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boletín 



REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 



BOLETÍN 



DE LA 



REAí) ACADEMIA DE LA HISTORIA 



TOMO XXX 



MADRID 

í:sta.blegimiento tipográfico de fortanet 

IMPRK30K DE LA REAL ACADP^MIA UV. LA lUíiTOltlA 

Calle de la Libertad, núm. '20 
i 89 7 



«En las obras que la Academia aJopte y publique , cada autor será responsable de 
sus asertos y opiniones; el Cuerpo lo será, solamente de que las obras sean acreedoras- 
á la luz pública.>> 



DP 



■i.lo-?>i 



Estatuto XXV. 






boletín 



DE LA. 



REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA, 



TOMO XXX. Enero, 1897. CUADERNO I. 



INFORMES. 



I. 

LA. EMBAJADA DEL BARÓN DE RIPPERDA EN VIENA. 
(■1 725). 

Con el lítulo de Une Coiir et un aventurier au XVlll'^ siéele. Le 
fiaron de Ripperda d'^apres des documents inédits des Archives 
imperiales de Vienne et des Archives du Minislere des affaires 
étrangéres de París (1), ha publicado M. G. Syveton un interesante 
libro, cuyo informe me ha encomendado la Academia, sobre un 
período del reinado de Felipe V, tan breve como importante y 
poco conocido. La crisis política en la que tan principal papel 
•desempeña el célebre Barón de Ripperda abarca los años compren- 
didos entre 1724 y 1729, y fué producida, como es sabido, por la 
pasajera aproximación de las Cortes de Madrid y de Viena, mor- 
tales enemigas antes de la primera de aquellas fechas, íntimas 
•aliadas en el tiempo que entre ellas transcurre y nuevamente 
<!nemigas después. ¿Porqué se concluyó esta alianza? ¿En qué 
consistía exactamente? ¿Cómo se deshizo? Hé aquí los principa- 
les puntos dudosos que viene ;i resolver este libro. I^ira conse- 
guirlo, ha examinado su autor en los Archivos imperiales de 
Viena los protocolos y documentos de la Conferencia secreta re- 



(1) Paris, 1896. 



fi ItOI.KTIN l)K LA IIKAI, ACADKMIA DK I, A HISTOIUA. 

liilivos á las iicj,'OC¡acio!ics do Hijjperda en a(jiiella Corte, las re- 
laciones tío los plenipotenciarios impcfiales en el Gongi-eso de 
('arnl)iay, la correspondencia del Embajador imperial en Madrid, 
Conde de Kooiiigsegg; y en el Archivo del Ministerio de Nego- 
cios extranjeros de Francia la correspondencia de Tesséy de Mor- 
ville, los despachos de los agentes franceses en Madrid y del Em- 
bajador inglés Staiili()[)e en la (]orle d(í España, y otras fuentes 
históricas de rcconoci(Ja autenticidad. De lamentar es, sin em- 
bargo, (jue á más de tan valiosos elementos y con las excelenles- 
dotes liistiH'icas dul autor, entre l;is (|ue descuellan su atinada 
crítica y su clara y metódica exposición, no haya consultado Ios- 
Archivos españoles, donde seguramente hubiera hallado precio- 
sos documentos sobre el lema de su libro, que á la vez que de 
comi)rolíación le hubiei'au servido para dar mayor ampliación y 
fundamento ;i su trabajo. 

La atenta lectura de él evidencia desde luego la verdad de mi 
juicio sobre el autor y su obra, y los documentos secretísimos y 
del mayoi" interés histórico, que en el breve tiempo de que me ha 
sido dado disponer he encontrado en el Archivo general de Alcalá 
de Henares, y á continuación inserto, justifican lo probable de 
mi presunción. 

I. 

Guando volvió á empuñar el cetro Felipe V (I), después de la 
muei'tede Luis I, hallábase en un estado casi completo de decre- 
pitud á pesar de no tener sino poco más de cuarenta años. Apá- 
tico, triste, sombrío, retraído, estaba ajjsolutamente dominado 
por la Reina. Conocedora ésta de todos los negocios interiores y 
exteriores de España, su voluntad era la regla del Estado, y la. 
política de España se reducía á la política de la Reina (2). Isabel 
Farnesio era muy inteligente, pero jamás pudo elevarse á una 



(1) El 6 de Septiembre de 17-24. 

(2) juchas veces se había advertido que uaa sola palabra, una mirada significa- 
tiva , la menor señal de Isabel Farnesio influia decisivamente sobre el Ministro Gri- 
maldo, que fué, después de Alberoni , el que llevaba todo el peso de los negocios. La 
misma intluencia ejercía la Reina sóbrelos rtem is Secretarios deEstado (Baudrillart: 
Philippe V eC la Coiir de France, tomo ii , pág. 5c2. ) 



LA EMBAJADA DEL BARÓN DE HIPPEHDA EN VIENA. / 

verdadera concepción políiica. El Rey (de Francia), dice la Ins- 
trucción áTessé, considera á la Reina como persona que tiene 
más viveza qne conociniienlo de los negocios. Este era también 
el juicio de todos los contemporáneos. Provení;i acaso esta condi- 
ción de no haber recibido edncación polítici preliminar. Criada 
con suma dureza y en la más estreciía reclusión por su madre, al 
encoutrai'se Reina omnipotente en España sinLió que pesaba sobre 
su existencia una fatalidad: no er;i la madre del futuro Rey de 
España. Esta fué su gran desgracia, y la que la condenó, dado su 
carácter, su posición y his circunstancias, á cálculos egoislas y 
mezquinos. Viviendo el príncipe D. Fernando, hijo de Felipe Vy 
de su primera mujer, lo más probable era que los hijos de Isabel 
uo reinasen en España. ¿Y qué seria de ella si sn marido llegase 
á precederla en la muerte? El ejemplo de la viuda de Garlos lí, 
viviendo oscuramente en Bayona, era para eUa una perspectiva 
harto triste y aílictiva. 

No es, por tanto, de maravillar i]ue su primer cuidado fuese 
ponerse al abrigo, por todos los medios posibles, de tan temeroso 
porvenir. Gomo tenía derecho á la sucesión de los dncailos de 
Parma y Plasencia y al gran ducado de Toscana, hizo reclamar 
por Felipe V, al día siguiente de su matrimonio, el reconoci- 
miento de estos derechos para sí y para su descendencia. En 1716 
tuvo un hijo, y ya desde entonces uo pensó más que en hacer del 
Infante D. Garlos un soberano independiente en vida del Rey su 
marido, á cuyo lado, después del fallecimiento de éste, pudiera 
ella retirarse y mandar (1). 



1) «Obtener para su hijo primog'énito (D. Carlos) un establecimiento soberano 
ilonile pudiese ella retirarse más tarde, era su pensamiento fijo, dia y noche. Servirla 
en esto era conquistar su amistad » Instrucciones del Regente de Francia al Emba- 
jador Marqués de Maulevrier. En la obra de Mr. Baudrillart Philippc V et la Coitu- 
de /''/-««ce.— Este mismo escritor observa con razón que no se explica la política do 
los Soberanos de España, ni sobre todo la prisa que tenian por establecer sus hijos, 
aun los de m.'cs tierna edad, ya por matrimonios, ya por adquisiciones territoriales, si 
no se tuviese siempre presente el secreto pensamiento, ó mejor dicho, el voto que 
desde el 27 de Julio de n2() habían hecho y jurado y varias veces renovado, de 
abdicar la Corona de España antes del I." de Noviembre de 17"23.— También las 
bruscas oscilaciones de la salud del Rey hacían temer á la Reina antes y después de 
esta fecha un pronto y funesto desenlace, y de aquí su prisa para dejar antes colo- 
cados y asegurados sus hijos. 



n IIOI-ETIN Í)R L\ HEAI. ACAÜIÍMIA DE LA HISTOIUA. 

Eli Alljci'oiii eiicoiilr(3 la roiiia el hombro más adecuado para el 
desarrollo y ojeciicióii fie sus atrevidos planes, elev.íiuiole por 
csl.i iaz(')ii á la calegoi'ía de ministro absoluto y universal. Pero 
con la leconquisla de Gerdeña y Sicilia «la Corte de Madrid había 
violado la paz de Ulrech y l'alseado el sistema de equilibrio euro- 
peo tan penosamente tejido en aquel Congreso» (1). En su conse- 
cuencia, firmóse en Londres el 2 de Agosto de 1718 el tratado de 
la Cuádruple Alianza. No le aceptó Felipe V; nos declararon la 
guerra Francia ó Inglaterra, y después de repetidos desastres que 
sufrimos, tuvo al íin el Rey de España que adherirse á aquel 
tratado (2), evacuando nuestras tropas Cerdeña y Sicilia y cayen- 
do derrocado de su altura el ministro que por complacer á la Reina 
había fraguado aquellas quiméricas conquistas. 

«Con el tratado de la Cu;ldruple Alianza habían tocado su úl- 
timo término las discordias causadas por la sucesión al trono 
español. Carlos VI acababa de reconocer solemnemente á Fe- 
lipe V como Rey de España y éste á su vez había renunciado á 
favor del Emperador las provincias de Italia y de los Países Ba- 
jos.» Obtuvo entonces Felipe V la seguridad de que su hijo el 
infante D. Carlos sucedería en Parma y en Florencia á los Far- 
nesios y Médicis, cuando estas dos casas se extinguieran. Mas 
como D. Carlos podía morir, tuvo buen cuidado la Reina de es- 
tipulaj- que en este caso pasarían los ducados ásus hermanos; y 
todavía en 1723 llevó su precaución al extremo inconveniente y 
poco decoroso de exigir y obtener que se insertase en el decreto 
de investidura eventual concedida por el Emperador á D. Carlos 
que la expectativa de los ducados se extendiese á los hijos que 
pudiera tener de un segundo matrimonio después de la muerte 
de Felipe V. 

Para estrechar con nuevos lazos la alianza pactada entre Es- 
paña, Francia é Inglaterra en el tratado de Madrid de 1721, se 
ajustó con la segunda de aquellas potencias el doble matrimonio 
de D. Luis, príncipe de Asturias, con Luisa Isabel, hija del 
Duque de Orleans, Regente de Francia, y del Rey Luis XV con 



(1) Cantillo. 

<2) El 17 de Febrero de llü). 



LA EMBAJADA DEL BARÓN DE BIPPERDA EN VIENA. 9 

la Infanta Doña María Ana, niña de cinco años, hija de Felipe V 
y de Isabel Farnesio, verificándose en el mismo año la entrega 
recíproca de las dos princesas. Y para resolver las diñcnltades 
existentes todavía entre las Cortes de Austi-ia, España y Saboya, 
se fiabía resuello por un artículo de aquel tratado juntar un 
Congreso en Cambray para que las discutiera y terminara bíijo 
la mediación de Francia é Inglaterra. Empezó el Congreso sus 
tareas el 26 de Enero de 1724; pero eran tantas las dificultades y 
(an opuestas las pretensiones, que su trabajo parecía de todo 
punto infructuoso ó iulermin;ible. Aconsejada acaso la Reina por 
el Duque de Parnia y por su influyente representante en esta 
corle el Marqués Scotti, resolvió en el verano del citado año im- 
pulsar á Francia é Inglaterra á una acción decisiva en Italia á 
favor del Infante D. Carlos, y con este objeto envió secretamente 
á aquellas Cortes al Marqués de Monteleón, cuya misión fracasó 
por no querer los Gabinetes de París y de Londres secundar los 
propósitos del de España, que desde luego producirían la guerra 
general. 

«La Reina de España Doña Isabel Farnesio, cuya capacidad y 
enérgico carácter la daba una absoluta prepotencia sobre su es- 
poso, y cuyo amor materno llenó por muchos años de turbaciones 
la Europa con el solo fin de formar establecimientos en Italia á 
sus hijos D. Carlos y D. Felipe (1), penetró desde luego que si 
encomendaba los intereses de éstos á las inciertas y perezosas 
resoluciones de Cambray, no llegaría á ver realizados nunca los 



U) Con noble entereza á la vez que con profundo pesar se quejaVia el insigne Ge- 
neral Marqués de la Mina al Rey D. Fernando VI en el primer año de su reinado de 
aquel deplorable y funesto sistema en un Dictamen cifrado dirigido al Ministro Mar- 
qués de la Ensenada, sobre la guerra emprendida en Italia para el establecimiento 
del Infante D. Felipe, representándole el ejemplo de Luis XIV. «S. M. habrá leido, 
porque fué antes que naciese, en la historia de su glorioso bisabuelo Luis XIV, que 
tuvo tres nietos en tiempo que no conoció su voluntad y su poder m;ís imperio que 
el de sus armas, y se contentó con tenerles en su Corte, llamar al uno Duque de 
Borgoña, al otro de Anjou y al tercero de Berry, hasta que la falta de sucesión de 
España le dio derecho para disputar la Corona. Es ya distinto el caso en que se 
halla S. M., sin arbitrio para imitar aquel ejemplo, por el ruido que ha dado en el 
mundo la explicación contraria, de que me hago cargo con pesar.» Véase mi estudio 
biográfico: Don Cenóu de Somodevilla, Murqtiés de la Ensenada, pag. 496. 



10 HOMCTIN DK I. A III:AI. AC.A DKM IA li K I. A HISTOItlA. 

[)iT)y(Ti()s aiuhifinsos (jiic ,il)ri^';ibii Sil corazón. Iiiclitió, pues, 
(lio>li;iii)(;iil(! ;í su csposf) ;i iiii.i siiiceiM i-ecoiiciliacioii con el 
Aiisli-ian (M. Francia é Iii.i^l.Hcii a il'! iiii hulo y el Austria du olro 
eran Ins (Ims polos, s^.l^iíii la cxpi-üsiiMí dtí M. SyvcLoii, enlrc; los 
ctialíís lialiíaii osfilado sus |)laues. Mas eu el espirilu de la lieiiri 
una alianza [nililica (hdiía si;r .^araulizaila y fortalecida por oLi'a 
alianza de lamilla. Así se liahía auP-iaoiaiiiMile [¡radicado COll 
Francia incilianU! Ifjs proyectados dídilcs eiilaces, y así su dis- 
ponía ;i eroi'luarlo ahora [M'opínni-ndo (d casauii(;uto de los dos 
Infaulcs sus hijos con ilos A lídiidiKjnosas, hijas de Carlos VI. El 
l*ríucipe I). I^'rina mío, ;'i [¡esai- lic ser el [jresuuio heredero del 
trono español y de tenei- om-,tí años, estaha rele,L;ado por la c/ihala 
política i'i segundo término. 

Después de la caída de All)eroni, el Mai'.jnés de Grimaldo fué 
el Ministi'o (jue ahsorhió la ma\or parle del [)oder ministerial. 
Kstiiníljale el Hey, |)ero d(;scoiiíial)a de él la Reina, por el juicio 
(jnií acerca de su [)ersona le hahía imlmído Alheroni, y piinci- 
palmenle [lor ser hechura del Gobierno inylés, tle! (|ne se afir- 
maba había recibido dinero. Por este motivo la Reina para (jue 
sus secretos [)lanes fueran mejor secundados, favoreció cuanto 
pudo á D. Juan Bautista Oremlayn. el oficial m;ís inteligente y 
discreto que Grimaldo tenía en la Secretaría de Estado, eleván- 
dole á la categoría de Ministi'o adjunto. El fué el que, fr;¡casada 
la misión del Marqués de Montideón en París, redactó, de acuerdo 
con los i'eyes, y con el mayor misterio, las Instrucciones (2) para 
el enviado secreto (jue debía ir á Viena á proponer la paz, la 
alianza política y los matrimonios. Según ellas el enviado secreto 
debía pio¡>ouei" al Emper.idor eu primer término y como princi- 
pal objeto el casamiento del Iiiuinte D. Carlos con la Archidu- 
quesa, hija mayor de Carlos VI, d;indola en dote todos los países 
hereditarios du Alemania para después de los dilatados días de 
su vida; y el casauiiento del Infante D. Felipe con hi segunda ííija 
del Emperador, dotándola con los Pistados que poseía eu Italia 



':) Cantillo. Trotados. 
(2) Publicadas en nuestros días por el Sr. Cnntillo en su obra Tratados, convenios 
y declaraciones de paz, y de comercio. 



LA EMBAJADA DEL BAHÓN DE lilPPEMDA EN VIENA. 1 t 

para después de los días de su vida, «Para efecluar dichosamente 
eslos dos matrimonios, dispondré (decía el Rey) (jue al mismo 
tiempo se case el Infante D, Fernando, mi hijo mayor, con la 
Princesa de Orleans, destinada antes á casarse con oí Infante 
D. Garlos.» Fácilmente se deduce de estas proposiciones ijue la 
Reina contaba secretamente con la eventualidad de la muerle del 
Príncipe heredero, D. Fernando; y el enviado secreto, instruido 
por ella, debía explicarse soljreeste punto cu Viena (I). En cuanto 
á los intereses ijenerales de España sólo breves indicaciones se 
bacen en la Instrucción. Lo que sobre todo importaba á la Reina 
eran los matrimonios. 

Para tan ardua y secretísima misión nombraron los Re\es á 
D. Juan Guillermo, Barón de RipperJa, holamlés de nacimiento, 
de cuyo carácter, vicisitudes, relaciones con Alberoni, aventui-as 
y desventuras no me ocuparé aquí por sei" harto conocidas. Sólo 
sí diré, por ser dato nuevo según creo, que afanoso por naturali- 
zarse en «un país (jue parecía en a(|uel tiempo la tierra de [jro- 
misión de los aventureros extranjeros» (2) y proponiéndose como 
modelo á Alberoni, á cuyo puesto aspiraba, conlinuamente re- 
presentaba á los Reyes sol)re proyectos y i'cformas ad¡iiinisli-ati- 
vas y económicas, y no contento con el cargo de Su[)erint.enilenlo 
general de todas las fábricas de España, tenía siem¡)i-e puestos 
sus ojos en la Secretaría de Hacienda. Y sin dud;i alguna so le 
hubiera confiado tan elevado puesto si el Rey, deseando cercio- 
r¿irse de los antecedentes de su persona por los rumores que con- 
tra él corrían, no hubiei-a secretamente escrito á su Embajador 
en París D. Patricio Laules para (jue se informai'a acei-ca, de 
ellos. En su consecuencia el Embajador comunicó su encargo al 
Marqués Berreli-Landy, representante de España en Holanda, y 
éste después de pi-olijas investigaciones remitió á aijuel una ex- 
tensa Memoria sobre el [¡irticulai', ijue se conserva en el Archivo 
general de Alcalá de Henai'es (3), lo mismo (jue la caria original 



(1) M. Syveton, piíg. ns. 

■(2) Lafuente, Historia de España. 

(3) Tres pliegos en 4.", sin firma, limpieza: ('Suivant les ordres que V/' a reru du 
Roy nostre Maistre de vous donuer uii'ample informatiou du Barón de Uip[)crda, ie 
vais satisfaire avee la verité qu'on ne doit pas supprimer cu rien.» 



12 HOMCTÍN I)K la KKAI- ACAHKMIA IJIC LA HISTOItlA. 

ilo li.'iules, íecli.nl.i en P;ii-ís á H de Julio da 17-20 (1) acompa- 
naiido la información del Mai-qnés y añadiendo lo (jue por su 
palle había avcfiguailo del Einhajador holandés en la corte de 
Francia, cuyos informes, dice, convienen poco más ó menos con 
los de líeiToli-Ijandy, sino es que dic(! (jue Ripperda ha des- 
empeñado altos cargos en la Híqtiihlica, de los que ha salido mal 
librado y con poca salisfaccióu de sus Señores. «Me ha dicho, 
añade, que es un hombre sin principios, de un espíritu desorde- 
nado y alocado (2), sin eslima ni consirleraci(3n en su país, fuera 
de algunas genles de su ralea, á los qi'.e lodos en general des- 
precian.» 

Con lan nn.ánimes informes oficiales, (jue el licmpo se encargó 
de coníirmar para desgracia de E-;[)aña, no es mucho que el Rey 
desisliera por enlonces de confiarle el lesoro nacional. Mas tanto 
y lanío instó y porfió en sus proposiciones y proyectos económi- 
cos el astuto iiolandós, después que Felipe V volvió á empuñar 
€l trono en 1724, según puede verse en los documentos (3) que á 
este informe acompañan, encareciendo hipócritamente ai Rey y 
á la Reina, por separado, la ruina inminente del país, la miseria 
de los pueblos, las traiciones del Ministerio, la próxima pérdida 
de las Indias, pidiendo audiencias seci-etas para proponer reme- 
dios infalibles á tantos males, ofreciendo «sacrificar su sangre y 
su vida» si los Reyes le otorgan su gracia, invocando para esto 
;i cada paso sus más puros y acendrados sentimientos católicos 
«poui' l'amour de noslre sainte religión catholiqae apostolique 
romaine», supo lan bien representar su papel , que los Reyes no 
encontraron otro mejor que él para el desempeño de tan difícil 
comisión. La insignificancia política de Ripperda contribuyó 
también á su elección; porque de esla suerte ni sería notada su 
ausencia de la corte, ni su marcha llamaría la atención. Si fra- 
casaba sn misión, fácilmente se podía desautorizarle; si el éxito 
la coronaba, se le recompensaría con un cargo de secundaria 
importancia. £1 verdadero colaborador de Felipe V y de Isabel 



(1) Documentos justificativos, núm. 1. 

(■3) El loco de Ripperda, le llamaba el famoso Macanaz. 

<3j Documentos justificativos números 2 á 11 inclusives. 



LA EMBAJADA DEL UAHÓN DE H1PPERDA EN VIENA. 13 

Farnesio en su nueva política fué Orendayn, y sobre él debían 
principalmente recaer los honores ó el fracaso de la negociación; 
mas era tal la consLitución de nuestra curte, que la Reina tuvo 
que confiar al agente secreto lo que no se había atrevido á decla- 
rar al Secretario del Despacho. Astuto, intrigante y ambicioso 
en sumo grado Ripperda, conoció desde luego el inmenso par- 
tido que de su secreta misión podía sacar para labrar su fortuna 
y acrecentar su autoridad; que bien necesitaba de lo uno y de la 
otro cuando en vísperas de recibir su nombramiento escribía á 
los Reyes que se hallaba «en la mayor miseria y última necesi- 
dad por efecto de las persecuciones de que ei'a objeto por parte 
del Ministerio» (I). 

II. 

Decidir á los hombres de Estado austríacos á rechazar abierta- 
mente su eterna alianza con las potencias marítimas y á invertir 
todo su sistema político: trocar en amigos y en parientes dos 
Príncipes enemigos que venían combatiéndose con encarniza- 
miento durante lai'gos años; tal era la misión de Ripperda, Para 
facilitarla, resolvió sacrificar lo accesorio para él, es decir, los 
intereses de España, á las exigencias del Emperador, decidiendo 
no defenderlos más que lo puramente necesario para no ofender 
los escrúpulos de Felipe V y el sentimiento nacional de los espa- 
ñoles. Cediendo en esta parte, obtendría más fácilmente los ma- 
trimonios, que era lo esencial, toda vez que no se trataba para él 
do lealizar una concepción política, sino un sueño de mujer. Del 
éxito del plan de la Reina dependía la fortuna del aventurero. 
Así lo expresa M. Syveton. 

Llegó Ripperda á Viena en el mes de Enero de 1725, y fal- 
tando á las reiteradas recomendaciones de prudencia que en la 
Instrucción se le habían hecho, comenzó por declarar su nombre 
á la entrada de la ciudad, á riesgo de llamar la atención de los 
Ministros extranjeros. Manifestó hallarse encargado por el Rey 
de España de una misión cerca del Czar y de paso para Moscou. 
En este concepto y en el de antiguo Embajador de los Estado.s 

(1) Docamentos justiticativos, números 4 y 5. 



I 'j iii)(.i;tin dk i. a imíai, acadkmia dk i. a iiistoiiia. 

jíciior.ilcs en Ks[);iri;i, visii() ;il (]oniJ(; ún SiiizendoiT, C;uiciller ilo 
C;i:los VI. I)t.'.s|iiiés (l(! r(.ícoi(l.irlo el coiiociniioiilo que con él y el 
l'iíiM i[ii' l'Ji-fMiii) liñ S;il)oy;i li.ilií.i hecho tiempos atrás en los 
l';iísrs l}."ji)s, y (lospiiós de aljíuiias protestas de amistad, Itfiísca- 
nicíild Irí dcsciihiió el objeto de su viaje; le ¡nosiró sii [)leiiipf)ten- 
€Ía y si'liciió roiircrciiciar con un Miiiisiro del I'¡n)pf'radoi-. Asrxn- 
I)raiio Carlos VI ;il salifi'lo, y c.on)pi'Oiidiendo la dillcullad de la 
sil nación, desi,!4ii(') al misino Sinzondoif para atender las firoposi- 
ciíjncs do ]»i[i[)iM(la, comenzando seL,Miidamente las fonfereiicias. 

No es |)Osible á partir de este momento, seguir paso á [)aso las 
intPi-esanles páginas del libro de M. Syvelon, referentes á las su- 
cesivas entrevistas de los conferenciantes, de (jue dan noticias 
detallidas los protocolos y referencias de la negociación seguida 
en Viena por Hipporda y qne se conservan en aquellos Archivos 
Imperiales. No estaba autorizado Sinzendoi'f en estas primeras 
conferencias para negociar con el agente do España, sino sola- 
mente para escuchai- sus pro[)Osicioi¡es; así es que se limitó á 
hacerle algunas observaciones. 

En la proposición de los matidmonios fué, naturalmente, donde 
más campearon la fantasía y la vei-bosidad características de 
Ripporda. «Los matrimonios, decía éste á Sinzendoif, os son ven- 
tajosos por sí misir.os. Son la condición preliminar y sina qua 
non de una inteligencia que os sei'á sumamente fi'uctuosa ¡r.wn 
el presente y para el poi'venir, porque después de haberlos con- 
certado y hecho públicos, condición ésta indispensable, conclui- 
remos una alianza ofensiva y defensiva contra quien se oponga, 
aunque sea Francia, ya que probablemente no se podrá evitai- la 
guerra con ella. España suministrará al Emperador iodos los so- 
cori'os necesarios en barcos y en dinei'O, y no le propone soldados, 
poi'iiueel Empei'ador no los necesita. Os ofrecemos, en cuanto al 
dinero, tres millones de escudos, á saber: un millón á la conclu- 
sión del tratado, otro seis meses después, y al cabo del año el 
tercero. Podréis de esta suerte organizai- rápidamente una poile- 
j-osa escuadra, que a[)oyará la Armada española, con lo cual se 
salvará el comercio de Ostende. Otorgaremos ;í los belgas y á to- 
llos los demás vasallos del Emjierador el ti-ato de nación más 
favorecithi en el continenie esitañol, y acaso iríamos hasta ¡)i-v- 



l.A EMIUJADA DKL BAliÜN DE RIPPKUDA EN VIENA. 



miiir .i los (le (3sleiule el envío ;í las Indias csitañolas de i¡iio ó 
dos barcos [lor año. Si el Kmpcradoi" rc[)Ugna el cstalileciiniciito 
del Infante D. Gallos en los dncados de Toscana y de Parma, 
medios se hallaf;in pai'a arrc'.^laido: se |»aiMlen cambiar los dnca- 
dos italianos por los Países B ¡jos, por las provincias qne se con- 
qnisiaráii en Francia, por el ducado de Lorena, annienlad(j con 
algnnas dependencias de Borgoña y i(;rrilnrios próximos. En fin, 
no tiene el Emperador más iine decii' lo cjuií desea, y todo se lo 
concedei'emos, salvo cederle una |iartc de E-paña ó de Indias. La 
paz se conclnirá en breve. Se bai;in mntuas concesiones soive los 
títnlos de bono:-, el Toisón de Oro, la amnistía recíjiríjca de los 
rebeldes, dehií-ndo lan SíVio, en lo tocante .1 este capítnlo, cesir el 
Empeíaiior en loda reclamación .i favoi" de los catalanes y di^ los 
aragonesi's qne signieron su pariido en la gnerra de sucesiini, 
porque no pnede Feli[)P. Y admitir (¡ne nn Príncipe extranjero se 
inter[ionga entre él y sus subditos. También deberá ser ••estable- 
cido en sns Estados y d(M-ecbos el DiKjiie de Pai-ma, como gozaba 
de ellos cuando se firmó la cuádruple alianza. Reñexione bien el 
Emperador cuál será su situación en el Imperio y en Loda Euiopa 
efectuando su alianza con el Rey de I';s[)aña». Y despné-; de tiM- 
zar á su fantasía un cnadi'O del est.ilo en qne se hallaban las 
I)rincipales potencias, RipperJa acabó diciendo: «Decídase, pues, 
el Emperador: se necesita una [)i'onla respuesta». 

Estas proposiciones pasaron, según práctica en la Coi'te impe- 
rial, ;í la Conferencia secreta, donde se trataban los más im¡)Of- 
tan tes negocios de Estado. Formábanla entonces tres Ministros: 
el Pi'íncipe Eugenio de Saboya, el Conde Gundakai- de Starbem- 
berg y el Conde Luís de Sinzendorf. Reuniéi'onse los tres [)ai-a 
discutir las proposiciones de Ripperda el díaO de Febrero de !72á. 
A pesar- de las divergencias (jue entre ellos solí lu existir, debían 
en este caso hallarse acoriles para acoger favoi'ablemente las pro- 
posiciones de Ri[)|)erda, teniendo en cuenta las azarosas circnn's- 
lancias por que atravesaba la Corte de Viena. Convínose, pues, 
unánimemente en aceptar en principio las negociaciones con el 
enviado de Esp:iña; mas como Ripperda considei'aba los matrimo- 
nios como condiciini [irevia y necesaria, im[)()rtaba examinar ante 
lodo la 0[)ürtunidad de estos enlaces, sus ventajase inconvenientes. 



líi HOl.KltN DE I.A IIIIAI. A CA I) KM I A riK I. A HISTOHIA. 

Diispués (lo tnadiiia doliljcracióii la Ojiifeieiicia quedó conven- 
cida de qiin los iiialriinoiiios expoiidi íaii la Monarquía á los ma- 
yon.'s i)c.li^'rf)s; [)f'ro dada la sil ilación no so flebían rechazar las 
({(Miiás ofertas. Ks preciso, añadía, procurar ohierier la paz y la 
alianza sin pagarlas á lan excesivo precio, sin [Horueler naila, ni 
compronielerse á nada lespeclo de los inatriinonios. Hajo esl;.s 
bases la Conferencia redado en francés el lexlo de la declaración 
(jue había de entregarse á Ripperda. Según ella, el Emperador 
estaba com[)lelamenle dispuesto á entenderse con el Rey de Es- 
[laña bajo los principios de la Cuádruple Alianza, de laque jamás 
se apartaría S. M. Habiendo propuesto M. de Ripperda como 
condición preliminar el matrimonio de las dos Arcliidnquesas 
mayores con los Infantes D. Garlos y D. Felipe, responde S. M. I. 
que siendo las Archiduquesas sus hijas y los dos Príncipes tan 
jóvenes y no teniendo edad bastante para poderse 'casar; y por 
otra parle hallándose D. Garlos en trato de matrimonio con una 
princesa de la Gasa de Francia, comprenderá fácilmente M. de 
Ripperda que circunstancias sujetas á tantos incidentes no permi- 
ten por el momento poderse explicar más determinadamente en 
este asunto, no obstante las buenas intenciones que S, M. I#i.tiene 
y podría tener de unir su casa con la de España por medio de 
estos matrimonios. De modo que esta buena y sincera intención 
de S. M. I. debe bastar para entenderse sobre los tratados pro- 
puestos, y conducirlos, si es posible, á feliz término, así con rela- 
ción á los puntos cuestionados en el Congreso de Gambray como 
á los otros intereses por debatir entre S, M. 1. y el Rey de España. 

Según esta declaración, cesaban los matrimonios de ser la con- 
dición preliminar é indispensable de la inteligencia de las dos 
Cortes, debiendo contentarse el Rey de España con la seguridad 
délas buenas intenciones del Emperador á este respecto, y con- 
cordar de antemano la paz y la alianza política. Fueron someti- 
das estas conclusiones de la Conferencia al Emperador el 11 de 
Febrero, aprobadas por él el 17 del mismo mes, y entregadas á 
Ripperda. 

Consintió éste, contra lo que se esperaba, en invertir los tér- 
minos de la negociación, pi escindiendo por el momento de los 
matrimonios y pasando á tratar de los preliminares de la paz y 



LA EMBAJADA UEL BAHÓN DE IlIPPEnDA EN VIENA. 17 

de la alianza polílic.i. Parecióle sin duda conveniente, dice 
M. Syvelon, dadas las circunstancias, empezar por ligar al Em- 
perador con España y aislarle de las otras potencias, conseguido 
lo cual podría imponerle con más f^icilidad los mati-imonios. Este 
fué su cálculo fundamental, el secreto de sus concesiones sucesi- 
vas y lo que explica toda su conducta en Viena. 

Con aparente complacencia cedió á los Ministros austríacos la 
ventaja de trazar las bases que habían de ser objeto de discusión, 
redactando Sinzcndorf un doble proyecto de tratado de paz y de 
alianza, y comenzando la negociación en toda forma. Las confe- 
rencias entre Ripperda y Sinzendoi'f comenzaron el 24 de Fe- 
brero. El Canciller sometió el doble proyecto austríaco al enviado 
español, y éste presentó el 27 un doble contra-proyecto. No hubo 
oposición alguna en la parte esencial del tratado de paz y sólo 
algunas dificultades relativas á puntos secundarios, como la 
cuestión de los títulos, del Toisón de Oro y la recíproca amnistía 
para los partidarios de los dos Príncipes en la última guerra. El 
tratado de alianza, tal como lo había redactado Sinzendorf, era 
puramente defensivo y de los más sencillos: consistía en una 
concesión recíproca. No se formó por de pronto proyecto alguno 
de tratado de comercio, por considerar suficientes las dos cláusu- 
las del tratado de alianza relativas al comercio y á la protección 
de los barcos. De acuerdo las dos partes sobre los dos proyectos 
de tratado, se pusieron en limpio durante la noche del 1.° de 
Marzo para remitirlos á Madrid; y para no dar lugar á sospechas 
por parte de los Ministros extranjeros, se convino en que Rip- 
perda fuese á esperar la respuesta y las instrucciones de su Corte 
á Praga. El 7 por la noche recibió Enrique Wiespien, secretario 
y confidente de Ripperda, las dos actas con orden de traerlas á 
Madrid por la vía de Genova, para donde partió la noche del 9, 
saliendo también de Viena la misma noche á pie Ripperda, con 
pasaporte á nombre de Mr. de Münsterfeld, dirigiéndose ya fuera 
de la ciudad por la posta á Praga (1). 

(1) Viena, íiO Abril 1725.— El lunes 3«T del mes pasado se concluyó felizmente en 
esta Corte el tratado de paz entre el señor Emperador y el Rey de España, el qual se 
negoció por el Barón de Ripperda que vino incog-nito de la Corte de España con po- 
deres de límbaxador Plenipotenciario de S. M. C. á esta comisión, y le firmó con los 

TOMO XXX 2 



18 UOLKTIN de i, a IlKAI. ACAUKMIA Di: LA HISTOHIA. 

llaljúi ciilrc lauto ocuirido un suceso flavísimo entre las Co- 
ronas (le España y de Fiaiir.ia. En la piiinera semana del mes de 
Marzo llegó á Madiid la nueva de que la Corle, de Francia de- 
volvía .á la de España la infaula María Ana Victoria, futura mu- 
jer de Luis KV, por efecto de intrigas que fuera prolijo reseñar 
aquí. Con tal motivo la justa indignación de los Heyes de Es- 
paña por la injuria y desaire hechos á su hija, no reconoció lí- 
mites. El alíale de Livry, portador de la infausta nueva, y el 
Enihajador Mariscal de Tessé, que no se atrevió á darla en per- 
sona, recihierou orden de salir inmediatamente de Madrid, Igual 
orden recihieron los cónsules de Francia acreditados en los puer- 
tos de España. Devolvió el Rey sin ahrir las cartas de Luis XV y 
del Duque de Boi-bóu. Fueron conducidas á la frontera la viuda 
del Rey D. Luís y MUe. de Beaujolais. Por último, Monteleón, 
Embajador extraordinario en París y el ordinario Laules, reci- 
hieion aviso de salir de la Corle en seguida y traer á la Infanta. 

En tan críticas circunstancias llegó á Madrid Wiespien con los 
proyectos de tratados acordados en Viena. Sin duda, en otra oca- 
sión hubieran sido estos mal acogidos, pero en aquélla Felipe V 
é Isabel Faruesio se apresuraron á aliarse con el Emperador á 
todo trance para vengarse del Duque de Borbón, aceptando con 
leves modificaciones los dos proyectos (1). Ordenóse á Ripperda 
proponer á Carlos VI, no un doble sino un triple matrimonio 



Ministros de S. M. Cesárea, siendo condición haberle de ratificar dentro de tres me- 
ses El referido liaron, ministro de España, tuvo el miércoles pasado su primera 

audiencia del Señor Emperador en el palacio de Laxemburg-o. Fstase trabajando al 
presente en un tratado de comercio que se dize será muy ventajoso para la Compa- 
ñía de Trieste y para la de Ostende.— (Gaceta de Madrid del 5 de Abril. En la del 5 
.lunio, 1725, se inserta un extracto del tratado.) 

(1) Lo mismo opina el Sr. Cantillo. «A pesar, dice, de que tocó (Ripperda) todos 
los resortes de su ingrenio é invirtió en corromper á la Corte sumas considerables, la 
negociación caminaba perezosamente, y tal vez se hubiera malogrado sin el inciden- 
te fatal de haber Luis XV, por consejo de su Ministro el Duque de Borbón, devuelto 
i'i los Reyes de España la Infanta doña María Ana, con quien se había desposado, pa- 
sando á contraer aquel monarca un nuevo enlace con María, hija de Estanislao 
Leczipski, rey electo que había sido de Polonia. La justa irritación de aquellos 
Reyes con tal crueldesaire llegó al último punto, y entre otras providencias que les 
dictó el despecho, fué la de mandar ;í Ripjierda que, cediendo en todos los puntos 
cuestionables de la negociación, concluyese cuanto antes una alianza con la Corte 
de Austria » 



LA EMBAJADA DEL BARÓN DE lUPPERDA EN VIENA. 19 

«ntro los Infantes y las Archiduquesas; declararla guerra á Fran- 
cia y desmembrar su territorio; poner fin á las rapiñas de fran- 
-ceses, ingleses y holandeses en la América española, pasando al 
Emperador los pingües beneficios que estas tres naciones obtenían 
•en aquel continente (1). 

III. 

Apenas recibió Ripperda las nuevas instrucciones, regresó á 
Viena, y, según su costumbre, presentó de un golpe todas las 
proposiciones. Asombróse el Canciller de que se pidiese ahora 
una Archiduquesa para el Príncipe D. Fernando, á quien antes 
se había presentado casi como imbécil y próximo á la muerte. 
Declaró, sin embargo, Ripperda, que él no hacía más que cum- 
plir las órdenes que había recibido, dando á entender i^ue aquello 
no era importante. Y en efecto, dice M. Syveton, la idea de casar 
al Príncipe de Asturias con una hija de Garlos VI, provenía de 
Felipe V, y como no encajaba en el plan de la Reina, debía ser 
abandonada. 

Discutiéronse sin grandes dificultades los tratados, y en cuanto 
al objeto principal de la misión española, los anhelados casamien- 



(1) Vieiia 12 Mai/o.— Desde esta Corte á la de Francia é Inglaterra se han rlespa- 
■charlo dos correos, dándoles noticia de la paz ajustada entre el Señor Emperador y el 
Rey de CSspañii; y aseguran que los Plenipotenciarios de estas dos Coronas Cesirea y 
Católica, que estín en el Congreso de Cambray, se juntaran en una de las villas del 
País Baxo para acabar de arreglar algunas cosas que faltan y no est in comprendidas 
■en el tratado preliminar, y añaden que los Plenipotenciarios de otras potencias podrán 
también ir á Bruxelas para terminar las negociaciones empezailas en Cambray. El 
Señor Emperador ha regalado al Barón de Ripperda un brillante de valor de ÍG.OOO 
florines, en consideración de lo que ha trabajado en el ajuste de la \>&z.— (Gaceta del 
12 de Junio.) 

Viena 26 Mayo— Corre voz de estar nombrado el Conde de Staremberg para ir por 
Embaxador á la Corte de España, y el Barón de Ripperda, Embaxador extraordinario 
y plenipotencia- io del Rey de España, hace trabajar en sus carrozas y demás tren 
para hacer su entrada pública en volviendo el correo que ha de traer de Madrid la 
ratificación del tratado de paz.— (ídem del 2(3 de Junio.) 

Viena 2 /m«ío.— Nuestra Corte está actualmente ocupada en arreglar los articulos 
del tratado de paz entre el Rey de España y el Señor Emperador. Kl Conde de Vin- 
disgrats, Ministro plenipotenciario del ¡Señor Emperador en el Congreso de Cam- 
bray, está para pasar á Madrid coa el carácter de Embaxador extraordinario ,i lA- 
■Corte de España.— ^Idem del 3 de Julio.) 



20 llOMCriN OK I. A ItKAI. ACADKMIa IjK l.A HISTOItlA. 

los, l;i Coiifeieiicia .secreta úrduvá (jiie el Emperador prometía 
consentir en (]ne una de sus hijas casase, cuando Inviese la con- 
vcnienli! edad, cíju uno de los hijos del Rey de Es()aña, quedán- 
dose asi en lihertad Carlos VI de casar á su libie voluntad sa 
priniogénila. heredera de sus Estados. El 23 se entregó esta de- 
claiacióu á Ripporda, significándole que en este punto nada más 
obteudiía. Aceptóla aquél á falta de otra m"jor, y ul 30 d(; Abril 
lirmaron R¡p[terda, el Pi-íncipc Eugenio, Slarhembei-g y Siuzen- 
dorf los li-al;ulos de paz, alianza defensiva y comercio, favorables 
p(jr todo extremo al Austria y desventajosísimos y ruinosos para 
España. El examen critico (jue de ellos hace M. Sy velón lo prue- 
ha claranieule. 

ttEl viernes 18 del corriente (lóese en la Gaceta de Madrid del 22 
de Mayo de 1725) á las diez de la mañana, llegó al Siiio Real de 
Ai'anjucz un exlraordinario despachado de Viena por el Barón de 
Rippei'da, con los tratados de paz convenidos entre el Rey y el 
Emperador, y firmados el día 30 de Abril próximo pasado en aque- 
lla Corle... Inmediatamente (]ue llegó el expreso, salió S. M. á su 
antecámara, y dio y se divulgó ¡a noticia, que se celebró con repi- 
(]ue de campanas, con el Te Dexim en la Capilla Real y con salvas 
de las Guardas de Infantería y después con lumiiiai'ias que se repi- 
tieron por tres noches, igualmente que en Madrid; y se ha dispues- 
to una fiesta de loros en el despeñadero del Mar de Antígola; y Sus 
Mageslades, Príncipe é Infantes se lisonjean mucho con el comüa 
alborozo de esta celebridad. El Rey se ha dignado manifestar su 
Real aprobación al Sr. D. Juan Biiuista de Orendayn del celo, 
fidelidad y amor con que á sus Reales pies ha manejado la con- 
fianza de esta giande obra, haciénilole merced de titulo de Casti- 
lla con la apreciable nominación de Marqués de la Paz, en me- 
moria del motivo con (]ue le ha dispensado esta señal.» 

Quedó secreto el tratado de alianza defensiva. 

Con el mismo correo que Ripperda recibió las ratificaciones 
de los tratados, recibió también su nombramiento de Embajador 
extraordinario (1) del Rey Católico con los títulos de Duque y 



(1) Viena 8 ■/««íü.— Según los avisos que la Corte ha recibido de Madrid, se espera 
brevemente un expreso con la ratificación de la pax y una carta del Rey de España; 



LA EMBAJADA DEL BARÓN DE RIPPERDA EN VIENA. 21 

Grande de España, testimonios inequívocos de la satisfacción de 
Isabel Farnesio, que era el objeto principal de la solicitud de 
Ripperda (1). Y tanto era esto cierto, que, según refiere el autor 



y el Baroa de Ripperda, que ha recibido nuevas cartas de creencia, tomará también 
muy presto el carácter de Embaxalor extraordinario y plenipotenciario del Rey de 
España ea esta Corte, y está hanendo las prevenciones de su entrada, habiendo vi- 
sitado á este Barón de orden de S. M. Cesárea, como á Ministro de España, todos los 
españoles que residen en esta Corte.— (Gacela del 10 de Julio.) 

Viena 16 Jimio. — E\ 12 Junio llegó á esta villa, de vuelta de Madrid, el correo que 
el Barón de Ripperda despachó á aquella capital con el tratado de paz ajustada entre 
las dos Cortes, y ha traido la ratificación del Rey de España; y este mismo tratado se 
ha enviado á la Dieta de Ratisbona para que le firmen los Diputados de los Príncipes 
del Imperio que residen en ella... Corre la voz de que el Conde de Kenigsef?, mayor- 
domo mayor de la Casa de la Señora .archiduquesa Gobernadora del Pais Baxo, será 
nombrado por Embaxador á la Corte del Rey de España y que con este fin ha venido 
de su gobierno de Transilbania.— (ídem del 17 de Julio.) 

lYe?i« 23 /íí?iíO.— Aseguran que el correo que volvió de Madrid con la ratificación 
de la paz, traxo al Barón de Ripperda la dignidad de Duque y Grande de España, 
con que le ha honrado el Rey Católico, para su persona y descendientes, y con este 
carácter tomó el de Embaxador extraordinario del Rey de España, cuyas cartas de 
creencia habia entregado al Señor Emperador en una audiencia particular, y después 
concurrió en la Casa del Principe Eu^^enio donde se hizo el cange de las ratificacio- 
nes, y se cantó el Te Deum en la iglesia metropolitana de San Esteban por la paz y se 
prevenian grandes fiestas para celebrarla, y el Barón de Ripperda haria su entrada 
pública en acabándose sus prevenciones.— í'ffrtceía del 21 de Julio.) 

Viena 30 Jvtiio. — llúse publicado con la solemnidad acostumbrada, en esta villa, la 
paz con un tratado de comercio ajustado entre el Rey de España y el Emperador. El 
nuevo Duque de Ripperda hace trabajar en las prevenciones de magníficas carrozas, 
libreas y otras disposiciones de su tren para hacer su entrarla pública de Embaxador 
■del Rey de España con la grandeza que le corresponde.— 'Gacela del 31 de Julio.) 

(1) Viena G Julio.— Aseguran que el Conde de Oropesa partirá brevemente para 
Madrid y se supone que hará lo mismo el Conde de Galvez, y se tiene por cierto que 
á otros españoles que quedan cerca de la persona del Emperador, se les continuarán 
sus pensiones y se discurre en buscar los fondos en que situarlas. -/'Gacela del 1 de 
Agosto.) 

Viena 21 ./«//o.— Particípase la audiencia de despedida que tuvo del Emperador el 
Conde de Oropesa que partió el 18 para volverse !Í España, habiendo depuesto en 
manos de S M. I. los empleos que tenia; hay muchos pretendientes para el del sello 
de Flandes. También el Conde de Galvez ha dimitido el mando del regimiento de 
Caballería que ejercía y marchará en breve para Madrid. El Duque de Richelieu, 
Embajador de Francia, dio cuenta de su arribo al Duque de Ripperda, el cual res- 
pondió celebrando su llegada. El Conde de Konigseg hace trabajar á toda diligencia 
■en sus magníficos equipajes para la Embajada de España.— /-íiacíía del 2! de Agosto.) 

Gaceta de Madrid del 24 de Julio de 1725.— El domingo pasado 15 del corriente llegó 
un extraordinario de la Corte de Viena al Real Sitio de San Ildefonso con la plausi- 
ble noticia de haberse cangeado el día 18 del raes pasado de Junio las ratificaciones 



22 ii')I.i:tín de i, a hkai, acadkmia di-: la hisiohia. 

del IíIji'íj do i[\\v. wm ocupo, haljieudo ol enviado de l^'inna adver- 
tido al de lOspaña en una conferencia, que eran genei-ales en este 
país las (jucjas sohre los tratados de Viena, le respondió sin ro ■ 
déos: «I3ien sé (jne todos los Ministros están furiosos contra mi 
y (jue la naíñón está descontenta de lo qne he hecho (1); más yo 
ino l)uilij de todos ellos, porijue sé (jue la Reina sabrá conservar 
el niíuicjo de los negocios, y (|ue yo la he prestado sei-vicios de- 
in.isiailo iniportantes para (jne me abandone. lie logrado dirigij' 
las cosas en favor de los hijos de la Heina... Después de lan 
graníie y meritorio servicio hecho á la Reina (jue lo gobieiiia 
todo en España, ¿creéis, señor, que tengo mucho que temer de 
mis enemigos?» Y acabó por declarar que á su vuelta á España 
«sería primer Ministro y allí lo gobernaría todo». 

No cabe negar (]ue la paz de Viena había terminado de un modo 
inesperado las guerras, odios y encontradas pretensiones con qne 
durante veinlicinco años habían alterado la Europa Felipe V y 
Carlos VI (2) ; pero eran tan notables las circunstancias de esta 



del Rey nuestro señor con las riel Emperador, ile los tratados de paz y amistad el 
uno, y de navet^acio ] y comercio el otro, que S. M. ha concluido coa el Emperador; 
y este mismo correo ha traido los instrumentos de ratificación de S M. I ; en vista 
de lo qual mandó S. M. se publicase solemnemente en esta Corte la paz y comercio 
ajustado, y asi se executó el miércoles 18 ;síg: debe ser 17) del corriente en la forma 
acostumbrada y con la mayor aclamación de todo el pueblo, y aquella noche se pu- 
sieron luminarias fjenerales.— El miércoles 1" del corriente recibieron también 
SS. MM. en el Real Sitio de San Ildefonso un Gentilhombre que ha llegado de la 
misma Corte de Viena con el trata lo de paz particular entre el Rey nuestro señor y 
el Emperailor y el Imperio, que por los Ministros plenipotenciarius de una y otra 
parte se habia concluido y firmado en Viena el dia 7 del pasado. 

En atención á la distinguida calidad del Sr. D. Juan Guillermo, Barón de Ripper- 
da, y al acierto y satisfacci jn coa que ha manejado, siendo Embaxador extraordina- 
rio, los negociados y tratados de paz y comercio coa el Emperador de Romanos en 
señal de la aceptación con que ha correspondido á esta importante confianza, le ha 
hecho S. M merced de la grandeza de España de tercera clase, con el titulo d& 
Duque de Ripperda para sí, sus herederos y sucesores, libre perpetuamente del ser- 
vicio de lanzas y del derecho de media anata. 

(1) No puede, en efecto, ser más opuesta al tratado de Viena la enérgica y con- 
tundente Consulta que el Consejo elevó á S. M. sobre esta materia el i5 de Noviem- 
bre de 17'2ü. 

(2) El martes pasado fueron los Reyes, el Príncipe nuestro señor y los señores In- 
fantes á visitar el santuario de Nuestra Señora de .atocha, para dar gracias por la paz 
concluida entre el Rey y el Emperador, y estaba toda la carrera adornada de ricas 
colgaduras , y á la vuelta... iluminada la Plaza Mayor y en la plazuela de Palacio uq 



LA EMBAJADA DEL BARÓN DE RIPPERDA EN VIENA. 23 

repentina amistad y alianza ajustadas entre ambas Corles, y tan 
alarmantes las noticias que circulaban respecto de sus compromi- 
sos secretos, que los Gobiernos de Inglaterra y de Francia se cre- 
yeron en el caso de tomar actitud propia para contrarrestar toda 
eventualidad. Mas nada contribuyó tanto quizá á exasperar á las 
dos potencias como la vanidad pueril é imprudentes conversacio- 

castillo de fuego con dos arcos triunfales y otros fuegosde mano.— (Gacela de Madrid 
del ~ de Agosto.) 

Viena H de Agosío.—K\ lunes de la semana que viene partirán para España por la 
vía de Trieste la familia y bagajes del Conde de Konigseg... El Duque de Ripperda, 
Embaxador de España, ha alquilado la casa de Baciani en 7.000 florines al año, con 
que hará presto su entrada pública ; y sin embargo de no haberla executado, va con 
frecuencia á la Corte y tiene las audiencias secretas. La entrada del Duque de Ri- 
chelieu , Embaxador de Francia, está muy atrasada, y estos dos Embaxadores cuidan 
de no encontrarse en concurrencia para evitar la disputa de la preferencia por no 
haberse acabado de ajustar el ceremonial, aunque dicen que se han visitado recípro- 
camente en secreto. De esta villa van saliendo para España muchos españoles, á los 
cuales hace el Emperador suministrar lo necesario para su viaje; y otros que están 
en ánimo de quedarse por estos países, respecto de cesarles las pensiones que goza- 
ban por todo este mes , les ha ofrecido S. M. Cesárea tierras en Hungría con que 
puedan vivir, cultivándolas, sin pagar ningunos derechos en quince años —/'Gaceta 
del 11 de Septiembre.) 

Viena 20 de Affosto. —E\ á\a,l\ áe este mes presentó áS. M. I. el Duque de Ripperda 
sus nuevas cartas de creencia y fué reconocido en calidad de Embaxador extraordi- 
nario del Rey de España; y el dia 14 hizo saber su llegada este Duque á los Minis- 
tros extranjeros y que habia tomado el carácter de Embajador, y el dia miércoles 22 
del corriente quedaba destinado para hacer su éntrala páhVica. — (Gaceta del 18 de 
Septiembre.) 

Viena '¿5 Affosíu.—E] dia 22 hizo su entrada pública en esta villa (Viena) el Duque 
de Ripperda, Embaxador extraordinario y plenipotenciario del Rey de España, con 
una magnificencia muy extraordinaria. Hallándose este Duque con toda su familia 
y tren fuera de la villa en la casa de campo del Consejero de Cámara Hillebrand, en- 
viaron al mismo paraje sus carrozas á seis caballos con sus gentiles hombres y su 
gente de librea; el mismo dia 22 por la tarde los Ministros del Emperador y los Con- 
sejeros de Estallo, como también el Nuncio de Su Santidad y el Arzobispo de Viena,. 
y habiéndose dado á todos de orden del Duque un abundante refresco, y hallándose 
también el Conde de Brandéis, que exerce el empleo de Mariscal de la Corte, con 
dos carrozas del Emperador, tomó en una de ellas al Embaxador y comenzó la mar- 
cha con admirable orden, estando el camino, las calles y las ventanas llenas de in- 
numerable gente á verla función, que há mucho tiempo no la ha habido mfis lucida 
y sumptuosa, habiendo llegado todo el cortejo hasta la Casa del Embaxador. El dia 
siguiente fué este Duque con el mismo tren al palacio de la Favorita, donde tuvo su 
primera audiencia pública del Emperador con las ceremonias acostumbradas, des- 
pués de laqual fué conducido y acompañado en la carroza imperial, del Conde de Ci- 
fuentes, á su casa de esta villa, donde dio un banquete muy espléndido á mucho nú- 
mero de nobleza —/'/rfe/rt id. del 25.) 



24 UOI.HTÍN I)K la HEAÍ, ACAIJKMIA OE I.A HISTOrUA. 

lies (Je; Ili[)p<M<I;i (1). Oíaselc con fieciieiici.i decir (jue se retiñirían 
las fuerzas impei-iales y espinólas para dar la ley ;í Kiiropa; (|ue 
el maliiinoiiii) ya ajuslado enlre el Iiifaiitc D. Carlos y la Archi- 
duíjuesa María TiM-esa tenía [>or objeto juntar un día sobre las 
mismas sienes las Coronas austríaca, española y francesa; (jueel 
Emperador y Kelipc V se liallaban concertados para ccliar del 
trono de Inglaterra á Jorge I y restablecer en él al pretendiente 
Jacobo III, y, en fin, que se recuperarían instantáneamente las 
plazas de Menorca y Gibraltar. 

l'idi») el Emljajailor británico, Mr. Slaiilio[je, al Rey explica- 
ciones aceixa de semejantes proyectos, desmentidos poi* Felipe V, 
pero al mismo tiem[)0 exigía éste la restitución inmediata de Gi- 
biallai-. Ante conducta tan ambigua estreclió el Gabinete bri- 
tánico sus relaciones con el fi'ancés y concluyeron con el Rey de 
Prusia la alianza llamada de Hannover, firmada el 3 de Sep- 
tiembre de 1725, dirigida á contrarrestar la de Viena, y aunque 
se separó luego de ella aquel Monarca, adhiriéronse en cambio 
otros Estados (2). 



(1) Cantillo. Tratados^ etc. 

{,2) VienaX." de Septiembre.— hos años de la Emperatriz reinante se celebraron el 
■(lia 28 con un numeroso cortejo y con una ópera... y con esta plausible ocasión el üu- 
■quede Ripferda la reijaló, en nomljre del Rey Católico su amo, con un jarro y una 
fuente de oro, de peso de 100 marcos.— /■ffñce/a del i de Octubre.) 

Vienaii de Sejttiembre.—'E.l Duque de Ripperda ha tenido estos dias frecuentes con- 
ferencias con los Ministros de esta Corte, y para mañana tiene convidados á comer á 
los mismos Ministros... El 15 del corriente avisan estaba de partida para su emba- 
xada de España el Conde Konigseg-. ¡No habla partido antes por no haber recibido 
las instrucciones para su Embajada.)— El Conde de Konigseg partió ayer en posta 
para la Corte de España.— (Viena, I"? de Octubre de HiS.) 

El sábado "22 del corriente se publicó en esta Corte el tratado de paz últimamente 
concluido y reciprocamente ratiticailo entre esta Corona, el Emperador y el Sacro 
Imperio Romano, y se celebró aquella noche con iluminarias. — ('ffrtce/« del 25 de 
Septiembre.) 

Viena 29 de Septiembre.— KX Duque de Ripperda dio un espléndido banquete el do- 
mingo pasado á los Ministros imperiales y á algunos de las potencias extranjeras, y 
se dice haber sido con el motivo de la noticia que tuvo de Madrid de haber parido 
un hijo la Duquesa su mujer.— fldem id. del 30 de Octubre.) 

Viena X^ de Octubre —^X Duque de Ripperda está en cama indispuesto por el mal 
(le la gota, y se dice que, cuando haya de volver á España le sucederá en esta Em- 
bajada el Marqués Berreti Landi, y que antes de ir á Madrid pasará á la Corte de al- 
g-una potencia.— '/íífWí del 13 de Noviembre.) 



LA EMBAJADA DEL BARÓN DE RIPPERDA EN VIENA. 25 

Desde fines de Mayo había vuelto Ripperda á renovar la nego- 
ciación de los matrimonios, descartando ya la persona del Prín- 
cipe de Asturias D. Fernando, cuyo enlace (1) con la Princesa de 
Portugal Doña Bárbara estaba convenido, á la vez que el del 
Príncipe del Brasil con Doña María Ana Victoria, para reparar 
la afrenta de la devolución de esta Infanta. 

Así, pues, volviendo Ripperda á sus primeras proposiciones, 
pidió dos Archiduquesas para los dos hijos de Isabel. Fundán- 
dose en la vaguedad de las declaraciones del Emperador sobre 
este punto, solicitó que S. M. I. prometiese formalmente la mano 
de la Archiduquesa María Teresa para el Infante D. Garlos, y la 
de su tercera hija para D. Felipe, pudiendo conceder la de la se- 
gunda al Príncipe heredero de Lorena. Ante las reiteradas ins- 
tancias del Embajador español y el temor de perder las ventajas 
obtenidas por los tratados hechos con España, hizo el Emperador 
una nueva declaración, prometiendo á los dos hijos de Isabel dos 
Archiduquesas, sin designarlas nominalraente, y consintió en 
que se inscribiese esta doble promesa en un tratado solemne. Re- 
feríase al tratado de estrecha alianza que Ripperda había pro- 
puesto desde el 15 de Abril, en el cual, además de los matrimo- 
nios, debía trazarse el plan de la guerra contra Inglattirra y 
Francia, Comenzaba, como se ve, una nueva ó imporlaniísima 
negociación. 

Hondamente dividida la Conferencia secreta sobre las ventajas 
é inconvenientes del matrimonio de la Archiduquesa María Tere- 
sa con D. Carlos, concluyó en 3 de Septiembre por redactar un 
proyecto de Memoria dirigida al Embajador español, en la que se 
exponían todas las razones que había para diferir el doble matri- 
monio y para no estipular nada tocante á María Teresa. Mas ha- 



(I) Hase ajustado y concluido en la Corte de San Ildefonso con la de Portug:al los 
dos recíprocos matrimonios del Principe D. Fernando con la Infanta de Portugal 
Doña María, y del Principe del Brasil D. José con la Infanta Mariana Victoria. —/Ga- 
ceta del 16 de Octubre.) 

Viena 24 de Octubre —El lunes pasado... El mismo dia se tuvo Consejo de Estado... 
y por la tarde tuvo el Duque de Ripperda audiencia pública del Emperador, en la 
que dio cuenta que el mismo dia 22 del corriente se rtebia hacer en Madrid la publi- 
cación de los recíprocos matrimonios con Portugal. . — (ídem del 27 de Noviembre ) 



26 IíOLKTÍN Olí LA HKAL ACADKMIA DE LA HISTORIA. 

Uííndoso en oslo o.sImJo las cosas, Wa'^ó la noticia, con ansiedad 
escorada [)or Ri|)porda,de la conlra-alianza ne^íociada en ILinno- 
ver, y quo lanío ii.iliía di; indiiir on ol ánimo del Emperadoi- y de 
sus Minisiros para la ducisión lavoraljle de lo solicitado por aquel 
Emhíijador, cons¡í,Miiondo que al fin se firmase el 5 de Noviembre 
de 172") el a'I'ratado muy secrelo de amistad y alianza entre las 
Cortes de líspaña y Viena» (1), incluyéndose eii él la concesión de 
dos de las Archiduquesas para los dos hijos de Isabel Faruesio. 
Había en parte llegado á feliz término el suspirado proyecto de 
la Reina con la íinna do este tratado (2); pero examinando su 
contexto M. Syvelon hace notaren él con precisión y sagacidad 
lo que el tiempo luego se encargó de demostrar, á saber: su es- 
caso valor práctico, su vaguedad y falta de buena fe, como otor- 
gado á disgusto, arrancado poco menos que á la fuerza por efecto 
de Lis circunstancias políticas y condenado de antemano á no ser 
ejecutado en su parte principal. 



IV. 

Conviene ahora dar una breve idea de la correspondencia 
seguida por Ripperda con los Reyes de España durante su estan- 
cia en Viena. De esta correspondencia sólo he podido encontrar 
una parle, la más importante sin duda, por ser la que empieza á 
fines de Abril y termina en el 8 de Noviembre, último día de la 
estancia de Ripperda en aquella corte. Hállase en el Archivo 
general central de Alcalá de Henares (3); está escrita la mayor 
parte de ella de mano del mismo Embajador, ya en español, ya 
en francés, cuyos idiomas conocía laii mal el uno como el otro. 
Tan secreta era esta correspondencia que pa?'a no llamar la aten- 
ción sobre ella, remitía Ripperda las cartas á los Reyes por con- 



(1) Cantnio. Tralados, púg.Q3\. 

(2) Viena 10 de A'oviembre.-E\ 1 por la tarde hizo su entrada pública en esta Villa 
con gran magnificencia y tuvo su primera audiencia del Emperador el Duque de 
Richelieu, ernbaxador de Francia; y la misma noche dio S. M. Ces.lrea audiencia al 
Duque de Ripperda, ernbaxador de España. 

.3) Estado. Leg. 2. -160; y no 4.823 como equivocadamente afirma M. Baudrillart en 
su Rapport. 



LA EMBAJADA DEL BaRÓN DE RIPPERDA EN VIENA. 27 

diicto de su esposa, que residía en Madrid, pero exteriormente 
iban dirigidas á D. Miguel Ruíz de Agüero, amigo de toda su con- 
fianza, vecino de esta villa. Sólo una carta se extravió, de la que 
luego envía copia, achacando esta pérdida de un modo indirecto 
al Ministro Marqués de Grimaldi, de quien, dice, solía intercep- 
tar cartas en el correo de Madrid. A fin de evitarlo en lo sucesivo, 
pide permiso á SS. MM. para dirigir su correspondencia en ade- 
lante al Mai-qués de la Roche (1), y les ruega en oirás cartas que 
nadie sino ellas las vean. 

Si por sus hechos no fuera suficientemente conocido el Barón 
de Ripperda, las cartas que acompañan á este informe, darían 
por sí solas cabal idea de su carácter intrigante, audaz, ambicioso 
é hipócrita. Retraíanle tan á lo vivo, que su atenta lectura, su 
solapado proceder y los antecedentes que ya tenía el Rey de 
su persona, bastarían para prevenir cautelosamente contra él á 
quien no tuviese tan vendados los ojos como Felipe V é Isabel 
Farnesio. 

El tema principal y obligado de estas cartas es la negociación 
de los matrimonios de las Archiduquesas con los dos hijos de 
Isabel Farnesio, y muy especialmente el de María Teresa con 
D. Garlos, que con toda arrogancia y seguridad da á los Reyes 
como acordados y i-esueltos, siempre que sea él el encargado de 
dirigir en España la política y la administración. Escribíanle con 
fi-ecuencia pur separado el Rey y la Reina, cuyas cartas originales 
ó sus minutas, sería del mayor interés encontrar, y contestábales 
siempre en los términos ampulosos, exagerados y declamatorios 
que le eran característicos para disimular así la doblez de su trato. 
Pone á veces en boca del Emperador y de la Emperatriz conceptos 
que más parecen imaginados por él para halagar á sus soberanos 
y mantenerlos propicios á su persona. Por el contexto de la primera 
carta (2) puede sospecharse que él solicitó indirectamenle los 
títulos de Duque y Gi-ande de España, so pretexto de hallarse 
en iguales condiciones que el Duque de Richelieu, que venía á 



(1) Documento núm. 23. 

(2) Documento núm. 15. 



'2H iiolktín I)K i. a hkai, m:m>kmi\ uk i. a histoiua. 

la Cüilc de Vieiia por Embíijador de Fiaucia. Enormes fueron las 
sumas que dciTOclió duraiile el lietTipo do su plenipotencia extraor- 
dinaria: sólo cu la primera caria pide 120.000 doblones, y en otra 
solicita altos cargos, prebendas y subvenciones para sa'isfacer los 
deseos de elevados person;ijcs de la Corte y aun de los mismos 
Kniperailores. Su audacia llegó hasta el punto de solicitar del 
Rey un [)oder gencial [jara CMiicIiiir y íii-niar todos los IraiaiJos 
que el Emperador y él juzgasen convenientes á los intereses de 
las dos Coronas. Reiteradas veces declara abiei-tamente á los 
Reyes su odio á los (íspañoles, ó los (jue califica de sobei-bios, 
locos, maliciosos y pérfidos: escíndalo inaudito en que no se sabe 
de qué maravillarse más, si de los impi-operios del Embajador de 
España contra los españoles, ó de la aquiescencia de los Reyes de 
España al leerlos, y es más, de susap'ausos al injuriante colmiíu- 
dole de elevadísiuios honores y confi.índolo la gobernación del 
Estado. 

Poseído del más necio orgullo, se apellida el elegido de Dios 
para realizar la grande obra de la unión del Emperador y del Rey 
de España. Se hace [¡asar por el hombre absolutamente necesario 
para conservar esta unión, preparando así su elevación al Minis- 
terio Universal, como precisa garantía, exigida por el mismo Em- 
perador pai-a el cumplimiento de los tratados, manienimieulo de 
la alianza, y, sobre todo, para la realización de los mali-imonios. 
Pone en boca de la Emperati-iz estas increíbles palabras: «El Em- 
perador todo lo espera de vos; para nada cuenta con la España, 
siendo hoy día lodos los españoles incapaces, maliciosos, y tan 
enemigos mortales suyos, como lo son del Rey vuestro Señor». 
Pero todavía llega á más el colmo de la perfidia y de la osadía de 
aquel mimado Embajador de España. Escribe á la Reina que el 
Emperador le ha manifestado que, confiando plenamente eu él y 
no en otro alguno, iba á exigir de Felipe una foi-mal declaración, 
un articulo separado, con la promesa de que sustituirá al Duque 
de Ripperda en su carácter de Embajador Extraordinario y Ple- 
nipotenciario, el día que él deje de serlo, su hijo mayor, que iba 
á cumplir los veinte años de edad, y que á él le nombre Ministro 
y Secretario de Estado, obligándose á mantenerle en este cargo 
aun en el caso de fallecer la Reina antes de la consumación de 



LA EMBAJADA DEL BAMÓN DE RIPPERDA EN VIENA. 20 

los mali-imoiiios (1). Todo ruborizado dice Ripperda que escuchó 
estas palabras de labios del Emperador, como antes las había 
también oído de los del Ganjiller, y que les rogó no escribie- 
sen aquello á su Rey, quedando él encargado de comunicar se- 
cretísimamente á SS. MM. la voluntad imperial, y en fin, que él 
por su parte se entrega á la voluntad de Dios y de SS. MM., á 
quienes está dispuesto á sacrificarse, añadiendo la consabida co- 
letilla de que todo esto había de quedar en el más absi)luto se- 
creto, sin darse los Reyes por entendidos de ello en sus caí-tas al 
Emperador. Y porque el téi-mino de su embajada se aproximaba, 
recuerda á los Reyes en sucesivas cartas estas pretendidas exi- 
gencias del Emperador, y les apremia para que con toda urgen- 
cia le contesten sobre el particular, pues que de ello depende la 
realización de los anhelados matrimonios. ¡Indígnase el ánimo al 
pensar que todo este cúmulo de falsedades, de imposturas y de 
infamias le sirvió para escalar el puesto de primer Ministro de la 
monarquía! 



Ansioso Ripperda de recibir la recompensa de los servicios 
prestados á Isabel Farncsio, salió de Vienael8de Noviembre (2), 
siendo portador del tratado. El 24 se hallaba en Genova y quince 
días después entraba en Barcelona. En la Gacela de Madrid del 
18 de Diciembre del mismo año se lee lo siguiente: «En la t.irde 
del martes pasado (día 11) llegó á esta Corte el Sr. Duque de Ri- 
perda. Embajador y Plenipotenciario á la Corte de Viena, y 



(1) Documento núm. 21. 

(2) Vie?ia 17 Noviembre —El día 8 por la mañana fué conrluciflo el Duque de Hi- 
clielieu por el Conde de Siistagro, Gentilhombre de Cilmara más antiguo,:! la audien- 
cia pública del Emperador, de la Emperatriz y de la Emperatriz Amelia... El misnit) 
dia partió de esta capital para volver A Madrid el Duque de Ripperda... llamado do 
S. M. Católica, á cuyo fia tuvo su audiencia de despedida el día antecedente por la 
noche, dexar.do á su hijo primogénito, el Barón de Ripperda, para que cuide de los 
negocios que se ofrecieren de la Corte de España, hasta nueva orden de S. M. Cató- 
lica, con todo su tren para que se sirva de él; y aseguran (jue los regalos que hizo el 
Emperador al Duque de Ripperda al tiempo de su despedida, se estiman en ÜO.W'^ 
florines. (Gacela de 18 de Diciembre.) 



,'50 IIOI.I'TÍN l)K I, A IlKAI. ACADKMIA l)K I, A HISTOIUA. 

aqiicll.i iioclie liivo aii(Jit.'iic,i;i <lol Roy y fio la Hcyna, nuestros 
señores, que le recibieron con gran l)enií,M)ifluíl y gralilnd. S. M. 
le confirió el em[)leo de sti Secretario de listado y del Despacho, 
para qnc á sus [)ies continúe <*i servirle con el acierto, fidelidad y 
singulai- ainoi- (jue lo lia lieclio hasta aqní». No satisfecha la am- 
bición de Ripperda con tan inmerecidos honores y teniendo sus 
ojos siempre fijos en el ejemiilo de Alboi'oni, puso de nuevo sus 
exigencias á nombre de la Corle de Viena, no cansámlose de re- 
petir á los Reyes que S. M. I. deseaba (jne el (jue hal)ía concluido 
la alianza se pusiera al frente del Ministerio, y que sin esta con- 
dición no ()odía el Emperador confiarse enterament(3 al Rey, ni 
contar con la amistnd de España. De gran fuerza debía ser este 
argumento para Isabel Farnesio, cómplice con Ripperda en la 
negociación de Viena, cuando los Monarcas españoles resolvieron 
elevarle á la categoría de primer Ministro sin título. Siguieron 
desempeñando sus cargos los dein;ís Secretarios, lo cual clara- 
mente indicaba que estarían sometidos á él: y en efecto, el 27 de 
Diciembre los Embajadores extranjeros recibieron una circular, 
particip;índoles que había sido encomendada á Ripper^la la entera 
administración del Gobierno, y en especial lo concerniente a los 
asuntos diplomáticos. Vióse, pues, Ripperda á los quince días de 
su regreso á la Corte ejerciendo de Ministro universal. Grimaldo 
y Orendayn quedaron sin atribución é iniciativa alguna en la po- 
lítica exterior; despojó al segundo de la Secretaría de Hacienda, 
y para desembarazarse del que desempeñaba la de Guerra, Mar- 
qués de Castelar, le nombró Euibajador en Venecia. Poco tiempo 
después, á principios de Febrero, dispuso que D. Antonio So- 
peña, Secretario del Despacho de Marina é Indias, pasase á des- 
empeñar una plaza de Consejero de Indias, reemplazándole él en 
aquellos importantes cargos. Los decretos que publicó sobre la 
recta administración de justicia, cobranza de impuestos, arreglo 
de la Tesorería general, aumento del valor del oro y de la plata, 
restablecimiento del Tribunal de la Contaduría mayor, remedio 
de abusos y excesos administrativos y judiciales y otros punios, 
si bien algunos están inspirados en buenos priucii)ios de go- 
bierno produjeron otros graves perturbaciones, por haber usur- 
pado las atribuciones del Consejo de Castilla. Con razón podía 



LA EMBAJADA DEL BARÓN DE RIPPEnOA EN VIENA. 31 

afirmar el Emb.ijador imperial en esta Gorte que Ripperda había 
cargado sobre sus hombros con todos los negocios interiores y 
exteriores de la Monarquía, y aun llegó hasta hacerse ofrecer 
por el Emperador el título de Príncipe del Imperio. 

Este triunfo tan asombroso, escribe M. Syveton, no era debido 
á ninguna superioridad de inteligencia ó de carácter, sino á un 
burdo embuste imprudentemente repetido, y sería ciertamente 
incomprensible si no se supiese cómo Ripperda tenía, por decirlo 
así, cogida á la Reina y lo que ésta podía en Madrid. La guerra 
érala sola razón de ser del nuevo Ministro, y su política por tanto 
debía ser agresiva por necesidad, persuadido como estaba de que 
estrechamente unidos Felipe V y Garlos VI, no sólo podían con- 
trabalancear las potencias de Europa, enemigas suyas, sino cas- 
tigar duramente á los que se les opusiesen. No veía ni conside- 
raba que el estado de España distaba mucho de hallarse en 
condiciones para emprender una guerra de este carácter, no es- 
tando el ejército preparado ni la marina dispuesta, y que sobre 
todo la Hacienda estaba completamente desorganizada y exhausta. 
Así, en el interior todos sus planes se reducían á proyectos, de 
cuyos medios de ejecución carecía, y en el exterior consagraba 
toda su actividad diplomática, no á adquirir aliados, sino á divi- 
dir á sus enemigos, valiéndose de quiméricos resortes y de comi- 
siones misteriosas. 

No tardó mucho la realidad en dar al traste con sus ilusiones 
y sus artificiosos engaños. Algunos desús nombramientos reca- 
yeron en personas tan desautorizadas que causaron gran escán- 
dalo en la Corle, mientras que trataba de deshacerse de oirás 
tan reputadas é inteligentes como D. José Patino, nombrándole 
Ministro residente en Bruselas. Pero lo más grave de todo era 
que habiendo prometido al Emperador cuantiosas sumas para 
preparar la guerra, se veía en la más completa imposibilidad de 
cumplirlo. Apretaba el Embajador imperial Koenigsegg (1) para 



;i) Habiendo llegado ;i la quinta del Sr. Conde de A<?uilar el Sr. Conde Kaenig- 
segg, Embaxador extraordinario de S. M. Cesárea, pasó al Real Sitio del Pardo el 16 
del presente mes y tuvo la primera audiencia de Sus Majestades, Serenísimos 
Principes y Infantes.— {Gaceta del 22 Enero 172G.) 



'M uoi.ktín [)K i.h iiKAi, Ar;Ani:MiA ui: la historia. 

obliMier los siiljsiilios ofrecidos^ anle la inminencia de la guerra; 
y Hipperda se defendía con sublerlngios y sulilozas. «Diri^'C los 
negocios, esciil)ía el Embajador inglés Slanhope, un Ministro 
con cuya sinceridad no [tuedc contarse, y lo que es peor sin plan 
íijo, embarazado p(jr temerarios compromisos de imposible cuin- 
lilimiento.n En lodos los deparlamentos ministeriales reinaba la 
m;ís espantosa cunfiisión. La guerra era lo (¡nc más poderosa- 
mente absorbía la atención del Ministro universal; pero como no 
enlendía nada de esle i-amo y quería absolutamente dirigirlo 
lodo, resultaba todavía mayor desorden en este valiosísimo ser- 
vicio. El estado de la Hacienda era desastroso: no se pagaba á 
nadie, y el poco dinero disponible lo empleaba en agentes secre- 
tos que manlenía por todas parles y en enviarlo á su hijo resi- 
dente en Viena. Eran universales los clamores que conli'a él se 
levanl;tban. Sólo la Reina le sostenía con todas sus fuerzas por 
el inmenso dominio que sobre su esposo ejercía, temiendo que 
si despedía á Ripperda el Emperador se enojase é invalidara el 
arreglo de los matrimonios. 

Llegó la situación <'í punto de depender la suerte de Ripperda 
del Embajador KíBuigsegg. Despreciábale éste como á un extra- 
vagante, y comenzó á dudar de su adhesión al Austria al ver su 
obstinada negativa en pagar los subsidios convenidos. Para de- 
rribar al Ministro bastaba ya una explicación entre los Reyes y 
el Embajador, y ésla tuvo lugar en los últimos días de Abril. 

Recibió por este tiempo KaMiigsegg orden de su Corte para 
apremiar al Gobierno español respecto al pago de les subsidios 
y del convenido millón de escudos. Dirigióse á Ripperda con 
este objeto, y el Ministro replicó que era preciso hablar alto á los 
ingleses para meterles miedo, remitiendo el pago del millón de 
escudos al mes de Mayo y los subsidios destinados á los alemanes 
para el momento en que estallase la guerra. Intentó entonces 
Koenigsegg obtener dinero directamente del Rey y pidió al efecio 
una audiencia. Lisisliendo en ella acerca de los subsidios, sin 
recriminar á nadie en particular, bruscamente declaró el Rey que 
Ripperda había desorganizado la Hacienda y que como quería 
manejar lodos los asuntos, grandes y pequeños, no podía termi- 
nar ninguno. Preguntó entonces la Reina al Embajador, si la 



LA EMBAJADA DEL BARÓN DE RIPPERDA EN VIENA. 33 

intención de S. M. 1. era que este hombre gobernase sólo y de 
una manera absoluta todos los negocios del reino. A que res- 
pondió el Embajador con sum.a discreción que habiendo tenido 
Ripperda la dicha de ser el instrumento de la paz y de la alianza, 
no podía menos de ser grato á S. M. I. que el Rey se sirviese de 
él en las futuras negociaciones entre las dos Cortes; que no se 
debía dudar de sus buenas intenciones, de su fidelidad y de su 
celo; que en verdad no podía menos de confesar que se había en- 
cargado de muchas cosas á la vez; y que él le había repetidas 
veces insinuado que buscase uno que le ayudase, porque era im- 
posible que un hombre lo hiciese todo por sí. Decidiéronse enton- 
ces los Reyes á descubrir al Embajador imperial lo que á todo el 
mundo disimulaban, y durante una hora fueron enumerando los 
motivos de desconfianza y de inquietud que les causaba Ripper- 
da; su inconstancia, sus rápidas variaciones, sus intemperancias 
de lenguaje, sus peligrosas indiscreciones, la costumbre que tenía 
de tratar los más importantes negocios á espaldas del Rey, y aca- 
baron rogando al Embajador transmitiese secretamente sus refle- 
xiones al Emperador y le pidiese su opinión, añadiendo que si 
S. M. I. lo exigía, soportarían todavía á este Ministro todo el 
tiempo necesario. Nuevamente volvió á interrogar el Rey á 
Koenigsegg, si era cierto que tenía orden de su soberano de pedir 
que el Marqués de Gri maído fuese reducido á prisión; que Rip- 
perda lo afirmaba y aun pretendía que él había impedido que se 
hiciese á SS. MM. tan extraña petición. Negó el hecho Koenig- 
segg; y entonces la Reina se volvió al Rey y le dijo: «Desde el 
momento que este hombre nos ha mentido acerca de este punto, 
es muy posible que ciertas cosas, de que yo siempre he recelado, 
sean también mentiras, y es preciso por tanto que nos confiemos 
ai señor Embajador.»— (i¿Es verdad, le dijeron, que el Emperador 
ha deseado y aun exigido que Ripperda fuese nombrado Emba- 
j.ulor y Grande de España primeramente, y después primer Mi- 
nistro y aun Ministro universal? ¿Es el Emperador el que ha 
pedido el nombramiento del hijo de Ripperda para desempeñar 
la embajada de Vicna? ¿Piensa realmente en crear á Ripperda 
príncipe del Imperio, ó sólo ha enunciado la intención de hacer- 
lo, porque le ha hecho falsamente creer que se anticiparía así A 

TOMO XXX. 8 



34 nOLIíTÍN 1)K I. A ItKAl, ACAlJlCMIA UK 1-A HISTOIUA. 

los deseos del Heyi' Uippenhi li.i cargado lodas sus exigencias 
soljro la Corle de Viciia, y lodo lo que el Rey y la Reina han 
hecho por t'd ha sido creyendo condescender á los deseos de su 
aliado, ¿lian sido engañados? Turbado por eslus preguntas, con- 
lesló Kdjnigsegg que él saina que S. M. í. hahía considerado 
mucho á Ripperda por su celo y buena voluntad, puro que jamás 
le había confiado ninguna de las parlicularidades de que hablaba 
la Reina. En su consecuencia volvieron á rogarle SS. MM. que 
pusiese lodo esto en conocimiento del Emperador para que les 
ilustrase; que dejarían las cosas en el mismo estado hasta recibir 
respuesta de la Corte de Viena; pero que el Rey sentiría que 
S. M. I. creyese que la presencia de Ripperda en los negocios era 
Itreiida necesaria de su loa) amistad, siendo así que este hombre 
no había sido más que el instrumento de su voluntad y de una 
resolución en cuyo origen ninguna parte liabía tenido, debiendo 
reservarse el honor de la iniciativa á la Reina, que fué la primei-a 
que tuvo la idea de la inteligencia entre las dos Cortes (I). 

