermos disen que es por causa de algún sueño y si tienen noticia 
de lo que soñó en aquella ocasión le buscan los parientes del en- 
fermo y le dan de palos o le matan si el doliente muere. 

Todos los años en dia señalado hacen fiesta al onor del tiem- 
po con estrafias ceremonias formando un bulto de hombre hueco 
texido de paxa menuda y le llenan por dentro de toda variedad de 
legumbres y frutos de la tierra y mucho masato que es una masa 
blanda que hacen con maiz y cuando le tienen bien relleno le 
echan a rodar por una ladera muy derecha señalando el puesto 
hasta a donde hubiere de rrodar y se echan los yndios tras el y a 
los que les alcansaren antes del tiempo señalado los jusgan por 
bien afortunados que an de gosar gran prosperidad aquel año, y 
para elegir el mayordomo de esta cofradía beben mucha chicha 
en casa del que haga la fiesta y el declara por sueño el que le há 
de suceder en el oficio y para celebrar la fiesta procuran aventajar- 
se con alguna obsientación de mas devoción y diligencia. 

Son comunmente muy enamorados y en gran manera celosos 
y vengativos del agravio que rreciben en las mujeres y tienen todas 
las que pueden adquirir y los maridos dan el dote a los padres de 
ellas con ca9a de bolateria y otros regalos y desde que se comien- 
za á tratar el casamiento hase el desposado las cementeras dé 
maiz que entre ellos se conciertan y quando las tienen de sazón 
pide la mujer y eitrega a los suegros y parientes las cementeras 
que a hecho y recive otra que en trueco le dan para su sUstentb. 



134 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



Quando enviudan las mujeres no tocan con las manos las va- 
sijas de casa que sirvieron en vida del marido y si fuere forzoso 
tomar alguna es con un lienzo o paño por que no se les pegue la 
muerte del difunto y le celebran las obsequias con mucha chicha 
habiendo borrachera con ella y las viudas no se tornan a casar en 
largo tiempo reputándolas por desgraciadas y que la que acabó un 
marido matará también otros y ordinariamente se casan viudos 
con viudas. 

No se casan las. donceMas hasta que les baxe su costumbre 
por entender que antes de ella no pueden tener hijos y traen las 
piernas debajo de las rodillas y en sima de los tovillos y los bra- 
zos por las muñecas y molleros muy apretados con muchas bueltas 
de cordel delgado para abultar en medio y adelgasar los extremos 
y la primera noche que duermen con los maridos sueltan sus liga- 
duras en señal de que no quedan doncellas y a las que no lo fue- 
ren cuando se casan las matan sus maridos por el engaño que les 
an hecho. 

A los niños luego que nacen les entablan las cabezas hasta 
que se les unda la frente y el cogote y, le quiebran y estiran la na- 
riz para que le quede corva y larga. Los nombres que les ponen 
son los de las aves y animales, arboles yervas y frutas y otras sig- 
nificativas de algún sucgesor y el primer nombre del nacimiento 
les dura hasta que se casan o hagan alguna gran hazaña en la gue- 
rra y entonces le mudan y ponen otro. 

Son las mugeres muy encogidas y onestas y pocas o ninguna 
qué sea común entre ellas y a las adúlteras castigan en5errandolas 
primero en una 'choza para que todos los mancebos solteros que 
oviere en la Provincia las gozen y se aprovechen de ellas por 
afrenta de su deliio y después la ponen en una encru9ijada de ca- 
minos enterradas hasta la cintura y alli arriba descubierta para ape- 
drealla hasta que la matan. x 

Para curar sus enfermedades y heridas tienen y cono9en 
muchas yerbas y los hervalarios y médicos dellas son los moha- 
nes y hechiceros y cuando a plican las yervas hacen invocaciones 
al Demonio con muchas ceremonias y cantares. Y a los difuntos 
entierran con solemnidad y concurso de gente en vnas bóvedas de 
las concavidades y cuevas de la tierra sin que el cuerpo toque a 
ellas y le ponen provisión de chicha y comidas y los que entierran 
al difunto no se atreben a 9embrar cosa alguna hasta purificarse en 
la corriente de un rio donde se meten can muchas ramas en las 
manos y mojándolas en el agua se azotan con ellas valientemente 
cantando endechas al difunto hasta aver cumplido bien con esta 
ceremonia. 

El mas estrañí) y abominable v¡5io que entre ellos se conoge es 
la fiera inclinación da comer carne humana eitimándola grandemen- 
te y prefiriendo su gusto del de todas las demás cosas criadas para 
el sustento del hombre y aunque le tienen por costumbre antigua 
hallanse agora tan 9evado3 y encirnizados en la carne cristiana 
que el mayor fundamento de sus inquietudes y guerras se encami- 



GÜKRBA DB LOS FIJAOS 13S 



na al sabor y deleite de este cruel vicio ha5Íendo partición y car- 
nicería de las personas que prenden y en sus cuerpos notables 
crueldades cortándoles las carnes a pedazos menudos estando bivo 
comiéndoselos en su presencia poco a poco y a Jas criaturas tiernas 
asándolas enteras en barbacoa a. modo de parrillas Las llevan en el 
zurrón comiendo dellas por el camino o colgadas con un cordel al 
pescuezo. Y para la suma de la espantable ynumanídad de estos 
bárbaros se ha visto en esta guerra que a los soldados muertos y 
enterrados de diez dias en su tierra los han desenterrado y comido 
sin reparar en la hediondez y corrupción de los podridos cadá- 
veres. 

El sustento común de su tierra es el maiz que con mucha fer- 
tilidad y abundancia se coje en la montaña hasiendo rosas y 
labranzas en lo interior y oculto de ellas derribando árboles y ra- 
mas del arcabuco y quando esta seco lo que an rosado y cortado 
$iembran el maiz en todo el aña sin excepción ni variayion del 
tiempo por ser el desta región muy uniforme y ansi mismo 9iem-' 
bran y cogen mucha cantidad de frisóles y diversidad de raices 
que llaman arracachas yucas batatas turmas de tierra y otras 
legumbres de gran sustento y buen gusto. Comen el maiz co9ido 
y tostado y del uno y otro hacen provisión para las yornadas lle- 
vando harina tostada y bollos cocidos y ma9ato metido en cala- 
ba9os y sobretodo su principal sustento y regalo es el brevage de 
chicha con que se embriagan para solemai9ar la alegría de los 
buenos suc9esos y las juntas y preven9Íones de guerra y los demás 
actos y congregaciones públicas y secretas sin que en vida y muer- 
te aya de aver cosa que no sea autori9ada con la chicha, y no 
tienen en su tierra ningún género de carne ni pescado para el 
sustento hordinario e'cepto algún venado o ca9a menuda de pá- 
jaros que matan con cerbatanas y por carecer dellas apetecen la 
carne con notable exceso y la comen de todas especies de aves y 
animales particularmente ratones y otras malas savandijas aun- 
que su mayor regalo triunpho y gloria es la carne humana. 

Es gente feroz y bien dispuesta tienen las frentes hundidas por 
artificio y gala y las narices corvas y largas, en lo demás bien pro- 
porcionados y robustos y en gran manera agües sueltos y alenta- 
dos qiie andan por la azpereza de la Montaña y Sierra con más 
ligereza que en el llano y en cuanto al trage de sus vestidos y ca- 
belleras largas conforme al uso común de todas las Yndias. 

No tienen ninguna inteligencia de interés ni grangeria ni otra 
ocupación ni ofi9io mas de la inquietud y exercicio de la guerra y 
son muy valientes y determinados en ella y grandes sufridores de 
trabajos y de notable valor y ánimo en rrecibir la muerte y qual- 
quier género de tormento sin quexarse ni haver desvío ni señal de 
sentimiento mas que si fuesen insensibles. Y entre las armas mayor 
inclinación muestran a la pica que la juegan con mucha desembol- 
tura destreza y maña. Usan también dardos arrofadi9os y macanag 
hechas a manera de espada o montante de cortezas durísimas de 
palmas de quatro dedos de ancho afiladas y no acostumbran arcos 



136 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



fiándose en la fuerza y valentía de sus personas que las juntan ga- 
llarda y osadamente con el enemigo mas que en lo industrioso arro- 
jadÍ9o y apartado de las flechas y no reconocen ningún superior ni 
cacique sino al que mas valiente fuere y a los agoreros mohanes, a 
los niños desde muy tiernos enseñan a jugar la lan5a con cañas y 
varas delgadas proporcionadas a la fuerza de su edad. 

También hacen gran daño y ofensa con la pedreria gruesa que 
suelen amontonar en sitios encumbrados sobre angostas cuchillas y 
laderas en pasos forfosos que están sujetos al peligro de sus galgas 
que con impetuosa furia y espantable ruido derriban sobre los 
Hespañoles que pasan en derecho de ellas sin otro rreparo mas de 
la preven5ion de rreconocer con cuidado los sitios de este peligro 
y ganan primero lo alto para asegurar a los demás el paso. 

El ardid de guerra m""" en astu§ia y peligro que mas de ordi- 
nario acostumbran son las emboscadas que ha9en en la espesura 
del monte sobre algún barrancoso y estrecho camino en cuya orilla 
se ponen a los lados limpiando plasuelas para jugar las lan9as sin 
impedim*** de los árboles y rramas dejando solamente muy entreíe- 
xida y cerrada una delgada pared del monte que corresponde al 
camino donde es imposible poderse ver la emboscada y al tiempo 
que los Hespañoles van entrando en ella acometen por diversas 
partes con gran furia y boceria y si durasen en los acometimientos 
tan repentinos y breves con dificultad se podria escapar de ellos 
pero esperándoles con buena reportación y cuidado se retiran pres- 
to por el daño de la arcabucería aunque de cualquier manera que 
vean alguna confusión y flaqueza en n*re gente siguen la victoria 
con ánimo y perseverancia. 

Raras veces dejan de suc§eder desgracias y muertes en los 
que con descuido entran en emboscadas porque el sitio dellas y la 
angostura del camino dan lugar para ayudar y favorecerse los sol- 
dados que mec'es*m« marchan uno a uno su5esivamente llevando 
entremetidos los yndios cargueros de la comida y de ning* manera 
pueden caber dos en hilera ni rrebolver atrás ni adelante sin rom- 
per por el monte o atropellar y desbaratar a los compañeros que 
tienen ocupado el camino y ansi a de pelear de fuerza cada uno en 
el puesto que le acometieren los yndios y ellos no pueden desbara- 
tar con facilidad por la flaqueza con que se camina en extrechos 
pasos de montaña espesa y no ay otro remedio para el peligro de 
las emboscadas sino la prevención y continuo cuidado de entrar en 
ellas con las armas alistadas y cuerdas caladas llevando a delante 
yndios amigos de experiencia y perros de rastro que rreconozcan. 

No se puede entender por noticia cierta la derivación y po- 
bla9on de estos yndios en una cordillera tan azpera y montuosa 
mas de que con mediano discurso. De algunas consideraciones se 
presume que la de9endencia dellas procede de Indios Panches de 
los términos de Ibague y Tocaima circunvecinos a la sierra que 
fueron los mas belicosos de este Reyno a quien en valor y lengua y 
en la costumbre de las frentes hundidas se parecen los Indios Pi- 
xaos y por discordias que entre ellos se ofrecieron se rretiro la parte 
vencida y flaca a la siguridady fortaleza de la sierra. 



GUERRA DE LOS FIJAOS 137 



Creciendo después el número de otra gente inquieta que cada 
dia se les iria juntando particularmente quando los Hespañoles co- 
men5aron a conquistar la tierra llana se alargaron por la longitud 
de la sierra hasta los confines de los Indios Pae§es que están en el 
remate della y tienen su deriva9ion de otras tierras de la Goberna- 
ción de Popayan aunque por las mismas causas de inquietudes y 
guerras que tuvieron con otros se poblaron en aquella parte sien- 
do vencidos y echados de su natural. 

Al tiempo que los Hespañoles entraron a la conquista de este 
Reyno después que reconocieron la disposición de la tierra pobla- 
ron en lo mas siguro y llano della dejando las dificultades y peligros 
de la sierra como generalmente en todas las Indias a suc9edido 
quedando algunas reliquias de inquietud y guerra y aunque en 
las primeras entradas de Quito y Popayan se rredujeron los 
Pae5es. 

Nunca los Pixaos de ningún cap^^^ fueron conquistados ni se 
atrevieron a entrar en la fragosidad y azpereza de su tierra y 
quando el Adelantado Sebastian de Venalca9ar después de haber 
sujetado y poblado las Provincias de su Gobernación paso a con- 
quistar la de este Reyno sin entender que se oviesen anticipado 
otros Hespañoles comento a haser su jornada por la falda de la 
cordillera y saliendo los yndios Pixaos al encuentro le mataron 
cinco hombres y se desvio del peligro dellos llevando su campo 
por otro camino mas desembarazado y seguro. 

Aviendose después poblado la ciudad de Ibague en frontera 
de los dichos Indios Pixaos despertaron la guerra con ellos sujetan- 
do a los nías circunve5inos de tierra algo apacible y buena con 
grandes dificultades dilación y trabajos y no pudiéndose sustentar 
donde al principio se poblaron les hicieron salir al llano y querién- 
dose alargar algunos vecinos a mayores cosas entro el Capp"" Ire- 
xo en la Provincia de Amoya con 9ien hombres y salió desbaratado 
y perdido dejando muerta a toda su gente. 

El Cap»" Domingo Lo9ano otro vecino conquistador de la 
dicha ciudad soldado de valor y experien9ia salió con buena 
gente a la misma conquista y escarmentado en el su9eso ageno no 
quiso entrar en la sierra y paso por la falda della a la tierra de los 
Pae9es y pobló en ella una ciudad que permaneció poco y a el le 
mataron los Yndios y se desbarataron su gente y designios. 

El Cap*»^ Pedro Talaverano asimismo de dha Ciudad salió 
también con gente a su costa y entro en la Provincia de Cacataim a 
que es la mas cercana y salió desbaratado de ella y se pobló en el 
llano sobre un Rio que llaman el Escurial ddnde se desmanteló su 
Pueblo y Gente sin importancia. 

Teniendo la ciudad de Ibague 9adula del Emperador para 
poblar una Vil leta en su jur¡sdl9ton cometieron el efecto della al 
Capp»° Diego de Bocanegra el qual pasando adelante del sitio que 
señalaron Pablo a Santiago de la frontera en nombre de su Mag^ 
y se despobló luego con pleitos y diferencias que tuvo con la Cui- 
dad y aviéndole dado la R' Audiencia de este Reyno comisión y 



i 

138 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



socorro para continuar la redu^íon que avia comen9ado torno a 
entrar a ella y puso otro pueblo llamado Medina de las Torres en 
la mesa del Chaparral en frontera de las Provincias de Amoya y 
Ambayme y los Yndios le quemaron el pueblo y le tornó a rehedi- 
ficar en la rribera de Tetuan quatro leguas del primero y sedespo* 
bló de aquel sitio y bolvio a poblar sobre el Rio de Coello seis 
leguas de la dha ciudad de Ibague de donde asimismo se despo- 
bló sin poderse sustentar ni permanecer. 

Con semejantes jornadas de vana obstentacion de los parti- 
culares quitando y poniendo pueblos de poca fuerza y fundamento 
entrando y saliendo sin efecto importante levantaron los ánimos a 
los Indios perdiendo la estimación y respecto a los Hespafioles no 
solamen^" para pelear y vencerlos en la Sierra pero también para 
salir al llano y saquearles sus propias casas hasiendasy heredades 
matando a los yndios amigos que tenian de servicio y llevando 
muchos despojos de armas rropa y herramientas para cultivar y 
beneficiar sus rro9as y cementeras por haber quedado ensoberveci- 
dos y gallardos de las victorias ganadas con sUs flacas entradas y 
breves salidas. 

Viendo que el atrevimiento de los dichos Yndios yva cada 
dia creciendo procui^aron la R* Audiencia y los Presidentes de este 
Rey"*" poner remedio a las inquietudes y daños que las Repúbli- 
cas rrecivian inviando algunos Capitanes y gente al castigo del 
enemigo sin que dello resultase ninguna importancia considerable 
y pareciéndole al D°' Antonio Gon§aIez medio mas eficaz el to- 
mar asiento con pers* de caudal que se encargase de la guerra hizo 
capitulación y con9ierto con Bernardino de México vecino de la 
ciudad de Tunja el cual se encargo de la rreducion y conquista de 
ios dhos Indios dándosele la tierra de ellos en Governacion por 
dos vidas agregándole la ciudad de Ibagué y la de Timaná con 
obligación de que el oviese de poblar otros tres pueblos y susten- 
tarlos por algunos años gastando en ella treinta mil p«* de oro 
cuya capitulación y nombramiento confirmo Su Mag*^ y le despa- 
cho titulo. 

En virtud dello entro con ciento y treinta hombres gpnte lu- 
cida y buena y con mucha prevención de armas munigiones y 
bastimentos y puso su pobla9ion y asiento en la mesa del Chapa- 
rral a vista de las dichas Provincias de Amoya y Ambeima quatro 
leguas desviado de la Sierra y enla primera fac9ion que entro su 
maese de Campo y gente a la Provincia de Otaima le desbarataron 
los Yndios con muerte de algunos soldados y quedaron todos tan 
desmayados que nunca ¿pas pudo entablar las cosas de la guerra 
con ningún fundamen** y se despobló de donde estaba y paso a la 
otra parte del rio grande de la Magdalena y torno a poblar y des- 
poblar en el Valle de Neyva dejando desamparada la empresa se 
bolbio a su casa perdiendo la hacienda y Govierno. 

Quedó tan acrecentada la soberbia de los Yádios seflqriando 
mas de cien leguas de tierra por sierra y llano que sin impedimen- 
to se alargaban a dose leguas de la ciudad de Santa Fé batiendo 



GÜERKA DK LOS KJAOS 139 



en las fronteras tan hordinaríos asalto» que de ninguna manera po- 
dian vivir con seguridad dentro ni fuera de los pueblos ni acudir 
al beneficio de las haciendas del campo sin notable riezgo ni pa- 
sar por los caminos reales no llevando escolta de mucha gente 
aunque la R' Audi* inviaba alguna con caudillos de confianza ai 
reparo y castigo de las dhas inquietudes y ellos se bolvian con 
breve asistencia por no poderse sustentar ni permane9er en la tie- 
rra del enemigo. 

Finalmente an sido tan continuos y graves los daños que an 
hecho de sesenta años a esta parte que muy pocos Capitanes an 
entrado en su tierra a quien no ayan hechado del la desbarratado y 
vencido con muerte de muchos Hespafioles y an desmantelado 
entre la primera y segunda cordillera al oriente desde la ciudad 
de Timana hasta la de Ibague doze pueblos de Hespafloles que 
son el que pobló el Cap^ Domingo Baño y el del Cap" Potalavera- 
no y quatro del Cap»*» Diego de Bocanegra en diversas partes y 
dos del Governador Muxica y la Ciudad de San Sebastian de la 
plata y La Villa de Neiva. La de los Angeles y Villavieja fuera de 
otros muchos y notables daños que an hecho entre la segunda y 
tercera cordillera al occidente en los pueblos de la Governacion 
de Popayan desmantelando los unos y destruyendo los otros y a 
sus hasiendas y heredades de manera que no se pueden sustentar 
los vecinos y los hasen vivir por fuerza en los dichos pueblos por 
el inconveniente de que se despueblen. 

Teniendo el Rey^^^^s^ noticia de las dichas inquietudes y gra- 
ves daños que sus vasallos y Repúblicas recivian de tan atrevidos 
y crueles bárbaros cometió la rreduccion y castigo dellos con §e- 
dula particular fecha en Ventosilla a veinte y cinco dias del mes de 
abril de mili seiscientos y cinco años a Don Juan de Borja a quien 
avia proveído por Gobernador y Capp'" general de este dicho 
Reyno y Presidente de la R^ audi* del por que en la profesión ca- 
lidad y obligaciones de supers» sea como daba bien el cuidado y 
diligencia de la dha reducion con facultad de levantar y conducir 
gente en la jurisdicción de otras Audiencias y para gastar de la R* 
hasienda lo que no se pudiese excusar. 

Mostró el dicho Presidente muy gran rreconocimiento y gusto 
de que su Mag<^ le ovise encargado la guerra contra los dichos 
yndios Pixaos y los Carares del Rio de la Magdalena que inquieta- 
ban con hordinarios asaltos y rrobos el comercio y trato de los 
mercaderes y navegación de las canoas, Y desde Hespaña antes 
que se embarcase comen9o a tomar noticia de las cosas encamina- 
das a la dicha reducion y luego que llegó a este Reino trato della 
sin dilación manifestando la determinación y deseo que tenia de 
ponerle en execucion y hasiendo venir a la ciudad de Santa Fe al 
Governador de Popayan y a los Capitanes y personas de mayor 
experiencia de esta tierra y junto en acuerdo para conferir todos 
los medios tocantes al castigo de los dichos yndios especialmente 
la convenencia forcosa de que en nombre de Su Mag* se hiciese la 
guerra por la obediencia respeto y voluntad con que los soldado» 



140 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



vecinos encomenderos caballeros aventureros y mucha gente prin- 
cipal acudiria a seguir en ella con mas siguridad y perseverancia 
escusando los inconvenientes graves que se avian seguido de aver 
puesto esta obligación a cargo de personas particulares cuya auto- 
ridad y fuercas de cualquier manera serian siempre inferiores a las 
que requeria un enemigo tan superior y gallardo y con muchas ad- 
bertencias bien comunicadas y entendidas quedo esta resolución 
asentada y señalado el tiempo gente y prevenciones necesarias 
para dar principio a la guerra. 

Y aviendo hallado en la conferencia y disputa de las cosas 
della mucha diversidad de opiniones encontradas y poca luz y 
conformidad sobre la dispos"" y entradas de la tierra del enemigo 
determino de allanar primero este inconveniente enbiando gente 
y personas de confianza a reconocer la dicha tierra y mirar con 
diligencia y cuidado los sitios y dificultades de su aspereza parti- 
cularmente en la Provincia de Amoya que la figuraban por inexpug- 
nable respeto del desbarate del Cap'" Texo y no aver entrado en 
ella después acá ninguno y finalmen* para traer el desengaño de 
todo lo que convenia tener advertencia cierta primero que se em- 
prendiese con fundamento firme la dicha reducción y conquista. 

Porque ansi mismo hubo otra variedad y confusión sobre los 
yndios Coyaimas que biven en el llano de que hera necesario re- 
ducirlos primero a otra parte donde mas a mano se pudiese ayudar 
dellos representando las conveniencias y naturaleza de estos yn- 
dios conforme a los designios de cada uno, mando el dicho Presi- 
dente que también se mirase la disposición de la tierra donde 
avitan y la importancia y siguridad de su amistad para meterlos en 
la guerra contra los de la Sierra que son sus enemigos. 

Para la gran dificultad de este principio hiso elección de lá 
pers* del Cap*" Domingo de Heraso a quien su mag»* avia hecho 
mcd, de ocupar en el Gobierno de las provincias de los Musos y 
Colimas teniendo atención a los servicios que en diferentes tiempos 
partes y cosas le tiene hechos particularmente en las de Chile en 
cuya guerra avia trabajado mucho tiempo y sacado della las expe- 
riencias y noticias que para la dirección de esta avian de ser de 
grande consideración por lo menos en lo que la una a la otra se 
semejan. Diole título de su Teniente de Cap^" general y la gente 
necesaria para las efectos referidos con la qual salió para el mes 
de Junio de mili seis9Íentos y seis años con borden secreta d q' 
conforme a la inteligencia y estado de las cosas presentes y sucesos 
de la dicha jornada si pareciese conveniente desde luego poner 
presidio en la frontera mas importante del enemigo se pusiese para 
mayor confusión suya y desengaño del fundamento con que se le 
avia de entablar la guerra sin alear mano della hasta dejarle rren- 
dido y castigado y nombro ansi mismo por Cap'" y sargento mayor 
al Alférez P<* Venegas cuyos lucidos servicios en Flandes y parti- 
culares en te do el sitio de Ostende y en las mayores ocasiones del 
tiempo de su Alteza del Archiduque son notorias y por otras mu- 
chas partes que en el concurren para esta facción y para quantas 
fueren importantes al servicio de su mag^ y bien de sus Reynos. 



GUERRA DE LOS FIJAOS 141 



En el mismo tiempo que se trataba de esta prevención la te- 
nian hecha los yndios para ir conjunta general sobre la ciudad de 
Ibague y dejarla asolada por advertencia y solicitud de un yndio 
de su nación llamado Belaza natural de la Provincia de Lacataima 
muy ladino que desde niño se avia creado en casa de un vesino 
de la dicha ciudad y se huyo della para conducir y traer la dicha 
junta y esperaron en la Montaña a que nra gente que a la sazón 
yva caminando a su tierra pasase adelante y a dies y ocho de 
Julio a media noche entraron al pueblo y quemaron algunas casas 
de Paxay mataron en el arabal de los yndios de servicio cinquenta 
o sesenta personas dellos y dos mugeres mestizas y con el despojo 
que con orevedad pudieron sacar se rretiraron luego sin que la 
gente de la Ciudad les oviese hecho rresistencia ni daño y llevaron 
consigo a dos muchachas mestizas hijas de un vecino. 

Luego que el Gov<" que iva marchando tuvo noticia de la 
entrada del enemigo en la dha ciudad despachó al Sargento Ma- 
yor con gente al socorro della y el Cap»° Joan Baptista de los 
Reyes con tropa sufi9iente al encuentro de los yndios caminando 
de noche por no ser sentidos. Y aunque no se pudo tomar la de- 
lantera a todos diose alcance a una parcialidad que estaba alojada 
y se les quito una de las miíchachas mestizas y otra yndia Christiana 
y parte del despojo que llevavan y quedaron muertos quince o 
veinte yndios y dos yndias presas y muchos heridos que con la os- 
curidad de la noche se escondieron y murieron en su tierrra. 

Después que se recogió la gente que salió al socorro del pue- 
blo y encuentro del enemigo camino nuestro campo a su tierra y 
tomando sitio acomodado para alojar los bagajes se previno luego 
la primera entrada en la Provincia de Maito con bastante fuerza y 
prevención de las cosas necesarias llevando una tropa de yndios 
Coyaimas para experimentar la importancia y seguridad dellas. 
Con esta tropa fueron el Maese de Campo Bocanegra y el Sargento 
Mayor Venegas. 

Aviendose acabado la jornada de la dha Provincia entro el 
Gov" en la de Amoya no secreto como se avia entrado en Maito 
sino gallardéandose con caxas y vanderas para que echase de ver 
el enemigo quanto se estimavan sus mayores fuerzas quales nunca 
quisieron aventurar en batalla con aver sido muy solicitados de 
nra parte con muchas diligencias quemando casas y talando comi- 
das y puniéndoles ordinarias emboscadas donde se mataron algu- 
nos yndios y se prendieron dos que era ne^es* para la noticia y 
guias que se deseaban por no aver ninguna pers' que supiese la 
disposición y caminos de la Sierra. 

Visto que los yndios de Amoya no querían venir a las manos 
con aver prevenido Junta General para ello paso nro campo a la 
Provincia de Ambeima y en ella se hicieron las mismas diligencias 
asolando casas y comidas y se sacaron siete prisioneros y otros 
siete de la Provincia de Yuco sin que en ninguna parte rreciviesen 
daño los Hespañoles y considerando el inconveniente que se se- 
guía de que tan buen principio y entrada se malograse con breve 



142 BOLETÍN DB HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



salida como otras veces solía se acordó de poner presidio ea la 
mesa del Chaparral y se hizo el fuerte de Santo Lorenzo a vista de 
las dichas Provincias en frente de la de Amoya y se cumplió ente- 
ramente la Ynstruc^ion y Horden del dho Presidente sacando ver- 
dadera noticia y satisfacción de las cosas que tenían confusión y 
duda. 

Al mismo tiempo que la gente s<; ocupava en la jornada y 
efectos referidos socorrió el Presidente a la ciudad de Ibague in- 
viando al licenciado Luis Henrique Oidor de esta Rl Audiencia 
sujeto de gran diligencia y actividad y que antes en la guerra de 
Carare se avia señalado en muchas cosas importantes de que su 
Mag** se a dado por servido y en este también se devian algunas 
buenas ¡inteligencias y direcciones a que favoreciese y amparase 
las necesidades de aquella ciudad. Y que Don Joan de Artieda 
ve-ino encomendero de la de Santa Fé con una tropa de soldados 
que con la mayor presteza que fue pusible se rrecogieron fuese a 
rresidir en la dha ciudad de Ibague y que el dho licenciado Luis 
Henrique procurase meter alguna gente por Cacataima para que 
viese el enemigo la brevedad del reparo y diligencias de su castigo 
y salieron dos tropas en diferentes veces. La una bolvio luego con 
algunos prisioneros y la otra se alargó hasta donde estava el Presi- 
dio de Sant Lorenzo y se rrecogió porque el ynvierno no dava lu- 
gar para mas dilación. 

También tenia prevenido el Presidente que por la p*» de'Ti- 
mana saliese alguna gente para las que diligencias fuesen generales 
a un tiempo y aviendo acudido )ien a las de su obligación el Go- 
vernador de aquella Villa Ysidro Coronado Soldado conocido y 
señalado en Ytalia y Borgofia y Flandes en las galeras y jornadas 
de Ynglaterra acompañado de los vecinos subditos de su govierno 
hizo una gran presa de ochenta y cinco enemigos y de dies y 
siete dellos que eran yndios de lanza (que acá comunmente llama- 
mos gandules) se hizo justicia publica en esta Plaza de Santa Fé e 
aviendoles catequÍ9ado primero los Padres de la Compañía de Je- 
sús bastantemente conforme a la brevedad que la ejecución de la 
pena rrequeria ellos y recivido agua de baptismo con general 
contento de toda la República ansi de ver lavadas como castigadas 
sus culpas, de manera que para comenzar con siguro fundamento 
la guerra pre9edieron tan importantes prevenciones y efectos. 

Sintiendo mucho el enemigo el grave peso del yugo que se 
le avia puesto con el presidio de Sant Lorenzo hizo junta general 
de todos los Yndios y vinieron sobre el fuerte con determinación 
de quemarle por ser las ca9as cubiertas de paxa y con la confusión y 
peligro del fuego acometer y matar a los soldados que estavan den- 
tro y para ello trajeron gran suma de hachones de palo de yesca 
puestos en las puntas de dardos arojadizos y la noche que querian 
executar su intento fueron sentidos de las postas y llovió rigurosa- 
mente con que Dios quiso defender el fuerte y retirar el enemigo 
porque estando la gente advertida y con cuidado no se atrevió a 
esperar otra coyuntura ni designio y se bolvió a su tierra sin con- 
seguir el efecto que pretendía. 



GUBtKA DE LCS FIJAOS 143 



Aviendo entendido el Presidente la relación y noticias que se 
aTian sacado de las dhas Provincias y el presidio que quedaba 
puesto en frontera de las de Amoya Maito y Ambeima y la guerra 
bien empeñada y el enemigo desengañado de las prevenciones del 
su castigo mando hacer acuerdo general y junta de nuevos Capi- 
tanes soldados y personas prácticas con asistencia del Arzobispo 
de este Reyno Visitador Oidores y Fiscal de la R* Audiencia para 
tratar con firme resolución y medios suficientes la reducción de los 
odhs yndios y con largo discurso de razones bien consideradas se 
acordó el modo que pareció mas acertado de hazer la guerra con 
tropas de gente suelta sin poner presidios en la montafla por ser 
dificultosos de sustentar en ella con comidas de acarreto que no se 
pu'eden meter en cavallos sino con mucha moderación en hombros 
de yndios amigos ni los contrarios tienen estavilidad ni fundamen- 
to en parte ninguna y discurren por todas libres de ympedimanto 
espiando siempre con diligencia las ocasiones de su provecho o 
daño desviándose de las unas y procurando executar con seguridad 
las otras, estando los Hespafloles a la vista en sitios inmudables, y 
porque los peligros encubiertos son de mayor rre5elo y espanto 
hera bien que el enemigo anduviese con el mismo cuidado y sobre- 
Salto que nos hase andar con afechanzas sin poderle prevenir sus 
ardides y engaños secretos. 

Advirtióse pues por mas acertado seguirle con tropas sobresa- 
salientes y excusar los inconvenientes de los presidios en tierra tan 
áspera y montuosa reciviendo las muni5iünes y bastimentos en el 
fuerte de Sant Lorenzo que estava en sitio llano y acomodado para 
las correspondencias de paz y guerra y se señalo a los soldados 
que sirviesen en ella cien pesos de sueldo cada año y el sustento 
ne9esario. 

Considerando prudentemente el progreso de la guerra pasada 
y los grandes inconvenientes que se avian seguido de flacas entra- 
das y salidas de poco fundamento dejando siempre a los yndios 
victoriosos y soberbios en su tierra para rebolver sobre los nuestros 
con tantos daños como se ven presentes en las repúblicas que 
quedan desmanteladas y perdidas, determino el Presidente auto- 
rizar esta empresa con su persona acreditando la rreputacion de 
los Hespafioles y borrar la sobrada estimación del enemigo con el 
justo castigo de sus delitos. 

Hera muy forzoso medio el de la salida del Presidente para 
entablar con el fundamento que convenia una guerra tan antigua y 
estendida en tierra al parecer ynexpugnable cuya aspereza y difi- 
cultades prometían alguna imposibilidad con gente visoña inclinada 
a h livertad y vida ociosa como es la de las Yndias si la interven- 
ción autoridad y respeto de persona tan grave no obligara con la 
imitación de su mobimiento a seguirle muchos vesinos cavalleros y 
hombres principales por aventureros escusando con ellos y otros 
advitrios justificados el gasto grande de la R' hasienda. 

Las personas que siguieron al Presidente en esta empresa y 
oficiales que llevo para la guerra fueron: 



-144 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



El Maestro Fray Pedro Leonardo Provincial de la borden de 
Sant Agustin y Vicario del Ar9obispo deste Reyno. 

Alonso Gutiérrez de Escobar Capellán mayor del exército. 

Joan Gutiérrez Clérigo Presvitero. 

Isidoro Cobo Presvitero. 

El Capitán Domingo de Heraso Gov" de Muso. Teniente del 
Capitán General. 

Diego de Bocanegra Maese de Campo. 

Ysidro Coronado Gov" de Timana. 

El Gov** Diego de Hospina Alguasil mayor de la R' Audi' 
Cappa**» de la esquadra de Aventureros. 

Don Fran" Maldonado Cavallero del abito de Santiago. 

Don Antonio Maldonado su hijo. 

Andrés Pérez de Pisa contador de su Mag** y deste exército. 

Don Hernando de Mendoza Gentil hombre de Guión. 

Don Pedro Henriquez Tesorero de la R' hasienda de este 
Reyno. 

Hernando de Ángulo escrivano ds Cámara de la R' Audiencia 
secretario del Presidente, 

Joan de Valladolid Pagador General. 

El Licenciado Alvaro de Aimon Médico. 

El Cap*° Pedro Vanegas sargento mayor del exército. 

Martin de Orellano su ayudante. 

El Gov" Antonio de Olalla cap»° de Infantería de una com- 
pañía. 

Don Fran''» Osorio su Alférez. 

Jostiniano de Zea Sargento de esta Compañía.^ 

Hernando Beltran de Calcedo veslno encomendero de la Ciu- 
dad de los Remedios Cap**» de Infantería de otra Compañía. 

Antonio de Arnalte su Alféres. 

Martin Xlmenes Sargento de esta Compañía. 

Don Bernardlno de Moxlca sobrino y heredero húnlco de 
Bcrno de Moxlca Gov°' Perpetuo y que fue de estas Provincias de 
Fixaos Por su Mag<* Capp*^ de Infantería de una Compañía. 

Joan dellanos de Valdez su Alférez. 

Joan de Brlflas Sargento de esta Compañía. 

Joan Baptlsta de los Reyes Capp*"» de Infantería entretenido 

Joan Martínez del Busto Capp de Infantería entretenido. 

Joan de Ortega de Timana y Joan Ortega Mexla. 

Y Al' Xlmenez Capitanes entretenidos. 

Al° Rulz Saajosa vecino encomendero de la ciudad de Ibague 
Capp*"* del fuerte de Sant Lorenzo y de la Guarda del Presidente. 

Ambrosio de Morales su Alférez. 

El Cappa»» Sebastian Hernández Bocanegra Proveedor del 
exército. 
. Thomas a Bad Tenedor de Bastimentos Aventureros. 

El Cappa»» Gómez Suarez de Figueroa con su esquadra. 

El Cappan Gon9alo de León venaro con la suya. 

Joan de Zarate Conotra. 



GUERRA DE LOS FIJAOS 145 



El Cappan Phelipe de Rojas con su escuadra. 

Don Pedro de Otalora con su escuadra. 

Gon^alb de Horosco con su escuadra. 

Joan de Betancor con la suya. 

Don Antonio Osorio vesino encomendero de Santa Fée. 

Don Franco de Cárdenas. 

Don Antonio Sai. 

Diego de Poveda. 

Fran«o de Bohorquez. 

Hernando de Hospina, 

Don Joan de Padilla, 

Los Alféreces Gar9¡a de Zanizares Joan de la Muela Pedro 
Martin Martin de Arguinichea. 

Joan Becerra y Joan y Andrés Rubio hermanos sin otras mu- 
chas personas que por todas llegaron a numero de cien hombres 
aventureros que ellos y lo rrestante del exercito llegaron al cum- 
plimiento de quatrocientos Infantes. 

Siguió a este exercito una Compañia que el Gov'"" de Muso le- 
vanto en su distrito de cincuenta soldados bien Peltrechados de 
armas y municiones cuyo Capp*" fue Frano de Poveda y Fran*" 
de Avila su Alférez, y por Sargento Ysidro Ruiz Lanchero. 

Antes de todo esto el Presidente tenia hordenado al Gov^"^ de 
Popayán Don Vasco de Mendoza y Silva lo que convenia que 
hiciese por su parte escriviendo al Presidente y Oidores de la 
Au«*' de Quito sobre la buena corresponden9ia en las cosas de la 
guerra y disponiendo a otras pers** de importancia para que en 
ella ayudasen al Governador de manera que se pudiesen comentar 
Jas entradas en la tierra del enemigo. 

Y en la ocasión de su partida se le ofreció al Press'^ muy gran 
impedimento con la pr£cipitada muerte del Visitador de la Aud' 
Don Nufio de Villavisengio y novedad en los negocios mas graves 
del Reyo quedando algunos Oidores abstenidos de sus ofifios y no 
sentenciadas que pretendieron volver o sus plazas a cuyo reparo y 
al inventario de los papeles y asiento y seguridad de todas las co- 
sas pendientes de la dha visita. Acudió con particular cuidado y 
diligencia sin al9ar mano del despacho de la guerra aunque se de- 
seava la suspensión della pur la confusión y soledad de su ausen- 
cia pero satisfecho y cierto del asiento que dejava tan firme y 
seguro. Asi en las materias de visita como particularm^" en el Go- 
vierno y administración de justicia que quedava a cargo de los dos 
Oidores restantes Licenciados Luis Henriquez y Vazques de Zisne- 
ros y Li9end° Quadrado Solanilla fiscal en lo tocante a su ministerio 
y ansi mismo por no perder tan buena coyuntura y prevenciones 
que estavan dispuestas ni dar lugar a los inconvenientes que de la 
dilación se seguian puso en execu9usion la partida y salió de la 
ciudad de Sante Feé a 27 de Henero de 1607. 

Poniendo en camino la diligencia que convenia para, llevar 
delante las municiones y pertrechos de guerra y yndios amigos de 
este Reyno que son precisamente necesarios para la mejor y mas 

XIV— 10 



146 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



fácil expedición della llego al frente de Sant Loren9o a los 21 de 
febrero y luego mando haser junta y acuerdo de Capitanes y per- 
sonas de consejo y experiéngia para determinar las primeras entra- 
das con la mayor seguridad y buen fundamento posible y en una 
conformidad Pareció a todos que por la cortedad y encogimiento 
de la guerra pasa«í' conque avia crecido el ánimo y atrevimiento 
del enemigo seria acertado aplicar el remedio por lo contrario 
hasiendo demostra5ion de fuerzas en todas partes y ocupar aua 
mismo tiempo tes Provincias de mas reputación y gente sin dejar 
lugar vacio para sus congrega9¡ones y juntas teniendo que defen- 
der y guardarse cada uno en su tierra. 

Para la Provincia de Amoya se señalaron dos compañías de 
ciento y veinte hombres con borden de haser la entrada Por do» 
partes en que la dividen un Rio Grande de su nombre que corre 
por medio y el primer dia que entro la una compañia por la parte 
que le cabia que era la de Muso y su Capitán Fran®" de Poveda se 
apartaron dos soldados al agua de una quebrada honda y montuo- 
sa desviándose solos de la demás compañia donde a9ertaronaestar 
algunos yndios emboscados y como no pierden coyuntura ni per- 
donan Descuidos mataron a los dos en castigo de su demasiada 
confian9a, y a los ocho dias acometieron a la gente que estava en 
su alojamiento que hera la mitad porque con la rrestante avia sa- 
lido un caudillo a buscar comidas y llevaron a manos a otro solda- 
do en la misma aguada. Y nra gente peleo con ellos y loshisieron 
retirar con muchos muertos y heridos a aviendo de pasar con la 
victoria adelante desmayo alguna gente nueva y obligaron al 
Capp2" que dio las devidas muestras de su valor que estaba muy 
mal herido a salir fuera de la Prov' aunque el Presidente mando 
luego rreparar este daño despachando con brevedad nuevo socorra 
y acrecentadas fuerzas para que se juntasen con el Gov*"" Antonio 
de Olalla Cap"" de la otra Comp* que pOr diferente parte avia en- 
trado en la Prov' y quitasen al enemigo la gloria de aver echado 
dello a una tropa y de la que se avia retirado fueron por Capita- 
nes Joan de Ortega de Timana y Joan Martinez del Busto. 

Todos los yndios de la sierra tienen el n" común de Pixaos 
contra quien principal""*® se endere^ava esta guerra que según la 
mas común opinión y lo que los prisioneros deponen serian enton- 
ces dos mil yndios gandules andavan en aquella sazón jurítos dis- 
curriendo por la comarca procurando entender los designios del 
Presidente y asi dificultosamente se podia despachar escolta a nin- 
guna Prov* que fuese con menos de cinquenta hombres y como en 
este tiempo creQia en el Presidente el deseo de saber que suc^eso 
avia tenido el Capitán Olalla que tanto tiempo avia que no se te- 
nia noticia del supuesto que en el fuerte ya faltava gente fuese 
para bolver por andar derramada la que avia en las Proviricias dio 
borden a los Capitanes Ortega y Bustos que llevasen un perro de 
los que estavan aquerenciados en el fuerte para que llegados a la 
dha Provincia de Amoya y entendido la sertidumbre de esto le 
soltasen con este aviso ocupáronse en este viage qua'tro dias y des- 



GUERRA DE LOS PIJAOS ~ 147 



pues de aver reconocido la esquadra del Cap*" Olalla que andava 
campeando y estava fortificado en la misma Prov» y entendido la 
presa que avia hecho </e enemigos y otros buenos sürgesos escri- 
vieron una carta dando quenta de tudo ello al Presi'« y le metieron 
en un pedazo pequeño de caña hueca y la ataron al cuello del 
perro y lo soltaron y aquel mismo dia llego al fuerte y de este ad- 
vitrio se uso en otras ocasiones que se entendia que el enemigo 
tenia ocupados los pasos con emboscadas y otros peligros. 

A la Compañia de aventureros y su Cap^^i el Gov"'^ Diego de 
Hospina sujeto de gran experiencia en, descubrimientos y conquis- 
tas de estas partes ágil y alentado con ventajas para la disposición 
de tierra tan azpera y guerra tan travajosa encargó con todo el 
número de los cien aventureros la Prov' de Maito con borden de 
correr las de Otaima y Cocataima que están vesinos los unas de los 
otros y aviendo hecho su fortificación y alojamiento sobre las co- 
midas del enemigo para salárselas y sustentarse con ellas comenta- 
ron la guerra con buena diligencia y en las primeras ocasiones al 
paso de un estrecho camino le mataron un soldado por averse 
apartado de los demás aunque siempre fueron teniendo dichosos 
sucesos desbaratando a los Yndios las veces que^ venian a las ma- 
no» y sacaron algunos prisioneros y por traición y concierto de uno 
dellos (qua hasia oficio de espia doble) Prometiendo que sacaría 
de paz a sus compañeros los trajo en junta gec* al prevenidos 
para ganar la palizada y alojamientos de los Hespañoles después 
de mediodia quando ellos estaban retirados en sus rranchos y de- 
jando en la montaña una miiy gran emboscada cerca del fuerte 
entro en el una tropa de las mas atrevidas y belicosas para allanar 
la p'-imera dificultad y puerta a los otros y acometieron con grande 
atrebimiento a los Hespañoles que estavan dentro divididos y des- 
cuidados y con particular favor de Dios se libraron de tan notable 
peligro acudiendo a las armas prestamente y los cenaron con 
muerte de algunos mas señalados por la rremision que los de fuera 
tuvieron en darles socorro. 

A la Prov» de Ambeima se despacharon dos Capitanes don 
Bernardino de Moxica con treinta soldados de su compañia y Joan 
Martínez del Busto con otros treinta yendo por cabo destas tropas 
el Gov"!" Ysidro Coronado que se alojo en ella para talar las comi- 
das y haser la guerra conforme la borden que llevaba y por aver 
sucedido el estropicio de Amoya quedando aquella parte princi- 
pal desamparada y el enemigo con brio y arrogancia convino em- 
biar al reparo estas Compañías que estavan en Ambeima y treinta 
hombres de la que avia salido de Amoya y entablar el castigo della 
con fuerza suficiente. 

En compañia del Sargento Mayor P Vanegas al Cap«" Her- 
nando de Cai^edo con sus sesenta soldados se encargaron de las 
Provincias mas apartadas hazia el Sur y discurriendo por ellas se 
adelanto el Sargento M""" con la mitad de la gente a la ligera si- 
guiendo una huella fresca que avian visto de cavallos que los 
Yndios hurtaron del fuerte de Sant Lorenzo los quales viendo venir 



148 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



los Hespañoles se quedaron emboscados en la montaña de Maulo 
pasado el rio de quitala y de los primeros que iban en la banguar- 
dia que entraron descuidados en la emboscada mataron al Ayu- 
dante Orellana y al Sargento gimenez y a otros tres soldados 
salieron heridos el Sargento Mayor dos criados del Presidente An- 
tonio Jafer de dos lanzadas y Joan de Salcedo de cinco a Amal- 
le y Diego Martin executando esto con gran violencit y presteza 
de las primeras lanzadas de manera que no se pudieron favorecer 
ni rremediar y aunque pretendieron los enemigos aumentar la vic- 
toria se defendieron ios nuestros valerosomente arcabuceándolos 
hasta que por la aspereza del sitio y aver sobtevenido la noche se 
rretiraron al alojamiento donde estaban los compañeros dejando 
heridos y muertos algunos yndios de los de la emboscada. 

Bien pensó el enemigo que con estas pequeñas y prim** des- 
gracias saldrían los Hespañoles de su tierra desamparando la gue- 
rra como acostumbraban en el tiempo pasado por menores ocasio- 
nes pero los de aora fueron de mucha importancia pra despertar 
el cuidado de los soldados y escarmentar con daño ageno aumen- 
tando el deseo de la venganza con m*"" vigila icia y recato parti- 
culai mente viendo la resolución y animo del Presidente de no 
al^ar mano de la empresa que se avia comentado por ningún caso 
de los que pudie'sen tener remedio. 

Con brevedad se invió otra vez gente de li mas cal-ñcada y 
lucida del campo de Ia~ Prov^ de Ambeima que avia quedado 
vasia por aver sacado della el socorro que se despacho a la de 
Amoya llenóla a su cargo el Maese de Campo Diego de Bocane- 
gra y para en caso que el faltase se encomendava al The Don ''edro 
Henriquez fueron en esta tropa Don Ant Maldonado Don Fran*'° 
de Cárdenas Joan de Carate Don Antonio Sai Don Joan de Pa- 
dilla y porque en este mismo tiempo se descubrió una labranza de 
maiz desde el tuerte en la Sierra que esta sobre /a Prov* de Am- 
beima vertientes a la de Yrico y Paloma se hordeno al Cap'^ Al» 
Ruiz que con diez y ocho compañeros fuese y la talase y que 
aviando hecho lo mismo en^ Paloma diese vista al Maese de Campo 
hizolo asi a aviendo llegada al aU)jamiento que tenia en Ambeima 
dio borden al Maese de Campo en que se rrecorriese aquella Prov" 
y se talasen todas las comidas y aviendolo cometido Al tésS" Don 
P Henrique y Cap*'^ Al" Ruiz lo hisieron matando y prendiendo 
ochoY.idioscon loqual en todas partes se apretó bibamentela gue- 
rra teniendo con los Yndios hordinarias escaramuzas y requentros 
en sitios muy peligrosos donde ellos ponían sus emboscadas y 
muchas prevenciones de galgas y reparos y con aver venido a las 
marfos en todas las ocasiones que an podido con ventaja suya 
siempre han sido desbaratados y vencidos con muerte y prisión de 
muchos yndios quedando nuestra gente victoriosa y pratica en la 
tierra contra las asechanzas y ardides de los yndios perdiendo el 
miedo a sus acornetimientos repentino? y boceria. 

Viéndose los yndios por todas partes tan acosados sinefperan- 
9a de poder echar los Hespañoles de su tierra procuraron intentar 



GUERRA DE LOS FIJAOS 149 



otro rremedio saliendo algunos de la Prov* de Amoya a tratar de 
paces fingidas y aunque se les entendió el intento que traían da 
rredimir su negagion y comidas para mayor justificación y pruebe 
de su malicia y engaño los rrecivió el Presidente con mucha pie- 
dad y blandura como si fueran amigos de obligación verdadera y 
los embio a su tierra regalados y bes'idos Pn^metiendo buena es- 
timación y tratamiento si dejando la inquietud que traian se qui- 
siesen reducir al amistad cristiana con que no oviesen de quedar en 
la sierra cuya disposición y fortaleza les era ocasión de sus diaños y 
en la tierra llana a vista de la suya se les daria la comodidad que 
quisiesen con mayor ventaja. 

Sevados con el regalo de los primeros Yndios que salieron de 
paz acudieron otros con la misma pretensión y engaño atribuyen- 
do ignorancia ma el buen acogimiento que g'° se les hasia y procu- 
raron por este medio rreservar las comidas y sacar de su tierra a 
los Hespañoles que andavan hasiendo la guerra y que se les diesen 
los- prisioneros que en nuestro poder estavan. Y como no pudieron 
acomodar su barbara malicia volvieron a la montaña a padecer 
las necesidades travajos y peligros con que viven sin comidas casa 
ni abrigo por no rrendirse ni sujetarse. 

Visto que la Compañia de los aventureros no se pudo desocu- 
par en la Prov^ de Maito con la brevedad que se enlendia previno 
el Presidente otra compañia de gente escogida para entrar en las 
de Otaime y Cacataima que son las fronteras mas circunvesinas a 
la ciudad de Ibague y los yndios mas inquietos y atrevidos de 
toda la guerra y mui rrespetados en ella por los daños que an he- 
cho y aver desbaratado en su tierra la gente del Cap"i Talaverano 
y la del Gov"'' Moxica y desvanecidos con estas victorias y otros 
favorables suc9esos que siempre an tenido aguardaron a nra gente 
en el camino con osadia y arrogancia aunque les duro poco siendo 
desbaratados diversas veces que vinieron a las manos y deshechas 
sus emboscadas juntas de gentes trai5iones y reparos y aviendoles 
talado todas las comidas y quemado casas y corredo la tierra sin 
dejar en ella casa rieservada salió esta compañia a la dicha ^iudad 
de Ibague por ser la salida mas cercana para reformarse de muni- 
ciones y bastimentos fue por Capan della yn° Baptiste de los Reyes 
y la gente esccgida de lo mas florido del exército. 

El Maese de Campo Bocanegra con la compañia que andava 
en Ambeima también avia salido al reparo de la mesma necesidad 
después de aber hecho algunas talas y paVeciendole al Presidente 
quan importante era acavar de talar aquella Provincia y que de 
todo punto quedase desmantelada por ser recttácu'o de la gente 
que se retirava de Amoya ordeno al Capan Joan Martinez del Bus- 
to que luego tornase a entrarse con la buena gente de su compañia 
y aunque se avian hecho primero dos entradas breves bolvieron 
tercera bes a rrecorrer todos los rincones de la dha Provincia con 
gran diligencia y cuidado y se hallaron machas ro^as y casas ocul- 
tas en la montaña quebradas y escondrijos della que quedaron 
quemadas y asolados y la tierra desmantelada y desyerta retiran- 



150 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



dose los yndios a otras avita^iones apartadas y saco esta compañía 
dies y siete prisioneros muy lucida y gallarda presa. 

Aunque el Presidente en su prim' entrada llevo mui bien en- 
tendido lo mucho que importara que esta guerra fuese universal y 
aun misjQO tiempo no -solo en el ^entro y entrañas de las provincias 
donde yva a rresidir sino también en las extremidades y confinés 
de la tierra que el enemigo ocupava para que con un daño general 
que por todas partes le avia de sobrevenir y el estrépito de las 
armas fuese mayor la confusión. Luego que llego al fuerte de Sant 
Lorenzo verificó por experiencia y bivas congeturas que este traja 
era eficasisima y muy conveniente su breve e\'"^ y asi denuevo 
alentó al Govor de Popayan que hisiese luego la entrada que tenia 
hordenada por aquella parte dándosela de nuevo que se estendiese 
por todas las otras que por cualquier via entendiese ocupara el 
enemigo. Y demás de esto luego invio horden muy apretada a la 
Villa de Timana para que de alli saliese otra escuadra que corriese 
todas las provincias comarcas hasiendo los daños que pudiese el 
enemigo conforme la orden que vinieron a rrecivir del Presidente 
al fuerte de Sant Lorenzo la qu' pusieron en efecto con mucho cui- 
dado y diligencia. Por el mes de agosto de 1607 con quarenta 
soldados bien prevenidos y pertrechados de armas y municiones y 
buen número de yndios amigos y aviendo asistido en tierra del 
enemigo algunos días y corrido y talado las provincias hasta la 
que llaman de las Carnijerias y Cutiva, tornaron a salir aviendo 
hecho la tala de jementeras y captiva do veinte y siete yndios sin 
los que dejaron muertos en los rrecuentros que tuvieron. 

Con el continuo exersicio de la guerra y el largo tiempo que 
avia que se asistía en ella yban enfermando algunos soldados y a 
otros se dava lijenjia para salir al Reyno y porque con esto no se 
disminuyese el exército en ocasión donde hera necesaria reforfalle 
hordeno el Presidente que en la ciudad de Mariquita se levantase 
una compañía de gente y se llevase al dicho fuerte y aviendolo co- 
metido a don Antonio de Gaona y Guebara Correg"'" de la dha 
ciudad y de las otras del partido de tierra caliente con muy gran 
diligencia y cuidado lo puso luego en efecto juntando cinquenta 
soldados mucha parte del los mulatos que en esta guerra son de mui 
gran importancia con los quales personalmente llego al fuerte de 
Sant Lorenzo a principio de julio de 1607. 

En este tiempo que ya hera cinco meses después que el Pres^ 
entró en la guerra estavan las cosas della bien encaminadas y las 
del gobierno de paz yvan sintiendo su aus* y falta y los negocian- 
tes al riesgo y trabajos de la larga distancia del camino y univer- 
salmente todos los negocios del Rcy"o el daño que rrecivian sin su 
dueño por cuyo respeto y otras justas causas y rasones tocantes al 
bien del estado común acordó de mudar sitio al fuerte de Sant Lo- 
renjo a la ciudad de Ibagué por ser frontera y parte cómoda para 
las expediciones de los negocios de paz y de guerra y porque las 
cosas della no desmayasen con su mudanza antes rreciviesen mayor 
aliento y brio trajo de la ciudad de Santa Fé a su muger y familia 



Guerra de los fijaos 151 



a la inquietud y extrepito de las armas y la metía en la soledad de 
un pueblo desmantelado dejando antes de su partida trabado y co- 
menjado a edificar un fuerte nuevo de tapias nombrado San Joan 
junto al de Sn Lorengo que por ser de pali§ada se iva cayendo y 
estava aportillado y peligroso. Algunos dias antes el Gob^' Do- 
mingo de Heraso con ocasión y ne§esidad de acudir a las casas de 
su gobierno se avia ausentado del fuerte envióle borden el Presi- 
dente que volviese y nombróle de nuevo para la asistencia de el y 
la Superitendencia de la guerra por su teniente de Capan General. 

Pocos dias después que el Presidente llegó a'* dha ciudad de 
Ibague salió a ella la compañía que andava en las Provincias de 
Otaima y Cacataima y sin ninguna dilación previno su despacho 
porque no se detuviesen en poblado y los tornó a inviar bien preve- 
nidos de lo neces" a las mismas Provincias para volverla a rrecorrer 
y apurar al enemigo con hordinaríos sobresaltos y deligencias co- 
rriendo toda la sierra por ló mas alto de ella junto a los paramos 
hasta la Provincia de Amoya donde la guerra tenia mas cuerpo y 
rresistengia y en cumplimiento de la borden que Uevava paso esta 
compañía por lo mas áspero de toda la cordillera descubriendo los 
caminos secretos quebradas sitios y escondrijos della y desbarato 
al fuerte de Güalara que hera la mayor seguridad y reparo de los 
yndios en un Peñol inexpugnable y finalmente venciendo todas 
las dificultades y peligros entro en Amoya por la cumbre de la sie- 
rra aviendo hecho presa de diez y ocho yndios los cuales por ir 
mas desembarragados embio a la ciudad de Ibague escoltados con 
los aventureros. 

Cuya compañía en esta misma ocasión avia acabado todo lo 
que estaba a su cargo en la Prov* dé Maito dejándole degierta y 
asolada y al enemigo rretirado a otras tierras desamparando la suya 
después de muchas diligencias ardides y engaños que los yndios 
intentaron en su defensa provando su fortuna en diversos recuen- 
tros de emboscadas y malos pasos donde les parecía la ocasión y 
sitio favorable aunque en toda perdieron la esperanza de remedio 
y algunos la vida y se sacaron treinta prisioneros. 

Luego que llegaron al fuerte de Sant Lorenzo se acordó que 
la mayor parte de los soldados saliese a donde estava el Presiden- 
te tornando a entrar por la mesma Provincia de Maito de trasno- 
chada y pasar a las de Otaima y Cacataima donde a la sa9on 
quedaba la otra gente para apurar y perseguir a los yndios por ser 
los mas inquietos y culpables en todos los daños de la guerra pa- 
sada y por no poderse sustentar largo tiempo en las dichas Pro- 
vincias salieron dellas los dichos soldados aventureros después de 
averias corrido y talado algunas comidas que no se pudieron hallar 
«n las demás entradas y fueron a la ciudad de Ibague conforma la 
horden que llevavan a cargo de Felipe de Rojas. 

Y porque los vesinos della atemorigados de los daños que an 
rrecíbido estaban rre9elosos de alguna retirada de yndios escondí- 
dos en la comarca del pueblo despacho el Presidente al Sargento 
Mayor P. Venegas con una tropa de gente sufigiente a descubrir y 



152 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



correr toda la montaña valles quebradas y rrincones circunvesinos 
a la dicha ciudad llevando alguna gente della por todas las partes 
donde se viese disposición o sospecha de yndios retirados y no 
aviendo hallado ninguna noticia ni rrastro dellos dio la buelta y 
a los del pueblo la siguridad y satisfa5ion que deseaban. 

Visto que la Provincia de Amoya sustentava la guerra en igual 
peso por no aversele podido acabar de talar todas las comidas y 
con la provisión y abundancia dellas se entretenia pareció conve- 
niente quitarle con brevedad y diligencia este alivio acrecentando 
nras fuerzas con mas número de gente y para este efecto se invio 
por el mes de agosto la compañia del Cap*" Busto que avia salida 
de Ambeima con borden de al^ar el alojamiento que hasta enton- 
ces y siempre avian tenido en un sitio y discurrir con dos tropas 
suficientes por toda la Provincia y los Valle lomas y quebradas della 
hasta la cumbre del Cáramo qup es inabitable a donde vino a salir 
la otra compañía del Cap"" Baptista de los Reyes que el Presiden- 
te avia despachado desde Ibague al mesmo intento y se juntaron 
entre todos mas de doscientos soldados y otros tantos yndios ami- 
gos de servicio que para talar y destruir son de importancia y 
rrepartidos por todas partes apretaron al enemigo con gran dili- 
gencia quitándole totalm® las comidas y al animo que fundava en 
ellas y los yndios quedaron metidos en las quebradas y oculto» 
rrincones de la montaña después de aver provado el ultimo reme- 
dio de las armas siendo con mucho daño suyo quedando desbara- 
tados y vengidos. 

Con los continuos y rigurosos trabajos de la guerra yva faltan- 
do alguna gente del numero que avia entrado en ella y porque de 
ninguna manera pudiese sentir el enemigo la disminución de nues- 
tras fuercas fue previniendo el Presi*» el suplirniento de los que 
avian faltado y particularmente mando juntar una compañia de 
soldados pardos que son los mulatos de esta tierra gente exercitada 
en trabajo y los envió al fuerte de Sant Lorenco con borden de 
haser alto quatro leguas antes de llegar a el y a ayudar a cimbrar 
ün cementera de maiz que estava dispuesta en la rivera de Tetuan 
para el sustento de la gente de guerra y escusar los grandes gastos 
de las comidas de acarreto. 

Aviendose seguido la guerra con tan gran demostración y 
asistencia general apretando al enemigo en todas las provincias 
aun tiempo sin dejarles comidas con que poderse sustentar en su 
tierra se considerava que si no se rendia en ella se avia de retirar 
a otra mas apartada y sigura y con las diligencias que se hasian 
para saver su movimiento se tuvo noticia que en distancia de cinco 
jornadas en lo interior de la cordillera que corresponde a las es- 
paldas de Yrico y Palama estava una provincia de yndics nitura- 
les retirados llamada Ululu y con un yndio que por tener a su 
muger y hijos en prisión dio esta advertencia se despacho luego 
la compañia de los Pardos que a la sazón llegava al fuerte estando - 
toda la demás gente en Amoya y fue a cargo del Cap*" Joan de 
Ortega de Timana y salió a. 27 de agosto con cinquenta y tres 



GUERRA DE LOS FIJAOS 153 



hombres y borden de descubrir la dha provincia y otra qualquiera 
que se pudiese hallar de yndios rrebeldes y luego que llegase tan- 
tease la poblíí^ion de comidas y casas que tuviesen y si conforme a 
ellas pare9ie-e que las fuerzas que llevavan eran inferiores a las del 
enemigo se fortaleciesen en sitio cómodo y siguro para recoger la 
comida necesaria hasta dar aviso Qon el yndio de guia y aguardar 
el socorro que con brevedad se les inviaria y si no se le ofre9iese 
ocasión de peligro reconociese la tierra' hasiendo la demarca5ion 
de los sitios y naturaleza della advirtiendo las cosas de considera- 
5ion que hallase sin alargar la jornada a donde la importancia 
pudiese ser dudosa y la diIa9¡on de dificultades ciertas. 

El Cap*" dio aviso con el mesmo yndio que a tres de Sep*»' a 
ocho dias después que salió del fuerte de Sant Loren9o avia llegado 
a la provincia de Bulima diferente de la que llevava noticia y que 
avia hallado muestras de mucha gente retirada con pobla9Íon y 
roseria nueva y que del sitio donde estava se parecían otras mu- 
chas y que conforme a la disposición y aspereza de la tierra serian 
menester ducientos hombres para su conquista y que el podria en- 
tretenerse y asistir en ella hasta los 20 de septiembre por falta de 
municiones y bastimentos. 

Aviendose visto su Ron y aviso y lo mucho que convenia in- 
bearles socorro antes de que por nefesidad se rretirasen de aque- 
llas provincias se previno luego la compañia del Cap'í^ Baptista de 
los Reyes que el Presidente avia despachado por Otaima y Ca- 
cataima para Amoya de donde salió el segundo dia que llego dho 
aviso y partió del fuerte a diez y seis de Sep''^ con municiones y 
bastimentos para las dos compsñias y la superintendencia de la jor- 
nada con sesenta y dos soldados escogidos a cumplimiento a 115 
con los pardos que andavan fuera llevando borden de ir encamina- 
do a la par^^ y sitio donde ellas estuviesen y juntarse los unos coa 
los otros y tomar entera R''" y advertencia de la dispusi§ion y cali- 
dad de la tierra que huviesen andado y después de averse comuni- 
cado conferido y tratado entre los dos capitanes y soldados de 
experiencia el modo que mas a§ertado les pareC-ese descubriesen 
todas las provincias y retiradas de Yns° rebeldes que corren hasia 
el Sur hasta los confines de los yndios pae^es sin dejar que haser 
para otra diligencia ni jornada advirtieHdo la diferencia de los yn- 
dios naturales de aquella tierra que por estar tan aparta>.^a no te- 
nían tanta not* de los hespañoles ni culpa en los delitos que avían 
cometido los que se jvan retirando por el temor del castigo y con- 
venia usar de rigor en los unos y mucha suavidad en los otros 
procurándolos reducir con blandos medios. 

Dentro de ocho dias se juntaron estas dos compañías mas 
abajo de la Provi^ de Bulima en el rio de Vamay y en una confor- 
midad y acuerdo comeii^aron a correr la tierra y hallaron en ella 
rocerías antiguas y sitios de casas viej is con muestras de aver ávido 
muchas naturales que según la R"" de tres prisioneros que se avian 
cogido murieron de pestilencia y guerras que uvo entre ellos de 
manera que al presente estava todo despoblado y saviendo lo 



154 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



yndios rebeldes la desocupación de , aquella tierra trasladaron su 
abitacion a ella retirándose los de Maito Ambeima Yrico y Paloma 
y algunos de Otaima y Cacataima y de Calasama que es en la pro- 
vincia de Amoya a las que están treinta leguas mas adelante por 
la longitud de la sierra y tenían prevenidas muchas comidas de 
sementeras de maiz, arracacha yuca y batatas de comunidad para 
los que quedavan entretejiendo la guerra por disimular la retirada 
que peco a poco pretendían haser sin ser sentidos y al fin aviendo- 
lo sido se les talaron todas las comidas que Sembraron y les deja- 
ron quemadas las casas y asolada su nueva avitacion hasta la 
provincia de los Tonucos y Totumos que son las últimas que se 
an podido descubrir en la cordillera. 

Viéndose los yndios tan perseguidos y desesperados determina- 
ron de aguardar emboscados en un sitio muy peligroso previniendo 
muchos golpes y rreparos en el paraje donde seis meses antes avian 
muerto a los cinco soldados y para asegurar su lans" pusieron tres 
caballos sueltos a vista y saliendo aquel día una tropa de treinta 
hombres por aquella parte entraron los diez en la emboscada 
apartados de los demás y el enemigo cerro luego para llevárselos a 
manos sin rrespeto de los arcabuces andando amochazos asidos 
■dellos hasta sacar las vaquetas for9ejando y aunque heran pocos 
pelearon tan valientemente que quitaron a los yndios un soldado 
que entre muchos llevaban en bracos y se defendieron con extraño 
valor y animo hasta que les acudió el socorro de los demás com- 
pañeros que estaban 9erca y el enemigo se retiró con muerte de 
algunos yndios y muchos que fueron heridos en la rrefriega y no 
aviendo mas tierra que andar ni que haser en todo lo que avian 
visto y andado volvieron las dhas compañías después de dos meses 
de asísten5ia pasando gran necesidad de comidas y de ca'5ado por 
averse acabado lo uno y lo otro en tan larga distancia y ásperos 
caminos con impedimento de muchos ríos muy caudalosos que no 
se podían pasar sin haser balsa y puentes. 

Aviendose entendido por un yndio espía que existe en el fuer- 
te con los hespañoles donde le tienen en prisión su muger y hijos 
que un sitio de las quebradas Anaitoma muy secreto estava escon- 
dido un yndio belicoso de Amoya con su familia salió el Cap*° 
Busto con una tropa de gente a 26 de setiembre en busca suya 
llevando por guia al que dio el aviso y aunque no se pudo prender 
al que iva a buscar por haberse huido al monte trajo su mujer y 
dos hijos dejándole corladas las ro^as de maíz yuca y batatas que 
se hallaron. 

A veinte y quatro y a veinte y seis de octubre se rrecogio al 
fuerte nuevo de San Joan toda la gente que andava fuera por no 
aver quedado que talar ni en que haser daño al enemigo, desde la 
ciudad de Ibague que es la primera frontera hasta la Prov' de Tomu- 
xo en sesenta leguas de cordillera donde se estiende la guerra y ser 
imposible poderla continuar en el estado presen*^ contra yndios 
derramados y escondidos entre quebradas y rriscos y en los mas 
ocultos rrincones y cuevas de la montaña sin comida casas ni abri- 



GUERRA DE LOS FIJAOS ISS 



go en el temperamento riguroso de la sierra con la dudosa y flaca 
provisión y sustento de raices y yervas y savandijas por no querer- 
se sujetar a la obbediencia de los hespañoles esperando que los 
ex9esivos trabajos de la azpereza de la tierra y falta de comidas les 
a de obligar a salir della. 

Considerando los impedimentos de la guerra y la disimulada 
suspen§ion que se devia haser en ella para dar algún aliento a los 
toldados y al enemigo lugar de rrecogerse a §embrar otra vez su 
tierra pues de cualquier manera en otra mas remota y apartada 
seria mas dificultoso su seguimiento acordó el Pres^« de bolver a la 
ciudad de Santa Fe en la breve desocupa9¡on de este tiempo y 
acudir a la obligación precisa de los negocios graves de la Aud'y 
gobierno universal del Reino y al despacho y prevenyion de las 
cosas necesarias para la segunda entrada que se avia de haser a 
talar las comidas que oviesen §embrado los yndios antes que lle- 
gasen a sazón ni se pudiesen aprovechar dellas que es el último 
remedio que les queda para rendir o dejarse morir desesperados. 

En el Ínterin que se aguardava a la entrada de las sigundas 
talas se aprovechaban también buscar ocasiones de importancia en 
que los soldados a quien se dan las presas que se liasen tuviesen 
aprovechamiento embiando primero a espiar los rretraimientos de 
los yndios comarcanos con les que andan en nt"> poder al amor de 
las mujeres prisioneras y aviendo precedido esta dilig* salieron a lo 
de nobiembre dos tropas de gente la uua a la Prov* de Maito y 
Beuni y la otra a las de Yrico y Ambeima a buscar algunos yndios 
que uviesen quedado escondidos después que !os demás se rretira- 
ron a otras partes y con la buena dilig* y maña que se dieron los 
soldados de trasnochada se sacaron de Maito nueve prisioneros de- 
jando ahorcado a un yndio belicoso y de Ambeima otros quatro y 
entre ellos a un hechicero mohán de quien luego se hiso justi5iay 
quitaron las comidas que avian 9embrado confiados de que por 
estar las dhas provincias despobladas de sus naturales no se volvie- 
ra a entrar en ellos. 

En el estado referido quedava la redu9ion de los yndios pixaos 
por fin del año de. 1607 aviendose aprestado la guerra en todas 
partes con la mayor demostrafion y diligencias posibles venciendo 
las dificultades de una tierra tan inexepugnable y la fuerza y sobe- 
ranía de un enemigo que estaba victorioso y gallardo y aora se 
halla tan flaco y acobardado que desamparando su tierra ande bus- 
cando abitacion en las agenas y por no hallar parte sigura este 
metido en montes y quebradas sin reparo alguno ni atreverse a 
haser lumbre porque no se descubran los humos y según la relación 
y noticias que nos dan los espías es mucho el número de yndios 
mujeres y niños que se mueren de hambre y enfermedades y los 
que la guerra a disminuido de un año a esta parte son mas de 
seiscientas personas entre prisioneros y muertos peleando y con la 
sigunda entrada que el Presidente esta disponiendo se esperan con 
el favor de Dios muy buenos sugesos y resolución en lo restante. 

Del ejército de la guerra y las noti5ias y experiencia que el 



156 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



Presidente saco con su larga asistencia en el fuerte de Sant Loren- 
zo y ciudad de Ibague resulto tomar resolución en dos puntos que 
eligió por fundamentales por prosecución de la guerra del añcsig** 
que luego generalmente al principio del año, se comenzase en todas 
las provincias sin excetar ninguna la tala de las cementeras y la 
segunda que la guerra fuese universal en toda la tierra que por cual- 
quiera via se entendiese hera avitada de pixaos paresiendo que esta 
no se podia haser sin admitir una capitulación que al Presidente 
se le propuso por parte de Pedro de Velasco vesino de la ciudad 
de Popayan a los primearos principios de esta guerra; le dio aviso 
que nuevamente lo viniese a tratar a cuyo efecto llegaron a la ciu' 
dad de Ibague el Gov"' de Popayan y el dicho Pedro Velasco 
donde ya avia dias que rresidia el Presidente y aviéndole parecido 
necesario venir a la ciudad da Santa Fe ansi para dar forma a esta 
capitulación como para prevenir la guerra futura mando conducir 
algunas compañías de hespañoles y yn"" de que ya se carecia con 
la larga continuación y asistencia de todo el año y dejando la dha 
ciudad de Ibague con buena provisión y en el fuerte de San Joan 
y todas las provincias como esta dicho la superintendencia general 
de la guerra al Cap**^ De mingo de Heraso Gov***" de Muso su Lu- 
gartenic;nte de Cap*" General partió para la ciudad de Santa Fe 
donde llego a los seis de noviembre. 

Luego inmediatamente después de la llegada del Presidente 
se efectuó la capitulación del Cap*" Pedro de Velasco admitiéndo- 
le sus ofrecimientos y uno entre otros es que asistirá todo el tiem- 
po que durare esta guerra con cien hombres y ducientos yndios 
amigos y mas si fuere menester en el sitio donde se dividen y re- 
matan los términos entre los yndios pae§es y pixaos y discubrira 
con su gente las provincias que alli ay y estendiendose hasta la 
que llaman de las Carnicerías y cordillera general y de alli hasta 
Timanade donde fue nombrado por Gov"^ por tienSpo de seis años. 

Los motivos que el Presidente tuvo para abracar esta capitu- 
lación y insinuar en ella por expresa obüg"" de Pedro de Velasco 
el termino que a de correr fue pareciendoie que por este camina 
tendría mas fácil expedi§ion el segundo fundamento con que lleva 
encaminada esta guerra porque según la computación general que 
esta hecha de la larga distancia que contienen en si estas provin- 
cias a convenido dividirlas en tres partes que son a la;? que comun- 
mente se viene a reducir esta guerra. Una qi^ sea la de este Reino 
y otra la de Pcipayarí y la ultima eíta de paeces y Timana que son 
las que abracan e incluyen en si toda la avitacion de estos pixaos 
y saliendo a un mismo tiempo de cada una de estas tres partes o 
haser \i guerra con solo correr cada tropa lo comprehendido en su 
demarcación y se dan visto los unos con los otros y no les queda 
mas termmo que correr ni al enemigo receptáculo ninguno en que 
asegurarse ni a donde huir que no sea hallado. Pedro de Velasco 
fue despachado en esta conformidad para que desde luego comen- 
Case a poner en efecto las cosas necesaria,s a su obligación. 

Aviendose dispuesto esta capitulación en la forma referida y 



GUERRA DE LOS FIJAOS 157 



ha'landose el Presidente desembaraQicio de muchos negocios del 
gobierno común y de comisiones particulares de su mag"* que esta- 
van represadas comento a tratar los de esta guerra y la de Carare 
de que va relación particular y paregiendo que se agercava el prin- 
cipio del año de i6o8 en que se avia de comengar mando prevenir 
los pertrechos de armas municiones y vituallas que fueron menes- 
ter y que en esta ciudad y la de Tunja se levantase una compañía 
de cinquenta o sesenta hombres porque ya en el fuerte no se halla- 
van mas de ducientos y se juzgava por muy corte numero para 
esta empresa y estando todo aprestado hordeno el Gov"*" de Muso 
que sin diferrillo por no dar ocasión al enemigo que se aprovecha- 
se de lo que tenia gemlJrado entrasen luego las compañías a enten- 
der en la segunda tala y que presupuestos que ya general™^^ estava 
hecha en todas las dichas provincias y solo rrestava por hazereen 
las de Amoya, Otaíma y Cacat;uma entrasen juntas sin dividirse a 
la dicha Provincia de Amoya y aviendo discurrido por toda ella y 
hecho buenos efectos entrase por las cabegeras de la dicha Prov* 
en la de Otainia y que la compañía de este Reino fuese vía recta a 
. la ciudad de Ibague desde adonde con algunos soldados vaquia- 
nos de la misma ciudad y otros que se hordeno al Cov"'' embiaSe 
desde el, fuerte entrase por las provincias circunvecinas a la dicha 
ciudad recorriéndolas todas hasta ir a parar a las dichas provincias 
de Otaíma y Cacataima y de allí al fuerte de San Joan conforme la 
borden e ynstru^ion que llevo del Presidente. ,^ 

En el mismo tiempo y sazón que se davan estas hordenes por 
el Presidente y las rrecivía el Gov°r los yndíos coyaimas que esta- 
van ensa devoción y alianzas vista la prevención que hasiamos 
para acometer al enemigo y el cuidado y aparato que en ella po- 
níamos se dispusieron ellos a haser lo mismo y ansí aviendo tenido 
noticia en la Prov'' de Maito en un rincón oculto de la sierra de 
Calara ma estavan retirados algunos yndios pixaos los acometieron 
y mataron quatro prendiendo diez y seis saqueándolos de mucha 
ropa y otrss cosas que allí tenían lo qual y los prisioneros se les 
dieron para que usasen de todo como a ávido en la guerra. 

El Gov°r de Muso en cumplimiento del borden que tenia del 
Presidente luego que entro el principio del año de 1608 comento 
a disponer la entrada y a los nueve Hen° partieron del fuerte de 
San Joan^n una tropa de tres compañías giento y dos hespañoles 
y ciento y trece yndios amigos endergando todos juntos su derrota 
a la Prov* de Amoya por la parte de Anaitoma desde donde acor- 
daron ir divididos en dos tropas una encubierta por la montaña y 
otra descubierta con el bagaje ambas talando y destruyendo las 
vituallas como cosa a que mas principalmente yvan mirando en 
esta entrada y para que el enemigo oprimido con la fuerza de este 
rigor saliese a campaña executose esto ansí discurriendo las tropas 
por todos los valles y montañas quebradas y rrincones hasta el re- 
mate y cumbre de la cordillera y paramo inabitabie sin dejar 
ningún sitio reservado en cuyo circuito se captibaron veinte y 
siete personas ocho yndios de guerra que quedaron ahorcados en 



158 BOLETÍN DE HISTOiaA Y ANTIGÜEDADES 



SU misma tierra y los demás fueron niños y mujeres admitiendo 
también de paz cinco yndios que de su voluntad vinieron en busca 
de sus mujeres y hijos que estavan en prisión. 

Taláronse en toda esta comarca du9ienta3 y cinco labranza» 
de maíz y otras legumbres no hallando en toda ella (siendo como 
esta dho la de mayor fuer5a y numero de Ynd'.) ninguna abitacion 
de casas ni rresisten^ia de enemigos aunque por muchos caminos 
fueron provocados buscándolas por lo mas interior de las monta- 
fias con tropas de poca gente y muy dividida y otras varias trabas 
y discursos que para esto se intentaron y aviendo hallado los ca- 
minos 9errados y toda la Prov* conun general silencio se presu- 
mió que esto nacia de algún ardid de guerra de los muchos que 
estos barbaros suelen inventar sobre lo qual se hiso dilig* con los 
prisioneros y todos en una conformidad declararon que los Ynd'. de 
la dha Prov* andaban divididos rrecelandose los unos de los otros 
y de que si los hespañoles prendían alguno avian de manifestar los 
demás y que ponian gran cuidado en no pelear y muy mayor 
en procurar salvar sus familias muchas de las quales ya no se sus- 
tentavan sino con yervas y raices silvestres dejnndose morir obsti- 
nadamente antes que venir a poder de los hespañoles por el temor 
con que se hallaron en la entrada que hicieron en Ibague y ansi 
iban divilitados sin genero de fuer§a y bigor para pelear y que los 
mas dellos se avian retiíado a partes muy remotas donde les pare- 
cia que no podria alcansarles la guerra. 

Aviendose hecho este castigo y tala en la Prov* de Amoya y 
entendido que no quedava otra ninguna cosa por haser en ella se 
junto el campo y acordó pasar a la Prov* de Otaima siguiendo su 
derrota por las cabeceras de Amoya que son las rai§es de la cordi- 
llera ynavitable y yéndose metiendo ya por la montaña de la Prov' 
de Otaima hallaron algunos yndios y niños muertos al parecer de 
hambre y sin enterrar que no causo pequeña admiración por la 
gen' costumbre que tienen de dar con extraordinario cuidado se- 
pultura a los difuntos. 

Fuese prosiguiendo la guerra por la misma traca que en la 
Provincia de Amoya y con ser esta de Otaima fértil y abundante y 
los Ynd". que la an ocupado muy belicosos no se hallo en toda ella 
quien la abitase porque aunque se captivaron trece personas y en- 
tre ellas dos yndios de guerra que luego fueron ahorcados confesa- 
ron que eran naturales de Amoya y se avian retirado alli y que 
mucha de la gente de esta Prov* de Otaima era muerta en esta 
guerra y de hambre y de enfermedades vieronse muchas sepolturas 
nuevas en que se avian enterrado que daban testimonio de esta 
verdad y aviendo corrido toda esta Prov* sin dejar rreservadaning* 
cosa della hasta en las mismas raices del paramo y cordillera no 
se hallaron mas de quarenta labranzas de maiz y otras legumbres 
que quedaron taladas, 

Pareciendole a esta tropa que ya por aquella p*« no avia cosa 
considerable en que ocuparse acordaron dividirse en tresesquadras 
la una que via rrecta bolviese al fuerte de San Juan con los prisio- 



GUERRA DE LOS FIJAOS 159 



ñeros y la otra que también tomase la mis* derrota atravesando las 
Provincias de Maito y Veuni viendo si avia en ellas alguna cosa que 
haser y la otra fuese a la Prov* de Cacataima donde ya se presu- 
mia que hallarla la compaflia de Ibague no aviendo ocupado toda 
la tropa en esta facción mas de quinse dias. 

La coaipañia que iva al fuerte con los prisioneros dio aviso al 
Gov""" de que hisiese luego Prov°" de vituallas por ir en extrema 
necesidad dallas reciviendo el hvíso al punto le despacho una es- 
colta de diez soldados y otros tantos ynd'. amigos con este socorro 
y como los de guerra andavan derramados por las Prov** sin tener 
lugar siguro que n) estuviese ocupado de hespafio!es párese que 
viniéndose rretirando por el valle de Maito abajo algunos ynd'. 
enemigos huyendo de la tropa que trai la presa súbitamente dÍ3ron 
en manos de la escolta que le venia a socorrer y de ocho persona* 
que heran fueron presos siete y dejando ahorcado en aquel sitia 
uñ yndio prosiguieron su viaje y aviend ) encontrado luego la tro- 
pa dieron la buelta al fuerte d )nde otro dia siguiente llegaron y la 
que tomo la via de Mdito y Veuni tardo algunos mas porque la 
torno rrecorrer procurando haser presa de enemigos y le hallo di- 
sierta y solam'^ talo quatro labranzas de maiz que estavan muy 
ocultas. La otra tropa que paso a Cacataima siguió su derrota y 
siempre en su viaje yendo juntas y divididas procuraron mucha 
brevedad por ir faltos de vituallas y no averias en las provincias. 

Pocos dias antes que el Gov'»'' de Muso despachase la tropa 
que fue a la Prov» de Amoya a entender en la segunda tala llego 
al fuerte de San Joan un yndio pixao natural de la Prov" de Maito 
cortadas ambas manos y sigun pare5Ío muchos tiempos avia casti- 
gos muy hordinarios que con poca advertencia y consideración 
comunmente hasian algs de les Capitanes que en el principio de 
la reltt5ion van nombrados que entraron a la pacificación de estas 
Provin9¡as porque en el discurso de esta guerra también salió aver 
al Presidente de paz fingido otro yndio que según su disposición 
por los mismos Capitanes le avian sido cortadas las narices y el 
labio superior este yndio de las narices cortadas se llamaba Meta- 
co, y vino solo de su voluntad a ver al Gov"'' y pa ser de buena 
razan muy sagaz y astuto de autoridad y mucha estimación entre 
los yndios se le hiso el tratamiento aventajado que todas estas par- 
tes requerían persuadiéndole a que por su medio e inteligencia se- 
ria bien que se hisiese la rredu9ion de sus compañeros a que satis- 
figo con bivas rasones pidiendo licencia aquel mesmo dia al Gov""^ 
para bolverse la cual se le concedió dejándole lleno de justas sos- 
pechas. 

Luego a los quince dias siguientes bolvio al fuerte el yndio 
Metaco acompañado de otros dos donde se le continuo el regalo y 
buen tratamiento, y al dia siguiente trataron de bolberse los doi 
compañeros dándoles fácilmente Ii9en§ia para ello con la exorta^ion 
hordiuaiia de que persuadiesen a los demás que dejasen la guerra 
y que tratasen de reducirse y en este intermedio ya las tropas avian 
salido del fuerte a ocuparse en la segunda tala. 



160 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



Los dos yndios se fueron con la ligen^ia que se les dio prome- 
tiendo volverían y el Metaco quedo solo en e! fuerte y por ser de 
las parces referidas se aumentava mas cada dia el buen tratamiento 
de su pers" y teniendo re9elo que por la sagacidad que con su tra- 
to descubría y la forma de aver venido se podia justamente presu- 
mir alguna grave cautela hordeno el Gov°^ a un soldado que con 
buena di5imula5inn le trajese siempre a la vista permitiéndole an- 
dar a su voluntad por dentro y fuera del fuerte en cuya considera- 
^ion-y ver su sitio y la trafa de! hera toda su ocupagion sin que 
todo el tiempo que alli estava se le conociese que pusiese en otra 
cosa su cuidado. 

Uno de les dos yns° bolvio a los seis dias al fuerte cortado el 
cabello y con públicas demostraciones de estar falto de juicio no 
dando ningnna razón de su embajada con cuya venida al de las 
manos cortadas subitam*^ se altero sin poderlo reprimir con su sa- 
gacidad intentando y aun sin li^en^ia del Gov"'' irse a su tierra 
porque con una continua inquietud y con pequeña causa de tener 
mojados sus vestidos y puestos al sol entrava y salia muy amenudo 
disimulándose con buena prudencia la fuga manifiesta que preten- 
día haser y estando el Gov"*" examinando la causa que este yndio 
tenia de venir con esta novedad al Metaco se alarga del fuerte me- 
tiéndose por la mayor asperesa de una quebrada que a al este 
vesina y el soldado de su guardia tras el y aviendole aIcan9ado y 
puestose en rresistencía le obligo a dejarle alli muerto. 

El Gov^*" fue avisado luego de este suseso y juntándolo con la 
novedad con que el otro yndio avia venido y aviendo hcrdenado 
que esta muerte no se publicase antes que el yndio Metaca se avia 
huido para sacar a luz el maltrato que ya se descubría imponiendo 
muy gran culpa al yn° que se mostrava loco desta fuga ha&ta po- 
nerlo a quistion de tormento en el qual declaro que la primer 
venida del yn** de las manos cortadas fue a persuasión de Vilaque 
cacique de la Prov' de Maito para que con su maña y astucia vi- 
niese a rreconocer el fuerte y viese la disposision del y si con faci- 
lidad se podria quemar y aviendo buelto con la razón que llevo se 
conformaron los yndios de esta Provn* con los de Otaima y todos 
juntos acordaron que bolviese al fuerte el yndio Metaco en la for- 
ma que esta dho a entretener a los hespañoles hasta la noche de 
este dia o la siguiente que los yns de estas Provinsias avian de ve- 
nir a quemarlo por no hallar otro camino con que obligarles a salir 
de su tierra y oue la instansia que el yn» Metaco avia puesto en 
irse era por estar concertado entre todos que uno de los dos saliese 
al camino aquel dia a dar quenta de lo que avia para que con ma- 
yor fai5lidad se pudiese executar lo que estava concertado con lo 
qual el Gov'^ mando ahorcar este yndio y el fuerte se libro de este 
peligro. 

A los veinte y cinco de henero partió a la ciudad de Ibague 
la tropa que por^ aquella parte avia hordenado^l Presidente entrase 
a las provinjias de Otaima y Cacataima con setenta y seis hespa- 
floles y ochenta yn»' amigos endereso su viaje y derrota por las 



GUERRA DE LOS FIJAOS 161 



cabeceras del rio de Yuamo a dar per las espaldas del fuerte' de 
Calarca y Gualara pringipales cabe9as de estas provincias procu- 
rando en aquella larga distancia haser alguna pre§a de enemigos y 
tala general de vituallas y no se hallaron ning°* ni rastro ni señal 
de haverlos y solaraen^<^ se talaron tres o quatro labranzas de maiz 
y sin otro ninguno embargo llegaron al fuerte de Gualara a los 
siete de febrero donde se sitio. 

Una de las tres topas que salieron del fuerte de San Joan a 
esta segunda tala a quien toco la entrada en la provincia de Ca- 
cataima después de averst; apartado de los demás la corno por una 
y otra parte del rio hasta la de Mole hallándolas desiertas porque 
solamente se talaron dos rosas de tnaiz y sin aver visto enemigos 
ningunos ni rrastro deljos prosiguió su viaje encaminando la de- 
rrota del al dho fueite de Gualara y el mismo dia siete de febrero 
les descubrió y hallo en el alojada la tropa que avia salido de 
Ibague. 

í^mbas pare5e se descubrieron en aquel sitio a un mesmo 
tiempo teniendo en medio el rio de Yuamo y la que venia de 
Amoya acordó de pasarla este dia y allegando al alojamiento don- 
de estava la de Ibague le dio larga quenta de los buenos efectos 
que avia hecho la esquadra que salió del fuerte de San Joan y que 
todas las provincias quedaban taladas y particularmente las de 
Otaima donde la suya iba dirigida. 

Con esta 9ertificacion que tuvo el Cap*"» Philipe de Rojas cabp 
de la compañía que entro por la ciudad de Ibague de que ya la 
Prov* de Otaima estaba talada que hera donde piincipalmen lleva- 
va endere9ada su jornada hiso junta de la gente mas lucida e im- 
portante de su campo y de la que nuevamente avia concurrido a la 
esquadra de Amoya para tomar resolu5ion y acuerdo de la mas 
conveniente derrota que devian seguir para mejor acierto de la 
guerra. 

Lo que en esta junta entre otras cosas propuso fué las horde- 
nes e instrucciones que llevava del Pres**^ la avian dirigido por ei 
viaje y derrota que hasta aquel sitio avia traido y que lo prosiguie- 
se hasta haser la tala general en la Prov* de Otaima y Cacataima 
y de alli pasase al fuerte de San Joan donde rrecibiese nueva bor- 
den del Gov^r de Muso para la jornada de Bulira y que pues la 
ida a la Prov* de Otaima ya cesava contenerla hecha como se cer- 
tificaba por el Capulí y soldados presentes que ayudaron a haserla 
y el se hallava con su compañía entera y sin necesidad de muni- 
ciones ni bastimentos y en paraje que avia ygual distan9ia desde 
aquel sitio al fuerte de San Juan como desde alli a la provincia de 
Bulira y que por estar ya el ibierno tan adelante hera mas conve- 
niente que el tiempo que se avia de gastar en pasar al dicho fuerte 
de San Joan se consumiese en irvia recta a Bulira por-tenerse no- 
ticia cierta que alli eran las principales retiradas del enemigo y a 
donde tenia hechas mayores 9emenleras y para que esto se hisiese 
con mas justifica9ion cada uno diese libremente el parecer que te- 
nia sobre elloá. 

