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Full text of "Boletín de la Real sociedad geográfica"

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BOLETÍN 



DB LA 



SOCIEDAD GEOGRÁFICA DE MADRID 



BOLETÍN 



DE LA 



^- SOCEDAD GEOGRÁFICA ^DE j MADRID 






TOMO XXVIII -PRIMER SEMESTRE DE 1890 



MADRID 

ESTABLECIMIENTO TIPOGRÁFICO DE FORTANET 

IMFBESOB DE LA REAL AOADEMLi DE LA HISTORU 

Calle de la Libertad, núm. 29 
1890 



JUNTA DIRECTIVA 



DB LA 



SOCIEDAD GEOGRÁFICA DE MADRID. 



PRESIDENTE. 

Bxcmo. 8r. D. FraneiBco Coello y Quesada. 

VICEPRESIDENTES. 

Exorno. Sr. |.r 7é<lorico de Botella %.. P. 

8r. D. Juao.Vikiíova C. 

Bxcmo. Sr. D.José María Aparicí Cd. 

Bxemo. Sr. D. Tomás de Re^'oa O. 

SECRETARIO GENERAL.. 

limo. Sr. D. Martim Perreiro. 

SECRETARIOS ADJUNTOS. 

8r. D. Rafael Torrea-Campos (contador). 
8r. D. Adolfo de Motta (tbsobbbo). 

VOCAUES. 



Sr. D. Marceliano de Abolla P. 

Sr. D. Luf B García Martin P. 

Bxcmo. Sr. D. Manuel de Foronda Cd. 
Sr. D. Francisco Codera ^Bibliote- 
cario) C. 

Excmo. Sr. D. Antonio Andía.. . . C. 

Sr. D. Francisco Oorostidi P. 

limo. Sr. D. Sergio Suárez P. 

Sr. D. Emilio Bonelli Cd. 

Sr. D. Ignacio de Arce Mazón. ... P. 

Sr. D. Julián S uárez Inclán C. 

Sr. D. Justo Zaragoza Cd. 

limo. Sr.D. Ángel Lasso de la Vega C. 



Sr. D. Juan Sáuclicz y Masstá. . . O. 

Sr. U. Casto Aguilar C. 

Sr. I). Mfinnel María Arricia P. 

Sr. Marqués del Socorro C. 

6r. D. Fernando Monet P. 

Sr. D. José Maria de Kscuza P. 

Sr. D. Lucos Mailada P. 

Sr. D. Castor A mí P. 

Sr. D. Joaquín Qarralda P. 

Sr. D. José Montes de Oca P. 

Sr. D. Miguel Espin O. 

Sr. D. Antonio Vázquez y López 

Amor O. 



Nota. Con las iniciales C., P., O. y Cd., se designan los individuos que perieue- 
cen respectivamente á las secciones de Correspondencia, Pablicaciones, Oobierno 
Interior y Contabilidad. 



BOLETÍN 



DB LA 



SOCIEDAD GEOGRÁFICA DE MADRID. 



ADVERTENCIA. 

Según lo acordado por la Junta Directiva, á conti- 
nuación, y por vía de recuerdo, se da un sucinto 
resumen de las reglas de pronunciación figurada y de 
las principales sobre la acentuación, aprol)adas para 
las publicaciones de la Sociedad Geográfica, é insertas 
en el primer número del Bolktín, así como un cuadro 
que expresa las diferencias de longitud entre nuestro 
meridiano de origen en la isla de Hierro y los que 
pasan por los Observatorios más importantes. 

REGLAS DE PRONUNCIACIÓN FIGURADA. 

Para expresar con alguna propiedad los nombres extranje- 
ros se han adoptado, subrayadas eu la impresión y en los ma- 
pas, las vocales o, u y las consonantes h, U, v, x, y, z. 
La e suena como el diptongo eu francés. 
La u como la u francesa. 

La h se pronuncianl aspirada, ó como una ; muy suave. 
La 11 como doble ele y no como elle. 
La X parecida á la ch francesa, ó sea como aojan los dialectos 

catalán y gallego. 
La V como su semejante en francés. 

La j algo parecida a la g francesa y más bien como la g cata- 
lana en la palabra Sitges. 
La z como la z francesa, ó como ds suave. 

REGLAS PRINCIPALES DE ACENTUACIÓN. 

Todo vocablo agudo que termine en vocal llevará sobre ella 
un acento. Si termina en diptongo, se pondrá el acento en la 



382755 



6 BOLETÍN DE LA. SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

vocal fuerte (A, E, O) y si las vocales terminales son débi- 
les (I, U) acentúese aquella sobre la Cual viene á cargar la 
pronunciación. 

No se pondrá acento en las voces agudas que terminen en 
consonante: las dos excepciones de esta regla se reducen á 
poner siempre acento sobre la palabra aguda que termine 
en N 6 en S. 

Ninguna voz llana terminada en vocal se acentúa. — Por el 
contrario (salvas dos excepciones únicas), se acentuarán las 
voces llanas que terminen en consonante. Redúcense las dos 
excepciones de esta regla á no poner acento sobre los vocablos 
llanos terminados en las consonantes N ó S, por hallarse en 
ellos comprendidos los plurales de muchos nombres y verbos. 

En las voces llanas que deban acentuarse y cuya sílaba acen- 
tuada forme diptongo, se ha de poner el rasguillo sobre la 
vocal fuerte. 

Los vocablos llanos que terminen en dos vocales , y la pri- 
mera de ellas sea débil y acentuada (1, U) y la segunda fuerte, 
habrán de llevar forzosamente acento en la primera. 

Cuando las dos vocales terminales sean débiles, esto es, 
lU, UI, llevará acento aquella sobre que cargue la pronun- 
ciación. 

Se acentuarán en la vocal débil las voces llanas cuya pe- 
niiltima sílaba consta de una vocal débil, I, U, precedida de 
otra fuerte, A, E, O 

Todo esdrújulo se acentuará. También llevarán acento los 
semi-esdrújulos, ó sean los vocablos que finalizan en dos vo- 
cales fuertes (A, E, O) sobre ninguna de las cuales carga la 
pronunciación. 

CUADRO DE DIFERENCIAS DE LONGITUD. 

Punta de la Orchilla (Occidental de la isla 

deHierro) 0° O' O" 

Madrid U 28 29 

San Femando 44 57 26 

París 20 30 O 

Greenwich 48 9 46 

Pulkova. 48 29 31 

Lisboa 9 4 45 

Washington 301 6 54 



LAS RAZAS INDÍGENAS DE FILIPINAS 

POR EL PROFESOR 

D. FERNANDO BLUMENTRITT. 

ESTUDIO DEDICADO AL EMINENTE GEÓGRAFO ESPAÑOL 

ExcMO. Sr. D. FRA.NCISCO COELLO. 



Entre las muchas obras que sobre Filipinas se han escrito, 
no hay una que nos dé á conocer las razas que pueblan aquel 
archipiélago, circunstancia explicable por la historia etnográ- 
fica del país. Hasta nuestros días eran la isla de Luzón y las 
Visayas, el principal objeto á que se dedicaban los estudios de 
los sabios y de los viajeros nacionales y extranjeros, sin que 
llamase la atención de los filipinólogos, activos ó sedentarios, 
las de Mindanao y la Paragua. 

Veintiocho ó treinta años hace que el naturalista alemán, 
Dr. C. Semper, visitaba la parle oriental de Mindanao y en 
muy raras publicaciones se ha tratado, fuera de aquel viaje, 
de las regiones meridionales del archipiélago. 

Los compendios geográficos alemanes, ingleses y franceses 
que trataban de Mindanao y de la Paragua, eran abreviada 
copia de las noticias que habían publicado Forres t (1774 á 1 779) , 
Rienzi (1836 á 1838), Hunt (1815), de Guignes (1784 á 1801), 
Renouard de S.*« Croix (1803 á 1807), Crawford (1820 á 1856), 
Mallat (1843 á 1846), y hasta Dampicr (1693 á 1723). Asi, pues, 
todos estos relatos se distinguían por una respetable antigüe- 
dad. Pero con las admirables campañas evangélicas con que 
los PP. Jesuítas conquistaron tantos miles de almas para el 
cristianismo y tantos kilómetros cuadrados para España, 
cambió de aspecto aquel cuadro: gracias á los trabajos de aque- 
llos intrépidos misioneros y á los viajes do los franceses Mar- 



8 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

che y Montano y de los alemanes Schadenberg y Koch se re- 
dujo considerablemente la térra incógnita de aquellos países. 
Por esta causa aparecen hoy antiguas las publicaciones de 1860 
á 1880 sobre Mindaaao, pudiendo asegurarse que los últimos 
mapas de las misiones de la Compañía de Jesús, junto con los 
de Montano y de Schadenberg han transformado por completo 
las ideas que antes teníamos sobre Mindanao, sin que haya- 
mos conocido el fin de estos descubrimientos etnográficos, por- 
que de año en año alcanzamos otras noticias que detallan ó 
corrigen lo ya sabido. 

No es solamente el estado actual de los conocimientos etno- 
gráficos sobre Mindanao, el que me ha inspirado estas líneas: 
también abundan acerca de las otras islas del archipiélago erro- 
res, equivocaciones y noticias contradictorias que piden en- 
miendas ó aclaraciones. Al escribir artículos etnográficos sin 
tener á la vista el mapa correspondiente, ó al copiar de otros 
sin la precaución necesaria, se copian también erratas que se 
convierten luego en nombres de razas ó de pueblos imagina- 
rios. Además hemos de lamentar una mala costumbre que era 
y es origen de muchos errores, tanto de autores nacionales 
como extranjeros. Los antiguos cronistas supieron distinguir 
las diferentes razas, pero al generalizar emplearon denomina- 
ciones castellanas como infieles, montaraces, cimarrones, etc.; 
pero los escritores peninsulares y la prensa de Manila del siglo 
actual han ido abusando de las denominaciones indígenas 
como igorrotes, calingas y manguianes, aplicándolas, no solo 
á las tribus á quienes corresponden, sino también á otras que 
pertenecen á distintas ramificaciones de la raza malaya: de 
aquí la principal fuente de errores que son muy difíciles de 
corregir, pues no puede todo el que escribe una descripción 
etnográfica del país, recorrer por sí mismo todas las comarcas 
del archipiélago para reunir los datos que necesita. 

También se incurre por muchos en la falta de citar nombres 
de rancherías como si lo fueran de raza, tomando así los de 
origen topográfico por denominaciones etnográficas. 

Los conocedores de la etnografía filipina, saben con cuántas 
dificultades tienen que luchar en vista de esa inmensa serie 



. LAS RAZAS INDÍGENAS DE FILIPINAS. 9 

de A'agas y á veces imaginarias denominaciones; dificultades 
que se aumentan cuando se quieren localizar los nombres, esto 
es, buscar en el mapa el territorio que habita cada una de las 
razas. 

La mayoría de los escritores peninsulares y filipinos no fijan 
su atención sobre la historia cartográfica del país y á veces des- 
acreditan los trabajos de sus antecesores copiando lo que es- 
tos en su época describieron exactamente, pero que hoy es in- 
exacto, por ejemplo: si un autor habla en el año 1819 de una 
tribu de infieles residentes á la sazón enCagayán ó en la Pam- 
panga, no podemos copiarle hoy sin la aclaración necesaria; 
porque entonces la provincia de Cagayán comprendía todo el 
territorio que ahora ocupan las actuales provincias de Gaga- 
yán, Isabela, Sallan, Quiangán, Nueva Vizcaya y Nueva Ecija. 
Estos errores se copian y perpetúan multiplic.lndose los dalos 
falsos ó erróneos, para mayor trabajo del etnógrafo filipino 
que tropieza con inexactitudes, hasta dogmatizadas algunas do 
ellas (véase el artículo Bürik), 

Mi objeto, al publicar este escrito, es llamar principalmente 
la atención de todos los que se interesan por la etnografía fili- 
pina, sobre lo mucho que en ella es discutible, dudoso ó total- 
mente inexacto. Abrigo la esperanza de que este escrito esti- 
mule á los que posean mayores conocimientos á corregir lo 
falso, aclarar lo dudoso y detallar lo poco determinado y cono- 
cido; en una palabra, es mi intento contribuir á la solución de 
las cuestiones etnográficas de aquel país. 

Creo que, en primer lugar los filipinos, en segundo los ma^ 
tandas peninsulares y en general todos los españoles, tienen 
el deber de rivalizar con la acliva é incansable diligencia de 
los extranjeros (especialmente alemanes y franceses), en el es- 
ludio de la etnografía, etnología y antropología de aquel trozo 
tan considerable del reino de España. Creo asimismo que los 
trabajos ctno-geográficos de Jordana, Montero Vidal, I. délos 
Reyes y Lacalle prueban que adsunt vires^ adest voluntas] so- 
lamente falta el apoyo por parle del Estado. 

En este opúsculo hallarán los conocedores del país la serie 
más completa de nombres etnográficos que se ha publicado 



10 BOLETÍN DE LA. SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

hasta hoy, pues no contienen tantos ninguna de las obras geo- 
etnográficas que hay sobre Filipinas, incluso el diccionario de 
los PP. Buzeta y Bravo, y las obras de los ilustrados señores 
Jordana, Lacalle, Montero- Vidal y el P. Ruíz; sime tachando 
inmodesto, añadiré que según mi opinión, no estará completa 
mi relación, pues hay gentes en Filipinas, y sobre todo en 
Mindanao y la Paragua, que todavía no se conocen. 

También debo llamar mi atención sobro lo poco que sabe- 
mos acerca de los infieles habitantes de las cordilleras que se- 
paran las provincias llocos del Norte y de Abra, del Gobierno 
del valle do Cagayán, pues apenas conocemos sus nombres. 

Cuando en 1882 publiqué mi Ensayo de una etnografía de 
Filipinas (escrito en alemán), tuve el gusto de remitir 50 ejem- 
plares del mapa que acompañaba al folleto, á varias personas 
residentes en el archipiélago, con la súplica de que me indi- 
casen las inexactitudss que pudiesen hallar; pero solo uno, mi 
distinguido amigo el Sr. Dr. D. José de la Campa, tuvo la 
bondad de contestarme, los demás no so dignaron correspon- 
der, ignoro si por indiferencia ó porque no temieran incurrir 
en descortesía. 

Quizá sea hoy más oportuna la publicación, pues á causa de 
haberme ocupado en la parte política del país, he adquirido 
gran número de enconados adversarios, que, imaginando al 
hombre científico con la vanidad de los novelistas y de los 
poetas, procurarán buscar las inexactitudes de mis obras, sin 
considerar que este es cabalmente mi deseo, y es lo que pres- 
tará mejores servicios á la ciencia. 

Para terminar, debo añadir que solo reconozco dos razas 
indígenas en el archipiélago filipino, la malaya y la negrita. 
Considero un descrédito el seguir las modas etnográficas del 
día sobre la subdivisión de la raza malaya; cada autor sigue 
distinto camino: el uno, forma grupos según determinados 
momentos antropológicos; otro, según costumbres ó particula- 
ridades de carácter etnológico; un tercero, según el idioma, y 
no falta quien tiene en cuenta para ello el diámetro del pe- 
lo, etc., que más parece un juego que un estudio verdadera- 
mente científico. Deducir por 12 ó 13 esqueletos ó por 300 ó 



LAS RAZAS INDÍGENAS DE FILIPINAS. 11 

400 vocablos del idioma los grupos ó subdivisiones de la raza 
malaya^ tiene los visos de una puerilidad, por más que al opi- 
nar así aparezca en contra de nombres que pronuncio con ver- 
dadero respeto. Con la misma franqueza confieso que no creo 
en las teorías de la mezcla con sangre china; pues si en alguna 
raza filipina se observa un tipo semejante, prefiero llamarle 
mongol, porque la mezcla china no puede probarse ni por la 
historia, ni por la lengua. Los que conocen cuanto se ha es- 
crito sobre el génesis de la raza malaya, saben que hay autores 
que solo ven en ella el resultado de la unión de pueblos mon- 
goles con los negros oceánicos, no extrañando por lo tanto que 
en alguno predomine el tipo mongol. 

Abacas. El P. Mozo habla de una tribu de indios salvajes 
que hablaron un idioma diferente de los vecinos italones. 
Vivieron en las cañadas meridionales del Caraballo Sur, 
y con ellos se formó el actual pueblo de Caranglan (Nueva 
Ecija), después de haberse sometido al cristianismo y á la 
civilización europea. No sé si aún existe esta ramificación 
de la raza malaya, cuyo nombre no citan los autores del 
siglo xiz. 

Abra (igorrotes de). Denominación colectiva de todos los in- 
fieles sanguinarios de Abra, especialmente de los gui- 
naanes. 

Abúnlon. Nombre de tribus salvajes qu« viven en las mon- 
tañas de Zambales: se dice que son mestizos de raza ma- 
laya y negrita. 

AdanCt. ¿Raza malaya? Quizás una ramificación de los veci- 
nos apayaos, aunque tienen propio y diferente idioma. 
Pueblan las montañas y el pueblo de Adang (provincia de 
llocos Norte). Hasta 1720 vivieron como salvajes; ahora 
son cristianos y están ya civilizados. Según el diccionario 
de los PP. Buzeta y Bravo, son mestizos de una raza india 
(malaya) y de negritos. En su nombre hay alusión á Ata^ 



12 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

denominación de ciertas tribus de negritos. Como faltan 
casi lodos los datos sobre sus condiciones físicas .y etnoló- 
gicas, y no se ha publicado hasta ahora ninguna gramá- 
tica ó vocabulario de su idioma, no podemos decir nada 
definitivo sobre el lugar que les corresponde en la etno- 
grafía. Los Adang, variaciones de su nombre, son adán, 
ADANGTAS, ADANGiNOs y ADAMiTAS. La Última dcnominacíón 
es de origen cristiano y ha de derivarse de la alusión de 
su nombre á Adán. 

Agtas, aitas. Nombre indígena de los negritos ahetas. 

Aeta (v. negritos). 

Agutainos. Así se llaman los indígenas de la isla de Agu- 
laya del archipiélago de Cuyo (provincia do Calamianes). 
Pertenecen á la raza malaya y hablan un idioma propio. 

Alibabáon, alibabáun. Parece ser un título de principales 
entre los moros del seno de Dávao, pero jamás el nombre 
de una raza. 

Alimüt. Se cita ese nombre en la forma igorrotes de Alimut. 
Supongo que forman esos «igorrotes» una fracción de los 
infieles belicosos que habitan la comandancia de Quian- 
gán y las orillas del río Alimut. 

Altasanes. Esa tribu de «igorrotes» ó indios salvajes debe 
existir en las cordilleras occidentales de la Nueva Vizcaya. 
Buzeta y Bravo los llaman así, pero el autor español 
S. Mas y el viajero alemán Dr. A. Bastían, escriben su 
nombre: altabanes. No sé lo que es exacto, pues sola- 
mente los citados autores (y Mallat) hablan de ellos. Los 
demás autores reproducen las noticias que aquellos dan. 

Apayaos. Raza malaya; habita la parte occidental de la pro- 
vincia de Cagayán y las comarcas vecinas de Hocos Norte 



LAS RAZAS INDÍGENAS DE FILIPINAS, 13 

y de Abra. Son infieles en su mayor parte y muy temidos 
por sus vecinos. Los apayaos salvajes cortan las cabezas 
de sus enemigos. Los PP. Buzela y Bravo afirman que la 
raza de los apayaos es el resultado de la mezcla de indios 
(malayos) y negritos; pero lo que se conoce del idioma y 
de las costumbres de los apayaos, tanto de los infieles 
como de los sometidos, no permite esa hipótesis, debiendo 
confesar que es muy poco lo que sabemos sobre esa na- 
ción. Variaciones de su nombre, son: apayos, apoyaos. Se- 
gún algunos escritores, el idioma de aquella tribu se llama 
MANDAYA, pcro iguoro la exactitud del aserto. 

Aripas. Raza malaya que habita las montañas cerca de Nac- 
siping y Tubang (Cagayán). Son infieles pacíficos, en parte 
reducidos, con quienes se ha establecido la visita Aripa. 
Variaciones del nombre: apipanes, aribas. 

Atas. 1. Así se llama una tribu muy numerosa de infieles 
que habitan la parte altado los ríos de Dávao, Tuganay y * 
Libagánum y se extendían por el NO. hasta el territorio 
ocupado por los buquidnones. Parecen mestizos de mala- 
yos y negritos con predominación del tipo malayo. Es la 
raza menos conocida deMindanao. Hablan idioma propio. 
Según los padres misioneros, su nombre significa: Que 
viven en los altos. 

m 

Variantes del nombre: ataas, itaas. 
— 2. Así se llaman también una tribu de infieles mesti- 
zos de negritos é indios que habita en Camarines Sur, 
(Dr. Montano.) 

Até. Nombre que dan los tagbanuas de la isla de Paragua á 
los negritos (según A. Marche). 

Atta. El nombre del idioma que hablan los negritos de Ca- 
gayán (Sr. Mas). 

Baganis. Entre otras equivocaciones que padece la impor- 



14 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

tante obra Las islas Filipinas, del Sr. D. Francisco J. de 
Moya, hay que enumerar una tribu de Mindauao llamada 
haganiSf pues aquel nombre no es otra cosa sino cierto 
título de caudillos de guerreros de los manobos (y manda- 
yas). Quien ha matado á 7 hombres recibe el título de 
hagani, 

Bagobos. Raza malaya. Habita en las faldas del Apo (Minda- 
nao). Son infieles, pero los padres jesuítas se ocupan en 
su conversión. Son sanguinarios. 

Balugas. Este nombre parece una denominación general que 
se aplica á diversas tribus de infieles descendientes de ne- 
gritos puros ó de mestizos de negritos é indios remonta- 
dos. En el idioma tagalog se entiende bajo el vocablo ba- 
loga: mestizo negro ^ mezclado, chapurrado. El viajero 
alemán Dr. C. Semper, encontró halugas en las llanuras 
centrales de Luzón, provincia de Pangasinán, y los llama 
mestizos de negritos é indios. D. Sinibaldo de Mas cita, 
entre las denominaciones indígenas de los negritos, tam- 
bién el de halugas, y D. Manuel Scheidnagel, asegura: Se 
les suele denominar por los indios con el nombre de balu- 
gas. También Cavada-Méndez de Vigo, habla de Balugas 
ó Acias, y el misionero P. Mozo titula el cap. viii de su 
obra: Missiones de Balugas 6 Actas. El Sr. Cámara habla 
de Negros halugas de los montes de Camumusan. La des- 
cripción de la vida y del exterior de los balugas de Ca- 
mumu, Porac, Tarlac, Mabalacat, Angeles y Capas co- 
rresponden á las costumbres y al aspecto físico de negri- 
tos puros. 

Bangal-bangal. Nombre que dan á los dulanganes los mo- 
ros vecinos. 

Bangot. Denominación vaga de diversas tribus de los man- 
guianes de Mindoro. Así se llaman: i.* Los que ocupan las 
llanuras entre Socol y Bulacao. 2.'' Los que pueblan las 




LAS RAZAS INDÍGENAS DE FILIPINAS. 15 

orillas de los ríos al S. de Pinamalayán; pertenecen al 
tipo chino ó mongol de los manguianes. 

Banobos. i Bagobos ? 

Banuáon. Una tribu de manobos que compone la nueva re- 
ducción Amparo en el bajo Agüsan. (Cartas de los padres 
jesuítas, tomo vi, p. 273.) 

Babangán. Así se denominan los manguianes que habitan 
las regiones altas de las cordilleras de Mangarín (Mindoro). 

Batac. Nombre que se da á los Tinitianos que viven en la 
cercanía de la punta Tinitia y del golfo de Babuyán (isla 
Paragua). 

Batán. Hasta ahora se han clasificado los indígenas de los 
grupos de Batanes y Babuyanes entre los ibauags ó caga- 
yanes: pero el distinguido lingüista filipino señor doctor 
D. T. H. Pardo de Tavera nos advierte que los batanes 
tienen un dialecto llamado batán, que difiere efectiva- 
mente del idioma ihanag. El batán es uno de los dialectos 
más interesantes de Filipinas, pues tiene la ch y una 
vocal como la eu francesa. 

Los batanes son cristianos civilizados, aunque viven 
muy atrasados. 

Bayabonan. No se conoce más que el nombre de esa tribu 
(malaya?) que habita al lado de los gamunanges en las 
faldas de las montañas al E. de Tuao (Gagayán). Según el 
Sr. Mas, tienen idioma propio. 

Beribí. Así se llaman los manguianes entre Socol y Búlala* 
cao (Mindoro), que se hallan refugiados en las cumbres de 
los montes. 

BicoL. Raza malaya de antigua civilización. Habita las pro- 



16 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

vincias de Camarines Sur, Alba y, Buhas, los pueblos de 
Daet y Basud y otros do Can)Arinés Norte, y el pueblo de 
Malanay de Tayabas. En mi mapa etnográfico de Filipi- 
nas, figuran las islas de Masbate yVTicao pobladas por bí- 
coles, siguiendo la opinión de autores extranjeros, pero el 
nomenclátor oficial lo niega. Quizás estos líneas contribu- 
yan á corregir lo que es inexacto. Los bicole^son cristianos. 
Los llamados «igorrotes de Isaróg, Iriga iBuhí y Cara- 
rauán», parecen ser en parte descendientes puhs^ de Meó- 
les remontados, y en parte mestizos de ellos y i^gritos. 
Ya el nombre de cimarrones que les suelen dar losN^nti- 
guos cronistas, junto con las escasas pruebas de su ic^io- 
ma, permiten tal hipótesis. 

BiLANES. Raza malaya que habitó el territorio cnlre la laguna 

de Buluán (de aquí su nombre verdadero buluanos) (1) y 

la cordillera de Butulán; además habitan las islas de Sa- 

rangani (Mindanao). Son infieles dóciles. 

Variantes del nombre: büluanbs, bül-u-an, vilanes, vi- 

LAANES. 

Su idioma tiene la letra F. 

BiSAYAS. Raza malaya de antigua civilización. Habita las 
islas Visayas y las playas de Mindanao Norte y Este, 
además de Zamboanga y Cottabalo. En la época de la con- 
quista habitaban también el Sur de la isla de Mindoro. 
Entonces sollamaron Pintados^ nombre que recibieron 
de los españoles por su costumbre de pintar ó picotear su 
cuerpo. Ese pintado se describe por los corsarios holande- 
ses del siglo XVII. Son cristianos. 

El idioma bisaya se parteen varios dialectos; entre ellos 
merecen ser citados el cebuano y el panayano. 

Véanse además los artículos Calamiano, Hiliguayna, 
Halayo y Caraga. 



(l) Creo que entonces se llamarían tagabulmn,, lo que hace suponer un pare* 
cido, si no de sanare, al menos de origen con el nombre do los tagabcUes. 



LAS RAZAS INDÍGENAS DE FILIPINAS. H 

BoNTOK (iGORROTEs de). Deiiominación colectiva de los infie- 
les malayos de la comandancia de Bontok. 
En alemán: Bontok-Leute (pronunciación: B-LayteJ. 

BoüAYANÁN. Tribu de infieles en el interior de la isla de la 
Paragua (según A. Marche). 

BüCTüLÁN. Nombre de los manguianes mongoles de Pinama- 
Ijayán, refugiados en las cumbres de las montañas. Tam- 
bién se les suele denominar durugmun. 

BüJüANOs. Tribu de indios infieles, que solo cita Mr. Scheid- 
nagel; vive en la Isabela de Luzón. 

BüLALACAüNOS. Tribu salvaje que puebla el interior (?) de las 
islas Calamianes y el Norte de la Paragua. Parecen per- 
tenecer á la raza malaya. 

BüLUANES (V. BiLANES.) 

BüNGANANES. Tribu de infieles , pertenecientes á la raza ma- 
laya. Viven en la provincia do la Nueva Vizcaya ó Isa- 
bela de Luzón. No se conoce mas que el nombre. 

BuQumNOXEs. Raza malaya; habita en la parte oriental del 
distrito de Misámis (entre Ilígan y la Punta Divata y la 
cuenca del río de Tagoloán. Extiéndese hasta el origen del 
río Grande de Mindanao. Son infieles, pero en parle están 
cristianizados por los PP. jesuítas. Los españoles suelen 
darles el nombre monteses, lo que es una traducción cas- 
tellana de su nombre. Yo preferiría la transcripción Bu- 
kidnon. 

BüQuiL (yo preferiría la transcripción bukil). Nombre de 
varias tribus de manguianes de Mindoro, á saber: !.• La 
tribu con tipo negro, que habita en las inmediaciones de 
Bacóo y Subaán. 2.* Las tribus de manguianes, que entre 

2 



18 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

Socol y Bulalacao se albergan en las faldas de los montes, 
pertenecen á la raza malaya. 3." En Pinamalayán se lla- 
man asi las tribus que ocupan las llanuras; pertenecen á 
los mangiiianes de tipo mongol. 4.^ En Mangarín se lla- 
man así los manguianes de las orillas de los ríos. 

Espero que se aclararán más tarde aquellas vagas deno- 
minaciones. Como el nombre Buquil se deriva del voca- 
blo hiikid , puede aplicarse solamente á tribus que viven 
en los montes y en el bosque. 

BuQuiTNÓN. La Oceania Española reproduce en su nüm. 181 
(9 Agosto, 1889) ún artículo del Porvenir de Visayas^ que 
trata de los monteses de la isla de Negros. El autor anó- 
nimo dice: «dos razas completamente distintas habitan en 
la cordillera central que divide esta isla: los aetas 6 ne- 
gritos, y los huquitnónó monteses.» «Estos (huquitnón) 
en nada se diferencian de los indios que conocemos y ve- 
mos todos los días, en cuanto á lo físico; pues los supone- 
mos de la misma raza.» Son inüeles valientes, hasta fero- 
ces. Hay unos 40.000 en la isla. 

Parece que son descendientes do visayas remontados ó 
idénticos con aquellos infieles que por otros autores reci- 
bieron la denominación de carolanos. El parecido de su 
nombre con el de los buquidnones de Mindanao no revela 
ni prueba la identidad de ambas razas monteses , porque 
los buquidnones de Mindanao tienen su propio idioma, 
mientras los huquitnón de Negros parece que hablan el 
idioma visaya. Además hay diferencias notables en su 
vida social y en sus costumbres. 

BúRiK. En todas las obras que tratan de los igorrotes se cita 
una tribu ó nación igorrote llamada húrik; pero las inves- 
tigaciones y estudios del autor y viajero alemán Doctor 
Hans Meyer han probado que tal tribu no existe. Búrik 
se llaman solamente aquellos igorrotes pertenecientes á 
diversas rancherías quQ tienen su cuerpo pintado con 
cierta forma ó modelo de taraceado, como lo demuestra 



LAS RAZAS indígenas DE FILIPINAS. 19 

la iluslración de la obra Die Igorroten del citado autor. 
Búrik es un vocablo del idioma igorrote que significa de 
varios colores^ pintorreado, barajado, abigarrado. Cada 
igorrote puede hacerse búrik adoptando tal modo de tara- 
ceado. Las noticias que publicó el viajero alemán queda- 
ron comprobadas por los igorrotes de la Exposición fili- 
pina de Madrid (1887) , como me lo comunicó mi distin- 
guido amigo el Sr. D. Eduardo P. Casal. 

BusAOs. Según los autores españoles, forman los Busaos una 
tribu ó parte de los igorrotes verdaderos. El intrépido via- 
jero alemán Dr. Hans Meyer visitó las rancherías de los 
igorrotes de Benguet, Bontok y Lepanto, y asegura qiie 
los llamados Busaos ó Besaos tienen más parecido con los 
guinaanes y los infieles de Bontok que con los igorrotes 
verdaderos, y esto por su hábito físico, trajes y cos- 
tumbres. ^ 

Cafres f (1). No hubo raza indígena de tal nombre, pero 
así se denominaron los esclavos papuas que llevaron á 
Manila algunos comerciantes portugueses (1580-1620). 

Cagayanes. Raza malaya. Habita la cuenca del Río Grande 
de Cagayán, desde Furao hasta su boca, los pueblos que 
viven en el litoral de la provincia de Cagayán , y las islas 
Babuyanes y Batanes , aunque los autores ingleses creen 
que los indígenas de las Batanes corresponden á otra ra- 
mificación de la raza malaya. Pero como las islas Ba- 
tanes forman casi una Terra incógnita para el antropólogo 
y etnógrafo, no puede confirmarse nada seguro. Los ca- 
gayanes alcanzaron cierto grado de civilización en la épo- 
ca de la conquista; son cristianos y civilizados. Su idioma 
se llama ibanag. 

Calaganes. Tribu perteneciente á la raza malaya y que vive 

<l) La craz indica que el vocablo es de siglos pasados. 



20 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

en el seno de Casilarán (Dávao). Los calaganes no son 
moros. Hay una reducción de cristianos en Dígos. 

Calamiano. Los PP. Buzeta y Bravo entienden el vocablo 
Calamiano como nombre de un dialecto visaya, resultado 
de la mezcla del visaya y tagalo, y hablado en la islas Ca- 
lamianes y la parte sometida (1851) de la isla de Paragua 
(mientras Barrantes dice que el calamiano se habla en 
cuatro pueblos de la provincia de Calamianes); además se 
sabe que el P. Fr. Juan do San Antonio compuso en íen- 
gua calamiana un tomo de Sermones morales y otro de 
Explicación del Catecismo; así, sería muy natural creer 
que existo el idioma calamiano, 6 como dialecto del visa- 
ya, ó como lengua propia; pero el sabio viajero francés 
A. Marche, que visitó estos territorios, dice que no existe 
ningiin idioma calamiano así llamado. El i^alamiano del 
nomeíiclator debe ser idéntico con el idioma taghanua. 

Galauas. Raza malaya que vive en las alturas inmediatas 
al S. de Malaueg, en Nacpising y en las cañadas del río 
chico de Cagayán. Son infieles de carácter pacífico. Como 
habitan la comarca llamada El partido de llaves recibo el 
idioma que hablan también la denominación itavés, aun- 
que hay autores que suponen que el idioma de Malaüeg 
sea el idioma de los calañas. 

Variación del nombre: calaguas. Además hemos de 
añadir que los calañas del partido de llaves reciben tam- 
bién por algunos autores la denominación de itaveses; 
ignoro si es exacto. 

Calibüganbs. Nombro de los mestizos de moros y súbanos. 

Calingas. 1. Según el sabio viajero alemán Dr. C. Semper, 
así suelen denominarse colectivamente en la parte orien- 
tal del N. do Luzón todas las tribus de infieles salvajes, 
como sucede con el nombre igorrote en la parto O. do 
aquella región. 2. Se funda esta denominación colectiva 



LAS RAZAS INDÍGENAS DE FILIPINAS. 21 

€Q una tribu de indios salvajes que habita la cordillera 
que corre de SO. á NE. entre el rio Grande de Gagayán 
y el Ahulug; son vecinos de los aripas, pero menos pací- 
ficos que ellos. El viajero alemán Dr. A. Schadenberg 
dice que su aspecto parece que revela alguna mezcla con 
sangre china. 3. Algunos autores, entre ellos Semper, 
advierten que también á los irayas se les suele denomi- 
nar Calingas. 

<!amuconbs f . Así se llamaron los moros piratas de las islas 
6 islotes que están situadas entre Táui-táui y Borneo. 
Variante del nombre : gamoconbs. 

Canganay. Nombre del dialecto igorrote hablado en la parte 
NO. de Benguet. 

Garagas. En las obras de los siglos pasados, especialmente 
en las holandesas é inglesas^ se llamaron así los belicosos, 
pero reducidos y cristianizados indígenas de los pueblos 
situados en la costa oriental de Mindanao (desde la punta 
Gáuit hasta la punta Taucanán ó aun hasta el cabo de 
San Agustín). Se creía que tenían idioma propio ó un 
dialecto particular del visaya. No puedo asegurarlo. Su- 
pongo que ya entonces había manobos y mandayas cris- 
tianizados en los antiguos pueblos do Garaga, Gateel, 
Liangán, etc., quienes chapurreaban el visaya, y los au- 
tores antiguos tomaron ese visaya de tienda por un idio- 
ma propio , ó por lo menos por un dialecto particular del 
idioma visaya. 

Variaciones del nombre: garaganes, calaganes (pero 
tiene que distinguirse esa variante bien del nombre igual 
de los calaganes de Dávao), garaguei^os (hoy nombre de 
los habitantes de Garaga). 

Garolano. Solo cita el nombre de estas tribus de infieles el 
Sr. Díaz Arenas, según el cual en 1848 vivían 2.322 caro- 
lanos en la cordillera que se extiende desde la antigua 



a BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

cabecera hasta Cauayán (isla de Negros). Supongo que no 
son otros sino los infieles que el inglés Plant (siguiendo 
la mala costumbre de los españoles y filipinos que gene- 
ralizan el nombre igorrote) llamaba igorrots. Si mi su- 
posición es exacta, pertenecen los carolanos á la raza ma- 
laya, é idéntica subdivisión á la cual corresponden los 
infieles sanguinarios del interior de Luzón N. y de Min- 
danao. 

Gatalanganes. Tribu de infieles pertenecientes á la raza ma- 
laya de tipo mongol; hablan el mismo idioma que los 
irayas. Habitan las orillas del río Catalangán y las co- 
marcas vecinas (Isabela de Luzón). Son pacíficos. 

Gataoán. Nombre del dialecto que hablan los igorrotes de 
la cuenca del río Abra. 

Catubangañes. Tribu de infieles hostiles. Viven en los mon- 
tes pertenecientes á la jurisdicción do Guinayangán (Ta- 
yabas). Como faltan noticias detalladas ^ no puede decirse 
si pertenecen á la raza malaya ó son negritos con mezcla 
de sangre malaya. 
Variación del nombre : catabanoanbs. 

Gebuano. Dialecto del Visaya. 

GoTuvos. Así se llaman los indígenas del archipiélago de 
Guyo que no pertenecen á la raza de los agulaiaos. Según 
A. Marche parecen Tagbanuas cristianizados, y hablan el 
mismo idioma. 

GuAMAN (LOS de). Trfbu mauoba que vive entre el río Hijo 
y Garaga. Pero creo más exacto que su nombre es el de 
culámanes. 

Culá&íanes. Así se llaman los manobos de la costa O. del Seno 
de Dávao. 




LAS RAZAS INDÍGENAS DE FILIPINAS. 23 

Dadayag. Raza malaya cuyo nombre recuerda el de los fa- 
mosos Dayaks de Borneo (sin que esto dé motivo para 
fábulas etimológico-etnográficas). Habitan las montañas 
al O. de Cabagán (Cagayán). Son infieles. Faltan noticias 
detalladas. Tienen idioma propio. Variación del nombre: 

DADAYA. 

Dapítan (nación de) t- Nombre que los españoles del si- 
glo XVI dieron á los visayas de la hoy Comandancia de 
Dapítan. (Distrito de Misámis.) 

Dayhagang t- Según el Sr. Mas, el nombre délos mestizos de 
borneyes y negras aetas en los tiempos anteriores á la con- 
quista. Dudo la exactitud de esta noticia y de su ortografía. 

Dülanganes. Habita esta raza el S. del distrito de Dávao. 
Su nombre significa gente de bosque. Son infieles salvajes. 
No sé si pertenecen á la raza malaya ó son malayo-negri- 
tos, pero creo que predomina el tipo malayo. Como tam- 
bién se llaman gulanganes, es de suponer que formen una 
fracción de la poco conocida raza de los mangulangas 6 
manguangas y de los guiangas del S. de Mindanao. Los 
moros les dan la denominación de bangal-hangjiL 

DuMAGAT. Nombre que dan algunos autores extranjeros á los 
negritos que viven en la parte de la contracosta de Luzón 
que se extiende desde la ensenada de Palanán, al N., hasta 
el cabo Engaño. También aplican los mismos igual deno- 
minación á otras razas que pueblan las contracostas de 
Samar, Leyte y Mindanao y hasta de Mindoro. Así me 
parece que dumagat (vocablo tagálog que significa hom- 
hre diestro en la mar) se introdujo en la nomenclatura 
etnográfica por una serie de errores. 

DuRUGükCUN. Así se llaman los manguianos del tipo mongol de 
Pioamalayán (Mindoro), refugiados en las cumbres de los 
montes. También se llaman büctülán. 



^ BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

Etas (v. Negritos). 

Gaddanes. Raza malaya. Habita parte de la Nueva Vizcaya, 
Isabela, Gagayán, y de la comandancia de Saltan. Los de 
Bayombone y Bagabag son cristianos civilizados, los otros 
son ineñles. 
En las antiguas crónicas se llaman yogades. 

Gamunang. Raza malaya que habita las montañas al E. y NE. 
de Tuao (Gagayán) y tiene idioma propio. Son infieles sal- 
vajes. Faltan datos detallados y modernos, los últimos da- 
tan de 1842. 

Guanga (v. Güianga). 

GüíANGAS. Raza malaya que habita al N. y NO. de Dávao. 
Son infieles; apenas se diferencian de los bagobos más que 
en su idioma bastante difícil de entender, por no parecerse 
en nada á las lenguas que hablan los otros infieles de Min- 
danao. Son muy bárbaros. Los variantes guanga y gülanga 
de su nombre, que significa habitante deselva^ hace supo- 
ner que forman una fracción de aquella raza que, bajo los 
diversos nombres de manguangas, mangulangas y delun- 
ganes, se conoce en el S. de Mindanao. 

GuiBiBAJANOs. Así llamarou los historiadores de los siglos pa- 
sados una gente montaraz que habitaba el interior de la 
isla de Joló. Eran muy belicosos. Recibieron este nombre 
por ir al combate acompañados de los sonidos fuertes de 
sus tambores ó guimhas. Existen todavía. El Sr. D. P. A. 
do Pazos, en su muy importante monografía, los cita dos 
veces, y en un periódico de Manila he leído las siguientes 
lineas: «Los guimhajanos ó monteses del valle de Loo, son 
muy odiados del resto de los moros. Se les cree aboríge- 
nes, y lo cierto es que en todos tiempos han tenido en jaque 
á sus convecinos». En la cercanía de Carondón hay Guim- 
hajanos. 



LAS RAZAS INDÍGENAS DE FILIPINAS. íS 



Variantes del nombre: guinbajanos, güimbanos, qüimpa- 

NOS, GUIMBAS. 



GOINBAJANOS (y. GUIMBAJANOS). 

GuiNAANES. Raza malaya; habita la cordillera que separa las 

provincias de Abra é Isabela. Son infieles, muy belicosos 

y sanguinarios, teniendo la costumbre de cortar la cabeza 

á sus enemigos. Su lengua tiene la F. 

Variaciones del nombre: guinanes, ginan, quinaanes, 

QUINANES. 
GULANGA (V. GuIANGa). 
GOLANGANES (v. DULANGANESJ. 

Halato f . Dialecto visaya hablado en el interior (?) de la 
isla de Panay. 

Haraia, haraya f. Lenguaje ó dialecto del visaya hablado en 
Panay, supongo que es idéntico al llamado Halayo. 

HiLiGUAYNA f. Dialecto visaya que se habla en el litoral de 
la isla de Panay. 
Variaciones del nombre: hiligueyna, hiligvoyna. 

Ibalones f. Antiguo nombre de los bicoles (de Albay). 

IbInag. Nombre del idioma de los cagayanes, característico 
por la letra / (F) que falta en la mayoría de los dialectos 
filipinos. 

Ibilaos. Raza malaya (algo mezclada con sangre aeta). Habita 
los montes entre el Caraballo Sur y Caraballo de Baler 
(Nueva Vizcaya, Nueva Écija). Son infieles muy feroces, 
cortan las cabezas de sus enemigos y viven en la mi- 
seria. 



26 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

Idan ó idaan. Según el alemán Dr. Waitz y el inglés Dal- 
rymple, se llaman así las tribus de infieles de diferentes 
idiomas que habitan la parte O. de la isla de Paragua y el 
interior de la isla de Joló. Creo que ambos sabios eran 
víctimas de un error, porque los modernos autores y via- 
jeros no conocen tal raza ni nombre. 

loAYÁN. Dialecto negrito de Cagayán. 

Ifügaos. Raza malaya que habita en las provincias de Nueva 
Vizcaya, Isabela y la nueva comandancia de Quiangán. 
A los ifugaos pertenecen los quianganes, gilipanes, etc. 
La lengua de los ifugaos tiene la letra f (F). Son infieles 
guerreros. 

Ifubíangies. Según el Sr. Díaz Arenas, se denominaba así una 
tribu de «igorrotes» que tuvo sus rancherías en los terri- 
torios que formaban la provincia de Nueva Vizcaya de 1848. 
La letra F de su nombre me induce á suponer que esta 
tribu pertenece á la raza do los ifugaos. 

Igorbotes. Con el nombre ygolot designaban los primeros 
cronistas á los infieles que habitaban las cercanías del 
monte de Santo Tomás, así como los igorrotes del Ben- 
guet moderno. Más tarde se. extendió esa denominación á 
todos los infieles de carácter sanguinario de la cordillera 
central y septentrional de Luzón. En la época moderna se 
aplica erróneamente este nombre para una denominación 
genérica ó colectiva de todos los infieles paganos y salva- 
jes, contribuyendo así á una gran confusión en la nomen- 
clatura etnográfica del país que censuran los extranjeros. 
Así se habla de «igorrotes do Mindanao», «igorrotes de 
Buhi», etc. Aun los extranjeros empiezan á adoptar esa 
mala costumbre de la prensa y literatura peninsular y fili- 
pina. Lo llamo mala costumbre, porque el castellano tiene 
bastante número de vocablos para reemplazar el nombre 
de igorrote con otros que no induzcan á notables errores. 



^ 



LAS RAZAS INDÍGENAS DE FILIPINAS. 27 

Según las indicaciones del Dr. Hans Meyer, pertenece 
el nombre etnográfico igorrote solamente á aquellos infie- 
les valientes que pueblan Benguet y Lepanto. Son de la 
raza malaya. Hablan un idioma que se divide en cuatro 
dialectos. £1 dialecto Inihaloi, que se habla en las ranche- 
rías de la cuenca del río Agno (Benguet); el Cancanai se 
habla en la parte NO. de Benguet; el llamado Catasán, en 
las rancherías de Lepanto, situadas en las llanuras y tierra 
baja del río de Abra, y el último dialecto (Siiflin ??J, que 
hablan los igorrotes del monte Data y sus cercanías. 

Variantes del nombre: ygolot, ygulut. 

Ilamut. El nombre de esta tribu de «igorrotes» ó indios sal- 
vajes se cita siempre junto con los altasanes. Supongo 
que — si existe tal raza — habita la cordillera que sepárala 
Nueva Vizcaya de Benguet. 
Quizás la verdadera y exacta forma de ese nombre es 

ALIMUT (V. a.) 

Ilanos (v. Illanos). 

Ileabanes. Según el Sr. Díaz Arenas, existía una tribu de 
«igorrotes» de este nombre en la provincia de Nueva Viz- 
caya (1848). 

Iloganos. Raza malaya de antigua civilización. Habitan las 
provincias de llocos N. y S., de Unión y varios pueblos, 
barrios y visitas de Abra (están ilocanizando los mayores 
pueblos de esta provincia), Benguet, Pampanga, Gagayán 
(Pueblo Alcalá), Pangasinán, Zambales y Nueva Ecija. 
Gomo son muy activos, emigran muchos, fundando colo- 
nias en provincias lejanas, ejemplo, Dicapulao (ó Dipacu- 
lao), en la contracosta de Luzón (Príncipe) y Lensón, en la 
cercanía de Gamú (Isabela de Luzón), pero si mis informes 
son exactos, ha desaparecido ya la población ilocana de 
Dicapulao, y Lensón fué incendiado en 1883 por los gad- 
danes sublevados. Son cristianos. Es notable su tendencia 



28 BOLETÍN DE hk SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

expansiva, así pueblan hoy mucho mayor territorio que 
en la época de la conquista. 

Ilongotes. Raza malaya de tipo mongol. Habitan las comar- 
cas lindantes con Nueva Vizcaya, Isabela y Príncipe y se 

# 

conocen también en Nueva Ecija. Son infieles, sanguina- 
rios y cortan la cabeza á sus enemigos. 
Variación de nombre: ilungüt, lingotes. 

Ilungüt (v. Ilongotes). 

Illanos. Así se llaman los moros que ocupan el territorio 
Ulano de Mindanao. 
Variante del nombre: LANUN, lañaos, malanaos. 

Inibaloi. Nombre del dialecto igorrote hablado en el valle del 
río Agno. 

Irapis. Según el Sr. Mas, es una subdivisión de los llamados 
«igorrotes». 

Ihayas. Raza malaya mezclada con negritos. Habita el S. de 
los catalanganes en el lado occidental de la cordillera de 
Palanán. Hablan el mismo idioma que los catalanganes. 
Son infieles. 

Algunos autores les aplican la denominación general ó 
colectiva de calingas (v. c.) á los irayas. 

IsiNATs. Así se llamaron en el siglo xviii los infieles de la 
llamada Provincia de Ituy (donde se han fundado los pue- 
blos Aritao, Dupax, Banibang y Bayombong de la moderna 
Nueva Vizcaya. Ignoro si los isinays formaban una nación 
propia ó pertenecían á otras tribus (gaddanes, italones, 
if ugaos] . 
Variante del nombre: isanay, isinayas. 

Italones. Raza malaya que habita las montañas de Nueva 



LAS RAZAS INDÍGENAS DE FILIPINAS. 29 

Yizcaya y Príncipe. Son ínfleles pero hay muchos vedu- 
cidos y cristianizados; es de suponer que, no solo con gad- 
danes, sino también con italones reducidos, se formaban 
los pueblos Aritao y Dupax, aunque ahora parece invero- 
símil. Los infieles son salvajes feroces. 

* 
Ita (v. Negritos). 

Itaas (v. Atas). 

ItANEGA, ITAUEG, ITAVEG f (V. TlNGUIANES). 

Ita VÉS. Así se llama el idioma de los calaluas, pero según al- 
gunos autores, el idioma itavés es un idioma hablado por 
una tribu distinta de ínfleles. Ignoro sí es cierto. 
Variaciones del nombre: ítaüés, itanés. 

Itetapanes. Raza malaya que habita las montañas de O. de 
Isabela de Luzón y quizás parte de Bontok. Son ínfleles. 
Según los PP. Buzela y Bravo, tienen bastante dosis de 
sangre negrita en sus venas. 
Variante del nombre: itetapaanes. 

Ituis. Según el Sr. Más, forman una subdivisión de lo? 
«igorrotes.» No conozco más que esta noticia. Quizás son 
idénticos á los infieles para cuya reducción se formaba la 
misión ó provincia de Ituy que comprendió la jurisdic- 
ción de los pueblos Aribao, Dupax, Banibang y Bayom- 
bong (Nueva Vizcaya). 

Ibanhá. Variante del nombre ibanag (Cl. Montero y tíay). 

Jacanes ó yacanes. • Meros de Basílan (v. yacanes). 

JoLOANO. Idioma de los moros de Joló. Según el señor doc- 
tor Montano lo hablan todos los moros filipinos. Creo 
que hay dialectos, porque encuentro variantes ó diferen- 



ao BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

cias entre las frases y vocabularios del joloano publi- 
cados por el Sr. Montano, y entre el catecismo publicado 
eu moro de maguindanao por los PP. jesuítas y al ñn 
entre la fábula publicada en joloano de Balanguingui. 

JüMANGi. Raza de infieles del centro de *Luzón , citado por 
el P. Mozo. 

Lactán. Las tribus manguianas de las llanuras de Mangarin 
(Mindoro). 

Lañaos (v. illanos y malanaos). 

Lanun (v. illanos). 

Laút (v. sámales-laút). 

Lingotes f (v. ilongotes). 

LoACS. El P. Quirico Moré S. J. escribe en su carta fechada 
en Dávao, 1.' de Noviembre de 1884... «los loacs, raza 
que habita en lo más recóndito de los montes de Sigáboy 
(en la península que termina con el cabo de San Agustín, 
distrito de Dávao) y aparece rodeada de mucho misterio, 
de la cual se cuentan cosas muy singulares, cuales sou 
que huyen de los que van vestidos de blanco, que no reci- 
ben en el interior de sus casas á ningún individuo de otra 
raza, etc. Creo que dicha raza cuenta con poca gente.» 

El P. Pablo Partells (Manila 20 Abril de 1887) dice: 
«Los loac son tagacaolos cimarrones más degradados to- 
davía que los mamánuas que viven en los altos del Ha- 
guimitán. 

LuTANGAS. Moros que viven en la Silanga de la Olutanga 
(Mindanao O.). Son mestizos de moros y gubanos. 



LAS RAZAS INDÍGENAS DE FILIPINAS. 31 

Lutaos, lutatos. Así se denominaron los moros del distrito 
de Zamboanga y muchas veces también los del territorio 
Ulano. Parece que el nombre puede derivarse del vocablo 
malayo: Orang-Laut. 

Maguindánaos. Así se llaman los moros de Gotlabato y de la 
cuenca del río Pulanguí. A esta raza pertenecen, según el 
P. Quirico Moré S. J., también los moros de las islas de 
Sarangani y algunos del seno de Dávao. 

Malanaos. Nombre de los moros iilanosy cuyas rancherías 
están situadas á las orillas de la laguna de Danao ó 
Malanao. 

Malangos. Raza de Mindanao que debe su existencia imagi- 
naria á un error de imprenta en vez de malanaos. 

Malaubg. Según el autor anónimo de los Apuntes intere- 
santes sobre las islas Filipinas (Madrid 1870) y él Excelen- 
tísimo Sr. D. V. Barrantes (La instrucción primaria en 
Filipinas, Madrid y Manila 1869) se llama así: el lenguaje 
vulgar del pueblo de Malaueg, provincia de Cagayán y el 
que se habla eti las islas Babuyanes. Otros autores deno- 
minan así el idioma délos nabayuganes ó el de los calañas. 
Con esas contradictorias noticias no es posible aclarar lo 
que deba entenderse por idioma de Malaueg ó á qué raza 
pertenecen los que lo hablan. Algunos suponen que con 
el nombre de idioma malaueg so entiende una lengua 
franca compuesta de varios dialectos vecinos. 
Variaciones del nombre: malaueg, malaneg. 

Mamánuas. Iníieles que habitan la península de Surigao 
(menos las costas) y las orillas de la laguna de Mainit 
(Mindanao). El P. misionero jesuíta Jaime Planas, que 
vivió entre ellos, los llama verdaderos negritos abori' 
genes de Mindanao, lo que está conforme con las noticias 
que debemos al P. Juan Bautista Heras S. J. y al viajero 
francés Dr. Montano. 



» BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

Manalaos. Les manalaos del Sr. Moya son los malanaos, 

Mananapbs. Nombre de una tribu de infieles del interior de 
Mindanao, supongo. que es una tribu de monteses. 

Su nombre significa lo mismo que brutos» Los moder- 
nos autores no hacen mención de esa tribu. 

Mandaya. a). Según algunos autores se denomina así el 
idioma de los apa vos de Luzón Norte, 

Mandayas. h). Raza malaya muy belicosa y sanguinaria. So 
extiende desde el seno de Dávao hasta el N. del seno 
de Liangán (Mindanao E.) Los PP. jesuítas están redu- 
ciéndolos. 

Su nombre man-daya significa gente de Haya. 

Manga YAOs. Los mangayaos no forman una raza, sino que 
así se llaman los lanceros de los manobos. 

Manguangas. Con este nombro se designan por el P. Pablo 
Partells S. J. infieles habitantes en la cercanía de Catecl 
(Mindanao E.) El P. Saturnino lirios S. .1. cira mangu- 
langas ü hombres de selva como indígenas de h\ comarca 
de la reducción del Pilar ó del territorio donde corren los 
ríos Mánat y Batutu. En otra carta identifica el P. Partells 
los manguangas y mangulangas (man-gulanganes, gente 
de bosque) y dice que viven en la parte alta del rio Salug. 
Con todo eso me parece que el nombre manguangas ó es 
un nombre colectivo ó genérico ó que estos, junto con los 
dulanganes y quiangas, forman ramificaciones de una 
misma raza. 

Manguianes. Así se llaman los infieles de las islas de Mindoro, 
Romblón y Tablas. Parece que Manguian es un nombro 
colectivo ó general con que se denominan allá los infieles 
sin mirar á la diversidad de sangro ó idioma, porquo 
según lo que dice el ilustradísimo Sr. D. Ramón JordanA, 



. LAS RAZAS INDÍGENAS DE FILIPINAS. «I 

hay solo cuatro distintas castas entre los manguianes de 
Mindoro, una de ellas — bukil— es una raza mestiza resul- 
tantes de mezcla de negritos y malayos; los del S. de Pi- 
namalayán parecen mestizos chinos por su tipo mongol, 
los otros parecen malayos. Son todos de carácter pacífico. 
Los manguianes de Mindoro se dividen en varias tribus^ 
pero existe bastante vaguedad respecto á sus denomina- 
clones, á saber: manguianes (así se denominan entre 
Socol (1) y Bulalacao los infieles que pueblan las orillas 
de los ríos), bangot, buquil, tadianAn, durügmun, beribí, 
buctulAn, tirón, lactán. 

Mangulangas (v. manguangas). 

Manobos. Raza malaya. Habita la cuenca del río de Agiisan 
(Mindanao) desde Moncayo hasta Butüan. Además hay 
poblaciones de manobos en la península que comienza 
desde el istmo de Balete y termina con la punta ó cabo 
de San Agustín y en la llamada Costa de Culamán 6 sea 
la costa occidental de Dávao (entre el seno de Gasilarán y 
el río Butulán). También se hallan en la parte O. del dis- 
trito de Dávao. Pero no existen en el distrito de Cottabato. 
Hay también algunas familias de manobos en la isla de 
Tumánao ó Sarangani del Este. 

Su verdadero nombre es manuha 6 mejor man-súbá lo 
que quiere decir: habitante de rio. 

Los incansables PP. misioneros de la Compañía de 
Jesús han convertido al cristianismo la mayor parte de 
esa tribu guerrera y temible. 

He de añadir que se abusa mucho del nombre de ma- 
noho, denominando así también á los otros infieles idóla- 
tras de Mindanao. 

Manuba, mansuba (v. manobos). 

(1) En Mangarfn solo los manguianes de las laderas de las montañas se deno- * 
minan aei, mientras los de las orillas se llaman buquil. 

3 



31 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÍFIGA. 

Mahdigas f. Así se llamaron los guerreros mercenarios in- 
dígenas de Célebes (Mangkasar ó Macasar) y Molucas, em- 
pleados en las guerras de los españoles contra holandeses 
y moros durante el siglo xvii, (Fray Juan de la Concep- 
ción). Según el interesantísimo trabajo del distinguido 
lingüista T. H. Pardo de Tavera (el sánscrito en la lengua 
tagalog), parece que ese vocablo significa libre. 

Marítimos. Por este nombre se conocen remontados alzados 
de Camarines Norte, refugiados en las islas é islotes 

del N. y E. 

Mayotaos. Raza malaya. Habita las partes SO. de Isabela 
de Luzón y NO. de Nueva Vizcaya. Son infieles belicosos 
y sanguinarios. 

Parecen que pertenecen con los quianganes, pungianes, 
silipanes y bungananes á la raza de los ifugaos. 

Variante del nombre, mayayaos. 

mlndanaos (v. maguindanaos). 

Monteses (v. buquionones). 

Moros. Los españoles suelen denominar así á los malayos 
mahometanos de Mindanao, Joló, Paragua, Balábac y 
Borneo. Los centros de la población mora de Filipinas son 
el archipiélago de Joló, el territorio illano y la parte baja 
del Río Grande de Mindanao. En los otros puntos pueblan 
solamente las costas, y tampoco estas en ellas de continuo 
(Misámis y Dávao). 

Mundos. Bajo esa denominación se entienden diversas tribus 
de infieles que habitan los montes de Panay y Cebú. Se- 
gún los PP. Buzeta y Bravo, son los mundos visayas re- 
montados que han llegado á formar un verdadero pueblo 
salvaje. Con esa noticia está conforme lo que habla de los 
mundos el P. Mozo. El viajero austríaco, barón de Hügel, 




LAS RAZAS INDÍGENAS DE FILIPINAS. 35 

asegura que en sus costumbres se asemejan á los igorro- 
tes de Benguet, lo que no corresponde con las noticias de 
los autores españoles que me parecen más exactas. Qui- 
zás es mundo también un nombre genérico ó colectivo. 

!Nabayoganbs. Raza malaya. que tiene su propio idioma y 
habita la comarca al O. de Malaueg (provincia de Ga- 
gayán). Faltan noticias detalladas. Quizás pertenecen á la 
raza de los guinaanes. 
Son infieles salvajes. 

Negritos. Denominación española (adoptada también por los 
etnógrafos extranjeros) de los aborígenes de Filipinas, 
pertenecientes á la raza negra oceánica. Viven en la mi- 
seria enclavados entre las razas de origen malayo en las 
islas Luzón, Mindoro (?), Tablas, Panay, tíusuanga (*^), 
Culión (?), Paragua, Negros, Cebú y Mindanao. 

Sus nombres indígenas son aetas, etas, itas, até y en 
Mindanao NE. también mamánuas. Además reciben ellos 
ó sus mestizos el nombro de balugas. El idioma de los ne- 
gritos de Gagayán se llama atta. 

Variante del nombre: negros del país, negrillos f . 

Palauanes. Algunos autores llaman así á los Tagbaniias. 

Pampangos. Raza malaya de antigua civilización. Habita la 
provincia de Pampanga y Porac, y varios barrios y visi- 
tas de Nueva Ecija, Bataán y Zambales. 

Son cristianos. 

En los siglos XVI y xvii se llamaron los soldados indí- 
genas de Luzón pampangos, porque formaban la mayoría 
de ellos. 

# 

* 

Panayano. Dialecto del visaya. 

Pangasinanes. Raza malaya de antigua civilización. Habita 
la mayor parte de Pangasinán y varios pueblos ó barrios ó 



96 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

rancherías d,e Zambales, Nueva Écija, Benguet, y Porac (?) . 
Son cristianos. 

Panguianes (v. püngianes). 

Panuipüyes. Tribu de indios salvajes («igorrotes»). Sus ran- 
cherías deben existir en ]a parte occidental de Nueva Viz- 
caya ó Isabela de Luzón. Solamente Más y Buzeta-Bravo 
citan su nombre. 
Variación del nombre: panipuyes. 

PiDATANOs. En las Hagas del pueblo moro de Libungán (delta 
del río grande de Mindanao) vive una tribu de salvajes 

de aquel nombre. No se conoce más. 

Pintados f . Nombre que recibieron los visayas por los es- 
pañoles por su costumbre de pintarse el cuerpo. Siglos 
ivi y ivii. 

PüNGiANES. Tribu de mayoyaos. 

QuiANGANES. lufioles sanguluaríos pertenecientes á una rama 
de la raza malaya, que comprende los ifugaos, mayoyaos^ 
íilipaneSy etc. 
Habitan la comandancia de Quiangán. 

QUIMPANOS (V. GUIMBAJANOS). 
QUINANES (V. GUINAANES). 

Sámales. 1. Raza malaya que habita la isla Samal del seno 
de Dávao. Según el P. Gisbert S. J. proceden de moros, 
pero ahora, ó son infieles ó ya cristianizados. 

Sámales. 2. Moros que habitan las islas situadas entre el S. 
de Basilán y el E. de Joló. 



LAS RAZAS indígenas DE FILIPINAS. 87 

Samales-laút. Así se denominaíi los moros de la costa de ]a 
isla de Basílan. (P. Pablo Cavallería S. J.) 

Sameacas. Según algunos autores se llaman asilos indígenas 
que pueblan el interior de la isla de Basílan. Se cree que 
son los aborígenes de la isla. No sé si existen aún ó si son 
idénticos con los moros yacanes. Según el Sr. D. Claudio 
Montero y Gay, son infieles. 

Sangüiles. 1.) Hasta época reciente se entendían bajo esta 
denominación, los infieles que habitan la península que 
separa la bahía de Saranganí del seno de Dávao. Los 
PP. Jesuítas no encontraron allá ninguna raza infiel así 
llamada, tal vez Sanguil era un nombre colectivo dado á 
los bilanes, dulanganes y manobos que viven en aquella 
península. El nombre puede derivarse del volcán Sanguil 
ó Sarangani. 

2.) Moros sangüiles se llaman los moros cuyas ran- 
cherías están situadas desde el puerto de Graán hasta la 
punta Panguitau ó Tinaka (Mindanao S.). 

SiLiPANEs. Infieles sanguinarios de una rama de la raza ma- 
laya, á laque pertenecen también los ifugaos, mayoyaos, 
quianganes, etc. 

Su nombre se deriva de la ranchería Silipán (hasta 1889 
pertenecía á Nueva Vizcaya). 

SoLOG. Nombre holandés de Joló y joloanos. 

SoüLOüAN. Nombre francés de los joloanos. 

Súbanos (ó mejor sübánon, «gente de río»). Raza malaya, 
ocupan casi toda la península de Sibuguey (Mindanao O.). 
Son infieles. 

SüfLíN. Según los Sres. Barrantes y el autor anónimo délos 
Apuntes interesantes etc., es su/lín un dialecto igorrote 



3B BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

que se habla en quince rancherías de tribus salváticas del 
Caraballo (ó de Boutok). No se sabe mds. La suposición 
de que el dialecto hablado por los igorrotes que habitan 
desde la ranchería Loo hasta el monte Data, deriva del igo- 
rrote svflín no corresponde con la situación geográfica de 
las indicaciones de Barrantes, además no sé si el alfabeto 
de dicha subdivisión de igorrotes también tiene la letra F, 
que hay en el nombre suflin. Según el primer fílipinólogo, 
Dr. Feodor Jagor, así se llama un dialecto hablado en 
Bontok, 

SúLUs, suluAnbr. Nombre alemán de los joloanos* 

Tabanuas (v. tagbanuas). 

Tadianán. Denominación de los manguianes de tipo mongo- 
loide que se albergan en las faldas de los montes de Pina- 
malayán (Mindoro). 

Tagabaloyes. En el mapa del P. Murillo, se ve una inscrip- 
ción según la cual, los tagabaloyes ocupan el territorio 
al O. de Garaga y Bislig. También hay autores ingleses 
- que tratan de esta tribu y el alemán Waitz habla del color 
muy claro de su piel. El Sr. Más los llama «igorrotes» y 
hay autores que aseguran que los tagabaloyes son mes- 
tizos de indios y japoneses. Todo esto es un mito ó le- 
yenda fabulosa, porque no hay tarraza, siendo tagabalo- 
yes la antigua denominación de los mandayas ó de los ta- 
gabelíes. 
Variantes del nombre: tagbalvoys, tagabalooyes, ta- 

G0BAL00Y8, etC. 

Tagabawas. Según el viajero francés, Dr. J. Montano, se 
llama así una raza, procedente de la mezcla de bagobos, 
manobos y tagacaolos. Las tribus de esta poco uumerosa 
y muy degradada raza, están esparcidas por ambos la^jios 
del seno de Dávao, especialmente en las cercanías del río 



LAS RAZAS INDÍGENAS DE FIUPINAS. 3» 

Hijo. Quizás los tagabawas de Montano son idénticos con 
los citados tagabaloyes ó tagbalvoys. 

Tagabelíes. Raza malaya quo ocupa el territorio entre la- 
laguna de Bullían y la bahía de Sarangani. Son in&eles 
muy belicosos, pero no ofensivos. Como se llaman tam- 
bién taga-bulüj supongo que puede derivarse su nombre 
de la laguna de Bulii-an, lo mismo como el de los bulua- 
nes ó bilanes. 

Tagabotss. Se cita una raza de este nombre y habitante de 
Mindanao en el nüm. 17 de la Ilustración filipina (tS60). 

Tagabulo (v. tagabelíes). 

Tagabuli. Variante del nombre de lo^ tagabelíes. 

Tagacaolos. Raza malaya. Sus rancherías están esparcidas 
por ambos lados del seno de Dávao. Son infieles muy 
valientes. Una tribu de tagacaolos degenerados que vive 
en los altos del monte Haguimítan, se llama Loac. 

Su nombre taga-ca-olo quiere decir habitante de la 
cabeza ú origen de los rios, 

Tagalaogos. Variante del nombre de los tagacaolos. 

Tagáloo 6 TAGALOS. Raza malaya de antigua civilización. 
Habita las provincias ó distritos de Manila, Cavite, Ba- 
taán, Bulacán, Batangas, Infanta, Laguna, Mindoro, Ta- 
yabas, Zambales, Nueva Ecija, Isabela y Príncipe. 

Son cristianos así como los visayas, é ilocanos los más 
importantes representantes de la raza malaya de Filipinas, 
tanto por su número cuanto por su inteligencia, civiliza- 
ción é ilustración elevadas. 

Tagbalvoys (v. tagabaloyes). 



40 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

Tagbanuas. Raza malaya mezclada coa sangre negrita, do- 
mina el tipo malayo según el sabio francés A. Marche. 
Son idólatras y parecen haber estado en mayor altura de 
civilización que hoy por tener un alfabeto propio ó una 
escritura parecida á la de los antiguos tagalos, visayas, 
pampangos, ilocanos, etc. Su actual decadencia se explica 
por los continuos ataques de los moros piratas de Joló y 
Borneo. Según el excelente lingüista francés, A. Pinart 
el idioma tagbanua tiene mucho parecido con el visaya. 
Habitan la isla de Palauán ó Paragua, y las islas Gala- 
miaues. 
Variante del nombre: tabanua. 

Tagobalooys (y. tagabaloyes). 

Talaos. No son de raza filipina, sino indígenas del archipié- 
lago Talaut (pertedeciente á las colonias holandesas) que 
van todos los años á las islas de Sarangani y á la llamada 
costa de Culimán del seno de Dávao á proveerse de 
víveres. 

Tanoolanos. Así se denominan las tribus salvajes de la 
parte O. de la isla de Paragua (entre la punta Diente y la 
punta Tuluaran). Parece que pertenecen á la raza malaya. 

Teduray (v. tiruray). Los tirurayes llaman teduray su 
idioma. 

Teguraybs. Forma adulterada del nombre de los tirurayes? 

TiNGUiANEs. Infieles pacíficos pertenecientes á la raza malaya. 
Habitan la provincia del Abra y las vecinas partes de 
llocos Norte y Sur. Además hay rancherías de tinguia- 
nes en la Unión. Los tinguianes cristianos parecen iloca- 
nizarse. 
Variaciones del nombre: itanega f , itaueg f, itaveg f, 

TINGUES f . 



LAS RAZAS I^TDÍGENAS DE FILIPINAS. 41 

LlNGUES (V. TINGUIANES). 

TiNiTiANOs. Raza de infieles; vive al N. de la ensenada de Ba- 
buyán (isla de Paragua). Parece que pertenecen á la raza 
malaya y son quizás una subdivisión de los tagbanuas. 
Variante del nombre: tinianos. 

TiNivATANBs. Moros (?) Ó íuñeles (?) de la cuenca del Río 
Grande de Mindanao. Parece que son idénticos con los 
tirurayes. 

Tino. El idioma de los zambales. 

Tirón. Nombre de los manguianes de Mindoro que se hallan 
refugiados en las cumbres de los montes de Nauján. 

Tirones *}*. Así se llamaron los moros piratas de la comarca 
de Borneo llamada Tirón, Tedon ó Tidong y de las islas 
adyacentes. 

Tirurayes. Raza malaya pacífica que vive en las vertientes 
de la izquierda del bajo Pulangui (distrito d^ CottabatQ). 
Son infieles. Los de Tamontaca están cristianizados por 
los PP. jesuítas. 
Variantes del nombre: teduray, tírulay. 

VlCOL (v. bicol). 

Visayas (v. bisayas.) 

Ygolot (v. igorrotr). 

Yacanes. Según el P. Pablo Cavallería, se denominaron así 
los moros del interior de la isla de Basilán. Véanse los 
artículos: Sameacas y Sámales-Laút. 

Yogades (v. gaddanes). 



42 BOI^ETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

YUMANGUIS (V. JUMANGUIS). 

ViLANES (V. BILANES). 

Zaubales. Raza malaya civilizada y cristiana. Habita la pro- 
vincia de su nombre. Su idioma so llama tino. Supongo 
que aquellos infieles que bajo el nombre «igorrotcs de 
Zanibales» ó «cimarrones de Zambales» pueblan la cordi- 
llera de Zambales con las tribus de negritos, pertenecen 
á la misma raza zambales, siendo descendientes de re- 
montados. 



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J 



—i 



Isabela , 




B Reuu^éltA.aT 



•r 



LA CUESTIÓN ANGLO-PORTÜGÜESA. 



En Mayo de 1889 publicaba el Boletín de nuestra Sociedad 
los siguientes párrafos: aHan acometido al África los ingleses 
por el S., y van avanzando hacia el N. como Dios les da á en- 
tender; les molesta encontrar obstáculos en su camino, y se 
enfadan con la república sur-africana; no pueden anexio- 
narla; la rebasan por el Occidente y tratan de rebasarla por 
Levante; comprenden que han de hallar una barrera en la faja 
de territorio que de una á otra costa enlaza las posesiones de 
Portugal, y entonces, mal humorados, no le reconocen á esta 
nación aquel derecho de soberanía, y ponen todo su ahinco 
en dividir en dos trozos las posesiones. portuguesas; luego ase- 
guran que el reino negro de Matabele al S. del Zambeze se 
halla dentro de la influencia inglesa, y por último, se revuel- 
ven airados al ver que los portugueses, en uso de su perfeclí- 
simo derecho, extienden su acción civilizadora hasta el lago 
Nasa, que está de una manera incontestable dentro de sus do- 
minios, sin poner más pretexto que la existencia de una mi- 
sión inglesa en las orillas de aquel lago; es decir, que si se les 
ocurriera enviar sus pastores evangélicos al punto de España 
que más apetecible les pareciese (como ya han comenzado á 
hacerlo), por tan extraña doctrina tendríamos que resignar- 
nos á ver la bandera del yack en otro pedazo de nuestro terri- 
torio. 

«Mucho es de esperar en la energía de los portugueses, como 
lo prueba la que han desplegado para sofocar la rebelión de 
fienga y la de los Makangas en el interior de Mozambique, á 



41 BOLETÍN DE LA. SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

orillas del Zambeze, y en la expedición que, á las órdenes del 
ilustre Serpa Pinto, está hoy hacia el lago Nasa para socorrer 
al oficial de marina Antonio María Cardozo. 

»La misión de este, que salió de Lisboa en Julio del año 
pasado, era fundar estaciones de protección y vigilancia para 
impedir la esclavitud en la región del Nasa, sin expulsar á los 
misioneros ingleses de Blantyre ni estorbar el comercio de los 
subditos británicos. Cardozo encontró serias dificultades á cau- 
sa de la guerra que sostenían varias tribus entre sí; afortuna- 
damente las ha vencido, y ha vuelto salvo á la costa, dejando 
en el Nasa á nueve jefes indígenas sometidos á Portugal.» 

£sto decíamos en Mayo del año pasado, y en estas profóti- 
cas apreciaciones se encuentra la clave del incidente anglo- 
portugués. 

Punto por punto se han cumplido, como lo prueba la pro- 
testa justísima y mesurada que acaba de publicar la ilustre 
Sociedad de Geografía de Lisboa, inserta á continuación y á la 
cual se adhiere nuestra Sociedad. Aquellas apreciaciones son 
la historia exacta del conflicto reciente. Nunca se ha llevado 
á la práctica con más rigor la fábula del cordero y ci lobo; 
este provocando, aquel con toda paciencia prestándose á dis- 
cutir su indiscutible derecho, y el lobo, queriendo fundar el 
suyo en aquella misma longanimidad, no aguarda á más 
razones y se lanza sobre su presa, alentado por la impunidad 
de otras agresiones; respondan Alejandría y Venezuela; res- 
ponda España misma con el callado avance de las garitas in- 
glesas en el campo de Gibraltar hacia la línea española. Está 
Inglaterra acostumbrada á tomar lo que le parece, y fundar 
luego su derecho en la posesión tomada, poniéndose muy 
incomodada si se le niega el fundamento, y en último caso, 
recordando sus buques y sus cañones. 

El Times lo dice: aNo considera imposible que Inglaterra se 
vea obligada á tomar medidas para hacer abandonar los terri- 
torios del interior del África ocupados por los portugueses» 
(este es el blanco adonde se apunta). «Prevé que las colonias 
británicas se desarrollarán obedeciendo á la expansión natural 
de la raza anglosajona^ y que no soportarán mucho tiempo 




LA CUESTIÓN ANGLO-PORTUGUESA. 45 

verse cohibidas por los portugueses en litoral africano y en la 
desembocadura de los ríos.» 

¡Dichosa expansión de la raza anglo-sajona! Esa es la mejor 
voz de alarma para todas las naciones, y muy especialmente 
para las latinas, las más amenazadas por aquella raza que se 
cree superior. Y no es paradoja: Inglaterra hoy, en su ince- 
sante acción por extender su dominio sobre todo el globo, po- 
see 24 millones de km.*, casi dos veces y media de superficie 
de Europa, y cuenta 315 millones de subditos (1); posesionada 
de los puntos más estratégicos del planeta; apoderada del '80 
por 100 del comercio universal, matando todos los de las otras 
naciones con astuta perseverancia; y con su predominio sobre 
los océanos, verdaderas vías de comunicación del mundo, ame- 
naza matar por hambre á las demás razas civilizadas y conver- 
tirse en señora universal. 

Cuenta hábilmente con la poca unión de sus adversarios, 
con sus ilusiones y su apatía; es posible que logre su intento, 
continuando su tradicional política exterior hacia una mira 
que nunca ha perdido de vista. Solo la Providencia, ya que los 
hombres se descuidan, pondrá el veto universal de la muerte 
á ese poderío, porque todo lo que nace, muere; único y triste 
consuelo que por espacio de algunos siglos tendrán los hom- 
bres no ingleses, cuando se vean sujetos irremediable y des- 
póticamente al yugo anglo-sajón. ¡Alerta, pues, naciones lati- 
nas! La raza anglo-sajona os amenaza tanto en Europa como en 
América; en uno y en otro continente van descubriendo su 
pensamiento, con tanto menos disimulo, cuanta mayor es su 
fuerza. Dentro de poco dirán, parodiando la doctrina de Monroe: 
«El mundo es y debe ser para los ingleses.» 



(1) Inglaterra tiene en Europa.... 


326.000 km.« 


y 


37.400.0G0 


habitantes. 


» » en Asia 


4.&18.(K)0 


)i> 




261.000.000 


V 


» '» en África 


2.437.20D 


» 




3.245.000 


» 


» » en América... 


8.701.030 


» 




6.297 000 


» 


» » en Oceanía . . . 


8.067.000 


» 




4.139.000 


» 




24.879.000 


315.081.000 


10 



46 BOLETÍN DE LA. SOCIEDAD GEOaRÁFIGA. 



Protesta de la Sociedad de Geografía de Lisboa , dirigida 
á todas las academias, sociedades, institutos y diarios 
con quienes se halla en correspondencia. 

Pocos días há que la Sociedad de Geografía de Lisboa, tuvo 
la honra de comunicar á las sociedades congéneres la expresión 
sincera de su juicio acerca del conflicto diplomático surgido 
entre Portugal é Inglaterra. 

Por deber y en consideración á la generosa solidaridad que 
á ellas nos une en las mismas aspiraciones y en idénticas 
miras humanitarias y civilizadoras, depongamos ante esas 
ilustres hermanas nuestras en la ciencia, como nosotros, empe- 
ñadas en la santa causa de la paz, de la civilización y de la 
exploración científica del África, nuestra esperanza y nuestro 
leal deseo de que no vuelva á verse perturbada esa causa por 
pretensiones y codicias, tan ofensivas para la acción y para la 
soberanía legítima de nuestro país, como evidentemente con- 
trarias á la verdad, á la razón y al derecho. 

Y nuestra manifestación era tan oportuna como ciertas eran 
tales pretensiones, que, haciendo traición á la justicia de los 
pueblos, procuran há mucho tiempo y tenazmente falsear la 
Geografía y la Historia; que para favorecer y disfrazar las 
pasiones y avaros intereses de aventura y de secta, han orga- 
nizado una conspiración de capciosa propaganda y de influen- 
cias brutalmente egoístas, con objeto de engañar á la opinión 
y de incitar á los Gobiernos contra el honrado pueblo que fué 
el primero en abrir el Continente Negro á la civilización y á 
la ciencia. 

Perseguida y extinta la esclavitud en las costas portuguesas 
del África occidental, los intereses que la infame trata alimen- 
taba, procuraron persistir y lo consiguieron por largo tiempo, 
bajo la protección de la política inglesa, hasta que nuestra 
acción civilizadora y nuestro derecho soberano les arrancó el 
último reducto, ocupando regular y definitivamente nuestros 
territorios del bajo Congo. 



LA CUESTIÓN ANGLO- PORTUGUESA. 47 

Pretísamente un apresamiento hecho por la autoridad por- 
tuguesa de un barco negrero en la boca del río, motivó la for- 
mal oposición á que entonces ocupáramos aquel terreno, por 
parte del Gobierno inglés, ya indignamente engañado. 

De igual manera se agitan hoy ferozmente los intereses de 
la licenciosa y opresiva explotación de los indígenas, las pre- 
tensiones de especulación y monopolio mercantil, el fanático 
espíritu de secta y las absorbentes ambiciones y envidias de 
predominio y di) expansión política, contra el leal y persistente 
empeño de Portugal en organizar y afirmar el orden, la segu- 
ridad y la transformación pacífica y civilizadora en nuestros 
dominios más remotos del África oriental, en el Zambeze, el 
Nasa y el Mashona. 

Algunos mercaderes y misioneros ingleses, establecidos bajo 
nuestra prolección y nuestro favor en algunos pantos insigni- 
ficantes y esparcidos de aquellos territorios, donde no han lle- 
vado ninguna acción benéfica, ensayaron convertir el hecho 
de tan precario y particular establecimiento en extensivo dere- 
cho de protectorado y dominio, en pro de la nación de quien se 
dicen subditos, para sustraerse á la culta policía de la sobera- 
nía que les dio hospedaje, que tan generosamente los ha pro- 
tegido y que es la única que puede ejercerse y se ha ejercido 
efectiva y pacíficamente en aquellas regiones. 

La diplomacia británica acabó por adoptar tan abusivas pre- 
tensiones, procurando primero obtener nuestra anuencia y 
voluntaria cesión, á cambio de retirar sus formales pretensio- 
nes contra la posesión y ocupación portuguesa del Zaire, lo 
que equivale á reconocer nuestro derecho á lo que nos pedía, 
derecho que ahora nos disputa. Desbaratada la idea por la 
oposición de Europa en lo tocante al Congo, á los pocos años 
de la conferencia de Berlín, nos reclama Inglaterra, no ya la 
renovación de aquellas negociaciones, sino la pretensión for- 
mal de un derecho sobre un territorio, cuya cesión nos había 
pedido y procurado obtener por medio de largas compensa- 
ciones. 

Después del fracaso de aquel tratado, por el cual esperaba 
la diplomacia inglesa arraigarse en las orillas del Nasa, vinie- 



48 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

ron otros sucesos á exacerbar y recrudecer las pretensiones y 
la codicia británica, como fueron: 

1.* La incómoda concurrencia de otras potencias que por 
el Norte, por el lado de Zanzíbar y en el mar Rojo tuvo que 
aceptar Inglaterra. 

2.* El saber que nuestros territorios entre el Zambeze y el 
Limpopo, y particularmente Mashona, son de los más ricos en 
oro de toda el África austral. 

3.* Nuestro decisivo esfuerzo por asegurar el desarrollo 
económico y político de nuestra colonia de Lorenzo Márquez, 
que tanto recelan las colonias inglesas del Sur, y que contraría 
á la obsesión británica por la absorción de los estados inde- 
pendientes del África austral. 

4.* y último, el vigoroso impulso que procurábamos impri- 
mir al desarrollo de los pueblos y territorios de nuestro vasto 
dominio africano. 

Llegó á la mayor intensidad esa exacerbación de codicia, 
cuando nuestras expediciones científicas, mandadas por distin- 
guidos oficiales é ingenieros y muy bien acogidas por los indí- 
genas, estudiaban aquellos territorios y procuraban asegurar- 
los, en provecho del comercio lícito y de la colonización euro- 
pea, por medio del camino de hierro, del telégrafo y de una 
policía civilizadora y cristiana.| 

Entonces estalló el mercantilismo del monopolio, el fanatis- 
mo de secta y el insolente orgullo del predominio político, esa 
triste y opresora trinidad que pretende dominar el interior del 
África con el látigo de siete puntas, de que no há mucho se 
habló en el Parlamento inglés á propósito de las misiones del 
Nasa, ó con las cadenas y cohetes de guerra que recientemente 
quisieron introducir por nuestras aduanas de Inhambane y de 
Quilimane, los pseudo- filántropos, ó con las armas de precisión 
entregadas al bárbaro Lubengula para esclavizar los pueblos 
del Mashona y robarles las minas do oro con que había de 
pagar á los ingleses aquellas armas. 

Al mismo tiempo que algunos aventureros y agentes britá- 
nicos azuzaban á un reyezuelo embrutecido y usurpador con- 
tra nuestras expediciones científicas, la política inglesa, la po- 



LA CUESTIÓN ANGLO -PORTUGUESA. 49 

lítica de una noble nación europea nos intimaba con imperio 
aquellas pretensiones y codicias, como un derecho que no te- 
nía fundamento alguno. 

Esta es, á grandes ragos, la verdad de la situación, eviden- 
ciada amplia é irrecusablemente, con los fidedignos documen- 
tos que hemos exhibido y continuaremos dando al criterio 
imparcial del mundo y de la historia. 

Con toda sinceridad, y en justa deferencia para con una na- 
ción culta y amiga, en el constante empeño de cooperar á que 
no se turbara la paz y la civilización de África, Portugal, po- 
seída de su derecho y confiada en la dignidad y en la justicia 
de la nación inglesa, se prestó á discutir con aquel Gobierno 
aquellas desdichadas pretensiones, y á convencerle de la falta 
de base y de la sinrazón en que las apoyaba. 

Ora exhibiendo ante el Gobierno británico los muchos títu- 
los de nuestro derecho y los leales propósitos do nuestra 
acción, ora llamando con sincero deseo á un tercer Estado 
para que juzgue imparcialmente este pleito extraordinario, ó 
aceptando también la mediación ó examen de una conferencia 
de todas las naciones interesadas en la paz y en la civilización 
de África, Portugal ofrecía á Inglaterra todos los medios jus- 
tos, seguros y decorosos de liquidar con ella esta cuestión leal 
7 definitivamente. 

Nunca dudamos de nuestro derecho ni abrigábamos el me- 
nor recelo de la justicia de las demás naciones ni de la con- 
ciencia universal. 

El incidente á que ya hemos aludido (el ataque de una ex- 
pedición científica en territorio que nunca nos había disputado 
la misma Inglaterra, por una horda de salvajes que sabemos 
fueron incitados á ello por agentes ingleses) movió al Gobier- 
no británico á entablar reclamaciones y exigencias nuevas sin 
demostrar siquiera una vez el derecho que vaga é imperiosa- 
mente alegaba. Aquellas reclamaciones y aquellas exigencias 
aparecían absurdas y desprovistas de todo fundamento, como 
basadas en falsos y sospechosos informes. 

Pero todavía se prestó Portugal á mandar que se suspendie- 
se su acción y el trabajo de sus expediciones científicas en los 

4 



50 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

territorios disputados, exigiendo solo en cambio, como natural 
reciprocidad, el respeto del statu quo por los agentes británi- 
cos, para entrar definitivamente en la liquidación diplomática 
y tranquila de la cuestión. 

Ya sabe la Europa, ya sabe el mundo culto, cuál ha sido el 
procedimiento del Gobierno británico: aglomerar grandes fuer- 
zas navales en las cercanías de algunos de nuestros puertos 
europeos y africanos; amenazarnos desde las columnas de sus 
más autorizados periódicos, en medio de estúpidos y despre- 
ciativos insultos, con emprender un acto de fuerza expoliadora 
en nuestros territorios. Inglaterra cortó una correspondencia 
serena y tranquila; arrogante y provocadora, antepuso al de- 
recho, que no tenía ni podía probar, la fuerza material, la bru- 
tal superioridad do sus ingenios y medios de guerra, de opre- 
sión y de coacción violenta. Exigió del Gobierno portugués 
que en el termino de cuatro horas ordenase la retirada de 
nuestras fuerzas y expediciones científicas de los territorios 
del Nasa y del Mashona, donde representaban no solo nuestro 
derecho, sino también la ciencia, la civilización y el orden 
ante el salvajismo excitado, la esclavitud armada y la codicia 
filibustera. 

A nuestra negativa á tal exigencia seguirían actos que equi- 
valdrían de seguro á un rompimiento de hostilidades, ó más 
bien á un ataque inmediato, cobarde y traidor contra territo- 
rios, fortunas y vidas portuguesas. 

Esto pasaba y esto se hacía cuando distaba poco tiempo de 
la reapertura de la conferencia de Bruselas, donde las nacio- 
nes de Europa, asociadas en un grande y generoso empeño de 
paz, de libertad y de civilización, estudian los medios de ga- 
rantirlas para el África. 

Contra este hecho insólito que afrenta nuestra independen- 
cia secular, y reconocida por todas las naciones, nuestra leal 
y constante cooperación en los progresos del derecho moderno, 
nuestros sentimientos de hombres libres y civilizados, de estu- 
diados y trabajadores honrados; contra este hecho monstruoso 
con el cual una gran nación europea al terminar el siglo xix 
se muestra dispuesta á tomar el papel de la antigua piratería 



LA CUESTIÓN ANGLO-PORTUGÜESA. 51 

argelina ó de los bucaneros de las Antillas; contra coacción tan 
brutal é indigna, la Directiva de la Sociedad Geográfica de 
Ijisboa, en nombre de esta, presenta á las Sociedades herma- 
nas la más solemne y formal protesta, hecha ante la ciencia, 
ante la conciencia universal y ante la solidaridad de la civili- 
zación moderna. — Lisboa 13 de Enero de 1890. — El Presidentef 
Faancisco María de Cunha. — Siguen las firmas de todos los 
individuos de su Junta Directiva. 



Acuerdos de la Sociedad Geográfica de Madrid. 

La Junta directiva hizo constar en actas sus simpatías en 
favor de Portugal apenas tuvo noticia del conflicto promovido, 
y después dirigió al Secretario general de la de Lisboa la si- 
guiente comunicación: 

«Madrid 11 de Enero de 1890. 

nExcmo. é limo, Sr, Secretario general de la Sociedad Geo- 
gráfica de Lisboa: 

»La Sociedad Geográfica de Madrid ha recibido, en 6 de 
Enero actual, la comunicación que V. E., en nombre de la de 
Lisboa le ha remitido, juntamente con el folleto titulado /n- 
•cidente anglo-portugués. Esta Sociedad, que mira á la noble 
nación portuguesa como hermana de la española, y por tanto 
ve con el más vivo interés todo cuanto puede afectarla, se 
había ya enterado de aquel incidente, y en su consecuencia, 
la Junta directiva, en sesión de 17 de Diciembre último, de- 
claró por unanimidad «sus simpatías en favor de Portugal en 
la cuestión que Inglaterra injusta y abusivamente promueve 
-con motivo de los trabajos de colonización que está realizando 
€l animoso Sr. Serpa Pinto.» La Sociedad Geográfica de Ma- 
drid cumple un deber de justicia al reconocer á Portugal mejor 
derecho que á ninguna otra nación europea para ejercer juris- 
dicción en los territorios de Maxona, así como en los situados 
al N. de Zambeze, del lado de Xiré y del Nasa, y hace votos 
porque prevalezca su causa sobre la ambición y la injusticia, 



S2 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

confiando, por una parte, en que Inglaterra ha de reconocer 
su error, y por otra, en la entereza con que Portugal sabrá 
mantener la integridad de su territorio. Tengo el honor do 
comunicar á V. E. este acuerdo de la Junta directiva, rogán- 
dole se sirva hacerlo así presente á la ilustre Sociedad Geográ- 
fica de Lisboa. Acepte V. E. el testimonio de nuestra conside- 
ración y simpatía. Por la Junta directiva: El Secretario gene^ 
ral, Martín Ferrbiro.» 

Posteriormente, en sesión de 14 de Enero y enterada ya del 
ultimátum de Inglaterra, hizo expedir á la Sociedad de Geo- 
grafía de Lisboa este telegrama: 

«La Sociedad Geográfica Madrid acaba acordar adherirse 
protestas de Geográfica Lisboa contra conducta Inglaterra, in- 
vitando Sociedades Geográficas del mundo tomen igual reso- 
lución en nombre ciencia geográfica y derechos históricos. — 
Presidente^ Coello. 

En confirmación de este telegrama, envió la siguiente co- 
municación: 

«Madrid 15 de Enero de 1890. 

nExcmo. é limo. Sr, Presidente de la Sociedad de Geo- 
grafía de Lisboa: 

i» Después de la comunicación dirigida á esa ilustre Sociedad 
con fecha 11 del actual, llegó á conocimiento de la Geográfica 
de Madrid, que presido, la noticia de los últimos actos de In- 
glaterra, que tan justa indignación han causado en Portugal. 
Al constituirse ayer en sesión la Junta directiva, se dio cuenta 
do aquel atropello, y por unánime voto se acordó dirigir el 
telegrama que V. E. habrá ya recibido adhiriéndose á las pro- 
testas de la do Lisboa, así como redactar una circular dirigida 
á las demás Sociedades de Geografía, invitándolas á que tomen 
igual resolución en nombre de la ciencia geográfica y de los 
derechos históricos, que indisputablemente asisten á Portugal 
más que á ninguna otra nación europea, para la colonización 
y civilización del África en los territorios donde tan feliz y 
activamente las ha emprendido. Tengo una verdadera satis- 
facción en comunicar á V. E. este unánime acuerdo y le ruego 




LA CUESTIÓN ANGLO-PORTUGUESA. 53 

'que se haga intérprete de nuestros sentimientos ante la ilustre 
Sociedad portuguesa que tan dignamente preside. Soy de V. E. 
■con la mayor consideración atento y S. S. Q. B. S. M.; El 
Presidente, Francisco Coello. 

La Sociedad de Geografía de Lisboa telegrafió inmediata- 
mente agradeciendo la adhesión y confraternidad de la Socie- 
dad española, y lo mismo hicieron la Academia de Oporto y 
otras corporaciones portuguesas después de conocer los acuer- 
dos de la Geográfica de Madrid. 

Finalmente, esta ha dirigido ya á todas las Sociedades 
Geogr<ificas, en cumplimiento de su acuerdo, la siguiente 
circular: 

«Madrid le 15 Janvier, 1890. 

»Le conflict qui a surgi entre les Gouvernements d'Angle- 
terre et du Portugal, au sujet de la souveraineté incontestable 
de cette derniére puisoance sur les terriloires de Mashona, 
Chire et Nyassa, a été suivi avec le plus vif intérct par la Se* 
ciótó Géograpbique de Madrid qui, en vue de la motion élevet 
¿ son Gouvernement par la Société de Géographie de Lis- 
bonne, s'est empressée de luí manifester Tadhésion la plus 
sincere h ses declarations appuyées sur le droit et la justice. 
Aujourd'hui que TAngleterre en appelle h la forcé dans son 
ultimátum pour arriver h réaliser son expoliatíon, la Société 
de Madrid renouvelle sa conformité complete aux protestations 
de la Société de Lisbonne et se croit en devoir de s'addresser 
-en méme temps k toutes les Gorporations qui s*adonnent á 
Tétude des Sciences Géographiques. 

»G'est qu'en eífet il ne s'agit point ici d'un simple conflict 
de natiou á nalion; Tacle accompli par TAngleterre, au mépris 
meme de récents traites, représente la negation absolue de 
droits reconnus et sanctionnés par rhistoire et par la sciencc, 
droits desquels sont solidaires toutes les Sociétés de Géogra- 
phie, quelque soit leur nationalité. 

»La Société de Madrid a done rhonne-ir, M. le Président, 
d'inviter cette savaule Corporation, au nom de la sciencc géo- 
¿raphíque et des droits consacrés par Tbistoire, h s'unir h la 



M BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

protestatioQ solennelle contre Táttentat commis par le Gouveiv 
nement anglais et á appuyer de toute sa haute influence mo-* 
rale les droits indiscutibles du Portugal, gui a porté déjá si 
loin ses travaux incessants pour la civilisalion et la colonisa- 
tion des ses possessiones africaines. 

»Veuillez agréer, M. le Presiden t, Texpression de mes sen- 
timents les plus distingues et de la plus haute considération» 
— Le Presidenta Francisco Goello. — Le Secrétaire general^ 
Martín Ferreiro. — M. le Président de la Sociélé de Géogra- 
phie de...» 

Posteriormente, recibió las siguientes comunicaciones: 

Lisboa 21 de Enero de 1890. 

limo, y Ezcmo. Sr.: La Sociedad de Geografía de Lisboa h» 
agradecido profundamente la manifestación de levantada y 
generosa adhesión con que la ilustrada Sociedad que Y. E. 
dignamente preside, se dignó honrar, animar y fortalecer 
nuestro sentimiento y protesta contra el procedimiento in- 
digno, brutal y traidor del Gobierno británico respecto de 
Portugal. 

En medio de la profunda pena con que nuestra conciencia 
de hombres libres y de honrados cultivadores de la ciencia ve 
al Gobierno de una nación civilizada, en pleno siglo ziz, re- 
cobrar el papel de la antigua piratería argelina y de los buca- 
neros de las Antillas — al servicio de los más bajos intereses — 
sírvenos de gran consuelo saber que la conciencia universal 
se une, indignada, á nuestra protesta. 

Y más agradable había de sernos ver á la hidalga y gene- 
rosa nación española, nuestra compañera en los descubri- 
mientos y en la expansión civilizadora de la vieja Europa, co- 
locarse noble y resueltamente á nuestro lado en la reivindica- 
ción del derecho y de la civilización, brutalmente afrentados- 
por la codicia y la violencia. 

Oportunamente os remitiremos el documento en el que ex- 
ponemos nuestra protesta. No hemos querido demorar la ex- 
presión de agradecimiento de la Sociedad al nuevo testimonio 



LA CUESTIÓN ANGLO-PORTUGÜESA. 55 

de caballerosa fraternidad de vuestra ilustre Corporación. — 
limo, y Excmo. Sr. Presidente de la Sociedad Geográfica de 
Madrid.— £*i Presidente, Francisco María da Cunha. — El Se- 
cretario perpetuo^ Luciano Gordeiro. 

limo, y Excmo. Sr. Presidente de la Sociedad Geográfica de 
Madrid. — La Comisión ejecutiva de la Asamblea de Protesta 
Patriótica reunida en esta villa de Torres Novas á fin de acor- 
dar los medios que deben ponerse en práctica para formular 
solemne protesta contra el procedimiento injustificable con que 
la Inglaterra, nuestra hipócrita aliada de quinientos años, 
pretende atentar contra la integridad de nuestra querida patria, 
tiene el gratísimo placer, impuesto por la misma Asamblea, 
de significar á la doctísima Sociedad de Geografía que Y. E. 
tan sabia y superiormente preside, los sentimientos de nuestra 
más profunda y sincera gratitud por la manera brillante, ca- 
balleresca y generosa con que esa muy distinguida Sociedad 
tuvo á bien unir su elocuente protesta á la de la nación por- 
tuguesa, afirmando asi una vez más los lazos de fraternidad 
entre las dos naciones que primero abrieron el mundo á la 
civilización moderna. 

Dios guarde á V. E.— Torres Novas 20 de Enero de 1890.— 
El Presidente de la Comisióny Francisco Amado de Mello Ra- 
xalho da Cünha de Yasconcellos. 

limo, y Excmo. Sr.: El Consejo de esta Academia Politéc- 
nica, á la cual presenté el ejemplar del manifiesto dirigido 
por la Sociedad Geográfica de Madrid á las Sociedades análo- 
gas de otros países respecto á la cuestión entre Portugal é 
Inglaterra, me encarga dar las gracias á Y. E. y suplicarle 
que en nombre de ella las dé á la ilustrada Sociedad que Y. E. 
preside, por el importante servicio que ha prestado esa Cor- 
poración á nuestro país y por las pruebas de afecto de que nos 
da elocuente testimonio. Por mi parte uno la expresión de mi 
gratitud á la del Consejo de esta Academia. 



56 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA.. 

Dios guarde á V. E. — Academia Politécnica do Porto, 29 
de Enero de 1890. -^£í Director^ Gomes Tbizeira. — Ilustrí- 
simo y Excmo. Sr. Presidente de la Sociedad Geográfica de 
Madrid. 



4^ 



Hannover 6 Febrero 1880. 



Señor: La Sociedad de Geografía de Hannover tiene el honor 
de saludar á la Sociedad de Madrid. Participamos de los sen- 
timientos de los portugueses; la conducta de Inglaterra contra 
un pueblo tan noble y tan bravo, es irritante, inaudita. 

Gomo estamos resueltos á emitir opinión sobre el conflicto 
desde el punto de vista de la ciencia, estimaríamos mucho que 
se nos enviaran más datos relativos al conflicto anglo-portu- 
gués. — Os rogamos, señor, que recibáis las seguridades de 
nuestra muy distinguida consideración. — El Secretario de la 
Sociedad de Geografía de Hannover^ Saghther. 

* * 

La Sociedad Franco-hispano-portuguesa de Tolosa de Fran- 
cia, según comunica su Presidente por carta del 5 de Febrero, 
aplaude la noble iniciativa tomada por la Sociedad Geográfica 
de Madrid y se adhiere con entusiasmo á su imponente pro- 
testa. Le indigna la violación del derecho de gentes cometida 
por Inglaterra, y una vez más hace votos por la fraternidad de 
España, Portugal y Francia. 

Las Sociedades de Geografía de Marsella y de Tolosa, al 
contestar ambas .con fecha 11 de Febrero á la circular de la 
Sociedad Geográfica de Madrid, declaran que sus reglamentos 
les prohiben intervenir en cuestiones de política internacional. 
Pero, eslimando el asunto desde el punto de vista científico, 
la de Marsella «reconoce los derechos tradicionales de los por- 
tugueses sobre esas regiones del África ecuatorial, en las que 
sus intrépidos exploradores y sus heroicos misioneros tanto 
han trabajado, desde hace cuatro siglos, para propagar la 



LA CUESTIÓN ANGLO-PORTÜGUESA. 57 

civilización cristiana. Lamentamos, continúa la Sociedad, que 
en el conflicto surgido entre Portugal é Inglaterra, la nación 
más poderosa, en vez de apelar inmediatamente á la fuerza, 
no haya preferido los medios de conciliación y el arbitraje de 
un tribunal europeo. No podemos creer, sin embargo, que la 
cuestión quede en tal estado; confiamos en que las unánimes 
manifestaciones de simpatía del mundo civilizado en favor de 
Portugal servirán para que esta potencia obtenga al fin la sa- 
tisfacción de sus legítimas reivindicaciQues.» 

La Sociedad de Tolosa de Francia se expresa en estos tér- 
minos: «Todas nuestras simpatías están con vosotros, y como 
á vosotros nos ha indignado el proceder de Inglaterra respecto 
de un Estado latino que no se hajla en situación de defender 
sus derechos. Pero tales procedimientos, si nos han indignado 
no nos han sorprendido, porque desde hace trescientos años 
son los que habitualmente usa Inglaterra respecto de Estados 
á quienes las circunstancias colocaron en desfavorables con- 
diciones de defensa.» 



Un mapa de África del siglo XVn. 

El Sr. Marcel, bibliotecario de la Nacional de París, par- 
ticipa que ha tenido la suerte de hallar un mapa manuscrito, 
y por consiguiente inédito, de los territoiios que Inglaterra 
disputa á Portugal. Es un mapa del siglo xvii, de gran interés 
histórico. Prueba que en aquella época Portugal ocupaba 
efectivamente el centro del continente, donde tenía fuertes y 
establecimientos comerciales. El curso del Zambeze aparece 
bien trazado; y después de declarar que este río es navegable 
en 200 leguas, el autor del mapa señala un paraje en que la 
navegación se interrumpe; corresponde este lugar al de las 
famosas cataratas que vio Livingstone. También se halla in* 
dicado el curso del Xiré. El Sr. Marcel anuncia que va á pu- 
blicar este mapa en la Revue de Géographie. 



U IITIMA PARTE DESCONOCIDA DEL UTORAL DE MEDITERRÁNEO. 



^^^^^^^^^^^^i^v^i^^^^k^^^^^k^^S^ 



EL RIF, 



POR 



B35rEi D-crvEirEiBE. 



Há poco tiempo comuniqué á la Sociedad de Geografía un 
resumen del viaje que emprendí por tierra desde Oran á Me- 
lilla, con objeto de visitar la costa septentrional de Marruecos; 
viaje que no pude realizar, no solo por la hostilidad manifiesta 
de las poblaciones que obedecen al Sultán, sino por el cuidado 
que las autoridades del presidio español pusieron en crearme 
toda clase de obstáculos. Hubiera sido, con efecto, bien des- 
agradable para los españoles ver que un geógrafo francés fuese 
el primero que hiciese un itinerario en un país, sobre cuya 
costa dominan hace cuatro siglos, en la que todavía conser- 
van cuatro plazas fuertes, sin conocer más terreno que el que 
pueden recorrer con la vista. 

A centenares pasan anualmente á Oran los hombres del Rif, 
á tomar parte en los trabajos de nuestra colonización y su- 
pongo que estas continuas relaciones con Francia habrán con- 
tribuido á suavizar algún tanto sus costumbres. 

Tuve por un momento á dicha el que me aceptase como mé- 
dico un protegido francés Abd-es-Salam, de miras ambiciosas 
pero inepto, versátil é ingrato, indigno heredero de Muley Ta- 
yeb, y que hoy parece que tiene alguna influencia en algunos 
puntos de Marruecos como jefe nato de una cofradía religiosa, 
porque ignoran su falta de fe, sus intrigas y el género de vida 
que lleva. Por eso de día en día ve mermado su prestigio. 



EL RIF. «► 

pudiendo sostenerse merced á ]a tolerancia que el Gobierno 
francés le dispensa, permitiéndole hacer sus colectas entre los 
musulmanes argelinos, recursos que constituyen la mejor 
parte de sus rentas. Cierto es que sin el xerif de Uazan no 
hubiera yo podido salvar la frontera occidental do Argel, 
porque en el estado de hostilidad permanente de unas tribus 
con otras, no me lo hubiesen permitido las autoridades fran- 
cesas. La debilidad del xerif, su falta de prestigio y su docili- 
dad para obedecer las sugestiones de los españoles (i) mi ten- 
tativa de viaje fracasó al entrar en el territorio de los Guela*- 
ayas, es decir, en las puertas del Rif, propiamente dicho. 

No uecesito reproducir aquí el resumen de las observacio- 
nes hechas en el trayecto de Oran á Melilla, cruzando el país 
de los Beni Izcasen, el llano de Terifa y el territorio de los 
Iquebdan y de los Guela'aya: solo me fijaré en dos puntos 
principales; el primero es bien interesante respecto á la geo- 
grafía física, terreno arenoso, dunas y flora del Sahara á orillas 
del Mediterráneo por 35® 6' de latitud i* más al N. del desierto 
argelino; lo que se explica por haber olvidado los cartógrafos 
modernos el desierto de Garet, que corla de S. á N. la parte 
oriental de- Marruecos y termina en la costa; el segundo punto 
de mis observaciones se refiere á la sebja de Abu Areg, lecho 
de un lago salado, antigua bahía del Mediterráneo que nues- 
tras cartas modernas, y aun las españolas, bosquejan sin unirlo 
con la mar, á pesar de que solo dista 4 km. escasos del presi- 
dio de Melilla. Esta sebja tiene unos 29 km. de largo, y en los 
recios temporales la mar rompe la débil barra que obstruye su 
salida, llenando el lecho salino, que cuando está seco es bastante 
sólido y pudiera servir de pista en las carreras de caballos. 

El objeto que me propongo, es demostrar la importancia de 
una exploración del Rif, exponiendo los conocimientos que de 
aquel país tenemos, dando al mismo tiempo una idea de las 
dificultades que tal empresa ofrece. 



(t) Debe estar mal informado el autor en este punto, pues los españoles no tie^ 
nen, por desgracia, el inñujo soberano que preconiza sobre el xerif de Uazan, 
que debía ser protegido de España en vez de serlo de Francia. 



«o BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

La parte seplenlrional de Marruecos que falta por explorar 
ó descubrir, es la más interesante y do mayor extensión, por- 
que Melilla se encuentra en el primer tercio de la distancia 
que hay entre Lalla Maghnia á Xixauan, punto donde termi- 
naron sus itinerarios hacia el Rif el doctor Hooker y el viz- 
conde de Foucauld, después de haber hecho un corto reconoci- 
miento por la parte de Tetuán. De Melilla á Xixauan, por el 
camino más corto hay 200 km. por terreno inexplorado que 
corresponde todo al litoral Mediterráneo y comprende, hacia 
el S., por término medio, una zona de 125 km. hasta la línea 
de Taza, Fas y Uazan, habiendo visto en ella el capitán Col- 
ville (1879) y el conde de Chavagnac (1882) los puntos de 
Yebel el Metalsa (34* 48' de latitud N.) Yébel Guezennaya 
(34« 30' N.) y Yébel Mediuna (34* 37' N.) 

En suma, el país que está por reconocer en el Rif y que ha 
de agregarse á los puntos oscuros de la parte oriental, ó sean 
el territorio de Guela'aya, la cuenca del Muluya y él desierto 
de Garel, viene á ser de unos 23.000 km.* 

Gonócense los nombres de los grupos de población que allí 
viven, pero carecemos de dalos completos acerca de ellos. Es 
una barrera infranqueable el orgullo de aquellos ignorantes y 
bárbaros montañeses, en guerra constante entre sí, y en cuya 
vida social impera solo la fuerza ó el azar. Por eso rechazan 
siempre al europeo que intenta visitarlos, y eluden las pre- 
guntas indiscretas cuando se trasladan á un punto que este 
gobierna. 

Antes de resumir nuestros escasos conocimientos acerca del 
Rif, propiamente dicho, convendrá fíjar las ideas sobre las 
grandes divisiones de la provincia. El país de los Guela*aya, 
parte de la «amala» de Uxda, termina al O. en el Uad Kart ó 
Uad Karat cuyo nombro se parece tanto al de la provincia 
de Garel, que inclina á creer que es el mismo, producido por 
una variante de la pronunciación, tan común entre los ma- 
rroquíes. Allí comienza el Rif, en el cantón de los Beni Said, 
que forma parte del país de Botuya. Sigue este al Occidente, 
regado por el Uad Bu Azzun y cuya población corresponde á 
los Beni Ulichich; luego el Temsaman que fertilizan el Uad 



EL RIF. 61 

Ghis y su afluente el Uad Neku, adonde llegan los Ulichich. 
Sobre el Uad Ghis y junto á su confluencia con el Nekur 6 
Naccor, se halla la antigua y célebre ciudad de este último 
nombre; en el siglo xi era la capital de una extensa circuns- 
cripción administrativa que comenzaba al E. en el Muluya y 
llegaba por el O. á Bálex (Peñón de Vólez). Frente á la em- 
bocadura del riachuelo se encuentra en la mar la isleta En 
Nekur (piedra do Nekur) que ocupa el presidio español de 
Alhucemas, cedido por Marruecos á España en 1560 y ocupado 
en 1873 (1). El nombre de Alhucemas, como el francés de 
Albouzéme son corrupción del nombre árabe El-Mezemma, 
de la población que se halla en la costa frente al islote. 

El Uad Ghis y su afluente el Naccor son, con el Uad Kart, 
los ríos más largos del Rif, y sin embargo sus fuentes no se 
encuentran más de 60 ó 70 km., en linea recta, de sus desem- 
bocaduras, aunque su curso respectivo es mucho más largo, 
por la configuración del terreno y las cordilleras, paralelas á la 
costa que se ven obligados á cruzar. Estos ríos son de menos 
importancia que el Uad Uargha» de que se tratará más ade- 
lante. 

' Al S. de los Beni Ulichich, do los Beni Uriaghal y de los 
Temsaman, casi hasta el camino que enlaza á Uxda con el 
Fas, viven los Metalsa, los Guezennaya, los Beni Tuzin y los 
Ain Bu-Yahiyin, cuyas montañas vi por la brecha de Fumm 
Garet. 

Al O. de Temsaman viene el país do los Bocuya, llamados 
también Boquina; después siguen los Beni Ferá, en cuya 
costa se encuentra el presidio español del Peñón de Vélez con- 
quistado en 1508, vuelto á perder y recobrado en 1564. El nom- 
bre árabe es Bálex. Como hay nna población marroquí cerca 
de cada posesión española, está Badis delante de Vélez. Más 
arriba de los Bocuyas y de los Beni Mezduí, se escalonan en 
el inlcrior hacia el E. los Beni Aramart y los Marnisa; y por 
el Occidente los Beni Itteft, los Tsarguist, los Sanhadja y los 



(1) Si no es errata del autor, no demuestra haUarse muy bien enterado, pues 
la tomaron en 28 de Agosto de 1613 los navios españoles A'an Agvstin y San Carlos. 



62 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

Mediana, que tienen fronterizos en el camino de Fez á los 
Fixtala. Estas tres últimas tribus han jugado importante papel 
en la historia de los Beréberes. 

Prolongando la costa hacia el O., más allá de los Beni Bu 
Ferá se hallan los Mesettasa; luego los temibles Metina El- 
Bahar (Metiuas del mar) que tienen por vecinos al S. sus her- 
manos los Metiua El-Yébel (ó de la Montaña). Entre estos y 
los Fixtala, viven los Beni Seddeth, los Taghzut y los Ketama 
que alcanzaron algún renombre histórico. 

Más lejos todavía, y pasada la desembocadura del Uargha 
(üringa de la carta marítima) existe el vasto territorio de la 
tribu berberisca y no menos célebre de los Gomara, de la que 
descienden los Metiua, los Boni U-zernal y los Meycasa, y 
que en el siglo xiv ocupaban toda la costa comprendida entre 
Jasasa y Tánger, con una zona de cinco jornadas de ancho 
desde el Mediterráneo hasta el Uad Uargha. 

El Bekrí señala un hecho geográfico muy notable que los 
cartógrafos no han aprovechado: dice que el río Uargha viene 
como el Uad Naccor del Yébel Beni Cáuin en el país de Gue- 
zennaya: indicación que tiene mucho valor, porque El Bekrí 
pudo tener en la Córdoba musulmana documentos fidedignos, 
como eran los informes de los agentes del Califa en África y el 
trato con los naturales de Marruecos que frecuentaban la corte. 
Confirmada la noticia en el texto de Ibn Jaldun deja entrever 
dos rasgos característicos de la topografía del Rif, como son: la 
existencia de un grupo montañoso entre Badis y Taza á 80 ó 
90 km. del mar, y la clasificación del Uad Uargha como el río 
más considerable del Rif, con un curso doble que el Uad Gihs. 
Aquel corre en su principio al O., por la falda meiidional de 
las primeras montañas paralelas á la costa, dirigiéndose al N. 
en la mitad de su curso. 

En la actualidad consideran árabes á los bereberes Gomara 
porque hablan aquel idioma, y solo conservan su lengua 
original una de sus tribus, la de los Beni Bu Zerán. Estos, 
que se hallan afiliados al orden religioso de Sidi Ahmet El 
Filali, tienen una tradición según la cual el país de los 
Gomara será algún día de los cristianos, excepto el territorio 



EL RIF. 63 

de SU tribu y el monte llamado Kaf El-Tha aban, donde está 
la ciudad de Xaun y el cerro de Ez Zeráa (i). No se conoce la 
situación de estos tres puntos. 

Al O. de Gomara habitan los Xixauan; al NE. otra tribu de 
los Beni Said en cuyo territorio está la elevada montaña 
Yebel, Beni Hasa (Monte Auna), y los Beni Madaán ocupan el 
país hasta las cercanías de Tetuán. 

La única persona de nuestra raza que, según mis noticias, 
ha ido desde Melilla á Tánger y ha publicado algo de lo que 
ha visto, es la inteligente mujer cristiana del Xerif de Uazán, 
de apellido Keane. Hizo de memoria el relato de su excursión 
en 1886, porque estaba prohibido aun á la misma esposa del 
Xerif tomar notas por escrito, y tuvo que usar el traje musul- 
mán y observar el ayuno del Ramadán, obligada por los rece- 
los, más bien que por el fanatismo religioso de los descreídos 
rífenos. 

Debo á la amabilidad de esta inglesa las noticias de su viaje 
que llevó acabo siguiendo el litoral; el país es sumamente 
accidentado, con un pésimo y peligroso camino, hasta el punto 
de haberse despeñado un caballo de Muía Abd Es Salam y 
estuvo á punto de sucederle lo mismo á un hijo del xerif, que 
debió la vida á un matorral que 16 detuvo en su caída. 

El europeo libre que ha cruzado el Rif de N. á S. desde El 
Mezemma á Taza fué el francés Roland Frejus. Hizo el viaje 
por orden de Luís XIV desde el 9 de Abril de 1667 al 19 de 
Junio, empezando en El Mezemma, población inmediata á 
Alhucemas y llegó á Taza, á la sazón residencia del sultán 
Muley Er Rachid. Pasó per Naccor y Tafersit, y volvió á El 
Mezemma siguiendo casi el mismo itinerario. Frejus era el 
agente de una compañía mercantil francesa que tenía un esta- 
blecimiento en Beni Bu Yamb, punto que dista unos 28 km. 
de Naccor en el cantón de Temsaman, pero ningún mapa lo 
indica. Invitado por Amar, jeque de Temsaman y de Botuya, 



(1) El nombre de esta fracción de los Gomara y el del cerro no tienen conexión 
l^o^ráflca cou la ensenada Zara de la carta marina al E. del cabo Ncgri (país de 
los Guela'aya) y á 150 km. al Oriente del país de Gomara. 



64 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

que consideraba la medida títil para los habitantes, Frejus 
preconizó hace doscientos ochenta años la conveniencia de 
construir un fuerte francés en El Mezemma. 

El levantamiento de la costa es obra de otros franceses: 
Vincendon-Dumoulin, el capitán de fragata Kerhallet y el 
almirante Mouchez, cuyos datos han copiado todos los extran- 
jeros. De modo que á los franceses exclusivamente se debe lo 
poco que se conoce sobre esta parle septentrional de Marrue- 
cos. ¿Quién descubrirá esta incógnita? Es un secreto que per- 
tenece al porvenir. 

Por lo que se ve desde la mar y está confirmado por Iba 
Jaldun, la orografía del Rif presenta una serie de cadenas 
paralelas á la costa; se parece aquel terreno al que enfrente 
forman en España la Contraviesa de las Alpujarras y Sierra 
Nevada. La dirección y la longitud de los ríos que desembo- 
can en el Mediterráneo demuestran que las cordilleras se 
hallan cortadas en varios puntos y como divididas en seccio- 
nes prolongadas. Respecto á las formaciones geológicas, tanto 
la basáltica volcánica de Guela'aya, como las rocas sedimen- 
tarias del terreno secundario (oolítico y cretáceo), el terciario 
eoceno de las cercanías de Tánger y de Tetuán, y los yaci- 
mientos carboníferos al NE. de esta última ciudad, hay que 
dejar su explicación á los futuros exploradores. 

Según Mr. Maw (1) la costa meridional del estrecho ofrece 
pruebas evidentes de su levantamiento volcánico coincidiendo 
con mis observaciones hechas en las Sebjas al S. de Melilla á 
245 km. al E. del estrecho. Estas indicaciones recuerdan un 
hecho que refiere Hasen Ben Mohammed El Uasas ó León el 
Africano, hombre que debía estar bien informado sobre aque- 
llos parajes donde su padre poseía terrenos, aunque no hay 
ningún otro documento que lo consigne: es á saber la exis- 
tencia de un volcán cerca del país de los Beni Uriaghel perte- 
neciente á la tribu que el traductor latino del texto árabe llama 
Beni Guazual, que no podía ser ni los Beni Zerual, nombrados 
porHaseu Ben Mohammed, y que pudiera inclinarnos á iden- 

(1) J. D. Hooker, Journal o/ a tour in Marocco. Londres, 1878. 



EL RIF. 65 

tificarlos, ó bien coa los Beni U-Zerual ó bien con los Gueza- 
maya á pesar de la grao distancia que los separa (1). 

Dice León el africano, que el volcán estaba en la cumbre de 
una montaña; antro del que salían llamas y en el que al punto 
se consumía la leña que en él se echara. Muy interesante 
sería la exploración de aquella boca volcánica y las noticias 
que por tradición se conservaran de aquel fenómeno en el país. 
El cráter de los Beni Guazenal es hoy el único en actividad de 
la mitad occidental de África, pudiendo la ciencia estudiar la 
relación que existiera entre el régimen de este volcán con los 
del Vesubio, Etna, Stromboli y Santorin. En cuanto á los tem- 
blores de tierra, dice M. Benchimol, que en Marruecos no 
llegaron á sentirse los recientes que el año 1886 ocurrieron en 
el litoral Mediterráneo, especialmente en Andalucía. 

El suelo del Rif es rico en minerales, según confesión de 
ano de sus habitantes, aunque se muestren muy reservados 
en este punto. Según noticias, hay una mina de un metal 
que ignoro en el Yébel Hamman, cerca de Badis: el hierro 
abunda mucho; se encuentra en los territorios de los Beni 
Said, Beni Tuzin, Beni Said del Oriente desde donde se lleva 
á Fez á 165 km. de distancia; y por ultimo, en el Meggeo de 
León el africano, ó sea el país de Guela'aya. Así se explican 
las desviaciones anormales de la brújula que observaron 
Vincendon-Dumoulin y Kerhallet en la costa del Rif. 

Puede decirse que no se conoce la riqueza minera del país. 
En cuanto al clima se observan también grandes diferencias. 
Se tienen algunas alturas de la cordillera que empezando en 
Yébel Musa, sobre el estrecho, algunos de cuyos puntos se 
han medido desde la mar hasta la distancia máxima de 23 km. 
al interior. El punto culminante de 2.201 m. es Yébel Beni 
Hasan (monte Anua de las cartas) á 25 ó 26 km. de Tetuán: en 
el territorio de los Gomara hay picos que llegan á los 1.850 m.; 



(1) «Visitar in summitate bujus montia seu antrum quodam quod perpetuos 
ejaeulatur i^es. P^rmulti rei miraculo huc allecti, ligna injecere qua moz ig-ni 
consumpta fuerunt...» (Joannis Leonis Africani De totius A/rias descriptiom ^ 
libri IX. Amberes 1556, pág. nO.) 



06 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

eo el de los Metiua EI-Bahar de 1.410 á 1.782, y en el de los 
Beni Ulichich de 1.437 á 1.620. Los observadores antes citados 
no vieron nieve en las cumbres durante los meses de Agosto, 
Septiembre y Octubre do 1855 en que se hicieron sus trabajos; 
es decir, que se hallan por bajo del nivel de las nieves perpe- 
tuas como indica la teoría para esta latitud. 

Según mis observaciones y las del malogrado Charmes, 
hechas en 1885, hacen creer que no se apartan mucho de 
aquel límite; el 8 de Abril he visto cubierto de nieve el Yébel 
Beni Hasan en 35* 22' de latitud N. y los cerros que hacia 
el N. continüan por espacio de 14 km. (lat. 35° 29'). El mismo 
día vi un manchón de nievo en las montañas de Gomara y el 
11 de Junio otra cerca de la cumbre de esta cadena en 35* 
16' 45". Eu igual fecha vio M. Charmes nieve en el pico más 
alto del territorio de los Mctina El-Bahar, que en la carta de 
Yincendon-Dumoulin tiene asignados 1.500 m. de elevación 
(35*^ 4' 20"). 

Se dice que las montañas del Rif son frías y están cubiertas 
de bosques (1). 

El-Bekri y liasen Ben Mohámmed El-Uassas citan, entre 
otros árboles que cubren aquellas montañas, los pinos de 
Yelles cerca do Badis, de cuyas maderas construían sus trirre- 
mes en la antigüedad; los enebros y los cedros del Naccor, con 
los que se hizo su mezquita, y el boj de las cercanías de 
Tetuán. Entre los árboles frutales ^hundan el olivo, la higuera, 
el almendro, el membrillero, el nogal, el naranjo y la vid. En 
otros tiempos tenía el Rif extensos viñedos de que se extraía 
muy buen vino. Junto con estos árboles se cultiva el trigo, la 
cebada, las cebollas y el lino. 

Adivínase la aridez do la mayor parte de los cerros y llanu- 
ras del interior por la que se advierte en las montañas costeras, 
así se explica el poco ganado que tienen: el mular es el más 
apreciado para el transporte, lo cual implica la cría del caballo 



(1) Hac regio prorsus cst áspera, frigídissimis montis plena, in quibus vastis- 
simas reperies solitudines, arborisque elegantissimis atque rectisaimis refer- 
tissimaa. fJoanni^ Leonii A/rieaniJ 



EL RiF. en 

y del asno: hay muchas cabras, siendo el animal doméstico 
, más numeroso. Tampoco es rica la fauna silvestre; no existen 
los grandes felinos, ni antílopes, ni gacelas; pero en cambio no 
escasean los javalíes, los chacales, las liebres y las perdices: 
hay abundancia de abejas y de sanguijuelas, así como hacen 
los rífenos buena pesca de sardinas que salan y llevan al inte- 
rior del país desde hace siglos. 

No recuerdo qué misántropo dijo que el animal peor y más 
malvado es el hombre; y creo que no se equivocó si se aplica 
el dicho al rifeño. Se reúne, como el chacal, en bandadas para 
dar sus asaltos, pero nunca el chacal acomele á otro menos 
robusto de su especie: en el Rif no hay seguridad personal en 
absoluto; las guerras de tribu á tribu son constantes, y en 
tiempo de paz el fuerte roba y mata al más débil sin el menor 
motivo. 

Un indígena de los Beni Iznasen, me decía hablando de los 
rífenos, «no hay peor gente; son capaces de matar á un hom- 
bre por cinco céntimos.» 

ün musulmán, aunque sea marroquí, si tiene que viajar 
por el Rif le es preciso comprar la protección del más pode- 
roso de cada tribu; desmienten á cada paso nuestro orgulloso 
axioma de que el Mediterráneo es la cuna de la civilización. 

Los rífenos que van á segar á la provincia de Oran no 
aprenden de nuestro espíritu de orden y de justicia; se creen 
superiores, porque en su patria no obedecen á ninguna clase 
de autoridad, acostumbrados á tomarse la justicia por su mano; 
nos creen débiles porque les abrimos nuestro país y les permi- 
timos que ganen lo bastante para su viaje de ida y vuelta y 
para mantenerse el resto del año; por el contrario, se consi- 
deran más fuertes y temibles, puesto que Europa ha sufrido 
durante largo tiempo sus tropelías sin otra respuesta que esté- 
riles demostraciones. En el vapor Mohámmed EsSadoc, que 
hace viajes á Tánger, decía á sus compañeros un segador rife- 
ño, cmbriagadocon el humo del cáñamo: «¡dicen que vana in- 
vadir nuestro territorio! ¡el de los Beni Chiquer! dejadlos que 
vengan; yo solo basto para cortarles la cabeza». Di'spucs de 
€8tbs informes, no parecerá extraño decir que no hay en el 



«8 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

Rif espíritu religioso: la primitiva religión de los beréberes 
era, segiin la tradición, el culto do los manes, confiado á las 
mujeres que pasaban por profetisas (kahena), de cuya práctica 
encontré algunas huellas entre los Tuareg Azyer; algún tiempo 
después, cuando ocurrió la invasión de los árabes, recluta 
adeptos en el Rif la religión mosaica, sin que faltasen tam- 
poco los ipisioneros musulmanes: entre los años 710 y 740 de 
nuestra era se convirtieron al islamismo los Temsaman y los 
Gomara; pero á gentes acostumbradas á otra clase de vida y á 
no obedecer ley alguna, les era difícil aceptar todos los pre* 
ceptos de una nueva religión; pronto salió un nuevo profeta 
en Yeraua, cerca de Naccor, de la tribu de los Meykasa, lla- 
mado Hamim, hijo de Men Allah, hijo deHariz, hijo de Amrü, 
hijo de U-Yefual, hijo de U-Zerual. Musulmán, como lo indi- 
can los nombres de sus antecesores: eran su madre y una de 
sus tías dos profetisas ó hechiceras de la religión nacional anti- 
gua y quiso armonizar el culto de los manes con el del islam, 
sin olvidar lo que convenía á sus propios intereses. Hamim 
abolió la circuncisión, las abluciones y la peregrinación á la 
Meca; prohibió comer huevos y mandaba que se degoUaso á 
los peces en lugar de matarlos por asfixia, autorizando el uso 
de la carne de jabalí: instituía el ayuno en la mañana de los 
miércoles y todo el día del jueves en cada semana, y abreviaba 
la cuaresma mahometana en cinco días durante el mes de 
Ramadán; las seis oraciones musulmanas diarias quedaban 
reducidas á dos, una á la salida y otra á la puesta del sol: 
también ordenaba que cada hombre diese al profeta cinco bue- 
yes y el diezmo de sus bienes. Esto ultimo precepto no era del 
agrado de los rífenos, gente más acostumbrada á tomar que á 
dar, y la nueva religión tuvo muy corta vida. 

En cuanto á la historia del islam, se reduce en sus princi- 
pios á la enumeración do algunos cismas que se intentó pro* 
pagar y á los esfuerzos que diversas cofradías musulmanas 
hicieron para crearse en él un feudo semejante al que los 
jesuítas formaron en el Paraguay: aunque no se presta mucho 
á la religión el espíritu de los indígenas, las cofradías de Sid- 
Abd El-Kadcr El Ghilani, de Muloy Tayeb y de Sidi Mohám- 



EL RIF. 69 

med Ben Abu-Zíyan tuvieron algunos proséliios; los Dercana- 
Xadheliya fundaron un convento en Yebel Bu Berih; y por 
último, los Salamiyüs ó discípulos de Sidi Abd El-Salam Ben 
Maxiz, natural de Tetuán, encontraron numerosos partida- 
rios. Sus herederos políticos ó el capítulo de los Xorfa de 
Muley Edris, tan influyente en Fez, es casi la única autoridad 
religiosa que tiene verdadero influjo en el Rif; influjo que 
más bien se deriva de la tradición política que de la simpatía 
religiosa, pues son raros los rífenos que piensan en su salva- 
dón, ni en ofrecer su óbolo á los escasos conventos de aquel 
territorio. 

De modo que en la actualidad la protección que puede ser- 
vir al vi¿yero en el Rif es la de los Xorfas de Muley Edris. 

Hé aquí lo que sabemos del país y de su población en gene- 
ral. Solo resta considerar un aspecto que presenta alguna uti- 
lidad. 

La historia contemporánea de las relaciones de los sultanes 
de Fez y de las naciones europeas con los habitantes de las 
dos provincias del Garet y del Rif, viene á ser una relación de 
rebeliones contra sus soberanos nominales, de incursiones en 
territorio argelino, de actos de piratería y muy rara vez de 
algún intento de represión. Así se explica por qué estas pro- 
vincias son hasta hoy la térra incógnita. 

Figurándome que no me crean algunos lectores si afirmo la 
existencia de los «Hermanos de la costa», haré el balance de 
las relaciones exteriores del Rif y del Garet con Europa y con 
el Gobierno marroquí. A falla de documentos, excepto para 
dos hechos de 1845 y de 1850, expondré una serie seguida 
desde el 5 de Octubre de 1851 al de 1855; añadiendo otro caso 
ocurrido en 1856 y en 1886. Para los cuatro años de que tengo 
noticias completas, será mi mejor guía el registro de las mi- 
nutas de la correspondencia oQcial de nuestro querido conso- 
cio de la Sociedad Geográfica M. Charles Jágerschmídt, á la 
sazón encargado de negocios de Francia en Tánger, y cuya 
modestia sufrirá, tal vez, con lo que tengo que decir respecto 
á sus apreciaciones, sus consejos, su actitud y su iniciativa en 
Marruecos, que durante cuatro años han sido un modelo á 



70 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

que no podía llegar ningiin agente europeo; en particular de* 
dicó al Rif y á los acontecimientos que allí ocurrían toda su 
atención y notoria perspicacia. 