VI. 

En este estado quedaron las cosas durante una semana. Kccuig- 
segg siguió teniendo frecuentes conferencias con los Reyes, y 
mutuamente se descubrían en ellas los innumerables embustes 
y engaños de Ripperda. Nada sospechaba éste de lo que contra 
él se fraguaba, y aún cometió la torpeza de querer reducir los 
subsidios para los alemanes y de retardar todavía más el pago 
del millón de escudos para el Emperador. La verdad es que care- 
cía completamente de fondos, haciendo temer la suspensión de 
lodos ios pagos un levantamiento general. La crisLs financiera 
precipitó su caída, y el Rey decidió separarle del despacho de 
Hacienda, conservándole los demás empleos, mientras veníala 
respuesta de Viena. Procedióse, sin embargo, con él con todo 
miramiento , obteniendo Koenigsegg que él mismo dimitiese 
aqaella Secretaría. Rogó, pues, al Rey el Duque de Ripperda 



(1) Sjveton, obra citada. 



LA EMBAJADA DEL BARÓN DE niPPERDA EN VIENA. ÓO 

■que le clescarg¿ise del detalle de esle servicio, y Felipe V designó 
para sustituirle en él al Marqués de la Paz y á D. Francisco de 
Arriaza. Acaso no tenía Ripperda muy claras sus cuentas para 
que fuesen examinadas por sus sucesores; y tantas restricciones 
y distingos opuso al cumplimiento de lo mandado, que al fin su 
mala fe produjo una escena violenta entre el Rey y él. Felipe V 
manifestó claramente que el Marqués y Arriaza debían tener, no 
sólo el detalle, sino la plena dirección de la Hacienda. Colérico 
Ripperda, olvidó toda prudencia y aun el respeto debido al Rey, 
y le ofreció giitandola dimisión de todos sus empleos, que S. M. 
aceptó. El mismo día, 14 de Mayo, Felipe V comunicó por la no- 
che á Kcenigsegg la noticia , encontrándole éste alegre pero algo 
inquieto hasta saber cómo recibiría el Emperador su repentina 
disposición; y le participó haber nombrado para sustituirá Rip- 
perda (1) en la primera Secretaría de Estado al Marqués de la 
Paz, el mismo que con la fecha indicada hizo saber á Ripperda 
que S. M. había aceptado la dimisión de todos sus cargos y seña- 
ládole la pensión do tres mil doblones al año para que, según la 
expresión del Rey, pudiese vivir como un Grande. 

La retirada de Ripperda á la embajada inglesa; su prisión; su 
fuga del Alcázar de Segovia y sus correrías por Europa y África, 
son sucesos bastante conocidos, aunque sobre todos ellos aporta 
M. Syveton nuevos y curiosos detalles, terminando su prove- 
choso libro con un breve estudio sobre la alianza y proyectados 
matrimonios auslriacos después de la caída de Ripperda, ó sea 
desde mediados de Mayo de 1726 á Noviembre de 1729. 

Aleccionado, por fin, Felipe V con los ejemplos más ó menos 
desastrosos, pero todos funestos para España, de los Amelot, 
Orry, Alberoni y Ripperda, entregóse en manos de ministros 
españoles, de Patino, Campillo, Carvajal, Ensenada y tantos 
otros que, trabajando con verdadero patriotismo y sincera leal- 



(1) S. M. se ha servido de mandar que el Sr. Marqués de' Castelar vuelva á servir 
la, Secretaría del despacho de la Guerra, y de reintefjrar en el empleo de Superinten- 
<lente de su Real Hacienda al Sr. D. Francisco de Arriaza... . y al mismo tiempo ha 
oombrado por su Secretario del despacho de Marina y Indias al Sr. "O. Joseph Patino. 
—rGaceía de Madrid del 2\ de U&yo de \126.) : ..;: ...: 



'M') UOLRTÍN DK la niCAI, academia de I-A HISTOIIIA. 

lad en hoiH'licio d(í los iiiUíiesos nacionales, pusieion la Hacienda 
eii lloi-cciontfí estado, reo r;,Mn izaron po<lcrosameiilc el ejéirilo y 
la marina, liic.i(!ron |)rf)S[ierar las arles y las letras y [)rcpararoii 
con sus útiles refoi-nias y celosa adriiinislracifHi los (gloriosos rei- 
nados de Fernando VI y de Garlos III. 

A. Rodhíouez Villa. 



DOCUMENTOS JUSTIFICATIVOS. 

1. 

Párrafo de carta original de D. Patricio Laules, embajador de 
España en Paris, sobre antecedentes ?/ carácter del Barón de 
Ripperda, dirigida al Bey D. Felipe V. 

(París, 8 Julio de 1720.) 

«Sir. — J'ai l'honnenr de remettre a. V. M. cy joincte rinforma- 
lioii du Marquis Berretli Landy au sujel dii Barón de Riperdn, 
que V. M. m'a ordoniié de luy demander. Je me suis informé de 
mon colé du caraclere de ce Barou en une visite que l'ambassa- 
deur d'HoUande icy m'a rendu la semaine passée la couversalion 
elant tombee naturcllement sur son sujet. Get ambassadeur 
m'ayant demandé de ses nouvelles, j'ai fait semblan t de ne le 
pas connoitre, ct l'ay questionné á mon tour sur le caractere du 
Barón, il me l'a depeint a peu pres commc le Marquis Berrelli 
Landy fait, hormis qu'il dit que Mr. de Ripperda a exercé de tres 
beaux employs dans le Republique, dout il s'ost loujours fort 
mal acquilé, el avec peu de satisfaction de ses Maitres. II m'a dit 
aussi que c'esl un homme sans principes, d'uu esprit dereglé ct 
etourdy et peu estimé, ny consideré dans le Pays, hormis de- 
quelques gens de sa trempe qui sont tous egalement meprisez» (1). 



(1) En el resto de la carta trata de otros asuntos. 



LA EMBAJADA DEL BARÓN DE RIPPERDA EN VIENA. 37 



2. 

El Barón de Ripperda al Rey D. Felipe F (1). 

(Madrid, 13 de Septiembre de 1724.) 

«Sir. — Gomme V. M. esl remonté sur son throne, ie ne peus 
douler q'elle ne voudra pas par un eíFect de sa clemence me per- 
niettre de diré la verite, et cest en concience que ie ne doy pas 
ierre, ce que ie vois, Dieu sce que ie ne melé pas ausqune pas- 
sion ni animosité conlre persone en cela que ie vien de diré, i)s 
sonl plus que quatres annés que j'ay dil á V. M. la puré verité, 
disant q'elle estait vendue et Irahy par son rainistere, tant dens 
les negociacions des Traites que des autres chauces, que V. M. 
n'avoit pas en bon ordre ses troupes, que ses finanses estoint mal 
«ouvernés et en gran partye volé, que V. M. n'avait des vessaux 
■de gerre ni marine sufficiente pour le commerce des Indes; que 
les ludes estoint entierement perdues et exposé h des grandes 
d'angers, el que le commerce d'Espagne maisme estait ruiné 
faute de la bonne foy: ce que n'a pas d'aulre remede que de reta- 
blir la foy publique dens les finances de V. M. et par la, je eue 
le malheur d'estre persecuté par vostre Ministere, Sire; et ie scay 
fort bien qu'ils ont fait tous leurs possible pour me denigrer 
auprés de V. M. Dieu les perdone, comme j'ai fait de mon cote, 
priant l'Eternel pour la saluacion de leurs ames, et ie proteste 
en presence de mon Sauvoir qu'il ne pas eue la volonté de leurs 
faire du mal en leurs persones, mais que c'eslait un effect de 
mon zele et obligation de diré la verité á mon Roy et Saint 
Souverayn, et"de lui faire scavoir l'estat veritable de ses Royau- 
mes et de ses peuples, autent q'il estait posible. Je prie V. M. au 
nom de Dieu de me pardonner la liberté que ie preñe. 

»Sir, les ludes son le principal fondament de la prospcrité de 



(1) Parece oportuno repetir aquí que, expresándose RipperJa tan mal en el idioma 
castellano como en el francés, no deben extrañarse las muchas faltas de todo género 
que en sus escritos se advertirán. 



38 nOLETÍN DK I,A HEAI. ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

VOS royiiuiiios, o.sieiil smir (|iie les ludes bien goiivernc rendi'out 
h V. M. eiicor baúrouo plus ipie ses Royaiimes d'Espagiie. 

«Le TouspuiseiiL a i'ail reiiioiil(!r V. M. sur son Ihroiie, mar- 
que q'il veul ({ue V. M. regué, il assislera induijilablemeul a 
V. M. lo Saint Kspril ouvrira les jeux h V. M. pour voir la misero 
do ees peuples et par consequenl la neccssilé absoluto de recurrir 
aux remedes. La Fraiice aujoui'duy cherche l'occassion pour con- 
Iribuer veritablemeut a vostre gloir et vos ínteres, et il y a def5 
aulres bien incliné pour se allier avec les deax courones et sur 
lout, Sir, le fondameiil principal est de i^eniudicr pi'oni[)tCMnent 
aux malheurs arrivé a vos pou[)les et royaunies que le bou Dieu 
a confié el consigné a vostre persone sacre, io le prie q'il assisio 
h V. M. en tout ct princi[)alenicut dens la conjuiiclurc presente, 
priant bien humblement V. M. d'estre assuré que persone au 
monde ne peul eslre plus attaché aux interés de V. M. et la fami- 
lie Royale que moy et que ie suisavec une soumission enliere et 
zele inebi'anlable — .... de vostre Majesté— .... Le Barón de Rip- 
perda. — 

«Madrid le 13 Sbre. 1724.» 



El Barón de Ripperda á la Reina. 

(Madrid, 13 de Septiembre de 172i.) 

«Serenissime Reyne. 
«Madame 

»Je ne puis pas douter de que V. M. sera bien persuade de ma. 
fidelilé et altachement inviolable au Roy et a V. M., c'est dans- 
cette esperance que ie preñe la liberté de me mettre á ees pies- 
Royaux representent tres liumblement comme j'ay fait pendent 
le cours de plus de quatres aunes que cette monarchie est deve- 
nue a la derniere misero, que le Roy a esté trahy par son Minis- 
tere... (sigue como en la anterior carta al Rey) ie prie tres hum- 
blement V. M. de se souvenir dos proposilions faites par moy 
pour cetle eíFect et ie ne doute pas que Y. M. examinant ma con- 



LA EMBAJADA DEL BARÓN DE RIPPERDA EN VIENA. 39 

fluile, verra que ie esté en tous et louiours insepar¿ible des inte- 
rés veritables du Roy, de vostre Mayesté et la familie royale... 
Madrid 13 Set. 1724.— El Barón de Ripperda. 



4. 

El Barón de Ripperda al Bey D. Felipe V {[]. 

(Madrid, 23 de Septiembre de 1724.) 

«Serenissime Roy. 

))Sir: Comme j'ay rien au monde plus aú cu'ur que la persone 
et vertues incomparables de vostre Mayeste, ie m'intercsse peat 
estre plus que persone en tous que á V. M. peut faire d'utilite et 
plaisir en ce monde. 

»Sir, le plus gran bonheur de Thomme est d'avoir recuíi de la 
main de Dieu une epouse vertueuse et sage; V. M. a recue non 
seulement une epouse vertueuse et sage mais encoré sur ees ver- 
tues eminentes et rares, remplie des qualites surprenantes et 
sens exemple, puisque S. M. ayant une filie de aine Reyne de 
Frauce et deux fils, l'un destiné Gran duc de Toscane et Parme 
et l'autre estant fils d'un si gran Roy, elle a lessé les interés de 
ees Enfans dans les mains de leur frere, et elle sens conlrediction 
a suivi vostre Mayesté dans sa retraite, c'est une marque d'amour 
envers Dieu d'obeir á son epou, et cest une marque d'amour 
personel et insuparable envers V. M. de laisser le tous pour le 
suivre sens courone, se felicite V. M. aujourdui du profond de 
mou ame sur la neseence de notre Grande Reyne vostre epouse 
et ie adore la divine Providence d'avoir uni inseparablement ees 
deux ames precieuses et fail remonter V. M. sur son tbrone pour 
le bien de l'Eglise, de vos enfans et de vos peuples. 

»Sir, ie preñe en cette occasion la liberté de demandcr a V. M. 
une grace, le suplient tres humblemeut de m'accorder l'appoin- 
temeut de mil deux cent pistóles par an pour la cbargo de surin- 



(1) El original en el Archivo general de Alcahi, leg. 2.1G0. 



40 IUJI.IíTÍN UK la IIICAI, ACAUKMIA UK 1.a HISTOIUA. 

leiideiil de vos fabriques royaiix de Guadalajara. Dieii disposeía 
vosli-e coeur coninic ie espere daiis ma deriiiere necesite, el je 
prie, Sir, loiis les joiirs le Touspuiseiit pour V. M. et sa farnile 
Uoyah; eslaiil daiis inoii ame. — Serenissime Roy, — Sir — De 
V. i\I. le plus hunii)le, le plus fidel et obeissent sei-viteur el 
sujel. — Lo Barón de Hipperda. 
» Madrid le 2.} Set." 17'24.i> 



Extracto de una larga carta original en francés del Barón 
de Ripperda á la Reina d'.nia Isabel Farnesio. 

(Madrid, 23 de Septiembre de 1724.) 

Felicila á la Reina en el aniversario do su natalicio con frases 
laudatorias y pomposas, y pide quo como día de mercedes que 
es, se le concedan 1.200 pistolas anuales como sueldo del cargo 
de Superintendente de las fábricas Reales de Guadalajara. 

Quéjase amargamente de que por efecto de las persecuciones 
que sufre por parte del Ministerio, se hallan él y su familia en 
la mayor miseria y necesidad. Reitera al fin su petición: «pour 
Tamourde nostresainte religión calholiquo apostolique romaine.» 



6. 

El Barón de Ripperda al Rey D. Felipe V. 

(Madrid, 3 de Octubre de 1724.) 

«Sir. — Gomme rien au monde m'est plust pretieux que la per- 
sone sacre de V. M., rien ne me peut pas aíliger plus que de me 
voir privé de Toccasion pour me metlre au pies Royaux de V. M. 
apres l'abdicacion de la Gourone et la relraite de V. M., ie ne 
siiis pas venu la trouver ni en persone ni par escrit, et croiant la 
deplaire par la, ie me suis conforme en tout avec la volonté divi- 
ne, ie vué plazer sur le throne un Prince le plus aimable par son 
naturel et le plus digne de la torre, et c'esi avec un tres profond 



LA EMBAJADA DEL BARÓN DE RIPPERDA EN VIENA. 41 

douleur que ie rien de faire aux pies de V. M. la condoleaiice 
par ees leltres; ie tramble d'abord prevoyant les suites fachieuses 
de celte perte mais le boa Dieu les aprevenueen temps disposanl 
lo Cíeur de V. M. pour remonler sur le throne l'uuique remede 
pour prevenir la deruiere desolación el ruine toíale de ees Royau- 
mes et pour rendre heureux )es enfans de V. M. et sur lous 
V. M. suivant la vocation divine et sacrificant son repos personel 
pour le bien de ees enfants et ees peuples, ne peut pas menquer 
de ramporter en recompense une courone elernelle. En cas que 
V. M. me juge capable de servir á V. M. et que ie peus estre asse 
heureux de trouver grace daus ees jeux, ie suis touiours prette 
pour sacrifler mon sang et ma vie pour V. M. et la famille Ro- 
yale^ priant sens cesscr le Seigneur pour V. M. Je suis — Sere- 
nissime Roy — de votre Mayeste (etc.) — Le Barón de Ripperda. 
«Madrid ce 3'"^ ¿'Octubre 1724.» 



El Barón de Ripperda á la Reina Doña Isabel Farnesio. 

(Madrid, 3 de Octubre de 1724.; 

«Serenissime Reyne: 
»Madame: 

»Ges Royaumes estant meuaces par la mort de sa Mayeslé le 
Roy Louis I avec la derniere ruine et confusión et maime exposé 
á plusieurs dangeres la familie Royale, le bon Dieu a disposé le 
coeur de nostre Monarque pour remonter sur son throne, sacri- 
fiant son repos personel pour la prosperité et souhigement de 
l'Eglise, la Familie Royale el les peuples de ees Royaumes, c'esl 
avec le plus profond résped que ie Thonneur de faire a V. M. 
mes complimens de condoleance et felicitación, estant avec un 
attachement inebranlable et entiere soumission... de V. M. — Le 
Barón de Ripperda. 

» Madrid ce 3""^ d'Octubre 1724.» 



42 uoi.KTiN di; la iíkal acaokmia ijk la msTOniA. 

8. 

Ei Barón da Ripperdu al Rey D. Felipe V. 

(Madrid, 2 de Noviembre de 1724.) 

«Sirc. — Comme ic me trouve obligó de donner parí á S. M. des 
cei'laitics chaiises ct que cela iie se pent pas executer par escrit, 
ie prie V. M. do m'accorder une audieiice secrete (etc.) — Le Barón 
de Ripperda. 

«Madrid ce ijme Obre. 1724.1) 



9. 

El Barón de Ripperda al Rey D. Felipe V. 

(Madrid, 9 de Noviembre de 1724.) 

«Señor: Gonfiándome en el secreto y en la piedad de V. M. 
remito á sus Reales manos el papel adjunto, deseoso por instan- 
tes de hablar á solas con V. M. en asumplo de esta y otras ma- 
terias delicadas; yo adoro y venero de corazón y alma la sagrada 
persona de V. M. y ruego á Dios guarde V. M. los muchos años 
que toda la Ghristiaudad y yo nezesito. — Madrid y nueve de No- 
viembre 1724.— Señor.— B. L. P. de V. M. etc.— El Barón de 
Ripperda. 

10. 

El Barón de Ripperda al Reij D. Felipe V. 

(Madrid, 14 de Noviembre de 1724.) 

«Señor. — Siempre confiado en el secreto y la benigna piedad de 
V. M. y deseoso de cumplir con Dios, remito á las Reales manos 
de V. sagrada persona el papel adjunto y ruego á su divina Ma- 
jestad que guarde á Y. M. etc. — Madrid 14 Noviembre 1724. — 
Señor. — El Barón de Ripperda.» 



LA. EMBAJADA DEL BARÓN DE RIPPERDA EN VIENA. 43" 

11. 

El Barón de Ripperda al Rey D. Felipe V. 

(Madrid, 14 de Noviembre de 1724.) 

«Señor. — Siendo del seruicio de Dios y de V. M. que respire 
esta Monarquia, y que el pueblo catholico que Dios confió á V. M. 
no sea mas destruido; pongo á los Reales piós de V. M. el papel 
adjunto (1) para su remedio, y no obstante que soy cierto no ha 
de gustar á ninguno de los Ministros por su claridad y desengaña 
reconozido, no puedo dejar este paso en mi conciencia. — Dios 
guarde V. M. los muchos gloriosos años como puede y toda la 
Ghristiandad conmigo nezesita. — Madrid y 14 Noviembre 1724. — 
Señor.— B. L. R. P. de V. M.— El Barón de Ripperda. 

12. 

Método propuesto por el Barón de Ripperda á Felipe V para la 
buena administración de la Hacienda (2). 

«Se propone un methodo practico para que la Real Hazienda 
sea bien administrada y los caudales no puedan ser mal distri- 
buidos como lo han sido hasta ahora. 

Artículo 1.° 

»Todas las Rentas generales deuen estar arrendadas, y es cierta 
que darán casi el doblado de lo que produzen oy dia estando en 
administración y ademas de esto mayor producto, logra S. M. de 
no pagar los excesiuos sueldos que satisface á los administradores, 
(juienes comen mas que la quarta parte del producto de las cita- 
das Reutas Generales en grane perjuicio de S. M. y estos arrien- 
dos deuen hacerse en la forma como se dirá en caso que S. M. 
apruebe esta planta. 



(1) Es el documento siguiente. 

<2) Archivo general de Alcalá, leg. 2.46L 



44 HOLKTÍN DIC LA ItKAI. ACADKMIA OE I. A HISTOHlA. 



ArniciJLO 2,° 

)>Las iciilas pi-oiiiiiciales doucii oslar administradas por I.is 
mismas Prouincias en la forma como se dirá apronando S. M. 
esta ydea; y assi no serán tiíanizadoslos pobres uasallos de S. M. 
por los arrendadores como hasta ahora, y S. M. no peiderá nada 
del producto que oy dia dan las Rentas Prouinciales, mandando 
á las Prouincias que paguen las mismas cantidades que pagan 
oy dia los arrendadores; siendo cierto que ay Prouincias arren- 
dadas d amigos del Ministerio y Marqués de Campoíloi'ido, que 
pueden y deuen dar en tal caso á S. M. de cincuenta hasta cien 
mil Pesos mas al año, esto es en lo General, y en lo pai-ticular S3 
hará uer á S. M. los remedios que ay para pagar las deudas de la 
Corona, sin inlroduzir nuevas ó mayores cargas, antes bien des- 
cargando o aliviando los Pueblos. 

ArtÍ(íulo 3.° 

»Y como todo lo dicho no basta solo, sino que se deue también 
poner promplo remedio tocante la mala distribución de los cau- 
dales de S. M. y impedir los hurtos y conuersiones del dinero 
que entra en las arcas Reales, es necessario que S. M. mande que 
todos los Reales decretos relatiuos á la Hacienda se escriuan y 
registren en un libro, el que deue quedar en poder de S. M. en 
otro libro que queda en poder del Secretario del Despacho uniuer- 
sal de Hazienda, y en otro libro que queda en poder de la per- 
sona que S. M. designará en la Thesorería General, y que en los 
decretos originales se siente exempli gracia: oRegistrado en el libro 
de S. M. folio tanto, en el libro del Secretario del Despacho uni- 
versal de Hazienda folio tanto, y en el libro de la Thesoreria 
General registrado folio tanto», y echo,esto que pague el Theso- 
rero según la orden que contiene el decreto, poniendo el acreedor 
<3l reciño en el mismo decreto; y de esta manera daua el Thesorero 
fácilmente sus quentas cada año, y conuiene sea Thesorero para 
los dias de su uida, porque es cierto no podrá hurtar, y la Fé 
publica sei'á de esta manera luego restablecida y los que oy en 



LA EMBAJADA DEL HARÓN DE HlPPEnDA EN VIENA. 4d 

dia por la mala Fé de los ministros de S. M. niegan óocullan sus 
caudales, han de solizitar S. M. para dárselos de empréstito á 
un interés muy moderado, y verá S. M. al mismo tiempo, y des- 
cubrirá los grandes hurtos, que su Real Hazienda ha padezido 
algunos años á esta parte.» 

13. 

El Barón de Ripperda al Bey D. Felipe V. 

(Madrid 16 de Noviembre de 1724.) 

«Señor. — HaÍDÍendo sabido que inmediatamente después de la 
muerte del Rey Don Luis I, que Dios tiene en su gloria, se for- 
maron ideas entre los Ministros extrangeros para el comercio 
de los Reinos de V. M. en favor de ellos y perjuicio grave de 
S. M. y sus vasallos, he tentado si podia hablar á Y. M.; lo que 
no habiendo podido executar por la salida de V. M. pai-a San Il- 
defonso, he escrito al Mariscal de Tessé considerándole hombre 
de bien para solicitarme licencia de venir á San Ildefonso, mas 
no lo e.xecutó assíesle Ministro, si no que me pidió una planta de 
comercio, la que le envié luego para hacerla presente á V. M., 
pero hasta ahora no habiéndola presentado á V. M. y sabiendo \o 
de fijo haze este Ministro trabajar sobre los ingredientes y la 
materia de mi planta, estoy coi] cuidado y inquieto en mi ánimo: 
para descargar mi conciencia remito á las Reales manos de V. M. 
los duplicados de la planta como la entregué al Mariscal para que 
no peijudicasen á V. M. y sus vasallos las naciones extranjeras. 
Suplico á V, M. me perdone que le soy tan molesto y sea segura 
de mi amor y inclinación natural al servicio de su sagrada per- 
sona, que Dios guarde etc.. Madrid 16 Noviembre 1724. El Barón 
de Ripperda.» 

14. 

El Barón de Ripperda al Rey D. Felipe V. 

(Madrid, 18 de Noviembre de 1724.) 

«Señor: Seguro del secreto y grande benignidad de V. M. na 
puedo dejar de remitir á las Reales manos el papel adjunto, 



46 fJOí.KTÍN DK I. A IlKAI, AC AUK.M I A DE LA HISTOniA. 

sii[)lican(Jo lo reciba V. M. como es or¡;,ana(lo sólo de mi amor y 
fina ley que profeso á V. M. (jue tenga Dius en su santa guar- 
dia, etc. Madrid 18 de Noviembre de 1724. — Kl Harón de Rip- 
porda.» 

15. 

El Barón de Rippe.rda al Rey D. Felipe V. 

(Viena, 30 de Abril do 1725.) 

aSeñor: A mi me faltan palabras para exprimir el respeto, 
veneración y admiración con que he avierto la carta de la mano 
sagrada propia de Vuestra Real Mageslad escrita en el buen Re- 
tiro á dos do Abril pasado, en que V. M. so digna de manifes- 
tai-me la saliífaccion que tiene de mi conducta y servizio. Dios 
pague á V. M. esa gracia, esa honra y fauor en escrivir que 
V. M. me aze; porque yo en todos los dies (sic) de mi vida no 
podré merczer esa clemencia tan grande do mi parte; n6 obstante 
aré todo lo que pudiere, para coresponder á la benignidad Real 
de V. M. asegurándola que mi sangre y mi vida serán testigos 
de mi verdadero y inseparable amor y zelo al servizio de V. M.; 
€n que espero vivir y murir y si no tengo tantas prendas como 
otros, Dios es mi testigo que i'i lo menos ningún hombre en este 
mundo puede ser á V. M. más fiel y leal que yo. 

«Miércoles pasado, antes de que el Imperador salió para La- 
xeuburgo, he tenido la honra de asegurarle de izarte de V. M. de 
la sinceridad con que V. M. aze la paz y entrará en alianza con 
el Imperador, el que hallará en la Persona de V. M. un buen 
amigo y aliado, añadiendo los cumplimientos conducientes ala 
materia. Este Principe me oyó y me miró con mucha atención 'y 
í^aliendole algunas lacrimas, prorumpió en estas formales pala- 
bras: «Segura tu amo de mi parte que le corespondo con un 
ánimo sincero, deseando ocasión para poder darle pruebas reales 
de mi verdadero afecto.» Y retirándome yo, me dijo: «Si el Rey 
ahora te aze grande de España y duque, he de creyer que te 
liene la estimación y confianza que me has dicho, y ademas con- 
sidere para su gloria y en las circunstancias presentes, uinieudo 



LA EMBAJADA DEL BARÓM DE RIPPERDA EN VIENTA. 47 

un duque de Francia por Embajador.» Yo respondí que era 
cierto lo que hauía dicho en asumplo de la estimazion y con- 
fianza que V. M. me tenia, pero que eso de azerme grande y 
duque, no tenia relazion con la confianza y estimazion, y que yo 
no aspiraba á gloria tan alta en este mundo. A lo que me replicó: 
«Ya mas que cinco siglos soys barones del imperio, ahora lias 
bien merecido de tu Amo y de mí puedes pedir lo que quieres, 
y te lo daré.» A lo que respondí que no pedia nada, sino que me 
diese testimonio de verdad que era hombre de bien, y que para 
lo demás no estimaba nada, si no la honra de servir al Rey mi 
Amo. Y en esta forma rae he despedido, deseando á S. M. un 
buen viage. 

«Señor, me perdone Y. M. que he dicho al Imperador que 
V. M. me tenia mucha estimazion y confianza, porque sauia do 
fijo, que el Imperador hauia dicho al Principe Eugenio y al 
conde de Sinzendorf, si bien podia estar seguro que yo tenia 
parte en la confianza de V. M., porque si no, la alianza seria 
inútil, siendo todos los demás ministros de V. M. sus enemigos 
declarados. 

»A1 principe Eugenio y Conde de Sinzendorf he dado las gra- 
cias que V. M. me manda, y ellos quedaron muy satiffechos y 
sumamente agradezidos; pidiéndome asegurase V. M. de su in- 
separable atención y reconozimiento, y que consideran los tia- 
tados entre V. M. y su amo no solamente como el fundamento 
de la libertad de la Europa y la yglesia, si no el único remedio 
para guarantir la una y la otra contra los evidentes peligros. 
Sea V. M. por amor de Dios seguro de que yo no dejaré nada de 
lo que puede contribuir la conclusión de los Altos Matrimonios 
propuestos, y tengo esperanza de lograr que el Principe infante 
Don Garlos se case con la flija mayor del Imperador, y el Prin- 
cipe ynfante Don Felipe con la segunda Hija del dicho Monarca, 
y si no podia ser eso, ya he descubierto y sé de fijo que no f;il- 
tará en ningún caso de efectuar los casamientos con la segunda 
y tercera Hija. Ni deuo callar á V. M. que. tengo ocasión prime- 
ramente para descubrir la intención del Imperador, y segunda- 
mente de ver si el Principe Eugenio y el conde de Sinzendorf en 
la conferencia secreta con el Imperador executan lo á que mi 



AR noi,KrÍN t)K i.a iuiai. acadkmia dk i, a histoiua. 

[iií! [iioríKítfMi; y de esta íDaiioiM no puodo esl;ir engañado, pero 
suplico á V. M. que no se dilate la remesa de los ciento y veinte 
mil (ioltioncs on letras de cambio íí fauoi- de Don Meyjeardo Troye 
en Amsierdam, con oiden ijue yo pueda disponer de ellos. 

íSeñor, confiado cu la grande piedad y secreto de V. M., no 
deseo ni puedo dejar decir (¡ue los p]spañoles desde Madrid á 
esos de acá, y ellos al Iin[ierador lian iiisinuaiio ijnauío han po- 
dido contra los intereses de V. M. y me lian causado mas trabajo 
que los franceses y ingleses juntos; y últimamente ba sido pre- 
ciso exponerme á lodo [)ara que no entrase en los tratados la res- 
titución de los privilegios de la corona de Ai-agon, Valencia y 
los catalanes; y sobre todo eso creyéndose perdidos, y á mi ven- 
cedor en este punto, ha sido la malicia tan grande que han Ira- 
fado de insinuar al Imperador como si V. M. otra vez tomaría la 
lesoluziou de hacer dejación de la corona, y eso con circonslan- 
cias que mi modestia debe pasar y (tallar. No he podido descubrir 
las personas; Dios les perdone; no han ganado nada, si*uo que á 
mí me han causado mnchisimo trabajo y enfado. Yo suplico 
V. R. M., por amor de Dios que mis cartas no sean vistas, siendo 
cierto me cuestaria caro, porijue ninguno de la nación excepto, 
me sacrificaría á la rabia de estos invidiosos de la honra gloria y 
prosperidad de V. M., de S. M. la Reyna nuestra Señora y la 
Real Familia que Dios guarde. 

«Suplico me permita V. M. (!) doy por la presente 

la enorabuena á V. M. y á S. M. la Reyna mi clementisima Se- 
ñora en asumpto de la conclusión y consomazion final de los 
tratados entre V. R. M. y el Imperador, los que remito á los sa- 
grados pies de V. M. pai-a su ratificación, suplicando se sirva 
V. M. con ello enbiarme el acto original del revei-sal de Sicilia 
para darle al Imperador al tiempo del enbio de las ratificacio- 
nes en cumplimiento del tratado. Yo quedo rogando á Dios dé á 
V. R. M. los dilatados años como puede y conmigo toda la 
Chrislianidad necesita. 

»Vicnna v 30 ile Abril 1725. 



(i) Está roto el papel. 



LA EMBAJADA DEL BARÓN DE RIPPERDA EN VIENA. 49 

DSeñor: B. los R. P. de V. R. M. su mas Immilde, fiel y leal 
hasta la muerte vasallo y esclavo— El Barón de Ripperda. 

P. S. El Gran duque de Toscana se halla mejorado, pero los 
médicos aseguran que no podrá vivir mas que quatro ó cinco 
meses y se me ha preguntado qual Principe me parecía mas 
á propósito para la tutela del Principe Don Garlos en este caso, 
á lo que respondí el Duque de Parraa (1) en ello. 



16. 

El Barón de Ripperda al Rey D. Felipe V (2). 

(Viena 26 de Mayo de 1725.) 

«Señor: .Jeubes pasado me llamo El Imperador á Laxenburgo, 
y me comunicó la respuesta de los Ministros franceses y ingle- 
ses en Gambray; y era, que darian quenla á sus cortes de la no- 
ticia que los Plenipotenciarios del Imperador les hauian dado 
de la conclusión de la paz, y que los yngleses hablan respondido 
tocante la mediación propuesta, que no savian que tenian dife- 
renzias con V. M.; pero que lo escrivirian al Rey su amo. Ahora 
se verá lo que responderá el Rey George á esta, y á la segunda 
más clara proposizion del Emperador tocante la mediación; pero 
sea su respuesta como quisiere, no faltarán medios para obligarle 
á acceptar la mediación. Y devo dezir á V. M. que el Imperador 
está inclinado para exaltar el poder de V. M. quanto puede; y es 
de sentir, no solo que deue boluer á V. M. Gibrakar y puerto 
Mahon, sino que también los yngleses renuncien el privilegio 
que tienen en grave perjuizio de V. M. tocante los navios de 
gracia que van en las yndias de V. M. ; pero esta ydea me co- 
municó debajo el grandísimo secreto. Y es cierto, Señor, Dios 
ha tocado su corazón en fauor de V. M., y los ministros hasta 
ahora se portan bien, como en mis antecedentes cartas tengo 



(1) Roto. 

(2) Por haberse extraviado esta carta, remite copia de ella Ripperda 4 S. M. coa la 
de 31 de Julio del mismo año. 

TOMO XXI 4 



UO IIOI.KTÍN I»K la IIKAL ACArtKMIA 1)K LA HISTOHIA. 

diclio .1 V. M.; poro cspeiü qno lo (juo pedí cii la de 7 de abril 
pa.s¿ido, lio i.irdaiíí, y soy cierto que si V. M. no se compone, ó 
ajnsla con los franceses y los yngleses, que se harán los inalri- 
monios; pci'O si s(i compone, eso no lo puedo asegurar, porque 
veo claro (jue el Imperador desea solo con V. M. tener estrecha 
amistad, y ili/.(í claro, poi'o de secreto, ijuíí eso es el inlei'es no 
solo de ambos, sino también de la Religión Católica; y me dijo 
con bastante calor, que bien savia que muchos trabajaban para 
componer V. M, con franceses y yngleses, y que ya lenian otro 
amigo en lugar de Grimaldo; con muchas otras circonsfancias, y 
entre ellas que los franceses y yngleses harían sus instancias al 
Duque de Parma, para ver si por este camino podian lograr en- 
trada. A esto respondí que bien lo podian tentar, pero (jue el 
Dii(]ue de Parma siempre seria leal amigo de España y del Impe- 
rador.» — (Hay una rúbrica.) 

# 

17. 

El Barón de Ripperda al Rey D. Felipe V. 

(Viena 9 de Junio de 1725.) 

«Señor: Miércoles pasado me llamó el Imperador y me mandó 
debajo de el sumo secreto escribir en derechura y por propio á 
V. M. y decir en secreto que ya era cierto que secreta y malicio- 
samente habían hecho un tratado los franceses y ingleses en 
perjuicio de V, M. y del Imperador, y que no se debía perder 
un instante en tomar las medidas convenientes contra estas gen- 
tes celosas de la alianza entre V. AI. y el Imperador; que S. M. I. 
escribiría de su puño propio á la Reyna de Portugal con el fin 
que disponga el Rey su esposo para que envié á Yiena el Conde- 
de Torrouca (1) su embajador hoy en el Haya para tratar acá y 
concluir un tratado de ofensiva y defensiva alianza entre V. M.,, 
el Imperador y el dicho Rey de Portugal, y que S. M. I. espe- 



(1) Sic: el Conde de Tarouca. 



LA EMBAJADA DEL BARÓN DE RIPPERDA EN VIENA. 51 

raba que V. M. enviaría íí mí los llenos poderes á este fin; que 
S. M. I. también deseaba un tratado entre V. M,, S. M. I, y la 
Zarina de Moscovia esperando que también para eso me envia- 
rla V. M. los llenos poderes, como también para tratar y con- 
cluir otro tratado entre V. M,, el Imperador y el Rey de Suecia; 
y que seria muy útil (si V. M. tenia esta confianza en mí) que 
sobre estos llenos poderes, me enviase V. M. un poder general 
para poder tratar, concluir y firmar todos los tratados que el 
Imperador y yo juzgarían convenientes y provechosos para los 
inlereses comunes y la seguridad de V. M. y del Imperador, 
para que en caso necesario yo me podia servir de tal poder y no 
se perdiese el tiempo y la ocasión por lo lejos que está la Corte 
de V. M. de esta de Viena; y que no se ometiese en los llenos 
poderes, como se hizo en el de la paz con el Imperio, la facultad 
para firmar los tratados. Yo no he podido ^'esponder otra cosa 
sino que daria quenta á V. M. en derechura y en el modo más 
secreto, como tengo la honra de executar por la presente. Los 
españoles ahora empiezan venir para verme, después que el Im- 
perador les manifestó su disgusto de la conducta de ellos; pero 
son ellos tan soberbios y locos, maliciosos como los que queda- 
ron en España. Bendito sea Dios que dispuso el corazón del Im- 
perador para que seya ya enemigo de los de V. M. y sus reynos; 
y el dicho Imperador es tan verdadero amigo de V. M. que no 
se puede detener en declararlo con su propia boca, como sucedió 
el lunes pasado, quando uno le preguntó: cómo habia podido re- 
solver de concluirlas paces con V. M sin tener guarantes? Di- 
ciendo el Imperador: «El Rey Católico y yo tenemos un guá- 
ranle muy seguro y poderoso, y este guárante es Dios, el que 
por su gracia nos ha unido, y él conservará esta unión tan nece- 
saria para los vasallos de una y ot'-a parte.» Lo que ha dado 
mucho en qué pensar á los enemigos de ambas Magestades. El 
Imperador también repitió que no podia pensar que V. M. haría 
paso con franceses ó ingleses para acomodai-se con ellos; y era de 
sentir convendría mucho que negase V. M. á los ingleses el ser 
admitidos en el tratado hecho acá en lugar de Cambray entre 
V. M, y el Imperador, sino que antes restituyeran á V. M. (ri- 
braltar con Puerto Mahon, y que hicie>en dejación del privíle- 



52 uolktín uk la iii:ai. acaokmia uk la hlstoiua. 

gio de ciivi.ir .1 las Imlias do V. M. el navio anual llamado de 
gracia. 

«Tocante ;t los alios niaii-iinouio.s cada dia voy ganando más 
torreiio, y no dude V. M. de su buen y segui-o suceso en caso 
que no se coin|joue V. M. con franceses ó in;,deses. Xo se hubiera 
todavía linnailo la \i:iy. con el Imperio sino lo Iiabia jnijado taiilo 
el Imperador para (¡ue la enviase yo firmada á V. M. Con este 
propio doy la enhorabuena á VV. MM. asegurándolas de mi hu- 
milde obediencia, fidelidad y celo y queda rogando á Dios guarde 
á VV. MM. etc. — Señor. — El Barón de Ripperda. 

»Vienna y 9 de Junio de 1725.» 

A continuación pide á S. M. conceda «una buena pensión ó 
renta eclesiástica» al hijo del Conde de Sinzendorf, el que es 
abate y se llama Don Phelippe conde de Sinzendorf «y puedo 
decir de secreto á V. M. que será presto hecho Cardenal.» — «Tam- 
bién he prometido una pensión anual de 800 doblones á D. Juan 

George, barón de I3oul, consejero de Corle de S. M. I y á su 

hijo, de edad de 26 años, que se llama D. Antonio Francisco ba- 
rón de Boul, consejero de S. M. I una encomienda en las 

Ordenes militares de España. Este George, barón de Bou!, me 
ha servido de mucho y por él he sabido y sabré siempre si el 
Príncipe Eugenio y el Conde de Sinzendorf hacen y ejecutan con 
el Imperador lo (jue á mí me prometen; y soy yo aguardando 
con suma impaciencia desde España la resolución de V. M. en 
asunto de los 120 ÜÜO doblones para poder cumplir con mi pala- 
bra y tener y mantener todo en la buena forma y harmonía 
como hasta aquí; lo que Dios quiera.» 

«La Imperalriz sin que lo sabe el Imperador me tiene pedido 
que me interpusiese con V. M. para que V. M. hiciese brigadier 
de sus armadas el hermano de la Condesa de Althan^ viuda del 
Conde Althan favorecido y querido del Imperador. Este caballero 
se llama Don Francisco Pignatelli, casado con la baronesa de 
Lignase, coronel actual del Regimiento viejo de caballería de 
Extremadura, y siguiendo siempre el partido de V. M. sirvió con 
mucha honra y aplicación.» 



LA EMBAJADA DEL BARÓN DE RIPPERDA EN VIENA. 53 



18. 

El Barón de Ripperda al Rey D. Felipe V. 

(Viena 9 de Junio de 1725. 

«Señor: En caso que llega el Principe de Asturias á tomar es- 
tado, y viene el del Matrimonio, suplico que V. M. no disponga 
luego del Gran priorato de Castilla, porque se aura pretendientes 
de la primera distinzion, y á los que V. M. sin duda quererá ha- 
zer gracia. Yo quedo rogando á Dios guarde á V. Sagrada y 
Real Magestad los gloriosos dilatados años que conmigo toda la 
christianidad necesita. — Yienna y 9 de Junio 1725. — Señor (etc). 
— El Barón de Ripperda.» 

19. 

El Barón de Ripperda al Rey D. Felipe V. 

(Viena 22 de Junio de 1725.) 

«Señor. — La carta de Y. M, fecha 22 de Mayo me deja corido 
y al mismo tiempo tan reconocido que no hallo términos para 
explicarme. 

^Señor, Y. M. está satisfecho de mi conducta, y que es más, 
Y. M. me honra con su estimación, y por pi-ueba real de uno y 
de otro, me da Y. M. la grandeza con el título de Duque para mí 
y mis subcesores. Ni mi lengua ni mi pluma bastan para dar 
á Y. M. las debidas gracias ó parte alguna de ellas; mis deseos 
están sinceros, mi amor y celo al Real servicio indefinibles, y 
mi valor, siendo como es la causa de Y. M. la causa de Dios, 
invencible; y mi constancia será para siempre confirmada con 
mi sangre y vida, dando mis obras testimonio de mi leal corazón 
rendido por su propio natural á las virtudes adorables de Y. M. 
Dios pague á Y. M. los grandísimos favores que me hace en su 
mayor clemencia y Dios me permita que pueda merecer alguna 
parte de ellos. 



54 BOLIÍTÍN I)K i. a HICAI, ACAUICMIA IjK I.A MISTOHIA. 

«Señor, he dado un una audiencia secrelí al Imperador la 
caria escrita do iiianu sa;,M-ada propia de V. M., asegui'ándole del 
gran gii.slo (jue tiene V. M. de veer establecida la amistad en- 
ti-e \. M. y el IniínM'ador y (jne pueiJe estar scf^uro de la i]ne 
V. M. le tiene y profesa, añadiemlo lodo lo demás conducente á 
la materia. El Imperador me rcsijonijió: «Asegurad al Rey Cató- 
lico mi hcrmanu ijue le amo, como no ignoras, con ternura, y 
que le conespondo en todo con mi corazón verdadero, deseando 
cada dia más de poderle dar pruebas esenciales de ini verdadera 
eslimacion; pero dime si tu Amo va continuando en tener en ti la 
confianza perfecta, como antes me has asegurado.» A lo i|ne re- 
plicando dije que sí, y que tenia la pi-neba á la mano; que V. M. 
me habia hecho Gr.uuJe con el titulo de Duque, y que más era 
que V, M. me hal)ia honrado con carta de su Real mano propia 
manifeslandonic la estimación que V. M. me tenia. Señor, no 
puedo decir á V. M. qué contento quedó el Impei'ador de esta 
noticia; mudó de cara y se puso contra su costumbre muy alegre, 
y prorrumpió diciendo: «Eso vale más que todo. Ya le hablaré 
más claro, y eso puede ser que me aga resolver, lo que de otra 
manera no habia sucedido.» Yo luego tomé la palabra y desfru- 
tando la preciosa ocasión, hize las instancias más vivas y tiernas 
que se puede imaginar para que se declarase en asumplo de los 
casamientos, haciéndole veer quanto le importaba de efectuarlos 
quanlo ánles, y que era absolutamente su interés propio de dar 
su hija primogénita al Serenísimo Príncipe infante don Carlos, y 
que sin eso muriendo sin hijo varón se perderian sus Estados; 
que los Eletores de Baviera y Saxonia tomarían cada uno un pe- 
dazo; que los italianos se separarían y los Países Bajos se que- 
rrían poner en libertad siendo una gente muy variable; y que 
siendo los vastos Estados de S. M. lejos unos de otros, era cierto 
que seria sumamente peligrosa y casi inevitable la división; y 
que todas las precauciones que S. M. podía tomar, ni la pragmá- 
tica sanción de la sucesión no bastarían á caso que S. M. casase 
su hija mayor con el i^ríncipo heredero de Loreina; pero que sí 
casase su hija primogénita con el Serenísimo Principe infante 
don Carlos, sería toda otra cosa; que V. M. con la Reyna de Es- 
paña siendo á su lado del señor Príncipe Infante, no se atreve- 



LA EMBAJADA DEL BARÓN DE RIPPERDA EN VIENA. 55 

rían mover los Eletores de Baviera y Saxonia y menos los italia- 
nos y Paises Bíijos; que de este modo y no de otro la pragmática 
sanción de la sucesión en la hija primogénita de S. M. tendria 
lugar; y sobre todo eso que la Archiduquesa tendria un esposo 
hijo del Rey más poderoso de este mundo y un Príncipe más 
amable y sobresaliente en lodo á los demás Príncipes de Eu- 
ropa. El Imperador me oyó con una suma atención y dijo: 
«Bien está. Hablare contigo otra vez: veré lo que puedo. Tus ra- 
zones no dejan de hacerme fuerza». Yo volví á la carga haciendo 
todos los esfuerzos posibles para que se declarase luego; pero no 
pude lograr respuesta positiva, sino la que sigue: «Quiero casar 
hijas con hijos de vuestro Amo y de muy buena gana; pero un 
poco de paciencia habéis de tener, si queréis absolutamente, como 
veo, la mayor.» A eso respondí; que así era el interés de S. M. 1. 
y su casa para evitar la separación de los Estados y añadiendo 
algunos cuín plimien tos, me he retirado; y sabiendo después que 
ya he ganado mucho más campo y que se quiere deshacer del 
Príncipe heredero de Loreina, suplico por amor de Dios sea se- 
gura Y. M. que yo haré todo que pudiere para lograr por el Se- 
renísimo Príncipe y Infante don Garlos la Archiduquesa hija 
primogénita de sus Magestades imperiales; y me parece no po- 
drá faltar, porque me sirvo de todos los medios posibles y soy 
cierto que la segunda y la tercera en ningún caso faltarán. Tengo 
también hecho los cumplimientos de parte de V. R. y Sagrada 
Magestad á las señoras Imperatrices y ellas quedaron muy gus- 
tosas y satisfechas de la buena voluntad de Y. M. Hasta ahora 
no he podido descubi'ir los Españoles que me han sido tan con- 
trarios, pero no dudo lo lograré algún día. \''o quedo rogando 
á Dios guarde á Y. Sagrada y Real Mag. los dilatados gloriosos 
y santos años como puede y conmigo toda la christiaudad nece- 
sita. Yiena y 22 de Junio 1725.— Señor B. L. R. Pies de Y. M. 
su más rendido, humilde, leal y hasta la muerte siendo esclavo 
y vasallo. — El Barón de Ripperda.» 



UOLKTIN DK Í.A UEM. ACAUKMIA IJ E LA HISTOHIA. 



20. 

El Barón de Ripperda á la Ueina Doña Isabel Farnesio. 

(Viena, 22 de Junio de 1720.) 

«Señoia. — No cauo en mí de regocijo y consuelo [lor haber 
merecido sin tener méritos la gracia inexprimihle y iahouraqne 
sobrepuja á cuantas honras podré jamás lograr en este mundo 
de recibir una carta de la sagrada mano propia de V. M. fecha 22 
de Mayo. 

«Señora clementísima Reyna, cómo podré corresponder en al- 
guna parte á esta Real benignidad y á la de haberme S. iM, he- 
cho Grande con el título de Duque? No podré cieriameule, y así 
suplico humildemente, Serenísima Reyna y clementísima Señora 
y soberana mía, que V. M. admita mi buena voluntad y recto 
corazón y deseos para executar lo que con obras mias no puedo. 
Doy cordiales, infinitas y humildes gracias á V. M. y la aseguro 
de mi fidelidad, obediencia y celo al Real servicio de V. M. y que 
soy prompto para sacrificar mi sangre y vida en servicio de V. M. 

»He dado la carta de V. M. en manos propias del Imperador en 
la misma audiencia secreta en que le di la del Rey, que Dios 
guarde. S. M. I. la recibió con muestras particulares do regocijo 
y de una suma veneración, y quando le dije que V. M. era 
contenta de mi conducta y me estimaba como S. M. el Rey mi 
señor y soberano amo, replicó el Imperador: «Con eso vamos bieu, 
Rey y Reyna te estiman y tienen una entera confianza en tu 
persona, y con mucha razón, y yo te estimo por conocerte desde 
muchos años á esta parte, y veo que te eligió Dios para esta 
grande obra y la unión entre las cosas del Rey Católico y de mí; 
porque no hay absolutamente otro á quien me fiada, y los Reyes 
tus amos no dudo serán del mismo sentir conmigo». A que res- 
pondí: que haciéndose los casamientos, S. M. I. podría contribuir 
mucho. Y dijo el Imperador: oYa sabes lo que te tengo dicho. 
Ahora conténtate, y presto verás cómo y quanto quiero á los 
Reyes». 

«Desde la audiencia del Imperador fui á la de la Imperatriz, y 



LA EMBAJADA DEL BARÓN DE RIPPERDA EN VIENA. 57 

dando la carta de V. M. volví á mis inslancias para que el Sere- 
nísimo Príncipe infante Don Garlos se casase con la hija primo- 
génita de sus Magestades imperiales, y el Serenísimo Príncipe 
infante don Phelipe con la hija segunda de dichas Magestades, 
haciendo los cumplimientos conducientes á la materia: y me res- 
pondió la Imperatriz que estimaba infinito á V. M., que sabia 
las grandes y raras prendas y virtudes incomparables de V. M., 
y que de tal madre no podía salir sino un hijo perfectísimo, como 
ya sabia que era el Príncipe infante don Garios; que esi)erabaen 
Dios que á su tiempo se harían los casamientos, lo que S. M. ve- 
ría de muy buena gana. Yo viendo la ocasión favorable, repliqué 
que era no solamente bueno sino también absolutamente nece- 
sario ajustar los casamientos quanto antes, y particularmente 
que convenia que se casase el Príncipe don Carlos con la hija 
primogénita de sus Magestades imperiales, dando las mismas 
razones que di al Imperador; y sobre esto hice ver que en parti- 
cular era del interés de la Imperatriz que se casase el Príncipe 
infante Don Garlos con su hija mayor, y no el Príncipe heredero 
de Loreyna. Lo que hizo tan buen efecto que la Imperatriz se 
declaró absolutamente pero con sumo secreto en favor del casa- 
miento del Príncipe infante don Garlos con su hija mayor en 
quanto podía depender de ella, y que de su parte haría todos los 
buenos oficios con el Imperador. 

j)Señora, en verdad que de día y de noche estudio y pienso en 
lo que conduze á esta grande obra, y que no tengo reposo, pero 
no he de parar hasta que vea la Gorona imperial asegurada par 
al Serenísimo Príncipe infante don Garlos, hijo dignísimo de 
vuestra Sagrada Magestad, y no dejaré nada para lograrlo. Tengo 
ya en esta Corte de Viena muchos amigos y soy bien visto y es- 
timado de los mismos imperadores, que tienen entera confianza 
en mí, reconociéndome por hombi-e claro, franco y verdadero. 
Yo daré mi sangre y mí vida para el bien de V. M. y de sus hi- 
jos, y quedo rogando a Dios guarde á V. M. los dilatados, glorio- 
sos y santos años como puede y conmigo toda la christiandad 
necesita. — Viena y 22 de Junio 1725. — Señora B. L. R. P. de 
V. M, su más rendido, humilde, leal y hasta la muerte fiel es- 
clavo y uasallo — El Barón de Ripperda.» 



00 ltr)I,i;TIN UK LA ItKAI, ACADEMIA UK LA HISTOitlA. 

21. 

El Barón de Ripperda ú la Jieinu Doña habel Farnesio. 

(Viena IC do Julio de 1726.) 

«Sereiiissiiiie el Ires puisiuite Reyíie. 

»Madame. 

»Les leLlies que V. M. deiis sa clemence el inexprimable boulé 
c'est digné d'escrire le 18, 20 et 23 pase, j'e recué Uí 15 du courent 
avecque le dernier résped , somissioii el veiieraliou comrne ie 
dois , el un homme qui sur la Ierre peul eslre allache au... (1)... 
V. M. el sa familie Royale, hiy poui-iail recevoir... jois et de 
reconescence jusq'a un leí poiut que ie suis prel de sacrilier mon 
rapos el ma vie pour le bien de V. M. et sa prelieuse larnilie Ro- 
yale, poinl en cumplimenls, comme le nnonde est accolumé, niais 
en eíTecl, comme ie proteste au nom de mon Sauveur. El ainsi 
ie dois diré comme ie fais en presence de Dieu vivan t que ie vien 
d'exposer dens cetle leltre la puré verilé sens y meler la moindre 
passion de quelque maniaire que ce soil, á rexception de celle de 
servir a Y. M. el sa ñunilie royale, au depens de mon repos et 
ma vie, eslant obligó en concience de diré ce que ie voudrie bien 
taiser, puisque cela semble intereser ma persone. 

»Madame, ie travalle, comme V. M. n'ignore pas avecque toute 
application posible et cele infatigable pour concluiré et assurer 
les mariages entre les Princes fils de V. M. el les arcbiducbesses 

filies de S. M. I., ie remis éntreles mains de les difíicultes 

que ie renconlró de leuips en lemps que l'Empei'cur est un 

Prince extiememenl spect, escrupulieux et difficil dens ees 

determinalions; il est devenué k un poinl de quel il eslail fort 
eloigne dens le commencemenl, á savoir, d'assurer deux maria- 
ges entre ees filies el les fils princes de V. M., sens declarer les 
noms de báteme de ees filies. Et comme j'ay fait les plus vives 
inslances pour avoir nommé la premiere el la segunde, il a repli- 



(1) Los tres pliegos de que se compone esta carta están algo rotos por el centro. 



LA EMBAJADA DEL BARÓN DE RIPPERDA EN VIENA. 59 

qué que cela no pouvait pas estre encoré, n'estant pas en age de 
se pouvoir marier d'abord, et q'en je repliqué que cela serail 
sens doute pour donner l'ainé au Prince de Lorayne, la responce 
estait tout claire que non, mais que les Archiduchesses u'ayant 
pas eué les pelites veroles, l'aiué pourrait venir á mourir, et la 
segunde aussi estant promise alors le Prince infante Charles se- 
rait exclue de la succession de S. M. I. J'e donné la dessu toutes 
les raisous que ie pu trouver et qui veritablemeut estoint bien 
fonde, et q'ils ont fait aussi fort bien leur effet sur l'esprit de 

TEmpereur, puisque il ni'appella apres plusieurs isent des 

protestations sinceres de ees bonnes int en maisme temps 

aussi des craintes q'ils avait pour les jaulousies que ees mariages 
pouvoient donner aiix Princes de l'Europe, ie tache coninie ie 
fait en eíTel de le satisfaire sur ees propositions en levent et otent 
toutes les obstacles louchent les dites jalousies. Ie fais iravallier 
en maisme temps par l'lmperalrice, les ministres et toutes les 
autres resors que ie mis en mouvement; et enfin l'Empereur a 
dit q'il estait homme de sa parole, et que la donnant une fois 
elle estait obligó de le [naintenir toute sa vie, q'il y avait beau- 
coup a considerer que toute l'Europe se metterail en mouvement 
et que sur cela on doivait examincr si l'Empereur et l'EspMgne 
soient en estat de s'opposer aux enemis de ees mariages, et eufin 
que cela estait sa plus grande difTiculté estant au reste entiere- 
ment disposé de les assurer dens la dito mariaire. Je ti'availlé de 
toutes les cotes pour faire finir cette affaire , et ie negligé rieii de 
lous de mettre en euvre ce que me semblait pouvoir y contribuer 
en quelque mariaire que cela puisse estre, et q'en ie poussé 
avanlhier au soir le comte jusqu'au dernier point, il m'a dit: 

«L'Empereur a bien consideré tout que vous avez la grande 

puisauce et richesse du Roy vostre bien convaincuo (|ue tout 

cela se peut faire, si le Roy voulait se servir de vous, et si on 
alors pourrait estre sure que le Roy et la Reyne pourroint vivre 
et rester dans ees senlimeuts et vous conlinuor leur conñence, 
puisque sens flatterie, il faul que ie vous le disse, l'Empereur 
sens vous ne comte rien sur l'Espagne, toutes les Espagnols 
d'aujourdui estant incapables, malicieux et ses enemis mortelles, 
comme ils sont du Roy vostre Maistre.» Je' respoudu sur cela 



f)f) 1)1)1. KTÍN I>K I,A MKAI. ACADKMIA I)K 1.a mSTOItlA. 

(|iir vos Majcslé.s estoi(;iit hicii f;í)iiv;iiiirii('s de ma probité et aíTec- 
tioii altanhó .'i Iriir serviré, el (jne vos Majeslés avoieril bien mon- 
tré Icur coiificMice en rnoy, m'aieiil roiilié la negociatioii de la 
Pais el de ees aii{,'iistes inariages. II m'a rcplifjue (jue cela estail 
vray, el ([iie [)ar ees niisoiis rKm|)ereur avail fail la pais, rnais 
que r;ilíaire des inafiages estail d'uiie loute autre naliire, el que 
TEmpereiir so pouvuii perdi-e el dcslriiir loiil ;i fail, en cas que 
le Roy uc se voul.iii pas lier de nioy, el que l'Empereur sens 
esli-e bien seuie súrcela, ne lairail pas absolumenl les mai-iages. 
V. M. süil soure que ie Iraniblé q'end 11 m'a dit ees paroles; je 

luy ay repliqué loul (jue ie pu ¡loiir delourue'- l'espril de 

TEmpereur de celle idee couvaincue en nioy maismc que ie 

ne suis pas ca[)able de respondre aux grands idees que rí]mpe- 
reur sens fundainenl a eoiicivé de moy; niais le Cointe m'a repli- 
qué encoré une autre foy: aVous verré que ie vous di la verilé 
sans flallerie. L'Empereur se rende a vous el se confie sur vous 
et point sur d'aulres, il vous dirá pin?, encoré, el il demande une 
declaration du Roy q'il vous appellera d'abord de celte cour, en 
laisenl a vosire place pour son Ambassadenr plenipotenciaire 
mousieur vostre íils qui esl ici, et (jue le Roy vous declare son 
ministre el secretaire d'Estat, el s'oblige de vous continuer en 
celte chai'ge, aussi, si la Reyne venail a mourir devanl la con- 
sommation des mariages». Je resté mortel a celte proposition, et 
en verilé ie deliberé el ie balance beaucoup, si ie devie escrire á 
V. M. ou non celte aíTaire si critique et dangereuse pour moy. 
Mais enfin mon amour sincere et allachement inviolable au veri- 
table Service de V. M. a prevalué et ie prie V. M. de me proteger 
centre loute la malice, estanl bien seure de ma fldelité inebran- 
lahle. Hier l'Empereur m'appella encoré disant presque la maime 
chause que le Gomle, mais en termes plus fortes et claires, vou- 
lent un article separé dans lequel le Roy fairest promese de me 
faii-e son ministre et secretaire d'Estat ma vie durante, et princi- 
palemenl en cas que V. M. venait a mourir devanl la consom- 

mation des mariages, et que mon fils qui va a 20 ans et que ie 

que moy, reslerait ici ambassadenr extraordinaire plenipoten- 
ciaire a ma place pour avoir pour tous jours le secreit establuii, 
el une correspondence sincere el estraile entre les deux Gours. 



LA EMBAJADA DEL BARÓN DE RIPPERDA EN VIENA. 61 

Je responda la dessu que S. M. I. ne daivait pas penser á des 
parailles chauses et q'il ne troverait jamáis en moy les habilites 
et capacites como elle pense, et que sur tout il ne convenait pas 
en auqnne maniere de faire un tel article separé; et cela devait 
seuiement provenir de la bonne volunté et propre mouvement 
naturel du Roy mon Maistre, et que niaisme tel pi'oposiiion de- 
voit deplaire á vos Majestés, me rendre suspect et sur tout que 
ie me trouva incapable d'estre charge avecque un fard d'une si 
grande consequence, priant S. M. de penser mieux, en donnent 
et avancent toates les raisons possibles, lesquelles aussi produi- 
rent un si bon effet que S. M. I. me disoitq'elle me ferait scavoir 
ses intentions dernieres par le Gomte, avecque le quelle ie con- 
feré encoré yer jusque onze heures ei dimi dens la nuit, et enfln 
nous sommes convenuii que tout cela rcstera secrait et caché á 
Vos Majestés, et que ie ne dois i-ien diré de tout que l'Emperear 
m'a dit touchant ma persone et l'article separé, ni de cela que le 

Comte m'a dit au nom de TEmpereur, et que ie dois ment 

demandent comme de moy maisme, si vos ne poivoient trou- 

ver á propos de me rapeller, laissant ici pour ambassadcur extra- 
ordinaire plenipotenciaire mon fils aine, et que alors le Roy de 
son propre mouvement m'envoyant ses ordres pour retourner en 
Espagne et estre revetu de le charge de minislie et secretnire 
d'Estat de S. M., en maisme temps nomment mon íils ama place 
ici ambassadeur extraordinaire et plenipotenciaire, l'Empereur 
se contenterait sens auqune aulre explication, se conOant au reste 
a vos Majestés. 

Madame, ie me rendre entierement a la volonté de Dieu et de 
Vos Majestés, etant pret de me sacriñer dens toutes les manieres 
et de faire et de laisser ce que Vos Majestés me commeuderont, 
soit de quelque nature que ce soit. Je crue d'esli'e obligé d'escrire 
á vos Majestés tous cela dens la derniere secretisse, et ie fais 
passer cet exprés par mere, pour ne pas exposer un secret si 
grand et delicat aux artífices des Francés; et ie suplie tres hum- 
blement V. M. de faire avoir une responce le plutot que cela sera 
posible, et en cas que vos Majestés trouveront á propos de me 
rappeller, ie suplicque Sa Majesté le Roy se digne d'escrire de 
sa propre main dens une lettre á l'Empereur q'aiant besoigne de 



íj2 iioi.K'ri.N DI': I, A iiKAi, aí:aI)i;mia dk i,a histoíiia. 

m;i persono a ees pios líoyaiix, sa Majcstó nommo a ma place 
don íiois, fiaroi: <\(i líipporda, en qualitf; de son anihassadeiir 
oxtiaoi-iliiiaiir, ct pl(;nipolonciaire auprfs de S. M. I. et dens une 
anU'o lellie ;i inoy, (jue ic dois re.sler ici jnsq'avoir assuré et 

seigné le Irailó de deux mariages Princes infantes avecque 

deiix archidncheses et fairedela tutele du set-cnissime Princc 

infante don Carlos. 

»L'Enipercur a capituló exprcssenicnt que lout cela comrne 
aussi les mariages devent se faire dens la maniere plus socraite 
eníin que cela n'esclate pas devans son temps et que THIspagne 
soil mise en bou ordre, et TEmpereur et ses Etats de la maisme 
maniere pour assurer la succession de S. M. I., et que tout cela 
ne passe pas par d'autres mains que les mienes, disent que le 
secrait sera l'ame de cetle grande aíTaire et de la fortune et con- 
lentement reciproque de vos Majestes et leurs Majestés imperiales. 
»V. M. me fera la justice de croir que j'e surmouté des obsta- 
cules bien grandes, premierement touchant le Prince d'Asturies, 
apres touchent le Prince hereditaire de Loreyne, et apres les in- 
trigues et practiques incroyables des Angles et Francés, trames 
coiilre les interés de vos Majestes et en particulier conlre la fami- 
lic Royale de V, M. On a fait ici passer le Serenissimc Duc de 
Parme pour partisan de la France et de TAnglelerre; en maniere 
q'en ie proposé d'envoier une lellre a vos Majestés touchent la 
pais, devent q'elle estait conclue par le canal du Serenissime Duc 
de Parme, on n'a pas volu me le permettre en supposition que le 
secrait serait d'abord revelé a la France et a l'Anglelerre, mais 

apres la de la Pays ie taché tout doucement d'insinuer avec 

imperiaux que la I^ays etant faite Son Altcsse Serenissime n'avait 
d'autres interés ni vues que d'estre bien uni avecque vos Majes- 
tés et |eurs Majestes imperiales; et ie di au Ministre de Son Al- 
tesse Serenissime q'il s'abstiene autant que cela sera posible des 
ministres de la France et d'Angleterre, ce q'il m'a promit de faire 
et ie suis persuade que cela fera un si bou effet que S. A. S. 
pourra devenir tutenr du Prince Infant don Garlos, en cas que 
la conclusión des mariages aura lieu, comme ie doute nullement, 
en cas que V. M. veulent admettre la victime que je TuíTre de 
ma persone, indigne des faveurs que je recuii deja de vos Majes- 



LA EMBAJADA DEL BARÓN DE RIPPERDA EN VIENA. 63 

tes Royales, et incapablc de respondre aux grands idees de i'Em- 
pereur; mais fidelle jusq'a la mort a vos Majestes et sa familie 
Royale. Le Gomte m'a dit aussi estre bien assuré que moa amis 
le Marquis de la Paz a commencée des correspondences avecque 
les Españols qui sont ici, et entre autres avecque le comle de 
Oropesa, q'il fait estat de devenir ministre du Roy; et le Gomte 
de Gelves, chef des aíTaires militeres. Je luy respondü que s'il 
avoit escrit a ees Españols d'ici, que cela serait sens doute sur 
des chauses indiíferentes, etant le Marquis honet homme, mais 
le Gomte m'a dit: «Le temps nous apprendra tout: fiez vous sur 
les Españols et vous verrez bientot tout en desordre.» 

»V. M. me comm en quel langueV. M. peut escrire á l'Em- 

pereur, et je Thonneur de respondre que cela se fera mieux en 
ifaliain, que dens qiielque autre langue; mais V. M. me perdo- 
nera que ie preñe la liberté de representer a V. M. q'il ne con- 
viene pas que V. M. faisse connaitre á l'Empereur tout h fait son 
sentiment, devant d'avoir assuré les mariages, et moins de faire 
paraiti'e en auqune maniere que V. M. se contentarait avecque 
les deux Archiducheses cadetes, puisque ie suis bien sure que le 
Prince infante Don Garlos aura l'ainé et avecque elle la Gourone 
imperiale, en cas que ie puisse manier cette grande affaire á ma 
maniaire, Et pour amour de Dieu, Madame, soit V. M. bien seure 
de ma conduite et que ie suis capable de donner ma vie pour 
V. M. et sa familie Royale, á la quelle ie serais toujours attaché 
inviolablement et sainlement, dens tout les evenements que se 
peuvent presenter jamáis sur la terre, et priant Dieu pour la 
prosperité parfaite, sainte et longe vie de V. M. ie suis jusq'a la 
mort, Serenissime et tres puissante Reyne — Madame de voslre 
Majesté le plus íidel et le plus humble et inviolablement attaché 
— valet et sujet — Le Barón de Ripperda. 

»Vienne en Autriche ce 16 de Juillet 1725.» 



64 iioi.i:tin iJi; i.a iii;ai. acaukmia uk la histohia. 

22. 

/'.'/ ¡kn-un de IlipftL'rda al Rey D. Felipe V. 

(Viena 21 de Julio «le 1725.; 

«Señor. — lie tenido oy otra oonfcrenzia con el mismo Impera- 
dor, dándole (iueiila de lo que havia (jscrilo por el propio lillimo 
el dia 20 del presente mes; y me dijo, que si pensaba yo que V. M. 
me llamaría como él lo deseava y era necesario para que las 
cosas no pasasen por otra mano, y se estableciese el secreto y 
conlianza tan necesaria entre las dos casas, la de V. M. y del Im- 
perador: á lo que respondí, no dudara de la buena voluntad de 
V. M. para establecer el secreto y confianza entre las dos casas, 
pero que S. M. ymperial lo facilitaría, en caso que se resolviese, 
y nombrase el Sereníssímo Principe y Duque de Paima tutor 
del Sereníssímo Príncipe Infante Don Garlos, alegando por este 
fin lodos los argumentos relativos á esta materia. Y me respondió 
el Imperador: «Si fuere seguro de lo que dizes, y te llamara tu 
amo. en la conformidad de lo que te he dicho, lo haria oy, y 
haría lo que le he propuesto en asumplo de los matrimonios, y 
puede ser, aré también lo que me has pedido, que lo declarase en 
mi testamento, sí mientras llegase el caso de mí muerte, antes 
que se consomasen los matrimonios.» Yo he sido sobre esto tan 
atrevido de responder: que quanto antes se resolviese S. M. I., 
tanto mas fácilmente se resolvería V. M. para confiarse del Im- 
perador, y de mí conduela, esperando yo en Dios que V. M. re- 
conocerá en eso, como en todo mí leal corazón, para servir á 
V. M. y Su Augustissima Real casa: y no dudo logrará V. M. 
todo en poco tiempo. Dios guarde á V. R. M. los m.uchos años 
que puede, y conmigo toda la Ghrístíandad necesita. — Viena y 
21 de Julio 1725.— Señor. — B. L. R. Pies de V. M. su mas hu- 
milde obediente leal, rendido y fiel vasallo y esclavo. — El Barón 
de Rípperda.» 



LA EMBAJADA DEL BARÓN DE RIPPERDA EN VIENA. 65 

23. 

El Barón de Ripperda al Rey D. Felipe V. 

(Viena 31 de Julio de 1725.) 

«Señor. — Ya no puedo escribir más á V. M. por via de mi es- 
posa, porque han hurlado dos cartas mías escritas á ella, en una 
de las quales ha sido una carta para dar en las sagradas manos 
de V. M., cuya copia va adjunta (1). Yo me tengo informado con 
el mismo Imperador y también con sus ministros, si era posible 
executar semejantes cosas en las postas desde acá á Genova; y 
todos convienen que no puede ser, sino que eso deberá haber sido 
executado en mismo Madrid. Porque yo he encaminado estas 
cartas como las otras, que todas llegaron por via de un ñel amigo 
que vive en Genova, en manos de mi esposa, enderezadas exte- 
riormente á Don Miguel Ruiz de Agüero en Madrid, por cuyo 
Agüero fueron también dadas mis cartas á Don Juan Bautista de 
Oreiidayn en el tiempo más arduo de la secreta negociación de 
las paces; y entonces nunca faltaron; lo que me dá muchos pen- 
samientos; y .también sé que el Marqués de Grimaldo en tiempos 
pasados ha sabido interceptar cartas en el correo de Madrid, por 
via y mano de Espiaso; y también es cierto que algunas cartas se 
abren en el correo de Madrid antes de salir desde allá. El Impe- 
rador con esta ocasión ha quedado muy mortificado, renovándome 
su instancia para que yo quanto antes solicite de V. M. mi vuelta 
en España y que ella no se dilate, por verse claro de la perfidia 
peligi'osa de los Españoles á los quales dicha S. M. no se quiere 
fiar en ninguna manera. Suplico me conceda V. M. que yo pueda 
en adelante escribir á mi esposa debajo de la cubierta del Mar- 
qués de la Roche, para que ella hallándose sin mis cartas no se 
desconsuele enteramente. Dios haga saber á V. M. y conocer 
estos desvergonzados enemigos de la Gasa deW. MM. Yo supli- 
co rendidamente se digne V. M. de mandar asistir con 50U doblo- 



(1) Es la señalada con el núm. 16. 

TOMO XXX. 



C>V) llOr.KTÍN I)K I, A llKAL Ai;aI)I;.MIA íjk i, a HISTüIUa. 

nos ;l mi esposa, |ior(ju<! ;iljsoliilaiiieiit(j díísde acá no la puedo 
acor asistir ni dar en oslo asiiniplo disjjosición ninguna. Espero 
(|iir \'. M. nio p(;rdonaiá oslo ati-cvimienlü y (juodo rogando á 
Dios guarde á VV. iMM. los dilatados y gloriosos años quo pue- 
de (etc.) — Vienna en Ausliia y 
El Barón de Ripperda.» 



s dilatados y gloriosos años quo pue- J 
:¡a y '.]\ de Julio 1725. — Señor, ele. — i 



24. 

El Duque de Ripperda al Rey D. Felipe V. 

(Viena 31 de Agosto de 1725.; 

«Sir. — En tres humble responso a la tres gracieuse leltre de 
V. M. escrito a Madrid le 31 Juillet passé, j'ay l'onneur de diré a. 
V. M. que l'Empereur continué de jour en jour á donner des 
uouvelles preuves de son amilié pour la persone sacre de V. M. 
et q'il est exlremement contení de voir que V. M. a concourru 
d'abord sens balancer a faii'e des aliances pour la surelé recipro- 
que de V. M. el TEmpereur et q'end je luy donuo parí de Tinten- 
tion de V. M. el que Y. M. m'avail cnvoye les pouvoirs, ce Prince 
avec que la dorniere tendresse rae respondil: «Voisla mon verila- 
ble Frere, je l'abbrasse du profond de mon cocur; vous pouves 
l'assurer que je luy serai fidel ma vie durante.» 

))Toucbent les circonslances que V. M. me fail l'bonneur de 
remarquer par rapport á nostre Sainte religión, ellos serón t ob- 
serves saintement et seuerement en toules les manieres et formes, 
et je me guarderois bien d'engager V. M. daus une guerre lege- 
rement el premaluremenl, de la quelle j'ai un horreur nalurei 
commc une inclinalion de l'eviter par des Traites et aliances 
autant que cela sera posible. L'Empereur est du moisme senti- 
ment et souhaite mettre en surelé la succession de la couronne 
imperiale, la quelle sera sens doute place sur la tallé du Sere- 
nissime Prince Infante Don Carlos, si on poursuive de meuer 
ce Prince come jusqu'ici et je suis asure de cela par les esperien- 
ces que je fais dans le temps que me trouve aupres de lui Sere- 
uissime Roy.— Viena 31 Agosto 1725. — Le Duc de Ripperda.» 



LA EMBAJADA DEL BARÓN DE RIPPERDA EN VIENA. 67 



25. 

El Duque de Ripperda á la Reina Doña Isabel Farnesio. 

(Viena, 31 de Agosto de 1725.) 

«Serenissime Reyne. 
sMadame. 

Je rhonneiir de diré k V. M. quel'Empereurestun Prince 

de la melieure volunté et naturel des monde, tout á fait homme 
de sa parole, sincer et rendu ami du Roy et de V. M. comme 
rimperatrice, absolutement intenlioné de faire les Mariages, 
mais deten u en sa declaration premierement par irresolution 
pesant toutes les aíFaires avecque un lenteur terrible selon son 
naturel, et secondement par le peur q'il á que l'Espagne ne se 
pourra pas remettre et estre en estat por consequent pour main- 
tenir le Serenissime Prince et infant Don Carlos sur le throne 
imperiale contre la France, PAngleterre et autres enemies des 
deux maisons Augustes de VV. MM. et l'Empereur en cas que le 
Roy se serve d'un ministere Español, ce q'il regarde comme ene- 
mies de le Roy et de Lui; et encoré i'Imperatrice est absolument 
porte pour faire les mariages et de donner sa filie ainé au Prince 
Don Garlos, et V. M. peul conter sur elle et que fait tout q'elle 
peut pour conclure celte aíTaire. II n'est pas du maisme avecque 
le Pere confesseur de TEmpereur, et ie prie V. M. de lire mes 
lettres escrites au Roy dens les premieres jours de mon arrivée a 
Vienne; mais je suis aussi bien assuré que I'Imperatrice n'est 
pas de ses amis et que je mis en oeuvre toutes les Instruments 
apropos pour le faire danser selon d'autres notes de musique. 
Les intrigues des Francés et Anglés ne font pas d'autres eífects 
sur l'Empereur que de l'animer contre eus et d'estre plus vif 
pour prendre ses mesures, faire des alliances et mettre en estat 
ses troupes. Je ne perde pas un moment ni ocasión pour con- 
duire á un heureuse fin les mariages, et je repette encoré que ie 
suis assuré que la couronne imperiale avecque l'archiduchesse 
Ainé ne peut pas manquer au Prince don Garlos en cas que ie 



68 noi.KTÍN [)!•: la hkal academia de la HISTOHIA. 

puisse maincr riiiimeur ct la lenle resoluliou de ce Priiice. 
Scrcnissime Reync. — Madame etc. — Le Duc de Ripperda. 
«Vicnne ce 31 d'Aoust 1725.» 



26. 

El Duque de Ripperda á la Reina Doña Isabel Farnesio. 

(Vieua, 31 de Agosto de 1725.) 

«Serenissime Reyne. 
«Madame. 

«J'ay l'honneur de recevoir la tres gracieuse lelre de V. M. 
escrite k rEscuiiel le 9 d'Aoust passé, et je me suis d'abord 
addressé a l'Empereur pour avoir uno responce selou les ordres 
de V. M., insistent, fortement que S. M. I. fasse inserer les 
noms des Archiducheses dens les conlracts de mariages. 

«L'Empereur m'a escoulé avccque beaucoup d'attencion et 
aprcs avoir entendue tout que je luy propose sur cette aíFaire 
importante, il a respondue: «II faut que vous me laissés du 
temps pour vous respondre finalmente sur cette aíTairc, que je 
souhaite si fort que vous maisme la pouves souhaiter». 

»Je repri la parole faisent voir á S. M, toutes les raisons q'on 
peut alleger en cette occassion pour convaincre ce Prince et pour 
le faire resoudre d'abord; mais la responce estait la maisme. Je 
n'ose pas alors faire de plus vives instances sens avoir parle pre- 
miairemenl avccque Tlmperatrice pour savoir l'eíTect de mon 
discours sur l'esprit do l'Empereur. 

«Madame, je l'honneur de diré a V. M, que je ne fais pa& 
auqune pas pour avoir la bonne grace de l'Empereur que seule- 
ment pour servir á vos Mayeste et point pour moy maisme, 
estant uniquement attaché et rendue á V. M. et resolue de servir 
a EUes au pris de mon sang jusq'aux dernier momentde ma vie. 
I'assure a V. M. que la Fillie Ainé et la courone imperiale ne 
manqueront pas aux Serenissime Prince don Garlos, si on peut 
suivre l'humeur et l'esprit de TEmpereur, qui est extremement 
tard et difficil pour prendre ees resolutions, mais fort pour les 
observer saintement& q'end il les a pri une foy. J'espere de 



LA EMBAJADA DEL BARÓN DE RIPPERDA EN VIENA. 69 

pourvoir bientot doniier á V. M. une response agrable, ayant 
mis en mouvement toates les resors. 

«Serenissime Reyne— Madame— Je suis de Vostre Majeste etc. 
— Le Duc de Ripperda... 

«Vienne en Autriche. Le 31 d'Aoust 1725.» 

27. 

El Duque de Ripperda al Rey D. Felipe V. 

( Viena, 1.° de Septiembre de 1725.) 

«Sir. — J'ai l'honneur de respondre á la tres gracieuse lettre de 
V. M, escrite á rEscurial le 15 Aoust passe, que ie me serviré 
d'elle dens la premiere audience que l'Empereur me donnera, 
comme ie croy apres demain et ie tiene pour assuré, q'elle faira 
TeíTect dessiré je fairais en maisme temps tous les effors possibles 
en fin que la tutele uniquement soit confié aux Serenissime 
Prince et Duc de Parme, et en tous j'executerais les ordres de 
T. M. avec la derniaire application et promptitude. La raison 
que ie n'e pas envoyé la ratification mercredi passe, est que l'Em- 
pereur m'a detenüe pour vouloir communiquer a V. M. en 
secrail ses intentions touchant le Roy de Portugal et sa conduite 
extravagante, mais comme selon sa coutume et lenteur, il n'a 
pas pu prendre encoré sa resolution, je n'e peu pas la communi- 
quer á V. M. aujourduy, comme je farais d'abord q'elle sera 

prise. — ...Sir. — ...de V. M — Le Duc de Ripperda. — Vienne 

en Autriche, ce premier de 7bre. 1725.» 

