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Boletín 



DE LA 



SOCIEB^ £S?;(ÑOLA 



DE 



BlOLOGÍJt 



AÑO IV = TOMO III 



MADRID 

IMPRENTA DE HIJOS DE NICOLÁS MOYA 
Garcfíaso, 6, y Carretas. 8. 

1915 



ÍNDICE DEL TOMO III 



Págí. 



L. Lamas : Estudio de Vibriones. Dos especies nuevas 1 

R. Carracido, Madinaveiiia y Varillas: Determinación cuantitativa 
de la colesterina en la sangre t) 

Maestre y Lecha-Marzo: Sobre una nueva reacción microquímica del 
fósforo 8 

G. Marañan y G. Garda Urdíales: Sobre el aumento de peso deter- 
minado por el extracto tiroideo 11 

P. Varillas: Contribución al estudio de la formación del ácido dia- 
cético en el hígado 16 

A. Corteza y Co Liantes : Contribución al estudio de la revelación de 
huellas digitales invisibles 20 

P. Mayoral: Curación de la tuberculosis experimental del cobaya 
por la bacterioterapia específica 22 

N. Achúcarro y M. Gayarre : Muevos estudios sobre la histopatolo- 
gía de la parálisis general con el método al cloruro de oro y subli- 
mado de Cajal 29 

Gonzalo R. Lafora : Fenómenos progresivos de las células nerviosas 
en la senilidad 33 

T. Maestre y A. Lecha-Marzo : Nuevo método para la obtención de 
los dactilogramas y estudio microscópico de las crestas papilares. 35 

J. Mouriz Riesgo : Sobre la reacción de Abderhalden 39 

Sánchez de Val : Tratamiento de la triquinosis 45 

Salvador Pascual: La reacción del antígeno en las orinas tubercu- 
losas 54 

G. Marañan y P. Varillas: Las variaciones de la colesterinemia en 
la viruela 60 

Rudolf Allers (Munich) y José M. Sacristán: Examen del metabolis- 
mo en cuatro epilépticos 66 

Antonio Piga : Una nueva interpretación del fenómeno de Arthus 
gangrenoso 74 

Antonio Piga : Algunas investigaciones sobre una nueva prueba mi- 
croquímica del esperma '76 

J. Rodríguez Carracidoy A. Madinaveitia : Sobre la acción fisiológi- 
ca del estirol 81 

Sadi de Buen : Sobre una tenia nueva en España 83 

Leoz Ortin y L. R. Arcaute : Procesos regenerativos del nervio ópti- 
co y retina con ocasión de ingertos nerviosos 88 

G. Marañan: Algunos datos experimentales sobre la influencia recí- 
proca de los órganos de secreción interna en el metabolismo hidro- 
carburado 94 



IV BOLETÍN DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE BIOLOGÍA 

Gonzalo R. Lafora: Sobre la presencia de células pseudo-plasmáti- 
cas en el líquido cefalorraquídeo de la meningitis cerebro espinal 
epidémica 95 

J. D. Sacristán : Alteraciones especiales del conectivo en la glándula 
pineal humana 98 

L. Calandre: Sobre algunos detalles de la estructura del miocardio. 101 

P. Mayoral: Estudio experimental de los caracteres de forma y tin- 
ción del virus tuberculoso 103 

P. Mayoral: Sangría del conejo en la carótida. — Un detalle técnico. 113 

A. Lecha- Marzo : Sobre el hemocromógeno ácido 114 

P. Varillas y S. Pascual: Contribución al estudio de la reacción de 
Salomón y Salx 116 

P. del Rio Hortega : Nota sobre un nuevo método para la coloración 
del espiroquete de la sífilis 119 

P. del Rio Hortega : Conexiones entre el tejido conjutivo y las células 
del carcinoma 123 

P. del Rio Hortega: Sobre la existencia de epitelio-fibrillas en las cé- 
lulas cancerosas 124 

J. Francisco Tello: Algunas experiencias de ingerto nervioso con ner- 
vios conservados « in vitro » 129 

Luis Fortún : Sobre el tejido conjuntivo en los ganglios sensitivos y 
simpáticos 136 

M. Marcelo Sánchez: Contribución al estudio del aparato endocelular 
de Golgi de los granos de la corteza del cerebelo 140 

Gustavo Pittaluga: A propósito de los caballos pensantes de Elberfeld. 143 

J. Francisco Tello : Otra modificación del método de la plata para la 
rápida impregnación del tejido conectivo 147 

Manuel Seres : Territorios arteriales del riñon 150 

Seres y Bellido : Modificación de la reacción de Debré y Paraf para 
la investigación del antígeno tuberculoso en la orina 152 

P. del Rio Hortega ; Sobre la existencia de células de Panet en el apén- 
dice vermiforme 155 

N. Achúcarro : Sobre la glioarquitectónica de la corteza cerebral . . . 159 



SESIÓN DEL 23 DE ENERO DE 1914 'iliX¿^ 

Estudio de Vibriones. — Dos especies nuevas ^^' 



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L. LAMAS 




Desde el descubrimiento del vírgula de Koch fueron encontrándose 
Qultitud de vibriones que se asemejan extraordinariamente al mismo 
or múltiples y diversos caracteres; estudiados unos con merecido dete- 
imiento y abandonados otros al no poderse identificar con el vibrión 
colérico, se vino en conocimiento de que hay numerosísimas especies que 
muy bien pueden denominarse simili-coléricas. A esta categoría perte- 
necen nuestras razas de vibriones por varios caracteres, comunes con el 
cólera unos y diferentes á él en cuanto á otros se refiere. 

Los vibriones de que tratamos en esta nota proceden de la región ca- 
talana, en donde ocurrió una epidemia de verdadero cólera en 1911, que 
las medidas sanitarias, competentemente dirigidas, acertaron á cortar 
radicalmente. De dicha epidemia se aisló también un vibrión, clasificado 
como colérico típico por todos sus caracteres. 

Por lo que á nuestros vibriones concierne, son tres las razas que estu- 
diamos detenidamente y que provisionalmente denominaremos: vibrión 
Vendrell, aislado por los Dres. Murillo y Mendoza de deyecciones sospe- 
chosas de cólera; vibrión Ripoll, también aislado de deyecciones de en- 
fermo coleriforme, y, por último, vibrión Freser, aislado repetidas veces 
de las aguas del río del mismo nombre. 

Y hechas estas ligeras observaciones sobre la procedencia, entramos 
ya en materia. 

Los tres vibriones aparecen desde luego con las formas virgulares, que 
no dan lugar á dudas. El v. Ripoll y v. Vendrell son muy semejantes, pues 
ambos aparecen algo más largos y recios que el del cólera, menos cur- 
vos ó, lo que es lo mismo, la curva es más amplia; se encuentran tam- 
bién formas sumamente cortas ; otros aparecen rectos ó casi rectos : tie- 
nen muy escasa tendencia á formar espirilos. El v. Freser es más fino y 

1 



2 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD ESPASíOLA DE BIOLOGÍA 

también curvo: éste parece tener más tendencia que los otros dos á Jas 
formas espiriloideas. 

Nuestros vibriones son poco exigentes en cuanto á coloración : se tiñen 
perfectamente por los colorantes de uso corriente en los laboratorios ; en 
cambio no toman el Gram. 

Crecen bien en los medios corrientes de cultivo, tanto sólidos como lí- 
quidos; los caracteres de estos cultivos nada tienen de característico; 
únicamente merece indicarse que el v. Freser pectoniza el suero Loeffler, 
da un aspecto mucoso en cultivo de agar, y en todos un olor desagrada- 
ble, que recuerda al que produce el b. Coli. 

Por lo que á los cultivos en gelatina se refiere, sólo indicaremos que 
el V. Freser la liquida en forma de embudo. Las otras dos razas, RipoU 
y Vendrell, no la liquidan. 

En las placas del mismo medio aparecen colonias numerosísimas, pun- 
tiformes, algo más grandes la mayoría de ellas, redondeadas, con bordes 
transparentes bien limitados, y un centro finamente granuloso y amari- 
llento. El color de las colonias, vistas por transparencia, es ligeramente 
azulado. 

Las colonias que en las placas de agar hemos observado son también 
transparentes, azuladas, y viéndolas con la lente aparecen granulosas, 
amarillentas, con bordes bien limitados, regulares en unas y festoneados 
en otras. 

Las placas de agar Dieudonné presentan colonias de color gris lecho- 
so, con una elevación cónica en el centro. 

Nuestras dos razas de vibriones RipoU y Vendrell no coagulan la leche 
en cambio; el vibrión Freser la coagula. Hemos de hacer notar aquí que 
el tubo en el que sembramos, paralelamente (como en todos nuestros en- 
sayos), cólera típico (raza c. Vendrell), presentó una coagulación aún 
más intensa que la del Freser, hecho que no está de acuerdo con lo que 
dicen diferentes autores; alguno de éstos, como es KoUe, en su tratado 
de bacteriología experimental, niega esta propiedad al vibrión del cóle- 
ra. Courmont (1) y Bezancon (2) dicen lo mismo. Nosotros hemos visto 
al cólera típico coagular la leche, pues como antes decimos, nuestra 
raza c. Vendrell la coagula, y otros autores han visto lo mismo con las 
razas que manejaban, por lo que creemos que la coagulación de la leche 
por el vibrión del cólera no es un carácter constante, sino variable, de 
las distintas razas del agente productor de la infección intestinal co- 
lérica. 

Los vibriones que estudiamos son movibles; observados en gota pen- 

(1) J. Courmont: Compend. Bacfce. practica. Edic. española. 

(2) F. Bezancon: Element. microb. clinica. Edic. española. 



i 



ESTUDIO DE VIBRIONES— DOS ESPECIES NUEVAS 3 

diente escapan á la vista, pero sus movimientos no son comparables al 
de un enjambre de mosquitos, como se ha dicho de los v. coléricos; 
estos movimientos son debidos á los flagelos de que están provistos y que 
las microfotografías demuestran. El v. Freser es monoflagelado ; pero las 
curvas que su flagelo tiene son más apretadas y uniformes que las del 
vibrión de Koch. Los vibriones Ripoll y Vendrell son bipolares y polifla- 
gelados, con un flagelo en un polo y dos ó tres en el opuesto; ambos apa- 
recen iguales en las microfotografías. 

La investigación de la propiedad hemolítica la hicimos en medios lí- 
quidos; nuestros vibriones no son hemolíticos; en cambio las dos razas 
de cólera típico que paralelamente hemos sembrado, dieron una hemoli- 
sis claramente manifiesta, y aquí también, como en la coagulación de la 
leche, hemos de disentir de la opinión de varios autores que niegan pro- 
piedades hemolizantes á los vibriones coléricos típicos. 

La cuestión de la hemolisis, con relación á los vibriones, adquirió ca- 
rácter agudo cuando Kraus, en varios trabajos (1), estudió los vibriones 
de El Tor, que, por ser hemolíticos, no consideraba el mencionado autor 
como legítimos vibriones coléricos; opinión que algunos autores, como 
van Loguen {2), aceptan, y otros, como Hüntemuller (3), niegan. 

Nosotros, que repetidamente hemos hecho la investigación hemolítica, 
podemos afirmar que, como más arriba dejamos consignado, nuestras ra- 
zas de cólera c. Vendrell (España), c. Bari (Italia), son perfectamente 
hemolíticas. Es, por lo tanto, como Murillo y Goetlich sostienen, la pro- 
piedad hemolítica un carácter variable para el vibrión colérico. Nuestros 
resultados están de acuerdo con los obtenidos por Crendiropoulo (4) en 
Egipto, quien, de 19 muestras examinadas al efecto, encontró dos, que 
denomina v. Soulem y v. Habib, que dieron hemolisis positiva. 

Inyectados los vibriones á conejos, cobayas y palomas intraperitoneal- 
mente los primeros é intrapectoral la inyección en estas últimas, no acu- 
saron trastornos graves los animales. Tuvimos especial interés en hacer 
inyecciones á las palomas, porque el mismo Kolle (5) atribuye un gran- 
dísimo valor para la clasificación de un vibrión al poder patógeno para 
la paloma, llegando á decir terminantemente que basta que un vibrión 

(1) Kraus, L. Gra/iam y Zeky Zia: Ueber Hámotoxine und die Biuplatten metho- 
do. Deutch Med. Wojsch., núm. 32, 1911. 

(2) Van Loguen : Ueber den Unterschied zwischen Cholera und El Tor vibrionen. 
Centb. f. Bact. orig , tomo 87-6. 

(3) Zeitsch. filT Higyene, 1911- 

(4) Crendiropoulo: Raport sur l'examen des selles de voyageurs, etc. Alejan- 
dría, 1912. 

(5) Kolle y Herztch: Die Experiméntale Bakteriologie, etc., tomo I, 3.' edición, 
pá^. 221. 



4 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE BIOLOGÍA 

mate á la paloma para que pueda asegurarse que no se trata del vibrión 
de Koch. 

A nosotros nos parece esta afirmación demasiado categórica, toda vez 
que, como Clemente (1) demostró bajo la dirección del Dr. Murillo, la 
raza c. Bari de nuestra colección ha hecho morir á la paloma con peque- 
ñas dosis á las dieciséis ó veinte horas, afirmación que Crendiropoulo (2) 
apoya, añadiendo que varios de sus vibriones aglutinables ejercieron 
la misma acción patógena. Debemos considerar, por lo tanto, á dicho po- 
der patógeno del vibrión colérico como un carácter inconstante, varia- 
ble de unas razas á otras. 

Nuestros vibriones no forman esporos, no producen pigmentos y no 
dan ni la reacción de indol ni la nitroso-indólica, con lo cual damos por 
terminada esta rápida enumeración de sus principales caracteres, pasan- 
do á describir también suscintamente lo que á la aglutinación, desvia- 
ción del complemento y fenómeno de Pfeiffer se refiere. 

En cuanto á la aglutinación, podemos afirmar que ninguno de nues- 
tros vibriones se aglutina por el suero anticolérico de nuestro Instituto, 
aglutinándose perfectamente los vibriones típicos que utilizamos como 
testigos; en cambio, puestos los vibriones en presencia de sueros inmu- 
nes, preparados al efecto con cada uno de ellos, la aglutinación ha sido 
siempre positiva para cada uno, en presencia de su suero correspondien- 
te, mientras que el vibrión colérico no fué aglutinado por ninguno de 
estos sueros. 

Y aquí, en la parte de aglutinación, hemos de hacer resaltar un hecho 
importante y es que el vibrión Freser no se aglutina nunca por ninguno 
de los sueros preparados con los otros vibriones, como tampoco estos 
vibriones son aglutinados por el suero Freser, mientras que, tanto el vi- 
brión RipoU como el Vendrell, se aglutinan siempre é indistintamente 
por los sueros de cada uno de ellos, aun usando diluciones al 1 por 3.000, 
lo cual nos hizo identificar al vibrión Eipoll con el Vendrell, considerán- 
dolo como dos muestras distintas de un mismo vibrión, y separar defini- 
tivamente al Freser de ellos. 

En cuanto á las experiencias de desviación del complemento, las pode- 
mos resumir diciendo: 1.°, que todos y cada uno de nuestros vibriones 
en presencia de su suero respectivo, desvían el complemento; 2.°, que el 
vibrión Freser, en presencia de cualquiera de los sueros de los otros dos 
vibriones, no desvía el complemento, como tampoco los vibriones Ripoll 
y Vendrell, en presencia del suero Freser, lo desvía; y 3°, que el vibrión 

(1) Clemente: Sobre un carácter variable del vibrión del cólera. Bol. del Instituto 
de Alfonso XIII, núm 26. Madrid, 1911. 

(2) Crendiropoulo: Loe. cib., pág. 31. 



ESTUDIO DE VIBRIONES — DOS ESPECIES NUEVAS 



Vendrell como el Ripoll, desvían el complemento, tanto en presencia del 
suero de su mismo nombre, como en contacto del suero preparado con 
el vibrión opuesto. 

El fenómeno de Pfeiffer verificado in vivo, nos ha confirmado en un 
todo los resultados que la aglutinación y desviación del complemento 
nos habían mostrado, por cuya razón, en gracia á la brevedad, no de- 
tallamos. 

Nuestras conclusiones son las siguientes : que ninguno de los tres vi- 
briones, Ripoll, Vendrell y Freser pueden identificarse con el vibrión 
de Koch; que el vibrión Freser, forma grupo aparte de los otros dos; y 
que, los vibriones Ripoll y Vendrell, como antes dejamos indicado, son 
dos muestras de un mismo vibrión que identificamos en absoluto. 

A la hora actual, figuran en la literatura cientos de vibriones, y es im- 
posible tomar en cuenta á todos ellos, porque la mayoría se han encon- 
trado ocasionalmente, sin haber sido objeto de un estudio completo de 
todos los caracteres necesarios para una clasificación de especies botá- 
nicas; por lo cual hemos tenido que atenernos á los conocidos y admiti- 
dos como especies distintas en las descripciones de los autores clásicos; 
así, pues, no encontrando en estas descripciones vibriones cuyos carac- 
teres coincidan y encajen en el cuadro de los que nuestros vibriones po- 
seen, hemos de creer, al menos provisionalmente, y mientras no venga 
una revisión detenida de la clasificación y agrupamiento de los vibrio- 
nes, que el vibrión Vendrell y el Freser son dos especies nuevas, y por 
tanto, proponemos para distinguirlas en lo sucesivo que se denominen 
vibrio Vendrellensis y vibrio Freseris. 

Los llamaremos, por lo tanto, por su género vibrio (de Fischer), ó mi- 
crospira (de Schroter), designando la especie por la localidad primera en 
que se encontró el de Vendrell, y por el río, de cuyas aguas fué aislado 
en varias ocasiones, el Freser. 

Con el estudio de estos vibriones creemos haber aportado una contri- 
bución al estudio recomendado por el Office international d'Jligyene Pu- 
blique, que encarece el conocimiento de los vibriones en las fases inter- 
epidérmicas, con el objeto de averiguar si existe ó no alguna relación 
entre ellos y el verdadero germen del cólera. 



-^»#- 



BOLETÍN DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE BIOLOGÍA 

Determinación cuantitativa de la colesterina en la sangre 

POK 

R. CARRACIDO, MADINAVEITIA y VARILLAS 



Uno de los métodos reputados como más exacto para el fin expresado 
en el epígrafe es el de Windaus, que se funda en la propiedad, por él 
descubierta en la colesterina, de formar con la digitonina un compuesto 
de adición insoluble en el alcohol. 

CS7JJ46Q _|_ c«»H'^*0*'* = C^^H'^^O*^ 

Colesterina. Digitonina. Colestérido-digitónico. 

Extraída la colesterina por el alcohol caliente y tratada la disolución 
por otra también alcohólica de la digitonina cristalizada de Kiliani, se 
precipita el compuesto de adición y del peso de éste se infiere el de la 
colesterina, teniendt» en cuenta que constituye la cuarta parte del preci- 
pitado. 

Este método requiere cantidades tales de primera materia, que por su 
gran magnitud resulta de difícil aplicación en la clínica y hasta en las 
investigaciones fisiológicas. 

Para obviar este inconveniente, Grigaud ha propuesto un método, no 
por pesada, sino colorimétrico, el cual se practica del siguiente modo: 

De glóbulos ó de suero se toman 2 cent, cúb., que se colocan en un em- 
budo de los en que pueda agitarse el contenido y se vierten encima 13 
centímetros cúbicos de alcohol de 60°, alcalinizado con sosa en la propor- 
ción de 1 á 200. Después de efectuada la mezcla se añaden 15 cent. cúb. 
de éter, se agita y se extrae la capa acuosa inferior, reemplazándola des- 
pués por 20 cent. cúb. de agua, que se introducen deslizándolos por las 
paredes del aparato. Transcurridos cinco minutos se vuelve á separar la 
capa acuosa y se repite el lavado en las mismas condiciones. Efectuado 
éste, se recibe el líquido etéreo en una cápsula de porcelana, y el residuo 
obtenido por evaporación A sequedad en baño de maría se disuelve en 
5 cent. cúb. de cloroformo para practicar la reacción de Liebermann. 

Esta se obtiene añadiendo á la disolución clorofórmica 2 cent. cúb. de 
anhídrido acético y 3 gotas de ácido sulfúrico de 66° C, que determinan 
la aparición del color rosa primero, del azul después y, finalmente, del 
verde, que presenta el máximum de intensidad á la media hora de efec- 
tuada la reacción. En otro tubo se procede lo mismo, tomando como tipo 



DETERMINACIÓN CUANTITATIVA DE LA COLESTERINA EN LA SANGRE 7 

una disolución clorofórmica de colesterina al 0'06 por 100, y si se dispo- 
ne de un colorímetro de dilución, nada más fácil que calcular en el 
líquido-problema el contenido colestérico, siguiendo la técnica común á 
este género de determinaciones. 

Se. ha discutido la exactitud de este proceder, y para justipreciar su 
alcance lo hemos practicado repetidamente en cotejo con el adoptado 
por Weston y Kent, siguiendo las indicaciones de Windaus, y adquirimos 
la convicción de que su exactitud es sensiblemente la misma, lo cual nos 
ha decidido á preferir el de Grigaud, por ser más breve y sencillo que el 
citado de Weston y Kent. 

En éste se trata la sangre por alcohol, teniéndola en la estufa durante 
veinticuatro horas, y después de separado el líquido por decantación, el 
residuo se trata por éter en las mismas condiciones del tratamiento ante- 
rior. Keunidos los extractos, el alcohólico y el etéreo, á ellos se incorpo- 
ra el líquido resultante de haber lavado con alcohol caliente las albúmi- 
nas anteriormente precipitadas, y el conjunto se saponifica con sosa en 
baño de maría hasta que el volumen quede reducido á unos 10 centíme- 
tros cúbicos, adicionando entonces agua de cal para producir un precipi- 
tado que arrastra la colesterina, el cual se recoge sobre un filtro para de- 
secarlo y extraer de él mediante tratamientos con éter la colesterina 
arrastrada. De los glóbulos rojos de carnero se ha extraído, siguiendo el 
proceder de Grigaud, un promedio de c^olesterina de O' 62 por I.OÜO, y del 
mismo material practicando el método de extracción de Weston y Kent, 
pero evaluando la colesterina colorimétricamente, se ha obtenido 0'60 por 
1.000. Estas diferencias son tan pequeñas, que inducen á considerar igua- 
les los dos métodos respecto al valor de los resultados, conclusión corro- 
borada por el análisis comparativo de los sueros correspondientes á la 
misma sangre de que procedían los glóbulos. 

Para adquirir todavía mayor certeza hemos comparado los resultados 
de la evaluación de la colesterina por el método colorimétrico y por el de 
Windaus, pero habiendo seguido previamente el mismo proceder para su 
extracción. De una cantidad grande de suero de buey — 50 centímetros 
cúbicos — fué extraída la colesterina mediante las prolijas operaciones 
del método de Weston y Kent, destinando una pequeña parte á la evalua- 
ción colorimétrica y el resto á la precipitación por la digitonina, y las ci- 
fras obtenidas fueron respectivamente 0'92 y 0*89 por 1.000, cuyas dife- 
rencias, como se ve, son muy pequeñas. 

Fundándonos en la propiedad de la colesterina de formar un compues- 
to de adición con la saponina deteniendo la hemolisis producida por esta 
última substancia, ensayamos un método de evaluación de la primera 
determinando previamente la cantidad mínima de la segunda capaz de 



8 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE BIOLOGÍA 

hemolizar 1 cent. cúb. de la emulsión de glóbulos rojos de carnero en 
suero fisiológico al 5 por 100 y ver hasta qué punto el suero ó la sangre 
hemolizada en solución isotónica es capaz de detener la hemolisis. 

Con este propósito colocamos en una serie de tubos de ensayo cantida- 
des iguales de suero y cantidades crecientes de disolución de saponina 
en suero fisiológico y pasados unos momentos añadimos al contenido de 
los tubos cantidades iguales de glóbulos rojos. Mediante este proceder se 
han podido apreciar diferencias de la proporción de colesterina, pero no 
tan pequeñas como exige la exactitud analítica. 

Resulta de todo lo anteriormente expuesto que el proceder de Grigaud, 
por su relativa sencillez y por su alcance en la exactitud de los resulta- 
dos es, no sólo suficiente, sino preferible á los demás para la determina- 
ción cuantitativa de la colesterina en la sangre. 

LITERATUEA 

A. Windaus: Berichte d. Deutseh. Chem. geschellschaft, 42, pá^. 244, 1909. 
Grigaud: Le Cycle de la cholesterinemie. París, 1913. 
Weston y Kent : Journal of Medical Research, J ulio 1912. 
Henes: Deutch. Archiv.für Klin Med., 1913. 

(Trabajo hecho en el Laboratorio de Química biológica). 



■^m^- 



Sobre una nueva reacción microquimica del fósforo 



MAESTEE Y LECHA -MARZO 



Los trabajos de microquimia interesan por los resultados que pueden 
suministrar al análisis toxicológico y por los hechos nuevos que pueden 
entregar á la histología, tampoco desprovistos de interés. 

Esta breve nota preventiva está dedicada á consignar una curiosa me- 
tamorfosis de los glóbulos de fósforo por la acción del nitrato de plata, 
que hemos sido los primeros en encontrar. 

Disolvemos una mínima cantidad (1) de fósforo en varios centímetros 
cúbicos de sulfuro de carbono, llevamos una gota al porta-objetos, aplica- 
mos rápidamente el cubre-objetos, trasladamos el preparado á la platina 
del microscopio, hacemos pasar una gota de solución de nitrato de plata, 
y entonces la observación microscópica permite asistir á la formación de 

(1) Precisaremos las cantidades para el experimento. 



SOBRE UNA NUEVA REACCIÓN MICROQUÍMICA DEL FÓSFORO ' 9 

extensas películas, en cuyo seno se desarrollan todas estas formaciones, 
pseudo células, de las que dan idea bastante exacta las microfotografías 
que acompañan á esta nota. Señalemos las prolongaciones frecuente- 
mente dicotomizadas que unen unas formaciones á otras, la disposición 
en serie, la semejanza de las que ocupan un mismo plano, etc. El exa- 
men de las microfotografías, de dos campos microscópicos elegidos al 
azar, demuestra mejor que toda descripción que no se trata de un fenó- 
meno banal. 

Por su constancia interesa á la toxicología, y más si tenemes en cuenta 
las dificultades que en algunos casos presenta la demostración toxicoló- 
gica del fósforo. Este fenómeno ha pasado desapercibido á los autores 
que anteriormente habían estudiado la microquimia del fósforo (Helwig, 
Binda (1), Stoenesco y otros). Puede verse la fotografía publicada por 
Stoenesco (2), que confirma esta aseveración nuestra. Lo mismo le ha su- 
cedido al profesor Sabbatini y á sus alumnos Eloísa Gardella (3) y Val- 
damerí (4), que han estudiado la acción reductora de los vapores de fós- 
foro sobre la placa fotográfica, y á Bottger y á Moissan, que hablan 
de la acción reductora del fósfoi'o sobre las soluciones de nitrato de 
plata. 

El hallazgo creemos que interesa á la histología, por la importancia y 
el interés que tiene siempre el método del nitrato de plata reducido, con 
el que Cajal (5) hizo parte de su obra; pero un sano espíritu científico nos 
inclina á no exagerar la importancia de este modesto hallazgo. 

Aquí debemos recordar también las curiosas estructuras, que uno de 
nosotros viene estudiando desde 1909 (6), que es posible obtener tra- 
tando en el porta-objetos los colores de anilina por las soluciones de 
ácido fosfo-túngstico (y tal vez por el fijador de Rawitz, según ensayos 
que realizamos). 

Para anular el interés que para la histología pueden tener estos he- 
chos no creemos muy aplicable aquella opinión que supone que los fija- 
dores coagulan por completo los albuminoides, fijan estas ó las otras 
substancias, impiden radicalmente toda acción lesiva ulterior. Levi y 

(1) Binda: Nuovo metodi per la ricerca chimico légale del fosforo. Giorn, di 
Méd. lég., año VII, 1900. 

(2) Slcenesco: Nouveaux moyens de recherche de phosphore. Ann. d'Hyg. publ. et 
de Méd. lég., 1904. 

(.^) E Gardella: Ricouoscimonto dol fosforo mediante la lastra fotográfica. 
Archivio di Psichiatria, Medicina légale, vol. XXIX, 1908. 

(4) Valdameri : Giorn. Intern. delle Sciense Mediche, 1911. 

(5J Como es sabido, el método de Cajal es hoy practicado corrientemente en 
Europa por los histólogos y anatomo-patólogoa. 

(6j Sociedad Española de Biología, 1913. 

¡^¡^ -.*- '^-^^ 



10 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE BIOLOGÍA 

Carazzi (1) preguntan si, despnés que la parte superficial del pedazo que 
fijamos está ya coagulada, sabemos nosotros cómo ésta se comporta en 
las relaciones entre la solución externa y el contenido líquido de la parte 
más interna del pedazo. Y agregan en seguida que evidentemente se ne- 
cesitan conocimientos de química biológica y de química física que toda- 
vía nos faltan. 

Regaud y Policard (2) estudian en estos días este problema magno de la 
fijación. «Los elementos anatómicos contienen una multitud de substan- 
cias, conocidas ó desconocidas, figuradas bajo una forma ó estructura de- 
terminadas ó bien amorfas, localizadas ó difusas. Los fijadores usuales 
conservan, insolubilizándolas, algunas de estas substancias; no conser- 
van otras ; otras desaparecen durante la serie de tratamientos que siguen 
á la fijación». Y hablan de procedimientos para la demostración de deta- 
lles de estructura intracelular, «para los cuales se puede legítimamente 
ambicionar el calificativo de microquímicos». 

Los hallazgos microquímicos deben interesarnos más que lo que se su- 
pone. Refiriéndose á las reacciones microquímicas que estudia la histolo- 
gía animal, declaran los citados Le vi y Carazzi que constituyen todavía 
un capítulo muy poco adelantado. 

Marinesco, Legendre y otros autores, sirviéndose del ultramicroscopio, 
han puesto en duda algunas de las estructuras corrientemeute admitidas. 
Se inicia un serio trabajo de discusión, y, como diría Cajal, se discute 
porque se avanza. Y á este propósito recordábamos nosotros, en otro lu- 
gar, que la labor del maestro español, estudiando conexiones, origen, 
colaterales, bifurcación y terminación de prolongaciones celulares, dife- 
renciación de especies neuronales, estratos que constituyen en los dife- 
rentes órganos, etc., se consolida todavía más con los nuevos resul- 
tados. 

Refiriéndose á las estructuras que nosotros hemos obtenido con el ni- 
trato de plata, nuestro ilustre compatriota Turró escribe: «El hecho es 
interesantísimo, entre otros motivos, por lo que puede contribuir á des- 
vanecer la atmósfera creada contra la teoría de la neurona. La neurona 
será siempre la neurona, aunque histológicamente no lo pareciese; hay 
la razón fisiológica para que lo sea, tan soberana de sí, que todo lo de- 
más es complementario». 

(1) Carazzi y Levi: Técnica microscópica, 1911. 

(2) Regaud y Policard: Fixation «morpholo^ique» et fixation de «substancess. 
Soc. de Biol. París, 1913. — Véanse también las comunicaciones de Mayor, Schseffer 
y Rathery á la misma Sociedad, sesiones del 7 de Febrero y del 1." de Agosto 
de 1913, y Mawas, Mayer^" y Schseffer : Action de quelques fixateurs des cellules 
nerveuses sur la composition du tissu. Soc. de Biol., 19 Diciembre 1913. 



T. Maestre y A. Lecha -Maii;5o: Sobre una nueva reacción mícroquímica 

del fósforo. 





Acción del fósforo sobre las soluciones de nitrato de plata. 



PESO DETERMINADO POR EL EXTRACTO TIROIDEO 11 



Sobre el aumento de peso determinado por el extracto tiroideo 



G. MARAÑON y G. GARCÍA URDÍALES 



De todos es conocida la propiedad del extracto de glándula tiroidea de 
activar las oxidaciones orgánicas. Esta propiedad, que se define exacta- 
mente con la denominación de a función de fuelle del tiroides », que le dan 
los alemanes, pues, efectivamente, el hormón tiroideo parece que obra á 
la manera de un fuelle que sopla y activa las combustiones del organismo, 
tiene por efecto inmediato determinar una pérdida del peso del cuerpo. 
Por esto, en la insuficiencia espontánea del tiroides — mixedema — hay 
tendencia á la obesidad, y en el hipertiroidismo espotáneo — enfermedad 
de Basedow — hay enflaquecimiento, y aun en otros muchos estados de 
enflaquecimiento y delgadez espontáneos es preciso admitir la patogenia 
hipertiroidea (1). Foresto también la ingestión del tiroides, fresco ó pre- 
parado, en forma de inyecciones ó de tabletas, produce una rápida pér- 
dida de peso, que ha sido aprovechada para las curas de desgrasamiento. 
La rapidez y seguridad de este remedio son tan grandes, que su empleo 
se ha hecho de uso vulgar, y puede decirse que apenas hay obesos — y 
sobre todo obesas — que no lo hayan intentado. 

Sin embargo, á veces ocurre el fenómeno ])aradógico de que los indivi- 
duos sometidos á la cura tiroidea, en lugar de perder de peso, aumentan. 
Al examen de este hecho queremos dedicar la presente nota. 

El aumento de peso determinado por la tiroidina puede obedecer á los 
siguientes mecanismos: 

1.'' La dosis administrada en sujetos que aumentan de peso por insu- 
ficiencia tiroidea es demasiado pequeña, y vence el fenómeno patológico 
al tratamiento que se le opone. En este caso se trata, en realidad, de un 
resultado incorrecto. 

2.° Otras veces ocurre que la lesión del tiroides es tan intensa, que no 
sólo afecta á los hormones que rigen la nutrición, sino á la totalidad de 
la función tiroidea. En ese caso, el cuadro clínico de la insuficiencia tiroi- 
dea más ó menos leve, con estado general relativamente bueno y aumen- 
to del peso por retardo de la nutrición general, es sustituido por un esta- 
do de caquexia grave con enflaquecimiento. Esto ocurre en muchos creti- 

(1) Marañan: Sobro la semeiologia y patogenia de la delgadez y el enflaqueci- 
miento. Mevista Clínica de Madrid, I, 1913. 



12 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE BIOLOGÍA 

nos cuyo tiroides está hondamente afectado y en los que hay una delga- 
dez caquéctica. Esto es también lo que ocurría, en mayor grado aún, en 
los casos, hoy por fortuna desaparecidos, de caquexia estrumipriva, des- 
arrollada eu los enfermos de bocio, á los que los primitivos cirujanos del 
tiroides extirpaban la totalidad de la glándula; y lo que todavía observa- 
mos todos los días en los animales de experimentación cuyos tiroides ex- 
tirpamos: en ellos el efecto más constante — dice Biedl (1) — es el enfla- 
quecimiento. 

Pues bien ; si en estos casos de hipotiroidismo gravísimo ó de atiroi- 
dismo (cretinismo profundo, caquexia estumipriva, tiroidectomía experi- 
mental), administramos el extracto de tiroides, la caquexia se corregirá 
y el organismo aumentará de peso. 

3," Pero en la mayoría de los casos el efecto de la opoterapia tiroidea 
consiste en una estimulación general de las actividades orgánicas, que se 
traduce por feríamenos de asimilación más intensa, y, por tanto, de incre- 
mento de peso, mientras las dosis no rebasen de ciertos límites. Este efec- 
to estimulante de la asimilación del jugo tiroideo es tan constante, que 
seguramente no poseemos otro medio más eficaz para provocar el aumen- 
to de peso que la tiroidina bien manejada. Si las dosis aumentan, llega 
un punto en que predominan los fenómenos de desasimilación y se pro- 
duce, naturalmente, el efecto contrario: el adelgazamiento. 

Es lógico suponer que todas estas variaciones del peso, que nosotros 
podemos provocar por la opoterapia tiroidea, sean reproducción de pro- 
cesos fisiológicos, correspondientes á las variaciones espontáneas de la 
actividad de la glándula tiroidea. 

La acción estimulante de la tiroidina se manifiesta á veces por un fe- 
nómeno bien visible, el aumento del apetito, por cuyo mecanismo exter- 
no, por decirlo así, se produce entonces el aumento del peso. Levi y 
Rothschild han descrito (2) esta acción despertadora del apetito de la opo- 
terapia tiroidea con el nombre de función oregógena del tiroides; á veces 
se convierte en verdadera voracidad. 

Sin embargo, no siempre existe el aumento de apetito en la intensidad 
suficiente para explicar el aumento del peso; entonces el peso sube por 
una acción general de activación de la nutrición, lo mismo en sujetos 
sanos que en los afectos de distintas enfermedades, como hemos podido 
comprobar, en la clínica, en multitud de casos. 

Experimentalmente hemos podido reproducir esta propiedad de la 
substancia tiroidea de producir aumento del peso, cuando las dosis no 

(1) Biedl: Innere de Sekietion-2-Auf. Wien, 1913. 

(2) Levi y Bolhschild: Études eur la physiopathologie du corpa tyroide. 1 serie, 
1908. 



PESO DETERMINADO POR EL EXTRACTO TIROIDEO 



13 



rebasan de ciertos límites, sustituyéndose el engrosamiento por el adel- 
gazamiento cuando la dosis se hace mayor. 

En las experiencias del cuadro que copiamos á continuación, nos ser- 
vimos de cobayos muy jóvenes, inyectándolos con extracto tiroideo gli- 
cerinado : 



I 

I. Testigo 

II. Inyección diaria de Va cent. cúb. de 

tiroidina 

III. Inyección diaria de V4 cent. cúb. de 
tiroidina 



Peso antes del 
tratamiento. 



109 gramos. 



124 



115 — 



Peso despnéi de 

na mes de 

tratamiento. 



168 gramos. 



178 — 



186 — 



59 gramos. 



54 



71 



Se ve en el cuadro expuesto que el animal inyectado con una dosis 
muy pequeña de tiroidina, engordó más que el testigo. El inyectado con 
una dosis algo mayor (V, cent.), aunque tampoco excesiva, aumentó 
también de peso, porque el movimiento natural del organismo era más 
fuerte que la tiroidina; pero el aumento fué menor que en el animal 
testigo. 

Más interesantes son las experiencias siguientes, para las que nos he- 
mos valido de conejos comunes de la misma edad : 



1. Tiroidización lenta y 

castración 

II. Tiroidización lenta. . 

III. Testigo 

IV. Tiroidización rápida 

y castración 

V. Tiroidización rápida. 



Aamento de 


peso é. los ocho 


dfas 


de 1 


tratamiento. 


78 


gr- 


82 


gr. 


111 


gr. 


28 


gr- 


38 


gr. 



Anmen 


to de 


peso después de | 


otros och 


días. 


136 


gr. 


160 


gr. 


133 


gr. 


39 


gr. 


88 


gr. 



5'^ ■ 



B g" 
a r 

■S.« 



Variación de peso 

á los cnatro días de 

tratamiento* 



23 gr. menos. 
20 gr. más. 
74 gr. más. 

51 gr. menos, 
85 gr. menos, 



Aumento de 
peso después de 

catorce días 
de tratamiento. 



25 gr. 
214 gr. 
179 gr. 

149 gr. 
162 gr. 



Del estudio de este cuadro se deduce lo siguiente : 

Al principio hicimos uso de un extracto glicerinado de tiroides de un 



14 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD ESPAÍÍOLA DE BIOLOGÍA 



enfermo de Basedow, recogido apenas extirpado (gracias á la amabili- 
dad del Dr. Goyanes), y preparado cuidadosamente por nosotros, según 
el método de Arsonval. Inyectamos á los animales I y II, '/^ de centíme- 
tro cúbico de extracto diariamente. A los animales IV y V, un centímetro 
cúbico diario. Ahora bien, se observa que durante los primeros ocho días 
del tratamiento, todos los conejos tratados aumentaron de peso menos 
que el testigo; pero los dos tratados con más intensidad (IV y V) aumen- 
taron, como era de esperar, menos que los hipertiroidizados lentamente 

(I y 11). 

Continuado el tratamiento en las mismas condiciones otros ocho días 
el organismo se habitúa, el valor activo de cada dosis es menor, y en- 
tonces vemos que los dos conejos tratados con poca tiroidina aumeiitan 
más que el testigo; los dos tratados con mucha tiroidina aumentan menos 
que el testigo. 

A partir de esta fecha se cambia la técnica del tratamiento. En lugar 
de nuestro preparado de extracto de bocio, hacemos uso de las pastillas 
de tiroidina Parke Davis, administradas en ingestión (el conejo come es- 
pontáneamente cuantas pastillas se le presentan). A los conejos I y II les 
administramos una ó dos pastillas diarias; á los conejos IV y V, cuatro 
ú ocho pastillas diarias. De esta manera prosigue la tiroidización lenta 
de los primeros y rápida de los segundos, pero aumentando mucho cada 
dosis con respecto á las del extracto de bocio. 

Los resultados observados en esta segunda época de la experiencia, 
son enteramente paralelos á los anteriores. En los primeros cuatro días, 
los cuatro conejos tratados aumentan menos que el testigo; en algunos, 
no sólo no hay aumento pequeño, sino que hay disminución de peso. De 
todos modos, la pérdida, como es natural, es mayor en el par sometido 
á las dosis fuertes (IV y V). 

Perseverando en el tratamiento, volvemos á observar la habituación 
del organismo ante la dosis invariable, la menor potencialidad de ésta, 
y, como antes, se presenta otra vez el fenómeno de que los conejos de la 
dosis pequeña aumentan de peso bastante más que el testigo, tnientras 
que los de las dosis grandes aumentan menos que el testigo. 

En resumen: a) Las dosis débiles de tiroidina provocan aumento de 
peso superior al normal en la época del crecimiento, así como las dosis 
fuertes hacen ese aumento subnormal y aun truecan el aumento en 
pérdida. 

b) La perseveración en las mismas dosis determina (por lo menos des- 
de este punto de vista) una acostumbración del organismo, haciéndose 
más débiles los efectos de la dosis. 

Se comprende la importancia práctica de estos datos experimentales, 



PESO DETERMINADO POR EL EXTRACTO TIROIDEO 15 

pues ellos nos enseñan la utilidad de emplear la tiroidina á pequeñas 
dosis en los sujetos cuyo crecimiento se verifica de un modo tórpido, y 
verdaderamente, como antes decíamos, ningún estimulante de la vege- 
tación del organismo se puede comparar á éste, cuando se maneja bien. 

Por otra parte, los hechos referidos nos indican la necesidad de aumen- 
tar prudencialmente las dosis de tiroidina cuando la empleamos con el 
objeto de hacer enflaquecer á sujetos obesos, pues la habituación del or- 
ganismo puede hacer inactiva y aun perjudicial, en este sentido del adel- 
gazamiento, á una misma dosis muy continuada. 

En la práctica, en efecto, vemos confirmados estos datos experimenta- 
les, como en el caso siguiente: 

Un señor de treinta y tres años, obeso, por herencia, desde niño. As- 
pecto linfático. Sin signos de hipotiroidismo. Ligera taquicardia. Muy 
nervioso. Neurasténico. En la actualidad pesa 130 kilogramos. No ha 
logrado adelgazar por ningún medio. 

La tiroidina á la dosis de dos tabletas Merck diarias le hacen perder 
un kilogramo en la primera semana del tratamiento. Al cabo de dos se- 
manas y media más de seguir la medicación á la misma dosis no sólo no 
ha seguido disminuyendo, sino que ha aumentado 2'5 kilogramos, en vis- 
ta de lo cual suspende el tratamiento. 

* 
* * 

De las expenencias referidas se desprende otro hecho interesantísimo, 
por lo que le haremos notar, aunque se refiera á otro aspecto del proble- 
ma. Y es que, tanto en los animales hipertiroidizados lentamente, como en 
los sometidos á las dosis de tiroidina fuertes, cuando se ha hecho además 
la castración, la pérdida es mayor ¡ ó en otros términos, los conejos castra- 
dos sufren con más intensidad la acción desgrasante de la tiroidina. Sólo 
hace excepción á esta regla la última cifra anotada en el conejo núm. I 
('258 gr. de aumento, mientras que el núm. II, no castrado, aumentó sólo 
214 gr.). 

Este notable fenómeno confirma la idea, en la que nosotros nos afir- 
mamos más cada día, de que el hipertiroidismo se desenvuelve mucho 
mejor en un terreno de hipogenitalismo. Para no citar más que un dato, 
recuérdese la frecuencia con que el mal de Basedow aparece en la meno- 
pausia, en cuya edad crítica (que también existe en el hombre) es muy 
frecuente que se basedowifiquen los bocios hasta entonces simples. Re- 
cuérdese también la frecuencia de las perturbaciones genitales — en senti- 
do hipofuncional (amenorrea, impotencia)— de los basedowianos jóvenes. 
Todo esto, unido al dato experimental expuesto, acentúa la sospecha de 



16 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE BIOLOGÍA 



que el complicado morbo de Basedow sea uno más entre los síndromes 
pluriglandulares. 

Pero de todo esto nos ocuparemos con más detenimiento en otra comu- 
nicación. 

(Laboratorio de Medicina Legal de la Universidad de Madrid. 
Director: Dr. Maestbe). 

#«^ ' 



Contribución al estudio de la formación del ácido diacético en el hígado 

POR 

P. VARILLAS 



Hasta hace poco era desconocido el punto del organismo en que se pu- 
dieran formar los cuerpos acetónicos (ácidos p oxibutírico, diacético y 
acetona). 

G. Embden ha observado que el hígado aislado del perro forma siem- 
pre una cierta cantidad de ácido diacético y acetona durante las expe- 
riencias de circulación artificial á través de este órgano con sangre des- 
fibrinada. La cantidad formada en una hora oscila de 12 á 27 miligramos 
por litro, referida á acetona, sin que pase de esta cifra en numerosas 
experiencias. Ciertas substancias añadidas á la sangre, aumentan al cir- 
cular por el hígado la producción de estos cuerpos, admitiéndose, al 
menos, con mucha probabilidad, una transformación en ácido diacético 
y acetona; otras no tienen influjo ^en este sentido, y hay otras (cuerpos 
fácilmente oxidables) que detienen en parte su formación. 

A partir de esto ha hecho Embden una serie sistemática de experien- 
cias, y demostrado que en el hígado pueden sufrir esta transformación: 
en primer lugar, ciertos ácidos grasos, sobre todo el p oxibutírico y el 
N butírico. De los homólogos superiores á éste, sólo forman ácido diacético 
y acetona los que tienen un número par de átomos de carbono en la 
molécula y no los impares. 

Hecho interesante que demuestra de un modo indirecto la importancia 
de la (i oxidación en la combustión de ácidos grasos en el organismo, 
pues se podría admitir, como lo hace Knopp en experiencias de otro orden 
con ácidos grasos aromáticos, que por sucesivas p oxidaciones con par- 
tición de la molécula y desprendimiento de dos carbonos, fueran los ho- 
mólogos superiores transformándose en los inferiores, y así se llegaría 
con los pares finalmente al N butírico, que por oxidación daría el día- 



FORMACIÓN DKL ÁCIDO DIACÉTICO EN KL HÍGADO 17 

cético por intermedio del p oxibutírico, mientras que los impares que, 
quemándose de este modo, no conducirían al N butírico, no formarían, 
por esta razón, acetona. 

Al lado de otros ácidos grasos, cuya transformación se puede aclarar 
por mecanismos distintos, forman también estos cuerpos productos de 
desdoblamiento de las albúminas, leucina y de la serie aromática, la ti- 
rosina 5'' fenilalanina. 

Primero, creyó Embden, que el hígado podría formar acetona también 
sin intermedio del ácido diacético, y así aclaraba la transformación de la 
leucina, ácido isovaleriánico, etc., pero más adelante han trabajado 
Embden y Schliepp, un método que permite una determinación separada 
de estos dos cuerpos, y han visto que, si se analiza la sangre en seguida 
de hecha la circulación, casi toda la acetona se encuentra en forma de 
ácido diacético. 

Esto mismo observan, aplicando el método á orinas muy recientes en 
diabéticos, admitiendo como muy probable que la acetona de la orina, 
ó al menos en su mayor parte, no sea un producto eliminado en tal es- 
tado por el riñon, sino en forma de ácido diacético, substancia poco esta- 
ble que pasaría en la orina misma á acetona, opinión que ha sido acep- 
tada, entre otros, por Magnus-Levi. 

Es interesante que el hígado de perros hechos diabéticos por inyeccio- 
nes de floridzina ó por extirpación total del páncreas, forme una canti- 
dad mayor de estos cuerpos que el de perros sanos. 

Por el contrario, no se forman estos cuerpos en circulaciones á través 
de otros órganos (riñon, pulmón y músculos), aun cuando se añadan á 
la sangre cuerpos que los producen en una cantidad relativamente gran- 
de en el hígado. 

Últimamente se ha visto que ciertos ácidos dicarbónicos, pueden su- 
frir también esta transformación (ácido sacárico, ácido tártrico, etc.). 

En este sentido hemos hecho algunas observaciones con el ácido oxal- 
acético. 

Para obtener el cuerpo hemos empleado el método de Wohl y Oes- 
terlin. 

La técnica de las experiencias es la generalmente seguida : 6 gramos 
disueltos en agua y neutralizados con amoníaco, se añaden á la sangre. 

Se emplea sangre desfibrinada de buey. 

Se tiene á los perros veinticuatro horas antes sin darles alimentos y se 
les mata anestesiándolos ligeramente con éter, por sección de las femo- 
rales hasta desangrarlos. Se abren las cavidades torácica y abdominal, y 
se prepara el hígado según la técnica de Embden y Glaesner. 

Cortando las inserciones laterales del diafragma, se rechaza el hígado 

2 



18 



BOLETÍN DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE BIOLOGÍA 



hacia arriba y el paquete intestinal á un lado, quedando al descubierto 
la vena porta, en la que se introduce una cánula de cristal ; se ligan la ar- 
teria hepática y la cava, cortando por debajo de las ligaduras; se seccio- 
na el esófago entre dos ligaduras á nivel del cardias; se introduce otra 
cánula en la porción torácica de la cava; se completan las desinserciones 
del diafragma y se lleva el hígado al aparato de circulación artificial de 
Mandel, simplificado por Embden. Por medio de una bomba aspirante é 
impelente, movida por un electromotor, se hace pasar la sangre repetidas 
veces por el hígado, entrando por la porta y saliendo por la cava. La ar- 
terialización tiene lugar al atravesar un tubo grande de vidrio lleno de 
perlas de cristal, al que se dirige una corriente continua de oxígeno. 

Transcurrida una hora se quita el hígado y en la sangre se precipi- 
tan las albúminas por el método de Schenck; se hace en el filtrado una 
determinación de la acetona total por el método de Messinger-Hupper ; se 
hace antes de la circulación una determinación de la acetona en la sangre 
empleada y por diferencia se ve la formada durante la experiencia. 

Los resultados pueden verse en la tabla siguiente : 





PESO 
del perro. 

Kilogms. 


PESO 
del hígado 

Gramos. 


Cantidad 
de sangre. 

Cení. cúb. 


Duración 

de la 
experien- 
cia. 

Minutos. 


SUBSTANCIA 
añadida. 


CANTIDAD 

de acetona 

formada 

por litro. 

Miligramos. 


n 
Cent, cúb de yodo — 

gastados para 
el Masuda. 


Observaciones 


O 


Con exilio 
de plata. 


Sin óxido 
de plata. 




1 


7'3 


182 


1.600 


60 


6 gramos 
de ácido 
oxalacéti- 
00 neutra- 
lizados 
con NH' 


118 


28'3 


28 


3 litros del 
filtrado 
para el 

Masuda. 


2 


4'8 


125 


id. 


id. 


id. 


48 


9 


8'3 


id. 


3 


6'7 


266 


id. 


Id. 


id. 


32 


5'4 


5'6 


2 litros del 
filtrado. 


4 


11'5 


275 


id. 


id. 


id. 


71 








5 


6'95 


118 


id. 


id. 


id. 


39 


lO'l 


9'6 


3 litros del 
filtrado. 


6 


6'2 


241 


id. 


id. 


id. 


45 


10'9 


10'3 


id. 


7 


6'2 


266 


id. 


52 


Sin adi- 
ción de 

substancia 


20 









Como se ve, aumenta este ácido la producción normal de ácido diacé- 
tico, si bien no en una proporción muy grande. Sería conveniente ma- 
yor número de experiencias antes de sentar resultados definitivos. Era 



primeramente un desdoblamiento en COj y CH^C.^ ^^ . Por intermedio 



FORMACIÓN DEL ÁCIDO DIACÉTICO EN EL HÍGADO 19 

interesante el experimentar con este cuerpo. Recientemente, ha descu- 
bierto Neuberg una carboxilaxa en las levaduras que transforma muy 
fácilmente esta substancia en anhídrido carbónico y aldehido acético. La 
misma transformación experimenta el CII3.CO.COOII. En una serie nu- 
merosa de circulaciones artificiales han visto Embden y Oppenheimer que 
este último cuerpo puede ser transformado en el hígado en ácido diacéti- 
co. Aclaran la transformación admitiendo que en el hígado tenga lugar 

O 

de este último se formaría el ácido diacético. Friedmann ha demostrado 
que esta última transformación es posible. Admite una condensación de 
dos moléculas de aldehido acético á aldol que por oxidación pasaría al 
ácido p oxibutírico y por intermedio de este último á ácido diacético. 
Esto mismo se podría pensar para el ácido oxalacético. La transforma- 
ción marcharía entonces en la siguiente forma : 

COOH ^O^^' ^^' O 

gjj* = 2C0, + CH,C^ ¿^^ + ¿^^^ = CH^CHOHCH^C^ 
COOH ^-^ \h \h ^H 

CH5 CHOH CH, COOH -^ CH3 CO CH, COOH. 