XIV— 11 



162 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



La mayor parte de esta gente la tuvo en que desde aquel pa- 
raje saliese la jornada deBulira con cuya resolución el Cap*" escogió 
cínquenta y seis hombres y los yndios amigos que p* acompañarlos 
fueron menester y los veinte restantes que juzga por no necesarios 
imbio al fuerte de San Joan con la tropa que al! i estava y otro dia 
siguiente prosiguiendo la derrota que avia tomado por las cabece- 
ras del rio de Yoamo partió a la Prov* de Bulira. 

El mesmo dia tarnbien partió de aquel sitio para el fuerte de 
San Joan la tropa que avia venido coniendo aquellas provincias y 
por haser algunos buenos efectos se fue estendiendo por los mas 
encubiertos rincones y quebradas de la tierra donde sin aver halla 
do enemigos ni mas rastro ni señal dallos que dos rosas de riíaiz y 
cinco de legumbres que dexaron taladas llegaron al dho fuerte de 
San Joan en ocasión que ya el Gov"'' llevava muy adelante la pre- 
ven9ion y despacho de la jornada de los Totumos. 

El Cap*" Fhelipe de Rojas poniendo en efecto la rresolucion 
que avia lomado de haser su viaje a la provincia de Bulira por las 
cabeceras de Y. amo partió de fuerte de Gualara a los 9 de febre- 
ro y aviendo rrecorrido toda aquella comarca sin reáerbar siiio ni 
lugar oculto hasta la misma cordillera fueron talando muchas la- 
branzas de maiz y otras legumbres y sin aver visto enemigos mas 
de nueve ynd°' y muchachos que en diversas partes fueron presos 
atravesaron el paramo con inmensos trabajos asi por la azperesa q 
tiene y no hallar camino ni quien los guiase a la tierra que busca- 
ban como por ser esta la primera jornada que las tropas hespañolas 
hasian por esta via del paramo a la Gobernaijion de Popayan y 
llegaron a la provincia de Bulira la qual hallarían que eslava talada 
según las demostraciones por la gente del Gov*"" f'oi Basco y a 
los 22 de febrero entraron en el fuerte que en la m's* Prov* tenia 
el dho Gov"" a quien dieron aviso delio y aviendoles proveído 
abundantemente de vituallas de que ya estavan muy faltos les invio 
borden que pasasen a otro fuerte que llaman de la Paila que esta 
mas adelante desde donde por avisos del Gcv°r tomaron resolución 
de irse a la ciudad de Buga que cae en aquella comarca para re- 
formarse de salud y de otras cosas neces*' pira la gente de esta 
tropa que del largo camino y muchos trabajos que en el se pade- 
cieron se hallava muy falta y desacomodada. 

Luego que el Gov""" Domingo de Heraso tuvo juntas y reco- 
gidas las cfjmpañias que andavan ocupadas en esta sigunda tala 
con las prevenciones atrasadas que ya teni i hechas puso en execu- 
cion la jornada de los Tutumos nombrando por cabo della al Cap" 
Baptista de los* Reyes y que llevase consigo a los Capitanes Busto 
y Ortega Mexia con 80 soldados entresacados en todo el exercito 
muy bien prevenidos y pertrechados de armas bastimentos municio- 
nes y con ellos partió del dho fuerte a los i8 de febiero de este año. 

Aviendo marchado algunos dias al campo pareció conveniente 
dividirlo en esquadras que corriesen la tierra y la talasen y el 
Cap'" Baptista de los Reyes por falta de salud se sitio en las rrive- 
.ras del rio de Quítala y ordeno al Cap*'''Armalta que con treinta 



GUERRA DE LOS FIJAOS 163 



soldados fuese a rrecono9er la tierra que avia de la otra parte del 
rio de Quitala y después de puesto en efecto yendo un dia mar- 
chando hallaron por la via que caminavan huella y rastro fresco de 
enemigos con que se advirtió a todos que fuesen apercividos y con 
cuidado y aviendo llegado a un puesto que hasia una manera de 
ensillada cubierta no de montaña pero de malezas muy espesa 
cuyo sitio por ser acomodado para emboscada tenia el enemigo 
ocupado por ambos lados y la f.-ente con mas de du^ientos yns de 
guerra y nra tropa fue entrando por ella casi la mayor parte de la 
banguardia y siendo uno de los delanteros Antonio Méndez mulato 
descubrió un yndio con su lanza que estabji tendido en el suelo y 
con mucha disimulación calo la cuerda y le dio un balaso que le 
dejo muerto y los demás yns" que estavan emboscados por aquel 
lado se levantaron con gran grita y algazara llevando arrastrando 
al que mato el mulato y luego súbitamente con presteza increible 
los demás yns" que estavan en el otro lado acometieron la ban- 
guardia y en un instante sin poder ser resistidos mataron a lanza- 
das ocho soldados entre los quaits fueron el A feres Morsillo y 
sargento Calderón y hirieron otros tres y entre ellos al Cap'" Ar- 
malte despidiendo losynd'. mucha cantidad de piedras y dardos 
arrojadizos y siguiendo su vict^-ria llegaron a las manos con los 
soldados vivos y dellos les qiiit.)ron siete arcabuces. La retaguar- 
dia que esta va mas superior por serlo e! sitio en que se hallo repa- 
ro en el y dio una gran carga al enemigo que por mucho espacio 
estav a vista suya a menos de tiro de arcabuz, entiéndese que 
murieron en esta rrefriega quarenta ynd'. enemigos y los demás 
visto el daño que recivian de la arcabuceria se rietiraron desampa- 
rando aqued sitio y nra tropa se bolvio al R*. 

Después de este suc^eso se prosiguió la tala de 9ementeras en 
todaíi aqueHas pfovin5ias y particularmente en la del Tomuro don- 
de principalmente yban dirigidos halláronse muchas Iabran9as de 
maiz mayores que todas las que hasta entonces se avian visto y 
entre ellas dos que se juzgo tendrian mas de mili fanegadas y avien- 
do tenido muchos recuentros con los enemigos en que murieron 
algunos y fueron presos cator9í dieron la buelta al fuerte de San 
Joan. 

La compañia del Cap*" Fhelipe de Rojas y otra de Cristoval 
Quintero que el Gov^r de Popayán avia conducido en su govierno 
estuvieron algunos dias en la ciudad de Buga descansando en los 
grandes trabajos que p3de9ieron en su viaje y hallándose ya con 
fuer9as y comodidad para salir a campaña ordenaron de ir desde 
alii via recta al sitio donde los prisioneros testifica van estavan reti- 
rados mucha canti^ de ynd'. de la Prov* de Amoya y que otra tropa 
de quarenta ynd', de aquella GovO" a quien llaman gorrones muy 
ágiles y alentados y enemigos de los pixaos con dose hespañoles 
entrasen en la provincia de Bulira a haser los daños que pudiesen 
al enemigo. 

Con este presupuesto fueron marchando los hespañoles al 
lugar señalado de la retirada que hera en la provincia que llaman 



164 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



Buga la grande y aviendose acercado a un paraje donde tuvieron 
noti9ia que estavan se dio orden que el bagaje hiz ese alli alto y 
que el Cap*" Quintero con veinte hombres de su compañía y Al<* 
Cobo con otrcs veinte de la de Fhelipe de Rojas fuesen a rrecono- 
cer aquel sitio y aviendolo hecho asi se dividieron en quatro es- 
quadras que a un mismo tiempo acometieron el alojamiento donde 
a los 19 de abril que su^edici/ueron muertos trece ynd'. gandules y 
quarenta y tres chicos y grandes presos. 

Y ansi mismo Calieron los yndios gorrones que se avian d'írra- 
mado por aquella provincia hasiendo presa de diez enemigos y 
matando tres o quatro. 

Lqs yndios cpyaimas hiendo quan decaida andan los enemigos 
mientras nra gente a imbernado an hecho por si solos algunos asal- 
tos en ellos con prisión y muerte de cinco gandules y quince per- 
sonas de todas suertes. 

En este estado queda la guerra hasta oi veinte de junio de 
1608 y el Presidente aperciyido para partir de esta ciudad a prose- 
guirla un dia después de S^. Pedro. 



QUmifl DE BOblVflR 
Escritura de venta. 

Número setecientos veintisiete — En la ciudad de Bogotá, De- 
partamento de Cundinamarca. República de Colombia, a quince de 
mayo de mil novecientos veintidós, ante mí, Roberto Pinzón Sán- 
chez, Notario segundo de este Circuito, y los testigos instrumenta- 
les señores Raimundo Rivas y Rafael Escallón, varones mayores 
de veintiún años, vecinos de esta ciudad, de buen crédito y en 
quienes no existe impedimento legal, comparecieron los señores 
doctor Miguel Arroyo Dí¿z, General Víctor M. Salazar y doctor 
Alfonso Robledo, varones vecinos de esta ciudad de Bogotá, ma- 
yores de edad, capaces en el ejercicio de sus derechos civiles, a 
quienes conozco personalmente, y expusieron: 

Primero. Que el primero de los exponentes, o sea Arroyo Diez, 
obra en este acto en su carácter de Ministro de Hacienda de la 
República. 

Que el segundo de los exponentes, o sea Salazar, obra en este 
acto, en su carácter de Ministro de Gobierno de la República, 
condición en la cual es Presidente de la Junta denominada de la 
Quinta y Museo de Bolívar. 

La constitución de la mencionada Junta fue decretada por la 
Ley 53 de 19 ig, por la cual se apropian fondos para la compra de 
la Quinta de Bolívar. 

Que el tercero de los exponentes, o sea Robledo, obra en este 
acto en su propio nombre, advirtiendo, además, que procede en 
un todo de acuerdo con la Sociedad de Embellecimiento de Bogo- 



QUINTA DE BOLÍVAR 165 



tá, de la cual es miembro el exponent», pues esta escritura tiene 
por fin el realizar el patriótico intento que dicha Sociedad formó 
y que hoy logra llevar a feliz término, de procurar que la histórica 
Quinta de Bolívar pase a ser propiedad de la Nación y sirva para 
perpetuar allí el glorioso recuerdo del Libertador de Colombia. 

Segundo. Que por escritura pública número quinientos veiií- 
tiocho, pasada ante el Notario segundo de este Circuito, con fecha 
veintiuno de marzo de mil novecientos diez y nueve, el otorgante 
Alfonso Robledo compró a la señorita Matilde Moneada la finca 
raíz que se conoce con el nombre de Quinta de Bolívar, alinderada 
así (aquí los linderos). 

Tercero. Que la adquisición de la Quinta descrita la hizo el 
. exponente Robledo, obrando, como ya se ha dicho, de acuerdo 
con la Sociedad de Embellecimiento de Bogotá, con el ánimo de 
transmitir a la Nación la propiedad de dicho inmueble mediante 
una suscripción patriótica en que tomasen parte tanto las entidades 
públicas como las particulares y los ciudadanos que tuviesen a 
bien contribuir a este homenaje ofrecido a la memoria del Li- 
bertador. 

Correspondiendo a la excitación que a tal efecto hizo la Socie- 
dad de Embellecimiento, secundada por importantes órganos de la 
Prensa, los D.epartamentos de Antioquia, Atlántico, Cauca, Cundi- 
namarca, Norte de Santander y Narifio acudieron al llamamiento 
votando, por el ministerio de sus respectivas Asambleas, algunas 
partidas del Erario de esas entidades con destino a aquel objeto. A 
su realización igualmente cooperaron la Junta de Fesiejos del Cen- 
tenario de Boyacá, la Sociedad de Manizales, donde se organizó 
una velada literaria para allegar recursos, la Municipalidad de Toro 
y muchísimos ciudadanos de distintas secciones del país. 

Cuarto. Que el Congreso Nacional, por su parte, en hs sesio- 
nes de 1918 y 1919 dictó la Ley 53, de ese año, por medio de la 
cual destinó la cantidad de $ 20,000 del Tesoro Nacional para 
completar el valor de la Quinta de Bolívar y adquirir los objetos 
que a juicio de la Sociedad de Embellecimiento deben figuraren el 
Museo Boliviano. Constituyó, además, la misma Ley una Junta 
llamada «Junta de la Quinta y Museo de Bolívar,» compuesta del 
Ministro de Gobierno, del Gobernador de Cundinamarca, del Al- 
calde de la capital y del Presidente de la Sociedad de Embelleci- 
miento, para que tal entidad tomara a su cargo la percepción e 
inversión de la suma con que el Tesoro Nacional contribuye a la 
adquisición de la Quinta y a la fundación del Museo Boliviano, 
toda lo cual debe ser propiedad de la Nación y quedar bajo la 
custodia de la Junta referida. 

Quinto. Que en tal virtud, el otorgante Robledo, por medio 
de la presente escritura pública, transmite a título de venta a la 
Nación la propiedad de la finca raíz de que viene hablando, o sea 
la Quinta de Bolívar, con el terreno en que está edificada y con 
todas sus anexidades y dependencias, conforme a la descripción, 
situación y linderos que se han especificado en la clásula segunda 
del presente instrumento. 



166 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



Sexto. Que el precio' de esta venta es el mismo por el cual 
adquirió dicha propiedad el exponente Robledo, o sea la cantidad 
de vemticuatro mil pesos en moneda corriente, suma que el ven- 
dedor declara haber recibido a su satisfacción, así: diez y seis mil 
doscientos pesos que la Nación le ha pagado por conducto de la 
Junta de la Quinta y Museo de Bolívar, tomados de les veinte mil 
pesos que la Ley 53 de 1919 destinó para completar el valor de 
esa propiedad; y los siete mil ochocientos pesos testantes que ha 
recibido de la misma Junta, tomados del producto de la suscripción 
pública de que anteriormente se hizo relación. 

Séptimo. Que el expresado inmueble no lo ha vendido ni 
enajenado el exponente a persona o entidad alguna distinta de la 
Nación, y está libre de hipoteca, embargo, f)leito pendiente y con- 
diciones resolutorias, pues aunque en la escritura por la cual la 
señorita Matilde Moneada le transmitió a Robledo la propiedad de 
la finca aparece que quedó pendiente una parte del precio, cuyo 
pago fue asegurado con garantía hipotecaria constituida sobre la 
misma finca, hoy el precio está totalmente pagado con sus intere- 
ses correspondientes al señor Eduardo Moneada M. como cesio- 
nario de aquella señorita, en dicho crédito, por lo cual el nombra- 
do señor Eduardo Moneada M. ha firmado la escritura pública 
número seiscientos noventa y uno, de fecha ocho, del presente mes, 
otorgada en esta Notaría, instrumento en el cual declaró cancelado 
el crédito que existía a su favor proveniente del precio de venta 
de la Quinta de Bolívar y cincelada, en consecuencia, la hipoteca 
que garantizaba dicho crédito. 

Octavo. Que desde que el exponente kobledo adquirió la 
Quinta de B-^-lívar la entregó a la Sociedad de Embellecimiento, 
para que ésta la administrara y llevara a cabo el propósito que 
inspiró la adquisición de esa propiedad. La referida corporación 
transmitió a su vez la Quinta a la Junta creada por la Ley 53 de 
19 1 9, tan pronto como dicha ent.dad fue constituida. Por este 
motivo la Junta ha atendido al servicio de los intereses de la suma 
invertida en la compra de la Quinta, según aparece en el informe 
que con esta misnía fecha rinde el señor Tesorero de la menciona- 
da Junta. 

Noveno. El otorgante doctor Miguel Arroyo Diez declaró: 
que en su caiácter de Ministro de Hacienda y autorizado por el 
Excelentísimo señor Designado en ejercicio del Poder Ejecutivo, 
acepta para la Nación la presente escritura pública y la propiedad 
del inmueble llamado Quinta de Bulívar, quedando así cumplido 
lo que dispone el artículo 5.° de la Ley 53 de 1919. 

Décimo. El otorgante General Víctor Manuel Salazar, Mi- 
nistro de Gobierno, a su vez manifestó: que en su calidad de Pre- 
sidente de la Junta de la Quinta y Museo de Bolívar, creada por 
el artículo i.« de la Ley que antes sé citó, acepta y firma también 
esta escritura, expresando que la Jutita de que se habla tiene 
recibida la Quinta de Bolívar, y que ésta se halla bajo la custodia 
de la misma Junta desde que ésta fue creada. 



INFOKMES 167 



Undécinoo. Todos los' otrorgantes declararon, por último, 
que al llevar a cabo el, contrato solemne que ha sido consignado 
en las precedentes clá^ulas, es su propósito darle cumplida ejecu- 
ción al noble intento que ha guiado tanto a la Sociedad de Embe- 
llecimiento como al Congreso de 1Q19 y al Gobierno, de que la 
Quinta, que en diversas ocasiones sirvió de mansión al Libertador, 
sea destinada única y exclusivamente para organizar y conservar en 
ella una Biblioteca y un Museo Bolivianos, que mantengan siempre 
vivo en el pueblo de Colombia ei recuerdo y el culto del Padre de 
la Patria. 

Leído que les fue este instrumento a los otorgantes, lo apro- 
baron y firmaron con los testigos mencionados, y por ante mí, que- 
dando advertidos de la formalidad del registro, de todo lo cual 
doy fe. 

(Firmados) Alfonso Robledo — Miguel Arroyo Diez — Víctor AT. 
Solazar —Raimundo Rávas — Rafael Escallón — Roberto Pinzón Sán- 
chez, Notario segundo. 



inFORíTlES 
I 

DOCUMHNTOS QUE EXISTEN EN NUEVA YORK 

Señor Presidente de la Academia Nacional de Historia — Presente. 

Nuestro distinguido colega el doctor Nicolás Gircía Zamudio 
ha dirigido a la Academia varias notas muy importantes, relativas 
a documentos que interesan a la historia de Colombia y se hallan 
en archivos y bibliotecas públicos de I is Estados Unidos de Amé- 
rica. Una de esas notas, que tiene fecha de 3 de agosto pasado, 
me fue dada en comisión, y sobre e.la tengo el hon<jr de informa- 
ros lo siguiente: 

Según el señor Garcia Zamudio, existen en el departamento 
de manuscritos de la Biblioteca Pública de Nueva York varios do- 
cumentos relativos a nuestra historia colonial, los cuales ha estado 
estudiando y copiando con el propósito de darlos a la publicidad 
acompañados de apuntes que los ilustran. Dichos documentos, 
apunta nuestro colega, hicieron parte de la colección formada por 
don Antonio de Uguina de Madrid, quien los obtuvo en su mayor 
parte del señor Muñoz, autor de una «Historia del Nuevo 'Mun- 
do,» y del señor Navarrete, el compilador de los viajes célebres, y 
después de pasar por manos de diferentes dueños, entre ellos el 
señor l'ermaux-Compans, nombre grato a los historiógrafos del 
antiguo Imperio de los chibchas, hallaron por fin sitio al parecer 
definitivo en la Biblioteca de la gran metrópoli americana. Los que 
se refieren a la historia del Nuevo Reino de Granada son, según la 
nota a que me refiero, los siguientes: 

I. Una copia de la «Relación Histotial» del Padre Simón en 
dos gruesos volúmenes, copia tomada de los originales que repo- 
saban en el convento de San Francisco de Santafé. s 



168 BOLETÍN I>E HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



II. El «Itinerario de Correos del Nuevo Reino de Granada 
y Tierra Firme,» etc., etc., por don José Antonio de Pando, Ad- 
ministrador principal comisionado para el establecimiento y arre- 
gjo de dicha renta en los Virreinatos de Santafé y del Perú, con 
residencia en la capital de Lima, 

III. «Relación de lo que sucedió en la jornada de Amagua y 
el Dorado que fue a descubrir el Gobernador Pedro de Ursúa,» 
etc., por don Francisco Vásquez, soldado que fue de Aguirre. 

IV. «Relación hecha a Su Majestad del descubrimiento y con- 
quista del Nuevo Reino de Granada,» eic., por Juan de San 
Martín y Antonio de Lebrija; y 

V. «Estado del Virreinato de Santafé, Nuevo Reino de Gra- 
nada, y relación del gobierno y mando del Excelentísimo señor 
Baylío Frey don Pedro Mesía de la Cerda,» por el doctor Fran- 
cisco Antonio Moreno y Escandón. 1772. 

Todos estos documentos, sobre los cuales solicita datos 
nuestro colega García Zamudio, si bien muy valiosos para el his- 
toriador, se hallan publicados totalmente o en su mayor parte. Me 
referiré a cada uno de eilos por separado. 

I. «Relación Historial» de fray Pedro Simón. Como es sabi- 
do, la primera parte de las «Noticias Historiales de la Conquista 
de Tierra Firme» — que comprende siete noticias— fue publicada 
en Cuenca en 1626- 1627, y reimpresa en 1882 por el doctor Me- 
dardo Rivas, quien publicó, nueve años después, por vez primera,' 
las partes segunda y tercera délas «Noticias Historiales,» con siete 
noticias cada una, advirtiendo que la impresión se hacía «sobre 
los manuscritos de la Biblioteca Nacional.» Muy probablemente 
esos manuscritos son los antiguos originales que reposaban en el 
convento de San Francisco de Santafé, de lr»s cuales se tomó la 
copia que se halla en la Biblioteca de Nueva York \1 hablar de la 
publicación hecha por el doctor Rivas, decía con justicia nuestro 
benemérito colega^ Eduardo Posada en el prólogo a la «Biblioteca 
de Historia Nacional» : «Justo es, al emprender toda noble tarea, 
recordar a los precursores. El esfuerzo que hoy hacemos, sencillo 
en otro país pero de gran fatiga en Colombia, ha sido ya hecho en 
otras ocasiones. Don Medardo Rivas fundó una colección de 
«Obras Históricas de Colombia,» en la cual alcanzó a publicar 
once volúmenes: la historia de Piedrahita, en un tomo; ladeGroot, 
en cinco; la del Padre Simón, en igual número. Reimpresiones 
aquellas dos, así como el primer tomo del Franciscano, y publi- 
cados por primera vez los otros cuatro de éste; hizo con tal obra, 
el señor Rivas, gran beneficio a esta clase de estudios.» Debemos 
observar, sin embargo, que la ^corrección de pruebas no se hizo 
con la escrupulosidad debida, lo que dio por resultado la altera- 
ción de no pocos nombres históricos y geográficos. Sería muy de 
desearse que la Academia tomara cartas en el asunto y nombrara 
una Comisión que comparara cuidadosamente la obra publicada 
con sus originales, para corregir los errores de imprenta, con lo 
cual prestaría aún mayor servicio la oportuna publicación del doc- 
tor Medardo Rivas. 



INFORMES 169 



II. «Itinerario de Correos,» por don Juan Antonio Pando. 
Don Manuel José Guzmán, en su estudio sobre el correo en Co- 
lombia, publicado en el número 46 del Boletín dk Historia, co- 
rrespondiente a julio de 1907, cita el «Reglamento de instalación 
de correos de correspondencia de Santafé de Bogotá a Cartagena 
dé Indias,» y extracta algunas noticias de ese documento. Al pa- 
recer, el pequeño volumen empastado a que se refiere el doctor 
García Zamudio, y que se haHa en la Biblioteca de Nueva York, 
contiene mayor cantidad de datos, recogidos por el mismo comi- 
sionado Pando, que los que tuvo a la vista el señor Guzmán para 
la preparación de su monografía. Quizás lo más conveniente en el 
particular es enviar al doctor García Zamudio el mencionado nú- 
mero del Boletín, para que en vista de él pueda juzgar que parte 
del Itinerario del señor Pando puede considerarse como inédito y 
merece copiarse y publicarse. 

III. «Relación de lo que sucedió en la jornada de Amagua y 
el Dorado,» por Francisco Vásquez. El historiógrafo español don 
Segundo de Izpizua en el tomo v de su laboriosa obra «Los vascos 
en América» — tomo consagrado íntegramente a narrar los cscuros 
comienzos, prodigiosos viajes y desastrado fin de Lope de Aguirre, 
cuya legendaria figura realza tanto que, dejándose llevar de su en- 
tusiasmo por las innegables proezas realizadas por el legendario 
aventurero y rebelde, llega a proclamarlo precursor y primer már- 
tir de la independencia americana, — menciona varias veces la «Re- 
lación» escrita por Francisco Vásquez, y agrega que está publicada 
en el tomo xx de los editados por la Sociedad de Bibliófilos espa- 
ñoles — Madrid 1881, — con una extensa e interesante «Advertencia 
preliminai» por el Marqués de la Fuensanta del Valle. Por cierto 
que el señor Izpizua ataca a Vásquez tachándolo de muy parcial 
en contra de Aguirre, por haber escrito su «Relación» con posterio- 
ridad a los sucesos, incurriendo en varias inexactitudes, y lo hace 
responsable en mucha parte de las sombras qué envuelven a su 
héroe, dado que fray Pedrf> de Aguado siguió fielmente a Vás' 
quez y a su vez fray^ Pedro S món copió a Aguad y popularizó la 
trágica vida de ese vasco de! siglo Xvi. 

IV. «Relación del descubrimiento y conquista del Nuevo 
Reino,» por Juan de San Martín y Antonio de Lebrija. Crej que ese 
«manuscrito de catorce hojas» sea la misma carta dirigida al Em- 
perador por los Oficiales Reales de la expedición de Quesada, San 
Martín y Lebrija, carta publicada en el libro xxvi, capítulo XI de 
la «Historia Generaly Natural de las Indias,» por el Cspitán Gon- 
zalo Fernández de Oviedo- y Valdés, primer cronista del Nuevo 
Mundo. Madrid — 1852 —Tomo 11, obra de donde la han tomado 
distintos historiadores. Me fundo para este concepto tanto en el 
tamaño de la «Relación,» que concuerda con el de la carta, cuanto 
porque ésta fue publicada por el mencionado señor Termaux-Com- 
pans en su ensayo sobre la antigua Cundinamarca. En todo caso, 
para que nuestro colega pueda aclarar definitivamente el punto, 
copio los párrafos primero y final dé la epístola aludida: 



170 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



Primero. «Ya á Vuestra Magestad !e será notorio como el 
adelantado don Pedro Hernández de Lugo vino a la cibdad y 
provincia de Sancta Marta por gobernador,» etc. 

Final. «E de aqui todos juntos nos partimos á ocho deste mes 
de ju'io (1.539) en una nao, que al pre.ssente está en este Puer- 
to, que va a los Reinos de España. Plega a Nuestro Señor Dios 
que siempre las Vitorias de Vuestra Magestad vayan en cresci- 
miento de muchos mas reinos y señoríos, é aumento de nuestra 
santa fé catholica. — S. C. C. M. -Criados y Vasallos de Vuestra 
Magestad que sus reales pies y ma^os besan -Johan de Sanct Mar- 
tín — Antonio de Lebrixa.» 

V. «Estado del Virreinato de Santa Fé, etc.,» por el doctor don 
Fran:isco Antonio Moreno y Escandón, 1772. Como muy bien lo 
dice el doctor García Zamudio, esta relación, cunsiderada como 
anónima, fue publicada en parte por el diplomático peruano señor 
García y García en su colección de Relaciones de Mando de los Vi- 
rreyes del Nuevo Reino de Granada, impresa en Nueva York en 
1869, pero el completo de este valioso estudio, o sea todos los pá- 
rrafos ralativos a Real Hacienda, Correos, Monedn, Estado litera- 
rio, eclesiástico y militar, etc., de la hoy República de Colombia, 
no se hallan inéditos, como supone nuestro colega, pues U Rela- 
ción completa vio la luz pública en el tomo iv— correspondiente 
al .segundo semestro del año de 1870 — ^de los «Anales de la Uni- 
versidad Nacional.» Empero, como el órgano de la antigua y glo- 
riosa Universidad de Colombia es ya una curiosidad bibliográfica, 
muy conveniente sería que la Academia reprodujese en sus publi- 
caciones el estudio del célebre Fiscal, lustre de la época colonial, 
tomándolo sí de los «Anales,» para evitar al doctor García Zamudio 
el trabajo de copiar el manuscrito newyorkino, y acompañándolo 
de un facsímile del mapa elaborado por el mismo Moreno y Es- 
candón. Esta interesante carta geográfica, de la cual se conserva 
un ejemplar en la Comisión Asesora del Ministerio de Relaciones 
Exteriores, se titula así: «Plan geográfico del Virreynato de Santa- 
fé de Bogotá, Nuevo Reyno de Granada, que manifiesta su de- 
marcación territorial, islas, rios principales, provincias y plaz-js de 
armas; lo qucNOCupan indios bárbaros y naciones extranjeras; de- 
mostrando los confines de los dos Reynos de Lima y México, y 
establecimientos de Portugal, sus lindantes; con notas historiales 
del ingreso anual de sus rentas reales, y noticias relativas a su 
actual estado civil, político y militar, formado en servicio del 
Rey Nuestro Señor por el doctor don Francisco Moreno y Escan- 
dón, Fiscal Protector de la Real Audiencia de Santafé y Juez Con- 
servador de Rentas. Lo delineó don Joseph Aparicio Morata, año 
de 1772. Gobernando el Reyno el Excelentísimo señor Baylio 
Frey don Pedro Messía de la Cerda.» Contiene el mapa datos por 
demás interesantes, y una curiosa ilustración gráfica de la capital 
del Virreinato, por todo lo cual haría la Academia un servicio de 
consideración si lograra publicarlo en la forma conveniente. 



INFORMES 171 



Como el doctor García Zamudio anuncia en su nota que se 
prepara a escribir acerca de la personalidad admirable que fue el 
Fiscal Moreno y Escandón, y sin duda hará un trabajo tan serio y 
meritorio como sus anteriores producciones, que nuestro instituto 
ha aplaudido como era de justicia, debe remitírsele la biografía de 
este personaje, escrita por don José Manuel Marroquín, reproducida 
en su mayor parte en «El Porvenir» dirigido por nuestro consocio 
el doctor Arturo Quijano, quien me ha facilitado oportunamente 
un eiemplar. 

Aun cuando se aoarta de los temas que cobija en su carta el 
doctor García Zamudio, aprovecho la ocasión para formular por 
escrito una insinuación que ya hice verbalmente a la Academia: la 
de dar encargo a nuestro diligente compañero de investigar el ar- 
chivo del procer y Presidente de Colombia General Pedro Al- 
cántara Herrán. Este archivo, de interés que parece superfluo 
encaracer, se halla depositado, según informes que he recibido, en 
la Universidad de Georgetown, Washington, donde lo dejó un 
deudo cercano del General. Sería por todo extremo conveniente 
que el doctor García Zamudio lotí[rara consultarlo, tomara nota de 
sus más importantes documentos, y obtuviera, si ello es posible, 
permiso para copiarlos. Si esto último se lograse, podría autori- 
zársele igualmente, previo envío del presupuesto respectivo, para 
pagar el trabajo de uno o dos copistas por cuenta de la Academia, 
si la erogación está dentro de las posibilidades de este cuerpo. En 
todo caso, para el instituto es de mucho valor el concepto que el 
doctor García Zamudio se forme del mencionado archivo. 

En consecuencia, y si mis ilustrados colegas no tienen obje- 
ción que hacer al presente informe, tengo el honor de prop(jner 
como conclusiones lasi'íjiguientes: 

I. o Transcríbase el anterior informe al doctor Nicolás García 
Zamudio como respuesta a su carta de fecha 3 de agosto, y dígase- 
le que la Academia de Historia ve con gran complacencia que sus 
labores en ei Consulado colombi no en Nueva York no han amor- 
tiguado su entusiasmo por la historia patria, y aplaude sus merito- 
rias investigaciones. 

2° Dígase también al doctor García Zamudio que la Acade- 
mia agradecería que verificara una inspección al archivo del General 
Pedro Alcántara Herrán, que se halla en cThe Georgetown Uni- 
vergity,^ con el objeto de enviar un concepto detallado sobre la 
importancia d^ ios documentos que contiene, número aproximado 
de ellos, facilidades para la consulta y autenticación de las copias, 
costo de éstas, etc. ■' 

Bogotá, octubre 31 de 192 r. 

Señor Presidente, vuestra Comisión, 

Raimükdo Rivas. 



172 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 

II 

DOCUMENTOS ENVIADOS DE SEVILLA 

Señor Presidente de la Academia Nacional de Historia— Presente. 

Entre las épocas dhe la historia de Colombia más oscuras por 
falta de documentos fidedignos, y, al mismo tiempo más interesan- 
tes para conocer el origen y evolución de nuestra nacionalidad, se 
encuentra, sin duda, la que se refiere a la organización del Nuevo 
Reino de Granada, como entidad colonial española, una vez cerra- 
do, a lo menos en parte, el período heroico, sangriento y tormen- 
toso de la Conquista. Esa época ocupa muy pocas páginas en las 
obras de nuestros cronistas e historiadores, como si en realidad ca- 
reciera de importancia, teniéndola tan grande, y diríase que e\ 
brillo que despiden los aceros y cotas de malla de los descubrido- 
res y allanadores de las tierras sirve precisamente para dejar en la 
sombra las figuras de los funcionarios enviados por el Monarca, 
con las Leyes de Indias en la mano, a establecer el régimen civil en 
esa scciedad que se iniciaba entre los espasmos de. dolor de una 
raza vencida y los apetitos y ambiciones de sus férreos domi- 
nadores. 

A dar luz vivísima sobre el lapso que va de la fundación de la 
Real Audiencia de Santafé a las medidas tomadas por sus Oidores 
para la defensa de Cartagena contra los corsarios, a quienes esti- 
mulaba el éxito del célebre Sir Francisco Drake, vienen los docu- 
mentos copiados en el Archivo General de Indias por nuestro 
colega el ceñor General Ernesto Restrepo Tirado, quien presta con 
esta labor servicio invaluable a los estudios histór'cos. Son esos 
documentos las comunicaciones dirigidas por los Presidentes, Vi- 
sitadores, Oidores y Fiscales a la Corte, ya directamente al Rey, 
ya al mismo Soberano por intermedio de su Consejo de Indias. E 
inútil parece encarecer el concurso que tales documentos aportan al 
conocimiento exacto tanto de las disposiciones emanadas de la 
Corona con el objeto de armonizar, sobre bases de justicia y equi- 
dad, los derechos de los conquistidores con los de los antiguos 
habitantes del suelo, como de las dificultades que para que esas 
disposiciones fuesen una realidad resultaban bien de íh distancia 
entre las colonias y la Corte, ora de la índole de la gente de espa- 
da, que miraba con desvío a la de gola, y, también, de los defectos 
que caracterizaron a mi^óhos de los miembros de las Audiencias 
de Indias 

La labor del académico Reí trepo Tirado, «más de paciencia 
y consagración que de inteligencia,» según dice él mismo, ha sido 
realizada con un esfuerzo y un conocimiento de la materia muy 
grandes. Muchos lamentarán que los documentos no hayan sido 
copiados ad pedem iiterac, con lo cual sin duda conservarían más 
el sabor de la época y mayor autenticidad, pero, por otra parte, 
como acertadamente lo dice nuestro colega, prestan quizás en la 
forma escogida, despojados de toda palabrería inútil y de frecuen- 



INFORMES 173 



tes repeticiones, un servicio más efectivo al investigador, quien 
halla en una síntesis, orde lada cronológica y acertadamente, todos 
los datos que encierran esas múltiples epístolas. 

En la parte de su trabajo que envía ahora a la Academia 
nuestro Cónsul en Sevilla, se encuentran datos nuevos y asaz inte- 
resantes sobre todos los acontecimientos acaecidos en el interior 
del Reino de 1547 a 1586, y anotamos de paso los que se refieren 
al conflicto entre el Mariscal Robledo, cuya vida quedó marcada 
con un rápido y sangriento ocaso, y el Adelantado Benalcázar, 
tachado por unos de manteiier inteligencias culpable-' con los Pi- 
zarros, y señalado- por otros como leal y meritísimo vasallo del 
Emperador; a las penalidades del viaje de don Miguel Diez de Ar- 
mendáriz, al estado del Reino a su llegada como Gobernado'^, dificul- 
tades para implantar las nuevas leyes sobre encomiendas, y quejas 
dadas Címlra el gobierno de sus antecesores, especialmente contra 
don Alons > Luis de Lugo, en cuya defensa alegaba su deudo y 
lugarteniente Lf)pe Montalvo de Lugc; y los referentes al nom- 
bramiento y venida de los primeros Oidores a fin de establecer la 
Rea! Audiencia. Allí aparecen detalles curiosos sobre las visitas 
de encomiendas a que estaban obligados los Oidores, y sueldos y 
prerrogativas de que disfrutaban; acerca de los crímenes del som- 
brío Visitador Montano, y respecto del período de mando del Pre- 
sidente don Andrés Díaz Venero de Leiva, cuyas providencias 
para mejorar la situación del Reino no fueron suficientes para evi- 
tar una rigurosa residencia, pues parecieron poco más de 3,000 
hojas de papel sellado para acumular los cargos contra este pru- 
dente mandatario. No menos interesantes son los que se refieren 
al coste de hs mercancías y derechos que causaban para entrar a la 
recién fundada colonia; a la manera como la Audiencia gobernaba 
la inmensa porción de territorio americano puesta bajo su cuidado, 
a la fundación de ciudades, laboreo de las minas, y, finalmente, a 
las enconadas competencias entre el Arzobispo y la Audiencia, y 
en el seno de este mismo alto Tribunal entre el Presidente y los 
Oidores, y a la manera como se solicitaban y concedían las enco- 
miendas, que fueron siempre un semillero de pleitos para el Poder 
Judicial y un azote, en el'mayor número de los casos, para los in- 
dígenas, no obstante la legislación prudencial que imperaba en la 
materia. 

Los legajos comprendidos en la sección del Archivo de Indias 
titulada «Real Audiencia-» y que son los que en extracto envía 
ahora el General Restrepo Tirado, sirven para precisar muchos 
puntos de la historia eclesiástica y civil; aclarar las dudas sobie las 
fechas en que tuvieron lugar los acontecimientos, y conocer, en su 
verdadera atmósfera, la vida de la Colonia durante sus primeros 
cincuenta años. Ellos nos hacen casi contemporáneos de los hom- 
bres que figuraron en esa época ya tan lejana, y ponen también de 
relieve la dificultad enorme que encontraba el Monarca para go- 
bernar, por sobre el inmenso Atlántico, sus posesiones americanas, 
dado que sus representantes describían siempre con los más risue- 



174 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



ños colores la obra que adelantaban en su nombre, y que muy esca- 
so era el resultado práctico que se derivaba del envío de Visitadores 
regios, pues casi siempre resultaban dos partidos, el del Visitador 
y el de los residenciados, cada uno de los cuales enviaba a la Cor- 
te relaciones que le eran favorables, y en las cuales, con el testi- 
monio de personas que se consideraban abomdas, se pintaba al 
adversario con los más negros colures. Ejemplo elocyente de esto 
dan las cartas contradictorias dirigidas al Rey don Felipe il por 
el Visitador don Juan Bautista Monzón y por sus deudos, de un 
lado, y del otro, por el Presidente don Lope de Armer\dáriz y los 
Oidores, en esa reñida lucha que principió con el matümíuiio tan 
sonado del hijo de Monzón con la riquísima doña Jerónima de 
Orrego, la hija única del conquistado'- Antón de Olaya; se des- 
arrolló con peripecias tan notables como la intervención dei Arzo- 
bispo fray Luis Zapata de Cárdenas en fnvor de la Audiencia y la 
suspensión del Presidente y sus partidarios, y terminó, a lo menos 
en Santafé, con la prisión íi mano armada del Visitador y la pre- 
matura muerte de su hijo don Fernando, quien por tan co^to 
tiempo pudo gozar de su combatida luna de miel y de los pin ües 
provechos de la encomienda de Bogotá. Sobre esos incidentes, 
que podrían ser materia para un cuadro de costumbres de tan in- 
teresante lectura como el que trazó la pluma del insigne don José 
Caicedo Rojas en las páginas de «Di>n Alvaro,» hay en los docu-' 
mentos a que nos referimos detalles preciosísim< s. 

Con un atractivo parecido al que tienen las picantes páginas 
de Rodríguez Fre-le, se leen muchas de esas comunicaciones de 
los altos funcionarios del Nuevo Reino de Granada al Monarca de 
las Españas. Es la historia fiel de esa época, o, mejor di. ho, es la 
vida íntima de los Presidentes y Oidores y personas de represen- 
tación vista entre bastidores, con toda su crudeza, ya que esas 
cartas tenían en su mayor parte carácter reservado, lena de las 
minucias decisivas que tánt > influyen en los acontecimientos y no 
se columbran en el panorama inmenso de la historia, y en que se 
ponen de relieve las rencillas y emulaciones, los odios mortales y 
las feroces antipatías que entontes, como hoy. geimman entre los 
mismos que tienen a su cargo orientar y regular la man ha de los 
asociados Por esos documentos pasan, con sus rasgos psicológicos 
que los hacen distinguir unos de otros, como en una cinta cinema- 
tográfica, el Visitador don Miguel Diez de A'mendári¿, don An- 
drés Venero de Leiva, el bueno, y don Francisco B iceño, cuyo 
carácter pusilánime queda marcado con pu petición al Emperador 
de que se quemasen sus cartas una vez leídas; los Oidores Beltrán 
de Góngora, Andrés López de Galarza, Alon><o de Grajeda, Tomás 
López, Melchor Pérez de Arteaga, Diego de ViPafañ^, Juan López 
de Cepeda, el Fiscpl García de Valverde, el Fis.-al Alonso de la 
Torre, ,cuyo comportamiento mereció tantas censuras; Diego de 
Narváez. Francisco de Anuncibay, «cuyos am^ res eran e' hazme- 
rreír de la ciudad»; Luis Cortés de Mesa, a quien no valió su no- 
bleza de sangre para librarse del patíbulo a que lo condujeron sus 



APUNTES HISTÓRICOS 175 



vicios; Antonio de Cetina, Pedro de Zorrilla, Miguel de Orozco, 
Juan Ruiz de Mora, cuyas aventuras antes de pisar las costas del 
Nuevo Reino son un entretenido capítulo de los anales de los fili- 
busteros; Cristóbal de Azcoeta, fallecido pronta y misteriosamente 
a poco tiempo de llegar a Santafé; Prieto de Orellana, Gaspar de 
Peralta, Pérez de Saiazar y Francisco Guillen Chaparro. Y todot 
esos aspectos, ya encomiables, ^)ra dignos de la reprobación de 
la posteridad, que presentan los hombres dirigentes en la obra de 
la colonización española, sirven para poner en su exacto color la 
«leyenda gris» de esa misma obra, que no es la negra de los anti- 
hispanófilos, que lo ven todo cul)ierto con las sombras de errores 
monstruosos y de crímenes más monstruosos óún, patrocinados por 
el Gobierno español, ni la blanca de los críticos tan entusiastas 
como crédulos, que quisieran que se apreciase la labor de los con- 
quistadores y funcionario^ que vinieron de la Península, como si 
toda ella se destacase sobre un fondo inmaculado. 

Creemos que bastan estas poca'^ consideraciones para que la 
Academia pueda apreciar en lo que vale el mérito de la tarea 
que adelanta en Sevilla el señor General Restrepo Tirado, al for- 
mar el inventario y extractar los principales documentos que se 
refieren a la historia de la hoy Repúolicd de Colombia, y se guar- 
dan en el monumental Archivo de Indias; así como la importancia 
que tienen los papeles referentes a la Real Audiencia, en el período 
de 1547 a 1586, que ha enviado a la corporación. En consecuencia 
os proponemos respetuosamente: s, 

La Academia Nacional de Historia agradece debidamente al 
señor General Ernesto Restrepo Tirado el envío que ha hecho a 
la corporación de muv importantes documentos relativos al esta- 
blecimiento del régimen civil en el Nuevo Reino de Granada, y lo 
excita a que continúe en esta patriótica labor, que es de gran tras- 
cendencia para el cultivo de los estudios históricos, basados sobre 
fuentes fidedignas. 

Los señores Director y Redactores del Boletín de Historia y 
Antigüed.ades quedan comisionados para gestionar la publicación, 
a la mayor brevedad posible, y con carácter preferencial, de los 
aludidos documentos, ya sea en el órgano de la Academia, o bien 
en un volumen separado, si a juicio de ellos fuere preferible. 

Raimund'"- Rivas — José Manuel Marroquí n O. 

Bogotá, ener'^ de 1922. 



flPUnCES B15C0RIC05 DE SAH bUIS 
(hoy Sevilla) 

De la alta Sierra de la Cimitarra se desprende un estribo Je la 
Cordillera Central, que tiene su término en el alto de Santa Bár- 
bara en la ciudad de Cartago. En la poética y pintoresca planicie 



176 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



O meseta de! nombrado estribo se llevó a cabo la fundación de la 
ciudad de San Luis el día ii de julio del año de 1903. Los prime- 
ros vecinos se reunieron y nombraron una junta pobladora com- 
puesta de los señores Eliseo Muñoz, Luis F. Sánchez, Heiiodoro 
Cebailos, Manuel de los Dolores Lozano y Ricardo Arias. Estos, 
como miemb,ros principales, y suplentes, Vicente Sánchez, Tomás 
Cebailos, Ramón Arias, Asnoraldo León y Virgilio Hoyos. Al se- 
ñor Antonio María Gómez lo eligieron secretario de la junta. Ade- 
más nombraron como juez poblador al señor don Jesús Matia 
Correa. 

Don Heraclio Uribe U., en sus exploraciones hechas al lugar 
cuando todD era montañas, habla señalado el campo donde debía 
desarrollarse el plano de la ciudad con sus respectivas plazas y ca- 
lles. La junta dio principio a entregar o adjudicar solares, com- 
prometidos los vecinos a derribar monte, limpiar calles y construir 
casas a la mayor brevedad. 

Con verdadera fe se dio manos a la obra. El poderoso puño 
antioqueño, armado del hacha, el calabozo y el machete dio cuenta 
bien breve de la selva virgen. Y a donde meses antes el tigre reco- 
rriera cauteloso, nace como al evoco de un conjuro la floreciente 
ciudad. A.U)S*di)S años de fundación, ya contábanse más de tres- 
cientas casas aun cuando mal construidas y de corta vida. La po- 
blación se veía crecer, pues las familias que entraban a poblar eran 
numerosas, especialmente las de origen antioqueño. Por este tiem- 
j)o el mercado era bastante abundante: se expendía algún ganado, 
(tres reses y quince cerdos). La circulación de dinero era buena, y 
los vecinos emprendían la construcción de una cómoda capilla. 
También fundaron dos escuelas para niños de uno y otro sexo. 

La población iba viento en popa a toda vela, pero sin que se 
haya podido averiguar la qausa, San Luis sufrió repentinamente 
una de .adencia pasmosa, durante la cual se creyó quedaría borra- 
do del mapa nacional. Lus vecinos salían a bandadas, y por carta 
que conservo de un amigo, dice que llegaron a quedar deshabitadas 
como doscientas casas ¿El motivo? No se sabe, porque su posición 
es hermosa y poética: arriba, la rica Cordillera Central, cruzada de 
filones de oro y plata, con terrenos inmejorables para ganadería, 
cultivo de la papa, el trigo y el arroz; y abajo, el paraíso terrenal, 
el portentoso Valle del Cauca, donde aún suelen escucharse las 
confidencias de María, que llenaron de inmortalidad a Jorge Isaacs; 

Un amigo me decía: «no sabemos porqué se quiere acabar 
San Luis. Pero lo que parece es que el ángel exterminador hubie- 
• ra pasado por allí cotí ánimo de acabar con toda iniciativa y todo 
progreso de aquel pueblo.» 

No obstante, San Luis poco a poco empezó a reaccionar. Vol- 
vieron algunos de sus primeros pobladores, vinieron otros nuevos, 
y en el momepto de consignar esta memoria, el porvenir de San 
Luis no se discute. 

A las dos escuelas asisten algo más de ciento veinte niños. Se 
cuentan cinco tiendas de mercancía y varias de granos. 



LOS CONQUISTADORES DEL IBÍPEEaO CHIBCHA 177 



Las rentas del Corregimiento ascienden a más de cuatrocien- 
tos pesos oro anual, fuera de la participación en la de licores. 

Los habitantes pasan de tres mil, y son muy hospitalarios, so- 
brios y laboriosos. Se dedican a la agricultura, preferentemente al 
café, caña y pasto de Micay, por el cual sienten mucho apego. 

Hay cuatro vías de comunicación con Armenia, Zarzal y Bu- 
galagrande. 

En resumen: está dividida el área de San Luis en 420 manza- 
nas. Cada manzana, en ocho solares de jo metros de frente por 40 
de centro cada solar. Las calles son de 10 metros de ancho. Cruza 
la población de oriente a occidente la quebrada denominada «Saa 
José.» 

Tal era por aquellos días San Luis, la que más tarde ha veni- 
do a llamarse Sevilla. Floreciente y rica ciudad del Valle, que 
cuenta algo más de 15,000 habitantes, llenos de fe en el porve- 
nir y dirigidos espiritualmente por el virtuoso y sabio ministro del 
Señor, doctor Zawadsky, cura inteligente y progresista, querido de 
los más y odiado de los menos, pero que promete muchas con- 
quistas para la civilización y muchas almas para su Dios. 

Valentín Macías 
Armenia, agosto 24 de 1922. 

h05 COnQUISCñDORES DEh imPERIO Cf5iBC6fl 

¿Con cuántos compañeros realizó Quesada la gloriosa conquista 
del Imperio de los Chibchas? En el volumen 11 del «Descubrimien- 
to y Conquista de Colombia» (la obra más moderna y completa 
publicada hasta hoy sobre esos asuntos), trata el doctor Restrepo 
Tirado de reconstruir la nómina de aquellos atrevidos sacres que 
desde las playas de Barrancabermeja alzaron vuelo hacia la alti- 
planicie diciendo a sus conmilitones de los bergantines: ^Esperad- 
nos diez meses, y si al cabo de ellos no hemos retornado, poned 
proas hacia Santa Marta » Acto de intrepidez que hace recor- 
dar al de Cortés, destruyendo sus naves... ~... 

En su reconstrucción toma el doctor Restrepo como base la 
lista que publicó Ocáriz en sus «Geneologías,» en la cual, dice el 
moderno histoiiador, enuméranse 16 1 individuos. Crea el doctor 
Restrepo que a esa nómina pueden agregarse los nombres de Alon- 
so Martín, Diego Suárez, Jorge Celi y Juan Sánchez, completán- 
dose así 165 soldados; por último, propone que se adicione 
también en dilema el nombre de Juan Duarte (dementizado en el 
Opón) o el de Baltasar Maldonado (soldado indiscutiblemente de 
Quesada) para completar así i65 hombres en total, que parece ser 
el número que acepta el doctor Restrepo. Toma asimismo en 
consideracióa este autor la versión de abonados historiadores en 
que se declara que el número de soldados era de 170, e interrógase 
si, en tal caso, podríanse agregar los nombres de Francisco Gutié- 
rrez d« Murcia, Juan Ortiz de Zarate y Hernando de Salinas, o 

xnr— 12 



178 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 

sean ^ soldados más, que unidos a los 167 (contando a Duarte) 
completarían los 170 enunciados. Vamos al examen. 

En primer lugar, aunque Ocárizen el texto del «Preludio» dice 
que fueron 166 soldados, en la lista apenas saca 162 y no i6r, 
como contó el doctor Restrepo. A estos 162 debemos agregar el 
nombre de Quesada (que no figura en la lista), y ya tendríamos 
163. Este resultado falsea la base tomada por el doctor Restrepo 
Tirado, bien sea que se admita, separada o conjuntamente, la 
agregación de los nombres de los cuatro conquistadores mencio- 
nados primeramente, bien de los dos propuestos en segundo tér- 
mino o de los tres citados en último. 

De otro lado, entre los nombres propuestos como adicionables, 
no todos podrían admitirse sin previo examen. Alonso Martín, 
por ejemplo, tiene trazas de ser el mismo Alonso Martín, portu- 
gués; y Juan Sánchez parece ser también el mismo Juan Sánchez 
de Toledo, ambos incluidos por Ocáriz dentro de la nómina de 161 
individuos. Francisco Gutiérrez de Murcia debería rechazarse, 
pues este fue, sin lugar a duda, compañero de Lugo; el compañero 
de Quesada fue un Francisco de Murcia, a quien enumera Ocáriz 
en su lista. Hernando de Salinas resulta asimismo dudoso, o por lo 
menos no lo hemos hallado mencionado en la lista que escribió Que- 
sada en 1575, ni en la posterior hecha a fines del siglo xvi por el 
conquistador Juan de Montalvo ante el Escribano Juan de Castañe- 
da, ni en la adición que a esta lista hizo Rodríguez Fresle, ni en la 
de Simón, escrita a fines del primer cuarto del siglo xvii, nien la de 
Ocáriz, que si bien es cierto fue compuesta siglo y medio después 
de los sucesos, resulta autorizada, así por la clase de empleo que 
tenía el genealogista, como por su reconocida versación en estos 
asuntos, aunque con alguna frecuencia yerra, como se lo compro- 
bamos en las notas sobre conquistadores del capítulo xvi de nues- 
tro libro «Cronicón Solariego,» actualmente en prensa, y en otros 
pasajes del texto del mismo. 

A nuestro juicio, es imposible hacer una nómina satisfactoria 
de los compañeros de Quesada en la conquista de los chibchas, si 
se han de tomar como base las cinco listas mencionadas en el pá- 
rrafo anterior, porque la escrita por Quesada, que podría ser la de 
mayor autoridad, tuvo apenas por objeto dar una relación de los 
compañeros que vivían o residían en el Nuevo Reino de Granada 
en 1575, por lo cual resulta defi'^iente. Las otras se escribieron 
muchos años después, cuando ya las memorias fl.iqueaban y mu- 
chos documentos estaban desconocidos en los archivos, lo que 
trajo como consecuencia las omisiones, las confusiones de nombres 
y apellidos, trastrocándolos y repitiéndolos y aun tiastrueques 
entre nombres de soldados de Quesada y Federmann. 

Mas si fuera solamente I ) anterior, quedaba todavía alguna 
esperanza de que, mediante un cuidadoso e tudio, se pudiera sacar 
una nómina muy aceptable; pero resulta que ni el estudio podría 
acometerse, porque oara hacerlo habría que partir de la base de 
cierta cantidad fija de conquistadores, es decir, una cifra o número 



LOS CONQUISTADORES DEL IMPERIO CHIBCHA 179 



total de ellos, y este es un punto en que ni historiadores ni actortt 
están siquiera conformes. Veamos. 

Juan de Castellanos, actor e historiador, dice que eran «cielito 
sesenta y seis, tan solamente,» inclusive Juanes Duarte. Fresle y 
Simón aceptan también i66, y ese mismo número admite Ocáriz 
(aunque no le resulte en su lista), a quien siguen Piedrahita y Zamo- 
ra. De otro lado, los Capitanes Lebrija y San Martín, actores en la 
Conquista, hablan en su «Memorial» de '70 soldados, número que 
admite Oviedo y Valdés, cronista contemporáneo de estos hechos 
y que tuvo en ci'nsulta los manuscritos historiales deQuesada. 170 
admiten también Aguado, historiador anterior a Castellanos, y que 
recogió datos, viva voce, de los mismos conquistadores, asi como 
el cronista Herrera, quien disfrutó también de los papeles deQue- 
sada. Por último, la «Relación del descubrimiento y pacificación 
de la Provincia de Santafé.» documento que parece coetáneo a la 
conquista chibcha,y que inserta Serrano y Sanz en sus «Relaciones 
Históricas de América,» hace subir el número a 175 soldados. 

Si anarquía existe entre las versiones de los historiadores, en- 
tre los mismos actores de la conquista la disparidad resulta mayor. 

Juan de Montalvo declaró el 10 de noviembre de 1584, en la 
respuesta a la séptima pregunta de la «Probanza de Servicios» de 
Antonio Díaz Cardoso, que los soldados llegados a la altiplanicie 
fueron 162. Diego Romero declara en la «Probanza de Servicios» de 
Diego Suárez Montañés, hecha en 1583, que fueron 165 soldados. 
Antonio de Castro, otro soldado de Quesada, al contestar a la se- 
gunda pregunta de la «Probanza» de Antonio Ruiz, dice: «y el 
dicho Adelantado envió a don Gonzalo Jiménez de Quesada a 
descubrir este Nuevo Reino con 850 hombres, y llegaron de ellos 
166 hombres.» El Capitán Juan Tafur declara en la «Probanza» de 
servicios de Quesada. hecha en «576, que eran 166 soldados. 
(Véase nuestra obra «El Licenciado Jiménez de Quesada,» pági- 
na 12). 

Mas no termina aún la lista de inconformidades. En la «Pro- 
banza» de Suárez Rendón, hecha en 1561, y publicada en el «Ar- 
chivo Historial» número 11, en la décima pregunta se dice que los 
soldados eran ¡67, y el mismísimo Quesada, al rendir su declara- 
ción juramentada, acepta ese número. Cristóbal Bernal, al deponer, 
en 1575, sobre la cuarta pregunta de la «Probanza» de Cristóbal 
Ruiz, dice: «que este testigo, como dicho teniente, es uno de los 
primeros pobladores, descubridores y conquistadores deste Nue- 
vo Reyno, e uno de los ciento e setenta que subieron a este Reyno 
con el dicho Adelantado don Gonzalo Jiménez de Quesada.» 

Al mismo número de 170 suben Pedro del Acebo Sotelo (Se- 
cretario de Quesada) y el Mariscal Hernán Venegas Carrillo, 
cuando declararon en la «Probanza de Servicios» de Quesada. 
(Obra citada, páginas 69 y 74). A los prohij;idores de la versión 
de los 170 soldados podemos agregar los nombres de los Capita- 
nes Lebrija y San Martín, que la aceptan, v a los de la versión 
de i66 podríamos también agregar el voto de Castellanos. Suman- 



180 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



do estos tres nombres, con los de conquistadores mencionados 
atrás, tendríamos, en resumen: que un conquistador declara que 
fueron 162 soldados. Otro conquistador, que fueron 165. Tres con- 
quistadores, que eran 166. Dos eos conquistadores (Quesada y Suá- 
rez Rendón), que fueron 167. Y cuatro, que eran 170. 

No cabe mayor disparidad, y por tanto, repetimos que resulta 
un imposible hacer una nómina aceptable de los militares de Que- 
sada en la conquista del Nuevo Reino, pues por hallarse desco- 
nocida la cifra exacta del total de los soldados no queda base 
para componer el catálogo nominal de ellos (i). 

La clave de este tan interesante asunto podría hallarse en la 
lista del repartimento de las riquezas obtenidas en la sobredicha 
conquista, documento a que hace referencia Quesada en la deposi- 
ción que rindió en el pleito que tuvo con el marino Juan Castella- 
nos, según podrá verse en nuestro artículo «Un pleito de la conquista 
neogranadina», que publicamos en el número 130 del Boletín de 
Historia y Antigüedades. Nada de extraño seria que ese docu- 
mento se halle en el Archivo General de Indias de Sevilla, pues 
con él debió de tener rozamiento la Casa de Contratación cuando 
estuvo averiguando los supuestos robos de Quesada y de otros 
conquistadores en la mencionada conquista. Hoy, que tenemos en 
Sevilla de Cónsul al meritorio historiador doctor Restrepo Tirado, 
se presenta la oportunidad para una búsqueda concienzuda e inte- 
ligente, que ojalá pudiérase llevar a cabo. 

Volviendo a la lista del doctor Restrepo de que hablamos al 
empezar estas lineas, manifestamos que es muy loable el esfuerzo 
hecho alli para levantar el catálogo de los soldados que conquista- 
ron el tercer imperio indígena de América. El mentado historiador, 
para poder sacar los resultados que allí obtuvo, debió de hacer un 
estudio muy paciente y laborioso, de que no tienen idea sino 
aquellas personas que se dedican a esa clase de disciplinas. A la 
lista en mención agregaríamos, además de Celi y Maldonado, 
propuestos por el doctor Restrepo Tirado, los nombres de Diego 
de Aguilar y de Francisco de San Martín, que no hemos visto en 
ninguna lista de las publicadas hasta hoy. El primero entró a dicha 
conquista con el título de Veedor (Fiscal de Hacienda Real) en 
reemplazo de Ortún Velasco, quien se devolvió de Barrancaberme- 
ja; el segundo fue un humilde soldado, quien regresó a España en 
1539 con Quesada, y allá se quedó y allá lo encontramos rindien- 
do declaración en el pleito de Quesada y Castellanos que dejamos 
citado atrás. 

Enrique Otero D'Costa 



(1) Ahora años hicimos también un ensayo de análisis sobre estas 
listas de los compañeros de Quesada, el cual fue reproducido en este 
Boletín, tomo v, página 573. abril de 1909— (E. P). 



ACADEMIA NACIONAL DE HISTORIA 181 



flCflDEÍDIfl nflCIOnflb DE BlSCORIfl 

Extracto de las actas. 
23 DE MATO (sesión solemDe). 

Fue aprobada la pj oposición que se publicó en el número an- 
terior, en conmemoración de la batalla de Pichincha. 

El señor Monsalve hizo una relación sobre los antecedentes y 
desarrollo de esta gloriosa jornada. 

El señor Ministro del Ecuador manifestó a la Academia, en 
nombre de su Gobierno, sinceros agradecimientos por la participa- 
ción de ella en este centenario. 

El señor Cortázar presentó impresa ia traducción que habla 
hecho del libro Simón Boiivar, escrito en inglés por A. Sherwell. 

I.» DB JUlíIÜ 

El Servicio Internacional del Trabajo envía, de Ginebra, la 
lista de las publicaciones que ha hecho esa oficina, y participa que 
tiene cuantos documentos sean susceptibles de informar de todo lo 
relativo al trabajo en el mundo enteío. 

El editor del Anuarié Mínefva, de Berlín, pide datos sobre el 
personal y publicaciones de la Academia para insertarlas en su 
nueva edición. 

El Ministro de Instrucción Pública solicita un informe sobre 
la marcha del instituto para insertarla en la memoria que presen- 
tará 8.1 próximo Congreso. 

El Rector de la Facultad de Ingeniería expresa su agradeci- 
miento por la oferta de publicaciones de la Acauemia que se le ha 
hecho para la biblioteca de dicha Facultad. 

El Conservador en Jefe de la Biblioteca Real de Búlgica co- 
munica que tiene ésta solamente los volúmenes ix y x de la co- 
lección que publica la Academia, y que desearla completarla. 

El señor L, Pérez solicita, de Valencia (Venezuela), una sus- 
cripción al Boletín. 

El Director de la Biblioteca Nacional de Quito propone el 
canje del Boletín de la Academia Ecuatoriana de Historia por el 
de la Academia Colombiana. 

El señor C. A. Lemus envía para su estudio un libro impreso 
en el año de 1721, y que tiene datos sobre el colegio de San Bar- 
tolomé y sobre el Arzobispo Lobo Guerrero. 

El señor Marroquín (presbítero) presenta un informe sobre la 
obra Historiadores del Nuevo Reino de Granada, que ha escrito el 
señor Rebollo, Mompós. 

£1 señor Eduardo Restrepo da lectura a un trabajo sobre el 
banquero francés Ouvrard y sus negociaciones con Colombia en 
1828. Se designó al señor García Ortiz para la lectura histórica en 
la próxima sesión. 



182 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



Se nombró a los señores Rivas y Restrepo Sáenz para fijar los 
objetos del Museo que deben llevarse a la Quinta de Bolívar. 

Se nombró a los señores Marroquin, García Ortiz y Restrepo 
Sáenz para hablar con el Procurador sobre gestiones en el asunto 
del archivo Santander. 

1 .0 DE JULIO 

Se leyeron comunicaciones de las Bibliotecas de Francia y Ve- 
nezuela, que acusan recibo de libros enviados por la Academia. 

Se recibieron catorce paquetes de publicaciones enviadas por 
Smithsonian Institution. 

El señor Cunningham manifiesta, de Londres, su agradeci- 
miento por el nombramiento de miembro correspondiente, y anun- 
cia que ha terminado su obra sobre Jiménez de Quesada. 

Se leyeron comunicaciones de The New York Public Library 
y de la Biblioteca Nacional del Ecuador, en las cuales solicitan 
algunas de las publicaciones de la Academia. 

El señor M. J. García avisa, de Concoriia, que tiene escrito un 
Diccionario Biográfico de Ctlombia, e incluye las bases de sus- 
cripción a la obra. 

El Ministro de Instrucción Pública manifiesta que atenderá 
con mucho gusto la indicación que le haga la Academia de un 
Ipcal apropiado para el Museo. Se resolvió señalarle el edificio de 
Santa Inés, el cual podría servir también para la Academia. 

El mismo solicita que la Academia nombre a uno de sus 
miembros para que f jrme parte de la Comisión que hará el inven- 
tario de dicho Museo. Fue nombrado el señor Moros. 

El señor León Gómez se dirige a la Academia, para recordarle 
que ella había resuelto hacer publicar por el Gobierno sus trabajos 
históricos, y solicita su cumplimiento. Se pasó en comisión. 

El Ministro de Gobierno solicita el dictamen de la Academia 
sobie unas reliquias del Libertador, donadas por el señor Turner, 
y que el Gobernador del Magdalena reclama para la Quinta de San 
Pedro Alejandrino. 

El Concejo Municipal de Chaparral solicita se le informe 
cuándo fue creado este distrito, y qué límites le fueron señalados. 

El señor García Ortiz, habló sobre un diario que el General 
Santander escribió durante su viaje a Europa, y sobre u.i episodio 
relacionado con el asesinato del Mariscal Sucre. 

Se acordó registrar en el acta que, debido a una indicación 
hecha por el señor M. A. Caro, ahora veinte años, se había encon- 
trado recientemente y publicado la parte de la obra de Juan de Cas- 
tellanos, que estaba inédita. 

15 DE JULIO 

La Biblioteca Municipal de Guayaquil comunica el envío de 
varios impresos ecuatorianos, como canje de las publicaciones de la 
Academia. 



ACADEMIA NACIONAL DE HISTORIA 183 



La Sociedad Jurídica Literaria de la Universidad Nacional 
invita a la sesión solemne, con motivo del aniversario de su fun- 
dación. 

El Comité de pavimentación de la calle 26 solicita un contin- 
gente voluntario para dicha obra. 

El Director del Museo envía el inventario de los objetos que 
se han entregado a la Junta de la Quinta de Bolívar, y anuncia las 
mejoras que proyecta hacer en dicho establecimiento. 

El Ministro de Colombia en Madrid envía los estatutos del 
Centro Internacional de investigaciones históricas americanas, que 
se acaba de crear en la metrópoli española, de acuerdo con las 
conclusiones del Congreso de Sevilla. 

Fueron designados representantes de la Academia, en el Con- 
greso Internacional de Historia de América, que se celebrará en 
Río de Janeiro, los académicos Carlos Cuervo y Max. Grillo. 

El señor Triana presenta su obra impresa e ilustrada La civili- 
zación chibcha, y pasa en comisión al señor Mendoza. 

Fueron presentados como candidatos para miembros corres- 
pondientes los señores José E. Machado, de Caracas; C. Medina 
Chirinas, de Maracaibo, y Moisés S. Bertoni, del Paraguay. 

El señor Villaveces hizo la lectura de esta sesión. Trató ella 
sobre el personaje santafereño don Pastor Losada. 

I." DE AGOSTO 

La Biblioteca Nacional de Francia y la Biblioteca Municipal 
de Guayaquil avisan haber recibido varias publicaciones de la 
Academia. 

El señor Coll y Foste, de Puerto Rico, manifiesta su agrade- 
cimiento por haber sido nombrado miembro correspondiente. 

El señor Ministro del Brasil comunica su propósito de hacer 
una lectura, en la Academia, sobre conmemoración del centenario 
de la independencia de dicha nación. Se resolvió expresarle el 
placer que se tendría en oír esta conferencia del distinguido diplo- 
mático e historiador, y se comisionó al señor Posada para fijar con 
él el día en que debe tener lugar. 

Se resolvió dirigir al Congreso una petición para que expida 
una ley que impida la demolición de las murallas de Cartagena. 

Se resolvió pedir al señor Ministro de Gobierno se sirva orde- 
nar se publiquen en la Imprenta Nacional los escritos del señor 
León Gómez, 

Se manifestó al señor A. Lemus su agradecimiento por un libro 
raro sobre el Colegio de San Bartolomé, publicado en tiempos de 
la Colonia, y que dio a conocer de la Academia; y se le excitó a 
reimprimirlo. 

Se recibió un trabajo firmado Oriente, para el concurso del 
presente año, el cual versa sobre La mujer en la Independencia. 

El señor J. M. Núñez envió su obra Historia de San Sebastián 
de Tenerife. 



184 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 

Se resolvió aplaudir a la Cámara de Representantes por haber 
improbado el proyecto de destruir el edificio de Santo Domingo, y se 
le pide expida una ley sobre conservación de monumentos públicos. 

Se resolvió indicar al señor Director de Correos que conven- 
dría pasar a esta Academia o a la Biblioteca Nacional los rezagos 
de impreso's más bien que venderlos, como se ha anunciado. 

Se resolvió solicitar del señor Ministro de Obras Públicas la 
composición del muro del salón de la Academia que da sobre la 
calle 10, el cual está muy deteriorado. 

Se resolvió hacer nuevas gestiones ante el Procurador de la 
Nación sobre el Archivo Santander. 

Se recibieron algunos legajos de documentos importante», co- 
piados en el Archivo de Indias, en Sevilla. 

El señor Monsalve hizo la lectura histórica que se acostumbra 
en todas las sesiones. Versó ella sobre episodios del régimen del 
terror. 

1 5 DE AGOSTO 

El señor Ministro del Brasil hizo una lectura sobre el centena- 
rio de la independencia de su país. El Tiempo de esta ciudad dijo 
lo siguiente: «Muy interesante estuvo el discurso pronunciado por 
el señor ArgeuGuimaraes, Ministro del Brasil, en la sesión del miér- 
coles. Tuvo al principio frases de exquisita galantería para Bogotá, 
y especialmente para la Academia. Hizo luego una relación muy 
amena de todos los festejos y congresos que tendrían lugar en Río 
de Janeiro en el próximo mes, con motivo del centenario de aquella 
simpática Nación. Manifestó toda la trascendencia que tiene esa 
conmemoración para el acercamiento y la fraternidad de las nacio- 
nes americanas. Puso después de relieve los vínculos que unen a 
Colombia y al Brasil, y dijo cómo la misma geografía une estre- 
chamente a los dos países. Recordó en seguida los nombres de dos 
brasileros que, perseguidos por sus ideas republicanas, buscaron 
refugio en Colombia: Abreu Lima y Natividade Saldanha, el pri- 
mero soldado de Bolívar, y el segundo profesor de humanidades 
en Bogotá. «Batidos, dijo, de la adversidad, vencieron la larga y 
penosa jornada que separa a Pernambuco de los Andes y vinieron 
a Colombia.» Al hacer la silueta del segundo, citó las Reminiscen- 
eias de don Juan Francisco Ortiz, y una apostilla del señor Posada, 
quienes habían evocado el recuerdo de este poeta olvidado. Tuvo 
igualmente cariñosas frases para Labatut, el procer de nuestra In- 
dependencia, que partió luego para el Brasil, y pasó allá sus últi- 
mos años. Habló, al terminar, de la red amazónica y de las cues- 
tiones económicas, comunes a ambos pueblos, y especialmente del 
café, que es la riqueza de una y otra nación, «Tanto los académi- 
cos como el selecto grupo que asistió a esta lectura, oyeron com- 
placidos las palabras del distinguido diplomático y las aplaudieron 
con altísimo entusiasmo.» 



ACADEMIA NACIONAL DE HITORIA 185 



I .*• DB SEPTIEMBRE 

— Las Bibliotecas Nacionales de Francia, de Venezuela y del 
Uruguay y la Biblioteca Real de Bélgica, acusan recibo de publi- 
caciones de la Academia. 

- La Junta del Centenario del doctor Uribe Ángel, de Envi- 
gado, invita a la fiesta que allí tendrá lugar, y pide se designe 
quien represente a la Academia. Fueron nombrados los señores 
Emilio Robledo y Arturo Correa. 

— El Director de Obras Públicas municipales solicita un retra- 
to del Padre Quevedo, pues se propone restaurar la estatua de 
éste en la pila de su nombre. 

— El señor Ministro de Relaciones Exteriores remite dos 
ejemplares de la Memoria presentada al Congreso. 

— El señor Ministro de Gobierno avisa que ha dado orden al 
Archivero Naci<jnal de que permita la entrada a sus oficinas a los 
miembros de U Academia que ésta designe. 

— El Presidente del Centro literario e histórico cjosé Joaquín 
Ortiz,» de Chiquinqurá, participa la fundación de éste y solicita el 
nombramiento de correspondientes de la Academia, para algunos 
de sus miembros. 

— El señor Flórez Vicuña, de Santiago de Chile, pide algunos 
datos sobre el Arzobispo Flórez Ordóñez, del procer Juan José 
Flórez y del Virrey Manuel Antonio Flórez 

— El señor Posada presenta una carta que ha recibido del 
señor Pereira, Cónsul de Los Angeles, en la cual solicita fotogra- 
fías y fotograbados de Colombia para los Magazines ilustrados de 
California; y otra del mismo señor sobre la importancia de formar 
en la Biblioteca Nacional y en las otras bibliotecas públicas una 
sección especial de las obras que se escriben en el extranjero sobre 
nuestro país, muchas de las cuales son aquí desconociias. 

— El mismo señor Posada presenta una carta del señor Erland 
Nordenskiold, Director del Museo de Gothemburg (Suecia), quien 
le habla sobre la reunión del xxi Congreso de Americanistas en 
aquella ciudad, y le envía una de sus obras. 

— El Comité Organizador del xx Congreso de Americanistas, 
que actualmente se reúne en Río de Janeiro, manifiesta al Secreta- 
rio de la Academia su agradecimiento por la propaganda que ha 
hecho sobre él, y le envía el título de miembro de dicho Congreso. 

— El señor Bejarano hizo una relación sobre el primer movi- 
miento revolucionario de Venezuela y sobre un curioso manuscri- 
to que trata de los iniciadores de él. 

15 DX SSFTIEMBRX 

Informó el Presidente que había nombrado a los señores Or- 
juela, Gómez Restrepo y Guerra miembros del Jurado para el 
concurso del presente año. 



186 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 

El Secretario manifestó que ya se iba a empezar, en la Impren- 
ta Nacional, a imprimir lo que falta del tomo 4.0 de «Las Crónicas 
de Bogotá,» suspendidas por la muerte del doctor Ibáñez, y que se 
tomarían para ello ios capítulos de la primera edición. 

Se encargó a los académicos señores Mendoza y Cuervo el 
presentar a la Cámara de Representantes, de la cual son miembros, 
un proyecto que declare monumento nacional las murallas de Car- 
tagena, y otro que ordene enviar a la Quinta de Bolívar todos los 
objetos de la época de la Independencia que existan en el Museo 
Nacional. 

Se leyeron varias comunicaciones de bibliotecas extranjeras, 
que acusan recibo de las publicaciones de la Academia. 

El Secretario informó que estaban impresas las boletas que 
servirán para hacer investigaciones en el Archivo Nacional a los 
miembros de la Academia. 

Fueron leídas, por el mismo, algunas cartas en que le piden 
datos sobre asuntos históricos. Entre ellas una del señor H. Conté 
de Penonomé, sobre el historiador Fernández de Piedrahita; y otra 
del señor D. García, de Cali, sobre los proceres M. del Campo La- 
rraondo e Ignacio Herrera. 

El señor J. M. Pinto, de Tunja, envía la partida de bautismo 
de! General Santos Gutiérrez. 

El señor G. Restrepo, de Medeltín, solicita informe sobre dos 
obras, manuscrit-as, del señor A. Restrepo, que fueron enviadas a 
la Academia hace algunos años. Se resolvió buscarlas en el archivo 
del doctor Ibáñez. 

El señor J. Macías, de Armenia, envía unos ¿puntes históricos 
acerca de San Luis (hoy Sevilla). 

El señor Triana participa la publicación que ha hecho, en 
Londres, el señor Cunningham Grrtham, de un libro sf)bre Jiménez 
de Quesada. 

Fue elegido orador para la sesión solemne el señor Bejarano. 

El señor Pérez Sarmiento hizo la leciura que toca a dicha se- 
sión. Versó ella sobre el «Uti possidetis» y la legislación española 
en los días de la conquista y de la Colonia. 

PROPOSICIONES 

(1* de agosto). 

I, Contéstese al señor Ministro de Guerra que la Academia 
Nacional de Historia, en diversas ocasiones, ha emitido concepto 
en el sentido de que es de todo punto inconveniente la demolición 
de las históricas murallas de Cartagena; y que con el objeto de im- 
pedir que se adelante esa obra de destrucción, se dirigirá al Con- 
greso Nacional en solicitud de que se expida una ley por la cual 
se declare monumento nacional dichas murallas e interesar en el 
particular al señor Ministro de Obras Públicas para, que en el inte- 



COMUNICACIONES 187 



rregno se dicten por ese Despacho las medidas que estime conve- 
nientes para corregir los abusos a que se refiere en su telegrama el 
seflor Dávila Flórez. 

II. La Academia Nacional de Historia, teniendo conocimien- 
to de que en la Cámara de Representantes se presentó un proyecto 
por el cual se ordena la demolición del actual edificio de Santo 
Domingo y que él ha sido negado, cree de su deber manifestar a 
dicha corporación su aplauso por esta negativa, pues habría sido 
inconveniente tal medida, una vez que dicho edificio es un valioso 
monumento histórico y una joya arquitectónica, que lejos de afear 
la ciudad le sirve de solaz y de adorno. La Academia conceptúa, 
además, que convendríe se expidiera una ley por la cual se ordene 
que todo edificio declarado monumento nacional, no puede ser 
destruido y debe conservarse cuidadosamente, como se ha hecho 
en otros países. La designación de ellos podría hacerse luego, por 
decreto especial del Ministerio de Instrucción Pública, a solicitud 
de esta Academia o de alguna junta formada para ello. En cuanto 
al edificio de que se trata, sería acertado volver a descubrir sus 
corredores, convertidos hoy en oficinas; y restablecer en toda su 
amplitud, el antiguo patio occidental que fue partido por mitad 
hace ya varios años. 

III. La Academia Nacional de Historia ha sabido que se van 
a vender al peso y en pública subasta los impresos que han que- 
dado rezagados en el Correo, y se permite por esto indicar, al señor 
Director del ramo, que sería tal vez mas conveniente pasarlos a la 
Biblioteca Nacional o a esta Academia, pues hay en ellos proba- 
blemente publicaciones importantes que es sensible sean des- 
truidas. 

IV. Manifiéstese al señor Ministro de Obras Públicas que el 
muro de la calle lo, del histórico Salón de Grados, está en muy 
mal estado, y las aguas lluvias pueden causa" daños gravísimos; y 
que presentan allí aspecto desagradable esos carteles sucios y des- 
pegados. Convendría, pues, reparar esa pared, pintarla y prohibir 
en ella la ñjación de avisos. 



comuniGflcionES 



RODRIGO DK BASTIDAS 



Consulado de la República de Colombia— Seyilla (España)— Sep- 
tiembre 7 de 1921. 

Señor Presidente de la Municipalidad de Santa Marta. 
Estimado compatriota: 

La Municipalidad de Santa Marta, que usted tan dignamente 
preside, se ha dirigido a las autoridades de esta ciudad en averi- 
guación de un retrato de Rodrigo de Bastidas. Estas han consultado 
el Archivo Indias, cuyo Director se ha dirigido a mí, pues nada 
han podido conseguir. Ustedes han olvidado que Colombia tiene 



188 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



aquí un Cónsul, Presidente que ha sido en varias ocasiones de 
nuestra Academia, encargado de buscar documentos relativos a 
nuestra historia y tan apasionado de las glorias patrias, que se ha- 
bría sentido orgulloso de recibir el encargo de esa Municipalidad. 

Aquí me he puesto en relaciones con una familia de Bastidas 
que se dice descender «de uno de los primeros descubridores de 
América.» Con ellos me he puesto en la pista de un grabado anti- 
guo de nuestro héroe y que ha pasado a manos de un anticuario. 
Si consigo el retrato, tendré el gusto de remitirlo. Si lo encuentro 
y no me lo ceden, puedo hacer una buena copia al óleo. Para 
ello necesito autorización de esa Municipalidad. Como usted sabe, 
aquí hay para ello artistas competentísimos. Sólo desearía saber 
en este caso si se ha votado alguna suma para ese trabajo, para 
según ello contratar el artista. 

Deseoso de prestar este servicio a esa para mí tan simpática 
población, me suscribo de usted atento servidor y compatriota, 

Ernesto Restrepo Tirado 



Consulado de la República de Colombia— Sevilla (Etpaña)— Octu- 
bre 17 de 1921. 

Señor Presidente de la Municipalidad de Santa Marta. 

Muy estimado compatriota: 

Al fin hemos hallado en el Archivo, donde menos se espera- 
ba, la firma de Rodrigo de Bastidas. A su regreso del viaje de 
exploración que hizo con Juan de la Cosa, las riquezas que traía 
fueren depositadas, por orden del Rey, en un rico mercader de Se- 
villa, Alonso de la Torre, y el Obispo de Córdoba fue encargado 
de liquidar lo que se debía a sus compañeros de expedición y girar 
por esas sumas. Le remito una copia que hice sacar de la obliga- 
ción y fianza que tuvo que otorgar Bastidas, único documento que 
hasta la fecha se haya encontrado con su firma, que, como usted 
verá, si consideramos la época en que la puso, no es la de un 
hombre ordinario. 

De las liquidaciones hechas por el Obispo podría sacarse la 
lista de los que lo acompañaron. De usted atento y seguro servidor, 

Ernesto Restrepo Tirado 

CIUDADANOS DE SEVILLA 

Excelentísimo sefior: 

Llegaron a nuestras manos los diplomas en los cuales se hace 
constar que el ilustre Ayuntamiento de esa siempre noble e inven- 
cible ciudad nos ha concedido el título de Ciudadanos honorarios 
de Sevilla. 



PARTIDA DE NACIMIENTO 189 



Altísimo es el honor que con ello hemos recibido, y el cual 
nos ha producido intenso regocijo. Ese título es un valioso tro- 
feo que guardaremos cariñosamente y con los mayores sentimien- 
tos de gratitud. 

La prensa de esta ciudad ha dado cuenta de la distinción que 
se nos ha otorgado, y bien placentero ha sido para nuestros con- 
ciudadanos ver esta muestra de benevolencia y filial afecto que se 
ha dado en la madre patia a los miembros del Congreso de Histo- 
ria y Geografía Hispanoamericano. 

Reiteramos a Su Excelencia y al Excelentísimo Ayuntamiento 
nuestro profundo agradecimiento, hacemos votos por su prosperi- 
dad y ventura y nos suscribimos sus respetuosos atentos y seguros 
servidores, 

Raimundo Rivas — Eduardo Posada 

Bogotá, enero 20 de 1922. 

A Su Excelencia el señor Conde de Urbina, Alcalde de la ciudad y 
Presidente del Excelentísimo Ayuntamiento— Sevilla. 



PARTIDA DE nflCÍÍDIEnTO 

DEL GENERAL SANTOS GUTIÉRREZ 

El infrascrito Cura párroco del Cocuy, certifica que en el tomo 
número 5.° de bautismos, al folio 36, se registra una partida que 
a la letra dice: 

*José de ios Sanies Gutiérrez. En dos de noviembre de mil 
ochocientos veinte, baptizé, solemnemente a un niño de nueve 
días de nacido, a quien llamé José de los Santos, hijo legítimo de 
Juan Ignacio Gutiérrez y María Ramos Prieto, fueron padrinos 
Juan José Quintero Trujillo y María Natividad Barreto, los que 
advertí su obligación y parentesco espiritual, de lo que aoy fe, 

«José Ignacio Olejira. (Rubricado).» 

Expedido en £1 Cocuy a nueve de agosto de mil novecientos 
veinte — El Cura párroco, Afarco Aurelio Quintero. 



Con motivo del centenario del General Gutiérrez, remitimos 
entonces copia de la partida anterior al señor Presidente del Cen- 
tro de Historia de Tunja, para su publicidad, y como hasta la 
fecha no se ha publicado, la remitimos hoy al Boleiiíh de Histo- 
ria Y Antigüedades, con el mismo objeto. , 



José Migükl Pinto 
Tunja, 4 de septiembre de 1922 



IndÍTÍduo correspondiente de la Academia 
Nacional de Historia. 



190 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



flPOSCIhhflS 



En 1823 fue enviada a Chile, por la Santa Sede, una misión 
apostólica, compuesta de Monseñor Giovanni Muzi, el canónigo 
doctor Mastai Ferretti, que fue más tarde el Papa Pío ix, y el 
abate Jallusti. La relación del viaje fue escrita por este último y 
publicada en Roma en 1827 (i). 

Se embarcaron ellos en Genova en octubre de aquel aflo, y ai 
mes siguiente pasaron por las islas Canarias. 

«El 5 en la tarde, dice el relato del viaje, la pequeña ciudad 
de Santa Cruz se dejaba aun en el Sur, o, mejor dicho, sus luces 
brillaban a lo lejos. La noche había llegado, y los pasajeros dor- 
mían profundamente, cuando las palabras estridentes que se esca- 
paban del portavoz los despertaron a todos sobresaltados. El btick 
genovés se encontraba en presencia de una fragata armada en gue- 
rra. Las historia» más que terrificantes que se hacían circular en- 
tonces sobre los corsarios colombianos hacían el despertar poco 
agradable Se sabía que unos meses antes la tripulación de un 
navio genovés fue aprisionada por uno de estos salteadores del 
mar, había sido saqueada y arrojada sobre una playa desierta, con 
un saco de galletas por toda provisión. Era, en efecto, un corsario 
de Colombia que raciocinaba así en inglés, en la noche, al Capitán 
Capello; esta visita fue rápida a pesar de lo amenazante. El corsa- 
rio se hizo mostrar los papeles de abordo y examinó los tripulantes; 
y una botella de excelente málaga, que le fue ofrecida, selló su 
tratado de amistad con la pacíñca Eloísa.* ^ 

¿Quién sería este corsario al servicio de Colombia? ^O sería 
más bien de otra nación, una vez que parece que los nuestros no se 
aventuraban más allá de la línea tropical? 

Damos este apunte a los investigadores de nuestra guerra ma- 
rítima. Pueda que se halle el dato preciso por ahí entre las hojas 
de los antiguos legajos De este viaje se hizo un extracto y se pu- 
blicó en «Le Tour du Monde,» tomo i.°, página 226, yes allí donde 
hemos leído este curioso episodio. Hubo sí, entonces, naves colom- 
bianas en mares europeos, pero parece que no eran corsarias. En 
carta de Fernández Madrid a Santander, escrita en París el 4 de 
septiembre de 1826, le da esta noticia: «Ha llegado al Havre un 
buque colombiano procedente de Lima; aún no sabemos cómo se 
ha recibido o si se ha pretendido que abata su pabellón al entrar. 
Estaré a la mira para reclamar vigorosamente en el caso del más 
leve desaire.» Y en un periódico antiguo que hablaba de Fernán- 



(1) Sioria delle missioni apostoUche de Stuto del Chile, colla dese- 
ricione del viae:gio dül vechio al nuovo mundo, fatto del auiofe.^Ope- 
ra di Guissepe Sallusti. Roma. 1827, 4 vol, inS?, con mapa. 



APOSTILLAS 191 



dec Madrid dice: cDurante su residencia en París entró ei buque 
colombiano Ayacucho y no salió sin enarbolar el pabellón nació* 
nal.» En el «Journal de Debats» del 27 de octubre de 1826, hablan- 
do de las relaciones de España y sus colonias, hay este párrafo: 
cMr. de Pradt manifiesta todos los riesgos de esta situación políti- 
ca; corsarios americanos infestan ya las costas de España y parali- 
zan su comercio.» (i). Esto sí parece ratificar lo relatado por el 
abate Jallusti. 

« 

Una vez escribimos un ligero boceto sobre el procer Aury, 
olvidado casi por completo en las nóminas de los campeones de la 
independencia; pero nada pudimos decir sobre su muerte. Luego 
hemos tropezado con pormenores sobre ello y aparentemente con- 
tradictorios. 

En una carta que escribió Santander a José Joaquín París, 
fechada en La Laguna, el 10 de febrero de 18 19, le dice: cLa cor- 
beta Ninfa ha sido tomada por Aury, quien murió en la acción al 
entrar a ella al abordaje.» 

Y Perú de la Croix, en un folleto titulado Seño* es del Tribunal 
de Censura, refiere que Aury murió el 29 de agosto de 1821, en San 
Andrés (2). 

El sucesor de Aury en el mando, en nuestras is'as, fue Severo 
Courtois. En la Gaceta de Cartagena de 28 de diciembre de 1822 
salió un articulo contra este, firmado^/ Censor, el cual fue acusado 
por dicho Courtois. En defensa del artículo salió Perú de la Croix. 

Creemos por estos testimonios que hubo un personaje del 
mismo apellido del jefe que luchó por allá en el mar Caribe, y que 
aquél murió, en oriente, poco antes de la batalla de Boyacá. 

En una relación de los gastos del empréstito de 1824 halla- 
mos esta partida: 

«Letra número 230. En favor del señor Severo Courtois por 
pago de fletes y carena de buques que sirvieron a la República 
por 759 libras, 14 sh.> 



Ahora años, en una «Apostilla, > hablamos del yate de Byron, 
en Italia, que se llamaba Bolívar. Ahora, con motivo del cente- 
nario de la muerte de Sheliey, se ha recordado en la prensa euro- 
pea la vida de los dos poetas en las costas azuladas del Medite- 
rráneo. 

En un bello artículo de M. Edmond Pilón, donde hace tiernas 
evocaciones del trágico fin de Sheliey y de Williams (<Revue des 
deux Mordes,^ 15 de julio), hemos visto mencionada aquella em- 



(1) Este párrafo citado en cLa América y la Europa.» 

(2) Se halla en la Biblioteca Nacional, 344-71-4. 



192 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



barcación que sirvió al gran lírico inglés para sus paseos por esas 
bellísimas ondas. 

El yate de Byron, o sea el Boiiva*, era una nave opulenta, 
y ei poeta estaba orgulloso de ella. Su Capitán era Edward John 
Trelawny, íntimo amigo de los dos vates de Albión. 

«Hacía largo tiempo — dice el citado autor — que Shelley soña- 
ba poseer, con el ejemplo de ¿yron, una embarcación que le per- 
mitiera navegar según pu fantasía en medio de todos los meandros 
de las islas, hasta el fondo de todos los estrechos y de todos los 
golfos. Esta especie de embriaguez náutica era compartida por 
Williams, y es esto lo que explica, sin duda, porqué ni el uno ni 
el otro de los dos amigos aceptaron el consejo que les dio Trelaw- 
ny de pedir al Capitán Roberts que les construyera, como se había 
pensado primero, una goleta de un modelo americano. Esta cons- 
trucción habría exigido algún tiempo, y lo que Williams y Shelley 
querían era obtener, en un breve plazo, una chalupa ligera, res- 
pondiendo a su fantasía, y que Roberts pudo poner en obra inme- 
diatamente.» 

Esta fue bautizada primero con el nombre de Don Juan, en 
honor del héroe de Byron, pero luego tomó el nombre shakespe- 
reano de Ariel. Apenas estuvo lista, dice M. Pilón, no hubo 
proeza a la cual no se entregaran Williams y Shelley, en compañía 
del Bolívar, que era un bajel muy superior al de ellos. Otras 
veces sólo el Ariel se lanzaba en medio de las olas y recorría las 
aguas del Tirreno y del Adriático. El lunes 8 de julio de 1822 una 
tempestad hizo naufragar el débil barco, y perecieron los dos ami- 
gos. Hallados sus cadáveres en la ribera, días después, a larga 
distancia uno de otro, Byron los hizo quemar en una fúnebre pira 
y recogió en una urna sus cenizas. 