28. 

El Duque de Ripperda al Rey D. Felipe V. 

(Viena, 17 de Septiembre de 1725.) 

«Señor. — Después de las infinitas y largas conferencias con el 
Conde de Sinzendorf, no hemos podido concluir otro tratado en 
asumpto de los Augustísimos Casamientos, que el que tengo la 
honra de poner á los Reales Pies de V. M. y es el ultimátum del 



70 boletín de [.a hkai. acadkmia dk la historia. 

Imperador. El Gondo on persona ha ydo .1 Neiistad para la apro- 
harioii d(d Imperador, el que jiiz^íaua era mejor quedase yo k 
Vieria, para no dar ocasión de pensar á nuestros conli-arios oli- 
scruando mis movimientos de todos modos. Yo tengo la honra 
de suplicar V. M. se digne de examinar este Tratado con tanto-s 
trabajos concebido y ajustado, y que siendo así del gusto de 
Vuestras Mageslades, mandarme para proceder á firmarlo; y si 
no es del gusto de Vuestras Magestades honrarme con los man- 
datos Reales en todo caso, los que executaré siempre á cuesta de 
mi sangre (si fuese del agrado de Vuestras Magestades), deseando 
servir á Vuestras Magestades con mi corazón recto y leal hasta 
el último espíritu de mi vida. El Imperador por el Conde me 
hizodezir que aprobando Vuestras xMagestades el tratado, supli- 
caba el Imperador se sirviese V. M. de enbiarme con este mismo 
propio mis cartas de recrehencia, y las credenciales á don Luis, 
Barón de Ripperda, mi hijo; para estar mi subcesor con el 
mismo grado, por las razones que ya he tenido la honra de re- 
presentar á V. M. y para que llevase yo en España el tratado fir- 
mado, á fin que V. M. lo ratificase, y yo lo refrendase como Se- 
cretario de Estado por su mayor secreto, en que el Imperador 
mas que en todo repara. Siendo por Vuestras Magestades apro- 
bado este tratado, ya no hay duda será el Serenísimo Príncipe 
ynfante Don Garlos el esposo de la Hija Primogénita del Impe- 
rador; y si no ay varón, su subcesor en el Imperio y vastos Es- 
tados. Dios sea con Vuestras Magestades y los haga gloriosos, 
como no ay duda, en la cara de sus enemigos. 

»E1 Rey de Francia, el de Inglaterra, y de Prusia, y como se 
piensa el de Dinamarca, han concluido un tratado á Hanover^ 
en el qual entre otros artículos ay uno que se opone á la subce- 
sion femenina del Imperador, estipulada en el tratado de Viena 
entre V. M. y el Imperador; y otro, en que para hazer la guerra 
á los Polacos el Rey de Prusia, le prometen dar, el Rey de Fran- 
cia un millón de livres y el Rey de ynglaterra cinquenta mil li- 
bras esterlinas; lo que será quando los Polacos no se componen 
al gusto de los protestantes; pero si Vuestras Magestades aprue- 
van el tratado de los Altos Casamientos, no creo que se atreue- 
rán los protestantes, porque entonces el Imperador podra hablar 



LA EMBAJADA DEL BARÓN DE RIPPERDA EN VIENA. 71 

mas claro eti fauor de nuestra Santa Religión, siendo bien ase- 
gurado de la poderosa asistencia de Vuestra Real Magestad. 

»La Zarina de Moscovia pareze muy bien dispuesta para dejar 
la Inglaterra y la Francia, y juntarse estrechamente con V. M. y 
el Imperador, y la Suecia creo que también seguirá el mismo 
partido. El conde de Torronia, Embaxador Plenipotenciario del 
Rey de Portugal, llegará presto acá para concluir el tratado en- 
tre V. M., el Imperador y el Rey de Portugal. 

»El Imperador que tiene ciertas noticias del mal estado de la 
cabeza del Rey de Portugal, como V. M. también no ignorará 
sin duda, deseando tomar medidas con Vuestras Magestades ya 
tan interesadas por Sus Hijos, me dijo era de dictamen, si así lo 
aprueban Vuestras Magestades, que se fuese á España el ynfante 
Don Emanuel de Portugal para mejor concertar con Vuestras 
Magestades lo mejor en la hora presente; y según me parece, 
piensa el Imperador que será preciso que se retire el Rey de 
Portugal de el gobierno, dejándolo en manos de la Rey na de 
Portugal, hasta la mayor edad del Príncipe del Brasil, y que por 
Ínterin el dicho ynfante Don Emanuel mande en Gefe las tropas 
de Portugal, y el otro Infante, su hermano, la marina, siendo 
inclinado á ella; pero todo salvo el mejor parecer de Vuestras 
Magestades como mas interesadas. Yo quedo en cuerpo y alma 
rendido y resignado á la voluntad de Vuestras Magestades, y 
rogando á Dios guarde Vuestras Magestades con la Real y como 
espero y no dudo á su tiempo ymperial Familia, los dilatados, 
gloriosos años que puede, y yo con toda la christiandad necesito. 
Vienna en Austria y 17 de Setiembre de 1725. — Señor, etc. — El 
Duque de Ripperda, 

29. 

El Duque de Ripperda al Rey D. Felipe V. 

(Viena, 7 de Noviembre de 1725.) 

«Señor. — El dia 2 de este presente mes he podido lograr una 
audiencia secreta de la Imperatriz, en la qual S. M. me comunicó 
el efecto que habia hecho mi discurso en la última audiencia sobre 



72 HOLKTÍN UK I.A HKAL ACADKMIA DK la mtíTOlUA. 

el .íiiiiiio (k'l Iiiipciailor en asumplo de los allos casamientos; y 
(ivii que mis razones alegadas le hahiaii hecho muellísima harmo- 
nia, y (jue deseai)a satislacer á Vuestras Magestades con todo su 
huen corazón, y que mantendría siempre su palabra dada á mí, 
que deseaba poder dar al Serenísimo l^ríncipe Don Garlos su hija 
mayor hoy en dia, y que lo haria de buena gana y eon muchísimo 
gusto si ella fuese de la edad competente para efectuar luego el 
matrimonio, pero qu(i no era así y que la España y los í^ayses 
del Imperador teniau menester un poco de reposo y de tiempo 
para ponerse en buen estado, haciendo remediar los abusos y 
apruntando caudales pai-a estar capaces ambos de resistir á los 
enemigos de las dos Augustísimas Gasas y matrimonios que ya 
daban cuidado á las demás potencias de Europa, no siendo toda- 
vía conocidos si no solo pensados por ellas, y la Imperatriz ha- 
biéndole representado el grande interés que tenia su hija en tal 
casamiento y que lo deseaba ella de todo su corazón, dijo el Im- 
perador que haria todo lo que podia y que consultaría su primer 
Ministro. La Imperatriz me aconsejó que no pujase más yo sobre 
eso el Imperador y que ella ({uedaba mi guárante que nadie se 
casaría con su hija mayor que el Príncipe infante don Garlos, 
ajustándose por ahora los dos casamientos según lo deseaba el 
Imperador, y que S. M. la Imperatriz teniendo tiempo lo ajusta- 
ría todo al gusto de Vuestras Magestades. El lunes y martes pa- 
sado no he tenido audiencia del Imperador por ser ocupadísirao 
teniendo varios Gonsejos y Juntas tocante las cosas de la Archi- 
duquesa Gobernadora de los Payses Bajos. Miércoles por la ma- 
ñana he tenido la más larga conferencia con el Imperador. En 
ella me he servido déla carta de V. M. escrita el dia 15 de Agosto 
pasado, la que hizo tal efecto que^S. M. desde luego consintió en 
la conclusión de dos casamientos entre los hijos de V. M, y dos 
hijas suyas, sin nombrarlas con sus nombres de bautismo. A eso 
me he opuesto tan fuertemente y de tal suerte que el Imperador 
quedó atónito y suspenso, alegando yo todas las razones ya antes 
alegadas y sobre esas otras nuevas de no menor entidad; y entre 
otras dije que llegaría el tiempo que la España podrá dar la ley á 
los demás Príncipes de Europa, porque serrando V. M. sus ludias, 
tiene más caudales en dinero contado que todos ios demás Reyes 



LA EMBAJADA DEL BARÓN DE RIPPERDA EN VIENA. 73 

juntos, y que por lo consiguiente el Imperador no debia temer á 
nadie, sino pedir á V. M. el casamiento del Príncipe infante Don 
Garlos con su hija primogénita, por ser el único que podrá mu- 
riendo el Imperador mantener y conservar juntos todos los dila- 
tados Estados de S. M. I. tan distantes unos de otros; y que S. M. 
sobre todo debia considerar que era hombre mortal y que podria 
morir aun mañana; que siendo su ánimo sincero, como no duda- 
ba yo, debia á lo menos S. M. asegurar el caso de su muerte. En 
el principio lo sintió S. M. y después de haber callado algún 
tiempo prorrumpió en estas palabras: «Deseo Don Garlos por mi 
sucesor^ si Dios no me dá hijo, porqué me atormentas tanto de 
declararlo antes del tiempo en que se puede efectuar el casamien- 
to con una entonces viviente de mis hijas?» A eso repliqué que á 
lo menos se debia disponer el matrimonio entre el Príncipe don 
Garlos y la hija primogénita del Imperador, para estar asegurado 
en el caso que S. M. I. muriese antes que se podia consomar el 
matrimonio. A lo que S. M. respondió: «Es verdad que me hace 
fuerza lo que dizes; yo piensaré en ello y antes de irme á Neus- 
tad te diré mi final resolución.» Yo entonces dando sumo calor á 
mi discurso, reparé que el Imperador quedaba muy pensativo, y 
repetiendo que ya habia V. M. se declarado tocante mi persona, 
en la forma cómo el Imperador lo habia deseado y le aseguraba 
de mi aplicación para la conservación y aumento de la más per- 
fecta unión entre ambas Augustísimas Gasas. A lo que respondió 
el Imperador quedaba contentísimo y bien asegurado que en dos 
ó tres años la España seria restablecida y entonces capaz de hacer 
cara á todos sus enemigos. A eso respondiendo yo dije: que te- 
niendo S. M. eso por cierto declarase á lo menos por ahora el 
caso propuesto de la muerte de S. M. I. y que tomase ánimos y 
no tubiese miedo de los Príncipes del Imperio, añadiendo todos 
los argumentos que he podido enpracticar; y apretando, S. M. me 
respondió por fin que mandaría al Gonde que se pusiese conmigo 
á conferenciar sobre este artículo. Yo ayer y todavía esta mañana 
he tenido larguísimas conferencias con el Gonde, y no dudo si 
Dios quiere, lograré que el Imperador prometa dos hijas suyas 
para los dos Príncipes hijos de V. M. y que se haga un artículo 
en que prometa el Imperador que quando muere antes que tenga 



74 UOMÍTÍN I)K i, a IIKM. ACAftKMIA DE LA HISTOniA. 

SUS años competentes para casarse su hija primogénita, ella está 
y qiioda promelida al Serenísimo Príncipe infante D. Carlos. Yo 
he It'iit.ulí) lodo, como he escrito á V. M. y á la Ma^^estad de la 
Rey na ntuístni Sra. y he puesto en f)l)ra todo, haciendo .ju;.:ar 
todos los resortes en esa ocasión, y sol)re todo procurado que el 
Imperador por esto caso no consultó su confesor. Suplico que 
V. M. sea persuadido que no he dejado nada de lo que me he po- 
dido servir, y no debe dudar V. M. de lo que es cierto, á saber, 
que el Príncipe Infante don Carlos será el esposo de la Archidu- 
quesa Primogénita y impei-ador, si á este no nace un hijo; y no 
dé cuidado á V. M. el natural tardo en resolver del Imperador, 
porque como he dicho á V. M. he penetrado su corazón y ánimo 
sincero, como también las razones que le persuaden para que no 
nombre por aliora los nombres de sus hijas; y estas razones cesan 
luego que verá la España restablecida, y por lo consiguiente en 
estado de mantener contra todos el Príncipe Don Carlos en el 
throno; y debo asegurar á V. M. que el Imperador es in superla- 
tivo grado sincero, leal á V. M. y hombre de su palabra, lo que 
digo porque lo sé de fijo y no por otra razón ninguna, sino para 
que V. M. lo sepa por su quietud de su Real ánimo; y no debo 
callar que V. M. y el Imperador están dos Príncipes tan santos y 
igualmente religiosos observadores de su palabra y buena fé que 
no hay dos otros en este mundo. Es cierto que los Protestantes 
no verán los casamientos con mucho gusto, como también otros 
Príncipes del Imperio y entre ellos los de Baviera y Saxonia, ni 
la Francia tampoco, por el grande poder y estrecha unión con 
V. M. de un hijo Real colocado en el solio del Imperio Romano, 
revestido sobre eso con tantos Estados hereditarios; y es cierto 
también que si la España y los Países del Imperador están nn 
poco compuestos, que nadie lo podrá impedir. El Imperador sobre 
todo persiste que se observe el secreto rigorosisimamente y que 
nadie lo sepa en España sino VV. MM. y yo, habiéndome ya pre- 
venido, deveré yo, siendo á los pies de VV. MM. escribir de mi 
puño propio al mismo Imperador dándole mi hijo la carta en 
manos propias y á ninguno de sus Ministros. 

»Señor, Dios sabe y será mi testigo que no he buscado la con- 
fianza del Imperador por otra razón ni con otra intención sino para 



LA EMBAJADA DEL BARÓN DE RIPPERDA EN VIENA. 75 

servir tanto mejor ú VV. MM., á quienes sacrifico de corazón y alma 
mi sangre y vida; y debiendo á VV. MM, tantos favores de los 
quales no merezco el menor, morjré contento si puedo contentará 
VV. MM. en alguna manera, como espero executar guando V. M. 
se dignará de honrarme con sus Reales mandatos, los que siempre 
y en cualquier caso observaré santa y religiosamente, rogando á 
Dios N. S. guarde V, R. M. con la de la Rey na N. S. Soberana y 
la Real familia los gloriosos, dilatados, santos años, como puede 
y conmigo toda la Ghristiandad necesita. — Vienna en Austria y 7 
de 9bre. 1725. — Señor (etc.) — El Duque de Ripperda.» 



30. 

El Duque de Ripperda al Rey D. Felipe F. 

(Viena, 8 de Noviembre de 1725.) 

«Señor. — No puede mi pluma explicar á V. M. las expresiones 
de ternura y cordial amor de los Imperadores, los que tanto con 
sus palabras, quanto con los cariñosos semblantes, y los ojos 
testigos naturales de sus corazones, en mi audiencia de despe- 
dida (que ayer noche he tenido) de Sus Magestades han exegu- 
tado y demonstrado, mandando asegurar á V. M. de sus sinceros 
deseos para vivir unidos eternamente con VV. MM. como yo con 
maiores particularidades, y circonstancias espero dezir á VV. MM. 
hallándome postrado á sus sagrados Reales pies, á los quales me 
sacrifico por los dias de mi vida. Oy todavia espero salir de Vie- 
na, y tomar el camino de Genova, con intención de pasar la mar 
hasta Barcelona ó Alicante, según el viento permitirá, para po- 
nerme quanto antes sea posible, á los sagrados pies de VV. MM., 
quedando rogando á Dios guarde VV. MM. los mas dilatados y 
gloriosos santos años que puede y conmigo toda la Ghristiandad 
necesita. — Viena en Austria y 8 de noviembre 1725. — Señor. — 
B. L. R. Pies de V. M. — Su mas fiel afecto, rendido y hasta la 
muerte obediente esclavo y vasallo. — El Duque de Ripperda.» 



70 holictín uk la heal academia de i,a histohia. 



31. 

El Duque de Ripperda al Rey D. Felipe V. 

(Miulrid, 15 de Diciembre de 1725.) 

«Señor. — Obedeciendo á la Real orden de V. M. tengo la honra 
de dezir que del iiilimo de mi corazón alabo á Dios que dotó 
V. M. con los tálenlos tan sobresalientes y altas comprehensio- 
nes, como manifiesta la carta benigna de V. M. fecha 14 de este 
corriente mes; porque nadie en el mundo podrá decidir ni pene- 
trar tal materia mas á fundo que V. M. la penetra; y así no tengo 
yo nada que añadir á lo que V. M. siente se devra observar y 
exegutar en esta materia. Y es cierto que de los tres articulos 
que propone el Embnjador de Olanda no se puede conceder mas 
que el primero, y eso tocante las Indias Orientales, con esclusion 
de las Occidentales: y eso todavía con las circonstancias como 
van expresadas en el tratado de Viena. El segundo articulo es 
intolerable, y á su tiempo se deue quitar este privilegio á los 
yngleses (como de boca ya he convenido con el Imperador): y el 
tercero es impertinencia de los olandeses de pedirlo, pero como 
es cierto que conviene ganar tiempo con los olandeses para que 
se detengan en la accession al tratado de Hannover, salvo el me- 
jor parezer de V. M., siendo yo de dictamen de poder V. M. res- 
ponder por ahora en términos generales que llegando las orde- 
nes y llenos poderes al Embajador de Olanda para tratar en 
forma con V. M. sobre la acesion de la República al tratado de 
Viena, liallarán en V. M. todas las disposiciones favorables 
para facilitar y aventajar el comercio de los olandeses, y que 
V. M. ofreze su Real mediación para componer amigablemente 
las diferenzias existentes entre el Imperador y la república de 
Olanda en asumpto de la compañía de Ostende; porque de este 
último también he convenido con el Imperador; y con eso logra 
V. M. lo que conviene: á saber, ganar tiempo, á lo menos hasta 
que sea pública la Alianza entre V. M., el Imperador, y la Zarina 
de Moscovia: la que bastará para que los olandeses no entren ó 
acudan al tratado de Hanover; no pudiendo subsistir el comercio 



LA EMBAJADA DEL BARÓN DE RIPPERDA EN VIENA. 77 

de Olanda sin la amistad de V. M. y la de la dicha Zarina de 
Moscovia, siendo los dos ramos principales, y casi oy en dia 
únicos que quedaron á la República de Olanda. Con esa res- 
puesta no puede V. M. dar zelos al Imperador, porque lo desea 
así, y la República se detendrá ciertamente, y enbiará sus orde- 
nes á este su embajador en la Corte de V. M., si es verdad lo que 
dizen estos papeles que V. M. me haze la honra de remitirme, 
de lo que no sin razón todavía dudo; y pienso será invención 
practicada de concierto con Stanhope para descubrir á qué altura 
van las ydeas de V. M. Y para azer ver á los olandeses la buena 
inclinación de V. M. para estar bien con ellos y favorezerlos, me 
pareze, salvo el mejor parezer de V. M., se podrá responder á los 
oficios del Embajador de Olanda que V. M. queda deliberando 
sobre su contenido, y que en pocos dias V. M. decidirá todo lo 
que pudiere en buena conciencia y según los tratados en fauor 
de los olandeses. Eso es, Señor, lo que puedo dezir á V. M. y 
esperando que en dos dias me podré poner á los sagrados Reales 
Pies de V. M. quedo rogando á Dios guarde V. M. los dilatados, 
gloriosos, santos años que deseo; y toda la Ghristiandad conmigo 
necesita. — Madrid y 15 de Diciembre 1725. — Señor. — B. L. R. 
Pies de V. M. su mas fiel, rendido y hasta la muerte obediente 
criado y vasallo. — El Duque de Ripperda.» 

32. 

El Rey D. Felipe V á la Emperatriz de Austria en la despedida 
del embajador Barón de Ripperda (1). 

Serenísima Señora Emperatriz. — Las novedades que se han 
ido produciendo en el curso y estado de las cosas de Europa des- 
pués que reside en esa Corle el Barón de Riperdá con el carácter 
de mi Embaxador extraord." y plenip." han hecho preciso que 
nombre y destine otro Ministro con el mismo grado y represen- 
tación, como lo he executado ya con el Duque de Bournonbille, 



(1) Minuta original sin fecha.— Arch. gral. de Alcalá, leg. 4.823 (.\gosto de 1"26?). 



78 iiümítín de la iiKAi. a(:a¡)i;mia uk la histohia. 

/i fin (le (juc más disLinluineulc pueda inloruiar al S.'" Empera- 
dor de mis últimas intenciones, y como á su arriho habrá de 
cesar en su ministerio el expresado Barón de Ripperda, me pro- 
meto que satisfecha V. M. de la aplicación con que ha procurado 
merecer su Real agrado y corresponder á las obligaciones en 
(jue le empeñó mi confianza en mi servicio, se dignará darle en 
esla última ocasión de su despedida nuevas señas de su aproba- 
ción en su conducta y crédito en todo cuanto con tal motivo sig- 
nificare á V. M. del vivo anhelo con (jue me intereso en sus pros- 
peridades y satisfacciones. — Nro. Sr. etc.» 



11. 

UNIFORMES USADOS POR EL EJÉRCITO ESPAÑOL. 

El sacerdote francés M. Guillermo Bernard, escribe á nuestro 
digno Secretario pidiéndole algunos datos respecto á los unifor- 
mes usados por los cuerpos del ejército español en diferentes épo- 
cas de los dos últimos, siglos, el xviii y el que está ya tocando á 
su término. Según dice, los necesita un amigo suyo, catedrático 
de la Universidad Católica de Lille, que está escribiendo La his- 
toria de los uniformes de los niHitaj'es, no sé si de toda Europa 
ó de España tan sólo. 

Porque, sin extender sus investigaciones y estudios más que 
á la indumentaria de las tropas españolas en los tiempos que se- 
ñala, la tarea del celoso, y supongo que erudito, sacerdote de 
Lille, cuando no difícil, puesto que consiste principalmente en 
un examen, siquier detenido, de escritos oficiales y de noticias 
por lo general conocidas, exige largo tiempo y paciencia suma. 

Y voy á enumerar los datos que se nos piden por el orden 
mismo en que lo hace el autor de la carta á que me estoy refi- 
riendo, para que la Academia se haga cargo del trabajo que nece- 
sita imponerse el que haya de reunirlos á satisfacción del señor 
Bernard. 



UNIFORMES USADOS POR EL EJÉRCITO ESPAÑOL. 79 

«1.° ¿Cuáles, dice, eran los uniformes de la Guardia real del 
rey José Bonaparte (18084813)?» «Se pide, añade, la descripción 
circunstanciada y menuda de ellos, y si se puede algún dibujo ó 
grabado. » 

Con el deseo, sin duda, de facilitar las investigaciones precisas 
para responder cumplidamente á esa pregunta, Monseñor Bernard, 
prelado doméstico de Su Santidad, según dice, une á su carta 
una nota suelta con la Composición de aquella Guardia real 
en 1813. No es exacta ni completa esa nota, y así lo he hecho co- 
nocer en un estado general de la fuerza que, con el nombre de 
española, sin serlo, llegó á reunir aquel soberano, impuesto por 
el Emperador Napoleón á nuestro país, que acabó por derribarlo 
de un trono mal fundado y peor servido. Ese estado, todo lo mi- 
nucioso que puede desearse en cuanto á la composición, en gene- 
ral, del mal llamado ejército español de José Napoleón, se publi- 
có no hace mucho en un apreciable pei'iódico francés que osten- 
ta el título de Carnet de la Sahretache, y allí puede conocerlo 
M. Bernard y satisfacer la curiosidad de su amigo el catedrá- 
tico de Lille. No encontrará en él la descripción de los uniformes, 
tal cual parece desearla; pero ya se le mostrará en este escrito 
cómo y dónde podrá hallarla. 

El Sr, Bernard se satisface en esa parte con la noticia de los 
uniformes que usó la Guardia real de José Bonaparte, puesto 
que ni en la nota adjunta á su carta ni en pregunta alguna de las 
suyas, alude á los demás cuerpos del ejército do aquel tiempo. Lo 
extraño, porque hace años se me viene pidiendo la misma noticia, 
y más general y extensa, por personas cuyas relaciones de familia 
ó de partido político con aquel soberano y su dinastía, dejan 
comprender el interés que puedan llevarse en adquirir esos datos. 

Ya he dicho dónde los encontrarán M. Bernard y su amigo, 
aunque sin la designación, repito, de los unifornies que, sin em- 
bargo, si no dibujados ó grabados, pueden hallarlos, especialmente 
los de la Caballería, Estado Mayor, Artillería, Ingenieros y de los 
Gendarmes, en la Gazeta que el gobierno del Intruso publicaba 
en Madrid en la época de su dominación. También existen esos 
curiosísimos datos en una obra que, con el título de Prontuario 
de las leyes y decretos del Rey Nuestro Señor D. José Napoleón I 



HO U0I,I;TÍN I)K la MKAL ACAUKMIA de la MISTOniA. 

desde el año de '1S(}S, publicó tamhitjij l.i Imprenta Real de Ma- 
drid en el de 1810. Muchas son , además, las noticias que eslam- 
pa el Conde de Clonard en su Historia orgánica de las armas de 
Infanieria y Caballería, que cita el Sr. Bernard al final de su 
carta; poro todas son referentes al ejército genuinamente español, 
al (inc combatió al de Napoleón. No sirven, pues, para el caso á 
que se refiere el autor de la caria, cuyo contenido estoy exami- 
nando. La consulta sobre ese punto, tiene también que extender- 
se á la del Diario de Madrid de ese mismo tiempo de la guerra 
de la Independencia; pero más aún á la délos mil escritos impre- 
sos y manuscritos que en París, quizás mejor que en esta corte, 
hallará quien registre detenidamente los archivos militares. 

Ese trabajo, de todos modos, comprenderá la Academia que no 
es de días sino de años; y será difícil que M. Bernard ni otro al- 
guno de sus compatriotas, halle en España quien abandone sus 
tareas especiales para una de tal índole y nada fructuosa para él. 
Muy de apreciar es el premio que ofrece el autor de la obra pro- 
yectada por el amigo de M. Bernard, el de uno de los ejemplares 
que publique de ella; pero, francamente, no me parece que tal 
honor, con ser tan grande, compense la labor y la abnegación 
generosa del que le proporcione esos datos. 

Ellos, sin embargo, no son nada si se comparan con los que 
pide además aquel digno sacerdote. Sigamos la enumeración de 
sus pedidos segíin la establece en su carta. 

«2.° Nombres y colores distintivos de regimientos de infante- 
ría hacia 1710. (Parements et aiguillettes, has, etc.)» 

De eso encuéntrase bastante en la obra del Conde de Clonard y 
no poco hay publicado en Francia, donde abundan libros de 
aquella época y de las posteriores, así por tratarse de la de 
Luis XIV, que tanto ayudó á su nieto, nuestro rey Felipe V, 
con sus consejos y sus armas para la conquista del trono español 
ó, mejor, para el reconocimiento de sus derechos á ese mismo 
trono, como por el interés histórico que ofrece suceso que tanto 
ha influido en los destinos de nuestra patria y aun en los de la 
Europa toda. 

Hay aquí quienes poseen datos, gráficos y todo, hasta con co- 
lores de los uniformes militares de la época que cita M. Bernard; 



UNIFORMES USADOS POR EL EJÉRCITO ESPAÑOL. 81 

pero los habrá que no quieran deshacerse de ellos ni aun de ha- 
cerlos copiar, tanto para que no se divulguen, como para evitarse 
un gasto que nunca será de poca consideración. 

Separándonos del orden que M. Bernard establece en su carta, 
por apartarse él del cronológico que parece debiera seguir, pasa- 
mos al pedido que lleva el núm. 6.* 

«Colores distintivos, se dice en él, de los regimientos de drago- 
nes y sus nombres en el principio del siglo xviii.» Y continúa en 
el 7.° «ídem por los regimientos de caballería que á esa misma 
época (el galicismo no me pertenece, pues que M. Bernard escri- 
be la carta en castellano), reemplazaron á los coraceros.» 

Poco tengo que añadir á lo expuesto en el párrafo anterior de 
este informe. Hay, con todo, una circunstancia que podría favo- 
recer á M. Bernard y al catedrático de Lilleen sus investigaciones. 

La caballería eu aquel tiempo era el nervio de los ejércitos es- 
pañoles. Las guerras de Italia acajiaron de acreditarla como muy 
superior á la francesa, su aliada, y á la imperial, su enemiga. No 
hay para qué demostrarlo aquí con la presente ocasión. En otra, 
acaso hoy mismo y con motivo de un libro dedicado á ensalzar 
las glorias de la Caballería española, podré, mejor que ahora, 
hacer el examen de un arma, que, siendo la reina de todas en la 
caballeresca Edad Media, ha logrado mantener su excelente y 
levantado espíritu á pe^ar de los extraordinarios elementos de 
guerra puestos nuevamente en acción contra ella. La historia 
recuerda con la elocuencia de los hechos los admirables de nues- 
tra Caballería en los comienzos del siglo á que se refiere M. Ber- 
nard; Y muy pronto verá la luz pública un libro, cuyo prólogo 
está preparando nuestro ilustre Director, con las Memorias del 
Marqués de la Mina, testigo, mejor dicho, partícipe de esas glo- 
rias, actor de los más insignes de las hazañas de esos regimien- 
tos de dragones, cuya organización y nombres se desea conocer 
ahora en Francia. En esas Memorias, ae consiguiente; en los cua- 
dros gráficos á que antes aludía; en el libro todavía no reempla- 
zado del Marqués de San Felipe y en algún otro que en estos mo- 
mentos no me viene á la memoria, hallará M. Bernard la contes- 
tación á sus preguntas sobre ese interesante punto. 

Ahora nos toca responder á preguntas de respuesta más fácil, 

TOMO XXX. 6 



82 uoliítín i>k la hkai, acauiímia iji-; \.\ histohia. 

piioslí) (jiK! piicilo (l;iiso iiimeíJial.irnerite y ron I;í inspección de 
un solo libro, la Guia de forasteros 6 la Oficial de España. 

«3.° Nombres de los regimientos y coloresdislinlivos en 1815, 
cnando se reorganizó el ejército después de las guerras de Napo- 
león.» 

«4.° ídem en 1821.t> 

«5." ¿Por qué en 1824 el ejército no contenía más que 8 regi- 
mientos de infantería? 

La Guia, en efecto, contesta, aun con su laconismo caracterís- 
tico, á las anteriores preguntas; pero si el Sr. Bernard desea [)ara 
su amigo, el catedrático de Lille, detalles que le impongan de 
todo, número, organización, armas, vestuario y equipo, hasta de 
los nombres de los jefes que mandaban los cuerpos de la infan- 
tería y caballería española en los años que cita, acuda al tomo vi 
de la obra del Conde de Glonard que C por B, como vulgarmente 
se dice, le contestará cumplidamente, explicándole el absurdo, no 
expuesto con exactitud en la carta, de que nuestro ejército no 
contara más que con 8 regimientos de infantería de línea y 7 de 
la ligera (con estos no cuenta M. Bernard) en principios de 1824, 
aumentándose con varios en el curso de aquel año. 

La explicación (y esa la completo yo) consiste en hacer constar 
que la reacción de 1823 dejó sin generales, jefes ni oficiales el 
ejército, pendientes todos de la purificación decretada en 9 de 
Agosto; en que la presenciade las tropas francesas de Angulema, 
la reorganización de las milicias provinciales con su reglamento 
de 1766, la constitución délos cuerpos realistas, por ñn, causaron 
ese estado lamentable sobre que llama la atención el Sr. Bernard. 

Hay que advertir que eran 55 los cuerpos realistas, mandados 
por jefes del ejército y acreditados por sus ideas políticas algunos, 
como el Conde de Negri, Zumalacárregui, Cuevillas y otros, no- 
tables ya que no tan célebres después como esos. 

Y ya que tanta curiosidad revela la carta de M. Bernard, 
¿cómo no la ha extendido al conocimiento de la organización dada 
á nuestro ejército el año 1828? Ese es el período orgánico más 
fecundo poi- que ha pasado el ejército español, y hien merece que 
se detenga en su estudio quien se dedique al de la historia de 
nuestros organismos militares. 



UNIFORMES USADOS POR EL EJÉRCITO ESPAÑOL. 83 

Para terminar este ya largo informe, el que lo suscribe se 
atreve á aconsejar á la Academia que conteste á M. Bernard que 
ha visto con la mayor complacencia su carta y que deseosa de 
contribuir al mejor éxito de los trabajos históricos de su amigo el 
catedrático de la Universidad Católica de Lille, ha consultado los 
libros que pudieran servirle para esclarecer las dudas que revela 
aquel escrito, y son: el Prontuario de las leyes, anteriormente 
citado; la Gaceta y el Diario de Madrid del tiempo de José Napo- 
león, á que me he referido también antes; las Guías oficiales de 
España en los años de las organizaciones que aspira á conocer; 
las Gacetas de los mismos, y particularmente la obra, magistral 
en ese punto, del Conde de Clonard, que se valió para escribirla 
de cuantos documentos existían en los archivos de la's armas de 
Infantería y Caballería. 

La tarea de copiar las disposiciones oficiales referentes á las 
preguntas y consultas que dirige á la Academia, puede también 
decírsele, y sobre todo la de los datos gráficos que solicita, es de 
tal clase que, además de exigir, como la anterior, mucho tiempo, 
habría de producir gastos de consideración á que no puede aten- 
der la Academia, cuyos individuos por otra parte, necesitan ese 
tiempo para sus trabajos particulares. 

La Academia, sin embargo y en vista de las noticias y consi- 
deraciones expuestas^ resolverá lo que considere como más con- 
veniente. 

Madrid 18 de Diciembre de 1896. 

José Gómez de Arteche. 



84 



IJ0I,KTIN I)K I, A IIIÍAt. ACADKMIA I)R I, A MISTOIilA. 



II. 



RECIENTE DESCUBRIMIENTO DE UNA LÁPIDA ROMANA. 

En el mismo sitio en que se encontraron en IVjbadilla (provin- 
cia do Málaga) los mosaicos de qnc ya tiene noticia la Acade- 
mia (1), he encontrado ahora una jiiedra de jaspe de diferentes 
colores, que parece haber formado parle de la base de un busto^ 
en esla forma: 



En la parle posterior y sitio señalado por a está la inscripción 
cuya copia envío, del tamaño mismo de la que está en la piedi-a 
descubierta. Las dimensiones son 85 cm. de largo, desde la parte^ 
preparada al parecer, para recibir el busto. De ancho por arriba 
tiene 25 cm., que como en todas las piedras de su clase, va dis- 
minuyendo; pero no puedo dar las dimensiones de la pai-te infe- 
rior, para la que calculo faltan aún algunos centímetros de pvo- 
longación en su longitud. El grueso de la piedra es de 10 cm., \^ 
tiene en la parte superior dos cajuelas, como para sujetarla con 
grapa á alguna parte. La tengo ya en el mismo silio donde están 
los mosaicos, y me propongo volver á Bobadilla para continuar 
las exploraciones que sólo se pueden hacer en mi presencia. 

Huerta de los Arcos (Córdoba), 15 de Diciembre de 1896. 

El Marqués de la Vega de Armijo. 



(1) Boletín, tomo xx, páginas ;)5-105. 



epigrafía romana. od 

IV. 

EPIGRAFÍA ROMANA DE BOSADILLA EN LA PROVINCIA DE MALAGA. 

Confinando al Norte con la villa de Mollina y al Este coa la 
ciudad de Antequera, está el lugar de Bobadilla sobre el camino 
que va desde la ciudad fAntikaríaJ á Teba del Condado fSahoraJ, 
en el seno de una vega amenísima que fertiliza el Guadalhorce. 
En el término de Mollina y en el cortijo que á la sazón era de 
D. Miguel Ruíz de Dios, se halló hacia el año 1735 un pedestal 
de piedra con la siguiente inscripción votiva (Hübner, 2058). 

Sacrum Herculi Ofaius) Ap \ pius Cfaijffilius) Severus | v(otum) s(olvit) 
l(ihens) mf evito). 

Más al Sur, por bajo de Bobadilla, seencontró al propio tiempo 
otra lápida insigne (H. 2059) «en el cortijo de Saavedra que lla- 
man el Almendr ilion ^ y obtenía entonces D. Juan de Santistebaa 
de Alarcón, vecino de Antequerra. 

L(ucio) Memmio Quir(ina) \ Severo aed(ili) llvir(o) \ d(ecreto) dfecurio- 
numj j L(ucius) Memmiiis Severus \ honore usus impensam | remisit. 

El municipio romano, significado por esta inscripción, estuvo 
afiliado á la tribu Quirina, propia del Flaviiim liberum Singilia 
Barba, situado casi en el centro del triángulo formado por An- 
tequera, Mollina y Bobadilla. Nada impide suponer que este 
municipio, teniendo su núcleo de población en aquel centro, ó 
-en Valsequillo (Flavio SingilioJ, comprendiese en su distrito los 
barrios de Mollina y Bobadilla, pues no dista de este lugar sino 
poco más de 5 kilómetros (i) y otro tanto de aquél. Sin embargo, 
los mosaicos, la nueva inscripción que ha descubierto en Boba- 
dilla el Marqués de la Vega de Armijo y las que espera que po- 
drán en breve aparecer, prometen abundante luz para dirimir la 
cuestión geográfica. 

<1) Boletín, tomo xx, pag. 101. 



86 HOMÍTÍN I)K l.\ IIKAL ACADKMIA DE LA HISTOKIA. 

L;i inscri[)r¡óii, roción hallada en Bobadilla, es inédita ó inte- 
resante bajo muchos conceptos. Las leli'as son oblongas, de trazo 
fino y primoroso y de buena época; los puntos triangulares. 

C • SEMPRONIO • 

GAL'PVLVEÍUNO 

ARVERO • N'IgrI •?' 

DAT • 

C(aio) Sempronio Gal(eria) Fulverino Arvero Nigri /(ilius) dat. 

A la memoria do Cayo Sempronio Pulverino, de la tribu Galería, rinde 
BU liberto Arveróa hijo de Níger este obsequio. 

La inscripción es sepulcral, como las dos halladas últimamente 
en ¡loríales (1) y otra en It.llica (5382), que se terminan con el 
verbo dat y son debidas á la piadosa ofrenda ó supremo don que 
tributaban los libertos á sus patronos cuando éstos fallecían. El 
mismo giro se observa en una piedra funeral Gaditana que co- 
menté (2) no sin traducir en verso castellano su bella elegía. La 
forma y dimensiones del presente jaspe epigráfico sobrado in- 
dican que estuvo engastado en la faz anterior de todo el monu- 
mento, y que encima de éste se alzó la estatua del finado Gayo 
Sempronio, cuyo cognomen Pulverino suena también como dis- 
tintivo de un Lucio Fabio en otra lápida (2001) de Bobadilla. 

La tribu Galería de Gayo Sempronio Pulverino pone de mani- 
fiesto que su patria no ha de buscarse en Singilia Barba, ni en 
Antikaria, propias de la tribu Quirina. Sin ir muy lejos la po- 
demos encontrar en Sabora (Teba del Condado), ó tal vez en Os' 
tippo (Estepa), donde Lucio Sempronio Ático, déla tribu Galería, 
dedicó á la diosa Salud un monumento (1437). 

La inscripción que ha descubierto el Sr. Marqués de la Vega 
de Armijo no expresa el prenombre, ni el nombre del dedicante, 
porque se dejan entender por los de su difunto patrono Gayo Sem- 
pronio. El cognombre Arvero sale por vez primera en la Epi- 



(1) Hübner, 5481; Boletín, tomo xnx, pág. 436. 

(2) Boletín, tomo xii, pág. 355. 



epigrafía romana. 87 

grafía romana de España. De su esiriiclura céltica creo que dan 
razón los geográficos Aruernus en la Galia y Verona en Italia, y 
dos inscripciones romanas en Inglaterra que ha reseñado Hüb- 
ner (1). De la primera se infiere indubitable el nombre de una 
persona, cuyo genitivo es Arviri. Sobre la forma de este genitivo 
en la segunda inscripción británica ha puesto reparo el sabio 
doctor alemán: «Arveri fortasse recte». La rectitud de esta forma 
ha venido á mostrarse, y en mi juicio á decidirse con la presente 
lápida de Bobadilla. 

Así, á cada paso que da la Arqueología sobre el terreno epi- 
gráfico suelen corresponder nuevos adelantos, nacionales é inter- 
nacionales, bajo el triple aspecto de la Lingüística, Geografía é 
Historia. 

Madrid 8 de Enero de 1897. 

Fidel Fita. 



REVISTA HISTÓRICA LATINA. 

Hace bastante tiempo que se me ordenó informase sobre si la 
Academia estaba ó no en el caso de suscribirse á la Revista histó- 
rica latina iniciada en Barcelona; pero creí no deber aconsejar 
su adquisición hasta quo los hechos demostrasen que esta publi- 
cación podía sostenerse, alcanzando siquiera un año de vida. 
Observando ahora que sin interrupción se han repartido trece 
cuadernos de la expresada revista mensual, según resulta del 
nuevo prospecto y sumario que incluyo; siendo además ésta de 
carácter histórico, como desde luego lo anunciaba su título, y de 
interés muchos de los artículos que llenan sus páginas; me parece 
que la Academia debe suscribirse á la misma, adquiriendo todos 
los números que han salido á luz. 

Madrid, 4 de Junio de 1815. 

Carlos Ramón Fort, 

Bibliotecario. 
(1) C. I. L. vol. Yii, 1236, 1237. 



VARIEDADES. 



I. 



MONUMENTOS PICTÓRICOS Y ESCULTÓRICOS DEL CRISTIANISMO 

HASTA EL IMPERIO DE CARLOMAGNO, POR EL P. RAFAEL GARRUCCI. 

i 

1. 

Carta autógrafa é inédita del autor á D. Aureliano Fernández Guerra. 

Raphael Garruccius Domino Aureliano Fernandez Guerra y 
Orbe salutein. 

Gratias tum Academiae, quae electioni meae assensa est, 
nomine meo quam máximas actas velim, tum domino de la 
Fuente (1), qui me socinm cooptandum rogavit (2). 

Nuper cum in Honorariorum tíociorum nnmerum me Societas 
Antiquariorum Regia Londinensis summo consensu ómnibus 
volis relulisset, illud de me iudicium tulit, quod in recentiori 
congressu vestro (3) comprobaslis. Namque, cum id semper in 
meis sludiis ac laboribus spectarim ut bono rei publicae litterariae 
essem, hunc fruclum reor indicio vestro me amplissimum atque 
exoptatissimum percepisse, ut ca quae in Incem edidi re ipsa 
fateremini utilitati pnblicae fuisse, adderetisque in posterum 



(1) D. Vicente. 

(2) En 13 de Diciembre de 1867. 

(3) n Enero 18(«. 



MONUMENTOS PICTÓRICOS Y ESCULTÓRICOS. 89 

niihi currenli quosdam veliiti stimulos ijuibus ad maiora capes- 
senda animus accederet. 

Faciam igitar ut quamprimum, alus lucubrationibus sepositis, 
in id opus iiicumbam quod propter sammam ulilitatem et Reli- 
gionis dignilatem ac decorein caeteris praeferri omties ut pulo 
facile optabunt. 

Suscepi eiiim edendum Corpus Monumentorum sculptorum et 
picloriim Ecclesiae Christianae universae ab eius exordio ad 
saecxdi VIII finem. El quoniam de dogniate et Chrislianis mori- 
bus cxtant Patrum scripta ex quibus Theologi colliguut argu- 
menta quae ad haeresim refutandam opportune oíToranlur; ego id 
ago ut de Dogmate et Ghrislianoruin moribus sit Corpus quoddam 
monumentorum collectum quo etiam Artes liberales iuvantur. 

Qui post Winckelmannum el Visconlium quotque summi 
archaeologi floruerint, qui corpora confecerint Monumentorum 
mythologicorum, omnes et sciunt et mirantur: pudet vero nemi- 
nem adhuc extilisse qui ad Ghristianas autiquitates scientiam 
archaeologicam attulerit, iisque principiis, quibus Gritice máxi- 
me ulitur_, niteretur ut extruderit occultas pro disciplina arcani 
res quibus christiana constat et constitit ubique, el Ecclesiarum 
omnium consensione tradita est. 

Sed quoniam ingens opus non mediocres sumptus habeat 
necesse est ut invulgetur; rogo Academiam nostram pro ea qua 
in me est volúntale et pro Religionis ipsius ulililate ac dignitate 
velit me commendare Bibliolhecis publicis Regni ut subscribant 
programmati^ quod gallica lingua translatum millo, in quo 
rationem operis et prelii do, el benevolentiae praepositoruní 
praefeclorumque me commitlo. 

In spem venio Academiam universam suíFragio suo et auclori- 
tate mihi máximo adiumento fuluram. 

Tibi rebusque luis addiclissimus 

Raphael Garrucciiis S. J. (1). 



(1) Esta carta autógrafa del ínclito P. Garrucci no tiene data, que sin duda esti 
comprendida entre el 17 de Enero de 1S(58, fecha de su elección en socio corresponsal 
de nuestra Academia, y el 26 de Junio del mismo año.— Nota de la R. 



90 hom;ti.n \>i: la ukal acaukmia üe la historia. 



Dictamen de la Couiisión de Antigüedades. 
Excmo. Sonor: 

Nuestro individuo correspondioute, el padre Rafael Garrucci, 
excita á la Acadeuüa para (jue interponga sus buenos oficios con 
el Gobierno de S. M. á ñu de que se suscriliau las bibliotecas 
piiblicas del reino á la impoilantísiina obra que trata de publicar, 
intitulada Monumentos de la religión cristiana, esculturas y pin- 
turas, desde la primitiva edad cristiana hasta fines del siglo VIH. 
Constará la obra de seis grandes voliímenes en 4.°, con 600 lámi- 
nas en cobre; cada volumen cuesta 50 francos. 

La Academia no puede menos de hacer esta recomendación 
con vivo empeño, supuesto que las Artes y las Letras en todo el 
mundo tienen sumo interés en que se realice la publicación, 
cuyo testo aparecerá escrito en francés é italiano. El artista, el 
historiador, el arqueólogo, el filósofo, cuantos en fin cultiven 
cualquier ramo de los conocimientos humanos, han de hallar 
grandes elementos de ilustración en esta obra colosal, y segura- 
mente que no deben carecer de ella ninguno de los establecimien- 
tes de enseñanza ptíblica. 

La Comisión de Antigüedades entiende, pues, que debe diri- 
girse á la Dirección general de Instrucción piiblica la más eficaz 
recomendación para que se adquiera un razonable número de 
ejemplares y se recomiende á las bibliotecas provinciales; y que 
la Academia debe dar el ejemplo suscribiéndose por uno. 

Madrid, 26 de Junio de 1868. — José Amador de los Ríos. — 
AuRELL\N0 Fernández Guerra. — Eduardo Saavedra. — Pedro de 
Madrazo. — Manuel Oliver y Hurtado. 

3. 

limo. Sr. Director general de Instrucción pública. 
El Reverendo Padre Rafael Garrucci de la Compañía de Jesús 
é individuo correspondiente de esta Real Academia, remite ala 



MONUMENTOS PICTÓRICOS Y ESCULTÓRICOS. 91 

misma varios ejemplares del prospecto adjunto, rogando al pro- 
pio tiempo que se recomiende á las bibliotecas públicas del reino 
la obra que traía de publicar con el título de Les nionitments de 
la religión chrétienne, sculptiires et peintiires depuis Vorigine du 
christianisme jusqu'á la fin du huitiéme siécle. De acuerdo de la 
Academia lo comunico cá V. S. I. para su conocimiento, y para 
que, si lo tiene á bien, disponga que se suscriba esa Dirección 
general por el número de ejemplares que juzgue oportuno con 
destino á las principales Bibliotecas públicas. 

Dios guarde á V. S. I. muchos años. — Madrid, 30 de Junio 
de 1868. — Pedro Sabau, Secretario perpetuo. 



II. 

TESTAMENTO DEL BEATO RAIMUNDO LULIO. 

(Palma de Mallorca, 26 de Abril de 1313.) 

In nomine domini nostri Dei Jesu Christi qui sólita pietale 
neminem vult perire immo salvat sperantes in se ac perducit ad 
gaudia paradisi. Ego magister Raimundus LuUi sanitate per- 
fruens corporali meo pleno sensu atque memoria integra cum 
firma loqnela meum fació et ordino testamentum. In quo eligo 
manumissores meos videlicet Petrum de Sanctominato generum 
meum Guillermum Arnaldi de Ecclesiis Franciscum Renovardi 
et Jacobum de Aies. Quibus rogando suplico ac plenam confero 
potestatem quod si me conLigerit mori antequam aliud michi 
liceat condere testamentum ipsi omnes sen illi qui presentes fue- 
rint de eisdem dividant et distribuant omnia bona mea pront in 
hoc meo testamento scriptum invenerint ac etiam ordinalum ta- 
men sine dampno eorum et rerum suarum. In primis quideni 
dimito cuilibet predictorum manumissorum meorum viginti so- 
lidos regalium maiorienses minutorum pro eorum labore huius 



92 nOI,KTÍN liK l.\ ItKAI. ACAlJl-MIA UK LA HISTOHIA. 

mauíiiiiissoiic. ítem diiiiitr) Ijuiiiiiiico Liilli lilio meo el domine 
MagdalciKí lilic mh'^ u.xoi-i dicli l'ctri de Sanctomiiialo ulriíjiic 
ipsoinim vij,'iiiti solidos iii (juihus el iii eo quod eis el cuilihel 
ipsoiuin dedi ipsos lilium meum el liliam meam miciii heredes 
iiisliluo. ítem dimilo lialiibus predicaloribus el fralribus mino- 
ribus ut domiiiabus Sánele Claro el dominabus Sánele Margarita 
el dominabus de penitencia el scolaribus orfanis cuilibel islorum 
locorum decem solidos. ítem dimilo operi cuiuslibet ecclesiarum 
parrochialium civiíalis maioricarum quinqué solidos. El operi 
Beate Mario Sedis maioricarum decem solidos. ítem recognosco 
in veritate quod prediclus Franciscus Ronovardi lenet iu sua 
tabula campsorie in mei deposito el comanda centum quadraginta 
libras el dúos solidos legalium maioiienscs minutorum quas pro 
me el nomine meo habuil el recepit de bonis meis usque in hunc 
presentem diem, dequibus quidem predictis centum quadraginta 
libras el dúos solidos et etiam de ómnibus alus denariis quos 
habebo tempore obitus mei solutis inde prius logatis predictis 
voló et mando quod fiant inde el scribantur libri in pergameno 
in romancio et latino ex illis libris quos divina lavente gracia 
noviter compilavi videlicet De viciis et virtittibus et de Novo 
modo demostrucionis. Et de quinqué principiis. Et de differencia 
correlativorum . Et de secretis sacratissime Ti'initatia et incarna- 
iionis. Et de participatione christianorum et sarracenorum. Et 
de loqutione angelorum. Et de virtute veniali et vitali. Et de pee- 
catis venialihus et mortalibiis. Et de arte abreviata sermonitayidi. 
Sermones autem illi scripti quos perfeci et compilavi sunt in sum- 
ma centum octuaginta dúo. ítem est ibi liber de Sex sillogismis. 
Dequibus quidem libris ómnibus supradictis mando fieri in per- 
gameno in latino, iinum librum in uno volumine qui mitatur 
per dictos manumissores meos Parisius ad mouasterium de Xar- 
cossa quem librum ibi dimito amore dei. ítem mando fieri de 
ómnibus supradictis libris unum alium librum in uno volumine 
in pergameno scriptum in latino quem dimilo et mando miti 
apud Januam Misser Persival Espinóla. Et residuum predicte 
tolius peccunie mee el residuos alios libros qui fienl per dictos 
manumissores meos de mea peccunia supradicta, dimito et man- 
do dari ac distribuí per eosdem manumissores meos ad eorum 



TESTAMENTO DEI, BEATO RAIMUNDO LULIO. 93 

notitiam amere Dei pro anima me^a et pro animabus omniam 
illoriim quibus in ali(juo injurior quoquo modo Domibus ordi- 
num et alus locis. Itaquod ponantur in armario cuiuslibet Eccle- 
sie in qua illos dabunt cum catena. Ita quod quilibet ipsius eccle- 
sie volens illos legere possit. ipsos legere et videre. ítem lego mo- 
nasterio de Regali unum coffre menm cum libris qui ibi sunt, 
quem babeo in hospicio dicti Petri de Sanctominato. In qnibus 
quidem ómnibus el singulis supradictis que superius dimito et 
mando fieri atque dari instituo michi heredes universales Deum 
omnipotentem ob cuius ainorem predicta fació et ordino et ani- 
mam meam atque animas predictorum et animas in super om- 
nium aliorum ñdelium in plenam deliberationem nostrorum om- 
nium peccatorum. Hec est autem ultima voluntas mea quam 
laudo et concedo ac voló valere jure testameiiti mei et jure ultime 
voluntatis mee que si non valet vel valere potest jure testamenti 
saltim valeat ac valere jure testamenti mei et jure ultime volun- 
tatis mee que si non valet vel valere potest jure testamenti saltim 
valeat ac valere voló jure codicillorum aut alio quolibet jure ul- 
time voluntatis. — Actum est hoc maioricis sexto Kalendas May 
Anuo Domini millesimo trecentesimo tercio décimo. — Signum 
magistri Raimundi LuUi testatoris predicti. Qui hoc meum pre- 
sens testamenfum laudo concedo et firmo. Testes huius testa- 
menti sunt vocati et rogati. — Berengarius januai-ii. Guillelmus 
Melleoli. Guillermus Belhevim. Petrus Podioli. — Fortunus Del- 
so. Petrus de Podialibus et Petrus Jofre. Sig^num Jacobi avi- 
nionis notarii pubüci maiorice. Qui hoc testamentum scripsit et 
clausit in scribania A. de Sanctomartino connotario sui cum raso 
et eméndalo in linea XVI. Ubi dicitur lego. 

(Extracto de la Memoria leída en la Real Academia de Buenas Letras, 
en la sesión ordinaria celebrada el día 15 de Enero de 1894, por D. Fran- 
cisco de BofaruU y Sans, páginas 19-21. Barcelona, 1896. Contiénese en 
esta Memoria el testamento original en fotograbado.) 



NOTICIAS. 



En l;i sesión del 8 del corriente acordó nuestra Academia pro- 
ceder iiiinedialameute á la impresión del Anuario del curso pre- 
sente (189G-1897), no habiéndose publicado el anterior (1895-1806) 
por motivo de los aplazamientos, debidos á la deficiencia de datos 
acerca del personal de correspondientes nacionales y extranjeros. 
Ni las familias de los finados, ni las Comisiones provinciales de 
monumentos, ni los representantes de España en otras naciones, 
á quienes se acudió repetidas veces, lograron disipar la niebla 
proveniente de que pasen meses y en ocasiones largos años sin 
que llegue aviso de la vacante por defunción, ó de la variante por 
traslación de domicilio. El Anuario, vencida por fin esta difi- 
cultad, ha recibido además considerables reformas, habiéndose 
acrecentado el número de los individuos de número asignados á 
varias Comisiones académicas. 



Por Real orden de 12 de Diciembre pasado ha sido declarado 
monumento nacional la histórica torre de San Esteban de Se- 
govia, previo informe de nuestra Academia sobre aquel edificio, 
cuyos principales recuerdos expuso D. Diego de Colmenares. 



En la sesión del 18 del mismo mes leyó el Sr. Catalina García 
un erudito informe referente cá la iglesia visigótica de San Juan 
Bautista de Baños de Cerrato, en la provincia de Falencia, indi- 



NOTICIAS. 9; 



cando las circunstancias que abona la declaración de monumento 
nacional en su favor. Confirmó las razones expuestas en el in- 
forme del Sr. Catalina García el Sr. Rada, autor de una mono- 
grafía notabilísima sobre aquel monumento, publicada en el 
Museo Español de Antigüedades. 



El Sr. Gobernador Presidente de la Comisión de monumentos 
históricos y artísticos de Falencia, con oficio de 21 de Diciembre 
último, ha remitido á nuestra Academia copia legalizada del acta 
levantada con motivo del reconocimiento practicado por aquella 
Comisión en 11 del citado mes y de acuerdo con las autoridades 
eclesiásticas en el sepulcro de la Reina de Navarra Doña Urraca, 
hija del Emperador D. Alfonso Vil, que se conserva en la cate- 
dral palentina, como asimismo una fotografía del esqueleto de 
la referida Reina, á fin de que nuestra Corporación pueda apre- 
ciar el estado de momificación en que se encuentra actualmente. 



Se ha recibido comunicación de la Asociación artísiico-arqueo- 
lógica barcelonesa rogando á la Academia interponga su media- 
ción á fin de que se deje sin efecto la subasta anunciada en el 
Boletín Oficial de la provincia de Tarragona para la venta de 
unos terrenos comprendidos entre la salida de la falsa braga y el 
paseo de Eugenia, cuya venta, caso de realizarse, perjudicaría á 
las murallas ciclópeas de aquella ciudad. La Comisión de monu- 
mentos históricos de la misma, interesándose igualmeíite por la 
suspensión de la subasta, apoya con eficacia los deseos de dicha 
Asociación. 



El Jefe de la Real Biblioteca de La Haya ha remitido para la 
de nuestra Academia las publicaciones hccbas por aquel estable- 
cimiento, proponiendo el cambio ya aceptado con algunas de 
nuestro Cuerpo. 



ílfi IlíJUniN l»K La ItKAI. ACAltKMIA DIC I.A HISTOHIA. 

I). S.ilv.nloi- S.ii)(i(!i-f; y Miíjiifl , .•iiili^'iio corrospondionlc «le la 
Acaílttrnia en Haicfloiia , le lia dado noticia df; hallarse en su po- 
der o! cMic.i) íiiaiiiiserilo del siglo xv, íjiie con llene la Gi-óiiica ó 
(¡esta Comitrim liarcinonensium , publicado por Balnzio en la 
Mitren Jiispanica con mnclias deficitnicias en el cuerpo textual y 
falto de conclusión. Kl códice perteneció al célebre erudito don 
Antonio Llov(>t y Vall-Llosera. 'y estuvo priinifivamonte en el 
monasterio de Hi¡)(ill. Posee además el Sr. Saup^re la Colección 
de docunicnlos reialivos ;í la historia del Condado de Pallas, he- 
cha por el ilustre abad de Gerri, D. Francisco Llovet, colabora- 
dor del Sr. Abad y Ijasieri-a en los esludios y trabajos erudito.s 
que remitieron á nuestra biblioteca. Pasan de 200 los documen- 
tos inéditos y de gran valor histórico que encierra esta Colección, 
precedida de una disquisición ci-ílica acerca de los soberanos de 
aquel Condado y de los de Rihagorza. 



En la página 554 del tomo precedente íxxix) se omitió, por in- 
advertenciri, el renglón postrero de la inscripción redactada por 
el Sr. Fernández Duro y aprobada por la Academia: 

A 

MIGUEL LÓPEZ DE LEGAZPI 

CONQUISTADOR DE LAS ISLAS FILIPINAS 

EN M DLXV 

PRIMER LUGARTENIENTE DE LA MAJESTAD CATÓLICA 

EN AQUELLAS APARTADAS REGIONES 

ENÉRGICO PRUDENTE VALEROSO 

NATURAL DE LA VILLA DE ZUMÁRRAGA 

SE ERIGIÓ ESTE MONUMENTO 

POR SUSCRIPCIÓN NACIONAL 



Nuestro sabio correspondiente el Sr. Weuiworth Webster ha 
comenzado á publicar en Tolosa de Francia la Grammaire basque, 
eí?crita por Pedro de Urte, natural de San Juan de Luz y contem- 
poráneo del P. Larramondi. En olro niímero daremos cuenta de 
tan interesante publicación. 

F. F.— A. R. Y. 



boletín 



DE LA 



REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

TOMO XXX. Febrero, 1897. CUADERNO II. 

ADQUISICIONES DE LA ACADEMIA 

DURANTE EL SEGUNDO SENIESTRE DEL AÑO 1896. 



Regalos de impresos. 

DE SEÑORES ACADÉMICOS DE NÚMERO. 

Excmo. Sr. D. Víctor Balaguer. Instituciones y Reyes de Aragón. San 
Juan de la Peña. Madrid. Est. tip. «El Progreso.» En 4." 

Excmo. Sr. D. Cesáreo Fernández Duro. Memoria que manifiesta el 
estado y progreso de las obras de mejora de la ría de Bilbao. Bil- 
bao, 1S96. 
Storia genérale della Marina militare (con 30 illustrazioni), per 
Augusto Vittorio Vecchy (Jack la Bolina), volumes primo et 
secondo. Pirenze, 1892. 



DE CORRESPONDIENTES NACIONALES Y EXTRANJEROS. 

Sr. D. Antonio Bernal de O'Relly. En Tierra Santa. La Judea, la 
Samavia y la Galilea, por D. Antonio Bernal de O'Relly, Corres- 
pondiente de la Real Academia de la Historia, Cónsul general 
que fué en Siria y Palestina. San Sebastián, 189G. En 4," 

TOMO XXX. 7 



98 (lOI.KTÍN l)K UA IlKAl, ACAiiKMlA UK LA MISIOlilA. 

Rr. T), liartoloíiK- Ft-rrá y INtcIIi"). Memoria sobro el toma «concepto 
del ceiiiciitcrio catóHcoD con un apéndice sobre los cementerios de 
Palma, por 15. l"'errú. Palma, 1895. 

Sr. I). I*]lías Romera. La Adminiairación local. Reconocidas causas de 
KU lamentable estado y remedios heroicos que precisa, con una 
reseña histórica de las venerandas municipalidades de Castilla, 
por Elias Romera. Almazán, 180fi. Va\ ■{." 

Sr. D. Braulio Vigón. 2'rudiciones populares de Asturias. Juegos y 
rimas infantiles recogidos en los Concejos de Villaviciosa, Colnn- 
ga y Caravia, {lor Braulio Vigóii. Villaviciosa: Im]»r. de «La Opi- 
nión.» 1895. 

8r. Dr. D. Estanislao J. de Labayru y Goicoechea. Vida del limo, y 
Venerable bizcaino, D. Fr. Juan de Zumárraga, natural de Du- 
rango, primer Obispo y Arzobispo de Méjico, por el Presbítero 
Dr. D. Estanislao J. de Labayru y Goicoechea, Correspondiente 
de la Real Academia de la Historia. Segunda edición. Siglo xvi. 
Bilbao, 1896. 2 ejemplares en 4.° 

Sr. D. José Fiter é Inglés. Labor estéril. Discursos pronunciados por 
D. José Fiter é Inglés en la Presidencia de la Academia Cientí- 
fico-Mercantil de Barcelona, durante los cursos de 1889 á 1896. 
Barcelona, 1896. 
Conside7'aciones relativas á los encajes, su carácter artístico y pro- 
ceso histórico, especialmente en España. Barcelona, 1896. 

Sr. D. Francisco de Uhagón. Relación de los festines que se celebraron 
en el Vaticano con motivo de las bodas de Lucrecia Borgia con 
Alonso de Aragón. Madrid, mdcccxcvi. 

Sr. D. Francisco Caballero- Infante. Informe propuesto á la Comisión 
provincial de Monumentos históricos y artísticos acerca del signi- 
ficado de los Blasones de la Banda que aparecen en el Alcázar de 
Sevilla, por los Sres. Vocales de la misma, D. Francisco Caballero- 
Infante y D. José Gestoso y Pérez. Año de 1896. Sevilla. 

Sr. D. Manuel Gómez Imaz. Un héroe gaditano, por Manuel Gómez 
Imaz. 
Inventario de los cuadros sustraídos por el Gobierno intruso en Sevi- 
lla, el año 1810, por D. Manuel Gómez Imaz. Sevilla. Año 
de MDCCCXCVI. En 4.° 

Sr. D. Gabriel Puig y Larraz. Cavernas y simas de España. Descrip- 



ADQUISICIONES DE LA ACADEMIA. 99 

€Í07ies recogidas , coordinadas y anotadas, por D. Gabriel Püig y 
Larraz, Ingeniero de minas, etc. (Del Boletín de la Comisión del 
Mapa geológico.) Madrid. 
Notas hibliográficas (1893-94.) 

Datoü para la Geología de la provincia de Santander. 
La tierra de Maside (provincia de Orense.) 
Actas de la Sociedad Española de Historia Natural. Madrid, 1888. 

Sr. D. Pedro A. Berenguer. Documentos y noticias para la biografía 
del General de Ingenieros D. Sebastián Ferignáu y Cortés, renni- 
dos por Pedro A. Berenguer y Ballester, Capitán de infantería. 
Madrid: Impr. del Memorial de Ingenieros. 1896. 

Sr. Dr. D. Ramón O'Callaghan. Episcopologio de la Santa Iglesia de 
Tortosa, por el Dr. D. Ramón O'Callaghan, Canónigo doctoral 
de dicha Santa Iglesia y Archivero del Excmo. Cabildo. Tor- 
tosa, 1896. 

Sr. D. W. E. Retana. La política en Filipinas. Quincenario defensor 
de los intereses españoles en las colonias de extremo-oriente, 
Segunda época. Año vi, números 140-148, 30 de Junio-31 de 
Octubre; números 150-152, 30 de Noviembre-31 de Diciembre 
de 1896. Madrid, 1896. 

Sr. M. A. Legrelle. L'acceptation du testament de Charles II, Roi 
d'Espagne, par Louis XIV. ( Extrait de l'ouvrage de M. A. 
Legrelle. La diplomatie franpaise et la succession d'Espagne.) 
Gand, 1892. 

Sr. Dr. E. T. Hamy. Les races malai'ques et américaines. Lerdón 
d'ouverture du cours d'Anthropologie du Muséum d'Histeire 
naturelle (19 Mars 1896.) Extrait de TAnthropologie. Tomo vii, 
núm. 2. Paris. 

Sr. Eduardo Spencer Dodgson. Index et catalogus librorum prohibito ■ 
rum, mandato lUustris. ac Reuerediss. D. D. Gasparis a Quiroga, 
Cardenalis Archiepiscopi Toletani, ac in regnis Hispaniarum Gene- 
ralis Inquisitoris, denuo editus. Madriti. Anno mdlxxxiii. En 4.", 
en pergamino. 

Sr. E. S. Dodgson, por conducto del Sr. Marqués de Jerez. Alfred 
an Epick Poem. In Twelve Books. London. Dedicated to the 
illustrious prince Frederick of Hanover. 

M. Ludovic Drapeyron. Les Travattx géographiques de Cassini de 



100 UOMCTIn DR í-A HKAÍ. academia de 1.a HISTOniA. 

Thury, anteur de la preriiiére carte Topographiqne do la France» 
par Ludovic Drapeyron. París, 1895. 

Sr. Dr. Konrad Hübler. Die Geschichte der Fngger'schen Handlung 
in Spanien von Konrail Hübler. Weimar, 1897. En 4.° 

Sr, Wentwortli Wobster. La Gravimaire Basque de Fierre d'Urte. 
Premier et deiixiéme trimestres. 189G. Toulonse, 1896. 

Sr. Albano Bellino. Novas Inscrippóes romanas de Braga (inéditas.) 
Braga: Tip. Lusitana, mdcccxcvi. 

Sr. F. Martins Sarmentó. R. Festus Avienus. Ora Marítima. Estudo 
d'este poema na parte respectiva as costas Occidentaes da Europa, 
por F. Martins Sarmentó. Segunda edijao. Porto, 1896. 

Sr. Oliveira Guimaraes. Documentos inéditos dos seculos xn-xv relati- 
vos ao Mosteiro do Salvador de Sonto. Porto, 1896. 

Sr. D. Bartolomé Mitre. Horacianas ad litteram versa?, por un Arcade 
de Roma. Segunda parte complementaria. Buenos- Aires, 1896. 
En 4." 

Sr. D. José Toribio Medina. Juan Nüñez de Prado y Francisco de 
Villagrán en la ciudad del Barco. Un Docximento interesante para 
la Historia argentina publicado por José Toribio Medina. Santiago 
de Chile, 1896. 
Colección de Documentos inéditos para la Historia de Chile, desde 
el viaje de Magallanes, hasta la batalla de Maipo, 1518-1818, 
colectados y publicados, por J. T. Medina. Tomo viii-x, Valdivia 
y sus compañeros, i-iii. (El tomo x duplicado. j Santiago de 
Chile, 1896. 
Francisco de Aguirre en Tucumán. Un Docximento interesante para 
la Historia argentina publicado por José Toribio Medina. San- 
tiago de Chile, 1896. 



ADQUISICIONES DE LA ACADEMIA. 101 



DEL GOBIERNO DE LA NACIÓN. 

Relación de las obras que, procedentes del Depósito de 
libros de la Dirección general de Agricultura, Industria 
y Comercio, y en cumplimiento de lo dispuesto por 
Real orden de 28 de Febrero de 1896, se destinan á 
la Biblioteca de la Real Academia de la Historia. 

A costa. Historia natural y moral de las Indias, escrita por el Padre 
Joseph de... de la Compañía de Jesús. Publicada en Sevilla 
en 1590, y ahora fielmente reimpresa de la primera edición. To- 
mos I y II. Madrid, 1894. 2 vol. En 8." 

Aguilar. El Consultor del viajero. 3.' ed. Madrid, 1886. 1 volumen. 
En 8.° 

Alcántara García. La educación popular. Madrid, 1881. 1 volumen. 
En 8.° 

Artigas. Alcornocales é industria corchera. Impreso de Real orden. 
Texto, 1 vol. En 8." mea. 27 hojas. Atlas, 27 lám. fol. (con su 
explicación). Madrid, 1895. 

Aramburu, hermanos. La Fotografía al alcance de todos. Ma- 
drid, 1887. 1 vol. En 8.° 

Arce. Memoria correspondiente á los cursos académicos de 1887 
á 1888 y de 1888 á 1889, en el Instituto Agrícola de Alfonso XIÍ. 
Escuela general de Agricultura. Edición oficial. Madrid, 1892. 
1 vol. En 4." 

Ascárate y Fernández. Insectos y Crigtógamas que invaden los cul- 
tivos en España. Madrid, 1893. 1 vol. En 8.° (con grabados). 
Instrucciones para conocer y combatir «La Serpeta.» 1 cuaderno. 
Avance estadístico sobre el cultivo y producción del Olivo en Espa- 
ña, 1888. Madrid, 1891. 1 vol. En 4." may. 
Avance sobre el cultivo cereal y de leguminosas asociadas en Es- 
paña, 1890. Quinquenio de 1886 á 1890, ambos inclusives. 
Tomos I á III. Madrid, 1891. 3 vols. En 4.° may. 

Barrero. Monografía acerca de la Patata ÜEarly Rose. Madrid, 1885. 
1 cuaderno. En 8.° 



102 IlOr.KTÍN DK I-A riKAÍ- ACADKMIA »E I.A HISTOHIA. 

l5oltrán y Rózpidn. África en iSSI. Madrid, 1881. 1 vol. En 8." 

lierústegni. Los alcoholes de remolacha. Indicaciones prácticas acerca 
del planteamiento de esta industria en España. Madrid, 1883. 
1 vol. En 8." 

Blavia Codolosa. Estación Enotécnica de España en Cette (Francia). 
Memoria anual por el Dr. D. Antonio... Marzo de 1886. 1 vol. 
En 8.° 

(jartilla (Nueva) agraria para la enseñanza de la Agricultura en las 
Escuelas de instrucción primaria. Madrid, 1881. 1 vol. En 8.° 

Castellarnau y Lleopart. Memoria acerca del estudio del sistema 
leñoso de las especies forestales, y descripción raicrográfica de las 
maderas del Olmo y Haya. Impreso de Real orden. Madrid, 1894. 
1 vol. En 8." (con láminas). 
Descripción micrográfica del Sistema leñoso de las especies foresta- 
les españolas. Atlas. Primer cuaderno, Ubnus campestris. Smith. 
Fagus sylvaticus, Linneo. Publicado de Real orden. Madrid, 1894. 
4 páginas de texto y 12 láminas foliadas. 

Gascón y Martínez. Estudio sobre la organización del Crédito agrí- 
cola en España. Madrid, 1891. 1 cuaderno. En 8.° 

Catálogo oficial de la Exposición de ganados, sus industrias y mecanis- 
mos correspondientes, celebrada en Madrid en Mayo de 1882. 
Madrid, 1882. 1 vol. En 8.° 

Colón (Los restos de). Informe de la Real Academia de la Historia.., 
Publicado por el Ministerio de Fomento. Madrid, 1879. 1 vaU 
En 8.° (con seis facsímiles.) 

Datos estadísticos correspondientes al año económico de 1890-91 r 
Madrid, 1894. 1 vol. Fol. may. 

Cortés y Morales. Novísima guía del hortelano, jardinero y arbo- 
■ lista... Madrid, 1885. 1 vol. En 8.° (con grabados.) 

Crisis (La) Agrícola y Pecuaria, Actas y dictámenes de la Comisión 
creada... para estudiar la crisis por que atraviesa la Agricultura y 
la Ganadería. Pub. oficial. Tomos i á vii (el i, partes 1.* y 2.^) 
Madrid, 1887 y 1888. 8 vols. En 8.° may. 

Dupuy de Lome. Memoria sobre la intervención del Estado en el 
Reino de Italia en la producción y el comercio del vino. Ma- 
drid, 1888. 1 vol. En 8.° 

Dupuy de Lome (Enrique) y Vera y López (Vicente.) La produc» 



ADQUISICIONES DE LA ACAIiEMIA. 103 

* ción y el comercio de vinos en los Estados-Unidos. Memoria 
redactada por... Madrid, 1895. 1 vol. En 8.° may. 

Dureau. Tratado del cultivo de la Remolacha azucarera. Traducido 
^ por Wladimir Guerrero. 2." ed. Granada, 1892. 1 vol. En 8." 
(con láminas.) 

España en la Exposición colombina. The Graphic Chicago. Chicago, 
Octubre 12 de 1893. Fol. dob. (con grabados.) 1 vol. 

Espejo. Cartilla de Agricultura. Madrid, 1879. 1 cuad. En 8." 

Estudio sobre la Exposición vinícola nacional de 1877. Madrid, 1878. 
1 vol. En 4." marca mayor. 

Exposición Universal de Filadelfia en 1876. Lista preparatoria del 
Catálogo de los expositores de España y sus provincias de Ultra- 
mar. Filadelfia. S. a. 1 vol. En 8.° may. 

Filoxera (Ley de defensa contra la) publicada en 18 de Junio de 1885. 
Madrid, 188r>. 1 cuaderno. En 8." 

Filoxira vastatrix (Disposiciones referentes al servicio de defensa 
contra la). Madrid, 1892. 1 vol. En 8." 

Ganadería (La) en EspaiTa. Avance sobre la riqueza pecuaria en 1891. 
Tomos I á V. Madrid, 1892. 5 vols. En 4.o may. 

García Maceira. Estudio de la invasión del insecto llamado vulgar- 
mente Brugo, en los robledales y encinares de las provincias de 
Salamanca y Zamora. Madrid, 1895. 1 volumen. En 8.° (con 
3 láminas.) 
Estudio de la invasión en los montes de la provincia de Salamanca 
del insecto llamado vulgarmente Lagarta, y medios más adecua- 
dos para evitar sus estragos. Publicación oficial del Ministerio 
de Fomento. Madrid, 1887. 1 vol. En 8.° 

García de los Salmones. La invasión filoxérica en España y las cepas 
americanas. Primer tomo. Barcelona, 1893. 1 vol. En 8.° 

Gascón. Cartilla de Agricultura para la primera enseñanza. 4." edi- 
ción (corregida y aumentada). Ciudad-Real, 1885. 1 vol. En 8.° 

Graells. Prontuario filoxérico. Madrid, 1867. 1 vol. En 8." 

G^l{a (Verdadera) de Madrid necesaria á todas las clases sociales. 
2.° año de su publicación. Madrid, 1887. 1 vol. En 8." 

Ladrón de Cegama. Almanaque del Maestro para 188G y 1887. 
Años 5." y 6." Madrid, 1885 y 1886. 2 vols. En 8." 

Laguna (D. Máximo) y Ávila (D. Pedro de). Eloína forestal española 



104 nOLETÍN DIÍ LA IlEAI. AÍUUKMIA DE LA HISTOIUA. 

que coiupremle la, descripción de los árboles, arbustos y matas que 

se crían silvestres ó asilvestradas en España. Segunda parte. 

Texto, 1 volumen. En 8.°'dob. y Atlas, 40 láminas foliadas may. 

Madrid, 189U. 
Ley de extinción de la langosta de 10 de Enero de 1879 y Reglamento 

para la ejecución de dicha ley. Madrid, 1880. 1 cuad. En 8." 
López Rodríguez. Enfermedades princii)ales de la vid. caracteres 

por que se distinguen y medios para combatirlas. Alicante, 1889. 

1 cuaderno. En 8." men. apais. 
Melgares. Memoria acerca del estado de la industria serícola en 

España. Madrid, 1883. 1 cuaderno. En 8.° may. 
Minas (Colección legislativa de) conteniendo todos las disposiciones 

vigentes que rigen en esta materia. Publicada de Real orden. 

Tomos 1 á III. Madrid, 1889-92. 3 vol. En 8." 
Mínguez (D. A.) y Agnilar (D. R. G. de). Legislación de la Hacienda 

pública de España. Noveno cuaderno. De los destinos reservados 

á los sargentos en activo servicio, licenciados de esta clase y la de 

cabos y soldados. Madrid, 1885. 1 vol. En 8.° 
Muñoz del Castillo. La plaga filoxérica. Conferencias públicas, dadas 

los días 9 y 30 de Octubre y 11 de Diciembre de 1878 en el Ate- 
neo de Logroño. Partes 1.' á 3.* Logroño, 1878. 3 cuadernos. 

En 4.° men. 
Ortiz Cañavate (D. F. y D. M.) Problemas agrícolas. Cereales de 

secano. 1." ed. Madrid, 1895. En 8.° 
Otero (J.) y Rodríguez Ayuso (M.) Granja-Escuela experimental de 

Zaragoza. Memoiña relativa al cultivo de la Remolacha azucarera. 

Zaragoza, 1892. 1 vol. En fol. 
Pequeño. Cartilla vinícola. Madrid, 1889. 1 vol. En 8." 
Piccolo. Guia práctica del maestro bodeguero. Madrid, 1888. 1 vol. 

En 8.° 
Presupuesto para gastos de instalación y anuales de la Granja-Escuela 

experimental de la Coruña. Año 1891. Madrid, 1892. 1 volumen. 

En 4.° 
Recopilación de Estudios é Investigaciones efectuadas por la Comisión 

obrera catalana en la Exposición de Chicago, 1893. 1 volumen. 

En 8." 
Reglamentos para el régimen del Instituto Agrícola de Alfonso XII, 



ADQUÍSIGIONES DE LA ACADEMIA. 105 

aprobados por Reales decretos de 6 de Noviembre de 1881 y 6 de 
Septiembre de 1884. Madrid, 1883-84. 2 cuadernos. En 8.° 
Relación de Montes públicos enajenables. Año de 1893. Madrid, 1893. ' 

1 vol. Fol. apaisado. 
Rivas Moreno. Temas de actualidad. El comercio de vinos con Ingla- 
terra. Los vinos en la Exposición de París. Los vinos de la 
Península y la Exposición de Chicago. El Tratado con Fran- 
cia, etc., etc. Madrid, 1892. 1 vol. En 8.° 
Robles (D. José) y Valledor (D. Rogelio.) Biblioteca de Legislación 
agrícola. Recopilación completa délas disposiciones dictadas desde 
principio del siglo actual referentes al ramo de Agricultura. 
Autorizada por Real orden. Tomo i. Madrid, 1887. 1 volumen. 
En 8." 
Sagnier. En el campo. Lecturas para labradores y escuelas rurales, 
traducida y aumentada por Ignacio Víctor. Barcelona, 1889. 
1 vol. En 8.° (con grab.) 
Salcedo. El Consulto?' estadístico de España. Madrid, 1895. 1 hoja 

foliada dob. may. 
Santos. España en la Exposición Universal celebrada en París en 1878. 

Tomo II. Memoria. Pub. de Real orden. Madrid, 1881. 1 vol. 
Sardina y Flores. Ensayo de economía política exterior. «La Ecuación 

económica.» Madrid, 1895. 1 vol. En 8." 
Sastre. Manual del comerciante. Madrid, 1881. 1 vol. En 8.° 
Serrano Fatigati. El rayo de luz. (Estudios de física.) Madrid, 1881. 

1 vol. En 8.° 
Taucín y Grarcía Alonso. El Comercio y la Industria. 1." edición. 

Madrid, 1856. 1 vol. En 8." 
Urien de Vera (Ecequiel) y Diego-Madrazo y Ruíz-Zorrilla (Carlos). 
Las enfermedades de la vid. 2.* edición. Madrid, 1892. 1 volumen. 
En 4.° (con láms. y grab.) 
Valledor y Ron. Legislación agrícola. Disposiciones vigentes relativas 
á los servicios agrícolas dependientes de los Ministerios de Fo- 
mento y de Ultramar, compiladas y anotadas por D. Rogelio... 
Madrid, 1891. 1 vol. En 8." 
Vargas. Viaje por España. Alicante- Murcia. Madrid, 1895. 1 vol. 

En 8.° 
Vera y López. Cartilla agrícola. Madrid, 1882. 1 vol. En 8.° 



lOC) HOI.KTIN l)K l.\ HKAI, ACÁ DK.M lA \>K I.A H IS'IOÜ 1 a . 

l'tihliis (lo corr('sj)í)ii(l('ncÍ!i ontro, los grados del Hidrómetro Sikes y 
los del AlcohAiiK'tro centesimal <le Gay-Lnssac. (En español y en 
inglés.) Estación Enottícnica de Esjjaña en Londres, 1892. 1 vol. 
En 8." 