Hemos tratado de ver si al lado de acetona se forman aldehidos em- 
pleando un método de Masuda que permite determinar aproximadamente 
estos últimos al lado de la acetona en caso de existir juntos con un re- 
sultado negativo. Esto no excluiría, desde luego, la existencia del al- 
lehído acético como intermedio, ya que esta substancia reacciona fácil- 
lente y podría entrar en combinación con otras substancias en el hígado. 



bibliografía 

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aus dem stádlischen. Chem. physiolog. Institut zu Frankfurt a/M. S. 186, 1912. 
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20 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE BIOLOGÍA 



Contribución al estudio de la revelación de huellas digitales invisibles 



A. CORTEZO Y COLLANTES 



Dedicamos esta nota experimental á referir los resultados que hemos 
obtenido en la aplicación de distintos reactivos sólidos, líquidos y gaseo- 
sos en la revelación de huellas que asientan sobre distintos soportes, tra- 
bajos que hemos llevado á cabo en el Laboratorio de Medicina legal de la 
Universidad de Madrid, bajo la dirección del profesor Maestre. 

Distintos autores han propuesto, por ejemplo, varios reactivos pulveru- 
lentos para la revelación de huellas sobre el papel ; pero los resultados 
que se obtienen con una misma substancia reveladora son muy distintos 
según la calidad del papel, y los autores no han fijado mucho su atención 
sobre este particular. 

Nuestros experimentos demuestran que una materia reveladora, como 
el óxido de cobre, no dando resultado ninguno en las huellas que asien- 
tan sobre el papel satinado, son ya mucho mejores en papel de peor ca- 
lidad. Esta observación la podemos hacer más afirmativa si ensayamos el 
peróxido de plomo, mala substancia reveladora en papel satinado y ex- 
celente en papel de calidad inferior. 

Nosotros hacemos resaltar estas diferencias en el cuadro adjunto. 

De los repetidos ensayos que hemos realizado, resulta una conclusión 
importante referente al proceso íntimo de la revelación de las huellas. 
Los autores hablan de reactivos que revelan las huellas por adherencia 
mecánica y de reactivos que revelan las huellas por afinidad química á 
la grasa que constituye la impresión, y se ha insistido sobre las ventajas 
que presentan estos últimos reactivos. Pues bien ; de nuestros ensayos 
resulta que casi todos los reactivos obran por adherencia mecánica y que 
precisamente polvos inertes pero muy pesados, como sucede con el ne- 
gro de platino y el hierro metálico, permiten una revelación perfecta. 

Varios de los reactivos que nosotros hemos consignado en el cuadro 
adjunto han sido propuestos por otros autores y otros somos nosotros los 
primeros en ensayarlos. 

Nuestros ensayos prueban también que algunos de los reactivos ya 
propuestos no habría interés en conservarlos; por ejemplo, los que figu- 
ran siempre en las tres últimas partes del cuadro. 

Hemos hecho también algunos ensayos de revelación de huellas invisi- 
bles sobre soportes negros de cristal, mármol, etc. ; en ellos hemos obte- 



REVELACIÓN DE HUELLAS DIGITALES INVISIBLES 



21 



nido los mejores resultados con el blanco de zinc, el sulfato de barita, la 
cerusa y el óxido de antimonio. 

Hemos hecho también ensayos de revelación de huellas recientes y an- 
tiguas sobre el papel, sirviéndonos del método á la tinta propuesto anti- 
guamente por Forgeot, y como siempre, hemos utilizado papeles de dis- 
tinta calidad. Los mejores resultados los hemos obtenido con las tintas 
Pelikan 2.001, Pelikan 4.001 y Pelikan 5.001. Hemos ensayado también 
la tinta Faber Bien noir y revela las huellas. Los resultados algo utiliza- 
bles en esta revelación de las huellas por la tinta se obtienen cuando las 
huellas asientan sobre papel satinado, y mejor que coloreadas se puede 
decir que la tinta tiñe el soporte, apareciendo los dibujos papilares en 
blanco. 

Finalmente, por los experimentos que hemos realizado debemos decla- 
rar que no hemos obtenido con los reactivos gaseosos resultados tan fa- 
vorables como los conseguidos por otros autores. 



Cuadro resumen de los resultados obtenidos con diferentes reactivos 
aplicados á la revelación de huellas invisibles sobre el papel. 



PAPEL SATINADO 


PAPEL CORRIENTE 


PAPEL GROSERO (PEEIÓDICO) 


1 Platino. 


1 Platino. 


1 Platino. 


_. 2 Hierro metálico. 


2 Hierro metálico. 


2 Hierro metálico. 


H^ 8 Sulfuro de plomo. 


3 Bióxido de manganeso. 


3 Bióxido de manganeso. 


Wjk 4 Oxido de cobalto. 


4 Peróxido de plomo. 


4 Peróxido de plomo. 


^H 5 Tierra negra. 


5 Oxido de cobre. 


5 Oxido de cobre. 


^B 6 Plombagina. 


6 Plombagina. 


6 Plombagina. 


^H 7 Bióxido de manganeeo. 


7 Tierra negra. 


7 Tierra negra. 


^■8 Yodoeosina. 


8 Oxidorojodemercurio. 


8 Oxido de cobalto. 


^*^ 9 Rojo Scharlach. 


9 Sulfuro de plomo. 


9 Sulfuro de plomo. 


10 Fluoreeceina. 


10 Oxido de cobalto. 


10 Oxido rojo de mercurio. 


11 Rojo Soudan III. 


11 Yodoeosina. 


11 Yodoeosina. 


12 Serubra viejo. 


12 Rojo Scharlach. 


12 Rojo Scharlach. 


13 Rojo Victoria. 


13 Fluoresceina. 


13 Fluoresceina. 


14 Tierra Casrel. 


14 Rojo Soudan III. 


14 Rojo Soudan III. 


15 Carmín tabla. 


15 Serubra viejo. 


15 Serubra viejo. 


16 Bermellón puro. 


16 Rojo Victoria. 


16 Rojo Victoria. 


17 Oxido de plomo. 


17 Tierra Casrel. 


17 Tierra Casrel. 


18 Bermellón Winkar. 


18 Carmín tabla. 


18 Carmín tabla. 


19 Oxido de cobre. 


19 Bermellón puro. 


19 Bermellón puro. 


20 Rojo inglés. 


20 Rojo inglés. 


20 Bermellón Winkar. 


21 Oxido rojo de mercurio. 


21 Minio. 


21 Minio. 


22 Peróxido de plomo. 


22 Oxido de plomo. 


22 Rojo inglés. 


23 Minio. 


23 Bermellón Winkar. 


23 Oxido de plomo. 



22 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE BIOLOGÍA 



Curación de la tuberculosis experimental del cobaya 
por la bacterioterapia especifica 

POR 

P, MAYORAL 



La presente comunicación tiene por objeto dejar consignados algunos 
importantes hechos experimentales. No se trata de un trabajo acabado; 
es un avance que creemos conveniente publicar, pues por referirse á la 
tuberculosis, enfermedad de evolución lenta, ha de transcurrir algunos 
meses antes de que sea posible presentar un trabajo completo, y siendo 
la tuberculosis sujeto de estudio de muchos investigadores, pudiera ocu- 
rrir que, durante dicho plazo, aparecieran publicaciones en las que se 
describieran hechos semejantes á los observados por nosotros, y les pri- 
varan de su originalidad. 

La tuberculosis experimental del cobaya, provocada por la inoculación 
subcutánea de productos tuberculosos es, por la seguridad con que se 
produce y la constancia de las etapas que recorre la enfermedad, para 
terminar fatalmente con la vida del animal en plazo que nunca excede 
de tres meses, no sólo el procedimiento exacto para descubrir la presen- 
cia del virus tuberculoso, sino también el mejor, por ser el más riguroso 
campo de experimentación para los métodos profilácticos y terapéuticos 
contra la tuberculosis. Cualquier método que sea capaz de prevenir ó cu- 
rar la tuberculosis experimental del cobaya, debe reputarse, pensando 
lógicamente, como provisto de real y poderosa eficacia. 

Los estudios de quimioterapia de la tuberculosis con los compuestos de 

cobre que realizamos hace año y medio, y que fueron expuestos en una 

de las sesiones de la Liga popular contra la tuberculosis, en Octubre de 

1912, demostraron plenamente la anterior afirmación; el fracaso de este 

tratamiento en la tuberculosis del cobaya, nos permitió pronosticar su 

inutilidad en la tuberculosis del hombre, cuando eminentes clínicos que 

lo estaban experimentando tenían de su eficacia una favorable impresión. 

* 
* * 

Nuestros estudios de bacterioterapia específica de la tuberculosis se han 
hecho con una mezcla de cultivos puros en medio líquido, homogéneos, 
de tres variedades de bacilo Koch humano, aisladas por nosotros de los 
esputos, siguiendo el procedimiento clásico. 

Estos cultivos, después de un mes de desarrollo en la estufa á 37*^, fue- 
ron tratados por el cloroformo en la proporción de O' 75 cent. cúb. por 



CURACIÓN DE LA TUBERCULOSIS EXPERIMENTAL DEL COBAYA 



23 



100, y diez días después, por el fenol al 0'5 cent. cúb. por 100 y el calor 
á 55° durante una hora. De este modo preparamos la vacuna tuberculosa 
viva, pues sembrando 1 cent. cúb. de ella en un matraz de caldo gliceri- 
nado, se obtiene el desarrollo del bacilo de Koch. 

Hemos preparado también una vacuna tuberculosa muerta, con sólo 
repetir en tres días sucesivos la expresada acción térmica sobre la vacu- 
na tuberculosa viva. 

El hecho de no destruirse la vitalidad del bacilo de Koch por la acción 
de los citados antisépticos y el calor á 55° durante una hora, es una prue- 
[ba á favor de la existencia de esporas de esta especie microbiana, asun- 
to del que, bajo distinto punto de vista, nos hemos ocupado en otro 

ptrabajo. 

Tanto la vacuna tuberculosa viva como la muerta, examinadas al mi- 
croscopio, previa tinción por el método de Ziehl, se ve que contienen nu- 
merosísimos bacilos de Koch típicos, perfectamente teñidos, aislados 
unos de otros en individuos ó pequeños montones. 

Estas vacunas, sometidas á la acción aglutinante del suero de perso- 
nas sanas, dan abundante precipitado en forma de copos con diluciones 
de suero superiores al 1 por 250. 

Experimentos realizados. 

Cobayas núms. 1 y 2.-E1 día 5 de Julio de 1913, se introduce en el te- 
jido celular subcutáneo de las paredes abdominales, un asa de cultivo só- 
lido, desarrollado en la patata, de dos variedades de bacilo de Koch, 
empleadas en la preparación de la vacuna tuberculosa. 

Día 10 de Octubre de 1913. Se inyecta en el tejido celular subcutá- 
neo del abdomen 0'5 cent. cúb. de vacuna tuberculosa viva. Nada anor- 
mal se observa en los animales. 

Día 13 de Octubre de 1913. Se matan los cobayas intoxicándoles con 
éter, y la autopsia demuestra la existencia de muchos tubérculos en el 
peritoneo é hígado. 

Cobayas núms. 3 y 4.-Están sanos: el día 10 de Octubre de 1913, se 
les inyecta 0'5 cent. cúb. de vacuna tuberculosa viva en el tejido celular 
subcutáneo. Día 18 de Octubre, se les inyecta 1 cent. cúb. de v. t. v. 
Día 23 de Octubre, inyección de 1'5 cent. cúb. de v. t. v. Día 31 de Oc- 
tubre, inyección de 2 cent. cúb. de v. t. v. 

En los sitios en que se ha inyectado la v. t. v. se observan unos nodu- 
los de tamaño variable, pero que nunca exceden del de un garbanzo. El 
día 6 de Noviembre de 1913, se sacrifica el núm. 3, y se observa que 
en los nodulos existe pus caseoso, en el que el examen microscópico de- 



24 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE BIOLOGIa 

muestra la existencia del bacilo de Koch; las visceras están normales. 

El cobaya núm. 4 está actualmente vivo, y los nodulos se han reab- 
sorbido. (Día 19 de Marzo de 1914). 

Cohayas núms. 5 y 6. — El día 15 de Agosto de 1913, se inoculan en el 
tejido celular subcutáneo de las paredes abdominales, con un fragmento 
de esputo que contiene bacilo de Koch. 

Día 10 de Octubre de 1913. En el sitio de la inoculación existe una 
llaga con pus caseoso, en el que el examen microscópico demuestra la 
presencia del bacilo de Koch ; los ganglios inguinales están tumefactos, 
y los animales están flacos. En el tejido celular subcutáneo se les inyec- 
ta 0'5 cent. cúb. de vacuna tuberculosa viva. Día 18 de Octubre, inyec- 
ción de 1 cent. cúb. de v. t. v. Día 23 de Octubre, inyección de 1'5 cen- 
tímetros cúbicos de v. t. v. Día 31 de Octubre, inyección de 2 centímetros 
cúbicos de v. t. v. Día 10 de Noviembre, inyección de 0'5 centímetros 
cúbicos de v. t. v. 

Día 15 de Noviembre. Muere el cobaya núm. 5. La autopsia demues- 
tra la existencia. de abscesos subcutáneos correspondientes á los sitios de 
inyección de la v. t. v., y una tuberculosis visceral generalizada. 

Día 17 de Noviembre. Al cobaya núm. 6 se inyecta 0'5 cent. cúb. de 
v. t. V. en el subcutáneo. Día 26 de Noviembre, inyección de 0'5 centí- 
metros cúbicos de v. t. v. Día 2 de Diciembre, inyección de 0'5 centíme- 
tros cúbicos de v. t. v. Día 10 de Diciembre, inyección de 0'5 centímetros 
cúbicos de v. t. v. Día 16 de Diciembre, inyección de 0'5 centímetros cú- 
bicos de V. t, V. 

Día 5 de Enero de 1914. El cobaya presenta excelente aspecto general; 
bien nutrido y con el pelo limpio y brillante. La llaga que tenía en el 
sitio de inoculación ha cicatrizado; un ganglio inguinal está tumefacto. 
Tiene dos cicatrices correspondientes á antiguas úlceras producidas por 
las inyecciones del v. t. v. y una úlcera de igual clase de la que por pre- 
sión sale pus que contiene bacilo de Koch. 

Cobayas núms. 7 y 8. — El día 15 de Agosto de 1913, se inoculan en el 
tejido celular subcutáneo del muslo, con una porción de esputo que con- 
tiene bacilo de Koch. 

Día 15 de Octubre de 1913. En el sitio de inoculación existe una úlce- 
ra, y los ganglios inguinales están tumefactos; los animales están flacos, 
y en el pus de la úlcera se encuentra el bacilo de Koch. Se inyecta en el 
tejido celular subcutáneo 2 cent. cúb. de vacuna tuberculosa viva. Día 

25 de Octubre, inyección de 4 cent. cúb. de v. t. v. Día 31 de Octubre, 
inyección de 6 cent. cúb. de v. t. v. 

Día 3 de Noviembre de 1913. Muere el núm. 7. La autopsia demuestra 
la existencia de abscesos subcutáneos, correspondiendo con los sitios de 



CURACIÓN DE LA TUBERCULOSIS EXPERIMENTAL DEL COBAYA 25 

inyección de la v. t. v.; se encuentran muchos tubérculos en el bazo, hí- 
gado y pulmón, y una pleuresía con derrame. 

Día 8 de Noviembre. Inyección de 0'5 cent. cúb. de v. t. v. al cobaya 
número 8. Día 17 de Noviembre, inyección de 0'5 cent. cúb. de v. t. v. 
Día 26 de Noviembre, inyección de 0'5 cent. cúb. de v. t. v. Día 2 de 
Diciembre, inyección de 0'5 cent. cúb. de v. t. v. Día 10 de Diciembre, 
inyección de 0'5 cent. cúb. de v. t. v. Día 16 de Diciembre, inyección de 
0'5 cent. cúb. de v. t. v. 

Día 26 de Diciembre de 1913. Muere el cobaya núm. 8. La autopsia de- 
muestra lo sicfuiente: dos ulceraciones en la región inguinal; una co- 
rresponde á un ganglio supurado y otra á uno de los sitios de inyección 
de la V. t. V. Dos abscesos de la pared abdominal, correspondiendo á sitios 
de la inyección v. t. v. En el pus de los abscesos y úlceras se encuentran 
numerosos bacilos de Koch, incluidos en los leucocitos. 

Los ganglios linfáticos, lumbares, axilares y mediastínicos están tume- 
factos ; los últimos sueldan el corazón y grandes vasos á la pared ester- 
nal. No hay tubérculos en los pulmones; en el bazo y lóbulo izquier- 
do del hígado se notan algunas pequeñas manchas blanquecinas, que 
parecen tubérculos, pero en los frotes hechos con ellas no se encontró el 
bacilo de Koch. 

Cobayas núms. 8, 10 y 11. — El día 15 de Agosto se inoculan con una 
porción de esputo, que contiene bacilo de Koch, en el tejido celular sub- 
cutáneo de la pared abdominal. 

Día 15 de Octubre de 1913. Existe úlcera en los sitios de inoculación, 
tumefacción de los ganglios inguinales y enflaquecimiento. En el tejido 
celular subcutáneo de la pared abdominal se inyecta 1 cent. cúb. de va- 
cuna tuberculosa viva. 

Día 25 de Octubre. Inyeccción de 2 cent. cúb. de v. t. v. Día 31 de Oc- 
tubre. Inyección de 4 cent. cúb. de v. t. v. Día 9 de Noviembre. Inyección 
de 0*5 cent. cúb. de v. t. v. Día 17 de Noviembre. Inyección de 0'5 cen- 
tímetros cúbicos de v. t. v. Día 2 de Diciembre. Inyección de 0'5 centí- 
metros, cúbicos, de v. t. v. Día 10 de Diciembre. Inyección de 0'5 cen- 
tímetros cúbicos de v. t. v. Día 16 de Diciembre. Inyección de 0'5 centí- 
metros cúbicos de v. t. v. 

Día 19 de Diciembre de 1913. Muere el cobaya núm. 9. La autopsia de- 
muestra lo siguiente : el animal no está demacrado y la úlcera correspon- 
diente al sitio de inoculación está casi cicatrizada ; en el tejido celular 
subcutáneo de las paredes abdominales y, correspondiendo á sitios de 
inyección de la v. t v., hay dos abscesos en cuyo pus el examen por el 
Ziehl demuestra la existencia de enorme cantidad de bacilos de Koch, 
pero todos ellos incluidos en el interior de los leucocitos. Se encuentran 



26 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE BIOLOGÍA 

puntos en los que la piel y los músculos de las paredes abdominales es- 
tán soldados, no pueden despegarse los dos planos anatómicos por impe- 
dirlo un tejido cicatricial. 

Los ganglios linfáticos inguinales están normales y no se encuentran 
tubérculos en los pulmones, bazo é hígado. Únicamente están aumenta- 
dos de volumen dos ó tres ganglios lumbares que, seccionados, no con- 
tienen pus; en los frotes hechos con la superficie de sección de estos gan- 
glios, se encuentran algunos bacilos de Koch incluidos en los leucocitos. 

Día 5 de Enero de 1914. Los cobayas núms, 10 y 11 presentan excelen- 
te aspecto, bien nutridos y con el pelo limpio y brillante. El núm. 10 tie- 
ne cicatrizada la úlcera correspondiente al punto en que se inoculó el 
esputo; un ganglio inguinal del tamaño de un guisante y tres cicatrices 
correspondientes á sitios en que se inyectó la v. t. v. 

El cobaya núm. 11 tiene también cicatrizada la úlcera correspondiente 
al sitio de inoculación del esputo; un ganglio inguinal tumefacto y 
cuatro cicatrices correspondientes á sitios de inyección de la v. t. v. y á 
una adenitis inguinal supurada, que se abrió espontáneamente. 

El día 19 de Marzo de 1914 estos animales presentan excelente aspec- 
to, pero en los dos se nota la existencia de un ganglio inguinal tumefac- 
to, del tamaño de un guisante. 

Cobayas núms. 12 y i5.— El día 15 de Agosto de 1913 se inoculan en el 
tejido celular subcutáneo de la pared abdominal, con una porción de es- 
puto que contiene el bacilo de Koch. 

El día 15 de Octubre de 1913, en los sitios de inoculación, hay una 
úlcera en cuyo pus se encontró el bacilo de Koch. Los ganglios inguina- 
les están tumefactos y los animales presentan notable enflaquecimiento. 

Día 5 de Noviembre. Muere el núm. 12. Día 17 de Noviembre. Muere 
el núm. 13. La autopsia demuestra iguales lesiones en ambos animales. 
La úlcera de la inoculación no ha cicatrizado. Los ganglios inguinales y 
lumbares están caseosos, y el bazo, hígado y pulmones aparecen repleto s 
de tubérculos. 

Cohaya núm. 14. — El día 17 de Noviembre do 1913 se le inyecta en el 
tejido celular subcutáneo de la parte alta del muslo el depósito de centri- 
fugación de 10 cent. cúb. de orina sospechosa de contener bacilo de Koch. 

Día 4 de Diciembre. En el sitio de inoculación se ha formado un abce- 
so que se abre espontáneamente, y en cuyo pus se encuentra bacilo de 
Koch. El día 13 de Diciembre, la abertura de abceso se ha ensanchado y 
queda una extensa ulceración ; los ganglios inguinales están aumentados 
de volumen; el animal pesa 510 gramos. 

Día 1.° de Enero de 1914. El animal pesa 450 gramos. 

Día 2 de Enero. Durante la noche, que ha sido muy fría, y coincidien- 



CURACIÓN DE LA TUBERCULOSIS EXPERIMENTAL DEL COBAYA 27 

do con elevada mortalidad en los cobayas que ocupan otras jaulas, ha 
muerto. 

Autopsia. — Extensa úlcera en el sitio de inoculación ; se encuentran dos 
voluminosos ganglios inguinales, uno del tamaño de un garbanzo y otro 
del de un guisante. Un ganglio lumbar está aumentado de volumen y ca- 
seoso. En el bazo se observan numerosas y pequeñas granulaciones gri- 
ses, en las que el examen microscópico no demuestra la presencia del ba- 
cilo de Koch. 

Cobayas núms. 15 y 16. — El día 17 de Noviembre de 1913, se inyecta 
al núm. 15 en el tejido celular subcutáneo de la parte alta del muslo el 
depósito de centrifugación de 20 cent. cúb. de orina sospechosa de con- 
tener bacilo de Koch. 

Día 4 de Diciembre. En el núm. 15 y en el sitio de inoculación se ha 
formado un voluminoso abceso que se abre sólo, y en cuyo pus se encuen- 
tra el bacilo de Koch. El día 13 de Diciembre el abceso se ha transforma- 
do en extensa úlcera; los ganglios inguinales están aumentados de volu 
men; el animal pesa 305 gramos. El cobaya núm. 16 está sano y pesa 
650 gramos. 

El mismo día 13 se inyecta á los dos cobayas en el tejido celular sub- 
cutáneo del abdomen O'l cent. cúb. de vacuna tuberculosa muerta, dilui- 
da en 0'9 cent. cúb. de caldo de cultivo. Día 18 de Diciembre, se inyec- 
ta 0'2 cent. cúb. de v, t. m. diluida en 0'8 de caldo, en el tejido celular 
subcutáneo. Día 23 de Diciembre, se inyecta 0'4 cent. cúb. de v. t. m. di- 
luida en 0'6 cent. cúb. de caldo. Día 28 de Diciembre, se inyecta 0'8 cen- 
tímetros cúbicos de v. t. m. diluida con 0'7 cent. cúb. de caldo. 

Día 1.° de Enero de 1914. El núm. 15 pesa 260 gramos y el núm. 16 
pesa 500 gramos. No tiene induraciones en los sitios en que se inyectó 
el v. t. m. 

Día 2 de Enero. Durante la noche y debido seguramente al frío, mue- 
ren los dos animales. 

Autopsia. — El cobaya núm. 15 presenta cicatrizada superficialmente la 
úlcera de inoculación, pero una incisión perpendicular á la superficie de 
la piel, demuestra que debajo de la cicatriz hay un pequeñísimo abceso 
con pus cremoso. Un ganglio inguinal está aumentado de volumen y tie- 
ne el tamaño de una lenteja. Existe otro igual, lumbar. En el bazo se ob- 
servan algunas pequeñas granulaciones grises, en las que el examen mi- 
croscópico no permitió descubrir el bacilo de Koch. 

El cobaya núm. 16 no presenta ninguna lesión ganglionar ni visceral 
y el tejido celular subcutáneo de las paredes abdominales está normal. 



28 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE BIOLOGÍA 

Después de relatar los resultados de nuestros experimentos, y antes de 
exponer las conclusiones provisionales que de ellos deducimos, no estará 
demás reproducir lo que los tratados clásicos de bacteriología dicen de la 
tuberculosis experimental del cobaya. 

Kolle y Hetsch. — «El punto de inoculación se ulcera siempre. El ani- 
mal disminuye de peso y sucumbe cuatro ó seis semanas después de la 
inoculación subcutánea. Cuando la inoculación se hace en la cámara an- 
terior del ojo, el animal tarda en morir tres ó cuatro meses». 

Courmont. — «La invasión en la inoculación subcutánea se hace por 
vía linfática ; en el punto de inoculación se forma una úlcera que no se 
cierra. La muerte sobreviene al cabo de dos meses; en general, rara vez 
más tarde». 

Macé. — «La inoculación de productos tuberculosos determina fatal- 
mente la evolución de una tuberculosis que mata en un plazo variable de 
dos semanas á dos ó tres meses». 

J. Much. — «En los experimentos que se practican en los animales, la 
la tuberculina fracasa por completo cuando se la emplea como agente te- 
rapéutico». 

En vez de examinar una por una nuestras observaciones, haciendo los 
comentarios que lógicamente de ellas se deducen, preferimos abreviar, y 
suprimiendo los razonamientos que á los hechos las encadenan, presen- 
tar las siguieutes conclusiones provisionales: 

Primera. — El bacilo de Koch tiene formas de resistencia que le permi- 
ten reproducirse después de sufrir acciones antisépticas suficientes para 
destruir los gérmenes no provistos de esporas. El bacilo de Koch es una 
especie capaz de formar esporas que, á juicio nuestro, son los granulos 
que se tiñen por el procedimiento de Much y por el de Ziehl, modificado 
por nosotros. Esta modificación consiste en tratar durante cinco minutos, 
con el líquido de Lugol, las preparaciones teñidas con la fuchina, antes 
de decolorarlas con el ácido nítrico al 1/3 ó al 1/4 y el alcohol absoluto. 

Segunda. — La vacuna tuberculosa viva y la muerta carecen de toxici- 
dad para el cobaya tuberculoso; este hecho establece profunda separa- 
ción entre los productos preparados por nosotros y las tuberculinas cono- 
cidas hasta el día. 

Tercera. — La v. t. v. produce abcesos en los sitios en que se inyecta, 
abcesos que se curan solos, y no sólo no se tuberculiza el animal, sino 
que provoca en él una inmunidad utilizable en terapéutica. La v. t. m. se 
toleró perfectamente en dos cobayas ; no produjo abcesos en los sitios en 
que se inyectó. 

Cuarta.— De siete cobayas (núms. 5, 6, 7, 8, 9, 10 y 11) tratados con 
la V. t. V., cinco sobrevivieron más de un mes á los testigos no tratados 



HI8T0PAT0L0GÍA DE LA PARÁLISIS GENERAL 29 

(números 12 y 13). Tres, viven en el momento de escribir este trabajo, y 
de los dos que han muerto, uno de ellos (núm. 9) estaba curado, pues no 
tenía tubérculos en ganglios y visceras, y el otro (núm. 8) se encontraba 
en estado relativamente satisfactorio : tenía tuberculosis ganglionar y al- 
gunos tubérculos en el bazo y el hígado, pero no en los pulmones. 

Quinta. — La v. t. m. á dosis débiles ha producido notable mejoría del 
estado de las lesiones de inoculación del cobaya (núm. 15), á pesar de ser 
de menor talla que el testigo y haberse inoculado con doble cantidad de 
material tuberculoso. 

Creemos que los resultados alcanzados por nosotros en el tratamiento 
de la tuberculosis del cobaya no han sido superados por ningún investi- 
gador ; esto nos obliga á continuar nuestros estudios, con la esperanza de 
poder publicar pronto un trabajo completo que nos autorice para ensa- 
yar nuestro método en el tratamiento de la tuberculosis humana. 

En la realización de estos estudios ha colaborado el Dr. Ramón Lobo, 
Profesor de la Sección de Bacteriología del Laboratorio Municipal, y al 
Director del mismo, Dr. C. Chicote, agradecemos que nos haya propor- 
cionado cuantos medios hemos necesitado para realizar nuestros trabajos. 

(Trabajo de la Sección de Bacteriología del Laboratorio Municipal de Madrid), 



SESIÓN DEL 26 DE FEBRERO DE 1914 

Nuevos estudios sobre la hístopatología de la parálisis general 
con el método al cloruro de oro y sublimado de Cajal 

POB 

N. ACHÚCARRO y M. GAYARRE 



Nuestras investigaciones se refieren, principalmente, á las alteraciones 
*de la neuroglia en la corteza cerebral. 

Ya la observación de las preparaciones de la corteza cerebral humana, 

jresentadas en esta Sociedad por Cajal en una sesión reciente, mostran- 

Fdo la neuroglia protoplásmica teñida en una extensión y con una deflni- 

tción no conseguidas hasta entonces, nos hicieron presumir la importan- 

lia del nuevo método del maestro para el estudio de las alteraciones de 

\\a, corteza en las enfermedades mentales. 

Hemos estudiado desde entonces, con el método del cloruro de oro y el 
[sublimado, varios casos de enfermedades cerebrales: parálisis general, 
[demencia senil, meningitis, delirium tremens, epilepsia. 



30 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE BIOLOGÍA 

Aquí nos referimos, especialmente, á nuestros hallazgos en la parálisis 
general. Hemos preparado dos casos del Manicomio de Cienpozuelos, uti- 
lizando la fijación con formol y bromuro de amonio recomendada por Ca- 
jal, fijación que permite el empleo de otros métodos y que es particular- 
mente favorable para el método del tanino y la plata amoniacal. El resto 
del método se ha hecho igualmente de acuerdo con las prescripciones de 
Cajal, y los resultados pueden calificarse de constantes y excelentes. 

Como es sabido, desde las investigaciones de Nissl y Alzheimer, la 
neuroglia de la corteza cerebral sufre grandes alteraciones en la paráli- 
sis general; las células proliferan, se hipertrofian notablemente, forman- 
do corpúsculos gigantescos « Monsterzellen » , y producen abundantes 
fibras que refuerzan considerablemente las superficies libres, así como las 
que revisten á los vasos. Según Kolmer, existe también una zona de pre- 
ferente hipertrofia en las regiones corticales, vecinas ya de la substancia 
blanca. Según las investigaciones de Alzheimer, comprobadas más tarde, 
se ven también entre las células satélites de las nerviosas algunas que 
abrazan y se adaptan á las primeras, envolviéndolas con sus prolonga- 
ciones. Más tarde, las investigaciones del mismo Alzheimer señalaron en 
la parálisis general, como en otros procesos, la presencia de las células 
amiboides de que también hablaremos Aunque la naturaleza de las 
Stábchenzellen ha sido y es discutida, cabe considerar á estas células 
también en este punto, dado que el origen neuróglico ha sido defendido 
por varios autores. 

La comprobación de los hechos y elementos histológicos mencionados 
no es difícil, ni para ello hay que apelar á métodos nuevos, pero el mé- 
todo de Cajal nos muestra muchas de estas alteraciones en otro aspecto 
y nos permite tomar una posición en problemas litigiosos referentes á 
la génesis de ciertas células. 

Eecordaremos que en una imagen de la corteza cerebral humana nor- 
mal teñida por este método, las células presentan pequeñas oquedades 
que dan al protoplasma un aspecto reticulado y que probablemente re- 
presentan la negativa de aquellos granos mitocondriales encontrados por 
Nageotte, llamados gliosomas por Fieandt, y teñidos intensamente por 
el método del tanino y la plata amoniacal por nosotros. 

Esta estructura esponjosa sufre con la hipertrofia de las células neuró- 
glicas y con el espesamiento de los brazos neuróglicos graves alteracio- 
nes, que finalmente conducen á su desaparición. 

El protoplasma se muestra entonces unido ó granular, pero aquellas 
finas oquedades han desaparecido, y con ellas el aspecto reticulado. 
Quizá también desaparecen, en parte, los gliosomas, y esto quieren indi- 
car nuestras preparaciones de los mismos casos con el método del tanino. 



HI8T0PAT0L0GÍA DE LA PARÁLISIS GENERAL 31 

La hipertrofia (ñg. 1), al mismo tiempo que la simplificación de la es- 
tructura, parece llevar consigo una simplificación de la forma. Las gran- 
des células hipertróficas tienen prolongaciones espesas y toscas, de curso 
algo ondulado, y que no se ramifican ni tan abundantemente ni tan re- 
gularmente como las de las células normales. En las buenas preparacio- 
nes vemos frecuentemente, al lado de las prolongaciones muy espesas, 
otras finísimas y pálidas justamente perceptibles, á veces fragmentadas, 
y cuya dependencia del soma celular no siempre es fácil de trazar. Pa- 
recería como si al mismo tiempo que unas prolongaciones se espesan 
enormemente, otras se atrofiasen considerablemente. De todos modos, la 
simplificación de la parte hipertrófica es un hecho que no deja de tener 
ciertas semejanzas con la hipertrofia de las neurofibrillas, vista en mu- 
chos estados funcionales y patológicos que también lleva consigo la sim- 
plificación del retículo. 

La forma de las células hipertróficas se hace frecuentemente muy irre- 
gular: sus prolongaciones se muestran tortuosas y con ensanchamientos 
y tuberosidades especiales. Es frecuente, como ya ha sido visto, que las 
prolongaciones, en relación con los vasos, se hipertrofien muy especial- 
mente. Algunas prolongaciones, en contra de lo que sucede normalmen- 
te, se ensanchan al alejarse del núcleo, y á veces rematan por bolas ó 
mazas (fig. 2), como también han visto Cajal y Lafora en el perro senil, 
y, finalmente, ciertas células se muestran marcadamente moniliformes y 
otras sufren una extensa fragmentación. 

El hecho de la fragmentación de las células neuróglicas se muestra en 
nuestras preparaciones con gran abundancia. 

Sin querer, por el momento, dar una interpretación á este fenómeno, 
hemos de mencionar que, como Cajal ha señalado, una alteración seme- 
jante puede verificarse por autolisis post-mortal. En nuestro caso es lo 
probable, sin embargo, que no se trate de un proceso cadavérico, dado 
que se encuentra con mucha mayor frecuencia que en otros casos de los 
examinados por nosotros, y que su distribución en elementos aislados, 
entre otros cuyos aspectos son totalmente diferentes, no parece argumen- 
tar á favor de una acción general, como la supuesta en las alteraciones 
cadavéricas. 

De todos modos, la fragmentación lleva á la formación de imágenes 
semejantes á las células amiboides por la parte que corresponde al pro- 
toplasma perinuclear, y á la formación de numerosos cuerpos enteramen- 
te análogos á los Füllkórperchen, señalados por Alzheimer. Sin tratar de 
discutir la significación de las células amiboides, muy en litigio en los 
actuales momentos gracias á las investigaciones de Alzheimer, Rosen- 
tai, Buscaino, etc., queremos aquí solamente consignar que el fenóme- 



32 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE BIOLOGÍA 

no de la fragmentación, tan abundante en nuestras preparaciones, pro- 
duce verdaderas células de aspecto amiboideo, y que éste es uno de los 
mecanismos que, acompañado de la hinchazón del protoplasma, deben 
de tenerse en cuenta para la explicación de estas formas histológicas. 

Otro fenómeno reactivo estudiado con ventaja por este método en la 
parálisis general, es el de la adaptabilidad de las células neuróglicas á 
las vecinas células nerviosas (fig. 3). Esta adaptabilidad vista en parte 
por otros autores, se manifiesta extraordinaria en nuestras preparacio- 
nes. No sólo los cuerpos celulares forman capuchones, calotas, forros y 
envolturas extensas á las células nerviosas en modo muy anormal, sino 
que en extensiones considerables se adaptan las prolongaciones de las 
células neuróglicas á los tallos piramidales, acompañándoles en todo el 
trayecto que éstos pueden ser perseguidos en el microscopio, y formán- 
doles á veces por la colaboración de varias ramas casi un forro conti- 
nuado, algo semejante á lo que nosotros vimos ya con respecto á las cé- 
lulas en bastoncito. 

Adaptadas á las células nerviosas algunas neuróglicas sufren la trans- 
formación moniliforme y, finalmente, la fragmentación. 

En relación con la adaptabilidad de las células neuróglicas á las ner- 
viosas se halla el problema de la formación de las células en bastoncito. 
Estos elementos que constituyen un hallazgo de gran constancia en la 
corteza paralítica, han sido estimados á las veces como célula neurógli- 
ca (Nissl), como elementos mesodérmicos desprendidos de la pared de 
los vasos (Alzheimer), como productoras de fibras neuróglicas (Stráuss- 
1er), como restos de vasos atrofióos (Cerletti), como células satélites cre- 
cidas á lo largo en los espacios libres por la retracción de los cuerpos pi- 
rámides (Cerletti), y como células fagocitarias que para su trabajo de 
incorporación y elaboración de los elementos desintegrativos del sistema 
nervioso, se adaptan á las estructuras en degeneración, ó sean las célu- 
las nerviosas en este caso (Achúcarro). 

Nosotros hemos examinado cuidadosamente con el método de Cajal y 
con el de Nissl, los casos de parálisis que ahora describimos, y hemos 
añadido á estas observaciones las practicadas en un conejo rábico en el 
asta de Ammon, donde estos elementos abundan considerablemente 
(Achúcarro). 

Uno de los grandes méritos del nuevo método de Cajal, es que tiñe el 
protoplasma de las células neuróglicas de la corteza en gran extensión y 
con toda constancia, de modo que su electividad por el protoplasma neu- 
róglico es superior á la de todos los métodos hasta ahora conocidos. Cabe, 
pues, pensar que aquellas células pequeñas que forman parte de las sa- 
télites y otras muchas esparcidas por la substancia blanca y gris, y pre- 



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N. AcHúcARBo Y M. Gayarke: Nuevos estudios sobre la histopatología de la parálisis 

general. 



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Fig. 1. — Método del oro y sublimado de Cajal. Enorme célula neuróglica de la cor- 
teza cerebral en la parálisis general progresiva. La estructura reticulada de las 
células protoplásmicas ha desaparecido. Ciertas ramas celulares aparecen muy hi- 
pertróficas, mientras que otras son atroncas y casi imperceptibles. 



N. AoHóoARRo Y M. Gayarre: Nuevos estudios sobre la histopatología de ia parálisis 

general. 



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Fig. 2. — El mismo método. Corteza cerebral en la parálisis general progresiva.— 
A, célula hipertrófica con apéndices terminados en maza y una larga prolongación 
que se dirige hacia un vaso; B, fragmentación de una célula neuróglica; C, hiper- 
trofia del protoplasma neuróglico con 'retracción del núcleo. 



N. AcHÚOARRO y M. Gayarre: Nuevos estudios sobre la histopatología de la parálisis 

general. 




Fig. 3. — El mismo método. Corteza cerebral en la parálisis general. Diversos ejem- 
plos de la adaptación de las células neuróglicas hipertróficas (I), al tallo apical de 
ima neurona (II 3- III) y á diversas regiones del soma. 



N. AoBúcARHO V M. Gayarke: Nuevos estudios sobre la histopatología de la parálisis 

general. 



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Fig. 4.— Método del tanino y la plata amoniacal. Corteza cerebral en la parálisis ge- 
neral progresiva. Células en bastoncito mesodérmicas (E G y semejantes) acompa- 
ñando á las trabéculas conectivas de nueva formación. 



FENÓMENOS PROGRESIVOS DE LAS CÉLULAS NERVIOSAS 33 

ferentemente en torno de los vasos, y que no se tiñen ni poco ni mucho 
con este método, no sean de naturaleza neuróglica. Otro tanto sucede con 
las células en bastoncito; su protoplasma que, como nosotros hemos de- 
mostrado por otros métodos, puede ser complicado y ramificado, no se tiñe 
por este procedimiento ni poco ni mucho. Así, pues, los resultados de 
este método nos hacen inclinar hacia la opinión de la naturaleza no neu- 
róglica de las células en bastoncito. 

Habiendo señalado nosotros mismos en casos de parálisis general cómo 
las células en bastoncito parecían desprenderse de los vasos (fig. 4), 
como Alzheimer figuró en su gran trabajo, y habiendo confirmado recien- 
temente en la rabia y en la enfermedad del sueño estas relaciones de las 
células en bastoncito, creemos que se trata aquí, por lo menos en gran 
parte, de elementos mesodérmicos emigrantes, quizá de origen hemático, 
que penetran en el tejido nervioso, que disponen de capacidades fagocí- 
ticas, y cuya forma alargada y cuya orientación especial son debidas á 
la adaptación á las pirámides y á sus tallos apicales. 



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Fenómenos progresivos de las células nerviosas en la senilidad 



GONZALO R. LAFORA 



Con objeto de comprobar en el cerebro del perro senil la falta de las 
lesiones características de la senilidad en el hombre (placas miliares se- 
niles y cestos celulares ó degeneración fibrilar de Alzheimer), que había 
sido mencionada por Simchowicz en su trabajo sobre la histopatología de 
la demencia senil, escogimos el cerebro de un perro basset de quince 
años y medio. 

Este perro senil, merced á una doble catarata, y probablemente á la 
flbrosis del oído interno, no podía utilizar ni el sentido de la vista, ni el 
del oído, para comunicarse con el mundo exterior, haciéndolo casi ex- 
clusivamente por medio del olfato. 

Mencionamos este detalle funcional por coincidir con la circunstancia 
de que los fenómenos progresivos encontrados por nosotros en las célu- 
las nerviosas de este perro se hallaron sólo en las células del asta de 
Ammon, que, como es conocido, es un centro olfativo importante. 

Los estudios fueron hechos principalmente con los métodos neurofibri- 

3 



34 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE BIOLOGÍA 



llares de la plata de Cajal y de Bielschowsky, y con el nuevo método 
para la neuroglia de Cajal (sublimado-oro). 

Coincidiendo con Simchowicz, no pudimos encontrar ninguna placa 
senil, ni ningún cesto celular fibrilar. 

En cambio, en el asta de Ammon, exclusivamente en las células pira- 
midales gruesas de la parte inferior del asta, encontramos las alteracio- 
nes peculiares de que nos vamos á ocupar. 

Consisten éstas en la formación de numerosas ramas nuevas que par- 
ten de las prolongaciones protoplasmáticas y terminan á poco trecho de 
su nacimiento. Estas ramas nuevas contienen neuroflbrillas bien percep- 
tibles, y algunas parecen acabar en un botón terminal. La presencia de 
estas ramificaciones neoformadas de las dendritas, se observa h poco tre- 
cho de su separación del cuerpo de la célula nerviosa. El trayecto de la 
dendrita en que se observan las neo-ramificaciones mencionadas se en- 
cuentra rodeado por una substancia homogénea que envuelve á dichas 
ramificaciones. No puede determinarse si esta substancia excita á la for- 
mación de dichas ramificaciones, cosa probable, ó si está allí para prote- 
gerlas. En la masa de dicha substancia se observan algunos núcleos de 
células como neuróglicas. 

La masa entera y la dendrita está rodeada de numerosas neurofibrillas 
que dan la apariencia de una cápsula. 

El fenómeno descrito parece tener alguna analogía genética con la for- 
mación de ramas nuevas en las células de los ganglios espinales y de los 
ganglios simpáticos en la senilidad, los cuales han sido descritos por di- 
versos investigadores. 

DISCUSIÓN 

Ei Sr. Areaute dice que, juzgando por la descripción y por los dibujos presenta- 
dos, la formación descrita es igual á la que él describió (en esta Socidad) (1) en las 
células de Purkinje de un caso de parálisis general. También allí había gran número 
de ramas nuevas derivadas de las prolongaciones protoplasmáticas y terminadas en 
especie de botones terminales. 

El Sr. Aeliúearpo cree que, si no iguales, ambos fenómenos tienen cierta seme- 
janza. 

(1) Buiz de Arcante: Sobre algunas alteraciones del cerebelo en la parálisis ge- 
neral. Boletín de la Sociedad EspaSola de Biología, Enero 1912. 



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NUEVO MÉTODO PARA LA OBTENCIÓN DE LOS DACTIL00RAMA8 35 



I 



Nuevo método para la obtención de los dactilogramas y estudio 
microscópico de las crestas papilares 

POR LOS DOCTOBES 

T. MAESTRE y A. LECHA-MARZO 



Siendo sinceros, debemos declarar que cada día que pasa aparece un 
libro, una monografía y una nota sobre dactiloscopia, y, no obstante, los 
trabajos originales son muy contados. Sin embargo, en ésto como en 
todo, hay todavía cosas por hacer. 

Dedicamos hoy esta nota á exponer las tentativas hechas en nuestro 
Laboratorio sobre la posibilidad de sustituir la técnica corriente para 
la obtención de los dactilogramas (procedimiento de la tjnta) por otro 
menos engorroso, más limpio y que permita — esto es lo principal — un 
estudio más exacto de la cresta papilar. 

Tanta monografía nueva y no hemos parado nuestra atención en un 
hecho importante : los dactilogramas que nosotros estudiamos no son toda 
la realidad. Se estudia la cresta papilar con sus bifurcaciones, ojales, 
interrupciones, etc., y no se nos ocurre pensar que esta misma cresta 
presenta un interior lleno de detalles característicos y que los dactilo- 
gramas ordinarios á la tinta no presentan estos detalles, ó si los presen- 
tan es de una manera confusa. 

Cuando nosotros en la práctica, y ya se nos ha presentado el caso, 
aseguramos que un determinado individuo de la humanidad es el autor 
de las huellas digitales dejadas en los lugares de un delito, fundamos 
nuestra afirmación en la observación de más de 12 puntos homólogos, y 
en ésto no hacemos otra cosa que seguir la norma dada por Galton, 
Schlaginhaufen, Balthazard, etc. Debemos consignar inmediatamente, 
que no tienen la misma importancia para convencer á un tribunal la de- 
mostración de 12 puntos característicos pertenecientes á la región mar- 
ginal de un dactilograma, que otros 12 puntos pertenecientes á una re- 
gión nuclear. En muchos casos toda prudencia es poca; una dactiloscopia 
mal comprendida puede condenar á un inocente. Urgen los procedimien- 
tos que permitan demostrar un mayor número de puntos característicos 
en la huella encontrada en los lugares del delito, para que el reincidente 
no escape á la identificación, y para que nuestras dudas, tan penosas á 
veces, disminuyan á medida que aumenta nuestra certidumbre. 



36 BOLETÍN DÉ LA SOCIEDAD ESPAÍTOLA DE BIOLOGÍA 

En este orden de trabajos debemos incluir el método que nosotros pu- 
blicamos hoy. 

A nuestro amigo Edmond Locard (1) corresponde el mérito de haber 
señalado toda la importancia que ofrece al práctico la demostración de 
los orificios sudoríparos contenidos en las crestas papilares. Cuando to- 
camos un objeto de superficie lisa, dejamos impresa toda nuestra filigra- 
na digital, y en el interior de cada línea otra filigrana formada por los 
orificios de las glándulas del sudor, que revela el microscopio ó la am- 
pliación fotográfica, y á cuyo estudio ha dado Locard el nombre de Po- 
roscopia. 

Repetimos, el delincuente puede dejar sobre los objetos la huella de sus 
crestas papilares y los mil orificios de sus glándulas sudoríparas, es decir, 
una impresión perfecta. Por el contrario, en nuestros gabinetes de iden- 
tificación guardamos los dactilogramas del reincidente, obtenidos con el 
procedimiento ordinario de la tinta tipográfica, que no permiten un es- 
tudio de las huellas de los orificios sudoríparos. 

Estudiando la cuestión, creemos que será posible que otro de nuestros 
amigos, el Dr. De Rechter, de Bruselas (2) modifique algún día la opinión 
que acaba de dar sobre la poroscopia. Dice De Rechter: «Mis observa- 
ciones personales me llevan á creer que no podrá jamás ser más que un 
método de excepción». 

Referiremos ahora los ensayos nuestros. 

Cuando se examinan los dactilogramas de las fichas ordinarias (y los 
que proceden de los servicios de identificación son, por la práctica de los 
agentes, los más completos), ayudándonos de una lente se comprueba 
que los espacios blancos correspondientes á los orificios sudoríparos es- 
tán muy mal limitados, ó faltan por completo, y se puede decir que real- 
mente las impresiones con la tinta tipográfica no permiten estudiar el 
interior de las crestas. El microscopio demuestra mejor lo que afirmamos. 

Hemos tratado de sustituir el método clásico y pensado que se podía 
rodar el dedo ó imprimir la palma sobre una substancia grasa y después 
imprimir sobre el papel, y revelar la huella con uno de los polvos reve- 
ladores que hemos estudiado en otra nota (3). 

Indicaremos solamente los numerosos ensayos en que hemos fracasado, 
pues esto evitará que algún otro de nuestros colegas siga la misma vía, 
que no nos parece conducir á grandes resultados. 

(1) E. Locard: La Poroscopie. Identification des criminéis par les traces des 
orífices sudoripares. Arch. d'Anthrop. crim., tomo XXVIII, 15 Julio 1913. 

(2) Ds Rechter: A propos d'identification d'empreintes diverses. Arch. Intern, de 
Méd. Lég.,v ol.lY, O ctnhTel91S. 

(3) Maestre y Lecho'Marzo : Sociedad Española de Biología, 1913. — Sánchez: ídem, 
1913. — Corteza Callantes: ídem., 1914. 



NUEVO MÉTODO PARA LA OBTENCIÓN DE LOS DACTIL0GRAMA8 37 

Distintas substancias grasas: sebo, aceites, lanolina, diversos cosméti- 
cos (casas Roger, Piver y Pinaud, de París), vaselinas, etc., extendidas 
en capa fina y utilizándolas como tinta para después revelar la huella, 
no dieron todas la fineza de detalles á que nosotros aspirábamos ; algu- 
nas eran medianas, permitían resultados análogos á los de la tinta, y 
otras malas. Por el contrario, después de muchísimos tanteos con mez- 
clas de ceras y alguna de las materias grasas indicadas, hemos encon- 
trado una mezcla, sólida á la temperatura ordinaria, que permite lo que 
deseábamos. Indicaremos en seguida su composición y modo de empleo. 

Necesitábamos escoger una substancia reveladora entre las muchas 
que podemos elegir entre las propuestas y, también después de muchos 
ensayos, hemos elegido para nuestro método el polvo de óxido de cobalto. 

Después de obtenida la huella, para las necesidades ulteriores era ne- 
cesario fijarla, y para ello rechazamos los barnices de pintores (hemos 
ensayado algunos de la casa Soehnee y de la casa Lefranc, de París) ; 
por el contrario, nosotros recomendamos otro parecido á una fórmula ya 
empleada por Stockis y que impide la dispersión de los granos de óxido 
de cobalto. 

Para nuestras fichas empleamos el papel grueso, muy satinado. Para 
otras fichas el papel celuloide, completamente transparente, y por ésto 
nos sirven para obtener, como si fuesen una placa fotográfica, grandes 
ampliaciones. 

I. — Descripción del método 

Preparamos al calor la mezcla siguiente, que nos sirve ya indefinida- 
mente : 

Cera amarilla 4 gramos. 

Pez griega 16 — 

Esperma de ballena 1 — 

Sebo 5 — 

Esta otra puede también ensayarse; nosotros preferimos la primera: 

Cera amarilla 8 gramos. 

Pez griega 32 — 

Esperma de ballena 2 — 

Sebo 25 — 

Una vez líquida la dejamos enfriar en un recipiente plano, de cristal ó 
metal, y de poca altura. 

Cuando la masa está sólida rodamos el dedo (previamente desengra- 
sado con el éter ó el xilol) sobre su superficie y parece que nada ha se- 
parado; le rodamos nuevamente sobre el papel ó el celuloide, revelamos 



38 BOTETÍN DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE BIOLOGÍA 

la huella con el óxido de cobalto y procedemos á su fijación en la fór- 
mula que sigue : 

Goma 25 gramos. 

Alambre de potasio 10 — 

Formol al 40 por 100 5 — 

Agua 300 — 

Después de obtenida la huella pasamos la superficie de la pasta tintero 
sobre una llama, queda perfectamente lisa, y pasados algunos momentos 
obtenemos la siguiente. Antes de rodar el dedo sobre el papel ó el celu- 
loide, nosotros vemos ya sobre la superficie de la pasta si la impresión 
ha sido bien hecha. 

Todo constituye un tour de main, sencillo de aprender después de va- 
rios tanteos. 

El método que proponemos puede y debe aún ser objeto de perfeccio- 
namientos. 

II. — Resultados 

Si examinamos los dactilogramas obtenidos por este procedimiento, se 
aprecia en seguida su superioridad sobre el método ordinario, pues los 
contornos de las líneas no son mucho más netos, sino que además las 
crestas, aun las marginales, presentan las huellas de los orificios sudorí- 
paros. 

Por esto, nosotros podemos publicar las fotografías de huellas comple- 
tas en lo que se refiere á los poros. 

Además, la superioridad se aprecia aún mucho mejor comparando mi- 
crofotografías de segmentos de crestas: unas, á la tinta tipográfica; otras, 
obtenidas con nuestro método. 

Cuando se obtienen con un mismo dedo varios dactilogramas, la forma 
y la posición, estudiándolos comparativamente, es siempre la misma: 
unos redondos, otros ovoidales, en reloj de arena, formas irregulares, et- 
cétera. Unos se extienden de un borde á otro ú ocupan el centro de la 
cresta y otros los márgenes, unos juntos, otros separados. Su diámetro 
varía entre 120 á 250 milésimas de milímetro. 