Desde la conquista de Argel y de Oran, en que vino á ser 
Francia vecina de Marruecos, no le interesaba mucho saber 
lo que pasaba en la amala ó provincia de Uzda, el Garet y el 
Rif, hasta el año 1844, en que una columna francesa libró un 
combate en Sidi Azis sobre el valle del Muluya contra el emir 
Abd El-Kader, auxiliado por un ejército marroquí. El 16 de 
Junio combatieron los generales Bedeau y Lamoriciére á los 
marroquíes junto á la capilla de Sidi Mohámmed El Uasini, 
uno de los puntos de mi último itinerario. Los días 27 y 28 de 
Abril de 18iG quebrantó Abd El-Kader su reputación caballe- 
resca, dejando asesinar á 270 prisioneros franceses en territo- 
rio de Marruecos. Se estableció en Ain Zohra (1), donde per- 
maneció hasta la primavera de 1847; se trasladó después á 
Sabrá, junto al Muluya, y en seguida á Uad Aslaf, en el Rif. 
Allí batió al ejército del sultán; pero había dejado su familia 
en la Kasba de Iseluán, territorio de los Guela'aya. El emir, 
como dignatario de la cofradía siempre militante de Sidi Abd 
El-Kader el Guilani, debía saber que su congregación tenía 
un fuerte convento no lejos de la ensenada de Zera, y con su 
protección contaba; pero se equivocó, pues aprovechando su 
ausencia habían intentado un ataque en busca de tan precioso 
botín. Vengó bien el ultraje; pero los días 11 y 12 de Diciem- 
bre del mismo año, un ejército marroquí le derrotó junto á la 
Kasba de Iseluán, persiguiéndole hacia' la costa y el río Mu» 
luya, que cruzó bajo el fuego enemigo el día 21. 

En 1850, el general Mac-Mahon tuvo por dos veces que re- 
chazar á los Mezauir, parientes ó vecinos de los Beni Iznasen, 
que se habían establecido en territorio francés. 

En Octubre do 1851 , los Gucla'aya capturaron una goleta 
española, parada por la calma á 4 millas de Ras Vorek, ó cabo 



(l) Ni aproximadamente podría situar estos puntos en el mapa, por ser el pais 
del todo desconocido; lo mismo puedo decir de Agueddin, que está, sin embargo, 
muy cerca de la costa. 



EL RIF. "71 

Tres Forcas, y, cerca de Melilla, un buque inglés, asesinando 
álos tripulantes, salvo á dos que se llevaron esclavos. De Gi- 
braltar salió un vapor en auxilio de aquellos desgraciados, y 
solo pudo traer la noticia de que junto al cabo Tres Forcas 
había varios buques desmantelados ó naufragados.. 

En Marzo de 1852, los Guela'aya, asaltaron, entre Melilla y 
cabo Tres Forcas, tres embarcaciones españolas y una inglesa, 
matando cinco marineros de esta última. 

Por tres veces, en Abril, Mayo y Junio, los generales Pelis- 
sier y Montauban, escarmentaron á los Beni Iznasen, en cas- 
tigo por las incursiones que hacían en nuestro territorio, ins- 
tigados por sus morabitos, especialmente por Sidi Mohámmed 
£1-Meki, jefe del convento de la orden de Muley Tayeb, en 
donde estuve el año último, y que hoy es el factótum del xe« 
rif Abd Es-Salam. 

En 1853, trataron los mismos Guela'aya de robar una em« 
barcación española; pero el gobernador de Melilla envió tro- 
pas que les hicieron 50 prisioneros; poco tiempo después les 
dieron libertad, recibiendo en cambio 50 bueyes para consumo 
de la guarnición de la plaza. 

Por esta misma época, recibió Abd Es-Sadoc, caid de Uxda, 
orden del emperador de penetrar en el Rif y cobrar las contri- 
buciones atrasadas; pero los rifeños hallaban muy conveniente 
dejar las cosas como estaban, y no solo no pagaron, sino que 
el caid tuvo que vender sus muías para atender á su propia 
subsistencia. 

. En 1854, se renovaron los casos de piratería, y en vista de 
la apatía y aun de la impotencia de las naciones más interesa- 
das, tomó la iniciativa el Gobierno francés para la exploración 
de la costa y la represión de aquellos actos salvajes. 

El comandante del Newton castigó á los Guela'aya, destru- 
yéndoles algunas lanchas y matándole hombres; pero el escar- 
miento duró siete meses. 

Pop entonces, el ingeniero hidrógrafo Vincendon-Dumoulin, 
recibía orden de embarcarse en el aviso P/iare, al mando del 
capitán de fragata Kerhallet, para levantar la carta de la costa 
africana desde el estrecho de Gibraltar; con dificultad obtuvo 



•n BOI^ETlN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

M. Jágerschmidt del ministro de Negocios extranjeros Ho- 
hammed el Jatif, la autorización para que nuestros ingenieros 
pudieran desembarcar en todos los puntos que median entre 
Tánger y Ceuta. Pronto hubo necesidad de suspender los tra- 
bajos, tanto porque los desembarcos inquietaban á los indíge- 
nas, como por el mal tiempo. 

Con objeto de obviar entrambos obstáculos, buscó M. J&- 
gerschmidt el pretexto de una cacería, para que los oficiales 
pudiesen trabajar por tierra; pero ni el ministro ni el gober- 
nador de la provincia de Tánger Ben Abú quisieron tomar 
parte, y negaron su permiso. M. Yincendon-Dumoulin, acom- 
pañado del encargado de negocios francés, salió, y en ocho 
días hizo un estudio tan satisfactorio, que desde entonces lo 
utilizscn todos los navegantes. Á pesar de haberle negado su 
concurso, no por eso dejaron las autoridades marroquíes de 
seguir los movimientos y la marcha de la comisión francesa, 
y habían prohibido de antemano á los naturales el que facili- 
tasen víveres á nuestros compatriotas, conminándolos con una 
tanda de palos. 

Solo una vez se mostró aquella singular y oculta escolta, al 
llegar á la zona neutral en los límites del territorio español de 
Ceuta, zona que viene á ser como otra muralla de China ó un 
cordón sanitario permanente. 

Durante este tiempo habían renovado sus fechorías los 
Guela'aya, si bien hasta entonces no habían atacado á nin- 
guna embarcación francesa; pero el 8 de Abril de 1855, la 
Jeune DieppoiSy que iba de Cardiff á Malta, al hallarse á 30 mi- 
llas al O. de cabo Tres Forcas, se vio acometida por 200 Beni 
Bu Gafer de Azanen, repartidos en doce lanchas; apresaron la 
tripulación francesa, que era necesario rescatar ante todo; fué 
encargado para ello el capitán de fragata Duveyrier, coman- 
dante del PhéniXj que no debía emplear la fuerza, y tocando 
en Azanen pudo recoger á los seis desgraciados, entregando 
16,000 francos por su rescate. 

Aquí termina la serie que marcan las minutas oficiales del 
Sr. Jágerschmidt. 

A fines de 1855, prosiguió M. Kerhallet los trabajos hi- 



EL RIF. '73 

drográficos; desde Ceuta á las Chafarinas, tuvieron que res- 
ponder ocho veces á los ataques de los rífenos; en las cerca- 
nías de Melilla cambió el Phare algunos cañonazos con la ba- 
tería que tenían establecida los Guela'aya; hubo tiroteo junto 
á Alhucemas; cerca de Yelez de la Gomera; en la ensenada de 
Iris, de los Beni Bu Ferá, que considera Kerhallet como la 
peor de las tribus del Rif; en las ensenadas de los Traidores, 
de Piedras Negras y de Pescadores, en territorio de los Metiua 
El-Bahar, y por último en el pueblo de Ustrak, de los Beni 
Said. 

En 1856, el príncipe Adalberto de Prusia, primo hermano 
del rey y jefe del almirantazgo prusiano, costeaba el Rif; le 
hicieron fuego desde la costa^ desembarcó y recibió una he- 
rida en el combate. 

En Marzo de 1885, atacaron en Beni Bu Riaga á unos ofi- 
ciales de la guarnición de Alhucemas, que montaban una lan- 
cha; pero dieron inmediata satisfacción á los españoles. 

En 1886, estallaron desórdenes entre las tribus marroquíes 
de la frontera argelina. Poniendo en práctica el antiguo axio- 
ma divide ut imperes^ decretó el sultán de Marruecos la divi- 
sión administrativa de la tribu de los Mehaya en cuatro distri- 
tos, mandados por un caid; y las poblaciones, ya descontentas 
con las exigencias del fisco, se amotinaron; el caid Bu Beker, 
jefe único hasta entonces de aquella tribu, se niega á obedecer 
y mata á uno de los nuevos caides, y muere también luego, 
reemplazándole Ei-Hach El-Saheli. Tres días después, los Me- 
haya batieron á la columna marroquí de Abd El-Malek, refor- 
zada por los Ulad Alí Ben Talha, junto á los muros de Uxda. 
A consecuencia de esta derrota se vio el gobernador obligado 
á penetrar en territorio argelino, pidiendo á las autoridades 
francesas una escolta para la seguridad de su persona hasta 
avistar la fortaleza marroquí Beni Es Saidiya, construida cerca 
de la frontera. Al mismo tiempo los Ulad Alí Ben Talha en- 
viaron sus ganados á la provincia de Oran; quisieron perse- 
guirlos sus enemigos Mehaya, y tanto para proteger á los re- 
fugiados como para hacer respetar el territorio francés, el ge- 
neral Gand, que mandaba la subdivisión de Tlemsen, esta- 



74 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

bleció un campo de observación sobre la frontera en Biron, 
uno de los puntos de mi itinerario. 

El 31 de Marzo, se renovó el combate al S. de Uzda, entre 
los Ulad Alí Ben Talha, auxiliados por una parte de los Beni 
Iznasen^ contra la otra parte de estos que auxiliaban á los 
Mehaya. 

En cuanto es posible evaluar la población de un país seme- 
jante, los 197 pueblos de los Beni Iznasen pueden suministrar 
7.000 infantes y 700 jinetes. Los Ülad Alí Ben Talha con los 
Beni Hamdun, los Ijebdan y los Mehaya reunidos pondrán en 
pié de guerra 15.000 de á pie y 2.000 caballos. Estos datos 
aproximados, aunque no dan el total de fuerzas militares en 
aquella época, permiten formar ideado la fuerza respectiva de 
ambos partidos. 

Frente á frente se hallaban los beligerantes el 1.* de Abril 
entre Uxda y Lalla Maghnia, en Yerf El Barud Ü «Otero de la 
pólvora», nombre predestinado. El gobernador de Uxda, Sidi 
Abd El-Malek se avistó con el general Gand, pidiéndole la in- 
tervención de Francia, que se le rehusó, porque no debía mez- 
clarse en asuntos puramente marroquíes. Al dia siguiente los 
Mehaya, acampados á 10 km. de Baru, quemaron 7 pueblos 
de los Beni Jaled, una de las fracciones del partido enemigo. 
El día 5 estaban reunidos en Jeneg Ruñan, desfiladero de 
La]la Maghnia, los Ulad Alí Ben Talha, ocupando el SO. de 
la misma ciudad los Mehaya; el 17 emprendieron estos un 
ataque general, derrotando á sus adversarios, que hubieron 
de refugiarse en Argelia, en las tribus de los Mesirda y los 
Atiya, volviendo el 20 á sus campamentos habituales; pero 
esta tregua era fingida, pues se renovó la pelea el día 24, en la 
que salió herido Alí Ben Bu Beker, jefe de los Mehaya, que 
se retiraron á Ras El Ayun, bajo el reducto francés de Mena- 
sele Kis; mientras tanto, por el O. se batían con encarniza- 
miento varias tribus enemigas. Un mes más tarde, el 2 de 
Junio de 1886, comencé mi exploración por el territorio de los 
Beni Iznasen. 

Según noticias que considero exactas, el emperador de Ma- 
rruecos se propone someter las provincias de Uxda, de Garet 



EL RIF. 1& 

« i» 

y del Rif; pero entretenido con otras rebeliones más cercanas 
al centro de su poder, no se sabe cuándo podrá realizar su 
proyecto. 

Fácil es deducir la consecuencia de esta revista contempo- 
ránea; cuanto más interesante y atractiva parece la exploración 
científica del Rif, más especiales condiciones exige empresa 
tan peligrosa, en la que se necesita una gran facultad de ob- 
servación y una paciencia á toda prueba; además, requiere 
mucho tiempo, puesto que será necesario buscar con todo es- 
mero entre los indígenas aquellas personas que sean capaces 
de proteger al viajero en cada cantón. Aquí no puede contarse 
como en otras partes de Marruecos con el apoyo de los israeli- 
taSy porque los naturales temerán que se inicie otra industria 
y otro comercio que no sea el suyo en un país que el mar baña 
y que tan fácilmente explota. Los presidios son callejones sin 
salida; la soberanía del sultáa de Marruecos es quimérica en 
el Rif, ni existe respeto alguno á la autoridad religiosa. 



Ríos DE VElZIJELl Y DE COLOMBIi. 



^^^ll^^^0^f^^^^^^*^9^^^t0S^»^*^*^ 



RELACIONES INÉDITAS 

■ 

REUNIDAS POR 



I. 

Viaje por los ríos Meta y Orinoco hecho por D. Antonia 
de la Torre en los afios de 1782 y 1783. 

AL VIRRBY DE NUEVA GRANADA. 

Excmo. Sr.: En camplimiento de la orden de V. E., verifi- 
qué mi salida de esta capital (Santa Fe) el 25 de Septiembre 
del año anterior de 82 por el camino que faldea la montaña de 
Monserrate sobre la derecha: atravesé el pueblo de Uzaquen y 
pasé á hacer noche á la venta de Fusca, avistándose varios 
pueblos que van demostrados en el plan. 

El 26, siguiendo la misma falda, atravesé por puente el río 
Sopó y por medio del pueblo Tocancipá, llegué á hacer noche 
al de Guachancipá. 

El 27, continuando la misma falda y dejando sobre la dere- 
cha el pueblo de Sesquilé, por donde hace una alza la monta- 
ña, atravesé por puente el río de dicho nombre á subir al cerro 
de San Vicente, y á su bajada atravesó por vado río de Suga y 
pasé á dormir al pueblo de Chocontá, muy abundante de ajos 
y garbanzos, para que es á propósito el terreno. 

El día 28, á cosa de tres horas de camino, atravesé el río 
Toma, y llevándolo siempre culebreando á la derecha y por la 
ladera de una loma á la izquierda, llegué á otras tres horas y 
media á la venta de Joya, donde lo volví á atravesar por puente, 
quedándome en ella á hacer noche. 



. RÍOS DE VENEZUELA Y DE COLOMBIA. 77 

El 29, á distancia de una hora y media de dicha venta, atra- 
vesé por puente el río de Albarracín, próximo á la venta de 
este nombre, y á otras dos, atravesando un monte de malísimo 
camino, llegué á oir misa á la parroquia de Venta-Quemada, 
y como á más de tres y media horas fui á dormir á la venta 
del puente de Boyacá. 

El 30 llegué al mediodía á Tunja, ciudad á la falda de una 
loma en terreno bastante desagradable, con muchas zanjas y 
barrancos próximos á ella: falta de todos los alivios que co- 
munmente se solicitan para, hacer agradable una población: 
es reducida y bastante deteriorada, y aunque en su fundación 
sería una de las más bien delineadas , está tan destruida que, 
según lo que demuestran sus ruinas, no es una sombra de lo 
que anteriormente sería: es muy pobre; lo poco que permanece 
en pie, será sostenido del gasto diario de las religiones do Agus- 
tinos Calzados y de Recoletos de San Francisco, Sanio Domin- 
go, San Juan de Dios, monjas de la Purísima Concepción y de 
Santa Clara, que acaso será la única plata que circula en ella. 
Acuden á la ciudad todos los viernes con el motivo del mercado 
á vender los frutos de las inmediaciones, de semillas y verduras, 
porción de carneros en canal y algunas manufacturas de algo- 
dón de muy poca monta. En todo el camino, desde Santa Fe á 
dicha ciudad , se conoce la poca curia que ha habido para su 
composición, pues aunque en él hay bastante tierra quebrada 
con montes, lomas, ríos y torrentes, á poco que se le ayudase 
sería más transitable y menos molestoso. La dispersión de las 
habitaciones de los vecinos, á grandes distancias de sus pueblos 
y parroquias, puede ser la causa de no haber contribuido á una 
obra de tantos beneficios para sí mismos y el público, por la 
precisión en que se ven constituidos de emprender caminos 
desde sus mismas casas para cualquiera parte que les precise, 
sin atender al camino reíil ó común que debe servir para los 
demás transeúntes. Me persuado que la causa de la dispersión 
de los habitantes de estos parajes y de los demás de tierra 
firme, lo ocasionará la irregularidad de los terrenos para la 
producción de frutos, pues no todos son aptos para ellos, por 
lo que se ven obligados á establecer sus casas próximas á sus 



'3S BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

labranzas, aunque distantes de sus parroquias, para poderlas 
beneficiar con más comodidad, pues de lo contrario, la mucha 
desidia, que es general en aquel reino y lo inclinados que son 
á la bebida y otros vicios, les daría motivo para dejar las tie- 
rras abandonadas, con lo que se aumentaría más su pobreza. 

El 5 de Octubre salí de dicha ciudad por donde llaman En- 
caño Chico, por haber unos tres ó cuatro caños de agua, de la 
que se sirven para lavar sus ropas, porque para beber la tienen, 
aunque turbia y mala, dentro de la ciudad, y en medio de la 
plaza hay una fuente, traída á ella de larga distancia por una 
cañería que la reparte también á todos los Conventos. Aunque 
es el camino por tierra llana, demasiado desagradable, así por 
los muchos pantanales, como por los infinitos zanjones que 
tiene á los costados, dejándolo muy estrecho, á que se agre- 
gan luego varias lomas de tierra, pendientes y resbalosas, que 
precisa á faldearlas con mucho cuidado, y dos quebradas panta- 
nosas que, aunque fuese con piedra tosca, se les podía poner 
puente y evitar muchos quebrantos que suelen recibir los ani- 
males y cargas; como á unas cuatro horas de Tunja se atra- 
viesa el río Sogamozo por vado, y poco más adelante el de 
Toca, que se une con él. De allí pasé á dormir al sitio de Carri- 
zal, que así llaman á varias casas esparcidas correspondientes 
á la feligresía ó pueblo de Toca. 

El 6 atravesamos por Quebrada Honda , que está en un monte 
dé muy mal piso, y después de tres horas de camino igual al 
anterior, bajé al pueblo de Tirabitoa (atravesando á su entrada 
el río de dicho nombre, y que poco más abajo se une con el 
de Sogamozo), situado en un valle muy llano y deleitable, cer- 
cado de eminentes lomas, que tendrá de travesía como una 
hora y media, y de largo como otras cinco horas. En dicho 
valle se hallan, en las abras que hacen las montañas, y á la 
falda de ellas, nuevo pueblos, que son: Toca, Iza, Sogamozo, 
Topayá, Gamezá, Chamezá, Nacusá, Tibacoza y el dicho de 
Tirabitoa. Pasé al pueblo de Sogamozo, que distará como dos 
horas y media, en donde se hace todos los martes mercado 
como el de Tunja, acudiendo mayor abundancia de semillas y 
manufacturas de algodón, de que se proveen varios para pasar 



Ríos DE VENEZUELA Y DE COLOMBIA. ^ 

á beneficiarlas á parajes muy distantes, que comunmente es 
la moneda con que se paga á los jornaleros, en particular en 
tierra caliente, y Qon lo que se compran algunos víveres y otros 
efectos, con los que suelen lucrar excesivamente, aunque la 
recompensa del trabajo su^le ser igual de parte de los jornale- 
ros, pues como mal pagado y hecho de mala gana^ no estando 
presentes los interesados, ocupan muchos días en lo que podían 
hacer en uno solo, y muchas veces, cuando vana sembrar, en- 
tierran toda la semilla en una excavación que hacen, lo que no 
se echa de ver hasta que empieza á brotar el fruto, perdiéndo- 
se de esta suerte toda la siembra y trabajo por la maldad del 
que se hizo cargo de sembrarla. 

El día 7 pasé á la hacienda que fué de los Jesuítas en Tira- 
bitoa. 

El 11, subiendo por la loma de Iza, dejando el pueblo sobre 
la derecha, atravesé en el espacio de tres horas varias lomas y 
quebradas hasta bajar á las orillas de la laguna de Toca, que 
tendrá de circunferencia por la irregularidad de su círculo 
como unas seis leguas. Viene á ser un valle profundo, donde 
se recogen las aguas de las muchas lomas y montañas emi- 
nentes que la circundan. En medio de ella se descubren sus 
mogotes ó cerros bastante separados, de mayor y menor exten- 
sión, y en los mayores me dijeron que había porción de vena- 
dos, que no es difícil respecto de lo mucho que nadan. Sus 
aguas son muy claras y buenas, de las que bebí, y me parecie- 
ron especiales. A sus orillas hay algunas haciendas en que se 
coge abundante fruto y buenos pastos para toda especie de ani- 
males vacuno, ovejuno y mular. De dicha laguna sale el río de 
Opia, el que despuéá de recoger la vertiente de varias quebra- 
das con los ríos de Somondoco, Albarracín y el de Turnequé, 
entra en el río Meta antes que^el Guicana, ya en la provincia 
de los Llanos. 

De allí proseguí á la estancia de Hato Grande y á subir la 
loma de Soutano, y á su bajada se atraviesa la quebrada de 
dicho nombre, y por su orilla, con muchos fangales y mal 
piso llegué al llano de Toquilla, sitio de una sola casa y á pro- 
pósito para poner en él alguna población con todas las como- 



80 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

didades que se pueden apetecer. Su temperamento es muy 
bueno y capaz de producir cuantos frutos se dan en el reino, y 
es mejor por sus abundantes y próximos pastos para cría de 
ganados de lana, mular y vacuno, sin el perjuicio de la intem- 
perie del páramo, por la suma elevada de él y profundidad de 
esta planicie.' Distará como unas tres horas de la laguna de 
•Toca; me dijeron que los Barredas de Sogamozo poseen aque- 
lla tierra con título de merced; que de dicho pueblo se pudie- 
ran sacar vecinos que la poblasen por pasar de más de mil 
familias libres las que tiene. 

El 12, volviendo á atravesar dicha quebrada deSoriano (que 
es la cabecera del río Cuciana que entra por abajo de donde se 
halla fundada ahora la ciudad de Santiago al río de Meta), pro- 
seguí subiendo la loma de las Minas, llamada así por ser de 
tierra pantanosa y de muchos barriales, que fué forzoso ha- 
cerlo á pie hasta bajar á Quebrada Honda. Proseguí por otra 
loma de mal paso y muchos saltos, á coger la cañada de igual 
camino de fangales y desaguaderos de varias quebradas, hasta 
la Loma de las Lajas, que toda es de piedra pizarra, con tantos 
resbaladeros cuantos pasos se caminan por ella, á los que se 
añaden algunos cangilones y saltos de más de vara, con mucha 
desigualdad en todo el piso , y como al pasarla estaba llovien- 
do, se hizo más intransitable y se tardó más de una hora en 
salir de ella. 

De allí proseguí hasta el paraje que llaman el Contadero, 
próximo á la laguna de Ugenta, y dejándola sobre la derecha, 
proseguí la bajada y atravesé la quebrada que desagua de di- 
cha laguna, la que se va á unir con las de Siama, que estas, 
con otras varias, componen el río de Labranza Grande. Pasé 
á dormir á la ramada que llaman Los Pozos, á orilla de la 
quebrada de el Bermejal en el centro del páramo, que aunque 
en invierno fué excesivo el frío que padecí, no obstante que 
está aquel paraje poblado de árboles, con dificultad se pudo 
encender candela, siendo inaguantable el frío por la mañana. 

El 13, atravesé dicha quebrada del Bermejal y subí la 
sierra de dicho nombro, que es muy pendiente, tanto á la su- 
bida como á la bajada, con muchos saltos y cangilones, ha- 



Ríos DE VENEZUELA T DE COLOMBIA. 81 

déndola de peor piso la piedra suelta que rueda detrás de los 
caminantes y bestias; la que proseguí hasta donde llaman el 
Arenal, por haber un poco de llano. Luego se continúa bajan- 
do hasta la de Bizcocho. Más adelante está Hato Viejo, que 
son varias casas esparcidas por la loma, feligreses de Labran- 
za Grande, tierra mucho más templada que la del páramo, 
que este comprende desde la loma de las Minas hasta la baja- 
da 4el Bizcocho, que según el camino por donde se transita, 
se necesita más de un día para atravesarlo. 

Dicho terreno de Hato Viejo declina su temperamento á 
cálido, y produce todos los frutos de él. Es muy á propósito 
para cría de ganados de toda especie y para poner una buena 
población, aunque sea de 300 vecinos, los que se pueden sacar 
del pueblo de Labranza Grande, que este pasa de 600 familias 
libres esparcidas sin necesidad (como las tierras frías) , á lar- 
gas distancias é internadas en los montes y quebradas , que si 
se verifica se podrá componer con muchas ventajas y alivio el 
camino del páramo, en el que se ve la poca curia que se ha 
puesto desde que lo comenzaron á practicar ó transitar. Dichas 
tierras las labran varios sujetos con título de merced en los 
mismos términos que los Barredas las de Toquilla. 

Proseguí bajando dicha loma ó sierra hasta la quebrada de 
Siama, que atravesé por puente de á caballo; es bien caudalo- 
sa y veloz su corriente, con el fondo de muchas piedras gran- 
des que impiden el vadearla, siguiendo asi hasta que entra en 
el río de Labranza Grande, como llevo dicho. A la banda 
opuesta de dicha quebrada, me quedé á dormir aquella 
noche. 

El 14, proseguí subiendo la loma del alto de la Cruz, sierra 
muy alta y pendiente con el piso de piedra gruesa suelta, y lo 
mismo su bajada hasta llegar á las orillas del río de Labranza 
Grande, de más de seis horas de camino. Atravesé dicho río 
por un puente de bejuco, que allí llaman hamaca, por ser de 
la misma ñgura estos enlazados. A modo de red pendiente de 
dos cuerdas paralelas de la misma materia, tendidas de la una 
banda á la otra del río, forman una galería en el aire y ofrecen 
á la vista el aspecto ó figura de una hamaca grande colgada en- 

e 



82 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

cima del agua. Gomo son muy anchas las mallas de aquella red, 
tienen adentro para pisar algunas cañas abiertas y cortezas de 
árboles. Bien se echa de ver que debe arquearse mucho toda 
la máquina por su propio peso y mucho más cuando cargada, 
y que llegando el que pasa á mitad de su carrera, especial- 
mente cuando hay viento, se halla expuesto á unos balances 
grandes, por donde se puede juzgar que puentes de esta he- 
.chura, aunque sea estrecho el río, no convidan al pasajero 
á la primera vista, sin embargo, los indios, poco animosos 
por su naturaleza, los pasan corriendo y cargados, riéndose 
de ver suspender al recien venido, que luego se avergüenza de 
mostrar menos resolución. 

El 16, proseguí por tierra llana con el río sobre la derecha 
y la falda de la montaña. Atravesé la Quebrada Grande, y 
después de media hora subí lo que llaman el Volador de Ga- 
cha, que es un peñón con unos saltos formidables, que precisa 
á descargar las bestias para que pasen, ó suban por mejor de- 
cir, con bastante dificultad, y aun con esa precaución son mu- 
chas las que se han maltratado. 

La causa de este paso es una eminente sierra muy áspera, 
que remata en aquella punta, y por la derecha la profundidad 
del río. La mucha desidia y poca curia de aquellas gentes, no 
ha arbitrado el echar el camino por otra parte , ó allanado el 
que siguen con tanto quebranto, pues es fácil su composición. 

Proseguí subiendo y bajando varias lomas pedregosas hasta 
el río del Gallinazo, llamado así por sus aguas, que son muy 
turbias y de color de ceniza, el que distará del Volador como 
unos tres cuartos de hora. 

Inmediatamente emprendí la subida de la loma de Corral de 
Piedra, muy pendiente, escabrosa y dilatada, caracoleándola, 
con muchos cangilones y saltos, en que se fatigan demasiado 
los pasajeros y bestias, y pasando por lo que llaman la Aguada, 
fui á dormir á dicho Corral de Piedra, que son unas casas es- 
parcidas por aquellos montes y quebradas de la feligresía de 
Labranza Grande. 

El 17 acabé de subir la loma, como á cosa de media hora, y 
á su bajada atravesé el monte de Paya, en el que tardaría como 



RÍOS DE VENEZUELA Y DE COLOMBIA. 83 

Otra hora, tan fragoso como la subida, y en algunos pedazos de 
terreno que falta la piedra, hay muchos fangales, cangilones y 
despeñaderos muy peligrosos, que precisan á que se camine á 
pie para evitar el riesgo, provenidos estos malos pasos de que 
cuando se manda á los indios á componer los caminos, si es en 
tiempo de invierno allanan los fangales desembarrancando tie- 
rra de los costados con que los cubren, y como ellos comun- 
mente caminan á pie y son prácticos para los deshechos, seles 
da poco de que se atasquen los que van á caballo y cargas, como 
sucede frecuentemente en aquellos parajes. Fui á comer á una 
labranza de los indios de Paya, que está á la salida del monte 
y proseguí bajando la loma por tierra rasa, y con tanto caracol 
y piedra^ que maltrata demasiado las bestias, sucediendo lo 
mismo en el poco llano que hay, por los muchos pantanales 
y piedra menuda hasta llegar al río do Paya, el que también 
atravesó por puente de bejuco hamaca, como la anterior, con 
mucha retardación en el paso de las cargas, y el de las muías, 
que se echaron á vado, con lo que se maltrataron algunas, por 
las muchas piedras grandes que hay en el río y no es posible 
hacer pie en ellas. Proseguí subiendo una loma de igual piso 
al anterior, hasta llegar á dicho pueblo, situado en la emi- 
nencia de ella. 

El 18, con el río á la derecha y varias montañas desbarran- 
cadas que tienen cerrado el camino á la izquierda, seguí bajando 
la loma, en que atravesé tres quebradas para llegar al llano que 
ilaman de Miguel, que es de poca extensión y lleno de pajonal. 
Pasé luego la quebrada de dicho nombre y emprendí la loma 
del Degredo (llamado así por la guardia que ponen en ella para 
no dejar pasar á los que transitan de tierra donde hay viruelas) 
la que tiene muchos repechos, cangilones y piedras sueltas 
hasta atravesar el monte de Castro, subiendo siempre á la loma 
del alto de Chilacaba, que su bajada es por el monte de Mor- 
cóte, hasta llegar á la quebrada de Tanga, y de allí se vuelve á 
subir á otra loma hasta dicho pueblo, que está fundado en una 
meseta muy alta y de mal camino. 

El 22 proseguí bajando la serranía con muchas vueltas y 
malos pasos. Á unas dos horas de bajada llegué al Uano^ que 



84 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

sigue hasta las orillas del río de Tocaría, que no permitió va* 
dearse por lo muy crecido, obligándome á pasar la noche á sus 
orillas. 

El 25, con un grande aguacero y bastante riesgo, pasé dicho 
río, que por aquella parte es muy ancho y rápido, con muchas 
piedras grandes, de suerte que no pueden hacer pie las bestias, 
y es menester que vayan dos hombres con cada una, y con todo 
se mojaron las cargas, repitiéndose lo mismo en las quebradas 
del Calvario, de S. Javier, Radul y Salitre, por lo muy cre- 
cidas. 

Antes del medio día llegué á la hacienda de Tocaría, que 
fué de los Jesuítas. Las muchas aguas y peores caminos para 
seguir al Macuco, me obligaron á detenerme para pedir em- 
barcaciones y proseguir mi viaje. Poco más adelante de donde 
se vadea el río de Tocaría, le entra el de Paya, incorporado 
con todas las quebradas que se atraviesan desde aquel pueblo 
hasta el de Morcóte. 

El 23 despaché chasqui (1) en solicitud de dichas embarcacio- 
nes, que no vinieron hasta el 10 de Noviembre por la tarde, 
en que salí de Tocaría y fui á Garcitas, que es el puerto, dis- 
tante de allí como unas tres horas, á disponer las cargas y 
embarcaciones, que se reducían á dos curiaras (así llaman á 
las de un solo palo), muy pequeñas y de poco buque, la una 
tan celosa, que al más leve movimiento hacía agua por el cos- 
tado, y es la que se señaló para mi trasporte, en que no tuve 
más recelo, por la poca profundidad del río, que el que sá 
averiase ó perdiese el equipaje. 

El 11 me embarqué en dicho puerto de Garcitas, estando 
muy bajo dicho río de Tocaría, y por lo mismo, cada instante 
se iban varando las embarcaciones, siendo mucha la incomo- 
didad que me causó la en que iba; se navegó aquel día muy 
poco, y me quedé á pernoctar en el puerto de Maní; así llaman 
á unas cuatro casas que hay en aquella ladera, donde gozan 
el beneñcio de las tierras, y encontré otra embarcación para 
proseguir menos incómodo. 

(1) Chatqui^ correo, emisario. 



RÍOS DE VENEZUELA Y DE COLOMBIA. 85 

El 12 proseguí con los mismos embarazos de varaduras, y á 
unas dos horas del Maní por la costa opuesta desemboca el rio 
Cravo, nombre que conservan los dos juntos hasta llegar al 
río de Meta, quedándonos á nocturnar aquella noche en una 
playa. 

El 13, con las mismas incomodidades, proseguí hasta la 
hacienda de Gravo, que era de las temporalidades de los expa- 
triados y correspondía á un pueblo que estaba fundado muy 
arriba y se extinguió. 

£114 llegué al medio día al pueblo de Macuco, de nación 
Salivas, y dejando el equipaje en una ramada, pasé á dicho 
pueblo, que distará del puerto como una legua, y de él cuida 
un religioso misionero de los Recoletos de San Agustín, siendo 
de la misma religión los de Casimena, Surrimena y Gua- 
napalo. 

En lodo lo que observe desde Labranza Grande é informes 
que adquirí, echo de ver que se puede sacar un camino desde 
aquel pueblo hasta dicho río (que al pasar por la montana del 
pueblo de Gravo toma este nombre y poco más abajo se une 
con el de Tocarla, como llevo dicho), mucho más cómodo y 
breve y á poco trabajo, que poniendo una población en la falda 
de la loma de dicho pueblo de Gravo (pues proporciona todas 
las comodidades para ella) y una bodega en la junta de los dos 
ríos, que (listará de la loma como unas cuatro horas, se hará 
transitable en todos tiempos y sin las incomodidades de bus- 
car embarcación por otra parte. 

Las orillas de dichos ríos Gravo y Tocaría, que unidos solo 
se nombra Gravo, es tierra más calta que la restante que se va 
apartando de ellos: está poblada de árboles y tiene tal cual casa 
esparcida por sus labranzas, aunque por algunas partes se des- 
cubre la sabana rasa, y lo que me pareció más alto y libre de 
anegarse, es en donde llaman Pueblo Viejo, por haber estado 
allí uno de naturales á quienes correspondía la hacienda de 
Gravo, del que no ha quedado fragmento alguno, y se puede 
hacer una población y reducir allí á los vecinos que se hallan 
sirviendo en las orillas de los ríos Gravo y Tocaría, con otros 
muchos que están esparcidos en aquellos campos, la que no 



86 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

solo sería útil para ellos, sino también para los transeúntes,, 
que encontrarían víveres y lo demás que hubiesen menester, 
procurando hacerse de algunas embarcaciones para la navega- 
ción de dicho río y el de Meta, del que dista menos de media 
día, agua abajo, y poco más del puerto del pueblo de Macuco. 

No he comprendido los finos que pudieron tener los Padres 
Jesuítas para retirar tanto los pueblos de sus puertos, por tener 
estos tierra alta y con bastante extensión y capacidad para 
haber poblado en ellos: aunque me parece que el temor de los 
indios gentiles, que aun trafican por el otro lado del río, sería 
causa de eso. 

También extrañé bastante el que proporcionando tantas co- 
modidades una y otra banda de dicho río Meta, no se hubiesen 
establecido algunos vecinos para hacer Estancias por aquellos 
parajes, aprovechándose de la fertilidad de aquellas tierras. 
Comunicándolo con algunos misioneros de Macuco, y el Co- 
rregidor de aquellos pueblos, me respondieron'que así en aquel 
pueblo como en el de Guanapalo y demás de las misiones, es- 
taban establecidas muchas familias con estancias de cañave- 
rales y cacaoales, logrando buenas cosechas de maíces y otros 
muchos frutos, y obligados á tomar las armas en las invasio- 
nes de gentiles que pudieran ofrecerse; pero que en el gobierno 
del Dr. Caicedo, el gobernador D. Alonso de Vareas, que lo 
era de dichos pueblos, por disposición ó aprobación de dicho 
gobernador, desterró de allí por sus fines particulares á aque- 
llas vecinos, haciéndolos perder cuanto tenían en ser, lo que 
después oí lamentar á muchos do estos, por el perjuicio que 
habían recibido; y al pasar de vuelta por el Caño de Caraban- 
taba, donde áe fué á establecer, haciendo casa y trapiche, con 
buenos cañaverales, platanales y labranza de otros frutos, 
Francisco Cruzel, natural, vecino honrado, uno do los expul- 
sados del pueblo Macuco, este me dijo había perdido por causa 
de dicho Corregidor toda la hacienda que allí tenía, y que des- 
pués de tantos quebrantos como había padecido, pretendía don 
Miguel Cadenas, mayordomo de la hacienda de Cravo, que 
dista de allí más de cuatro leguas, hacerlo perder cuanto había 
vuelto á trabajar y tenía en ser, pretextando que había per- 



Ríos DE VENEZUELA Y DE COLOMBIA. 87 

juicio á la hacienda y de que aquellas tierras eran del rey. El 
que me hizo ver que el perjuicio sería á los fines particulares 
del mayordomo, y que antes más bien sirve de beneficio, así 
para los que navegan como para los que caminan por tierra, 
pues desde Macuco hasta aquí no se encuentra otra casa en 
día y medio de camino, á excepción de dicha hacienda, que 
queda sobre la izquierda, muy distante del camino, y por 
consiguiente, ahuyenta los tigres y animales feroces que 
hacen grave daño en la gente y ganados. 

Hícelo así presente al gobernador de aquella provincia don 
Joaquín Ferniz y me dijo lo remediaría. Hallo que sería muy 
conveniente, y parece lo mismo á otros que lo miran con re- 
flexión, que se volvieran á establecer en aquellos pueblos los 
vecinos honrados que quisiesen ir á vivir á ellos, sin limitar 
el número, los que serían de mucha comodidad, así para liber- 
tar de insultos á los indios, como para resguardo de los misio- 
neros, proveer á los transeúntes y contener y reducir á los 
pocos indios gentiles que hay por aquellos parajes, á que se 
añade el de evitar el costo de la tropa que se dice de escolta, 
que sirve de más perjuicio que provecho, y hasta ahora solo 
se ha ocupado en servicio de los Corregidores, con graves per- 
juicios de los indios y misioneros, como lo acredita la expe- 
riencia, y de esta suerte habría de quien echar mano en cual- 
quier evento, aun en Macuco, como en Guanapalo y demás 
pueblos, y á su inmediaci(}n se podría esperar el que los indios 
adelantasen en las labranzas y manufacturas, y que los que 
entre ellos se tienen por esforzados pudiesen servir en las oca- 
siones con sus flechas y macanas y adelantar poblaciones en 
todas las orillas del Meta hasta sus bocas. 

Distará Macuco de Guanapalo en tiempo de verano, medio 
día de camino, pero en invierno es impractible, y por el río, 
menos de un día, agua abajo. Dicho río Meta, desde que se 
entra por él por el de Gravo, tendrá de ancho casi media 
legua española, y esta anchura conserva de barranca á 
barranca, con corta diferencia hasta embocar en el río Ori- 
noco, á excepción de lo que se estrecha en una de las puntas 
de la barranca del Trapiche, á cuasi 200 varas, y sin em- 



88 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

bargo, que antes de entrar en él le tributan aguas el río de 
Macuco, que es permanente y abundante; el de Guanapalo, 
Pauto, Aríporo, Aricaporo, Chire, Casanare y Ele, que todos 
nacen en la cordillera desde las montañas de la Tocaría hasta 
las de Gucuí 6 Gbigas, recogiendo cada uno de ellos las aguas 
de muchas quebradas y arroyos que le suministran sus ver- 
tientes, por cuyas cabeceras atravesé á mi regreso, á excepción 
de las del río Ele, como se manifiesta en el plan, siendo tantas 
las aguas que recoge de dichos ríos y otras muchas de varios 
caños y quebradas que no se expresan por no ser permanentes 
en todo tiempo. 

Tiene dicho río Meta muy poco fondo, algunas isletas y 
muchos bancos de arena que, á no explayarse tanto, sería su 
navegación engodos tiempos mucho más cómoda. Las señales 
de su mayor creciente en las barrancas no exceden de cinco 
varas, porque represando el agua de los ríos que la suminis- 
tran por venir más bajos , la hace derramar con otra mucha 
que él les contribuye, por las próximas sabanas, que en parte 
son más bajas que la planicie del río, formando en algunas 
partes ciénagas muy dilatadas, motivo que hace sean aquellos 
llanos intransitables en el verano por muchos parajes á causa 
de los atascaderos que siempre permanecen, y solo en sus 
orillas es donde la tierra tiene alguna más elevación. En 
tiempo de verano le quedan algunas canales tan escasas de 
agua, que precisa arrastrar las embarcaciones (si van algo 
cargadas, mayormente si son lanchas) para que lleguen hasta 
el Macuco. También retarda la ignorancia de los indios en el 
uso de la palanca, que solo usan en todos aquellos parajes 
para desatracar de la costa, acomodándose más bien á las 
cuerdas ó cabullas para ir guiando desde las playas. Muchas 
ventajas ofrece la dirección de su curso para que puedan las 
embarcaciones subir á la vela, á excepción de las primeras 
vueltas inmediatas al Orinoco, que estas precisan á subir á 
remo ó con cabullas á lo que llaman sirga. 

El 20, después de desvanecidos todos los obstáculos que 
ocurrieron para entorpecer mi comisión, me embarqué en 
dicho pueblo del Macuco en una lanchita pequeña de cuatro 



Ríos DE VENEZUELA Y DE COLOMBIA. 89 

remos, bastante incómoda por ser muy celosa. Al siguiente 
día llegué á Guanapalo; á su frente hay una isla donde acuden 
muchos indios á hacer sus labranzas, que distribuyen con 
abundancia de plátanos, yucas, ñames, maíz, etc., adonde 
tomé otra curiaca con tres hombres para que acompañase la 
lancha en cualquiera evento por no ser esta de ninguna segu- 
ridad. A una hora río abajo pasamos por la boca del puerto; 
á otras dos horas más abajo, en la barranca izquierda, se 
halla el paraje que llaman Ibaiba, donde tienen las demás 
rancherías y labranzas los naturales de Guanapalo , y desean 
fundar pueblo muchos de los guajiros gentiles que están sin 
reducir. Sería conveniente agregarles también algunas fami- 
lias de libres para los mismos fines que en los pueblos ante- 
riores , ó poner solo población de estos para mayor seguridad 
y que disfrutasen aquellas tierras tan pródigas y abundantes 
para todos frutos. Sobre la izquierda se dilata la barranca de 
Domare, tierra alta y con algunos montes próximos y mucha 
porción de palma de morichc para techar la casas y otros 
muchos menesteres. 

Las mismas proporciones tienen las orillas del río Ariparo, 
que esta más abajo y cosa de cinco horas, y las de Aricaporo, 
que distará de aquel como otras cinco horas. A media hora 
más abajo de este río se halla la barranca de los Arrecifes, 
que en tiempo de verano es paso bien peligroso así para bajar 
como para subir, pues estando el río bajo se descubren muchas 
peñas, y la fuerza de la corriente, si no se va con bastante 
cuidado, arroja las embarcaciones sobre ellas, y son tantas, 
que con algunos cortos intervalos se dilatan más de media 
legua. Fuimos á dormir á la playa, que está al frente, el día 23. 

El 24 proseguimos, y á cinco horas más abajo encontramos 
las bocas del río Chire, y á unas 300 varas las del río Casa- 
nare, y á cosa de media hora más abajo las del río Ele, todo 
sobre la izquierda. Aquella noche nos quedamos á dormir en 
una playa. 

£1 25 proseguimos, y sobre la derecha encontramos la punta 
del monte llamado Trapiche. Como unas ocho horas más abajo 
del río Ele, es tierra alta y deliciosa, apta y capaz para fundar 



90 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

una buena población; tiene próximo un pedazo de monte y 
mucha palma de moriche para hacer y techar las casas, coa 
todas las proporciones para labranzas y demás menesteres, 
con unas sabanas muy dilatadas y amenas que alcanzan hasta 
los raudales de Atures en el Orinoco, y del hato del pueblo de 
San Borja, que estuvo fundado en aquel paraje. Se ve comun- 
mente en aquellas sabanas mucho ganado vacuno y caballar 
que se ha amontonado y llaman cimarrón. Sobre la izquierda 
está la barranca de Yuguagá, que sigue con bastante exten- 
sión. Es también tierra alta, pero no tanto como la del Trapi- 
che. Como unas cinco horas más abajo encontramos la punta 
y monte del Perú, en donde algún trecho de tierra adentro 
estuvo fundado el pueblo de dicho nombre, de nación guanuna, 
que desampararon volviendo al monte con los guaviros; 
aquella noche me quedé á dormir en una playa. 

El 26, á cosa de unas cuatro horas, se encontró el caño de 
Fruta sobre la misma costa; su barranca es también alta y 
con buenas proporciones para población. A unas tres horas 
más abajo encontré la barranca de Buenavista, sobre la dere- 
cha. Es tierra alta, y reconocido su piso, es el terreno de pie- 
dra esponjosa; tiene próximo un pedazo de monte y un mori- 
che bien dilatado, y á distancia de la orilla, como unas 200 
varas apartada del río, es tierra parda, con alguna mezcla de 
arena y á propósito para cañaverales, con muchas sabanas 
muy dilatadas, hasta donde puede alcanzar la vista. Sigue di- 
cha barranca orillando el río más de dos horas con intervalos 
chicos de tierra algo baja; aquella noche nos quedamos á dor- 
mir en una playa. 

El 28, como á unas ocho horas, desemboca Meta en el Ori- 
noco, con tanta anchura, que parecen iguales, aunque este es 
de mucha más profundidad. Sobre la izquierda hay una peña 
muy grande, llamada Cumare, la que so une con la barranca, 
que es bastante alta y capaz de una buena población. Su te- 
rreno me pareció muy á propósito; próximo á ella tiene un 
caño de agua con el mismo nombre, y á sus orillas se pueden 
poner muchos platanales y cañaverales; es abundante de ma- 
dera y de moriche. Poco más abajo está el hato do San Anto- 



Ríos DE VENEZUELA Y DE COLOMBIA. 01 

nio, que fué de los ex-Jesuítas, que aunque há muchos años 
que se tiró á extinguir, y no se ha cesado de hacer matanza 
de ganados para las expediciones del alto Orinoco y Río Ne- 
gro, permanece aún mucha porción de él. 

Aquí me dijeron que había orden de la Corto para que se 
fundase para la provincia de Caracas la villa de Meta, y para 
ello pasaron á reconocer aquel terreno el teniente corregidor 
de los pueblos del río Apure, D. Juan Antonio Rodríguez y 
un religioso capuchino, y sin embargo de las proporciones 
que ofrece para ellos, estos parece la quieren poner mucho 
más abajo, á orillas del Orinoco, después de pasados los rau- 
dales de Carichana, donde no será tan conveniente como lo 
fuera en la desembocadura de Meta, porque dado caso que se 
estableciera la comunicación y comercio de este reino con 
aquellas provincias, como es regular, en tiempo de verano; en 
que el Meta queda con pocas aguas, pueden llegar embarca- 
ciones grandes desde las bocas de Orinoco hasta aquel paraje 
con mucha cargazón, la que trasbordándose á otras pequeñas 
seguirían hasta el Macuco lí otro cualesquiera puerto del 
Meta, y también sería mucho alivio para los que varasen en 
embarcaciones chicas por el Meta, encontrar otras mayores 
para poder pasar los raudales de Carichana, en donde son ve-» 
lucísimas sus corrientes, y toda embarcación pequeña va ex- 
puesta á zozobrar ó estrellarse contra las peñas. 

Frente á la misma boca del Meta atravesé el río Orinoco á 
la costa opuesta, donde está un peñón que llaman Piedra de 
la Paciencia. A una hora agua abajo atravesó el raudal de Ca- 
. richana con bastante cuidado por los muchos peñones que se 
iban descubriendo, A su frente estuvo antes dicho pueblo de 
Carichana. 

Proseguimos, dejando sobre la derecha dos peñones formi- 
dables de una sola piedra; la primera se llama Pacuna, y la 
segunda, que la divide el río de Amapuri, y es mucho mayor, 
la nombran Marimaruta. En este paraje se estrecha el Orino- 
co 4 menos de un tiro de fusil; como á unas dos horas más 
abajo está el puerto de Carichana, en la falda de un peñón 
plano, de unas 600 varas de largo y de poca elevación. En la 



J 



M BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

• 

parte opuesta de él, en terreao Ilaao y de arena, está fundado 
dicho pueblo, de nación Salivas y Yaruros, de muy pocas ca- 
sas, y sin sacerdote há más de cuatro años, motivó de su dis- 
minución. Pasé á dormir á él y proveerme de lo necesario 
para seguir el viaje. Enfrente de dicho puerto (intermediando 
una isla bastante grande, donde los indios hacen sus abun- 
dantes sementeras) está fundado el hato de San Antonio que 
llevo expresado. 

£1 29, á cosa de hora y media de Garichana, después de 
otros muchos cerros y los más de piedras [como el de Mari- 
maruta, que dejé sobre la derecha, pasé próximo á lo que 
llaman del Castillo, por una batería que tenían en ella en 
tiempo de los PP. Jesuítas, y un pueblo en su meseta de con- 
siderable altura y extensión. Á media hora más abajo pasé á 
nooturnar. 

El 30, como á tres horas y media del Castillo, está en la mis- 
ma costa la boca del río Anyapo?, donde estuvo fundado el 
pueblo de Bararuma, nombre también de un ceri*o todo de una 
sola piedra, como el anterior á él y sobre el que estaba dicho 
pueblo de nación saliva. De las singularidades de estos cerros, 
de su delicia y proporciones da noticia el P. Gumilla en su 
Orinoco ilustrado^ y me aseguran ser así los mismos salivas 
que vivieron en ellos. 

En la costa del N., á su frente estuvo fundado el pueblo de 
Santa Bárbara, de nación Otomacos, que después abandonaron. 
Á unas dos horas más abajo atravesamos por las bocas del río 
Sinaruco. Á su frente está el caño Caripo; media hora más 
abajo el de Chapure. Montamos la punta de Abere, y atrave- 
sando la playa del Rosario por encima déla peña de Mina, que 
son dos peñones en medio del río. Costeé el peñón de San Re- 
gis, que está á la entrada del caño de Guaraturu, dejando sobre 
la derecha todo lo que llaman Barragan, que son unos peñones 
formidables, unos sobre otros, que alcanzan hasta el pueblo de 
Urbana, de indios otomacos y caribes (allí hace el río un semi- 
círculo do una vuelta de más de tres leguas). Frente de San 
Regis está el caño de Capanciparu, y á unas cuatro y media ho- 
ras de San Regis se halla dicho pueblo de Urbana. Enfrente 



RÍOS DE VENEZUELA Y DE COLOMBIA. 03 

de él hay una isla que divide el río de Guanaparu unido con 
el de Gunaviche. 

DCa 1/ de Diciembre, como á unas tres horas de Urbana, 
pasamos por el cerro de Buena Vista, nombre de aquella ladera. 
Desde dicho pueblo y á unas cuatro leguas de este paraje, atra- 
vesamos por la boca del caño de Mariapuri, y á su frente des- 
agua el Cabillari. Poco más abajo sobre la derecha, á la orilla 
de un cerro, está fundado el pueblo de la Encaramada; cinco 
horas más abajo se hizo noche en el cerro de Curiquima, fren- 
te á las bocas del rio Apure, el más caudaloso de la provincia 
de Caracas, mucho mayor que el de Meta. 

El 2, á un cuarto de hora de Apure, en la costa del Sur, se 
hallan los cerros de Abera y Capuchino: á su frente desagua 
el río Guarico. Á media hora de este se encuentra, en la costa 
del Norte, el cerro y pueblo de Cabruta, de nación guamos 
y de gente libre. Como á una hora sobre la derecha está el 
cerro llamado Pan de Azúcar, por ser de la misma ñgura. 
Media hora más abajo la villa de Caycara, que además de 
los libres tiene indios de nación maypures, en la que me 
detendría como unas dos horas, y por causa de los mosquitos 
seguí otra hora y media más abajo á nocturnar en la isla de 
Taruma. 

El día 3, á unas dos y media horas por la banda del Norte 
desagua el río Maoapire y en la misma costa el Cuchivero, 
que son bocas de Apure. A dos horas en la costa del Sur des- 
agua el de Anyapi, en donde, á una legua tierra adentro de 
sus orillas estuvo fundada la ciudad de Al(agracia por el co- 
mandante de la expedición de límites con los portugueses, el 
jefe de escuadra D. José Iturriaga, la que después se abandonó 
por enfermedad de sus vecinos; se repartieron en varios pue- 
blos y con el último residuo se ha fundado cinco leguas más 
abajo laque permanece hoy con dicho nombre, y son tan pocos 
que aún no han podido hacer iglesia, sin embargo de habérse- 
les agregado algunas familias de indios de los que pasaron 
con licencia, de la costa de Caracas, de nación Goaquire. 
A cuatro horas de este caño llegué á dicha ciudad de Altagra- 
cia, administrada por un religioso observante aragonés y fun- 



94 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

dada sobre un cerro próximo á uúa laguna llamada Arímaba, 
á orillas del río. 

El 4, antes de tres horas encontramos la isla de luaria y á 
hora y media mis abajo pasamos á arranchar. 

Día 5, á tres y media horas pasamos por la punta de Moti- 
que y atravesamos el río á la banda del Norte por la mucha 
vuelta de recodo que hace en aquella costa y evitar las corrien- 
tes del río Caurá, que entra por aquella banda con mucha ra- 
pidez. A cosa de tres horas avistamos las bocas de dicho río 
Gaurd, cuasi tan ancho como Orinoco. A dos horas más abajo 
avistamos el pueblo de Quiriquiripa, nación del mismo nom- 
bre; á media hora más abajo pasé por la boca del caño de 
Ocapcta y la piedra de Monsieur Ignacio. A media hora el caño 
de Maripicuro, el que tiene un peñón en la boca que llaman 
el puerto del Fraile. Por esta parte atravesé el río á la costa 
del Sur en diez minutos, por la mucha fuerza de las corrientes, 
que todas cargan sobre ellas. A otra media hora pasamos el 
caño de Panchiquito, y á un cuarto de hora por punta Brava, 
con mucha velocidad, llamada así á causa de un arrecifal de 
piedras muy peligrosas. A una hora más abajo pasamos á 
arranchar cerca del puerto, del pueblo de Carumotoporo, na- 
ción Caribes. 

Día 6, á un cuarto de hora pasamos por la boca del caño de 
Brava, á otro cuarto por junto á la peña de D. Alonso, donde 
hay una población de dicho nombre, de pocos vecinos. Allí 
nos hicimos bien afuera á causa de los remolinos que hacen 
las aguas. En aqu^ paraje se divide en dos brazos el río, que- 
dando en medio una isla de peñones disformes, y aunque con 
mucha vuelta, seguimos por la banda del Sur huyendo siem- 
pre del Norte, que aunque mucho más breve, tiene unos arre- 
cifes y raudales tan furiosos, que por esto le llaman la Boca 
del Infierno, que aun cuando está el río con poca agua es pe- 
ligrosísimo su paso, bien que entonces es menester también 
bastante cuidado por la infinidad de peñascos que descubre, 
al navegar por el brazo de la banda del Sur, como sucedió á 
mi subida, después de un dilatadísimo rodeo, por las pocas 
aguas que le quedan, recogiéndose todas á la canal principal. 



RÍOS DE VENEZUELA, Y DE COLOMBIA. 96 

A media hora del sitio de la piedra está el caño de Canava- 
pana. A otra media el de Maripiche, puerto también del pueblo 
de Camurica, nación Caribes, y logrando la proporción de que 
tenía agua el derecho, proseguimos por él, dejando el de la 
vuelta del Torno (que en realidad lo es) á unas seis horas de 
Camurica. En la costa del Norte se avista el pueblo de Cabru- 
tica, Casi á su frente en las del Sur las bocas del caño Muita, 
puerto de la ciudad de Real Corona ó Muitaco, población de 
muy pocos vecinos y algunos naturales de los pueblos de la 
provincia de Caracas de nación Cumanatoras administrado por 
un religioso observante de las misiones el Piritú y de la pro- 
vincia de Castilla. Allí permanecí hasta el día 8, que navega- 
mos con hora y cuarto. 

Día 9, á otra hora y cuarto, atravesamos á la banda del Nor- 
te por evitar una vuelta muy dilatada. Como á un cuarto de 
hora pasamos por la boca del río Pau; á tres cuartos de hora 
avistamos las bocas del río Largo, en la costa del Sur. A unas 
cuatro horas volvimos á atravesar el río por la banda de arriba 
de la peña de Tococuima, y seguimos la ladera del Sur, de- 
jando á cosa de media hora, río arriba, el pueblo de Borbón, 
de gente libre, en la misma costa; á hora y media más abajo 
arranchamos frente á la boca del caño de Cari, que desagua 
en la costa del Norte. Aquí llegaron á ranchar, á causa de una 
fuerte turbonada, tres indios y una india caribes del pueblo 
de Tapipire, su traje el que les dio naturaleza, pintados de 
anoto y que así llaman una mezcla de achiote y manteca de 
tortuga, que os la gala qne usan todos ellos. 

Día 10, á tres horas del caño de Tari, en la costa opuesta 
del Sur entra el caño de Orocopique, que pasa por el pueblo 
de Santa Teresa, de nación Guárannos, Cumanacotos y Sali- 
vas, y dando vuelta á la punta (en que siempre son muy rá- 
pidas las corrientes), costeando la misma ladera, á una hora 
más abajo entra el caño de Cumacaype. Un cuarto de hora 
más abajo está el pueblo de Buenavista, nación Guárannos, 
algo apartado del río, y á tres cuartos de hora el pueblo de la 
Angostura ó Nueva Guayana, donde llegué á las doce. Desde 
Orocopiche hasta dicho puerto se abren las dos costas, for- 



96 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

mando casi un círculo poco irregular, y ofrece á la vista una 
bahía muy extensa y deliciosa. Las laderas son bajas y pobla- 
das de árboles. Próximo á la Angostura se descubren algunos 
peñones, y poco antes de llegar á ella, casi en medio del río, 
hay uno de bastante extensión, sin hierba alguna. Arrimado 
á él son las corrientes de uno y otro lado muy rápidas. Me 
dijeron que la anchura del río por aquel paraje era de 890 va- 
ras en la mayor menguante, pero á mi parecer no puede ser 
tanto, según las playas que descubrió el tiempo que estuve 
allí, y sí lo puede ser en el de creciente. 

La población está fundada sobre varios peñones que el arte 
ha suavizado para la comodidad de sus casas, las que, aunque 
pocas, son de muy buena fábrica y gusto, las más con azoteas 
y buenos repartimientos, con parras de muy buena uva en 
los patios. Las calles no muy pendientes, pero sí anchas y 
empedradas, beneficio que se debe al celo y algún peculio del 
auditor de guerra. La santa iglesia, concluida, será de las más 
magníficas. Se halla en el arranque de las bóvedas, con todos 
ó los más arcos concluidos, situada en buen paraje y cómodo 
para el vecindario. Su puerto es muy bueno y capaz para mu- 
chas embarcaciones grandes, pensionadas á estar amarradas 
en tierra para la mayor seguridad de las brisas que reinan la 
mayor parte del verano y mucha del invierno, que es una de 
las mayores felicidades para subir el río y superar los rauda- 
les y arrebatadas corrientes, y á no ser muy fuerte no impide 
navegar á los que bajan por él, pero sí se debe prevenir (arri- 
mándose á la costa) cualquier chubasco que amenace, porque 
con la violencia y remolinos del viento hace zozobrar las em- 
barcaciones medianas , y si van á la vela es mucho más peli- 
groso. No tiene ninguna defensa de fuerte ó baterías para caso 
de invasión, por estar ya arruinados tres fuertes provisionales 
que se construyeron de faginas para la contención de los in- 
dios: ahora solo se hallan nueve cañones montados, todos in- 
útiles y de irregulares calibres , sin baterías en que poderlos 
colocar. En la banda enfrente del río hay una batería antigua 
para siete cañones (que ya no tiene), dominada de una loma á 
cuya falda está colocada la que solo sirve para el río, con per- 



RÍOS DE VENEZUELA Y DE COLOMBIA* 97 

juicio de la capital, que precisamente la habían de ofender sus 
balas. 

El 17, pareciéndome debía reconocer lo que restaba del río 
Orinoco, pedí licencia (á fin de que se me franquease la entrada 
en los fuertes del presidio) al gobernador, y conseguida dicho 
día, acompañado del guarda-almacén provincial de artillería, 
emprendí el viaje por tierra , y á las dos horas llegué al pue- 
blo de Maruanta, nación Guárannos, y otras dos horas al de 
Pianapiaua, Caribes y Guárannos, nombre que dan á los 
caños que dan á su inmediación y entran en Orinoco, y la 
última, á causa de las aguas, nos quedamos á dormir. 

El 18, á unas seis horas, llegamos al pueblo de Santa Ana, 
de nación Araucos, Guaraunos y Caribes, el que estaban 
dando los PP. Capuchinos disposición de trasladarlo á la otra 
parte de Garoní, por ser de sus misiones, como unas 10 leguas 
distantes, con perjuicio de los transeúntes, porque dejando 
aquel paraje abandonado, en 15 leguas no se encuentra pobla- 
ción, y á cuatro horas más adelante pasamos á dormir al hato 
de dicho pueblo, el que precisamente seguirá al pueblo en su 
traslación. 

El 19, en cinco horas, llegamos al pueblo del Monte Calva- 
rio, de Guáyanos, Guaraunos, Guaycas y Caribes, bien moja- 
dos, y corresponde á dicha misión. Todo el camino es por 
tierra llana y muy deleitable, llevando siempre el río Orinoco 
sobre la izquierda. Sus orillas están pobladas de árboles, aun- 
que se internan muy poco; á varios trechos del camino se 
encuentran muchos moricliales , que es una especie de palma 
de que se sirven para techar sus casas y otros muchos obrages, 
tanto que dice cierto autor que tienen en ella los indios cUanto 
necesitan para sufragar la conservación de la vida humana. 
No se me hace difícil, en vista de su utilidad, y de que preci- 
samente ha de haber agua donde quiera que se cría, la mucha 
desnudez de los naturales y lo tosco de los alimentos de que 
usan , y sacan licores para sus embriagueces. 

£1 20 atravesamos con siete bogas en una curiara el río 
Caroní en veinte minutos, quedándonos en un pueblo de dicho 
nombre, que son de nación Guaraunos, Araucos y Guáyanos, 

7 



98 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOORÁFIGA. 

y el principal de las misiones de PP. Capuchinos catalanes, 
t3n el que comunmente reside el prefecto y procurador de todas 
ellas, que se componen de 27 pueblos con 22 sacerdotes y un 
hato de más de 200.000 reses, que se contaron en tiempo del 
gobernador Centurión, cuando pretendió poner corregidores 
en dichos pueblos. Este es todo techado de teja, y las manzanas 
de las casas rodeadas de un corredor con sus arcos muy visto- 
sos, dados de blanco y encarnado, con una iglesia muy buena 
y hospicio de un alto para los religiosos. Su temperamento 
muy benigno y templado;, está situado en la falda de un monte 
y próximo al rió, en el que no se encuentran caimanes ni 
otros animales nocivos , á causa de despeñarse poco más abajo 
en unos raudales formidables, que á la vista parece cada gota 
de agua menudos copos de nieve. Me dijeron que eran mu- 
chos los raudales que tenía hasta su nacimiento , aunque por 
eso no se dejaba de navegar hasta mucho más arriba de la 
ciudad de Guirior. 

El 21 bajamos por tierra al puerto de San Joaquín, que dis- 
tará del pueblo como una hora, y después de haber observado 
lo furioso de los raudales, nos embarcamos, y con la fuerza de 
la corriente, á cosa de media hora desembocamos en Orinoco; 
aunque es caudalosísimo dicho río Garoni, no tiene en su boca 
mayor anchura. A su frente tiene una isla que se une en 
verano con la de Faxardo , que estas dividen á Orinoco en dos 
brazos iguales, aunque entonces se seca el del lado de Caroni 
y solo las aguas de este río son las que corren por él. Dicha 
isla de Faxardo promete alguna seguridad para impedir la 
subida del río, poniendo en ella las baterías correspondientes 
que, según he oído, está ya mandado por el Rey, por ser el 
. terreno eminente y á propósito para ello. 

A una hora y media más abajo está el puerto del pueblo de 
San Miguel , de Araucas y Guárannos. A tres horas y media 
montamos la punta del cerro de la Hacha y avistamos el pre- 
sidio de la Guayana. A media hora pasamos el cerro de Are- 
nas, á tres cuartos de horas el de Mieres, y á otros tres cuartos 
llegamos al presidio, que fué á las cuatro y media de la tarde 
y caminaríamos desde Caroni como unas 20 leguas. La misma 



Ríos DE VENEZUELA Y DE COLOMBIA. 99 

tarde determiné ver las fortaleías, y pasando á la de San Fran- 
•cisco, observé un fuerte muy reducido, fundado sobre un peñón 
que alcanza iiasta la orilla del propio río Orinoco, de figura 
irregular, con las murallas endebles y de muy poca defensa, y 
]a mucha porción de piedras grandes que la circundan facilita 
él asalto por todas partes, pues muchas de las peñas alcanzan 
hasta las troneras, y en el principal piso ó plaza de armas 
tiene 6 cañones montados de á 20, 12 y 8, y á la espalda de 
<^tos un paredón que dijeron era para la defensa de las balas 
y cubre las puertas de los almacenes de pólvora y pertrechos 
próximos al cuartel, todo bien reducido, tanto, que ni aun 
deja desaliogo para el manejo de la artillería. En una especie 
de caballete tiene 3 cañones de á 6, que así estos como los 
otros están inútiles. La entrada del fuerte mira al presidio, la 
que es por una escalera de madera manejable la mitad de ella 
para introducirla dentro. No tiene dicho fuerte por el lado de 
afuera foso ni otro resguardo que unos maderos formados á 
manera de caballos de frisa (nombre impropio para su cons- 
trucción) que le circundan por todas partes. Lo tenaces que 
estuvieron los aguaceros no nos permitieron pasar más ade- 
lante y nos hicieron retirar al alojamiento. 

El 22 pasamos al fuerte de Badraito, que predomina al de 
San Francisco. Está fundado como á medio tiro de cañón de 
este, sobre una loma de mezcla de tierra gredosa y piedra en 
forma de pirámide, que aunque tiene camino señalado, se 
puede subir á él por todas partes con la última facilidad. 
Estará separado del río como un tercio de tiro de cañón ; se 
halla construido en cuadro con la diferencia de un cubo por la 
banda de Este, guarnecido todo con 9 cañones de los mismos 
calibres y servicio que los de San Francisco. Ambos tienen 
por padrastro el cerro Imperial y el del Calvario, con algunos 
otros cerritos próximos. También este se halla cercado del 
mismo maderaje que el anterior y la escala de madera con las 
mismas oficinas. 

Entre las laderas de dichos fuertes están fundadas algunas 
casas, que todas no llegan á 20, inclusos todos los edificios, 
formadas todas las paredes de barro, caña y paja, y de esta 



100 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

están cubiertas, á excepción de la iglesia, casa del comandante 
y oficinas en los fuertes, todo cercado de igual palizada, quc^ 
estos son de una cerca como de dos varas de alto y una y 
cuarto de grueso, de barro, que allí llaman bajareque. A dis* 
tanda de tiro y medio de fusil por la banda de tierra, frontera 
á una llanada muy dilatada, hay una línea del maderaje mis- 
mo que circundaba los fuertes y casas. El río, por frente de 
los fuer tes 9 se ensancha como á tiro perdido de cañón ó algo 
más, que dudo alcance en su mayor creciente: la barranca 
opuesta i esta es bastante baja por aquella parte; me dijeroi> 
que se anegaba y que su terreno es de arena. Próximo á las* 
casas que están en la falda del cerro de San Francisco, tienen 
montados dos morteros do bronce sobre fustes del misma 
metal, del calibre de á 12, asestados á la bajada del río, sin 
que desde aquel paraje se pueda poner la mira á otra parte 
que al fuerte del Padrasto. También hay una chirena de gra* 
nadas de mano próximo á la iglesia. 

A lo expresado se reduce toda la fortificación de dicho pre* 
sidio, que se halla guarnecido con 50 hombros del regimienta 
de Victoria, un capitán comandante y un teniente de tierra, 
otro de artillería y del ingeniero ordinario D. Juan Antonia 
Perelló y Cardona, el que solo en pagar el peonaje, hasta 
Mayo de 82 había gastado 24.000 pesos. No teniendo más que 
ver en dicho presidio, me embarqué á las tres de la tarde, y 
con un fuerte brisote, sin chubasco, fuimos á dormir á la 
punta de Aramaya. 

El 23, á las ocho, entramos por la boca de Caroni; á las 
nueve llegamos, habiendo venido con bastante trabajo por las 
corrientes que hacen los raudales, al puerto de San Joaquín, 
del que fuimos á las once y media por tierra al pueblo de Ca- 
roni, donde permanecimos por ser Pascua de Navidad hasta 
el día 28, á las cuatro de la tarde, que nos embarcamos coa 
cinco bogas y tardamos en la travesía del río Caroni media 
hora. A las cinco llegamos al pueblo de Monte Calvario. 

El 31, á las diez y media, llegamos por tierra á la Angos- 
tura ó Nueva Guayana, sin más novedad que los continuo» 
chubascos y aguaceros desde que salimos hasta la vuelta. 






•• 



Ríos DE VENEZUELA Y DE COLOMBIA. 101 

Esta provincia presta las mayores ventajas al comercio na- 
cional, al europeo y colonias amigas por la progresión de su 
río Orinoco y los que le tributan, muchos de ellos navegables 
para los viajes de Europa; tiene tomada la altura con solo el 
paralelo de la Barbada, distante á 100 leguas de las bocas. 

El comercio interior de la provincia con sus inmediatas se 
lo franquean los ríos Apure y Santo Domingo, que tributan á 
«ste y hace trafícable toda la provincia de Barinas; el Meta se 
lo facilita con el Nuevo Reino, cuyo ramo de harinas y otros 
frutos, aunque pocos, han estado girando hasta ahora. 

El Gaura facilita para cuasi 80 leguas cuadradas. £1 Gasi- 
quiare, brazo de Orinoco que tributa al Río Negro, hace lo 
mismo con ese de Amazona, sin otro obstáculo que los rauda- 
les de Atures y Maipure, pero se facilitan pasando el carga- 
mento por tierra y las embarcaciones por agua, á la conducta 
de aquellos naturales, universalmente prácticos en estas ma- 
niobras. 

El Alabapo acorta el viaje por Río Negro, tiene tres y me- 
dio días de navegación hasta el pueblo de San Antonio de 
Tuamini, tres horas de montaña hasta el de Pimichini y dos 
iioras de este aguas abajo hasta Río Negro, y desde su des- 
embocadura hasta la fortaleza de San Agustín, frente á San 
darlos, de dos á dos y medio días agua abajo. 

Al Atabapo le tributa cerca de su boca el Guaviari, que 
▼íene del Reino, y á este el Ariarí, que pasa por las inmedia- 
ciones de San Juan do los Llanos. 

Los ríos Toma, Vichada, Sama y Matabini, vienen también 
del Reino; son navegables desde media creciente, excepto el 
de Vichada que lo es siempre y se interna más adentro que el 
Ariari. 

Los ríos Ghimona, Pamoni, Bariva, Siapa y Basimona que 
tributan al Gasiquiari, son navegables desde media creciente, 
se internan como algunas 30 leguas elque más, excepto Basi- 
oíona que en todos tiempos lo es, formando con los caños Ba- 
ria, Iminare, Metioraco, Gababure, el Río Negro y el Gasi- 
quiari, una isla de más de 60 leguas de longitud y más de 40 
de longitud. 



m BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

El mismo río Gababure, con una corta travesía do tierra^, 
da comunicación con el Guapo, que desemboca á Orinoco por 
encima de la villa de la Esmeralda. 

El río Guaivia que desemboca al Negro por bajo de la forta» 
leza portuguesa San José de los Madivitanos, también con 
corta travesía de tierra, facilita comunicación con el caña 
Tomé, siempre navegable, y desemboca en lo alio del Río 
Negro, en el intermedio de los pueblos San Gabriel y San 
Miguel, y en la margen opuesta. 

El río Garoni, navegable solamente desde su boca hasta el 
puerto de San Joaquín, por causa de los soberbios raudales 
de que se compone, se junta en el río de San Pedro con el río 
Paragua. Este, aunque tiene bastantes raudales, se navega 
hasta el Paraguamisi, por cuyo brazo y el Paracaico, me- 
diante un baradero, se cae al Guraricara, y de este al río Pa- 
rime, al que desagua el Mao, y este á la laguna Parime 6 
Parara por el caño de este nombre. Inmediato á ella está ol 
cerro Dorado, llamado así porque tiene un corte á la parte del 
Norte cuya materia es de particular brillantez, que con la 
refleiión del sol aparece materia metdlica, de lo cual se da á 
entender ha tenido origen la fábula del Dorado. AI pié, por 
aquella parte, tiene una mina de alcaparrosa. Los indios lla- 
man al cerro y su extensión Mucumucu, y lo mismo á un 
caño que entra en la laguna. Los holandeses por el río Es- 
quivo han comerciado con las naciones del Parime y Laguna,, 
recibiendo en calidad de esclavos á otros indios que estos ha- 
cen prisioneros, y dan en pago aguardiente, herramientas y 
aun pólvora y armas de chispa, de que usan bien aunque en 
confusión. 

También los holandeses tienen comunicación con los indios 
de las Misiones de Padres Catalanes por medio del río Cuyu- 
ni, al que desemboca el Yuruari, que pasa por el pueblo de 
Divina Pastora, bien que en verano casi se seca. 

Toda la provincia, por la ramazón de sus ríos y caños, se 
puede hacer traficable, cuyas bellas proporciones, con la de 
sus inagotables tierras de labor y sabanas para ganados, la 
hacen objeto de la mayor atención, pero ninguna se pone por 



RÍOS DE VENEZUELA Y DE COLOMBIA. 103 

quien se debe, antes se trabaja para su desolación sin refle- 
xionar es la llave de esta América y un Gibraltar de ella. 

De igual atención y codicia son sus producciones. Es abun- 
dante de ganado vacuno, pues solo el hato de las Misiones de 
PP. Capuchinos catalanes pasa de 200.000 cabezas. Produce 
excelente tabaco y café, pero no hay quien trabaje. Prueba 
bien la uva y la caña y en todas partes se pueden poner inge- 
nios por las muchas aguas. Las maderas son excelentes para 
construcción, hallándose las piezas por naturaleza como saca- 
das á plantilla, y las montañas casi inagotables de cedros y 
caobas, y lo mismo maderas de colores y lustre; no es mucho 
el costo de su corte y saca, pero solo podrían sacarse en fra- 
gatas medianas por razón de la sonda de sus bocas, que lo es 
.de dos y media hasta cuatro brazas. 

Es abundante de cascarilla ó quina, raicilla, zarzaparrilla y 
un jardín botánico por la muchedumbre de vegetales medici- 
nales. 

En el Padámo se da abundancia de cacao silvestre, y no 
tienen número las haciendas que pueden hacerse en las 
inmensas vegas que hay en toda su extensión. En la isla que 
forman el Pasimona, Casiquiari, Río Negro y Cababure, se da 
la más excelente zarza de las Américas. El cacao de Padámo 
sufre más dulce por su amargor y mucha manteca. La casca- 
rilla la dan las montañas de las misiones de PP. Catalanes y 
se remite á España por recomendación. 

Los bálsamos son prodigiosos, especialmente el Maraña, que 
se saca en el Paraguamíri y espíritu de La viro, que se saca en 
Río Negro, tan inflamable como el aguardiente de prueba y 
tan violento como el fuego más activo. 

El temperamento es suave y benigno en general, pero hay 
parajes en que hace mucho frío y aun graniza, como es en 
aquellos valles y serranías de Cointinanta, y forzoso que pro- 
duzcan aquellos los mismos frutos que Santa Fe, por ser un 
mismo temperamento y tal vez más propio. Esta fué la causa 
por qué D. Manuel Centurión hizo abrir por aquel paraje 
camino por tierra, desde la villa de la Esmeralda á esta capi- 
tal, y se fundaron 17 poblaciones, que en el año de 1778 las 



104 BOLETÍN DE LA. SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

quemaron los indios de resultas de la sublevación de los del 
Parime^ por la desolación que hicieron los portugueses de 
nuestros pueblos en aquel río, aprisionando nuestras partidas 
y destacamentos, y últimamente á la que hizo el descubri- 
miento de la Laguna y Cerro Dorado, que aprisionaron de 
vuelta en la boca del Mao y los tuvieron seis años en él sin 
quererlos restituir. 

Se ha dicho y probado ser esta provincia de la mayor aten- 
ción, y es de añadir lo es también de codicia para las naciones 
que tienen de ella bastante noticia. Los franceses saben que 
ella sola les ha proveído, durante la presente guerra, de car- 
nes para su subsistencia, y la de sus tropas; en todos tiempos 
de muías, tabaco, etc., para su tráfico y comercio, y es pre- 
sunción bien fundada que su empeño en las fortificaciones de 
la colonia de Esquibo que ahora poseen, no es tanto por ella 
como por gozar de la proximidad, y aun de ver si con el tiempo 
pueden quedarse con algunas tierras, que por sus ventajas 
para todo, no las tiene iguales ningún soberano, y ellos lo 
saben muy bien. 

Lo mismo sucede á los portugueses, cuya historia, aunque 
larga, procuraré ceñirme parala mejor inteligencia. De resul- 
tas de la expedición de límites del jefe de escuadra D. José 
Iturriaga, se señalaron por Real cédula de Marzo de 69 por 
linderos á esta provincia los siguientes : 

Por el Oriente el Océano Atlántico ; por el septentrión las 
provincias de Gumaná y Venezuela; por el occidente el alto 
Orinoco, Casiquiari y Río Negro, y por el Mediodía el río de 
las Amazonas. 

Por esta prefijación se conoce que todas las tierras que 
intermedian hasta la ribera de Amazonas corresponden á esta 
provincia, bajo cuya inteligencia procuran ahora los portu- 
gueses que en el presente tratado de límites se tire la línea 
por el río Yupurá tan arriba, que no solo queden cubiertos 
sus establecimientos en el Río Negro, sino también que los 
nuestros de San Garlos y la fortaleza fronteriza les entre en 
parte. El gobernador de Maynas, que evacuada su división 
adelantó el trabajo de la que debe salir de aquí, internándose 



RÍOS DE VENEZUELA Y DE COLOMBIA. 105 

por el Yupuráy levantándose los planos y figurada por estima 
la linea que nos corresponde , no obstante de que ignora la 
situación de esta provincia, conoció la causa del empeño de los 
portugueses y se les opuso, defendiendo las regalías del sobe- 
rano, atacándoles con razones y demostraciones concluyentes; 
pero tenaces en sus resoluciones los portugueses, se han 
negado por esta causa hasta entregarles los puertos de su 
pertenencia acordados por los respectivos comisarios. 

Para precaver las funestas resultas y solicitar á un mismo 
tiempo el que subiere nuestra expedición y se les socorriesen, 
pues há tres años que nos esperan, y que las entradas en el 
Yupurá con la falta de subsidios han causado muchas enfer- 
medades y muertes de los de su división, escribió á la capita- 
nía general de Caracas y á este gobierno. Por aquel se dieron 
las órdenes convenientes y se dio parte á la corte, pero por este 
nada se ha providenciado , negando hasta los auxilios á nues- 
tros comisarios para que pudiesen emprender su viaje, bajo 
el pretexto de carencia de caudales en caja, de forma que un 
atraso tan remarcable del servicio no se sabe á qué atribuirlo. 
Lo cierto es que el gobierno de Maynas con la representación 
que acaba de llegar, lo ha ejecutado por ires ocasiones y con el 
desconsuelo y propio sentimiento de no haber sido contestado. 

Estas operaciones dan clara idea del ningún caso que se hace 
de esta provincia, cuando ella por sí está pidiendo ser aten- 
dida, como lo estuviera si la poseyeran los extranjeros, en cuyo 
poder gozan los habitantes de menos extensiones, si atende- 
mos á que aquellos procuran el fomento eu general, y aquí se 
trabaja en la desolación de ella y sus vecinos, siendo los que 
más sufren aquellos que más trabajan y han trabajado con 
amor á Dios, al Rey y á la Patria. 

El 16 de Enero de 83, en una lanchita que hice bajar desde 
Garichana y dejé ajustada cuando pasé por allí, me embarqué 
á las cinco de la mañana, con mi escolta y siete boyas, incluso 
práctico y piloto, y largando vela, á las siete montamos la 
punta de Orocopiche y en nueve horas llegamos á ranchar á la 
playa de los venados. 

El 17 en cuatro horas'á remo y vela, por ser escaso el viento. 



106 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

llegamos al puerto de Borbón y á otras cinco horas fuimos á 
ranchar frente á la boca del río Pao. 

El 18 en seis horas llegamos al puerto de la ciudad de Real 
Corona ó Moitaco, donde me detuve el día siguiente por 
oir misa. 

El 20 escaseó mucho el viento y solo caminamos seis horas y 
media, y habiendo arreciado á las nueve de la noche, nos inco- 
modó bastante la arena de la playa hasta cuasi el amanecer. 

El 21; habiendo aflojado el viento, á las cuatro de la mañana, 
proseguimos á la vela hasta las seis, que habiendo entrado eu 
la vuelta del Torno, por estar el río bajo, y siendo contrario 
allí el viento, proseguimos á remo y sirga con grande inco- 
modidad por la mucha troza de árboles y ramas de que esta- 
ban llenas las laderas. De está suerte caminamos siete horas 
y pasamos á hacer noche en la isla de Murucuri fi*ente al caño 
del Derecho, llamado así por ser más breve estando el río cro< 
cido, y evitar, los que navegan por 61 una vuelta de más de 
cinco horas. 

El 22 seguí dos horas á remo hasta la punta de la isla, por 
medio de un arrecifal provenido de los muchos peñones de la 
misma isla, la que por el caño de la banda del Norte, tiene 
otro mayor de peñas más grandes y muchos remolinos, que 
llaman Boca del Infierno y á las dos horas refrescó el viento y 
á la vela, dentro de una hora llegamos al puerto del sitio de la 
Piedra, llamado así acaso por ser, aunque plana, de más de 
400 varas de extensión la que allí se ve en la menguante del 
río, donde almorzaron los bogas y en ocho y media horas fui- 
mos á ranchar en una playa junto al caño de Mr. Ignacio, 
nombre de un famoso contrabandista que desde Esquibo, unas 
veces por el río y otras atravesando por tierra, déla Guayana, 
desde allí se introducía por dicho caño á la provincia de Gara- 
cas, donde expendía sus efectos y sacaba mayores frutos, sin 
que hubieran logrado su aprensión por más esfuerzos que hi- 
cieron de orden del jefe de escuadra D. José Iturriaga, coman- 
dante de la división de límites del alto Orinoco. 

El 23 á las dos horas de dicho puerto pasamos por frente al 
río Gaura, que desagua en la costa del Sur, proseguimos con 



Ríos DE VENEZUELA Y DE COLOMBIA. 107 

viealo flojo y en nueve horas llegamos á hacer noche en la 
punta del caño de Inaria. 

El 24 proseguimos con viento flojo y en tres horas llegamos 
próximos á la boca del caño é isla de Tucurao y á otras cinco 
horas llegamos al puerto de latriudad de Altagracia, detenién- 
dome allí para oir misa el domingo. 

El 26 proseguimos á remo con el viento fuerte por proa más 
de una legua á causa de que por estar el río bajo, son dema- 
siadas las playas que se descubren y nos precisó á montar la 
punta de una de ellas para salir del puerto, que vencida se 
hizo vela y á una hora calmó el viento. Proseguimos otra hora 
á remo y pasamos á ranchar en la playa de la isla de Benito. 

El 27 proseguimos con viento muy flojo media hora, y ar- 
mando remos seguimos por medio de un grande arrecifal de 
peñones que atraviesa el río de banda á banda, con bastante 
cuidado por causa de los que están entre dos aguas, que al 
más leve descuido se puede maltratar la embarcación, cuando 
no peligre. A otra hora refrescó el viento y como á media hora 
salimos del peligro del arrecifal á la vela, á cosa de tres cuar- 
tos de hora pasamos por la boca del caño de Uyape, donde ya 
se dijo que fué fundada la ciudad de Altagracia por el jefe de 
escuadra D. José Iturriaga. A dos horas y media pasamos por 
la boca del río Manipure, que entra por la costa de Caracas. 
A otras tres horas por la boca del río Guchivero, en la misma 
costa, á cosa de dos horas calmó el viento y proseguimos á 
remo otra hora y media quedándonos á ranchar en la playa de 
la isla de Taruma. 

El 28 proseguimos con viento fresco y á cosa de una hora 
varamos frente del caño de Taruma y aunque es de arena, se 
enterró demasiado la lancha y costó trabajo sacarla. Lo muy 
bajo del río y las muchas playas que tiene ala lengua del agua, 
nos retardó demasiado y obligó á aumentar más de un tercio 
de camino por lo mucho que caracolea; á tres horas de allí 
llegamos á la villa de Gaicara. Su corregidor me dio la noticia 
que llevo dicha de la fundación que se ha mandado poner de 
ordeú de S. M. en la boca del río Meta. Pasé á ranchar una 
hora más arriba en una playa de la misma costa. 



103 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

£1 29, á dos horas más arriba, pasamos á la playa de Paa 
de Azúcar, llamado así por un peñón formidable que tiene la 
misma figura. A su frente de él está fundado el pueblo de 
Gabruta, en la costa de Caracas. Allí arreció demasiado el 
viento levantando muchísima marejada; proseguimos á la vela 
cosa de una hora, y viendo lo poco que se adelantaba, arriba- 
mos á la playa de Capuchinos. A cosa de una hora aflojó el 
viento é hicimos vela , y á oirás tres horas pasamos por frente 
de las bocas del río Apure, que. no se vieron por intermediar 
una isla y ser nuestra derrota orillando el cerro de Curitama; 
á otras tres horas pasamos por el puerto de la Encaramada, y 
á una hora ranchamos en la punta de dicho puerto. 

El 30 proseguimos con viento flojo; á cosa de hora y media 
varamos y seguimos á remo media hora, y volviendo á izar 
vela, á cosa de otra hora pasamos por la boca del caño Gabu- 
yari, brazo del Apure; se encontraron unas rancherías de 
otomacos empleados en la pesca de tortugas, que son infinitas 
las que salen por aquel tiempo á desovar en aquellas playas. 
A unas dos horas pasamos por las bocas del río Mauiapure; á 
otras seis horas por la isla de Murucuri, y á hora y media 
más arriba ranchamos en la playa y punta de Bucnavista. 

Día 31 proseguimos á las tres y media de la mañana á la 
vela, temerosos de que entrase viento fresco á causa de las 
corrientes de la costa por cargar en ella todas las aguas del 
Orinoco, y á las cinco y media llegamos con mucha marejada 
al puerto de Urbana, y sin embargo de ser malísimo, en donde 
se maltratan las embarcaciones con la marejada, llevándose 
algunas río abajo, fué forzoso detenernos para hacer preven- 
ción de carnes y demás bastimentos. 

Es aquel paraje de muchos caimanes cebados, habiendo 
sucedido ejemplares de llevarse algunas personas, y entre 
ellas á un negro mayordomo del hato del pueblo que, arri- 
mándose á la orilla para lavarse, al meter una totuma (1) para 
tomar el agua, le cogió uno por la mano y se lo llevó á pique 



(1) Totuma, cascara de una fruta, cortada en forma semiesférica, semejante á 
la de calabaza. 



RÍOS DE VENEZUELA Y DE COLOMBIA. 109 

hasta haberle ahogado, y después de dos horas lo sacó á una 
playa más abajo para comérselo, por ser animal que, segün 
su construcción, no lo puede hacer dentro del agua. Allí 
acudieron algunos indios que, flechándole, consiguieron reco- 
ger entero el cuerpo y enterrarlo en la iglesia. Las indias para 
precaverse de semejante riesgo al tiempo de ir por agua, tienen 
clavadas en el río muchas estacas en forma de jaulas para que 
ningún caimán pueda entrar, y sin embargo que todos los 
naturales viven mucha parte del día dentro del agua; estos se 
contienen á causa de los muchos caimanes y se contentan con 
echarse totumas de agua al cuerpo desde las mismas playas y 
jaulas. Allí vi que se pasmó el mayordomo que ahora existe, 
y sin embargo de tener ya trabadas las quijadas sin movi- 
miento alguno y cuasi falto de pulsos, le dieron á beber, ó por 
mejor decir, le echaron en su boca un poco de agua en que se 
había desleído azufre cabolonga, ó raspadura de miembro ó 
verga de caimán, y á poco rato volvió en sí, y recuperado el 
calor natural en las partes pasmadas, antes de media hora se 
puso enteramente bueno. 

En las playas correspondientes á aquel pueblo son sin 
número las tortugas que, más que en otras, salen á desovar, 
y -por el mes de Marzo acuden de todos los pueblos del Orinoco 
y mucha parte de Barinas y provincia de Cumaná y Caracas 
para proveerse do la manteca de tortuga, que me aseguraron 
ha habido año se han sacado de 28 á 30 000 francos , y siendo 
necesario á lo menos 300 huevos para un frasco, é infinitos 
más que se comen los indios y gentes que acuden, no lleván- 
dose la menor parte los gallinazos (que allí llaman samuros), 
los tigres y otros animales, se puede echar de ver qué infini- 
dad de tortugas puede-haber para tanta provisión, no obstante 
que cada una de ellas pone de 200 á 240 huevos, como hallaron 
muchas veces nuestros bogas en las nidadas que sacaron. Con 
esta manteca suplen la falta de la de puerco y aceite, y creeré 
que, según están por aquellos parajes acostumbrados, despre- 
ciarían las demás aunque estuviesen abundantes. Allí se vende 
en un real cada frasco de manteca, y llevándola á otras partes 
suele valer á tres y cuatro y más reales, y siendo así que los 



lio boletín de la sociedad geográfica. 

otomacos son los dueños de aquellas playas y que ú. ninguno 
dejan cogerlos si no les dan algún tanto; es muy poco su ade- 
lantamiento porque todo lo consumen por lo regular en aguar- 
diente y otras bebidas á que son muy inclinados. 

De otras especies de pescados es abundante todo el Orinoco, 
y entre ellos bay uno que llaman Laus, que no tiene escama, 
pero tan grandes, que algunos pasan de cuatro varas de largo, 
por lo que es menester 6 li 8 hombres para cargarlo; su carne 
es suave y sabrosa, y me dijeron no ha habido ejemplar de 
que haya hecho daño. Abunda de rayas, aunque no tan gran- 
des como las del mar. De estas procuran reservarse los indios, 
tanto que jamás andan por las orillas de las playas sin llevar 
en la mano con que ahuyentarlas, pena de que al más leve des- 
cuido suelen salir picados de ellas, padeciendo un dolor exce- 
sivo y de bastante tormento por veinticuatro horas. De las 4 
ó 6 púas que tienen en la cola se suelen los indios aprovechar 
para poner en las flechas, no haciendo caso de su carne. 

Muchos han escrito sobre la voracidad de los Guacaritos 
(que los indios llaman por su crueldad Caribes), de las sardi- 
netas y de los demás pescados de esta naturaleza. Habiendo 
concluido la salazón de las carnes y esperando acabar de pro- 
veerme en el pueblo de Carichana, proseguimos nuestro viaje 
después de haber bautizado dos criaturas por faltado sacerdote, 
que ha más de cuatro años que carecen de él diez y ocho pue- 
blos que hay desde allí hasta el Alto Orinoco. 

El día 3 de Febrero atravesamos el río hasta la punta de la 
isla que está enfrente del puerto por lograr lo más favorable 
del viento, que por lo regular, á causa de lo muy afuera que 
salen las playas, se suele cambiar por la proa: aunque se echa- 
ron remos no se adelantó cosa alguna, obligándonos á caminar 
á sirga, y pareciendo al patrón que dejando á otro el timón y 
ayudando él con los que estaban en tierra se saldría más breve 
de la corriente, se arrojó al agua: inmediatamente se acalambró 
el cuerpo y estuvo muy á pique de ahogarse, sin atreverse los 
demás á sacarlo temerosos de quedarse ahogados con él, ni 
menos se le podía favorecer desde la lancha porque la habían 
sollado y no pudiendo resistir, la corriente la llevó casi media 



RÍOS DE VENEZUELA Y DE COLOMBIA. 111 

legua, que aconchándola sobre la playa se consiguió recupe- 
rarla. En este tiempo uno de los bogas procuró ponerse delante 
del patrón, y llamándolo con la mano, logró se viniese para 
tierra, hasta que se le vio hacer pié, y pudieron sacarle del 
agua, allí fué preciso detenernos, así para que almorzasen 
<;omo para atender á su alivio hasta que echó todo el agua que 
había tragado. 

Proseguimos viaje y á unas tres horas de Urbana pasamos 
por la boca del caño Ganaparo, en cuyas inmediaciones había 
mochas rancherías de indios Otomacos, logrando la abundan- 
cia de tortugas de las que suelen anticipar á desovar (pues ya 
se dice arriba que es por Marzo la fuerza de esta cosecha). 
A cosa de una hora volvió el viento por la proa, no porque él 
ee variase, sino á causa de la mucha vuelta que allí da el rio, 
Y precisa, no siendo demasiado íuerte, seguir á remo ó sirga, 
acomodándose mejor los bogas á lo último, y sin duda les 
hace mucha falta no saber usar de la palanca. Así seguimos 
por la costa del peñón de San Regis, uno de los innumerables 
que componen el cerro de Barragán. A su frente está el río de 
Mina y á unas tres horas ranchamos en la ensenada de 
dicho cerro. 

El día 4 proseguimos á remo aguas abajo más de medía le- 
gua á montar la punta de la playa, y siendo difícil atravesar 
el río, así por su mucha corriente como por ser el viento fuerte, 
contrario y siempre peligrosísimo para hacer la travesía, de 
que tienen repetidos ejemplares, seguimos á sirga con mucho 
trabajo, y á cosa de unas cinco horas nos vimos obligados á 
arrimar á la punta de arriba de dicha playa. A unas tres horas 
aflojó el viento, y aunque no muy favorable hicimos vela y 
logramos hacer la travesía, y á media hora atravesamos por 
las bocas del Siapure, sobre la izquierda. A una hora más 
arriba, por la del Sinaruco; á hora y media ranchamos en la 
isla de Santa Bárbara. 

El día 5 seguimos á remo una hora y cuarto; entró un paco 
de viento fresco é izamos vela, y á una hora pasamos por la 
boca del cano Macupina; á su frente se vieron las del caño de 
Aayapó ú Urarima (por el cerro ó sitio que estuvo fundado en 



112 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA* 

él como llevo dicho). A unas dos horas pasamos faldeando el 
cerro del Castillo, otro semejante al anterior. A este le baña 
también el caño de Purarica; una hora más arriba, por el caño 
del hato de San Antonio, que tiene á su frente el peñón de 
María Maruta; á otra hora llegamos al puerto del pueblo de 
Carichana, de donde eran los bogas que me conducían: allí 
£ué forzoso detenernos á hacer prevención de casabe, plátanos, 
naranjas y limones para proseguir. 

El día 6, proveídos de una curiara con tres bogas para el 
servicio de la lancha, proseguimos á las cinco de la tarde y 
fuimos á ranchar en la playa del cerro de Marumaruta. 

El día 7 proseguimos con viento fresco, y á dos horas pasa- 
mos el raudal de Oropi; á una hora por frente de la piedra de 
Tigre, próxima á un cerro llamado también Marumaruta; á 
otra hora el raudal de Carichana, con repetidísimas vueltas 
y excesivas corrientes; á otra hora atravesamos el río y se nos 
rompió el macho del timón, poco más abajo de las bocas del 
Meta. Fue felicidad que entre los bogas que tomé en Carichana 
fuese uno de ellos herrero, y que habiendo arribado á la costa, 
siendo toda la ladera de tierra barrosa, que no se podía hacer 
pié en ella, antes de dos horas se compuso lo mejor que se 
pudo. Seguimos cosa de una hora á la vela y llegamos á las 
bocas del Meta; el viento muy fresco y contrario nos obligó á 
arriarla: allí nos detuvimos más de dos horas, así por la mu- 
cha marejada como por estar sus bocas cerradas por la mucha 
arena, que forma una barra bastante alta y no encontrarse la 
canal para poder pasar la lancha, pues aún la curiara cada 
instante se iba varando, que no sirvió lo muy prácticos que 
eran los indios para conseguirlo, hasta que impaciente y te- 
meroso de mayor quebranto y retardación, nos arrojamos to- 
dos al agua y arrastrando largo tiempo y trecho la lancha, 
conseguimos superar las corrientes así de Orinoco como del 
Meta y entrar en la canal de este río. 

Volví á reconocer el terreno de la costa de Caracas y me 
pareció, como llevo dicho, muy á propósito para poner una 
población, de que resultarían todas las utilidades que llevo 
expresadas. Seguimos muy poco á poco á sirga por ser contra- 



RÍOS DE VENEZUELA Y DE COLOMBIA. 118 

rio el viento, á causa de que sus bocas y dos primeras vueltas 
hacen su curso del Sur al Norte rectamente, y este es el viento 
más común. Nos ranchamos en la playa del Gaño de Gumáre, 
á cuyas orillas hay muchas maderas y varios morichales. 

Bl día 8 proseguimos á sirga once horas y ranchamos en la 
barranca y playa de Murucaha. 

El día 9 proseguimos también á sirga á causa de las calmas, 
7 en algunas vueltas, por lo mucho que culebrea el río, por 
estar muy bajo y descubrir muchas playas, era contrario 
el viento. A unas tres horas pasamos por las bocas del caño 
de Jurepe, y á siete horas ranchamos en la playa de 6ua- 
chapara. 

El día 10 caminamos á vela hora y media y por haber cal- 
mado el viento proseguimos á sirga. A una más adelante en- 
contramos tres indios que, siguiéndonos uno dé ellos lo cono- 
cieron por su pariente dos de los bogas; hice arrimar á la 
costa y arrojando en el suelo el arco y flechas se vino á la 
lancha. Dijo se llamaba Juan Bautista, de nación Yaruro, que 
nació en el pueblo de San Borja, el que quedó abandonado en 
la expulsión de Jesuítas, y que los más de los naturales se 
habían vuelto al monte; que muchos de los del pueblo de Ga- 
richana eran sus parientes (teniéndose por tales todos los que 
hablan una misma lengua): díjele que por qué no se iba con 
ellos 7 me respondió que porque no había sacerdote y no 
teniendo quien los enseñase, vivían con más satisfacción en el 
monte: le mandé dar un poco de carne, casabe y plátanos. 

Proseguimos á remo y sirga orillando la barranca Golorada, 
tierra alta y deliciosa y en su medianía tiene un grandísimo 
morichal, y habiendo caminado como unas nueve horas en 
todo el día, ranchamos en la punta de la playa de Pacadi. 
A las seis picó con bastante fuerza el viento al Oeste; á las 
seis y media cayó un fuerte chubasco; á las siete cambió el 
viento por el Norte, luego aflojó y se mantuvo en calma toda 
la noche. A las once llegó una curiara con 9 hombres, con 
cartas del factor de la compañía de Garacas para Santa Fe. 

El 12 proseguimos á remo diez horas y á hora y media con 
viento flojo ranchamos en la playa de Guadapari frente de la 

s 



114 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

barranca de Barro Colorado. Tiene esta costa las mismas pro- 
porciones para poner una buena población, pero debería ser 
preferida la del frente que está á la mano izquierda, coa solo 
atravesar el río, que es la de Buena Vista. 

El 13 pasé á reconocer segunda vez el terreno de Buena 
Vista por cerciorarme de lo mismo que antes había observado 
(según dije en 20 de Noviembre) ; á cosa de una hora aguas 
arriba encontramos una curiara que conducía varios géneros 
del Reino. No nos dieron noticia alguna, y habiendo seguido 
con viento flojo unas cinco horas pasamos las bocas del caño* 
de Guasataro. A otras tres horas más adelante ranchamos en 
la playa de Maravali, pueblo que estuvo en aquel paraje; sus 
naturales se pasaron á fundar otro junto á los raudales de 
Maipures en el caño de Toma, que también se ha extinguido. 

El 14 seguimos con viento ílojo ayudados del remo. A cosa 
de cuatro horas pasamos por las bocas del caño de Gapausí, y 
á unas seis horas, habiendo refrescado el viento, fuimos á 
ranchar frente de donde empieza la barranca de Paruví, sobre 
la banda del Sur, y á la opuesta llaman la de Gloria. 

El 15 proseguimos con calma cosa de una hora, y refres- 
cando el viento á cuatro horas pasamos por frente de donde 
estuvo el pueblo Paruví, de nación Yaruros, que antes de la 
expulsión de los Jesuítas se volvieron al monte. Inmediata- 
mente entramos en los raudales provenidos de unos dilatadí- 
simos arrecifales , que por estar el río bajo son peligrosos , y 
atravesamos cinco en el espacio de dos leguas; á todos los lla- 
man los Guindales. A cosa de dos horas de ellos encontramos 
cuatro indios bravos de los que llaman Guavirog, que aunque 
los llamamos no quisieron llegar á la lancha, y solo á uno se 
le oían grandes voces en su lengua, y siempre que nos pará- 
bamos á esperarle se retiraba al monte. A otras tres horas 
ranchamos en la playa de Yubaba. 

El 16 proseguimos á remo como hora y media; izamos vela 
con viento flojo, varando la lancha con mucha frecuencia por 
lo mucho que se esplaya el río y la poca agua que queda en la 
canal, habiendo mudado esta á proporción de las corrientes 
que había tenido el río, que por ser su fondo de arena, se 



Ríos DE VENEZUELA Y DE COLOMBIA. 115 

mueve coa cualquiera corneóte. Como á otras dos horas, con 
•esta grande incomodidad, llegamos á la barranca del Trapi- 
-che. Es muy á propósito para poner en ella una población, 
-como llevo dicho. Toda la barranca es alta y sigue más de 
legua y media interpolada de árboles y sabanas muy delicadas. 
En una de las puntas de dicha barranca se estrecha el río á 
•cuasi 200 varas, que es en la única parte en que lleva más reco- 
gidas las aguas, volviendo á ensanchar insensiblemente hasta 
que queda en la anchura igual de media legua, que conserva 
desde Macuco hasta Orinoco. La barranca opuesta es muy 
alia y tan dilatada que llega hasta el río Gasanare, del que 
recibe desde allí ese nombre, aunque la atraviesa el río Ele. 
A unas cinco horas avistamos dos indios gentiles que estaban 
<X)giendo en la playa nidadas de huevos de tortugas, y aunque 
les llamamos, no hicieron caso. Al mismo tiempo calmó el 
Tiento y seguimos á remo y sirga otras dos horas y rancha- 
mos en una playa de la costa de Gasanare. 

El 17 proseguimos á remo como unas dos horas y media. 
Nos detuvimos á que almorzasen los bogas y esperar entrase 
algún viento; con él flojo seguimos á una hora y pudimos 
aprovechar como tres cuartos. So arrió la vela á causa de una 
gran vuelta que hacen las aguas, y á remo y sirga anduvimos 
otros tres cuartos de hora. Volvimos á izar vela, y como á una 
hora pasamos por la boca del río Ele, con tan poca agua, que 
no era posible entrase por ella la más pequeña embarcación. 
A otras dos horas pasamos por las del río Gasanare, tan seco 
como el anterior, haciendo allí un gran playón de arena muy 
grande; como á unas 300 varas atravesamos por la boca del 
rio Ghire. A unas dos horas arriamos vela, aunque ya estaba 
demasiado fresco el viento para pasar un arrecifal que nos 
puso en bastante cuidado por más de hora y media que tarda- 
mos en atravesarle á remo y sirga; se volvió á largar la vela 
y proseguimos como otra hora y media hasta que llegamos á 
ranchar en la playa de Cerro. 

El 18 proseguimos con viento flojo: como á tres horas j)asa- 
mos por la playa de las matas de Guaduas, llamada así á causa 
de un cañaveral muy dilatado que hay en la costa, á cuatro 



116 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

horas más adelante pasamos por la boca de Aricaporo; á tres- 
horas por el caño del Perro á la izquierda; á una hora por el 
de Cararabo, en la misma costa. Calmó el viento y seguimos 
hora y media á remo, quedándonos á ranchar en la playa de- 
Tupa. 

El 19 seguimos á remo tres horas; izamos vela aunque con 
viento flojo y á seis horas pasamos por la boca del río Oriporo; 
á dos horas pasamos más adelante; encontramos con diez 
indios gentiles que haciendo atracar la lancha á tierra vinieron 
alegres á ella; les hice dar carne y casabe que lo estimaron 
mucho. Me dijeron iban con frecuencia al pueblo de Guana- 
palo y se espera se queden en él establecidos con otros muchos 
que ha reducido con su buen modo el religioso misionera 
Fr. Miguel de los Dolores, de los Descalzos de San Agustín, 
patrono de dicho pueblo. Nos detuvimos más de una hora; 
calmó el viento y seguimos á remo más de tres horas y ran- 
chamos en la playa de Sepia. 

El 20 seguimos tres horas y media á remo; encontramos una 
curiara de la factoría de la compañía de Caracas que llevaba 
algunas harinas y correspondencia de Santa Fe: á otra hora y 
media pasamos por la boca del caño Guachiría; izamos vela j 
á tres horas pasamos por la boca del caño Yatea á la derecha; 
á una hora pasamos por la punta de la barranca de Dunari; 
allí por una vuelta grande que hace el río, seguimos media 
hora á sirga y remo. Volvimos á hizar vela y á hora y media 
se atravesaron unos arrecifales junto á la boca del caño de 
Ghiaque> que queda á la izquierda, á cuatro horas más ade- 
lante ranchamos en la punta de Comenturi: 

El 21 seguimos á remo tres y media horas bástala barranca 
de Ibaiva, que es donde llevo dicho tienen sus labranzas los 
naturales del pueblo de Guanapalo, muy á propósito para 
población; donde fué forzoso detenernos más do hora y media 
para que los bogas viesen á sus parientes, que todos acudieron 
á la lancha, franqueándose recíprocamente lo que tenían con 
muy buena voluntad y semblantes alegres: allí al atravesar el 
río se llevó un caimán un cachorro lebrel que traía, que lo» 
indios lo sintieron, por persuadirse quedaría cebado y resul- 



Ríos DE VENEZUELA Y DE COLOMBIA. 117 

tarles alguaa desgracia en las crialuras, que por lo común 
siempre se están bañando, y toda su diversión la tienen en el 
^gua, usando del baño, por la mañana, al mediodía y á la 
tarde, que es común á todos los indios. 

Izamos vela y á una hora pasamos por la boca del rio Pauto, 
tan seco como los anteriores; á otra hora por frente del puerto 
que usan en verano aquellos naturales y en invierno por el 
mismo caño llegan próximos al pueblo, quedando como tres 
cuartos de legua tierra adentro; á otra hora pasamos junto á 
la isla Macucuante, donde ya se dijo tienen muchas labranzas 
los indios, y á cosa de dos horas por la boca del caño de Ma- 
ría, sobre la derecha y á otras tres horas ranchamos junto ala 
boca del caño Paraburu. 

£1 22 seguimos al remo y á dos horas y media, pasamos por 
la boca del caño Aruguiba á la izquierda. A su frente está la 
de Cuya; una hora más abajo entró viento ó izamos vela, y á 
otra hora encontramos la boca del caño de Gabiuua á la dere- 
cha. A tres horas y media llegamos al puerto de Macuco, que 
seria la una y media de la tarde. Se desembarcó inmediata- 
mente el equipaje y pasé al pueblo, que ya se dijo está una 
legua del puerto. Es de advertir que en todo el río Meta y en 
-el Orinoco no se encuentra más piedra que en los arrecifales y 
raudales y todas sus playas son de arena, en unas algo grue- 
sa, pero por lo común delgada. No se halla ningún cascajo 
ui piedra redonda como en el río Magdalena. 

Estando bajo el Meta es mucho lo que caracolea, por lo muy 
ancha que tiene la madre y por lo común las vueltas que hace 
son de barranca á barranca, motivo porque muchas veces, el 
viento que sería favorable estando crecido, en verano suele 
ser contrario, con lo que se retarda en más de un tercio de 
camino; todas sus orillas y las de los ríos y caños que le en- 
tran están poblados de árboles, entre los que hay muchos fru- 
tules y otros resinosos de que se suelen aprovechar, aunque 
poco, por su desidia. Hay también mucho maderaje para hacer 
embarcaciones menores y menesteres de cosas de que poco 
usan. 

Puestas poblaciones en los parajes que se llevan expresados, 



118 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

se Utilizarían de todo y fomentarían una especie de comercio 
de las muchas producciones de que abunda, que aunque ahora, 
están silvestres, se mejorarían con algún beneficio, pues entre 
ellos se hallan muchos guaymaros, fruta de que en tiempo de 
escasez se hace una especie de pan en las provincias de Santa 
Marta y Cartagena. En esta lo he comido y aun cocida solo la 
fruta es muy sabrosa, tanto cuasi como la de castaña en Gali- 
cia. La del caracoli es algo acida y su castaña ó pezón cruda,, 
es un horrible cáustico y cocida es sabrosa. Las guamas ma- 
duras son muy dulces y allí son tan grandes que algunas 
pasan de media vara y un grueso de seis á ocho pulgadas. Na- 
ranjillas silvestres, dátiles, pinas y piñuelas manavaez es 
fruta que se da en una especie de palma muy baja. Gubarros 
se dan en otras más altas y espinosas; de estas abunda el ca- 
mino de tierra desde Macuco á Tocarla y aun hasta Pauto. 
Gorozos de que se saca manteca á fuego y sin 61 en la provin- 
cia de Gartngena y allí se pudiera hacer lo mismo. Higos 
chumbos. De limones se suelen encontrar manchones de te- 
rrenos; se encuentran muchos peramanes, tremen tinos, man- 
gles terrestres, cedros blancos, algarrobos, canimes, otiva, ca- 
raña, currucuí, marapucheri, que es una pepita abierta por 
medio y suple la nuez de toda especie y es de la misma utili- 
dad. Abunda de vainilla, polipodio, zarza, raíz de Ghina, san- 
gre de drago, palo de aceite, fruta de burro, cañafístola y otras 
infinitas que de sus particularidades se podría componer una 
historia do mucho volumen. Solo queda el dolor de que todo 
está abandonado, careciéndose de sus utilidades por despobla- 
ción, cuando en algunas partes del reino está la gente sobra- 
dísima sin tener en qué emplearse, ni aun de qué poder comer. 
No es de menor utilidad la mucha cacería de animales te- 
rrestres y volátiles, que hay y se pudiera aprovechar, como la 
abundante pesca en los caños y ríos que se entran, admirán- 
dome el pescado llamado pavón, de la propia figura que el 
besugo, aunque mucho mayor, pues algunos pasan de 8 y 
10 libras; no tiene escama y su pellejo es tan hermoso y ma- 
tizado como las plumas del ave del mismo nombre. Gomí do 
él en el caño de Gaida, uno de los que entran en el río Gravo 



RÍOS DE VENEZUELA Y DE COLOMBIA. 119 

y me pareció muy suave y de buen gusto, y á este tenor otros 
muchos pescados. 

Fuéme forzoso permanecer en el pueblo de Macuco por pro- 
porcionar bagajes para nuestra conducción y del equipaje, que 
por estar despobladas aquellas tierras de gentes libres, me 
obligó á mandarlas pedir á Tocaría, que dista tres días á la li- 
gera, y por no haberse encontrado allí, lo volví á repetir á la 
ciudad de Pore, que hay otros días más de camino, lo que 
hubiera excusado si tiránicamente no se hubieran expulsado 
los vecinos libres que estaban establecidos en los pueblos, con 
lo que se evitarían los quebrantos que así para proveerse de 
bagajes como de bastimentos se padecen. Y aunque de la ha- 
cienda de Gravo, que está próxima se pudieran facilitar, por 
las muchas bestias de que abunda, su administrador procede 
con tanta desidia que ni aun tiene aperos para las que se em- 
plean en el servicio ordinario de ella, el que habiendo tenido 
noticia que yo había llegado á aquel pueblo, pretextó ir á ver 
al gobernador para ausentarse y que no se le pidiesen bestias. 
Bien sabido es que algunos de estos mayordomos ó adminis- 
tradores más bien miran el alma del negocio que el negocio 
del alma. 

Con el motivo de mi detención en aquel pueblo me impuse 
de que la falta de medios para atraer á los indios gentiles es 
causa de que no se hayan reducido' á población, y como que 
es preciso darles algún lienzo para cubrir sus carnes, algunas 
herramientas para edificar sus casas y cultivar la tierra para 
sus labranzas (que en el Orinoco llaman conucos) y otros 
menesteres, como que no hay fondos para ello, se ven los 
misioneros precisados á conservar solo los que ya estaban 
reducidos, aunque el de Guanapalo no ha dejado de sacar 
muchos del monte y reducido aquel pueblo, asegurándome 
que de los gentiles no ha habido ejemplar que hicieran daño 
alguno (por más que lo ponderen) si antes no les han causado 
algún perjuicio, como ha sucedido muchas veces, que algunos 
corregidores por quitarles las guanichas (así llaman á las mu- 
chachas y muchachos) procuran saber donde ranchan y de 
golpe, matando á diestro y siniestro, robando las que pueden 



120 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

para venderlas después por Ínfimo precio de 10 pesos, que es 
lo más común en que los suelen comprar, pretextando la reli- 
gión que quieren sirva de capa de sus maldades, sin reparar 
en las almas que, para conseguir estos lucros, con tantas 
muertes han echado á los infiernos, ni la ocasión que han 
dado para otras muchos desastres y homicidios. 

El anterior corregidor á este, en una sola ocasión mató más 
de 300 indios é indias y recogió 80 párvulos^ que para empresa 
semejante y servirse de ellos los corregidores, apellidan tanto 
por la tropa de escolta, y también para perseguir á los misio- 
neros sino condescienden á dejar sacrificar á los indios redu- 
cidos, haciéndoles contribuyan con los frutos que han recogido 
y con el trabajo personal para sus lucros; bien que en otros 
pueblos del reino he oído decir se padece el mismo mal, pre- 
textando los corregidores que no se les paga su sueldo y que 
aun ni este les alcanza para comer, sin advertir que hay otros 
muchos arbitrios para ganarlo si quieren dedicarse á trabajar, 
sin pretender semejantes empleos, en que servirían más bien 
á Dios y salvarían sus almas, pues allí son y serán siempre 
perjudiciales, y por mucho que roben continuamente perecerán 
de hambre, no dejando de incomodar con repetidas represen- 
taciones siniestras á los superiores. 

El río Meta tiene por puertos todos cuantos ríos y caños des- 
aguan en él en tiempo de* invierno, pero los más comunes son 
el de Pachaquero en el río Negro, que nace en la cordillera de 
Santa Fe, que siguiendo de dicha capital por Chipaque á Ca- 
quesa, Estagico, la Laguneta, á pasar la tara vita del Río Ne- 
gro, siguiendo á las quebradas de Susamaco, la del Pipiral y 
por el cerro de Buenavista á bajar á Apiay y de allí á la que- 
brada del puerto de Pachaquero, viaje de doce días con cargas, 
que embarcándose en dicho puerto de Pachaquero, en un día 
se llega al río Meta. Después de este lo son todas las quebradas, 
caños y ríos, como llevo dicho. También Garcitas es puerto del 
Tocaría (el que frecuentan todos los del reino que bajan por 
Barranca Grande, Paya, Macote y Gravo), dicho río entra en el 
Gravo y ambos en Meta poco antes del Macuco. En verano, por 
no permitir navegación dichos ríos, se sigue por tierra hasta 



Ríos DE VENEZUELA Y DE COLOMBIA. 121 

embarcai^se en Macuco. Guanapalo solo sirve de escala para los 
que quiereu llegar á proveerse de alguuas cosas, en particular 
de casabe, de que es abundante, aunque para los de la banda 
de Pore, Chire, ó los que bajan de Chita, puede servir de puerto 
en tiempo de verano teniendo buenos prácticos de las sabanas, 
con lo que excusarán á lo menos tres días de tierra. En el in- 
vierno también pueden los de Pore y demás transeúntes que 
bajan por los páramos de Chita ó Cucuy embarcarse, si tuvie- 
ran curiaras ó lanchas en el río Pauto, que pasa próximo á di- 
cha ciudad, y seguir hacia el Meta ó poco más abajo de Gua- 
napalo. 

En el puerto de Gasanare se podrían embarcar los de Chire 
7 pueblos inmediatos, pero me dijeron que há cerca da treinta 
años que no se trafica, y que el pueblo que estaba fundado en 
el puerto se extinguió de todo punto, que ha sido motivo para 
que se hayan extraviado muchos naturales, y también la falta 
que hay de doctrineros en aquellos pueblos. No se sabe por qué 
motivo navegaran por Gasanare los que subían por el situado 
desde Guayana, porque es de mucha más retardación y el ca- 
mino de tierra impracticable; en el verano suelen bajar algu- 
nos al puerto de Surimena, donde se proveen de bogas, embar- 
cándose en el mismo río Meta poco más arriba de la boca de 
Gravo. 

£1 9 de Marzo á las cuatro y media de la tarde, salimos de 
dicho pueblo con la determinación de caminar de* noche para 
evitar el calor y el sol, que molesta mucho en aquellas inmen- 
sas llanadas, de lo que se arrepintieron breve los peones poco 
enseñados á desvelarse, queriendo más padecer los rigores 
del sol que perder la noche. Aquella tarde atravesamos los ca- 
ños de Oroquel, Guaripia, y á unas tres horas ranchamos en 
el Gaida, que fué donde llevo dicho comí el pescado pavón, y 
todos estos caños desaguan en el río Gravo. 

El 10, por la mucha flojedad y desidia de los peones para re- 
coger las bestias y cargas, proseguimos á las ocho de la ma- 
ñana, orillando el río Gravo, á excepción de tal cual ensenada 
que atravesamos para abreviar el viaje, sin poder seguir camino 
derecho á causa de que, siendo solo tierra alta las délas orillas 



122 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

de dicho río, las domas de las sabanas se suelen anegar, y el 
mucho ganado del pueblo Macuco, que alcanza á 14.000 reses, 
el de la hacienda de Gravo, de Tocaría y de otros varios hatos 
que se apacientan por aquellos parajes, con el mucho pisoteo 
cuando se van retirando las aguas, dejan unos zanjones que es 
imposible transitar por allí, pues á no ser este inconveniente 
se ahorrarían para ir á la ciudad de Pore más de dos días de 
camino, y en el que se sigue suele haber algunas grietas que 
embarazan bastante. 

A unas dos horas llegamos á donde llaman Pueblo Viejo, 
por haber estado fundado, como llevo dicho, en aquel paraje 
uno de naturales de quienes era la hacienda de Gravo, la 
que sería muy conveniente, respecto á que era propia de los 
indios, aplicarla al pueblo de Guanapalo para que tuvieren con 
que atraer muchos de los gentiles que por falta de subsistencia 
y no tener aquel misionero que suministrarles, carecen de re- 
ducción. Reconocí dicho terreno, el que tiene todas las propor- 
ciones para una buena población de libres ó gente blanca (que 
así llaman á toda casta que no sean indios ó negros aunque 
tenga de dichas castas). A tres horas de camino se halla el 
caño de la Miel; fuimos á ranchar cuatro horas más adelante á 
orillas del río, que por estar muy bajo descubre las playas muy 
dilatadas. 

El 11 proseguimos con la misma nema; á una hora atrave- 
samos el caño de Guravataba; á otras ocho horas ranchamos 
en el caño de Usuma. 

El 12 caminamos cinco horas hasta el caño de Nayaque, 
donde tiene habitación, hato, trapiche y buenas labranzas, 
aprovechándose también de la costa opuesta el dueño de los 
bagajes, los que fué forzoso remudar por lo muy maltratados 
que llegaron, así por la falta de pastos, por estar entonces re- 
toñando, como por no saber cargarlos y haberse sofocado con 
los rigores del sol, y esto causó detención. 

El 15, queriéndome adelantar, recibí un fuerte golpe de un 
caballo en que habían estado corriendo venados los días antes, 
de que abundan aquellas llanadas ; de suerte que entre dos 
hombres solo con lazos suelen coger de 100 á 130 en un día, 



RÍOS DE VENEZUELA. Y DE COLOMBIA. 123 

solo por aprovechar las pieles. Proseguí coa alguna incomo- 
didad después de haber usado todos los preparativos que tie- 
nen para semejantes lances, y á unas tres horas llegamos á 
las juntas del río Gravo con el de Tocaría, que los divide una 
barranca alta. Es de poca extensión, que solo permite tres ó 
cuatro casas, porque á unas 100 varas ó poco más de la orilla 
se baja tanto el terreno que se hace anegadizo todo lo demás, 
lio obstante que la loma alta sigue hasta la falda de la loma 
de Gravo, cosa de cuatro horas á la ligera, y con cargas, poco 
menos de un día, con muchas ventajas al que se transita aho- 
ra, y siendo aquella falda á propósito para poner una buena 
población, estableciendo una bodega ó dos ó tres vecinos en 
las juntas de los dos ríos, serviría de mucha utilidad á los ve- 
cinos y al comercio. Su temperamento es el mismo de tierra 
caliente y á propósito para beneficiar todos los frutos, prome- 
tiendo abundantes cosechas. A hora y media de las juntas 
atravesamos el caño de Suri van; á un cuarto de hora el de Gu- 
raay; á media hora el de Garcitas, puerto donde me había em- 
barcado para bajar al Meta: le hallé tan seco, que le vadeaban 
á pie, con solo una canal muy estrecha; á tres horas rancha- 
mos junto á la hacienda de Tocaría, donde antes estuve aguar- 
dando las embarcaciones á mi bajada. Hasta aquí es tierra 
llana de muy dilatadas sabanas. 

£1 16 seguimos por el llano con el equipaje, faldeando las 
montañas, y yo me dirigí á la parroquia de Tocada, así por 
oír misa como por ver su situación; tardé cinco horas á buen 
paso para llegar á ella, que está fundada en la meseta de una 
loma bastante escabrosa, en la horqueta que hacen dos que- 
bradas de las que forman el río Tocaría. A dos horas y media 
fuimos á ranchar á las orillas del río Panto, que tiene sus ca- 
beceras en las lomas del pueblo de Támara. 

El 17 vadeamos el río Panto con bastante trabajo á causa do 
la mucha piedra que tiene, que aunque se ensancha mucho 
está profundo bastantemente, el que en invierno creeré no 
se pueda vadear en algunas leguas más arriba; de allí tardé 
cuatro horas, por camino muy llano, en llegar á la ciudad de 
Pore, una de las de la jurisdicción de los Llanos de Gasanare. 



m BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁHCA. 

No da muestra de haber sido más de lo que ahora es, y sí 
creeré que después que llegó el nuevo gobernador haya ade- 
lantado alguna cosa, porque se ven algunas casas nuevas cu- 
biertas de teja y otras que se están levantando para lo mismo. 

Se conoce que han carecido hasta ahora de fomento, de quien 
les animase y protegiese; y como que es una de las poblaciones 
de tierra caliente, estaban connaturalizados con la desidia y 
poltronería, sin atender á las labranzas, ni manufacturas, ni 
otros ejercicios en que pudiesen adelantar, porque en sabiendo 
enlazar una res, á que son inclinados, hasta las mujeres, les 
parece que ya tienen cuanto han menester; por lo que, aten- 
diendo su gobernador D. Joaquín Ferni á los muchos arbi- 
trios de que pueden usar con excesivo beneficio, así para su 
conservación como para lucrar y expender, va inclinando á 
los vecinos á que siembren cacahuales, que hasta ahora no 
han tenido, cañaverales, algodonales y otros frutos, y á que 
formen potreros para los ganados, así para engordarlos como 
para evitar mucho trabajo y pérdida de tiempo en recogerlo 
cuando lo han menester, evitando también por este medio el que 
muchos no se apropien lo que no es suyo. No procura menos 
sobre el trabajo áb las manufacturas, pues en varios pueblos 
que no sabían tejer, ya tienen muchos telares y trabajan con 
gusto. Intenta hacer lo mismo en las poblaciones de libres, y 
creo conseguirá su pretensión si no ocurre algún accidente, 
pues no todos se acomodan á ver que otros tengan utilidad y 
se utilicen para tener que comer. 

D. Joaquín Ferni, según he experimentado, es muy pro- 
penso al bien común, y tiene muchos deseos de acertar, y que 
como se le sostenga no nos queda duda de que con exactitud 
cumplirá y hará cumplir cuanto se le mande, y no en todos 
concurre esta virtud, y que en caso de establecerse las pobla- 
ciones que son necesarias, así en aquella provincia como en 
las orillas del río Meta hasta Orinoco, no me parece que habrá 
otro más á propósito para verificarlo , porque no es lo mismo 
proponerlo ó hablarlo que ejecutarlo; que esto pide un buen 
conocimiento del país y del humor de los que se hayan de es- 
tablecer, donde el rigor suele hacer pie para la desesperación. 



RÍOS DE VENEZUELA Y DE COLOMBÍA. 125 

lo que más bien se suele conseguir con el buen modo, sin fal- 
tar á su obligación, que verificado todo lo que va estableciendo 
resultará de ello un regular comercio con lo demás del reino, 
así por las manufacturas como por los frutos y ganados vacu- 
noSy mulares y caballares, que son de alguna importancia, y 
lo mismo con otras provincias. 

El 25 proseguimos más de tres horas por el llano, y entran- 
do luego en las montañas y tierras quebradas atravesé el río 
de Aricaporo: ranchamos temprano á causa de los bagajes que 
se fatigan breve. 

El 26 volvimos. á bajar á tierra llana, aunque con algunas 
quebradas, orillando el río Oriporo, que en invierno es preciso 
pasarlo por tarabita ó puente de hamaca. A unas tres horas le 
atravesamos para subir al pueblo de Ten , que está situado en 
una meseta de bastante eminencia, con muy pocas casas, y el 
piso de unas lajas muy grandes. Ya desde allí proseguimos 
por tierras muy quebradas, subiendo y bajando lomas muy 
pendientes con muchos despeñaderos: atravesé la quebrada do 
Guaimoria y la del Arenal, subiendo la loma do Barro-Negro; 
á la caída de ella ranchamos en una casa bien infeliz. 

El 27, á cosa de una hora, atravesamos la quebrada de Agua 
Tibia y subimos á la Sabaneta, que aunque corta tiene una 
vista muy buena y agradable. Es paraje á propósito para poner 
una población. También tiene una iglesia que sirve de parro- 
quia á varios vecinos que viven á largas distancias, á los que 
administra un religioso Agustino, puesto para misionero de 
los indios Tunebos que viven retirados de aquel paraje más 
de cuatro ó cinco leguas, internados en el monte, sin habita- 
ción fija, porque la mudan donde quiera que hacen las labran- 
zas, los que están abandonados y sin instrucción en la religión. 
Estos se creen poseedores de muchas leguas de tierra, con 
cuyo motivo causan excesivos quebrantos á los demás vecinos, 
á quienes con el más leve pretexto arrojan de aquellas tierras 
sin cultivarlas ellos ni dejar que otros las cultiven, haciéndo- 
Jes perder sus casas, sementeras y frutales, siendo así que 
ellos no quieren vivir en aquel paraje ni menos poner en él 
su pueblo, pretextando de que un antecesor suyo maldijo toda 



126 BOLETÍN DE Lk SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

la tierra que está de aquella banda de Casanare^ por lo que no 
producirá el fruto que ellos siembren allí. No quieren desistir 
de su error á que contribuirán los fines particulares de su 
misionero, como también para que incomoden á los vecinos 
libres que tienen allí sus estancias. 

A cosa de un medio cuai-to de legua á la orilla de Gasanare 
se encuentra una sola casa de un vecino á lo que llaman el 
Piñal; allí tuvieron su pueblo dichos indios Tunebos , que 
dejaron abandonado y se internaron en las montañas, en la 
banda opuesta del Gasanare; no descubrí señal de haber tenido 
iglesia; la que existe está fundada en la Sabaneta anterior. No 
muy lejos de ella encontré clavadas varias estacas que me 
dijeron era la delineación de otra iglesia que para hacer la 
parroquia de la Divina Pastora habían puesto los religiosos 
Gapuchinos c^n el ñn de que se estableciesen allí algunos 
vecinos. No hay duda que el paraje y proporciones que ofre- 
cen sus inmediaciones es muy á propósito, pero me parece que 
antes de emprenderlo era menester disponer que el religioso 
Agustino pasase á otra parte ó que se fuese con los indios 
Tunebos de quienes es misionero, reduciéndolos á población 
adonde ahora se hallan , y lo más acertado retirarlo á su con- 
vento, poniendo otro en su lugar para los Tunebos; pues de 
permanecer allí, además de que no tendría efecto, es muy 
perjudicial á todo vecindario, sugiriendo á los indios para que 
les causen muchos daños. 

El domingo anterior á mi pasada requirieron á uno de los 
que estaban inclinados á que se hiciese parroquia para que 
saliesen de la tierra, siendo así que vive más de cuatro leguas 
apartado de su estancia, donde tiene buenos platanales y 
cañaverales, con un buen trapiche, que he visto, y aun aquel 
día dicho misionero le había abochornado á la puerta de la 
iglesia, según me dijeron. 

En el Piñal se junta el camino y siguen desde la ciudad de 
Ghire á las salinas de Ghita con el que se lleva de Pore; aquel 
viene por entre unas montañas muy eminentes y escarpadas; 
me dijeron era de mal piso y de muchas lomas para Hogar á 
dicha ciudad de Ghire, que de ella al puerto había cuatro 



Ríos DE VENEZUELA Y DE COLOMBIA. 127 

horas de camino impracticable en invierno, sin embargo de 
ser por tierra llana. 

Desde el Piñal proseguí orillando el río Casanare hasta el 
páramo de Chita, en el que entran muchas quebradas de tan- 
tas aguas como las que trae; hasta aquellos parajes atravesa- 
mos las quebradas de Agua Colorada y Agua Blanca con bas- 
tante trabajo por sus muchas crecientes, tanto que cuasi no 
permite vado, nadando las bestias y mojándonos al tiempo de 
pasarlas. 

A cinco horas de Piñal llegamos á Sabana Larga, llamada 
así por una sabaneta que se dilata más de media hora de 
camino entre varias montañas ó lomas y las orillas del río 
Casanare. Lo mucho que llovía no permitió pasásemos ade- 
lante: en ella vi al vecino á quien requirieron los indios Tune- 
bos para que se mudase á otro paraje y en su casa ranchamos, 
el que es también muy bueno para poner una población. Su 
temperamento cálido; las montañas inmediatas prometen pro- 
ducir cuanto le quieran sembrar, y lo mismo el llano. Tiene 
por el Oriente el río Casanare y por el Occidente (orillando la 
montaña) las cabeceras de las dos quebradas que atravesé, y 
de una y de otra agua se pueden servir en sus menesteres y 
sin necesidad de estar esparcidos, que puesta la población ser- 
viría de escala para todos los que de los Llanos de Casanare 
transiten á las salinas de Chita, y lo mismo para los que vie- 
nen á ella por ser jornadas proporcionadas desde Pore á Ten, 
y en tiempo de invierno que queda abandonado el camino de 
Aguativia, por lo impracticable que se pone, lo es también 
desde Ten á Sabana Larga, y solo una casualidad puede pri- 
var de llegar á ella. A esta Sabana intentaron los religiosos 
Capuchinos saliese un camino desde las salinas de Chita, 
pareciéndoles que sería mejor que el que ahora usan por tener 
allí el río Casanare dos peñones opuestos que facilitan hacer 
de uno á otro un buen puente de á caballo. Sacaron la vereda 
y me informaron los mismos que la trabajaron que el camino 
es mucho más corlo, pero tiene varios pasos impracticables en 
tiempo de invierno, porque la corriente del río ataja en muchas 
partes el camino. La relación que nos hicieron fué la siguiente: 



128 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

«Se emprende el camino desde las salinas de Chita, que 
están á orillas del río Casanare (como luego repetiré), subiendo 
la loma con bastantes vueltas hasta llegar á la iglesia, donde 
hay también algunas casas de los vecinos del pueblo; luego se 
vuelve á bajar á las salinas de Chirivague, que estarán como 
dos tiros de fusil apartadas de las primeras, y obliga á todo 
este rodeo (que es de más de hora y media de camino) la 
cuchilla de la loma, que remata con un escarpe de más de 
20 varas en la orilla del río, y aunque tiene un atajo para 
los de á pie, van con tanto peligro que á cada paso se experi- 
mentan muchas desgracias, que con facilidad se evitarían, y 
con poco trabajo. De dichas salinas se prosigue por lo alto de 
la loma de Río Negro, que es bastante áspera. Al bajar dicho 
río se vuelve á subir otra mejor, llamada puerta de Tarme- 
cona, y se baja á la quebrada de Cucharas y subiendo y ba- 
jando otras varias lomitas, se viene á pasar por una laja de 
peña viva de m<1s de media hora de camino muy resbaloso, á 
la que toda ella en creciente cubre el agua del río. Se sube 
luego á una meseta que llaman el Tablón; después se encuen- 
tra otra peña que no permite camino por ninguna parte para 
llegar á donde se había de poner el puente en dicha Sabana 
Larga.» 