¿Qué suerte corrió el Bolívar} Nada sabemos sobre ello. 
Quizás lo llevaría Byron a Grecia y allá fue destruido o cambió de 
nombre. Podemos sí saber como era él, pues el escritor de la vieja 
revista nos da una preciosa indicación. 

M. Guido Biagi, en un libro titulado «The last days of Percy 
Bysshe Shelley, New de ails from un published documents.» Lon- 
don, 1898, trae un croquis de los dos yates, el Bolívar y el 
Ariel. No creemos exista dicho libro en estas alturas andinas, 
para hacer reproducir la nave que llevó el nombre del Libertador; 
pero importante sí es saber dónde está ella dibujada, para buscarla el 
día en que se haga una obra ilustrada, en memoria de Bolívar, y 
se coleccionen todos los tributos ofrendados a su nombre inmortal. 

Una curiosidad nos despierta también este episodio. ¿Bolívar 
llegaría a saber este homenaje que le rindiera el gran bardo britá- 
nico? Parece que nó, porque en su correspondencia no hemos visto 
ninguna mención sobre ello. 



YERRO 
El presente número corresponde al mes de septiembre, como se 
ve en la portada. Por error se puso agoto en la página 129. 



boletín 



Año XIV-N,' 160 f-\í II r"" I i \\Á Diciembre: 1922 



DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 

OKOflno De cñ ncRDemifl nncionflc oe historia 

OntECTOR, KKDACTORES, 

EDUARDO POSADA LUIS AUGUSTO CUERVO 

ROBERTO CORTÁZAR 

Bogotá— República de Colombia 



mFORIDE DEh SECRECflRlO (1) 

Tócame por segunda vez el honor de informaros sobre las 
tareas de la Academia. Hace un año os hice la relación de la 
marcha de ella desde la sensible muerte de mi antecesor el 
doctor IbáñeZy hasta el 12 de octubre de iqzo, y pasaré hoy a se- 
fialaros lo que se ha hecho en la corporación desde esa fecha hasta 
la presente hora. 

Feliz ha sido la vida de la Academia en estos doce meses: 
todos sus miembros han laborado, sin cesar, por el progreso de 
ella, y se han cosechado magníficos frutos. Sus sesiones se han ce- 
lebrado con toda exactitud los días reglamentarios, el i." y el 15 
de cada mes, y de esas reuniones ha tenido conocimiento el pú- 
blico por los extractos que de las actas se han dado a la prensa. 

Allí ha podido verse cómo se presta un solícito cuidado a 
cuantos asuntos se relacionen con nuestra historia, con la gloria de 
nuestros grandes hombres y con los monumentos y reliquias de 
nuestro pasado; cómo está ella en relación constante con otros 
centros análogos del país y del extranjero; cómo su nombre es 
cada día, y por doquiera, más conocido y apieciado; cómo ha 
despertado su acción aficciones intensas por la investigación de 
nuestras crónicas, por la adquisición de datos biográficos y por 
la aclaración de misteriosas tradiciones; y cómo ha tomado parte 
en cuanta obra se refiera a perpetuar el recuerdo de arcaicas 
hazañas y de virtudes y méritos de nuestros antepasados. 

No ha tenido, pues, ella tan sólo una tarea de exhumación sino 
que colabora en las empresas del presente y funda y levanta monu- 
mentos para el porvenir. Mira es cierto a los tiempos pretéritos, y 
es esa su principal misión, pero de ellos saca lecciones para la vida 
moderna, y pone, sm destruir los viejos trofeos, cimientos firmes 
y serios para las otras del futuro. 

Tuvo la Academia el dolor de perder, en este año, a dos 
miembros de núnerc: los señores Hernando Holguín y Tulio Os- 



(1) Por aglomeración de materiales no se había publicado ante» 
«ste informe. 

xir— 13 



194 BOLETÍN DE fflSTORIA Y ANTIGÜEDADES 



pina. Bien lamentada fue la muerte de tan preclaros escritores: 
habían ambos participado, con singular inteligencia y actividad 
perenne, en nuestras faenas, y por eso la historia, junto con el foro» 
la literatura y la ciencia, ha llorado sobre las tumbas de tan be- 
neméritos cultivadores de ella. Aquí sus colegas, en el templo de 
Clíü, guardaremos su memoria con hondo cariño y altísimo res* 
peto. 

Por el recargo de trabajos en la Imprenta Nacional ha salido 
con lentitud el Boletín de la Academia, pero en estos días 
aparecerán las entregas que estaban retrasadas, y en breve se com- 
plétala el tomt» XIII de tan importante publicación. 

De la Biblioteca de Historia Nacional han aparecido do» 
nuevos volúmenes: el segundo tomo de la vida de Antonio Villa- 
vicencio, por el señor Monsalve, y las actas del Congreso de An- 
gostura, por los señores Cuervo y Coi tazar. Aquél es no sólo una 
biografía de tan ilustre procer, sino una narración interesantí- 
sima de los acontecimientos que tuvieron lugar en nuestro pai$ 
desde 18 (2 hasta la ocupación de nuestra capital por Morillo y la 
muerte en el patíbulo del comisionado regio, cuya llegada ocasionó 
la revolución del 20 de julio. Contiene tan erudito estudi'^ episo- 
dios y documentos antes no conocidos y que su autor ha buscado 
con paciente tesón en los viejos legijos de nuestros archivos, y 
lo acompaña un copioso índice a'fabético, de bastante beneficio 
para los que estudian los hombres de aquella época. Se hillaráa 
en esas páginas quizás un tanto vehementes los epítetos que pro- 
diga a los adversarios y aun a algunos de los proceres, pero ello 
se explica sise tiene en cuenta que los historiadores al evocar 
horas de lucha se trasladan a ellas, se impregnan de las pasiones 
de entonces y hasta usan, a veces, los vocablos de la contienda. 
El otro es una compilación de !as actas de aquel cuerpo reunido 
en las liberas del Orinoco, en medio de la cruenta lucha, y que 
puso la piedra fundamental de nuestro poder legislativo. Útilísi- 
ma para nuestra historia, así como para la de Venezuela, es esta 
publicación, y dignos de a'abanza son los autores de ella. Tan in- 
teresante es dicho libro que el lector quisiera unas páginas más 
con otros capítulos sobre tan augusta asamblea. 

En prensa están, hace algún tiempo, varios volúmenes de esta 
serie de obras históricas, como el del señor Oijuela, sobre el sacrifi* 
cío de Ricaurte, en el cual se comprueba la verdad del grandioso 
holocausto de San Mateo; el 2." tomo de las Monografías dtl se- 
ñor Gutiérrez, que como el !.*>, contendrá preciosísimts datos para 
nuestra historia y nuestra geografía; las actas del Congreso de 
Cúcuta, también por los señores Cuervo y Cortázar, que será una 
abundante y nutrida información sobre lo acontecido en aquella 
corporación, reunida hace un siglo exactamente en nuestra hermo- 
sa frontera; y la continuación de la Bibliografía Bogotana de este 
vuestro Secretario, en la cual enumeta hs producciones de la im- 
prenta en esta ciudad desde 1820 en adelante y que es tan sólo un 
trabajo de paciencia, obra de carpintetía, para tomar una frase del 
argot bogotano. 



INFORME DEL SECRETARIO 195 



Ya os manifesté, en la sesión pasada, la conveniencia de que 
se guarde el mayor orden j toda armonía para ia impresión de 
estús vulúmenes, pues fue el principal propósito de sus fundadores 
la publicación de libros de historia nacional en forma uniforme y 
metódica. 

Abrióse en octubre de 1919 el concurso que celebra todos 
los años la Academia, y fue señalado como t'^ma: Campaña Liber^ 
tador» de Aniioguia, el rio Magdalena y la Casta, desde la batalla 
de Boyacá hasta el sitio y toma de Cartagena. Y en la sesión del 
2 de noviembre del año pasado fue presentado e! informe corres- 
pondiente por los señores Arrubla, Cuervo y Henao, en el cual pi- 
dieron se declarara desierto el concurso, y asi lo aprobó la Acade- 
mia. Lamentable es que en esa ocasión no se hubieran presentado, 
como en los años anteriores, trabajos meritorios y que mostraran 
bien honda afición- a estos patrióticos estudios. En cambio, para 
el torneo de este año, y que es sobre la Campaña del Sur, especial' 
mente Bombona, sí ha llegado alguna memoria que desarrolla 
esta tf'sis con magnífico acierto. 

Ha velado la Academia, como en otros años, por la conser- 
vación de los ed-ficios que tengan mérito histórico o artístico y 
que aquí se destruyen precipitadamente, sin tratar de salvar al 
menos algunas de sus partículas. El señor Conde de Brettes, ¡a- 
teligente escritor y sabio viajero, nos llamó la atención, en su 
última visita a Colombia, hacia las reparaciones que se efectuaban 
en la iglesia de Pasca y con las cuales corría peligro la antiquí- 
sima y curiosa portada de ella. Varios académicos se interesaron 
igualmente por la casa cural de Fontibón, de un marcado sabor 
colonial y llena de dulcísimos lecuerdos. La Academia hizo las 
gestiones necesarias para evitar la destrucción de esos monumen- 
tos, y algo se ha logrado conseguir. 

Sobre la Quinta de 6:)livar, poblada de épicas añoranzas, ha 
seguido velando para su arreglo y conservación, pero aún no se 
hi podido, por diversas circunstancias, establecer allí el Museo 
Boliviano Sigue, ;jin embargo, trabajando en ello, y pueda que 
logre éste inagurarse el próximo año, fen el día de la patria. Seria 
este el más lujoso número de los festejos. 

Con respecto a inscripciones conmemorativas que se están 
perdiendo o borrando, o que yacen por ahí olvidadas y descono- 
cidas, hi procurad 5 la Academia ya impedir su extravío o des- 
gaste. y\ sacarlas del triste abandono en que se hallan. 

S )bre la casa donde habitó Narifto se resolvió que debería 
subsanarse el error cometido al colocar la lápida en el costado 
norte del Parque de Santander, debiendo ser en el oriental; y se 
dispuso, igualmente, poner otra lápida en la casa donde nació 
dicho patricio. Aún no han tenido cumplimiento estas disposicio- 
nes, pero sin duda se harán ambas cosas muy próximamente. 

Sobre algunos de les héroes de la Independencia se han hecho 
investigaciones sustanciales, que han venido a aclarar detalles do 
■US biografías. Debido a labor acuciosa y sensata el Reverando 



196 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



Padre Merizalde halló ia partida de bautismo del General Juan 
José Neira, el caudillo legendario de homéricas hizañas. y resul- 
tó que él nació en el Molino del Cárcamo, situado en Ii.s cercanía» 
de la Villa de Leiva. El señor Cura párroco de Nunchía halló el 
testamento del General Moreno, el luchador aguerrido del Llano y 
campeón constante en las horas en que todo parecía perdido para 
la patria. 

Al sefior Ministro de Colombia en Venezuela se le envió ei 
retrato de Girardot, que había pedido para el afamado pintor se- 
ñor Salas, quien va a colocar la ñgura de aquel gallardo piócer, 
de gloria inmarcesible, en uno de sus cuadros. 

Fue invitada nuestra corporación a los centenarios de! Gene- 
ral Santos Gutiérrez en el Cocuy, Departamento de Boyacá; de la 
batalla de San Juan de la Ciénaga, Departamento del M;4gdalena;7 
del Congreso de Cúcuta, Departamento de Santander. No pudo ir 
a ellos comisión de su seno, como se tuvo el propósito, pero fue- 
ron nombradas personas de esos lugares paia que la representaran 
en las ceiemonias y festejos. 

Ha patrocinado también la erección de un monumento a 
Mutis, el benemérito gaditano que hizo de nuestro país su segun- 
da patria, y que es como el padre de nuestros estudios científicos. 
Sus cenizas, se sabe, reposan en la iglesia de Santa Inés, pero se 
ignora el lugar preciso donde se hallan, en dicho templo, por ha- 
ber sido cubieitas y cambiadas las lápidas que allí existían; de las 
cuales, sin duda, una sería la de Mutis. Quizás una rebusca minu- 
ciosa logre encontrar aquéllas, algún día, con la debida precisión. 

Anhelo ferviente ha sido de nuestro centro la conservación y 
arreglo de los archivos públicos, y hacia ellos tiende constante- 
mente miradas vigilantes. A los archivos notariales han hecho al- 
gunos de sus miembros visitas y han dado infurmes sobre ellos. 
ICuán ricos son esos protocolos para la historia del país y principal- 
mente para la de nuestra capital! Recuerdo haber visto, ah^^ra 
aflos, en una de ellas un legajo que corresoondía al año de 1558, 
veinte años después de la fundación de Bogotá, cuando aún no 
había llegado a la mayor edad, ^i acaso la de las villas fuera la 
mií-ma de los individuos, y que allí estaban autógrafas las firmas 
de Acebo Sotelo, el Secretario de Jiménez de Quesada, y de otros 
de los titanes que, al lado del perínclito licenciado, mecieron, en 
día inolvidable, la cuna de esta ciudad, hoy gran metrópoli, que 
pronto cumplirá sus cuatro siglos. Ese solo mamotreto, copiado 
íntegramente y con el debido cuidado, por hábil paleógrafo, seria 
por sí solo y sin necesidad de comentario alguno, precio.->ísima na- 
rración; pero se ha informado que ya hoy no parece ese códice, el 
cual se debía haber tenido guardado en cofre de hierro, con siete 
cerraduras y siete sellos. 

Tesoro grande es también ei Archivo de Cundinaraarca, y la 
Academia, secundada que fue por el G.jbernador señor Restrepo, 
ha iniciad.) un pian para su arreglo, c.it ilog tción y traslado a salo- 
nes seguros y amplios. Los señores Cortázar, Guerra y Quijano 
tienen la comisión de este asutito. 



INFORME DEL SECRETARIO 197 



El sefior Archivero del Congreso pidió se hiciera por ta Aca- 
demia una visita a la oficina que está a su caigo. Bien arreglada, 
con orden y pulcritud, apaiece aquella extensa e importante docu- 
mentación. El señor Gabino Charri nos llamó la atención al rico 
arsenal de manuscritos histói icos que guarda el archivo de Neiva, 
y la Academia se dirigió a las autoridades de aquella ciudad a fin 
de que se cuiden con esmero tan valiosos papeles. El señor Rufino 
Gutiérrez puso también en conocimiento de esta corporación la 
existencia de curioso arhivo en Pasto, y se comunicó allá, igual- 
mente, el deseo de que se procurara la conservación, con patriótico 
cariño, de esos arcaicos documentos. 

Al señor don Pedro López le fueron entregadas unas breves 
relaciones de las batallas de Pichincha, Junio y Ayacucho que 
había solicitado para ponerlas en los vapores de estos nombres 
que él ha hecho construir recientemente. 

Conferencias tuvieron lugar después de mi anterior informe la 
del señor Gómez Barrientos, apreciable escritor antioquefto, sobre 
el Padre Botero, personaje singular que figuró en los días de la 
Nueva Granada; la de nuestro colega doctor León Gómez (leída 
por su h jo), sobre los poetas de la Lira Nueva, constelación que 
apareció, ahora treinta años, en nuestro cielo literario, y que ya la 
muerte apagó algunas d : sus estrellas; y la del señor Mediz Bolio, 
ilustrado diplomático mejicano, que cosechó aquí, en poco tiempo, 
tantos aplausos y tantas simpatías, sobie los aborígenes de su país, 
la cual fue acompañada de proyecciones ile altísimo inteiés. El 
sefior Quijano tiene preparada una erudita y amena sobre las rela- 
ciones políticas, literarias y sociales de Colombia con Méjico, la 
cual escribió a propósito del centenario de aquella ilustre nación, 
cabeza de Hispano América y cuna de perínclitos varones, celebra- 
do há pocos días, y que leerá el 28 del presente mes, onomástico 
del Libertador. 

Tccóle a la Academia, en este año, organizar los festejos pa- 
trios de acuerdo con la ley expedida, en 19:9, por la cual se le 
encomendó esta misión. La escasa suma que se le dio para ello, el 
ser la primera vez que iba a encabezar estos espectáculos, así como 
otras circunstancias, impidieron darle a la conmemoración de nues- 
tros grandes aniversarios todo el esplendor que ella hubiera que- 
rido y que tal vez logrará en otras ocasiones más propi:ias; pero sí 
se hizo un esfuerzo por darle novedad y corrección al programa de 
las festividades. Un número de él fueron los juegos olímpicos que 
por primera vez se han celebrado en nuestro país. Iniciador de 
éstos fue el señor Coronel Acebedo, Director de la Escuela Militar 
y miembro correspondiente de la Academia. Tuvieron ellos éxito, 
no obstante que no hubo tiempo para dar a conocer esa feliz idea 
por todo el país, y mostrar y hacer palpable a todos la importancia 
de ella. Grato fue, sin embargo, ver aquí, en las cumbres andinas, 
los deportes de la antigua Grecia y contemplar a nuestros cadetes 
arrojando el disco como se vieran en remota antigüedad los varoni- 
les discóbolos en los valles helénicos. 



198 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



Se hizo también una exposición de vitrinas con objetos histó- 
ricos. Sinsible es que no se hubieran mostrado en bastantes alma- 
cenes reliquias de nuestra grandiosa epopeya. Existen en Btgotá 
inuchÍ!>imos recuerdos de los mártires y campeones de la indepen- 
cia, utensilios de esa época, publicaciones patrióticas de tales días, 
retratos y medallas, armas y uniformes, y despojos de los campos 
de batalla, que se guardan en los hogares con veneración y cariño. 
¿Qué mejor ocasión de mostrarle al público tales trofeos, que la 
de estas efemérides sagradas? Tal vez en otra ocasión se atienda 
con mayor amplitud esta excitación, con lo cual no sólo se rinde 
un tributo de gratitud y admiración a los padres de la patria, 
sino que se da una lección objetiva de historia y se engalanan 
nuestras calles. Si fuere unánime esa manifestación, sería Bogotá, 

f)or una o dos noches, un inmenso museo, y revivirían, durante ellas, 
as sombras augustas de nuestros genios y el espléndido cuadro de 
hazañas ingentes y maravillosas que deben ser envocadas sin cesar. 
Confiemos en que si volviera a proyectarse tal cosa nuestros co- 
merciantes harán un pa'éntesis a sus realizaciones y exposiciones 
de baratijas, por unas horas, y convertirán sus muestrarios en pano- 
plias de espadas vetustas y oxidadas, en cofres de condecoraciones 
ganadas en los campos de batalla, en relicarios de objetos al pa- 
recer insignificante pero que tienen, por el paso de los años y por 
las proezas de quienes los usaron, un cierto sello de gloria y de 
grandeza. Pero si fueron pocos les ciudad^inos que tomaron partici- 
pición en este concurso, exhibieron ellos, en cambio, preseas de 
alto aprecio, y gran deleite tuvo e! público en contemplar asi el 
mérito histórico de ellas como el arte exquisito con que fueron 
arregladas. 

Muchas disposiciones ha dado ia Academia sobre asuntos de 
historia y de geografía, bien que esta última no sea enteramente de 
su resorte, pero sabido es que ella forma, con la cronología, los ojos 
de la historia. Haria muy extenso este informe si mencionara todas 
las proposiciones acordadas, y mi limitaré a señalar la del señor 
Gutiérrez, sobre excitación al Gobierno a fin de que haga levantar, 
por comisiones nombradas en cada Municipio, datos históricos, 
geográficos y estadísticos de ellos. Llevada a efecto esta determi- 
nación, tendremos, así, monografías exactas y completas tanto de 
nuestras populosas ciudades como de las más recónditas aldeas. 

Por ausencia del Presidente señor Rivas y del Secretario que 
os habla, desempeñaron sus puestos, durante seis meses, los seño- 
res Robledo y Cuervo. Bien palpables sorv* sus altas prendas, y 
sería lugar común hablaros de ellas. Baste decir que sus manos 
rigieron con todo acierto y tino nuestra corporación. Por re- 
nuncia del señor Fajardo se encargó del empleo de Tesorero 
el señor Guerra, quien también lo declinó, poco tiempo después, 
y fue nombrado entonces el señor Wills Pradilla; a todos tres 
debe la Academia sincero agradecimiento por la buena volun- 
tad y alta competencia con que le han servido. El señor Cortá- 
zar se encargó en reemplazo del señor Cuervo del puesto de Se- 



INFORME DEL SECRETARIO 199 



cretario auxiliar, también durante seis meses, y llenó sus funciones 
con su acostumbrada laboriosidad e inteligencia. El señor Mesa ha 
continuado al frente de la biblioteca, la cual marcha, merced a sus 
cuidados, en bastante prosperidad. T<^do está arreglado y cata- 
logado debidamente. Es ya crecido el número de sus libros y fo- 
lletos, y pronto habrá necesidad de una nueva sala para ella. Ha- 
ciendo esfuerzos, dada la falta de recursos con que cuenta la 
Academia, ha logrado dicho empleado la encuademación de no 
pocos volúmenes. Esta biblioteca, asi como la de mi propiedad 
particular, que puse en el mismo local, temporalmente, al servicio 
de la Academia, como consta en mi anterior informe, son consul- 
tadas frecuentemente por personas estudiosas, a quienes se atien- 
de con la debida amabilidad 

Al regresar el señor Rivas y yo a esta ciudad dimos cuenta a 
la Academia sobre nuestras labores en el Congreso hispanoameri- 
cano de historia y geografía que se celebró en mayo, en la ciudad 
de Sevilla, y sería una repetición volver sobre ello en esta infor- 
mación. También presentamos detallada relación a este repeclo al 
señor Ministro de Relaciones Exteriores, y ella fue leída en una de 
las anteriores sesiones y se publicará en el Bolbtím conforme a los 
deseos de la Academia. 

El señor Rivas informó también especialmente sobre el archi- 
vo de Bolívar que existe en París, en poder del señor Embajador 
de España, que es nieto del señor don Juan Defrancisco Martín, 
procer de la Indepenpencia y albacea del Libertador, el cual ar- 
chivo, dicho señor ha puesto a disposición de los gobiernos de 
Colombia, Venezuela y Ecuador. De ello dio la Academia opor- 
tuno aviso al señor Presidente de la República y a los señores 
Ministros de Relaciones Exteriores y de Instrucción Pública, a 
fin de que se hicieran las gtstíones del caso. 

El señor García Zamudio, que envía constantemente intere- 
santes correspondencias, desde Nueva York, sobre libros y manus- 
critos exiitentes en los Estados Unidos relacionados con nuestra 
historia, ha remitido últimamente una relación sobre los papeles de 
Sucre que se encuentra en New Haven, en la Universidad de Yale, 
y en el cual hay 2,128 cartas y documentos en su gran mayo- 
ría inéditos. «Son — dice dicho académico — la correspondencia con 
Bolívar, Córdoba, Santander, Flores. Salón, Soublette, Olmedo, 
Ibarta, los generales peruanos y ecuatorianos y todos los que des- 
de antes de 1820 lo acompañaron hasta 1830. Todas estas cartas 
Se hallan conservadas y con índices y numeración adecuada, en 
las cajas de seguridad de Vale.» 

Miembros correspondientes han sido nombrados, en estos doce 
meses, !qs señores Gustavo Guerrero, autor de sesudos trabajos 
históricos, entre éstos uno, reciente, que mencionaré más adelan- 
te; Miguel Triana, que ha publicado en varias ocasiones obras 
bien notables de historia y geografía y que se ocupa acualmente 
en hondas investigaciones subre los jeroglíficos que nos han que- 
dado de nuestros aborígenes. Bien que aun sean conjeturas, mués- 



200 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



tran ellas que se está en el rastro y que quizás la inteligencia y 
laboriosidad de nuestro co'ega logre al fin arrancar su secreto a 
aquellas enigmáticas inscripciones, que indelebles han permane- 
cido ante el pas3 de los siglos, como Chompollion descifrara un 
día los signos de los primitivos egipcios, cubiertas durante evo» 
por un velo impenetrable de misterio, Y Ernesto Murilio, que 
acaba de editar lujoso libro sobre sucesos de historia contemporá- 
neí^, y de cuya ágil pluma esperamos que penetre, como taladro, 
en épocas más remotas y haga saltar de ella epi>od¡os y conseja» 
que yacen cubiertos por seculares cortezas. 

Entre las producciones de alguna extensión que se han hecho 
por miembros correspondientes, además del que acabo de raeucio- 
nar, y que trata sobre la muerte del General Uribe, tenemos los 
siguientes: Recuefios autobiográficos A€< señor Quijano Wallis. ga- 
lano escritor y personaje que figuró siempre con brillo especial en 
nuestros palenques sociales, políticos y literarios. El proceso de 
Alejandro Macaulay, preciosa documental ion publicada por el 
ya citado señor Guerrero y que revela datos curiosísimos sobre 
aquella tragedia de los primeros años de la magna contienda 
que estaba hasta ahora un poco «eDulosa. La Campaña Liberta- 
dora de 1821, por el Capitán Fiórez Alvarez, estudio laborioso y me- 
tódico sobre las operaciones que se desarreglaron en el Norte des- 
pués de Boyacá y culminaron en la hecatombe gloriosa de Cárabo- 
bo, y al cual acompañan documentos antes ignotos y hallados por 
el autor en nuestros archivos, tras savia y paciente búsqueda. Céle- 
bres imágenes y santuarios de Nnestia Señora en Colombia, del Re- 
verendo P<»dre Mesanza, publicado en España, y que es aporte 
notable para nuestra historia y geografía, como todos los escritos 
de este distinguido dominicano, y de quien ha publicado el Bole- 
tín, así como otras revistas y diarios del país minuciosas y acerta- 
das monografías. 

Elegidos fueron en la anterior sesión, como miembros de nú- 
mero, los señores Laureano García y Miguel Arroyo. Elocuentes y 
sustanciosas producciones les deben nuestros anales, y bastante 
conocidos son sus méritos para hacer de ellos enumeración en este 
infirme. Limitóme tan sólo a señalar el placer con que estos exi- 
mios escritores fueron recibidos en nuestra corporación y el aplau- 
so que el público ha tributado a esta designación, con la cual se 
llenaron los sillones vacantes por la muerte de los preclaros colega» 
señores Ospina y Ilolguin, 

El concurso anual que celebra la Academia, y que será 
premiado en el próxim') año, se resolvió que fuese sobre este 
teraa:Zí mtijer^n la miependencia, teína que al mismo tiempo que 
da margen pjra profundas investigaciones y hará agrupar en ua 
haz las biografías de todas las damas que figuraron en una u otra 
forma en el escenario de la magna contienda, rendirá a sus memo- 
riis altísimo tributo de veneración y gratitud. Allí podrán evocar- 
se las sombras no sólo de las que sufrieron el martirio, sino de la» 
que colaboraron, de alguna otra manera, a la redención de la patria. 



OBISPADO DE SANTA MARTA 201 



Allí, desde la que rompiera el edicto de extorsiones, ea la plaza del 
Socorro, hasta la que cayera acribillada a balazos en nuestra plaza 
principal, dando ejemplo de singular valor y de patriotismo inex* 
tingible. Muchas de esas fguras están aún en la penumbra y con- 
viene se destaquen con toda precisión en nuestros fastos. ¡Cuántos 
nombres no habrán por ahí oividadosy de cuántos no tenemos sino 
datos indecisos y confusos! Los que tomaren parte en este torneo 
podrán darnos mucha luz sobre ellas y decirnos también si hubo 
en realidad ese gran número de heroínas que registra una publica- 
ción, de hace unos dos o tres años, en la cual, desgraciadamente, no 
se expresaron las fuentes de información conforme a los modernos 
preceptos científicos para estas tareas. 

Los centros históricos de los Departamentos laboran eficaz- 
mente, y debemos a ellos estudios de fama y relieve. He de men- 
cionar especialmerte les trabajos del señor Otero D'Costa, quien 
ha publicado en el Archivo Historial de Manizales, que tan savia- 
mente dirige, las biografías de don Eloy Valenzuela y del almi- 
rante Padilla, que son investigaciones profundas y completas, asi 
como documentos curiosísimos que ha hecho copiar del Archivo 
de Indias. 

Entre las obras publicadas en Europa referentes a nuestra his- 
toria anotaré las eruditas memorias del sabio doct ir Rivet, miem- 
bro correspondiente, sobre las tribus e idiomas indígenas de nuestro 
país, de una erudición y laboriosidad pasmosa; v el libro Cartage- 
na y tas orillas del Smú de1 señor Cunighan Graham, el literato 
inglés que tanto conoce a Sur América, libro donde revela sus vas- 
ta ilustración y su talento amplio y brillantísimo. 

Los radios de acción de la Academia se prolongan cada día y 
llegan ellos aun a lejanas tierras. Del extranjero se piden sus publi- 
caciones y se busca el relacionarse con ella; y por todo el país se 
propaga, en entusiasmador oleaje, el afán por el estudio de nuestro 
pasado y por fijarlo, con verdad y pureza, en majestuoso recuerdo, 
para que las generaciones futuras conozcan y respeten sus hechos 
gloriosos y conserven, llenas de veneración y ternura, la memoria 
de sus grandes hombres. 

Eduardo Posada 

Bogotá, octubre 12 de 1921. 

OBISPADO DE SflnTfí mflRTfl 

CARTA DE DON FRANCISCO DE LOS BARRIOS Y TOLEDO, OBISPO DE 
SANIA MARTA, PARA DONDE SALIÓ DESDE SANLÚJAR EN 4 DE NO- 
VIEMBRE DE 1552, LLEGADD EN 6 DE FEBRERO DK 1553 

Refiere lo ocurrido en el viaje, que lo hizo en la Armada del 
General Carreño, expresando que de los cincuenta y cinco navios 
de la expedición se perdieron tres junto a Canarias, y cuando salie- 
ron de allí se prendió fuego la Capitana en 12 de enero, perecien- 
do trescientas personas, entre ellas García del Busto, General de 



202 BOLKTÍN DE mSTORIA Y ANTIGÜEDADES 



Popayán, su mujer, hijos y famili-j, salvándose sólo Pedro Her- 
nández del Busto, hermano de aquél, el General Carreño, y diez y 
ocho marineros; dicen que los temporales obh'garon dividirse los 
doce navios, que tuvieron que arribar a Berbería, de donde fueron 
a Cartagena, llegando sólo treinta y tres de los cincuenta y cinco 
navios. Por último da cuenta del estado en que encontró a su llega- 
das diversos lugares. Costa del Rio Grande, 15 de abril de 1553. 



Muy altos y muy poderosos señores: Fue Dios Nuestro Señor 
seruido que saliésemos de la Barra de Sant Lucar a quatro dias del 
mes de noviembre del año p^ssado de ciquenta y dos, tomamos en 
quatorce dias la Isla de la Gomera y en tres el refesco necesario. 
Salimos de alli á veinte y dos del dicho mes, nauegamos (ochenta ó 
cien leguas por la mar, dionos un vendaual tan desecho que pensa- 
mos todos perdernos. Durónos este tiempo seis dias con sus noches 
y con andar todos los nauios á árbol seco, boluionos el tiempo se- 
senta leguas atrás de las Canarias. £n este interim nos tomaron 
frateses un nauio que se nos quedo Zorrero y otros dos se fueron a 
fondo por que hacia mucha agua y otros diez ó doce faltaron por- 
que tomaron la costa de Berueria y arribaron primero a Cartagena 
que las flota* quedamos treinta y tres nauios de ciquenta y Qinco que 
salimos del puerto. Zesado el vendaual boluimos a caminar para 
las Islas de Canarias y llegamos a vista della quasi dos legjas y allí 
estujmos treinta dias a árbol seco que no podimos tomar la gran 
Canaria y no nauegamos nuestra derrota, por que estaua en aquel 
puerto el almirante con otros dos ó tres nauios, y ellos no osauan 
salir ni venir á nosotros aunque les hazia tiempo por miedo de los 
fran9eses que los tenian a vista y nosotios no podiamos arribar á 
ella por que nos era contrario. Ea este interim acometieron a la ar- 
mada quatro nauios franceses, y llegáronse tan «jerca de nosotros que 
nos podian tirar por que andan muy a la ligera y los nuestros tan 
cargados que no solamente no podían ni pelear pero ni nauegar y so- 
bre esto importa mucho a la ronsiencia y seruicio de Su Magestad 
que V. al aduierta y mande que en la visitación y nauios que salen 
de Hespaña se tenga grandissima solicitudy vigilancia que no se ha- 
gan los embustes y traiciones que se hazen cerca de la visita de los 
nauios (^ue dexan salir de esos puertos nauios podridos y que ha- 
zen agua como harneros) y tan cargados de mercaderias y gente 
que no pueden nauegar en ninguui manera ni valerse. Y como los 
señores de ellos los dejan alia asegurados y sus mercaduriasy ha- 
cienda huelgan de desallos hundir e anegar en la mar sainando sus 
personas en Ins bateles y pierden los pasageros sus personas y ha- 
ziendas y lo que es peor que si valen las mercaderias quinientos y 
el nauio mil aseguran lo doblado de lo que valen, y es assi que 
lo vimos por experiencia en esta jornada que pudiera llegar el na- 
uio a puerto y sainarlo y las mercaderias e no quisieron si no de- 
xarlu y era hondo porque dicen que en el puerto no queda obliga- 
do el asegurador &&. \, 



OBISPADO DÍ5 SANTA MARTA 203 



A cabo de treinta dias tomamos á ia Gran Canaria cinco dias 
antes de nauídad y ay estuuimos la pascua aunque ia vigilia deila 
después de tañido a vísperas nos hizo embarcar el General Carreflo 
y se hizo á ia vela con tiempo contrario y nos truxo toda la noche 
buena muriendo por ia mar hasta que Dios seruido definfoi^^rle 
con temporal que voluiese á la mar puedo al segundo dia de pas- 
cua por que el primero no diximos misa ni la vimos. Salimos de 
ia Gran Canaria el penúltimo dia de diciembre y nauegamos doce 
dias y jueves en la noche a doze de henero a las diez o honze de ia 
noche salto el fuego del farol de la Capitana que era muy grande y 
descon93rtado 3» que traia y prendido en el nauio y quemóse todo 
a vista de toda la flota sin poderlo remediar. Perecieron en el tr«- 
cientas personas entre las cuales murió el muy honnrrado cauallero 
Garcia de Busto que V. Alteza enbiaua por su Güber.iador a Po- 
paian y su mujer y quatro hijas doncellas y los hermanos y parien- 
tes del y ella que consigo lleuauan. Escapó sólo un hermano del 
Gobernador que se llama Pero Hernández de Busto por que se 
echo a nado y saluose en el batel con el General Carrefto y otros 
diez y ocho marineros; a este cauallero yo le recibí en mi nauio y 
lo etraido y traigo siempre conmigo y le tendré siempre en mi 
compañía hasta que V. ai mande otra cosa. Por ques muy honrra- 
do cauallero y tiene méritos v auilidad para emplearse en seruicio- 
de Vuestra Real Alteza y asertara muy bien sobre el qualquier offi- 
cío que fuere seruido deledar y dexolo muy merecido los grandes 
seruicios de su hermano pues pereció en seruicio de Vuestra Coro- 
na Real (el y toda su porteridad) y no creo qe pueda persona nin- 
guna de su linaje mas propinqua ni en quien se emplee mejor la 
paga de tan grande servicio. De mi parte suplico humillmente a 
Vuestra Real Alteza buelua los ojos de su clemencia a mirar a este 
noble cauallero que escapo en cueros, como lo parió su madre, y 
padece gran necezidad y ningún remedio tiene si no el que espera 
de Vuestra Real Clemencia. 

Tomamos el puerto de Santa Marta a seis dias del mes de he- 
brero y luego la posesión de nyestra Iglesia por virtud de las Bu- 
las de su Santidad. Mandóme por una que haga su juramento 
acostumbrado que suelen hacer 1 3S prelados y defender la Iglesia y 
fauorecella y no cosnpirar contra el Pontifi9e &»&. Bisitare litnina 
apostolorum y de dos en dos años y que este jutamento .sehnga en 
manos del Obispo de Sint Juan de Puerto Rico o del de Cuba por 
que les fue hecha reUcion de que estañan mas propinguos y aco- 
modados, a nuestra derrota. Yorogue mucho al General que venia 
en nuestro nauio que tomásemos a Puerto Rico o a Santo Domin- 
go donde dizen residen el Ovispo de Sant Juan y el me prometió 
de hazello a si por que el lo traia por instrucción y mandato de 
Vuestra Real Alteza y había de tomar el tesoro de Vuestra Real 
Alteza que esta en Santo Domingo, Y llegados a la Dominica don- 
de se hauia de tomar la derrota dionos un temporal tan forzoso 
que en ninguna manera «os dexó arribar auaque lo trabajó grande- 
mente toda la flota. Lo de Cuba no era camino v asi ni en la una 



204 BOLETÍN DE fflSTOKIA Y ANTIGÜEDADES 



parte ni en la otra no se pudo hacer el voto porque lis cosas de 
la mar no son en manos de los hombre'?. Llegados a Santa Marta 
yo visité aquella iglesia y la ordené lo mejor que pude y eslue 
ayi dos meses esperando si biniese algún nauío para ir a Cuba ó a 
Santo Domingo a hazer el sobre dicho voto y juramento y no vinie» 
ron porque ningún nauio osa caminar solo por miedo de franceses 
y visto que aquel no auia remedio determiné de ir por tierra ai Rio 
de la Hacha para embarcarme alli a una de las dos partes porque 
me dijeron que alli se avruia mas presto un nauio y yendo por el 
camino hayé que se hauian leuantado los indios de Buritaca los 
quales soban esta- de paz y la causa de sus amotinamientos fue por 
que embiaron los Oydores del Nuevo Reino a un Capitán que lla- 
man Pedro de Uifua sobrino del Licenciado Miguel Diaz a poblar 
el valle que llaman de Taiiona ques en estas tieiras de Santa Marta 
y enbió delante ciertos soldados y bizuños que acá llaman chapeto- 
nes y no tenían intelligencia ni lengua de las costumbres de los in- 
dios y hicieronles algunas uexíi^iones y malos tratamientos tomán- 
doles los mantenimientos y haziendas y viendo esto aleáronse qua- 
tro o cinco pueblos y mataron y hirieron algunos hespaftoles. Yo 
rogué y exorté y aun requeri a este Capitán sobre diiho que no 
hiziese la entrada y no quiso dexarla dehazei y visto esto y que no 
podia pasar a executar mi deseo y voluntad dexé el camino que 
ileuaua no embargante que la ciudad me requirrio que no rae em- 
barcase y no saliese del ovispado por que assi conuenia al seruicio 
de Nuestro Señor y de Vuestra Alteza, yo me embarque por la 
mar y bine a la boca del Rio Giande que baxa del Reino y embar- 
queme en el en una canoa y subo visitando nuestra iglesia y e 
visitado la de Tenerife y esta de esta ciudad de Tamalameque don- 
de al presente estamos y por que aqui topé mansHJero para Hespaña 
parecióme dar cuenta a Vuestra Real Alteza de lo hecho hasta aqui 
aunque quedo con escrúpulo aunque e hecho todo lo que es en mi 
para ir a efectuar y hazer el voto que su Santidad me manda en 
uno de los dos prelados yndiferentemente y con obligación de lo 
hazer si no se saca dispensación yo escriuo amo solicitador de 
Diego de Auila para que lo procure y solicite y pida Vuestro Real 
auxilio y fauor a Vuesta Real Alteza suplico se lo mande dar y si 
el legado que en esa Real Corte reside tuuiere autoridad para dis- 
pensar en lo que por mi memorial pediré se ympetrey si el legado 
no la tuuiere se escriba al vuestro embaxador para que de su san- 
tidad la alcanza que este voto o juramento se haga tn manos del 
Ovispo de Popaian que es prelado mas conjunto a nuestro obispa- 
do y puedo yr por tierra. Por que si huuiese de baxar del Reino y 
bolverme a embarcar para Santo Domingo, ó para Cuba primero 
que boluiese a subir a el se acabaria la vida, y es grandísima la 
necesidad que hoy en estas partes ay de la existencia de los pre- 
lados y asi suplico a Vuestra Real Alteza que con presteza mande 
prouuer las iglesias que están sin pastores por que es cosa impor- 
tantisima al seruicio de Dios y de Vuestra Real Alteza, que es 
grande la falta de christiandad que ay en estas partes no solamen- 



OBISPADO DK SANTA MARTA 205 



te en las naturales pero aun en los hespañoles y muy maior de 
ministros que administren la fé y doctrina á los unos y á los otro». 
Y esas ministros que ay son las heses y escoria que hespaña dese- 
cha por no podellos sufrir y aunque nos, en llegado al Reino, por 
que estoy cient leguas del desembarcadero pero sabido que las or« 
denes que en el estauuan fundadas y la chtistiandad que predica- 
ron todas están dissipadas y destruidas. Poi que assi I j orden de 
dominicos como de fran§iscos y las cabt9as de ellas por ser enfer- 
mas y no las que deuian desaanpararon aquellh iglesia y todos los 
fraües huuieron dell a la causa de esto ni quien tenga la cu'pa yo no 
lo se ni la puedo desir a Vuestra Alteza por que no tengo cierta in- 
formasion delio, alia la abra sa^ido por que abram aportado algu- 
nos dellos cuando la tenga bastante yo la diré a su tiempo lo que 
al presente puedo desir es que aun que hasen gian cargo a los oy- 
dores de Vuestra Real Audiencia los quales yo no conozco ni evis- 
to, ninguno dellos, pero por lo que se y tengo entenoido de lo do 
las ordenes no puedo descargar la gran culpa a las cabe§isy rec- 
tores dello's que fueron fray Juseph de Robles vicario de lt.»s domi- 
nicos y fray Jerónimo custodio de los franciscos por que por nin- 
gún aggrauuio ni estorsion que nuestros oidores les hisiesen deuian 
ni era licUo desamparar como desampararon aquella iglesia y la fe 
y euangelio que tenian fundada y predicada a los yndios por que 
me dicen que los mas an apostatados dellas y vueltose a sus ritos 
y 9eremonias lo cual pudieron escusas con dar aviso de sus aggra- 
uiüs a Vuestra Real Alteza para que los mandara remediar pero 
ellos dieron grandes ocasiones para tilo. 

£ dado cuenta dello a Vuestra Real Alteza aunque de paso 
para benir a imferir esta conclusión y digo que la maior nesecidad 
que ay al presente en todas estas vuestras indias y especialmente en 
estas Iglesias del Nueuo Reino es de ministros assi de clérigos como 
de frailes que sean t^les quales conuuienén para predicar el sacro 
euangelio y la fe de Xristo a ynfieles por que acá las mas iglesias 
están sin sacerdotes ni curaS y esos que ay en algunas todas son de 
frayles renegados y de los clérigos prohibidos yo estoy determinado 
de no dexar acá ninguno destos como Vuestra Real Alteza rae lo 
manda por su 5'ídula y asi quedaran las iglesias desiertas y desam- 
paradas en cargo a Vuestra Real Alteza U consiencia y descargo la 
mia en esto que con presteza mande prouuer de ministros asi de 
clérigos como de reí i- giosjs que íea tales por que yo no puedo ha- 
cer mas que por uno y el pastor poco puede guardar sin perros. 

Una cosa se me cfrece de anisar a Vuestra Alteza importanti- 
sima a su re^l seruicio y a la conseruacion y augmento déla goure- 
nacion desta Prouincia de Santa Marta y es que es muy necesario 
que en aquel puerto de Santa Marta se haga una fortaleza y se ador- 
ne de artilleria para que la defienda y ampare de los franceses y 
enemigos por que sin esta en nunguna manera se puede conseruar 
ni subs tentar alii población ninguna si no que de nt9esidad an de 
desamparar aquel puerto y es el mejor que ay en todas nuestras 
yndias por que ya muchas veces lo han robado y quemado lo» 



206 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



franceses y agora esos diez ó doze veciuos que allí están todos tie» 
nen las haciendas escondidas en otras partes y ellos la capa en ei 
hombro para desampararlo huiendo de sus enemigos y asi estaua* 
mos todos esperándolos esos pocos de dias que ay estuuimos por 
que nos venian dando alcancé por la mar y a ios prisioneros que 
tomaron dixeron que abian de robar los puertos como hisieron a 
Lan9arote y Fuerte Ventura. Al presente no se me offrece otra 
cosa de que dar aviso a Vuestra Real Alteza llegado al Reino lo 
daré de lo que a'li pasare guarde y conserue Nuestro Señor su 
Real Estado como por todos se desea. Fecha en esta ciudad de 
Tamalame, que en la costa del Rio Grande a quince dias del mes 
de abril de 1553 años. Muy altos y muy poderosos señores. El 
perpetuo Cappeilan de Vuestra Real Alteza. El Obispo de Sancta 
Marta. (Rubricado). 

En el documento y en forma de carpetilla dice lo siguiente, en 
la parte dedicada a la dirección: A los muy altos y muy poderosos 
señores. Presidente y Oydores del Real Consejo de Yn^ias en los 
Reynos de su Majestad. )J< A su Alteza del Obispo de Santa 
Marta de xv de abril de 155J. Comen§ída a ver. Vista y que se le 
responda que el tenga cuidado de estas cosas; que castigue con ri- 
gor a los que hizieron malos tratamientos a los yndios; y que tra- 
ten bien a los religiosos. (2,019 Estante 2, cajón 2, legajo 3/18 
R." 26. Archivo de Indias). 

¿QÜIEH E$ Eh flUCOR DEh SOnETO 

«A VOZ CORRIENDO VOY, BRAZOS SAGRADOS?» 

No há mucho, disertando sobre el célebre soneto «No me 
mueve, mi Dios, para quererte....,» atribuido a varios, pero sobre 
todo a San Faancisco Javier, puse de relieve las conjeturas que 
hacen probabilísima la opinión de que, no el soneto mismo, pero 
las ideas de él, son realmente del grande Apóstol de las Indias ( 1). 

Hoy no se trata de conjeturas: hoy poseo sobre otro tema de- 
batido un grado de certeza capaz de satisfacer a la crítica más 
«xigente. V<>y a descubrir el nombre del autor de otro soneto ce- 
lebériimo que por casi un siglo ha circulado con nombre falso o 
sin nombre alguno. 

Un poco de historia. Pero antes repitamos, para los que no lo 
tengan presente, la bella y sentidísima plegaria: 



(1) Vid. Raza Española número 3, pág'g-as 58 y siguientes. La 
importantísima publicación franciscana Archivo Ibero-Americano, 
en !»u número xxxviii ^marzo-abri! i920K páerinas 311-314, trata d« 
e.-ta insignifícante producción mía. Lo agradezco si-iceramente; y 
aunque las razones por mí aducidas dice el autor de la crítica (sin 
prob'irlo) que no son «plausibles, > me abstendré de toda polémica, 
por creerla inútil en el presente caso. 



¿QUIÉN KS EL AUTOR DEL SONETO 207 



A voz corriendo voy, brazos sagrados, 
En la cruz sacrosanta descubiertos, 
Que para recibiime estáis abiertos 

Y por no castigaime estáis clavados; 

A voz, ojos divinos eclipsados, 
De tanta sangre y lágrimas cubiertos. 
Que para perdonarme estáis despiertos 

Y por no confundirme estáis cerrados; 

A voz, clavados pies para no huirme; 
A voz. cabeza baja por llamarme; 
A voz. sangre vettida para ungirme; 

A voz, costado abierto, quiero unirme: 
A voz, clavos preciosos, quiero atarme 
Con ligadura dulce, estable y fírme (1). 

Escribiendo la «Historia de la Literatura» de su patria el eru- 
dito y ameno Vergara y Vergara (2), se iiizo vocciro de aquella 
creencia qup, universal hasta la época de aquella obra, daba al 
doctor Juan Manuel García de Tejada, sacerdote colombiano (o sea 
neogra«)adÍQo), el derecho de propiedad sobre el hermoso soneto, 
y como de ese autor lo publicó, sin poner ea ello la menor duda. 
No sabía Vergara y Vergara que su autoridad iba a §cabar de 
desorientar la opinión, pues su dicho valía más que todos los de- 
vocionarios y antologías en que también aparecía el soneto como 
obra de García de Tejada. 

Gómez Restrepo, anotando con su acostumbrada maestría de 
critícala segunda edición de la citada Historia, pone al pie del 
soneto las siguientes palabras: 

«Aunque nadie parece disputar hasta ahora la paternidad de 
este soneto a García Tejada, pues no hace mucho lo reprodujo 
con su nombre el conocido periódico Blanco y I'/ sgr o, de Madiid, 
en un número de semana santa, haremos notar que en el número 
cuarto del Investigador Católico^ periódico que se publicaba en Bo- 
gotá en 183b (cuando aún vivía el doctor García, aunque lejos de la 
Patria), aparece reproducida tal composición con las inicíalas P. 
de V. y P., que no sospechamos a quién puedan corresponder (3).> 

Más tarde Menéndez y Pelayo, al tratar el mismo asunto en 
sus admirables comentarios acerca de la poesía hispanoamericana, 
copia los anteriores conceptos de Gómez Restrepo, y añade por 
8U parte: 



(1) Esta es la forma en que lo presenta Gómez Restrepo, seguido 
por Menéndez y Pelayo, a quien citaré en seguida. Otros leen en el 
último verso: 

cPara quedar unido, atado y firme.> 

lo cual parece más propio, si se considera la forma original. qu« 
daremos al fín. 

(2) Historia de la Literatura en Nueva Granada, por José María 
Vergara y Vei gara— Desde la Conquista hasta la Independencia 
(1538-1820). B gota, 18o7. 

13/ El mismo título anterior. Segunda edición. Con prólogo j 
anotaciones de Antonio Gómez Restrepo. Bogotá, 1905 (vid. página 
452). 



208 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



cTengo casi la seguridad de haber !eído este soneto en las 
obrasdeagún poeta anterior a Tejada, pero no puedo recordar 
quién sea (i).» 

En los últimos años la incertidumbre ha hecho que se repro- 
duzca ei poemita como anónimo, y asi lo vemos, por ejemplo, en 
una bella estampa del Crucifijo de Velásquez, impresa poco há 
en Madrid, y en el distinguido diario El Debate de la misma villa, 
COI respondiente al jueves santo de este año (2). Todavía la reciente 
colección titulada Las mejores cien poeiixs líricas colombianas atri- 
buye aquel dije a García de Tejada, si bien en los índices descubre 
su escrúpulo el atildado antologista (3) poniendo un punto inte- 
rrogante después del nombre del autor. 

Pues bien: ese autor, anterior a García de Tejada, en quien 
Menéndez y Pelayo creía haber leído, sin conseivar su nombre 
(cosa en él admirable), el aludido soneto, ese autor es el poeta 
portugués doctor Manuel de Nóbrega. 

Porque el soneto es portugués, y como portugués aparece des- 
de principios del siglo xviii, por lo menos, hasta que bien entrado 
ya el siglo xix hace su aparición en la literatura castellana. Su- 
ponemos que lo traduj ) García de Tejada, y al publicarlo dio oca- 
sión a que se le creyese hijo de su ingenio. 

El doctor Manuel de Nóbrega fue natural de Lisboa, y floreció 
en la mitad del siglo xvii. Citante Barbosa Macnado, en su Btblio- 
iheca Lusitana (4), y en su Diccionario fíib.'iagraphico Portugtuz 
Innocencio de Silva (5), elogiando su Epicedio del Príncipe Don 



(1) Historia de la Poesía Hispanoamericana. Tomo 11 ■ Madrid, 
1913. (páginas?). 

(J) Tanto en la imagen comeen El Debate hallamos una varia- 
ción, que consiste en mudar el segundo terceto en otro en que entra 
el Corazón Adorable de Jesús: 

<En voí, costado abierto, quiero hundirme. 

Y en ese Corazón anonadarme. 

Y en su volcán de amores consumirme>: 

bella idea, y que además corrige la flojedad del último verso del 
terceto primitivo; pero que, por destruir la unidad de estilo, creo 
no merecerá la aprobación de los eruditos: fuera de que estos monu- 
mentos antiguos debieran declararse intangibles por decreto del 
gusto universal. .. . 

(3) El distinguido joven jesuíta Padre José Vargas Tamayo. 

(4) Tomo III (Lisboa. 1752). página 324, donde parece aludir al 
objeto de esta investigación cuando, al enum-rar las poesías de Nó- 
brega, dice: «Soneto e Égloga a morte da senhora D* María de 
Ataide, 16.S0 (Disb ). O soneto, a página 27 vers.; a EgU.ga, a página 
70 vers.» Y si así es. permítaseme opinar que anduvo pocj acertado 
el Summarto da BibUothecu Lusitana cuando (en su tomo iii. página 
147) da cuenta sólo del Epicedio (inf. cit.) y de la Égloga, dejando 
escondido un tesoro como el del sonet.) que estudiamos. 

(5) Tomo VI, página 69. Comprendemos que no haya hecho men- 
ción del soneto, por el carácter bibliogrático de su obra: no lo hallaría 
publicado aparte. Sin embargo, puede muy bien creerse que la in- 



SOBRE EL AUTOR DE CIERTO SONETO 209 



Teodosio (i) y su Égloga en la mueite de doña María de 
Ataide (2). 

La primera obra de valor critico que sepamos haya publicado 
nuestro soneto es la Nueva Floresta, del Padre Manuel Bernardes, 
del Oratorio de Lisboa (3). Fue esto en 17 ri; y de ese año en ade- 
lante, multitud de libros de piedad, así en Portugal como en el 
Brasil, lo repiodujeron con la firma del mismo Nóbrega. Cun ella 
aparece también en el «Novo Mensajeiro do Corcízao de Jesús,» en 
1898 (4). 

Óigase ahora el texto original del primoroso y ungido sone- 
to, y adviértase con cuánto mayor naturalidad fluye el verso y 
cuánto más delicados resultan algunos epítetos, denunciando su 
genuino origen: 

A vos correndo vou, bracos sagrados, 
Nessa cruz sacrosanta descubertos. 
Que para receber-me estaes abertos 
E para castigar-me estaes cravados; 

A vos, olhos divinos eclipsados, 
De tanto sangue e lagrimas cubertos. 
Que para perdoar-me estaes despertó* 
E por nao devassar-rae estaes fechados; 

A v6s, pregados pés por nao fugir-me; 
A vos, cabeSa baixa pxjr chamar-me; 
A vos, sangue vertido para ungir-me; 

A vos, lado patente, quero unir-me; 
A vos, cravos preciosos, quero atar-me, 
Para ficar unido, atado e firme. 

No será fuera de propósito recordar un pasaje bellísimo de 
San Agustín (en inspiración artística, como en todo lo demás, ge- 
nio incomparable): 

«Mirad esa cabeza inclinada para besaros; ese corazón abierto 
para amaros; esos brazos extendidos para abrazaros; ese cuerpo 
todo manifiesto para redimiros. Pensad cuan grandes son estas co- 
sas, pesadlas en la balanza de vuestra corazón, y fíjese todo El en 



cluyó en aquella cita: cTen tambetn algum'aspoesias ñas "Memorias 
Fúnebres de D?^ Maria de Ataide," etc.»; pues según Barbosa Ma- 
chado (cita anterior), en un mismo volumen se hallan un soneto y la 
égloga, y ya hemos conjeturado con bastante fundamento que ese 
soneto es el que nos ocupa. 

(Ij «Epicedio inconsolavel a morte do serenissimo principe de 
Portugal D. Theodosio, que falleceu em 15 de maio de 1653,» Lis- 
boa. . . ., 1653. «Consta de veinte e seis oitavas rythmadas.» 

(2) Citado poco há en las notas. 

(3) Tomo iif, página 207. Pone el soneto en la misma forma que 
lo daré al fin. y nombra al doctor Nóbrega como a su autor univer- 
salmente reconocido. 

4) Debo los datos de este párrafo, y algún otro, a la finísi- 
ma bondad del egregio literato portugués Padre Antonio Antunes 
Vieira, S. J. 

XIV— 14 



210 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



vuestro pecho quien por vosotros estuvo todo El fijo en uaa. 
cruz (i).» 

¿No inspiraría este pasaje al autor del soneto? La semejanza 
es harto clara. Y me atrevo a pensar, aparte de la posibilidad de 
que «los genios se encuentren,» que si Nóbrega no se propuso de 
un modo explícito la imitación, es muy probable al menos que 
ésta surgiera de la impresión que suele quedar en el espíritu des- 
pués de meditar una sentencia luminosa o de contemplar un cua- 
dro maestro. Dijo, no recuerdo dónde, el divino Platón que hay una 
especie de generación en la belleza.... (Esti tokos tis en to kalo). 

D. Resttepo, S. J. 

Nota — Por equivocación tipográfica se puso al principio, en el 
texto y en el soneto castellano, voz: léase vos. 



inFORíDES 

I 

MANUSCRITOS DK JIMÉNEZ DE QUESADA (2) 
Honorables Representantes: 

Hasta no há mucho tiempo los historiadores colombianos ig- 
noraban el número preciso de obras escritas por el Licenciado 
Gonzalo Jiménez de Quesada, conquistador del Nuevo Reino. Pero 
un erudito y concienzudo escritor, quien se ocultó bajo el seudó- 
nimo de E. de Saldanha, en admirable monografía, de pocos co- 
nocida, ha estudiado con tan certero criterio y tan convincente 
lógica histórica el asunto, que hoy podemos saber con casi abso- 
luta certeza cuáles fueron esas obras del Adelantado, extraviadas 
o perdidas desde hace muchos años, porque no fueron oportuna- 
mente publicadas. 

Nuestros historiadores, empezando por el benemérito autor de 
la Historia de la Literatura en Nneva Gt añada, habían creido 
que el ilustre Licenciado bolamente había compuesto, en materia 
que con la conquista de nuestro país se rozaba, un libro que todos 
titulaban Ratos de Suesca o Compendio Historial. Mas resulta de 
las investigaciones que con serena critica ha realizado el modesto 
y erudito compatriota, a quien hemos citado, que los Ratos de 
Suesca y el Compendio Historial son obras bien distintas, com- 
puestas por el Licenciado en épocas diferentes de su fecunda y agi- 



(1) clnspíce caput hoc inclinatum, ad osculandum, cor apertum 
ad dilig-endum, brachia extensa ad amplectemdum, totum corpus 
expositum ad redimendum; haec quanta sint cog'itate; haec ín statera 
vestri cordis appendite: et totus vobis figatur in corde, qui totus pro 
TObis fuit aífixus in cruco (Lib. de Virgin). 

(2) Por falta de espacio no se había publicado este informe, que 
fue presentado a la Cámara de Representantes en 1920. 



INFORMES 211 



tada existencia. «Nunca llorarán las letras históricas de Colombia 
— dice Saldanha — lágrimas suficientes para lamentar como es de- 
bido la pérdida de este valioso documento (el Compendio His- 
torial). Sábese que de él existieron dos ejemplares: el uno fue a 
Espafia, sin duda, para entrar a las prensas, y el otro existía en 
Bogotá, y lo tuvo a mano Zamora a fines del siglo xvii cuando 
escribió su dominicana crónica. Es probable que el mamotreto 
formara parte de la biblioteca del convento de Santo Domingo, a 
la cual fuera a parar, junto con la librería del Adelantado, donada 
por éste al dicho convento, según refiere Zamora en la página 
273 de su crónica. 

«Piedrahita vio el manuscrito en España, y nos ha dejado so- 
bre él los siguientes detallas: "encontré en una de las librerías de 
la Corte con el Compendio Historial de las conquistas del Nue- 
vo Reino que hizo, escribió y remitió a España el Adelantado don 
Gonzalo Jiménez de Quesada, pero con tal mala estrella que por 
más de ochenta años había pasado por los ultrajes de manuscrito 
entre el concurso de muchos libros impresos." Más adelante agre- 
ga que el Adelantado "afirma, escribía el compendio modestode 
sus hazañas al mismo tiempo que ejecutaba muchas de ellas en las 
guerras de los guasquies y gualíes, por los años de 1572 y i573t'* 
a lo cual añade Piedrahita que a Quesada "privilegió la naturaleza 
para que acertase a escribir con templanza lo que primero obró 
con valentía."» 

Los Ratos de Suesca fue una obra de Quesada, anterior al 
Compendio Historial. Está perfectamente probado, por la licen- 
cia que, para ser impreso el libro, concedió el Rey, que el escrito 
del Licenciado se hallabí en la Península el 4 de noviembre de 
1568. El Compendio Historial, como dicho queda, con ei apo- 
yo del testimonio del Obispo Piedrahita, fue compuesto por el 
conquistador en los años de 1572-1573. Los Ratos de Suesca, ver- 
saba, según la licencia del Rey, «sobre materias y cosas tocantes a 
Indias,» de muy provechosa lectura. 

Parece que escribió también el adelantado un «Gran Cua- 
derno, a que consultaron algunos contemporáneos del conquista- 
dor, entre ello- don Juan de Castellanos. 

En 1886 un célebre erudito español, don Marcos de la Espa- 
da, publica la siguiente curiosa noticia: 

«Quiero recordar que algún escritor neogranadino asegura 
que se encontraba manuscrito en la Biblioteca de Santafé (el Com- 
pendio), y que desapareció de allí en el primer tercio de nuestro 
siglo.... Conservo en mi poder y guardo con mucho aprecio carta 
del malogrado y distinguido escritor argentino, señor Aurelio 
Prado y Rojas, que me dice: 

"En una excursión que he hecho del Norte (de España?) he 
encontrado un señor de Salamanca que dice poseer un manuscrito 
del conquistador Jiménez de Quesada, referente al Nuevo Reino 
de Granada, y que desea publicar; pero sin contaj con los recur- 



212 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



SOS necesarios para ello, me he acordado de usted, y espero que 
en el caso que el libro éatre en el plan de sus publicaciones para 
comunicárselo al interesado." 

«Por desgracia — agrega el señor De la Espada — poco después 
de escrita esta carta (en Madi id el 30 de agosto de 187U), murió 
el señor Prado y Rojas y no pude averiguar nada sobre el manus- 
crito de su referencia.» 

Se ha venido repitiendo desde que por primera vez lo dijo 
Vergara y Vergara, que el manuscrito del Compendio Historial 
existía en la Biblioteca Nacional en el año de 184.8, y que de allí 
lo tomó el historiador Plaza para consultarlo en la composición de 
sus Memorias para la Historia de la Nueva Granada. El señor 
de Saldanha desvanece con minuciosa investigación la especie que 
atribuye a Plaza la pérdida del manuscrito de Quesada. 

Escribió Quesada, asimismo, las siguientes obras: Apunta- 
ciones y noticias sobre la historia de Paulo Jovio; Anales del 
Emperador Carlos t; Las diferencias de la guerra de los dos 
mundos, y Colección de sermones con destino a ser predicados 
en las festividades de Nuestra Señora. 

Todas se perdieron. Por los fragmentos que de la primera se 
citan puede juzgarse lo interesante que sería conocerla en toda su 
extensión. Es probable que en alguna o algunas de esas obras 
diera el Adelantado datos acerca de su vida antes de 1535, año 
desde el cual empieza a ser conocido como conquistador del Nue- 
vo Remo. 

A vuestra Comisión ha pasado para informar en segundo 
debate el proyecto de ley «por la cual se dictan algunas medidas 
para la consecución de una obra histórica.» 

Muy laudable encontramos la iniciativa propuesta por el ho- 
norable Representante doctor Luis Cotes. Destina su proyecto la 
suma de dos mil pesos del Erario con el fin de comprar, a quien 
los presentare, los manuscritos del Conquistador Jiménez de Que- 
sada. De la anterior exposición despréndese que se hallan intere- 
sados en descubrir el paradero de los manuscritos, no sólo de los 
Ratos de Suesca y del Compendio Historial, sino de todas las obras 
de Quesada, los historiadores y eruditos de nuestro país y de la 
Península Española. 

No juzgamos eficaz el medio que propone el distinguido au- 
tor del proyecto para llegar a la adquisición de los manuscritos 
del Adelantado, que se consideran perdidos; de modo que hemos 
creído conveniente prescindir de la mayor parte de las disposicio- 
nes del proyecto que estudiamos, reduciéndolas a lo esencial. 

En consecuencia os proponemos: 

«Dése segundo debate al proyecto de ley "por la cual se dic- 
tan algunas medidas para la conservación de una obra histórica," 
teniendo en cuenta las modificaciones que en pliego separado te- 
nemos el honor de presentar a la honorable Cámara. > 

Honorables Representantes, vuestra Comisión. Max Grillo. 
Hernando Holguiny Caro — Carlos M. Pérez. 



INFORMES 213 



II 

CONCURSO DK 1921 
Señores Académicos: 

Honrados con el nombramiento de Jurados para calificar las 
obras presentadas al concurso reglamentario abierto por la Aca- 
demia Nacional de Historia para el presente año, tenemos el ho- 
nor de presentar nuestro informe de la manera siguiente: 

La Academia, teniendo en cuenta que el concurso anual veni- 
dero seria cerrado y calificado cuando ya habría pasado el cente- 
nario de dos acontecimientos tan dignos de recordarse como las 
batallas de Bombona y de Pichincha, que fueron las que dieron 
cima a la integración de la Gran Colombia; considerando la ex- 
traordinaria influencia política que esos dos hechos de armas tu- 
vieron en nuestra patiia; y advirtiendo la importancia que para 
la causa de la independencia revistió la campaña del sur, dirigida 
por los dos más notables caudillos que en esa época luchaban por 
la emancipación colombiana, resolvió que la materia que debía 
ser estudiada por los que aspirasen al premio del concurso del 
presente año fuesen: La campaña libertadora del Sur y especialmen- 
te la batalla de Bombona. 

Para el ti ampo en que debían presentarse los trabajos y la 
ocasión en que debían ser calificados no podía ser más oportuna 
la tesis, ni podía darse a muchos de nuestros laboriosos investiga- 
dores o historiógrafos un tema tan fecundo y de tantas fases para 
el estudio como ese. Tal vez la misma importancia de la materia, 
o acaso porque el buen éxito de otros concursos ha demostrado 
que en casos como el presente no se sale airoso con estudios su- 
perficiales, en el presente año no se ha presentado ai certamen 
más que un trabajo, y por consiguiente hace falta al Jurado Cali- 
ficador un término de comparación, toda vez que el lauro se dis- 
cierne siempre a un vencedor. Y es esta circunstancia una dificul- 
tad no pequeña para que vuestra Comisión pueda decl&rar sin es- 
crúpulo el mérito comparativo de la obra presentada. 

Pasando al único trabajo que se nos ha presentado, que tiene 
por titulo: Campaña del Sur y especialmente la batalla de Bombo- 
na, y por seudónimo H. I. J., podemos expresar en los siguientes 
términos las impresiones que en nosotros ha dejado su lectura: 

La obra consta de dos partes: la primera lleva el mismo título 
de todo el trabajo, y la segunda se titula: Homenaje al Liberta- 
dor. Esta segunda parte, la menos extensa, no requiere tstudio 
del Jurado, y ni aun siquiera su concepto. Es un verdadero y her- 
moso florilegio, que nosotros no osaríamos punzar con el escalpelo 
de la crítica, pues que en lo general es una colección de los más 
bellos pensamientos de escritores notables que han tocado la per- 
sonalidad del Libertador, y aun de este mismo, y de otros perso- 
najes que si no fueron literatos les abona sus palabras la verdad 
de la historia como compañeros o conocedores personales del hé- 



214 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



roe americano: allí se leen Camilo Torres, Bello, Humboldt, José 
Manuel Restrepo, los Mosqueras, O'Leary, Sucre, O'Connor, La- 
fayette, Santander, M. A. Caro, Olmedo, Páez, Anzoátegui, en 
fin, una multitud de pensamientos de compatriotas y extranjeros, 
que sirven si no para glorificar y engrandecer la personalidad de 
aquél de quien dijo el poeta que su porvenir son los tiempos y el 
Amazonas el riego que fecunda sus laureles, sí para conservar en 
la memoria de las generaciones tanta grandeza y tanta gloria. 

La primera parte, es decir, la que forma casi todo el trabajo 
de historia, consta de xix capítulos muy bien presentados, con un 
buen plano topográfico de la batalla de Bombona, y unas magní- 
ficas fotografías bien claras y expresivas tomadas de aquellos cam- 
pos legendarios, de sus contornos, del mismo punto de Cariaco, en 
donde se verificó aquel inmortal y glorioso hecho de armas. Tiene 
un buen índice inicial de los capítulos y de las ilustraciones que 
en él se encuentran. 

Por lo mismo que la obra que examinamos tiene un gran mé- 
rito, y como prueba al desconocido autor de ella de que estima- 
mos el valor de su trabajo, nos vamos a permitir hacerle algunas 
observaciones: 

A lo general de su importante monografía le anotaremos que 
así como tuvo el cuidado de citar algunos de los autores de las 
transcripciones entre comillas, para ser consecuente, ha debido 
hacerlo con todas; y que, aunque a la Academia no le hará falta 
el que se diga de qué fuentes son tomados los dates o dónde pue- 
den encontrarse, hay sin embargo precisión de que ellas sean ci- 
tadas para que la generalidad de los lectores puedan verificar la 
exactitud histórica. Hoy esta clase de estudios es de ampliación y 
rectificación. 

Las apreciaciones de carácter técnico se acostumbra ponerlas en 
las obras de historia como premisas, o como consecuencias del he- 
cho historiado, o como móvil del personaje, o como manera de 
obrar quien las determina, o como ligero comentario de la narración, 
todo según el caso; pero jamás dislocadas, ni formando cláusulas 
separadas, porque entonces dejan de ser obra narrativa para con- 
vertirse en tratado didáctico sobre la materia a que se refiere el 
comentario; en la presente monografía esas apreciaciones o aplica- 
ciones hacen que el lector se considere como sentado en los ban- 
cos de la Escuela de Cadetes o de la Superior de Guerra. 

A la página 2.* de la obra le observamos: 

i.'iMientras el General Manuel Valdés dejaba desorganizar y 
corromper el Ejército del Sur en el Valle del Cauca, después de 
Pitayé, el Libertador se ocupaba en la organización del Ejército 
del Norte y prepararlo para combatir contra las divisiones de 
Morillo, en dirigir las eperaciones del Magdalena, de Santa Marta, 
de Cartagena, de Maracaibo, del Apure, y del sur y oriente de 
Caracas; en dirigir la política del país, comunicar órdenes a todas 
partes, enviar comisionados al extranjero, poner en gran pie mi- 



INFORMES 215 



litar toda la nación, etc., etc.; su ocupación sobre el armisticio no 
fue más que un incidente notable de la campaña, y eso por la 
ocasión que le brindaron las autoridades españolas, 

2." La derrota de Genoy, infligida por las tropas españolas a 
las republicanas, tuvo lugar el día 2 de febrero y nó de septiembre 
del año que allí se cita. 

3.<' Bolívar, que tantas veces había repetido su órdenes para 
que Valdés marchase sobre Quito, resolvió al fin (21 de diciembre 
de 1820) ir personalmente a dirigir esa campaña y resolver algunas 
dudas sobre el armisticio, Valdés no cumplía las órdenes o las 
cumplía tardíamente. 

A la página 3.*: 

1.° El General Sucre llegó con los comisionados Moles y Mo- 
rales para notificar el armisticio a Popayán el día 24 de enero. Val- 
dés salió de Patía hacia el sur, es decir, hacia Genoy y Pasto, el 
día 15 para no aguardar a que Sucre que iba a reemplazarlo, toma* 
ra el mando. 

2." La Provincia de Guayaquil era considerada por Bolívar y 
los demás patriotas como incluida en el armisticio; Aimerich fue 
quien se opuso a que se la considerase incluida, pretextando que 
era una dependencia del Perú, Esta era una de las dudas que el 
Libertador quería aclarar personalmente en su viaje al sur, viaje 
que no pudo llevar a cabo entonces, porque hubo de regresar desde 
La Mesa hasta Venezuela, alcanzado por don Antonio van Halen, 
que vino en posta a avisarle haber llegado los comisionados espa- 
ñoles Sartorio y Espelius. 

A la página 6.*: 

Lavcomisión que se dio al General Mires (entonces Coronel), 
para que se entendiese con el Gobierno de Guayaquil fue con fe- 
cha 10 de enero; y al General Sucre en reemplazo de Mires, con 
las mismas instrucciones y otras que se le agregaron, con fecha 
25 del mismo mes, es decir, al día siguiente del en que el futuro 
Mariscal de Ayacucho llegó a Popayán. 

A la página 7.': 

El General Sucre se embarcó en Buenaventura (o Cascajal 
como se llamaba entonces el puerto) el día 3 de abril, y no el 14. 
Por ser su navegación escasa de vientos y haber tenido tres días 
calma, no llegó a Tumaco sino el lo de abril. 

A la página 1 1 : 

El escuadrón que despachó el General Sucre en busca de 
Aimerich y que encontró la columna de éste cerca de Yaguachí, 
antes de emprender la retirada, no efectuó una marcha retró- 
gada equivocada o por equivocación; lo sucedido fue que mar- 
chando por tierra a Babahoyo, se encontró con todo el grueso de 
la división de Aimerich, y hubiese sido temeridad imperdonable 
que comprometiese combate la única caballería que tenía Sucre. 
Él esquivar el encuentro con Aimerich hizo retardar dos días ai 
jefe patriota, pero en cambio esa travesía se hizo mejor porque 
durante la demora Sucre le hizo preparar caballos de remonta. 



216 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



A la página 17: 

Sin duda que el General Sucre no debió ceder de su resolu- 
ción de no bajar de la cordillera a la llanura de Atnbato. en donde 
los realistas podrían hacer franco y libre uso de la superioridad de 
su caballería, pero es preciso entender que aunque hubo influen- 
cias morales y militares que le obligaron a quebrantar esa resolu- 
ción, como él mismo lo confiesa en carta escrita el Libertador, no 
fue esa condescendencia — sin embargo de que ese gran corazón 
asume toda la respoasabilidad — la causa del desastre de Guachi. 
Aquel nobilísimo jefe condescendió hasta cierto punto, hasta po- 
nerse en contacto con el enemigo, o por ver qué ventaja, pudiera 
obtener sobre él. o calcular el apoyo que debía prestar a otra 
porción de sa ejército que un poco lejos de allí a órdenes de Illin- 
grot podía verse comprometida. «Me fui en persona — dice Sucre 
en su parte oficial al General Santander — a reconocer las inmedia- 
ciones, nunca con el objeto de empeñar la acción^ porque yo desea- 
ba esperar los resultados de Illingrot, sino de proporcionar un 
punto en que bien apoyados descubriésemos positivamente la fuer- 
za del enemigo y obrásemos libremente.» La causa verdadera e 
innegable del fracaso de Guachi estuvo en que, como el General 
Sucre, para conseguir lo que se proponía, debió hacer tomar por la 
fuerza la casa y cercado de piedras que allí había, así lo ordenó al 
General Mires y al Jefe de Ustado Mayor para que lo ejecutaran 
mientras él hacía personalmente el reconocimiento que necesitaba; 
pero esos jefes, llevados de una iniciativa inconsulta, de su impru- 
dencia y de su impaciencia por combatir, aprovechando la corta 
ausencia del General en Jefe, comprometieron el combate mn tro- 
pas valerosas pero inexpertas e indisciplinadas, que se enardecían y 
empujan con denuedo contra el enemigo, mientras éste más las en- 
gañaba con la maniobra de fingidas retiradas hasta encerrarlas 
entre las mismas cercas y chambas que deseaban quitar a los rea- 
listas. Si en las consecuencias de este desastre es cuando más re- 
saltan las grandes cualidades que para General en Jefe brillaban 
en la joven personalidad del vencedor en Pichincha y Ayacucho, 
hay que admirar más la nobleza de aquella índole angelical que lo 
hace asumir una responsabilidad ante el Libertador Presidente 
para evitar el enojo de éste contra otras personas y para no sufrir 
la mengua de excusarse con culpas ajenas. 

A la página 39: 

Los pastusos y patianos eran excelentes conocedores del te- 
rreno; el Batallón de Aragón podía conocerlo en las posiciones en 
que había estado antes; pero el tiatallón de Cataluña, que desde 
que vino de España no había salido de Panamá hasta que lo sacó 
Murgeón, pisaba por primera vez aquel territorio. 

Estas observaciones que acabamos de hacer nos autorizan 
para tener la satisfacción de decir que si se hubiesen presentado 
otros trabajos al concurso, difícilmente hubiesen triunfado sobre el 
presente, o pudiesen ser obras de mayor excelencia, porque la que 



INFORMES 217 



acabamos de criticar sobre estar escrita con estilo sencillo y severo, 
como deben ser las de historia, y además claro, elegante y castizo^ 
revela en su autor buen criterio de investigador, genio laborioso 
y que no se deja coger de la desidia para llegar al fin que en su 
tarea se propone; las fuentes en que abrevó sus conocimientos son 
en lo general de origen puro, sus deducciones y comentarios se 
enderezan a la verdad histórica, y ha sabido tejer bien la suce- 
sión de Ic^s acontecimientos. Esta obra, no por la carencia de otra 
para comparar, sino por lo que es en sí misma, es una obra de con- 
sideración, es muy digna de aplauso, y merece los honores del triun- 
fo. El esmero con que ha sido trabajada esta monografía, hasta el 
punto de que el autor trae, con vistas fotográficas, el más completo 
y variado conocimiento del teatro de aquella gloriosa y sangrienta 
epopeya, no solamente ilustra y deleita, sino que hace contemplar 
casi a lo vivo los detalles de aquella tragedia en que el Gran Bo- 
lívar, grave y sereno, de pies sobre una pieiray dominando con su 
mirada de fuego las exabrutas desigualdades del terreno, con su 
radiosa espada señalaba el punto de sacrificio, y, más que con los 
elementos materiales, con su prestigio propulsor, conducía los ba- 
tallones libertadores por sobre sus propios cadáveres y obligaba a 
la fortuna a romper con la victoria el dilema fatal de aniquilar a) 
enemigo o morir en la refriega antes que contemplar el desastre 
completo de los triunfos que desde los deltas del Orinoco debían 
conducirlo a las cumbres argentíferas del Potosí. 

La interesantísima página histórica con que H. I. J. viene a 
enriquecer nuestros anales, tiene, entre otros muchos méritos, el 
muy grande de haber interpretado el pensamiento de la Academia, 
poniendo en la obra la debida concatenación y dependencia que 
había entre las operaciones del Presidente Libertador de Coloni- 
bia y las del General Sucre, como que dimanaban de un mismo 
cerebro, eran parte de un mismo plan y conducían a un mismo 
fin. Tampoco es de callar el mérito del trabajo que examinamos 
en lo que se refiere al juicio crítico que hace sobre aquellos escri- 
tores que por no detenerse a meditar en las circunstancias esotéricas 
en que se hallaba el Libertador cuando empeñó la batalla de Bom- 
bona, se han atrevido a censurar un hecho que, como muchos de la 
historia militar, no están al alcance sino del pensamiento que los 
concibe, de los motivos que los impulsan y de las necesidades que 
los determinan. 

En fin, y para no alargarnos más sobre una obra que H. 1. J. 
publicará con beneplácito de todos los amantes de la historia, los 
infrascritos miembros del Jurado Calificador nos atrevemos a con- 
ceptuar que, aunque el trabajo que hemos estuadiado no se pue- 
de considerar mejor que otro, por no haberse presentado más qué 
éste, sería injusto declarar desierto el certamen, y por !o mismo 
debe concederle el premio a su autor, excitándolo, eso sí, a que le 
haga algunas correcciones antes de publicarlo. 

Bogotá, octubre lo de 1921—/. D. Monsalve — Diego Mendo- 
za — Gerardo Ar rubia. 



218 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



III 

MIEMBROS CORRESPONDIENTES 

Señor Presidente de la Academia Nacional de Historia — Presente. 

Tenemos el gusto de informar a usted sobre la propuesta he- 
cha para miembros correspondientes en los señores R, B. Cunnin- 
gham Graham y R. Verneau, en la sesión anterior y que nos fue 
pasada en comisión. 

Bien merecedores son ambos escritores de este titulo. El 
seftor Graham, viajero ilustre y hombre de altísima ilustración, ha 
publicado varias obras sobre historia americana, y colabora sin ce- 
sar en revistas y diarios, con artículos sobre esta materia, y en 
unas y otras ha tratado asuntos relativos a nuestro país. Reciente- 
mente acaba de editar un libro titulado «Cartagena y las orillas 
del Sinú,» todo él, como se ve por el título, sobre una de nuestras 
ciudades principales y sobre una de nuestras más bellas comarcas. 
En este volumen hay largos y sustanciosos capítulos concernientes 
a nuestra historia; él por sí solo lo haría acresdor a esta distinción. 

El señor Verneau es Vicepresidente de la Sociedad de Ame- 
ricanistas de París y Director del Museo del Trocadero, que, como 
es sabido, encierra tesoros arqueológicos, referentes algunos a 
nuestro país. En casi todas las entregas del Boletín de la Socie 
dad mencionada hay algún escrito del señor Verneau sobre histo- 
ria americana. Nos bastará citar el que trae la última entrega, que 
trata de cerámica de los aborigénes y en la cual hay datos relativos 
a las tribus de nuestro país. 

Por estas consideraciones, y de acuerdo con el reglamento, 
hacemos la siguiente proposición: Nómbrase miembros corres- 
pondientes de la Academia Nacional de Historia a los señores R. 
B. Cunningham Graham y R. Verneau. 

Bogotá, noviembre 2 de 1921 — Señor Presidente, Manuel 
Villaveces— Ricardo Moros Urbina. 

IV 
MIEMBRO CORRESPONDIENTE 
Señor Presidente de la Academia: 

Títulos bien sólidos tiene el señor don Cayetano Coll y Tosté 
para ser designado como miembro correspondiente de esta corpo- 
ración. Dirige él, con erudición y amenidad, el Boletín Histórico 
de Puerto Rico, en el cual sirve con eficacia no tan sólo a la 
historia de esa simpática isla, sino a la de todos los paíseí america- 
nos. Ocho volúmenes ha publicado, y en ellos se hallan preciosos 
datos de antigüedades antillanas, episodios de nuestras nacionali- 
dades, biografías de hombres célebres y artículos sobre asuntos 
que se rozan coa las crónicas del Nuevo Mundo. 

Hojeando esa colección se hallan capítulos relativos a nuestro 
país. En el tomo de 192 1 hemos visto unas cartas del Obispo Bas- 



INFORMES 219 



tidas, el hijo del fundador de Santa Marta; un relato sobre las 
consecuencias de la batalla de Carabobo; algunas curiosas noticias 
sobre don Miguel Latorre, el compañero de Morillo; y sobre un 
soldado llamado como el héroe de Boyará, José Antonio Anzóa- 
tegui, y que fue a dar a la tierra de Borinquén; y otros escritos 
que tienen nexos con nuestros anales. Hay allí también estudios 
sobre instrucción pública, esclavitud y amonedación, que tocan con 
la historia de Colombia y de las naciones hermanas. 

Pero la obra histórica de! doctor Tosté no está limitada a esta 
revista, bien que ella es por sí sola bastante para reconocerlo como 
uno de los más eximios servidores de Clío. Ha publicado muchas 
otras obras sobre la materia, entre ellas Historia de la Instrucción 
Pública en Puerto Rico hasta el año de 1898, en la cual campean 
la investigación honda, la redacción ordenada y metódica, y el 
criterio justo, lúcido y certero. Asimismo «Colón en Puerto Rico,» 
«Prehistoria de Puerto Rico,» etc., etc. , 

No hablaremos aquí de los méritos del doctor Tosté como 
político, lingüista y médico, ni de otros varios que lo colocan 
entre los hijos más ilustres de las Antillas, pues son ellos ajenos a 
las labores de nuestro Cuerpo. Pero sí diremos que le han abierto 
las puertas de varias academias y centros científicos como la So- 
ciedad de Historia de Puerto Rico; la Real Academia Española 
de Historia, las Academias de Historia de Cuba y Venezuela, las 
Academias Antillanas de la Lengua y de Medicina, el Ateneo 
Puertorriqueño, la Sociedad de Escritores y Artistas; y lo han lle- 
vado a elevados puestos, como Gobernador regional, Subsecretario 
de Agricultura, Industria y Comercio, Delegado de la Cámara Au- 
tonomista; Secretario de Hacienda, y otros tantos. 

En atención a estas ejecutorias hacemos la siguiente propuesta: 
Nómbrase miembro correspondiente de la Academia Nacional de 
Historia al señor doctor don Cayetano Coll y Tosté. 

Bogotá, abril i." de 1922 — Señor Presidente. R. Cortázar. 
Gerardo Arrubla. 



HISTORIADORES DEL NUBVO REINO DE GRANADA 
Señor Presidente de la Academia Nacional de Historia: 

Basta una rápida lectura del estudió bibliográfico y cronoló- 
gico sobre los Historiadores del Nuevo Reino de Granada, que 
presenta a la Academia el correspondiente señor presbítero doctor 
don Pedro M. Rebollo, para llevar al ánimo el convencimiento de 
que es un trabajo original, importante y que viene a ser no so- 
lamente útilísimo sino necesario para los que se ocupan en estu- 
dios históricos. 

Como el autor lo reconoce en la introducción, es difícil que 
una obra de esta naturaleza sea completa, y podrá, por lo tanto, ser 
enriquecida con nuevos datos por el mism:» autor o por otro afi- 
cionado a estos estudios, principalmente en lo tocante a referen- 



220 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



cias relativas al lugar y año de la publicación de los documentos y 
libros citados, y al lugar en donde hoy se encuentran y pueden 
ser consultados. 

Así, por vía de ejemplo, puedo indicar las siguientes referen- 
cias: Colección Muñoz (cerca de cien tomos). Biblioteca de la 
Real Academia de Historia de Madrid, Manuscrito original de 
Aguado, Manuscrito original del Epitome de la conquista del Nue- 
vo Reino de Granada, Archivo Histórico Nacional de Madrid (en 
una vitrina de la sala de manuscritos raros), Relación del descubri- 
miento y conquista del Nuevo Reino de Granada, por Juan de San 
Martin y Alonso de Lebiija. (Archivo de Indias, estante i, cajón 
I, legajo ^'y ). Este documento está publicado en la colección Rela- 
ciones Históricas de América de la Sociedad de Bibliófilos Espa- 
ñoles. (Biblioteca del Ateneo de Madrid. 138, estante 37). 

Como datos nuevos, no incluidos en el trabajo del doctor Re- 
bollo, puedo indicar la «Relación del descubrimiento y población 
de la Provincia de Santa Marta» (Archivo general de ludias, es- 
tante i, cajón r. legajo i). Fue publicada y se encuentra en la 
Biblioteca del Ateneo de Madrid (138, estante 37). «Cedulario de 
las Provincias de Santa Marta y Cartagena de Indias.» (Siglo xvi, 
1529-1535), tomo I. Publicado por la Librería Victoriano Suátez 
en 1913. Madrid. Preciados 48. 

Para dar cumplimiento a la comisión que se me ha dado, me 
permito someter a la aprobación de la Academia la siguiente pro- 
posición: En vista del trabajo presentado por el académico corres- 
pondiente presbítero doctor don Pedro M. Rebollo, sobre «Historia- 
dores del Nuevo Reino de Granada,» la Academia resuelve: i." Dar 
un voto de aplauso a su autor por la importancia y utilidad dé 
dicha obra. 2.' Ordenar su publicación en próximo número del 
BoLETÍíT DE Historia y Antigüedades. 3.** Una vez hecha la pu- 
blicación, remitirla a todos los Centros Históricos de la Repúbli- 
ca, suplicando se envíen a esta Academia todos los datos y refe- 
rencias que puedan obtenerse entre los miembros de dichos Cen- 
tros, relativos a bibliografía de Nueva Granada. 4.° Pasar en 
comisión con el mismo fin el trabajo del académico doctor Re- 
bollo a todos los miembros de esta Academia Nacional. 5.» Nom- 
brar, por la Presidencia, una Comisión permanente, formada por 
tres académicos de número, que reciba y ordene los datos que se 
envíen a la Academia, de suerte que pueda formarse más tarde 
una bibliografía tan completa como sea posible de documentos y 
publicaciones relativas a la historia colonial de la Nueva Granada. 

Bogotá, junio i," de 1922 — Señor Presidente, /osé Manuel 
Marroquin, presbítero. 

VI 
MIEMBROS CORRESPONDIENTES 
Señor Presidente de la Academia Nacional Historia: 

Pasamos a informar a usted sobre las candidaturas de los se- 
ñores Moisés S. Bertoni, José E. Machado y Carlos Medina Chi- 



UN DOMINICO COLOMBIANO MÁRTIR 221 



rinos, quienes han sido presentados para miembros correspon- 
dientes. 

El señor Bertoni es un distinguido paraguayo, que ha publi- 
cado varios trabajos sobre prehistoria americana de altísimo inte- 
rés, especialmente en la revista «Anales Científicos Paraguayos.» 
Allí ha tratado con elevado criterio y profunda erudición sobre la 
raza guaraní. En alguno de siis capítulos ha mostrado la huella 
que existe en nuestro país de aquella raza y enumerado algunos 
nombres geográficos que pertenecen a aquel idioma. 

El señor Machado nos dio hace poco su precioso libro «Vie- 
jos cantos y viejos cajitores,» que dedicó galantemente al Secre- 
tario de nuestra Academia, y en el cual se rememoran muchas de 
las trovas y endechas de la guerra magna, con anotaciones de 
grande interés para la historia. También son de él otras obras bien 
notables, como «Rasgos Biográficos del General Francisco Miran- 
da,» «Rarezas Bibliogrráficas.» «Recuerdos de Santa Marta,» 
«Cancionero Popular Venezolano» y «Centón Lírico.» Tiene en 
preparación «Apuntes sobre una Biblioteca,» «Escarceos Biblio- 
gráficos,» «Historia Anecdótica de Venezuela,» «Rectificación de 
Valores,» y otras varias. 

El señor Medma Chirinos dirige en Maracaibo el periódico 
«El Siglo,» en el cual publica constantemente artículos relativos a 
la historia de Colombia, de algunos de los cuales ya la Academia 
ha tenido conocimiento. Recientemente publicó uno intitulado «La 
batalla de Maracaibo fue la que aseguró la independencia de Ve- 
nezuela.» Muestra en él su hondo conocimiento de los anales de 
la Gran Colombia y su crítica imparcial y serena. En todos sus 
escritos revela vasta ilustración y claro talento. 

En atención a estas condiciones que reúnen los tres mencio- 
nados escritores, y que sus nombres son ya bien conocidos en el 
mundo de las letras y beneméritos en el campo de la historia, ha- 
cemos la siguiente proposición: Nómbrase miembros correspon- 
dientes de la Academia a los señores Moisés S. Bertoni, del Para- 
guay; José E. Machado, de Caracas, y Caries Medina Chirinos, 
de Maracaibo. 

Bogotá, agosto i.» de 1922 — Señor Presidente. Miguel Tria- 
na — Manuel Villaveces. 



un Dominico cobomBiano ídarcir 

Cuanto más estudiamos nuestra historia, más nos convence- 
mos de los muchos tesoros ocultos que hay en ella. 

A vuela pluma voy a contar a los amigos de la historia un 
hecho bien curioso, ignorado de muchos y sabido de muy 
pocos. 

Muchos se figuran que la evangelización de Colombia, y en ge- 
neral de la América, no pidió la sangre de muchos de sus intrépi- 
dos misioneros; que todo se llevó a feliz término por las vías di- 
plomáticas, o cuando menos, por medio de las armas. En algunas 



222 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



partes si, pero en lo general, no fue este el medio ordinario. Mu- 
chos sacrificios, muchas privaciones y actos heroicos, en todos lo» 
órdenes de la vida les fue preciso imponerse para ver coronada su 
grandiosa obra los misioneros. 