La ficha así obtenida es la que utilizaremos para el estudio compara- 
tivo con las huellas encontradas en los lugares del delito. Los caracte- 
res de estas últimas los pondremos de manifiesto por la fotografía, con 
iluminación oblicua, ó mediante el empleo de substancias reveladoras. 

Aspiremos á que la dactiloscopia no sea sólo una simple lectura de los 
dibujos que encontramos en nuestras manos, sino también origen de mé- 
todos, resultado de los trabajos de los iniciados, y que nos hagan pensar 
que la labor fué en algunos momentos algo más que una traducción de 
los dibujos papilares. 



T. Maestre y A. Lecha-Marzo: Nuevo método para la obtención de los dactilogramas 
y estudio microscópico de las crestas papilares. 




Fig. 1. — Dactilograma con dos deltas. Demostración de los poros. 



T. Maestre y A. Lecha-Marzo: Nuevo método para la obtención de los daotilogramas 
y estudio microscópico de las crestas papilares. 




Fig. 2. — El mismo dactilograma menos aumentado. 




Fig. 3. — Centros del dactilograma. Impresión positiva. 



T. Maestre y A. Lecha-Maiízo: Nuevo método para la obtención de los daotílogramas 
y estudio microscópico de las crestas papilares. 




Fig. 4. — Demostración de la situación y forma de los poros. 



^ 




Fio-. 5. — Demostración de la situación y forma de los poros. 



SOBRE LA REACCIÓN DE ABDERHALDEN 39 



Sobre la reacción de Abderhalden 



J. MOURIZ RIESGO 



El organismo animal lucha continuamente por conservar la uniformi- 
dad fisico-química inherente al ordenado funcionamiento del mismo. A 
cualquier transgresión en esa uniformidad responde el organismo como 
medio de defensa, poniendo en juego los resortes de que dispone, tanto 
más variados en la forma cuanto más elevado es el grado de diferencia- 
ción histológica que poseen. Por esto no admite nada como materia pro- 
pia que no haya sido previamente desdoblado, llevado á la simplifica- 
ción necesaria, para después con esos productos reconstituir el material 
idóneo á su propia organización. Esto es lo que hacen con los alimentos 
todos los seres vivientes, desde los más sencillos á los más complicados. 

¿Cómo lo realizan? Mediante fermentos que, lentamente, sin reacciones 
bruscas, que podrían alterar la normalided energética de las células, los 
llevan al grado de simplificación necesaria para poder ser admitidos 
como materia propia. En el embarazo, por la acción histolítica de las ve- 
llosidades córlales, pasan á la sangre elementos albuminoideos con un 
número amino-ácido distinto al que integra las moléculas albuminoi- 
deas del plasma, extraños á él, por lo tanto, determinando la presencia 
de fermentos en la sangre, que los desdobla hasta convertirlos en inofen- 
sivos; estos fermentos tienen la propiedad de desdo&Zar jpZacewf a debida- 
mente preparada. En todo proceso patológico en que haya desintegra- 
ción celular ó, mejor, degradación de albuminoides, se puede encontrar 
en la sangre fermentos capaces de desdoblar los albuminoides pertene- 
cientes al órgano lesionado. Precisamente en esto se funda la aplicación 
al diagnóstico clínico de la reacción del ilustre profesor de la Universi- 
dad de Halle, y hoy está confirmado su valor en neoplasias, procesos in- 
flamatorios de órganos genitales, psiquiatría, etc., pues no hay apenas 
campo de la patología que no sea accesible á tan interesante método. 

La reacción en sí no es difícil, pero tiene muchos puntos que requie- 
ren gran atención por parte del operador, tanta, que el mismo Abder- 
halden se atrevió á dudar de los resultados obtenidos, por los que no ha- 
bían aprendido el método en su laboratorio ó habían sido enseñados á 
manejarlo por los que en él hayan estado. 
!; Abderhalden emplea dos métodos para demostrar si un fermento des- 



40 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE BIOLOGÍA 



dobla los albuminoides con quien se pone en contacto ó no ; el método de 
diálisis y el óptico. El primero se funda en que los albuminoides no pa- 
san á través de las membranas animales, mientras que lo hacen los pro- 
ductos de su desdoblamiento. El segundo, en las variaciones que el plano 
de polarización experimenta al actuar los fermentos del suero sobre las 
peptonas. En este procedimiento no se emplean albuminoides como en el 
de diálisis, sino peptonas, pero peptonas específicas, es decir, preparadas 
con albuminoides del órgano que se sopecha pueda estar lesionado. Nos- 
otros hemos empleado el procedimiento de diálisis, que es á su vez el más 
difundido para el diagnóstico clínico. 

Método de diálisis. 

Se usan para la reacción unos dializadores de 5 centímetros de largo 
por unos 2 centímetros de ancho. Es condición indispensable que se los 
examine antes de usarlos, respecto á su impermeabilidad para los albu- 
minoides y á su igual permeabilidad para las peptonas. Esto debe hacer- 
se con mucho esmero hasta con los que la casa Schóp, de Halle, suminis- 
tra como bien comprobados. 

Otro punto de capital importancia es la preparación de la placenta ó 
del órgano que se trate de investigar. No se usará jamás una placenta 
sin que haya sido previamente desprovista de toda huella de sangre ; el 
material debe lavarse hasta que quede completamente blanco. 

Ya blanco, se le cuece hasta que no ceda más productos capaces de re- 
accionar con la miohidrina. Una vez conseguido esto, se la conserva en 
agua destilada y cloroformada y bajo una capa espesa de toluol. La mio- 
hidrina, cuya fórmula química es C6Hj<^ ^x. ^^ C <;;^ J^íj produce con 
los amino ácidos que llevan un grupo funcional amido (NH^) en el átomo 
de carbono inmediato al grupo funcional carboxilo (CO. OH) una colora- 
ción violada, tanto más intensa cuanto mayor sea el número de amino- 
ácidos libres. 

El suero se recogerá con precauciones asépticas, á ser posible, en ayu- 
nas; debe estar exento de hemoglobina. 

Preparado ya todo con absoluta escrupulosidad, puede procederse á 
hacer la reacción. Para ello se toma un trozo de placenta, cuyo buen esta- 
do debe comprobarse y se pone en un dializador; después se añade el sue- 
ro y el todo se coloca en un matracito que contiene 20 cent. cúb. de agua 
destilada, cubriendo el contenido del dializador y el líquido del matraz 
con una capa de toluol para evitar infecciones y una desigual evapora- 
ción entre el líquido del matraz, sueros, placenta y el que como testigo 
debe hacerse siempre con suero solo. 



SOBRE LA REACCIÓN DE ABDEMIALDKN 41 

Esto no debe olvidarse nunca, porque todos los sueros contienen subs- 
tancias dializables, y algunos en tal cantidad, que pueden por sí solos dar 
la reacción. 

Para tener más seguridad de que no hay una evaporación desigual du- 
rante las dieciséis horas de estufa, es conveniente cubrir los matracitos 
con vidrios de reloj. 

Pasado este tiempo, se sacan los matraces de la estufa y con pipeta es- 
terilizada se toman 10 cent. cúb. del dializado, echan en un tubo de en- 
sayo, añade al mismo 0'2 cent. cúb. de imohidrina al 1 por 100 y hierven 
poniendo en el mismo una barillita de madera, para regularizar la ebulli- 
ción durante un minuto. El resultado se anota á la media hora. Si el suero 
procede de embarazada, pueden suceder los casos siguientes: que el suero 
por sí solo no dé substancias capaces de reaccionar con la imohidrina en 
cantidad suficiente para dar la reacción, y en este caso, el tubo corres- 
pondiente al saquito, con suero solo, no dará la reacción, mientras que el 
que tiene sueros y placenta, la dará; el caso es, por consiguiente, positivo. 
Puede suceder que el tubo suero sólo dé coloración violada, pero si el 
tubo suero placenta la produce mucho más intensa, y la evaporación tan- 
to en estufa como después al hervir, ha sido igual, y la placenta no daba 
antes de la prueba ni el menor indicio de coloración, pues debe conside- 
rarse también el caso como positivo. 

Para demostrar cómo el incumplimiento de las precauciones apuntadas 
muy á la ligera, como á una comunicación de esta índole corresponde, 
conduce seguramente á errores de diagnóstico, citaremos un ejemplo que 
el profesor Abderhalden nos expuso en sus explicaciones, contenido tam- 
bién en su obra Abweherfermente des tierischen Organismus. 

Supongamos que la cantidad de substancias capaces de producir la co- 
loración violada con la imohidrina están por encima del número 1. Si 
disponemos de cinco sueros procedentes de no embarazadas que contie- 
nen tales substancias, sí, pero en cantidad inferior á 1, sean por ejem- 
plo; 0'15, 0'58, 0'88, 0'95, 0'98, pues estos sueros, por sí solos, jamás po- 
drán sus dializados dar la coloración violada con la imohidrina. Con es- 
tos sueros se disponen tres series de pruebas, una con placenta que no da 
el menor indicio de reacción, ó, es decir, bien preparada; otra con pla- 
centa que da indicios de reacción, O'l gramos, y otra con placenta defec- 
tuosa preparada, admitamos que da por reacción O' 5 gramos de dichas 
substancias. Pues bien, las pruebas correspondientes á los sueros solos 
serán, como ya hemos dicho, negativas. Las hechas con los sueros placen- 
ta O, serán también negativas, porque no se ha adicionado nada á lo que 
el suero tiene. Las correspondientes á suero placenta O'l serán negativas, 
para los sueros que contienen O' 15, 0*58 y 0'88, pero serán positivas para 



42 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE BIOLOGÍA 

los Otros dos. En la última serie será negativa para el suero O' 15 y posi- 
tivas para todas las demás. Véase, pues, cómo por falta de cuidado pue- 
den resultar positivos de embarazo hasta sueros procedentes de hombre. 

Otro tanto sucede con la desigual concentración. 

Hasta ahora no hemos aplicado el método más que al diagnóstico de 
embarazo, y á juzgar por los 26 casos que llevamos con admirable resul- 
tado, puesto que ni en un sólo caso nos ha fallado el método, 20 de ellos 
proceden de la Clínica de Obstetricia de la Facultad de Medicina de Ma- 
drid, por lo que desde aquí expresamos nuestra profunda gratitud al ilus- 
trado profesor Sr. Segarra, que con grandeza de espíritu se prestó á ser- 
virnos y al interno Sr. García Puente, que nos suministró la sangre de la 
mayor parte de los casos. 

Los casos más interesantes de que hasta ahora disponemos, son: uno 
de mes y medio de embarazo, remitido para su diagnóstico por el Dr. Se- 
garra, nos dio reacción positiva y el diagnóstico ha sido posteriormente 
confirmado; otro de una enferma de la misma Clínica, cuyo suero no des- 
dobló placenta, útero, mioma ni epitelioma de útero; fué operada y resul- 
tó tener un quiste sarcomatoso de ovario. Tenemos otro caso de una em- 
barazada de tres meses, remitido por el Dr. Sansó, asistente á la Clínica 
de Maternidad, que desdobló útero, además de placenta. Hasta ahora no 
sabemos si se trata de un error de diagnóstico ó es que la embarazada 
tiene algún proceso patológico de útero. Los fermentos desaparecen de la 
sangre poco tiempo después del parto, lo que hemos tenido ocasión de 
comprobar. En el número próximo del Boletín del Instituto Nacional de 
Higiene de Alfonso XIII, daremos detalles acerca del método. Estos son 
los resultados de nuestro trabajo hecho en la Sección de Sueroterapia del 
citado Instituto. Nos ofrecemos autorizados por nuestros maestros y jefes 
el director del Instituto y el jefe de la Sección á que pertenezco, para en- 
señar el método á los compañeros que lo deseen. 



-^a#- 



DESPACHO ORDINARIO Y MOVIMIENTO DE SOCIOS 



Eu la sesión del 23 de Enero fueron admitidos como socios nume- 
rarios los Dres. Lamas, Varillas, Carreras y Cortezo-Collantes, y como 
socio corresponsal el Dr. Vila Barbera (de Valencia), siendo presentados 
por los socios numerarios Dres. Carracido, Lecha-Marzo y Mayoral. 

En la misma sesión se dio cuenta de la dimisión del profesor Azóa 
del cargo de Vicepresidente de la Sociedad, por impedirle sus obliga- 
ciones el asistir á muchas de las sesiones, siendo elegido para dicho cargo 
el profesor Carracido. 

En la sesión del 26 de Febrero fueron admitidos, como socio nume- 
rario, el Dr. Mouriz, y como socio corresponsal, el Dr. Antonio Piga 
(de Toledo). 

Se dio cuenta también del deseo de algunos señores doctores de San- 
tiago, de formar una Sociedad de Biología, corresponsal de la de Madrid, 
á la cual se enviarían los trabajoss para su publicación. También el Secre- 
tario de la Sociedad de Biología, de Barcelona, Dr. Bellido, hizo en- 
trega del tomo de los trabajos de dicha Sociedad. 

La revista francesa Bioloyica ha solicitado el cambio con el Boletín 
de nuestra Sociedad, siendo acordado dicho cambio. 



Resumen de cuentas aprobado por la Sociedad en la sesión del 26 de Febrero de 1914. 

• INGRESOS 

Existencia de la liquidación anterior 1.023,20 

692 cuotas, á 2 pesetas 1.384,00 

Tres suecripciones de D. Nicolás Moya 33,00 

Total 2.440,20 

GASTOS 

Pagado al Colegio de Médicos por nueve sesiones 112,50 

ídem á los mozos por reparto, correo y papel 332,50 

ídem á la Imprenta de Hijos de Nicolás Moya 565,50 

Gratificación al operador (proyección) 2,50 

Impresión de etiquetas .... 22,00 

Total 1.035,00 

Saldo Á FAYOR DE LA Sociedad 1.405,20 



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SESIÓN DEL 27 DE MARZO DE 1914 



Tratamiento de la triquinosis Ao-o***'^* 

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SÁNCHEZ DE VAL \^-\ ^""^^^ /v 



La epidemia de triquinosis, desarrollada en el pueblo de Algar (Mur- 
cia), durante los últimos días del mes de Diciembre y los meses de Enero 
y Febrero del presente año, ha sido por el número de casos, por lo típico 
de los cuadros clínicos y por los resultados terapéuticos obtenidos, una 
de las más interesantes que se han podido estudiar de esta enfermedad. 

El número de atacados ha sido de 303, habiendo empezado la ingestión 
de carnes triquinosas por los días de la Pascua de Navidad, y terminado 
la aparición de nuevos casos á finales del mes de Enero; explicándose 
esta duración larga del período de invasión epidémica, por haberse utili- 
zado toda la carne enferma en forma de embutidos, que se consumían 
poco á poco. 

De estos 303 enfermos, hemos visitado y tratado, en unión de los doc- 
tores D. Antonio Rosique, médico del pueblo, y D. M. Más Gilabert, á 
218, habiendo tomado observaciones y notas clínicas de 13G de ellos que 
nos parecieron los más interesantes. Este material servirá para un traba- 
jo más amplio que preparamos en colaboración, y del cual puede servir 
la presente nota como resumen y anticipo. 

Nuestras observaciones comprenden 218 casos; de éstos, 80 han sido 
graves, 56 han revestido intensidad media y 82 formas leves, que han cu- 
rado la mayoría de las veces sin tratamiento. La enfermedad ha revesti- 
do en casi todos los casos tipos clínicos como el que á continuación trazo 
esquemáticamente, teniendo en cuenta la variedad individual de todas 
las entidades patológicas y las dificultades de observación detenida y mi- 
nuciosa, propias del medio epidémico. 

Después de la ingestión de la carne contaminada, sobrevenían fenóme- 
nos dependientes del tubo digestivo; generalmente, an orexia, sequedad 

4 



w 



46 BOTETÍN DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE BIOLOGÍA 



de lengua, sed y estreñimiento; más raras veces fenómenos de gastro- 
enteritis con vómitos, dolores, cólicos violentos y diarreas profusas. Estos 
síntomas sólo se han presentado en 3 á 4 por 100 de los casos, y en cam- 
bio ha sido mucho más frecuente que esta primera fase intestinal, ó no 
haya existido ó haya pasado desapercibida. Casi al mismo tiempo, y á 
veces antes que los fenómenos intestinales, aparecía un edema blanco 
(parecido al de los nefríticos) en los párpados, que se extendía á la cara, 
frente y regiones temporales, y que de intensidad varia, desde pasar casi 
desapercibido hasta retratar el tipo clásico del triquinoso de cabeza gor- 
da, no ha faltado casi en ningún caso y ha sido el síntoma más constan- 
te y precoz de la enfermedad en esta epidemia. 

Existe conjuntivitis, y muchas veces verdaderos equimosis subconjun- 

tivales. 

Al mismo tiempo que estos fenómenos intestinales y el edema facial 
aparecen dolores musculares y ligera fiebre vespertina, durando todo este 
proceso de tres á seis días y sobreviniendo después uno ó dos días de re- 
lativa calma. 

Pasado este período, la temperatura aumenta rápidamente, tomando un 
tipo remitente, con oscilaciones de 6 á 10 décimas de grado y máximas 
variables entre 38 y 41 grados; al propio tiempo los dolores se hacen vio- 
lentísimos y sobrevienen las contracturas, principalmente en los miem- 
bros y del lado de la flexión, pero existiendo también en muchos casos, 
en las paredes del vientre, nuca, maseteros, músculos de la deglución y 
la fonación, intercostales y diafragma; el pulso se hace en este período 
muy rápido, blando y depresible en desproporción con la temperatura, 
pues la relación suele estar entre 100-110 con fiebre de 38 grados; 120- 
140 con 39, y 140-160 con temperaturas mayores, habiendo sido numero- 
sos los casos en que ha pasado de esa cifra para hacerse incontable, irre- 
gular y arrítmico. La lengua se pone roja, lisa y seca, tomando un as- 
pecto característico; la sed es ardiente, los sudores profusos; el estreñi- 
miento habitual y el insomnio es fenómeno constante, acompañado en 
muchos casos de delirio violento. Tal estado dura de ocho á treinta días 
y en los casos en que no ha sido influido por la medicación va decrecien- 
do para dar lugar al tercer período de la enfermedad, que llamamos fase 
caquéctica, ó termina con los enfermos por agotamiento, fenómenos me- 
níngeos, cardíacos ó pulmonares (edema). 

El período caquéctico se señala por la aparición de edemas generaliza- 
dos, ascitis, gran anemia, pérdida de fuerzas, frecuencia y pequenez ex- 
traordinaria del pulso y descenso de la temperatura, que con ligeras 
ascensiones vespertinas baja á la anormal durante las mañanas y aun en 
los casos graves llega á verdadera hipotermia, con temperaturas de 35 



TRATAMIENTO DE LA TRIQUINOSIS 47 



grados y fenómenos de edema pulmonar, dilatación de corazón y tenden- 
cia al colapso. 

En los casos que caminan hacia la curación, la temperatura se resta- 
blece á la normal muy lentamente, los edemas se reabsorben poco á poco, 
renace el apetito y el enfermo entra en convalecencia, conservando una 
atrofia muscular marcadísima, con descensos dinamométricos del 60, 80 
y üO por 100, y con sensación de debilidad y de impotencia físicas muy 
marcadas. 

Durante la convalecencia son frecuentes las neuralgias, las forunculo- 
sis, los pruritos de la piel y los trastornos digestivos. Hemos observado 
un caso de pleuro-pneumonía y un ligero derrame pericárdico, que se 
modificaron rápidamente. También durante la fase segunda de estadio 
hemos observado la sordera, las hemorragias rectales ó bronquiales; una 
vez amaurosis del ojo derecho, y otra una hemiplegia, que acabó con el 
enfermo. 

La albuminuria es rarísima. 

Durante esta epidemia tal ha sido, esquemáticamente considerada, la 
marcha de la enfermedad, con las variaciones dependientes de la mayor 
ó menor intensidad de cada caso, del ataque ligero ó violento del sistema 
nervioso, y de las modificaciones introducidas por el tratamiento. 

Es de notar que en los casos leves, cuya cifra térmica no pasó de 38°, 
y en muchos de los cuales no se hizo tratamiento ninguno, fuera de los 
purgantes y el empleo de la glicerina á altas dosis, preconizados por las 
obras clásicas, la enfermedad ha recorrido sus tres fases, llegando en la 
casi totalidad de los enfermos al período de los edemas generalizados, la 
anemia profunda y la postración física, que caracterizan la fase de ca- 
quexia; al paso que en los tratados como ahora diremos, la enfermedad 
pudo dominarse en la mayoría de los casos, y rara vez, á pesar de la ma- 
yor gravedad, llegó á su tercer período. 

Ante el número considerable de casos graves habidos en los primeros 
momentos de la epidemia, la inusitada gravedad de muchos de ellos y el 
fallecimiento de algunos, nos vimos precisados á plantear el problema 
del tratamiento. 

Entre nuestros 218 enfermos teníamos 80 casos graves, en los que la 
temperatura pasó de 39-39°, 5; 56 casos de intensidad media, con tempe- 
ratura de 38-39°, y 82 leves, de los cuales muchos sólo se trataron por los 
purgantes, los tónicos y la glicerina. 

De estos enfermos, entre los que no recibieron tratamiento hubo 6 
graves, de los que 3 murieron (50 por 100) ; 12 de intensidad media y 67 
leves. 

Entre los 136 que recibieron tratamiento hubo 80 graves (60 por 100), 



48 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD ESPAÜÍOLA DE BIOLOGÍA 

de ellos 3 muertos (2 por 100), y 56 de mediana intensidad (42 por 100). 

La mortalidad entre los enfermos graves fué: 

No tratados, 3 entre 6 = 50 por 100. 

Tratados, 3 entre 80 = 3'75 por 100. 

De estos últimos todos ellos fueron inyectados en situación desespera- 
da: 1 por el azul de metileno y 2 por el neosalvarsán, reinyectándose 
uno de estos últimos con cianuro de mercurio. 

El efecto de la terapéutica en este sentido, y relacionando las cifras de 
mortalidad nuestras y aun las de la epidemia total (menos favorables), 
8 casos en 303 (igual 2'5 por 100), con las corrientes en otras epidemias 
de 30-33 por 100, el resultado es extraordinario, máxime cuando el nú- 
mero de casos graves fué muy alto, 48 por 100. 

Más marcados aún han sido los efectos de la terapéutica en lo que se 
refiere á la acción sobre temperatura y á la suspensión de los avances de 
la enfermedad. Los inyectados por nosotros — 133 — , á pesar de la alar- 
mante gravedad de muchos de ellos, sólo en muy contados casos (7 ú 8) 
han llegado al período caquéctico, y éste ha sido siempre en enfermos en 
los que el tratamiento se sustituyó demasiado tarde. En cambio, en los 
casos no tratados, todos han llegado con mayor ó menor rapidez é inten- 
sidad al tercer período. 

La duración media de la fiebre en los enfermos tratados ha disminuido 
en un 40-75 por 100 con relación á los no tratados, y la duración de la 
enfermedad, las molestias, las atrofias musculares y las convalecencias 
penosas se han abreviado en casi la totalidad de los casos. 

El estudio terapéutico se llevó á cabo en la siguiente forma : 

Enfermos tratados por el clorhidrato de emetina .3 

— — por el azul de metileno 18 

— — por el neosalvarsán 20 

— — por el aceite gris 73 

— — por el cianuro de mercurio 22 

Total de tratamientos 136 

de los que hay que descontar los 3 tratados por la emitina, que ha- 
biéndose mostrado en absoluto ineficaz, se abandonó tratando á los en- 
fermos por los preparados de mercurio : quedan en total, sometidos á 
tratamiento, 133. 

Azul de metileno. — Fué el primer medicamento que utilizamos con 
grandes ilusiones de éxito y en los primeros y más graves enfermos de 
la epidemia. Se inyectaron 18 casos, 14 graves y 4 de mediana intensi- 
dad, empleando una solución acuosa estéril al 4 por 100 de esta droga, 
en la cantidad de 20 cent. cúb. por día, en inyección intramuscular en la 



TRATAMIENTO DK LA TRIQUINOSIS 49 



nalga, repetida durante cuatro ó cinco días consecutivos. En total, 0'80 
gramos por día, y 3-4 gramos en totalidad. 

De estos 18 enfermos, 2 casos graves y 4 de intensidad media, curaron 
sin más que este medicamento; pero todos ellos han llegado, aunque con 
poca intensidad, á la tercera fase; 11 hubieron de ser reinyectados con 
preparado de mercurio á los seis ó diez días de terminado el tratamiento 
por el azul, y 1 murió después de una inyección única que se le aplicó 
en estado desesperado. La duración de la enfermedad ha oscilado en los 
inyectados entre treinta y cinco y cuarenta y cinco días. 

El medicamento se tolera muy mal, las inyecciones son muy dolorosas 
y en 8 casos se formaron grandes abcesos intramusculares, cuya curación 
resulta muy penosa. 

En resumen : este medicamento parece haber mejorado á algunos de 
los enfermos, á otros les ha agravado su situación, y en general, es un 
medicamento malo, cuyo uso en la triquinosis no podemos recomendar. 

Aceite gris al 40 por 100. 

Este medicamento fué empleado en dosis máximas y generalmente uti- 
lizado en los adultos; el primer día una inyección intramuscular de 1 cen- 
tímetro cúbico (0'40 de mercurio), y al día ó los dos días siguientes, otra 
de medio centímetro cúbico (0'20). En total, los enfermos recibieron 0'60, 
0'80 y 1 gramos de mercurio metálico, en dos, tres y cuatro sesiones, con 
intervalos de veinticuatro á cuarenta y ocho horas. Fué bien tolerado, y 
hasta la fecha, habiendo pasado más de un mes desde sus primeras apli- 
caciones, ninguno de los 73 inyectados ha presentado estomatitis, diarrea, 
albuminuria, ni ningún otro signo de intoxicación hidrargírica. 

Resultado. — De los 73 enfermos había graves 31 (42 por 100) y de me- 
diana intensidad 42 (58 por 100). Han curado todos, oscilando el plazo de 
curación desde la inyección á la apirexia, entre tres y diez días y siendo 
generalmente las convalecencias cortas, de seis á doce días, desde la api- 
rexia hasta el alta. Algunos inyectados muy tardíamente han llegado á 
la fase caquéctica, que desde luego ha sido leve y fugaz. 

Este medicamento ha sido utilizado en mayor número de casos, no 
porque se haya demostrado como el de mayor actividad, sino principal- 
mente por las comodidades de su manejo y fácil dosificación. 

Neosalvarsán. 

Este preparado fué con el azul de metileno de los primeros empleados, 
y con él hemos tratado enfermos gravísimos. Lo adoptamos con preferen- 
cia al salvarsán, por su fácil solubilidad y su manejo cómodo para em- 



50 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE BIOLOGIa 



picarlo en inyecciones intravenosas, lo que lo hacía preferible en medio 
epidémico. La técnica empleada fué la del uso de soluciones concentra- 
das en el agua destilada, estéril (0'90 por 15 gramos) y consecutiva in- 
yección intravenosa. Dos inyecciones se hicieron en la nalga según la 
técnica de Wechsselman. Las dosis empleadas fueron generalmente una 
sola inyección de 0'90 gramos. 

Resultados. — De los 20 enfermos tratados, eran graves 16 y de me- 
diana intensidad 4. De los 16 graves murieron 2; 3 curaron después de 
estar gravísimos y los demás mejoraron y curaron rápidamente. De estos 
20 enfermos, había 2 á quienes con anterioridad se había inyectado, sin 
resultado alguno, el clorhidi-ato de emetina, y 3 más, en quienes el tra- 
tamiento se mostró poco activo, se reinyectaron más tarde con aceite 
gris. 

La medicación ha sido en general bien tolerada, produciendo ninguna 
ó escasa reacción general y en algunos casos las molestias locales consi- 
guientes á ligeras extravasaciones del líquido de inyecciones-, accidente 
fácil, si se tiene en cuenta que las inyecciones intravenosas en miembros 
edematosos y contracturados en flexión, necesitan una gran seguridad 
de mano y un hábito poco común. 

El neosalvarsán ha demostrado ser un medicamento muy activo res- 
pecto á la triquina; en algunos de los casos ha producido reacciones ines- 
peradas y casi milagrosas; en otros, especialmente cuando el sistema ner- 
vioso está muy atacado, los beneficios han sido menores y creemos que 
en esta forma (por lo demás poco frecuente) debe desaconsejarse este 
tratamiento ó emplearlo en dosis más pequeñas y repetidas. 

La duración media de la fiebre, desde la inyección á la apirexia, osciló 
entre dos y tres días, y por término medio se consiguió á los cuatro días. 
De los 20 enfermos tratados murieron 2, otros 2 han llegado al período 
caquéctico porque se les inyectó tarde y estaban gravemente atacados; 
los demás curaron en plena segunda fase y muy rápidamente. Siendo 
este lote muy rico en enfermos graves, la cifra de curación alcanza un 
90 por 100. 

Cianuro de mercurio. 

Este producto se ha empleado en inyecciones intravenosas á la dosis 
de 0'02 centigramos á 0'07. Generalmente se han inyectado 2 centigra- 
mos el primer día y 1 los días sucesivos hasta un total de 5 á 7 centigra- 
mos. Una vez se empleó la vía intramuscular á título de prueba, sin que 
produjera la inyección excesivas molestias. 

El medicamento ha sido en todos los casos admirablemente tolerado, 
no ha producido fenómeno alguno de intoxicación, la mejoría ha sido in- 



TRATAMIENTO DE LA TRIQUINOSIS 51 



mediata aun en los casos graves después de la primera inyección, y todos 
han llegado rápidamente á la apirexia. El tratamiento se ha suspendido 
al llegar la temperatura á la normal, y para esto se han necesitado en el 
caso que menos sólo 3 centigramos de cianuro y en el que más 7 centi- 
gramos. De los 22 enfermos inyectados, 13 eran graves y de ellos 3 graví- 
simos, 9 eran de mediana intensidad. Todos curaron. 

Las convalecencias han sido más rápidas que con los demás medica- 
mentos y en las historias clínicas existen casos con temperaturas de 39°, 9 
y 40°, que llegaron en tres días á la normal y entraron en convalecencia. 
A pesar de esta actividad, 2 enfermos llegaron al período caquéctico, pero 
éste fué muy leve y pasajero. 

Creemos que el tratamiento por el cianuro de mercurio en inyecciones 
intravenosas es el más eficaz de los conocidos hasta el día y que la triqui- 
nosis puede tratarse por este medio en todos los casos con seguridad de 
éxito inmediato y rápido. Lo indicamos, pues, como el tratamiento de 
elección. 

Podemos resumir nuestro trabajo que la reciente epidemia nos ha per- 
mitido fundamentar en considerable número de casos en las siguientes 
conclusiones. 

Conclusiones clínicas. 

1.'^ En la epidemia del Algar, la fase clásica inicial de catarro gastro- 
intestinal ha faltado en la mayoría de los casos. 

2.^ El síntoma más precoz y constante del período de invasión, ha sido 
el edema palpabral y facial. 

3.* La intensidad del proceso primitivo gastrointestinal, cuando se 
presenta, no agrava el pronóstico ni su presencia ó ausencia permite juz- 
gar de la marcha ulterior de la enfermedad. 

4.'^ Abandonada á sí misma, la enfermedad recorre casi siempre, aun en 
los casos leves, su ciclo completo; con tres fases, que pudiéramos llamar: 
1.*, de invasión ó edema facial, caracterizada por este síntoma precoz; 
2.*^, de estadio ó tifoídica, caracterizada por la mayor cifra térmica, las 
contracturas, los dolores musculares violentos, el insomnio, la sed inten- 
sa y los sudores profusos; en esta fase es frecuente, aunque no constante, 
la lengua roja, seca y lisa; 3.*, fase caquéctica; caracterizada por la hipo- 
termia, la frecuencia y debilidad extraordinaria del pulso y los edemas 
generalizados. En esta fase son frecuentes la ascitis y el edema pul- 
monar. 

S.'"^ La posibilidad de invasión del sistema nervioso por la triquina re- 
cibe un apoyo con nuestros dos casos, uno de amaurosis y otro de emi- 
plegia de origen central. 



52 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE BIOLOGÍA 



Conclusiones terapéuticas. 

1.^ Habiendo sido entre nuestros enfermos la cifra de casos graves 
igual ó superior á la de otras epidemias, y habiéndose reducido la pro- 
porción de mortalidad á 3 por 100, cifra no conocida hasta ahora en las 
epidemias de triquinosis, cabe admitir que esta reducción ha sido debida 
á los procedimientos de curación empleados por nosotros. 

2.''^ Los medios terapéuticos empleados, no sólo nos han permitido re- 
ducir notablemente la cifra de mortalidad, sino regular la enfermedad 
en la mayoría de los casos, suspendiendo el proceso y acortando, por 
consiguiente, la duración de la fiebre y la convalecencia. 

3.*^ El número de complicaciones en los enfermos tratados ha sido muy 
reducido y la atrofia muscular impedida en gran parte, sobre todo en los 
casos de aplicación precoz del tratamiento. 

4,^ En orden de eficacia, el remedio más efectivo contra la triquinosis 
es actualmente el cianuro de mercurio, empleado en inyecciones intra- 
venosas á la dosis de 3 á 10 centigramos, distribuidos en varios días. 

5.* A este preparado le sigue en eficacia el neosalvarsán á la dosis 
máxima de 0'75 á 0'90 en inyección intravenosa. 

6.*^ El aceite gris se ha mostrado un buen medicamento, de acción se- 
gura y de manejo fácil. Debe emplearse á dosis masivas de 0*40 á 0'80 
en dos ó tres días, y es el agente de elección en las convalecencias pesa- 
das y en los casos de intensidad mediana. 

7.^ El azul de metileno, aunque no desprovisto en absoluto de acción 
terapéutica, es poco activo, de acción muy insegura y expone fácilmente 
á las supuraciones secundarias. En tal sentido debe desecharse como 
agente de tratamiento de la triquinosis. 

8.*^ El clorhidrato de emetina se ha mostrado en absoluto ineficaz, al 
igual que la glicerina, el empleo repetido de los purgantes y otras medi- 
caciones ensayadas. 

DISCUSIÓN 

El Dr. Fittaluga: La comunicación leída por el Dr. Mayoral, aunque muy inte- 
reBante por sus resultados desde el punto de vista epidemiológico y terapéutico, no 
puede, en nuestro entender, ser tomada en consideración como estudio biológico. 
Conviene, á este propósito, insistir en el carácter de esta Sociedad de Biología y en 
la tendencia que debemos á toda costa mantener; á saber: la de no apartarnos del 
método experimental, de sus procedimientos, de las condiciones que se requieren 
para que aceptemos como verdades las conclusiones de una investigación. En el tra- 
bajo que se ha leído ninguna de estas condiciones se cumple. Las estadísticas se for- 



TRATAMIENTO DE LA TRIQUINOSIS 53 

man con un criterio arbitrario: de un lado, 6 casos p^raves no tratados, con 3 
muertos, á saber, 50 por 100 de mortalidad; de otro lado, 136 casos variamente tra- 
tados, con 3 muertos (?), á saber, 2'20 por 100. ¿Es posible aceptar la comparación 
estadística entre una proporción establecida con 6 observaciones y una segunda 
proporción establecida con 136? Los enfermos se someten al tratamiento sin que se 
nos diga exactamente si se han hecho las pesquisas necesarias para afianzar el diag- 
nóstico clínico. Cierto es que durante los períodos epidémicos, cuando sólo se in- 
tenta oponerse al desarrollo de la enfermedad — cualquiera que sea su origen — , po- 
demos prescindir de tales investigaciones, sin que los resultados de nuestro trabajo 
pierdan nada de bu valor y de sus méritos, y aun al contrario, haciéndole ganar en 
eficacia práctica. Mas entiéndase bien que en el orden científico habremos hecho tan 
sólo un trabajo de aplicación, de carácter epidemiológico, y no podremos pretender 
que BUS conclusiones tengan el valor de un ensayo biológico. Para que el trabajo 
empiece á tener condiciones de ensayo biológico, de investigación ú observación bio- 
lógica, es menester aplicar todas las reglas, todas las normas del método experi- 
mental. Y en este caso concreto, para que el estudio de la acción del medicamento 
sobre el parásito alcanzase un valor positivo, era menester avalorar el diagnóstico 
en el período de la invasión intestinal de la triquina, con la investigación de los hel- 
mintos. Aunque no siempre se logra un resultado positivo, era necesario inten- 
tarlo. 

Finalmente, la acción de los medicamentos empleados debía estudiarse en relación 
con todas las sucesivas fases de desarrollo del parásito, desde las primeras de fija- 
ción de las hembras fecundadas en la mucosa intestinal del huésped, hasta la última, 
de difusión de los embriones por la corriente circulatoria y su localización definitiva 
en el tejido conectivo interfascicular de los músculos. El ciclo evolutivo de la Tri- 
chinella spiralis, bien conocido desde hace mucho tiempo, desde los clásicos estudios 
de Ledckart, Virohow, Ldschka y en particular de Zenker, permite tantear y en- 
sayar los medios terapéuticos por vías distintas, con diferentes intentos, para ejer- 
cer una acción parasiticida, ya sobre los helmintos intestinales, ya sobre las hem- 
bras en el espesor de la mucosa, ya sobre los embriones durante el período de su di- 
fusión in circulo, ya, finalmente, cuando ya se han fijado en el tejido muscular. 
Nada de estas distinciones aparece en el trabajo que se acaba de leer. Creemos, por 
tanto, que este trabajo no se atiene á las condiciones que deben exigirse, y que la 
juventud estudiosa debe acostumbrarse á adoptar siempre que se emprende un tra- 
bajo de biología. 

El Dr. Mayoral: El autor del trabajo que he tenido el honor de leer á la Socie- 
dad de Biología, no tiene la pretensión de haber hecho un estudio biológico com- 
pleto; en uno de los primeros párrafos lo califica de nota preliminar. 

Creo que, aun adoleciendo el trabajo de las deficiencias que ha señalado el doctor 
Pittaluga, tiene una importancia capital, pues con él se da un gran paso en el tra- 
tamiento de una enfermedad contra la que hasta ahora estábamos terapéutica- 
mente desarmados. 

No porque el trabajo sea incompleto debe condenarse; al contrario, su autor es 
digno de los mayores elogios; ha hecho más de lo que podía, dadas las circunstan- 
cias en que se encontraba; ha abierto nuevos horizontes en el tratamiento de la tri- 
quinosis; ha obtenido un éxito, siguiendo las modernas orientaciones terapéuticas 
de las enfermedades parasitarias. Por esto, yo he querido dar á conocer el trabajo 
en esta Sociedad, para qiie su Boletín difunda los estudios de un clínico español y 
puedan ser comprobados y completados por aquellas personas que, por bu especial 



54 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE BIOLOGÍA 

situación, están obligadas y lee es fácil hacer lo que á otros les fué material naente 
imposible. 

Por último, pocos serán ios inveetigadores que puedan calificar de completos sus 
trabajos; cualquier punto de la biología, por circunscrito que sea, resulta tan com- 
plejo que es casi imposible abarcarlo bajo todos sus aspectos; y si para publicar sus 
hallazgos espera á que el trabajo esté ultimado, se expone á que los demás se le ade- 
lanten. 



■^@#- 



La reacción del antígeno en las orinas tuberculosas 



POR ^ 

SALVADOR PASCUAL 



Dos métodos de laboratorio se han empleado para determinar la natu- 
raleza tuberculosa de uíia lesión renal: la investigación de los bacilos de 
Koch en las orinas y la inoculación de éstas al cobaya. El hallazgo de 
bacilos de Koch en las orinas no es cosa fácil ; en un tercio de casos, po- 
sitivamente tuberculosos, no se los encuentra. La inoculación es método 
más seguro, pero tiene el inconveniente de que hay que esperar de cua- 
tro á cinco semanas para saber el resultado. Algunos autores aconsejan 
inocular cobayas hembras en lactancia; otros inyectan en los vasos me- 
sentéricos, etc. 

En Julio de 1911, Debré y Paraf presentaron á la Sociedad de Biología 
de París una nota referente á Una nueva aplicación de la reacción de 
Bordef-Gengoii al diagnóstico de la tuberculosis: la reacción del antige- 
no. Después, á la misma Sociedad y en sesiones sucesivas, fueron expo- 
niendo sus resultados. 

La reacción del antigeno tiene por objeto poner en evidencia, en un li- 
quido dado, la presencia del antigeno tuberculoso por medio de la^ reac- 
ción de desviación, del complemento de Bordet-Gengou. 

No entramos en los fundamentos del método, suficientemente conocido 
de todos. Sabemos que el método de la desviación del complemento se 
emplea con resultados excelentes para el diagnóstico de la sífilis (reac- 
ción de Wassermann), del quiste hidatídico (reacción de Weinberg), etc. 

El método de Debré y Paraf se diferencia de estos otros en que en 
aquéllos se pone en evidencia el anticuerpo, mientras que en éste es el 
antígeno lo que se busca; por eso le llamaron reacción del antígeno. 

Justo es decir que esta investigación del antigeno tuberculoso había 



LA REACCIÓN DEL ANTÍttENO EN LAS ORINAS TUBERCULOSAS 55 



sido ya hecha por Marmoreck en la sangre y en la orina de enfermos ba- 
cilares, aunque con técnica un poco diferente. 

Las primeras investigaciones de Debré y Paraf fueron hechas sobre 24 
orinas claras ó purulentas, 39 líquidos pleurales y asciticos, 2 líquidos 
cefalorraquídeos, 12 extractos de órganos de autopsia, 1 fragmento de 
piel tomado del vivo y 6 líquidos serosos y purulentos de procedencias 
diversas. 

Los resultados obtenidos en las orinas, que es el objeto de nuestra co- 
municación, los tomamos de los trabajos de Heitz Boyery Chevassu, pu- 
blicados en el Journal d'Urologie y Presse Medícale, respectivamente. 

Poco después de la aparición de estos dos últimos trabajos, publicamos 
nosotros en la Revista Clínica de Madrid, nuestras primeras reacciones, 
practicadas en enfermos del Hospital Lariboisiére. 

En la reacción entran en juego un sistema hemolítico y un sistema 
bacteri olí tico. 

Sistema hemolitico.—Se compone de suero hemolítico anticarnero, gló- 
bulos rojos de carnero y alexina (del cobaya). 

Sistema bacteriolítico. — Para el caso que nos ocupa se usa como antí- 
geno el suero del profesor Vallée, de la Escuela veterinaria de Alfort- 
lle, suero muy rico en sensibilizadores y que no presenta ninguna ac- 
ción complementaria. Este suero, antes de ser empleado, debe ser titula- 
do en presencia de una emulsión de bacilos. Es preciso, además, asegu- 
rarse de que dicho suero no posee ninguna acción antihemolítica. Como 
antígeno usamos la orina sospechosa, que dividíamos en dos partes, se- 
gún la técnica primitiva: una, que empleábamos tal como se recogía, y 
otra, que calentábamos varias veces á 60° para destruir las substancias 
capaces de impedir la hemolisis que podían contener las orinas de cier- 
tos tuberculosos. Recientemente, los autores del método han dicho que 
no hay que preocuparse en la práctica de estos anticuerpos libres que 
pueden existir en las orinas, y que, por tanto, es inútil el calentarlas. 

Las diversas titulaciones se hacen como en los demás métodos de des- 
viación del complemento. 

Técnica de la reacción. 

Nos hemos ajustado rigurosamente al modo de proceder del mismo Pa- 
raf, á cuyo lado empezamos nuestras investigaciones. 

Se preparan 18 tubos de hemolisis, que se dividen en dos grupos de 
á 9. Cada serie de estos 9 tubos se divide en tres grupos: uno de 4, otro 
de 4 y otro de 1, que los llamaremos grupos núm. 1, núm. 2 y núm. 3. 



56 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE BIOLOGÍA 

Grupo núm. 1. — Cada tubo contendrá^orina {antigeno) que será pues- 
ta á dosis creciente en cada uno de los cuatro tubos (0'2, 0'4, 0'6, 0'8) 4- 
suero tuberculoso {anticuerpo) á la dosis de 0'3 en cada tubo + suero 
de cobayo {alexina) á la dosis de titulación. 

En cada tubo además ponemos suero fisiológico hasta completar un vo- 
lumen de "ó cent. cúb. con objeto de facilitar la lectura. 

Grupo núm. 2. — Este es un grupo de tubos testigos. Se ponen ios mis- 
mos elementos que en el grupo precedente menos el anticuerpo; es decir, 
que sólo contendrá cada tubo alexina + antigeno + suero fisiológico. 

Grupo núm. 3. — Lo constituye otro tubo testigo. Aquí sólo pondremos 
antigeno + anticuerpo + suero fisiológico. 

Estos tres grupos están preparados con orina, sin sufrir ninguna mani- 
pulación. 

Con la otra serie de nueve tubos hacemos exactamente las mismas ma- 
nipulaciones, pero la orina que emplearemos será calentada unas cuantas 
veces á 60 grados. 

Una vez así dispuestos los 18 tubos se los lleva á la estufa á 37 grados 
durante dos horas para que tenga lugar la desviación del complemento, 
caso de que la orina contenga el antígeno tuberculoso. Al cabo de este 
tiempo se les añade el sistema hemolítico compuesto de suero hemolítico 
anticarnero á la dosis que lo hayamos titulado y 1 cent. cúb. de glóbulos 
de carnero preparados (dilución á 1/20 de suero fisiológico). Nuevamente 
se llevan los tubos á la estufa durante quince minutos, al cabo de cuyo 
tiempo se puede ver el resultado. 

La interpretación es como en la reacción deWassermann. Si se trata de 
orina tuberculosa, la hemolisis no se presentará más que en el grupo nú- 
mero 2, tubos testigos sin anticuerpos. No se producirá ni en el grupo 
núm. 1 ni en el núm. 3. El complemento se encuentra desviado y la reac- 
ción es positiva. Si la orina no es tuberculosa, la hemolisis se producirá 
en el grupo] número 2 y en el núm. 1, faltará sólo en el grupo núm. 3, 
tubo testigo sin alexina. No hay desviación del complemento y la re- 
acción, por tanto, es negativa. 

En el último artículo de Debré y Paraf preparan sólo siete tubos ; tres 
en los que se verifica la reacción, tres testigos que no contienen anticuer- 
pos para demostrar que el líquido que se examina no tiene acción anti- 
hemolítica, y el tubo siete, finalmente, también testigo, que demuestre 
que el líquido examinado no tiene poder hemolítico. 

El resultado encontrado por los autores mencionados ha sido, dividido 
en grupos para mayor claridad, el siguiente: 

1.° Estudio de 29 reacciones del antígeno con la contraprueba del exa- 
men de las piezas de operación ó de autopsia. 



LA REACCIÓN DEL ANTÍGENO EN LAS ORINAS TUBERCULOSAS 57 



Estas 29 reacciones han sido hechas en 23 sujetos. En 10 de ellos, la 
nefrectomía ha demostrado una tuberculosis renal manifiesta, y la reac- 
ción del antígeno había sido positiva. Todos ellos, salvo uno, estaban 
considerados clínicamente como tuberculosos del riñon. Un caso en el 
cual se pensaba en una pionefrosis banal, sólo la reacción permitió des- 
cubrir la naturaleza tuberculosa. 

Una sola vez el examen de la orina demostró la existencia del bacilo de 
Koch. 

En otros cinco sujetos (seis reacciones) la reacción del antígeno fué ne- 
gativa. La operación ó la autopsia demostraron que no se trataba, en es- 
tos casos, de tuberculosis. 

Hay una tercera categoría de enfermos, en los cuales la reacción del 
antígeno y el examen de las piezas no están perfectamente de acuerdo. 
Comprende ocho sujetos (10 reacciones). En seis de ellos (ocho reacciones) 
la reacción fué positiva. En los otros dos negativa. 

En los seis enfermos que dieron reacción positiva, se trataba: a) de un 
tumor pelviano (inoculación de un fragmento de él al cobaya, negativa); 
b) riñon probablemente tuberculoso (inoculación de un fragmento al co- 
baya, positiva, pero las orinas antes de la operación no le habían tuber- 
culizado); c) una pionefrosis calculosa, pero un fragmento inoculado ha 
tuberculizado al cobaya; d) el examen histológico no prueba nada en 
favor de la tuberculosis; e) riñon que parece exclusivamente litiásico 
(inoculación de un fragmento al cobaya, positiva ; /) dos casos de reac- 
ción negativa, uno de ellos, siendo probablemente una nefritis de origen 
tuberculoso, y en el otro se trata de un riñon que presenta finas granu- 
laciones en su parénquima. 

2.° Estudio de 15 reacciones practicadas en 10 sujetos, demostradas 
por los resultados, la inoculación al cobaya. 

Han dado siete reacciones positivas (seis sujetos). La inoculación de las 
orinas al cabaya, positiva. 

De las ocho reacciones negativas (cuatro enfermos), seis veces la inocu- 
lación al cobaya fué también negativa. Dos veces en el mismo enfermo 
la inoculación fué negativa, mientras que la reacción fué positiva. 

3,° Estudio de 36 reacciones practicadas en 26 enfermos sin compro- 
bación alguna. 

En un grupo se colocan los casos indiscutibles, en otro los dudosos. 

El primer grupo comprende cuatro reacciones negativas (absceso de 
la próstata, cistitis blenorrágica, cálculo vesical, mal de Pott) y dos po- 
sitivas (dos tuberculosis renales bilaterales con tuberculosis genital). 

El segundo grupo comprende seis reacciones negativas en orinas de 
sujetos supuestos sanos (nefrectomizados por tuberculosis del riñon 



f 



58 



BOLETÍN DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE BIOLOGÍA 



opuesto) , dos reacciones negativas en nna mujer con cistalgia, cuatro 
negativas también en tres cistitis de naturaleza dudosa, seis positivas en 
cinco sujetos probablemente tuberculosos, dos positivas en un enfermo 
sospechoso de tuberculosis renal, y 10 reacciones positivas de un riñon y 
negativas del otro en cinco enfermos que rechazaron la intervención. 

De modo que, en definitiva, la totalidad de las reacciones hechas en 
Necker da por resultado: 

44 reacciones con el control de la operación ó la autopsia, de las cuales 
37 exactas, cuatro no demostradas y tres probablemente inexactas. 

36 reacciones sin contraprueba alguna. 

Han estudiado, además, 19 casos de enfermos tuberculosos crónicos 
con síndrome de nefritis hidropigena. Cuando este síndrome es de natu- 
raleza tuberculosa, la resección es positiva. De 19 casos de éstos, 16 ve- 
ces la reacción fué positiva; de estos 16, 12 dieron inoculación positiva 
el cobaya. 

Nosotros hemos practicado la reacción en 36 enfermos, que se divi- 
den así: 



Tuberculosis renal, comprobada en la operación ó 

por Ja inoculación 

Tuberculosis renal sin comprobación 

Neoplasmas de vejiga 

Incontinencia esencial de orina 

Albuminuria . . . 

Cistitis banales 





A NTÍCtENO 


Enfermos. 


Positiva. 


Negativa. 


14 


9 


5 


11 


9 


3 


3 


— 


3 


4 


— 


4 


2 


1 


1 


2 


1 


1 



Claro es que el número de reacciones por nosotros practicadas han 
sido más de 36, pues en bastantes enfermos la hemos repetido y en otros 
hemos hecho la reacción separadamente con la orina de cada riñon. 

En nuestras manos la reacción no ha dado tan buenos resultados como 
en la de los autores. El caso más interesante que tenemos se refiere á un 
hombre sospechoso de tuberculosis renal, pero en el que la radiografía 
demostraba la sombra de un cálculo. En la operación se comprobó que 
aquella sombra era debida á un bloque caseoso de naturaleza tubercu- 
losa. Nos había dado reacción positiva. 

En cambio, en una mujer claramente tuberculosa, con inoculación po- 
sitiva al cobaya, el resultado fué negativo. Quizás alguna falta de téc- 
nica, pues fué de las primeras reacciones que practicamos, sea la respon- 
sable del fracaso. 



LA REACCIÓN DEL ANTÍGENO EN LAS ORINAS TUBERCULOSAS 59 



Finalmente, hemos practicado la reacción en cuatro enfermos de in- 
continencia y en dos de albuminuria. Sabido es que modernamente se 
tiende á considerar á estos enfermos como portadores de lesiones tuber- 
culosas y los describen como casos de tuhérculo-hacilias. Los autores que 
defienden estas ideas, entre otros Keersmaeker y d'IIaenens, piensan 
que una infección por el bacilo de Koch puede provocar una inflama- 
ción simple sin carácter específico que evolucione hacia la esclerosis, sin 
formación de tubérculos. Esta inflamación sería debida á la presencia del 
bacilo de Koch en el interior de los tejidos mismos. Todos estos tubérculo- 
bacilias reaccionan á la tuberculina de Koch y son favorablemente in- 
fluenciados por el tratamiento tuberculínico. 

Los tubérculo bacilias renales se diagnostican por diferentes medios, 
muy claramente expuestos por dos autores españoles (Tánago y Pedra- 
ja) en la Revista Clínica de Madrid, del 1911. 

Nosotros hemos tenido la idea de aplicar la reacción del antígeno al 
diagnóstico de estos casos, con resultado, como se ha visto, poco brillan- 
te, pues en seis de estos enfermos sólo hemos tenido un resultado po- 
sitivo. 

Debré y Paraf han sido más afortunados que nosotros, pues en un ar- 
tículo reciente, bastante posterior al nuestro, dan cuenta de siete en- 
fermos con albuminuria; en cuatro de ellos la reacción fué positiva y en 
tres negativa. De los casos positivos, cuatro fueron comprobados por la 
inoculación positiva al cobaya. 