No hay duda que á no ser estos dos malos pasos era de mu- 
cha más comodidad y ahorro que el que yo transité. Me parece 
que los religiosos desistieron de su empresa, pero no se puede 
menos que agradecer su buen celo por el bien del publico. 

El 28 á media hora atravesamos la loma que llaman de la 
Laja, muy expuesta para precipitarse cada instante, con una 
montaña á la izquierda y sobre la derecha al río y quebrada 
de Maqueque, la que atravesé: á su bajada tiene varios saltos 
y precisa subirla y bajarla á pie, donde se maltrataron mucho 
las bestias de carga, y aun las de silla. A unas cinco horas 
atravesé la quebrada de Socama, de muy mal vado, que cuando 
va creciendo impide la subida á una sabaneta de mucha pie- 
dra. En ella hay una mala enramada donde ranchamos, por 
no haber pasto para las bestias en lo restante del camino, y 
porque tomasen algún vigor para emprenderle. 



Ríos DE VENEZUELA Y DE COLOMBIA. 129 

£1 29 proseguimos subiendo la loma de Socama, muy pen- 
diente y alta, de más de dos horas de camino yendo á la lige- 
ra, á bajar á la quebrada de Iguarin; se prosigue por la loma 
del mismo nombre, de malísimo piso, así para las bestias 
como para los de á pie, á bajar á la quebrada de Santa Lucía 
7 subir la loma de peor piso que la anterior, todas pobladas 
de muchos árboles y peñones formidables; lo mismo en el 
paso de las quebradas, que parece imposible puedan transitar 
bestias por aquellos parajea, teniendo todo fácil composición: 
la continuación les hace perder el horror que causa tanto pre- 
cipicio á los novicios en aquellos caminos, por verse en unas 
elevaciones tan excesivas, que al muy firme de cabeza se le en- 
turbia ó desvanece la vista. 

En lo alto de ella hay una sabaneta, aunque corta, algo có- 
moda para descansar, solo que el agua está muy distante y 
con algún precipicio para cogerla; la bajada está algo más tra- 
table, pero tan pendiente y de tanto caracol que parece se baja 
caminando punto menos que por una pared. Su mucha eleva- 
ción y algunos derrumbaderos ponen en bastante cuidado á 
los caminantes, y así los más juiciosos lo suelen hacer á pie 
I^ara evitar alguna mala pisada de la bestia, que por cuales- 
quiera parte que caiga se precipita irremediablemente; con 
lodo, hay bárbaros que bajan y suben corriendo, sin escarmen- 
tar en las muchas desgracias que han sucedido. 

Llegamos después de siete horas á la travesía de las Cruces, 
á caer á la loma de San Ignacio, de allí á la Sirica, en donde 
se encuentran dos ranchitos de poca sustancia ni alivio, y sin 
haber bajado (por haber inmensa distancia muy pendiente 
hasta el río), se prosigue subiendo la loma de Sirica, se vuel- 
ve á bajar á la quebrada de Guanaripe, que aún está en lo alto, 
á subir la loma del cerro, desde donde se descubren las sali- 
nas, pareciendo las casas menudos granos de mostaza y casi 
no se distinguen últimamente; después de otras tres horas se 
baja al río Casanare, que se atraviesa por puente de madera, 
y á sus orillas están las salinas de Chita y población provisio- 
nal para tiempo de verano, porque en invierno con las cre- 
cientes del río las cubre el agua y priva el que se puedan bene- 

9 



190 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

ficiar, sucediendo lo mismo á las de Chinivaque, que están 
poco mas abajo. Uuas y otras serian á poco costo útiles en 
todo tiempo y de inmenso beneficio y de ellas se proveen todas 
las poblaciones de los Llanos y pueblos de la cordillera de los 
páramos de Chita. 

Hasta unos 60 manantiales de agua salobre se descubren 
en las orillas del río, y solo se benefician dos de ellos, que 
haciendo unos pozos argamasados en altura en donde no 
alcancen las corrientes y tapándoles el conducto bajo, se po- 
drían beneficiar en todos tiempos con excesiva utilidad y 
menos quebranto de los que acuden á ellas. En tiempo de in- 
vierno se retiran todos dejándolo desamparado, y por consi- 
guiente se arruinan los ranchos y casas que habían fabricado 
á la entrada del verano, repitiendo todos los años la misma 
maniobra. 

Son muchos los vecinos que habitan repartidos por aquellas 
quebradas, los que se podían reunir en una meseta próxima á 
las salinas, que está casi en la falda de la loma, en que hay 
fundada iglesia rany indecente y deteriorada, la que breve 
obligará que la hagan de nuevo, que será su mejor compos- 
tura. Me dijeron que las principales y retablos los habían 
llevado al pueblo de Chita, pero en caso de que se haya de 
renovar ó hacer iglesia, sería más conveniente en la meseta 
que está en la falda, en donde agregándole algunos vecinos se 
aumeniaría la población. En la retardación de cargas y preve- 
nir muías se pasó un día. 

El 31 subimos la loma de Tanaeque hasta llegar á la meseta 
de este nombre; seguimos á llegar á Quebrada Honda prosi- 
guiendo otra loma á pasar el río Casanare por el puente de 
Recugeche; sigue otra loma de muy mal piso de piedra con 
muchos repechos y cangilones hasta lo alto del monte, que hay 
una sahaneta y de allí á la Boca del Monte^ que llaman así 
por concluir allí todo lo que es arboleda, lo que goza tempe- 
ramento templado, donde, se puede poner una venta ó enra- 
mada para descanso y abrigo de los que no puedan pasar el 
páramo con día, para que no se expongan á perecer en él, por 
ser de los más crueles. Yo tardé ocho horas desde las salinas 



RÍOS DE VENEZUELA Y DE COLOMBIA. 131 

€11 subir allí. Luego se prosigue ya por temperamento frígidí- 
simo, subiendo siempre varias lomas, y unas dos horas ran- 
chamos en lo rigoroso del páramo, lloviendo y sin tener con 
que encender candela; el quedarme allí fué culpa de los peo- 
nes que se adelantaron. 

El !.• de Abril proseguí á acabar de subir y atravesando 
próximo del Tragadero, que es una laguneta llamada así por 
estar en la creencia de que cuantos animales y personas se 
arrimaban á ella, inmediatamente con superior impulso los 
atraía y tragaba (de estas ilusiones padecen mucho no solo los 
naturales sino también otros que no lo son). Está en el medio 
del páramo y creeré sea también de lo más rigoroso de él. 

Sigúese subiendo la loma hasta llegar á la Culebreada, de 
allí á la loma y cuevas del Corcovado (llaman cuevas algunos 
huecos que hace las peñas aunque sin algiin abrigo en todo el 
camino hasta allf), se halla mucha osamenta muy blanca y 
limpia de los muchos animales que se han emparamado, y se 
prosigue subiendo hasta el hato de Tetuquica y luego se baja 
á la laguna del mismo nombre, que es pequeña. Se prosigue 
hasta la quebrada de Escaraman, en la que se reconoce ya 
algiín abrigo y se pudiera hacer allí alguna venta para alivio 
de los transeúntes. Desde el monte á llegar á esta quebrada se 
pondrán tres horas en lo que se echa de ver que es seis tantos 
más corto este páramo que el de Toquilla. 

Siguiendo á la quebrada de la Chorrera, en que por estar 
más abrigada que la anterior se podría poner la venta, allí se 
unen las dos quebradas dichas y van á desaguar al río de 
Sogamozo. Se emprende la subida de la loma de la Cruz á 
bajar al sitio de la Barraca, orilki! * la laguneta de Chica- 
gua y atravesando la quebrada del Mo.ino se llega al pueblo 
de Chita, distante de las salinas como día y medio. Algunos 
dicen lo hacen en un día, pero me hace fuerza, á excepción de 
los que caminan á pió, que esos encuentran mayores derechos 
por donde no pueden ir las bestias. 

El día 5 de Abril, habiéndose juntado los bagajes, prose- 
guimos bajando la loma á pasar la quebrada de las Y^^guas; á 
unas ocho horas subimos al páramo del Aserradero, cordillera 



132 BOLETlN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

del anterior, en el que se siente mucho el frío; es corlo y 
bajamos á ranchar á la quebrada del Muerto, feligresía de 
. Cheva. 

El 6 se huyeron las bestias y quedamos aUí todo el día. 

El 7 subimos la loma de Mausa, á bajar á la quebrada, que 
atravesé por puente, y llegué después de cinco horas al pueblo 
de Socotá: proseguí á bajarla quebrada de Comeza; se empren- 
dió la subida á la loma de Sagra, de malísimo piso y muchas 
vueltas, á bajar á la quebrada de Soacha, y subimos después 
de otras cinco horas á ranchar al pueblo de dicho nombre. 

El 8 bajamos á la huerta y atravesamos por vado el río So- 
gamozo; en el mismo paraje esta puesta la tarabita, que es 
una cuerda por lo regular de cuero, atravesada de una á otra 
banda del río, y de esta pende una argolla de lo mismo que 
sostiene una especie de cesta ó zurrón, todo de cuero, en el quo 
se posa el pasajero y con otra cuerda la conducen á la orilla 
opuesta, y lo mismo ejecutan con las bestias, siendo en para- 
jes donde es excesiva la corriente, y en algunas partes, como 
en esta, se pudiera excusar esta máquina, nada agradable, ni 
aun á los que la pasan con frecuencia, por tener buenas pro- 
porciones para poner puente. Proseguimos con el río á la iz- 
quierda y lo mismo el pueblo de Vetaitiva, y fuimos á ran- 
char á los molinos de Otálora, habiendo caminado como 
unas diez horas; las bestias con la falta de alimentos y fatigas 
de las lomas llegaron bastante cansadas. 

El 9 proseguimos subiendo la loma de Manitas y á su baja- 
da en el llano pasamos cerca del convento de Belén, de reli- 
giosos de San Agustín, sobre la derecha, y lo mismo los pue- 
blos de Chameza, Nauza y Tibacosa, situados en las faldas y 
abras que hacen las lomas ó montañas. Atravesantes por vado 
otra vez el río Sogamozo, y á unas cinco horas de los Molinos 
llegamos al pueblo de Sogamozo. 

El 10 proseguimos hasta Quebrada Ilonda. 

El 11 á la ciudad de Tunja, donde dejé un granadero en- 
fermo. 

El 1.° de Mayo atravesando eLpueblo Cucinta, dejando á la 
derecha el de Sora y á la izquierda el de Samacá, fuimos á 



RÍOS DE VENEZUELA Y DE COLOMBIA. 133 

dormir á la hacienda de esle nombre, de los religiosos de Santo 
Domingo, que así esta como dichos pueblos están situados en 
un valle, la mayor parte de él pantanoso. 

El 2 seguimos á la loma de Chumbita, dejando el convento 
de la Candelaria, de Recoletos de San Agustín, sobre la izquier- 
da, bajamos á dormir al pueblo de Tinjacá. 

£1 3 seguimos la loma de Suta por lo que llaman la piedra 
Bajada, al Almorzadero y á la fuente del Moral; bajamos á 
atravesar el río por la puente de la Balsa, ya en el llano de 
Ghinquinquirá, y después de nueve horas llegamos á la pa- 
rroquia de dicho nombre. 

El 4 pasando por el Boquerón fuimos á dormir después de 
tres horas al pueblo de Simijaca. 

El 5 atravesamos por el pueblo de Susa, subimos la loma, 
bajamos al pueblo de Tuquere dejando la laguna grande sobre 
la izquierda, fuimos á ranchar después de haber caminado en 
todo el día diez horas, al vado del río de Ubaté. 

El 6 atravesamos por el pueblo de Ubaté; subiendo la loma 
dejamos al pueblo de Tansa sobre la derecha, atravesamos por 
el Boquerón y bajamos á ranchar á donde llaman la Capilla. 
El 7, remudando las bestias de silla, proseguimos por el 
llano, dejando á Nemocon á la izquierda, atravesamos por los 
pueblos de Zipoquirá, el de Cagicá á la derecha y Chita, atra- 
vesamos el río por el puente de dicho nombre, y después de 
diez horas á la ligera, llegamos al pueblo de Uzaquen. 

El 8, á causa de lo mucho que llovió el día anterior, en dos 
horas de andadura llegamos á esta capital. 

De todo lo expuesto en el anterior diario, se deduce que se 
pueden poner poblaciones para la comodidad del comercio, del 
camino del páramo de Toquilla, en la quebrada de Soriano, 
que es el mismo paraje donde está la casa que llaman do To- 
quilla, de la que loma su nombre el páramo. Que del pueblo 
de Sogamozo se pueden sacar vecinos para ella. Otra población 
en donde llaman Hato Viejo, á la salida de dicho páramo, 
antes de llegar á la quebrada de Siama, sacando los poblado- 
res de la feligresía de Labranza Grande, de los muchos que 
viven en sus laderas y quebradas inmediatas. Otra en la mon- 



184 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

taña de Gravo, á orillas de Llano Grande, reuniendo los más 
próximos. 

En las juntas de los ríos Gravo y Tocaría, se puede poner 
una bodega ó ramada con algunos vecinos para alivio de los 
transeúntes, mientras vienen embarcaciones ó les llegan bes* 
tias para sus viajes, que distará á la ligera como cuatro horas, 
y menos de un día con cargas, de la población que se haga. 

Que en el río Gravo , donde llaman Pueblo Viejo , se puede 
poner otra población en donde sus vecinos procurarán preci- 
samente tener embarcaciones , así para su uso como para al- 
quilarlas á los que las hayan menester, y también proveerles 
do bastimentos y bogas para sus viajes, distante de la bodega 
unas diez horas río abajo. 

Que en el rio Meta, más abajo de Guanápalo, donde llaman 
íbaiba y tienen labranza los naturales de dicho pueblo, se 
puede también poner otra buena población, teniendo como tie* 
non muy buenas proporciones, y será la primera que desde el 
nacimiento del Meta se halle á la banda del Sur, pues hasta 
ahora todas están establecidas de la banda del Norte y dista 
.tres horas del puerto de Guanápalo, siendo de advertir que 
Macuco y Guanápalo están una legua tierra adentro apartados 
de sus puertos, y en invierno que permiten sus caños la nava- 
gftción, son el que menos de más de tres horas de retardación, 
y que así esta población como las demás que son convenientes 
han de estar á las orillas del mismo río. 

Sin embargo de que prometen buenas proporciones para po- 
ner poblaciones á las orillas de los ríos Ariporo, que está cinco 
horas río abajo de íbaiba; Aricaporo, otras cinco horas más 
del río Chire y Casanare que entran cuasi juntos en el Meta, 
y distan quince horas de íbaiba; como que no se podrán ha- 
cer á un liempo todas las poblaciones necesarias, me parecía 
conveniente preferir á todos estos el paraje que llaman el Tra- 
piche, que aunque dista de íbaiba, donde se debe poner la otra 
población, veinticuatro horas poco más aguas abajo, es paraje 
muy alto y que puede servir de vigía, y como el que sube por 
el río Meta no tiene ya paraje por donde poderse extraviar, por 
estar del lado de arriba todos los ríos que desaguan en él, es pre- 



RÍOS DE VENEZUELA Y DE COLOMBIA. 185 

dso pasen por allí, y viene á quedar como la llave de todos los 
puertos de aquel río. Tiene además de las buenas proporciones 
de siembras y pastos , la comodidad de poder hacer un fuerte 
ai fuese menester para resguardo de cuanto por allí quiera en- 
trar, sin padrastro que le pueda ofender, por ser una pequeña 
eminencia en medio de aquellos inmensos llanos hasta cuanto 
puede alcanzar la vista, y será la segunda población de aquel 
río, y segunda, también de la banda del Sur. Se puede poner 
otra población en donde llaman Buenavista, que es barranca 
de las mismas proporciones y circunstancias que la del Trapi* 
ohe, de la que distará como doce horas poco más, y aunque 
hay otras más abajo, como lo es la barranca Eslibana, me pa- 
rece que son suficientes las expresadas por ahora, y aunque 
para desembocar al Orinoco distará de allí como catorce horas, 
debiéndose poner allí la villa de Meta, que dicen está mandada 
por 6. M. en las bocas de él, se excusan más poblaciones. Lo 
restante es ya entrando en Orinoco, de la provincia deOuaya- 
&a« de la que no tengo que expresar más de lo que llevo dicho. 

■d estos dos últimos parajes del Trapiche y Buenavista, si 
86 itt^esen por convenientes, se pueden poner fortalezas, que 
á excepción de la cal, tienen próximos los demás materiales, 
bien que se necesiten á lo menos veinticinco días para llegar á 
ellos desde las bocas del Orinoco, habiendo de atravesar por 
las pscKviQeias de Cumaná y Caracas y Barinas, que me páre- 
se corresponde ahora á Maracaybo y también por la banda del 
Sur y toda la Guayana hasta la boca del Meta, que desde allí 
anriba creeré sea de este reino. 

Volviendo portel camino de Chita, digo, que como todos los 
de los Llanos transitan á las salinas en tiempo de invierno 
desde el pueblo Ten por la cordillera de la loma á salir á Sa- 
bana hvga, sería co&veníente á no hacer más que una pobla- 
dóQ, preferir á este paraje en el que concurren todas las cir^ 
aiíitfaflrias ^ara que sea buena^ que esta también proporción 
nará la compostura del restante del camino hasta dichas 
salinas. 

Ea la falda de la loma donde está ahora la parroquia de las 
Salinas de Chita, no solo es conveniente hacer otra población, 



196 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

sino que precisa á ello para evitar tantos perjuicios como reci- 
ben en tener que fabricar todos los veranos las casas en que 
han de habitar cuando van á beneficiar la sal, y si se hiciesen 
los pozos para lograr de su beneficio en invierno, con mucha 
más razón se debe beneficiar la población. 

Solo restan las dos ramadas ó ventas en lo alto del monte 
antes de entrar en el páramo de Chita y otra á la salida de él 
ó bien en la quebrada de Escarama ó en la de la Chorrera, que 
verificado lo que llevo expuesto, con más proporción y facili- 
dad se puede atender á la derechura y compostura de los ca- 
minos, advirtiendo que con la prohibición de que se introduz* 
can efectos de la provincia de Guayana, incluyen también 
ellos las herramientas para cultivar las tierras y demás labo- 
res del campo, y siéndoles muy costoso y difícil adquirirlas 
por otras partes, son infinitos los que por falta de estos instru- 
mentos se ven ociosos, y otros que por no tener los necesarios, 
por causa de esta prohibición aumentan excesivamente el tra- 
bajo con poquísima ó ninguna utilidad. Casi lo mismo sucede 
en aquella provincia y por lo mismo siempre serán inütiles 
las órdenes que se dieren para el fomento y cultivo de aque- 
llas tierras, cuando tienen cerrado el conducto de adquirir he- 
rramientas para labrarlas; siendo decomiso hasta la pobredad 
de un cuchillo de los que suelen traer para su uso. 

Y parecién^dome que no resta otra cosa que exponer sobre la 
comisión que se dignó Y. E. poner á mi cuidado, ruego á Dios 
que redunde todo en su santo servicio, y que guarde la vida 
de Y. E. muchos años para alivio de este reino. Santa Fé, Ju- 
nio 17 de 1783 años. — Antonio de la Torre (1). 



(1) Depósito de la Guerra. Est. P. Tab. I. Cartera 2, núm. 86. En la memoria 
que el Virrey arzobispo, escribió para su sucesor en l'2S9 elogia al capitán Anto- 
nio de la Torre, expresando que fundó de nuevo ó mejoró de situación á cuarenta 
y tres poblaciones con cuarenta mil habitantes, en la provincia de Cartagena. 



Ríos DE VENEZUELA Y DE COLOiMBIA. 137 



IL 



Diario del viaje hecho de orden de D. José Solano al 
reconocimiento del río Meta, 1765. 

m día 18 de Marzo á Ia§ siete de la mañana, salí del pueblo 
7 puerto del Raudal con cuatro champanes, dos de ellos desti- 
nados á conducir los indios de la provincia de la Guayana á 
sus misiones, los cuales debían mantenerse en mi conserva 
hasta Garichana, los otros dos tenían el destino de conducir las 
harinas que se hallaban en Macuco, misión del Meta. A las seis 
de la tarde ranché sin ocurrir me cosa de particular; el día fué 
de calma y nubes. 

£1 día 19 á las cinco y media me embarqué, pasé el raudal de 
Tabaje á las siete del día y llegué á la misión de Garichana á 
las dos de la tarde, donde me detuve todo el día 20 para espe- 
rar las bogas y proveerme de víveres; los champanes que iban 
á Guayana siguieron este mismo día su viaje, y el siguiente, 21 , 
seguí el mío á las diez del día, pasando el raudal de Garichana 
poco después de medio día, con algún trabajo, á la sirga, por 
ser el día de calma y alguna llovizna; á las cinco de la tarde 
entré por la boca del Meta, que tendrá un cuarto de legua de 
ancho en los meses de río crecido, quedando reducida á un tiro 
y medio de fusil en verano, y está variable todos los años; en 
el espacio comprendido entre las dos orillas, que no cubre en 
su mayor creciente, hallé el río en una gran creciente, que con 
haberse levantado algún viento, con las dos velas y remos solo 
pude granjear poco más de un tiro de fusil, y en el paraje 
donde ranché fué menester por dos veces internar el rezón, á 
causa de llevar la creciente del río mucha parte de aquella playa, 
dejando siempre una barranca de cosa de media vara en per- 
pendicular, donde podía estar embicado el champán. Al po- 
nerse el sol hallé 15* de variación NE. 

El día 22 á las cinco y media me largué á la sirga; confirmé 
la variación hallada el día anterior al salir el sol, y navegué lo 



188 BOLETÍN DE LA SOGIEDAJ) GEOGRÁFICA. 

más del día á la sirga con bastante trabajo de la gente, á causa 
de ir en muchos parajes con el agua á la cintura, según las 
puntas y ensenadas que formaban la orilla. A la noche observé 
la primera del cuadrado de la gran Ursa y por ella la lat. 5^, 53\ 
23''; el paraje de la observación estará como 4 leguas déla boca, 
y con corta diferencia, en la dirección E.-O. 

El día 23 á las cinco y media me largué navegando á la vela 
hasta el medio día, regularmente con el trinquete, pues el ^oca 
fondo del río no mo permitía llevar mucha viada. A las cinco 
y media ranché como era de costumbre. 

El día 24 navegué lo mismo que el antecedente, .con vientfO 
hasta el medio día, el que me acompañó algunos días, caU 
mando luego que llegaba dicha hora. 

• Día 25. Este día se dejaron ver algunas rancherías y bal-* 
sas de guajibos, y al mismo tiempo las marcas, que «e suce^- 
dian unas á otras y daban á entender se avisaban la novedad 
de las embarcaciones, pero su temor no les coQsentía de^ 
jarse ver. 

El día 26 encontré como en el antecedente rancherías y bal- 
sas, pero más en número, y todos los días se iba manifestaoAo 
mayor número, cuyo aumento duró hasta la boca deCasanare, 
y en adelante empezó á disminuir hasta las inmediaciones de 
Macuco, que dejaron de verse. Estas balsas son hechas del bás* 
tago del moríche (llamado bojardo), que es una especie de^eii*- 
rrizo muy ligero; se componen de 18 ó 20 báaUtgos de tires y 
media varas de largo, tres cuartas de ancho en la proa, y uai^^ 
dos allí los bástagos por su extremo con un enlazado de bejuco; 
eo la popa tenían una vara de ancho, cuya dif^renda la oca» 
aionaba el mayor grueso del bojardo por aquella parte, junta*- 
mente con estas el enlazado de los bejucos, un» teceia apai«i|i«* 
dos de los extremos, lo que daba lugar á alguna desuoióo entre 
sí; su mauejo es con una media caña (llamada m^maea], áe 
cuatro dedos de ancha, socavada la caroosidad interior, y de 
dos y media varas de largo, rematando sus extremos en punta; 
usan de esta caña cogiéndola por medio con lunbas manos f 
cajialeteapdo á un lado y otro, y al mismo iieoipo sirve de 
timón. 



Ríos DE VENEZUELA Y DE COLOMBIA. 13» 

El día 27 encontramos unos indios en una isla de arena, que 
á nuestra vista corrieron á tomar sus balsas y se pasaron á la 
tierra firme, dejando abandonados grandes canastos de huevos 
de tortuga. Después de montada la isla se dejaron ver en la 
costa, dando gran grita y arrojando puñados de tierra al aire, 
basta que librándoles del temor la distancia, volvieron á pa- 
sarse á la isla. 

El día 28 experimenté los vientos más constantes, no fal- 
tando hasta las cuatro de la tarde; pero lo bajo del río y el pe- 
ligjTO de algunos arrecifes no permitían aprovecharlo ente- 
ramente. 

Día 29. Al medio día pasamos un sitio llamado Parure, donde 
tmbo una misión de yarurus que despoblaron el año pasado, 
trayendo los iudios de ella á la de San Borja. A la tarde se de- 
jaron ver unos guajibos dando la grita que ya habíamos expe- 
rimentado otra yez, con solo la diferencia de dejarse entender 
las voces de curare y capitán^ al mismo tiempo que manifes- 
taban sus flectjLas. 

JSl dia 30 tuve el viento ^constante todo el día aunque con 
muchas nubes y señales de tiempo revuelto. 

El día 31 AO me ocurrió novedad alguna, pues ya no lo ora 
la muchedumbre de balsas y rastros que siempre habían ido á 
iQás hasta este paraje. 

£1 día 1.* de Abril, á las ocho del día, pasamos la boca de 
Casanare, y como media milla más arriba la de un río llamado 
jCbiré, cuya boca se manifestaba tan grandes como la del Casa- 
nare, y esta, según me pareció, era del mismo ancho que tenía 
^lli e¡L Meta. A la jtanjLe encontré una curiara que venía de Ma- 
cuco y dijo q^e traía tres días die viaje, y el suyo era á la En- 
caramada, de donde había subido á conducir unos pasajeros. 

JSl día 2 navegué todo el áía á la vela sin otra novedad que 
algunos guajibos que ^imos, pero tan temerosos, que no se 
atsevierott á dar la grita que Ue^n de costumbre á toda em- 
barcacióia 4^e pasa. 

£1 3, 4 la tarde, empezamos á pasar las diferentes bocas de 
ríos mediados que despico la serranía, que de inmediato al 
puerto de Casanare, corren .casi «n la lepisma dirección que el 



140 boletín de la sociedad geográfica. 

Meta, siendo el primero Aríporo (que según los indios) tiene 
su origen inmediato á dicho puerto. 

£1 día 4,. al medio día, pasé la boca de un río llamado Ca- 
muere, bien pequeño y que desagua en la banda del E. 

El día 5, á las once del día, pasé la boca de Ponto, río que 
tiene su origen en la Serranía, y á la una y media otro llamado 
Guanaparo, donde estuvo la misión de Surimena; de uno y 
otro hace memoria el P. Gumilla, pero son pequeñas y solo 
capaces de admitir curiaras. 

El día 6, á la tarde, pasé las bocas de los ríos María y Pera- 
barí, de poco caudal y en la misma banda occidental. La noche 
fué toda de lluvia acompañada de truenos y de mucho viento. 

Día 7. Desde el medio día encontramos á una y otra banda 
del río grandes labranzas de maíz, yuca, plátanos y algunos 
cañaverales pequeños; en cada labranza había una choza sufi- 
ciente al abrigo de las aguas; en una curiara que pedí á un 
indio que se hallaba en su labranza, despaché un soldado al 
pueblo avisándole al Padre la proximidad de mi llegada. 

El día 8^ á las ocho del día, llegué al j)uerto, y á poco después 
un caballo que me enviaba el Padre, pero por la continua 
lluvia no pude ir al pueblo basta después de medio día que 
dejó de llover. 

El día 9 no se hallaban sino la mitad de las harinas en el 
pueblo y las restantes no podrían bajar hasta Junio, por ha- 
llarse aun sin agua el río Gravo, por donde debía ser su con- 
ducción. La sal se hallaba en Surimena, dos días de viaje por 
el río: despaché uno de los champanes por ella. 

El pueblo, doctrina de San Miguel del Macuco, tiene 819 
almas, inclusas las de los soldados y sus familias, que llegan 
á 38. El resto es de indios Salivas, nación antiguamente nu- 
merosa y hoy reducida á este pueblo y el de Carichana; son 
pasibles, usan el arco y flecha, más para la caza y pesca que 
para otro fín, no obstante que los de Macuco suelen tener 
algunos asaltos que les hacen los Gugibes á sus labranzas, por 
la codicia de hurtar las frutas, lo que ya sucede pocas veces, 
pues luego que llega la noticia al pueblo, salen soldados en su 
alcance dejándolos escarmentados. 




RÍOS DE VENEZUELA Y DE COLOMBIA. * 141 

Los Salivas (á excepción de los Achaguas) son los más ca- 
paces de cuantas naciones se conocen en Orinoco, Meta y Ca- 
sanare; son dóciles, tratables, han abrazado con grandes veras 
la fe católica, pues no teniendo aquel pueblo más que veintiséis 
años de fundación, no se halla indio alguno que no sea cris- 
tiano 7 capaces del Sacramento de la Eucaristía, pues es raro 
el que deja de recibirlo, frecuentándolo algunos entre año. 
Han olvidado enteramente las costumbres de los montes; el 
vicio de la embriaguez, tan general en todos los indios, aun- 
que se halla entre ellos, es con tal consideración, que tal cuál 
vez suelen privarse, siendo entre ellos mal visto el que lo eje- 
cuta, pues obligaron al P. Manuel Román (según me refirió) 
á que quitase el mando á un fiscal que lo vieron una vez pri- 
vado. Antes de poblarse habitaban en Orinoco, más arriba del 
raudal de los Maipures, de donde se fueron retirando por las 
guerras de estos. Su vestuario se compone de las camisetas de 
lana que traen del reino; un calzón corto de lienzo de algodón 
7 muchas camisas de lo mismo. Las mujeres usan de unas 
enaguas largas, puestas por los hombros, y algunas de camisa 
y enaguas. Los soldados un calzón corto de algodón, otros de 
otro género encima y aun ceñidos, descalzos de pie y pierna, 
usando del calzado solamente cuando cumplen con la iglesia. 
EH día 11 envié el champán á Surimena, donde no pudo 
llegar hasta el 13. El día 12 salí para el pueblo de Surimena 
en una curiara con la boga, á cuya diligencia, y salir á las 
tres de la mañana, debí llegar aquel día al pueblo. 

El pueblo de Surimena tiene muy cerca de 800 almas, las 
más de la nación Achagua, sacadas del Ayrico, indios los 
más racionales que se conocen en todo el nuevo reino: hay 
entre ellos herreros, carpinteros y torneros. La iglesia, re- 
cién acabada por ellos, es la más curiosa de cuantas he visto 
en lo que hemos andado de América; las casas son grandes, y 
los más viven cada familia de por sí; andan todos vestidos, el 
que menos con una camiseta del reino y un calzón corto de 
algodón; sobre ellos otro de algún otro género con ceñidor co- 
lorado y una camiseta ó capotillo; á este traje, añadido el pelo 
largo, dividido desde la frente hasta el medio de la cabeza, á 



142 BOLETÍN DE LA SOGIEDAI^ GEOGRÁFICA. 

uno y Otro lado, como d peinado antiguo de las españolas 
llamado raya, y hecho trenza á la espalda, hace una viva re- 
presentación de un gitano. Las mujeres traen las enaguas por 
los hombros, vestuario comün á todas las misiones. 

El día 14 me restituí al Macuco, y el 18, después de misa, 
me largué para volverme á Orinoco, de donde salí el 24 á me- 
dio día: en estos seis días experimenté una continua calma, 
con muchas aguas, no dejando de llover tres ó cuatro horas 
todos los días. 

El río Meta tiene su origen en la serranía inmediata, entre 
Santa Fe y Tunjar; desagua en Orinoco á dos y media leguas 
del raudal de Carichana; es navegable nueve ó diez días más 
arriba de la misión de Macuco, hasta otro río llamado Negro, 
por donde se sube á Apiay. Ijas embarcaciones que más lo fre- 
cuentan son curiaras falcadas y sin falcas , manejándolas así 
unas como otras qdu canalete; el método de gobernarse en la 
navegación es el puesto en práctica en Orinoco. Es escaso do 
pesca, pues solo puede lograrse haciendo demora al propósito 
en los caños ó ríos pequeños que le entran; los peces, que más 
regularmente se entran, son laulaus, cachamas, bagres, sába- 
los, manatíes, guayapariano , rayas, sardinas y muchos cai- 
manes. La corriente mucho más veloz que la de Orinoco, par- 
ticularmente en los meses de Abril, Mayo, Junio y Julio, 
meses en que las continuas avenidas ó crecientes violentas 
impiden enteramente el paso, hasta que pasada vuelve el río 
á su regular curso, quedando siempre con más aguas, de estas 
avenidas. 

Su fondo, exceptuando algunos arrecifes que tiene y quedan 
descubiertos en su mayor vaciante, es arena poco más ó menos 
fina, según lo inmediato de las barrancas. 

No se ve en todo lo que anduve piedra alguna ni cerro, sien- 
do una y otra orilla barrancas, unas de montes y otras de sa- 
banas. 

Se pueblan sus playas en el verano de gran número de ran- 
cherías de indios Guajibos, que concurren á lograr las cosechas 
de iguanas, tortugas y mucha cacería de diferentes castas, de 
palos y otras aves. 



Ríos DE VENEZUELA Y DE COLOMBIA. 143 

Estos indios, viva representación de los brutos, andan ente- 
ramente desnudos, no tienen otra habitación que donde hallan 
la cacería, duermen en el suelo y siempre á descubierto. Han 
llegado á fundar los Padres tres pueblos numerosos, pero siem- 
pre con costos y trabajo inútil, pues luego se huyen. No obs- 
tante, se mantiene la misión de Gasimena con doce años de 
fundación, y el pasado dejaron al Padre con solo tres ó cuatro 
muchachos; pero avisados por estos del camino que llevaban, 
los cogieron con la tropa, y esperan que vuelva á suceder presto 
lo mismo. 

Antes de pasar la boca del Gasanare, é inmediato á ella, 
cuando volví á atravesar el río sondando en paraje que ten- 
dría tiro y medio de fusil de ancho, en 2 >i , 3, 2, 1 , 3, 4, ya 
inmediato á una barranca alta que formaba paredón. Lo mismo 
practiqué como media legua antes de salir á Orinoco, teniendo 
el río un tiro de fusil corto, y hallé 2X, 3, 4, 4Xi 5, 5, 3X> 

El día 24, luego que salí á Orinoco, lo atravesé y tomé puesto 
en la piedra de Paciencia, de donde despaché un soldado áCa- 
richanay según se me había prevenido; á las cuatro de la tarde 
volvió con una carta orden en que D. José Solano me mandaba 
que los patrones á cuyo cargo venían las harinas, entregasen 
á la disposición de D. Eugenio Alvarado las que pidiese, loque 
se ejecutó luego que llegó una piragua que para su conducción 
remitía. 

E) día 25 me largué, y conseguí, no sin algún trabajo, 
pasar aquel día el raudal de San Borja; el día 28, á las diez 
de la mañana, pasé el raudalito, llegando aquella tarde al Ba- 
radero, de donde avisé á D. José Solano de mi llegada, y el 
siguiente día vino el P. Olmo con los Atures, debiendo á la ac- 
tividad y destreza de aquel y estos el llegar á las cinco de la 
tarde al puesto de Pueblo. 

A D. Joseph Solano, caballero del Orden de Santiago, Ga- 
pitán de navio de la Armada, Gobernador y Capitán general 
de las provincias de Venezuela y Caracas. — 1765. 



Ht BOLETÍN DE LA SOCtEDAD GEOGRÁFICA. 



III. 

Reconocimiento del rio Apure y de la provincia de Barínas, 

por D. José de Iturriaga en 1757. 

«Excmo, Sr.: MuiSr. mió. En vista de que Don Vicente Doz 
y Don Nicolás Guerrero estaban bastantemente combalecidos 
a beneficio del tiempo seco de continuas brisas de este pueblo, 
los embic al reconocimiento del Rio Meta hasta la boca de Sa- 
rare afines del mes de Abril, con la mira de que lograsen estar 
de vuelta antes que llegase el tiempo de aguas. Llevaron tam- 
bién el encargo de informarse de las Misiones de Barinas, 
puestas al cuidado de los PP. Dominicos de Santa Fe. 

«Volvieron por Mayo antes que empezara á llover aqui abajo, 
y me entregaron sus observaciones, y el papel que acompaña 
informativo del fondo del rio y de las misiones. 

«Sobre sus observaciones han levantado los mismos el viaje 
del rio y de los brazos que navegaron, y han puesto los otros 
sobre el informe de buenos prácticos. 

• Para que el curso del rio no quedara desnudo en sus már- 
genes se le ha agregado por la parte del norte un trabajo mió 
hecho en otro tiempo, habiéndole corregido con las observa- 
ciones de este viaje, y le remito en esta ocasión enrollado y 
acomodado en unacajita rotulada áV. E. Han querido después 
emprender algunos otros trabajos, y no he convenido porque 
no pierdan su poco constante salud con la nmcba humedad de 
las continuas Ilubias. Todos estamos alentados, ninguno ha 
hecho cama; pero todavía duran los humores de Guayana. To- 
davia estamos mui sensibles á cualquiera mutación de tiempo, 
y á cualquiera dia lluvioso. 

»Para salir menos mal de este tiempo de aguas^ les procuro 
las diversiones que permite esta soledad. 

«Por la misma razón no he condescendido con los deseos de 
reconocer algunos rios,que me avisó Don Eugenio Albarado, y 
lo mismo he execulado con Don Ignacio Millau no obstante 



Ríos DE VENEZUELA. Y DE COLOMBIA. 145 

la repetición de sus instancias con motivo de haberme em- 
biado algunas cortezas con nombre de canela, su fruta y hojas. 

»La corteza y la frutasen semejanlcsá las que embió Don Jo- 
seph Solano, pero las hojas son mui diferentes y parecidas á las 
de la canela. Es verdad que quien vio aquellas hojas en el Rau- 
dal me asegura que eran lo mismo que estas, y yo espero pasar 
en tiempo oportuno y combcnienle á reconocer unos y otros 
arboles y curar sus cortezas de la suerte que llegue á entender, 
curaban los Olandeses las de los arboles canelas. 

»Si este método no correspondiere al intento, haré otras dife- 
rentes pruevas en caso que los arboles muestren señales de 
buena ó mediana calidad. 

•Dios guarde á V. E. muchos años.=»Cabruta de Orinoco 1 2 de 
Junio de 1757. Exmo. Sr. Blm. de V. E. su menor servidor.= 
Don Joseph db lTüRRiAGA.=Exmo. Sr. D. Ricardo Wal.» 

El río Apure desagua en Orinoco por cuatro bocas: la pri- 
mera subiendo Orinoco que sale junto á Gabruta y llaman el 
Ouaríco, tiene seis brazas de fondo en casi su mayor bajante. 
La principal boca que llaman Apure distante de Gabruta tres 
leguas, la hallamos en su mayor bajante tres brazas y media 
de fondo, y de ancho tendría 80 varas, lo mismo que el 
Guarico á corla diferencia; aunque en tiempo de crecientes 
uno y otro se derraman. La tercera llamada Orochuna que 
sale enfrente de la Encaramada á distancia de tres leguas y 
inedia de la principal en tiempo de verano, solo es navegable 
para canoas; como también la cuarta que desagua enfrente de 
la misión de Uruana y llaman la Horqueta ó Gaviari en 
lengua de Indios, cuya distancia de la primera boca son 
18 leguas. 

La dirección de Apure, hasta la boca del río Masparro es al 
Oeste y desde esta hasta la de Sarare tira más al Sur. 

Compónese este río Apure de los ríos Sarare, Orivantes, 
Aliles y Gaparu. El primero nace de la serranía que está al 
Sur de Pamplona y los otros tres de la que está al Norte y Nor- 
oeste de la villa de San Ghristoval. 

A 24 leguas de la boca principal llamada así por ser la más 
derecha y de más fácil navegación, se encuentra la separación 

10 



146 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

de Orochuua y á seis leguas más arriba, todas tomadas por el 
aire, la separación del Guarico; en esta hallamos cuatro y 
media brazas, y en la boca del río la Portuguesa, que está una 
legua más arriba, encontramos cinco y media. 

A distancia de 63 leguas de dicha boca principal está la se- 
paración de la Horqueta; su fondo es poco por lo mucho que 
desde aquí el río se ensancha, pues por partes es casi tan 
ancho como en Orinoco, y así en cualquiera parle de él se 
encuentra fondo con la palanca. Desde la Horqueta hasta la 
boca de Sarare hay 50 leguas, también tomadas por el aire. 

Hasta el Guarico sus orillas son de monte; desde él en ade- 
lante son sabanas con algunas cejas y por partes desde la 
Horqueta se hallan palmares. Están también pobladas de mu- 
chos tigres, sin número de guarda tinajas ó chiguires, perezas 
y varias especies de monos. En sus playas patos reales, carre- 
teros y huiches, paugies, garzas, gavanes y otros. En sus 
aguas innumerables caimanes y algunos en su tamaño disfor- 
mes; toninas, rayas y diferentes peces buenos para el gusto. 

A tres leguas de la boca de Masparro se halla la de Santo 
Domingo, y enfrente de esta la fundación de una villa que al 
presente se compone de cinco pequeñas chozas en donde viven 
unas familias pardas atendiendo á la cría do poco ganado y 
cortas labranzas. Tienen buenas sabanas y monles inmediatos 
de fértil tierra para labores; pero por las más verosímiles noti- 
cias solo es un asilo de hombres perdidos de aquel partido y 
escala para los tratos ilícitos. 

A un día de camino por tierra desde la boca del río Santo 
Domingo en la dirección del Noroeste, se halla la misión de 
San José (aunque subiendo por el río de Santo Domingo se 
gastan tres), donde reside el capitán de la escolta de los 
PP. Dominicos, la que se compone de asignación para 25 pla- 
zas á razón de 111 pesos cada una y ICO el capitán. Se hallan 
ocupadas solamente 17 plazas por no cobrarse la asignación 
cinco años hace; pues siendo preciso para ello que los Alcal- 
des ordinarios de Barinas den certificación de la existencia y 
servicio de la escolta, como también la de los Padres, no lo han 
hecho por diferencias que con estos han tenido. Está despro- 



RÍOS DE VENEZUELA. Y DE COLOMBIA. 147 

veida esla escolta de armas y muuiciones, y falta de todo re- 
glamento militar. 

A esta capitanía estaban sujetas las misiones de la villa de 
San Chrisloval con un teniente; pero por representación de el 
P. Superior se quitaron plazas asignadas y conociendo su 
falta, á instancia de él mismo les han concedido 14 con un ca- 
pitán separado. 

El número de limosnas concedidas á los Padres son 10 á ra- 
zón de 200 pesos cada una, y mantienen con ellas 1 i religiosos 
entre las misiones de Harinas y San Christoval, unas y otras 
sujetas á un superior. El número de misiones comprendidas 
en la jurisdicción de Barinas son seis, su situación según va 
anotada en el plano. 

El pueblo de Nuestra Señora del Rosario, la Palma, su cura 
misionero el P. Superior, tiene los Indios de nación Achagua; 
su número 306 almas; hacen petacas de caña para la conduc- 
ción de los tabacos; conQesan y comulgan, y sus frutos son 
maiz, yuca y plátanos. 

El pueblo de San Joseph, su cura misionero elP. Fr. Igna- 
cio Matiz, nación Guama; su número 523 almas, christianos 
y casados por la Iglesia; sus frutos son los mismos en corta 
cantidad. 

El pueblo de Nuestra Señora del Real, de nación Guaranaes; 
su número 113 almas. 

Elpueblo de Santa Cathalina, de nación Guama; su número 
342 almas. Le asiste el P. Fr. Miguel Palomino, que ha dos 
años vino de misionero de España, el que por su incansable 
celo les ha hecho ya capaces de confesión y comunión, ha 
fabricado una hermosa iglesia, y tiene el pueblo arreglado de 
casas; también les ha quitado las bebezones, circunstancias 
que no concurren en los demás pueblos. 

Elpueblo de San Vicente, de nación Guama; su número 
241 almas; le asiste el P. Fr. Francisco Delgado, son christia- 
nos y casados por la Iglesia. 

El pueblo de Santa Rosa, de nación Guama; su número 
425 almas; son christiauos y casados por la Iglesia y le asiste 
el t^. Fr. Estevan Forero. 



148 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

Los pueblos San Rafael, Santo Domingo y Santa Lucía, de 
nación Guajiva, se hallan desiertos y su crecido numero de* 
indios en las montañas. 

Asimismo en el sitio que llaman la Soledad, se halla un ere- 
cido numero de indios arrochelados cuyo caudillo es uno lla- 
mado Juan Marcos, con el título de haber. ganado una Real 
provisión de la Audiencia de Santa Fe, para sujetarse á las jus- 
ticias ordinarias de Barinas^ ó al capitán de las misiones, á la 
voluntad de ellos lo uno ó lo otro, de que usan según y coma 
les conviene. Y con el* mismo título se halla otro sitio que 
llaman Pueblo nuevo, donde se haila otra porción de indios de 
la misma especie, unos y otros sin asistencia espiritual ni tem* 
poral. 

Hacia la Serranía, á distancia de seis y media leguas de San 
Joseph, está el pueblo de Garoni; lo administra el Sacristán 
de Pedraza, Presbítero; sus indios no pagan tributo. 

Inmediato á este están los pueblos de Imbradaseca y los Go- 
rozos; no han tenido cura ni pagan tributo. Estos pueblos en- 
tregaron los Padres al Ordinario, no se han arreglado á tributo 
ni se han proveído más curas que los primeros. 

A distancia de día y medio de camino de estas misiones, está 
la segunda ciudad de Barinas; está despoblada, sin asistencia 
de cura, por haberse acercado á un día de camino, que con 
el motivo de algunas casas y una capilla le llaman la Fun- 
dación. 

A dos días de camino de dichas misiones está la ciudad de 
Pedraza sin residencia de cura, y en lo temporal un Juez con 
el título de Justicia mayor. A su inmediación están las misio- 
nes San Luis de las Palmas, Santa Rosa y San Luis de Tico- 
poro asistidas por los Padres Fr. Antonio Guseategui y Fray 
Agustín Jiménez, los cuales asisten por caridad uno á Pedraza 
y otro á un pueblo que llaman Gurvati de indios Guaracapo- 
noes como los de arriba, entregado también al Ordinario. 

En la jurisdicción de la villa de San Ghristoval, tienen estos 
Padres cuatro misiones, llamadas San Miguel, Santa Cathali- 
na, Santa Bárbara y Zancudos; asisten á ellas los tres restantes 
Padres, los que se hallaban retirados á San Ghristoval por su- 



Ríos DE VENEZUELA. Y DE COLOMBIA. 149 

blevacióu de los indios, asunto que había llamado al P. Su- 
perior. 

En este estado estaban las misiones en el mes de Abril de 
este año de 1757. 

Ha cuarenta y tres años que las fundaron los PP. Dominicos. 

Archivo de Indias — Audiencia de Caracas, — Cartas y expe^ 
dientes.'-mS. 



IV. 

Obras de limpia del río Santo Domingo ejecutadas por 
orden del gobernador de la provincia de Barinas en 1787. 

•En prueba de cuanto informé á V. S. con fecha de 17 de Fe- 
brero ijllimo acerca de lo mucho que importaba componer el 
rio de Santo Domingo hasta dejar corriente su navegación, y 
de cuanto he practicado, acompaño á Y. S. copia de la f elación 
en forma de diario, que instruye con bastante individualidad 
el estado en que se bailaba, la necesidad urgente de reparar su 
total pérdida y lo que se ha trabajado en detall desde el día 7 de 
Enero próximo pasado que empecé á dar mis primeras dispo- 
siones para el arreglo por partidos de las cuadrillas de gente 
quedebían emplearse, provisión de víveres, canoas, herramien- 
tas Y demás instrumentos, como martinetes, palancas, cuerdas 
y x)tras menudencias necesarias para emprender un trabajo 
fuerte y peligroso, como acreditan las ocurrencias del mismo 
<liario; pero !a fortuna se empeñó en favorecer la empresa, 
y sin haber perdido la vida un solo hombre, á pesar de la 
abundancia de fieras que á cual más terrible se disputan la pre- 
ferencia, se ha conseguido, desde el día 5 do Febrero que se 
dio principio por la desembocadum del Santo Domingo al Apure 
(que dista 30 leguas de esta capital), hasta el 16 del corriente 
que se suspendió de obra en la boca de Guachiquin, por las 
muchas lluvias y crecientes, limpiar todo el cañón de río que 
inedia entre uno y otro punto y consta de 18 leguas, habiéndose 
tapado al mismo tiempo con la mayor firmeza las bocas y caños 



150 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

que con distinción de sus nombres, anchura y estantillos que 
se emplearon en cada una, demostraré en la forma siguiente: 

NOMBRES. de\^ncho. Estantillos, 



1.a Boca de Ospino 

2.a de ideiü 

Cafío en su frente 

ídem Guacimal , 

ídem Miguelejo , 

Boca de Matute en la Madre Vieja 

Santo Dominguito , 

Guacbiquin 

Oafio 

Otro 



Totales. 



25 


200 


51 


530 


10 V. 


125 


8% 


54 


10 


83 


18 


100 


60 


500 


75 


300 


84 


75 


30 


400 


822 


2367 



También es del caso tener presente que en la caja de algunas 
de estas bocas había bastante profundidad y caudal de agua 
que dificultó mucho el cerrarlas, siendo preciso formar con es- 
tantillos de 10 varas de largo cajones de 6 de ancho, y macizar* 
los del modo más sólido que se ha podido. 

En todo el tiempo que duró el trabajo se emplearon 368 hom* 
bres que exigí de 15 partidos con esta proporción: 

PARTIDOS. Hombres. 



Apure 45 

Pueblo de S. Vicente de id 25 

ídem de S. Josef 25 

ídem de Garoni 10 

Boca de Paguey 10 

Pueblo de S. Juan Nepomuceno 25 

ídem de Santa Rosa 20 

ídem de la Palma 15 

Partido de la Madre Vieja y Cascabel 22 

ídem Papayal y Potrero 25 

ídem de la Palma 10 

ídem de la Luz 22 

ídem de Teran, Cucuaro y Santo Domingo. 103 

ídem de Comagua. 9 

Pueblo nuevo 4 



Total 868 



RÍOS DE VENEZUELA Y DE COLOMBIA. 151 

Ahora solo resta por limpiar hasta el puerto de Torunos 8 le- 
guas de río, pero sin ningún peligro, y tres bocas, que son la 
de la Ceiba, Cacagual y Nutrias, todas de corta entidad, y las 
reservo para cuando cesen las aguas. 

Celebraré haber acertado á llenar esta parte de mi obligación 
y que sea del agrado de V. S., en el supuesto que nada me ha 
quedado que hacer para conseguirlo, sin omitir mi personal 
asistencia y reconocimiento de cuanto lo ha merecido. — Dios 
guarde á V. S. muchos años. — Harinas, 30 de Abril de 1787. — 
Fernando Mítares González. — Sr. Intendente general, don 
Francisco de Saavedra. 



Relación de lo trabaíado en el rio de Santo Domingo para 
facilitar su navegación con arreglo á lo dispuesto é ins- 
trucciones que me ha comunicado para dirigir la obra el 
Sr. D. Fernando Miyares González, comandante militar y 
político de la provincia de Barinas. 
• 

ENERO. 

Desde el día 7 de Enero de 1787 se dio principio por los res- 
pectivos comisionados á preparar las cuadrillas de gentes que 
debían emplearse en el trabajo, canoas, bogas, víveres y 
herramientas. 

FEBRERO. 

El día 2 toqué eu el pueblo de San Josef á reunir 20 peones 
7 11 indios Guamos, con los que seguí el viaje. 

El 3 se destinaron los peones ó indios al partido del Hur- 
tado á cortar la madera para tapar la boca del Cacagual y la 
de la Toroba. El mismo día bajé á la boca de la Ceiba donde 
86 me reunieron 10 peones y los destiné á cortar madera para 
tapar dicha boca. Continué el viaje hasta llegar á las diez y 
inedia del día á la primera boca de Guachiquin. Después do 
reconocida se comisionó á D. Juan Belo para cortar la madera 
con que habían de taparse las dos bocas de Guachiquin , y á 



152 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGHÍFIGA. 

D. Jacinto Palacio para la de Santo Dominguito, destinándo- 
les la gente á sus respectivos partidos , y hecha esta distribu- 
ción seguí hasta la Madre Vieja. 

£1 4 continuamos la navegación, y sin detenernos más 
tiempo que el preciso para oir misa en San Juan Nepomu- 
ceno, que está sobre el río , llegamos á las seis de la tarde á la 
desembocadura de Santo Domingo al Apure. 

£1 5, á las seis de la mañana, se dio principio al trabajo del 
río con 87 hombres, y en todo el día quedó limpia la boca de 
los muchos bajos ó carameros y gruesos troncones de palos 
que la embarazaban. 

£1 6 subí á la primera boca de Ospinitos, que tiene de 
ancho 25 varas, dando principio en este día y se concluyó el 7, 
habiéndose empleado 200 estantillos de un grueso conside- 
rable. 

£1 8 pasé á la segunda boca de Ospinitos, dejando limpio el 
río de carameros y troncos que impedían el curso de las aguas, 
y me mantuve el 8, 9 (i) y el 10 en el trabajo de la tapa de 
dicha boca que consta de 51 varas de ancho, en lo que se con- 
sumieron 530 estantillos de mucho grueso y se clavaron cerca ' 
de 2 varas. Al mismo tiempo se tapó la boca de otro caño que 
se halla casi en su frente, por donde se desaguaba el río en 
tiempo de invierno á la Sabana de Callejo, y tiene 10 X varas 
de ancho 9 en la que se emplearon 125 estantillos. 

£1 i 1 no se trabajó por ser domingo. 

£1 12 mudé el trabajo á la boca de Guacimal, repartiendo la 
gente para limpiar el río y otros á tapar la boca, que tiene 
8 varas de ancho, y se gastaron 54 estantillos (2). 

£1 13 me trasladé á la playa de Miguelejo, en cuyo paraje 
destiné unos á limpiar el río y otros á tapar la boca de un 
caño que derrama también á la Sabana de Callejo, y tiene 10 
varas de ancho, que consumieron 83 estantillos. 

£114 pasé la ranchería á la boca del río Paguey, donde se 



(1) Este dia ocurrió la deshacía de que un caimán hiriese gravemente i ano 
de loe peones que se empleaban en destruir un caramero, pero no murió. 

(2) Este dia se mataron dos rayas y un temblador. 



í_í/ 




RÍOS DE VENEZüEíA Y DE COLOMBIA. 153 

trabajó en deshacer carameros y quitar gruesos troncones, 
con el recelo de ios muchos caimanes que se encontraron en 
este paraje, y en el mismo día se retiraron los 30 hombres de 
San Yicente. 

El 15 llegaron 18 hombres del pueblo de San Tícente, con 
los cuales y los que antes había se continuó limpiando el 
río (1) hasta el 16. 

£1 17 mudé el trabajo á la boca de los Guaranaos, empleán- 
dose la gente en limpiar el cañón del río, lo que continuaron 
hasta el 18 (2), y el 19 no se trabajó por ser domingo, y llega- 
roa 14 indios Guamos de San Juan Nepomuceno. 

El 20 subí al paso de los Camachos, y de allí al de los Grí- 
tenos, dejando limpio todo el cañón del río (3). 

£121 se mudó la ranchería al paso de los Romeros, conti- 
nuando el trabajo del río, y á las cuatro de la tarde llegaron 
15 indios Achaguas del pueblo de la Palma (4). 

£1 22 se continuó el trabajo en el mismo paraje, por ser 
mucha la palazón y carameros en todo el cañón del río (5). 

£1 23 se trasladó la ranchería al trapiche de D. Pedro Rodrí- 
guezy y se empleó este día y el 24 en limpiar el. río, donde, 
entre otros estorbos de consideración , había en lo más hondo 
un palo de Orero que atravesaba el río, con 20 varas de largo 
y 3^4 de circunferencia, que costó el trabajo de 50 hombres 
dos días con el mayor empeño (6), y cerca de noche pasamos 

(1) Este día se mataron dos culebras de agua disformes y dos tembladores. 
, (2) Incrédulos algunos peones del efecto del temblar, se tomaron las manos seis 
<l0 eUoa que estaban dentro del río y el primero tocó al temblador con un machetef 
y cayeron en el momento todos al agua. 

(8) Este día se mató una culebra de 10 varas de largo y un grueso extraordina- 
rio; dos babas (segunda especie de caimán) y dos tembladores, con la desgracia 
de qae, por cortar un peón un palo dentro del agua, tocó el temblador, y al tiempo 
de caer privado se hirió gravemente la pierna con el mismo machete. 
(4) En este día se mataron dos rayas y tres culebras de agua. 
(S5) Este día picó una raya á un peón y se mataron cinco culebras de agua y 
dos babas. 

(6) No alcanzando la gente pie donde estaba el palo, bajó un peón que hacía de 
bazo á pasar un cabo por debajo, de donde le salió una caimana parida, y haciendo 
presa al cabo se sobreaguó embistiendo á todos con ferocidad; pero no se pudo 
matar y costó mucho reducir á la gente á que volviesen á entrar en el charco, 
como lo hicieron, hasta sacar el palo. 



154 BOLETÍN DE LA. SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

al pueblo de San Juan Nepomuceiio, donde oimos misa 
el 25. 

El 26 se trabajó en destruir carameros y palos enterrados, y 
llegaron 14 hombres con su cabo del partido de Madre Vieja. 

El 27, continuando el mismo trabajo, subimos al paso de 
Cascabel, y á las ocho de la mañana llegaron 20 indios Gua- 
mos del pueblo de Santa Rosa (1). 

El 28 siguió el trabajo en el mismo paraje, y se despidieron 
los peones de San Vicente do Apure con el reemplazo de 18 
que llegaron del Potrero (2). 



MABZO. 

El 1.^ hasta las diez del día no se pudo mudar el trabajo al 
paso de Bruno Soto por no haberse concluido el del anterior á 
causa de la mucha palazon y broza (3). 

El 2 se continúo en limpiar el río de la mucha palazon y 
algunos muy enterrados, con particularidad un madero grueso 
llamado hueso de pescado, que estaba en un pozo hondo y dio 
mucho que hacer para sacarlo, como se consiguió (4). 

El 3 siguió el mismo trabajo (5), y el 4 por ser día festivo no 
se hizo otra cosa que mudar la ranchería al paso de San 
Antonio. 

El 5 subí el trabajo hasta el paso de San Juan de la Pazcón 
poco adelanto por haber crecido el río y cubierto los carameros 



(1 ) Este día se mataron dos tembladores. 

(2) Este dia estuvo un peón á la muerte de la picada de raya y otro se hiri6 
i^avemente, por lo que se enviaron á sus casas después de la primera cura, y se 
mataron cuatro culebras de agua, la raya y tres tembladores. 

(3) Este dia hubo un hombre picado de raya y se mataron tres culebras de 
agua y dos tembladores. 

(4) Este día fse mataron tres culebras de agua y dos rayas. 

i5) Este dia una culebra de 12 varas de largo y extraordinario grueso, hizo 
presa i un hombro dentro del agua, y cuando se advirtió por las ansias del pa- 
ciente lo tenia tragado pierna y muslo hasta la cintura, á cuyo tiempo acudi6 
toda la gente y lo salvaron sin más quebranto que el de una herida en la pierna 
que le imi)osibilitó el trabajo, y mataron la culebra. 



RÍOS DE VENEZUELA Y DE COLOMBIA. 155 

y palos enlerrados sia dar pie á los peones por ninguna 
parte (i). 

El 6 se trasladó la ranchería á la boca do la Madre Vieja^ 
donde debíamos esperar al señor comandante general de esta 
provincia, que en efecto, arribó al mismo sitio en su bote y 
un bongo á las cuatro y media de la tarde del propio día y 
después de haberse desembarcado, reconocido por tierra lo 
interior del caño, las maderas preparadas para cerrarlo, su 
fondo, ancho y demás que merecía atención, dispuso el modo 
de verificar la obra y siguió su navegación aguas abajo. Este 
día llevó la mayor parte del tiempo un grueso madero de 
Órero enterrado donde había un caimán, lo que obligó á traba- 
jar con bastante recelo. 

El 7 se continuó en el mismo paraje por las dificultades de 
grandes carameros y troncones que había en aquella parte. Se 
reforzó el trabajo con 13 indios de la Palma, nueve de San 
Rafael y 11 vecinos de San José, habiéndose despedido á sus 
casas 11 por haber cumplido su tiempo (2). 

El 8 no se pudo adelantar el trabajo por haber cubierto el 
río con la creciente muchos palos y carameros dificultando el 
arrancarlos (3). 

El 9 sin mudar de ranchería se le dio principio al Guamal, 
cuyo cañón de río que consta de cinco leguas, era el más peli- 
groso de todo él y donde se han perdido muchas embarcacio- 
nes, así por las brozas y palazones que cerraban el paso den- 
tro y fuera del agua^ como por los remolinos ó chorreras que 
formaba la misma broza, y era la causa de que se trabuca- 
sen (4). 



(1) Una cuadrilla que se determinó á zambullir en un pozo á sacar unos palos^ 
fue rechazada de un caimán siguiéndolos hasta la superñcie del agua donde em- 
bestía á unos y otros, pero á ninguno ofendió. 

(2; Bq este dia se mataron cinco culebras y dos babas. 

(8) Estedíase mataron tres culebras, dos rayas y un temblador tumbó á 
cuatro hombres. 

(4) Este dia se encontraron tres caimanes de los cuales dos se fueron y el otro 
salió embistiendo á la gente hasta lo seco, donde le acertaron un balazo en un ojo 
y lograron matarlo; tenía 8 % Taras de largo. 



156 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

fil 10 se trasladó la ranchería á la quesera de D. Fernando 
Dávila (1), y el 11 no se hizo nada por ser domingo. 

El 12 se continuó el mismo trabajo con bastante fatiga por 
los muchos y gruesos bracos de árboles y la palazon del río (2). 

El 13 (3) y 14 siguieron desembarazando el río, que cada vez 
presentaba más trabajo (4). 

El 15 mudamos la ranchería al paso del Papayal, siguiendo 
siempre la limpieza del río (5). 

El 16 se empleó en destruir dos gruesos troncos de Orero que 
amenazabanVorlar el curso de las aguas, cuyo fuerte trabajo 
estropeó cuatro peones, por la fuerza que era preciso hacer. 

El 17 subimos á la bocado Matute, que sale ala Madre Vieja 
y tiene 3 varas de hondo y 18 de ancho, que so tapó con 100 
estantillos de 6}i varas de largo, de las cuales i}{ quedaron 
enterradas á fuerza de martinete. 

El 18 seguimos á la boca de Santo Dominguito, y por ser 
domingo no so hizo otra cosa que reconocerla, y tenía 60 varas 
de ancho y 2X de hondo. 

El 19 so dio principio á tapar la boca anterior con un pare*- 
don formado de dos líneas de estantillos, que en cada una se 
invirtieron 250 bien clavados, de 9 varas de largo, dejando un 
intermedio de 6 varas que se macizó con troncos de árboles, 
faquía y tierra (6), cuyo trabajo se continuó el 20 y quedó con- 
cluido el 21 temprano, de modo que á las cuatro de la tarde se 
mudó la ranchería á la segunda boca de Guachiquín» 

El 22, después de reconocida dicha boca, que tenía 75 varas 
de ancho la primera palizada y 6 pies de agua en donde forma- 
ba caja, se dio principio á taparla, en cuyo trabajo so emplea- 
ron los días 23, 24 y 25, que se concluyó, consumiendo 300 



<1) Hubo un peón picado de raya y se mataron tres culebras de a^ua. 

(2) Se mataron tres culebras mapanares disformes. 

(3) Se mataron dos tembladores y del golpe de estos cayeron cuatro hombres. 

(4) Se mataron tres Ixabas y una de ellas mordió á un peón. 

(5) Estando desbaratando los peones un caramerOf embistió un caimán á dos 
de ellos, que se libertaron por la prontitud con que los demás ocurrieron con ar- 
pones y machetes. 

(6) En este día mordió una baba á un peón, dejándolo inútil para el trab^o. 



RÍOS DE VENEZUELA Y DE COLOMBIA. 157 

estantillos, y algunos de ellos de 10 varas de largo, para que la 
obra quedase firme, y al mismo tiempo se fortificó un pedazo 
de barranca por donde podría el río romper. 

El 26 se empezó á tapar la segunda boca del caño, y el 27 se 
concluyó la estacada, habiendo llegado 12 hombres del partido 
de la Luz. 

El 28 se continuó el trabajo llenando el cajón de la estacada^ 
que tiene de ancho 4 varas, y se concluyó el 29, 

El 30 se emprendió tapar la boca de otro caño que tenía una 
vara de profundidad y 34 de ancho, en la que se emplearon 76 
estantillos bien clavados á fuerza de martinete, pues de 5 X 
varas que tenía cada uno, se le enterró la mitad. 

El 31 se dividió la gente en tres cuadrillas: la primera se 
destinó á la tapa; la segunda á cortar estacas, y la tercera á 
limpiar el río (1). 

ABRIL. 

£1 1.* no se movió la ranchería por ser domingo, y desde las 
doce de la noche hasta las doce del día siguiente fué tanto lo 
que llovió, que apenas encontramos paraje donde no nos inun- 
dásemos. 

El 2, que fué lunes santo, se pasó el día trabajando en la se- 
gunda boca y se concluyó la primera estacada, y el 3 la se- 
gunda, empleando en una y otra 400 estantillos á fuerza de 
martinete, y se dio principio á macizar el cajón (que tiene de 
ancho 30 }í varas) con troncos de árboles gruesos, ramazón 
y tierra, y el 4 se concluyó á las cuatro y media de la tarde, á 
cuya hora se retiró la gente á sus partidas y me quedé solo con 
6 hombres para cuidar la herramienta y la ranchería, donde 
me mantuve el 5, 6, 7 y 8, que fué domingo de Pascua y em- 
pezaron á reunirse los peones. 

El 9 se dio principio á limpiar el cañón del río desde Santo 
Domínguito á Guachiquín, cuya obra se había atrasado por 



(1) Este día maltrató un temblador á dos peones. 



159 ÜOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

preferir la tapa de las bocas antas que entrase el invierno, 
como de mayor importancia. 

El 10 llegaron 20 indios de Santa Rosa, y se prosiguió el 
trabajo, bien con alguna incomodidad por las continuas ave- 
nidas del río y no poder subsistir la gente sobre el terreno, 
que ya era un barral por todas partes. 

El 11 llegaron 15 hombres del partido de Cañaveral, y sin 
embargo de ser cada día más copiosas las aguas y tan frecuen- 
tes que no permitían el menor descanso ala gente ni adelantar 
el trabajo, se continuó este en limpiar el cañón del río los días 
12, 13 (1), 14 y 15, en el cual recibí orden del señor Coman- 
dante de esta provincia, previniéndome que, respecto de ha- 
berse conseguido tapar las bocas y desembarazar el río de 
cuanto impedía su navegación hasta la boca de Guachiquín, 
procurase acabar de limpiar el cañón del río que media entro 
dicha boca y Santo Dominguilo, suspendiendo después la obra 
hasta que el tiempo permitiese seguirla con la solidez que 
hasta allí se había ejecutado, en cuyo cumplimiento procuré 
esforzarme á continuar; y en efecto, pusimos mano al trabajo 
la mañana del 16, sin embargo de no permitirnos las aguna 
descansar un instante, ni aun de noche en los ranchos, donde 
el agua llegaba por partes á la rodilla no obstante de estar si- 
tuados en una barranca alta; pero á las once del mismo día 
experimentamos una formidable creciente que acabó de deci- 
dir la suspensión de la obra, por no haber dejado el menor ar- 
bitrio á proseguirla, y en su consecueucía despedí la gente á 
.sus partidos. 

. De la boca de Guachiquín seguí río arriba, reconociendo 
las que restaban por cerrar hasta el puerto de Torunos, y solo 
encontré tres, que son los de la Ceiba, la del Cacagual y la de 
las Nutrias, todas muy fáciles de trabajar en el verano, al paso 
que en el día es imposible. Torunos, 19 de Abril de 1787. — 
Andrés Pina. 



(1) Se encontró an caimán de extraordinario tamaño, pero se huyó sin ofender 
ni poderle matar. 



RÍOS DE VENEZUELA Y DE COLOMBIA. 159 



V. 

Noticias de los ríos Ariari, Guayavero, Guaviari, Atabapu, 
Casiqniare, Guarapichi, Santo Domingo, Río Negro, Apure, 
Orinoco y fundación del pueblo de San Fernando, por 
el capitán de navio, D. José Solano, en 1758. 

Excmo. Sr.: Luego que llegué á este pueblo traté de allanar 
las dificultades que podríamos encontrar en la continuación 
del viaje, aunque mis disposiciones han sido interrumpidas. 

Participo á V. E. que, en la margen de Atabapu, he fundado 
un pueblo de Guaypunavis, como más latamente informa la 
razón adjunta y el mapa que le acompaña. 

Le he nombrado San Fernando, y suplico humildemente 
á S. M. lo tenga á bien. 

Nuestro Señor guarde á V. E. los muchos años que la Mo- 
narquía necesita, y yo he menester. — Raudal, 20 do Abril 
de 1758.— D. José Solano. — Excmo. Sr. D. Ricardo Wall. 



«Rason de la nueva fundación de San Fernando de los 
Guaypunavis, medio de imposibilitar la internación de 
los Extrangeros por Orinoco, y los Rios que le entran 
y sus consequencias combenientes al Real Erario y Ca- 
tholica piedad de S. H. acerca de la combersion de los 
Infieles. 

»De las vertientes orientales de la serranía que corre desde 
Santa Fee á L\ Plata, se forman los dos Rios Ariari y Guaya- 
vero, y de la unión de estos, el Guaviari, tan caudaloso, que 
a trescientas leguas del mar entra en Orinoco, por su orilla oc- 
cidental, compitiéndole por largo espacio; media legua antes 
que se pierda Guaviari, recibe al Atabapu, que por suanchurii 
puede competirle, pero es de poca profundidad y lenta corriente; 
su curso es del medio dia al septentrión, y sus cabeceras están 
tan inmediatas á Rio-negro que los indios arrastran sus canoas 



160 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

del uno al otro. Las aguas de Atabapu son mui claras, y lige- 
ras, pero con algún color de oro; es muy abundante do pezes 
de esquisito gusto y sus orillas, de mucba cazeria: las tierras 
que vana, y riegan los Ríos que le entran, son fertilisiraas, y 
robustos, y belicosos sus aviíadores. 

»Estos de tiempo inmemorial han sido los Cabres; nación 
tan temida aun de los cari ves, por su crueldad^ y inhumanidad, 
que la redución de unos pocos, y su población á la frontera de 
aquellos en la margen de Orinoco, fué suficiente causa^ para 
que se estrechasen y solicitasen el amparo de los Misioneros 
ob.3ervantes de Piritu, y Capuchinos cathalanes de Guayana. 

]>A estos Cabres obligo la misma razón á poblarse por que 
los Guaypunavis, Nación guerrera y inhumana que bibialas 
aguas de Rio negro, ayudados de los Portugueses, con armas 
de fuego, que alrueque de esclavos les davan, cautivaron mu- 
chos de ellos, otros se les sometieron y otros dejaron su Patria, 
y buscaron el asilo de esta escolta de estas misiones. 

•Vencidas las Naciones más vecinas, y hechas tributarias 
de racionales parala esclavitud, y para satisfacerla inhumana 
gula, fueron estendiendo su dominio por la parte del Guaviari 
hasta las Misiones de los R. R. P. Franciscanos observantes de 
Santa Fee, inmediatas <i la ciudad de San Juan de los Llanos, 
que siendo ya pueblos tributarios, en pocos días> han quedado 
solas las ruinas de las casas, y por Orinoco han llegado á este 
pueblo, y á atacarle por tres vczes, y por mas á esclavizar los 
indios de el, obligando á esta escolta á estar sobre ladefensiva. 

«En esta decadente constitución halle estas partes, á princi- 
pios del año de cinquenta y sois que llegue á este pueblo, y en 
vista del gran servicio que baria á S. M. en la reducción de los 
Guaypunavis, abri platicas con ellos sobre la paz, y principal- 
mente con un cabezuela, llamado Cruzero, por ser el mas fa- 
moso; negocie esta, y la reduge á que nos viésemos, y en las 
vistas concluí su redución, y población en la orilla oriental de 
la boca de Atabapu, y que el ni su gente comiese más carne 
humana: á otro afamado llamado Inmo apalabré; pero en este 
estado me vi precisado á dejarlo, y marchar á Santa Fee; y 
aunque avise al Crucero y los domas mi viage, y prefigé mi 



Ríos DE VENEZUELA Y DE COLOMBIA. 161 

buelta, como la detención fue mayor que la que entonces creía, 
á mi arrivo á este pueblo, alié noticias de contraria determina- 
ción de aquellas gentes^ y con poca escolta pase á la ligera á 
hablarlos y sosegarlos, y logré esto con tantos aumentos de 
seguridad, en vista de la conñanza mia, que á sus suplicas de- 
termine poner alli mi capellán Fray Francisco Xavier de Lla- 
nos» religioso observante Franciscano de Santa Fee, para que 
los vaya instruyendo, y bauptizando los niños, que sus padres 
ofrecen con una solicitud que parece celo. Para escolta de este 
Religioso degé en aquel pueblo, que nombré San Fernando, y 
suplico humildemente á S. M. lo tenga á bien , la gente que 
llevé en vn torreón fuerte que fabriqué, capaz de artilleria 
pequeña para el resguardo propio y defensa del pueblo. 

«Despaché exploradores por el Guaviarí para abrir su nave- 
gación, y comunicación con San Juan de los Llanos, y aquellas 
nuevas reduciones. 

«Dejando los ánimos quietos , y havieudo despachado aviso 
de mi llegada á otros Cabezuelas , me vine a este pueblo, para 
proveer á la mayor seguridad de aquel puesto tan ventajoso, 
y dar parte a Y. E. para que ponga en noticia de su M. y 
mande lo que hallare combeniente, si yo hubiere acertado en 
esto, a que me movieron las siguientes reflexiones. 

«Deviendo llevar de bogas los Indios de estas misiones, en 
nuestro viaje, hasta juntarnos con los portugueses distantes de 
este pueblo cinquenta ó sesenta dias do navegación, y estando 
estas naciones inhumanas apoderadas de este transito, era evi- 
dente la esclavitud, y muerte de aquellos, quando se restitu- 
yesen á sus pueblos; por que de nuestra escolta no podríamos 
destacar la suficiente para su resguardo sin faltar á el propio, 
y la de estas misiones no podria dar gente alguna por el evi- 
dente riesgo en que quedavan los pueblos, déla invasión ene- 
miga, y su voracidad mas. 

«Que no siendo estos despoblados barrera para las misiones 
de Orinoco, ni San Juan de los Llanos, por la facilidad que dan 
los Ríos á los Portugueses para introducirse en los dominios 
de S. M. y comprar los esclavos que los barbaros han hecho, 
fomentados por ellos contra la voluntad de S. M. fídclisima, 

11 



162 BOLETÍN DE hk SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

y fomentándolos de nuebo con las armas de fuego que les dan 
en paga: embarazando con este medio la combersion, y redu- 
cion de los Infieles Vasallos del Rey, y causando la total rui- 
na de los pueblos, ya tributarios, de San Juan, y sus misio- 
nes, y los temores de estas de Orinoco, por la continuamente 
amenazada irrupción de los Guaypunavis, es necesario para 
adelantar estas reduciones embarazar la entrada de portugue- 
ses en Orinoco por el Casiquiari ó paso de Rio Negro a Ataba- 
pu: para este fin conquiste las voluntades de estos Indios domi* 
nantes, y funde el pueblo de San Fernando, en la.punta me- 
ridional que fsta entre el Guaviari, y Orinoco, cerrando igual- 
mente Atabapu, por la occidental disposición de sus juntas; y 
pienso establecer otros dos, luego que el Comisario Principal 
me socorra con gente, por que tengo no mas que doze hom- 
bres y de mala calidad, en el paso do este a Rio-Negro, y otro 
donde Orinoco despide a este el brazo Casiquiari. 

«Estas Naciones velicosas necesitan de un respeto que las 
contenga en su fidelidad, para que las reduciones se aumen- 
ten de otras, que seguirán su exemplo; pero no es suficiente 
el de esta escolta, ni el de la guarnición de Guayana, por que 
le desvanece la distancia; y aunque se que la piedad de S. M. 
desea estos motivos, mas que otros, quatro años de solicita ex- 
periencia me han adquirido suficientes materiales para pro- 
poner otro medio que tengo por mas combeniente. 

>La fortaleza de Araya se fabricó, para defensa de vna gran 
salina, de este nombre, en tiempo que no se havian descu- 
bierto otras en esta costa-, pero la causa cesó y el mar rompió 
el isthmo que mediava y la anegó quasi toda. No conozco vli- 
lidad en mantener este puesto, que no cubre el pais, por que 
su situación en la punta occidental de vn promontorio árido, 
que dexa el mar que vana la costa meridional de la Margarita, 
y septentrional de Cumaná , no tiene otra comunicación con 
esta Provincia que la que da el mar y esta estaría cerrada en 
caso que enemigos la atacasen: el resto de su guarnición, no 
desvanece estos intentos; por esta razón y por que el socorrer- 
se mutuamente las Fuerzas de Araya, y Cumaná franquean al 
enemigo que media con fuerzas superiores de mar, el puesto 



RÍOS DE VENEZUELA Y DE COLOMBIA. 163 

mas flaco, y un castillo donde for linearse, y de donde costaría 
mucho echaríe. 

»No haviendo causa para mantener la fortaleza de Araya, 
su tropa y artillería pondrían en estado de defensa, y de admi- 
tir fomento la Isla de la Trinidad y tierras que vana Orinoco, 
y las aguas que le forman cerrando el paso franco que su Na- 
vegación y la de los Rios que le entran por su orilla occiden- 
tal da a los extrangéros, para internarse por las espaldas de 
las Provincias de Gumaná, Caracas, Maracaybo, y aun Santa 
Pee, con arto detrimento del Real Erario y de la Combersion 
de los ínfleles; particularmente hacen este daño los Olandeses 
de Esquivo, empeñando los Carives para que hagan correrías 
7 esclavos, y siendo causa de los repetidos levantamientos de 
las Misiones de Orinoco y de las continuas fugas de los Indios 
ya reducidos, por la engañosa livertad de las selvas que les re- 
cuerdan, y ofrecen asegurar, para esclavizarlos en ellas, ya 
divididos, y sin amparo, por medio de los carives sus inhu- 
manos contratantes. 

•Encargado Orinoco, y la Trinidad de un Governador con 
la tropa de Araya, los cien hombres que á el presente están 
guarneciendo á Guayana, agregándole las escoltas de los 
R. R. PP. Dominicos de Barinas, y Jesuítas de Orinoco, 
atendería como mas inmediato á la provicion del trato ilícito 
6 internación de los estrangcros en los dominios del Rey; 
fomentaria la fertilisiTna Isla de la Trinidad, y riveras de Ori- 
noco; recogería las gentes dispersas de las Provincias de Bar- 
celona y Caracas, que faltas de Yervas para sus ganados, vagan 
sin domicilio y atendería á la defensa reducion, y Población 
de tantos Infieles como avitan estas selvas. 

>De esta Tropa se pueden destacar cinquenla hombres para 
la guarnición de la Trinidad. Desde este puesto se cierra con 
facilidad la costa de Paria, y rio Guarapichi, por donde se 
internan los estrangeros en toda la Provincia de Cumaná, y 
llegan á la de Barcelona. 

»Otro destacamento de quarenta hombres guarnecerael Cas- 
tillo de laGuayana; de estos mismos se provee vna lancha cor- 
saria que de continuo esté de guardia en el Río, y otra que 



1« BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

igualmente estará prompta para acudir á el aviso ó señal de* 
aquella. Esta disposición producirá mejor efecto que el nuevo 
fuerte que se fabrica á la otra costa de Guayana, con cinquenla 
plazas de dotación , como se eiperimenLi después que el buen 
succeso de una presa que izieron pocos años pasados, les ense- 
ño á mantener la armada y servirse de ella. Esta misma tropSi 
abriga las Misiones de los R. R. P. P. Capuchinos Catalanes. 

dEu la Angostura, que dista de la Guayana cinquenta leguas- 
á el occidente, y es donde el Rio estrecha tanto que alcanza 
vna bala de fusil á la orilla opuesta, combiene poner una casa 
fuerte con veinte hombres de guarnición, que tengan una lan* 
cha prompta para seguir á el alcance. Esta tropa escolta las^ 
misiones cari vas de los R. R. P. P. Franciscanos de Barcelona. 
Veinte hombres en una casa fuerte fabricada en la boca del Río- 
Santo Domingo, que sale al Apuro, escoltará las missiones de 
los R. R. P. P. Dominicos de Barinas y guardará esta Pro- 
vincia. 

•Otros veinte son suficientes para guarnecer el nuevo puebla 
de S. Fernando, 6 el quede las missiones de los R. R. P. P. Je- 
suítas hiciere frontera á los Portugueses. La demás tropa la 
tendrá el Gobernador donde alie mas combeniente establecer 
su residencia, para atender á todas partes, que me parece será 
en Cabruta, por ser el centro, y por la vecindad á el Cuarica 
y Apure. Desde este sitio á donde puede pasar la Ciudad de la 
Guayana, para que su sanidad y proporciones la den el fo- 
mento que no a tenido después de dos siglos, y de muchas 
entradas de familias que acosta del Real Erario so an traido, 
y miserablemente an perecido sin sucesión, como muchos in- 
felizes atraidos del situado de aquella fortaleza y se evite la 
mortandad de Indios que para atender á esta población tienen 
poblados en las imediacioncs, desde este sitio puede atender 
el Gobernador á la conservación y adelantamiento de las mi- 
siones, acudiendo con m;is tropa si fuere necesaria, y dando 
en los tiempos oportunos la que juzguen, él, y el Prelada 
combeniente, para las entradas de los misioneros; pero estos 
seguro que de esta fuerza vnida y vajo de vn mando, coa la 
facilidad de aliarse brevemente en lo más distante por media 



RÍOS DE VENEZUELA Y DE COLOMBIA. 165 

<le la navegación, solo el respeto obraría, se evitarían muchas 
muertes, y el odio, y obstinación de los Infieles que se sigue 
A ellas-, mas, las ordenes del Rey en los Gobiernos de Cuma- 
aá, Caracas, y Maracaybo serían mejor obedecidas; pues oy los 
alientan á la inobediencia, las esperíencías repetidas que tie- 
nen, de no poderlas hacer cumplir los Gobernadores. 

*De estas disposiciones no se sigue mas gasto á la Real 
Adeuda; antes bien queda á su fabor el situado concedido á el 
4Quebo Fuerte que se fabrica en la costa ó fuera á la Guayana, 
y el de las dos escoltas concedidas á los R. R. P. P. Capuchi- 
nos, y Franciscanos; y el aumento necesario para cubrir de 
los insultos de los Portugueses tantos infelices vasallos del 
Rey como esclavizan, ademas, el que rendiría el comercio de 
Orinoco, y Trinidad encargado por ahora, á una compañía, 
4]ue puede ser la mas combeniente, la de Catalanes, señalán- 
doles la Trinidad para facturia principal. 

bEsIo comercio directo á esta Isla fomentarla el cultibo de 
1SUS fertilissimas tierras; se aumentarían las cosechas de su 
buen tabaco, que con las grandes de Barinas, harian vn ramo 
<de Importancia; otro seria, y mayor, el azúcar, por la excelente 
caña que cria; á estos se agregarían otros como el exquisito 
cafe, y gengíbre. En Orinoco se fomentarían los cañavera- 
les, y desde oy recogería la campaña el mucho corambre que 
se les pierde á estos miserables por la dificultad de llevarlos á 
los puertos de mar; y mas, proveerla de efectos á todas las Mi- 
ssiones, tropa y avítantes de las margenes de Orinoco, y ríos 
4iue le entran, asta donde les permitan su navegación. 

sEl paboroso nombre de la Guayana comprende á todo Ori- 
noco en la inteligencia común; pero como hemos esperimen- 
iado, aquel maligno temperamento solo alcanza asta la Angos- 
tara por las riveras del Rio, sin internar mas que de 8 á 12 
leguas, como lo experimentan los missioneros Capuchinos 
C!atalaaes que abitan en los pueblos internados y los obser« 
vantes de Barcelona, y Jesuítas que tienen sus fundaciones en 
l2L3 orillas de Orinoco, arriva de la Angostura. 

Raudal de los Atures á 20 de Abril de 1759. — Don Joseph 
SoLANO-= Arc/iiuo de Indiaa.n 



IM BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 



VI. 



Noticia de la navegación y progresos del rio San Faustino, 
que desagua en la laguna de Haracaybo, dada por D. Casi* 
miro Isava. 

£1 citado río de San Faustino, toma este nombre por pasar 
por las inmediaciones de esta ciudad, pues su principal deno- 
minación es la de Zulia, por ser este río el que le da su mayor 
fomento. Nace este Zulia en las serranías de la ciudad de Sala- 
zar de las Palmas, alcaldía mayor del vire! y nato de Santa Fe, 
y dividiendo las jurisdicciones de Salazar y parroquia de San 
José, que es la de Pamplona, baja hasta incorporarse con loa 
de Pamplona y Táchira, que unidos con el de San Faustino le 
entran en el paraje donde hoy se halla el puerto, distante & 
leguas río abajo do la ciudad de San Faustino. 

Dicho río Zulia es de un caudal regular, y desde dos días 
antes de mezclarse con los otros, es navegable, por cuya razón 
tiene desde la antigüedad dos puertos, uno al lado de la juris- 
dicción de Salazar y otro al de la de San José, desde donde 
navegaban los respectivos vecinos de una y otra, habiendo 
quedado los primeros aunque entraron los puertos en arrenda- 
miento, con el privilegio de navegar tres canoas de carga y 
tres de guerra para su provisión, exentos del arrendamiento. 

El de Pamplona es un río pequeño que, bajando por aquella 
ciudad en un corto hilo, pasa por el valle de Cdcuta, entre las 
parroquias de San José y Nuestra Señora del Rosario de aque- 
lla jurisdicción, y á poca distancia de ellas se junta con el de 
Táchira, que es otro río pequeño que divide la jurisdicción de los 
lugares de esta provincia de los de Pamplona, y juntos entran 
al ya tocado de Zulia con el nombre de Pamplona. Este no se 
puede navegar, pues aunque en tiempos pasados subieron con 
embarcaciones medianas un poco más arriba de la Horqueta, 
fué á mucho trabajo, por lo que enteramente se separaron de 
este intento. 



Ríos DE VENEZUELA Y DE COLOMBIA. 167 

Desde el puerto Real de la boca, que es donde se juntan di- 
chos ríos, comienza esta navegación, y en el día, desde los que 
quedan explicados de Salazar, es muy penosa por la escasez de 
agua y mucha cantidad de palos, de suerte que haciéndose el 
viaje hasta la Laguna en tiempo de crecientes en tres ó cuatro 
días agua abajo, hay ocasión de que por el verano se gastan 
hasta sesenta. Esta sequedad continúa hasta entrar al río Gata- 
tumbo, que como á distancia de 40 leguas ó más, baja desde 
las serranías de la ciudad de Ocaña, en donde se cree tiene su 
oñgen, hasta embocar en la Laguna. 

Es tan antigua esta navegación, que no hay memoria de su 
principio, y solo la tradición de haberse actuado mucho tiem- 
po antes que se comenzase la hostilidad motilona fué siempre 
libre, de tal suerte que, habiéndose muchos años solicitado su 
arrendamiento por D. Manuel de Almeira, se denegó por S. M., 
por Real cédula, cuya instancia repitió después D. Juan Ma- 
chimbarrena, á que tampoco se accedió, hasta que por los años 
de 1755 se verificó el asiento en D. Juan Ignacio Gutiérrez, 
rematándose en la capital de Santa Fe, é ingresando en aque- 
llas cajas su producto. 

En aquel y el siguiente quinquenio, hasta que habiéndolo 
rematado D. Antonio Dávila el año de 1770, con motivo de la 
escasez de dinero que había en estas cajas, ofreció hacer el en- 
tero de 4.200 pesos que importó en ellas, lo que se concedió. 

El año 1775, con motivo de los perjuicios que sufrían los 
mercaderes, por tener que pagar cuatro pesos de flete río abajo 
7 cinco río arriba, con dos reales de bodega, con la sujeción 
de tener que aguardar á la voluntad del asentista para el em- 
barque, se quejaron al Excmo. Sr. Virey pidiendo libertad de 
la navegación, con cuyo motivo D. Pedro Navarro hizo propo- 
siciÓQ de que daría por cinco años lo mismo que había rendido 
el liltimo quinquenio, para que quedando libre solo se pagasen 
cuatro reales por cada carga, ofreciendo que sacando el princi- 
pal y salarios de los administradores que debía poner en las 
dos bodegas, lo demás que rindiese lo dejaría á beneficio de 
S. M. y en obsequio á la pacificación motilona, y que acabado 
811 quinquenio correría la administración por cuenta de S. M., 



108 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

lo que habiéndose aceptado por dicho Sr. Virey se puso en 
práctica ea el año pasado de 1777, desde cuyo tiempo se ha se- 
guido al común la utilidad de no pagar más que dos pesos por 
el flete de cada carga río abajo y 20 reales río arriba, y el que 
se hayan fabricado varias embarcaciones menores, en que los 
traficantes de pocas cargas actúan sus viajes sin necesidad de 
esperar como antes á que se juntase la suficiente para una de 
las embarcaciones mayores; y últimamente, que la carga de 
sal á 10 arrobas, que antes valía en los valles de Cúcuta de 12 
á 15 pesos, hoy su mayor precio es á 7 y 8, llegando muchas 
veces hasta á 5 pesos, sin otras ventajas que dicha libertad les 
atraería, y no han podido disfrutar por la miseria en que se 
ven constituidos estos vecindarios. 

A distancia de 8 leguas del puerto Real de la boca, se 
halla situada la ciudad de San Faustino, gobierno dependiente 
que se provee por el vireinato, cuyo distrito se divido de la 
comprensión de esta provincia por un río de este nombre, que 
como se dijo arriba, viendo á los de Táchira y Pamplona entra 
en el Zulia y de todo se integra el navegable de Zulia ó sau 
Faustino. Transitase desde el puerto á dicha ciudad por ca- 
mino de montaña fresca y tan quebrada de sertenejos y barria- 
les, que siendo regular el viaje de dos días con cargas, ha lle- 
gado el caso de demorarse hasta doce. 

Esta ciudad es antiquísima y en sus principios tuvo una 
regular población con algunas haciendas de cacao, y hoy aúa 
se ven los vestigios de ocho pueblos de indios que civilizados 
tuvo en su jurisdicción, pero con motivo de la hostilidad mo- 
tilona que cargó sobre aquella ciudad, vino en notable deca- 
dencia, hasta que hoy con la pacificación va volviendo á fo- 
mentarse, plantándose varias haciendas de cacao. 

Desde esta ciudad al valle de Cúcuta en que están fundadas á 
corta distancia unas de otras las parroquias de S. José y 
Nuestra Señora del Rosario, de la jurisdicción de Pamplona, 
y la de San Antonio de la villa de San Cristóbal de esta pro- 
vincia, hay la distancia de seis ó siete leguas de buen camino. 
En este valle á las riberas de los ríos sobredichos, hay copio- 
sas haciendas de cacao que rinden anualmente como 5.000 



RÍOS DE VENEZUELA Y DE COLOMBIA. ICd 

cargas de este fruto, todo el más en las jurisdicciones de Pam- 
plona y Salazar, y una pequeñísima parte en la de San Cris- 
tóbal. A la compra de este fruto concurren varios mercaderes 
de esta, de Cartagena y del Reino, los primeros hacen su co- 
mercio il dinerOy por no sufragar utilidad los efectos que pu- 
dieran llevar de esta factoría, por venderse allí por los de Car- 
tagena muchos con más comodidad que aun en esta ciudad^ 
con cuyo motivo apenas se extraen para esto puerto de 2.000 á 
2.500 cargas, alguna parte al Reino y el resto á Cartagena para 
donde sin duda seguirían todas á no ser el inconveniente de que 
siendo preciso llevarlos por tierra hasta el puerto Real de Oca- 
ña, donde se embarcan para navegarlo por el río de la Mag- 
dalena, por camino fragoso, y no se encuentran las muías su- 
ficientes para la conducción en tiempo, á cuyo fin se está tra- 
tando de poner en corriente el río Calatumbo, que se cree na- 
vegable hasta las inmediaciones de la ciudad de Ocaña, que 
conseguido, será muy poco ó ninguno el que venga á esta, por 
la ninguna utilidad que rinde este giro, á causa de la dificul- 
tad déla salida por barra, extorsiones que experimentan los 
comerciantes y crecidos derechos, que se hacen más pesados 
por los referidos inconvenientes. 

Las utilidades que esta navegación ha producido á los arren- 
dadores, aunque algunos las gradúan excesivas, no pueden 
ser de mayor consideración, y menos en el día á los dueños 
de embarcaciones, pues ganando cada boga 10 pesos por 
viaje, 18 el patrón y 14 el proero, lo que rinde el flete de para 
abajo se eroga precisamente en estos sueldos y los víveres, que- 
dándoles solo el retorno, que por no haber carga que suba 
de esta ciudad, capaz de ocupar el buque de la menor embar- 
cación, se reduce á llevar sal de su cuenta, la cual van al- 
macenando y vendiendo con mucha lentitud, no á dinero y 
si á cambio de otros efectos, fletes de muías, etc., cuyo ne- 
gocio á más de dilatado necesita fondos y solo puede servir 
para el que siendo comerciante puede verificar la reducción, 
, de suerte que los interesados en el asiento precedente al de don 
Antonio Dávila aún mantienen porción de sales existentes. 
Por lo que es seguro que á ningún otro que á los mismos 



170 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

que mantienen este tranco pueden sufragarle utilidad, si es 
que la tienen. Fuerte de San Carlos y Febrero 22 de 1781. — 
Casimiro Isava. — Al Intendente de Caracas D. José de Avalos. 



VIL 

Noticia anónima de un viaje desde la laguna de Maracayba 
por los ríos Catatumbo y Zulla á fines del siglo XTIIL 

Subiendo por el Catatumbo, terreno cenagoso, hasta la isla 
y aduana de las Damas, se toma á la derecha de la corriente 
el río Zulia, que tiene dos brazos, el uno llamado Bobo y el 
otro Encontrado. Luego que se juntan estos brazos hay uu 
pueblecito llamado Buena Vista, que ha quedado enteramente 
desolado por las enfermedades. Aquí desemboca el río Grita y 
empieza á angostar y crece la corriente de modo que falla 
fondo y hay mil trabajos. A los cuatro días se encuentra á la 
orilla derecha otra población llamada San José de las Palmas, 
también enfermiza, pero no tanto como la anterior, con unas 
400 almas. De aquí adelante se dificulta la navegación y á los 
dos días está el pueblo llamado San Buenaventura, de menor 
población que el de San José. 

Desde aquí hay mucha rapidez en la corriente y aumentan 
los palos y obstáculos, sobre todo en dos pasos peligrosos. 

A poco de un día se llega al puerto de los Cachos, que tiene 
aduana, y el río en adelante es pocas veces navegable, y 
cuando más dos días. 

El río en general es incómodo por la plaga de mosquitos, 
que son muy pequeños é hinchan, y la de los zancudos, que 
vienen desde la oración á inquietar y quitar el sueño á los que 
tienen la desgracia de pasar. 

No hay ningún punto en que proveerse de víveres; tan solo 
se encuentran plátanos y algún cacao, que siembran los indios 
de las mencionadas poblaciones y se mantienen de lo que 
cazan y de lo que los viajeros quieren cambiarles. Sus casas 



BÍOS DE VENEZUELA Y DE COLOMBIA. 171 

son miserables en extremo; solo indios pueden habitar allí, 
pues los criollos y españoles mueren de calenturas. 

Las orillas del río son cenagosas, porque las continuas cre- 
cientes forman en el bosque grandes lagunas é infinitas cañas 
donde se cría excelente pescado. 

Hay muchas fieras y caimanes, de cuyos huevos hacen tam- 
bién alimentos los indios y los cogas pobres, partiendo tan 
desagradable manjar con los tigres. 

A pesar de todo esto se hace comercio de consideración por 
el río, entre Maracaybo y Cúcuta (1). 



VIII. 

Descripción de la laguna dé Maracaybo y río de la -Magdalena 
por el capitán Gonzalo de Pina Ludueña (2). 

El capitán Gonzalo de Pina Ludueña , en cumplimiento de 
lo que se le ha mandado acercj^ de la navegación y discrepción 
de la laguna de Maracaybo y río de la Magdalena , da estos 
apuntamientos y advertencias: 

La laguna de Maracaybo tiene 130 leguas de circuito y 40 
de ancho; tiene menguante y creciente como la mar, porque 
entra en ella por una boca que tiene de más de media legua 
de ancho 9 y en medio una pequeña isla que habitan en ella 
indios; tiene dos cañales, la una de 9 palmos de fondo, que no 
entran por ella sino fragatas y navios pequeños de poco porte, 
y la otra es de más fondo y no entran por ella navios. Respecto 
de no haber hasta ahora trato en la laguna de mucha conside- 



(1) D«p66ito de la Guerra, Est. P. Tab. I. Cartera 2, núm. 28. 

(2) BI capitán Gonzalo de Pina Ludueña, á quien D. José de Oviedo nombra 
Pina Lidueña en su Historia de la provincia de Venezuela y se avecindó en la ciudad 
de Herida de Maracaybo, y allí le -alcanzó el nombramiento real de gobernador 
de Venezuela, en relevo del general de las galeras D. Diego de Osorio que lo ser- 
via, y fué trasladado á la Presidencia de Santo Domingo; Pina Ludueña murió en 
la ciudad de Santiago, ejerciendo el gobierno, el 15 de Abril del año i600. 



vn boletín de la sociedad geográfica. 

ración, y por haber en aquella costa indios de guerra, y si 
hubiese algún mal suceso irían á dar la gente del navio en 
manos de los indios. Tiene esta laguna muy grandes salinas 
donde se coge mucha sal sin que se haga beneficio en ellas. 
A la entrada de la laguna, ocho leguas de la boca, está un 
pueblo de españoles que so dice la Nueva Zamora, donde hay 
mucho ganado de vacas y tienen indios que bogan en canoas 
y se aprovechan de las salinas. Treinta leguas de este pueblo, 
la laguna arriba, está Santo Antonio de Gibraltar, que yo poblé 
ha cinco años, y tiene su asiento seis leguas do la boca del río 
de Pamplona, por donde se sube la ropa al Reino. 

Y los navios que entran en la laguna toman puerto en la 
Nueva Zamora, y de allí van á San Antonio de Gibraltar, 
donde hacen su descarga , y las canoas de aquella laguna to- 
man allí la ropa y la suben por el río arriba y la desembarcan 
en el puerto de Zulia, que está 40 leguas de la laguna y tres 
jornadas de arrias á la ciudad de Pamplona, que es pueblo 
principal del Reino, y de Pamplona hay 40 leguas á la ciudad 
de Tunja, y de la ciudad de Tunja á Santa Fe 22, y todo es 
buen camino y tierra fresca y de^nuchos pastos para las arrias 
y muy buenas dormidas, que todo el año tienen hierba que 
comer, porque no hay montes ni breñas, y es tierra toda po- 
blada de haciendas de españoles y pueblos de indios, y muy 
abundante de pan y carne y maíz y cebada para las cabalga- 
duras. 

En la ciudad de Pamplona hay gran cría de muías y caba- 
llos, y en la ciudad de Tunja es lo propio', que podrán andar 
i.OOO cabalgaduras, y los fletes serán baratos respecto de ser 
el camino apacible y haber mucha hierba todo el año, y los 
mantenimientos de pan y carne, cebada y maíz que hay mu- 
chos. Y respecto de los muchos indios que hay por aquel ca- 
mino, con poca costa se podrá aderezar y hacer algunos puen- 
tes en ríos y quebradas pequeñas, porque los ríos tienen ma* 
deras para poderlas hacer. 

Las ciudades se podrán aprovechar del trato de la laguna, 
así para las mercaderías de España como para llevar á la la- 
guna harina y bizcocho en las propias cabalgaduras que fue* 



RÍOS DE VENEZUELA Y DE COLOMBIA. 175 

Ten por la ropa al puerto, con que estará muy bien proveída 
la ciudad de Cartagena y las armadas y notas y toda la costa 
y la isla de Santo Domingo y Puerto-Rico, porque las canoas 
que subieren la ropa bajarán la harina, como el día de hoy se 
hace, y los navios y fragatas lo llevan á las partes que tengo 
dicho: son Tunja, y Pamplona, y la villa de San Cristóbal, y 
la ciudad del Espíritu Santo, y la ciudad de Mérida, y la ciu- 
dad de Trujillo, que es de la gobernación de Venezuela. Todas 
estas ciudades cogen trigo. 

El puerto de este río es muy bueno, que tiene muchos pra- 
dos para las arrias y un pueblo de indios que es de mucha 
consideración para aquel puerto. 

Y el río es muy apacible y de muy poca corriente; tiene 
mucha caza y pesquería y muy buenas playas para las dormi- 
das; pueden subir barcos medianos, chatos, como suben el día 
de hoy, y no tardan en el río más de siete ú ocho días las ca- 
noas, y vuelven á la laguna en tres ó en cuatro días. Tiene 
esta laguna 800 indios de boga y son muy diestros, respecta 
de tener sus pueblos dentro en el agua, y desde muy niños se 
crían en las canoas. 

Y sin estos indios que hoy bogan, hay una provincia de in- 
dios que no están de paz, que á poca diligencia lo estarán, que 
se llama Aliles; tienen sus casas en unas ciénegas, y son muy 
diestros de bogar en canoas, que con estos, trayéndolos de 
paz, y con los que hoy bogan, habrá bastantemente y sobra- 
rán muchas canoas para el trato del río de Pamplona, y esta 
diligencia ha de hacer el gobernador de Venezuela, porque le 
toca y es su jurisdicción. 

De la isla Española de Santo Domingo á esta laguna vienen 
los navios en cinco ó en seis días, y es navegación de travesía 
quo se anda en cualquier tiempo del año. 

Y para que los mareantes y mercaderes que trataren en 
aquella laguna no se les haga agravio, y el comercio se acre- 
ciente, sería muy necesario que la jurisdicción de esta laguna 
fuese toda una, y con esto no se les haría agravio en ningunos 
de los dos pueblos que hoy están poblados en la laguna , por- 
que la Nueva Zamora es de la jurisdicción de Venezuela y 



174 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

Santo Antonio de Gibraltar, que yo poblé, os de la Jurisdic- 
ción del Reino. 

Las flotas cuando van de España pasan cerca de esta laguna, 
y de ella á Cartagena hay 200 leguas , y por esta ratón , apar- 
tándose el navio de la flota, entrará breve en la laguqa. 

Y el día de hoy la ropa que va para el Reino podrá excusar 
aquellas 200 leguas que hay de la laguna á Cartagena , y de- 
más de la mucha costa que hace en Cartagena va por la mar 
20 leguas en fragatas hasta entrar en el río Grande y sube 
hasta la orilla de Mompox, y allí descarga, y por falta de in- 
dios que bogan las canoas se detienen los mercaderes muchos 
días y aun meses, que es causa de mucha costa, por ser el 
pueblo caro, y solía valer el flete de una canoa hasta el puerto 
de Honda 110 pesos de plata corriente, tasados por la Audien- 
cia, y el día de hoy se llevan 300 pesos , y la causa de ser tan 
caros estos fletes es por la falta de los indios, que con el tra- 
bajo de la boga se han consumido y acabado, y los pocos que 
hay se acabarán muy presto, porque bogan más que nunca, 
respecto de que bogan por el río de Cauca á la ciudad de Za- 
ragoza, y por el río Grande de la Magdalena al Reino, en que 
trabajan mucho, por ser el camino largo; y algunas veces su- 
cede arribar y volverse la mitad del camino, y suelen tener 
desgracias en las dormidas de la boca del río de Carare, donde 
salen indios de guerra y matan á los indios y á los españoles 
que van en las canoas, y el remedio de esto he suplicado yo 
á Y. S. por parte de la ciudad de Mariquita. 

Y por falta de canoas suben fragatas el río arriba con boti- 
jas de vino, que tardan en el viaje muchos meses , y algunas 
se pierden, y la gente que van en ellas suelen enfermar, y son 
los fletes muy caros. 

Archivo de Indias. Estante 145. Cajón 7. Legajo 7, cuya ro- 
tulación es: Indiferente general.^^ Descripciones. 

^Continuará,) 



NOTICIAS AUTÉNTICAS 



DEL 



FAMOSO EIO MAEANON. 



(1) 



PARTE SEGUNDA. 

Noticias de las Misiones más antiguas 

del Marañón. 



SUMARIO. 

En mU aegunda parte ee refieren primero brevemente las misiones de la Com- 
pañía en las provincias cercanas al Marañón antes de su descubrimiento hecho 
' por el Padre Xtoval de Acuña; de allí los pasos de los primeros misioneros que 
entraron á las tierras más inmediatas á este rio, y reducciones que fundaron, 
Añadiendo después de cada cual el estado que tiene al presente. Después desto 
«e trata de algunas otras reducciones que se han ido sucesivamente entablando 
basta los principios deste siglo, y han sido como resalto y efecto de algunas 
más antiguas, que con el tiempo se han deshecho ó consumido; 

CAPÍTULO PRIMERO. 

VISIONES DB LA COMPAÑÍA DE JESÚS EN ALGUNAS PROVINCIAS 
CERCANAS AL MARA5Í0N ANTES DE SU DESCUBRIMIENTO. SACÁRONSE 
B8TA8 NOTICIAS DB UNA RELACIÓN APOLOGÉTICA QUE SE PRESENTÓ 
EN EL REAL CONSEJO DE INDIAS POR EL AJ^O DE 1643 (2), T DE OTROS 

PAPELES AUTÉNTICOS. 

Si- 
Visión de ¡08 Cofanes y muerte gloriosa del V. P. Rafael Ferrer. 

Tavo principio la Compañía de Jesús en la ciudad de Quilo 
por los años del Señor de 1586, bajando de Lima, Ciudad de los 



(1) Véanse las páginas 191 y 397 del tomo xxti y 49 del xxvii. 

(2) Ck)pia de esta Relación existe en la biblioteca de la Real Academia de la 
Historia, y espero poderla publicar con otros documentos, por apéndice de estas 
NoTiaAS. 



I"» BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

Reyes, Padres de mucha virtud y celo, que pusieron los pri- 
meros fundamentos á aquel Colegio; y siendo parte tan prin- 
cipal de su instituto las misiones, principalmente de infieles, 
apenas tuvo casa asentada en aquella ciudad, cuando, teniendo 
noticia de los muchos gentiles que pueblan las montañas del 
Marañon, para los cuales la puerta más principal era la pro- 
vincia de los Quijos y su cabeza la ciudad de Baéza, determinó 
despachar por ahí por explorador á uno de sus hijos, que fué 
el V. P. Rafael Ferrer, valenciano de nación, muy exercitado 
en misiones entre españoles, con fama de hombre apostólico. 
Entró dicho Padre á esta espiritual conquista el año de 1599 
con facultades auténticas de la Real Audiencia en lo secular, 
y del señor obispo que era á la sazón, don fray Luis López de 
Solis, en lo espiritual; y habiendo penetrado felizmente hasta 
la provincia de los Cofanes, situada en las riberas del rio 
Aguarico, fundó con aquellos bíírbaros varias reducciones, 
una en especial' llamada Bendoa^ siendo el primer sacerdote 
que entró por las puertas de aquellos rios y naciones la luz 
del Evangelio y gracia del sagrado Baptismo que administró á 
muchos, reduciéndolos por vía de paz, antes que ningún 
español entrase por ahí con estruendo de armas (1). Habiendo 
gastado el Padre algunos años en este trabajoso empleo, sin 
compañero religioso ni otra persona que le sirviere de con- 
suelo y ayuda en medio de aquellos bárbaros, determinó salir 
á la ciudad de Quito á pedir sujeto que le acompañase, y como 
la Compañia estaba en sus principios falta de obreros para sus 
ministerios, no pudo darle más que un lego, que fue el hermano 
Antón Martin, de nación francés, con quien, vuelto el Padre á 
los Cofanes por el año de 1605, fue prosiguiendo con más alienta 
en su apostólica tarea. Aumentábase cada dia el número de 
los neófitos reducidos por via de paz y de amor, que era 



(1) Esta aflrmación, como todas las que se refieren á la primacía de entradas y 
descubrimientos de las Órdenes reliffiosas en los territorios al Orieote de la Cor- 
dillera andina, es muy aventurada y cuestionable. Creo haber dicho ya en al- 
guna de mis notas por qué debo limitarme en estos casos discutibles á lamerá 
advertencia de que lo son. Ahora añadiré que en otros análogos hasta la adver- 
tencia me parece ociosa. 



NOTICIAS AUTÉNTICAS DEL FAMOSO RÍO MARAÑÓN. 177 

mucho el que tenían al P. Ferrer como á su primer padre en 
el espíritu, y no siendo ya el solo bastante para el beneficio 
espiritual de tantas almas, salió segunda vez para Quito á 
pedir compañero sacerdote. Señaláronle entonces al P. Fer- 
nando Arnulñni, de nación italiano y natural de la ciudad de 
Luca, desde donde habia venido poco antes con deseo de em- 
plearse en misiones de infieles. Con este compañero, muy á la 
medida de sus deseos, hizo tercera entrada el P. Ferrer á 
aquellas montañas, en donde los dos, por espacio de tres ó 
cuatro años trabajaron gloriosamente no sólo en los Gofanes, 
sino también en los Coronados, Omaguas, Icaguates y Abi- 
xir^, que vivian en los bosques contiguos á los rios Aguarico 
y Ñapo, siendo buen testigo desto la ciudad y Colegio de 
Quito, para donde se truxeron las primicias destas naciones á 
que lograsen de mano de su principal pastor el Sr. Obispo, el 
Sacramento de la Confirmación, conforme se estila hacer aun 
el dia de hoy con otros indios destas montañas (1). 

Hallábanse engolfados los celosos obreros en medio de na- 
ciones bárbaras sin más defensa y amparo que el del Cielo, y 
tanto, que los que tenian noticia de aquellas provincias, juz- 
gaban á temeridad el proseguir con la empresa sin la ayuda 
de algunos soldados siquiera que les sirviesen de escolta. Los 
Padres, aunque conocían el peligro, sin embargo, juzgaban 
aun más arriesgado el admitir semejante presidio y mucho 
más el permitir asentasen el pié entre aquella gente aun tierna 
en la fe unos vecinos de Baeza, cuyos intentos eran aprove- 
charse de los recien convertidos para la labor de no sé qué 
minerales y su personal servicio. Los superiores de la Com- 
pañía, deseosos de acertar en punto tan crítico, despacharon 
por ahí á los Padres Juan de Arcos y Oaofre Esteban, ambos 
varones de mucha experiencia y celo, quienes, llegados á los 
Gofanes y tanteadas de cerca las cosas y disposiciones que 



(1) Por lo que claramente se deduce de estas Noticias y de la Relae. Apologética, 
el P. Ferrer no llegó al verdadero Marañón, sino al Ñapo solamente. De aquí el 
eapefio de los jesuítas en que este río fuese la rama principal de aquel, y sus 
cabeceras las más remotas fuentes del Amazonas. No obstante, después de los 
trabajos y planes del P. Samuel Fritz, variaron de propósito. 

12 



m BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

liabia, porque ya los españoles resueltos estaban á cualquier 
costa á hacerse dueños de aquella gente y provincias, discu- 
rrieron que, para evitar disturbios, lo más acertado era Be re- 
tirasen por entonces los Padres, mientras el tiempo compu- 
siese las cosas. Con esto todos cuatro Padres salieron juntos 
para la ciudad y Colegio de Quito. 

Dejaba el P. Ferrer tantos hijos espirituales tiernos en la fe 
esparcidos por aquellos bosques, que no le sosegaba el corazón 
ni hallaba reposo en el retiro de su aposento, antes sobresal- 
tado de continuo, acusaba de cobardía su retirada, con no ha- 
berla hecho culpable lo voluntario, sino antes meritoria por 
la obediencia; y así no sosegó un dia tan solo, quizá porque el 
Espíritu Santo interiormente lo espoleaba con tantas inspira- 
ciones y prenuncios del fin glorioso que le aguardaba entre 
aquella gente, hasta que, por fin, los superiores, reconociendo 
qvara [cuan] de veras deseaba adelantar aquella empresa para 
el bien de tantas almas, le concedieron nueva licencia para 
volver á las montañas; lo cual executó con celo más ardiente 
que nunca cerca el año de 1608, llevando consigo un sacerdote 
seglar, á quien, como á cura propio, queria entregar los Cofa- 
nes, después de haberlos todos baptizado, para pasar él adelante 
doctrinando y poblando las naciones que había antes amistado. 

Iban ya á la sazón los Cofanes muy hostigados y alborota- 
dos con las armas del Capitán don Pedro de Palacios y otros 
vecinos do liaeza, quienes, fundada en poca distancia del Rio 
Aguarico una pequeña ciudad, que de su fundador se llamó 
San Pedro de Alcalá, de allí salían á correrías, para agregar 
más y más gente á la nueva población y reales de minas que 
habían descubierto en la ribera del rio. Sentían los indios á 
par de muerte aquella opresión, sin hallar modo de libertarse, 
y esta fué no pequeña para que el P. Ferrer, informado al 
pasar por Baeza de lo que pasaba con sus amados hijos, cayese 
gravemente enfermo en aquella ciudad. Avisados de la enfer- 
medad los superiores de Quito, despacharon luego para Baeza 
al P. Luis Vazíjuez, con orden, que si hallase en ella al P. Fe- 
rrer, lo volviese para Quito, hasta tanto que cobrase enle^a 
salud. Llegado el P. Vázquez á aquella ciudad, halló que aquel 



NOTICIAS AUTÉNTICAS DEL FAMOSO RÍO MARAÑÓN. Hy 

tnismo dia el fervoroso misionero, enfermo como estaba, se 
habia hecho llevar en hombros la tierra adentro; con que, 
habiendo el allí predicado algunos pocos dias, sin atreverse 
pasar adelanto, se volvió para Quito, cumpliendo con la lega- 
-cía de su obediencia y dejando al P. Ferrer en la conquista de 
^u Parayso, aunque muy achacoso y afligido con lo que estaba 
sucediendo. Aquí el siervo de Dios, conformándose con las 
circunstancias del tiempo, empezó de nuevo á trabajar coa 
grandes alientos, predicando á españoles c indios y procurando 
él consuelo de entrambos, como lo hizo por espacio de cuatro 
ó cinco años. No pudo, sin embargo, efectuar con sus exhor- 
4aciones y consuelos se conformasen los indios con lo que ya 
lio tenia más remedio, y era, llevar con paciencia y sujetarse 
al dominio de los españoles, que se habian apoderado de sus 
tierras; antes discurrían ellos, que pues el Padre habia subido 
y entrado tantas veces á sus tierras y después desto habian 
entrado con armas los nuevos conquistadores, el, sin duda, 
«ra quien los habia llamado y llevado para que les quitasen la 
libertad, obligándolos á una mísera servidumbre, vasallaje y 
tributos. De aquí fué que el grande amor que antes le habian 
tenido á el y á la feé que les predicaba, lo trocaron en un cruel 
aborrecimiento hasta tratar de quitarle la vida. Avisáronle 
algunas veces los que aun le querían, se saliese de sus tierras 
y dejase de predicarles, porque sino le matarían en breve, cosa 
que jamás pudo creer el buen Padre de hijos que tanto le 
habian costado y á quienes tanto quería; pero el hecho lo com- 
probó bien presto; y fué, que por el año de 1611, caminando el 
Padre solo con algunos indios para los Pastos, á ñn de recon- 
ciliarse y proveerse de lo necesario para el sacrificio de la misa, 
al pasar por un puente de dos palos un rio que por entre gran- 
-des peñoles arebaladamente se precipitaba, los que le acom- 
pañaban quitaron de repente los palos y lo arrojaron al rio.' 
Asióse el Padre al caer del uno de los maderos, y pidiéndoles 
con amorosas quejas de padre á queridos hijos le favoreciesen 
y sacasen de aquel conflicto, uno de los indios le pidió la mano 
con falso disimulo, y fue lo mismo desasirse del madero y 
dársela al indio, que soltarle este báibaro otra vez á las hon- 



ISO BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

duras de aquel precipicio, haciéndose pedazos con repetidos 
golpes enlre aquellas peñas antes de llegar á lo profundo del 
rio. El cuerpo de este glorioso varón no se pudo encontrar, por 
más diligencias que hicieron en buscarlo españoles é indios 
cuando supieron su muerte. Después deslo, los de aquellas 
provincias afirmaban de que lo veían no pocas veces en los 
altillos del monte diciendo misa revestido con vestiduras sa- 
gradas. De todo lo cual se hizo pocos años después información 
auténtica, cuyo original se conserva en el Archivo del Colegio 
de Quito y dice así: 

«En la ciudad de San Pedro de Alcalá de los Gofanes, Rio 
»Dorado, de la gobernación de los Quijos, en 21 días del mes 
»de enero de 1622, Melchor Velazquez de Ovando, cura y vi- 
searlo de esta ciudad por el Revermo. Señor Maestro don Fray 
» Alonso de Santillan^ obispo de este opispado de Quito y del 
^Consejo de su Magostad, etc. Digo, que el primer sacerdote 
vque convirtió á la fe de Jesu Ghristo á los indios destas pro- 
•vincias de los Gofanes fué el P. Rafael Fcrrer, de la Gompa- 
»ñía de Jhs., varón apostólico y de loables costumbres, el cual 
sentró en esta provincia habrá más de catorce años, antes quo 
»esta ciudad de Alcalá se poblase, donde con mucho trabajo 
Implantó el Santo Evangelio en los dichos naturales, enseñan- 
»doles la doctrina Ghristiana, predicándoles en su misma len- 
»gua natural, administrándoles los Santos Sacramentos5 an- 
idando á pié y muchas veces descalzo con el ornamento á 
«cuestas en tierra tan áspera, lodosa y de montaña, de unos 
«pueblos en otros, acudiendo á las necesidades espirituales 
>con mucha caridad y amor, con grande ezemplo de vida que 
«les daba, donde le hallaron ocupado en lo dicho el capitán y 
«soldados que entraron á la conquista de esta provincia, donde 
«consoló á los españoles en predicar y decir misa y haciendo 
«con ellos oficio de Gura, que á todos edificaba su buena vida 
«y modo de proceder, en lo cual se ocupó muchos años, pa- 
«sando muchos trabajos y afrentas de los indios y persecudo- 
«nes que lo hacían haciendo burla de él y de lo que les predi- 
«caba, lo cual sufría con mucha paciencia y alegría; doiKle 
«todo el tiempo que estuvo en esta tierra fué su comün sus- 



NOTICIAS AUTÉNTICAS DEL FAMOSO RÍO MARAÑÓN. 181 

Jálenlo raíces y yerbas. Y estando el dicho padre, después 
»de poblada esta ciudad de Alcalá, ocupado en lo dicho en la 
«provincia de Chichiquey deste districto, habrá diez años, le 
«amenazaron los caciques é indios de aquella provincia, que 
»le habian de mata (síc), que por lo que dicho Padre predicaba 
»y enseñaba á los indios y por su causa, habian entrado en 
«esta tierra de Cofanes los españoles, y que se fuese de su tie- 
jorra y no predicase más, porque el hacerlo le costaría la vida; 
»y esto le vinieron diversas veces á decir los dichos caciques 
»al dicho Padre, y con buenas palabras los aplacaba, dándoles 
ȇ entender lo mucho que les importaba el sen cristianos y 
«creer en Dios para salvarse, y que no por su causa habian 
«venido los españoles, que el Rey los enviaba para que le die- 
»sen la paz como sus vasallos y para que fuesen cristianos y 
«no hacerles mal ninguno; y viéndose necesitado de lo necesa- 
«rio para la celebración del culto divino y para confesarse, iba 
«caminando para los Pastos, y en el camino, pasando una 
«puente de dos palos en una quebrada hondísima y profunda, 
«los indios que iban cqn él le cortaron la puente y lo arrojaron 
«en lo profundo de dicha quebrada tajada de peñas, donde se 
«hizo pedazos y no pareció más; y aunque los españoles é in- 
«dios, cuando supieron su muerte, lo buscaron con gran dili- 
•gencia y cuidado, no pudieron hallar el cuerpo; y porque la 
«vida y martirio de varón tan insigne y santo no quede en 
«silencio y se manifieste á todos los fíeles para gloria de Dios, 
•mando se haga della información.» 

En esta información declaran cinco testigos con juramento 
€n forma y dereclio ser verdad todo lo dicho; y el uno, que fué 
el capitán Gabriel Machacón, teniente general de la goberna- 
ción de los Quijos, añade, que cerca el año 1602 habia visto al 
Padre predicar el Santo Evangelio también en la ciudad de 
Sevilla del Oro de la provincia de Macas; y después de su 
muerte, habia oido decir de los mismos Cofanes, que á cada 
paso se les aparecía y le velan en los altillos del monte decir 
misa con vestiduras sagradas. 

A estos testimonios se puede también añadir el del Hermano 
Pedro Limón, religioso de la Compañía, quien pocos años 



1S2 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

después entró á aquellas tierras, como se dirá en adelante» 
Hablando éste de una puente de piedra que habia dos jornadas- 
más allá do San Pedro de Alcalá hacia Bacza, dice así: 

«En esta puente de piedra están estampadas las señales de 
»dos pies humanos y unos caracteres que no ha habido quien 
ílos acierte á leer, así por estar ya por el tiempo gastados^ 
»como por no parecerse en cosa ninguna á los nuestros. Han- 
»los visto muchas personas y entre ellas un Padre de nuestra 
•Compañia, llamado Rafael Ferrer, conocidamente santo, al 
»cual mataron los indios Cofanes del pueblo de Bendoa, y por 
«permisión de Dios, hoy no hay indio vivo de este pueblo.» 

La tradición que anda aun el dia de hoy en las provincias 
cercanas de Quijos y Ávila, es que poco después de la muer- 
te del P. Ferrer envió Dios un temblor espantoso, en que 
abriéndose la tierra, quedaron sepultados todos los vecinos de 
Bendoa. 



§ II. 
Misión de los Coronados, Omaguas , Icaguates, etc. 

Regados aquellos rios y provincia con la sangre y sudores 
del V. P. Rafael Ferrer, clamaban por nuevos operarios que 
prosiguiesen con tan gloriosa empresa de sembrar la fe entre 
aquellas naciones bárbaras que se habían descubierto y en 
parte ya amistado. A las voces, pues, desta sangre, provocados 
de santo celo, salieron de Quilo por los años de 1621 los 
PP. Simón de Rojas y Umberto Coronado, y siguiendo Ios- 
pasos de sus antecesores Ferrer y Arnulfini, penetraron hasta 
las provincias de los Coronados, Omaguas é lea guates, que 
llamaban á la sazón Encabellados, y comunicaron tambiei> 
con los Avijiras, que vivían en las tierras que median entre 
Ñapo y el Curaray, sacando y bautizando algunos dellos, que 
en señal y prueba de sus espirituales correrías, sacaron des* 
pues á Quito; en la cual ocasión admiraron mucho los nues- 
tros lo encontrado y opuesto que se mostraban en los natura- 
les conforme lo eran en las naciones un Encabellado y otro 



NOTICIAS AUTÉNTICAS DEL FAMOSO RÍO MARAÑÓN. 183 

. (sic) Avijira, pues aun después de reducidos al gremio y uni- 
dad de la fe, en encontrándose los dos el uno ala presencia 
''del otro, no podia encubrir en el semblante la natural antipa- 
tía que hay entre aquellas naciones, y era preciso viviesen di- 
vididos, para no reñir entre sí á cada paso. 

En donde fixaron el pié algo más despacio los dos obreros 
. apostólicos fué en la provincia de los Omaguas, de cuya situa- 
ción, costumbres y lo que se obró á la sazón en orden á su 
enseñanza , la Relación del Hermano Pedro Limón , quien 
acompañó á los dos PP. en aquella jornada, dice así: 

«Ocho leguas de distancia de las juntas de Cymba con Agua- 
arico, en tierra de Cofanes, está la ciudad de San Pedro de Al- 
»calá del Rio Dorado, que así llaman también al rio Aguarico, 
•porque del han sacado mucho oro y muy fino: dicen es co- 
»rrido del páramo Pu^ que está á las espaldas del de Cayambe, 
ȇ donde es fama que hay grande riqueza (1). Tiene su asiento 
»esta ciudad en. uno de los mejores puestos que hay en toda 
•aquesta tierra , porque, además de darse cualquiera cosa así 
»de frutas como de legumbres, tiene lindo suelo y mejor cielo. 
»Está puesta en un alto de donde se divisa todo lo que la vista 
•puede alcanzar. Vénse en medio de aquellos montes y llana- 
•das muchas lagunas y gran parte de los rios, que por la ma- 
juana y á la tarde, cuando los baña el sol, parecen pedazos de 
•plata, con que hacen la vista más agradable. Están encomen- 
•dados en esta ciudad trecientos indios divididos en once en- 
•comenderos; es tierra rica de oro, arroz, pita y canela. 

•Doce leguas abajo desta ciudad, rumbo á Leste, está una 
•población de indios á quienes llaman Coronados. Habrá como 
•veinte familias; son belicosos y han dado bien en que en- 
•tender á los españoles; pero con el buen tratamiento están 
•ya más seguros, aunque hay poco que fiar dellos. Son ya 
•xpianos, y así serán de importancia para las entradas que se 
•hubieren de hacer la tierra adentro. Son famosos canoeros y 



(1) Desde el tiempo, por lo menos, de Huayna Capac, quien , según refiere To- 
ribio de Ortiguera, ordenó una expedición á las minas de oro de esa comarca .— 
V. mis notas á la edición castellana de los Anales de Montesinos ^ p. 145. 



184 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

«buenos pilotos y ligeros como unos corzos por el monte. El 
«puerto de esta navegación del río Aguarico al Marañon está 
j>en su mismo pueblo sobre el rio. Llámase San Francisco de* 
»Íos Coronados, porque el dia de este santo se dijo la primera 
nmisa en una capilla que para ello edificó su encomendero 
»Juan de Palacios. Dijeron la primera misa en la dicha capí-* 
»lla los PP. Simón de Rojas y Umberto Coronado de la Com-, 
3>pañia de Jesús, bajando en prosecución de la misión de las 
^provincias de los Omaguas, Encabellados etc., á donde fue- 
»ron el dicho año de 1621. 

»Está esta provincia de los Omaguas entre los ríos de Agua- 
>rico y Orellana, desde la quebrada de Eno (hoy día llámase 
»Quebeno y sale á Ñapo cerca de Gapucuy) hasta las juntas 
»que hacen los dichos ríos, en donde están pobladas como cien' 
^familias. Llámase esta población San Juan de los Omaguas. 
«Son ya xpianos, porque el año pasado de 1621, á 15 de octu- 
»bre, entraron los dichos Padres y yo en su compañía. Fuimos 
Abicn recebidos de los indios; pagóseles el recebimiento con 
senpezarlos á catequizar en la doctrina cristiana en su mesma 
«lengua natural, que es buena y no dificultosa, ayudándonos 
»para esto dQ un buen intérprete, con quien se tradujo de len- 
Dgua del Inga en la suya. Tomaron con tanto afecto las cosas 
•de nuestra Sania Fe, que cuando se les explicaba la doctrina 
^cristiana, dificultaban algunos puntos, como si fueran estu- 
sdiantes de facultad; y en dándoles la declaración de aquel 
apunto que dificultaban, quedaban satisfechos, porque sólo 
«preguntaban para hacerse más capaces de ello: gente de tan 
«buen entendimiento como esto es ésta. Aprendían con afición 
«la doctrina xtiana desde el más niño hasta el más viejo, y 
«algunos de edad de cinco años aprendían el Pater noster y el 
f>Ave Marta; y bobo niño que para responder á algunas pre- 
«guntas del Catecismo, dejó el pecho de la madre, que estaba 
«mamando; porque es costumbre de esta gente dar de mamar 
«á sus hijos hasta esta edad, y adonde quiera que van los lie- 
•van cargados, aunque ellos pudieran ir por su pié; y así se 
«crian robustos. 

«Viste esta gente ropa de algodón, los indios camisetas, las 



NOTICIAS A'üTÉNTIGAS DEL FAMOSO RÍO MARAÑÓN. 185 

nindias uiias mantillas de la cintura para bajo. Es gente cudi* 
DCiosa en el trabajo é inclinada notablemente á guerrear; y 
Dcuando no tienen con quien, arman entre sí grandes penden- 
»cias, causadas de la embriaguez; aunque esto es de tarde en 
» tarde, por ser en esta parte algo sobrios; y á esta causa se han 
«consumido unos con otros y no hay mds gente reducida á la 
samistad de los españoles. Son sin embargo de importancia 
»para las entradas que se han de hacer á las naciones circum- 
Dvecioas, que son muchas, por ser briosos, valientes y buenos 
^canoeros y tener exploradas á todas estas provincias. Mues- 
»tran amor á los españoles, aunque hay poco que fiar de ellos, 
Aporque naturalmente son traidores, y si algo han, ha de ser 
Bmás por miedo que han concebido de los españoles, que por 
DOtra razón alguna. Son liberales entre sí, dando de lo que 
stienen sin repugnancia, antes no aguardan á que se lo pi- 
»dan. No saben género de cortesía, ni muestran agradecimien- 
»to aunque les den cosa de estima. Son viciosos en comer, no 
Aguardando tiempo, ni paj*a ello le tienen señalado, sino que 
«comen cuando les parece, juntándose en corrillos, los hom- 
»bres á una parte y las mujeres á otra.» 

Hasta aquí la Relación del Hermano Limón. 

Habiendo gastado los PP. poco más de un año en doctrinar 
á los Omaguas y explorar los intentos de los españoles y dis- 
posiciones que tenían las naciones infieles, revolvieron para 
Quito á informar personalmente á los superiores, quienes parte 
por falta de obreros y parte por las dificultades que habia 
para adelantar con acierto aquella empresa, porque los espa- 
ñoles proseguían llevándolo todo á fuerza de armas, tuvieron 
por bien el suspender otra vez aquella misión y emplear el 
celo y talentos de los Padres en otras ocupaciones. Con esto no 
hubo quien tratase continuar la conquista espiritual de aquella 
•gente hasta el año de 1630, en que el P. Francisco Rugí, varón 
de los más esclarecidos do la Provincia, concebió grandes 
deseos para eso. Habia muchos años que el Padre se ocupaba 
en ejercicios literarios de Artes y Theologia escolástica, cuando 
de repente, llevado dtj superior impulso, determinó dejarlo 
todo para dedicarse á misionero de infieles. Alcanzado el bene- 



m BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

plácito de sus superiores, con el P. Juan Sánchez y el Her- 
mano Sylva, encaminóse para la ciudad de Baeza, que era, 
como dijimos, la puerta principal para entrar á naciones 
Ínflele?, cuando donde menos halló (sic) cerrado el paso á sus 
fervores apostólicos. Al cabo de más de un mes que estuvo en 
aquella ciudad haciendo para su entrada exquisitas diligen- 
cias, no pudo efectuarlo; porque, por una parte, el gobernador 
íle Quixos, don Vicente de los Reyes Villalobos, no consentía 
entrasen solos los Padres á tierras de infieles; por otra, el Pre- 
sidente de la Real Audiencia de Quito, el doctor don Anloni6 
de Morga, no quiso dar licencia para que llevasen consigo sol- 
dados de escolta, alegando para ello copia de razones al parecer 
convincentes. Con esto el P. Rugí hubo por fin de ceder al 
tiempo y revolver con los compañeros para Quito. Do donde 
poco después, con más feliz succeso, se encaminó á otras mi- 
siones hacia la mar del Sur, en donde trabajó gloriosamente 
muchos años, según se lee en las Annuas ms.^" [manuscritas] 
de la Provincia y hace dello gloriosa mención el Tlustrísimo 
Señor Montenegro, obispo de Quito, en su Párroco de Indios. 