A fines del siglo xvii tomó el hábito de Santo Domingo, en el 
convento de Nuestra Señora del Rosario de Bogotá, un joven de 
las principales familias que por aquellos años integraban la socie- 
dad de la capital del Virreinato. 

Quizá por alguna oposición a que continuase en la Orden, re- 
solvió retirarse de Bogotá, pidió al Superior de la Provincia li- 
cencia para trasladarse a Tunja, gracia que le fue concedida. 

Cumplidos todos los requisitos canónicos y particulares de la 
Orden, hizo su profesión en manos del Padre Prior del convento 
de Santo Domingo de Tunja. El acta oficial de este acto dice: 

«Profesión del Hno. Fr. Miguel FIórez. En veinte i tres de 
marzo de este presente año de mil seiscientos i noventa i siete 
años, entre las cuatro i las cinco de la tarde hizo profesión para 
Religioso de choro, el hermano Fr. Miguel FIórez habiendo to- 
mado el habito en el Convento de Nuestra Sa. del Rosario de la 
Ciudad de Santafé, i venido a este de Tunja con licencia de N. M.. 
R. Pe. Pfol. Mro. Fr. Diego Márquez, siendo Prior de este dicho 
Convento, quien le dio la Profesión, el Pdo. Fr. Laureano Salvador, 
y Provincial de esta Proc», dicho M. R. P. Mro. Fr. Diego Máquez, 
y Maestro General de la Orden, N. R™". Pe. Mro. Fr. Antonino 
Cloche y porque conste, lo firmamos ut supra. Fr. Laureano Sal- 
vador, Pdo. Regte. y Prior. Fr. Juan de Sanabria, L. de Prima y 
Preste, de Nov», Frai Miguel FIórez.» 

Terminado su año de prueba, en conformidad con las dispo- 
siciones de la Iglesia y de la Orden, los superiores dedicáronlo al 
estudio de las ciencias profanas y eclesiásticas, bajo el cuidado 
de excelentes profesores. Uno de ellos el Muy Reverendo Padre 
Prior fray Laureano Salvador, quien después fue Provincial, y se- 
gún informe de la Real Audiencia al Rey de España, uno de los 
sujetos principales que por aquellos tiempos tenía la Provincia 
Dominicana de Colombia. 

Cumplidos todos los requisitos legales, los superiores presen- 
táronlo para que fuese promovido a la mayor dignidad a que pue- 
de llegar un hombre sobre la tierra: al sacerdocio. En qué año se 
haya ordenado de sacerdote, hasta la fecha no he podido averi- 
guarlo. 

Persuadidos los superiores del inmenso bien que haría y las 
ventajas extraordinarias que resultarían para la Orden si lo dedi- 
caban a la enseñanza, ordenáronle se preparase para que en la 
primera vacante de cátedras se opusiese a una. Con la sumisión y 
la obediencia debidas a los mayores, presentóse a la lid, y el triunfo 
coronó sus esfuerzos y premió su docilidad. Además de los gra- 
dos propios de la Orden, la Universidad de Santo Tomás le con- 
firió los títulos de doctor en varias facultades. Por este camino 
muy bien podía adquirir los laureles que la Orden de la verdad 



UN DOMINICO COLOMBIANO MÁRTIR 223 



sabe discernir a sus hijos cuando por este camino llegan a la meta 
que ella misma de antemano les señala a los que toman ese 
rumbo. 

Aun cuando se sentía capaz para cumplir debidamente este 
ministerio, en el fondo de su alma sentía que Dios lo llamaba a 
a otro lugar a desempeñar otra misión muy distinta, pero no me- 
nos sublime. 

Véamoslo. Siendo Provincial de los Dominicos del Nuevo 
Reino el Muy Reverendo Padre Maestro fray Felipe Tobar y Buen- 
día, hermano del primer historiador de Nuestra Señora de Chi- 
quinquirá, el Monarca español, por Real Cédula, encargó a la 
Orden Dominicana la evangelización de los aborígenes de la Pro- 
vincia de Barinas y del río Apure, en la vecina República de Ve- 
nezuela. 

Marcharse a esas apartadas regiones, eran los constantes de- 
seos del joven religioso. Instó ante el Superior para que lo desti- 
nase de misionero a esas regiones. Parece que en lontananza viera 
los sacrificios que le demandarían a la Provincia, y él deseaba ser 
uno de los primeros en someterse a esos sacrificios, gloriosos para 
él, para la Provincia y para la Orden, que se enorgullece de haber 
trabajado la primera en la civilización del Nuevo Mundo. 

Dios preparó los caminos para que el Padre Fiórez viera rea- 
lizados sus deseos. El Padre Provincial asignólo a las misiones de 
Barinas, destinándolo como doctrinero del pueblo de Zancundos, 
para que allí desplegase su celo y su actividad en pro de aquellos 
infelices. 

Con el amor y con la caridad del que está poseído de la 
grandeza de esta misión divina, inició y continuó todos los días de 
su corta vida su obra de misionero católico. El pueblo de Zancu- 
dos era únicamente como el centro de su radio de acción, de la 
extensísima misión confiada a su cuidado. 

Su actividad no se hizo esperar, y acompañándose de algunos 
neoconversos recorrió en todas direcciones aquellas montañas, 
donde jamás había penetrado hombre civilizado alguno, para re- 
ducir a vida civilizada a aquellos infelices, que vagaban por los 
bosques, sin Dios ni ley. 

Mucho consiguió con todos estos sacrificios: gran número 
de aquell9s selváticos habitantes abandonaron las breñas para mo- 
rar eu sociedad, en íntima comunicación con los nuevos habi- 
tantes de aquellas regiones, pero aún restaba mucho por llegar al 
término señalado para que aquellos cristianos mereciesen el nom- 
bre de tales. 

Acostumbrados a vivir infringiendo la misma ley natural, 
a prácticas tan abominables como la poligamia y la embriaguez 
y a otros vicios muchos del mismo género, los Padres misioneros, 
en cumplimiento de su deber, necesariamente tenían que repren- 
derles su modo incorrecto de proceder. Ellos no vieron con bue- 
nos ojos estas amonestaciones de los misioneros, y por eso, el odio 
mortal, que siempre les tenían y la necesidad de escolta para la se- 



224 BOLETÍN DE HISTOBIA Y ANTIGÜEDADES 

gurídad de éstos, para defenderlos en cualquier momento, que fue- 
sen atacados. De ordinario cometían desafueros contra el misio- 
nero, cuando meditaban marcharse nuevamente a las monta&as, 
cosa no muy rara en ellos. 

Según informes auténticos, mucho tuvieron que padecer los 
Padres misioneros de los recién convertidos y de los que aún no lo 
eran, en cumplimiento de misión de paz y de evangelización, mu- 
riendo algunos envenenados por los mismos indios. Hasta ahora el 
más notable, el que merece pátíina especial, es el Padre FIórez de 
Ocáriz, probablemente de la familia de nuestro historiador Ocáriz. 

En una ocasión, estando completamente embriagados, qui- 
sieron darle muerte, pero Dios, que no quería todavía ese sacri- 
ficio, lo libró de la manera que nos refiere el siguiente documento: 

«....Mataron al Padre Miguel FIórez de Ocáriz a lanzazos y 
macanazos, el cual estando en dicha misión (de Apure) lo mataron 
dichos indios. Poniéndolo a caballo y para sacarlo a matar a la 
montaña, y llevándolo permitió Dios se le zafase el freno a la bes- 
tia en que iba y picando atropello la turba de indios y huyó hasta 
entrarse en su casa, donde con varias invenciones de armas fingi- 
das y otros aterrares, atemorizó a los indios, y se vino a esta villa 
(San Cristóbal) lo cual procedió por el año de mil setecientos y 
veinte y cuatro y que hallándose el que declara dicho año de Al- 
caide Ordinario de esta villa y viendo que dicho Padre intentaba 
volverse solo, le proveyó doce hombres, los cuales fueron y le 
acompañaron y que pareciéndole al dicho Padre estaba ya seguro, 
los remitió y luego que los indios le vieron sólo lo mataron en su 
misma cas » ( ). 

La misma declaración de otros varios deponentes existe en 
Bogotá, en el archivo anexo a la Biblioteca Nacional, y entre los 
declarantes, hay uno que acompañó al Padre, como miembro de 
la escolta que le diera el señor Bonilla, en la circunstancia que 
él mismo refiere. 

Creo era muy joven cuando lo martirizaron, ignoro el afio. 

La muerte del Padre FIórez, de un modo tan trágico, fue la 
vo"z de alerta y de alarma para llamar una vez más la atención de 
los superiores a que volviesen sus miradas sobre los pobres misio- 
neros que padecían en lejanas tierras y no tenían apoyo de nin- 
guna clase; a que instasen con mayor energía ante la Corrte, para 
que les concediesen a los misioneros una escolta que los protegie- 
se y los hiciera respetar y obligase a los naturales a asistir a misa 
y a la instrucción y no \ot, dejase marcharse a los mbntes, cuando 
ellos quisiesen. 

La reclamación fue atendida y se concedió a los misioneros lo 
que pedían, pero la gracia concedida no mudaba el modo de ser de 
los naturales ni los perfeccionaba moral o intelectualraente. Los tra- 
bajos para los misioneros quedaban apoyados en las mismas ba- 
ses que antes tuvieran. 

(1) Declaración juramentada de Grefiforio Bonilla. San Cristó- 
bal, año de 1750. 



ACADEMIA NACIONAL DE HISTORIA 225 



Estos pocos datos que conservamos de los hechos del Padre 
Flóiez y de su muerte, y los de algunos otros misioneros domini- 
cos, que en tierra colombiana sellaron con su sangre la doctrina 
que predicaban, forman uno de los ramilletes más hermosos que 
perfumará perpetuamente el ambiente moral de la Provincia Do- 
minicana de San Antonio de Colombia. 

Como puede observar el lector, pocos son los datos que aquí 
se ofrecen referentes al Padre Flórez; no he obtenido más, y es muy 
justo recogerlos y con veneración recordar su nombre. 

Probabilidades hay de que nuestro mártir sea bogotano, con 
precisión no puedo observarlo; nuestros archivos en luctuosos 
días desaparecieron y no tengo a la mano dato preciso. 

A los amantes de las glorias nacionales y a otros más afortu- 
nados que el autor de las presentes lineas, creo le sean de algún 
provecho los presentes datos. 

Fray Humberto E. Molano A., Orden de Predicadores. Del 
Centro de Historia de Tunja. 



flCfiDEmifl nflcionflh de biscoria 

Extracto de actas. 
I.* DE OCTUBRE 

Los señores Mendoza y Cuervo participaron que habían pre- 
sentado en la Cámara de Representantes los dos proyectos sobre 
murallas de Cartagena y Museo Boliviano, que les había recomen- 
dado la Academia. 

Se leyó un telegrama de Medellín, firmado por cEI Correo 
Liberal» y los señores Uribe Escobar y Resirepo Laverde, en el 
cual avisan haber insinuado al Congreso la celebración del cente- 
nario de la muerte de Francisco Antonio Zea. Ss excitó a los aca- 
démicos que son miembros de las Cámaras para apoyar esta idea. 

El Presidente de la Unión Iberoamericana de Madrid, marqués 
de Figueroa, comunicó los propósitos de ésta sobre la Fiesta de la 
Raza. 

Fue nombrado el señor Quijano miembro del jurado para el 
concurso de este año, en reemplazo del señor Orjuela, quien renun- 
ció el cargo por sus ocupaciones. 

Fueron nombrados miembros correspondientes de la Acade- 
mia los señores José A. Machado y Carlos Medina Chirinos, de 
Venezuela; Moisés Bertoni, del Paraguay, y Mayor Luis Acebedo, 
de Bogotá. 

Fueron elegidos presidente, vicepresidente, secretarios, teso- 
rero y bibliotecario para el nuevo período los señores Restrepo 
(Eduardo), García Ortiz, Posada, Cuervo (Luis Augusto), Wills y 
Mesa, respectivamente. 

El señor Barrera presentó varios documentos relativos a la re- 
volución de 1830. 

XIV— 15 



226 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



Los señores Robledo y Correa avisaron de Medellín haber re- 
presentado a la Academia en el centenario del señor Uribe Ángel. 

Varias bibliotecas y archivos extranjeros acusaron recibo de 
las publicaciones de la Academia. 

El señor Arrubla informó que estaba ya en prensa el tomo 
XVIII del «Archivo Santander.» 

Se comisionó a los señores Rivas, Posada y Monsaive para la 
colocación de una placa en honor del sabio Mutis. 

I 2 DB OCTUBRE 

Se aprobó un saludo a España y a las naciones de su linaje, 
con motivo de la Fiesta de la Raza. 

Se leyó el informe del Jurado sobre el concurso anual, cuyo 
tema era «La mujer en la Independencia,» y fue premiado el tra- 
bajo del señor José D. Monsaive. 

El Sec etario informó sobre las labores de la corporación du- 
rante el año. Se posesionó el nuevo Presidente, señor Eduardo 
Restrepo. 

Pronunció el discurso reglamentario el señor Jorge Ricardo 
Bejarano. 

2 DE NOVJEMBRE 

Se leyeron muchas notas sobre recibo de publicaciones de la 
Academia y de agradecimiento por nombramientos de miembros 
correspondientes. 

El Ministro de Francia en Bogotá preguntó si se habían reci- 
bido las revistas «Journal de la Société des Américanistes,» «Pano- 
rama^ y «Revue de l'Amerique Latine, > de las cuales hace el Go- 
bierno francés el envío puntualmente a la Academia. 

El señor Martín Medina remitió de Boyacá un trabajo sobre 
arqueología, y el señor Donaldo Velasco, de esta ciudad, una bio- 
grafía del General Nariño. 

El señor Pérez Sarmiento presentó, en tres voluminosos lega- 
jos, las copias tomadas en el archivo de Indias, del proceso de 
los «Derecho;» del Hombre» y de otras causas seguidas en la mis 
ma época. 

Los señores Caicedo y Quijano informaron sobre el estudio 
biográfico del doctor Duque Gómez, por el señor Correa. 

El Bibliotecario, señor Mesa, rindió informe de la marcha de 
su oficina durante el año. 

El señor Rivas habló sobre los archivos de las notarías y la 
conveniencia de reunirlos en un local adecuado. Se nombró comi- 
sión para ello. 

El señor Eduardo Restrepo manifestó que se había dirigido 
al Congreso en solicitud de apoyo para continuar la publicación 
del «Archivo Santander,» y se había conseguido se señalara algu- 
na partida en el Presupuesto. 

El Padre Mesanza envió, de Tunja, varios trabajos sobre do- 
minicos boyacenses notables y sobre el Coronel fray Ignacio Ma- 
rino. 

Se acordó, a propuesta del señor Triana, hacer presente a los 



ACADEMIA NACIONAL DE HISTORIA 227 



sefiores Presidente de la República y Ministro de Instrucción Pú- 
blica, la conveniencia de impedir la dispersión de los tesoros ar- 
queológicos y de adquirir algunos de ellos para el Museo Nacio- 
nal. 

El sefior Arrubla participó que había sido nombrado Director 
del Museo Nacional y que proyectaba establecer conferencias en 
el local, sobre asuntos históricos, y pidió a la Academia su dicta- 
men con respecto al local para aquél. Todos los miembros expre- 
saron su complacencia por este nombramiento. 

El señor Posada leyó un trabajo sobre el General Valero, na 
tural de Puerto Rico, que prestó importantes servicios en la In^ 
dependencia. 

El señor Quijano comunicó que se estaba imprimiendo acti-- 
vamente el tomo i8 del «Archivo Santander.» 

El señor Moros indicó, como lugar apropiado para los archivos 
notariales, unos salones que hay en el Capitolio sobre las salas de 
las Cámaras. 

i 5 DK NOVIEMBRE 

El Ministro de Instrucción Pública avisó que próximamente 
enviará el mapa de Colombia, que acaba de publicarse, y que se 
le pidió para la Academia. 

La Biblioteca Nacional de Montevideo acusó recibo de la obra 
Cartas de Caldas y de otras publicaciones. 

El Administrador de Correos solicitó que se examinara un ar- 
chivo de papeles inútiles que existe en ese ramo, a fin de ver cuáles 
desea adquirir la Academia. Se nombró para ello una comisión. 

El Ministro de Obras Públicas transmitió lo publicado en varios 
periódicos estadounidenses sobre ruinas halladas en Colombia por 
la Expedición Arqueológica que dirige el señor J. A. Masón. 

La Legación francesa anunció que la Escuela Libre de Cien- 
cias Sociales, domiciliada en París, acaba de crear un curso sobre 
la América Latina, y que tiene por objeto hacer conocer a ésta en 
lo relativo a su historia, sus instituciones, su evolución política, su 
producción intelectual, sus riquezas, sus medios de comunicación y 
sus recursos económicos. 

El General Negret envió dos trabajos intitulados el uno Puntos 
de Histotia y el otro Taindala. 

El señor Restrepo José María informó sobre los escritos Do- 
minicos boy acenses más notables y El Coronel fray Ignacio MariFio, 
por fray Humberto E. Molano, 

El mismo dio su dictamen sobre las consultas que hizo, desde 
Santiago de Chile, el señor Flórez Vicuña con respecto a varios 
personajes históricos. 

Se trató por varios académicos sobre la necesidad de una ley 
relativa a la adquisición para el museo de los objetos indígenas 
que se descubren en el Quindío y otros lugares. 

Fue presentado como candidato para miembro correspondiente 
el señor Enrique Ruiz Guifiazú, de la República Argentina, 

Dio lectura el señor Quijano a unas reminiscencias sobre la 
celebración de nuestra fiesta nacional, en el año de 1849. 



228 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



I. DE DICIEMBRE 

El Centro de Historia de Antioquia remitió el acuerdo de ho- 
menaje en el centenario de don Francisco A. Zea. 

El señor José E. Machado, de Caracas, dio las gracias por su 
nombramiento de miembro correspondiente. 

La Unión Panamericana de Washington solicitó varios núme- 
ros del Boletín de Historia que faltan en su colección. 

La Saciedad Católica de Auxilios Miduos y de Girardot, solicitó 
la expulsión del señor Cornelio Hispano de la Academia, por sus 
escritos sobre Bolívar, Ricaurte y Núñez. Se resolvió contestarle 
que dicho señor no eí» miembro de la corporación. 

El señor Ministro de Instrucción Pública remitió la solicitud 
del doctor Gómez Calvo, en la cual se pide un concepto sobre la 
obra Bolívar y la posteridad. Se pasó en comisión. 

El señor Arrubla informó que tiene apartados, en el Museo 
Nacional, algunos otros objetos propios para la Quinta de Bolívar, 
y participó que ya tenía arregladas tres'salas de aquél. 

El señor Rivas informó sobre la biblioteca de dicha Quinta, de 
la cual dijo podían canjearse algunas obras de medicina, inadecua- 
das allí por otras relativas al Libertador. 

El Cónsul de Colombia en Córdoba (España), avisó que va 
a celebrarse, en la ciudad de Priego, cerca de aquélla, el segundo 
centenario del nacimiento de don Antonio Caballero y Góngora, y 
solicitó colaboración para ello. 

Se acordó una manifestación de condolencia a la Sociedad de 
Americanistas^ de París, por la muerte de su Presidente, el ilustre 
historiador M. H. Verneau. 

Se resolvió que la Comisión de la mesa fije los premios que 
hayan de darse en los concursos anuales. 

El señor Mesa informó que ya está en la b'blioteca de la Aca- 
demia el archivo que la Dirección de Correos puso a disposición 
de ésta, y que se ocupa en clasificarlo. 

El señor Correa se excusó, por motivos de salud, de hacer la 
lectura que le correspondía en esta sesión. 

Se suspendieron las tareas, como es reglamentario, hasta el 
I. o de febrero del próximo año. 

CARTAS (1) 

DIRIGIDAS AL GENERAL J. M. VERGARA 

Ejército Liberador de Venezuela — Cuartel General en Angostura, a 
21 de agosto de 1818. 

Mi querido Vergara: 

Mañana sin falta salgo de aquí con mis tres buques; pasado 
mañana saldrán en otro Lara y Obando, llevándome doscientos 

(1) Estas cartas, en copia, fueron enviadas el año pasado a 
la Academia por el señor don J. M. Portocarrero. Son de altísima 
importancia, pues en ellas se ve la fe de Santander en el éxito de 
su campaña de 1819; detalles sobre ésta; episodios de los combates 



CARTAS DIRIGIDAS AL GENERAL J. M. VERGARA 229 



fusiles, más pólvora, etc. De suerte que me pondré en Casanare 
con mil fusiles, municiones, etc, etc. ¡Cuánto siento no llevarlo a 
usted! pero no pueden ser cumplidos todos los gustos. Tengo ya mi 
proclama impresa anunciándome a esos caballeros reinosos, e iba a 
ponerle «Cuartel General de Tunja.» Yo estoy loco; unas veces 
me veo en Santafé, y otras en Zipaquirá. Sobre todo soy yo el que 
ordeno y mando. Empéñese hasta con Dios haber si logra largarse 
con Morales. Que brille esa Guardia de honor en instrucción y 
disciplina, renuncie sus diez pesos y no exija otra recompensa que 
la de ir a acompañarnos a Casanare, Tunja, Socorro y Santafé. 

Escribiré muy largo de Casanare, lo haré seguidamente de So- 
gamoso, y luego de Santafé. Si mi segunda carta no llegare, es por 
que habré desaparecido de esta mortal vida. 

Escríbame muy circunstanciadamente todo, todo, por conducto 
de Zea, o Soublette. 

A Morales mil cosas, y que soy su amigo. Lo mismo a los 
otros paisanos. A Dios a quien pido bendiga nuestras empresas, y 
nos deje reunir en Santafé. 

Soy su amigo invariable, Santander 

Señor Corc^nel J. M. Vergara, Jefe de Estado Mayor de la Guar- 
dia de Honor de F. de P. S. — Upatá. 



Lag^, abril 8 de 1819 
Vergara muy apreciado, mi amigo: 

Llegó Morales y por poco no me deja tiempo para escribir. 
¡Qué placer hubiera yo tenido ayer, si usted le hubiese acompaña- 
do! Créame que no pasa un día sin que me acuerde de usted. 

Es usted Diputado al Congreso. Vayase luego, luego, y no 
deje que nos impongan la ley lo? Representantes de óoo almas. Ya 
se dice que Nueva Granada / Venezuela están incorporadas de he- 
cho. No sé de dónde, porqué sea esa incorporación. Asista a algu- 
nas sesiones, pida licencia, o renuncie, y véngase aunque sea a pié. 

Lara llegará a allá. Casi no sé porqué va. Algo podrá decir 
contra nosotros, aunque a veces no lo espero. Usted esté a la mira, 
defiéndanos y avísenos. Cuando usted me hable de él, dígame el 
correo de las brujas, para que nadie entienda de quién se trata. El 
mismo Lara le entregará veinticinco pesos para que compre un ca- 



de la Salina y Paya; pormenores de la odisea de Nariño, en el viejo 
mundo; y algunos datos sobre Arredondo, Sasmayous y otras víc- 
timas de las vísperas de Boy acá, apenas mencionadas por ahí en 
nuestras historias. Hay también una referencia a la viuda e hijos de 
Miranda, que en algo servirá para la crónica familiar de éste un 
tanto misteriosa. La correspondencia, por insignificante y ligera que 
parezca, ss una de las fuentes más puras de la historia, y a medida 
que es más íntima, resulta más verídica y sincera. Cuánta epístola 
no estará, por ahí, desconocida y olvidada, esperando la mano acu- 
ciosa 3' patriótica que la ponga al servicio de nuestra historia! 

E. P. 



230 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



bailo. Aún estamos pobres, y yo quisiera sacarlo a usted de la mise- 
ria en que me dicen vive. 

Véngase; aquí no falta qué comer, y nuestros bienes son comu- 
nes. Concha, Fortoul, Almeyra, Ruíz, Arredondo, París y yo, y 
ahora Morales, formamos una pandilla de cuenta. Es decir, todo es 
común. Cancino y Duran son agregados 

Los godos me están jeringando: actualmente tengo una fuerte 
columna en el pie del llano por Tocaría. No siento sino el invier- 
no, que ya moja. 

Adiós mi amigo. Cuente usted con el afecto decidido de su 

amigO-^SANTANDER 

P. D. — Dígale usted a Justo Ericeño mil cosas de mi parte, y 
que no sea tan vagamundo. Que yo soy siempre el mismo. 



Abril 22, en el Palmar 

Vinieron los godos con 2,200 infantes y 700 caballos, entre los 
cuales vino un cuerpo de españoles: estuvieron catorce días en el 
llano, sufrieron una deserción horrible, toda clase de hostilidades, 
e inutilizaron sus caballos, y al fin se volvieron. La expedición ha 
sido vergonzosa. Obando estará mañana en la Salina, yo sigo con 
700 infantes para Morcóte. Sasmayous con 100 dragones divertirá 
a Santafé por el Valle de Tensa, y veremos cómo se manifiestan los 
godos en Sogamoso y Paya. 

Estoy muy ocupado. Me refiero a todas las comunicaciones 
oficiales. Soy siempre su amigo — Santander 

Señor Coronel José María Vergara. Al Cuartel General en Jefe. 



Mi apreciadisimo Vergara: 

El amigo Morales ha dicho a usted cuanto hay que decir. 
Hemos pasado algunos días de consuelo, y siempre lo he pensado 
a usted; acaso usted habrá pensado en la misma época en otras 
cosas. Espero el parte de Sasmayous de que ha entrado al Valle 
de Tensa batiendo el destacamento de Miraflores. Si yo tuviera 
8co hombres que fueran tropas, estaría marchando a Sogamoso; 
¿pero qué esperanza me darán indios como los del Caroní? En 
fin, aunque la tropa enemiga es muy buena, también en ella hay 
patriotismo. ¡Qué soldados tan buenos todos los que se me han 
presentado del enemigo! ¡Qué armamento! ¡Qué equipamento! 
Hágase usted cargo de lo que podrán sacar los españoles del 
Reino. 

Si usted fuere a Guayana y pudiere conseguir rentas, le en- 
cargo un sombrero apuntado, un corte paño azul, vueltas y solapa 
amarillas, y bordados, aunque no sea muy lujoso, y un par de botas 
buenas que en mi pie vengan grandes. Si se puede conseguir li- 
bramento, girarlo contra mí, en fin, hasta $ 200 emplee en lo me- 
jor. Si tarda mucho no me podrá servir, porque en Santafé o Tun- 
ja habrá de todo, lo que servirá de gobierno; y calzones de ante, 



CARTAS DIRIGIDAS AL GENERAL J. M. VERGARA 231 

y banda; y encargaría todo a Colonias con dinero, pero, ¿i quién 
encargo? Memorias a Plaza y al buen amigo Bremón. Disponga de 
su amigo, Santander 

Verá usted si en ese Apure encuentra quien le dé hasta $ 50, 
gírelos contra mí. A Macero que lo pienso y que desearía que es- 
tuviere por aquí. Escriba Urgo, largo, largo 

Mis amigos Vergara y Morales: 

No exijan ustedes que yo les escriba, porque además de ser 
muy perezoso en el ramo epistolar, tengo infinito que hacer, ade- 
más de la gaceta de que estoy encargado, y para cuyo desempeño 
celebiaiía infinito estuviese aquí Vergara, en cayas traducciones 
no tendría que romperme la cabeza. 

Ya saben ustedes por Santander el estado de las cosas de la 
Nueva Granada, y la resolución del Jefe Supremo a nuestras re- 
petidas instancias para que ustedes marchasen con él. Ha conve- 
nido en que ustedes vayan con la segunda remesa de armamento, 
y entonces irá también Uribe que ya se está restableciendo de una 
grave enfermedad. Si no van ahora es porque aquí son por ahora 
más útiles que allá; pero llegarán a tiempo de entrar con el ejér- 
cito en su país. 

Vanegas no se ha ido porque le han robado las bestias. Pien- 
sa irse por agua, y esta era una buena ocasión; pero se presenta 
de repente y apresurad.!, y él hace dos días que no lo veo. 

Háganmele ustedes una visita a las amables señoritas que les 
recomendé, y denle muchas expresiones a la Mónica. 

Con Vanegas o Venegas, si no se ha ido a la francesa o se ha 
desaparecido, escribiré muy largo. Adiós— Zb- 

Iba a escribir a mi querido Anzoátegui, pero no da más lu- 
gar Cerbellón; salúdenmelo ustedes muy afectuosamente. 

A los señores Coronel Vergara y Comandante Morales Pontón. 

Upatá, 

Confidencial — Gibraltar, 7 de junio de 1820 

Mi querido Vergara: Con cuánto gusto he sabido a mi vuelta 
al mundo que usted existía, y que existía para la patria. Yo hace 
poco más de dos meses que fui puesto en libertad en visita gene- 
ral de cárcel, a consecuencia del decreto de Fernando, de 9 de 
marzo, y salí a la luz después de estar cuatro años encerrado, sin 
comunicación, y sin solicitarlo; pero bien pronto se arrepintieron, 
y se trató de volverme a mi antigua morada, mandándose de real 
orden que se me pusiese en la cárcel como estaba. Tuve la fortu- 
na de saber en tiempo esta real orden constitucional, y no están, 
do de humor de continuar aquella vida eremítica, tomé un caba- 
llo y me vine a lugar de salvamento, en donde me tendrá usted 
algunos días pensando lo que debo hacer. Pero vaya lo más gra- 
cioso: ayer he recibido la noticia de estar nombrado Diputado por 
la Nueva Granada para las próximas Cortes sin haberme habili- 



232 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



tado, sin haber votado, y teniendo seguramente alguna causa por 
que se me mandaba prender nuevamente, de modo que siendo un 
fragmento de la Soberanía Española, no puedo pisar la España, 
sin haber cometido más delito que ser americano. ¿Qué tal andan 
las cosas del nuevo Gobierno constitucional? 

El haberme detenido tanto tiempo en España, y haber entrado 
en la Sociedad Patriótica de San Fernando, fue por que llegué a creer 
que podría sacar algún partido de las próximas Cortes, pues real- 
mente hay mucho partido de españoles ilustrados que desean nues- 
tra emancipación; y siempre debemos preferir la pluma a la espada, 
tanto porque así lo exige la humanidad, como porque con aquélla, 
seguramente somos superiores, estando la razón de nuestra parte. 
Aún no es todavía imposible, pues yo creo que aún no está con- 
cluida la revolución de España, y en un mes que falta para la ins- 
talación de las Cortes nos hemos de desengañar. 

A pesar de haoer hablado con infinitos americanos, y entre 
ellos con mi compadre Cayzedo, que aguardo en estos días con el 
Padre Padilla, todavía no sé la mitad de lo que ha sucedido en los 
seis años de mi ausencia; y en cuanto el estado actual, sólo he 
visto el manifiesto o proclama de Zea, a quien estoy escribiendo, 
y una u otra gaceta de por allá; estando con el cuidado de los úl 
timos resultados entre Bolívar y Morillo. 

Incluyo a usted los impresos que tengo a mano y que tratan 
sobre nuestras cosas, y la lista de los americanos que han salido 
nombrados para las tales Cortes. Cualesquiera uso que usted quie- 
ra hacer públicamente de mi nombre y sucesos que no sea con re- 
ferencia a esta que le escribo ni a la mansión donde me hallo. Escrí- 
bame usted muy largo, mucho mucho sobre el estado actual en 
que nos hallamos, tanto de hecho en nuestro territorio como con 
respecto a la opinión y voluntad de las naciones de Europa, y 
aun de la América, y que sea bajo cubierta de Mr. Judah Beno- 
liel de este comercio. Yo aquí soy conocido bajo el nombre de don 
Antonio Alvarez, aunque Benoliel y sus amigos saben el otro ape- 
llido que tuve que suprimir para salir de España 

De aquí vamos despachando con mil trabajos a cuantos ameri- 
canos se presenten, todos pereciendo; mañana salen para Trinidad 
Rafael Castillo, hermano de Manuel, y José María Ruiz y un tal 
Baranoa; estos dos últimos son españoles remitidos presos de Ca- 
racas hace och:) años, por insurgentes. 

Si me detengo en ésta haré a usted algunos encargos, y entre 
ellos, de ciertos instrumentos que aquí no se encuentran y que allá 
en nuestro suelo nos hacen mucha falta. Démele usted mil abrazos 
a Real y a Agustín Gutiérrez, queme escriban aunque yo no lo 
haga hoy porque va a marchar el paquete, y sólo me da tiempo 
para decirle que existo, que existo para mi patria, y que soy su ver- 
dadero amigo — Antonio Nariño 

P. D.— No van los impresos porque me acaban de decir que 
cuesta mucho el correo, y no sé como estará vuestro bolsillo, y así 
paciencia por ahora. 



CARTAS DIRIGIDAS AL GENERAL J. M. VERGARA 233 



Gibraltar, 27 de junio de 1820 
Señor don José María Vergara. 

Muy señor mío y amigo: los portadores de ésta lo serán Mr, 
Carlos Burk, Mr. Tomás Conkiing y don Vicente Ucrós de Car- 
tagena de Indias, que fueron hechos prisioneros en el ejército de 
Mina, y han sufrido tres años de prisiones por la causa de la liber- 
tad de América. Los recomiendo a usted suplicándole que si tiene 
órdenes del Gobierno les facilite su transporte a la Costa firme, y 
los más auxilios que sean compatibles con su comisión; y en caso 
de no estar facultado por el Gobierno, que como amigo les sirva en 
cuanto pueda, pues sus padecimientos por nuestra causa los hace 
acreedores a toda nuestra consideración. 

Quedo de usted con el aprecio que siempre le he merecido su 
seguro servidor y amigo — Antonio Nariño 

Al ciudadano José María Vergara, comisionado por el Gobier- 
no de Costa firme cerca del de Su Majestad Británica en Londres. 

Gibraltar, 27 de junio de 1820 

Mi estimado Vergara: por este mismo barco escribo a usté i re- 
comendando a tres desgraciados de los muchos que hemos gemido 
en estos ocho años, entre ellos va Ucrós que es de Cartagena y que 
ni tiene conocimiento ni k^s arbitrios que pueden los otros propor- 
cionarse, y asi es preciso verlo con preferencia, sin que por esto 
decaiga mi recomendación para con los otros dos. 

De aquí he despachado ya hace ocho días para Trinidad a 
Castillo, Ruiz y Baraona, obligándome por su viaje, como he he- 
cho con éstos también de quienes he salido responsable. Al Pe. 
Padilla con el tío Fernando Cayzedo los aguardo de un día a 
otro, y al primero es preciso pagarle el viaje; en Cádiz hay por- 
ción de americanos pereciendo, y yo ya no puedo ni con mi figu- 
ra. Con Castillo escribí al Gobierno indicándoles la casa de Mr. 
Judah Benoliel para que pusieran en su poder algunas cantidades 
con qué socorrer a tanto infeliz de quienes no se acuerdan y cuya 
conducta en esta parte es motejada por los extranjeros que quizá 
los están socorriendo. Si usted los tuviere como más inmediato, 
se la indico, y la de Mr. J. Maclian, también de este comercio. 

Tenía muchas cosas que decir a usted, pero este viaje ha sido 
repentino, y en la misma hora de marchar remito los impresos que 
he encontrado a mano, y siento no tener aquí ios tres impresos, 
que han salido sobre el número de ni^stros suplentes en Cortes 
que son muy buenos. 

Saludo cordialmente a Real y a Gutiérrez, que son los únicos 
de que tengo noticia se hallan en ésa escapados de la gran tor- 
menta. Dígales usted que me escriban bajo cubierta de una de las 
dos casas arriba mencionadas. 

Yo necesito algunos encarguillos de é^a, pero este es punto 
para más despacio. Entretanto contestarme al instante dándome 
una razón bien circunstanciada del estado de nuestras cosas, bajo 
la cubierta indicada, no dudando de que siempre soy el mismo 
a fectísim o — Nariño 



234 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 

París, 18 de noviembre de 1820 
Señor doctor José María Vergara. 

Mi querido Vergara: Esta es mi despedida; yo abrazo a usted 
desde París, y deseo poderlo hacer en Cundinamarca. El 23 pien- 
so marchar al Havre y desde allí tomar mi rumbo. 

Nada he vuelto a saber de usted desde la última que me es- 
cribió, y siento no poderle decir otra cosa sino que todos estamos 
buenos y contentos. 

Salúdeme usted con el mayor cariño a la señora y los hijos 
de nuestro desgraciado Miranda, y al amable Mr. Moüní, que en- 
tregué su carta en Calais a Leleur; que me atendió y sirvió, y que 
por ello le doy las gracias y deseo que en cualquiera parte me 
ocupe. 

Aunque aquí se me ha hecho mi retrato, no se lo mando a u;- 
ted porque se lo guardo con el original para cuando llegue usted 
a Bogotá. 

Solicite usted a todo costo los Comentarios de Montesquieu, y 
la última edición de Jonuny, y no lea otra cosa desde hoy hasta 
que se vuelva a ver con su amigo, NariSo 



Pora, mayo 3 de 1819 
A Monsieur Vergara — 27 Grafton St Fesroj Sq. — London. 

Mi siempre querido Vergara: 

Estarás con la mayor curiosidad por saber nuestras operacio- 
nes; pues vaya usted oyendo, señor Serbeti: se destinó a Obando a 
la Salina, la sorprendió el 24 próximo pasado y tomó toda su guar- 
nición compuesta de 49 hombres, i tambor, r pito, 4 Oficiales, 3 
españole-:, 51 fusiles, 51 cartucheras municionadas a 5 paquetes, 
muchos víveres, muías, caballos, sales, etc. 

Nosotros marchamos a Morcóte; desde allí siguió Arredondo 
a Paya, batió djs Compañías del Tambo, pero reforzadas éstas por 
un número muy superior al que él mandaba, se retiró a Morcóte 
en el mayor orden con sóio un Sargento herido. El enemigo per- 
dió como 40 hombres entre muertos y heridos. 

Al Comandante de la Salina se le tomó toda la corresponden 
cia. En ella hemos visto los impresos en Santafé, llenos de mil 
ridiculeces, majaderías y mil enredos de cosas. 

El enemigo, al retirarse de Paya, quemó su almacén de víve- 
res, y los nuestros les quemaron la casa fuerte o castillo que allí 
tenían. En esta jornada se han conducido bien hasta los indios re- 
clutados. El invierno apura, y hoy estamos en Pore. Sasmayous 
se presentará bien pronto sobre los Valles de Tensa; hay algunos 
cuerpos de caballería en diversos puntos de nuestra linea, cerca 
del enemigo. Nuestras operaciones serán consecuencia de los avi- 
sos que tengamos de las de los godos. 

Por el diario tomado al Comandante de la Salina, se sabe quei 
en lo interior del Reino molestan con frecuencia muchas guerri- 



CARTAS DIRIGIDAS AL GENERAL J. M. VERGARA 235 



Has, Un tal Santana mmda una de Oiba; un Calvo la otra, que 
dicen tiene 200 fusileros y bastantes caballos, en Coromoro; Vi- 
cente Acevedo otra en Simacota; Santos otra en Cincelada. La de 
Calvo batió la tercera Compafiía de Numancia. Por uno de los 
pasados que hace seis meses llegó de Cartagena a Sogamoso y se 
pasó a nosotros en estos días, se sabe que el barrio de Gimaní se 
levantó cuntra los españoles, y lo mismo las sabanas de Tolú, ¿qué 
tal señor Serbeti? (Por el diario) que por marzo del año pasado se 
descubrió en Santafé otra revolución en que estaban comprendidos 
algunos cuerpos militares, y he visto un oficio de Fominaya por el 
que se sabe estaba practicando en el Socorro una pesquisa secreta 
sobre esta misma revolución que se cree de acuerdo con aquella 
provincia (por el mismo diario). Los víveres que se les envían de 
Sogamoso son siempre muy malos. En la harina, piedras de 3 y 5 
libras, y no pueden conseguir pare Casanare una espía a ningún 
dinero. Tienen la más grande desconfianza de todos los pueblos. 
Contestes todos los pa?ados aseguran que han salido tropas para 
el sur, y que desde allí se les llama fuertemente la atención a los 
godos, que se decía haber tomado el General Mina a Lima y que 
Gregor obraba sobre Santa Marta. Hasta ahora sólo sabemos que 
han marchado de las tropas de Barreiro algunas para Santafé, o 
Sogamoso, que será lo más cierto. Por los ajustes y otros docu- 
mentos del batallón que estaba en la Salina y es el i.° del Rey, de- 
ducido las muchas deserciones que sufren, los no pocos que fusilan 
y destinan a presidio por insurgentes. No hay otra cosa que comu- 
nicar a Vuestra Señoría. No te envío algunos impresos y el diario 
cogido a los enemigos porque el General los remite al señor Zea. 

Entre los papeles cocidos, está la carta que te incluyo para 
que te diviertas y veas cómo anda la putería. Hemos comido al- 
gunas galletas de las de la Salina, mucho carabure, maduro, coci- 
do, etc., etc., y el General tiene su carga de harina. 

Saluda a Macero, que ésta e-< suya; a Plaza, Carreño, Uribe, 
Córdoba, Lugo, Uscátegui, Pigot Sandes, Minut, mil expresio- 
nes. Dile a Carrillo que vi a su hermano en Tame, que me le ofre- 
cí, y que hasta ahora no me ha ocupado. Al Padre Travieso cien 
mil cosas. 

Si sabes de Pepa, si la ves, si le escribes, si sueñas con ella, 
dila en todas ocasiones cuánto la pienso 

Díme si sabes dónde está el Mayor Gil. A Vanegas muchas 
cosas, que he extrañado no me escriba, que lo haga muy largo, y 
lo mismo a Macero. 

Escríbeme larguísimo. El General te dice que reputes ésta por 
suya. Si vas a Guayana, avísamelo para ciertos encargos que tengo 
que hacerte. 

No olvides a tu invariable amigo, A. Morales 

Díle a Macero que si puede hacerme traer unas piezas de car- 
lancan, otras de panchos y otros de bretaña, con algunos listados. 



236 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



me los envíe cuanto antes y gire contra mí su valor que entre- 
garé en pesos duros, siempre que no pasen de 200. Que por con- 
ducto del Coronel Yncinaso a quien saludo, lo puede conseguir, 
y lo mismo algunas otras cosillas que aquí tiene buena salida 
todo género bueno, pues no hay ni un pañuelo. 

Saluda al señor Salón, a los señores Anzoátegui y Soublette y 
a todos los demás amigos. Tuyo, Morales 



un hlBRO DE E5PED0 

El Boletín de la Sociedad Ecuatoriana de Estudios Históri- 
cos Americanos (hoy Academia de Historia) publicó en 1920 
(número 12) un estudio bien interesante del señor Homero Viteri 
sobre el ilustre don Francisco Espejo, y allí se habla de una 
obra publicada por éste en Bogotá. Dice así la parte referente 
a dicho asunto: 

El Arzobispo González Suárez, en su último Estudio dice que 
solamente una obra — Las primicias de la Cultura de Quito — se 
imprimió en vida de Espejo. Para que haya precisión transcribamos 
textualmente las palabras del sabio historiador: 

«De las obras de Espejo solamente una se imprimió en vida del 
autor: todas las demás quedaron inéditas, y así inéditas han per- 
manecido hasta nuestro tiempo. 

«El discurso ditigido a los socios de la Concordia se impri- 
mió en Las Primicias de la Cultura de Quito, y los números 
de este periódico fue lo único que Espejo tuvo la s itisfacción de 
ver impreso en su patria, viviendo él: en Madrid se publicó tam- 
bién por la imprenta un corto trabajo mé Jico sobre la curación de 
las viruelas; pero este opúsculo quedó casi desconocido en Amé- 
rica» (1). 

De la publicación hecha en Madrid nos ocuparemos después. 

Anotemos, ahora, que el Discurso en referencia se publicó 
primeramente en Bogotá, antes que en Las Primicias. 

Fundamos nuestra opinión en las consideraciones siguientes: 

Espejo, en párrafos que antes transcribimos, relata ios antece- 
dentes del Discurso y de la Sociedad de la Concordia; cuenta 
que. en noviembre de 1789, llegó a Santafé— donde estaba Es- 
pejo — su íntimo amigo el ilustre Marqués de Selva Alegre y que 
éste: «le estimuló a escribir y le determinó a dar a luz el referido 
discurso, ofreciendo poner todos los medios necesarios para ob- 
tener la licencia de su impresión, y costearla con liberalidad.» 
Agrega, después, el médico quiteño: «Lo que importa saber es 
que luego que fue escrito el Discurso procedió el Marqués de 
Selva Alegre a consultarlo con las personas más juiciosas, ilustra- 
das y capaces de Santafé.... Todas ellas fueron de parecer que 
se debía publicar cuanto antes.» 



(1) Escritos de Espejo, i (página lxi). 



UN LIBRO DE ESPEJO 237 



Al terminar la lectura de estas frases anunciadoras a cualquie- 
ra se le ocurre una pregunta: ¿llegó a publicarse el Discurso? 

Sí, respondemos nosotros, se publicó en Bogotá. 

Espejo nos lo dice de un modo tan claro y evidente que no 
hay lugar a duda. En el número 4 de Primicias de la Cultura de 
Quito, de fecha 1 6 de febrero de 1792, empieza a reproducir el 
célebre Discurso que continúa, hasta concluirse, en los números 
5, 6 y 7. En el número 4, explicando la publicación del Discur- 
so, expresa que desea «tratar de la historia de la Sociedad Pa- 
triótica de Quito,» y para ello «no duda transcribir los documen- 
tos, con preferencia a la narración seguida y metódica.» Por fin, 
escribe: cDamos principio por el discurso impreso en la ciudad 
de Saniafé, primero atendiendo principalmente a complacer a 
los que lo desean y no lo hallan, por razón de que se han consu- 
mido los ejemplares que se tiraron en corto número, y segundo, 
cuidando de que efectivamente se restituya al genio quiteño el celo 
de sus mayores.» 

Con lo dicho queda suficientemente demostrado que el dadi- 
voso Marqués de Selva Alegre cumplió su gentil promesa de publi- 
car el Discurso de Espejo. 

Y sólo para corroborar la existencia de la edición hecha en 
Bogotá, vamos a tener otra prueba. 

Cuando en el año de 1794 se confiscaron los bienes del Pre- 
cursor de la independencia de Colombia, don Antonio Nariño y 
Alvarez, los encargados de efectuar el embargo tuvieron que dedi- 
car algunos días a la taiea de inventariar la rica y variada biblio- 
teca del procer colombiano. En el acta correspondiente a la tarde 
del 31 de agosto de 1794, entre los libros embargados se lee: 
«ítem, otro ídem, Discurso dirigido a la Sociedad Patriótica de 
Quito» (i). Suscriben el acta Malo, Ortega y Juan Nepomuceno 
Camacho. (José Gil Martínez Malo, Alguacil Mayor de Corte, que 
cctuaba en virtud de comisión del Oidor Joaquín Mosquera y Fi- 
gueroa; don José Ortega, hermano de doña Magdalena Ortega, 
esposa de Nariño; Juan Nepomuceno Camacho, Escribano). 

Si recordamos la buena amistad de Espejo y Nariño, es muy 
fácil comprender que en su biblioteca existiera el Discurso del 
Precursor de la Independencia del Ecuador. También es muy cla- 
ro que el Discurso embargado debió ser de la edición hecha en 
Bogotá y costeada por el Marqués de Selva Alegre. Ya hemos di- 
cho que en Quito se publicó sólo por fragrnentos en cuatro núme- 
ros de Las Primicias. Si acaso se hubiera , tratado de la impresión 
hecha en Quito, se la hubiera inventariado con el nombre princi- 
pal del periódico, es decir, Primicias de la Cultura de Quito, y 
no entre tomos «a la rústica, en cuarto.» 

¿Quedará algún ejemplar de la edición de Bogotá? No lo sa- 
bemos. Hemos recorrido prolijamente la Bibliografía Bogotana, 



(1) Eduardo Fosada y Ptdro M. Ibañez, El Precursor. Docu- 
mentos para la vida pública y privada del General Antonio Nariño. 
Bogotá, 1913. (Página 176). 



238 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



escrita en 19 17 por el erudito historiador Eduardo Po.i.ida, y allí 
nada se dice del Discurso de Espejo. 

Y en el número siguiente del citado Boletín adiciona su es- 
crito el señor Viteri con este artículo: 

Nosotros, fundándonos en claras, exptesas y terminantes de- 
claraciones de Espejo, opinamos que el célebre Discurso a los 
miembros de la Sociedad de la Concordia se imprimió, también en 
vida del autor, en Bogotá antes que en Quito. 

Invocamos, además, en favor de nuestra creencia, el hecho de 
que en el inventario de los bienes confiscados en el año de 1794, 
al Precursor de la independecia de Colombia, Antonio Narifto y 
Alvarez, figura, entre los libros y folletos, el Discurso dirigido a 
la Sociedad Patriótica de Quito, publicación que suponíamos 
ser la hecha en Bogotá en 1789 y no la que apareció en Quito 
en 1792. 

Ahora podemos comunicar al amigo lector que hemos en- 
contrado una prueba decisiva que confirma plenamente nuestra 
anterior suposición. 

En el tomo iii de los Anales de la Universidad de Quito se 
halla reproducido el Discurso de Espejo, precedido de esta pre- 
sentación elogiosa para el patriota quiteño:. 

<rHay escritos que no perecen jamás y que tienen oportunidad 
cada vez que se los leproduce; uno de éstos es el Discurso del 
doctor Eugenio Espejo, miembro y honra de esta Universidad 
Central. 

«Las ideas avanzadas de Espejo; los principios económicos to- 
davía desconocidos en Quito; esa vista general que todo lo abarca; 
esa generalidad de miras; esa perspicacia que se revela en el Dis- 
curso asombra a los que sabemos cuál era el estado de aislamiento, 
atraso y opresión en que yacía Quito en aquella época luctuosa en 
que la inercia y casi la imbecilidad del Monarca español y la se- 
nectud de la vasta Monarquía que había caído de su antiguo es- 
plendor pesaban sobre las colonias como una losa de mármol 
negro sobre un sepulcro. 

«Espejo es en Quito lo que el Padre Mariana fue en España, 
genio superior a su siglo, talento gigante capaz de levantar un 
pueblo, una generación, un nuevo sistema filosófico y político en 
sus hombros y colocarlo sobre el nivel de las generaciones sus 
contemporáneas: por eso la Providencia le concedió la gloria de 
iniciar él primero entre todos los americanos, la idea de indepen- 
dencia y la de libertad, conservando la cruz sin la que no puede 
conseguirse la primera ni vale para nada la segunda. 

«Hoy, pues, que tanto necesitamos de la concordia como ele- 
mento de progreso; hoy que el millón de ecuatorianos debe traba- 
jar como un solo hombre para que empiece la vida de la verdadera 
República; hoy que el vapor y la electricidad han puesto al Viejo 
Mundo, lleno de sabiduría y conocimientos útiles, tan cerca de 
nosotros que podemos escuchar sus lecciones y mirar de hiloen 



UN LIBRO DE ESPEJO 239 



hilo sus continuos descubrimientos, la voz de Espejo pueda quizá 
ser el fluido galvánico que sacuda los miembros ateridos de los 
ecuatorianos y los saque de ese pantano que paraliza todas las 
fuerzas, enerva todas las inteligencias y corrompe todos los corazo- 
nes. Busquemos unidos el adelanto social, y Dios moralizará nues- 
tras costumbres; bendecirá nuestros trabajos; despejará nuestras 
mentes y la Universidad de Quito será el punto de partida de la 
ciencia, de los conocimientos útiles y del verdadero progreso» (i). 

Las palabras transcritas, asi como la reproducción del Dis- 
curso, atribuímos al actual Arzobispo de Quito, doctor Manuel 
María Pólit, entonces profesor de inglés de la Facultad de Filoso- 
fía y Letras y entusiasta colaborador de los Anales, en donde 
publicó artículos históricos interesantes como los titulados El 
Manuscrito de Faenza en la Biblioteca Nacional de Quito y Poe- 
tas ecuatorianos del siglo xviii (2). 

La reproducción de 1889 en los Anales, es como sigue: 

DISCURSO 

DEL DOCTOR DON EUGENIO ESPEJO 

dirigido a la muy ilustre y muy leal ciudad de Quito, representada 
por su ilustrísimo Cabildo, justicia y Regimiento, y a todos los se- 
ñores socios provistos a la erección de una sociedad patriótica, so- 
bre la necesidad de establecerla luego con el título de Escuela de 

la Concordia. 

Con licencia del Superior Gobierno: en Santafé de Bogotá, por don 
Antonio Espinosa. 

Señores: Al hablar de un establecimiento que tanto dignifica a 
la razón, no será mi lánguida voz la que se oiga; será aquella 
majestuosa (la vuestra digo) articulada con los acentos de la huma- 
nidad. Si es así, etc. 

La leyenda «Con licencia del Superior Gobierno, en Sartafé 
de Bogotá, por don Antonio Espinosa» prueba, evidentemente, la 
publicación del Discurso en la capital del Virreinato de la Nue- 
va Granada. 

La reproducción, en los Anales, se ha hecho usando un 
ejemplar de los editadus en Bogotá, en 1789, y no el discurso pu- 
blicado, por partes, en los números 4. 5. 6 y 7 de Las Primicias de 
la Cultura de Quito, en 1792. 

Comparadas, con prolijo esmero, las dos ediciones del Dis- 
curso, hemos notado algunas pequeñas correcciones hechas por 
Espejo en la edición quiteña. Las enmiendas del patriota ecuato- 
riano se refieren, en general, a correcciones de lenguaje. 

En la edición quiteña hay una añadidura de importancia y 



(1) Anales de la Universidad de Quito, tomo iii, año 1889, pá- 
gin a 320. 

(2) Anales de la Universidad de Quito, tomo in, páginas 6, 
408 y 492. 



240 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



.que se refiere a algo que aun en nuestros días encarna una aspi- 
ración nacional. 

Se lee en la publicación de Bogotá: « que el hombre pú- 

blic3 y el hombre privado, el rico de hacienda y el rico de talentos: 
que todo quiteño, en una palabra, corre el diseño, prepara los 
arreos, arbitra los medios, vence las dificultades, facilita los traba- 
jos, economiza los gastos, y calculando con el amor patriótico el 
buen éxito, emprende la apertura de los caminos, y en especial 
hacia el Norte para facilitarse desde muy poca distancia navegar 
en el mar del Sur.» 

La edición quiteña tiene una interesante llamada, en esta 
parte «. . . . que el hombre público y el hombre privado, el rico 
de hacienda y el rico de talentos, que todo quiteño, en una pala- 
bra corre el diseño, prepara los arreos, arbitra los medios, veiice 
las dificultades, facilita los trabajos, economiza los gastos, y calcu- 
lando con el amor patrótico el buen éxito, emprende la apertura 
de los caminos y en especial hacia el Norte, el de Malbucho [i] 
para facilitarse desde muy poca distancia navegar en el Mar del 
Sur.» 

La llamada dice lo siguiente: 

[i] «En otro de nuestros periódicos haremos la descripción de 
la apertura de este camino. Por ahora se hace necesario decir 
que está casi enteramente verificada y próxima a tocar con el em- 
barcadero que ofrece el río de Santiago. Parece que no percibimos 
todavía las ventajas que vamos a sacar de la comunicación con el 
mar y sus costas feracísimas; porque no nos atrevemos a creer que 
se haya abierto el camino hasta lo más íntimo de los bosques im- 
penetrables que era preciso vencer. Pero a pesar de estos obstácu- 
los que se juzgaoan insuperables, en especial, si se atendía a la 
miseria y pobreza que experimentamos, don José Pose Pardo, ac- 
tual Corregidor de Ibarra, va a poner glorioso fin a esta empresa. 
Su genio infatigable, su constancia, celo y honor han constituido 
el manantial y fondo de riquezas, que ha gastado en las distribu- 
ciones diarias de los trabajadores. Con tan preciosas virtudes se ha 
hecho acreedor a la gratitud de la Patria. Ella levantará a su tiem- 
po su voz enérgica para aceptar sus servicios; y ella misma canton- 
ees sellará los labios de la malignidad insensata, que ha propendi- 
do unas veces a difundir el mérito de don José Pose, otras veces a 
esparcir noticias funestas de la imposibilidad de la apertura, siem- 
pre a impedir que se verifique ésta; porque las almas bajas ponen 
su gloria en las desdichas de la Patria, y quieren sacar sus triunfos 
del abatimiento y ruina de sus semejantes» (i). 

¡Admirables, proféticas palabras, que resuenan trágicamente 
a más de cien años de haber sido escritas! 

Para que se tenga una idea de las variantes que hay en las 
ediciones del Discurso, copiamos una de las dos alteraciones prin- 
cipales: 



(1) Escritos de Espejo,tomo i, página 91. 



UN LIBRO DE ESPEJO 



241 



EDICIOK DB BOGOTÁ 

«¡Feliz yo si con mi celo ar- 
diente soy capaz de sacrificarle 
mis débiles esfuerzos! ¡Si el 
órgano de mis labios es el pre- 
cursor de sus obras! ¡Ah! pero 
yo estoy muy lejos: las inmen- 
sas cordilleras me separan de 
vuestra vista, señores, vivo 
233 leguas de distancia y así 
me contento con pediros. De 
otra manera, estando a vuestra 
presencia, esto es, bajo vues- 
tra protección y favor, os man- 
dariajl valientemente. 



EDICIÓN DE QUITO 

«¡Feliz yo si con mi celo ar- 
diente soy capaz de sacrificarle 
mis débiles esfuerzos! ¡Si el 
órgano de mis labios es el pre- 
cursor de sus obras! Si mi Pa- 
tria recibe mis ansias, si acep- 
ta mis ruegos, si premia el 
aliento de mi palabra, con las 
operaciones de sus manos in- 
dustriosas. Si respira el aura 
vital de la generosidad y el ho- 
nor ¡ah! pero, señores, yo 

estoy a enorme distancia de 
vuestro suelo, una cadena de 
inmensas cordilleras me separa 
de vuestra vista. Habito, seño- 
res, aunque de paso, un clima 
frío, término boreal y distante 
3 grados 58 minutos de la linea 
equinoccial, bajo la que tuve 
la dicha de nacer, y asi me 
contento con pediros; de otra 
manera, estando a vuestra pre- 
sencia, esto es, bajo vuestra 
protección y saber, os man- 
daría valientemente. 

Por referencias del mismo Espejo sabemos que su buen amigo, 
el ilustre Marqués de Selva Alegre, don Juan Pío Montúfar y 
Larrea, que entonces se hallaba también en Bogotá, «le estimuló a 
escribir y le determinó a dar a luz el referido discurso, ofreciendo 
poner todos los medios necesarios para obtener la licencia de su 
impresión, y costearla con liberalidad» (i). 

El noble procer cumplió gentilmente con la promesa hecha a 
su íntimo amigo, el patriota Espejo, y la prosa ferviente del escri- 
tor quiteño pudo ser leída por los habitantes de Bogotá antes que 
sus paisanos. 

No estará por demás el dar algunas noticias acercado Antonio 
Espinosa, el impresor del Discurso en Santafé de Bogotá. 

La imprenta se introdujo en Bogotá a fines del año de 1737. 
El primer taller funcionó unos tres o cuatro años a cargo de un 
padre jesuíta Pérez o Peña, y luego parece que se clausuró por 
orden del Rey (2). 



(1) Escritos de Espejo, tomo i, página 97. 

(2) Eduardo Posada. Biblic^raíía Bogotana, tomo i. Bogotá, 
1910, página vi. 

XTV— 16 



242 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



La Última obra publicada en esa imprenta, en 1742, fue la 
Novena de María Santísima de la Lumbre, y desde entonces no 
aparece ninguna publicación, suponiéndose que el taller tipográfi- 
co se arrinconó en el edificio de San Bartolomé. 

Expulsados los jesuítas el año de 1767, la imprenta pasó a 
ser de temporalidades, como todos los bienes de los jesuítas. 

En el año de 1777 vuelve a aparecer la imprenta en Santafé. 

Residía en Cartagena el tipógrafo Antonio Espinosa de los 
Monteros, y allí había publicado pequeñas obras. El Virrey Manuel 
Antonio Flórez conoció al tipógrafo Espinosa y lo llevó a la capi- 
tal. El modesto artesano se trasladó haciendo conducir una prensa 
y algunos elementos para instalar su pequeño taller. 

La llegada de Espinosa de los Monteros a Santafé debió veri- 
ficarse el año de 1777, según razonada opinión del erudito Eduar- 
do Posada, a quien principalmente seguimos en estas notas. 

El taller de Espinosa era tan pobre que, para completarlo, se 
hizo una colecta para adquirir los útiles de la antigua imprenta de 
los jesuítas. Como lo reconocen los escritores colombianos, fue 
Monseñor González Suárez el primero que publicó la lista de los 
contribuyentes, en su obra de 1888, «Memoria histórica sobre 
Mutis» (i). 

El afán de completar el taller sólo pudo realizarse en el año 
de 1781, época en que Antonio Espinosa de los Monteros compró 
los útiles de la imprenta de los jesuítas. ■ 

Hemos de juzgar que el taller de \(js jesuítas — cuando la ex- 
pulsión — no pasó íntegramente a poder del Gobierno. De otro 
modo no se comprendería porqué la colecta a que antes nos refe- 
rimos fue iniciada por el mismo Virrey Flórez, quien se suscribió 
con 200 pesos. 

A fines del año de 1781 O en 1782 debió llegar a Santafé la 
imprenta pedida al Rey por el Virrey Flórez, en los años 1777 y 
1778. Carlos III accedió al pedido y envió una imprenta nueva que 
había pertenecido a los jesuítas de España. En Cádiz se embarca- 
ron veinticuatro cajones de letra, en febrero de 1780. 

Por el año de 1782 se organizó definitivamente la «Imprenta 
Real,» formada por la imprenta de los jesuítas, la que llevó a San- 
tafé Antonio Espinosa y la enviada por el Rey de España. 

Se cree que la primer obra editada por la nueva imprenta fue 
el «Edicto» de 7 de agosto de 1782, del Arzobispo Virrey Antonio 
Caballero y Góngora. 

En la «Imprenta Real» debió haberse publicado el «Discurso» 
de Espejo, pues fue el único taller tipográfico que hubo en San- 
tafé, hasta el año de 1793, en que Antonio Nariño y Alvarez im- 
plantó su «Imprenta Patriótica.» 



(1) Eduardo Posada, obra citada. (Páginas 26 y 30). 

Pedro M. Ibáñez, «Crónicas de Bq?-otá.> Tomo ir. Segunda 
edición, Bogotá, 1915. (Página 3). 

González Suárez, «Memoria histórica sobre Mutis.» Primera 
edición. Quito, 1888. (Páginas 14 y 15). 



LA TRISTE AVENTURA 243 



Don Antonio Espinosa de los Monteros dirigió la «Imprenta 
Real» hasta la fecha de su muerte, que debió ocurrir a fines del 
siglo XVIII, sucediéndole, en ese cargo, su hijo y compañero de 
trabajo, Bruno Espinosa de ioí» Monteros. 

Don José Toribio Medina conjetura que Espinosa de los Mon- 
teros fue de origen gaditano (i). y Posada llega a suponer que 
pudo ser hijo del impresor de Cádiz Manuel Espinosa de los Mon- 
teros (2). 

El mismo erudito escrit ^r chileno opina que don Antonio Espi- 
nosa de loá Monteros probablemente fue el impresor que hubo en 
Nueva Valencia y que pasaría a Caitagena, «no encontrando ocupa- 
ción en aquella ciudad pobre y algo apartada de la costa,» trasla- 
dándose <con su taller a un puerto donde las necesidades del 
comercio, ya que no las producciones literarias, le proporcionasen 
trabajo suficiente para vivir ejercitando su arte (3). 

La imprenta que en Cartagena tuvo Espinosa fue tan pobre 
que apenas podía imprimir facturas, guías de embarque y otras 
piezas de análoga índole. 

Refiere Medina que en Santafé fue honrado Espinosa de los 
Monteros con el titulo de «impresor real> (4). 

Estos son los pocos datos que hemos encontrado respecto del 
impresor del «Discurso» de Espejo, en Bogotá. 



hfl CR15TE flUEnCURfl 

DE UK POETA BRASILEÑO KN BOGOTÁ EN 1830 

He tenido oportunidad de referirme, en las Academias de 
Historia y la de Estudios Diplomáticos, a la triste aventura de un 
joven brasileño, poeta y revolucionario, que murió en Bogotá 
en 1830. 

Se llamaba José da Natividade Saldanha, y el fin inglorioso 
de su desdichada vida está narrado en las «Reminiscencias» de los 
cronistas bogotanos que fueron Cordobés Moure y Juan Francisco 
Ortiz. 

Saldanha tiene un puesto marcado en el parnaso brasileño. 
Su obra poética, su papel en !a literatura, están referidos por todos 
los maestros de la crítica y de la historia literaria en el Brasil, como 
Sylvio Romero, autor de este portentoso monumento, que es la 
«Historia da Litteratura brasileira»; Joseph Verissimo, el crítico 
didata; Tristan de Araripe Júnior, el crítico esteta, y otros insignes 
maestros, como Coelho Netto, Ronald de Carvalho, y cien más. 



(l)J. T. Medina, «La imprenta en Cartagena de las Indias.» 
Santiago de Chile, 1904. (Páginas m y vxn). 

i,2) Eduardo Posada, obra citada. (Página 29). 

(3)/. T. Medina, obra citada. (Páginas vi y vii). 

(4) /. T. Medina, <La imprenta en Bogotá.» Santiago de Chile, 
1904. (Página xiv;. 



244 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



Definitivamente está establecida la gloria de Saldanha en 
aquella faz de los orígenes del siglo pasado, en que la literatura, 
acompafíando la política, rompe los grillos que aún le tenían las 
muñecas encadenadas a los modelos coloniales, de inspiración 
lisboeta y conimbrense. 

Saldanha toma las réplicas del arcadismo y se inspira en Ana- 
xreonte, y Horacio, y Virgilio, y Homero. Pero en paisajes ador- 
nados por la mitología griega, pone ninfas del Mondego, un río 
portugués, y hayas del Beberibe, de su tierra pernambucana. 

Para todos sus amantes invoca las imágenes de Romeo y Ju- 
lieta, Tristán e Isolda, Pablo y Virginia, Eloísa y Abelardo. Las 
figuras inmensas de la raza, como el Gama, piden en sus versos el 
tridente de Neptuno. Los héroes nacionales de la guerra holandesa 
encuentran pares en Héctor y en Marte. 

Pero se siente el alma brasileña latir intensamente en aquellas 
ingenuas glorificaciones, y principalmente se conoce la embriaga- 
-dora savia lírica de nuestros apasionados cantores de los trópicos. 

Aunque aprisionado en la forma clásica y en la inspiración 
■mitológica, es fácil descubrir en el joven poeta los impulsos pri- 
meros de su corazón y las facultades de su estetismo. 

Su agitada vida, su mala fortuna, no le permitieron un vuelo 
más alto, pero su obra, sin sublimidades de genio, quedó señalan- 
do una figura original, palpitante de sentimiento y amor, suave y 
soñadora, 

Saldanha en 1824 se comprometió en una revolución republi- 
cana que fue fácilmente dominada por el primer imperio, aventura 
frustrada, como la anterior, de 181 7, cuyo teatro también había 
sido la ciudad de Recife, llamada la Venecia brasileña, cuna del 
poeta. 

Condenado a muerte, como sus compañeros, Saldanha consi- 
gue escapar al verdugo, y sale a peregrinar por el mundo, bus- 
cando, en las amarguras del destierro, un rincón hospitalario y 
generoso. 

El destino lo conduce hacia «la belle au bois dormant,» usan- 
do la galante y exacta expresión del Marqués de Fontanay. Sal- 
danha vence los obstáculos que cercan a la bella, y la conquista 
y por ella es conquistado. Bogotá lo hechizaba, a él, humanista y 
poeta, amante del ritmo y de la belleza, esclavo de la generosidad 
y de la ternura. 

En Bogotá se aficionó a algunos jóvenes del Parnacillo, que 
adoraban un credo poético perfectamente idéntico al suyo. En 
1830 murió de manera ingloriosa. 

Cordobés Moure levanta el velo de un drama, que sin em- 
bargo no está probado; pero hace creer en el asesinato de Saldan- 
ha. «¿Chi lo sa?> En verdad bien podría alguna aventura sentimen- 
tal haberles, a la víctima y victimario, turbado la cabeza. 

Ortiz dice con razón que la vida del joven brasileño parecía 
una novela. Pero los datos de Ortiz no siempre consultan la ver- 
dad. Algunos son exagerados, fantasía del cronista o del poeta. 



LA TRISTE AVENTURA 245 



no puedo decidir. Un terremoto en Pernambuco es claramente una 
equivocación. 

Recientemente el ilustre historiador doctor Eduardo Posada 
ha recogido nuevos detalles interesantes y ayudó el Ministro bra- 
sileño Ferreira da Costa a reunir datos para un libro sobre la vida 
y obra del poeta. 

Los diplomáticos brasileños que venimos a Bogotá no pode- 
mos dejar de curiosear en torno del epílogo de esta novela vivida 
y sufrida. 

Y por eso aquí vengo en cariñoso empeño a solicitar de los 
intelectuales colombianos nuevos elementos sobre la existencia 
malograda del vate errante. 

Revolucionario y peregrino, Saldanha nunca dejó de ser fun- 
damentalmente un poeta. El lo ha dicho: «Soy poeta y lo seré 
hasta la muerte.» Era sobre todo un visionario. Para él cuadraba 
el verso de Roscand: «le métier de poete est un métier de dupe...> 

Amaba con ternura. Amaba la patria. Amaba la raza. Amaba 
la mujer. Su obra está llena de gemidos de amor. Aquí, llora la 
leyenda trágica de doña Inés de Castro, «que después de ser muer- 
ta fue reina.» En otro poema derrama toda la pasión por Marcía, 
la musa inspiradora, de quien él celebraba los ojos azules, la tren- 
za rubia, la boca «por Venus envidiada — donde habitan mil candi- 
dos amores,» y los brazos «prisión de los amantes,» y los senos 
«globos de nieve. ...» 

Y descuellan en sus rimas las figuras, esculpidas en el bronce 
de la Historia, de un Viriato, un Gama, un Alburquerque, y lo5 
héroes que escribieron, en los campos de batalla de Guararapes, 
la simbólica síntesis étnica de la nacionalidad brasileña, en la 
primera mitad del siglo xvii. 

A los amigos dirige siempre una rima cariñosa. Por eso me 
figuro el punzante dolor que le impuso el destierro, el que cierta 
vez exclamara: 

Lejos de la Patria, de los amigos lejos, 
¿Qué Tale la vida? 

Én su sepulcro, si perdidas no estuviesen sus cenizas, podría 
grabarse el epitafio que él mismo trazara en Pernambuco: 

Sobre la losa léase: Aquí, Pastores, 
Josino está, Pastor desventurado; 
Murió de ingratitud, murió de amores! 

Como muestra de su eftro transcribo un soneto traducido al 
castellano por Juan Francisco Ortiz: 

MI SUERTE 



Cuando pienso que al hado riguroso 
de tanto perseguirme ya se cansa, 
cuando pienso que sábita bonanza 
sucede al huracán tempestuoso; 



< 



246 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



En nuevo abismo, en caos tenebroso 
va a naufragar mi débil esperanza, 
contra sirtes navífragas se lanza 
y el mar devora mi bajel medroso, 

¿Qué más puedo esperar? Cual leve pino, 
fwr la fuerte corriente arrebatado, 
de roca en roca* en raudo torbellino, 

De desgracia en desgracia despeñado, 
seguiré los caprichos del destino 
hasta ser como él despedazado. 

Señalaré desde ahora que en mis pesquisas ya encontré, en 
un «bouquiniste» de Bogotá, un ejemplar desfigurado y carcomido 
de la primera edición de las poesías de Sáldanha. Y cu torno de 
ese hallazgo escribí una comunicación a la Academia Brasileña de 
Letras. 

Y queda aquí mi solicitud a quienes conozcan detalles de este 
suave y doloroso romance, que descuella una tan novelesca figura 
de bohemio y visionario, animado de tanto ensueño y nobleza. 

Argku Guimarabs 



hfl mUERTE DE SflbDflnSfl 

Es frecuente leer, y nosotros también incurrimos alguna vez en 
la aseveración de ese error, que el poeta José Natividad Sáldanha, 
oriundo del Brasil y muerto en Colombia, tuvo su desceso en Bogo- 
tá. El fin de Sáldanha ocurrió en Cali, de manera trágica, nada, 
menos que fusilado por sus comprometimientos en la rebelión en- 
cabezada por el General Urdaneta. 

A principios de 1831, después del triunfo que el General Oban- 
do obtuvo en la llanura del Papayal a las goteras del Palmira, 
contra el dictatorial Mugüerza, fueron pasados por las armas en 
Cali, de orden del Jefe vencedor, cuatro de los prisioneros, entre 
ellos el poeta brasileño. Así lo hace constar muy claro el mismo 
General Obando en los «Apuntamientos para la Historia.» 

A Cali pues le cupo la triste suerte de guardar los despojos del 
infortunado vate. Ellos, por las circunstancias de la tragedia, de 
seguro carecieron de una cruz u otra señal que los determinara, y 
ese polvo, cumpliendo las leyes a que se halla sujeta la materia, 
desapareció pata que sus átomos se transformasen o mudasen de 
naturaleza. Si hubiéramos de poetizar, diríamos que" la carne que 
albergó el alma sensible y delicada de Sáldanha trocóse en flores 
de las que perfuman nuestros jardines o en mariposas que buscan 
el polen de esas mismas flores. 

Gustavo Arboleda 



PROCERES GRANADINOS 247 



PROCERES GRflnflDinOS 

COMANDANTE JOAQUÍN TORRES 

Este hijo de Bogotá, que tuvo por padres a Joaquín Torres y 
a Bárbara Amaya, comenzó el servicio de las armas patriotas en 
1813, en calidad de aspirante. 

Estuvo en la rota de Cachiri, el 22 de febrero de i8r6, cuando 
la Torre y Calzada, destruyendo al doctor García Roviria, some- 
tieron la Nueva Granada al poder implacable de don Pablo Morillo. 

Salió por Casanare a las rudas campañas del Apure; se halló 
en Carabobo del 21; en la pacificación de Coro, y en el Zuiia con 
el terrible combatiente Francisco Tomás Morales. 

El 7 de abril del 23 se unió en Maracaibo con Francisca Josefa 
de la Guerra, hija de Pedro María de la Guerra y María Concep- 
ción Vidal, naturales de allí. 

Luego estuvo en varias guarniciones de Venezuela. De Cuma- 
ná salió en su batallón, siendo Capitán, en motivo de los trastornos 
del Perú. Pero vencedor Sucre en el Pórtete de Tarquí, el 2"] de 
febrero del 29, se quedó en Tunja. • 

De regreso a Maracaibo por Ríohacha se pronunció en ésta 
el 14 de febrero de 1830, junto con los demás Oficiales del "Boya- 
cá," contra e! mando de Bolívar y la unidad de la República. 

Que si en los años de 1813 hasta el 26 la dictadura boliviana y 
la Gran Colombia fueron necesidades imperantes, desde el punto 
mismo en que terminó la guerra de independencia dejaron de 
serlo, paxa convertirse en uaa inquietante amenaza contra la li- 
bertad y la autonomía de los antig-uos pueblos colombianos. 

Y por más que la firma del Comandante Torres, estampada en 
el acta del desconocimiento respondiese a un clamor que luego 
se hizo general, tiene la censura de la historia, porque en su ca- 
rácter de militar no podía mezclarse en asuntos políticos., 

A poco se encontró en la frontera del Táchira bajo el mando 
del General Santiago Marino, quien le mandó al Zulia, como zu- 
liano de adopción que era, con la nueva de los acaecimientos fa« 
vorables a Venezuela, 

En Maracaibo continuó sus servicios militares a la República. 
En 1847 el Gobierno Nacional lo pensionó por su invalidez. Mu- 
rió el 22 de febrero del siguiente 49, y la viuda alcanzó ser ampa- 
rada en su pobreza y ancianidad con una pensión que se le acordó 
en 185b (i). 

Tales los servicios en la causa de la Independencia de este bo- 
gotano, que unido a una maracaibera terminó su vida en la ciudad 
ardorosa de Us palmas. — Caracas 1922. 

Vicente Dávila 



(1) Montepío militar del segundo Comandante Joaquín Torres, 
ArchiTO Nación al . 



248 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 

DOCUíDEnCOS DEL SIChO X\7I (1) 

GOBERNACIÓN DE SANTA MARTA 

Carta del Cabildo de Santa Marta al Emperador en que mani- 
fiesta, salieron de allí muchos vecinos a poblar y estando en Bogotá, 
en donde hay mucha riqueza y piedras, estando sosteniendo dicha 
ciudad, piden que la misma quede dentro de los límites de la Go- 
bernación de Santa Marta. Santa Marta a 28 de julio 1539. 
La ciudad o Ayuntamiento de Santa Marta a 28 de julio. S. C. C. M. 

El Consejo Justicias y Regimiento de la ciudad de Santa Mar- 
ta vesamos los muy rreales pies y manos de V. S. M*. y dezimos 
que ya V. M. sabe por rrelaciony cartas que esta cibdad aescripto 
como a tres años quel adelantado don Pedro de Lugo Gouernador 
que fue en esta cibdad por Vuestra Magestad embió cierta gente 
por tierra de pie e a cauallo y también ciertos vergantines por el 
rrio grande en descubrimiento de la mar del sur o de tierra que 
fuese rica y en todo este tiempo nunca se a savydo nuevas de la 
dicha gente sy no fue quando los dichos vergantines se bolbieron a 
esta cibdad desbaratado^ que dieron nueba como la dicha gente 
que yban por tierra habian pasado adelante y que yban buenos y 
en estar tanto tiempo esperando la dicha gente o nueba della los 
vecinos y pobladores de esta cibdad an pasado mucho trabajo y 
necesidad ansy de hambre como de trabajos de sus personas por es- 
tar esta tierra como ha estado y esta de guerra y por otras muchas 
bias en sostener esta cibdad e puerto hasta que dellos se supiese 
nuebas y Vuestra Magestad prouellase en lo que fuese seruido so- 
bre ello como buenos y leal es vasallos de Vuestra Magestad lo de- 
vian hazer y agora ha sido nuestro señor seruido de en remunera- 
ción dellos dar buenas nuebas de como la dicha gente habia 
aportado y estaba poblada en una Provincia que sedizeBocotaque 
es muy rica de oro e piedras e otras cosas y la gente estaba rica y 
habia habido buenas partes de oro e piedras que entre ellos repartie- 
ron sin aver atención a los vecinos y pobladores que en esta cibdad 
avian quedado para la guarda y defensa della syendo esta ciudad 
como es puerto e cabe9a de esta Gouernacion en lo qual an sydo 
agrauiados suplicamos a Vuestra Magestad que pues fuera razón 
quel licenciado Ximenez General que hera se acordara de nosotros 
y nos diera algunas partes por manera que no reciñamos agrauio 
en tanta cantidad y después de hallada la tierra muy rrica d^ Bo- 
cota procuraron de poblar en ella y hazer pueblo y estando pobla- 
dos dos años y medio abia vino aportar alli un Benalca9ar Capitán 
de Pigarro que bynia de la parte del Piru con gente y dende a 
ocho dias que hera llegado a donde la gente desta ciudad estaua 
ansy mismo tuvieron noticia que yba un Fedreman Capitán de 
de Bene^uela también con gente y juntos todos tres capitanes en 
aquella tierra plugo a nuestro Señor de poner entre ellos tanta paz 



(1) Enviados de Sevilla por el señor Erneito Restrepo. 



DOCUMENTÓOS DKL SIGLO XVI 249 



e concordia que todos ttres de uaa conformidad acordaron que la 
gente de Benalcazar y la de Fedreman que era de Bene9uela 
quedase debaxo de la Governacion de esta ciudad y en el mando 
della porque en la verdad bieron que era esta Governacion y per- 
tenescia a ella e que ellos dos con el licenciado Ximenez que era 
General por el adelantado fue a ynformar a Vuestra Magestad de 
lo que pasaba y a ellos les habia acaescido y ansy lo hicieron por 
obra según lo avernos sabido por cartas e por dichos de algunas 
personas que alia se hallaron y hiendo esto Gerónimo Lebrón Go- 
uemador ques al presente en esta ciudad por Vuestra Magestad 
y hiendo que esta claro que cuando jente de tres Governacio- 
nes juntas y no quedando en ellos personas que poder tenga de 
Vuestra Magestad a quien obedezcan y que habrá antre ellos ren- 
zillas y questiones sin que cada uno procurara de ser obedecido 
e mandar de donde se recrescera mucho daño y escándalo y des- 
población de la tierra que Vuestra Magestad seria desseruido y 
también hiendo y seyendo cierto que las dichas Provincias de 
Bocota están en esta Governacion y están dentro de los limites 
y términos que Vuestra Magestad tiene señalados acordó de 
embiar por cauallos y gente a la dicha ciudad de Santo Domingo 
y por otras cosas necesarias que en hiñiendo con toda brebedad 
partiese a yr a tener en paz y justicia la dicha gente y tierra 
hasta tanto que Vuestra Magestad sea seruido de probeher e 
mandar lo que a su real prouecho conbenga plega a Dios Nuestro 
Señor encamine como mas su prouecho y de Vuestra Magestad 
sea pues es asi que la dicha tierra y Probincias esta en esta Gover- 
nacion y los términos della como Vuestra Magestad lo bera. 

A Vuestra Magestad humildemente suplicamos que pues an 
seydc muchos los trabajos que los vecinos y pobladores de esta 
ciudad an pasado y pasan en su real prouecho en sostener esta 
tierra y cibdad tanto tiempo a sin aver prouecho sino mucho tra- 
bajo de hambre y pobrera y an estado con mucho riesgo de sus 
personas por causa de los enemigos ya que la gente de la tierra y 
Governacion la descubrió y pobló que Vuestra Magestad permita y 
nos haga merced de no enajenar ni dibidir las dichas Probincias 
de Bocota ni otras algunas desta Governacion pues esta dentro de 
los limites y términos que Vuestra Magestad a esta Governacion 
tiene señalado y nombrado y pues aquella tierra se descubrió e 
pobló con la gente desta Governacion y en ello todos avemos pa- 
sado y rescibido trabajos y en este oyda &. 

Ansi mismo suplicamos humildemente a Vuestra Magestad 
que pues los vecinos y pobladores de esta cibdad quedemos en 
guarda y defensa della y abemos seruido y serbimos a Vuestra 
Majestad en esta tierra de lo que nos es mandado entre tanto se 
a ydo a descubrir y poblar las dichas probincias y tierra que ansy 
están pobladas y mucho tiempo antes y avemos pasado muchos 
travajos desde que esta Governacion se pobló asta agora y en el 
repartimento del oro y piedras y pueblos y otras cosas quel licen- 
ciado Ximenez hizo de lo que se hubo en la dicha entrada y Pro- 



250 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



bincia de Bocota Capitán General que hera no tuvo memoria ny 
repartió ni hizo caso de los vecinos y pobladores que quedaban 
para guarda de este pueblo ni les dio ni rrepartio ninguna cosa en 
la qual havemos resciuido notorio agrauio a Vuestra Majestad su- 
plicamos humildemente mande que seamos gratificados en algo y 
para en adelante y mande al Governador ques o fuere de aqui ade- 
lante que de lo que se halla e se hubiere e en otra cualquier parte 
nos den o señalen partes y rrepartymientos pues nos quedamos a 
guardar el pueblo e no nos dexan yr y pues lo avernos proueydo 
e merescido en esta tierra mucho tiempo a porque a no quedar 
gente en la ciudad se despoblarla e no se podría poblar ny servirse 
de por aqui aquellas provincias en todo lo qual recibiremos muy 
señalados y crecidos servicios mercedes como siempre las avemos 
recibido al presente no se ofrece otra cosa que hacer saver a Vues- 
tra Magestad porque creemos que de todo Vuestra Magestad sera 
ynformado de personas que se hallaron presentes a todo que darán 
muy entera relación guarde y prospere Nuestro Señor la muy real 
persona de Vuestra Magestad por muchos y muy largos tiempos 
con acrecentamiento de muchos mas reynos y señoríos como para 
Su Magestad es deseado desta su ciudad de Santa Marta a xx días 
de julio de 1539 año do quedamos por muy ciertos y leales valía- 
nos de Vuestra Magestad que sus muy reales pies y manos bsan 
Gonzalo Pérez Alcalde (rubricado) Diego Sandrer (rubricado) 
Juan Siruendo (rubricado) Juan Ortlz de Qarate (rubricado). Por 
mandado de los dichos Alcalde y Regidores Francisco Gutiérrez 
escribano público rubricado. (Carpetilla: la ciudad de Santa Marta 
28 de jullio de 1539 años vista y hase de guardar para platicar 
cuando se provea Governador para la Nueva Granada.) (1). 



EXPLORACIONES EN EL DARIEN 

Carta de Cristoval de la Covilla a Su Magestad. Participa ha- 
ber salido Alonso de Heredla de descubrir y poblar por el río del 
Darien y por tierra el adelantado Lugo para poblar las minas que 
Badillo había descubierto. 

Cartagen 20 agosto 1541. 



Pocos dias escrivi a Vuestra Magestad dlziendo como la gente 
que iva con Alonso de Heredla a la entrada se al9o con un Capi- 
tán que se dice Andrés Qapata, y el adelantado Lugo que vino fue 
en seguimiento deellos y topólos veynte leguas de Mopox que se 
volvían a la tierra de paz porque no hallaron camino por las mon- 
tañas como eran mo9os que cada uno hazla lo que quería el adelan- 



(l)ArchÍTo de Indias. Sevilla. Estante 2, cajón 2, legajo 3, 18, 
número 16. 



DOCUMENTOS DEL SIGLO XVI 251 



tado prendió Qapata y otros seyssiniien9iu a Qapataa descuartizar y 
a otros dos a horcar y a los otros a las galeras los dos otros fulleron 
de la pensión el uno estava sentenciado a horcar y el otro a cien 390- 
tes bueltos aprenderraando se artar la sentencia decia si el ahorcado 
al cocer vendiéronse todos los vienes dellos condenados en ellos 
para la Cámara de V. M. con la gente enbio un Capitán suyo en 
descubrimiento de oca que si tiene por gran cosa a Qapata y a otro 
que se dezia para corvo que queriendo lo ahorcar provo ssr frayle 
enviava presos a Cartagena embio un barco por el rio grande y en 
la costa de los caribes saliendo un dia a almorzar la gente se apar- 
taron un poco por el cabuco y quebrada la horca fuyeron en tierra 
que si Dios no les prouveyo de remedio de ellos fueron manjar de 
los yndios al de Eredia va con quatro o cienco vergantines a des- 
cubrimientos por el rio dol Darien y el Adelantado dice que irá por 
tierra a poblar las minas que Vadillo descilbio. 

El oro que esta en la la caxa de Vuestra Magestad que esta 
en Mopox pesan (roto) y halláronse ocho mili y tantos pesos de 
oro baxo y cinco mil y tantos de fino destos queremos pagar al 
Adelantado lo que al9are de la libranza de V. M. por que Vuestra 
Magestad no pague tantos cambios por año nuestro señor la vida 
de la ymperial persona de Vuestra Magestad guarde y por largos 
tiempos acrecenté con mayores ymperios y señorios de Cartagena a 
20 de agosto de 1541. S. C. C. M. Humilde siervo y criado de 
Vuestra Magestad que los sacros pies de Vuestra Magestad mil! ve- 
zes bsa. Cristoval de Plato Vila (rubricado). 

La carpetilla dice lo siguiente: Ala S. C. C M. del Emperador 
y Rey Nuestro Señor en el su muy alto Consejo de las Yndias a 
Su Magestad. Cartajena de Cristoval de Tovilla. 1541 (i). 



PIZARRO Y BELALCAZAR 

Carta del Li9en9iado Cepeda a Su Magestad: da cuenta como 
leal vasallo de los servicios hechos y sucesos acaecidos después de 
la derrota que tuvieron con Pizarro y los buenos sucesos habidos 
con D. Sebastián de Belalcázar, quien lo casó con una de sus hijas, 
con breve relación lo más importante. 

Cali, 22 de octubre de 1549. 



Sacra Católica Cesárea Magestad. 

Porque como leal vasallo de Nuestra Magestad soy obligado 
a dar quenta de lo que en su rreal serui9¡o e hecho y hago la daré 
por esta, en breve, sabrá Vuestra Magestad que a diez y seys años 
que ando enpleado en su rreal servicio y según mi voluntad y deseo 



(1) Archivo de Indias, Sevilla. Estante 1, cajón 1, leg^ajo 127, 
12, 16. 



252 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



me pares^e an sido ñoras puesto que no en los trabajos que an 
sydo muy es9esivos espe9ial el que paíe y pasamos los que noa ha- 
llamos en la batalla que el Virrey de Vuestra Magestad que sancta 
gloria aya dio a Gonzalo Fi^arro e sus se9ases a do fuimos desba- 
ratados e destruidos que esta desgracia que Dios fue servido darnos 
por nuestros pecados tuvo e a tenido muchos términos de trabajos 
espacial para los buenos e leales vasallos de Vuestra Magestad e 
después acá me e empleado en el real servicio de Vuestra Magestad 
en todo lo que se ha ofres9ido como lo haré hasta que muera e 
despnes de acabadas las rebulu9iones que era ya tiempo tractar de 
alegrias el Adelantado don Sebastian de Belalca9ar General de Vues- 
tra Magestad tuvo por bien de casarme con una hija suya porcabsas 
que le movieron que para tener espirien9ia de ellas a avidb buen 
aparejo en el tiempo que en el rreal servi9io de Vuestra Magestad 
avemos andado e pares9iendole a el e a mi se nos pasava el tiempo 
sin en el hacer fruto señalado en abmento de la corona rreal me 
mando fuese a poblar una provincia anexa e cercana a esta que se 
dice el Choco que esta a los nas9imientos del rrio Darien que de 
largo tienpo se tiene muy gran notÍ9Íaíueronla a ver 9ierlos hidalgos 
desbarataron los yndios salieron muchos dellos heridos lleváronse 
uno de ellos bibo llevare en el rreal servicio de Vuestra Magestad 
9erca de dozientos honbres y setenta cavalios y dos mili caves9as de 
ganado ase gastado mucha suma de pesos de oro a cabsa del mu- 
chos valor que an tenido los cavalios que an costado a tresyientos e 
a cuatro9ientos pesosas e gastado lo que teniamos e de nuestros ami- 
gos e demás deso quedo adebdado e deshecho de todas mis piopie 
dadesdolo tod por bien enpleado por ser hecho e gastado en el rreal 
servicio de Vuestra Magestad el qual espero yo en la divigna Ma- 
gestad se hará y muy grande do piensos er gratificado de la rreal 
mano de Vuestra Magestad de los unos travajos y de los otros del 
sus9eso de lo qual avisare largo a Vuestra Magestad como soy 
obligado partiré con el ayuda de Dios en seguimientos de la jorna- 
da y con todo el aparejo nes9esario del dia de la fecha de esta en 
diez días Nuestro Señor lo encamine todo en su santo servi9io y la 
sacra cesárea católica ymperial persona de Vuestra Magestad guar- 
de y prospere, en su sancto seiui9Ío con señorío del universo como 
por Vuestra Magestad es deseado desta cibdad de Cali veinte y dos 
de octubre de 1549 años. De vuestra sacra cesárea católica mages- 
tad muy umill vasallo que sus inperiales pies e manos besa Her- 
nando de Qpeda (rubricado). 

En la carpetiila dice: A Su Magestad f Cali. El licd» Cepeda 
de veintidós de octubre de 1549. Popayan ia acordada para que no 
entienda en entradas. 