Nosotros pensamos, para terminar, ensayar la reacción en enfermos 
tuberculosos crónicos, sin lesiones específicas á nivel de las vías urina- 
rias. En estos casos, los autores dicen que da resultado negativo. 

En resumen, es un método que debe entrar en la práctica del labora- 
torio junto con los otros métodos de desviación de complemento. 

BIBLIOGRAFÍA 

Dehré el Paraf: Comptes rendus de la Société de Biologie de París, Sóances des 8, 22, 
29 Juillet y 23 Octobre 1911. 

— La reaction de.rantigéne appliquóe á l'etude do certaina syndromes néphre- 

tiques Comptes rendus de la Société de Biologie de París. 

— Technique modifiée de la reaction do rantio;óne. Comptes rendus de la Société 

de Biologie de París, 31 Janvier 1914. 

Marmoreck: Diagnostic de la tuberculoso par lo methode de la desviation du com- 
plement. Presse Medícale, 6 Janvier 1909. 

Tánago y Pedraja: Resultados obtenidos on el tratamiento de la albuminuria or- 
tostática y de la incontinencia do orina infantil, considerados como tu- 
bérculo-bacilos. Revista Clínica de Madrid, 1 Diciembre 1911. 

Pascual: Contribución al estudio de la reacción de Debró y Paraf en la tuberculo- 
sis renal Revista Clínica de Madrid, 15 Mayo 1912. 



60 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE BIOLOGÍA 



Las variaciones de la colesterinemia en la viruela 



G. MARAÑON Y P. VARILLAS 



Nos hemos valido para llevar á cabo esta investigación del método co- 
lerimétrico de Grigaut, de cuyas ventajas habló en una de las pasadas 
sesiones el Dr. Carracido (1). En el curso de nuestros análisis hemos po- 
dido comprobar una vez más la sencillez y la exactitud de esta técnica, 
cuyos detalles no hemos de repetir ahora. 

La colesterina interviene verosímilmente, de una manera muy funda- 
mental, en los fenómenos humorales de la lucha contra las infecciones. 
Por eso tiene excepcional interés biológico y práctico, el estudio del ciclo 
colesterinémico en el curso de los procesos infecciosos. Grigaut (2) ha 
determinado este ciclo en la escarlatina, el sarampión, la pneumonía, el 
reumatismo agudo, la escarlatina y, sobre todo, en la fiebre tifoidea, en 
la que siguen un curso muy interesante las cifras de la colesterina del 
suero. Nosotros hemos escogido la viruela, por ser una infección cuyos 
procesos reaccionales son poco conocidos, y al mismo tiempo presenta un 
ciclo muy limitado y fijo. 

Hemos aprovechado los casos de la Clínica de enfermedades infeccio- 
sas del Hospital General, á cargo nuestro, en la que hemos asistido la 
pequeña epidemia (pequeña para lo que es uso entre nosotros) que todos 
los inviernos recrudece la enfermería habitual de esta infección. 

Casos observados: 21. De ellos 14 eran confluentes y siete viruela dis- 
creta. 

En total hemos hecho 50 determinaciones de la colesterina en los dis- 
tintos períodos del mal : 

Período de erupción-vesicnlación 10 observaciones. 

— de supuración 21 — 

— de desecación 10 — 

— de convalecencia 9 — 

En el período eruptivo puro no hemos logrado recoger ninguna obser- 
vación, pues todos los casos llegan á la Clínica un poco avanzados, en 

(1) Carracido, Madinaveitia y Varillas: Determinación cuantitativa de la coleste- 
rina enla sangre. Sociedad Española de Biología. — Enero, 1914. 

(2) Grigaut: Le cycle de la cholesterinemie . — París, 1913. 



LAS VARIACIONES DE LA C0LE8TERINKMIA EN LA VIRUELA 



61 



los días en que la erupción empieza á. ser sustituida por las vesículas. Por 
eso consideramos en conjunto ambos períodos. 
He aquí el resumen de los resultados obtenidos: 





Máxima. 


Mínima. 


Media. 


Erupción-vesiculación 

Supuración 


1-50 
1'50 
2'00 
2'85 


1'18 
0'62 

ri8 
r32 


rso 

I'IO 


Desecación 

Convalecencia 


1'50 
l'SO 







Si consideramos las cifras precedentes, vemos que tanto las máximas 
como las mínimas, como las cifras medias, marcan todas un ciclo cons- 




Fiff. 1. — Variaciones de la colesterinemia en un caso de viruela confluente. 

|tante : la colesterina del suero sanguíneo desciende desde el -principio de 
infección hasta el final del periodo de supuración, y á partir de este 
"punto, aumenta hasta la convalecencia. 

Considerando como cifra normal 1'50 (aunque la colesterina del suero 
normal sufre amplias variaciones) vemos que, en general, la hipocoles- 



62 



BOLETÍN DE LA SOCIEDAD E8PAKÍ0LA DE BIOLOGÍA 



terinemia de los períodos de erupción, vesiculación y supuración no es 
muy profunda, salvo en ciertos casos; y en cuanto á la hipercolesteri- 
nemia de la desecación y convalecencia, tampoco es extraordinariamente 
elevada. 

Esta curva descrita, obtenida con las cifras medias de todas las obser- 
vaciones, se reproduce exactamente en cada caso, con una constancia 
tan grande, que, á nuestro juicio, es lo más interesante de cuanto hemos 
observado. 




Fig. 2. — Variaciones de la colesterinemia en un caso de viruela discreta. 



Reproducimos dos curvas de dos casos de viruela, una grave y otra 
discreta, y la curva de las cifras medias; fácilmente se observará su 
coincidencia. 

El aumento brusco de la colesterina coincide precisamente con esos 
días del final de la supuración, en los que la enfermedad hace una verda- 
dera crisis. No es raro observar que enfermos gravísimos, que parece 
que no van á poder transponer el período supuratorio, casi repentina- 
mente, de un día á otro, se encuentran mejor subjetiva y objetivamente, 
desaparece la ñebre y rápidamente se desecan sus pústulas. Pues bien, 
con esa crisis clínica coincide la subida de la colesterinemia. Una curva 



LAS VARIACIONES DE LA COLESTERINEMIA EN LA VIRUELA 



63 



parecida ha obtenido Grigaut en la pneumonía, si bien en ésta la subida 
parece menos brusca y va seguida de un descenso que no se observa en 
la viruela; en ésta, como hemos visto, persiste, acentuándose, la hiper- 
colesterinemia, aunque sin alcanzar las cifras elevadas de la hipercoles- 
terinemia post-tifoídica, descrita por Grigaut. 

Esta relación de las cifras obtenidas en la dosificación de la colesterina 
con los fenómenos clínicos, parece á priori que le da un cierto significado 
para el pronóstico; he aquí nuestras observaciones sobre este punto. 

Las cifras medias indican que el descenso de la colesterina sanguínea 
es proporcional al tipo de gravedad de la viruela, es decir, que en la vi- 
ruela confluente el descenso es mayor que en la viruela discreta. 





Cifras medias. 








Erupción- 
vesiculación. 


Supuración. 


Desecación. 


Convalecencia. 


Confluente 


1'80 
l'áO 


ri5 
ri3 


Vbl 
1'65 


1'83 


Discreta 


2'00 







El cuadro precedente demuestra claramente nuestra afirmación. 

En cambio, en cada caso, el que baje mucho la cifra de colesterina no 
es indicio de mal pronóstico. Véanse como ejemplo los cuatro casos si- 
guientes: en dos enfermos de viruela discreta, la colesterina descendió 
durante el período de supuración á 0*62 y 0'98, respectivamente; á pesar 
de esta considerable baja, en los días siguientes subió rápidamente la co- 
lesterinemia y nada alarmante ocurrió en el sentido clínico; en cambio, 
en los mismos días, en otros dos enfermos de viruela confluente las cifras 
de colesterina eran, respectivamente, 1'14 y 0'95. En el primero de estos 
dos casos se salvó trabajosamente el enfermo; en el segundo caso, la ter- 
minación fué fatal. 

Lo que si tiene importancia positiva es, no una cifra baja aislada, 
sino la marcha de la colesterinemia. Y así, en el caso de viruela discre- 
ta, con 0'62 de colesterina, á los dos días, había subido á 1*45, y cuatro 
días después á 2'1. Mientras que en el caso de viruela grave, que por la 
misma fecha tenía 0'95, esta cifra se mantuvo en los días siguientes, se 
elevó luego sólo hasta I'IO y volvió á descender á 0'90 en esos momentos 
críticos, que aquí faltaron, sobreviniendo la muerte. 

Las complicaciones de la viruela febriles (parotiditis, abscesos, etc.), 
hacen descender aún más la cifra de la colesterina. En cambio, la nefri- 



64 



BOLETÍN DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE BIOLOGÍA 



tis post-variolosa, que con tanta frecuencia observamos, no parece alte- 
rar la colesterinemia: en un caso con nefritis gravísima, la colesterina 
osciló alrededor de 1'30 (convalecencia). 



* 

* * 



En un cierto número de casos hemos emprendido otra investigación, 
de la que damos sólo los resultados preliminares. Se trata de un punto 
de la mayor importancia doctrinal. Grigaut supone que, siendo las glán- 
dulas suprarrenales uno de los más importantes focos productores de la 



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Fig. 3. — Marcha de la colesterinemia en la viruela (cifras medias). 

colesterina endógena y atravesando dichas glándulas un estado hipofun 
cional durante la infección, es verosímil admitir que la hipocolesterin© 
mia observada durante el período álgido de las infecciones se deba pre 
cisamente á esa insuficiencia suprarrenal. Nosotros hemos tratado de 
averiguar si, á la vez que la hipocolesterinemia, se podía demostrar ei 
esos casos una hipoadrenalinemia, ya que la adrenalina constituye lí 
principal secreción de las suprarrenales, y, por lo tanto, el más segure 
índice de su estado funcional. Teóricamente pudiera suponerse que am 



LAS VARIACIONES DE LA C0LE8TER1NEMIA EN LA VIRUELA 



65 



bas secreciones — adrenalina y colesterina — se comportaban paralela- 
mente; pero los resultados obtenidos demuestran que no ocurre realmen- 
te así. He aquí los casos observados : 



I.... 
II... 
III.. 

IV.. 

V... 
VI.. 

VII 



TIPO 

DE LA 
ENFERMEDAD 



Discreta.. . . 

Confluente . . 
Confluente.. 

Confluente.., 



PERÍODO 



Discreta. 



Discreta. Ne 
fritis. 

Discreta 



Desecación... 

Supuración.., 
(Desecación. . 

Supuración.., 
/ Vesiculación. 
]Supuración... 
(Supuración... 
I Supuración... 
i Desecación... 

Desecación... 

Supuración... 



ESTADO GENERAL 



Bueno 

Grave 

Bueno 

Grave 

Muy grave 

Muy grave 

Muy grave. Muerte 

Bueno 

Bueno 

Grave 

Bueno 



ADRENALINA 



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(hipo).... 
(normal). 

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— (hipo).... 
(hipo).... 

— (hipo).... 
+ (normal). 

(normal). 

(normal). 



COLESTERINA 



1*45 (casi normal) 
1'32 (hipo). 
1'65 (hiper). 
1'14 (hipo). 
I'32 (hipo), 
no (hipo). 
0'95 (hipo). 
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1'95 (hiper). 
1'31 (hipo). 

1'50 (normal). 



Sin más comentarios queda demostrado en el cuadro precedente que 
la adrenalinemia y la colesterinemia no evolucionan paralelamente en el 
curso de la infección. 

¿(^ué explicación tiene este hecho? En primer lugar debemos reconocer 
que, mientras las cifras referentes á la colesterina tienen el valor que las 
da el método, perfectamente científico y comprobado, con que se han ob- 
tenido, los datos referentes á la adrenalina se han obtenido según la téc- 
nica de Ehrmann (midriasis sobre el ojo de la rana enucleado), que, aun 
siendo, según nuestra práctica, el preferible entre todos los propuestos, 
está sujeto á varias causas de error doctrinales y á las imperfecciones de 
la apreciación, ya que su valor cuantitativo se puede apreciar sólo por 
comparación con términos variables para cada experiencia. 

Pero, además, aun dando por buenos los datos de la adrenalina, hay 
que tener en cuenta que la adrenalina y la colesterina son elaboradas 
por dos porciones distintas de la glándula, la cortical y la medular, res- 
pectivamente, de suerte que puede imaginarse una independencia entre 
sus respectivas alteraciones, de la misma manera que elaborando la pep- 
sina y el ácido clorhídrico, regiones distintas de la mucosa gástrica, se 
puede concebir que un proceso patológico se limite á una ú otra de di- 
chas regiones, y, por lo tanto, el trastorno del jugo gástrico afecte pre- 
ponderantemente á la pepsina ó al ácido clorhídrico. 

En otras enfermedades pensamos continuar esta investigación, cuyos 



L 



66 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE BIOLOGÍA 

resultados son importantes, porque pueden llegar á demostrar que la se- 
creción interna de cada órgano endocrino se compone de varios elemen- 
tos, y que las alteraciones cuantitativas pueden referirse á todos ó sólo á 
parte de dichos elementos, resultando un número muy grande de combi- 
naciones, á cada una de las cuales corresponda quizá un distinto cuadro 
clínico. El debatido problema de la disfunción, en la Patología endocri- 
na, tal vez reciba una explicación por este lado. 



(Laboratorio de Medicina Legal de la Universidad de Madrid. 
Director: Dr. Maestre). 



I 



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Examen del metabolismo en cuatro epilépticos (i) 

POB 

RUDOLF ALLERS (Munich) y JOSÉ M. SACRISTÁN 



Es sabido — como en la literatura sobre este asunto se consigna — que, 
indudablemente, existen en la epilepsia esencial trastornos del metabo- 
lismo de la albúmina, así como del nucleínico, en los intervalos libres de 
ataques. Nada sabemos, sin embargo, de su naturaleza íntima, y nada 
tampoco podemos decir respecto de su lugar en el cuadro de la enferme- 
dad, de su papel en la patogénesis y de su especificidad ó no especifici- 
dad. Especialmente encaminados á la aclaración de este último punto han 
sido llevados á cabo los exámenes objeto de esta comunicación. Aunque 
su número es pequeño para deducir conclusiones cerradas, creemos, sin 
embargo, poder deducir algunas, que, por una parte, confirman los tra- 
bajos de otros autores, y por otra, contribuyen á ampliarlos. 

Nuestro material de estudio consistió en cuatro casos : dos de epilepsia 
esencial, uno de epilepsia alcohólica y otro de epilepsia traumática. 

Caso 1.° — Epilepsia esencial (2). — Se examinó el metabolismo de este 
enfermo durante once días ; su peso al principio del examen era de 65'5 
kilogramos. Recibió una alimentación libre de purinas, relativamente 
rica en N, que contenía 13'2 gramos. En la tabla I se anotan : la canti- 

(1) Este trabajo se publicó en la Zeitschrift f. d, gea. Neurol. u, Psych. Orig. Bd. 
XX, H. 3, y se llevó á cabo en el Laboratorio químico de la Clínica dePsiquiatría 
de la Keal Universidad de Munich. 

(2) Véase nuestro trabajo completo ; en él se detallan las historias clínicas, así 
como otros muchos puntos importantes que omitimos en este lugar. 



EXAMEN DEL METABOLISMO EN CUATRO EPILÉPTICOS 



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68 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE BIOLOGÍA 

dad de orina, el líquido ingerido con la alimentación prescrita, el N total 
(Kjeldahl) y los valores absolutos y relativos de la urea (rflüger-Bleib- 
tren), NHj y amino-ácidos (Frey y Gigon). En la tabla II, el ácido úrico 
y las bases púricas (Krüger y Schmidt) y la creatinina (colorímetro de 
Autenrieth-Konigsberger), .-B 

La orina reaccionó siempre acida. No contenía ni albúmina ni azúcar. 
La tabla I nos dice : que el enfermo era incapaz de establecer el equili- 
brio del N, que no puede hablarse de un aumento absoluto ni relativo de 
NH5 y que la urea transcurre dentro de los limites normales. En el no- 
veno día con balance de N negativo, hay un valor por ciento alto de 
urea. En este caso no puede tratarse de una destrucción de los albumi- 
noides del organismo, sino de la entrega del material nitrogenado exó- 
geno retenido, pues la desintegración albuminoidea endógena (1) se acom- 
paña de valores relativos bajos de urea. Un argumento en pro de este 
modo de pensar lo proporciona la determinación del S. La desintegración 
de la albúmina endógena provoca un aumento de los valores relativos de 
la fracción del S neutral, mientras que la exógena aumenta la fracción 
de sulfato. No encontramos aumento del S neutral. Allers (2) ya demos- 
tró que en los epilépticos falta el aumento de dicha fracción, en contra 
de Kauffmann. 

Los valores relativos de la fracción de N titulable por el formol son al- 
tos en los días de fuerte eliminación de N. Se sabe muy poco de las subs- 
tancias contenidas en esa fracción para emitir interpretaciones. 

La curva de la creatinina se mueve dentro de los límites normales. 
Encontramos un nuevo argumento á favor de nuestra primera idea sobre 
el origen de la hipereliminación del N, en que los días de mayor elimi- 
nación de N, la creatinina permanece sin experimentar el más ligero 
aumento. Sabemos por Folin que el cambio albuminoideo endógeno se 
acompaña de un aumento relativo de creatinina. 

La eliminación de las purinas totales es absoluta y relativamente baja. 
Los aumentos del N total no se acompañan de movimientos semejantes 
de la eliminación purínica. Teniendo en cuenta la carencia de purinas 
en la alimentación, descúbrese aquí, aún, una nueva prueba sobre el ori- 
gen exógeno del N hipereliminado, Claro es, que no puede concederse 
una gran fuerza demostrativa á este argumento. Pero lo contrario, es de- 
cir, un movimiento parejo del N de la orina y de la curva purínica, sí ha- 
blaría en favor de un origen endógeno del N. 

(1) Allers: üntersachungen über den Stoffwechsel bei den progresiveParalyae. 
Zeitschr. f. d. ges. Neurol. u. Psych. Bd. XVIII, pág- 1- 

(2) Allers: Journ. f. Psychol. u. Neurol. Bd. XVI, 1910. 



EXAMEN DEL METABOLISMO EN CUATRO EPILÉPTICOS 



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BOLETÍN DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE BIOLOGÍA 



Tabla III. 



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1400 
1460 
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13'5734 
13'9688 
121145 


0'0860 
0*2485 

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0'0094 
0'0210 
0'0544 
0'0520 


0'0954 
0'2695 
0'3tíü5 
0'3628 


0'77 
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2'58 
2'99 


10'9 

8'4 
17'8 
16'7 


20 grs. de nu- 
cleinato só- 
dico. 



La tabla III se refiere á un breve examen del metabolismo purinico 
exógeno. Se suministró al enfermo para este objeto 20 gramos de nuclei- 
nato sódico (Merck), que, según un análisis de Allers, contienen 2'696 
gramos N. De la conducta de la eliminación del N, en el segundo y ter- 
cer día, resulta, que la cantidad ingerida se reabsorbió y fué eliminada 
sin dejar resto. Los 20 gramos de nucleinato contienen, pi'óximamente, 
0'7 gramos de N purinico. La hipereliminación alcanza, si se sustrae 
de la suma de los valores del segundo hasta el cuarto día el valor del 
primero, 0'7068 gramos de N, cifra que está acorde con la marcha del N 
de la orina. La eliminación del N purinico exógeno termina al tercer día 
después de la ingestión del nucleinato; está, pues, en cierto modo retar- 
dada. Además ascienden los valores relativos de las bases aunque no son 
demasiado altos. Así, pues, una parte de los cuerpos purínicos exógenos 
no se transforma completamente en ácido úrico. El aumento del N de las 
bases alcanza en total 0'118 gramos; se eliminaron, pues, del N puri- 
nico exógeno en forma de bases, en números redondos, 17 por 100. Este 
valor hállase fuera del límite fisiológico y se le considera como anormal. 
En resumen, en este caso se observaron oscilaciones espontáneas de la 
eliminación del N, que según la marcha de la urea, del azufre, de la 
creatinina y de los cuerpos purínicos, debe relacionarse con retenciones y 
eliminaciones del material nitrogenado exógeno. La eliminación pUri- 
nica endógena es baja, la exógena está retardada y alterada cuando se 
eliminan relativamente más bases. 

Caso 2.° — Epilesia esencial. — El examen del metabolismo duró vein- 
ticinco días con una pausa de tres. El enfermo recibió desde el séptimo 
día del examen una alimentación libre de purinas, y que contenía 15'5 
gramos de N; el peso del cuerpo era al principio del examen de 35'5 ki- 
logramos, al final de 38'5. 



EXAMEN DEL METABOLISMO EN CUATRO EPILÉPTICOS 



71 






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72 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE BIOLOGÍA 

La tabla IV nos indica : que en este enfermo existe la misma marcha 
irregular del N, descrita por los autores y observada en el caso prece- 
dente. Encontramos un nuevo punto de apoyo para la retrotracción de 
las causas de la eliminación irregular del N al material nitrogenado exó- 
geno, en la marcha del NH^. Su valor está muy elevado. Sus valores 
por 100 son constantes; el movimiento de su curva marcha paralelamente 

con el del N total. Si en el cambio albuminoideo endógeno la relación 

NH 

r= — ^ cambia á favor del primero, una hipereliminación de N acarreá- 
is total 

ría un aumento relativo del NH, ; ambas curvas no debían marchar para- 
lelas, sino converger en las cimas. 

Los valores del amino N son bajos, sin que podamos decir por qué. 
Las determinaciones fueron siempre dobles. Habla en contra de un error 
de técnica la constancia de los valores por 100. No sabemos qué substan- 
cias constituyen esta fracción del N titulable por el formol (1), volvemos 
á repetirlo. 

Nos contentaremos con registrar aquí la cifras anormalmente bajas en- 
contradas en este enfermo. 

La cantidad de bases purínicas eliminada durante el período de arribo 
purínico exógeno es patológicamente alta, oscilando los valores por 100 
entre 47 y 52 por 100. La mitad, aproximadamente, del N purínico apa- 
rece en forma de bases, mientras que normalmente alcanza sólo un 12 por 
100. Desde el comienzo de la alimentación libre de purinas (día séptimo), 
descienden los valores por 100 de las bases, permanecen sobre la normal y 
en el día doce llegan á un máximo de 54'5 por 100. Para el cálculo de la 
eliminación purínica nos serviremos de los días dieciocho al veintidós, 
que nos dan un valor medio de O' 1000 gramos. La eliminación purínica es 
baja. En el día de la administración del nucleinato no se observó aumento 
ninguno; en los días siguientes se eliminaron 0'4862 gramos; por consi- 
guiente, 0'2862 más. Se eliminaron, pues, de los 0*35 gramos de N purí- 
nico que contienen los 10 gramos de nucleinato, en cifras redondas, 
80 por 100. En el primer día de hipereliminación aparece el N purínico 
casi en forma de ácido úrico, mientras que en el segundo se elimina más 
de la mitad en forma de bases. Semejante es el período de paso de la 
alimentación purínica á la libre de ellas. La eliminación purínica des- 
ciende en seguida, mientras las bases permanecen relativamente altas; 
es decir, el ácido úrico exógeno se elimina pronto, mientras las bases de 
la purina exógenas son retenidas y se eliminan poco á poco. Resulta 
eminentemente importante la determinación del metabolismo nucleínico 

(1) Véase sobre este asunto el trabajo de Kempner. Zeitschr. f. d. ges. Neurol. u. 
Psych., 1912. 



I 



EXAMEN DEL METABOLISMO EN CUATRO EPILÉPTICOS 



73 



de los epilépticos, y claramente se ve aquí que poco puede obtenerse de 
los valores aislados de ácido úrico. 

Resumiendo: existia en este enfermo una impotencia para establecer 
el equilibrio del N, verosímilmente relacionada con el recambio albumi- 
noideo exógeno y un aumento absoluto y relativo del NH^ de causa desco- 
cida. La eliminación purinica endógena es baja y las bases muestran 
una tendencia á mantenerse sobre la normal fisiológica ?/, finalmente, un 
retardo de la disminución purinica exógena, correspondiente á las base» 
que se presentaban en cantidad extraordinariamente aumentada. 

El metabolismo en los dos casos restantes: el primero un caso á^ psi- 
cosis de Korssakoff con ataques epilépticos, y el segundo un caso de epi- 
lepsia traumática, transcurrieron dentro de los límites normales. 



* 



Tanto de nuestros resultados como de los obtenidos por los demás au- 
tores, podemos deducir un hecho interesante : que hay casos de epilep- 
sia esencial, quizás todos, en los cuales existe una incapacidad para fijar 
el equilibrio del N, dependiente, en apariencia, de retenciones y entre- 
gas de material nitrogenado exógeno, como admitió Rohde. 

El recambio purínico endógeno está alterado á veces, apareciendo, re- 
lativamente, demasiado N purínico en forma de bases. Más alterado apa- 
rece el metabolismo nucleínico exógeno. Se caracteriza esta alteración 
por un retardo de la eliminación purinica exógena y un cambio del co- 

ciente ^^^ — á favor de las primeras. 

Acido úrico , . 

La identidad de las alteraciones post-paroxisticas en los ataques con- 
vulsivos de distinta etiología nada prueban contra la existencia de alte- 
raciones específicas del metabolismo, pues aquellas alteraciones son sólo 
expresión del trabajo motor durante el insulto epiléptico. 

Tampoco puede decirse hoy nada sobre el lugar de las alteraciones del 
quimismo observado en el cuadro de la epilepsia esencial. 

La semejanza externa del cambio del N en la parálisis general y en la 
epilepsia podía dar lugar á una conclusión falsa; podía admitirse que la 
enfermedad cerebral difusa provoca en ambos casos el fenómeno de la 
eliminación irregular del N; pero análisis más exactos nos han permi- 
tido reconocer que estos fenómenos no son de ningún modo iguales, sino 
la expresión de procesos completamente distintos. Una inñuencia de la 
enfermedad central es, en efecto, posible, pero demostrable con el mate- 
rial de que hoy disponemos. 



-#®íP- 



74 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE BIOLOGÍA 



Una nueva interpretación del fenómeno de Arthus gangrenoso 



ANTONIO PIGA 



Es Tin hecho conocido que si se inyecta á un conejo suero de caballo, 
por vía subcutánea, dejando entre las inyecciones un intervalo de seis 
días, á la cuarta inyección se desarrolla un infiltrado blando que persis- 
te dos ó tres días; á la quinta inyección el infiltrado es más duro y más 
persistente; á las siguientes aparece una gangrena local. En esto consis- 
te el fenómeno de Arthus grangrenoso, que, conjuntamente con el de 
Theobald Smith y otros, constituye el grupo de fenómenos denominados 
anafilácticos ó de hipersensibilidad. 

Muy recientemente se han descrito bastantes casos del citado fenóme- 
no de Arthus, coincidiendo los autores en que para presentarse se nece- 
sitan determinadas condiciones, entre las cuales figuran las siguientes: 
1.*, que el individuo anafilactizado haya tenido alguna fiebre eruptiva, 
próxima al momento en el que sufre el choque anafiláctico; 2.^, que pre- 
sente una difteria en evolución; 3.*, que se le haya sometido á inyeccio- 
nes de suero antidiftérico. 

Prescindiendo de que el fenómeno de Arthus experimental se separa 
notablemente del fenómeno de Arthus clínico, creo que todavía cabe una 
nueva interpretación, aparte de la de anafilaxia, que nos permite cierta 
orientación en asunto como el que nos ocupa, tan embrollado como mal 
conocido. 

Empezamos por no saber á qué atenernos respecto de la patogenia de 
la anafilaxia. Todas las teorías hasta ahora presentadas (Richet, Besred- 
ka y Steinhard, Wheeler, Wright, Gay y Southard, Nicolle, Delanoe, Po- 
zerski, Turró, Friedberger, etc.) tienen su punto vulnerable, resultando 
insuficientes para explicar todo cuanto sucede en ese curioso estado lla- 
mado anafilaxia. Y por ende, la multiplicidad de explicaciones — albumi- 
nolisis del producto inyectado, embolia capilar por aglutinación de baci- 
los, liberación de la endotoxina de Pfeiffer por la destrucción bacilar, 
acción de la anafilotoxina, autolisis del tejido nervioso, apotoxina, etcé- 
tera — hace que todas ellas dejen una estela de duda en nuestro espíritu 
y que la crítica encuentre motivos bastantes para no aceptar sin reparos 
una de ellas en particular. 



NUEVA INTERPRETACIÓN DEL FENÓMENO DE ARTHÜ8 75 

En mi opinión, el fenómeno de Arthus no es siempre un fenómeno de 
anafilaxia ó, por lo menos, puede producirse en condiciones distintas de 
las requeridas para considerarle como tal. Para demostrarlo me baso en 
un hecho observado por mí y en algunos experimentos de laboratorio 
que, aun no considerándolos como definitivos, nos permiten hasta la fe- 
cha corroborar las presunciones apuntadas. 

El hecho es el de haber determinado el fenómeno de Arthus en un tu- 
berculoso, sin más que ponerle una sola inyección de agua esterilizada 
salada al 7 por 1.000 y gelatinizada al 4 por 100. La infiltración determi- 
nada por el líquido inyectado en la pared lateral del tórax se convirtió 
en una placa gangrenosa bordeada de zonas equimóticas, avanzando 
unas y otras mientras duró la vida del inyectado, que fué cosa de doce 
horas después de aparecer la gangrena, y veinticuatro horas de haber 
penetrado en el tejido celular subcutáneo el suero gelatinizado. 

Para la interpretación de este hecho tenemos por una parte la anafi- 
laxia, de exhuberante riqueza explicativa, y por otra, para este caso 
concreto, el conocimiento de la acción fisiológica de la gelatina indus- 
trial (1) que es, además de un hemostático local, un coagulante general 
de la sangre dentro de .los vasos, y los estudios de la viscosidad de la 
sangre de Adam (2), Weill y Gardére (.3) y otros, que tienden á demos- 
trar que hay hiperviscosidad cuando la sangre está sobrecargada de áci- 
do carbónico, cuando el plasma es rico en sales, cuando hay poliglobulia 
verdadera ó relativa, ó cuando los glóbulos contienen CO* en considera- 
ble cantidad — cianosis de los preagónicos en casos de insuficiencia respi- 
ratoria — . 

La coagulación de la sangre en la red vascular limítrofe del punto 
inyectado isquemiza una extensa zona de elementos celulares que se ven 
privados de nutrición, por lo cual se mortifican, y al mortificarse surge 
la placa de esfacelo en el mismo sitio de la inyección, que es precisamen- 
te donde por el traumatismo local — rotura vascular y compresión del 
líquido — puede y debe presentarse la trombosis, cuya aparición no hu- 
biera chocado á Virchow, Richardson y tantos otros sabios que ni si- 
quiera presumieron que se pudiera hablar de anafilaxia y que, para ex- 
plicar la coagulación sanguínea, hablaban de «obstrucción mecánica, es- 
tancación de la circulación ó estados morbosos especiales del individuo 
en quien ocurría aquélla». 

(1) Gley y Richard: Soc de Biologio. Abril de 1S03. 

(2) Adam: Zur Viscositát des Blutes. Ztistchr. f. Klin. Med. Bd. LXVIII, H. 3-4, 
1903. 

(3) Weill y Gardére: La Viscüsitó du sang chez Tenfant. Paria Medical, núm. 32, 
1912. 



76 BOLETÍU DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE BIOLOGÍA 



Los experimentos han tenido el fin de demostrar que las inyecciones 
reiteradas de nn líquido en un punto, cuando ese líquido puede determi- 
nar hiperviscosidad — aumento de sales, de albuminoides, etc. — , son fac- 
tores que, unidos á otros — lesiones vasculares — , bastan para determinar 
esfacelos, gangrena parecida á la que experimentalmente producimos en 
el conejo. Prometo dar cuenta de mis investigaciones. 

Hoy por hoy me inclino á creer que, si hay un fenómeno de Arthus gan- 
grenoso de origen anañláctico, hay otros análogos en sus manifestacio- 
nes clínicas y en sus lesiones anatomo-patológicas de origen vascular. 



-^®5P- 



Algunas investigaciones sobre una nueva prueba microquimica del esperma 



ANTONIO PIGA 



El estudio de las reacciones de ese quid ignotum del esperma, llamado 
espermina, no sólo interesa á la medicina forense, sino que presenta un 
alto interés biológico general. 

Si aceptamos los trabajos de Steinach y otros autores, diremos que 
el esperma no se hace fecundante sino cuando se mezcla con las secre- 
ciones de glándulas sexuales accesorias, y hoy todo nos inclina á creer 
que la espermina es el principio activo de la próstata y á considerarle, 
conformes con la opinión del investigador De Dominicis (1), como el fac- 
tor químico más importante para la génesis del estímulo sexual. 

Es sabido que en 1880 Schreiner aisló la espermina del semen de los 
mamíferos existente por lo menos en estado de fosfato de espermina. La 
solución alcohólica de este fosfato acidulada con ácido sulfúrico y trata- 
da con agua de barita deja libre la base evaporando á baja temperatura. 
Después se disuelve y en seguida se precipita saturando exactamente 
con ácido fosfórico ordinario en solución un poco concentrada, obtenién- 
dose al cabo de poco tiempo un precipitado cristalino, el cual tratado con 
agua de barita en ligero exceso deja en libertad la espermina. Para qui- 
tar al licor nitrado el resto de barita se añaden algunas gotas de ácido 
sulfúrico diluido y se evapora en el vacío (Poehl) (2). 

(1) De Dominicis: Sur la fonction de la próstata. La Province Medical, 1909. 

(2) Prof. A. Poehl: Die physiologisch. chemischen Grundlagen der Spermin- 
theorie, nebst klinischen Material zur terapeutischen Verwendang des Sper- 
minan, 1898. 



UNA NUEVA PRUEBA MICROQÜÍMICA DEL E8PERMA 77 

No hemos de describir hechos ya conocidos, limitándonos á indicar 
que la espermina C^H**N''' no responde, como se ve, á, la fórmula de la 
ethylamina C'*H''N ni á la fórmula doble de la piperacina C*11"'N*; y 
que en 1893, Ferrán descubrió el agente bacteriano (1) de la fermenta- 
ción espermática de los esputos, del pus y del tejido mucoso, teniendo la 
espermina obtenida en los cultivos las mismas propiedades fisiológicas y 
químicas que las peculiares de la espermina de origen celular. 

Poehl creía que la espermina era la substancia activa del jugo testicu- 
lar y precisamente las pruebas microquímicas estudiadas en estos últi- 
mos años nos hacen suponer que existe en la próstata y por lo tanto en 
el esperma un cuerpo de propiedades que le individualizan y diferencian 
de los demás cuerpos contenidos en los restantes órganos de la economía 
animal humana. 

Se trata, pues, conforme ha dicho acertadísimamente Lecha-Marzo (2), 
de aislar el secreto de la próstata, de encontrar la substancia que sea, 
respecto de aquélla, lo que es la adrenalina respecto de las cápsulas 
suprarrenales. 

El fosfato de espermina — espermina inactiva — es un producto que en 
nada se parece á la espermina soluble — espermina activa — y este com- 
puesto normal de la sangre, abundante por doquier en órganos y tejidos, 
de origen nucleínico, está aún mal conocido. Peset, de Sevilla, ha dicho 
con razón que «la palabra espermina indica una base cuya constitución 
química no está determinada» (3). 

Podemos asegurar, después de experimentos reiterados, que el estado 
actual de la cuestión dista mucho de ser el que se tenía el día en el cual 
Florence anunció el descubrimiento de los pretendidos cristales del yodo- 
espermina, y además suponemos que muchos de los fracasos y desalien- 
tos sufridos por determinados investigadores dependen ó de no haberse 
ajustado con entera fidelidad á la técnica, ó de la falta de paciencia pre- 
cisa para reiterar las observaciones ; bases ambas de innegable interés 
para la consecución del éxito. 

No hemos de referir ahora la copiosa bibliografía, en parte española, 
dedicada al estudio de las pruebas microquímicas del esperma. Además, 
la mayor parte de ellas no nos induciría á sospechar la existencia del 
cuerpo específico buscado (Dervieux ha negado el valor de estas prue- 
bas); solamente la reacción del ácido pícrico (4) y la del ácido fosfo-mo- 

(1) ierran: Una leccióa de org^anoterapia. La espermina. 

(2) Lecha-Marzo: Otras nuevas reacciones de la espermina. (Sociedad de Bio- 
logía, 1913). 

(3) Peset: Sobre la reacción de Barberio, 1910. 

, (4) Barberio: Nuova reazione microchimica dello sperma e sua aplícazione 
nelle richerche médico-legal. 

6 



78 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD ESPAi^OLA DE BIOLOGÍA 

f 

líbdico permiten concebir esperanzas y dan bases para serena y concien- 
zuda crítica. 

La reacción obtenida con el fosfo túngstico por Bokarius (1) no parece 
que deba merecer gran confianza, como ya lo indicaron Lecha-Marzo y 
Welsch (2) y confirma ahora Olbrycht (3) en un estudio hecho en el labo- 
ratorio del profesor Wachholz. 

Si se lee el trabajo de Bokarius se comprobará también que no ha em- 
pleado más que el ácido fosfo-túngstico, no haciendo mención del fosfo- 
molíbdico ni una sola vez, á pesar de que se diga lo contrario en una 
traducción española. 



Dicho esto, entremos en rnateria comenzando, á fuer de imparciales, 
por reconocer que emprendimos nuestras investigaciones por consejo del 
sabio y querido profesor Dr. Maestre, y á él y á su ayudante Dr. Lecha- 
Marzo por sus consejos testimoniamos nuestro reconocimiento. 

Dedicamos esta nota al estudio de la reacción propuesta por este últi- 
mo autor en 1913 (4), la cristalización que da el esperma en presencia de 
la disolución acuosa de ácido fosfo-molíbdico al 1 por 10, y hemos obteni- 
do centenares de preparaciones en distintas condiciones de tiempo, tem- 
peratura, etc. Los cristales obtenidos (véanse las microfotografías) son 
de formas diversas, dominando los exagonales, los de forma morular y 
los semilunares. 

Los exagonales se hallan con frecuencia superpuestos unos á otros, 
lo que les da un aspecto de macla que no hemos observado en la reac- 
ción del ácido fosfo-molíbdico y otros muchos cuerpos. Esa curiosa dis- 
posición apreciase á placer en una de las microfotografías. 

Los cristales en mórula se diferencian bien de otros cristales pseudo- 
morulares que resultan de la unión de esfero-cristales. Además, suelen 
ir acompañados de otros cuyas formas en rosetas, amariposadas, etc., 
confirman que no se trata de una sencilla unión de cristales redondeados. 

Los semilunares tal vez sean cristales fragmentados. 

Esta reacción se caracteriza en conjunto, no por un solo carácter ni 
por una cualidad. Cuando se ha hecho muchas veces resulta fácil apre- 
ciar al primer golpe de vista que se trata de esperma; careciendo déla 

(1) B. Bokarius: Ueber einige mikrochemische ReaktioneD des Spermas. Vier- 
telj. f. ger. Med. 3 Folge XXXIII, 2-1907. 

(2) Lecha-Marzo y TFe/sc/i; Contribution á l'étude de la microchimie du spermin 
(Arch. Ínter, de Med légale. Inst. de rUniversitó de Liage). 

(3j Olbrycht: Aerztlicho Sarchverslandegen Zeitung, 1914. 

(4i Lecha-Marzo: L'acide phospho-molibdique, reactif du aperme (Arch. de Med. 
légale, 1913). 



UNA NUEVA PRUEBA MlCROQUÍMICA DEL E8PERMA 79 

práctica suficiente, las dificultades, sin llegar á ser insuperables, son pa- 
recidas á las de toda reacción microquímica. 

Con objeto de fijar bien el valor de la reacción, examinamos distintos 
cuerpos, siguiendo en todo técnica igual (1) á la empleada en el esperma, 
y obtuvimos los resultado que mencionamos á continuación : 

Saponina. — No se formaron cristales. 

Convamalarina. — Pentágonos y formas romboédricas poco ó nada pa- 
recidas á las del esperma. 

Calabarina. — Crecimiento osmótico. 

Daturina. — Formas cristalinas triangulares. 

Cubebina. — No se formaron cristales. 

Esparteina, — Crecimiento osmótico. 

Urea. — Cristales parecidos á los de la daturina. 

Papaverina. — ídem id. id. id. 

Teftaína .— Nada . 

Teobromina. — Bellos cristales cúbicos. 

Nicotina. — En este cuerpo fijamos mucho la atención. La microf oto- 
grafía que acompaña al trabajo, permite ver que las formas cristalinas 
son muy diferentes de las obtenidas en el esperma. Hay algún cristal 
exagonal, pocos, y dominan los que aparecen en forma de pequeños 
cuadritos de doble contorno. No hay agujas ni mórulas. 

Secreción vaginal. — No vimos jamás cristales parecidos á los del esper- 
ma, y siempre pudimos observar la presencia de células de epitelio pavi- 
mentoso con sus núcleos correspondientes. 

Muscarina. — No hay cristales. 

Yohimbina. — Láminas amarillas irregulares y superpuestas. 

Estrofantina. — Gruesos cristales derivados del sistema cúbico. 

Colina. — Puede decirse que en el estudio de la reacción de la colina y 
del ácido fosfo-molibdico hemos empleado tanto tiempo como en la del 
propio esperma. Primero, porque Lecha-Marzono había demostrado si la 
colina suministraba cristales análogos á los del esperma; y segundo, por 
ser la colina la principal causa de error de las pruebas microquímicas 
de aquél. 

Richter (2) sostuvo antes que nadie que la colina daba origen á la re- 
acción de Floience, y como el esperma fresquísimo apenas eyaculado 
la da, supuso que en el esperma existía aquélla normalmente, por lo me- 
nos en pequeñas cantidades. La reacción del tribromuro de oro también 



(1) Véase el trabajo de Lecha-Marzo, loe. cit. 

(2j Richter: Dor microchemisch. Nachweis von Sperm. (Wiener Klinische Wo- 
cheruchrift, 1897, núm. 24). 



80 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD ESPASfOLA DE BIOLOGÍA 

se obtiene parcialmente con la colina, conforme aseveraciones de su au- 
tor (1), con el ácido fosfo-molíbdico. 

Albergamos la seguridad de no ser confundible la reacción espermá- 
tica y la de la colina. En esta última, tras un lapso de tiempo variable, 
casi nunca corto, surgen numerosos y finísimos hacecillos de agujas, que 
se entrecruzan, dando al campo microscópico un bello aspecto de múlti- 
ples estrellas entrelazadas. También se ven granos embrionarios for- 
mando grupitos. Los cristales aparecen en el borde del porta, son de co- 
lor amarillo intenso, de contorno fuertemente marcado, y se forman mu- 
cho más tardíamente que las estrellas. 

Las formas de los cristales varían, ora se trate de prismas exagonales, 
ora de largos y estrechos cristales cuadrangulares. Junto á ellos he visto 
y estoy por afirmar que tienen una verdadera importancia, esfero-crista- 
les, los que si se reúnen dan lugar á formas pseudo-morulares que no 
tienen por lo general ni el tamaño ni el típico aspecto de las mórulas ob- 
tenidas con el esperma. 

La menor compresión del cubre deforma los cristales y — cosa impor- 
tantísima — puede hacer que no se presenten las características agujas 
observables en la zona límite, cuyas agujas unidas á los esfero cristales 
dan á las preparaciones un aspecto sumamente demostrativo, 

Olvidábasemos decir que la evaporación del reactivo engendra gran- 
des cristales romboédricos que nunca ofrecen dificultades en su diferen- 
ciación con los del esperma, siquiera algunos tomen la forma exagonal. 

Diferéncianse por el tamaño, por el aspecto y por su intensa colora- 
ción amarilla. 

Menos confusión cabe aún con los cristales de los sedimentos urinarios 
que hemos examinado repetidas veces. Entre ellos los más parecidos 
— leucina, finas agujas en rosa; y sulfato de cal, prismas alargados ó 
agrupados en rosetas regulares — no tienen el más pequeño parecido. El 
error no es posible. 

En fin, y en espera de nuevos trabajos, como resultado de nuestras 
pesquisas, concluímos aceptando el valor de la reacción del ácido fosfo- 
molíbdico, y aconsejando á nuestros colegas el estudio de esta microqui- 
mia espermática tan fecunda en hechos nuevos. 

DISCUSIÓN 

El Dr. Lecha-Marzo: Eu estos mismos días, el profesor Magri, de Catania, 
publica un estudio de microquimia del esperma, y puede decirse que las investiga- 
ciones de nuestro colega italiano confirman las de Piga. Magri declara que la reac- 
ción de Barberio y mi reacción del ácido fosfo-molíbdico son las únicas reacciones 

(1) De Dominicis : Nueva reazione dallo sperma, Misveglio Medico, 1910. 



Dr. Antonio Piga: Algunas investigaciones sobre una nueva prueba microquímica del esperma. 




Espcrni;i humano y ácido fosfo-molíbdioo. 
Cristales exagonales. 



Los mismos rristales de la lii>ura anlerior 
vistos á mavor aumento. ^ 







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Esperma humano tratado por el ácido 
fosfo-molíbdico. Formas morulares. 



Nicotina y ácido fosfo-molíbdico. 

Cristales. 




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Disolución de colina al 1 por JU, tratada Colina al 1 por 50, tratada por el ácido 
por el ácido fosfo-molíbdico. Agujas. fosfo-molíbdico. Cristales. 



SOBRE LA ACCIÓN FISIOLÓGICA DEL E8TIR0L 81 

específicas del esperma; declara además que, sin embargo, no resulta esta líltima 
muy aplicable á la práctica médico-legal, lo que no coincide con los resultados de 
Piga y los nuestros. 

(Trabajo del Laboratorio de Medicina Legal de la Universidad de Madrid. 
Director: Dr. Maestre). 



SESIÓN DEL 17 DE ABRIL DE 1914 



Sobre la acción fisiológica del estirol 



J. RODRÍGUEZ CARRACIDO y A. MADINAVEITIA 



La hipótesis de Overton y H. Mayer trató de dar una explicación pu- 
ramente físico-quíínica á la acción de los anestésicos sobre el organismo, 
admitiendo que el sueño era producido por la solución del compuesto en 
los lipoides del tejido nervioso central. Esta hipótesis no pudo explicar 
fenómenos observados posteriormente; Kochmann y otros fisiólogos la 
atacaron, empleando entre otros argumentos el de que las grasas neutras, 
que son insolubles en el agua y muy fácilmente solubles en los lipoides, 
debieran poseer una acción anestésica muy marcada, cosa que no sucede. 

La hipótesis de Kochmann, hoy corrientemente aceptada, admite la 
solubilidad en los lipoides como un medio para que el hipnótico pueda 
desarrollar su acción sobre el cerebro y supone que ésta es debida á la 
formación de un compuesto de adición inestable entre alguno de los com- 
ponentes químicos del sistema nervioso central y el hipnótico. En reali- 
dad, todas las substancias químicas de acción marcadamente hipnótica 
forman con más ó menos facilidad productos de adición. 

Estos compuestos que admite Kochmann, se pudieran suponer forma- 
dos por valencias residuales de un modo análogo á las quinhidronas, á 
la combinación de muchas sales con el solvente de cristalización ó á las 
combinaciones de la colesterina con las saponinas. La presencia de va- 
lencias residuales es fácil de demostrar en la mayor parte de los hipnó- 
ticos; pero dentro de las ideas actuales sobre esta clase de dinamicida- 
des, en ningún hipnótico está tan clara la relación entre la acción fisio- 
lógica y la presencia de dinamicidades parciales en su molécula como en 
aquellos cuya acción es debida á contener ligaduras dobles. 



82 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE BIOLOGÍA 

La vecindad de grupos electro-negativos aumenta las valencias resi- 
duales de la ligadura etilénica; este aumento se nota en la mayor facili- 
dad de adición del hidrógeno naciente; solamente aquellos etilenos cuya 
ligadura doble está próxima á un grupo electro-negativo son reductibles 
en solución alcohólica por sodio. 

Nos pareció de interés el ensayar la acción hipnótica de derivados eti- 
lénicos de este tipo y elegimos para su estudio el estirol (feniletileno) por 
ser un derivado etilénico hidrogenable por sodio en alcohol y por ser la 
substancia madre del ácido cinámico, cuerpo de aplicación terapéutica 
corriente. 

El método corrientemente empleado en los Laboratorios para la sínte- 
sis del estirol consiste en adicionar ácido bromhidrico á la ligadura doble 
del ácido cinámico y descomponer por álcali el ácido P-bromohidrociná- 
mico formado, que se descompone dando anhídrido carbónico, ácido 
bromhidrico y estirol, 

CeHs - CH = CH - COOH + HBr = C^B, - CHBr - CH, - COOH 
CeHs - CHBr - CHa- COOH = C6H5-CH = CH^ + HBr + Cü^ 

Este método, además de resultar costoso, da un rendimiento escaso. 

Hemos preferido emplear otro método que nos da mejores resultados. 
Obtenemos, por adición de metano en forma de yoduro de etilmagnesio 
al benzaldehido el fenilmetilcarbinol, y este alcohol lo hacemos pasar á 
la olefina correspondiente por deshidratación catalítica 

//^ 
CfiH, - C < + CH4 = CfiHsCH.OH — CH5 

\H 
CeHgCH.OH = CgHsCH = CH, + H,0 

La deshidratación la efectuamos destilando el alcohol con el cataliza- 
dor, d^ modo que los vapores no pasen á una temperatura superior 
á 160°. A esta temperatura pasa una mezcla de estirol y de agua: se se- 
para el hidrocarburo en un embudo, se seca sobre cloruro calcico y se 
destila. Como catalizadores hemos ensayado el bisulfato potásico y el 
óxido de torio, empleando una décima parte en peso del alcohol deshi- 
dratado; con ambos se obtienen buenos resultados, siendo el rendimiento 
con el óxido de torio mejor que con el bisulfato potásico. 

La acción fisiológica la hemos ensayado en ranas y en conejos: O'l cen- 
tímetros cúbicos inyectados en el saco linfático pectoral matan á una 
rana de 10 gramos en 20 minutos. A pesar de tener un punto de ebulli- 
ción de 144**, funciona con anestésico por inhalación para las ranas. La 
respiración de sus vapores produce un letargo más ó menos prolongado 
con desaparición casi total de los reflejos y sin que se noten los fenóme- 



SOBRE UNA TENIA NUEVA EN ESPAÑA 83 



nos cerebrales propios de los hidrocarburos aromáticos. Se observa un 
aumento notable de la secreción cutánea. La acción desaparece total- 
mente; hemos repetido varias veces la anestesia en el mismo animal sin 
observar ninguna clase de trastornos. 

En el conejo no hemos conseguido producir por inhalación anestesia 
total; sólo llegamos á producir un atontamiento con disminución de re- 
flejos. En inyección hipodérmica ó gástrica no produce efecto á dosis 
menor de cuatro gramos por kilogramo ; á esta dosis produce una pará- 
lisis de las patas traseras ; pero sin observarse tampoco en el conejo los 
fenómenos cerebrales de los hidrocarburos aromáticos. 

El estirol tiene una acción semejante á la de la acroleína estudiada por 
Mitscherlich, que también es anestésica para las ranas y tóxica para los 
conejos; la acroleína CH^ = CH — CHO, lo mismo que el estirol, tiene 
una ligadura etilénica próxima á un grupo de carácter electro-negativo. 

(Trabajo efectuado en el Laboratorio de Química Biológica 
de la Facultad de Farmacia de Madrid). 



Sobre una tenia nueva en España 



SADl DE BUEN 



Entre el material recolectado por mí para la colección de la Facultad 
de Medicina hay una tenia, que fué expulsada por un niño, que encon- 
tré en el Laboratorio de Biología de Palma de Mallorca en 1908 y que, al 
clasificarla, hemos identificado con la Hymenolepis diminuta ó Taenia 
diminuta (según la antigua nomenclatura). La sinonimia de esta especie 
de Cestodes es la siguiente: Taenia diminuta, Rudolphi, 1819, hallada 
en el Mus decnmanus (Epimys norvegicus), Mus rattus y especies afi- 
nes; Taenia leptocephala, Creplin, 1825; Taenia flavopunctata, Wein- 
land, 1858 (al propio tiempo = Diplacanthus , Weinland, 1858, pro parte, 
en lo que se refiere á su afinidad genérica con la Taenia [Hymenolepis] 
{naná)\ Hymenolepis flavopunctata, Weinland, 1858, y también Lepido- 
trias flavopunctata, Weinland, 1858, Taenia flavomaculata, de Leuc- 
kart, 1863; Taenia varesina, Parona, 1884 (cuatro ejemplares recogidos 
por el Dr. Parona en Várese (Italia), de una niña de dos años); Taenia 
mínima, Grassi, 1886; Hymenolepis inerme, de Raillet, y finalmente, 
Hymenolepis diminuta, R. Blanchard, 1891. 



84 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE BIOLOGÍA 

Trátase de una especie parasitaria rara en el hombre. El primer caso 
fué hallado por Ezra Palmer, en Boston, el año 1852, en un niño de 
diecinueve meses; algunos otros han sido luego encontrados en Italia, 
particularmente en Sicilia (donde es frecuentísima la Hymenolepis nana), 
en Francia y en América. Se conocen en conjunto, hasta ahora, poco más 
de una docena de casos. Por esto, aunque los datos clínicos que he reco- 
gido no sean muy completos, creo interesante dar á conocer la presencia 
de dicha especie parásita en España. 

El enfermo de que procede era un niño de dos años y medio, que lle- 
vaba dos meses de enfermedad y presentaba una anemia bastante pro- 
nunciada, palidez y desvanecimientos. 