§ III. 

Ocasión que dispuso la Providencia de Dios para el descubrí'^ 

miento del Marañon. 

Viendo desocupado el campo de los obreros de la Compañia 
en las provincias cercanas al Marañen, los religiosos de la 
Orden Seráfica, que hasta entonces se hablan ocupado en la 
enseñanza de los indios ya christianos, determinaron emplear 
también ellos su celo entre naciones infieles, con fundadas es- 
peranzas que el Presidente de la Real Audiencia, no obstante 
habia negado á los de la Compañia la licencia do entrar con 
escolta á aquellas provincias, no se la negaría á su Religión, 
de quien se profesaba Mecenas tan grande como digno. De 
liecho, por el año de 1G3'2 alcanzaron licencias amplísimas para 
entrar á aquella conquista, ya solos, ya con escolta, como me<- 



NOTICIAS AUTÉNTICAS DEL FAMOSO RÍO MAR ANÓN. 187 

jor les pareciese. Por esto, en agosto de aquel mismo año aco- 
metieron su primera entrada por Los Pa^osY provincia de los 
Siicumbios, la cual no tuvo efecto por las asperezas y otras di- 
ficultades que encontraron por aquel camino. Fueron después 
prosiguiendo con el mismo intento por los años de 1634 y 35, 
en que entraron- felizmente por Baeza y San Pedro de Alcalá 
á aquellas provincias, accompañados del capitán Juan de Pala- 
cios, quien con unos infieles de la nación ícaguate, en las ori* 
lías de Ñapo, 18 leguas más arriba de las juntas de Aguarico, 
principió una población llamada Ante (1), que sirviese do es- 
cala para reducir á esa y otras naciones. Aquí asentaron el 
pié los misioneros franciscos con esperanza de mies muy co- 
piosa, cuando permitió se mallograssc (sic) de repente aquella 
misión, abriendo al mismo paso la puerta con particular pro- 
videncia á la conversión de otras innumerables naciones que 
viveu en las riberas del Marañon. El caso fué, que en una co- 
rrerla, ó como otros refieren, al fabricar la capilla en dicho 
pueblo de Ante, irritados los indios de que el capitán Juan 
Palacios castigó con un bastonazo la tardanza y dejamiento 
del hijo de un cacique^ cogiendo de repente sus lanzas, aco- 
metieron al dicho capitán, y habiéndolo muerto, retiráronse 
otra vez para sus tierras. Viendo esto los religiosos, tuvieron 
por bieu el recogerse también ellos á la ciudad de Alcalá, de 
donde se encaminaron de vuelta á su convento de Quito, me- 
nos dos legos, llamado el uno fr. Domingo de Brieva, y el otro 
fr. Andrés de Toledo, quienes, con cinco ó seis soldados aven- 
tureros que se ofrecieron prontos á acompañarlos, en una 
corta embarcación se arrojaron bien á caso y á la ventura por 
ei rio abajo, siendo ya el año del Señor 1636, y después de 
cuatro meses de navegación, llegaron á Gurupa, fortaleza de los 
portugueses, donde unos soldados que los llevaron adelan- 
te (sit), primero para la ciudad del Para, de allí por la cosía de la 
mar á San Luis del Marañon, cabeza de aquel Estado. Plabien- 
do aquí los dos religiosos dado cuenta al gobernador portugués 
Jácpme Ray mundo de Noroña, de su viaje prodigioso, de que 

<I) Ánete, según los escritores ft>ancí8canos. 



188 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

tuvieron harto que contar, deseoso éste de informarse aun 
mejor acerca de un' rio tan afamado, que, por su amplitud y 
naciones belicosas que la habitaban, nadie se atrevia á navegar 
para arriba, á fin de dar fíel cuenta de todo á su magostad Ca« 
tólica, mandó se aprontase luego una armada numerosa, seña- 
lando por cabo principal á Pedro Texeira, á quien encargó 
fuese subiendo por el rio con los dos religiosos hasta salir á la 
ciudad y provincia de Quito. Así lo executó con admiración de 
muchos que recelaban no tendría efecto aquella jornada* Al 
cabo de un año que tardaron en el camino, llegó por fin feliz- 
mente á la ciudad de Quito el capitán Texeira con parte de sus 
soldados, y de allí, por orden del señor virey del Perú el Con- 
de de Chinchón, revolvió para el Para en compañía de los 
PP. Christobal de Acuña y Andrés de Artieda, que despachó 
de su parle la Real Audiencia de Quito, á que notasen fiel- 
mente lo más memorable de aquel rio y naciones, y llegados al 
Pard, se encaminasen derecho á la Corte de España, á dar per- 
sonalmente cuenta á su Magestad y su Real Consejo de cuan- 
to habían visto, como también de los medios que juzgaban 
mas conducentes para la conquista temporal y espiritual de 
aquel nuevo mundo. Y este es aquel «Descubrimiento del rio 
Marañen y Amazonas» tan aplaudido de los eruditos y que re- 
fiere en su Uistoria el P. Manuel Rodríguez, á quien remito el 
lector curioso, para no repetir lo que con mucha exacción 
escribió y aclaró con sus eruditos aditamentos dicho historia- 
dor (1). Lo que se ha ido después descubriendo acerca algunas 



(l) Perdóneme el autor de estas Noticias; pero el P. Rodríguez incurrió en 
muchas inexactitudes y en grravisi mas omisiones al narrar el famoso Descubri- 
miento á que se alude aquí. Para conocer su verdadera historia no basta lo escrito 
y publicado acerca de él por los religiosos de la Compañia, hay que consultar ade- 
más, entro otros documento», la Relación del P. Fr. Laureano de la Cruz, del Orden 
de San Francisco, inserta (con incorrecciones notables) por el cronista seráfico 
Fr. Marcellino da Civezza en su Saggio di bibliografia... Sanfi-anrescana (Prato, 
1879), n." 325; el Viaje del capitán Pedro Texeira aguas arriba del rio de ia$ Amaso^ 
nasy que di á luz en el BoletIn de la Sociedad Geográfica dk Madrid; las Me- 
morias de gobierno de los virreyes del Perú conde de Chinchón y marquéfi de 
Mancera, esta última impresa (en Lima^ s. 1. n. a. con el titulo de Relación del\ 
estado del govierao del | Perv que haze el marqces de Maneera \ al se'ior Virrey CoMée 



NOTICIAS AUTENTICAS DEL FAMOSO RÍO MARAÑÓN. 189 

naciones y rios colaterales, como también acerca algunos pun< 
los que dejó dudosos el P. Acuña, parle va ya apuntado en las 
Noticias generales y parte se colegirá del nuevo descubrimien- 
to que hizo pocos años ha el P. Samuel Fritz y se trasladará á 
la letra hablando dé la misión de la Grande Omagua. 



de Saina- \ tierra. Fecha en Lima á 8 de octubre de 1648, 18 foj. f.*; y por último, 
!• siguiente carta con que el P. Rarnuevo remitió á la Corte la Relación apologé- 
Hea más arriba citada, que juzgamos de especial interés: 

«P. Baltasar de Lagunilla. 

vPax xpi etc.=3E8ta carta es acerca de las misiones del Para sobre que los PP. 
CbrJBtobal de Acuña y Andrés de Artieda bajaron á España y 3'o escrebi el año 
pasado y dije: Cómo el S** Presidente don Juan de Lizarazu escribía al Consejo 
pidiendo licencia para hacer esta conquista, y estaba tan en ella, que dejara 
primero la presidencia que de hacerla. Hoy está parado, si bien el Señor don 
Fnn.M de Prada, oidor desta Aud.* y señalado para la do S^* Fee, se ha decía- 
Ttdoy trata de hacerla; y para esto se ayuda de los religiosos de San Francisco, y 
en onien á conseguir su pretensión, envia un fraile lego de parte de su religión, 
llamado fr. Martin , que vino de España con fr. Domingo [Brieba] el año de 013, y 
espártente del protonotario. Este dice que ha de alcanzar la conquista para el 
Sr D. Francisco, que es lo mismo que decir que solos los franciscanos han de ir 
con su merced y no nosotros, por ser declarada la enemiga que nos tiene. 

»Y aunque no necesitamos de ir con él, por cuanto estamos ya en posesión en 
la misión de Mainas, donde actualmente están cuatro padres, y es el principio del 
Para, y adonde yo he enviado al P. Andrés de Artieda á que lo reconozca to<lo y 
vea si podemos tomar la entrada mas cercana á Quito que la que tenemos en los 
llaioas , que dista destn ciudad duciontas leguas. Pero , con todo eso, es reputa- 
ción nuestra y conforme á las cédulas de S M., que V. R.* tendrá allá, el que esta 
entrada no se haga sin nosotros, pues somos los principales descubridores della 
y los más antiguos, y la primera cédula que se alcanzó lo demuestra , que la se- 
gunda que se concedió á los frailes, fue condecendcucia que se hizo con ellos; y 
para la prueba desta verdad remito á V. R. con esta uuh relación copiosa de donde 
se podran sacar los informes que fueren necesarios para el Consejo, que es papel 
coríoso y se holgará VR. que se lo lean en la siesta; y es necesario que Y. R.* lo 
vea. porque en ella va refutada una relación que estos benditos PP. hicieron en 
desdoro de la Compañía 3' podrá ser haya llegado allá. Guarde N. Señor á V R. 
como deseo etc. Quito y mayo 31. 1643.— R.° [Rodrigo] Barnuevo (una rubrica). — 
(Original: (Papeles de Jesuítas.— R. Ac. de la Hist.)»— La relación de eslot bendi- 
tos PP debe ser la que publicó en Madrid el año de IGll el Comisario general de 
Indí«s de la O. franciscana Fr. José Maldonado. 



190 BOLETÍN DE L\ SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 



ADICIONES. 

Con ocasión del alzamiento de los Icaguatcs, que roatarou 
al Capitán Juan de Palacios^ es muy verosímil que los españo- 
les de Baeza y Quixos llevarían para arriba los Omaguas que 
vivían cerca de Aguaríco y los poblarían en las juntas del río 
SunUy según tradición que conservan hasta el día de hoy los 
.vecinos de Santa Rosa [de Oas]; si no es que lo hayan hecho 
algunos años antes, para aprovecharse de ellos en la labor de 
las minas, después que los PP. Rojas y Coronado dejaron 
aquella misión. Desde Sunu , habiéndose alzado también ellos 
y muerto á su encomendero, parte se retiraron á las cabeceras 
de Tepuetini, de donde salen al presente á sus matanzas, y 
¡)arte se dejaron ir rio abajo hasta encontrarse con la fuerza 
de su nación, que vivia en las islas del Marañen, conforme 
apunta en su diario el P. Acuna y dan también á entender los 
Omaguas de San Joaquim, quienes dicen ser sus parientes los 
de Tepuetini, en especial los que llaman Jetes [Yetes]. Hoy 
día, por testimonio de los Icaguates de la banda de Aguaríco, 
medio día arriba de este rio, en una laguna que llaman Cocaya 
6 Taricaija (i), consta de que hay aun algunos Omaguas, y 
es probable de que haya muchos más, para arriba, hacia la 
quebrada de Eno ó Quebeno, que salo á Ñapo junto á Gupu- 
cuy, hasta donde se extendían antiguamente sus tierras; pues 
algunos vecinos de Ñapo y Archidona atestiguan haber encon- 
trado por ahí rastro de ínfleles. 

Cuándo se destruiría la ciudad de San Pedro de Alcalá, no 
lo he hallado hasta aquí apuntado de nadie. Lo que se sabe de 
cierto es que muchos años por acá no hay ni rastro de dicha 
pobhicion , mucho menos de la nación Cofana, que vivía allí 
cerca repartida en varios pueblos. Los indios que viven al 
presente en el puerto do Aguaríco, que llaman la Nariguera, 
[Hieden ser sean (sic) reliquias de los Coronados, que doctri- 



(1) o trncajá, charapilla ú tortu;?uilla, ol más pequeño de los quelonios fluviá- 
tilch del .\mazouart (' Pudocnemis ( Peltocephalut/ tracaxuj. 



NOTICIAS AUTÉNTICAS DEL FAMOSO RÍO MARAS'ÓN. 191 

naron nuestros misioneros al bajar para los Omaguas el año 
1621 y como se dijo arriba. De los Icaguates del pueblo de Ante, 
que se han por fin nuevamente descubierto y se van al pre- 
sente reduciendo después de casi cien años después que mata- 
ron al capitán Palacios, se dirá en otro lugar, hablando en 
particular de esta nación. 



CAPÍTULO SEGUNDO. 

PASOS QUE DIERON LOS PRIMEROS MISIONEROS EN LAS PROVINCIAS 
DEL MARA^fON Y REDUCCIONES QUE FUNDARON HASTA EL ANO DE 
1666, EN QUE SUCEDIÓ LA MUERTE DEL V. P. FRANCISCO DE FIGUEROA, 
PROTOBfARTIR DEL MARaSÍON. SACÁRONSE ESTAS NOTICIAS DE UN 
INFORME QUE HIZO DICHO P. FIGUEROA EL ANO DE 16G1, POR ORDEN 
DEL PROVINCIAL DE LA PROVINCIA DE QUITO HERNANDO CAVERO, Y 

CAUTAS DE ALCIINÜS MISIONEROS. 



§ I. 

Promnda de May ñas y ciudad de San Francisco de Borja. 

La primera provincia del Marafion en que entraron á misio- 
nar de asiento los obreros do la Compañía y dio despuós el 
nombre á toda la misión, es la provincia de los Maynas, cuya 
cabeza es la ciudad de San Francisco de Boija. Eslendíaseesta 
provincia en tiempos pasados | : cual sea hoy su ostensión 
después se dirá: | por más de 150 leguas, empezando desde la 
estrechura del Pongo, parte en las riberas del Marañen y Pas- 
íasa, y parte entre lagunas y malezas impenetrables. La ciu- 
dad de San Francisco de Borja se fundó cerca (1) el año de 1619, 
después de varias entradas que hicieron á aquellas tierras los 
vecinos de Sant-iago y Nieva, á fin de sacar gente de servicio 
para sus haciendas y reprimir la insolencia y arrojo de nui- 

(1) Antes del año, alrededor del año. 



192 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

chos maynas, que con sus invasiones y salidas por el Pongo, 
se habian hecho formidables á las vecinas provincias, obli- 
gando sus moradores (sic) á vivir con sentinela y vigilancia 
continua (L). Finalmente, en una entrada que hizo por el 
Pongo en el año de 1616 cierto cabo y soldados en seguimiento 
de unos indios fugitivos, fue Dios servido se diesen por amigos 
los caciques más principales de los Maynas, con muestras de 
querer sujetarse al dominio español y admitir la fe de Jesu 
Chrislo. Con esta ocasión muchos caballeros de valor y celo 
acudieron luego al Señor Virrey del Perú, quo era á la sazón 
el Príncipe de Esquilacho don Francisco de Borja, para capi- 
tular la pacificación y conquista, no sólo de los Maynas, sino 
también de todas las naciones que se continúan por las riberas 
del Marañen hasta el mar del Norte. Pero Dios, quien quería 
que aquesta conquista fuese adelantándose poco á poco, más 
con la eficacia del celo y do una heroica paciencia, que con el 
estruendo de las armas, dispuso que el Señor Virrey escogiese 
entre todos á don Diego Vaca de Vega, natural de la ciudad 
de Loja en el Perú, caballero en quien, entre otras muchas 
prendas, la que mas sobresalía era la piedad y celo de la exten- 
sión de nuestra Santa Fe. Diósele aquella conquista por dos 
edades juntamente con el título de Gobernador y Capitán Ge- 
neral, quo empezó á ejercitar desde luego, entrando á las nue- 
vas provincias con más de sesenta españoles y prevención nece- 
saria para la fundación de una ciudad que fuese cabeza de 
aquel gobierno y sirviere de real, no tanto á los soldados, 
cuanto á los misioneros, de quienes desde entonces discurría 

servirse para aquella conquista. Desde su primera entrada en- 

• 

contró mucha parte de los Maynas ya poblados en la ribera 
del Marañon, por obra de un indio de Nieva llamado don 
Antonio, quien tuvo mucha cabida enlrellos, por estar casado 
con la hija de un cacique principal. Persadióles este á que, sa- 
liendo de sus retiros, aguardasen junto al rio la venida de los 
espí<ñol(»s y gobernador, para darles la paz y obediencia, como 



{Vi Kl anónimo no conocía ó prcprindió do los íntcrosnntoft buccsos que prect- 
dieron ú la fuuilución de Borja y Nieva é irrupción de los maynas. 



NOTICIAS AUTÉNTICAS DEL FAMOSO RIO MARAÑÓN. 103 

de hecho lo hicieron. Con esto facilitóse mucho la fundación 
de la nueva ciudad, á quien el gobernador dio el nombre de 
San Francisco de Borja por respeto del Señor Virrey, nieto del 
santo, quien le habia hecho la merced de aquel gobierno. En 
la primera numeración y repartimiento de la gente que se hizo 
el mismo año de 1619 en que se fundó (1) dicha ciudad, habiendo 
sacado de paz á todos los indios, se contaron hasta setecientos 
tributarios; el cual numero fué después disminuyéndose con 
varios accidentes de pestes y peleas que no dejaban de tener 
á menudo entre sí, y sobre todo, de un alzamiento general que 
hubo el año de 1635, en que los indios, llevados de su natural 
inconstancia y aborrecimiento á toda sujeción, de común con- 
sentimiento mataron hasta 34 personas y entre estas las 29 
de cuenta, encomenderos y oficiales de guerra, que cogieron 
una noche descuidados y gran parte dormidos en sus reparti- 
mientos 7 estancias. De allí fueron encaminándose á la ciudad, 
con ánimo de consumir á todos sus moradores y retirarse otra 
vez á los bosques. Pero fueron rechazados con valor de los 
pocos españoles que allí hubo y no pasaban de doce á trece, no 
contando cuatro viejos impedidos. Hiciéronse éstos fuertes en 
la iglesia juntamente con las mujeres, que con valor varonil 
iban animando [á] sus maridos á la defensa, acudiéndoles con 
la pólvora, cuerda y otros menesteres; y así, divididos en tres 
partes por donde les embestían los indios con mucha flechería 
y algazara, mataron parte dellos á balazos y á los demás los 
ahuyentaron, sin que nadie de los españoles quedase lastima- 
do. Con esto quedó la victoria de parte déstos; pero como se 
veian sin gente para sus menesteres, y era muy dificultoso el 
apaciguar y sacar otra vez de sus escondrijos tanto rebelde, tra- 
taron desamparar (sic) la ciudad y retirarse á otras provincias. 
Así lo hubieran hecho sin duda, si avisado del caso Don Pedro 
Vaca, caballero de mucho valor y piedad, que habia ya sucedi- 
do en el gobierno á su padre don Diego, pero se hallaba á la 
sazón ausente, no hubiese acudido con tiempo, despachando 
nuevas tropas de soldados con el maestre de campo Miguel de 

(1) Antes dijo que eerea de 1619; ahora creo que está en lo cierto. 

13 



194 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

Funes y otros cabosj que se encargaron del castigo y reducción 
de los Maynas. Con esto fue poco á poco recogiéndose otra vez 
gran parle dellos; para cuya conservación, viendo don Pedro 
no habia medio mejor como el establecer en los pueblos la en- 
señanza y costumbres cristianas, conforme habia discurrido 
también su padre , pero por varios estorbos no habia podido 
executarlo, pidió con empeño á los superiores de la Compaüia 
se encargasen de aquella nueva cristiandad, enviando misio- 
neros de mucho celo y virtud, á quienes.se ofreció también 
pronto á acompañarlos y ayudarlos en cuantas conquistas qui* 
siese comprender su celo por aquellos rios y bosques poblados 
de mucho gentilismo. 

Nada tanto deseaban nuestros obreros como que se abriese 
la puerta á la conversión de aquel Nuevo Mundo de almas, 
de que tenían bastantes noticias desde que el P. Ferrer y los 
misioneros hablan comunicado con algunas naciones que se 
extienden hacia el Ñapo; y así, no bien llegaron á saber que los 
Superiores querían condescender con la petición del nuevo go- 
bernador, cuando muchos sujetos de los más graves de la Pro- 
vincia, con santa emulación se ofrecieron prontos para aquella 
empresa. El P. Vice-provincial Francisco de Fuentes, que go- 
bernaba la provincia por ausencias del P. Visitador Rodrigo . 
de Figueroa, señaló por fin á los PP. Gaspar de Guxia, sardo 
de Callari, que á la sazón asistía en la misión de Guanacas de 
la jurisdicion de Popayan, y Lucas de la Cueva, natural de 
Cazorla en España, que exercia en Quito el oñcio de obrero 
muy celoso. Estos dos varones apostólicos, que eran de los 
más ilustres de la Provincia, como lo dirán sus hechos, sa- 
lieron de Quito en compañía del Gobernador, el día ^1 de 
octubre de 1637, y por el camino de Jaén y canal del Pongo, 
llegaron á Borja el día 6 de febrero del año siguiente , ha- 
biendo empleado en el camino, que es do casi 300 leguas, 
cuatro meses, exercitando su celo por las ciudades y lugares 
por donde pasaron, hasta granjearse para sí y para lodos los 
de la Compañía por aquellas partes, el renombre de Padres 
Santos. 

Llegados á Borja, hallaron que la ciudad y real del rio 



NOTICIAS AUTÉNTICAS DEL FAMOSO RÍO MARAÑÜN. 195 

Pastasa, en donde andaba Ja armadilla en seguimiento de los 
Maynas alzados, contaban poco más de cuarentas personas, 
que eran los que merecian el nombre de soldados y ciudada- 
nos de Borja, á más de las mugeres. Los indios tributarios 
eran cerca de 200, que con mugeres y niños y algunos adveni- 
dizos bacian como mil almas, fu£radelos fugitivos, queharian 
otras quingentas (sic). Las costumbres de unos y otros eran 
como de gente que habia carecido largo tiempo de predica- 
dores y ministros evangélicos, pues el último cura clérigo, 
que babia sido don Sebastian de Almcndaris, desde los prin- 
cipios del alzamiento se habia retirado, desamparando su grey 
para asegurar su vida. El vicio de la torpeza andaba muy 
suelto y sin recato, especialmente entre españoles. Los aman- 
cebamientos eran muy frecuentes. Practicábanse comunmente 
algunas injusticias graves con los indios, parte de ignorancia 
y parte de malicia, como era el servirse dellos como de es- 
clavos, echándoles cargas pesadas en descuento de los tribu- 
ios, quitarles sus mugeres, principalmente si eran gentiles 
y pertenecian á otros repartimientos, diciendo no habia entre 
ellos vínculo de matrimonio. Sacaban también con violencia 
de provincias infieles mucha gente, que repartian á su arbi- 
trio, y estas eran las que llamaban piezas. De aquí se ocasio- 
naba un destrozo lastimoso entre aquellos miserables, parte 
por el mal trato, hambres y penalidades que pasaban, y parte 
perla mudanza del temple; de modo, que al cabo de algunos 
dias, apenas se quedaba con vida la décima parte déllos. Estos 
eran los abusos y costumbres de los que se llamaban españo- 
les. Nada mejores eran las de los indios, por la suma ignoran- 
cia que tenian de nuestra Religión Christiana, pues no obs- 
tante que desde su primera pacificación habian tenido cuatro ó 
cinco curas clérigos que los administraron los Sacramentos, 
ni rastro tenian de enseñanza y costumbres cristianas, escepto 
los de uno ó otro repartimiento que doctrinó con cuidado para 
el Baptismo uu fervoroso dotrinero llamado Alonso Peralta. 
Lo más lastimoso era que no constaba del valor del baptismo 
de todos los demás, antes habia motivo bastante para juzgar 
lo contrario. A unos se averiguó que sus amos les hablan 



196 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

puesto nombre de cristianos sin bautizarlos. Los que lo es- 
taban, había sido sin darles primero á entender lo que era 
bautismo ni decirles cosa tocante al Catecismo, habiendo sido 
el catequizante un soldado, quien, por encargo del Cura, con 
la ayuda de un mal intérprete, según el mismo después con- 
fesaba, no hacia más que ip;|le rancheria en ranchería pre- 
guntando en la lengua si querían agua, y respondiendo que sí, 
les echaba el sacerdote el agua del bautismo; lo cual parece no 
era suficiente por (sic) el valor del Sacramento, principal- 
mente por no tener lo más de la gente conocimiento alguno de 
lo que se estila entre cristianos. También los soldados habían 
baptizado á muchos adultos sin más prevención que echarles 
el agua, y á todos estos los habían tenido y tenían por cris- 
tianos. 

En este estado lastimoso hallaron los Padres aquella pro- 
vincia cuando entraron en ella á dar principio á su misión, 
por lo cual será fácil el colegir lo mucho que les costaría su 
reforma^ aun más que la conversión de los infieles. 

Llegados, como diximos, á la ciudad el P. Lucas de la 
Cueva, luego se encaminó para el real de Pastasa, donde 
estaban los más de los soldados ocupados en rastrear á los 
Maynas fugitivos. Allí dispuso se publicase su perdón general 
para todos menos las cabezas de motín, con que se ganó la 
voluntad de aquellos miserables, que hasta entonces habían 
experimentado sólo el rigor de la justicia, y se facilitó mucho 
su reducción. Persuadió también á los soldados á que limpia- 
sen todos sus conciencias con la confesión, de lo cual se siguió 
no poca reforma entre ellos y celebraron con mucha piedad la 
Semana Santa. Después de lo cual, el Padre quiso entrar á las 
tierras do los Xéberos á amistar aquella nación infiel y dar 
principio á poblarla, como se dirá en su lugar. 

Mientras esto, el P. Gaspar Cuxia, que había quedado en 
Borja, dio también el principio (sic) á mejorar las costumbres 
de la gente que allí había. Entabló algunas fiestas y jubileos, 
según estila la Compañía, con sus pláticas y doctrinas, así. 
para españoles como para indios. Abrió escuela de niños para 
ensenar á los hijos de los españoles á leer y escribir junta- 



NOTICIAS AUTENTICAS DEL FAMOSO RIO MAR ANÓN. 197 

mente con la doctrina cristiana. Después, con el tiempo, iniro- 
dujo también estudios de latinidad, en que algunos más capa» 
ees aprovecharon hasta alcanzar el sacerdocio. 

Habiéndose ya concluido por entonces la correría de Pastasa 
y vuelto también de las tierras de los Xéberos el P. Cueva, do 
. común acuerdo pusiéronse varios límites y reglas en orden á 
las conquistas y servicio personal de los indios tributarios. 
Dispusiéronse dos como posadas ó seminarios junto á la casa 
de Iqs Padres, en donde se fuesen criando los niños y niñas 
huérfanas, en especial los que se traian de tierras de infieles, 
á que aprendiesen la lengua general y costumbres cristianas y 
sirviesen después de guias é intérpretes para reducir á sus 
parientes. Sobre todo empezaron los Padres á catequizar con 
grande cuidado á los indios, á Qn de revalidar los baptísmos 
que, como diximos arriba, eran muy sospechosos y probable- 
mente nulos. 

Estando ocupados en eso con particular gozo de su corazón, 

cataquí recibe el P. Lucas carta de los Superiores en que se le 

' mandaba, que dejando aquella misión, se saliese luego para 

Quito, de donde pasaria á otra que con más fruto se esperaba 

entablar en los Barbacoas hacia el mar del Sur, donde, como 

diximos en otra parte, trabajó gloriosamente por algún tiempo 

el P. Francisco Rugi. El caso fué, que por unos informes poco 

verídicos que se hablan tenido de no sé quien, que los gentiles 

del Marañen no eran tan numerosos como se decia y el fruto 

que se esperaba no correspondería al trabajo, los Superiores 

estaban con ánimo de desamparar aquella misión y epiplear 

los sujetos en otras partes. No es decible el desconsuelo que 

tuvieron ambos Padres con esta noticia. Fué luego volando 

para Quito el P. Lucas, en donde habiendo representado á los 

Superiores la mucha mies de crecido gentilismo que tenia ya 

entre manos en solos los Xéberos, de que se dirá adelante, y el 

fruto considerable que se iba también consiguiendo con los 

Maynas, alcanzó mudasen por fin do parecer, y el Provincial, 

que era á la sazón el P. Gaspar Sobrino, le concedió volviese 

á proseguir con su misión, pero con orden de que luego que 

llegase á Borja, saliese á la provincia el P. Cuxia, para tratar 



198 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

cop.él algunos puntos tocantes imediatamente (sic] al cura- 
to (1); que de vuelta se le darían probablemente algunos com- 
pañeros que los ayudasen en sus conquistas. 

Con esto volvió el P. Lucas muy alegre á los May ñas, en 
donde halló al P. Guxia ocupado aun en doctrinar y rebaptizar 
á los indios. Los repartimientos ó encomiendas eran á la 
sazón 21, situados en parajes distintos, por lo cual no era 
factible el concluir dentro de poco tiempo con aquel exercicio, 
porque era preciso pasar de encomienda en encomienda á 
doctrinar la gente, y no poca paciencia y desvelo costaba el ' 
juntarla para el efecto, por estar á cada paso ocupada en el 
servicio de sus amos. El consuelo que en eso tenia el Padre era 
el ver que aquellos pobres indios, no obstante su mucha 
rudeza, oian con gusto lo que íes decía y lo repetían á los 
ausentes; de donde se originó, que en las ultimas encomiendas 
hubo menos trabajo, por lo que y?i sabían y habían aprendido 
de los primeros. Faltaban tres encomiendas de asegurarse en 
sus baptismos y matrimonios, cuando el P. Cuzia fue llamado 
para Quito, las cuales, por instar el tiempo de salida, dejó al - 
cuidado del P. Lucas, quien concluyó con aquel exercicio. 

Cuánto éste agradase á su Divina Magestad, parece quiso 
darlo á entender con lo que sucedió con una india con quien 
tenia el Demonio comunicación muy estrecha, sin dejarla 
sosegar en ninguna parte. El mismo día que la miserable se 
volvió á baptizar, parió un monstruo á manera de sapo sobre 
manera fiero y asqueroso, con muchas manos y pies, quedando 
con esto más muerta que viva. Apareciósele después el Demonio 
íncubo, pero de lejos, espantándola y rifiiéndola de que se 
había dejado echar el agua del Padre; pero con esto quedó la 
pobre libre de allí en adelante del infame cautiverio en que la 
había tenido oprimida aquella bestia infernal. 

Concluida la revalidación de los baptismos, siendo ya el año 
de 1642, envió Dios á toda la provincia una peste universal en 
que hubo harta cosecha para el Cielo. Para que esta no se 



(l) El ejercicio del curato de Borja fué la verdadera causa de la tentativa de 
abandono ó renuncia de loa Jcsuitas á la misión de Mainas. 




NOTICIAS AUTÉNTICAS DEL FAMOSO RÍO MARAÑON. 199 

mallograse, dispuso la Bondad Divina llegase con tiempo á la 
misión de vuelta de Quito el P. Gaspar Cuxia con otro com- 
pañero muy fervoroso, que fue el P. Francisco de Figueroa, 
de quien hemos de hablar muchas, vece» en adelante. En esa 
ocasión so trujo en propiedad el curato de Borja y tomó del 
posesión dicho P. Cuxia el día 13 de julio del mismo año. 
Algunos meses antes habia principiado la peste, pero aun no 
habia pasado de las primeras encomiendas más inmediatas á 
la ciudad, con muerte de solos algunos párvulos» El P. Lucas, 
que era el único obrero evangélico que hubiese en toda la 
montaña, estaba á la sazón postrado en la cama con un apos- 
tema que no le permitía dar paso. Así como llegaron los dos 
Padres Cuxia y Figueroa, sin descansar de tan largo y penoso 
camino, fueron luego corriendo por las encomiendas para 
administrar los sacramentos á muchos indios enfermos, que 
• parecía habían estado, aguardando la venida de los Padres, 
para no morir sin aquel último alivio. Fue creciendo la peste 
en toda la provincia con mucha furia, que duró los dos meses 
siguientes y se llevó mucha gente. Corrían los Padres sin 
parar por las encomiendas situadas dentro del espacio de ocho 
leguas de la ciudad, otras cerca del rio Grande y otras en sus 
brazos, visitándolas todas una vez por lo menos cada semana, 
atravesando el río de una parte á otra por malos pasos, con 
soles y aguajeros (sic), en pequeñas canoillas y por tierra á 
pié á las chozas retiradas de los indios, administrando i unos 
el sacramento de la Confesión, á otros el de la Extremaunción 
y á muchos también el Baptísmo. Con los que entendían la 
lengua general del Inga no había tanta dificultad en instruir- 
los; no faltó, sin embargo, uno destos, que al confesarse decía 
números exorbitantes, v. g., que habia muerto docientas ó 
trecientas personas. Decíale el Padre avisase el número pre- 
ciso, porque también con decir más de lo qi^e habia hecho, se 
hacia culpable la confesión. Pero el indio con su rudeza repli- 
caba, que para salir con bien de la enfermedad y desenojar á 
Dios, era menester confesar bien; pareciéndole que el bien 
confesar consistía en decir hartos pecados; y no hubo que 
sacarlo (sic) de ahí. 



20D BOLETÍN DE LA. SOCIEDAJ) GEOGRÁFICA. 

Con los bozales que ignoraban del todo la lengua del Inga, 
mayor era la dificultad, pues no obstante se les habia apuntado 
lo bastante en el catecismo, en la práctica mostraban de igno- 
rar del todo lo que era confesión y qué pecados eran los que 
habían de manifestar. Los más discurrían que las culpas de 
que se habían de acusar era el no haber acudido puntualmente 
á limpiar la chacra, traído harta cacería y otras cosas seme- 
jantes, que tocaban al servicio de sus amos. Seria sin duda 
porque deso solo les reñían. Los Padres les decían que no por 
eso se habían de condenar: las culpas que habían de avisar 
eran las embriagueces, los amancebamientos, matanzas y 
otros semejantes. Al oír esto, sin recelo, en voz alta avisaban 
cuanto habían hecho en toda su vida, sin poderles persuadir 
que eso se había de decir en secreto al confesor á que (sic) 
nadie oyese. En la administración y práctica de este sacra- 
mento habia otras muchas dificultades, de las cuales no era la. 
menor que los enfermos estaban las más veces juntos en el 
mismo lecho, ó muy cerca el uno del otro, llagados de pies á 
cabeza, con mucha hediondez, sin poder apartarlos, para que 
á solas y con intérprete se confesasen. Muchos también repu- 
ñaban del todo el hacerlo, sin más motivo que decir no que* 
rían aun morir. No menor era la repuñancia que mostraban 
de recibir la Extremaunción; en viendo al sacerdote que se 
llegaba á ellos con sobrepeliz (sic) y estola, se tapaban y 
escondían en un rincón del toldo, como quien vee un fantas- 
ma ó un hechicero que pretende hacerles algún daño. Procu- 
raban los Padres desengañarlos, diciéndoles no eran ellos 
hechiceros como sus parientes, que ese era un remedio insti- 
tuido de Christo para el alivio del alma y cuerpo; valíanse de 
los indios más capaces y ladinos que habían estado en tierras 
de cristianos á que los desengañasen. Por fin, sujetábanse los 
más y hacían lo que el Padre les decía. Con esto muchos sin 
duda alcanzarían la salvación, pues por particular providencia 
do Dios, en tanta tropelía (sic) de enfermos en provincia tan 
esparcida, con tan pocos sacerdotes, solas seis ó siete personas 
murieron sin sacramentos. 

Sucedieron también algunos casos memorables, como fué el 



NOTICIAS AUTÉNTICAS DEL FAMOSO RÍO MARAÑON. 201 

que pasó con una india de edad que vivia en una ranchería 
de las más distantes. Uu dia que acertó á llegar el Padre cerca 
de su choza, encontróse con ella que, llevada de interior im- 
pulso, venia en busca suya con un indio ladino que le sirviese 
de intérprete. Así cómo vio el Padre, con muestras de sen- 
timiento le dixo, que cómo ella sola habia de carecer del 
baptismo, cuando á todos los demás se lo iba ofreciendo, 
para hacerlos hijos de Dios? Admiróse el Padre de la pro- 
puesta, porque todos la tenían por cristiana, y no se sabe 
cómo, siendo muy antigua en la tierra, después de repetidas 
diligencias que se habiao hecho para averiguar los baptismos 
de cada cual, haya por ñn quedado sin baptismo. Catequizóla 
el Padre luego al punto y le echó el agua del baptismo con- 
forme ella lo pedia, y de allí á pocos días, yendo ella misma 
de por sí á la ciudad con deseo de recibir los demás sacra- 
mentos, herida del contagio en el camino, murió. 

No menos memorable es lo que sucedió con otra india gen- 
til. Enfermó ésta de muerte con la peste. Avisaron al Padre 
del riesgo en que se hallaba, añadiendo también que estaba 
sin sentidos, por haber bebido la Campana (1); fuese sin em- 
bargo á verla, y después de haberla gritado buen rato al oido, 
halló estaba hecha un tronco sin hablar ni oir. Cuidadoso el 
Padre, salió de la choza para encomendarla á Dios, pidiendo á 
unos españoles que iban en su compañia hiciesen lo mismo. 
De allí á poco rato, volviendo á dar otro tiento á la enferma, 
abrió esta de repente los ojos, oyó y respondió con mucho 
sosiego al catecismo; con que, hecha capaz de lo que en aquel 
aprieto habia de creer, recibió el baptismo y de allí á poco 
espiró. 



ADICIONES. 

Estos fueron los empleos y hechos más memorables de los 
primeros misioneros y curas de Borja y provincia de los May- 



(1) ó floripondio (Datura arboreaj. 



2rt2 BOLETÍN DE Lk SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

ñas. Semejantes á estos han sido y son en gran parte los de 
sus sucesores, á quienes también por algunos años los demás 
misioneros reconocieron por superiores y como rectores de 
toda la misión, por ser Borja el real de donde se salia á las 
conquistas y en donde se criaban las lenguas ó intérpretes de 
las naciones infieles que cogían en sus correrias los cabos y 
soldados de aquella ciudad; por lo cual siempre habia alguna 
nueva gente que catequizar é instruir; aunque el principal 
trabajo de los curas ha sido en todo tiempo con las Maynas, 
por tener éstos por costumbre el huirse, unas veces por el mal 
tratamiento de sus amos, y otras por gozar de libertad y vivir 
á su arbitrio. En busca de estos fugitivos suelen aun el dia de 
hoy, aunque no con tanta frecuencia como en tiempos pasados, 
salir sus amos y otros vecinos andando con mil penalidades 
por rios, quebradas, lagunas y espinales hasta encontrarlos y 
volverlos á sus casas y estancias. Muchas veces np encuentran 
,á nadie, otras hallan á otros huydos desde mucho tiempo, con 
quienes, en trayéndolos á la ciudad, es menester maña y pa- 
ciencia para sacar en limpio si han sido baptizados en algún 
tiempo y nuevamente instruirlos, pues todo lo olvidan en el 
retiro del monte y se vuelven más brutos que muchos infieles. 
A más de esto, lo que causó por largo tiempo no poca congoja 
á los Padres, fue el doctrinar los Santos Sacramentos á los de- 
mas indios, por vivir casi todos repartidos en estancias y tam- 
bos distantes entre sí lo bastante y tenerlos los españoles casi 
de continuo atareados en cosas de su servicio. Esta dificultad 
minoróla en parte por el año de 1668, siendo cura y rector de 
la misión, el P. Juan Lorenzo Lucero,* por haber juntado á la 
gente en tres reducciones, la primera de San Luis Gonzaga, 
con 70 indios de lanza; la segunda de San Ignacio de Loyola, 
con lio, y la tercera de Santa Teresa, con 91. Hubo después 
otras muchas mutaciones de sitios que han tenido estos mis- 
mos anejos por las corrienles del río y otros contratiempos. 
Por fin, cesó casi del todo dicha dificultad, por haberse dismi- 
nuido muchísimo la gente, de modo que hoy día todos los in- 
dios encomendados se han reducido á un pueblecito solo, casi 
inmediato á la ciudad, que se llama de San Ignacio, con 64 al- 




NOTICIAS AUTÉNTICAS DEL FAMOSO RÍO MARAÑÓN. 203 

mas, entre éstos 14 iodios de lanza y 24 personas reservadas 
entre viudas y huérfanos. 

En la ciudad hay al presente como 30 españoles, que llama- 
mos por acá Wiracochas, en todo 120 almas, con 12 indios que 
no son encomendados. Casi en frente de la ciudad, á la otra 
banda del rio, hay otro anejo de indios Andoas, que llaman 
del Alto y y tienen por patroua Nuestra Señora de las Nieves (1). 
Fueron también éstos un tiempo indios encomendados. Su 
última encomendera dejólos al morir como en herencia á los 
PP. curas, de quienes son hoy dia todo el alivio, proveyendo- . 
les del sustento necesario y acompañándolos á veces en los 
viajes. Son hoy dia 15 indios de lanza, almas por todo 56. 

« ' (Se continuará.) 



(1) Un pueblo de ese nombre y cerca de ese paraje fundó por los años de 1557 
ó 5^, Juan de Salinas Loyola, gobernador de Yaguarzongo y Pacamurus. 




201 



BOLETÍN DB LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 



MISGÍ 



COCHÍ 

Posición geográfica de las capitales de provincia y algunos cantones del departameni 
sin más curvatura que la natural de la esfera, en leguas de 4.444,44 meleros, ó » 

meridiano de la ciudad de Gochabamba, fijai 

AUttra de la ciudad de Cochabamha sobre el nivel del mar, 2,548 m.; altitud barométri 

del mar; altitud barométrica media, 549 mm.; temperatura n 

liatltnd S.->I«oiiglt«4 i 



LUGARES. 



Independencia 

Challa 

Tapacarí 

Arque 

Sipesipe 

Capinota , 

Quillacollo. . . 

Caraza 

Cochabamba, . . 

Sacaba , 

Tarata 

Cliza 

Golomi 

Siqtdmira. . . . , 

Punata , 

Arani 

Tiraque 

Vacas 

Pocoua 

Misque 

Tolosa 

Quiroga 

Aiquite 

Pojo 

Pasorapa 



LiTITDD. 



6' 



8 



68' 
33 
26 
42 
24 
37 
22 
30 
22 
21 
33 
30 
9 
2 
27 
31 
16 
26 
28 
48 
27 
21 
68 
20 

n 



46" 
16 

• 

11 
47 
8 
14 
10 
67 
16 
28 
46 
11 
46 
24 
46 
43 
26 
26 
47 
46 
46 
46 
61 
26 
66 



LONGITUD 01 ÁROO. 



69* 

69 

69 

68 

68 

68 

68 

68 

68 

68 

G8 

68 

68 

68 

68 

68 

68 

67 

67 

67 

67 

67 

67 

67 

66 



16' 
11 

6 
60 
48 
43 
42 
39 
37 
32 
27 
22 
18 
17 
14 
12 

6 

68 
61 
43 
33 
33 
30 
10 
57 



41" 

12 

63 

64 

24 

46 

64 

44 

16 

17 

38 

41 

48 

19 

42 

19 

26 

31 

13 

14 

47 

46 

42 

31 

16 




MISCELÁNEA. 



205 



LÁNEA. 



BAMBA. 

inferencia de horas respecto & la capital ; sus distancias & esta ciudad, en linea recta» 
í.316,96 varas , con más el rumbo ó ángulo de posición de los lugares, respecto al 
BU el centro de la plaza del 14 de Setiembre. 

viediQj 551 mm.; temperatura media, 19^,7 cent%gr,—De Arani, 2,639,40 m, sobre el nivel 
Ha, lS^j5 centigr, — En Arica, temperatura media, 23^,4 centigr. 



leí meridiano de Parts* 














- 


' LOHGITDD 01 TIEMPO. 


DIFEREHCIi DE HORAS. 


RDIBO. 


OBTAIICIA. 


1* 


37« 


7» 


11^ 


67» 


22S 


68» 


2' 


86" 


NO. 


18 V, 


4 


36 


46 


11 


67 


44 


71 


16 


6 


SÓ. 


H '/* 




36 


23 


11 


68 


6 


81 


60 


28 


SO. 


"V. 




36 


23 


11 


69 


6 


32 


24 


3 


SO. 


10'/, 




36 


14 


11 


69 


16 


80 


2 


43 


SO. 


4% 




84 


56 


11 


69 


34 


22 


29 


66 


SO. 


0V« 




34 


52 


11 


69 


37 


88 


66 


20 


NO. 


2V* 


1 . 
I 4 


34 


30 


11 


69 


60 


16 


16 


8 


SO. 


3 V* 


1 


34 


29 


12 

















> 







34 


9 


12 





20 


80 


24 


21 


NE. 


2 




33 


61 


12 





38 


38 


38 





SE. 


6'/. 




33 


31 


12 





68 


60 


20. 


33 


SE. 


6 V, 


á 
« 


33 


16 


12 


1 


14 


64 


38 


26 


NE. 


9 




33 


9 


12 


1 


20 


26 


19 


30 


SE. 


18 V, 


. 


32 


69 


12 


1 


30 


76 


39 


21 


SE. 


»'A 


4 


32 


49 


12 


1 


40 


68 


20 


16 


SE. 


10 V, 


A 


32 


26 


12 


2 


3 


78 


46 


19 


NE. 


12 V, 




31 


54 


12 


2 


36 


83 


34 


6 


SE. 


15'/. 


A 
^ 


31 


25 


12 


3 


4 


81 


33 


36 


SE. 


18'/. 




30 


63 


12 


3 


36 


62 


46 


62 


SE. 


24'/, 




30 


16 


12 


4 


14 


84 


49 


33 


SE. 


26 •/, 


• - 


30 


16 


12 


4 


14 


46 


26 


23 


SE. 


35 % 




30 


3 


12 


4 


26 


60 





55 


SE. 


30'/, 




28 


42 


12 


6 


47 


88 


43 


11 


NE. 


34 V« 




27 


49 


12 


6 


40 


62 


27 


17 


SE. 


44 V* 




1 












• 




1 




PARTE OFICIAL. 



Reales órdenes por virtud de las que se autoriza á los 
individuos de las Armas, Cuerpos é Institutos del Ejér- 
cito y la Armada que pertenezcan á la Sociedad Geo- 
gráfica de Madrid para usar la medalla de distinción 
oreada por Real orden de 11 de Noviembre de 1885. 



Excmo. Sr.: El Excmo. Sr. Ministro de la Guerra, en Real 
orden de 5 de Julio del año próximo pasado, me dice lo si- 
guiente: Excmo Sr.: En vista de una comunicación del pre- 
sidente de la Sociedad Geográfica de Madrid, fecha de 12 de 
Abril ultimo, interesando el que á los socios militares de la 
misma se les autorice para poder usar la medalla de distinción 
creada por el Ministerio.de Fomento por real orden de 11 de 
Noviembre de 1885 para los que reúnan las condiciones re- 
glamentarias, el Rey (q. D. g.), y en su nombre la Reina Re- 
gente del Reino, ha tenido á bien acceder á dicha propuesta, 
limitando su uso solo á las solemnidades científicas y aquellos 
actos á que puedan concurrir motivados por su especial carác- 
ter de tales socios. De Real orden lo digo á V. E. para su co- 
nocimiento y el del presidente de la referida Sociedad, esta- 
blecida en esta corte, calle del León, niim. 21. Lo traslado 
á V. E. con el referido objeto. Dios guarde á V. E. muchos 
años. Madrid, 11 de Enero de 1890. — Alejandro Rodríguez 
Arias. — Excmo. Sr. Presidente de la Sociedad Geográfica de 
Madrid. 




PARTE OFICIAL. 2J7 

Excmo. Sr.: El Sr. Ministro de Marina dice con esta fecha 
al Presidente del Centro Técnico lo que sigue; Excmo. Sr.: En 
vista de una comunicación del presideníle de la Sociedad Geo- 
gráfica de Madrid, fecha 14 del mes actual, interesando el que 
á los socios que pertenezcan á los diversos Cuerpos de la Ar- 
mada se les autorice para poder usar la medalla de distinción 
creada por el Ministerio de Fomento por Real orden de 11 de 
Noviembre de 1885 para los que reúnan las condiciones re- 
glamentarias, el Rey (q. D. g.), y en su nombre la Reina Re- 
gente del Reino, ha tenido á bien acceder á dicha propuesta, 
limitando su uso sólo á las solemnidades científicas y á aque- 
llos actos á que puedan concurrir motivados por su especial 
carácter de tales socios. De Real orden lo digo á V. E. para su 
conocimiento y el de esa Corporación. Y lo traslado á V. E. de 
la propia Real orden comunicada por el expresado señor mi- 
nistro para el suyo y demás efectos. Dios guarde á V. E. mu- 
chos años. Madrid, 18 de Enero de 1890. — El general director, 
Alejandro Arias Salgado. — Sr. Presidente de la Sociedad 
Geográfica de Madrid. 



EXTRACTO 



DB LAB 



ACTAS DE LAS SESIONES 



0RLKBRADA8 POR LA ^OOIBDAD T POR LA JUNTA DIRBOTIVA. 



JXTNTA DIRECTIVA. 

Sesión del 3 de Diciembre de 1889. 

Presidencia del Sr, Botella, 

Abierta la sesión á las nueve de la noche, con asistencia de los 
Sres. Aparici, Reyna, García Martín, Foronda, Andia, Gorostidi, Suá- 
rez, BoncUi, Sánchez y Massiá, Arrióla, Hallada, Amí, Espín y Ferreiro, 
se leyó y fué aprobada el acta de la anterior. 

Participó el Secretario general que el Sr. Presidente excusaba su 
asistencia por hallarse enfermo. 

Se dio cuenta del fallecimiento del socio Excmo. Sr. Marqués de 
Santa Cruz y de la baja del Sr. D. Luís Sorela. La Junta acordó que 
constara en acta su sentimiento por la pérdida del ilustre Marqués. 

Se leyó una comunicación del Sr. Fernández Cardín, participando 
que el estado de su salud no le permitía aceptar el cargo de revisor de 
cuentas. Acordó la Junta sustituirle con el socio que inmediatamente 
le siguiera cu el orden de lista. 

Se leyeron comunicaciones: 

Del Sr. D. Alejandro de Arrióla, agradeciendo el favorable juicio que 
su informe había merecido de la Junta. 

Del Sr. Ministro plenipotenciario de Portugal, remitiendo dos ejem- 
plares de una Memoria sobre la abolición de la esclavitttd en las colonias 
portuguesas. 

Del Sr. D. Miguel Merino, enviando un cuadro de posiciones geográ- 
ficas de varias localidades de Bolivia, formado por D. Benjamín Blanco, 
Secretario de la Legación de dicha República. La Junta acordó publi- 
car dicho cuadro en el Boletín. 

Y no habiendo más asuntos de que tratar, se levantó la sesión á las 
nueve y media. 




EXTRACTO DE LAS ACTAS. 209 



JUNTA DIRECTIVA. 

Sesión del 10 de Diciembre de 1889. 

Presidencia del Sr, Coello. 

Abierta la sesión á las nueve menos cuarto de la noche, con asis- 
tencia de los Sres. Abella, Foronda^ Codera, Andía, Suárez, Bonelli, 
Arce Mazón, Sánchez y Masiá, Arrióla, Amí, Garralda, Montes de Oca, 
Espín, Ferreiro y Motta, se leyó y fué aprobada el acta de la anterior. 

Se leyeron comunicaciones: 

Del Sr. D. Pedro Gonnaud, solicitando el ingreso en la Sociedad. 

Del Sr. D. Matías Alonso Criado, dando gracias por haber sido nom- 
brado corresponsal de la Sociedad y exponiendo algunas apreciaciones 
acerca del tráfico entro España y la Kepública del Plata. La Junta 
estimó que ofrecían gran interés los datos y observaciones del señor 
Alonso Criado, sobre todo en lo que se refería á la conveniencia de 
establecer nuevas líneas de navegación. Con este motivo recordó el 
Sr. Suárez las gestiones que había hecho la Unión Ibero-americana 
para conseguir que se ampliase el servicio marítimo entre España y la 
República Argentina. 

Se participó la baja del Sr. D. Carlos Ibáñez. 

En sustitución del Sr. Fernández Cardín fué nombrado revisor de 
cuentas el Sr. Fernández Duro. 

El Sr. Foronda participó que, cumpliendo el encargo que hubo de 
conferirle la Junta, había visitado al Sr. Abu Nadara y le invitó á que 
diera una conferencia en la Sociedad; el Sr. Nadara manifestó que, con 
gran sentimiento, no podía complacer á la Junta por tener que salir de 
Madrid en muy breve plazo; pero ofreció dar la conferencia cuando 
regresara al Egipto si, como era probable, pasaba por Madrid. Además 
entregó al Sr. Foronda, para que los presentara á la Sociedad, varios 
ejemplares del periódico que publica. 

El Sr. Presidente recordó la oportunidad de que se expusieran en 
reunión pública algunas ideas acerca de la medición de términos muni- 
cipales acordada por el Ministerio de Hacienda. 

Con este motivo se habló de la necesidad y conveniencia de formar 
el catastro parcelario que, en opinión del Sr. Coello, no solo facilitaría 
la repartición equitativa de los impuestos, sino que era indispensable 

• 14 



m BOLETÍN DE LA SOCIEDAD .GEOGRÁFICA. 

pai*a la constitución de la propiedad y para facilitar el desarrollo del 
crédito agrícola. 

También hicieron uso de la palabra los Srcs. Motta, Ferreiro, Suárez, 
Arrióla, Sánchez Masiá, Foronda y Espín, expresándose todos en el 
mismo sentido que el Sr. Coello, es decir, declarando que era indispen- 
sable formar el catastro parcelario en España. Solo el Sr. Suárez indicó 
que por el pronto bastaría acaso un catastro aproximado. A proi)uesta 
del Sr. Presidente se encargó de dar la conferencia el Sr. Sánchez 
Masiá. 

El Sr. Coello anunció que tenía que dar algimas noticias sobre el 
estado de la cuestión del Muni, pero que siendo bastante avimzada la 
hora lo haría en la próxima sesión. Y se levantó esta á las diez y media. 



JUNTA DIRECTIVA. 

Sesión del 17 de Diciembre de 1889. 

Presidencia del Sr. Coello, 

Abierta la sesión á las nueve menos cuarto de la noche, con asisten- 
cia de los Sres. Rodríguez Arroquia, Botella, Abella, Foronda, Andía, 
Gorostidi, Suárez, Bonelli, Arco Mazón, Laso de la Vega, Garralda, 
Ferreiro y Torres-Campos, se leyó y fué aprobada el acta de la anterior. 

Se leyeron, entre otras cartas y comunicaciones, una del Sr. D. José 
Valero, solicitando el apoyo y la mediación de la Sociedad para obte- 
ner un puesto ó cargo oficial en alguna de las estaciones civilizadoras 
del Estado libre del Congo. 

Kl Sr. Torres-Campos apoyó la petición del Sr. Valero, á quien cono- 
cía, y puso de relieve las favorables dotes y excelentes coudi(;iones 
que aquel reunía para desemiHíflar el cargo que solicitaba. Pertenecía 
el Sr. Valero al ejército, como comisario de guerra, había hecho la 
campaña de Cuba durantt» dos afíos y medio, liabituándose así al clima 
de los tn'>picos y mostrando siempre gran valor en los combates y en 
las difíciles empresas que se le encomendaron, circunstancias y méritos 
cjue le valieron recompensas extraordinarias; era además hombre de 
gran cultura, pues liabía hecho todos los estudios de la facultad de 
Filosofía y Letras hasta alcanzar el grado de Licenciado. En suma, 
creía el Sr. Torres-Campos que el Sr. Valero poilía prestar en África 
excelentes seavicios á la causa <le la civUizaci<>n y propuso que se le 



EXTfLVGTO DE LAS ACTAS. 211 

rücomendara á las Sociedades de Geografía de Amberes y Bruselas 
para que estas gestionaran su colocación en el puesto que deseaba. 
Los Sres. Coello, Foronda y Abella ofrecieron escribir en este sentido 
lí los Presidentes de dichas Sociedades y á personas de influencia en 
el Gobierno del Estado libre del Congo. El Sr. Rodríguez Arroquia 
recordó que una Compañía mercantil española, la Trasatlántica de Bar- 
celona, so propone establecer factorías y colonias en los territorios 
españoles del Golfo de Guinea, é indicó la conveniencia de utilizar en 
l>rovecho de aquella, y por consiguiente de los intereses de España, los 
servicios del Sr. Valero. Pareció á la Junta muy aceptable la idea del 
»Sr. Rodríguez Arroquia, y habiendo declarado el 8r. Torres- Campos que 
el 8r. Valero preferiría servir á Empresas españolas, preferencia que se 
deducía también del contenido de su carta, aconló la Junta solicitar 
para dicho señor un puesto en las factorías que la Compañía Trasatlán- 
tica 60 propone fundar. El Sr. Bonelli, encargado de la dirección de 
dicha Compañía para el desarrollo del comercio y navegación en las 
costas occidentales de África, ofreció apoyar la solicitud de la Sociedad 
y las pretensiones del Sr. Valero. 

El Sr. Coello presentó recortes de varios periódicos de los departa- 
montos franceses en los que se daba cuenta de la discusión que sostuvo 
en el Congreso de Ciencias geográficas de París con el Sr. Brazza, cali- 
ficando de impertinentes las alusiones de este á los supuestos derechos 
de Francia en la cuenca del Muni. Con este motivo recordó el Sr. Coe- 
llo el estado de la cuestión, poco favorable para los intereses de España, 
y añadió que, según le había comunicado el Sr. Ibarra, subgobernador 
de Elobey, los franceses estaban autorizados por nuestro Gobierno 
para establecer factorías y arbolar su bandera; además ios cañoneros 
de aquella nación surcaban de continuo las aguas del golfo de Coriseo 
y del río Muni, en tanto que no había barcos de guerra españoles que 
pudieran remontar las aguas de esto, pues no lo consentía el calado 
del buque que allí tenemos, hermoso crucero de segunda clase que nos 
cuesta más de 100.000 duros al año y que, sin embargo, por la razón 
indicada, puedo prestar muy pocos servicios. Creía, en consecuencia, 
que había llegado el momento de mover la opinión pública; por otra 
parte, los mismos proyectos do la Compañía Trasatlántica exigen 
pronta y favorable solución, pues de otra suerte, aquellos podrían 
encontrar obstáculos y dar origen á conflictos más graves que los que 
han ocurrido hasta el día. 

En el mismo sentido se expresaron los Sres. Suárez, Bonelli, Andía, 
Rodríguez Arroquia, Torres- Campos, Arce Mazón, Gorostidi y GaiTOlda, 



212 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

proponiendo diferentes medios para conseguir que nuestro Gobierno 
se decidiera á tomar resolución definitiva. 

El Sr. Bonelli anunció que en breve daría noticia detallada de los 
proyectos de la Compañía Trasatlántica, y aludió también á los buenos 
servicios que el Sr. Ibarra había prestado en el subgobiemo de Elobey, 
siendo uno de ellos el haber dado libertad á 300 y tantos esclavos que 
aún conservaban los indígenas de Elobey grande y Coriseo. El mismo 
Sr. Bonelli leyó una carta del Sr. Soler, de Barcelona, que proponía 
dar una conferencia acerca de los viajes de D. Sinibaldo de Más en 
Oriente. La Junta aceptó el ofrecimiento del Sr. Soler. 

La Junta, á propuesta del Sr. Botella declaró unánime sus simpatías 
en favor de la nación portuguesa en la cuestión que Inglaterra injusta 
y abusivamente promueve con motivo de los trabajos de colonización 
que está realizando el animoso viajero Sr. Serpa Pinto. 

El Sr. Garralda llamó la atención de la Junta hacia el abandono en 
que nuestros Gobiernos suelen tener á las fuerzas de Marina destaca- 
das en las colonias. 

£1 Sr. Coello añadió que, según sus noticias, los franceses insistían 
en llegar hasta la orilla izquierda del Muni, lo que de ningún modo 
debía consentirse. Participó también que había invitado al Sr. Ibarra 
para que diese una conferencia en la Sociedad. 

£1 Sr. Arroquia declaró que no debía transigirse con Francia, sino 
sostener íntegros nuestros derechos y no ceder ni un palmo de terreno. 

Y se levantó la sesión á las diez y media. 



JUNTA DIREOTIVA. 

Sesión del 7 de Enero de 1890. 

Presidencia del Sr. Coello, 

Abierta la sesión á las nueve de la noche^ con asistencia de los seño- 
res Abella, Foronda, Andía, Montes de Oca, Ferreiro y Motta, se leyó 
y fué aprobada el acta de la anterior. 

£1 Sr. Foronda presentó un pliego de la Colección legislativa del 
Ejército, en el que se insertaba la Real orden autorizando el uso de la 
Medalla de la Sociedad á los individuos del ejército que pertenecen á 
aquella. Acordó la Junta solicitar análoga autorización del Sr. Ministro 
de Marina en favor de los socios que pertenecen á los cuerpos é insti- 
tutos de la Armada. 




EXTRACTO DE LAS ACTAS. 213 

Se leyeron comunicaciones: 

De la Sociedad de Geografía de Lisboa, dando cuenta de la actitud 
que ha tomado con ocasión del conflicto que Inglaterra piomuove á 
Portugal sobre dominio en algunos territorios en la cuenca del Zam- 
beze, y remitiendo ejemplares de la exposición que con tal motivo 
dirige á su Gobierno; documento que fué leído integro por el Secretario 
general. Acordó la Junta comunicar á la Sociedad de Geografía de 
lisboa el acuerdo que tomó en la sesión de 17 de Diciembre último. 

De la Sociedad de Geografía de Brema, anunciando que en dicha 
ciudad va á celebrarse una exposición industrial de la Alemania del 
Norte, con sección comercial de carácter internacional, en la que han 
de exponerse mapas que demuestren el estado físico y económico de 
todos los países, por lo que solicitaba que se enviasen mapas físicos, 
políticos y económicos do España. Acordó la Junta remitir el mapa 
del Sr. Coello y algunos otros. 

Y se levantó la sesión á las nueve y media. 



JUNTA DIREOTIYÁ. 

Sesión del 14 de Enero de 1890. 

Presidencia del Sr, Coello. 

Abierta la sesión á las nueve de la noche, con asistencia de los 
Sres. llodríguez Arroquia, Botella, Abella, Foronda, Codera, Andía, 
Suárez, Bonelli, Montes do Oca, Espín, Ferreiro, Torres-Campos y 
Motta, se leyó y fué aprobada el acta de la anterior. 

Se participó la defunción de los socios D. Hilario Nava y D. Vicente 
de la Fuente. La Junta recordó los excelentes servicios que uno y otro 
habían prestado á la Sociedad como Vicepresidente y Vocal, respecti- 
vamente, de su Junta directiva, é hizo constar su dolor por tan sensi- 
bles pérdidas. 

Dióse lectura de la minuta de la carta que, según acuerdo anterior, 
se había dirigido á la Sociedad de Geografía de Lisboa. 

8e leyó también el traslado de la Real orden por virtud de la que se 
autoriza á los socios militares de la Sociedad para usar la medalla dis- 
tintivo de esta. Participó el Sr. Presidente que se había ya solicitado 
análoga autorización del Ministerio de Marina para los socios que per- 
tenecen á cuerpos é institutos de la Armada. 

Leyó el Sr. Coello un artículo del periódico francés Lff, Wographie^ 



214 BOLETÍN DE LA. SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

en el que se hacían impertinentes ó inexactas apreciaciones acerca de 
la legitimidad de 4os derechos de España sobre las cuencas de los ríos 
Munda, Muni y San Benito. Leyó además algunas notas que había 
redactado en contestación al mencionado artículo. 

Recordaron después algunos señores de la Junta que con posteriori- 
dad á la comunicación que se había dirigido á la Sociedad de Geogra- 
fía de Lisboa, se había tenido noticia en Madrid del ultimátum de 
Inglaterra (juo había provocado las justas protestas del pueblo i)ortu- 
gués, y añadieron que aóaso convendría que la Sociedad Geogiáfica do 
Madrid insistiera en sus declaraciones de adhesión á la de Lisboa. A^?i 
se acordó desde luego. 

Propuso además el Sr. Torres-Campos que la Junta de la Sociedad 
Geográfica de ^íadríd invitase á todas las Sociedades análogas del 
extranjero á adherirse al acuerdo que aquella había tomado, y ijue 
así se comunicara inmediatamente por telégrafo al Presidente de la 
Sociedad de Geografía de Lisboa. Hicieron uso de la palabra los seño- 
res Forreiro, Botella, Rodríguez Arroquia, Suárez, Foronda, Bonelli y 
Presidente, y por ñn se resolvió dirigir una circular en el senti<lo 
indicado á todas las Sociedades Geográficas y se expidió á la de Lisboa 
el siguiente telegrama: 

«Sociedad Geográfica Madrid acaba acordar adherirse protestas de 
Geográfica Lisboa contra conducta Inglaterra, invitando Sociedades 
Geográficas del uumdo tomen igual r9Solución en nombre ciencia geo- 
gráfica y derechos históricos.— Preaídew/e, Coello.» 

El Sr. Torres-Campos presentó sus excusas por no haber dado aún 
la conferencia que se le había encargado; lo había impedido el estado 
de su salud, y ofreció cumplir su compromiso lo antes posible. 

Por indicación del mismo Sr. Torres-Campos se acordó pedir al 
Ministerio de Ultramar algunas obras y textos legales que solicitaba el 
Secretario del Congreso Colonial do París. 

Y se levantó la sesión á las diez. 

JUNTA DIRECTIVA. 

Sesión del 21 de Enero de 1890. 

Freaidencia del Sr. Coello, 

Abierta la sesión á las nueve de la noche, con asistencia de lo» svíu)- 
res Botella, Reyna, Abella, Andía, Vázquez, Ferreiro y Motta, se leyó 
y fué aprobada el acta de la anterior. 



EXTRACTO DE LAS ACTAS. 215 

Se leyeron telegramas do la Sociedad de Geografía de Lisboa y de la 
Academia de Porto, agradeciendo la actitud que había tomado la 
Sociedad con motivo del conflicto anglo-portugués, y una comunicación 
del Sr. Marqués de Comillas aceptando el concurso del Sr. Valero para 
el día en que se realizasen los proyectos de la Compañía Trasatlántica 
en los territorios españoles del golfo de Guinea. 

Se leyó también la circular que la Sociedad dirige á todas las demás 
Geográficas invitándolas, en nombre de la ciencia y de los derechos 
históricos, á protestar contra el proceder de Inglaterra respecto á Por- 
tugal, con ocasión del conflicto suscitado en el África meridional. 

Y no habiendo más asuntos de que tratar, se levantó la sesión á las 
nueve y media. 



JUKTA DIRECTIVA. 

Sesión del 28 de Enero de 1890. 

Presidencia del Sr. Coello, 

Abierta la sesión á las nueve de la noche, con asistencia de lo8«eño- 
res Rodríguez Arroquia, Botella, Aparici, Abella, García Martín, Fo- 
ronda, Codera, Suárez, Sánchez y Massiá, Arrióla, Montes de Oca, 
Espín, Ferreiro, Torres-Campos y Motta, se leyó y fué aprobada el 
acta de la anterior. 

£1 Sr. Foronda excusó su asistencia en la sesión anterior por haberse 
hallado enfermo. 

Los Sres Aparici, García Martín y Arrióla se adhirieron á los acuer- 
dos de la Junta respecto al apoyo que la Sociedad hubo de prestar 
á las declaraciones de la Sociedad de Geografía de Lisboa con motivo 
de la conducta de Inglaterra en el conflicto promovido sobre dominio 
de territorios en las cuencas del Zambeze y Xiré, acuerdos tomados en 
sesiones á que aquellos no asistieron. 

Se leyeron comunicaciones: 

De la Sociedad de Geografía de Lisboa, agradeciendo la actitud que 
la Sociedad había tomado en la cuestión antes citada. 

Bel Sr. Ministro de Marina trasladando la Real orden por virtud de 
la que se autoriza á los individuos de los cuerpos é institutos de 
la Armada que pertenezcan á la Sociedad para usar la medalla de la 
misma. El Sr. Foronda hizo saber que el anterior Ministro de Marina, 
Sr. Rodríguez Arias, había puesto singular empeño en despachar 



216 BOLETfN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

pronta y favorablemente la solicitud de esta Corporación, por lo que 
acordó la Junta que se le dieran gracias muy expresivas. 

Del Sr. Lorenzana, de Melilla, que so proponía realizar exploraciones 
en la zona del Rif, ofreciendo enviar itinerarios. Acord<> la Junta 
pedirle de^de luego algunos de los itinerarios ofrecidos. Con esto mo- 
tivo participó el Sr. García Martín que en Alhucemas residía una per- 
sona bastante instruida y á quien él conocía, que proyectaba empren- 
der algún viaje por los vecinos territorios de Marruecos. La Junta rogó 
al Sr. García Martín que escribiera á dicha persona animándole á 
realizar sus propósitos. 

Los Sres. Sánchez y Massiá y Torres-Campos participaron que no 
habían podido dar las conferencias que ofrecieron por haber estado 
enfermos y prometieron cumplir su compromiso lo antes posible. 

£l Sr. García Martín indicó la conveniencia de que la recaudación se 
hiciera por meses y no por trimestres. 

Acto seguido se reanudó el debate acerca de los medios que conve- 
nía poner en juego para hallar pronta y satisfactoria 8oluci<ui al 
conflicto ocasionado por las pretensiones de Francia á nuestros territo- 
rios continentales del golfo de Guinea. Usaron de la palabra los seño- 
res. Presidente, Montes de Oca, Abella, Suárez, Rodríguez Arroquia, 
Sánchez Massiá y Botella, y se acordó continuar la discusión en las 
próximas sesiones. 

Y se levantó la sesión á las diez y media # 



Ija Junta Directiva ha acordado proponer á la General el nombra- 
miento de un Archivero perpetuo como cargo de aquella, en sustitu- 
ción del de Oficial de Secretaría y Biblioteca. 







^ 



boletín 



DE LA 



SOGiDAD GEOfiRÁFIGA DE MADRID 



SUMARIO. 

I. Del matí-Tial <lo líiiseííaiiza de la Giíugrafía y »le su rai*io- 

nal empleo, i)or el liennaiio Alexis Marie Gochct 217 

n. Klojrio del J^xeiiio. »Sr. D. Francisco de Horja Qiieipo ele 
Jilano y Gayuso, conde de Toreno, presidente que fué 
de la Sociedad < íeoírrálica. IMscursí.» leiMo en la sesi<'»n 
extraordinaria de 8 ele Abril de 1S90, por el St, IJ, Ju- 
lián Smircz Incl'in 2'M\ 

III. Elogio del FA'cniu. Sr. 1). Hilario Nava y Cávela, viceprií- 

sidenttí que fué de la S(^ci(»dad Geográñca de Madrid. 
Discurso leído en la sesión extraordinaria de 8 de Abril 
de 1800, por el limo. Sr, 1). (Cesáreo Fernández Duro,. . 200 

IV. Moni<»ri:i sobre 'el i)rogre!?o de los tra}.»ajos geográlicos, 

leí*la en la Junta «rencral dr 27 de Mayo dr 181)0, por el 
Secretario general J). Martin Ferreiro 201 

V. lUctamen d«» !<»« revisores de cuentas 207 

VI. El Dr. I), ^'icente de La Fuente como socio «le la (íeo^rá- 

lica de Madrid. Conferi*ncia leída en la misma el 8 de 
Abril de 1 890 por IK Manuel de Foronda 2lí8 

VII. Viaje de circumiaveíracicni de la yuniancin^ Confcrentiia» 

dadas en la Sociedad Geo^/rálica tic Madri«l los días 13 
y 20 de ^layo de 1800 por el Sr. Maniucs de Tíclnosa, 
capitán de fragata retirado 327 

VIII. Noticias auténticas del famoso rí«> Marañón, por D.Mar- 

cos Jiménez de la Espada 383 

IX. Extracto de las actas «le las »csií»nes ci*li«bradas por la 

Sociedad y por la Junta l)ireci¡va 45-'» 

X. índice del tomo xxviii 17 1 



TOMO XXVIII.— NÚMEROS 4.°, 5.' Y 0.' 
Abril, Mayo y Junio, 1890. 



La Sociedad no es responsable cío las opiniones emitidas por ios autores do los 

artículos inHertA)S en el BoletIn. 




MADRID 

IMPRENTA DE FORTANET 

OALLE DE LA LIUKUTAÜ, NÚM. 29 
1 8 O O 




JUNTA DIRECTIVA 



DI LA 



SOCIEDAD GEOGRÁFICA DE MADRID 



PRESIDENTE. 

Bicmo. Sr. D. Franciaco Coello y Queaada. 

VICEPRESIDENTES. 

Bzemo. Sr. D. Federico de Botella p. 

Ezcmo.Sr. D. José María Aparid Cd. 

Bxcmo. Sr. D. Tomás de- Rey na O. 

Ezcmo. Sr. D. Antonio Andia C. 

SECRETARIO GENERAL.. 

limo. Sr. D. Martín Ferreiro. 

SECRETARIOS AD J U NT08, 

Sr. D. Rafael Torres-Campos Ccontadob). 
Sr. D. Adolfo de Motta (tbbosbbo). 

ARCHIVERO PERPETUO. 

Sr. D. Ricardo Beltrán y Rózpide. 

VOCALES. 



Sr. D. Marceliano de Abella P. 

Sr. D. Luís Oarcia Martin P. 

Bxcmo. Sr. D. Manuel de Foronda Cd. 
Sr. D. Francisco Codera fEilUott' 

cario) C. 

Sr. D. Francisco Gorostidi P. 

limo. Sr. D. Sertfio Suarez P. 

Sr. D. Emilio Bonelli Cd. 

Sr. D. Ignacio de Arce Mazón. ... P. 

Sr. D. JuliAn Suarez Inclán C. 

limo. Sr. D. Ángel Lasso dt* la Vega C* 

Sr. D. Juan Sánchez y Massiá. .. G. 

Sr. D. Manuel María Arrióla P. 



Sr. D. Lucas Mallada P. 

Sr. D. Castor A mi P. 

Sr. Marqués de Reí nosa P. 

Sr. D. Miguel Espln O. 

Sr. D Antonio Vázquez y Lópeí 

Amor o. 

Sr. D. Alejandro Churruca P. 

Sr. D. Luis María de Tro Cd. 

Sr. Conde de Torata. C. 

Sr. D. Emilio Ruiz de Salazar. ... P. 

Ezcmo. Sr. D. Juan García López C« 

Sr. D. Eduardo González Velasco C. 

Sr. D. Francisco Quiroga P. 



Nota. Con las iniciales C, P., G. y Cd., se designan los individuos que pertene- 
cen respectivamente á las secciones de Correspondencia, Publicaciones, Gobierno 
.ntehur y Contabilidad. 



n 



BOLETÍN 



DE LA 



SOCIEDAD GEOGRÁFICA DE MADRID. 



DEL lATEBIAL DE ENSEÑANZA DE LA GEOGRAFÍA 

Y DE SU RACIONAL EMPLEO, 

' POR EL HERMANO 

^IjExiis isj£j^:rx:e} o-ooiacET, 

PROFESOR Bl US CSCUEUS HORHALES DE CIRHBOURT T PARÍS (1). 



Nos proponemos responder de un modo breve en este tra- 
bajo á la segunda parte de la pregunta nüm. 76 formulada en 
el Congreso (sección didáctica), referente al material geográfi- 
co que debe emplearse en la enseñanza primaria y en la secun- 
daria. 

Hoy, más que nunca, una enseñanza racional de la geogra- 
fía supone el empleo de material complicado, de numerosos 
objetos de intuición y de demostración^ con destino al maestro^ 
al alumno, ó á uno y otro juntamente. 

Basta, para convencerse de ello, haber viálo en las exposi- 
ciones universales y escolares, como también en las especiales 
anejas á los Congresos de geografía, el lugar importante con- 
cedido á aquel material y á la multitud de inventos destinados 
á desarrollar y dar variedad á esta enseñanza. Verdad es que, 
por su carácter decorativo, son las cartas murales las que es- 



(1) Del Botetin de la Institución libre de Enseñanza, 

15 



218 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

pecialmente cubren, tan agradable como útilmente, las paredes 
de las salas de exposición, de igual manera que ocurre en 
nuestras clases, por lo general. 

El material geográfico completo para una escuela bien mon- 
tada, debe comprender especialmente los siguientes objetos: 
Manuales ó libros para el maestro y páralos alumnos; cuader- 
nos para el trazado de mapas; atlas; mapas murales escritos; 
mapas murales mudos; un mapa apizarrado; algunas hojas de 
los mapas del Estado mayor; relieves locales^ uno sumergible, 
otro terminológico típico; un panorama geográfico; una rosa 
de los vientos; brújula, globos terrestre y celeste, y algún apa- 
rato cosmográfico. Esta lista se completa con otros muchos ob- 
jetos de intuición que forman el Museo geográfico ó escolar. 



I. 

METODOLOGÍA Ó LIBRO DEL MAESTRO. 

De tal maestro, tal enseñanza: porque nadie puede dar sino 
lo que posee propiamente; y antes de poseer hay que adquirir, 
sirviéndose para ello de un buen método. Para esto, el maestro 
novel debe recurrir á la experiencia ajena. No basta que haya 
aprendido en la Escuela normal los principios didácticos en 
que se basa la enseñanza racional de la geografía; necesita 
para ello un libro especial, nnaimetodologia teórica y práctica, 
que no solo desarrolle los principios anteriormente estableci- 
dos, sino que añada á ellos las noticias más útiles sobre el em- 
pleo del material geográfico, y le ofrezca también algunas lec- 
ciones modelos que ha de aprovechar sin seguirlas servil- 
mente. 

En segundo lugar, el maestro no debe ceñirse á la materia 
contenida en el texto del alumno. Debe saber añadir, á cada 
momento, algo más, sobre todo detalles interesantes, leídos ó 
contados, que conduzcan á los alumnos á desear conocer más 
aún, avanzando de clase en clase y cambiando de programa. 
Por esta razón es preciso que el maestro, además de su tratado 



DEL MATERIAL DE ENSEÑANZA DE LA GEOGRAFÍA. 219 

■áe metodología, posea algunas obras más extensas, que lasclá^ 
«icas usuales, á fin de sacar de ellas asuntos de lecturas ó de 
«arraciones. 

II. 

MANUAL Ó LIBRO DEL ALUMNO. 

La memoria es la facultad de retener, de consertar las no- 
ciones adquiridas; y los estudios de memoria suponen el em- 
pleo de manuales que son el sumario ó el resumen de los co^ 
nocimientos que el alumno debe aprender. Sin manual, el 
maestro puede muy bien explicar excelentes lecciones, pero á 
condición de exigir cada vez un compte-rendu ó sumario es- 
crito que la falta de tiempo ü otras razones no permiten exigid 
siempre. 

Por otra parte, el manual es, para el maestro, una guia me-r 
iódica y en rigor casi un sustituto; para el alumno, un indica* 
dor de las cosas que ha de buscar en el mapa , y del orden en 
que debe hacer estas investigaciones. Además, proporciona^ 
«obre todo en el orden político., gran número de nociones et- 
nográficas, administrativas y estadísticas, que no se encuen- 
tran en los mapas. 

Los manuales corrientes en las escuelas primarias se adap- 
tan, por lo común, á los tres cursos, elemental^ medio y supe^ 
rior, de los programas oficiales. Obedecen todos á un plan 
idéntico, salvo que el primero trata especialmente de la geo- 
grafía local. El desarrollo de la materia es concéntrico: como 
las curvas producidas en la superficie del agua van ensanchán- 
dose paralelamente, así las materias esenciales de la geografía^ 
que se repiten en cada curso, forman el punto central de cstos^ 
y alrededor de él se agrupan los pormenores cada vez rúásam- 
plios. De modo que, sea cual fuere la edad en que el uiño 
abandone la escuela, sale poseyendo — por lo menos solé han 
enseñado — nociones sobre toda la materia: geografía local; na? 
dopal y general, y no solamente sobre una d:e estasf partes.- ': 

De todo un poco: tal es el sentido de los programas que hoj- 
rigen. Aceptamos este sistema, ^ condición de gue no sQ^oaig^ 



1290 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

en el exceso, dando demasiado poco de las cosas esenciales y 
entreteniéndose en muchas cosas fútiles. 

A menudo, estos manuales están impresos en varias clases 
de tipos de imprenta, de modo que resalten las nociones cuyo 
estudio de memoria es más necesario , y se diferencien de las 
notas descriptivas ó complementarias, para las cuales basta, 
por lo común, una lectura atenta y razonada. En cuanto al 
orden metódico de asuntos y á la división del programa en las 
varias clases de una escuela primaria ó intermedia, es precisa 
conformarse al reglamento establecido por las autoridades 
competentes. 

Hace quince años que se ha introducido en Francia el siste- 
ma americano de atlas escolares, que ofrecen, en relación con 
los mapas, el texto que ha de estudiarse, y con frecuencia po- 
nen cuestiones que resolver y trabajos que redactar en clases 
ó en el domicilio del alumno. A este sistema, que reúne el do- 
ble carácter de un atlas y de un manual, le llamamos Geogra- 
fía- Atlas (Géographie-'AtlasJ.LaLSveníSíiaLS de esta combinación 
son más aparentes que reales: con ella se atiende — dicen— á 
que el alumno no estudie nada sin consultar el mapa; pera 
cuando el texto va separado es más fácil, y con frecuencia más 
cómoda su confrontación con el mapa ó mapas correspondien- 
tes, porque puede haber muchos para un solo texto. Por el 
contrario, á menudo resulta imposible encerrar matemática- 
mente en una página de Geografia^atlas lo necesario para el 
comentario del manual; para mayor dificultad, los diversos 
mapas están lejos do tener igual importancia desde el punto do 
vista del comentario. Por último, en cuanto al estudio formal 
y serio del texto, dudamos que se haga más cómodamente en 
una página en folio, mezclada con grabados y otros motivos 
de distracción, que en el texto compacto de un manual aparte 
y menos voluminoso. 

Sea lo que fuere, es digno de notarse que el sistema de geo- 
grafías-atlas haya tomado tan gran desarrollo como el que hoy 
tiene. Se le encuentran grandes ventajas, especialmente para 
los cursos inferiores, en razón, no solo de los mapas que acom- 
pañan al texto, sino de los grabados ó viñetas que interesan al 



DEL MATH:RIAL de enseñanza de la geografía. 221 

iliño y le ofrecen ocasión de adquirir nociones complementa- 
rias. Además, una serie graduada de preguntas preparan las 
'redacciones que ha de hacer el alumno, ya en su casa, ya en 
ia escuela. 

III. 

CUADERNOS DE EJERCICIOS CARTOGRÁFICOS. 

Debemos persuadirnos de que la mejor lección de geografía 
será la que se funde, á la vez en la observación de la natura^ 
ieza, cuando sea posible, en el uso de los mapas, que son la 
imagen de la realidad, y en los trazados geográficos que el 
mismo alumno ha de hacer. 

Estos ejercicios cartográficos deberán hacerse tomando por 
modelo, no los mapas de atlas, por lo común excesivos en de- 
talles, sino croquis simplificados que se venden en cuadernos 
-ad hoc 6 en hojas separadas. No basta, tampoco, que el alum- 
no copie ó dibujo teniendo el modelo á la vista. Para asegurarse 
de que recuerda bien la posición respectiva de los sitios y la 
configuración de los países, es necesario que llegue á reprodu- 
cirla solo de memoria ó imaginativamente. Un croquis hecho 
de esta manera, por recuerdo, no alcanzará, sin duda, la debida 
exactitud ó la perfección que tiene un dibujo trazado frente al 
modelo y con ayuda de instrumentos; pero será más provecho- 
so, tanto más cuanto que podrá repetirse con mayor frecuen- 
cia. Aconsejamos, pues, enérgicamente, el trazado de mapas, 
y con mayor razón porque en él encontrará el maestro un me- 
-dio excelente de aligerar su carga, haciendo que el alumno tra- 
baje por sí mismo. 

Por regla general, cada mapa debe ser, sucesivamente: 
1.**, completado por el alumno, de acuerdo con las indicacio- 
nes del manual; 2.'', copiado á la vista; 3.^, reproducido de 
memoria. El darle colorido previo, es facultativo. El estudio 
literal del texto correspondiente en el libro, no acaba hasta 
haber realizado estos ejercicios. 

Para llegar á dibujar fácil y rápidamente ante el modelo (6 
4e memoria) un mapa cualquiera, hay dos procedimientos: 



2» BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

1.° Usar un modelo muy sencillo, dejando aparte toda su- 
perfluidad de detalles de contorno ó de otro género; porque la 
bondad de un croquis, que no ha de ser precisamente un di- 
bujo perfecto, debe juzgarse en vista de las grandes líneas, de- 
las formas generales. 

2.* Emplear como cuadro destinado á producir las propor- 
ciones relativas de las grandes líneas, una figura geométrica 
regular (cuadrado ó rectángulo), siempre la misma, dibujada 
sobre el modelo y sobre el papel en que se hace la reproduc- 
ción. Se deben proscribir las formas poligonales irregulares, 
cuya construcción exige mayor Cuidado que el mismo dibujo^ 
del mapa. 

IV. 

DE LOS ATLAS. 

Los mapas son la figura de los países estudiados; hablan á^ 
la imaginación y al entendimiento; sin ellos es imposible ha- 
cer racionalmente ningún estudio geográfico. En la enseñanza 
de esta especialidad se puede prescindir, en rigor, de cual- 
quier otro medio; pero nunca de los mapas, ya murales, ya 
manuales. La utilidad de los atlas ó colecciones de mapas geo- 
gráficos manuales, se deduce de la necesidad general del uso- 
de mapas. Para colocarlos al alcance de todas las fortunas , y 
á la vez en relación con los programas de las clases, existe 
hoy una serie de muchos atlas graduados de sucesivo des- 
arrollo, pero todos relativamente completos; es decir, que 
comprende á la vez los mapas generales de las cinco partes del 
mundo y los mapas especiales de Francia. Es posible, pues, 
sustituirlos entre sí, en virtud de las relaciones que tienen 
unos con otros, y con los manuales. 

Los atlas de pequeñas dimensiones, como las geografías- 
atlas, dan á la vez el texto y los mapas, y van dirigidos á los 
principiantes ó á los alumnos del curso preparatorio. Los 
grandes corresponden especialmente á la enseñanza primaria 
superior ó á la intermedia. Cada país está en ellos tratado- 



DEL MATERIAL DE ENSEÑANZA DE LA GEOGRAFÍA. 223 

según su importancia, en relación con el punto de vista de la 
enseñanza en Francia. 

Los atlas superiores se completan mediante numerosos ma^ 
pas históricos, puestos en correspondencia con los cursos de 
historia nacional y universal. 

En la enseñanza primaria, los mapas de atlas deben ser so- 
brios de detalle, muy legibles, y dibujados con rasgos muy 
señalados. 

Sin embargo, es preciso acostumbrar á los alumnos á leer 
los mapas más complicados, como son los nacionales llamados 
del Estado-Mayor, según diremos más adelante. 



V. 

MAPAS MURALES ESCRITOS. 

Se llaman mapas escritos 6 parlantes los que dan los nom- 
bres de los países, de las poblaciones y otros datos que los dis- 
tinguen de los mapas llamados mudos, los cuales omiten esas 
indicaciones literales y se contentan con el trazado. 

El uso de mapas murales para la 'demostración en público 
es siempre útil, sean como fueren los alumnos; pero se hace 
obligatorio en la enseñanza primaria, donde el maestro se di- 
rige generalmente á mayor número de niños que á menudo 
carecen de atlas. 

En un mapa mural, la atención debe ir dirigida más bien 
hacia las cosas, 6 sea al trazado geográfico^ que hacia las pa- 
lahras ó nombres escritos. Esto es más exacto aún tratándose 
de alumnos ya instruidos, que, en rigor, podrían y aun debe- 
rían contentarse con los mapas mudos. Guando menos, con- 
vendrá que los nombres no sean demasiado visibles, para que 
no oscurezcan lo esencial, que es el trazado; pero muchos 
maestros prefieren, por razones que varían en cada uno, todo 
lo contrario, y que, cuando menos para las clases interme- 
dias, las letras sean muy visibles. No admitimos esta exigen- 
cia, sino á condición do que ha de usarse, como correctivo, 
un mapa mudo del mismo territorio. 



224 BOLETÍN DE hk SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

La dimensión de los mapas mudos debe ser suficientemente 
grande, y el dibujo de las costas, montañas y ríos, fuerte- 
mente acentuado. El colorido debe ayudar, ya á la expresión 
del relieve, ya á la división de los Estados, pero sin confun- 
dir las líneas. 

El relieve del suelo se figura mediante el sombreado ordi- 
nario con disfumino, ó por medio de las curvas de nivel: estas 
dan lugar á los mapas hipsométricos, que son de gran interés. 
Es preciso que, á lo menos, en los mapas nacionales, se pre- 
sente á los alumnos varios tipos en dibujo y color, hechos 
desde diversos puntos de vista: hidrográfico, hipsométrico, 
administrativo, etc. 

En una escuela primaria, los tres mapas esenciales son el 
de la patria, el de Europa y el mapa-mundi 6 planisferio. 
Los mapas locales son también indispensables: planos de la 
escuela y del municipio, mapas del cantón, del distrito y del 
departamento. Como los primeros no existen en el comercio, 
indicaremos luego la manera de que el maestro pueda cons- 
truirlos. Pero hablemos antes del porta-mapas. Es un mueble 
especial, como una caja con cornisa y que permite envolver y 
desenvolver á voluntad los grandes mapas murales, para con- 
servarlos mejor al abrigo del polvo y de la luz demasiado 
viva. 

Algunos maestros, estimando que los mapas constituyen el 
mejor adorno de una clase, prefieren que estén constante- 
mente extendidos á la vista de los alumnos, quienes de este 
modo cada día pueden aprender algo. Pero así se destruyen 
más pronto, y tal vez los alumnos llegan á prestar menor 
atención á una cosa que ven á diario, por lo que es bueno re- 
tirar los mapas á menudo. 



VL 

MAPAS LOCALES. 

. La geografía local es el natural punto de partida de esta 
enseñanza, puesto que los alumnos ven por sí mismos la ma- 



DEL MATERIAL DE ENSEÑANZA DE LA GEOGRAFÍA. 225 

teria que forma su objeto: territorio, montañas ó colinas, ríos, 
productos naturales ó industriales. 

Bajo el nombre de topografía, se ha llegado á tomar el prin- 
cipio de la geografía local de un modo exagerado, al querer 
pedir á los niños lo que los alumnos más avanzados apenas 
pueden saber. Hay que prevenirse contra esta exageración. 
Para enseñar bien la geografía local, debe el maestro, con la 
ayuda de sus mejores discípulos, construir en grande diver- 
sos planos y mapas, como son: 

1.° Plano de la clase en que figuren los pupitres, bancos, 
plataforma, estufa, armario y cruz de orientación, según la 
escala de 0,10 por metro. 

2.** Plano de la escuela con sus dependencias: patio, prado 
ó campo, jardín, habitación del maestro, etc. Escala de 100 ó 
de 200, sea, i ó 0,05 cm. por metro. 

3.° Plano de la manzanay 6 de la porción del pueblo cons- 
truida en los alrededores de la escuela, figurando las manza- 
nas de casas y las calles cercanas que conducen á la iglesia, á 
la estación del ferrocarril... Si el grupo de edificios es consi- 
derable, como en una ciudad, convendrá tener dos planos: 
uno de los alrededores inmediatos de la escuela, en escala de 
500, V. gr. ; otro del grupo total, en escala más pequeña. 

4 .** Mapa del municipio, comprensivo de todas las porciones 
construidas y del territorio (campo, praderas, bosques, etc.), 
que depende de 61, en escala de 4.000 á 10.000, según la ex- 
tensión relativa. 

Esta colección cartográfica especial de la localidad, formará 
en cada escuela una parte de las más interesantes del mobi- 
liario y del museo clásicos, y su lugar preferente estará en la 
división inferior. — Se completará mediante los mapas del can- 
tón, del distrito y del departamento, según hemos dicho antes. 

El maestro preparará, pues, cuidadosamente y de antema- 
no, como lo hace para el municipio, las redacciones necesa- 
rias para las lecciones, según los planes dados. Construirá 
también el mapa del cantón en escala de 30.000 ó 40.000, y el 
del distrito en la de 80.000 ó 100.000, utilizando documentos 
militares. 



226 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

En cuanto al mapa del departamento, podrá, y aun deberá 
preferir la adquisición de uno de los publicados que se en- 
cuentran en las librerías. 



VII. 

MAPAS MUDOS. 

Si los mapas murales escritos son útiles al maestro para la 
exposición y demostración de las lecciones, los mapas mudos ó 
semi-mudos son aún más útiles, más necesarios, para compro- 
bar el estudio de los alumnos por la recitación diaria, los exá- 
menes periódicos y los concursos. 

El alumao ha estudiado, por ejemplo, los ríos ó las capita- 
les de distrito (arrondiñsemeni) de Francia; la explicación so- 
bre el mapa mural escrito sería muy fácil y ociosa, pueslo 
que aquel encontraría todos los nombres que habría de decir; 
mientras que, por el contrario, sobre el mapa mudo no ve más^ 
que el trazado de los ríos y las posiciones de los pueblos, á 
los cuales debe aplicar sus nombres correspondientes. 

Si lo realiza convenientemente, probará que conoce bien la 
geografía en su parte esencial, que es el mapa mismo, y que 
no ha hecho solo un estudio literal mecánico, cosa que siem- 
pre hay que temer. 

Con este fin ofrecemos nuestros mapas mudos, que se ca- 
racterizan por la sencillez de las líneas, y que no dan más que 
las cosas que exige el texto de los manuales, conduciendo al 
trazado cartográfico por medio de cuadrados reglamentarios. 
Están en relación, no solo con los manuales, sino también con 
los cuadernos cartográQcos, los atlas y los grandes mapas mu- 
rales escritos. 

Una serie completa de cartas mudas de gran tamaño, de 
1,20 m. por 0,90 m. do dimensión, debería comprender para 
ser totalmente útil: 

1.% 2.® y 3.** Tres mapas de Francia (hipsométrico, hidro- 
gráfico y político). Estos son los más indispensables. 

4.* y 5.* Europa en dos ediciones: una hipsométrica para 



DEL MATERIAL DE ENSEÑANZA DE LA GEOGRAFÍA. «7 

él curso superior, y otra política menos completa para el cursa 
intermedio. 

6." Mapa-mundij con la Oceania, 

7.0, 8.*, 9."* y 10. ilsia, África^ América del Norte y Amé* 
rica del Sur (con Australia), 

11. Palestina. 

La serie completa de estos n^apas mudos es de la mayor 
utilidad en todos los establecimientos de segunda enseñanza 
para el objeto de los exámenes periódicos. Dispuestos conve- 
nientemente en la sala, se hace viajar sobre ellos brevemente 
á los alumnos, unos tras otros, sin dispensarles por esto de 
quQ dibujen el croquis; ya sobre la pizarra ordinaria, ya 80-¿ 
bre el mapa apizarrado de que hablaremos en seguida. 



VIII. 

MAPA APIZARRADO. 

Indícase con este nombro una tela apizarrada* que lleva se- 
ñalado el contorno, ya del mapa de Francia, ya el do Europa, 
y á veces de ambos uno por cada lado. 

El objeto de este mueble es: 1.*, reemplazar á la pizarra que 
debe servir más comunmente para los ejercicios de cálculos, 
ortografía, etc.; 2.*, facilitar al maestro el trazado geográfico^ 
3.% hacer que se vayan ejercitando los alumnos sucesivamen- 
te; 4.**, conservar al fin de la lección un trabajo no concluídOy 
para continuarlo cómodamente en las lecciones siguientes» 

Si el maestro posee un mapa apizarrado, cuando llegue la 
hora de la lección de geografía lo colocará sobre la pizarra , y 
con tiza dibujará sobre el trazado impreso, y á compás de sus 
explicaciones, los detalles sobre los cuales quiera despertar la 
atención. Su iniciativa no se halla, por esto, enteramente 
anulada, ya que el mapa-apizarrado representa solo los con- 
tornos y las divisiones políticas del país, quedando por dibu* 
jar las corrientes de agua y las montañas, el lugar de las ca- 
pitales ó cabezas de partido, ó por escribir los nombres de' loa 
diversos accidentes geográficos,.etG. ; solo que este trabajo 



^i5» BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

complementario se hace entonces más segura y más rápida- 
mente, y ofrece á los ojos de los alumnos un modelo más co- 
rrecto, que' es el que deberán imitar. 

Después de la lección , el mapa se enrolla y se guarda para 
dejar libre la pizarra. 

IX. 

LOS MAPAS DEL ESTADO MAYOR. 

Los mapas que generalmente se emplean en las escuelas, 
ora sean murales, ora de atlas, están dibujados como para 
mostrar el conjunto de una comarca, en escala demasiado pe- 
queña para que pueda figurar en ellos el pormenor de las 
construcciones, como las ciudades y sus alrededores, los pue- 
blos y los caseríos. De aquí la necesidad de recurrir á mapas 
detallados, de escala grande, cuando se quiere reconocer la 
representación exacta de los sitios importantes. 

El mapa principal, dicho del Estado Mayor y construido 
para el servicio del ejército, es el mapa de Francia en escala 
de 80.000. Es el más antiguo. Desde hace algunos años se vie- 
nen construyendo otros en diversa escala de 100.030, 200.000, 
350.000 y 500.000. Hay, pues, donde escoger. 

Es útil y aun necesario, hoy que tanto se habla de vulgari- 
zar la ciencia, que nuestros alumnos, á lo menos los de las 
clases superiores, conozcan de visu los mapas oficiales, y que 
sepan comprenderlos, interpretarlos; en una palabra, leerlos. 

La lectura de mapas debe ser tan familiar á nuestros alum- 
nos de las clases superiores , como la de una obra tipográfica 
cualquiera. 

Una escuela bien montada debe poseer, como complemento 
de los mapas ordinarios , una ó varias hojas del mapa do 
SO.OOO, es decir, á lo meaos Ja que correspondo al municipio 
donde aquella se encuentra. Sabido es que el precio es de un 
franco la hoja. 

Con una de las hojas de escala de 320.000 se obtienen natu- 
ralmente menos detalles sobre el municipio, pero en cambio 
comprende una región diez y seis veces más extensa. 



DEL MATERIAL DE ENSEÑANZA DE LA GEOGRAFÍA, 2» 



X. 

SfAPAS EN RELIEVE. 

Los mapas llamados en relieve^ es decir, de bullo, son los 
que por su forma misma dan las tres dimensicmes: largo , an- 
cho y alio. Solamente ellos permiten apreciar la elevación de 
las montañas, las profundidades de los valles y* la extensión 
de las corrientes de agua, de modo exacto y matemático: úni- 
camente ellos nos presentan la naturaleza tal como es en sí, no 
de tamaño natural, pero sí en dimensiones proporcionales, 
aunque reducidas. Tales son las grandes ventajas de los ma- 
pas de relieve; y tal es, también, la razón de los esfuerzos he- 
chos en los últimos años para construir relieves de comarcas 
más ó menos extensas. 

Pero débese tomar una precaución. Si -se quiere que el re- 
lieve sea exacto, es preciso qne la reducción se amolde á la 
misma escala en las medidas verticales que en las horizonta- 
les. Sin embargo, para representar un terreno poco accidenta- 
do, cuyo relieve sería imperceptible al sentido, si hubiera de 
ser rigurosamente proporcional, se tolera una pequeña exage- 
ración que llega hasta doblar ó cuadruplicar la escala vertical. 

Resulta de esta regla que la ejecución satisfactoria del re- 
lieve de un terreno muy grande, como seria el de una parte 
del mundo ó el de un gran Estado como Francia, Alemania ó 
Rusia, se hace imposible, á no ser en dimensiones de muchos 
metros. í^os mapas pequeños de Europa, de Asia, de América^ 
sobre todo los pretendidos globos en relieve^ no consiguen sino 
falsear las ideas en perjuicio de la realidad. Deben, pues, uti- 
lizarse con precaución y solo para dar una vista general de la 
configuración del país. No sucede lo mismo respecto á territo- 
rios limitados. 

No aconséjanos á los maestros que construyan el relieve de 
toda la nación, ni aun de un departamento ó de un distrito 
(arrondisscment); sino, antes que ningún otro, el del munici- 
pio en que se encuentran, tomado aisladamente, ó unido á 



330 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD OEOGRÍFIGA. 

Otros ó parte de otros vecinos, cuando el lugar lo exige para 
obtener un resultado más interesante, ya por el conjunto, ya 
por los contrastes que resultan. 

El relieve se obtiene de varios modos: por medio de carto- 
nes superpuestos, de tierra plástica, de arena engomada ó de 
madera tallada. No disponemos de sitio para dar mayores 
detalles. • 



XI. 

RELIEVE SUMERGIBLE. 

r 

£1 medio intuitivo más directo para hacer comprender á los 
alumnos las curvas de nivel y la superposición de los colores 
convencionales, sería tener un mapa en relieve del país que 
se estudia (v. gr., Francia, Europa), y experimentar las inun- 
daciones sucesivas de que hablaremos luego , colocándolo en 
una especie de acuario, que se iría llenando de agua progresi- 
vamente, de modo que primero se inundasen las tierras bajas 
y luego las más elevadas. 

Como los mapas de relieve ordinarios no se prestan á esta 
experiencia, se ha atendido á ella por medio de un pequeño 
relieve especial en yeso, muy sencillo y barato, pintado al 
óleo y capaz de soportar la inmersión sin deshacerse, durante 
un corto período de tiempo. Este relive sumergible representa 
sumaria ó teóricamente una montaña, una meseta, un llano ó 
un valle. Las formas están muy redondeadas, á fin de obtener 
curvas de nivel muy sencillas, las más fáciles do seguir con 
la vista y de dibujar acto continuo. Colocado, pues, el relieve 
de un acuario, se llena este lentamente, haciendo alto cada 
vez que el agua llega á una nueva curva de nivel: así se 
liarán desaparecer sucesivamente los llanos, las mesetas pro- 
gresivamente elevadas, y en fin, los montes. Será excelente 
hacer que los alumnos dibujen en la pizarra, y reproduzcan 
luego en papel el resultado de esta demostración. 



DEL MATERIAL DE ENSEÑANZA DE LA GEOGRAFÍA. 231 



XII. 

t 

RELIEVE TERMINOLÓGICO. 

Este objeto, do yeso y barnizado, es un paisaje ficticio 6 
ideal ejecutado en relieve ó de bulto, de manera que en él se 
reúnen, en una superficie de 60 á 80 cm, de lado, la mayor 
parte de los accidentes geográficos: continentes, mares, islas, 
ríos, montañas y otros de que se ocupa la geografía. 

Para hacer más sensibles ciertas formas, es preciso, sin 
duda, alterar con frecuencia las relaciones de las alturas y ta- 
maños, observación que el maestro repetirá á los alumnos. 
Un relieve de este género construido según las proporciones 
exactas, sería muy incompleto, ó no produciría efecto ningu- 
no, especialmente sobre espectadores numerosos que no pue- 
den ver de cerca el experimento. 



XIII. 

PANORAMA GEOGRÁFICO. 

Como el paisaje de relieve citado, el panorama geográfico 
de que tratamos ahora está basado en absoluto en el mismo 
principio de la enseñanza intuitiVa ó por el cbspecto. Consiste 
en una litografía en colores ó cromolitografía, imitación de 
un cuadro, y que representa, de un lado, una vista de los Al- 
pes con sus glaciares, unida á la perspectiva lejana del Océano; 
de otro, un gran llano continental sembrado de golfos y cahosj 
penínsulas, islas y (^f^chipiélagoSy que forman entre sí estre- 
chos,, golfos, cabos, istmos , barras de arena, etc. 

Se objetará, quizá, que este paisaje es ideal, y que semejante 
reunión de accidentes no existe en el globo. Pero sería difícil 
encontrar un punto de vista que mostrara, á la vez, los tipos 
de todas las formas terrestres que los alumnos deben conocer. 
El cuadro, si no es verdadero, es, cuando menos, verosímil^ y 



282 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

esto basta. Todo lo que encierra tieae su correspondencia e» 
la realidad; y por esto, el maestro , no contentándose con 
nombrar las cosas ^ índica, luego, mediante él, un ejemplo de 
cada una. 

El maestro puede así desarrollar por sí mismo la lección,, 
ó bien preguntar á los alumnos sobre los objetos que está» 
representados en el paisaje ideal. La experiencia demuestra 
que los niños saben dar pruebas de sagacidad en esta materia. 

XIV. 

ROSA DE LOS VIENTOS. 

Bajo el título de rosa de los vientos 6 brújula de techo, exis* 
te un medio, tan sencillo como barato, de facilitar los ejerci- 
cios acerca de los puntos cardinales, y de fijar de modo esta* 
ble la orientación de la clase. Consiste en una hoja de 70 cm. 
por lado, pegada sobre tela, y en la cual va el dibujo colorea- 
do de una gran brújula, en la que la aguja imantada está pin- 
tada en negro. Un círculo graduado lleva las iniciales y los 
nombres de los puntos cisrdinales y colaterales. En el exterior 
se ven las figuras del sol saliente, sol poniente, sol en el zenit 
y estrella polar, así como los nombres do los continentes y 
océanos, situados en cada una de estas direcciones. 

Sabido es que, á pesar de las explicaciones varias veces re- 
petidas, los alumnos vacilan con frecuencia en la indicación 
de los puntos cardinales, porque no hay nada á su alrededor 
que fije sus ideas sobro este punto. Por el contrario, colocada 
esta brújula en el tocho y el alumno bajo de ella y algo hacia 
atrás, solo tiene que levantar la cabeza y leer las indicaciones 
impresas, extendiendo á la vez los brazos en las direccione.s 
preguntadas. 

XV. 

ESFERAS TERRESTRE T CELESTE. 

El USO de una esfera es indispensable, sobre todo al princi- 
pio, puesto que es el único objeto que presenta la forma de la 



DEL MATERIAL DE ENSEÑANZA DE LA GEOGRAFÍA. 283 

tierra; mas en opinión mía, una esfera de pequeñas ó de me- 
dianas dimensiones basta para mostrar los mares y los con- 
tinentesy y en especial los círculos de ella. Los detalles geo- 
gráficos no pueden verse más que sobre los mapas ordina- 
rios. 

En cuanto á los globos llamados en relieve, ya hemos acon- 
sejado que se rechacen en absoluto. 

Hay también esferas en negro, es decir, apizarradas y mu- 
das; unas, que solo llevan dibujadas las líneas de los meridia- 
nos y paralelos principales; otras, que añaden el contorno de 
los continentes, etc. Teóricamente, responden á la mi^ma idea 
que los mapas apizarrados de que hemos hecho mención, y 
pueden utilizarse de modo análogo; pero su empleo es más di- 
fícil, más restringido y menos necesario. 

La esfera celeste^ que señala las constelaciones, es la pareja 
útil de la terrestre; pero se usa menos, porque supone que los 
alumnos están muy adelantados. 



XVI. 

MUSEO GEOGRÁFICO. 
I 

Por lo mismo que la geografía se ocupa á la vez de todo lo 
que se refiere á la tierra y al hombre, es esencialmente una 
ciencia enciclopédica. Todo lo que depende de la historia na- 
tural en general, de la física, de la meteorología, geología, 
ciencias agrícolas, industriales y comerciales, así como de la 
arqueología, etnografía, estadística, etc., le pertenece, á lo 
menos en cuanto á los objetos tangibles y materiales. El tan 
fecundo principio de mostrar las cosas para que se las com- 
prenda, halla su aplicación lógica en las colecciones de todo 
género que hoy se aconseja reunir en los museos escolares. 
Para nosotros, museo escolar y museo geográfico son sinóni- 
mos: por esto créenlos de utilidad hablar aquí de ellos. 

Nos falta espacio para desarrollar por entero nuestro pen- 
samiento; pero todo maestro inteligente, curioso y trabajador 
lo interpretará, si no descuida ninguna ocasión de reunir, de 

16 



m BOLETÍN DE hk SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

cualquier modo que sea, y especialmente haciéndose ayudar 
por los alumuos, que son casi siempre excelentes rebuscado- 
res, todos los objetos que pueden hacer intuitiva la enseñanza, 
y mediante esto, interesante y fructuosa. 

Hé aquí cuál pudiera ser la manera de clasiñcar un museo 
de cuya formación se trate: 

1.® Todos los objetos que componen el material geográfico 
y de que hemos hablado ya: mapas, relieves, atlas, libros^etc, 
forman parte del museo escolar, cualquiera que fuese el sitio 
que ocupen en la escuela. 

í.' Los cuadros, en general: grabados ó estampas, pintu- 
ras, fotografías, litografías, etc., que representen paisajes, vis- 
tas, asuntos de etnografía ó de historia natural: como los cua- 
dros etnográficos y geográficos de Lehmann, los zoológicos de 
Leutmann, los de historia natural y tecnología de Deyrolle, 
el interesante museo industrial de Dorangcon, los cuadros si- 
nópticos de historia, etc. 

3.** Los ejemplares naturales, á saber: 

a) Para la mineralogía: muestras de los minerales y meta- 
les más frecuentes, piedras de construcción y otros materiales 
análogos; los elementos constitutivos de los suelos cultivables: 
arcillas, arenas, cales, margas, etc. 

h) Para botánica: herbarios, compuestos especialmente de 
vegetales indígenas, clasificados en colecciones de plantas 
alimeniiciasy de huerta^ industriales^ áe pastos, venenosas, me- 
dicinales V de bosque, 

c) Para la zoología: mamíferos pequeños, pájaros, repti- 
les, peces, crustáceos, insectos, etc., más notables por su uti- 
lidad, costumbres y demás condiciones, y preparados de modo 
que puedan conservarse. 

4.* Productos agrícolas é industriales, empezando por los 
de la localidad y alrededores. Muestras de primeras materias, 
con la serie de las transformaciones que la industria les hace 
sufrir, y relativas á la alimentación, vestido, habitaciones, 
transporte, etc. El %nuseo industrial escolar, preparado por 
M. Dorangcon en 12 cuadros y que contiene más de 700 mues- 
tras, es muy recomendable. 




DEL MA.TERIAL DE ENSEÑANZA DE LA GEOGRAFÍA. 285 

5/ Los instrumentos propios para las demostraciones físi- 
<;as y químicas, agrimensura, modelos de dibujo en relieve ó 
de otras clases, herramientas de artes y oñcios (tecnología). 

6."" Antigüedades: manuscritos antiguos, monedas, imáge- 
nes y otros objetos relativos á la historia de la localidad, á la 
•etnografía, ó en general á la arqueología. 

7.^ Al museo escolar debe añadirse una exposición de tra- 
bajos de los alumnos, en la que los mapas geográQcos figuren 
al lado de los dibujos en general, de las planas de escritura y 
de las redacciones sobre las diferentes materias de la ense- 
ñanza. 

Nada más favorable para la emulación que esta exposición 
permanente de objetos renovados con frecuencia, y á la que 
-cada alumno contribuye con algo en relación con su trabajo y 
sus progresos. 



EXjOO-IO 

DBL EXCUO. BBFIOR 

D. FRiNCISCO DE BORJA QüEIPO DE LLANO Y GAYOSO, 

CONDE DE TORENO, 

FREemEKTE QDE FUÉ DB LÁ aociEDAs oeoobAfica de HADnm. 



DISCURSO 

l«ido en la sesión «xtraordinaña da 8 de Abril de 1890, 
por el 8r. D. Julián Snares Incláo. 



Rudo batallar aquel en que noüempeDamos durante nues- 
tra existencia en el mundo para satisfacer el ohjeto que en úl- 
debemos cumplir. Distraídos por el fragor de la pelea, hace- 
mos abatracción frecuento de lo que eu derredor nuestro pasa, 
dándonos cuenta de los estragos del combate cuando el fatiga- 
do cuerpo solicita descanso ó el conturbado espíritu se siente 
presa de afliccióu profuuda viendo desaparecer al compañero 
esforzado y animoso, al jefe hábil y experto que nos condujera 
y guiara fortaleciendo nuestro ánimo con el ejemplo de bri- 
llantes acciones, y excitando nuestro celo con el dechado áa 
selectas virtudes. 

Correspóudenos hoy, poi 
momento de tregua á unes 
homeuaje justo de admiraci 
pañeros ilustres que la mi 
cercanos días. Y en esta noi 
se enaltece honrando á los 
cimientos í ella la honrar 
miembro, presentar ante v 



ELOGIO DEL EXCMO. SR. CONDE DB TOREXD. m 

más preclaros varones que se asoció á nuestra labor, dirigicn- 
dola no hace mucho tiempo desde el elevado sitial á que el 
voto de todos justamente lo elevara. 

üáltome de cierto envuelto en perplejidad extrema al tratar 
de poner por obra el encargo carifioso que de la Junta directi- 
va he recibido, porque bien fuese que persona de muy mejo- 
res cualidades que las mías tuviera á su cuidado el recordar 
los hechos del esclarecido Conde de Toreno. Pareciera á mu- 
chos, y con juslicia en mi parecer, elección de mayor acierto 
la que encomendase esto trabajo á quien por sus prendas y 
dotes pudiera con lucimiento realizarlo; pues yo de mi parte 
os aseguro sincera y honradamente que nunca he sentido más 
la flaqueza de mis medios que al reseñar en concisa síntesis 
los actos de un personaje con el cual me unieron lazos de ca- 
riño respetuoso, pero del cual me separó la distancia inmensa 
que existe entre quien tuvo dotes excelsas un i versal mente 
apreciadas y reconocidas, y el que por la debilidad de su en- 
tendimiento y escasez de sus facultades se mueve solo dentro 
de limitado y pobre horizonte. Para la egregia personalidad 
del Conde de Toreno correspondiera mejor enaltecedor que 
aquel á quien confiasteis con eiceso de afecto el cometido que 
boy cumplo, amparado por la benevolencia de cuantos os dig- 
náis escucharme. Estimo, ^i) embargo, que aún siendo exacto 
que las acciones de los hotnbres tanto más brillantes panoa, 
cuanto más gallarda es la Imaginación del que las describe f 
más espléndidas las galas con que se ofrecen á la c 
ción de los demás, la verdad sobresale siempre y canipeí, b 



23S BOLETÍN DE Lk SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

vista de la generalidad, pasan para casi todos inadvertidos, y 
que, completando luminoso surco, constituyen por su enlace 
con los primeros conjunto de acabada perfección. A pocas per- 
sonalidades puede realmente aplicarse con mayor motivo estas 
indicaciones que al ilustre procer, en quien á dotes sobresa- 
lientes del hombre público se juntaron preciadísimas cualida- 
des que en la esfera privada le distinguieron. 

Pertenecía á muy noble extirpe el malogrado patricio don 
Francisco de Borja Queipo de Llano y Gayoso. Fueron desde 
el siglo XVII los Condes de Toreno, sus antepasados, alféreces 
mayores del Principado de Asturias, y ejercieron distinguido» 
cargos, ocupando honroso puesto en la antigua Junta general, 
y gozando de multitud de preeminencias á que les hacían acree- 
dores sus altas prendas; que de no corta fecha parecen vincu- 
lados en los Condes de Toreno el talento y la instrucción, que 
más que otras condiciones han mantenido el prestigio sumo y 
envidiable que disfruta tan ilustre casa. D. José María, Viz- 
conde de Matarrosa y padre del eminente repúblico, es de so- 
bra conocido por todos, para que me detenga á recordar ahora 
sus grandes dotes y servicios. Al ocurrir los sucesos de 1808, 
siendo todavía un niño por su edad, un hombre provecto por la 
madurez de su reflexión, tomó parle muy señalada en el levan- 
tamiento del Principado contra la dominación francesa: pasan- 
do á Inglaterra, demostró al punjo habilidad y fortuna extraor- 
dinarias en el desempeño del cometido que se le confió, atra- 
yendo la cooperación británica para la gigantesca lucha que 
contra el invasor emprendió España, y dando muestras en su 
mocedad de las brillantes cualidades de estadista con que más 
tarde había de distinguirse, haciendo perdurable su nombre 
en la historia política de nuestra patria, y su fama de escritor 
insigne en la inmortal obra que escribió, digno trasunto de 
los famosos hechos que perpetúa. Y aquí señalo la circunstan. 
cia felicísima y por extremo notable en los Condes de Toreno 
de alcanzar en breve término y juveniles años la notoriedad 
que ¡en general es consecuencia de larga carrera. 

Siendo tan clara la alcurnia del estadista cuya pérdida llo- 
ramos, aún realzada por las excelsas cualidades que elevaron 



ELOGIO DEL EXGMO. SR. CONDE DE TORENO, 239 

á lugar distinguidísimo al varón eximio que le diera el ser, 
grandes eran los merecimientos y dotes que habían de jun- 
tarse en él, para que mientras representó en el mundo su 
ilustre casa, lejos de empañarse la reputación y crédito de 
esta, más se abrillantase y realzara. Y como si el presenti- 
miento de que su vida había de ser breve le aguijase con ener- 
gía indomable á obtener en poco tiempo lo que hombres es- 
clarecidos alcanzan en premio de señalados servicios y excep- 
cionales condiciones al cabo de largos años de trabajo y es- 
fuerzo, coronando de ese modo tras fatigosa jornada los azares 
de una lucha perseverante y ruda, el Conde de Torcno multi- 
plicó su actividad, extremó el estudio, adelantó la instrucción, 
y tan gallarda y prestamente ejercitó su inteligencia, que en 
edad en que otros hombres apenas comienzan á recoger los 
frutos de los primeros alardes de la mocedad, el insigne patri- 
cio habíase encumbrado, por justificados y rápidos adelantos, 
á los puestos más honrosos y eminentes que un ciudadano 
puede apetecer y conseguir dentro del sistema representativo. 
Pero hagamos punto en este género de consideraciones que el 
recuerdo del finado nos sugiere, y expongamos, siquiera sea 
sobriamente y en concisa síntesis, los hechos más salientes 
que ofrece la biografía del que aún hace poco presidía nues- 
tras tareas. 

Nació el Conde de Toreno, cuya memoria hoy honramos, 
cuando corría el año 1840. Dedicóse durante los primeros 
tiempos de su mocedad á cui*sar la filosofía y algunas mate- 
rias de las que constituyen la facultad de Derecho, y como ya 
entonces demostrara preferencias por los estudios relativos á 
las ciencias morales y políticas, en el retiro del hogar acre- 
centó sus conocimientos en estos asuntos de modo tal, que al 
aparecer eu la escena pública venia dotado con ilustración 
vastísima y competencia extremada que prepararon sólida- 
mente los triunfos rápidos y notables que poco después llegó 
á alcanzar. Eli^gido diputado á Cortes por el distrito de Salas 
en 1864, cuando aún no cumpliera la edad requerida para 
ejercer las funciones de legislador, promovióse en el Congreso 
acalorada discusión con motivo del examen de su acta, en que 



210 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

intervinieron para demostrar la falta de capacidad legal del 
elegido, que todavía no llegara á los veinticinco años, algunos 
de los hombres ilustres que más tarde fueron los más íntimos 
amigos políticos del Conde de Toreno, y que eran sus correli- 
gionarios eminentes al ocurrir su muerte. ¡Tan grandes y ex- 
trañas son las vicisitudes de la vida y los azares de la política! 

Figurando en el partido moderado, á que lealmente se afl- 
lió, perteneció á las Cortes de 1867, de que fué secretario, dis- 
tinguiéndose como hombre de selecto criterio y aventajada 
instrucción en varios debates en que tomó parte. El movi- 
miento revolucionario de 1868, al modificar los moldes de la 
antigua política española, colocó al Conde de Toreno en la 
agrupación que enérgicamente sostuvo la causa de la legiti- 
midad monárquica; y en las minorías parlamentarias de que 
fué miembro en las Cortes de 1871 y de 1873 dio aún el joven 
ilustre más señaladas muestras de alteza de miras, de profun- 
didad de juicio y de firmeza de convicciones. 

Movido por indomable energía y vigorosos alientos, cooperó 
el Conde de Toreno con ardor incesante al triunfo de sus idea- 
les políticos, y entendiendo que no era bastante su esfuerzo 
diario en el Parlamento, empicó sus ardorosos bríos en co- 
operar á la fundación del Círculo Alfonsino y en dirigir con 
actividad extraordinaria la campaña periodística que desde las 
columnas de El Tiempo se mantuvo en pro de los derechos in- 
discutibles de D. Alfonso XII. Con todo esto y con fructuosos 
y repetidos viajes al extranjero, puede afirmarse que el Conde 
de Toreno fué uno de los que más valiosa y eficazmente con- 
tribuyeron á realizar el transcendental hecho político engen- 
drador del actual orden de cosas. 

Mas como fuese indudable que no en balde se realizaran 
ciertos sucesos modificadores de nuestras costumbres y del 
modo de ser de nuestra sociedad, consideró el Conde de To- 
reno que los principios del antiguo partido moderado no se 
acomodaban á las exigencias de la política española en fines 
de 1874. Paladinamente, y en la forma sincera que sus con- 
vicciones le imponían, lo declaró así, entrando por su parte 
á militar en las filas del partido conservador-liberal que desde 



ELOGIO DEL EXCMO. SR. CONDE DE TORENO. 241 

el advenimiento do D. Alfonso al trono acaudilló el Sr. Cáno- 
vas del Castillo; y en esa fuerte agrupación política obtuvo 
el distinguido puesto á que le hacían acreedor sus servicios y 
sus méritos. 

Al punto de realizarse la restauración monárquica en la 
forma que requería la tradición, discretamente aparejada con 
las ideas modernas, fué el Conde de Toreno alcalde presidente 
del Ayuntamiento de Madrid, en cuya administración muni- 
cipal ya interviniera antes de la revolución de 1868; y en el 
desempeño de aquel cargo, nada fácil por cierto, acreditó por 
gran manera su laboriosidad, honradez y talento, justamente 
apreciados por el vecindario de la capital, que estimó en su 
debido valor las condiciones de administrador integérrimo y 
celosísimo que adornaban al ilustre Conde: por eso dejó este 
huellas memorables de su notable gestión municipal, las cua- 
les aún se habrían marcado de modo más indeleble y benefi- 
cioso para la corte de España, si la necesidad de llevar al Conde 
de Toreno á un puesto donde pudiera servir en más amplia 
escala los intereses generales del país, no le apartara algunos 
meses después del cargo que con tan grande satisfacción y 
aplauso del pueblo madrileño ejerció. Nombrado en 1875 mi- 
nistro de Fomento en el segundo ministerio de la restaura- 
ción, que, como el anterior, presidió el Sr. Cánovas del Casti- 
llo, el Conde de Toreno no se dio un punto de reposo, ni cesó 
de poner constantemente en ejercicio su laboriosidad incansa- 
ble, su ilustración aventajadísima y su despierto entendi- 
miento para introducir reformas ventajosas, en que á la loza- 
nía de la transformación se juntaba la madurez de la pruden- 
cia, y realizar trabajos de señalado mérito, con que se favore- 
cieron los intereses materiales del país, y se elevó la general 
cultura. 

Impulsó el Conde de Toreno, por modo considerable, las 
obras públicas en cuanto lo permitía el estado del Erario, 
protegiendo el adelanto de las que de tiempos anteriores se 
venían ejecutando, y promoviendo la construcción de impor- 
tantes obras nuevas cou que se fomentó la riqueza y se des- 
arrolló la prosperidad de muchas comarcas; y eso que la na- 



212 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

ción acababa de salir de profunda crisis que enervara su podei 
vital, y menester era restaurar con sumo cuidado las perdidas 
fuerzas antes de acometer vigorosamente tareas que solo pue- 
den imponerse á un organismo robusto y poderooo. Regiones 
de España, antes desatendidas, y desde entonces ayudadas por 
la fortuna, al recordar la época en que concluyó su aislamiento 
y en que la llegada de la locomotora puso en acción elementos 
de vida y de progreso capaces de realizar en breve término 
notables metamorfosis, mantendrán vivo el recuerdo del ilus- 
tre personaje á quien son deudores de tan importantes bene- 
ficios. 

Conocedor, como pocos, de las verdaderas necesidades del 
paíSy y apreciando lo mucho que en esta nuestra nación deben 
hacer los poderes públicos para imprimir desarrollo á la agri- 
cultura, fomentar los cultivos y la ganadería, atendió coa es- 
mero especialísimo, tanto como el que más do los ministros de 
Fomento que le precedieron, á difundir la enseñanza y la 
práctica agronómicas, sentando en este punto las bases de in- 
dudables mejoras; y además de esto, el Conde de Toreno no 
perdonó medio para dar impulso vigoroso á todo género de 
iniciativas que contribuyesen á acrecer la prosperidad de 
nuestra patria. 

Dejando en todos los ramos que, como ministro de Fomen- 
to, tuvo á su cuidado, huella imperecedera de su paso por el 
centro directivo que principalmente puede y debo contribuir 
á mejorar las condiciones materiales del pueblo, y á enaltecer 
las cualidades morales del país con el adelantamiento de la 
instrucción en sus diversas manifestaciones, el egregio Conde 
de Toreno, en punto al adelantamiento de la enseñanza públi- 
ca, llevó á efecto trabajos do verdadero mérito que por sí solos 
bastaran á perpetuar su memoria. Fundó la escuela Frcebel; c 
inspirándose en nobilísimas aspiraciones, procuró con par- 
ticular esmero mejorar la condición de la desatendida é im- 
portantísima clase del profesorado de primera enseñanza, á la 
cual fuera bien que todos los Gobiernos concedieran atención 
cuidadosa y preferente, en provecho de la ilustración general, 
que es base y fundamento esencialísimo de la grandeza de los 



ELOGIO DEL EXGMO. SR. CONDE DE TORENO. 243 

pueblos; y en tan hermosa tarea, no descuidó el inteligente 
ministro la prolección que era prudente otorgar á los que 
desde más altas categorías dedican sus afanes por deber de 
profesión á la prolija labor de la enseñanza en los centros do- 
centes oficiales. 

Los eruditos y amantes de los estudios históricos y científi- 
cos no han de olvidar ciertamente que al ilustre Conde de To- 
reno se debe la reorganización importantísima del Archivo de 
Alcalá de Henares, la impresión escogida de la justamente ce- 
lebrada Historia de Felipe 11^ por Cabrera de Córdoba, y de 
las Variedxdes de la vid, por el sabio Rojas Clámenle; ni tam- 
poco han de considerar menos merecedoras de aplauso la soli- 
citud con que el diligente ministro decretó la publicación de 
Lis famosas Cartas de Indias y de la primera Compilación de 
instrucción pública. Todo esto, unido á la construcción del 
edificio en que hoy se halla establecida la Escuela de Veteri- 
naria, y á la adopción de las primeras disposiciones tomadas 
para erigir el en que está ya instalado el Instituto del Carde- 
nal Cisneros, acreditan muy á las claras cuan fructuosa fué la 
permanencia del Conde de Toreno al frente del departamento 
ministerial que rigió hasta fines del año 1879 con raro acier- 
to, que nosotros principalmente tenemos el deber gratísimo de 
encarecer, por lo mismo que á la fundación de esta Sociedad 
prestó grande apoyo y eficaz protección desde su elevado 
cargo de ministro, el que fué más tarde nuestro esclarecido 
presidente. 

Desempeñó luego el Conde de Toreno la cartera de Estado; 
mas por breve espacio de tiempo, porque de allí pasó, en los 
comienzos del año 1880, al muy alto puesto de Presidente de 
la Cámara popular, donde tan señaladas pruebas dio de sus 
exquisitas dotes en el no muy largo plazo que tuvieron aún de 
vida aquellas Cortes, que reconociéndose en él aptitudes no- 
tabilísimas para ocupar el sillón presidencial del Congreso de 
los Diputados, llevóle á él de nuevo la voluntad de su partido, 
cuando en 1884 se reunieron las Cortes conservadoras elegidas, 
al volver á la dirección del Gobierno del país el Sr. Cánovas 
del Castillo; uo sin que antes, acreditando su gran modestia, 



M4 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

ojerciose el cargo de gobernador de Madrid, porque así con- 
vino entonces á los intereses de la colectividad política á que 
pertenecía, á los cuales pospuso siempre toda idea, utilidad y 
beneíicio personal. 

Nadie hay que desconozca y deje de apreciar en su extremo 
valor las cualidades eminentes que demostró el Conde de To- 
reno dirigiendo las discusiones del Congreso, y es generalmente 
sabido que ninguno de los políticos eximios de la nación, que 
en épocas diversas fueron elevados por sus méritos á tan ele- 
vado cargo, aventajó al finado ilustre, cuyo recuerdo honra- 
mos esta noche, en el cumplimiento de aquellas difíciles fun- 
ciones. Hiciéronse más que nunca notorios el tacto extraordi- 
nario, la prudencia selectísima, el juicio reflexivo y la rectitud 
incomparable del Conde de Toreno, al presidir las sesiones 
del Congreso de los Diputados. Prescindiendo de las estrechas 
miras de partido, supo siempre contener los ardores exagera- 
dos que en ocasiones suelen desplegar las mayorías, ampa- 
rando los derechos de todos los diputados; y como jamás dejó 
de dar solución satisfactoria por la eficacia de su proceder co- 
rrectísimo á los incidentes apasionados, que de frecuente é 
inopinadamente surgen en acalorados debates, cuando las pa- 
siones se desbordan acallando los impulsos de la razóo, fué el 
Conde de Toreno por unos y otros respetado y querido, lo- 
grando por sus peregrinas condiciones de inteligencia y tino 
la consideración y el respeto que las más veces solo se otorgan 
al venerable rostro en que marcan su huella profunda é in- 
evitable la influencia natural de los años. 

En su no corta vida política, distinguióse especialmente 
como orador parlamentario el Conde de Toreno; y si en sus 
discursos no campeaban las imágenes arrebatadoras que son 
propias, sobre todo, de la imaginación exuberante de los hijos 
del Mediodía, veíase en ellos la fuerza de la razón, el estudio 
prolijo, el juicio acertado, el argumento vigoroso, el análisis 
maduro, capaces de impresionar siempre al auditorio. Cuantos 
tuvimos ocasión de estimar sus cualidades, no podremos dar 
al olvido la exquisita discreción, el acierto esmeradísimo y el 
juicio seguro con que su claro talento hallaba la solución más 



ELOGIO DEL EXGMO. SR. CONDE DE TORENO. W5 

feliz para toda clase de cuestiones, por difíciles que ellas fue- 
sen, y por súbitamente que se presentaran. 

Como la laboriosidad y el estudio eran condiciones que so- 
bresalieron por modo esencial en el ilustre personaje, las ta- 
reas parlamentarias, á que dedicaba asiduidad excepcional, 
(que no ha de encontrar fácilmente imitadores), no le im- 
pedían, sin embargo, realizar trabajos importantes de otro 
orden, do que conservarán grata memoria la Academia dd 
Ciencias Morales y Políticas, la Sociedad Económica Matri- 
tense, y todas aquellas corporaciones que se deleitaron con la 
profundidad de criterio que distinguía á todas las obras del 
Conde de Toreno. Entre estos trabajos debemos citar el dis- 
curso que pronunció el 29 de Diciembre de 1885 para solem- 
nizar el aniversario de la fundación de la Academia citada, 
eligiendo materia sobre que había meditado profundamente, 
cual era La importancia poliiica^ social y económica de las 
grandes capitales en las naciones modernas. Fué esta labor de 
suma importancia, y si no nos arredrase el temor de distraer 
por sobrado tiempo la atención de nuestro auditorio, nos de- 
leitaríamos en exponer algunas consideraciones sobre aquel 
discurso, que versaba sobre asunto íntimamente ligado con 
nuestras tarcas. Y la Sociedad Geográfica, que se honró con 
su presidencia, en fecha cercana, halló motivo justificado para 
reconocer que, la reputación obtenida por tan egregia perso- 
nalidad, tenía, como pocas, sólido fundamento. Cuantas dotes 
meritísimas había demostrado poseer el Condo de Toreno en 
todas las circunstancias de su vida, acreditólas cumplidamente 
al dirigir nuestros trabajos, y su consejo y opinión pesaron 
entonces con decisiva y provechosa influencia en las tareas 
de esta Sociedad. ¡Qué menos, por lo tanto, podemos hacer, 
que rendir un tributo de admiración y afecto cariñoso al que 
nos concedió en vida protección oficial primero, la importan- 
cia de su personal auxilio después! 