JIMÉNEZ DE QUESADA 

Pedimiento dado por el Fiscal Licenciado Villalovos, por el 
que se queja de los delitos que cometieron el Licenciado Ximenez 



DOCUMENTOS DEL SIGLO XVI 253 



(Gonzalo) Teniente de Gobernador que fue en el Nuevo Reino de 
Granada, y su hermano Hernán Pérez de Quesada. (No tiene fe- 
cha). 



Muy poderoso seftor. El Licenciado Villalovos vuestro Fiscal 
digo que el Licenciado Gonzalo Ximenez Teneciente de Governa- 
dor que fue en el nuevo Reino de Granada de la provincia de San- 
ta Marta por don Pero Hernández de Lugo Adelantado de Canaria 
y vuestro Governador en la dicha provincia y Hernán Pérez de 
Quesada hermano del dicho Licenciado Ximenez en el tiempo que 
estuvieren en la dicha Governacion hicieron y cometieron muchos 
y graves delitos en deservicio de Dios y de Vuestra Alteza y daño 
de los naturales de la tierra haciendo contra ellos muchos robos 
fuerzas quemas muertes y otros daños por les robar su hacienda y 
enbiando capitanes y otras personas por la tieira adentro contra 
los yndios e caciques deella que les hiciesen muchas fuer9as y da 
ños e robos por los robar como los robaron y avnque por la vues- 
tra Real Audiencia fueenbiado por Governador a aquella provincia 
Jerónimo Lebrón con vuestras provisiones Reales e aviendole re- 
cibido por tal Juez la Justicia e Regimiento de la ciudad de Velez 
de la dicha Governacion de Santa Marta Nuevo Reino de Granada 
e yendo de camino a la ciudad de Tunja de la dicha Governacion 
salió a le resistir con mano e gente armada de pie e de caballo el 
dicho Hernán Pérez de Quesada hermano del dicho Licenciado Xi- 
menez e le resistió por fuerza el dicho recibimiento y le hecho de 
la dicha Governacion e hizo e cometió al dicho Licenciado Xime- 
nez e el dicho Hernán Pérez e otras personas con su fabor muchos 
e grandes delitos en deservicio de Dios Nuestro Señor y de Vuestra 
Alteza e daño de los naturales e aun enjuria e daño de los españo- 
les como todo paresce por tres ynformaciones que presento sygna- 
das del signo de Rodrigo de Villaireal vuestro Escrivano público y 
del Concejo de la ciudad de Santa Fee del dicho nuevo Reino de 
Granada que esta comprobada por signo e firma de Alonso 
Tellez Escribano e de Cristoval de los nidos Escriuano asi mis- 
mo de Vuestra Alteza las cuales informaciones presento en 
cuanto hazen en favor de vuestro fisco ynocumas 
Comisión, pido e suplico a Vuestra Alteza mande proceder 
contra los dichos Licenciado Ximenez e Hernán 
Pérez de Quesada e los otros culpados a las mayores e mas graves 
penas en que por lo suso dicho incurrieron y executarUs en sus 
personas e bienes y de cada uno de ellos porque sea a ellos e a su 
gora otros cxemplo y juro a Dios en forma que lo suso dicho no 
digo ni pido maliciosamente salvo por que dello soy informado y 
procurar justicia que pido y las costas y vuestro real oficio im- 
ploro. 

Otrosí porque por la dicha pesquisa parece que en la dicha 
Governacion los dichos reos an usado de una argolla alemana 



254 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



contra los yndios para los roatar por que les den oro pido e suplico 
a Vuestra Alteza mande cometer al Licenciado 
Que la busque y Miguel Días e a otros jueces que con toda 
castigue y enbie. diligencia inquieran en cuyo poder esta la 
dicha argolla alemana y la saquen de podet 
de quien esta y la enbien a este vuestro Real Concejo e no consien- 
tan: que persona alguna huse de la dicha argolla ni la tenga en su 
poder so grandes penas e castigue a los que della an usado y sobre 
todo pido justicia. (Hay una rúbrica) (i). 



flPOSTlbhflS 

En reciente articulo, publicado en las «Anales Políticos y Li- 
terarios,» de París, habla Flammarion sobre el calendario, y men- 
ciona allí, como es natural, la división del tiempo que se hizo en 
los días de la Revolución Francesa. Hace notar el célebre astrónomo 
que aquel almanaque era muy bello, pero no podía ser universal, 
pues las denominaciones de los meses no correspondían a todas 
las zonas. En realidad lo que es nivoso y frimoso en algunas latitu- 
des es época de calores y de cielo azul en otras. Los convencio- 
nistas franceses obraron con elocuencia y arte al bautizar las doce 
partes del año, pero les fallaron conocimientos científicos. Igno- 
raban ellos o lo olvidaron, si lo sabían, que entre los trópicos no 
hay estaciones, y que en las tierras australes aquellas son opuestas 
a las de Europa. 

Es frecuente ese desconocimiento de tales hechos. No hace 
mucho vimos aquí un libro de geografía, traducido textualmente 
del francés, en el cual se decía que el Sur era el punto por donde 
marchaba el sol^ y ese libro parece que fue texto en algunos de 
nuestros colegios durante algún tiempo, o iba a tener la adopción 
oficial cuando alguien llamó sobre ello la atención. Bien dicho eso 
en la zona templada del norte, pero ya inadecuado para decirlo 
en la tórrida, donde somos anñscios o sea que damos sombra unas 
veces al norte y otras al sur. 

Un diplomático publicó hace pocos años un aviso en un pe- 
riódico de Bogotá, en el cual solicita una casa con balcones al 
sur, como cosa indispensable; aquello llamó la atención, y pocos 
se explican aquel capricho. Sufría él de reumatismo, y no sabiendo 
de estas leyes siderales, deseaba tener sol en su habitación durante 
todo el año. Aquí en verdad esos balcones no le darían más ven- 
taja sobre los que miran hacia el norte, que el de observar la Cruz 
del Sur en las nuches estrelladas. 

Zamacois, en un artículo sobre Silva, habla de nuestro 
cementerio laico, y dice lo siguiente: «Coincidencia impresio- 
nante! Casi la totalidad de aquellos suicidas — entre los cuales no 
hay ninguna mujer — se fueron en los mssesde octubre, de noviem- 



(1) Archivo de Indias. Estante 2, caójn 2. legajo 1—16 R. 34 



APOSTILLAS 255 



bre, de diciembre, de enero. . . .cual si hubiese habido una conca- 
tenación, arcana y fatal, entre la desesperación de sus almas y la 
melancolía del invierno» (i). 

Bien que los sabios franceses, que no habían viajado por estos 
mundos, cometieran este descuido, de hacer un calendario con pre- 
tensiones de universal, completamente inadecuado en otros conti- 
nentes; disculpable en el traductor de un buen texto que olvidara 
poner una nota aclaratoria al pie de la página; explicable en el dis- 
tinguido Ministro que acababa de llegar a estas alturas. Pero el 
señor Zamacois, que vivió entre nosotros algunos días, debió darse 
cuenta de que aquí no tenemos estaciones, y que esos meses, som- 
bríos y melancólicos, de que él habla, son a menudo radiantes y es- 
plendorosos entre nosotros. 



La Oficina Internacional de las Repúblicas americanas presen- 
tó al Congreso relativo al café, que se reunió Nueva York a fines 
de 1902, un interesante libro intitulado El café, su historia, cultivo, 
beneficio, etc, efe., al fin del cual hay una Bibliografía, y en ésta no 
se enumera ninguna obra sobre la materia publicada en Colombia. 

«El Diario de Costa Rica» publicó hace poco (29 de junio de 
192 i) un número, en riquísima edición, consagrado al centenario 
del cultivo del café en aquella nación. Tiene artículos en prosa y 
en verso, eruditos y amenos, que se leen con vivo deleite. Entre 
ellos hay uno sobre cBibliografía costarricense del café,» y otro so- 
bre <Bibliografía general del café,» que es el mismo del libro de 
la Oficina Internacional, con cinco adiciones. Una de éstas sí 
menciona una publicación vernácula sobre esto, la intitulada De la 
crisis del café y medios de conjurarla, por fosé María Pinto V. Ex- 
posición leída por su autor el 30 de agosto de 1920 ante el Congreso 
de cafeteros de Colombia. Como sí se han escrito aquí sobre tal ma- 
teria varios estudios, nos permitimos adicionar dicho trabajo con 
estos datos: 

«Instrucción popular sobre meteorología agrícola, y especial- 
mente sobre el añil y el café,» por Indalecio Liévano, ingeniero 
civil. Publicación del «Diario Oficial» de Bogotá, imprenta déla 
Nación, 1868, 18 páginas. 

«Tratado práctico sobre el cultivo del cafeto, por Francisco 
Ospina.» Bogotá. Imprenta de Foción Mantilla, 1872, 62 páginas. 

«Industria del café en Cundinamarca, por Luis Mejia», Bogo 
tá. Imprenta de Echeverría Hermanos, 1877, 32 páginas. 

«Memoria sobre el cultivo del cacao, del café y del té, y so- 
bre el papel que desempeñan en la higiene y alimentación de los 
pueb.'os las bebidas conocidas que emanan de estas plantas, por 



(1) Publicado en Cromos, del 1? de marzo de 1919, número 152. 



256 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



Emigdio Paiáu.» Bogotá, Imprenta de Lleras & Compañía, 1889, 
78 páginai. 

cMemoria sobre el cultivo del cafeto, por Nicolás Sáenz, pro- 
fesor en Ciencias Naturales de la Universidad Nacional, miembro 
de la Sociedad de Agricultores colombianos, etc., etc.,» 1892. Bo- 
gotá (Colombia), Imprenta de La Luz, calle 13, número 100. 56 
páginas. De ésta se hizo luego un edición más extensa. 

Entre los libros de otros países anotamos que falta el Cultivo 
del café en la costa meridional de Chiapas,por Matías Rometo, de 
la cual conocemos la tercera edición, que fue impresa en Méjico, 
Imprenta del Gobierno, en 1875; bien que sí se cita otra obra de 
dicho autor, la que lleva el título de cafe and india — rubber culture 
in México. Nueva York^ 1S98. 

Note sur divet ses varietés de café et en particulier sur les 
cafés du Brésil, par M. le General Morin, publicado en Annales de 
Conservatoire des arts et metieres en 1879. (Tomo xi, número 41). 

El Comercio del café, por H. Schofer^ publicado en Amster- 
dam en 1868 y traducido del alemán por Diego Bautista Urba- 
neja. Tiene de curioso este trabajo que a Colombia, hoy segundo 
país productor del precioso grano, no lo menciona para nada. Y 
Cultivo del café o sea Manual teórico-pf áctico sobr e el beneñcio de 
este] fruté , por F. J. Mádriz, París 1869. El autor es venezolano, y 
fue escrita esta guía para sus compatriotas. 

La Enciclopedia Espasa trae una lista bibliográfica en la pa- 
labra café. Ninguna de las obras que hemos citado está allí men- 
cionada. 

E. Pesada 



PROPOSICIOn 

(19 de diciembre; 

La Academia Nacional de Historia de Colombia presenta su 
sincera condolencia a la Sociedad de Americanistas de Paris por la 
muerte de su ilustre Presidente, M. H. Vignau, y rinde su home- 
naje de admiración y respeto a la memoria de este sabio historia- 
dor de Colón, y autor de otras bellas obras de historia americana. 



boletín 



Año XIV-N.' 161 f-\l II r I I XJ Febrero: 1923 



DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 

oRGHno De íñ flcfloemifl nflcionflc oe historia 

DIRECTOR, REDACTORES, 

EDUARDO POSADA LUIS AUGUSTO CUERVO 

ROBERTO CORTÁZAR 

Bogotá— República de Colombia 



DISCURSO 

PRONUNCIADO EN LA SESIÓN DEL 12 DE OCTUBRE DE I922 

Señor Presidente de la Academia, señores académicos, señores, 
señoras: 

Tiene un sentido profundo y subyugador aquella costumbre 
que las viejas dinastías establecieron y que va muriendo con ellas. 
De tarde en tarde giran sobre sus goznes los macizos portalones 
de sus palacios y entra en olas una muchedumbre que va a turbar 
el silencio de aquellas graves galerías en donde se creó su historia, 
en donde se tejieron sus sueños y en donde se talló y se talla aún 
quizás su porvenir. Ya ha pasado por allí una y muchas veces 
aquella multitud sólo alterada por los pequeñuelos que la siguen 
como cachorros y que llenan los claros que dejó la muerte. 

Hay un secreto instinto en repetir y repetir estas peregrina- 
ciones periódicas. Es un ejercicio de resurrección, especie de in- 
mersión que, como la de los grandes buzos, saca de las quietas 
aguas de los hondos abismos la faceta maravillosa que es en la su- 
perficie aguijón para la lucha, orientación hacia la meta y aviso y 
consuelo para los errores que se trocaron en pesares. Todo pue- 
blo, toda agrupación étnica conserva aún si no sus soberanos, la 
mansión señorial donde se localiza su historia y su espíritu. Podrá 
beber allí según sus gustos; palpar la reliquia de donde surgió la 
leyenda y el ensueño; hojear el infolio que escribió el maestro; 
besar la bandera que en días de gloria se desplegó bajo sus cielos, 
y pulsar el lanzón y la armadura que fijó para siempre los lindes 
de la Patria. 

Postdam, Buckingham, Kremlin, Escorial, Versalles, sitios 
son aún que respetan, quizás a su pesar, las masas iconoclastas de 
nuestros tiempos. No hay frivolidad ni espíritu crítico que vaya a 
derrivar al gran Barbarroja, que un día caminando con sus teuto- 
nes gigantes|hacia la tierra de Cristo, se ahogó en un río sin nombre; 
pero a quien la fantasía popular guardó durante centenares de años 
en la más sombría gruta de Kyífhauser, y allí durmió con sus 
heroicos guerreros hasta el glorioso día en que del cielo de Prusia 

XTV— 17 



258 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



huyeron las águilas y huyeron las nubes. No hay espíritu antirreli- 
gioso que vaya a reírse, ni menos a odiar, a las galeras que lanzó 
a la mar el gran Felipe del Escorial en busca del calvinista o del 
sarraceno; hará tambalear en sus principios a las masas de obreros 
de nuestros sindicatos, la huella tangible del gran Corso que voló 
sobre el mundo en loco remolino agitando el estandarte de su 
egoísmo personal. No habrá rencor suficiente entre las míseras 
mujeres del bulevar que las lleve a ensañarse con la desvanecida 
zapatilla versallesca sobre lá cual paseó su coquetería y su gracia 
sin par la reina o la duquesa diminuta y voluptuosa cuyos amores 
eran tragedias, y cuyos perfumes anestesiaban la vena de sangre y 
de riqueza que sus caprichos rompía. 

La Marquesa Eulalia, risas y desvíos 
Daba a un tiempo mismo para dos rirales: 
El Vizconde rubio de los desafíos 
Y el abate joven de los madrigales. 

Ante los inmensos portalones que hoy, día de la raza, abre la 
vieja, la gloriosa, la magnífica madre España, entra en olas de 
amor, nada más que de amor, el espíritu de ochenta millones de 
seres humanos que vuela sobre los mares y sobre los continentes y 
que no tiene más que una palabra para pronunciar: ¡Madre! Se 
olvidaron los devaneos versallescos de la que un día fue espléndi- 
da y hermosa. Se olvidó su despego de los bienes terrenales que 
dejó esparcidos y abandonados a su propia suerte a los hijos de 
su sangre. Se olvidó esta dolorosa herencia, que transmitida por 
ella fue, de vivir soñando entre un mundo tan despierto, de ese 
vivir atormentado de quien quiere modelar sin ensuciar sus manos 
con la arcilla. 

Pero no se olvida que esta armonía que nos circunda eterna- 
mente es la lengua que nos enseñó; que la tierra ubérrima en don- 
de palpitan con exceso de vida formidables democracias y que se 
va poblando con los despojos de mundos enfermos, es el continen- 
te que ella descubrió mientras buscaba a los Cipangos para impo- 
nerles la cruz. No se olvida a quienes venimos a abrazarla con 
ternura, que si laureles tiene la humanidad que no se secan, son 
los cosechados en esas salidas caballerescas del señor don Alonso, 
por Flandes y por Italia y por la tierra gala, siempre tras un alto 
ideal y tras un principio del espíritu. 

Empeñó su corona avaluada al peso por el Ayuntamiento de 
Valencia, nuestra señora doña Isabel, para continuar la guerra con- 
tra la morisma y únicamente por orgullo de raza, pues la morisma 
era en España arte, tolerancia v sabiduría. Y le quedaron aún al- 
gunas joyas más que empeñar para lanzar sus naos a esa aventura 
de donde nosotros surgimos. Se enloqueció de amor aquella otra 
reina nuestra, doña Juana, mientras seguía como un espectro el 
cadáver de su hermoso Felipe. Allí donde haya pasión, allí donde 
haya arrebatos generosos encontraréis al español guerrero o a su 
poeta místico o profano o a r,u santo iluminado. 



DISCURSO 259 



Podemos pues escoger a nuestro amaño en este jardín mag- 
nifico la flor que nos parezca para glorificar con ella a la madre 
Iberia en este dia de apoteosis y de recuerdos. 

Por un altísimo honor que guarda una proporción inversa- 
mente perfecta a mis caoacidades, la honorable Academia Nacio- 
nal de Historia ha querido que yo lleve su voz, y ha dejado a mi 
elección la escogencia del tema, aumentando así la dificultad del 
mandato. 

Yo quiero implorar vuestra benevolencia, y os invito a dete- 
nernos por breves momentos delante de este cuadro vago y borroso 
que escribió España en sus colonias y que abarca un espacio de 
tiempo comprendido entre el fin de la conquista y el principio de 
la revolución. Dentro de estos límites toda la historia de América 
es un inmenso lago de olvido y de ensueño. No muy distante de 
nosotros por el tiempo, está infinitamente lejos por las nuevas mo- 
dalidades que el mundo moderno ha impreso en nuestra vida y ea 
el concepto filosófico de ella. 

Tiene para mí, y espero que timbién para vosotros, una su- 
gestión irresistible esta absoluta laxitud y abandono de generacio- 
nes y generaciones que durante los siglos xvi, xvii y xviii fueron 
inconscientemente el frío crisol en donde se iban fundiendo y mo~ 
delando estas nuevas sociedades hindohispánicas que son ya y to- 
serán cada día más, pesj denso, decisivo en el equilibrio del mun- 
do. Yes admirable que dentro de este industrialismo del día y den- 
tro depoderosas corrientes migratorias conserven intacta su savia^ 
la misma savia que les transmitió el oscuro colono español. 

Cuando se considera la manera inconmovible como se conso- 
lidó el domino de España en un tiempo relativamente corto, se 
puede juzgar que fueron masas enormes de emigrantes las que 
arrojaba la madre Patria sobre sus colonias, y que cayendo sobre 
los desiertos americanos y sobre poblaciones indígenas fisiológica- 
mente débiles, entraron desde el primer momento a dominar sin 
contrapeso y a trasplantar, por decirlo así, un buen gajo de la 
España peninsular sobre el fecundo suelo de Indias. Nada hay 
sin embargo más erróneo. Sesenta años después de terminada la 
conquista toda la población española esparcida en la inmensidad 
del continente apenas si alcanzaba a la cifra insignificante de quin- 
ce mil personas. Este fue el peso, casi justo, de la genuina semilla 
española importada en sus dos terceras partes de Andalucía y de 
las Provincias vascongadas. 

Establecidos estos emigrantes en las partes altas de las cordi- 
lleras en donde el clima benigno y los restos de la población in- 
dígena hacían más fácil su existencia, dieron principio a esa vida 
colonial quieta y apacible, reacción natural de las aventuras ago- 
viadoras de la conquista y de las inauditas turbulencias de la Eu- 
ropa que habían abandonado. No se formó con campesinas ni con 
obreros de las grandes ciudades la base de esta emigración. Eran 
comerciantes de menor cuantía que venían a las costas en donde 
el contrabando con las colonias extranjeras les enriquecía muya 



260 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



menudo en breve tiempo. Estos colonos generalmente regresaban 
a la Metrópoli. Los que no volvían, los que se despedían de la pa- 
tria con el «hasta nunca» de los héroes de Zola, eran aquellos 
rezagos de la antigua nobleza española, gentes de algún vali- 
miento e influencias en la Corte y a quienes una fácil intriga 
hacía dueñas de grandes concesiones de tierras y de yacimientos 
auríferos. Alrededor de esta clase de emigración fue como se ve- 
rificó la verdadera colonización de América. Fue ella la que con- 
solidó efectivamente la conquista española, que no habían conso- 
lidado de seguro los conquistadores, una vez que hubieran ago- 
tado en su vivir errante el oro que encontraron en manos de los 
indios y sus escasos cultivos. 

El señor español era 'otra cosa: venía. a América más que en 
busca de riqueza, en demanda de la discreta penumbra que nece- 
sitaba su orgullo de cortesano arruinado. La tierra tenía indios 
que la cultivaran, y para la mina mortífera fácilmente se compra- 
ban negros que supieran explotarla. Por pequeños que fueran los 
rendimientos así obtenidos, ellos bastaban para subvenir a las mo- 
destas necesidades. Las grandes ventajas y la razón de ser que hizo 
del feudalismo durante la Edad Media un Gobierno necesario y 
justo en sus principios, se presenta aquí claramente sin que el tiem- 
po y el espíritu del siglo xviii hubieran permitido que degenerase 
como aquél en una de las formas más odiosas de opresión y de ti- 
ranía que registra la historia. Aquí se conservó más o menos un 
equilibrio justo y razonable entre el indio que vagaba sin amparo, 
después de rota por la conquista su primitiva organización, y el 
señor que tomaba a su cargo su defensa contra los aventureros 
desalmados que lo perseguían. Rl indio aceptaba gustoso este 
principio de protección y retribuía ese amparo con sus deficientes 
servicios. Un contrato tácito de esta naturaleza fue el que asegu- 
ró a España su dominio racial en este continente: nunca como 
aquí medios tan humildes y débiles han dado frutos más gran- 
diosos. 

¿Tiene historia este señor, este colono que inconsciente y ge- 
nerosamente abría sus venas y mezclaba su sangre con las más 
humildes razas y preparaba así el imperio español del porvenir? 
Desgraciadamente no la tiene y no hay para qué esperar que pue- 
da tenerla. 

Sabemos sí que un día se arrojaba al mar desde Vigo o desde 
Cádiz llevando a su lado a la esposa joven o a la vieja esposa que 
arrastra consigo a sus polluelos. Va con ellos el pergamino que 
expurga su sangre, y el otro pergamino, el que concede la tierra 
quesera para ellos decorosa tranquilidad y ocio señoril. Nada la- 
mentan de esta vida cortesana que dejan para siempre, ni nada 
temen de esta otra nueva vida que les espera más allá del bravo 
mar en que flotan. Son los largos meses de travesía marina y es el 
escalar de la inaccesible serranía donde se asienta la solitaria 
ciudad y el portalón de piedra en donde se esculpirá el escudo. 
Pasan los años y los años: el viejo emigrante murió pero quedan 
|0S hijos y los nietos, los de la sangre pura y los de la media san- 



DISCURSO 261 



gre. La conexión con la madre Patria acabó al fin por romperse, 
V de la España de ultramar sólo alcanzan a ver al rey legendario 
y democrático accesible siempre a las míseras desavenencias de 
sus lejanos vasallos. 

No ha presenciado el mundo labor más silenciosa y más fe- 
cunda que esta labor de raza que se cumplía en América dentro 
del silencio de sus selvas lujuriosas y al amor de sus noches estre- 
lladas. Fue en la sencillez de esa vida colonial donde pudo espigar 
el más genuino espíritu democrático de que puede enorgullecerse 
la humanidad. Fenómeno en apariencia paradójico y admirable 
es éste, hijo del contacto diario del señor y del villano en la quie- 
tud de las sociedades americanas. Los fueros eran palabrería, los 
títulos eran adornos, alli donde se hacía inevitable la cooperación 
de unas clases con otras. Mientras la autoridad real se amortigua- 
ba por la distancia y el formulismo, florecía con esplendor la au- 
toridad del Ayuntamiento, en cuya composición se ejercitaba, 
tambaleándose como un niño, ese sufragio universal que ha venido 
a convertirse en fuerza fundamental de nuestras nacionalidades. 
Quizá venga de allá, de ese sentido democrárico tan profundo, la 
uente de tanta dfcdicha y turbulencia de estas repúblicas que al 
constituirse en Estados independientes no alcanzaron a separar en 
sus concepciones políticas, los principios representativos e iguali- 
tarios de los exagerados principios republicanos que debilitaban su 
nacionalidad y su acción administrativa. 

Canta el moro y duerme el árabe en esta laxitud voluptuosa 
que se prolonga por años y por siglos. E! aduar africano cae en 
América en tierra propicia. Lo veremos reproducida en esa orga- 
nización de la familia en donde impera el varón grave y silencioso 
con autoridad que no se discute. Obedece sin replicar la esposa 
sufrida a la que aisla casi por completo del mundo exterior, el celo 
oriental. No se revelará la hija lánguida y soñadora contra este ri- 
gorismo de la autoridad paternal que marchitará su juventud en 
el encierro o le impondrá el esposo que no fue llamado por su co- 
razón. La ñesta religiosa constituye su sola fiesta; el convento ve- 
cino adonde lleva sin cansarse el romero y el incienso, es el salón 
para sus gracias; la esclava de ébano será el confidente de sus amo- 
res, y para la palidez de su rostro no habrá más afeite que el 
agua, ni más lujo para su cuerpo que la muselina en ondas, ni más 
coquetería para su cabeza que la trenza que golpea y cae en dos 
como festones. Dentro de la casa hallaréis siempre el plátano y la 
palma como reminiscencia del desierto y al azulejo de Granada y 
la pila seca que bordean los jazmines. 

El misoneísmo cristiano y el fatalismo oriental bien unidos 
están en este concepto triste y resignado de la existencia. Muy 
poca cosa valdrá el esfuerzo para hacer cambiar el destino, y por 
consiguiente el esfuerzo no se hará. Cuando viene la desdicha; 
cuando la cosecha se perdió y trajo la ruina; cuando las llamas o 
los terremotos arruinaron la ciudad; cuando el deudo desapareció 
esguazando el rio sin puente o murió entre los infusorios caseros, 



262 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



entonces surge la filosofía que consuela de la imprevisión, y hace 
exclamar estoicamente: ¡Así es la vida! 

Así es la vida, y así fue sobre todo esta vida colonial que nin- 
guno de vosotros, señores y señoras, dejasteis de conocer en los 
abuelos trémulos y en la solariega casa de vuestros mayores. For- 
mas de existencia que al alejarse de nosotros con la rapidez con 
que se alejan los cometas, dejan sin embargo dentro del cosmopo- 
litismo y de la urbe magnífica de la América, efluvios y modalida- 
des que serán eternamente gracia y espíritu. 

Cuando los ochenta millones de seres que pueblan actualmen- 
te estos países hayan creado ese tipo ideal del hombre en que se 
aunen sin excluirse el músculo y el arpa, entonces se verá qué fue 
lo que aportó a la civilización este señor de la gorguera y de! es- 
padín que salió un día de Cádiz o de Vigo y que dejó gotear su 
vida y la de interminables generaciones que le siguieron en un 
abismo de olvido y de silencio. Se verá entonces cómo hay en la 
historia esas fuerzas nebulosas que aparentemente nada significan 
y que sin embargo son las nebulosas del Génesis en donde flotaba 
el espíritu de Dios, 

No quedaron los nombres pero sí la proyección de la obra de 
estos espíritus solitarios. Y eso basta. Una de las páginas que con 
más ternura empapó el sentimiento humano es aquella incorpora- 
ble que escribió Renán ante la desolación de un cementerio bre- 
tón. ¿Qué huella quedó en el mundo de los millares de seres que 
allí cayeron aniquilados por la muerte? ¿Quién recordará sus nom- 
bres ni sus pueriles inquietudes, ni sus pobres alegrías, ni sus gran- 
des dolores? Nadie. Es el olvido, el infinito olvido sin consuelo y 
sin resurrección. Y sin embargo, cada uno de ellos fue átomo, fue 
componente de formas de humanidad que florecieron o florecen 
aún. No hubo vida más oculta y oscura que la de la virgen reli- 
giosa cuya huella en el mundo es apenas comparable a la que 
deja una paloma en el aire que corta. Y sin embargo, aquella 
pobre monja fue factor en la vida monástica que tanto ayudó al des- 
arrollo del espíritu humano, y cuyo recuerdo y cuya acción no mo- 
rirán . ¡Resignarse al olvido! Así lo hicieron estos nuestros ante- 
pasados, cuya obra colectiva fue esplendorosa y eterna pero dentro 
de la cual despareció toda huella individual. 



Con un discurso académico he debido responder al mandato 
de una Academia. Sobre una página brillante de la historia de Es- 
paña he debido disertar ante este brillante auditorio. Perdonadme 
si no he podido, y quizás, quizás si no he querido hacerlo. Fiesta 
de amor es la fiesta que hoy celebramos, y yo me he dejado guiar 
de mi corazón al arrastraros hacia este dulce cuadro que tiene la 
sencillez y la discreción de los ramajes en donde se quieren los 
pájaros. ¡Pobres generaciones!, podríamos decir quizás al compa- 
rar esta intensidad de nuestra vida moderna con aquella placidez 
con que contemplaron el universo y se contemplaron a sí mismos 



INFORME 263 



aquellos maestros de la renunciación ascética. ¡Pobres generacio- 
nes!, y quién sabe cuántas veces en este vaivé i incesante de nues- 
tro corazón no hayamos vuelto a mirar con ojos melancólicos 
aquel golfo azul en donde flotó sin inquietudes el ocíj griego y ea 
escala más humilde este ocio de nuestros mayores. Cuántas veces 
agobiados por este tropel de afanes y de necesidades que nos mar- 
tirizan y nos destruyen, nos detuvimos un segundo a enjugarnos el 
sudor — ya que no hay tiempo para enjugarnos los ojos, — y com- 
prendiendo que nuestro destino es implacable, tuvimos que excla- 
mar con la dulce, con la santa filosofía colonial: «¡Así es la vida!» 

He dicho: 

Jorge Ricardo Vejarano 

m 

inFORmE 

CONCURSO DK 1 92 2 
Señor Presidente de la Academia Nacional de Historia. 

Honrados con el cargo de Jurados en el concurso relativo al 
tema fijado por la Academia en su sesión de 15 de septiembre del 
afio pasado, tenemos ante todo la pena de informaros que a pesar 
de lo atrayente y simpático de dicho tema, poco explotado en la 
historia de modo conjunto, tan sólo dos trabajos se presentaron 
sobre «La Mujer en la Independencia» . 

El primero, firmado Oriente, a pesar de que lo adornan algu- 
nos méritos como ensayo de ese orden, es tan sintético, que no 
puede competir con el segundo, firmado Martiniano Martines y 
Martin. 

La premura del tiempo nos excusa de entrar en un análisis de 
fondo de este último trabajo: apenas con el presente informe nos 
proponemos complacer a la corporación en ei sentido de que se le 
diga cuál de aquellos dos estudios merece el premio ofrecido, a fin 
de que la Academia pueda cumplir el deber reglamentario de 
otorgarlo en oportunidad, es decir, en la sesión solemne. 

Bien sabido es que quienes en esta clase de informes optan por 
conceder el premio a una monografía determinada, no están obli- 
gados a compartir todas las ideas expresadas en ella, ni tampoco 
salen garantes de la completa exactitud de todos y cada uno de los 
datos históricos que contenga. Un trabajo de escrupulosa expurga- 
ción de hechos, o de crítica histórica propiamente dicha, sería muy 
distinto de lo que se acostumbra para los efectos del caso en infor- 
mes como e! que hoy tenemos el honor de rendir a la Academia. 

Hechas estas salvedades o advertencias, nos es grato dejar 
constancia de que el trabajo mencionado ruerece tos honores del 
premio, por diversos conceptos, siendo el principal la misma exten- 
sión de la obra, que no se limita a simple recopilación de datos en 
cada partícula, sino que siempre deja, en lo principal, satisfecha la 
curiosidad del lector, siendo pues el conjunto un resultado de labo- 
riosa y prolija investigación. Tanto más apreciable es todo ello, 
cuanto que el estudio no sólo comprende a la mujer de nuestra 



264 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



patria en la independencia, sino que abarca las que se distinguie- 
ron por el mismo concepto en casi todo Hispano América. 

Siguiendo el autor las recientes normas de la Academia, apoya 
sus dichos, en la mayor parte de los casos, en respetables fuentes, 
resultando asi al fin de cada capítulo una copiosa y muy ilustrativa 
bibliografía. Son pocos los asertos en que el autor, seguramente por 
inadvertencia, no deja constancia de su erudito hábito de docu- 
mentarse, y son pocos, igualmente, los datos que aparecen sin la 
fuente respectivamente citada. 

En cambio, abonamos gustosísimos al autor la rica documen- 
tación, hasta hoy desconocida, relativa a la manera como se fue 
cumpliendo la pena de confinamiento por parte de cada una de las 
víctimas del terror en las poblaciones que les señalaban al efecto las 
autoridades españolas. Encuéntranse también en el libro que estu- 
diamos muchos nombres femeninos olvidados, o poco menos, por 
el común de los historiadores, y eso habla muy alto de la escrupu- 
losidad y patriotismo del escritor que ha gomado parte en este 
concurso. 

Creemos que las anteriores consideraciones sean suficientes 
para fundamentar el fallo que precede, favorable a la obra titulada 
«Las Mujeres en la Revolución de la Independencia,» y que se pre- 
senta con el pseudónimo Aíartiniano Martínez y Martin. 

Bogotá, octubre lo de 1922. 

Del señor Presidente atentos y seguros servidores, Arturo 
Quijano — José Joaquín Guerra — Antonio Gómez Resirepo (i). 

inFORÍDE DEh SECRETARIO 

Señores miembros de la Academia: 

Próspera y tranquila ha sido la marcha de esta corporación en 
los doce meses transcurridos después de mi anterior informe. Con 
toda exactitud se han celebrado las sesiones quincenales, y en ellas 
se han tratado asuntos de alto interés, como puede verse en lo» 
extractos de las actas que se han publicado en el Boletín. 

Feliz idea tuvieron los miembros de la Academia señores Ma- 
rroquín y Restrepo José María a! proponer que se hiciera una lec- 
tura sobre asunto histórico por algún académico, en cada una de 
nuestras reuniones. Ya han tenido lugar las de los miembrosseño- 
res Marroquín, sobre el primer obispado en nuestro país; Restrepo 
José María, sobre el caudillo de nuestras contiendas civiles fosé 
María Ardila; Restrepo Eduardo, sobre el banquero Ouvard y sus 
negociaciones en tiempo de la gran Colombia; García Ortiz, sobre 
un diario del General Santander y algún episodio relativo al asesi- 
nato de Sucre; Villaveces, sobre el personaje sahtaferefio don Pas- 
tor Losada; Monsalve, sobre los días del terror en algunas pobla- 
ciones; Vejarano, sobre la primera revolución en Venezuela y un 



(1) Abierto el sobre resultó ser el autor el académico señor José 
D. Monsalve. 



INFORME DEL SECRETARIO 265 



antiguo documento que se conserva iaédito; Pérez Sarmiento, 
sobre ei uti possidetis y la legislación española en los días de la 
conquista y de la colonia. También el señor Ministro del Brasil, 
señor Guimaraes, nos deleitó en una de las sesiones con una expo- 
sición sobre las relaciones entre el Brasil y Colombia y el modo 
como se iba a festejar en su patria el centenario de su indepen- 
dencia. 

Sesión solemne celebró la Academia para conmemorar el secu- 
lar aniversario de la batalla de Pichincha. En ella llevó la palabra el 
señor Monsalve con un relato sobre esa inmortal jornada, y el señor 
Ministro del Ecuador manifestó en elocuentes frases su agradeci- 
miento por esta conmemoración. 

Tuvo la Academia el dolor de perder en este año al académi- 
co de número señor don Manuel María Fajardo, quien colaboró 
con eficacia e inteligencia en nuestras tareas y desempeñó durante 
algún tiempo el puesto de tesorero, con laboriosidad y honradez; 
y a los socios correspondientes señores Delio Cifuentes Porras y 
Manuel Carreño, distinguidos ambos por su talento y erudición y 
que contribuyeron con acertados trabajos a las labores de la cor- 
poración. Aún no se ha notnbrado la persona que deba reemplazar 
al señor Fajardo, y conveniente sería hacerlo en alguna de las pró- 
ximas sesiones, pues hay varios miembros de alto mérito que podrían 
ser elegidos para este puesto. 

El Boletín ha aparecido con alguna dificultad a causa ael 
recargo en la imprenta, pero las entregas que han salido en estos 
meses tienen escogido material y han publicado documentos iné- 
ditos de alto aprecio y artículos de sumo interés. De las bibliote- 
cas extranjeras solicitan con ahinco nuestra revista. Pedidos cons 
tantes tenemos para los volúmenes publicados anteriormente, 
cuando falta alguno de ellos en dichos establecimientos. Se ve por 
esto el interés con que lo coleccionan y lo guardan. Muchas revis- 
tas envían con regularidad su canje a nuestro Boletín y lo citan 
frecuentemente entre las publicaciones por ellas recibidas. ^ 

De la Biblioteca de Historia Nacional aparecieron después de 
mi anterior informe, el segundo tomo de las Monografías por el 
señor ^Rufino Gutiérrez y el Sacrificio de Ricautte por el señor 
Luis Orjuela. Estos dos libros han tenido magnífica acogida, y 
tanto en el país como fuera de él, se les han tributado las mayores 
alabanzas. En prensa están El Congreso de Cúcuta, que editan 
los señores Luis Augusto Cuervo y Roberto Cortázar; el Dicciona- 
rio de los Conquistadores, obra del señor Raimundo Rivas, y el se 
gundo tomo de la Bibliograjia Bogotana, modesto trabajo de vues- 
tro secretario. 

Laborioso informe presentaron, a fines del año pisado, los 
señores Gutiérrez y Henao sobre el Archivo Santander; la Acade- 
mia aprobó lo que ellos propusieron en el sentido de recuperar 
para la nación esta importante documentación, y se hicieron las 
diligencias del caso. 

Una comisión de la corporación ha emprendido la publicación 
de nuevos volúmenes de aquella obra. El señor Cortázar entregó 



266 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



las copias que existían en su poder, las cuales recibieron los miem- 
bros de dicha comisión y el editor señor Quijano, y ya está en 
prensa el tomo xviii, que circulará seguramente en el próximo año. 

El académico correspondiente señor Triana publicó en estos 
meses su obra, laborioso análisis del pueblo indígena que anidó en 
nuestra altiplanicie, y en el cual se penetra, con tino y sana visión, 
en el arcano de los petrógrifos que nos dejaron por ahí indelebles 
en distintas comarcas. 

De los departamentos nos han venido monografías sobre va- 
rias poblaciones dignas de sincero aplauso; citaré entre ellas la 
de Pereira, por el señor Echeverri, y la de Armenia, por el señor 
Macías, que contienen bastantes datos geográficos, históricos y es- 
tadísticos. 

El señor Quijano, académico de número, leyó en sesión ex- 
traordinaria una conferencia sobre Méjico y sus relaciones con 
Colombia, llena de detalles desconocidos u olvidados, que fue oída 
con regocijo y publicada luego en el Boletín de la Academia. El 
señor Ministro de aquella nación, señor Delgado, pronunció al ter- 
minar el orador, frases hermosas de entusiasmo en honor del Liber- 
tador, que produjeron en el auditorio un legítimu alborozo. 

Fue comisionada la Academia para dar su fallo sobre el con- 
curso abierto por el gobierno departamental de Nariflo, sobre la 
batalla de Bombona, cuyo centenario se festejó en el mes de mayo. 
Encargados de esto los señores Acebedo, Arroyo y Quijano dieron 
su dictamen, el cual fue aprobado por la Academia y acatado por 
aquella entidad. Los autores de los trabajos premiados fueron los 
señores Rincón y Perdomo. 

Con motivo de tal aniversario el General Negret publicó una 
descripción bien completa y de agradable lectura de esa jornada 
gloriosa. 

El señor Cortázar tradujo el libro de Mr. Sherwell sobre Bo- 
lívar. Esa biografía del Libertador ha sido con justicia ensalzada, 
y 'SU versión ai español, hecha con pulcritud y elegancia, fue tarea 
útil, pues hacía falta una obra manual que diese a grandes rasgos 
la silueta del ilustre caraqueño. 

Se hizo representar la Academia en la exhumación, en Buga, 
de los restos de don Carlos Montúfar; en el centenario de don 
Uribe Ángel, celebrado en Envigado; y en el Congreso de Historia 
de Río de Janeiro. Llenaron estas misiones los señores Tascón, la 
primerf»; los señores Robledo y Correa, la segunda; y Cuervo y 
Grillo, la tercera. 

De Caracas pidieron fotografías de la batalla de Bombona 
para el gran cuadro que prepara el pintor venezolano señor Tito 
Salas. Fueron enviadas oportunamente, y se sabe que ellas llegaron 
a su destino y serán aprovechadas por aquel benemérito artista. 

En varios asuntos de interés público y que tienen nexos con 
nuestra historia se, ha interesado la Academia; ayudó a la Sociedad 
de Embellecimiento en la exposición de vistas del Bogotá antiguo, 
que se organizó ahora meses en la Quinta de Bolívar; solicitó el 
restablecimiento del medallón del historiador Restrepo, arrancado 



INFORME DEL SECRETARIO 267 



por manos torpes del muro donde se había colocado; ha trabajado 
sin cesar por la conservación de las murallas de Cartagena y sobre 
lo cual cursa ya un proyecto en el Congreso, presentado por dos de 
sus miembros, los señores Cuervo y Mendoza, que tienen asiento 
en el cuerpo legislativo; consiguió, debido u !a iniciativa del señor 
Rivas y sus compañeros en el Congreso de Sevilla, que se pusiera 
el nombre del fundador de nuestra capital vi una calle de Madrid; 
y prestó su CMiaburacióa a fin de terminar el largo negocio de la 
adquisición de la Quinta de! Libertador, del cual se firmó há 
pocos días la escritura de compra como propiedad nacional. 

Se ha atendido con prontitud al pedi io que se hace tenazmen- 
te de las publicaciones de la corporación por bibliotecas y entida- 
des extranjeras, y es crecido el número de libros, folletos y revis- 
tas que se le envían en canje. 

El Ayuntamiento de Sevilla envió a loi representantes de la 
Academia en e¡ Congreso Hispanoamericano de Historia y Geo- 
grafía el título de ciudadanos de aquella metrópoli. 

Miembros correspondientes extranjeros han sido nombrados 
en este período los señores Cunighan Graham, escritor inglés 
que nos visitó hace algunos años y que ha publicado recientemen- 
te dos obras relativas a nuestro país: «Cartagena y las orillas del 
Sinú.» y «Vida de Jiménez de Quesada» ; R. Verneau, presidente 
de la Sociedad de Americanistas de París y director del Museo 
del Trocadero de aquella ciudad, quien ha hecho estudios serios 
y acertados sobre nuestra arqueología; José E. Machado y Carlos 
Medina Chirinos, historiadores venezolanos de alto relieve que 
investigan con sabiduría los anales de la Gran Colombia y nos han 
dado producciones de aquilatada riqueza; Moisés Bertoni, erudito 
escritor del Paraguay, cuyos libros sobre los aborígenes america- 
nos son de un extraordinario mérito y tienen capítulos que se ro- 
zan con los singulares problemas de nuestra prehistoria, y Coll y 
Tosté, historiador de Puerto Rico, quien en su selecta revista 
publica continuamente capítulos referentes al pasado de nuestro 
continente, 

Y como correspondientes nacionales los Reverendos Padres 
Marcelino Ganuza y Bernardo Merizalde, autor el primero de un 
relato sobre las misiones de los agustinos en Colombia, y el segundo 
de una narración sobre sus misiones en la costa del Pacífico, trabajos 
ambos sustanciosos e instructivos, que dan aporte bien apreciable 
a nuestras crónicas y a nuestra geografía; el Mayor Luis Acebedo, 
estudioso militar que colabora con escritos históricos en varias 
revistas y tiene ya una buena serie de publicaciones de altísima no- 
vedad; el señor Arcesio Guzmán, que nos dio una minuciosa mo- 
nografía de Almaguer, contribución bien estimable para el conoci- 
miento de aquella parte de nuestro territorio y de sus orígenes y 
desarrolle; y el señor Vicente Arboleda, celoso investigador de 
nuestras antigüedades y publicista igualmente de narraciones y 
^ biografías. 

El señor Restrepo Tirado ha enviado de Sevilla constante- 
mente copia de documentos preciosísimos hallados por él en el 



268 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



Archivo de Indias, algunos de los cuales se han publicado ya en el 
Boletín. Servicio trascendental le ha prestado con esto dicho 
académico a los amantes de la historia, pues esos vetustos papeles 
revelan episodios desconocidos de antiguos días y aclaran otros 
que estaban envueltos en misteriosa penumbra. 

Con gusto hago notar, para finalizar este informe, que todos 
los miembros de la Academia, de número y correspondientes, han 
colaborado sin cesar en sus faenas. Si algunos por sus ocupaciones, 
enfermedades o ausencia de la ciudad no han tomado parte activa 
en ellas, sí siguen con afecto su marcha, la estimulan con voces de 
aplauso y le hacen dondequiera benéfica y cariñosa propaganda. 
Debido a todo ello se sostiene aquí, siempre encendida, la lámpara 
de Clio y habrá de continuar alumbrando con su luz consoladora 
en los benditos altares de la patria. 

12 octubre 1922. 

Eduardo Posada 

flCflDEtnifl nflcionflh de bistoria 

(Extracto de actas), 

I.* DE FEBRERO 

Se leen varios saludos de año nuevo y avisos de haber recibi- 
do las publicaciones de la Academia, de varias bibliotecas y cor- 
poraciones extranjeras. 

Fray A. Mesanza envía de Tunja un escrito sobre las casas 
donde falleció Nariño, en la Villa de Leiva, y donde nació Ri- 
caurte en la misma ciudad. 

M. Venieau, presidente de la Sociedad de Americanistas de 
París y director del Museo de Historia Natural, de dicha ciudad, 
da sus agradecimientos por el nombramiento de miembro corres- 
pondiente. 

El señor A. Caletti, de Módena (Italia), solicita 1a biografía 
de Codazzi y sus planos de Bogotá y el río Magdalena, para una 
conferencia en la Universidad de Lugo. 

La Junta de festejos patrios envía para ser conservados en el 
archivo de la Academia sus libros, correspondencia y útiles. 

El Ministro de Relaciones Exteriores pide el dictamen de la 
Academia sobre exportación de los objetos indígenas hallados por 
M. Masón en el departamento del Magdalena y que conduce al 
museo de Chicago. 

El Ministro de Gobierno consulta si convendría apoyar la pu- 
blicación de la Historia de A^ua de Dios, escrita por el señor A. 
Gutiérrez, lo cual le ha pedido el Comité del Bien Público de 
aquella población. 

El General R. Negret solicita el dictamen que haya dado la 
Academia sobre el lugar donde nació el General Córdoba, 

El Ministro de la República Argentina, señor Labougle, envía 
veinticuatro tomos de los Documentos del Archivo de Indias, pu- 
blicados por la Biblioteca del Congreso de su país, los cuales ob- 
sequia a la Biblioteca de la Academia. 



HISTORIADORES DEL NUEVO REINO DE GRANADA 269 



El General B. Caicedo presenta una lista de los ciudadanos 
que han desempeñado el cargo de Ministros de Guerra desde 1821 
hasta el presente año. 

El señor Posada da cuenta de haber recopilado los actos del 
Congreso de las Provincias Unidas, que están dispersos y olvida- 
dos, y haber ofrecido dicho trabajo al Consejo de Estado, por sí 
éste quería publicarlo. 

El mismo informa sobre los documentos enviados por el señor 
Pérez Sarmiento que tratan de los procesos de Nariño y compañeros 
a fines del siglo xviii. 

El señor Restrepo (J. M.) informa sobre participación de la 
Academia en los festejos del segundo centenario del Virrey Caba- 
llero y Góngora, que tendrán lugar en Priego (España), 

Se acuerda un aplauso al señor Arrubla por la organización 
del Museo. 

El señor Quijano manifiesta lo inadecuado del local que se ha 
dado al archivo anexo a la Biblioteca. Se nombró una comisión 
para tratar de remediar esto. 

Los señores Restrepo (E.), Mesa y Posada comunican que se 
trasladó a la Biblioteca de la Academia el archivo que en el correo 
seiba a regalar como inútil, el cual se ha estado arreglando, y con- 
tiene documentos de alta importancia. 

El Ministro de Méjico, señor de Rosenzweig Díaz remite varios 
ejemplares del folleto Porqué los Estados Unidos no reconocen a Mé- 
jico, los cuales fueron repartidos a los miembros presentes. 

El señor C. Medina envía de Maracaibo, igualmente, varios 
ejemplares de El Siglo, que contiene artículos sobre nuestros pro- 
ceres, que también fueron distribuidos. 

El señor Orjuela envía un estudio de réplica al señor CÍornelio 
Hispano por sus escritos sobre Ricaurte. 

El señor Correa dicta una conferencia sobre varias anédoctas 
relativas a acontecimientos históricos. 



F5I5C0RlflD0RE5 DEh HUEVO REÍDO DE GRflnflDfl 

ESTUDIO BIBLIOGRÁFICO Y CRONOLÓGICO— RESEÑA DE HISTO- 
RIAS NEOGRANADINAS, O SEA ELENCO DE LOS HISTORIÓGRAFOS 
DEL DESCUBRIMIENTO, CONQUISTA Y COLONIA DÉLA NUEVA 
GRANADA- 

La historia ninguna es mala como sea verdadera. 
(Cervantes, Quijote, 1, 9), 

Al Centro de Estudios Históricos del Atlántico en señal de apre- 
cio y con el deseo de que esta obrita le sirva de estímulo la dedica 
el autor. 

PREFACIO 

Los estudios historiales van tomando creciente importancia 
en Colombia; han venido atrayendo mayor número de cultivado- 



270 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



res en las dos décadas transcurridas, desde que en buena hora se 
fundó la Academia Nacional de Historia, por cuyo estímulo se 
han creado centros de la misma en varias de las capitales departa- 
mentales; es indudable que los aficionados al arte de Clío, así 
maestros como discípulos, aumentan y progresan en nuestra pa- 
tria, que siempre se ha señalado por su cultura intelectual, empe- 
zando por el cultivo de este ramo del saber humano. El Coronel 
Joaquín Acosta, don José Antonio Plaza, José Manuel Groot, José 
María Quijano Otero, José Joaquín Borda, Manuel Ezequiel Co- 
rrales, Juan Pablo Restrepo, Alberto Urdaneta y con él aquella 
pléyade brillante de escritores de El Papel Periódico Ilustrado y 
la Revista Literaria de Laverde Amaya, la del Repertorio Co- 
lombiano, con Miguel Antonio Caro a la cabeza, fueron los pre- 
cursores y maestros, que abrieron el camino a las investigaciones 
historiales; los siguieron Enrique Alvarez Bonilla, Pedro María 
Ibáñez, Vicente Restrepo, Liborio Zerda, José Pasos Urueta, José 
C. Alarcón, para nombrar solamente los muertos; y la caterva 
ilustre que forman las academias y los centros actuales. Todos han 
puesto el sentido y el brazo en servir a la que es «maestra de la 
vida.» Con tan noble ejemplo la juventud endilgará sus aficio- 
nes a lecturas y estudios serios, que harto le aprovecharán para 
apartarse de la frivolidad de las novelas y de la «viruta y casca- 
bel» de la prensa política, como la apellidó un grande hombre del 
Estado español (i). 

Como todo estudio grave, el de la historia requiere método y 
criterio, debe sujetarse a reglas directivas: una es conocerlas fuen- 
tes históricas; otra, observar la cronología de ellas y de los histo- 
riadores, para que guíe al estudioso y no le dejen caer en erior a 
confundir hechos o fechas. 

La crítica de la historia, a nuestro natural entender (pues no 
hemos hecho estudio alguno sobre la materia), exige conocer esa 
cronología, o sea el orden de las fuentes, la época y orden en 
que aparecieron o escribieron los historiadores, y de ahí que nos 
ha parecido útil la redacción de un tal concepto cronológico, la 
formación de un elenco que preste este servicio. 

Hay o debe haber obras que traten esta materia, pero no co- 
nocemos ninguna, y esta deficiencia nnestra o ignorancia nos ha 
impulsado a escribir siquiera un ensayo que llene el que nos pare- 
ce vacío existente. 

El señor Posada, en el prólogo de la Recopilación His- 
torial de Aguado, cita de León Finelo un Epitome de la Bi- 
blioteca Occidental, «donde se numeran con pasmosa erudición 
todas las obras escritas sobre el Nuevo Mundo.» Sin duda en este 
Epítome se hallará la mayor parte de las noticias históricobiblio- 
gráficas que aquí damos, pero es posible que falten algunas, por- 
que en esta materia es difícil que haya obra completa; además, la 
de Pinelo, como lo dice el título, se refiere a la historia de todas 
las colomas espinólas del Nuevo Mundo; nosotros creemos más 



(1> Don Antonio Maura. 



HISTORIADORES DEL NUEVO REINO DE GRANADA 271 



interesante para nuestros compatriotas un epítome que se refiera a 
las historias de la Nueva Granada colonial (i). 

En el Catálogo de las obras hispanoamericano existentes en 
la Biblioteca Nacional de Bogotá, impreso en 1897, se anotan tres 
obras de este género. La primera es Antiquitates Americdíict 
sive scripíores septentrionales rerum antecolombianaram, Afriae, 
1883: como se ve, es restringida a los asuntos precolombinos y a 
los escritores del Septentrión; debe ser un fanal para estudios ar- 
queológicos americanos. La otra es de nuestro compatriota, fecun- 
do y galano escritor, Temistocles Abella M., que colaboró en este 
ramo en la Revista Literaria de La verde Ameya: Estudios Bibio- 
gráficosde la Historia de América, Bogotá, 1888. es tema pare- 
cido el que esbozamos en este ensayo; lamentamos no conocer 
esta obra. La tercera es González Barcia (Andiés), Historiadores 
primitivos de las Indias Occidentales, Madrid, 1749; ya es libro 
anticuado, por consiguiente fallo (2). El Coronel Acosta, al final de 
su obra, publicó una lista de fuentes y de historiadores, también 
incompleta. Don Vicente Restrepo escribió un artículo intitulado 
Nuestros Historiadores; pero como de periódico corto, y por ende 
escaso de noticias, sólo se refiere a unos seis u ocho; esas pocas 
las hemos utilizado. 

Por lo demás, no pretendemos escribir obra cabal, sino ape- 
nas un esbozo para que otro aficionado o algún maestro, con ma- 
yor espacio de tiempo y más elementos pueda completarlo, un 
Eduaido Posada, por ejemplo, un Enrique Otero D'Costa o un 
Canónigo Peftuela. 

Conviene añadir esta observación justa del erudito Otero 
D'Costa: «En nuestra historia conquistadora pueden clasificarse 
las fuentes en tres grupos: autores originales, semioriginales y co- 
pistas. Entre los primeros contamos a Las Casas, Oviedo, Cieza, 
Aguado, Castellanos y otros del género de monografistds; entre 
los segundos, a Herrera, Simón, Piedrahita. Zamora, etc., y entre 
los últimos Acosta, Plaza, Groot, Quijano Otero, etc. Hecha esta 
selección, nos parece que el historiador moderno debe, a! relatar 
ios hechos, buscar la base entre el primer grupo de cronistas, 
echando mano de los del segundo únicamente en aquellas mate- 
rias no tratadas por los del primero; cuanto al grupo tercero, 
debe tenerse a respetuosa distancia, procurando evitarlo a todo 
trance, salvo en aquellos puntos en que, mediante el análisis, se 
descubra que aportan algo nuevo al asunto que se dilucida (3). 



'!'> Antonio León Pinelo es del siglo xvii, lo cita Muriel en los 
Fastos, página 303, y sostiene que era natural de Córdoba de Tu- 
cumán. 

(2) Moderna es la obra de Enrique de Vedia, con el mismo títu- 
lo, impresa en Madrid en 1853, pero no la conocemos. 

(3) Entre las obras de consulta hay que tener cuenta de las Re- 
laciones de tnando de los Virreyes, que fueron colegidas y publica- 
dadas por los beneméritos Posada e Ibáñez, y constituyen el tomo 
vui de la Biblioteca de Historia Nacional. Pertenecen a los siglos 
XVIII y XIX. 



272 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



Al escribir estas páginas nos hemos propuesto hacer cosa útil 
a nuestros conciudadanos y rendir un tributo a las Academias y 
Centros, que nos han favorecido en demasía contándonos entre sus 
miembros sin arreos propios o material apreciable de publicación 
de nuestra parte; y sin desprendernos jamás de nuestra condición 
de sacerdote, queremos seguir el ejemplo de Mártir de Anglería, 
Las Casas, Aguado, Castellanos, Acosta, Simón, Piedrahita, Za- 
mora, y cien varones más de sotana y corona, que sirviendo a la 
Iglesia en las disciplinas historiales, dieron gloria a Dios, contri- 
buyendo con su pluma al servicio de la verdad y la noticia de los 
acontecimientos gloriosos de nuestra historia colonial, eslabones 
brillantes en la cadena de la Providencia, que nos demuestra la 
filosofía de la historia. 

El Coronel Acosta, en el capítulo postrero de su Compendio, 
publicó datos biográficos y bibliográficos de los historiadores Cas- 
tellanos, Cieza. Fray Pedro Simón, Rodríguez Fresle, Herrera, 
Andagoya. Lebrija y San Martín, Oviedo, Ocáriz, Piedrahita y 
Zamora; el crítico y el erudito deben consultar esas notas. En 
el Apéndice de la misma obra, documento número 6, agregó 
un catálogo: lo citaremos, cuando ocurra, con la abreviatura 
Cat. de Ac. 

Hemos restringido este trabajo a la historia de la Nueva Gra- 
nada, comenzando por el descubrimiento del Hemisferio a que 
ella pertenece, hasta su emancipación de la Madre Patria; es de- 
cir, que hemos incluido en el elenco los historiadores del siglo xix, 
posteriores a la Independencia, así españoles como colombia- 
nos, que han escrito sobre la historia colonial de nuestra patria. 
Faltaría completar este estudio con la bibliografía historial de la 
Independencia y época posterior, tarea más pesada, por lo más di- 
fusa, y menos atrayente por ser contemporánea, que podrá realizar 
otro historiófilo más aventajado. 

Hacemos preceder de un asterisco las obras que se encuen- 
tran en la Biblioteca Nacional de Bogotá, según el Catálogo cita- 
do, aunque no sea precisamente la misma edición (i). 

Llevarán antelado el signo parágrafo las que han sido escritas 
por miembros del clero. 

Al fin del elenco del orden cronológico pondremos otro por 
orden alfabético, para facilidad común. 

Escritas estos páginas por un Cura de almas que tiene a su 
cargo más de cuarenta pueblos esparcidos en seis Distritos, y no 
teniendo a la mano suficientes libros de consulta, han de pecar de 
deficiencia los datos bibliográficos y cronológicos y de falta de 
buena redacción los apuntes; sirvan estas circunstancias para ob- 
tener la benevolencia de los eruditos. 



(1) Dicho Catálogo está formado con deficiencia de orden, figuran 
obras en secciones a que no corresponden. 



mSTORIADORES DEL NUEVO REINO DE GRANADA 273 



SIGLO XV 

La primera fuente histórica del descubrimiento del Nuevo 
Mundo, y de las costas de la que fue llamada después Nueva Gra- 
nada, es el mismo máximo descubridor Cristóbal Colón, en sus 
cartas y relaciones de viaje, poco conocidas en los siglos pasados, 
las que vinieron a ser publicadas en los albores del siglo xix. 

En 1825 publicó Fernández de Navarrete (véase el siglo xix) 
una Colección de documentos concerniente a la persona, viajes y 
descubrimientos del Almirante don Cristóbal Colón, al gobierno 
y administración de los primeros establecimientos de Indias y a 
la marina castellana; y otra obra intitulada Colección de los via- 
jes y descubrimientos que hicieron por mar los españoles defines 
del siglo XV. La Colección de Juan Bautista Muñoz comienza 
con documentos de Colón, copiados en el Archivo de Indias o en 
el de Simancas. 

De un bello y rico documento infolio, publicado reciente- 
mente en Barcelona, en la Tipografía La Académica de Serra 
Hermanos y Rusell, que posee, copio lo siguiente que dice el edi- 
tor, Eud. Canibelí, al pie de la Primera Carta de Cristóbal Co- 
lón (r): 

<En 1889 apareció un ejemplar de la primitiva edición en len- 
gua original, el más auténtico y genuino de la Carta de Cristóbal 
Colón, escrita en la proximidad de las Azores (2), el 15 de febrero 
de X493, dirigida a su amigo y protector Luis de Santángel, Es- 
cribano de Ración de los Reyes Católicos (cargo de Secretario 
Contador de los gastos de palacio en la corte catalana-aragonesa), 
participándole el hecho más admirable que consigna la historia: el 
descubrimiento y conquista del Nuevo Mundo. 

«Este ratísimo y único ejemplar.... fue impreso en Bar- 
celona a raíz de la llegada de Colón.... en edición de corto 
número de ejemplares. El único que existe descubrióse en España 
y diolo a conocer el librero de París M. Maisonneuve, a quien lo 
compró en 1,600 libras esterlinas otro librero establecido en Lon- 
dres. Este lo vendió por 7,500 dólares, y actualmente, en Nueva 
York, constituye la joya más preciada existente en la biblioteca de 
la fundación Híspanle Society of America « 

SIGLO XVI 

I . Alonso de Ojeda u Hojeda — Habiendo sido el primero 
que descubrió el cabo de la Vela (1499), estuvo después de Rodi;i- 
jo Bastidas recorriendo nuestras costas del mar Caribe, y fue su 
primer gobernante desde dicho cabo hasta el golfo de Urabá (Nue- 

(1) Edición suntuaria, impresa y piolicromada al estilo de los 
grandes códices de la época del descubrimiento (1914), ejemplar que 
me fue donado por el académico don Francisco García Carbonell. 

(2) clsla de Canaria,> dice el texto. 

XTV— 18 



274 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



va Andalucía) 1508 o 15 10. Escribió relaciones que otros historia- 
dores aprovecharon. Debe tenérsele como la primera fuente de 
nuestra historia propia. Natural de Cuenca, «terminó su vida bajo 
el sayal franciscano, y arrepentido de sus culpas, como lo atesti- 
guó su final petición de ser enterrado cabe el umbral de su iglesia, 
donde su humilde polvo fuese hollado por todos» (J. C. Salas). 

2. Américo Vkspuci o Américo Vespücio — Primer escritor 
prupiamente dicho, sobre el Nuevo Mundo. Florentino (1451- 
151 2), matemátii o, navegante, y el primero que conceptuó que 
estas tierras no eran parte del Asia, y publicó que no debía lla- 
marse Nuevo Mundo (1503), como ya lo había dicho Mártir An- 
glería desde 1493. Escribió epístolas descriptivas y narrativas en 
1500, 1503 y 1506, que traducidas al latín circularon mucho desde 
el principio, e hicieron conocer el gran descubrimiento y a su autor 
más que a Colón (i). 

3. Rodrigo Bastidas— Recorrió nuestras costas del Caribe, 
desde 1502, en que descubrió las Bocas de Ceniza, hasta 1525, en 
que fundó a Santa Marta, y poco después murió víctima de la ale- 
vosía y codicia de sus compañeros. Sus relato^de ese primer cuar- 
to del siglo debieron ser de suma importancia. 

4. § Fray Pedro Mártir 'de Anglería — Italiano, primero 
que escribió historia propiamente tal, aunque embrionaria, en la- 
tín, intitulada De Jnsulis ruper inventis {De las Islas recién des- 
cubiertas), 1511. Después escribió unas Décaí/as, publicadas en 
Alcalá en 151Ó. En la Biblioteca Nacional de Bogotá (in-178. dup, 
VIII- 166) se encuentran sus obras publicadas en Basüea en 1500 y 
1533. El Coronel Acosta cita la edición de Sevilla, volumen en 4.", 
«que contiene además las relaciones de Hernán Cortés en latín y el 
Epitome sobre la conversión de los indios del Padre Nicolás Her- 
bom, franciscano, modelo en su género y obra escasísima que de- 
bería popularizarse para el uso de los misioneros.» Ojeda, Vespü- 
cio, Anglería, Enciso y Bastidas fueron contemporáneos en e! 
primer cuarto del primer siglo de la Conquista. Son las primeras 
fuentes históricas; Ojeda, Enciso y Bastidas, originales; Vespücio 
y Anglería, semioriginales. 

5. Fernández de Enciso— La suma de Geografía del bachi- 
ller Martin Fernández de Enciso. Impresa en Sevilla en 15 19. La 
copió el Coronel Acosta del único ejemplar que existe en la Bi- 



(I) El nombre de América lo inventó y lo puso por vez primera, 
en 1507, el sabio matemático friburgués Martín WaldSeemüUer, a 
la parte meridional del Nuevo Mundo (el Brasil); quien primero dio 
el nombre de América a todo el Hemisferio Occidental fue el famoso 
geógrafo Gerardo Mercator, en su célebre globo publicado en 1541. 
No fue pues Vespücio usurpador de Colón. 

Fue marino a las órdenes de Alonso de Ojeda en la excursión de 
nuestras costas caribes y la entrada a las islas deCodegoy Calama- 
ri, hoy Cartagena. Murió en Sevilla en !512, donde ejercía el cargo 
de Piloto Mayor, Jefe de la Sección Hidrográfica, y cartógrafo. 



HISTORrADORES DEL NUEVO REINO DE GRANADA 275 



bliote:a Nacional de París, y ia publicó en el documento núme- 
ro 7. Dice que. es libro «muy curioso e importante por contener la 
descripción de las costas de Tierra Firme, hecha por uno de los pri- 
meros viajeros y militares que la recorrieron personalmente a prin- 
cipios del siglo XVI.» Es obra rarísima. «Enciso, habiendo pasado 
a América, abogó en pleitos o los promovió, según Las Casas.» 
(J. C. Salas), Fue el fundador de Santa María la Antigua del Da- 
rían en 1509, sede de la primera diócesis de Tierra Firme, trasla- 
dada después a Panamá, y población que sólo duró quince años. 

6. Cartas y relaciones de don Pedro de Heredia, fundador 
(1534) y primer Gobernador de Cartagena de Indias. Algunas 
han sido publicadas en las recooilaciones de Muñoz, Corrales, 
Urueta y Piñeres y en el Boletín de Historia de la misma ciudad. 

7. 1537 — Novi orbis regionum ac insularum veteribus incog- 
nitatum. Basilea. Así aparece en el Catálogo de la Biblioteca Na- 
cional, III, 174, y puesta en la Sección Geográfica. Ignoramos el 
autor. 

8. Pedro Cieza de León — De los conquistadores, compañero 
de Pedro de Heredia (1537), de quien se separó para ir a la con- 
quista del sur. Escribió La Guerra de Quito, primera parte pu- 
blicada en Sevilla en 1553. y La Crónica del Perú, en Amberes, 
1554. Enambas tiene páginas relativas al Nuevo Reino de Grana- 
da. Dice Fray Pedro Simón: «Aun cuando Cieza escribió muy a 
los principios, se fio de relaciones poco seguras y escasamente ex- 
perimentadas.» 

9. GoNZALoJiMÉNEZ DE QüESADA — Licenciado, Mariscal, Ade- 
lantado. Granadino o cordobés, escritor y acto»- de nuestra más cé- 
lebre conquista. De 1537 a 1539, Gran Cuaderno, inédito, lo apro- 
vechó Oviedo, y se perdió. 1538 a 1539. Relación de la Conquis- 
ta del Nuevo Reino de Granada. Perdióse inédita, pero la 
aprovecharon Herrera y el au'or del Epitome, que se ha atribuido 
al mismo Quesada. No parece la misma que publicó Acosta. 

10. Antonio de Lebrija y Juan de San Martín — Capitanes 
y compañeros de Quesada. Escribieron en Cartagena, en 1539. una 
Relación dirigida a Su Majestad, que incluyeron Oviedo, en el 
segund(j tomo de su Historia, y Muñoz, en su colección. Según el 
Coronel Acosta «es el documento más auténtico que poseemos de 
los sucesos de! descubrimiento de Bogotá.» (Comp. página 234). 

1 1. Capitán Gonzalo Fernández de Oviedo y Valdés — Fue 
sucesor de Alonso de Ojeda, en el Gobierno de la efímera provin- 
cia de Nueva Andalucía, que se dividió luego en las de Santa Mar- 
ta y Cartagena. 1526. Sumario de la Natural Historia de las In- 
dias, publicado en Toledo. Ha desaparecido esta obra. 1548 
Historia General y Natural de Indias. La prímera parte se pu- 
blicó en 1547. En lo relativo a la Nueva Granada, copió o extrac- 
tó del Gran Cuaderno manuscrito de Quesada, Ultima edición: 
Madrid, 1851. Véase abajo, en la noticia del Padre Acosta. lo que 
dice Humbolt de la obra de Oviedo. 



276 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



Descripción del Imperio Occidental de las Indias, isla y tie- 
rra firme del Mar Océano. 

Fernández de Oviedo trató de fundar a Cartagena antes que 
Heredia. pero «no salió con ello.» Al tener noticia de la nauerte 
de Balboa y las crueldades de Pedrarias, el futuro cronista, repre- 
sentante de aqué! en la Corte, fue nombrado Regidor perpetuo de 
Santa María la Antigua, Escribano General de la Provincia y 
Receptor por Su Majestad de las penas de Cánaara (J. C. García). 
De don Vicente Restrepo son las siguientes líneas: «Tiene 
Gonzalo Fernández de Oviedo el mérito de haber conservado en 
su Historia Natural de las Indias un resumen del Compendio 
Historial de Quesada.> 

Dice don José Amador de los Ríos, hablando de este autor: 
«En cuanto no se ocultó a la vista del Alcaide de Santo Domingo, 
necesario es confesar que resaltan en ■íu narración tanta naturali- 
dad y sencillez, tanto candor y frescura, que no es posible dudar 
de la exactitud de lo que entonces niega o afirma. Si pintó fiel- 
mente sus propias impresiones, es de creerse que describiera las 
ajenas con la misma fidelidad.» 

12. Epítome de la Conquista del Nuevo Reino de Granada, 
escrito de 1536- 1539, de autor dudoso, a mediados del siglo xvi, 
que algunos han atribuido a Jiménez de Quesada, pero indudable- 
mente derivado de su Relación. El cronista Herrera se lo apropió 
insertándolo en las Décadas. Publicólo don Marco Jiménez de 
la Espada, en Madrid en 1889, '^^ copias de manuscritos hallados 
en el Archivo Histórico de Madrid. La Real Academia de la 
Historia lo acepta como de Quesada, Otero D'Costa lo niega. 

13. § Fray Bartolomé délas Casas— Nació en Sevilla en 
1474, a los diez y nueve nños vino a! Nuevo Mundo, es decir, al 
siguiente del descubrimiento, y estuvo en él cincuenta años. Vino 
a Santo Domingo en 1502. Sacerdote dominico (151c), misionero, 
después (i5¿í4) Obispo de Chiapas regresó a España (1547), re- 
nunció el obispado (1550), y murió en Madrid en 1566. Fue de- 
fensor constante de los indios. Sus dos principales obras son: His- 
toria de las Indias, que se extiende de 1492 a 1520. e Historia 
Apologética de las Indias, cuya mayor parte quedó inédita. 
¡Además, Razones, Disputa, etc). La edición original de sus obras 
fue hecha en Sevilla en 1552, «y ésta es la única a que se puede 
dar fe, porque los holandeses hicieron muchas ediciones y traduc- 
ciones falsas, aumentando y disfigurando los hechos a fin de man- 
tener vivo el odio y excitar a los flamencos contra el gobierno 
español.» {El Instructor, 1832 apud Boletín Historial de Cartage- 
na de Indias, números 37-38). La Historia de las Indias del Pa- 
dre Las Casas fue reproducida en Madrid en 1875. 

14. Alonso DE Santa Cruz — Cosmógrafo y Cronista Mayor 
de Indias hasta 157 1. Papeles del arca de Santa Cruz, colección 
de escritos corográficos que dejó inéditos este célebre cosmógrafo. 
Entre éstos se halla la trajinada relación, sobre las conquistas y 
otras materias, perteneciente a este Nuevo Reino, atribuida a Que- 



HISTORIADORES DEL NUEVO REINO DE GRANADA 277 



sada. E. de Saldanha demostró en su erudita obra El Licenciado 
Quesada que aquella relación no es del Mariscal fundador de 
Santafé. 

15. Jiménez DE Quesada— 1574. Compendio Historial. «La 
obra histórica más preciosa, al decir de Saldanha (Enrique Otero 
D'Costa), que se haya escrito sobre la conquista y colonización de 
nuestro país.> Lo copiaron Piedrahita y Zamora. El original se ha 
perdido desde 1854, año en que falleció el historiador Plaza, en 
cuyo poder se hallaba. 1576. Relación sobre los conquistadores 
y encomenderos. La publicó Acosta en el apéndice de su Com- 
pendio. 

16. Juan López de Velasco - Cosmógrafo y Cronista Mayor 
de Indias, sucesor de Santa Cruz de 1571 a 1591. Libro de la des- 
cripción de Indias, terminado en 1574 a 75 e inédito hasta 1880 
(tres siglos), en que fue publicado por don Justo Zaragoza. «Obra 
única y singular en su género, > dice el erudito Enrique Otero 
D'Costa (Archivo Historial de Manizales número i, página 14). y 
añade: «Comprende la obra la geografía y corografía (amén de 
muchos datos históricos) de todas las regiones del Nuevo Mundo 
descubiertas y coionizadas por los españoles y portugueses en el 
siglo XVI, inclusive lo relativo a Filipinas, parte de China y otras 
regiones asiáticas. Todos aquellos relatos están convenientemente 
ordenados y metodizados, y la descripción de las regiones que 
abarcan, hasta donde alcanzaban los conocimientos" de la época, es 
completa y de un valor verdaderamente inestimable para el histo- 
riador de asuntos hispanuamericanos.» 

17. Francisco López de Gomara— Nació en Sevilla en 
1510. Fue maestro de Retórica en Alcalá. Hizo un viaje a América, 
y a su vuelta publicó: Primera, segunda y tercera parte de la His- 
toria General de las Indias. La cita Aguado a la página 261. Es- 
cribió y publicó Ui Conquista de Méjico y Nueva España, que no 
nos atañe. 

18. ^j Fray Pedro de Aguado, franciscano — Se ausentó a Espa- 
ña en 1575 o 78, continuóla obra de su compañero el Padre Anto- 
nio o Francisco Medrano, y la dejó inédita con el titulo Recopila- 
ción Historial resolutoria de Santa Marta y Nuevo Reino de 
Granada. La descubrió el Coronel Joaquín Acosta en Madrid, 
publicáronla en Bogotá Posada e Ibáñez en 1906, y forma el tomo 
V de la Biblioteca de Historia Nacional. Acaba de aparecer una 
edición en Madrid (1916) con el título Historia de Santa Marta y 
Nuevo Reino de Granada. Este Padre Medrano debió ser testigo 
de muchos de ios hechos de la expedición de Quesada y otros. 
Escribió aquél igualmente otra obra, que permaneció también 
inédita tres sigWjs en Madrid, la que se publicó en Caracas en 1915, 
bajo los auspicios del Gobierno, con el titulo Historia de Vene- 
zuela, escrita en 1581 por fray Pedro de Aguado. El libro viii, 
constante de once capítulos, contiene la historia de la Gobernación 
de Cartagena de Indias. 

19. Jerónimo Benzoni — Novis Orbis Historia (Historia del 
Nuevo JVIundn). Ginebra, 1578. Poco conocida. Un volumen en 8." 



278 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



20. Capitán Bernardo de Vargas Machuca— Milicia y 
Descripción de las Indias. En 1593 estuvo en la Gobernación de 
Popayan. Milicia Indiana es c .ra^ la citan algunos autores. 

21. § Joan de Castellanos, sevillano — Nació en 1500 o 510, 
estuvo con Baltasar Ponce de León en Puerto Ricn; en i!;36 vino 
de Tenerife a Santa Marta con don Pedro Fernández de Lug''; su- 
bió con la expedición de Quesada al Nuevo Reino, bajó a la Cos- 
ta, estuvo en el Cabo de la Vela por el año de 40, volvió a subir 
con Luis de Lugo el 43, después vino a Cartagena, donde se orde- 
HÓ sacerdote. Pasó de Cura a Tunja. donde escribió hasta 1588, y 
allí murió de ochenta y cuatro años (i6oó). FLs' ribió en verso dos 
obras históricamente muy i reportantes: Elegías de Varones Ilus- 
tres de Indias, e Historia del Nuevo Rano de Granada; de la pri- 
mera se imprimió la primera parte en Plspaña en «589, y la obra 
entera, de tres partes, en 1847, en Madrid; la segunda estuvo 
perdida tres sighjs, y se publicó en España a fines d.;! siglo xix. En 
este siglo pasado todos los escritores de historia hacen aparecer a 
Castellanos como el primero y más antiguo de nuestros cronistas; 
después del descubrimiento y publicación de la obra de Aguado, 
hay que conceder a éste el primer puesto en el orden cronológico. 
«Acaba de publicar el Instituto de Valencia de don Juan, de 
Madrid, una obra inédita y perdida del Beneficiado Joan de 
Castellanos: el Discurso del Corsario Francisco Drake o toma de 
Cartagena de Indias por el mismo en 1586, Precioso libro; tiene 
un poema de 5,271 versos, todo en octavas reales, no del todo ma- 
las, y en noventa tercetos. El libio tiene 504 páginas, pues además 
del poema (en cinco cantos) tiene Introducción y Apéndices valio- 
sos para Cartagena y su sitio. > (Carta del académico Reverendo 
Padre fray Andrés Mesanza, O. P., al autor de este opúsculo). 

22. Recopilación de las leyes de los Reinos de las Indias. 
Alcalá de Henares, 15;^'. Nueva Recopilación, 15Q8. 

27,. § Padre José de Agosta, de la Compañía de Jesús — Nació 
^^ 1539. y inurió en Salamanca en 1600. historia Natural y Mo- 
ral de las Indias (i). Sevilla, 590, reimpresa en Barcelona en 
1591 y 1608, en Madrid en 1722 y 1792. Publicó también De Pro- 
curanda Indorum salute (un volumen en 8.°). De natura Novt 
Orbis et de Promulgatione £va/z^e///, Salraanti(ae, 1589. y muchas 

otras obras teológicas o religiosas. Dice Humbolt: «El fundamen- 
to de lo que se llama hoy la Filosofía del Globo, prescindiendo de 
las consideraciones matemáticas, está contenido en el libro del je- 
suíta José Acosta, itulado Historia Natural y Moral de las Indias, 
y en el de Gonzalo Fernández de Oviedo, que se publicó veinte 
años después de la muerte de Colón.» (Boletín Historial de Carta- 
gena, página 286). El Coronel Acosta (página 428) lo llama *el 
más ilustre de los jesuítas que pasaron al Nuevo Mundo. Sus obras 



(1) Esta obra le mereció el dictado de Plinio de Nuevo Mundo, 
Fue escrita primero en latín y después en castellano. De Bry inclu- 
ye el texto latino, sin nombrar el autor, en su obra Colección de 
Grandes Viajes. 



CRISTÓBAL COLÓN 279 



se han traducido en todos los idiomas.» Residió diez y seis años 
en las Indias (en el Perú). «El Padre Feijoo hace grandes elogios 
de él, considerándolo como uno de los grandes historiadores de 
América. En los diierentes pasajes de sus obras describe admirable- 
mente el carácter físico y moral de aquella raza y la naturaleza del 
país, sus condiciones climatológicas, su fauna, su flora, etc., y da 
noticia exacta de los ritos, costumbres, leyes y economías religio- 
sas de aquellos pueblos.» (Diccionario de J, Espasa). Aunque no 
residió en Nueva Granada, ni escribió acerca de ella especialmen- 
te, sus escritos atañen en gran parte a toda la América. Era teólogo 
y gran predicador. Trabajó con ahinco en la conversión de ios in- 
dios, y. regresó a España en 1588. 

24. Pascual de Andagoya — Relación de los sucesos de 
Dañen en el tomo 3.° de la Colección de Navarrete, que se regis- 
trará después. (Catálogo de Ac). 

Pedro M. Revello, Pbro. {1) 

Mompós, 19^1. 



PROPOSlCIOn 

(12 OCTUBRE 1922) 

La Academia Nacional de Historia presenta en este día a la 
madre patria su cordial y cariñoso saludo, así como a todas las 
repúblicas hermanas, vastagos de aquel glorioso linaje, y hace vo- 
tos por que tanto la Nación española como sus hijos de América 
guarden la más sana armonía; sigan en el sendero de la prosperi- 
dad, y conserven siempre con veneración y respeto los recuerdos 
de su famosa historia y los trofeos de sus grandiosas y singulares 
hazañas. 

CRlSTOBfíh COhOn 

Y LA FIESTA DE LA RAZA 

Ei 12 de octubre es en España día de fiesta nacional; la «Fies- 
ta de ia Raza.» 

Lo es también en los pueblos hispanos de América, como 
«homenaje a la Nación española y a Cristóbal Colón,» según la 
calificó el Congreso peruano; como «homenaje a España, progeni- 
tora de naciones, a las cuales ha dado, con la levadura de su san- 
gre y con la armonía de su lengua, una herencia inmortal,» según 
declaró solemnemente el Poder Ejecutivo de la República Ar- 
gentina. 

Es la fiesta de la raza hispana celebrada el día del año en que 
navegantes españoles, dirigidos por Cristóbal Colón y los Pinzones, 
vieron la primera tierra de las Indias Occidentales. 

(1) En el próximo número aparecerá lo relativo a los siglos pos- 
teriores de este interesante estudio. 



280 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



Todo fue español en aquella magna empresa, pues aun el 
mismo Colón que como extranjero se había presentado en Castilla, 
como natural de estos Reinos se consideraba hasta tal punto que, 
aparte el latín que empleó en algunas ocasiones, en castellano ha- 
bló y escribió siempre. 

Con razón un ilustre orador colombiano, Antonio Gómez 
Restrepo, decía en la fiesta de la raza, en 1917, en Bogotá, que 
el castellano fue el idioma que usó Colón «aun en aquellos escri- 
tos de tal manera íntimos y personales que sólo se redactan en la 
lengua que se ha aprendido a hablar desde la cuna. En castellano 
consignó los incidentes de sus portentosos viajes, en forma de dia- 
rio; en castellano están sus cartas; en castellano fue escrito el libro 
extraño de las Profecías, que nos revela hasta dónde alcanzaba la 
exaltación de su espíritu de iluminado en aquel hombre de sentido 
tan práctico y tan positivo. No empleó Colón en ¡os momentos 
decisivos dé su existencia el idioma de Dante, que ya por enton- 
ces había llegado a su perfección clásica, sino la lengua vigorosa, 
enérgica, ruda todavía, pero próxima- a los esplendores de la edad 
de oro, de la cual había de decir Carlos v poco después que era 
el idioma más apropiado para hablar con Dios.» 

Si a pesar de la rotunda negativa de don Fernando Colón, 
su padre don Cristóbal pudo haber sido uno de los hijos del Do- 
ménico Colombo, tejedor, tabernero y propietario de Genova, hay 
que reconocer que nunca en documentos oficiales, en reales cé- 
dulas, provisiones, títulos, asientos, memoriales y cartas relativos 
al Almirante don Cristóbal Colón, aparece el apellido Colombo, ni 
se alude en ningún escrito del Almirante a la familia que dieron 
como suya los analistas o historiadores genoveses. Si aun no sien- 
do de dicha familia, fue genovés, como está escrito en papeles 
testamentarios, no quiso Colón que se supiese que lo era. 

Se presentó en Andalucía como extranjero que había i asado 
casi toda su vida en el mar desde muy temprana edad, sin referirse 
nunca a su patria y familia; era un desconocido que no se decía 
español, pero que usaba un apellido bastante común en España. 
Colomo, Cc)lom y Colón, se apellidaba cuando pidió y obtuvo, 
de 1487 a 1492, los auxilios pecuniarios que de orden de los Reyes 
le entregaban los tesoreros o contadores, y Colom y Colón se le 
apellidaba en el finiquito de las cuentas de,Santángel y Tinelo; 
Colomo escribe el Duque de Medinaceli en carta dirigida al Gran 
Cardenal de España; Colón le llama en su carta el Rey de Portu- 
gal; Colón se le llama ea las Capitulaciones de Granada, que re- 
frendó un español, casi de su mismo apellido, Juan de Coloma, y 
aun este apellido, Coloma, es el que le da Aníbal Januarius al 
noticiar la llegada a Lisboa de «uno que ha descubierto ciertas 
islas»; Colón se apellida él mismo en el preámbulo del diario de 
a bordo; Colom se lee al pie de la posdata de las cartas que escri- 
bió a Luis de Santángel y a Rafael Sánchez ai regresar de su pri- 
mer viaje; Colón y no Colombo es el dilecto hijo de que habla 
Alejandro vi en su bula de 1493; P"'' último. Colón se apellida- 



HACE CIEN ANOS 281 



ban los de su linaje, según declara en la institución de mayorazgo, 
en ese documento que debió escribir con la vista puesta en el país 
de los Colombos, en la República de Genova, su «amantísima pa- 
tria,» según el codicilo militar apócrifo de 1506, en la ciudad de 
Genova, «de donde salió y en donde nació, > según la citada insti- 
tución de mayorazgo. Y sin embargo, tan españolizado o caste- 
llanizado estaba el Almirante que, suponiendo que fuera de la 
familia de aquellos Colombos, no recordaba o no tuvo et» cuenta, 
aun tratándose de acto en que tanta trascendencia tiene el apellido, 
que en Genova los de su linaje se llamaban Colombos y no Co- 
lones. 

¿Que Colombo, por una parte, y Colón, Colom o Colomo, 
por otra, son un mismo apellido? ¿Que los Colombos italianos se 
llamaban Colones en España y los Colones o Colomos españoles 
eran Colombos en Italia? 

Puede ser o no ser. Pero lo indudable es que Cristóbal Colón 
siempre, hasta el último momento de su vida, quiso llamarse 
Colón, a la española, y no Colombo, a la italiana. 

Siempre desdeñó a Italia. Ni un solo nombre de lugar de este 
país, ni uno solo que recordara a personas o cosas de Colombos 
de Genova, aparece en las tierras que descubrió. Todo es hispano. 

Y esto es lo que importa dejar consignado, el hispanismo de 
Cristóbal Colón, y por consiguiente su derecho a ocupar bajo to- 
dos conceptos, incluso ei de español, puesto preferente en la fies- 
ta de la raza hispana. 

Ricardo Beltt án y Rózpide 

BflCE Cien finos 

No podemos menos de corresponder a la obligante excitación 
de este ilustrado diario (i), para que, al estilo de los europeos y 
americanos, hagamos en esta fecha una relación de lo qne pasó 
hace cien años, o mejor, de las efemérides centenarias principales 
del año, que Dios permita sea de gracia para los amables lectores 
de 1923. 

Ante todo, venga el nombre excelso del jefe del poder eje- 
cutivo, el Vicepresidente General Santander, pues el Libertador 
Presidente se hallaba en los gloriosos menesteres de la campaña 
emancipadora del Perú. 

Ministro de lo Interior, o sea de Gobierno, el perilustre his- 
toriador Restrepo; de Relaciones Exteriores, el nunca como se 
debe alabado doctor Gual, padre, puede decirse, de la diplomacia 
colombiana; de Hacienda, Castillo Rada, a su vez fundador de 
nuestras finanzas; de Guerra, el famoso Briceño Méndez. 

Tal la composición del gobierno ejecutivo de la Gran Co- 
lombia hoy hace un siglo, según datos que tomamos de su órgano 

(1) Fue escrito este ertículo para el námero de año nucTO del 
Diario Nacional. 



282 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



oficial la Gaceta de Colombia^ que llevaba ya más de un afto de exis- 
tencia, bajo el régimen de la Constitución sancionada en Cúcuta el 
6 de octubre de 1821. 

El poder judicial estaba presidido por la Alta Corte de Justi- 
cia, de la cual eran Magistrados Félix de Restrepo, Miguel Peña y 
Manuel María Cuero, y Fiscales Vicente Azuero y Andiés Narbar- 
te. En la Corte de Justicia del Centro actuaban Diego Fernando 
Gómez, Miguel Tobar, Alejandro Osorio, Joaquín Ortiz, Nicolás 
Mallén, Ignacio Herrera y Antonio Viana, y como Fiscales, José 
Ignacio de Márquez y Vicente Boirero. . 

Precisamente en este año de 1823, por ley del Congreso del 
mismo, se creó la Corte Marcial, para la cual nombró el ejecutivo 
a los Generales José María Córdoba y Rafael Urdaneta, al Coro- 
nel Lanz y a los Letrados doctores Félix de Restrepo y Peña. 

A esta Corte, con el personal un tanto variado, tocóle decidir 
apoco en la célebre causa de Infante, que de tan desastrosas conse- 
cuencia fue para el desarrollo de los acontecimientos políticos que 
más tarde produjeron la disolución de la gran República. 

Instalado el poder legislativo en el cuarto mes del año, fueron 
Presidentes de las Cámaras Jerónimo Torres (hermano de don Ca- 
milo) y Domingo Caicedo (que alcanzó a ser Vicepresidente de 
Colombia la grande), y Secretarios, Antonio José Caro (padre de 
José Ensebio) y José Joaquín Suárez. 

El Arzobispado estaba en sede vacante por el triunfo de las 
armas republicanas, que impidió la venida de prelados españoles, 
y por la consecuente indecisión de nuestras relaciones con la Silla 
Apostólica, cuya regularización gestionaba activamente nuestro Mi- 
nistro don Ignacio Tejada. 

Bien sabido es que el título de Intendente equivalía al de Go- 
bernador, y que cada Intendencia ocupaba el territorio de varios 
de nuestros departamentos de hoy y, por tanto, su jurisdicción 
solia ser relativamente inmensa. Pues bien, en 1823 hizo el gobier- 
no estos nombramientos de Intendentes para el actual territorio de 
Colombia: Cundinamaroa, Enrique Umaña; Boyacá, Pedro Fortoul; 
Magdalena, Mariano Montilla; Cauca, José Maiía Ortega. 

Por la historia inédita de nuestros Alcildes, digna de un be- 
nedictino y de la gratitud y ap^yo de todos los buenos bogotanos, 
escrita por don Enrique Ortega Ricaurte, sabemos que hoy hace 
un siglo entraron a regir la capital don Pedro Laso, Alcalde de 
primer voto, y don Santiago Páramo, Alcalde de segundo voto. 

En política, el acontecimiento más notable de 1823 fue la pri- 
mera reunión del Congreso — pues la carta de Cúcuta dispuso que 
en 1822 no hubiera, — compuesto de Senadores y Representantes 
granadinos, venezolanos y ecuatorianos. 

Las sesiones, principiadas en 19 de abril — no sabemos si en ce- 
lebración del movimiento de Caracas de i8io, — se prolongaron va- 
rios meses, hasta el punto que él mismo dio una ley reconociendo 
viáticos a los que prefiriesen esperar la reunión próxima ordinaria 
que seria el 2 de enero de 1824, sin moverse de la capital, en la 



HACE CIEN AÑOS 283 



mayor parte de los casos por ia enorme lejanía de los hogares 
(para algunos Cuenca y Guayaquil, para otros la Gayuana venezo- 
lana). 