Se le administró un purgante y expulsó cuatro tenias; luego un tení- 
fugo y expulsó otras varias cuyo número no he podido precisar. 

Tardó más de seis meses en reponerse completamente. 

De lo dicho se deduce que los síntomas fueron bastante pronunciados, 
cosa que, según afirman los autores, no ocurre en esta tenia, la cual suele 
pasar desapercibida; contrariamente á lo que se observa en los casos de 
parasitismo por Hymenolepis nana, que es al propio tiempo la más pe- 
queña y la más temible de las tenias de los niños. Seguramente será de- 
bido á que en el caso relatado el número de tenias sería mayor al que 
comunmente se presenta (1 á 6). 

La H. diminuta es una tenia de 20 á 40 centímetros de largo (20 en 
nuestro caso). La cabeza, que falta en nuestro ejemplar, presenta en su 
ápice una depresión pequeña, en la cual se aloja un rostro inerme poco 
desarrollado. Está provista de cuatro ventosas de poco diámetro, pero 
muy profundas y musculosas. 

Los anillos maduros son de 2 '/^ milímetros de anchura por '/i de lon- 
gitud; vistos al microscopio, previamente tratados por la potasa ó por 
cualquier aclarante, muestran estar constituidos por un verdadero saco 
completamente lleno de huevos. 

Los anillos de la parte media de la cadena presentan, al examen ma- 
croscópico, hacia su parte media y posterior, una mancha amarillenta, 
debida á las masas testiculares, que, unida á la de los anillos vecinos, 
parece constituir una cinta, característica de esta especie. A este carác- 
ter morfológico macroscópico se deben los antiguos nombres ya recorda- 
dos de Weinland y de Leuckart: T. fiavopunctata y flavomaculata. Estas 
proglótides presentan los órganos genitales en su completo desarrollo. 

El aparato masculino está constituido por tres masas testiculares, vo- 
luminosas y obscuras. En los cortes, que hemos practicado con poca for- 
tuna en este ejemplar conservado desde hace tiempo en alcohol malo y 
que hemos teñido con hematoxilina-eosina y con otros métodos, se pre- 



SOBRE UNA TENIA NUEVA EN ESPAÑA 85 



sentan llenas de espermatozoos pequeñísimos, cuyo conjunto tiene una 
apariencia de ovillo constituido de elementos filamentosos. 

De estos testículos, hay uno más voluminoso, que ocupa próximamente 
la parte media del anillo. Por fuera de él y del lado del poro genital se 
encuentran los otros dos, más pequeños. Comunican con el exterior por 
un canal deferente que tiene un ensanchamiento, la vesícula seminal. 

El ovario (con el vitelógeno y la glándula que segrega las cubiertas 
del huevo) ocupa la parte central. 

La vagina se abre al exterior por el poro genital, que es siempre uni- 
lateral. Este último carácter es uno de los que se aprovechan para la cla- 
sificación. 

El útero ocupa gran parte del anillo. Tiene la forma de una U, hori- 
zontal y de ramas muy largas. 

Cada rama está separada de la otra por tejido conjuntivo y se halla di- 
vidida por finos tabiques, completos unas veces, incompletos otras, en 
distintos compartimientos, ocupados todos ellos por las masas de huevos. 
La parte abierta de la U mira al poro genital. 

Entre los órganos y rellenando completamente los espacios interme- 
dios se encuentra un tejido conjuntivo constituido por fibras que se in- 
tersecan dando un aspecto alveolar. 

Entre las fibras hay elementos celulares estrellados (células conectiva- 
les). Además, el anillo se halla recubierto por una capa de fibras muscu- 
lares longitudinales. 

El aparato excretor está constituido por dos conductos longitudinales 
laterales que se continúan por todos los anillos y están unidos entre sí 
por canales transversales situados en el límite de cada proglótide. 

La tenia de que tratamos vive de ordinario en el intestino delgado de 
ratas y ratones, localizándose frecuentemente á pocos centímetros del 
píloro. 

Emilio Brumpt la ha encontrado en París en un 55 por 100 de las mu- 
sarañas; en cambio, la ha visto raras veces en los ratones. 

Para continuar su desarrollo es necesario que el embrión exacanto pe- 
netre en la cavidad general de diversos insectos; en ésta se transforma 
en cisticercoide (Cercocystis H. diminutae). Hasta hoy se conocen como 
sus transmisores dos coleópteros: Akis spinosa y Scaurus striatus (espe- 
cies francesas); un ortóptero, el Anisolabis annuHpes (forficúlido) pare- 
cido á las vulgares tijeretas; y, sobre todo, un lepidóptero, el Pyralis ó 
Asopia fai'inalis, tanto en su fase de oruga como de mariposa. Ultima- 
mente se le ha encontrado en algunas pulgas de lasa-a tas (Nicolle y Min- 
chin, H. Johnston). 

Del A. annulipes y del A. farinalis, comunes en España y los que más 






^^^-^•^ 



UJj L i B R A 






86 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE BIOLOGÍA 

fácilmente se ponen en contacto con el hombre, daremos una somera des- 
cripción por ser importante su conocimiento para la profilaxis é investi- 
gación de la enfermedad. 

El Anisolabis annulipes vive debajo de las piedras en los lugares hú- 
medos. Se encuentra en el Sur y Este de nuestra península (I. Bolívar. 
Catálogo sinóptico de los ortópteros de la fauna ibérica). Fué descrito por 
primera vez por Lucas en 1847 en los Anales de la Sociedad entomológica 
de Francia. Es parecido, como hemos dicho, á las tijeretas; de color muy 
obscuro y brillante. Las antenas tienen dieciséis artejos; el primero ó 
los tres primeros, rojizo-claros; el treceavo, pálido; los demás, obscuros. 
La parte superior del protorax es de un negro brillante y se presenta aca- 
nalada en su parte media. El pecho y las patas son amarillas; los fému- 
res presentan un anillo parduzco. El abdomen negro algo punteado, con 
escasos pelos bastante largos y terminado posteriormente por unas ro- 
bustas pinzas. Estas son algo distintas en el macho y en la hembra; en 
el primero son casi dos veces tan largas como el último segmento dorsal, 
casi rectas y cruzadas en el ápice, no presentan diente interno. Las de 
la hembra son más pequeñas y menos cruzadas. 

La P. farinalis vive en las habitaciones poco frecuentadas y sucias, en 
cuyas paredes se posa torciendo el abdomen hacia arriba. Los ápices son 
leonados; la cabeza y el cuerpo amarillentos y obscuros. Los dos prime- 
ros anillos del abdomen presentan manchas obscuras laterales. Las alas 
anteriores tienen un espacio medio claro, amarillento, limitado por dos 
líneas sinuosas blancas. 

Por dentro y por fuera de ella el ala es rojiza y mucho más obscura. 
Las alas posteriores son claras, con dos líneas blancas también sinuosas 
y presentan varias manchas obscuras en su borde externo. La oruga, 
amarillenta, vive en las materias vegetales secas; pasa el invierno en la 
paja y el salvado. Se convierte en crisálida en Mayo y se transforma en 
mariposa de Junio á Agosto (Maurice Ginard: Traite d'Entomologie). 

Grassi sobre todo, y luego sus discípulos, entre ellos Rovelli, estudia- 
ron el ciclo evolutivo de la Hymelepis diminuta, y demostraron que in- 
fecta á las ratas y al hombre si éstos ingieren los cisticercoides. Dos 
hombres tomaron éstos, procedentes del A. annulipes, y uno de ellos 
presentó á los quince días tenias adultas, que le fueron curadas con ex- 
tracto etéreo de helécho macho. 

En la práctica es posible la infección, sobre todo en los niños, porque 
éstos traguen cualquiera de los insectos citados ó restos de estos insectos 
con cisticercoides visaos, sobre todo la P. farinalis, lo que no tiene nada 
de extraordinario, dada la frecuencia con que muchas madres dejan á 
sus hijos que coman con los platos en el suelo. 



SOBRE UNA TENIA NUEVA EN ESPAÑA 87 



También es posible comiendo pan mal cocido, que puede llevar los in- 
sectos muertos, pero con cisticercoides vivos, gracias á la mayor resis- 
tencia de éstos (Brumpt). 

El diagnóstico se hace fácilmente investigando los huevos en las 
heces. 

Debemos aquí hacer constar que no se encuentran en los libros de Pa- 
rasitología descripciones completas, y sobre todo exactas, de los carac- 
teres morfológicos de los huevos. 

Afortunadamente he tenido ocasión de recoger huevos numerosos en 
los anillos maduros y de estudiarlos con precisión. Vamos á describirlos 
y dibujarlos para que no haya lugar á dudas. 

6e presentan en distinta forma, según el plano óptico en que se les ob- 
serva. 

Vistos de frente aparecen los embriones redondeados, granulosos, pro- 
vistos de seis ganchos (embriones exacantos), perfectamente perceptibles 
unas veces, confundidos entre sí y de difícil numeración otras. 

Alrededor de los embriones y envolviéndoles hay una masa irregular- 
mente redondeada y granulosa como ellos. Toda esta masa se encuentra 
contenida en una cápsula, formada por dos piezas: una interna ovalada 
con un mamelón en cada extremo, y otra que la rodea, también ovalada 
y de extremos lisos; por lo tanto, son tres las membranas que rodean al 
embrión, carácter común á los huevos de todas las Hymenolepis. 

Visto de perfil el embrión toma una forma ovalada, mamelonada en 
los extremos (como un limón). 

La cápsula externa de la envoltura del huevo aparece en forma de 
campana y la pieza interna semi lunar. Las dos, externa é interna, se 
presentan finamente estriadas. 

La cápsula en conjunto produce el efecto de una amplia campana que 
tuviera cerrada su gran abertura por un opérenlo. 

Me propongo ampliar estos datos con mayor número de observaciones 
si se me presenta ocasión favorable, lo que no creo difícil. Entre tanto, 
determinaremos cuál es el tanto por ciento de ratas y ratones de Madrid 
parasitados con la H. diminuta. 

Antes de terminar debo decir que hay en Madrid actualmente un caso, 
que está estudiando el Dr. Ruiz Falcó, del Instituto de Alfonso XIII, de 
un niño que presenta desde hace mucho tiempo (meses) huevos en las 
heces, los cuales han sido diagnosticados como de una Hymenolepis por 
el Dr. Pittaluga, con gran probabilidad de H. nana {Diplacanthus nanus, 
Weinland; Taenianana, Siebold, 185'2, quizás identificable con la T. mu- 
riña, Dujardin, 1845). Estamos haciendo con ellos la prueba biológica, 
suministrándoselos con los alimentos á ratas blancas. 



88 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE BIOLOCíÍA 



Procesos regenerativos del nervio óptico y retina con ocasión 
de ingertos nerviosos 



LEOZ ORTIN Y L. R. ARCAUTE 



Los trabajos de Cajal logrando excitar las fibras de la substancia blan- 
ca medular, mediante degeneraciones provocadas en las raíces anterio- 
res, los del mismo maestro estimulando el trofismo de los axones margi- 
nales por neoformaciones conectivas de la pía y los de Tello intercalando 
ingertos nerviosos en heridas cerebrales del conejo, son muy demostrati- 
vos de la posibilidad de aumentar notablemente la capacidad regenera- 
tiva de los centros nerviosos poniéndolos en contacto de formaciones me- 
sodérmicas y más aún de tubos de Schwann de nervios periféricos ataca- 
dos de degeneración walleriana. 

Este último sabio realizó también trabajos en este mismo sentido para 
probar que en dichas condiciones realizábase igual fenómeno con el ner- 
vio óptico. 

Estudió en la primera de las dos series de experimentos por él practi- 
cados la capacidad regenerativa del nervio visual en condiciones ordina 
rias, es decir, tras simple sección del mismo y pudo observar que en e 
cabo periférico ó cerebral del seccionado persistían las fibras y aun erar 
capaces de crecer durante algún tiempo alcanzando á la cicatriz ; pero yg 
á los cuarenta días de operación tales fibras han degenerado, siendc 
sustituidas por trama neuróglica neoformada. 

En cuanto al cabo central ó retiniano, los fenómenos regenerativos se^ 
rían mucho más enérgicos y duraderos. A los cuarenta días gran parte 
del territorio de la pupila y nervio seccionado eran atravesados por fibras^ 
nuevas terminadas en bolas, anillos ó arborizaciones de ramas cortas 
pero sin que ninguna alcanzase á abordar el cabo cerebral del óptico sec- 
cionado. 

Por esta misma fecha halla en la retina notables modificaciones, consiS' 
tentes sobre todo en la producción de retoños extraviados, perforantes, 
acabados á diferentes alturas de las capas retinianas y de curso más £ 
menos complicado á través de las mismas. 

En su segunda serie de experimentos se propuso averiguar si la presen 
cía de las células de Schwann podría promover mayor crecimiento y ca- 
pacidad regenerativa del cabo óptico unido á la retina, ingertando y 



PROCESOS REGENERATIVOS DEL NERVIO ÓPTICO Y RETINA 89 



fijando mediante sutura de seda al cabo dicho del óptico trocitos de ner- 
vios periféricos del mismo animal. La no persistencia del confrontamien- 
to tan exactamente realizado durante el acto operatorio entre uno de los 
polos del ingerto y el cabo central del óptico, resta gran valor á sus ex- 
periencias, poniendo, sin embargo, en evidencia hechos ya comprobados 
por Cajal, como el referente á la capacidad que poseen los ingertos de 
atraer y ser rápidamente inervados por nervios musculares accidental- 
mente seccionados. 

En suma, los citados experimentos probaron, entre otros hechos, que 
también en las vías centrales los axones separados de su centro trófico son 
susceptibles, cerca de la herida, de crecer, ramificarse y hasta invadir 
parcialmente la cicatriz, si bien este movimiento regenerador fracase en- 
teramente. 

Por otro lado, si no llegó á observar la entrada de los retoños de fibras 
ópticas en los ingertos de nervio común, señaló la tendencia de los mis- 
mos á orientarse en dirección de las células de Schwann del nervio trans- 
plantado. 

Estos trabajas de Tello fueron ampliados y confirmados por O. Rossi. 
Las secciones del nervio óptico las practicaba en su trayecto intracranea- 
no, sorprendiendo con más abundancia y precocidad que Tello fibras neo- 
formadas que, tanto en el cabo retiniano como en la cicatriz, se ramifica- 
ban ampliamente, penetrando algunas de ellas, á los veintidós días de 
operación, en la extremidad del cabo cerebral. El mismo Kossi, sacrifi- 
cando á los siete meses animales apenas en iguales condiciones, no 
pudo comprobar el susodicho crecimiento de las fibras regeneradas den- 
tro del cabo periférico, ni tan siquiera la persistencia de las fibras que 
tan tempranamente logró ver alcanzar al cabo cerebral. 

En los experimentos por nosotros realizados, tratamos de resolver si 
se lograría impedir la atrofia de los retoños nerviosos provocados por 
sección del óptico, si éstos se encontraron dentro de la cicatriz interme- 
diaria á ambos cabos, un trozo de nervio periférico en fase de bandas de 
Büngner, es decir, en degeneración. 

Practicáronse las operaciones de ingertación con toda la delicadeza po- 
sible, evitando la sección de la oftálmica y procurando no entorpecer la 
nutrición del nervio ni retina por heridas y traumatismos de la arteria 
central de la misma. Con los graves inconvenientes consecutivos á la 
sección de estas arterias, hubo de luchar también Tello en sus experien- 
cias, y la posibilidad de estos mismos inconvenientes indujo á O. Rossi á 
realizar sus experimentos, practicando la sección intracraneal, asegu- 
rando así mejor la vitalidad de la retina y nervio óptico unido á ella. 

Las operaciones las realizamos primeramente en un lote de 10 conejos, 



90 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD ESPANTÓLA DE BIOLOGÍA 



qne designamos por el número de orden. Menos en el señalado con el 
número 7, en el resto del lote se ingerto en la herida del óptico un trozo 
de ciático fresco del mismo animal ó de otro de la misma especie y con- 
diciones, sacrificado en aquel instante. 

En el dicho número 7 el ingerto fué, no de nervio fresco, sino de ud 
trozo de cabo periférico previamente seccionado hacía once días. 

La modalidad del ingerto fué variada; en tres se suturó el ingerto tan 
sólo al cabo retiniano del óptico; en otros dos la sutura fué doble, sutu 
rando el ciático ingertado á los dos cabos, retiniano y cerebral, del ópti 
co seccionado, y en los dos restantes el ingerto fué en cuña, es decir, in 
troduciendo y suturando un extremo del ciático ingertado en una hendí 
dura practicada en el óptico, salvando una parte del neurilema de 
mismo. 

La técnica seguida fué la aconsejada por nuestro maestro el Dr. Cajal 
fijación en piridina al 50 por 100, é impregnación argéntica en estufa i 
38° por cinco días. Los resultados de la impregnación fueron excelentes 
salvo en el número 7. 

En cuanto á los resultados prácticos, los expondremos primero de un¡ 
manera general, insistiendo luego en algunos casos particularmente in 
teresantes para la cuestión que nos ocupa. 

De acuerdo con las observaciones de Tello y O. Kossi, la sección de 
óptico provoca á menudo la necrosis parcial de la papila y de la regió: 
central del nervio óptico. A los doce días la regeneración del óptico s 
halla muy adelantada. Aparece inervada por fibras regeneradas la regió; 
necrótica del nervio y algunas fibras dispuestas en haces ganan la cica 
triz, en cuyo tejido conectivo avanzan, pero no en mucho trayecto. 

Los restos del coágulo sanguíneo, motivado por herida de la arteri; 
central del óptico, oponen obstáculo serio á la progresión inicial de lo 
retoños, y la misma gran extensión de la cicatriz, una vez aquél reabsoí 
bido, es otro grave impedimento al avance de las fibras regeneradas, n 
alcanzando en ningún caso á la prolongación de las mismas hasta el cab 
periférico ó cerebral. 

Si además de esto tenemos en cuenta que, á pesar de la sutura, li 
coaptación de los extremos suturados no persiste y el ingerto presenta a 
cabo retiniano del nervio óptico seccionado, no el extremo del mismo qui 
se suturó, sino el trayecto cordonal, de tal modo que el influjo de laj 
substancias tróficas liberadas por las células de Sehwann no alcanzan 
dada la impermeabilidad del neurilema, á provocar estímulo alguno re 
generativo, no es de extrañar que en estas condiciones la regeneraciói 
de la vía óptica primaria quede totalmente frustrada. 

Por circunstancias especiales, en los casos números 8 y 2 se desarró 



PROCESOS REGENERATÍVOS DEL NERVIO ÓPTICO T RETINA 91 

liaron fenómenos de orientación y regeneración particularmente intere- 
santes. El citado caso número 8 hacía, en efecto, excepción á la indife- 
rencia de los retoños nerviosos hacia el ingerto transplantado. 

Tratábase de un ingerto en cufia. Sacrificado el animal, á los catorce 
días de operación observóse que la cicatriz era angostísima y que, por 
feliz casualidad, un extremo del ingerto hallábase íntimamente unido al 
cabo central ó retiniano del óptico, si bien sus fascículos no marchaban 
en exacta dirección con los de este último. 

Las fibras regeneradas, abundantísimas en los límites del óptico, aca- 
baban por arborizaciones complicadas ó ramas dicotómicas, en maza, 
anillos ó apéndices espinosos. Pero, y este es el hecho más interesante, 
uno de los paquetes de retonos que abordaban la cicatriz intermedia, 
después de un trayecto regular gana la puerta de entrada del ingerto y 
sus fibras le invaden, ganándolo en todo su trayecto y prolongándose 
hasta el extremo opuesto, donde ya se pierden. En su camino, á lo largo 
del ingerto, algunas veces se dividen, sobre todo al tropezar con acúmu- 
los lipodes de nervios regenerados, y adelgazan sucesivamente, recor- 
dando en un todo al aspecto de los retoños inervadores, recientemente 
descritos por Cajal con ocasión de los ingertos de nervios. 

Otro de los casos dignos de mención fué el número 3, notable por la ri- 
queza de fibras regeneradas, nacidas en plena retina y á distancia de la 
papila. El interés de este caso estriba en que en él se hacen patentes las 
condiciones de la producción de esas singulares fibras intra-retinianas 
perforantes, descritas ya por Tello, y cuyo determinismo parecía bastan- 
te enigmático. 

Pn nuestros preparados, sin excluir como coadyuvantes de la creación 
y desorientación de conductores intra retiñíanos nuevos, la contusión ó 
conmoción retiniana obrada mediatamente por el traumatismo escleroti- 
cal ó por la misma sección del óptico, la dicha creación y desorientación 
de esos conductores intra-retinianos nuevos viene condicionada por la 
inflamación traumática de la esclerótica conformación, abundante en el 
espesor de ésta, y de la coroides de tejido conectivo embrionario. 

En el citado caso 3°, durante las maniobras de ingertación y sutura, 
hirióse accidentalmente la esclerótica, produciéndose notable hiperplasia 
de células conectivas y engrosamiento de fascículos, constitutivos de ro- 
detes hipertróficos, en torno de la lesión. Esta flegmasía se propagó á la 
coroides, y, en fin, hasta la retina misma, cuyas zonas pigmentarias, de 
conos y bastones y granos extensos, presentaba notable espesor. 

Prescindiendo de los desórdenes ocasionados en conos y bastones, los 
cambios principales son sobrevenidos en las células horizontales y de las 
fibras del nervio óptico. En los parajes más alterados, que son los invadí- 



92 BOLETÍK BE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE BIOLOGÍA 

dos por gran número células conectivas, leucocitos y corpúsculos pig- 
mentarios dislocados, dichas neuronas, así como sus apéndices, se han 
desvanecido casi por completo. En otros territorios la capa plexiforme se 
conserva bien, observándose que de los brazos protoplásmicos de las 
neuronas horizontales destacan dendritas que por su posición y orienta- 
ción y modo de terminar dan la impresión de retoños. 

En la capa de las fibras ópticas, el número de éstas ha crecido enorme- 
mente, constituyendo gruesos haces que comprimen las células ganglio- 
nares, y en cuyo límite se ven numerosas mazas y bolas detenidas. De 
fascículo á fascículo saltan algunos retoños, los cuales cambian de itine- 
rario y emiten á veces recias colaterales. Los retoños nacidos de esta 
zona, y penetrantes en las capas retinianas, se pueden clasificar en los 
tres siguientes grupos: 

1.° Perforantes totales. — Son, por lo regular, grusos conductores que 
desde un principio cruzan perpendicular ú oblicuamente todo el espesor 
de la retina, no parando hasta el espesor ó los confines de la pigmentaria, 
donde á menudo se bifurcan y siguen por debajo de la misma trayectos 
horizontales, constituyendo por su entrecruzamiento tupido plexo. Otras 
retroceden, doblándose, acabando por finas mazas ó bulbos, y otras ata- 
can resueltamente la esclerótica, dentro de la que se ramifican. 

2.° Fibras estacionadas en la plexiforme externa. — Son abundantes y 
llegadas á esta zona ingresan en ella, haciéndose hirizontales, y se con- 
funden las constitutivas de esta zona y algunas se bifurcan, dando lugar 
á dos ramillas que caminan en dirección contrapuesta. 

3.° Fibras estacionadas en la plexiforme interna. — Igualmente que las 
anteriores, se hacen horizontales al ponerse en contacto con las de esta 
zona y en ellas se pierden ramificándose. Del curso de unas y otras no es 
raro ver emerger finas dendritas ascendentes. 

CONCLUSIONES 

1.^ En condiciones normales la mera interrupción del nervio óptico no 
va seguida jamás de reparación del cabo cerebral, como ya notaron Te- 
llo y O. Rossi. 

2.^ La intercalación de un ingerto nervioso en los labios de la herida 
óptica puede, cuando las circunstancias son extremadamepte favorables, 
excitar la nutrición y crecimiento de los retoños, induciéndolos á pene- 
trar en el espesor del nervio transplantado. Este hecho, confirmador de 
los resultados experimentales aportados por Cajal y Tello, habla en pro 
de la concepción neurotrópica. 

Ü.^ La mera cicatriz conectiva, intercalada entre las cabos nerviosos, 



PROCESOS REGáNERATlVOS DEL NERVIO ÓPTICO Y RETINA 93 



influye también, aunque muy débilmente, en la nutrición y orienta- 
ción de los retoños. 

4.* La contusión de la esclerótica, y sobre todo la invasión de ésta y 
la coroides por el tejido conectivo embrionario, constituyen condiciones 
favorables al crecimiento y orientación de los retoños nerviosos. A las 
materias tróficas liberadas por el citado tejido se debe quizás la concu- 
rrencia de las fibras neoformadas en la capa pigmentaria, después de 
cruzar en diversas direcciones todas las capas retinianas. 

.5.* Durante el paso de los retoños por la retina no necesitan éstos, 
para crecer y orientarse, el encuentro de conductos preestablecidos, sino 
que, según demostró Tello, aprovechan al efecto los angostos é irregula- 
res intersticios existentes entre las expansiones dendriticas y los apéndi- 
ces neuróglicos, así como los mediantes entre las neuronas del mismo 
estrato. 

6.^ Toda detención actual márcase por la transformación del cono de 
crecimiento en recia bola terminal ; el atasco recientemente salvado de- 
nunciase mediante varicosidad de trayecto. 

7.* En fin, como resumen general de todo lo expuesto, confírmase esta 
verdad tantas veces confirmada por Cajal y corroborada experimental- 
mente por Tello: la irregenerabilidad de las vías centrales no constituye 
propiedad esencial é inmutable del protoplasma nervioso, sino resultado 
contingente de la ausencia en el medio normal de substancias excitado- 
ras del trofismo de las neurofibrillas. Cuando las materias tróficas son ar- 
tificialmente añadidas al ambiente que rodea los retoños, éstos recobran 
su capacidad embrionaria de crecer rápidamente, generando ramificacio- 
nes casi tan ricas y largas como las producidas en el cabo central de los 
nervios seccionados. 

Réstanos solamente, antes de poner fin á la presente comunicación, ex- 
presar nuestro sincero testimonio de gratitud al profesor Cajal, por los 
consejos con que durante la elaboración de este trabajo nos ha favoreci- 
do y por habernos guiado en la interpretación de las preparaciones mi- 
croscópicas. 



■^9^- 



94 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE BIOLOGÍA 



Algunos datos experimentales sobre la influencia recíproca de los órganos 
de secreción interna en el metabolismo hidrocarburado 



G. MARAÑON 



Expresamos en esta comunicación, sólo á título de nota preliminar, el 
examen del conjunto de los resultados que hemos obtenido hasta el mo- 
mento presente, reservando para comunicaciones ulteriores el estudio 
detallado de cada una de las partes que comprende este intrincado é in- 
teresantísimo problema. 

1° La adrenalina produce glucosuria marcada, de unas veinte horas 
de duración, con igual intensidad cuando se inyecta en el peritoneo que 
cuando la inyección es subcutánea. La dosis mínima, para conejos de 
un kilogramo, por término medio, es de un cuarto de miligramo, poco 
más ó menos. 

2.** La hipertiroidización, ni brusca ni prolongada, no ha sido suficiente 
para determinar en nuestros animales la aparición de azúcar en la orina. 

3.° La tiroidización lenta y prolongada (durante cuatro meses) del 
conejo, favorece la acción glucosúrica de la adrenalina. 

4.*^ La adición de extracto tiroideo á la adrenalina, en conejos no hi- 
pertiroidizados previamente, no ha modificado, en nuestras experiencias, 
la acción glucosúrica de la adrenalina. 

5.° Los diversos extractos hipofisarios empleados en la Clínica, no 
han bastado para producir, en nuestros animales, la aparición de glu- 
cosa en la orina, aun empleando dosis tóxicas de los mismos. 

6.° La inyección de adrenalina adicionada de extracto hipofisario, no 
sólo no determina mayor glucosuria que la inyección de las mismas do- 
sis de adrenalina, sino que, en repetidas experiencias nuestras, parecía 
inhibirse la acción glucosúrica de la adrenalina. 

7.*^ Los animales castrados con bastante anticipación son más sensi- 
bles á la acción glucosuriógena de la adrenalina que los no castrados. 

8.° Si la castración es reciente, esta diferencia no se observa ó se ob- 
serva poco diáfanamente. 

9.® La adición de extracto testicular fresco á la adrenalina, no cohibe 
la acción glucosúrica de ésta. 

10. La castración no parece influir en la falta de acción glucosuriógena 
de los extractos tiroideo é hipofisario. 



SOBRE LA PRESENCIA DE CÉLULAS P8EUDO-PLA8MÁTICA8 95 

11. En el conejo se observan grandes diferencias individuales, res- 
pecto á la facilidad para determinar en ellos la glucosuria, por los dife- 
rentes medios opoterápicos. 

Sobre cada uno de estos puntos que hoy adelantamos en síntesis, vol- 
veremos en otras comunicaciones, detallando los protocolos experimen- 
tales. 

(Laboratorio de Medicina legal de la Universidad de Madrid. — Prof. Makstrk). 



-#»#- 



Sobre la presencia de células pseudo-plasmáticas en el liquido 
cefalorraquídeo de la meningitis cerebro-espinal epidémica 



GONZALO R. LAFORA 



Las descripciones corrientes sobre el estado del líquido cefalorraquí- 
deo en la meningitis cerebro-espinal epidémica coinciden en decir, que el 
líquido aparece turbio con aumento de la presión, que hay aumento del 
contenido de proteína y que el examen citológico revela pleocitosis, cons- 
tituida principalmente por el aumento de los leucocitos polinucleares. 

Sólo en algunas publicaciones especiales sobre el líquido cefalorraquí- 
deo, como la de Rehm (1), la de Plaut, Rehm y Schottmuller (2), la de 
Rieux (3), etc., se anotan bastantes datos sobre la inconstancia de estos 
caracteres. Así se dice en ellos que la presión no está á veces aumentada; 
que el líquido es en algunos casos totalmente tansparente y puede apare- 
cer turbio en sucesivas punciones ó viceversa, y que el análisis citológi- 
co revela, por lo general, abundancia de leucocitos polinucleares y nin- 
guno ó pocos linfocitos; pero que hay casos en los que dominan los linfo- 
citos, y á su vez casos de meningitis tuberculosa en los que dominan los 
leucocitos polinucleares. Añaden á esto, además, que la linfocitosis se 
encuentra en la meningitis cerebro-espinal epidémica, en aquellos casos 
que han entrado en un período crónico. Esto es de cierto interés, según 
luego veremos. 

Rieux dice que hay dos fórmulas citológicas en el líquido cefalorra- 

(1) Die Zerebrospinalflüssigkeit. Histol. und. histopathol. Arbeiten de Nissl-Al- 
zheimer, tomo III, p&g. '201. 

(2) Leitfaden zur Untersnchuníf der ZerebrospinalflüssiKkeit. Fischer. Jena, 1913. 

(3) Itieux: Precis d'hematologie et de cytologie. París, 1911. 



96 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE BIOLOGÍA 



quídeo de la meningitis cerebro-espinal epidémica, á saber : la clásica y 
la aberrante. En la forma clásica se obtiene en las primeras veinticua- 
tro horas de enfermedad un líquido límpido, en el que predominan los 
linfocitos con algunas células grandes de tipo endotelial ó conjuntivo y 
faltan los microorganismos productores. A los dos ó tres días la fórmula 
citológica es la típica con polinucleosis y con presencia de diplococos de 
Weischelbaum, intra y extracelularmente. Si el proceso tiende hacia la 
muerte, esta fórmula no se modifica más que cuantitativamente. Si, por el 
contrario, tiende hacia la curación, desaparece la polinucleosis y sobre- 
viene la linfocitosis, que puede durar mucho tiempo. En la fórmula abe- 
rrante hay linfocitosis y ausencia de elementos microbianos, siendo la 
mayor parte de los casos mortales. 

Netter ha observado casos, cuyo principio databa de una semana y más, 
en los que el líquido era claro y al examen citológico presentaba linfoci- 
tosis. Según Dopter, el 2'75 por 100 de los casos presentan linfocitosis. 

Los casos de Netter tienen gran semejanza con los nuestros, como lue- 
go veremos. 

Salabert y Lones (1909) y Netter y Debré (1909), han descrito también 
casos con líquido límpido y falta de pleocitosis en éste, siendo el cuadro 
clínico típico, existiendo epidemia y pudiéndose demostrar el meningo- 
coco en la faringe nasal y obteniéndose la precipito- reacción de Vincent 
y Bellot y aglutinación positiva. Se explica el fenómeno poruña reacción 
meníngea atenuada, que no da lugar á diapedesis leucocítica ó linfocí- 
tica. 

Nos importaba llamar la atención sobre estos datos precedentes, pues 
en dos casos de meningitis cerebro-espinal epidémica, vistos por nosotros 
después de diez ó doce días de enfermedad, cuando ya se había produci- 
do una rigidez completa de la nuca, la falta de la reacción pupilar (sólo 
en un caso), la pérdida del conocimiento hacía más de veinticuatro horas, 
la pérdida de los reflejos tendinosos, la retención urinaria, es decir, sín- 
tomas graves de gran avance de la enfermedad, la punción lumbar dio 
en ambos casos un líquido bastante claro y al examen citológico abun; 
daban los linfocitos. 

Se ha dicho que los casos mortales de esta enfermedad no ofrecen ape 
ñas pus en el líquido cefalorraquídeo, y que, por el contrario, los casos 
con purulencia muy manifiesta son los que ofrecen mayores facilidade 
para la curación, fenómeno bien explicable, pues la polinucleosis no ei 
más que un indicio de la reacción intensa fagocitaria del organismo con 
tra el germen productor de la enfermedad y en los casos graves ó en lof 
que han entrado en una fase crónica, faltando esta reacción defensiva sól( 
se observa una linfocitosis, como sucede en otros procesos crónicos (pa 



SOBRE LA PRESENCIA DE CÉLULAS PSEÜDO-PLASMÁTICAS 97 

rálisis general, sífilis del sistema nervioso, mening^itis tuberculosa, etc.). 
Concuerda también este dato con el hecho demostrado por Hough y 
nosotros (1) en la poliomielitis, á saber, que durante los primeros días de 
la enfermedad (los dos ó tres días iniciales) se observa una polinucleo- 
sis intensa, la cual desaparece luego bruscamente al avanzar la enferme- 
dad, y es sustituida por una linfocitosis con algunas células plasmáticas 
y hasta alguna que otra célula cebada. 

Los dos casos vistos por nosotros presentaron el cuadro típico de la 
meningitis cerebro-espinal epidémica, y fueron confirmados por el exa- 
men microscópico del líquido cefalorraquídeo. Los dos mejoraron bastan- 
te después de la segunda inyección de suero meningocócico (Dopter el 
primero y Merck el segundo), pero esta mejoría duró poco, terminando 
por la muerte. Vemos, pues, que confirman la regla respecto á la limpi- 
dez de fluido y á la linfocitosis. Podemos, pues, de pasada, conceder á 
estos dos caracteres como signos pronósticos malos. 

Lo que principalmente nos interesaba tratar en esta comunicación era 
la presencia en el líquido cefalorraquídeo de las células plasmáticas que 
tan frecuentemente se observan en el líquido cefalorraquídeo, y que coin- 
ciden morfológicamente con las llamadas por Papadla (2) células pseudo- 
plasmáticas, las cuales él deriva de los grandes linfocitos. 

El método empleado por nosotros para el estudio citológico de estos dos 
casos ha sido el método de Alzheimer. Los cortes en celoidina del coágu- 
lo fueron coloreados por el azul de toluidina. 

Se caracterizan las susodichas células pseudo-plasmáticas por tener un 
núcleo grande con poca cromatina, la cual se agrupa en dos ó tres esfé- 
rulas nucleolares hacia el centro del núcleo, en vez de las seis ó siete 
adosadas á la membrana nuclear que presentan las plasmáticas propia- 
mente dichas. El protoplasma es pequeño, granuloso y bastante meta- 
cromático. Este, principalmente, y su tamaño, las diferencia de los lin- 
focitos pequeños y grandes. También el núcleo muestra ligeras diferen- 
cias tinctóreas, principalmente con el método de Unna-Pappenheim, se- 
gún ha descrito Papadla. 

(1) Hough y Lafora: Some findings in the cerebro-spinal fluid in 11 caaes of acute 
anterior poliomyelitis epidemic form. Folia Neurobiologica, vol. V, pág. 221. 

(2) Papadia: ho pseudoplasmacellule in aicune leucocitoai ed encefalite speri- 
mentali, con osservazioni sulla morfologia dalle plasmacellule. Rivista de pat. ner' 
vosa e mentale, fase. 11, pág. 670, 1910. 



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98 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE BIOLOGÍA 



Alteraciones especiales del conectivo en la glándula pineal humana 



J. D. SACRISTÁN 



En la epífisis humana, yforinando parte, del tejido conectivo, de la glán- 
dula, se hallan ciertas fibras de trayecto tortuoso, que forman rizos y re- 
vueltas caprichosas, descritas ya por Achúcarro y J. M. Sacristán (1) con 
el nombre de fibras ensortijadas y que se asemejan á veces á las fibras 
elásticas, aunque no se tiñen con los métodos electivos de dichas fibras. 

Utilizando el proceder del tanino y la plata amoniacal, así como el re- 
cientemente ideado por Walter (2), hemos encontrado entre estas fibras, 
que se destacan intensamente por ambos métodos, unas nuevas forma- 
ciones constituidas por anillos de diversos tamaños y no siempre regu- 
larmente uniformes. En algunos de ellos se advierte un aspecto granu- 
loso, ostentando otros una constitución como fibrilar y ofreciendo á ve- 
ces asitas laterales. Las torsiones y tracciones que estos anillos parecen 
experimentar, producen variaciones morfológicas curiosas, ocasionando 
figuras en forma de ocho de guarismo, triangulares, ovoideas, etc., pero 
abundando los anillos uniformemente modelados. De las epífisis exami- 
nadas, únicamente en las humanas adultas hemos podido observar clara- 
mente estas interesantes formaciones, pudiendo atribuírseles, por la es- 
pecial abundancia de los anillos en las pineales de viejos, un cierto ca- 
rácter regresivo. Anillos semejantes, aunque en escaso número, hemos 
encontrado en el estroma conectivo de un ganglioneuroma del cerebelo, 
y algo parecido muestran también ciertas alteraciones de la neuroglia, 
descritas por Achúcarro en la demencia senil, al lado del fenómeno de 
Alzheimer. 

La génesis de estos anillos no aparece claramente : es probable que al 
enroscamiento de las fibras conectivas, suceda un proceso semejante al 
de la autotomía nerviosa señalada por Cajal, quedando los anillos cpm- 
pletamente libres, tal como los vemos en nuestras preparaciones; en oca- 
siones, el notable grosor de algunos de ellos, cuya luz aparece muy re- 
ducida, hasta pudiera hacer sospechar la posibilidad de que los núcleos 

(1) N. Achúcarro y J. M. Sacristán: Investigaciones histológicas é histopatológi- 
cas sobre la glándula pineal humana. 2rab. del Lab. de Invest. biol,, tomo X, 1912. 

(2) F. K. Walter: Beitráge zur Histologie der menschlichen Zirbeldrüse. 
Zeitaehr. f. d. gea. Neur. u. Psych. Orig. XII. 



ALTERACIONES ESPECIALES DEL CONECTIVO 99 

de las células conectivas contribuyan á su producción, mediante un pro- 
ceso de vacuolización y perforación ulterior. 

En esta breve nota, queremos poner de manifiesto la semejanza que pa- 
rece existir entre estos anillos y los producidos en los fenómenos dege- 
nerativos y regenerativos de los nervios, si bien de naturaleza total- 
mente distinta, ya que el proceder del tanino y plata amoniacal nunca 
impregna las fibras nerviosas. 

Es interesante, pues, señalar, de un lado, que los tejidos conectivos, 
en sus alteraciones patológicas, pueden dar ocasión á la formación de 
anillos semejantes á los nerviosos y que, por tanto, es ésta una forma ge- 
neral de agregación de las unidades elementales, protomeras y neuro- 
bionas. 

Ya Cajal (1), en su discurso de inauguración de la Asociación Española 
para el Progreso de las Ciencias, insinúa ciertas semejanzas entre el cre- 
cimiento del conectivo y las fibras nerviosas, que aprovecha en el sentido 
de conceder una cierta autonomía á las unidades elementales en uno y 
otro caso. 

Al lado de este interés teórico tenemos otro de carácter práctico, al se- 
ñalar la presencia de los anillos conectivos de la pineal. Cierto, que algu- 
nas de las fórmulas del método de la plata reducida de Cajal, tienen una 
electividad casi absoluta para las fibras nerviosas ; pero esto no sucede 
con todos los métodos usados para el estudio de las mismas. Así, el pro- 
ceder de Bielschowsky y el de Walter, utilizados por nosotros, tifien á 
veces el conectivo intensamente, y puede la ignorancia de que existan 
anillos de naturaleza conectiva, dar origen á interpretaciones erróneas, 
atribuyendo á tales formaciones carácter nervioso y regenerativo quizás. 

(1) S. ít. Vajal: Los problemas de la biología celular. Discurso inaugural. Con- 
greso de Madrid, pág. 29-31. 



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SESIÓN DEL 22 DE MAYO DE 1914 



Sobre algunos detalles de la estructura del miocardio y^\);r^^VȒ~v**,<' 



POR /ÍT/^- ^*'* f'S^ 

UJlL 
L. CALANDRE \^\ ^^"^ '-'^ 






I 



(Con una lámina) . ^rli^*^- * ^'*^\S>/ 



Cuando para el estudio de la estructura del miocardio se hace uso del 
método de Achúcarro, empleando, como de ordinario, tanino caliente, 
obtiénense muy bellas preparaciones del tejido conectivo intersticial, que 
envuelve en una malla de finas hebras á cada fibra muscular. Tíñense 
también los núcleos y, con alguna frecuencia, las líneas de Krause. Pero 
si dejamos los cortes por veinticuatro horas en una solución saturada de 
tanino frío, el resultado que conseguimos entonces es muy diferente. De 
ordinario, aparecen bien teñidas las bandas obscuras ó birrefringentes 
de la estriación transversal, dejando ver en su centro la zona de Hensen. 
Tíñense, también, las piezas intercalares, y éstas, en verdad, bajo el as- 
pecto de bandas transversales anchas que atraviesan total ó parcialmen- 
te el espesor de la fibra muscular y limitada por dos bandas obscuras 
fuertemente teñidas. Todas estas cosas las hemos descrito y publicado ya 
en unión de nuestro maestro Achúcarro. Pero hoy queremos insistir so- 
bre otro detalle de estructura que nos revela este método con el tanino 
en frío. 

En torno del núcleo, que, como es sabido, ocupa una situación axial en 
la fibra miocárdica, existe una porción de protoplasma indifereuciado, 
exento de estriación y que se prolonga por encima y por debajo de los 
polos del núcleo, constituyendo una masa fusiforme. En esta porción de 
protoplasma indifereuciado el método de Achúcarro nos ha puesto de ma- 
nifiesto la existencia de un acumulo de granitos fuertemente teñidos por 
la plata (fig. 1). Son estos granos unos corpusculitos, generalmente re- 
dondos, sueltos ó en parejas, y de tamaño bastante diverso. Se encuen- 
tran, como hemos dicho, acumulados en la zona del protoplasma axial, - 
pero algunos pueden verse diseminados por otros puntos de la fibra, aun- 
que nunca alejados de la región del núcleo. 

Unas granulaciones análogas han encontrado E. Luna en el corazón de 

8 



102 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD ESPAÍTOLA DE BlOLOtíÍA 

algunos mamíferos, trabajando con el método de Golgi, y Sánchez con el 
proceder de Cajal al uranoformol en las fibras musculares de los inver- 
tebrados. Con el método del tanino y la plata amoniacal nosotros no he- 
mos hallado aquellas otras disposiciones filamentosas ni reticuladas que 
citan estos autores y que refieren al aparato endocelular de Golgi, Sobre 
la naturaleza de las granulaciones, que seguramente no representan pro- 
ducto de artificio, parece admitirse que se trate de formaciones mitocon- 
driales, y puede que así sea, ya que el método de Achúcarro, en manos 
de Tello y García Banus, ha revelado claramente las mitocondrias. 

Sin embargo, no puede rechazarse la posibilidad de que se trate sólo 
de simples inclusiones ó de productos de desintegración nutritiva. 

También hemos ideado aplicar al estudio de la estructura del mio- 
cardio el nuevo método del cloruro de oro de Cajal para la neuroglia, 
habiéndonos ayudado en ello eficazmente el estudiante Sr. Navarro. 
Las mejores impregnaciones las obtuvimos obrando de la siguiente ma- 
nera: Trozos de material reciente, se fijan en formol al 12 por 100; la per- 
manencia en el formol no debe pasar de seis á ocho días; cortes con mi- 
crotomo de congelación, los cuales se dejan en la fórmula de Cajal (clo- 
ruro de oro al 1 por 100, 10; bicloruro de mercurio al 5 por 100, 10; 
agua, 50) durante veinticuatro horas en la estufa de 32'^ á 35°; aquí 
toman un color violado; y, por último, se fijan con hiposulfito de sosa 
al 5 por 100. 

Las preparaciones obtenidas por este método (fig. 2) manifiestan de 
un modo bastante claro las líneas de Krause, así como también ciertas 
bandas longitudinales, verosímilmente las fibrillas preexistentes ó tabi- 
ques protoplásmicos. Pero, además, nos revela claramente las piezas in- 
tercalares ó Schaltstücke, bajo la forma de una banda transversal pálida, 
bordeada por dos bandas gruesas intensamente impregnadas. Esto con- 
firma poderosamente la imagen que de las Schaltstücke nos daba el mé- 
todo de Achúcarro, bien diferente de la descrita por muchos autores, Hei- 
denhain, por ejemplo. 

Creemos que tiene cierto interés disponer de un método de impregna- 
ción como el de Cajal, de manejo fácil y de resultados bastante constan- 
tes para el estudio de estas piezas intercalares, cuya función realmente 
aún no se ha determinado con precisión. 



-*®#- 



I 



FORMA Y TINCIÓN DEL VIRUS TUBERCULOSO 103 



Estudio experimental de los caracteres de forma y tinción del virus 

tuberculoso 



Doctor P. MAYORAL 
Con la colaboración de los Dres. R. Lobo y A. G. Camero. 



Vulgarmente, el germen productor de la tuberculosis es un bacilo des- 
cubierto por Koch, que se tiñe difícilmente con los colores de anilina, y 
que, después de teñido, resiste la acción decolorante de los ácidos dilui- 
dos y del alcohol, apareciendo como un bastoncito más ó menos largo y 
delgado, que unas veces presenta en su interior espacios claros, y otras 
aparece constituido por granos dispuestos linealmente. Este concepto tan 
limitado se tiene por muchos como dogma, y no consideran como perte- 
necientes á la especie productora de la tuberculosis á una bacteria, si no 
reúne los citados caracteres. 

El virus tuberculoso se presenta bajo formas muy diferentes en los 
productos patológicos y en los cultivos, y por lo tanto, debe desecharse 
el viejo dogma que considera al bacilo de Koch clásico, como única 
forma del agente causal de la tuberculosis ; pero la lectura de las publi- 
caciones de los investigadores que se han ocupado de esta cuestión, no 
permite formar concepto claro de los caracteres de forma y tinción que 
puede revestir el virus tuberculoso, pues no todos aceptan el mismo nú- 
mero y clase de formas, ni tener idea de la cocatenación de éstas, pues 
mientras para unos (Kleptzov) constituyen diversos estados de desarrollo, 
para otros son razas distintas de una misma especie, y para Ferrán es- 
pecies distintas. 

Nosotros, para tener claro concepto de los caracteres de forma y tin- 
ción del virus tuberculoso, cuestión que tiene gran transcendencia en la 
interpretación de su biología y la patogenia de la tuberculosis, decidimos 
estudiarla en el terreno experimental, único medio de conocimiento per- 
fecto en ciencias biológicas. 

Los resultados obtenidos é interpretación de los hechos observados, 
constituyen la presente Memoria. 

Nuestras investigaciones han consistido en observar el mayor número 
posible de preparaciones de productos patológicos diversos y de cultivos 
puros de bacilos de Koch, en distintos períodos de su desarrollo, tanto en 



104 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE BIOLOGÍA 

medio líquido como sólido, teñidas por los procedimientos fundamenta- 
les y por otros originales, que son modificación de aquéllos. 

Comenzaremos por exponer las técnicas de coloración empleadas, con 
objeto de que nuestros trabajos puedan ser fácil y rigurosamente com- 
probados. 

I. Coloración simple. — Llamamos así á la obtenida por la fuchina de 
Ziehl, diluida al décimo ó con el azul de metileno fenicado, actuando 
durante dos minutos sobre frotes fijados por el calor. Generalmente, des- 
pués de teñidas las preparaciones por los métodos de Ziehl y de Gram, 
teñimos el fondo con el azul de metileno fenicado y la fuchina de Ziehl 
diluida, respectivamente; de este modo abreviamos tiempo, pues una sola 
preparación nos demuestra lo que ocurre empleando la coloración simple 
y el Gram ó Ziehl. 

II. Coloración por el Gram. — Tinción, durante dos minutos, de las 
preparaciones fijadas por el calor, con el cristal violeta fenicado. Sin la- 
var, tratar la preparación con el líquido de Lugol; lavar, decolorar con 
el alcohol absoluto, hasta que deje de teñirse éste de color violeta; lavar 
y coloración simple con la fuchina de Ziehl diluida. 

III. Coloración por el Ziehl-Neelsen. — Teñir en caliente, hasta emisión 
de vapores, durante tres minutos, con la fuchina fenicada de Ziehl; 
lavar ligeramente para arrastrar el exceso de materia colorante deposi- 
tada sobre la preparación; tratar con el ácido nítrico diluido al tercio, 
hasta descoloración completa; lavar, decolorar con el alcohol absoluto 
hasta que deje de teñirse de rojo; lavar y coloración simple con el azul 
de metileno fenicado. 

IV. Coloración por el procedimiento de Much. — Con la denominación 
de procedimiento de Much, unos autores describen una técnica y otros 
otra, que nosotros designamos con las letras A y B; hemos empleado las 
dos y hemos obtenido iguales resultados. 

Much A. — Las preparaciones fijadas por el calor se dejan de veinti- 
cuatro á cuarenta y ocho horas en un baño que contiene 1 cent. cúb. de 
disolución alcohólica saturada, de violeta de metilo B por 10 de disolu- 
ción de ácido fénico en agua al 2 por 100; después se tratan durante 
doce minutos con el líquido de Gram ; lavar un minuto con ácido nítrico 
al 5 por 100 de agua ; diez minutos con ácido clorhídrico al 3 por 100 de 
agua; lavar, decolorar con alcohol y acetona á partes iguales, hasta que 
deje de teñirse en violeta el líquido decolorante; lavar y teñir con fuchi- 
na de Ziehl diluida, durante dos minutos. 

Much B. — Teñir, durante veinticuatro á cuarenta y ocho horas, con 
el mismo baño que el procedimiento anterior; tratar con el líquido de 
Gram, durante cinco minutos; lavar; decolorar con alcohol y acetona á 



FORMA Y TINCIÓN DEL VIRUS TUBER0ULO8O 105 

partes iguales, hasta que deje de teñirse el líquido de color violeta; 
lavar; teñir con fuchina de Ziehl diluida, durante dos minutos. Si la de- 
coloración con el alcohol y acetona no es completa, se puede tratar la 
preparación, durante algunos segundos, con ácido nítrico al 5 por 100 
de agua. 

V. Coloración por el procedimiento de Spengler. — Según su autor y 
otros que lo han empleado, tiñe mayor número de bacilos de Koch que el 
método de Ziehl, 

Las preparaciones fijadas por el calor se tiñen, durante tres minutos, 
con la fuchina de Ziehl, calentando hasta emisión de vapores; tratar la 
preparación, durante unos diez segundos, con una mezcla de volúme- 
nes iguales de alcohol de GO", y disolución acuosa saturada de ácido pí- 
crico; lavar tres veces con alcohol de 60*^; lavar; decolorar con ácido ní- 
trico al 15 por 100 de agua; lavar con alcohol de 60° hasta que deje de 
teñirse de rojo, y tratar de nuevo con la mezcla de alcohol y ácido pí- 
crico; lavar. 

VI. Coloración por combinación de los métodos Zielhl y Gram. — Hemos 
empleado las dos combinaciones posibles, de lo que resultan los procedi- 
mientos Ziehl-Gram y GramZiehl. 

El Ziehl-Gram consiste en teñir las preparaciones por el método de 
Ziehl, y en vez de dar como coloración de contraste el azul de metileno, 
se tiñe por el Gram, sin que éste se complete con la coloración de con- 
traste (fuchina de Ziehl diluida). En las preparaciones así teñidas, apa- 
recen con color rojo y violeta obscuro únicamente las bacterias ácido-re- 
sistentes y Gram positivas. 

El Gram-Ziehl consiste en teñir primero por el Gram y después por el 
Ziehl, sin dar coloraciones finales de contraste; de este modo sólo apare- 
cen teñidos en rojo y azul obscuro los elementos ácido-resistentes. 

VII. Procedimientos Ziehl-Neelsen A y B. — Estos, que por abreviar 
designaremos en adelante con la denominación Ziehl A y B, son origi- 
nales, pues aun cuando presentan respectivamente semejanza con los de 
Wehrli Knoll (1) y Kronenberger (2), los nuestros son más sencillos, no 
necesitan reactivos especiales y dan mejores resultados. 

Procedimiento Ziehl A. — Las preparaciones fijadas por el calor se tiñen 
con la fuchina fenicada de Ziehl durante tres minutos, calentándola hasta 
emisión de vapores; lavar ligeramente para arrastrar el exceso de color, 
y tratar con el líquido de Lugol durante cinco minutos; lavar; tratar con 
ácido nítrico diluido al cuarto hasta decoloración completa; lavar; de- 
colorar con alcohol absoluto ó alcohol y acetoma, á partes iguales, hasta 

(1) Beitrüge z. Klinik d. Tuberculoae, vol. XIV. 