Vilmorín. Los trigos para el cultivo. Conferencias... Traducida y am- 
pliada con datos y noticias referentes á nuestro país por José II. 
Gascón, 1894. Madrid, 1895. 1 vol. En 8.° 

Viticultura (La) americana en Francia. Memoria presentada al Exce- 
lentísimo Sr. Ministro de Fomento por la Comisión oficial encar- 
gada de estudiar... redactada por D. Rafael Roig y Torres. Bar- 
celona, 1894. 1 vol. En 4." mayor (con 12 lám.) 

Relación de las obras que, procedentes del Depósito de la 
Dirección general de Obras públicas, y en cumplimiento 
de lo dispuesto por Real orden de 28 de Febrero de 1896, 
se destinan á la Biblioteca de la Real Academia de la 
Historia. 

Ajaros practicados en las cuencas de los ríos Ebro, Duero, Guadiana, 
Guadalquivir y Tajo, durante los aí5os 1880, por las cinco Divisio- 
nes hidrológicas. Madrid, 1881, 1 vol. En 4.° 

Aguilar. — El Consultor del viajero. Resumen de los derechos y obliga- 
ciones de los que viajan por ferrocarril. 2.* edición. Madrid, 1885. 
1 vol. En 8.° 

Anales de Obras públicas. Memorias y documentos referentes á la cien- 
cia del Ingeniero. Tomos v, vi y viii á xii, Madrid, 1876-84. 
7 vols. 8." dob. (con planos). 

Andrés y Fuigdollers. — Puerto de Barcelona. Obras para su ensanche 
y mejora. Dictamen de la Junta Consultiva de Caminos, Canales y 
Puertos. Madrid, 1855. 1 vol. En 4.° 

Carta general de Obras públicas de España. Madrid, 1882. 16 hojas 
folio, marca doble. 

Carreteras. — Disposiciones generales dictadas por el Excmo. Sr. Minis- 
tro de Fomento, D. Segismundo Moret y Prendergast. Madrid, 
1893. 1 vol. En 8.° 

Carreteras. (Situación de las) del Estado que comprende el plan gene- 



ADQUISICIONES DE LA ACADEMIA. 107 

ral en 1.» de Octubre de 1888, en 1.° de Enero de 1894. Madrid, 
1888-1894. 2 vols. En 8.° 

Ciudad-Real (División hidrológica de). Itinerario del río Guadiana y de 
todos sus afluentes. Madrid, 1883. 1 vol. En 4." dob. (con un 
plano). 

Feí^rocarriles. (Guía general de) patrocinada por la Comisión ejecutiva 
de las Compañías y única oficial para las líneas del Norte. Años 
1895 y 1896. (Meses sin correlación.) Madrid, 1895 y 1896. 4 vols. 
En 8.° 

García del Real, Bentabol y Ureta, y Martínez Pardo. Legislación de 
Puertos. Comprende todas las principales disposiciones que se han 
dictado desde 1851 hasta la publicación de la Ley de 7 de Mayo 
de 1880. Madrid, 1880. 1 vol. En 8." 

Instrucción para el abono de indemnizaciones y gratificaciones al perso- 
nal facultativo de Obras piíblicas. Madrid, 1892. 1 cuaderno. 
En 8.° 
de Contabilidad del Material de las Direcciones generales de Instruc- 
ción pública y de Agricultura y Comercio. Ed. oficial. Madrid, 

1892. 1 vol. En 8." 

de Contabilidad del Material de Obras públicas, y disposiciones pos- 
teriores hasta 31 de Diciembre de 1892. Ed. oficial. Madrid, 1893. 
1 vol. En 4.° dob. 

Martínez. Tablas que comprenden el ajuste desde }i de jornal hasta 
31, por los precios respectivos desde un octavo de peseta (medio 
real) hasta 10 pesetas. Ed. oficial. Madrid, 1883. 1 cuaderno. 
En 8° 

Martínez, Arnau y Urbina. Disposiciones sobre Obras públicas dictadas 
en los años 1889, 189] , coleccionadas por... Madrid, Jaén, 1887 á 

1893. 2 vols. En 8.° 

Ministerio de Fomento. Presupuestos de 1886-87, 1887-88, 1888-89, 
1892-93, 1893-94, 1894-95. Balance general de Créditos y Gastos 
y monografías durante los expresados ejercicios en los ramos de 
Instrucción pública. Agricultura, Industria y Comercio y Obras 
públicas. Madrid, 1886 á 1896. 6 vols. En 4." doble cartón. 
(Presupuesto del) para los años económicos de 1889-90, 1890-91, 
1892-93. Madrid, 1885 á 1895. 3 vols. En 4.° may. 

Noroeste de España (Ferrocarriles del). Memoria presentada por el 



108 uoi.iítín i)K r>A hkal academia dv. la HISTOJUa. 

Consejo do Iiicíiutución de los... relativa á la explotación durante 
el ejercicio de 1878. Madrid, 1879. 1 cuaderno. En 4." 
Resumen de las Memorias presentadas por el Consejo de Incautación 
de los... relativas á las obras de nueva construcción. Madrid, 1881. 
1 cuaderno. En 4.° 
Memoria que presenta el Consejo de Administrución do los... relativa 
á las ohras de nueva construcción en fines de Junio de 1879, con 
un apéndice sobre el estado de las mismas en fines de Septiembre 
de 1879. Madrid, 1879. 1 vol. En 8.° 
Memoria que presenta el Consejo de Administración délos... relativa 
á las obras de construcción durante el primer semestre de 1879 á 
1880 y primera mitad del segundo semestre de dicho año econó- 
mico. Madrid, 1881. 1 vol. En 4.° 
Obras públicas {Memoria sobre las) Desde 1.° de Enero de 1873 á31 de 
Diciembre de 1881, comprendiendo lo relativo á Puertos, Faros, 
Boyas, Valizas, Ríos, Canales y aprovenchamiento de agua?. 
Madrid, 1883. 1 vol. En 4.° dob. cartón. 
(Memorias sobre las). Desde 1.° Enero de 1883 á 31 de Diciembre 
de 1884 y desde' 1." de Enero de 1888 á 31 de Diciembre de 1890. 
Parte primera. Asuntos generales. Personal y asuntos varias. Parte 
segunda. Puertos, Faros, Boyas, Valizas, Ríos, Canales y apro- 
vechamiento de aguas. Madrid, 1886 y 1887, 1890 y 1892. 5 vols. 
En 4.° dob. cartón. 
Memorias sobre el estado de las Carreteras en los años de 1883, 

1885, 1889. Madrid, 1885. 3 vols. En 4.° dob. cartón. 
(Memorias sobre las). En lo relativo á Ferrocarriles en los años 1890. 
Madrid. 1892. 1 vol. 4.° dob. cartón. 
Pardo. Carreteras. Texto y Atlas. Madrid, 1892. 2 vols. En 8.° y 4.° 
Portazgos (Modelos de casas). S. 1. n. a. Fol. 1 vol. (con láminas). 
Proyecto de Ley de Obras públicas. Madrid, 1883. 1 cuaderno. En folio. 
Reglamento de las Escuelas prácticas de Faros, aprobado por Real 

orden de 8 de Julio de 1856. Madrid, 1856. 1 vol. En 4.° tela. 
Rodríguez de Cancio. Guía legislativa de conservación y policía de las 
carreteras. 2.^ edición completa. Madrid, 1865. 1 vol. En 8." dob. 
Tajeas y alcantarillas (Modelos de) para las carreteras, formados por 
la Comisión de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos, nom- 
brada por Real orden de 30 de Agosto de 1858, y aprobados por 



ADQUISICIONES DE LA ACADEMIA. 1 0Í> 

Real orden de 30 de Junio de 1859. Primera parte. S. 1. n. a. 
1 vol. En folio (con láminas). 

Relación de las obras correspondientes al primer semestre 
del año de 1896 que, del Depósito de libros de la 
Dirección general de Instrucción Pública, se entregan 
á la Biblioteca y Archivo de la Real Academia de la 
Historia. 

Arteaga (Alfonso). Memorándum de Cirugía de urgencia. Gracia, 1896. 
1 vol. En 8.° 

Balsa de la Vega (R.) Los Bucólicos. (La pintura de costumbres rur;:- 
les en España.) Barcelona, 1892. 1 vol. En 8.° 

Biblioteca del re Resumen de Arquitectura. )> La Basílica de los Santos 
mártires Vicente, Sabina y Cristeta en Avila. Monografía, por 
D. Enrique Repullés y Vargas. Madrid, 1894. 1 vol. En 4.° con 
láminas. 

Biografía y obras arquitectónicas de Emilio Rodríguez Ayuso. Ma- 
drid, 1892. 1 vol. En 4." con ret. y lám. 

Caneda (Eduardo A. de). Balada para canto y piano. Letrada Alberto 
García Ferreiro. Bilbao. S. a. 1 vol. En fol. 

Carracido (José R.) Jovellanos. Ensayo dramático histórico. Ma- 
drid, 1893. 1 vol. En 8.° con lám. 

Carrillo de Albornoz (Maximino.) Romancero del ingenioso hidalgo don 
Quijote de la Mancha. Tomo i y ii. 2." ed. Madrid, 1890. 2 vols. 
En 8.° 

Clairac (Pelayo.) Diccionario general de Arquitectura é Ingeniería. 
Cuaderno 23. (Tomo v. Entregas 111 á 115.) Madrid, 1895. 
1 cuaderno. En 4." á 2 columnas con lám. 

Colección de documentos inéditos para la Historia de España, por el 
Marqués de la Fuensanta del Valle. Tomo cxi. Madrid, 1895. 
1 vol. En 8." may. 

Cosa (Juan de la). Carta Mapa-mundi de... y Ensayo biográfico del 
célebre navegante y consumado Cosmógrafo... y descripción é 
historia de su famosa Carta geográfica. Impresa en español, fran- 
cés é inglés, por D. Antonio Vascano y Santiago Taynor. Ma- 
drid, 1892. En 8.° Una hoja y un vol. 



110 IIOI.KTÍN I)K i, a KKAL ACAUKMIA l>Ii LA HISTOIIIA. 

Ciiivon (Mine. AiigiiHtuH). Kl V^tdhriant. Novela, trad. por D. Luík 
MoroiK) Villarraiicíi. Madrid, IH'JI. 1 voi. En 8." 

DiertdvK (Fraiuisro S. .1.) El homhre mono y los precursores de Adán 
ante la Ciencia y U Teología. VerHÍón castellana de Antonio Ibor 
Guardia. 2." edición. Madrid, 189G. 1 vol. En 8," mayor. 

Gimeno.de Flaquer (Concepción). Mujeres. Vidas paralelas. 4.* edición. 
Madrid. S. a. 1 vol. En 8." con ret. 

Oiner de los Ríos. Manual de Estética y Teoría del Arte é Historia 
abreviada de las Artes principales, y Programa de la misma asig- 
natura. Madrid, 1894. 2 vols. En 8.° 

Oómez (J. G.) y Sendras y Burín (A.) La isla de Puerto-Rico. 1.* parte. 
Bosquejo histórico (desde la Conquista hasta principios de 1891.) 
Madrid, 1891. 1 vol. En 8." 

Heredia y Larrea (Pnhlio). El testamento Jonográfico. Madrid, 1895. 
1 vol. En 8." 

Hinojosa (Ricardo de). Los despachos de la Diplomacia Pontilicia en 
España. Memoria de una misión oficial en el Archivo secreto de 
la Santa Sede. Publicada de Real orden. Tomo i. Madrid, 1896. 
1 vol. En 4.» 

Pérez Martín (Félix). Curso de literatura latina. 2.' ed. correg. por 
D. Juan Ortega y Rubio. Valladolid, 1882. 1 vol. En 4." 

Ros de Olano (Antonio.) Episodios militares. 2.* ed. Madrid, 1884. 
1 vol. En 8." 

Rueda (Salvador.) Fornos. Poema en seis cantos. Madrid, 1896. 1 vol. 
En 8.° 

Soriano (Rodrigo.) Moros y cristianos. Notas de viaje, 1893-94. 
2." ed. Madrid, 1895. 1 vol. En 8.° 

Vergara y Martín (Gabriel María.) El Licenciado D. Diego de Col- 
menares y su historia de Segovia. Madrid, 1895. 1 voi. En 8." 

Velarde (J.) Obras ¡poéticas. Tomo i. Poesías y leyendas. Tomo ii. 
Poemas. Madrid, 1886. 2 vols. En 8." 

Ampliación. 

Alcántara y Pérez y Morales y Serrano. Tratado de las competencias 
y de la autorización para procesar á los empleados. Tomos i y ii. 
Madrid, 1866. 2 vols. En 8.° 



ADQUISICIONES DE LA ACADEMIA. llt 

Anuarios estadísticos de Instrucción pública, correspondientes á 1889, 

1890 y 1891, publicados por la Inspección general de enseñanza. 

Madrid, 1890-92. 3 vols. En 8.» 

Anuarios legislativos de Instrucción pública, correspondientes á 

1889-1893, publicados por la Inspección general de enseñanza. 

Madrid, 1890-94. 5 vols. En 8." 

Botella. El Socialismo y los anarquistas. Madrid, 1895. 1 vol. En 8." 

Calvo Caaiina. La Instancia única en lo civil y la organización de los 

Tribunales. Pontevedra, 1894. 1 vol. En 4.° 
Colección de Decretos referentes á Instrucción pública. Tomos i, ii y iii. 

Madrid, 1891-95. 3 vols. En 8.° 
Colección de Leyes referentes á Instrucción pública. Madrid, 189u. 

1 vol. En 8.° may. 
Exposición histórico-americana. Plano de la... Escala de 1.500. Ma- 
drid, 1892. 1 vol. Una hoja... 
Catálogo general de la... Tomos i y iii. Madrid, 1893. 2 volúmenes. 

En 8.° 
Catálogos especiales de España. Época Pre-Colombina-Post-Colom- 
bina. Documentos históricos de Indias. Sección Geológico-minera. 
Cuba, Habana, Islas Filipinas. Madrid, 1892. 6 vols. En 8." 
Catálogos especiales de Alemania, Dinamarca, Portugal y Suecia y 

Noruega. Madrid, 1892. 4 vols. En 8.° 
Catálogos especiales de las Repúblicas Argentina, Bolivia, Colom- 
bia, Costa-Rica, Dominicana, Ecuador, Estados- Unidos (cuatro 
catálogos), Guatemala, Nicaragua, Perú y Uruguay. Madrid, 1892. 
13 vols. En 8.0 
Exposition Historique de Madrid. Catalogue des Monuments intere- 

sant l'histoire de la Tunisié-Tunis, 1892. 1 vol. En 8." 
Exposición Histórico-Europea (Bosquejo de la) en el día de su aper- 
tura. Madrid, 1892. 1 vol. En 8." 
Catálogo general con su apéndice. Madrid, 1893. 2 vols. En 8." 
Geografía y descripción universal de las Indias, recopilada por el Cos- 
mógrafo-cronista Juan López de Velasco, desde el año 1571 á 1574, 
publicada por D. Justo Zaragoza. Madrid, 1894. 1 vohimen. 
En 8.° may. con un mapa. 
Gómez Pizarro. El Ausenteismo en España. Memoria. Madrid, 1886. 
1 vol. En 4.° 



112 iioijri'i.N i)K LA hi;ai, acadkmia di-: la mi^toiua. 

MoriPílcro (Jrdúñoz, KpisodioH iiiilitarcs drl KjtTcito do África. 2.° edi- 
ción. linrgOR, 1893. 1 vol. I<]ii 8." con ri'tr. 

Pérez Pastor. La imprenta en Medina del Campo. Madrid, 1895. 1 vol. 
En 8." dob. 

Rocamora. Catálof/n altrcviado do los iriaiiiiscritos do la Biblioteca dol 
Excmo. Sr. l)iu|ne de Osuna ó Infantado. Madrid, 1882. 1 vol. 
En 4." 

Rodríguez do Horlangn. El nuevo bronce de Itálica. Publicado de Real 
orden. Málaga. 1891. 1 vol. En 4." con lám. 

Sánchez Juárez. Grandezas del catolicismo y glorias española?. Ma- 
drid, 1892. 1 vol. En 8.° may. 
Reparaciones históricas. Estudios peninsulares. 1.* serie. Ma- 
drid, 1894. 1 vol. En 8.° 

Sánchez Moguel. España y América. Madrid, 1895. 1 vol. En 8.° 

Valcárcol y Vargas. La piihnonia y su tratamiento. Pontevedra, 1894, 

1 vol. En 4." 

Ministerio de la Gobernación. Censo de las aguas minero-medicinales 
de la Península é Islas adyacentes. Año de 1895. Madrid, 1896. 

2 ejemplares. 

Ministerio de Gracia y Justicia. Estadística de la Administración de 
Justicia en lo criminal durante el año 1894 en la Península é Islas 
adyacentes publicada por el Ministerio de Gracia y Justicia. Ma- 
drid, 1896. 

Estadística de la Administración de Justicia en lo civil durante el 
año 1894 en la Península é Islas adyacentes. Madrid, 1896. 

Discurso leído por el Excmo . señor D. Santos de Isasa y Valseca, 
Presidente del Tribunal Supremo en la solemne apertura de los 
Tribunales celebrada en 15 de Septiembre de 1896. Madrid, 1896. 
2 ejemplares. 
Consejo de Aduanas y Aranceles. Informe emitido por la sección pri- 
mera de dicho Consejo acerca del comercio español con la Gran 
Bretaña en 1894 y con la República Argentina en 1895. Ma- 
drid, 1896. 

Informe emitido por la sección 1.* de dicho Consejo acerca del Co- 
mercio español con Italia, Bélgica y Suecia en 1894. Madrid, 1896. 
Director general de Aduanas. Informe acerca de la producción, comer- 
cio y consumo del trigo en España. Madrid, 1896. 



ADQUISICIONES DE LA ACADEMIA. 113 

Dirección general de Aduanas. Estadística general del comercio de 
cabotaje entre los Puertos do la Península é Islas Baleares en 
1894 formada por la Dirección general de Aduanas. Madrid, 1896. 
En 4." mayor. 

Resúmenes mensuales de la Estadística del comercio exterior de Es- 
paña publicados por la Dirección general de Aduanas. Núm. 78, 
Mayo de 1894, 95 y 96, con cuadernos suplementarios. Madrid, 
1896; números 81-84 Agosto Septiembre de 1894, 95 y 96 con 
suplemento. 

Provincia de Guipúzcoa. Memoria de Valoraciones para el año de 
1893, redactada por Don Lorenzo Roca, vista de la Aduana de 
Irún. Madrid, 1896. 



DE GOBIERNOS EXTRANJEROS, 

República del Uruguay. Comercio exterior y movimiento de navega- 
ción de la República Oriental del Uruguay y varios otros datos 
correspondientes al año 1895, comparado con 1894. Montevideo, 
1896. 
Apoteosis al gran ciudadano D. Joaquín Suárez el 18 de Julio de 
1896. Presidente de la República Sr. D. Juan Idiarte Borda. Las 
fiestas oficiales y populares. Montevideo, 1896. 



DE ACADEMIAS Y CORPORACIONES NACIONALES Y EXTRANJERAS. 

Real Academia de Medicina. Anales de la Real Academia de Medicina. 

Tomo XVI, cuadernos 2." duplicado y 4.°, 30 de Junio de 1896 y 

30 de Diciembre de 1896. Madrid. 
Discursos leídos en la Real Academia de Medicina para la recepción 

pública del académico electo, Dr. D. Mariano Salazar y Alegret el 

día 28 de Junio de 1896. Madrid. 4 ejemplares en 4." 
Comisión del Mapa Geológico de España. Boletín de la Comisión del 

Mapa Geológico de España. Tomo xxi. Tomo i. Segunda serie. 

(1894.) Madrid, 1896. En 4.° mayor. 
Ateneo Científico y Literario de Madrid. Discurso pronunciado por el 

TOMO XXX. 8 



114 homítín dk la hiíal academia dk la HISTOIUA. 

Excnio. Sr. D. Sogismuriflo Morct el (lia 22 de Octubre de 1S9G 
en diclio Ateneo con motivo de la apertura de las cátedras de estu- 
dios superiores inauguradíis en el presente curso, y Memoria leída 
por el Secretario } ." I). Jokó Victoriano de la Cuesta. Madrid, 
1H96. 

Observatorio Astronómico. Resumen de las observaciones meteorológi- 
cas efectuadas en la Península y algunas de sus islas adyacentes 
durante los años 1893 y 189-1, y 
Ohsei-vaciones meteorológicas efectuadas en el Observatorio de 
Madrid durante los años 1894 y 1895. Madrid, 1896. 

Diputación provincial de Palma. Privilegios y Franquicias de Mallorca. 
Segundo cuaderno. Palma de Mallorca. Escuela tipográfica pro- 
vincial, 1896. En 4." 

Escuda de Artes y Oficios de San Sebastián. Memoria leída en la 
solemne apertura del curso académico de 1896 á 97, por D. José 
de la Peña, profesor y Secretario de dicha escuela. San Sebastián, 
1896. 

Asociación de Arquitectos de Cataluña. Monasterio de Santas Creus 
(Tarragona). Memoria descriptiva por D. Juan Bautista Pons 
Travajo, leída en la excursión verificada á dicho Monasterio por la 
Asociación en 29 de Mayo de 1892. Barcelona, 1896. 

Universidad Central. Discurso leído en la Universidad Central en la 
solemne inauguración del curso académico de 1896 á 97 por el 
Dr. D. Francisco Javier González de Castejón y Elio, Marqués 
del VadiUo. Madrid, 1896. 

Universidad literaria de Granada. Dzsciwso leído en la solemne apertura 
del curso académico de 1896 á 1897 en la Universidad de Granada, 
por el Dr. D. Arturo Perales Gutiérrez, catedrático numerario de 
la Facultad de Medicina. Granada, 1896. 
Memoria aeerca del estado de la Universidad de Granada en los cur- 
sos académicos de 1887 á 88, 88 á 89, y 89 á 90, y datos corres- 
pondientes á dichos cursos. Granada, 1894. En 4.° 

Universidad literaria de Oviedo. Discurso leído en la solemne apertura 
del curso académico de 1896-97, por el Dr. D. x\rmando González 
Rúa, catedrático numerario de Historia crítica de España. Oviedo, 
1896. 2 ejemplares. 

Universidad literaria de Salamanca. Discurso leído en dicha üniversi- 



ADQUISICIONES DE LA ACADEMIA. 115 

dad para la solemne apertura del curso académico de 1896 á 97, 
por el Dr. D. Luís Rodríguez Miguel, catedrático numerario. 
Memoria de la Universidad de Salamanca correspondiente al curso 
de 1894 á 95. Anuario para el de 1896-97. Salamanca, 1895. 
En 4." 

Universidad de Valencia. Discurso leído en la solemne apertura del 
curso académico de 1896 á 97 en dicha Universidad, por el doctor 
D. Francisco Orts y Orts. Valencia, 1896. 

Universidad literaria de Valladolid. Memoria y Datos estadísticos de 
la enseñanza en el curso de 1894 á 1895, correspondientes á todos 
los establecimientos públicos del distrito. Valladolid, 1896. 
Discurso inaugural leído en dicha Universidad en la solemne aper- 
tura del curso académico de 1896 á 1897, por el Dr. D. Joaquín 
Fernández Rida, catedrático de derecho internacional. Valladolid, 
1896. 

Universidad literaria de Sevilla. Discurso leído en dicha Universidad 
en la solemne inauguración del curso académico de 1896 á 1897, 
por D. Ramón de Manjarrés y Bofarul, catedrático de ampliación 
de física experimental. Sevilla, 1896. 

Instituto de Zaragoza. Memoria del Instituto de Zaragoza en el curso 
de 1894 á 1895. Zaragoza, 1896. 

Real Academia de Ciencias de Berlín. Sitzung sherichte der Kóniglich 
Preussischen Akademie der Wissenschaften zu Berlín, i-vii, 9 
Januar-27 Februar; xii-xix, 26 Marz-30 April; xxiv-xxxviii, 7 
Mai-30 JuU de 1895. Berlín: 1896. 

Real Academia de Ciencias de Dublin. The Transactioyis of the Royal 
Irish Academy. Volume xxx. Parts xviii-xx March- April. 1896, 
Dublin, 1896. 

Sociedad de Archivos Históricos de la Gironde. Autographes deperson- 
nages ayant marqué dans Vllistoire de Bordeaux et de Guyenne, 
ouvrage publié sur les auspices de la ville de Bourdeaux. To- 
me xxx. Bordeaux. 1895. En 4.° mayor. 

DE ESCRITORES NACIONALES Y EXTRANJEROS. 

Sr. D. Carlos Puente. Biblioteca Vox Populi. Refranero Meteorológico i. 
Climatología. Madrid, 1896. 



116 nOl.KTÍN Díí I.A IIKAI- ACADICMIA DE LA HISTOIUA. 

8r. I). Casimiro íjloiizálcz Oarcíii. Datan para la Historia hiográfica de 
la M. L. M. N, II. y Excina. Ciudad ile Valladolid, por (d abo- 
gado lid ilustre Colegio de la rnisuia, D. Casimiro González Gar- 
cía. Valla.lolid. Tomos 1.° y 2." Valladolid, 1894. En 4." 

D. Segundo liadillo Rodrigo. Asociación de Señoras de Santa Bárbara 
de los Artilleros. Sermón predicado el día 5 de Enero de 1896 en 
la Iglesia parroquial de San Martín de Segovia, por D. Segando 
Badillo Rodrigo, Penitenciario de la S. I. C. al celebrarse la fun- 
ción inaugural. Madrid. 1896. 

Sr. I). Guillermo Bernard. Recuerdos de España. Obras selectas escri- 
tas en castollíino. Cliáteau de Mohondon, 16 de Enero de 1896. 
(Sarthe). 

Sr. D. Mariano Alonso S. Valverde. Provincia de Granada. Memoria de 
valoraciones para el año de 1891, redactada por D. Mariano Alonso 
S. Valverde, interventor vista de la Aduana de Motril. Madrid, 
1896. 

Sr. D. Gaspar Gordillo Lozano. La Medicina Secular. Año i. N.°^ 2 
y 3, Noviembre y Diciembre de 1896. (el núm. ? dupl). Madrid. 

Sr. D. Ignacio Simón y Ponti. La Seo de Lérida. Discurso pronun- 
ciado por D. Ignacio Simón y Ponti, abogado-académico corres- 
pondiente de la de Bellas Artes de San Fernando en la solemne 
clausura de la Exposición artística delebrada por el Círculo de 
Lérida eu Mayo de 1896. Lérida, 1896. En 4." 

Sr. D. Leopoldo Barrios. El General Calleja. Biografía. Primera edi- 
ción. Madrid. Est. tip. de «El Correo Militar», 1896. 

Sr. D. Manuel de Tolosa Latour. El Padre José, 1836-1896. Recuerdos 
de la vida y obras de un fraile franciscano. Madrid, 1896. En 4.° 

Rvdo. P. Fr. Mariano Fernández García. Vida del B. Teófilo de Corte, 
de la Orden de San Francisco, por el Rvdo. P. Fr. Mariano Fernán- 
dez García, religioso de la misma Orden de la provincia Seráfica 
de Santiago. Madrid, 1896. En 8." 

Sr. D. Miguel Mancheño y Olivares. Apuntes para una historia de 
Arcos de la Frontera, 1896. En 4." 

Sr. D, Narciso Díaz de Escovar. El teatro en Málaga. Apuntes histó- 
ricos de los siglos xvT, xvii y xviii, por Narciso Díaz de Escovar, 
cronista de la provincia. Málaga, mdcccxcvi. En 4." 
Efímeras. Poesías. Percheleras trinitarias (colección de cantares). 



ADQUISICIONES DE LA ACADEMIA. 



117 



La Reconquista de Málaga. Drama histórico. Efemérides de 
Málaga y su provincia coleccionadas, por Narciso Díaz de 
Escovar. 

Sr. D. Francisco Rodríguez Marín. Los refranes del almanaque, reco- 
gidos, explicados y concordados con los de varios países románicos, 
por Francisco Rodríguez Marín. 
Madrigales de idem. id. de la Academia Sevillana de Buenas Letras, 

Sevilla, 1896. 
Una poesía de Pedro Espinosa. Ahora nuevamente sacada á luz con 
introducción y notas, por Francisco Rodríguez Marín, de la Real 
Academia Sevillana de Buenas Letras. Sevilla, 1896. 

Fray Josef Teixidor. Monumentos Históricos de Valencia y Reino, 
publicados por la sociedad «El Archivo Valentino». Antigüedades 
de Valencia, por Fray José Teixidor. Tomo ii. Valencia, mdcccxovi. 
En 4.° 

Sr. D. Román Bereciartu. Descripeión de los pueblos y barrios de Gui- 
púzcoa, por D. Román Bereciartu y Tellería, Maestro superior, 
Vergara, 1895. Dos ejemplares. 

Sr. D. Eduardo Capelle, S. J. Notes sur quelques découvertes pré- 
historiques autour de Segobriga dans l'Espagne Céntrale, par 
Edouard Capelle, S. J. Madrid: Est. tip. de Fortanet. 1895. 

Sr. Principe Doria Pamphili. Lettere di D. Giovanni d' Austria a don 
Giovanni Andrea Doria i, pubblicate, per cura del Principe don 
Alfonso Doria Pamphili. Roma, 1896. 

Sr. Geoffroy de Grandmaison. Napoleón et ses Récents Historien s. 
Paris. Librairie académique Perrin et C'% 1896. 

Sr. Xavier de Cardillac. Fromenades artistiques. Fontarabie, par 
Xavier de Cardillac, inspecteur de la Société franyaise d'archéolo- 
gie, avec une lettre préface de Pierre Loti de l'Académie Fran- 
9aise. Paris, 1896. Dos volúmenes. 

D. Leopoldo Delisle. Testaments d' Arnaud de Villeneuve et de Raimond 
Lulle, 20 juillet 1305, et 26 avril 1313. 3 cuadernos. 

Sr. D. Carlos Bovallius. Resa I Central. Amerika. 1881-1883 af Cari 
Bovallius. Forra Delen Med 75 illustrationer och 2 kartos. Upsala, 
1887. 
Langskibet fra Gokstad ved Sandefjord Beskrevet af N. Nuolaysen. 
Kristiania, 1882. 



118 flOLKTÍN Díí I-A HEAI. ACADEMIA DK LA HISTOhlA. 

Sr. Clemente R. Markham. A histonj of Peni by Clements R. Markham. 

Chif-afío. Charles H, Spergol aiid Company, mdcccxcii. En 4." 
Sr. Dr. JuliuH Maycr. Die Franzihisch Spatiisclio Allicnz in den 

Jahren 1790-1807, von Dr. Julias Mayer, II. TIk-íI 1806-1807. 

Linz a D., 1800. 
Sr. Dr. W. Caland. Die Altindischen Todten uml Bestattungsge- 

braiu-lie Mit Benütznng Hanscliriftlicher quellen Dargestellt von 

Dr. W. Caland. Dcel i. N." 0. Anisterdam, Johannes Müller. 1896. 
Ziir Lexicoloíjie der altwestfriesischen von W. L. van Helten 

Adeelingletterknnde. Deel i. N.° 5. Amsterdam, 1896. 
Sr. Ulrico HoepH. Catalogo cronológico, alfabético, critico, sistemático, 

e per soggetti delle edizioni Hoepli 1872-1896, con introduzione 

di Gaetano Negri. Ulrico Hoepli editore-libraio della Real casa. 

Milano. 4 Luglio, 1896. 
La Divina Comedia di Dante Alghieri illustrada Nei Luoghi e Xelle 

persone a cura di Corrado Ricci con 30 tavole e 400 illustrazioni. 

Fascicolo di saggio. 
/ Pi'omessi Sposi. Storia Milanese del secólo xvii scoperta e rifat- 

ta da Alessandro Manzoni. Storia della Colonna infame. Mila- 
no, 1897. 
Sr. A. Penchert. XXV Jahreí^hericht des Vereids für Erdkunde zn 

Dresden. Dresden, 1896. En 4.° 
Sr. Giuseppe Canónico Cascioli. Memorie Storicbe di Poli, con molte 

notizie inedite della celebre famiglia. Roma, 1896. 
Sr. Almada Negreiros. Historia Ethnograpbica da Ilha de S. Thomé 

Lisboa: antiga casa Bertrand. José Bastos, 1895. 
Sr. D. x\ntoni Francisco Babata. A Batalha de Toro, por Antonio 

Francisco Babata (ocios de algumas corporagoes litterarias). Evora 

1896. 
Sr. Antonio Padula, Camoens i nuovi poeti portoghesi. Napoli, 1896. 

En 4." 
Sr. Henrique de Gama Barros. Historia da Administracao publica em 

Portugal nos seculos xii a xv, por Henrique da Gama Barros. 

Tomo II. Lisboa, 1896. 
Sr. D. José de Saldanha Oliveira e Souza. ConsideracQes submetidas ao 

centro catbolico do Porto. Lisboa: Typographia da Academia Real 

das Sciencias, 1896. Dos ejemplares. 



ADQUISICIONES DE LA ACADEMIA. 119 

P. Fr. Cipriano Marsilla. Belarmino. Doctrina Cristiana. Tercera edi- 
ción Malabún, 1895. 
Gramática Iloca compuesta por el P. Predicador Fr. Francisco 
López, corregida y aumentada por el P. Carro. Malabón, 1895. 

Sr. Dr. D. José M. Eamos Mejía. Anales del Departamento Nacional 
de Higiene. Publicación semanal. Año vi. N°^ 30-32. 8-16-24 de 
Agosto de 1896. Buenos- xVires, 1896. 

Sr. D. José J. Biedma. Apoteosis de Pringles, 1795-1895, precedida de 
una carta-prólogo del Dr. Ángel Justiniano Carranza. Tomo i. 
Buenos-Aires, mdcccxcvi. 
La Cruz de Salta. Noticias aclaratorias de su origen, por José Juan 
Biedma. Buenos- Aires, 1895. Cuatro ejemplares. 

Sr. D. José Gabriel García. Compendio de la Historia de Santo Domin- 
go, por José Gabriel García. Tomos i-ii. Tercera edición, aumen- 
tada y corregida. 
Coincidencias históricas escritas conforme á las tradiciones populares. 
Nuevas coincidencias históricas escritas conforme á las tradiciones 
populares, por José Gabriel García. Santo Domingo, 1892-94-96. 
En 4.° 

Sr. D. P. Rodríguez Marquina. República Argentina. Sinopsis esta- 
dística de la provincia de Tucumán, por P. Rodríguez Marquina, 
Director de la oficina de estadística, Agosto de 1896. Tucumán. 
Buenos- Aires, 1896. 

Sr. D. Ignacio Romana. El patriotismo y el billete de Banco, por don 
Ignacio Romana (folleto de actualidad), Habana: Impr. del Avi- 
sador Comercial, de Pulido y Díaz, 1896. 

Sr. D, Enrique de Olavarría y Ferrari. Crónica del undécimo Congreso 
internacional de Americanistas. Primero reunido en México en 
Octubre de 1895, escrita por Enrique de Olavarría y Ferrari. 
México, 1896. 

Sr. D. José María de Agreda. Carta acerca del origen de la imagen de 
Nuestra Señora de Guadalupe de México, escrita por D. Joaquín 
García Icazbalceta al limo. Sr. Arzobispo D. Pelagio Antonio de 
Labastida y Dávalos. México, 1896. 

Sr. D. Manuel Landacta Rosales. Documentos relativos á la vida pública 
del General Joaquín Crespo. Tomo ii. Caracas. 
Tres proceres de la Independencia. General Mariano Montilla, Pres- 



120 uoij^rriN ni'; i-a iiicai. acaijkmia de la histohia. 

bítcro t)os(' Félix BlaiK-o, iJr. l'\'rii¡in(Jo de Pcñalvcr. Publicaci(')ii 

liotliíi por líi .Iiiiitii Directivii da la Apoteosis de Miranda. 
El arco de la Federación. 
El Panteón Nacional. Caracas, 189G. 
Sr. D. Santiago Ramírez. Datos para la historia del Colegio de Minería 

recogidos y compilados bajo la forma de efemérides, por su antiguo 

alumno el Ingeniero de Minas Santiago Ramírez. Edición de la 

Sociedad (í Álzate». México, 1894. En 4." 
Sr. D. J. M. Villasclaras Rojas. Reseña Histórica del Santuario de 

Nuestra Señora de los Remedios patrona excelsa de la ciudad de 

Vélez-Málaga. Vélez- Málaga, 1896. 



RECIBIDOS A CAMBIO, DE LAS REDACCIONES Y POR EL CORREO. 

Boletín de la Real Academia de San Fernando. Año xvi, números 
156-159, Junio-Noviembre de 1896. 

Boletín de la Sociedad Geográfica de Madrid. Tomo xxxviii, números 
1-3, Enero-Marzo de 1896. Madrid. 

Boletín de Archivos, Bibliotecas y Museos. Año i, números 4-6, Julio- 
Septiembre; números 8 y 9, Noviembre y 15 de Diciembre 
de 1896. Madrid. 

Boletín de la Institución libre de Enseñanza. Año xx, números 435-438, 
Junio-Septiembre; núm. 440, Noviembre de 1896. Madrid. 

Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. Año iv, núm. 41, 
Julio; números 44-46, Octubre- Diciembre de 1896. Madrid. 

Memorial de Ingenieros del Ejército. Año li, 4." época, tomo xiii, 
números 6-12, Junio-Diciembre de 1896. Madrid. 
índice analítico de las Memorias, artículos y noticias que constitu- 
yen la Colección del Memorial de Ingenieros del Ejército, desde 
el año de 1846 al 1895. Madrid, 1896. 

Memorial de Artillería. Año lii, serie iv, tomo v, entrega 6.', Junio; 
tomo VI, entregas l.*-6.', Julio- Diciembre de 1896. Madrid. 

Revista de Obras Públicas. Boletín. Año xliii, serie 6.', primer semes- 
tre de 1896, tomo ii, números 1-27, Julio-Diciembre de 1896. 
Boletín, segundo semestre de 1896, tomo ii. índice. 

La Ciudad de Dios. Revista religiosa, científica y literaria. 3.^ época. 



ADQUISICIONES DE LA ACADEMIA. 121 

Año XVI, volumen xl, números 5-8, 5 y 20 de Julio y 5 y 20 de 
Agosto; volumen xli, números 1-8, 5 y 20 de Septiembre, 5 y 

20 de Octubre, 5 y 20 de Noviembre y 5 y 20 de Diciembre 
de 1896. Madrid. 

pAishal-Erria. Kevista bascongada. Año xvii , tomo xxxv, números 
575-593, 30 de Junio, 10, 20 y 30 de Julio, 10, 20 y 30 de Agosto, 
10, 20 y 30 de Septiembre, 10, 20 y 30 de Octubre, 10, 20 y 30 de 
Noviembre y 10, 20 y 30 de Diciembre de 1896. San Sebastián. 

Revista de Geografía Comercial. Año xii, números 153-157, tomo v, 
números 29-33, Mayo y Junio de 1896. Madrid. 

Sociedad Española de Salvamento de Náufragos. Boletín. Números 
cxxxiv-cxxxviii, Agosto-Diciembre de 1896. Madrid. 

Revista general de Marina. Tomo xxxix, cuadernos 1-5, Julio-Noviem- 
bre de 1896. Madrid. 

Revista de la Unión Ibero-Americana. Año xl, números 130-135, 
Julio-Diciembre de 1896. (El núm. 131 duplicado.) Madrid. 

Historia y Arte. Revista mensual ilustrada. Año ii, números 16-18, 
Junio- Agosto de 1896. Madrid. 

Revista crítica de Historia y literatura españolas, portuguesas é his- 
pano-americanas. Año i, números 7-11, Junio-Octubre de 1896. 
Madrid. 

El Eco Franciscano. Año xiii, números 146-151, Julio-Diciembre 
de 1896. Santiago. 

Archivo Católico. Revista histórica, científica y literaria. Volumen i, 
números 7-10 duplicados, 11 triplicado y 12 duplicado, Julio- 
Diciembre de 1896. Barcelona. 

Revista de la Asociación artístico-arqueológica barcelonesa. Año i, 
núm. I, Octubre-Diciembre de 1896. Barcelona. 

Bulleti del Centre Excursionista de Catalunya. Any vi, números 20, 

21 y 22 duplicado, Janer-Setembre de 1896. Barcelona. Paradis 
10 segon. 

Boletín de la Comisión de Monumentos Históricos y artísticos de 
Navarra. Año i, núm. 11, Noviembre de 1895. Pamplona. 

Boletín de la Sociedad arqueológica luliana. Año xii, tomo vi, núme- 
ros 196-198, Julio-Septiembre de 1896. Palma. 

Soluciones Católicas. Revista religiosa, científica y literaria. Año iv, 
números v-x, Julio-Diciembre de 1896. Valencia. 



122 BOLETÍN I)K I, A KEAL ACAUKMIA UK I. A HISTOKIA, 

El Ateneo. Revista ¡lustrada. Año v, nútn. Cu, Septiembre de 1896, 
Teruel. 

El Ateneo Tarracononse de la clase obrera. Año xvi, números 3 y i. 
Tarragona, 1896. 

Miscelánea Turolense. Año vi, nnm. 20, 20 de Noviembre de 1896. 
Madrid. 

Académie des Inscriptions et Belles-Lettres. Comptes-rendus des Séan- 
ces de l'année 1896. 4""^ serie, tome xxiv. Dulletin de Mai-Octobre 
de 1896. Paris: Imprimerie nationale, mdcccxcvi. 

Annales de la Société d'Archéologie de Bruxelles. Mémoires, rappoits 
et docum<^nt3. Publication périodique, tome dixieme, livraisons iii 
et IV, Jnillet-Octobre de 1896. Bruxelles. En 4.° 

Analecta Bollandiana, tomns xv, fase. iv. Bruxelles, 1896. 

Analecta sacri ordinis Fratrum piíodicatorum seu vetera ordinis Mo- 
numenta recentioraque acta. Anno quarto , fasciculus quartus, 
quintas, sextus, Julio, Septembri, Novembri, 1896. Romai. 

Annales de 1' Académie d'Archéologie de Belgique. 4'"'^ serie, tome ix, 
2<>-4e livraison; tome ii, 2'"^ f ascicule. Auvers, 1896. En 4." 
Bulletin. 4'"*' serie de Annales, 2"^® partie, xxvii. Anvers, 1896. 

Bulletin iüternational de TAcadémie des Sciences de Cracovie. Comp- 
tes rendus des Séances de l'année 1896. N°'* 5-9, Mai-Novembre 
de 1896. Cracovie. 

Bulletin de la Société de Géographie. Septiéme serie, tome xvi, 4*= tri- 
mestre de 1895; tome xvii, l^'" et 2*= trimestre de 1896. Paris. 

Bulletin de la Société des Antiquaires de l'Ouest. Deuxiéme serie, 
tome VIH, deuxiéme trimestre de 1896, Avril-Juin. Poitiers, 1896. 

Bulletin de l'Institut Egyptien. Troisiéme serie, núm. 6, aunée 1895. 
Le Caire, 1896. 

Société de Géograpliie. Comptes-rendus des Séances, 1896. N°* 10-16. 
Séances des 8, 15 et 22 Mai, 5 et 19 Juin, 6 et 20 Novembre 
de 1896. Paris. 

Foli/biblion. Revue bibliograpliique universelle. Partie littéraire, deu- 
xiéme serie, tome quarantequatriéme, lxxvu^ de la collection, pre- 
miére-sixiéme livraison, Juillet-Décembre de 1896. 
Partie technique, deuxiéme serie, tome vingt-deuxiéme, lxxviii*^ de la 
collection, septiérae-deuxiéme livraison, Juillet-Décembre de 1896. 
Paris. 



ADQUISICIONES DE LA ACADEMIA. 123 

Études religieuses Tph'úoso'phiqnes, historiques et littéraires. Revue men- 
suelle. 38® année de la collection, tome 68% Juillet-Aoút; tome 69*^, 
Septembre-Décembre de 1896. París. 

Revue des études jnives. Publication trimestrielle. Tome xxxii, núme- 
ros 63-65, Janvier-Septembre; tome xxxiii, núm. 65 duplicado, 
Juillet-Septembre de 1896. París. 

Eevue Celtique. Vol. xvii. N°^ 2 y 3, Avríl-Juillet de 189C. París. 

Revue de Géographíe, par M. Ludovic Drapeyron. Víngtieme année, 
premíére-síxiéme livraison, Juillet-Décembre de 1896. 

Revue historíque, Víngt et uníéme année, tome soíxante-deuxiéme. 
I et II, JuíUet-Décembre de 1896. París. Félix Alean, édíteur. 

Revue Bénédictine. Treizíéme année. N°* 7-12, Juillet-Décembre de 1896. 
Belgíque: Abbate de Maredsous. 

Remie des Uníversítés du Midi. Nouvelle serie des Anuales de la Fa- 
culté des Lettres de Bordeaux. Tome ii (Dix-huítiéme année), 
niimeros o et 4, Juillet-Décembre de 1896, Bordeaux. 

Atti della R. Accademía del Linceí, anno ccxciix, 1896. Serie quinta. 
Classe di Science moralí, Storiche e Filologíche. Volume iv. par- 
te 2." Notízie deglí Seaví: Aprile-Gíugno de 1896. 

Rendiconti della R. Accademía dei Linceí, Serie quinta, vol. iv, parte 
2.\ Luglio-Ottobre de 1896; vol. v, fascicolí 4.°-9.'' Roma, 1896. 

Archivio della R. Societá Romana di Storia patria. Vol. xix^ fasci- 
colí I, II. Roma, 1896. En 4.° 

Archivio Storico Lombardo. Giornale della Societá Storica Lombarda. 
Serie terza, fase, x, xi, anno xxiii, Giugno-Settembre de 1896. 
Milano. 

Nuovo Archivio Véneto. Anno vi, tomo xi, parte ii, núm. 22; tomo xii, 
parte i, núm. 23. Venecia, 1896. En 4.° 

Biblioteca Nazíonale Céntrale di Firenze. Bollettino delle pubblicazíoni 
ítalíane rícevute per diritto di stampa. Números 252 y 253, 
30 Giugno y 15 Luglio ; números 255-264, 15 y 31 de Agosto, 
15 y 30 de Settembre, 15 y 31 de Ottobre, 15 y 30 de Novembre 
y 15 y 30 de Dicembre de 1896. Firenze. 
índice alfabético delle opere, nel 1895. 

La Civiltá Catholica. Anno quarantesimo-settimo, serie xvi, volúme- 
nes VI y vil, quaderni j. 104-1. 110, 20 Gíngno-19 Settembre; 
vol. VIII, quaderno 1.115, 5 Dicembre de 1896. Roma. 



124 HOI.KTÍN DK LA IIKAT, Ar;A[)KMIA DE LA ÜISTOIUA. 

Boletín Salesiano. Afio xi, números 7-12, Julio-Diciembre de 1896. 

Turín. (Italia.) 
Rivista storica italiana. Pubblicazione bimestrale. Anno xiii. N. S. 

Vol. I, fase. 3, 4, Maggio-Settembre de 1896. Torino. 
The Knglish Historical Rewiew. N""* 43 y 44, Julio-Octubre de 1896, 

London, Longraans, Green, and co. 
PoUtical Science Quarterly. Volume xi, number 2-4, Junio- Diciembre 

de 1896. London: Henry Frowde. 
Transactions of the Royal Historical Society New Series. Vol. x. Lon- 
don, New-York, and Bombay, 1896. 
Transactions of the Canadian Institute. Vol. iv, part. 2, núm. 8, Di- 
ciembre de 1895; vol. v, part, 1, núm. 9, October de 1896. Toronto. 
Phüosophische und Historische Abhandlungen der Kóniglichen Akade- 

mie der Wissenschaften zu Berlin, aus dem Jahre, 1895. Mit 

2 Tafeln. Berlin, 1895. 
Proceedings of the Royal Irish Academy. Third series, volume iii, 

núm. 5. Dublin, 
Todd lecture series, vol. vi. The Irish Nennius from L. na huidre 

and Homilies and Legends from L. Brecc. Alphabetical Index of 

Irish Deuter substantives, by Edmund Hogan, S, J., Dublin 

1895-96. 
Siizungsberichte der philosophische-philologischen und der historischen 

Classe der K. E. Akademie der Wissenschaften zu München, 1896. 

Heft II, München. 
The Catholic üniversity. BuUetin. Vol. ii, n» 4, October, 1896. Whole, 

n° VIH. Washington D. C. 
O Archeologo portugués. Collecqao illustrada de materiaes e noticias. 

Vol, II, números 4-9, Abril-Setembre de 1896. Lisboa: Imprensa 

Nacional. 
Archivo do Distrito Federal. Revista de documentos para a historia da 

cidade do Rio Janeiro. 3° anno. N°^ 4-11, Avril-Novembro de 

1896. Rio Janeiro. 
O Instituto. Revista scientifica é literaria. Volume xliii. N°® vi-ix, 

rJunho-Setembro de 1896. Coimbra: Imprensa da Universidade. 
Bolletin da Sociedade de Geographia de Lisboa, fundada en 1875. 

14.* serie, números 11 y 12; 15." serie, números 1-4. Lisboa: Im- 
prenta Nacional, 1895. 



ADQUISICIONES DE LA ACADEMIA. 12í> 

Actas das sessoes da Sociedade de Geographia de Lisboa. Vol. xv, 
anuo de 1895. 

Revista trimensal do Instituto do Ceará sob adirecjáo do Dr. Guillerme 
Studart. Anuo x, 2.° 4.° trimestre de 1896, t. x. Fortaleza, 1896. 
Catalogo dos Jornaes de pequeño e grande formato publicados en 
Ceará. Fortaleza, 1896. 5 ejemplares. 

Revista de Guimaraes. Volume xtii, n° 3, Julho, 1896. Porto. 

Revista Lusitana. Archivo de estrados philologicos e etimológicos rela- 
tivos a Portugal, dirigido por J. Leite de Vasconcellos. 4." volume, 
números 2 y 3. Lisboa, 1896. 

Boletín mensual de Estadística Municipal de la ciudad de Buenos- 
Aires. Año X, números 4-10, Abril-Octubre de 1896. 

Boletín de la Asociación Nacional de Ingenieros industriales. Año xvii> 
números 12-14, 30 Junio-30 Julio de 1896. Madrid. 

Boletín oficial del Colegio de Médicos de Madrid. Año i, números 6-11, 
Junio-Noviembre de 1896. Madrid. 

Boletín bibliográfico del movimiento mensual de las obras antiguas y 
modernas de la librería de Eico. Año viii, números 9 y 10, Sep- 
tiembre y Octubre de 1896. Madrid. 

Revista de la Sociedad central de Arquitectos. Año xxiii, núm. 9, 
1." de Septiembre de 1896. Madrid. 

Revista de Ciencias y Letras. Año ii, números 22-28, 5 Julio-5 Sep- 
tiembre; niímeros 30-39, 5 Octubre-5 Enero de 1897. Madrid, 1896. 

Sr. D. Pedro Vindel. Catálogo ilustrado con fotograbados, comenta- 
rios etc., de los libros antiguos y modernos principalmente de 
América, Oceanía y varios que se hallan de venta en la Librería 
de P. Vindel. N°^ 2 y 3 Julio-Noviembre 1896. Madrid. En 4." 

La Semana católica de Barcelona Año viii, números 349-368, domin- 
gos 28 de Junio-20 de Diciembre de 1896. Barcelona. 

Revista de Catalunya, Ciencies, Letres, Arts. Any l.'^'" Quadernos ii 

y III, Novembre y Decembre de 1896. Barcelona. 
La Avalancha. Revista ilustrada. Año ii, números 32-42, 8 de Julio- 
8 de Diciembre de 1896. Pamplona. 

Archoiolngical Report 1894-95. By David Boyle. Appendix to the 
Report of the Minister of Education Ontario. Toronto, 1896. 

Bulletin Bibliographique internacional, l.*^"" année, n°^ 7 á 10. Octobre, 
1896. Paria. 



126 UOI.KTÍN I)K LA HÜAL ACAIjKMIA ÜH LA HÍSTOItlA. 

Acia et Corui'ntati<Hic8. luip. Universitatia Jurievensis (oliiii Dorpa- 

tensis). N"»2 y 3. 1896. En 4." 
Coe?ia iii Claudiaiio Nervae: Accednrit dúo pocriiata laudata. Amste- 

lodaiiii apuil 10. Mullfrum* cíoKJCccxcvi. 
List of tlie Moinltrc'S of Ihe Koyal Irish Academy. 189G. Diiblin. 
Quartcrlj j)nl)li( ations of tbe American Statistical Association. New 

series. N" 33. (vol. v). Marcli, 1896. Bostón. 
Neue Heidelborgen Jahrbücher lierausgegeben vom Historiscli Philo- 

sophisclien Vereine zu Heidelberg Jabrgang vi, Heft 2. Heidel- 

berg, 1896. 
Catalogue mensuel des livres anciens et modernes. Henri Delaroque. 

Aiicienne Maison Delaroque Ainé. Quai Voltaire, 21. N^"* 149 y 

150, Octobre y Novembre, 1896. Paris. 3 ejemplares. 
Clarendon press Oxford. New and Recent Books. October, list, 1896. 
La Gazzette nuuiismatique. Tribune libre. N" 1, 1"" Octobre. 1896. 

Bruselles. Dos ejemplares. 
/\'. Waltarnik Historiezny. Zeszit ni-iv. Bocznik x. 1896. We Lwowiex. 
Revista literaria, publicación mensual. Año i, nüm. ii. Junio de 1896. 

Valparaíso. En 4° 
Anales del Departamento nacional de Higiene, Publicación mensual. 

Año VI, números 21 y 25 1." Junio-l." Julio; nxímeros 33 y 34 1." 

y 8 de Septiembre; y núm. 42 8 Noviembre de 1896. Buenos- Aires. 
Estadística Demographica comparado de ambas capitales. 1894-1895. 

Buenos Aires. 
Za Gaceta municipal. Revista enciclopédica. Año iii, números i-iii, 

30 de Junio-30 de Julio de 1896. Caibair (Cuba). 
El instructor. Publicación mensual, científica, literaria y de agricultura. 

Año XIII, niímeros 3-8, Julio-Diciembre de 1896, Aguascalientes 

(México). 
La Juventud Hondurena. Revista mensual, órgano de la Sociedad Cien- 
tífico Literaria del mismo nombre. Tegucigalpa. República de 

Honduras, 1896. Tomo iv, números 48-50, 31 de Mayo-30 de 

Julio; Tomo v, números 1-3, 31 Agosto-31 Octubre de 1896. 
Revista de Instrucción primaria. Año x, números 10-12, Junio-Agosto; 

Año XI, números 1.° y 2.°, Septiembre y Octubre de 1896. Santiago 

de Chile. 



ADQUISICIONES DE LA ACADEMIA. 127 



ADQUIRIDOS POR SUSCRIPCIÓN Y COMPRA. 

Jtevista Contemporcinea. Año xiii, tomo ciii, vol. vi, núm. 494-499, 15 
y 30 de Jimio, 15 de Septiembre; tomo civ, volúmenes i-vi, núme- 
ros 501-50fi, 15 y 30 de Octubre, 15 y 30 de Noviembre, 15 y 30 
de Diciembre de 1896. Madrid. 

Boletín de la Librería (publicación mensual). Obras antiguas y moder- 
nas. Año xxiii, núm. 12, Junio. Año xxiv, números 2-5, Agosto 
á Noviembre de 1896. Madrid. 

Relaciones históricas de los siglos xvi y xvii, publicadas por la Socie- 
dad de Bibliófilos españoles. Madrid mdcccxcvi. 

The imperial and Asiatic Quarterly Review and Oriental an colonial 
Record. Third series, vol. ii, n°^ 3-4, July-October de 1896. 
The Catholic University Bulletin, vol. ii, n'' 3, July, 1896. "Was- 
hington. 

Paie'ographie Musicale. Les principaux manuscrits de Chant grégorien, 
ambrosien, mozárabe, gallican. Recueil trimestriel. Huitieme 
année. N°* 31-32 Juillet-Octobre. Solesmes: Lnprimerie Saint- 
Pierre, 1896. 

Svpple'ment aux acta santorum, livr. 2-122. Julio, 1896. 



INFORMES. 



ESTUDIO SOBRE LA ORGANIZACIÓN Y COSTUMBRES DEL PAÍS 

VASCONGADO, CON OCASIÓN DEL EXAMEN DE LAS OBRAS DE LOS SEiÑORES 

ECHEGARAY, LABAIRU, ETC. (1). 

8. 

Como ya se ha dicho, la compilación primera del fuero escrito 
se hizo en tiempos tan turbados como lo fueron los del rey don 
Enrique IV de Castilla, y justamente aun reinando este monar- 
ca, pero ya cuando estaban patentes las opuestas pretensiones de 
los partidarios de doña Juana, llamada la Beltraneja, y de doña 
Isabel; ésta antes de ocupar el trono de Castilla juró y confirmó 
ios fueros en un documento verdaderamente notable, cuyo tenor 
es el siguiente: 

Confirmación y juramento de la Reyna Catholica. 

Doña isabel por la gracia de Dios Princesa de Asturias, legiti- 
ma heredera y successora de los reynos de Castilla y de León, 
Reyna de Sicilia, Princesa de Aragón; por parte de Lope de 
Quincoces, mi guarda y vasallo y vezino de la mi villa de Bilbao 
por si y en nombre del corregidor, alcaldes, diputados, procura- 
dores, escuderos y omes buenos de la hermandad de las villas y 
tierra llana del mi condado y señorio de Vizcaya y de las encar- 



(1) Véase el tomo xxix , pág. 537 de este Boletín. 



ORGANIZACIÓN Y COSTUMBRES DEL PAÍS VASCONGADO. 129 

tacioiies y sus aderencias me fue con grande instancia suplicado 
y peilido por merced que pues él por si y en el dicho nombre y 
por uirtud del poder que tiene de los dichos corregidor, alcaldes, 
diputados, procuradores, escuderos y omes buenos de la herman- 
dad de las dichas villas y tierra llana del dicho condado y señorio 
de Vizcaya y de las encartaciones & sus aderencias sellado con 
el sello de la dicha hermandad y signado de escriuano público 
que ante mi mostró me auia obedecido y recibido por princesa y 
legitima heredera & successora destos reynos de Castilla y de 
León & por señora de las dichas villas & tierra llana del dicho 
condado <fc señorio de Vizcaya y de las encartaciones y sus ade- 
rencias en los dias y vida del señor Don Enrique mi hermano y 
después de sus dias por Reyna & señora dellos lo qual por si & 
en el dicho nombre me auia fecho pleito & omenage e juramento 
en forma deuida, en mi presencia según que todo mas larga- 
mente auia passado & passo por ante Alfonso de Auila mi secre- 
tario que vsando de mi acostumbrada benignidad me pluguiesse 
á prouar & conñrmar generalm.ente á los dichos corregidor_, al- 
caldes, diputados, procuradores, escuderos y hombres buenos de 
la hermandad de las dichas villas y tierra llana de dicho condado 
y señorio de Vizcaya con las encartaciones & sus aderencias 
todos sus priuiiegios generales y especiales y fueros usos y t;os- 
tumbres 6c franquezas & libertades según y en la manera y por 
la ira y forma que les fueron otorgados & confirmados por los 
reyes de gloriosa memoria que a van santo paraíso mis progeni- 
tores donde yo vengo, & por las otras personas que han tenido ie 
tuvieron en señorio las dichas villas y tierra llana del dicho con- 
dado (.V señorio de Vizcaya con las encartaciones y sus aderencias 
en los tiempos passados. Y yo acatando su gran lealtad de que 
han vsado los dichos corregidor, alcaldes, diputados, procurado- 
res, escuderos & hombres buenos de la dicha hermandad como 
sus antepassados, y el zelo de su mucha fidilidad que les mouio 
á me dar & prestar la dicha obediencia y señói'io de las dichas 
villas y tieriva llana del dicho condado y señorio de Vizcaya con 
las encartaciones & sus aderencias como á Princesa & legitima 
heredera y successora destos dichos reinos porque no fuesse exi- 
mido ni apartado de la corona real dellos como de fecho ya esta- 

TOMO XXI. <) 



130 HOMíTÍN r)K I,A ÍIKAL ACADKMIA OK I.A HISTOIUA. 

ua eximido y apartado de la dicha corona real por causa de las 
mercedes que el dicho señor rey mi hermano tenia hechas de las 
dichas villas & tierra llana del dicho condado y señoiio de Viz- 
caya con las encartaciones y sus aderoncias ó de la mayor parte 
dello á algunos canalleros destos dichos reynos yendo contra los 
dichos sus priuilegios y contra lo que les tenia jurado de nunca 
eximir ni apartar las dichas villas & tierra llana del dicho conda- 
do y señorío de Vizcaya con las encartaciones & sus aderencias 
de la dicha corona real y la dicha suplicación & petición por el 
dicho Lope Quincoces á mi fecha, por si y en el dicho nombre 
ser justa, tuuelo por bien y mandó dar esta dicha mi carta en la 
dicha razón por el tenor de la qual de mi propio motu y cierta 
ciencia y espressamente lo aprueuo Katifico & confirmo y si ne- 
cessario es de nueuo otorgo á las dichas villas y tierra llana del 
dicho condado y señorio de Vizcaya con las encartaciones y sus 
aderencias y á cada vna dellas todos los idichos sus priuilegios 
generales y especiales y cada vno dellos y todos sus fueros, vsos 
y costumbres franquezas & libertades según y en la via y forma 
que por los dichos Reyes mis progenitores & por las otras perso- 
nas que han tenido el- tnuieron en señorio las dichas villas y tie- 
rra llana del dicho condado y señorio de Vizcaya con las encar- 
taciones y sus aderencias y por cada vno dellos les fueron con- 
cessos y aprobados y confirmados según el tenor y forma de los 
dichos priuilegios y de cada vno dellos, Y quiero y es mi merced 
& voluntad que aquellos & cada vno & qualquier dellos sean 
guardados & obseruados á las dichas villas & tierra llana del 
dicho condado & señorio de Vizcaya con las encartaciones & sus 
aderencias y cá cada vno dellos de manera que gozen dellos 
enteramente sin disminución alguna, según & por la via & forma 
que gozaron dellos & de cada uno dellos en los tiempos pasados. 
Los quales dichos priuilegios generales y especiales, fueros, vsos 
y costumbres franquezas y libertades. Yo como Princesa Reyna 
& señora de dichas villas <fc tierra llana del dicho condado & se- 
ñorío de Vizcaya con las encartaciones y sus aderencias, hago 
pleito & omenage vna & dos & tresvezes, vna & dos & tres vezes, 
vna & dos & tres vezes, según fuero & costumbre de España en 
manos de Gómez Manrique cauallero efe home hijo dalgo que de 



orCtanizagión y costumbres del país vascongado. 131 

mi lo recibe & juro á nuestro Señor Dios & á la virgen sancta 
Maria su madre y á esta señal de la cruz >^ que corporalmente 
hago con mi mano derecha, & por las palabras de los santos 
euangelios donde quier que están de auer porratos, gratos firmes 
y valederos para agora y en todo tiempo los dichos priuilegios 
generales y especiales, fueros usos y costumbres, franquezas y 
libertades, de las dichas villas y tierra llana del dicho condado y 
señorío de Vizcaya con las encartaciones y sus aderencias y de 
cada vna dellas y que no yré ni verné contra ellos ni contra cosa 
alguna dellos agora ni en ningún tiempo que sea, por los men- 
guar o quebrantar en todo ni en parte, ni por otra razón, ni cau- 
sa que sea, o ser pueda de fecho y de derecho, y ansi mesmo que 
no daré ni trocaré ni cambiaré ni enagenaré agora ni en ningún 
tiempo que sea las dichas villas y tierra llana del dicho condado 
& señorio de Vizcaya con las encartaciones & sus aderencias ni 
cosa alguna dello en persona ni personas algunas de qualquier 
ley estado ó condición que sean saino que siempre las guardaré 
& conseruaré para mi seruicio & para la dicha corona real destos 
dichos reynos por manera que no sean eximidas ni apartadas 
agora ni en algún tiempo que sea de la dicha corona real. Y asi 
mesmo que defenderé & ampararé agora & de aqui adelante y en 
todo tiempo que sea á las dichas villas & tierra llana con las di- 
chas encartaciones y sus aderencias de todas las personas del 
mundo con mi persona y estado á todo mi leal poder y prometo 
ansi mismo que quando por permisión de nuestro señor Dios yo 
fuere reyna y señora destos dichos reinos & señoríos ratificaré 
aprouaré & confirmaré esta dicha mi carta de priuilegio y todo 
lo en ella contenido y cada cosa y parte dello y mandaré dar 
dello mi carta de priuilegio la mas fuerte y firme que ser pudie- 
re de lo qual mandé dar esta dicha mi carta firmada de mi nom- 
bre y sellada con mi sello. Dada en la mi villa de Aranda á ca- 
torce dias del mes de Octubre año del nacimiento de nuestro 
señor Jesuchristo de mil & quatrocientos & setenta y tres años. 
Yo la princessa. Yo Alfonso de Añila secretario de nuestra seño- 
ra la princesa la fice escriuír por su mandado. En las espaldas 
estañan escriptos los nombres siguientes. =Gonzalo Chacón, Gó- 
mez Manrique Archidiaconus Toletanus, y doctor Diego de Ri- 



132 HOLKTÍN DE LA HEAL ACADKMIA DK LA HISTORIA. 

bera, Antouius Liccnciatus, Lnysde Mesa, Nunins Doctor, Pe- 
trus Liceiiciatus.» 

Difícilmente podría cnconfrarse iiii documenlo que diera más 
luz acerca de la naturaleza y condiciones del fuero general de 
Vizcaya y de la ocasión y motivo en que fué ampliamente confir- 
mado y extendido. 

En efecto, cuando más adelante el Rey Católico prestó jura- 
mento so el árbol de Garnica de los referidos fueros, manifies- 
tan los representantes del condado, que habían prestado señala- 
dísimos servicios á aquellos monarcas, alegando esto como razón 
decisiva para que les confirmase sus fueros como lo había hecho 
su antecesor, Enrique IV, según consta del documento que deja- 
mos copiado, aunque no jurándolos so el árbol de Garnica, por 
el cual se ve que sin restricción alguna dispuso el referido Enri- 
que IV de las villas y lugares del señorío para darlos como bie- 
nes patrimoniales suyos á diferentes magnates. 

Más tarde á 30 días del mes de Julio del año del Señor de 1476, 
en que tuvo lugar la confirmación y juramento del Rey Católico 
y en el documento en que aquellos hechos se refieren, declaran 
sus autores que «ya su señoría sabia como seyendo su alteza y la 
Reina nuestra señora, principes herederos de estos Reinos por 
no ser ausentados de su corona real, se alzaron por su alteza y 
estuvieron á su obediencia y mandamientos y luego que la muy 
serenísima y esclarecida reina doña Isabel como legitima heredera 
y sucesora heredó estos reinos de Castilla y de León á su alteza 
como legitimo marido los procuradores del dicho condado fueron 
á la ciudad de Segovia á le presentar la obediencia juramento e 
fidelidad que como señores de Vizcaya eran tenidos y obligados.» 

En efecto, consta que, proclamada doña Isabel reina de Castilla 
en Segovia por el alcaide de su alcázar, fueron de los primeros 
que se manifestaron en favor de su derecho los vizcaínos, y, por 
tanto, auxiliaron muy poderosamente á los reyes en su lucha 
contra los partidarios de doña Juana, apoyados por el rey de 
Portugal. Después de ésto ocurrió la guerra de Navarra de que 
ya hemos hablado y más tarde la sostenida por Francia contra el 
emperador Carlos V. 

Por aquella época, es decir, en 1526, tuvo lugar la nueva re- 



ORGANIZACIÓN Y COSTUMBRES DEL PAÍS VASCONfiAÜO. 133 

dacción del fuero general en la forma y términos que se expre- 
san extensamente en el documento que encabeza la compilación 
formada entonces por auto de la Junta, en la cual se nombró una 
comisión compuesta del Bachiller Juan Sáncliez Ugarte, del Li- 
cenciado Diego Ochoa de Mújica, del Bachiller Martín Pérez de 
Burgoa, del Bachiller Ortún Sánchez de Giraruista, de Lope Ibá- 
ñez de Ugarte, de Rodrigo Martínez Veléndiz, de Ochoa Urliz de 
Guecho, de Ochoa de Veléndiz, de Pedro de Baroya, Alcalde del 
fuero de Vizcaya, de Iñigo Urtiz de Ibargüen, Martín Urtiz de 
Zarra y Martín Zacus de Oyquiña y Ochoa Urtiz de Guerra y 
Pero Martínez de Luna, los cuales se reunieron en casa de Mar- 
tín Sáenz de la Naxa, que es fuera de la noble villa de Bilbao, 
por varios días, hasta que dieron por terminada su misión, y la 
obra por ellos aprobada fué sometida á la Junta general que 
examinó la nueva redacción de lo que se da testimonio en dicho 
documento, cuyos términos son los siguientes: 



Fueros, franquezas y libertades de Vizcaya. 
Autos de la Junta sobre la ordenación del Fuero. 

«So el árbol de Guernica, do se suelen hacer las Juntas Gene- 
rales de este Muy Noble y Muy Leal Señorio de Vizcaya, á cinco 
dias del mes de Abril^ año del Nacimiento de nuestro Salvador 
Jesu Ghristo de mil é quinientos é veinte é seis años. 

Estando so el dicho árbol en Junta General, assignada & apla- 
zada, el Muy Noble Señor Licenciado Pedro Girón de Loaysa, 
Corregidor de este dicho Señorio, y los Sres. D. Juan Alonso de 
Muxica y Butrón, Señor de Aramayona, y D. Juan de Arteaga é 
Gamboa, Señor de la Gasa, é Solar de Arteaga, y otros muchos 
Gavalleros, Escuderos, Fijos-Dalgo de el Señorio de Vizcaya, cu- 
yos nombres, por su prolixidad no van escritos, y los Fieles, 
Procuradores de los Goncej.os, y Ante-Iglesia de dicho Señorio, 
que sus nombres debaxo serán declarados, en presencia de Nos 
Iñigo Urliz de Ibargüen, y Martin de Bassaraz, Escrivanos de 
sus Magestades, y sus Notarios Públicos en la su Gorte, y en 



]'.Vi BOLKTÍN DE LA HKA í. ACADKMIA OK LA. HISTOIUA. 

todos los SUS Reynos y Scriorios, y Escrivanos de la Junta, y 
Gorregimieiilo do el dicho Señorio de Vizcaya, y assi estando en 
la dicha Junta los sohredichos Cavalleros, Escuderos, líijos- 
Dalí^o, y los Procuradores A Fieles de las dichas Ante-Iglesias y 
Pueblos, que son los siguientes: Por la Ante-Iglesia de Santa 
Maria de Mundaca, Fernando Urtiz de Arecheta; y por la Ante- 
iglesia de San Andrés de Pedernales, Juan Pérez de Léamela; y 
por la Ante-Iglesia de Santa Maria de Axpée de Busturia, Ro- 
drigo de Santarena y Ochoa de Dolara; y por la Ante-Iglesia de 
Santa Maria de Murueta, Juan Saez de Murueta; y por la Ante- 
iglesia de ligarte de Muxica, Pedro de Aguirre; j por la Ante- 
Iglesia de Arrieta, Juan de Arrieta; y por la Ante-Iglesia de 
Menadla, Ochoa de Marinex; y por la Ante-Iglesia de Ajanguiz, 
Martin de Ortuzar y Juan de Zavalla; y por la Ante-Iglesia de 
Arrazua, Martin Urtiz de Zarra, Escrivano; y por la Ante-Iglesia 
de Hereño, Domingo de Cea; y por la Ante-Iglesia de Harran- 
guelua, Ochoa Ruiz de Garrasteliz; y por la Ante-Iglesia de Gau- 
liguiz, Pedro de Ozollo; y por la Ante-Iglesia de Gortezubi, Juan 
de Terligniz y Juan Ruiz de Basozabal; y por la Ante-iglesia de 
Nachitua, Juan de Urazandi; y por la Ante-Iglesia de Vedarona, 
Juan de Olave; y por la Ante-Iglesia de Murelaga, Martin de 
Tellaeche; y por la Ante-Iglesia de Navarniz, Juan de Echeva- 
rria; y por la Ante-Iglesia de Guizaburuaga, Ochoa López de 
Gorostiza; y por la Ante-Iglesia de Mendexa, Garcia de Algorta; 
y por la Ante-Iglesia de Verriatua, Juan de Garduza; é por la 
Ante-Iglesia de Genarruza, Mariin de Yurrebaso; y por la Ante- 
Iglesia de Arbacegni, Juan de Garro; y por la Ante-Iglesia de 
Xemein, Martin Pérez de Gabiola; é por la Ante-Iglesia de 
Echavarria, Andrés de Maguregui; y por la Ante-Iglesia de 
Amorobieta, Martin de Jaureguivarria; y por la Ante-Iglesia de 
Echano, Martin Fernandez de Epalza; y por la Ante-Iglesia de 
Varacaldo, Juan Urtiz de Urculu; y por la Ante-Iglesia de Re- 
gona, Pedro de Salzedo; y por la Ante-Iglesia de Abando, Martin 
de Bchaso; é por la Ante-Iglesia de Galdacano, Martin de Lecue; 
y por la Ante-Iglesia de Arrigorriaga, Martin de Larrinaga, Es- 
crivano; y por la Aute-Iglesia de Arrancudiaga, Pedro de Hor- 
maeche; y por la Ante-Iglesia de Lezama, Pedro de Basabil; y 



ORGANIZACIÓN Y COSTUMBRES DEL PAÍS VASCONGADO. 135 

por la Ante-Iglesia de Herandio, Martin Urtiz de Aguirre; y por 
la Ante-Iglesia de Guecho, Juan de Murua; y por la Anle-Iglesia 
de Verango, Ochoa Urtiz de Guecho; y por la Ante-Iglesia de 
Sopelana, Juan de Larraondo; y por la Ante-Iglesia de Hurduliz; 
Martin de Repela; y por la Ante-Iglesia de Gorliz, San Juan de 
Goytisolo; y por la Ante-Iglesia de Lemoniz, San Juan de Gaci- 
tua; y por la Ante-Iglesia de Maruri, Juan de'Univaso; y por la 
Ante-Iglesia de Gatica, Pedro de Axavide; y por la Ante-Iglesia 
de Basigo, Juan González de la Renteria; y por la Ante-Iglesia 
de Meacaur, Martin Pérez de Zorroza; y por la Ante-Iglesia de 
Mundunguia, Iñigo de Bilela; y por la Ante-Iglesia de Truniz, 
Juan Ochoa de Mugueira; y por la Ante-Iglesia de Fica, Fortuno 
de Landaeta; y por la Ante-Iglesia de Meñaca, Juan de Echava- 
rria; y por la Ante-Iglesia de Lemona, Fortuno de Atucha; y 
por la Ante-Iglesia de Yurre, Juan de Lassarte; y por la Ante- 
iglesia de Aranzazu, Juan de Emegarai; y por la Ante-Iglesia 
de Dima, Juan de Artadi; y por la Ante-Iglesia de Geanuri, Juan 
Urtiz de x-\niquibar; y por las Ante-Iglesias de Castillo y Elexa- 
iDeytia, Juan de Emegarai; y por la Ante-Iglesia de Olavarrieta, 
Juan de Guinea; y por la Ante-Iglesia de Uvidea, Ochoa Urtiz 
de Guerra. E assi, estando juntos los sobredichos Cavalleros, Es- 
cuderos, Fjjos-Dalgo y Procuradores, con el dicho Sr. Corregi- 
dor en la dicha Junta General assignada y aplazada, en presen- 
cia de Nos los sobredichos Escrivanos, y entendiendo en las 
cosas cumplideras al servicio de Dios nuestro Señor, y de sus 
Magestades, del Emperador Rey D. Carlos y Reina Doña Juana, 
su madre, nuestros Señores, y á la buena administraccion de su 
justicia, bien, paz y sosiego, y quietud de los dichos Cavalleros, 
Escuderos, Fijos-Dalgo, y de todos los Moradores de este dicho 
Señorio, y de su buena governacion; entre otras cosas hablaron 
y platicaron, como el Fuero del dicho Señorio de Vizcaya, fué 
antiguamente escrito é ordenado en tiempo, que no havia tanto 
sossiego y justicia, ni tanta copia de Letrados, ni experiencia de 
causas en el dicho Señorio como al presente (Dios loado) ay; á 
cuya causa se escrivieron en el dicho Fuero muchas cosas, que 
al presente no hay necessidad de ellas, y otras, que de la misma 
manera, según curso del tiempo y experiencia, están superíluas 



l.'iG holetín uk \.a hkal acadkmia dk la histühia. 

y lio se platican; y Dirás, fino al ¡ii-eseiite son necessarias para la 
paz, 6 sossiego de la tierra, ó buena adminislraccion de la Justi- 
cia, se dejaron de escrivir en el dicho Fuero, y se usa é platica 
por uso y costumbre; é á las veces sobre lo tal hay pleitos, é re- 
ciben las partes mucha fatiga, é costa, en probar como ello es de 
uso, é de costumbre, é se guardan; y esso mismo, en probar 
como las otras Leyes, que en el dicho Fuero están escritas, se 
usan, é se platican, é sobre ello se recrecen muchas cosas, é fati- 
gas, é pleylos, é diferencias, é muchas vezes los Juezes dudan en 
la decisión de las causas, é por obviar las dichas costas, pleitos y 
diferencias y pi-obauzas, que asi so recrecen entre parles, y para 
que mejor y mas claramente las dichas Leyes del Fuero de Viz- 
caya se entiendan y estén clarificadas, quitando de ellas lo que 
es superfluo y no provechoso, ni necesario, y añadiendo y escri- 
viendo en el dicho Fuero todo lo que eslava por escrivir, que por 
uso y costumbre se platica; para que assi escrito y reformado el 
dicho Fuero, y las Leyes de él en todo lo necessario, sobre que 
en el dicho Fuero estuviere escrito, no haya necessidad ninguna 
de las parles hacer probanza alguna, sobre si el dicho Fuero y 
las Leyes de el son usadas y guardadas ó no, é que las partes 
sean relevadas de semejantes probanzas y cosías, é las Leyes, que 
asi en el dicho Fuero reformado estuvieren, sean guardadas, y 
por ellas los Pleylos de este dicho Señorío sean decididos y juz- 
gados; acordaron que débian de diputar Personas de Letras, y 
de ciencia y conciencia, y experimentados en el dicho Fuero, 
usos y costumbres y libertades de Vizcaya, y dar poder á ellos, 
para que ellos viessen el dicho Fuero, que esta escrito, y las 
Leyes de él, y los Privilegios y libertades y usos y costumbres, 
que este dicho Señorío tiene; é sobre juramento que hiciessen, 
que bien, é fielmente, sin parcialidad alguna, mirando solamen- 
te al servicio de Dios y de sus Mageslades, y á la buena gover- 
nacion de la tierra, y á la buena administración de la Justicia,^ 
con mucho celo del bien, y paz de los vecinos y Moradores de 
Vizcaya, enlenderian en la dicha reformación; Y assi jurado, jun- 
tamente con el dicho Sr. Corregidor, los tales assi Diputados, hi- 
ciessen la dicha reformación del Fuero, usos y costumbres, y 
privilegios; y para ello, todos juntamente de una conformidad,. 



ORGANIZACIÓN Y COSTUMBRES DEL PAÍS VASCONGADO. 137 

nombraron al Bachiller Juan Sánchez de Ugarte, y al Licencia- 
do Diego Ochoa de Muxica, y al Bachiller Martin Pérez de Bar- 
gua, y al Bachiller Ortun Sánchez de Girarrusta, y á Lope Iba- 
ñez de Ugarte y á Rodrigo Martínez de Velendiz, y á Ochoa 
Urtiz de Guecho, y á Ochoa de Velendiz, y á Pedro de Baraya, 
Alcayde del Fuero de Vizcaya, y á Iñigo Urliz de Ibarguen, y 
Martin Urtiz de Zarra, y Martin Saez de Oynquina, y Ochoa 
Urliz de Guerra y Pedro Martínez de Luno. Porque entendían 
que eran Personas Letrados, y estilados en el dicho Fuero, usos 
y costumbres. Privilegios y livertades de Vizcaya, hábiles y su- 
ficientes, expertos y de ciencia y conciencia, tales, que bien y 
fiehnente ordenarían y reformarían el dicho Fuero, usos y cos- 
tumbres, Privilegios y Libertades del dicho Señorío. Por ende, 
que á los susodichos, juntamente con el dicho Sr. Licenciado 
Pedro Girón de Loaysa, Corregidor de Vizcaya, daban é dieron 
todo su poder cumplido y bastante, para que hecha la dicha so- 
lemnidad de juramento, vean el dicho Fuero escrito, y los Privi- 
legios, Franquezas y Livertades, usos y costumbres, escritos y 
por escrivir, que los Gavalleros, Escuderos, Fíjos-Dalgo de este 
dicho Noble Señorío de Vizcaya tienen y lo reformen, escrivien- 
do todo lo necessario para la buena governacion de la tierra, y 
decisión de los Pleytos de ella, sossiego y paz de los Moradores 
de ella; quitando lo superfino y no necessario, añadiendo y men- 
guando, como bien visto les fuere, y que escriban todo ello por 
Capítulos y Leyes del Fuero, y que ocupen en hacer la dicha re- 
formación veinte días, y que se les pague por cada un dia, que 
assi ocuparen, el salario que les esta assignado; y que fecha la 
dicha reformación y escrito el dicho Fuero, los sobre dichos, y 
los Letrados, Diputados y Regidores de este dicho Señorío, se 
junten con el dicho Sr. Corregidor en el primer Regimiento que 
después de la dicha reformación hicieren, y ende todos ellos, re- 
vean y recorran lo que assi los sobre dichos Diputados ordena- 
ren y escrivieren; y assi recorrido y concertado por todos, lo 
hagan sacar en limpio, y signado de los Escrivanos de la Junta 
y Regimiento de Vizcaya, que á la sazón fueren; y sellado por el 
sello del dicho Señorío de Vizcaya, lo embien á Sus Magestades 
á pedir, y suplicar lo confirme por Ley, y Fuero, y Derecho, 



l.'{8 Híjr.Kl'I.N l<\: I. A IIKAI, ACAblíMlA I) K I. A HlS'IOItlA. 