Facunda fue la labor del Congreso, y no deja de llamarla aten- 
ción su similitud en algunos puntos con las graves preocupaciones 
del presente, tales como los empréstitos extranjeros (se aprobaron 
unos y se rechazaron otros, por más que fueran negociados por el 
ínclito López Méndez), la pesca de perlas, etc. 

En lo internacional, debemos registrar — además de los triun- 
fos de nuestras armas — la ratificación de los tratados de unión, 
liga y confederación perpetua celebrados en 1822 con Perú y Chile 
y el relativo al Congreso de Panamá con la primera de estas nacio- 
nes. Registramos también la misión diplomática de Sucre al Perú, 
para concertar los auxilios de la próxima campaña libertadora que 
culminó en Ayacucho. 

Bello rasgo de esa Legislatura fue, para valemos de ia propia 
expresión del General Caicedo, Presidente de la Cámara de Re- 
presentantes, «el preocuparse por la suerte futura del Libertador y 
Padre de la Patria» ; en consecuencia, se decretó a éste la pensión 
solicitada por Santander, en nota de 23 de junio, y se le fijaron 
treinta mil pesos anuales. 

Nota típica inolvidable del Congreso de 1823 fue también la pre- 
sentación que hicieron los Ministros de las primeras Aiemarias (hu- 
bo unas anteriores dirigidas al jefe del ejecutivo), fundando así la 
más bella, la más útil, la más característica tradición en los varios 
departamentos del despacho ejecutivo, Alií Restrepo inició esa 
inapreciable colección de las de Gobierno, y Güal la imperecedera 
de Exteriores, y Castillo la interesantísima de Hacienda, y Briceflo 
Méndez, la útilísima de Guerra. Años más tarde vinieron las del 
Tesoro y Crédito Nacional (después de 1860), las de Instrucción 
Pública y las de Fomento (después de 1880), las de Justicia (des- 
pués de 1890), las de Obras Públicas (después de 1905), las de Agri 
cultura y Comercio (desde 1915). Es una lástima, algo verdadera- 
mente lamentable, sin precedentes, que ese verdadero monumento 
administrativo, honor de Colombia, haya sido descompletado, en 
lo relativo a Relaciones Exteriores, en 1920 y 1921. 

No tenemos palabras para exaltar el grande acontecimiento, 
sin duda el mayor del año; nos referimos a la batalla naval de Ma- 
racaibo, ganada el 24. de julio por e! Almirante granadin-^ José Pa- 
dilla. Bien sabido es que ha habido autorizadas plumas de venezo- 
lanos eminentes que sostienen que no fue en Carabobo sino en 
Maracaibo donde se selló la independencia de su gloriosa patria. 
En lo intelectual también podemos marcar con piedra blanca 
el año afortunado que principió hace un siglo: fue en él cuando el 
Congreso aprobó los contratos celebrados por Zea para traer al 
país esa pléyade de hombres de ciencia destinados a abrir las cáte- 
dras anexas del Museo Nacional; el sabio Boussingault, y Ribero, 
y Bourdoo, y Rollia y Goudet. No sólo clases de ciencias natura- 
les se dictaron allí sino especiales de minería, en la escuela cuya 



284 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



fundación dispuso el Congreso y a la cual deberían asistir jóvenes 
becados de todos los confines de la inmensa República. 

Ese Museo, teórico y práctico, se instaló en la calle de la 
Carrera, en los propios edificios de la antigua y famosa Expedición 
Botánica. 

¡ Qué ejemplo tan sugestivo el que dieron desde entonces los 
legisladores y cómo quisieron orientar la instrucción pública hacia 
las ciencias naturales, la minería, la industria y la agricultura téc- 
nicas, comprendiendo así, con secular visión, las reales necesida- 
des de nuestro opulento país! ¡Ah! ¡Si en un siglo hubiésemos sa- 
bido imitar aquella sorprendente iniciativa de fecundidades que 
debieron ser infinitas! 

El 25 de diciembre de 1823 se abrió también la Biblioteca, en 
el nuevo y magnifico local — para las necesidades de entonces — que 
ocupa aún, o sea en las Aulas de San Bartolomé, trasladándola del 
antiguo edificio jesuítico donde se fundó en 1777 (Palacio de San 
Carlos). 

De suerte que si 1822 pudo reputarse el año feliz de la ins- 
trucción pública por la fundación de los colegios universitarios de 
Medellín, Boyacá, San Simón (Tolima), etc., no lo fue menos el 
siguiente, en que se fundó el famoso de Santa Librada de Cali (29 
de enero) y por segunda vez la Biblioteca, y se inició el Museo con 
cátedras anexas servidas por sabios europeos. ¡Oh, lo que pudo ser 
el Museo colombiano! 

¡Loor mil veces a Santander, a Zea y a los Ministros y legisla- 
dores de 1822-23! 

A propósito de Zea, fue también en este último año cuando se 
fundó entre nosotros la litografía por e! español Carlos Casar Mo- 
lina, contratado también por el insigne diplomático que tuvo en el 
Congreso de Angostura la visión precisa de lo que sería la grande- 
za de Colombia 

Y ya que de fastos de la cultura nacional tratamos, será bien 
que anotemos otro muy simpático: el 25 de julio fue recibido como 
abogado de los Tribunales de la República, quien principió ese día 
una de las carreras más brillantes y útiles: el doctor Rufino Cuervo. 

Entonces los legisladores no ponían toda clase de obstáculos a 
la reglamentación y moralización de la abogacía; entonces no se 
salía a fundar gabinete profesional con los códigos apiendidos en 
el Panóptico para la propia defensa, como suele acontecer después; 
entonces aquello era tan serio, que se daba cuenta en la Gaceta de 
casos como el del doctor Cuervo, y en nuestro poder están las actas 
de la primera Academia Nacional, donde consta que ésta reprobó 
y negó el ejercicio de la noble profesión a más de un togado. 

En crónicas sociales, judiciales o escandalosas, nada sabemos 
propiamente de 1823; pero no podemos menos de recordar que 
meses antes se dio en la esquina del übsetvatorio un caso idéntico 
al que muchos años después conmovió la sociedad con la muerte de 
Sagraiio Morales. En 1822, como en 1876, apareció muerta y en- 
tre un costal de «fique» una muchacha del pueblo. 



HACE CIEN AÑOS 285 



En nuestro reciente folleto El espantajo del cadalso^ hici- 
mos un paralelo de los grandes delitos de sangre cometidos en 
Colombia, y probamos que unos y otros lo habían sido indiferente- 
mente, ya bajo la pena de muerte, ya bajo el régimen abolicionista. 
Tal los casos de sirvientas de que hablamos; tal los asesinatos de 
los presbíteros Barietci, López y Vargas, Curas de Macheta, Santa 
Bárbara y Santa Inés; tal Los Alisos y el Puente de Cualla; tal los 
de los señ'ires Sebastián Herrera y Roberto Barrera Phillips, que 
presentan similitudes tan sorprendentes ccmo el haber alcanzado 
ambos a revocar ciertas cláusulas testamentarias. 

En !o eclesiástico y material, así como en lo artístico, también 
podemos abonarle a 1823 uno de esos acontecimientos que sólo se 
registran cada un siglo, cuando no cada dos o tres. Nos referimos 
a la bendición del más grandioso templo de Colombia, la Catedral 
Metropolitana, el mismo dia 9 de abril, en que se instaló el Con- 
greso. 

Capítulo especial, que quizá escribamos para el propio cente- 
nario de nuestra Basílica Primada, merece esa fecha realmente 
secular. 

Mucho hay que decir sobre las peripecias de cuatro siglos de 
nuestia iglesia principal, a partir de la choza donde en ese lugar se 
dijo la primera misa en 1538. 

Por hoy, y ya que de cosas y de hombres grandiosos de la 
gran Colombia se trata, queremos llamar la atención a que la me- 
jor manera de celebrar el centenario sería colocando al menos la 
primera piedra del soberbio monumento, enfrente al de Nariflo, 
que se merece el Ilustrísimo Fernando Caicedo y Flórez, procer y 
mártir, a cuyos desvelos y esfuerzos de cerca de veinte años debe- 
mos en gran parte esa joya arquitectónica y artística. Las torres que 
levantó Caicedo eran 6 metros más altas y más esbeltas; el terre- 
moto de 1827 dio en parte cuenta de ellas. 

Pocas ubras de esa clase habrá habido en el mundo que hayan 
sido objeto de una odisea financiera — si así puede decirse — como 
la del opulento presbítero en favor de la Catedral, hasta verla con- 
cluida y ccmsagrada, hasta historiarla iuégo con solícito cariño, 
hasta regiria después como insigne metropolitano, hasta reposar 
por último bajo el altar mayor al lado del fundador de Bogotá. 

¡Qué tan benemérito, qué tan ilustre sería el Canónigo deste- 
rrado por Morillo que, al asumir la República el patronato, lo pri- 
mero que verificó por medio del Congreso compuesto de Represen- 
tantes de lo que hoy so 1 tres naciones, fue hacer uso de ese derecho 
eligiendo a Caicedo primer Arzobispo de la Gran Colombia. 

Así, ese insigne prelado fue digno de parearse con Bolívar y 
Santander, como lo fue Mosquera respecto de Mosquera, y lo hu- 
biera sido Herrán respecto de Herrán; como lo fue, enfin Arbeláez 
respecto de Muriüo. 

Celebrar el centenario de la Catedral y continuar dejando en el 
vacío el lugar de honor que de derecho corresponde al señor Caice 
do, seria una injusticia contra la cual protestarían los siglos, por 



286 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



boca de todos los vientos, de todas las brisas, de todas las tempes- 
tades que han de azotar las soberbias torres ornadas en sus cúspi- 
des con las insignias metropolitanas que supo clavar tan alto la 
mano generosa y decidida del Arzobispo-procer. 



Arturo Quijano 



miniscRos de guerra desde 1821 

Pedro BriceñO Méndez, de i," de enero de 1821 a 2 de mar- 
zo de 1825. 

Pedro Gual, encargado, de 3 de marzo a 7 de julio de 1825. 

Carlos Soablette, de Sdejuüo de 1825 a 2 de marzo de 
1828. 

Rafael Urdaneta, de 3 de marzo a i,* de octubre de 1828. 

José María Córdoba, de 2 de octubre a 10 de noviembre de 
1828. 

Rafael Urdaneta, de n de noviembre de 1828 a 31 de di- 
ciembre de T829. 

Pedro A. Herrón, de i." de enero a 5 de mayo de 1830. 

Joaquín París, de 6 de mayo a i." de octubre de 1830. 

José Miguel Pey, de 2 de octubre de 1830 a \P de junio de 
1831. 

José María Otando, de 2 de junio a 12 de noviembre de 
183 •. 

Antonio Obando, de 13 de noviembre de 1831 a 14 de junio 
de 1832. 

José Hilario López, ás. 15 de junio a 30 de noviembre de 
1832. 

Antonio Obando, encargado, de i.* de diciembre de 183? a 
31 de enero de 1833. 

José Hilario López, de i/' de febrero a 31 de mayo de 1833. 

Antonio Obando, de 1.* de junio de 1833 a n de junio de 

X837. 

José Hilario López, del 12 dejjunio de 1837 ^' 2 de julio de 
1838. 

Tomás C. de Mosquera, de 3 de julio de 1838 al 14 de abril 
de 1840. 

José María Ortega, encargado, del 5 de abril al 29 de octu- 
bre de 1840. 

Miguel Chiari, encargado, del 30 de octubre al 27 de noviem- 
bre de 1840. 

Simón Burgos, encargado, del 28 de noviembre de 1840 al 
12 de mayo de 1841. 

José Acebedo, del 13 de mayo de 1841 al 31 de marzo de 

1845. 

Juan María Gómez, del i." dejabril de 1845 al 26 de mayo 
de 1846. 



MINISTROS DE GUERRA DESDE 1821 287 



José María Galavis, encargado, del 27 a! 31 de mayo de 
1846 

Joaquín María Barriga, del i.° de junio de 1846 al 6 de abril 
de 1849, 

Valerio Francisco Barriga, del 27 de abril ai 30 de junio de 
1849. 

Tomás Herrera, del i.' de julio de 1849 ^'4 de junio de 

1850. 

Tomás Murray, encargado, del 5 de junio al i.° de diciembre 
de 1850. 

Valerio Francisco Barriga, del 2 de diciembre de 1850 al 
4 de abril de 1853. 

Santiago Frasser, del 5 de abril al 5 de diciembre de 1853. 

Antonio del Real, encargado, del 6 de diciembre de 1853 al 5 
enero de 1854. 

Valerio Francisco Barriga, del 6 de enero al 17 de abril de 

1854. 

José María Ardila, del 18 de abril al 4 de diciembre de 1854. 
Cerbeleón Pinzón, encargado, del 5 al 7 de diciembre de 

1854. 

Pedro A. Herrán, del 8 de diciembre de 1854 al 31 de marzo 
de 1855. 

Rafael Núñez, del i.° de abril al 24 de octubre de 1855. 

Rafael Núñez, encargado, del 25 de octubre al 20 de diciem- 
bre de 1855, 

Cerbeleón Pinzón, encargado, del 21 de diciembre de 1855 *^' 
14 de febrero de 18.56. 

Luciano Jaramillo, encargado, del 15 de febrero al 26 de 
agosto de 1856. 

José María Ortega, encargado, del 27 de agosto de 1856 al 
31 de marzo de 1857. 

Manuel Antonio Sanclemente, encargado, del i." de abril de 
1857 al 31 de marzo de í86i. 

D. A. Maldonado, encargado, del i," al 2 de abril de 186 1. 

/uan Crisóstomo Uribe, del 3 abril al 17 de julio de i86r, 

José María Rojas Garncío, encargado, del 18 de julio al 25 
de noviembre de 1861. 

Andrés Cerón, del 26 de noviembre de 1861 al 9 de febrero 
de 1863. 

Tomás C. de Mosquera, del lo de febrero al 13 de mavo de 
1863. 

Santos Acosta, del 14 de mayo al 30 de junio de 1863. 

Aníbal Carrea, del \° de julio al 28 de noviembre de 1S63. 

Antonio José Chaves, del 29 de noviembre de 1863 al lo de 
febrero de 1864. 

Rafael Mendoza, del n de febrero al 9 de abril de 1864. 

Julián Trujillo, del 10 de abril al 23 de septiembre de 1864. 

Valerio Francisco Barriga, del 24 de septiembre de 1864 al 
51 de marzo de 1866. 



288 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



Ramón Acebedo, del i.° de abril al 21 de mayo de 1866. 

Rudesindo López, del 22 de mayo de 1866 al n de febrero 
de 1867. 

José María Rojas Garrido, encargado, del 12 de febrero al 
22 de abril de 1867, 

Vicente Gutiérrez de Riñeres, encargado, del 23 de abril al 
22 de mayo de 1867. 

Rafael Mendoza, del 23 de mayo al i o de diciembre de 
1867. 

Carlos Martin, encargado, del 21 de diciembre de 1867 al 
18 de enero de 1868. 

José María Baraya, encargado, del 19 de enero al 2 de abril 
de 1868. 

Sergio CamargO, del 3 de abril de 1868 al 3 de abril de 
1870. 

Felipe Zapata, encargado, del 4 de abril al 5 de mayo de 
1870. 

Santiago Frasser, del 6 de mayo al 16 de diciembre de 
1870. 

Manuel Amador Fierro, del 17 de diciembre de 1870 al 30 de 
jnnio de 1871. 

César Contó, del i." de julio al 3 de agosto de 1871. 

Felipe Zapata, encargado, del 4 de agosto al 1.° de septiem- 
bre de 1 87 1. 

Salvador Camocho Roldan, encargado, del 2 de septiembre 
al 2 de octubre de 1871. 

/osé María Baraya, encargado, del 3 al 8 de octubre de 
187^ 

Manuel Amador Fierro, del 9 de octubre al i." de noviem- 
bre de 1871. 

Santos Acosta, del 2 de noviembre de 187 1 al 31 de enero de 
1872. 

César Contó, encargado, del i.» de febrero al 11 de marzo de 
1872. 

Felipe Zapata, encargado, del 12 al 31 de marzo de 1872. 

Florentino Vesga, encargado, del i." al 7 de abril de 1872. 

Gil Colunje, encargado, del 8 de abril al 5 de mayo de 1872. 

Felipe Pérez, encargado, del 6 al 31 de mayo de 1872. 

Gil Colunje, encargado, del i.* al 30 de junio de 1872. 

Aquileo Parra, encargado, del i." al 19 de julio de 1872. 

Manuel Abello, del 20 de julio al 29 de octubre de 1872. 

Felipe Pérez, encargado, del 30 de octubre al 17 de noviem- 
bre de 1872. 

Eustorgio Salgar, del iS de noviembre de 1872 al 11 de di- 
ciembre de 1875. 

Gil Colunje, encargado, del 12 al 18 de diciembre de 1873. 

Medardo Rivas, del 19 de diciembre de 1873 al 31 de marzo 
de 1874. 

Ramón Santodomingo Vila, del i.» de abril al 12 de agosto 
de 1874. 



5IIN1STROS DE GUERRA DESDE 1821 289 



Nicolás Esguerra, encargado, del 13 al 31 de agosto de 
1874. 

Ramón Santodomingo Vila, del i." al 27 de septiembre de 
1874. 

Nicolás Esguerra, encargado, del 28 de septiembre al 8 de 
octubre de 1874. 

Ramón Santodomingo W/a, del 9 de octubre de 18743111 
de febrero de 1875. 

Nicolás Esguerra, encargado, el 12 de febrero de 1875. 

Wenceslao Ibáñez, del 13 de febrero al 30 de abril de 1875. 

José María Villamizar Gallardo, encargado, del i." al 31 de 
mayo de 1875. 

Nicolás Esguerra, encargado, del 1.° al 7 de junio de 1875. 

Santos Acosta, del 8 de junio de 1875 al 31 de marzo de 
1876. 

Carlos Nicolás Rodríguez, encargado, del r.<* al ló de abril 
de 1875. 

Rafael Niño, del 17 de abril al 10 de julio de 187Ó. 

Luis A. Robles, encargado, del 11 al 25 de julio de 1876. 

Rafael Niño, del 26 de julio al 10 de octubre de 1876. 

Teodoro Valenzaela, del n de octubre al 20 de noviembre 
de 1876. 

Rafael Niño, del 21 de noviembre al 8 de diciembre de 1876. 

J anuario Salgar, encargado, del g^ al 22 de diciembre de 
1876. 

Rafael Niño, encargado, del 23 de diciembre de 1876 al 18 
enero de 1877. 

José Ignacio Escobar, encargado, del 19 al 23 de enero de 
1877. 

Felipe Pérez, del 26 de enero al 9 de mayo de 1877. 

Santos Acosta, del 10 de mayo al 13 de octubre de 1877. 

José María Quijano Wallis, encargado, del 14 al 22 de octu- 
bre de 1877. 

Fernando Ponce, del 23 de octubre al 1 1 de noviembre de 

1877. 

Santos Acosta, del g de noviembre de 1877 al 1.° de abril de 
1878. 

Ezequiel Hurtado, del 2 de abril de 1878 al 5 de lebrero de 

1879. 

Andrés Cerón, del 6 de febrero al 2 de junio de 1879. 

Emigdio Paláu, encargado, del 3 de junio al 3 julio de 1879. 

Wenceslao Ibáñez, del 4 de julio al 4 de diciembre de 1879. 

Manuel Amador Fierro, del 5 de diciembre de 1879 al 9 de 
abril de 1880. 

Elíseo Payan, dei 10 de abril al 9 de septiembre de i88o, 

Antonio Roldan, encargado, del 10 de septiembre al 8 de di- 
ciembre de 1880. 

Elíseo Payan, del 9 de diciembre de 1880 al 31 de marzo de 
1882. 

XTV— 19 



290 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



Felipe F. Paúl, encargado, del i." de abnl al 4 de junio de 
1882. 

Napoleón Barrero, encargado, del 5 de junio al 23 de julio de 
1882. 

Benjamín Noguera, de\ 24 de julio al 22 de diciembre de 

1882. 

Juan N- Mateas, del 23 de diciembre de 1882 al 2 de abril de 
1884. 

José María Campo Serrano, del 3 de abril al 14 de julio de 
1884. 

Manuel M. Castro, encargado, de! 15 ai 2c de julio de 

1884. 

José María Campo Serrano, del 21 de julio al 28 de diciem- 
bre de 1884 

Felipe Ángulo, del 29 de diciembre de 1884 al ^ de enero de 
1886. 

José María Campo Serrano, del 4 de enero al 21 de marzo 
de 1886. 

Felipe Ángulo, encargado, del 22 de marzo al 8 de junio de 
1886. 

Antonio Roldan, encargado, del Q de junio al 15 de agosto 
de 1886. 

Felipe Ángulo, del r6 de agosto de 1886 al 5 de junio de 
1888. 

Carlos Holguín, encargado, del 6 de junio al 6 de agosto de 
188S. 

Antonio B. Cuervo, del 7 de agosto de 1888 al 18 de mayo 
de i8go. , 

Leonardo Canal, encargado, del 19 de raavo al 20 de julio de 
1890. 

José Djmin^o Ospina Camocho, encargado, del 21 de julia 
al 6 de ag'sto de i8qo. 

Olegario Rivera, del 7 de agosto de 1890 al 31 de marzo d& 
189 1. 

Antonio Roldan^ encargado, del i/' de abril al i." de mayo 
de i8qi, 

Olegario Rivera, del 2 de mayo de 1891 al 6 de agosto de 

i8Q2. 

Primitivo Crespo, dd 9 de agosto al 1 1 de diciembre de 
1892. 

Antonio B. Cuervo, del 12 de diciembre de 1892 al 21 de fe- 
brerf de 1893. 

José Domingo Ospina Camocho, de! 22 de febrero de 1893 al 

19 de iulio de 1804. 

Edmundo Cervantes, del 2:» de julio de 1894 al 12 de marzO' 
de i8:)6. 

Cl¡maco Losada, encargado, del 13 al 16 de marzo de 
1896 

Manuel Casabianca, encargado, del 17 de marzo al lo de 
mayo de 1896. 



MIMISTROS DE GUERRA DESDE 1821 291 



Pedro Antonio Molina, del 1 1 de mayo al 25 de octubre de 
de 189Ó. 

Aurelio Mutis, del 26 da octubre de 1896 al i8 de enero de 
1897. 

Pedro Antonio Molina, del 19 de enero al 6 de ag'usto de 
1897. 

Isaías Lujan, del 7 de agosto de 1897 al 6 ie agosto de 
1898. 

Olegario Rivera, de 8 de agosto al 2 de noviembre 'de 1898. 

Pedro Antonio Molina, encargado, del 3 de noviembre al 18 
de diciembre de i8g?. 

Climaco Losada, encargado, del 19 de diciembre de 1898 a) 
8 de enero de 1899. 

Jorge Holguin, del 9 de enero al 13 de agosto de 1899, 

José Santos, de! 14 de agosto de 1899 al i." de mayo de 
1900. 

Manuel Casabianca, del 2 de mayo al 31 de julio de 1900. 

Guillermo Quintero Calderón, encargado, del i.° de agosto 
al 17 de septiembre de 1900. 

Próspero Pinzón, de¡ iS de septiembre al 6 de octubre de 
1900. 

José Domingo Ospina Camocho, del 7 de octubre de 1900 al 

28 de marzo de 1901. 

Ramón González Valencia, del 29 de marzo al 12 de julio de 
J901. 

José Vicente Concha, del 13 de julio al 4 de agosto de 
190 1. 

Pedro Nel Ospina, del 5 de agosto al 2^ de septiembre de 
190Í. 

José Vicente Concha, del 24 de septiembre de loi al 7 de 
enero 1902. 

Aristides Fernández, del 8 de enero al 8 de octubre de 1902. 

José Joaquín Casas, encargado, del 93131 de octubre de 
1902. 

Aristides Fernández, del i.' de noviembre al 12 de diciembre 
de 1902. 

¡osé Joaquín Casas, encargado, del 13 de diciembre de 19^ 2 
al 21 de enero de 1903. 

Aristides Fernández, del 22 de enero al 3 de febrero de 1903. 

José Joaquín Casas, encargado, del 4 al 23 de febrero de 
1903. 

Alfredo Vásquez Cobo, del 24 de febrero de 1903 al 11 de 
febrero de 1904. 

Esteban Jaramillo, encargado, del 12 de febrero al 9 de mayo 
de 1904. 

Alfredo Vásquez Cobo, del 10 de mayo al 6 de agosto de 
1904. 

Carlos Cuervo Márquez, encargado, del 7 al 28 de agosto de 
»904. 



292 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



Diego A. de Castro, del 29 de agosto de 1904 al 30 de 
mayo de 1905. 

Clímaco Losada, encargado, del 31 de mayo al 24 de sep- 
tiembre de 1905. 

D. Euclides de Ángulo ^ del 25 de septiembre de 1905 al 8 de 
enero de 1906. 

Manuel María Castro U., encargado, del 9 de enero al 22 de 
abril de 1906. 

D. Euclides de Ángulo, del 23 de abril al 31 de mayo de 
19C6. 

Manuel M. Sanclemente, del i." de junio de 1906 al 20 de fe- 
brero de 1907. 

Clímaco Losada, encargado, del zx de febrero al 14 de mayo 
de 1907. 

Manuel M. Sanclemente, del 15 de mayo de 1907 al 9 de 
marzo de 1908. 

Víctor Calderón /?., del 10 de marzo de 1908 al 10 de enero 
de 1909. 

Eduardo BriceñO', encargado, del i \ de enero al 10 de marzo 
de 1909, 

Nicolás Perdomo, encargado, del xi al 13 de marzo de 1909. 

Eduardo Briceño, encargado, el 13 de marzo de 1909. 

Carlos Cuervo Márquez, el 13 de marzo de 1909. 

Alfredo Vásguez Cobo, el 14 de marzo de 1909. 

Eduardo Briceño, encargado, del 15 al 22 de marzo de 1909. 

Jorge Holguín, del 23 de marzo al 9 de junio de 1909. 

Roberto Urdaneta, encargado, del 10 de junio al 24 de julio 
de 1909. 

Edmundo Cervantes^ encargado, del 25 de julio al 6 de agosto 
de 1909, 

Luis Enrique Bonilla, del 7 de agosto al 18 de noviembre de 
1909. 

Jorge Roa, encargado, del 19 de noviembre al i^ de diciem- 
bre de 1909. 

José Medina Calderón, del 13 le diciembre de 1909 al 6 de 
agosto de 1910. 

Jesús María Sosa, enczTgíido, del 7 de agosto al 30 de sep- 
tiembre de 1910. 

Mariano Ospina V., del i.® de octubre de 1910 al 13 de di- 
ciembre de 19U. 

/osé i\ía/2We/ i4ra/Z^0, del 14 de diciembre de 1911 al 6 de 
agosto de 1914, 

Isaías Lujan, del 7 de agosto de 1914 al 14 de septiembre de 

Ernesto Barrero, encargado, del 15 de septiembre al 10 de 
diciembre de 1915. 

Miguel Abadía Méndez, enczrg&do, de\ 13 de diciembre de 
1915 al 2 de enero de igi6. 

Antonio José Cadavid, del 3 de enero al 3 de marzo de 1916. 



APUNTES SOBRE ORGANIZACIÓN 293 



Salvador Franco, del 4 de marzo de 19 16 al 6 de agosto de 
19 1 8. 

Jorge Roa, del 7 de agosto de 19 r 8 al 3 de octubre de 1920. 

Pomponio Guzmán, encargado, del 4 de octubre al 21 de no- 
viembre de 1920. 

Jorge Roa, del 22 noviembre de 1920 al 18 de septiembre de 
1921. 

Bonifacio Vélez, del 19 al 22 septiembre de 1921. 

Aristóbulo Archila, del 23 de septiembre de 192 1 al 21 de 
septiembre de 1922. 

José Ulises Osario, del 22 de septiembre de 1922, 

Bernardo Caiceda 



flPUnCES SOBRE ORGflniZflCIOn 

DE LAS SECRETARÍAS DE ESTADO 
1810-1914 

1810. La Junta Suprema del Reino, instalada el 20 de julio 
de 1810, se dividió en las siguientes secciones: i. Negocios diplo^ 
máticos internos y externos — ii. Negocios eclesiásticos: iii. Gracia 
y Justicia — iv. Guerra — v. Hacienda; y vi. Policía y Comercio. 

«Cada sección, dicen los comentadores Pombo y Guerra, atendía 
con sus respectivos miembros a los negocios de su incumbencia. 
Funcionaba la Junta como una Cámara Legislativa, entendiendo en 
todos los ramos de la Administración Pública como única y sobe- 
rana autoridad, mientras se proveía lo conveniente a la organiza- 
ción política del Estado.» , 

Por bando de fecha 26 de octubre de 18 10 la misma Junta 
Suprema del Reino determinó la formación de un Cuerpo Ejecu- 
tivo, en el cual debía residir el Alto Gobierno, Cuerpo formado 
por un miembro de cada una de las cinco secciones en que quedó 
dividida la Junta, pues se suprimió la de Policía y Comercio, repo- 
niéndose en su lugar el Cabildo. Dicho Cuerpo Ejecutivo, presidi- 
do por el Vicepresidente de la Suprema Junta, debía tener dos 
Secretarios: del Despacho Universal de Gobierno, Gracia y Justicia 
uno, y otro, de Estado^ Guerra y Hacienda. 

181 1. El Serenísimo Colegio Electoral! Constituyente de Cun- 
dinamarca, elegido en virtud de disposición de la Junta Suprema 
del Reino (la cual se había negado a acatar las resoluciones del 
primer Congreso, que se disolvió sin dictar carta fundamental al- 
guna), sancionó el 30 de marzo de 181 1 la Constitución del Esta- 
do. En ella, por los artículos 17 a 20 del Título v, se dispuso que 
para el desempeño de todos los negocios tendría el Poder Ejecuti- 
vo uno o dos Secretarios y competente número de Oficiales de se- 
cretaría, a fin de que por separado se despachara cada ramo. Los 



294 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



Secretarios, «aunque sus empleos soa de los más recomendables y 
de mayor categoría en el orden de la sociedad.» no gozarían del 
carácter de miembros de la Represtntdción Nacional, distinguién- 
dolos el Poder Ejecutivo para la consideración pública en razón de 
sus Ministerios. Ni ellos ni los Oficiales de la Secretarías podrían 
a un mismo tiempo ejercer sus oficios y ser miembros de la Re- 
presentación Nacional. Su nominación correspondía al Presidente 
cuando ejerciere el Poder Ejecutivo, pero la separación de dichos 
empleados sólo podía verificarla de acuerdo con los dos Conseje- 
ros que integraban el Poder Ejecutivo «cuando conste su ineptitud 
para el desempeño de sus respectivos encargos, dic*; esa curiosa 
disposición, proporcionándoles inmediatamente otros destinos don- 
de puedan ser útiles, sin que la separación sea una nota contra la 
opinión que merezcan por sus buenas costumbres y demás prendas 
que los hagan dignos del aprecio público.» Sólo en el caso de cri- 
minalidad y previa formación de la causa podían ser depuestos los 
Secretarios de sus destinos. 

1811. El acta de la Federación de las Provincias Unidas, 
obra de don Camilo Torres y firmada en Santafé de Bogotá el 27 
de noviembre de :8ii, reconoció a las Provincias como iguales, 
independientes y soberanas, con facultad de establecer su propio 
Gobierno por medio de una Constitución política, «en cuanto no 
ougnase con las facultades delegadas en dicho pacto a la Confede- 
ración para los fines de orden internacional y de la común defensa 
contra usurpaciones o invasiones extranjeras.» En conformidad con 
este principio, Cundinamarca había expedido la Constitución cita- 
da arriba, y su ejemplo fue seguido por otras de las Provincias del 
Reino: 

En la Constitución de la República de Tunja, sancionada el g 
de diciembre de 18 11, se determinó que el Poder Ejecutivo residi- 
ría en un Magistrado con e| título de Presidente Gobernador de la 
República de Tunja, pero no se dijo nada acerca de las Secreta- 
tarías de Estado. Sólo se dejó constancia de que el Gobernador, de 
acuerdo con el Senado, nombraría todos los empleados públicos de 
la Provincia, cuya nominación no estuviera prevista por dicha 
Carta. 

En la del Estado de Antioquia, sancionada el 3 de mayo de 
181 2, se dispuso por el artículo 37 del Título iv, que para el des- 
pacho del Poder Ejecutivo, el Presidente del Estado nombraría en 
lo venidero un Secretario General que obtendría su empleo por el 
término de cuatro años y se denominaría Secretatio de Estado y 
dei Despacho U?iiverscLl, pudiendo ser reelegido. Todas las órdenes, 
despachos y decretos del Poder Ejecutivo necesitaban para su 
cumplimiento llevar la firma del Secretario General. 

1812. La Constitución de la República de Cundinamarca, re- 
formada por el Colegio Revisor y Electoral el 17 de abril ds 1812, 
reprodujo respecto a los Secretarios del Poder Ejecutivo todas las 
disposiciones de la Constitución de 181 1. 



APUNTES SOBRE ORGA'UZ ACIÓN 295 



Iguales disposiciones, más o menos, se registran en la Consti- 
tución del Estado de Cartagena de Indias, sancionada pur la Con- 
vención General e! 14. de junio de 1912. (Artículos 38 341 del Tí- 
tulo v). Dicha Constitución fue mandada obedecer al siguiente día 
por don Manuel Rodríguez Torices, Presidente Gobernador del 
Estado, con la firma de don Juan Guillermo Ros, «Secretario de 
Estado y de lo Interior.» 

1^14. En la Reforma del Acta Federal, hecha por el Congre- 
go de las Provincias Unidas de la Nueva Granada en Tunja a 23 
de septiembre 1814, y por la cual se confió el Poder Ejecutivo de 
la Unión a un Triunvirato, se determinó que el Cuerpo deliberan- 
te (formado por dos Diputados por cada una de las Provincias y 
de uno por las pequeñas de Casanare, Neiva y Chocó) crearía las 
Secretarías que estimara necesarias para el Despacho del Poder 
Ejecutivo, asignando los sueldos que estimara convenientes a los 
Secretarios. Y por el Reglamento del Gobierno General de la Nue- 
va Granada", dictado por el mismo Congreso el 2 i de octubre en 
desarrollo del Acta de Reforma, se dispuso (artículos 21 y 22) que 
establecidas por el Congreso las Secretarías para los diferentes ra- 
mos del Despacho, el Gobierno General debía nombrar fuera de su 
seno los Secretarios, con facultad de removerlos cuando lo estima- 
ra conveniente, y que dichos Secretarios se conesponderían inme- 
diatamente con las autoridades y empleados de sus respectivos 
Departamentos, a quienes tocaba cumplir las órdenes recibidas. 
Dicho Reglamento fue dictado por los miembros del Triunvirato, 
señores Castillo y Rada, Camacho y Fernández Madrid, y está 
autorizado con la firma de don Crisanto Valenzuela, «Secretario de 
Estado y Relaciones Exteriores.» 

Los Secretarios designados por el Congreso fueron tres. 

1815. El Gobierno General fue reformado por medio de un 
Decreto del Congreso dictado en Santafé de Bogotá el 15 de no- 
viembre de 1815, por el cual se concentró el Poder Ejecutivo en 
una sola persona y se creó el puesto de Vicepresidente, para suplir 
las faltas temporales del Presidente, y en él se dispuso, por el ar- 
tículo V, que habría un Consejo de Estado compuesto del Vice- 
presidente de las Provincias Unidas, quien lo presidiría, de los 
miembros que acababan de serlo del Gobierno General, «y de los 
tres Secretarios del Despacho.» No hubo pues innovación en este 
particular. 

Aun cuando los Secretarios del Presidente eran propiamente 
ios de Estado, apuntamos como dato que tanto en la Constitución 
reformada de Cundinamarca (13 de julio de 1815), como en la del 
Estado de Mariquita (21 de junio de 1815), y en ¡a provisional de 
la Provincia de Antioquia (4 de julio de 1815), se determinó que el 
Gobernador, Magistrado Superior de la Provincia, tendría un Se- 
cretario para el despacho de los negocios a su cargo, nombrado a 
su satisfacción, puesto que las faltas que cometiere serían de su 
responsabilidad. En la de Antioquia se le fijó además un período 
de tres años, pudiendo ser reelegido, y se le denominó Secretario 



296 BOLBTÍM DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



de Gobierno. Todas las órdenes, despachos y decretos del Poder 
Ejecutivo deberían ir siempre autorizados por dicho Secretario. 

1 817. Terminado el Gobierno General de la Nueva Granada 
por la reconquista española, no quedó en el antiguo Virreinato de 
Santafé, de 1816 a 1819, otra autoridad que el sable del Pacifica- 
dor. En el interregno, Bolívar resolvió iniciar de nuevo la lucha 
por la independencia en Venezuela, y al efecto, después de varias 
tentativas infructuosas, desembarcó en Barcelona el i." de enero 
de 1817, y fue reconocido el 2 de mayo como Jefe Supremo de la 
República de Venezuela. Por decreto dictado en Angostura el 3a 
de octubre del mismo afio creó un Consejo Provisional de Estado 
«para abdicar la autoridad suprema y para que la República fuese 
gobernada según las bases de la política moderna, > dice el histo- 
riador Larrazábal, y dividió los asuntos en tres secciones: Esíado 
y Hacienda, Marina y Guerra, Interior y Justicia. 

Este Consejo se instaló el i." de noviembre, y de él hacíatt 
parte ios Secretarios de Estado. 

1819. Nombrado Presidente de la República por el Congreso 
reunido en Angostura, el Libertador, «deseando dar al Ministerio 
un arreglo y organización provisional,» dictó el Decreto de 2y de 
febrero de 18 19, por el cual dividió el Ministerio en tres departa- 
mentos, a saber: Ministro de Estado (Relaciones Exteriores) y 
Hacienda, Ministro de Marina y Guerra, Ministro del Interior y 
Justicia. 

Cada uno de estos Ministerios estaría bajo la dirección de ua 
Ministro Secretario. 

Al reanudar la campaña, el Libertador llevó consigo al Mi- 
nistro de la Guerra, que lo era el Coronel Pedro Briceño Méndez, 
y resolvió que el Vicepresidente de la República, Zea, estaría en- 
cargado de los demás ramos de la Administración, despachando 
con los otros dos Ministros. Posteriormente, por virtud de las cir- 
cunstancias extraordinarias en que se halló, por la campaña de la 
Nueva Granada, quedó el Vicepresidente encargado de la direc- 
ción de la guerra en el oriente de Venezuela, y fue autorizado 
para nombrar un Ministro interino de Guerra, de tal modo que 
hubo a un mismo tiempo dos Ministros de Guerra, uno con el 
Libertador y otro en Guayana. A esta anomalía puso fin una reso- 
lución del Libertador, dada en San Cristóbal el i." de noviembre 
de 182c, por la cual se suprimió el Ministerio interino de Guerra» 

1819. Triunfante la revolución de la ¡Independencia en la. 
Nueva Granada por la batalla de Boyacá, el Libertador, mientras 
se verificaba la unión de Venezuela y Nueva Granada, estableció 
un Gobierno provisorio, y nombró Vicepresidente de la Nueva 
Granada al General Santander, «con el título, funciones y atribu- 
ciones» conferidos al Vicepresidente de Venezuela» (11 de septiem- 
bre de J8ig). El Vicepresidente Santander, por resolución de fecha 
24 del mismo mes, dividió las Secretarías de ese Gobierno Gene- 
ral en dos: de Guerra y Hacienda, y del Interior y Justicia. 



APUNTES SOBRE ORGANIZACIÓN 297 



1820. El Congreso, por Decreto del 3 de enero de 1820, dis- 
puso que en cada una de las Vicepresidencias Departamentales 
hubiera un solo Secretario General, pero en vista de la representa- 
ción dirigida por el General Santander, en la cual exponía que era 
imposible despachar con un solo empleado para el vasto Departa- 
mento de Cundinamarca, dispuso el Libertador que conservara la 
Secretaría de este Departamento el título de Secretaría General, y 
fuera despachada, como había sucedido hasta entonces, por los 
señores Alejandro Osorio en los ramos de Hacienda y Guerra, 
y Estanislao Vergara en los del Interior y Justicia, dividiendo 
entre ellos el sueldo. Esta resolución fue confirmada por el Con- 
greso en I, "de agosto de 1820; mas a partir de febrero de 182 1, en 
que el doctor Osorio partió a ocupar su puesto en el Congreso de 
Cúcuta, la Secretaría General quedó reunida en manos del doctor 
Vergara. 

182 1. Formada la República de Colombia, en cumplimiento 
de la Ley Fundamental del Congreso de Angostura dada el 17 de 
diciembre de 18 19, se reunió el Congreso General de Colombia en 
la villa de Cúcuta. El Congreso confirmó la unión de Venezuela 
y de la Nueva Granada por medio de la Ley de 12 de julio de 
1821, y dictó la Constitución de la República, sancionada el 6 de 
octubre del mismo año. Por el artículo 136 de dicha Carta Funda- 
mental se establecieron para el despacho de los negocios cinco 
Secretarios de Estado, a saber: de Relaciones Exteriores, del In- 
terior, de Hacienda, de Marina y de Guerra. 

El Poder Ejecutivo podía reunir temporalmente dos Secreta- 
rías en una, y se dispuso, además (artículos 137 a 139), que el 
Congreso haría en dichas Secretarías las variaciones que las cir- 
cunstancias exigieran; que siendo cada Secretario el órgano preci- 
so e indispensable por donde el Poder Ejecutivo libra sus órdenes 
a las autoridades que le están subordinadas, toda orden que no 
estuviere autorizada por el Secretario no debía ser ejecutada, y, 
finalmente, que los Secretarios debían dar a las Cámaras, con 
anuencia del Poder Ejecutivo, cuantos informes se les pidieran, 
reservando solamente los que no conviniera publicar. 

En virtud de la autorización citada, el Libertador Presidente, 
en decreto dictado en Cúcuta a 7 de octubre de 1821, reunió en 
una sola las Secretarías de Marina y Guerra. 

1822. El General Santander, Vicepresidente encargado del 
Poder Ejecutivo de la República de Colombia, dictó, en desarro- 
llo del artículo 137 de la Constitución, el Decreto de fecha 22 de 
marzo de 1822, por el cual se dio un reglamento particular a cada 
una de las cinco Secretarías de Estado, determinando los negocios 
que correspondían a cada una. 

1825. El Congreso de este año dictó el Decreto de 5 de abril, 
sobre funciones de los Secretarios de Estado, y determinó los ne- 
gocios que correspondan a cada una de las Secretarías de Estado, 
y en dicho Decreto las denominó así: de\Esiado y de Relaciones 
Exteriores, del Interior, de Hacienda, de Guerra y de Marina. 



298 BOLETÍN DE HISTORIA V ANTIGÜEDADES 



Las Secretarías de Guerirt y Marina fueron despachadas en 
este período por un solo individuo, de modo que en realidad ha- 
bía sólo cuatro Secretarías. 

1826. Posesionado de nuevo de la Presidencia el Libertador 
a su regreso del Perú, por decretos de fecha 24 de noviembre de 
1826, dispuso que la Secretaría de Marina quedara de nuevo reuni- 
da a la de Guerra y desempeñada por el que ejerciera ésta; que por 
estar destinado don José Rafael Revenga, Secretario de Relaciones 
Exteriores, a acompañar al Libertador a Venezuela como Secreta- 
rio General, quedaría la Secretaría de Relaciones Exteriores reuni- 
da temporalmente a la del Interior y a cargo del Secretario de ésta, 
doctor J. M. Restrepo, y que el Secretario General tendría «el suel- 
do, tratamiento y preeminencias de los Secretarios de Estado.» 
Quedaron pues cuatro Secretarías, así: Interior y Relaciones Ex- 
teriores, Hacienda, Guerra y Marina, y Secretaria General del 
Libertador. 

1827. De regreso a la capital, por Decreto de 12 de septiem- 
bre de 1827 se eximió al Secretario del Interior, doctor Restrepo, 
del Despacho de Relaciones Exteriores, el cual fue de nuevo con- 
fiado al señor Revenga; se declaró suprimida la Secretaiía General, 
y se determinó que las de Guerra y Marina permanecerían reuni- 
das. Quedaron de nuevo cuatro Secretarías: Interior, Relaciones 
Exteriores, Hacienda, Guerra y Marina. 

1828. Por Decreto de ig de febrero de 1828 se declaró el Li- 
bertador investido de las facultades extraordinarias de conformi- 
dad con el artículo 128 de la Constitución, y por otro Decreto de 
fecha 2Ó del mismo mes resolvió partir para Venezuela en ejercicio 
del Poder Ejecutivo y restablecer por el tiempo de su ausencia los 
cinco Secretarios de Estado, debiendo acompañarlo uno de ellos para 
el despacho de los negocios de la Presidencia, y permanecer los 
cuatro restantes en la capital encargados, como Jefes de sus respec- 
tivos Departamentos y con amplias autorizaciones, de la Adminis- 
tración Públ'ca. Las cinco Secretarías eran las mismas señaladas en 
la Constitución, o sea: Interior, Hacienda, Relaciones Exteriores, 
Marina y Guerra. 

El Libertador escogió como Secretario General al de Marina, 
General Soublette, y dispuso que durante su ausencia despachara 
este ramo el de Guerra En realidad las Secretarías de Guerra y 
Marma fueron una sola, pues no llegaron a separarse ni en esa 
ocasión, ni cuando el Libertador, con el fin de atraerse al General 
Córdoba, resolvió en Decreto de 13 de julio de i82g — en vista de 
que había transcurrido el término de la licencia concedida al Se- 
cretario de Guerra y Marina, General Carlos Soublette — separar 
las dos Carteras y encargar del Despacho de Marina al General 
Córdoba, pues como éste no aceptó, el General Urdaneta conti- 
nuó desempeñando ambas Carteras. 

1828, Disuelta la Convención de Ocaña, el Libertador se de- 
claró en ejercicio de la dictadura, y en el Decreto de 27 de agosto 



APUNTES SOBRE ORGANIZACIÓN 299 



de 1828, que ciebia servir de Lev constitucional del Estado hasta 
el año de 1S30 (caique el Coiígreáo deoía expedir la nueva Cons- 
titución en reemplazó de la de 182 1), dispuso que el Consejo de 
Ministros se compusier2 de un Presidente y de los Ministros Secre- 
tarios de Estado (artículo 3.°), y que el Ministerio de Estado se 
destiibuyera en los seis Departamentos siguientes (artículo 4.°): 
Interior o Gobierno, Justicia, Guerra, Marina, Hacienda y Rela- 
ciones Exteriores. 

1828. No llegó el caso de designar Ministro Secretario de 
Justicia, y. como queda dicho, los Ministerios de Guerra y Marina 
fueron desempeñados por una sola persona. Los Ministros fueron 
en realidad cuatro, y el Consejo, al cual tocó el giavepeso del Go- 
bierno por ausencia del Libertador, quedó formado por los cua- 
tro Ministros del Interior, de Guerra, de Hacienda y de Relacio- 
nes Exteriores, y presidido por el doctor Castillo Rada, Presidente 
también del Consejo de Estad3, y que no tenía Cartera especial. 
Al partir el Libertador para el Sur llevó un Secretario General, 
que lo fue el Coronel J. S, Espinar, quien refrendó los decretos 
dictados por el Presidente en los diferentes ramos de la Adminis- 
tración. 

1830. El Congreso llamado «admirable» dictó para la Repú- 
blica la Constitución que fue sancionada el 5 de mayo de 1830, 
cuando ya había comenzado la disolución de la Gran Colombia. 
Por el artículo 88 de dicha Carta se dispuso que el Ministerio 
de Estado se dividiría en los cuatro Departamentos siguientes : 
del Interior y Justicia; de Hacienda, de Guerra y Marina y de 
Relaciones Exteriores. 

Esta Constitución, además de señalar los derechos y deberes 
de los Ministros de Estado, y de señalar los casos en que eran res- 
ponsables en el ejercicio de sus funciones, les fijó el deber de in- 
formar a cada Cámara, en los primeros diez días de sus sesiones, 
del estado de su respectivo ramo, lo cual venía verificándose des- 
de la reunión del primer Congreso en Bogotá en 1823. 

.1831. Derrocado el Gobierno de hecho de Urdaneta.el Gene- 
ral Domingo Caicedo, Vicepresidente de la República en ejercicio 
del Poder Ejecutivo, con el fin de remediar la difícil situación del 
Tesoro, entre otras medidas, dictó e¡ Decreto de 12 de agosto de 
1831 por el cudl redujo a tres las Secretarías de Estado, así: Inte- 
rior y Relaciones Exteriores, Hacienda, Guerra y Marina. 

183 1. Este Decreto fue aprobado por la Convención Granadi- 
na el 15 de noviembre de 183 1, la cual dictó la Constitución del 
Estado de lá Nueva Granada, smcionada el i." de marzo de 1832. 

1832. En esta Constitución se dispuso, por el artículo 112, que 
para el despacho de todos los negocios de la Administración habría 
a lo más las tres Secretarías: Interior y Relaciones Exteriores, 
Hacienda, y Guerra y Marina, las cuales serían organizadas 
por la ley. Por el articulo 116 se dispuso que los Secretarios de 



300 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



Estado informarían anualmente a cada Cámara, en los primeros 
seis días de sus sesiones, del estado de sus respectivos ramos. 

1843. La Constitución de ese año, sancionada el 20 de abril, 
dispuso que para el despacho de todos los negocios correspon- 
dientes al Poder Ejecutivo habría los Secretarios de Estado que 
determinara la ley; que cada una de las Secretarías estarla a cargo 
de un Secretario de Estado, pero el Poder Ejecutivo podría en- 
cargar, cuando lo juzgara conveniente, dos de ellas a un solo 
Secretario (artículos 107 y 108), También, por el artículo 1:4, im- 
puso a los Secretarios la obligación de presentar informes a las 
Cámaras Legislativas en los seis primeros días de sus sesiones or- 
dinarias. 

La Ley de 15 de mayo de 1842 había organizado las Secreta- 
rías de Estado creadas por la Constitución de 1832 en los tres 
Departamentos : Interior y Relaciones Exteriores, Hacienda, 
Guerra y Marina, 

El Congreso del mismo año de 1843, teniendo en cuenta la 
necesidad de que las Relaciones Exteriores tuvieran su Departa- 
mento especial, dictó la Ley de 1 1 de mayo, por la cual se dispuso 
que hubiera cuatro Secretarías de Estado, a saber: Relaciones 
Exteriores, Interior, Hacienda y Guerra. Esta Ley, como la 
Constitución, debía empezar a regir desde el i.* de octubre. 
El 28 de septiembre el Presidente Herrán dictó un decreto por 
el cual reguló las Secretarías de Estado. 

1845. El Congreso, por Ley de i.° de mayo de ese año, or- 
ganizó las Secretarías de Estado, fijándolas en cuatro, y creó los 
puestos de Subsecretarios para sustituir a los Secretarios en las 
faltas accidentales y en las absolutas hasta que el Poder Ejecutivo 
hiciera nuevo nombramiento. En ejecución de esa Ley el Presi- 
dente de la Nueva Granada, General Tomás C. de Mosquera, dictó 
el Decreto de 3 de mayo, por el cual las denominó: /.'', de Go- 
bierno; 2.°, de Relaciones Exteriores y Mejoras Internas; 3.°, 
de Hacienda, y 4.^, de Guerra. Esta denominación fue conservada 
en los Decretos de 24 de junio de 1846 y 22 de marzo de 1847, 
reglamentarios de las Secretarías de Estado. 

1848. La Ley de 13 de marzo de 1848, adicional a la de 
I.** de mayo de 1845, orgánica de las Secretarías de Estado, clasi- 
ficó los diferentes negocios de la Administración Pública en diez 
y seis Departamentos, y puso a cargo del Secretario de Gobierno 
los de Gobierno, Interior, Justicia, Instrucción Pública y Culto; 
al Secretario de Relaciones Exteriores los de Relaciones Exterio- 
res, Obras Públicas, Agricultura, Minas, Manufacturas y Comercio, 
y Beneficencia y Recompensas; a cargo del Secretario de Ha- 
cienda, los Departamentos de Hacienda, del Tesoro, de la Conta- 
bilidad General, de la Deuda Nacional y de gastos de Hacienda y 
del Tesoro; y a cargo del Secretario de Guerra, los Departamentos 
de Guerra y Marina. A partir de esta época, por consiguiente, los 



APUNTES SOBRE ORGANIZACIÓN 301 



cuatro Secretarios se denominaron: de Gobierno, de Relaciones 
Exteriores, de Hacienda y de Guerra. 

La Ley de 31 de mayo de 1849. P^^ '*> cual se suprimieron 
los puestos de Subsecretarios de Estado en los Despachos de Go- 
bierno. Relaciones Exteriores y Guerra, creados por la Ley de i." 
de mayo de 1845, conservó el Subsecretario de Hacienda y el mis- 
mo número y denominación de las Secretarias de Estado. 

1853. La Constitución sancionada el 21 de mayo de 1853 dis- 
puso, en su artículo 35, que para el despacho de todos los negocios 
de la Administración habría hasta cuatro Secretarios de Estado, 
nombrados libremente por el encargado del Poder Ejecutivo y 
amovibles a su voluntad. Los cuatro Secretarios de Estado con- 
tinuaron llamándose de la misma manera que en el período de 
18+8 a 1853. 

1858, El artículo 44 de la Constitución sancionada el 22 de 
mayo de r.^58 dispuso que para el despacho de los negocios de la 
competencia del Gobierno de la Confederación podría el Presi- 
dente tener hasta tres Secretarifís de Estado de su libre nombra- 
miento. Como en las Constituciones anteriores se dispuso también 
que todos los actos del Presidente, con excepción de los decretos 
de nombramiento o remoción de los .Secretarios de Estado, debe- 
rían ser autorizados por uno de dichos Secretarios, y sin este re- 
quisito no serían válidos. De conformidad con la disposición 
constitucional el Presidente doctor Mariano Ospina, por Decreto 
de fecha 23 de mayo de 1858, adscribió la Secretaría de Guerra a 
la de Gobierno, con la denominación de Sección de Guerra. Las 
Secretarías se denominaron así: Gobierno y Guerra, Relaciones 
Exteriores y Hacienda. 

1861. Derrocado el Gobierno de la Confederación Granadina 
por la revolución liberal, el General T. C. de Mosquera, Presiden- 
te Provisorio de los Estados Unidos de Colombia, dictó el Decreto 
de 22 de noviembre de 1861, por el cual dispuso que para el des- 
pacho de los negocios que correspondieran al Poder Ejecutivo 
habría cuatro Secretarías de Estado; y por Decreto de 23 del 
mismo mes dispuso que se denominaran así: Estado y Relaciones 

Exteriores, Hacienda, Interior y Guerra y Marina. 

1863. La Convención Constituyente reunida en Ríonegro, por 
la Ley de 9 de febrero de 1863 organizó provisoriamente el Go- 
bierno de la Unión colombiana, y el artículo i." de ella dispuso 
que, mientras se expedía la Constitución, el Gobierno Ejecutivo 
estaría a cargo de un Ministerio compuesto de cinco miembros, a 
saber: del Interior, de Relaciones Exteriores, de Hacienda, del 
Tesoro y Crédito Nacional y de Guerra. 

1863. La Constitución dada el 8 de mayo de 1863, y llama- 
da generalmente de Ríonegro, dispuso en su artículo 68 que para 
el despacho de los negocios de la competencia del Poder Ejecuti- 
vo de la Unión tendría el Presidente el número de Secretarios de 
Estado que determinara la ley. En consecuencia, la Convención 



302 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



dictó la Ley de 1 1 de mayo de 1863, por la cual resoivió que ha- 
bría hasta cuatro Secretarías de Estado, denominadas así: del Inte- 
rior y Relaciones Exteriores^ de Guerra y Marina, de Hacienda y 
Fomento y del Tesoro y Crédito Nacional 

Esta denominación fue confirmada en los decretos sobre Se- 
cretarías de Estado dictados por el Piesiderite General Mosquera 
el 29 de mayo y 18 de octubre de 1863. Conforme al artículo 51 
de la Constitución de Ríonegro, entre las atribuciones cíel Senado 
se contaba la de aprobar o improbaí el nombramiento de Secreta- 
rios de Estado hecho por el Poder Ejecutivo. 

1880, El Congreso de ese año dictó la Ley 10 de 25 de marzo 
— reformatoria de la citada niámero 23 de ri de mayo de 1863, — 
por la cual se dispuso que para el despacho de los negocios que 
corresponden al Poder Ejecutivo habría siete Secretarías de Esta- 
do, así denominadas: /.", Gobierno; 2°, Relaciones Exteriores; 
3.°, Guerra y Marina; 4.°, Instrucción Pública; 5°, Tesoro; 
6° Hacienda, y 7.°, Fomento. En consecuencia, por Decreto nú- 
mero 169, de 27 de marzo de 1880. el Presidente Trujillo organizó 
las Sei retarías de Estado, y clasificó y determinó los diferentes 
negociados de la Administración Pública. 

1886. La Constitución de ese año, sancionada e! 5 de agosto, 
en su artículo 1 ^2 dispuso que e! número, nomenclatura y prece- 
denua de los Ministerios o Departamentos Administrativas serían 
determinados poi la ley. El Consejo Nacional Legislativo dictó 
en consecuencia la Ley 7.* de 25 de agosto de i886, la cual dis- 
puso que el Despachvj Adininistrativo del Gobierno se dividiría 
en siete Ministerios, en el siguiente orden de precedencia: de Go- 
bierno, de Relaciones Exteriores, de Hacienda, de Guerra, de 
Instrucción Pública, del Tesoro y de Fomento. 

1888. Esta disposición fue conformada en el artículo 76 de la 
Ley 149 de 3 de diciembre de '888. sobre régimen político y 
municipal, dictada por el Congr so de ese añ' . 

1891. El vV)ngreso de 1890 dictó la Ley número 13 de 13 de 
octubre, por la cual se creó el Ministerio de Justicia, y dividió en 
su artículo i." el Despacho Administrativo de Gobierno en ocho 
Ministerios, que tendrían el siguiente orden de precedencia: Go- 
bierno, Relaciones Exteriores, Justicia, Hacienda, Guerra, Ins- 
trucción Pública, Tesoro y Fomento. 

1894. Este estado de cosas fue modificado por la Ley 1 1 de 
25 de septiembre de 1894, por la cual se suprimieron los Ministe- 
rios de Justicia y de Fomento, y se estableció el orden de prece- 
dencia de los seis Ministerios restantes, así: Gobierno, Relaciones 

Exteriores, Hacienda, Guerra, Instrucción Pública y Tesoro. 

1905. Por Decreto legislativo número 309 de 29 de marzo de 
1905, el Presidente de la República, General Rafael Reyes, retun- 
dió en uno solo los Ministerios de Hacienda y Fomento, pero sólo 
por pocos días quedaron cinco Ministerios, pues la Asamblea Na- 
cional Constituyente y Legislativa, por medio de la Ley 44 de 29 



APUNTES SOBRE ORGANIZACIÓN 303 

de abril del mismo año, que apri bó el Decreto legislativo número 
7 de 17 de enero de 1905, restableció el Ministerio de Fomento 
con el nombre de Obras Públicas, con la misma precedencia seña- 
lada en la Ley 13 de 1890. Quedaron, por tanto, los seis Ministe- 
rios siguientes: Gobierno, Relaciones Exteriores, Hacienda y 
Tesoro, Guerra, Instrucción Pública y Obras Públicas 

1909. El Congreso de igcg, por medio de la Ley .número 50 
de 19 de noviembre, restableció el Ministerio del Tesoro. Volvie- 
ron de nuevo los siete Ministerios antiguos, a saber: Gobierno, 

Relaciones Exteriores, Hacienda, Guerra, Instrucción Pública, 
Obras Públicas y Tesoro. 

1914. El Congreso de 191 3, por medio de la Ley número 25 
de 8 de octubre, dividió, a partir del 7 de agosto de 914, día de 
la inauguración de un nuevq período presidencial, el Despacho 
Administrativo del Gobierno en ocho Ministerios, los siete anti- 
guos y uno nuevo llamado de Agricultura y Comercio, en el 

siguiente 01 den de precedencia: Gobierno, Relaciones Exterio- 
res, Hacienda, Guerra, Instrucción Pública, Agricultura y Co- 
mercio, Obras Públicas y Tesoro. 



HACIENDA 

Memorias, Informes y Exposiciones dirig"idos por los Secretarios y 
Ministros en el Despacho de Hacienda a. las Cámaras Legislativas. 

Cundinamarca— Colombia. 

Ministro de Guerra y Hacienda, Alejandro C/Si>rio 1819 

Ministro de Guerra y Hacienda, Alejandro Osorio 1820 

Gran Colombia. 

Secretario de Hacienda, José M. del Castillo y Rada.. 1823 

S'ecretario de Hacienda, José M. del Castillo y Rada..,. 1826 

Secretaüo de Hacienda, José M. riel Castillo y Rada. . 1827 

Ministro de Hacienda, José Ignacio de Márquez 1831 

Nueva Granada. 

Secretario de Hacienda, Francisco Soto ^^33 

Secretario de Hacienda, Francisco Soto... '^34 

Secretario de Hacienda. Francisco Soto '835 

Secretario de Hacienda. Francisco Soto 1836 

Secretario de Hacienda, Francisco Soto 18-7 

Secretario de Hacienda, Ju m de Dios Aranzazu 1 838 

Secretario de Hacienda, Ju^ii de Dio* Aranzazu '839 



304 BOLETÍN Dtí HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 

Secretario de Hacienda, Juan de Dios Aranzazu 1840 

Secretario de Hacienda, Mariano Calvo 1841 

Secretario de Hacienda, Jorge Juan de Hoyos 1842 

Secrelaiio de Hacienda, Rufino Cuervo 1843 

Secretario de Hacienda, Juan Clímaco Ordófiez 1844 

Secretario de Hacienda, Juan Clímaco Ordóñez 1845 

Secretario de Hacienda, Lino de Pombo 1846 

Secretario de Hacienda, Florentino González 1847 

Secretario de Hacienda, Florentino González 1848 

Secretario de Hacienda, Ramón M. Arjona 1849 

Secretario de Hacienda, Manuel Murillo 1850 

Secretario de Hacienda, Manuel Murillo 1851 

Secretario de Hacienda, Manuel Murillo 1852 

Secretario de Hacienda, Juan Nepomuceno Gómez ^853 

Secretario de Hacienda, José M. Plata 1854 

Secretario de Hacienda, José M. Plata 1855 

Secretario de Hacienda, Rafael Nuñez 1856 

Secretario de Hacienda, Rafael Núñez 1857 

Confederación granadina. 

Secretario de Hacienda, Ignacio Gutiérrez 1858 

Secretario de Hacienda, Ignacio Gutiérrez 1859 

Secretario de Hacienda, Ignacio Gutiérrez 1860 

Secretario de Hacienda, Ignacio Gutiérrez 1861 

Estados Unidos de Colombia. 

Secretario de Hacienda y Fomento, 'Froilán Larga- 
cha ~ 1864 

Secretario de Hacienda y Fomento, Tomás Cuenca 1865 

Secretario de Hacienda y Fomento, Tomás Cuenca 1866 

Secretario de Hacienda y Fomento, Alejo Morales 1867 

Secretario de Hacienda y Fomento, Jorge Gutiérrez 

de Lara 1868 

Secretario de Hacienda y Fomento, Miguel Samper 1869 

Secretario de Hacienda y Fomento, Januario Salgar.... 187c 
Secretario de Hacienda y Fomento, Salvador Camacho 

Roldan. « 1871 

Secretario de Hacienda y Fomento, Salvador Camacho 

Roldan 1872 

Secretario de Hacienda y Fomento, Aquileo Parra 1873 

Secretario de Hacienda y Fomento, Aquileo Parra 1874 

Secretario de Hacienda y Fomento, Aquileo Parra 1875 

Secretario de Hacienda y Fomento, Nicolás Esguerra. 1876 
Secretario de Hacienda y Fomento, Januario Salgar.... 1877 

Secretario de Hacienda y Fomento, Luis Bernal 1878 

Secretario de Hacienda y Fomento, Luis Carlos Rico. 1879 
Secretario de Hacienda y Fomento, Hermógenes Wil- 
son • ~..M... 1880 



MEMORIAS DE SECRETARIOS Y MINIS'J'ROS 305 



Secretario de Hacienda, Antonio Roldan 1881 

Secretario de Hacienda , Antonio Roldan 1882 

Secretario de Hacienda, Aníbal Galindo 1883 

Secretario de Hacienda, Aníbal Galindo 1884. 

Secretario de Hacienda, Felipe Ángulo 1885 



República de Colombia. 



Min 
Min 
Min 
Min 
Min 
Min 
Min 
Min 
Min 
Min 



istro de Hacienda, Felipe F. Paúl 1888 

istro de Hacienda, Felipe F. Paúl ^ «... 1890 

istto de Hacienda, José Manuel Goenaga ""1892 

istro de Hacienda, Pedro Bravo.. 1894 

istro de Hacienda, Ruperto Ferreira 1896 

istro de Hacienda, Manuel Esguerra 1898 

istro de Hacienda, Ruperto Ferreira 1903 

istro de Hacienda, Carlos Arturo Torres 1904 

istro de Hacienda y Tesoro, Tobías Valenzuela. . . 1907 
istro de Hacienda y Tesoro, Baldomero Sanín 

Cano (Secretario encargado). 1908 

Ministro de Hacienda y Tesoro, Baldomero Sanín 

Cano (Secretario encargado) 1909 

Ministro de Hacienda, Tomás O, Eastman 1910 

Ministro de Hacienda, Tomás O. Eastman 1911 

Ministro de Hacienda, Francisco Restrepo Plata 19 12 

Ministro de Hacienda, Francisco Restrepo Plata 1913 

Ministro de Hacienda, José A. Llórente 19 14 

Ministro de Hacienda^ Daniel J. Reyes 1915 

Ministro de Hacienda, Diego Mendoza Pérez 1916 

Ministro de Hacienda, Tomás Suri Salcedo 19 17 

Ministro de Hacienda, Tomás Suri Salcedo....* «... 1918 

Ministro de Hacienda, Pomponio Guzmán *9i9 

Ministro de Hacienda, Pomponio Guzmán 1920 

Ministro de Hacienda, Pomponio Guzmán 1921 

Miniítro de Hacienda, Miguel Arroyo Diez 1922 



GUERRA 

Memorias Informes y Exposiciones de los Secretarios y Ministros de 

Estado en el Despacho de Guerra a las Cámaras Legislativas y al 

Presidente de la República. 

Cundtnamarca. 

Ministro de Guerra y Hacienda, Alejandro Osorio. . .. 1816 
Ministro de Guerra y Hacienda, Alejandro Osorio. , . . 1820 

xrv— 20 



306 



BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



República de Colombia. 

Secretario de Guerra, Pedro Briceño Méndez 1823 

Secretario de Guerra, Pedro Briceño Méndez 1824 

Secretario de Guerra, Carlos Soublette 1826 

Secretario de Guerra, Carlos Soublette 1827 



Ministro 
Obando . . . . 
Secretar 
Secretar 
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Secretar 
Secretar 
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Secretar 
Secretar 
Secretar 
Secretar 



República de la Nueva Granada. 
Secretario de Guerra y Marina, José María 



o de Guerra y Marina, José Hilario López. . . 

o de Guerra y Marina, Antonio Obando 

o de Guerra y Marina, Antonio Obando 

o de Guerra y Marina, Antonio Obando 

o de Guerra y Marina, Antonio Obando 

o de Guerra y Marina, José Hilario López. . . 
o de Guerra y Marina, Tomás C. de Mosquera, 
o de Guerra y Maiina, Tomás C. de Mosquera. 

o de Guerra y Marina, Simón Burgos 

o de Guerra y Marina, José Acebedo 

o de Guerra y Marina, José Acebedo 

o de Guerra, José Acebedo 

o de Guerra, José Acebedo 

o de Guerra, Juan María Gómez 

o de Guerra, Joaquín M. Barriga 

o de Guerra, Joaquín M. Barriga 

o de Guerra, Joaquín M. Barriga 

o de Guerra, Joaquín M. Barriga 

o de Guerra, Valerio Francisco Barriga 

o de Guerra, Valerio Francisco Barriga 

o de Guerra, Valerio Francisco Barriga 

o (le Guerra, Valerio Francisco Barriga 

o de Guerra, Pedro A. Herrán 

o de Guerra, Cerbeleón Pinzón 

o de Guerra, José María Ortega Nariño 

o de Guerra, Manuel Antonio Sanclemente. . . 

Confederación Granadina. 



1831 
^833 
1834 
1835 
1836 

1837 
1838 

1839 
1840 
1841 
1842 

1843 
1844 

^845 
1846 

1847 
1848 
1849 
1850 
1851 
1852 

1853 
1854 

1855 
1856 

1857 
1858 



Secretario de Gobierno y Guerra, Manuel Antonio San- 
clemente 1859 

Secretario de Gobierno y Guerra, Manuel Antonio San- 
clemente 1860 

Secretario de Gobierno y Guerra, Manuel Antonio San- 
clemente 1 86 1 



MEMORIAS DE SECRETARIOS Y MINISTROS 



307 



Secretar 
Secretar 
Secretar 
Secretar 
Secretar 
Secretar 
Secretar 
Secretar 
Secretar 
Secretar 
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Vila. 



Secretar 
Secretar 
Secretar 
Secretar 
Secretar 
Secretar 
Secretar 
Secretar 
Secretar 



Estados Unidos de Colombia. 

o de Guerra y Marina, Valerio F. Barriga, 
o de Guerra y Marina, Valerio F. Barriga. , 
o de Guerra y Marina, Rudesindo López , , 
o de Guerra y Marina, José María Baraya. 
o de Guerra y Marina, Sergio Camargo. . . , 
o de Guerra y Marina, Sergio Camargo.. . , 
o de Guerra y Marina, Manuel Amador Fierro 

o de Guerra y Marina, Santos Acosta 

o de Guerra y Marina, Eustorgio Salgar... 
o de Guerra y Marina, Medardo Rivas . . . , 
o de Guerra y Marina, Ramón Santodomingo 



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o de Guerra y Marina, Santos Acosta 

o de Guerra y Marina, Rafael Niño 

o de Guerra y Marina, Santos Acosta , 

o de Guerra y Marina, Ezequiel Hurtado. . 
o de Guerra y Mariiia, Manuel Amador Fierro 

o de Guerra y Marina, Eliseo Payan , 

o de Guerra y Marina, Eliseo Payan 

o de Guerra y Marina, Juan N. Matéus, . . , 
o de Guerra y Marina, Juan N. Matéus. . 

República de Colombia. 

de Guerra, Carlos Holguín 

de Guerra, Leonardo Cana! 

de Guerra, Olegario Rivera 

de Guerra, Edmundo Cervantes 

de Guerra, Pedro Antonio Molina 

de Guerra, Isaías Lujan. 

de Guerra, Alfredo Vásquez Cobo 

de Guerra, Alfredo Vásquez Cobo 

de Guerra, Clímaco Losada (Subsecretario en- 



stro de Guerra, Víctor Calderón Reyes. . . 
stro de Guerra, José Medina Calderón. . . 
stro de Guerra, Mariano Ospina Vásquez, 

stro de Guerra, José Manuel Arango 

stro de Guerra, José Manuel Arango 

stro de Guerra, José Manuel Arango 

stro de Guerra, Isaías Lujan 

stro de Guerra, Salvador Franco 

stro de Guerra, Silvador Franco 

stro de Guerra, Salvador Franco 

stro de Guerra, Jorge Roa 

stro de Guerra, Jorge Roa 

dstro de Guerra, Jorge Roa 

stro de Guerra, Aristóbulo Archila 



1865 
1866 
18Ó7 
1868 
1869 
1870 
1871 
1872 

1873 
1874 

1875 
1876 
1877 
1878 
1879 
1880 
1881 
1882 
1885 
1884 



890 
892 
894 
896 
898 

903 
904 

907 
908 
910 
911 
912 
913 
914 
915 
916 
917 
918 
919 
920 
921 
922 



308 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



INSTRUCCIÓN PUBLICA 

Memorias, Exposiciones e Informes dirigidos por los Secretarios y 

Ministros de Estado en el Despacho de Instrucción Pública a las 

Cámaras Legislativas. 

Estados Unidos de Colombia. 
*» 

Secretario de Instrucción Pública, Rafael Pérez 1881 

Secretario de Instrucción Pública, Ricardo Becerra. . . 1882 

Secretario de Instrucción Pública, Rufo Urueta 1883 

Secretario de Instrucción Pública, José Vicente Uribe. 1884 
Secretario de Instrucción Pública, Enrique Atvarez Bo- 
nilla 1885 

República de Colombia. 

Ministro de Instrucción Pública, Jesús Casis Rojas . . . 1888 

Ministro de Instrucción Pública, Jesús Casas Rojas,.. . 1890 
Ministro de Instrucción Pública, José Ignacio Tru- 

iillo 1892 

Ministro de Instrucción Pública, Liborio Zerda 1894 

Ministro de Instrucción Pública, Rafael María Carras- 
quilla 1896 

Ministro de Instrucción Pública, Diego Rafael de Guz- 

mán (Secretario encargado) 1898 

Ministro de Instrucción Pública, Enrique Alvarez Bo- 
nilla 1903 

Ministro de Instrucción Pública, Antonio José Uribe. 1904 

Ministro de Instrucción Pública, José M. RivasGroot. 1907 

Ministro de Instrucción Pública, Emiliano Isaza 1908 

Ministro de Instrucción Pública, Antonio Gómez Res- 
trepo 1909 

Ministro de Instrucción Pública, Manuel Dávila FIórez. 1910 
Ministro de Instrucción Pública, Pedro María Carrefio, 1911 
Ministro de Instrucción Pública, Carlos Cuervo Már- 
quez 1912 

Ministro de Instrucción Pública, Carlos Cuervo Már- 
quez 19 13 

Ministro de Instrucción Pública, Carlos Cuervo Már- 
quez 1914 

Ministro de Instrucción Pública, Emilio Ferrero 1915 

Minisiro de Instrucción Pública, Emilio Ferrero 19 16 

Ministro de Instrucción Pública, Emilio Ferrero 1917 

Ministro de Instrucción Pública, Emilio Ferrero 1918 

Ministro de Instrucción Pública, Miguel Abadía Mén- 
dez 1919 

Ministro de Instrucción Pública, Miguel Abadía Mén- 
dez Í920 

Ministro de Instrucción Pública, Miguel Abadía Mén- 
dez 1921 

Ministro de Instrucción Pública, Bonifacio Vélez 1922 



MEMORIAS DE SECRETARIOS V MINISTROS 309 



FOMENTO -OBRAS PUBLICAS 

Memorias, Informes y Exposiciones dirigidos por los Secretarios y 

Ministros de Estado en el Despacho de Fomento y Obras Públicas 

a las Cámaras Legislativas. 

Estados Unidos de Colombia. 

Secretario de Hacienda y Fomento. (Ver Hacienda. 1864-1880) 

Secretario de Fomento, Gregorio Obregón iSSi 

Secretario de Fomento. Narciso González Lineros 1882 

Secretario de Fomento, Alejandro Posada 1883 

Secretario de Fomento, Buenaventura Reinales 1884 

Secretario de Fomento, Napoleón Borrero 1885 



tas. 



República de Colombia. 



Ministro de Fomento, Rafael Reyes ; 

Ministro de Fomento, Leonardo Canal 

Ministro de Fomento, Carlos Uribe 

Ministro de Fomento, Juan de Brigard 

Ministro de Obras Públicas, Francisco de P, Mano- 



Min 
Min 
Min 
Min 
Min 
Min 
Min 
Min 
Min 
Min 
Min 
Min 
Min 
Min 
Min 



stro de Obras Públicas, José María Ruiz 

stro de Obras Públicas, Rafael Ortiz 

stro de Obras Públicas, Carlos J. Delgado , 

stio de Obras Públicas, Celso Rodríguez 

stro de Obras Públicas, Simón Araujo 

stro de Obras Públicas, Simón Araujo , 

stro de Obras Públicas, Simón Araujo , 

stro de Obras Públicas, Aurelio Rueda Acosta. 

stro de Obras Públicas, Jorge Vélez , 

stro de Obras Públicas, Jorge Vélez 

stro de Obras Públicas, Jorge Vélez 

stro de Obras Públicas, Carmelo Arango 

stro de Obras Públicas, Esteban Jaramillo. . . 
stro de Obras Públicas, Esteban Jaramillo. . . , 
stro de Obras Públicas, PrósDero Márquez. . , 



888 
890 
892 
894 

907 
908 
909 
910 
911 
912 

913 
914 

915 

916 
917 
918 
919 
920 

921 

922 



TESORO 

Memorias, Informes y Exposiciones de los Secretarios y Ministros 
de Estado en el Despacho del Tesoro a las Cámaras Legislativas*. 

Estados Unidos de Colombia. 

Secretario del Tesoro y Crédito Nacional, Eugenio Cas- 
tilla 1865 



310 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



Secretario del Tesoro y Crédito Nacional, Eugenio 
Castilla 1866 

Secretario del Tesoro y Crédito Nacional, Froilán Lar- 
gacha 1867 

Secretario del Tesoro y Crédito Nacional, Antonio 
Ferro 1868 

Secretario del Tesoro y Crédito Nacional, Narciso 
González Lineros 1869 

Secretario del Tesoro y Crédito Nacional, Narciso 
González Lineros 1870 

Secretario del Tesoro y Crédito Nacional, José María 
Caro 187 1 

Secretario del Tesoro y Crédito Nacional, César Contó. 1872 

Secretario del Tesoro y Crédito Nacional, César Contó. 1873 

Secretario del Tesoro y Crédito Nacional, Felipe Pérez. 1874 

Secretario del Tesoro y Crédito Naqional, Nicolás Es- 
guerra 1875 

Secretario del Tesoro y Crédito Nacional, José María 
Villamizar G 1876 

Secretario del Tesoro y Crédito Nacional, Luis A. 
Robles 1877 

Secretario del Tesoro y Crédito Nacional, José M. 
Quijano Wallis 1878 

Secretario del Tesoro y Crédito Nacional, Emigdio 
Paláu 1 879 

Secretario del Tesoro y Crédito Nacional, Emigdio 
Paláu 1880 

Secretario del Tesoro, Simón de Herrera 188 1 

Secretario del Tesoro, Simón de Herrera. 1882 

Secretario del Tesoro, Alejandro Posada, Napoleón 
Borrero 1883 

Secretario del Tesoro, Ángel María Galán 1884 

Secretario del Tesoro, Vicente Restrepo 1885 

República de Colombia. 

Ministro del Tesoro, Carlos Martínez Silva 1888 

Ministro del Tesoro, Vicente Restrepo 1890 

Ministro del Tesoro, Marcelino Arango 1892 

Ministro del Tesoro, Miguel Abadía Méndez 1894 

Ministro del Tesoro, Manuel Ponce de León 1896 

Ministro del Tesoro, Daniel J. Reyes, Antonio Roldan 1898 

Ministro del Tesoro, F. Mendoza Pérez 1903 

* Ministro del Tesoro, Carlos Arturo Torres 1904 

Ministro de Hacienda y Tesoro, Tobías Valenzuela. . 1907 
Ministro de Hacienda y Tesoro, B. Sanín Cano (Sub- 
secretario encargado) 1908 

Ministro de Hacienda y Tesoro, B. ^Sanín Cano (Sub- 
secretario encargado) IQOQ 



VISITA A TÜNJA DEL PRESIDENTE A. GONZÁLEZ 311 



Ministro del Tesoro, Antonio José Cadavid igio 

Ministro del Tesoro, Jerónimo Martínez A igii 

Ministro del Tesoro, Carlos N. Rosales 1912 

Ministro del Tesoro, Carlos N. Rosales 1915 

Ministro del Tesoro, Carlos N. Rosales IQH 

Ministro del Tesoro, Jorge Vélez íQ^S 

Ministro del Tesoro, Alfonso Robledo, Pedro Blanco 

Soto (Secretario encargado) 1916 

Ministro del Tesoro, Pedro Blanco Soto Í917 

Ministro del Tesoro, Pedro Blanco Soto 1918 

Ministro del Tesoro, Esteban Jaramillo 1919 

Ministro del Tesoro, [osé M. Pasos 1920 

Ministro de Obras Públicas, encargado del Tesoro, Es- 
teban Jaramillo igzi 

Ministerio del Tesoro, Eugenio Andrade (Secretario 

encargado) 1922 

Raimundo Rivas 



ViSICfl fl CUnSfl DEh PRESIDEnCE flnCOniO GOnZflbEZ 

(Del archivo histórico del señor Diego Mendoza). 

En la ciudad de Tunja del Nuevo Reino de Granada de las 
Indias, en veintidós días del mes de agosto de mil y quinientos no- 
venta y cuatro años, se juntaron en Sala de Cabildo, por mandado 
del señor doctor Antonio González, del Consejo Real de Indias 
del Rey Nuestro Señor, su Presidente, Gobernador y Capitán Ge- 
neral en este Nuevo Reino para tratar y conferir en cosas tocantes 
al servicio del Rey Nuestro Señor, donde se juntaron en junta reli- 
giosa. Y los que en este Cabildo se hallaron fueron de la manera 
siguiente: 

El doctor Antonio González, del Consejo del Rey Nuestro Se- 
ñor, Presidente Gobernador y Capitán General en este Nuevo 
Reino; el Capitán Antonio Ruiz Mancipe, Teniente de Corregidor: 
Juan Chacón de Porras, Alcalde Ordinario; el Capitán Martin de 
Rojas, Regidor; Juan de la Parra, Regidor; Alonso Marchan, Regi- 
dor; el Capitán Juan de Porras Marquina, Regidor; Diego Rincón, 
Regidor; Antonio Bravo Maldonado, Regidor; Francisco Yáñez 
Hermoso, Regidor; Juan de Novoa Sotelo, Regidor; Félix del 
Castillo, Regidor; Fabricio López de Nuruena, Regidor; el Capi- 
tán don Miguel Suárez, Regidor; Francisco de Morales, Regidor: 
Antonio Mancipe, Procurador General; fray Cristóbal de Gutié- 
rrez de Capelo, Provincial agustino; fray Lorenzo de Rojas, Prior 
del dicho convento de agustinos; fray Diego de Godoy, Prior 
del convento de Santo Domingo; fray Reginaldo Galíndez, de la 
dicha Orden: fray Pedro Bedón, de la dicha Orden; fray Pedro 



312 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



de Valencia, guardián del convento de San Francisco; fray Pedro 
de Alhiaga, de la dicha Orden; el bachiller Pedro de Baldelonia^ 
vecino de esta ciudad; el licenciado Antonio Rosillo. 

Y estando así juntos el dicho señor Presidente propuso algu 
ñas cosas tocantes al servicio de Dios Nuestro Señor, bien de la 
cristiandad, servicio del Rey Nuestro Señor, bien y quietud de la 
República, trayendo para esto muchas materias antiguas, y graves 
comparaciones y ejemplos y que últimamente hizo un razonamien- 
to a los que se hallaron presentes, y habiéndole hecho mandó que 
por escrito se leyese, como lo había dicho de palabra, para que 
constase en todo tiempo, el cual, como allí se dijo y leyó, fue el si- 
guiente: Señores: bien saben que el Rey Nuestro Señor, por su 
arancel, mandó que en este Nuevo Reino se les sirviese con dos 
por ciento de su derecho real de alcabala de todo lo que en estas 
Provincias se vendiese desde principios del año pasado de noventa 
y dos en adelante, y habiéndose propuesto esto en nombre de Su 
Majestad por el Licenciado Gaspar de Peralta, Oidor de la Au- 
diencia Real de este Reino, que con comisión y cartas mías lo vino 
a asentar, se suplicó de ello para arancel real y su ejecución repre- 
sentando algunas necesidades de esta República y otras muchas 
razones. En cuya virtud pretendieron que el Rey Nuestro Señor 
mandase sobreseer en la cobranza. Sin embargo de lo cual, en 
cumplimiento y conformidad de dicho arancel real, se ha ido co- 
brando el dicho derecho, como se sabe, y se ha metido en la caja 
real y de ella llevándose al Rey Nuestro Señor para que se con- 
vierta en defensa de la cristiandad y sustento de la real armada de 
la guarda de las Indias, que es el fin para que Su Majestad quiere 
y asigna lo procedido de est j, y en este tiempo parte de la ciudad 
de Santafé, y ésta y otras ^e ha ocurrido al Rey Nuestro Señor con 
la dicha suplicación, y aunque ha tenido aviso cierto de haber lle- 
gado los dichos despachos ante Su Majestad muchos días há, no se 
ha servido acudir a la dicha suplicación, antes por una cédula de 
once de agosto del año pasado dirigida a este Cabildo les dice que 
es imposible relevar a esta ciudad del dicho derecho, y que así no 
se puede admitir excusa, como en eficto no la ha de haber. 

De la cual asimismo suplicaron segunda vez habiéndola pre- 
sentado en el dicho Cabildo Bartolomé Gampuzano, Corregidor 
de esta ciudad y Juan de Mardonel, Alguacil Mayor de ella, por 
comisión mía, y últimamente por otra Cédula de Su Majestad, diri- 
gida a mi Señoría en veinte y uno de enero de este presente año, 
que recibí en principio de junio de él, manda que sin embargo de 
la suplicación de esta ciudad se reciba y cobre este derecho como 
de ella consta, y que dice así: 

A esa ciudad y a la de Tunja escribí las cartas que habréis re- 
cibido, cuyo duplicado será con ésta, y en conformidad de lo que 
contienen, abiertas para que las veáis asentaréis las alcabalas y ar- 
bitrios sin embargo de su suplicación, pues como allí se dice, no se 
les ha de admitir ni hay razón para que habiéndose recibido ya en 
todo lo restante de las Indias pretendan singularizarse, comoquiera 



VISITA A TUNJA DEL PRESIDENTE A. GONZÁLEZ 313 



que ya al recibo de ésta espero habrán conocido que no piden ra- 
zón y que así se habrá todo asentado conforme a el orden que a ellos 
envió. La cual y las demás se les leerán aqui a todos los presentes 
para este efecto en cuya virtud la Justicia y Regimiento de la dicha 
ciudad de Santafé j las de otras ciudades de este Reino, como tan 
leales al íiervicio real, cumpliendo con sus oficios y obligación na- 
tural, recibieron llanamente el dicho derecho real con su suavidad 
y celo que vasallos tan leales deben tener al servicio de su Rey y 
bien y quietud de su República, como entenderán de los testimo- 
nios del dicho recibimiento, que también se les leerá, y deseando yo 
que los presentes acierten por encaminarles en que lo hagan, he 
venido desde la ciudad de Santafé a ésta, sin reparar en el largo y 
trabajoso camino, tan dañoso para mi edad, y en la falta que a mi 
oficio entretanto podría hacer por sólo ser bien y que el servicio 
del Rey Nuestro Señor se haga con suavidad, y así les ruego mucho 
adviertan que ya por tres mandamientos firmados de nuestro Rey 
y Señor, manda que se leciba y pague su derecho, tan justo y de- 
bido, y que aunque al principio tuvo disculpa la primera suplica- 
ción y se ha disimulado con la segunda y se ha visto no servirse Su 
Majestad de ellas, antes por los despachos sobredichos ha mani- 
festado su determinada voluntad, la cual dio en su real nombre, 
afirmo ser ésta, y si todavía se quisiese acudir de ella con tibieza, 
como hasta aquí se ha hecho, ya no sería cordura ni se podría 
atribuir a procurar el bien de su ciudad sino su daño, cobrando 
mal nombre y invitando a Su Majestad para que en lugar de ha- 
cerle las mercedes que él acostumbra, mandase parar en todas, 
como ha hecho en algunas, y yo también habría de proceder en la 
ejecución de las órdenes que tengo de Su Majestad, cosa que sen- 
tiría y he rehusado mucho por el amor y buen deseo que a todas 
sus pasiones tengo. 

Pues para que esto cese y vuesas mercedes cumplan con sus 
oficios y obligaciones y el Rey Nuestro Señor se ha servido y haga 
a esta ciudad y vecinos de ella la merced que de su clemencia, 
largueza y costumbre siempre se espera. Pido yo a vuesas merce- 
des que imitando el loable camino que la ciudad de Santafé y 
otras han tomado, reciban llanamente el dicho derecho real por 
Cabildo y ciudad, como es justo, y ayuden a que se abra y recoja 
con suavidad y llaneza que demás de ser tan obligatoria excusan- 
do el riesgo que se les podría recrecer; de lo contrario, yo repre- 
sentaré al Rey Nuestro Señor el servic'o que en esto le harán para 
que mande premiar, y entretanto les acudiré lo posible, como se 
verá en todas ocasiones. Y adviertan que no cumplen con decir 
que no estorban la ejecución, y que basta pagar cada uno lo que 
debe, pues no parando la dicha ejecución no les parece necesario 
a más recibimiento, porque por la obediencia debida a Su Majestad 
es necesario que los reciban, y también porque los contratantes y 
otras personas ignorantes se perjuran y defraudan la Hacienda Real 
negando lo que deben, tomando motivo y pareciéndoles que entre- 
tanto que no se recibe por Cabildo no tienen obligación de pagar 



314 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



este derecho, de que nacen muchos perjuros, y menoscabo de la 
Hacienda Real, la cual el pago y satisfacción de ella es a su culpa y 
cargo, y se cobrará de sus personas y bienes. Y porque aunque yo 
creo están bien informados de lo que en conciencia deben hacer, 
todavía por si alguno buena o maliciosamente quisiere dudar de 
su obligación he pedido a los religiosos que están presentes se ha- 
llen aquí para desengañarles del engaño o duda en que estuvieren, 
y asimismo a los dos letrados presentes por no haber más en la 
ciudad para que les aconsejen en materia de justicia lo que deben 
hacer, y porque demás de esta justificación y de los tres manda- 
mientos reales sobredichos que mando luego se les lean con lo 
demás a asimismo el título que yo tenga y comisión del Rey 
Nuestro Señor y demás recaudos, para que Su Majestad sepa cómo 
y cada uno le sirve y yo también proceda conforme a esto y a la 
orden que tengo de Su Majestad, oído todo y entendido vayan re- 
cibiendo cada uno de los presentes por sí el dicho derecho y vo- 
tando cerca de él lo que es justo, que yo como Gobernador de 
estas Provincias le recibo llanamente, desde luego y ordeno que 
se cobre y pague según y como Su Majestad lo manda. Y habién- 
dose leído mandó Su Señoría que asímispio se leyesen las cédulas, 
testimonios y recaudos siguientes: 

Primeramente se leyó la comisión y título general que el dicho 
señor Presidente tiene del Rey Nuestro Señor para venir y gober- 
nar estas Provincias, y luego el arancel real en que el Rey Nuestro 
Señor manda que se le paguen dos por ciento del derecho de al- 
cabala. 

La instrucción que Su Majestad le dio para la introducción y 
cobranza de ella. 

Una carta escrita por el Rey Nuestro Señor al Consejo Justi- 
cia y Regimiento de esta ciudad en once de agosto de noventa y 
tres, en que dice ser imposible relevar a esta ciudad del dicho de- 
recho, y que en la paga de él no ha de haber excusa. 

Otra Cédula dirigida al dicho señor Presidente fecha en once 
de enero de este presente año, en que manda que sin embargo de la 
suplicación de esta ciudad se asiente el dicho derecho real de al- 
cabala. 

Un testimonio autorizado de Escribano de cómo en la ciudad 
de Santafé se recibió por el Cabildo de ella el dicho derecho real 
de alcabala en primero de julio de este presente año. 

Una carta del Marqués de Cañete, Virrey del Perú, escrita del 
dicho señor Presidente por mayo de este presente año, en que dice 
gozarse en el Perú de una muy asentada paz, y el Rey Nuestro 
Señor de las rentas de alcabalas y arbitrios con mucha quietud y 
llaneza. 