02) ibid, 1910, vol. XVI. ^X r\\ C A /X 



1 ' ■ "■ ' 

o ■ 



106 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE BIOLOGÍA 



que deje de salir color rojo ; lavar, y coloración simple con azul de meti- 
leno fenicado. 

Aconsejamos la decoloración con la mezcla de alcohol absoluto y ace- 
tona á partes iguales, pues de este modo es más rápida y perfecta. 

Procedimiento Ziehl B. — Las preparaciones fijadas por el calor se tiñen 
en caliente con la fuchina de Ziehl, hasta la emisión de vapores durante 
ti-es minutos ; lavar para arrastrar el exceso de color ; tratar con el ácido 
nítrico diluido al tercio hasta decoloración completa; lavar; tratar con 
el líquido de Lugol durante cinco minutos ; lavar ; descolorar con alcohol 
absoluto, ó con la mezcla de alcohol-acetona á partes iguales (de prefe- 
rencia esta última) ; lavar y coloración simple con azul de metileno fe- 
nicado. 

VIII. Procedimiento de M'óller para la coloración de esporas, y modi- 
ficación de V. Gavina. — Las preparaciones fijadas por el calor se tratan 
con cloroformo durante dos minutos; lavar; tratar durante dos minutos 
con solución acuosa de ácido crómico al 5 por 100; lavar; teñir con la fu- 
china de Ziehl en caliente hasta emisión de vapores, durante dos minu- 
tos; decolorar durante cinco ó siete segundos con ácido sulfúrico diluido 
al 5 por 100; lavar; coloración simple con azul de metileno fenicado. 

La modificación de V. Gavina consiste en sustituir la decoloración por 
el ácido sulfúrico por los siguientes tiempos: decolorar con alcohol abso- 
luto hasta que deje de salir color rojo de la preparación ; lavar; decolorar 
durante un minuto con la disolución acuosa de sulfito sódico al 1 por 100. 

IX, Procedimiento Ziehl C y D. — Son muy semejantes al Ziehl A y B, 
pues sólo difieren en que la decoloración por el ácido nítrico se sustituye 
por la obtenida con el sulfito sódico al 1 por 100 de agua, actuando du- 
rante uno ó dos minutos. , 

Procedimiento Ziehl C. — Tefiir en caliente hasta emisión de vapores, 
y durante tres minutos, con la fuchina de Ziehl; lavar ligeramente para 
arrastrar el exceso de color ; tratar con el líquido de Lugol durante cinco 
minutos ; lavar ; decolorar con la mezcla de alcohol y acetona hasta que 
deje de salir color rojo; lavar; decolorar durante uno ó dos minutos con 
la disolución del sulfito sódico al 1 por 100 de agua; lavar; coloración 
simple con azul de metileno. 

Procedimiento Ziehl D. — Teñir en caliente hasta emisión de vapores, 
con fuchina de Ziehl, durante tres minutos; lavar ligeramente para arras- 
trar el exceso de color; decolorar con la mezcla de alcohol y acetona 
hasta que deje de salir color rojo ; tratar con el líquido de Lugol durante 
cinco minutos; lavar; decolorar, durante uno á dos minutos, con la di- 
solución de sulfito sódico al 1 por 100 ; lavar ; coloración simple con azul 
de metileno. 



FORMA Y TINCIÓN DEL VIRUS TUBERCULOSO 107 

X. Procedimiento Ziehl E. — Igual que el Ziehl C, pero sin tratar la 
preparación con el líquido de Lugol. 

Xí. Procedimiento Ziehl F. — Teñir con la fuchina de Ziehl, calentada 
hasta la emisión de vapores, durante tres minutos; lavar ligeramente 
para arrastrar el exceso de color; decolorar con el formol del comercio 
(al 40 por 100) hasta que no salga color rojo de la preparación ; lavar; co- 
loración simple con azul de metileno. 

XII. Giemsa rápido. — El líquido de Giemsa que se encuentra en el 
comercio se diluye en agua destilada en la proporción de una gota de 
Giemsa por cent. cúb. Las preparaciones, fijadas con alcohol-éter, se re- 
cubren con la dilución de Giemsa y se calientan á la llama hasta que co- 
mienzan á desprenderse vapores; se sustituye el líquido calentado por 
otro volumen igual de colorante y se repite la calefacción ; esta maniobra 
se repite otra vez y se lava y seca la preparación. 

XIII, Procedimiento de Neisser para la tinción de los corpúsculos de 
Bábés-Ernst del bacilo diftérico. — Las preparaciones, fijadas por el ca- 
lor, se tifien durante cinco minutos con la siguiente disolución : azul de 
metileno, O'l gramos; alcohol de 96°, 2 cent, cúb.; ácido acético glacial, 
5 cent, cúb., y agua destilada, c. s. para 100 cent. cúb. Después de teñir, 
se lava bien la preparación y se tifie cinco minutos con una disolución 
acuosa de vesuvina al 2 por 1.000. Lavar y secar. 



Sería tarea larga y pesada transcribir los cuadros que aparecen en 
nuestro cuaderno de Laboratorio indicando la clase de producto exami- 
nado y el resultado obtenido con cada procedimiento de coloración que 
hemos descrito ; creemos más útil resumir los datos recogidos , descri- 
biendo las formas de virus tuberculoso que hemos observado. 

1.^ forma. — Bacilos y cocobacilos no ácido-resistentes, que no toman 
el Gram, que se tiñen por coloración simple con el azul de metileno feni- 
cado y la fuchina de Ziehl diluida, que á veces presentan en sus extre- 
mos granulaciones metacromáticas. 

Esta forma se observa en cultivos jóvenes en suero gelatinizado, patata 
y caldo glicerinado, de modo que no deja lugar á ninguna duda por la 
pureza de los cultivos y por su semejanza con otras formas ácido-resis- 
tentes y Gram positivas que se observan en el mismo cultivo. 

Esta forma no la hemos observado en el pus de adenitis y osteo-artri- 
tis tuberculosas. En esputos que contienen bacilo de Koch se encuentra 
con mucha frecuencia: en el esputo de tuberculosos existen infinidad de 
bacterias que nada tienen de común con el virus tuberculoso, y pudiera 
creerse que alguna de éstas sería la que nosotros hemos visto ; tenemos 



108 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE BIOLOGÍA 

la seguridad de no haber cometido semejante error. Si observamos aten- 
tamente preparaciones de esputo tuberculoso teñidas con el Ziehl-Neel- 
sen, se verá, que en no pocos esputos están formando grupo con el bacilo 
de Koch legítimo otros de idéntica forma teñidos de azul. Además, en 
preparaciones teñidas con el Gram, hechas con esputos que contienen ba- 
cilo de Koch, se encuentran bacilos de forma idéntica al de Koch, que 
tiñe el Ziehl, que han tomado el Gram, formando grupo con otros de igual 
forma, pero Gram negativos, y bacilos Gram negativos que contienen 
granos teñidos por el Gram. 

Las precedentes observaciones, aunque muy interesantes, no bastarían 
para afirmar la existencia en los esputos de la primera forma que admi- 
timos del virus tuberculoso si no estuviera corroborado este hecho por la 
observación de cultivos puros del bacilo de Koch. 

En cultivos puros de bacilo de Koch, en tubérculos de pulmón de bó- 
vidos y de bazo de cobayas, hemos observado que algunas de estas for- 
mas que se tiñen por coloración simple con azul de metileno fenicado, 
presentan granulaciones de color negro ó rojo situadas en los extremos 
del bacilo teñido de azul, lo que no deja ninguna duda de su naturaleza 
metacromática. 

Hace algún tiempo, antes de que planeáramos el presente estudio, de 
la sangre de un tuberculoso avanzado, extraída por punción venosa, ais- 
lamos por siembra en caldo glicerinado un bacilo no ácido-resistente, con 
extremos ensanchados y granulaciones metacromáticas, que bien pudiera 
ser una de estas formas del virus tuberculoso, que podrían persistir y mul- 
tiplicarse sin adquirir la ácido resistencia. 

2.^ forma. — Bacilos cortos que se tiñen uniformemente con el Gram y 
el Ziehl, Los hemos observado en los cultivos y en esputos ; se encuentran 
en menor proporción que las formas primera y tercera, y en las prepara- 
ciones teñidas con el Ziehl A y C aparecen de color violeta claro. 

3.^ forma. — Bacilos esporulados, generalmente largos, que se tiñen 
por el Ziehl, en forma de cadena de granos ó de bacilos que contienen 
espacios claros ; contienen granulaciones que se diferencian del resto del 
bacilo, haciendo actuar el líquido de Lugol ó el ácido pícrico después de 
teñirlos con el Ziehl y antes de someterlos á la acción de los reactivos 
decolorantes. Esta es la forma que más abunda en los productos patoló- 
gicos y en los cultivos. 

En las preparaciones teñidas por el método de Much, estos bacilos apa- 
recen en forma de cadenas, constituidas por dos á seis granos perfecta- 
mente redondos, de color violeta muy obscuro, contenidos en una del- 
gada zona incolora que los envuelve al modo de las cápsulas que presen- 
tan algunas bacterias. 



FORMA y TINCIÓN DEL VIRUS TUBERCULOSO 109 

Empleando los procedimientos V, VI, VII y IX, los bacilos aparecen 
teñidos en rojo por la fuchina, conteniendo un número mayor ó menor de 
granos violeta idénticos á los que tiñen los procedimientos de Much A y B. 

Él procedimiento V, ó sea el de Spengler, tiñe menor número de granos 
violeta ó de Much que el VI, VII y IX; nuestros procedimientos Ziehl A 
y C tiñen igual número de granos violeta que el procedimiento de Much. 

Los resultados obtenidos por nosotros demuestran que las formas gra- 
nulares del virus tuberculoso que se tiñen por el procedimiento de Much 
no son distintas de las que se tiñen con el Ziehl, ya que en éstas se puede 
demostrar la presencia de los característicos granos descritos por Much, 
haciendo actuar el líquido de Lugol después del colorante de Ziehl. 

Hemos investigado cuidadosamente la presencia de formas de Much en 
gran número de productos tuberculosos (pus de osteo-artritis tuberculo- 
sas, tubérculos pulmonares de los bóvidos, pus de adenitis de la tubercu- 
losis experimental del cobaya), y en ningún caso hemos encontrado for- 
mas de Much, con exclusión de las bacilares que se Uñen por nuestros 
procedimientos Ziehl A y C. 

Hemos observado preparaciones de pus de osteo-artritis tuberculosas y 
esputos, en las que existen granes idénticos á los de Much, aislados, en 
las que los demás procedimientos no demostraron formas bacilares ó gra- 
nos en cadena ; pero esto no es suficiente para aceptar como demostradas 
las ideas de Much ; la presencia de granos aislados, idénticos á los del 
b. de Koch, no basta para afirmar que un producto patológico es tubercu- 
loso; se necesita, para hacer tal afirmación, que los granos aparezcan 
formando pequeñas cadenas, imposibles de confundir con estreptococos. 

Hay que tener presente, para juzgar la cuestión de la existencia de las 
formas descritas por Much, ó sea bacilos y granos que se tiñen por sus 
procedimientos y no por el Ziehl, que en preparaciones teñidas por los 
métodos de Gram y de Much, hechas con productos patológicos no tuber- 
culosos, se observan también unos granos idénticos, por su forma y co- 
lor, á los granos del b. tuberculoso. 

Creemos, pues, como nuestro compañero el Dr. F. Coca (1), que el mé- 
todo de Much no aventaja al de Ziehl en la investigación del virus tuber- 
culoso. Los granos violeta aislados que se ven en algunas preparaciones, 
se observan también en productos no tuberculosos ; para concederles va- 
lor diagnóstico, deben observarse reunidos en cadena, y, en este caso, 
los procedimientos Ziehl A y C tiñen los granos y el resto del bacilo. 

No negamos la posible existencia de una forma del virus tuberculoso, 
constituida por granos aislados, procedentes de la disgregación del ba- 

(1) Congreso de la Tuberculosis. Barcelona, 1910. 



lio BOLETÍN DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE BIOLOGÍA 

cilo de Koch, que no se tina por el Ziehl y sí por el Much. Creemos que 
los espacios claros que se observan en los bacilos teñidos por el Ziehl; 
que los corpúsculos rojos de las formas arrosariadas del b. de Koch, y 
los granos violetas que se tiñen con el Much, Ziehl-Gram y nuestras mo- 
dificaciones del Ziehl, corresponden á formas de resistencia del b. de 
Koch, esporas que pueden reproducir el bacilo cuando, por destrucción 
de aquél, quedan esparcidas en los productos patológicos y los medios 
exteriores. 

Afirmamos la existencia de esporas del b. de Koch, fundándonos en la 
semejanza que presenta el b. de Koch y la bacteridia carbuncosa, espe- 
cie seguramente esporulada. Si teñimos con el Much elementos proceden- 
tes de un cultivo de veinticuatro horas en agar, del bacilo del carbunco, 
veremos que el bacilo carbuncoso presenta el mismo aspecto cromático 
que el b. de Koch; las esporas aparecen en forma de granos más ó menos 
grandes, de color violeta, en el interior del bacilo teñido de rojo. 

4.^ forma. — Filamentos ramificados, con los extremos ensanchados en 
forma de maza. 

Esta forma la hemos observado en las colonias desarrolladas en la su- 
perficie del suero gelatinizado y en esputos de tuberculosos. En los espu- 
tos pudiera confundirse con los granos de actinomices; pero nos parece 
fácil diferenciar éstos de las formas actinomicósicas del b. de Koch, por 
el menor tamaño de éstas y por resistir al Gram sus zonas ensanchadas 
ó mazas. 

* * 

Si teñimos por los procedimientos de Giemsa y Neisser (números XII 
y XIII de esta Memoria) preparaciones de cultivos puros del b. de Koch, 
veremos, en las teñidas por el Giemsa, que la casi totalidad de los baci- 
los están teñidos en azul pálido, y muchos contienen unos granos rojos, 
semejantes por su forma y disposición á los corpúsculos que se tiñen por 
el procedimiento de Much, y á los metacromáticos que se observan en 
las preparaciones teñidas con el azul de metileno. 

En las preparaciones teñidas por el método de Neisser, el b. de Koch 
presenta un aspecto idéntico al b. diftérico. 

Creemos que los bacilos que presentan estos corpúsculos, rojos con el 
Giemsa y morenos con el Neisser, corresponden á la tercera de las for- 
mas que menos hemos observado en la especie b. de Koch. 

El virus tuberculoso se presenta por lo menos bajo cuatro formas, en 
los productos patológicos y en los cultivos ; esta variabilidad de formas 
y el estudio de ellas demuestra que no es una bacteria que debe incluirse 
en el género Bacülus, como lo hacen la mayor parte de los tratadistas 
clásicos, sino en el género Cladothrix de Macé, Streptothrix de Cohn, 



FORMA Y TINCIÓN DEL VIRUS TUBERCULOSO 111 



Actinomyces de Gasperini, Oospora, Mycobacterium de Lehman y Neu- 
man, que ocupan un lugar intermedio entre los hypomycetos ó mucedi- 
neas, y los schziomycetos ó bacterias. 

Las especies del género Cladothrix de Macé, entre los que debe incluirse 
el llamado b. de Koch, están constituidos por «elementos filamentosos, 
rectos ó sinuosos, sin vaina, que producen ramificaciones laterales, dis- 
puestas irregularmente; en ciertas condiciones, los filamentos se seg- 
mentan en cortos bastones, ó en artículos esféricos ú ovoides, que proba- 
blemente deben considerarse como artrosporas». 

Los Cladothrix patógenos tienen todos una acción semejante sobre los 
organismos superiores: determinan la formación de tubérculos, de idén- 
tica estructura y marcha clínica que los producidos por el b. de Koch. 

Creemos, pues, plenamente justificada, y muy conveniente en el te- 
rreno práctico, la conducta de los autores que han sustituido la denomi- 
nación Bacülus de Koch por la del Mycobacterium tuberculosis, Strepto- 
thrix de Koch, etc. Nosotros, siguiendo la clasificación de Macé, creemos 
que el virus de la tuberculosis debiera denominarse Cladothrix de Koch. 

Este cambio de nombre del agente causal de la tuberculosis, del virus 
tuberculoso, tiene transcendencia práctica, pues entonces ya no nos pa- 
recerá cosa extraña como ahora ocurre por estar habituados á conside- 
rarle como bacilo, hablar de las múltiples formas que puede revestir y 
de la existencia de esporas tuberculosas, menos resistentes á la acción 
del calor que las de las especies del género Bacillus. 

¿Cuál es la relación de dependencia recíproca, de las distintas formas 
del virus tuberculoso ó cladothrix de Koch? Esta es una cuestión en la 
que sólo pueden aventurarse hipótesis, pues no hay datos de observación 
suficientes para juzgarla. Siguiendo á Ferrán, diremos que la primera 
forma descrita correspondería á la primera fase de desarrollo del germen 
que, pasando por la segunda, llegaría á la tercera, en que se alcanza la 
reproducción por esporas; la cuarta forma, que se presenta en condicio- 
nes especiales, correspondería á un estado más perfecto de desarrollo del 
germen, que no siempre puede alcanzar por las condiciones del medio. 

La primera de las formas admitidas podría multiplicarse por división 
directa, sin necesidad de seguir cada individuo las tres fases de desarro- 
llo hasta alcanzar la esporulación, y asi se explicaría la posibilidad de 
obtener razas no ácido-resistentes del germen, que se conservan en esta 
forma durante muchas generaciones. 

De nuestros estudios de tinción del virus tuberculoso se deduce que el 
clásico b. de Koch no es tan difícil de atacar por los reactivos colorantes 
ordinarios, como generalmente se supone; que la tan renombrada cera 
que lo recubre y defiende, lo mismo de los colorantes que de los anti- 



112 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE BIOLOGÍA 

cuerpos que los organismos forman contra él, no tiene, en realidad, una 
acción tan eficaz como muchos suponen. Nos permitimos creer que, con 
la misma facilidad con que los colorantes sencillos (Giemsa y Neisser) lo 
penetran tiñendo electivamente partes distintas de él, lo atacarán los an- 
ticuerpos ; y si hoy no tenemos un suero ó una vacuna que curen siempre 
la tuberculosis, ello no es debido á condiciones dependientes de la acre- 
ditada coraza cérea del bacilo, 

* * 

El haber observado cientos de preparaciones de cultivos y productos 
tuberculosos de todas clases, teñidas comparativamente por las técnicas 
descritas, nos permite hacer algunas consideraciones acerca de cuál sea 
el mejor procedimiento de tinción para descubrir la presencia del virus 
tuberculoso en los productos patológicos. 

Al comienzo de nuestros estudios adoptamos como elemento de juicio 
teñir por cada uno de los procedimientos descritos preparaciones exten- 
didas exactamente igual con el mismo producto y después obteníamos el 
número medio de gérmenes observados por cada campo del microscopio. 

Por este procedimiento resultó que el Spengler, Ziehl A y Ziehl C eran 
los métodos que permitían observar mayor número de bacilos por campo; 
pero nos convencimos que este medio de juzgar la cuestión es muy falaz, 
pues los bacilos de Koch no se reparten por igual en los productos pato- 
lógicos ; preparaciones teñidas por el mismo procedimiento, y hechas en 
condiciones al parecer idénticas, con la misma porción de producto mor- 
boso, daban un número de bacilos muy distinto. 

Últimamente, examinábamos las preparaciones hechas con cultivos ho- 
mogéneos y veíamos cuáles son los procedimientos que permiten tener 
mayor número de formas características: más bacilos, ácido y alcohol- 
resistentes; de este modo hemos observado que los procedimientos 
Ziehl A, C y F tifien mayor número de bacilos en rojo que los de Ziehl- 
Nielsen, Spengler y Ziehl B, D y E, y los Ziehl A y C, y tantos granos 
violeta reunidos en cadena como el método de Much. 

En un esputo procedente de un individuo sospechoso de tuberculosis, 
en el que el Ziehl nos demostró la existencia de unos bacilos azules que 
contenían granos rojos, con los procedimientos Ziehl A, C y F se tiñe- 
ron de modo que nos permitió asegurar que se trataba del b. de Koch, 
cosa que se comprobó por inoculación al cobayo. 

Los procedimientos Ziehl A y C tienen sobre el F la ventaja de que 
tiñen los granos de Much. Así, pues, para descubrir la presencia del vi- 
rus tuberculoso en los productos patológicos creemos que nuestros proce- 
dimientos Ziehl A y C son los más convenientes. 

(Laboratorio Municipal de Madrid). 



SANGRÍA DEL CONEJO EN LA CARÓTIDA 113 



Sangría del conejo en la carótida. — Un detalle técnico. 



P. MAYORAL 



La obtención de sangre del conejo es práctica muy frecuente en los la- 
boratorios para preparar sueros inmunes, aglutinantes, precipitantes, 
hemolísicos, etc., y para obtener plasma normal destinado á los cultivos 
celulares in vitro. Creo que- en todos los casos el procedimiento más per- 
fecto, el que permite obtener mayor cantidad de sangre y el más econó- 
mico, aunque se sacrifica al animal, es la sangría en la carótida. 

De los distintos procedimientos de sangría en la carótida del conejo 
que he visto y he ensayado, ninguno supera en precisión y sencillez al 
siguiente, que empleo hace tiempo. 

El conejo se sujeta con ligaduras en una bandeja de zinc con los bor- 
des perforados, que permiten pasar y anudar los hilos que atan las pa- 
tas. La cabeza se fija con una pinza de Kocher, introduciendo profunda- 
mente una de sus ramas en la boca y pinzando entre ella y la otra que 
queda por fuera la pared lateral de la boca; el ayudante se encarga de 
sostener y tirar de la pinza, de modo que el cuello quede extendido y 
fijo. 

Se forma un pliegue con la piel de la parte anterior del cuello en di- 
rección perpendicular al eje de éste y se incinde con la tijera, agrandan- 
do después la incisión con el mismo instrumento para que se extienda 
desde el esternón á la parte media del maxilar inferior. Se disecan los 
dos colgajos de piel para que quede bien descubierta la región anterior 
del cuello en que ha de operarse, y se fijan con dos pinzas de Pean que, 
por su peso, actúan de separadores. 

Sobre la laringe se levanta con la pinza de disecar un pliegue de la 
aponeurosis superficial y se practica en ella un ojal por el que se intro- 
duce la sonda acanalada para incindir la aponeurosis sin herir las grue- 
sas venas de la región, que quedan á ambos lados de la incisión. Des- 
pués se repite la maniobra para incindir la aponeurosis media ; entonces, 
deslizando la punta de la sonda acanalada de abajo arriba, y á un lado 
de la laringe y tráquea, de preferencia el izquierdo, y separando los mús- 
culos hacia afuera, se descubre la carótida acompañada del pneumogás- 
trico, reconociéndose la arteria fácilmente por su aspecto y latido. 

Se diseca la arteria de modo que quede perfectamente aislada en un 



114 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE BIOLOGÍA 

trayecto de 3 á 4 centímetros, teniendo cuidado de no romper la arteria 
tiroidea que sale de la carótida, algo por debajo de la parte inferior de la 
laringe, hacia la que se dirige siguiendo un trayecto de abajo arriba y 
de fuera adentro. 

Se pinza la carótida en la parte alta con una pinza de Pean y con otra 
colocada debajo del punto de origen de la tiroidea; una tercera pinza su- 
jeta dicha arteria colateral, cerca de su origen, y se secciona la carótida 
con las tijeras inmediatamente por debajo de la pinza colocada en la 
parte alta, y la tiroidea entre la pinza que la sujeta y la laringe. La pin- 
za colocada sobre la arteria tiroidea sirve para llevar el extremo central 
de la carótida á la boca del recipiente en que ha de recogerse la sangre ; 
aflojando la pinza que cerraba el paso á la sangre, sale ésta á chorro y se 
recoge sin que se pierda una sola gota. 

Si hay que llenar varios recipientes, se pinza otra vez el extremo cen- 
tral de la arteria, suspendiendo con ello la salida de la sangre; con la 
pinza guía colocada sobre la tiroidea se introduce el extremo de la ca- 
rótida en el nuevo recipiente y se da paso á la sangre. 

Procediendo como hemos dicho, se llega á descubrir la carótida sin que 
el campo operatorio se llene de sangre, y se puede recoger asépticamen- 
te toda la que contiene el animal con sólo un ayudante y con un instru- 
mental que se reduce á una bandeja, una pinza de Kocher, cinco pinzas 
de Pean, sonda acanalada, bisturí, tijeras y pinzas de disecar. 

(Laboratorio de Higiene de la Facultad de Medicina de Madrid). 



-^®#- 



Sobre el hemocromógeno ácido 



A. LECHA -MARZO 



No estudiamos en esta nota los métodos para la obtención de los cris- 
tales de hemocromógeno y sales de hematina fundados en el tratamiento 
de la sangre por reductores y halógenos. Hemos dedicado á esta cuestión 
una serie de notas y dos comunicaciones al Congreso de las Ciencias de 
Granada. Todos los autores que hemos estudiado el hemocromógeno y 
sus cristales, hemos hecho uso de substancias básicas y alcalinas, como 
la piridina, la hidrazina, la sosa, el sulfuro de amonio, etc. El hemocro- 
mógeno se forma, por lo tanto, en un medio alcalino. 



SOBRE EL HEMOCROMÓGENO ÁCIDO 115 

Fuera del campo de la medicina legal, R. v, Zeynek y F. Pregl obtie- 
nen el hemocromógeno con la solución de hidrato de hidrazina al 
50 por 100, haciéndola actuar sobre la hematina alcalina. 

Ziegler emplea un reactivo compuesto de 10 gramos de sosa en lOO de 
agua, 5 cent. cúb. de solución de sulfato de hidrazina y 100 cent. cúb. de 
alcohol de 96°, que actúa sobre la hematina en solución álcali-alcohólica. 

Y así multiplicaríamos los ejemplos. Dilling piensa que, según las dis- 
tintas bases escogidas, se obtienen hemocromógenos de propiedades algo 
diferentes. 

Debo decir solamente que los cristales de hemocromógeno obtenidos 
por estos métodos son inestables. Cuando en 1907 (en El Progreso Médi- 
co) anuncié que era posible obtener cristales fijos con la piridina y otro 
cuerpo, que no tenía como éste propiedades básicas, el ácido pirogálico, 
nuestras afirmaciones no fueron escuchadas, especialmente* en nuestra 
discusión con Püppe y Kürbitz (de Kónigsberg) y con la Dra. Eugenia 
Tymtschouk (de Yaroslaw, Rusia). Sólo Ascarelli las recogió en su Com- 
pendio di Medicina Légale. 

Los cristales de hemocromógeno pueden formarse en medio ácido. 
Basta desecar en un portaobjetos una gota de sangre, agregar una gota 
de piridina y otra de ácido pirogálico (algunos cristales disueltos en agua 
destilada) y someter al preparado á un ligero calentamiento. De esta 
manera se obtienen formas cristalinas más voluminosas que las obtenidas 
por los métodos ordinarios y resisten el lavado con la piridina y el xilol. 

He demostrado también que se puede obtener el hemocromógeno por 
la acción de la piridina, del ácido pirogálico y del ácido acético. 

Con Welsch hemos defendido estos resultados en una comunicación 
presentada á la Sociedad de Medicina Legal de Bélgica, sesión del 29 de 
Enero de 1912. Corin dijo entonces que se podía hablar de un hemocro- 
mógeno ácido. 

L. Lattes confirma plenamente mis resultados en una comunicación á 
la Academia de Medicina de Turín (Preparazione del piridin-emocromo- 
geno in mezzo acido). 

La cuestión ha interesado también á Ziemke, una de nuestras más 
prestigiosas autoridades. Ha escrito el capítulo de manchas del nuevo 
Tratado del profesor Lochte, y atribuye equivocadamente á Lattes el 
nuevo método. 

Finalmente, nosotros nos permitimos recomendar á los estudiosos esta 
materia del hemocromógeno ácido. Debe haber diferencias químicas y 
tal vez espectroscópicas también. Se deberá también estudiar la cristali- 
zación del hemocromógeno ácido con la sangre de diversas especies ani- 
males. 



116 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE BIOLOGÍA 



Contribución al estudio de la reacción de Salomón y Salx 



P. VARILLAS Y S. PASCUAL 



Salomón y Salx, estudiando el metabolismo de las albúminas en el 
cáncer, encontraron con mucha frecuencia, en la orina de estos enfer- 
mos, un aumento del ácido oxiprotéico. Mientras que normalmente el 
nitrógeno correspondiente á este ácido representaría el 1'4 á 1'8 por 100 
del nitrógeno total, en 80 por 100 de los enfermos cancerosos se encon- 
traría en proporción de 2, 3 á 5 por 100, sin que el grado de caquexia 
tenga ninguna influencia en este aumento, pues frecuentemente se ob- 
servaría al principio de la enfermedad, cuando el examen clínico no 
permitiese hacer el diagnóstico. 

Fuera del cáncer, se observaría aumento de este ácido en el embarazo 
frecuentemente y más rara vez en enfermos de hígado, no presentándose 
el fenómeno en otras enfermedades. Los autores dan al hecho un cierto 
valor diagnóstico en caso positivo, excluyendo, naturalmente, la existen- 
cia del embarazo. 

K. Kondo y Philosoff confirmaron estas ideas; pero, según ellos, la 
reacción de este ácido no sería aplicable á la clínica por ser de una téc- 
nica relativamente difícil. 

El ácido oxiprotéico es una substancia aislada por primera vez en la 
orina por Bondzynski y Gottlieb, y así llamada porque recuerda á las al- 
búminas por su composición, pero contiene más oxígeno. Posee propie- 
dades de albumosas y polipéptidos; da la digestión por la tripsina y por 
hidrólisis han visto Abderhalden y Pregl que se desdobla en amino- 
ácidos (alamina, leucina, fenilalanina y principalmente glicocola). 

Se ha pensado que este ácido sea la substancia madre de la glicocola 
de la orina, que según Embden y Reese se encuentra normalmente en 
pequeña cantidad. 

La substancia encierra azufre en su molécula, y M, Weiss ha supuesto 
que una gran parte del azufre oxidable de la orina ó azufre neutral de 
Salkowski proviene de este ácido. Por este motivo, y siguiendo estas 
ideas, han estudiado Salomón y Salx como reacción, que tendría un va- 
lor análogo á la del ácido oxiprotéico, el comportamiento del azufre neu- 
tral de la orina y particularmente de su parte fácilmente oxidable. Sea 



ESTUDIO DE LA REACCIÓN DE SALOMÓN Y 8ALX 117 

éste dependiente ó no del ácido oxiprotético, el hecho es que estos auto- 
res encuentran esta fracción aumentada con mucha frecuencia en el 
cáncer. 

Después de una serie de tentativas, establecen una reacción cualita- 
tiva, cuya técnica detallada (la que hemos empleado) describiremos 
luego. 

Su fundamento consiste en separar el azufre oxidado, previa precipi- 
tación por el cloruro de bario, y del azufre neutral que queda, oxidar la 
parte fácilmente oxidable por medio del perhidrol, precipitándole luego 
el estado de sulfato de bario. 

La magnitud de este segundo precipitado indicará si la reacción debe 
considerarse como positiva, negativa ó dudosa. Con este método, los au- 
tores examinan 223 casos con el siguiente resultado : 

41 cánceres: reacción positiva, 30; reacción negativa, 6; reacción dé- 
bilmente positiva, 4; reacción dudosa, 1. 

122 casos de afecciones distintas: reacción positiva, 7; reacción nega- 
tiva, 172; reacción débil, 3; reacción dudosa, 1. 

La reacción sería, por otro lado, independiente: 1.** Del empleo de la 
orina de las veinticuatro horas ó de una parte sola. 2° Del peso especí- 
fico. 3.° De la alimentación; y á° Del grado de caquexia y de desarrollo 
del tumor. 

La reacción ha sido practicada por distintos autores con el resultado 
siguiente : 

Petersen, en 19 cánceres: reacción positiva en 17 (89 por 100); en 27 
no cancerosos, -+- en 3 y — en 24 (88'8 por 100 de negativas). 

M. Kaldeck, en 5 cánceres: 4 -f-, y en 37, no cancerosos, 8 positivas 

Pribram: reacción positiva en un 60 por 100 de cancerosos, y en 40 
no cancerosos, 14 reacciones positivas. 

Mazzitelli: en 18 cánceres, reacción positiva en 14 (77 por 100); dudo 
sa, en 1; negativa, en 3, pero ésta fué igualmente positiva en una pro 
porción bastante grande de enfermedades distintas. 

Tanfani la estudia en 26 casos de enfermedades mentales con altera- 
ción profunda del recambio nutritivo, con 4 resultados positivos. 

Marenduzzo, en 15 cánceres, reacción positiva en 11, negativa en 4 é 
incierta en 1. 

Como últimamente Salomón y Salx insisten sobre el valor de la reac- 
ción, la hemos practicado en 49 enfermos. 

Nos hemos servido del material de las salas de los Sres. Madinaveitia, 
Duran, y de los enfermos del Instituto Rubio. 

Por tanto, los casos de cáncer han tenido comprobación operatoria ó 
necrópsica, casi todos. De los cuatro cánceres de estómago que nos die- 

9 



118 



BOLETÍN DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE BIOLOGÍA 



ron reacción negativa, en uno de ellos se demostró en la autopsia que no 
era cáncer, y dos no han tenido comprobación ; el otro era positivamente 
cáncer. 



NATURALEZA DE LA AFECCIÓN 



Cáncer de estómago 

Cáncer de hígado (2 con autopsia) 

Ulcera de estómago 

Tumoración intestinal (?) 

Fibroma de útero (operación) 

Epitelioma de cuello (operación) 

Papiloma de vejiga 

Cáncer de vejiga 

Tumefacción hipogástrica que parece' corresponder 
á neoplasma; la operación demostró se trataba 
de un quiste en comunicación con vejiga. . . 

Tumor de vejiga (?) 

Epitelioma de labio 

Linfo-sarcoma de testículo (operación) 

Tuberculosis renal 

Hematuria renal (cáncer?) 

Cirrosis atrófica 

Enfermedad de Addison 



Número 
de caeos. 


R. + 


R.- 


11 


6 


4 


4 


4 




5 


1 


4 


1 






6 


2 


4 


2 


1 


1 


3 




3 


2 


1 


1 


1 




1 


1 




1 


1 




1 


1 




1 


4 




4 


2 




2 


2 




2 


1 




1 



Dudoso. 



La técnica es la siguiente: 100 cent. cúb. de orina se filtran, se deter- 
mina el peso específico y se hace la prueba del ácido ferrociánico para 
ver si tiene albúmina-, en caso positivo se separa ésta por cocción y tra- 
tamiento con ácido acético diluido y filtración. 

Se acidula con 10 cent. cúb. de ácido clorhídrico, de peso especifi- 
co 1'12, y se lleva á cocer. En cuanto empieza la ebullición se añaden 
200 cent. cúb. de agua hirviendo, y en seguida, de una solución de clo- 
ruro de bario al 10 por 100, si el peso especifico de la orina es inferior 
á 10'20, 10 cent, cúb., y si es superior, 15. 

El cloruro de bario se echa gota á gota, sirviéndose de una pipeta. Se 
tiene el vaso en que se ha hecho la precipitación unas horas al baño de 
maría, cubierto con un vidrio de reloj hasta que se pose bien el precipi- 
tado, y se deja estar veinticuatro horas á la temperatura del laboratorio. 
Transcurrido este tiempo, se filtra con mucho cuidado, empleando un 
filtro que no deje pasar el sulfato de bario, las veces necesarias, hasta 
que el filtrado sea claro. El precipitado que queda al fondo del vaso no 
se debe echar sobre el filtro. Se recoge el líquido filtrado en un matraz 



COLORACIÓN DEL ESPIROQÜETE DE LA SÍFILIS 119 



de Erlenmeyer de unos 500 cent. cúb. de capacidad, se añaden 3 centí- 
metros cúbicos de perhidrol de Merck y se cuece durante un cuarto de ho- 
ra; se lleva entonces el líquido á una copa cónica y se deja estar veinticua- 
tro horas. Si se forma un precipitado considerable, se da la reacción como 
positiva. Un precipitado pequeño puede presentarse en casos de reac- 
ción negativa. La diferencia debe ser bien clara. Nosotros hemos consi- 
derado como positivos solamente aquellos casos en que el precipitado era 
suficiente para llenar el casquete esférico del fondo de la copa cónica. 

Aunque sin dar un gran valor á la reacción como medio seguro de diag- 
nóstico del cáncer, creemos que se presenta con una relativa frecuencia 
en estos enfermos, para que merezca alguna consideración. 

BIBLIOGRAFÍA 

Salomón y Salx: Beitráge zur Karzinomforschung, 1911; Wiener Klinische Wochens- 

chrift, 1911; Deutsche Medizinitche Wochenschrift, 1912. 
Koldek: Wiener Klinische Wochenschrift, 1911. 
Kondo: Beitráge zur Karzinomforschung, 1910. 
Pribram: Wiener Klinische Wochenschrift^ 1911. 
Weis: Biochemische Zeitschrifl, 1910. 
Mazzittelli: Riforma Medica, 1912. 
Conpani: Citado por Marenduzzo. 
Marenduzzo: Riforma Medica, 1913. 

(Trabajo del Laboratorio de Quimiea biológica). 



Nota sobre un nuevo método para la coloración del espíroquete 

de la sífilis 



P. DEL RIO Y HORTEGA 



De los numerosos métodos propuestos para la demostración del pará- 
sito de la sífilis, solamente el ultramicroscopio permite efectuar rápida y 
seguramente el diagnóstico microscópico de esta enfermedad. Pero el 
ultramicroscopio falta á menudo en los pequeños laboratorios, y en todo 
caso se precisa colorear el treponema, no sólo para el estudio de sus 
caracteres, sino también para conservar las preparaciones. Necesítase, 
por tanto, un buen procedimiento de coloración. 



120 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE BIOLOGÍA 

La tinta china (método de Burri), que da imágenes negativas mny 
características, análogas á las ultramicroscópicas, no es de resultados 
muy seguros. 

El método de Giemsa y sus numerosos derivados, tifien con bastante 
constancia los espiroquetes ; pero los caracteres especiales de éstos, su 
extraordinaria finura, sus numerosas inflexiones, sus extremos afilados, 
son difícilmente apreciables á causa de su tenue coloración que, por otra 
parte, dura muy poco tiempo. 

El método de Fontana, consistente en tratar los frotis por una solución 
de ácido tánico en caliente y después por una solución de nitrato de 
plata con el amoníaco preciso para redisolver el precipitado, resulta muy 
semejante en el fondo al que vamos á indicar, pero completamente dis- 
tinto por su forma y por sus resultados. Tiene los inconvenientes de ser 
muy inseguro y relativamente lento, de dar abundantes precipitados 
que ocultan los espiroquetes y de teñirlo sin ninguna finura y escaso 
contraste con el fondo, cambiando su forma y borrando sus vueltas 
de espira. 

En verdad, ninguno de los procedimientos ordinariamente empleados 
es completo y esta es la razón de que indiquemos uno nuevo, rápido de 
ejecución, fácil de técnica, seguro en los resultados, que permite obser- 
var fácilmente los espiroquetes con todos sus caracteres y que da prepa- 
raciones inalterables. 

Es una sencilla aplicación del método de Achúcarro (1). 

Este hermoso método de coloración de la neuroglia y el tejido conjun- 
tivo y de tantos finos detalles de estructura celular, logra un nuevo 
triunfo con esta nueva aplicación. 

Desde luego no es posible seguir su técnica exactamente, puesto que el 
formol es inaplicable como fijador, porque desprende la película de los 
frotis, y además, los lavados en agua, después de la acción del tanino y 
de la plata, quitan energía ó impiden la coloración. 

En el «Institut für Infektionskrankheiten Robert Koch», donde el doc- 
tor Arnheim trabaja constantemente sobre cultivos de espiroquetes y 
sífilis experimental, hemos utilizado cultivos de treponemas y productos 
de conejos sifilíticos, procediendo de la siguiente manera: 

1.° Fijar durante diez minutos en alcohol absoluto. 

2.** Depositar sobre el frotis unas gotas de la solución saturada de 
tanino y calentar hasta la emisión de vapores abundantes. 

3.^ Escurrir el tanino, aún caliente, y hacer resbalar por el porta- 



(1) Nuevo método para el estudio de la neuroglia y el tejido conectivo. Boletín 
DK LA Sociedad española de Biología, Octubre 1911. 



COLORACIÓN DEL E8PIR0QÜETE DE LA SÍFILIS 121 

objetos, por dos ó tres veces, unas gotas de la solución argéntico - 
amoniacal : 

Solución de nitrato de plata al 10 por 100. . 5 cent. cúb. 

— de sosa cáustica al 40 por 100 .... V gotas. 
Amoníaco c. s. para disolver el precipitado. 

Agua destilada c. s. para completar 75 cent. cúb. 

4.'^ Tratar durante un minuto por la solución de formol al 20 por 100. 

5.° Lavar en la fuente para arrastrar precipitados. 

Si la coloración del frotis es amarillo-pálida, lo que acontece á menu- 
do, debe repetirse la impregnación siguiendo el mismo orden : tanino, 
plata, formol. 

Después de esta segunda impregnación los espiroquetes aparecen siem- 
pre teñidos. 

6.° Tratar por alcohol absoluto y mt)ntar en bálsamo del Canadá. 

Con este procedimiento se obtiene la coloración del treponema en ne- 
gro intenso ó en pardo más ó menos obscuro, contrastando notablemente 
del fondo amarillo-rojo. Los caracteres morfológicos de aquél, sus vuel- 
tas de espira y sus inflexiones, resultan evidentes. 

Conviene que advirtamos: I.*', que es de todo punto indispensable 
cubrir con laminilla el preparado, porque el aceite de cedro tiene la pro- 
piedad de decolorar en poco tiempo los objetos teñidos por la plata; 
2.", que en el caso de que existan precipitados abundantes ó sobrecolora- 
ción y la lectura del preparado resulte difícil, podemos decolorarle me- 
diante la solución de Gram, lavar después en alcohol para eliminar 
el yodo y volver á colorear. 

La coloración del espiroquete en los tejidos es un problema aún no 
resuelto, puesto que el método clásico de Levaditi, tras de exigir larga 
técnica, es de resultados muy inseguros. Tenemos esperanzas de que el 
método de Achúcarro lo resuelva y hemos comenzado á emplearlo, pero 
todavía no podemos decir sus resultados. 

(Del Instituto Koch, para enfermedades infecciosa$, de Berlín). 



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L. Calandre: Sobre algunos detalles de la estructura del miocardio. 



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Fig. 1. — Fibra cardíaca. Granitos paranucleares. Método de Achúcarro. 




Fig. 2. — Fibra cardíaca. Bandas intercalares reveladas por el método de Cajal 

para la neuroglia. 



SESIÓN DEL 30 DE OCTUBRE DE 1914 



I LU LIBRA 



Conexiones entre el tejido conjuntivo y las células del carcinoma 

POR 

P. DEL RÍO HORTEGA 



Es creencia unánime de los anatomo-patólogos que las células cancero- 
sas se hallan siempre unidas entre sí tan sólo por un cemento blando, ó 
como dice Cajal, por su viscosidad y lo ajustado de sus contactos. Nadie 
admite que el tejido conectivo alveolar pueda penetrar entre ellas y en- 
volverlas en un estroma fibroso. 

Describen, sin embargo, en algunos carcinomas la existencia de fibri- 
llas de elacina, que á veces cruzan, como á través de un estuche, por los 
nidos cancerosos , detalle que se observa principalmente en ciertos cán- 
ceres de la mama, particularmente ricos en dichas fibrillas. 

En las preparaciones que presentamos pueden apreciarse más íntimas 
conexiones entre las células epiteliales y el tejido conjuntivo. Trátase de 
un carcinoma mamario, compuesto de grandes células polimorfas agru- 
padas en íntimo contacto, conforme lo demuestran los métodos ordina- 
rios de coloración citológica, los cuales, de igual manera que los especia- 
les para el tejido conectivo, no revelan la existencia de fibrilla alguna 
intercelular. 

El método de Achúcarro, que de tan admirable modo tiñe las fibras 
conectivas, y sobre todo, los tenues hilos de reticulina, invisibles con 
otras coloraciones, revela en nuestros preparados la existencia de un es- 
troma ó retículo conectivo intercelular notablemente complicado. De los 
fascículos que siguen á los capilares ó que recorren los espacios linfáti- 
cos, surgen tenues fibrillas curvilíneas ó tortuosas que penetran entre los 
resquicios celulares entrelazadas y anastomosadas unas con otras y 
forman en torno de muchas células curiosos cestillos. Cuando se observan 
en cortes de través ciertos espacios linfáticos pequeños, distínguense 
imágenes estrelladas muy interesantes, como la que representamos en la 
figura 1. 

Las figuras 2 y 3 reproducen algunos tipos de cestillos pericelulares y 

10 



124 BOLETÍN DE LA SOClífiDAD E8PA1&0LA DE BIOLOGÍA 

la figura 3, B una fibra ramificada y de extremos abultados á manera de 
botones de crecimiento, algo semejantes á los descriptos por Achúcarro 
en las fibras penetrantes de los epiteliomas pavimentosos. 

La existencia de semejante trama intercelular acredita la fiojedad del 
cemento unitivo de las células del carcinoma, á la que se atribuye por 
todos su tendencia metastásica; pero al mismo tiempo hace pensar que 
en algunos casos tales mallas de reticulina deben mantener á las células 
íntimamente unidas y dificultar su separación. 

Solamente hemos estudiado dos tumores, ambos formados por células 
en íntimo contacto, dispuestas en cordones rodeados de haces conjunti- 
vos. Se precisa, pues, continuar el estudio para determinar la constancia 
de las redes conectivas en relación con las distintas variedades de cán- 
cer. La variabilidad de los resultados obtenidos dificulta en parte dicho 
estudio, que nosotros hemos de proseguir con el método de Achúcarro, 
utilizando como fijador el de Bouin, del que nos hemos servido también 
para el estudio de los tumores, de que hemos hablado. 

(1 raba jo del Laboratorio del profesor Letulle en el Hospital Boucicaut, de París). 



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Sobre la existencia de epitelio-fibrillas en las células cancerosas 



P. DEL RIO HORTEGA 



Es clásica y universalmente admitida la idea de que entre el epitelio- 
ma pavimentoso y el carcinoma existe como fundamental diferencia la 
textura especial de sus células respectivas. En el epitelioma ó tumor es- 
pino-celular, aquéllas, reproduciendo los caracteres de las del cuerpo 
mucoso de Malpigio y á veces exagerándolos, exhiben un protoplasma 
surcado de tenues fibrillas entrecruzadas, las cuales, pasando de unos 
elementos á otros, los anastomosan. En el carcinoma, por el contrario, 
las células, reproducción más ó menos típica del epitelio glandular, há- 
llanse en absoluto desprovistas de armazón fibrilar, y ni presentan puen- 
tes comunicantes, ni se unen de otro modo que por recíprocos contactos. 

Ninguno de los métodos generalmente usados para el estudio de estos 
tumores permite discernir en las células del carcinoma un substratum 
filamentoso más ó menos complejo que modifique aquella idea y logre es- 



P. DEL Río Hortkga: Conexiones entre el tejido conjuntivo y las células 
del carcinoma. 




Figura 1. 





Figura 2. 



P. DEL Río HoRTEGA : Conexiones entre el tejido conjuntivo y las células 

del carcinoma. 





Fiffura 3. 



Epitelio-fibrillas en las células cancerosas 125 



tablecer claramente el parentesco del epitelioma y el carcinoma y fijar 
el sello propio de la estirpe ectodérmica. 

Estudiando nosotros dos carcinomas de la mama de tipo muy semejan- 
te, hemos tenido la suerte de demostrar en las células epiteliales un sis- 
tema de fibrillas cuyo carácter más saliente es el notable parecido que 
ofrecen con las neuroflbrillas. 

De los numerosos procedimientos de coloración empleados, solamente 
tiñen las epitelio fibrillas el de'Achúcarro y el de Weigert para la fibrina, 
si bien los más brillantes preparados se logran con el primero. Las piezas 
fueron fijadas durante tres días en el líquido de Bouin, lavadas en agua 
corriente veinticuatro horas y cortadas por congelación y á la parafina. 

En nuestras preparaciones con el método de Achúcarro, aparecen las 
fibrillas epitélicas teñidas en negro ó pardo, perfectamente dibujadas, 
surcando el protoplasma y envolviendo el núcleo en una interesante red. 
Son, generalmente, largas y onduladas, á veces casi rectilíneas y en al- 
gún caso notablemente flexuosas •, de espesor variable, percíbense fibras 
bastante gruesas y otras finísimas, pero todas ellas siguen el mismo tra- 
yecto y se comportan de igual modo, distinguiéndose tan sólo en perifé- 
ricas, que recorren la célula en toda su longitud sin tocar al núcleo y 
centrales, que llegan hasta cerca del núcleo y forman á su alrededor un 
retículo más ó menos apretado, resultante del entrecruzamiento de unas 
y otras fibrillas. 

Ofrecen estas redes perinucleares muy diversos aspectos, y unas veces 
están formadas por fibras gruesas numerosísimas, que se amoldan ínti- 
mamente á la superficie nuclear, cubriéndola de un retículo más ó menos 
apretado, y otras por fibrillas muy tenues, pero bien coloreadas, que se 
continúan por largos hilos protoplásmicos. En muchas células, donde tan 
sólo aparece teñido el cestillo perinuclear, muéstrase éste extraordina- 
riamente simple, constituido por dos ó tres anillos ó asas, que se atan al 
núcleo, y en otras parece existir una sola fibrilla arrollada sobre la su- 
perficie nuclear. No todos los núcleos exhiben la citada red; en muchos 
falta, como las fibrillas mismas faltan en muchísimas células, lo que 
puede ser debido á deficiencias de coloración, que siempre ocurren en las 
impregnaciones argénticas. 

Por lo general, las fibrillas epitélicas son independientes y únicamente 
en algún caso parecen anastomosarse y formar una red verdadera, lo que 
acontece principalmente en ciertas células en degeneración vacuolar. 

Es digno de notar el hecho indudable de que existen fibras que pasan 
de unas células á otras, estableciendo entre ellas una suerte de tenues 
anastomosis, en modo alguno comparables por su número ni por su dis- 
posición á las de las células malpigianas. Con el método de Achúcarro se 



126 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE BIOLOGÍA 

distinguen claramente á veces dichas fibrillas intercelulares, pero el mé- 
todo de Weigert pone mejor en evidencia su carácter. 

La disposición de las epitelio-fibrillas está sujeta á múltiples variacio- 
nes, dependientes más acaso de la atipla celular y otras de sus altera- 
ciones. 

En los elementos alargados ó fusiformes, siguen aquéllas la dirección 
del eje mayor de la célula y convergen en los dos extremos, sobre todo 
en uno de ellos, en el que se reúnen en espeso manojo rectilíneo ó fle- 
xuoso. Las células redondeadas ó poliédricas, muestran muy escasas 
fibrillas, cuya orientación es diversa; pero es en ellas notable la riqueza 
de la red perinuclear, que muchas veces es lo único que aparece teñido. 
En las células con prolongaciones, las fibrillas forman haces al nivel de 
aquéllas y se expanden cerca del núcleo, entrecruzándose alrededor de 
él. Por último, en las células gigantes y polinucleares su aspecto es muy 
vario, viéndose en unos casos toda la célula surcada de fibrillas, y en 
otros solamente un manojo que se dirige hacia uno de los núcleos y le 
envuelve. En algunas células quísticas existe asimismo una fina red al- 
rededor del quiste. 

Las células degeneradas conservan sus fibrillas protoplásmicas, pero 
obsérvase en ellas cierto apelotonamiento irregular que persiste después 
de la desaparición del núcleo. 

No hemos encontrado en la literatura mención alguna de las epitelio- 
fibrillas de las células cancerosas y juzgamos de algún interés su cono- 
cimiento, no sólo desde el punto de vista de la textura del cáncer, sino 
también de la de los epitelios en general, ya que es verosímil que el sis- 
tema mitoplásmico que hemos descripto reproduzca exagerado el de cier- 
tos epitelios glandulares todavía desconocidos, del mismo modo que en 
el epitelioma se exageran los caracteres de las células malpigianas. Real- 
mente tan sólo en éstas ha sido bien estudiado el armazón fibrilar, pero las 
fibrillas que se integran ofrecen analogías morfológicas escasas con las 
descriptas en el cáncer-, sin embargo, el método de Achúcarro y el de 
Weigert las colorean del mismo modo y esto parece indicar analogías 
químicas muy dignas de ser tenidas en cuenta. 

Heidenhain, además de haber estudiado perfectamente las fibrillas de 
los epitelios estratificados, ha descripto en los prismáticos ciertos hilillos 
que desde el borde libre de la célula se dirigen oblicuamente hacia un 
lado del núcleo, disposición, como se ve, opuesta á la que acabamos de 
describir en las células cancerosas, en las que aquéllos se expanden al 
nivel del núcleo y se reúnen en los extremos. 

Mathews ha señalado también en las células pancreáticas de algunos 
anfibios la existencia de tenues fibrillas que en cierto modo se parecen á 



EPITELIO-FIBRILLAS EN LAS CÉLULAS CANCEROSAS 127 

las del cáncer; pero solamente encontramos figuras y descripciones que 
concuerdan casi enteramente con las nuestras en el notable estudio de 
Tello sobre la hipófisis humana. En las células del lóbulo epitelial de la 
hipófisis encontró Tello, empleando el método de Achúcarro, una red 
intraprotoplásmica formada por fibras gruesas ó primarias y finas ó se- 
cundarias, las cuales, dividiéndose y anastomosándose, formaban dos 
suertes de retículos : perisomático y perinuclear. En la disposición de 
estos retículos halla Tello variantes relacionadas con la morfología de la 
célula, lo que nos induce á pensar que no todas las que nosotros hemos 
observado dependen de la atipla celular. 