Tales son, expuestos sobriamente, porque bien comprendo 
que no debo solicitar vuestro atención para más extensa labor, 
los hechos más notables que ilustraron la personalidad á 
quien dedicamos esle modesto recuerdo. Alcalde de Madrid A 



*¿46 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

los 34 años de edad, ministro á los 35, presidente del Con- 
greso de los Diputados á los 40, el Conde de Toreno pudo legí- 
iinaamente envanecerse, de que no por la tradición y la clari- 
dad de su apellido, no por los blasones de su casa, ni por noe- 
moria de culminantes hechos que sus antecesores cumplieran, 
llegaba en edad tempranal á tan elevados destinos, sino por la 
eficacia sola de sus propias y distinguidas acciones. Cebáronse 
en él, á las veces, cual sucede en casos semejantes, las pasio- 
nes ruines de malévolos insidiosos, á quienes la luz que irra- 
dia de foco luminosísimo ofusca la obscura y rebajada con- 
ciencia; pero al punto las facultades extraordinarias del ilus- 
tre personaje, tanto más bizarramente desenvueltas, cuanto 
más delicadas eran las funciones que se le confiaban, y donde 
muy aventajados ingenios en más de una ocasión fracasaran, 
imponíanse á todos con invencible impulso; y después de ocu- 
par el Conde de Toreno tan altos puestos, reconocíase unáni- 
memente, por amigos y adversarios, por doctos é indoctos, 
que pocos le habían igualado en habilidad y pericia para des- 
empeñarlos, ninguno quizás aventajado. Ni podía ser otra 
cosa; porque el talento notabilísimo del Conde de Toreno; su 
cultura de espíritu y elevación de miras; su instrucción aventa- 
jada y laboriosidad exquisita; su rectitud acrisolada y su gran 
prudencia; su cortesía y afabilidad notorias, que no excluían 
la austeridad en él ingénita; su firmeza de carácter y amor á la 
justicia; su respeto á las leyes y á las opiniones de los demás; 
su integridad purísima, hicieron de él una personalidad sa- 
liente de nuestro tiempo, de quien pudo decir razonadamente 
un insigne estadista, que sobre todos sus méritos y condicio- 
nes intelectuales, debía hacerle acreedor á pasar á la posteri- 
dad con título gloriosísimo, la circunstancia de ser uno de los 
hombres de más limpia vida que han honrado jamás la socie- 
dad española. ¡Qué satisfacción mayor puede haber que la 
experimentada por aquel, que en medio de las vicisitudes y 
contingencias de la política, siempre apasionada é injusta con 
el adversario, merece el aprecio y la consideración general de 
sus conciudadanos! Esto lo obtuvo mientras vivió el Conde de 
Toreno; ¿quién, como él, podrá gozar de tan legítimo orgullo 




ELOGIO DEL EXGMO. SR. CONDE DE TORENO. 247 

entre los que vívea en esa perpetua é incesante lucha, donde 
se atacan las reptitaciones más sólidas, y se debilitan con fre- 
cuencia los prestigios más espléndidos y mejor afirmados? 

T así se explica que, cuando en momento infausto para la 
patria, el Conde de Toreno abandonó la pobre mansión que 
transitoriamente habitamos para elev^ar su alma tras corta 
existencia en el mundo á regiones donde únicamente sedan la 
suma pureza y perfección, Madrid entero llenóse de tristeza; 
los que conocieron y se honraron en tratar al que para toda 
una eternidad dejaba el mundo, sentían acudir á su corazón las 
mayores amarguras; todos á porfía recordaban las dotes excel- 
sas del finado, igual aquellos que él distinguió con su amistad, 
que quienes, menos afortunados, solo le apreciaban por sus ac- 
tos como hombre público; y cuando poco después, el telégrafo, 
avisador iústantáneo de los sucesos y productor súbito de ale- 
grías y pesares, transmitía con terrible concisión la fatal noti- 
cia, el dolor se extendía por toda la Península; y allá, en aque- 
lla región enaltecida por la historia y exaltada por los hechos 
de hijos ilustres en donde el Conde de Toreno derramara be- 
neficios sin cuento, reconocidos con gratitud natural en pechos 
nobles; en la provincia de Oviedo, cuna de la clara estirpe del 
Conde de Toreno, la aflicción fué inmensa, pensando todos los 
asturianos que al perder el personaje á quien tanto debe aque- 
lla comarca, más que al hombre de Estado, habían perdido 
algo que con ellos vivía en el seno de la propia familia. Cu- 
brióse el antiguo Principado de luto, que se mantiene y se 
mantendrá siempre en los corazones de cuantos hoy lo pue- 
blan y que se transmitirá luego á las generaciones venideras 
para que perdurablemente se conserve la memoria del varón 
insigne, cuyo recuerdo quisieran los asturianos aprisionar con 
egoísmo cariñoso, escudándolo con las agrestes alturas cánta- 
bras y las imponentes olas oceánicas. 

Penetró el dolor en las Cámaras españolas, donde tantas 
veces se había escucihado la autorizada palabra del Conde de 
Toreno: en el Congreso, sobre todo, á que el ilustre procer 
había pertenecido desde temprana edad, dejáronse oir voces 
elocuentísimas del presidente de aquel Cuerpo, del jefe del 



248 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

Gobierno y de los que capitanean las diversas fracciones polí- 
ticas, ansiosos todos de rendir homenaje de respetuoso afecto 
á la memoria de quien por tantos años había ilustrado la tri- 
buna. Y es que en el Conde de Toreno se veía algo míísquo al 
hombre de partido leal y consecuente; en él se admiraba al 
caballero cumplidísimo, de hidalgos sentimientos y de corazón 
sano, al personaje de conciencia honrada y condición austera; 
y no están ciertamente tan sobrados de personalidades como 
el Conde de Toreno la sociedad y política españolas para que 
no deba deplorarse amargamente la muerte de quien supo 
reunir aquellas preciadas cualidades en armónico conjunto, y 
conservar siempre tan privilegiado tesoro. Los sentidos acentos 
que en la sesión del 1.* de Febrero brotaron de los labios de 
distinguidos oradores, la voz apagada y comprimida á las ve- 
ces por el sentimiento y los sollozos que parecían salir del 
fondo mismo del alma, la aflicción retratada en los semblantes 
de los concurrentes, asociándose todos con muestras inequívo- 
cas de dolor á las palabras de los que expresaban el general 
pesar, constituyeron un acto hermoso y grande que jamás se 
borrará de la mente de cuantos tuvimos ocasión de presen- 
ciarlo. 

Pero aun con ser solemnes estas manifestaciones, fué toda- 
vía, si cabe, más brillante la que en el acto de conducir á su 
postrera morada los restos del esclarecido patricio efectuaron 
todas las clases sociales, como si á porfía se afanasen en ates- 
tiguar la consideración sincera que al Conde de Toreno profe- 
saban. El pueblo de Madrid acudió en apretada masa á formar 
parte del fúnebre cortejo, ó á presenciar su paso; tras el mo- 
desto féretro en que por voluntad del finado se encerraba el 
cadáver, y en las calles y plazas de tránsito, agolpábase inmensa 
muchedumbre ávida de rendir la última expresión de cariño al 
que prematura y desdichadamente dejara de existir. El Con- 
greso y el Senado on su más alta representación, el Ayunta- 
miento de la corte y corporaciones ilustres, el estadista insig- 
ne, el representante do la nación, el hombre de ciencia, el no- 
ble linajudo, el funcionario público, el correligionario polítino, 
el comerciante, el industrial, el propietario, el hombre acau- 



ELOGIO DEL BXCMO. SR. CONDE DE TORENO. 249^ 

dalado y de modesta clase, todos se juntaroQ en magnífica ex- 
presión de duelo, cual acaso no se recuerde otra semejante 
desde hace muchos años. Y cuando en estrecha fosa quedaron 
depositados los despojos mortales del Conde de Toreno, en 
todos los rostros se advertía la honda pena con que para siem- 
pre se abandonaba al diputado eminente, al hombre honrado, 
al amigo cariñoso. 

En esta velada se aviva en nosotros el recuerdo del que 
por sus acciones logró universal aprecio: al dedicarle este re- 
cuerdo, propongámonos todos seguir con firmeza la noble senda 
trazada por el personaje preclaro que nos dio ejemplo con sus 
grandes virtudes, capaces de obtener galardón merecido en la 
tierra, de alcanzar en el cielo el premio que Dios otorga á los 
varones justos. 

• 

He dicho. 



17 




IjOOIO 



DEL BXCMO. SEÑOR 



D. HILARIO NAVA Y CAVEDA, 

YICEPRESIDERTE QUB FOÉ DE U SOCI£OAD GSOGRÁnCA DE MADRID. 



DISCURSO 

leído en la sesión extraordinaria del 8 de Abril de 1890, 
por el limo. Sr. D. Cesáreo Fernández Duro. 



Acababa la guerra civil que hundió á nuestra nación; sufri- 
das las naturales consecuencias en larguísimo período, cuando 
el del orden relativo tuvo principio, se sintió en las esferas del 
Gobierno la necesidad de un elemento sin el cual, ni la conside- 
ración en el exterior, ni la seguridad dentro, ni la perspectiva 
de enlace, concurrencia y comunicación con propios y extra- 
ños podrían existir en una península de costas dilatadas en 
dos mares, poseedora todavía de provincias en lejanas partes 
del mundo. 

No había Marina por entonces; los restos de aquella que 
acabó en Trafalgar Fe habían desmoronado eñ los arsenales, 
si tal nombre podía en propiedad conservarse á inmensos 
corralones cuyas tapias tan solo cercaban ruinas, escombros 
y herrumbre. No había comercio ni navegación , gastados los 
hombres y los caudales en la lucha fratricida. No había apenas 
concepto de la patria, perdida la costumbre de extender la 
vista más allá de sus fronteras, con el empeño insensato de 
alzar otras artificiales por en medio. 

Se pensó al fin en el remedio de estos males, cuando la me- 
joría de circunstancias lo consintió, proyectando la reconsti- 
tución progresiva de la Armada, y como para ella fuera ante 
todo indispensable pericia en la arquitectura naval, quedó 



ELOGIO DEL EXGMO. SR. D. HILARIO NAVA. «51 

resuelta la creación de un cuerpo de ingenieros especiales á 
cuyo cuidado se fiara la cimentación de la obra, abriendo con- 
curso en que se llamaba á los que con fuerzas y conocimientos 
se sintieran. 

Fueron las exigencias del Gobierno muchas, naturalmente, 
y el rigor con que se examinó á los pretendientes, extremado; 
no faltó, con todo, quien supiera satisfacer á las peticiones del 
certamen, lesultando escogido un grupo, si pequeño, de apti- 
tud sobresaliente en la prueba. Obtuvo en él superior califica- 
ción y vino á quedar el número primero D. Hilario Nava y 
Caveda, natural de Gijón, joven de 21 años cumplidos en el 
de 1848, que fué el de los exámenes, ganando desde luego, 
como sus compañeros, el empleo de alférez de fragata, empero 
teniendo con la antigüedad que alcanzó, asegurada la jefatura 
del instituto y cuerpo en que ingresaban. 

Enviado por el Gobierno á hacer estudios de aplicación en 
la escuela de construcciones navales que la Marina france- 
sa tenía establecida en Lorien t, practicados luego en el arse- 
nal de Bresl; visitados los principales de Inglaterra, regresó á 
España en 1853, siendo destinado á Ferrol con cargos y comi- 
siones harto superiores á su empleo de alférez de navio. 

Todo había de hacerse allí para que el primero y principal 
de los arsenales de España se pareciera á los del extranjero 
en algo más que en la especificación; diques, gradas, varade- 
ros, talleres, herramientas, máquinas, y aun operarios que 
las supieran manejar; y también había que deshacer algo; la 
rutina; había que corregir vicios, que reformar corruptelas 
arraigadas en tanto tiempo de penuria y forzado abandono. 

Lo bueno que se consiguió en Ferrol en ocho años, no es 
en absoluto obra de D. Hilario Nava, ni le es imputable en 
conjunto lo que no se estime excelente durante el mismo es- 
pacio. No tenía por entonces representación, autoridad ni ini- 
ciativa suficientes; no estaba á su entero cargo la dirección del 
establecimiento; sin embargo, en ese período de los ocho años 
en que se inauguraron las grandes obras, en que se formó la 
maestranza, se sentaron las reglas de marcha, en una palabra, 
se estableció el sistema ordenado de aquel mecanismo fabril y 



252 BOLETÍN DE LA SOGIEPAD GEOGRÁFICA. 

administrativo, Nava pudo influir 6 influyó mucho beneficio- 
samente. 

La fuerza de las circunstancias en un principio indicadas, 
le llevó á la dirección de su instituto demasiado pronto, no 
por consideración á la competencia, sino atendiendo á las 
condiciones exteriores de respetabilidad que suelen tener los 
que á tal altura llegan. Iba á concurrir y alternar en los Con- 
sejos de la Marina, joven y con el empleo de capitán de navio, 
que á muchos parecería rápidamente conseguido, con los di- 
rectores de otros cuerpos, generales ancianos. Iba á ser objeto 
de atención general; punto de partida en determinadas reso- 
luciones; blanco de la crítica de los trabajos de ingeniería, sin 
égida fuerte con que amparar á los que en ellos se empleaban. 
íY en qué tiempos le tocaba soportar el peso enorme de su 
cargo! 

Al crearse el cuerpo de ingenieros navales, empezaba á ge- 
neralizarse la aplicación del- vapor á la navegación, pero aún 
no se había determinado entre nosotros; los buques que cons- 
tituían la Marina española eran de vela; de vela y madera los 
que en nuestros astilleros se construían, teniendo procedencia 
extranjera los que formaban excepción. Al poco tiempo, la 
adopción de la hélice por propulsor cambió completamente la 
forma, las dimensiones, el armamento, el modo de ser de las 
naves de guerra. Creyóse haber encontrado los tipos perfectos 
en el navio y la fragata; se hicieron acopios de materiales en 
consecuencia; se montaron los talleres de fundición, forja y 
ajustaje, y con rapidez tuvimos escuadra respetable; aquella 
que con honra y lucimiento hizo la campaña del Pacífico; tu- 
vimos tipos hermosos capaces de afrontar comparación con 
cualquiera otros; núcleo de las fuerzas necesarias á la conside- 
ración y respeto nacionales; mas no tardó en iniciarse la lu- 
cha de competencia entre el cañón y la coraza, lucha después 
llevada hasta el delirio. De nuevo la figura, la capacidad, la 
velocidad y la maquinaria fueron variando, sin que sirvieran 
los elementos antiguos, obligando los cambios á sustituir los 
diques y los talleres, los obreros y las herramientas, en suce- 
sión vertiginosa mantenida con tesón, aun á costa de sacri- 



ELOGIO DEL EXGMO. SR. D. HILARIO NAVA. 2^8 

fíelos, por las grandes naciones, imposible á las de recursos 
contados. En las primeras se han gastado millonadas en ensa- 
yos; la prudencia ha aconsejado á las otras irse con parsimo- 
nia, quedando rezagadas por no aceptar lo que la experiencia 
no tenga bastantemente sancionado. 

No faltan entre nosotros inteligencias que observen y apre- 
cien lo que la mutación significa y requiere; pero abundan 
más las que influidas de la impaciencia ó del buen deseo qui- 
sieran que figurara España en primera línea, aunque carezca 
de aquel nervio de vitalidad sin el cual no se hacen milagros. 
Una construcción malograda nada significa en aquellas pri- 
meras naciones citadas^ donde el empeño de la superioridad 
estimula la inventiva y aventura gastos enormes, beneficiosos 
en todo caso á sus factorías; mientras que la menor contrarie- 
dad, acaso producida por la inexperiencia de un obrero, suele 
en las otras alzar clamoreo general con impresionabilidad 
por la que ni el concepto ni la reputación se libran de sos- 
pecha. 

El director de ingenieros navales hubo de pasar necesaria- 
mente por un período de prueba peligrosa en que el tiempo 
había do parecerle escaso, obligado, independientemente de la 
labor asidua del despacho, á un estudio incesante de los pro- 
gresos, de las teorías, de las experiencias hechas por doquiera, 
á un cálculo continuo de las aplicaciones, comparadas las ven- 
tajas con los inconvenientes y con los recursos. En la situa- 
ción en que estaba colocado, no podía ser de aquellos jefes que 
conciben y ordenan; la desconfianza lo obligaba á contarse en 
el número de los que discurren y ejecutan simultáneamente. 

La faja de general que ciñó al empezar el año de 1870 no dio 
á su personalidad respeto que sin ella no tuviera conquistado. 
En las propuestas, en los informes, en los estudios que se le 
habían encomendado ó que por obligación debía presentar, 
había una profundidad de pensamiento, un estudio tan dele- 
nido, un lujo de erudición y un celo de tal modo evidente en 
la gestión de los intereses del Estado, que daban á los expe- 
dientes sollo original preventivo de objeciones ó reparos, pen- 
sados de antemano cuantos pudieran ocurrir á la más delicada 



234 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

atención y aun á la más maliciosa suspicacia. El general Nava 
había dado por sí mismo solidez al asiento en los centros con- 
sultivos de la Armada, donde su voto tuvo peso. 

Y no allí solo: también lo emitió con autoridad en los Mi- 
nisterios de Hacienda y Fomento, nombrado por elección pre- 
sidente en la sección de Industria del Consejo Superior de 
Agricultura y Comercio, y miembro en la Junta do valoracio- 
nes para el arancel de aduanas y de estadística comercial. 

La inclinación que en todos los hombres se pronuncia por 
determinadas aficiones, en oposición muchas veces con el curso 
de los estudioa profesionales, y por contraste ó esparcimiento 
algunas, de los deberes, se manifestó en el general Nava por 
senderos convergentes al punto de su principal aptitud. Lle- 
vábale á la meditación de la industria en el concepto general 
y á la mecánica aplicada á sus fines, un impulso irresistible, 
enderezado por el deseo de implantar en el país las ramifi- 
caciones que con savia propia lo emanciparan de la depen- 
dencia. 

Grandes fueron los conocimientos de este hombre estudio- 
so; señalado el dominio que tuvo en los ramos de la admi- 
nistración, y aún lo alcanzó mayor profundizando la economía, 
la filiación, el desarrollo de las industrias, ya en las nocivas á 
la salud y á la seguridad pública, ya en las de ficticia existen- 
cia, ya en las que han venido á ser el pan de las otras, como 
la extracción de minerales de carbón y hierro y la transfor- 
mación del último en materia esencial para las artes de la paz 
y de la guerra, no siendo estériles los- esfuerzos que hizo para 
que entre nosotros progresaran. En la información pública 
abierta con objeto de llegar á la supresión del derecho diferen- 
cial de bandera; en los informes y ponencias acerca de los de- 
rechos de arancel con que había de cargarse á los hierros y 
algodones; en el fomento de la Marina mercantil; en el dis- 
curso que como diputado pronunció en el Congreso discutien- 
do el proyecto de Código de Comercio, quedan elocuentes tes- 
timonios do su valer en estas materias. 

Jamás se dijera, no obstante, sin oirle, que lo atesorara; 
modesto, sin la afectación del que pretende parecerlo; modesto 



ELOGIO DEL EXGMO. SR. D. HILARIO NAVA. 255 

como de ordinario lo es el sabio, en el vestir, en el hablar, en 
cualquier acto de concurrencia, esquivaba las ocasiones de sig- 
nificación, huyendo de las de apariencia innecesaria. Placíale 
el retiro en santificación del trabajo que fué su lote, consu- 
miendo lo más y lo mejor de su vida. Si se reunieran los ex- 
pedientes que han pasado por su mano, asombraría el volu- 
men que componen tanto como el discurso que representan, 
por más que estuvieran destinados á la oscuridad de un archi- 
vo después de decidir cuestiones de momento, áridas, enojosas 
cuando no impertinentes. 

Y no siempre por necesidad intervenía. En una de las oca- 
siones, designado por él como presidente de la sección de In- 
dustria el vocal á quien correspondía el estudio, por excusa no 
muy bien fundada que en el acto alegó el elegido, tomó sobre 
sus hombros la carga, prefiriendo aumentar la de su abruma- 
dora ocupación diaria á insistir en una imposición que violen- 
taba á su carácter bondadoso, aunque fuera justificada. El caso 
no es único, y no hay que decir que el servicio salió ganan- 
cioso cuando hubo conckiído el informe que tituló Considera^ 
dones sobre la pesca del saimón en España y legislación espe^ 
cial que debe regir dichapesca. 

Examinó la importancia de la explotación de las aguas en 
general y la decadencia que se observa entre nosotros en la de 
las dulces; la naturaleza del salmón y los obstáculos naturales 
y artificiales que se oponen á su propagación; la deficiencia de 
las leyes y la necesidad de reformarlas, atendiendo aun recur- 
so que interesa á la alimentación del pueblo. Expuso lo que 
esa explotación representa y produce en otros países, especificó 
en la del salmón los procedimientos usados en Escocia, Irlan- 
da, Suecia y Noruega; describió los ríos con los respectivos 
saltos naturales ó acomodados al movimiento de fábricas, sin 
olvidar los medios discurridos para conciliar los interesesd e 
unas facturas con los de otras. 

Es el estudio gallarda muestra de las dotes del autor; la geo- 
grafía, la historia, la economía, la legislación, la política, dan 
su contingente á la disertación encaminada en síntesis á do- 
tar á nuestra Península de una industria útilísima, por deja- 



%)6 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

dez no aprovechada. Todos los trabajos del general Nava son 
lo mismo; en todos, correspondiendo á la medida de sus fuer- 
zas, que eran grandes, se descubre al hombre cuyo pensa- 
miento iba guiado por el servicio de la patria; no obstante, 
leído que fué en sesión plena del Consejo de agricultura el in- 
forme, por la actitud del autor quedara como los demás guar- 
dado en un legajo; quedara ciertamente, si contra su volun- 
tad, no presentara el que había sido causa de su ponencia, 
moción que por unanimidad aceptó el Consejo mismo, acor- 
dando que se publicase. 

Le faltaron tiempo y decisión para dedicar la inteligencia á 
escritos literarios con que lucir en círculo más amplio y más 
ameno que el del expedienteo; no encontró espacio en que re- 
dactar el discurso de ingreso en la Academia de Ciencias, es- 
tando de muy atrás elegido para la sección de las exactas, 
aunque para mí tengo que la desconfianza de sí mismo no 
•d^jó de influir en el propósito que un día para otro fué demo- 
rando indefinidamente. Presumo que se proponía historiar el 
arqueo de las embarcaciones, desde su origen hasta el Con- 
greso de Constantinopla, en que se adoptaron reglas unifor- 
mes de aplicación universal, porque le he visto acopiar datos 
antiguos. Hubiera sido asunto original de mucho interés, y 
acaso entre sus papeles haya quedado el bosquejo confundido 
«n el montón de materiales de toda especie que recogía y co- 
mentaba á ratos, puesto que no los tuvo de ocio. 

Dio, por excepción rara, á la estampa, un libro que responde 
de lleno á los fines de nuestra sociedad, bien que no sea ex- 
clusivo servicio que esta le deba; fué socio fundador, vicepre- 
sidente reelegido en veces, y dirigió con acierto las discusio- 
nes de la Junta directiva. 

El libro, por demás curioso é instructivo, se titula Noticias 
sobre el imperio del Japón, y á las que contienen comun- 
mente los tratados especiales de geografía y de historia, juntó 
las que fueron fruto de propia observación sobre los produc- 
tos y los datos oficiales presentados por la comisaría imperial 
en las Exposiciones de Viena de 1873, de Filadelfia de 1876, y 
de París de 1878, con algunos más de estadística comercial, 



ELOGIO DEL EXGMO. SR. D. HILARIO NAVA. 257 

de población y presupuestos, reunidos hasta el año de 1882 en 
que la obra se imprimió. Abraza la descripción del país, cli- 
ma, forma de gobierno, división territorial y administrativa, 
universitaria y judicial; obras públicas, sistemas de pesos, 
medidas y monedas; productos agrícolas, forestales, de mine- 
ría y metalurgia; productos de las aguas; industria fabril y 
manufacturera; instrucción publica; ejército y marina. En la 
última se revela el ingeniero naval, por la atención con que 
examina los materiales de construcción y estudia los estable- 
cimientos en que se transforman; en el examen de la indus- 
tria se descubre el amante de sus progresos y aplicaciones, 
tanto se fija en las que los japoneses dominan; sedería^ pape- 
lería, cerámica, bronces, lacas, pesca; en el conjunto aparece, 
como siempre, el patriota, que no ve cosa sin procurar utili- 
zarla. Oigámosle: 

«Siempre han disfrutado el privilegio de interesar la aten- 
ción pública en Europa los pueblos del extremo Oriente, pero 
ninguno quizá, como el Japón, ha logrado cautivarla con más 
fundamento durante el último cuarto de siglo que va trans- 
currido; y es que el Japón despertará siempre verdadero in- 
terés, ora se le estudie en su historia como un pueblo vivien- 
do en el mayor aislamiento posible, pero con civilización pro- 
pia, muy adelantada en ciertos ramos, y bastándose en todos 
los casos á sí mismo, ora se considere bajo el punto de vista 
de la influencia que podrá ejercer en los demás pueblos y co- 
lonias del Asia, la resurrección de un gran imperio á la vida 
moderna, entrando en el concierto universal de las demás na- 
ciones... 

j>El vasto Archipiélago filipino, que aún poseemos entre los 
restos que nos han quedado de nuestro antiguo poderío colo- 
nial, está llamado á un gran porvenir tan pronto se desarrollen 
y utilicen los recursos naturales con que cuenta; y su proxi- 
midad al Japón, y la naturaleza de las producciones de ambos 
países convida á cambios recíprocos, con ventaja para los dos 
pueblos. El arroz, por ejemplo, que con tanta abundancia se 
produce en el Japón, y que hoy es de libre exportación, podría 
recibirse directamente en Filipinas, donde se hace gran con- 



258 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

sumo de aquel artículo, y enviar en cambio al Japón azúca- 
res, tabaco elaborado y algodones, y seguramente á medida 
que se estrecharan las relaciones, se multiplicarían los cam- 
bios, serían objeto de ellos nuevos artículos, y las corrientes 
de comercio que se establecieran darían alimento á nuestra 
Marina mercante, tan falta de fletes en todas partes. Para 
conseguir estas ventajas, que parecen evidentes, nada ó muy 
poco hemos hecho hasta ahora. España ha sido quizá la última 
de las naciones de Occidente que ha celebrado tratados de co- 
mercio con el Japón, ó que más bien, se ha adherido á los 
que otros países habían hecho antes, pues hasta el 8 de Abril 
de 1870 no fueron canjeadas las ratificaciones del tratado; es 
indudable que en Filipinas se consumen artículos del Japón, 
y algo ha de consumir este de aquella procedencia, pero es por 
el intermedio de terceros pabellones. España no figura en las 
estadísticas de comercio, y al leer los estados de movimiento 
de la navegación en los puertos abiertos al comercio interna- 
cional, se observa con pena que no aparece un solo buque de 
nuestra Marina mercante entre los que han frecuentado aque- 
llos puertos.» 

Confirmado con estos párrafos el juicio de la obra, véase en 
el ultimo el retrato moral del autor. 

«Damos fin á las Noticias^ que á algunos les parecerán de- 
masiado extensas, á otros deficientes; no pocos echarán de 
menos orden y enlace en la exposición, y todos tendrán razón, 
según el punto do vista en que so coloquen y el criterio con 
que las juzguen; pero conviene recordar que nuestro objeto, 
como se ha indicado ya en la introducción, ha sido dar á co- 
nocer las fuerzas militares del imperio japonés, y más prin- 
cipalmente sus fuerzas navales y establecimientos marítimos; 
y para apreciar debidamente la importancia de unos y otros, 
hemos creído debía preceder una reseña del país, que permita 
jMzgar su actual situación y las fuerzas productoras, las fuerzas 
vivas con que cuenta para sostener aquellas y desarrollarlas. 
Si no hemos conseguido nuestro intento, confiamos que este 
trabajo podrá servir de base para que otras personas más ilus- 
tradas lo rectifiquen y completen, sobre todo si tienen la for- 



ELOGIO DEL EXCMO. SR. D. HILARIO NAVA. 259 

tuna, que no hemos alcanzado nosotros, de visitar tan intere- 
sante país.» 

;Ah! Por la ilustración sin otras condiciones deja el general 
Nava en la Armada, en los Consejos, aquí mismo, vacíos que 
muy difícilmente se rellenarán. 

En la Revista general de Marina^ órgano científico de la 
Corporación, después de la enumeración de cargos, comisio- 
nes, ascensos y condecoraciones españolas y extranjeras que 
tuvo el fluado, se han impreso las frases que transcribo por 
garantía de sinceridad de las mías. 

«Para quienes no le conocieron, ociosa pudiera resultar 
cualquiera tentativa de retratarles con minuciosos rasgos la 
vida tan bien empleada de aquel hombre modesto que silen- 
ciosamente y sin vanos alardes consagró sus pensamientos 
todos al servicio de su patria; porque la modestia, semejante 
á esas mansas corrientes de agua que depositan en los campos 
su fecundo légamo, no provoca aquellos encarecimientos 
prestados de ordinario á bulliciosas glorias, ni despierta la 
curiosidad inquieta de los que ensordecidos por el fragor del 
torrente que de empinada cima se despeña, y deslumhrados 
con los rayos de luz que rompe su espuma, aplauden solo el 
vano ruido, los vistosos efectos, las ondulantes líneas, sin 
penetrar en el revuelto fondo que cubre la engañosa superficie. 

»Y para quienes le conocieron y trataron, patentes deben 
ser los títulos de sus merecimientos, sin que en este lugar 
y como postumo tributo á su memoria, haya necesidad de 
abrillantar sus timbres. Todos los que testigos fueron de su 
labor asidua, los que pudieron apreciar su entendimiento cla- 
ro, sus rectas intenciones y medir la extensión de sus conoci- 
mientos, le harán justicia... 

tLahore est orare se ha dicho con mucha delicadeza de senti- 
miento, y ciñéndose á esta máxima, bien pudiera afirmarse que 
D. Hilario Nava, como en preparación de esa otra vida á que 
ha pasado ya, y en la que habrán recibido sus virtudes justa 
recompensa, perteneció siempre á la milicia de los hombres 
escogidos, cuyas almas se templan en la religión del trabajo.» 



200 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

Acabemos, notando las rarísimas coincidencias que ofrecían 
los tres hombres eximios, á cuya honra dedica esia sesión la 
Sociedad Geográfica. La humanidad presenta en sus ejempla- 
res una variedad casi infinita por los caracteres, las aptitudes, 
Jas aficiones y las cualidades; es fenomenal que en un mo- 
mento se manifieste acuerdo ni concordancia entre las ideas y 
los propósitos, cuanto más entre las condiciones personales de 
los individuos; mas ved aquí á un Grande de España empe- 
ñado en la lucha de la política; á un catedrático que se dedica 
á la enseñanza de la juventud; á un marino buscando contra 
la escasez el progreso; que por tan distintos caminos en la ac- 
tividad de la vida, llevaban idéntica provisión de elementos. 
Los tres fueron cumplidos caballeros; corteses, afables, bon- 
dadosos, tolerantes en la sociedad; modelos en el hogar de la 
familia; esclavos en el cumplimiento del deber. En el amor de 
la patria no tuvieron superiores; en la severidad de principios, 
rectitud de pensamientos, honradez de acciones é integridad 
de procederes, si puede haber extremo, fueron extremados. Los 
tres, en religión eran fervientes católicos; en política, de opi- 
niones conservadoras; de incansable laboriosidad en el trans- 
curso ordinario de los acontecimientos; de valor cívico proba- 
do en aquellos que conmovieron á la nación. Los tres fueron 
dotados de inteligencia superior y la emplearon en ejercicio 
de la virtud. ;Quó mucho que por ellos demos libre expansión 
al dolor, si no es la sociedad sola, es España., quien los pierde 
y los llora! 

¡Descansen en paz, en el seno de Dios, nuestros amigos! 




MEMORIA 



SOBRE 

EL PROGRESO DE LOS TRABAJOS GEOGRÁFICOS 

LEÍDA EN LA JUNTA GENERAL OE 27 OE MAYO DE 1890, 
POR EL BECRETARtO GENERAL 



Seííores: 

Al ofrecer á la Sociedad la Memoria reglamentaria del se- 
mestre anterior, empezaré con la reseña do las tareas hechas 
en España. 

El Instituto Geográfico y Estadístico da cuenta del resul- iDsututo gco- 
lado de sus trabajos desde el mes de Mayo del año anterior, ^^^ y ^***- 

/ ^ ' dístico. 

en la siguiente forma: 

Trabajos geodésicos. — Se ha continuado y terminará en bre- 
ve el cálculo relativo á la diferencia de longitud entre los vér- 
tices Madrid y Tetica, cuyo lado forma parte del polígono in- 
ternacional París-Marsella- Argel- M'Sabiha-Tetica Madrid. 

Una Comisión de geodestas estudia el medio de resolver 
algunas dudas surgidas acerca del origen do ciertos errores 
señalados en la compensación de varias cadenas de triángulos 
de primer orden. Siete brigadas se dedicaron á la observación 
de quince estaciones en vértices de segundo orden y setenta y 
cinco de tercero. 

Se ha llevado á cabo en París la publicación de los «Resul- 
tados de la operación internacional de la diferencia de longi- 
tudes entre Madrid y París,» según lo prevenido en Real orden 
de 16 de Marzo de 1886. 

Trabajos topográficos. — Cuarenta y nueve brigadas distri- 
buidas en cinco regiones topográficas, cuyos centros residen 
en Albacete, Jaén, Córdoba, Sevilla y Málaga, se han dedicado 



2<>2 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD QSOGRÁFICA. 

á la nivelación y planos de población en los términos munici- 
pales de Marmolejo, Arjonilla, Baños de la Encina, Higue- 
ruela de Arjona, Porcuna, Bailón, Linares, San Pedro de 
Escañuela, Fuente del Rey, Villardom pardo, Villanueva de la 
Reina, Jabalquinto y Torreblascopedro, de la provincia de 
Jaén: Pozohondo, Jorquera, Corral Rubio, La Recueja, Moli- 
nicos, Villaverde, Elche de la Sierra, Jerez, Nerpio, Lctur y 
Bogarra, de la provincia de Albacete; Constantina, Almadén 
de la Plata, Navas do la Concepción, Gazalla de la Sierra y 
Real de la Jara, de la provincia de Sevilla; Ovejo, Montoro, 
Villa del Río, Villafranca, Siete Villas de los Pedroches, 
Villaharta, Villanueva del Rey con Espiel y Adamuz, do la 
provincia de Córdoha\ Antequera, La Mameda, Cuevas de San 
Marcos, Cuevas Bajas, Humilladero, Fuente de Piedra, Mo- 
llina, Villanueva de Algaida, Villanueva de Tapia y Sierra 
de Yeguas de la provincia de Málaga. 

Se hau publicado y puesto á la venta las hojas del mapa 
tituladas Torre de Juan Abad núm. 839, Viso del Marqués 
núm. 837, Almadén núm. 808, Lezuza núm. 789 y Brazator- 
tas niím. 835; y están actualmente en prensa Mestanza nú- 
mero 836, Valdemanco núm. 782, La Gineta núm. 765 y /?o- 
bledo núm. 815. Declarados oficiales los «Resultados generales 
del censo de la población de España en fin de 1887» por Real 
decreto de 27 de Junio de 1889, se han publicado en un volu- 
men en 4.' mayor, en el que aparecen los habitantes clasi- 
ficados con distinción de sexo, en residentes presentes, tran- 
seúntes y residentes ausentes, subdivididos en españoles y 
extranjeros. Estas clasificaciones son suficientes para conocer 
la población de hecho y la de derecho. 

Los totales generales han sido: 17.550.246 habitantes de 
hecho y 17.650.234 de derecho, lo que representa un aumento 
respecto al censo de 1877 de 915.901 habitantes, ó sea 5,51 
por 100 y de 896.643 ó sea 5,35 por 100 respectivamente. 

Se activa y muy pronto se podrá empezar la publicación, 
pues solo faltan datos de cuatro provincias, la clasificación del 
censo por sexos, estado civil, instrucción elemental, naturale- 
za, nacionalidad y domicilio legal. A la vez que estas clasifica- 



Guerra. 



PROGRESO DK LOS TRABAJOS GEOGRÁFICOS. 263 

cioues y con objeto de dar á conocer la distribución de los ha- 
bitantes en entidades de población inferiores al municipio, se 
está formando un Nomenclátor general délas ciudades, villas, 
lugares, aldeas, etc., existentes en España en 31 de Diciembre 
de 1887, es decir en el momento de hacerse el recuento de los 
habitantes. Por último, se prepara además, si bien su publi- 
cación no será inmediata, la clasificación de los habitantes por 
edades de año en año y por profesiones. 

En el Depósito de la Guerra se han terminado por las dife- Depósito de u 
rentes Comisiones los trabajos siguientes: 

Itinerario del ferrocarril de Boadilla á la frontera porlu- 

tuguesa en Barca de Alba, en ■^^^' 

ídem del id. de Córdoba á Belmez, en ^^. 

Hojas números 34 y 36 del Mapa Militar Itinerario de 
España, en ¿^. 

Itinerarios, en ^-r^ de las siguientes carreteras de la isla 

de Luzón: De Tauáuan á Talisay; de Lipa á Alaminos; de 
Bauan á Nasugli y Liang; de Taal á San Luís; de Bauan á 
Cuenca; de Batangas á Rosario; de Rosario á San Juan de 
Boc-Boc; de Taisán á Rosario; de Ibáan á Taisán; de Ibáan 
á Lipa y de Ibáan á San José. 

Se hallan en ejecución: 

Itinerario del ferrocarril de León á Oviedo, en Y¡m' 

Plano de Algeciras y costa del Estrecho de Gibraltar, que 
abraza 800 km.*, en -=-ttt. 

' 5.000 

Plano de la comarca de las Guillerías; que abraza una su- 
perficie de 1.700 km.*, en gjooó' (Termiufidos los trabajos de 
campo.) 

Itinerario del ferrocarril de Córdoba á Marchena, en -^^r-zr^. 

Hojas números 33, 37, 47 y 74 del Mapa Militar Itinerario 
de España, en ^¿oo- 

Reconocimiento topográfico para la publicación del Mapa 
Militar del Imperio de Marruecos, en -^^^> habiéndose ya 



2bl BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

ejecutado en ^^^ los itinerarios de los caminos y hecho el 

reconocimiento de la parte comprendida entre Ceuta, Tánger, 
Saley, Rabal, Mequinez, Fez, Alcázar-Kevir y Tetuán, como 

asimismo los croquis, en ^^ de las poblaciones más impor- 
tantes y sus alrededores. 
Mapa Militar Itinerario de la isla de Puerto-Rico, en . 

ídem, id. de la isla de Cuba, en goowó" 

En la sección de grabado, se terminaron las hojas números 
56 y 64 del Mapa Militar Itinerario de España, en ^ooooo' ^ ^® 
están grabando las hojas números 44, 46, 54, 57 y 67 del 
Mapa Militar Itinerario de España, en ¿oóooo* 

Plano de Bilbao, en ^j^. 

Plano de Sevilla, en g^. 

Depórito Hi- El Depósito Hidrográfico ha publicado las hojas XIV y XV 
diográfloo. ¿^gj Mediterráneo, que comprenden desde Punta Palomera 

hasta el cabo Tossa y los planos del abra y ría de Bilbao, de 
Fuengirola, Puerto de la Selva y Cadaqiíés: el croquis del 
puerto de Tumanao, isla de Sarangani, en el archipiélago 
filipino y el plano del puerto de Santiago de Bonebey, isla de 
Ponape ó de la Ascensión, en las Carolinas. 

Se están grabando la hoja XV del Mediterráneo, desde cabo 
Tossa á la frontera francesa; el plano del río Miño; el de la 
bahía de Palma de Mallorca; un croquis del surgidero del Jií- 
caro (isla de Cuba); el plano de la rada de Cularian (isla Pa- 
ragua, de Filipinas), y el del puerto de Mutok (isla de la As- 
censión, en las Carolinas.) 

La Comisión hidrográfica de la Península continuó el levan- 
tamiento del litoral de Mallorca y la de Filipinas el de la isla 
de Leite. 

Entre los libros publicados, además de varios derroteros de 
costas extranjeras, ha publicado el Anuario de la Dirección y 
cuadernos de faros, 
ctaüdón del En la Comisión del Mapa geológico de España se han hecho 
ji^G«oi6gico. i^g trabajos siguientes: 



PROGRESO DE LOS TRABAJOS GEOGRÁFICOS. 265 

1.^ Se ha terminado la impresión del tomo ii de la Descrip- 
ción física , geológica y minera de la provincia de Huelva, del 
ingeniero D. Joaquín Gonzalo y Tarín, impresión cuyo comien- 
zo se anunció en la nota suministrada á la Sociedad Geográfica 
en Noviembre último. La extensión que el autor ha dado á la 
Descripción minera de la provincia de Huelvaj exigió que se 
le dedicara un tomo entero, y aun así ha resultado este muy 
voluminoso (cerca de 650 páginas) por ser muchas las materias 
de que trata, y en gran número las explotaciones mineras á 
que en él se hace referencia. 

Comienza el Sr. Gonzalo y Tarín por una breve introducción, 
después de la cual reseña la historia de la minería en la pro- 
vincia de Huelva, tratando separadamente de los tiempos 
proto-históricos é históricos y dividiendo estos últimos en las 
tres edades, antigua, media y moderna. 

Para entrar en el estudio de los diversos criaderos, los 
agrupa en dos secciones, según correspondan á la categoría 
de los metalíferos ó no metalíferos. La sección destinada á los 
Criaderos metaliferos es con mucho la más extensa y abarca 
diversos capítulos dedicados á Consideraciones generales; for- 
mación de los criaderos metalíferos de Huelva; criaderos de 
pirita de hierro y ferro-cobriza; de chalcopirita y oxisulfuros 
de cobre; de sulfuros múltiples de hierro, plomo, plata, zinc 
y cobre; de menas de plomo; de menas de antimonio; de óxidos 
de hierro y de menas de manganeso. 

Bajo el citado título de Consideraciones generales, hace una 
enumeración razonada de las ideas y teorías emitidas en dis- 
tintas épocas acerca de los criaderos metalíferos en general, y 
da algunas noticias referentes á la producción artificial de 
minerales, que llevan á la investigación del origen que puedan 
tener las sustancias que entran en la constitución de aquellos 
mismos criaderos, todo lo cual conduce al estudio de la ma- 
nera cómo han podido formarse los de la provincia, clasificados 
por el autor en criaderos de relleno, de segregación, sedimen- 
tarios y metamorfoseados. 

Natural era, dada la singular importancia de los criaderos 
piritosos de la provincia, que el Sr. Gonzalo les concediera la 

18 



d66 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

preferencia, y así, en efecto, antes de describirlos individual- 
mente, dando noticia de las principales explotaciones sobre 
ellos practicadas, con dalos históricos é industriales, particu- 
larmente de Río-Tinto y Tharsis, se fija en diversas circuns- 
tancias generales para todos ellos, tales como los elementos 
que los constituyen, los caracteres exteriores, las relaciones 
entre los mismos criaderos y sus cajas, las alteraciones sufri- 
das por estas y las variaciones en las riquezas de las menas. 

Siguen en interés los criaderos de manganeso, respecto de 
los cuales traza la historia de su disfrute y los describe minu- 
ciosamente, detallando las explotaciones que merecen mención 
especial; y respecto á la sección de los Criaderos no metalíferos^ 
da cuantas noticias puedan apetecerse acerca de los ocres y 
almagras, filones de barita, esteatita, amianto, jaspes, arcillas, 
calizas y demds materiales de construcción que el suelo de la 
provincia suministra. 

Acompaña á esta descripción el mapa de la zona central mi- 
nera de la provincia en escala de -jooooo"» ^ además otras 40 
láminas, 24 de ellas de las dimensiones de las páginas del 
libro á que se refieren, 14 de un tamaño doble y 2 mayores 
adn, la mayor parte de las cuales representan planos de dife- 
rentes minas. 

2.° Se ha preparado el material para la impresión, que ha 
comenzado ya, del tomo xvi del Boletin. 

S.' Se han tirado 4 hojas de las 16 que constituyen el 
mapa general de España, que esta Comisión ha trazado en la 
escala de ^^. 

Y 4.' Por último, se han hecho estudios de campo en las 
provincias de Albacete, Soria, Segovia y Tarragona, conti- 
nuándose los de gabinete relativos á estas y otras varias pro- 
vincias, así como los de la publicación del mapa general, y los 
que se refieren á la formación de colecciones de minerales, 
rocas y fósiles con destino á los Institutos de 2.* enseñanza y 
otros centros científicos, hallándose ya preparada para ser 
enviada á su destino, la colección que se ha formado para la 
Cátedra de terapéutica, materia médica y arte de recetar del 
Colegio de San Carlos. 




PROGRESO DE LOS TRABAJOS GEOGRÁFICOS. 287 

Poco se puede añadir á lo dicho en Noviembre próximo pa- comiaión del 
sado; pues la Comisión del Servicio Estadístico minero, por la servicio Estadii- 

^ '^ tico minero. 

índole especial de los datos que está encargada de recopilar, 
sigue uniforme su marcha, y solo las cifras son las que varían. 

La estadística minera de 1887-88, primera dada á luz por 
€sta Comisión (creada en Julio de 1887), está ya totalmente 
impresa, y comprende, además del año económico de 1887-88, 
los años naturales de 1887 y 1888, dispuestos de manera que 
su comparación con los datos similares de los demás países 
sea fácilmente practicable, lo que no ocurriría seguramente si 
se hubiera limitado á la forma á que obliga nuestro año eco- 
nómico. Dos mapas mineros de España de los mismos años 
de 1887 y 1888 muestran gráñcamente el valor representado 
por la riqueza minera de la Península, y su peso y valores, 
los diversos factores que en minerales y metales concurren á 
formarlo, expresándose, además, la exportación verificada por 
cada una de las Aduanas del reino, y la producción, tanto en 
minerales como en productos metalúrgicos. 

En dos diagramas unidos igualmente á este tomo se mues- 
tran las diferencias entre los datos oficiales y los comproba- 
dos que, aunque no alcanzan más que á cierto número de 
sustancias, arrojan, sin embargo, 42.344.895 para mayor va- 
lor en 1887, y 44.439.319 para 1888, ó sea un total de 86.784.214 
como mayor valor de lo producido, comparado con lo oficial y 
declarado. 

Un estado de todas las canteras del reino en actividad en * 
1888, y un spécimen de la forma adoptada para la estadística 
detallada de los motores de vapor aplicados á la minería com- 
pletan este tomo, que contiene además las memorias especia- 
les de cada distrito remitidas por los jefes de los mismos, y 
varios estados sobre exportación é importación, de tanto ma- 
yor interés, cuanto que, como quedan dispuestas en un cua- 
dro especial las sustancias que forman el objeto de ambas 
operaciones, puede el industrial fijar su atención y meditar 
si las condiciones de fabricación podían permitirle elaborar 
en nuestro propio suelo, con gran ventaja del país y de su 
población obrera, sustancias que se exportan á otros países, 



208 tiOL£TÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

de los cuales vuélvense á recibir los productos á que daií 
lugar. 

Por lo demás, la minería sigue su progresión marcada, 
bailándose representada la riqueza minera de España en el pe* 
ríodo citado por las cifras sucesivas de 212.296.775, 228.490.387 
y 239.695.907 pesetas, sin bacer mérito de los valores desarro- 
llados por las industrias anexas á la minería. 

El número de trabajadores de las minas en dicho año 1888,. 
ba sido el de 55.473; en las canteras, 31.902; y en el ramo de 
beneficio, 19.071, ó sea un total de 106.451 operarios. 

Terminada ya la relación de los trabajos ejecutados en lo* 
centros oficiales que interesan más directamente á nuestra 
Sociedad, resumiré en una ligera revista los principales he- 
chos geográñóos que durante el último semestre han ocurrido 
en el mundo. 



EUROPA. 

A pesar de lo que asegura un periódico científico, de que 
solo quedan por explorar en el planeta los casquetes polares, 
falta mucho más por conocer, y no solo en las regiones del 
interior de la América meridional, de África, Asia y Nueva Ho- 
landa, sino en la misma Europa, como lo atestigua el reciente 
viaje que por encargo de la Sociedad Geográfica de San Pe- 
tersburgo acaba de hacer Mr. Istomino en la cuenca del Pét- 
chora, río que envía sus aguas al Océano glacial Ártico en la 
parte NE. de la Rusia europea. El viajero ha hecho intere- 
santes estudios etnográficos y un mapa del país recorrido, 
dando cuenta de una notable cueva, que según la tradición 
sirvió de morada á una virgen amazona. Y aun con cierto ru- 
bor, podríamos decir, que también exploran algunos extranje- 
ros ciertas comarcas españolas, como lo prueban las excursio- 
nes de los alpinistas Schríeder y el conde de Saint Saud en los 
Pirineos aragoneses, y las que tiene proyectadas el úliimo al 



PROGRESO DE LOS TRABAJOS GEOGRÁFICOS. 209 

olvidado territorio de las Hurdes, en la parte N. de la provin- 
-cia de Cáceres. En honor de la verdad, no necesita Europa ^ 
grandes exploraciones; toda ella se encuentra bien explotada 
por sus respectivos Gobiernos, que por milagro dejarán de 
exigir los impuestos hasta en las últimas aldeas, porque no es 
creíble que pueda haber ocultaciones en la riqueza, como es- 
tamos acostumbrados á oir que en España ocurren, sino en 
naciones cuyo catastro se halle tan atrasado como en la 
nuestra. 

En casi todas se conocen perfectamente los recursos públi- 
co?, así como sus necesidades, y de día en día se procura sa- 
tisfacer estas y aumentar la riqueza con los elementos que la 
industria proporciona, y con los cuales también se fomenta el 
comercio. Para ello se idean y se ejecutan obras que en ante- 
riores épocas parecerían un mito; pero el siglo xix, el siglo 
del hierro y de la ingeniería, nos tiene acostumbrados á sus 
maravillas, y después de los proyectos de canales interoceá- 
nicos, parecerá muy pequeña obra la de enlazar las dos gran- 
des ciudades de Birmingham y de Liverpool, ya pronto en 
vías de ejecución, y cuyo presupuesto asciende á 300 millones 
de reales. Abandonada la moda de los túneles, tócales su tur- 
no á los puentes, y se piensa en reunir por uno monumental 
las costas de Dinamarca y de Suecia en el histórico paso del 
Suud. 

Desde que se han visto los hermosos detalles de construc- 
ción en el magnífico puente del Firth of Forth en Escocia, 
son ya creíbles las obras que, con auxilio del hierro, pueden 
hacerse. Aquel puente tiene dos tramos de 518 m., y otros dos 
de la mitad, cruzando la extensa ría en una distancia de 
1.615 m., y elevado el piso 46 sobre las pleamares de sizigias. 
Descansa en dos estribos centrales y otros dos en los extremos, 
utilizando para uno de aquellos el islote Garvie. Viene á ser 
como seis torres EiíTel colocadas horizontalmente, pareadas dos 
veces por las bases y tres por los vértices, y formando los es- 
tribos la unión de sus bases intermedias. 

El puente sobre el Sund, canal que tien6'4.500 m. de ancho 
«ntre el palacio ó fortaleza dinamarquesa de Kronborgen Hel- 



TiO BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

singar y el puerto sueco de Helsingborg, habrá de ser tres 
veces más largo, aunque lleva la ventaja de poderse construir 
en aguas menos profundas, pues la mayor sonda alcanza 27 m.,- 
variando luego el fondo, que es de piedra, desde 6 á 26: 
cuestión todo de hierro y de cálculo. 

Una nota suelta: interpelado el ministro de Marina en el 
Parlamento inglés acerca del proyectado dique en Gibraltar^ 
declaró que lo consideraba urgente y que muy pronto empe* 
zarían los trabajos. Nada se habló relativo al paraje donde ha 
de construirse. 

Estamos ya tan curtidos por los golpes que de Inglaterra 
hemos recibido en Gibraltar, ya avanzando con descaro sus 
casetas hacia nuestra línea, ya ocupando las aguas españolas 
hasta Punta Mala, como si fueran los verdaderos dueños de 
toda la bahía de Algeciras, que nada de lo que hagan debe 
extrañarnos. Lo que sí parece raro es que los Gobiernos de 
España no hayan resuelto de una vez para siempre la cuestión 
de nuestros límites con la plaza donde todavía sigue flotando 
la bandera británica. 

Para terminar con Europa daré cuenta de un pensamiento 
inglés. Nos enseña la Historia que al crecimiento excesivo de 
un Estado sigue fatalmente su desmembración, quedando con 
frecuencia encarnizados enemigos de la metrópoli los frag- 
mentos desprendidos que antes fueron de ella humildes vasa- 
llos. No ha desaprovechado Inglaterra estas lecciones de la 
experiencia, porque ya tuvo patente ejemplo con su colonia 
americana, convertida desde el tiempo de Tomás Jefferson en 
la poderosa nación de los Estados-Unidos. Domina la Gran 
Bretaña sobre una extensión de 23 millones de kilómetros 
cuadrados, mucho más de dos veces la superQcie de Europa; 
obedecen sus órdenes 319 millones de habitantes esparcidos 
por todo el globo (1) constituyendo sus principales posesiones 

(1) Tiene Iníflaterra en Europa. .'. . 314.(528 km.« con 3h ir>5.526 habitantes. 

» » Asia 4.6;}1.473 » 2(J5.180v82 *> 

» » Australia.. 8.21fi.525 » 1017.191 ji) 

»> » África 1.2G5.«":5 » 4.271.718 » 

Colonias diversas . 9 531.1G2 » 0.6t').9«)0 » 

Total.... 23.959.6C3 » 3181)14.017 » 



PROGRESO DE LOS TRABAJOS GEOGRÁFICOS. 271 

la India, la Australia y el dominio del Canadá. En previsión, 
pues, de futuras desmembraciones, ha surgido en Londres la 
idea de una confederación imperial que ligue estrechamente á 
la metrópoli con sus dependencias, no consistiendo solo en 
una simple alianza militar, sino en la completa fusión política 
de sus colonias con Parlamentos federales y un poder ejecu- 
tivo líuico. Si consiguen llevar á cabo este pensamiento, será 
el único medio para asegurar la supremacía inglesa en el 
mundo, que hoy tiene casi del todo acaparado por su comer- 
cio y por su influjo, y será también un motivo más de alarma 
para las demás razas, que no deben olvidar la divisa de Bél- 
gica, ala unión hace la fuerza.» 



ASIA. 

Esta vez puedo dar^cuenta de varios viajes de exploración 
en Asia, sobre todo en la parle central, que era la preferida 
del animoso Prjevalski: continúa su obra Ruboruski, levan- 
tando los planos del terreno que media entre el Issikul y las 
cercanías de Yarkand, sin descuidar por eso los estudios 
etnográficos y políticos de aquella región. La Sociedad Geo- 
gráfica rusa ha enviado otras expediciones á varios puntos, 
muy principalmente al Tíbet y á las montañas mongólicas. 
El coronel Pietsof comenzó su viaje desdo la Kaxgaria, pa- 
sando por Jotán y Keria con objeto de alcanzar los montes 
tibetanos, y en ellos buscar un paso al NE. del Tíbet para 
visitar aquella parte aún inexplorada. Logró llegar al oasis 
de Nia, y á las 130 verstas (139 km.) de dicho punto encontró 
el paso buscado hacia la región aurífera de Sarik-Tuz: luego 
volvió á Nia, donde pensaba invernar, continuando en el buen 
tiempo su viaje. 

El Sr. Elisselef ha explorado el territorio del Ussari, visi- 
tando las cuevas de la Manchuria y los Sres. Yadimsef y 
Smisluski viajan por la Mongolia septentrional; al pasar por 
los llanos de Arjola han visto ruinas de gran interés histórico. 



272 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

Otro ruso, Mr. Kuzaetsof, ha recorrido varios glaciares al N. 
del Cáucaso. 

El capitán ruso Grombcheuskí, explorador de las grandes 
montañas asiáticas, ha hecho la ascensión del pico de Mustag 
ó Godwin Ostin, pico más alto después del Gaurisankar. 

Tres franceses recorren también el Asia: uno de estos, 
Mr. Dauvergue, explora el Turquestán oriental y los otros dos, 
que son el príncipe Enrique de Orleans y su compañero 
M. Bonvalot, se hallaban en Kulya (China) el 9 de Octubre, 
con el propósito de emprender su marcha para Lob-Nor que 
dista 370 km.; de allí piensan ir por el alto Kiucha-Kiang y 
volver al Yunnán y el Tonquín. Si pueden, reconocerán las 
fuentes del Hoang-bo ó Rio Amarillo. 

También el norte-americano Rockill, secretario de la lega- 
ción de los Estados-Unidos ha salido de Pekín en dirección al 
Tíbet: al llegar á Mongolia se disfrazó de peregrino, cousi- 
guiendo entrar en la ciudad sagrada de Lassa; pero descu- 
bierto le quitaron cuanto llevaba, y falto de recursos tuvo que 
volver á China, reconociendo de paso la ignorada región del 
alto Yangtzó. 

Por último, debo señalar otra importante expedición, la de 
Mr. Rosset en la Indo-China, que ha explorado el Mekong y 
el Dongiié, entrando en territorios de Annam, Cochinchina, 
Cambodia, Siam y Laos. 

Tanto los franceses en el Tonquín como los ingleses en 
Birmania siguen sus forzosas expediciones guerreras contra 
los rebeldes, casi siempre auxiliados por gentes chinas, seña- 
lándose los piratas tonquineses, que se baten con sangre fría 
contra las columnas francesas causándoles bajas de considera- 
ción. Nguyen-Van, uno de los jefes que hicieron prisionero, 
y que fué decapitado en Hanoi, se había sometido al protec- 
torado francés; pero al sublevarse, dio una proclama al pueblo 
explicándole su sumisión y la causa de su rebeldía, que no 
era otra que el ver agobiada á su patria, y terminaba diciendo: 
thoy vuelvo á ejercer mi antigua autoridad y juro no vivir 
bajo el mismo cielo con los piratas de Occidente: así, pues, 
compatriotas, cuando nuestro ejército os visite preparadle 



PROGRESO DE LOS TRABAJOS GEOGRÁFICOS. 273 

víveres, y si alguno desobedeciere esta orden ó abrazase la 
causa de los piratas de Occidente, haré rodar su cabeza.» 

Con esta situación se comprende que Francia tenga en 
Tonquín un ejército de 35.000 hombres. 

Debe contarse entre todos los esfuerzos que hace Rusia, 
como uno de los más colosales, la línea férrea que ya está en 
vías de ejecución, desde la Rusia europea á Vladivostok en la 
costa del Pacífico y cruzando toda la Siberia. Tendrá 6.500 
kilómetros de longitud, es decir, mucho más larga que la 
mayor de Norte-América, la North Paciñc, que solo alcanza 
.5.300. Entre las obras de este camino se hallan los puentes 
sobre los grandes ríos siberianos como el Obi, el Yenissei y 
el Lena. Cuando se termine la gigantesca obra quedará por 
bajo de la realidad la novela de Julio Verne, en su vuelta 
alrededor del mundo, pues podrá verificarse en cuarenta días 
saliendo de París y volviendo á él por Nueva- York, San Fran- 
cisco, Yokohama y Vladivostok. 

Terminaré la reseña de Asia, dando cuenta de las opiniones 
que sobre la política inglesa expuso en Bradford, no ha mu- 
cho tiempo el estadista Sir Carlos Dilke, opiniones que coinci- 
den con las que en difereutes ocasiones he manifestado res- 
pecto á la situación de rusos ó ingleses eu Asia. El Sr. Dilke 
opina que Inglaterra debe ocuparse con más interés en los 
asuntos de la India, que debe dársele alguna mayor participa- 
ción en los asuntos administrativos del país, para que en un 
momento de crisis, no queden aquellas posesiones á cargo de 
una burocracia irresponsable y anónima; y cree absoluta- 
mente necesaria la existencia de Estados intermedios, «tapo- 
nes» como los llamaba gráficamente, entre Rusia ó Inglaterra 
en Asia, no porque tema, decía, una invasión, siendo limí- 
trofes ambas potencias, sino porque entonces habría que tran- 
quilizar á la opinión pública aumentando allí las fuerzas mi- 
litares, y por consiguiente, los tributos para mantenerlas. 

Sir Dilke ve el peligro para Inglaterra donde es natural 
verlo, donde muchas veces lo hemos señalado, en Persia y en 
el Afghanislan. 

Por esto sin duda y en prevención de lo que pueda ocurrir, 



274 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

haa cruzado los ingleses el Himalaya y el Karakorum, eri- 
giendo una fortaleza en Xabiduljah; en su vista los chinos 
vecinos del Jotán han construido otra en sus inmediaciones: 
también han levantado dos pequeños fuertes los ingleses 
al NO. del Indo, al pie del Hindokux y no lejos del nacimiento 
del Óxus. 



ÁFRICA. 

Los detractores de Galicia aseguran que el gallego no entien- 
de otra justicia que la que él diga. Bastante más exacto sería 
el aplicar esta definición á los norte-americanos, los cuales 
proclaman y sostienen la doctrina de Monroe para el nuevo 
continente y no la practican en el antiguo. 

Así i"esulta del incidente ocurrido en Tánger durante el mes 
de Diciembre último. Parece que el vapor Congo^ procedente 
de Amberes, llevaba un cijou que el consignatario en la ciu- 
dad declaró como géneros de fi»rrelería, y presentó un salvo- 
conducto de Mr. Reed Lewis cónsul de los Estados- Unidos; 
los empleados marroquíes exigieron que se abriese, hallando 
fusiles en vez de los artículos declarados, por lo cual lo deco- 
misaron; incomodado el cónsul forzó las puertas de la aduana 
plantando la bandera norte-americana en el cajón. Como de este 
ruidoso asunto no ha vuelto á hablarse, es lo más probable 
que los fusiles se hayan rescatado, quedando por el suelo la 
justicia que asistía á Marruecos. Es un aviso para Europa este 
respeto á la legalidad demostrado por los norte-americanos. 

En tanto, dicen, el Gobierno marroquí vaá hacer en Alema- 
nia una importante compra de cañones Krupp por valor de I 
millón de duros; esto sí que es gastar pólvora en salvas. 

Pasemos adelante y sin detenernos en Santa Cruz de Mar 
Pequeña ni aun en Río de Oro, por no recordar el abandono 
en que los españoles tienen todo cuanto puede interesarles, 
como nos decía en su conferencia el Sr. Santa Olalla; llegue- 
mos á las posesiones francesas del Senegal, donde nuestros 
vecinos van consolidando su poder. Allí, para no hacer muy 



PROGRESO DE LOS TRABAJOS GEOGRÁFICOS. 275 

costosas SUS colonias á la madre patria, conservan una serie 
de puntos con guarnición francesa (1) y dejan en libertad á los 
indígenas sobre los cuales solo ejercen el protectorado, y pro- 
curan alimentar con ellos su comercio. Allí también han regu- 
larizado sus dominios, fijando de acuerdo con el Gobierno in- 
glés, los límites do las respectivas posesiones, no solo en la 
Senegambia, sino en toda la parte occidental donde las tienen 
ambas potencias (2). 

No descuida tampoco Francia su objetivo del comercio de 
Timbuctü, por el lado del alto Níger, nuevamente recorrido 
en 1.600 km. por el teniente de navio Jaime á bordo del ca- 
ñonero Le Afage, 

Es evidente que ninguna nación puede acometer una empre- 
sa sin arriesgar algo en ella; Francia, al extender su influjo 
en África, se ve precisada á remover obstáculos y á luchar con 
eiiergía para vencerlos. 

Eso le acontece ahora en sus posesiones del Dahomey. Este 
país, edén de la barbarie, como le llama el excéntrico Arturo 
Granson, había celebrado con Francia, en 1878, un tratado, ce- 
diéndole una parte del territorio de Kotonou; el 21 de Febrero 
quisieron los franceses tomar posesión de él, negándose á en- 
tregarlo el jefe dahomeyano; ocurrió un choque sangriento y 
el teniente coronel Terrillon ocupó el pueblo á viva fuerza, 
haciendo prisionero al jefe con su familia. En represalia, fue- 
ron capturados los agentes de varias casas de Marsella estable- 



cí) Francia se reserva como posesiones directas: los puestos de Matani, Saldé, 
Po.lor. Aeré, y Dagana con las aldeas que de ellos dependen; el puesto telegráfico 
de N'Diaen; el de M'Pal;el de Richard Toll en la orilla occidental de T^uey; el 
de Mérina^hen junto al lago de Guiers; los de N'Diago y Lnmpsnr; una faja de 
terreno de 2 km. de ancho en los caminos de Diaudune y de Tund-Tuli, á la 
derecha del ferro-carril de Dakar; la isla de "^o-; el pueblo de Ley bar; el i» lote de 
BabaguJ^ye y las salinas de Koumette y de Gandióle. 

{i) Según el tratado entre las dos naciones, los limites fijados son los siguientes: 
una línea por el N. y otra por el S. del rio Gambia, que marca el territorio inglés 
allí enclavado; la linca por el lado de Sierra Leona; la situación respectiva de am- 
bos países en el golfo de Benín, fijando las frontera" de Porto Novo y de la colonia 
inglesa de Lagos, quedando libre por aquella parte la navegación del Lajarra y 
del Addo Por último, se determina que Inglaterra ejercerá su acción en la parte 
oriental y Francia en la occidental. 



278 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

cidos en Whidah, y llevados á la capital Abomey. Desde enlon- 
ceSy no era posible el acomodamiento y prosiguieron las hos- 
tilidades tomando en ellas la iniciativa el principe Kondo, 
hijo del difunto Gleglé, déspota de Dahomey. 

Sabido es que el ejército dahomeyano consta de 12.000 gue- 
rreros y 6 ú 8.000 amazonas, mujeres terribles y perfectamente 
armadas, que manejan con suma destreza tanto ol fusil como 
el arma blanca y que por su salvaje intrepidez forman el nií- 
cleo de aquellas hordas. Después de ocupar Kondo toda la costa, 
dirigió sus fuerzas contra Kotonou atacándolo varias veces 
hasta que intentó un asalto el 4 de Marzo, llegando casi á tocar 
los cañones de la plaza. La guarnición, compuesta de gabone- 
ses y de tiradores del Senegal, rechazó el ataque, en el cual 
perdieron los de Dahomey la generala de las amazonas y 500 
combatientes, teniendo los franceses 9 muertos y 19 heridos. 

El coronel Terrillon salió del fuerte con su columna y des- 
pués de varias escaramuzas con escasas pérdidas, bombardeó 
el pueblo de Agobbo situado á la izquierda del rio Uemé, al N. 
del lago de los Caimanes é incendió ocho poblaciones más. 
Se ha notifícado el bloqueo de la costa de los Esclavos y con 
los refuerzos llegados de Dakar y Gabón se propone seguir la 
campaña para escarmentar al tirano de Dahomey. Los portu- 
gueses hicieron bien, renunciando al protectorado de aquel 
país, que les hubiera costado esfuerzos imposibles pues á la 
misma Francia en razón al ingrato clima en que han de operar 
sus tropas, le saldrá muy cara la empresa. Posteriormente se 
ha sabido que los buques franceses bombardearon á Whidah; 
que el ejército de Dahomey estaba algunos kilómetros tierra 
adentro, y que hay esperanzas de que pida la paz. 

Los ingleses prosiguen, en cambio, muy tranquilamente su 
avance por el Xíger é intentan penetrar en el Sudán. Mr. Gra- 
ham Brooke ha organizado una expedición que debe ir al lago 
Tsad, y cuyo objeto es conseguir de aquellas tribus que se so- 
metan al protectorado de la Gran Bretaña, acaparando así todo 
su comercio. No nos parecemos mucho en actividad á los demás 
europeos. En Noviembre pasado se organizó una expedición 
cuyo objeto era explorar con minuciosidad el territorio próximo 



PROGRESO DE LOS TRABAJOS GEOGRÁFICOS. 277 

iil Ogoué. El francés M. Fourneau era el encargado de llevarla 
á cabo y con efecto remontó aquel río hasta Lape á 500 km. 
de la embocadura; desde allí se dirigió al N. hasta el río 
Campo, que siguió, terminando su viaje en la costa; durante 
su marcha celebró convenios con diferentes jefes de tribu 
sometiéndose muchos al protectorado de Francia. Ha encon- 
trado terrenos montañosos con puntos entre 1.000 y 1.500 m. 
de altura que corren paralelos á la costa y que le parecen 
muy á propósito para la colonización europea, siendo todo el 
país fértil y rico. Es decir que por nuestra apatía y cuanto 
lUcIs perseveremos en ella, toda la serie de hechos, que van 
consiguiendo los franceses, se irán convirtiendo en derechos 
que luego será cada vez mas difícil combatir. En tanto nosotros 
hacemos tiempo, labor en que sobresalimos entre todos los 
demás mortales. Los portugueses nos dan continuas lecciones 
del interés que debe tomarse respecto á las colonias, no dejan- 
do pasar nada que, á su entender, lastime sus derechos. Ahora 
mismo ha surgido una cuestión entre Portugal y el estado del 
Congo, y para solventarla tratan de establecer definitivamente 
las fronteras de su posesión de Cabinda, habiendo elegido 
ambas partes contratantes como arbitro al Consejo federal 
suizo, si no llegan directamente á su acuerdo. 

Como un paso más para el objeto que Portugal persigue, de 
unir sus posesiones orientales y occidentales en África, van 
avanzando por el O. y obteniendo la sumisión de varios 
reyezuelos indígenas. 

Por fin vamos á entrar, si es posible, en el intrincado labe- 
rinto llamado cuestión anglo-portuguesa, en el cual no se sabe 
á qué atenerse, cuando uno y otro contendiente niega sus 
mutuas recriminaciones, y las imputa todas al adversario. Los 
ingleses acusan á los lusitanos de protectores de la esclavitud 
y de la inmoralidad en el África Oriental; estos achacan á 
aquellos felonías y deslealtades, de manera que solo podemos 
juzgar por los hechos ñuales y por los antecedentes históricos 
algo de lo que verdaderamente ocurre. Portugal, quizá en me- 
dida superior á sus fuerzas, pero con perfecto y antiguo dere- 
cho, explora por medio desús animosos viajeros los territorios 



2fj8 boletín de la sociedad geográfica. 

de eutrainbas orillas del Zambeze, sujeta régulos y atrae á su 
obediencia muchas tribus: Serpa Pinto, Antonio Gardoso y 
Víctor Cordón han sido los encargados de esta empresa; este úl- 
timo, cuyo viaje es el mas reciente, ha visitado el territorio de 
Zumbo y los valles de Umfuli y de Sahata, donde encontró 
vestigios de fortalezas y de trabajos mineros hechos de anti- 
guo por los portugueses. Paiva d'Andrade contribuyó también 
á extender por aquella parle la influencia de Portugal hasta la 
región del Nasa. Alvaro Gaslelhacs hacía entretanto los estu- 
dios para un ferrocarril en el alto Xiré; tenía repartida su 
gente, unos 300 hombres, con el segundo ingeniero Sr. The- 
mudo, y al cruzar el territorio de los Makololos, cerca del río 
mencionado, se vio hostilizado, teniendo que responder á la 
agresión y se replegó hasta encontrar á Themudo. Este fué 
el principio del conflicto con Inglaterra y de ello se acusaba 
á los ingleses Harry Petit y al hermano Jorge Petit que exci- 
taban á los indígenas contra los portugueses. Los hombres que 
llevaba querían huir por temor á los Makololos, cada día más 
amenazadores, y le costó gran trabajo contenerlos hasta re- 
unirse con el mayor Serpa Pinto. 

Había llegado á oídos del Gobierno de Lisboa que á la com- 
pañía inglesa Sud-africana se le concedía por una carta real 
una gran extensión que tomando por base el Zambeze, en una 
y otra orilla, forma una zona trasversal de N. á S., y por 
el SO. del lago Nasa corta la comunicación entre Mozambique 
y las colonias occideutales de Mossámedes. Para prevenir este 
peligro era preciso obrar con toda energía y actividad, estable- 
cerse sólidamente en el Xiré y el Nasa, contrarrestando el 
influjo de los misioneros ingleses de Mponda, y celebrar tra- 
tados con los jefes indígenas, para que la Compañía inglesa se 
encontrase con los hechos consumados, y no pudiera cortar las 
posesiones portuguesas. Serpa Pinto había llegado á tiempo con 
refuerzos, y á lo que parece, se vio sin embargo atacado por los 
Makololos, bien armados; pero los derrotó y esta fué la última 
gota que promovió la indignación inglesa. En Londres no po- 
dían resignarse á que les hubieran tomado la delantera, y 
como el lobo de la fábula, les incomodó que los portugueses 



PROGRESO DE LOS TRABAJOS GEOGRÁFICOS. 279 

bebiesen las aguas del Xiré, que ya estaba concedido en el pa- 
pel á la Compañía inglesa; decían que sobre aquellos terrenos 
no había más que hacer sino plantar la gloriosa bandera bri- 
tánica, y precisamente esto es lo que habían hecho los lusita- 
nos, poniendo su pabellón azul y blanco. Prescindiendo de 
anteriores derechos, bastaba allí el natural y reconocido depri- 
mo occupante. La justicia de siempre: bueno si lo hacen los 
ingleses, insolente y ridículo si lo hacen otros. Y sobre todo, 
nadie estorba á la Compañía inglesa, que no representa á su 
nación, comerciar y establecerse en territorio dependiente de 
Portugal. 

No es necesario decir cuánto ha molestado á nuestros veci- 
nos el altanero ultimátum de Lord Salisbury en 25 de Noviem- 
bre, símbolo del derecho de la fuerza. Nuestra nación herma- 
na ha protestado con toda energía, y sus habitantes han toma- 
do acuerdos hostiles para el comercio inglés, íinica protesta 
que podían hacer ante el poderío británico, acompañándolos 
nuestra Sociedad en la protesta y nuestra nación con sus sim- 
patías. No basta que Portugal haya pedido un arbitraje; no 
basta que haya ofrecido presentar los documentos que, aparte 
del consentimiento universal, prueban sus antiguos como sus 
recientes derechos á ejercer legítima soberanía en aquellos paír 
ses, derechos más legítimos que los que pueden alegar los ingle- 
ses sobre muchos puntos de la tierra; ni se hará caso del último 
documento descubierto por Mr. Marcel en la Biblioteca nacio- 
nal de París, mapji curiosísimo é inédito de fines del siglo xvii, 
donde se ve el curso del Zambeze con torres y pueblos de 
nombre portugués, y en donde se marcan los parajes de mi- 
nas de oro. Era necesario que el orgullo británico quedara sa- 
tisfecho del quimérico agravio, y con fuertes amenazas obliga- 
se á Portugal á ceder contra todo derecho y razón. Con esto y 
con rebuscar datos que cohonesten la violencia, puede Ingla- 
terra esperar tranquila el fallo inexorable de la historia, que 
por lo visto le tiene sin cuidado. 

Antes de seguir la reseña del África oriental, diré algunas 
palabras acerca del viajero francés M. Trivier que, acompaña- 
do del joven Weissenburger, empezó su expedición en Loango 



280 BOLETÍN DE L\ SOCIEDAD GEOGRÁFrCA. 

el 10 de Diciembre de 1888, pasó á Brazzaville el C de Enero de 
1889, á Stanley Fall el 18 de Febrero, llegó á Uyiyi en el lago 
Tangañica el 6 de Junio y el 30 de Octubre á Livingstonia en 
el Nasa, terminando su peligroso viaje eu Quilimane el 1.° de 
Diciembre pasado. 

Su infeliz compañero Weissenburger desapareció misterio- 
samente y luego se supo que había muerto asesinado en 
Fuambo al SE. del Tangañica. 

Henos aquí en la nota más saliente de las exploraciones en 
África, el portentoso viaje de Stanley, terminado el 4 de Diciem- 
bre ultimo. Había salido el intrépido aventurero de Liverpool 
el 21 de Enero de 1887; pasó por Egipto, y en Zanzíbar formó 
la escolta que llevó consigo, dobló el cabo de Buena Esperan- 
za llegando á la boca del Gongo el 18 de Marzo. El 10 de Mayo 
estaba en la confluencia del Aruhimi, y el 22 en las cataratas 
de Yambuga, verdadero principio de su expedición hacia lo 
desconocido. Ciento sesenta dias caminó por una selva inex- 
tricable, atestada de vegetación, de insectos y de toda clase de 
alimañas; húmeda, mal sana y obscura, porque el inmenso ra- 
maje que se extendía sobre los viajeros les ocultaba el sol cons- 
tantemente, teniendo que soportar los ataques de los feroces 
negros que á su paso hallaban, y á más el hambre que convirtió 
en espectros á los que podían sobrevivir á tan extraordinaria 
fatiga. Enfermo gravemente el indomable jefe, asesinado su 
segundo Barthelott en Yambuga, y enfermos también otros 
compañeros que dejó en Bonalya á 7 jornadas de Yambuga, 
parecía imposible la salvación, y su muerte se creyó segura 
en Europa. Afortunadamente consiguió alcanzar el lago Alber- 
to el 15 de Diciembre de 1888, pero tuvo que volver atrás por- 
que Emin rehusaba despedirse de África; acometió de nuevo su 
marcha llegando otra vez al lago el 27 de Abril del 89 á cuyas 
orillas habló con Emin bajá. Se separó de él para recoger á 
sus enfermos de Bonalya, y cuando por tercera vez tocó en el 
Alberto Nansa supo que Emin y Casati estaban en poder de 
sus oñciales rebeldes y rodeados de enemigos por todas partes, 
puesto que los mahdistas vencedores eran dueños de Wadelai, 
habiéndoles intimado que se entregasen. 



PROGRESO DE LOS TRABAJOS GEOGRÁFICOS. 281 

En esta difícil situación se encontraba Stanley, cuando se 
reunieron con él Emin y Casali, libres ya, pero fugitivos, y 
con numeroso acompañamiento de hombres, mujeres y niños: 
1.300 personas componían aquella población viajera y con ellas 
tenía que llegar á la salvadora costa oriental: intentó adoptar 
el camino más corto; pero no siéndole posible por fa hostilidad 
que indudablemente había de hallar, se dirigió al S. del lago 
Alberto; faldeólas grandes montañas de Ruvenzori (Montes de 
la Luna de los antiguos mapas), siguió parte del curso del río 
Simliki, desaguadero del lago Muta, y uno de los orígenes del 
Nilo, cuyas orillas orientales hubo de rodear, y pasando al pie 
del Monte Nfumbíro, que se quedaba al poniente, se encaminó 
derecho al SO. del gran lago Victoria, que tiene aún mayor 
extensión que la presumida hacia aquella parte; desde allí fué 
con menos inconvenientes por el territorio alemán de Ituru y 
Usagara hacia Bagamoyo, donde felizmente llegó á principios 
de Diciembre. 

De las 1.500 personas que le acompañaban, la mitad solo al- 
canzaron el término de su penoso viaje. 

Hombre extraordinario Stanley, ha descollado entre todos 
los exploradores del continente negro y merece mejor que Es- 
cipión el renombre de Africano: solo pueden compararse con 
él algunos de los antiguos aventureros españoles que cruzaron 
la América meridional hace tres siglos. 

Aunque no tan batallador, también aparece grande la figura 
de Emin Bajá, que ha sabido mantenerse años enteros, desde 
1886, entregado á su propia iniciativa y falto de todo au- 
xilio. 

Desde su reunión con Stanley se sospechó en Europa que 
no había entre los dos ilustres personajes la más completa 
armonía; quizá su respectivo origen y los intereses encontra- 
dos que en África tienen las dos naciones á que pertenecen, 
dieron margen á esta sospecha. 

Los partidarios de uno y de otro los recriminan respectiva- 
mente: tomando pretexto de la gran cantidad de marfil aco- 
piada por Emin, dicen unos que la expedición de Stanley 
debió recompensarse, para él y para los que la costearon, con 

19 



282 BOLETÍN DE LA. SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

los 12 millones de pesetas á que asciende el precio de tan rica 
mercancía; otros aseguran que £min servirá los intereses de 
Alemania su patria, pues apoyado por ella recobraría las pro- 
vincias que ha sabido gobernar, devolviendo también á la 
civilización tan hermoso país, hoy entregado á las hordas 
mabdistas. En cambio muchos atribuyen á Stanley el pensa- 
miento de que Inglaterra podría establecer allí su dominio 
gastando 3 millones de libras esterlinas. 

Lo cierto es que Alemania é Inglaterra se disputan la pre- 
ponderancia en África y que se dan prisa para llevar cada cual 
la mayor ventaja posible. Ya no van quedando en el mundo 
otras tierras disponibles para colonizar directamente que las 
africanas, ni Alemania ve tampoco otra salida para el exceso 
de su población y de su industria. 

Es verdaderamente un embrollo el estado actual de las 
posesiones europeas en la costa oriental de África; con golpes 
parecidos á los que dan los jugadores de cierta reputación, 
se han ganado trozos del continente, quedando á la postre el 
sultán de Zanzíbar despojado de sus dominios: desde Cabo 
Delgado, límite de la colonia portuguesa de Mozambique hasta 
Usambara, es de los alemanes, que llegan por el interior muy 
cerca del Nasa y pretenden alcanzar las orillas occidentales 
del Tangañica y el O. y S. del Victoria: ciertamente no logra- 
rán esta última zona, porque se la reservan los ingleses como 
continuación de lo tomado á Portugal en el Zambeze, que 
debe unirse por el E. del estado del Gongo con la posesión de 
la compañía inglesa oriental africana hasta llegar al Nilo. Ya 
se sabe que el intento británico es unir la colonia del Cabo con 
Egipto por medio de una faja de tierra no interrumpida. Lin- 
dando en la costa con la posesión alemana, sigue la inglesa 
otra vez hasta Vitu, punto aislado perteneciente á los alema- 
nes, y más al N. mientras se lo disputaban Italia y Alemania, 
lo tomó también Inglaterra, mediante el subterfugio de ser 
mandataria y administradora del sultán de Zanzíbar, quedán- 
dose con el territorio perteneciente á la aduana de Kismayu. 
Italia ha llevado, pues, sus pretensiones más al N. en tierras 
de los Somalis. Como el interés descompone amistades, pudie- 



PROGRESO DE LOS TRABAJOS GEOGRÁFICOS. 

Tan ser aquellas tierras la maazana de la discordia entre las 
tres naciones. 

Italia no descuida la Abisinia en donde va poco á poco añr* 
mando su influencia, desde la declaración de su protectorado; 
-aunque en Francia han desenterrado ahora un documento 
que desde el año 1843 yacía en los archivos, y que utilizará en 
ocasión oportuna: me reflero al tratado que Luís Felipe cele- 
bró con el abuelo del actual rey de Abisinia y Xoa. En dicho 
tratado figura Luís Felipe como protector de Jerusalera y en 
este concepto debía proteger á los peregrinos de Xoa; en cam- 
bio se daban á los franceses importantes ventajas y franqui- 
<;ias comerciales de todo género. 

Dadas ya las principales noticias acerca del pugilato en que 
se hallan enzarzadas estas naciones europeas, y en el que para 
vencer se valen de toda suerte de astucias y de artimañas, diré 
algo sobre la ascensión del Kilimanyaro, efectuada por fin des- 
pués de varias infructuosas tentativas de otros viajeros. El 
alpinista austríaco Purtscheller y el alemán Hans Meyer 
^este último había subido el año pasado hasta los 5.650 m.) 
llegaron á la cima (6.000 m.) el 22 de Octubre, empleando diez 
y seis días en su ascensión, después de escalar una muralla 
•de hielo de 200 m. de altura. En la cumbre de la gigantesca 
montaña, que es el cerro Kibo, hay un cráter de 2 km. de 
diámetro por 200 m. de profundidad, ocupado por un glaciar 
■que se forma con la aglomeración de las nieves y que por una 
brecha que hay al O. se desborda y baja hasta los 5.400 m. de 
altitud en distancia de 3 km. También subieron al segundo 
pico, el Kimauenzi, que alcanza la elevación de 5.800 m. 



AMERICA. 

' En varias ocasiones he sido acusado de anglofobia, quizá 
porque hacía resaltar vivamente los defectos de la raza anglo- 
sajona, que sus admiradores han dado en llamar superior. 
Yo no tengo la culpa de que los tenga, ni de que entre ellos 



»* BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

sobresalga el egoísmo llevado hasta la má^ descarada injusti* 
cia. También á sa lado he puesto sus buenas cualidades de^ 
laboriosidad y perseverancia, de estudio y de previsión, pero 
realmente mi anglofobia no es otra cosa que una voz de alar- 
ma para la raza latina que, á mi modo de ver, se halla ame- 
nazada y gravemente comprometida en un porvenir no muy 
lejano. El principio de la lucha definitiva entre ambas razas 
no se hará esperar mucho. 

En mi anterior Memoria recordó el poderío siempre cre- 
ciente de Inglaterra en el mundo: continuación de la vieja 
Gran Bretaña es hoy la nueva y mayor Inglaterra, que en la 
enorme extensión de los Estados-Unidos se desarrolla con pas- 
mosa rapidez al otro lado del Atlántico; que en el espacio de 
un siglo ha visto su población aumentada 22 veces ó sean 
67 millones de habitantes; y que siguiendo tal aumento pasará 
en el segundo siglo de 1.200 millones, que proclamó la doc- 
trina de Monroe hace sesenta y cinco años y hoy ejerce efcc* 
tiva hegemonía en el Nuevo Continente hasta en las institu- 
ciones, en las costumbres y en la marcha general úe la civili- 
zación; que nunca, por fin, estuvo poder alguno m«1s cerca do 
alcanzar la soberanía universal de lo que hoy está la raza 
inglesa; soberanía verdadera, no la sostenida ficticiamente por 
la fuerza de las armas, sino la que da la riqueza, la que ejerce 
el prestamista sobre el que necesita su oro para vivir, y que 
de hecho se convierte en vasallo suyo, porque no puede jamás 
liborar la hipoteca, y concluye por caer del todo en sus manos 
como acaba de verse con el deudor egipcio. 

El comercio del mundo está en poder de la raza inglesa; su 
lenguaje aspira á ser el universal de hecho; más de la mitad 
de las cartas que se escriben estdn redactadas en ingles, dico 
M. Reclus, y cada año aumenta en más de 3 millones do 
hombres la gente que habla su idioma. 

Instintivamente empieza la raza latina á defenderse en Amé- 
rica, último baluarte que le resta y campo en donde tendrá que 
librar la batalla decisiva, como Persia lo será entre las gentes 
eslavas y británicas, y África entre la germánica y la anglo- 
sajona. Allí ha rechazado la confederación con que los Estados* 




PROGRESO DE LOS TRABAJOS GEOGRÁFICOS. 2S5 

Unidos la brindaba, y no quiso aceptarla á pesar del pretexto 
simpático á las naciones republicanas, de no permitir en el 
Nuevo Continente ninguna clase de ingerencia á los poderes 
monárquicos de Europa. Hizo muy bien; la aceptación sería 
^1 suicidio, pues de Europa le llegan incesantes refuerzos que 
renuevan, aumentan y vigorizan su savia, y con el Viejo 
Jdundo mantiene un comercio sin peligros, que no puede 
esperar de los norte-americanos. Hizo muy bien; porque 
tinida á sus hermanos europeos y no enemiga de ellos, es 
<:omo podrán defender su existencia; si algún día se ve provo- 
'Cada al duelo, estará en disposición de tomar la parte del 
mundo que legítimamente le corresponde, y mejor si le brin- 
dan á noble combate por medio del trabajo y del estudio. 

Y voy á dar alguna prueba de lo que pueden esperar en los 
Estados-Unidos las razas diferentes de la anglo-sajona. 

Después de lo que todo el mundo conoce respecto á los Pieles- 
rojas, hoy se opera un movimiento voluntario de los negros 
residentes en Norte-América en favor de su vuelta al África; 
uno de los principales promovedores de la idea, es el obispo 
negro de Georgia, Turner, el cual asegura que sus hermanos 
no pueden prosperar en América, porque no cuentan con la 
necesaria protección, como lo demuestra el que en los últimos 
4oce años, ningún tribunal americano ha dado una sola sen- 
tencia favorable á un negro. 

Dejemos á los Estados-Unidos. Las cinco pequeñas repúbli- 
cas que en la América central están limitadas por Méjico y por 
Colombia, han firmado un pacto de unión que empezará á regir 
en 15 de Septiembre de este año^ siendo provisional durante 
diez años para quedar definitivo en 1900 con el nombre de Re- 
pública centro-americana; por lo tanto desaparecerán los nom- 
bres oficiales de Honduras, Guatemala, Costa-Rica, Nicaragua 
y San Salvador como de naciones independientes. 

No habiendo asunto de que tratar ni en punto á exploracio- 
nes importantes, salvo la que hace M. Coudreau en la Guayana 
francesa, ni en los adelantos del canal de Panamá, completo 
fiasco en su aspiración de canal de esclusas, en lo que ha de 
5er vencido por el de Nicaragua, cruzaré á la América del Sur 



98S BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

para encontrarme con la nueva República federal brasileña dé- 
los veinte Estados que ha sustituido el último y solo Estado 
monárquico, resto de la herencia que á las coronas española y 
portuguesa dejara el decreto-sentencia de Alejandro VI. 

Al ilustre y simpático emperador que hoy se consume en la 
nostalgia por su querido Brasil, le ha tocado descender del 
trono que la familia de los Braganzas consideró mucho tiempo- 
como el más bello florón de la diadema lusitana. 

Si en las Repúblicas centro-americanas cada nación baja al 
rango de provincia autónoma, en la federación brasileña suben 
sus provincias á Estados. Aquellas, que por su población escasa 
ó por sus pequeños ingresos, no reúnan elementos suficientes, 
quedarán reducidas á territorios que dependerán directamente^ 
del Gobierno federal. 

El trastorno político alcanzará también á la capital del Im- 
perio; se trata de trasladar la residencia del nuevo Gobierno al 
S. de Río Janeiro, en paraje más sano que esta ciudad y más^ 
apartado del bullicio mercantil. 

Al Gobierno republicano lo ha tocado, asimismo, resolver 
una antigua cuestión que durante siglos fué muchas veces mo- 
tivo de graves disensiones entre España y Portugal, sin que 
jamás pudieran venir á un acuerdo satisfactorio para las dos 
partes contendientes: la delimitación de las fronteras entre el 
Brasil y la Argentina. 

Sabida es la guerra de cosmógrafos y de diplomáticos que la 
contienda ocasionó, y sabida también la poca lealtad que hubo- 
hasta en las mediciones de los grados, y los obstáculos que se 
opusieron á los trabajos de los comisionados para fijar los^ 
límites entre la posesión portuguesa y la capitanía general d& 
Buenos Aires. 

Hoy han zanjado amistosamente las dificultades por medio 
del tratado de 25 de Enero último, según el cual, el territorio 
de las Misiones, causa principal del antiguo litigio, queda- 
dividido en cuatro partes; tres de ellas vana formar parte de la 
República Argentina, y el resto para el Brasil. La linca diviso- 
ria va entro los ríos de San Antonio y Pepiri Guasú, siguiendo 
próximamente la dirección del meridiano. 



PROGRESO DE LOS TRABAJOS GEOGRÁFICOS. 287 

No han arreglado así sus diferencias las repúblicas de Boli- 
via y del Paraguay que se disputan los terrenos intermedios 
entre los ríos Paraguay y Pilcomayo. Quizá sean las armas las 
que decidan la cuestión, pues Bolivia ha presentado un ulti- 
mátum reclamando para sí todo el territorio mencionado entre 
Bahía Negra y la confluencia del Pilcomayo. Dándolo por he- 
cho, ha concedido á una compañía alemana la construcción de 
un ferrocarril de 1.700 km. que debe unir todas las poblacio- 
nes situadas á la derecha del río Paraguay con las de Tupirá 
y Quiaca. 



OCEANÍA. 

Una sola exploración debo señalar en esta parte del mundo, 
la de Mr. Mac Gregor, administrador de la Nueva Guinea in- 
glesa, el cual, acompañado de cinco indígenas, hizo la ascen- 
sión del pico Uan-Stanley de 4.000 m. de altura: desde allí 
pasó por la cumbre de la cordillera hasta el monte Victoria y 
el pico Lilley en distancia de 30 millas, cruzando por el naci- 
miento del río Venapa, que es el más caudaloso de la vertiente 
meridional de la gran isla. 

Dicho esto, he de recordar un hecho verdaderamente escan- 
daloso llevado á cabo, con relación á la Oceanía, á ciencia y 
paciencia de todas las naciones: Inglaterra y Alemania nego- 
ciaron en secreto y concluyeron, en 1887, un tratado por el 
cual se repartían buenamente todas las tierras del Pacífico oc- 
cidental. 

En virtud de este tratado, que hacían como.dueñas del mun- 
do ambas potencias, y sin consultar para nada á las demás, so 
confirmaba á la Gran Bretaña en sus posesiones del inmensa 
continente australiano con sus anejos y dependencias actuales, 
como el importante grupo de Nueva Zelanda, Tasmania, islas 
Fidyi, Norfolk, Middleton, etc., y recientemente los grupos 
de la Unión y de Phoenix. 

Quedaba la enorme isla de Nueva Guinea, quo viene á ser 
una segunda Australia: no podían disponer enteramente de ella 



m BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÍFIGA. 

porque Holanda retiene hace siglos su parte occidental, así es 
que Inglaterra tomaba para sí la vertiente de Mediodía, que- 
dando inglés el estrecho de Torres, y Alemania cogía la tercera 
parte, ó sea el NE. de la isla, y arramblaba con todo lo que al 
Oriente existe inmediatat la Nueva Bretaña, la Nueva Irlan- 
da, las islas de Salomón, el archipiélago de Gilbert, etc., ote, 
hasta los grupos de Tonga y de Samoa, donde no pudo ser 
dueña exclusiva por el poderoso veto de los Estados-Unidos. 

Dolidos los franceses de este reparto, recuerdan sus derechos 
á muchas islas de aquellos mares y los nombres de sus marinos 
que las visitaron: España los tenía mejores y más antiguos sobre 
la parte de Nueva Guinea, ahora inglesa, lo mismo que sobre 
las islas del Espíritu Santo, de Salomón, de Yavao y otras 
muchas, visitadas y reconocidas por sus antiguos navegantes, 
Mendaña, Villalobos, Fernandez de Quirós, Vacz de Torres y 
Mourelle. Con más razón que nadie podremos decir que Espa- 
ña ha ido siempre de descubierta, y levantando la caza, que 
después y con toda comodidad, enseñado el camino, recogían 
otras naciones. ¡Siempre nos queda la gloria de ir los prime- 
ros aunque tengamos la desgracia de quedarnos los ültimosl 

Las Nuevas Hébridas, que pro hidiviso no se atrevió nadie 
á coger, ni á nadie se permite que las tome, se han declarado 
independientes, renunciando al tácito y doble protectorado 
anglo-francés en que se hallaban. Terminaré la reseña de 
Oceanía indicando una nube que en el espléndido cielo inglés 
80 forma hacia sus colonias australianas. Han enviado estas á 
Londres representantes que en su nombre piden la adminis- 
tración autónoma para ellas, con lo cual han puesto en grave 
compromiso al Gobierno. Con objeto de ir preparando la con- 
federación imperial de que antes hablé, el ministro de las Co- 
lonias, Lord Knutsford había presentado al Parlamento un 
proyecto de ley que en cierto modo daba alguna satisfacción á 
las aspiraciones australianas: el proyecto fué tan mal acogido 
que el ministro se vio precisado á retirarlo, justamente cuando 
con más tenacidad y más amplitud lo piden aquellas apartadas 
posesiones, cuya tendencia es á formar otro segundo Domi- 
nion como el Canadá, con su Parlamento aparte, y en este sen- 



PROGRESO DE LOS TRABAJOS GEOGRÁfIGOS. m 

lido existen ya inteligencias entre los gobernadores dé sus di- 
ferentes distritos. 

El gabinete inglés sabe hacer de la necesidad virtud, y es po- 
sible que ceda ante la tenacidad australiana, como cedió de 
diferentes modos con el Canadá y con los Estados-Unidos. 



REGIONES POLARES. 

Poco hay que decir acerca de las exploraciones de los mares 
polares: el anuncio de dos proyectos de viaje; uno á las costas 
orientales de Groenlandia que se hará bajo la dirección del te- 
nienle Ryder de la marina dinamarquesa, para estudiar la re- 
gión situada entre los grados 66 y 73, y otro al polo antartico 
que debe emprenderse hacia el otoño del año 91, mandado por 
«1 célebre Nordenskiüld, y que costeará la Sociedad geográfica 
<le Australasia y el negociante Dickson que contribuyó tam- 
bién á los gastos de la notable expedición del paso del Nordeste. 
Dice el geógrafo M. Reclus que los viajes polares serían la 
más grande de las puerilidades, si únicamente se hicieran por 
la vanidad de llegar al punto donde se reúnen los meridianos; 
pero que tienen más alto objeto como es el de estudiar la forma 
-de los mares y de las costas, las corrientes y las mareas, los 
movimientos de la atmósfera y otros interesantes fenómenos 
de la vida terrestre: no hay sin embargo á mi modo de ver con 
el logro completo de tan arriesgada empresa, bastante com- 
pensación á las penalidades que exigen estos viajes: de cien 
probabilidades hay noventa de perecer del modo tan terrible 
que perecieron los mártires de la Jeannete junio á las bocas 
del Lena, y muchas más de ser víctimas del lento y espantoso 
-escorbuto, de morir sofocados en una tempestad de nieve, he- 
lados con uu frió de 50* bajo cero ó aplastados por enormes ma- 
sas de hielo, monstruos de formas fantásticas, iluminados con 
los lúgubres destellos de las auroras magnéticas, que á cada 
instante amenazan pulverizar el desamparado buque sin auxi- 
lio humano: y todo ello en medio de interminable noche y del 
estridente fragor de los hielos que se quiebran, y de las moles 



290 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD OEOORÁnCA. 

que se hunden con horrible estrépito en los abismos del 
mar, aumentando con el siniestro ruido el pavor que las tinie- 
blas causan. Tanta abnegación es demasiada para el escaso 
fruto que ofrece. Y sin embargo, se encuentran á millares los 
hombres que se han brindado á tan arriesgadas empresas, prue- 
ba de que en medio de las infinitas atrocidades y crímenes de 
que se halla sembrada la historia de la humanidad, hay siem- 
pre corazones grandes y generosos. 



RESEÑA DE LAS TAREAS Y ESTADO AOTUAL 



DB LA 



SOCIEDAD GEOGRÁFICA DE MADRID 

LEÍDA EN U JUNTA GENERAL DEL 3 DE JUNIO DE 1890, 
POR EL SECRETARIO ADJUNTO 

D. RAFAEL TORRES CAMPOS. 



SEFfORES: 

Una vez más me cabe la honra de daros cuenta de las ütile» 
tareas de la Sociedad Geográfica. 

Han tenido lugar durante el último semestre diez y seis 
reuniones de la Junta directiva, consagradas, como siempre, 
al estudio de problemas que arectan al cultivo científico de la 
Geografía á intereses vitales del país ó al porvenir de nuestras* 
colonias. 

La designación de gobernador de las posesiones del Golfo* 
de Guinea era un acto de gran transcendencia en las actúales- 
circunstancias, no solo por la necesidad imperiosa en que en» 
tamos de fomentar la riqueza de aquellos olvidados territorios, 
sino también porque acaso este nombramiento ejerza influjo- 
en la solución del conflicto ocasionado por las pretensiones 
francesas. La Sociedad gestionó que para regir la colonia fue- 
ra nombrada una persona que conociese la situación y necesi- 
dades de aquella, se interesara por su prosperidad, llevara un 
vasto plan de reformas y hubiera demostrado poseer grandes 
condiciones de energía y tacto, necesarias hoy como nunca 
para este difícil mando, y ha recibido con aplauso la designa- 
ción hecha por el Gobierno del teniente de navio D. José d& 
Ibarra y Autran, llamado á juicio de muchos á escribir una 
importante página y á abrir un nuevo período en la historia 
de la colonización española en el Golfo de Guinea. 



m BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

Uay para eslo uu concurso singular de elemenlos que dicha 
autoridad sabrá aprovechar en interés patriótico sin duda. £1 
Gobierno acaba de enviar edificios de acero, puentes y cami- 
nos de hierro. Se instalan en buenas condiciones escuelas y 
hospitales que serán un medio poderoso de atracción y de in- 
flujo respecto á los indígenas. En lugar de un gran barco in- 
adecuado para remontar los ríos, irán allí pequeños y ligeros 
buques que hagan ver frecuentemente á los paniues y á los 
Tengas los colores del pabellón de España. Acompaña al go- 
bcruador un joven de grandes alientos como oficial técnico, 
D. Germán Garibaldi, cuya misión es principalmente llevar 
á cabo el pensamiento del Sr. Ibarra de crear caminos en la 
isla y de unir desde luego las bahías de Santa Isabel y San 
Carlos. La Compañía Transatlántica, inspirándose en altas 
razones de patriotismo, emprende seriamente bajo la direc- 
ción de Bonnelli el establecimiento de factorías y el cultivo 
de extensos territorios. Con el concurso de la misma Com- 
pañía Transatlántica y del Gobierno, en comisión del servi- 
cio, según Real orden con cuya expedición ha obligado á la 
Sociedad notablemente el Sr. Ministro de la Guerra, está en 
ol Golfo de Guinea como representante nuestro un cariñoso 
amigo mío de quien esperamos mucho cuantos lo conocemos: 
el comisario de Guerra D. Josó Valero* 

De antiguo vienen las Sociedades Geográficas, órgano de las 
aspiraciones generales del país, siguiendo con el interés más 
vivo los problemas de la colonización portuguesa, cuyo éxito 
ha de afectar gravemente al porvenir de nuestra raza en el 
mundo. Al estallar el conflicto que un extravío de la opinión 
inglesa, el estrecho egoísmo nacional, la falta de respeto al 
heroico pueblo portugués y la ineficacia de los tratados inter- 
nacionales produjeron, tocaba á nuestra Sociedad, estrecha- 
mente unida á la de Lisboa, apelar á las congéneres, tratar de 
hacer valer la solidaridad entre estas y el peso de la opinión 
científica para impedir, si era posible, un verdadero despojo. 
Así lo hizo, obteniendo demostraciones calurosas de simpatía 
de Portugal, la adhesión entusiasta de unos y el apoyo moral 
á nuestros puntos de vista, de gran número. 



RESEÑA DE LAS TAREAS Y ESTADO DE LA SOCIEDAD. 299 

Complemento de esta actitud fué el homenaje acordado al 
viajero insigne que representa los nobles empeños de Portu- 
gal por explorar y civilizar las regiones del Zambeze y del 
Nasa, Alejandro Serpa Pinto. Motivos respetables han sido 
causa de que las públicas demostraciones de simpatía y aplauso 
no tengan lugar en el momento; pero podrán realizarse, á lo 
que parece, en breve plazo; y para entonces no ha de faltar á 
las Sociedades GeográQcas el concurso activo que las fuerza» 
intelectuales do la capital prestaron para las manifestaciones 
en honor de Capello y Ivens. 

Muy satisfactorio ha sido para la Sociedad proporcionar li- 
bros relativos á nuestra legislación ultramarina, obtenidos del 
Ministerio del ramo, al Congreso Colonial de París y á la So- 
ciedad de Colonización alemana berlinesa. 

La Junta directiva, que considera al Sr. Beltrán y Rózpide 
como uno de los especialistas de más saber y que han hecho 
de la ciencia geográfica estudios más profundos, acordó, como 
una demostración de gratitud por los importantes servicios 
que le ha prestado, proponer á la Junta general su nombra- 
miento de Archivero perpetuo como cargo do aquella, y coh 
voz y voto en la misma. Permitid al antiguo compañero en 
las aulas y al amigo cariñoso de siempre felicitar al Sr. Bel- 
trán por la merecida sanción que obtienen sus notables tra- 
bajos. 

Convocada una asamblea de contribuyentes, y señalados 
entre sus temas la contribución territorial y las ocultaciones 
y la estadística de la riqueza, debía la Sociedad tomar parte 
en ella para tratar especialmente del catastro, y nadie más 
abonado para representarla en tal ocasión que nuestro ilustre 
presidente, que ha unido su nombre á este género de trabajos^ 
iniciándolos con un vigor y un acierto, quo de continuar como 
empezaron, habrían proporcionado al país grandes beneficios. 
A dicha asamblea han ido con el Sr. Coello los Sres. Sánchez 
Massiá, Suarez y Foronda, tomando todos parte activa en las 
deliberaciones. Demostró aquel con datos incontestables la 
enormidad de las ocultaciones y la gran diferencia de su en- 
tidad en las diversas regiones de España; sostuvo briosamente 



V&i BOLETÍN DE LA. SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

el catastro parcelario contra los que defendían el de masas de 
cultivo, y se opuso á las subvenciones á las obras publicas en 
forma de garantía de interés, que conducirían á la ejecución 
de proyectos de utilidad escasa con imposición de duras cargas 
al Estado. 

Los acuerdos de la Asamblea que ha publicado la prensa 
sobre ejecución definitiva de catastro parcelario completo y 
posibilidad y economía de tales trabajos, el voto nominal de 
gracias que le otorgó, además de su elección de vicepresiden- 
te, suponen un gran éxito para el Sr. Coello, y para la So- 
ciedad, por tanto, identificada con él en absoluto. 

En 26 de Noviembre dio el Sr. Gutiérrez de Alba una con- 
ferencia, en que describió é hizo conocer las antigüedades del 
valle de San Agustín ó de las estatuas de Colombia. 

El Sr. Sánchez Massiá disertó en la sesión ordinaria de 25 
de Febrero sobre la necesidad de formar el catastro de Es- 
paña. El Sr. Coello hizo constar, con tal motivo, que puede 
iiacerse con un gasto de 4 ó 5 pesetas la hectárea, igual ó infe- 
rior al del mapa del Instituto, que no produce la utilidad que 
aquel trabajo, llamado á descubrir ocultaciones y á aumentar 
el valor de la propiedad, al hacerla diáfana, y .dar á conocer 
con toda exactitud su naturaleza y sus linderos. 

En la sesión del 11 de Marzo tuve el honor de daros cuenta 
de los trabajos del Congreso Internacional de Ciencias geográ- 
ficas de París. 

En 8 de Abril se celebró reunión extraordinaria en honra y 
memoria de los Sres. D. Vicente de la Fuente, el Conde de To- 
reno y el general D. Hilario de Nava y Caveda. De los elogios 
estuvieron encargados los Sres. Foronda, Suarez lucían y 
Fernández Duro respectivamente. Tuvo el buen acuerdo el 
Sr. Foronda de dar á conocer en su notable discurso trabajos 
del Sr. Lafuente. La oración del Sr. Suarez Inclán, escrita 
con el corazón, sentida, elocuentísima, estuvo á la altura de 
la inmensa pérdida para el país que la motivaba. Con deleite 
escuchó la Sociedad el elogio del general Nava y Caveda, 
cuya biografía es la historia interesante de la formación de 
nuestra marina de guerra, leído por el Sr. Fernández Duro; y 



RESEÑiL DE LAS TAREAS Y ESTADO DE LA SOCIEDAD. S95 

no hay que decir es este un trabajo que, por la elevación do 
sus ideas y la belleza del singular estilo del sabio académico, 
honrará á nuestro Boletín, en que los discursos necrológi- 
cos deben publicarse brevemente. 

El Sr. D. Joaquín Garralda, marqués de Reinosa, uno de 
los oficiales que merecieron el honor de ser elegidos para el 
atrevidísimo ensayo de utilizar en navegaciones de altura un 
barco blindado como la Numancia^ conduciéndolo al Pacífico 
para sostener allí el houor de España, nos ha dado dos nota- 
bles conferencias, acogidas dentro y fuera de la Sociedad cou 
aplauso, en las cuales demostró de elocuente manera que, si 
supo rayar á gran altura como actor en los gloriosos empeños 
de nuestra armada, digno cronista de aquellos sucesos, posee 
el arte admirable de ponerlos de relieve historiándolos. 

Entre los donativos que han venido á aumentar nuestras 
colecciones, que constan hoy de 2.431 volúmenes de obras y 
atlas, sin contar los que forman las publicaciones periódicas, 
y 1.302 hojas de mapas y planos, merecen mención especial 
uno del Depósito Hidrográfico de Francia y otro valiosísimo 
del socio correspondiente Alejo M. Gochet, compuesto de li- 
bros, atlas y mapas publicados por el Instituto de las Escuelas 
Cristianas, al cual ha dado el infatigable y sabio hermano con 
sus trabajos no poca gloria. 

Época de duelo tiene que ser para la Sociedad el semestre 
en que ha perdido miembros tan eminentes, patriotas tan in- 
signes como D. Francisco de Borja Queipo de Llano, D. Hi- 
lario de Nava y Caveda, D. Vicente de Lafuente y D. Juan 
Bautista Antequera. 

Los celebrados trabajos necrológicos de los Sres. Suarez In- 
clan, Fernández Duro y Foronda, y las hermosas palabras 
consagradas por nuestro presidente y por el Sr. Garralda, al 
comenzar en la sesión anterior su conferencia, al comandante 
inolvidable de la Numancia^ eximen á la Secretaría del pia- 
doso deber que se ha impuesto de consagrar en la Memoria 
semestral un recuerdo á nuestros muertos. 

El escaso número de socios — somos 230 — pone bien á las 
claras la deficiencia de la cultura geográfica en España, y sin 



296 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

cultura geográfica, señores, esto es un axioma indiscutible, no 
hay posibilidad de que el comercio nacional tenga éxitos y de 
que la riqueza pública se sostenga y crezca. Siendo el tráfico- 
una verdadera lucha, para poderla entablar hace falta conoci- 
miento del campo en que se desarrolla, es decir, do los merca- 
dos. Por esto, al lado de las reformas económicas, que justa- 
mente preocupan, como uno de los problemas para el ponre- 
nir del país y el desarrollo de su prosperidad vitales, hay que- 
poner la difusión de la Geografía y el estudio de los países 
nuevos, donde pueden encontrar los pueblos productores com- 
pensación á sus actuales quebrantos. 

Trabajar con este objetivo debe ser uno de los empeños d& 
la Sociedad al presente. Yo entiendo que sería oportuno para 
ello acudir á los hombres políticos que, mediante su acciós^ 
directora en el país, pueden servir con eficacia aquellos ñnes. 
Algunas de las personalidades eminentes de la política espa- 
ñola comparten nuestros puntos de vista. En uno de sus in- 
comparables discursos, afirmó en 1885 D. Segismundo Morct 
«la necesidad de que los partidos españoles concedan en sus es* 
ludios y en sus programas un lugar preferente á la geografía. »- 
Procuremos que estas ideas se extiendan y vivan en interés de 
la prosperidad de la patria. 



DICTAMEN 



Ul£ LOS 



REVISORES DE CUENTAS. 



Los socios que suscriben, elegidos en la Junta general de 
Noviembre ultimo para revisar, según dispone el Reglamento, 

# 

las cuentas de la Sociedad correspondientes á todo el año 
de 1889, han inspeccionado los libros de Tesorería en la parte 
relativa á dicho período, y también las cuentas parciales y la 
general ó resumen del estado económico déla corporación que 
presentó el Tesorero Sr. D. Adolfo de Motta. 

Resulta de dichos documentos que los ingresos durante todo 
el año de 1889 fueron de 11.617 pesetas, cantidad que sumada 
con las 2.522,77 del saldo de 1888, compone un total de 
14.139,77 pesetas. Los gastos durante el año referido fueron 
de 1 1 .606,08 pesetas. Quedan, pues, en caja al comenzar el año 
de 1890, 2.533,69 pesetas. 

El débito de la Sociedad por impresión del Boletín que á 
mediados de 1887 se aproximaba á 15.000 pesetas es, en 31 de 
Diciembre de 1889, de 11.100,08 pesetas; aunque conviene 
advertir que hoy está reducido á 9.600,08 pesetas por haberse 
entregado con posterioridad á dicha fecha 1.500 pesetas cuya 
data ha de ñgurar en la cuenta de 1890. 

A cada cuenta parcial acompaña el respectivo comprobante, 
y todas ñguran anotadas en los libros de Tesorería. Así lo ha 
reconocido y declara la Comisión Revisora, y en consecuencia, 
propone á la Junta general la aprobación de las referidas cuen- 
tas, y cree también que procede renovar el voto de gracias que 
con tanta justicia vienen mereciendo la Sección de Contabili- 
dad, y muy especialmente el Tesorero Sr. D. Adolfo de Motta. 

Madrid 26 de Mayo de 1890. — Nemesio Fernández Cuesta. 
— Cesáreo Fernández Duro. 

20 



ELDr. D. VICENTE de la fuente 



COMO SOCIO DE LA GEOGRÁFICA. DE MA.DRID 



' CONFERENCIA 



POR 



D. MANUEL DE FORONDA. 



Al Excmo. Sr. D. Aureliano Linares Rivas. 

Honra grande recibe en esta noche la Sociedad Geográfica 
de Madrid al ver congregado en éste recinto á un auditorio tan 
respetable como distinguido, que acude solícito á compartir 
con ella el tributo de cariño, admiración y respeto á que por 
sus indisputables merecimientos se hicieron acreedores los va- 
rones insignes cuyos preclaros talentos contribuyeron en tan 
grande escala á la obra civilizadora que la corporación, con 
tanto afán como patriotismo, sin cesar persigue. 

No es esta, en verdad, la ocasión primera que tan doloroso 
como laudable deber se cumple en este sitio, porque desgra- 
ciadamente, el tributo debido á la naturaleza se paga con harta 
frecuencia entre nosotros, y la implacable Parca nos arrebata 
á cada instante y con desdichada predilección á los más ilustres 
de nuestros consocios. 

Por eso, siguiendo la cristiana costumbre de honrar á los 
muertos, cada vez que nuestras filas se aclaran, la Sociedad 
procura que el recuerdo de los que fueron no nos abandone y, 
ya que no en mármoles y en bronces, ordena que en las pági- 
nas de nuestro Boletín se consignen los merecimientos de los 
que tanto la ilustraron con su ciencia y con su eficaz coopera- 
ción: por eso celebra estas públicas manifestaciones en honor 



EL DR. D. VICENTE DE LA FUENTE. 299 

<le los consocios qu^ más brillo la prestaron, y por eso me 
veo yo en la crítica cuanto honrosa situación de haber de diri- 
giros mi incorrecta palabra desde este sitio, poniendo de relie- 
ve las altas prendas que adornaron á nuestro insigue consocio 
el Dr. D. Vicente de la Fuente. 

Cuando la Junta directiva tuvo á bien confiarme tan grata 
tarea, la acepté con verdadera fruición, con verdadero entu- 
:SÍasmo. 

Se trataba del elogio de mi antiguo catedrático de Derecho; 
del comentador de las obras de Santa Teresa, bautizada en la 
misma pila en que me cupo la dicha de recibir las aguas de 
•cristiano; del rector déla Universidad Central á cuya personal 
iniciativa debí el verme honrado con el cargo de vocal de varios 
jurados de examen; del maestro que, en este mismo recinto, 
aceptando alusiones mías, tomó parte en importantísimo de* 
bale, haciéndose cargo y hasta apoyando con inmerecida bene- 
volencia mis modestas opiniones; del docto académico que con 

ian cariñosa amistad me distinguiera y razones eran todas 

estas más que suficientes para que yo aprovechara la primera 
oportunidad para tributarle en público, el público testimonio 
de mi cariño, gratitud y respeto. 

Pero como no hay satisfacción completa en esta vida, la que 
mi alma experimentaba al pagar esta deuda de gratitud se vio 
prbntamente envuelta en los crepúsculos de la vacilación y del 
temor. 

Pocos días después de conferírseme y aceptar tan grato co- 
metido, la prensa me reveló la noticia de que la Real Acade- 
mia de la Historia había encomendado el estudio crítico bio- 
gráfico del insigne la Fuente al ilustradísimo individuo de 
aquella docta corporación Sr. D. Bienvenido Oliver. ¡Ocupar- 
me yo, rae dije, de trazar el estudio histórico-crítico del ilus- 
tre finado, cuando la bien corlada pluma del profundo Oliver 
ha recibido de la Academia tal encargo....! ¡Osadía fuera esta 
que sólo puede hallar disculpa en el refrán aquel que hace de 
la ignorancia la más atrevida de las cosas del mundo! Pero yo 
que reconozco mi ignorancia, no podía caer en el atrevimiento 
de permitirme hacer un trabajo que pudiera creerse por al* 



»0 boletín de hk SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

guien como llamado, no ya á hombrearse^ ni siquiera á reci-- 
bir modesta alternativa con el que del Sr. de Oliver había de- 
publicar la Academia, y, resuelto á desistir de mi encargo ó á 
seguir un camino distinto del generalmente empleado en tales 
ocasiones, enderecé mis pasos á la casa del docto académico y 
una vez expuestos allí mis fundados temores y decidido pro- 
pósito de desistir^ encontré en el Sr. Oliver, cuyas relevantes 
prendas de carácter son sólo comparables con sus vastos cono- 
cimientos é ilustración, no sólo al benévolo amigo, sino tam- 
bién al enérgico instigador que, con persuasiva frase, modi- 
ficó mis propósitos, hasta el punto de dejar para mí intacto el 
estudio de D. Vicente de la Fueute como individuo de la So- 
ciedad Geográfica de Madrid. 

Hechas estas declaraciones, que á mi juicio son pertinentes 
al caso, y que me he creído en el deber de consignar en esta 
ocasión y momento, vamos á la ciudad natal de nuestro pre- 
claro consocio, que bien merece nuestra visita la patria de tan- 
tos ilustres varones y en la que tantos y tan insignes hechos 
registra nuestra historia. 

Entre ese conjunto de cordilleras, sierras, picos, valles, fa- 
llas y quiebras que constituyen la Orografía de la península, 
y en el cual es tan difícil, si no imposible, el hallar las lincas 
generales que puedan servir de guía para su ordenada descrip- 
ción, se encuentra esa cadena de montañas, tan impropiamente 
llamada por algunos Cordillera, y que no es sino el tSistema 
Ibérico)» tan magistral y recientemente descrito por el geodesta 
é ingeniero de minas D. Juan Bisso (1); sistema que on gran 
parte, como es sabido, limita la cuenca del Ebro por la margen 
derecha y destaca hacia este río numerosos é importantes estri- 
bos que, á su vez, son la línea divisoria do los afluentes del 
mismo, siendo el de más interés para el caso presente el estri- 
bo que del Moncayo se dirige hacia el Ebro y se bifurca cerca 
de Tarazona, y los que separando afluentes del Jalón, ya entre 



(I) Setena Qeográjlca y Ettadistiea de España^ publicada en 1888 por el Institu* 
to Geográfico y Estadístico. 



EL DR/ D. VIGENTE DE LA FUENTE. 801 

-Sí, ya de este río, parten de la línea principal las sierras de 
Deza y de Solorio, empezando la primera en la de Muedo y la 
segunda entre la de Molina y la Ministra, que es la divisoria 
de las provincias de Soria y Guadalajara, y en la que nace el 
Jalón, que, corriendo por la primera de las provincias citadas 
y por la de Zaragoza en la dirección de SO. á NE. y después 
de recibir las aguas de varios afluentes — entre ellos el Giloca 
que so le une en Calatay ud — viene á perderse en el Ebro entre 
Cabanas y Torres de Berrellen (1); cuenca descrita también 
de una manera incomparable por el asimismo geodesta é in- 
geniero de montes D. Victoriano Deleito. 

Pequeño imitador del Nilo, dice el Sr. D. J. M. Quadrado (2), 
inunda el Jalón con artificiales correntias los campos que fer- 
tiliza, y no bien penetra en Aragón, una continuada huerta 
marca su paso y grandes y antiguos pueblos menudean á lo 
largo del prolongado valle por donde se desliza bajo un bosque 
de frutales. 

Monreal, obscura patria de Antonio Pérez; Ariza^ con el re- 
cuerdo de regias entrevistas y de cruentos combates, cedida 
á menudo en rehenes de paz ó en usufructo de reinas, llave 
de la monarquía por su fuerte y hoy derruido castillo, cuya 
defensa estuvo siempre á cargo de un rico hombre; Cetina^ 
decadente ya en el siglo xiv; Alhamay cuyas aguas termales 
la dieron origen y nombradla en las más remotas épocas; 
Bübiercay doblemente guardada por su castillo y la casa fuer- 
te de Sancho Jordán; y no lejos del río, Emhid y Bordalva^ 
que recuerdan la noble resistencia de aquella y la entrega de 
esta á D. Pedro de Castilla, constituyen una parte de aquellos 
hermanados pueblos que siempre juntos, ora avasallados por 
Rodrigo el Campeador, ora ganados— aunque no sin resisten- 
cia — para la cruz, en i 120, por el emperador Alfonso el Batalla* 
<ior^ ora arrostrando los peligros y visicitudes de la asoladora 
guerra y efímera dominación de D. Pedro el Justiciero en su 



(l) Reseña Qeográjlca y Estadística^ antes citada. 

(2 Parcerisa, Recuerdos y Bellezas de España^ tomo de Aragón, pág. 33 i y si- 
igaieotes. 



802 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

lucha de muerte con el monarca de Aragón, giraron siempre 
cual satélites en derredor de la ilustre Calatayud del mismo* 
modo que en tiempos anteriores acompañaron á la celtíbera 
Bilbilis cuando Martial cantaba las patrias sierras de Edúbeda 
Y las nieves y quebrados riscos de Calvo y Vaclaveron, y las- 
aguas del Salón tan aptas para templar aceros como para sa- 
zonar frutos, y el delicado bosque de Boirodo, delicias de Po- 
mona. El municipio de AUacum reemplazaba áilfeca, Alhama 
encarecía sus termas con el nombre de Aqux Bilhilitanorum 
y Arcohriga^ en el lugar de Ariza servía de estación ó do pa- 
rada en el camino de Mérida á Zaragoza. 

No con menor respeto que á la animada Calatayud, ceñir 
parece el Jalón, algo más abajo, una enriscada y solitaria al- 
tura conocida con el nombre de Bamhala^ cuya vista hace ex- 
clamar á Quadrado: a ¡Sabe Dios qué fábricas pasaron á for- 
»mar ó en qué polvo yacen convertidos los sillares de los mu- 
iros, los capiteles de los templos y pórticos que allí se levanta- 
»ban... El calizo suelo arrojó ya de su seno cuantas urnas, 
•monedas y lápidas encerraba de sus primitivos moradores, 
>para adornar los gabinetes del curioso ó ilustrar las investi- 
Dgaciones del anticuario y sólo algunos restos de edificios 
«comunes, revelan el antiguo asiento de Bilbilis augusta» 
cuyo segundo epíteto marca el favor con que la distinguie- 
ran los dominadores del mundo, pero cuyo primer nombre, de 
origen ibérico y por consiguiente nada latino, impide atribuir 
á estos su fundación; y por más que, respirando el aura de la 
belicosa Celtiberia y siendo celebrada por sus armas y sus cor- 
celes, su historia se reduce casi á sus títulos y su más famoso 
timbre es el ser cuna de aquel poeta, cuya sal epigramática 
distrajo á Roma de su precoz senectud. Marcial fué quien, tra- 
zándonos con amor sus nativos lares, comunicó á estos su pro- 
pia inmortalidad y quien entre los muchos rasgos descriptivos 
que á su patria dedica marcó exactamente la situación de Bil- 
bilis en este dístico. 

^MunicipeSf Augusta mihi quos Bilbilis acriy 
i^monte creat, rapidis quem Salo cingii aquis,9 



EL DR. D. VIGENTE DE LA FUENTE. 803 

Del mismo modo que los pueblos del Norte en el siglo v, los 
sarracenos, en 713, respetaron su nombre y existencia. 

Dos años más tarde se alia con los refugiados del Pirineo y 
con algunas ciudades católicas, soñando que aquel pasajero 
triunfo sobre la morisma, y aquella incursión hasta Zaragoza, 
rompían el yugo que solo el transcurso de siete siglos, y un 
sin número de combates, habían de destruir. 

Muerte y destrucción encomendadas al vengativo Habid, 
fueron el castigo de tanto heroísmo (1). Pero un año más tarde, 
Ayudy otro caudillo más clemente, ó más ilustrado, hizo nacer 
de las humeantes ruinas de Bílbilis, si bien algo más apar- 
tado, pero en la ribera misma del Jalón, un pueblo que con 
su castillo llevó el nombre de su fundador, y que con los res- 
tos de la población asolada, acogió un destello de la fe, por la 
que había perecido su antecesor;''y la cruz, subterráneamente 
adorada por espacio de cuatro siglos, tremoló por fin en 1120 
(festividad del Bautista) sobre las almenas de Calat-Ayuhy 
plantada por Alfonso el Batallador^ quien al punto la escogió 
por lo fuerte y rayano del sitio y por sus heroicos anteceden- 
tes, como punto de apoyo para constituir la unidad nacional, 
robusteciendo el trono, apoyado por pueblos libres que con- 
trarrestaran la invasión del feudalismo, y como dique contra 
los árabes, empujados hacia el Estrecho, y centra la rivalidad 
de otros monarcas de la misma fe y origen, que comenzaban 
ya á entorpecerse en su mutua y victoriosa carrera. 

Por eso la pobló de gente de guerra, y en 1130 instituyó la 
comunidad, institución tan maravillosamente descrita y tan 
profundamente estudiada por nuestro inolvidable La Fuente 
en muchas de sus obras. 

Para ver cómo rfespondió Calatayud á las esperanzas de su 
lealtad concebidas, basta solo citar cómo, ella sola, en Aragón 
fué la que tomó partido por el joven rey D. Jaime I, logrando 
que no se ahogara en su origen el que después fué tan glo- 
rioso reinado; cómo desoyendo el grito general de unión con- 
tra Pedro lY, castigaba dentro de sus muros á los sediciosos» 

(1) Quadrado, obra citada. 



m BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

despeñando á Alfonso de Agreda; cómo envió sus huestes po- 
pulares á arrollar el pendón aristocrático, y á compartir con 
las hermandades de Teruel y Daroca el suceso de la jornada 
de Épila; cómo se erigió en robusto amparo de los pueblos 
aragoneses» que en lucha con los castellanos preferían incen- 
diar sus propios hogares antes que verlos en posesión de los 
enemigos, y cómo su justicia Pedro Jiménez Samper fué el 
principal ordenador de la resistencia, que al cabo de seis años 
de estéril lucha, llegó á cansar al orgulloso castellano. 

Tranquila Galatayud, presenció, en 1291, la venida de la 
hija de Sancho IV, para casarse con Jaime II, celebrándose 
justas, en las cuales brilló el famoso Roger de Lauria, y en 
1311, la entrega de la hija de Jaime II á Fernando IV, para 
esposa del infante D. Pedro. 

No así, en 1362, vio la llegada de 30.000 peones, 12.000 in- 
fantes y 36 máquinas de guerra, procedente de Gaslilla. Pero 
consultando solo á su honra, Liñanes y Sayas, antes divididos, 
se aprestaron al combate, realizando una de las más brillantes 
defensas que registra la historia militar de España, hasta que 
por orden del rey capitularon en 29 de Agosto, consiguiendo 
que sus haciendas y fueros q^iedaran respetados. 

Y cuando en 31 de Marzo de 1366 se alejaron los castellanos 
huyendo de los franceses de Duguesclin, y el Ceremonioso 
trasladó allí sus Cortes en Abril, exigiendo fiscalización de la 
entrega heclia por orden suya; Calatayud resultó erigida en 
ciudad; su lealtad, probada de vivos y muertos, cristianos, mo- 
ros y judíos, las fortalezas devueltas á la defensa de los bilbi- 
litanos y la fiesta de las batallas y la procesión á Santa María 
do la Peña, recuerdan anualmente á las modernas generacio- 
nes tan gloriosos acontecimienlos. 

Ya, después del interregno de 1410, viendo ensangrentadas 
sus calles por los Linares y Sayas, partidarios los unos y ene- 
migos los otros del conde de Urgel; ya por mediación del Papa 
Luna, y una vez firmadas las treguas en Santa Clara, ante su 
hermana la abadesa Coniesina^ convocando el Parlamento 
aragonés para elegir arbitros que, en unión de los de Catalu- 
ña y Valencia, adjudicaran la corona, cuyo hecho se realizara 



EL DR. D. VIGENTE DE LA FUENTE. 80G 

más tarde en Gaspe; ya en 1445, sirviendo de sepulcro al in- 
fante D. Enrique, hermano de los reyes de Aragón y Navarra; 
ya en 1447, presenciando los belicosos aprestos que precedie- 
ron al enlaóe de Juan de Navarra con la hija del almirante de 
dastilla; ya asistiendo á la jura de Fernando en 1461, que con- 
solidaba la futura grandeza de su trono; esclarecida por fuera, 
pero turbulenta en su interior, continúa la historia de Galata- 
yud como la de todas las ciudades libres de la Edad Media; 
•ora poniendo en armas á toda la población, el rapto de una 
doncella; ora espirando en el templo del Carmen, y á manos 
de sus enemigos, el célebre Martín Sayas; ora reclamando del 
rey la cabeza del justicia Juan de Nueros, que en 1502 expul- 
sara violentamente al abad de Huerta; ora provocando un tu- 
multo popular á causa de haber reintegrado las Cortes de 1519 
«n su anterior participación en los cargos públicos á aquellos 
hidalgos que por su negativa de votar los impuestos en las 
-Cortes de 1515 les había sido retirada por el soberano; ora 
acaudillada por Serra y Lasarte, cerrando las puertas á los ca- 
balleros; Calatayud sufre los vaivenes y alternativa pujanza 
de las dos encarnizadas facciones hasta 1525 y no ve terminar 
aquel siglo sin que Antonio Pérez, prófugo de la justicia del 
^ran Felipe, excitara al pueblo bilbilitano, preludiando las 
asonadas de Zaragoza, que habían de apresurar la muerte de 
las antiguas libertades aragonesas. 

A pesar de esto, dicen los historiadores, siguió la uniforme 
dicha é índole patriarcal de la población, enriquecida por los 
judíos con su industria y por los sarracenos con su agricultura 
y artes, quienes obtuvieron el respeto á su ley y el amparo 
para sus personas, alternando la mezquita y la sinagoga con 
los templos cristianos, sin que la diversidad de cultos entibia- 
ra el fervor de sus creencias, ni produjera conflicto alguno; 
pudiendo celebrarse, sin género de protesta, toda clase de fles- 
tas, rezos y procesiones, ya en pleno día, como la solemne del 
Corpus, acompañada de músicas y con gran concurrencia de 
juglares, ya envueltas en las tibias luces del naciente cre- 
púsculo, como la poética del Rosario, llamado de la Aurora. 

Grande fué el número de personajes célebi*es que en el si- 



906 BOLETÍN DE lA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

glo XVI albergara Calatayud: ya el 16 de Abril de 1518, en que 
el César Carlos V juró «servar é guardar» flelmente el pri- 
vilegio de la población; ya el 9 de Junio de 1571, en que Don 
Juan de Austria, de paso para Messina, recibió cartas de va- 
rios personajes dándole la enhorabuena por su elección y un 
breve de San Pío V, exhortándole á que acelerase su viaja 
para ponerse pronto al frente de la escuadra; ya en 23 de Sep- 
tiembre de 1599, en que con grandes festejos recibió á Feli- 
pe III, de paso para Zaragoza, quien juró los fueros en el pór- 
tico de Santa María, con gran solemnidad, y se alojó en las* 
casas de Heredia y Pujadas, quedando desde entonces el nom- 
bre de Plaza del Rey á la principal déla población, cuyo Mu- 
nicipio había recobrado, si bien por poco tiempo, su antigua 
vitalidad, y cuya silla episcopal fué ocupada en el mismo año 
por el célebre escritor de la vida deSanta Teresa, el monge 
Jerónimo de Toledo Fr. Diego de Yepes. 

Nuevas constituciones fueron otorgadas al clero en 1628, así 
como fiestas especiales, que con los votos y procesiones, con- 
cordados en 1632 entre el clero y el Ayuntamiento, dieron ca- 
rácter especial á las festividades de aquella época. 

Y aunque parezca impropio de esto sitio y contrario á mi 
repulsión hacia el llamado «espectáculo nacional, « como este 
tiene desgraciadamente muchos admiradores, por si se en- 
cuentra alguno de ellos entre este ilustrado concurso, diré de 
pasada que en el arreglo de la carnicería de 1550 se estipuló 
que los arrendadores habían de dar á la ciudad francamente 
tres toros bravos para las fiestas de la Virgen de Agosto, do la 
feria y del Corpus Cristi, debiendo abonar aquel á la ciudad IS 
florines si se dejaba de correr alguno; teniendo que dar, ade- 
más, otros tres para las cofradías do San Juan, San Pedro y 
San Marcial, por precio do 11 ducados de oro cada uno, y si 
no eran bastante bravos, el Justicia enviaba por otros á costa 
del arrendador, haciéndose la prueba quince días antes do San 
Juan, en que comenzaba el arriendo. 