Y vistos todos los dichos papeles, que se leyeron en presencia 
de los presentes, Su Señoría ordenó que para más justificación de 
su proposición los dichos fray Cristóbal Gutiérrez, fray Diego de 
Godoy y fray Pedro de Ballena, fray Pedro de Asuaga, fray 



VISITA A TUNJA DEL PRESIDIANTE A. GONZÁLEZ 315 



Reginaldo Galíndez, fray Pedro Bedón, fray Lorenzo de Rufo, 
Provincial Prior de Maestros y presentados en santa teología, que 
para desengaño de los pressntes dijesen lo que sentían, debía 
pagar el dicho Cabildo, Justicia y Regimiento en el caso sobre- 
dicho. Los cuales dijeron unánime y conforraeroente que rae- 
diante ser voluntad del Rey Nuestro Sen >r y mandarlo confor- 
me al arancel real y Cédulas y recados referidos de su uso que se 
han visto en este dicho Cabildo en presencia de todos, son de pa- 
recer que las alcabalas se deben y se reciban y que el que no lo 
hiciere y lo resistiere peca mortalraente, atento a la necesidad en 
que Su Majestad se halla y la obligación que hay de acudirle y 
obedecerle, para lo cual ha llegado muchos textos, doctores y lu- 
gares del S. Jutci* en que dijeron fundarse. 

Y luego ordenó Su Señoría al bachiller Baldeiomar y Licencia- 
do Antonio Rosillo, que allí estaban presentes, por no haber más 
en esta ciudad, que asimismo diesen en parecer sobre lo propuesto 
por Su Señoría, los cuales dijeron que supuesta la voluntad del 
Rey Nuestro Señor, que consta por el arancel y Cédulas reales so- 
bredichas, que allí se leyeron, su parecer es que el dicho Cabildo 
Justicia y Regimiento están obligados a obedecer a Su Majestad, y 
en cumplimiento de sus mandatos recibir y pagar las dichas al 
cabalas. 

Y así oído lo propuesto, y vistas ¡as dichas comunicaciones, 
arancel, testimonio y Cédulas reales testimonio, carta y recados de 
suso citados, y oídos los pareceres de los dichos letrados, teólogos y 
Juristas, ei Consejo, Justicia y Regimiento de esta dicha ciudad, que 
se hallaron presentes, dijeron|que para acertar a servir al Rey Nues- 
tro Señor, como es su deseo y cumplir con sus oficios y obligación, 
pedían y pidieron del dicho señor Presidente que les mande dar 
algún término en que puedan considerar lo que se les manda y 
deben hacer. Y visto por Su Señoría, les dio tres días de término 
que se cumplen jueves veinte y cinco de este presente mes, a las 
nueve horas de la mañana, a la cual mandó que todos se junten en 
las dichas casas de Cabildo y vayan respondiendo y votando lo 
susodicho cada uno por sí singularmente, como les está mandado, 
y los susodichos dijeron que lo harán así, y con esto se acabó el 
dicho Cabildo y Junta , y todos los que en él se hallaron lo firmaron 
de sus nombres. 

El doctor Antonio González — Fray Diego de Godoy mi° y 
por fray Reginaldo Galíndez mr fray P. de Valencia— i^r2.y Pedro 
Bedón— Fray Pedro de Amaya— Fray Cristóbal Gutiérrez— Fray 
Lorenzo Rojas— Juan Chacón de Porras— Juan Sánchez de la 
Parra— Juan de Porras Marquina—Juan Alonso Sánchez Mer- 
chán— Francisco Yáñez Hermoso— Félix del Castillo— Juan de 
Novoa Sotelo— Francisco de Morales— Don Miguel Suárez— Die- 
go Rincón— Antonio Bravo— Juan de Vargas— Francisco de 
Hoyos. 



316 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



RE\70hüC10n DE 1831 (1) 

Buga, abril lo de 1 831 — Mi querido Hilario: Sin embargo de 
)a multitud de. noticias que por todas partes me han venido, yo 
no veo todavía bien claro aquel horizonte. Sin embargo, el peso 
de las circunstancias es enorme, y aunque se obra bruscamente y 
sin ningún plkn. la opinión marcha de frente y nada la contendrá. 
Vamos a conducta. 

No está por demás encargarte un quintal de desconfianza. No 
aventures tu reputación bien caramente adquirida, ni hay necesi- 
dad de aventurar ningún suceso cuando todo puede hacerse con 
absoluta seguridad. La conducta debe ser ir tras los acontecimien- 
tos que van teniendo lugar, no precipitar las circunstancias, ellas 
vienen naturalmente; pero coger las ocasiones de un pelo. 

Ya sabrás la reacción de Panamá, prisión de Espinar, y su 
remisión a la Buenaventura por quien he mandado ya, las reaccio- 
nes del Magdalena sostenidas por los batallones Yaguachiy Pichin- 
cha^ que se hallan en Soledad, y la ocupación de Ibagué por mi 
buen tocayo Obando, que no me da una idea clara de lo sucedido, 
sino sólo una noticia arrebatada de algún contento, o de ignorar 
los sucesos. Siendo todo esto como se comunica hasta del Citará y 
Panamá, es cosa concluida y sólo resta Urdaneta, que a despecho 
hará un esfuerzo mortal o terminará su criminal vida con la bri- 
llante pistola con que castigó sus sesos el miserable Coronel 
García. 

Mañana estaré en Caloto a impulsar el movimiento de Sarria 
y de Tiradores que aún no ha salido Madiedo, pero saldrá mafia^ 
na o pasado a Cali. Sarria me dice que ya estaría en La Plata lo 
menos si no hubiera recibido orden tuya para suspender su mar- 
cha, cuando había recibido órdenes raías para moverse. Serán dis- 
culpas suyas, porque no creo que tú hayas dado tal contraorden. En 
fin, me asegura Murray que estaba pronto para salir mañana 11. 
Sucesivamente marchará (roto) López (roto) y Húsares de Paña, 
aunque más tarde. Es necesario organizar en Bogotá cuerpos pu- 
ros y de absoluta confianza, de lo contrario no nos faltarán San- 
tuarios, porque según la política de Posadas nos quedan muchos 
Jiménez. Cuidado con pasos medios. 

Esto sigue tranquilo, y bien pronto no seré más de esta tierra. 

Escríbeme con frecuencia. Necesito saber el éxito de Bogotá, 
pues caída acjueila plaza, mi marcha con Tiradores debía ser sobre 
Antioquia para rendir a Cartagena. Tus avisos serán mi regla. El 
Ecuador terminó sus angustias con Urdaneta, que se embarcó en 
Santa Rosa perdiendo a! Cauca, a Girardot y tal vez a toda su 
fuerza, según iba. Escríbeme a Caloto. 

Tuyo como tu amigo y compañero, 

y. M. Obando 



(1) Documentos copiados del archivo anexo a la Biblioteca Na- 
cional, por el señor F. de P. Barrera. 



REVOLUCIÓN DE 1831 317 



Purificación, abril 10 de 1831 
Señor General Domingo Caicedo. 

Mi estimado General: Hoy marcha una comisión cerca de 
usted con el importante objeto de incitarle para que venga entre 
nosotros y se encargue del Ejecutivo Nacional. Yo veo a usted lu- 
chando entre la delicadeza y el deber, aquélla llevada al extremo 
nos perdería a todos, al paso que si usted se resigna y responde al 
grito nacional que lo llama como su salvador, se evitará (no lo 
dude usted) la guerra civil; los pueblos del Magdalena, así como 
los de Boyacá y Cundinamarca, se han puesto en armas y procla- 
mado el Gobierno constitucional, y usted es el jefe supremo que 
debe dar movimiento y centralizar estas masas que dispersas hoy 
y siíi una autoridad común, vagan por toda la extensión de la Re- 
pública sin combinación ni armonía en sus operaciones. Luque en. 
Cartagena, Carmona en Santa Marta, Acero y Silva en Boyacá, el 
General Obando en Mariquita, los Generales del ejército del Cau- 
ca, y nosotros aquí, todos vuelven la vista hacia usted como el úni- 
co punto de reunión, como el único y como el solo que con su 
nombre, su prestigio y su legitimidad puede con sólo quererlo vol- 
ver la vida a esta patria tan ultrajada, ¿Y en momentos tan pre- 
ciosos la abandonará usted? No tema, mi General, que lo acusen de 
ambición, porque no hay un solo colombiano que no esté persua- 
dido que la de usted es negativa. Resígnese usted, declárese en 
ejercicio del poder que la Nación le ha confiado, y éste será el 
golpe de muerte, mucho más formidable que el triunfo de nuestras 
armas sobre la facción impía, que oprime y desoía a Bogotá. 

Hablaré a usted de las operaciones de esta División, que por 
su fuerza es bastante respetable y más por las posiciones que ocu- 
pa, después de haber establecido su línea sobre el Magdalena y 
franqueado sus comunicaciones con el General Obando, que ya 
debe haber ocupado a Honda. 

El Coronel Posadas se conduce muy bien, trabaja con activi- 
dad y decisión, y aunque soy un poco descontentadizo estoy coa- 
tento de él y satisfecho de sus operaciones. He querido ir donde 
usted, y aun se me dio la comisión; habría tenido el gusto de unir 
mi empeño al de los demás servidores y la satisfacción de verlo y 
abrazarlo libre; pero han creído necesario que permanezca en la 
División, y me he sometido a esta decisión, porque no tengo vo- 
luntad propia cuando se habla de los intereses de mi patria. 

Con sentimiento de consideración, de amistad y de respeto, 
soy de usted amigo y muy atento servidor, que besa su mano, 

/. Manuel Montoya 



República de Colombia — Presidencia del Consejo de Estado. 
Bogotá, abril 14 de 1831-21." 

Excelentísimo señor: Vuestra Excelencia se sirvió consultar 
hoy de palabra al Consejo de Estado si sería conveniente ponerse 



318 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



a la cabeza de las tropas, tanto para facilitar las negociaciones que 
va a entablar el Gobierno con los Generales Obando y López y 
con el Coronel Posada, como para procurar los medios de defen- 
sa de la capital, y meditado con detención este punto interesante, 
se resolvió contestar a Vuestra Excelencia que «puede colocarse a 
la cabeza del Ejército si lo juzga necesario con las miras de faci- 
litar las transacciones pacíficas que van a entablarse con aquellos 
Jefes y de proveer a la mejor defensa y a la conservación del or- 
den público.» 

Tengo la honra de participarle a Vuestra Excelencia para su 
superior conocimiento y de tributarle los sentimientos de distin- 
guida consideración con que soy su muy obediente servidor, 

Estanislao Ver gata 

Excelentísimo señor General Rafael Urdaneta, encarg-ado del Po- 
der Ejecutivo. 



Domingo Caicedo, Vicepresidente de la República, Encargado 
del Poder Ejecutivo, etc. 

Habiendo de dar a los Departamentos y Provincias Jefes de 
confianza del Ejército y de los pueblos que con las armas manten- 
gan el orden y cooperen con los deseos de la Nación al sosteni- 
miento de la Constitución y de las leyes, he venido en nombrar 
como en efecto nombro para estos diversos destinos a los Jefes si- 
guientes: 

Para Comandante General de armas del Departamento de 
Cundinamarca, al Coronel Vicente Vanegas, y para su reemplazo 
en el Estado Mayor del Ejército, al Coronel José Manuel Mon- 
toya. 

Para Comandante de armas de la Provincia de Mariquita, al 
primer Comandante Ildefonso Figueroa. 

Para Comandante General de armas del Departamento de 
Boyacá, al Coronel Mariano Acero. 

Para Comandante General de armas del Departamento de 
Antioquia, al Coronel Salvador Córdoba. 

Para Comandante General de armas del Departamento de! 
Magdalena, al General de Brigada Ignacio Luque. 

Para Comandante de armar de la Provincia de Santa Marta, 
al General de Brigada Francisco Carmona. 

Para Comandante de armas de la Provincia de Ríohacha, al 
General de Brigada José Sarda. 

El Ministro Secretario del Interior, encargado del Despacho 
de la Guerra, queda encargado de la ejecución de este decreto. 
Purificación, abril 17 de 1831— El Vicepresidente de la Repúbli- 
ca, Domingo Caicedo— El Ministro, Secretario del Interior, P. 
Mosquera— Es copia, Pey. 



REVOLUCIÓN DE 1831 319 



Al señor Vicepresidente de la República, General Domingo Cai- 
cedo — Rionegro, abril 23 de 1831. 

Mi estillado y respetado señor: La posición en que me 
encuentro me hace tomarme la libertad de dirigirle una carta 
particular, y espero que Vuestra Excelencia la reciba con 
agrado. 

La comunicación oficial y los impresos que lleva el Capitán 
Pineda informarán a Vuestra Excelencia de todo lo que yo pudie- 
ra decirle sobre el tiiunfo que hemos conseguido aquí contra los 
usurpadores. 

El principal objeto de esta carta es manifestarle a Vuestra Ex- 
celencia que estos pueblos, las tropas de mi mando y yo, estamos 
resueltos a no permitir de ninguna manera que el General Rafael 
Urdaneta quede no sólo con ninguna especie de representación ni 
destino público, sino también que salga de la Nueva Granada, 
porque él es el autor de la ruina del Gobierno legítimo y de to- 
dos los males que han aquejado este desgraciado país, y estamos 
persuadidos que si se le deja adentro no dejará nunca de minar y 
atentar contra el Gobierno. 

Me atrevo a decir a Vuestra Ecelencia esto, porque ya en la 
acta de Honda uno de los parientes ha manifestado querer sacar 
algún partido en su favor, y es evidente que semejantes estipula- 
ciones no serán secundadas por ningún otro pueblo. 

Concluyo ofreciendo a Vuestra Excelencia mi amistad y res- 
peto, y como debe suponerlo, mis servicios y esfuerzos en favor 
del Gobierno legítimo y la libertad de mi patria. 

Quedo de Vuestra Excelencia servidor muy atento, 

Salvador Córdoba 



República de Colombia— Estado del Ecuador— Prefectura del 
Departamento del Cauca— Sección del Interior— Sala de 
Despacho, en Popayán a 25 de abril de 1831, 21°— Al se- 
ñor Ministro Secretario del Estado en el Despacho del In- 
terior del Cobierno del Centro. 

Señor: Las tristes y calumniosas circunstancias que rodearon 
a esta capital en los últimos meses del año pasado, pusieron a to- 
dos sus habitantes en el caso de someterse al Gobierno del Estado 
del Ecuador, a que hoy pertenece todo el Cauca, después de ha- 
ber obtenido la libertad por los defensores de ella en la jornada 
del Papayal, y decidídose todos los pueblos que componen este 
Departamento a seguir la suerte de su capital en los mismos tér- 
minos, y bajo la protesta de permanecer unidos al Ecuador hasta 
que reunida la Nación por medio de un? Asamblea General de 
Plenipotenciarios decida este negocio, según se convence del pro- 
nunciamiento de Popayán de i." de diciembre del año citado. 



320 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



Cualquiera novedad que se intentase en el actual orden de cosas 
establecido en el Ecuador, sería una consecuencia reprobable, y 
comprometer la buena fe que siempre ha sido y es el escudo del 
Cauca, y daría lugar a nuevos trastornos y acaso se renovarían los 
males de que por fortuna ha conseguido salvarse; bajo de estos 
poderosos motivos y el de que habiéndose publicado y jurado so- 
lemnemente la Constitución y leyes del Estado del Ecuador en 
todos estos pueblos, se encuentra esta Prefectura con las manos li- 
gadas para dar cumplimiento a otras órdenes que no sean a las de 
su gobierno de quien depende, a cuyo conocimiento y para los 
fines que convengan, he sometido el decreto expedido en 15 del 
corriente por Su Excelencia el Vicepresidente de Colombia por el 
cual se ha declarado en el ejercicio del Poder Ejecutivo, el mismo 
que usted se sirve comunicarme con su apreciabie nota de la mis- 
ma fecha; sin embargo de todo lo expuesto, y que usted y el mis- 
mo Gobierno de que es órgano hallarán razonable, yo protesto 
que el Ciuca así como no ha omitido sacrificios para libertarse, 
no los omitirá tampoco hasta libertar a los pueblos de la Nueva 
Granada y restablecer en ellos el orden legal, de que injustamente 
fueron privados por la fuerza que destruyó al Gobierno legítimo el 
aciago 27 de agosto del mismo año. 

Es lo que tengo la honra de decir a usted en contestación a 
su citada nota. 

Dios guarde a usted. 

José Antonio Arroyo 



Gomunicflcion 

Legación Argentina— Bogotá, diciembre 6 de 1922. 

Señor Presidente de la Acadamia Nacional de Historia— La ciudad. 
Señor Presidente: 

Tengo el agrado de dirigirme al señor Presidente para anun- 
ciarle el envío de veinticuatro tomos de los Documentos del Archi- 
vo de Indias, publicación editada por la Biblioteca del honorable 
Congreso de la República Argentina, y que rae complazco en ob- 
sequiar a la Biblioteca de la institución de su digna Presidencia. 

Saludo al señor Presidente con las seguridades de mi conside- 
ración más distinguida. 

Eduardo Labougle 



boletín 



Año XIV-N.' 162 i^i II T I I XJ Abril: 1923 



DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 

oRGflno De ffl flcfloemifl nñcionfic oe historia 

DIRECTOR, REDACTORES, 

EDUARDO POSADA LUIS AUGUSTO CUERVO 

ROBERTO CORTÁZAR 



Bogotá— República de Colombia 

BlSTORIflDORES DEb OüEVO REÍDO DE GRADADA (1) 

SIGLO: XVII 

I. Antokio de Herrera — Décadas de Indias, lóoo. Las 
cuatro primeras Décadas fueron impresas en Madrid en i6oi; las 
cuatio últimas, eni6t5. Reimpresa la obra en Amberes en 1728. 

* Descripcción de las Indias Occidentales y Década. Reim- 
presa en Madrid en 1730. 

Historia General de los hechos de los castellanos en las is- 
las y Tierra Firme del Mar Océano, de 1492 a 1531. Madrid. 

Tiene Herrera el mérito de haber sido secretario del Consejo 
de Indias, de modo que pudo aprovechar muchos documentos 
oficiales. 

Novas Orbis, sive descriptio Indica occidentalis. Amstelo- 
dime, 1622. 

Descripción de las Islas y Tierra Firme del Mar Océano que 

llaman Indias Occidentales, escrita por Antonio de Herrera, Cro- 
nista Mayor de Su Majestad, de las Indias y de Castilla, i6oí. Lo 
relativo a nuestra patria lo está publicando el Archivo Historial 
de Manizales número 20. 

2 . * Theodort Bri — Idcea vera et genuina prcecipuarum his- 
toriarum omnium. Francoforti, 1602, Parece ser un extracto fiel de 
todo lo que escribieron los historiadores principales, formado por 
un paciente tudesco. 

América. Diversas piezas que abarcan cuatro tomos en dos 
volúmenes, en folio, con muchas láminas estimada*. Esta obra está 
escrita en latín e incluye, entre otras, la del Padre Acosta. (Ca- 
tálogo de Academia). 

3. § Padre Bernardo de Lugo— Catecismo y Confesionario 
chihcha y gramática en la lengua general del Nuevo Reino de 



(1) véase la primera parte en el número anterior. 

XTV— 21 



322 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGUEDADP:S 



Granada, llamada Mosca. Madrid, 1619. Un tomo en 12.* Hito 
una nueva edición el sabio Ezequiel Uricoechea, agregándole la 
gramática chibcha del Padre José Dadey, con notas y comentarios 
preciosos, en 1871 (i). 

4. 8 * Fray Pedro Simón, franciscano Noticias Historiales 
de las Conquistas de Tierra Firme en las Indias Occidentales. 
Debió de haber terminado esta obra, según Otero D'Costa, en 
1628. Se publicó la segunda parteen Cuenca, en 1627; y la obra 
completa, por vez primera, que consta de cinco tomos en 4,°, en 
Bogotá en 1892. por Medardu Rivas. El manuscrito se conserva en 
Bogotá, en la Biblioteca Nacional, y fue consultado y citado por 
los historiadores Piedrahita, Zamora, Acosta, etc. «Obra deliciosa, 
dice Otero D'Costa, que a pesar de su secillez y del perfume de 
bonohomía que exhala por todas sus páginas, constituye uno de 
los mejores monumentos que se hayan escrito sobre nuestra histo- 
ria colonial.» 

cEI franciscano fray Pedro Simón, dice don Vicente Restrepo, 
vino de España a Santafé de treinta años de edad, en 1604, dos 
tercios de siglo después de la conquista. Gastó muchos años en 
reunir los materiales para sus extensas Noticias historiales de las 
conquistas de Tierra Firme. El mismo dice: "haber andado las 
más de las provincias y tierras que se comprenden en esta historia; 
las tierras del Reino pocas o ningunas hay que no haya pisado." 
A lo que agrega: "He podido informarme y hacerme capaz de las 
cosas de por acá por vista de ojos, sin lo cual no pienso me atre- 
viese a tomar entre manos este trabajo, por no ponerme en el 
peligro de risa que otros se han puesto, no hablando con propie- 
dad en la geografía ni en los vocablos de las tierras de donde escri- 
ben, por no haberlas visto ni estar bien informados y fiarse de re- 
laciones de toda br&za." Es de sentirse que muestre gran dosis de 
credulidad, y en ocasiones muy escaso criterio. Las principales 
fuentes de su obra fueron las Crónicas de Castellanos. Los ratos 

de Suesca, de Jiménez de Quesada, v la Historia del descubri- 
miento, que dejó empezada el Padre Francisco Medrano, por ha- 
ber muerto en la jornada del Dorado, y completó y perfeccionó en 
dos tomos fray Pedro Aguado. Esta crónica existe manuscrita en 
Madrid (2). Tuvo especial cuidado el Padre Simón en recoger 
cuanto halló escrito y cuanto él mismo pudo aún observar respecto 
de las costumbres, mitos y tradiciones de los chibchas; de tal modo 
que es el autor que más cúmulo de noticias ha reunido acerca de 
este pueblo. La lectura de su obra es tan indispensable a todo el 
que quiera escribir de estas cosas, como la de la Historia del 
Nuevo Reino de Granada, de Castellanos, pues contiene multitud 
de detalles del más alto interés, que no &e hallan en ningún otro 



(1) /¿I Arte de la lengua chibcha del Padre Dadey se perdió, 
Uricoechea reimprimió el Catecismo y Confesionario á.t\ FadreLugo, 
agreg'ándole el vocabulario de este mismo autor. 

(2) Está ya publicada, como se dijo anteriormente. 



HISTORIADORES DEL NUEVO KEINO DE GRANADA 323 

libro. Su estilo es generalmente sencillo y lo carecteriza cierta 
originalidad, aunque es frecuente tropezar con pasajes confusos y 
poco inteligibles. Es, en suma, la Historia de fray Pedro Simón, 
¡a más completa que se ha escrito sobre el descubrimiento y con- 
quista de este extenso territorio; monumento que, a pesar de sus 
defectos, hará imperecedera su memoria.» 

5. * Juan Solórzano y Pereira — De Indiarum Jurisbus. (De 
los derechos de los Indios). Matriti, 1629 y 1639. Es obra 
clásica de jurisprudencia colonial. 

• PolUica Indiana. Fue tan importante esta obra, que se im- 
primió varias veces: en Madrid, 1Ó48. 1736 y 176, y en Amberes, 
1703. Quien quiera conocer la legislación y gobierno de la Corona 
de España en sus posesiones de las Indias Occidentales, en el pri- 
mer siglo de la Colonia (el 16.®), debe acudir a ella. 

Solórzano nació en Madrid en 1575, fue catedrático de leyes 
en Salamanca, miembro del Consejo Supremo de Indias, Oidor en 
Lima, Procurador fiscal. Además de otras obras jurídicas escribió 
sus Memorias sobre el Consejo de Indias. 

6. • Sieur Jean de Laet — Novus orbis descriptiones índice 
occidentalis. Leiden, 1633. Uhisfoire du Nuveau Monde, ou Des- 
cription des Indes Occidentalis. Contiene figura y mapas. 

* Relation de Vexpedition de Carthagene fait par los Fran- 
COis en 1647. Amsterdam, 1648. 

7. * [UAN Rodríguez Fresle — Santafereño, hijo de uno de 
los primeros conquistadores y pobladore» de Santafé. El Camero 
o sea: Conquista y Descubrimiento del Nuevo Reino de Granada. 
1636 o 38. Se publicó en Bogotá en 1859 y en 1884. «En este li- 
bio, dice Vicente Restrepo, se encuentran noticias muy completas 
de la ceremonia del Cacique dorado y las peregrinaciones de los 
indios por las lagunas sagradas.» 

8. * Fernando Pizarro y Orellano — Varones ilustres del 
Nuevo Mundo, descubridores, conquistadores y pacificadores del 
opulento, dilatado y numeroso imperio de las Indias Occidenta- 
les. Madrid, 1Ó39. Un tomo en folio. 

9. § Padre Manuel Rodríguez, S. ].~ Compendio Histórico 
T.64. Lo citan Menchara y Hernáez. 

El Marañan o Amazonas Historia de los descubrimientos, 
entradas y reducciones, trabajos malogrados de algunos con- 
quistadores y dichosos de otros, así temporales como espiritua- 
les en las dilatas montañas y mayores ríos de la América. Ma- 
drid, 1684. Un tomo en folio, que contiene los escritos interesantes 
del Padre Acuña, ho^ perdidos o rarísimos (Catálogo de Autores). 
Lo cita don Eustaquio Palacios en su deliciosa novela histórica El 
Alférez Real (Crónicas de Cali en el siglo xviii), capítulo n, y 
dice que es natural de Cali. Es obra de necesaria consulta para 
dilucidar las cuestiones de límites con el Brasil. 

10. Maestro Gil González Dávila — Teatro eclesiástico de 
la primitiva Iglesia de las Indias Occidentales, vida de sus Arzo- 
bispos, Obispos y cosas memorables desús Sedes. Madrid, 1649. 



324 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



Es obra muy citada por De la Rosa, en la Floresta de Santa Mar- 
ta, y por el Padre Menchaca, en su obra postuma monumental, 
editada por Hernáez, sobre la Iglesia de América y Filipinas. Se 
la cita diciendo: Teatro Eclesiástico de las dos Américas. 

Comandó en r52o la expedición que buscaba un estreciio por 
el Darién. (Véase Boletín Historial de Cartagena, página 263. 
Porras Troconis, «El Comercio en la época de la Colonia).» 

11. Pedro Solís v C— Madrid, 1649. Biografía de Bernar- 
diño de Almansa, Arzobispo de Bogotá. 

1 2. § Presbítero Alonso Garzón de Tahuste— 5MCes/á/2 de 
los Prelados de este Nuevo Reino. Cita a este autor el Alférez De 
la Rosa (1739), y haca referencia a él Vergara y Vergara; descu- 
brió el manuscrito en Madrid el doctor Diego Mendoza, y lo publi- 
có en e\ Boletín de Historia y Antigüedades, tomo vi, página 632. 
El presbítero Garzón de Tahuste fue Cura de la Catedral de Santa- 
fé, por cuarenta y cinco años, hasta el de 163c, en que acabó de 
escribir su relación, a los ochenta y uno de edad. 

13. § Lucas Fernández de Píedrahita, santaíereño, canóni- 
go de Santafé, obispo de Santa Marta primero, después de Pana- 
má, Escribió en Madrid (i666) Historia General de la Conquista 
del Nuevo Reino de Granada, aprovechando el original del Com- 
pendio Historial de Quesada y la cuarta parte de laé Elegías de 
Varones Ilustres de Castellanos. Se imprimió en Amberes en 1668, 
año de su muerte. Reimpresa en Bogotá, 1881, con un notable 
prólogo de Miguel Antonio Caro, un volumen en 4.", por Medardo 
de Rivas. El señor Restrepo escribió y publicó en la Revista Lite- 
raria de Laverde Amaya (año iv, 18Q4) unas notas crítica^ a la 
obra de Píedrahita, reproducidas en El SaníafereñO en 1920, en 
que dice lo siguiente: 

«El más popular y conocido de los cronistas, por haber an- 
dado su libro impreso muy poco después de escrito, es el ilustre 
hijo de Bogotá, distinguido y santo Obispo. Lucas Fernández de 
Píedrahita. Tendría cincuenta años de edad cuando pasó a Ma- 
drid a responder ante el Consejo de Indias de ciertas acusaciones 
que se le hacían, de las que fue absuelto. 

«Hasta aquella época de su vida había estado ajeno a los 
estudios sobre asuntos históricos relacionados con 9U Patria. El 
pensamiento de ocuparse en ellos le vino en Madrid, donde em- 
pleó "todos los días del año sesenta y seis" (1666), en escribir la 
primera parte de la. Historia General del, Nuevo Reino de Gra- 
nada. No en, pues, erudito en prehistoria, y de aquí resulta que 
hay generalmente necesidad de cotejar su texto con los de otros 
autores. Ofreció su obra al público "como capa arrojada para ver 
cómo la tratan, antes de aventurar el cuerpo en más decorosos 
asuntos," Aunque murió de avanzada edad en su obispado de 
Panamá, no llegó a componer la segunda parte, 

«El mismo dice que no tuvo más mérito que el que se le 
puede atribuir por haber reducido a cómputo de años y a lengua- 



HISTORIADORES DEL NUEVO REINO DE GRANADA 325 



je menos antiguo las crónicas de Juan de Castellanos y de Jimé- 
nez de Quesada, *'sin otra edición que la verisimilitud de las máxi- 
mas y motivos que tuvieron los reyes indios y cabos españoles en 
sus empresas. Su estilo es claro y correcto; desgraciadamente se 
complace en los largos preámbulos y en las inútiles digresiones 
que interrumpen la narración. 

«La Historia de Piedrahita ha acreditado, entre otros errores, 
uno que fue sin duda inventado por la vanidad de los indios tun- 
janos; éste es la fábula de que los Zaques de Hunza llegaron a 
tener dominio sobre toda la nación chibcha. Lo más raro es que 
una parte de su libro sostiene esta opinión, cuando en otra había 
repetido y aceptado la opinión contraria, siguiendo a Castellanos. 

«Creyó también la conseja de la hermosa, rica, poderosa y 
discreta princesa de la Furatena, e hizo del matrimonio chibcha 
un acto religioso, cuando sólo era un acto privado. A pesar de estos 
y otros defectos, la obra del ilustre prelado es de interés histórico, 
por hallarse en ella la relación de sucesos y datos que no se en- 
cuentran en las crónicas anteriores. La última declaración que hace 
en el prólogo honraría a cualquier autor, cuanto más al Obispo 
cristiano, que con ella da prueba de singular humildad; "pon- 
go — dice — mis escritos a la justa corrección de cuantos los quisie- 
ren leer." Ya el General Acosta había comprendido muy bien que 
este cronista es menos digno de crédito que los anteriores, Hé aquí 
sus propias palabras: "Piedrahita y el Padre Zamora yerran a me- 
nudo." Volviendo a hablar del prinicro dice que si es superior al 
Padre Simón "por el estilo rpás elegante y más hermosas descrip- 
ciones, le es inferior en la copia de hechos y en la plenitud de in- 
formes."» 

Dijo después, el mismo Restrepo, en el prólogo de su obra 
Los ChibchaS- «La historia escrita por el ilustre Obispo poco 
digna de crédito en ciertos puntos, mal interpretada en otros, 
ha sido el origen de muchos errores. > 

14.. * José Linage Neiuá— Norte de la Contratación de las 
Indias Occidentales. Sevilla, 1672. Un volumen en folio, libro 
rarísimo. Otros le escriben José de Vatia Linaye. 

15. •Juan Flórez de Ockmz— Genealogía del Nuevo Reino 
de Granada. Madrid, 1674. Un volumen en folio. 

Tratado de indios naturales de Cartagena, según su estado 
desde el año de 1533, en que principió sn formal conquista, hasta 
el de 1610y por Juan Flórez de Ocáriz, natural de Santafé, Es- 
cribano de Cámara de su Real Audiencia, autor de la obra de 
Nobiliario de este Reino, impresa en 1670. 

16. Antonio León Pinelo — 1.67 Gobierno Eclesiástico y Ci- 
vil de las Indias. Lo cita Muriel en los Fastos (página ^03). quien 
sostiene que Pinelo era natural de Córdoba de Tucumán (Virrei- 
nato del Río de la Plata 1, y nos hace saber que fue Cronógrafo de 
las Indias, y murió en Sevilla siendo Oidor honorario en aquella 
ciudad, cuando estaba reduciendo todas las leyes de Indias, por 



326 BOLETÍN Í)E HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



orden y favor de! Rey, a la debida forma en que después se pu- 
blicaron, es decir, la Novísima Recopilación. Muriel era n?itivo del 
mismo Tucumán. 

17. * Novísima Recopilación — Colección de las leyes aña- 
didas a la Nueva Recopilación que se imprimió en 1599. Ma- 
drid, 1680. 

18. ^ Antonio Freiré— Piratas déla América y luz a la de- 
fensa de las costas de las Indias Occidentales. Colonice Agrippi- 
nae, i68r. 

Í9. ^* Fray Juan Melkndez — Los Tesoros verdaderos de 
las Indias, Roma 1681. 

20. § * Padre Maestro fray Alonso de Zamora— -Termina este 
siglo con uno de nuestros historiadores más conocidos y más ex- 
tenso, santafereño, dominicano. Historia de la Provincia de San 
Antonino del Nuevo Reino de Granada, escrita en 1699 e impresa 
en Barcelona en 1701. Es la historia eclesiástica de la provincia de 
su orden religioso, intitulada de San Anlonino, en nuestra pa'ria, 
pero que encierra mucha narración de la historia civil de la Colonia 
en los dos primeros siglos. De ella dice don Vicente Restrepo: 
«Contiene su libro noticias y datos curiosos que olvidaron otros 
autores. Es el más crédulo de todos los cronistas y se muestra a 
veces falto de criterio.» 

Elhistoriófilo Padre fray A. Mesanza, O. P., publicó há poco 
un Ensayo Biográñco y crítico acerca del Historiador fray 
Alonso de Zamora (15 páginas). 

SIGLO XVIII 

1. §* Fray Juan de Torquemada— Aío/iar^ü/a {ndiana (3 
tomos). Madrid, 1723. 

2. * Charles Johnson, traductor — Historia de los Piratas. 
París, 1726. 

3. § * Juan Ribero, S. ].— Historia de las Misiones de Ca- 
sanare y los ríos Orinoco y Meta, 1728. Se reimprimió en Bogotá 
en 1884 por Silvestre y Compañía. 

«El Padre Juan Ribero, célebre en su orden, en la cual ocu- 
pó puestos distinguidos, y más célebre aún en nuestros anales, no 
sólo porque evangelizó a los salvajes de nuestro territorio, como 
Gumilla, sino porque, como él, sirvió a la ciencia escribiendo la 
Historia de las misiones de los Llanos, que se conserva inédita 
en la Biblioteca Nacional.» Esto escribía en 1872 J. J. Borda, en 
la Historia ae la Compañía de fesús, tomo i, páigna 198. Dicha 
obra del Padre Ribero se imprimió en Bogotá en 1883, habiendo 
sido escrita a principios del siglo xviii. Ribero no sólo fue un gran 
misionero por muchos años en los llanos del Meta y otros parajes, 
sino gran investigador y conocedor de lenguas indígenas, espe- 
cialmente las guahiba y chiricoa, y escribió gramática y vocabu- 
lario délas lengua» airica, achagua y jirara (i). Escribió su vida 



(1) Cfr. V. Restrepo, Los Chtbchas. 



HISTORIADORES DEL NUEVO REINO DE GRANADA 327 



el Padre Gumilla. Su obra se refiere al inmenso territorio com- 
prendido entre los ríos Amazonas y Orinoco. 

4. § * Padre Gregorio García — Origen de los Indios del 
Nuevo Mando e Indias Occidentales, 1729. Citado por los culti- 
vadores de la prehistoria americana. Un volumen en folio. 

5. José Nicolás de la Rosa. Alférez de infantería veterana 
del presidio y Alcalde ordinario de la ciudad de Santa Marta — Flo- 
resta de la Santa Iglesia Catedral de Santa Marta. Escribió en 
1739; en 1755 ^^ ^^^ licencia para la impresión en Sevilla y Ma- 
drid, y se publicó en Valencia en 1833. Es historia eclesiástica de 
la diócesis de Santa Marta, pero con abundantes datos civiles de 
la misma provincia, desde la fundación de la ciudad. Tiene capítu- 
los interesantes sobre las parcialidades, usos v costumbres de los 
indios, y una minuciosa información de la fora y la fauna de 
esta provincia. Es algo simplón en sus narraciones, domina la obra 
un sencillo espíritu religioso, más llamativo en la pluma de un mi- 
litar. Dice Acosta que la obra fue hecha reimprimir por el señor 
Joaquín de Mier (rico español residente en Santa Marta, de noble 
fama), a sus expensas, con laudable generosidad, y que «contiene, a 
vuelta de muchas cosas inútiles o inexactas, una u otra noticia cu- 
riosa V datos que merecen conservarse. -^ 

6.J0SEPH Gumilla, S. J. — El Orinoco Ilustrado, Historia^na- 
tural, civil y geográfica de este gran río y de sus caudalosos ver- 
tientes. Madrid, 1741. Un volumen en 4.0 Contiene las primeras 
noticias del Orinoco, descubridores, intenciones y diligencias de 
los extranjeros para poseerle y la primera fundación de su única 
ciudad de Santo Tomé de la Guayana. 

El Padre Gumilla fue misionero por largos años y Superior de 
las Misiones del Orinoco, Meta y Casanare. La parte geográfica del 
libro ofrece noticias interesantes del curso del Orinoco, que en 
parte pertenece también a Colombia, y de los montes Ayrico y 
Apure; la parte natural descubre secretos, medicinas y propiedades 
útiles; la civil, copiosa luz y enseñanza para saber el trato de los 
salvajes, errores y mejor método para instruirlos. Es libro de amena 
lectura: el autor fue varón de grandes méritos, recio corazón, sabio 
y santo. (El Mensajero del Corazón, año de 1911). 

7.5* JosEPH Cassani, S. J. — Historia de la Provincia de la 
Campañia de Jesús del Nuevo Reino de Granada. Misiones del 
Meta, el Orinoco, etc., y vida de sus varones ilustres. Madrid, 
1741. Un tomo en 4.° «Escrita con peco criterio y con la desven- 
taja de no contener dato alguno sobre las misiones del Sur,» dice 
José Joaquín Borda en la introducción de la Historia de la Com- 
pañía de Jesús en la Nueva Granada. Nació en Madrid en 1673, Y 
murió ibíd, 1750. Fue profesor de matemáticas y Provincial de 
Nueva Granada. «El Padre Cassani, autor bastante falto de crite- 
rio, dice Vicente Restrepo, no estuvo en el Nuevo Reino de Gra- 
nada: compuso su libro en Madrid, con arreglo a las obras manus- 
critas de ¡os Padres Mercado y Rivera.» (Los Chibchas, pági- 
na 20). 



328 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



8. * Rafael Antúnez Acebedo— Memorias históricas sobre 
la legislación, gobierno y comercio de los españoles en América. 
Madrid. 1747 y 1797. Un volumen en 4.° 

9. * Akdrés González Barcia— Historiadores primitivos de 
las Indias Occidentales. Madrid, 174Q. Comprende a Colón, Cor- 
tés, Oviedo, Núñez, Alvarado, etc. (Catálogo de Actores). 

10. ♦ La CoínuAumE— Journal de voyagefait par ordre du 
roia l'Ecuateur. Paris, 1751. Un volumen en 4.° 

11. * Pedro Murillo V. — Geografía histórica de la Améri- 
ca y las islas adyacentes. Madrid, 1752. 

12. <: *Reverendo Padre Maestro Touron, dominico — Historia 
General de la América. París, :ybS. Suelen citarla Menchaca y 
Hernáez. 

Histoire General de l'Amérique, depuis sa decouverte, qui 
comprend l'histoire naturelle, eclésiastique, militaire, morale et 
civile de cette grande partie du Monde. París, 1770: catorce to- 
mos en í2.° «Esta es la más extensa compilación de las relaciones 
de los cronistas respecto a los servicios prestados a la religión por 
los (diversos) misioneros de las diversas religiones; y es singular 
que no se halle ni citada una sola vez en la histeria religiosa de 
América que acaba de publicarse en Roma, la cual en esta parte 
es mucho más diminuta, aunque su autor, el eminentísimo señor 
Cayetano Baluffi, que tan gratos recuerdos dejó en Bogotá, nos 
ofrece la segunda parte que ha de ser la más interesante. El Padre 
Touron es escritor fluido y elegante. Esta obra no es rara en las 
bibliotecas: existe en la del Colegio del Rosario de Bogotá, y la he 
visto y consultado, antes de poseerla, en la Biblioteca de Versa- 
lles.» (Joaquín Acosta). 

13. § GiAN DcMENico Coletti, misionero que fue de la Pro- 
vincia de Quito — Dizionario istorico geográfico delta America 
Meridionale. Venezzia, 1771. Lo citan a menudo Menchaca-Her- 
náez. DiceRestrepo (V.) que, como el de Alcedo, este Diccionario 
es mera compilación de escaso valor histórico. 

14. Esai sur cette question: quand et comment V Amerique 
a-t-elle eté peuplée. Amsterdam, 1776. Consultan esta obra los 
americanistas o estudiosos de la historia precolombina. 

15. Paw- Recherches philosophiques sur les Américains ou 
Memoires interessants pour servir a l'histoire de l'espéce humai- 
ne. Londres, 1774. (Catálogo de Autores), 

16. Antonio de Ulloa y Jorge Juan — Hicieron un viaje de 
inspección oficial por las colonias, por el año de 1758, y publica- 
ron el libro Noticias Americanas, en Madrid, 1772 y 1792. Más 
tarde apareció en Londres, 1826, la obra Noticias secretas de 
América. Ambas sirven al estudio de la política de la época, no 
menos que a otras instrucciones. 

Viaje histórico por la América Meridional, dos volúmenes en 

V, 1752. 

Vlloa.— Memoires philosophiques, historiques,phisiques con- 
cernants a la decouvert de V Amerique. París, 1787. Ulioa nació 
en 17 16, y murió en 1795, oficial de marina y sabio español. 



HISTORIADORES DEL NUEVO REINO DE GRANADA 329 



17. § Diego de Veredo—NoUcíq Historial de la Provin- 
cia de Cartagena, año de 1772 — cEste documento existe origi- 
nal, y creemos que es obra del Ilustrísimo Obispo don Diego de 
Peredo, porque en Real Cédula, fechada en San Ildefonso a 21 de 
septiembre de 1774, se dice que el señor Peredo informó en carta 
de 9 de octubre de 1772, con una puntual y exacta descripción de 
lo perteneciente a su iglesia; y ocurre observar además la redac- 
ción de este documento y la fecha de él,> Nota de José Pasos 
Urueta, quien lo hizo copiar y lo publicó entre los Documentos. 
Lo reprodujo don Eduardo G, de Piñeres en el Boletín Historial 
de Cartagena, números 47 y 48. «Es una relación bastante detalla- 
da de las poblaciones que existían en los diferentes partidos en que 
política y administrativamente estaba dividida la Provincia de Car- 
tagena; de cada unas de ellas hace una sucinta reseña.» En esta 
obra tuvo mucha parte don Francisco Escudero Gilón Sanz Maza 
Rozas y Cardales, antepasado y progenitor del autor de este elen- 
co, que fue Secretario del Obispo Peredo y del Gobernador Pi- 
mienta, según declara Otero D'Costa. 

18. * Jean Benoit ScHERER—Recherches hístoriques et geo- 
graphiques sur le Nouveau Monde. París, 1777. Un volumen 
en 8." 

19. § MoRKLLi. (Domingo Muriel) — Fasti Novi Orbis et Or- 
dinationum Apostolicarum ad Indias pertinentium Breviürum. 
Cum adnotationibus. Opera Dominici Cyriaci Morelli, Presbyte- 
ri, olim in Universitate Neo Cordubensi in Tucumania professo- 
ris. Venetiis, 1779. ^^^'^ obra es más citada, entre los autores ecle- 
siásticos, con el nombre de los Fastos; su verdadero autor es Do- 
mingo Muriel, según Menchaca (apud. Hernáez), profesor que fue 
en la Universidad de Nueva Córdoba de Tucumán (República 
Argentina). Interesa a la historia eclesiástica. Precede un prólogo 
(i-viii); siguen como primera parte los hechos más célebres del 
Nuevo Mundo (Fasti Novi Orbis), por orden cronológico, llevando 
arriba del párrafo el año respectivo, desde 1248, con el descubri- 
miento de la Groenlandia, hasta 1771 (46 páginas). 

A cada población le señala la longitud del meridiano galo y 
la latitud. En la segunda parte, que es la principal, contiene el 
Resumen de las Ordenanzas Apostólicas relativo a las Indias en 
número de DCVi, desde 1430 a 176Ó. Esta parte es más bien canó- 
nica que histórica, pero contiene mucho dato históricoeclesiásti- 
co. (Biblioteca de los Padres jesuítas de Cartagena). 

20. h Fray Antonio Cauli'n -Historia de la Nueva Andalu- 
cía. Madrid, 1779 y Caracas, 1841. Fue este primeramente el nom- 
bre de la tierra firme de la costa caribe, desde el cabo de la Vela 
al golfo del Darién, que se dio en gobernación a Alonso de Ojeda, 
en 1502, para quitar la disputa con Diego de Nicuesa. Más tarde, 
cuando ya había desaparecido por la creación de las Provincias de 
Santa Marta y Cartagena, se dio el mismo nombre a la costa de 
Venezuela. 

Historia Corographica Natural y Evangélica de la Nueva 



330 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



Andalucía y Provincias de Cumaná, Guayana y vertientes del 
río Orinoco. Dada a luz de orden y expensas de Su Majestad, año 
de 1779. Este es el título completo. 

21. De LA Torre y Mirakda— A^of/aa individual de las po- 
blaciones nuevamente fundadas en la Provincia de Cartagena, la 
más principal del Nuevo Reino de Granada, de las montañas 
que se descubrieron, caminos que se han abierto, de los canales, 
ciénagas y ríos que se han hecho navegables, con expresión de 
las ventajas que han resultado a la propagación del evangelio, al 
comercio y al estado, por el Teniente Coronel de ¡llantería 
Agregado al Estado Mayor del Puerto de Santa María, don An- 
tonio Miranda. Impreso en dicha ciudad por don Luis Luque y 
Leiva, año de mdccxciv. Fue escrito en 1789. Se halla entre los 
DocM/77e/2ÍOS publicados por Urueta, y en el Boletín Historial de 
Cartagena, números 47-48, año de 1919. 

22. AhCEr>o—t Diccionario \ Geográfico histórico \ de las In- 
dias Occidentales ] o América [ es a saber: | De los Reynos del 
Perú, Nueva España, Tierra Firme, Chile | y Nuevo Reino de Gra- 
nada, j Con la descripción | de sus Provincias, Naciones, Ciudades, 
Villas, Pueblos, Ríos, Montes. Costas, Puertos, Islas, Arzobispa- 
dos, Obispados, Audiencias, Virreynatos, Gobiernos, Corregimien- 
tos y Fortalezas, frutos y producciones; con expresión de sus des- 
cubridores, conquistadores y fundadores. Conventos y Religiones; 
erección de sus catedrales y Obispados que ha habido en ellas: | Y 
noticia ¡ de los (roto) notables de varios lugares: incendios, te- 
rremotos, sitios e invasiones que han experimentado y hombres 
ilustres que han producido. ¡ Escrito. | Por el Coronel don Anto- 
nio de Alcedo, ' Capitán de Reales Guardias Españolas, de la 
Real I Academia de la Historia. | Tomo (roto). Con licencia: Ma- 
drid: en la imprenta de Manuel González, m.dcclxxx ix.» 

Este largo título dice suficientemente el contenido, además 
termina la obra con un Vocabulario de palabras americanas, mu- 
chas de las cuales están hoy en el Diccionario de la Academia de 
la Lengua (i). 

En Cartagena existe el último tomo, del que hemos copiado 
la portada; y en la Biblioteca Nacional falta precisamente este 
tomo. 

2^. * Juan Nuix — Reflexiones sobre la humanidad de los 
españoles en las Indias, Madrid, 1782. Deben consultar esta obra 
los apasionados contra los españoles. 

24. § * Parka, fray Pbdro Josi— Gobierno de los Regulares 
de la América. Madrid, 1783. Dos tomos. 

25. § * Padre Antonio Julián, S. J. — La Perla de la América: 
Provincia de Santa Marta. Madrid, 1877, Fue de los misioneros 
jesuítas que vinieron con el Virrey Pizarro en 1749, y Secretario 



(1) cLos Diccionarios geográficos de Alcedo y Coleti son meras 
compilaciones de escaso valor histórico.» (Vicente Restrepo, Los 
Chibchas, página 20'). 



HISTOSIADORES DEL NUEVO REINO DE GRANADA 331 



dei Obispo de Santa María. Arauz, con quien recorrió el territorio 
de ios feroces rhirailas, y que a pie y a caballo recorrió posterior- 
mente todo lo que hoy forma el Departamento del Magdalena. 
Añade Borda: <En tiempos posteriores escribió ei Padre Antonio 

Julián una Historia geográfica del rio Magdalena y de todas las 
Provincias que le tributan de una banda y otra sus ríos, cuyo pa- 
radero se ignora, y también otra obra en italiano: Storia apolegé- 
tica del guasto e pregindizi cagionati dalle nazioni straniere 
alia Nazione e monarchia spagnola nella Terra Ferma ed intutta 

VAmerica meridionale. Nosotros sólo tenemos conocimiento de 
La Perla de América, descripción interésame del territorio que 
forma hoy el Estado del Magdalena, recorrido por él y estudiado 
con detenimiento.» (Tomo ii, página 24). 

2Ó. * Juan B. Muñoz -Historia del Nuevo Mundo. Madrid, 
1793. Un tomo en 4.° 

Coleccionó gran cantidad de documentos del Archivo de In- 
dias de Sevilla, y otros. Dice Acosta (Joaquín) en el prólogo de 
su obra, que la colección de Muñoz es la más completa y contie- 
ne todos los documentos esenciales sobre el descubrimiento. 

27. • WiLLiAM RoBERTsoN— 7/zc History of the America. 
Basilea, 1790. 5.* edición. Tres volúmenes en 8.^ 

28. Buena Maissovi— Historia de los piratas de América. 
Madrid, 1793. Un volumen en 8." (Catálogo de Autores). 

29. * Joaquín Dukán y Díaz— Guía de forasteros del Nue- 
vo Reino de Granada. 179^. 

Estado General del Virreinato de Santafé. Bogotá. 1794. 

50. * Cristóbal Ci^adera— Investigaciones históricas sobre 
los principales descubrimientos en el Océano en el siglo XV y 
XVI. Madrid, 1794. 

. 31.SDUQUESNE ^Disertación sobre el calendario de los 
muiscas indios naturales de este Nuevo Reino de Granada, dedi- 
cada al señor doctor D.José Celestino Mutis, Director General 
de la Expedición Botánica. Por el doctor don José Domingo Du- 
quesne de la Madrid, Cura de la iglesia de Gachancipá, de los 
mismos indios. Año de i79S.> La publicó el Coronel Acosta en su 
Compendio Histórico. 

^Disertación sobre el origen del Calendario y Geroglifico de 

los moscas.» Manuscrito anterior, lo publicó don Liborio Zer- 
da en eí Papel Periódico Ilustrado, año in, número 66, página 
279. Otras dos disertaciones sobre los mismos moscas, publicadas 
en los números 6y y 68. Todos estos escritos de Duquesne se ha- 
llan en la obra El Dorado, del doctor Zerda, que se anotará ade- 
lante. 

Nació en Santafé de Bogotá en 1745, y allí mismo murió en 
1822. Fue largos años Cura de Lengüazaque y Gachancipá, y des- 
pués Canónigo y Gobernador del Arzobispado. Humboldt intercaló 
en su obra Sitios de las cordilleras de América muchos fragmen- 
tos tomados de los manuscritos de Duquesne. Morillo lo condenó 
a las bóvedas de Puerto Cabello con 43 eclesiásticos más. 



332 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



Hay que desconfiar mucho de las aserciones deductivas de 
Duquesne; Vicente Restrepo dice que «conviene fijarse en que 
Duquesne no hace mérito de haber recibido revelaciones de los in- 
dios (si se las hubieran hecho no tenía por qué callarlo); sólo se 
precia de haberlos tratado con frecuencia y de haber penetrado su 
genio y su carácter misterioso y enfático.» Julio C. Salas, siguien- 
do a Restrepo, rechaza las fantasías de Duquesne. 

«Tuvo el estudioso Canónigo doctor José Domingo Duquesne 
un siglo de celebridad no merecida por haber inventado una serie 
de novedades relativa a este pueblo.» Los Chibchas, por Vicen- 
te Restrepo. 

SIGLO XIX 

y. Manuel del Socorro Rodríguez, el célebre Bibliotecario 
de Santafé de Bogotá, de fines del siglo xviii y principios del 
XIX. Su famosa publicación el Papel Periódico es fuente históri- 
ca de su época en los sucesos de la capital del Virreinato (fines 
del siglo xvni); y el Redactor Americano, principios de éste. 
Dos volúmenes en 8."" 

«Del Papel Periódico aparecieron con regularidad 270 nú- 
meros en el espacio de siete años. Imprimióse en la Imprenta Real, 
importada por el Virrey don Manuel Antonio FIórez y dirigida por 
don Antonio Espinosa de los Monteros, decano de los tipógrafos 
bogotanos. La edición fue de ocho páginas, no mal impresas. En 
sus columnas aparecieron artículos de interés general. 

«El I. o de enero de 1789 llegó a Santafé el Excelentísimo ae- 
ftor don José Ezpeleta, uno de los más benéficos gobernantes de 
los tiempos coloniales. Mesía de la Cerda nos trajo a Mutis; Ez- 
peleta a Socorro Rodríguez. Don Manuel del Socorro Rodríguez 
nació en Bayamo, en la isla de Cuba, el 15 de abril de 1756. Don 
Manuel fue un hombre de trabajo; cuidó con esmero de la Biblio- 
teca, y fue un cristiano a carta cabal. Comulgaba todos los días. 
Un día sus conocidos y amigos notaron que no había abierto la 
puerta; de algún modo entraron, y encontraron a don Manuel, 
vestido con el hábito de San Francisco, una cruceciUa en las ma- 
nos, y los pies descalzos: había muerto. Los Padres candelarios le 
hicieron honras gratuitamente; en su iglesia fue enterrado. Debió 
morir entre los años de 1819 a 1820.» 

2. CoRKEO Curioso, erudito económico y mercantil. Publica- 
ción redactada por Jorge Tadeo Lozano y Luis Azuola, tuvo 46 
números. Comenzó el '7 de febrero de 1800. Vergara y Vergara 
lo juzga de escaso mérito: todos sus artículos de fondo son ma- 
zorrales, dice. Una de las pocas cosas curiosas y notables que pro- 
dujo fue el Padrón general de Santafé, conforme al estado en 
que se hallaba a fines de 1800 (i). 



(1) Sobre este periódico y el anterior véase Bibliografía Bogo- 
tana, por E. Posada — (Nota del Boletín). 



HISTORIADORES DEL NUEVO REINO DE GRANADA 333 



3. * F. Depons — Voy age a la parti oriéntale de la Terre 
Ferme dans VAmerique Meridionale. París, 1806. 

4. «j Roque Men chaca — Memorias cronológicas y geográ- 
ñcas de los Arzobispados y Obispados de América y Filipinas 
con sus sufragáneos y otras prelaturas, escritas por el Padre Ro- 
que Menchaca, S. J., que murió en 18 lo, publicadas por los 
editores de la obra del Padre Hernáez, al final de la 7.' parte, 
sección i." 

5. José Igntacio DE Poubo— Informe del real Consulado de 
Cartagena de Indias. Un volumen en S,®, 18 lo, impreso en Carta- 
gena de orden del Gobierno. (Catálogo de Autores), 

6. Juan García del Río — Ensayo sobre la historia de la 
civilización en el Continente Americano y sus islas adyacentes. 
Fue éste uno de los proceres de nuestra Independencia. 

7 Fran'cisco José de Caldas (1771 a 1816) — Este sabio, 
además de sus muchos y notablísimos trabajos científicos, escribió 
relaciones de viajes, de estadísticas y de épocas, importantes para 
la historia. Se hallan en su Memoria sobre el estado de la geogra- 
fía del Virreinato de Santafé de Bogotá, con relación a la 
economía y el comercio, y en su célebre revista Semanario de la 
Nueva Granada. Sus obras completas se han publicado en Quito 
y en Bogotá recientemente. Es fuente histórica para su época, 
como autor original. Sus obras fueron recopiladas por Eduardo 
Posada, y forman el tomo ix de la Biblioteca de Historia Na- 
cional (i). 

8. * Alejandro de Humbolt («769-1835). Alemán, sabio 
físico, viajero por investigación científica en América, inclusive en 
nuestro país, antes de la Independencia. 

Voyage aux regions equinoxiales duNouveau Monde. París, 
1816, 30, 44 y 47. cNo brilla e! genio del barón de Humboldt en lo 
que escribió acerca de los chibchas.» aseguró con conocimiento de 
causa don Vicente Restrepo. 

Q. * Martín Fernández de Navarrete — Viajes y descu- 
brimientos que hicieron los españoles desdefines del siglo XV. 
Tres volúmenes en 8.° Madrid, 1825; 2.* edición, 1837. Dos 
tomos. Y la Colección relativa a Cristóbal Colón, de que se hizo 
relación arriba al hablar del Almirante descubridor. 

10, * Washington Irving— V/cía y viaje de Colón. Publi- 
cóla en su idioma inglés en 1829, traducida en 1859. Santiago. 

Viajes de los compañeros de Co/ón.. Edición inglesa, París, 
1831; francesa, Tours, 1839. 

xr. Lallement. Historia de la República de Colombia, 
1827. 



(1) Parece que en Quito no se han publicado sino dos o tres tra- 
bajos de Caldas, en folletos separados. También publicó E. Posada 
el tomo Carias de Caldas, vol. xv de la Biblioteca de Historia Na- 
cional— (Nota del Boletín). 



334 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



12. Reperiorio Americako. \%2q— Miscelánea de artes, 
ciencias y literatura, trabajado en Londres por una sociedad de 
distinguidos literatos americanos y españoles. Cuatro volúme- 
nes en 8.° 

T3. Wir.LiAM Prescott (i 796- i 859)— Aunque no escribió 
sobre la Nueva Granada, observa Joaquín Acosta que «sus escri- 
tos son indispensables al que quiera conocer el estado de los co- 
nocimientos de lus modernos respecto déla historia de América, 
independientemente de su excelencia como libros históricos.» 
1836, 44 y 47. Es notable por la imparcialidad con que escribió: 
siendo inglés y protestante hizo justicia a España y la Iglesia Ca- 
tólica. 

14. Juan José Nieto. Geografía histórica, estadística y local 
de la Provincia de Cartagena, República de la Nueva Granada. 
Contiene un bosquejo de su descubrimiento y revolución, notas y 
series cronológicas de los gobernadores y prelados eclesiásticos 
desde la conquista hasta nuestros días, etc. Publicóse en Carta- 
gena en 1839; era poco ccnocida esta obra cuando el Centro de 
la Historia de la misma ciudad resolvió publicarla en 1918, en 
el Boletín Historial número 34. Comprende el Departamento del 
Atlántico y el actual Departamento de Bolívar, menos las Provin- 
cias de Mompósy Magangué, que formaban casa aparte a la sazón. 
El General Nieto (1804- 1866), nacido en Tubará (Cantón de Ba- 
rranquilla), fue militar y político de mucha nombiadía en su época. 
Vivió, casó y murió en Cartagena. Para su obra histórica se apro- 
vechó de los manuscritos de don Francisco Escudero Gilón. y el 
Obispo Peredo. 

15. José CoROLEu — América, historia de su colonización, 
dominación o independencia (citada por Ibáñez). 

i<^. * Henri Terneaux CoMFAns—Voyages, relationes et 
memoires origeneaux pour servir a Vüistoire de la decouveri 
de PAmerique. PárU 1837. 

Essai sur I' anden Cundinemarque. Recuil ■ de documents 
et momoires origenaux sur l'histoire des posessions espagnoles 
dans VAmerique, a divers époques de la conquéte. Dos tomos en 
un volumen en 8 " (Catálogo de Autores). Lo cita varias veces Ibá- 
ñez en sus CrÓAZ/CflS de Bogotá. París. 1852. Terneaux Compans 
fue grande y generoso ^migo de las letras; como tal le prestó ser- 
vicios en París a nuestro historiador Acosta. 

17. * John Bakrow. The Life, voyagesand exploits of ad- 
miral Sir Francis Drake — London. 1842. Debe tener interés esta 

obra para la historia de Cartagena. 

18. M.a.nuelJosé de Quintana (1772 a 1857) — Vidas de 
los españoles célebres: Pizarro, Balboa, fray Bartolomé de las 
Casas, etc. D"s tomos en un volumen en 8.°, publicado en España 
en 1801 el primer tomo, y ios dos en París, Baudry, 1845. ^'E' 
nombre de Quintana será siempre grato a los americanos. Su plu- 
ma humana y ñlosófica ha logrado sacudir las preocupacit)nes 
mezquinas, añejas y extravagantes de que no están libres ni Na- 



HISTORIADORES DEL NUEVO REINO DE GRANADA 335 



varrete ni casi ninguno de los historiadores españoles. Rinde ho- 
menaje a la virtud dondequiera que la encuentra, castiga y re- 
prueba el vicio y la crueldad, sin averiguar de dónde es oriundo 
el que manifiesta tan menguadas cualidades, ni pretende excu- 
sarlas o encubrirlas cuando se hallan en pechos españoles. No 
tememos en señalar a Quintana como el modelo de los historia- 
dores honrados y justos, a la par que es investigador escrupuloso 
de la verdad y escritor ameno y elegante.» (Acosta). 

19. * Coronel Joaquín Agosta (1800 1852; — Compendio 
Histórico del Descubrimiento y colonización de la Nueva Gra- 
nada, en el siglo decimosexto. París, 1848. Mucho debe la his- 
toria patria a este investigador, primer granadino del siglo xix que 
impulsó los estudios historiales, registró archivos en la madre 
patria, descubrió libros inéditos y documentos, cuya lista publicó 
al ñnal de su obra. Fue hombre versado en varios ramos del sa- 
ber humano, militar y diplomático. 

20. Semanario de la Nueva Granada — Miscelánea de 
ciencias, literatura, artes e industrias, publicada por una Sociedad 
de patriotas granadinas, bajo la dirección de Francisco José de Cal- 
das. Nueva edición publicada en París en 1849, poi el Coronel 
Joaquín Acosta y A. Lassere. Además de algunos escritos del sa- 
bio Caldas, de carácter histórico, o útiles a la historia, los con- 
tiene también de José Manuel Restrepo, Joaquín Camacho, José 
María Salazar y los presbíteros, Eloy Valenzuela, Francisco Mos- 
quera, Nicolás Mauricio Umafia, ilustre constelación de proceres. 

21. JosE Antonio DE Flaza— Memorias paro la Historia 
de la Nueva Granada desde su descubrimiento hasta el 20 de 
julio de /S/O, terminadas en 1848 y publicadas en Bogotá en 
185c, un tomo. 

22. • EzEQuiEL Uricoechea — Memorios sobre las anti- 
güedades neogranadinas. Berlín, 1854. 

23. • J. Antonio García v García — Relación de los Vi- 
rreyes el Nuevo Reino de Granada. Nueva York, 1869. 

24. * José Manuel Groot. (1800-1878) — Historia Eclesiás- 
tica y Civil déla Nueva Granada. Bogotá, primera edición, 1869; 

segunda, 1889, reimpresa por Medardo Rivas, aumentada y corre- 
gida. Cinco volúmenes en 4." Su lectura es muy amena y el len- 
guaje hermoso. 

25. José María Vergapa y Vergara — Literato de prime- 
ra éntrelos colombianos (1831-1872), — Cuadro Cronológico de 
los soberanos y magistrados de la Nueva Granada, desde los 
Zipas hasta nuestros días, 1866. En asocio. del señor don'Tulio 
Samper Grau formamo.« un cuadro de lo mismo, sin saber que 
existía el de Vergara y Vergara. el cual debe ser inferior al nues- 
tro en exactitud, noticias y pormenores. 

Historia de la literatura neogranadina. Publicó Vergara y 
Vergara el primer tomo o primera paite en 1867, en Bogotá, y 
dejó inédita la segunda; su hijo, el presbítero Vergara, publicó la 
obra completa, en España, 1906. «El señor Vergara, — dice J. J. 



336 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



Borda en la biografía, — conocedor, como muy pocos, de nuestra 
historia, se ha apoderado de los principales episodios de ella, y con 
distintas novelas ha formado un todo notable por las bellezas de 
imaginación y por el fondo de verdad histórica.» 

26. * Jerónimo de Mendieta— ///sfor/a Eclesiástica de las 
Indias. Méjico, 1870. Parece ser esta la fecha de una edición de 
obra de otro siglo. El Catálogo de la Biblioteca Nacional la pone 
en la Sección de Religión. 

27. * Pío Bonifacio Gams, benedictino — Series Episcopo- 
rum. Ratisbona, 1^73. Decisiva esta obra para saber la serie cro- 
nológica de los obispos, comenzando por el primero de cada dió- 
cesis, por haber sido tomados los datos del archivo del Vaticano. 

28. José María Quijano Otero (1836 a 1884) — Gran es- 
tudioso e investigador de la historia patria, buscó documentos en 
las bibliotecas de España, especialmente en las de Sevilla y Siman- 
cas; logró reunir una excelente biblioteca de obras americanas, que 
después de su muerte compró el gobierno, y forma parte de la Bi- 
blioteca Nacional. Escribió nm Memoria histórica sobre límites 
entre el Imperio del Brasil y la República de Colombia. Com- 
pendio de la Historia Patria, que sirvió mucho tiempo de texto, 
algo extenso para escuelas primarias y escaso para secundarios. 

29. * José Joaquín Borda. — Historia de la Compañía de 
Jesús en la Nueva Granada. Poissy, 1872, dos tomos en 8." 

menor, con prólogo de Vergara y Vergara. «El sei^or Borda fue el 

primero que escribió y publicó la Historia de Colombia contada 

a los niños, libro que por mucho tiempo fue texto de enseñanza en 
la mayor parte de los colegios de la República, y ha llegado a la 
novena edición.» (Hermano Luis Gonzigd, Efemérides Colom- 
bianas). Nació en Tunja en 1835, y murió en Bogotá en 1878, 

30. J. Miguel Lobo - Historia general de las antiguas co- 
lonias hispanoamericanas. ^ citada por Ibáñez) 3 volúmenes en 8.0 
Madrid, 1875. 

31. «) Francisco Javier Hkrnáez, S. J. — Colección de las 
Bulas, Breves y otros documentos relativos a la Iglesia de 

América y Filipinas. Dispuesta, anotada e ilustrada por el Padre 
Francisco Javier Hernáez, de la Compañía de Jesús. Bruselas, 

1879. Obra importante para la historia eclesiástica de todos los 
países americanos. 

32. * César Coronado Guzmán — Historia General de la 
América desde el descubrimiento hasta nuestros días. París. 

1880. Obra pequeña, simple compendito. 

33.* Manuel Briceño— Los Comuneros: Historia déla 
Insurrección de 1781, por Manuel Briceño. Bogotá, imprenta de 
Silvestre y Compañía, 188 1. Véase el juicio crítico de esta obra por 
Carlos Martínez Silva, en el Repertorio Colombiano, mayo de 
1881, 

34, Doctor Manuel Uribe Ángel. i88i.— Geografía general 
y compendio histórico de la Conquista del Estado de Antioquia 
en Colombia (hoy Departamentos de Antioquia y Caldas), obra de 



HISTORIADORES DEL NUEVO REINO DE GRANADA 337 



783 páginas en 4°, publicada en París, con xxxiv láminas litogra- 
fiadas en Berlín de objetos arqueológicos de cerámica, piedra, 
tumbaga y oro, y un mapa de Antioquia al tiempo de su descu- 
brimiento y conquista. «La tercera parte contiene algunos datos 
históricos sobre los aborígenes antioqueños, algo sobre arqueo- 
logía y etnografía, una noticia sobre la situación y carácter del 
pueblo conquistador, y la historia cronológica de la conquista hasta 
que, concluida ésta, entra la época de la Colonia,» como lo dice 
en su Advertencia Preliminar. En la segunda parte. Geografía 
descriptiva^ cada ciudad o pueblo tiene descrita su historia. 

35. Papel Periódico Ilustrado — Notabilísima revista di- 
rigida por Alberto Urdaneta, de agosto de 1881 a mayo de i838, 
de la cual se formaron cinco volúmenes muy apreciados; en ella 
se encuentran artículos importantes sobre temas de historia colo- 
nial, por notables historiadores de la época de la revista. 

36. Juan Pablo Restrepo— ¿a Iglesia y el Estado en Co- 
lombia, 1881. Aunque es obra de jurisprudencia y polémica 
religiosa, en favor de los derechos de la iglesia católica, contiene 
muchos datos históricos importantes. Publicada en Londres por 
Emiliano Isaza en 1885. Com;;e/2í//í7 í/fi Historia Patria, Bogotá, 
1891,1 preciosa obrita por orden de cronologías, que está escrita 
con fechas marginales en cada página. Don Juan Pablo Restrepo 
dejó inéditos copiosos manuscritos sobre historia colonial, especial- 
mente relativos a la obra de las misiones. 

37. * Liborio Zerda — El Dorado, estudio histórico etnográ- 
fico y arqueológico de los chibchas y otras tribus. Bogotá, 

1883. 

38. Soledad Agosta de S amper — Biografía de Hombres 
ilustres y notables de la época del descubrimiento, conquista y 
colonización de Colombia. Bogotá, 1883. Los Piratas en Carta- 
gena, Bogotá, 1886. La mujer española en Santafé de Bogotá. 

39. Carlos Benedetti, cartagenero — Historia de Colombia. 
Se han hecho dos ediciones, la segunda 1887, en Lima, donde 
residió muchos años y murió este autor. Comprende las tres nacio- 
nes que la historia llama la Gran Colombia (Nueva Granada, Vene- 
zuela y Ecuador); es compendio escrito con criterio partidarista, 
no se esconde la heterodoxia del autor, su espíritu antirreligioso. 
Como obra histórica no vale gran cosa, es insulsa y errada en 
muchas partes. 

40. * José P. Urueta — Cartagena y sus cercanías. Cartage- 
na, 1886. Documentos para la historia de Cartagena, compilados 
por José Urueta, historiógrafo del Departamento de Bolívar. 
Edición oficial. Cartagena 1888. Dos tomos. 

41. Manuel Ezequiel CoRRAL^s—Recíificacíones a la obra 
•Cartagena y sus cercanías del doctor José P. Urueta.» Bogotá, 
1887. Efemérides y Anales del Estado de Bolívar, tres tomos. 
Bogotá, 1889. 

43. * Eduardo G. de Vi^^krs— Documentos para la his- 
toria del Departamento de Bolívar. Cartagena, 1889. 

xTv— 22 



338 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



43. RosELLiDE LoRGUE— Vida del Almirante Cristóbal Colón. 
La mejor y más extensa que se ha escrito. Está traducida del 
francés. 

44. Enrique Alvarez BomLLA— Compendio de Historia 
Patria, 1898. Reemplazó el texto de Quijano Otero en las escue- 
las primarias. 

45. Heliodoro Peña - Geografía e Historia de la Provin- 
cia delQuindio, 1892. 

46. § Ricardo Cappa, S. J.— Colón y los Españoles, estudios 
críticos acerca de la dominación española en América, siete tomos. 
Fueron publicados cuando se preparaba la celebración del 4," 
centenario del descubrimiento, 1892. 

47. Antonio B. Cuervo, hijo del céiebre don Rufino Cuervo, 
murió en 1893 — Resumen déla Geografía histórica, política, es- 
tadística y descriptiva de la Nueva Granada. Colección de do- 
cumentos inéditos sobre la geografía y la historia de Colom- 
bia, recopiladas por Antonio B. Cuervo durante su permanencia 
en España como Ministro de Colombia. Dos tomos. Bogotá, 1892. 
«Obra importantísima, laboriosa y de utilidad incontestable,» la 
llamó Isidoro Laverde Amaya. 

48. * Vicente Restrepo— i4f/^5 arqueológico. París, 1893. 
Los Chibchas antes de la Conquista. Bogotá, 1895, interesan- 
tes y eruditas obras para la historia precolombina. Estudios SObre 
las minas de oro y plata de Colombia. Hemos encontrado en 
esta obra de mineralogía mucho acopio de historia colonial de las 
minas y metales. 

49. José C. Alarcón— Compendio de Historia del Departa- 
mento del Madaglena, desde 1525 hasta 1895; año de su pu- 
blicación, 1898; no dice dónde, ni tiene pie de imprenta, pero fue 
en Santa Marta, y al parecer por el aparte final, en la de don 
Pedro Antonio Infante. Contiene suficiente historia de la antigua 
Provincia de Santa Marta, que abarca lo que es hoy Departamen- 
to del Magdalena. 

Daniel Brinton— La raza americana: clasificación lingüista 
y descripción etnográfica de las tribus naturales de la América 
del Norte y la del Sur (en inglés). Eminente lingüista lo lla- 
ma V. Restrepo. 

SIGLO XX 

1. Alvaro Restrepo Euse (antioqueño) — Diccionario Histó- 
rico de la Colonia. Historia de Antioquia, 1903. 

2. Posada e Ibáñez. Los Comuneros. Un volumen en 8.", 
1905. Es el tomo iv de la Biblioteca de Historia Nacional. Con- 
tiene varios estudios sobre esta revolución del siglo xviii. 

3. Julio C. Salas, profesor de Sociología en la Universidad de 
Mérida (Venezuela)— Etnología e Historia de Tierra Firme (Ve- 
nezuela y Colombia), Madrid, Editorial América. No dice la fe- 
cha de la impresión, pero fue escrita en 1908. Interesantísima obra; 



HISTORIADORES DEL NUEVO REINO DE GRANADA 339 



en ella demuestra la unidad de origen de la raza indígena y com- 
bate la escuela transforrnista o de tribus autóctonas. 

4. Diego Mewoza— Expedición botánica de José Celestino 
Mutis al Nuevo Reino de Granada y Memorias inéditas de 
Francisco José de Caldas. Madrid, 1909. «Este volumen con- 
tiene algunos documentos ilustrativos del desarrollo intelectual de 
Colombia,» comienza diciendo el compilador, 

5. § Reverendo Padre fray Bernardino Almansa— /?e/a' 
ción histórica de la Provincia de Franciscanos en la Nueva 
Granada. 

ó^Gabriel Arango Metía — Genealogías de familias an- 
tioqueñas. Medellín, mcmxi. Comienza coa una simpática por- 
tada de estilo arcaico, en que campea grabado el escudo d? la 
villa de la Candelaria de Medellín. Este libro es* «fruto de veinte 
años de paciente labor,» dice el propio autor en la primera línea. 
Lo escribió para honra y gloria de su pueblo y de su raza y para 
probar a muchos que sí es la raza antioqueña de casta limpia es- 
pañola. Consta de dos partes: en la primera se registran, por or- 
den alfabético, los apellidos de las cabezas de familia de origen 
español que vinieron a Antioquia de 1540 a 18 10; y en la segun- 
da, los de le* descendientes de los pobladores. 

7. Luis Orjuela — Minuta Zipaquireña, «erudito y ameno 
libro.» lo llama Ibáñez. 

8. Antonino Olano. Popayán en la Colonia. 

. g. § Fray Pedro Fabo, agustino descalzo, español, que ha 
residido en Colombia muchos años, y literato. Restauración de la 
Provincia de la Candelaria, libro que publicó en Bogotá en igii , 
para seguirlo luego de su Historia de la Provincia de la Cande- 
laria, que sacó a luz en Madrid, en dos grandes volúmenes y que 
es una especie de ampliación de la primera. «Conectada como está 
y de una manera tan íntima, nuestra historia política con la re- 
ligiosa, especialmente en los tiempos coloniales, y habiendo toma- 
do la orden de San Agustín un puesto tan distinguido en nuestros 
anales, ya como colonizadora, catequizadora, educadora, etc., pare- 
ce excusado decir que tales obras son monumentos de grande utili- 
dad para estudios de los viejos tiempos coloniales, y que en sus 
páginas se hallan grandes enseñanzas y ricos veneros que no pue- 
de despreciar el historiador moderno.» {Archivo Historial de Ma- 
nizales, año 11, número 24). 

10. Doctor Pedro María IbáSbz, ex-Secretario y miembro 
de número de la Academia Nacional de Medicina y Secretario 
Perpetuo de la Academia Nacional de Historia, etc., que ayudó a 
fundar — Crónicas de Bogotá. Segunda edición, notablemente au- 
mentada con numerosas ilustraciones, Bogotá, Imprenta Nacional, 
tomo I, 1913; tomo 11, 1915; tomo iii, 1916; tomo IV, 1923. 
Volúmenes x, xi, xii y xxxi de la Biblioteca de Historia Nacional, 
Contienen los dos primeros tomos la historia de los primeros años 
de la capital y la de los días coloniales, con muchos grabados. 

11. HENAoy Arrubla— //ís/ona de Colombia parala en- 
señanza secundaria, por Jesús María Henao y Gerardo Arrubla, 



340 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



individuos de número de la Academia Nacional de Historia. Dos 
tomos. Bogotá, 191 1. El primero trata del «Descubrimiento. Orí- 
genes americanos. La conquista. El régimen colonia!.» Antes ha- 
bían publicado un Compendio, que sirve de texto en las escuelas 
primarias, y reemplazó en muchas al de Alvarez Bonilla. 

12. Uruetay PiSeres— Cartagena y sus cercanías, por 
José P. Urueta, segunda edición, cuidadosamente corregida, no- 
tablemente aumentada por Eduardo G. de Piñeres. Cartagena, 
I9ir. 

13. [aime Arroyo -Historia de la Gobernación de Pgpayán. 
Edición anotada por Antonino Olano y Miguel Arroyo Diez. 

14. Ernesto Restrepo Tirado, individuo de número de la 
Academia Nacional de Historia— Los Qüimbayas. Ensayo Etno- 
gráfico y Arqueológico de la Provincia de los Qüimbayas en 
el Nuevo Reino de Granada. Un folleto, Bogotá, Imprenta Na- 
cional, 191 2. Útilísimo para el estndio de la prehistoria americana. 
Descubrimiento y conquista de Colombia. Bogotá, Imprenta Na- 
cional, dos tomos en 4°, 19 19, Don Enrique Otero D'Costa, cuyo 
juicio es autorizado, reputa esta obra como «una de las mejores 
escritas en su género en Hispano América, y la mejor sin disputa 
entre las que se han compuesto sobre nuestros ciclos»conquistado- 
res.» (Archivo Historial de Manizales, volumen i, página 502^. 
Restrepo Tirado es constante colaborador del Boletín de Historia 
y Antigüedades. 

15. § Presbítero Gonzalo Uribe Villegas — Los Arzobispos- 
y Obispos colombianos desde la Colonia hasta nuestros días, 
por Gonzalo Uribe Villegas, presbítero, 19 19. Esta importante 
obra, de más de ochocientas páginas, contiene el estudio biográ- 
fico de todos los Prelados que han gobernado las diócesis colom- 
bianas, desde la colonia hasta los tiempos actuales y que consti- 
tuye la historia religiosa y civil de Colombia. 

16. Phil Hakspiel, escritor alemán que vivió y casó en 
Bucaramanga, donde murió en 1920 — Vida cieniífíca en la Nue- 
va Granada. «Al morir dejó una abundante obra literaria e histó- 
rica sobre asuntos nacionales, de sumo interés y gran amenidad.» 
Cítala Otero D'Costa en la Harmónica vida del Reverendo Padre 
Eloy de Valenzuela, publicada en el número 24 del año 11 del 
Archivo Historial de Manizales. 

17. § Reverendo Padre fray Marcelino Ganüza, agustino, 
recoleto — Monografía de las Misiones vivas de agustinos recole- 
tos (candelarios) en Colombia. Siglos xvii-xx. Tomo i, en 4.° Bo- 
gotá, Imprenta de San Bernardo, mcmxx. 

18. Carlos Cuervo Mi.KQUEZ—f'sfí/cííOS Arqueológicos y Et- 
nográficos de americanos. (Prehistoria y viajes americanos^. Dos 
tomos. Editorial América, Madrid, 1920. El sefíor Cuervo Már- 
quez, hombre de ciencias y de Estado, es miembro de número de 
la Academia Nacional de Historia. 

19. Eduardo Posada — Cofundador y primer Presidente de 
la Academia Nacional de Historia, actual Secretario Perpetuo, 



HISTORIADORES DEL NUEVO REINO DE GRANADA 341 



Ha escrito numeroso artículos en el Boletín de Historia y Anti- 
güedades, y los siguientes libros: Obras de Caldas, en que ha 
recopilado todos los trabajos científicos de este sabio. Cartas de 
Caldas, recopiladas en abundancia. Son los tomos ix y xv de la 
Biblioteca de Historia Nacional, Bibliografía Bogotana. Tenaz 
investigación de todo libro, folleto, cuadernito u hoja suelta pu- 
blicada en Bogotá desde que los jesuítas introdujeron la primera 
imprenta. ^Volumen xvi de la Biblioteca de Historia Nacional^, 
1918. Cronología Colombiana (inédita). 

20. Hermano Luis Gonzaga. ('Pacifico Coral) del Instituto de 
los Hermanos de las Escuelas Cristianas— Efemérides Colombia- 
nas. Bogotá, MCMXX. Aunque la mayor parte de estas agradables 
efemérides se refieren a la historia de la guerra de la Independen- 
cia y tiempos posteriores, tiene muchas del tiempo anterior. 

2 1 . Becker y Rivas Groot— £■/ Nuevo Reino de Granada en 
el siglo XVIII, por don Jerónimo Becker, de la Real Academia de 
la Historia, y don José Maria Rivas Groot, ex-Ministro de Instruc- 
ción Pública en Colombia, Parte primera. Madrid, mcmxxi. Acaba 
de aparecer esta cbra. Además de las obras que hemos catalogado, 
deben contarse los útilísimos boletines historiales de las academias 
y centros, que han comenzado en este siglo. Boletín de Historia y 
Antigüedades. Órgano de la Academia de Historia Nacional; 
Director, Pedro María Ibáñez, Secretario perpetuo. Desde sep- 
tiembre de 1902 hasta febrero de 1923, lleva publicados 161 nú- 
meros, que forman catorce volúmenes. Imprenta Nacional, Boletín 
Historial. Órgano del Centro de Historia de Cartagena de In- 
dias; Director, Generoso Jaspe. Llevaba publicados, desde mayo 
de 1915 hasta abril de 1919, 48 húmeros, que forman cuatro tomos. 
Su vida es muy precaria por falta de apoyo del gobierno depar- 
tamental. Archivo Historial. Órgano del Centro de Estudios His- 
tóricos de Manizales; Director, Enrique Otero D'Costa, desde 
agosto de 1919, más de dos volúmenes, que contienen 32 números. 



ÍNDICE ALFABÉTICO 

Autores, Sig-lo. Número. 

Acosta Joaquín XVIIl 19 

Acosta José XVl 23 

Acosta de Samper XIX 38 

AlarcónJoséC „ XIX 49 

Alcedo Antonio...^ - „ XVIII 22 

Almanzar XX 5 

Alvarez Bonilla..... >..........»............... XIX 44 

Aguado Fernández Pedro XVI 18 

Andagoya Pascual...» XVI 25 

Anglería Fz. Pedro XVI 4 

Antúnez Acebedo......... XVIII 8 

Arango Mejía XX 6 



342 



BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



Autores. Siglo. 

Arroyo Jaime XX 

Barcia Andrés González XVIII 

Barroso John...~ « XIX 

Bastidas Rodrigo XVI 

Becker y Rivas Groóte XX 

Benedetti Carlos XIX 

Benzoni Jerónimo XVI 

Borda José Joaquín „ XIX 

Bricefto Manuel XIX 

Bry Teodoro XVII 

Buena Maisson XVIII 

Caldas Francisco José XIX 

Cappa Ricardo.... «... XIX 

CassániJ. B XVIII 

Castellanos Juan XLI 

Caulín Fz. Antonio XVIII 

Cieza de León Pedro XVI 

Cladera Cristóbal XVIII 

Corolón José XIX 

Colón Cristóbal XV 

Coletti Domingo XVIII 

Corrales Manuel Ezequiel XIX 

Correo Curioso « XIX 

Cuervo A. B XIX. 

Cuervo Márquez Ci XX 

De la Rosa Nicolás XVIII 

De la Torre Miranda..... XVIII 

Depons F XIX 

Duquesne José Domingo XVIII 

Duran y Díaz Joaquín XVIII 

Epitome de la Conquista XVI 

Fabo Fray Pedro XX 

Fernández de Enciso...., -.... XVI 

Fernández de Navarrete XIX 

Fernández de Oviedo XVI 

Fernández de Piedrahita XVII 

Flórez de Ocáriz XVII 

Freiré Antonio. XVII 

Gama Pío Bonifacio XIX 

Ganuza Fz. Marcelino XX 

García Gregorio XVIII 

García del Río Juan XIX 

García y García J. Antonio XIX 

Garzón de Tahuste Alonso XVII 

González Barcia Andrés. XVIII 

González Dávila Gil XVII 

Gomara López Francisco.... XVI 

Groot José Manuel XIX 



Número. 

13 
9 

17 
3 

21 

39 
19 
29 

33 

2 
28 

7 
46 

7 
21 

19 
8 

30 

I 

13 

2 

47 
18 

5 
21 

3 
31 
29 
12 

9 

5 

9 

II 

13 

15 

18 

27 

4 
6 

12 

9 
10 

»7 
24 



HISTORIADORES DEL NUEVO REINO DE GRANADA 343 



Autores. Siglo. Número, 

Gumilla José XVIIl • 9 

Guzmán César C. XIX 32 

Hakspiel Phil XIX 16 

Henao y Arrubla ,. XX 11 

Heredia Pedro XVI 6 

Hernández Francisco Javier... XIX 31 

Herrera Antonio XVII i 

Hojeda Alonso XVI i 

Humboldt Alejandro XIX 8 

Ibáñez P. M XX 10 

Irving Washington XIX lo 

Jiménez de Quesada XVI 

Johnson Charles XVIII 29 

Juan Jorge , XVIII 16 

Julián Antonio - XVIII 25 

Las Casas Bartolomé XVI 13 

La Condamine ...~ ~... XVIII 10 

Lactjuan ~ XVII 6 

Lallement » XIX 1 1 

Lebrija Antonio » XVI 10 

Linaje Veitia José XVII 14. 

Lobo José Miguel ....« XIX 30 

López de Gomara XVI 17 

López de Velásquez ~..« XVI 16 

Lugo Bernardo XVII 3 

Luis Gonzaga (Hei mano) XX 20 

Machuca Fernando Vargas. XVI 20 

Meléndez Fz. Juan...» XVII ^9 

Menchaca Roque ►.... XIX 4 

Mendieta Jerónimo XIX 26 

Mendoza Pérez Diego ~ XX 4 

Miranda Antonio XVIII 21 

Muriel Moreili XVIII 19 

Muñoz Juan B XVIII 26 

Murillo Pedro XVIII ii 

Nadaillac Marqués de XIX 

Navarrete Martin Fernández XIX o 

Nieto Juan José «... XIX 14 

Novísima Recopilación XVII 17 

Nueva Recopilación XVI 22 

Nuix Juan XVIII 2$ 

Ocáriz Juan Flórez XVII 15 

Ojeda Alonso « XVI 1 

Olano Antonio...- é. .... ........... XX 8 

Orjuela Luis «... ...» XX 7 

Oviedo González Frz «..« »..„... XVI 



IX 



Papel Periódico Ilustrado... XIX 36 

Parra Fz. Pedro José. ......*. XVIII 24 



344 



BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



Autorea. Siglo. 

Paw xvni 

Peña Heliodoro...« « * XIX 

Peredo Obispo ^ «..«... XVIII 

Piedrahita (Obispo) XVII 

Pinelo León XVII 

Piñeres Eduardo «... XIX 

Pizarro y Orellano Fernando XVII 

Plaza José Antonio XIX 

Pombo José Ignacio XIX 

Posada Eduardo XX 

Posada e Ibáfiez XX 

Prescott Guillermo XIX 

Quesada Gonzalo Jiménez XVI 

Quij ano Otero J. M XiX 

Quintana Manuel José..... XIX 

Repertorio Americano XÍX 

Reclus Eliseo XIX 

Recopilación de Indias XVI 

Restrepo Cuse Alvaro XX 

Restrepo Juan Pablo XIX 

Restrepo Vicente XIX 

Restrepo F. Ernesto xX 

Ribero Juan « XVIII 

Rivas Groot y Becker XX 

Robertson Guillermo XVIII 

Rodríguez Socorro XIX 

Rodríguez Manuel XVII 

Rodríguez Fresle XVII 

Roselly de Lorgne. XIX 

Salas Julio C XX 

Santa Cruz Alonso XVI 

Scherer Juan Benoit XVIII 

Simón Fz. Pedro - XVII 

Solís XVII 

Solórzano...- XVII 

Terneaux Compans XIX 

Torquemada XVIU 

Tonson XVIII 

Ulloa Antonio « ,. XVIII 

Uribe Ángel XIX 

Uribe Villegas XX 

Uricoechea XIX 

Urueta José Pasos XIX 

Urueta Piñeres...» .,..„.. XX 

Vargas Machuca...» »..» XVI 

Veilia Linaje XVII 

Velasco XXI 

Vergara y Vergara...» «... XIX 



9y 



Númtro. 

15 

45 
16 

13 
16 

4« 
8 

2X 

5 
19 

- 2 ■ 
13 

15 
28 

18 

12 

13 

Z 

36 

48 

14 

3 
21 

27 
I 

9 

7 
43 

3 
14 
18 

14 
iz 

5 
16 

X 
Z2 
16 

34 

'5 
22 

40 

X2 
20 
14 

i6 
25 



INDICACIONES PARA EL BUEN GOBIERNO 345 



Autores. Siglo. Número. 

Vespucio...«......«..~ ........M XVI 2 

Zamora XVII 20 

Zerda Liborio XIX 37 



Pedro M, RevollOy Pbro. 



inOlCflCIOnES para Eh BUED GOBIERHO (1) 

Representación original que hace a Su Magestad el Licencia- 
do Gonzalo Ximenez de Quesada, conquistador de las provincias 
de Santa Marta y Nuevo Reino de Granada, que contiene treinta 
capítulos todos relativos al buen gobierno que deberá observarse 
en dichas provincias. 

Muy poderoso señor: El licenciado Gongalo Ximenez de Que- 
sada vecino de la ciudad de Santa Fee en el Nuebo Reyno de Gra- 
nada que es en la provincia de Santa Marta de las Indias de v. a. 
como uno del pueblo y como principal capitán y 'conquistador de 
las dichas probincias y Nuebo Reyno el qual conquiste e puse de- 
baxo de la obediencia de v. m. y en la mejor manera que de dere- 
cho puedo digo que en la dicha provincia y Nuebo Reyno de Gra- 
nada para la perpetuación de aquella provincia e para el buen 
govierno della para el buen tratamiento de los yndios naturales de 
la tierra e ansi mismo para el de los españoles e para los pueblos 
de cristianos que alia hay hechos son menester probeerse algunas 
cosas cumplideras al servicio de dios y de v. m. y al bien público 
y particular de aquella tierra y reino y de los que en ella biben 
suplico a V. m. los mande probeer las quales cosas son las si- 
guientes. 