La identidad entre las fibrillas del epitelio hipofisario y el epitelio can- 
ceroso, parece indudable ya que no sólo la poseen morfológica, sino 
también química, como lo demuestra sus afinidades tintóreas. 

Algo, sin embargo, difiere entre unas y otras, puesto que según Tello 
las fibras secundarias derivan de las primarias y en nuestros preparados 
existe independencia completa entre las fibras gruesas y las finas. Asi- 
mismo las anastomosis flbrillares indudables en las células hipofisarias 
no pueden rotundamente afirmarse en las del cáncer, excepto en elemen- 
tos notoriamente degenerados. Tampoco hemos logrado ver la red peri- 
somática descripta por Tello, estando en cambio la red perinuclear nota- 
blemente desarrollada. 

Por lo demás, dejando á un lado estas pequeñas diferencias, las obser- 
vaciones de Tello y las nuestras se complementan y controlan reciproca- 
mente y permiten afirmar la existencia de una organización del proto- 
plasma de las células epiteliales casi insospechada, haciendo pensar que 
tal vez estas fibrillas existan en todos los epitelios como carácter de fa- 
milia y más lejos aún, que la fibrilación del protoplasma sea propia de 
los elementos ectodérmicos. 

Si lográsemos ponerla en evidencia en todos los epitelios, á cuyo fin 
se han de encaminar ulteriores investigaciones, tendríamos la serie com- 
pleta, ya que los otros tejidos ectodérmicos (nervioso y muscular) poseen 
el mismo carácter. 

Es notabilísimo el parecido de las fibrillas epiteliales y las neurofibri- 
llas. Tello hizo ya notar esta semejanza, sobre la cual insistiremos bre- 
vemente. «Es verdaderamente chocante — dice Tello — la analogía que 
existe entre estas células (las hipofisarias) y las nerviosas». En efecto; 
recorriendo nuestras preparaciones, hallamos también numerosos ele- 
mentos que podrían confundirse con ciertas células nerviosas bipolares 
ó multipolares. Obsérvase la mayor semejanza con las neurofibrillas de 
elementos embrionarios ó de animales inferiores; muchas redes peri- 
nucleares son casi idénticas á las descriptas por Sánchez en los hirudíneos 



128 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE BIOLOGÍA 



y á los estados hirudiformes estudiados por Cajal, Achúcarro, Tello y 
otros en casos de regresión celular patológica. 

Es curioso reconocer en las células cancerosas disposiciones reticulares 
análogas á las encontradas en diversos estados de degeneración neuro- 
nal de la demencia precoz y de otras enferniedades por Alzheimer, Pe- 
rusini, Achúcarro, etc. ; pero teniendo en cuenta el origen epitelial de las 
células nerviosas, no debe extrañarnos tal semejanza. 

Réstanos decir algo conjeturando la naturaleza de las epitelio-fibrillas. 
Desde luego, su existencia y su carácter intraprotoplásmico y perinu- 
clear son indudables; no se trata de apariencias debidas á semicolora- 
ciones del finísimo retículo conectivo intercelular que nosotros hemos 
descripto; no se trata de formaciones semejantes al aparato de Golgi, con 
el que no presentan el más pequeño punto de contacto. Tan sólo hemos 
visto formas del aparato de Golgi, semejantes á las epitelio-fibrillas más 
gruesas, en algunas células del asta de Ammon de un perro atacado de 
moquillo. Pero en el cáncer mismo hemos estudiado aquel aparato y sus 
caracteres no pueden ser más diversos. 

Los filamentos de Herxheimer, que forman parte del condrioma de las 
células epiteliales y que han sido estudiados en casos de epitelioma por 
Favre y Regaud, recuerdan mucho á las fibrillas que hemos descripto; 
pero en vez de interpretar á éstas como una especie de largos condrio- 
contos, estimamos, por el contrario, muy verosímil que estos hilos mito- 
condriales constituyan parte del retículo protoplásmico. Por otra parte, 
que sepamos, no han sido estudiados en el cáncer los filamentos de 
Herxheimer. Tello, en el referido estudio sobre la hipófisis, se inclina á 
suponer en las fibrillas una naturaleza idéntica á los filamentos de ergas- 
toplasma de las células secretoras y á las mitocondrias. Por hoy no puede 
eliminarse completamente tal hipótesis; pero desde el momento que nin- 
guno de los métodos de coloración de aquellas formaciones sirve para 
colorear las epitelio-fibrillas y que cuando las mitocondrias se tiñen con 
el Achúcarro no aparecen tales filamentos, como lo prueban las abserva- 
ciones de Tello y las nuestras, se puede pensar que mitocondrias y 
epitelio-fibrillas no tienen relación alguna. 

Hoy por hoy no podemos sentar ninguna conclusión y nos limitamos á 
señalar los hechos observados. 

(Trabajo del Laboratorio del 'profesor Letulle en el Hospital Boucicaut, de París). 



INGERTO NERVIOSO CON NERVIOS CONSERVADOS «IN VITRO » 129 



Algunas experiencias de ingerto nervioso con nervios conservados 

c(in vitro» 



J. FRANCISCO TELLO 



En los diversos ingertos de un pedazo de nervio en otro, verificados 
por Forssmann, Lugaro, Marinesco, Mott y Halliburton, Dustin y Eossi, 
con ánimo de comprobar la existencia de las substancias neurotrópicas 
han sido utilizados siempre nervios recién extraídos del mismo animal, de 
animales semejantes y de distinta especie, con ó sin sección previa para 
provocar la formación de las substancias neurotrópicas antes de verificar 
el ingerto. Marinesco demostró la influencia que la vitalidad de las célu- 
las de Schwann tiene sobre la neurotización del segmento ingertado, y 
Cajal confirmó y amplió estas observaciones, ingertando nervios muertos 
por el calor, por magullamiento ó por distintos agentes químicos, cloro- 
formo, formol, hidrato de doral, etc., siendo la escasa vitalidad de los 
ingertos, que solamente se nutren por imbibición de los plasmas circu- 
lantes, una de las causas de las diferencias observadas entre la neuroti- 
zación del cabo periférico de un nervio simplemente seccionado y la de 
los ingertos. 

Nuestras experiencias de ingertos de nervios en la corteza cerebral, 
nos hicieron ver con gran claridad el influjo ejercido por la vitalidad del 
trozo de nervio ingertado en la atracción de fibras; si el trozo de ciático 
transplantado se conservaba á simple vista turgente y sonrosado y al 
microscopio mostraba la estructura de un cabo periférico después de la 
simple sección, los fenómenos de atracción de fibras de la substancia 
blanca alcanzaban su máxima intensidad; pero si el nervio estaba re- 
blandecido y amarillo y como formado de series de grandes células 
gránulo-grasientas, las fibras que llegaban al nervio atraídas por el te- 
jido cicatricial no sentían la más mínima tendencia á penetrar en el 
nervio. 

Por otra parte, hemos tratado, en compañía de La Rosa, de confirmar y 
ampliar las observaciones de Nageotte y Cajal sobre la supervivencia de 
los nervios in tjííro, colocando trozos de ciáticodeconejo en solución sali- 
na al 9 por 1.000, y en los líquidos de Ringer y de Locke dentro de tubos 
de cultivo esterilizados y en la estufa á 37**. De estas experiencias nos he- 



130 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE BIOLOGÍA 

mes de ocupar más detenidamente, bastándonos por ahora indicar que 
hemos comprobado la acción conservadora del cloruro de sodio y la ne- 
cesidad de una sal de un metal bivalente para que se verifique una dege- 
neración del axon, semejante á la que ocurre en el cabo periférico de un 
nervio seccionado in vivo, pudiéndose provocar la degeneración del axon 
en nervios conservados en cloruro de sodio con sólo trasladarlos á líqui- 
dos con cloruro de calcio, hechos señalados por Nageotte. 

Dada la extraordinaria semejanza existente entre la degeneración del 
axon en los cabos periféricos de los nervios seccionados in vivo y en los 
conservados in vitro en presencia del cloruro de calcio, se imponen los 
fenómenos observados en estos últimos como manifestaciones de la vita- 
lidad de las células de Schwann, si nos atenemos exclusivamente á un 
criterio morfológico ; pero si se tiene en cuenta la gran analogía de las 
imágenes histológicas entre la degeneración celular in vivo y los fenó- 
menos autolíticos post-mortales señalada por Waldvogel, Hess y Saxl, 
Launoy, Cruickshank, analogía que continúa en la influencia de la tem- 
peratura sobre los fenómenos autolíticos, habremos de ser más cautos en 
la interpretación del fenómeno. Además, la rapidez de los fenómenos de- 
generativos observados in vitro por Nageotte, coincide con la de los fe- 
nómenos autolíticos, y la acción de las sales de metales bivalentes seña- 
lada por este sabio concuerda con la aceleración de los procesos autolíti- 
cos por las sales de calcio y bario, indicada por Launoy y BrüU. 

Para disipar las dudas que nos asaltaron en el comienzo de nuestras 
experiencias de conservación de nervios en la estufa á 37°, en la inter- 
pretación de los fenómenos observados, creímos por las razones dichas 
que no era suficiente el criterio morfológico ; pensamos que si los inger- 
tos de nervios no se neurotizan en cuanto el trozo ingertado posee escasa 
vitalidad y, según Cajal, cuando están muertos hasta después de ser sus- 
tituidos por el tejido conectivo no pasan fibras nerviosas por el sitio que 
ocupó el ingerto, ingertando los nervios conservados en la estufa, encon- 
traríamos datos seguros sobre la vitalidad de tales nervios. 

Con este objeto realizamos una docena de ingertos de nervios conser- 
vados en la estufa en solución salina y en los líquidos de Ringer y Locke 
desde dos días á un mes. Para ello seccionábamos el ciático de un conejo 
y extirpábamos un trozo aproximadamente de las dimensiones del que 
íbamos á ingertar; en seguida se colocaba el ingerto sin ningún punto 
de sutura, procurando de este modo que no sufriera mucho en su vitali- 
dad, y se cosían al plano muscular y á la piel. Sacrificado el animal por 
el cloroformo, á los quince ó treinta días estudiábamos el ingerto por 
medio del método del nitrato de plata. 

Esta primera serie de ingertos fracasó completamente: en dos, por la 



INGERTO NERVIOSO CON NERVIOS CONSERVADOS « IN VITRO » 131 

supuración, nos lo pudimos explicar con facilidad; pero en los demás, la 
explicación no era tan sencilla. Nos encontrábamos los ingertos muy se- 
parados del cabo central, apelotonados, amarillentos, blandos y, al 
microscopio, parecían constituidos por células grasicntas, sin que las 
fibras nerviosas que discurrían por la cicatriz tuvieran la más mínima 
tendencia á penetrar en ellos. Al mismo tiempo^ el organismo del hués- 
ped se defendía de ellos como de un cuerpo extraño ó muerto por la in- 
vasión leucocitaria primero y conectiva después. 

Parecía, pues, que á pesar de haber conservado los nervios destinados 
á los ingertos en perfecta asepsia, dentro de la estufa morían, ó su vita- 
lidad era tan escasa, que virtualmente podían ser considerados como 
muertos, debiendo atribuirse los fenómenos observados in vitro ó des- 
pués del ingerto á la autolisis. Quedábanos siempre la duda de que, á 
pesar de nuestras presunciones, las condiciones en que habíamos coloca- 
do los ingertos de la pata de conejo fueran las más favorables para su 
vida; la falta de sujeción en que quedaba el nervio ingertado hacía, sin 
duda, que durante los movimientos del animal fuera comprimido, cam- 
biado de lugar y apelotonado, y estas acciones mecánicas eran suficien- 
tes para acabar con la vitalidad de un nervio que no tiene vasos en que 
la nutrición ha de verificarse por imbibición de los plasmas que le redean, 
después de haber pasado muchos días en el termostato. ' 

A modo de contraprueba cambiamos las condiciones del experimento 
sujetando el ingerto al cabo central, cabo á cabo, por medio de un punto 
con seda en la parte más alta del muslo, y procuramos que quedara bien 
extendido á todo lo largo del muslo en lugar del cabo periférico del ner- 
vio seccionado que había sido extirpado hasta la corva. Hasta ahora de 
esta manera hemos procedido dos veces, con resultado altamente satis- 
factorio, que vamos á describir con detenimiento. 

1,° Ingerto de ciático que habla estado veintiún días en solución salina 
en estufa á 37°, examinado á los diecisiete días de verificado el ingerto, — 
En la autopsia percíbese la perfecta unión del cabo central y el ingerto; 
éste se halla ñexionado en su comienzo y adherido á una masa muscular 
que extraemos con él; de modo que en el trozo que sometemos á la im- 
pregnación argéntica se encuentra una porción del cabo central, la cica- 
triz, el ingerto y masas musculares conservadas de intento, no sólo por 
su adherencia, sino para poder investigar en lo posible el destino de las 
fibras que se esparcen desde la cicatriz (fig. 1). Merced á la sujeción en 
corchos, durante la fijación, como hace Cajal, conseguimos que no haya 
dislocaciones de la pieza, que embarazarían mucho, posteriormente, en 
la interpretación de los resultados. Los cortes han sido recogidos en se- 
ries, pues la flexión inicial del ingerto antes indicada y las pequeñas dis- 



132 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE BIOLOGÍA 

locaciones de sus diversos liaces producidas por el paso de la seda, impe- 
dían obtener una imagen de conjunto en un solo corte, aun procurando 
que éstos fueran lo más gruesos posible. 

Distinguiendo con Marinesco la cicatrización, ó sea la unión conectiva 
de los dos nervios, de la neurotización ó penetración de fibras nerviosas 
en el ingerto, podemos afirmar que la cicatrización es perfecta en el in- 
gerto que estamos examinando. Entre el cabo central del ciático y el in- 
gerto háse formado un tejido conectivo joven de células fusiformes y es- 
trelladas con grandes espacios plasmáticos, surcado por numerosos vasos 
nuevos, sin que las células muestren tendencia á una orientación deter- 
minada. En la periferia de la cicatriz el conectivo se hace cada vez más 
rico en haces colágenos y modélase en membranas de varias capas, que 
se continúan con las que envuelven el nervio y el ingerto. 

La porción central de la cicatriz se une con el nervio ciático, sin que 
sea posible decir dónde termina el uno y comienza la otra, y una cosa 
análoga sucede cqn relación al ingerto: en torno de la seda forma una 
compacta membrana con multitud de elementos pequeños y redondos. 
En los puntos comprimidos por la ligadura las células fusiformes y los 
haces colágenos tienen una orientación marcada, como si estuvieran for- 
mando un haz comprimido, en su centro, por la seda. 

El ingerto ha experimentado interesantes modificaciones en su estruc- 
tura. Cuando hicimos la transplantación conservamos un pedacito del 
nervio, que había estado veintiún días en el termostato, y examinado 
después de impregnación por el método de Cajal, previa fijación en piri- 
dina, vimos que, salvo en algún tubo y en la parte próxima al sitio de 
la primitiva sección, en que el cilindro del eje estaba fragmentado y 
habían comenzado á formarse cavidades digestivas, la casi totalidad del 
nervio conservaba su estructura, como si acabara de ser extraído de la 
pata del animal. A los diecisiete días de permanencia en el nuevo 
huésped el aspecto es completamente distinto. Como hemos indicado an- 
tes, el ingerto hállase doblado, de modo que, á partir de su unión con el 
ciático, sigue una dirección completamente transversal, perpendicular á 
la del ciático normal, y después de un Jargo trecho retrocede por el mis- 
mo camino, hasta ponerse de nuevo enfrente del ciático, descendiendo 
desde este momento como si se tratara del cabo periférico (fig. 2); pues 
bien, el aspecto del ingerto no es igual en todas sus porciones, debiendo 
distinguirse la parte que corresponde á la flexión de los trozos rectos. 
En éstos la estructura corresponde á la de un cabo periférico de una sec- 
ción simple de nervio de la misma fecha, es decir, quince ó veinte días; 
se han formado las bandas de Büngner con numerosas cavidades diges- 
tivas, donde se ven todavía algunos restos del axon con fagocitos carga- 



INGERTO NERVIOSO CON NERVIOS CONSERVADOS « IN VITRO » 133 

dos de grasa, generalmente varios en la misma cavidad, y lo mismo 
ocurre en las regiones centrales que en las periféricas. Al nivel del reco- 
do sólo los tubos de una delgada capa periférica son como acabamos de 
decir; á medida que van estando más profundos, la evolución ha progre- 
sado menos, encontrándose en el centro numerosos haces de cilindros- 
ejes intensamente impregnados, sin la menor señal de fragmentación y 
con las vainas de Schwann completamente normales al parecer; su as- 
pecto corresponde en todo al de las fibras conservadas. Entre los haces 
de fibras conservadas se ven aglomeraciones de fagocitos, sin inclusio- 
nes de grasa en su interior. En la iniciación del ingerto, es decir, en el 
punto en que se continúa con la cicatriz, no se ven claramente las ban- 
das, apareciendo constituido por numerosos fagocitos con gruesas inclu- 
siones grasicntas, con tabiques conectivos intercalados y numerosos va- 
sos, que penetran desde la cicatriz y marchan después á lo largo del 
nervio. 

Finalmente, en el cabo central las modificaciones observadas no difie- 
ren en nada de las que se producen en la simple sección. El neurilema 
se continúa con _la periferia de la cicatriz y el perineuro y endoneuro 
con la porción central, sin que se sorprendan límites claros entre el co- 
nectivo correspondiente á la cicatriz y al nervio, y como vimos en los 
ingertos en la corteza cerebral, parécenos que también en la formación 
de esta cicatriz juega un papel importante el conectivo intertubario. 

Neurotización. — El crecimiento de las fibras nerviosas del cabo cen- 
tral del ciático ha seguido la misma marcha que en los casos de simple 
sección, y su aspecto en estas preparaciones corresponde perfectamente 
á los diecisiete días transcurridos desde la sección. Apercíbese clara- 
mente la zona que ha experimentado la degeneración traumática por la 
formación de cámaras digestivas, con algunos restos de axones; pero 
todos los estuches hállanse materialmente rellenos de fibras nuevas, re- 
sultantes de la neoformación colateral, que, si bien de ordinario mar- 
chan directamente hacia la cicatriz, también con frecuencia exhiben tra- 
yectos helicoidales y engendran los conocidos ovillos. Sorpréndense 
también fibras retrógradas y mazas detenidas. 

Tan pronto como llegan á la cicatriz, cada paquete de fibras, corres- 
pondiente á un estuche, continúa su marcha, envuelto en una vaina co- 
nectiva común, pero pierden el relativo paralelismo que en el nervio te- 
nían, siguiendo variadas direcciones, aunque conservando en líneas ge- 
nerales la tendencia á marchar hacia el ingerto. A medida que van pro- 
fundizando en la cicatriz se van disociando las fibras de cada haz, y en 
las proximidades del ingerto las fuertes corrientes de fibras que, sortean- 
do los obstáculos creados por el punto de sutura tratan de llegar á él, 



134 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE BIOLOGÍA 



muestran sus fibras, independientes por completo. En la periferia mu- 
chas fibras se extravían en los tejidos próximos, conectivo y muscular, 
engendrando arborizaciones, de que más tarde nos ocuparemos. 

Inmediatamente que penetran en el ingerto las fibras marchan de una ma- 
nera decidida por las bandas de Büngner, por entre éstas ó siguiendo con 
frecuencia los vasos que desde la cicatriz en él se introducen. El número 
de fibras, como se ve en la figura, es bastante grande, pero á medida que 
se observan porciones más próximas á la porción acodada del ingerto el 
número decrece y al otro lado, ya en la porción recta las vainas están 
completamente vacías de fibras, y sólo muy raramente vense algunas que 
después de haber acompañado al nervio un trayecto más ó menos largo, 
envolviéndole con sus giros, encuentran un punto vulnerable, y sin titu- 
beos penetran en él; pero de las que penetraron por la cicatriz, ni una 
sola ha conseguido salvar el obstáculo insuperable representado por la 
acodadura del ingerto. En el trayecto de las fibras existen retrocesos, ra- 
mificaciones y gruesas bolas con los caracteres de las detenidas en su 
progresión ; las pocas que llegan hasta la porción comprimida suelen es- 
tar terminadas por bolas pequeñas todavía en plena actividad al parecer. 

Interpretando los hechos descriptos vemos detenerse una neurotización 
que había comenzado pujante en el codo del ingerto, pero acostumbrados 
á ver marchar las fibras nerviosas en los procesos de regeneración por 
sitios más intrincados y difíciles, no creemos que la detención se deba á 
dificultades mecánicas simplemente, sino que ha constituido el principal 
obstáculo el estado de vida precaria ó nula de las vainas de Sehwann, 
correspondientes á la porción acodada, manifiesta en la falta de trans- 
formación de las fibras nerviosas del ingerto, en la no formación de las 
bandas de Büngner y en la carencia de substancias neurotrópicas para 
las fibras que llegan desde el cabo central del ciático. 

1.° Ingerto de ciático que había estado veintiún días en estufa á 37° 
en solución salina, examinado á los veintiún días de haber sido fijado en 
la pata del huésped. — En la autopsia, la unión del cabo central del ciático 
con el ingerto puesto en lugar del la''go trozo extirpado, era perfecta, se- 
ñalándose por un ligero engrosamiento el sitio correspondiente al punto 
de sutura; la dirección de los dos nervios, la misma, y como el ingerto 
tenia un color sonrosado que contrastaba mucho con el amarillo de los 
que no se encuentran en buenas condiciones para su nutrición, no dife- 
renciándose en nada del cabo central del ciático, daba completamente la 
idea de un caso de regenei'ación sencilla después de la simple sección del 
nervio. Solamente en la parte inferior, la terminación del ingerto hallá- 
base retorcida, pero, como veremos, no mostraba señales de mala nutri- 
ción como la porción acodada del caso anterior. Para su examen histoló- 



J. Fbanoibco Tbllo: Algunas experiencias de ingerto nervioso con nervios 
conservados « in vitro ». 




' / / / S t I 1 

•' (••Vi 





Fisrura 1. 



J. Fbanoisco Tbllo: Algunas experiencias de ingerto nervioso con nervios 
conservados «in vitro». 




Figura 2. 



INGERTO NERVIOSO CON NERVIOS CONSERVADOS « IN VITEO » 135 

gico hemos procedido como en este, recogiendo en un sólo bloque el cabo 
central del ciático, la cicatriz, el ingerto y buena cantidad del tejido 
muscular circundante, con objeto de sorprender el comportamiento de las 
fibras que irradian del cabo central. 

La cicatrización ha sido igualmente perfecta ; están tan bien unidos los 
dos nervios que es imposible determinar el punto preciso donde uno ter- 
mina y comienza el otro; en cuanto al comportamiento del tejido conec- 
tivo en general, habríamos de repetir lo dicho antes, así es que á aquella 
descripción nos remitimos. 

El ingerto ha conservado una gran vitalidad, no habiendo dejado en él 
la más mínima señal, ni la larga permanencia en la estufa, ni la coloca- 
ción en el animal de nuevo. El trocito separado antes de ingertar se mues- 
tra en un admirable estado de conservación, es decir, como si acabara de 
ser colocado en la solución salina, y la porción mayor ingertada á los 
veintiún días de permanencia en el animal exhibe un aspecto idéntico al 
del cabo periférico del nervio Ciático, después de un tiempo igual de la 
simple sección y conservado en el propio animal; se fragmentaron los 
axones, se constituyeron las bandas de Büngner con numerosas cavidades 
digestivas que engloban restos axónicos y numerosos fagocitos, teniendo 
éstos una robustez y una apetencia por la plata mucho mayor que en el 
caso antes dicho. 

La neurotización es completa. Basta echar una ojeada á la figura para 
comprender que no estaría ésta más adelantada si se tratara simplemen- 
te de la regeneración del cabo periférico, conservado in situ con todo gé- 
nero de precauciones, para evitar alteraciones circulatorias que menos- 
caben su nutrición, y para eliminar los obstáculos que puedan oponerse 
á la libre llegada de las fibras del cabo central. 

En el cabo central la zona que ha experimentado la degeneración trau- 
mática es escasa, pero la neoformación de fibras colaterales es activísi- 
ma, estando las bandas repletas de fibras y habiéndose formado numero- 
sos ovillos. Los haces de fibras convergen hacia el ingerto y al llegar á 
él se precipitan en las tres porciones que le constituyen : dos gruesas, co- 
rrespondientes á las dos ramas en que se divide en la corva, cuya indi- 
vidualización se mantiene en casi toda la extensión del ciático, y otro pe- 
queño ramo muscular. Ya dentro del ingerto, no se distribuyen unifor- 
memente, pudiéndose distinguir tres zonas : una, marginal, que apenas 
tiene íjibras, colocada inmediatamente por debajo delneurilema; otra, 
profunda, que forma el eje del nervio, más extensa y con más fibras, y 
otra, intermedia, más ancha que las otras dos y con la mayor parte de las 
fibras; naturalmente, en las secciones por nosotros dibujadas vense cin- 
co zonas dentro de cada una de las porciones gruesas del ingerto, pero 



136 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE BIOLOGÍA 

se debe á que por su forma cilindrica, las dos zonas, intermedia y margi- 
nal, muéstranse á cada lado de la profunda ó axial. 

La mayor parte de las fibras marchan por las bandas, mostrando un 
comportamiento igual al de las regeneraciones simples, que tan minucio- 
samente ha sido estudiado por Cajal. A medida que se aproximan á la ter- 
minación inferior del ingerto, retorcida como hemos indicado antes, su 
número disminuye gradualmente, y ya en ésta, cuesta gran trabajo el 
encontrar alguna fibra. Aunque en la terminación retorcida las bandas es- 
tán perfectamente desenvueltas, se impregnan bien con la plata y no hay 
acúmulos extraños de fagocitos, ni ningún otro factor que permita supo- 
ner una mala nutrición por compresión del nervio; es indudable que las 
fibras nerviosas que mostraban un rápido crecimiento, en tanto que ca- 
minan por la porción recta, así que se aproximan á las porciones encor- 
vadas, se van deteniendo en su desarrollo. Podría pensarse también en 
este caso, que no han tenido tiempo de llegar hasta el cabo inferior del 
ingerto, pero nos extraña que por lo menos unas cuantas fibras, las más 
precoces en asaltar el ingerto, no le hayan recorrido en toda su extensión 
y salven la porción acodada. 



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SESIÓN DEL 22 DE ENERO DE 1915 



Sobre el tejido conjuntivo en los ganglios sensitivos y simpáticos 



LUIS FORTUN 



El escaso conocimiento de la disposición adoptada por el tejido con- 
juntivo en los ganglios del sistema cerebro-espinal y simpático — puede 
decirse que en ellos sólo se ha mencionado su existencia—, poruña par- 
te, y los resultados obtenidos con nuevos métodos, especialmente de 
aquellos basados en la impregnación argéntica, para la demostración de 
este tejido, nos ha inducido á emprender este estudio. 

El material que hemos usado ha sido ganglios espinales, plexiforme y 
cervical superior del hombre, gato, perro, conejo y carnero. 

Casi exclusivamente hemos empleado el método de Achúcarro, que tan 
excelentes resultados, especialmente para la variedad reticular, ha dado 
en manos de éste, de Ranke, Calandre, Del Río, Banús, etc., en tumores, 



GANGLIOS SENSITIVOS Y SIMPÁTICOS 137 

centros nerviosos y otros órg:anos. El material humano de ganglio cervi- 
cal superior, que es donde más fácilmente hemos obtenido buenos resul- 
tados, era viejo de un año en formol. 

En éste hemos conseguido excelentes preparaciones, incluso supri- 
miendo el baño de tanino; por el contrario, en el restante material he- 
mos tenido necesidad de calentarlo fuertemente en aquél para obtener re- 
sultado. En algunas preparaciones se ha hecho coloración de fondo con 
fuchsina acida para tinción de protoplasmas. 

El método de von Gieson, el del sublimado y cloruro de oro de Cajal, 
el azul de toluidina, se han empleado para comprobaciones. 

El ganglio cervical superior humano se presenta rodeado de la cápsu- 
la, de aspecto colágeno, con su capa interna compacta y externa laxa, 
disposición descripta por Michailow, encontrándose en esta capa externa 
las células de grasa, cubierta cada una inmediatamente poruña estrecha 
malla conjuntiva, de mayor finura que la encontrada corrientemente en 
esta clase de células. En su interior, las células nerviosas están dispues- 
tas en islotes rodeados por los numerosos haces de fibras nerviosas, que 
atraviesan el ganglio. 

El tejido conjuntivo de los islotes celulares, perteneciente á la varie- 
dad reticular, envuelve y penetra entre la totalidad de los elementos en 
ellos contenidos. Alrededor de las células nerviosas se dispone en com- 
plicadas redes, verdaderos cestos, que las rodean, ocupando el lugar co- 
rrespondiente á la cápsula ya de antiguo conocida. Sobre las expansio- 
nes nerviosas se dispone en análogas redes que originándose en los ces- 
tos pericelulares al llegar al complicado plexo que forman estas expan- 
siones nerviosas entre las células, se disponen en un inextricable retícu- 
lo, en el que es imposible distinguir una disposición fundamental. La 
figura 1 da idea de la estructura descripta. 

Es interesante la disposición dada en la figura 2, correspondiente á las 
células glomerulares de Cajal, en las que se ve el conjuntivo formando 
parte íntimamente del glomérulo. 

En los haces de fibras nerviosas se encuentra el tejido conjuntivo en- 
tre los tubos nerviosos, dispuestos, no ya en la forma antes descripta, 
sino como fibras longitudinales, adoptando la mayor parte de las veces 
un carácter análogo al descripto por Cajal en un reciente trabajo sobre 
la estructura de los tubos nerviosos, aunque en otros casos queda dudo- 
so que sea la sección óptica de una vaina compacta más ó menos gra- 
nulosa. 

Es interesante de todos modos el hecho que en varias preparaciones 
queden teñidos estos sitios en pardo claro, mientras el tejido reticular 
de los islotes celulares se tiñe fuertemente en negro. 



138 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE BIOLOGÍA 

En los animales los ganglios simpáticos están dispuestos de modo se- 
mejante, pero están las células nerviosas más próximas, faltando los 
abundantes haces de fibras nerviosas. Los elementos celulares de natu- 
raleza no nerviosa son más abundantes. En un perro de quince días se 
encuentran éstos en enorme cantidad, presentándose los núcleos alarga- 
dos y retorcidos, siendo el elemento fibrilar mucho menos abundante 
que en los demás. 

En el conejo tiene el tejido reticular un aspecto más parecido al que 
habitualmente se encuentra en otros órganos: corazón, testículo, híga- 
do, etc., en cuanto las fibras se presentan más definidas y no con aspec- 
to como desfilachado, que es el que hemos encontrado en los otros gan- 
glios simpáticos. 

En el carnero encuéntranse fuertes trabéculas de tejido colágeno, 
abundantes en vasos que atraviesan y dividen el ganglio (Michailow). 

En los ganglios raquídeos no se logran poner en evidencia estructu- 
ras semejantes á la descripta. Está el ganglio atravesado por haces de 
tejido colágeno que claramente se ven desprenderse de la cápsula del 
ganglio. Se encuentran las células muy próximas entre sí, y en su cáp- 
sula, claramente limitada, no nos ha sido dable hasta ahora demostrar 
la disposición en complicados cestos como los descriptos en los ganglios 
simpáticos. 

En el hombre, en un caso de esclerosis en placas, hemos encontrado, 
tanto en los espacios comprendidos entre las células como sobre las cáp- 
sulas, numerosísimas fibras, con la consabida disposición en cestos, pero 
de un tipo claramente colágeno. No habiendo aún tenido ocasión de es- 
tudiar ganglios de individuos normales, no podemos saber si esta mayor 
riqueza fibrosa es general en él ó si no se encuentra, ó se encuentra con 
otra disposición más semejante á la hallada en el simpático, en cuyo 
caso sería patológica esta forma. 

Con el método de Van Gieson se tiñen los ganglios sensitivos, viéndose 
la cápsula celular (su contorno) claramente teñida. Unido esto al aspecto 
que las preparaciones con el método de Achúcarro nos ofrece, pode- 
mos asegurar la naturaleza colágena del tejido conjuntivo en esta clase 
de ganglios. 

Los simpáticos no se tiñen ó sólo vagamente lo hacen, comportamiento 
que ya sabemos es peculiar del tejido reticular frente á la picro-fuchsina. 

¿Qué relación tienen las formaciones conjuntivas descrlptas con las 
cápsulas de las células? 

Se suponen éstas formadas por una capa de tejido endotelial (Schwal- 
be), teñida primeramente por Fraentzel con nitrato de plata reducido 
á la luz, quien suponía era de naturaleza epitelial. Sobre esta capa se 



Ldis Fortún: Sobre el tejido conjuntivo en los ganglios sensitivos y simpáticos. 



n 




Fig- !• — Ganglio cervical simpático humano. Cestos pericelulares y peri é inter- 
dendríticos (método de Achúcarro). 



Luis Fortón: Sobre el tejido conjuntivo en los ganglios sensitivos y simpáticos. 




Fig-. 2. — Célula glomerular. Tejido conjuntivo (método de Achúcarro). 



aANGLIOS SENSITIVOS Y SIMPÁTICOS 139 

encuentra una membrana hialina tingible por el método de Ehrlich y sus 
modificaciones, mencionada por Michailow, Dogiel, Iluber, que incluso 
afirma su existencia sobre las prolongaciones nerviosas. Encima de ésta 
se encontraría una capa de tejido conjuntivo que sería únicamente la más 
próxima del tejido intersticial (Michailow, Lenhossék). 

Probablemente á, esta última capa de tejido conjuntivo corresponden 
los cestos descriptos ; pero la imposibilidad de teñir en una misma prepa- 
ración todas estas clases de estructuras, nos impide afirmar su particular 
autonomía, como el que no sean diversas evidenciaciones de una sola, 
cosa que podría suceder con la membrana teñida por el azul, de posible 
naturaleza conectiva. 

En los ganglios simpáticos del hombre se ven células satélites (Cajal), 
cuyos núcleos, teñidos en negro por el proceder del tanino y plata amo- 
niacal, se encuentran alguna vez alargados ó diversamente contornea- 
dos. Cajal, hace ya tiempo, empleando el método de Golgi, encontró ele- 
mentos provistos de expansiones que consideraba de naturaleza neuró- 
glica. En preparaciones hechas con su método de sublimado y cloruro 
de oro no hemos podido encontrar esta clase de células. Parece, pues, 
probable que no exista neuroglia en estos ganglios, teniendo en cuenta 
la existencia de un tercer elemento de los centros nerviosos, al que el 
mismo hace corresponder las células satélites. 

En el ganglio cervical superior de los animales no se encuentran casi 
nunca de estas células (Lenhossék). 

¿A qué obedece la diferencia de estructura entre los ganglios simpáti- 
cos y sensitivos? 

Desde luego puede afirmarse que la presencia de numerosas prolonga- 
ciones nerviosas en los ganglios simpáticos, que ya hemos visto, están 
rodeados de tejido conjuntivo, determina el aspecto peculiar encontrado 
en estos ganglios, pero que éste sea de tipo reticular, á semejanza del 
que se encuentra en las glándulas, y en oposición con los otros ganglios 
nerviosos nos podría hacer pensar en alguna actividad especial de estos 
ganglios, tal vez de orden secretorio. 

Fundándose en la existencia de tejido mesodérmico y ectodérmico, 
separado por una membrana hialina (cápsulas celulares), ya habla Mi- 
chailow en su extensa Monografía sobre el sistema simpático central, de 
una posible actividad secretoria de las tales cápsulas, dado que en todos 
los órganos donde existe análoga disposición se encuentra dicha acti- 
vidad. 



11 



140 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE BIOLOGÍA 



Contribución al estudio del aparato endocelular de Golgi 
de los granos de la corteza del cerebelo 



M. MARCELO SÁNCHEZ 



Aconsejados por nuestro maestro Cajal, hemos emprendido el estudio 
detallado del aparato endocelular de Golgi en los diversos elementos que 
integran la corteza del cerebro y cerebelo ; por el pronto sólo nos hemos 
ocupado del cerebelo, y muy especialmente de los singulares organitos 
que anidan en el protoplasma de las células conocidas con el nombre de 
granos, cuya naturaleza nerviosa fué demostrada por el sabio Cajal, que 
las denominó células de cilindro-eje bifurcado. \ 

El estudio detallado del aparato endocelular en los granos del cerebe- 
lo, tiene cierta importancia por la variedad tan enorme de los citados or- 
ganitos, pues muy bien puede decirse que cada grano posee su aparato 
especial, característico, que le distingue de los demás. 

Hasta ahora, en el curso de nuestras investigaciones, nos hemos servi- 
do únicamente del excelente método del urano-formol, de Cajal, que 
tiene la singular propiedad de impregnar selectivamente el citado apa- 
rato de Golgi. No vamos á entrar en detalles sobre la manera de proce- 
der con dicho método, pues las diversas manipulaciones y tiempos de 
que consta han sido publicados por el maestro en esta misma Revista (1). 
Únicamente consignaremos que las piezas histológicas las hemos tenido 
doce horas en el ñjador y otras tantas en el reductor, y qu^ la solución 
de plata (nitrato) empleada fué al 1 Vj por 100. 

Los animales de que nos hemos servido en nuestras investigaciones 
han sido el gato, conejo y perro de pocos días, pues la experiencia ha 
enseñado á cuantos trabajaron con este método que los resultados son 
brillantes cuando los animales empleados no tienen más que unos cuan- 
tos meses de edad (Cajal, Fañanás, etc.). En la mayoría de nuestros pre- 
parados se observa que cuando el aparato de Golgi está bien impregna- 
do en los granos, lo está bastante mal en las células de Purkinje, en las 

(1) S. ffamón y Cajal: Comunicación á la Sociedad Española de Biología, 21 de 
Junio de 1912. Con más detalles ha sido publicado dicho método en los Trabajos 
del Laboratorio de Investigaciones Biológicas, con el siguiente titulo: « Fórmula de 
fijación para la demostración del aparato de Golgi», etc. 



ESTUDIO DEL APARATO ENDOCELÜLAR DE GOLGl 141 

que permanece invisible por aparecer todo el protoplasma como una 
mancha obscura en donde difícilmente se aprecia detalle alguno de la 
red endocelular; por el contrario, cuando la reacción ha salido bien en 
las células de Purkinje, en los granos está tan débilmente teñida, que sus 
contornos aparecen mal limitados y como esfumados en el protoplasma 
en donde anidan. 

A nuestro sabio maestro se debe el descubrimiento del aparato endoce- 
lular de los granos del cerebelo, el cual lo describió (1) como un diver- 
tículo extremadamente delicado, muy corto, de forma tubular, colocado 
cerca del núcleo y, generalmente, enfrente de un territorio protoplásmi- 
co relativamente abundante. 

Tocante á la función que desempeñen los citados organitos en los gra- 
nos poco hemos de decir, dada la escasez de datos que sobre el papel del 
aparato de Golgi poseemos-, lo que desde luego podemos afirmar es que 
el citado aparato jamás comunica con el exterior-, de modo que mal pue- 
de servir para que se verifique el intercambio de substancias nutritivas 
entre el ambiente pericelular y el protoplasma, como creen Holmgren y 
sus discípulos (2) que pasa en otras células nerviosas de distintos tejidos. 
Entrando ya en la descripción particular de los aparatos endocelulares, 
diremos que, no obstante üaber una serie numerosísima de ellos, artifi- 
cialmente podrían agruparse en la forma en que nosotros los vamos á 
describir. 

I. Forma granular. — Es, seguramente, la forma más abundante; se 
presenta el aparato endocelular de esta especie como un granulo brillan- 
te, de contorno liso, situado al parecer tocando al núcleo-, á esta modali- 
dad corresponden los copiados en las figuras 8, 9 y 10; no es raro sor- 
prender, aquí y allá, dos granulos exactamente iguales tocándose por un 
punto, y algunos otros de forma de huso. La interpretación que damos 
de este hecho es la siguiente: puesto que los citados granulos son incluí- 
dos entre las histómeras (3), muy bien podría ocurrir que alguno de ellos 
se hubiese segmentado en dos; en este caso, la figura en huso represen- 
taría un estadio intermedio de la supuesta división directa. 

II. Formas irregulares. — Son también bastante abundantes, y se ha- 
llan indistintamente en el cerebelo del gato, perro y conejo; suelen pre- 
sentarse como masas informes, al parecer constituidas por granulacio- 

(1) S. Ravión y Cajal: Les conduits de Golgi-Holmgren du protoplasma nervenx 
et le réseau péricéllulaire de la membrane. Travaux du Laboratoire de Recherches 
Biolog., tomo VI, 1908. 

(2) Holmgrem (Emil): üeber die Trophospongien der nervenzellen. Anaiomischez 
Anzerger. Bd, XXIV, 1904. 

(8) S. Ramón y Cajal: Asociación Española para el Progreso de las Ciencias. 
Discurso inaugural, 1912. 



142 BOLETÍN DS LA SOCIEDAD ESPAÜÍOLA DE BIOLOGÍA 

nes, que están situadas en una atmósfera especial del protoplasma. Ta- 
les son las representadas en las figuras 4, 6, 7 y 11. 

III. Forma en semianillo. — Es más rara que las anteriores, y se pre- 
senta afectando dos modalidades: ó envuelve á la mitad del núcleo, como 
la dibujada en la figura 13, ó está como atrofiada, representada por mi- 
núscula horquilla, como la dibujada en la figura 5, que ha sido copiada 
de un soberbio preparado de Cajal. 

IV. Formas relativamente complicadas. — Los aparatos que incluimos 
en esta categoría son los más curiosos ; en primer lugar citaremos el re- 
presentado en la figura 1, que parece constituido por varios bastoncitos 
insertos en un punto del núcleo y alojados en una atmósfera especial pro- 
toplásmica ; también son muy interesantes las formas representadas en 
las figuras 12, 14 y 15, en las que se advierte la forma clásica del orga- 
nito endocelular, siendo dable observar los abultamientos y los puentes 
que los unen. 

Los diversos aparatos que hemos señalado no están distribuidos con 
regularidad, por regiones, sino que en cualquiera hilera de los múltiples 
estratos que forman los granos, pueden hallarse variedades de tipos sen- 
cillos ó complicados, regulares ó irregulares. Todas las variedades des- 
criptas pueden observarse en cualquiera de los mamíferos á que hemos 
aludido (perro, gato y conejo), ignorando si acontece otro tanto en los 
vertebrados inferiores. 

No podemos terminar este trabajo sin hacer público nuestro mayor re- 
conocimiento al ilustre sabio el Dr. Ramón y Cajal, por las inmerecidas 
atenciones que para con nosotros siempre tuvo; nos enseñó á manejar su 
valioso proceder del urano; nos prestó soberbios preparados, de los cua- 
les hemos copiado algunas figuras;, nos orientó en la literatura especial 
de nuestro tema, y, finalmente, nos dio sabios consejos, que nos han ser- 
vido de mucho en el curso de nuestros humildes trabajos. Sería ingrati- 
tud no consignar de igual modo nuestro reconocimiento al sabio histólo- 
go el Dr. Achúcarro, con cuyo valioso concurso siempre hemos contado 
para interpretar nuestras preparaciones. 

(Las observaciones han sido hechas con el objetivo 1'2 de Leitz y el 
ocular 4). 



-#íB# 



M. Marcelo Sánohez: Contribución al estudio del aparato endocelular deGolgi 
de los granos de la corteza del cerebelo. 



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Fisfuras 1 á 15. 



Á PROPÓSITO DE LOS CABALLOS PENSANTES DE ELBERFELD 143 



Á propósito de los caballos pensantes de Elberfeld 



GUSTAVO PITTALUGA 



El problema genético de las facultades asociativas y de ideación bien 
manifiestas, si no se quiere poner en duda la realidad de los hechos, en 
los caballos educados por Krall, ha sido recientemente examinado por 
Lugaro y por otros psicólogos, y es efectivamente el que más preocupa 
en el estudio de estos fenómenos. 

En efecto; la existencia de manifestaciones de una ideación, y por 
tanto, de zonas de asociación y de centros pneumónicos superiores en los 
mamíferos, no puede ser negado como hecho objetivo por nadie, dentro 
de ciertos límites, que la interpretación subjetiva hace, naturalmente, 
más ó menos extensas. 

Sin embargo, en lo que atañe á los caballos de Elberfeld, aparecen como 
particularmente desarrolladas, ó por lo menos más fáciles de poner de 
relieve con la educación, la facultad de resolver cuestiones aritméticas y 
de aplicar el pensamiento, ó si se quiere con palabras más modestas, las 
facultades propias de las zonas de asociación y de los centros superiores 
á la resolución de problemas matemáticos, algunos de ellos bastante 
complejos, por ejemplo, la extracción de raíces cuadradas, que los caba- 
llos de Krall ejecutaban, por medio de una expresión tictológica, con 
relativa facilidad. 

Nos hallamos, pues, frente á una cuestión psico-genética muy impor- 
tante, á saber: en qué modo, por qué procedimiento ha podido adquirir 
en estos caballos (probablemente en toda la especie) una capacidad la- 
tente de tanto relieve, una facultad de los centros asociativos superiores, 
alejada de toda utilidad práctica en el desarrollo de la especie. 

En efecto ; ninguno de los caracteres somáticos y fisiológicos de la es- 
pecie equina, y ninguna de las aplicaciones, ya espontáneas, ya propias 
del estado de domesticidad de las facultades psíquicas (cualquiera que 
sea su alcance) del caballo, aparecen ligadas á un ritmo numérico y mu- 
cho menos á la necesidad de resolver problemas aritméticos. 

Un criterio puramente darwinista de selección natural, como hace 
observar Lugaro, no puede adoptarse en este caso ; no podemos explicar- 
nos con otras palabras, por medio del criterio darwinista, en qué modo 
han podido afinarse y afianzarse, hasta el límite que se pone de relieve 



144 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE BIOLOGÍA 



en los caballos de Krall, un carácter, ya sea específico, ya propio de al- 
gunos individuos de la especie, totalmente alejado de las direcciones 
normales de la utilización de las facultades psíquicas del caballo, y que 
para nada le ha servido, al parecer, en el desenvolvimiento histórico de 
la especie. 

El criterio de los neolamarkianos no es tampoco aplicable al caso. 
Conviene recordar que ya Mach, en el libro sobre «Análisis de las sen- 
saciones» (capítulo 13, sensaciones del sonido, párrafo 22), había hecho 
una observación análoga á propósito de la evolución de la música y de 
las aptitudes musicales en la especie humana. 

Mach escribe exactamente : «Para los que estudian los hechos desde el 
punto de vista de la evolución, la música moderna, en su alto desarrollo, 
como la facultad musical natural, espontánea y que se manifiesta de im- 
proviso, resulta á las primeras un fenómeno extraño y misterioso. ¿Qué 
tiene que ver este desarrollo de los órganos auditivos con la conservación 
de la especie? ¿No sobrepasa todo esto á los límites de lo necesario y aun 
solamente de lo útil? ¿Qué importa la fina distinción de la altura de los 
sonidos? ¿A qué sirve el sentido del intervalo musical?, etc.». 

y Mach resuelve esta cuestión en los capítulos en que somete á examen 
crítico la teoría de Helmoltz, con un concepto muy parecido al de la 
multiplicación de los efectos útiles indirectos, que Lugaro ha elevado á 
la categoría de principio biogenético. 

No queremos insistir en esta cWtica, porque ha sido hecha reciente- 
mente por Lugaro. 

Este autor propone, á nuestro entender, con acierto el estudio de un 
nuevo factor biogenético (y en este caso psico-genético), que él llama ley 
de los efectos útiles indirectos ó ley de las adaptaciones indirectas, y que 
consiste esencialmente (prescindiendo de las modificaciones de caracteres 
somáticos y limitáiidonos al campo d^ la psico-genesis) en la formación 
de aptitudes colaterales que se desarrollan en coincidencia con el desen- 
volverse y afirmarse de aptitudes útiles, esto es, de verdaderas adapta- 
ciones, sin que aquéllas primeras tengan ocasión alguna de manifestarse 
hasta que un estímulo extrínseco las ponga casualmente de relieve. 

Claro es que el desarrollo de tales aptitudes colaterales ó efectos útiles 
indirectos, en el sentido amplio biogenético de Lugaro, están ligadas con 
formaciones estructurales ó modificaciones bioquímicas (en el caso de los 
fenómenos psicológicos seguramente trátase de relaciones interneuró- 
sicas), que nacen, por decirlo así, fatalmente, por estar ligados con el 
desarrollo teleológico de los fenómenos estructurales ó bioquímicos, que 
sirven de soporte á las adaptaciones funcionales, útiles al perfecciona- 
miento de la especie. 



Á PROPÓSITO DE LOS CABALLOS PENSANTES DE ELBERFELD 145 

Imágenes sensoriales capaces de dar lugar secundariamente á la for- 
mación de nociones superiores en centros de asociación, pueden, en nues- 
tro entender, surgir también casualmente, y cuando se trata de impre- 
siones repetidas en modo persistente durante toda la vida de los indivi- 
duos y el desarrollo de la especie, esta probabilidad aumenta considera- 
blemente. 

Nosotros creemos que puede referirse k un mecanismo psico-genético 
de esta índole la acentuación de facultades aritméticas en el caballo. No 
podemos negar que esta hipótesis que vamos á exponer á continuación 
perdería todo su valor si se demostrara que en los experimentos de Krall 
hay algún elemento engañoso, algún motivo de duda acerca de la reali- 
dad, de la capacidad psíquica de los caballos. 

Por ahora, á pesar de las críticas de Dexler y de Stumpf, no parecen 
haberse presentado motivos suficientes para desechar del todo las obser- 
vaciones de Krall y de von Osten. 

Permítasenos de momento, como hace Lugaro, aceptar como buenas 
algunas de las observaciones de estos dos experimentadores. 

En tal caso, debemos hallar un fundamento psico-físico sobre el cual 
haya podido desenvolverse tácitamente, en modo oculto, en la serie filo- 
génica, la capacidad pneumónica y asociativa que puede revelarse en los 
caballos (ó en algunos caballos) como aptitud para la resolución de pro- 
blemas numéricos. 

El número, en su concepción abstracta, está íntimamente ligado, y en 
nuestro entender psico-genéticamente, ligado con la imagen sensorial de 
ritmo. 

Las especies animales en general, y hablamos más estrictamente de 
los mamíferos, no reciben de los fenómenos exteriores sensaciones acús- 
ticas , fácilmente transformables en percepciones rítmicas ; con otras 
palabras, la naturaleza ofrece muy rara y difícilmente fenómenos carac- 
terizados por un ritmo persistente, con intervalos sensiblemente iguales, 
de modo que puedan convertirse en impresiones acústicas, largamente 
repetidas, percibidas con iguales caracteres por los individuos de una 
misma y aun por toda la especie en la serie filogénica. 

Y sin embargo, ésta parece ser una condición sine qua non para que 
estas impresiones de sonidos rítmicos se transformen á través de las zo- 
nas de proyección y secundariamente de centros asociativos en nociones 
de número. 

Ahora bien ; en el caballo, y quizás en los ungulados en general, existe 
un motivo ligado con la propia organización anatómica de la especie ó 
del grupo que da lugar á sensaciones acústicas, rítmicas, percibidas en 
modo persistente y obligado por todos los individuos de la especie y en 



146 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE BIOLOGÍA 

toda la serie filogénica : me refiero al golpe que imprime el pie del ca- 
ballo ó delungulado en el terreno. 

Ciertamente el ritmo del andar, aun prescindiendo de las sensaciones 
auditivas, imprime de suyo en los centros medulares y probablemente 
por las vías asociativas en los centros cerebrales, impresiones que, sin 
embargo, se refieren casi exclusivamente al grupo de las sensaciones ce- 
nestésicas y, en cambio, no se transforman en percepciones de hechos 
objetivos extrínsecos; por lo menos, los elementos extrínsecos de las sen- 
saciones cenestésicas del andar son muy pálidas si se suprime el elemento 
acústico, es decir, la sensación auditiva del golpe rítmico, esto es, de un 
sonido percibido como fenómeno objetivo fuera del propio cuerpo y, sin 
embargo, repetido en toda la serie filogénica de todos los individuos de 
la especie, aproximadamente con el mismo tiembre, el mismo tono, el 
mismo intervalo. 

DISCUSIÓN 

El Sr, Sánchez (Domingo) estima de gran interés les estudios sobre Psicología 
comparada, aplaudiendo las iniciativas del Sr. Pittaluga, y se permite hacer algunas 
observaciones sobre varias de las cuestiones tratadas por él. 

Manifestó que, á su juicio, suele haber alguna inexactitud en la interpretación de 
los hechos cuando se atribuye á los caballos capacidad mental suficiente para resol-, 
ver ciertos problemas aritméticos, tales como la extracción de raíces, de cualquier 
grado que sean, de los números. Cree que tales actos en su categoría de respuesta 
por medio de fenómenos cinéticos á los estímulos del educador, ya sean esos estí- 
mulos ópticos, acústicos, táctiles ó de otra clase cualquiera, son actos automáticos y 
no productos de verdadera ideación, aparte de otras razones, porque él cree que el 
caballo no tiene conciencia de la relación que existe entre las expresiones numéricas 
y sus raíces, y por tanto le considera, desde luego, incapacitado para hallar valores 
dependientes únicamente de esas relaciones. 