Privilegios y Liljcrlíides; y maiifleii (jue por las dichas Leyes del 
dicho Fiieio, y no por otras, se decidan y determinen todos los 
Pleytos, (jne por las dichas Leyes se pudieren decidir, assi en 
este Señorío de Vizcaya, como fuera de ella entre Vizcaynos por 
los Sros. Presidente, y los de su muy Alto Consejo, y Presidente 
y Oydores de sus Reales Audiencias de la Villa de Valladolid y 
Ciudad de Granada, y su .lucz Mayor de Vizcaya, que en la dicha 
Villa de Valladolid reside, y por todos los Jueces y Justicias de 
estos sus Reynos y Señoríos, sin que ninguna de las Parles Li- 
tigantes tengan necesidad de hacer prohanza alguna, sohre si 
las dichas Leyes sean usadas y guardadas. Y para nomhi"\r y 
criar Procuradores que á la Corte han de ir A suplicar la dicha 
Confirmación y las otras cosas, que por instrucción hubieren de 
llevar; y para hacer la dicha instrucción, que los dichos Procu- 
radores han de llevar con el dicho Fuero; dijeron: Que daban y 
dieron poder cumplido y bastante á los Diputados y Regidores 
del dicho Señorío y á los dichos Diputados de suso nombrados, 
para hacer la dicha reformación del dicho Fuero, y á los dichos 
Regidores del dicho Condado, para lo recorrer y concertar, y 
para criar los dichos Procuradores que á la Corte han de ir, y 
para les asignar tiempo y salario y para hacer la dicha instruc- 
ción, dijeron: Que daban y dieron todos su poder cumplido y 
bastante por si, y en nombre de los dichos Pueblos sus partes y 
de todo este dicho Señorío de Vizcaya en Junta General con todas 
sus incidencias y dependencias, anexidades y conexidades con 
libi'e y general administración y obligación de sus personas y 
bienes, y de los dichos Concejos sus partes, de haber firme rato 
y grato, estable y valedero en todo tiempo del mundo, todo lo 
que por los sobredichos en razón de lo sobredicho fuere hecho y 
otorgado; y so la dicha obligación los relevaron de costas y de 
toda carga de satisfacciones, so la cláusula del Derecho, ludicium 
sisti judicatum solvi; y otorgaron Carta de poder bastante , fuer- 
te y firme; y rogaron á Nos los dichos Escribanos, que asi lo 
diésemos signado y á los presentes que fuesen de ello Testigos; 
A lo cual fueron por Testigos, Juan de Zarate, Teniente General 
de Prestamero en Vizcaya, y Rodrigo de Zarate, Teniente de 
Prestamero en Busturia, y Marquina y Forlun Iñíguez de Ibar- 



ORGANIZACIÓN Y COSTUMBRES DEL PAÍS VASCONGADO. 139 

guen, y Pedro Ochoa de Galarza, Escribanos, Martin de Bafaraz, 
Iñigo de Urtiz.» 



§ Como los diputados para ordenar el Fuero parecieron 
delante del Corregidor^ y juraron. 

(íY después de lo susodicho en la Gasa de Martin Saez de la 
Naja, que es fuera de la Noble Villa de Bilbao, á diez días del 
mes de Agosto, año del Nacimiento de nuestro Señor Jesu-Gristo 
de mil y quinientos y veinte y seis años. Estando ende el Muy 
Noble Señor Licenciado Pedro Girón de Loaysa, Gorregidor de 
este dicho Noble Señorío de Vizcaya, en presencia de Nos Martin 
de Ibañez de Zarra, y Pedro Ochoa de Galarza, Escribano de sus 
Majestades, y sus Notarios Públicos en la su Gorte, y en todos 
los sus Reinos, y Señoríos, Escribanos de la Junta y Regimiento 
de este Noble Señorío de Vizcaya, y de los testigos de yuso escri- 
tos: parecieron presentes el Bachiller Juan Saez de Ugarte, y el 
Bachiller Martín Pérez de Burgoa, y el Bachiller Fortuu Saez de 
Girarrista, y Lope Ibañez de Ugarte, y Rodrigo Martínez de Ve- 
iendiz, y Ochoa Urtiz de Guecho, y Ochoa de Velendiz, y Iñigo 
Urtiz de Ibarguen, y Martin Urtiz de Zarra, y Martin Saez de 
Oynquina, y Ochoa Urtiz de Guerra, y Pedro Martínez de Luno. 
E dijeron al dicho Señor Gorregidor, que su Merced les había 
enviado á mandar, que viniesen ende personalmente á entender 
de la reformación del Fuero de Vizcaya; y que ellos obedeciendo 
á su mandamiento estaban prestos de hacer todo lo que debiesen. 
Y luego el dicho Gorregidor les dijo: Gomo en Junta General de 
Vizcaya, les habían dado poder á ellos, para que juntamente con 
el dicho Señor Gorregidor entendiesen en la reformación del di- 
cho Fuero, y usos, y costumbres de Vizcaya, y hizo ver el dicho 
Poder, que su tenor es este, que de suso está incorporado; y les 
mandó que ante todas cosas hiciesen el juramento y solemnidad 
contenidos en el dicho Poder, y aqnel hecho, no partiesen de esta 
Villa de Bilbao durante el término de veinte días, hasta acabar 
de reformar el dicho Fuero, y que los dichos veinte días comen- 
zasen á correr de hoy. Y luego el dicho Señor Gorregidor hizo 
traer ante si una Cruz y un Libro de Evangelios, y abrió el dicho 



140 UOLICTIN l)K LA liKAI. ACADKMIA DE LA HISTOItlA. 

Libro , y sobre las Lelras do un Kvaiij,'elio puso la dicha Cruz y 
hizo á lodos los sobredichos pouer sus manos derechas sobre la 
Cruz, y las palabras del Sanio Evangelio, y les hizo jurar, dicién- 
doles : Vosotros, y cada uno, y cualquier de Vos, juráis á Dios, 
y á Sania María, y á todos los Sanios, y Sanias de la Corle del 
Cielo, y A la señal de la Cruz, y á las palabras del Santo Evan- 
gelio, que con vuestras manos habéis tocado; que de este poder, 
y comisión, que la Junta, Caballeros, Escuderos, Ilijos-Dalgo, 
y Procuradores, y Concejos de este Noble, y Leal Señorío de 
Vizcaya vos ha dado para reformar el Fuero de Vizcaya, usos, 
costumbres, Privilegios, y Libertades de ella, usareis bieu, fiel 
y lealmente, y siu ningún odio, ni parcialidad, ni algún dolo, 
ni fraude, entenderéis en la dicha reformación, y las cosas, que 
vieredes, que son útiles y provechosas al servicio de Dios, y de 
sus Magestades, y á la buena gobernación, y administración de 
la Justicia, y bien y utilidad de los Moradores de este dicho Se- 
ñoi'io de Vizcaya, aquellas ordenareis, y las que no fuesen tales, 
y no fueren útiles, y provechosas quitareis: y en todo como bue- 
nos, y Fieles Cristianos, celosos del prójimo y bien de la Repú- 
blica, usareis en todo lo que ordeuáredes, como buenos Repú- 
blicos? Y los sobre dichos, y cada uno de ellos respondieron: Sí 
juro. Y luego el dicho Señor Corregidor, les echó la confusión 
del juramento, diciéndoles: Si así hicióredes. Dios vos ayude en 
este mundo en los cuerpos, y en el otro á vuestras Animas dé 
su Sanio Paraíso. Y si lo contrario hiciéredes, á cada uno de vos 
lo demande mal y caramente en este mundo; y en el otro á vues- 
tras Animas condene á las penas infernales, como á malos Cris- 
tianos, y malos Repúblicos, que juran en vano el Santo Nombre 
de Dios y se perjuran. Y los sobredichos, y cada uno de ellos res- 
pondieron: Amen. El dicho Señor Corregidor, mandó á los so- 
bredichos, que todos ellos viniesen á la dicha Casa, y Lugar, do 
estaban, cada dia dos veces; en la mañana á las seis horas, y es- 
tuviesen hasta las diez horas, que son cuatro horas, entendiendo 
en la dicha reformación; y después de medio dia, viniesen á la 
una hora, y estuviesen hasta las cinco, que son otras cuatro ho- 
ras: sopeña que el que no viniese en la dicha hora, perdiese el 
salario de aquel dia; y los otros que viniesen, coutinuasen la 



ORGANIZACIÓN Y COSTUMBRES DEL PAÍS Vaí^CONGADO. 141 

Obra adelante, jumamente con él. Y mandó á Nos los dichos Es- 
cribanos, que fuésemos presentes á todo ello, y luego nos dio, y 
entregó estando presentes los sobredichos, un Fuero de Vizcaya, 
signado deOchoa de Giloniz, Escribano, para que los sobredichos 
Diputados viesen las Leyes de él, y las reformasen conforme al 
poder que tenian ; y los sobredichos Diputados, dijeron: Que á 
todo ello eran contentos, y les placía: y fueron presentes por Tes- 
tigos, el dicho Juan de Zarate, Teniente General de Prestamero, 
y Ortun Saez de Sufonaga, Diputado del dicho Condado, y Lope 
Ibañez de Mngaguren. » 

§. Como los Diputados habiendo reformado el Fuero, cometieron 
la Ordenación de él. 

Y después de lo susodicho, en la dicha Gasa de Martin Saez de 
la Naja, á veinte dias de el mes de Agosto del dicho año de mil y 
quinientos y veinte y seis, estando juntos el dicho Sr. Corregi- 
dor, y los dichos Diputados, y nombrados parala dicha reforma- 
ción de el dicho Fuero, en presencia de Nos los dichos Martin 
Ibañez, y Pedro Ochoa de Galarza, Escrivanos, y Testigos de 
yuso escriptos; los sobredichos Sres. Corregidor y Diputados, 
dixeron : Que ellos havian passado el Fuero viejo, lo mejor que 
les havia parecido, y reformado; quitando lo que era superfino, 
y assentado y escrito otras cosas, que tenian de Fuero, y cos- 
tumbre, que no estaban primero escritas, que ende mostraron, y 
hizieron leerá Nos los dichos Escrivanos, todo assentado por me- 
moria; y porque era necesario que se escriviesse en nuevo libro 
lo que tomaban de el dicho Fuero viejo, y lo que havian nueva- 
mente escrito de sus Fueros, y costumbres, todo en buen orden 
y estilo, y en assí ordenar, si todos presentes estuviessen, que se 
podría más dilatar , y aun al dicho Señorío de Vizcaya, y vecinos 
de él , se recrecería mucha costa; y por escusar la costa, y abre- 
viar el buen despacho, y porque mejor fuesse hecho, assi estilo, 
y orden, como en bien declarar las Leyes del dicho Fuero, dixe- 
ron: Que debían encargar, y encomendar, y que encargaban y 
encomendaban al Bachiller Martin Pérez de Burgoa, Letrado del 
dicho Señorío de Vizcaya, y á L'iigo Urtiz de Ibarguen, Síndico 



142 BOLKTIn \)K la MEAI- academia UK la HISTOItlA. 

del dicho Señorío, jurameiiUidos para reíonnar el dicho Fuero, 
que presentes estaban; para que ellos juntamente lomassen los 
dichos Fueros viejo, y nuevo, que assí havian reformado, y lo 
llevassen consigo, y se juntassen en la Iglesia de Nuestra Señora 
Santa María ol Antigua de la Villa de Guernica; y dentro en la 
dicha Iglesia, que hiciessen nuevo libro de todas las dichas Leyes 
viejas, y nuevas por ellos reformadas, poniendo las dichas Leyes 
por Títulos, y Capítulos en orden, en buen estilo, declarando 
clara y abiertamente la decisión de cada una de ellas; y que no 
se ocupassen en otros negocios, fasta que escriviessen , y aca- 
bassen el dicho Libro, no añadiendo, ni menguando en cosa al- 
guna de sustancia. Capítulo, ni Ley alguna del dicho Fuero, que 
por ellos se havia aprobado, y reformado; y que assi hecho , y 
escrito, lo truxiessen en este mismo lugar, assi el dicho Fuero 
viejo, como lo que ellos havian ordenado, é lo que los dichos Ba- 
chiller Iñigo Urtiz escriviessen, y ordenasscn, para que por ellos 
juntamente con los Señores del Regimiento, conforme á la comi- 
sión á ellos dada, lo corrigiessen , y aprovassen, y por la ocupa- 
ción, que en assi ordenan el dicho Fuero; debían haver los dichos 
Bachiller Martin Pérez, y Iñigo Urtiz , le asignaron á los dos su 
cierto salario, y les entregaron los dichos Fueros; y los dichos 
Bachiller Martin Pérez de Burgoa, y Iñigo Urtiz de Ibarguen 
acetaron, y recibieron el dicho Fuero viejo, y las leyes nueva- 
mente reformadas, é quedaron de hacer el dicho Libro, é de lo 
traer escrito, según y como les era cometido; y con tanto, hasta 
que el dicho Libro fuesse hecho, el dicho Sr, Corregidor despidió 
el Ayuntamiento de los dichos Reformadores, y les mandó que 
fuessen á sus casas : a lo qual fueron presentes por Testigos San 
Juan de la Rentería, y Ochoa Urtiz de Guerra, y Juan Pérez de 
írazabal, y otros.» 

§. Auto, como se vio el Fuero por todos los Diputados, 
y Corregidores, y se embió á confirmar. 

«Y Después de lo susodicho, en la dicha Casa de Martin Saez de 
la Naja, que es fuera de la noble Villa de Bilbao, á veinte y un 
dias del mes de Agosto, Año del Nacimiento de Nuestro Señor 



ORGANIZACIÓN Y COSTUMBRES DEL PAÍS VASCONGADO. 143 

Jesu-Ghristo de mil y quinientos y veinte y seis años: estando 
ende ei dicho Sr. Licenciado Pedro Girón de Loaysa, Corregidor 
de este dicho Señorio de Vizcaya, y en presencia de Nos los di- 
chos Martin Ibañez de Zarra, é Pedro Ochoa de Galarza, Escri- 
vanos de Sus Magestades , é de la Junta, é Regimiento de Viz- 
caya, parecieron ante el dicho Señor Corregidor, los sobredichos 
Licenciado Diego Ochoa de Muxica, y los Bachilleres Juan Saez 
de Ugarte, y Martin Pérez de Burgoa, y Ortún'.Sanchez de Cira- 
rruysta , y Lope Ibañez de Ugarte, y Rodrigo Martínez de Velen- 
diz, Ochoa de Velendiz, y Pedro de Varaya, Alcalde del Fuero , y 
Iñigo Urtiz de Ibarguen, y Martin Ortiz de Zarra, y Martin Saez^ 
de Oynquina, y Ochoa Urtiz de Guerra, y Pedro Martínez deLuno, 
nombrados, y Diputados y juramentados, para hacer la dicha re- 
formación del dicho Fuero, y el Licenciado Ortun López de Ga- 
rita, Letrado del dicho Señorío, y Ortun Sánchez de Susunaga, Di- 
putados, y Lope Ibañez de Otaola, y Francisco de Goycoolea, y 
Sancho Ortiz del Puerto, y Rodrigo Ibañez de Numiaran , y 
Lope Ibañez de Urtubia, y Juan Urtiz de Biteri, y Martin de Ur- 
quiza, y Pedro de Vasabil, y Martin Urtiz de Aguirre, Regidor 
del dicho Señorío de Vizcaya; y assi todos juntos, los sobredi- 
chos Bachiller Martin Pérez de Burgoa, y Iñigo Urtiz de Ibar- 
guen, reformadores del dicho Fuero, mostraron y presentaron 
ante todos ellos un Libro escrito de la letra del dicho Iñigo Urtiz, 
que es el Fuero de este Señorío de Vizcaya , que ellos habían es- 
crito y trasladado, de lo que los dichos reformadores escrivieron, 
quitando del viejo que era superfluo, y añadiendo lo que por cos- 
tumbre tenían, y se usaba, como mejor les había parecido, según 
Dios, y sus conciencias; que es este que de yuso su tenor está 
encorporado; y assimismo, el Fuero viejo , que el dicho Señor 
Corregidor les dio, y lo que Sus Mercedes en la Reformación es- 
crivieron, para que el dicho Señor Corregidor, y los otros de 
suso contenidos, para que estaban juntos en Regimiento conforme 
al Poder, que en Junta General fué d¿ido, viessen y recorriessen 
lo uno, y lo otro ; y quitassen lo que les pareseiesse, que se devia 
quitar; y esso mismo pusiessen lo que se devía poner; y luego 
por mandado del dicho Señor Corregidor, y los otros susodichos 
Nos los dichos Escrivanos ante todos ellos leiraos todo lo que assí 



144 UOI.KTIN IJK LA ItKAl- ACAUKMIA UK I>A HISTOHIA. 

en refoiMiiaciíHi del iliclio Fuero, y cosLumíii-es liaví^ii fecho , y 
escrito, y esso misino las Leyes de el Fuero viejo, y platicado entre 
todos ellos sobre cada Capitulo y Ley del dicho Fuero reformado, 
y Fuero viejo, todos ellos de una conforinidad, dixerou que el 
dicho Fuero, que nuevamente «e havía reformado, estaba bien, 
y conforme á los Privilegios, y [libertades, Fueros y costumbres 
de VÍ7xaya, y que el dicho Fuero assi reformado, Nos los dichos 
Escrivanos , sacassemos en limpio, y siguassemos de nuestros 
signos , y sellado con el sello de Vizcaya , diessemos á los Procu- 
radores, que ellos nombrarían, para que truxiessen |confirmado 
de Su Magostad, y fuesse guardado por Fuero, y Derecho, y este 
Auto mandaron á Nos los dichos Escrivanos lo assentassemos, y 
al pié de este Auto, escriviessemos el dicho Fuero reformado; 
fueron presentes por Testigos, Juan de Zarate Prestamero de Viz- 
caya, y Lope Ibañez de Mugaguren, Escrivano, y Diego de Za- 
marripa. 

«Nos los dichos escriuanos ante todos ellos (los individuos de 
la Junta) leimos todo lo que assi en reformación del dicho fuero 
y costumbres havian fecho y escriplo y esso mismo las leyes del 
fuero viejo y platicado entre todos ellos sobre cada capitulo y 
ley del dicho fuero reformado y fuero viejo. Todos ellos de una 
conformidad dixeron qne el dicho fuei-o que nueuamente se habia 
reformado estaña bien y conforme á los priuilegios y libertades, 
fueros y costumbres de Vizcaya y que el dicho fuero assi refor- 
mado, nos los dichos escriuanos sacassemos en limpio y signá- 
semos de nuestros signos y sellado con el sello de Vizcaya diesse- 
mos á los procuradores que ellos nombrarian para que truxessen 
confirmado de su magestad y fuese guardado por fuero y dere- 
cho, y este aucto mandaron á nos los dichos scriuanos lo assen- 
tassemos y al pie deste aucto escriuiesemos el dicho fuero refor- 
mado, fueron presentes por testigos Juan de Zarate prestamero 
de Vizcaya, y Lope luañez de Mugaguren escrinano y Diego de 
Samarripa.» 

Cumpliendo esta resolución de la Junta de Garnica, los procu- 
radores por ella nombrados, que fueron Iñigo Urtiz de Ibarguen 
y Pedro deVaraya, presentaron el 8 de Abril de 1527, en la villa 
de Valladolid , el Fuero nuevamente redactado á la confirmación 



or(tANizaci(3n y costumbuks del país vascongado. 145 

ilel Empccador, siendo de notar, sin embargo, qne en el docu- 
mento de confirmación no se habla sino del Fuero antiguo ; es 
decir, que se prescinde por completo de la redacción del de 1526, 
como claramente se consigua en las siguientes palabras: 

«Por onde por hazer bien y merced al diclio señorío de Vizcaya 
é vecinos del, por esta nuestra carta de nuestro proprio motu é 
cierta ciencia, loarnos relificamos, confirmamos, é aprouamos el 
dicho fuero según que eu él se contiene, de los priuilegios e 
franquezas é libertades del dicho señorío é tierra llana é villas 
é ciudad del, según é por la via é forma que -por los catholicos 
reyes nuestros señores, padres é abuelos fueron confirmados é 
uprouados, y eu el dicho fuero se contiene y mandamos i'i los del 
nuestro consejo, f^residenies á oydores de las nuestras audien- 
cias, alcaldes de nuestra casa de coi-te, y al nuestro juez mayor 
de Vizcaya é al que es, o fuere rmeslro corregidor ó juez de resi- 
dencia del dicho señorío y rá su lugar tiuieute, y alos alcaldes, 
diputados, procuradores, prebostes prestameros é merinos, escu- 
deros é omes buenos del dicho señorío de tierra llana, é (\ otros 
cualesquier nuestros jueces ó justicias é a cada uno dellos en su 
jurisdicción que guarden é cumplan lo en ésta nuestra carta 

contenido 

j) 

Fácilmente pudiera sostenerse, por lo tanto, que el Emperador 
D. Garlos no aprobó, ni confirmó las innovaciones hechas en el 
fuero en el año de 1526. Sin embargo, dio licencia para impri- 
mirlo en la misma villa de Valkidolid, y con fecha 1.° de Julio 
de 1527; pero en esta licencia se consignó de nuevo que lo que 
aprobaba era el fuero an.tiguo, entendiendo que ésto era lo único 
contenido en el cuaderno que le presentaban los diputados de 
Vizcaya. De vuelta éstos, dieron cuenta del cumplimiento de su 
encargo el 3 de Julio del mismo añe 1527, siendo leída con toda 
solemnidad la carta de confirmación eu la junta celebrada en 
dicho día, so el árbol de Garuica, eu la forma que en las si- 
guientes palabras se expresan. 

«Y assí leido el dicho señor corregidor & los dichos señores 
1). Juan Alonso de Muxica y Butrón, cV D. Juan de Arteaga y 
Gamboa, y Ochoa Urtiz de Guerra, por el señor Marliu Ruiz de 

TOMO XXX. 10 



liCl UOr.l'ni.N DK LA HKAI. ACAOIÍMIA ÜV. r,A HISTOIUA, 

Aueiidaño y Gamboa, & los dichos dipulados de Vizcaya, ei» 
iionbre de toda la dicha jiitita y de todo el dicho señorío de Viz- 
caya, tomo la dicha carta & provisión real de confirdiMciDn en 
sus manos tS: (jiiita(lr)S sus bonetes lo besaron cV [)nsiei"on encirjia 
de sus cabezas & la obedecieron con el acatamiento deviib), ro- 
gando á Dios nuestro señor la cessarea y calholica vida de su 
Magestad alargue &' guarde, con acrecentamiento de su Imperio 
íf reinos como por su muy alto coracon es deseado, y en quanto 
al cumplimiento el dicho corregidor caualieros, diputados fiek's 
y procuradores dixcron que mandauan y mandaron que el dicho 
fuero de Vizcaya y todo lo en él contenido en Juizio & fuera del, 
en todo y por todo de oy en adelante fuese usado é guardado, 
según y de la manera que estaña escripto & mandauan & man- 
daron qnel dicho fuero fuesse imprimido según & como su Ma- 
gestad por otra su cédula maudana con la dicha confirmación, Á: 
con este su aucto, íc mandaron á los señoi-es del regimiento de 
Vizcaya que luego diessen forma como el dicho fuero se irnpii- 
miese & de todo pidieron testimonio y que este aucto fuesse 
assentado al pie de dicho fuero á lo qual fueron presentes Juan 
Urtiz de carate teniente general de prestamero y Rodrigo de 
carate & Fernando de Nanea teniente de Merino y prestamero y 
Fortun Iñiguez de Horgüen, y sant Juan de la Rentería y otrosí 
muchos E yo el dicho Martin luañez de carra escriuauo presen Ih 
fui á todo lo susodicho en uno con el tlicho Pero Ochoa escriuano- 
y testigos & por ende fiz aquí este mi signo en testimonio de 
verdad=Martin luañez.» 

Tuvo lugar esta reunión de la junta el 3 de Julio del año 1527, 
y á pesar de que, como es sabido el rey D. Felipe II entró á 
reinar como sucesor de su padre el Emperador en 1556, na 
consta que confirmase este fuero hasta el 22 de Febi-ero de 1575, 
y ésto, en la villa de Madrid, y no personalmente; habiéndose 
dado cuenta y leído la confií-mación con solemnidades idénticas 
á las que acabamos de referir, que tuvieron lugar en el año 1527 
en la junta so el árbol de Garnica celebrada el 14 de Julio de 1575. 

El rey D. Felipe IIÍ confirmó el fuero en la villa de Valencia 
de Don Juan el 4 de Febrero de 1602 y su sucesor Felipe IV en l.i 
villa de Madrid el 16 de Febrero de 1621, y en nombre de Car- 



ORGANIZACIÓN Y COSTUMBRES DEL PAÍS VASCONGADO. 147 

los II lo confirmó tambiiMi la reina, su madre, en la misma villa 
de Madrid el 7 de Noviembre de 1667 y ya por sí el propio mo- 
narca el 7 de Marzo de 1681. 

También eu términos generales confirmó el fuero el primer 
monarca de la dinastía de Borbón el 2 de Mayo de 1702. 

El Rey Fernando VI reiteró esta confirmación el 30 de Marzo 
de 1751 con las mismas fórmulas cancillerescas que hasta enton- 
ces se habían venido usando, sin interrupción, desde la época de 
los Reyes Católicos, siendo notable la variación que en estas tuvo 
lugar al confirmar el fuero el señor rey Carlos II I que lo hizo en 
los breves términos siguientes. 

«Enterado el Rey de la Representación de V. S. de 30 de No- 
viembre próximo pasado, en que después de manifestar su fiel 
reconocida obediencia solicita, que su Magestad pase a ese Se- 
ñorío en persona, quando le permita el grave peso de la Corona 
á hacer sus juramentos y prometimientos, en la forma que pre- 
viene el Fuero, y (|ue en el Ínterin se le guarden, y confirmen 
estos. Ha resuelto su Magestad confirmar a V. S. todos los Fue- 
ros, y privilegios^ en la forma que sus predeccesores las confir- 
maron. Lo que de su Real Orden participo á V. S. para su inte- 
ligencia. Dios guarde á V. S. muchos años, como deseo. Buen- 
Retiro diez y siete de Marzo de mil setecientos y sesenta. El Mar- 
qués del Campo del Villar.» 

«M. N. y M. L. Señorío de Vizcaya.» 

Desde esta época empezaron las discusiones, que llegaron á 
ser acaloradísimas, entre los defensores de los antiguos fue- 
ros de Vizcaya y de las otras provincias del país vascongado 
y la mayor parle de los jurisconsultos é historiadores castellanos. 
Sirvieron de origen principal á estas polémicas lo que acerca de 
los fueros se dice en el Diccionario Geográfico publicado por 
nuestra Real Academia de la Historia, 

Como es natural, en el calor do la discusión expusieron unos 
y otros sus opiniones con apasionamiento, pero no se puede 
negar que se prestó un eminente servicio á los estudios his- 
tóricos, contribuyendo á (jue empezaran á esclarecerse los os- 
curos orígenes de la vida peculiar de aquellas regiones, habiendo 
contribuido á ello, muy especialmente, la obra del Sr. D. Juan 



I4ft noí.r.ri.v dr \.\ hkai. acadkmia ok r-A his-jop.ia. 

Antonio Llororite, no por sns jnicios, (jueen mucfia parle pueden 
caliíicarse de apasionados , sino poi- la colección de documen- 
tos que constituyen los tomos iii y v de dicha ohra; después de 
la cual , y para lo ({ne al [) u's vascongado se refiere, mere- 
cen consultarse oíros libros, tales como el del Sr. Novia y Sal- 
cedo, es digna también de especialísima mención el Diccionario 
de Antigüedades de Navarra (fne en 1840 dio á luz el señor don 
José Yanguas y Miranda, y lo es, por lo que á Guipúzcoa se re- 
fiere, la colección de documentos reunida por el Sr. Vargas 
Ponce, de que repetidas veces hemos hecho mención. 

Conviene, sin'cmbargo, admitir que las discusiones entre vas- 
congados y castellanos no empezaron en la época del Rey Car- 
los III, sino que tienen fecha mucho m;1s remola, y á este propi'i- 
sito debemos recoi'darla pretensión (]ue vizcainos y guipuzcoanos 
han tenido siempre de ser hijo-dalgos por naturaleza, es decir, 
que sólo con haber nacido en dichas provincias gozaban y tenían 
todos los fueros y privilegios de esta clase, contra lo cual esci-ibió 
extensamente el Dr. Juan García de Saavedra en su tratado Drí 
Hispanoriun Novilitate et exemptione^ á cuya materia dedica este 
jurisconsulto una gran parle de la glosa 7.* de dicho tratado (1). 

De resultas de las reclamaciones de los vizcainos por cédula 
del Consejo de 30 de Enero de 1590 se mando quitar y testar 
de este libro en la glosa 7 numero 23 fol. 196 en el versículo 
Et his quia en Vizcaya^ hasta donde dice, sino tienen los di- 
chos rcíjuisitos, que son cuarenta y quatro renglones: y diez 
renglones mas abaxo desde donde dice, en Vizcaya, hasta donde 

dice que resulta de posesión inclusive, que son qualro y 

más ahaxo doce renglones la palabra que dice aquella se ha de 

(1) Juan García de Saavedra murió de Fiscal de lo civil en Valladolid á 6 de Agos- 
to de 1592. De sólo relator del Consejo, le había proporcionado esta colocación en 1580 
su paisano y favorecedor D. Antonio de Pazos, obispo de Falencia, Avila y Córdoba, y 
Presidente del Consejo que era (según cree Floranes), también natural de Ponteve- 
dra, y de aquí Juan García, reconociéndole su Mecenas, ha escrito tantos elogios en 
sus obras. 

Tómase este apunte para sacar su nacimiento en Pontevedra, pues este es aquel 
famoso Juan García tan perseguido de los vascongados porque dixo la verdad acerca 
de su supuesta hidalguía; del qual tengo otras razones y los pasos que se dieron 
para prohibir su obra, y la que escribió defendiendo los toros, etc. , etc. (Colección 
Vargas Ponce, tomo 44.) 



ORGANIZACIÓN Y COSTUMBRES DEL PAÍS VASCONGADO. 149 

testar la dicha palabra aquella; y luego otro )-englon mas ahaxo, 
1 i palabra en Vizcaya, se ha de testar, y borrar la dicha palabra, 
y mas abaxo en el numero ¿ó. versículo: y con esta resolución 
;il (fuarto renglón del versículo, desde a donde dice, solo quere- 
mos probar, hasta donde dice, Hijos-Dalgo Vizcaínos, todo in- 
clusive, que son poco más de quatro renglones y medios se han 

de borrar : y en el mismo número, cinco renglones mas ahaxo 

desde donde comienza, nombraré aquí algunas p^ra exemplo, 

Insta el versículo, ni de España no hay dar Hidalguía y en 

■ 1 mismo número 25, el versículo que comienza por eso año de 45 
liasla el fin de el y acaba, y en fin es verdadero etc. 

Lo mandado testar y borrar es lo siguiente: 

Ex his (fuia en Vizcaya no ay distinclion de pecheros y hídal- 
i:'>s, ni actos algunos, qui faciát dislinguei'e nobilem á plebleio, 
' oino consta de las probancas hechas entre la villa de Bilbao y 
<us aldeas, sobre esto mismo, procul dubio ex his qute diximus 
íl'ticilíma est probatio nobilitatis possessoria?, porque aun q en 
Vizcaya ay casas iiifaneonadas que se distinguen de las casas la- 
bradoriegas, illa distinctio non í'acit distinguere nobilem á ple- 
beio, por q lo que pagan las casas labradoidegas lo pagan por 
razón de las mismas casas^ de manera que sí vn rico infancon 
viene a viuir la casa labradoriega paga el tributo de la casa, y si 
el mas vil de Vizcaya sale de la casa labradoriega, queda tan libre 
como el infancon, de suerte que no hay distínction, y aunque las 
cas q llaman infanconadas algunas tengan prcheminencias de 
que ayan de tener los ofñcíos de justicia, essa es prehemínencia 
sin distinction q la distingua de pecheros, y tienen algunas des- 
tas casas en las yglessas asientos honrados, paz primero, patro- 
nazgo, entierro, todo esto toca a (jue sean casas honradas, pero 
no hidalgas, por que para que sean hidalgas como diximos, es 
necesaria en la misma prouíncia la distinction de pechei'os, la 
([ual no ay, y en Valladoiíd, y en Salamanca, y en otras ciu- 
dades de Castilla ay casa> q tienen todas estas calidades y aun 
otras mayores y de más imporiVicía, y con todo esso no las dezi- 
mos casas de hijos dnlgo, ni de solar, ni inííizonadas, ni por estar 
estas casas en montaña luego son casas d(; hidalgos, si no tie- 
nen los requisitos 



150 boletín uk la kkal acadiímia de la historia. 

... en Vizcaya falla la probanra de hidalguía possessoria, y de 
la hidalguía propríelaiia qua resulta de possesioii 

. . . aíiuella 

... en Vizcaya 

... Y con esta resolución 

solo querecnos probar que en materia de hidalguía en possession, 
iio vale esta consequeucía, es vízcayno originario, luego es hi- 
dalgo, ni esta la conceden los verdadei'ainente hijos dalgo Viz- 

cayiios 

nombrare aqui algunas para exemplo no excluyédo otras sí vuiere 
semejSiles á estas. La casa de Muxica, la casa de Buytrou, la casa 
de ílurquicu, la casa de Auendaño, la casa de Arteaga, la casa 
de Salcedo, la casa de Salazar, la casa de Muñatones, la casa de 
Qamudío, la casa de Leguizano, la casa Aulestia, y en estas y 
otras que deue auer semejantes a estas, por que concurren las 
qualidades de todo lo que di.ximos en la glossa 18. casa, suelo, voz 
y appellido, armas, varonía, en montaña, y que son indiuiduas, 
bié admilinos hidalguia de solar, pero el que no desciése de 
destas casas, o de otras semejantes a estas, si las ay, no luego 
por ser Vizcaíno, ha de enteuder q es hijo dalgo, pues le falta 
la distinction, sin la qual ni de derecho común ni de España, no 
ay dar hidalguía. 

«Y por eso año de 45. y. 50. se dudó como auia de probar la hi- 
dalguia el Vízcayno, y se mando consuliassen los acuerdos de 
Valladolid, y Granada, y el de Valladolid respondió, que el Viz- 
caíno no pudiese gozar de hidalguía si no probasse otros admi- 
nículos y actos posítiuos y calidades en que se diferenciassen 
los nobles y hidalgos de los villanos y pecheros, tradit Ota- 
lora. 3. par. c. 8. nnm. 9. folio. 130. la qual respuesta fue y es muy 
jurídica, y muy conforme á las dichas leyes. 7. y. Í7. y. 8. y á lo 
que traximos de Bartolo, y de Innocentio, y en fin es lo verda- 
dero.» 

No obstante lo que antecede en la edición de las obras del 
Dr. García, hecha por su hijo en 1637, se mantiene aúu en tér- 
minos más explícitos la doctrina sostenida por aquel en los párra- 
fos 24, 25 y 26 de la referida glosa 7.', que dicen así: 

Y afirmamos, que hay algunas casas en Vizcaya, en las qiiales 



ouPtanización y costumbres del país vascongado. 151 

concurren las calidades que diximos ser necessarias, en la glosa 18 
iiifra, de cuya hidalguía no se puede dudar. 

Y aunque los Vizcaynos pretenden que tienen fuero y pretenden 
por él que, provando solamente ser originarios Vizcaynos, sean 
pronunciados por hijosdalgo, y que ese fuero ha de ser guardado 
rn toda España: real y verdaderamente no tienen tal fuero por- 
i¡ue ¿a 1. 16 en el fuero de Vizcaya, que ellos alegan, no es ley, 
antes es una simple petición que se dio á su Magestad año de 50 
sobre que (al parecer) cayó la consulta y respuesta del acuerdo de 
Valladolid conio consta de Otalora d. 3, p. c. 8, n. 9, folio 130, 
^ el compilador del fuero de Vizcaya puso aquella petición 
simple sin respuesta por ley, no lo siendo y alliende que ésto 
consta claramente de la dicha 1. 16 ibi. uPedian, y suplicavan á 
su Magestad», y vese mas claramente, del tenor de todas Jas otras 
leyes, que todas ellas comienzan por estas palabras. Otrosí dixe- 
ron, que avian de fuero, franqueza y libertad y establescian por 
ley sola la 1. 16, comienza por pelicíon; otrosí díxeron, que todos, 
ni hace al caso la 1. 3, til. 16 del fuero de Vizcaya porque essa no 
los haze hidalgos, dales esa esempcion que por ser Vizcaynos, no 
se les puedan executar los bienes en ella contenidos, y que para 
ese effecto no valga la renunciación de su hidalguía, est eiiim in- 
lelligeiida, de eo qui legitime fuerit nobilis, probata nobililale ad 
liuiic eíTectum, juxta ea qiue diximus supra, glos 1 a nmn 28 et 
ubiter nota quod ex illa 1. 3 en Vizcaya non esl locus illi diputa- 
lioni, an nobilis possil i-enuntiare elTeclibus nobilitalis quos in 
favorem nobilium jus inducit, de qua qusestione eginius supra 
glos 6 num. 19 igilur nbicumque non esl distinctio nobilis, et 
plevei, ó en paga, ó oficio, ó llieva, ó carruage, ó huésped, ó en 
otra manera, como sisa, carnicería cel e non potcst probari nobi- 
lilas juxla leges Hispanas. 

Claro es que hoy no tiene la menor importancia esta cuestión 
de la hidalguía de Guipúzcoa y Vizcaya, pues en virtud de las 
leyes vigentes y desde que en España rige el régimen constitu- 
cional, ha desaparecido la diferencia de clases; pero lo aconte- 
cido en esta materia suministra noticias y aun pruebas eviden- 
tes de lo que ha acontecido en otras de mayor importancia, aun 
cuando aquella la tuvo muy grande en su tiempo, y consista^ 



\h'2 HOLKTIN l)K r,A ItKAI, ACAUKMlA l)K I-A HISTOIUA. 

como repetidas veces hcruos diclio, en que las aspií'acioiiés de los 
lialtiuiiUes del país vasco, aunque sin fundamenlo legal ni hisló- 
rico, han prevalecido al fin por la persistencia de sus gesliones 
y por la habilidad en habei' aprovechado las circunslancias que 
les ei-an favorables. 

En esle caso se encneiilra, muy especialmenle, la organiza- 
ción que hemos llamado política de aquel país, y sobre la cual se 
han sostenido seculares contiendas, llegiíndose al cabo en Viz- 
caya, Álava y Guipúzcoa á la organización que tenían á fines del 
siglo ¡interior con mayor autonomía que en anteriores épocas 
habrían logrado, y que consistía, por una parle, en una admi- 
nistración local en absoluto independiente del poder central; en 
la existencia de autoridades judiciales de carácter meramente 
especialísimo y en lo que suele ser más apreciado por los pue- 
blos, en la casi completa exención de tributos de carácter gene- 
ral y en la no monos apetecida de la del servicio militar, (jue 
ya había llegado á ser obligatorio en las demás provincias d& 
España. 

Gomo era natural, estos privilegios produjeron un movimiento 
de, reacción contra los fueros de las provincias vascas en el resto 
de la Monarquía, y la defensa de ellos ha sido, en la época con- 
temporánea, la fuerza mayor que ha sostenido en el país vasco 
las últimas guerras civiles que lo han ensangrentado. 



Paralela, y en un todo semejante á la historia que hemos- 
expuesto de las vicisitudes y desarrollo del fuero genei-al de Viz- 
caya, es la del fuero general de Guipúzcoa, si bien las confirma- 
ciones de dicho fuero que son conocidas, empiezan en época 
anterior á las del fuero de Vizcaya, pues según los mismos com- 
piladores de la edición publicada é impresa en Tolosa por Ber- 
nardo de Ugarte, impresor de la M. N. y M. L. villa de Gui- 
púzcoa el año 1696: dichas confirmaciones. tuvieron lugar según 
se manifiesta en los siguientes términos : 

«Aunque antes del año de mil y trescientos y noventa y siete 
huvo leyes esci-itas, y confirmadas por los Seüores Reyes D. En- 



ORGANIZACIÓN Y COSTUMBRES DEL PAÍS VASCONGADO. 153 

rique el Segundo y D. Juan el primero, en la Ciudad de Sevilla 
á veinte de Diziembre Era de mil quatrocientos y trece, que 
corresponde al año del Nacimiento de nuestro señor Jesuchristo 
mil y trescientos y setenta y cinco; y en la ciudad de Burgos á 
diez y ocho de Soptiembro Era de mil y quatrocientos, y diez y 
siete que fué año de mil y trescientos y setenta y siete, como se 
ve en las Reales Cédulas de sus Magestades que están puestas á 
la letra y al principio del Quaderno de Jueyes, y Ordenanzas que 
dispuso el Doctor Gonzalo Moro del Consejo del señur Rey D. En- 
rique el Tercero, con comisión de Su Magestad y en concurso de 
todos los procuradores de los Concejos de esta Provincia en la 
villa de Guetaria en el dicho año de mil y trescientos y noventa 
y siete; no parece ni se halla originalmente, ni por traslado 
Quaderno, o Libro alguno de las leyes de que antecedentemente 
se usó en esta Provincia para el govierno de ella, y por esta ra- 
zón, y por las que van puestas y asentadas en esta Nueva Reco- 
pilación, toman su principio desde el año refei'ido de mil y tres- 
cientos y noventa y siete: solo se poneu sus confirmaciones en 
la forma que consta de los Quadernos originales de, Leyes y Or- 
denanzas dispuestas en los años de mil y ti-escientos y noventa 
y siete, mil y quatrocientos y ciuquenta y siete y mil y quatro- 
cientos y sesenta y tres y las contirmaciones de todas ellas, y de 
los privilegios, buenos usos, y costumbres de la provincia, des- 
pachadas por los Señores Reyes Católicos y por el señor Empe- 
rador D. Carlos en los años de mil y quatrocientos y ochenta y 
quatro y mil y quinientos y veinte y uno, que una en pos de 
otra son como se sigue. 

En efecto, la primera mención de leyes generales esci'itas es 
del referido Rey D, Enrique III, que confirmó el cuaderno de 
leyes que formó el famoso doctor Gonzalo Moro, oidoi- de su Au- 
diencia, compuesto dicho cuaderno de 60 leyes, que fueion apro- 
badas en la junta de [irocuradores de las villas, lugares y alcal- 
días de la provincia de Guipúzcoa, en la iglesia de San Salvador 
de la villa de Guetaria, 

Todo induce á creer, á pesar de las aíii-maciones que se contie- 
nen en las anterioi'es lineas, que no existían leyes escritas gene- 
rales para todií Guipúzcoa anteriores á las 60 de que se compo- 



15-4 llOUniN un L\ IIKAI. ACAUKMIA IJ K LA HISTÜHIA. 

nía el cuaderno redacludo por el doclor Moro, sino que la her- 
mandad de Guipúzcoa se gobernaba por albedríos, es decir, por 
resoluciones tomadas en cada caso por los alcaldes de las referi- 
das hermandades, resoluciones sin duda fundadas en los fueros 
¡larliculares, dados por los Monarcas de Navarra y de León y los 
condes de Castilla, iiiie poi' tiempos fueron soberanos de aípudlos 
Estados y fundaron en ellos diferentes villas, especialmente la 
hoy ciudad de San Sebastián, cuyo fuei'O especial dejamos co- 
piado. 

El cuaderno de las 60 leyes del doctor Gonzalo Moro fué con- 
lirmado por el Rey D. Juan II en la villa de Arévalo el 23 de 
Abril del año 1451^ y al fin del documento de confirmación, con 
motivo especial de la continuación de los bandos, discordias y 
contiendas que hubo en toda la tiei-ra, por parte de la provincia 
le fué suplicado que, proveyendo de remedio^ mandase que los 
oidores y alcaldes de la Ghancillería Real no conociesen de las 
cosas de la hermandad de la provincia poi" vía de querella, ni por 
apelación, ni por presentación personal de los reos. Concluye el 
documenlo relativo á esta confirmación en forma idéntica al de 
D. Enrique. 

Es de notar, sin embargo, que aunque en términos vagos, don 
Juan accedió á la pretensión de los procui-adores de Guipúzcoa, 
por virtud de la cual se declaraban inapelables los fallos de los 
alcaldes de las hermandades, si bien sólo en los cinco casos por 
ellos expuestos. 

El Rey D. Enrique IV confirmó á su v^ez, no sólo el cuaderno 
de las 60 leyes de que con repetición hemos hablado, sino una 
nueva compilación compuesta de 147 capítulos, que «tratan de 
diferentes cosas pertenecientes cá la administración de la justicia» 
y al Gobierno de la ¡provincia en sus juntas generales y particu- 
lares, habiéndose dado por el Rey esta confirmación en la ciudad 
de Vitoi-ia el 4 de Marzo del año de 1457. 

En el año siguiente de 1463, el mismo Rey D. Enrique IV dio 
comisión por cédula, despachada en Fuenterrabía el 4 de Mayo, 
á los doctoi-es Fernán González de Toledo, Diego Gómez de Za- 
mora, y á los licenciados Pero Alonso de Valdivieso y Juan Gar- 
cía de Santo Domingo, para que añadieran y quitaran en las re- 



ORGANIZACIÓN V COSTUMBRES DEL PAÍS VASCONGADO. 155 

feí'idas leyes y ordenanzas lo que pareciere más conveniente, 
reduciéndolas á un nuevo cuaderno, para que por él pmiiera re- 
girse y gobernarse la hermandad y la provincia en lodo tiempo, 
dando S. M. por loado, aprobado y confirmado todo lo que en 
esla razón obraron y ejecutaron los dichos cuatro ministros, que, 
en efecto, formaron un cuaderno compuesto de 207 leyes y orde- 
nanzas, las cuales fueron más tarde confií'madas por la Reina 
Católica Doña Isabel, en la M. N. y L. ciudad de Segovia, á 8 de 
Diciembre del año 1474. 

Unidos los Reyes D. Fernando y Doña Isabel, confirmaron 
este cuaderno en la ciudad de Tarazona el 20 de Marzo de 1484. 

Por último, el Emperador Garlos V, sin mención especial al- 
guna lo confirmó también en Bormacia el 23 de Mayo de 1521 
en la misma forma. Pero sin que conste confirmación de los Re- 
yes que sucedieron al Emperador Garlos V, se procedió á la im- 
pi'esión de estas ordenanzas, Cjue concuerdan con las originales 
que se piesenlaron en el Gonsejo para obtener la correspondiente 
licencia que se dio á la M. N. y M. L. provincia de Guipúzcoa, 
según certifica el licenciado D. José Beruardino de Vergara, en 
Madrid, á 8 de iMarzo de 1697. 

La impresión fué sometida de nuevo al Gonsejo y examinada 
por virtud de decreto de 11 de Marzo de 1703, por el licenciado 
D. Juan Grisóstomo de la Pradilla, fiscal de dicho Gonsejo, y por 
otro auto de 24 del mismo mes se mandó que lo volviese á ver 
D. Pedro Larrea y el mismo fiscal de dicho Gonsejo, y por su res- 
puesta de 29 de dicho mes, habiendo reconocido dichas leyes^ 
fueros y ordenanzas y el cotejo hecho de ellas por el licenciado 
Juan Antonio de Torres, dijo que no se le ofrecía qué decir ni 
añadir á la respuesta del dicho fiscal de 10 de Junio del pasado 
año, especialmente estando resuelto por la real persona que no 
se usasen las palabras de «sin [lerjuicio» de las regalías del 
patrimonio nuestio ni de otro tercero interesado, y se afirmaba 
en ellas, y en caso necesario las reproducía de nuevo, y visto por 
los del Gonsejo, por auto de 30 de Marzo, aprobaron las leyes, 
fueros y costumbres hechos por la provincia, que estaban im- 
presos por virtud de cédula de 3 de Abril del año pasado de 1690; 
y mandaron que en virtud de lo resuelto por la Real persona á 



15fJ UOI-KTIN IJIC I.A HICAI. ACAO KM I A DE LA HISTORIA. 

cónsul la del Coiisci<j, se quilaseii las palabras coiiteuiílas oii lu- 
cha cédula que decían «sin perjuicio de nuestra Corona Real ni 
de tercero del cap. xiii d(d lít. 18, en que se decía no débese 
pagar alniogarifazgos de las mercaderías de esa proviucia que 
entrasen en la ciudad de Sevilla, en conformidad de la ejecutoria 
del Consejo dií Hacienda, niieulras [jor S. M. otra cosa se prove- 
yera y mandara». 

Eu estos términos y con estas cii'cunslancias se aprobaba por 
el Rey D. Felipe V la compilación de los fueros generales de 
Guipúzcoa, y no hay sino tener eu cuenta la fecha del documento 
para conocer los motivos (jue determinaron en aquel caso su vo- 
luntad, que como ya hemos dicho, no fueron otros, sino la nece- 
sidad política de contar con el decidido apoyo de aquella provin- 
cia en la giieri'a que sostenía por la sucesión de la Corona con el 
Archiduque Carlos de Austria; apoyo tanto mas necesario, cuanto 
que la comunicación con Francia ei'a condición indispensable 
para lodo lo que se relacionaba con la guerra, pues de aquella 
nación tenía que venir el principal auxilio que para sostener sus 
dudosos derechos necesitaba el fundador de la nueva dinastía. 
Pero ya en esta real disposición quedó sembrado el germen de 
las cuestiones que en adelante se suscitaron acerca del alcance de 
las exenciones y privilegios de dicha provincia, pues si bien se 
mantenía eu ella lo dispuesto acerca de contribuciones y tributos 
en la ejecutoria del Consejo de Hacienda, se añadió que esto tu- 
viese lugar mientras por S. M. no se aprobase y mandase otra 
cosa. 

Sabido es que, en efecto, en diferentes ocasiones los Reyes de 
la Casa de Boibón, ó mejor dicho, los políticos y los hacendistas 
que regían en su nombre los destinos de la nación, tuvieron el 
propósito de someter á Guipúzcoa, como al resto de la Península, 
á un mismo régimen fiscal, habiendo tomado forma definitiva 
este pensamiento en el famoso proyecto de conti'ibución única, 
que por pugnar con las costumbres, no sólo del [)aís vascongado, 
sino de todas las regiones de España, no pudo realizarse, porque 
tal proyecto, que no era otra cosa sino la realización de la utopia 
del célebre mariscal Bouvan, expuesta en su libro Projet de Dime 
Boyal, era una empresa completamente irrealizable. 



ORGANIZACIÓN Y COSTUMBRES DEL PAÍS VASCONGADO. 157 

Siempre am la idea de la unidad, y pi'incipalnieiUe para evi- 
tar los desastrosos efectos que ea el réi;imen ecouónüco de la Pe- 
nínsula se producían, de resultas del conti-abando que tanto faci- 
litaban las excepciones y privilejíios de (]ue gozaban las Provin- 
cias Vascongadas, se creó una junta bajo el título de «Reforma- 
dora de abusos», por Real orden de 6 de Enero de 1715, la cual 
emitió un luminoso informe, fundado en los antecedentes históri- 
cos que demuestran la igualdad de los orígenes de dirJias provin- 
cias y de las demás que formaron la monarquía española, ó ins- 
pirado en el principio de unifoi'midad en materias fiscales. Como 
es de suponer, el nombi-amiento de esta junta produjo alarma 
en las diferentes comarcas del país vas'iongado, y para defender 
lo que creían ser sus derechos imprescriptibles, hicieron repeti- 
das y tenaces reclamaciones que duraron muchos años, especial- 
mente cuando después del período cousLitucional de 1820 á 1823 
en que se reprodujeron las tendencias antifuerislas, ¡esultadu 
natural de los principios constitucionales, no obstante la reacción 
política violentísima, que se inició en Octubre del referido año 
de 1823, prevalecieron las id(>as económicas modei'uas, llegando 
en parle á ser implantadas durante el ministerio de D. Luís I^ó- 
pez Ballesteros. Para contraponerse á ellas lial)ía venido á la 
Corte con el carácter de diputado en ella por el Señorío de Viz- 
caya en lósanos 1825 y 1826, D. Pedro Novia de Salcedo, autor 
de la defensa histórica de que se habla en varios pasajes de este 
escrito. 

Como es sabido, después de muchas vicisitudes, llegó á im- 
plantarse en toda la Península el sistema tributario de 1845, que 
llevó el nombre de D. Alejandro Mon; pero el país vascongado 
logró sustraerse á sus disposiciones, por virtud de lo estipulado 
en el famoso convenio de Vergara, que reconoció en principio 
los fueros, y aun hoy día, no obstante haber terminado la se- 
gunda guerra carlista por la acción de las armas, todavía han 
logrado las provincias Vascongadas vivir bajo un régimen espe- 
cial, que se conoce generalmente con el nombre de «Convenio 
económico», y además la organización administrativa de aquellas 
provincias conserva aun caracteres particulares, pieteudiendo 
especialmente las Diputaciones de aquellas provincias, ser la re- 



158 BOr.KTIN I)K LA HKAL ACADKMlA DE LA HÍSTORÍA. 

proseiitacióii de; sus ;iiitií,'uas 6 históricas jmiias. Con)0 ya hemos 
(lidio ron i-o[)(!licióii fiíi ol curso do este largo escrito, no somos 
pu'tidai'ios de la nivelación y unidad absolutas riel rf''^;iriieii ad- 
ministrativo y político de todas las regiones que constituyen en 
la Península la Monarquía española, y es de creer y de esperar 
que cuando llegue el momento, cuya urgencia todos reconocen, 
de modificar las leyes vigentes, se han de tomar muy en cuenta 
las condiciones esjieciales del país vascongado; [)ero de la misma 
manera y por idénticas razones que se han de tener tamhién pre- 
sentes las peculiaridades de las demás i-egiones de España y de 
las diferentes agrupaciones urhanas que en ellas existen. 

(fie cnntinuaráj 

Antonio Maiüa Fabié. 



I[. 



LOS TRABAJOS CIENTÍFICOS 
DEL EXCMO. SR. D. JACOBO ZÓBEL DE ZANGRONIZ, ACADÉMICO ELECTO. 

(1842-1896). 

Con la muerte prematura del Sr. Zóbel, acaecida el día 7 de 
Octubre de 1896. no sólo su familia y sus amigos han padecido 
grave pérdida, más también la han sufrido ciertos ramos de la 
ciencia numismática é histórica. 

Para dar á comprender el relevante mérito del Sr. Zóbel, ó 
exponerlo fundadamente, diré cómo se hallaban antes que él los 
cultivase estos ramos de la ciencia de la antigüedad. Aunque 
nuestro inolvidable colega el Sr. I). Antonio Delgado, en su 
grande obríi numismática, de la cual tendré que hablar más ade- 
lante, ha dedicado sendas observaciones á algunos de sus prede- 
cesores, todavía creo (lue el fijar con más exactitud los progresos 



LOS TRABAJOS GIEN'IÍFICOS DE ZÓBKL. 159 

que hizo el saber humano sobre un objeto tan imporlaiite no ca- 
recerá de interés común (1). 

La gran cantidad de monedas de [)lata y de cobre que desde há 
muchos siglos han salido y salea diaiiamenle del seno de las lo- 
calidades multíplices y extensas, en donde se concentraba la vida 
de los pueblos antiguos de la Península, no pudo menos de ex- 
citar la curiosidad de los muchos hombres desabei-que en Es- 
paña y fuera de ella se interesaban por su historia. El primer 
sabio español que les dedicó algunas observaciones, aunque li- 
geras y de paso, y que por cierto estaban lejos de acertar con su 
verdadera significación, es el ilusti-e D. Antoyiio Agustin. En 
sus muy conocidos «Diálogos de medallas y otras antigüedades», 
publicados por primera vez en susede arzobispal de Tarragona en 
1587, y después vertidos al latín y al italiano y reimpresos á me- 
nudo, que forman el primer manual popular conocido de la ciencia 
numismática antigua, cita ocasionalmente tres ó cuatro tipos ibé- 
ricos diferentes de los de la provincia citerior (son los núme- 
ros 6, 33, 103 de mis Mon. ling. Iber.), una de la ulterior (la 
moneda Obulconense, núm. 120), y algunos fenicios de ¡a rica 
serie de la moneda gaditana. 

Más de medio siglo después D. Vicente Juan de Lastanosa, en 
1645, publicó el cal;ílogo de su colección de monedas que en su 
patria, la ciudad de Osea, y sus ali'ededores abundaban. Los di- 
bujos que añade no tienen mérito; el principal interés de su ohra 
consiste en (¡ue de ella se aprende cuáles de éntrelos tipos ya en- 
tonces eran los más frecuentes. No da ni siquiera uii ensayo de 
explicación de los tipos y las leyendas; pero las disertaciones de 
los hombres doctos impresas en su libi'O después del catálogo, no 
carecen de interés. En la primera, el P. Pablo Albiñana de Rajas 
observa, el primero, que bajo la designación de nrgentum Osceyíse, 
tan fiecuente en los liliros del histoiiador romano Tito Livio, no 
ha de entenderse una moneda local de Huesca, sino más bien el 



(1) Por lo tocante ;'i los detalles bibliogT:ifieos, me refiero á las indicaciones ([ue he 
dado brevemente en mi Arqueología de España (Barcelona 1888), pág-. 18~ y sitr., y en 
latín con más extensión en los Prolegnmena de mis Moniimenta lingnae IbeMrae 
(Berlín, 1893). 



iGO HOMvTÍN l)K I, A lUCAL ACAUlíMIA DE LA HISIOIIIA. 

coDJ linio de los deiiariüs i-üinanos de piala acunados en E].spaña 
con leyendas ibéricas. La segunda, la del Dr. Juan Francisco 
Andrés do Uzlairoz, conliene las (¡riineras lentaiivas, liarlo infe- 
lices, de leer y iraducir algunas de las leyendas ibéricas de las 
monedas de Crlsa, Osicerda, Saelabis y Sagunto. La lercera, la 
del Dr. Francisco Xiinénez de Uri-ea, refiere que en Longares, 
lugai' cerca de Zaragoza, por estos años se hahíau cMcoiiIra lo 
juntas nada menos que dos mil monedas ibéricas con el jinete 
y leyendas diferentes, por D. Martín de Aragón, du(]ue de Vi- 
llahermosa. Es este el [irimer lialla/,g(j de un tesoro ó ripostiglio, 
como los llaman los numismálicos italianos, cuya noticia se ha 
conservado; falla con lodo un catálogo detallado de él. 

A estos ensayos de investigación erudita, sólo un siglo más 
larde, siguió el libro conocido de D. Luis José Velázquez, mar- 
gines de Vdldejlores^ puljlicado por la Real Academia de la His- 
lüiia y dedicado á la Majestad de D. Fernando YI (Madrid 1752); 
y por consiguiente, su autoridad, por mucho tiempo, debía pre- 
valecer. Kl autor, caballero insiruído y de raro talento, como se ve 
en lodos sus escritos, inéditos en su mayor parle, y siempre ca- 
racterizados por cierta grandeza de ideas propias de su siglo — 
he hablado de ellos en extenso en el Corpus incr. Lat. vol. ii, 
página XXII, y con más brevedad en la Arqueología de Es- 
paña, pág. 100, — tuvo la idea poco feliz de fundar su interpreta- 
ción del alfabeto ibérico, bien ideada por sí misma, sobre el alfa- 
beto griego, en vez del fenicio. Mas esto no le impedía que se 
sirviese al mismo tiempo de los alfabetos latino, hebreo, siriaco, 
etrusco y hasta del rúnico de los pueblos del Norte, de donde re- 
sultaba una mescolanza de formas ajenas á la sana crítica. La 
ciencia paleográfica nacía entonces y daba los primeros vagidos; 
no ha de culparse á quien, como él, se atrevió á sallar por en- 
cima de las dificultades de tan ardua tarea sin conocerlos medios 
necesarios para vencerlas. Sin embargo, con cierta adivinación, 
guiada sólo por el instinto, halló justamente la explicación de 
siete ú ocho letras del alfabeto; mas no supo guardar estricta con- 
secuencia en la aplicación de estos hallazgos felices. A las mis- 
mas letras atribuía diverso valor en diferentes monedas; por ma- 
nera que en su opinión, pocas hay que no tengan significado 



LOS TRABAJOS CIENTÍFICOS DE ZÓBEL. 161 

doble. No fué difícil, con todo eso, al juicio imperturbable del 
esclarecido José Hilario Eckhel, fundador de la ciencia numis- 
mática moderna, el zapar por sus cimientos la teoría de Veláz- 
quez, que, como dice, no tiene más consistencia que un castillo 
de naipes, pronto á caer y deshacerse ante el soplo más ligero. 
Mas no debemos olvidar que Velázijuez fué ciertamente el pri- 
mero en comprender que casi todas las leyendas ibéricas con- 
tienen nombres de pueblos — con la única excepción de las de 
Obulco en la ulterior, que indican tal vez magistrados, y ni si- 
quiera hoy les podemos dar interpretación más fundada, — y á 
distinguir los tres alfabetos diferentes, el celtibero, de las costas 
orientales de la Penínsnla; el tdrdulo, de la Bética, y el púnico, 
de las colonias fenicias, como él las llamaba impropiamente. 

Mny superior á él por otros conceptos, así como lo era á todos 
sus antecesores y á muchos de los que han vivido después como 
historiador consumado, lo era también como numismático el 
preclarísimo Flórez. Sus méritos no necesitan otras alabanzas 
que las que le ha otorgado el no menos ilustre Eckhel , siguién- 
dole casi exclusivamente en su explicación del sistema monetal 
de las Españas. En la cuestión del alfabeto ibérico supo, con 
envidiable modestia, contentarse con lo cierto y claro. FJnumera 
sólo, con su conocido acierto, las monedas con leyendas latinas 
y algunas de las púnicas; pero pasa por alto las celtibéricas. Poco 
más tarde, el ilustre orientalista Pérez Bayer, habiéndose dedi- 
cado al estudio de las monedas Samaritanas, á cansa délos shekel 
de los judíos, hubo do entrar en el de las fenicias encontradas 
en F]spaña; y ocasionnlmento leyó é interpretó bien por primera 
vez las bilingües de Saetabis (Jáliva). 

Apenas merecen ser nombrados al lado de estos sabios algunos 
aficionados provinciales, quede paso han tratado de algunas mo- 
nedas ibéricas como los andaluces D. Patricio Gutiérrez Bravo, de 
Osuna; el Conde del Águila, sevillano; D. Pedro Alfonso O'Croxi- 
ley; el Marqués de Algorfa; un sinónimo, cuyos papeles guardaba 
el Sr. Gago en Sevilla, y otros; porque de sus trabajos la ma- 
yor parle han quedado estériles. No valen más los de D. Cán- 
dido María Trigueros , letrado madrileño de no buena memoria 
por sus varias falsificaciones. A mejor mención honorífica es 

TOMO XSX. 11 



162 BOLKTÍN Dli l-A ItliAL ACAUKMIA UK LA HISTOHIA. 

acreedor D. Guillerino López Buslamunle^ jefe beuernérilü de la 
Bihiioleca pública de Madrid, el cual con gran moileslia ha pru- 
pueslo ui:a soluciúu del alf'abelo ibérico b.irto lejana de la 
verdad. 

Esas tcntalivas, bi(;ii ijue iüsuíicientes, lograron cnamlo menos 
llamar, ;í |)rinci|)ios de esle siglu, la atención de vanos exlnin- 
jeros hacia el problema de la escritura ibérica. Sobre los mate- 
riales que ofrecían los doctos españoles, acudieron los extranjeros 
á edificaí' varios sistemas ó ensayos de interpretación que h.ui 
visto la luz eii lodo el decurso de nuestro siglo. 

Abrió la marcha el bien conocido numismático de Florencia 
Domenico Sestini, que pasó algunos años de su vida inquieta, y 
oran los de 1803 hasta 1810, en Berlín, empleado en el Real Ga- 
binete Numismático (i). Publicando las monedas españolas que 
el conde (k; Viczkay, magnate húngaro, había reunido en su cas- 
tillo de Medervar en su país natal, se sirvió, para la interpi-ela- 
ción de las leyendas ibéricas, de un alfabeto que le había sumi- 
nistrado un médico español establecido entonces en Florencia, 
el Dr. Dámaso Puertas, Este alfabeto, como observó Delgado, 
es idéntico al de Bustamante, y tiene faltas gravísimas, entre 
ellas la de ati'ibuir á una misma lelra tres ó cuatro significaciones 
diferentes. Con su viva imaginación, supliendo á estos defectos, 
Sestini se lanzó á interpretar casi todas las leyendas entonces co- 
nocidas, sin más ley que su albedrío. Con todo eso, después de 
Velázqnez ningún otro sabio logró tanta autoridad como él, de 
suerte que aun en estos últimos años, cuando el Sr. Alfredo Rol- 
der^ bibliotecario en Karlsruhe, comenzó á publicar su tesoro de 
la lengua antigua céltica, no vaciló en servirse para la trans- 
cripción de leyendas ibéricas, á su parecer de origen céltico, de 
las interpretaciones de Sestini, puramente fantásticas (2). 

El problema, complicado y casi sin medios de solución, permíi- 



(1 1 Véase la noticia biográfica que de él dio en los Berliner Blütterf'^r ilünzkunde 
de 18';7, pág. 1-28, el ya difunto director del Gabinete Numismático de Berlín 
Dr. Julius Friedlaender. Sestini murió en ¡832. 

(2) Véase Roldar, altceltischer Sprachschatz (Leipzig, 18.)1-1896) , y mis observa- 
ciones en la Deutsche Lüteraturieitung de 1891, pág. 1814-1819. 



LOS TRABAJOS CIENTÍFICOS DE ZÓBEL. 163 

necio en el mismo estado dnrante muchos años. En 1840 un nu- 
mismático francés, brioso ó intrépido, el Sr. Feliciano deSaulcy, 
antiguo oficial de nrtillería, que más tarde en muchos y muy di- 
¡erenles ramos de la numismática ha dejadlo huellas de sus es- 
tudios siempre ingeniosos, pero algo superficiales, se aventuró á 
¡esolver la cuestión en su Ensayo de clasificación de las monedas 
(tidónomas de España (Metz, 1840). Le habían inducido ;í'ocu- 
parse en aquella clase de monedas los trabajos lingüísticos de 
líos sabios, uno alemán y otro francés, que poco antes habían 
parecido. Grotefend, de Hannover. Garlos Luis, animado por el 
grande éxito que su tio Carlos Federico había obtenido al desci- 
frar las inscripciones cuneiformes de Babilonia, se puso á exa- 
minar aientamente las leyendas ibéricas, y sirviéndose muy bien 
de las pocas bilingües ya conocidas y á fuerza de combinaciones, 
llegó efectivamente á descubrir el sentido verdadero de dos ó 
cuatro letras, como el de la 'í^— o, como creyó él, que es más 
bien u. Su alfabeto, coi-regido y aumentado después de publicado 
el libi'O de Saulcy, fué útil á Delgado, como lo ha reconocido él 
mismo con gratitud. El docto catedrático de la Sorbonne Carlos 
Lenormant el padre, en su curso de lecciones de la Universidad 
de París, sostuvo con argumentos invencibles contra Velázquez 
y sus sucesores la tesis de que el alfabeto ibérico es hijo directo 
del fenicio, y no de un alfabeto griego. IjO prueba por las formas 
de algunas de sus letras, como la (^i, que evidentemente fueron 
sacadas directamente del original fenicio. Saulcy, siguiendo á 
Grotefend y á Lenormant, aunque tomó como era justo por punto 
de partida las monedas bilingües, no supo, sin embargo, explicar 
bien las bilingües verdaderas de Gelsa, Gili y Obulco, é inventó 
bilingües de Obulco y Garbula, que no existen, no conociendo 
las de Saetabis y de Sagunlo. Gon estas faltas esenciales y con su 
ignorancia completa de las regiones de donde proceden las nio- 
uedns ibéricas, atribuyéndolas á lugares elegidos arbitraria- 
mente de todas partes de la Península, hasta las más distantes 
de su patria verdadera, no pudo menos de naufragar en el mar 
revuelto de lo desconocido. Su libro, ya casi olvidado, á pesar 
de sus faltas palpables, no carece de ciería valía, y me complazco 
eu ofrecer á la memoria del hombre franco y amable, á quien 



164 boletín de la hkal acaukmia uk la HISTOIMa. 

querían ciiaiilos le conocieron, un liihulo de gratitud y alai)anza. 

No hablaré, si no es con pena, del esfuerzo inútil que hizo en 
sus Recherches numismatiques sobre las medallas celtibéricas, 
publicadas on París (1852), pero nunca concluidas, el Sr. Daniel 
de Lorichs, ministro de Suecia en la corte de Madrid durante 
muchos años, colector diligente de monedas ibéricas, peio sujeto 
á la preocupación infeliz de reducir las leyendas ibéricas á abre- 
viaciones de palabras latinas, significativas de magistrados ro- 
manos, paralo cual ideó un alfabeto de 2G7 letras simples y 135 
ligadas: — su sistema ya lo condenó justamente Delgado. , 

Poco mejor fruto sacó de sus investigaciones persistentes el 
Sr. P. A. Bondard, que en su país natal de Beziers en la Francia 
meridional, la antigua Baeterrac ibérica, había reunido una 
buena colección de monedas ibéricas, sobre todo de lasque suelen 
encontrarse en el actual suelo de Francia, pero tjne en la anti- 
güedad y hasta mediados del siglo wii pertenecía á Esp iña. Ob- 
servó con acierto en su Essai sur la numisnmtique ibériemie 
(París, 1859), que las monedas escritas P'^I^^H^'bh' nerhncen 
deben atribuirse á la colonia Narbonense en Francia, ciudad de 
origen ibérico. Además, con sus conocimientos, aunque escasos, 
del moderno vascuence probó que algunas formas de derivación 
que frecuentemente ocurren en las leyendas ibéricas, tienen 
ciei-ta analogía con las flexiones ó casos aglutinantes de aquel 
idioma. Pero en lo principal, ó en el fijar el valor fonético de las 
letras ibéricas, no hizo ningún adelanto, persuadido como estaba 
de las formas gráficas de estos caracteres que resultaron de una 
mezcla arbitraria de elementos griegos, latinos é ibéricos. 

Desde 1850 en adelante D. Antonio Delgado sacó á luz publi- 
caciones numismáticas menores, dando explicaciones de mone- 
das hasta entonces ó no conocidas ó mal leídas, y tomando la 
explicación del rico material de observaciones que ya desde joven 
había reunido bajo los auspicios de su padre D. Francisco Ja- 
vier, amante de toda clase de antigüedades. Gran parte de los 
resultados obtenidos por un estudio paciente y nunca Ínterin m- 
pido durante largos años, han parecido en la obra por sí muy 
meritoria del Sr. Aloiss Heiss, ingeniero belga empleado algunos 
años en España. Delgado le comunicó con hidalga franqueza 



LOS TRABAJOS CIENTÍFICOS DE ZÓBEL. 165 

todo lo que había anotado sobre monedas ibéricas. La grande 
obra del Sr. Heiss, la Description genérale des monnaies antiques 
de VEspagne (París, 1870), así como la otra sobre monedas visi- 
godas, Monnaies des rois Visigoths (París 187*2), escritas en fran- 
■cés y por eso al alcance de casi lodos los que se dedican á estos 
■estudios, sobre todo por sus láminas primorosamente ejecutadas 
por artistas hábiles franceses, no carece de mérito. Pero la cues- 
tión del alfabeto ibérico no ha sido promovida en ella: lo bueno 
■que en este respecto contiene se debe únicamente á las informa- 
ciones dadas al autor por Delgado; y en todo lo que el Sr. Heiss 
•aumenta, quita ó reforma sobre lo que ya estaba establecido por 
aquél, es baladí ó puro desperdicio. Así que, no sin gran satis- 
facción de los amigos de Delgado, fué recibida la publicación, 
largo tiempo deseada, del primer volumen de la obra de toda 
su vida, el Nuevo método de clasificación de las medallas autó- 
nomas de España, como Ja intitulaba siguiendo el ejemplo de 
Saulcy. Ese primer volumen, publicado un año después de la obra 
•de Heiss, en 1871, contiene, previa una reseña de muchos traba- 
jos eruditos de sus antecesores, que juzga benignamente y con 
•especial reconocimiento de sus respectivos méritos — con sola ex- 
<;epción, por supuesto, de Heiss, — un catálogo completo de las 
■monedas falsas y mal leídas, que desde el tercer volumen de la 
-obra de Flórez, publicado cuando éste era ya muy anciano y es- 
taba poco menos que ciego, fueron estimadas genuinas por sus 
«ucesores, removiendo así, como lo había hecho Eckhel en su 
gran sistema de numismática universal, lodo lo incierto y falso 
tintes de entrar en el campo de las investigaciones propias. Con 
envidiable facilidad plantea los fundamentos de su sistema de 
elasiíicación, adoptando enteramente los mismos principios de 
sana critica que Flórez y Eckhel antes que él habían sentado. 
Para atribuir Jas muchas leyendas no bilingües á ciertas locali- 
■dades, observa muy bien que como sitios de las respectivas cecas 
sólo pueden considerarse lugares en (jue se encuentran los mis- 
mos tipos en grandes cantidades juntos, como tesoros depositados 
en tiempos de guerra ó de urgente necesidad, ó repetidamente 
eon cierta constancia, y sobre todo las monedas de cobrií, mien- 
tras las de plata, el argentum Oséense, tuvieron una circulación 



166 nOI.KTlN I)K LA rtEA!, ACADKMIA DE LA HISTORIA. 

casi 110 limitada por iiiia gran paite ile la Península. Saina per- 
fectamente, lo que ignoraban los extranjeros como Saulcy y 
Boudanl , que los tipos propios de la citerior y de su costa 
oriental, nuiiea ó casi nunca se encuentran en la Bélica, y vice- 
versa. Fnndííndose sobre esta observación justísima, que había 
aprendido de su padre, estableció con mucha mayor conlianzi, 
como Velázquez, las tres grandes clases de monedas española- 
diferentes por la región principal de su circulación , por el ca- 
rácter déla escritura en sus leyendas, y hasta cierto punto, tam- 
bién por su edad y su valor; es decir, las de la citerior, de la 
ulterior y de las colonias fenicias. Con estos principios senci- 
llísimos obtuvo soluciones sólidas, como la de atribuir con cer- 
teza á Tarragona la rica serie de las monedas de los Gesetanos — 
DO Goselanos, como creía, inducido por una variante mala de los 
textos impresos de Pliiiio, no de los códices — y de su antigua 
capital Gissa, ya reconocida por Sestini; y á Osea los de los Gel- 
sithanes, como lo había adivinado Lorichs; y otras por este estilo. 
En su reducción del alfabeto ibérico operaba lo mismo con mucha 
sencillez y notable sentido común, sin llegar á un sistema pa- 
leogriífico perfecto. Con Boudard distinguió las diferentes cláu- 
sulas que ocurren en ciertas leyendas é intentó valerse de ellas 
para distribuirlas geográficamente, pero no alcanzó á combinar 
esta observación con los demás indicios de origen. Algo adivinó 
sobre la sucesión cronológica de las diferentes formas paleográ- 
ficas de una misma letra, pasando por mudanzas notables desde 
su primitiva semejanza á las fenicias redondas hasta asemejarse 
más bien á las cuadradas del alfabeto griego y latino. Pero no 
conociendo bastante la paleografía griega y latina, ni esta ob- 
servación, de por sí justísima, no pudo llegar sino á ligeras 
correcciones de las atribuciones antiguas. Gon toilos estos ele- 
mentos, que juntos podían prestarle el fundamento sólido de un 
verdadero nuevo método de clasificación, no se atrevió aponerlos 
en acción para ordenar con eficacia la gran cantidad de unas 180 
Cecas y cerca de 650 leyendas diferentes. Contentándose con una 
división en dos parles solas , las de las dos antiguas provin- 
cias de la república romana, la ulterior y la citerior; en estas dos 
partes iba colocando las leyendas según el orden menos científico 



LOS TRABAJOS CIENTÍFK^OS DE ZÓBEL. 167 

posible, esto es el alfabético, incluyendo en el alfabeto griego y 
latino también el ibérico, según lo había ideado; siendo así que 
la enumeración alfabética obsta más bien que ayuda á la facilidad ■ 
de encontrar las diferentes monedas. El primer volumen, pi-inci- 
piando con la provincia ulterior, no abraza más que las monedas 
desde Abdera hasta E[)0ra, entre púnicas, turdetanas y latinas. 
Las ibéricas sólo entran, ó se producen en los dos volúmenes si- 
guientes: el segundo, publicado por el autor mismo en 1873; el 
tercero después de su muerte por varios de sus amigos y discí- 
pulos, como Berlanga, Gago y Pujol en 1879. Ambos contienen 
sus interpretaciones de aquellas leyendas enigmáticas, muchas 
de las cuales con cierta facilidad de adivinación explica bien, 
mieuti-as que en otras no acierta. Con todos estos defectos pal- 
pables, la obra será para siempre, no sólo testimonio del perspi- 
caz y sobrio talento de su autor, sino también el repertorio in- 
dispensable para estos esludios, sobre todo por las lAuíiuas abier- 
tas con primor de corrección, aunque no elegantes. 

Luengo parecerá nú preámbulo hasta llegar á los trabajos de 
Zóbel. Mas en esto consiste la claridad y propiedad del problema 
en cuestión, que no se ha i-i'suelto por un hombre solo ni por una 
intuición momentánea, sino [)0r las pacientes investigaciones de 
muchos, fundándose uno tras otro sobre paulatinos descubri- 
mientos. No se puede bien comprender el mérito del último sin 
conocer completarnenle lo que hicieron los anteriores. Sobre la 
obra de su venerado maestro y amigo se alza la de Zóbel su [)re- 
claro discípulo, á cuya memoria estas páginas van dedicadas. * 

Cuando el que escribe estas líneas llegó, en 1860, por primera 
vez á Madrid, encontró en la casa de D. Antonio Delgado á un 
joven de diez y siete años, el cual había nacido en Manila de pa- 
dre alemán y madre española, hija de un juez de la Audiencia 
del Ai'iíhipiélago, perteneciente á una antigua familia de Navarra. 
Dedicábase sobre todo á los estudios fai'inacéulicos, para poder 
un día estar en su [latria, al frente de lá grande oticma que 
poseía su padre. Pero iu;is (|iie la farmacopea y las ciencias me- 
dicinales que aprendía en la. Universidad Central, le intere- 
saba la ciencia ai-ijueológica en todos sus i-amos: la historia an- 
tigua, las Bellas Artes desde los [trincipios de su desarrollo en 



lí)8 BOLKTIN UK LA HKAI. ACAiJKMlA DE LA HISTORIA. 

Oriente, eii Grecia y en Roma hasta sns épocas más brillantes en 
la Edad Media, en Italia, en Alemania y en España; y sobi-e todo 
las monedas antiguas. Ya ii)a renniendo su monetario, escudri- 
ñando las tiendas de los vendedores y esiudiiindo los gabinetes 
púlilicos y de pariicnlares. Muchas noches nos encontrábamos 
en casa del jovial y amable D. Antonio, y leyendo con él sus pa- 
peles numismáticos, (jne estah.i (u-denando y aiinienlando, sin 
poder decidii'se á publicarlos; mientras el joven Zóbel le presen- 
taba monedas nuevas por leer y explicar. Muclio aprendimos, te- 
niendo al mismo tiempo el regocijo inagotable de oirle explicar 
sus teorías casi en la misma forma que más tarde las consignó en 
el primer volumen de su obi-a. No era difícil de observar lo que á 
Delgado le faltaba, no por culpa suya ciei-tamente, sino porijue 
de su educación científica incompleta y de sus ocupaciones gra- 
ves de empleado del Goi)icrno resultaba que ni había logrado 
la ciencia sólida de los idiomas clásicos, para servirse bien de los 
testimonios de los escritoi-es antiguos, que no salen de cualquier 
compendio, como el de Cortés y López, sino de los originales, 
ni se daba cuenta de los sistemas monetarios de la antigüedad. 
Zóbel, educado en uno de los mejores Institutos de segunda en- 
señanza — Gimnasios se llaman en Alemania, — la «escuela de doc- 
tos» de San Juan de Hambui'go, el país natal de su padre, en donde 
había pasado los años seis á diez y seis de su vida, poseía aquel 
fundamcuio indispensable, leyendo el griego y el latín con faci- 
lidad. Advertido por mí trató en seguida de adquirir los libros 
de numismática necesarios latinos, como los ocho volúmenes en 
cuarto de Eckhel, y alemanes como el deMommsen, y á estudiar 
detenidamente cuantas Memoi'ias numism;íticas escritas en ale- 
mán, francés, inglés é italiano— porque estos idiomas todos los 
entendía bien — se le brindaban. Visitó en 1862 y I8G0 los Museos 
de París, Londres y Berlín, y en estas grandes capitales aco- 
gido fué como lo merecían su ilustración y sus vastos conoci- 
mientos, por los sabios Longpérier y Saulcy, R. A. Poole y New- 
ton, Friedlaender y Mommsen. Así adquirió en el curso de los 
años gran familiaridad con toda clase de monedas antiguas, sobre 
todo de las españolas, de suerte que las conocía casi desde lejos y 
por el solo roce_, anotando al paso las particularidades délos tipos 



LOS TRABAJOS CIENTÍFICOS DE ZÓBEL. 169 

y leyendas y el estado de >Joiiservación de los ejemplares que 
podía ver y examinar. Reuniendo en sí tan raras piendas, pero 
indispensables para consamar la tarea, se puso ya enlonces A 
componer su sistema general del monedaje español antiguo en 
sus relaciones con el griego, el púnico y el romano. Mas no quiso 
publicar algo de él antes de haber visto impresa la obra de su 
maestro, pareciéndole un deber de obligación el dejarle el mérito 
y la gloria de haber ideado el primero un trabajo de esta clase, á 
quien ha profesado hasta el fin de su [)ropia vida la mayor gi'a- 
litud. Se contentó con publicar Memorias menores sueltas. 