En las ordenanzas de Carnicerías de 1574 se decía: cque el 
»arrendador sea tenido de dar graciosamente dos toros bravos 
•para fochar é matar en la plaza mayor del mercado en dos 



EL DR. D. VIGENTE DE LA FUENTE. 301 

3>dias, cada día el suyo, que á los ditos justicia é oficiales, ó á 
»la mayor partida de aquellos sera bien vista; é aquellos traer^ 
»é facer traer dentro de la dita carnicería cerrada, de la dita 
sciudat, á sus espensas, é ademas prestar dos, tres ó cuatro 
^novillos para focbar en dicha plaza.» 

Las Cortes convocadas por Felipe IV de Gaslilla y III de 
Aragón, el 24 de Diciembre de 1629, para Madrid y que so 
abrieron el 21 de Enero siguiente en Barbastro, y se trasla- 
daron á Calatayud , por el deseo del rey de estar más cerca 
de Castilla, duraron hasta el 24 de Julio, habiendo posada 
S. M. durante las mismas en el palacio del Obispo junto á la 
iglesia de Santa María, donde celebraron sus sesiones. 

Calatayud solicitó la creación de una concatedral al rey,, 
apoyada por el emperador de Austria, y su denegación por el 
soberano motivó no solo un dictamen de 50 catedráticos do 
Alcalá y Salamanca, sino también un agresivo memorial do 
Tarazona, oponiéndose, en 1700, á tan justa pretensión, y una 
violenta contestación por parte de los bilbilitanos. Señalando 
la decadencia á que vinieron las enseñanzas , las artes é in- 
dustria á fines del siglo xvii, contrastada con el sinnúmero do 
personajes célebres en política, letras y bellas artes, que en 
igual época florecieron , llegamos al advenimiento al trono d& 
Felipe V(l). 

El clero y la aristocracia eran borbónicos; el pueblo en su 
inmensa mayoría austríaco y el justicia Ramiro fué conducida 
por los imperiales á Zaragoza en 7 de Octubre de 1706, des- 
pués de confiscados sus bienes, donde permaneció preso y si- 
guiéndosele un proceso que alcanzó 1.400 fojas, cuya termi- 
naciÓQjiubiera sido fatal si el duque de Orleans, llegando muy 
átien^, no le hubiera puesto en libertad y mandado qu& 
volviera á Calatayud donde de nuevo se encargó del justiciaz- 
go, en 10 de Junio do 1707, que desempeñó hasta el 4 de Ju- 
lio de 1708. 

Suprimida la institución, muertas las Cortes aragonesas, y 
establecidas las del reino, dálatayud tuvo voto en ellas y vid 

(1) Lafuente, id. id. 



906 BOLETÍN DB LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

premiada por el rey la lealtad de un regidor decano D. Juan 
Bautista Ramiro, cuya biografía sintetiza la historia de la 
dudad durante los tristes sucesos de la guerra de Sucesión, 
en cuyo período y para que nada le faltara, fueron muchas y 
graves las cuestiones religiosas que allí se agitaron. 

El aparato desplegado en la proclamación de Fernando VI 
el día 24 de Octubre de 1746, en la cual no se alzó ya el pen- 
dón de la ciudad, sino el estandarte real con las armas de 
Castilla y León, cuyo escudo llevaban los mal llamados allí 
reyes de armas, y la fórmula: cGastilla y Aragón por el Rey 
nuestro Señor D. Fernando VI», en la que se anteponía la pa- 
labra < Castilla • , en que se le llamaba Fernando VI , cuando 
allí era solo III, y la fórmula «nuestro señor» contrastaba con 
los azules trajes de los heraldos y atabaleros, por privilegio de 
Pedro IV, y que recordaban la antigua prepotencia de aque- 
llos hermanados pueblos, en los que alcanzó por entonces un 
lisonjero estado el arte de la imprenta, el cultivo del cáñamo 
y la manufactura del hierro y el acero en que tanto se distin- 
guió el cerrajero conocido por el Picado. 

m 

También festejó la proclamación de Carlos III el domingo 
21 de Octubre de 1759, época y reinado en que la enseñanza 
volvió á prosperar y en cuyo colegio de jesuítas erigido en se- 
minario de nobles, cursaron hombres tan ilustres como don 
Leandro Fernández Moralín. 

Va en decadencia, Calatayud, celebró la proclamación de 
Carlos IV, el 3 de Septiembre de 1789, siendo muy do notar 
los numerosos y no pequeños contratiempos que la enemistad 
de Godoy la acarreara, hasta el punto de hacerla acoger con 
júbilo la noticia de la abdicación del rey y la caída del fa- 
vorito. ^ 

Pero pocos años después, su bélica actitud al recibir la no- 
ticia del 2 de Mayo, el alistamiento de la juventud, la forma- 
ción de la división al mando de Versax, los grandes servicios 
y lealtad de los bilbilitanos y los atropellos de que los france- 
ses les hicieron víctimas, la toma del fuerte de la Merced y las 
batallas del Fresno y de la Almunia, probaron al mundo que 
aquella decadente población albergaba todavía corazones que 



EL DR. D. VIGENTE DE LA FUENTE. 8(» 

en la guerra de la Independencia eran dignos sucesores de los 
que encerraban los pechos dé los valerosos soldados de la her- 
mandad de Galalayud. 

I^ero sigamos otro orden de ideas. 

De las alturas, bajó Galatayud al llano en tiempos más pa* 
cíñeos, conservando hoy el arco bajo, la puerta juriega, la 
casa consistorial, dependiente, cuando era aícacena del Mo- 
nasterio de Piedra al cual fué cedida en 1248, con el privilegio 
de que nadie, fuera de sus tiendas, pudiera cambiar monedas, 
vender paños, tener botica, horno ni otras cosas más, bajo pena 
de 500 mrs. de oro; las angostas sendas que caracolean por los 
ribazos; y la roca abriendo su seno para hospedar al hombre 
sin más obras que el tabique que cierra la abertura y el puli- 
mento de los muros interiores, cuyo recinto se ensancha á la 
medida de las necesidades de los habitantes. 

Sus promontorios están coronados por el castillo de Doña 
Martina, por la pintoresca torre de Lopícado ó del reloj (colo- 
cado allí ya en el siglo xv), por la octógona torrecilla del «Co** 
ción de los Moros», por los restos de los cinco castillos confia- 
dos por Pedro IV á la hermandad, y por abandonada ermita 
y antes Colegiata de Santa María do la Peña, tan honrada por 
Alfonso II con sus privilegios, como por la piadosa Sancha 
con sus preciadas reliquias. 

Poco, muy poco, en el terreno artístico podrá el viajero apre- 
ciar en sus once parroquias con once conventos, pobres y no 
antiguos, derruidos y en gran parte abandonados: sin embar- 
go, casi todos ellos atesoran algún recuerdo histórico. 

El ábside bizantino de Santiago; la antigua portadita de San 
Martín; las góticas naves y octógona torre con arabescos de 
ladrillo, de San Andrés; el ábside gótico y las ventanas antes 
caladas de San Pedro Mártir, á cuyo campanario y fachada 
comunican aspecto arábigo los combinados ladrillos y azulejos, 
y cuyo interior es sepulcro del infante D. Enrique de Aragón, 
y cuyo claustro plateresco con sus tres órdenes recuerda el 
buen gusto de los dominicos; como recuerda á los jesuítas el 
adornado interior de San Juan Bautista, con su portada de 1 534; 
como recuerda á los caballeros Sanjuanistas el sepulcro del co- 



910 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

mendador Marcilla y el escudo de la orden sobre la puerta do 
Santa Lucía, no lejos de la cual se halla la lápida en caracte- 
res góticos engastada sobre arco ojivo, indicando el hospital de 
labradores, propiedad de ocho familias, y que la tradición re- 
monta á la época de los mozárabes; como recuerda la casa natal 
de San Iñigo, en el año 1000, la iglesia de San Benito, y como 
recuerda, finalmentei su antigua grandeza el templo de San 
Pedro de Francos, y su pura y sencilla portada del siglo xv, 
adornada con las efigies del Resucitado y de los apóstoles, que 
introduce al templo, cuyas altas y despejadas naves, sosteni- 
das por ligeras columnas, cobijaron en 1461 á las Cortes del 
reino y presenciaron la formación de libres fueros y del tri- 
bunal popular de los Í7, que había de juzgar al justicia y ser- 
vir de salvaguardia á los agraviados...; edificios son todos 
ellos que constituyen la parte superviviente de la brillante 
historia de la localidad, cuya colegiata del Santo Sepulcro, 
encomienda poderosa otorgada por Ramón Berenguer á los 
caballeros de Jcrusalen en indemnización del imperio de 
Alfonso el Batallador^ que selló su. caballeresca vida con un 
testamento singular, dejando en 16 kal. Oct. de 1143 á las 
nacientes órdenes militares por herederas de sus estados, 
constando la donación del solar por documento fechado en Ene- 
ro de 1151, y cuyas bóvedas, levantadas por Gerardo, prior en 
España del Santo Sepulcro, estaban dedicadas ya en 1156 á 
residencia de sus canónigos seglares hermanados con los caba- 
lleros. 

La restauración á fines del siglo xvi ó principios del xvii 
presenta hoy solo una inmensa'mole de ladrillo, tres puertas, 
dos campanarios dominando el barrio sometido por Berenguer, 
.tres frías y desnudas naves, moderna ciípula, los relieves de la 
Pasión y el pobre claustro de elegante ojiva, aunque de época 
posterior. 

Sólo el archivo atestigua lo que fué la casa y los favores re- 
cibidos de los soberanos. 

Pero la colegiata de Santa María la Mayor, tiene para nos- 
otros más importancia, y aunque su octógono campanario, ele- 
vado, esbelto y adornado con labores de ladrillo impresione 



% 



EL DR. D. VICENTE DE LA FUENTE. 811 

agradablemente, de sus tres naves, crucero y cúpula andan 
desterrados la antigüedad y la belleza, de las cuales sólo queda 
un destello en el claustro ó en los góticos arabescos de la puer- 
ta que le pone en comunicación con el templo, consagrado por 
«1 arzobispo de Tarragona en 1249. 

La portada plateresca, rica y de perfectos detalles, carece de 
la elegancia y osadía de construcción de otras obras de su cla- 
se. Dos abalaustradas columnas levantan á la altura del portal 
el primer cuerpo, cuya mitad inferior hasta el arranque del 
arco, ocupan en tres nichos por lado mutiladas estatuas de los 
apóstoles; constituyendo el segundo cuerpo un relieve con la 
Venida del Espíritu Santo, coronando la composición la efi- 
gie del Padre Eterno. Juan de Talavera y Esteban de Obray, 
de nación francés y artífice más tarde del coro del Pilar, fue- 
ron los maestros de la obra, el obispo D. Gabriel de Orti su 
principal promovedor. Lá construcción duró de 1523 á 1528 y 
su coste 1.300 ducados. Dos medallones, uno á cada lado de la 
portada ostentan las inscripciones que así lo atestiguan (1), 
como otra fastuosa y revesada añadida á su lado hace constar 
la fecha y el obispo á cuya costa se hizo el enlosado del pavi- 
mento de la iglesia (2). 

En esta iglesia mayor, colegial de Santa María recibió las 
aguas de la fe el día 30 de Enero de 1817 un niño nacido el 
día antes, y que más tarde llegó á ser el sabio catedrático y 
canonista, el docto jurisconsulto y publicista, el concienzudo 
historiador y académico, nuestro consocio, en fin, el ilustrísi- 
mo Sr. D. Vicente de la Fuente. 

Llegados á este punto, posible es que alguno de vosotros se 
esté diciendo para sus adentros ¿y á qué viene ese alarde de 



(1) Exactum opus anno MDXXVII. K.« V.» 
Imperante Hisp. Reg. Catho. 

Clemente VII pontiñce max. Gabriele de Orti. 
Tirasonem epo. 

(2) Ruinosum sed pedibus, tempore Fontino pasio 
simili pavimentum atrii et armantino p olito 
lapide illust. Baltasar Navarro Epis. Tira, suo sre. 

in pres statum veduxit stravit X id oct. MDCXXXVI. 



812 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

erudición histórica, de apreciaciones críticas y de apuntes ar» 
queológicos empleados por el disertante? ¿Es que hemos veni- 
do aqu( á recordar todas esas rebuscadas y conocidas noticias,. 
ó á ocuparnos de D. Vicente de la Fuente? 

Felizmente para mí creo poder afirmar con fundamento que- 
no hay entre vosotros quien haya podido formularse tales pre* 
guntas; primero, porque todos sabéis que no presumo de eru- 
dito, ni aun siquiera de estudioso, y segundo, porque desde 
los primeros momentos habréis descubierto la hilaza, pues de 
seguro todos habréis visto que cuanto llevo relatado no es má» 
que el extracto (imperfecto como mío) de lo consignado por el 
Sr. la Fuente (1) en sus notables obras Historia de Calatayud^ 
Estudios críticos sobre la historia y el derecho de Aragón^ el 
tomo xLix de la España sagrada, el discurso de recepción en 
la Real Academia de la Historia sobre tLas tres comunidades 
de Aragón», la Historia eclesiástica de España y la conferen» 
cia dada en este mismo sitio y ante esta misma Sociedad so- 
bre «Las comunidades de Castilla y de Aragón bajo el punta 
de vista geográfico». 

Ved ahí, cómo evitando tiempo y rodeos, he procurado po- 
neros de manifiesto las poderosas razones en que la Sociedad 
Geográfica se apoyó para llamar y conservar cariñosamente en 
su seno al... por qué no decirlo... al geógrafo, cuya pérdida 
nunca lloraremos lo bastante. 

No nos detengamos á enumerar sus estudios en Tudela y Za- 
ragoza, donde recibió el grado de Bachiller en filosofía, ni los 
realizados con tan soberano aprovechamiento en Alcalá, donde 
ganó por oposición una beca en el colegio llamado de Málaga, 
en el que, estudiante aún, sustituyó la Cátedra de escritura y 
en el que desempeñó el rectorado hasta el 22 de Febrero de 1842. 

No le sigamos en la Universidad de Madrid donde, como en 
la de Alcalá, á nota do «nomine discrepante» y de csobresalien- 



(1) Y, en efecto, cuantos datos históricos y arqueológicos consigno están toma- 
dos de las obras que cito de D. Vicente de la Fuente, y de lo expuesto por don 
J M. Quadrado en el indicado tomo de Aragón de la obra Recuerdos y belleuu de 
España, 



EL DR, D. VICEirrE DB LA FUENTE. 813 

te por asignatura y ejercicio, recibió los grados de Doctor en 
Teologfa y Jurisprudencia, cursó y aprendió las asignaturas 
de Lengua Árabe y de Hebreo, y desempeñó los cargos de Bi- 
bliotecario y Regente en las Facultades de Derecho y Teologfa. 

No vayamos á la Universidad de Salamanca á oir sus sabias 
explicaciones de «elementos de Derecho Canónico,» de que ya 
era Catedrático propietario en 1852, ni vengamos á la corte i 
escucharle como Catedrático propietario de «Disciplina eclesiás- 
tica!» de la Universidad Central desde 1859; con la categoría 
de ascenso desde 1862 y con la de término desde 1871, y en cuyo 
docto establecimiento fué Rector y decano de la Facultad de 
Derecho. 

No acudamos á la academia de San Isidoro de ciencias ecle- 
siásticas, donde fué individuo con la categoría de profesor, y 
más tarde con igual categoría en la Matritense de Jurispruden- 
cia y L»egislación, ejerciendo los cargos de Bibliotecario y Pre- 
sidente de la sección de Derecho civil, y en la que había ya ob- 
tenido medalla de honor en el concurso de 1844 por su brillante 
Memoria sobre un tema de Derecho penal. 

Méritos, estudios y trabajos son todos ellos de incuestiona- 
ble y altísima importancia, y de todos, así como también de 
sus tareas en la Real Academia de Ciencias Morales y Políti- 
cas, pluma mejor cortada que la mía expondrá las considera- 
ciones y obtendrá las deducciones á que tanto estudio, ciencia 
y perseverancia se prestan. 

Vengamos sólo al orden de conocimientos que más íntima- 
mente se relacionan con las Ciencias Geográficas: Yeámosle 
desde 1851 como literato auxiliar de la comisión de Cortes y 
fueros, cuya compilación estaba encomendada á la Real Aca- 
demia de la Historia; desde 1854 como su individuo correspon- 
diente; desde 10 de Marzo de 1861, como Académico numerario; 
y desde estas fechas, ya comisionado con el Sr. Gayangos para 
la publicación de las cartas inéditas de Cisneros, ya dirigien- 
do la publicación de las de sus secretarios, y ya en el Boletin^ 
ya en las sesiones de la Corporación, ya en el líbro^ ya en la 
Iribuna académica dando continuas y prodigiosas muestras de 
su actividad, ciencia, agudo ingenio é indisputable talento, re- 

SI 



814 boletín D$ la sociedad GEOaRiFIGA. 

conocidos por todo el mundo y muy parücularmente por el 
Consejo de Instrucción Pública, que al declarar de texto au 
obra de «Disciplina eclesiástica» consignaba que «el autor re- 
velaba la pureza de las doctrinas que profesaba y los extensos 
conocimientos que poseía en la materia,» y al informar sobre 
la de «Historia eclesiástica» la consideraba «como mérito de 
los pertenecientes á la primera clase, fundado en la importan- 
cia de la obra, escogida erudición que atesora y el estudio con* 
denzudo y prolijo que revela en su extensión y originalidad,» 
informe que ya había sancionado el público con el hecho de 
haberse agotado en 1855 seis mil ejemplares de los tres prime- 
ros volúmenes. 

Bastaba y sobraba ya con esto, para tener asiento por dere- 
cho propio en la Sociedad Geográfica desde su fundación; pero 
no puedo menos de mencionar alguna de las obras que, eo mi 
sentir, revelan la justicia con que le concedimos lugar preem{«> 
nente, no ya solo entre nosotros, sino entre todos aquellos que 
en las Ciencias Geográficas más han resplandecido. « . 

Fué el discurso de recepción en la Real Academia de la His^ 
loria uno de los que más resonancia tuvieron, pues el vulgo, 
que sólo había oído hablar de las comunidades de Castilla, em*» 
pezó á enterarse de que también en Aragón hubiera conjuni- 
dades y que su historia fué digna pareja de las de los: Casta- 
llanos. Cómo estudió en ^ste discurso nuestra antigua división 
territorial en reinos, señoríos y principados; subdivididos en 
provincias, comunidades, merindades y corregimientos; frac- 
cionados á su vez en sexmos, alfoces, partidos, cañadas y dis- 
tritos: el «origen militar de las comunidades» en el siglo xit, 
.én que Alfonso el Batallador trajo la gente briosa, fuerte y 
cristiana de las montañas de Jaca y de Sierra Guara^ otorgan.* 
do á los de Calatayud, en tl30, el fuero redactado ppr: ellos 
mismos, recibiendo los de Daroca el de Ramón Berenguer (rf- 
tiflcación en 1142 de el del mismo Alfonso de 1123), que de- 
marcaba los términos, y la de Teruel el de Alonso el Castd^eín 
1176; y el del Arzobispo, concediendo el patronato activo y pa- 
sivo, respectivamente, al concejo y á los hijos legítimos: de los 
nacidos y bautizados en la villa:, el aasp.coto,mlUtar»:de laias- 




KL DR. D. VICENTE DS LA FUENTE. Ü15 

tilución^ ya por su rormación con el consentimiento del ixio- 
narca, ya por los países vecinos á quienes hablan de hacer fi'eñ'- 
te, ya por la división del territorio aragonés en cinco distritos 
á las órdenes de su respectivo y noble suprajunciarius y de va- 
rios paciarü^ y en cuya división no entraron nunca las comu- 
nidades; el «aspecto político» detallando la división en seis sex- 
mos por hermandad, estando los de Galatayud mandados por 
6eis merinos, uno por cada uno de los ríos Jalón, Xilocá, Ma- 
publes, Ibdes, Miedes y Ribota ó Gai'íada, y á las órdenes de 
un Procurador general; la de Teruel, con su Procurador y Seis 
regidores en Monteagudo, Rubielos, Sarrión,Río Martín, Río 
Celia y Campo de Visiedo; y la de Daroca con su Asistente y 
seis sexmeros; haciendo notar que de esta unifoi^me organiza- 
ción resultó que, mientras las comunidades ise repoblaban, kd 
despoblaba el centro de Aragón, quedando Zaragoza como un 
oasis en el desierto: y por ultimo, el ^aspecto económico,» ter- 
minando con la delimitación de los términos de cada comuni- 
dad,. según cada uno de sus respectivos fueron, describiendo 
los pueblos y términos, ya posoídos, ya conóedidos eii distin- 
tas épocas y detallando, en la nota fínal, los pueblos que com- 
ponían las tres comunidades y su estadística comparada, següil 
el censo de 1797, constituyendo un trabajo geográfico perfecto, 
creo excusado el ponderarlo. 

Sí examináis el tomo iii del Boleíin de la Real Acadelnta de 
id Hiétoria^ hallareis en él un trabajo esencialmente geográfi- 
co y debido á nuestro inolvidable compañero'. Tilúlaáó expé'- 
dición científica y artística á la Sierra de Francia, provincia do 
Salamanca en Julio de 1857. 

Hoy (}ne comisiones de sociedades extranjeras Ise próponéi^i 
visitar aquella región, no estará fuera de propósito el haicer óóns- 
Car que ya nuestro La Fuente se ocupó de fesefártí oso' Ici^ri torio 
Uanlado Las Jurdes, acerca del cual, así como del itionastéri6 
dedióado á Nuestra Señora en aquella sierra, nds dejó kióláble^ 
descripciones. ' 

La Real Academia de la Historia encomendó á hiicsírb Insig- 
ne compañero la redacción del tomo xlix de la España ^üg'rá- 
da^ y basta solo indicar los epígrafes de alguno de'átti cfá|ptt\i- 



^16 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

los para comprobar el caudal de conocimientos geográflcos qué 
aquel poeeia. El tomo es el correspondiente al obispado de Ta^ 
razoua. En el capítulo i— «Descripción de la Celtibería»^-esta-^ 
dia el origen y vicisitudes de los pueblos que, procedentes deV 
Norte, atravesaron los Pirineos y se mezclaron en el Ebro; Ios- 
puntos en que se fijaron; los límites oriental y occidental, fij.i* 
dos por Plinio, y los austral y boreal, por Estrnbón; los con- 
tornos, detallando los pueblos limítrofes y los que ocupabnri. 
cada una de las partes del territorio, y, por último,' la divi- 
sión de la Celtiberia por Estrabón en cuatro partes, orientat 
(Segprbe y Tarazona), meridional (Requena á Aranjuez) diy 
aquí á Ruidera y, por último los pelendones y arevacos. 

Describe en el capítulo ii los c Límites del obispado», y des- 
pués de aclarar los nombres y detallar las poblaciones citadas 
por Marcial en la epístola xlii del libro i, dirigida ad Licinin- 
num y en la xm del libro iv, dirigida á Lucio; señala la divi-^ 
sión eclesiástica en la primera época, hasta Alfonso el Baía^ 
Uador; la segunda hasta el concilio de Burgos en 1137, y í» 
tercera hasta nuestros días, elevándose en notables disquisi- 
ciones sobre la división de Wamba, la transacción en Zarago« 
za de los obispos do Tarazona y Navarra que solo duró vcinto 
años y fué alterada después por Alfonso Vil, terminando coi) 
el detallo minucioso de los pueblos que quedaron sujetos á las 
iglesias de Tarazona y Sigtionza. 

En el tercer capítulo, dedicado «i la «Descripción de Tarazo* 
na» y sus antigüedades, da cuenta de su situación, grandeza y 
fundación, de las monedas celtiberas y medallas romanas des*- 
cubiertas, de haber sido mansión del camino de Astorga á Za- 
ragoza, de las inscripciones, pinturas en las casas, del pasca 
Rudiana (Rus Dianas) y estudia la posición favorable do la 
población, comprimida por el Moncayo y el Ebro, con mul- 
titud de detalles geográficos; siendo, por ultimo, el capítulo iv 
el que, ocupándose de las «Antigüedades más notables de los 
pueblos de aquel obispado», señala á treinta y cuatro de estos- 
con sus nombres antiguos y modernos y describe sus curiosi- 
dades ó historia, haciendo de él un verdadero tratado de geo-^ 
grafía local. 



EL DR. D. VICENTE DE LA FUENTE. 817 

No es esto decir que no demuestre el autor en el resto de la 
obra su competencia en aquellas materias, pues harto se re- 
conoce en toda ella; pero como el libro es muy conocido, pue- 
do excusarme de proseguir extractándolo, en obsequia á la 
brevedad, de que, al parecer, me voy olvidando. 

No vayáis á creer que por tratarse de una misma región, la 
obra Historia de Calatayud es un simple trasunto de las noti- 
cias y dalos que van indicados en los trabajos de la Fuente de 
•que antes hicimos mérito. Todo lo contrario. La Historia de 
Calatayud no solo contiene lo antes descrito, sino que amplía 
y detalla con tal riqueza de detalles y recto criterio todo lo que 
de esa ciudad se ha dicho hasta nuestros días, que hace de ella 
un monumento inapreciable. 

Como el extracto histórico y arqueológico que al comienzo 
•os hice, está tomado en gran parte de aquí, me creo relevado 
de detallároslo nuevamente, aparte de que todos vosotros co- 
iiocéis y sin duda habéis sabido apreciar en lo que vale el tan 
hermoso trabajo del Sr. La Fuente. 

Algunas de las apreciaciones contenidas en el relatada 
lomo XLix de la España sagrada^ al tratar de San Millán de la 
€ogolla, fueron impugnadas por el ilustrado religioso agusti- 
no P. Minguella, cuya impugnación contestó nuestro D. Vi- 
cente con un valiente escrito que vio la luz pública en 1883, 
con el título de San Millán^ presbítero secular. 

De cómo refutó al ilustrado religioso, y de qué sinnúmero 
de datos históricos se valió nuestro sabio doctor para sacar 
triunfantes sus autorizadas opiniones, sería pretencioso en mí 
el aquilatarlo, pues opinión más que favorable es la que del 
folleto en cuestión han formado todos cuantos le conocen. 

Pero no puedo menos de consignar que en el capítulo n, pá- 
rrafos VI y vil, en que se ocupa de la (Cuestión geográfica so- 
bre los límites del obispado de Tarazona» y «Observaciones 
topográficas acerca de Vergegium que no cuadran á Berceo», 
hace gala de tanta erudición y sana crítica, que imperdonable 
sería en mí el no recordároslos. Ya examinando las distancias 
que de Verdejo y Berceo separan á Tarazona, ya dilucidando 
la verdadera posición geográfica de Idubeda, ya revelando la 



918 boletín: de la sociedad geográfica. 

inexactitud cometida por el que colocó al SE. de una cordi- 
llera (supuesta Idubeda) á Berceo, ya estudiando el curso del 
río Cárdenas, ya negando que el límite de losberones y pelen- 
donesi corriese entre Nájera y Berceo, sostiene su primitiva 
afirmación respecto de los límites del obispada de Tarazona, y 
cuan lejos estaba de ser cierto que todos los pueblos de la comu- 
nidad de Calalayud, y menos Verdejo, fueran del obispado de- 
Zaragoza. 

Demostrado el primer punto y estudiando la descripciÓQ 
del sitio donde se halla el Monasterio, hecha por el P. Meco- 
laeta, y en la que este insiste varias veces en lo escabroso del 
terreno, calificándole de arduo, costanero y de penosa subida, 
que precisa subir á lomo todo lo que fuera necesario, aduce- 
tales razones, consigna tales textos, describe de tal manera los 
lugares, que no dejaría lugar á duda en el más descontentadizo.. 

Fundado en el dicho de Sancho el Mayor de que las aspi- 
raciones do los reyes de Castilla, desde D. Fernando I hasta 
D. Pedro, había sido las de tener «el Ebro por frontera*), titu- 
la así el capítulo ii de sus Estudios criticas sobre la historia y^ 
el derecho de Aragón. La extensión de dicho capítulo y la im- 
posibilidad de sintetizarlo debidamente me obligan á recorda- 
ros tan sólo algunas de las materias que lo constituyen. 

Después de hacer resaltar la importancia histórica del famoso- 
río y su denominación de Iberia^ y de ver que, mientras Ios- 
reyes del Pirineo rebasan el Ebro y avanzan hacia el Duero, 
los de León pugnan por hacer suya la parte meridional de- 
Aragón, y que á la muerte de D. García de Navarra inician 
los reyes do Castilla la política de tener el Ebro por frontera, 
una vez perdida esta por Alonso VI, estudia la infiuencia del 
Batallador en la resolución del asunto y las continuas luchas 
que hasta nuestros días ha producido esa ambición fronte- 
riza, por parte de Alfonso VII, Pedro el Cruel^ los franceses 
enseñoreados de Navarra, Luis XIV, trabajos de Pedro Mar* 
ca, etc., etc., etc., pues sabido es que la tal línea divisoria ha 
sido siempre causa de apetito desordenado para todos — anti- 
guos y modernos — cuantos han tenido con nosotros relaciones 
de vecindad más ó menos afectuosas La Fuente, aragonés 



EL DR. D. VIGENTE DE LA FUENTE. 3Í# 

7 por coásiguíente español de pura sangre, termiaa esle capí»! 
tule con un párrafo tan lleno de patriotismo, que de buena 
gana le reproduciría, si el temor de repetíroslo, por la seguri- 
dad que tongo de que de todos es conocido, no me lo vedara. 

Nobleza obliga, dice el refrán, y el Sr. la Fuente, de quien 
puede afirmarse que su culto fué la norma á.que ciñó todos 
los actos de su honrada vida, no podía, al verse entre nosotros, 
dejar de contribuir al prestigio de esta corporación. Sus más 
distinguidos individuos habían tomado parte en los trabajos 
de la Sociedad, y una leve indicación de nuestra directiva bas- 
tó para que inmediatamente vertiera en este recinto los rauda* 
les de su talento y de su ciencia. 

cLas comunidades de Castilla y Aragón, bajo el punto de 
vista geográfico» fué el tema de la notable conferencia que, 
unos oyéndola en la noche del 8 de Enero de 1880, y otros en 
nuestro Boletín, han podido saborear. Gomo se desprende de 
su epígrafe, no fueron ya sólo las comunidades aragonesas las 
que hizo objeto de su estudio, sino que examinando concien- 
zudamente las de Castilla, redondeó, si por acaso lo necesitara, 
el tema de su discurso de ingreso en la Academia, y amplificó 
el estudio de ambas comunidades con inapreciables datos geo- 
gráfico-históricos, en los que, además de fijar las cinco condi- 
ciones que para serlo necesitaba toda comunidad, indicó la 
necesidad de que entre los mapas de la Edad Media se forme 
uno del siglo xii, por lo menos, que debería llevar la fecha 
de 1200, y que señalase, no sólo los territorios de realengo, 
abadengo y solariego de grandes señoríos, sino los de las de- 
marcaciones territoriales de comunidades, merindades y be- 
hetrías. 

Terminaba el Sr. la Fuente con su natural gracejo: «Yo sé 
>dc antemano lo que se dirá á eso, ¡me lo han dicho tantas 
vveces! la observación es muy amable, ¡Magnífico pensamieu- 
»to! ¿Por qué no lo hace V.? ¡Hágalo V.! Es verdad, señores, 
»pero yo estoy muy ocupado en otras cosas: que lo hagan 
»otros más capaces y más competentes. Siembro para que 
>otros recojan», y esta respuesta me sugiere una considera- 
ción que de seguro os la estáis sugiriendo todos vosotros: 



m BOLETÍN DS Lk SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

^Siempre la modestia fué inseparable compañera del verdadero 
talento! 

Sesenta y ocho días más tarde, el 17 de Marzo, nos cautivó de 
nuevo en este sitio, haciéndonos ver la necesidad de un dic- 
cionario geográfico universal en castellano, y haciendo alarde 
de su pasmosa erudición y señalando la multitud de ocasiones 
en que había echado de ver la falta de aquella obra, exclama: 
€¿ Podría hacerlo la Sociedad Geográfica? y añádeles indudable 
>que sí; pero no me atrevo á decir que deba hacerlo. Á nadie 
»se le debe cargar fácilmente con deudas... y de difícil pago». 

Coronación digna de esta conferencia son las doce cuestio- 
nes que presenta en apoyo de su opinión, de la necesidad de 
consignar los nombres de los pueblos en castellano, y de ha- 
cer desaparecer la ortografía geográfica antigua sin tener en 
cuenta la etimología, sino la sencillez, economía y fonetismo. 
Excusado es decir que la idea del Sr. la Fuente fué acogida 
con entusiasmo por la Sociedad, que al punto nombró una 
comisión para estudiar el modo de realizar lo propuesto, y que 
no dudo que los individuos que la componen darán feliz tér- 
mino á su cometido, no solo por la importancia del asunto, 
sino por dar esta ultima prueba á nuesti^o llorado consocio del 
afecto que le profesábamos en vida y del respeto que guarda- 
mos á su memoria. 

Todos sabéis que desde hace unos cuantos anos viene pre- 
ocupando la pública atención la necesidad de realizar una nue* 
ya división territorial en España. La Sociedad Geográfica se 
preocupó desde luego con el asunto é hizo de este el tema para 
una piiblica discusión, que por largo tiempo ocupó las reunio- 
nes ordinarias de la Sociedad. Las personas más competentes 
en todos los ramos y de diversas procedencias y carreras, ya 
voluntariamente, ya invitados al efecto, vinieron á esto recin- 
to y nos ilustraron con su docta palabra. 

No podía menos de consultai*$o las opiniones del Dr. La 
Fuente,, y así se hizo. Aludido directa y personalmente, pro- 
nunció un extenso y erudito discurso, en el que no supimos 
qué admirar más, si lo profundo de la doctrina ó la transigencia 
de que hizo gala. Leedle, pues, — que en el núm. 2.'' del tomo xi 



h 



EL DR. D. VIGENTE DE LA FUENTE. 3»! 

<de nuestro Boletín se encuentra — y decidme luego si cabe más 
-sano criterio y más desapasionamiento al sustentar sus teorías. 

Porque La Fuente no sólo reseñó la historia de la división 
territorial eclesiástica en España, sino que reconoció los defec- 
tos de que adolece la hoy existente, la conveniencia de que 
•coincida esta con las demás divisiones (civil, militar, judi- 
cial, etc., etc.), y después de consignar su creencia de que 
la Santa Sede no se opondría á una nueva demarcación, siem- 
pre que esta tuviera carácter de estable y definitiva, terminó 
haciendo pública la propuesta que en 1868 formulara á la co- 
misión nombrada al efecto, de que, teniendo en cuenta la tra- 
•dición, la historia, la topografía, las necesidades del servicio 
espiritual y la mayor uniformidad posible en las divisiones 
administrativas, debía procurarse una buena y acertada refor- 
ma en el plazo más breve y-- ¡cómo conocía á su país! — pro- 
cediendo en secreto á ñn de evitar influencias intempestivas 
por parte de las localidades interesadas. 

Pero como la hora avanza, pongo aquí término á este des- 
aliñado conjunto de retazos y transcripciones de los escritos 
del docto geógrafo, hombre recto, severo y estudioso que el 
día 1.** de este año entregó tan cristianamente como había 
vivido y siempre había pensado, su alma al Criador. 

Reflexivo y profundo hasta en aquello que llamábamos sus 
genialidades, terminaba casi todos sus escritos con alguna agu- 
deza con que su ingenio venía á herir las cuestiones que se 
agitaban en aquel momento histórico, como ahora han dado 
en llamarse. 

Por eso al ver á tan ilustrado auditorio congregado para hon* 
irar la memoria de los distinguidos consocios que nos abando- 
naron, séame permitido exclamar, parodiando el final de nues- 
tro maestro, compañero y amigo en su San Millárif presbítero 
secular. 

No todo ha de ser ocuparse de política y de cuestiones de 
interés personal, olvidándonos délos estudios científicos y lite- 
rarios que en tan elevado puesto colocaron á nuestra patria, y 
•on los cuales brillaron hombres tan insignes como el inolvida- 
ble D. Vicente de la Fuente. 



i 



3» BOLBTÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA» 



jL'jp'Bn<rjDX(D:E]. 



IOTA DE ALGUNAS OBRAS T ESCRITOS DE D. TICEITE DE LA FUERTE (1). 

Vida de Santa Teresa de Jobús.— Edición autográñca bajo la 
dirección del Sr. La Fuente, con notas sayas, peculiares de la edición^ 
— XJn tomo en folio de 420 págs. de impresión y otras tantas de foto- 
cincografía, por los Sres. Selfa y Fernández. 

Fundaciones de Santa Teresa de Jesús.— Continuación dé la 
anterior. — Otro tomo igual en folio: fotografía por D. Antonio Belfa, 
anotada por el Sr. La Fuente. 

La Virgen Maria y su culto en España. — Dos tomos en folio» 
edición de lujo y adornada de magníficos cromos. 

Las Quincuagenas de la Nobleza de España, por el capitán 
Gonzalo Fernández de Oviedo ; publicadas por la Real Academia de 
la Historia y anotadas por D. Vicente de la Fuente. — Un tomo en 
folio. 

Las Ciomunidades de Aragón, bajo el punto de vista po- 
litice y económico. — Discurso de recepción leído en la Real 
Academia de la Historia. — ^Un cuaderno en folio. 

Don Rodrigo Jiménez de Rada.^Discurso leído en la Real Aca- 
demia de la Historia, en que se demuestra la gran importancia de 
aquel célebre Arzobispo, bajo el punto de vista religioso, político y 
literario. — Un cuaderno en folio con muchos y curiosos documentos. 

Discurso contra las teorias de separación de la Iglesia 
y del Estado, leído ante la Real Academia de Ciencias morales 
y políticas, en la recepción del autor, en Abril de 1875. Revisada 
por una comisión sinodal, de orden del £mmo. Sr. Cardenal Arzo- 
bispo de Toledo, y declarado exento de supuestos errores. — Un cua- 
derno en folio. 

Sancti Anselmi Lucensis Episcopi vita, a Rangerio successore 
8U0 latino carmine acnpto.— Precioso poema del siglo xii, reciente- 



(1) Esta noticia la publicamos con el pleno conocimiento de que es sumamente 
incompleta, pero entre hacer este conato de catálogo y no haber dado la noticia,, 
optamos por aquello y confiamos en que no faltará quien lo complete. 



EL DR. D. VICENTE DE LA FUENTE. 3» 

mente descubierto y elogiado por el papa Pío DC. — Un tomo en 4.o- 
de más de 260 págs., impreso con mucha corrección y elegancia en 
casa de Aguado: afio de 1870. 

ücdesiasticaB DisciplinaB praBleotiones ex Sacro Tridentíno» 
Concilio, necnon ex Hispanis synodis et conventionibus. — Sirve de 
texto en muchos seminarios de España.— Segunda edición: dos to- 
mos en 4.0^ de más de 300 págs. cada uno. 

Procedimientos Eclesiásticos ; por los Sres. Gómez Salazar y Ls 
Fuente: cuatro tomos en 4.o 

Lecciones de Disciplina Eclesiástica y Suplemento al 
Tratado teórico-práctico de Procedimientos Eclesiás- 
ticos, por los mismos Sres. Gómez Salazar y La Fuente. Tercera 
edición corregida y aumentada: 1880.— Dos tomos en 4.^ de más de 
600 págs. cada uno, con muchos y muy útiles documentos. 

La retención de bulas en España ante la Historia y el Dere- 
cho.— Dos volúmenes en 4.o, que forman un tomo» Contiene un tra- 
tado sobre la prohibición de libros y el índice expurgatorio. 

La pluralidad de cultos y sus inconvenientes.— Esta obra» 
impresa en 1865, mereció los elogios de la Santa Sede. — Un toma 
en 4.^, igual al anterior, y de más de 400 páginas. 

Relaciones entre la Iglesia y el Estado.- Un cuaderno en 4.^ 
está agotado. 

Los Concordatos.- Un folleto de 64 págs. en 4.^ impreso en 1872. 

Historia Eolesiástioa de España.— Segunda edición, por la Gom^ 
pafiía de Impresores y Libreros. 

España Sagrada.— Continuación de la célebre obra iniciada por el 
P. Florez, y de la cual está encargada la Real Academia de la Histo- 
ria: tomos ZLix y l correspondientes á la Santa Iglesia de Tarazona. 

El tomo U de dicha España Sagrada, que trata acerca 
de los obispos auxiliares y titulares en España. — Fué 
escrito por el difunto D. Carlos Ramón Fort, y publicado por orden 
de la Academia, encargándole la coordinación de noticias y su rc-^ 
visión. 

Historia de las Sociedades secretas en España.— Segunda 
edición corregida y aumentada. 

Cartas de los Secretarios del Cardenal Jiménez de Gis- 
ñeros.— Publicadas de orden y por cuenta del Gobierno. 

Obras de Santa Teresa de Jesús.— Novísima edición, correa 
gida y aumentada conforme á los originales y con notas aclaratorias 
por D. Vicente de la Fuente.— Seis tomos en 4.o mayor. 



«U BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

Vida de Santa Teresa de Jesús, por el Mtro. Juliánde Ávila, 
primer Capellán de la Santa ; anotada y adicionada por D. Vicente 
de la Fuente. — Un tomo en 4.^, con 384-zsit páginas. 

Casas y recuerdos de Santa Teresa en España.— iíanua^ 
del viajero para visitarlas. ^SegundA edición, corregida y aumen- 
tada, de la misma que se publicó en 1882, con el titulo de c Tercer 
centenario de Santa Teresa de Jesús». — Un tomo de 468yui págs. 

Historia de la siempre augusta y íidelisima ciudad de 
Galatayud; impresa en la tipografía del Diario de aquella ciudad, 
con varias láminas en acero y litografía , y grabados intercalados en 
el texto.— Dos tomos en 4.* 

Ijas Comunidades de Castilla y Aragón, bajo el punto de 
vista geográfico.— Un folleto en 4. o 

La Enseñanza Tomistioa en España«— Un folleto de 46 págs. 
en 4.0 

lia Sopa de los Conventos — Tratado de economía política en 
estilo joco-serio. Vindicación de los regulares acusados de haber 
fomentado la holganza en Espafia.— Un tomo en 4.° 

Expulsión de los Jesuítas de España.— Dos cuadernos en 8.^ 
£1 primero titulado 1767-1867, y el segundo titulado La Corte de 
Carlos IIL 

Doña Juana la Looa vindicada de la nota de herejía — 
Un folleto de 44 págs.; cuarta edición^ corregida y aumentada. 

San Millán, presbítero secular.— Respuesta al libro del padre 
Fr. Toribio Minguella, titulado «San Millán de la Cogolla>, en vin- 
dicación de lo que se dijo acerca del Santo en el tomo l de la Espafía 
Sagrada: 1883.— Un tomo en 8.^ 86viii págs. 

Andrés Tuun.— La Muerte feliz.— La Virgen María.- Res- 
puesta al Manifiesto protestante. Números I.*", 3.^ 4.*^ y 5.« 
de la colección de opúsculos contra los folletos protestantes, ó sea 
El Protestante protestado: 1869. En S.' 

Lecturas populares, ó sea colección de articules breves 
y sencillos, para instrucción y solaz de las familias visitadas por 
la Socieilad de San Vicente de Paul; tomadas en gran parte de las 
que, con el titulo de Petites lectures, publica aquella Sociedad en 
francés, 1856 á 1867. -Doce cuadernos en 8.', con grabados; por 
D. Vicente de la Fuente, con la cooperación de D. Mariano Lezcano. 

Cartas de Santa Teresa de Jesús. — Edición autográñca del 
mismo tamaño y tipos que los tomos de la Vida y fundaciones. Se 
publica por cuadernos, cada uno de los cuales contendrá cuatro 



EL DR. D. VIGENTE DE LA. FUENTE. 8» 

pliegos de autógrafos y otros cuatro de impresión con la traducción 
y notas aclaratorias. 
Historia de las Universidades, Seminarlos, Colegios y de* 

más establecimientos docentes en España. 
Boletín de la Real Academia de la Historia, 
Tomo L — El Fuero de Nájera, Observaciones historicocríticas sobre 
su origec, vicisitudes y disposiciones más notables. 
Informe sobre el libro del Sr. Morel Fatio VEspagne au XVI et 
au XVIIsiecle (en colaboración con D, (-ayetano Rosell y don 
Antonio María Fabié). 
Noticia acerca de un edificio romano que se conserva en las inme- 
diaciones de Favara. 
Tomo III. — Informe acerca de la Historia Eclesiástica y civU de 
Nueva Oranada^ por D. José María Groot. 
Informe sobre la obra de M. Kocher titulada La Catedral de Fuy 

y la de Gerona, 
Dictamen acerca de los libros sobre instrucción publica en Portu- 
gal escrito por D. Antonio da Costa. 
Expedición científica y artística á la Sierra de Francia. — Provincia 

de Salamanca, Julio de 1857. 
Informe sobre el Cartulario de las abadías de la Couturo y de So- 

lesmes. (En colaboración con el Sr. Fernández Duro.) 
La calavera del Conde de Tendilla. 
Tomo IV. — Informe sobre el mosaico romano de Belmonte. 
Tomo V.— Informe sobro las Bienandanzas ¿fortunas que escribid 
Lope G. de Saladar. 
Avilescs célebres inscritos en el monumento á Santa Teresa de 
Jesüs. 
Tomo VL— Informe sobro el monasterio de Santas Crcus. 
Los restos mortales del arzobispo D. Rodrigo Giménez de Rada 7 
estado de su sepulcro en Santa María de Huerta. 
Tomo IX.— Informe sobre la Cruz Patriarcal de doble traviesa y su 
antigüedad y uso en España, á propósito de la Cruz de Caravaca. 
Informo del libro del Sr. Cuadrado Continuación del discurso sobre 

la Historia por Bossuet. 
Informe sobre la Cruz de Caravaca. 
Informe sobre el Cartulario de Eslonaa. 
Tomo X.— Informe sobre El Señorío de Bizcaya histórico y f oral por 
D. Arístides de Artifiano y Suricalday. 
Informe sobre el reconocimiento de los restos mortales del célebre 



m BOLETÍN DE LA. SOCIEDAD GEOGRÁFIGA. 

arzobispo D. Rodrigo Giménez de Rada en Santa Maria de 
Huerta y otran antigüedades de este monasterio. 
Informe sobre el documento relativo á la elevación de las reliquias 
de D. Rodrigo Giménez de Rada al sitio donde ahora están por 
el padre abad Fr. Luís de Estrada en 1653. 
Informe sobre la Historia del colegio de San Gregorio de VáHa- 
dolid. 
Tono XTT. — Supuesto partp de una supuesta reina. 

Informe sobre la Historia de Salamanca por D. Manuel Maclas. 
Tomo XIIL — La iglesia de Santi-Spirítus en Salamanca. 

San Esteban de Salamanca. 
'fouo XIV.— El monasterio de Oña y su Panteón Regio. 
San Juan de la Pefia. 
El último Justicia de Aragón, en 1710. 






YIAJB DE C1RCÜMAVE6AC1ÓN DE Li iNllANGUi. 



*^**^^^^^^^^0*0^^^0^^^^ 



CONFERENCIAS 

DADAS 

ca la Soeiedad Geográfica de Madrid Io8 días 13 y 20 de Majo de 1890 

POR 

EL MARQUÉS DE REINOSA, 

CAPITÍK de fragata B8TIRAD0. 



Conferencia del 13 de Mayo. 

Señores: 

En la segunda mitad de este siglo se presentó, como nuevo 
elemento de la marina militar, el buque blindado. 

Prescindiendo de las cañoneras que tomaron parte en la 
guerra de Crimea, y que eran el rudimento, digámoslo así, del 
blindaje, lo vemos figurar, por primera vez, en los combales 
navales , cuando la guerra de secesión en los Estados-Unidos. 

Al batirse en las costas de Virginia los acorazados Afern- 
mak Y Monitor en la primavera de 1862, consiguieron que s^ 
fijase en ellos la atención, y todas las potencias de Europft 
emprendieron seriamente el estudio de proteger con corazas 
á los buques, para hacerlos, si posible fuera, invulnerables, 
mipntras los progresos de la artillería no hicieran estas defen- 
sas ilusorias. 

. Francia fué la primera, que presentó en los mares las fra- 
gatas acorazadas, siendo las Gloire y Couronne en las que se 
hizo el ensayo de llevarlas á la zona tórrida, atravesando el 
Atlántico, para tomar parte en la expedición de México. 

Las malas condiciones de estos buques, bajo el punto de 
vista higiénico primero, y marinero después^» hicieron que sn 
expedición fuera una serie no interrumpida de desastres, quelas 
4eQlaró inútiles, por no poder sufrir sus tripulantes los.calor 






328 BOLWrtS DE LA SOCIEDAD GEOGRÍFICA. 

res de la zona tórrida dentro de la coraza, y haberse visto se- 
riamente comprometidas en su viaje de regreso á Francia con 
los tiempos que do ordinario reinan en el golfo de las Ye- 
guas. 

Este mal resultado vino á confirmarse contribuyendo pode^ 
rosamente á desacreditar á los blindados el viaje hecho por el 
inglés Warrior á los puertos de I^isboa y Cádiz, desde donde- 
tuvo que regresar á Inglaterra escoltada, y con tales precau- 
ciones que constituyó este ensayo el mayor descrédito de Ios- 
acorazados* 

Posteriormente, en el año 1863, una escuadra francesa com- 
puesta de cinco acorazados y dos navios de hélice que servían 
de punto de comparación, estudió las condiciones marineras de 
aquellos, haciendo un viaje de Cherbourg á Canarias, del qu& 
quedaron muy satisfechos, pero que no resolvían el problema 
de arrostrar los temporales que en las altas latitudes so expe- 
rimentan. 

De aquí i*esultó una controversia en la que, aunque habí» 
quien creía que los acorazados podían desempeñar toda clase 
do comisiones, otros, y estos eran los más, daban por sentado* 
que estos buques eran muy á propósito para la defensa de las- 
costas, pero que no servían para alta mar. 

Esta duda no podía durar mucho, pues entonces se estaban 
construyendo seis acorazados para la marina española, y de) 
mismo modo que en buques do esta nación hizo Colón el des- 
cubrimiento del Nuevo Mundo; así como se organizó la expe- 
dición de Magallanes y Elcano, que encontró la unión de los 
mares Atlántico y Pacífico, dando el nombre del primero a! 
Estrecho, que lo inmortaliza, y siendo el segundo el que tuvo 
la gloria de circundar por primera vez el globo terráqueo; de 
este mismo modo estaba reservado á España el que su bandera 
fuera la primera que se pasease por todo el globo sobre un 
buque blindado, resolviendo satisfactoriamente el problema 
que se tenía por imposible de que estos buques sirvieran para 
las grandes navegaciones. 

El primer acorazado que tuvo España, al que hubo el buen 
acuerdo de llamar Numancia^ pues debía reverdecer los lau- 






VIAJE DE GIRGUNNAVEGAGION DE LA (KNUMANCIAS). 329 

relés de su nombre por si el transcurso de los tiempos podía 
haberlos marchitado, quedó terminado en Diciembre de 1864, 
y apenas habían transcurrido unos días, se le destinó á formar 
parte de la escuadra del Pacíñco por encontrarse empeñado el 
honor de nuestra bandera en aquellos remotos mares. 

La necesidad de reforzar aquella escuadra dictó esta deter- 
minación. Si el viaje era ó no realizable estaba por ver. La 

« 

Numancia hacía falta en el Pacíñco. Era, pues, necesario in- 
tentar su traslación á aquel mar, y mientras no se tocase la 
imposibilidad de ejecutarlo, habiendo puesto en juego todos 
los medios de realizarlo, no se habría hecho lo que se debía 
para reforzar á los buques que sostenían el honor de nuestra 
patria á tan larga distancia. 

El general Armero regía los destinos de la marina por aquel 
entonces, y apreciando debidamente las diñcultades que pro- 
sentaba el viaje, nombró para mandar la fragata á un jefe jo- 
ven, de altos vuelos, de gran corazón, y que á su reconocida 
competencia unía el haberse hecho notable, porque estando 
en Filipinas apoyando con los buques que mandaba á una co* 
lumna del ejército que en condiciones desventajosísimas batía 
un fuerte que tenían los moros de Mindanao á la orilla del 
Río Grande, fuerte que intentaron asaltar varias veces al des- 
cubierto y sin tener brecha por donde realizarlo, lo que les 
causaba grandes perdidas; al ver este mal resultado, resolvió 
tomarlo al abordaje, y embistiendo á toda máquina sobro él, 
embarrancó en la orilla del río, y por el bauprés, descolgó toda 
su tripulación. 

Este jefe, que luego había de cubrirse de gloria en la cam- 
paña del Pacífico, era el ilustre cuanto malogrado Méndez 
y Nüñez. 

Al conferírsele el mando de la fragata se le dio carta blanca 
para escoger el personal de oñciales que lo habían de acom- 
pañar, y no porque yo figurase entre ellos se crea tan desacer- 
tada la elección que no fueran mis compañeros muy dignos de 
secundar los planes y deseos de nuestro jefe. 

Desgraciadamente, la mayor parte de ellos han muerto, y 
tres hemos dejado de pertenecer á la Marina, pues no figura- 

22 



«o BOLETÍN DE LA. SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

mos en su escalafón, por más que de corazón nos hallemos 
siempre entre nuestros queridos compañeros. De los que si- 
guen en el cuerpo^ el que fué el segundo de Méndez y Nüñez, 
y luego C6mandante.de la fragata, el que realmente hizo el 
viaje de circunnavegación, el que hoy es el vicealmirante An- 
tequera, por desdicha no tiene toda la salud que quisiéramos 
sus buenos amigos, y que la Marina y hasta la nación necesi- 
tarían. 

Fácilmente se comprenderá que, habiéndose terminado el 
armamento de la fragata en Francia en el mes de Diciembre 
de 1864, para poder hacer todos los preparativos necesarios á 
un viaje tan largo como el que debíamos emprender, en el 
que además se combinaba la parte de duda ó ensayo que te- 
níamos que resolver con el de mantenernos en un pie de gue- 
rra activa, pues nos disponíamos á entrar en campaña; se 
comprenderá, repito, que el mes de Enero que pasamos en 
Cádiz preparando la marcha fuese atareadísimo, pues á los 
preparativos ordinarios de todo buque se unían los especiales 
que adoptamos para no dejar al azar más que lo que fuera 
absolutamente inevitable. 

Listos completamente, y deseosos de dar comienzo á la em- 
presa que nos habíamos propuesto, salíamos de la bahía de 
Cádiz el día 4 de Febrero de 1865, á las cuatro y media de la 
tarde, con tiempo hermoso, anocheciendo á la vista de la fa- 
rola, y amaneciendo al siguiente día ya en alta mar, sin tie- 
rra á la vista. El ensayo había comenzado, y á la verdad, la 
primera prueba no nos dejó muy satisfechos, pues habiendo 
encontrado mar gruesa tendida por el través, y como el viento 
que reinaba no tenía fuerza suficiente para sujetar al buque á 
favor del velamen, resultaban los balances de tal intensidad, 
que excedían á cuanto habíamos visto en los diversos barcos 
en que habíamos navegado. 

La amplitud de los balances llegó al extremo de hacernos 
modificar la tablilla del cuaderno de bitácora, y dando menor 
importancia á la temperatura del agua del mar en la super- 
ficie y á la densidad específica, reservamos esas dos casillas 
para consignar en ellas el número de balances y su amplitud. 



VIAJE DB GIRGUNNAYEGAGION DE LA «NUMANGIA)!) . 391 

Estos eran siempre diez por minuto» cinco á cada banda, j 
llegaron hasta el punto de medir uno 68° de un extremo á 
otro. El movimiento era lento, empezaba el buque á caer so* 
bre un costado, y parecía que no iba á concluir nunca, vol- 
viendo luego al otro en la misma forma y con igual len- 
titud. 

Esto hacía molestas las maniobras é imposibilitaba todo 
•ejercicio militar, preocupándonos la posibilidad de que faltase 
alguna trinca de la artillería, pues si llegaba á soltarse un ca* 
ñon, nos hubiera dado mucho que hacer. 

De esta primera observación resultaba la fragata inútil 
<x)mo buque de guerra con mar tendida de través, pero como 
•cualquier otro acorazado que se encontrase á nuestro lado, 
<X)rrería igual suerte, no tenía más importancia el hecho que 
la de tener que aplazar un combate para mejor ocasión. 

Más adelante la tuvimos de ver que la fragata se defendía 
admirablemente de la mar en otras posiciones, pero por de 
pronto se tomó la providencia de dirigirnos á Canarias, pues 
aunque no pensábamos tocar en esas islas, la prudencia 
aconsejaba que hiciéramos el viaje pensando siempre en uu 
puerto de refugio, por si las circunstancias lo hacían nece- 
sario. 

El día 8 de Febrero pasábamos próximos á Tenerife, y de 
allí nos dirigimos á las islas de Cabo Verde; el 10 se cortó el 
trópico de Cáncer y el 13 á mediodía fondeamos en Porto 
Grande de la isla de San Vicente. 

En los nueve días que duró esta navegación, habíamos 
aprendido que la fragata lo hacía muy mal con mar tendida 
de través, única posición en que pudimos observarla. 

Cuatro días estuvimos en San Vicente tomando carbón, de 
•cuyo combustible no solo llenamos las carboneras del buque, 
sino cuantos espacios había disponibles, pues como la trave- 
sía que íbamos á emprender era muy larga, nos convenía lle- 
var la mayor cantidad posible de este combustible. 

Nada diré de las islas de Cabo Verde, ó mejor dicho de San 
Vicente, única que conozco. 

Como depósito de carbón, está muy bien situado y admira- 



332 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

blemente servido; fuera de esto es un arenal sin agua, ni 
vegetación de ninguna clase, con una población miserable 
compuesta de negros, que todos sin exceptuar sexo ni edad 
trabajan en el embarque y desembarque del carbón, única- 
cosa que lleva los buques á esa desolada isla. 

Como si el Océano hubiera querido probar el temple de 
ánimo de nuestro jefe, haciéndonos pasar verdaderos malos 
ratos en la travesía de Cádiz á estas islas, y al ver que no ha-^ 
bían sido causa bastante para hacerlo retroceder, desistiera de 
su empeñOy cambió de sistema en términos que se nos presen- 
tó con toda la belleza y esplendor de sus días de calma y brisa 
bonancible, desde el momento que abandonamos las islas do 
Cabo Verde para dirigirnos al Río de la Plata. 

Recorríamos la zona tórrida mecidos, dulcemente por las in- 
sensibles olas de una mar tranquila que apenas rizaba la sua- 
ve brisa de los vientos generales, que aprovechábamos llevan- 
do todo el aparejo, y al mismo tiempo cuanta manguera y 
aparato de ventilación podíamos utilizar además del mecánico^ 
que trabajaba á toda fuerza para renovar aquella atmósfera de 
fuego que producía el esplendoroso sol intertropical, contra el 
que no siempre podíamos emplear un toldo que nos defendiese 
de sus rayos. 

El 24 de Febrero, á las tres de la tarde, se cortó la línea con 
un calor sofocante por estar cargadísima la atmósfera, pero al 
día siguiente las continuas lluvias refrescaron algo el am- 
biente. 

La fragata entraba en el hemisferio S. ; el 7 de Marzo salía 
de la zona tórrida cortando el trópico de Capricornio, y llega- 
ba al Río de la Plata el 13. 

Esta travesía hecha en bellísimas condiciones, so prestó á 
toda clase de ejercicios militares incluso de fuego, y aprove- 
chando los vientos favorables, se apagó la máquina y navega- 
mos á la vela para economizar carbón. 

Cuando se iba á la vela, que aunque el buque se manejaba 
bien andaba con una lentitud desesperante, se aprovechaban 
esas condiciones pora poder llevar un blanco de remolque, y 
hacer sobre él ejercicio de tiro con carabina. 



VIAJE DE CIRCUNNAVEGACIÓN DE LA «NÜMANCIA», 333 

Uno de los días, el 9 de Marzo, terminado aquel, se pescó 
un dorado, al que se le encontraron en el buche 32 balas de 
carabina, que sin duda cogía cuando perdida la velocidad ini- 
'Cial, se iban hacia el fondo; pero lo prodigioso no es la agili- 
dad y deslreza de este pez, lo admirable es su estupidez que lo 
llevó hasta tragarse 32 balas, sin darse cuenta de que no eran 
icomestibles. 

Refiero este hecho, porque en la fragata tuvimos todos buen 
-cuidado de consignarlo en los libros de bitácora y nuestros 
-diarios de navegación, pues dado lo extraño y hasta inverosí- 
mil que parece, tuvimos el temor de que se pusiera en duda 
nuestro aserto, lo que trato y trataré siempre de evitar, máxi- 
me cuando tengo muy presente el dicho de uno de nuestros 
«compañeros de viaje, el malogrado teniente de navio D. José 
Pardo de Figueroa, que constantemente decía aque por lo que 
se alegraba dar la vuelta al mundo, era porque no le contasen 
mentiras»; razón poderosísima para no contarlas yo. 

Al fondear en Montevideo, habíamos resuelto una .buena 
parte del problema, la de las condiciones higiénicas del buque 
y el modo con que se podían soportar los calores de la zona 
tórrida dentro de la coraza. 

El ensayo nos había satisfecho por completo; no así la parte 
marinera que aún se nos presen ciba casi tan desconocida como 
^1 primer día. 

La presencia de la fragata en el Río de la Plata, produjo 
^omo no podía menos de suceder, una gran curiosidad, es- 
pecialmente en las marinas extranjeras que siempre tienen 
representación en aquellas aguas, y fué tema largamente dis- 
cutido el de las probabilidades de éxito que tenía para hacer 
<el paso del Magallanes. 

Pero antes de llegar á él, y ya que estamos en la capital de 
la República Oriental del Uruguay, hablemos algo de ella, 
.por más que sea conocida para esta Sociedad. 

El país parecía estar de fiesta; por todas partes se prepara- 
han festejos y espectáculos públicos para obsequiar á un ejér- 
cito vencedor; pero al tratar de investigar la causa, al desco- 
rrer el velo de esta aparente alegría, se veía el cuadro tristí- 



881 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

simo que sobre un fondo de luto y sangre presentaba una de- 
esas luchas civiles terribles en que todos los muertos son her^ 
manos y en que se viste de verdadero luto á la patria; pero por- 
si esto fuera poco , sobre las víctimas pasadas se preparaban 
otras nuevas y pues estaba declarada una guerra extranjera. 

El origen de tanta desdicha era el siguiente: 

Siendo presidente de la República el ilustrado doctor Berro^ 
jefe del partido conservador, ó sea el blanco , según le llaman 
en el país, se sublevó contra él el general Flórez^ que lo era del 
partido avanzado ó colorado, y empezó una de estas guerras 
que hacía más mortífera el sistema de lucha á la desbandada 
que habían establecido en los bosques, pues los sublevados^ 
no tenían ejército suficiente para presentar batallas en forma. 

En estas circunstancias, reclamó el Gobierno del Brasil el 
pago de una antigua deuda, á lo que se negó el del Uruguay, 
expresando las circunstancias en que se hallaba, que como no 
fueron atendidas por el Brasil, dio origen al cambio de notas^ 
diplomáticas tan enérgicas que concluyeron por una declara* 
ción de guerra. 

Entablada esta, el general Flórez tuvo la poco envidiable- 
idea de unirse al ejérto brasilero, y con él sitiaron á Paysan- 
dú 13.000 hombres, que fué heroicamente defendido por el ge- 
neral Leandro Gómez al frente de 700 que sucumbieron heroi- 
camente en las trincheras, mientras la escuadra brasilera re<- 
ducía á escombros la ciudad. 

Deeste modo llegó fácilmente á Montevideo el ejército ven- 
cedor, y gracias á la mediación de las potencias europeas pudo 
evitarse mayor derramamiento de sangre, entrando Flórez á 
ocupar la presidencia de la República, cargo que quizás por no 
bien adquirido no pudo disfrutar mucho tiempo, muriendo en 
él asesinado...; pero entonces ya no estaba allí la Numancia^ 

En el centro de la América del Sur, ocupando su corazón, 
digámoslo así, existe, ó mejor dicho, existía una nación poco 
menos que desconocida, de la que supo hacer un país excep- 
cional el doctor Francia, que ha pasado á ser un héroe legen- 
dario. 

Este país, isla interior, formada por varios ríos que al cir» 



VLUE DE CIRCUNNAVEGACIÓN DE LA «NUMANCIA». 885^ 

candarla la hacían más impenetrable que la famosa muralla 
de China, es el Paraguay. . 

Ejercía en él la dictadura López, y al encontrar poco correcta 
la acción del Brasil en el Uruguay, protestó contra ella; mas 
como su protesta fué desatendida, se dejó de diplomacias é in- 
vadió las provincias limítrofes del imperio. 

Para llevarlo á cabo, solicitó de la República Argentina la 
autorización competente para pasar sus tropas por la provincia 
de Corrientes, lo que le fué negado; pero conceptuando López 
más breve tomarse las cosas por su mano que invertir tiempo 
en prácticas cancillerescas, se apoderó de esta provincia, y por 
ende se encontró de repente en guerra contra estas tres nacio« 
ues, que se aliaron contra él. 

En Diciembre del 64 tuvieron lugar estos acontecimientos» 
de modo que en Marzo inmediato, cuando llegó la Numancia^ 
se hallaba el ejército brasilero acampado en las inmediaciones 
de Montevideo, y la escuadra que al mando del barón Taman* 
daré debía forzar los pasos del Paraná. 

Pero dejemos á los paraguayos sostener esta gigantesca 
lucha contra tres naciones á un tiempo, pues aún volveremos 
á encontrarlos sin que hayan podido exterminarlos á pesar de 
no ocupar ni la vigésima parte del territorio que los aliados, 
y volvamos á Montevideo, donde la fragata se alistaba para 
proseguir su viaje, mientras los orientalistas y españoles re- 
sidentes allí nos obsequiaban dándonos varias ñestas, éntrelas 
que citaré una comida á que nos invitó Buchental, á la que 
asistieron los ministros no pudiendo hacerlo el presidente 
de la República por impedírselo sus ocupaciones, y una gira 
campestre que nos dio el Sr. Cibols á su matadero , en el que 
hoy se hace el extracto de carne, y entonces no' se sabía más 
que salarla. 

Es una cosa verdaderamente curiosa ver funcionar á esta fá* 
brica de salazón, en la que en la época de la matanza, que no 
era entonces, se sacrifican 1.000 reses vacunas al día, pero que 
nosotros solo lo vimos funcionar con una veintena. 

£1 edificio, que es mucho más largo que ancho, tiene en una 
de sus grandes fachadas un enorme corral en el que se encie» 



886 BOLETÍN DE Lk SOCIEDAD aEOORÁFIGA. 

rra el gauado, al que acosan los pastores, obligándole á entrar 
por una porción de puertas que tiene la fábrica, y que por 
su forma de embudo no pueden dar paso más que á una 
sola res. 

Al entrar esta, recibe la puntilla de un individuo que se 
halla junto á la puerta, defendido por una barandilla de ma- 
dera, y cae muerta ya sobre un carrito que corre por unos 
rails para que en las diferentes pilas que hay de lavado y sa- 
lazón le vayan haciendo todas las operaciones de limpieza y 
preparación. 

La habilidad consiste en matarlas al pasar; y los hombres 
encargados de esta operación, que se hallan más altos que el 
animal, le tiran la puntilla con tal precisión, que es rarísimo 
que yerren el golpe. 

Si esto sucede, es un conflicto, porque el animal cae sobre 
una plataforma giratoria que da vuelta y lo tira al carrito, y 
si esta operación se ejecuta con un toro vivo, por manso que 
se le suponga, es do presumir que no le hiciera gracia la 
broma. 

Nuestra visita al matadero terminó con una función do en- 
lazado de reses, espectáculo que puede llamarse clásico del 
país. 

Subimos á la tapia del corral, que merced á la doble baran- 
dilla que tenía, constituía un sitio cómodo y de altura conve- 
niente para dominar bien al ganado. 

A nuestro lado se colocó un reputadísimo enlazador, verda- 
dero maestro del arte, que enlazó á cuantas roses echaron los 
pastores á la carrera, algunas á distancias extraordinarias; 
pero en lo que hizo verdaderos prodigios de habilidad, fué cuan- 
do reunido el ganado en un ángulo del patio estaba en masa 
tan compacta, que los animales levantaban la cabeza para res- 
pirar, formando un apretado haz de caernos, del que sacaba al 
que se le señalaba sin enganchar á ningún otro. 

Pero no se crea que este enlazador era un hijo do las pam- 
pas, un semi-indio, nada de eso, él, la mayoría do los pastores 
y casi todos los cacheteros eran vascos, ninguno había nacido 
en el país. 



VIAJE DB CIRCUNNAVEGACIÓN DE LA «NUMANCIA». 337 

Veinte días después de nuestra llegada al Río de la Plata lo 
abandonamos para proseguir nuestro viaje. £1 2 de Abril sa- 
líamos juntos de Montevideo, la Numancia y el transporte 
Marqués de la Victoria, que nos llevaba carbón al estrecho de 
Magallanes para que no careciéramos de un elemento tan im- 
portante en los mares tormentosos en que nos íbamos á ver y 
•donde la máquina nos era de absoluta necesidad, pues no po« 
<iíamos confiarnos á la vela. 

Ya en la desembocadura del Plata, hubo una avería en la 
onáquina que tuvo la importancia suficiente para hacernos fon- 
dear en el Banco Inglés, pero que alas veinticuatro horas pro- 
seguíamos nuestro viaje. 

La navegación hasta el día 10 se hizo sin incidente notable, 
teniendo que variar constantemente la fuerza de la máquina 
para conservarnos junto al Marqués de la Victoria que andaba 
mucho menos; pero al hallarnos en el paralelo 52 S., se dejó 
mentir la influencia de estas latitudes, declarándose ya duro el 
viento que había ido arreciando en los liltimos días. 

Había llegado la ocasión que tanto deseábamos de poder pro- 
bar el barco. 

Como el Marqués de la Victoria vencía con gran dificultad 
la gruesa mar que teníamos de proa, hubo necesidad de decirle 
que maniobrase con independencia, y entonces la Numancia, 
forzando de máquina, emprendió la lucha con el temporal. 

Grande fué nuestra satisfacción al ver lo bien que se defen- 
día; las olas chocaban contra la proa con esa impetuosidad de 
los temporales de las altas latitudes que no se parece á nada, 
y aunque al golpe paraban al buque que iba lanzado con bas- 
ante fuerza, apenas embarcaba agua. 

La potencia desarrollada por la máquina hubiera hecho an- 
dar á la fragata 10 millas en otras circunstancias, en aquellas 
avanzábamos 4Xf casi en la dirección que deseábamos. 

La noche del lunes Santo, 10 de Abril de 1865, nos hizo 
comprender á todos que teníamos buque, que la navegación 
estaba asegurada, y que la fragata, poniendo la proa al tem- 
poral, se defendería siempre bien y no tendríamos nada que 
temer. 



88B BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

Al día siguiente embocábamos el Estrecho de Magallanes^ 
dejando caer el ancla en la bahía Posesión. 

No trataré de establecer comparaciones entre los grande» 
navegantes de la antigüedad, ni puede entrar en los límites 
de esta conferencia el ocuparse de los grandes hombres de 
otros siglos; pero sí diré que, para el que ha pasado el Estrecha 
que lleva el nombre de este marino ilustre, al que ha sentida 
esas rachas tremendas capaces de voltear á una fragata que 
salen de los múltiples ventisqueros que á cada paso se encuen- 
tran, el que se ha visto á merced de las corrientes que con una 
velocidad de 8 millas por hora arrastran al buque y lo preci- 
pitan, ó sobre los bajos que hay, ó contra las costas escarpa- 
das é inhospitalarias que están cubiertas de las nieves perpe- 
tuas, donde la intensidad del frío presenta esos colores rojo y 
azul que en la nievo producen unas vegetaciones microscópi- 
cas; el que ha pasado, en ñn, el Magallanes con los grandes 
elementos del día y recuerda los que tuvo su descubridor, es 
evidente que si cree haber hecho algo de provecho tiene qu& 
reconocerse muy pigmeo y admirar más y más á aquel coloso. 

Buena prueba es de las dificultades de esta peligrosa nave- 
gación, el (}ue los buques de vela todos prefirieran y aun hoy 
sigan prefiriendo el montar el cabo de Hornos á hacer la na- 
vegación del Estrecho; solamente con vapores que cuenten con 
potencia de máquina suficiente para vencer la fuerza del vienta 
contrario y sobre todo la impetuosidad de la corriente, puede 
aventurarse á hacer ese paso, teniendo de antemano estudia- 
das las mareas y habiendo resuelto el puerto en que ha de pa- 
sarse la noche, pues no es posible navegar más que do día. 

A todas estds dificultades se agregaba otra más para la Afu- 
mancia: su excesivo calado. 

No había entrado nunca en el Estrecho de Magallanes nin- 
gún buque de las dimensiones de la Numancia^ y donde los 
demás habían encontrado el paso franco, podía haber un gra- 
vísimo peligro para este, máxime en la primera parte de él, 6 
sea la oriental, en que abundan los bajos fondos. 

Dos días necesitamos para llegar al puerto del Hambre desde 
la bahía de Posesión, pues el primero, que habíamos contada 



YIAJE DE GIRGUNNAVEGAGION DE LA CCNUMANGIA». 83» 

llegar al N. de la isla de Santa Isabel, la fuerza del viento 
contrario nos obligó á retroceder al de San Gregorio. En el 
del Hambre tuvimos que cambiar de fondeadero por haber en- 
contrado un bajo próximo á donde estábamos, que no lo mar- 
caban las cartas. 

Aquí habíamos dado cita al Marqués de la Victoria^ cuanda 
el temporal nos separó, y mientras llega, justo es que bajemos 
á tierra, que pisemos esas playas patagónicas tan desconoci- 
das, que penetremos los secretos de ese Sur de Améripa tan 
ignorado y que dediquemos un recuerdo á nuestros antepasa- 
dos y veamos por qué á la Colonia de Sarmiento, que debió 
llamarse Ciudad del Rey D. Felipe, se le llama Puerto del 
Hambre. 

En 1579, con objeto de impedir las piraterías de la escua- 
drilla del inglés Drake, se organizó en el Perú una expedición 
al mando del caballero español Pedro Sarmiento de Gamboa,, 
que salió del Callao en Octubre, y después de reconocer mi- 
nuciosamente el Estrecho llegó á España á los diez meses de 
viaje. 

Aquí trabajó Sarmiento con una constancia inquebrantable 
basta que obtuvo del rey D. Felipe II que se organizara una 
expedición para poblar el Estrecho, que salió en 23 naves al 
mando de D. Diego de Flores. 

Fácilmente se comprenderá que este y Sarmiento fueron in- 
compatibles, y en los dos años escasos que estuvieron discu- 
rriendo por las costas de América estos buques, fueron tantos 
los disgustos, escándalos y choques que tuvieron, que Flores 
abandonó á Sarmiento, volviéndose á España con todos los 
recursos, lo que no fué causa bastante para arredrar á este,, 
que con 5 naves que le quedaron salió de Río Janeiro para el 
Estrecho, fondeando en su embocadura hasta que el tiempo 1& 
permitiera internarse. 

Desembarcó 300 hombres y dio comienzo á edificar la ciudad 
de Nombre de Jesús, y cuando no tenían estos en tierra todos- 
Ios elementos de que podían disponer, un temporal obligó á 
los buques á levar y salir á la mar. Uno se perdió en la costa, 
y 3 desertaron,, volviendo á España, quedando reducidos á la 



3» BOLETÍN DE Lk SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

nao Maria^ que por fin pudo entrar en el Estrecho y dirigirse 
á este puerto, mientras Sarmiento, con 100 liombres, lo hacía 
por tierra, llegando á reunii*se al fin después de haber tenido 
entre mil obstáculos que vencer el sostener una lucha con los 
.patagones, á quienes dispersaron con muerte de su jefe. 

Así fundaron la ciudad del Rey D. Felipe, separada 70 leguas 
de la Nombre de Jesús, dos poblaciones españolas en la costa 
patagónica, délas que Sarmiento, que era el alma, se vio sepa- 
rado por un temporal que le cogió cerca de Nombre de Jesús, 
obligándole á ir á Río Janeiro. 

No habiéndoles podido enviar recursos á estos infelices, fue- 
ron pereciendo miserablemente, en términos quedos años des- 
pués, cuando llegó la expedición inglesa, compuesta de 3 na- 
vios, que mandaba el inglés Candisk, solo vivían 15, y de es- 
tos recogió 1, dejando á los 14 restantes sin auxiliarlos, para 
que perecieran como sus compañeros. 

Este hecho y este apellido inglés deben conservarse para 
perpetua memoria; siendo él el que bautizó á este puerto con 
el fatídico nombre del Hambre que aún conserva. 

En este sitio fué donde Chile fundó su colonia penitenciaria 
en la que, sublevándose los soldados y deportados, asesinaron 
al gobernador y sus defensores, embarcándose para su patria, 
donde se les recibió como merecían. 

Todavía pudimos nosotros ver los restos de esta colonia, 
pues aún se conservaban algunas ruinas, entre las que como 
veíamos salir humo, supusimos que encontraríamos á los sal- 
vajes, lo que nos hizo buscarlos con gran empeño, sin conse- 
guirlo hasta el siguiente día, en que fueron ellos á bordo. 

Es verdaderamente curioso el modo que licnon los s.ilvajes 
de conservar el fuego tapándolo con tierra cu forma de un 
horno especial, al que dejan muy poca respiración, consiguien- 
do conservarlo así mucho tiempo, tanto, que cuando nosotros 
lo encontramos no se veían huellas recientes de sus pi^'adas. 

Pocos desencantos pueden experimentarse tan completos 
como el que tuvimos nosotros á la vista de los salvajes del 
puerto del Hambre, que habían venido en una piragua que 
salió del río San Juan. 




VIAJE DE CIRCUNNAVEGACIÓN DE LA «NüMANCIA». Sil 

Por más que todos los navegantes hacen una gran diferen- 
cia entro los patagones propiamente dichos, ó sean los habi- 
tantes do las tierras llanas, que es la parte oriental de la Amé* 
rica y los de las montañas que forman ese dédalo de islas lia* 
mado Tierra de Fuego y las estribaciones de los Andes, á lo» 
que llaman indios; aunque todos convienen en que estos son 
más bajos que los patagones, creíamos, sin embargo, hallar 
hombres menos raquíticos que los que se nos presentaron^ 
pues eran bajos, regularmente formados, de facciones abulta- 
das, extraordinariamente sucios y apestando á marisco de una 
manera bien poco grata por cierto. 

La verdad es que la temperatura que hacía no convidaba á 
bañarse, pero de eso á pasarse la vida en seco como parecía 
que les sucedía á esos desgraciados, media un abismo. 

Los hombres llevaban echadas sobre los hombros una piel de 
guanaco, que se sujetaban en el cuello con un nudo de cuerda, 
conservando todo el pecho y las piernas al descubierto, excepta 
lo poco que les cubría el taparrabo, que era, ó de la misma 
piel, ó de avestruz; las mujeres llevaban la piel puesta por de- 
bajo de los brazos, tapándole desde el pecho hasta las rodillas. 

Unos y otros llevaban el pelo largo, de unos 20 á 30 cm., 
cortándose únicamente el de la frente, do modo que no les ta- 
pase los ojos, y se lo sujetaban con las ondas, que al mismo 
tiempo que de adorno les sirven de defensa. Estas y todas las 
cuerdas que usan están hechas de tripa de pescado. 

Las flechas tienen la punta de piedra aguzada ó de hueso 
de algún animal, son extraordinariamente toscas, muy peque- 
ñas, y aunque ellos las disparan con verdadera habilidad na 
nos parecieron armas muy temibles. 

Lo que encontramos más extraño fué el verlos constante- 
mente tiritar de frío, pues si estaban así en la mejor estación, 
que era cuando nosotros pasamos, no se concibe cómo sopor- 
tan el invierno; esto hace que manejen el fuego de una ma- 
nera admirable, habiéndonos llamado la atención el que lo 
traían en su tosquísima piragua, y ni quemaba la embarca- 
ción ni se apagaba, á pesar del agua que tenía dentro en bas* 
tanto cantidad. 



3tt BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

La temperatura que^ teníamos oscilaba entre 2* de frío y 7 de 
oalor; cierto os que los vientos tremendos que reinaban , como 
venían de los ventisqueros, que estaban cubiertos de nieve, se 
hacían sumamente desagradables, por lo que aquellos infeli- 
ces salvajes, que iban casi enteramente descubiertos, nos da- 
ban verdadera compasión. 

A uno que parecía ser el jefe y que llevaba las mejillas pin- 
tadas de eucarnadOy se le vistió con un traje completo, en el 
que no faltaba ni el sombrero de copa alta. 

A pesar de ser la ropa que se le dio de verano, dejó de tiri- 
tar en el acto y se le conocía en la cara el bienestar, por más 
que se le notaba lo mucho que le estorbaban los pantalones 
para andar. 

Nos fué absolutamente imposible entenderles ni una sola 
palabra, ellos repetían con gran facilidad las nuestras, no 
sucediéndonos á nosotros lo mismo. Mucho nos dio que hacer 
el que constantemente decían capitán ctrrtí, y hasta después 
que salimos del Estrecho no comprendimos que debían refe- 
riré al capitán de la marina inglesa Fitz Roy que estuvo mu- 
cho tiempo levantando los planos del Magallanes. 

A los dos días de fondear en el puerto del Hambre lo hizo 
el Marqués de la Victoria á quien el temporal maltrató más 
que á nosotros, y reunidos con sus oficiales exploramos el río 
San Juan siguiendo su orilla izquierda con objeto de ver á los 
salvajes en sus moradas. 

Sea porque nos vieron armados ó porque los tiros que dis- 
parábamos á los patos salvajes les causaran miedo, ó porque 
no tuvimos la habilidad de hallar sus huellas, el caso es, que 
no los encontramos, y aunque volvieron al siguiente día á 
bordo, como no los entendíamos, habíamos satisfecho la 
curiosidad y tenían más de repugnante que agradables no les 
hicimos ya gran caso. 

Concluido de tomar el carbón que nos trajo el Marqués de la 
Victoria, continuamos la navegación del Estrecho eli9 de Abril. 

Aquel día montamos el morro de Santa Águeda, extremi- 
dad S. de la América dentro del Estrecho que se encuentra en 
los 54* de latitud. 




VIAJE DE GIRGUNNAVEGAGION DE LA aNUMANGIA». 348 

Es imposible concebir espectáculo tan grandioso como el 
que presenta el Magallanes á partir de este punto. Por un 
lado lo forma la costa de América, elevadísima como toda la 
cordillera de los Andes que aquí empieza ó concluye según se 
quiera; y por el otro la Tierra del Fuego más alta aun si 
cabe y en la que se ve la enorme montana que formó parte 
de la gran cordillera y que ha sido desgarrada en mil y mil 
pedazos. 

¡Qué espantoso debió ser el cataclismo geológico que formó 
«ste estrecho arrancando este pedazo de los Andes! 

Si en una mole de cristal se descargase un fuerte marti- 
llazo no se rompería en tantos pedazos y pedacitos como está 
dividida la Tierra del Fuego. 

El dédalo de canales que se forman entre tanta isla ó mejor 
dicho entre tanta montaña cuya mayoría son inaccesibles, y 
entre los que descuella el llamado de las Nieves por su tamaño, 
tortuosidades y elevación de los montes que lo forman, en 
cuyos ventisqueros se ven las nieves roja y azul, es decir, el 
máximum de frío: ese laberinto, ese conjunto de montañas de 
formas tan extrañas causan un verdadero asombro. 

La soledad tan espantosa que allí reina, pues no se ve ves- 
tigio de ser humano, el silencio sepulcral solo interrumpido 
por el graznido del pato salvaje ó por los resoplidos de las 
ballenas y lobos marinos que allí abundan, formaban el 
cuadro en que se destacaba la Numancia que navegando con 
toda la impetuosidad de su potente máquina se sentía orgu- 
llosa de haber llevado á cabo lo que ningún acorazado había 
podido hacer, pasearse en los 54* de lat. S. 

Aquella noche la pasó en Fortescue, á donde llegó poco des- 
pués la corbeta peruana I7ntdn, la que salió al amanecer, de- 
lante de nosotros pero la pasamos antes de desembocar. 

En la tarde del 21 salía la Numancia al Pacífico, que nos 
recibía con un fuerte chubasco de granizo en el momento de 
llegar al final de la Tierra del Fuego, que es algo más baja y 
á la que se llama Tierra de la Desolación... 

¡Jamás he visto nombre mejor puesto! 

A medida que ganábamos hacia el N. íbamos moderando 



344 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

la fuerza de la máquina para ahorrar combustible y cuando* 
el tiempo lo permitió guindamos los masteleros que llevába- 
mos calados, dimos las velas y hasta apagamos la máquina 
para aprovechar el viento. 

El 27 llegamos á Valparaíso donde estaba la corbeta Vence^ 
dora de nuestra escuadra, y sin fondear recibimos la visita de- 
su comandante y nuestro cónsul, y como no tenían orden- 
ninguna que comunicarnos continuamos para el Callao pa- 
sando por las Chinchas. 

Antes de llegar á estas, experimentamos el curiosísimo- 
efecto de la mar de loche. 

En la noche del 3 al 4 de Mayo, de una á dos en medio de- 
una oscuridad profundísima apareció el mar completamente 
blanco, iluminado con una luz fosforescente que se asemeja 
mucho á la que reflejan los objetos á que se ha dado la pintura 
luminosa. 

Tanto la reventazón de las olas como la que formaban á 
proa de la fragata al romper el mar, despedían unos destellos 
de luz que iluminaban por completo el costado. 

Este fenómeno, atribuido á la presencia de miríadas de ani* 
malulos, es mucho más potente de lo que puede creerse. 

En la tarde del 4 pasamos á la vista de las Chinchas, taa 
próximos á ellas que puedo expresarlo con esta frase: estába- 
mos á tiro de nariz. 

Pocas cosas pueden encontrarse tan curiosas como estas 
islas, y aun concediendo que para reunir la cantidad de guano 
que hay, ó mejor dicho hubo en ellas, es indispensable que- 
no llueva en ese punto, pues de otro modo las aguas le arras- 
trarían; se necesita una cantidad de tiempo muchísimo mayor 
de la que con el mejor deseo han dado algunos de vida á 
nuestro planeta. 

Tres son las islas Chinchas además de un islote pequeño á 
que se llama la boya, y que se hallan colocadas en una direc- 
ción casi N.-S. 

La del N. estaba ya completamente limpia de guano,, 
habiendo tenido un espesor de 200 pies ingleses las capas 
que le extrajeron, la del centro que estaba en explotación 



YIAJE DE CIRCUNNAVEGACIÓN DE LA «NÜMANCIA^. 845 

llegaba á los 160 pies de espesor y la del S. estaba sin em- 
pezar. 

Gomo es verdaderamente curioso esta inmensa cantidad de 
guano y todos los trabajos de explotación de estas islas adquirí 
en Lima una colección de fotografías, que tengo el gusto de 
presentar, en las que por la comparación con los hombres que 
se ven en ellas se puede apreciar bien las elevaciones de los 
cortes. 

Bien desagradable es por cierto el comercio del guano para 
todos los que toman parte en él. 

Los operarios destinados por el Gobierno del Perú para 
estos trabajos son: ó presidiarios, ó chinos contratados. El 
tren de carga está muy bien entendido, pero los que son ver- 
daderamente dignos de lástima son los tripulantes de los 
barcos, que á todas las molestias de un malísimo fondeadero 
donde les hacen permanecer cerca de noventa días que es el 
plazo de contrata en que se compromete el Gobierno peruano 
á cargarlos, tiene todas las molestias del fuerte olor á amo- 
niaco que se siente, además de lo que quema, especialmente 
el aparejo, el polvillo impalpable de guano que el viento tiene 
en suspensión. 

Un día de viento fuerte es una grandísima pérdida para el 
Gobierno del Perú, pues arrastra todo el guano que hay remo- 
vido en los cortes y desaparecen con gran facilidad miles de 
toneladas. 

Grandes recomendaciones hace el Gobierno del Perii, y 
hasta consigna la penalidad en que incurren los que en estas 
islas disparan armas de fuego ó hacen ruidos tales que ahu- 
yenten á los pájaros, principales formadores de estos depósitos 
de guano; pero, á pesar de ello, los tripulantes de los buques 
ingleses, con el desprecio con que miran todo lo que no perte- 
nece á su país, celebran siempre su salida de las Chinchas, no 
solo disparando tiros de fusil, sino también los de los cañones 
de aviso que llevan. 

Esto ha hecho que los conirihuyentesy nombre que con ver- 
dadera oportunidad dio Antequera á estos pájaros, porque son 
los que llevan las cargas del presupuesto peruano, hayan emi- 

23 



816 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

• 

grado á unas islas próximas que se hallan junto á la costa de 
Arica, y que se llaman Blanca y las Paracas, donde se hace 
sensible el crecimiento del guano. 

El 5 de Mayo, á las once y cuarto de la mañana^ se incor- 
poraba la Numancia á. la escuadra, dando fondo en la bahía 
del Callao. 

Quedaba, pues, cumplida la misión que el Gobierno le ha- 
bía confiado de reforzar la escuadra del Pacífico, para lo cual, 
descontando los treinta días que pasó en los diversos puertos 
en que tocó, había invertido sesenta en recorrer 3.000 leguas. 

La gran cordillera de los Andes, en su vertiente occidental, 
después de formar la serie de mesetas á que debe su nombre, 
llega por algunos puntos, con sus estribaciones, á tocar las 
aguas del Pacífico, dejando en otros una faja estrecha entre 

las montañas v la costa. 

ti 

Una sección de esta faja es la provincia de Lima, en cuyo 
puerto del Callao acababa de fondear la Numancia. 

A nuestra vista se extendía la llanura que termina en el 
monte de Amaneaos, sobre cuya base se apoyan las últimas 
casas de la ciudad de los Reyes, que fundó el gran Pizarro, y 
que hoy se llama Lima, por corrupción del nombre Rimac, 
del río que la atraviesa. 

Esta población, Chorrillos, cuyas playas es el puerto de cita 
de la sociedad elegante de Lima y el Callao, fueron los únicos 
puntos del Perú que pudimos visitar los tripulantes de la 
Numancia^ no obstante nuestra larga permanencia en esta 
República; pero el estado de las relaciones de ambas naciones 
no nos permitió internarnos, no obstante la curiosidad que nos 
inspiraba el legendario valle de Jauja, aunque en nuestro afán 
quizás hubiera algo de capricho para poder decir á nuestro re- 
greso. «He estado en Jauja.» 

Es imposible, al desembarcar en el Callao y llegar á Lima 
en el ferrocarril que hace continuos viajes y traspone en unos 
minutos los 12 km. que separan ambas ciudades, contener la 
imaginación y no presentarse en primer término la gigantesca 
figura de Pizarro con toda la epopeya de la conquista, seguir 
las rencillas que ocasionaron su muerte, ver luego el vireina- 



YIAJE DE CIRGUNNAVEGAGÍON DE LA «NUMANCIA». 8i7 

to con SUS grandezas, sus miserias, sus rivalidades, y final- 
mente, la guerra que concluyó con la independencia del país. 

De aquí resulta que nuestra primera visita fué á la Plaza 
Mayor, en que se alza el modestísimo palacio del presidente de 
■la República, construido en el mismo sitio en que estuvo el 
de Plzarro, y donde fué vilmente asesinado; el callejón que 
está enfrente, por donde fueron los asesinos, y la catedral, que 
se halla en medio, cuyos cimientos puso Pizarro y en cuya 
cripta se conserva su cabeza. 

Parecíanos como un deber rendir este tributo, y una vez 
iiecho, nos pusimos á recorrer la ciudad, que es de más de 
100.000 almas, de calles rectas, perpendiculares y paralelas 
entre sí, atravesada por el Rimac, del que se toman las aguas 
para formar un arroyo en el centro de las calles que llevan la 
dirección del río, y que, aunque debería servir de aseo á la 
población, constituía un foco de inmundicia por arrojarse en 
él cuanto querían los vecinos. 

Es verdaderamente doloroso que una población tan llana, 
de construcción tan moderna y con elementos para ser una 
joya, esté tan abandonada y sucia. 

No contribuye poco á la falta de aseo de la ciudad el no llo- 
ver nunca; pues, aunque los relentes que hay todas las noches, 
dan la humedad suficiente y aun acusan en un pluviómetro la 
misma cantidad de agua al cabo del año que la que llueve en 
otro paraje cualquiera, el caso es que^ como el agua no cae con 
la fuerza de la lluvia, no lava, como en los demás países, las 
fachadas de los edificios; resultando que, especialmente en los 
templos y conventos, cuyos moradores no se fijan en la exte- 
rioridad como los propietarios de las casas, están llenos de 
telarañas casi seculares, donde se ha ido depositando el polvo 
de mucho tiempo, contribuyendo, no solo á afear y ensuciar 
los edificios, sino á que toda la población presente muy mal 
aspecto; pues la municipalidad^ como llaman allí al Ayun- 
tamiento, no se toma la molestia de ocuparse del aseo pú- 
blico. 

El mal aspecto que presenta la ciudad se olvida pronto al 
^^ontemplar la belleza, tan justamente elogiada, de las limeñas. 



818 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

que son muy dignas de su merecida fama, por más que le sea 
muy difícil á un español encontrar encantos fuera de los que- 
tienen sus compatriotas. 

Larga fué la permanencia de la Numancia en las aguas del 
Pacífico, especialmente en las costas chilo-peruanas; y á la 
verdad, ai mismo tiempo que deseo tocar muy ligeramente los 
episodios que sucedieron en aquella campaña, porque no quie- 
ro abrir heridas que hoy están cicatrizadas, ni contar glorias 
en las que, al haber tomado parte, parecería como que traba- 
jaba en alabanza propia, tampoco quiero suprimirlas por com* 
pleto, porque mi silencio quizás, ó se atribuyese á falsa mo- 
destia personal, ó á no querer elogiar cual se merece el mérito 
de mis compañeros. 

Dos asuntos importantes se suscitaban en el Pacífico cuan» 
do llegamos con la Numancia; las contestaciones que nuestro- 
representante en Chile, Sr. Tavira, sostenía con aquel Go- 
bierno, y la sublevación que había estallado en el Perú cou- 
tra el presidente Pecet por el tratado de paz firmado con Es*^ 
paña. 

El Sr. Tavira llegó un día en que se dio por satisfecho con 
las explicaciones dadas por el Gobierno chileno, á pesar de ser 
exactamente iguales en la forma y en el fondo á las que había 
rechazado antes, lo que hizo que nuestro Gobierno lo relevara 
del cargo, no prestase su conformidad á lo propuesto por él y 
nombrara al general Pareja, que mandaba la escuadra, repre- 
sentante de España en aquella República, á la que debía pedir 
una reparación. 

Con este motivo salió el general con toda la escuadra para 
Chile, dejándonos solo á la Numancia en el Perú, donde, coma 
digo, había estallado una rebelión contra el Gobierno del pre- 
sidente Pecet. 

Es imposible concebir mayor número de tropelías, crímenes 
y falsedades que los que cometieron los sublevados para apo- 
derarse de la escuadra peruana. Citaré algunos. 

Mandaba esta escuadra el general Panizo, que arbolaba su 
insignia en la fragata Amazonas^ con la que salió para Arica > 
llevando tropas que debían batir á los insurrectos. 



YIAJB DE GIRGUNNAYEGACION DE LA CCNUMANGIA». 848 

Fondeado en aquel puerto, durante la noche los sargentos 
ele esas tropas asesinaron al oficial de guardia y entraron á 
sangre y fuego en las cámaras, donde mataron al general y 
cuantos oficiales tenía el buque, á los que cogieren durmien- 
do y á quienes ni siquiera se intimó la rendición. 

Poco después llegaba á Valparaíso la corbeta Unton, que 
acababa de construirse en Inglaterra, y mientras se repostaba 
para continuar el viaje á su patria, el representante de ella, 
general Castillo, que hacía poco había sido nombrado para 
aquel cargo y se le habían entregado 20.000 duros para gas- 
tos de instalación y representación, sublevó al buque y se fué 
•con él á unirse á los insurrectos, habiéndose nombrado á sí 
mismo almirante, cargo que no le quisieron reconocer los de- 
más sublevados, por lo que tuvo que emigrar para ocultar su 
vergüenza. 

Llegada nuestra escuadra á Valparaíso, y no habiéndose 
prestado el Gobierno chileno á dar las satisfacciones que se le 
pedían, no hubo más remedio que declararle la guerra y en- 
tablar el bloqueo de sus puertos. 

La revolución peruana, entre tanto, avanzaba y llegó á 
triunfar, uniéndose el Gobierno que estableció á Chile» ha« 
-ciendo juntamente con los de Bolivia y Ecuador la cuádruple 
alianza que dio por resultado que nos encontráramos con toda 
la costa de la América del Sur por enemiga, y en un estado de 
aislamiento y abandono que solo nosotros pudimos apreciar 
en toda su magnitud. 

La oposición tan terminante que hizo nuestro representante 
en el Perú al deseo del comandante de la Numancia^ D. Casto 
Méndez y Nüñez, de apoderarse de la escuadra peruana que en- 
tró en el Callao, y el haber salido esta antes de declararnos la 
guerra para unirse á los barcos chilenos, según nos asegura- 
ron, fué causa de que resolviese abandonar aquel puerto y 
marchar á incorporarnos á la escuadra, como lo ejecutó el 6 
•de Diciembre, llevándonos al Marqués de la Victoria^ que es- 
taba con nosotros, llegando al puerto chileno de Caldera el 12. 

Allí supimos la desgraciada muerte del general Pareja, por 
lo que correspondió el mando de la escuadra á Méndez y Nii- 



850 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

ñez, que pasó á arbolar su insignia á la Villa de Madrid^ to- 
mando desde aquel momento el mando de la fragata D. Juaa 
Bautista Antequera. 

El nuevo jefe de la escuadra dispuso reconcentrar esta en* 
Valparaíso, y como á salir del Callao, lo habían hecho tam- 
bién á la vela dos buques que formaban nuestro convoy y 
que iban mandados por los alféreces de navio marqués del 
Viso y D. Antonio Armero, que pertenecían á la dotación de 
la Numancia^ quedamos en el puerto de Caldera esperando su 
llegada en unión de la Berenguela. 

En este intervalo se tuvo noticia de que en el inmediato- 
puerto de Calderilla^ ó Inglés, se estaba preparando un vapor 
para servir de torpedero, y comisionaron al teniente de navio 
D. Santiago Alonso, á cuyas órdenes iba yo, para que con 
la lancha de vapor y un bote de la fragata apresásemos al 
vapor. 

Como en este hecho tomé una parte tan activa, y ha sido 
descrito, entre otros, por nuestro compañero de viaje el inge- 
niero naval D. Eduardo Triondo, alma de la expedición, poeta 
facilísimo y felicísimo, lazo de unión entre todos los compa- 
ñeros, cronista humorístico del viaje, autor de dos poemas 
sobre él, interminable uno, según su título, y en nueve cantos 
y una piedra el otro; como nuestro querido Iriondo, una de 
las infinitas víctimas de la fiebre amarilla en la Habana 
poco después de nuestro regreso á España, lo ha descrito, re- 
pito, me concretaré á decir que, no obstante habernos tenido 
que batir solo con el cañón de la lancha contra 500 hombres, 
se cumplió el objeto de la expedición, pues se destruyó el va- 
por, perteneciéndole toda la gloria do las maniobras y com~ 
bate á mi querido amigo Alonso, y á mí la fortuna de que la 
bala que me alcanzó apenas me lastimara. 

Llegados los buques que se esperaban, y habiendo hecho 
Armero, en la Valenzuela de Castillo que mandaba, el viajo 
más azaroso, más expuesto y hasta temerario por el malísimo 
estado del buquo, que flotaba de milagro, se resolvió nuestra 
marcha á Valoaraíso á unirnos al resto de la escuadra el 13 
de Enero do 1866, después de incendiar todos los buques apre- 




VIAJE DE CIRCUNNAVEGACIÓN DE LA «NUíMANCIA». 351 

sados quo teníamos, y que nos embarazaban extraordinaria- 
mente, llegando á Valparaíso el 16. 

Reunida de este modo toda la escuadra, y siendo la inac- 
ción del bloqueo una cosa tan contraria á nuestro carácter, 
resolvió el general buscar la escuadra aliada, cuyo paradero 
no se sabía á punto fijo. 

Con ese objeto destacó á la Blanca y Villa de Madrid^ que 
la hallaron y batieron en Abtao, no obstante su inferioridad 
en fuerzas, de cuyo hecho de armas no me ocuparé, por ce- 
ñirme exclusivamente al viaje de la Numancia, 

De regreso á Valparaíso nuestras dos fragatas, y deseando 
Méndez y Nüñez buscar personalmente á los aliados, una vez 
que ya se sabía su paradero, salió con la Blanca y Numancia^ 
en la que arbolaba la insignia de jefe de la escuadra desde 
que dispuso la salida anterior de la Villa de Madrid. 

El 17 de Febrero dejábamos á Valparaíso dirigiéndonos al 
archipiélago de Chiloe. 

Pocos días después, desde el 22 al 24, el viento de SSE. re- 
frescó en términos de hacerse duro. La Blanca no podía ven- 
cerlo á toda fuerza de máquina, por lo que hubo que capear el 
temporal. Era la segunda vez que se nos presentaba un mal 
tiempo, con el que había que luchar, y en esta ocasión, como 
en la otra, teníamos otro buque con quien compararnos; ha- 
biendo, sin embargo, la diferencia de que las circunstancias 
de guerra en quo nos hallábamos no nos hubiesen permitido 
nunca abandonar á la Blanca por mucho que arreciara el tem- 
poral. 

La Numancia capeó admirablemente, no tuvo necesidad de 
usar la máquina, lo hizo á vela solo, y en esta posición, con 
la gavia arrizada, trinquetilla y mesana de capa le g^aba en 
barlovento y distancia á la Blanca, sobre la que con frecuen- 
cia tabía que arribar para conservar la unión. Solamente al 
levantar la capa embarcaba agua con la mar de través, pues 
mientras capeaba, la cubierta estaba seca. 

Complacidísimos de esta segunda prueba, no nos quedó duda 
alguna de que, mientras pudiéramos poner la proa á un tem- 
poral, no teníamos nada quo temer; que de través lo hacía 



85B BOLETÍN DE Lk SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

muy mal, y en cuanto á correr, no nos hubiéramos atrevido á 
intentarlo. 

El día 21, habiendo pasado por el S. de Ghiloe, pues no 
intentamos el paso por el N. por la posibilidad de que estu- 
viera obstruido con torpedos, fuimos á fondear en puerto 
Low, en la isla Guaiteca^ donde nos preparamos, no solo para 
la peligrosísima navegación que íbamos á emprender por me- 
dio de un intrincado archipiélago lleno de bajos, sin buenas 
cartas, con las corrientes potentísimas que producen los gran- 
des desniveles de las mareas, donde las neblinas son tan fre- 
cuentes como intensas; sino para que llegada la posibilidad de 
un combate^ no nos estorbase el aparejo ni ningiin otro objeto 
por marinero que fuera. 

Si tratase de referir detalladamente la navegación de la 
Numancia por este archipiélago haría interminable esta con- 
ferencia, el mérito marinero de ella no ha sido discutido más 
que por los que la juzgaron temeraria y reputándola como 
locura creían que á pesar del feliz resultado debería oxigírsele 
responsabilidad á quien la dispuso. 

Basta recorrer el plano, y con decir que las dos fragatas 
llegaron hasta los esteros de Abtao, Tabón y Galbuco, des- 
pués de haber fondeado en Puerto Oscuro, y que permane- 
cieron en aquel laberinto hasta el 5 de Marzo en que salieron á 
la mar libre por el mismo sitio que entraron, se comprenderá 
lo que pasaríamos en esos seis días en que en una clara de 
neblina descubrimos un bajo que no estaba en las cartas y al 
que pusimos el nombre de Numancia. 

El haber andado á tiros en Puerto Oscuro, es un pequeño 
detalle que no merece referirse; pero sí confesábamos todos 
que la* cruz del mérito naval que se nos concedió por esta 
navegación creíamos haberla ganado, á pesar de no haber 
podido dar con el enemigo que supimos se había refugiado en 
el estero de Huito donde faltaba agua para la Numancia. 

A nuestro regreso á Valparaíso tocamos en la isla Santa 
María y aunque el tiempo fué bueno las neblinas nos dieron 
que hacer. 

No se perdió nuestro viaje á esta isla pues apresamos uu 



VIAJE DE CIRCUNNAVEGACIÓN DE LA OCNUMANCIA». 358 

vapor con tropas chilenas y dos buques cargados de carbón 
^ue llevamos á Valparaíso de los que me tocó marinar uno. 

Reunida la escuadra en Valparaíso, no habiendo forma de 
batir á la aliada y teniendo que terminar esta guerra, se resol- 
vió el bombardeo de Valparaíso. 

Por aquel entonces se habían reunido allí una escuadra 
norte-americana compuesta del monitor Monadnock que mon- 
taba artillería de 500 de ánima lisa y que había tardado cinco 
meses en hacer el viaje desde Nueva- York pegado á la costa, 
haciendo cortas travesías de puerto á puerto y rodeado de 
los vapores Vanderhitt^ Tuscarora^ Poiohatan y Mohongo que 
estaban artillados con cañones rayados desde el calibre de 
SO al de 200. 

Los ingleses tenían dos fragatas de 50 y 44 cañones y un 
vapor con 4. 

Consigno los calibres de la artillería de la escuadra ameri- 
cana^ porque el mayor que teníamos nosotros era el de 68, y 
-de este modo podrá darse todo el valor que tienen aquellas 
palabras de nuestro jefe cuando al oponerse estas dos escua- 
dras aliadas á que bombardeásemos á Valparaíso, les dijo que 
lo haría aun cuando tuviese que batirse primero con ellos y 
pereciese en la demanda, pues le constaba que España prefe- 
ría honra sin barcos á barcos sin honra. 

Sobradamente conocidos son aquellos sucesos para que 
tenga ahora que repetirlos. 

El 31 de Marzo, sábado de gloria y que fué poco glorioso 
por cierto para la nación que desmontó su artillería antes de 
batirse, después de haber transcurrido el plazo que se había 
dado á Valparaíso para retirar la gente y efectos que quisiera, 
y que no quiso aprovecharlo en estos últimos porque con las 
promesas de los jefes de las escuadras antes citadas que les 
aseguraron que el bombardeo no se efectuaría, ese día al 
ver el movimiento de los buques, pues todos, lo mismo los 
nuestros que los ingleses y norte-americanos, teníamos las 
máquinas encendidas, empezábamos á maniobrar; se subieron 
los habitantes de Valparaíso á las alturas que rodean la pobla- 
«ción, que está en forma de anfiteatro, para presenciar el com- 



S51 BOLETÍN DE LA. SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

bate de las escuadras sobre cuya duración y resultados se- 
habían hecho grandes apuestas que publicaron los periódicos.. 

Cruel debió ser su desengaño al ver que á una señal de la 
Numancia que estaba colocada en el centro de la boca del 
puerto se dirigían nuestros buques á tomar las posiciones quo 
previamente tenían señaladas, mientras los ingleses y norte- 
americanos salían del fondeadero dirigiéndose á la mar. 

Al hallarse cada uno en su puesto mandó la Numancia 
romper el fuego, y mientras nuestros buques bombardeaban 
la población, el acorazado con su gran bandera de combate^ 
desplegada permaneció quieto, fijo, en la boca del puerto, 
interpuesto entre las escuadras extranjeras y nuestros buques^ 
á quienes parecía proteger con su coraza. 

Terminado aquel acto y cuando se creyó ya bien castigada 
á Chile, se mandó cesar el fuego, y entonces se hizo á las^ 
escuadras extranjeras la señal convenida de que podían volver 
al puerto, que era izar otra bandera española en un peñol de 
la mayor. 

Catorce días después salía la escuadra toda para el Callao á 
donde llegó el 25 en cuyo día se dio un plazo á los habitantes 
de este puerto para que se retirasen si no querían sufrir las- 
consecuencias del combate y bombardeo. 

El plazo espiraba el 29 y por si no se habían preparado bien- 
para batirnos, en lugar de atacarlos aquel día lo dejamos para 
el 2 de Mayo, probando de este modo que no se había olvidada 
en España que más ó menos descendemos del ilustre man* 
chego que inmortalizó á Cervantes. 

El combate del Callao es sobradamente conocido en España 
para que vuelva yo á hablar de ese glorioso hecho de armas, 
en el que tomé una parte muy activa, por la circunstancia de 
que por mi antigüedad me correspondió mandar los 6 cañones 
de proa de la batería de Numancia^ y estos fueron los que 
rompieron el fuego y terminaron el combate habiendo estada 
en acción sin descansar las cinco horas y diez minutos qua 
duró. 

Asi es que para no cantar alabanzas propias, para no volver 
á recordar hechos que por algún tiempo separaron á dos- 



VIAJE DE CIRCUNNAVEGACIÓN DE LA «NUMANGIA». 3Sv 

naciones que debieron mirarse siempre como madre é hija, 
pasaría por alto este hecho si no hubiera necesidad de contar 
lo que á la Numancia se refiere, pues me he comprometido á 
describir su viaje de circunnavegación. 

El día 2 de Mayo de 1866 amaneció con el cielo cargado de 
neblina, como si no quisiera presenciar el espectáculo que había 
de tener lugar tan luego despejase, como en efecto sucedió á 
las once de la mañana^ hora en que después de los preparati-» 
vos indispensables en estos casos, se dirigió la escuadra á las 
baterías del Callao yendo la Numancia á la cabeza para poder 
recibir, como debía> la primera embestida de los 96 cañones 
que tenían los enemigos, entre los cuales los había que dispa- 
raban proyectiles de acero de 350 y 500 libras de peso. 

Los peruanos tenían establecidos en el punto que calcularon 
que se colocarían los buques una serie de torpedos fijos cuyos^ 
boyarines estaban pintados de distintos colores, sirviéndoles 
al mismo tiempo de puntos de mira para conocer la distancia 
á los buques y hacernos creer á nosotros que solo tenían ese 
objeto. 

Entre ellos habían puesto una red de alambre para que en- 
redara nuestros hélices y á fin de que la marejada no la arras-^ 
trase á mayor fondo estaba sujeta á tierra con un cable de 
alambre que al mismo tiempo serviría para incendiar los tor- 
pedos. 

El general había estudiado en el plano el sitio más conve- 
niente para situar la Numancia y resultaba que estando en el 
menor fondo en que debía colocar á la fragata nos quedarían 
las baterías á 1.600 m., por lo que recibí orden de arreglar 
las alzas para disparar con granada á esta distancia. 

Los peruanos en el temor de un posible desembarco tenían 
además de la gente que cubría las baterías un fuerte contin- 
gente de infantería y caballería que hacían ascender á 15.000 
hombres. 

De estos, se hallaban una gran parte, sino todos, ocultos en 
un gran foso que había detrás de las baterías. 

Cuando íbamos marchando hacia estas, la fragata lo hacía 
con gran lentitud, sondando constantemente para avanzar 



aS6 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

siempre que el fondo lo permitiese, y tal fué el afán del gene- 
ral de acercarse que cuando giró el barco para presentar uues- 
ira batería á los enemigos estábamos á 1.300 m. 

Tan luego como pude ver á estas rompí el fuego, con arreglo 
á las órdenes que tenía, y como llevaba los cañones elevados 
á l.GOO m., fueron á reventar mis granadas 300 m. más atrás, 
-es decir, en el centro del foso donde estaban las tropas en 
masa cerrada, produciendo el destrozo que puede calcularse. 

Al tercer disparo de la fragata, respondieron á un tiempo los 
1)6 cañones peruanos, y como á ellos les sucedió lo mismo que 
á nosotros, todos sus tiros nos pasaron por encima sin recibir 
ninguno; produciéndonos el efecto contrario que á ellos. 

Al avanzar tanto la fragata, sucedió lo que era de temer y 
•es que varase; pero esto que pudo ser una gran desgracia fué 
una fortuna, pues al remover el fondo con la hélice agarró el 
cable de alambre por el cual debían dispararse los torpedos y 
al arrollarlo en el eje lo cortó, inutilizando tan destructoras 
máquinas. 

Ambas cosas no las pudimos saber hasta después, pero es 
indudable que estos dos servicios fueron los más importantes 
que prestó la Numancia. 

De los 52 balazos que recibió la fragata, solo uno atravesó 
completamente la coraza pero no pudo hacer lo mismo con el 
almohadillado interior de teca, en el que penetró 12 cm., y 
este que fué producido por una bala sólida Armstrong de 350, 
tuvimos la fortuna de que perdiera gran parle de su fuerza 
por haber tenido que corlar primero una capa de agua de más 
de 1 m. de espesor, no chocar normalmente, y hacerlo en un 
momento en que nos hallábamos á 1.600 m. de distancia. Si 
lo hubiéramos recibido al estar varados, seguramente atravie- 
sa, y dado el punto del buque en que chocó, hubiera ido á 
parar al pañol de granadas, ocasionando irremisiblemente la 
voladura de la fragata. 

Entre los heridos que tuvimos estaba el ilustre jefe de la es- 
cuadra, alma de ella y objeto de cariño y veneración en la 
Numancia; cuyas heridas aunque eran nueve, no creímos que 
algún tiempo después fueran causa de su muerte. 



VIAJE DE CIRCUNNAVEGACIÓN DE LA «NUMANCIA». 2ST 

Tres días después del combate, cuando estábamos más ocu- 
pados en los trabajos de remediar averías y después de no pa- 
rar en todo el día nos disponíamos por la noche á medio des* 
cansar de nuestras fatigas los que no estábamos de guardia^ 
tuvieron los peruanos la piadosa idea de ponernos un torpedo. 

Creo sinceramente que para formarse una idea del efecta 
que esto produce, se necesita pasar por ello. 

No trataré de describirlo, pero lo que sí diré es que si el jefe 
de una escuadra puede estar orgulloso de la precisión, sereni- 
dad y prontitud con que se maniobró, seguramente lo estaría 
Méndez y Nüüez, que Dios sabe lo que sufriría al oir los caño- 
nazos de los botes de ronda y de la fragata Berenguela esíanio 
en cama sin poderse mover. 

El combate del Callao había terminado nuestra misión en el 
Pacíñco. El abandono incalificable con que se tuvo á la escua- 
dra aumentando extraordinariamente nuestros padecimientos 
y enfermedades, hacía imperiosa la necesidad de dejar aque* 
lias aguas y buscar la salud y el descanso que tanto necesitá- 
bamos en país que no fuese enemigo. 

Para conseguirlo pensó el general marchar al Brasil á espe- 
rar la órdenes del Gobierno. ¿Pero cómo se intentaba el paso 
del Magallanes ó montar el cabo de Hornos en pleno invierna 
con buques como la Berenguela que había quedado tan des- 
trozada en el combate del Callao y que se había compuesta 
mal y de mala manera. Cómo la Vencedora^ corbeta de muy 
poca fuerza, los transportes y la Numancia, que si hasta en- 
tonces había dado buen resultado no era cosa de enviarla á 
buscar temporales á sabiendas, en que seguramente habría que 
correr, para lo que creíamos todos que no servía la fragata? 

Esta consideración hizo al general que nos mandara regre- 
sar á España dando la vuelta al mundo, ó mejor dicho, que 
nos enviara á Filipinas á esperar órdenes, y hé aquí el por 
qué de nuestro viaje de circunnavegación. 

Pero como este es muy extenso, y ya he abusado demasiada 
de la benevolencia del público, suspendo esta conferencia, 
agradeciendo mucho la paciencia con que se me ha escu-> 
chado. 



a» BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 



Conferencia del 20 de Mayo. 



Se!$ores: 

Terminé mi conferencia anterior, en el momento en que 
nuestra escuadra abandonaba las costas de la América del Sur 

« 

^n el Pacífico, donde había concluido su misión, y formando 
dos divisiones se dirigía una á Río Janeiro y la otra á Filipi- 
nas, á esperar las órdenes del Gobierno. 

A esta segunda división pertenecía la Numancia, de cuyo 
TÍaje de circunnavegación me vengo ocupando; pero como es- 
tán tan íntimamente unidos el nombre de esta fragata y el de 
su comandante, hoy, antes de entrar en materia, no puedo 
menos de daros la tristísima nueva del fallecimiento de este 
ilustre marino, acaecido en los días que han mediado desde 
mi conferencia anterior. 

D. Juan Bautista Antequera ha muerto; el que fué coman- 
dante del primer acorazado que dio la vuelta al mundo; el que 
después de haber enaltecido su brillante hoja de servicios con 
esta gloriosa página ha ocupado los primeros puestos de la 
Marina; el que al presentarse el conflicto de las Carolinas fué 
nombrado jefe de la escuadra que hubiese tenido que medir 
sus fuerzas con la Alemania; ese general ilustre, ha dejado de 
existir. 

No es que yo haya perdido á mi antiguo jefe, á mi querido 
amigo; es que la Marina ha perdido á uno de sus mejores ge- 




VIAJE DE CIRCUNNAVEGACIÓN DE LA ((NUMANCIA». 859 

nerales; es que la nación ha perdido á uno de sus ilustres hi- 
jos. Pérdida tanto más sensible, cuanto que son tan necesarios 
A la patria los hombres que tengan la abnegación, el entu- 
siasmo, el amor patrio, el desinterés y el valor heroico de 
Antequera. 

Perdonadme, señores, si la pena que siento me aparta del 
asunto que debo tratar, pero no podía pasar en silencio la 
muerte de Antequera al hablar del viaje que hizo el buque que 
él mandaba y al contar las vicisitudes de esa expedición, tenía 
que rendir ese tributo, ya que no pueda cual quisiera enviar 
un consuelo á su virtuosa esposa y á sus tiernos hijos. 

Pero por más que lo sienta, no puedo hacer un discurso 
necrológico de Antequera; habéis venido á oir el viaje de 
la Numancia, y por cierto que creo venís muy equivocados, 
pues la prensa, con una galantería que no merezco y que 
nunca le agradeceré bastante, ha juzgado tan ventajosamente 
mi conferencia anterior, que os habrá hecho concebir unas 
esperanzas para esta que por desdicha mía vais á ver defrau- 
dadas. 

Decía que, dada la estación en que nos encontrábamos (me- 
diados de Mayo)> por pronto que la escuadra pudiera llegar al 
cabo de Hornos, sería en Junio, y por consiguiente casi en 
{>Iono invierno y en ocasión en que los temporales de las altas 
latitudes son más duros, lo que, unido al frío y á lo corto de 
los días, hace gravísima la situación de los buques, por cuya 
causa no quiso el general someter á la Numancia á esa terri- 
ble prueba, disponiendo nuestra marcha á Filipinas, en unión 
de la mal compuesta Bhrenguela , la corbeta Vencedora y los 
vapores transportes. 

Cuando el día 10 de Mayo salimos del Callao y perdimos de 
vista la costa del Perú, nos pareció mentira el dormir desar- 
mados, y ver amanecer sin que la corneta nos hubiera desper- 
tado á media noche. 

¡Qué tranquilo nos pareció el Pacífico, y qué bien apropiado 
-^encontramos su nombre! 

Navegábamos juntos los cinco buques, y como lo hacíamos 
■á la vela, tenían los otros que sujetarse á la pesada marcha 



860 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

de la Numancia, que no queriendo gastar carbón, del que- 
escaseábamos bastante, aprovechaba el viento favorable. 

Pronto empezaron los demás á decir que el escorbuto hacía 
progresos y y que como aumentaba el número de enfermos^ 
les convenía llegar cuanto antes á puerto .para atajar el des- 
arrollo del mal, por lo que forzando de vela se fueron alejando- 
uno á uno, quedándonos solo nosotros que, como el estado de 
nuestros enfermos lo permitía, seguíamos á la vela para aho- 
rrar carbón, á fin de podérselo dar á nuestros compañeros. 

Con un tiempo hermosísimo, viento y corrientes favora- 
bles, recorrió la Numancia los paralelos de 12 y 11® S., in- 
clinándonos siempre al N. en busca de la más S. de las islas 
Marquesas, la que vimos el 16 de Junio, presentándose á 
nuestra vista como todas las del Pacífico, con su inseparable 
nube encima, que es lo primero que siempre se ve y sirve de 
guía para reconocerlas. 

No era posible que la Numancia se viere libre de la plaga 
que asolaba á sus compañeros de fatiga, y con efecto, al ha* 
llamos á la altura de isla Magdalena ó Fatu-Hiba, y cuando 
cambiamos nuestra dirección en busca del archipiélago Socie- 
dad, se nos presentaron los primeros enfermos de escorbuto, 
mal que unido á la nictalopia, fué tomando tales proporciones, 
que trea días después figuraban 110 hombres inscritos en las 
listas de enfermería, por lo que se encendió la máquina y 
activamos la marcha. El 21 pasamos entre las islas Rairoa y 
Ticahua, y el 22 llegábamos á Tahiti; mas como la noche sa 
acercaba, tuvimos que fondear en Taonoa, por ser muy difícil 
la entrada en Papéeté, adonde fuimos al siguiente día, te* 
niendo el gusto de reunimos á los otros buques do la escua- 
dra que estaban todos ya allí. 

¡Tahiti! la tierra tan deseada, la que tanta falta nos hacía 
para atender á la quebrantada salud de nuestra sufrida y tra- 
bajada tripulación, por la que tanto habíamos suspirado, la 
teníamos ante nuestra vista. 

Cuantos navegantes han llegado á esta encantadora isla, la 
han llamado la perla del Pacífico. Nosotros que no habíamos 
pisado la tierra desde el 7 de Septiembre del año anterior; 




VIAJE DE CIRCUNNAVEGACIÓN DE LA «NÜMANCIA». »1 

cuando el 23 de Junio desembarcamos en Papéeté creíamos 
haber llegado al Paraíso terrenal. 

Cerca de diez meses de encierro abordo, en guerra y sin 
comer ó haciéndolo tan mal que no merecía este nombre, es 
para tomar con gusto la tierra y saborear sus productos frescos. 

Después de la brillante descripción que ha hecho de esta 
isla nuestro compañero D. Ricardo Beltrán y Rózpido, no es 
posible decir ni una palabra más sobre ella, así es, que conta- 
ré exclusivamente lo que á la permanencia allí de la Numan- 
cia se refiere. 

Siento no estar conforme con mi ilustrado amigo el'Sr. Bel- 
trán en cuanto al descubrimiento de esta isla que él atribuye 
á Wallis y yo creo que le corresponde á Quirós, siendo esta la 
isla que él llamó Sagitaria; pero los cortos límites de una con- 
ferencia y el apartarse del objeto de ella esta discusión, me 
obligan á no entablarla. 

La isla es de formación volcánica, teniendo en el interior 
unas montañas no de gran elevación, pero que como en la 
Polinesia escasean tanto, se les ha dado una importancia que 
no tienen. Toda ella está rodeada de arrecifes coralinos que 
forman una serie de puertos alrededor, de los que el más im« 
portante, por su población, no por otra cosa, es el de Pa- 
péeté (1) capital de la isla. Cierra este puerto una islita cora- 
lina llamada Moto, que como todas ellas, tiene su lago interior. 

El Gobierno francés, que cuando la Numancia estuvo en 
Tahiti ejercía el protectorado de la isla, tenía fortificada á 
Moto en la que estaban los cuarteles y una pequeña batería. 



(1) El nombre de la capital es Papéeté y no Papeiti como dice el Sr. Beltrán. 
Para sostener esta tesis, me fundo no solo en que en todos los documentos oficia- 
les que nos pasaron tanto las autoridades francesas, como las canacas, los fe- 
chaban Papéeté, sino porque esta palabra se compone de las dos Papé que quiere 
decir offua 6 rio y eté cesta. 

Aunque parece un anacronismo decir agua en cesta, me dieron la siguiente ex- 
plicación. En este punto desemboca un río. en cuya boca se criaban unos peeeei- 
llosmuy delicados y que estaban casi descastados cuando estuvimos, á los que 
cogian metiendo una cesta en el agua y sacándola de repente cuando ios peces 
ataban encima de ella. De aquí el Papé-eté agna en cesta, cuyo nombre tienen 
esos pececillos, que se dio al sitio ese y por lo tanto á la ciudad que se fundó en M. 



862 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

El gobernador francés, conde de la Ronciore, al ver el lasti- 
moso estado de nuestras tripulaciones tuvo la gran atención, 
que le agradecimos en el alma, de desalojar la íslita y entre- 
gárnosla con cañones y todo, de los que únicamente se llevó 
cuatro pequeños para contestar á nuestros saludos, y de ese 
modo pudimos convertirla en hospital llevando allí á nuestros 
numerosos enfermos, donde encontraron bien pronto la salud 
perdida, pues además de este gran auxiliar había en Tahiti con 
profusión pasmosa los tres grandes antídotos del escorbuto, 
los berros, el coco, y la naranja. 

No solamente merecimos esta afectuosa acogida á las autori- 
dades francesas, sino que los canacas 6 sean los naturales del 
país, se esforzaron en hacer nuestra estancia lo más agradable 
posible. 

Mucho se ha hablado de la excesiva voluptuosidad de las 
mujeres de esta isla, y aunque estoy muy lejos de negarla, ni 
aun de atenuarla siquiera, debo manifestar que por efecto de 
tener su sociedad constituida de una manera opuesta á la 
nuestra, los resultados que se obtienen no son tan desastrosos 
como podría creerse, sino que por el contrario, declararé que 
el país dista muchísimo de ser inmoral. 

Desde el momento en que la mujer no insulta deshonrada 
nunca, sino que el deshonrado es el hombre, las solteras que 
tienen sucesión se encuentran siempre con marido, pues el 
que fuera padre de la criatura y no la reconociera, sería, según 
ellos, indigno del Dios que le dio poder para reproducirse, y 
de la sociedad en cuyo seno presenta un nuevo individuo sin 
darle la educación necesaria para que sea un buen servidor 
de Dios y de la patria. 

De este mismo modo, aunque la ñdelidad conyugal no es 
obligatoria y solo la guardan los que quieren, los hijos que 
nacen en la casa son siempre del marido, el que compadece 
con toda su alma al padre, á quien considera además de des- 
honrado, desposeído de las caricias do su hijo y no pudicndo 
labrar su porvenir. 

No entraré en comparaciones do un sistema con otro, pues 
no es ese mi objeto, pero sí diré de pasada que tienen más 




YIAJE DE CIRCUNNAVEGACIÓN DE LA «NÜMANCIA». 868 

Tazón ellos en lanzar el anatema sobre el adúltero que no nos- 
otros, que nos reimos siempre del marido, aunque sea digno 
de mejor suerte. 

Las mujeres canacas tienen más que agradecer á sus hom-' 
bres, que las nuestras á nosotros, en cuanto á consideración 
dentro de la familia, pues la primogenitura en aquel país 
^corresponde al primero que nace, prescindiendo de sexo, por 
lo cual ejercen los cargos públicos hereditarios muchas muje- 
res que tienen hermanos y á estas las representan sus mari- 
dos en algunos actos que no les es dado ejecutar por sí 
mismas. 

En el trono aventajan á los hombres para la sucesión: pues 
siendo ellas las propietarias de la corona, sus hijos tienen 
incuestionable derecho á sustituirlas, sea quien fuere su 
marido, pero si el monarca es varón, necesita casarse con una 
princesa de estirpe real para asegurar la sucesión al trono de 
-sus hijos, pues si estos son concebidos en el seno de una mujer 
por cuyas venas no circule sangre real, están imposibilitados 
de ceñir la corona. 

Cierto es, que como no hay una completa garantía en la 
•paternidad, tiene necesidad de ñjarse en la maternidad. 

Guando nosotros llegamos á Tahiti ocupaba el trono la gra- 
-ciosa soberana Pomaré IV, la antigua princesa Aimatá, mujer 
de talento claro, que no estando muy bien avenida con los 
franceses, tuvo buen cuidado de hacérnoslo notar con esa diplo- 
macia astuta propia de su raza , y agradeció en extremo las 
-atenciones que la prodigamos, pues nosotros ajenos á sus 
disidencias tuvimos buen cuidado de conservar en nuestro 
trato á cada uno en su lugar. 

Esta reina tenía la desgracia de estar casada con Arii Faite 
d sea el príncipe Faite, indio hermoso que por su corpulencia 
y gran aspecto, hubiera servido muy bien en sus mocedades 
para modelo á un escultor que tratase de hacer un Apolo indio; 
cuando lo conocimos podía pasar por Baco dadas sus aficiones. 

El futuro monarca Arii Aué, que tomaría el título de Poma- 
ré V al subir al trono, era mucho más escaso de inteligencia 
^jue su padre, así es, que dada su poco disimulada odiosidad á 



HM BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

los franceses me ha sorprendido extraordinariamente que en 
su reinado no solo haya mostrado una afición tan marcada á 
Francia , sino que haya sabido convencer á su pueblo de la 
necesidad y conveniencia de anexionarse á nuestra vecina 
República, segiin aparece en los documentos oficiales publi- 
cados por los franceses, pues cuando nosotros visitamos la 
isla distaba muchísimo de ser buena la armonía que reinaba 
entre unos y otros. 

Gomo Pomaré rodeada de estos elementos no podía plan* 
tear una política de abierta oposición á los franceses, sufría 
los tormentos naturales en un monarca que sueña con la 
independencia de su país y ve que cada vez se alejaban más 
las probabilidades de obtenerla. 

Tantas atenciones como al gobernador francés y demás em* 
pleados de esta nación, merecimos á los naturales del país y á 
los extranjeros residentes en la isla, especialmente los subdi- 
tos ingleses, Mr. Brander y Horts, que fueron los primeros en 
ponernos en contacto con la sociedad tahitiana, dándonos 
unas espléndidas soirées en sus casas, lo que nos dio ocasión 
de poder corresponder á tanta atención con un baile á borda 
de la Numancia. 

Nada más lejos de nuestra idea que el poder ver sobre la cu* 
bierta de la fragata, que en un año escaso de campaña no ha* 
bíamos visto más que armas y efectos militares de todas clases, 
presentarse con los vaporosos trdjes de baile á las bellas tahi- 
tianas y vestidos de etiqueta á cuanto más distinguido ence- 
rraba Papéeté en los elementos civil y militar, y por si esto 
fuera poco, llegar la soberana Pomaré IV rodeada de su corte. 

Decir que todos los oficiales de los buques españoles rivali- 
zaron en obsequiar á aquella sociedad á que tantas atenciones 
debíamos, que se hicieron por todos grandes esfuerzos para 
transformar la Numancia en un jardín, en los que no se había 
podido prescindir de los trofeos de armas sobre el que flota- 
ban en amable consorcio las banderas española, francesa y ta- 
hitiana, parece excusado; y que el esfuerzo debió realmente 
serlo, ó por lo menos el éxito lo coronó, pues desde aquel mo- 
mento hasta el de nuestra marcha de la isla, no cesó de co- 



VIAJE DE GIRCUNNAYEGAGION DE LA aNUMANGIAJ». 865 

meatarse el efecto que produjeron todos los buques con las tri- 
pulaciones en las vergas con luces de bengala encendidas al 
paso de la improvisada góndola veneciana, que conducía á la 
reina Pomaré con su corte. 

Aunque en el programa de pruebas que debíamos hacer con 
la Numancia no entraba la de los bailes , este ensayo no dio 
mal resultado. 

Los oficiales franceses, no satisfechos sin duda de las mu- 
<;has atenciones que habían tenido con nosotros, quisieron 
•extremarlas hasta el punto de darnos otro baile como despe- 
dida. 

De este modo se nos hizo cortísimo el mes de permanencia 
•en Tahiti, de cuya isla toda la vida conservaremos gratísimos 
recuerdos cuantos la visitamos, y en la que tuve ocasión de 
conocer y probar el fruto del pan, así como vi por primera ves 
^n mi vida encender fuego con dos pedazos de madera. 

Creo que para alguno de mis oyentes será esto nuevo, y voy 
á referirlo. 

El árbol del pan es corpulento y copudo, y adquiere las pro- 
porciones y formas de nuestros grandes nogales. Sus hojas 
sonde unos 30 centímetros, formando nueve puntas lanceo- 
ladas, tan separadas como los dedos de una mano abierta. 

Su fruto es mayor que una granada y alcanza las dimensio- 
nes de un melón pequeño, de corteza verde y pulpa blanco- 
amarillenta. 

Cuando está en sazón, que se conoce como en nuestras fru- 
tas á la presión de los dedos, se cuece en un horno, que los in- 
dígenas forman con cinco piedras de las que cuatro hacen de 
paredes y la quinta de tapa ó cubierta, del cual se saca de 
cuando en cuando para apreciar el punto de cocción, que se co- 
noce por sonar á hueco cuando está bien hecha. 

Preparado de este modo es muy agradable y resulta más fa- 
rináceo y alimenticio que la patata á la que se asemeja mucho 
-en el gusto. 

En cuanto á encender el fuego, se hace con una madera es- 
pecial; no sirve cualquiera. 