Y en cuanto á la hipótesis propuesta por el Sr. Pittaluga para explicar el proba- 
ble origen de la aptitud calculadora de los caballos, sería, á su modo de ver, igual- 
mente aplicable á todos los animales de progresión ambulatoria, sean ungulados ó 
no, que oyen sus pasos siempre ejecutados según ritmos análogos, aunque variables 
con diversas circunstancias. Además, no parece haberse hallado, hasta ahora al me- 
nos, más desarrollada la capacidad calculadora en algunos paquidermos que son un- 
gulados que en los proboscidios, en las fieras y en otros animales no ungulados. 

El Sr. Pittaluga contestó que algunas de las objeciones hechas por el Sr. Sán- 
chez lo han sido ya en otras ocasiones, y que aunque reconocía la fragilidad de la 
teoría propuesta por él para explicar los hechos observados, creía que no debe des- 
echarse sin previa comprobación, al menos para los mamíferos ungulados. 



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OTRA MODIFICACIÓN DEL MÉTODO DE LA PLATA 147 



Otra modificación del método de la plata para la rápida impregnación^^ ^ 

del tejido conectivo /\í^'^»i"7¿^0 

POE 1^1 

J. FRANCISCO TELLO VáX 



Es sabido que Snessarew (1) ha recomendado el año 1910, para la im- 
pregnación del tejido conectivo, una modificación del método de Biels- 
chowsky, consistente solamente en el empleo de este método en cortes 
por la congelación de piezas fijadas en formol dos ó más horas después 
de haber sometido los cortes, durante varios días, á la acción de una di- 
solución de sulfato ferro-amónico, pero en ambos casos la impregnación 
seguía los trámites ordinarios del método. 

Hace más de un año sometimos cortes de piezas frescas, obtenidos con 
el microtomo de congelación, á la acción de la mezcla formol-urano, uti- 
lizada para el teñido del aparato reticular de Golgi unos minutos y pues- 
tos después de lavado rápido en plata amoniacal en formol al 20 por 100, 
conseguimos una coloración completísima del tejido conectivo extraor- 
dinariamente selectiva, puesto que no teñía nada más. Después de varios 
ensayos para determinar bien las condiciones del procedimiento, circuns- 
tancias que no son del caso nos obligaron á suspender estos trabajos, 
que hemos reanudado hace poco tiempo, y á despecho de seguir estu- 
diando estas condiciones, para determinar con verdadera precisión el 
papel de cada uno de los factores que intervienen, como se trata de un 
proceder sencillísimo que permite obtener bellas impregnaciones del te- 
jido conectivo en pocos minutos, nos parece útil su publicación en esta 
nota previa. 

Desde luego hemos comprobado que el tejido conectivo se impregna 
bien si los cortes por congelación de órganos frescos son puestos directa- 
mente en plata amoniacal cinco á quince minutos y previo lavado rápi- 
do en formol al 20 por 100; pero la imagen que se obtiene difiere algo de 
la que es producida sometiendo los cortes á la acción de los fijadores an- 
tes de ser impregnados, quedándonos la duda de si se trata de una im- 
pregnación defectuosa ó de una difusión de la materia que atrae la plata, 

(1) Snessarew: Ueber die Modiefizierung der Bielschowsky Silbermethode 
zwecks Darstellung von Bindegew^ebs fíbrillennetzen. Zur Frage des Stroma vers. 
chiedener Órgano. Anat. Anzeiger, tomo XXXVI, 1910. 







148 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE BIOLOGÍA 

que sólo por la acción de los fijadores se concentra en hilos de bordes bien 
definidos, como se ve en las imágenes histológicas corrientes. Por esto 
aconsejamos la fijación con el formol y procedemos del siguiente modo : 

1." Cortes con el microtomo de congelación de órganos recientemente 
extraídos del cadáver. — Los cortes deben ser lo más finos que consienta 
la naturaleza de los órganos que se cortan, pero en general se pueden 
obtener de una finura mucho mayor que la que permite esperar la blan- 
dura del órgano, habiendo obtenido nosotros cortes de 15 mieras corrien- 
temente y hasta de 10 en casos favorables del hígado, riñon, corazón, 
lengua, etc. Los órganos se cortan tanto mejor cuanto el cadáver es más 
fresco, y en igualdad de tiempo resisten más los órganos conservados en 
el mismo cadáver que los que han estado fuera, como no hayan perma- 
necido á baja temperatura. 

2.° Los cortes se introducen de diez á quince minutos en formol al 
20 por 100. — La acción del formol es favorable hasta un cierto punto, 
después del cual es cada vez más perj"dicial y á las veinticuatro horas 
ya son malísimas las impregnaciones que se obtienen. Probablemente 
con una concentración menor se pueda prolongar la acción del formol 
mucho más tiempo sin daño para la impregnación posterior. 

3.° Inmersión sin lavado previo en una disolución de nitrato de plata 
al 1 Va por 100 durante diez á quince minutos. — En este baño pueden 
permanecer los cortes muchas horas sin detrimento para el teñido del 
conectivo, pero si se prolonga demasiado su acción aparecen gradual- 
mente más teñidos los demás elementos, en tanto que las fibritas colá- 
genas palidecen. De todos modos pueden estar veinticuatro horas per- 
fectamente y esto nos ha permitido conservar cortes de un día para otro. 

4.** Lavado rápido en dos pocilios con agua destilada, ó mejor, en uno 
sólo con una gota de amoniaco. 

5,® Se pasan á un pocilio con 6 cent. cúb. de agua destilada y 15 gotas 
de plata amoniacal, cinco á diez minutos. — La plata amoniacal la hace- 
mos como para el método de Bielschowsky : precipitamos un volumen 
determinado de una disolución concentrada de nitrato de plata (10 á 20 
por 100) con gotas de lejía de sosa al 40 por 100, hasta que no precipite 
más; dejamos sedimentar y lavamos repetidas veces con agua destilada; 
vertemos cuidadosamente el agua del último lavado y añadimos gotas 
de amoníaco hasta completa redisolución, procurando no sobrepasar ésta, 
y finalmente añadimos agua destilada hasta completar el volumen pri- 
mitivo. Si la permanencia en este baño es escasa, aparece la reacción 
fuertemente granulosa, y si se prolonga demasiado obscurece el baño y 
aparecen precipitados. 

6." Lavado rápido en agua destilada. 



OTRA MODIFICACIÓN DEL MÉTODO DE LA PLATA 149 

7." Introducción enformol al 20 por 100 como reductor para provocar 
el enne^recimiento de la plata. 

Los resultados obtenidos con este modo de proceder son excelentes; 
las fibras colágenas aparecen impregnadas en un color que varía del 
rojo-pardo intenso al negro, y las células, núcleos y demás elementos del 
tejido quedan sin impregnar, pero susceptibles de una coloración com- 
plementaria con los colores de anilina y el carmín. La selección sobre las 
fibras colágenas es tan decisiva que en órganos en que, como en el riñon, 
el conectivo se modela en membranas que envuelven los tubos y los glo- 
mérulos ó el hígado, en que se aglomera en torno de lobulillos, se pueden 
impregnar cortes muy gruesos que, vistos al microscopio con objetivos 
débiles, parecen vaciados de la arquitectura del órgano ó preparaciones 
obtenidas por corrosión de todo lo que no sea colágeno. 

Hemos estudiado con él hasta ahora diferentes órganos (hígado, riñon, 
bazo, corazón, hipófisis, ganglios, mama, aorta, cerebro, etc.) normales 
y con diversos procesos patológicos (tumores, etc.) del hombre y conejo 
y de los resultados obtenidos pensamos ocuparnos más adelante. También 
hemos aplicado este modo de proceder á piezas que llevaban algún tiem- 
po en formol, obteniendo resultados malos; pero si los cortes recogidos 
en formol al 20 por 100 son introducidos en una disolución concentrada 
de tanino antes de llevarlos á la plata, dejando lo mismo los demás tiem- 
pos, se consiguen buenas impregnaciones del conectivo en piezas que 
llevaban mucho tiempo en formol, aunque no llegan á las obtenidas con 
los órganos frescos ni á las que se consiguen con el proceder de Achúca- 
rro. Parece como si el tanino les devolviera á las fibras colágenas su 
apetencia por la plata, que habían perdido por la prolongada acción del 
formol. También hemos obtenido en epiteliomas conservados en formol, 
intercalando el tanino en frío, según acabamos de decir, una buena im- 
pregnación de las fibrilas intracelulares del cuerpo mucoso de Malpigio. 



-^%^- 



150 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE BIOLOGÍA 



Territorios arteriales del riríón 



MANUEL SERES 



Todos los autores que han estudiado la circulación arterial del riñon 
han insistido solamente en el carácter terminal de las arterias renales, á 
fin de desechar la concepción antigua de la bóveda arterial supra-pira- 
midal. Fundados en los mismos trabajos de investigación, llevados á 
cabo primeramente por Hirt y después por Max BrOdel, Gerard, Berard 
y Destot, han venido admitiendo todos los autores clásicos dos territo- 
rios renales: uno anterior, que ocupa casi los dos tercios anteriores, y 
otro posterior, que ocupa el tercio- ó cuarto posterior. 

Véase lo que dice Testut en su última edición de Anatomía: «Existen, 
pues, dos territorios principales: uno anterior y el otro posterior; y ha- 
remos notar, respecto á este particular, que estos dos territorios renales 
son muy desiguales en extensión, siendo la rama posterior de la renal 
más pequeña que el conjunto de las ramas anteriores : Max Brodel afirma 
que el territorio anterior representa aproximadamente ios tres cuartos 
del parénquima renal, mientras que el territorio posterior sólo represen- 
taría el cuarto». 

Lequen, Papin y Maingot, en su reciente atlas de radiografías, admi- 
ten también los dos territorios renales completamente separados. 

Y véase lo que dicen Berard y Destot en su comunicación á la Socie- 
dad de Biología y Academia de Medicina de París. En la primera de sus 
conclusiones acerca de la circulación arterial del riñon, dicen: 

«En el riñon, la circulación arterial se hace, según amplios territorios 
cerrados y superpuestos, en sentido antero-posterior». 

Conforme á esta división arterial y teniendo en cuenta la terminalidad 
de las arterias y la no anastomosis, están perfectamente separados am- 
bos territorios renales por una zona isquémica, en donde no se encuen- 
tran grandes ramas arteriales, que se conoce con el nombre de zona is- 
quémica de Hirt. Esta zona está situada sobre la cara posterior del riñon, 
á 1 centímetro por detrás del borde convexo.. 

Mis Investigaciones acerca de la circulación arterial del riñon han veni- 
do á demostrar que esta división en dos territorios renales tiene lugar so- 
lamente en la parte media del riñon. Cada uno de los territorios, á medida 
que se acerca á los polos, invade poco á poco los bordes y cara opuesta 



Manuel Seeés: Territorios arteriales del riñon. 







Lámina 1. 



Mancbl Sebes: Territorios arteriales del riñon. 








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JHÍM.-í((i^_, 



Lámina II. 



I 



Manuel Sebéb: Territorios arteriales del riñon. 














Lámina III. 



I 



Manuel Seres: Territorios arteriales del riñon. 








Lámina IV. 



I 



TERRITORIOS ARTERIALES DEL RIÍ^ÓN 151 

del riñon formando un arco cada vez más cerrado, y al llegar al polo del 
riñon forma un círculo completo. La línea isquémica de Hirt se encuen- 
tra, por lo tanto, solamente en la parte media del riñon, ya que ambos 
territorios van entrecruzándose hacia los polos, haciendo desaparecer 
dicha zona isquémica. 

El error de admitir dos territorios renales, se explica porque los auto- 
res antes citados han examinado ríñones inyectados por completo. 

He seguido mis investigaciones practicando en el riñon inyecciones 
opacas, dando cortes horizontales y radiografiándolos luego. 

Véase la explicación de las láminas siguientes, escogidas de la colec- 
ción de radiografías, que más adelante me servirán para mi trabajo com- 
pleto sobre la circulación arterial del riñon : 

Lámina I. Radiografía de una rama de la arteria renal, inyectada 
con bermellón y esencia de trementina. — La parte no inyectada de un 
polo corresponde al territorio de una arteria polar. Véase de paso que 
están perfectamente separados los territorios de la arteria renal y de la 
arteria polar. 

LÁMINA IL Representa diferentes cortes superpuestos del riñon de la 
lámina anterior. — Los cortes están dados de arriba abajo, y numerados 
en el mismo sentido. 

El borde convexo en cada corte está dirigido hacia fuera, y los bordes 
cóncavos, se miran los de un lado con los de otro. 

Véase en el corte cuarto, que corresponde á la parte media del riñon, 
la división exacta en dos territorios renales: uno anterior, mayor, que es 
el que está inyectado, y otro posterior, no inyectado. En el corte quin- 
to, dado á un nivel más inferior, se ve que el territorio inyectado invade 
los bordes del riñon. En el corte sexto, el territorio renal anterior ha in- 
vadido la parte de la cara posterior inmediata á los bordes, simulando 
en su conjunto una C. En el corte séptimo, la invasión de la cara poste- 
rior es mayor, y el círculo está casi cerrado. En el corte octavo, dado 
á nivel del polo inferior, el círculo inyectado está completamente cerra- 
do, lo que prueba que la arteria renal anterior se distribuye á este nivel 
por ambas caras y bordes del riñon. 

Lámina IIL Radiografía completa de la arteria renal. — En ella se ve 
que las ramas arteriales son muy numerosas ; unas se ven más cerca y 
otras más lejos, correspondiendo á ambas caras del riñon. Se ven tam- 
bién algunas arteriolas del uréter inyectadas, que proceden de la arteria 
renal. 

Lámina IV. Radiografía de cortes horizontales del riñon de la lámina 
anterior. — Véase en los cortes tercero, cuarto y quinto, es decir, en los 
cortes de la parte media del riñon, perfectamente marcada la zona isqué- 



152 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE BIOLOGÍA 

mica. Situado en la cara posterior, cerca del borde convexo, y en los 
cortes restantes que se aproximan á ambos polos del riñon, la zona is- 
quémica ha desaparecido, lo que prueba que cada uno de los territorios 
renales ha invadido la línea isquémica para inundar la cara opuesta. 

Como resumen de mis investigaciones formularé las siguientes conclu- 
siones : 

l.'^ Las arterias del riñon son terminales. 

2.* Las dos ramas de la arteria renal forman un territorio anterior y 
otro posterior, separados por una zona de menos vascularización, situada 
un centímetro por detrás del borde convexo del riñon. El territorio ante- 
rior comprende los dos tercios ó tres cuartas partes, y el posterior el 
resto. 

3.^ Esta división en dos territorios renales y la separación de los mis- 
mos por medio de la zona isquémica tiene lugar solamente en la parte 
media del riñon. 

4.^ En los polos no tiene lugar esta limitación de cada uno de los te- 
rritorios á su cara correspondiente. 

5.'^ A medida que se acercan á los polos cada uno de los territorios re- 
nales, invaden poco á poco los bordes y cara opuesta, formando un arco 
cada vez más cerrado, hasta que al llegar al polo del riñon, el territorio 
renal rodea toda la circunferencia del polo. 

Nota. Las radiografías están obtenidas con la pericia que le caracteriza, por 
el Dr. Comas, radiólogo de la Facultad de Medicina de Barcelona. 



Modificación de la reacción de Debré y Paraf para ia investigación 
del antígeno tuberculoso en la orina 



SERES Y BELLIDO 



En las muchas reacciones que hemos practicado, empleamos primera- 
mente la técnica de Debré y Paraf, que resumidamente consiste en lo si- 
guiente : 

Primera parte. — Se emplean 22 tubos, divididos en dos series de 11; 
en cada uno de ellos se harán las mismas manipulaciones: en una, con 
orina sin haber sufrido ninguna modiflcación ; en la otra, con orina des- 
pués de calentada á 60^. Los 11 tubos de cada serie se dividirán en tres 



MODIFICACIÓN DE LA REACCIÓN DE DEBRÉ Y PARAF 153 



grupos, A, B y C, compuestos de cinco tubos los dos primeros y de uno 
el C. 

Los tubos del grupo A contienen orina, anticuerpo tuberculoso y 
alexina; los del grupo B, orina (antígeno) y alexina; los del grupo C, 
antígeno y anticuerpo. El anticuerpo se pone en cantidad de 0'3 centí- 
metros cúbicos. La alexina á dosis conveniente. La orina, en cantidades 
diferentes en cada uno de los cinco tubos de los grupos A y B ; los cinco 
tubos de cada uno de estos grupos contienen, del primero hasta el quinto 
respectivamente, 0'2, 0'4, 0'6, 0'8 y O'IO cent, cúb. 

El tubo del grupo C contiene O'IO; además, en cada uno de los tubos 
se pondrá la cantidad de agua fisiológica necesaria para formar 3 centí- 
metros cúbicos. 

Arreglados los tubos en esta forma se ponen á la estufa, por espacio 
de dos horas, á temperatura de 37°. 

Segunda parte. — La segunda parte consiste en añadir á cada tubo la 
hemolisina y dilución de glóbulos rojos, poniéndolo luego después á la 
estufa durante veinte ó veinticinco minutos. 

Inconvenientes de esta técnica. — Aparte la gran cantidad de suero an- 
tituberculoso que para cada reacción se necesitaba,, tenía en primer 
lugar el inconveniente de que á un tiempo no se podía practicar más que 
una reacción. 

Pero el principal inconveniente de la técnica de Debré y Paraf está en 
los resultados desiguales que se obtienen en los tubos del grupo A, que 
son precisamente los que indican el resultado de la reacción. Intervinien- 
do cantidades diferentes de antígeno (en caso de contenerlo la orina) en 
cada tubo, los resultados serán diferentes; en efecto, en los tubos que 
contienen poco antígeno hay una hemolisis casi completa, en los de ma- 
yor cantidad hay retención y en los de cantidades intermedias los resul- 
tados son intermedios también entre la retención y la hemolisis completa. 
Como que en esta reacción los resultados no son tan patentes como en la 
reacción de Wassermann, sucede que en un momento dado no se puede 
saber si hay retención ó hemolisis. 

Modificación introducida por nosotros. — Reducimos en primer lugar la 
dosis de cada elemento á la mitad. Comprendimos luego que la cantidad 
de orina debía ser la misma en todos los tubos. Para esto hicimos dife- 
rentes pruebas, resultando que la cantidad más conveniente era de O' 25 
centímetros cúbicos. ' 

Con esta modificación reducimos los cinco tubos de los grupos A y B á 
uno solo, ya que los de cada grupo en lo único que diferían era en la 
cantidad de orina. 

Introducimos luego un comprobante más, formado por otro tubo que 



154 



BOLETÍN DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE BIOLOGÍA 



contenía los mismos elementos que los del tubo A, pero que la cantidad 
de complemento era doble de aquél. 

En resumen, para cada reacción hay cuatro tubos, que se colocan es- 
calonados de arriba abajo y se les llama A, A', B y C. Cada uno de los 
tubos contenía además la cantidad de agua fisiológica necesaria para 
formar 1'5 cent, cúb. 

El siguiente cuadro resumen indica muy bien las cantidades de cada 
elemento que contiene cada tubo : 





OBINA 


SUERO 


COMPLEMENTO 


AGUA FISIOLÓGICA 


A 


0'25 


0'15 


0'25 


0'85 


A'. 


o;25 


0'15 


0'50 


0'60 


B 


0'25 




0'25 


1 


C 


• 0'25 


0'15 




no 



Los restantes tiempos de la reacción se verifican con arreglo á la téc- 
nica ordinaria. 

Ventajas de la modificación. — Con esta modificación se obtienen las 
siguientes ventajas : 

1.^ Es la técnica más sencilla y no se presta á equivocaciones. 

2.* Pueden verificarse muchas reacciones á un tiempo. 

3:* Se gasta menos suero antituberculoso. 

4.*^ Los resultados son muy exactos, ya que en todos interviene la mis- 
ma cantidad de antígeno. Ante una reacción ejecutada con nuestra téc- 
nica puede saberse con exactitud si hay retención ó hemolisis en los tubos 
A y A', es decir, si es positiva ó negativa. 

Pruebas clínicas y experimentales. — Con esta técnica hemos practicado 
200 reacciones en diferentes afecciones tuberculosas y no tuberculosas. 
Los resultados han sido claros y exactos; 120 van detallados en el traba- 
jo presentado á la Real Academia de Medicina de Barcelona, al igual que 
las diferentes pruebas experimentales que han venido á comprobar las 
observaciones clínicas. 

Nota. Este trabajo fué hecho á principios del año 1913; pero por tenerlo que 
presentar ¿ un concurso de una Eeal Academia, nos vimos imposibilitados de 
darlo á la publicidad. 



-j»«€P- 



éOBRÉ LA EXISTENCIA DE CÉLULAS DE PANETH 156 



Sobre la existencia de células de Paneth en el apéndice vermiforme 



P. DEL RIO HORTEGA 



Desde que en 1888 describió Paneth, con el nombre de Kornchenzellen 
(células con granos), los elementos especiales yacentes en el fondo de las 
glándulas de Lieberkühn y R. Heidenhain, Nicolás y Schaffer confirma- 
ron el descubrimiento, ha sido siempre de actualidad el estudio de las 
células de Paneth, de las que aún no poseemos un conocimiento exacto. 

Si revisamos la abundante literatura que existe sobre este asunto, 
salta á la vista, ante todo, el notable desacuerdo existente entre los in- 
vestigadores. Así, vemos que Paneth, Moller, Schaffer, Nicolás, Lubarsch 
y Martins, Trautmann y Zimmermann consideran á las Kornchenzellen 
como exclusivas de las criptas glandulares del intestino delgado, y nie- 
gan su existencia en el intestino grueso, en tanto que StOrr y Bizzozero 
las encuentran en todo el tractus intestinal, Thorel, Schwalbe y Bloch 
en el estómago, y este último aaitor y Kaufmann en las glándulas de 
Brunner. 

Si bien la inmensa mayoría de los autores no menciona ó niega la 
existencia de células de Paneth en el apéndice y admite en sus glándu- 
las disposición idéntica á las del intestino grueso, Bloch las encontró en 
un apéndice de hombre adulto. Pero desde 1903, fecha del trabajo de 
Bloch, nadie ha vuelto á insistir sobre este punto, que estimamos ,de 
algún interés. 

En el Laboratorio del profesor Preñan t, por su consejo, y utilizando 
el abundante material que, con amabilidad nunca bastante agradecida, 
nos proporcionara, hemos efectuado numerosas investigaciones sobre las 
células de Paneth, tratando de aclarar en su triple aspecto citológico, 
microquímico y fisiológico, los muchos puntos dudosos existentes. Délos 
resultados obtenidos (que en su día publicaremos in extenso) entresaca- 
mos la presente nota sobre la presencia de tales células con granos en el 
apéndice vermiforme. 

Hemos examinado varios apéndices de hombre adulto (tres de ellos 
ajusticiados), dos de niño, dos casos de apendicitis y dos de tumor apen- 
dicular. Las piezas fueron fijadas en el licor de Bouin, en el de Flemming 
ó simplemente en formol. Sea cualquiera el fijador empleado, las células 
de Paneth aparecen perfectamente teñidas con el método tricrómico de 

12 



156 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD E8PA:&0LA DE BIOLOGÍA 

Cajal, el de Heidenhain ó el de Gram. Este último, tal y como se utiliza 
en Bacteriología, seguido de la doble coloración de Prenant : eosina pri- 
meramente y después verde lumiére en solución alcohólica concentrada, 
nos ha proporcionado bellísimas coloraciones, en las que las células ex- 
hiben la escasa cromatina de sus núcleos teñida débilmente en violeta, 
los granos protoplásmicos — parle esencial — en color morado y la parte 
amorfa del protoplasma, con los dos matices rosado y verde, caracterís- 
tico el último de la substancia mucoide, que en concepto de Prenant da 
á las células de Paneth el valor de células mucosas especiales. Sabido es 
que Bizzozero las estima como elementos mucosos jóvenes; que KuU y 
Cloeta, por el contrario, las consideran como* células mucosas viejas, y 
que la gran mayoría de autores (Schaffer, Moller, Fischl, Klein, Nicolás, 
Ciaccio) las interpretan comojcélulas morfológica y funcionalmente es- 
peciales. 

Pero sobre esto y sobre los caracteres citológicos no hemos de insistir, 
constriñéndonos por ahora á la cuestión topográfica. 

Hagamos, sin embargo, constar la gramofilia de los granitos celulares, 
que resisten aún más que las mitosis á la decoloración, para añadir que 
el método de Gram debe ser siempre de elección para el estudio de las 
Kornchenzellen . 

Puede considerarse al apéndice como un folículo cerrado tubuliforme 
— amígdala del ciego, según Gerard — , tapizado interiormente por una 
mucosa más ó menos replegada. Este folículo posee los mismos caracte- 
res que los folículos solitarios del intestino y que todos los órganos lin- 
foides; la mucosa que le reviste es idéntica á la de las vellosidades in- 
testinales. Su epitelio de revestimiento ha sido por muchos asimilado al 
del intestino grueso, y sus invaginaciones y repliegues, considerados 
más que como glándulas de Lieberkühn, como pseudoglándulas, ya que 
en ellos faltaba el elemento característico de aquéllas : las células de 
Paneth. 

Podemos dejar sentado desde luego que el epitelio de revestimiento 
de la cavidad apendicular posee exactamente los mismos caracteres que 
en el intestino delgado, tanto por la forma y la talla de sus elementos, 
por sus células caliciformes ó claras y estrechas ú obscuras, y las formas 
de transición entre unas y otras, como por poseer los tipos celulares es- 
tudiados por Nicolás (cellules á grains básales), por Schmidt (Gelbeze- 
Uen), por Ciaccio, Oppel y Kultschitzky. 

En todos los apéndices de hombre adulto examinados existían células 
de Paneth, en mayor ó menor número. Muy escasas ó nulas al nivel de 
la punta, y tanto más abundantes cuanto más dilatado el conducto apen- 
dicular, son numerosas en el cuerpo del órgano, y aún más hacia la 



SOBRE LA EXISTENCIA DE CÉLULAS DE PANETH 157 

base. No existen en todas las criptas, sino tan sólo en las profundas in- 
vaginaciones, en las que puede verse de una á cuatro y hasta seis célu- 
las granulosas. Muchos cortes carecen de ellas y en otros, solamente 
una ó dos criptas las poseen; sin embargo, raro es encontrar una sección 
con más de tres glándulas provistas de ellas. 

Hállanse las células de Paneth siempre situadas en el fondo de las crip- 
tas y poseen un tamaño bastante mayor, á veces, que en las glándulas 
de Lieberkühn del intestino, carácter que se observa, sobre todo, cuando 
el número de aquéllas es muy débil. 

En uno de los casos visto en cortes seriados de 10 mieras de espesor 
aparecía una sola y misma célula en cuatro de aquéllos, seccionada á di- 
versas alturas; sus gi'anos llenaban totalmente el protoplasma y algunos 
ofrecían tamaño doble al ordinario. Por lo demás, los caracteres morfo- 
lógicos y microquímicos corresponden enteramente á los ya conocidos. 

Podemos sentar, pues, la conclusión de que en el apéndice normal del 
hombre adulto existen células de Paneth y, por consiguiente, que este 
órgano posee glándulas de Lieberkühn verdaderas. 

En ninguno de los dos apéndices de niño observados hemos visto célu- 
las de Paneth ni tipo alguno celular que pudiera ser considerado como 
forma de transición entre ellas y el epitelio ordinario. Vése, sin embar- 
go, alguna que otra célula con granitos fuchinófllos básales, idéntica á 
las del intestino. Nuestras observaciones coinciden con las de MoUer, 
Marfan, Nicolás, Zimmermann, Paneth, Schaffer, Lubarsch y Martins y 
Bernard, que niegan la existencia de Panethschezellen en el intestino del 
niño y con las de Fischl y Schmidt, que tampoco las encontraron en el 
feto. Bloch es el único autor que menciona su presencia en el intestino de 
niños en la lactancia, si bien asignándolas caracteres diferentes á los 
típicos (granos apenas coloreables). 

En los apéndices patológicos (apendicitis, tumores), según nuestras ob- 
servaciones, no existen células de Paneth ni vestigio de ellas. 

En la apendicitis (no supurada) obsérvase cierta riqueza celular en 
las criptas glandulares, las cuales se hallan totalmente despegadas del 
tejido linfoide y como envueltas por un dilatado espacio linfático. 

En ellas no se observa sino el epitelio prismático común, salpicado de 
escasas células mucosas. Ninguna célula de Paneth, 

En los tumores (epiteliomas cilindricos) existía abundante formación 
de criptas y repliegues, tapizados de células con iguales caracteres que 
el epitelio del intestino grueso, sin que se destacase con ningún método 
decoloración la presencia de células con granos: ni de Paneth, ni los 
elementos con granos básales cuya proliferación ha sido estudiada en un 
caso de tumor apendicular por Manon. 



158 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE BIOLOGÍA 

Conforme á lo expuesto, se ve que existen células de Paneth en toda 
la porción del tubo digestivo denominada por los embriólogos «asa intes- 
tinal», de la que se origina el intestino 'üelgado y parte del intestino 
grueso (ciego, colon ascendente y transverso). Admitiendo su existen- 
cia en la «porción duodenal», ya que lo afirman Oppel, Zimmermann y 
Metzner, resultan solamente desprovistas de células de Paneth la «dilata- 
ción gástrica» y el «intestino terminal», puesto que en aquélla ponemos 
muy en duda la existencia de células de Paneth, no obstante haber sido 
señalada por Schwalbe y Bloch y por Thorel en casos patológicos, fun- 
dándonos en una observación propia de pared estomacal, en la que exis- 
tían en las glándulas pépsicas y en las intestinales de Brunner células 
con granos más parecidos á los de las células pancreáticas por su tamaño 
y reacciones colorantes que á los de las células de Paneth, con las cuales 
es fácil la confusión cuando no se las estudia con detenimiento. 

Tal profusión de las células de Paneth en el tractus intestinal quita'im- 
portancia á su presencia en el apéndice, pero es un nuevo dato para pro- 
bar que éste no es un órgano absolutamente atrófico al que pueda consi- 
derarse desprovisto de función ; ya que posee glándulas de Lieberkühn 
típicas, ya que en su mucosa existe una activa renovación del epitelio, 
como lo prueba la abundante división celular, y ya que en ningún caso 
se observa la pretendida destrucción de sus glándulas por los leucocitos 
y su transformación en folículos solitarios, observada por Rüdinger en el 
apéndice de cinco decapitados. 

Debemos mencionar, por último, que en los folículos cerrados del apén- 
dice (principalmente en su centro germinativo) hemos encontrado ciertas 
células especiales, que sepamos, todavía no descriptas, las cuales fal- 
tan en los folículos y en la submucosa del intestino humano, pero existen 
en la submucosa del intestino del mono (macaco), las cuales son objeto 
actualmente de nuestro estudio. 

(Trabajo del Laboratorio del profesor Prenant en la Facultad de Medicina de ParisJ. 



SOBRE LA GLIOARQÜITECTÓNICA DE LA CORTEZA CEREBRAL J 59 



Sobre la glioarquitectónica de la corteza cerebral 



N. ACHUCARRO 



A la manera como el plan de estratificación de las células nerviosas en 
la corteza cerebral ha recibido el nombre de citoarquitectónica y la dispo- 
sición particular estratificada de las fibras de mielina en la misma corte- 
za el de mieloarquitectónica, es justo dar el nombre de glioarquitectónica 
de la corteza al modo como la neuroglia se distribuye en la substancia 
gris de las circunvoluciones. 

Este estudio no se ha hecho de un modo sistemático por falta de méto- 
dos adecuados, puesto que el método de Weigert únicamente tiñe cierta 
categoría de células neuróglicas y el método de Golgi no da imágenes uni- 
formes y tiene una aplicación limitada en la corteza de animales adultos. 
Por otra parte, según he manifestado en otras publicaciones, los métodos 
de Held no tienen valor absoluto respecto á este punto, ya que en un 
asunto de primordial importancia, como es el del carácter sincitial ó in- 
dividual de las células neuróglicas, mis imágenes microscópicas y las de 
Cajal se encuentran en contradicción con las descripciones y reproduc- 
ciones de aquel histólogo. 

El método del cloruro de oro con sublimado de Cajal, en primer lugar, 
y el del tanino y plata amoniacal empleado por mí, que, aunque menos 
seguro, contribuye á confirmar y completar á veces los resultados del 
método áurico, permiten atacar el estudio del plan arquitectural de la 
neuroglia en la corteza cerebraí. 

Este estudio comprende el plan fundamental de arquitectura de la cor- 
teza, sus variaciones regionales y la histología comparada de esta arqui- 
tectura neuróglica en distintas especies. 

Aparte de su interés biológico, el intentar este estudio es de toda ne- 
cesidad para trabajar con fruto en la histopatología cortical, pues es sa- 
bido que la neuroglia se altera fácilmente y que ciertas formas de neuro- 
glia que se encuentran á determinadas alturas de la corteza cerebral, 
como, por ejemplo, las células protoplásmicas de estratos medios corti- 
cales, pueden transformarse en células fibrosas, las cuales muy frecuen- 
temente llevan en su morfología y estructura indicios ó claros signos de 
su naturaleza patológica, pero que otras veces son tan semejantes á las 
células normales de los estratos profundos de la corteza cerebral, que su 



160 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE BIOLOGÍA 



carácter patológico únicamente se manifiesta por encontrarse en capas 
donde no existen células fibrosas habitualmente. 

En esta comunicación hemos estudiado únicamente la neurogliadel asta 
de Ammon en su estratificación y disposición arquitectural. 

El asta de Ammon, desde el punto de vista de la citoarquitectónica neu- 
roñal, es calificado por Brodmann como cortex rudimentarius y como cor- 
teza de las llamadas por este autor heterogenéticas, las cuales en todo 
tiempo de la evolución presentan una estratificación que se separa del 
plan fundamental de las seis capas de la corteza normal. Este mismo lu- 
gar le correspondería, según Brodmann, á la fascia dentata. 

La histología neuronal de estas dos formaciones está bien conocida 
gracias á los trabajos de Golgi, Sala, Lugaro y recientemente Doinikow, 
pero muy especialmente gracias á la clásica monografía de Cajal, la cual 
data de 1893, y cuya descripción histológica no ha sido superada pos- 
teriormente. 

Nuestras preparaciones son de material humano, y entre ellas hemos 
estudiado con atención varias preparaciones de Cajal, puestas para este 
objeto generosamente á nuestra disposición ; además, hemos estudiado el 
asta de Ammon del mono, del perro y del gato; el cerebro de un niño de 
pocos meses ha servido para darnos alguna idea respecto al desarrollo. 

En una sección del asta de Ammon en su parte superior podremos es- 
tudiar seguidamente y á partir desde el ventrículo toda la estratificación 
del asta de Ammon y la de la fascia dentata, que se hallan á continua- 
ción, pero tocándose por sus capas superficiales ó moleculares. 

A continuación de la capa epitelial del asta de Ammon limitante con el 
ventrículo, la cual está formada de células cúbicas que hacia la profun- 
didad del alveus envían fibras que recorren extensiones considerables de 
la preparación, nos encontramos con la capa de substancia blanca cono- 
cida con el nombre de alveus y que corresponde á la substancia blanca 
de una circunvolución ordinaria. 

La neuroglia se encuentra formada aquí de células fibrosas de tamaño 
mediano, con pies de implantación en los vasos, algo mayores que las 
prolongaciones ordinarias. En esta capa no se encuentran nunca en el 
adulto células de tipo protoplásmico. 

En la capa siguiente, en el stratum oriens^ las células son también 
fibrosas en su mayoría, pero se diferencian de las del alveus en su tama- 
ño, que es mucho mayor, y en el espesor y sencillez de sus ramificacio- 
nes. Ya en la vecindad ó zona de transición con la capa de las pirámides 
ó stratum lucidum se presentan elementos mixtos, fibrosos en parte, en 
parte protoplásmicos, como los que Cajal ha descripto en la corteza 
corriente. 



SOBRE LA GLIOARQÜITECTÓNICA DE LA CORTEZA CEREBRAL 161 

Desde el estrato piramidal hasta la zona molecular fronteriza con la 
fascia dentata, las células neuróglicas son del tipo protoplásmico y pre- 
cisamente aquéllas en las que el protoplasma es más abundante y más 
ramificado. 

Aquí la estructura reticulada descripta por Cajal es más manifiesta y 
precisa que en ningún otro punto de la corteza. Las células francamente 
estrelladas y más ó menos adaptadas á las pirámides de la capa pirami- 
dal en esta zona, cambian de forma en el stratum radiatum, en donde 
abundan los elementos alargados con penachos protoplásmicos, orienta- 
dos en sus ejes principales paralelamente á las prolongaciones protoplás • 
micas de las células piramidales. Algunas de estas ramas son realmente 
espesísimas, y en la parte periférica del estrato, en su vecindad con la 
capa lacunosa, se ven muchas prolongaciones, en las que se presenta el 
fenómeno de la fractura dendrítica ó klasmatodendrosis de Cajal. 

El stratum lacunosum presenta células de protoplasma más exiguo, de 
prolongaciones más esbeltas, de ramificaciones menos profusas y ele- 
mentos mixtos que han sufrido en parte la esclerosis fibrosa y hasta al- 
gunos francamente fibrosos. En esta zona, en la que los cortes de los 
grandes fascículos mielínicos que dan el aspecto lacunoso se presentan 
por el método del oro en claro, se ven células neuróglicas periféricas á 
estos fascículos y adaptado su cuerpo á la superficie de los mismos. 

La zona molecular, finalmente, tiene células fibrosas, pero en su mayor 
parte de pequeño tamaño, y se funde con la superficial de la capa mole- 
cular de la fascia dentata en aquellos parajes en que las dos circunvolu- 
ciones se hallan adosadas por sus capas moleculares. 

Esta fusión de las dos circunvoluciones existe realmente en el adulto, 
y las células neuróglicas que se encuentran en la frontera, células que 
son de carácter fibroso, extienden hacia un lado y otro, es decir, hacia 
las capas moleculares de asta de Ammon y de fascia dentata, sus expan- 
siones. 

La zona molecular de la fascia dentata tiene dos clases de elementos 
neuróglicos en el hombre adulto, unos de carácter netamente protoplás- 
mico, estrellados ó alargados, con arborizaciones enteramente iguales á 
las protoplásmicas de la corteza ammónica, pero de una sutileza extra- 
ordinaria; tanto, que su estructura reticulada casi no es perceptible. 
Estas células llenan la zona molecular, dando en parte el aspecto reticu- 
lado que á un análisis superficial pudiera dar la impresión de la supuesta 
red sincitial de Held. 

Además de esta estructura protoplásmica se ven en el hombre adulto 
finas hebras neuróglicas poco numerosas, apenas perceptibles, de carác- 
ter fibroso y que parecen proceder de la zona granulosa de la fascia den- 



162 BOLETÍN DE LA SOClÉDAt) ESfANOLA DÉ filOLOGÍA 

tata. Más tarde veremos que estas fibras, aquí insignificantes, y que ya 
por su orientación recuerdan las fibras de Bergmann del cerebelo, tienen 
en épocas más tempranas un desarrollo considerable. 

La capa de los granos de la fascia dentata tiene células neuróglicas de 
tipo protoplásmico en su mayoría, pero también algunas fibrosas, las 
cuales se hallan especialmente en la zona más cercana á la parte en- 
vuelta de asta de Ammon, la cual en la disposición de sus células ner- 
viosas suele tener aspecto de trompa, y que llamaremos, para abreviar, 
la trompa del asta de Ammon. De entre estas células neuróglicas, veci- 
nas á la trompa, parten los ñnos hilos penetrantes que hemos visto en la 
capa molecular de la fascia dentata. 

Finalmente, y siguiendo nuestra excursión á través del asta de Ammon 
y fascia dentata, llegamos á la región de la trompa ammónica, región 
que representa nuevamente el stratum lucidum y el stratum oriens de la 
corteza ammónica, y cuya estructura neuróglica hay que describir nue- 
vamente, porque aquí es netamente fibrosa en el adulto. Así como en la 
zona de la capa piramidal vecina al ventrículo las células neuróglicas 
eran en su mayor parte protoplásmicas, aquí son fibrosas, y lo mismo 
las células libres en el tejido que las satélites de las nerviosas. 

No vamos á enumerar detalladamente aquí las diferencias de esta es- 
tratificación neuróglica con la que observamos en los animales y en épo- 
cas anteriores de la evolución. Como ejemplo de lo interesante de este 
estudio señalaremos solamente que en el mono (macaco) examinado por 
nosotros, la estratificación es muy semejante al hombre por lo que se re- 
fiere á células protoplásmicas y fibrosas. La capa de las pirámides, el 
stratum radiatum y la capa molecular de la fascia dentata, están pobla- 
das en el mono también por células protoplásmicas. En cambio, el perro, 
el gato y el conejo tienen en estos lugares células genuinamente fibrosas. 

Respecto á detalle histogenético de importancia, sólo mencionaremos 
aquí que las fibras finas perforantes de la capa de los granos de la fascia 
dentata tienen la mayor importancia en el recién nacido. Así, en un gato 
de diez días son las estructuras más importantes de esta capa, tienen ca- 
rácter protoplásmico, y únicamente más tarde se esclerosan, se atrofian, 
y las células neuróglicas propias de la capa se transforman en la estruc- 
tura predominante. 



Resumen del acta de la Junta ordinaria celebrada 
el 22 de Enero de 1915. 

El Sr. Contador presentó un estado detallado de las cuentas corres- 
pondientes al año de 1914, que fueron aprobadas. 

Fueron admitidos como Socios los señores siguientes: D. Luis Fortún, 
D. Manuel Marcelo Sánchez y D. Juan Peset (de Sevilla). 

Debiendo renovarse los cargos de Vicepresidente, Contador y uno de 
los Vocales de la Junta Directiva, se procedió á la designación de los 
Socios que hayan de desempeñarlos, resultando elegidos: para Vicepre- 
sidente, D. Gustavo Pittaluga; para Contador, D. Francisco Tello (reele- 
gido), y para Vocal, D. Luis R. Hiera. 

Además, como estuviese vacante, por renuncia de D. Gonzalo R. La- 
fora, el cargo de Secretario de la Sociedad, se procedió á la elección, 
resultando designado para dicho cargo D. Domingo Sánchez y Sánchez, 
quedando constituida del modo siguiente la 

Junta Directiva de la Sociedad Española de Biología para 1915. 

Presidente Excmo. Sr. D. Santiago Ramón y Cajal. 

Vicepresidente D. Gustavo Pittaluga. 

Secretario D. Domingo Sánchez. 

Contador D. Francisco Tello. 

Vocal D. José Casares. 

Vocal D. Luis R. Hiera. 



Lista de Socios de la Española de Biología en 22 de Enero de 1915. 



Achúcarro (D. Nicolás), 
Aguilar (D. Florestán), 
Alonso Celada (D. José). 
Arredondo (D. Manuel). 
Azúa (D. Germán). 
Azúa (D. Juan). 
Bolívar (D. Ignacio). 
Bourkaib (D. José). 
Calandre (D. Luis). 
Cardenal (D. León). 
Casares (D. José). 
Celada (D. Vicente). 
Colomo (D. Victoriano). 
Collantes Cortezo. 
De Buen (D. Odón). 
Fortún (D. Luis). 
García (D. Dalmacio). 
García del Diestro (D. José). 
García Hurtado (D. Saturnino). 
Gayarre (D. Miguel). 
Gómez (D. José). 
González Tomás (D. Julio). 
Goyanes (D. José). 
Hernando (D. Teófilo). 
Hinojar (D. Adolfo). 
Huertas (D. Francisco). 
Lamas (D. Luis). 
Lecha-Marzo (D. Antonio). 
Leoz (D. Galo). 
López (D. Baudilio). 
López Elizagaray (D. Jacobo). 
Llórente (D. Vicente). 
M. Díaz del Villar (D. Juan). 
Madinaveitia (D. Juan). 
Maestre (D. Tomás). 



Marañón (D. Gregorio). 
Márquez (D. Manuel). 
Medina (D. Alfonso). 
Megías (D. Jerónimo). 
Mendoza (D. Antonio). 
Mouriz (D. José). 
Olivares (D. Laureano). 
Ortiz de la Torre (D. José). 
Paradle (D. Félix). 
Pascual y Ríoh (D. Salvador). 
Pittaluga (D. Gustavo). 
Prieto (D. Pantaleón). 
Ramón y Cajal (D. Santiago). 
Ramón Fañanás (D. Jorge). 
Río Hortega (D. Pío). 
Rodríguez Carracido (D. José). 
Rodríguez Hiera (D. Luis). 
Rodríguez Lafora(D. Gonzalo). 
R. Arcante (D. Lorenzo). 
Rubiano (D. Santos). 
Ruíz Falcó (D. Antonio). 
Sacristán (D. José). 
Sacristán (D. Juan). 
Sánchez (D. Domingo). 
Sánchez (D. Marcelo). 
Sánchez Covisa (D. Isidro). 
Sánchez Covisa (D. José). 
Simarro Lacabra (D. Luis). ' 
Simoneua (D. Antonio). 
Tello (D. Francisco). 
Terroba (D. Antonio). 
Toledo (D. Julio). 
Valderrama (D. José). 
Verdes Montenegro (D. José). 







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Año IV. 



Enero -Febrero, 1914. 



Núm. 26. 



Boletín 



DE LA 



^SOCIEDAD ESPAÑOLA 



DE 



BIOLOGÍA 



SUMARIO 




Sesión del 23 de Ener*. 

', L. Lamas. — Estudio de Vibriones. 
Dos especies nuevas 1 

tjS. Carr acido, Madinaveitia y Va- 
rillaa. — Determinación cuantita- 
tiva de la colesterina en la san- 
gre . . .'. 6 

Maestre y Lecha- Marzo, — Sobre una 

[• nueva reacción microquímica del 
fósforo 8 

■Q. Marañan y G. García Urdíales — 
Sobre el aumento de peso deter- 
minado por el extracto tiroideo.. 11 

P. Varillas. — Contribución al es- 

f tudio de la formación del ácido 
diacótico en el hígado . . 16 

A. Corteza y Callantes. — Contribu- 
ción al estudio de la revelación 
de huellas digitales invisibles. ... 20 



P. Mayoral. — Curación de la tuber- 
culosis experimental del cobaya 
por la bacterioterapia específica. 22 

Sesión del 26 de Febrero. 

A^. Achúcarro y M. Gayarre.—NxíBVOS 
estudios sobre la histopatologla 
de la parálisis general con el mé- 
todo al cloruro de oro y subli- 
mado de Cajal 29 

Gonzalo R. Lafora, - Fenómenos pro- 
gresivos de las células nerviosas 
en la senilidad 33 

T. Maestre y A. Lecha-Marzo. — Nuevo 
método para la obtención de los 
dactilogramas y estudio micros- 
cópico do las crestas papilares .. 85 

J. Mouriz Riesgo.— Sobre la reacción 
de Abderhalden 89 



MADRID 

IMPRENTA DE HIJOS DE NICOLÁS MOYA 

OarciUuo, 8, v Ccurrela», S. 



1914 



/ídvertencias importantes. 



Con objeto de evitar retrasos en la entrega de los originales ó comu- 
nicaciones hechas en la Sociedad, se ruega á los Sres. Socios, los cuales 
hayan de tomar parte en una sesión, que lleven consigo el original escri- 
to y lo entreguen al Secretario después de su lectura. Sin esta condición 
no se permitirá el presentar la comunicación. 



A cada comunicante le serán entregados 50 ejemplares de su comuni- 
cación, recortados del Boletín; el que desee una tirada aparte en regla, 
lo advertirá al entregar el manuscrito y abonará los gastos que ocasione. 



La correspondencia relacionada con la publicación del Boletín, debe « 
dirigirse al Secretario, D. Gonzalo R. Lafora, Orellana, 10, bajo, iz- 
quierda, Madrid. 



El precio de suscripción al Boletín es 12 pesetas al año en España 
y 13 francos en el extianjero. 



La próxima sesión tendrá lugar en el Colegio de Médicos el 
viernes 17 de Abril, á las seis y media de la tarde. 



Año IV. 



Marzo-Abril, 1914. 



Núm. 27. 



Boletín 



DE LA 



S OCIEDAD E SPAÑOLA 



DE 



BIOLOGÍA 






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SUMARIO 






Sesión del 29 de Marzo. 

Sánchez de Val. — Tratamiento de la 
triquinosis 45 

Salvador Pascual. — La reacción del 
antigeno en las orinas tubercu- 
losas 5á 

O. Marañan y P. Varillas.— liAa va- 
riaciones de la colesterinemia en 
la viruela 60 

Rudolf AUers (Munich) y José M. Sa- 
cristán.— 'Examen del metabolismo 
en cuatro epilépticos 66 

Antonio Piga. — Una nueva interpre- 
tación del fenómeno de Arthua 
gangrenoso 74 

Antonio Piga. — Algunas investiga- 
ciones sobre una nueva prueba 
microquimica del esperma 76 



Sesión del 19 de Abril. 

/. Rodriguez Carr acido y A. Madina- 
veitia. — Sobre la acción fisiológica 
del estirol 81 

Sadi de Buen. — Sobre una tenia 
nueva en España 83 

Leoz Ortín y L. R. Arcante. — Pro- 
cesos regenerativos del nervio 
óptico y retina con ocasión de in- 
gertos nerviosos 88 

Q. Marañan — Algunos datos expe- 
rimentales sobre la influencia re- 
cíproca de los órganos de secre- 
ción interna en el metabolismo 
hidrocarburado 94 

Gonzalo R. Lafora. — Sobro la pre- 
sencia de células pseudo-plasmá- 
ticas en el líquido cefalorraquí- 
deo de la meningitis cerebro-es- 
pinal epidémica 95 

J. D. Sacristán. — Alteraciones espe- 
ciales del conectivo en la glán- 
dula pineal humana 98 



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Garcilaso, 6, (/ Carreiat, S. 

1914 



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Con objeto de evitar retrasos en la entrega de los originales ó comu- 
nicaciones hechas en la Sociedad, se ruega á los Sres. Socios, los cuales 
hayan de tomar parte en una sesión, que lleven consigo el original escri- 
to y lo entreguen al Secretario después de su lectura. Sin esta condición 
no se permitirá el presentar la comunicación. 



A cada comunicante le serán entregados 50 ejemplares de su comuni- 
cación, recortados del Boletín ; el que desee una tirada aparte en regla, 
lo advertirá al entregar el manuscrito y abonará los gastos que ocasione. 



La correspondencia relacionada con la publicación del Boletín, debe 
dirigirse al Secretario, D. Gonzalo R. Lafora, Orellana, 10, bajo, iz- 
quierda, Madrid. 



El precio de suscripción al Boletín es 12 pesetas al año en España 
y 13 francos en el extranjero. 



Año IV. 



Mayo, 1914. 



Núm. 28. 



Boletín 



DE LA 



S OCIEDAD ESPAÑOLA 



DE 



BIOLOGÍA 



SUMARIO 



Sesión del Zt de May». 

L. Calandre. — Sobre algunos de- 
talles de la estructura del mio- 
cardio 101 

P. Mayoral. — Estudio experimen- 
tal de los caracteres de forma y 
tinción del virus tuberculoso... 103 

P. Mayoral. — Sanaría del conejo 
en la carótida. — Un detalle téc- 
nico 113 




A. Lecha-Marzo. — Sobre el hemo- 
cromóf?eno ácido 114 

P. Varillas y S. Pascual. — Contri- 
bución al estudio de la reacción 
de Salomón y Salx 116 

P. del Río y Hortega. — Nota sobre 
un nuevo método para la colo- 
ración del espiroquete déla 
sífilis 119 



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1914 



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hayan de tomar parte en una sesión, que lleven consigo el original escri- 
to y lo entreguen al Secretario después de su lectura. Sin esta condición 
no se permitirá el presentar la comunicación. 



A cada comunicante le serán entregados 50 ejemplares de su comuni- 
cación, recortados del Boletín; el que desee una tirada aparte en regla, 
lo advertirá al entregar el manuscrito y abonará los gastos que ocasione. 



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Año IV. 



Octubre, 1914.— Enero, 1915. Núm. 29. 



Boletín 



DE LA 



S OCIEDAD ESPAÑOLA 



DE 



BIOLOGÍA 



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SUMARIO 



Sesión del 30 de Octubre 



P. del Rio Hortega. — Conexiones 
entre el tejido conjuntivo y laa 
células del carcinoma 123 

P. del Rio Hortega. — Sobre la exis- 
tencia de epitelio-fibrillas en las 
células cancerosas 124 

J. Francisco Tello.— Algunas expe- 
riencias de ingerto nervioso con 
nervios conservados «invitro». 129 

Sesión del SS de Enero 

Luis Fortún. — Sobre el tejido con- 
juntivo en los ganglios sensiti- 
vos y simpáticos 136 

M. Marcelo Sánchez.— GontTihnciÓTL 
al estudio del aparato endo- 
celular de Golgi de los granos 
de la corteza del cerebelo 140 




Gustavo Pittaluga. — A propósito de 
los caballos pensantes de El- 
berfeld 143 

J. Francisco TaZío. — Otra modifica- 
ción del método de la plata para 
la rápida impregnación del te- 
jido conectivo 147 

Manuel Seres. — Territorios arte- 
riales del riñon 150 

Seres y Bellido. — Modificación de 
la reacción de Debré y Paraf 
para la investigación del antí- 
geno tuberculoso en la orina — 152 

P. deVRio Hortega.— Sobre la exis- 
tencia de células de Paneth 
en el apéndice vermiforme 155 

N. Ackúcarro. — Sobre la glioarqui- 
tectónica de la corteza cerebral. 159 



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dirigirse al Secretario, D. Domingo Sánchez, Laboratorio de Investi- 
gaciones biológicas, Paseo de Atocha, 13, Madrid. 



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y 13 francos en el exti-anjero. 



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