La primera de éstas era el breve catálogo de las monedas liby- 
fenicias, ó sean tnrdetanas, como luego comenzaron á llamarse, 
publicado primero en 1863 y en alemán en el periódico anual de 
la Sociedad alemana de estudios orientales (1), y luego repetida 
en castellano y con aumentaciones bajo el título Noticia de varios 
monume7itos que dewuestran la existencia de un alfabeto descono- 
cido empleado antiguamente en algunas de las regiones de la Bé- 
lica, en el Memorial Numismático español, al que por estos años 
habían dado comienzo algunos doctos especialistas de Barce- 
lona (vol. I, Madrid 1866, pág. 7-41). El alfabeto en que están 
trazados los notnbres de varias poblaciones del Sur de la Bé- 
lica, cerca de Asido, la moderna Medina Siilonia, al lado gene- 
ralmente de nombres escritos en latín, todavía no se ha podido 
leei' con certidumbi-e. Zóbel se figuraba que la gente que las acuñó 
había venido desde África para ocupar terreno entre las colonias 
fenicias de la costa del Estrecho hercúleo, como Cádiz, y las 
tribus indígenas de aquellas regiones, suponiendo la existencia 
de cierta semejanza entre la escritura de aquellas monedas y la 
de las inscripciones aparecidas entre los Bereberes, y poco leí- 
bles también ellas. Invasiones de los moros del África septen- 
trional dirigidas á las vegas féitiles de España sabemos que se 
efectuaron desde la segunda mitad del segundo siglo ile nuestra 
era, época del Emperadoi' Mai'co .\u relio. Mas no se sabe nada 



(1) En este mismo volumen he publicado las leyendas fenicias de tres monedas 
africanas, de Jubio-bo, Tiniici y Babha, leídas y explicadas por Zóbel primero (pá- 
gina 547). 



17U FÍOMÍTÍN l)K LA ítlíAI, ACAUKMIA DK LA HISTÜHIA. 

de sucesos setnej.iiitcs en la época anterior á la cristiana, conrio lo 
supone Zóbel, ni son verosímiles. Con más probabilidad puede 
atribuirse csla acuñación á una raza indígena, cuya escritura fue- 
se ori^Muaiia, como la de los demás pueblos de la Bélica, del 
alfabeto fenicio, con el cual alguna semejanza muestra aun- 
que lejana. Por su estilo y la escritui-a latina — pues son, como 
ya se lia dicho, eslas monedas bilingües la mayor parte — per- 
tenecen al ultimo siglo de la República romana. Pero el mé- 
rito del trabajo de Zóbel no consiste en sus conclusiones gene- 
rales, cuya verdad tal vez nunca podrá comprobarse, sino más 
bien en la descripción detallada de toda aquella serie, compues- 
ta primeramente por él, de monedas raras y de muy difícil lec- 
tura. Su alfabeto aún boy no está establecido con certidumbre. 
De semejante índole es el segundo tivibajo uuinismálico de 
Zóbel, su Ensn>io de atribución de algunas monedas ibéricas de 
la ciudad de Salada, publicada primero en francés en la Revue 
numismatique de Paris. (Nueva serie, vol. viir, 1863, p;tg, 369 y 
siguientes), y luego en castellano, en el ya dicho Memorial nu- 
mismático (vol. I, 1860, pág. 97-1 10). Ti-ata de ciertas monedas que 
con alguna frecuencia se hallan en la vecindad de la ciudad por- 
tuguesa Alcocer do Sal, la iirbs im,peratoria :Salacia de los i'oma- 
nos — yo mismo he visto varias de ellas en la colección particular 
de S. M. el Rey de Portugal y de otros aficionados en Lisboa, — 
cuyo nombre indígena no es conocido, mientras el romano está 
derivado evidentemente de las salinas que pi'acticaron los roma- 
nos en el estuario del i'ío Sadáo y la bahía de Setúbal. Su leyenda 
ibérica dice eviom, palabra de sentido del' todo desconocido; pero 
que puede hahei- sido el ibérico de la gente que antes de los roma- 
nos allí hahital)a. Tienen estas monedas en cinco ó seis varieda- 
des, además unas leyendas latinas, como Odacis. a, — Sisbe. Sis- 
era /., y otras, tal vez nombres de magistrados, conio en las mo- 
nedas de Obulco. Lo difícil está en saber si ésta puede combi- 
narse ó no con la de las monedas laiinas con la inscidpción bien 
clara imp(eratoria) Sal (acia), cuyos tipos sólo en parte coinciden 
con algunos de la serie ibérica, como los delfines, etc. Zóbel lo 
creía, fundándose primeramente en los frecuentes hallazgos de 
estas monedas en aquellas regiones de la Lusitania, y no en 



LOS TRABAJOS CIENTÍFICOS DE ZÓIJEL. 171 

Otras. Su opinión ha sido i'echazada por Delyado y Berlanga (1); á 
mí me parece verosímil, toda vez que el alí'abelo de la leyenda 
ibérica se asemeja al de las inscripciones ibéi'icas del Sur de Por- 
tugal (Mon. ling. Iber. num. lxii hasta l\xv), auuque no indu- 
dable. 

Al mismo tiempo publicó por [¡rimera vez una moneda de la 
Betica, según el único ejemplar conservado en el Museo Nacio- 
nal de Madrid, muy deteriorado, en el cual Delgado había leído 
VRGENS, mientras Zóbcl con sus ojos de lince leía 8IRPENS, 
introduciendo así la lusitana Serpa en la sei-ie de poblaciones que 
acuñaron monedas (Revue numismatique, nouvelle aérie. vol. ix, 
1864, [lág. 12 y Memorial numismático^ vol. ii, 18G8, pág. 38 y 
siguientes y 48), añadiendo un i-esumen breve de las monedas con 
tipos semejantes de la misma i-egión. 

A estas primei'as tenialivas de Zóbel ha de junta i'se una breve 
noticia «Sobre la ciudad de Baesippon^ que es una de las de la serití 
turdetana arriba mencionada. Se insertó en el pei'iódico ajiíslica 
fundado por el ya desde muchos años difunto, pero no olvidado, 
D. Gregorio Cruzada Villaamil , titulado El Arte en España 
(vol. I, 1863, pág. 24-28). Todos estos trabajos revelaban un la- 
lento raro de observación aguda y conocimientos nada comunes; 
pero les falta aún aquella madurez del juicio, que no era de es- 
perar en un joven de 21 años. 

El fruto más sazonado y más original de aijuella primera 
época de sus estudios numismáticos es la memoria, escrita sólo 
en alemán, sobre un hallazgo de monedas hispano-fenicias, de 
piala, acaecido cerca de Cartagena, que por su importancia so- 
bresaliente fué publicado al momento en las Actas de la Real 
Academia de Ciencias de Berlín (año de 1803, pág. 2r)3-2ü8, con 
dos láminas). Después de luibei- reconstruido este tesoro de unas 
noventa monedas de [data — muchas del mismo desgraciad;iniente 
fueron perdidas — y aumentándolo con las piezas similares exis- 
tentes en muchas colecciones públicas y de particulares en Es- 
paña, procede á probar, con razones invencibles, que toda aquella 



(1) Una atribución de todos modos imposible la tenfó el Sr. de Long-pi-rier en la 
Revue archéologique^ vol. xii, 186"i, p;íg. ^■i.h y siguientes. 



172 UOI.KTIN I)K I. A HKAI. ACADKMIA DE LA HlhíTOIUA. 

serie de monedas hei-mosas, que siguen el pie lii-o-babilonio, 
usado [)or los cartagineses en sus posesiones de África y de Si- 
cilia, y «lue llevan los lipos conocidos de Gariago, la palmera, el 
caballo y el elefante, en ejecución avlistica inmejorable, y ade- 
más algunas letras sueltas fenicias, oira cosa no son sino la 
moneda corriente sacada de los inagolables tesoros de plata de 
las minas de Almazarrón y acuñada en Cartagena, su capital, pol- 
los sobei'anos púnicos de aquella (¡arte de España, Hamílcar 
Barca y el grande Ilaníbal. l-*arte de esta serie de monedas era 
antes conocida, pero nadie se había fijado en buscar y determi- 
nar su fábrica, ó ceca, indudablemente española, ni en su valor 
histórico y artístico. Con este descubrimiento, aceptado y aplau- 
dido desde luego por todos los couocedoi-es de la histoi-ia numis- 
mática, y antigua, Zóbel sujjo llenar un lamentable vacío en 
nuestros conocimientos de la historia de la antigua Gartago, de 
la administración de las provincias conquistadas por ella en Es- 
p'iña, y de las guerras púnicas, que forman un episodio tan im- 
portaute, y de tantas consecuencias en la historia de Roma y en 
la universal del orbe. 

En el año de 1864 el Sr. Zóbel, ;í ruegos de su padre, ya viejo 
y enfermo, regresó á Manila para encargarse de los negocios que 
muy pronto habían de pesar sobre sus solos hombros, aún juve- 
niles, en razón de que su padre murió ;'i fines de 1865 en un 
viaje que hizo viniendo á Eui'opa con el objeto de hallar alivio á 
su salud vacilante. El hijo no pudo volver á Europa antes del 1875; 
y á pesar de no haber nunca dejado de ocuparse en la numismá- 
tica, aun en Manila, sii-viéndose de los libros que había llevado 
consigo desde Eui-opa, y de los que desde allí me pedía y recibía 
continuamente, sólo en España, en donde se estableció con su 
familia por los ocho años siguientes, pudo reanudar el curso in- 
terrumpido de sus publicaciones. Encontró á D. Antonio Delgado 
aun vivo, pero ya retirado de los negocios públicos, y gozando el 
otium cum dignitate en Bollullos del Condado, su patria. Zóbel 
lo visitó allí, é insistía eu que publicase el tercer volumen de su 
obra, habiendo parecido el segundo en 1873. Después de una 
nueva excursión á París, en donde Longpérier lo acogió con 
singular distinción y benevolencia, y á Berlín, en donde con- 



LOS THAUAJOS CIENTÍFICOS DK ZÓBEL. 173 

versó á menudo con los antignos amigos y algunos nuevos, como 
el Di-, de Sallet, sucesor que fué después de Friedlaender en la 
dirección del Gabinete numismático, y entonces sn asistente, in- 
citado por mis consejos y exhortaciones continuas, dio por flii 
principio á su obra grande. 

Pero antes de comenzar su impresión, algo retardada por las 
dificultades de publicación que tuvo el Memorial numismático , 
se le ofreció la ocasión do dar al público una parte del trabajo, 
relativa á una de las series más interesantes de la numismática 
española; y es la de las monedas de Sagú uto (1). Discreta obser- 
vación casi única entre los muchos desaliños de las Rexherúiea 
de Lorichs era aquella, que los quinarios — piezas de plata de 
cinco ases ó medio denario — ó sea victoriatos, por la cuadriga 
con la Victoria que llevan, y \o.\ semivictoriatos con las leyendas 
ibéricas arsesncen ^ arsagroegra, arsecedr, arsegdr y arse , que 
todas forman evidentemente una sola serie — Delgado las había 
distribuido entre vai'ias poblaciones, según su hipótesis, poco 
fundada, de alianzas — pertenecía á Sagunto. Lo que Lorichs sólo 
halda adivinado con su instinto sagaz, Zóbel lo demostió con ar- 
gumentos invencibles. La sei'ie de Sagunto tiene un valor histó- 
rico muy considerable. Sólo á Sagunto y alguuas oli'as ciudades, 
muy pocas, fieles á su dominación, los romanos concedieron, 
como á su ¿mtigua aliada Masilla, el derecho de acuñar estas mo- 
nedas de plata. Hubiera podido añatiir Zóbel otra pai-ticularidad 
no menos notable. Pues que faltan en esta serie monedas griegas, 
que tiene M;isilia, y pues que sus tipos no tienen relación ninguna 
con las monedas griegas de la isla de Zacynthos, que los roma- 
nos querían considerar como la metrópoli de Sagunto para dis- 
putar su posesión á los cartagineses, á pesar de que está situada 
al Mediodía y en la derecha bandA del Ebro, el cual, según los 
antiguos tiritados de Roma con la Garlago de África, debía foi-- 
mar la fi'ontera de las posesiones romanas; resulta de este hecho 



(1) Se publicó en alemán, en las Commentationes philologicae in honorem Th. X/om- 
msen, Berlín, 18*7, púg. 80o-í-24; la obra grande de Zóbel no contiene más que uu 
breve resumen de sus resultados; véase el Memorial nnmisutátiro, vol. iv, 1870, pá- 
gina 127. 



174 ItOlJCIIN l)K I-A HKAL ACADKMIA ÜK LA HISTOHIA. 

<jue el nombre de Saguiilo no es de origen griego, sino ibérico, 
foi'mado del sacen, l;i segunda milad de su leyenda ibérica, de la 
cual ya DelgaíJo lialu'a separíido la oira ame, en que los i'onianos 
qucrí.in ver el lesliuionio de colonización latina, de la antigua 
[¡oblación de Árdea en el íiacio. Todos eslos lazos tendidos por 
\:í [lolílica romana se deshacen y anulan delante de la iiiterprela- 
ción de las monedas de Sagunto, [iropuesta por Zóbel. La paleo- 
grafía de esta larga serie de monedas ibéi-icas é ibérico-latinas, 
ofrece no pocas diíicullades todavía, no resueltas definitiva- 
mente; mas al mismo tiempo ellas ofrecen los medios pai-a fijar 
las épocas en el desarrollo universal de la escritura ibérica. Kn 
€Sto consiste el mérito del trabajo de Zóbel: la aplicación de los 
pesos y del (jnilale de los metales, ramo de ciencia cultivado en 
España, entre otros, por el Excmo. Sr. Vázquez Queipo, forma la 
base, en que se alza la distinción paleográfica, no dejando con 
todo á un lado ni sin vigor los demás distintivos, ya estudiados 
en parte por Delgado, ejecución artística de los tipos, colocación 
de la leyenda, signos que la acompañan, etc. 

En el mismo año de 1877 se publicó por fin la primera parte 
de la gi-ande obra de Zóbel (en el Memoriai numismátieo, vol. iv, 
páginas 85-289, con cinco láminas), cuyo titulo Ensaco histórico 
de la mone.da española desde su origen hasta el Imperio romano, 
fué elegido para significar dos cosas: que el estudiar este objeto 
no indicaba el haberlo explicado consumadamente en todas sus 
partes, y que en lugar de la enumei-ación alfabética ó lexicográ- 
fica seguía la geográfica y cronológica. Por eso mismo, la pri- 
mera parte de la obra — dedicada «al insigne maestro numismá- 
tico D. Antonio Delgado por su discípulo y amigo J. Z. — se 
ocupa exclusivamente de las monedas acuñadas por el sistema 
foceo, esto es, el de Masilia, colonia de Focea en la Asia Menor, 
y del púnico-sícnlo, esto es, el de los Cartagineses, introducido 
en Sicilia primero y después en sus posesiones de España. Las 
monedas de Emporiae, como la llamaron los romanos, la mo- 
derna Ampurias, y de sus alrededores, estudiadas ya por otros 
numismáticos, entran por primera vez en un sistema de acuña- 
ción, cuyos pesos y tipos procedían de las colonias foceas de la 
Italia meridional, como Velia, Kyme, Ñapóles y otras, y últi- . 



LOS TRABAJOS CIENTÍFICOS DE ZÓBEL. 175 

111 amonte de Masilia, la colonia focea más cercana de las costas 
ibéricas. El sistema púnico-sículo está i'epresenlado en España 
por algunas de las monedas de plata de Kmporiae y de la vecina 
Rtiode, hoy Rosas, por las de las islas Baleares acuñadas en 
Ebusus (Ibiza), que después ha expuesto y doctamente ilustrado 
el insigne numismático balear D. Alvaro Gampaner, eu su Nu- 
mismática balear. (Palma, 1879. con once láminas), y últimamente 
[)0r las de Cádiz. Todos aijuellos pueblos, según este sistema, 
acuñaron monedas de plata y cobi-e; el uro sólo estaba reservado 
á la metrópoli Gartago de África. No hace excepción de esta regla 
un hecho que Zóbel entonces ignoraba, y es que existe, en efec- 
to, una moneda de oro con los tipos de Emporiae y la leyenda 
I^MIIO. Zóbíd la descubrió dos ó tres años más tarde en la colec- 
lión que entonces tenía en Mailrid el or. D. G irlos Auban; no 
sé si aún existe esta colección y si la moneda de oro en cuestión, 
única, ha sido salvada de las vicisitudes de la posesión particular 
y depositada eu el gabinete numismáiico del Museo Nacional, lo 
(jue sería muy deseable. Zóbel la publicó en la Revista arqueo- 
lógica francesa (l),.y probó con razones fehacientes, que es una 
imilación bárbara, acuñada sin duda en la Galia antigua; porque 
los tipos de Emporiae por los jefes de las tribus célticas en el me- 
diodía de Francia, y hasta en la Britannia antigua fueron imita- 
dos á menudo; lo que demuestra la grande extensión é impor- 
tancia del comercio de esta ciudad. 

Volviendo á la obra de Zóbel, la otra mitad de la parte prime- 
ra, publica'ia dos años más tarde en el Manual numismático (vo- 
lumen IV, Madrid, 1879), se ocupa de las monedas del sistema 
tiro-babilónico acuñíidas por los cartagineses (páginas 73-119); 
porque á este sistema pertenece la acuñación efectuada en Carta- 
gena por los Bárquidas, de la cual ya hemos hablado antes. Mas 
no permitiéndole el carácter comprensivo de su obra entrar en 
los detalles, como lo había hecho en su Memoria anterior sobre 
este objeto, aquí no da más que un breve resumen de sus resul- 



(1) Monnaie d'or aux types d' Emporiae; Reme urdiéologique, noiivelle serie, vol. XLiv, 
1882, pág. 28, con un grabado de madera. 



170 HOI.KTÍ.N DE LA ItKAI, ACADKMIA I)K I.A HISIUIÍlA. 

I;ul()'^, (lcf(!ii(li(''iiilol()s coiiliít I.is tciilalivas do algunas mnnisiná- 
ticos cxtraiiioros, (•í)ino ol Sr. Míillcí-, de Kopciilia^iii!, ijiioaiiii 
después de liaboi- dado Zi)bel las pruidias tnás concluyeiiles de su 
oi'i^cii es[)ari(>l , pretendía ali-il)iiir loda la serie al África Sepleii- 
Irioiial; en lo cual se eijiiivocó evidíüiletiieiile. Eriti-a liiej^o en la 
disensión de la ocn[)ación romana, y de sn inílnencia sobre el 
monedaje español ([);í^inas 122-208), tratando de los victoriatos 
y sernivictorialos de Masilia y Sagunto, cnya importancia había 
expnesto en la Memoria sobrcí las monedas de Sagnnto, también 
ya antes mencionadas, y explicindo el sistema de los denarios y 
ases romanos, qne forman la base de la inmensa muchednmbre 
de los tijios piopiamente ibéricos. Para ordenarlos histórica y 
sistemáticamente se sirve, además de la variedad de los tipos, los 
signos accesorios, la distribnción de las leyendas en ambos lados 
de la moneda, y en primer lugai- de las transformaciones del al- 
fabeto ibérico, (¡ue en {)arie ya fnei'on observadas por Delgado, 
cuyas observaciones no deja de aumentar y de modificar oportu- 
namente. Añade, para explicar la extensión sucesiva de la acu- 
ñación según el sistema lomano, una. reflexión histórica. Supo- 
niendo fjne aquella acuñación no sea sólo una consecuencia 
natural é inmediata de la ocupación, cree que los ejércitos roma- 
nos mismos, en su marcha victoriosa en dirección de Norte á 
Sur y al Oeste y fijándose en los puntos principales habitados 
por los indígenas, estuvieran casi obligados para efectuar el 
sueldo de las tropas, ó se vieran en la precisión de acuñar mone- 
das «con cierta homogeneidad», como se expresa «que acusa una 
dirección superior y regularizada» (pág. 141). Verdad es que en 
ninguna de las otras provincias romanas del Norte y Oeste, ni 
en las Galias, ni en África, ni en la Britannia, existía un mone- 
daje semejante al de las Españas. Sin embargo, no hay que 
dudar que las monedas con leyendas ibéricas son autónomas, 
como siempre y con razón han sido tituladas. Las monedas de 
la república y las del imperio, siempre llevaban inscripciones 
latinas y nunca usaban un idioma peregrino, con excepción del 
griego, reconocido como lengua oficial al lado del latín, Tnvo la 
suposición de Zóbel, aunque fácil de ser impngnada, origen en 
él deseo natural de explicar un fenómeno tan singular, como lo 



LOS TRABAJOS CIENTÍFICOS DE ZÓBEL. 177 

es la acuñación del argentum Oséense. El ejemplo de los cartagi- 
neses y la abundancia de la plata sacada de las minas del país, 
sin duda lo originaron, pero no lo explican bastante. El error 
manifiesto de Zóbel sobre su origen, corregido después por el 
Sr. Berlanga, no era de gran consecuencia. Insiste con justo 
motivo en que «para la clasificación geográfica de la emisión 
ibero-romana» no basta conocer la marcha de los ejércitos roma- 
nos, sino «que se debe partir exclusivamente de la comparación 
de la junta de caracteres distintivos que reúne en sí cada mo- 
neda» (pág. 173U No es de extrañar que con este método, más 
nuevo todavía qr.e el nuevo método de Delgado, acertase en esta- 
blecer una distribución de esta parte más numerosa y al mismo 
tiempo más difícil de las monedas españolas, acreedora al nom- 
bre de científica. 

Forma esta distribución la base de la segunda parte de su 
obra, publicada un año después de terminarse la primera, en el 
tomo V del Memorial numismático (Madrid, 1880, 300 páginas 
con dos mapas y seis láminas). No apartándose de la antigua y 
natural división según las dos provincias citerior y ulterior y 
principiando con la citerior, divide aquella, según las atribucio- 
nes seguras de la mayor parte de las monedas en cuestión, en 
cuatro regiones, la oriental, la septentrional, la central y la me-, 
ridional, abrazando así toda su extensión desde los Pirineos 
hasta el salto Castuionense, que formaba su frontera en la ulte- 
rior. Dentro de cada una de estas regiones su enumeración pro- 
cede en el mismo método del Norte al Mediodía y, respectiva- 
mente, al Oeste. Establece, pues, en la región oriental cuatro dis- 
tritos, el Emporitano, Tarraconense, Ilerdense y Saguntino, que 
comprenden 46 cecas poco más ó menos, las series de monedas 
más antiguas y al mismo tiempo más variadas del monedaje ibéri- 
co, con tipos que acusan, sobre todo en los ejemplares más viejos, 
la influencia del arte griego. La segunda región, la septentrional, 
sigue Ebro arriba hacia el Nordeste y comprende los cuatro dis- 
tritos Oséense, Pompaelonense, Turiasonense y Galagurritano, 
que han producido monedas en cerca de 24 cecas, menos bellas, 
pero también muy numerosas, y usando tipos imitados la mayor 
parte de ejemplares romanos. Casi lo mismo vale decir de la 

TOMO XII 12 



178 HOMiTIN DK Í.A HKAI. ACADKM I A HE l.A HI.STUIUA. 

región tei-cera, coa los Iros disli-ilos de Xuinancici, el niás occi- 
dental de todos, de Bil bilis, y de l;i muy disputada Segobriga, 
con cerca de 25 cecas. La cuarta ó sea meridional abraza los dis- 
tritos de Cartagena, Acci (Guadix) y Castnio (Gazlona), predomi- 
nando en sus casi 24 cecas, incluidas las islas Baleares, la in- 
fluencia púnica. La provincia ulterior no es tan rica en monedas 
como la citerior; no comprende más que tres regiones: la orien- 
tal, orillas superiores del Belis y valle del Jenil; la mei'idional, 
costas del Mediterráneo, y la occidental valle inferior del Betis y 
Mediodía de Lusitania. La región oriental no tiene más que dos 
distritos; el Obulconense, con 8 cecas, de las cuales la Obul- 
cononse sola ofrece leyendas ibéricas, pero muy variadas, y el 
Iliberritano, con 7 cecas y lo mismo una sola propiamente ibé- 
rica, la de Iliberris (Granada). La región meridional registra 
los tres distritos de Málaga (con Abdera-Adra), de Asido con 
Carleia, y de Cádiz con 23 cecas, entre las cuales se hallan las 
puramente púnicas y las que Zóbel llamó libyfenicias, conocidas 
desde su primer trabiijo numismático. La región última y más 
occidental comprende en los tres distritos Carmonense é Hispa- 
lense, Myrlitense y Emeritense, Salaciense y Eborense 31 cecas 
de monedas puramente latinas, con la excepción única de las de 
.Salacia, á la cual Zóbel atribuye, como hemos visto, las ibéricas 
con la leyenda eviom; con acierto, según mi parecer. 

Esto es, el cuadro del sistema geográfico é histórico del univer- 
sal monedaje español, ideado por Zóbel. Xo digo que su atribu- 
ción de los cerca 650 tipos de monedas, diversos y atribuidos á 
las 188 cecas, no tenga puntos dudosos. Los tiene asimismo el 
sistema de Eckhel, su gran modelo. Pero claro es, que ninguno 
antes que él ha sabido manejar la gran masa de esos monumen- 
tos tan variados, con igual maestría del pensamiento y del saber. 
El sistema habla por sí mismo por su sencillez y por el sentido 
común que lo gobierna. El autor de estas líneas no está conforme 
con Zóbel en todos los detalles de sus atribuciones; y de sus in- 
terpretaciones de las leyendas ibéricas, considera no pocas incur- 
sas en error por falta de cierta severidad eu la aplicación de las 
leyes paleográficas de la escritura. Sin embargo, considerándolo 
en general, no ha podido menos de adoptarlo esencialmente, con 



LOS TRABAJOS CIENTÍFICOS DE ZÓBEL. 179 

solo ligeras modificaciones, en su obra, posterior á las de Del- 
gado y de Zóbel, y por eso en la posición ventajosa de aprove- 
char los resultados ciertos ó verosímiles de ambas y de rechazar 
lo que en ellas le ha parecido menos perfecto. Si ésto lo ha he- 
cho con acierto ó no, lo juzgaivá la posteridad. Pero como quiera 
(jue juzgue, en lo principal no hay duda que el sistema de Zóbel 
quedará en pie, las correcciones que admite y (]ue necesita siendo 
todas de menor importancia. El actual estado de nuestros cono- 
rimienlos del idioma ibérico, la combinación escrupulosa de todos 
los indicios que en cada ejemplar conducen á su atribución más 
ó menos cierta, no dejan, en mi concepto, de proceder mucho 
más allá de lo que Zóbel aportó á la ciencia arqueológica. 

Ni el mismo autor consideraba su obra completa y consuiuada, 
á pesar de que los sabios de Alemania, Francia é Inglaterra, la 
i'ecibieron con merecidos aplausos. Un extracto de ella en ale- 
mán, redactado por el autor, fué publicado en las Actas de la 
Real Academia de Ciencias de Berlín (año de 1863, pág. 806-832). 
El Instituto de Francia, x\cademia de las inscripciones y bellas 
letras, le otorgó, en el mismo año, la medalla de oro fprix de 
iiumismatique Allier de Hauteroche) á propuesta del Sr. de Long- 
périer (1), como premio del mejor trabajo numismático publicado 
en los últimos cinco años. El autor, aunque apartado de Europa 
— en 1882 había regresado á Manila con su familia para solo vol- 
ver una vez más á España y Francia en el 1886 — y lejos de los 
recursos del mundo científico, seguía, sin embargo, el movimien- 
to literario en su ramo del saber con atención, procurándose todos 
los libros y hasta los periódicos que le interesaban. Se había pro- 
puesto publicar un tercer volumen de su obra, para añadir, co- 
rregir y defender sus opiniones. Había leído lo que dos sabios 
españoles habían publicado sobre ciertas partes del monedaje 
antiguo español, el Sr. Berlanga, en sus libros doctísimos 
sobre los monumentos de su patria. Málaga y sobre la España 
ante-romana en general, y el Sr. Pujol, prematuramente falle- 



cí) Véanse los Comptes rendus de l'Académie des inscriptions et belles lettres, 4.» se- 
rie, tome IX, 1882, páginas 158 y 319. 



180 ItOLETÍN rjE LA MKAL ACADEMIA DE DA HISTORIA. 

cido, pero después de haber pul)lic¿ido sus esludios inleresanles 
sobre las leyendas ibéricas, en este Boletín (volúmenes iii, vii y 
XVI, I89U, pjíginas 321-360) y en la Revisla barcelonesa do Cien- 
cias históricas (vol. i, ISbO, pdginas 427 y 505 y siguientes, y 
vol IV, 1888, pág. 126 y siguientes). El que esto escribe había 
contado con su cooperación en la redacción de sus Monumenta 
linguae ihericae. Dócil como era é inclinado siempre á ceder á 
razones mejores, sin duda, si le hubiera sido dado vivir y apren- 
der míís — porque vivir y aprender para él eran lo mismo, — su 
sistema lo tendríamos hoy día mejorado en no pocos puntos. 
Obras humanas, todas son imperfectas; así lo era la de Zóbel. 
Mas su imperfección resulta más bien del objeto que de los talen- 
tos y del celo del autor. Con su muerte inesperada, como con la 
de Delgado y Pujol, la numism;ítica propiamente ibéiica. no pa- 
rece sino que ha quedado huérfana. Ojalá que entre los jóvenes 
de talento que se dedican á estudios de este género se hallen mu- 
chos que, como el Sr. D. Antonio Vives, con el entusiasmo noble 
por la antigüedad de su patria, sepan combinar el saber sólido 
y el método, hijo de la sana crítica, que en Zóbel tanto resplan- 
decieron. 

No me cumple el emitir un dictamen sobre su vida y su carác- 
ter en general. Sólo me complazco en consignar que así como las 
autoridades más competentes le reconocieron desde su juventud 
relevantes y preclaras dotes, y juicio agudo y recto en los nego- 
cios públicos, nombrándole consecutivamente en su país natal 
subdelegado de Farmacia, vocal del Ayuntamiento y consejero 
de administración, y adornando su pecho con altas condecoracio- 
nes, como la gran cruz de Isabel la Católica y una encomienda 
de Carlos III, á cuyos juicios, después de su muerte, se ha unido 
el pronunciado últimamente por el ilustre Director de esta Real 
Academia (Boletín xxix, 1896, pág. 5521; así todos los que lo co- 
nocían, no de lejos, sino por relaciones íntimas, sabían que su 
patriotismo magnánimo nunca aspiró á otra cosa, ni consagró 
todo su corazgn y poderosa inteligencia sino al bien y al progre- 
so de la nación ibérica, 

España ha perdido en Zóbel ano de sus hijos más nobles; su 
familia y sus amigos una alma leal y candorosa, y un hombre 



LOS TRABAJOS CIENTÍFICOS DE ZOBEL. 181 

del genio más simpático; la ciencia numismática un investigador 
de ingenio profundo, de talento vastísimo, de laboriosidad asidua, 
inquebrantable y felizmente coronada de honor y de gloria dura- 
dera por sus maravillosos inventos. 

Berlín, Enero de 1897. 

Emilio Hübner. 



III. 

RELACIONES HISTÓRICAS DE LOS SIGLOS XVI Y XVII POR LA SOCIEDAD 
DE BIBLIÓFILOS ESPAÑOLES. 

Desde que la Sociedad de Bibliófilos Españoles comenzó á dar 
fe de su existencia con las Cartas de Eugenio Salazar, hasta el 
presente, ha ofrecido á la curiosidad de los doctos y aficionados 
;í las lecturas sabrosas 32 volúmenes, que son otros tantos actos 
positivos del acierto y discreción de aquella Sociedad. El último 
de esos volúmenes, como todos impreso con esmero y bien cui- 
dado en sus condiciones editoriales, nos fué ofrecido para nues- 
tra biblioteca por su colector el Excmo. Sr. D. Francisco R. de 
Uhagón, como la primera prueba justificante de que no en vano 
y por genial benevolencia le había concedido la Academia el tí- 
tulo de correspondiente, trayendo así diclio señor, á manera de 
ofrenda de gratitud, el diploma de su competencia para las inves- 
tigaciones de sana erudición, que aquí es el mejor pergamino de 
nobleza intelectual. 

No era menester ésto para que la Academia no se arrepintiese 
de su acto, aunque cierto es que esa nobleza debe aprovechar 
todos los elementos de hien probada. Porque de antiguo viene 
que el Sr. Uhagón justifique su competencia, unas veces con ex- 
cavaciones provechosas en yacimientos arqueológicos, alguno 
antes por él que por ninguno otro explorado, de lo que da testi- 
monio nuestro Boletín; en otras ocasiones, registrándolos archi- 



182 bolktín de La hkal academia de la histohia. 

vos nacionales para lanzaren sazón oportunísima un nuevo pro- 
blema en el ardiente debate relativo á la patria del excelso descu- 
bridor de las Indias Occidentales; luego, encargándose en nombi-e 
de los hihlióíilos de publicar con singular aderezo de notas y co- 
meniarios ti-es tomos de la mencionada colección, y aun antes de 
esta ültinia empresa, en su tercera parte, dando A luz en primo- 
roso 0])iísrulo, eni'iquecido con la reproducción de un artístico 
retrato de la sicm[)rc discutida heroina, perenne misterio de la 
historia, la Rdacióii de los festines que se celebraron en el Vati- 
cano con motivo de las bodas de Lucrecia Borgia con Alonso de 
Aragón. 

Movió justamente el interés de la Academia este opúsculo 
cuando lo envió el Sr. Uhagón. Porque no sólo se refiere á un 
suceso de la vida de una mujer famosa, cuya memoria todavía 
entretejen mal avenidas la ti-agedia y la historia, la razón y la 
fantasía, el sereno examen y las pasiones más violentas (de loque 
resulta que quizá nunca quede Lucrecia á la clara luz de la crí- 
tica, para que sea bien vista y juzgada), sino porque en la nove- 
dad del relato y en la minuciosidad de sus noticias existe mucho 
que aprovechar y que saborear, de tal suerte, que hay muy pocas 
relaciones de este género tan copiosas de datos y tan al natural 
expuestos como la de las bodas de Lucrecia, circunstancia digna 
de grande aprecio y que cede en honra de la discreción con que 
fué elegida para que saliese de la oscuridad donde permaneció 
durante algunos siglos. Y aun cuando no sea este elogio tan 
sobrio y sobre todo tan liviano, por ser mío, cabal recompensa 
del acierto del editor, seguro estoy de que no irá solo, sino acom- 
pañado de los de cuantos eruditos conocen el relato interesan- 
tísimo. 

Lo que entonces hizo nuestro correspondiente con una sola rela- 
ción de bodas memorables, ha hecho con buen número de rela- 
ciones de cosas muy distintas, en el tomo último de la Sociedad de 
Bibliófilos Españoles, objeto principal de este informe, que presen- 
to por mandato del Sr, Director de la Academia. Porque consta 
dicho tomo de treinta y una relaciones, inéditas en su mayor parte, 
ó tan raras las demás que pasan por desconocidas, al menos para 
el común de los doctos. En esta obra quedaba al colector una ver- 



RELACIONES HISTÓRICAS DE LOS SlfiLOS XVI Y XVII. 183 

dadera dificultad que vencer, la de elegir con tino entre los 
muchos escritos de esta clase, que aún existen olvidados en ar- 
chivos y bibliotecas públicos y particulares, en espera, siempre 
tardía, de ver la luz pública. No se ha dejado arrastrar por la 
tendencia natural de los espíritus cultos de agrupar por materias 
los varios elementos en que trabajan, sino que ha seguido el ca- 
mino opuesto de ofrecer á modo de brillante mosaico relaciones 
de índole distinta, aunque todas de carácter histórico, en el total 
sentido de esta palabra. Criterio, en mi juicio, no desacertado, 
mientras publicaciones de este género no consientan por su im- 
portancia y extensión el carácter cíclico de una vasta empresa 
encaminada á enriquecer la literatura nacional con numerosas 
obras, cuyas series correspondan á los varios aspectos del genio 
patrio. Mientras esto acontece, bueno es dar á los curiosos y eru- 
ditos regalado conjunto de diversos trabajos, diversos por el 
tiempo á que pertenecen, por los autores y por la condición de 
las materias. Esta falta de síntesis cíclica, como hoy se dice, 
podrá ser advertida y aun acaso por algunos lamentada; pero en 
cambio, ¡qué variedad de exquisitas joyas entretienen al lector y 
seducen su interés, por lo mismo que los motivos cambian! 

En las treinta y una relaciones compiladas en el volumen, hay 
casi otros tantos aspectos de la vida nacional en los siglos xvi 
y XVII, en que ocurrieron los sucesos allí contados con la inge- 
nuidad propia de quiénes referían después de presenciar y obser- 
var los acontecimientos, y no con otra intención que la de ser 
testigos veraces y sin asomo de sospecha de que podían contri- 
buir á futuras disquisiciones. Circunstancia ésta muy de estimar 
por la crítica, que, con justicia, suele poner reparos á la veraci- 
dad del narrador cuando intenta revestirse de la calidad de cro- 
nista público ó, como si dijéramos, de historiador autorizado. 
Así se prefieren hoy por muchos esta clase de escritos ingenuos 
y sin pretensiones de ninguna clase á las disertaciones transcen- 
dentales de los más graves historiadores, en quienes acaso la dig- 
nidad de su misión no logró ahogar el interés de escuela, de pa- 
tria ó de partido para que expusiesen la verdad en toda su adora- 
ble desnudez, y sin aliños falaces y engañadores. Además, el 
historiador de oficio, empleando las formas graves y el estilo se- 



184 boletín DIC la IUCAL ACaUKMIA UE la HISTOniA. 

vero, menosprecia (juizá las que lieiie por pequeneces impropias 
de los gi-aii(J(;s sucesos y de ios homlires eminentes, y conduce al 
lector por las cinias de la liisloria, sin ilcjai'h,' advcrtii' las niiiiii- 
cias de la vida humana, laiuhién mei-ecedor;is de observación y 
de recuerdo, y de las que fueron teatro los re(;óuditos y sombríos 
senderos por donde los hombres discurien también para coope- 
rar á los destinos providenciales. Porque no hay duda de que es 
útil asistir á los grandes sacudimientos religiosos y políticos y 
saber cómo morían los héroes inmortales, pero no es hoy menos 
provechoso averiguar cómo vivían los grandes y aun los humil- 
des en las circunstancias ordinarias de la vida, quií no son menos 
interesantes que las extraordiuaiias. En este concepto, acaso en- 
señan más los cronistas particulares y desconocidos que los his- 
toriadores insignes. Por eso los psicólogos del género humano 
del corte de Taine, han sorprendido las palpitaciones de la so- 
ciedad en los acuerdos concejiles, en las cuentas de las corpora- 
ciones gremiales, en los amargos lamentos de oscuros prisione- 
ros, en las brutales alegrías de soeces triunfadores, en las secre- 
tas escenas de los gabinetes, en las miserias de los hogai-es 
humildes, en los informes de la policía, en las cartas familiares, 
en las reseñas no destinadas á la imprenta, en los archivos judi- 
ciales y en las misteriosas zambras de las sociedades secretas, 
mejor que en los decretos legislativos, en los protocolos diplomá- 
ticos, en los partes de batallas y conquistas, en los fulgurantes 
discursos de la tribuna parlamentaria y aun en las hecatombes, 
cuyo recuerdo hace estremecer á las generaciones venideras. 

Son, pues, dignísimos de grande aprecio escritos como los que 
aparecen compilados en el tomo que examino. Ni Paulo Jovio, 
ni Mariana, ni Zurita, ni Cabrera de Córdoba, ni los demás na- 
rradores de los famosos sucesos de la época del emperador y de 
los Felipes nos dan noticia, y mucho menos caliente y minuciosa 
pintura de ciertos sucesos particulares, como nos la ofrecen estos 
breves relatos del referido volumen. En ellos vemos cómo vivía, 
cómo gozaba y cómo padecía aquella sociedad española, de que 
sólo conocemos los supremos arranques y los hechos soberanos. 
En ellos podemos estudiar la manera de celebrarse las bodas de 
los príncipes y señores; las ceremonias de entrada de los emba- 



RELACIONES HISTÓRICAS DE LOS SIGLOS XVI Y XVII. 185 

jadores en las cortes extranjeras; la calidad y circunstancias de 
armas, trajes y libreas de señores, caballeros, continuos, entrete- 
nidos y lacayos; la disposición y arreos de carruajes, cabalgadu- 
ras y acémilas; ios cuidados, ahogos y lamentaciones que traían 
aparejados en la corte y en el pueblo las enfermedades y muertes 
de los príncipes; las etiquetas palaciegas y las cortesías popula- 
res; las atroces venganzas de criminales de ocasión ó de aquellos 
á quienes arrastrara á bosques y encrucijadas un natural odioso; 
las luchas de clases y de razas; cómo se encendían los odios en 
los humildes ó las tiránicas resoluciones en ios poderosos; de 
qué manera vivían en perpetuo desasosiego pecheros y villanos, 
cristianos y moriscos, judíos y arrendadores. 

Si fuera menester confirmar ésto y persuadirnos de que en las 
relaciones de sucesos particulares se descubren hasta los más 
íntimos latidos de la vida nacional, en sus infinitos modos de 
ser, bastaría la lectura del presente volumen. En él se cuentan 
en relatos especiales las aparatosas bodas de la princesa María de 
Inglaterra cou el príncipe D. Garlos de España (1508); de Feli- 
pe II con Isabel de Valois en Guadalajara, y de D. Rodrigo de 
Mendoza, hermano del duque del Infantado, cou una hija de 
éste; bautizos como el del infante D. Fernando (1571); viajes so- 
lemnísimos como los hechos á Roma por el condestable y el 
conde de Lemos; pompas fúnebres como las que celebró Toledo 
por la muerte del emperador; instrucciones diplomáticas tan in- 
teresautes y, como hoy se dice, tan sugestivas, como las de Enri- 
que VII de Inglaterra para buscar novia en España, mostrando 
en aquellas instrucciones cuánto le importaba averiguar las 
dotes morales y las condiciones físicas más ocultas de la persona 
cuya posesión pretendía; tragedias pavorosas, verdaderas histo- 
rias de bandidos, como las ejecutadas eu los moriscos de Pina y 
otras partes por envilecidos caballeros; juras de príncipes; exa- 
men del alto espíritu de Santa Teresa, reflejado en sus hechos 
asombrosos; el relato interesantísimo sobre toda ponderación de 
las famosas vistas del rey D. Sebastián de Portugal y Felipe II 
en Guadalupe, relato escrito con tono desdeñoso para la prosope- 
ya lusitana; fiestas populares tan extrañas como las mondas de 
Talavera, y hasta sucesos inverosímiles como el de aquella reli- 



186 HOIJOIÍN l)K LA HKAI, AflADICMIA DK LA HISTOHIA. 

giosa de Úbeda, que al cabo de algunos años de iiionjío, se coii- 
virtió en hombre bieu completo y caracterizado. 

Tales sucesos, (|ue en el lomo son referidos, se escriljieror» tan 
;i lo ingenuo y lan al ponurnoi", ijue resulta pei-fecta y clarísiiim 
idea de los sucesos mismos, con todas sus puntas y detalles, como 
si los nai-radores no se hubiesen olvidado de un encaje, ó de una 
agujeta ó de una ceremonia. Así se conocen las c.ostumbres del 
tiempo, el espíiitu de a(|uellas sociedades y cómo se movían los 
hombres en la luz y en la somi)ra, que es como hay que verlos y 
estudiarlos, y no solamente en la cumbre de los acontecimien- 
tos. Glai'O es, que viniendo de manos distintas y refiriéndose á 
sucesos no siempre parecidos, las relaciones no presentan el 
mismo interés, ni están escritas con igual prolijidad, ni tienen 
análogo relieve. Pero, vislas en conjunto y formando volumen, 
el juicio de éste no puede modificarse por sus diferentes tonos de 
claro-obscuro. 

Además, para la debida ilustración de los hechos contados y 
cabal conocimiento de los personajes que en ellos intervinieron 
y de la época á que corresponden, van al pie de las páginas algu- 
nas notas aclaratorias, las que son mucho más copiosas, eruditas 
y bien elaboradas al final, obra ésta del colector y nuevo mereci- 
miento suyo. 

En resumen, la última publicación de la Sociedad de Bibliófi- 
los Españoles es una de las más excelentes y provechosas, y 
quizá la de más amena lectura de cuantas lleva hechas, y la Aca- 
demia, según creo, debe complacerse en declararlo así. 

Madrid, l^ de Epero de 189". 

Juan Catalina García. 



VARIEDADES. 



LÁPIDAS ROMANAS INÉDITAS. 

Villafranca de los Barros. 

Las inscripciones romanas de la antigua Perceiana ( I ) se han 
acrecentado con otra, descubierta en 1895. Es una laja sepulcral, 
que ha pasado á poder de D. José Sánchez Arjona, anticuario de 
Sevilla. El calco me ha procurado el Excmo. Sr. Marqués de 
Monsalud, valiéndose de nuestro correspondiente en aquella ciu- 
dad, D, José Gestoso. Mide la piedra 18 cm. en cuadro, aseme- 
jándose su configuración á la más común ú ordinaria de las lápi- 
das funerales de Cádiz. Las letras bastas, holgadas y cursivas, se 
avienen con su objeto de perpetuar la memoria de un esclavo 
difunto. 

D I M s 
s V c c E > s I 

A N V S A N 
VIIII 

ME vnii D V 

MATER F P 
S T T L 

Dfis) ifnferis) M(anihm) s(acrum). Saccessianus , an(norum) VIIII, 
mefnsiumj VIIII, d(ierum) V. Mater f(ilio) pfosuit). S(it) t(ihi) t(erra) 
l(evis). 

Consagrado á los dioses Manes subterráneos. Aquí yace Succesiano, fa- 
llecido en edad de 9 años , 9 meses y 6 días. Púsole este monumento su 
madre. Séate la tierra ligera. 

(1) Boletín, tomo xxv, páginas 55-59; xxvin, 350, 351, 536, 537; xxix, 256, 257. 



188 



bolktín de i.a hkal acaukmia de la historia. 



La fótniula Dis inferís Manibus sacrum , oriunda de la griega 
usual, apai'cctí en olra inscripción fúnebre de Gondar, cerca de 
Gaininha (24G't), único ejemplo hasta hoy conocido. Sin el adje- 
tivo sülemno suenan, ociiritüi de la misma fórmula varios ejem- 
plos: en Lisboa (238); Asiorga (íO'iOi; León (2680); Falencia (2722, 
2725); Yecla, término de Vitigndino, provincia de Salamanca 
(5312); Velilla del Ebro (5850); Tarragona (4424); y Alcalá del 
Río, cerca de Sevilla (53G4). El nombre Successianits sale por vez 
primera en nuestra epigrafía; pero no es de extrañar, constando 
en una lá{)ida de Menjibar (2IU0) el de Sitccessinns; y en otras 
muchas los de Successus ySuccestia. 



Cartagena. 

D. Manuel Fernández, desde esta ciudad, nos ha proporcionado, 
por medio de D. Anlonio Vives, dibujo y noticia de un bello 
mármol ci)igráfico que D. Juan Mora halló hace diez ó doce años 
«en un huerto de la fuente Cubas, cerca del bai-riode San .\ntón.j> 
El Sr. Mora, cediendo á los deseos del Sr. Fernández, ha rega- 
lado el monumento al Museo provincial. Es de color negro y de 
la época de Augusto. Mide 0,48 m. de alto por 0,58 de ancho. La 
última letra del renglón primero se asemeja á la E. Los puntos 
son triangulares. 



ANNIA • SPVR • F 

SALVIA 
HIC • SITA • EST 



Annia Spurfii) f(ilia) Salvia lúe sita est. 
Aquí yace Annia Salvia, hija de Spurio. 

Lo más notable de esta inscripción es el prenombre del padre 
de Annia, que se escribe con casi todas sus letras. En las demás 
lápidas españolas no se había visto hasta el presente sino con la 
forma Sp, ó aun más abreviada S. 

Madrid, "22 de Enero de 1897. FiDEL FlTA. 



NOTICIAS. 



Epigrafía romana. Acerca del cortijo del Almendrilío, 

poco distante de la ciudad do Antequera, donde fué descubierta 
hacia el año 1735 la inscripción monumental del edil y duúmviro 
Lucio Menimio Severo (1) , ha escrito el Excmo. Sr. Marqués de 
la Vega de Armijo ('?) que aquel predio, situado en la vega baja, 
«dista unos cuatro kilómetros de Bobadilla y se encuentra al me- 
diodía del haza en que se hallaron los mosaicos; y que el actual 
dueño del mismo, el rico banquero D. Bernardo Bonderi y Bor- 
denave, está conforme en permitir se hagan excavaciones en bus- 
ca de otras lápidas y antigüedades, pero no de su cuenta, y sin 
que se le causen perjuicios.» Tan pronto como abonance el tiem- 
po, ó pase la est.ición de las lluvias, pondrá nuestro sabio com- 
pañero manos á la. obra en demanda de los tesoros arqueológicos 
que oculta el privilegiado suelo de Bobadilla. 



En la sesión del 29 de Enero ha presentado D. Antonio Vives, 
corresponsal de la Academia, la copia de un fragmento epigráfico^ 
descubierto, no há muchos días, por D. Manuel Fernández, «en 
los derribos inmediato-^ á la antigua catedral de Cartagena.» Su 
mayor anchura es de 0,32 m., y la altura 0,29. Las letras (altas 
0,077 m.) son de bollo estilo de la mejor época, y los puntos 
triangulares. 



(1) Boletín, tomo xxx, pág. 81. 

(2) Córdoba, 14 de Enero de W.H. 



l'JÜ HÜMíTÍN IjK I.A HEAL academia bli LA HISTOHIA. 

L • E R o' 

Ltorfi 

pITVS • El 

Por vía de conjetura se puede integrar este fragmento, si 
advertimos que la extensión total del renglón tercero es indubi- 
table y que las l;í[)idas funei-ales de Cartagena suelen carecer de 
siglas rituales, expresivas de la dedicación á los Manes divinos. 

[TfitusJ Vajlferms) Eroftic | us 0]stor(ii) f[il{ius) | hicjsitus e[st]. 
Tito Valerio Erótico, hijo de Oetor, aquí yace. 

En la torre principal del castillo árabe de Gnadiaro (1940) 
ocurre el cognombre Oslorianus, derivado del nombre Ostorius, 
que se formó probablemente del púnico Ostor (hebreo mníyy)> 
así como Bod-ostor y B-ostor (siervo de Astarlé). No de otra ma- 
nera Veneria calificativo úe, Nebrissa (Lebi-ija) se formó de Venus. 
De la misma raíz parece haber brotado Oslur, nombre propio de 
una ciudad, poco distante de Onuha (Huelva), que acuñó ases y 
semises de cobre, y quizá fué indicada por Avieno (1): 

Jugum inde rursus et sacrum infernae deae 
Divesque fanum, penetral abstrusi caví, 
Adytumque coecí. Multa propter est palas 
Etrephaea dicta; quin et Herbi civitas 
Stetisse fertur his locis prisca die. 

Nada tan natural, como el descubrirse en Cartagena, reinando 
Augusto, ó Tiberio, un nombre de origen piínico. 



Sobre los grandes ladrillos epigráficos, hallados eu el cortijo 
del Jaudón (2) al occidente y en término de Arcos de la Frontera 
ha escrito D. Miguel Mancheño y puesto en conocimiento de la 



(1) Oramarit,2i\-245. 

<2) Boletín, tomo xxix, páginas 443 y 444. 



NOTICIAS. 191 

Academia que los ladrillos tienen forma cuadrada y son de mu- 
cho espesor. En dos de sus lados corre de alto relieve la inscrip- 
ción 

(Lado 1.°) NICA RIS 

(Lado 2.°) ' INNIS 

que se repite en los dos siguientes, siendo parangonable á otras 
latericias (6253) i, 2, 3), que han salido del despoblado de C a-ija. 
Ajuicio del Dr. D. Emilio Hübner, esta inscripción de Arcos es 
greco-latina, y puede interpretarse 

Nixá Bismni(ujs 
Vence Risinnio. 

La población, que se servía del idioma griego para sus relaciones 
sociales, era muy densa en la provincia de Cádiz (1); y esto se 
justifica una vez m.ás con el presente epígrafe. Su primer vocablo 
«es formula sollemnis, ya desde las inscripciones de Pompeya, y 
sobre todo en las cristianas.» El nombre Risinnis , en lugar de 
Bisinnius, adolece de contracción helénica, de lo que hay muchos 
ejemplos. En la Dalmacia, sobi-e la ribera oriental del mar Adriá- 
tico, estuvo Risinnium, hoy Risano; y el nombre en cuestión se 
explica perfectamente, como tantos otros, de origen geográfico: 
Asturius, Faventinus, Italicus^ Romanus, etc. 



Historia moderna de Madrid. Sobre la inscripción, 

que se conserva en los sótanos de la parroquia de Santa María de 
la Almudena y se publicó en el tomo xxtx del Boletín, pág. 271, 
ha presentado D. Cristóbal Pérez Pastor á nuestra Academia 
notables ilustraciones, que ha sacado con diligencia prolija de 
los archivos de esta corte parroquiales y notariales. Dice así su 
comunicado: 

(l) Boletín, tomo xxix, páginas 432 y 433. 



192 iioi.K'i'iN iii': i.A itKAi, ai;m)i:mia dk i. a his-joiha. 

«Doña (salid Alvaroz (Ití Merlina, vimla dt; I). Ainirós Oairía, 
fachtr (jiic f'iH' (1(! los señores Marcos Fiícar y honnanos, hizo 
varias fiiiulacioiies en diferentes parroquias de Madrid, y fnera 
de la coiae, ron ohjelo de que el Santísimo Sacramento saliese en 
piíhlico con la docencia y solemnidad debidas, señalando limos- 
nas pai-a los saccrilol.'s (juo en tales acios lleven con sobrepellices 
las varas del palio y el guión. 

Dio á la cofradía del Santísimo en la parroquia de los Santos 
Justo y Pastor mil ducados de una vez pai-a que se empleasen y 
la renta se aplicase A este fin, según escritura ante F'rancisco 
Snárez, á 12 de Octubre de 1604. Después pi-ometió para en fin de 
sus días novecientos ducados, los cuales prefirió dar en vida para 
aumento de la fundación anterior; imponiendo todo ello á censo, 
y con esta renta atender á dichos gastos, según er,critura entre 
dicha señora y los oficiales de la cofi-adía, otorgada ante Diego 
Ruíz de Tapia á 23 de Octubre de 1(il4. 

En 22 de Octubre de 1614 se firmó otra igual escritura por 
doña Isabel Alvarez y los de la cofradía del Santísimo en la 
parroquia de Santa Cruz, por la cual da otros quinientos ducados 
sobre los mil que había dado en 1603 á dicha cofradía con igual 
objeto. 

Otorgó un codicilo dicha señora ante el escribano Tapia en 
9 de Mayo de 1615, dejando á la Virgen Santísima de Atocha seis 
ramilleteros de plata y cuatro á la iglesia de San Ginós.» 

La fecha de la fundación que hizo doña Isabel Alvarez en favor 
de la iglesia de la Almudena es la del año 1616, según lo expresa 
la referida lápida histórica del templo de la Almudena, y digna 
de colocarse en sitio preferente, cuando se termine la obra, ya 
muy avanzada, de la bellísima catedral de Madrid. 



El sabio benedictino francés, D. Mario Ferotin, correspondien- 
te de la Academia, acaba de publicar (París, 1897) la historia y 
el cartulario de la nbadin de Santo Domingo de Silos en dos mag* 
níficos volúmenes, de los que daremos cuenta en otro número. 

F. F. 



BOLETJN 



REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 



TOMO XXX Marzo, 1897. cuaderno iri. 



INFORMES. 



I. 

ESTUDIO SOBRE LA ORGANIZACIÓN Y COSTUMBRES DEL PAiS 

VASCONGADO, CON OCASIÓN DEL EXAMEN DE LAS OBRAS DE LOS SEÑORES 

ECHEGARAY, LABAIRU , ETC. (1). 

(Conclusión.; 

9. 

Vicisitudes semejantes á las que atravesó la legislación de Gui- 
púzcoa tuvieron lugar en la de Álava, porque las condiciones de 
uno y otro territorio eran análogas, y por lo tanto, si no idéntica 
es muy parecida, la historia de ellas, desde los tiempos de la in- 
vasión agarena, habiendo estado sometido el territorio alavés y 
sus poblaciones ya antiguas, ya las que luego se fueron creando 
á los reyes de León y á los condes de Castilla, y por tiempos, el 
lodo ó parte de la actual provincia á los reyes de Aragón y de 
Navarra. 

La condición así de los vecinos, como de las propiedades de 
Álava, era idéntica á la que existía en lodo el país en que fueron 
sucesivamente dominando las armas cristianas y constituyendo 

(1) Véase el número anterior. 

TOMO XXX. i:i 



104 H0M:I'IN DK i. a HKAI MÍADKMIA I>K i. a lltSTOHlA. 

los flifcronlcs Estados establecidos en la región septentrional d»- 
España ;í mediados del siglo ix; prneba evidente de ello es el do- 
cumento cuya tiaducción castellana se copia á rontiiiuación: 

«En el nombre del padi-e, del hijo, y del que procede de am- 
bos, tres pei'sonas y un solo Dios en esencia. Yo el sénior Arron- 
rio, y mi hijo Tello, y el obispo don Vivere , y don Pedro, 
abad de Ocoizta, y don Alaquide, presbítero, y don Vítulo mi 
sobrino, y doña Octavia madre del Obispo don Vivere y nues- 
tros hijos, todos nosotros de común concordia, conformidad y 
asenso, hemos deliberado hacer oblación, por la remisión de 
nuvOStros pecados y gloria de nuesli'as almas: y donamos á San 
Vicente de Ocoizta; y al citado abad don Pedro, las iglesias 
de santa Gracia y san Martin de la villa de Eslavillo , con sus 
términos y pertenencia, tierras, viñas, huertos, linares, ferre- 
rias, pomares, integramente desde el Fresno hasta Salou, las 
quales cosas nos pertenecen por haberlas heredado de nuestros 
abuelos que vinieron de León á éste pais. Y si algún pariente ó 
extraño intentare romper, quebrantar ó disminuir en algo nuestra 
presente donación, sea maldito y confundido por el señor Dios: 
ciegue y sea atormentado por el diablo en el infierno, amen: y 
además pague á la pai-to del rey ocho talentos de oro, y á la re- 
gla duplicado el importe de lo quitado, y son testigos don Juan, 
don Munio, don Ildemiro y don Xuño presbíteros; y Marcelino 
Fraterno, Severiano y Emuloto hermanos. Igualmente hemos 
donado á la santa regla de Ocoizta las iglesias de Santa Maria 
de la Hoz de Arganzon de Ganna y de Letono con sus salidas 
y campos, molinos y huertos: las de san Salvador, san Cipria- 
no y san Román , con sus pertenencias desde donde comienza 
el camino de Zática baxo la dehesa de Ercieli hasta el camino 
de Olleros y el espino del abad de Elorriaga. Las de san 
Román, santa Águeda, san Acisclo, santos Emeterio y Celedo- 
nio y san Cristóbal con sus heredades, las de Santiago, santa 
Cruz y santa Eufemia con sus heredades y la mitad de una no- 
guera que les pertenece en Cestabe; las de san Justo, santa 
Águeda y santa Dorotea con sus salidas. La iglesia de Ocoizta 
está consagrada con reliquias de san Vicente, levita, san Félix, 
los santos Macabeos, san Fructuoso, san Babiles^ san Mames y 



ORGANIZACIÓN Y COSTUMBRES DKL PAÍS VASCONGADO. 195 

r-an Ildefonso obispo; y vinimos nosotros el obispo don Vivere, el 
abad don Pedro y doña Octavia á Ocoizta con los séniores y prin- 
cipes de la tierra y con todos los del pueblo, y confirmaron y 
loaron tanto los clérigos como los decanos y los arcedianos que 
las menciogadas iglesias con sus pertenencias estén en el honor y 
obediencia de San Vicente de Ocoizta por todos los siglos amen. 
Y sea notorio á todos los hombres, que este monasterio de Ocoizta 
ha de ser libre é ingenuo, sin pecho ni deuda en favor de hom- 
bre alguno fuera de aquello que debe dar al rey y á los Condes 
de la tierra para que pueda prevalecer y rogar á Dios. Era nove- 
cientos y nueve. Alfonso, rey en Oviedo. DÍ3go Conde en Castilla. 

Vése, pues, en primer término, que los lugares y las tierras 
de Álava, estaban sujetos al señorío inmediato y directo de mag- 
nates, que no sólo poseían y disfrutaban los bienes inmuebles, 
sino las personas que bajo diferentes nombres y especialmente 
bajo el de collacos, eran verdaderos siervos de la Gleba; pero 
estos señores, que á la vez solían ser jefes militares enc;irgados 
de la defensa del territorio, reconocían la soberanía de los reyes, 
y al propio tiempo la de los condes, jefes militares y políticos de 
territorios más extensos y que en algunos casos, como sucedió 
en Castilla, llegaron á. ejercer el poder soberano. 

Los reyes dieron á diferentes poblaciones de Álava, como los 
habían dado á las de Vizcaya y Guipúzcoa, fueros especiales, y 
así D. Sancho el Sabio de Navarra los concedió á la villa de la 
Guardia el 25 de Mayo del año 1 164; en 1181 á la ciudad de Vito- 
ria, que entonces era sólo villa, y habiéndose incorporado en 1200 
lodo el territorio alavés, á la corona de Castilla, sus reyes, no sólo 
concedieron fueros á diferentes poblaciones, sino que dispusie- 
ron libremente de ellas, dándolas como sucedía en sus otros 
dominios á personas que les habían prestado servicios; pero la 
provincia de Álava no llegó á tener una legislación general y lo 
que suele conocerse con el nombre de fueros, son sólo cuadernos 
de ordenanzas formadas para el régimen de las hermandades, 
que fueron varias, y entre otras, la famosa cofradía de hijosdal- 
gos de Ilosrriaga, que sucedió á la antigua hermandad de Álava, 
cuyas ordenanzas fueron aprobadas por D. Juan el If en el año 
de 1442. 



l'J(i iioi.KiiN i)K i-\ I(i:ai, Ai:At)i:MiA uv: i.a histohia. 

Estas ordenanzas, lejos de contribuir al buen régimen y go- 
bierno del país, aumentaron sus perturbaciones que llegaron al 
iiltimo extremo en el reinado de D. Enriiiue IV, el cual delei- 
minó, después de resoluciones contradiclorias, que se uniesen 
todas las hermandades alavesas en un solo cuerpo, contirmando 
sus ordenanzas en el año 1450 estando en Vitoria y expidiendo 
luego en su vii-lud la real cédula dada en Madrid el 22 de Marzo 
de 1458. 

No fueron eficaces, para la pacificación estas resoluciones, y el 
mismo rey D. Enrique dio comisión á Fernán González de Tole- 
do, Diego Martínez de Zamora, Juan García de Santo Domingo 
y Pedro Alonso de Valdivieso, todos individuos del consejo real 
que, como se vé, son los mismos que tuvieron el encargo de 
redactar las 207 leyes que formaron el fuero general de Gui- 
púzcoa, para que reformaran y añadieran las necesarias en las 
ordenanzas de Álava, creando así el fuero general de esta pro- 
vincia que confirmó el Rey el 5 de Septiembre de 1463 en la ciu- 
dad de Santo Domingo de la Calzada. 

En virtud de estas ordenanzas se estableció una autoridad su- 
perior en la provincia con el nombre de diputado general de 
Álava, cargo que obtuvo primero D. Lope López de Álava, según 
consta del catálogo (jue inserta el Sr. Landazuri en su historia 
de Vitoria. Este fuero fué confirmado por los Reyes Católicos don 
Fernando y Doña Isabel en Zaragoza á 15 de Enero del año 1488 
y después poi" su nieto el Emperador Carlos V en Valladolid el 
año 1537. 

A pesar de tales antecedentes y documentos que de un modo 
tan claro justifican que los fueros de Álava, desde sus orígenes 
tuvieron el carácter de concesiones hechas por los reyes en vir- 
tud de su soberanía^ en una real cédula dada por el rey D. Feli- 
pe IV en 2 de Abril de 1644 en que se exime á Álava de la contri- 
bución para el reparo de los puentes de Castilla, se lee lo siguiente: 

«Que siendo la provincia libre, no reconociente señor en lo 
temporal y gobernándose por propios fueros y leyes se entregó 
de su voluntad al señor rey D. Alonso el XI con ciertas condi- 
ciones y prerrogativas expresadas en la escritura que se otorgó 
del contrato recíproco de la entrega en dos de Abril, era de mil 



orTtanización y costumbhes del país vascongado. 197 

f i-escieiitos setenta y dos; y desde entonces por lo capitulado en 
dicho contrato y por lo que la costumbre y posesión ha interpre- 
tado y declarado aunque la dicha provincia ha estado y está in- 
corporada en la corona, y ha hecho y hace inimitables servicios 
pasando de los términos de lo que parece posible respecto de sus 
fuerzas^, se ha reputado por provincia separada del reino y no la 
h;in comprendido las concesiones que ha hecho de servicios el 
reino junto en Cortes, ni ninguno de los tributos y cargas que 
generalmente se han impuesto en los reinos de la corona de Gas- 
tilla de propio motu, ni en otra forma porque de todo ha sido y 
es libre y exenta así como lo son el señorío de Vizcaya y la pro- 
vincia de Guipúzcoa y se han reputado las dos provincias y aquel 
señorío por de una misma calidad y condición , sin que haya 
habido ni pueda haber razón para que la dicha provincia dexe 
de gozar de ninguna exención, libertad y prerrogativa é inmuni- 
dad que goce y tenga la de Guipúzcoa y el dicho señorío.» 

Aunque no sería difícil averiguar las influencias á que tales 
conceptos deben atribuirse, sólo diremos que obraron por igual 
respecto á todas las Provincias Vascongadas, y que en general, 
consistieron por una parte en las necesidades políticas de la 
época, pues la situación geográfica de estos países ha sido en di- 
ferentes ocasiones causa suficiente para que los Gobiernos les 
hayan otorgado exenciones verdaderamente extraordinarias. Basta 
indicar que en la fecha del documento últimamente copiado^ la 
Monarquía de los Austrias era combatida tenacisimamenle por 
varios Estados de Europa, y en especial por Francia y por Ingla- 
terra: con la primera sostuvimos una sangi-ienta y larga guerra, 
durante la cual las armas de Francia llegaron á dominar extensos 
territorios y hasta la capital del Principado de Cataluña, cuyos 
naturales fueron entonces muy hostiles á Castilla, y fácil es 
comprender hasta qué punto se hubiera agravado la situación 
del reino si hubieran seguido su ejemplo los de las Provincias 
Vascongadas. Por otra parte, sabido es que ejercieron bajo la 
dinastía de Austria el oficio de secretarios de los Reyes muchos 
vascongados que con sus gestiones y en virtud de su posición in- 
fluyeron grandísimamente en favor de las provincias de t[ue eran 
naturales ú originarios. 



líl.S HOI.KTÍN UK i. a hKM. ACAIiKMlA U K I. A HISTriHlA. 



10 

Aun((ue Navarra constituyó, corno se sabe, hasta el reinado de 
los Reyes Católicos una Monarquía independiente, y si bien su 
incorporación á la de Castilla fué el resultado de una guerra r;í- 
pida y victoriosa, habiendo sido por lo lanío posible que su le- 
gislación, así en el orden mora] como en el político, especial- 
mente en este último, hubiera dependido de la exclusiva voluntad 
del Monarca, es lo cierto que siguiendo una política ijiudente y 
hábil, los Reyes Católicos obraion respecto á Navarra de la 
misma manera que habían obrado respecto á Aragón, no obs- 
tante que este último reino había sido agregado al de Castilla, 
en virtud y por consecuencia del feliz enlace de aquellos glo- 
riosos é inolvidables Monarcas, es decir, (jue, hablando en el len- 
guaje moderno, los reinos de Aragón, Navarra y Castilla conser- 
varon su peculiar autonomía, y por tanto en Navarra quedaron 
en vigor los fueros allí vigentes al incorporarse este reino al de 
Castilla, como quedaron los de Aragón, y en virtud de esta cir- 
cunstancia, el poder soberano se ejercía en los tres reinos desde 
la época de Doña Juana por un solo Monarca, pero permanecien- 
do independientes las respectivas Cortes de los reinos de Casti- 
lla, Aragón y Navarra, 

Pretenden, y han pretendido siempre, los naturales de los an- 
tiguos reinos de Aragón y Navarra, (jue su legislación política 
tiene por origen pactos ó convenios celebrados entre los Monar- 
cas y los pueblos; pero hoy las investigaciones históricas diri- 
gidas por una sana critica han puesto de manifiesto todo lo 
que tiene de infundado y arbitrario esta opinión, cuyo origen 
evidentemente consiste en ideas relativamente modernas, y por 
lo tanto muy posteriores á la formación de estos Estados. En pri- 
mer lugar, debe considerarse que aun suponiendo que los anti- 
guos Monarcas que rigieron los primeros Estados que se crearon 
en la Península, después de la conijuista de los moros, fueron 
electivos, no obstante que, como se sabe, el principio hereditario 
pugnó por prevalecer desde la época de los godos, es lo cierto que 
lo mismo en la época de éstos que en la de las primeras Monar- 



ORGANIZACIÓN Y COSTUMBRES DEL PAÍS VASCONGADO. 199 

q Lilas, que llamaremos españolas, lo que resulla más claro de las 
crónicas y de los documentos es que la elección de los Soberanos 
era obra exclusiva de los magnates, es decir, délos jefes mili- 
tares, como lo fué siempre en las tribus germánicas, desde que 
,1 parecen en la historia, según consigna en su memorable libro 
Cornelio Tácito. 

No hay para qué recordar lo mucho que se ha escrito acerca de 
la elección de los Monarcas aragoneses, ni de la autenticidad y 
valor histórico de la célebre fórmula ^nos que cada uno valemos 
tanto como vos, y todos juntos más que vos, oa hacemos nuestro 
Rey y señor si guardáis nuestros fueros y privilegios, y si non, 
nonr)] sólo conviene decir que en Navarra, ya en tiempos relati- 
vamente modernos, se alzaba y juraba el Rey por los magnates y 
grandes del reino en la ceremonia de su elevación sobre el es- 
cudo, recuerdo sin duda de los antiguos tiempos; pero lo mismo 
en este reino que en los de Aragón y de Castilla, el principio he- 
reditario prevaleció desde muy antiguo, y puede decirse que es 
una de las leyes primitivas y fundamentales de estos Estados, 
por lo tanto, la soberanía, al menos en lo esencial, estuvo siem- 
pre vinculada en las familias reinantes que formaron verdade- 
ras dinastías. 

Oscuros son, quizá más que los de los otros reinos creados 
en España, los orígenes del reino de Navarra, sin que hayan 
podido esclarecerlos del todo las investigaciones del padre Mo- 
ret ni las de los historiadores que le han sucedido, de tal ma- 
nera, que es casi indeterminada y vaga la serie de los prime- 
ros Reyes de Navarra, siendo por otra parte de notar que este 
reino, en diversas épocas, fué incorporado á los de Aragón y á 
los de Castilla, sin que cuando esto tuvo lugar existieran en 
cada uno de ellos legislaciones políticas de carácter común ó ge- 
neral en los respectivos reinos, sino que, por el contrario, lo que 
pudiera llamarse el derecho positivo de aquellos países, hasta 
muy entrado el siglo xiii, consistía en los fueros especiales de las 
diferentes villas y lugares otorgados por los Monarcas como con- 
cesiones hechas en virtud de su soberanía. Así es que, como ya 
hemos visto, los fueros generales de las provincias de Vizcaya, 
(Guipúzcoa y Álava, no ya en su forma actual, sino en la que 



200 boletín uk la hkal academia de ^a historia. 

[)iiede calificarse de primitiva, no fueron resultado de convenios, 
sino obra exclusiva de los Monarcas, y esto mismo ocurrió con el 
fuero general de Navarra, *jne, como reconoce el Sr. Yanguas y 
Miranda en su Diccionario de Ajüigüedades de este reino, no es 
otra cosa sino el fuero de Sobrarve, «variado y adicionado para 
hacerlo aplicable á las diferentes costumbres del pais». Pruébase 
esto con el título ó epígrafe de su prólogo, que se suprimió con 
el mismo prólogo en los fueros impresos. 

«En el nombre de Jesucristo (dice) (]ui es et será nuestro sal- 
vamiento, empezamos por siempre rembimiento de los fueros de 
Sobrarve de cristiandad ensalzamiento». Pruébase también con la 
conformidad que guardan muchos artículos del Fuero general cou 
el de Sobrarve^ varios de ellos copiados literalmente, entre estos 
el prólogo referido y el art. \.° que trata de la forma de elegir 
Rey. 

El Fuero general se formó pues teniendo presente el de Sobrar- 
ve, redactado antes y aplicado á la ciudad de Tudela, á la que se lo 
concedió el Rey D. Alonso el batallador en la era 1 155, año 1117, 
según la carta de privilegio, copiada en el artículo Tudela de dicho 
Diccionario. Esta carta se halla inserta en el códice de aquella 
ciudad, por principio ó introducción del fuero; el final de ella 
dice así: «Signum regis Aldefonsi Hispaniíe imperatoris: Signum 
regine Margarite: Signum comitis de Pérticha: Facta carta men- 
sa ssptembrissub era 1160: regnante meDei gratiain Aragonem, 
in Iruina, in Navarra in Suprarve in Ripacurza et in Roncal: 
episcopus Petrus in Pampilona: episcopus P... in cesar augusta; 
episcopus Michael in Santa Maria de Tirazone: episcopus Rai- 
mundus in Barbastro: comités pro me Redemiri Sancii in Tu- 
dela: Gastón de Bearn in cesaraugusta: comes centol de Bigorra 
in Tirasona: caxal in Nagera: Lope Arceitz in Alagon: Atorrey- 
11a in Riela: Sen ñor Enecus Lupi in Soria et in Burgos: Petrus 
Tizón in Estella et Monte Aguto: Alfons in Arneto: Sr. Fortum 
de Tena in Roncale: Sr. Fortum Garceitz de Biel in Ul et in Fi- 
lera, mayordomo mayor de rege. Ego sancius scriba jussu do- 
mini regis hanc cartam scripsi et hoc signum feci. Et capta fuit 
Tutela de illuslri rege Aldefonso profacto cum Dei gratia, et au- 
xilio virorum novilium terr.p, et comitis de Pérticha, sub era 



ORGANIZACIÓN Y COSTUMBRES DEL PaIS VaSCONCtADO. 201 

115-2. obiit in Cristo Aldefonsus imperator 6 die mensis octobris 
süb era 1167=Signum regis Garsie in Pampilone qui in eleva- 
tione sua forum juravii et coiiflrmavil signum regis Saiicii Xa- 
varre Divitis, qui in elevatione sua forum juravit et confirmavit: 
signum &.» 

En el Fuero general y al final de él, se lee la misma conclu- 
sión de dicha carta de privilegio en la íorma que sigue: «Signum 
regis Adefonsis, Ispanie Imperator: Signum regine Margarite: 
signum commitis Depertica. Fecha carta in mensis septembris,sub 
era mili cient cinquenta y cinco: regnante me, Dei gracia rege 
in Iruina in Navarra in Aragón in Suprarue in ripagoza, et in 
Ronzasvalis. Episcopus Estephanus, in Osea. Episcopus Petrns 
in Pampilona. Episcopus Gaspar in cesaraugusta. Episcopus Mi- 
chael in Smta Maria de Turiassone. Episcopus Raimundus in 
Barbastro. Gomes pro me in Tutela Redemirus Sancij. Seinor 
Eneco lopiz in Soria et in Burgos. Petrus Tizón in Stella, et Mon- 
teaguto. Alfonso in A r neto. Seinor Furtuy de Tena iu Roncal. 
Señor Furtui Garceiz de Biel in Ul et in Filera mayordomo de 
rege. Et Ego Sancius scriba jussu domini mei regis hanc cartam 
scripsi et signum meum feci. Capta fuit Tutela de illustri i-ege 
Aldefonso prefacto cum Dei gracia, et auxilio virorum nobilium 
terre et comiiis de Partich , sub era mil cient cincuenta dos, 
exunte mense Augusto. Obijt in Xpo. Aldefonsus Imperator, 
quinto die mensis Octobris sub hera mil cient cinquenta y siete= 
Signum regis Garsie Pampilona qui in elevatione sua forum 
iuravit et confirmavil=Signum regis Sanlij. Navarre Divitis. 
qui elevatione sua forum iuravit et confirmavit». 

Añade con bueu criterio el Sr. Yanguas, que cotejados ambos 
manuscritos, no puede dudarse, á pesar de sus variantes, de que 
el uno ha sido copiado del otro, y no el de Tudela del Fuero ge- 
neral, pues en el caso de haberse redactado éste anteriormente, 
no podría contener el privilegio de aquella ciudad, ni es creíble 
que se haya insertado después, porque no se descubre que para 
ello esto pudiera tener ningún objeto. 

Vese, pues, que el Fuero general en su forma más antigua no 
era, como dejamos dicho, sino el concedido por D. Alfonso el 
Emperador á Tudela después de su conquista, en virtud y por 



2<I2 Itf)I,i:TÍN I)K LA HKAI, ACAÜKMIA DE LA HISTORIA. 

consecuencia de ella, que es, como se sabe, origen indiscutil)!» 
de soljeraiiía; pero no es ésta la línica observación (|ue sugieii 
esta forma de conliiinaciíjn, sino (jne además, con ella se com- 
prueba, si fuere necesario, lo <jue tenemos dicho con repeticiór 
sobre la organización militar y política de los Estados cristianos, 
desde sus orígenes hasta los unes de la Edad Media. 

En efecto, después de las suscriciones del Emperador Ü. Al- 
fonso y de su esposa la Reina Doña Margarita y la de los Obis- 
pos, se ven las de los condes y señores que por delegación del 
Rey ejercían el poder en diferentes villas y territorios, como lo 
prueba la [)rimera suscrición de estos: «Gomes pro me in Tutela 
Redemirus sancii; seiuor Eneco lopiz (Iñigo íjopez) in Soria et 
in Burgos. Petrus Tizón in Slella et Monteaguto» etc. Siendo 
de advertir que los señores que suscriben lo son de lugares de 
Castilla y de Navarra, es decir, que la organización política y 
administrativa era idéntica en los Estados del Emperador don 
Alonso, ya fueran estos León, Navarra, Aragón, Castilla, etc. 

A pesar del espíritu y patriotismo locales, que no dejan de in- 
íluir en las opiniones del Sr. Yanguas, declara éste que «es difí- 
cil fijar el tiempo en que se verificó la formación del Fuero ge- 
neral»; pero si se considera que en todo él no se encuentra 1;; 
menor señal de Cortes ni de estamentos de prelados ni de ricos 
homes, conocida ya sin ninguna duda á principios del siglo xiv, 
se demuestra una vez más, que el primitivo fuero fué obra exclu- 
siva del Monarca, y que ninguna participación tuvieron en él 
ni los grandes, ni los prelados, ni los representantes de los pue- 
blos que en forma de Cortes empezaron á participar de la sobera- 
nía, aunque por modo muy diferente que en los modernos Par- 
lamentos, sino hasta principios del siglo decimotercio. 

En cuanto á la antigüedad del fuero, ó mejor dicho, en cuanto 
á la época de su formación con carácter de general, no existen 
datos para determinarla; el Padre Moret opina que fué bajo el 
reinado de D. Thibal I, y el Sr. Yanguas, fundado en razones 
quQ sería muy largo exponer, se inclina á creer que ya lo otorgó 
D, Alfonso el Emperador; pero esto no nos parece sostenible por- 
que en aquel tiempo no estaba todavía constituido el reino de 
Navarra en la forma que después estuvo, y porque no es vero- 



OHliAMZAClÓN Y CÜSTLÍMBMIÍS DKL PAÍS VASCONGADO. 20.'í 

-uiiil que un mismo Monarca diera como fuero general del reino 
el que otorgó á un lugar por él conquistado. 

En el reinado de Sancho Ramírez se dio mejor forma al fuei'O 
li' Navarra, y todo induce á creer que fué redactado de nuevo ya 
.1 fines del siglo xiii, pues en el prólogo de uno de sus códices se 
;iice que el cuerpo del Rey D. Rodrigo fué trovado en tiempos en 
iiu sepulcro en Portugal, y el Arzobispo D. Rodrigo Jiménez de 
Hada, que acabó su historia en el año 1243, dice que este descu- 
laimiento se hizo en tiempos inmediatos al que escribía. 

El fuero general de Navarra fué mejorado por el Rey D. Felipe 
en el año 1330, y desde entonces rigió sin alteración, pues no 
llegó á incluirse en él el mejoramiento hecho por Carlos II de 
Navarra, con acuerdo de las Cortes en 1418. En 1511 los reyes 
í). Juan de Labrít y Doña Catalina encargaron á las Cortes que 
r^e ocuparan de la reforma del fuero, y con este objeto comisiona- 
ron á los de su Consejo, á los alcaldes de Corte y á otras personas; 
[jero la obra no pudo llevarse á cabo por la conquista del reino, 
¡lecha por D. Fernando el Católico, y aunque después de este 
suceso las Cortes redactaron un nuevo fuero, llamado reducido, 
en que se respetaba el anterior, incluyendo en él nuevas dispo- 
siciones legislativas, y suprimiendo loque había caído en des- 
uso, habiendo éstas concluido su trabajo en 1528, el Gobierno 
de la nación resistió durante siglo y medio confirmarlo, porque 
no se incluían en él disposiciones de varios géneros que no 
procedían de las Cortes de Navarra. Al fin sus representantes 
renunciaron á su propósito, y se les concedió licencia para la 
impresión del antiguo fuero general en 1686, con las supresiones 
que notó el Sr. Yanguas, y que consigna en las páginas 129 y 
siguientes del tomo primero de su Diccionario, que, como puede 
verse, son de verdadera importancia y en alto grado significa- 
tivas. 