I. primeramente se suplica a V. m. que ávido rrespeto como 
la dicha probincia de Santa Marta es muy grande y como desde la 
ciudad de Santa Marta hasta el dicho Nuebo Reino de Granada ay 
Jerca de docientas e cincuenta leguas y todo es una diócesis y un 
obispado de donde se sigue que los cristianos de una parte y de 
otra no pueden estar bien regidos ni administrados en las cosas 
espirituales ni el tal obispo puede entender bien en la conbersion 
de los yndios de la una parte y de la otra que se suplique a su 
santidad pues ay tanta necesidad dello tenga por bien de hazer 
obispo y obispado por si apartado del de la dicha ciudad de Santa 
Marta a la provincia del dicho Nuebo Reyno el qual obispo resida 
siempre en el dicho Nuebo Reino y tenga cuidado de sus obejas. 



(1) Enviado este documento de Sevilla a la Academia de" Histo- 
ria por el señor don Lui8 Rubio y Moreno, laborioso e inteligente 
investigador del yíríAíz/o de /»</ia; quien ha esp>ecializado sus tra- 
bajos en lo relativo a nuestra historia. Debemos también a él el 
documento, bien curioso, sobre Juan de los Barrios que apareció en 
el número anterior. 



346 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



2. ytem se suplica a v. m. que por cuanto el tiempo que yo 
gane y conquiste el dicho Nuebo Reyno y lo poblé de pueblo de 

cristianos a cada pueblo señale e 
di sus términos conocidos como 
ojo que laabdiencia lo vea y consta por esta escritura que pre- 
si fuerebuena la cofirme ysi senjto que v. m. sea servido de 
no haga otra partición qua- aprobar y confirmar la dicha par- 
les les pareciere. ticion de términos y si esto no 

fuere serbido que lo sea de man- 
dallo cometer a uno de los oydo- 
res que ban al dicho Nuebo Reyno o a todos para que bean la dicha 
partición de términos la aprueben y confirmen o hagan otra por 
donde se guien los dichos pueblos y por donde cada un pueblo 
tenga sus términos conocidos porque de otra manera seria grande 
confusión e de cualquier delito o caso acontecido en el campo 
abria gran diferencia entre un pueblo e otro sobre que justicias de 
aquellos pueblos abrían de conocer de los dichos delitos y causas 
y asi para esto como para otras muchas cosas es necesario que 
cada pueblo despañoles de los suso dichos tengan sus términos 
conocidos. 

3. yten se suplica a v. m. que por quanto quel dicho Nuebo 
Reyno ay minas de piedras esmeraldas, como a v. m. ya le es noto- 
rio y no las tiene otro principe cristiano ni ynfiel que se sepa, las 
quales piedras los yndios naturales de la dicha tierra sacan con ar- 
tificios e ynstrumentos e otras ordenes que muy con9ertadamente 

para ello tienen ordenado lo qual 
y los españoles ovisen de hazer e 
quel presidente e oydores in- se les permitiese ir a sacar pie- 
formen de lo que le paresce dras a las dichas minas dentro de 
que se debe hacer y que entre muy breve termino las dichas mi- 
tanto no se haga nobedad ni ñas quedarían asoladas y perdidas 
agravio. porque asi por no tener la orden 

ojo. e artificio que tienen los dichos 

yndios para sacarlas como por la 
cobdÍ9Ía que generalmente se be 
en los españoles en toda» las yndias por sacarlas syn orden ningu- 
na darian con todo aquel peda9o de montaña donde están en tie- 
rra y las desharían y hecharian a perder de manera que fuesen más 
las que se perdiesen sin comporacion que de las que se aprobecha- 
sen demás que quedarían las dichas minas acabadas y agotadas 
para siempre jamas sin dexar allí a naturaleza produzír mas de 
aquel fruto que solía y allende desto se seguiría otro muy grandí- 
simo daño que sería el alboroto de los yndios viendo que una cosa 
tan antigua se la quitaban e acababan que no les dexaban llebar la 
orden que ellos e sus pasados tenían o tienen en el sacar de las di- 
chas piedras especialmente que muchos pueblos de yndios de los 
que están en la comarca de las dichas minas no biben de otra cosa 
sino de sacar e tratar las dichas piedras con otros yndios pojr man- 
tenimientos o por otras cosas que necesariamente los dichos pue- 



INDICACIONES PARA EL BUEN GOBIERNO 347 



blos habian de perecer e los yndios dellos morirse faltándoles los 
dichos tratos que v m. mande dar su provisión real para que los 
dichos españoles no entren ni saquen piedras preciosas de las di- 
chas minas de esmeraldas sino que libremente se las dexen tratar y 
usar a los yndios como hasta agora han hecho ellos y sus pasados 
desde antes que la tierra estuviese debaxo de la obediencia de 
V. m, 

4. yten se suplica a v. m. que de su probision real dirigida a 
los oficiales del dicho Nuebo Reyno dándoles en ella orden como 
ayan de cobrar los quintos a v. m. pertenecientes en quanto a las 
piedras esmeraldas que los dichos españoles han de los yndios de 

sus tributos o las compran de 
otros yndios por que hasta agora 
que se embie al el presidente los dichos españoles han sido 
eoydores la relación desteca- muy agraviados en el quintar de 
pitulo para que la vean y hor- las dichas piedras por que quin- 
denen como pareciere que tando los dichos oficiales una pie- 
conviene a servicio de su ma- dra o dos que les traen a quintar 
gestad y de manera que las las aprecian ellos a su voluntad 
partes no sean agrabiadas. según les pare9e yde aquel precio 

ojo. - hazen pagar el quinto al dueño de 

la dicha piedra como quiera que 
los dichos oficiales no saben ni 
están espertos en el valor de las dichas piedras ni son lapidarios ni 
oficiales dello y asi a bulto las aprecian a precios tan excesibos 
que como es notorio vale una piedra aya diez veces mas que acá 
trayendola de aya acá para vendella y aprobecharse della y allende 
desto si traen cinco o mas piedras para quintar como aya numero 
para sacar en piedras el quinto toman una los dichos oficiales para 
v. m, que vale mas que todas las otras que quedan quintadas y que 
otras muchas mas e asi quintan las dichas piedras por la cantidad 
haviendose den quintar por la calidad que v. m. mande que quan- 
do las dichas piedras se quintaren se pongan en almoneda y en el 
que mas diere por ellas se rematen y de aquello se pague el quinto 
o que se mande a los dichos oficiales que para quintar las dichas 
piedras llamen ante sy dos oficiales plateros lapidarios que con ju- 
ramento declaren el valor de aquella cosa que se quinta y conforme 
a lo que juraren que vale se pague el dicho quinto y si esto no pa- 
reciere a V. m, que de otra orden qualqaiera que fuere servido 
como los dichos españoles no reciban tan notorio agrabio. 

5. yten se suplica a v. m. que pues es costumbre de los reyes y 
especialmente de v. m. a pobladores de tierras nuevas hazelles 

nuevas mercedes y asi en la ciu- 
dad de Santa Marta y en otras 
que esta bien proueydo. muchas partes y lugares de las 

yndias al tiempo que se poblaron 
de españoles les hizo v. m. mer- 
ced de que solaraente pagasen a v. m. el diezmo del oro que obie- 
sen asi de los yndios como de minas de debaxo de la tierra que 
v. m. sea servido que pues el dicho Nuebo Reyno de Granada es 



348 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



nuebamente ganado en los moradores del sirvieron en el descu- 
brimiento con tanto travajo de sus personas y haziendas de que del 
dicho oro no paguen mas del dicho diezmo e ya que v. m. desto 
no sea servido sino que se pagne el quinto enteramente que esto 
sea del oro que se ha de los tributos de los dichos yndios o de otro 
cualquier oro que se oviere encima la tierra o de sepulturas pero 
del oro que se saca de minas con tanto travajo y costo y artificio 
que sea servido de mandar que se lleve siquiera los diez años pri- 
meros siguientes tan solamente el diezmo como v, m. lo ha man- 
dado hazer en muchas otras partes de las yndias porque de otra 
manera con las costas que tiene el sacar oro de minas y con la 
paga del dicho quinto es mas la costa que el probecho y si no abra 
hombres que se den a las dichas minas y perderá v. m. muchos 
probechos que de alli se le podrían seguir e asi alibiando a los es- 
pañoles la costa dar se y an muchos mas a las minas y lo que pare- 
ce se perdia por un cabo se ganaba con muy grande e9eso por 
Otro, 

6. yten se suplica a v. m. que por quanto quando yo gane el 
dicho Nuebo Reyno quedo y sucedió en mi lugar y oficio Hernán 

Pérez de Quesada mi hermano y 
luego de alli a poco tiempo fue a 
que no ha lugar. descobrir tierras nuebas mas ade- 

lante del dicho Nuebo Reyno y 
como pienso que v. m. sabe y le 
es notorio descubrió cerca de dozientas leguas adelante del dicho 
Nuebo Reyno e por aquella parte que yba descubriendo siempre 
hallo pocas poblaciones y mala tierra pobre y de poca comida y de 
poca jente hasta que al cabo cerca de las dichas docientas leguas 
hallo una provincia desyerta y casy iniíbitable donde por muchas 
leguas dellas ay ynfinidad de arboles de especería de la especia 
que se llama canela y della truxo muestra al dicho Nuebo Reyno la 
cuales la que hasta agora benia a la ciudad del quito en la provin- 
cia del Perú por contratación de yndios de pueblos en pueblos 
yasi después que mi hermano la descubrió se llama la dicha pro- 
vincia la Provincia de la Canela la qual es tierra muy anegadiza y 
de ciénegas y con rios harto crecidos que pasan por la dicha pro- 
vincia los quales por la derota son conocidamente el rio del mara- 
ñon o los otros rios que están la costa abaxo desde el dicho rio de 
Marañon hazia lo de la provincia de Bene9uela y porque asi yo 
como otros muchos conquistadores y pobladores del dicho Nuebo 
Reyno querrán yr a la dicha probincia alguna temporada o algún 
año a aprobecharse de la dicha especia y cargar della para embiar- 
la en españa que sera cosa tan de ymportancia y probechosa para 
V. m. y para estos sus reynos y sy los que asy fuesen oviesen de 
bolber al dicho nuebo reyno a pagar el quinto de la dicha canela 
allende de que seria casi ymposible era traer muy poca cantidad de 
la dicha especia y no se podrían traer seis quintales por que como 
a V. a. le es notorio alia no hay bestias de carga y v. m. no permi- 
te que los yndios sean cargados fuera de su provincia quanto mas 



INDICACIONES PARA EL BUEN GOBIERNO 349 



que aunque fuera licito cargallos todavía se podia traer poca can- 
tidad y poco probecho abido respeto a la poca carga que un om- 
bre puede traer sobre sy camino tan largo y a que los yndios mo- 
rirían en el dicho Nuebo Reyno que es tierra fría y fuera de la 
calidad de su provincia quanto mas que los dichos yndios son muy 
pocos en la dicha provincia y desviados con hartas leguas donde 
están los dichos arboles de la canela de manera que es yraposible 
bolber con las dichas cargas de especia al Nuebo Reyno a quintalla 
con los oficiales de v. m. que allí residen sino que necesariamente 
se han de hazer vergantines en los dichos ríos que pasan por la 
dicha provincia y allí cargallos de la dicha especia y benir por el 
dicho rio o ríos abaxo a la mar del norte que bienen a salir a don- 
de he dicho que v. m. sea servido que aunque los dichos con- 
quistadores no buelban al dicho Nuebo Reyno con la dicha especia 
a quintalla no incurran en pena ninguna por ello conque en lle- 
gando a la mar del norte en la primera gobernación y pueblo don- 
de oviera caxa y casa de oficiales de v. m. sea obligados a quin- 
tallo y a manifestallo luego o señalando para ello donde luego la 
ciudad de Santo Domingo que es lugar cómodo para ello donde 
bengan a parar los que asy truxeren la dicha canela pues es la cosa 
de calidad que en ninguna manera se puede esconder ni desfrau- 
dar vuestros derechos reales. 

7, yden se suplica a v. m. que por quanto el yr a coger y car- 
gar de la dicha canela es cosa de mucho trauajo y costa de mane- 
ra que no se puede /hazer ninguna jornada que cada año se 
hiziera para lo suso dicho con menos de quinze o veinte mil cas- 
tellanos a lo mas poco y no lo puede hazer un solo conquistador 
sino muchos juntos y todos con gran travajo y abentura de sus 
personas y así mismo con grande costa de sus haziendas que v. m. 
sea servido atento lo suso dicho que a donde quiera que e la dicha 
especia se ovieren de pagar los derechos a vi m. pertenecientes 
no sea el quinto enteramente sino que sea servido de que se llebe 
de derechos el dozabo o a lo menos el diezmo de la dicha especia 
y aun es mucho según el travajo y costa y otra ynñnidad de peli- 
gros y abenturas que tiene el yr desde el dicho nuebo reyno a 
cargai della a la dicha provincia de la canela. 

8. yten se suplica a v. m. que por quanto después que yo salís 
del dicho Nuebo Reyno a dar quenta a v. m. de como le había ga- 
nado como es notorio y publico se han hecho en el dicho Nuebo 
Reyno por los conquistadores y otros pobladores españoles muchos 
malos tratamientos a yndios asi de muertes como de robos y cor- 
tamientos de miembros en tanto grado que es espanto dezillo todo 
a fin de que les diesen oro e piedras y por esta causa se han des- 
poblado muchos pueblos y muertos mucha ynñnidad de yndios y 

los gobernadores y justicias hor- 

dinarias e an tenido poco cuydado 
que la audiencia que va hará de castigar semejantes delitos asi 
justicia. por que no escriban ynformacio- 

nes ni relaciones contra ellos a v. 

m. como por que también temien- 



350 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



do no ser molestados en las desidencias por los mismos conquista- 
dores y por estas causas y otras muchas que son notorias no sola- 
mente los governadores y justicias no castigan los dichos delitos 
pero aun ellos mismos son en perpetrallos y en hazer las dichas 
muertes y robos y otros ynfinitos géneros de delitos como en la 
verdad se han hecho en el dicho nuebo reyno que v. m. sea servi- 
do pues esto es cosa tan yraportante para la conserbación de aque- 
lla tierra de dar su juez pesquisidor para que a costa de los culpa- 
dos ba y castigue a los delinquentes en los dichos delitos y mal 
tratamiento de yndios y ponga en orden lo de aquella tierra de ma- 
nera que tengan entendido de que aqui adelante qualquiera mal 
tratamiento que se hiziere a yndios ha dPe ser luego de acá con 
particular diligencia remediado. 

9. yten se suplica a v. m. que por quanto los conquistadores 

y los otros españoles que han he- 
cho y hazen muertes y otros malos 
que hasta lo por derecho tratamientos a yndios tienen una 
proueydo. cautela y es esta que quando sien- 

ten o saben que biene o quiere 
benyr oydores y audiencia o go- 
vernador o justicia nueba van antes los alcaldes hordinarios que 
son sus compadres y amigos y naturales de los mismos pueblos 
como ellos y fautores de los mismos delitos y aun quiza los maes- 
tros y causa dellos y se hacen acusar ante ellos y lo conciertan asi 
entre el juez y las partes y los sentenciaban penas muy libianas a 
causa que quando benieren las dichas justifcias nuebas no hallen 
manera para los poder castigar diziendo que han sido ya castiga- 
dos por los dichos delitos mostrando para ello las dichas senten- 
cias pasadas en cosa juzgada que v. ra. sea servido de hazer ley e 
ordenanga en aquella tierra que de aqui adelante ninguna cosa que 
toque a muertes o otros malos tratamientos de yndios pueda pasar 
ni pase en cosa juzgada a lo menos las sentencias que no ovieren 
pasado por algunas de las audiencias reales que v. m. alia tiene 
puestas e asy mismo v. m. al pesquisidor o a cualquier otro juez 
ordinario que destos malos tratamientos deba de conocer le mande 
que tome y bea todos los procesos hechos por Ins dichos alcaldes 
ordinarios y conosca de las colusiones que en ellos se han hecho e 
saque de rrayz los dichos delitos y allende de castigallos castigue 
asi mismo a los dichos alcaldes y promutores que han dado causa 
a las dichas colusiones. 

10. yten se suplica a v. m. que por quanto después que los es- 

pañoles biben en el dicho Nuebo 
Reyno los dichos yndios han des- 
que la audiencia lo vea y viado sus pueblos de los caminos 
prouean lo que vieren que principales que van de los unos 
conviene al buen tratamien- pueblos de cristianos a los otros 
to de los yndios y como los por dexar lugar a los cristianos y 
culpados sean castigados. por que no tengan que hazer con 

ellos ni ser molestados dellos y les 



INDICACIONES PARA EL BUEN GOBIERNO 351 



ojo. han hecho sus casas y paraderos 

a manera de ventas e syn eijibargo 

desto algunas vezes los dichos es- 
pañoles se apartan del camino 



prencipal que lleban y se ban a los pueblos de los yndios a pedi- 
lles comida y mantas y otras cosas y a tomalles algo sin que los 
dichos yndios lo bean y aunque lo bean como son tímidos y bo9a- 
les no osan ni tienen yndustría para benir a quejarse ante la justi- 
cia ni las mismas justicias lo pueden castigar por que con color de 
dezir que no se íes puede prohibir el andar por do quieren con 
que no hagan mal a nadie le paresce están seguros que v. m. sea 
servido de mandar hazer ordenan§a y ley que ningún español si no 
fueren los que tuvieren yndios encomendados y estos solamente a 
los dichos sus yndios encomendaros no puedan yr a lugares de 
yndios ningunos aunque digan que ban solamente a holgarse o a 
algún mercado que se haze en los dichos lugares de yndios por 
que entonces es muy mas peor y donde mas daño se espera de los 
dichos españoles egebto yendo los dichos españoles a los dichos 
lugares de yndios con alguna justicia o alguazil del dicho nuebo 
rey no, 

11. yten se suplica a v. m. que por quanto en aquel Nuebo 
Reyno se acostumbra a pedir las demoras de los tributos que los 
yndios pagan en quatro en quatro meses de manera que lo que dan 

cada año es en tres vezes lo qual 
es perjuizio y escándalo de los in- 
ojü — a la abdiencia que ha- dios por que como son vozales y 
gan la tasación de los tribu- timidos de su natural están muy 
tos y los plazos de la paga sobresaltados y cansados de tan 
sean con el menos daño de corto a tan corto termino espe- 
los yndios que pueda como cialmente que siempre se están en 
a ellos pareciere. dar el oro a cada demora un mes 

de manera que poco después de 
pasada la una paga viene la otra 
en lo qual allende de los daños suso dichos ay otro muy principal 
que el mismo cacique no tiene cogido de sus»yndios ni de las otras 
partes donde se ha de aver en tan poco termino como ay de paga 
a paga asi que aunque no se aya de pagar mas por todo el año es 
muy grande inconveniente se pague en tantas vezes que v. m. sea 
servido de mandar por su probision re^l que los dichos tributos no 
se cobren si no dos veces en el año de seys en seys meses por que 
asi los yndios andarán mas holgados y los españoles no pierden 
nada en ello pues les pagan al cabo del año su tributo entero. 

12. yten se suplica a v. m. que por quanto en las pagas de los 
dichos tributos ay una confusión e yncertitud muy grande que ni 
las justicias aunque tienen tasado asi a bulto lo que cada cacique 

ha de dar a su español no le tie- 
nen dado pesas ni manera por 
que la abdiencia haga hacer donde lo cobren sino solamente 
las pagas conforme a este ca- los dichos españoles se las dan a 



352 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



pitulo y que no use de otras sus caciques hechas de piedra como 
personas. a ellos les paresce sin estar vistas 

ni examinadas ni marcadas por los 
gobernadores ni sus justicias antes 
es cosa muy fácil si los dichos españoles lo quieren hazer como 
podria hazer que lo hiziesen acrescentalles el peso de las piedras 
haziendoles mayores cada demora y haziendo creer a los bozales 
yndios que aquellas heran las pexas por donde cobraron la demo- 
ra pasada y pues en España y a donde quiera ay tanto quenta en 
razón puesta por los regimientos e justicias para que los almotaze- 
nes no dexen hender cosa ninguna aunque sea en el mas poco pre- 
cio del mundo sin pesas que tengan marca y señal de lo que monta 
cada pesa de aquellas y como son examinadas y en esto otro ba 
tanto asy de parte de lo que se cobra ser mucha cantidad como de 
parte de los mismos yndios a los quales v. m. pretende quitalles 
todo escándalo que vivan sin que se les haga agrabio nunguno y 
que V. m, sea servido de mandar que después de escrito por las 
justicias lo que pagan los caciques a los españoles o lo que han de 
pagar que quede asentado en un libro particular que este en la 
caxa de v. m. y que los dichos españoles no puedan yr a cobrar 
los dichos sus tributos sino con pexas marcadas con la señal que 
V. m. mandare la qual pesa o pesas se le queden al cacique en su 
poder para pagar la otra demora siguiente pues estando con su 
marca no puede desfraudar al español y pues para una libra de 
fruta se haze para cosa en que tanto ba es menester poner grande 
remedio. 

13. yten se suplica a v. m. que pues tiene determinado de dar 
los repartimientos de yndios a los españoles perpetuos para ellos 

y para sus descendientes y para 

esto V. m. ha probeido ya en la 

que se haga Nueba España quien haga la dis- 

ojo. crecion y la están haziendo y asi 

mismo ha probeido para Guati- 
mala y para otras parles quien lá 
haga que v. m. sea servido de mandar con gran brevedad quien la 
haga al dicho Nuebo Reino para que se parta con brebedad ora aya 
de ser algún oydor de los que v. m. alia emvia o otra cualquiera 
persona aviado respeto a que esta avia de ser una de las primeras 
partes donde avia de prpbeer por que si las otras partes donde 
hasta agora esta probeido están mas asentadas y mas en razón 
puestas mas conbeniente cosa es que se haga con mas brebedad 
donde hay mas peligro siquiera por que quando benga a conceder 
se del todo la dicha perpetuidad en el dicho nuebo reino aya que 
perpetuar que certifico a v. m. que tanto se puede tardar el reme- 
dio que no aya que perpetuar después. 

14. yten se suplica a v m. que por que hasta acabarse del 
todo de conceder y confirmar la dicha perpetuidad pasaran tres o 
quatro años a lo menos y para este tiempo es menester probeer 

también en el remedio de los di- 
chos yndios y que no les sea he- 



INDICACIONES PARA EL BUEN GOBIERNO 353 



que se de sacada del libro cho agrabio ninguno: y que v. m. 
la prouision de las tasacio- sea servido de mandar dar su pre- 
ñes, visión para que luego las justicias 

se escriban en padrón e rregistro 
lo que cada cacique paga e que 
tasen lo que moderadamente pueden pagar e que aquello cobren 
los dichos españoles y no mas por que aunque esto ha mandado v. 
m. muchas vezes, por muchas provisiones, nunca las justicias lo han 
hecho y asi ios españoles cobran sus tributos a bulto como a ellos 
les paresce sin tener padrón ni registro deV. m. ni de sus justicias 
por donde lo cobren e sy alguna diligencia las justicias han hecho 
no es sino asi a bulto sin escrito ni padrón e sin tener cuenta de 
dezirselo a los yndios ni dárselo a entender. 

15. yten se suplica a v. na. que por que acontece casi siempre 
que unos españoles cobran sus tributos ahora y otros de aqui a un 
mes e otros de alli a quinze dias mas adelante según, que se cum- 
ple el termino de las demoras de 
sus tributos de cada uno, lo qual 

a la abdiencia que lo vea notoriamente es gran perjuicio de 
y probea como cesen los in- los yndios porque por causa de 
convenientes de este capí- su ynavilidad e ynadvertencia e 
tuio. » ser bosales e tímidos piensan en 

ber pagar tributos a sus vezinos 
que también les vernan a pedir a 
ellos luego no aviendo mas de un mes o quinze dias quellos paga- 
ron sus demoras y para persuadilles lo contrario no basta dezirselo 
por lenguas ni ynterpetres ni ninguna otra cosa para asegurallo 
ante luego se al9an con sus mugeres e hijos y se ban a los montes 
y dexan despoblados los lugares e perdidos, pensando que les quie- 
ren pedir oro otra vez antes del cumplimiento de la demora: que v. 
m. sea servido de mandar, por su provisión real, que todos los es- 
pañoles cobren sus tributos juntos en una misma temporada de 
manera que todq^ los yndios de la tierra del dicho Nuebo Reyno 
sepan cuando les viene su demora o que todos juntos asy mismo 
sepan como hasta la otra demora siguiente no se ha de pedir a nin- 
gún yndio del dicho Nuebo Reyno oro ninguno e que v. m, mande a 
sus justicias que tengan en esto muy gran cuidado e miramiento. 

16. yten se suplica a v. m. que si algún repartimiento bacare 

y el governador o su teniente lo 

proveyere en oposición de otro o 

que se guarden las leyes. otros que lo pretendan, y desto 

fuere apelado para ante la audien- 
cia real de v. m., pretendiendo los 
otros que ellos lo merecían mejor y que se les avia de dar a ellos 
que V. m. sea servido de mandar y mande que entre tanto que se 
determina por la jurisdicion superior e viene de alia el remedio 
quel governador ni su teniente no se entremetan en dar la posesión 
del dicho repartimiento estando apelado, sino que se depositen en 

XTV— 23 



354 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



la caxa de v. m, los tributos hasta que se determinen cuyos han 
de ser dichos yndios que pues ello ya se lleba por via de justicia y 
en sustancia es cosa de pleito no deben los jueces atentar ni ynobar 
cosa alguna, después de la apelación, con achaque de dezir que alli 
no ay pleito ni sentencia ni otro auto judicial ninguno sino sola- 
mente el nombramiento quel haze y esto no es traer pleito scbre 
yndios para que se diga que contra la ordenansa nueva, sino sola- 
mente se litiga sobre la prelesion que hace el gobernador entre dos 
personas sobre qnal lo merece. 

17. yten suplico a v. m. que por quanto de los perros que alli 

llebaron los españoles quando yo 
conquiste el dicho Nuebo Reyno 
que la abdiencia ynforme. ha procedido tanta casta y multi- 

plicado en tanta manera que casi 
son sin numero y los mismos es- 
pañoles, por tener contentos a sus caciques y a los capitanes e yn- 
dios prencipales dellos, les han dado perros y perras para hazer 
casta la qual ha benido en tanto crecimiento que no ay pueblo de 
yndios ninguno pequeño ni grande que no tenga quinientos y mili 
perros porque ningún yndio por pobre que sea dexa de tenerlos 
que quiere lo qual es en muy gran perjuizio de toda la tierra por 
que si biniese tiempo que un cacique se airase y se subtrí*xese de 
la obediencia de v. m. seria muy difícil de ylio a allanar y apaci- 
guar por que tienen como por guardas suyos a los perros de mane- 
ra que de muy lexos son sentidos los españoles y se ban lugo los 
yndios a los montes; y allende desto si la tierra toda se alease hera 
muy mayor el yncombeniente por tener como por amparo suyo los 
dichos perros especialmente que están y los tienen los dichos yn- 
dios cebados en ombres de otros yndios llamados panchcs sus 
enemigos que biben no muy lexos del dicho Nuebo Reyno, de ma- 
nera que también arreraeteraii y arremeten a un español e ayudan 
al yndio contra el cristiano de manera que ay muchos yncombe- 
nientes dexalles tener los dichos perros: que v. m. sea servido de 
mandar y mande que ningún yndio pueda tener perro ninguno en 
el dicho Nuebo Reyno y se los maten o quiten si no fuere tan so- 
lamente cacique y este que tenga un perro o dos solamente y ma- 
cho y no embra por que no pueda hazer casta por que de otra 
manera beniendo tiempo en que los yndios sean mas ladinos y 
quieran cometer alguna rebelión tienen gran aparejo para su de- 
fensa en los dichos perros. 

18. yten se suplica a v. m. que por quanto los que ban de 
Santa Marta o de Cartagena o de otro qualquier puerto de la mar 

del norte al dicho Nuebo Reyno 
de Granada por un rio arriba asi 
que en ninguna manera por el agua como por tierra a la 
puedan alquilar los yndios orilla hasta llegar a un lugar que 
por quien los tuviere enco- llaman el desembarcadero que es 
mendados ni por su majes- hasta donde llegan los vergantines 
tad y en lo demás se remita e de alli dexan el rio e atrabiesan 
al abdiencia que guardando unas montañas despobladas que se 



INDICACIONI5S PARA EL BUEN GOBIERNO 355 



la ley prouean como no re- llaman las sierras de Opon las quales^ 
ciban detrimento y den or- pasadas comiení^a el dicho Nuebo 
den en el abrir de los carai- Reyno yes asy que des del primer 
nos y que haya bestias de lugar de cristianos españoles del 
carga con toda presteza. dicho Nuebo Reyno hasta el dicho 

desembarcadero ai quarenla leguas 
despobladas de diferentes regiones 
porque la tierra del dicho Nuebo Reyno es fria y esta otra tierra 
del dicho rio grande es caliente; y es asi que cuando ban españoles 
al dicho Nuebo Reyno e llegan a! dicho desembarcadero ques el 
puerto a ' onde necesariamente an de desembarcar como alli na 
hay yndios ni en todas las dichas sierras hasta el dicho Nuebo 
Reyno para que les lleben sus haziendas y cargas enbian un ombre 
al dicho Nuebo Reyno por yndios que vengan a lleballes sus cargas 
y las justicias y los que gobiernan los dichos lugares de españoles 
se los embian como si los dichos yndios fuesen obligados a ello e 
aun otra cosa mas recii que los señores de los repartimientos que 
están cerca de aquellas sierras a la entrada del dicho Nuebo Reyno 
alquilan sus yndios, como si fuesen bestias de carga, para que bayan 
al dicho desembarcadero a traer cargas por que por cada arroba les 
dan tres castellanos ques el precio que los dichos señores de repar- 
timiento tienen deputados para que sus yndios ganen; de donde se 
sigue que ninguna bez ban españoles al dicho Nuebo Reyno que 
no cueste gran cantidad de yndios que quedan muertos en aquellas 
sierras por que como son de región diferente luego en esta otra 
tierra caliente especialmente yendo cargados enfeiman y se mue- 
ren y pues los españoles pueden yr prevenidos de caballos o de 
otro cualquier genero de bestias en que llsbar sus cargas o dexar 
parte de lo que lleban en el desembarcadero y bolber después por 
ello en vezes sin que sea causa haziendose de otra manera para que 
se acaben los yndios: que v, m. sea servido que allende de lo que 
tiene mandado generalmente en todas las Yndias cerca de lo que 
se debe hacer en el cargar de yndios sea servido de especialmente 
mandar que del dicho Nuebo Reyno no puedan salir yndios a traer 
cargas al dicho desembarcadero y sobre esto poner muchas penas 
a las justicias o a otras cualesquiera personas que lo contrario 
hizieren aunque digan los dichos yndios que lo hazen de su volun- 
tad e que ellos quieren yr de su grado por que ya v. m. sabe esta 
voluntad de los yndios de que manera es y como se lo hazen decir 
los españoles por mil modos e ynduzimientos que tienen para ello. 
19. yten se suplica a t. m. que puesto caso que muchas e di- 
bersas vezes ha sido por vuestras provisiones reales mandado que 
los conquistadores que tienen repartimientos se casen para que la 

tisrra se pueble e perpetué e pare 

hacer perder a los españoles el 

que se de sobre carta con amor de su naturaleza, nunca lo 

que el termino «ean tres han hecho ni quieren hacer por 

años. que a los principios quando alia 

llegan las dichas provisiones, heñi- 
do del tiempo para el efeto dellas, 



356 BOLETÍN DK HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



buscan mili dilaciones y escusas e licencias que las justicias les 
dan e asi mismo ante v. m. enbian a pedir e piden licencias con 
falsas relaciones que hazen de manera que nunca se cumple el 
efeto de las dichas prouisiones y es asi quel dicho Nuebo Reyno 
que había a mi parescer trescientos repartimientos poco mas o 
menos no ay doze hombres casados que no puede ser cosa de ma- 
yor crueza ni de mayor cargo de conciencia de gentes que lleban 
los provechos de la tierra y la desfrutan no con yntencion de po- 
blalla e perpetualla sino de heñirse a España en hallándose con 
suficiente cantidad de haziendapara ello: que v. m. sea servido de 
mandar que en el dicho Nuebo Reyno se casen todos los que tu- 
bieren repartimientos dentro del termino que v, m. mandare el 
qual pasado pierdan los repartimientos e se den a otros casados o 
se pongan en cabeca de v. m. de manera que resolutamente tengan 
entendido que se han de casar dentro del dicho termino y que 
para largas ni escusas no les ha de dar v. m, licencia ni alia sus 
justicias este termino sea competente y largo por que sin casarse 
lo puedan fazer. 

ío. yten se suplica a v. m. que por quanto las justicias y es- 
cribanos del dicho Nuebo Reyno lleban los derechos que les per- 
tenescen de los negocios como a ellos le paresce, sin regla ni me- 
dida, por que aunque les esta mandando que lleben quatro tanto 

mas que en estos reynoscon acha- 
que de no estar echa esta Hqui- 
que se comete al señor li- dación de quanto monta raultipli- 
cenciado Tello de Sandoual cados los derechos por el dicho 
que haga el arancel. quatro tanto lleban sin conciencia 

lo que se les antoje y asi lleban 
derechos demasiadas a las partes 
en muy gran cantidad e asi otra cosa que aunque tubiesen alia el 
aranzel de los derechos que acá se usa habido respeto a que este 
aranzel habla por maravedises e alia se cobra por tomines e pesos 
de oro es cuenta confusa e donde los dichos escrivanos para echar 
su quatro tanto sobre los maravedís de acá lleban como cosa que 
no esta liquidada excesibos derechos: que v, m. sea servido pues 
es cosa tan fazil que con cometello a un ombre qualquiera que 
tenga cuenta de los pesos y tomines de las yndias tomando este 
otro arancel en las manos puede sacar en limpio que monte el 
quatro tanto o lo que v. m. mandare llebar conforme a lo de acá 
lo qual e cosa tan fácil que se puede azer en un dia o dos que v. m. 
de aranzel hecho e firmado de su real nombre por la cuenta de 
alia para que por las justicias y los escrivanos y las otras provin- 
cias lleben sus derechos que de alli no excedan mandando quel 
dicho aranzel se ponga en lugares públicos a donde las dichas 
justicias hazen sus audiencias para que benga a noticias de todos. 
21. yten se suplica a v. m. que por quanto los gobernadores 
del dicho Nuebo Reyno e sus tenientes juezes de residencia y 
otras justicias han usado e acostumbrado, contra todo derecho e 
rrazon, de nombrar, en los pueblos de los españoles, regidores para 
los cavildos aunque ay regidores puestos por v. m. e quando quie- 



INDICACIONES PARA EL BUEN GOBIERNO 357 



ren que hagan los dichos regidores una cosa que a ellos les cum- 
ple y ben que no tienen botos para ello porque es contra razón 

contra justicia nombran el dia an- 
tes todas las personas que quieren 
que donde houiere seis regi- de sus amigos e aliados por regi- 
dores puestos por su mages- dores de los dichos pueblos para 
tad no ponga otros, que se haga lo que ellos quieren e 

tenel los a su mandado á voluntad 
y estos mismos governadores e 
justicias si después se les antoja por qualquiera desconformidad 
que tengan con los dichos regidores que ellos nombraron les qui- 
ten los bicios e nombran otros que estén mas a su proposito de 
ellos y sobre esto pasa la mayor desorden e burleria del mundo: 
que V. m. sea servido de mandar y mande que en el pueblo que 
oviere seis regidores nombrados por v. m. ques numero mediano 
y conbeniente en los dichos gobernadores o juezes no puedan 
nombrar ninguno e que a donde no los oviere o nombrare que 
después el dicho gobernador e las dichas justicias no los puedan 
tomar a quitar ni a rrenobar e sobre esto v, m. de la orden que 
conbiene para que no pasen las cosas tocantes a este capitulo que 
pasan en el dicho Nuebo Reyno e asi mismo señalen hasta en la 
cantidad de regidores puede nombrar el dicho gobernador so- 
bre los que obiere nombrado por v. m. 

22. yten se suplica a v. m. que por quanto en estos vuestros 
reynos cuando algún pleito es de pequeña cantidad por ley de 
estos reynos no se pueda apelar para las audencias sino para ante 
los cabildos de las ciudades donde se trata el pleito la qual can- 
tidad no ha de pasar de tres mil 
maravedis e después por capitulos 
hasta Lxxx peses y las leguas de cortes se ha acrecentado hasta 
sean doce seis o ocho mil maravedis lo qual 

manda la dicha ley se haga en todos 
los lugares ecebto de los lugares 
que estuvieron dentro de las dichas ocho leguas donde oviere chan- 
cilleria real : que v. m . sea servido que en el dicho Nuebo Reino en los 
lugares que estovieren fuera de las dichas ocho leguas donde ovie- 
re la dicha chancilleria real se haga lo mismo e no se pueda 
apelar sino para los dichos cavildos de las dichos ciudades e vi- 
llas donde los dichos pleitos casaren y atento a que lo suso dicho 
es en las yndias y tan lexos de España e se entienda la dicha 
cantidad hasta cient castellanos e que de aqui abaxo no 5e pueda 
apelarsinoa los dichos cabildos ecebto en los dichos lugares 
que estuvieren dentro de las dichas ocho leguas donde oviere chan- 
cilleria real por que de otra manera se gastaria mas en los pleitos tres 
doblado de lo que ellos valen e se echarian a perder las partes 
que los litigan gastando sus haziendas sobre tan poca cosa fuera 
de sus casas. 

22. yten sa suplica a v. m. que por quanto en aquel Nuebo 

Reyno se pone audiencia real y 
los oydores se querrán meter en 



3S8 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



que al presente no conviene. cosa de governacion e rregi- 

miento del pueblo donde estubie- 
ren e residieren e de otros como 
es en el poner precio a las cosas y enlal¡mp¡e9a de la ciudad e otras 
muchas cosas que ay desta arte: que v. m. sea servido pues se ha 
hecho y mandado lo mismo muchas vezes en estos reynos de España 
a los oydores de las dos chancillerias que en Valladolid y en Gra- 
nada residen de mandar y mande lo mismo a los dichos oydores 
del dicho Nuebo Reyno dando su provisión en que se les mande 
que no se entremetan en las dichas cosas ni en otras semejantes 
sino que las dexen hazer y usar libremente a los cavildos en justi- 
cias ordinarias como se haxe en estos reynos. 

24. yten se suplica a v. m. que por quanto nuebamente hase 

servido de hazer una ley en que 
manda que no se trayga pleito 
que la ley ni la declaración sobre repartimiento de yndios si 
no comprehende a vedar no que se guarde cierta forma con- 
testo, tenida en una declaración que des • 

pues se hizo de la dicha ley: que 
V. m. sea servido declarando la di- 
cha ley y declaración de mandar y mande declarar que aquello se 
entienda quando se truxere pleito sobre repartimiento puramente 
pero si se truxere tan solamente sobre frutos e rentas de reparti- 
miento alguno que algún ynjusto poseedor aya Ilebado en el tiem- 
po que lo tubo que a este tal se pueda pedir por via e pleito or- 
dinario lo que le quisieren pedir como no pida juntamente 
con los frutos el mismo repartimiento por que aunque esto de 
suyo se esta claro pero podría acaecer los tales pleitos en alguna 
cibdad o villa que careciendo de letrados pensasen que por ser 
cosa anexa e dependiente de repartimiento no podrian conocer de 
los tales pleitos. 

25. yten se suplica a v. m. que por quanto después que gane 

aquel Nuebo Reyno hasta agora 

nunca se ha embiado alia frayles 

que se entenderá en esto con religiosos parala conversión de 

toda diligencia. los yndios de aquel reyno e asi se 

estau por convertir cosa que es 
de tanta lastima por que aunque 
alia ay algunos clérigos son tan pocos que no basta para lo suso- 
dicho quanto mas que ellos no se entremeten ni curan de nada 
de eso como si alia fuesen solamente ydos a granxear y no a otra 
cosa y el obispo que puede ser y se debe creer asi que lo haze 
mejor que todos tiene tanto que hazer y tanto trabajo en el gobierno 
espiritual de los españoles de todas las cibdades de aquel reyno que 
no puede aunque quiera entender en otra cosa y oxala le baste 
tiempo para esto: que v. m, sea servido de embiar con muy grande 
brebedad religiosos de las ordenes obserbantes que v. m. acostum- 
bra mandar que alia pasen y que bayan juntos para que puedan hazer 
y edificar alia un monesterio o dos pues el hedificarse es cosa tan 



INDICACIONES PARA EL BUEN GOBIERNO 359 



fazilallay el mantenellos entre los españoles y por esto v. m, escriba 
a los provinciales encargándole mucho esto porque sera un veneficio 
tan conocido para remedio de las animas de aquellos ynfieles 
quanto puede en el mundo encarecerse con que tenga v, m. 
entendido que mientras esto no se hiziere los indios estaran por 
convertir a nuestra religión cristiana solo por no tener ombres que 
con espíritu y ferbor se la den a entender. 

26. yten se suplica a v, m. que por quanto hay una costumbre 

en aquel Nuebo Reyno muy per- 
niciosa a los yndios la qual es que 
a la abdiencia questo parece cuando baca algún repartimiento 
bien y ellos lo vean y pro- por muerte de conquistador o en 
uean. otra manera y acaso el governador 

o su teniente lo quieran dar a dos 
o a mas personas pareciendoles que 
no merecen mas o quel muerto que lo tenia merescia mas que estos 
otros dos juntos en tal caso desmiembran los yndios dando el ca- 
cique con alguna parte de los yndios alguno dellosy algún capitán 
del mismo cacique con algunos yndios al otro o a otros conforme 
a como son las personas o a como es el repartimiento en lo qual 
los yndios totalmente se hechan a perder e se destruyen por que 
como el cacique bee que parte de sus yndios no lo sirven si no que 
sirbe al que solia ser su capitán de tal manera se escandaliza el y 
sus subditos que el cacique se ba por una parte y los yndios que 
quedan con el otro capitdn por no servir al capitán ni tener cuenta 
con el se ban también por la suya y se al^an allende desto los unos 
y los otros se alborotan e huyen e desamparan su tierra viendo que 
en un repartimiento e lugar entran diversos españoles: que v. m. 
sea servido de mandar y mande que ya que un governador o su 
teniente provea un repartimiento y le parezca que es mucho para 
aquel a quien lo quiere dar y lo quiere repartir entre dos o tres o 
mas personas que no desmiembre los yndios ques perdimiento co- 
nocido dellos sino que lo de a un solo español con cargo de que de 
al otro español o a los otros entre quien el lo quiera repartir cierta 
cantidad señalada con quel un español acuda al otro o a los demás 
si oviere de ser mas de uno porque desta manera el cacique e to- 
dos sus yndios no conocen para sus tributos mas de un español ni 
tienen fuerza ni rrazon con otro ni al cacique asi mismo le quitan 
parte de sus yndios e se escusan muchos e ynñnitos daños que a 
los yndios se les sigue de lo contrario que por brebedad no se 
dicen asi que v. m. mande que de aqui adelante lo suso dicho no 
se haga si no por la forma dicha e que lo que hasta agora en con- 
trario de esto esta hecho se reduzga a la manera dicha arriba man- 
dando que los yndios se tornen a sus caciques e que un solo espa- 
ñol señor del principal repartimiento tenga cuenta e lo cobre todo 
y este acuda otro español o a los otros si fueren muchos con parte 
del tributo que a el le dan rata por cantidad. 

27. yten se suplica a v. m. que por quanto acontece a los go- 



360 



BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



que se mande que visiten 
cada año uno de los oydo- 
res como esta mandado a la 
española. 



fiat como lo pide y cuando 
visitare el oidor haga lo que 
viere que combiene. 



vernadores e a sus tenientes del 
dicho Nuebo Reyno de Granada 
estarse de asiento en la principal 
ciudad del dicho Nuebo Reyno 
que es la ciudad de Santa Fe sin 
salir por las otras ciudades e luga- 
res de españoles que en el Reyno 
están de lo qual viene que aya en 
ellas falta de justicia y como de suyo esta claro manifiestamente se 
siguen muchos malos efetos de no andar a tiempo la dicha justicia 
por muchas partes del dicho Nuebo Reyno: que v. m. sea servido 
de mandar y mande que cada un año los governadores y sus te- 
nientes visiten todos los lugares de españoles del dicho Nuebo 
Reyno e que a lo menos estén de asiento una vez dos meses o mas 
en cada pueblo pues no son tantos que no se pueda esto hazer con 
mucha facilidad aunque estén en la ciudad de Santa Fe la mitad 
del año. 

28. yten se suplica a v. m. que por quanto acontece y puede 

acontecer que estando el governa- 
dor o su teniente en un lugar co- 
nozca de algún delito o de otra 
causa cibil cualquiera que en aquel 
tal lugar oviese acontecido o al 
tiempo del partirse de aquel lugar 
el dicho governador o su teniente 
se seguiría gran daño y costa yr las partes a seguillo al lugar donde 
el juez fuese especialmente siendo presos y aviendose de llebar de 
una parte a otra: que v. m. sea servido de hazer como se hace en 
muchas governaciones destos reynos e asi mande que quando el 
governador o su teniente partiere de algún lugar remita las causas 
todas de las partes y pleitos de aquel lugar que antel estubiere pen- 
diente al tiempo de la partida a ¡os alcaldes hordinarios de la di- 
cha villa o a qualquiera dellos para que ellos conozcan dellas digo 
de las que estubieren pendientes antel dicho governador o teniente 
en primera ynstancia que no estuviere ante ellos en grado de ape- 
lación por aver sido apelados ante ellos de los dichos alcaldes or- 
dinarios. 

29. yten se suplica a v. m. que por quanto pasa un gran des- 

orden en el dicho Nuebo Reyno 
en el probeer de los alcaldes hor- 
dinarios, lo uno en no probeerse 
en dia señalado, como es uso y 
costumbre en todas las partes de 
estos rreynos; lo otro em no pro- 
beerse por suertes; y lo tercers 
ques muy mas recio y cosa mao 
absurda que el mismo regimiento y cabildo elige muchas vezes de 
sus regidores mismos alcaldes ordinarios por que no salgan los ofi- 
ciales dellos: que V. m, sea servido de dar; ede orden en el probeer 
de los dichos alcaldes ordinarios la forma que en ello se ha de 



que se embie a la abdiencia 
la orden de este capitulo 
para que ellos proueaii lo 
que viere que combiene. 



INDICACIONES PARA EL BUEN GOBIERNO 361 



tener mandando quel dia de cada año nuebo o otro dia señalado 
qual a v. m. le pareciere se junten en su cabildo y juntos boten 
sobre que personas entraran en suertes para los dichos oficios e asy 
boten e señalen hasta quatro o seis o los que v. m. mandare e asi 
señalados por boto dellos estos seis o quatro o los que fueren se 
hecharen en un cántaro para suertes y un niño como se suele hacer 
saque dos nombres de aquellos del cántaro e aquellas personas 
cuyos fueren sean alcaldes ordinarios aquel año mandando asi 
mismo que no pueden entrar en suertes ni ser alcaldes ordinarios 
regidores del cabildo ni ningún oficial de los de v. m. ni persona 
ninguna que tenga titulo ni otra persona alguna poderosa ni que 
tenga oficio de justicia alguna o que esto se mande generalmente 
en todas las cibdades e lugares del dicho Nuebo Reyno. 

30. Yten se suplica a v. m. que por quanto las provisiones 
que se dan para el dicho Nuebo Reyno, e se han dado para toda la 
provincia de Santa Marta, se pierden y (i) han perdido por no haber 
recabdo ni cobro en ellas ni aver lugar diputado domde estén y 

asi las que son contra las justicias 
ellos las tomen y las hazen despa- 
a la abdiencia que tenga un recer e por otras infinitas e diber- 
archivo universal y que cada sas maneras se pierden de manera 
pueblo tenga el particular que no ay agora una sola provi- 
de sus escripturas. sion de todas quantas se han dado 

desde que aquella provincia se 
descubrió o a lo meruos ay bien 
pocas que todas las demás son perdidas: que v. m. sea servido de 
mandar y mande que todas las que están esparcidas que se pudie- 
ren recoger y las que se dieren, sobre lo tocante a estos capítulos 
en las que de aqui adelante se dieren para qualesquier otros efec- 
tos, se pongan en el arca (2) de v. m. de las tres llabes e mande a sus 
oficiales que las tomen por cuenta e asienten en sus libros la me- 
moria de las que son que se haga cargo dellas para no dallas sino 
por mandado de la justicia como si fuese hazienda de v. m. pues 
que en la verdad es hazienda de v. m. qualquiera cosa que toque 
a buena governacion de justicia porque haziendose de otra manera 
ninguna cosa de las que v. w. quiere probeer en aquel rrevno no 
puede aber efeto para adelante por perderse la guia por donde se 
ha de hazer que son las dichas provisiones reales. 



XiMENEZ (rubricado) (3). 



(1) Al margen dice: fecho. 

(2) En la carpetilla dice: fechas todas. 

(3) Archivo general de Indias. Sevilla. Sección i. Patronato, 
estante 2, cajón 2, legajo 2-17. Firma y rúbrica autógrafas. 

Nota— Hemos conservado, como se ve, la ortografía del original, 
y solo pusimos mayúsculas a los nombres propios que estaban todos 
en minúsculas, y alguna puntuación, para mayor claridad, pues no 
tenia ninguna— (Kota del Boletín). 



362 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 

flCflDEOiifl nflcionflh de bistoria 

(Extracto de sictas) 
15 DE FEBRERO 

El sefior Moros informa que llenó la comisión de recibir los 
objetos del Museo que debían llevarse a la Quinta de Bolívar, y 
presenta el inventario de ellos 

El señor Triana informa sobre los objetos arqueológicos que 
se han hallado cerca de Santa Marta y que se proyecta llevar a 
Chicago, 

El señor Mestre manifiesta su deseo de dar próximamente 
una conferencia relativa al escudo nacional. 

El señor Triana hace la lectura quincenal, la cual versa sobre 
la tribu de los quimbayas. 

I.° DE MARZO 

El Centro Atlántico de la Historia presenta al señor G. Pine- 
da como su Delegado ante la Academia. 

El señor Quelle, profesor de la Universidad de Bonn (Alema- 
nia), pide datos sobre la Academia para la nueva edición de su li- 
bro sobre instituciones científicas, y solicita el Boletín de Historia. 

La sociedad Librería Italiana de Turín (Italia) envía su catá- 
logo Giornale y solicita entrar en correspondencia con la Academia. 

El señor Medina, de Tumerqué, envía correcciones a su tra- 
bajo arqueológico presentado anteriormente, y anuncia mandar 
otros sobre el mismo asunto. 

La Legación de Colombia en Caracas remite un artículo del 
señor A. Mata, publicado en El Universal de aquella ciudad, en 
el cual se trata sobre el juramento de Bolívar en Roma, con mo- 
tivo de un monumento proyectado en nuestro Congreso en el año 
pasado. 

El señor Correa informa respecto al libro Memorias que se 
relacionan con la fundación de Armenia. 

El director del Museo de Gothembourg (Suecia) acusa recibo 
de publicaciones de la Academia y manifiesta su deseo de conocer 
algunos documentos de los días de la conquista. 

Se resuelve dar el concepto de que los objetos arqueológicos 
hallados ctfrca de Santa Marta no deben salir del país, por ser uti- 
lizables para el estudio de nuestra historia. 

El señor Guerra hace la lectura quincenal, en la cual relata 
varios episodios de la vida del doctor R. Guerra Azuola. 

15- DE MARZO 

El sefior de la Rosa, Ministro de Venezuela, envía 25 ejem- 
plares de la obra Campaña de Carabobo; el señor Grillo, Minis- 
tro de Colombia en el Brasil, el libro Resumen histórico de la^ úl- 
tima dictadura del Libertador Simón Bolívar, por el procer 
Abreu de Lima; y el oficial del ejército, sefior Flórez Alvarez, una 



ACADEMIA NACIONAL DE HISTORIA 363 



obra del Coronel boliviano Blanco Galindo, nieto del Coronel 
colombiano Fernando Galindo. 

El Estado Mayor del ejército solicita algunos números del 
Boletín de Historia y algunos volúmenes de la Biblioteca de 
Historia Nacional que faltan en las colecciones de ese instituto. 

El señor G. Restrepo, de Medellín, solicita se le envíe la obra 
inédita del señor Restrepo Euse, intitulada Diccionario Histórico^ 
que existe en la secretaría. 

El señor M. Medina, de Turmequé, envía, manuscrito, un tra- 
bajo arqueológico sobre nombres geográficos, de que es autor. 

El señor Wiiis renuncia el cargo de tesorero de la Acade- 
mia, por ausentarse del país, y presenta las cuentas y comproban- 
tes correspondientes. Se aprueba una proposición que lamenta su 
separación y que agradece sus eficaces servicios. 

Los señores Cortázar y Cuervo presentan el volumen xxxv 
de la Biblioteca de Historia Nacional, que contiene las actas del 
Congreso de Cúcuta. Son felicitados por el presidente y por el 
señor Posada, fundador y propietario de dicha Biblioteca. 

Se fija la próxima sesión para hacer la elección de tesorero 
y designar el tema del concurso para 1924. 

El secretario informa que antes de un mes estará terminada 
la impresión del tomo 4.° de las Crónicas de Bogotá, por el 
doctor Ibáñez. 

El señor Rivas anuncia que su obra Los fundadores de Bo- 
gotá aparecerá también dentro de breves días. 

El señor Cuervo lee la lista de miembros de número y corres- 
pondientes de la Academia, residentes en Bogotá, que no han 
hecho aún la lectura histórica quincenal, a fin de invitarlos a des- 
empeñar esta tarea y a solicitar de algunos de ellos, que no toman 
parte en sus trabajos, se sirvan prestar su valioso contingente 

El señor Rivas hace la lectura quincenal, la cual trata sobre 
doña Jerónima de Orrego, la rica encomendera de los primeros 
días coloniales, 

2 DE ABRIL 

El secretario da cuenta de que había entrado en prensa el 
volumen de Biblioteca de Historia Nacional, que trata sobre el 
Congreso de las Provincias Unidas de la Nueva Granada. 

El doctor Marroquín envía varios libros y folletos para la bi- 
blioteca de la Academia. 

Es elegido tesorero de la Academia el señor Cortázar. 

Se discuten varios temas para el concurso de 1924 y se 
resuelve aplazar la decisión para la próxima sesión. 

Se expresa la condolencia de la corporación por la muerte de 
los miembros correspondientes, señores Gabino Charri y J. M. 
Quijano, muerto el primero en Neiva y el segundo en esta ciudad. 

Hace la lectura quincenal el señor Arrubla, la cual trata sobre 
el origen de los americanos y sobre dos inscripciones que parecen 
cuneiformes y que se dice fueron halladas en nuestro territorio. 



364 BOLETÍN DE EUSTORIA Y ANTIGÜEDADES 



Asisten a esta sesión los señores I. F, Bliss Luquiens, pro- 
fesor de la Universidad de Yale, y Hastings Sleigh, distinguido 
arqueólogo americano. 

Designa el Presidente los miembros que deben hacer las próxi- 
mas lecturas. 

1 6 DE ABRIL 

La Junta de la coronación del poeta Julio FIórez, dona el ál- 
bum que se formó con motivo de esa ceremonia, para que sea 
guardado^n la Academia. 

El señor J. J. Méndez remite de Santa Marta una fotografía 
del testamento del Libertador. 

El General Triviño y el Coronel Chiriboga, de Quito, envían 
al secretario déla Academia dos medallas conmemorativas: una 
del centenario de la batalla de Pichincha y otra de la inauguración 
de un obelisco en el campo de aquella jornada. 

Varias bibliotecas y academias extranjeras acusan recibo de 
publicaciones de la Academia y solicitan números del Boletín y vo- 
lúmenes de la Biblioteca de Historia Nacional que faltan en sus 
colecciones. Envían en canje algunos libros y revistas. 

La comisión de cooperación intelectual de la Liga de las Na- 
ciones pide, de Ginebra, un dictamen de la Academia, en la encues- 
ta abierta por dicha comisión, sobre la situación del trabajo inte- 
lectual en los diversos países, los males de que sufre la vida de las 
gentes de letras y los remedios que se propongan, especialmente 
para las condiciones económicas de los trabajadores intelectuales. 

El señor cónsul de California solicita informes sobre ios requi- 
sitos para emprender excavaciones en el pueblo de San Agustín. 

El señor Monsalve manifesta su deseo de que se publique en 
folleto su trabajo Las Mvjeres en la Independencia, premiado en el 
concurso del año pasado. 

Se acuerda una condolencia por la muerte del doctor Andrés 
Posada Arango, sabio naturalista y erudito historiador, muerto en 
Medellín recientemente. 

Se presenta como candidato para miembro correspondiente a 
fray Jesús Martínez, y se señala la próxima sesión para postular el 
candidato del sillón de número que quedó vacante por la muerte 
del señor Fajardo. 

Se nombra una comisión para que haga una confrontación del 
códice de la obra del historiador Pedro Simón, con la edición 
publicada ahora años; y restablezca un texto auténtico y fiel, acom- 
pañado de notas aclaratorias e ilustrativas. 

No se acepta la renuncia que el señor Cortázar hace del cargo 
de tesorero. 

El señor Posada presenta el Boleiin. Histórico de Puerto Rico, 
en el cual está publicada la bibliografía del General Valero, que 
leyó en la Academia el año pasado. 

El Mayor FIórez Alvarez hace la lectura quincenal, la cual 
tiata sobre la acción de la caballería en la guerra de la indepen- 
dencia. 



ARQUEOLOGÍA COLOMBIANA 365 

flRQUEOhOGIfl COhOmBIflnfl (1) 

Sefior Presidente, queridos colegas. 

Nueve años hace que me hicisteis el honor de poner mi nom- 
bre en la lista de miembros de la Sociedad de Americanistas de 
París, y desde entonces he seguido con entusiasmo y cariño vues- 
tras labores. Cada día es mayor mi regocijo al presenciar la mar- 
cha segura y la fecunda prosperidad de esta sabia y docta corpora- 
ción. Hoy me habéis otorgado otro gran favor al invitarme a 
dirigiros la palabra en esta hora en que celebráis una de vuestras 
sesiones mensuales. 

Quisiera desarrollar algún tema de honda investigación, tocar 
uno de aquellos problemas que figuran en vuestra revista y que 
son las bases de este ilustre centro, pero imposible me es en estos 
momentos, lejos de mis libros y documentos, y cuando soy tan 
sólo ave de paso en este París brillante, sobre cuyas plazas y ave- 
nidas derraman, hace siglos, los soles del arte y de la ciencia sus 
mejores resplandores. 

Os presentaré por el momento el saludo de la Academia de 
Historia de Colombia, donde el nombre de la Sociedad de Ameri- 
canistas es respetado con intensidad y con quien desea aquélla estar 
unida eon lazos de perdurable fraternidad. 

En nuestro país hay un campo inmenso para el estudio de 
cuestiones americanistas, y en Europa es generalmente descono- 
cido. Fuera de un grupo de sabios que han penetrado en él, y que 
han sabido cultivarlo, se ignora nuestra historia, bien accidentada, 
como nuestras montañas, con hondos abismos y con gloriosas 
cumbres; no se tienen sino escasas ideas de lo que son nuestros 
tesoros arqueológicos; no figuran entre las fuentes de investigación 
nuestros museos; nuestros archivos y nuestras bibliotecas; y aun 
las obras de nuestros tenaces historiógrafos son mencionadas en 
escaso número y sólo en contadas ocasiones. Aprovecho pues 
vuestro benévolo convite para mencionar algunos de esos monu- 
mentos y de esas narraciones que son reliquias de otras edades, 
trofeos de hazañas lejanas y huellas sensibles para el estudio de 
estas elevadas cuestiones de la antigüedad americana, a la cual 
habéis levantado este templo, en el corazón de Francia, en esta 
poderosa Lutecia, donde toda labor intelectual tiene su colmena a 
la cual acuden, en bullidor enjambre, todos los intelectuales del 
mundo. Para no ser zángano traigo hoy yo tambiéa algunos áto- 
mos de flores intertropicales. 

Las razas aborígenes dejaron bastantes rastros de su vida, pero 
en la lucha de la conquista se perdieron muchos de ellos. Era difí- 
cil implantar una religión sin destruir los ídolos bárbaros; era im- 
posible formar una colonia sin borrar las insignias de las tribus 



(1) Conferencia, en la Sociedad de Americanistas de Parts, el 
5 de abril de 1921. 



366 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



que resistían la invasión. Quedaron, sin embargo, como testimo 
nios de nuestra prehistoria, magníficos objetos. Existen en Colom 
bia inscripciones indígenas, pintadas unas, esculpidas otras, sobre 
grandes piedras que guardan el misterio de sus frases. No lejos de 
nuestra capital está la de Pandi, hermosa petrografía que nadie 
ha podido descifrar y que soles, nieblas y vientos han dejado intac- 
ta durante siglos. Se hallan también la deSaboyá, la de Aipe, la de 
Chinauta, la de Anacutá y otras tantas. Por todo el territorio pu- 
sieron las diversas agrupaciones esos jeroglíficos como para per- 
petuar su memoria; pero aún no ha aparecido el Champollión que 
les arranque su secreto. El sacerdote Duquesne hizo esfuerzo cien- 
tífico para explicar algunos de esos símbolos, y aunque Humboldt 
acogiera sus conceptos, no parece aquello coronado por un éxito 
completo. Fue, sin embargo, un vigoroso impulso hacia el análisis 
de tales enigmas. 

El doctor Zerda, que acaba de morir, escribió obra de solider 
sobre los primitivos habitantes de nuestra patria. Lázaro Girón 
llamó la atención, en acertado estudio, sobre algunos de esos sin- 
gulares dibujos y nos dio hermosa reproducción de ellos, que ha 
servido para hacerlos conocer en el extranjero. Jorge Isaacs, a 
quien debemos una novela inmortal, supo también espigar en esos 
terrenos de la arqueología, y publicó con juiciosas observaciones 
las inscripciones de las tribus del Magdalena. Uribe Ángel y Po- 
sada Arango nos mostraron, en sesudos libros, la prehistoria an- 
tioqueña. Vicente Restrepo y Ernesto, su hijo, han profundizado 
bastante estas cuestiones etnológicas, y tenemos de ellos muy in- 
teligentes producciones. Ultimament'^' Miguel Triana ha copiado 
pacientemente todos esos grotescos escritos precolombianos y en- 
saya en estos momentos un trabajo de interpretación. Mas a pesar 
de todo este empuje, de unos y de otros, queda lugar, y vastí- 
simo, para los hombres de ciencia que quieran ir a sacar la verdad 
de entre esos ignotos signos y a poner nuevos capítulos a la histo- 
ria de las razas primitivas. 

Y no solamente esos pictóricos recuerdos tenemos para re- 
construir la vida aborigen; hay también esculturas de un valor 
altísimo. Allá donde nace el Magdalena, rodeado de selvas impene- 
trables y de un nudo de cordilleras, hay un santuario que es tam- 
bien un arcano de nuestro génesis. Allí están, en la aldea de San 
Agustín, muchísimas estatuas y figuras de piedra, de tamaño heroi- 
co la mayor parte de ellas. Caldas, nuestro sabio mártir, fue, según 
parece, él primero que habló de esos monolitos; y luego Codazzi, 
un eximio italiano que hizo de Colombia su segunda patria y don- 
de terminó su vida, redactó un estudio de ese templo de los anda- 
quíes o de un pueblo anterior a éstos. Al par de las de Teotibua- 
cán y de Tiguanaco, bien conocidas de los americanistas, y que en 
Méjico y Bolivia se guardan con veneración, están estas efigies de 
recónditas épocas de nuestro país. 

Bien que, últimamente, uno que otro europeo ilustrado haya 
llegado hacia ese escondido lugar y tomado reproducciones de 



ARQUEOLOGÍA COLOMBIANA 367 



aquellos dioses o magnates, están todavía por hacer allí investiga- 
ciones serias y hondas y por aclarar el origen y el significado de 
esas monstruosas imágenes. 

Aquí, en el Museo del Trocadero, existe una de esas piedras, 
traída según he conjeturado por Chanfajon, ahora medio siglo. Y 
en uno de los parques de Bogotá se encuentran actualmente dos 
que fueron trasladadas allí hace tres lustros. 

En el año pasado fueron descubiertas no lejos de dicho vi- 
llorrio otros monolitos, Y por los lados del litoral se han hallado 
también con frecuencia imágenes salvajes. 

No quedaron edificios de nuestros aborígenes como en Mé- 
jico y el Perú, pero parece que en la hora del descubrimiento ya 
iban a entrar ellos en la época déla arquitectura. Yacen, por ahí, en 
un pueblo llamado Ramiriquí, caídas por el suelo, columnas de 
piedra que iban a ser la base de algún palacio o templo de sus 
dioses. 

De cerámica se hallan con frecuencia curiosos artefactos. Un 
tiempo se perdían muchos por la ignorancia de los campesinos que 
tropezaban con ellos al labrar la tierra, y sólo algunas personas los 
guardaban. Hoy todo el mundo aprecia allá esos objetos, se reco- 
gen con exquisito esmero, se les estudia y se les estima en todo su 
valor científico. Los museos europeos guardan muchos de ellos, 
traídos de Colombia, y en el de Bogotá existe una profusa e inte- 
resante colección. Su catálogo tuve el gusto de presentarlo a la 
Sociedad de Americanistas, ah^ra días: en él podéis ver cómo 
adelantan en esa altiplanicie las aficiones arqueológicas. Además 
de ese museo que acabo de mencionar, y que contiene varias pre- 
seas de todas las épocas de nuestra historia, poseemos otros bien 
notables, como el de Zea, en Medellín, y el que en Pamplona está 
formando el Reverendo Padre Rochereau, ilustrado francés que 
vosotros conocéis por haber publicado él recientemente en vues- 
tro Jornal notables escritos y por saber vosotros que él vino, 
desde aquellos lejanos confines, a empuñar el fusil en la gran gue- 
rra, y a luchar por la Francia en sus largas horas de martirio y de 
gloria. 

Posee Medellín, además del Museo Zea, que acabo de mencio- 
nar, el del señor Leocadio Arango. Es una de las mejores colec- 
ciones privadas que se han hecho en Sur América de utensilios 
de los aborígenes, y hay allí fecundo campo para las gentes exhu- 
madoras del pasado. Desgraciadamente no es conocido sino en 
aquella región, pues el catálogo que se hizo de él se limitó a 
unos tres a cuatro ejemplares, de uno de los cuales soy poseedor, 
por galante donación de su dueño, pero no me fue posible conseguir 
otro para presentarlo a la Sociedad de Americanistas, a fin de que 
se conociera aquí ese gran tesoro de arqueología. Abrigo el pro- 
pósito de hacer algún día una nueva edición de esa lista. 

A fines del siglo anterior fue hallado un montón de objetos 
de oro que se ha llamado el tesoro del cacique Calarcá. Aquella 
valiosísima colección de poderosa estimación, curiosa y rica como 
pocas, fue obsequiada a España y se guarda en uno de los museos 



368 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



de la madre patria con exquisito esmero. Notables estudios se hi- 
cieron sobre ella, pero aún pueden los escalpelos de la crítica sacar 
nuevas síntesis de esas áureas reliquias. 

Desde los primeros días de la conquista se redactaron obras 
sobre las lenguas indígenas. El Padre Lugo trabajó una gramática 
chibcha, el Padre Albis un vocabulario de los andaquíes, Gumilla 
nos dio pormenores de las lenguas del Orinoco, y otros tantos mi- 
sioneros laboraron en ese yunque de las hablas primitivas. 

Cuando Catalina de Rusia quiso coleccionar tratados sobre el 
lenguaje de los antiguos pobladores del Nuevo Mundo y se solici- 
taron en América, fueron hallados varios en nuestra patria, de alto 
mérito, gracias al esfuerzo de Mutis. Por diversas circunstancias 
dispersóse esa biblioteca lingüística, pero por ahí han ido apare- 
ciendo tales joyas. Recientemente el Reverendo Padre Fabo ha 
hallado, en viejos archivos, una gramática de una de esas lenguas 
muertas, la de los sálibas, que formaba parte de aquélla y que es 
de alto valor para esos estudios. 

Y después de la colonia son notables los trabajos que se han 
emprendido sobre este ramo. Ezequiel Uricoechea publicó un 
libro sobre el idioma chibcha, que es portentoso, y fundó aquí en 
París una biblioteca de lenguas ¿mericanas, de las cuales se edita- 
ron varios volúmenes. A aquel benemérito colombiano se deben 
otras producciones sobre nuestros aborígenes, de alto mérito. Es- 
cribió una obra sobre cartografía intitulada Mapoteca Americana, 
que es un prodigio de erudición y laboriosidad; fue él catedráti- 
co de árabe en la Universidad de Bruselas en sus últimos años; y 
un día emprendió viaje de estudio a las regionss de oriente. Allá, 
en Siria, murió en momentos en que podía darnos frutos opimos de 
su intensa sabiduría. 

El obispo señor Celedón escribió la gramática goajira, y los 
padres candelarios Fernández y Bartolomé nos han dado la de una 
de esas hordas nómadas que vagan en nuestras grandes llanuras. 

Varios extranjeros han estudiado también nuestros lenguajes 
muertos. Humboldt, que llegó como un astro, entre las nieblas de 
la colonia, a iluminar nuestro campo geográfico y arqueológico, 
mostró al mundo, en todo su esplendor, las grandes maravillas 
naturales de nuestras comarcas y reveló, a todas las gentes, muchos 
secretos de nuestra prehistoria. Luego Nadaillac, Douay, Bollaert, 
Kunz, Uhle, Seler, Read y otros tantos han buscado esos filones 
y sacado preciosas alhajas, y recientemente habéis visto los erudi- 
tos y sabios trabajos de vuestro distinguido secretario el doctor 
Rivet; pero muchas investigaciones pueden aún hacerse en estas 
cuestiones filológicas y quién sabe cuántos trabajos estén por ahí 
olvidados en bibliotecas y archivos. 

En el último número de vuestro Journal habréis visto dos de- 
talles que dan la medida de la amplitud que están tomando en nues- 
tra patria estos estudios. Ahí está reproducida una inscripción abo- 
rigen tomada de un modesto periódico de una ciudad de provin- 
cia, y se mencionan los trabajos lingüísticos que allá en lejano 



ARQUEOLOGÍA COLOMBIANA 369 



pueblo de los llanos de Vülavicencio ha emprendido un inteligen- 
te misionero. Tiene él, según anuncia el periódico de ese recóndito 
lugar, un diccionario de dos mil palabras en seis idiomas indígenas, 
V que va a ser impreso allá junto con catecismos y gramáticas de 
esas lenguas. 

En el Boletín de nuestra Academia de Historia se publican 
con frecuencia trabajos sobre cuestiones americanistas. Especial- 
mente debo mencionar los del señor Medina, quien escribe desde una 
pequeñísima población artículos notables sobre etimologías de las 
voces indígenas, y ha logrado explicar muchas de sus denominaciones 
geográficas. Además de ese Bo/eünqne acabo de mencionar se publi- 
can revistas de historia en Medellín, Manizales, Cartagena y Cali. 
Allí se habla sesudamente de nuestra historia primitiva, y entre los 
estudios de la conquista debo mencionar el profundo trabajo hecho 
recientemente por Otero D'Costa sobre el gran adelantado Ji- 
ménez de Quesada, así como el de Rodrigo Noguera sobre Ro- 
drigo de Bastidas. Carlos Cuervo Márquez ha publicado un libro 
sobre arqueología colombiana, bastante meritorio, y ha colaborado 
en muchas revistas con sus producciones científicas. 

Poseemos en nuestra capital una gran biblioteca donde al 
lado de valiosos incunables y raras ediciones hay obras desconoci- 
das de los que estudian la historia de América y que son fuentes 
inagotables para ello. En la laboriosa bibliografía que ha publicado 
en el penúltimo número de la revista de esta Sociedad el doctor 
Rivet, habréis visto mencionadas muchas obras que se refieren a 
nuestra arqueología y a otros ramos de la historia que difícilmente 
se encuentran en otra parte, y las tenemos en esa biblioteca que 
fundara allá en el corazón de los Andes el Virrey Ezpeleta. 

Otra gran fuerza para el estudio son nuestros archivos. Los 
tenemos en abundancia, y el clima de Bogotá es propicio para ello, 
así como el de las otras ciudades del interior. En ellos se busca hoy 
por los miembros de la Academia de Historia y por todos los 
amantes de estas tareas, la verdad de los episodios de nuestros 
anales. Están abiertos al extranjero y se tienen buenos catálogos de 
ellos. Cuántas maravillas se esconden aún en aquellos legajos; qué 
de cosas ignoradas habrá aún en esos códices sobre los cuales ha 
caído el polvo de los siglos. 

Hemos tenido historiadores desde los días del descubrimiento, 
y hoy más que nunca se labora en ese huerto con tenaz empeño. 
Nuestro conquistador principal, Jiméqez de Quesada, el fundador 
de nuestra metrópoli, supo narrar sus propias proezas. Con la 
misma mano que empuñaba la espada que de un tajo derribó un 
reino, manejaba luego la pluma para referir a la posteridad sus 
hazañas inverosímiles. Dos de sus compañeros, Lebrija y San Mar- 
tín, fueron también cronistas de esa inmortal empresa. 

Y Castellanos, a quien vosotros conocéis y a quien menciona 
Larousse en su grande enciclopedia, y Medrano, Aguado, Simón, 
Zamora, Ocáriz, Piedrahita y Rodríguez Fresle, que vinieron des- 

xrv— 24 



370 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



pues. Todos ellos nos dejaron luego, en los días coloniales, intere- 
santes páginas de nuestros anales. Aun hoy existen, tal vez, relatos 
inéditos de esos tiempos por aquí en los archivos de Europa. 

Una de -las obras de Castellanos duró perdida casi cuatro 
siglos, y hace pocos años fue hallada en un recóndito monasterio de 
España. La de Aguado dormía en los anaqueles de la Academia de 
Historia de Madrid, y me tocó no hace mucho dar a la publicidad 
lo relativo a Colombia; el gobierno de Venezuela hizo imprimir 
después lo que se refiere a ese país; y más tarde la misma Acade- 
mia formó nueva edición de toda la obra. 

He mencionado anteriormente a Mutis, y debo daros noticia 
de este sabio que vivió en nuestra patria. Era de Cádiz y dirigió 
en el virreinato de la Nueva Granada, que así se llamaba entonces 
nuestro país, la Expedición Botánica. Fue amigo de Linneo y diole 
a éste preciosos datos para su gigantesca obra. Mutis halló allá 
una ñora y una fauna no estudiadas aim y dio sobre ellas ideas de 
altísima novedad. Le ayudaron en su empresa Caldas, Zea, Loza- 
no y otros tantos sabios de nuestro terreno. 

Esos caminos abiertos por Humboldt y Mutis y transitados 
luego por otros sabios no los hemos dejado cegar, y allí podéis ha- 
llar vastos horizontes para vuestros estudios. Aun los simples via- 
jeros, qué serie de novedades hallan cuando recorren nuestro 
territorio; ahí están Mollien. Lemoyne, Safray, Andrée, Reclus, 
Espagnac, Brison Crevaux y Brettes para no hablar sino de los 
franceses. Y aun Gabriac y Serré, que nos trataron con un tanto de 
ironía, pero que también acrecieron allá sus conocimientos y nos 
dieron producciones solicitadas por los bibliófilos. 

A Colombia se le ha dado a conocer recientemente por sus 
riquezas naturales y su comercio; son ya del dominio de los econo- 
mistas y hombres de negocios sus minas, los productos de su agri- 
cultura y de su pesca, su ganadería y el impulso de sus fábricas. 
También se ha hecho propaganda a su literatura, y no son desco- 
nocidos los nombres de sus tribunos y de sus trovadores, de sus 
periodistas y de sus hombres de estado. Pero creo son ignorados 
sus tesoros históricos, por eso he señalado algunos de ellos. 

Bastante se ha trabajado allá, y bastante se trabaja hoy día en 
el campo de la historia americana. Pero el escenario es vastísimo y 
he querido enseñaros al mismo tiempo todas las regiones que se 
abren allí para el estudio. 

El Boletín de la Academia de Historia forma ya bastantes 
volúmenes, y en ellos se ven capítulos dedicados al estudio cientí- 
fico de América y de sus habitantes desde las épocas más anti- 
guas hasta nuestros días. Además de esa revista ha publicado nues- 
tro instituto varias obras sobre nuestra historia: etnología, lingüís- 
tica, paleograiía, numismática, cartografía, bibliografía; todos los 
ramos de la ciencia de Clío han sido ensayados con más o menos 
éxito. Nuestras bibliotecas, nuestros archivos, nuestros museos, 
nuestras academias, nuestros liceos, están abiertos para toda noble 
aspiración. Allí se os prestará benévola colaboración para vuestras 



INFORMES 371 



tareas; y a todo sabio que tocare a sus puertas se le ayudará en su 
obra, y respetados serán sus trabajos. Hago, para terminar, mis 
votos entusiastas y sinceros por la posteridad de este noble insti- 
tuto y de cada uno de sus miembros. 

Eduardo Posada 

inFORmES 

J 

DATOS SOBRE EL ARZOBISPO FLÓREZ V OTROS 

£1 señor director de la Biblioteca Nacional ha pasado a la 
Academia una solicitud dirigida por el señor Carlos Flórez Vicu- 
ña, abogado de Santiago de Chile (casilla .^,774), en la cual hace 
varias consultas respecto de tres personajes que figuraron en nues- 
tra Patria: don Pedro Flórez Ordóñez, don Juan José Flórez y don 
Manuel Flórez. La Academia tuvo a bien confiarme el estudio de 
tal asunto, y en consecuencia me permito proponer que se diga 
al señor director de la Biblioteca lo siguiente: 

I," Sobre don Pedro Flórez Ordóñez, arzobispo de Santafé. 
Sin duda por equivocación invierte el señor Flórez Vicuña el orden 
de los apellidos, pues el arzobispo se llamaba don Pedro Ordóñez 
y Flórez. Su gobierno fue de corta duración, y no creo fácil conse- 
guir los documentos que desea el peticionario. En la sacristía de la 
Catedral de Bogotá existe un retrato al óleo de dicho arzobispo; 
don Juan Flórez de OcáViz, en el tomo i de sus Genealogías del 
Nuevo Reino (página 134), suministra informes interesantes acerca 
del prelado de quien trata.mos; y el señor José Manuel Groot le 
dedica unas líneas en el tomo i." (página 241) de su Historia 
Eclesiástica y Civil de la Nueva (í^<i«ai¿z ísegunda edición). Como 
las dos obras citadas son hoy dia de difícil consecución, estimo 
que, para complacer al señor Flórez Vicuña, podría copiarse en la 
Biblioteca Nacional el contenido referente al señor Ordóñez y Fló- 
rez en las obras y páginas mencionadas, 

2.* Sobre don Juan José Flórez. Estimo que debe contestarse 
al peticionario que siendo tan intensa la actuación política del 
General Flórez, desarrollada en su parte principal en países ftis- 
tintos de esta República, no es aquí donde se podrá obtener la 
mejor obra acerca de su administración y su vida pública. 

3.° Sobre el señor don Manuel Antonio Flórez. No se ha es- 
crito, que sepamos, obra completa y documentada acerca de este 
personaje; su retrato figura en la galería de virreyes del Museo 
Nacional. El señor Groot, en el tomo 2,° (página 177 y siguientes) 
de la Historia expresada, da varios datos sobre el virrey Flórez, 
que podrían extractarse o copiarse textualmente y enviarse al pe- 
ticionario. 

Bogotá, 15 de noviembre de 1922. 

Vuestra Comisión. 

José María Restregó Sáent 



372 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 

II 
CENTENARIO DE CABALLERO Y GÓNGORA 

En la penúltima junta que celebró la Academia en e! año pa- 
sado se nos encomendó el estudio de una comunicación dirigida 
por el señor cónsnl de Colombia en Córdoba al señor ministro de 
Relaciones Exteriores, pasada por éste, en calidad de consulta, a 
nuestro instituto. 

En el citado escrito participa el señor don José Maria Rey, 
quien desempeña con acierto tal consulado, que el 24 de mayo de 
1923 se celebrará en Priego, ciudad perteneciente a la provincia 
de Córdoba y cuna del varón egregio que se llamó don Antonio 
Caballero y Góngora, el segundo centenario de su nacimiento, con 
unas fiestas religiosoliterarias, en las cuales los paisanos del arzo- 
bispo virrey se disponen a tributar a la República de Colombia 
un himno de amor y de respeto y a levantar, en mármol o en 
bronce, la figura del insigne mandatario del Nuevo Reino de Gra- 
nada. Acompaña el señor cónsul copia de un párrafo del acta de 
la sesión del ayuntamiento de Priego del 13 de julio de 1922, en 
la que se ordenó celebrar con pompa el mencionado centenario y 
dar el nombre de Calle del Arzobispo Caballero Góngora, a una de 
las principales de la población, y el de Paseo de Colombia al co- 
nocido hasta hoy cop el del Adarve. 

Pide el cónsul al ministro de Relaciones Exteriores una ayu- 
da económica, aunque sea modesta, del gobierno de Colombia, 
para llevar a cabo los relatados festejos, y ofrece ceder el original 
de una memoria biográfica del señor Caballero y Góngora a la 
Academia de la Historia de Bogotá. 

Parécenos digna del mayor apoyo la actuación del señor cón- 
sul de Córdoba, así como la del ayuntamiento de Priego, pues 
ambas tienden a estrechar los vínculos que nos unen con la madre 
patria y a honrar la memoria del ilustre mandatario andaluz, que 
tanto trabajó por el adelanto moral y material de la Nueva Gra- 
nada. Creemos que el gobierno nacional y la Academia de His- 
toria están en el deber de corresponder a ese gesto de simpatía por 
Colombia, poniendo cada uno de ellos de su parte lo que las cir- 
cunstancias exigen y permiten. 

En consecuencia, solicitamos vuestros votos para las siguien- 
tes proposiciones: 

I .* Dígase al señor ministro de Relaciones Exteriores, en con- 
testación a su consulta, que la Academia Nacional de Historia es- 
tima que de la partida de gastos imprevistos del ministerio se 
envíe al ayuntamiento de Priego, por conducto del señor cónsul 
de Colombia en Córdoba, la suma de mil pesetas para ayudar a la 
celebración del segundo centenario del nacimiento del araobispo 
virrey don Antonio Caballero y Góngora, y que convendría que 
el gobierno se hiciera representar en estas festividades. 

2.* La Academia Nacional de Historia de Colombia se asocia 
regocijada a la celebración del segundo centenario del arzobispo 



INFORMES 373 



virrey, envía al ayuntamiento de la ciudad de Priego un voto de 
aplauso y de cariño con motivo de las manifestaciones que hace 
a esta república, y designa para representar a la corporación en 
las ceremonias oficiales que tendrán lugar en mayo del corriente 
año, a los señores don José María Rey, iniciador del homenaje a 
Colombia, distinguido cónsul de nuestra patria en Córdoba y cro- 
nista de esa noble provincia, y don Ernesto Restrepo Tirado, a 
quien, en nota de estilo, se comunicará por la secretaría de la A.ca- 
demia el respectivo nombramiento y se hará saber el contenido de 
la presente proposición para que lo transmita al ayuntamiento de 
Priego. 

Bogotá, 31 de enero de 1923 — Vuestra Comisión, fosé Marta 
Restrefio Sáenz — José Manuel Mar roquín. 

III , 

PROCESOS DE NARIÑO Y OTROS 

Valiosísima es la documentación presentada a la Academia 
por el señor don José María Pérez Sarmiento. Consta ella de tres 
voluminosos legajos copiados en el Archivo de Indias de Sevilla, y 
que tratan sobre los célebres procesos levantados a ñnes del si- 
glo XVIII contra los precursores de nuestra independencia. 

El primero contiene la causa por la publicación de los Dere- 
chos del hombre, seguida a Nariño y su defensor don José Antonio 
Ricaurte, la cual consta de 196 documentos, en 235 pliegos. 

El segundo, las causas por pasquines sediciosos seguidas a los 
señores Luis Gómez, Pablo Uribe, José María Duran y José de 
Arellano; y por tentativa de sublevación seguida a los señores José 
María Lozano, Ignacio Sandino, José Ángel Manrique, Enrique 
Ümafia, Luis de Rieux, Francisco A. Zea y Pedro Pradilla, las 
cuales constan de Ó5 documentos (197 a 261), en 42 pliegos (236 a 
277 bis). Allí está también la causa por sospechas de conspiración 
seguida al señor Juan Alegre, la que consta de 15 documentos 
(262 a 277), en 28 pliegos {2"]^ a 306). 

El tercero, nuevas diligencias sobre las causas anteriores, las 
que constan de 10 1 documentos (278 a 377), en 180 pliegos. 

Son todos estos autos de una importancia ingente para el es- 
tudio de la historia de aquellos días angustiosos que precedieron 
al grito de independencia y que fueron el preludio del glorioso y 
magnífico drama. En ellos se pintan el dolor y las emociones que 
anunciaban el alumbramiento de la grande idea; y es con un sen- 
timiento de gratitud y de compasión a un tiempo mismo como se 
lee allí lo que hicieron aquellos promotores, en esas lejanas horas 
de la colonia, y las persecuciones que cayeron sobre ellos, impla- 
cables y temibles. 

Estos voluminosos códices muestra son de cuánto es el tesoro 
de historia patria aún escondido en los archivos europeos. De Na- 
riño y sus Derechos del Jiombre todos aquí hablábamos, pero en 
realidad nadie había hojeado su célebre proceso. En la Biblioteca 



574 BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES 



Nacional hallé ahora años, revueltos y apolillados, varios papeles 
del ilustre bogotano, los arreglé lo mejor posible, hice gestiones 
para que fueran encuadernados, y los publiqué, en unión del 
doctor Ibáñez, en el libro que intitulamos El Precursor, bien 
conocido hoy por todos los amigos de la historia y por todos los 
amantes de las glorias de la patria. 

En el prólogo de esa compilación de documentos sobre Nari- 
ño, que salió en 1903, puse estas palabras: «De ese extenso proceso 
que se instruyó contra Nariño no poseemos, a pesar de las investi- 
gaciones que hemos hecho, sino los fragmentos que hoy publi- 
camos. El sumario se dividió en tres partes: una por sedición, 
otra por pasquines y otra por impresión de los Derechos del hom- 
bre. Quizás en España existan, originales o en copia, esos autos 
preciosos. ¡Cuánto dato curioso no habrá en esas hojas, relativo a 
aquella última década del siglo xviii y a ese proceso inmortal! No 
hemos hallado sino esas declaraciones mutiladas (página 49); la 
defensa del acusado (página 51); la ronda en el convento de ca- 
puchinos (página 143); y el concepto de los fiscales ante el 
Consejo de Indias (página ni). Bastante luz nos dan estas pie- 
zas sobre la célebre causa; pero ¿cuántos incidentes están envuel- 
tos en el misterio? Parece que Nariño se declaró culpable en su pri- 
mera declaración, según se ve en varios párrafos de su defensa, 
pero luego en ésta, aun cuando no elude la responsabilidad del 
hecho, trata de demostrar que no cometió, al ejecutarlo, un delito 
contra la religión ni el Estado. Es curioso, entre los argumentos 
que pone para tachar de nulidad su indagatoria, la afirmación que 
hace de hallarse enfermo, y presenta, como prueba, el reconoci- 
miento que le hizo en la cárcel el doctor Honorato Vila. Muestra 
Nariño allí sus estudios médicos, y se ve, además, cuan grandes 
fueron sus padecimientos, pues llegóse hasta llevarle un confesor, 
creyéndolo en peligro de muerte.» 

El erudito publicista señor Medina, en su Historia de la Im- 
prenta en Saníafé de Bogotá, refirió que había visto el interesante 
sumario en el Archivo de Indias. Llamé en un periódico de esta 
ciudad la atención sobre ello, y luego hablé extensamente en mi 
obra Bibliografía bogotana, de aquella actuación que se creía 
perdida. 

El señor Pérez Sarmiento, atento a ese aviso, y con la excita- 
ción del ministerio de Relaciones Exteriores, tomó copia entonces 
de varios manuscritos en aquel archivo y los publicó bajo el título 
de Proceso de Nariño. Después en su interesante revista Colombia, 
que dirigía en Cádiz, insertó otras piezas relativas al mismo asunto. 

Don Lorenzo Marroquín dio a la estampa, en 19 13, un estu- 
dio llamado Los Precursores , en el cual se encuentran muchas car- 
tas de don José Antonio Ricaurte, el defensor de Nariño, escritas 
en sus largos y dolorosos días de prisionero. 

Sobre el proceso de los pasquines escribí también algo en el 
número 96 de nuestro Boletín (mayo de 1913), y allí traté de es- 
cudriñar detalles sobre los cuatro jóvenes que fueron al destierro 



INFORMES 375 



como sindicados de ellos. Pero cuáa pocos datos tenía sobre la in- 
formación levantada contra los reos y sobre sus infortunios en los 
lejanos presidios. El señor Tascón, en su biografía del general 
Cabal insertó piezas sustanciales relativas al ostracismo de aquellos 
patricios. 

La nueva documentación que hoy presenta el señor Pérez 
Sarmiento viene a completar aquellos trabajos que eran necesaria- 
mente escasos por faltar aquí esa materia prima que en tal abun- 
dancia ha hallado ahora nuestro colega en los anaqueles de aquel 
santuario sevillano. 

Por el momento, opino, deberia publicarse en nuestro Boletín 
el índice de los documentos; y luego todos ellos como volumen de 
la Biblioteca de Historia Nacional, arreglados metódicamente, 
con un prólogo escrito por alguno de los miembros de la Acade- 
mia, colocándole notas aclaratorias y acompañados de tablas 
alfabéticas 

En consecuencia, hago respetuosamente la siguiente proposi- 
ción: La Academia Nacional de Historia da un voto de aplauso al 
señor J. M. Pérez Sarmiento por la tarea de hacer copiar en el Ar- 
chivo de Indias documentos importantísimos relativos a nuestros 
anales; le agradece altamente la donación que ha hecho de ellos a 
esta corporación, y resuelve publicar, en la revista que le sirve de 
órgano, el índice de esa documentación, y luego, en libro, las 
piezas que estuvieren inéditas. 

Bogotá, I.* de febrero de 1923 — Eduardo Posada. 

IV 

MIEMBRO CORRESPONDIENTE 

En cumplimiento de la disposición reglamentaria nos es grato 
informar sobre la candidatura del señor Enrique Ruiz Guiñazu 
para miembro correspondiente de esta corporación. 

El señor Ruiz Guiñazu es un distinguido escritor argentino, 
catedrático de las Facultades de Derecho y Ciencias Económicas 
de Buenos Aires, y ha publicado obras notables sobre historia de 
América. Una de ellas, Magistratura Indiana, obtuvo el año ante- 
pasado el premio de la raza, que otorga anualmente la Real Aca- 
demia de la Historia en Madrid. En sus páginas se encuentran 
curiosos datos ' acerca de los tribunales que funcionaban en los 
tiempos coloniales, y se hace una exposición completa respecto de 
la organización y procedimientos de la justicia en el continente 
americano . 

Además, el señor Ruiz Guiñazu colabora actualmente en los 
diarios de su país con estudios históricos de verdadero mérito, y es 
un sincero amigo de Colombia. 

Por todo ello es merecedor del título de correspondiente de 
nuestra Academia, y en tal virtud atentamente proponemos que 
se le expida el diploma respectivo. 

Bogotá, abril 30 de 1923 — Ra