Desconozco el nombre de esta madera, que es sumamente 



30S BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

blanca, tanto como el láñete de Filipinas, mucho más que toda» 
las de Europa; de corteza brillante y de corazón tan blando,, 
que se asemeja al palo bobo que forma la pita en Anda- 
lucía. 

Todos los indios hacen acopio de esta madera, de la que lle- 
van un grueso bastón cuando creen necesitarla como combus- 
tible, y la emplean en esta forma. 

Cortan una astilla á lo largo, que sin acabar de despren- 
derla, la levantan, formando un ángulo recto con el palo^ 
que tienden en el suelo con la astilla hacia arriba y sujetan 
con las rodillas. 

Hacen punta á otro palo de la misma madera, y cogiéndolo- 
con ambas manos, con los dedos entrelazados, quedando de- 
bajo de estos, y sujeto con los pulgares, lo van corriendo poco- 
ci poco sobre el corte dado, hasta tropezar en la astilla. 

£1 movimiento, que es lento al principio, hace que vaya 
tomando un color obscuro, de tostado el palo fíjo en el sitio 
donde trabaja la punta del movible, hasta que empieza á des- 
prenderse un polvo como el serrín, que aumenta rápidamente, 
formándose un depósito contra la astilla, que al poco tiempo- 
toma el color negro y empieza á salir humo, en cuyo momen- 
to se acelera el movimiento, convirtiéndose en brasa todo el 
polvo reunido quo comunica el fuego á la madera. 

La operación total dura escasamente cinco minutos cuando- 
lo hace un práctico. 

A nosotros nos pareció tan sencillo que la intentamos mu- 
chas veces sin poder conseguirlo jamás, por más que llegamos 
á hacerlo cuestión de honra, pero ni por esas obtuvimos re- 
sultado. 

Mucho más hablaría de esta isla, de una colonia fundada en 
ella por una compañía inglesa; pero temo prolongar indeílni- 
damente esla conferencia y abusar más de lo que lo estoy ha- 
ciendo de la benevolencia del auditorio. 

El 18 de Julio, curados nuestros enfermos, habiendo lim- 
piado los fondos de la fragata los pescadores de perlas de 
Tuanmotü, buzos que nadan como todos estos habitantes de 
la Oceanía, que tienen mucho de anfibios, y con víveres 



VIAJE DE CIRCUNNAVEGACIÓN DE LA «NUMANCIA». 357 

frescos y grandes provisiones de cocos, naranjas y limones, 
salimos de Papéelé para Manila. 

Esta era la travesía más larga de cuantas teníamos que ha- 
cer en el viaje, 2.100 leguas sin locar en ningún puerto; en 
ella era necesario que la fragata anduviera mucho á la vela, 
y por lo tanto, que nos armáramos de paciencia, para lo cual, 
aunque salíamos todos los buques juntos, como no temíamos 
encontrar enemigos, resolvimos separarnos tan luego como á 
cada cual le conviniera. 

Al tercer día de viaje se apagó la máquina y continuamos á 
la vela, navegando en una dirección cuyo promedio era 
N. 70° O., que según las proximidades de tierras ó bajos co- 
nocidos se modifícaba, pero insistiendo siempre en tomar esta 
dirección hasta llegar al paralelo 10** S. que corrimos algunos 
días. 

De este modo, hallándonos en 9 Va"" de latitud S., cortamos 
el meridiano opuesto el miércoles 8 de Agosto, cuyo día no 
contamos por navegar al O., resultándonos una semana sin 
miércoles por haber tenido que pasar del martes al jueves. 
Entonces modificamos algo nuestra dirección hacia el N. 

Al hallarnos en grado y medio de latitud S., entramos en la 
zona de calmas, y encendimos la máquina después de haber 
navegado treinta y dos días á la vela. 

El 25 de Agosto corlamos la línea por segunda vez, y al en- 
trar en el hemisferio N. saludamos á la Polar con la fruición 
de quien ve á un antiguo amigo, á quien se ha echado mucho 
de menos, pues más de cuatro noches hubiéramos dado algo 
por poder dirigirle el seslante. 

Los vientos que tanto nos habían favorecido, nos proporcio- 
naron un ahorro de combustible que tratamos de aprovechar 
en la región de calmas; pero nos encontramos con un calor 
tan excesivo, que no pudieron los fogoneros trabajar con seis 
de las ocho calderas, como hubiera sido nuestro deseo, y por 
lo tanto, tuvimos que conformarnos con cuatro ó cinco á lo 
sumo. 

El 5 de Septiembre fondeamos en el puerto de Sorsogon en 
la isla de Luzón para tomar un práctico que nos acompañó has- 



883 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

ta Manila, donde dejamos caer el ancla el 8, á los 51 días de 
nuestra salida de Papéeté. 

La recepción que se nos hizo en Manila hubiera bastado por 
sí sola para compensarnos de nuestras fatigas de la campaña. 

Tanto las autoridades como el comercio y cuantas personas 
de importancia encierra Manila, rivalizaron en obsequiarnos. 

Se nos dieron funciones de teatro, toros y bailes, habiendo 
salido el Ayuntamiento en corporación á recibirnos y llevar- 
nos á las casas Consistoriales, pues la campaña del Pacifico 
había entusiasmado en extremo tanto á los españoles como á 
los naturales del país. 

Cuatro meses permaneció la Numancia en Filipinas, de cuyo 
país no puedo decir nada que no sepa este ilustrado público, 
pues en España es sobrado conocido ese archipiélago. 

A los cuatro meses, el 19 de Enero, salíamos de Manila di- 
rigiéndonos á la isla de Java. 

El 26 cortábamos por tercera vez el ecuador por los 114* 2V 
E. de San Fernando, el 29 pasábamos el estrecho Clemente ó 
canal Stolze y el 30 fondeábamos en Batavia. 

No tan conocida la isla de Java como las Filipinas, diré de 
ella que estando su capital Batavia situada en un terreno tan 
pantanoso que dio origen á las tan conocidas como molestas 
fiebres que llevan su nombi-e, hubo que trasladarla más aden- 
tro dejando solo en la playa los almacenes y casas de comer- 
cio en los que se trabaja de día, y se abandonan de noche tan 
luego como el sol se aproxima á su ocaso. 

La población nueva, ó sea la del interior, tiene un barrio 
europeo precioso; está hecho tal y como marcan nuestras le- 
yes de Indias (que creo excusado decir que no se cumplen), y 
que consiste en que cada casa sea un hotel situado en el cen- 
tro de un jardín y separada su cerca de las vecinas por una 
calle de veinte varas de ancho. 

El efecto de esto es precioso, y para los que recorríamos las 
distancias en coche muy agradable; pero para los que iban á 
pie resulta la población tan extendida que no es práctico. 

En cambio el barrio chino está tan apretado, que recuerda 
cualquiera de las poblaciones del imperio celeste, y es indu- 



VIAJE DE CIRCUNNAVEGACIÓN DE LA (¡CNUMANGIAV. a» 

dable que se necesita ser chino para caber en tan poco es- 
pacio. 

El sistema de colonización de los holandeses se aparta tanto 
del nuestro, que puede decirse que es el polo opuesto. Yo creo 
que el nuestro, aunque deja mucho que desear, es mejor; pero 
sin entrar en comparaciones, dh*é algo del holandés. 

En la isla de Java, como en toda la colonia holandesa, no se 
habla más idioma que el malayo; los indios desconocen en ab- 
soluto el holandés, y la única publicación que hay en el país 
es un periódico oficial al que pudiéramos llamar La Gaceta^ 
escrita por de contado en malayo y en la que además do las 
noticias oficiales se publican aquellas que la autoridad quiere 
consentir. 

Los caminos son pocos y por ellos no circulau más diligen- 
cias que las del Gobierno, en las que no se admite más pasaje 
que el oficial. 

El Residente, ó sea la primera autoridad, no solo de Java, 
43ino de todo el archipiélago, tiene una casa de campo en un 
pueblo del interior llamado Buitensorg, del que oímos contar 
mil maravillas. 

Muchos deseos teníamos de ir á verlo, pero como para ello 
se necesitaba que el Residente autorizase que fuese un coche 
á buscarnos, y como no vimos indicación alguna que nos au- 
torizara á contar con el permiso, nos abstuvimos de pedirlo por 
temor á una negativa. 

Todos los funcionarios del Estado hablan el malayo, sin 
cayo requisito no pueden ser destinados á la colonia, y por 
consiguiente, los particulares que se dedican al comercio tie- 
nen buen cuidado de aprenderlo antes de llegar al país, por- 
que saben que de otro modo no podrían entenderse. 

Llega á tal punto el no hablarse más idioma que el malayo, 
que como ninguno de nosotros lo entendíamos, yo sé los apu- 
ros que pasamos. 

No está permitido el internarse en la isla, sobre todo en los 
puntos productores del café, más que á las personas que van 
debidamente autorizadas por el Residente y este no concede 
ese permiso á todos los holandeses que lo solicitan. 



3^ BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

De aquí el que el modo con que tratan á los indios esté en- 
vuelto en el misterio. 

Por lo que vimos se pueden hacer deducciones. 

En el camino que va de la población comercial, ó sea la que 
está á la orilla del mar y la interior, hay un cañón de bronce 
de un calibre que correspondería al liso de 80. Está tirado en 
el suelo y me aseguraron que hay otro igual al otro extremo 
de la isla^ en Surabaya. 

Los indios creen que el día que estos cañones se unan por 
arte milagrosa será cuando puedan proclamar la independen- 
cia. Los holandeses fomentan esa creencia y de eso modo tie» 
nen una relativa tranquilidad. 

Este cañón tiene otra particularidad. El cascabel es una 
mano cerrada saliendo el pulgar entre el índice y el inmedia- 
tOy y ante él hacen ofrendas las jóvenes desposadas para obte- 
ner sucesión. 

El caso es que no se pasa por allí sin encontrar hombres 6^ 
mujeres haciéndole ofrendas ó bailando en su presencia las 
danzas de ritual. 

La gravedad con que un centinela holandés presencia esta 
sería digna de mejor causa, pues es impropio del decoro de un 
europeo autorizar un acto de salvajismo y superstición seme- 
jante; pero nada hay que extrañar al ver la inscripción que 
tiene este cañón, que dice: Ex me ipsa renata sum. 

El ejército se compone de 30.000 hombres. La infantería es 
mixta, pues en todos los batallones, que tienen seis compañías, 
las cuatro del centro son indígenas y las dos de los extremos 
de europeos. La caballería es en su totalidad europea y en la 
artillería las tres cuartas partes. 

El uniformo es muy poco á propósito para el clima, por sus^ 
colores, telas y, sobre todo, por usar el antiguo morrión de 
nuestro ejército, que es lo que menos sirve para quitar el sol 
y refrescar la cabeza de cuanto se ha inventado: cierto es que 
en los cuarteles tenían recientemente puestos tejados de zinc, 
con los que habrán tenido más bajas que en la guerra que 
constantemente sostienen en Sumatra y Borneo. 

Muy digno de llamar la atención es, por cierto, el museo de 



VIAJE DE CIRCUNNAVEGACIÓN DE LA «NUMANCIA». 871 

Batavia, que encierra una colección de armas y de instrumen- 
tos de música de todas las islas holandesas, tan completa y 
numerosa, que constituyen una verdadera maravilla. 

Hay también algunos fósiles notables entre los que vimoa 
las mandíbulas de un saurius que excederían de 3 m. de lon- 
gitud, y una gran colección de estatuas de piedra do un anti- 
guo y grandioso templo del interior de la isla, del que vimoa 
varias fotografías de sus ruinas. 

Todas las estatuas están sentadas con las piernas cruzadas- 
en la posición en que se colocan los brazos al cruzarse, pero- 
poniendo los pies con la planta hacia arriba, de un modo que 
resulta imposible de ejecutar. Las manos las tienen colocadas 
sobre las rodillas y también con las palmas hacia arriba. 

Nos fué imposible comprender su significación, máxime na 
habiendo catálogo y no entendiendo ni una palabra de lo que 
nos decía el que parecía ser conserge del museo. 

El templo dicen que estaba erigido al Dios Buda y que 
cuando la irrupción y conquista de los malayos decapitaron á 
estas estatuas, que, en efecto, tienen las cabezas pegadas, y 
algunas otra que no es la suya; pero lo que encuentro máa 
extraño por la falta de conexión que tiene con la religión de 
Buda, son unos enormes priapos que en el museo había y que 
decían era del mismo templo. 

En varios puntos de la isla existen algunos príncipes de la 
antigua raza javanesa, con los que los holandeses han celebrada 
convenios diversos y á los que dan una guardia de honor con 
tropas holandesas, que más se parece á la que se daá un presa 
que la que guarda un palacio. 

De estos, había uno en Batavia, aunque no tenía los honores 
de la guardia, pero que era un personaje excepcional por la 
mezcla que tenía de europeo y salvaje. 

Educado en Alemania, hablaba con gran perfección siete 
idiomas y adquirió toda la elegancia y distinción de un corte- 
sano europeo. 

Vuelto á su país, habían retoñado en él los instintos del hija 
de la selva y se había dedicado con fruición á cazar fieras. En 
Europa obtuvo por oposición el título de pintor de Cámara del 



^2 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

Rey de Holanda. En Java tenía un tigre suelto en su jardín 
que le servía de modelo, al que había cogido pequeño matando 
á la madre. Tal era la mezcla de este extraño personaje llamado 
Raden Saleh ó príncipe Saleh. 

En las visitas que le hicimos, nos llamó la atención la eti- 
queta javanesa, que no consiente que un criado esté de pie 
delante de su señor, ante el que están siempre sentados en el 
suelo, no levantándose más que para ir de un lado á otro pero 
arrodillándose al entregarle un objeto ó servirle cualquier 
cosa. 

Repuesto nuestro carbón después de veinte días de perma- 
nencia en Batavia, salimos para el cabo de Buena Esperanza. 

¡Quién nos había de decir cuando al pasar el estrecho de 
Sonda contemplábamos al Krakatoa, que había de dar la espan- 
tosa explosión que años después consternó al mundo entero! 

La navegación al cabo de Buena Esperanza fué muy variada; 
primero tuvimos un serio temporal al poco de entrar en el 
Océano índico, que nos duró dos días y nos rifó cuantas 
velas llevábamos, teniendo que correrlo con ayuda de la má- 
quina y defendiéndose el barco bien; luego, entrado en los 
vientos generales, navegamos á vela solo, y al llegar á la región 
de los huracanes volvimos á encender la máquina para atrave- 
sarla pronto. 

Estando en ella, el 27 de Abril se nos presentaron con per- 
fecta claridad todos los indicios de un huracán. Ni uno solo de 
nosotros dejó de verlo claro: ninguno dijo una palabra á los 
demás. Todos nos echamos vestidos en la cama, listos á ma- 
niobrar... 

Á la mañana siguiente, el aspecto había variado, el cariz era 
bueno, el barómetro había subido, el cielo estaba despejado... 
entonces... entonces todos hablamos, nos comunicamos nues- 
tras impresiones, y todos confesamos que creíamos había lle- 
gado la dltima página de la Numancia, 

El 5 de Abril nos presentábamos en el Puerto Simón de la 
colonia inglesa del Cabo de Buena Esperanza. 

Como esta población es pequeña y no tiene sobre la ciudad 
del Cabo más ventaja que el puerto, al desembarcaren ella nos 



VIAJE DE CIRCUNNAVEGACIÓN DE LA «NUMANCIA». »:» 

apresuramos á tomar unos coches que nos llevasen á Yimberg, 
estación de la vía férrea que une la ciudad del Cabo con Cons- 
tanza. 

Ambas ciudades visitamos, admirando en la primera un 
puerto artificial que construían^ en el fondo del cual habría un 
dique seco. Esta construcción, como todas las de este género, 
las hacen los ingleses al revés que nosotros. 

Ellos construyen el puerto en tierra en seco y cuando lo han 
terminado dan entrada al a^ua, con lo que hacen lo que de- 
sean, pues ven bien lo que trabajan, lo que no nos sucede á 
nosotros por hacer las obras en el agua. 

En el segundo punto vimos las renombradas viñas donde se 
hace el Pon tac y Frontiñac, vinos tan dulces, especialmente 
este iiltimo, que todo él se vende en Rusia , no yendo aada á 
Inglaterra. 

La colonia toda, cuando la visitamos, estaba en verdadera 
decadencia, pues habiendo perdido sus lanas estaba reducida 
á ser un punto de escala más bien que de exportación, la que 
no existía más que en Puerto Naval. 

Trece días permaneció la Numancia en Puerto Simón, sien- 
do visitada por cuantas personas había en todos los pueblos 
de la colonia; porque dadas las aficiones marineras de los in- 
gleses, la llegada de un buque distinto de lo que habían visto 
puso en movimiento á todo el mundo. 

Los periódicos locales nos hicieron el obsequio, no solo de 
hacer entusiastas descripciones del buque, de su viaje y cam- 
paña, sino que concluían con un elogio tan cumplido de nos- 
otros y ponderaban tanto la amabilidad con que se obsequiaba 
al público, que muchos nos enseñaban los escritos de los pe- 
riódicos como papeleta de introducción. 

El 18 de Abril salimos para Santa Elena, donde segün las 
órdenes que habíamos recibido del Gobierno nos dirían en de- 
finitiva si deberfamos regresar á España ó volver otra vez á 
América. 

El 24 cortamos el trópico de Capricornio por sexta vez, y el 
29 fondeamos en Santa Elena. 

Desde nuestra salida de Manila se había presentado por tres 



a74 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÍKICa. 

veces distintas una epidemia de viruelas. Un enfermo que nos 
embarcaron á nuestra salida produjo el contagio, y aunque 
por dos veces creímos haber aislado y extinguido la enferme- 
dady volvió nuevamente á presentarse. 

Lo desconsolador era que aunque el número de atacados no 
era grande, la enfermedad, ó mejor dicho, el local donde se 
aislaba á estos enfermos tenía tan malas condiciones, que la 
mortalidad guardó siempre la proporción de perder á 5 de 
cada 8 atacados. 

Con la tercera invasión llegamos á Santa Elena, y en el mo- 
mento de fondear dábamos sepultura en el mar á uno, lo que 
fué causa bastante para que nos impidieran el bajar á tierra. 

Llegar á Santa Elena, ver con un anteojo á Lonwoud, y no 
podei» pasearse por él , no poder recorrer los sitios donde el 
gran Napoleón estuvo cautivo, tiene mucho parecido con el su- 
plicio de Tántalo. 

¡Cuántas ilusiones nos habíamos forjado sobre nuestra visita 
á esta isla, y qué triste desencanto al llegar y no poder ir á 
Cierra! 

Más triste era aún el motivo que nos privaba de esta expan- 
sión; llevábamos tres meses de tener á bordo viruelas y no po- 
díamos desterrarlas; nos causaban muchas víctimas^ y no sa- 
bíamos aún cuántas más nos costaría. 

Gomo si la prueba á que se nos sometía, sin duda, parecía 
aún poca, recibimos la orden de volver á América á reforzar 
otra vez la escuadra de Méndez y Niiñez, que se creía en peli- 
gro por la presencia de los acorazados peruanos que se habían 
construido últimamente en Inglaterra. 

Mucho sentíamos tener que dar á nuestros marineros esta 
noticia, pues como muchos habían cumplido el tiempo de su 
servicio, algunos hacía seis meses; otros eran de la Berenguela 
y Vencedora^ y como quedaban eu Manila á nuestra salida, 
habíamos recogido sus cumplidos para llevarlos á España; pero 
esta sufridísima tripulación nos reservaba aun la última prue- 
ba de su patriotismo. 

El 2 de Mayo salíamos de Santa Elena, y el modo que 
tuvieron de celebrar el aniversario del combate del Callao, fué 



VIAJE DE CIRCUNNAVEGACIÓN DE LA ocNUMANGíAJí). 3r75 

formárseles sobre cubierta , decirles el comandante la orden 
que había recibido, la necesidad que tenía la escuadra de 
nuestro auxilio y el nuevo esfuerzo de su abnegación que 
'esperaba la patria. 

Un nutridísimo «¡Viva la Reina!», fué la contestación de 
aquellos valientes y al romper filas, volvió laNumancia á sus 
buenos tiempos. 

Cierto es que cortábamos otra vez el meridiano de Cádiz y 
ya habíamos recorrido los 360* do longitud, luego la vuelta al 
mundo que ya estaba dada la empezábamos de nuevo. 

Con aquella febril actividad de la pasada campaña se cala- 
ron masteleros, se recogió todo lo que no tenía un carácter 
esencialmente militar y se pusieron unas cavillas do hierro á 
lo largo del buque que marcaban la dirección de la quilla para 
poder dar trompadas pues se consideró como mejor táctica la 
de embestidas dada la diferencia del calibre de nuestra artille- 
ría y la de los acorazados peruanos. 

Con efecto al cañón no podíamos batirnos. con ellos sin 
llevar la peor parte, pero á embestidas sucedía lo contrario. 

Doce días invertimos en esta travesía, con una vigilancia 
excepcional, no solo por si encontrábamos al enemigo, sino 
porque como navegábamos sin luces para no ser vistos podía- 
mos embestir con otro barco. 

El 17 de Mayo llegamos á Río Janeiro y allí encontramos la 
orden de seguir al Río de la Plata para donde salimos el l.*de 
Junio; al tercer día de viaje se hizo una grave avería en la 
máquina en un fuerte balance, y como llevaba tanto tiempo 
de trabajo, empezaba á cansarse ya. Se remedió como pudo en 
la mar, i n virtiendo tres días para ello y como no nos inspiraba 
gran confianza su estado, resolvimos en junta regresar á Río 
Janeiro á donde llegamos el 9. 

El Emperador del Brasil manifestó deseos de conocernos y 
habiéndonos concedido una audiencia, fuimos presentados á 
él por nuestro ministro plenipotenciario. La exquisita amabi- 
lidad con que fuimos recibidos, y las preguntas que como 
conocedor de los achaques de mar nos hizo, probaban no solo 
sus conocimientos sino también la gran curiosidad que tenía 



ai6 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

de adquirir noticias exactas del viaje que había seguido con 
gran interés. 

Después de prodigarnos frases de elogio y tener la atención 
de recibirnos vestido de almirante, pasamos á ofrecer nuestros 
respetos á la Emperatriz que mostró mucho interés por las 
cosas de España, país á que miraba como propio por el paren- 
tesco tan próximo que tenía con nuestra Soberana. 

Las noticias que adquirimos de los buques peruanos y de 
nuestra escuadra nos apartaron de toda idea de guerra y por 
lo tanto se enviaron á España los marineros cumplidos que 
excedían á la dotación. 

Los demds, mientras se componía la máquina nos dedica- 
mos á pasear la población que es la mejor de la América de) 
Sur, fuera de Buenos Aires. 

No tiene grandes edificios, pero sí un museo que en la parte 
botánica creo que es el mejor del mundo^ así como también es 
muy notable en aves disecadas, que abundan en el país como 
en ningún otro. 

El jardín botánico es la principal belleza de la población. 
No tengo conocimientos para juzgar el mérito de las plantas y 
árboles corpulentos que en él hay, pero la gran variedad que 
existe, la extensión que ocupa y sobre todo una interminable 
calle de palmeras de una elevación extraordinaria, constitu- 
yen, al menos para los profanos, un sitio de recreo agradabilí- 
simo á lo que contribuyen las mesas que en él se encuentran 
y en las que los restauranes de la población sirven comidas 
siempre que se pide. 

Los teatros son muchos y buenos y en los alrededores se 
encuentran poblaciones muy bonitas como San Domingos y 
Niteroy á los que hay un servicio constante de vapores. 

El país estaba grandemente preocupado con la guerra de) 
Paraguay que aun duraba, de la que hablé al tratar de nuestro 
paso por Montevideo. 

Se habían invertido sumas cuantiosas, habían perdido algu- 
nos buques; tuvieron que construir otros á toda prisa en el 
extranjero y á cualquier precio; sumaban muchos miles las 
bajas; habían cambiado varias veces de general en jefe, que es 



VIAJE DE CIRCUNNAVEGACIÓN DE LA «NÜMANCIA». 377 

la peor señal de las guerras y aún había otra más mala, y e.^:, 
que como se llegó á los alistamientos extraordinarios, subió 
el precio de los esclavos porque al que le tocaba ir á una cam- 
paña que le repugnaba, compraba á cualquier precio un negro 
que le sustituyera. 

Gomo nosotros estábamos cerca del arsenal, presenciábamos 
todos los preparativos que se hacían para la guerra, y tuvimos 
ocasión de ver diariamente ai Emperador dirigir los embar- 
ques de armas, municiones, víveres y tropas. 

Cuando recientemente he visto el destronamiento de este 
monarca, no he podido menos de recordar aquellos días en 
que pasaba horas y horas en el arsenal presenciándolo todo, 
disponiéndolo por sí mismo y ocupándose hasta del más mí- 
nimo detalle. 

No podrán, por^ cierto, los republicanos brasileros tildar á 
su destronado monarca de autócrata, pues si bien en los actos 
oficiales la corte del Brasil se pasaba de ceremoniosa, pues 
recuerdo haber visto una apertura de Cortes en que el Empe- 
rador se presentó vestido con el traje de los reyes que nos des- 
cribe la historia, sin faltarle el manto, la corona en la cabeza 
y el cetro en la mano; á pesar de eso, cuando podia, cuando 
la ocasión no le obligaba, como era al ir al arsenal, solía ha- 
cerlo solo, á pie y sin que lo acompañara ni un ayudante, dis- 
tinguiéndose de todos por su gran estatura y notándose su 
presencia por el interés que todos mostraban de que se les vie- 
se saludarlo; así es, repito, que me sorprendió en extremo su 
destronamiento. 

La llegada de la escuadra, mandada por Méndez y Niiñez, 
coincidió con la terminación de la reparación de la avería de 
la máquina; y el general, teniendo en cuenta el estado de la 
fragata, y sobre todo el de su tripulación, dispuso nuestro re- 
greso á España, que lo verificamos saliendo el 15 de Agosto y 
llegando á Bahía de Todos los Santos el 20. 

Aquí estuvimos á punto de perecer todos los oficiales de 
la fragata, menos el de guardia, merced á una impremedi- 
tación. 

Una tarde, cuando concluíamos de comer, nos avisaron de 

25 



878 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

que un bote del país había arponado una ballena dentro de la 
inmensa bahía en que nos hallábamos. 

Sallar todos á un bole y dirigirnos al cetáceo, fué cuestión 
de un momento. 

Al aproximarnos pasó junto á nosotros; y como recibiera 
otro nuevo arponazo en aquel momento, dio un coletazo, del 
que nos libramos de milagro, no porque maniobráramos con 
acierto, pues lo hacíamos malísimamentCy en atención á que 
todos mandábamos á un tiempo cosas contradictorias, y el pa- 
trón del bote no sabía á qué atenerse. 

Otra nueva salida del animal á respirar hizo que pasaran 
por nuestro lado, con una velocidad vertiginosa, los cuatro 
botes que habían arponado ya á la ballena; y habiendo 
salvado también de milagro de un abordaje, que nos hu- 
biera hecho zozobrar, pudimos cogernos á uno, y repartién- 
donos entre todos los botes en que iba gente práctica en esta 
pesca, pudimos presenciar el fin de este sorprendente espec- 
táculo. 

Pocos son los puertos de las dimensiones de este. Su perí- 
metro mide 10 leguas, y como si no hubieran encontrado si- 
tio donde colocar la población, fueron á situarla quizás en el 
peor punto de toda la bahía, pues se halla al pie de un monte 
que forma una faja tan estrecha con la orilla, que no caben 
más que dos calles, siendo una de ellas la que forman los 
muelles. 

El resto de la población está en la vertiente del monte, y es 
tan inclinada, que la subida se hace por calles en forma de 
zig-zag, que no tienen casas más que en una acera, por 
formar la otra los tejados de las que están en el tramo an- 
terior. 

Es tan grande la pendiente, que nos refirieron como un pro- 
digio de habilidad, y en tal concepto lo iciigo, el que habiendo 
estado una vez un principe extranjero, al obsequiarlo el go- 
bernador, le hizo subir en coche a su casa, que está en lo 
alto. 

El referir esto como un hecho notable, da una idea de lo 
inclinado de la pendiente. 



VIAJE DE CmCUNNAVEGACIOX DE LA «XUMANCIA». 37» 

Poca importancia tiene cl comercio que se hace por este 
• puerto, y únicamente se encuentra con verdadera profusión 
todo género de p¿íjaros disecados y flores de plumas de tan 
variados colores, que la señora más exigente quedaría com- 
placidísima ante aquel conjunto de adornos. Esto y litis pe- 
queñísimos adquirimos á precios fabulosamente baratos; pero 
-estos últimos, que estaban vivos, no pudieron soportar el 
viaje. 

Tres días después de nuestra llegada, salíamos para Cabo 
Verde. El 31 de Agosto cortamos la línea y entramos, por fin, 
'-en el hemisferio Norte para no salir de él. 

El 6 de Septiembre llegamos á Cabo Verde; el 10 salimos; 
él 16 pasábamos cerca del muelle de Santa Cruz de Tenerife, 
siendo saludados por los muchos curiosos que había en él, y 
el 20 dejábamos caer nuestras anclas en Cádiz, á los dos años 
y ocho meses escasos de haberlas levado en aquel sitio. 

Nuestra misión estaba terminada. 

En resumen; en este intervalo había cortado la Numancia 
dos veces el trópico de Cáncer, cuatro el Ecuador, ocho el tró- 
pico de Capricornio; había vuelto á América después de reco- 
rrer los 3n0° de longitud, y todo esto lo efectuó en una zona de 
90* y S de ancha comprendida entre los 36° 36' N. y 54** 3' S., 
habiendo andado entre todos los viajes 14.094 leguas; próxi- 
mamente el doble del meridiano terrestre. 

Ni los peligros del Magallanes, ni la navegación del archi- 
piélago de Chiloe fueron bastantes á detenerla, así como tam- 
poco los rigores del frío y del calor, ni las privaciones de una 
guerra tan larga como falta do recursos. ¡Qué mucho que esto 
sucediera cuando no la arredraron las enfermedades, ese azote 
que es superior al hombre! 

Una verdadera invasión de nictalopia, dos de escorbuto y tres 
de viruelas, fueron las grandes plagas que los sufridos tripu- 
lantes de la Numancia tuvieron que arrostrar. De todas supo 
triunfar su esforzado comandante. 

D. Juan Hautista Anlequeni, aunque en su dilatada hoja 
de servicios contó muchos hechos meritorios, ninguno, en mi. 
sentir, iguala á este; pues á él le correspondió la gloria de ser 



980 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

el primero que ha dado la vuelta al mundo en un buque blin- 
dado. 

Los que tuvimos la satisfacción de acompañarlo, conserva- 
remos siempre un gratísimo recuerdo de esta campaña, y se- 
guiremos ostentando con el mayor entusiasmo la medalla que 
lo conmemora y que tengo el honor de presentar. 

He dicho. 



La dotación de la fragata á la salida de Cádiz, la componían: coman- 
dante, capitán de navio, D. Gasto Méndez y Núfíez. 

Segando comandante: coronel de infantería, capitán de fragata, don 
Juan Bautista Antequera. 

Tenientes de navio: D. Emilio Barreda, D. Santiago Alonso^ D. José 
Pardo de Figueroa, D. Antonio Basafíes y D. Celestino Lahera. 

Alféreces de navio: D. Miguel liafío, D. Alvaro Silva, D. Joaquín 
Garralda y D. Antonio Armero. 

Oficial de ingenieros: ingeniero primero, D. Eduardo Iríondo. 

Oficial de artillería, capitán D. Enrique Guillen. 

Oficial de infantería: teniente, D. Juan Quiroga. 

Oficial de Administración: contador de navio, D. Jerónimo Manchón. 

Profesores de sanidad: primer médico, D. Femando Oliva; segundo^ 
D. Luis Gutiérrez. 

Capellán, D. José Moirón. 

Guardias marinas de primera clase: D. Domingo Caravaca, D. Gui- 
llermo Camargo, D. Emilio Hediger, D. Pío Porcell, D. Pedro Alvarez 
Sotomayor, D. Leonardo Gómez, D. José Serantes, D. Francisco Sevilla» 
D. Salvador Rapallo y D. Alvaro Barón. 

Guardias marinas de segunda clase: D. Julián Ordófíez y D. Eugenio 
Manella. 

14 maquinistas y ayudantes de máquina, 8 oficiales de mar, 4 con- 
destables, 20 operarios de maestranza, 37 cabos de cofión, 71 soldados 
de infantería, 1 guarda banderas, 27 cabos de mar, 50 marineros pre- 
ferentes, 35 marineros ordinarios, 203 grumetes, 8 aprendices navales, 
27 fogoneros y 45 paleadores; total 590 individuos. 



VIAJE DE CIRCUNNAVEGACIÓN DE LA «NUMANCIA». Wl 

De la plana mayor: el comandante dejó de serlo por tomar el mando 
de la escuadra al fallecimiento del general Pareja, quedando mandando 
jol buque D. Juan Bautista Antequera. 

Todos los guardias marinas de primera clase desembarcaron al divi- 
dirse la escuadra á la salida del Callao ó antes, de modo que no dieron 
la vuelta al mundo más que Ordófiez y Manella. 

El primer médico regresó á España desde Manila, por enfermo, de 
jnodo que no dio la vuelta al mundo. 

De esta dotación han fallecido : 

D. Casto Méndez y Núñez, primer comandante del baque. 

D. Juan Bautista Antequera, segundo id. del id. 

D. Emilio Barreda, D. José Pardo de Figueroa, D. Antonio Basafies 
y D. Celestino Lahera, tenientes de navio. 

D. Antonio Armero, alférez de navio. 

D. Eduardo Iriondo, ingeniero primero. 

D. Juan Quiroga, teniente de infantería. 

D. Femando Oliva, primer médico. 

D. Julián Ordóñez, guardia marina. 

Que constituyen una verdadera pérdida para la Marina. 

Hay una circunstancia muy curiosa. En el combate del Callao man- 
daba la batería el teniente de navio D. Santiago Alonso, y tenía á sus 
•órdenes á los tres alféreces de navio más antiguos, D. Miguel Liafio, 
D. Alvaro Silva y D. Joaquín Garralda. Estos son los únicos oficiales 
<lel cuerpo general que viven, y de ellos están retirados los tres alf ére- 
-ces de navio que hoy se les conoce por sus títulos de marqués de Casa 
Recafio, Santa Cruz y Reinosa, siendo el de Santa Cruz el grande de 
España que lleva todos los títulos de su ilustre antecesor D. Alvaro de 
Bazán. 

D. Santiago Alonso es el único que sigue en el cuerpo, con el guardia 
marina Manella. 

En Tahiti embarcó en la fragata el alférez de navio D. Salvador 
Poggio, y continuó en ella hasta la llegada á España. También está 
retirado. 

Al salir la Numancia de Río Janeiro para España, el general de la 
escuadra D. Casto Méndez y Núfiez, le dirigió á su comandante el si- 
guiente oficio de despedida, que fué leído á toda la tripulación: 

*Coinandancia general de la escuadra. — Al llegar V. S. á Cádiz con 
€se buque, habrá terminado una campaña que refleja tanta honra sobre 
los que tomaron parte en ella, que el solo recuerdo de haberla verifica- 
do es una compensación más que suficiente de las privaciones, peligros 



8-2 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

y sufrimientos de toda especie jKjr que ha tenido que pasar la valiente^ 
subordinada é inteligente dotación de la Numancia, 

>Yo espero además quo la Reina, el Gobierno y el país entero, dando 
á la campaña todo el mérito que en sí tiene, sabrán premiar de una. 
manera expresiva tan distinguidos servicios. 

> Nadie mejor que V. S , con quien me unen además de los estrecho» 
lazos de la amistad y compañerismo, los del reconocimiento que debo 
al que siempre y en los momentos más críticos he visto á mi lado para 
darme con lealtad y verdadero espíritu militar su franca opinión y su 
decidida cooperación; nadie mejor que V. S., repito, podrá expresar á 
la dotación de la Numancia los sentimientos que hacia ella me animan. 
No es solo el general el que á ella se dirige, es su antiguo comandante, 
es su antiguo compañero, título con que me honro, porque no podré 
nnnca olvidar la decisión, la buena voluntad, el valor y sufrimientos 
que todos sus individuos han manifestado durante nuestra pasada 
campaña, y el respetuoso afecto con que siempre me han distinguido. 
Quieran ellos también conservar grabado en su corazón el recuerdo de 
su antiguo jefe, quien, cualquiera que sea la posición que ocupe, siem- 
pre considerará como un sagrado deber y tendrá una verdadera satis- 
facción en hacer cuanto le sea posible en favor de los que han perte- 
necido á la Nutnancia. 

>Por hoy me limitaré á desear á oso buque un próspero y rápido 
viaje, y que terminado este puedan todos los individuos de su dotación 
encontrar en el seno de sus familias y en el reconocimiento y respeto 
do sus conciudadanos, la envidiable recompensa que tan merecida tie- 
nen por sus verdaderamente distinguidos servicios. 

> Sírvase V. S. hacerlo así presente á todos, ofiaialcs, marineros y sol- 
dados, y admitir también la expresión de mis sentimientos de cariñoso 
afecto y de lamas distinguida consideración. — Dios guarde á V. S. mu- 
chos años.— Río Janeiro, lo de Agosto de 1867. — Casto Mékdez NúSíez.» 



NOTICIAS AUTENTICAS 



DEL 



~- - - - (1) 



FAMOSO RIO MARANON. 



S 11. 

Misión de los XéberoSj Cutinanas^ CahuapanaSj etc. 

La primera reducción de gentiles que fundó la Compañía en 
las montañas del Marañon y ha servido después de ejemplar 
á todas las demás , ha sido la de los Xéheros, debajo del patro- 
cinio de Nuestra Señora de la Limpia Concepción. Cuáles ha- 
yan sido sus principios, lo refiere difusamente su primer misio- 
nero el P. Lucas do la Cueva en caria escrita desde sus tierras 
al P. Gaspar Cuxia, por abril del mismo año 1638, en que 
ambos entraron al Marañon , y dice así (2): 



(1) Vóanse las pág-inas 19 1 y 307 del tomo xxvi» 49 del xxvii y 175 del xxviu. 

(2) El texto de la carta del P. Cueva al P. Cuxia que nos da nuestro anónimo, 
es muy deflciente; en idéntico caso se encuentra todo el § ii, tomado, como la 
carta, del núm. 4 del Informe del P. Figrueroa , que ya conocemos; y otro tanto 
acontece con los párrafos sif^uientes hasta el ix inclusive del presente capitulo. 
Por todo lo cual, y en atención á que las Noticias auténticas no es obra con- 
cluida, y á que su autor, á juzg'ar por los caracteres del orig'inal manuscrito, es 
probable que no considerase como dcflnitivos el número, extensión y forma de las 
divisiones de las Partes que de ella nos dejó, me he resuelto á sustituir los indi- 
cados párrafos del anónimo por los correspondientes números del Informe del 
P. Figueroa, respetando, sin embargo, las Adiciones con que aqueUos terminan, 
por referirse casi en su totalidad á suceso^* que no pudo alcanzar el P. Figrueroa. 

Habrá quien califique, y con razón , de libertad y aun de licencia este cambio 
tan desacostumbrado entre pnblicadores de libros ajenos, pero me ayudará á sufrir 
conforme y resignado este fallo justísimo la consideración de las ventajas que 
proporciono á los lectores eruditos, sirviéndoles un texto original, genuino y tra- 
bajado por un criollo de Popayan contemporáneo, testigo ó actor de los hechos 



964 BOLETÍN DE LA SOGIEDJLD GEOGRÁFICA. 

a Padre Gaspar de Cuxia. — Paz Gkristi, etc. — A los cuatro dias 
que salí de Borja, apartándome de la Santa Compañía de Y. R., 
llegué á las juntas de Pástasa, por donde desagua el Rio de la 
piedra pomez^ que desciende de Latacunga, en el gran rio Ma- 
rañon, repitiendo en este puesto á un mar dulce, así por lo an- 
churoso de su abra, como por sus muchas aguas y fondo. En 
dichas juntas hallé plantado el real y alojada la armada que 
se ocupa en la reducción y castigo de los Mainas, tan retirados 
y escondidos por las crueldades y matanzas de su rebelión. 
Fui recibido de los soldados con singular agasajo y universal 
regocijo, que dieron bien á entender con repetidas salvas de su 
arcabucería y ruido de sus cajas y pífanos y otras demostracio- 
nes de gusto, que tendrían por verse ya con sacerdote que los con- 
fesase, dijese misa y administrase los otros santos sacramentos 
de que tanto tiempo habían carecido, pues nunca aportó á estos 
montes sacerdote desde el suceso trágico de la general rebelión. 
Estuve en dichas juntas algunos ocho dias espt^rando se reco- 
giesen los indios amigos, que son el nervio príncipal de esta 
milicia, pues sin ellos nada se hiciera. Estaban derramados 
en varías correrías en busca del sustento, que lo tienen librado 
estas armadas en lo que cazan en el monte y pescan en los ríos 
y lo que sacan de las chacras de los cimarrones y fugitivos; 
conque, si ésto falta, perecen, á causa de no cargarse para estas 
guerras otros víveres, de que se carece en estos arcabucos tie- 
rra adentro, y porque se pudren brevemente en ellos, aunque 



que narra, en vez de su extracto aderezado por pluma extranjera setenta y ocho 
años después. Aparte de que el Informe es el documento jesuítico mis ingenuo, 
más veraz y mis transcendental de cuantos conozco acerca de la historia de las 
misiones de Mainas y el mis instructivo de los curiosos fenómenos morales y 
materiales originados del contacto de la civilización católico-española con las 
ideas y costumbres de las gentes salvajes de la región amazónica. 

El escrito del P. Piqueros lleva por título: 

Informe de las Alie>ones de el Maranon , y gran Pará^ ó Rio df las Amazonas , que 
Mace el P. Francisco de Figveroa^ visitador y rector de ellas al P. Hernando Cabero^ 
provincial de la Compañía de Jesús del Sueto Reino y Quito ^ á ^del mes de Agosto 
deieei. 

(Manuscrito en 4.*' de 210 piginas y 2 hojas de índice. Copia con todas las seña- 
les (incluso el olor) de haberse hecho en tierra de aquellas misiones.) 

Debo su conocimiento i un ilustrado jesuíta y bondadoso amigt>. 



NOTICIAS AUTÉNTICAS DEL FAMOSO RÍO MARAÑÓN. 385 

se trajeran de fuera. Eu el espacio de estos días (por mi buena 
suerte), aportó á este real una gran manga de indios gentiles, 
Xéberos de nación, en que venían los caciques más principales 
y gente alentada. Salieron estos de sus tierras en prosecución 
del servicio que habían comenzado á hacer á los españoles, 
ayudándoles en la guerra contra los Mainas rebeldes, descu- 
briéndolos, prendiéndolos y entregándoselos, en que han hecho 
finezas los de esta nación; y aunque por este servicio pudie- 
ran esperar premio y correspondencia y vivir alentados con 
esa esperanza, no solamente no la tenían, antes bien, poseídos 
de un horroroso recelo de los españoles, andaban caídos, tris- 
tes, amilanados y llenos de congoja y llanto. Poníalos en estos 
extremos el haber visto tantos indios ajusticiados, tantos cuer- 
pos descuartizados en los árboles y horcas, tantos desorejados, 
muchos desnarigados, desgarronados otros, cortadas las manos 
y pies, cual y cual llagados y deshollados con azotes los que 
mejor libraban; y que todo eso no paraba, porque la mano de 
la justicia adhuc erat extenta, y que á ellos también les amena- 
zaba por delitos y traiciones y aun muertes de españoles que les 
achacaban. Conque, según he dicho, estaban tristes, temerosos, 
amilanados y caídos con extremo. Ni sé sí fué por el grande 
amor con que los recibí y mucho agasajo con que los traté y 
alenté ó por lo que otros les dijeron de lo mucho que favorecen 
los Padres á los indios, ellos se me allegaron y pegaron con tanta 
firmeza y con tales demostraciones de amor y confianza, como 
pudieran hacerlo con sus padres naturales y aun más; conque 
mtí pareció hallaba la disposición y puerta que podía desear 
para entrar á la reducción, doctrina y bautismos de esta na- 
<:ion. Propáseles mí deseo, á que salieron con tantas demostra- 
ciones de gusto y promesas de abrazar lo que les enseñase, que 
luego luego me hubiera puesto en camino, á no embarazarme 
las ocupaciones cuaresmales de confesiones, predicación, doc- 
Irina y lo demás con los soldados españoles de la armada á que 
debía primeramente acudir y atender; conque suspendí mi viaje 
hasta la Pascua y emprendí en compañía del real el que se co- 
menzaba en prosecución de la reducción y castigo délos Mainas 
rebeldes. Este se enderezó á Rímachuma; la mas célebre laguna 



'JSÜ BOLETÍN DE LA. SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

que se halla oq toda lá conquista^ por su grandeza, la cual le 
da el nombre do Rimachuma, que en lengua maina quiere de* 
cir «la gran laguna», Cuya voz [boj^ circuito] dicea que pasa 
de cuarenta lenguas [leguas] , por sus muchas islas, naturales 
uiías, portátiles ó advenedizas otras, de que luego diré, por su 
grande profundidad, que en algunas partes no essondable, coii 
tanta inquietud y olaje en ellas, como si fuera un golfo en alta 
mar. Y lo que la hace más célebre es su multitud do pescados- 
mayores y menores do todos géneros, su inQnidad de tortu- 
gas y vacas marinas, un sinnúmero de lagartos y caimanes, 
con que tienen siempre bien proveido el plato los Maínas 
cimarrones, que, inquietos siempre con las memorias de esta 
abundancia, paran (sic) en la penuria de sus repartimientos, 
de donde se ausentan con continuas fugas para venir á go- 
zarla, teniendo á dicha laguna por su paraíso de recreación y 
mesa abundante de boda. No la experimentamos en esta oca- 
sión tal todos los de nuestra armada, antes bien tan estéril, 
intratable ó inhabitable, que, por no perecer en ella, la hubi- 
mos de dejar con más priesa que hablamos traido cuando na- 
vegamos en su demanda. Originóse este trabajo de las grandes 
avenidas del rio de Pastasa, cuyas aguas la llenan, y de otros 
riachones, Sillay, Apaga y Acapirre, que en ella desaguan; 
conque quedó toda inundada, no sólo en la tierra y sus islas, 
sino en gran parto do la arboleda que las ocupa. Obligónos, no 
sólo á mudar los puestos por algunas veces en que nos habla- 
mos alojado, sino á armar en el último barbacoas encima del 
agua, albergándonos en ellas ó encarcelándonos en su mucha 
angostura, casi sin podernos menear. Y lo más sensible era los 
vahídos do cabeza y otros achaques que las humedades y va* 
pórés del agua tan inmediata á los cuerpos ocasionaban en ellos. 
Agravábase esta incomodidad con el recelo en que se vivia del 
dañó que nos amenazaban las islas portátiles y advenedizas 
que arriba dije. Estas se fabrican (como ahora diré) en tiempo 
do grandes avenidas: robando las orillas do los rios, la fuerza 
de las corrientes arranca muchos árboles, de que vemos en 
el río Marañon y en los otros inmensas palizadas. Do las que 
trae el de Pastasa, que son en número y grandeza no infe- 



NOTICIAS AüTÉNTIGAá DEL FAMOSO RÍO MARAÑÓX. 331 

riores á las del Marañon, entra gran parte en esta laguna^ 
donde quedan como estacadas. Cesan las crecientes, men- 
guan las aguas, conque estas palizadas quedan asentadas en 
lá tierra ó arena. Con la gran humedad, producen en breve 
mucha y espesa arboleda, y á poco tiempo se hace monte 
bravo. Pasan firmes y aferradas estas islas todo el tiempa 
que duran los árboles ó palizadas que les sirven de anclas 
ó amarras con que se aferran en la tierra; con el tiempo so 
pudren y faltan^ conque quedan sueltas. En las grandes ave- 
nidas, las aguas las levantan y se ven andar de unas á otras 
partes, á donde el viento las lleva, sirviéndoles de velas los 
árboles que encima sustentan. Si estas islas movedizas y vían* 
dantes so allegan y abordan, como dicen sucede, á otras islas 
y puestos donde están alojados los que navegan, los ponen á 
riesgo de quedar anegados; conque el recelo por esta parte, por 
ser las crecientes de este año tan sobresalientes, tíos ponia en 
no pequeño cuidado. Lo que echó el sello ¿I nuestro trabajo y 
con lo que más se agravó, fué la estrechura en que nos puso la 
hambre, que parece quiso llegar al extremo. Ya dije arriba cómo 
libran el sustento estas armadas en lo que se pQsca por los rios, se 
caza en los montes y se halla en las chacras do los fugitivos y ci- 
marrones; todo esto faltó, porque el pescado no pica en tiempo do 
crecientes, por hallar en la tierra inundada los gusarapillos, lom- 
brices y otros cebos que pueden buscar en el anzuelo. Lo turbio 
de las aguas en tiempo de las avenidas priva el uso de la ñecha, 
por no divisarse el pescado para tirarle. En los montes, por estar 
llenos de agua, la caza ni se halla ni se busca. Por la mesma 
causa no se pudo ni hasta hoy se ha podido topar, aunque so 
han hecho varias salidas y despachos, ni cimarrones ni delin- 
cuentes ni sus comidas ni chacras, por tener las avenidas total- 
mente ocultos los caminos, borrados los rastros y ciegas las 
veredas y todo inundado; conque nos hallamos sin ningún 
recurso. Con esto hubimos de dejar á Rimachuma y salir al 
rio á buscarlo. La niucha flaqueza, con la fuerza de las corrien- 
tes, en que se hallaban las bogas ó remeros, nos impedia casi 
totalmente el poder arribar; lo inundado de los montes, el 
poder soplar candela ni salir de la canoa, aun parala más pre- 



S88 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

cisa necesidad. Aquí amainó, descaeció y cayó mi poco vigor 
de todo punto, poniéndome en estado de no poderme levantar, 6 
desmayado con la hambre y falta de sustento, el calor natural 
parece se me había apagado. En este mi mayor aprieto ocurrie* 
ron á mi necesidad y caimiento dos soldados con unos pedazos 
de armadillo [el uno], y con dos huevos el otro, que me dijo los 
había hurlado viéndome padecer y para perecer. Ya sin fuer- 
zas la armada para poder arribar, se topó con un coito pedazo 
de tierra, aunque lodosa y mojada, pero no inundada. Alojóse 
en él el real para pasar la semana Santa. Diósele por nombre á 
€Ste puesto el Real del Tigre, por habérsenos entrado por medio 
de la plaza de armas uno muy feroz con la seguridad que si en- 
trara en su madriguera. Aquí se tuvo la Semana Santa, que fué 
muy abundante de carne de el monte, y de todas las sabandi- 
jas que en él se hallan, porque éstas, retiradas de las partes 
inundadas, se recogen en los mogotillos más altos que no lo 
«stán, como lo hicieron en este nuestro alojamiento, conque se 
cogieron muchas. Vi en esta ocasión paseándome por él, lo 
que ya había comenzado á ver, y aun á comer, días antes; esto 
^, muchas ollas en los fogones llenas de monos, ratones, lagar* 
ios, papagayos, y de cuantas inmundicias hay y se cogen en 
estos arcabucos, hasta de hormigas y gusanos, sin perdonar de 
las culebras aun á las más ponzoñosas, ocurriendo á este daño 
con cortarles y arrojar la cabecilla donde tienen su veneno. 
Vi que nada se extrañaba ni asqueaba y que se sustentaban 
destas inmundicias, no solo los indios, sino también los solda- 
dos españoles. Vi que nadie se ahogaba con ellas, conque, juz- 
gando que á mi tampoco me ahogarían, y diciendo con el oiro 
filósofo: Nihil humanum a me alienum judicavij entré en estas 
viandas y paso ya corriente en su uso; sólo en la cabeza del 
mono aun no he entrado, horrorizado de aquella figura tan de 
hombre, que á no saberse lo que es, se juzgara por un negro, 
que tal queda ya asada. También entraré en ella, porque yo 
tengo reconocido, que de todo esto nos tenemos de valer sino 
queremos perecer, pues en estos arcabucos no hay otro recurso 
á que podamos aspirar. Ni lo tan cálido y húmedo de su clima 
da lugar á que nada se pueda guardar, como lo tengo visto y 



NOTICIAS AUTÉNTICAS DEL FAMOSO RÍO MARAÑÓN. 3» 

reconocido, hallando podrido á la tarde lo que se cazó y pescó 
á la mañana, si no se le acude con presteza con el beneficio de 
la sal y humo, y ni aun de esta manera basta. Hecha la Semana 
Santa, traté de mi viaje y primera entrada á Xéberos, según la 
tenia asentada con ellos. Conferí mi intento con el mariscal de 
campo y cabo Miguel de Funes, en quien hallé no poca resis» 
tencia, representándome dos riesgos de la vida que daba no sólo 
por probables sino por ciertos. El«uno, el entrar á Xéberos, 
gente fiera, grandes matadores, caribes principalmente de hí- 
gados, asaduras y corazones de hombre y que revolviendo con 
el ají que molian, les daban aquella grosura y lustre mantecosa 
que se veia en las olluelas, que, llenas de este género, vendian 
en sus rescates á los soldados españoles. Que la paz que tenían 
con nosotros era muy somera, mal segura y arriesgada, como 
se habia visto en varias traiciones que de ellos se referían, con- 
que nadie entraba en sus tierras. Que su ocupación y ejercicio 
sólo era matar, cortar cabezas y bailarlas, conque tenian con* 
movidas varias naciones. Y últimamente, que al principal ca- 
cique le tenia probado delito y hecho causa de muerte, por ha- 
berla él dado á dos españoles, que, cogiendo cacao en las juntas 
de Pastasa, aunado con el cacique de Gocamilla, los habia 
muerto, y que iba á riesgo de que hiciesen lo mismo conmigo. 
Lo segundo que me propuso, fué correr el mismo riesgo y 
mayor en la navegación que emprendía por el rio de Pastasa 
del Marañen y Apena, para entrar á Xéberos, por estar en este 
tiempo de crecientes hirviendo en enemigos bárbaros Ucayales 
de la Gran Gocama, de donde sallan en grandes armadas nava- 
les de 40, 60 y más canoas á matar cuanto topaban sin resisten- 
cia, así por la muchedumbre de estos cosarios piratas, como 
por su mucha destreza en el rio, donde el campo era todo suyo, 
como se habia reconocido en tan repetidas matanzas conque á 
la nación de los Mainas la hablan en gran parte consumido en 
las juntas de Pastasa, siendo esta la causa de haber cobrado 
tanto horror á dichas juntas en tiempo de invierno y sus ave- 
nidas, que no los nombraban sin alterarse, atemorizarse y eri- 
zarse (Soy testigo desto por haberlo visto, así en indios como 
en españoles). No obstante estas propuestas , me cerré en que 



adO BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

había de entrar ;1 esta nación, respondiendo á lo primero, que 
parecía imposible que losXéberos me matasen, habiéndose visto 
en ellos tan extraordinarias demostraciones de amor y deseo 
de que entrase á sus tierras y los enseñase y bautizase, y que 
más por ellos que por mí hablan de recelarse, recatarse y guar- 
darse de ese caso, pues habían visto y velan la justicia tan viva 
y sangrienta con los matadores Mainas, cuya sangre aun veían 
correr por los rollos y horcas en que los descuartizaban, y por 
las orejas, manos y pies y narices que los cortal)an, y que esio 
bastaba para que en mí no se tuviese por temeridad la entrada 
á esta nación, auque tan caribe como decían. Al segundo riesgo 
de los Uoayalis Cocamas, le dije no era posible que dichos bár- 
baros no tuviesen noticia ni supiesen de la armada tan refor- 
jada de soldados españoles y de indios amigos que navegaba 
dichos ríos tanto tiempo había, ni les podía faltar de los casti- 
gos y justicias que se habían ejecutado y ejecutaban, y que 
sus amigos y confederados los Cocamillas de Guallaga se los 
habrían dado muy cumplidas, como su merced les mandó se las 
diesen; couque sin duda no habrían salido de Ucayali, y cuando, 
hubiesen salido, no vendrían ni se acercarían al Marañen, Ape- . 
na y juntas de Pastasa. No se aseguraba nada el mariscal de 
campo aunque más le decía, conque, diciéndome que si no n)ira- 
ba por mí, mirara por él, que le habían de imputar cualquier 
desmán y hacer suyo el delito que otros cometiesen porque me 
dejó salir y arriesgar; y así, que si no era llevando una manga 
de soldados que me hiciesen escolta, me suplicaba no saliese de 
aquel real. Hube de aceptar el partido, por no contristarle y 
que me dejase, couque el segundo día de Pascua, 5 de abril 
de 1638, me embarqué y comencé mi navegación río abajo, 
andando en pocas horas, por las grandes corrientes y furiosas 
crecientes, lo que había gastado muchos días cuando subí. La 
escolla ó manga de soldados que salió en mi compañía, á poco 
rato la perdí de vista, ó por la grande anchura del rio, ó porque 
cogió el rumbo por alguno de sus brazos, con el inconveniente 
que diré. Llegó la hora do ranchear y lo hiciera de buena gana, 
siquiera por aguardar á que llegasen; no se halló tierra en que 
hacerlo, por estar toda inundada, conque fué forzoso el proseguir, 



^ 



NOTICIAS AUTÉNTICAS DEL FAMOSO RÍO MARAÑÓN. 39.1 

!a navegación. Cerró la noche y entraron con ella unas horro- 
rosas tinieblas de pavor, que ocuparon los corazones de los 
Mainas que me bogaban y no menos el mió. Fue la razón, que 
reconociéndose eslos ya muy disLanlcs de las juntas de Paslasa 
á quienes podemos llamar tajón y carnicería de los Mainas, 
{por haber sido tantos degollados en ellas por los cosarios co- 
camas de Ucayali) y viéndose ya sin la escolta en que libraban 
su seguridad, se comenzaron á descaecer y pavorizar con som- 
bras mortales. Ellos hablaban entro sí y en su lengua con voz 
tan triste, lúgubre y baja, que apenas parece lessalia de la boca 
ni la pronunciación. Entré en gran cuidado de si maquinaban 
algo contra mí en aquella plática tan secreta. Poníame en este 
recelo lo que lodos decían de'estos Mainas, quehabia tan poca 
seguridad en los que nos acompañaban como amigos, como en 
los retirados por lebeldes. Preguntaba varias veces á un Maina 
ladino en lengua del iuga: ajuan, ¿que tratan tus parientes?» 
Siempre me respondia que manáj que nada. Ya apurado de 
mi recelo, con voz más alta y esforzada, le dije me habia de decir 
lo que sus parientes trataban. Respondióme entonces: «lo que 
dicen es que van derechos á morir y poner sus cabezas en ma-, 
nos de Cocamas», y que era esto infalible, como lo enseñaba 
la inundación tan general, con otras abusiones 6 invenciones 
por donde estos bárbaros se gobiernan. Aquí fué el quedar yo 
no sé si me diga peor que ellos. Confieso los efectos de mi fla- 
queza, aunque los procuré en la ocasión encubrir y me procu- 
raba alentar; cerraba la boca y la apretaba para que no me 
oyesen dar diente con diente. Llegaba la mano á la cabeza y. 
parece me espinaban los cabellos, tales estaban de erizados y 
mi corazón tan poseído de temor y sombras fatales, que puedo, 
decirse haUaba todo él en mí: Ubique pavor et plurima mor- 
ii8 imago. Pasamos en estas fantasías tan congojosas algu- 
nas horas, cuando, volviendo la cabeza rio arriba, divisé á lo. 
lejos unas luces confusas de que di aviso á los indios. Dudá- 
bamos si eran de luciérnagas ó nina-curus (1), que dicen los^ 
indios, porque á veces se perdían y otras aparecían. Oyósa 

• 

(1) Gusano (le fuego, en quichua. 



892 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

algún murmullo, conque reconocimoá eran los soldados, que 
armados con sus escaupiles, arcabuces y cuerda encendida, 
abordaron luego con nosotros; conque se perdió mucho del 
temor y entramos en aliento, que duró en mí poco, por el ac- 
cidente que luego diré. Ya estaba la noche en buena altura, 
debía de ser la mitad de ella, cuando llegamos á las juntas 
del Pastasa, alojamiento, antiguo de nuestro real, en cuyo? 
ranchos iba nuestra mira, para reposar algo y descansar; ha- 
llárnoslos inundados hasta por encima los caballetes, con que 
se frustró el intento y se puso en atravesar á la otra banda del 
Marañon, en demanda de una barbacoa antigua que hablan he» 
cho para troje de maiz; hicimoslo así, y habiendo atravesado^ 
desembarcaron todos, porque aunque estaba inundado el suelo, 
no tanto en aquella parte y que no pudiéramos hacer pié. Fué* 
ronse todos diciéndome quedase yo en mi canoa en tanto que 
volviesen por mí, habiendo visto la disposición del camino y 
estado de la troje; hícelo así, pero ellos no volvieron, ó porque 
lo inundado del camino les emperezó, ó porque entretenidos en 
apagar su hambre y necesidad tan antigua con unas mazorcas 
de maiz que hallaron, se olvidaron; ó porque el cansancio y 
sueño les rindió. Aguárdeles un rato y otro rato y tanto, que 
entré en no pequeño cuidado. Diles voces; no se oian. Repetí- 
las muchas veces, pero sin efecto. El verme solo enmedio del 
mayor riesgo do Cocamas, me congojaba con demasía; enjam* 
bres de mosquitos zancudos [plaga la más insufrible de este río, 
en que hervía), me sajaban; la inquietud de la canoa no me 
concedía el menor reposo, conque sin coger el sueño y gri- 
tando pasé la noche. Llegó la mañana; vinieron los soldados; 
diles mí queja, á que respondieron me habían estado toda la 
noche posteando. Por no decirles lo que merecían, me sonreí 
y lo dejó. Trataron de que fuésemos á la barbacoa, quise ha- 
cerlo, pero la congoja, los mosquitos, las voces, la falta de sue* 
ño y sustento me tenían tal y habían hecho tal operación y en 
la cabeza tal perturbación, que ni tenerme en pió podía. Cui- 
dadosos los soldados de lo que veian, me sacaron y llevaron. 
Asáronme algunas mazorcas de maiz, que todos comimos, con- 
que nos reforzamos y alentamos. Estando en esto, llegó una 



NOTÍGIAS AUTÉNTÍGA.S DEL FAMOSO RÍO MARAÑON. 383 

canoa de Xéberos que había hecho noche no distante de la mia; 
venían muy azorados por el riesgo en que se habían hallado y 
de que con bien habían salido. Este fué haberse topado con 
Tabichechuma, que valaba (síc) fugitivo de su repartimento. 
Habían ahorcado á su padre y á todos sus hermanos por prin- 
cipales delincuentes matadores en la rebelión; por éste, que era 
el menor, se pidió á lajusticialo dejara con vida; concediósela, 
pero mal contento de lo que pasaba entre españoles, se huyó 
con los suyos á los montes. De estos escaparon dichos Xéberos, 
á quienes no vieron. Tampoco debieron oir mis gritos, conque 
no se me llegaron ¡Gracias al Señor, que nos guarda! Algo 
rehechos con el refresco del maíz, proseguimos nuestra nave- 
gación, siempre armados de escaupil, arcabuz y cuerda encen- 
dida, por el recelo á cada paso de topar con los cosarios Coca- 
mas. Llegamos con ella al rio de Apena, y á día y medio que 
navegamos, dimos en la quebrada que baja de las rancherias 
de los Xéberos. En ella nos perdimos varias veces, porque inun* 
dada toda hasta los árboles, se encubría la madre que habíamos 
de seguir, conque todo era alucinar. Acabóse este trabajo á las 
cuatro leguas de navegación, donde ya reconocimos por donde 
caía y topamos con altos y tierra ñrme, donde nos rancheamos 
con grande gozo, por haber salido de tanto afán, tanto riesgo, 
lan estrecha hambre y tantas plagas. En este puesto hallamos 
refresco de plátanos y yucas traídas de Xéberos, en cuyo puerto 
entré el segundo día, de que se me llenó el corazón, por hallarme 
como si hubiera salido de entre tinieblas espesas á un paraíso 
ameno bañado del sol; tal me pareció este puerto y esta mon- 
taña de Xéberos, que si bien toda ella es de arcabuco, parece 
por su desahogo y claridad más ameno que pajonal, cotejado 
con el de Mainas, de Pastasa y del Marañen, tan espeso y 
ahogado. Fui caminando por buen camino enjuto y tieso á la 
primera ranchería; el siguiente día á la del cacique principal; 
ni á él ni á su hermano ni á otros indios de séquito los hallé, 
con que pude asentar poco en orden á su población y doctrina, 
que parece habrá de dar no poco trabajo, por la gran división 
en que está toda esta nación, repartida en varias rancherias 
distantes entre sidos, cuatro y seis leguas, algunas tres y cuatro 

26 



m BOLETÍN DE LA SOCIEDAD OEOORÁFIGA. 

jornadas. El agasajo que hallé en los que alcancé á ver, fué se- 
mejante al que dije al principio de este escrito. La tierra, aun- 
que muy caliente, á causa de ser el suelo de arena, cuyos reflejos, 
heridos del sol, son un fuego, lo templan las noches, que son 
apacibles. Aunque es estéril para plátanos, maiz y algodón, 
que no se da, se puede suplir esta falta en una isla, cinco le- 
guas de sus casas, que la hace el rio Marañen, con más de se- 
senta leguas de circuito, donde se dan esos frutos con abundan- 
cia. Las aguas son muy saludables, y aunque no frias, menos 
calientes que las de otros rios que de3aguan en el Marañon. 
No hay mosquitos rodadores, zancudos, tábanos ni gegenes; 
si unos que llaman enfadosos, por serlo mucho en meterse 
por los ojos, narices, oidos y boca, si la hallan abierta; ven- 
taja muy estimable en este puesto, por ser esta plaga tan co- 
mún y tan molesta en casi todas partes y rio Marañen. Lo que 
hasta ahora he descubierto en estos indios (dejando aparte el 
ser matadores y caribes, que eso no se puede negar), no es tan 
malo como corre entre los españoles; conque se puede esperar, 
y yo lo confio y espero en nuestro gran Dios y Señor, que este 
principio y primer paso y entrada á esta nación, se ha de pro- 
seguir con felices sucesos en su reducción, enseñanza y bautis- 
mo. También entiendo que se ha de lograr el primero en un 
indio que hallé moribundo con toda la piel pegada á los huesos, 
á quien instruí, y lo bauticé con mucho consuelo suyo y mió. 
Este es, Padre mió, el discurso de mi viaje y misión en que 
tanto y tan á manos llenas me ha dado el Señor en qué me- 
recer con tan varios trabajos de hambres, incomodidades y ries- 
gos, de que yo estuviera muy gozoso; pero como no está el ne- 
gocio cu padecer, sino en padecer bien, como ni el valor de la mo- 
neda en ser moneda, sino en serlo buena, de buena ley, de dar 
y recibir, el recelar le falta esta buena ley á mi padecer, me 
da mucho cuidado y aun pasa á congoja. El Señor me haga 
misericordia y no permita que la escala de la cruz de trabnjos 
y penas, que lo es para el cielo, como lo fué al buen ladrón, la 
haga yo escala para el profundo, como le sucedió al malo, lle- 
vándola con impaciencia, rabia y blasfemias. V. R. me solicité 
esta misericordia con su diviua Magostad, que le guarde pai'a 



NOTICIAS AUTÉNTICAS DEL FAMOSO RÍO MARAÑÓN. 8» 

Cauto bien en la conversión de este gentilismo. De Xéberos 16 de 
abril de 1638. — Siervo de Y. R., Lucas de la Cuevaí^, Hasta 
aquí la carta. 

Emprendió el P. Lucas su excursión á las rancherías para 
reunirías en pueblo. Cada cacique quería que se hiciera 6a 
Ja suya. Decidieron por fín que fuese en una en que cayó el 
Padre enfermo sin poderse mover. Allí se alzaron primero 
tinas cien casas, y aunque á duras penas, se concluyeron des- 
pués las necesarias para toda la nación, que al fin se pobló 
allí. El P. Gaspar Cuxia los visitaba de cuando en cuando, 
como Superior, para animarlos y fomentar la obra; padeciendo 
uno y otro Padre los mismos trabajos sufridos en los viajes de 
reducción. El Diablo, por sus mohanes y hechiceros de Xébe- 
ros, trató de deshacer la obra de los justos, cuyo fin era entre^ 
garlos a] espanto; cuando veia rezar y santiguarse al Padre, 
decía que con aquellas señales llamaba desde sus tierras á los 
españoles. Decidieron volver á sus montaraces escondrijos; 
pero antes se lo avisaron al Padre, el cual les dijo que tenían 
razón de hacerlo si temían y y que el iría con ellos á donde 
fuesen para protegerlos. Este ardid los aplacó y no se fueron. 
Otra vez, en una ausencia del Padre, habiendo entendido que 
querían sacarle de la misión, fueron hasta Borja á pedir que 
no se fuera, con tales ahíncos, que hasta el general se enter- 
neció y alegró de ver que en los Padres estaba el sosteni- 
miento y prosperidad de su gobierno. Llegó la reducion de 
Xéberos á ser la más linda en policía y cristiandad de aque- 
llas montañas, sirviendo de ejemplar á las demás. Por esta 
causa, á los que de nuevo se .fundan se les propone que se 
han de poblar y ser como los Xéberos, tomándolos por idea de 
sus pueblos, iglesia y doctrina. El P. Cueva fué el más asis- 
tente obrero en esta misión, y el que más trabajos de todo 
género, hasta peligro de muerte, sufrió por ella. Esta gente, 
aunque perciba, no conserva la fe sino con la asistencia con- 
tinua. Y es tal su calidad, que teniendo Padre que les asista, 
se pueblan, moran en sus puestos y pueblos y obran lo que les 
importa; pero en faltándoles el Padre, se desparraman como 
ganado sin pastor, por la natural inclinación que tienen á 



996 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

paseos largos y á sus ladroneras antiguas y modo de vivir 
distantes unos de otros, y á sus barbaridades, que las vuelven 
á ejercitar fácilmente en viéndose sin quien les corrija y mire. 
Esta plaga, general calidad de estos desdichados, la han tenido 
los Xéberos, pues cuatro ó cinco veces que al Padre le ha sido 
forzoso hacer ausencia á Quito, Lima y otras partes, por nego- 
cios de la misión, los ha conquistado de nuevo y reducido á 
sus pueblos y buenos estilos (1). 

Esta reducion y sus anejos estuvo unos cinco años sin 
que se tratase de bautizar toda la gente, sino á solos niños 
y moribundos, hasta que estuvo bien poblada y dispuesta. 
Pedian ellos el bautismo, diciendo (quizá por lo que en Moyo* 
bamba los motejaban) que estaban como caballos ¿que cuándo- 
los hacían cristianos? Las enseñanzas principales que le» 
hacia el P. Lucas era el respeto y reverencia con que habiao 
de entrar á oir misa, cómo habían de tomar el agua bendita 
cuando entrasen 6 saliesen de la iglesia, con otros ritos qu& 
debían observar como ya cristianos. Todo iba bien, cuando el 
Demonio levantó otro torbellino, inspirando al curaca de los 
Xéberos que el Padre les ponía nombres y los escribía en el 
libro para entregarlos á los españoles, señalando los que á cada 
español habían de servir, diciendo: este y este son para tal espa^ 
ñol^ aquel y aquel para el otro y etc. Hablaban entre sí coa 
gran misterio estas pláticas, con las cuales encadenaban que 
también era mucho trabajo cargar maderas tan grandes y pesa* 
das para la iglesia y casa del Padre, etc. Sobre estas y otras 
razones echaron el sello cinco Mainas, que por ese tiempo 
aportaron á Xéberos^ sembrando algunas novedades. Uno de 
ellos, llamado Muchupete, que sabia la lengua xébera por 
haberse criado entre ellos, les dijo: €los españoles de Borja 
están ya puestos en arma para venir y hacer castigo en los 
Xéberos; han de ahorcar á N. y á N., caciques, y á los viejos, 
porque en tiempo antiguo fueron matadores de Mainas y con- 
sumido el ayllu de los Curilibas y de los Achipaures, indios 



(1) Todo este párrafo es extracto no copia del texto del P. Figueroa. 



NOTICIAS AUTÉNTICAS DEL FAMOSO RÍO MaRAÑÓN. 397 

del gobernador; y á los mozos han de desnarigar, y última- 
mente los han de sacar á todos y llevarlos á la Gran Cocama, 
donde habrán de perecer, y los que quedaren acabarán en las 
tarazanas de Borja. Así que ¿qué aguardaban y por qué no se 
huían? Que huidos ellos, también los Mainas deseaban alzar- 
se, y no lo hacían, porque los españoles se valían y reforzaban 
con los Xéberos para buscarlos, como lo habían hecho en el 
castigo, cuando se levantaron, y que, faltándoles los Xéberos, 
no tendrían gente de quien valerse.» Para acabarse de rematar, 
sucedió que por ese tiempo se levantó una tempestad de true- 
nos y relámpagos que iba de las parles de Borja, indicio, en 
estas gentes, de guerra, con que lo dieron todo por infalible. 
Andaban en estos discursos y pláticas y el Padre nada sabia, 
cuando una noche, á la mitad de ella, media hora después de 
recogido el Padra, levántase de repente un loco alboroto en el 
pueblo y comienzan á huir deshaylados (sic) unos por una 
parte y otros por otra, tan sin concierto ni prevención, como 
«i de improviso hubiera dado sobre ellos un ejército de ene- 
migos, dejándose sus alhajas, hachas, cuchillos, sabandijas 
{que estiman en mucho los que crian), y aun á sus mismos 
hijos olvidados. Avisan al Padre; «¡Padre, Padre, la tierra se 
levanta y amotina la gente.» Levantóse armándose cojq la 
«eñal de la cruz. Salió á esperar el golpe y ver lo que era. Diér 
ronle noticia de lo que pasaba, y pasó toda la noche esperando 
á ver si lo venían á matar. Por la mañana vio su pueblo casi 
todo despoblado, y á pocos días lo quedó del todo, porque se 
fueron todos, quedando el Padre solo con un muchacho casado 
que había criado y le fué siempre fiel, llamado Lucas, y un 
mozo de Moyobamba, que le sirvieron de consuelo y algún 
alivio para que no muriese con los achaques que en esta 
ocasión se le recrecieron. Ofreciéndose el Padre al riesgo, 
fué en seguimiento de los fugitivos á una laguna y quebrada 
donde se embarcaban, por ver si los podía desengañar y sedu- 
cir con razones. Fué inútil, y al tercero día se volvió por otro 
camino, cargando el hato él y tres indios que se habían que- 
dado. En el tiempo que estuvo ausente entraron algunas veces 
algunos indios, que serian de los de más mala intención, con 



906 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

armas, á buscarle en su casa, y por haberse vuelto por otra 
camino, no se encontró con los que le buscaban. 

Estuvo muchos dias en este desamparo, albergado en el 
soberado de la casa, por que no le cogiesen dormido con faci- 
lidad, en que cayó enfermo gravemente , sin tener persona 
con quien ponerse en camino, ni modo, aunque la hubiera, 
por falta de canoas, que las habían llevado los fugitivos, y de* 
quienes se consideraba rodeado y cercado por todas partes y 
caminos; por la misma causa no tenia con quien enviar á 
avisar á la ciudad, para que le socorriesen; hasta que asoma* 
ron por el puebla dos viejos que F.e criaron con los Xéberos^ 
aunque eran de diferente nación , habidos en tiempos pasados 
por cautivos en sus guerrillas. Con éstos, ofreciéndoles buena 
paga, se animó el Padre á escribir un papel á cualquier espa- 
ñol que encontrasen. Pusiéronse los dos viejos en camino, y 
por serlo, no podían bogar ni andar á prisa, como el negocio 
lo pedia, sino que se tardaron quince ó veinte dias para llegar, 
no á la ciudad, sino á poco más de la mitad del camino, á una 
laguna á la boca del rio Potro, donde á la sazón estaba el 
teniente general, que habia bajado de la ciudad á una pesca, 
para la cual tenian por convidado al P. Gaspar de Guxia con 
algunos soldados vecinos de ella. Visto el papel y lastimados 
del suceso y de lo que el P. Lucas de la Cueva padecía, con la 
gente que tenian presente y enviando á Borja por más solda- 
dos que después les siguiesen, se pusieron en camino para 
Xéberos por un varadero ó travesía, varando algo más de dos 
leguas las canoas; por ser camino más breve. Estaba el P. Lu- 
cas enfermo en la cama y soberado alto, donde digo se habia 
guarecido porque no intentase algún indio alguna barbaridad 
fácilmente; en su compañía el muchacho Lucas atalayando de 
continuo por una ventana y mirando hacia el camino que va 
de los Maínas, á ver si parecía alguna persona. Estaban dudo* 
sos entre esperanzas y recelos del despacho de los dos viejos, 
con bastante fundamento de que no habrían proseguido su 
viaje, cuando un día, estando el muchacho mirando al cami- 
no, alegre de lo que veía dice: cPadre, Mainas, Viracochas». 
Los cuales iban saliendo á la deshilada todos de la ceja de la 



NOTICIAS AUTÉNTICAS DEL FAMOSO RÍO MAR ANÓN. 899 

montaña y árboles á lo descombrado del pueblo. Dispara- 
ron algunos arcabuces, costumbre que tienen los españoles 
cuando entran es estos pueblos de indios. El P. Lucas, con 
el alborozo, cobró alientos y los tuvo para levantarse y salir 
á recibirlos, bajando de su guarida. Duráronle poco, porque 
á una hora que duraroa las salutaciones, abrazos y lágri- 
mas, volvió á caer, y prosiguiendo el achaque, llegó á estar 
sacramentado, sin poder pasar sustento alguno ni habia cosa 
más á propósito que darle sino unos granos de maiz que 
cocidos enteros, le ponían en la boca. Fué Dios servido de 
que mejorase para que con el discurso del tiempo trabajase 
más y padeciera otros semejantes en orden al fomento de estas 
misiones. 

Poco después de esta mejoría, comenzaron á volverse los 
fugitivos bien castig:ados y azotados de los mosquitos y hambre 
que padecían fuera de sus casas, en especial las mujeres, y con 
un bando que echó el teniente general de que á todos los que 
hallase fuera de sus pueblos les habia de llevar á Borja á que 
sirviesen á los españoles, se redujeron, excepto algunos que se 
hablan retirado á varias partes y á la Gocama de Ucayali, que 
también volvieron á sus tierras cuando se pacificó aquella 
provincia. También se redujeron los Paranapuras y los Coca- 
millas, que todos se habian metido y entrado en estas revuel- 
tas y alborotos. Buscaban los españoles por los rios y retiradas 
álos recios (sic, reacios) y rebeldes que no trataban de irse 
á sus pueblos, ejecutando lo que en el bando se les habia 
amenazado. Pero finalmente, en lo que vino á parar todo, fué 
en que todos se fueron á vivir en sus pueblos sin que quedase 
alguno en Borja ni en otra parte. Una carta dejaba escrita el 
P. Lucas de la Cueva, en que daba razón al Padre Superior, 
á lo largo, de este suceso, de las personas y circunstancias. 
De ella me ha parecido trasladar un capitulo, porque dice el 
aprieto y ánimo con que se hallaba y porque toca muchos 
de los puntos que refiero con este Informe. Habiendo dicho 
los motivos que tuvieron los Xéberos para su alzamiento y 
fuga, de que hice mención arriba, dice: 

€No dudo sino que fue motivo éste grande; pero lo que yo 



400 BOLETÍN DE LA. SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

»digo 7 con gran fundamento imagino, es, que les levantó el 
«mismo Demonio, haciéndoles duro é insoportable el yugo 
•suave de nuestra Santa Ley. Sintió, sin duda, este enemigo mu- 
»cho el ver levantada en estos Hyermos (sic) y oficinas de su 
•maleza una iglesia la más hermosa que se ha hecho en mon- 
•tañas y que pudiera parecer bien donde quiera. Sintió más 
•el ver bautizadas en ocho dias 250 almas. Sintió mucho el ver 
•esta plaza asistida de gente en unas procesiones en que se can- 
•taba, la dotrina y catecismo en altas voces; y asi rabió y se 
•exasperó, persuadió é instó con rabia infernal á estos pobres, 
•pegándoles hastío á la ley que se les enseñaba. Gomo ellos 
•han vivido tan á rienda suelta en sus anchuras, persuadió- 
•ronse fácilmente. Decirles, Padre mió, á éstos han de acudir 
•á dotrina, han de oir misa las fiestas, han de tener sola una 
>»muger, no han de repudiar cada dia á la que lo es legítima, 
•que no han de matar ni bailar cabezas, ni comer los hígados 
•y corazones de los que matan, con los demás preceptos do 
•nuestra Santa Ley, durus est hic sermo. Querer quitarles que la 
•mtto de las tortugas (1) no salgan y la gasten en los arenales 



(1) MiUt (vez tanda, turno en quichua) de las tortugas es el tiempo que cada 
año, en la época del desove de las charapas y charapillas 6 tarieayasae tomaban los 
indios ó tenian que concederles sus misioneros, para mudarse á las riberas expla- 
yadas y arenosas donde dichos quelonios acuden en número incalculable á cum- 
plir aquel acto de la reproducción de su especie. En ellas se establecen los mita^ 
yos por grupos al abrigo de ligeras ramadas y pasan alegres días buscando los 
nidos ocultos bajo la arena, extrayendo la manteca de los huevos, que pisan en 
las canoas, como la uva en los lagares, para que suelten el exquisito aceite en 
que abunda la yema y pueda recogerse, cuando sobrenada, con pilches ó cascos de 
totumo^ y comiendo á saciedad (y saciedad indiana) de la sabrosa y suculenta 
carne de las hembras; de las cuales apartan y reservan las que al fln de la mita 
han de conducir de regreso á sus pueblos, para surtir las charaperas ó cochas 
acorraladas, especie de piscinas ó viveros salvajes, una de las raras despensas 
que hacen excepción á la ingénita incuria y natural indolencia de aquellas 
gentes. 

Su periódica emigración á las playas de sus ríos , así en el Amazonas y los que 
le tributan, como en las cuencas fluviales del Orinoco y Magdalena, á caza de 
tortugas, obedece á un instinto tan irresistible como el de los mamíferos, pájaros 
7 otros animales que viajan de Oriente á Occidente ó viceversa á través de las 
selvas espesísimas que aquellos bañan, en busca de los frutos de su alimento, 
agotados ya en una zona y próximos á su madurez en la inmediata; y gracias á 
^ta fenómeno puramente zoológico, puede observarse á veces otro etnográñco de 



NOTICIAS AUTÉNTICAS DEL FAMOSO RÍO MARAÑÓN. 401 

»del Marañon, Pastasa, Guallaga; que la mita de los zapotes 
»no la gasten en los montes, y asi las demás mitas y tempo-^ 
iradas que les meten en sus anchuras, es quererse oponer á 
»las más furiosas corrientes; y asi digo, que aunque estas 
icosas no se les habia.dado á entender con fuerza ni castigo, 
•porque no era tiempo, sola su simple proposición les pareció 
»tan recia, que les obligó á atropellar con toda consideración 
»y hacer una tan bárbara fuga como he dicho, sin reparar en 
«dejarme á perecer en estos desiertos y en querer matarme 
»los mesmos á quienes habia favorecido con tantas ventajas, 
• pues, arrastrándome y muñéndome, anduve mas de 50 leguas 
•de tierra á pié, sin las del rio, por ir á Moyobamba, atra ve- 
rsando los cerros y cordilleras de aquel tan áspero camino á 
•que ellos mesmos tienen horror, y sacarles de entre los tornos 
•de aquellos ciudadanos los hijos y mujeres que les hablan 
•cautivado, sin dejar una sola pieza. No esto ni el estar hecho 



más curiosidad: que durante el desove de laa charapas vivan vecinos y en buenas 
relaciones internacionales tribus y castas que se odian á muerte, pero que depo- 
nen sus rencores y olvidan sus deudas sangrientas mientras comen á costa da 
un tercero que no ha de reclamarles daños y perjuicios. Resultado también, aun- 
que indirecto, de aquella natural inclinación, es posibilitar las contingencias de 
que el viajero estudioso vea , coinunique y conozca naciones que habitan en lo 
interior de los bosques y remotísimas de los ríos, en cuyos arenales no parecen 
sino con las charapas. 

Por consiguiente, nada más disculpable (y asi lo entendieron los sagaces misio« 
ñeros jesuítas) que esa pasión de los tiernos neófitos de Mainas por la mita de las 
tortugas^ ocasión para ellos de trocar por nutritivo y abundante sustento y por la 
vida ancha, libre, fácil, tan propia de su genio, con que sin condiciones les rega- 
laba la Naturaleza, la dieta irregular y sobria de sus reducciones cristianas y la 
mecánica frecuencia del Pater noster^ del Áw María y otras oraciones, en cuyo 
piadoso ejercicio hubieran podido reemplazarles los loros y papagayos que dejaban 
en sus viviendas. 

Las tortugas ñuviátiles del Amaionas suplen aun hoy día (para mi gusto ven- 
tajosamente) la vaca y el carnero de nuestras tablajerías. Al acercarse los vapo-. 
res de las lineas peruana y brasilera á las recaladas de su itinerario, lo primero 
que ven los pasajeros es, á una parte, largas hacinas ó rimeros de zoquetes de 
leña destinados á alimentar los fogones de piróscafo; á otra, en la playa más 
próxima al desembarcadero, unas cuantas docenas de charapas con el peto 'hacia 
arriba y pataleando inútilmente, hasta que llega el despensero y las libra de aquel 
martirio, conduciéndolas á bordo para que presten su sustancia á los platos fun-. 
•damentales de la característica vianda de aquella navegación. Por 16 menos, esto*. 
sucedía cuando yo bajé de Tabatinga al Para el año 1865. - ' - i^ 



408 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGIUFIGA. 

»su defensor y tributario , pues en tierra donde , como V. R* 
•sabe, se padece tanta nervosidad, que he llegado á veces d 
>Io último de sola hambre, sustentándome, por gran regalo, 
>de sus raices desabridas, ratones y las demás inmundicias, 
Bcon toda esta necesidad he partido con ellos de la limosna 
ique Y. R. y los de Borja me han hecho, y aun tenia enta- 
»blado darles limosna esta semana á los más pobres, yéndolen 
ȇ curar personalmente en su enfermedad. Nada les fue estorba 
»para no sacar á plaza su fiereza, tratar unos de matarme y 
•otros de atarme, y si esto no lo han ejecutado, veo no es falta 
»de voluntad la suya, sino gran misericordia de Dios en que- 
•rerme dejar disponer y enmendarme de mi tibia y relajada 
•vida. Nada, como digo, les estorbó ejecutar tanta maldad 
•y, antes de ejecutarla, buscar otros medios, como apartarse 
•de la sujeción evangélica, pues unos fueron á buscar la Cam- 
itpana del Supay (1), para bebería é irse á vivir debajo de 
•las aguas á pasar buena vida como sus parientes, dicen, lo 
•hicieron; pues una de sus poblaciones se tornó laguna, á 
•donde se hundieron sus habitadores á vivir con gusto debajo 
•de las aguas, por haber bebido dicha yerba de la campana (2). 
•Otros fueron á bañarse con aguas de yerbas y cachas (3), para 
•no ser vistos ni descubiertos de cristianos; y al indio Guamce, 
•en una de estas estaciones se lo llevó el Demonio, no dejando 
•otro rastro de él sino sus pisadas^ á los principios de hombre» 
•más adelante de niño y luego se formaron de tigre. Estos son 
•los medios que estos bárbaros han tomado para huir, como 
•he dicho, del yugo de nuestra santa fé; este es el estado ex> 
•que está la tierra, sin un Xébero solo en toda ella. Yo, Padre- 
»mio, ya ve Y. R. el que tendré de tanto trabajo, sobresaltos y 
•aflicion, cada hora esperando al enemigo, sin menearse una 



(1) Campana del Diablo; floripondio. 

(2) En el Hombre blanco jr signo de la Crut^ etc. íCongris International der 
Ámtricanittee.^ Compie rendu de la troisiéme seasion.— Bruzelles, 18^39: 1. 1, pá- 
ginas 589-9Í), hay un pasi^e que ae refiere á etta laguna, tomado de la Historia de 
las reducciones de Miainas^ escrita por el P. Carlos Brentano, con el titulo de Lopo^ 
leri Amaumici, 

(8) Kacha, hierba seca comestible. 



NOTICIAS AUTÉNTICAS DEL FAMOSO RfO MARAÑÓN. 40a 

jimata ó el más mínimo ruido, que no entienda está ya sobre 
»mí, aguardando á cada hora el golpe de su Divina Magestad 
i¡Hágase, hágase su Santísima voluntad! El medio que la 
Aprudencia humana parece dicta en esta ocasión, es )a fuga 
»y retiro de la tierra; cierra á esta resolución la puerta el 
ihallarme aislado por todos caminos; estóilo para Borja, por 
>estar 80 leguas de navegación y no tener ni quien me bogue 
»ni canoa en que poder entrar, por haberme hurtado cuatro 
>Ios amotinados; si quiero tirar á Moyobamba, son 60 leguas, 
ipor tierra con ásperas cordilleras que me lo imposibilitan,, 
fia mas de no tener canoa en que navegar á Paranapura y 
>Rio de la Sal; á más de que el dicho rio Paranapura y Apena 
«están hirviendo de enemigos, porque los rebeldes, unos 
stiran hacia Aunaras y Cocamas, otros hacia Paranapuras, 
iNovambis y Chayavitas; y cuando estas dificultades se alla- 
maran, me estorba ya totalmente mi falta de salud, que tan- 
itos trabajos atrasados, tantas hambres, tantas mojaduras y 
«ciénagas hasta la cintura, tantos sustos y sobresaltos me 
«tienen tan consumido y acabado, que apenas puedo ya tener- 
•me en pié para decir misa, en la cual hasta ahora no he 
«faltado, si bien muy breve, á solas, por tener al muchacho 
«por espia para ser avisado si biene el ática (1). Este es, 
, «Padre mió, el suceso de la tierra, sus rebeliones, inquietu- 
«des, causas de ellos y sus autores. Queda este papel encima 
«del ayiinal de la iglesia, para que, si después de mis dias so 
«vinieren por acá, se sepa la verdad, que será fácil de hallar, 
«por el rótulo que dejo escrito en el mesmo aytinal. Yo, Padre 
«de mi alma, espero cada dia acabar en manos destos indios^ 
«y cuando no de ellos, porque con mi falta de salud voy muy 
^apriesa desfalleciendo, consumiéndome' y acabándome. Lo 
«que con todo el afecto de mi corazón y en reverencia de la 
»Pasion acerbísima y sangre preciosísima de N.® S.'' Jesu- 
«cristo, pido á V. R. y á mi Padre Francisco, es, que aunque yo- 
«muera á manos de estos bárbaros, YV. RR. no los dejen ni 
«se ausenten de ellos ni triunfe Satanás después; el que yo- 

(1) Enemigo, traidor. 



404 boletín de la SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

•muera será para mejor y más aumento y acrecentamiento. 
•También les pido encarecidamente sepan luego los nuestros 
•de mi muerte, para que sea ayudado con sus santos sacrifl- 
»cios y oraciones, según nuestra santa Gompañia lo ordena. 
•Guarde Dios á W. RR., Padres mios. En la Limpia Concep- 
•cion de Xéberos á 9 de octubre de 1643. — Lucas de la Cueva.» 

Este es el capítulo de mi referencia. El indio llamado Guam- 
«e, que dice se lo llevó el Diablo, pareció al cabo de mucho 
tiempo, refiriendo las estaciones por donde el Espíritu maligno 
le habia llevado. Probablemente se puede creer todo. 

Volvieron, como dije arriba, los fugitivos, y porque no que- 
dasen sin castigo de la justicia, el teniente general de Borja 
lo hizo, si bien los que lo merecían de muerte, pareció por 
entonces y oslar las misiones tan tiernas en sus principios, 
que bastaba para su corrección y aviso, dárselas á tragar en 
las horcas, intercediendo los Padres para librarlos. Y han 
quedado con tanto temor, que hasta hoy tiemblan de sólo 
haber visto las horcas en la plaza de Xéberos y del paseo con 
que los sacaron hasta las escaleras, y agradecidos á los Padres, 
en especial .il Padt*e Gaspar de Guxia, quien les asistía y dis- 
ponía á los sentenciados cómo para morir, y con prudentes 
trazas y ruegos dispuso también el que les perdonasen las 
vidas, de que perseveran reconocidos. 

Después de estos lances han quedado los Xéberos tan asen- 
tados, que se han dotrinado y domesticado tan bien como dije 
arriba, y son los má» fieles para los españoles y Padres, sir- 
viéndoles con fidelidad en las armadas y descubrimientos que 
se hacen para pacificar nuevas naciones y reducirlas ai Santo 
Evangelio, y están por particular merced reservados de visita 
y tributo, dedicados solamente á las cosas de guerra y serví-*, 
tío de los Padres en lo tocante á reducciones y descubrimien- 
tos. Entran en este privilegio los Cocamas de Guallaga y los 
Paranapuras; conque no sólo se les ha seguido provecho para 
sus almas y su salvación, sino para las de otras naciones, á quo 
ayudan y concurren, como dicho es, con fdicidad [fidelidad?] 
y sujeción ; y son como frontera que tiene la ciudad para su 
resguardo y de los Padres, para que otras gentes no se atrevan 



NOTICIAS AUTÉNTICAS DEL FAMOSO RÍO MARAÑÓN. 405 

á intentar alzamientos y barbaridades, porque ven que tienen 
los españoles gente fiel de quien valerse cuando los intenten. 
Hanse entablado en policia y doctrina muy bien; y siendo 
asi que en tiempos pasados andaban desnudos, las mujeres 
con sólo una pampapanilla que les cubria de la cintura para 
abajo, los varones á lo más con un capuz ó saco como costal 
largo abiertas ambas cabeceras, en que metidos y encostala- 
dos, lo colgabau desde los hombros, cubriéndoles el cuerpo^ 
dejaban el pecho y vientre descubiertos, no avergonzándose 
cuando les daba la gana de andar desnudos en cueros (1). Este 
traje es común en las naciones que se han descubierto de 
aquellas que usan vestirse, que todas lo usan y también el 
andar desnudos en cueros cuando se les antoja; y más común 
el cordelillo, que les da vuelta al cuerpo, atado por bajo de la 
cintura, en que añrman las partes indecentes, por evitar en 
algo la demasiada inmodestia; de este cordel usan y no lo 
dejan aunque están ya vestidos con camisolas y calzones (2). 
Ahora lo están los Xéberos al uso de los indios del Perú, y no 
con malas galas, asi de las que tejen y pintan de algodón^ 
como de las que han adquirido las veces que han salido á 
Quito, y otras de Moyobamba. Saben rezar todos, excepto los 
muy viejos. Oyen misa los domingos y fiestas de guardar y 
muchos todos los dias, por su devoción. Rezan en los palios de 
sus casas todas las oraciones de noche en voz alta, que es de 
sumo consuelo oir tantos y tan buenos coros al tiempo que 
tocan las Ánimas (3). A los niños y mozos se les reza en la 
iglesia con mucha puntualidad todos los dias, por la mañana 
en la lengua del inga, y á la tarde en la materna, en que 
también se les dice el catecismo. Los niiércoles, viernes y 
domingos hay doctrina general para todos. Los domingos por 
la tarde no so les llama á doctrina, y les sirve como asueto á 



(1) Así, interrumpido el inciso. 

(2) Como que su objeto no es rendir un tributo, aunque ligrero, á la honesti- 
dad, sino suspender las partes genitales, euyo peso ó balumba, cuando cuelgan, 
les incomoda en las marchas, cacerías y otros ejercicios montaraces. / 

(8) Esta costumbre dura en los indios del Ñapo. 



406 boletín de la SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

los niños. Para los aprendices hay maestros, varones para los 
varones 7 mujeres para las mujeres, divididos en clases, en 
que, después de haber rezado en la doctrina, so les enseña 
á unos el Pater noster^ á otros el Ave María y á otros el 
Credo, etc., y pasan de unos á otros conforme han apren- 
dido, tomándolos á sus tiempos el Padre cuenta de todo, corri- 
giendo y castigando á los descuidados. Tienen sermón y plá- 
tica todos los domingos y fiestas principiles. La Cuaresma 
confiesan y los que son más capaces comulgan.- La confesión 
la hacen preparándose para ella con atención, silencio y retiro 
y buena distinción de especies y número de los pecados. 
In articulo mortis se les da á todos la sagrada comunión por 
viático, y á muchos entre año, que en algunas fiestas comul- 
gan por su devoción. 

Celebran fiestas del año, la de su titular de la Limpia Cpn- 
cepcion de Nuestra Señora y la del Corpus, ambas con proce- 
siones, danzas, flautas y otros festines y adornos, añadiendo 
á la del Corpus los de los altares y castillos hechos de flores y 
ramos, frutas y pájaros y otros anímales, y las calles enrama- 
das con arcos de palmas. 

La Cuaresma, fuera de las procesiones de doctrina, que 
hay y se hacen cada semana una vez, tienen la de el Viernes 
Santo, á que todos acuden, unos con cruces cargados, otros 
azotándose y haciendo varias penitencias y los demás con 
luces de cera negra, y los que no la alcanzan, las llevan de 
copal, sin que quede alguna persona que no Heve luz, puestas 
todas en orden de dos hileras. La Pascua de Resurrección la 
celebran con procesiones y las mismas luces, danzas y regoci- 
jos, etc. Causa edificación y consuelo ver solemnizar estas 
fiestas y obras de cristianos en medio de estas montañas, 
donde en tiempos pasados no se veían sino fiestas y bailes con 
abundantes bebidas á las cabezas de los (]ue entre guerrillas y 
malocos mataban de otras naciones, en que era extremada esta 
de Xéberos, más señalada que otras en semejantes matanzas, 
destruyendo varias provincias de este contorno del Marañen; 
y habiendo sido seminario do crueles barbaridades, hoy lo es 
de doctrina cristiana y sirve de ejemplar y ayuda para que 



NOTIGíAS AUTÉNTICAS DEL FAMOSO RÍO MARAÑÓN. 40f7 

Otras se reduzcan y se hagan cristianas; y habiendo vivido tan 
á su voluntad y ñeras costumbres, al presente están en suma 
sujeción, que aun para sus paseos en tiempo de tortugas, 
frutas, pescas y otras cosas necesarias á su sustento, piden al * 
Padre licencia, quien les señala los dias que han de tardar, 
porque no falten muclio de sus casas. También la piden para 
sus bebidas, que son de ordinario los domingos y no pasan de 
la hora en que les tocan las Aves Manas. Con que se evitan 
casi del todo las embriagueces, asi porque no excedan dema* 
siado en sus bebidas, sino porque las que usan no son fuertes 
y se destetan y crian con ellas, sirviéndoles de sustento ordi* 
nario, con que no les hacen tanta impresión como álos que no 
están acostumbrados. Rarísima vez, ó casi nunca, se ve un 
Xébcro caido y perdido el juicio con embriaguez. 

La iglesia que tienen fabricada es famosa y vistosa, no 
tanto por lo subido de sus materiales^ riqueza y primor del 
arte en sus pinturas, como por la curiosidad, limpieza y aseo 
con que está en su altar y ornamentos y en las pinturas, que 
son de colorado sobre blanco, las cuales renuevan cada sema- 
na personas que hay diputadas por esto, quitando cualquier 
mancha que se haya hecho y enluciendo cualquier parte que 
se haya deslustrado; con que por esta causa siempre parece 
nueva y siempre agradable. Hase conservado hermosa, tan 
vistosa y de tanta devoción, que apenas se hallan epítetos de 
excelencia con que no la califíquen, diciendo unos es el ünico 
consuelo en estas partes tan remotas y retiradas; otros el 
relicario de estas montañas y arcabucos; y todos que pudiera 
parecer en las ciudades mayores, más populosas y de más 
aventajados templos; y loque generalmente se reconoce es, 
que cuantos entran en ella se hallan movidos á devoción y 
ternura; con que noticiosos, por lo mucho que han oido, mu- 
chas personas de partes muy distantes han enviado para con- 
currir á su adorno y se halla enriquecida de algunos ornamen- 
tos costosos de tela, lama y otras sedas, y do candeleros y 
vasos por el culto divino y otras cosas de plata y muy lind;is 
campanas. En el aliar esta colocada una hermosísima imagen 
de escultura de la Limpia Concepción de Nuestr^^ Señora, que 



408 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

envío el P. Alonso de Rojas desde Quito, diciendo que la 
enviaba en su lugar, ya que personalmente por su imposibili- 
dad no podia venir á la misión. Está puesta en un vistoso 
nicho con su^ cartelas embutidas de conchas y salpicadas de 
oro batido. Debajo de él un sagrario en forma de águila, con 
el mismo adorno de conchas y oro. Ambas piezas dan mucha 
hermosura al altar de la iglesia. 

Tiene esta reducción tres anejos, de adonde acuden á ella 
la gente los domingos y fiestas á oir misa, doctrina y sermón. 
Son el de San Pablo de los Pambadeques (que también llaman 
Guallaga); el de Santo Tomé de los Gutinanas, y el de San 
Josef de los Ataguates, todos con sus iglesias y campanas, 
donde rezan y dice misa el Padre cuando va á sacramentar á 
alguno. Por todos llegan á 800 personas, rebaja á que les han 
traido las repetidas pestes, de mil y seiscientos que eran. 
Tienen también sus regidores, alcaldes y alguaciles, con cargo 
de que los ha de confirmar el teniente general de Borja; fuera 
de los fiscales, que con vigilancia cuidan de lo tocante á la 
doctrina y los nombra el Padre. Hay cárcel bien hecha, con su 
cepo, donde prenden y castigan á los delincuentes. Para todo 
los dirige la justicia de Borja y con más asistencia el Padre, 
porque, como bárbaros, no yerren en lo que con justicia pue- 
den hacer. 

Por imposición del gobierno de Borja hacen de comunidad 
sementeras y chacras de yucas, plátanos, maiz, barbasco, 
algún algodón para vestirse, casas de vivienda y otras cosas 
necesarias de vivir, en lugar del estipendio que deben pagar 
para el sustento del Padre que los doctrina. En tierras tan 
pobres y desvalidas no hay otro modo para sustentarse ni se 
hallara por dinero, que no corre ni hay en ellas. No ayuda 
poco para el sustento, el haber dispuesto la justicia que cada 
semana acudan los indios que llaman mitayos á buscar algo 
en los montes y quebrados y cada día lo traigan al Padre. Asi 
lo hacen, trayendo ya el mono, ya el papagayo y otros pájaros 
y animales, 6 el pescado, palmitos y varias cosas de montería 
y frutas que se hallan en los bosques y quebrados. Esta traza 
se estima en mucho, por ser socorro cuotidiano en tierras 



NOTICIAS AUTÉNTICAS DEL FAMOSO RÍO MARAÑÓN. 400 

donde se halla muy mal para cada dia, si no es por este 
medio; porque, aunque es verdad que hay algunas veces en 
abundancia, esta se acaba ó se pudre en breve. Van á una 
pesca y echan el barbasco en una laguna ó quebrada, y cogen 
en tan la cantidad el pescado, que no pudiendo todo beneficiarlo 
salándolo, dejan mucho podrido y perdido; vuelven á sus 
casas con el que han beneficiado, y á pocos meses se les acaba 
todo ó daña y entran en nueva necesidad. Así pasa en otras 
cosas, con que la penuria es más cuotidiana que la abundan- 
cia. Las mismas tierras, en sus sembrados, si dan copiosamente ' 
sus frutos, á las segundas siembras amainan, y ios frutos que 
se cogen en las cosechas, á pocos meses se corrompen ó se 
acaban. Por esta causa usan mudar las sementeras en nuevas 
tierras, tomando el trabajo de limpiar y desmontar la espe- 
sura de montaña brava y su grande arboleda, dejando, las 
que una vez sembraron, por muchos años, porque quedan 
cansadas y sin vigor, hasta que crie nuevo monte, y se valen 
de frutas de estos bosques y de trazas y diligencias porque 
no les falte el sustento. Los mismos altibajos que padecen 
las cosas propias de la tierra, se hallan con más razón en 
las que se meten de fuera, pan, queso, vestuario y otras de 
que, cuando hay comodidad (que es raras veces), entra can- 
tidad; pero en acabarse presto y podrirse van á la par por la 
misma causa que las de por acá, que es lo cálido, húmedo y 
destemplado de la tierra. Aun el ganado vacuno padece seme- 
jantes menguas. Hanse metido de las partes de Jaén algunas 
cabezas á estas montañas y ciudades de Santiago y Borja; 
pocos, porque no hay pajonales en que se crien. A esta reduc- 
ción de Xéberos se metieron con mucho trabajo y venciendo 
dificultades de sus malas entradas é incomodidades de las em- 
barcaciones, dos terneras y un ternero; después algunos más, 
de modo que llegaron á 10 cabezas, para probar á ver si medra- 
ban en unos pajonales que en esta tierra arenisca de Xéberos 
se crian en las rozas viejas y duran algunos años, hasta que 
crece de nuevo el monte y arboleda. Este poco ganado, á los 
primeros dias engrosó tanto, que era exceso de gordura, según 
estaba de medrado. Los primeros partos no se lograban, y se 

27 



410 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

atribuye á la demasiada gordura de las madres, con que salían 
los becerrillos tan tiernos y delicados, que no podian tenerse 
en pié, sin poderse levantar á mamar, y así se morian. Des- 
pués comenzaron á lograrse y multiplicó el ganado hasta más 
de 100 de cabezas, de que se repartieron algunas á otras 
reducciones y se mataban para comer; hacíanse también 
quesos, que suplían la falta que de ellos hay en estas tierras, 
de cuyo suero sallan muy gustosos requesones. Eran hasta 75 
cabezas las que perseveraron en Xéberos; han descaecido de 
modo ahora, que no ha quedado la mitad, y prosigue con su 
mengua, muriéndose de flacas, fuera de algunas que han sido 
ayudadas á morirse con lanzadas y veneno de las cerbreCanas 
(sic), que algunos indios han intentado, hiriéndolas, por el 
daúo que reciben en sus sembrados 6 por sus antojos; y por la 
gran plaga de murciélagos que hay. 

Mediante estos indios se ha procurado solicitar otras na- 
ciones á que acudan coa fidelidad. Así lo hicieron con los Cu- 
linanas, que es uno de sus anejos. Trataron de irles á hablar 
dándose por parientes de ellos, en orden á traerlos á esta re- 
ducción de Xéberos, con licencia que tenian del justicia y del 
Padre; porque conviene que semejantes acciones no las hagan 
sin esas licencias y registros. Fueron caminando algunos dias 
por el Marañon abajo, y subiendo por una quebrada que de- 
sagua en él, con intérpretes, que tenian uno ó dos de la misma 
nación, hallándolos en sus tierras, les propusieron lo que pre- 
tendían en orden á la amistad, convidándoles á que se vinie 
sen á vivir en Xéberos. Quisieron los Guti nanas asegurarse 
más y enviar unas seis personas de los suyos á ver que tierra 
era la de los Xéberos. Así se volvieron por entonces con estos 
exploradores los Xéberos que hablan ido. Los dichos explorado- 
res, habiéndolo visto todo, satisfechos de tierras y gente, die- 
ron vuelta á las suyas con una tropa de Xéberos y el cacique 
que tenia á su cargo esta facción. Dijeron los Gutinanas á sus 
parientes mucho bien de las tierras y gentes de Xéberos, que 
era el suelo tieso y seco, dormían seguros y sin recelo do ene- 
migos. Gon estas nuevas, pénense en camino casi todos, chicos 
y grandes, que serian unas cien familias, cargando las comi- 



íNOTIGUS auténticas del famoso río MARAÑÓN. 411 

■ 
• 

das que pudieron, hasta llegar al punto donde habían dejado 
las canoas, que estaba distante de sus casas. Dispusieron la 
•cosa á lo bárbaro, porque faltando canoas para toda la gente, 
hubieron de enviar á Xéberos por ellas, tardando muchos días, 
por ser la navegación de rio arriba; mientras las traían, consu- 
mieron las comidas; con pocas de ellas se embarcaron y se pu- 
sieron en camino, con que por el trabajo y penuria llegaron 
al pueblo de Xéberos gandidos (1) de hambre, por haberles 
faltado el sustento, y enfermos muchos. Teníalos á todos el 
cacique xébero referido alojados en su casa y otras de su 
parcialidad; hacia lo que podia para que no les faltasen las 
comidas y bebidas, pero no alcanzaba para todos y tantos. 
El P. Lucas de la Cueva, viendo el aprieto y necesidad en 
que estaban , propuso en la iglesia á los demás del pueblo 
cuan bueno era usar de la caridad y socorrer á los necesitados, 
y que importaba hacerlo con los muchos huespedes que se 
veian en aprieto y á riesgo de perecer, por ser pocas las casas 
y gente que los sustentaba y no podia. Salen luego los indios 
do la iglesia y vánse á las casas donde estaban alojados los Cu- 
tinanas, y llévanse á las suyas, cual una familia, cual dos ó 
tres para regalarles y cuidar de ellos. Acerté á bajar esta oca- 
sión á Xéberos, y vi la tropa de Gutinanas repartidos por las 
casas de los del pueblo, los más tendidos y enfermos, donde 
les acudian con voluntad y agasajo pon las comidas y bebidas 
que hablan menester, mirando por ellos. Hallé ai Padre afli- 
gido con el suceso y tanto (sic) enfermo. Ayúdele á catequi- 
zar, bautizar, etc. Murieron muchos. Los que quedaron funda- 
ron el anejo referido. 

Esta reducción, desde sus principios y progresos, es obra 
del P. Lucas de la Cueva y fruto de su sudor, cuidado y dili- 
gencia. Lo más que he dicho de ella conviene á las otras; por- 
que, como he apuntado, ésta ha servido y sirve de ejemplar 
para todas; en las cuales se procura introducir lo que en esta 
está introducido, á que atienden los indios, para obrar en su 
tierra lo que ven en la de Xéberos*. Así se hace en los que se 

(1) Galdidos, en castellano de León; trantidoi. 



412 BOLETÍN OE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

van entablando, conforme á su capacidad y lugar que da el 
tiempo (1). 

El P. Lucas exhortó á los Xéberos á usar de caridad con los 
huéspedes, con que cada cual llevó á su casa la gente que pudo, 
para regalarla y cuidarla. No obstante esto, murieron muchos 
con el santo baptismo. Los que quedaron con vida, fundaron 
el pueblo anejo que dijimos [Santo Tomé de Gutinanas], el 
cual, después, como los demás, se agregó á la reducción prin- 
cipal. 

También cerca el año de 1665, en que sucedió el alzamiento 
de los Ucayales, de que se dirá en adelante, el curaca cutinana, 
habiendo encontrado á los Aguanaguas, trajo consigo al pue- 
blo un principal de aquella nación con buen trozo de gente 
deseosa de poblarse y traer tras sí todo lo restante de la nación . 

ADICIONES. 

Después de los escarmientos y lances que dijimos arriba, se 
han mostrado siempre los Xéberos muy fírmes y ñeles á los 
Padres y españoles, y por muchos años han sido el principal 
instrumento de los nuevos descubrimientos» conquistas y cas- 
tigos que se han hecho de otras naciones. En estos últimos 
años han reconocido de paz y agregado á su pueblo muchos 
Aúnales del rio del Tigre, y están actualmente previniéndose 
para hazer lo mismo con unos Gutinanas que recien se han 
descubierto entre los ríos Ghambira y Pasiaza, en las tierras 
inmediatas á los Urarinas. 

Discurro se les debe también á ellos y sus misioneros atri- 
buir la reducción de Ntra. Sra. de los Cahuapanas y Chon- 
chos^ situada en la ribera del rio Gahuapana en distancia de 
Xéberos tres dias de camino de montaña. En los papeles, así 
antiguos como modernos, no he hallado memoria (2) acerca 



(1) Hasta aquí el núm. 4 del Informe del P. Figueroa. Lo que e$te misionero no 
refiere y afiade el nuestro, es lo que sigue inmediatamente incluso las Adi- 
tioneti como ya tengo advertido. 

(2) CMa escribió antes. 



NOTICIAS AUTÉNTICAS DEL FAMOSO RÍO MARAÑON. 418 

él origea desta reducción. La tradición que corre entre algu- 
nos indios es que el P. Miguel de Silva dio principio á ella y 
juntó también á la de Xéberos los tres anejos arriba dichos. 
Lo que me consta de cierto es, que en los principios de este 
siglo, el P. Francisco Vidra doctrinó á dichos Gahuapanas por 
espacio de 14 años y recogió á más de 200 Ghonchos, que vi- 
vían dispersos por los montes y eran reliquias de una nación 
numerosa que consumieron con sus malocas los vecinos de 
Moyobamba. 

Hoy dia cuenta esta reducción 518 almas. Por relación de 
su misionero actual es gente muy pacífica, ni hay ejemplar 
de que hombre casado haya jamás maltratado de manos ó con 
palabra á la propria muger. 

La reducción de los Xéberos, que es hoy dia la más nume- 
rosa de toda la misión, cuenta 1.257 almas. Muchas más tu- 
viera si no hubiese también ella en varias ocasiones experi- 
mentado el rigor de la peste que ha consumido á otras reduc- 
ciones. Quien le dio mucho realce en este siglo ha sido el 
Y. P. Samuel Friz (sic), el cual asistió en esta reducción desde 
el año de 1714 hasta el de 725, en que murió. Fabricó casa é 
iglesia muy lucida; enriquecióla de alhajas de mucho precio; 
•doctrinó con particular cuidado á los indios é instruyóles en 
la policía y costumbres zpianas, por lo cual le veneran todos 
como á su segundo padre y se precian de tener las reliquias 
del cuerpo de este varón apostólico. 



8 III. 
Misión de los Guaüagas ó Cocamillas. 

Esta reducción tuvo sus principios de solos los Cocamillas, 
llamados asi, porque los naturales los nombraban Cocamas 
pequeños y Cocama la pequeña, á diferencia de la grande de 
Ucayali, de que después diré. Están en el rio de Guallaga ó 
Guariaa^ que en lengua maina quiere decir rio de hada 



414 BOLETÍN DE LA. SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

ahajo. Este es el de Guánuco de los Caballeros. Vivían cerca- 
nos unos de otros los Gocamillas, y cuando vinieron los pri- 
meros Padres á estas misiones , estaban á media paz con los 
Xéberos. Así los Padres les hablaban, visitaban y disponían 
para que fuesen doctrinados cuando hubiese sacerdote. En el 
alzamiento y fuga de los Xéberos, entraron á la parte y aun 
fueron los primeros que removieron la cosa, intentando matar 
á una escuadra de españoles y al teniente general, que por ese 
tiempo pasaban por sus tierras, según se vieron prevenciones, 
porque tenian garrotes ocultos y armas, de que avisados por 
un indio ñel los españoles, los cogieron con el hurto ó traición 
en las manos que pretendían cuando durmiesen. Mostráronla 
más claramente dejando al teniente desviado en el viaje que 
entonces hacía hacia Moyobamba, desamparándole todos los^ 
que de esta gente le bogaban y echándole las canoas rio abajo y 
andando en asechanzas por coger á los españoles en lance para 
poder ejecutar sus intentos. Finalmente, se huyeron todos, 
dejando su rio de Guallaga despoblado, y la mayor parte de 
ellos, con su cacique principal, se acogieron á la Gran Goca- 
ma, de donde después, cuando esta nación se dio de paz, se 
redujeron á sus tierras por solicitudes del P. Gaspar de Cuxía, 
que les negoció perdón de sus malos intentos y fuga, como se 
hizo en los Xéberos, en que en la misma Gocama puso el 
teniente general en aprieto á los principales, por amedrentar- 
los, y el Padre intercedió por ellos: traza de que se han valido, 
para que cobren los indios más amor á los Padres, viendo los 
libran y amparan con la justicia, y la continúan hasta ahora 
con sagacidad y cautela, porque no la entiendan los naturales; 
aunque ya no es con tanta liberalidad que no ahorquen algu- 
nos, porque han menester ver que el negocio va de veras con 
los delincuentes, disponiendo la cosa de modo, que ajusticiando 
á los más culpados, quede algo en que entre la intercesión de 
los Padres para perdonarlos, sometiendo también á otros 
medios (sic) y personas que entren á la parte en la intercesión, 
conforme se ofrecen las ocasiones; que sirve también para 
darles á entender el poder de la justicia y el respeto y temor 
que le han de tener. 



NOTICIAS AUTÉNTICAS DfíL FAMOSO RÍO MAR ANÓN. 4l5 

Con esta ocasión de la paz que dieron los de la Gran Coca- 
ína y vuelta de los Gocamillas á su rio de Guallaga, se vino un 
cacique de los más principales de la Gocama con la gente que 
le reconocía de ser [su ?] voluntad, á poblarse y vivir con los 
Gocamillas; con que de unos y otros se formó una razonable 
población, que estuvo algún tiempo sin sacerdote que los doc- 
trinase, hasta que, habiendo venido á estas misiones él P. Bar- 
tolomé Pérez, los comenzó á dar de propósito doctrina por el mes 
de setiembre del año 1649^ poniendo la reducción, que estaba 
formada sin orden, en forma de pueblo, señalando plaza, si- 
tio para la iglesia^ casa del Padre y los demás, con división de 
calles, á la orilla del rio y dándole el título de 5/ Af.' de Gua- 
llaga. 

Trabajó con ellos mucho tiempo y con gran incomodidad 
por los mosquitos que allí abundan, aunque no tanto si hay 
limpieza. 

Después, habiendo venido el P. Raimundo de Santa Gruz el 
año de 1651 con otros compañeros que trajo el P. Guxia de 
Quito, le encargó la santa obediencia esta reducción, y la ha 
tenido muchos años doctrinándola con santo celo y trabajo, 
porser la gente de jaez más tosco que otras, y hecha á su bár- 
bara forma de vivir. Gonstaba de 160 indios de lanza, que con 
la chusma y mujeres hacia 600 personas, con esperanza de 
crecer mucho con nueva gente; y así fuera, si no lo hubieran 
impedido los infortunios, pestes y sucesos que después diré, 
con que al presente está muy minorada. 

Era el sitio de la primer fundación excesivamente húmedo; 
todo se perdía, hasta los libros, aunque se cuidaban con fre- 
cuencia. Por cuya causa se trasladó á fines de 1654 á otro 
algo más arriba, aseado y sanísimo, aunque no exento de mos- 
quitos. 

Estos indios, aunque siempre vivieron poblados casi todos 
juntos, como los hallaron los españoles, y por eso parece ha- 
blan de tener más de policía que otros que viven muy dividi- 
dos y apartados unos de otros con menos comercio humano; 
con todo eso, es poco ó nada lo que en sus pueblos alcanzaron 
de policía; sólo en el vestirse los que eran de la Gocama con 



416 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOQRÁFÍCA. 

camisetas muy pintadas (los Gocamillas no, sino medio des- 
nudos con el mismo traje que dije de los Xéberos, de capuces y 
pampanillas); en el ayudarse en las guerrillas que ellos em- 
prendian más cómodamente, ó en defenderse de las que otros 
intentaban contra ellos; en las bebidas, bailes, cantos y otras 
cosas semejantes, que requieren concurso de gente, se puede 
decir les valió el vivir en pueblos; pero en otras cosas de im- 
portancia estaban como si no las hubiesen (sic) entre hombres. 
No habia gobierno; cada cual hacia lo que se le antojaba y 
tiraba por donde quería; en las maldades y delitos que come- 
tían, ni habia quien los castigase ni los caciques tenian mano 
para nada; si alguno habia sido agraviado de otro, él mesmo 
tomaba la venganza; costumbre que es común á las demás na- 
ciones. Esta en que se criaron los Cocamas y Gocamillas, ha 
dado mucho en que entender y en que padecer á los Padres, 
y aun la justicia no se ha podido averiguar con ellos, aunque 
ha usado de castigos y azotes. Para acudir á la doctrina, ha- 
cer la iglesia y otras obras que de comunidad deben hacer y á 
que el Padre los juntaba, aunque todos se mostraban prontos 
á acudir, después se iban á donde 'se les antojaba, madrugando 
para irse y diciendo: «los otros que quedan lo harán. • Otros 
se estaban en sus casas y decían, cuando los llamaban, que 
tenian pereza. En ñn, gente enseñada á no tener yugo ni su- 
jeción y á no estar atareados á cosa sino á sus antojos. 

Mucha paciencia ha sido menester; pero ya se van enmen- 
dando é imitando á los Xéberos, cuya organización tienen en 
punto á autoridades y demás. 

Acuden á la semana dos indios á buscar el sustento del Pa- 
dre, que traen cada dia conforme lo hallan. Lo más ordinario es 
pescado y tortugas, por ser el principal mantenimiento de. esta 
gente y hallarlo en su rio y lagunas. Son diestrísimos en co- 
gerlo con flechas, que las despiden al agua con admirable co- 
nocimiento de los peces y tortugas que andan debajo de ella, 
para flecharlos y prenderlos. En el rio y lagunas tienen, como 
en opulenta despensa, librado el vivir, ejercitándose todos Iqs 
dias en esto, porque no usan guardar para mucho tiempo, 
si no son tortugas, cuando cogen muchas. Para el mesmo su^- 



NOTICIAS AUTÉNTICAS DEL FAMOSO RÍO "MARAÑüN. 417 

tentó del Padce hacea algunas sementeras de plátanos, maiz, 
yucas y suelen acudir con camaricos (1). También siembran 
algún algodón, que en parte suple el vestido del Padre, de los 
de su casa y pobres. Para ayuda de su sustento tienen 14 cabe- 
zas de ganado vacuno y alguno de cerda. 

Con la ocasión de la jornada de Xíbaros, adonde fueron en 
buena cantidad por setiembre del año 1655 con los demás in- 
dios Mainas y Xéberos, dejando al general D. Martin de la 
Riva y Herrera, que la hacia, y á los soldados en el real que 
tenian en tierras de Xíbaros, se vinieron huyendo muchos, y 
llevándose de su pueblo otros, se fueron á la Gran Gocama, de 
donde eran naturales, como tengo dicho; los cuales, con su mal 
ejemplo y resabios que llevaban de la jornada, fueron de gran- 
de estorbo para que aquella gente (que después diré) no entrase 
por camino en su doctrina, teniendo, como tuvieron dos años 
Padre que les ensenase. Gon esta fuga recibió grande daño y 
mengua esta reducción. No fué menor, sino mucho mayor, el 
de la peste de viruelas que por ese mismo tiempo entró y cun- 
dió en estas montañas, traida de fuera por los que iban y ve- 
nían de Moyobamba, é hizo lastimoso estrago en las provincias 
pacíficas, principalmente en esta reducción del Guallaga, así 
por el rigor de el contagio, como por ser casi toda esta gente 
sarnosa de carate negro, blanco ó escamoso, en que hacia 
más pestífera y mortal presa. Por esta causa y ser la gente tan 
sin modo para curarse y mirar por su salud, que antes huyen 
de lo que puede ser de provecho, y con lo que piensan aliviar- 
se, aumentan las enfermedades con los géneros de comidas y 
bebidas que usan, ayunos que observan, en especial en ba- 
ñarse con las calenturas en el rio, pareciéndoles que se les re- 
frigeran los ardores de ella. Era cosa horrorosa ver los enfer- 
mos y cuerpos muertos por los arenales, adonde en ranchillos 
se habían retirado, comidos de gallinazos y otras aves, y ex* 
puestos á que el rio con sus crecientes barriese, como barrió, 
con los huesos. Por estas causas ha venido esta reducción á 



(1) Ofrendas da comestibles animales y vegetales destinados al sustento de los 
coras y gente de su casa. 



418 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

gran disminución. No tiene presentes más que 40 indios de 
lanza, que con mujeres y niños son por todos hasta 100 per- 
sonas. Pero es de importancia; así porque es paso y como 
llave del Guallaga, como porque el Padre que los doctrina (que 
al presente es el P. Tomás Mazano), valiéndose de este pueblo 
para su vivienda, cuida de la reducción que se va formando 
de los Barbudos, que está cerca, de la otra banda del rio, la 
tierra dentro un cuarto de legua corto. 



ADICIONES. 

Habiéndose pacificado nuevamente por el año de 1669 los 
Cocamas alzados, trujéronme desde Ucayale algunas familias, 
en especial de Maparinas^ á esta reducción de Guallaga, con 
que volvió otra vez á levantar cabeza. Pero como la Providen- 
cia divina ha tenido siempre cuidado de enviar de cuando en 
cuando enfermedades contagiosas á esta y otras poblaciones, 
quizá para remedio de su inconstancia, con la peste que hubo 
el año de 1680, habiéndose nuevamente disminuido, se tuvo 
por bien el pasar sus reliquias á Santiago de la Laguna, en 
donde viven al presente con los Cocamas y Panos, aunque en 
barrio distinto. El año de 1737 contaba esta parcialidad 292 
almas. 



SIV. 
Misión de los Barbudos ó Mayorunas. 

Los Barbudos (á quienes los Cocamas llaman Mayorunas 
y los Xéberos Dallus) tienen sus tierras enfrente y de la otra 
banda de las de losCocamillas, por la parte del rio arriba. Habi- 
tantes, no á la orilla de este rio de Guallaga, sino la tierra aden- 
tanlas. Eran lan temidos, que los indios de las demás reduccio- 
nes no se atrevían á navegar el rio por la banda de sus tierras, 
sino siempre por la contraria, recelosos no saliesen (como su- 




NOTICIAS AUTÉNTICAS DEL FAMOSO RÍO MARAÑÓN. 41» 

cedía) á las orillas á matarlos. No había comunicación ningu- 
na con ellos, sin que se supiese tampoco qué lengua hablaban. 
Ni aun en armada se atrevianá entrar en sus tierras, teniendo 
en memoria lo mal que les había ido á los que en tiempos pa- 
sados habian entrado, haciendo liga Gocamillas, Mainas, Xé- 
beros y otros, y habian vuelto con las manos en la cabeza, hu- 
yendo y dejando en ellos gran parte de los suyos muertos á 
manos de los Barbudos. Aun de los españoles de Moyobamba 
refieren que entrando una escuadra de ellos, encontraron con 8 
ó 9 Barbudos que pelearon haciendo rostro á los españoles con 
tanto valor, que aunque con los arcabuces les mataron los más 
de ellos, no huyeron ni se rindieron. Considerando esto los 
españoles y que siendo pocos, como eran, no les pudiera ir bien 
empeñándose con gente tan valerosa en lo grueso de la pro- 
vincia, se hubieron de volver. Solamente habia en tiempos pa* 
sados un modo de comercio ó rescates que con ellos hacían 
algunos indios de los que vivían en el río Guallaga, en que 
por ciertos tiempos salían Barbudos á la orilla y con señas 
que hacían con bebonas ó bocinas de cañutos gruesos, lla- 
maban á los de la otra banda, sus contratantes, los cuales iban 
en canoas, y citándose en ellas sin saltar en tierra ni revol- 
verse con los Barbudos, unos y otros, con las armas preveni- 
das, daban y recibían los géneros de los trueques con las puntas 
de las flechas, chinganas y lanzas; dando los Barbudos papa- 
gayos, hamacas toscas y gruesas de algodón silvestre, llantos 
y plumas de varios colores y otras chucherías, por cuchillos y 
otras herramientas. La despedida dicen que era algunas veces 
tirándose de parte á parte flechazos y chinganazos. Llaman 
chinganas un modo do lanzas que usan las más naciones de 
estos ríos, que tienen por asta un dardo con puntas muy agu- 
das y en lugar de hierro un pedazo de una tercia de largo, la- 
brado al modo de lengua puntiaguda, sacada cuchilla á los la- 
dos y la punta tostada, de unos cañutos nienores que las gua- 
duas, que les sirven también de hacer flautas gruesas. En un 
cuerpo desnudo, como lo están los de estas naciones, abren 
grande y horrorosa herida, y en los animales silvestres que 
cazan con estas chinganas. Así tenian los de esta nación ce- 



42ü BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

rradas las puertas para poderlos comunicar y meterles el Santo 
Evangelio, hasta que en estos tiempos, inculcándolos Padres 
la materia, inopinadamente vinieron á descubrir hablaban la 
lengua de una nación que vive en Ucayali con los Cocamas y 
habia dos de ellos en Santa Maria de Guallaga. El medio con 
que se descubrió y suceso que tuvo, lo refiere el P. Raimundo 
de Santa Cruz en carta que escribió al P. Lucas de la Cueva, 
que era Superior, de 2 de febrero de 1654, donde dice así: 

«Desde la reducción del Loreto de Paranapura escribí á Y. R. 
•dando razón de lo que allí queda obrado y mi venida á este 
»de Guallaga. Habiendo salido de aquel rio, á cosa de dos ho- 
nras que navegaba este de Guallaga, me encontré la armada 
•cocama que iba á los Mainas. Habíame pedido el cacique don 
•Raimundo Aconoma licencia para ir á amistar esta nación 
•que tan temida ha sido y tan cerradas tenia las puertas á su 
•comunicación, fiando en las lenguas que fué Dios servido de 
•depararnos de una nadon muy distante que antiguamente 
•se agregó á la Gran Cocama, hallamos ser la misma lengua, 
•cuando por junio del año pasado salieron los Mayorunas 
•harto impensadamente al puerto donde salían antiguamente 
»á sus rescates, que viene á estar poco más de una legua dis- 
•tante de este pueblo. Habia cesado esta feria, así por haber 
•con las inquietudes antiguas retirádose los que navegaban 
•este rio, como por algunos estruendos de arcabuces que oye- 
•ron los Mayorunas, á que temen muchísimo. En estos tiem- 
•pos, parece que viendo la quietud con que este río se trajina, 
•necesitados ya de herramientas, salieron á sus rescates, con 
•que se reconoció la lengua, y yo con el intérprete los hablé 
•entonces, ellos en tierra y yo en el rio; y aunque no pude 
•tiatar ni alcanzar cosa alguna, por no dar oídos á cosa sino 
•á su interés, con todo, quedé empeñado en procurar su amis- 
•tad. No hallaba modo, por no fiarse las lenguas de ellos, has- 
•ta que el dicho cacique me pidió ir allá con toda su gente y 
•lenguas. Fué ahora tres meses á sus pueblos por el camino 
•por donde habian salido ; hallaron sus casas quemadas, con 
•claras señas de haber desamparado las tierras que más se 
•acercan á nosotros. No desmayó ni desistió el cacique instan- 



NOTICIAS AUTÉNTICAS DEL FAMOSO RÍO MARAÑON. 421 

»do en lo que había comenzado y diciendo que lo que el Padre 
»]e habia dado para atraer los aucas no se lo habia de volver. 
•Con nueva licencia fué diez dias ha á buscarlos en su retiro 
•con suficiente gente para cualquier empeño. Llegó ayer, vís- 
»pera de la Purificación de Nuestra Señora, triunfante y ha- 
Aciendo alarde con su gente de las rodelas, dardos y chinganas 
»de aquella nación. Luego que fueron sentidos los nuestros, 
vhuyó la chusma de una casa que encontraron; uno solo de los 
nenemigos lomó las armas, y puesto á la punta de la casa, 
«comenzó á defenderla, arrojando con destreza algunas chin- 
sganas. Mostró nuestra gente las herramientas que llevaban; 
shablaron los intérpretes, y conocido el intento, se sosegó. Lia- 
smó su gente, convocó la provincia, amistáronse y en buena 
«conformidad y muestras de agasajo pasaron aquella noche, 
ven que no dejaban de venir nuevas parcialidades, por haberse 
«puesto todos en disposición de ayudarse al estruendo de los 
«tambores, habiendo estado hasta aquí muy divididos. Coge 
«?u habitación parte de la serranía. Allí hallaron á los que ha- 
«bitaban las casas que la primera vez vieron quemadas; obli- 
«góles á retirarse un grave asalto que les dio el Aguano; añu- 
sque quedaron amistados, no se atrevieron á venir á este pue- 
»blo, por no asegurarse; prometieron hacerlo en otra ocasión, 
«y que entre tanto hacian camino por donde comunicarse con 
^brevedad y comodidad de los nuestros, por estar hoy algo 
«apartado. í^a lengua es la misma que la del Chipeo^ Cheleo y 
nCapanagua, que están en el rio Ucayali.» Hasta aquí, etc. 