La última edición de este fuero fué hecha en el año 1815 sin 
más novedad que un piólogo suscrito por el licenciado D. Anto- 
nio Chavier,. en que con no muy sana crítica expone el origen 
del fuero, inspirándose en las mismas ideas que son comunes á 
todos los panegiristas de la legislación especial de las diferentes 
provincias ó regiones del país vasco. 



■^Oí BOLETÍN OE LA MEAL ACADEMIA ÜE LA HISTOHIA. 

Pai-a nnieslra de las ideas que campean en este escrito basta 
leer el siguiente páiTafo: 

«En estas regiones de entre el Pyi-inco y p]bro comenzaron los 
naturales á apellidarse en aquella común calamidad, á conferii- 
designios, unir fuerzas, reparar y fabricar castillos fortalezas y 
casas fuertes, que se llaman Palacios de Cavo de Armería, donde 
el señor ó pariente mayor recogía, y alistaba sus deudos y tam- 
bién otros á soldada, y afirman las Historias castellanas, que en 
ningún Reyno de España que sea mayor ay tantos Nobles de 
casas conocidas, que en este Reyno llaman Palacios. A los cuales 
justamente compelen multiplicadas libertades, franquezas y 
exempciones, y immunidad para delincuentes, como á las Igle- 
sins por el Fuero, como también á las de Castilla se concedieron 
algunas.» 

Puede, en efecto, tenerse por cierto que en toda la región Sep- 
tentrional de España, desde los Pirineos hasta la parte superior 
de las márgenes del Ebro, existió una organización cuyo carác- 
ter fué más militar que político, determinado por la guerra secu- 
lar que los cristianos tuvieron que sostener contra los invasores 
agarenos, en virtud de la cual se fundieron los diversos elemen- 
tos que constituían la población de la Península; es decir, los 
antiguos iberos y celtas; los primeros que invadieron la Penín- 
sula por los partes de Levante y Mediodía (fenicios y cartagine- 
ses); los griegos de las colonias mediterráneas; los romanos y los 
godos. La larga dominación, y la hábil política de los conquista- 
dores que vinieron del Lacio á la Península, habían ya dado á ésta 
cierto carácter de unidad. La invasión de las tribus del Norte, 
suevos, vándalos, alanos y godos, á pesar de haber constituido 
bajo el cetro de Recaredo por primera vez en España un estado 
independiente y unitario, no alteró esencialmente ni por el núme- 
ro de los invasores, ni por las ideas y principios civilizadores que 
aportaron, la índole y carácter del estado social entonces creado. 
Bien testimonio es de esto el Fuero Juzgo, en el cual aparece de 
un modo evidentísimo el predominio casi absoluto de las ideas 
y principios que informaban la civilización romana, y de un 
modo más directo demuestran esta verdad las obras de San Isi- 
doro y de los demás Padres de la Iglesia española, que manifies- 



OrtCTANIZAClÓN Y COSTUMBRES DEL PAÍS VASCONGADO. ?05 

tan cuál era el espíritu y esencia de la vida intelectual y social de 
España, cuando tuvo lugar la invasión y conquista de los musul- 
manes. Por esto, sin duda, llamaron los nuevos conquistadores 
de la Península rumies á todos sus habitantes sin distinción de 
razas ni de orígenes. Esta fusión de elementos fué más completa, 
como era natural, en aquellas regiones septentrionales que sir- 
vieron de refugio á los que no quisieron someterse al yugo aga- 
reno; pero sin duda los que por diversas circunstancias se distin- 
guieron, principalmente por sus condiciones militares, constitu- 
yeron una clase privilegiada, una verdadera aristocracia cuyos 
individuos se llamaron parientes mayores, es decir, jefes de fa- 
milia ó de tribu, denominación que recuerda los Paires famüice 
de la antigua Roma que formaban su Senado, aunque también 
los vemos designar con el nombre de ricos homes, que fué el 
usado generalmente en Castilla para distinguir á estos magnates. 

La clase inferior de los habitantes suele ser conocida en todos 
los Estados cristianos en la larga época de la reconquista con 
el nombre de collazos, que, como ya hemos dicho, eran ver- 
daderos siervos de la gleba ó del terruño. En las villas funda- 
das ó conquistadas por los reyes y por virtud de los fueros y 
cartas- pueblas que estos otorgaban para fomentar la población, 
se creó la clase de hombres libres é ingenuos, que cuando adqui- 
rían y poseían bienes inmuebles se llamaban hijo-dalgos, y entre 
ellos los que podían mantener caballo y poseer armas, eran de- 
signados con el nombre de caballeros, constituyendo una nobleza 
inferior, dependiente de la que formaban los parie^ites mayores y 
ricos homes. No diferían entre sí esencialmente los individuos de 
esta condición social en Castilla y Aragón de los que había en 
las Provincias Vascongadas, y en todas partes ofrecía análogos 
caracteres en la vida social. Los magnates, con sus caballeros y 
con los vasallos ó collazos que les estaban sometidos, es decir, 
con sus clientes como en la antigua Roma por una tendencia 
propia y natural aspiraban á la independencia, y frecuentemente 
abusaban de su poder. 

Los reyes, apoyados en los hombres buenos de las ciudades y 
villas, en los ingenuos, y aun en los siervos, procuraban tener 
á raya á los magnates, y según las circunstancias extendían ó 



2()() BOI.KTÍN l)K l.\ ItliAl, ACAlJliMlA 1)K I. A HISTOHIA. 

abdicaban su auloridad y sus prerrogativas. A parlir del pro- 
greso de la reconquista, puede decirse, (}ue toda la trama de la 
historia de España, desde la invasión de los árabes hasta que lo- 
Reyes Católicos lograron expulsarlos de la Península eu 140-2. 
consistió en las luchas entre los magnates y los reyes, y quizí 
más que en ninguna otra región de España adquirieron estns 
caracteres sangi-ientos y terribles en el país vascongado, como 
lo demuestra de un modo directo el libro tantas veces citado de 
Salazar, y reconoce y confirma el Sr. Echegaray en lo que lleva 
publicado en su obra sobre Guipúzcoa á fines de la Edad Media. 



11. 



Los fueros de Vizcaya, Álava, Guipúzcoa y Navarra, cuyos 
orígenes y desarrollo hemos procurado explicar eu las anterio- 
res líneas, son espejo fiel del estado social de aquellas provincias 
y de sus vicisitudes hasta nuestros días; y de su parte política, 
puede formarse idea cabal con lo que llevamos dicho; pero todavía 
ofrece mayor interés lo que se refiere al estado social de aque- 
lla región, es decir, á la constitución en ella de la propiedad y 
de la familia. Bien quisiéramos consagrar á esto un estudio tan 
detenido y profundo como por su importancia merece, pero el 
desarrollo que ya tiene este escrito no nos permite hacerlo, y 
por lo tanto, nos limitaremos á algunas breves consideraciones 
acerca de tan importante materia. 

Aunque, como hemos dicho, quizá tiene pai-a nosotros mayor 
interés lo que se refiere en los fueros vascongados á la propiedad 
y á la familia, que lo que en ellos se delermina, respecto á la or- 
ganización peculiar de cada provincia ó reino, se advierte en los 
textos legales, que el principal objeto de las disposiciones que los 
forman, es la determinación de las autoridades y corporaciones 
que ejercían el poder, así judicial como administrativo ó raera- 
mejite político, estableciéndose en ellas con verdadera minucio- 
sidad la jurisdicción de cada una; es decir, sus atribuciones y 
modo de ejercerlas. 

Lo que se refiere á las relaciones de carácter meramente pri- 



ORGANIZACIÓN Y COSTUMBRES DEL PAÍS VASCONGADO. 207 

vado, que constituye la materia propia del derecho civil, más 
■ |ue por las leyes escritas, se regulaba por las costumbres y por 
ios fueros particulares de las ciudades y villas que conservarou 
■^u valor y eficacia aun después de publicados los generales de 
las provincias. 

Tres libros se consagran en el general de Navarra á estas ma- 
terias, y por el contenido de sus leyes, por la época en que estas 
fueron dadas y por todos los caracteres que en ellas se notan, 
parecen inspiradas en las más antiguas costumbres del país 
vasco. Estos libros son el segundo cuyos títulos tratan, primero, 
le juicios; segundo, de los pleitos y contiendas; tercero, de cita- 
nones; cuarto, de herencias y particiones; quinto, de tenencias, 
esto es, de la posesión; sexto, de las pruebas y de los testigos; 
séptimo, de los juramentos, y octavo, de las alzadas ó apela- 
ciones. 

El tít. IV del lib. II se refiere más especialmente á la materia 
hereditaria, y las 23 leyes de que se compone demuestran de la 
manera más evidente que el estado social de Navarra estaba cons- 
tituido bajo la monarquía de los ricos homes, clase superior y 
privilegiada; de los Infanzones que gozaban también de privile- 
gios especiales, y de los villanos ó collazos, pues cada una de 
.'stas tres clases ó categorías estaban sometidas á disposiciones 
ó leyes especiales y distintas. Sobre ellas y con caracteres pro- 
pios existía la monarquía, pero en cuanto al derecho heredi- 
tario de sus descendientes se observaban las mismas prescrip- 
ciones para los reyes que para los ricos homes. 

Debe recordarse á este propósito que en Las Partidas, la suce- 
sión á la corona obedecía á las mismas reglas que la de los ma- 
yorazgos llamados regulares. El cap. i del lib. iv tiene el si- 
guiente y significativo epígrafe: 

«Quales de los fijos del rey ó de richombre debe heredar el 
royno ó el castiello et qnal es el mueble, etcon consejo de quales 
debe casar el rey» ; el segundo capítulo trata «de como puede el 
tey ó richombre partir regnos, villas o heredades de conquista 
i sus fijos et sin partirlos muriere como deben partir los fijos.» 

El principio á que estos capítulos obedecen, es, que el reino 
así corno el castillo que el monarca ó rico home ó infanzón había 



208 BOI.K'I'IN l)K LA HKAI. ACADKMIA l)K LA HISTOHlA. 

heredado de su padre, y (|ue eoiistiluía lo que generalmente s»^ 
llama el abolengo, era indivisible, y debía transmitirse por el 
padre al hijo mayor, pero que si el rey ó el rico home ó infanzón ^ 
había adquirido por conquista nuevos estados ó castillos, podía 
dividirlos entre sus otros hijos. 

Bajo el aspecto político, y en cuanto á la monarquía se refiere, 
es indudable que esta disposición del Fuero general, había de 
producir, como produjo, consecuencias desastrosas para la orga- 
nización política y para el progreso de la reconquista, según bis 
tóricamenle se demostró en varias ocasiones, porque con ella, 
lejos de extenderse y fortificarse el poder monárquico, con estas 
particiones se debilitaba hasta el último punto. Por fortuna, más 
que la ambición de los hijos de los monarcas, las necesidades j 
apremiantes é irresistibles de carácter político hicieron ilusoria, 
por lo que á la monarquía se refiere, esta disposición del fuero, 
y al fin, aunque no sin luchas y vicisitudes sangrientas, llegó á 
prevalecer el principio salvador de la indivisibilidad de la mo- 
narquía. No sucedió lo mismo en lo que se refiere al patrimonio 
de los ricos homes ó infanzones, al menos durante la mayor parte 
del largo período de la Edad Media, y el principio de la división 
entre los hijos, de los bienes adquiridos por conquista ó de cual- 
quiera otra manera, prevaleció en el derecho y en la práctica, 
salvo siempre las vicisitudes á que daba lugar el ejercicio de la 
fuerza en aquellos tiempos turbulentísimos. 

Ya hemos dicho que en el Fuero impreso en 1G67 se hicieron 
supresiones en alto grado significativas, y lo son muy especial- 
mente las que se refieren al libro iv del Fuero general de Nava- 
rra que examinamos. Estas supresiones, que pueden estudiarse 
en el tomo i del Diccionario del Sr. Yanguas y Miranda, y que 
se consignan desde las páginas 537 á la 545, son dignas de espe- 
cial atención y estudio, porque demuestran que antes de esas 
supresiones el carácter de ese Fuero, en cuanto al derecho pri- 
vado se refiere, especialmente en lo tocante á las relaciones de 
los esposos, y las de éstos con sus hijos, ya en las familias aris- 
tocráticas de los ricos homes é infanzones é hidalgos, ya en las de 
los villanos, ya en las que existían entre una y otra clase, osten- 
taban un carácter enteramente feudal, que hoy nos parece ver 



ORGANIZACIÓN Y COSTUMBRES DEL PAÍS VASCONGADO. 200 

daderamente bárbaro. Para muestra de ello, y no siendo posible 
reproducir todo lo omitido en este libro, bastará para formar idea 
del estado social y de las costumbres que existieron en Navarra, 
y sin duda en todo el país vascongado, hasta fines de la Edad 
Media, copiar el cap. ii del tít. i del lib. iv, que en el manus- 
crito antiguo tenía el siguiente epígrafe: 

uComo casa infanzón á su fija por Escosa (virgen) et á que 
prueba la debe poner , et qui la puede desheredar si non fuere fai- 
Uada escosa; el si creaturas de ganancia facen su putage, que 
pena han. =Si algún infanzón quisiere casar su fija por escosa, et 
á |)recio, con otro barón, el padre, prenga dos de los parientes 
suyos et deilla prosmanos, al mas tres, et diga á eilla, con estos 
parientes, casar te queremos con fulant que es conveniente para ti; 
eilla bien puede desitar á eill et auu otro que él prometan por 
marido; mas el tercero que eillos li querrá dar, por fuerza ha de 
prender , et el tercei-o que aducen el padre, et los parientes, que 
casse con eilla; et dice el esposo al padre, et á los parientes, de 
grado casaria con eilla si non por el mal precio que ha; et dice el 
padre con los parientes que case con eilla que no ha tal cosa en 
eilla, sino el nombre; faga fiadurias el padre con el esposo, que 
si fuere el feito, como el precio es, que non case con eilla, et sí 
el feito non fuere como el precio es, que case con eilla; el padre é 
el esposo, con otros parientes, prengan tres ó cinco chandras de 
creer , et prengan la esposa, et póngala en casa, et bainenla bien, 
et denli en las manos guantes et liguenli las moinecas con sendas 
cuerdas, en manera que non se pueda soltar, vedando eillos que 
non se suelte, et si non culpante que será. Otro si fagan el leito 
et itenla, catando en los cabeillos, et en otros miembros , si tiene 
aguilla otra cosa á tal que pueda causar sangre, et adugan al es- 
poso, et fáganlo echar con eilla al esposo, et las fieles fagan en 
aquella mesma casa, et eill levantando, coten el lito: si las demás 
dixieren que sábana traisso case con eilla, et si las demás dixie- 
ren que non trajo sabana sea eilla desheredada, et el esposo 
prenga firme de sus fiadurias et vaya su ira, et eilla finque des- 
heredada. Empero este desheredamiento no es dado á padre, ni 
á madre, ni á hermanas, ni á fijos de hermanas, ni á filio de 
barragana: mas es dado á fijo mayor de pareilla (de matrimonio), 

TOMO XIX 14 



/ 



210 u(|i i:riN dk i. a hkai. acahkmia uk la hiütohia. 

Ó ;í su lillo ó ;í su |jrimo coniiaiio mayor de pai-eilla ó á [j;u'i<íiites 
cercaiius <le [)aiiic, el non abieiiilo parientes prosmaiios del padi-e 
deisseula en paz. Ileriiiaiias de pareilla , iiin criaturas de¡lla«, iio 
haii dreito da desheredar la una á la otra ni ninguna parienta: 
si este infanzón, si non hobiere sinon las filias, el hermano ma- 
yor del padre puede demandar también, como el hermano mayor 
de pareilla, todos los dreitos que de suso son escriptos, sino ho- 
biere pariente prosmano creaturas de ganancia , si ficieren pu- 
tage deben ser desheredadas. » 

Sin duda (jue estas, como otras muchas supi-esiones que se 
notan en el Fuero impreso, fueron debidas al cambio profundo 
que se operó en el estado político y social del reino de Navarra 
después de su conquista por el Rey Católico, no obstante haber 
persistido la organización de aquella monarquía con carácter in- 
dependienlo, pues como es sabido, los diferentes Estados que lle- 
garon á formar la Goi'ona de España tenían por único vínculo 
lo que hoy generalmente se denomina unión personal , pero con- 
servando cada uno su autonomía. Sin embargo, la influencia de 
los monarcas , y especialmente la de sus consejeros, inspirada en 
unos mismos principios, que en general en aquella época, por lo 
que se refiere, así al derecho público como al privado, obedecía 
á las doctrinas de los jurisconsultos del tiempo, no pudo menos 
de dejarse sentir en todas y cada una de las legislaciones especia- 
les que continuaban en vigor. Así es que desde fines del siglo xv, 
á pesar de que en el Ordenamiento de Alcalá se había estable- 
cido el orden en que habían de regir las legislaciones particula- 
res, dejando en último lugar, y sólo con carácter de supletorio, 
el Código de las Partidas, éste, como se sabe, llegó á dominar 
casi exclusivamente y á regir en todos los Estados de la Corona 
de Castilla, si bien en los países que por haber conservado y de- 
fendido con mayor vigor sus fueros suelen llamarse provincias 
forales, servía, y aún sirve, de base común al Derecho civil, el 
Derecho romano, tal como está consignado en las Pandectas; pero 
como también, según se sabe, las Partidas fueron inspiradas en 
el Derecho romano, resulta que el carácter común, así de la legis- 
lación castellana como de los países forales y el fondo y esencia 
de ellas, no sólo en cuanto se refiere á las relaciones puramente 



ORGANIZACIÓN Y COSTUMBRES DEL PAÍS VASCONGADO. 211 

privadas, sino á las públicas, es decir, al Derecho civil y al polí- 
tico en España, lo mismo en el resto de Ruropa, es esencialmente 
romano. Pruébase ésto porque aun en la misma Inglaterra, que 
á primera vista pudiera creerse que su legislación era principal- 
mente de origen germánico, como se sabe, sirve de base todavía 
al Derecho vigente, lo que los jurisconsultos de aquel país llaman 
comim law, que consiste en las doctrinas generales del derecho 
romano anteriores y aun posteriores al emperador Jnstiniano. 

Otro tanto ha ocurrido en Alemania, como lo demuestra de la 
manera más evidente Savignij en su famosa obra titulada El de- 
recho romano durante la Edad Media. 

Puede decirse que existe un carácter de veixladera unidad en 
las legislaciones de todos los pueblos, que, con más ó menos pro- 
piedad, se dice que son de origen aryano, de tal manera, que aun 
el elemento que en las legislaciones de los países europeos se 
supone originario de las tribus que desde el siglo iv de nuestra 
Era invadieron y llegaron á enseñorearse de todo lo que consti- 
tuyó el imperio romano en nuestro continente, tenía un origen 
remotísimo, porque se ve que existen grandes analogías entre la 
legislación, si no primitiva, al menos antiquísima, de Grecia y 
de Roma, y la que muchos siglos más tarde reinaba ó estaba en 
vigor en los pueblos septentrionales que invadieron la Europa. 

En las Doce Tablas se ven preceptos, no sólo análogos, sino 
completamente idénticos á los que se atribuyeron por muchos á 
un origen distinto, y se creyeron propios y peculiares de las tii- 
bus germánicas. 

Vico, Niebuhr, Savigny y los eruditos que han seguido sus 
huellas, examinando con profunda atención y estudio los antiguos 
monumentos de la civilización romana, han puesto de manifiesio 
lo que podemos llamar verdades fundamentales en la historia de 
los países indo-europeos; y, en efecto, es en verdad sorprendente 
la correspondencia, la analogía, la igualdad i{ne existe entre el 
primitivo estado social de Roma, que consistía en la existencia de 
los paires familias, los caballeros y la plebe; y la que vemos exis- 
tente en Navarra, según sus fueros, á saber; los ricos homes, los 
infanzones ó hijo-dalgos y los collazos. 

Las modificaciones más profundas que sufrió el derecho en 



212 UOhKTÍN UK LA HliAL ACADKMIA DE I. A HISTOItlA. 

tocios los países de origen ario, fué debida, no á las invasiones y 
conquistas de los pueblos de difei-entes razas de un mismo origen; 
no á la dominación de los i-omanos en la magna Grecia, y más 
tarde en el Alica y en las islas del mar Jónico; no en la de los 
suevos, vándalos, alanos y godos, eu la casi totalidad de Europa; 
no en la délos normandos, en las costas del Atlántico, sino al 
cristianismo, que introdujo lenlas , pero eficaces y profundas 
reformas en la legislación, y, por lo tanto, en el estado social 
y político de lodos los pueblos á que extendió su benéfico influ- 
jo, sin que por ésto desaparecieran los piimitivos gérmenes del 
derecho, poique en gran parte, ese influjo consistió en el des- 
arrollo de la idea de la justicia, en su determinación cada vez 
más perfecta y adecuada á su noción ideal, y en su i-ealizacióu 
más completa, de la cual, evidentemente, aún están muy lejanos 
los pueblos que se creen más adelantados y que llevan en el pro- 
ceso de la historia la bandera de la cultura y del progreso. 

Creemos que á esta luz y con estos principios, deben empren- 
derse, para ser fecundos, los estudios relativos á las legislacio- 
nes que han regido en todos los países de Europa y, por lo tanto, 
el de los fueros especiales de los pueblos y provincias de nuestra 
Península, en los que encontramos dalos elocuentísimos, que 
demuestran á cada paso la verdad de cuanto dejamos expuesto. 
Por lo que respecta al de Navarra, no es solo el capítulo supri- 
mido en el fuero impreso que hemos copiado, sino otros que 
han quedado en él, lo que revela la organización enteramente 
antidemocrática del país vascongado. 

Véase, entre varios, el cap. xvii del lib. ii de que nos varaos- 
ocupando y que dice lo siguiente: 

(íEl seinor solariego, et la seinall, como deven partir los coilla- 
zos et hermandat si han coillazos en cara como los parten. 

La seinall, et el seinor Solaiiego han palabras en semble assi 
diziendo al seinor solariego muerto es nuestro villano solariego, 
et partamos sus creatui-as, en esta manera se faze esta partición. 
• La mayor creatura debe aver la seinal, la otra crealura el seinor 
solariego. Otro si, infanzones hermanos si hobieren villanos en- 
cartados por partir, partan los cuerpos, et partan las tierras de 
los villanos cognosciendo quis cada uno lures fuertes de ferme el. 



ORfiANIZAClÜN Y COSTUMBRES DEL PAÍS VASCONGADO. 213 

uno al otro de las tierras, et de los cuerpos, et de los villanos, 
que non demanden jamás por partición.» 

Resulta claramente del texto que acabamos de copiar, por una 
parle, que, si no on todos, en algunos lugares y villas del reino 
■de Navarra, existía con toda eficacia el poder soberano del mo- 
narca, la seinal, al cual estuvo inmediatamente sometido como 
feudatario suyo, como su hombre leiga, según la expresión del 
Fuero, el señor, que á su vez tenía bajo su dominio los collazos 
y las tierras que éstos poseían y cultivaban; estado social que 
<;onstituye el más perfecto y determinado feudalismo; pues el 
señor, como cousta de otras muchas leyes del Fuero, que no expo- 
nemos en gracia á la brevedad, cualesquiera que fuesen sus pre- 
rrogativas y privilegios, eslaba sometido al monarca, al que debía 
por razón de su juramento diferentes servicios, y principalmente 
los militares, como claramente se consigna en el tít. i del lib. i 
del Fuero que trata de reyes et de huestes et de cosas que tainejí á 
reyes et a huestes, cuyo cap. v establece: (^Como deben saülir en 
Huest los Navarros quando saülen o entra Huest en la tierra^ en 
-cuanto tiempo le deve seguir al Bey con su conducho .y» 

«Si al Rey de Navarra Huest le enlridiere en su tierra, et si 
passare la Huest Ebro ó Aragón contra Navarra, si el pregón 
fuere por la tierra, deven saillir cabaillei-os et Infanzones de Na- 
varra por fuero, et ir al Rey, et ser con conducho de tres dias: 
Empero si el Rey fuere daquent Ebro ó daquent Aragón, al ter- 
cero dia pueden demandar conducho al Rey; et si el Rey non les 
quisiere dar conducho como conviene á cabailleros para si et 
para sus hombres, el para todas sus bestias; et si fuere Escudero, 
como conviene á Escudero, et si fuere Infanzón labrador, como á 
Infanzón labrador, et deven ser con eile ala tres dias, de tres dias 
adelanl vayan al Rey, et demándele conducho, el si non, les 
diere si fueren á su casa non deve aver quereilla el Rey, mas el 
Rey dándoles conducho deven fincar con eille nueve dias; el de 
los nueve dias adelanl porque fueren á sus casas, el Rey non 
deve haber clamos de illos; et si algún fidaigo quiere ser sobra 
de cumplimiento de fuero, de que faga nueve dias con su con- 
ducho porque á su casa fuere, el Rey non deve haver clamos de 
ill ; et si al Rey de Navarra cercaren castieillo, ó villa en estos 



?14 iíoletín i>ií [,a heal academia de la histohia. 

sobi-e epcriplos nueve dias daiidolis el Rey conducho, deben fin- 
car, et se ii' con eill ala que cobre el Rey su castieillo ó su villa 
ala que se poria el Rey á non poder de su villa ó de su caslieillo. 
El si el Rey, ó otro honbre que trahia la Hnest hobiere en 
balailla A enlrar en eslos sobre escritos dias, todo fidalgo de Na- 
uarra que non sea desnaturado del Rey de Navarra, debe con 
eill entrar en balailla, el ayudarle: et aqui eslo non quisiere fa- 
zer, el Rey non li debe dar alcalde, ni mercado, ni can tenedor 
por si, ni j)or otro. Et si por aventura algún fidalgo fueie ido 
por buscar su pro, é fuere de partes de la Huest, debe deixar ;í su 
seinor el ;í su bien, et passar, et ayudar al Rey de Navarra, como 
á su seinor natural, si non fuere desnalnralizado del Rey, et si 
por ventura el Infanzón fuere irado, ó echado de la tierra del 
Rey, et fuera de parle de la Hnest, deve venir al Rey, et dezirle 
que li ayudará en aqueilla balailla, ct que aya merced sobre eille, 
eille daudoli amor, el si liene algunas heredades dandoli lo suyo, 
deve ayudar al Rey en aqueilla balailla, si el Roy non le diere 
amor, ni lo suyo faciendo á saber á oíros Infanzones, que sean 
en aqueill al menos tres, et al mas, seis, que non faillesce por 
eill que non le ayuda en aquella balailla et si á quereilla el Rey 
de ill, que si fará quanlo la su Cort mandare si non li diere amor, 
deve pasar á su Seinor, el deve fazer di adelant todo quanlo po- 
diere á la Hnest, el al Rey en la tierra, et en caslieillos, el en el 
mueble, et en toda casa sino en el su cuerpo esl infanzón no 
es tenido de dar enmienda de mal fecho ninguno que li faga en 
su lien-a, mas dándole el Rey al fidalgo amor quanlo hoviere 
favor, o voluntad, e dándole sus heredades con sus presas el 
fidalgo, deu el render el casleillo, ó villa, ó tierra si la hoviere 
pressa al Rey, et no es tenido de render la pres,;a al Rey ni el 
mal fecho, porque prometia que faria tanto cuanto mandaria la 
Con ó su Alcalde, mas el Rey tenido es al fidalgo de render todas 
las pressas suyas con toda su heredad porque non queria lomar 
derecho á la sazón que el fidalgo prometia: el si el Rey dándole 
amor al fidalgo, que torne á su tierra, el que le dará lo suyo, et 
non quiere el fidalgo tornar, el Rey deve haver todas las pressas 
para sí que tomaba en sus heredades del fidalgo, et non deve 
dar en sus heredades del fidalgo, el non deve dar al fidalgo 



ORr.ANlZACIÜN Y COSTUMBRES DEL PAÍS VASCONGADO. 215 

sino solament sus heredades quando li diere amor el Rey: esto 
es, porque non quiso tornar cuando el Rey le mandaba que tor- 
nasse á la tierra. Et si por aventura el fidalgo tomare casteillos, 
ó villa por peindra de su desheredamiento ante que sea desna- 
turado, como dicho es desuso, quando el Rey le tornaba lo suyo; 
debe otro si el fidalgo tornar, et render el castieillo, ó la villa al 
Rey, et si facer non quisiere finque por traidor, et si fuere por 
ventura desnaturado porque non rendiere non le puede dezir 
mal.» 

Hemos copiado extensamente esta ley del Fuero de Navarra, 
porque con ella se confirma de la manera más evidente cuanto 
hemos expuesto acerca del estado social y político de aquel reino, 
y poi-que ella da idea de cuál fué el origen y verdadero carácter 
de los privilegios que pretenden haber tenido hasta nuestros días 
las otras provincias del país vascongado. 

En efecto, el de que sus naturales no estuviesen obligados á 
prestar servicios militares fuera de la provincia, sólo consistía en 
que los ricos homes, hidalgos, caballeros, infanzones y labrado- 
res sostuviesen este servicio por determinado tiempo á su costa, 
cuando eran convocados por el Rey para casos de guerra en la 
provincia ó en su frontera; pero ésta debía sostenerla el monarca 
en el caso de que las campañas se hicieran en países extraños, lo 
cual acontecía asimismo en el resto de la Península. Sabido es 
que durante las largas guerras que tuvieron lugar en España, no 
sólo aquellas que se sostuvieron para reconquistar el país inva- 
dido por los musulmanes, sino en las frecuentísimas que man- 
tuvieron unos contra otros los diversos Estados peninsulares, los 
reyes por razón de su señorío, convocaban para formar sus ejér- 
citos á los ricos homes, hidalgos é infanzones y á las ciudades y 
villas que por razón de sus fueros y cartas-pneblas, constituían 
verdaderas personas jurídicas con diferentes piivilegios, y en ge- 
neral con todos aqnellos que caracterizaban á los grandes ó ricos 
homes, los cuales, es decir, así los que eran personas naturales, 
como los que eran personas jurídicas, acudían con sus respecti- 
vas huestes á formar los ejércitos, porque, como es sabido, no 
ha existido hasta muy entrado el siglo xvi los (jnc con propiedad 
pueden llamarse ejércitos permanentes, denominado al propio 



210 BOI.KTÍN DK I.A HKAL ACAUKMlA DE LA HISTOhlA. 

tiempo ojí'írcito real, cuyo mícleo consistía en aquellas fuerzas 
que conslituían la j^uaida del Hoy, y que pasando por diversas 
vicisitudes, ha venido á formar el verdadero ejército nacional. 

Vese, pues, que la organización militar no ha diferi(Jo nunca, 
esencialmente en el país vascongado, de la que existió en los de- 
más reinos y provincias de España, y que sus consecuencias so- 
ciales fueron en todos ellos análogas, si no idénticas. 

Gomo ya hemos demostrado y como resulta de un modo evi- 
dente de los documentos auténticos, los Fueros generales de Viz- 
caya, Álava y Guipúzcoa, en la forma en que actualmente los 
conocemos, son de época relativamente moderna, y de ellos se 
han eliminado indudahiomente muchos elementos por la cir- 
cunstancia de no tiaberse querido sancionar por los reyes. 

Después de la incorporación de Navarra á la Monarquía espa- 
ñola, la redacción del fuero de este reino conserva, en la que al fin 
tuvieron que publicar los representantes de Navarra, algunos de 
esos elementos que llamaremos arcaicos; pero con repetición he- 
mos dicho que esos mismos íi otros análogos fueron comunes á 
todo el país vascongado, y no distintos en su esencia de los que 
constituían la forma del estado social y político de todas las i-egio- 
nes de la Península, conservados, aunque con sucesivas modifica- 
ciones, en aquellas villas y territorios á que se fué extendiendo 
durante el largo período de la Reconquista, el espíritu de las ins- 
tituciones, cuyo conjunto es lo que propiamente puede llamarse 
la civilización española. Estas modificaciones llegaron á ser esen- 
ciales en los últimos años de la Edad Media en los países que 
últimamente formaron parte de los reinos de León y de Castilla, 
conservándose con tenacidad notable en el país vascongado las 
costumbres más antiguas por lo que al régimen familiar se re- 
fiere, según los datos suministrados para los estudios interesan- 
tísimos de M. F. Le Play; pero como es sabido, los caracteres de 
la familia vascongada no les son peculiares y exclusivos, siendo 
muy semejantes, pudiera decirse que idénticos los de la familia 
catalana, y muy análogos los de las que poblaban el antiguo 
reino de Aragón. Es más, aun en Castilla, esos caracteres se ex- 
tendieron á diferentes pueblos y regiones, de lo que es vestigio 
evidente el fuero de ti-oncalidad que se ha conservado hasta la 



ORGANIZACIÓN Y COSTUMBRES^ DEL PAÍS VASCONGADO. 217 

publicación del nuevo Código en varios pueblos de Castilla, en 
que se estableció desde su creación por sus primitivos fueros y 
cartas-pueblas. 

Entendemos que el principio y fundamento de la organización 
familiar á que nos vamos refiriendo es el que se consigna en las 
Doce tablas en los siguientes términos; 

Pater familias uti legasit siiper pecunia tutelave suce rei ita jus 
esto. 

Este principio es consecuencia y expresión del poder absoluto, 
de la verdadera soberanía que el jefe de la familia compuesta, no 
sólo de los consanguíneos, sino de los clientes y siervos, ejercía 
en las primitivas asociaciones humanas, cuya organización ha 
expuesto de modo tan brillante M. Fuslel de Coulanges en su 
notable libro titulado La cité antique. En virtud de este poder en 
la familia vascongada y asimismo en la catalana, el padre dispo- 
nía libremente de sus bienes, pudiendo legar todos ellos á cual- 
quiera de sus hijos, aunque de ordinario fuese el heredero el 
primogénito. Esto, que lo mismo estuvo establecido desde los 
tiempos más remotos, así en la familia aryana como en la se- 
mítica, pero principalmente en aquélla, no sólo se conserva en 
las provincias españolas antes nombradas, sino en otras nacio- 
nes de Eui'opa, y principalmente en Inglaterra, donde no ha sido 
ni es obstáculo al admirable progreso que ha alcanzado esta na- 
ción en todos los órdenes de la civilización, ni á su actual gran- 
deza. Motivos hay para creer que justamente por haberse con- 
servado este régimen familiar ha logrado Inglaterra su actual 
poderío; y, en efecto, no puede menos de notarse que aun en 
nuestra misma patria, el país vascongado, después de las luchas 
que ensangrentaron su suelo durante la Edad Media, ha conser- 
vado una pureza de costumbres que admiran y elogian naturales 
y extranjeros, especialmente el antes citado M. Le Play, y á pe- 
sar de la pobreza de su territorio, ha llegado, por el espíritu 
emprendedor de sus hijos, por su tendencia emigradora, en vir- 
tud de la cual ha difundido su sangre por todos los estados de la 
América latina, á un grado de prosperidad muy superior al de 
la mayor parte de las provincias de España, excepto Cataluña, 
donde por las mismas razones, es decir, por su régimen f;uniliar 



218 nOMíTÍN DE l.A IIKAI. ACADEMIA DK l.A HISTOHlA. 

y como consecuencia de él por el de la propiedad, se alcanzan 
análogos y aiin superiores resultados. 

Saldríamos de los límites propios y naturales de este trabajo 
si expusiéramos con la debida extensión los motivos y las con- 
secuencias dol estado social existente en el resto de España, y 
especialmente en lo que fué el antiguo reino de Castilla. Sólo in- 
dicaremos que bajo el punto de vista del derecho privado, estas 
causas consisten en el predominio que, más por las costumbres 
que por las leyes escritas, fué adquiriendo el derecho romano 
postjustinianeo, en virtud del cual se estableció la igualdad de 
todos los hijos en cuanto á sus derechos hereditarios. Parece esto 
responder á los afectos del corazón humano, y por otra parte la 
división de las propiedades llevadas hasta el último límite pro- 
ducía como consticuencia indeclinable la igualdad de todos los 
individuos ante el poder supremo del Estado representado por los 
mona; cas, que fué engrandeciéndose hasta llegar á ser absoluto 
é incontrastable después de haberse anulado el de los magnates 
y corporaciones, resultado que ha venido á conseguirse por com- 
pleto en los momentos actuales en que, abolidos en todas las 
constituciones y leyes españolas, modernas los vínculos y mayo- 
razgos y las exenciones y privilegios de todas las clases sociales, 
sólo subsiste el poder omnímodo del Estado que ejerce el Go- 
bierno supremo de la nación, erigido sobre el polvo impalpable 
de los individuos, habiéndose creado de este modo bajo la apa- 
riencia de la libeitad una tiranía apenas soportable, merced á lo 
efímero de su ejercicio, por la continua renovación de las perso- 
nas que la detentan. 

A nuesiro parecer, en la organización tradicional y admira- 
ble de la familia, puede fundar el país vascongado su principal 
títuio á la consideración y al respeto del resto de las provincias 
españolas, y para conservarlo no sólo deben aspirar sus habitan- 
tes á que la unificación del derecho civil respete el que han creado 
sus costumbres, sino á que, como ya hemos dicho, en las modifi- 
caciones que con urgencia piden las leyes administrativas, sin- 
gularmente la municipal y provincial, se conserven también con 
las modificaciones (jue exige el progi'eso de los tiempos, la orga- 
nización y las funciones de las antiguas y tradicionales juntas 



ORGANIZACIÓN Y COSTUMBRES DEL PAÍS VASCONCtADO. 219 

(]ue han regido la vida local del país vasco con gran provecho de 
aquellas regiones. Es más, nos parece que el ejemplo que nos 
dan esas provincias debiera aprovecharse para modificar en el 
propio sentido los preceptos aplicables á las demás de España, 
empezando por abandonar su actual división y formando otra 
nueva, fundada principalmente en los antecedentes históricos y 
en las circunstancias naturales de las diversas regiones de la 
í^enínsula, porque la división actual, inspirada en la que á fines 
del pasado siglo se estableció en Francia por los Gobiernos revo- 
lucionarios, ba traído consecuencias verdaderamente deplorables, 
y entre oirás, la de una centralización absorbente, que, por for- 
tuna, no ha agolado la vitalidad de aquellos países (jue, como 
Cataluña, Álava, Guipúzcoa y Navarra, han logrado defender 
sus fecundas y gloriosas tradiciones locales. 

No es esto defender la tendencia regionalista que se nota en 
algunas comarcas de nuestra Península, resultado sin duda de 
las violencias que la excesiva centralización ha producido en 
ellas, y que sólo podrá remediarse dejando que las fuerzas loca- 
les, y el espíritu que ellas producen, tengan su natni-al y nece- 
sario desenvolvimiento, sin perjuicio de la unidad nacional, 
que no ha de consistir en la imposición ai-bitraria y tiránica de 
principios y reglas que repugnan sus ideas y sentimientos. En 
una palabra: la nación no ha de ser una entidad abstracta, un 
conjunto inorgánico de individuos aislados, sin vínculo alguno 
(|ue los una, desconociendo los c;u-acteres que constituyen y 
determinan agrupaciones naturales, como son, la familia, el mu- 
nicipio y la provincia, sino la síntesis de la i-ica vai'iedad de todos 
estos elementos. Si á ello contribuyen libros semejantes á los 
[)ublicados por los Sres. Echegai-ay y Labairu, deben ser sus 
autores alentados en sus ti'abajos, [)roponiéndolos como modelo 
de los que intenten escribir otros análogos, en que su trate de la 
historia y de las instituciones que han regido en las demás pro- 
vincias españolas, estudiando á este fin sus antiguos fueros y 
privilegios, las costumbres que produjeron y las vicisitudes de 
su historia. De esta manera se sustituirán con ventaja á los estu- 
dios abstractos del derecho civil y político el del tradicional ó 
histórico, y por la aplicación del método de observación podrá 



220 HOI.KTÍN DIC LA IIKAI, AflAUKMIA DE LA HISTOIUA. 

llegarse á la reforma tan necesaria de nuestro estado social y de 
nuestro régimen político gradual y lenta, con lo que podrán evi- 
tarse las periódicas y frecuentes revoluciones que, lojos de ser, 
como algunos [¡reteuden, saludables crisis de la vida nacional, 
son obstáculo á su progreso, y nos llevan rápidamente A una 
tristísima decadencia y al com[)lelo olvido de nuestras gloriosas 
tradiciones. 

CONCLUSIÓN. 



Del examen de los monumentos de que hemos hecho mención 
en este escrito y de otros muchos que, por brevedad, no hemos 
referido, se tleduceií á nuestro parecer las siguientes conclusiones, 
evidentes las más y otras tan probables y verosímiles que pueden 
tenerse por ciertas, salvas siempre las modificaciones que en ellas 
deban hacerse en virtud de nuevos descubrimientos. 

El examen de los restos humanos más antiguos, encontrados 
hasta ahora en la Península il)érica, pertenecen á una raza idén- 
tica á la llamada de Gromaguon, que habitó en época remotísima 
desde el Norte de África hasta la región mei'idional de Francia. 
Los vascos ó eüskaros ofrecen caracteres etnográficos distintos de 
los de aquella raza, por lo cual y por otras razones parece que 
proceden de una inmigración posterior á la época en que ya exis- 
tía la raza Gromagnon en la Península, siendo verosímil que esa 
inmigración fuese de los iberos y procedente de Asia (1). 



(l) Hoy sostienen varios etnógrafos que los aryos provienen del Norte de Europa. 
Véase lo que á este propósito leemos en la obra titulada Les Aryeiis du Novd et du Sud 
de VHindou Kocuch, par Charles de Uffalvi, 199f). 

«Ce processus auquel il a fallu des milliers d'annes pour s'acomplir, nous a paru 
«d'ailleurs démontrer deux clioses: 1° Que les g-rands Dolicoblonds n'avait séjourné, 
»que depuis relativement peu de temps avant la cession survenue. 2° Qu'ils étaient 
»évidemment venus de l'Ouest, et que dans aucun cas ils ne pouvaient étre origi- 
»náires (la Bactriana) de ees régions, n'ayant pu se former sur place. Cela me parait 
»un argument de plus et non des moindres en faveur de l'origine européenne de ees 
»mémes grands Dolicoblonds.» 

¿Provendrán los eúskaros también del Norte de Europa? La variedad de los cráneos 
estuiiados por el Sr. Oloriz, más bien confirma que contradice esta opinión. 



ORÍÍAN'IZACIÓN Y COSTUMBRES DEL PAÍS VASCONGADO. 2"2 1 

Estos invasores eran probablemente de raza blanca ó caucásica 
y del tronco aryano, del cual se separaron, cuando la lengua 
común no había llegado todavía á ser de flexión, sino aglutinante, 
esto es, cuando todavía conservaban su independencia y valor 
propios los elementos que forman la palabra en la familia indo- 
europea. 

Es verosímil que estos emigrantes llegaran hasta los últimos 
confines de la Península, y que en muchas regiones y después de 
luchas más ó menos sangrientas con sus habitantes anteriores, 
los destruyeran en parte y en parte se mezclaran con ellos, que- 
dando tal vez algunos grupos de hombres de la raza de Gromagnon 
con existencia independiente. 

A la inmigración vascongada ó eúskara, y después de un tiem- 
po que hoy no podemos determinar, siguió la inmigración cél- 
tica, y, sin duda, después de luchas y vicisitudes diversas se 
mezclaron sus individuos con Jos vascos, pero éstos quedaron 
predominando ó independientes en la región septentrional ó más 
propiamente pirenaica de la Península, mientras que los celtas 
alcanzaron la misma situación de predominio ó de independencia 
en las partes occidentales (Galicia, Portugal y Extremadura) (1). 
Gomo opinan casi todos los historiadores, vascos y celtas se mez- 
claron y confundieron en la región central y meridional de Es- 
paña, y sus habitantes pueden llamarse y se llaman con propie- 
dad celtíberos. 

En la región pirenaica se conservó, si no en su completa pu- 
reza, al menos con escasas influencias extrañas, la lengua y la 
familia ibérica. 

No creemos fácil, ni (¡uizd posible, determinar si llegaron á la 
Península los primeros colonizadores griegos antes que los libio- 
fenices; unos y otros, establecidos en los puertos del Mediterráneo, 
extendieron su influencia ya por medio de las armas, ya por las 
relaciones mercantiles pacíficas á una gran parte de España, pa- 
sando en sus naves el Estrecho y recorriendo las costas hasta los 
confines occidentales que baña el Océano. 



(1) Los dólmenes, menhires y necrópolis que cada día se descubren en estas re- 
giones confirman esta opinión. 



'221 IIOI.HTIN l)K (-A HKAI. ACADKMIA I) K l.A HISTOHIA. 

Sin (luiJa estas colüiiizacioncs (lioroii, si no el primero, el más 
eficaz impulso al progreso de la civilización en España, pues tra- 
jeron el alfabeto ó inlroilujeron el uso de la moneda (1). 

El inlhijo de estos grandes descubrimientos debió ser nulo ó 
de escasa importancia en aquellas regiones (|ue, como el país 
vasco, erHii poco accesibles por sus condiciones topográficas, y 
debieron conservarse en ellas con escasas alteraciones las primi- 
tivas costuml)i'es y la organización primitiva, es decir, las más 
antiguas de la raza ariana. 

Con el advenimiento de las gentes del Lacio á la Península 
empieza su historia clara y distinta, y la influencia de estos inva- 
sores fué tal y tan grande ({ue al cabo la mayor parle, casi la to- 
talidad del territorio y de la población de España llegaron á ser 
completamente romanos por su lengua, por sus costumbres, en 
una palabra, por el conjunto de todas las esferas de la actividad 
humana que constituye la civilización. 

Durante este período es cuando, sin duda, los vascos ó eúska- 
ros debieron recibir, si no las primeras, las más importantes in- 
fluencias extrañas que hasta entonces habían sentido, pues no 
cabe duda que los romanos se establecieron en los puertos de la 
costa cantábi'ica, y en otros puntos que aseguraban las comuni- 
caciones terrestres de la Península con las vecinas Gallas. Sin 
embargo, los eú?karos mantuvieron su relativa independencia en 
los estrechos valles de las enriscadas montañas del Pirineo, por- 
que ningún interés material ni de otro género tenían los invaso- 
res en dominar aquellas estériles regiones, cuyos moradores no 
tomaron parte por esta causa en la suprema lucha que sostuvie- 
ron contra los romanos los cántabros, últimos defensores de la in- 
dependencia de los que poblaban la Península antes de la domi- 
nación romana. 

Estas mismas circunstancias, es decir, lo inaccesible del país 
vasco y su pobreza, lo sustrajo á la completa dominación de las 
tribus septentrionales que lograron al fin constituir en España la 



(1) Creemos que los alfabetos de las monedas y de las iascripeiones ibéricas son 
^el mismo origen que los que usaron primitivamente los colonos griegos y tibio-feni- 
cios que se establecieron en nuestras costas. 



ORGANIZACIÓN Y COSTUMBRES DEL PAÍS VaSCON&ADO. 223 

nacionalidad independiente que los historiadores denominan coa 
más ó menos propiedad monarquía visigótica. La azarosa exis- 
tencia de este nuevo Estado dio ocasión á que el pais vasco fuese 
teatro de algunas de las luchas sostenidas por los magnates que 
se disputaban el cetro y sus habitantes tomaron alguna parte en 
ellas. 

Pero más que el influjo que estos sucesos pudieron tener en la 
vida del pueblo vascongado, la ejerció, sin duda, grandísima 
desde los últimos tiempos de la dominación romana, el cristia- 
nismo propagado en aquella región por los discípulos de los pri- 
meros varones apostólicos que llegaron á España y que cum- 
pliendo el precepto evangélico ite et baptizantes eos docete omnes 
gentes, sin más armas que la cruz y con el prestigio de su pala- 
bra que predicaba el amor de todos los hombres, cautivaron las 
almas sencillas, de los que fueron tan enérgicos é irreductibles 
para los que emplearon contra ellos el rigor de las armas. 

La invasión agarena aumentó ese benéfico influjo, porque uni- 
dos vascos, visigodos y latinos por las necesidades de la común 
defensa contra los infieles, era no sólo natural sino necesario 
que se mezclaran y confundieran en gran parte unos con otros; 
la fusión entre godos y latinos debió estar ya casi consumada en 
el momento de la invasión musulmana, pues así se infiei'e del 
Fuero Juzgo, legislación única y común de ambas razas; pero la 
del pueblo vascongado no fué después tan completa porque se 
oponían á ella, en primer lugar las condiciones especiales del 
país que habita y además por la facilidad que estas les daban 
para conservar con la relativa pureza de la raza su lengua y sus 
costumbres. 

El vínculo más fuerte que unió desde los primeros esfuerzos 
para defenderse de los invasores y para rechazarlos á vascos, 
godos y neolatinos, fué la religión que todos ellos profesaban; el 
instinto común señaló desde sus principios la lucha secular y ti- 
tánica de que fué teatro la Península; la guerra fué contra los 
moros, contra los infieles más todavía que contra los conquista- 
dores, por tal motivo estos no lograron fundirse con los conquis- 
tados, á pesar de su dominación de ocho siglos, como en nuicho 
menos tiempo lo habían logrado los romanos; la diferencia entre 



224 HOl.líTÍN OK l-A HEAI. ACAUKMlA I>K LA HISTOHlA. 

crisliaiioH y iiiali(jnn;tanos era irii-ílucliblo, así es i|ue hasta en 
los últimos combates contra los sarracenos tomaron principalí- 
sima parle los vasconjíados qne adquirieron tanta gloria en las 
Navas, ante los muros de Sevilla, en el Salado y en Granada. 

No fueron, pues, las costumbres ni la raza obstáculo para la 
organización militar y por resultado de ella para la política que 
imponían las necesidades de la incesante y terrible guerra que 
vascos, godos y latinos tenían que sostener conti-a lo-^ invasores 
mahometanos; por el contrario, los jefes de las familias ó tr-ibus 
vascas, llevaban á esas luchas los hombres válidos que por los 
vínculos de la sangre ó de la dependencia foi'inaban su hueste, 
como los magnates llamados después ricos-homes, ya de raza 
gótica ó hispano-lalina llevaban en pos de sí los que constituían 
sus mesnadas, unos y otros juntos levantaban sobre el pavés al 
que había de ser su jefe supremo, hasta que se estableció con ca- 
rácter definitivo el principio hereditario para determinar la per- 
sona que había de ejercer la autoridad soberana, constituyéndose 
de este modo las primeras monarquías una al O. y la otra al E. 
de la cordillera Pirenaica, es decir, los primitivos reinos de As- 
turias y de Sobrarve. 

Con muchas vicisitudes y con divisiones producidas por dife- 
rentes causas, fueron esas monarquías extendiendo su domina- 
ción del N. al S. de la Península; Asturias y León constituyeron 
un solo reino, y en los territorios y pueblos que lo formaban se 
establecieron Condes, que eran al propio tiempo jefes militares y 
políticos, dependientes y representantes del monarca; algunos de 
ellos, como los de Castilla primero y después los de Portugal, 
llegaron á adquirir gran poderío y con él verdadera independen- 
cia; el Condado de Castilla se unió felizmente por enlaces de 
familia á la corona de León, y los reinos de León y de Castilla 
tuvieron casi siempre entre sus Estados, los lugares y territorios 
del país vasco, salvo los que constituyeron desde muy antiguo el 
reino de Navarra. 

Entre los soberanos de las nuevas monarquías y sus subditos 
de origen vasco ó de otro cualquier origen, no hubo ni pudo 
haber, dadas las circunstancias en que estas se constituyeron, 
pactos ni contratos fijando los derechos de éstos y las atribucio- 



ORGANIZACIÓN Y COSTUMBRES DEL PAÍS VASCONGADO. 225 

nos de los monarcas; desde que éstos existieron, sin duda con la 
aquiescencia de los pueblos, usaron de su soberanía, limitada sólo 
por las circunstancias, siendo absoluta cuando su poder y su ca- 
rácter lograban sobreponerse á las pretensiones de los grandes. 
Cada día resulta más claro del estudio de los documentos que 
la existencia de asambleas deliberantes, co-partícipes de la so- 
beranía, con carácter normal y con atribuciones determinadas, 
es posterior á la creación de las monarquías y en ningún Estado 
de la Península se encuentran vestigios de ellas anteriores al 

siglo XII. 

Los reyes, lo mismo en León, en Castilla, en Galicia, que en 
Vizcaya, Guipúzcoa, Álava y Navarra, concedieron, en uso de su 
soberanía, los fueros y cartas-pueblas que crearon ó fomentaron 
los lugares y villas de sus reinos, y otorgaron las exenciones y 
privilegios de que gozaron y que modificaban extendiéndolos ó 
■limitándolos según las circunstancias de los tiempos. 

En las vicisitudes que España ha sufrido, los vascos, por los 
-motivos que en el cuerpo de este escrito hemos expuesto, han 
defendido con tenacidad sus fueros y privilegios, y á su amparo 
han conservado en gran parte sus antiguas costumbres. El ejem- 
plo dado por ellos debió ser imitado por los demás pueblos de la 
Península y quizá de este modo se hubieran evitado las sangrien- 
tas y estériles revoluciones que, sin haber puesto remedio á los 
males que trabajaban el organismo político existente, han intro- 
'ducido gérmenes de corrupción, cuyas consecuencias cada día 
aparecen con caracteres más repugnantes y que nos llevan al 
extremo de decadencia y ruina que aflige los corazones de cuan- 
tos aman la patria común, sin que pueda servir de consuelo á 
dolor tan intenso el recuerdo de las grandes glorias alcanzadas en 
otros tiempos, ni los servicios prestados á la humanidad por Es- 
paña, que, aunque sucumba, ocupará por ellos lugar eminente 
en la historia, aun más elevado que otros pueblos gloriosísimos 
■que hoy sólo existen en la memoria de los hombrea. 

Antonio María Fahié. 



TOMO XXX. 15 



226 boletín üe la real acadkmia ue la historia. 



11. 



INSCRIPCIONES IBÉRICAS DE ASTURIAS. 

En el mes de Junio del presente año me escribió un amigo, el 
Sr. D. Joaquín Costa, renombrado é infatigable investigador 
del derecho y de las costumbres de los primitivos Iberos, que 
D. Marcelino Fernández y Fernández, profesor del Instituto de 
Tapia (Asturias), le había dado noticia de ciertos monumentos 
epigráficos curiosísimos, descubiertos hacia el extremo NO. de 
aquella provincia en los concejos de Tapia y El Franco. Esta 
atenta comunicación me vino acompañada de una carta del señor 
Fernández al Sr. D. Félix de Aramburu, dignísimo rector de la 
Universidad de Oviedo é historiador del Principado, que contiene 
las indicaciones topográficas del hallazgo, ó paradero de aquellos 
monumentos, con fotografías y dibujos hechos por el mismo 
Sr. Fernández; el cual había conjeturado, y desde luego reconocí 
ser verdad que se trata de monumentos ibéricos. Uno tan sola- 
mente (5) no era desconocido hasta ahora; pero pasó casi in- 
advertido á los doctos, en la colección epigráfica, que publicó 
D. Ciríaco Miguel Vigil en su Asturias monumental, hace nueve 
años, remitiéndose á los apuntes que le había comunicado 
D. Alejandrino Menéndez de Luarca, en cuya casa estaba ya el 
monumento. Yo mismo, al publicar en 1893 mis Monumenta lin- 
guae Ibericae lo pasé por alto, porque no siendo segura su atri- 
bución é interpretación, parecía conveniente aguardar mayor 
fijeza y nueva luz de otros, como ahora sucede. Para formar una 
idea cabal de semejantes monumentos no bastan sencillas copias, 
hechas á mano y casi siempre inexactas; sino que se necesitan 
facsímiles ejecutados con toda la exactitud posible. Pedí, pues, 
al Sr. Costa me procurase calcos de aquellas inscripciones; y el 14 
de Octubre pasado me dio cuenta del resultado que habían obte- 
nido sus deseos y los mios cerca de los Sres. Aramburu y Fer- 
nández; personas de tanta ilustración, que pusieron luego manos 
á la obra con exquisita diligencia. Lástima grande que sola- 



INSCRIPCIONES IBÉHICAS DE ASTUIUAS. 227 

mente de dos inscripciones haya sido posible lograr los calcos. 
La del dolmen de Campos (2) se encuentra en situación tan des- 
ventajosa que frustró todas las tentativas que puso enjuego para 
calcarla el Sr. Fernández. Tampoco le fueron asequibles las 
tres (1, 4, 5) que en Luarca y en su casa tiene la viuda del 
Sr. Menéndez; porque esta señora con porfiada resolución, ha 
dado en la flor de no consentir que nadie haga uso de las cosas de 
su marido. Por consiguiente se reproducen aquí las nuevas ins- 
'■ripciones, con las indicaciones necesarias, según las copias y di- 
bujos, los calcos y las fotografías respectivamente que obran en 
mi poder. 



En el lugar de la Andina, ó Andía, parroquia de Arancedo, 
concejo de El Franco; piedra granítica blanca, alta m. 0,94, an- 
cha 0,78, que yacía al lado del camino de la Braña, donde el 
Sr. Fernández la vio en el año 1891. Después fué trasladada á la 
casa de D. Alejandrino Menéndez, en donde existe. Es, como se 
ve, una piedra tosca sin más labor que la incisión muy rudimen- 
taria de letras y líneas. 

No se ha podido sacar el calco, como se ha dicho arriba; 
pero el cotejo del dibujo facsímile hecho por el Sr. Fernán- 
dez (bj con la fotografía del original, aunque ésta representa una 
perspectiva en proyección oblicua, no permite dudar sobre su 
exactitud en general. Sin embargo, surge por de pronto la difi- 
cultad de distinguir en la confusión de tantas líneas el orden de 
la escritura y las diferentes letras que la componen. Mas luego 
se ve que el carácter del letrero se asemeja mucho al de los mo- 
numentos epigráficos en idioma ibérico, procedentes del Sur de 
Portugal (Mon. ling. Iher. nüm. lxii hasta el lxxv), en los cuales 
las letras, lo mismo que aquí, aparecen puestas sobre líneas ó 
entre dos líneas. Con toda la reserva necesaria en tales circuns- 
tancias, pienso que el letrero arranca del lado izquierdo inferior 
del dibujo (h), que por esto habrá de estimarse parte superior del 
monumento, y sigue procediendo de izquierda á derecha, al revés 
de lo que acontece en las lápidas lusitanas. Tuerce después á 




a.— Fotoffrofia del original. 




b.— Dibujo hecho por el Sr. Fernández. 



230 hoi.ktín di: la hkai. acahicmia uk i. a iiií^tuiua. 

guisa (l(3l ¡lívido ([i'yJ^xyJ■Jr/,''^'/) solii'u la margen, niarcáudüse iiuevu 
surco en la parle central del nionumenlo con dirección de de- 
recha á izquierda. Pero aífuí ya las rayas, que, segün aparece 
en otros ejemplos de la misma clase, habían de dar el compás de 
trazado á la escritura, se confunden ó enmai-añan con los carac- 
teres ibéricos, ijne lo^'ran dimensiones muclio mayores que las 
de los renglones antec(!dentes. Así rjue linicamcnte se distinguen 
con alguna probabilidad trece letras, que transcribo indicando 
con líneas perpendiculares las vueltas que da la escritura: 

5 10 

AAr*'á|<l=ll|<t=l=T..|..IAllYr 

a du i e ce li c r I ii h u i 

Clara y cierta es la primera letra. A, conocida por muchos ejem- 
plos en las inscripciones ibéricas de la provincia ulterior (Mon. 
Un. Iher., n. lxi-lxxiv). En la segunda letra se reconoce también 
con bastante claridad la ^, d, con un trazo transversal que, lo 
mismo que un punto solo, parece indicar el nexo de las letras 
^y y, du (Mon. ling. Iher., pág. XLvii). No cabe duda sobre la 
f*', puesta en tercer lugar, que es letra en toda clase de monu- 
mentos ibéricos ^frecuentísima. De la ^, e, con tres líneas trans- 
versales no faltan ejemplos en los títulos de la ulterior, aunque 
esta forma es más frecuente en los de la citerior. Ni debe extra- 
ñarse que no esté recta, sino yacente y como trazada para un 
renglón escrito de derecha á izquierda, porque así cabalmente se 
explica la vuelta que hace el primero prolongándose en el segundo 
sin solución de continuidad. El lado ó renglón segundo, superior 
del facsímile y derecho de la piedra en su posición original, em- 
pieza con una letra (n. 5) que no se encuentra entre las muchas 
variantes de letras ibéricas que figuran en mi cuadro compara- 
tivo de los alfabetos (Mon. ling. Iher., p;ig. lvi;. Las considero 
como nexo de las letras < c y t= e, no siendo reparo de monta que 
aquí esta última letra sólo tenga dos líneas transversales , y poco 
antes (n. 4) tres. El nexo ce existe en los títulos de la citerior con 
varias figuras; pero en la ulterior no se ha visto aún. Propendo á 
creer que la más antigua es la presente de Asturias. La letra que 
luego sigue (n. 6) consta de dos bastas perpendiculares y nada 



INSCRIPCIONES IBÉRICAS DE ASTURIAS. 231 

más, porque la transversal, figurada en el dibujo, pertenece á la 
cuerda general de todo el renglón. Debe ser la H , /i , que ocurre 
en las inscripciones de la ulterior. Desde el borde derecho de la 
piedra que hasta aquí hemos seguido, tomaba la inscripción el ca- 
mino del borde superior, contrapuesto al que contiene el primei' 
renglón. Desgraciadamente esta franja está por encima algo re- 
cortada y desprovista totalmente de sus letras finales. La primera 
visible (n, 7) parece idéntica á la primera doble del renglón se- 
gundo, ce. Sigue una t (n. 8), cuyo pie, por incuria del grabador 
y tal vez por la naturaleza de la superficie de la piedra, se alarga 
bastante abajo hasta tocar en el renglón intermedio, fíl núm. 9 es 
una •+• í, cuya parte superior parece descansar sobre una línea, 
tal vez casualmente, doble, mientras su pie desciende, como el de 
la letra anterior , á tocar el otro renglón. El resto de este lado de 
la piedra y todo el lateral izquierdo del dibujo no dan á conocer 
ninguna letra segura. Es cierto que existieron cuando la piedra 
estuvo intacta, y las indico por medio de puntos en mi transcrip- 
ción. Quedan de ellas dos líneas muy prolongadas, que bajan la 
una hasta entrar en el renglón lateral de la izquierda, y la otra 
hasta confundirse con la línea transversal de la A, que es la pri- 
mera letra del renglón intermedio. Este último renglón, si se 
mira atentamente, procediendo de derecha á izquierda, parece 
contener las cuatro letras indicadas en la transcripción : A a, 
II h (como el núm. 6) , Y m, conocida por muchos ejemplos de la 
citerior y ulterior fMon. ling. Iber., pág. xxxvin), é j*4 i. Esta úl- 
tima toma, sin poderse no obstante disimular, una figura curiosa 
y rara, porque sus trazos superiores se empinan hasta meterse 
-en el cuerpo del nexo ce (n. 7) del margen derecho. 

Un atento examen de la escritura trazada en este monumento, 
tan confusa y caprichosa á primera vista, demuestra que eslá 
formada con letras del alfabeto, ó mejor dicho, de un alfabeto 
ibérico sui generis. Ni en esta leyenda, ni en otras análogas cabe 
distribuir las letras con alguna seguridad en vocablos sueltos. 
Sólo por vía de conjetura me atrevo á sentar la reducción si- 
guiente : 

adiiie celice el aíiui 



232 IIOUCTIN DI-: LA ItKAI. ACADlíMlA UK LA HISTOHIA. 

Los vocablos piiineio y i'illiiuo llciiaii por sí solos cada uno 
sendos rengloiios; y do consiguiente, no parece que deban to- 
marse como parles ó elemenios componentes de otros vocablos. 
Puédense comparar con el primero las vocea adu... y aduniu co- 
nocidos por otros epi^i'afes de la citerior ( Mon. linfj. Iber., n. vii 
y XXII, lín. 2). Con ce empiezan y terminan otras palabras ibéri- 
cas, ya conocidas y registradas en el índice de mi obra (pág. 217 
y sig.), y no faltan tampoco analogías para las palabras et (in- 
completa) y ahui. En el estado actual é incipiente de los estudios 
sobre la lengua ibérica, la moderación se impone y pone freno á 
la temeridad de quien se abalanza á dar por cierto lo que no pasa 
de conjetura. La inscripción de la Andina es, á mi parecer, se- 
pulcral; y bajo este concepfr», rastreo que se puede interpretar ó 
traducir por 

Ado Cehfajcei [fxlius] Et... hic iacet 
La palabra Ei\...'^] expresaba tal vez la patria del difunto. 



En Campos, concejo de Tapia, existe una peña que se cree ser 
dolmen, cuya fotografía ha sacado el Sr. Fernández. No ha no- 
tado las dimensiones del monumento que, á juzgar por la foto- 
grafía, son muy crecidas. 

En esta peña existe la inscripción, dibujada por el Sr. Fernán- 
dez, pero sin apuntar la altura de las letras. 

Contiene una soU palabra escrita de izquierda á derecha, cu- 
yas letras, de tamaño algo desigual, se leen sin dificultad así: 

Y AH TH 

lí ae h I n 

La u está representada por las letras 1 y 5, más prolongada y 
delgada la primera, lo cual no es óbice para la identificación, 
porque tales variaciones no son raras en los textos ibéricos. La 
letra núm. 2 parece combinación de la A con la ^ (no con la r*'). 



INSGRIPCIONlíS lUEFilCAS DE ASTUIilAS. 



T¿:^ 



nexo por cierto hasta hoy no conocido (Mon. ling. Iber.^ pá- 
gina Liii). Según el dibnjo, evidentemente exacio, riel Sr. Fer- 
nández, no es posible que sea ce, como en el epígrafe (1) de la 




Dibujo del Sr. Feraáiulti 



Andina. La tercera letra H h, no pnede ser íi, porque ésta en los 
monumentos ibéricos se figura constantemente por [^ . Clara es 
la cuarta letra 4^ t, prolongada en demasía como la Y primera. 
Resulla el vocablo uaeídu^ ó tal vez ueahlu ^ porque el nexo A: 
])uede también significar ea. Con las letras ue y iiea empiezan no 
pocas palabras ibéricas. Otras peñas escritas se han visto en va- 



?;;í 



lUII.Kri.N l)K I.A ItKAI. ACADEMIA UK I, A MIMUIIIA. 



ricis regiónos de la Poriíiisul.i. La [¡rósenlo no os sepulcral, siiut 
la! vez consagrada á una divinidad indígena: 

Vaehto II V nf}i(a)to. 




Fotograf'w del original. 



Junto al dolmen de Campos, descrito bajo ol nüm. 2, se encon- 
tró una piedra pequeña en forma de chafarote ó cuchilla, que 
recogió el Sr. Mencndez y guardaba en su casa. Está represen- 
tada en el fotograbado del número prcanleiior (1); mas para leer 
ó ver bien la inscripción hay que mirar de abajo arriba la figura 
de la piedra, ó volcarla completamonle, como si la punta de la 



INSCRIPCIONES IBÉUICAS DE ASTURIAS. 235 

cuchilla lapídea se hincase en el suelo. No contiene más que un 
elemento compuesto, ó combinación de X y P, de, que vuelve 
á mostrarse en el número siguiente. 



4. 

En un muro de los fosos de Cabo Blanco, parroquia de Valde- 
pares, concejo de El Franco, lápida granítica, cuyas dimensio- 
nes no se indican. La dibujó el Sr. Fernández según el calco sa- 
cado del original por el Sr. Menéndez en su casa de Luarca, donde 
permanece el monumento. 

En la parte superior de la piedra las letras, muy parecidas por 
su tipo á las del núm. 3, parecen ser las siguientes: 

XYAYAX 

d n a i< ae de 

La X d primera es clara, aunque su pierna derecha se pro- 
longa liasta tocar la Y ^' siguiente. Cierta es también la A «, 
seguida por otra Y ^* y el nexo de y\ a y p e, ya observado en la 
inscripción 2 de Campos (1). Da fin al vocablo el nexo que se ha 
visto en la inscripción 3. La palabra que resulta 

duauaede 

se puede comparar con duisica de la pátera Urbinate (Mon. ling. 
Iber., n. xlii 1-6). La muchedumbre de vocales y diptongos no 
es rara en el idioma ibérico. Como aquí también se ofrece un 
título sepulcral, el finado pudo llamarse Duauaedes , ó tal vez 
Duav(o) De....(fdius), ya que Dovaius, Doverus, Dovilo , Due- 
lo, etc., son formas latinizadas de nombres ibéricos de la misma 
raíz lingüíslii.a. 



(1) Las formas Xv y A '^e a se autorizan por muchos ejemplos, en los cuales se 
codean ó está la una al lado de la otra. 



¡Nsr.HIPCIONES IBÉRICAS DE ASTURÍAS. 237 

Muy diferente es el tipo de los caracteres que se leen en la 
parte inferior de la piedra. El Sr. Fernández, al publicar esta 
inscripción en La Cruz, de la Victoria^ periódico de Oviedo, hizo 
notar que se parecen mucho á los griegos. Si lo son, hay que 
leer indudablemente VIIIAX, ü-iáv; mas no he de i-esolverlo sin 
cotejarlos con la« dos inscripciones, de que luego trataré, halla- 
das en La Yeguiña y en San Juan de Prendones. Lápidas bilin- 
gües, parte escritas en ibérico y parte en latín, se dan á conocer 
en Tarragona (Mon. Un. Iber.^ n. vi y vii) ; pero una bilingüe, 
medio-ibérica y medio-griega, es novedad que tiene analogía 
solamente en las monedas de las colonias griegas, como Empo- 
riae, en las cuales, al lado de la leyenda griega, indicando su 
procedencia, figuran otras escritas en idioma y alfabeto ibéricos, 
cuyo sentido , probablemente geográfico, no se ha fijado todavía. 



En La Veguiña , pueblo del concejo de Tapia, parroquia de 
Serantes, dos leguas próximamente de Tapia hasta la montaña, 
existía en la casa solariega de Doña Rosa Gancio, puesta de solera 
en la ventana de la cocina, una piedra de granito del país^ alta 
€,28 m., ancha 0,38 m., con letras altas 0,06 m., profundas y 
toscamente grabadas sobre rayas corridas. Allí la observó en 1889 
D. Alejandrino Menéndcz y se la llevó á su casa en Luarca, en 
donde existe. 

Sensible es que el derecho de propiedad, mal usado ó puesto á 
disposición de un antojo mujeril, haya opuesto ala Ciencia valla 
infranqueable, no permitiendo proceder á la inspección del epígra- 
fe original (1). Comparando el dibujo del Sr. Fernández con el cai- 
co, sacado por desgracia en un papel muy grosero, que no da clara 



(1) El Sr. Fita , al ir á entrar en prensa este artículo, me ha escrito que espera 
fundadamente no tardarán mucho en sacarse los calcos por mediación del Excelen- 
tísimo Sr. Arzobispo-obispo de Madrid, D. .losé María de Cos, amigo íntimo que fué 
del Sr. Menéndez de Luarca , y es correspondiente de la .\cademia; habiendo ya to- 
mado S. E. I. cartas en el asunto y obtenido casi formal promesa de que se logre. 



■-.'.'W llOI.KTtN I)K I. A llKAI. M:\r)KMIA liK I, \ HI>T')IllA. 

y e.xact.iiueiito las iVirinasdo las Uitras, encuentro algunas varian- 
tes. El elemento peniíltirao del primer renglón creo que difiere 
del último, siendo éste una O, y aquel una D. En el segundo 
renglón veo otra diferencia entre las dos primeras Y y la tercera, 
(¡ue en el calco más parece ser T. También el elemento pemíllimo 
del mismo renglón dista mucho de ser ij, que dibuja el Sr. Imt- 



M 



! 1 / / ^ 




Dibujo hecho por el Sr. Fernández. 

nández, porque, según el calco, ha de tomarse por S. Y última- 
mente, en el tercer renglón, el último elemento lo veo puesto en 
dirección contraria á la del dibujo; no es S, sino ?, El penúltimo y 
el antepenúltimo no cierran sus ojos, ó bucles respectivos: P, C. 
Pero sobre estos y otros pormenores paleográficos, la seguridad 
estaba en la revisión del original. Más confianza que el dibujo, 
como que se acerca más al calco, inspira la lámina diseñada con 
su acostumbrado esmero por el Sr. Vigil en su A8iuria& monu- 



INSCRIPCIONES IBÉniCAS DE ASTURIAS. 231) 

mental (vol. ii, texto, pág. 553; vol. iii, dis. Ñ b i en la lám. Eb xii) , 
aunque en el calco no se ven los puntos que coloca sobre tres 
letras Cl'VT) del segundo renglón. Leo, pues, el texto, del moda 
siguiente: 

UAADO 
^•ATATSo 
AÍIIOPca 

Las letras parecen ser de un alfabeto griego deteriorado y decir 

■jxao'; ¡ '.oí:cx.~.ao | ol~'.o^-.í 

y quizá traducirse por Vaado laiatsofnis films) Apiores(is). 



6. 



En el año de 1892, con motivo de reedificarse la iglesia de San 
Juan de Prendones, concejo de El Franco, vio el párroco, mien- 
tras se deshacía el campanario, una piedra escrita, y se la regaló 
al Sr. Menéndez de Luarca, el cual no tardó en confiar su estu- 
dio al Sr. Fernández. Es una piedra calcárea de mediano tamaño 
y forma irregular, oblonga, según aparece de la fotografía. Las 
letras alcanzan de altura casi tanto como las del núm. 5, y están 
honda y toscamente grabadas. La fotografía del original sigue 
más abajo. 

Aunque no del todo fiel, el dibujo del Sr. Fernández reproduce 
las letras con bastante propiedad. Son las siguientes: 

c n O A N 
HA^'.\(-)?D1 

No parece casual , sino dejado con intención el blanco, espacio 
vacío que hay entre la G ó y, (gamma) limar de los alfabetos grie- 
gos del Oeste, y la n , -, que sigue. Las demás letras del primer 
renglón son claras é indubitables . En el segundo las cuatro pri- 
meras son evidentemente idénticas á las correspondientes en la 
inscripción de La Veguiña (núm. 5). La que sigue representada, 



^>'.(l 



boletín IjK i, a IIKAI- ACAIjKMIA UE LA HI.STOHIA. 



según el Sr. Kcniáiidcz, poi" uii;i h, O griega, puede lomar.-*.-, \ 
mejor, por D ; así porque esta letra sale eii la inscripción de Líi 
Vcguiña, como porque el trazo horizontal inferior pudo provenir 
de un golpe casual ó de inhabilidad del artífice. Sigue la S inver- 
tida, ó ?, como al final fie ja inscripción de La Vrguiña; y luego 



Lihiijo hecho por el Sr. Fernánde:. 

D y Otra S invenida. Leo, pues, no sin zozobia y pfeligro de equi- 
vocación , 



El grupo de leli'as, vocablo no me atrevo á decirle, que forman 
el -segundo renglón, es análogo manifiestamente ó asemejable á 
'.x'.oíiCo de la inscripción de La Voguiña. La piedra, á fuer de se- 
pulcral, contiene los nombres del diínulo. Cuáles fuesen, no seré 
yo quien lo decida con tan e?casos elementos. 



I 




s 



16 



^ i'- IIOI.tiriN I)K I.A IIKAI. ACAhKMIA ÜE I. A HISIOHIA. 

A la colección de las fotografías sobredichas, uua más añade <-\ 
Sf, Kcríiández, ijnc representa una piedra oscilante ó bamboleaiili 
coniü la de Monláncliez, diseñada en el tumo xi, pág. •:"!'.} del lioi i 
tín académico. Xo tiene inscripción: y si es juego de la naturalez.i 
11 obra humana, oíros lo dirán. Üin embargo, sirve para dar una 
idea viv;i de aquellas ásperas regiones, poco apartadas de la costa 
del mar; y poroso merece lal vez repí-odncirseaquí en fotograbado. 




I 



Foíiiyri-rii ,.V/ ,:.■}. ihin!. 



INSCRIPCIONES IBÉRICAS DE ASTURIAS, 243 

Estos son los nuevos monumentos ibéricos, debidos á las in- 
i^estigaciones de los ilustrados naturales de Asturias. La región 
le los Astures tramontanos, como la llamaban los Romanos, ha 
5Ído hasta el presente explorada más por los geólogos y natura- 
listas que por los arqueólogos. Se han encontrado en ella casual- 
mente pocos monumentos de la Edad romana; muchos de la 
3poca más gloriosa de su historia ó del primer período de la Edad 
media; de la Edad preromana casi ninguno. En muchas regiones 
leí Este y del Nordeste de la Península se acuñaron monedas 
ibéricas, testigos irrecusables, pero casi los únicos de su civiliza- 
ñon anteromana; pero en los distritos montañosos de la costa 
septentrional, ó nunca, ó por rarísima excepción se ven. Briviesca 
y Sasamón marcan el extremo occidental del mapa numismático 
al Sur de la cordillera Cantábrica; y en el lado opuesto, vecino 
al Océano, solamente Oyarzun en la provincia de Guipúzcoa 
ofrece alguna probabilidad de haber emitido moneda ibérica, 
como lo muestra con toda claridad el mapa que acompaña la co- 
lección de los Monumenía linguae Ibericae. En tan extensa re- 
gión aun de monedas destituida, mucho menos se han indi- 
cado aún hasta el presente lápidas ó monumentos de piedra 
escritos en aquel idioma; ni siquiera en las vegas fértiles de 
los ríos y otros sitios á propósito para una temprana civiliza- 
ción. No hace excepción á esta regla el curso del río más 
grande del interior, ó las dos márgenes del Duero á partir de 
Coruña del Gonde^ la antigua Glunia. Obsérvase, no obstante, 
que al aproximarse así este gran río como el Miño ai Océano, 
cambia la escena, presentándose alguno que otro monumento 
lapidario, escritos en lengua ibérica, pero con letras del alfa- 
beto latino (Mon. ling. Iber., núm. xlviu-lvii) , y por eso ya 
pertenecientes á la época de la dominación Romana. Gon todo, 
no cabe duda que la vida de las naciones indígenas en estas regio- 
nes tenía ya cierto grado de cultura militar y civil, como lo prue- 
ban las guerras continuas que sostuvieron contra los Romanos. 
Así que, no es inverosímil que usasen de alguna escritura, como 
la que se nos ha descubierto. No importa poco al adelanto de 
la epigrafía y del idioma ibéricos, tan obscuro éste y tan. es- 
casa aquélla, que se hayan adquirido y publicado por vez pri- 



244 HOLETÍN I)K LA HKAI. ACADKMIA I)K I, A HISTOHlA. 

mera seis inscripciones más; pero snbe de punió la impor- 
tancia por el sitio de que proceden. Los seis monumentos ibé- 
i'icos de Asturias arguyen, ó pregonan en primer lugar, que d 
comercio ñ'i la gente jtiínic.i desde los puei'tos de la costa meri- 
dional, couio Alxiera, Maluca y Gades, liabíase adelantado hasta 
la boreal, ya en época muy reiiiota; ponjue el alfabeto iliérico de 
aquellos monumentos muestra cai-acleres muy parecidos á los de 
la Lusilania meridional, escala primera de las navegaciones pro- 
cedentes del Estrecho hercúleo y de las regiones mineras, que se 
tienden desde el cabo de Palos hasta el de San Vicente. Región 
minera feracísima era también la Asturiana: en la Vegniña se 
dice que existen restos de antiquísimas minas, según lo que 
apunta Madoz, y mejor informado lo demuestra Schulz, autor 
del mapa geológico de Asturias (1). Sólo que la escritura Astu- 
i'iana ya sigue la dirección de izquierda á derecha, más reciente 
y mejor adaptada al uso de escribir de Griegos y Romanos, al 
paso que la Lusitana mantiene la más antigua y fenicia ó pú- 
nica, de derecha á izquierda. Por otra parte, ia inscripción del 
Cabo Blanco (n. 41, al lado de un texto ibérico presenta otro con 
letrns parecidas á las griegas, las cuales exclusivamente campean 
en las dos inscripciones (n. 5 y 6) de la Veguiña y de San Juan 
de Prendones. Parece, pues, que A la corriente de civilización 
fenicia, procedente del Sur, se juntó en época tal vez poco más 
reciente otra originaria del Este, nacida en uno ó más.centros de 
la importada por los griegos de Marsella á los estribos del Pi- 
rineo, y singularmente á su indubitable colonia Emporitana. El 
gran número de monedas griegas y greco-ibéricas emitidas por 
la ceca de Ampurias (Mon. ling. Iber. nummi núm. 5, donde se 
ven, además de la numerosa serie griega é ibérica, más de se- 
senta tipos diferentes con inscripción microscópica en alfabeto 
ibérico) es prueba más que suficiente de la influencia muy ex- 
tensa de su comercio en todo el Nordeste y Norte de la Pe- 
nínsula. Estas relaciones podían adivinarse hasta cierto punto,, 
pero buena diferencia va de verlas probadas con testimonios 



(1) Descripción geológica de la pi-ovincia. de Oviedo por (iuillerrao Schulz, inspector 
general primero de minas. Madrid, 1858. 