Por este medio se abrió puerta para la paz y doctrina de 
los Barbudos, de que poco después tomó posesión en forma el 
teniente general de Borja. Van continuando con buenos fun- 
damentos para formar uno ó dos pueblos cerca del rio de 6ua- 
Uaga, á donde los van sacando. Ha ido el P. Raimundo de 
Santa Cruz varias veces á sus tierras y rancherías andando á 
pié por entre zarzales, espinos, raigones, etc., de que se ha 
llagado los pies y piernas y empeorado del pecho. Ha hecho va- 
rios caminos en los escondrijos, bautizando Barbudos. Reci- 
bíanle con agrado y agasajo á su modo, que es bien tosco y po- 
bre. Hospedábanle en una casa toda tapada, porque no entren 



422 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

mosquitos, llena de hamo, calor, vaho y olor de los indios y 
chusma y de sus orines, á que acuden dentro las mesmas vi- 
viendas. Para el Padre dejaban la una cabecera desocupada y 
ellos se apartaban á la otra. Para comer le daban plátanos, 
yucas y algún mani. No tienen carne ni pescado sino pocas 
veces, á causa de no usar de la cerbatana y estar lejos de los 
ríos. No han sido sin fruto estos viajes, pues se ha cogido asi 
en los que mueren con el santo bautismo, como en que se van 
reduciendo á poblarse cerca de Santa María de Guallaga; de 
modo que, como dije arriba, el Padre que está en ese pueblo 
(mientras viene otro que los tengan á su cargo), yendo por la 
mañana y pasando á la otro banda, los hace rezar la doctrina 
y vuelve antes de medio día. 

Andan desnudos hombres y mujeres, sin tener cosa que cu- 
bra parte alguna de su cuerpo; ni aun el cordel que los varones 
de otras naciones se atan por bajo de la cintura para ponerse 
con menos inmodestiai los Barbudos no lo usan. Ahora van 
entrando en usos más honestos y huelgan de ponerse camiseta, 
el que la alcanza, y las mujeres cúbrense con pampanillas, 
en especial para ponerse delante del Padre y españoles. Irause 
industriando en que se vistan y otras cosas de policía y cris- 
tiandad, porque son dóciles y de buenos naturales para ser en- 
señados. Son bien agestados y de buenas facciones en el rostro, 
limpios del carate que mancha á otras naciones; muchos de 
ellos blancos al modo que los mestizos, principalmente recien 
nacidos y en su infancia antes que se tuesten con el sol. Mu- 
chos de los varones son barbados con barbas de zamarro cer- 
dosas, en algunos muy pobladas, en que se funda el nombre 
que les han dado de Barbudos. Por estas señales se presume 
tienen sangre de españoles, de los que metió por este rio de 
Guallaga, por los Lamas^ Tavalosos y Santa Cruz de Saposoas 
(fundación y ciudad que hubo antiguamente) el general Pedro 
de Orsua, quien se llevó consigo á todos los vecinos de dicha 
ciudad é hizo sus bergantines cerca las tierras de esta nación 
(según las señas que da el P. F. Pedro Simón en sus Noticias 
historiales y es constante tradición en Moyobamba y esta 
provincia) para su dilatada navegación. Es probable que los 



NOTICIAS AUTÉNTICAS DEL FAMOSO RÍO MARAÑÓN. 423 

haría en sus tierras y que entonces estuviesen poblados más 
cerca del rio ó que entrasen los soldados á ellas en busca do 
comidas, conque sería fácil el mezclarse con los naturales de 
esta nación, deteniéndose mucho tiempo en las fábricas y pre- 
venciones que hacian para su largo viaje de este rio Marañon. 
Si esto es verdad, no se les pegó cosa en materia de policía de 
los españoles, como se ve en vivir desnudos y con modo aun 
más brutal que otras naciones. Gomen carne humana , y lo 
que más horror causa, es que se comen á sus mismos difuntos, 
sin que se sepa den sepultura á alguno sino es en sus vientres. 
Muérese el pariente, hijo ó allegado; Uóranle, y por remate, 
entre los llantos, lo hacen pedazos, comen lo que les parece, 
cocido ó asado, por vianda de carne fresca, y lo restante lo 
ahuman para comerlo otros dias. Lo más ordinario que hacen 
es poner el cuerpo entero en una hoguera, donde, como se va 
asando, le van arrancando la carne á pellizcos y comiéndosela 
entre sus endechas y llantos, que mezclan con los bocados, 
hasta que acaban de comerse al difunto. Los huesos que que- 
dan los tuestan después y los muelen y beben echándolos en 
sus mazatos (1) y bebidas. Las cabezas las guardan hasta que 
crien gusanos en sus cuencas y sesos, y las comen con ellos, 
porque les saben muy bien revueltos con ají. Poco há que ha- 
biendo entrado á verlos algunos españoles con el teniente ge- 
neral, que era el mariscal de campo D. Diego de Armas Tenorio 
(y el teniente de quien hago mención algunas veces, que estaba 
asignado para encomendarse de esta provincia, á quien debía- 
mos buena voluntad y obras buenas en esta misión y há poco 
que nos faltó, por haber pasado á la otra vida) encontraron los 
españoles con un niño que lo estaban asando en una hoguera. 
Quitándoselo y reprendiéndoles su bestialidad^ lo hicieron en- 
terrar. 

£n materia de el valor y esfuerzo que publicaban de ellos, 
sino es que en sus casas lo tengan ó contra otros indios (lo 
cual no so ha visto en estos tiempos), las muestras que dan son 



(1) Pasta ópuréáe yaca, generalmente cocida, preparado para hacer la chicha 
desliéndolo eo agua. 



421 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

de gente triste y medrosa. Este puede ser argumento contra lo 
que se presume de que tienen sangre de español. Poco des- 
pués que se hicieron amigos con los Cocamas de Guallaga, los 
primeros Barbudos que se determinaron á pasar á ver el pue- 
blo y al Padre, fué un cacique llamado Chipunagua y 19 indios 
sus sujetos. Queria el Padre hablarles con sobrepelliz y estola, 
como disponen las ordenanzas reales, que importa, esta cere- 
monia y otras que se hacen, mucho en las primeras vistas. El 
suceso de ellas me reñere el Padre en una carta que entonces 
me escribió, donde dice: 

«Vinieron los Barbudos á este pueblo la Dominica in Pasto- 
>ne; llegaron por la mañana; siendo tiempo tocaron á misa; 
•ellos vinieron con todos, y aunque abrevié con el rezo, per- 
eque no se cansasen, no lo pude conseguir. Acabada la misa, 
•me senté á decir al pueblo según la materia presente breve- 
emente lo que tenia (sic). En este intervalo de tiempo parece 
•se apoderó del cacique Ghipanagua (sic) un gran temor, que se- 
•ría: «el pueblo se ha juntado á matarnos, y el Padre se sienta 
•ahora á decir lo ejecuten;» (así lo discurren todos y los otros 
•Mayorunas); y sin más acuerdo, se metió el monte adentro 
•sin dejar rastro de sí. Sabido este azar, fué mucho mi alboro- 
•to. Los Mayorunas lloraban su cacique muerto, que discu- 
•rrian. Hice buscar al perdido, no cesando hasta tarde de la 
»noche de dar mil voces los Mayorunas por estos montes. 
•Quisiéronse ir el lunes; no lo permití, por tener lugar de 
•buscar al dicho cacique y por asegurarles, teniendo atravesa- 
•dos en mi corazón cuatro indios de este pueblo que parece 
•dejaron ó hicieron so quedasen en rehenes. Es mucho lo que 
•por esto padecí y mucho lo que había que decir. Fiando, con 
•todo, en Dios, despaché de los restantes 17 agasajados con 
•obligación de que me enviasen los cuatro indios. Fué Dios 
•servido no les hiciesen daño alguno, si bien los parciales lo 
•quisieron hacer. Dicen ayudó á los nuestros un cacique viejo. 
•Entre el miércoles y jueves santo los tuve aquí todos y con 
•ellos otros cuatro que venían á ver donde se había perdido el 
•cacique, y por otros dos que yo había hecho dejar con título 
•de que lo buscasen. Grande es el temor á todo lo que es es- 



NOTICIAS AUTÉNTICAS DEL FAMOSO RÍO MAR ANÓN. 425 

«pañol Ó SU nombre ó sombra. Puedo decir, que, como no 
»usan cordelillo, cuando los llamaba, venían distilando temor 
Dsin sentir y rociando el suelo y sus piernas, etc.» Hasta aquí 
el Padre, en que da bien á entender cuan tímidos son los 
Barbudos. 

Donde con más daño suyo lo han mostrado, es en las pri- 
meras vistas que tuvieron de españoles. Estaban ya de paz y 
no los habían visto mas que álos Padres. Quiso el general don 
Martin de la Riva Herrera, que trataba de las conquistas, ver- 
los y también á los Agúanos. Habiendo venido á Xéberos, de 
allí bajó á este ñn con el P. Lucas de la Cueva y algunos sol- 
dados, y habiendo prevenido el Padre á los caciques y gente de 
Agúanos y Barbudos, para que no temiesen y saliesen á la 
orilla del rio de Guallaga, con todo eso y con haberlos agasa- 
jado y dádolos herramientas y otras cosas, de solas estas vis- 
taa que hicieron de paso, se apestaron estas dos naciones y 
perecieron muchos. Decia el cacique Gocamilla viendo á los 
Barbudos que se morian: «de solo oír el estruendo del arca- 
buz les da cámaras.» Este es el achaque primero, y también el 
del catarro ó dolor de costado, que, sin pretenderlo, dejan los 
españoles á los indios en las primeras vistas. Este padecieron 
los de la Gran Gocama, los RoamainaSy Zapas^ Agúanos y 
Barbudos que se han paciñcado sin hacerles guerra, dejándolos 
en sus tierras con buenas dádivas y agasajos que los Padres y 
españoles les hicieron. Son de tal calidad, que asustados de 
ver españoles y oir los arcabuces, se les debe de inmutar la 
sangre y corromperse de modo que les ocasiona y causa mor- 
tales enfermedades y contagios. Es común en estas naciones 
que se han descubierto llamar al español con el nombre de 
Diablo, sin duda por lo que les asombra, malos efectos que les 
ocasiona y otros daños que temen. 

Pocos meses ha entró el teniente general con tres soldados 
y una escuadra de indios amigos á una parcialidad de Barbu- 
dos llamados Maconaguas, que aun no habían salido á dar la 
paz, antes hacian algunas matanzas en los pacíficos, sus pa- 
rientes. Llegando el teniente á una casa sin ser sentido de los 
de ella, que tenia solas dos puertas, una en cada cabecera, dio 

28 



«K BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

orden de que la cercasen los amigos, que él con un soldado 
acometería por la una puerta y los otros dos soldados por la 
otra; y que estando dentro no disparasen sino á lo alto, por el 
riesgo que habría de herir á los amigos, si acaso estuviesen 
revueltos. Acometiendo, pues, el teniente por la una puerta, 
le rechazaron con chinganazos y lanzadas que le daban en el 
escaupil y le hirieron á un indio Maina en una pierna. Esta- 
ban los enemigos en grande orgullo y alboroto para pelear y 
resistir la entrada, hasta que uno de los dos soldados que en- 
traban por la otra puerta disparó dentro de la casa, alcanzan- 
do á uno el taco en el vientre sin herirle, que cayó del espan- 
to. Al punto, con el estruendo, humo y chispas que vieron de 
la pólvora, se aturdieron todos, rodando unos sobre otros y 
sobre sus ollas; con que tuvo lugar el teniente de prender á 
los más de ellos, sin que hubiese más daño. Y después, sose- 
gados, les dio á entender con intérpretes á lo que iba, que 
no era á matarlos ni quitarles sus hijos, sino á que se hiciesen 
amigos con los españoles y demás indios y se poblasen donde 
fuesen doctrinados. Con que los prisioneros, asegurados, sa- 
liendo de las prisiones, le sacaron de paz toda la demás gente 
que habia en otras rancherías distantes, trayéndola á su pre- 
sencia. Yanse poblando con los demás Barbudos. Asi los rinde 
y aturde el ruido solo de el arcabuz, sin que muestren valor 
para más. 

Según la gente que se ha visto y diligencias que se han 
hecho informándose de la que hay en sus rancherías de la 
tierra adentro, después de las pestes, tienen los Barbudos cum- 
plidamente 200 indios de lanza, que con sus mujeres y chusma 
harán unas 1.000 personas. De lo que se ha alcanzado á saber 
quizá habrá más. Yause poblando cerca de la reducción de 
Santa María de Guallaga por la otra banda del rio, á donde va 
el Padre á verlos y doctrinarlos dos ó tres veces á la semana. 
Tienen casa hecha de bahareque para el Padre, y aunque te- 
nían otro rancho que les servia de iglesia, con sus dos campanas, 
le van haciendo mejor de nuevo. Hanse bautizado de esta na- 
ción hasta ahora 110 niños, y en caso de necesidad y algunos 
que sin estar enfermos lo piden con afecto, hasta 50 adultos; de 



NOTICIAS AUTÉNTICAS DEL FAMOSO RÍO MARAÑÓN. 437 

los cuales han muerto muchos... Entre ellos, si mal no me 
acuerdo, el cacique perdido que arriba se dijo, quien remane- 
ció en sus tierras al cabo de mucho tiempo y fué délos prime- 
ros que salieron luego á poblarse. Faltan todavía muchas par- 
cialidades que aun no han sacado su chusma de los retiros. 
Van saliendo poco á poco, unos ahora, otros después, y también 
be van y se vienen, porque no hay modo de apretarles más para 
retenerlos en su población. Lo principal es no tener sacerdote 
propio en su pueblo que los doctrine y mantenga. 



8V. 

Misión de los Agúanos, Chamicuros, Tibilos, Meleguinas, 

Chechunas, etc. 

Al modo que los Barbudos tienen sus tierras y rancherías 
por la parte de arriba de Santa María de Guallaga, los Agua- 
nos, en la misma banda, las tienen por la parte de abajo hasta 
llegar á las juntas del rio Guallaga con el Marañon, cogiendo 
de la orilla unas 30 leguas á lo largo. Eran tan temidos y 
tenian la comunicación tan cerrada como los Barbudos, por 
las mesmas causas y casos belicosos que de su valor habian 
experimentado. Era caliñcacion grande en grado superior de 
valentía del indio que hubiese peleado con aguano y calido 
bien de sus manos. En lo que más se pondera la fama de los 
Agúanos, es que el gobernador D. Diego Yaca, fundador de 
este gobierno, habiendo bajado al rio de Guallaga con 60 sol- 
dados y cantidad de indios amigos, con fin de fundar otra 
ciudad, según sus capitulaciones, aunque deseó y quiso entrar 
y pacificar esta nación de Agúanos y la de los Barbudos, de- 
sistió del intento, por haber reconocido el cuidado que daba á 
sus soldados el empeño, por el mucho valor y gran multitud 
de gente que publicaba la fama de estas naciones, alegando 
muchos que no tenian dispuestas las cosas de sus casas para 
haberse de poner en tan peligrosa empresa. Tanto como esto 
atemorizaba la fama de esta gente. 



49B BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

No se sabia qué lengua hablaban ni que hubiese intérpretes 
con quien comunicarles, siendo así que teníamos en la reduc-r 
cion de Xéberos algunos 200 que eran Gutinanas y hablaban 
la misma lengua, y algunos Maparinas en Guallaga, que tam- 
bien la entienden. Todo se ignoraba, basta que se descubrió con 
la ocasión que diré. Un vecino de Borja, que era el capitán 
Juan Martínez y fomentaba mucho estas misiones, se deter- 
minó á petición de los Padres á descubrir este sacramento y 
romper los muros de temores que había de la nación Aguana. 
Juntó hasta 320 indios de los amigos, y con otros cuatro sol- 
dados entró la tierra adentro de los Agúanos, acompañándole 
el P. Raimundo de Santa Cruz. Cogieron en una casa 13 per- 
sonas, y teniéndolas en prisiones, repararon que un cutinana 
de los qu^ iban por amigos estaba en conversación con uno de 
los prisioneros, con que se descubrió ser la misma lengua. 
Volviéronse antes que la provincia se convocase, por haber 
conseguido el intento, que era sacar lenguas, llevándose con- 
sigo á los Agúanos que habían cogido; teniendo á grande dicha 
y buena Jiazaña el haber hallado tenían por intérpretes á los 
Gutinanas, y el llevar lenguas de la mesma nación que con 
más seguridades les hablasen, y el haber entrado y salido sin 
lesión alguna ni derramamiento de sangre. 

El año siguiente de 1654, por enero, se comenzó á pacifir 
car esta nación, casi por el mismo modo y por el mismo 
tiempo que los Barbudos. El cacique de los Gocamillas don 
Felipe Manico, que estaba nombrado por gobernador de su 
pueblo, juzgando que no había de ser para menos que el caci- 
que cocama don Raimundo de Aconoma, que «pacificaba á los 
Barbudos, tomó á su cargo á los Agúanos; y así, con licencia 
que tenían ambos del teniente de Borja y pidiéndosela al E^dre, 
juntó su gente, y llevando herramientas, un intérprete cutina- 
na y una india aguana, fué á probar ventura, cuyo suceso re- 
fiere el P. Raimundo de Santa Gruz en la misma carta que el 
de los Barbudos, que arriba referí, y dice: 

tUará tres meses fui á ver á V. R. (el P. Lucas de la Gueva, 
•que era Superior); dejé dicho al gobernador D. Felipe Mani- 
aco fuese á enviar á hablar á sus parientes la mujer aguana. 



NOTICIAS AUTÉNTICAS DEL FAMOSO RÍO MARAÑÓN. 429 

«reliquia de las que el año pasado se sacaron con la gruesa 
•armada. Hizo el gobernador lo que le dije, enviando, decom- 
spasivo, la otra muchacha, por consolar la mujer. Llevólas 
j»hasta la mitad del camino, donde entendió no habria más 
sriesgo de tigres. Salióse á esperar á la orilla del rio. Al cabo 
»de algunos dias vio Agúanos; llegóse y ellos se retiraron, quizá 
»por pasar en la ocasión unas canoas de españoles. Estúvose 
•allí diez dias bobonando (1) de día y de noche; como vio que 
»no salían, se vino al pueblo. Dióme aviso de lo sucedido pi<- 
•diendo licencia para volver, Dísela, enviándole á decir entra- 
rse, si se hallaba con buen corazón, y hablase á esta nación en 
Bsus tierras. Volvió á llamar con bobonería; no salieron, y co- 
«giendo otro camino casi un día más arriba, se entró con 21 
•indios y Pedro el cutinana, que Y. R. me hizo caridad dé dar 
•para solicitar esta nación. Durmieron una noche en el camí- 
sno; otro día á las cuatro de la tarde hallaron una chacra y en ella 
»una mujer; no la quisieron hacer daño, sino hablarla; luego 
•que sintió gente, corrió á dar aviso á los suyos, con que lio- 
svieron Agúanos con sus armas sobre nuestra gente. Quisie- 
•ron pelear; hablóles Pedro, ayudándole dos mozos Maparinas^ 
«>que en la ocasión hallaron se entendían con esta nación. 
^Declararon el intento; mostraron las herramientas; dio el go- 
•bernador D. Felipe Manico su hacha y cuchillo; los otros 
•dieron las que llevaban; con que se aseguraron algo los pri- 
•mcros, que con la experiencia dicha defendieron á los nues- 
)>tros de los que de nuevo venían. Señaláronse en defenderlos 
•un cacique y su hijo, y aun no bastaba, porque entendían 
•que era engaño. Procuraron los nuestros asegurarlos, y no 
•pudiendo del todo, les atemorizaron con decir el cacique 
•Manico tenia mucha gente en su pueblo, que muerto óly ven- 
•dria sobre ellos juntamente con los españoles, á quienes de- 
•jaba en el rio, y que ellos solos se habían adelantado por no 
•alterarlos y hablarles con quietud; que se sosegasen y no pe- 
•leasen, que seria para su mal y destrucción. Con esto cesaron 
*dé querer pelear; pero quisieron, para informarse, quedar 

(1) Tocando la babona ó bocina de caña brava ó guadua. 



4S0 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOdRÁFIGA. 

»con el gobernador; defendiéronlo y también á los dos Ma- 
»parinas. AI fin cogieron á Pedro, quizá por disposición 
adivina, por ser él muy capaz y más conforme con su lengua. 
>No pudieron defenderlo, antes trataron de despedir nuestra 
tgente, diciendo saldrian con el muchacho al quinto dia. 
«Nuestra gente trató de salir y á cada paso los atajaban á qui- 
litarles las flechas, cerbatanas, rodelas y camisetas, quizá con 
»el seguro de que iban de paz, que ellos al principio también 
«temieron. Dicen estos les querían quitar las armas para ma« 
•tarlos sin ellas; algunas trocaron; una rodela quitaron junta- 
emente con las cerbatanas que estos tienen por armas. Gami- 
»naron la noche para salir á donde tenian las canoas. El go- 
»bernador dice, que, estando ya cerca de la casa, cuando en- 
»traban, se hincó dos veces de rodillas pidiendo á Dios y á la 
«Virgen Santísima lo sacase con bien del empeño. Salieron 
»como pidió, queriendo la Divina Magestad se deba á sí 
»e8ta nación. Dieron aviso al pueblo, diciendo fuesen con he- 
»rramientas á rescatar y á avistarse con los Agúanos. Bajaron 
«todos juntamente con Antonio López, que llevaba su arcabuz. 
»A1 quinto dia salieron los Agúanos; hablaron y amistáronse, 
«viniendo con nuestra gente á este pueblo los que cabian en 
•las canoas, en que se entraban á porfía; y aunque antes de 
•haber pasado á esta banda todos los que habian de venir, dis- 
•paró Antonio á un palo, para que viesen la arma española^ 
•no se inquietaron, pasando después del tiro algunos sin re* 
•celó ni miedo. Estuvieron aquí tres dias muy placenteros. 
•Fuese esta primera camada y con ellos los Gocamillas, que 
•los bogaban, hasta su casa, que dice uno de .los que fueron 
•es mayor que la iglesia de Borja. Durmieron nuestros indios 
•entre ellos con seguridad, viniéndose con los mismos otros á 
•ver el pueblo; unos y otros fueron cargados de herramientas 
•que estos pobres les dieron, que es lo mismo que haber dado 
•sus joyas y riquezas. La segunda tropa se habia ido cuando 
•yo vine; envíelos á llamar; vinieron 15 con su cacique antes 
•de ayer y hoy se fueron. Diles el hacha que Y. R. me habia 
•enviado para la canoa, por saber era muy de su gusto esta 
laccion de caridad, y por no hallarme con otra cosa á propósi- 



NOTICIAS AUTÉNTICAS DEL FAMOSO RÍO MARAÑÓN. 481 

ato para la ansia que el cacique tenia de hacha. Los otros He- 
»varon á cuchillo, y algunos de los 400 anzuelos que Y. R. me 
»hizo limosna; aunque los Agúanos no saben de su uso, no 
•dejan de estimarlos; más los apetecen los Barbudos. Todo el 
•apetito de los Agúanos es hachas y cuchillos. Dejaron un mozo 
)>para lengua y prometieron darme hasta 5 que les pedí para 
•el mismo intento. La mujer y muchacho que enviamos no 
•han aprovechado aún para estas amistades, por ser la parcia- 
•lidad que hemos comunicado fieramente opuesta á la de la 
•mujer, á quienes llaman Chamicuro, Ni piensan ni tratan 
•estos más que destruir á Ghamicuro. Dicen que sabiendo el 
•Ghamicuro la nueva amistad, se ha irritado más, diciendo, 
•que cómo se han amistado con quien tanto daño les ha hecho? 
•y que tratan de matarlos por las herramientas que han reci* 
•bido; y aunque son ambas parcialidades de una nadon y 
•lengua, no se hablan sino con el dardo y chingana en medio; 
•siendo tal el rencor, que decian querían matar estos niños 
•que han quedado, por ser hijos de Ghamicuros, etc.» Esto 
dice el Padre en la carta de lo tocante al modo con que co* 
menzó á pacificarse esta nación. 

Juzgábase ser una parcialidad la pacífica; después se halló 
que erao dos con diferentes caciques y rancherías, si bien 
aMados y unidos, llamados Seculusepa y Chilicagua. Resta- 
ban par pacificarse otras de la misma nación, sus contrarias, 
y que se hacían bárbaras matanzas. Para su quietud y paci- 
ficación han hecho los Padre varias diligencias, procuran- 
do hablarlas á todas, y los españoles algunas entradas en ar* 
madillas. Últimamente, el general D. Juan Mauricio Baca 
de Evan, que entró á ver esta nación, en que estaban ya de 
paz los Meliquinea [ó Meleguinas] y Tibilos y otras parciali- 
dades de menor porte, despachó un capitán á que pacificase y 
sacase á verle al cacique Ghamicuro, que restaba, y era el más 
ruidoso y temido. Redújose con toda su parcialidad y salió á 
ver al general, con que se puso la tierra en paz, no con la fir- 
meza que se pretendió entre ellos, porque no han dejado de ejer- 
citar sus venganzas y matanzas, y ha sido menester que el te- 
niente general entre á sus tierras á hacer castigos, como los 



432 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

hizo, ahorcando á un cacique y á otro principalejo de los Me- 
liquines, por haber muerto á traición cuatro de los que primero 
se pacificaron, que eran el cacique Ghilicagua y tres de sus 
compañeros, que habian ido á verlos debajo de amistad. 

El P. Raymundo de Santa Cruz ha hecho muchos viajes á 
sus rancherías hasta las de Ghamicuro, la tierra adentro, tres y 
cuatro dias de camino de á pié con las incomodidades y moja- 
duras de estas montañas, con muchas llagas que se le abrían 
y apreturas del pecho asmático, que llegaba casi á caerse 
muerto, según lo que ahogándole le apretaba. Tomaba este tra- 
bajo, y aun otros riesgos de la vida, porque varias veces le di- 
jeron que le querían matar y comérselo, con fin de atraerlos á 
que acabasen de salir á poblarse en partes que se pudiesen doc- 
trinar. Antes que el P. Raimundo de Santa Cruz fuese á sus 
tierras, con los mismos intentos hizo viaje á. ellas el P. Lucas 
de la Cueva, en la ocasión que dije arriba bajó con el general 
D. Martin de la Riva á ver esta nación y la de los Barbudos; 
donde fué de estimar la fineza de cristiandad, piedad y vene- 
ración de sacerdotes que usó este caballero con el Padre, en el 
camino de tierra que hay desde las orillas del rio, á donde ha- 
bian salido los Agúanos á ver á su señoría y al Padre, hasta la 
ranchería de esta gente, que quisieron verla. Era fuerza cami- 
nar unas tres leguas, y el Padre desmayó de cansancio y délos 
achaques que padecía, sin poder caminar. Fué necesario car- 
garlo en un htmndo (1) de una hamaca, y que la carga se re- 
partiese entre los españoles, porque los indios llevaban otras. 
El primero que cogió el palo del huando fué su señoría y lo 
llevó la parte del camino que le cabia, que fué un buen tre- 
cho, cargando al Padre. Después que se remudó con otros, sa- 
cando la espada ancha que llevaba, iba con ella cortando las 
ramas y aderezando el camino para que pasase, estimando 
esta acción con más afecto que el cargo de gobernador y ca- 
pitán general y el hábito de Santiago que tenia á los pechos, 
con que dio gran ejemplo á los gentiles y aun á los espa- 
ñoles. 

(1) PaUoquiD, silla de maoos, angarillas, etc. en quichua. 



NOTICIAS AUTÉNTICAS DEL FAMOSO RÍO MARAÑÓN. 433 

Las muestras que se vieron de esta nación en razón del 
número de gente, fueron buenas y de mucha chusma, y se 
pudo colegir de los que habitaban y dormian en sola una 
casa. El P. Lúeas de la Cueva contó en sola una casa 108 ha- 
macas, y después los vi yo aun en mayor número, y en otras 
casas á 40 y 60, por ser estilo de esta gente, que tantas hama- 
cas ha de haber colgadas cuantas personas moran en la casa; 
porque el niño recien nacido, la mujer, el marido y todos, 
cada uno duerme en su hamaca distinta, con un fogoncillo en 
el suelo hacia los pies. Tiénenlas colgadas por todo el cuerpo 
de la casa, de un lado á otro, en hileras, pendientes de las ti- 
rantes que al propósito atraviesan. Los más alentados duer- 
men inmediatos á las dos puertas que tiene la casa, una en 
cada cabecera, con las armas á punto arrimadas á la tirante ó 
clavadas para poderlas coger en cualquier rebato. 

Al tiempo que padecían la peste que he dicho les sobrevino 
de las primeras vistas de españoles, bajó el teniente general 
de este gobierno á tomar la posesión y recibir la obediencia 
que daban á S. M. estas dos naciones de Agúanos y Bar- 
budos; iba yo en su compañía, y sabiendo lo que padecían de 
los caciques y gente que salieron á la orilla del rio á dar la 
obediencia, hube de entrar á sus rancherías para lograr los 
niños que suelen peligrar con semejantes pestes, metiéndome 
la canoa unos tres cuartos de legua por entre árboles, por es- 
tar el rio crecido, que inundaba hasta muy dentro del monte; 
dejando la canoa á tres leguas de tierra, llegué á las ranche- 
rías, donde de buena gana me sacaron los niños para que los 
bautizase. De ambas parcialidades se bautizaron 75 infantes y 
varios adultos, ya catequizados y nombrados. 

Con la referida y otras pestes se ha minorado mucho esta 
provincia, de modo que al presente, de lo que se sabe de ella, 
no se halla que tendrá sino unos 200 indios de lanza (como los 
Barbudos), que harán hasta 1.000 almas. Yanse poblando en las 
mejores tierras que se conocen en estas montañas para sus fru- 
tos de maíz, plátanos, yucas, chontas, etc.; de buenas aguas, 
un dia de rio abajo de Santa María de Guallaga, unas tres 
leguas la tierra adentro, en tres pueblos. £1 primei*o dista del 



.434 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

Último tres leguas, y eu medio, en el mesmo camino, está el 
otro. Pasa por abora con estas divisiones, á causa de que la» 
parcialidades aún no se acomodan á vivir juntas. Puédanse 
doctrinar así bastantemente, hasta que el tiempo enseñe otra 
cosa, y puede ser que se descubran otras parcialidades de la 
mesma nación con que crezcan los pueblos, para que bayga 
ocupación de dos sacerdotes. No se les aprieta á que se pueblen 
más á las orillas del rio de Guallaga, por la multitud de zan- 
cudos que en ellas hay, que en gente desnuda y que no usa de 
toldos, no fueran tolerables. Es gente limpia de sarna ó carato,, 
desnuda, si bien las mujeres traen pampanillas, que se en- 
vuelven y cubren de la cintura para abajo, y los varones otras 
menores curiosamente tejidas, con labores, de una tercia ó más 
de largo, poco menos de ancho, que se cuelgan de la cintura 
para abajo, con que no andan tan indecentes como los Barbu- 
dos. Ya van poniéndose algunos camisetas, que las tejen las 
mujeres aguanas, muy delgadas, de algodón. 

Con los que después se han ido bautizando de esta nación, 
por todos son hasta 200 los niños y otros 80 los adultos. No 
se ha visto aún la chusma de varias rancherías, ni se sabe 
si son de su mesma nación los Siclunas^ sus comarcanos, que 
mediante ellos.se pueden pacificar. Unas de sus ñeras cos- 
tumbres es matarse con barbasco ó veneno, que lo toman las 
mujeres, principalmente para vengarse con tanto daño proprio 
de sus maridos ó de otros. 

Tienen su modo de iglesia con campanas..., rancho para el' 
Padre con algunas alhajas, y para principio de su sustento, 
cuatro ó seis cabezas de ganado vacuno y algunas aves, de que 
cuidan los indios. 



ADICIONES. 

Dos reducciones principales de Agúanos hubo desde los 
principios: la de San Antonio A6ad, en poca distancia del Gua- 
llaga, y la de San Xavier^ que hoy se llama de los Ghamicuros, 
algunas leguas más distante. Quien les dio mucha forma íá- 



^ 



NOTICIAS AUTÉNTICAS DEL FAMOSO RÍO MARAÑÓN. 4a5 

bricando en ellas casa é iglesia é industriando la gente en el 
rezo 7 policia cristiana, fue el P. Lorenzo Lucero, el cual, des* 
pues de fundado el pueblo do la Laguna, mandó desde allí 
abrir camino de á caballo para visitarlos á menudo. Recogió 
también, con la ayuda del gobernador don Gerónimo Vaca, 
muchos indios de la parcialidad del Ghamicuro que aun vivían 
en su retiro. Gon esto, la reducciou de San Xavier tuvo por 
entonces notable aumento. Del pueblo de los Agúanos apartó 
la parcialidad de los Tibilos, con quienes tenían disensiones 
continuas, 7 fundó con ellos otro pueblo aparte entre el de San 
Xavier 7 la Laguna, que se llamó San Lorenzo de los Tihilos. 
Este, con el tiempo, por fin, se acabó. El de San Xavier, que 
aun persevera, cuenta al presente 237 almas, 7 el de San Anto- 
nio Abad solas 92. A más de las pestes, matanzas entre sí, lo 
que ha consumido á los Agúanos han sido las correrías i los 
Xíbaros 7 otras naciones, porque, por muy valientes, eran 
un tiempo muy apetecidos para soldados. Los pocos que que- 
dan, en especial los Ghamicuros, tienen boy fama de muy 
cobardes, pero muy fieles 7 amantes de sus misioneros. 



« 



I VL 



Misión de los ParanapuraSy ChayábitaSj ñíuniches y Otanavis. 



Paranapura es un río ó quebrada que, teniendo su origen 
en los cerros de Moyobamba y de los Ghayabitas, desemboca 
en el de Guallaga á poco más de un dia de camino de rio, arri» 
ba de el pueblo de Santa María de Guallaga. En esta quebrada 
6 en algunos sitios de ella vivían escondidos y huyendo de las 
malocas que solían hacer los vecinos de Moyobamba, llevándose 
las mujeres 7 chusma de la gente que encontraban, algunas 
parcialidades de la nación Xébera, que no pasaban de 30 indios 
de lanza; parte de ellas se llamaban Xéheros Muniches, por la 



4a6 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

comunicacioQ y haber emparentado con los Muniches y apren- 
dido su lengua, por estar vecinos á ellos, cuyas rancherías y 
habitaciones están mas adelante de Paranapuras(sic), en que- 
bradas que bajan.de los mismos cerros de la jurisdicción de 
Moyobamba. 

Yeian algunas veces los Padres á los dichos Xéberos de Pa- 
ranapuras, viniendo ellos también á ver al que estaba en la 
Limpia Concepción de Xéberos y en Santa María de Guallaga. 
Por haber reconocido la amistad y comunicación que tenían 
con los Munichos, deseaban los Padres por ese medio intentar 
y fundar una reducción con unos y otros en Paranapura. No 
se ponia en ejecución por haber falta de Padres, añadiéndose 
después, que, con ocasión de haber hurtado un Xébero la mu- 
jer de otro principal, llevándosela á Moyobamba, donde á poco 
tiempo la mujer murió, andábase el raptor descarriado, sin 
tratar de volver á los suyos, de miedo del marido de la india. 
Aportó á los Chayabitas, que no dejaban de tener alguna, co- 
municación con los Paranapuras, donde, introduciéndose y 
ganando la voluntad de aquella gente, el cacique le dio por 
mujer á una hija suya, y con ella trató de bajar á Guallaga y 
pedir al Padre la bautizase y los casase. Así lo hizo, y bajó lle- 
vándose consigo al cacique su suegro y otro también cacique 
de otra parcialidad con algunos sus sujetos, persuadiéndoles 
pidiesen al P. Raimundo de Santa Cruz, que era el que residía 
en Guallaga, los bautizase y doctrinase también su pueblo, sa- 
cando Dios de aquel mal este bien. Con buena instrucción y 
catecismo los bautizó y casó al contenido; y para ver la dispo- 
Bicion que tenia su pueblo para doctrinarse, subió con ellos 
mesmos y algunos Cocamas navegando unos diez dias hasta 
los cabeceros de Paranapuras, y trepando tres leguas de cerros 
•con molestia de unas garrapatas que se pegan al cuerpo y aga- 
rran tan fuertemente, que no se arrancan^sin dejar llaga, hasta 
llegar á un alto en que estaba el primer pueblo de los Chaya- 
bitas, pequeño, de unas 100 personas, que hacían 20 familias 
de buena chusma; é informándose de los demás que había la 
tierra adentro, que decían eran más en número, los dejó apala- 
brados de que harían lo que conviniese á su doctrina, conten-* 



NOTICIAS AUTÉNTICAS DEL FAMOSO RÍO MARAÑON. 4ar7 

tándose por entonces con bautizar solos niños y pocos adultos 
que había necesitados. 

Por este mismo tiempo envió el Padre recado al cacique 
principal de los Muniches convidándole le viniese á ver. Vino 
el cacique á ver al Padre con algunos de sus sujetos, á quienes 
habló y acarició en orden á tenerlos en amistad y que diesen 
obediencia á S. M. y admitiesen el ser doctrinados; y dándoles 
algunas hachas y herramientas (principal cariño y agasajo 
para ganar estas gentes), los despachó. Dando el Padre razón 
de todo al P. B. Pérez, que era Superior y estaba en Borja, se 
determinó á enviar otro Padre que tratase de fundar una re- 
ducción de Paranapuras, Ghayabitas y Muniches, procurando 
juntar todas estas naciones, por ser pequeñas, rezagos de las 
malocas de Moyobamba, que cada una sola no era bastante; 
juntas harian algo de importancia. Señaló y envió la santa obe- 
diencia al Padre que tomase á su cargo esta reducción, á me- 
diado del año de 1654. Llegó á Santa María de Guallaga, por ser 
paso para subir á Paranapura, donde halló que le esperaban 
los principales de los Paran apuras y Ghayabitas, y logrando la 
ocasión y gusto que mostraban los indios con su nuevo y pro- 
pio Padre, subió con ellos á que se viese y registrase el punto 
más á propósito para que se poblasen ellos y los Muniches. 
Visto el que parecía más acomodado y que caia en medio, para 
que en él se llamasen y juntasen estas naciones, mientras se 
disponían las cosas y hacian las sementeras, se estuvo el Pa- 
dre en las rancherías de Paranapuras, que estaban en el retiro 
de una quebradilla, mosquitero continuo y de excesivo calor 
con los reflejos del sol, por ser arenisco. 

De estas rancherías fué también el Padre, con fin de solici- 
tarlos á que bajasen á poblarse, á ver á los Ghayabitas, nave- 
gando unos siete dias de rio arriba y subiendo á los cerros, con 
molestia de garrapatas, donde tenían su pueblo y de donde se 
ven las inmensas llanadas de estas montañas, cubiertas de es- 
pesura de árboles altos y copados y variedad de palmas, sin 
que haya cerro ni cosa que estorbe á la vista hasta todo lo que 
puede alcanzar. Gon estas visitas, comodidades y doctrinas 
que se les ofrecía, aunque sentían dejar sus tierras, fueron 



438 BOLETÍN DE LA. SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

bajando los de este pueblo adonde se había señalado para po* 
blarse en Paranapura, ayudándoles el Padre con canoas, he- 
rramientas y otras cosas que habían menester, y asegurándo- 
les principalmente que, teniendo doctrina, no les harían daño 
los españoles ni llevarían sus hijos, que es lo que sumamente 
sienten. Bajaron á lo mesmo algunos de la tierra adentro de la 
nueva nación Ghayabíta, con que iba la población poniéndose 
en buen punto, con esperanzas de reducirlos á todos. 

Trató el Padre de hacer lo mismo con los Muniches (á quie- 
nes en Moyobamba llaman OtanábesJ en orden á arrancarlos de 
su tierra y que se poblaran en Paranapura. Envió á llamar al 
cacique principal, á quien habló, diciéndole lo que convenia 
en la materia. Oyó el cacique con atención, y llegando su vez, 
respondió que él también. Así lo hizo, admitiendo el ser doc- 
trinados, pero dando solución (por ser de juicio y capacidad) á 
todas las razones que se le hablan propuesto para mudarse, 
todo en orden á no dejar sus tierras. Díjole el Padre (mostrán- 
dole agrado de su buen entendimiento y claridad con que ha- 
bla hablado) que iria á verlos en ellas y ver si habia comodi- 
dad y bastante gente para tener un Padre que los doctrinase. 
El cacique (llamábase Juanio) respondió que fuese en hora 
buena, que seria bien recibido y con gusto do todos. Hizo «I 
viaje el Padre con 17 indios solos de escolta y bogas no sin 
recelo y riesgo de enemigos, navegando catorce dias, por haber 
de dar la vuelta por el rio de Guallaga y entrar subiendo la 
quebrada donde viven los Muniches, que está tres dias más 
arriba de la boca de Paranapuras. Tuvo gran cantidad de zan- 
cudos, que de noche parecía estaba todo el aire hecho un en- 
jambre de ellos; no dejaban hacer la pobre cena á la gente; 
metíanse por la boca, narices y ojos; menos los dejaban dor- 
mir, porque no tenían toldos; íbanse, dejando al Padre solita- 
rio en la playa, huyendo de ellos en las canoillas, por ver si 
podían dormir en ellas apartados en el rio; ni con estas dili- 
gencias, de que usan valerse estas gentes en semejantes casos, 
se podían librar, por estar todo cundido de zancudos. Este tor- 
bellino de ellos tiene el rio de Guallaga y las partes sus veci- 
nas, como dije arriba, en especial en aquella temporada, que 



NOTICIAS AUTÉNTICAS DEL FAMOSO RÍO MARAÑÓN. 489 

era por el mes de noviembre y cuando cesan las crecientes 
que inundan la tierra, por el cieno y podredumbre de hojas y 
palos, que es de donde se crian tan molestas sabandijas. Ca- 
minando por la quebrada arriba, cesó esta plaga, pero vino la 
de la hambre, porque les faltó in totum la comida. Un dia les 
suplió por pan al Padre y á los indios el cogollo de una pal- 
mera de chonta (1) y su fruto en flor. Sobre l2^ hambre entraron 
on grandes temores de que estaban de malas los Muniches, 
fundándose en que no hallaban el socorro de comidas que ha- 
bian enviado á decir al cacique Municbe tuviese en el camino, 
7 en las amenazas que había echado un indio de que se habia 
de valer y hacerse fuerte con los Muniches y matar á los es- 
pañoles, al Padre y á todos, por una vuelta que le habían dado 
unos indios de Paranapura, y en otras memorias semejantes, 
que refrescaban, de que habían dicho en otros tiempos habían 
de matar al Padre, al cacique principal de Paranapura, que 
iba en esta escuadra, etc. Estos temores, como de enemigos, 
los asombraban y ponían en cuidado ; pero el mayor enemigo 
que les hacia ya la guerra y apuraba, era la hambre. En fin, 
andando en frutas silvestres que la matasen ó engañasen , se 
socorrió esta necesidad con una chacra de yucas y alguna gente 
de Muniches que acertaron á encontrar, porque con este en- 
cuentro, que en la sazón fué de mucha alegría, cesó la hambre 
con las yucas y se quitaron los temores con la relación que 
dieron los Muniches. Aseguróse todo más, porque, habiendo 
tenido aviso el cacique muniche (que se lo dieron dos indios que 
habían 'despachado había dos ó tres días ha, con ñn de que 
viesen qué rumores corrían) de que iba ya el Padre y estaba en 
necesidad, bajó el cacique á recibirle con socorro de comidas y 
bogas, dándole á su modo la bien venida á sus tierras y dícién- 
dole que habia estado muy triste y cuidadoso con la tardanza, 
juzgando le habían muerto los aucas enemigos que suelen andar 
por el rio de Guallaga; y cómo habia enviado cuatro indios con 
comidas al camino, donde esperaron algunos días y de donde. 



(1) Buterpe oUraeta. 



440 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

por madurarse los plátanos y echarse á perder, se habian vuel- 
to. Llevó al Padre por la quebrada arriba hacia sus rancherías, 
donde en el puerto esperaba la demás, de fiesta, con llautus de 
palma que coronaban sus cabezas, una rueda de indios que 
daban vueltas danzando á su modo, con flautas pequeñas ó 
zamponas, que las tocan con buena armonía y consonancia, y 
otra rueda de flautas grandes y gruesas. Ck)n esta fiesta lleva- 
ron al Padre á las casas del cacique, que distan del puerto 
como un cuarto de legua, donde tenían hecho un rancho para 
el Padre y luego hicieron capilla para que dijese misa. El ca- 
cique mandó trujesen camarico, á que acudieron todos trayen* 
do pescado, yucas, plátanos, zapallos, caña dulce y otros frutos 
de la tierra, de que pusieron al Padre un buen rimero. Hízole 
al dia siguiente una pesca con barbasco en su quebrada, que 
es muy abundante de sábalos y boquichicos, deque cogieron 
gran cantidad. No halló el Padre ser bastante la gente para 
ocupación de un sacerdote, pues no pasaban de 64 indios de 
lanza de toda la nación, con pocas mujeres y chusma. Díjole 
por medio de intérpretes el intento conque había ido á sus tie- 
rras, y aunque todos en voz común admitían el ser doctrina- 
dos y cristianos, en tratándoles de que saliesen de sus tierras 
á poblarse donde puedan serlo teniendo Padre, hoc opus, hic 
labor est. Habiendo hecho varias pláticas sobre la materia, los 
días que allí estuvo, y de los misterios de la fé, no consiguió 
más por entonces que el que se acercarían algo á Paranapura, 
y se poblarían en una quebrada que llaman Sadassoy que no 
sale de los términos de su tierra. Pasó el Padre con ello, 
con fin de irlos sacando con el tiempo á Paranapura, y se vol- 
vió, dejando bautizados algunos viejos, de quienes supo des- 
pués habian volado dentro de pocos días á la otra vida casi 
todos. 

De lo referido se sabrá lo que pasa en otras partes, porque 
casi de la misma manera recibep á los Padres otras naciones, 
con el mismo aplauso y fiestas á su modo, que no deja de ser 
indicio de la disposición que en ellos hay para tenerlos en sus 
tierras y sus doctrinas. El embarazo mayor que hay es el ser 
algunas naciones muy pequeñas y vivir en partes tan inhabí- 



NOTICIAS AUTÉNnCAS DEL FAMOSO RÍO MARAÑÓN. 441 

tables y remotas para la comunicación, que no es posible hu- 
manamente puedan vivir en ellas sacerdotes. Así, á más 
no poder, se ha procurado sacar los tales indios á donde 
puedan morar con doctrina y comunicación y ser corre- 
gidos y dirigidos de la justicia, sin la cual no se entablará 
cosa. 

Hechas estas diligencias, proseguía la población no tan sin 
efecto, pues no sólo se iban poblando los Paranapuras y Gha- 
yabitas de los altos referidos, sino que de la tierra adentro 
iban saliendo algunos á poblarse, y también de los Muniches; 
y parece se redujeran todos y se formara una razonable re- 
ducción. Faltóles el Padre, porque lo llamó la santa obediencia 
para ocuparlo en otra parte forzosa, y hubo de desampararlos, 
dejando solamente hasta 50 (?) familias y otros que también co- 
menzaban á poblarse. Mostraron grave sentimiento los indios, 
porque así como supieron que el Padre se iba, comenzaron á 
levantar alharidos desde sus ranchos, como cuando lloran sus 
muertos. Otros, que eran los más principales y viejos, se iban 
al rancho del Padre y se paraban á mirarle y á llorar, sirvién- 
doles las lágrimas de palabras, que signiñcaban su dolor y 
aflicion; de modo, que no pudiendo el Padre contenerse, se 
retiraba á un rincón á dar lugar él también á las lágrimas, 
sintiendo grandemente el dejar á aquellos pobres más que si 
fuesen sus hijos naturales... 

En materia de doctrina no era menester trabajar tanto con 
ellos como con otros, porque tomaban bien lo que se les en- 
señaba y no querían que nadie les llevase el pié adelante en 
cosas de cristianos; de que es buena prueba el que, habiéndo- 
les dicho el Padre la obligación de la abstinencia d^ carne en la 
Cuaresma, siendo su ordinario sustento la montería que cazan 
con cerbatanas y veneno, arrimaron en la Cuaresma las cerba- 
tanas, buscando solamente yerbas, frutas y pescado para pa- 
sarla aun los que no estaban bautizados; cosa rara en estos 
naturales de montañas y en que no hay poco trabajo y difi- 
cultad para que dejen de comer carne en los días prohibidos, 
así por ser ellos demasiadamente carniceros, como porque no 
siempre tienen á mano otros manjares ni poseen diligencia 

29 



412 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

en prevenirse de ellos para los días de ayuno, sino que pa- 
rece forzoso han de comer lo que hallan , sea carne ó pes- 
cado (1). 

Han proseguido acudiendo al rezo de doctrina aun estando 
sin sacerdote, y las veces que van Padres á verlos ó asistirles 
por el tiempo que es posible, como lo hizo el P. Luis Vicente 
Centellas, acuden á todo con más cuidado y á servir al Padre 
con puntualidad. Hase minorado esta reduccion¡con las pesies 
y por el punto en que está el pueblo, que con ser arenisco y 
alto, tiene demasiada humedad y vapores malos, que ocasio- 
nan enfermedades mortales. También se han vuelto algunos 
Chayabilas á sus tierras, conque no hay más, al presente, que 
30 familias. Pero si tuvieran sacerdote propio y asistente, se 
mejoraran, y hay esperanzas de que Chayabilas y Muniches 
so reduzcan. Y aunque á los Muniches han impedido los espa- 
ñoles de los Lamas ó Triunfo de la Cruz, porque quieren de- 
cir que tocan á su jurisdicción y servicio, por huir de ellos y 
del trabajo que suelen darles, se vinieran á vivir en Paraná- 
pura al amparo y abrigo del Padre, como de hecho ahora lo han 
tratado, viniendo á hablar á los Padres, con fin de acercarse y 
ponerse en Paranapura. No sé en qué pararán. Ellos dieron 
la paz y la obediencia á la justicia de Borja por medio de los 
Padres que los pacificaron en la forma que he referido. 

Tiene esta reducción su iglesia capaz, aun no acabada, con 
una imagen de pincel de la Limpia Concepción de Nuestra Se- 
ñora, de casi estatura entera; un crucifijo pequeño de bulto; un 
viril de plata y el pié de bronce dorado; dos campanas; y de or- 
namentos pocos , con otras alhajas de lo doméstico. De ganado 
vacuno hasta 14 cabezas, y de cerda otro poco. Ilácenseen esta 
quebrada y en las que en ella desaguan buenas pescas. A dos 
dias de camino por el que van á Moyobamba, están unas fa- 
mosas salinas de peñas, de donde á golpes de hachas ó barre- 



(1) Siguen otros encomioB (que suprimo) sobre su escrupulosa observancia de 
la práctica religiosa y penitencias, incluso disciplinas; y relaciones de casos de 
muertes ejemplares, como la de una vieja que falleció invocando A Dios y á la 
Virgen, como si siempre hubiese sido cristiana. 



NOTICIAS AUTÉNTICAS DEL FAMOSO RÍO MARaÑÓN. 443 

tas sacan piedras de sal en cantidad cuanta quieren ó pueden 
acarrear, para embarcarla en las canoas á dos leguas, que 
lian de cargarla por tierra. 



ADICIONES. 

Con los contratiempos que hemos dicho, los Chayabitas, que 
habían dado principio á poblarse con los Paranapuras, retirá- 
ronse nuevamente á los cerros, en donde, como apuntamos 
arriba, se formó después otra población debajo el amparo de 
Nuestra Señora de la Presentación, que aun perseveray cuenta 
al presente 442 almas. 

Lo mismo sucedió con los Muniches, quienes, habiéndose 
-dividido en dos parcialidades, la una se pobló por fin junto al 
río Paranapura, en donde desemboca la quebrada Sadasso^ 
un dia de camino en distancia de Guallaga. Llamóse esta re- 
ducción San Antonio de Padua de los Muniches, y es la que 
hoy aun persevera. La otra parcialidad, que se llamó de los 
Otonaves, poblóse debajo el patrocinio de San Estanislao Koska, 
un dia y medio más arriba, en el camino que lleva ala ciudad 
de los Lamas, junto á una quebrada llamada Sanonsi, que sale 
á Guallaga; pero habiéndose disminuido mucho, volvió por 
íiñ á juntarse con los Muniches. Ambas reducciones juntas 
cuentan hoy 151 almas. 

La de los Paranapuras, qué está cuatro dias más arriba en 
la orilla del mismo rio, numera hoy dia almas 19*2 y es anejo 
del pueblo de los Chayabitas. 



§ VII. 
Misión de los Roamainas y Zapas, 

Conmunmente han entendido y hablado de Roamainas y 
Zapas como de dos naciones distintas. No hay más funda- 
mento para eso que el tener diversos nombres y poblaciones 



444 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

apartadas, pero hablan una misma lengua con poca diferen* 
cia en la pronunciación; y aunque vivían en diferentes que- 
bradas del rio Tigre, no dejaban de comunicarse ni estaban 
muy distantes; con que no hay para qué tenerlas por distin- 
tas naciones ni provincias, sino distintas parcialidades ó po- 
blaciones de una misma nación, la una con nombre de Roa- 
mainas, la otra de Cepas^ que en lengua del inga es lo mis- 
rao que «conchas». Este nombre de Cepas les dieron los espa- 
ñoles, porgue las mujeres traian por cubierta sola una concha 
grande, pendiente de un hilo que les tapaba las partes inde- 
centes (1); Su nombre propio con que los nombran los Roamai- 
nas es Iñuru. Aunque digo que son dos parcialidades, se ha 
de entender que cada una contenia otras muchas con diferen- 
tes caciques, pobladas muy á lo dilatado en varias partes. La» 
tierras propias de esta nación son en las quebradas que des- 
aguan en el rio Tigre, avecindándose por ellas al de Pastasa 
(que se forma de los rios de Latacuuga y Hambato, donde lo 
llaman Corino), de cuyo lado, que es á man derecha, como su- 
bimos por él, tienen las dichas quebradas sus cabeceras. De 
ellas, varando canoas, salian á hacer guerra ó matanza á los* 
Mainas, que tenian por propias tierras y rios los de este con- 
torno, principalmente al de Pastasa. También se la hacian á 
ellos los Mainas y Xéberos por ambos rios, éste y el de Tigre^ 
y otras quebradas. Entendíase seria gran nación según eran de 
dilatadas las tierras que ocupaba*, [..uego que llegaron los pri- 
meros Padres á estas misiones, trataron de buscar los medios 
para apaciguarla y doctrinarla; en orden á este intento se dis» 
puso una armada en que fué el P. Lucas de la Cueva, y en 
cuya entrada y caminos padecieron muchos trabajos, porque, 
sin topar rastro de gente, anduvieron muchos días perdidos por 
achuales (2) y pantanos, ciénagas hondables y llenas de raigones 
y espinas, y sobre todo summa hambre, que la padeció con los 



(1) Véase la quinta nota del § XI, del capítulo primero de la parte primera. 

(2) Palmares de la especie llamada Achita^ que crece y se espesa en los terre - 
nos anegadizos. Equivalen a los llamados Morichales en el Orinoco por la palma 
moriche ó murichi (Aíauricia JlexuosaJ, acaso la misma Achua. 




NOTICIAS AUTÉNTICAS DEL FAMOSO RÍO MARAÑON. 445 

demás el Padre hasta caer desmayado. Túvose á favor divino 
<:oncedido por los méritos del glorioso apóstol de la India San 
Francisco Xavier (patrón de las armas de estas misiones), qne 
en su infra octavam del año de 1641, habiendo dicho misa 
el Padre, y encomendándole el negocio, se halló luego gente 
de la nación Roamaina, de que prendieron algunos, que des- 
pués han servido de lenguas para pacificarla. Un mozo de los 
-que prendieron, acertó á estar en lo alto de un árbol adonde 
habia subido á coger un mono que tenia aturdido con la yer- 
ba con que cazan y se habia detenido en las ramas. Vio de re' 
pente al pié del árbol gente de la nuestra; asombrado de te- 
mor, perdió el sentido, ó como él después decia, se le perdió 
el corazón, y quedando más aturdido que el mono, cayó de lo 
alto dando un gran golpe en el suelo, de que quedó como 
muerto, maltratado un lado, que se le hablan quebrado las 
costillas. Escapóse su cabeza de las manos de nuestra gente, 
que eran Xéberos y entonces las tcnian todavía afiladas (sic) 
para cortar cabezas. Presentáronlo al Padre vendiéndole el ser- 
vicio de que no se la habian corlado. Encomendólo al santo, 
porque estaba el muchacho más muerto que vivo. El dia si- 
guiente remaneció con alientos y fué menester aprisionarlo 
porque no so huyese. Entre estos alborotos, un soldado, por 
inadvertencia, disparó su arcabuz con dos balas, y dio con ellas 
cu otro soldado sobre el escaupil, sin que le lastimasen ni hi- 
riesen, por su buena ventura. Todo se atribuyó al favor de San 
Francisco Xavier, en cuya infra octavam tuvieron [lugar] 
estos sucesos. El muchacho que cayó del árbol y otros dos 
que también se lograron de esta ocasión, han servido después, 
como he dicho, de lenguas muy fieles para pacificar la pro- 
vincia de Roamainas y Zapas. 

Pacificóse por medio de los vecinos de Borja y de un capi- 
tán, que, habiendo alcanzado título, quiso fuCsSe con el ejer- 
cicio. Dispuso una armadilla de pocos más de 20 soldados y 
cantidad de indios amigos, con buenas instrucciones de los 
Padres para que hiciesen lo que convenia. Salieron de Borja á 
los principios del año de 1654, con intento de dar en los Coro- 
Jiadüs á titulo de delincuentes y do restaurar una india, mujer 



m BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

de un Pardo (1), soldado, que se había llevado un indio ladina 
Coronado y se sabia la tenía entre sus parientes, que enton- 
ces eran unas 20 familias, rezagos que se habian escapado de 
malocas y sacas de gente que hacian en tiempos pasados los 
vecinos de Macas y de Borja. Aunque de los soldados que 
habian ido habia algunos bien intencionados, que se confor- 
maban con las órdenes del Rey Nuestro Señor y buenas ins- 
trucciones, otros de menos capacidad y advertencia no tenían 
el íinímo puesto sino en cargar y traerse la gente que hallasen, 
para que se repartiese entre ellos, que es lo que llaman «pie- 
zas»; conque habia grandes recelos de que, viéndose en la oca- 
sión, hiciesen alguna injusticia con estrago y mortandad de la 
nación que encontrasen, que siempre se siguen de semejantes 
sacas de indios violentas, con otras inhumanidades, que és 
fuerza las hayga al repartir la gente, por contentar á los solda- 
dos, apartando y dividiendo hijos de padres y parientes do pa- 
rientes, adjudicándolos á diversos amos por un modo que pa- 
rece esclavitud ó es peor que esclavitud; cosa sensibilísima 
para estas pobres gentes, que sin duda por ella miís que por 
otras incomodidades se dejan morir. Así, suele suceder, que ni 
el diezmo se logra de tales sacas de indios, porque todo es mo- 
rirse en breve lastimosamente. 

Acerca de estos recelos, en una carta que escribió el maris- 
cal de campo D. Diego Daarmas (sic), (quien iba por capitán 
acompañado en esta jornada) al P. Lucas de la Cueva, que era 
Superior, dice este capítulo: «Se han conseguido, nú P. Rector, 
«obras tan grandes en gloria de Nuestro Criador, cuya fué la 
«disposición total, porque me consta que el P. N., pretendien- 
»do mi hermano, como justicia mayor y con la comisión délas 
«armas de este gobierno, impedir esta facción, por los mismos 
«recelos que al principio de ésta refiero á V. P. que*tuve de 
«algún gran desacierto, se opuso con gran eficacia, diciendo 
«lo mismo que á mi en varias ocasiones: «Señor capitán, no 
«lo estorbe Vmd., antes fomente este viaje, que espero en Dios 



(1) Es apellido ó sinónimo de negro, mestizo? 




NOTICIAS AUTÉNTICAS DEL FAMOSO RÍO MARAÑÓN. 447 

^Nuestro Señor, ha de resultar de él grande gloria suya.» No 
«hacia eslo el Padre porque le faltasen los mismos recelos, ycon 
«todos se atropello, que impulsos soberanos lo movian. No pue- 
/)do entender otra cosa, etc.» Este capítulo es de dicha carta, 
y fue Dios servido de disponer las cosas bien en esta facción, 
sin que surtiesen los malos efectos de «piezas» que se recela- 
ban y lemian; porque, habiendo navegado más de veinte dias 
por el rio de Pastasa arriba en demanda de los Coronados, y 
buscándolos, escudriñando sus quebradas, principalmente 
donde los habian visto, y dejando unos Mainas que estuvieron 
entre ellos ó iban por guias, no los hallaron, porque se habian 
puesto en cobro, temerosos de que irian españoles ó Mainas á 
la venganza de dos que habian muerto dos años antes en una 
refriega que los mismos Mainas les ocasionaron por causa de 
unas mujeres. Por no volverse manivacios ó sin haber hecho 
nada, determinaron el capitán y soldados entrar á la provincia 
de Roamainas y Zapaj. Con este intento, tomando puesto en el 
mismo rio de Pastasa, más abajo de donde había buscado á los 
Coronados, vararon 20 canoas medianas hasta coger una de 
las quebradas de los Roamainas, donde á una legua que vara- 
ron por tierra, se volvieron á embarcar, yá pocos dias que na- 
vegaron por ella, encontraron con casas y alguna gente que no 
tuvo lugar de retirarse, como lo hicieron los demás que viviaii 
en ellas. Prendieron cerca de 100 personas roamainas. A mu- 
chos de los soldados les parecía bastante la presa para no vol- 
verse á Borja manivacíos; pero los más advertidos les metieron 
en camino, diciéndoles que era mucho mejor dejar toda la pro- 
vincia de paz, que después les serviría, que no cargar con los 
pocos que tenian cogidos á riesgo de que se huyesen ó murie- 
sen ó saliese toda la provincia al camino para quitarlos, donde 
les podía suceder mal con las emboscadas y guazabaras que les 
diesen. Con estas y otras razones del servicio de Dios y del Rey 
Nuestro Señor y de la propia comodidad, se determinaron á va- 
lerse de los mismos prisioneros, para enviar con ellos recados 
y algunas dádivas ó presentes de herramientas á los caciques, 
convidándolos con la paz. El acuerdo fué acertado, pues por 
este medio redujeron las provincias de Roamaina y Cepas á la 



448 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

paz y obediencia de S. M., y habiendo salido muchos caciques 
y gran multitud de gente, tomaron la posesión á principio de 
abril del año de 1654, con las ceremonias y actos necesarios 
y acostumbrados y buenas salvas de arcabucería. Estuvieron 
entre ellos en buena amistad algunos dias á petición de los 
mismos indios y caciques, que les dieron abasto de maiz, yucas, 
plátanos, chontas y otros frutos de sus tierras, aunque, por fal- 
tarles carne y sal, no dejaron de padecer mucho los españoles. 
Al mismo tiempo, mediante los Roamainas, yendo á sus tierras, 
pusieron de paz á los Zapas , tomándoles la posesión al modo 
que se ha dicho. Dijéronles á unos y á otros, que para conser- 
var la paz y que tuviesen doctrina, era conveniente que se po- 
blasen en las orillas de Pastasa; á todo salieron los indios que 
también deseaban libremente y con seguridad lograr la como- 
didad de ese rio. Volvieron á salir, varando otra vez las canoas 
con mucha gente de la nación. Los españoles les señalaron los 
puestos donde se habian de poblar, y dejándolos contentos, se 
volvieron á Borja, llevando solamente algunos mozos que pi- 
dieron y les concedieron los caciques, conforme á las ordenan- 
zas reales, para lenguas. Uno de los principales que iban en 
esta jornada y á quien en especial se le debe el buen consejo 
y acuerdo que tomaron, era el mariscal de campo que he refe- 
rido, D. Diego Daarnias Tenorio, entonces capitán del número 
de Borja, que iba por acompañado y amigo del que lo era do 
esta facción, en la carta cuyo capítulo dije arriba y que escri- 
bió al P. Lucas de la Cueva, Superior que era de la Misión, 
dándole cuenta á lo largo del suceso y jornada; concluye di- 
ciendo: 

«Díjoseles que dentro de cinco meses iria Padre á quien todos 
«reverenciamos, que los dariamás entera noticia de Dios, cria- 
ador de el cielo y tierra, y que á las 10 lunas iría nuestro Su- 
»perior ó yo á verlos en sus mismas tierras, en orden á la trans- 
»migracion. En esta conformidad, como humilde siervo de Je- 
»sus y uno de los capitanes de estas conquistas, postrado á los 
»pies de V. P.,le requiero y pido con encarecimiento provea de 
«operario que labre esta viña del Señor y vaya logrando la mies 
»que juzgo por muy sazonada. P. Rector, buena gente, de su 



NOTICIAS AUTÉNTICAS DEL FAMOSO RÍO MARAÑON. 419 

«valor no hay que dudar, pues á medida de ól es su docilidad 
»y entiendo será su fidelidad; y pues nos la ha puesto en las 
órnanos el Señor, no la desamparemos, antes haga V. P. más 
»de lo posible, pidiendo á la provincia de Quito y Padre provin- 
»cial sujetos que se empleen en este santo ministerio, pues esta 
»es la advocación de la Conipañia Sania, que yo por mi parte 
»haré los posibles, escribiendo á los Padres conocidos mios para 
»que fomenten esto. Puerto de Roamainas y rio de Pastasa, 
»13 de abril de 1654 años.» Este capítulo he querido referir, 
porque manifiesta la mayor necesidad de estas misiones, que es 
de Padres, para su buen logro. Si esta provincia de Roamainas 
y Zapas los hubiera tenido'desde sus principios en que se pa- 
cificó, sin duda lo hubiera tenido colmado y no hubiera pa- 
decido esta gente tantos altibajos y estragos en mortandades y 
^n mañas y resabios que es difícil ahora el remediarlos. 

íbanse poblando en Pastasa, como les ordenaron, y estu- 
vieron dos años menos uno ó dos meses sin que pudiera ir 
Padre alguno á verlos y fomentar sus poblaciones, disponién- 
dolas como las debian hacer. El faltarles á la palabra que se 
les da es uno de los mayores inconvenientes que hay, y los 
hubo en esta nación, por no haberle cumplido la que le dieron 
de que á los cinco meses iría Padre á verlos. No se pudo más, 
así por la falta que había de Padres, como por la facción y 
conquista de Xéberos, que á todos nos embarazó en ese tiem- 
po. Solamente nos contentábamos con enviarles recados de 
varias excusas, contentándolos solo con esperanzas de que iría 
Padre á verlos. Al fin hubo de ir con orden del Superior, rom- 
piendo y atropellando varias dificultades y estorbos que ocu- 
rrían con la conquista de Xéberos, en que estaban actualmente, 
y no era la menor el haber de dejar el puesto que tenia á su 
cargo; pero dejando en él á otro Padre, aunque achacoso, 
atendiendo que era necesario y de mucho servicio de Dios 
dar una vista á los Romainas y Zapas y comenzar á predi- 
carles, fué por febrero de 1656, y navegando diez dias de rio 
de Pastasa arriba desde sus juntas con el Marañen, los halló 
que se iban poblando en sus orillas. Estaban apestados con un 
catarro ó dolor de costado maligno, con que tuvo el Padre 



450 BOLETÍN DE LA. SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

bien que hacer con los moribundos, que parece no esperaban 
más que al Padre y recibir el bautismo para volar á la otra 
vida, catequizándolos con buenos intérpretes que llevaba. 

De lo que Iba obrando y de la disposición que hallaba dio el 
Padre razón al Superior, que entonces era el P. R. de Santa 
Cruz por ausencia del P. L. de la Cueva, en una carta que le 
escribió desde los Roamainas, con fecha 26 de marzo de 1656. 

Después de escribir esta carta, prosiguió su trabajo otros 
tres meses por las orillas del rio y rancherías de hacia adentro. 
Para estos viajes de tierra, aunque era Cuaresma, desayuná- 
base el Padre con un pedazo de yuca; en llegando á las casas, 
que era á medio dia, no hallaba más que otra yuca y algunos 
plátanos, que era buen ayuno. Tal vez llegó mojado de agua- 
ceros, y, por lo que habia que hacer y estar más distante que 
otras rancherías, le anocheció sin tener qué mudarse ni en 
qué dormir y sólo se cubrió con un cachihanco mientras le 
secaban el vestido y ropa del cuerpo, á que los pobres indios 
acudían con caridad, haciendo una buena hoguera. La noche 
la pasó con muchos zancudos porque el toldo de cachihanco 
era corto. 

Con los que dice en la carta y los que después bautizó, dejó 
bautizados 235 niños y 125 adultos. De éstos murieron en ese 
tiempo antes que el Padre los dejase los 60... Después los Padres 
han ido bautizando más niños y adultos de tierra adentro, 
conforme van saliendo ó porque se casan. Todavía no han sa- 
lido todos los de adentro. Por todos los que se hallan escritos 
en las memorias llegan los bautizados á 475. De estos más de 
260 niños. 

íbase poniendo buena su doctrina con la asistencia del Padre 
Lucas de Maxano, que Dios haya, quien los tenía á su cargo. 
En algunas cartas que me escribió, da razón cómo iba el pue- 
blo principal poniéndose lucido en iglesia, casas y gente y que 
acudía á doctrinarse y perder costumbres y juegos indecentes 
que la gente moza solía tener sin recato. Llevóse Dios al Padre 
á 24 de julio de 1660, antes de que cumpliese un año entero 
do asistencia en la educación de Roamainas y Zapas, habiendo 
precedido á su muerte la peste de sarampión y «mal del va- 



NOTICIAS AUTÉNTICAS DEL FAMOSO RÍO MARAÑÓN. 451 

lie» (1) en Roamainas y primero en Mainas, á donde poco antes 
había bajado y venido á confesarse y fué forzoso que asistiese, 
como lo hizo, con diligencia, andando de unas partes á otras á 
los apestados en Mainas, que estaban distantes y divididos en 
sus repartimientos, con los sacramentos; añadiéndose los bau- 
tizos de dos buenas tropas de cimarrones gentiles que á la sa- 
zón hablan sacado los espaiíoles de los montes. Asistió á esta 
ocupación bien trabajosa un mes sin parar, hasta que, te- 
niendo aviso de nuevo contagio en Roamainas y Zapas, fué á 
socorrerlos. De ahí á poco murió, no de sarampión, sino de 
achaque ocasionado por humedades^ malos tratamientos que 
hacía en su persona, y otros trabajos necesarios á su ejerci- 
cio. Quedaron esos pobres indios sin sacerdote, con que, como 
sucede de ordinario, se esparcen fácilmente los que con difi- 
cultad y trabajo se recogieron, volviendo á sus ladroneras. 

Mucho daño en lo temporal y espiritual se les ocasionó con 
la nueva fundación de ciudad que se trató hacer y se comenzó 
en el mismo rio de Pastasa, cerca del Marañon, el año de 1656. 
Obligáronles á que ellos también so mudasen y poblasen cerca 
de la nueva ciudad, más de 40 leguas del rio más abajo de 
donde ellos se iban poblando, cosa que repugnaban con ahinco; 
con que muchos se retiraron la tierra adentro y todos se vie- 
ron obligados á ir dejando sus casas y comidas que ya tenian 
hechas, suspendiéndoseles entonces su doctrina por espacio 
de dos años, y cobraron ellos algunos malos resabios, que lo- 
maron de ver cómo los traian al retortero y tanta multitud de 
encomenderos que los hablan señalado y les molestaban por 
el servicio, sacándoles la chusma y engañándoles en muchas 
cosas. No será poco vengan á olvidarlos con el tiempo ó dejen 
de cobrar otros peores con el trato y servicio de los españoles. 
Descompúsose la fundación por la mudanza que hubo del 
Gobierno, y ellos, pidiéndolo con instancia, con permiso que 
les concedió el señor gobernador D. Juan Mauricio Baca de 
Evan, se volvieron á poblar donde primero hablan comenzado; 



(1) Relajación del esflncter del ano y descenso del intestino recto. 



152 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

en los puestos de arriba. No se consigue adecuadamente su 
población, por las causas que toco en varias partes y por la in- 
clinación que tienen á los retiros donde se criaron, dando 
continuas guiñadas á sus tierras antiguas, donde se quedan 
de ordinario. 

Lo que más les ha disminuido ha sido las pestes, desde que 
dieron la paz y obediencia á los españoles, de catarro, mo- 
quillo ó dolor de costado y últimamente de sarampión. De 
modo, que habiendo calculado los españoles que los apacigua- 
ron entre Roamainas y Zapas hasta 2.000 indios de lanza, que 
hacian 9 ó 10.000 almas, hoy nos contentamos con que lle- 
guen á 300 lanzas y 1.500 personas, que lo dudo mucho. Ellos 
han ayudado á matarse, fomentando las pestes con sus des- 
órdenes, estando sin abrigo, bañándose con las calenturas, 
usando de comidas y bebidas perniciosas, cuales son las que 
hacen de plátanos maduros y otra de papayas verdes cocidas 
y molidas, que para ellos es gustosa bebida, y otras inmundi- 
cias. También ha ayudado á su consumo el matarse unos á 
otros por leves ocasiones, y comerse; porque no sólo usan co- 
mer carne humana de enemigos y naciones extrañas, sino la 
de sus parientes; y aun dicen que tal vez se les antoja matar 
niños para comérselos. Guando alguno muere de enfermedad, 
echan la culpa á otro que ellos imaginan por sus discursos ó 
embustes, y dan sobre el y procuran la venganza, diciendo que 
él lo hechizó. Cuando por esta causa ó por otras trata alguno 
de vengarse ó malar á su pariente, suelen algunas veces en- 
riarle á avisar que va á matarlo y que tiene gana de comerle; 
el que recibe la embajada no huye, sino que despeja la casa, 
echando la chusma y mujeres á que se escondan en el monte, 
y él coge las armas, que suelen ser chinganas ó lanza y una 
rodela, y limpiando el patio, aguarda en él al contrario, que 
por ir provenido de gente que le ayude, lleva de ordinario la 
victoria, y muere el que esperaba peleando, y se lo comen. 
Pero tal vez les sucede al revés, que van por lana y vuelven 
trasquilados, ó por mejor decir, queda el desdichado agresor 
muerto y comido de el que él buscaba. 

Es gente limpia de sarna ó carato, desnuda, aunque las 



NOTICIAS AUTENTICAS DEL FAMOSO RIO MAHaÑuX, m 

mujeres usan de pampanillas y los varones de media pampa- 
nilla. Guando les da gana so ponen capuces largos, los varones, 
de cachibanco de que hacen las pampanillas, que lo sacan de un 
género de palmas que llaman los españoles achuas, cuya fruta 
es de buen gusto y sustento; de los cogollos sacan el hollejo 
largo, y atando uno con otro hasta envolver ovillos gruesos, 
tejen de él telas, unas toscas, otras delgadas, curiosamente 
listadas de colores con que tiñen la hebra. Son estas telas muy 
útiles para sus pampanillas, capuces, camisetas y toldos de 
dormir defendidos de los zancudos y para otros ministerios. 
Los Zapas usan lo mismo, aunque, por ser más toscos en su 
estilo que los Roamainas, no tienen tanta curiosidad, ni las 
mujeres se cubrian con pampanillas, sino con una concha 
grande, como tengo dicho. Ya usan pampanillas. No usan de 
algodón sino poco, aunque se da mucho ¡cuando lo siembran 
en sus tierras, como en las demás de estas montañas. Usan 
del cachibanco, por parecerles que les da menos trabajo, aun- 
que no es de tanta dura como el algodón. Conque vieue á ser 
propio ropaje y trato para comerciar y vender el cachibanco 
de los Roamainas. De los Zapas suele ser el de las hamacas de 
chambira, que es un género de fique (sic), que sacan de las hojas 
de otras palmas muy fuerte y bueno para todo género de cor- 
deles. 

Son dóciles á la doctrina y voluntarios y gustosos de ella y 
de los actos y ceremonias. No son muy dados á la embria- 
guez, aunque se sustentan y viven bebiendo, pero bebidas sim- 
ples y sin fortaleza. Pocas veces, que suele ser en sus fiestas 
de bailar cabezas, las hacen muy fuertes que puedan embria- 
gar. Cuando la peste, morian gimiendo, porque no estaba el 
Padre allí para bautizarlos. 

Ahora los asiste el P. Ignacio Ximenez, que ha recibido á 
su cargo esta provincia. Tratan de poner su pueblo en puesto 
más enjuto y sano que el que tenian, que era casi lo más cieno 
y muy hiimedo. Esto ayudarla al achaque de que murió el 
P. Lucas Maxano y al que padecen los naturales. Por eso se 
quieren mudar donde digo, cerca de donde han estado. El Pa- 
dre atiende á su población y doctrina y á sacarlos de sus si- 



454 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

(ios... procurando juntamente solicitar y ganar á los Avitoas 
y Azoronatoas , con quien han comenzado á comunicarse los 
Roamainas y Zapas. 



ADICIONES. 

Habiendo salido para Quito el P. Ignacio Ximenoz, sucedióle 
en el cargo de aquella misión, juntamente con la de los Gáés, 
el P. Agustin Hurtado, á quien por el año de 1G77 un muíalo 
desalmado quitó con una puñalada la vida, según refiere lar- 
gamente en su Historia, lib. v, cap. ii, el P. Manuel Rodrí- 
guez; donde es de advertir, que el caso sucedió, según la tra- 
dición común, no ya en los Gaés, como cuenta el P. Rodriguez, 
sino en Dacramona, que así se llama el sitio en donde estuvo 
el pueblo de Roamaynas, y de donde después de la muerte del 
Padre se pasaron á la otra banda del río algo más abajo de la 
quebrada en que viven.al presente los Pinches, De allí también 
habiendo entrado en el pueblo el achaque de las viruelas y 
muerto algunos, todos los demás se retiraron á sus tierras an»- 
liguas, de modo que, según consta de un informe que hizo 
siendo Superior el P. Gaspar Vidal por el año de 1G95, ya no se 
reconocian más los Roamaynas como parte de la misión; y así, 
fue preciso enviar á solicitar nuevas paces con ellos. El P. Ni- 
colás Durango, quien al año siguiente de 1696 tomó á su cargo 
el reducirlos nuevamente, dice en sus apuntes haber encon- 
trado en el pueblo antiguo de Roamaynas cinco solos indios, 
tres mujeres y diez muchachos. Lo que obró en. orden á sa- 
carlos nuevamente de los bosques y amistar á otras parcialida- 
des, seguirá, hablando de la reducción de los Pinches. 

Marcos Jiménez de la Espada. 

^Continvard.J 



EXTRACTO 



DB LAS 



ACTAS DE LAS SESIONES 



0RLKRRADA8 POR LA SOCIEDAD Y POR LA JUNTA DIRECTIVA. 



JUNTA DIRECTIVA. 

Sesión del 4 de Febrero de 1890. 

Presidencia del Sr, Coello, 

Abierta la sesión á las nueve de la noche, con asistencia de los 
Sres. Aparici, Andía, Foronda, Gorostidi, Suarez, Suarez lucían, Lai^so 
de la Vega, Sánchez y Massiá, Arrióla, Anií, Ferreiro y Torres-Campos, 
BC leyó y fué aprobada el acta de la anterior. 

Se leyó una comunicación de la Academia Politécnica de Oporto 
acusando recibo del ejemplar do la Circular remitida á las Sociedades 
Geográficas invitándolas á que se adhiriesen á la protesta de las de 
Lisboa y Madrid contra la conducta de Inglaterra; agradecía, además, 
las pruebas de afecto que la Sociedad Geográfica do Madrid daba á 
Portugal y el servicio que con su concurso prestaba á los derechos é 
intereses de esta nación. 

A propuesta del Sr. Presidente acordó la Junta que constara en acta 
su dolor por la pérdida del Excmo. Sr. Conde de Toreno, Presidente 
que había sido de la Sociedad, individuo honorario de esta y uno de los 
que tomaron parte más activa y principal en la fundación de la misma. 
También resolvió la Junta celebrar solemne sesión en memoria de tan 
ilustro socio y de los Sres. D. Hilario Nava y D. Vicente de la Fuente, 
que tan excelentes servicios habían prestado á la Sociedad y á la cien- 
cia. Para pronunciar los respectivos discursos necrológicos se acordó 
invitará los Sres. Suarez Inclán, Fernández Duro y Foronda. El señor 
Suarez Inclán, que se hallaba presente, alegó varias excusas que la 
Junta no aceptó por considerar que solo se fundaban en la excesiva 



153 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

modestia de aquel. El Sr. Foronda declaró que, en esto como en todo, 
se hallaba á las órdenes de la Junta directiva. * 

Continuó después el debate acerca de la cuestión del Muni. usaron 
de la palabra los Sres. Presidente, Sánchez y Massiá, Suarez y Foronda, 
y se acordó que era ya ocasión de proceder con energía y apelar á los 
medios que más convinieran para lograr pronta solución, mediante la 
que se reconocieran los derechos de España á todos los territorios que 
nos disputan los franceses. En las próximas sesioned debería ocuparse 
la Junta de la elección de medios para el fin indicado. 

El Sr. Torres-Campos advirtió que se hallaba vacante el importantí- 
simo cargo de Gobernador de las posesiones españolas del Golfo de 
Guinea, é indicó la conveniencia de que la Junta directiva de la Socie- 
dad gestionase en favor de una acertada designación de persona que 
conociera el estado de aquella Colonia y las reformas que debían intro- 
ducirse en su régimen administrativo. Acordó la Junta pedir al Minis- 
tro de Ultramar que el cargo de Gobernador del Golfo de Guinea se 
proveyese en persona apta por sus conocimientos y antecedentes para 
el desempeño de tan difícil puesto. 

Y se levantó la sesión á las diez y media. 



JUNTA DIRECTIVA. 

Sesión del 11 de Febrero de 1890. 

Presideneia del Sr, Coeüo. 

Abierta la sesión á las nueve menos cuarto de la noche con asistencia 
de los Sres. Botella, Abclla, García Martín, Foronda, Codera, Andía, 
Suarez, Sánchez y Massiá, Ferreiro, Torres Campos, Motta, Valero é 
Ibarra, se leyó y fué aprobada el acta de la anterior. 

Se leyeron comunicaciones: 

De la Sociedad de Geografía de Hannover, adhiriéndose á la protesta 
de la de Madrid con motivo del conflicto surgido entre Portugal é 
Inglaterra. 

De la Asamblea de protesta patriótica de Torres Novas, agradeciendo 
con frases muy lisongeras la actitud de la Sociedad Geográfica, tan 
favorable á los derechos de Portugal. 



EXTRACTO DE LAS ACTAS. 457 

El Sr. Coello participó que, en cumplimiento de loe acuerdos de la 
Junta, había procurado conferenciar con el Sr. Ministro de Ultramar, 
y que no habiendo podido verle, le escribió, recordándole que es mi- 
sión de la Sociedad Geográfica interesarse en todo cuanto afecta á la 
integridad de nuestro territorio colonial y al aprovechamiento de todas 
las fuentes de riqueza que cabe explotar en las colonias, por lo que 
estimaba aquella indispensable que el Gobernador de las del Golfo de 
Guinea ofreciera, por sus antecedentes y por sus especiales conocimien- 
tos, firme garantía de poder contribuir al desarrollo material de aque- 
llas y convicción firmísima también de los derechos que España tiene 
á los territorios que los franceses nos disputan. 

Anunció además el Sr. Presidente que había comunicado al Sr. Fer- 
nández Duro el acuerdo de la Junta de suplicarle que se encargase del 
dircurso necrológico del Excmo. Sr. D. Hilario Nava. El Sr. Fernández 
Duro se dignó aceptar el encargo de la Junta. Resolvió esta que se pre- 
guntara, tanto al Sr. Fernández Duro, como á los Sres. Foronda y Sua- 
rez Inclán, el día en que podría celebrarse la proyectada sesión so- 
lemne. 

Leyóse después una carta del Sr. Marcel, de París, dirigida al señor 
Fernández Duro, en la que se pedían informes acerca de una misión 
española que se suponía realizaba trabajos arqueológicos en Marruecos, 
y se daba noticia de un mapa del Airica central, del siglo xvii, descu- 
bierto por dicho Sr. Marcel, mapa que con toda evidencia probaba que 
los portugueses poseían ya establecimientos y fuertes en la época cita- 
da. Ninguno de los señores de la Junta tenían noticia de la misión en 
Marruecos á que aludía el Sr. Marcel, y se acordó participárselo así al 
Sr. Fernández Duro. Respecto del mapa del siglo xni, se acordó, reco- 
nociendo la gran importancia de este descubrimiento en los momentos 
actuales, remitir copia del párrafo de la carta que á él se refería á la 
Sociedad de Geografía de Lisboa, y pubhcarlo en las Revistas y Bole- 
tines Geográficos. 

Después, el Sr. Presidente recordó á la Junta que se hallaban pre- 
sentes los Sres. Ibarra y Valero, é invitó á estos á que hicieran uso de 
la palabra, pues sus noticias y observaciones podrían ilustrar á la Junta 
en la cuestión relativa al Muñí y demás territorios del Golfo de Guinea. 
El Sr. Ibarra dio noticias del estado de la colonia de Femando Poó, 
á la que, añadió, no puede en realidad denominarse así, puesto que 
hasta el presente no se han hecho trabajos serios de colonización. Res- 
pecto al conflicto con Francia, manifestó que el statu quo nos perju- 
dica tanto como favorece á Francia y que, por consiguiente, conviene 

30 



458 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

que Be dé pronta y defínitíva solución ai litigio. Instado de nuevo por 
el Sr. Presidente, ofreció el Sr. Ibarra dar una conferencia en la Socie- 
dan en ocasión oportuna. 

El Sr Valero, que acababa de regresar de Barcelona donde había con- 
ferenciado con el Sr. Marqués de Comillas, manifestó que los proyec- 
tos de este se hallaban ya en vías de realización; que se había mandado 
construir la casa para la factoría principal de Elobey; que se pensaba 
establecer otras subalternas y dedicar terrenos que la Compañía había 
adquirido al cultivo de cacao, café y otros productos; que la expedición 
saldría á fines de Marzo y que, como él había de formar parte de ella, 
suplicaba á la Sociedad que le honrase encargándole trabajos especia- 
les en dichas regiones. 

El Sr. Coello le ofreció, en nombre de la Junta, instrucciones para el 
caso en que pudiese explorar y reconocer algunos territorios. Elogió, 
además, los proyectos y la iniciativa del Sr. Marqués de Comillas, cuya 
empresa demuestra la urgente necesidad de resolver la cuestión pen- 
diente con Francia. 

Prosiguiendo el debate comenzado en anteriores sesiones, anunció 
el Sr. Presidente que debía tratarse en esta de los medios y de la opor- 
tunidad para las consecución de los propósitos de la Junta. 

El Sr. Suarez manifestó que, á su juicio, no cabía discutir ya sobre 
la oportunidad, dada la urgencia con que se imponía la solución del 
conflicto para evitar mayores daños. Como medio, propuso que en 
primer término se conferenciase con el Sr. Ministro de Estado y que 
se recomendara gran actividad á la Comisión de límites. 

El Sr. Coello recordó que esta Comisión no ha conducido á resultado 
ninguno favorable para los derechos de España y que por tanto no 
debía volver á reunirse. La cuestión debe ventilarse directamente 
entre el Sr. Ministro de Estado y el Embajador de Francia. Usaron 
también de la palabra los Sres. Torres Campos, Foronda, Botella y 
Sánchez Massiá, y acordó, por fin, la Junta, que una Comisión se avis- 
tase con el Sr. Ministro de Estado y le apremiara para la resolución 
del conflicto, y que también se noticiara al Sí. Ministro de Ultramar el 
propósito de la Sociedad y se le recordase la conveniencia de enviar 
buques de poco calado á las aguas del Golfo de Guinea. Se aplazó 
todo otro acuerdo definitivo hasta que la Comisión conferenciase con 
el Sr. Ministro de Estado. La Secretaría se encargó de solicitar de este 
audiencia para asunto urgente de interés público. Fueron designados 
para formar la Comisión citada los Sres. Coello, Aparici, Botella, Torres 
Campos y Ferreiro. 



EXTRACTO DE LAS ACTAS. 459 

En el transcurso del debate se recibió y leyó atenta carta del señor 
3ünistro de Ultramar, contestación á la que le había dirigido el señor 
Presidente respecto á la provisión del cargo de Gobernador de las 
posesiones españolas del Golfo de Guinea. El Sr. Ministro recordaba 
que ese nombramiento había de hacerse de acuerdo con el Ministro de 
Marina, y que por su parte haría todo cuanto pudiera para complacer 
á la Sociedad. 

El Sr. Torres Campos leyó una carta del Hermano Alejo Gochet, en 
la que le encargaba que diera muy expresivas gracias á la Sociedad 
por haberle nombrado corresponsal. 

Ateniéndose la Junta á lo dispuesto en el par. 3.o del art. 3.o del 
Reglamento de la Medalla, acordó proponer á la Sociedad que sé autOr 
rizase para usarla á los Socios corresponsales Sres. Gauthiot y GaiSarel. 

Los Sres. Sánchez Massiá y Torres Campos rogaron á la Junta que 
les señalase el día en que habrían de pronunciar sus respectivas con- 
ferencias. La Junta señaló el martes 25 de Febrero para la conferencia 
del Sr. Sánchez Massiá, y el martes 1 1 de Marzo para la del Sr. Torres 
Oampos. 

Y se levantó la sesión á las diez y media. 



JUNTA DIRECTIVA. 

Sesión del 18 de Febrero de 1890. 

Presidencia del Sr, Coello, 

Abierta la sesión á las nueve de la noch^, con asistencia de los seño- 
res Botella, Abella, Foronda, Andía, Suarez, Suarez Inclán, Sánchez y 
Massiá, Amí, Ferreiro y Torres-Campos, se leyó y fué aprobada el acta 
de la anterior. 

Se leyeron comunicaciones ; 

De la Sociedad Académica Franco-hispano-portnguesa, de Tolosa, 
adhiriéndose con entusiasmo á la protesta de la Geográfica de Madrid. 

Del Sr. Marqués de Croizier, Presidente de la Sociedad Académica 
Indo-China, de París, anunciando que esta se reuniría en breve para 
adherirse á la ya citada protesta. 

Se acordó proponer á la Sociedad que se autorizase para usar de la 
medalla al socio corresponsal D. Alfredo Geelhand de la Bistrate. 

El Sr. Coello manifestó que la comisión nombrada al efecto no había 



4C0 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

podido conferenciar con el Sr. Ministro de Estado por haberse recibida 
el aviso de este horas después de la señalada para la entrevista. Anun- 
ció también que, según noticias particulares, en el Ministerio de Marina 
prevalecía el propósito de proponer para el cargo de Gobernador del 
Golfo de Guinea á quien tuviese la categoría de capitán de fragata^ 
prescindiendo de las condiciones especiales que debía reunir la per- 
sona nombrada para aquel puesto. 

Acordó la Junta pedir audiencia al Sr. Ministro de Marina á fin de 
indicarle la conveniencia de elegir persona con dotes y conocimientos 
á propósito para el gobierno de aquellas colonias. Fueron designados 
para conferenciar con el Sr. Ministro los Sres. Presidente y Secretario 
general. También se dispuso que por segunda vez se solicitara audien- 
cia del Sr. Ministro de Estado. 

El Sr. Foronda leyó un extracto del discurso que en el Senado pro- 
nunció el Sr. Ministro de la Guerra con motivo de una interpelación de 
un Sr. Senador acerca del dique que proyectan los ingleses en Gibral- 
tar. El Sr. Ministro terminaba declarando que el Gobierno, el Senado y 
todo el país tienen suficiente patriotismo para no consentir que se 
menoscabe en lo más mínimo la integridad del territorio ni allí ni en 
ninguna parte. Propuso el Sr. Foronda que una comisión de la Sociedad 
felicitase al Sr. Ministro por tan patriótica declaración y á la vez le 
indicara la conveniencia de recabar todos nuestros derechos sobre el 
Muni. Apoyaron la idea del Sr. Foronda los Sres. Botella y Suarez. 
El Sr. Ferreiro llamó la atención de la Junta acerca del estado de Ma- 
rruecos y de la excesiva ingerencia que en este imperio van tomando 
naciones extranjeras. Sobre este particular expusieron también algu- 
nas consideraciones los Sres. Coello, Amí, Suarez, Andía, Torres Cam- 
pos, Suarez Inclán y Sánchez Massiá, y por fin se convino en que una 
comisión, formada por los Sres. Coello, Botella y Amí, conferenciase 
con el Sr. Ministro de la Guerra acerca de los puntos antes indicados 
y le expusiera también las opiniones de la Junta respecto á la política 
que España debe adoptar en Marruecos. 

A propuesta del Sr. Torres-Campos se acordó pedir al Sr. Ministro 
de la Guerra que concediese á D. José Valero comisión del servicio, sin 
aumento sobre el sueldo de la Península y por término de un año, para 
las posesiones españolas del Golfo de Guinea. 

Acordó por último la Junta reunirse el próximo martes á las ocho y 
media y que á las nueve se celebrará reunión ordinaria para oir la con- 
ferencia del Sr. Sánchez Massiá. 

Y se levantó la sesión á las once menos cuarto. 



EXTRACTO DE LAS ACTAS. 461 



JUNTA DIAECTIVA. 

* 

Sesión del 25 de Febrero de 1890. 

Presidencia del Sr, Coello, 

Abierta la sesión á las ocho y media de la noche, con asistencia de 
•de los Sres. Botella, Aparici, Abella, García Martín, Foronda, Codera, 
Andía, Sánchez y Massiá, Hallada, Montes de Oca, Ferreiro y Motta, 
fie leyó y fué aprobada el acta de la anterior. 

Se leyeron comunicaciones. 

£1 Sr. Presidente dio cuenta de las entrevistas que las comisiones 
respectivas habían celebrado con los Ministros de la Guerra y de 
Marina. Añadió que el Ministro de Estado aún no había señalado día 
y hora para la conferencia. 

Debiendo reunirse la Sociedad á las nueve, y siendo esta ya la hora, 
la Junta levantó su sesión. 



REUNIÓN ^ORDINARIA. 

Sesión del 25 de Febrero de 1890. 

Presidencia del Sr, Coello, 

Abierta la sesión á las nueve y cuarto de la noche, se leyó y fué 
íiprobada el acta de la anterior. 

El Sr. Presidente recordó que durante el período transcurrido entre 
la última sesión y la que ahora celebraba la Sociedad, había perdido 
esta tres de sus socios más ilustres: el Conde de Toreno, fundador y 
honorario y Presidente que fué de la Corporación; el Sr. D. Hilario 
Nava, Vicepresidente que fué también de la Sociedad, y el Sr. D. Vi- 
-cente de la Fuente, Vocal que había sido de la Junta directiva. Todos 
habían prestado muy señalados servicios á la Sociedad, y la Junta 
directiva, después de hacer constar en acta su dolor por tan sensibles 
bajas, había acordado celebrar pública y solemne sesión en memoria 
de los íinados. La reunión se adhirió imánime á los acuerdos de la 
Junta. 

Se concedió autorización para usar la medalla de la Sociedad á los 
<;orresponsales extranjeros Sres. Gaffarel, Gauthiot y Geelhand de la 
Bistrate. 



402 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

Ingresaron en la corporación, como socio de número, el 6r. D. Pedro 
Gounaud, de París, y como socio vitalicio, el Sr. Ilarionol^átch Sacha- 
rof, de Yakutsk. 

El Sr. Presidente anunció que iba á darse cuenta de los acuerdos de 
la Junta directiva y de las comunicaciones que habían mediado entre 
la Sociedad de Madrid y la de Lisboa y otras del extranjero con motivo 
del incalificable atropello cometido por Inglaterra contra Portugal, 
pueblo hermano nuestro, y como nosotros, también débil, pero resuelto 
á no sufrir pacientemente las imposiciones del poderoso. Recordó que 
acaso España pudiera hallarse en breve en situación semejante á la de 
Portugal, puesto que no ha de consentir que los franceses ocupen Ios- 
territorios españoles de la cuenca del Muni, ni que los ingleses realicen 
en Gibraltar las obras marítimas que proyectan ; y por otra parte, ha 
de defender con bríos, si las circunstancias lo exigiesen, la integridad 
del territorio marroquí. 

El Secretario general leyó los documentos á que se había referido el 
Sr. Presidente y que ha de publicar el Boletín. 

Acto seguido, el Sr. Sánchez Massiá disertó acerca de la necesidad 
de formar el catastro en España. La reunión aplaudió unánime esta 
conferencia que el Boletín publicará también. El Sr. Presidente, al 
felicitar al orador, insistió en la conveniencia y necesidad de formar 
el catastro parcelario y adujo interesantes datos que demostraban la 
posibilidad de realizar esta obra con menor coste que el que hoy repre- 
sentan los numerosos trabajos parciales que se ejecutan. Puede hacerse 
el catastro con un gasto de 4 á 5 pesetas la hectárea; gasto igual 6 
inferior al del mapa topográfico que publica el Instituto Geográfico y 
Estadístico, sin rendir tal mapa las inmensas utilidades que propor- 
ciona el catastro. Estima el Sr. Coello que hecho este, la riqueza impo- 
nible habría de triplicarse, no tan solo por el descubrimiento do la 
ocultación, que en algunos términos es de 100 por 1, sino por el mayor 
valor que la propiedad adquiriría una vez conocidos con exactitud Ios- 
linderos de cada finca y la naturaleza de los terrenos. No obstante, cree 
el Sr. Coello que el catastro no ha de hacerse en España porque, aunque 
favorece al país, á la Hacienda y al contribuyente, perjudicaría á mu- 
chos de los hombres que viven de la política y cuya infiuencia es 
incontrastable en España. 

Con entusiasta aplauso mostró la Sociedad que participaba de las 
mismas ideas de su Presidente, y acto seguido se levantó la sesión^ 
Eran las diez y media. 



EXTRACTO DE LAS ACTAS. 4GJ 



REUNIÓN ORDINARIA. 

Sesión del 11 de Marzo de 1890. 

Presidencia del Sr. Coello, 

Abierta la sesión á las nueve y coarto de la noche , se leyó y fué 
aprobada el acta de la anterior. 

El Sr. Presidente participó que la Sociedad había tenido la desgracia 
de perder á dos de sus más ilustres socios, el Sr. Marqués de Monis- 
trol y D. Juan Pérez del Pulgar. La reunión expresó unánime su dolor 
por tan sensibles bajas. 

Ingresó en la Sociedad el Sr. D. José Valero, Comisario de guerra, 
quien, según anunció el Sr. Presidente , iba á marchar en breve á los 
territorios españoles del Golfo de Guinea con ánimo decidido de estu- 
diar aquellos países y prestar así un buen servicio á su patria y á la 
ciencia geográfica. 

Acto seguido y previa invitación del Sr. Presidente, el Sr. Torres- 
Campos explanó su anunciada conferencia acerca del Congreso inter- 
nacional de ciencias geográficas 'de París, conferencia que publicará 
íntegra el Boletín, y que fué acogida con repetidos aplausos de la 
numerosa concurrencia que asistía á la sesión. 

El Sr. Presidente felicitó al orador en nombre de la Sociedad, y 
acto seguido, se levantó la sesión. 

Eran las diez y media. 



JUNTA DIRECTIVA. 

Sesión del 18 de Marzo de 1890. 

Presidencia del Sr. Coello. 

Abierta la sesión á las nueve de la noche, con asistencia de los seño- 
res Abella, Foronda, Suarez, Sánchez Massiá, Amí y Ferreiro, se leyó 
y fué aprobada el acta de la anterior. 

Se leyeron comunicaciones: 

De la Sociedad Académica Indo-China de París, adhiriéndose resuel- 
tamente á los acuerdos de la Sociedad Geográfica de Madrid y enviando 
copia de su protesta contra el proceder de Inglaterra. 



464 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

Del Sr. Aparici, participando que el Ministro de la Guerra había com- 
placido á la Sociedad otorgando al Comisario de Guerra, Sr. Valero, co- 
misión del servicio para las posesiones españolas del Golfo de Guinea. 
Acordó la Junta que constara en acta su gratitud al Sr. Ministro de la 
Guerra. 

Del Sr. Suarez Lorenzana, de Melilla, anunciando que remitía al señor 
Presidente sus itinerarios en el Rif. £1 Sr. Coello manifestó que no 
había recibido dichos itinerarios. 

Del Socio corresponsal Sr. Blumentritt felicitando á la Sociedad por 
la actitud que había tomado en la cuestión anglo-portuguesa. 

Del Sr. Fernández Duro, participando que había terminado el dis- 
curso necrológico del Sr. D. Hilario Nava y que esperaba que la Junta 
designara el día en que había de celebrarse la sesión anunciada. La se- 
cretaría anunció que también el Sr. Suarez Inclán, encargado de la ne- 
crología del Sr. Conde de Toreno, se hallaba dispuesto á leerla. £1 se- 
ñor Foronda, á quien correspondía leer la del Sr. D. Vicente de Lafuente, 
manifestó que había estado ausente de Madrid, que no había recogido 
aún todos los datos necesarios, y que probablemente se pondría á dis- 
posición de la Junta en los primeros días de Abril. 

Se leyó también una circular impresa de los españoles residentes en 
Oporto que unían su protesta á la de los portugueses contra el Grobierno 
de la Gran Bretaña. 

£1 Sr. Suarez presentó apuntes inéditos de la expedición del general 
ürbistondo á Joló y descripción de la antigua provincia de Nueva Vizca- 
ya, redactados por el Sr. Ochoteco, Gobernador que había sido de dicha 
provincia. Acordó la Junta que dichos apuntes se publicaran en el Bo- 
LBTÍK, previa revisión por la secretaría. 

Tratóse después de la conveniencia de publicar las Relaciones topo- 
gráficas de Felipe II, como há tiempo proyectó la Sociedad. Se acordó 
que ante todo se examinaran los manuscritos para calcular su extensión 
una vez impresa la obra. 

Y no habiendo de más asuntos que tratar se levantó la sesión á 
las diez. 

JüKTA DIRECTIVA. 

Sesión del l.o de Abril de 1890. 

Presidencia del Sr. Coello, 

Abierta la sesión á las nueve de la noche, con asistencia de los seño- 
res Botella, Abella, Foronda, Suarez, Lasso de la Vega, Sánchez Massiá, 




EXTRACTO DE LAS ACTAS. 465 

Amí, Ferreiro, Torres-Campos y Motta^ se leyó y fué aprobada el acta 
de la anterior. 

Se leyeron comunicaciones : 

De la Unión Ibero- Americana, llamando la atención hacia los traba- 
jos que está realizando dicha Sociedad. Con este motivo el Sr. Foronda 
recordó que el Presidente de la Sociedad Geográfica figura en la Junta 
directiva de aquella Asociación; el Sr. Suarez habló de los proyectos 
de esta relativos á la exposición industrial y comercial de 1892, y el 
Sr. Coello indicó que el Gobierno se había comprometido á que se cele- 
brara aquella y la Comisión del centenario de Colón procuraría que se 
cumplieran tales propósitos. Añadió el Sr. Presidente que dicha Comi- 
sión había conferido al Sr. Fabié y á él el encargo de ultimar los traba- 
jos para la publicación de los hbros del Almirante que se custodian en 
la Biblioteca Colombina; que el Sr. Fabié había estado en Sevilla donde 
supo que Italia se propone también reproducir los citados libros, y que 
al tener noticia de este proyecto, el Sr. Coello y la Comisión del Cen- 
tenario opinaron que era aún mayor por parte de España el compro- 
miso de dar publicidad á los manuscritos de que se trata. A este 
parecer se adhirió unánime la Junta. 

De la Sociedad de Geograña de París, consultando acerca de las 
poblaciones en que podrían celebrarse los próximos congresos interna- 
cionales de Geografía. Habiendo indicado algunos Sres. Vocales la 
conveniencia de que se celebrara en Madrid el Congreso de 1892, 
acordó la Junta aplazar la contestación hasta tanto que el Sr. Presi- 
dente hubiese dado cuenta de esta idea á la Comisión del Centenario. 

El Sr. Coello presentó un ejemplar del mapa de África del siglo xvi, 
publicado con un folleto por el Sr. Marcel. Acordó la Junta repro- 
ducir dicho folleto y mapa en el Boletín, previo permiso del autor que 
se encargó de solicitar el Sr. Presidente. 

Se presentó un cálculo aproximado de los volúmenes que harían 
impresos los manuscritos de Relaciones topográficas de Felipe U. 
Resultaban unos 10 tomos de 500 páginas con la caja del Boletín de 
LA Sociedad. No se tomó resolución definitiva aplazándola para cuando 
pudieran confrontarse la copia existente en la Biblioteca de la Real 
Academia de la Historia y los originales que se conservan en la de 
San Lorenzo del Escorial. 

Acordó la Junta que se celebrase el próximo martes la sesión solemne 
en honra y memoria de los Sres. Conde de Toreno, Nava y Lafuente, y 
que para dicha sesión se invitara á todas las Corporaciones á que los 
finados pertenecieron. 



4G6 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

A propuesta del Sr. Torres-Campos , y teniendo en cuenta los méri- 
tos del oficial de Secretaría, Sr. D. Ricardo Beltrán, y los importantes 
6ervicios que había prestado á la Sociedad, acordó la Junta por unani- 
midad proponer á la general su nombramiento de Archivero perpetuo, 
como cargo de la Junta directiva, y con voz y voto en la misma. 

Acordó también la Junta proponer á la general que se autorizase á 
los socios corresponsales Sres. Du Fief y Gochet para el uso de la 
medalla y que en lo sucesivo se restrinja tal autorización. 

Y se levantó la sesión á las diez y media. 



REUNIÓN EXTRAORDINAaU. 

Sesión del 8 de Abril de 1890. 

Presidencia del Sr, Coeüo. 

Abierta la sesión á las nueve y media de la noche, el Sr. Presidente 
manifestó que la Sociedad se reunía en sesión extraordinaria y pública 
para honrar la memoria de los Sres. Conde de Toreno, D. Hilario Nava 
y D. Vicente de La Fuente , que desempeñaron cargos importantes en 
la Sociedad y que habían dejado en esta vacíos muy difíciles de llenar. 

Acto seguido, leyeron discursos los Sres. D. Manuel de Foronda,. 
D. Julián Suarez Inclán y D. Cesáreo Fernández Duro, en elogio, res- 
pectivamente, de los Sres. D. Vicente de la Fuente, Conde de Toreno y 
D. Hilario Nava. Estos discursos fueron muy aplaudidos é íntegros los 
publica el Boletín. 

El Sr. Presidente felicitó á los Sres. Foronda, Suarez Inclán y Fernán- 
dez Duro y les dio gracias muy expresivas en nombre de la Sociedad. 

Acto seguido se levantó la sesión. Eran las once. 



JUNTA DIRECTIVA. 

Sesión del 15 de Abril de 1890. 

Presidencia del Sr. Coeüo, 

Abierta la sesión á las nueve de la noche, con asistencia de los se- 
ñores Abella, García Martín, Foronda, Codera, Suarez, Sánchez Massiá, 
Amí, Ferreiro y Motta, se leyó y fué aprobada el acta de la anterior. 




EXTRACTO DE LAS ACTAS. 467 

El Sr. Beltrán suplicó que constara en acta su gratitud á la Junta 
<lirectiva por la honrosa distinción con que le había favorecido al acor- 
dar se propusiera á la general su nombramiento de Archivero perpe- 
tuo, como cargo de aquella. 

El Sr. Foronda participó que, según carta que había recibido del 
Rector del Monasterio de San Lorenzo del Escorial, eran siete los 
tomos de Relaciones topográficas de Felipe II que en aquella Biblio- 
teca existían. Añadía el Sr. Rector que los monjes no podían compro- 
meterse á hacer la confrontación de dichos tomos con la copia que se 
conserva en la Biblioteca de la Real Academia de la Historia, por ser 
trabajo muy difícil y que requería mucho tiempo. 

El Sr. Presidente manifestó que la Real Academia de la Historia no 
tenía por ahora el propósito de publicar las citadas Relaciones, y que 
vería con gran satisfacción que la Sociedad Geográfica se encargase de 
publicarlas. 

El Sr. Foronda ofreció examinar detenidamente los originales del 
Escorial é informar á la Junta de cuanto le conviniera saber para for- 
mar el plan y el presupuesto de la publicación. 

El Sr. Presidente participó: 

Que había recibido carta del Sr. Mareel, de París, autorizándole 
para que la Sociedad reprodujera el mapa del centro de África, del 
siglo XVII y el folleto que le acompaña. 

Que el Sr. Suarez, de Melilla, le había enviado el itinerario del Rif 
que hace tiempo ofreció; era poco detallado, pero ofrecía remitir un 
nuevo itinerario descriptivo. 

Que , según noticias fidedignas, la situación de la factoría de Río de 
Oro era deplorable desde el punto de vista comercial, pues la titulada 
Compañía mercantil Hispano-Africana carecía de recursos de todo 
género para hacer cambios con los indígenas. 

Que el Sr. Saint-Sand y otros alpinistas franceses se proponían rea- 
lizar una expedición al Valle de las Hurdes y á los Picos de Europa. 
Con este motivo algunos señores de la Junta indicaron la conveniencia 
de procurar que el Sr. Barrantes pronunciase lo antes posible su 
ofrecida conferencia acerca del citado valle. 

A propuesta del Sr. Foronda se dispuso completar el índice ya 
publicado de los 20 primeros tomos del BoletIn con otro índice de 
autores. 

Y se levantó la sesión á las diez y media. 



468 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 



JUNTA DmECTlYA. 

Sesión del 22 de Abxil de 1890. 

Presidencia del Sr, Coello. 

m 

Abierta la sesión á las nueve de la noche, con asistencia de los seño- 
res Rodríguez Arroquia, Botella, Abella, Grarcia Martin, Foronda, An- 
dia, Suarez, Suarez Inclán, Lasso de la Vega, Garralda, Espin, Ferreiro, 
Torres-Campos y Motta, se leyó y fué aprobada el acta de la anterior. 

El Sr. Presidente leyó carta que había recibido del Sr. Marcel, de 
París, quien le daba cuenta de un nuevo documento que apoyaba los 
derechos históricos de Portugal á la región africana del Zambese; era 
un Atlas publicado en los primeros afíos del siglo xvii. £1 Sr. Marcel 
autorizaba á la Sociedad para reproducir en su Boletín los párrafos de 
su carta relativos á este importantísimo documento, como ampliación 
de los datos contenidos en el folleto que anteriormente remitió y que 
la Junta había resuelto traducir y publicar también. 

£1 mismo Sr. Coello anunció que la Asamblea de la Liga de Contri- 
buyentes, convocada para el mes de Mayo próximo, debía tratar, entre 
otros puntos, de la conveniencia de formar el catastro, y consultó á la 
Junta si procedía que la Sociedad Geográfica procurase tomar parte 
en estas deliberaciones. La Junta resolvió afirmativamente, y el señor 
Foronda ofreció informarse de cuantos puntos interesaba conocer para 
que la Junta decidiese en qué forma y por qué medios podía intervenir 
la Sociedad en la citada Asamblea. 

£1 Secretario general participó que la Oficina Hidrográfica de Was- 
hington se había dirigido al Depósito Hidrográfico de España, pidiendo 
noticia del sistema ó sistemas aceptados entre nosotros para la nomen- 
clatura geográfica y la transcripción de los nombres extranjeros, no 
pertenecientes á la escritura latina, y dio cuenta del sistema que acep- 
taba el citado Depósito en sus cartas hidrográficas , leyendo al efecto 
la comunicación que aquel dirigía á la Oficina de Washington. 

£1 Sr. Presidente declaró que no podía aceptar el sistema propuesto 
por el Depósito Hidrográfico; que estimaba mucho más conveniente y 
lógico el adoptado por la Sociedad Geográfica; que cada nación debe 
tener su sistema en armonía con la pronunciación de su idioma; que el 
nuestro tiene, sobre todos, la ventaja del acento ortográfico y de la 
pronunciación invariable de sus letras. 




EXTRACTO DE LAS ACTAS. 4ní> 

El Secretario que suscribe expuso que el aceptar el Depósito Hidro- 
gráfico el sistema que acababa de leer obedecía al deseo de armonizar 
en lo posible la transcripción española de los nombres geográficos con 
el admitido por las Oficinas Hidrográficas de Francia, Inglaterra y 
Alemania. 

La Junta declaró su conformidad con las ideas del 8r. Coello. 

El Sr. Torres-Campes rogó al Sr. Botella que diera á conocer en una 
conferencia sus notables trabajos hipsométricos y los de la Comisión 
de Estadística minera que dirige. El Sr. Presidente apoyó las excita- 
ciones del Sr. Torres-Campos. El Sr. Botella manifestó que en breve 
daria en el Ateneo una conferencia sobre los primeros de dichos traba- 
jos, y que respecto de los segundos se habían publicado dos mapas y 
estaba á punto de terminarse la impresión de la nueva Estadística 
Minera. No creía, pues, que procedía dar conferencia sobre estos estu- 
dios, puesto que sus resultados eran ya conocidos unos y otros iban á 
publicarse. No obstante, ofreció presentar á la Junta los mapas á que 
se había referido. 

Habiendo anunciado el Sr. Torres-Campos que se proponía visitar á 
España el príncipe Rolando Bonaparte, tan conocido por sus trabajos 
geográficos, acordó la Junta, á propuesta de aquel, invitarle para que 
diese una conferencia en la Sociedad. 

Se acordó también que los Sres. Presidente y Secretario general for- 
mularan propuesta de socios honorarios ó corresjKínsales á favor de 
los más ilustres geógrafos extranjeros que aún no hubieran recibido 
distinción alguna de la Sociedad Geográfica de Madrid. Esta propuesta, 
una vez aceptada, por la Junta directiva, se someterá á la aprobación 
de la Junta general de Mayo. 

Y se levantó la sesión á las once menos cuarto. 



JUNTA DIRKCrrVA. 

Sesión del 29 de Abril de 1890. 

Presidencia del Sr, Coello. 

Abierta la sesión á las nueve de la noche, con asistencia de los seño- 
res Botella, Aparici, Abella, Foronda, Codera, Andía, Suarez, Suarez 
Inclán, Laso de la Vega, Amí, Garralda, Ferreiro, Torres-Campos y 
Motta, se leyó y fué aprobada el acta do la anterior. 

El Sr. Foronda participó que en cumplimiento del encargo que le dio 



470 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

la Junta, había conferenciado con los organizadores de la Asamblea 
general de Contribuyentes, quienes le manifestaron que la Sociedad 
Creográfica de Madrid se hallaba expresamente invitada para tomar 
parte en las deliberaciones de aquella Asamblea. 

La Junta agradeció el celo y la actividad del Sr. Foronda. 

El Sr. Presidente participó que, en cumplimiento de acuerdos ante - 
riores, había indicado, en la Comisión del Centenario de Colón, la opor- 
tunidad y la conveniencia de reunir en Madrid, en 1892, un Congreso 
internacional de ciencias geográficas. La Cornisón aceptó la idea, y en 
consecuencia, y previo acuerdo de la Junta, el Sr. Coello anunció que 
escribiría á la Sociedad de Geografía de París contestando á la comu- 
liicación que en sesión anterior hubo de leerse, y proponiendo que uno 
de los congresos internacionales de Geografía se celebrase en Madrid 
en el citado año y en los días en que habría de solemnizarse el cuarto 
centenario del descubrimiento de América. 

Anunció también el Sr. Coello que el Sr. Barrantes estaba dispuesto 
á dar su ofrecida conferencia sobre el territorio de las Hurdes. 

Á propuesta del Sr. Torres-Campos, la Junta rogó con insistencia al 
Sr. Garralda que pronunciase una conferencia en el próximo mes de 
Mayo. Aceptó el Sr. Garralda y anunció que se proponía recordar datos 
y consideraciones de algún interés acerca del viaje de la fragata Nu- 
manda alrededor del mundo. 

Resolvió también la Junta proponer el nombramiento de socio co- 
rresponsal á favor del Sr. Mendizabal, profesor de Geodesia en Méjico 
y representante que fué de esta República en el Congreso de ciencias 
geo^áficas de París. 

Y se levantó la sesión á las diez y cuarto. 



ÍNDICE 



DE LAS MATERIAS CONTENIDAS EN EL TOMO XXVIIL 



MEMORIAS. 

Páfirs. 
Memoria sobre el progreso de los trabajos geográficos, leída en 

la Junta general de 27 de Mayo de 1890, por el Secretario 

general D. Martín Ferreiro 261 

CONFERENCIAS. 

Elogio del Excmo. Sr. D. Francisco de Borja Queipo de Llano y 
Gayoso, conde de Toreno, presidente que fué de la Sociedad 
Geográfica. Discurso leído en la sesión extraordinaria de 8 
Abril de 1890, por el Sr. D. Julián Suarez Inclán 236 

Elogio del Excmo. Sr. D. Hilario Nava y Caveda, vicepresidente 
que fué de la Sociedad Geográfica de Madrid. Discurso leído 
en la sesión extraordinaria del 8 de Abril de 1890, por el 
limo. Sr. D. Cesáreo Fernández Duro 260 

El Dr. D. Vicente de La Fuente como socio de la Geográfica de 
Madrid. Conferencia leída en la misma el 8 de Abril de 1890 
por D. Manuel de Foronda 298 

Viaje de circunnavegación de la Numancia. Conferencias dadas 
en la Sociedad Geográfica de Madrid los días 13 y 20 de 
Mayo de 1890 por el Marqués de Reinosa, capitán de fragata 
retirado 327 

ARTÍCULOS. 

Las razas indígenas de Filipinas, por el profesor D. Fernando 

Blumentritt 7 

La cuestión anglo-portuguesa 43 



^ BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

PágB. 

La últíma parte desconocida del litoral del Mediterráneo. El Kif, 

por Henri Duveyríer 58 

Ríos de Venezuela y de Colombia. Relaciones inéditas reunidas 

por Cesáreo Fernández Duro 76 

Noticias auténticas del famoso río Marafíón, por Marcos Jiménez 

de la Espada 176 y 28S 

Del material de enseñanza de la Geografía y de su racional em- 
pleo, por el hermano Alexis Marie Gochet^ profesor en las 
escuelas normales de Carhboury y París 217 

MISCELÁNEA. 

Cochabamba; posición geográfica de las capitales de provincia y 

algunos cantones del departamento 204 

PARTE OFICIAL. 

Reales órdenes por las que se autoriza á los individuos de las 
armas, cuerpos é institutos del Ejército que pertenezcan á la 
Sociedad Geográfica de Madrid, para usar la medalla de dis- 
tinción creada por Real orden de 11 de Noviembre de 1886. 206 

TAREAS Y ACTAS DE LA SOCIEDAD. 

Extracto de las actas de las sesiones celebradas por la Sociedad 

y por la Junta directiva 208 y 466 

Reseña de las tareas y estado actual de la Sociedad Geográfica 
de Madrid, leída en Junta general de 3 de Junio de 1890, 
por el Secretario adjunto D. Rafael Torres Campos 291 

Dictamen de los revisores de cuentas 297 

LÁMINA. 
Mapa etnográfico del archipiélago filipino 43 





BOLETÍN 



DB LA 



SOWAD fiEOdRÁFIGA DE HADRiD 



S U M A ti 1 O . 

I. El Congreso y la Exposición de Geografía de París vn 18S0, 

por D. Rafael Torres Campos 7 

II. Los portuíxueses en el África Austral. El Chanibcze, origen 

del Congo, descubierto por los portugueses on 1700, pur 

M. Gabriel Marcel 49 

III. El viajero polaco Roguzinski en Femando Púo 03 

IV. Noticias auténticas del faníDSo río Marañón, j)or D. Mar 

eos Jiménez de la Eupada 73 

V. El porvenir de la lengua española («comparada con las prin- 

cipales del mundo) estud¡a«lu desde el i>unto de vista 
geográfico y estadístico. Coi¡iunicaci()n dirigida ala Real 
Academia de la Leugua por />. Gabriel (\irras(.o, 120 

VI. El catastro en España. Confidencia i>ronrini!Íada en la So- 

ciedad Geográlica de Madrid en la sesi«'»n pública del •J") 

de Febrero de 1890 por LK Juan Sánchez y Massiá 147 



LAMINA. 

REPRODUCCIÓN DK UN MAPA MANUSailTO DKL SIOLO XVI. 



TOMO XXrX. — NÚMEROS !.• Y 2.* 
Julio y Agosto, 1890. 



La Sociedad no es responsable <le laR ojiinioueH emiti>las por lus autores de ¿os 

artículos insertos en el Rolrtín. 




MADRID 

IMPRENTA DE FORTANET 

CALLE DB LA LIBERTAD, NÚM. 29 
^ 890 




JUNTA DIRECTIVA 



Pl LA 



SOCIEDAD GEOGRÁFICA DE MADRID. 



PRESIDSNTS. 

Bzcmo. 8r. D. Franeiieo Coello y Qaewda. 

VICEPRESIDENTES. 

Bxemo.Sr. D. Federico de Botella p. 

Bzemo.Sr. D. José María Aparioi Cd. 

Bxemo.Sr. D. Tomás de Reyna O. 

Bzcmo. Sr. D.Antonio Andia C. 

SECRETARIO GENERAL.. 

limo. Sr. D. Martin Ferreiro. 



SECRETARIOS ADJUNTOS. 

Sr. D. Rafael Torres-Campos (coifTADOs). 
Sr. D. Adolfo de Motta (tbbobbso). 

ARCHIVERO PERPETUO. 

Sr. D. Ricardo Beltrán y Rózplde. 

VOCALES. 



Sr. D. Marceliano de Abella P. 

Sr. D. Luís García Martin P. 

Bzcmo. Sr. D. Manuel de Foronda Cd. 
Sr. D. Francisco Codera ^Bibliote- 
cario) C. 

Sr. D. Francisco Oorostidi P. 

limo. Sr. D. Sergio Suarez P. 

Sr. D. Emilio Bonelli Cd. 

Sr. D. I^Dacio de Arce Mazón. ... P. 

Sr. I). Julián Suarez Inclán C. 

limo. Sr. D. Anpel Lasso d»?la Vefira C. 

Sr. D. Junn Sáuclioz y Maaaiá... O. 

Sr. D. Manuel Maria Arrióla P. 



Sr. D. Lucas Mallada P. 

Sr. D. Castor Ami P. 

Sr. Marqués de Rein osa P. 

Sr. D. Miguel Espin O. 

Sr. D. Antonio V&zquez y López 

Amor Q. 

Sr. D. Alejandro Churruca P. 

Sr. D. Luis Maria de Tro Cd. 

Sr. Conde de Torata C. 

Sr. I). I'!milio Ruiz de Salazar. ... P. 

ICxcmü. Sr. I>. Juan Qarcia López C. 

Sr. D. Riluardo González Velasen C. 

Sr. D. Francisco Quiroga P. 



Nota. Con las iniciales C., P., G. y Cd., se designan los individuos que pertene- 
cen respectivamente á Ins secciones de Correspondencia, Publicaciones, Gobierno 
anterior y Contabilidad. 



BOLETÍN 



DI LA 



SOCIEDAD GEOGRÁFICA DE MADRID 



BOLETÍN 



DE LA 



SOCIEDAD GEOGRÁFICA DE MADRID 



TOMO XXIX —SEGUNDO SEMESTRE DE 1890 



MADRID 

ESTABLECBUENTO TIPOGRÁFICO DE FORTANET 

IMPRESOR DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

Calle de la Libertad^ núm. 29 
1890 



BOLETÍN 



DB LA 



SOCIEDAD GEOGRÁFICA DE MADRID, 



ADVERTENCIA. 

Según lo acordado por la Junta Directiva, á conti- 
nuación, y por vía de recuerdo, se da un sucinto 
resumen de las reglas de pronunciación figurada y de 
las principales sobre la acentuación, aprobadas para 
las publicaciones de la Sociedad Geográfica, é insertas 
en el primer número del Boletín, así como un cuadro 
que expresa las diferencias de longitud entre nuestro 
meridiano de origen en la isla de Hierro y los que 
pasan por los Observatorios más importantes. 

REGLAS DE PRONUNCIACIÓN FIGURADA. 

Para expresar con alguna propiedad los nombres extranje- 
ros se han adoptado , subrayadas en la impresión y en los ma- 
pas, las vocales e, u y las consonantes h, 11, v, x, j, z. 
La e suena como el diptongo eu francés. 
La u como la u francesa. 

La h se pronunciará aspirada, ó como una; muy suave. 
La 11 como doble ele y no como elle. 
La X parecida á la ch francesa, ó sea como aojen los dialectos 

catalán y gallego. 
La V como su semejante en francés. 

La y algo parecida á la g francesa y más bien como la g cata- 
lana en la palabra Sitges, 
La z como la z francesa, ó como ds suave. 

REGLAS PRINCIPALES DE ACENTUACIÓN. 

Todo vocablo agudo que termine en vocal llevará sobre ella 
un acanto. Si termina en diptongo, se pondrá el acento en la 



6 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

vocal fuerte (A, E, O) y si las vocales terminales son débi* 
les (I, U) acentúese aquella sobre la cual viene á cargar la 
pronunciación. 

No se pondrá acento en las voces agudas que terminen en 
consonante: las dos excepciones de esta regla se reducen á 
poner siempre acento sobre la palabra aguda que termino 
en N ó en S. 

Ninguna voz llana terminada en vocal se acentúa. — Por el 
contrario (salvas dos excepciones únicas), se acentuarán las 
voces llanas que terminen en consonante. Redúcense las dos 
excepciones de esta regla á no poner acento sobre los vocablos 
llanos terminados en las consonantes N ó S, por hallarse en 
ellos comprendidos los plurales de muchos nombres y verbos^ 

En las voces llanas que deban acentuarse y cuya sílaba acen- 
tuada forme diptongo, se ha de poner el rasguillo sobre la 
vocal fuerte. 

Los vocablos llanos que terminen en dos vocales, y la pri- 
mera de ellas sea débil y acentuada (1, U) y la segunda fuerte, 
habrán de llevar forzosamente acento en la primera. 

Cuando las dos vocales terminales sean débiles, esto es, 
lU, UI, llevará acento aquella sobre que cargue la pronun- 
ciación. 

Se acentuarán en la vocal débil las voces llanas cuya pe- 
núltima sílaba consta de una vocal débil. I, U, precedida de 
otra fuerte, A, E, O 

Todo esdrújulo se acentuará. También llevarán acento los 
semi-esdrújulos, ó sean los vocablos que finalizan en dos vo- 
cales fuertes (A, E, O) sobre ninguna de las cuales carga la 
pronunciación. 

CUADRO DE DIFERENCIAS DE LONGITUD. 

Punta de la Orchilla (Occidental de la isla 

de Hierro) O' 

Madrid M 

San Fernando 44 

París 20 

Greenwich 48 

Pulkovo 48 

Lisboa 9 

Washington 304 



0' 


0" 


28 


29 


57 


26 


30 





9 


46 


29 


34 


4 


45 


6 


54 



EL CONGRESO 



LA EXPOSICIÓN DE GEOGRAFÍA DE PARÍS 



EIsT 1889 (1) 



I. 

El Congreso y los congresistas. 

No es fácil para mí llenar el encargo de exponeros en esta 
conferencia un verdadero resumen délos trabajos del Congreso 
internacional de Ciencias geográficas, y más si á esto ha de 
añadirse alguna idea de la Exposición y de los trabajos y obras 
admirables relativas á nuestra ciencia acumulados en el Pa- 
lacio de Artes liberales, en el de Industrias diversas y en la 
interesante Exposición colonial de los Inválidos. 

Como el programa del Congreso era vastísimo y muy nume- 
rosas las colecciones geográficas, sobre todo de Francia, querer 
abarcarlo todo equivaldría á hacer una enumeración escueta. 
Por otra parte, dividido el Congreso en siete grupos (2) que 
celebraban sesiones al propio tiempo, no nos fué posible asis- 
tir á la lectura y discusión de todos los trabajos importantes,* 
limitándose cada uno á tomar parte en las sesiones del grupo 
de sus particulares aficiones. Por razón de mi oficio he debido 
asistir, ante todo, al quinto ó didáctico— en una de cuyas sesio- 
nes, por hacer honor á la Sociedad Española de Geografía Co- 



(1) Conferencia pronunciada por D. Rafael Torres Campos en la Sociedad Geo- 
gráfica de Madrid el dia 17 de Marzo de 1890. 

(2) Geografía matemática; -geografía física; -geografía económica;— geografía 
histórica, historia de la geografía y de la cartografía;— geografía pedagógica;— 
viajes y exploraciones; geografía antropológica, etnografía y lingüistica. 



8 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. 

mercial, quo representaba, fui designado para la presidencia 
— y en cuanto era compatible con los trabajos de aquel, al ter- 
cero ó económico. Pues bien, las materias tratadas en el pri- 
mero, especialmente, no son de aquellas de un interés bastante 
general para entreteneros con una exposición detallada de sus 
discusiones esta noche. 

Agradable tarea sería hablaros de los actos relacionados con 
los Congresos: de grandes recepciones, banquetes y fiestas con 
que la hospitalidad francesa ha obsequiado espléndidamente á 
los extranjeros. De buen grado os entretendría bosquejando 
algunos retratos de las figuras más salientes del Congreso: del 
«gran francés» su presidente, quo no olvida que tiene sangre 
española, habla siempre con calor de nuestros hombres y de 
nuestras cosas, se complace en describir á Málaga y Barcelona, 
y hombre de fe ante todo, encarnación viva del entusiasmo y 
la constancia, que le han servido para realizar maravillas, 
conserva un optimismo sobre su segunda magna empresa, que 
á la verdad comparten ya muy pocas personas. Del príncipe 
Rolando Bonaparte, excepción original en su familia, ajeno á 
las ambiciones y á las miras políticas, que ha consagrado su 
vida á viajes, exploraciones y estudios etnográficos; cuyo ma- 
yor placer es alternar con los hombres de ciencia, entre los 
cuales ocupa un lugar honroso; y que pueda vivir en Francia, 
á pesar de su apellido, rodeado de los respetos de todos. Del 
sabio Daubrée, á quien sus relaciones estrechas con D. Federi- 
co de Botella tienen al tanto de los trabajos españoles. De Levas- 
seur, fundador de la geografía económica francesa, verbo de la 
renovación de los estudios geográficos llevada á cabo en los 
últimos veinte años. De Paul Vidal de la Blache, insigne maes- 
tro de una nueva generación de brillantes profesores que hoy 
extienden el alto sentido de aquel sobre la geografía humana 
desde las cátedras délas Escuelas y de las Facultades. Del orga- 
nizador del Congreso, conde de Bizemont, un hombre ado- 
rable, que á la distinción del aristócrata del faúbourg une los 
méritos del científico, el carácter abierto y jovial propio del ma- 
rino, y el trato amenísimo que es privilegio de los viajeros de 
vasta cultura y gran talento. Del incansable Gauthiot, profesor 



EL CONGRESO Y LA EXPOSICIÓN DE GEOGRAFÍA. 9 

distinguidísimo, alma de la Sociedad de Geografía comercial 
de París, de la Comisión de Misiones científicas y otras corpo- 
raciones de análogo carácter que le tienen en su seno; que 
viene desplegando por el progreso de nuestra ciencia, una acti- 
vidad V una iniciativa verdaderamente extraordinarias. De 
Brazza y del doctor Ballay, creadores del Oeste africano. 
Del sabio doctor Hamy, que en el Museo del Trocadero reúne 
los documentos vivos para la historia de la civilización, el es- 
ludio de las razas y la comparación de las artes, de los usos y 
do las costumbres de todos los pueblos y de todas las épocas. 
De M."« Kleinhans, la colaboradora de Lavasseur, tan her- 
mosa como inteligente, testimonio vivo de lo que puede espe- 
rarse de la mujer cuando se le da una sólida cultura y pre- 
paración científica. De Maunoir, iluslre secretario de la So- 
ciedad de París. Del sabio Duveyrier. De Drapeyron, infati- 
gable promovedor de instituciones geográficas. Del distinguido 
americanista Gaííarel. Del diligente investigador G. Marcel. 
De Luciano Cordeiro, á quien debe Portugal tantas agitacio- 
nes fecundas y tantos éxitos coloniales. Del veterano presidente 
de la Sociedad real de Geografía de Amberes, general Wau- 
vermans. Del hermano Alejo María Gochet, la eminencia de 
la Congregación de la Doctrina cristiana, cuyos libros, relieves 
y cartas, tan conocidos hoy en toda Europa, han servido para 
introducir el sistema hipsomótrico, con los nuevos métodos, 
en la enseñanza primaria. Del ilustre y activo secretario ge- 
neral de la sociedad de Bruselas Du Fief. Del general barón 
Nicolás Kaulbars, representante de la nueva Rusia. Del após«f 
tol de la inmigración argentina Gabriel Carrasco, y de muchas 
otras figuras interesantes y dignas de ser conocidas, que reu- 
nió el amorá la geografía, en el Hotel de la Sociedad de París, 
en la Exposición y en los salones de Mr. Lesseps, de los con- 
des de Bizemont, del príncipe Rolando Bonaparte y del Hotel 
de Ville durante la segunda semana de Agosto. 

Pero hay que renunciar á esto. Se hace, á decir verdad, tan 
poca Geografía en nuestra patria, que entiendo no es lícito em- 
plear una de las raras sesiones dedicadas á tratar asuntos de 
nuestra ciencia, en digresiones, en escarceos