Á 



INSCRIPCIONES IBÉRICAS DE ASTURIAS. '245 

irrefragables. Bien es verdad que debemos confesar nuestra ig- 
norancia acerca del sentido cabal de todas estas inscripciones; 
pero su existencia, aunque otra cosa no se probara, es un hecho 
histórico de primer orden. Enséñanos que deben existir otros 
monumentos similares en los valles apartados y la soledad de las 
montañas, donde un día mineros ibéricos sacaron á luz el hierro, 
el cobre, el estaño y el oro, para trocarlos con las mercancías de 
fenicios y griegos, tal vez siglos antes de conocer la moneda. Ali- 
ciente deben asimismo prestar á los anticuarios, que no lejos de 
allí residen, para no contentarse con registrar y discutir mano- 
seados textos de autores antiguos, que nada nuevo pueden apor- 
tar al acervo común; entendiendo que mucha mayor ventaja re- 
portarán, si se decidieren á salir á caza y seguir la pista de tales 
monumentos por montes, riscos y valles, armados de útiles á 
propósito, como son, papeles hábiles para sacar calcos, cubos 
de agua, cepillos, máquinas fotográficas, peones y herramientas 
para hacer excavaciones y explotar los terrenos. Este es, lo 
mismo en España que en las demás partes del mundo antiguo, 
el único, pero cierto camino para obtener resultados, que pro- 
muevan efectivamente nuestro saber, como lo han hecho los be- 
neméritos anticuarios, arriba nombrados, no sólo en provecho 
de la historia particular de iVsturias, sino también de la general 
de España y universal del orbe antiguo. 

¡Ojalá no se pierda la colección existente en la casa de D. Ale- 
jandrino Menéndez de Luarca, y ceda mejor en beneficio de la 
provincia pasando al Museo arqueológico de Oviedo ! Además de 
las ibéricas sobredichas, su envío contiene una inscripción del 
siglo IX ó X, figurada al lado de la del núm. 6 (copia del Sr. Fer- 
Qández). Se halló en la Braña, concejo de El Franco, en la casa 
iel cura: 

-h OBIT lA 

MICAEL CLS III N. . . 

ERAy/ ^\l' 

/ Obit Ia¿cobus?] Micael cl(ericn)s III tironas) [f] Era... II. 



•240 BOLETÍN DE U\ REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

En la nota, donde acompaña esta inscripción, me dice el se- 
ñor Fern;lndez (jue, tanlo á él como al Sr. Menéndcz, les pareció 
que es hermana de la que existió en la peña de la Nubia , orilla- 
ilel mar, parroquia de Barres, concejo de Castropol, y decía: 

II IV V VI VII IN 

Los Sres. Fernandez y Mencndez no tenían acerca de est;i ins- 
cripción otro dato sino los apuntes del canónigo Marina, conser- 
vados en la biblioteca de la Real Academia de la Historia (I), de 
los cuales podrá sacarse, por ventura, información algo más sa- 
tisfactoria acerca de aquella enumeración aritmética, poco inte- 
ligible. 

Berlín, Noviembre de 1896. 

Emilio Hübner. 



III. 

BIOGRAFÍA DEL GENERAL FERINGÁN. 

Nuestro correspondiente el capitán de infantería y profesor de 
la Escuela de Guerra, D. Pedro A. Berenguer y Ballesler, ha 
tenido la atención de ofrecer á esta Academia un pequeño libro 
de 133 páginas en 8.°, que ha dado á la eslampa con ei modesto 
título de Documentos y noticias para la biografía del general de 
ingenieros D. Sebastián Feringán y Cortés. 

Ha provocado la composición de tan interesante escrito, el es- 
pectáculo de la Catedral de Murcia, «por el lujo, dice, de los ma- 
teriales de su imafronte, la exuberancia de su ornamentación y 
el primor de la mano de obra, que llaman justamente la atención 
de los viajeros, curiosos é inteligentes que visitan aquella capi- 

(1) Martínez Marina, tomo 4.", legajo, Castropol. 



EI> GKNEHAI. rKíUXGAN. -¿-i ¡ 

tal». De la admiración de tal nionumeiiio fué llevado el Sr. Be- 
renguer á la curiosidad de conocer el nombre del arquitecto que 
dirigiera fábrica tan peregrina; y tras de investigaciones coron.i- 
das por la fortuna, dedujo documentalmente ijne no era otro que 
el de D. Sebastián Feringán y Cortés. 

Pero ¿y la nacionalidad de tan sabio y feliz arlifice, el origen 
y genealogía suya, su educación, carrera y destinos? Todo eso 
necesitaba averiguar nuestro activo correspondiente para satisfa- 
cer su curiosidad. Aguijoneábale más y más en ese cuidado, la 
idea reinante en Murcia y en la catedral misma, de que tal nom- 
bre era de persona de nacionalidad francesa, y de que la gloria 
de su obra no podía, por consiguiente, ati'ibuirse á un español, 
por más de que en su tiempo hubiese en nuestra patria arquitec- 
tos de justa y mereciila fama. Y lié ;i([ní cómo por otra feliz ca- 
sualidad, por las noticias de un notable oficia! de ingenieros, el 
teniente coronel D. Jorujuín de la Llave, llegó á saber que don 
Sebastián Feí-ingán y Corles había sido español de nacimiento y 
raza, jefe acreditadísimo de aquel cuerpo, nacido en Aragón el 
año de 1700 y niuerlo, con el empleo ya de mariscal de campo, 
el de 1762. 

El patriotismo del Sr. Bjrenguer, su espíritu investigador y la 
fortuna que siempre le ha acompañado en sus trabajos históri- 
cos, le propoi'cionaron un hallazgo que, al lisonjear su amor pro- 
pio, el de todo aquel que se dedica á ese género de estudios, 
honra á España, matrin, como diría cierto zafio helenista, del 
eximio arquitecto de la catedral de Murcia. 

El Sr. Berenguer necesitaba demostrar la exactitud de sus jui- 
cios y la autenticidad de las noticias ({ue había encontrado para 
justificarlos, y ha estampado en su libro documentos cuyo exa- 
men quita hasta la duda más vaga que pudiera asaltar al más 
escrupuloso y escéptico de sus lectores. 

El primero de esos documentos puede reputarse, como dice el 
Si'. Berenguer, «cual verdadera autobiografía, tan ingenua, tan 
llena de curiosos pormenores acerca de la vida del general Fe- 
i'ingán y de sus trabajos, que sin ser un escrito literario, se lee 
con suma complacencia y deja en el ánimo la grata impresión 
de la confidencia hecha sin reservas, por un hombre sencillo que 



2'íH iiom;i'ín I)K i. a iikal acaukmia dk i, a hi>t<jiua. 

sieiilc; su coiicieiici.i tr;iiii|uila y so halla satisfecho de haber 
llenado diííiiaiMcnte su misión (mi todas ocasiones.» Es una de- 
claración exigida de Real orden á los oficiales de ingenieros en 
1754 para el conocimiento de sus servicios, y de la cual resulta: 
<[ue Feringán, ingeniero director, entonces, de los ejércitos y 
plazas de S. M., había nacido en el lugar de Váguena, provincia 
de Teruel, de padres, aragoneses también, de progenie distingui- 
<la y j)rivilegiada en a(]uel reino. Educado en Fraga al lado de 
su hermano mayor é instruido en los rudimentos de las ciencias 
matemáticas, completó sus esludios en Barcelona, donde al poco 
tiempo entró á servir como ingeniero voluntario en las obras de 
la cindadela, que es sabido se comenzó á edificar después de la 
rendición de aquella plaza en 1714. Teniente del cuerpo en 1721, 
era capitán cinco años después y teniente coronel en 1733, que 
es cuando llevaba presentada su primera relación de servicios, 
informada por sus jefes con tales encarecimientos, que al poco 
tiempo era ascendido á aífuel empleo, y en 1740 al de coronel. 

Grande sería su mérito y muy especiales sus servicios pai-a 
'carrera tan rápida en aquella época. Es verdad que debería aten- 
derse entonces mucho al mérito científico, pues que en Real 
orden de 23 de Septiembre de 1730, se disponía, así lo manifiesta 
Feringán en su declaración: «se Escusen cualesquiera Gonside- 
raziones de antigüedad Calidad y otras semejantes respecto q." 
no las debe aber en Este Guerpo, atento a ser el serv.° q.« forman 
el Ex}" y q.« antes bien, requiere absolutamente, q.« vna pruden- 
te i virtual continua aplicazion, sea el objeto de sus distinziones; 
q.^ es la que se propone S. M. ateuder, honrar y recompensar.» 

Para llegar en 1749 á ser brigadier de ingenieros, necesitaría 
Feringán haber prestado eminentes servicios; y, con efecto, des- 
pués de acreditar su valor en el sitio puesto á la plaza de Gibral- 
tar en 1727, distinguiéndose, además, en la construcción de las 
trincheras y en comisiones que se pusieron allí á su cuidado, 
hizo se elevase tanto su crédito en el arte polémica, que el gobier- 
no negó al duque de Mon temar y á los jefes de su cuerpo la 
autorización que habían pedido para que les acompañara en las 
expediciones de Oran y de Italia, con gran pena suya y no poco 
perjuicio para sus ascensos. 



EL GENERAL FERINGÁN. 249 

La guerra con la Gran Bretaña exigía una gran vigilancia en 
las cosías y la defensa, sobre lodo, de nuestros arsenales maríti- 
mos, y Feringán fué destinado á Cartagena, donde, no sólo había 
que atender á las obras de forlificación de la plaza, sino que tam- 
bién á las de marina. Aquellos trabajos, como de proporciones 
tan grandiosas, daban tiempo para mientras se ejecutaran sus 
respectivos proyectos, disponer y aun dirigir otros; y en 1738 
venía Feringán á Madrid para emprender la Real acequia del 
Jarama, la reforma de la cuesta del Rey, del camino y la cuesta 
también de Valdemoro y del camino y la Alameda entre el puen- 
te de barcas y Aranjuez, así como varias otras obras, tanto civi- 
les como militares, en los Sitios reales y en los reinos de Granada 
y Murcia. No acabaría la enumeración de cuantas ejecutó y pro- 
yectó sin fatigar la atención de la Academia que, aun así y dis- 
pensándola de la que nos ofrecen el general Feringán en su cu- 
riosísima narración y el Sr. Berenguer en el comentario con que 
la completa, habrá reconocido el mérito del primero y el servicio 
que nuestro diligentísimo correspondiente ha prestado á las artes 
patrias y al ejército con sus tan curiosas como felices investiga- 
ciones. 

No se satisface el Sr. Berenguer con que sea conocido el nom- 
bre del arquitecto de la Catedral de Murcia, ni con probar su na- 
cionalidad española, ignorada hasta ahora, sino que quiere ente- 
rarnos de la historia toda del protagonista de su nuevo libro; y 
rebuscando más y más en archivos y bibliotecas, logra, por fin, 
completar el trabajo que se había propuesto. Y, en efecto, ha con- 
seguido dar cuenta á sus lectores de cuantas comisiones desem- 
peñó Feringán en su larga carrera, merced á los cuadernos exis- 
tentes en el Depósito Topográfico de Ingenieros, procedentes del 
archivo de Simancas. Entre ellos aparece nada menos que la 
nota del concepto que el ingeniero en segundo (teniente coronel) 
D. Sebastián Feringán y Cortés mereció al duque de Montcmar, 
capitán general entonces de las Reales Armadas y ministro de la 
Guerra. 

Dice así: «Este Ingeniero es inteligente en la Theoría y Prác- 
tica; es aplicado, su conducta buena; queda entendiendo en las 
obras del Puerto de Cartagena y en hacer la relación de los repa- 



250 IiOI-ETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

ros (Ju aijuella plaza; bueno para campaña y para Plaza. i> Gomo 
(le ariiiel general ilustro, recibió Feringán muestras del mayor 
aprecio del martiués de Malespina, del de la Ensenada y de cuan- 
tos jefes halló en las varias excursiones que se le obligó A hacer, 
alguna en colaboracióu con el insigne Jorge Juan, aprecio que 
el buen rey Carlos III hubo de reconocer como justo al conce- 
derle el empleo de mariscal de campo el 21 de Febrero de 1762, 
pero «relevándole de la Dirección de Ingenieros en consideración 
á sus achaques, y con el sueldo de cuartel en su casa.» 

¡Haría falta su vacante para algún favorito de la fortuna, en- 
fermo de la vanidad y de la envidia, dolencias tan comunes en 
España! 

«Semejante solución, dice el Sr. Berenguer, no debió satisfa- 
cer grandemente á D. Sebastián ó acaso los achaques en que se 
apoyaba la real disposición que le separaba del servicio activo, 
eran, en efecto, de tal entidad, que agravados por la nostalgia 
que debió producirle la suspensión repentina y acaso inesperada, 
de la pasmosa actividad de que tantas pruebas tenía dadas, le 
llevaron de esta vida, obscurecido y olvidado á pesar de sus in- 
cuestionables méritos, á los tres meses justos de su promoción al 
generalato, y fué enterrado en el convento de San Agustín, de la 
ciudad de Cartagena el día 21 de Mayo del mismo año de 1762.» 

De esos casos desastrosos se registran y estamos viendo todos 
los días. 

Lo ya expuesto, aunque en extracto excesivamente sucinto; 
noticias recogidas sobre los trabajos del general Feringán en la 
ciudad de Murcia; el estudio grafológico de su firma autógrafa, 
que también reproduce; el texto de un Memorial en favor suyo 
elevado al Consejo de Castilla por el Cabildo de la Catedral de 
aquella capital; la hoja de servicios y la partida de defunción de 
tan ilustre español, documentos que sirven de apéndices al libro 
que se está examinando, completan la biografía que el Sr. Be- 
renguer nos ha ofrecido, ejecutada con tan feliz resultado como 
celo y laboriosidad. Porque tal género de trabajos exige esas tan 
recomendables dotes, puestas en acción con perseverancia^ tam- 
bién incansable, si han de producir el éxito á que se aspira, de- 
bido á ellas cuando son dirigidas por el talento y un espíritu de 



EL GENERAL FERINGÁN. 251 

investigación como los que posee el Sr. Berengner, acreditados 
repetidamente en los varios escritos á que esta Academia ha dado 
su más satisfactoria aprobación. 

El Sr. Berenguer, además de escritor militar distinguidísimo, 
es un arqueólogo á quien la Real Academia de Bellas Artes de 
San Fernando cuenta también entre sus celosos correspondien- 
tes, y á esas aficiones de historiador y de artista debemos hoy la 
biografía del valiente y sabio general Feringán, arquitecto ade- 
más de una de nuestras más admirables fábricas religiosas, y 
cuyos nombre y nacionalidad ha sabido sacar de entre el polvo de 
los archivos para memoria de tan insigne soldado y honra de 
nuestra patria. 

Madrid, 8 de Enero de 1897. 

José Gómez de Abieche. 



IV. 

UN HISTORIADOR M.\RROQUÍ CONTEMPORÁNEO. 

Si la noticia de haberse escrito muy recientemente y visto la 
luz pública en Fez un libro en 13 volúmenes, tratando de Filoso- 
fía (1), debió de causar sorpresa aun á los que más se preocupan 
de la cultura del actual misterioso imperio de Marruecos, no les 
habrá de extrañar menos el saber que no sólo las ciencias filosó- 
ficas, sino también las históricas, tienen hoy allí distinguidos 
cultivadores, como lo prueba el hecho de haberse escrito muy 
recientemente una Historia del Almagrib, en 4 volúmenes, que 
ha sido escrita en Marruecos é impresa en el Cairo. 



(1) Muhammad b. Muhammad Seijid Mttrtadá el-Huseini-Ithdfes-sdda el-muttaqui>i, 
Kommentar zum ihjá ulüm ed-din des Gazzáli (beendet, 1201», 13 Teile. (In magribi- 
nischen Typen) Fes 1302-4; 446; 292; 148, 235; 430; 267, 94; 388; 106, 161, 156, 53; 254, 107: 
408; 380; 372; 395; 137, 342; S. vide, Oñentalische fíibliogmphie, vi Band. (fur. 1892, pií- 
gina 259.) 



'252 HOLKTI.N UK I, A KKAL ACAhüMlA ÜL l.A III.STOHIA. 

Sin leinor de eíjuivocanios podernos asegurar que ningún 
europeo liabrá leído las 5.181 páginas de la moderna exposición 
ó comen lario del tantas veces comcnlado Algazali; pero en cam- 
bio, creo que el modei-no historiador de Marruecos ha de tener 
no pocos lectores dentro del escaso número de arabistas, bien 
que las condiciones son diferentes, pues lodos los que profesamos 
los esludios arábigos, nos interesamos por las obras históricas, 
siendo muy circunscrito el niímero de los que se hayan dedicado 
de un modo especial á los estudios de Filosofía árabe; además de 
la diferencia inmensa que media entre leer 822 páginas ó 5.181, 
si bien aquellas sean en 4." prolongado y de á 36 líneas de apre- 
tada impresión. 

La noticia de la publicacióu de esta curiosa obra la debemos á 
la benevolencia de nuestro amigo M. L. Leriche, encargado del 
consulado de Francia en Mogador, á quien debimos también la 
noticia de la publicación de la obra de Aben Alkadhi, de que 
dimos cuenta á la Academia. 

La obra que nos proponemos dar á conocer se titula . ,L::_i 

.^^! V 'y*-i^ ^^j^ ,'-s¿.^ .LaiL;:--"^! Libro del compendio acerca 

de la historia del Almagiñb Alaksa (ó extremo) por Ahmed ben 
Jálid el Nasiri, el de Calé. 

Del autor, que suponemos vive aún, sólo sabemos lo que se 
desprende de su obra, en la que resultan algunos datos que nos 
le hacen suponer personaje de alguna importancia entre sus con- 
ciudadanos, ya por lo ilustre de sus ascendientes, ya por los car- 
gos de confianza que parece haber ejercido. 

El autor indica la fecha de su nacimiento (1), refiriéndole al 
día sábado 22 de dzulhicha del año 1250 (21 Abril, 1836), siendo 
su madre la Señora Fátima, hija del rid Mohamad ben Mohamad 
ben Kárim ben Zaruk el Haganí el Edrisi; si por la línea mater- 
na nuestro autor pertenecía á familia distinguida, por la paterna 
cuenta entre sus ascendientes un historiador, de quien tenemos 
alguna de las obras que escribió, pues al llegar al año 1085, dice 
que en él murió su ascendiente el xeque de la cuna é imam de la 



(1, Tomo IV, p;ig. 193. 



UN HISTORIADOR MARROQT'Í CONTEMPORÁNEO. 253 

cofradía^ (i-i) ^iJ') Ahu Abdalá Mohamad ben Mohamad ben 

Ahmed ben Mohamad ben Alhocain ben Nasir^ de quien copia el 
elogio que de él hace el hisloriador Abu Ali el Yuci, poniendo á 
continuación su propia genealogía más completa que al princi- 
pio, diciendo yo soy Ahmed ben Jálid ben Hamád ben Mohamad 
Alqiiebir, ben Ahmed ben Mahmad (1) Asseguir ben Mohatnad ben 
Nasir (2). 

Del punto donde el historiador hiciera sus estudios, no tengo 
anotada indicación alguna; es de suponer los hiciera en su misma 
ciudad natal, donde, como veremos, había estudios especiales por 
estos años. 

Es de suponer también que viviendo nuestro autor en Qalé du- 
rante sus primeros años y aun después, el contacto ó necesidad 
de tratar con europeos le llevase á aprender, al menos un poco, 
las lenguas castellana, portuguesa é inglesa, pues en varias oca- 
siones cita como fuentes históricas dos ó tres libros escritos en 
estas lenguas; aunque á decir verdad, si ha estado en relaciones 
con europeos, poco ó nada ha tomado de sus ideas, como habre- 
mos de hacer notar. 

Una clase de conocimientos encontramos en nuestro autor, que 
nos parece poco común entre los suyos: es el conocimiento de la 
paleografía de las inscripciones; pues, además de las muchas 
modernas que copia, hace mención de haber leído en Xela la 
inscripción sepulcral de la madre de Abu Inan, muerta en el 
año 750 (3), cuyas palabras copia en lo concreto é importante. 



(1) Advierte el autor que en este nombre el mim lleva falha. 

(2) Respecto al historiador Mahmad ó Mohamad Asseguir, véase lo que dijimos eu 
el Boletín de la Academia, tomo xxiv, pág. 373 y tomo xxix, pág. 184, nota. 

(3) En el tomo xii de nuestro Boletín hubimos de publicar en colaboración con el 
Sr. D. Eduardo Saavedra esta misma inscripción sepulcral, cuyo calco había sido 
remitido ú la Academia; los datos concretos de la inscripción, en cuanto á la fecha 
lie la muerte y entierro de la madre del Califa, coinciden por completo en ambas lec- 
turas; el autor da el nombre déla madre de Abu Inán , que nos era desconocido; 

llamábase .s-^.--i:'i >-wi- Sol de la mañana, una de tantas esclavas cristianas, 

cuyos hijos llegaron ;í sentarse en el trono del actual imperio de Marruecos. 
Aprovechando la oportunidad diremos que en el texto de la inscripción se pasó la 

palabra ^-.wl por ^J^^^^^^K 



25') HOí-UTÍN \>K I.A HKAI. ACADKM I \ UK LA HISTOHIA. 

Nuestro Ahmed Annasiri se dedicó á la poesía, pues indica 
(\u(i escribió un comentario <1 una casida en elogio del sultán 
Mohamad ben Abderrahmán (f en 1290 de la hégira), en cuyo 
honor él mismo había escrito otra, cuando en 1276 subió al trono 
por muerte de su padre Abderrahm;ín ben Ilixém, en cuyo elo- 
gio compuso también otra casida ll). 

En el año 1203, habiendo ido el sultán á Calé, nuestro autor 
arregló en elogio suyo una larga casida que copia, y parece tenía 
preparada con otro objeto; éstas y otras composiciones poéticas 
las inserta íntegras unas ó los primeros versos de otras. 

También inserta un largo escrito (2) de polémica política, de- 
fendiendo la conducta del Sultán en cuestiones con los franceses 
con exigencias comerciales, á las cuales tan rehacios son los 
moros, por creer que el comercio con los cristianos es contrario 
al islamismo (3), lo que no niega nuestro autor, defendiendo la 
conducta del Sultán por la consideración de no poderse oponer á 
las exigencias de Francia; es escrito que merece estudio por parle 
de los agentes diplomáticos que han de tratar con los moros. 

Hacia estos últimos años, en 1293 ven 1296 de la hégira, nues- 
tro autor ejercía cargos públicos, primero como contador ó ins- 
pector de trabajadores en obras del Sultán y después como amín 
en alguno de los puertos occidentales (4). 

Gomo noticia que el autor consigua con cariño de padre, dice 
que «el lunes 17 de rebia primero del año 1294 (2 de Abril de 
1877), le nació un hijo, al que llamó Mohamad Alarbi, y cosa 
milagrosa, añade, nació circuncidado, y por eso hacemos aquí 
mención de ello; él vive ahora, prospérele Alá y haga que se 



(I) Tomo IV, pág-inas ]Qr¿, 209, 213 y 248. 

C2) Páginas 266 á 270. 

i3) Dice (D. Domingo Badia y Leblicli) llamado Alí Bey el Abbaci^^ sus Viajes por 
África y [Asia, tomo i, p.lg. 62 de la edición de Valencia, «que el día 5 de Octubre 
de IBOíi en que fué presentado en Tánger al Sultán, la oración se hizo del mismo 
modo que los otros viernes; pero el sermón lo predicó un fakih del Sultán, insistiendo 
con energía, sobre todo en que es grave pecado mantener comercio con los cristianos; 
que no se les debe vender ni darles género alguno de víveres y alimentos» y cosas 
semejantes. 

(4) Páginas 253 y 256. 



UN HISTORIADOR MARROQUÍ CONTEMPORÁNEO. 255 

desarrolle como hermosa planta, y hágale de sus santos servido- 
res y de los sabios prácticos, amén» (i). 

El autor comenzó á redactar su historia hace algunos años, 
pues dice que comprenderá desde el principio del islamismo 
hasta este tiempo ó sea fines del siglo xiii, indicando, además, 
que reinaba en Marruecos el Sultán Hacan, muerto últimamen- 
te, el cual reinó desde el año 1290 al de 1311 (ó sea 1873 á 1893). 

El autor termina su obra en la muerte del último sultán Alha- 
jan y la proclamación de su hijo Abdelaziz. 

La obra de que estamos dando cuenta no era completamente 
desconocida en Europa, pues la encontramos citada en la Revue 
Afrieaine (núm. 220, primer trimestre, 1896, pág. 85), pero se le 
cita sólo como de pasada, haciendo notar que el autor, como la 
mayor parte de los marroquíes y aun argelinos, es contrario á 
toda medida preventiva contra él cólera y demás enfermedades 
contagiosas: ya veremos si en ésto^está conforme con las doctri- 
nas ó conducta de la familia imperial. 

El autor, tomando al parecer como norma á Aben Jaldún, de 
quien toma mucho, expone la historia por dinastías y reinados, 
y como el Karthás, al fin de cada dinastía reasume los hechos 
más importantes, intercalando por orden cronológico hechos ais- 
lados, que no han tenido cabida en la narración; en general, al 
tratar por primera vez de un pueblo, como el beréber, ó de una 
tribu, da noticias detalladas de su historia hasta el momento de 
entrar en la narración histórica, objeto de la obra. 

Como puede suponerse, no da la misma extensión á la historia 
de los diferentes períodos, así que el tomo i con 211 páginas com- 
prende la historia del Almagrih alaksa desde las primeras inva- 
siones musulmanas hasta la caída ó desaparición del imperio 
almohade (años 21 á 665): esta parte está precedida de una his- 
toria del islamismo desde Mahoma hasta enlazar con las prime- 
ras incursiones en el Occidente, ó sea hasta el año 21. 

El tomo II abarca un período más corto, desde el año 665 hasta 
el 960 de la hégira, sin que esta indicación de límites deba 



.1; Páff. 253. 



256 BOLETÍN l)K l.A HKAL ACADKMlA l)K LA HlSIOHlA. 

lomarse de un modo absolnlo, [mes [jai-a el enlace de los sucesos 
es preciso ;i veces adelaiilai- ó retrasar la nanacióii. 

En las 148 páginas del tomo iii está contenida la narración 
sólo de los sucesos que se desari-olhin en Almagiib en el espacio 
de poco más de un siglo, ó sea desde el año 900 al 1070, y es 
que en este tomo y en el siguiente el autor se extiende mucho 
más en la narración , intercalando muchos documentos oficiales, 
como son circulares ü órdenes de los príncipes, cartas más 6 
menos familiares de los mismos, ti-atados, composiciones poéti- 
cas, etc. 

El tomo IV abarca la historia délos dos siglos y medio últimos, 
ó sea desde el año 1070 al 1311 (1659 á 18931, con la muerte del 
último Sultán de Marruecos. 

Dadas las mayores relaciones que la historia árabe de España 
tiene con la de Marruecos en los pi'imeros siglos, de los cuatro 
tomos de la Historia del Almagrih alaksa el i es el más impor- 
tante para la ilustración de nuestra historia árabe, y en él encon- 
tramos noticias que quizá no consten en libro alguno, de los que 
hoy son accesibles á los europeos. 

Los tomos iii y iv quizá tengan mayor importancia bajo el 
punto de vista de las relaciones de los pueblos de Europa con el 
actual imperio de Marruecos, cuyo estado de inmovilización es 
difícil de apreciar con nuestras ideas actuales, de las que no sa- 
bemos ó no queremos prescindir para juzgar á este pueblo singu- 
lar y tratar con él en la parte de que no se puede prescindir. 

Es indudable que el autor ha trabajado mucho para la confec- 
ción de su libro, consultando multitud de obras, que en Europa 
no conocemos; pues como fuentes históricas cita más de 130 his- 
toriadores generales ó particulares, además de 40 obras citadas 
sin nombre de autor; entre los 139 autores citados, más de la 
mitad son desconocidos como historiadores, ó al menos sus nom- 
bres no figuran en la obra de Wustenfeld, ni aun en las muchas 
papeletas que sobre la base de esta obra tenemos reulfidas con 
los nombres de los historiadores que encontramos citados. 

Como es natural, para cada período se sirve de los autores que 
han escrito especialmente de la materia, citando sin embargo á 
muchos que la ilustran incidentalmente. 



UN HISTORIADOR MARROQUÍ CONTEMPORÁNEO. 257 

Sólo el estudio de las fuentes de que se sirve el autor, mere- 
cería un trabajo especial, tanto más interesante cuanto que los 
libros que cita, parece seguro que existen en Marruecos y que el 
autor los ha visto, pues en muchos casos copia largos textos in- 
dicando que los copia al pie de la letra, como suele decirse. 

Queda indicado que el autor cita libros españoles, portugueses 
é ingleses: como autor español, cita la obra del P. Manuel Pablo 
Castellanos, al que llama Manuel, Manuel Paulo ó el Castelli; 
como portugués, cita mucho en los tomos iii y iv un Luiz Maria^ 
que no acierto á identiñcar, y como inglés, á uno que llama 
inglés de la gente de Malta, sin dar su nombre (1); de un modo 
vago cita también varias veces las Jñstorias de los francos y la 
historia de los portugueses. 

Para nosotros^ el tomo más importante es el i, que contiene la 
historia del Almagrib hasta mitad del siglo vii de la hégira, por 
ser este período el que más relación tiene con nuestra historia. 

Aun sin que al autor se le ofreciese ocasión frecuente de poder 
aprovechar las noticias de nuestros historiadores árabes, cita más 
ó menos á muchos de los más importantes y otros desconocidos, 
probándonos de un modo indirecto que en Marruecos disponen 
de las obras de Ahén Pascual, Alliomaidi, Ahén Abdelbar, Ahén 
Hazam, Ahén Hayyán, Aben Aljatib, Aben Adzari y otros. 

Se comprenderá perfectamente, en vista de ésto, que al extrac- 
trar nuestro autor directamente los libros antiguos, con las noti- 
cias más salientes que encontramos en casi todos los autores, nos 
dará algunas enteramente nuevas, ó presentadas de otro modo, 
que quizá nos las haga comprender mejor, y así sucede en efecto. 

No podía nuestro autor dejar de hablar de D. Julián por sus 
relaciones con los conquistadores del Almagrib, Ocba y Muza; y 
efectivamente nos da noticias que, de ser aceptadas como exac- 
tas, nos darían á conocer el cargo que en Ceuta y Tánger ejercía 
el mal llamado Conde D. Julián. 

Para nuestro autor el Conde D. Julián es un beréber de la tribu 
de Gomera, de la rama de los Masamudas, y no un beréber cual- 



(1) Tomo iii. pág-. 40. 
TOMO .\xi 



258 noi.ETÍN UK I-A ni;.\i. academia de la histohia. 

quiera, sino el rey, (iiie ;í la llegaíJa de Ocha (año Gli de la Urgirá, 
10 de Sei)lieml)re de 082 á 29 de Agosto de G83i, era señor de 
Ceuta y Tánger (1). 

A la llegada de Muza á Ceuta después de la conquista del Quq 
más próximo^ D. Julián, según nuestro autor, se concilia la be- 
nevolencia de Muza con regalos, se presta á pagar el tributo, y 
en pi-enda de seguridad entrega en rehenes á su hijo é hijos de 
la gente de su pueblo (2). 

Que D. Julián fuera rey de los de Gomera lo insinúan varios 
autores árabes, en especial Aben Jaldún, que emplea casi las 
mismas palabras que Alimed Annasiri (3). 

La intervención de D. Julián en el hecho concreto de la inva- 
sión musulmana está contada casi del mismo modo que en la 
generalidad de los autores, con una particularidad digna de ser 
tenida en cuenta, y es que el autor, refiriéndose á Aben Jaldún, 
sin que nos atrevamos á asegurar que emplea sus mismas pala- 
bras, llama á Julián rey de los bereberes en la región que hoy se 
llama Montaña de Gomera, y de un modo explícito atribuye á 
D. Rodrigo, no á Witiza, lo de la hija del Conde D. Julián; es 
sabido que el texto de Aben Jaldún impreso en Boulac, y el ma- 
nuscrito de la Biblioteca de París atribuyen el hecho á Witiza (4j. 

Por la simple lectura de la obra, del período de la dominación 
de los Omeyas no encontramos cosa notable, y sospechamos que 
sólo para las relaciones de Abderrahmán III y sucesores con los 
musulmanes de Almagrib, anexionados en gran parte á Alanda- 



(1) Tomo I, pág. 31. f<En cuanto ú los Masamudas, ;í ellos pertenece Gomera, y de 

ellos era Julián el cristiano, señor (, ^^cs^Lv^;) de Ceuta y Tánger al tiempo déla 

entrada de Ocba ben Nafi en el Almagrib extremo ; ellos están también bajo la obe- 
diencia de los Banu Idrisi» (este texto estará tomado de un autor que escribiese en 
tiempo de los Idrisitas de Fez). 

(2) Tomo I, pág. 44. «Y conculcó (Muza) las regiones del Almagrib hasta llegar al 

('?<p >«á5i9>m¿»?o/ luego se adelantó hasta Ceuta, cuyo señor (, .v=».L^) Julián, el 

de Gomera, se lo atrajo con regalos, humillándose á pagar el tributo; Julián era 
cristiano, y habiéndole dejado en ella (en Ceuta), le pidió en rehenes como prenda de 
«bediencia á su hijo é hijos de la gente de su pueblo. 

(3) Edición del Cairo, tomo vi, páginas 108, 146, 211; tomo iv, pág. 117, 186. 

(4) Véase Fernández Guerra, Calda y ruina del imperio visigótico espaTwl. 



UN HISTORIADOR MARROQUÍ CONTEMPORÁNEO. 259 

lus, habremos de encontrar algunas noticias concretas que acla- 
ren nuestra historia y que no consten en otros autores. 

Del período de los reyes de taifas, pocas indicaciones hace 
nuestro autor, á no ser en lo relativo á las gestiones para la ve- 
nida de los almorávides con Yucuf ben Texufín. Para atravesar 
el Estrecho, necesitaba Yucuf ser dueño de Ceuta y Tánger, 
donde reinaba Qakut, acerca de cuya suerte da alguna noticia, 
que yo, al menos, no tengo anotada por el estudio de otros 
autores. 

El tomo ij, que comprende, como queda indicado, la historia 
del Almagrib desde mitad del siglo vii á mitad del x de la hégira, 
tiene bastantes noticias referentes á España, tanto más importan- 
tes cuanto esta parte árabe de nuestra historia no ha sido tratada 
por autor alguno, que sepamos, y las relaciones de amistad ó de 
guerra entre España y Marruecos en este período no fueron 
menos frecuentes que en el anterior; entre las muchas cosas 
que tenemos anotadas ai margen de nuestro ejemplar, haremos 
mención solamente de dos. 

Sabido es que desde los Almorávides los príncipes musulma- 
nes de Marruecos tuvieron á su servicio tropas cristianas, que 
suponemos procedían principalmente de España; es punto que 
merecería algún estudio: encuentro indicaciones en las páginas 
5, 6, 7, 8, 16, 46, 49, 5U, 80 y 122. 

Muchas veces me ha llamado la atención el que algunos de los 
Sultanes de Marruecos fueran hijos de esclavas cristianas; en este 
tomo II encuentro indicaciones en este sentido en las páginas 51, 
57, 89, 104, 133 y 149; para tiempos más modernos encuentro 
otras dos indicaciones en la pág. 122 del tomo iv. 

El tomo menos importante para nosotros es, sin duda^ el iii, 
que comprendiendo en su narración de 950 á 1070 de la hégira 
(1543 á 1660), pocas veces tiene ocasión de tratar de cosas espa- 
ñolas; sin embargo, entre otras, son curiosas las noticias referen- 
tes á la expulsión de los moriscos y su mala acogida en Marrue- 
cos, circunstancia que debió de producir en ellos resentimiento 
profundo, que se manifestó poco después por las simpatías por 
los españoles, á quienes favorecieron no poco en trance apurado, 
salvando con su resistencia pasiva á las órdenes del Sultán la 



260 HOMCTIN I)1C I-A HKAI. \(:At)KMIA I)K LA HISTOKIA. 

fíuarnicióii espafiüla del puerto de Alhalak (cerca de Almahdia 
ó La xMamora) (1), en el año 1022 ó 1023 (1GI.3 ó 1614). 

Alimed Amiasiri, como el autor deJ Karlhás y Aben Jaldúii, 
consigna con l'iecnencia las invasiones de pesies que han asolado 
el lerritoiio (Je MaiTuecos; las medidas que puedan ó conveufía 
lomai- para prevenir tales azotes de la humanidad, son muy dis- 
cutidas [)or los niusnlmanes, que generalmente las rechazan 
como contrarias al espíritu del Islam; el autor no disiente en 
este punto del modo de pensar de los musulmanes más rehacios 
al espíritu moderno; representa Ahmed Annasiriel modo de pen- 
sar, ó al menos de obrar, de la familia imperial ante las invasiones 
de la pesie? En la p;ig. 90 y siguientes el autor copia una intere- 
sante carta del sultán Almansur fechada el 14 de lamíidhnn del 
año 1011 (26 de Febrero, 10031, en la que con motivo de la peste 
que había invadido el país, da consejos higiénicos y órdenes á 
su hijo el príncipe Abu Faris, á quien había dejado de lugarte- 
niente en Marruecos, y el cual le había consultado acerca de lo 
que debía hacer con motivo de la peste que había invadido los 
territorios del Que y de Marruecos. 

El Sultán ordena á su hijo que en cuanto se manifieste en Ma- 
rruecos un caso de la peste, salga de ella con dirección á Qalé, 
provisto de la triaca, que está preparada; en la carta le hace mi- 
nuciosos encargos respecto á los individuos de la familia impe- 
rial, añadiendo disposiciones gubernativas; luego, en una larga 
postdata llena de pequeños detalles de familia, entre otras cosas 
ordena á su hijo que no reciba directamente despacho alguno 
procedente del Que; que los reciba el secretario, quien antes de 
leerlos los ha de desinfectar con vinagre muy fuerte, sumergién- 
dolos en él. 

Hace notar el autor que la carta del Sultán contiene dos cosns: 
la orden de que la familia imperial abandone á Marruecos á la 
aparición de la peste, aunque sea en un sólo individuo, y la prác- 
tica de la desinfección por medio del vinagre; lo primero, añade 
el autor, es cosa prohibida por la ley religiosa y explicado en las 



(1; Tomo 111. paginas 119, 1;íü y 131. 



UN HISTORIADOR MAHROQUÍ CONTEMPORÁNlíO. 261 

tradiciones; lo segundo es práctica de los francos (europeos) y de 
los que siguen sus costumbres para guardarse de la peste que 
ellos llaman la carnatina (escarlatina!); práctica que el autor 
conceptúa prohibida, aceptando la opinión, entre otros, del sabio 
xeque Malequí Ahii Abdalá Mohamad, el Monai, de Túnez, profe- 
sor (hace veinte años) de la mezquita Azzeituna y del Mufti de los 
Hanefies el sabio xeque Ahu Ahdalá Mohumad el Biram^ según 
se lee en el Viaje con noticias de Paris del sabio xeque Rafáa, 
el Tahlawi el Egipcio. 

Para el conocimiento del estado actual del imperio de Marrue- 
cos, sospecho que, á pesar de lo muchísimo que hay escrito, no 
habrá otro libro más importante que la Historia del Almagrib 
Alaksa, de Ahmed Annasiri, y la razón es obvia; leñemos libros 
escritos por europeos^ que habrán podido examinar mejor ó peor 
las costumbres de ios moros marroquíes, creyendo quizá de buena 
fe, que han logrado penetrar en el interior de la familia y de la 
administración; aun admitido que sea así, será difícil llegue á 
creerlo por completo quien esté enterado de la prevención con 
que miran y reserva con que tratan á los europeos, y aun á los 
musulmanes de oti-os países; en cambio, nuestro autor escribe 
para los suyos y no ciertamente para los que pudiéramos llamar 
liberales, si los hay en Marruecos; hasta creo que el autor no ha 
pensado en que su libro pudiera ser leído por un cristiano, y que 
de haber pensado en ello, no hubiera escrito algunas de las cosas 
que constan en su libro. 

A nadie ha de extrañar, conocidas las tendencias del autor, 
el que digamos que al hablar por incidencia de la rebelión de 
Abdelcader en la Argelia y la de Almehdi en Egipto, manifiesta 
por ellos especial simpatía; era natural que así sucediese. 

Habiendo de narrar la lucha constante de los últimos Sultanes 
para someter á su autoridad efectiva ó reconocida tribus que 
sólo nominalmente y no siempre la reconocen, cuando vaá cobrar 
los tributos, habla á cada momento de los atroces castigos á que 
son condenados los vencidos por fuerza ó por astucia, y al autor 
todo le parece muy natui-al y bien hecho. 

Hemos indicado de paso al reseñar la biografía del autor, cuan 
grande repugnancia tienen los moros á comerciar con los crislia- 



.262 hoi.ktín dk la heal acadkmia de la histohia. 

•nos, creyendo tniir.fios do ellos «fiie es eoiili-ario al espíritu del 
islamismo. 

Hablando del reinado d(!l sulián Ahn Aiiohia Culeimán, dice 
que prohibió á los musulmanes el comercio en tierra de cristia- 
nos, ó más bien en España (s.3ji)I); como se ha visto, en el ser- 
món predicado en Tánger en el día en que Aly Bey el Abbaoí 
fué presentado á este mismo Sultíín, el predicador habló en este 
sentido; en el año 1227 (16 de Enero de 1812 á 4 de Enero de 
1813), varias cahihis del Rif fueron castigadas bárbaramente 
por haber vendido trigo á los cristianos; el Sultán envió contra 
ellos un ejercito á las órdenes del gobernador de las fronteras 
Abu Abdalá Mohamed el de C^alé, el cual lanzó sus tropas contra 
las cabilas, permitiéndoles robar sus riquezas é incendiar sus 
abandonadas moradas, dejándoles más pobres que Aben Almo- 
dalid (1). 

Dice Aben Jaldún (2) que «desde el principio de la conquista 
la España había sido para los musulmanes frontera donde hacían 
la guerra santa y sus arrebatos; que allí tenían los escalones de 
su martirio y el camino de su felicidad.» 

Terminada la dominación de los musulmanes en España con 
la toma de Granada, la frontera se traslada al mar, que siempre 
había sido teatro de la guerra santa para los muslimes, pero 
quizá desde este momento lo es de un modo especial, transfor- 
mándose la guerra santa en piratería organizada de un modo más 
ó menos oficial hasta muy entrado este siglo; y si, por efecto de 
las represalias de las naciones europeas, los pueblos musulmanes 
ribereños han renunciado, bien á su pesar, á la piratería oficial, 
es muy probable que aplaudan á los particulares ó pueblos que 
siguen aprovechando la ocasión de ejercerla, aunque siempre en 
pequeña escala. 

Del modo de pensar de los marroquíes acerca de la piratería 
hasta tiempos muy modernos, nos informa Ahmed Annasiri en 
varios pasajes de su historia. 

Al tratar en general del reinado del sultán Mohamad ben 



(1) Tomo IV, pAg. 149. 

(2) Tomo vil, pág. 189. 



UN HISTORIADOR MARROQUÍ CONTEMPORÁNEO. 263 

Abdalá, que reinó de 1171 á 1204 de la hégira (1758 á 1789 de 
J. C), dice (pág. 121) que por su solicitud en la cuestión de los 
barcos de corsarios, llegó á tener 20 barcos grandes de mediano 
porte! (1) y 30 fragatas y goletas, llegando á tener también 60 
arráeces de mar con sus barcos y marineros. 

Si el texto anterior puede ofrecer alguna duda de si se trata de 
barcos de corsarios ó de la marina de guerra, no así en un pasaje 
que SG refiere al bombardeo de Larache, á consecuencia de actos 
llevados á cabo de un modo oficial en el año 1243 de la hégira 
(25 de Julio de 1827 á 13 de Julio de 1828). 

«En este año, habiendo el sultán Abderrahmán visitado las 
fronteras del Almagrib y los puertos, se propuso resucitar la tra- 
dición de la guerra santa por mar, la cual había estado descuidada 
en tiempo de su antecesor ^uleimán; al efecto, mandó construir 
escuadras (buques) que se uniesen á los que aún quedaban desde 
el tiempo de su abuelo Mohamad ben Abdalá, y autorizó á los 
arráeces del mar de Qalé y Rabat para que saliesen con los bar- 
cos (corsarios) de la guerra santa á dar vuelta por las costas del 
Almagrib ó inmediaciones; en su virtud salieron al mar los dos 
arráeces, el hach Abderrahmán Bargas! y el hach Abderrahmán 
Baraital, quienes habiendo encontrado algunos barcos de Ñápe- 
les, los apresaron, pues no encontraron en ellos el pasaporte con- 
venido, apoderándose de mucho aceite y otras cosas.» No se hizo 
esperar mucho el castigo^ pues, según el autor, los napolitanos 
bombardearon á Larache el miércoles 3 de dzulhicha del año 
1245 (26 de Mayo de 1830) é incendiaron la escuadra marroquí 
anclada en el río, si bien los moros debieron de quedar satisfe- 
chos, pues los napolitanos fueron acometidos dentro del río por 
la gente de Larache y de las inmediaciones (2), é hicieron en 
ellos gran matanza, asegurando el autor que de los napolitanos 
fueron muertos 43, quedando en poder del enemigo algunos pri- 
sioneros y un cañón; siendo de advertir que lo de las pérdidas 



(1) La palabra corresponfliente «.J ^4' no consta con significado claro en este 

caso; en Dozy consta la acepción mediana estatura; también la palabra traducida por 
corsarios, puede ofrecer dudas en su traducción exacta. 

(2) Tomo IV, pág. 183. 



564 boletín de i-a heal acauemia ue la histohia. 

del ejércilo napolitano, ase^nivi i¡ue lo dice Mannel y en el P. Cas- 
tellanos (p;íí4. 281) donde trata de estos acontecimientos, no en- 
cnenlro tales datos y todo está refecido de otro modo muy dife- 
rente, si bien en la pág. 47, tratando de una expedición anstiiaca 
contra el litoral del imperio mari-oquí, i-efiere la desgraciada 
campaña del almirante Bandiera, en los términos que le atribu- 
ye el historiador marroquí; del relato del P. Castellanos resultan 
por el mismo tiempo dos expediciones europeas contra la costa 
con motivo de piraterías, napolitana la una, austríaca la otra; del 
autor marroquí no aparece masque una, que podemos admitir se 
refiera á la napolitana, pues le llama J'-j vJ'. 

Para el autor, si el Sultán desistió de hacer la guerra por mar, 
fué por los acontecimientos de la Argelia, firmando la paz con 
los napolitanos por mediación de Inglaterra en el mes de rebia 
primero del año 1246 (20 de Agosto á 18 de Septiembre de 1830). 

Muchos son los puntos acerca de los cuales nos da noticias cu- 
riosas el moderno historiador marroquí; pei-o nos limitaremos ;í 
decir algo de los que tienen mayor impo'"tancia para dará cono- 
cer el estado social de hoy en este imperio, fijándonos en los pun- 
tos siguientes: estado de ios judíos, peregrinaciones regias á la 
Meca, afición á los libros, establecimientos de enseñanza 6 madra- 
zas, hambres espantosas y efecto de las Embajadas europeas. 

Los judíos, tolerados siempre en los Estados musulmanes, y 
considerados á veces, están constantemente expuestos á ser vícti- 
mas de toda clase de atropellos y exacciones, además de la humi- 
llación á que constantemente están sometidos, teniendo que andar 
descalzos en ciertos casos en las ciudades del interior. 

En el año 1204 (21 de Septiembre de 1789 á9 de Septiembre de 
1790), muerto el Sultán Mohamad y reconocido por muchos como 
califa su hijo Jezid, se dirigió á Teluán, que era la frontera más 
próxima del punto donde estaba; en Tetuán fué proclamado por 
la población y por las cabilas inmediatas, y en agradecimiento 
dio libertad al ejército sobre los judíos de la población, cuyas ri- 
quezas vinieron á ser de todos, quedando arruinados. 

El 13 de ramadhán del año 1235 (23 de Junio de 1820), los ju- 
díos de Fez fueron víctimas de los mayores atropellos de parte 
de la soldadesca de los wadayah; bien que después hicieron lo 



UN HISTORIADOIt MARROQUÍ CONTEMPORÁNEO. 265 

mismo, aunque en menor escala, con los naturales de Fez (1). 

Con relación á la condición de los judíos en el imperio de Ma- 
rruecos, es curioso é instructivo lo ocurrido con motivo de Ui 
moción de Roschild apoyada por el Gobierno inglés en favor de 
sus correligionarios de Marruecos. 

Dice el autor, refiriéndose al año 1280 (18 de Junio de 1863 á 
5 de Junio de 1864): «En este año llegó á Marruecos ante el Sul- 
tán un judío de Londres, pidiendo la libertad de los judíos del 
Almagrib; tuvo esto su origen en que cuando la guerra de Te- 
tuán, sorprendió á las gentes el asunto del protectorado, al que 
se acogieron muchos judíos; pero no se limitaron áésto, sino que 
desearon la libertad á semejanza de los judíos de Egipto y otras 
partes; con este motivo escribieron á un judío de los grandes co- 
merciantes de Londres, llamado Roschild, que era el Creso de su 
tiempo y gozaba de gran consideración en Inglaterra, porque el 
Gobierno necesitaba de él, pues le adelantaba muchas riquezas y 
por ésto se cuentan de él muchas cosas.» 

«El mensajero de Roschild presentó al Sultán sus regalos y la 
pidió accediese á lo solicitado; guardóse éste de despacharlo de- 
fraudado (pero sí engañado) y le dio un diploma ó decreto, en 
que los judíos creyeron ver su emancipación; pero en el cual 
nada concreto se decía, sino el que no pudieran cometerse con 
ellos injusticias; no lo entendieron los judíos, según el autor, y 
apoyados en el diploma, pusieron de manifiesto su deseo de ten- 
der lazos á los derechos de los demás y de cometer ligerezas, pre- 
tendiendo, principalmente los judíos de los puertos, tener algo 
propio en los juicios (estar sometidos al Código de Comercio?)^ 
habiéndose juramentado para esto; apercibido el Sultán, reformó 
el decreto anterior, explicando su alcance, que redujo á casi nada, 
á alguna protección á los mendigos.» 

El primer diploma, que copia el autor, es singular por lo vago, 
reconociendo á los judíos los derechos que les concedió Alá, sin 
decir cuáles eran; y más que todo son singulares y dignas de 
llamar la atención las consideraciones que se ocurren al autor 
con motivo de las pretensiones de los judíos. 



(1) Tomo IV, piíg-. 1.56. 



266 nOr.KTÍN DK i. a HKAI. Ar:AlJK.MlA [)K I, A HISTOIUA. 

. «Sábele, (]ico, (jimí í'sI;i libertad que cii estos iifios lian introdu- 
cido los fi-anrescs, es enteramente una cosa de herejes, pues lleva 
necesai-iain(!nt(! ;í hacer caei- los derechos de Alá, los derechos de 
los padi'cs y los dei-echos de la humanidad.» Cuya proposición 
discuto á continuación con razonamientos convincentes quizá 
para la mayoría de los musulmanes, pero que no habrán con- 
vencido ni á los judíos, ni á nosotros. 

Peregrinaciones de personas reales á la Meca. En toda nuestra 
historia árabe sólo encuentro un caso de peregrinación á la Meca 
hecha por individuos de la familia real de los Hamudíes, y otra 
peregi'inación inlentada por el ex-rey de Huesca, destronado por 
su pariente el de Zaragoza; en la historia de Marruecos de estos 
últimos siglos encontramos muchos casos de peregrinaciones de 
príncipes y princesas, algunas de ellas cumplidas con gran apa- 
rato y ostentación, sin omitir las consabidas magníficas ofrendas 
para el templo de la Meca; nos probará esto que el espíritu reli- 
gioso de las ultimas dinastías africanas del Almagrib es más fer- 
viente y sincero que en siglos anteriores. Dios lo sabe (1). 

Afición á los libros. En general los musulmanes han sido siem- 
pre muy bibliófilos, haciendo de la ciencia ó del estudio un apre- 
cio, al menos en teoría, cual ningún otro pueblo; pues no sabe- 
mos de ninguno que haya llegado á profesar la creencia de que 
los ángeles en el cielo y todos los seres de la creación piden á 
Alá por el que estudia (2). 

Esta afición á los libros no ha decaído entre los musulmanes 
de Marruecos en los últimos siglos, por más que haya transcen- 



(1) Pueden verse las indicaciones correspondientes en las páginas 62, 105, 113, 115, 
145, 151, 201, 206 y 208 del tomo iv y 63 del tomo ix. 

(2) En manuscrito del Sr. D. Pablo Gil, Catedrático de la Universidad de Zaragoza, 
encontramos un capitulo que dice: Del galardón de los sabios. «Dixo un recontador, 
quien demandan'! por camino y carrera para aprender cencia y sabiduría, aderesólo 
Dios ad aquel tal á un camino de los caminos del paraíso, y los ángeles extienden 
sus alas á los aprendientes y demandantes del saber por acontentamiento de lo que 
facen, y el demandante y aprendiente del saber demandan perdón por él los ángeles 
y todos los que están en el cielo y los que están en la tierra, y los peces de los mares 
y todas las cosas que son dentro en el agua, y las aves que van volando y las que no 
volan», publicado en la Colección de textos aljamiados publicada por Pablo OH, decano 
de la Facultad de Filosofía y Letras en la Universidad de Zaragoza, Julián Ribera >j 
Mariano Sánchez, Zaragoza, 1888. 



UN HISTORIADOR MARROQUÍ CONTEMPORÁNEO. 267 

dido muy poco á Europa el conocimiento de los libros que con- 
servan y de los que constantemente se escriben y aun se publican 
por la litografía, sin que nos sea posible llegar á tener noticia de 
los libros publicados do este modo desde hace cuarenta años. 

No podemos copiar aquí todas las noticias, que respecto cá este 
punto encontramos en esta obra, principalmente en los tomos iii 
y IV, y sólo haremos mención de lo que más llama nuestra aten- 
ción (1). 

Al tiempo de la conquista del Sudán por el califa Almanzor en 
el año 999 (30 de Octubre de 1590 á 18 de Octubre de 1591), había 
sin duda en Tumbuctu una cantidad de libros , de que no es fácil 
formarse idea exacta, ya que poco después, en el año 1002, al ser 
desterrada á Marruecos la familia Aquit, á la que pertenecía el 
célebre Ahmed Baba, éste decía que en su familia era el que 
menos libros tenía, y le fueron robados 1.600 volúmenes 
(lomo III, pág. 63). 

Al hablar de Zeidán, sucesor de Almanzor, encontramos men- 
ción de su biblioteca, que fué apresada en un buque y vino á ser 
el núcleo de nuestra colección árabe del Escorial en número de 
^.000 volúmenes, de religión, de literatura, filosofía y otras cien- 
cias (tomo III, pág. 128). 

Gomo suceso acaecido en el año 1175 de la hégira (2 de Agosto 
de 1761 á 22 de Julio de 1762) menciona el hecho de que el sul- 
tán Mohamad ben Abdalá entregó como bienes habus (de legado 
piadoso), más de 12.000 volúmenes de libros ismaelíticos (mu- 
sulmanes) , que mandó distribuir entre todas las mezquitas del 
Almagrib, donde no han cesado de estar hasta hoy, teniendo es- 
crito en ellos el propósito ó condición de bien habus y el nombre 
del Sultán (tomo iv, pág. 98). 

No es extraño que pudiera distribuir á las mezquitas tantos 
libros, pues tenía mucho cuidado en copiar (hacer copiar) libros 
de las ciencias curiosas y libros de literatura, y eran muchos los 
que con sus versos y cartas enviaba á los literatos de Fez y á los 
Becries y Kadiries (pág. 113). 



(1) Puede verse tomo i, páj?. 03; tomo ii, pág-inas 31, 62, 14(5; tomo iii, pág-inas 9, 28, 
46, 63, 128; tomo iv, páginas «8, 1 13, 114, 119, 121, 201, 227, 248 y 256. 



208 IIOI.KTÍN \)K I, A IIKAI, ACAOKMIA OK I,A HISTORIA. 

Ayudado (;l Sultán Mohíunad do los liloralos que eslahau á su 
sei'vicio, y 'jue el autor meuciona, escribió algunos libros acerca 
de las tradiciones maliométicas, en especial un precioso y grueso 
volumen de las tradiciones de los cuatro linaines (p;íg. llí)); tam- 
bién remitió libros de ciencia, como legado piadoso, á las dos 
Harnmns (mezquitas de Meca y Medina), donde se conservan 
sus vestigios basta hoy (pág. 121). 

No deja de hacerse mención de particulares distinguidos aficio- 
nados á libros; hace pocos años, en la noche del miércoles á 23 
d<i rebia segundo del año 1267 (25 ae Febrero de 1851), moría en 
ri.ilé el sabio Ahu Ahdalá Mohamad hen Hagun, muy entendido 
en derecho, en tradiciones y en gramática, el cual había pasado 
su vida reuniendo y copiando libros, habiendo merecido la con- 
sideración de que el Sultán enviase á ^alé á su hijo Abdelcadir, 
de 12 años, para que estudiara bajo su dirección, hospedado en 
su misma casa, y sometido á una vida austera y rígida, tanto 
en la comida como en el vestido (pág. 201). 

Consignemos, por ultimo, un hecho perteneciente ya á nues- 
tros días; á principio de chumada primero de 1293 (25 de Mayo 
de 1876), el padre del actual Sultán entraba en Rabat, donde per- 
maneció cerca de siete días, pasando luego á Qalé, en cuya mez- 
quita mayor hizo oración; luego entró en el depósito de los libros 
científicos, que reconoció; iba entonces con el Sultán el maestro 
del autor, el sabio fakí y kadí Abu Bequer Mohamad Awad, 
quien pidió al Sultán que aumentase (lo consignado) para la 
adquisición de los libros para la mencionada biblioteca: autorizó- 
le en efecto el Sultán para que se adquiriese hasta el precio de 
cerca de 100 reales (duros), como efectivamente se hizo; en esta 
ocasión nuestro autor, que debería estar en Qaié ó iba con la co- 
mitiva, dedicó al Sultán una larga casida que copia (pág. 248). 

Madrasas. La fundación de las madrasas, que se hadado en lla- 
mar Universidades musulmanas, ha sido siempre un acto piado- 
so, así que generalmente han sido instituidas por testamentos; no 
se pensó en tales instituciones hasta el siglo v óvi déla hégira; en 
el Almagrib no parece que se hace mención de madrasas hasta 
tiempos posteriores. 

La primera indicación que encuentro en nuestro autor, se re- 



UN HISTORIADOR MARROQUÍ CONTEMPORÁNEO. 269 

fiere á las madrasas construidas por el califa Meriní Yakub ben 
Abdelhak, muerto en el año 685 de la hégira (27 de Febrero de 
1286 á 15 de Febrero de 1287) (lomo ii, pág. 32); una de ellas fué 
levantada en Fez y en ella depositó como legado pió los libros 
que el rebelde Sancho (el Bravo) entregó de los que tenían los 
cristianos cuando hizo la paz con Yakub (pág. 54). 

Sus descendientes imitaron su ejemplo, y en el año 723, á prin- 
cipios de xaabán (5 de Agosto de 1323), el Sultán Abu Qíúá mandó 
construir en Fez la madrasa mayor frente á la aljama de Alca- 
rawin, que hoy es conocida por la madrasa de los perfumistas 
(pág. 54). 

Poco después, en el reinado del Sultán Abu Alhacán, muerto 
en 752, entre otras madrasas se levantaba la mayor de Maj-rue- 
cos, delante de la Aljama de Aben Yucuf (pág. 86). 

No han dejado los Sultanes posteriores de fundar nuevas ma- 
drasas, citando el autor las dos erigidas por el Sultán Arraxid, 
una en Fez en el año 1081 (21 de Mayo de 1670 á 9 de Mayo de 
1671) y otra en Marruecos (tomo iv, pág. 20); citándose otras dos 
madrasas fundadas en la misma ciudad unos cien años después 
por Muley Abdalá ben Icmail, muerto en 1171 (15 de Septiembre 
de 1757 á 3 de Septiembre de 1758) (tomo iv, pág. 91). 

(laresiia y hambre. Los historiadores árabes consignan casi 
siempre las grandes carestías y hambre consiguiente en los Esta- 
dos musulmanes; en otros tiempos las naciones de Europa su- 
frían poco más ó menos las mismas calamidades, consecuencia de 
las malas cosechas y de la casi imposibilidad de transportar el 
trigo á grandes distancias; esto ha sucedido siempre en el impe- 
rio de Marruecos y sucede hoy mismo por las dificultades ó pro- 
hibición del comercio marítimo; las carestías que el autor con- 
signa (1) son innumerables, y sólo haremos mención de una de 
las últimas, ya de nuestros días. 

«En el año 1266 (17 de Noviembre de 1849 á 5 de Noviembre 



(1) Por si alguien tiene interés en estudiar este punto, ya que en mis notas tenj^o 
indicadas las páginas en que se habla de carestía, las consigno: véanse tomo i, p.igi- 
nas 79, 83, 211; tomo ii, páginas 44, 83, 88, 143, 182; tomo iii, páginas 96, 120, 14f!, 147; 
tomo IV, páginas 14, 46, 47, 66, 112, 128, 201, 230, 244, 255. 



"lio iidi.iítín dií la hkal acadkmia de la historia. 

de 185Ü), dice el aulor, hubo la gran carestía y hambre extrema- 
da, principalmente en las cabilas de Alhiiz, de los Aben Mecquiíi, 
de Abda, Dncala y otras, cuyas cabilas se apresuraron A trasla- 
darse al occidente y puntos poblados; las gentes se comían los 
restos putrefactos de los animales, los cadáveres humanos y las 
plantas; la gente comía y no se hartaba, y cuando se obstinaban 
en comer y saciarse, no duraba la felicidad, sino que pronto sus 
entrañas se abrasaban de hambre; en flalé y Rabat la medida (de 
trigo), medida muy grande, llegó á 18 miscales y el pueblo lo 
tomó como fecha, llamando á este año el de los iH miscales 
(tomo IV, pág. 201); aun consigna el aulor otra carestía y ham- 
bre en tiempos más modernos; á consecuencia de una gran inva- 
sión de langosta en el año 1283 (28 de Enero de 1876 á 15 de 
Enero de 1877), en el siguiente hubo una carestía extraordinaria 
en Almagrib, como no había precedido otra, dice el autor, de 
modo que la gente hubo de vender sus muebles y alhajas (tomo iv, 
pág. 230). 

Embajadas á Marruecos ó de Marruecos á Europa. Pocos auto- 
res árabes ó ninguno quizá, mencionará tantas embajadas como 
nuestro autor, si bien, en último término, da pocas noticias de 
ellas; sólo de dos da algunos detalles ó expone ideas dignas de 
ser tenidas en cuenta. 

La primera se refiere á España y al reinado de Garlos líl; nos 
limitaremos casi exclusivamente á traducir las palabras del autor 
(tomo IV, pág. 101). Embajada enviada por el Sultán Cidi Moha- 
mad ben Abdalá al rebelde de España y lo que sucedió con este 
motivo. «Hizo necesaria esta embajada del Sultán el que muchos 
de los prisioneros muslimes que estaban en España, escribieron 
numerosas cartas al Sultán, haciéndole saber la estrechez de pri- 
sión en que se hallaban, lo pesado de la ligadura y lo que sufrían 
de parte de los cafres de desprecio y humillación; entre los pri- 
sioneros los había que se habían elevado á la ciencia y maestros 
del Corán; cuando estas cartas llegaron al Sultán y le fueron leí- 
das, le hicieron gran impresión, y en el acto mandó escribir al 
rey (al rebelde) de España y le decía: «no nos es posible por 
nuestra religión el abandono de los prisioneros, y el dejarlos en 
la ligadura de la prisión y el descuidarnos de su suerte no tendría 



UN HISTORIADOR MARROQUÍ CONTEMPORÁNEO. 271 

excusa por parte de quien ha recibido de Alá el poder; y, según 
pienso, tampoco á vos os es consentido ésto por vuestra religión;» 
y le encargó que cuidase de los valientes musulmanes que había 
en sus estados, de la gente de ciencia y de los que llevaban* el 
Corán, y que no los tratase como á los demás prisioneros del 
vulgo, añadiendo, como hacemos nosotros con nuestros prisione- 
ros, pues á los frailes no los sometemos á servicio alguno;» cuan- 
do este escrito llegó al rebelde, lo apreció mucho y por poco echó 
á volar de la alegría que le produjo, y en el acto mandó dar 
libertad á los prisioneros que había en la corte, enviándolos al 
Sultán, prometiéndole que se haría lo mismo con los que estaban 
en otros puntos de sus Estados; esto causó gran impresión al Sul- 
tán, apreciándolo mucho, y como era generoso por naturaleza y 
amaba la gloria, preocupándose de ella, remitió libres al rey de 
España todos los prisioneros de su nación que estaban en su 
poder, honrándolos con prisioneros de otras naciones, para que 
con ésto el rey de España tuviese superioridad sobre las demás 
naciones; con los esclavos le envió además un regalo, en el que 
iban muchos negros á las órdenes del caid de Ceuta; al llegar todo 
esto al rebelde, saltó de alegría, y con urgencia, por su buena 
fortuna, preparó un regalo en el que agotó el extremo de su poder 
y lo envió con los sacerdotes y monjes de más categoría, acom- 
pañados de una carta en la que manifestaba su amor al Sultán y 
su reconocimiento por el favor recibido, pidiéndole que le distin- 
guiese con la embajada de uno de los señores y magnates de su 
estado, con el objeto de que su país fuese ennoblecido con la em- 
bajada y se hiciese pública en las naciones la alianza y buena co- 
rrespondencia, y de este modo se aumentaría su poder (del re- 
belde) y su alegría. El Sultán le socorrió (1) con esto, eiiviándole 
á sus dos tíos maternos los arráeces Abu Yala Amara ben Muza y 
Abu Abdalá Mohamad ben Nasir, ambos de los wadaya; acompa- 
ñábales como único secretario Abu Alabbac Ahmed Algazel. 

Cuando llegaron á Gibraltar, Algazel escribió á uno de los waci- 
res del Sultán, diciéndole: «deseo de tí hagas saber al príncipe do 



(1) Sic. J.ijt^' 



272 urn.KTÍN UK Í.A HKAI, AC.AOKMIA de I,A HISTOhlA. 

los creyentes (|ue estos dos hombres no conoeen ias costumbres (b- 
los cristianos y yo temo por al resultado de la embajaiia en lo qm- 
se haga por acuerdo de ellos, y si así sucede, que el [iríncipe d»- 
los creyentes no me culpe en cosa alguna; entei-ó el wacir al Sul- 
l.in (de la carta de Algazel), el cual dijo: tiene razón, y ya me 
había arrepentido de enviarlos; pues al hacerlo sólo tuve en 
cuenta su categoría; así, pues, ahora escribe al Rebelde y (lile: 
«yo te envió á mi secretario Ahmed Aigazel como embajador,» y 
envía á Algazel la carta; cuando la carta llegó á Algazel, la tomó 
y rompió la carta primera que tenían los otros dos y dirigió bi 
cosa sin intervención de ellos, cumpliendo con la misión (jue se 
le había confiado, haciendo que quedase buena memoria de ello.» 

Tres años después de esta embajada, las buenas relaciones del 
gobierno de Espaüa con el Sultán de Marruecos sirvieron para 
(|ue éste, con iulervencióu del mismo Algazel, gestionase el canje 
de 1.000 esclavos argelinos que había eu España por oíros tantos 
cristianos españoles que sufrían en Argel la esclavitud, y como 
aún quedaban más esclavos cristianos, se convino en que el res- 
cate se hiciese abonando porcada marinero 500 reales y 1.000 poi- 
cada capitán (ó arráez). 

Si los ministros de Carlos II f creyeron haber conseguido un 
triunfo diplomático con el tratado que á nombre del Sultán firmó 
Algazel, pronto hubieron de salir de su ilusión y hubieron de 
entablar nuevas negociaciones reclamando por la inobservancia 
del tratado. 

Dice el autor que á fines del año 1184 (de 27 de Abril de 1770 
á 15 de Abril de 1771) el Sultán Qidi Mohamad ben Abdalá envió 
una expedición contra Melilla, donde estaban los cristianos de 
España, comenzando el bombardeo de la plaza á primeros del año 
siguiente, y así duró algunos días; el rebelde de la España escri- 
bió al Sultán haciéndole cargos por el sitio, recordándole el 
tratado y alianza pactados, y diciendo: hé aquí la firma de tu se- 
cretario Algazel, por cuyo intermedio se pactó la paz; á lo que 
co\itestó el Sultán diciendo que había pactado la paz por mar, no 
en cuanto á las ciudades que estaban en su territorio...; habiendo 
el rebelde enviado el original mismo del tratado,, se vio que efec- 
tivamente se extendía á mar y tierra, por lo que abandonó á 



ÜN HISTORIADOR MARROQUÍ CONTEMPORÁNEO. 273 

Melilla, dejando allí el tren de guerra, que por las dificultades 
del transporte por tierra, según el autor, llevamos nosotros á Te- 
luán y Larache. Algazel fué separado de sus cargos y quedó 
desesperado hasta que, habiendo quedado ciego, murió después 
de algún tiempo. 

Añade el autor haber oído á un faquí de los contemporáneos 
del suceso, hablando de estas cosas, que Algazel dio su firma al 

tratado, en el que se leía lo siguiente: ,*-^^-f j ^--^f LJ^il^l! jtj 

\yj "^ \ys^. «y que la alianza entre nosotros y vosotros (sea) por 

mar, no por tierra •», y que cuando los cristianos tuvieron su 

firma, borraron el ^ lam-alif y pusieron en su lugar un wauy 

resultó ^^-"j ^^sr: por mar y tierra; y que el Sultán solamente 

separó á Algazel para abreviar palabras y facilitar el arreglo con 
los cristianos (1). 

Si el relato de estas negociaciones, tal como las pone el autor, 
prueba la liiplomacia especial de los Sultanes de Marruecos y 
como nos juzga el autor, viendo en todo el triunfo de los suyos 
y la humillación del gobierno de Garlos III, no es más favorable 
el concepto que tienen de los demás pueblos de Europa; en espe- 
cial, es curioso lo (jue encontramos con motivo de una reciente 
embajada francesa. 

Hablando de los sucesos del año 1294 (16 de Enero de 1877 á 
4 de Enero de 1878), dice nuestro autor lo siguiente: «En este 
periodo llegaron al Sultán (ayúdele Alá) embajadores de las na- 
ciones, como el embajador de Francia, el de España, de Portugal 
y otras; el francés habló del asunto del vapor de tierra, y del te- 
légrafo y de su introducción en Almagrib, como está en los demás 
países del mundo, pretendiendo que en esto habría gran utilidad 
para los muslimes y cristianos; pero él, por Alá, se proponía el 
daño, pues cieriamente los cristianos han vuelto sarnosos los 
demás países y quieren volver sarnoso este país feliz, que Alá ha 
preservado de su im[)ureza; pedímosle, ensalzado sea, que impid;i 



(!) Tomo IV, pág-. 108. 

TOMO XXX. It* 



274 ItOI.KTÍN ItK I.A ItKAl, ACAHI'.MIA ÜE la HISTilHIA. 

las asef[i;tnz;is «le filos y ^Miaidr ;i Ins tTiusürrifs il»- la malicia fie 
los r.i'istiaiios» (pá;^. '2h\). 

(iiiaiiilo lalcs cosas (iicf- un aulor i|iic [larcci! soi' muy ilusti'ado 
(l(;iili() (le :-iis creencias miisiilmaiias y nacionalidad, y (jue, 
sej^ün luifMos visUt, f;oza sin duda de alguna consideíaciíHi en la 
corle del Siilt;in. puede snponefse la esperanza ()ue |)()ili.i abri- 
garse de que esUí puehlo énire en el camino de las reformas y 
acepto las ideas niod(;rnas, siquiera fnei'a sólo en lo que no toca 
á la religión, bien que, cotrio liemos visto, para ellos todo tiene 
relación directa con las ideas religiosas. 

Muchas otras cosas tenemos anotadas y que, sin duda, intere- 
saría el (jue se dieran ;i conocer, como lo referente á imesli-as 
dos últimas gueiras con el imjjerio marro(iuí, pues de la une*' ra 
lie Tetuiín li-ata con algtln delenimienlo; pei'o no (jucremos 
extendei' más este ya muy largo infoi-me. 

De lo dicho resulla que la obra Compendio de In liistoria del 
Almagrib Alaksa por Ahmed Anuasiri tiene una gran impor- 
tancia para ciertos pei'íodos de uuesti-a historia árabe y no menor 
para ej conocimiento del estado actual del imptM-io de Marruecos, 
y merecería la [)ena de que alguno de los que más se ocupan en 
la historia y en las cosas de esle im|)erio la tradujese á una len- 
gua europea. 

Madrid, 11 de Diciemhre de lH\iñ. 

FhaNCISCO (lOüKRA. 



DOCUMENTO OFIClAf,. 275 



DOCUMENTO OFICIAL. 



ANUNCIO DE CONCURSO. 



PREMIOS DEL SEÑOR DUQUE DE LOUEAT. 

Encargada esla Real Academia de otorgar en 1898 el primer 
premio trienal de 3.300 pesetas al autor de la mejor obra escrita 
en castellano é impresa después del mes de Diciembre de 1805, 
que ti-ale de alguna de las siguientes materias: historia, geogra- 
fía, arqueología, lingüíslica, etnogi-afía y numismática de cual- 
■<juiera de las regiones del Nuevo Mundo, y otro premio segundo 
de 2.000 pesetas al autor de una obra sobre cuahjuiera de dichos 
lemas que sin merecei- el primero sea conceptuada digna de galar- 
dón por algnua circunstancia especial, abre concurso para la adju- 
dicación de ambos premios, la cual se efectuará en Junta pública 
solemne antes de espirar el referido año de 1898. 

Los autores que quieran optar á ellos, se servirán remitir á la 
Secretaría de la Academia, calle del León, 2!, antes del día 31 
del próximo Dicicmbro, dos ejempiai-es de sus respectivas abras, 
■con las señas de su domicilio, entendiéndose que (juedan obliga- 
dos en caso de obtener premio, á remitir á su costa otros cuatro 
ejemplares ¡í los puntos que se les indicarán, con arreglo á lo es- 
tablecido por el fundador. 



Madrirl, 5 de Febrero de 1H.>7. 



A'/ Secretai-io accidental , 
Cksvkko I^'kknández Duho. 



VARIEDADES. 



I. 

HISTORIA CRÍTICA Y DOCUMENTADA DE LAS COMUNIDADES DE CASTILLA. 

FUENTES BIBLIOGRÁFICAS. 

(Páginas de un libro inédito.) 

Desde quo en 1884 escogí como tema de mi discurso de recep- 
ción en esta Real Academia, La Germania de Valencia, que cons- 
lituye una especialidad dentro del movimiento revolucionario 
que se produjo en España en el primer tercio del siglo xvi, cono- 
cido con el nombre Las Comunidades de Castilla, acaricié la es- 
peranza de que algún día pudiera escribir la historia crítica y 
documentada de aquel memorable suceso, que algunos historia- 
dores modernos sientan y sienten no haberse escrito. 

Encargado hace tiempo de la continuación del Memorial histó- 
rico, con la ilustrada cooperación de los Sres. Fita, Menéndez 
Pelayo y Sánchez Moguel, y terminada la tarea que estos doctos 
académicos se impusieron, he tenido que elegir nuevo, asunto 
para los ulteriores trabajos del Memorial; y entre varios que se- 
ñalé á la ilustración de nuestro digno Director, mereció la prefe- 
rencia el referente á,Las Comunidades de Castilla, en que á la 
par se harmonizal)an la importancia del suceso, con la esperanza 
que abrigué hace ya doce años. 

Más de tres siglos y medio van transcurridos desde que aquella 
gran rebeldía estalló como vasto incendio y pareció que iba á en- 
señorearse de toda la Península y aun de algunas de sus más- 



HISTORIA DE LAS COMUNIDADES DE CASTILLA. 27/ 

preciadas islas. Ilustres escritores españoles no han dejado en 
paz desde entonces sus bien cortadas plumas, y aunen el presen- 
te año han venido á aumentar el tesoro de noticias acumuladas, 
eruditos trabajos de tanto mérito como la monografía escrita por 
el ilustrado cronista húrgales D. Anselmo Salva, titulada Burgos 
en las Comunidades de Castilla, aunque trazada con excesivo 
color local; los Documentos relativos d las Comunidades del Ar- 
chivo del Ayuntamiento de Córdoba, publicada en el tomo cxii de 
la Colección del Marqués de la Fuensanta del Valle, que con este 
su último trabajo literario, se despidió de la Academia y de sus 
amigos, dejando rectificado el folleto que en 1870 publicara don 
Francisco de Leiva con el título de Los comuneros de Córdoba 
ante Carlos I, y el boceto histórico Diego de Álava, del capitán 
de artillería D. Eduardo de Oliver-Gopons, donde se consignan 
apreciables dalos acerca de D. Diego Martínez de Álava, vencedor 
del rebelde Conde de Salvatierra en el puente de Durana, que en 
1893 había sido biografiado por D. Vicente G. de Echevarri en la 
notable revista vascongada Euskal-Erria. 

Y si de años anteriores cuenta hiciésemos, nos encontraríamos 
€on la Memoria documentada de D. Francisco de Bofarull, la 
cual, aunque viene arrebozada bajo el nombre problemático de 
Predilección del Emperador Carlos V por los catalanes, es una 
■colección interesante de documentos inéditos desde 1516 hasta 
1558, que comprende, naturalmente, el período de Las Comuni- 
dades; el curiosísimo Itinerario de Carlos I, por D. Manuel de 
Foronda, suficiente para acreditar su amor á las ciencias históri- 
cas; el erudito prólogo de nuestro correspondiente D. Julián de 
S. Pelayo al libro Menosprecio de corte y alabanza de aldea, que 
escribió D. Antonio Guevara, uno de los más afamados cronistas 
del Emperador, y el preciosísimo estudio histórico de D. Antonio 
Rodríguez Villa, denominado La Reina Doña Juana la Loca, libro 
-que encanta y embelesa tanto, que no se puede dejar de la mano 
hasta que no se termina la lectura de una narración tan intere- 
sante como dramática, y que en vez de ser novela ó creación ar- 
bitraria del humano ingenio, es una triste y dolorosa realidad, 
-que sólo el amor de una mujer pudo legar á la historia. 

Esta fecundidad de los historiadores españoles, aun tratándose 



278 HUI-KTÍN liK I.A IIKAI, ACMJKMIA Í)K LA H18T0IUA. 

de sucesos (juo {jasaron haa; trescientos setenta y seis años, en- 
cuentra natural ox|)licación en la grandeza y esplendor de un;» 
época en (jnt; la [)olílica genuinamente nacional liahía sufrido 
una profunda traiisfoi-iuación; el odio al yuj,'0 extranjero se ma- 
nifestó iinpouínile y vigoroso, y fueron necesarias las grandes 
glorias del primor reinado de los Austrias, para (jue, fundiéniJo- 
se en un solo [¡ensamienio trono y pueblo, se ofrecieran al mundo 
grandes é inauditas y maravillosas hazañas, que ofuscando el 
criterio de aquella sociedad, no le permitían distinguir, ni des- 
cubrir cómo encerraban el germen ponzoñoso de la desgracia y 
decadencia nacional. De aquí resulla (jue, no solamente todos los 
cronistas del Empei-ador Carlos V, sino también todos los escrito- 
res empeñados en dar á conocer el distintivo carácter de tan [lO- 
deroso genio, se han visto necesai-iameule obligados á tratar, con 
mayor ó menor acierto, de las que comunn.ienle se llaman Comu- 
nidades de Castilla, y á mi juicio no son sino La revolución es- 
pañola en el primer tercio del siglo XVi. 

Pero antes de que los cronistas del Em peí-ador dedicaran más^ 
ó menos páginas á reseñar el movin)¡euto revolucionario que- 
precedió al reinado de Garlos I de España y justificar el proceder 
do este monarca, varios escritores españoles, con diverso criterio, 
por maravilla imparcial y casi siempre con intento desigual y aun 
apasionado, escribieron preciosas monografías que aún hoy so- 
leen con interés. A este género pertenece el castizo Pedro Mexía,. 
sevillano, cuya Crónica impiimió en 1852 la Biblioteca de Auto- 
res Españoles con curiosas notas de D. Cayetano Rosell; la dra- 
mática Narración que nos legó el presbítero Juan Maldonado, 
traducida en 1840 por D. José Quevedo; la Relación que coinpusa 
Pedro de Alcocer, toledano, previamente adicionada y comentada 
en 1872 por el erudito historiador de Toledo D. Antonio Martín 
Camero y que tanto se empeñó en desfigurar el francés Ternaux^ 
y entre otras varias obras, las indicaciones que hacen en las suyas 
D. Antonio de Guevara en sus Epistolas familiares, y Pedro- 
Mártir de Angleria en las suyas; Juan Ginés deSepülveda, en su 
Historia de Carlos V; Gonzalo Fernández de Oviedo, en sus no- 
tables Batallas i; Quincuagenas; y no citamos al célebre capitán 
Gcjnzalo de Ayora, porque ya tuve el honor de demostrar ante la 



HISTORIA DE LAS COMUNIDADES DE CASTILLA. 279 

Academia, que el maiiusciito que se alribuía al cronista comu- 
nero no había salido de su castiza pluma (1). 

A pesar de los defectos de desaliño y falta de unidad y fijeza 
de pensamiento, no puede (iesconocerse, que, si bien pbiyió 
mucho á Mexia, á Guevara y al supuesto Ayora, el Obispo de 
Pamplona, Fray Prudencio de Sandoval, fué el primero que pre- 
sentó un gran caudal de documentos inéditos; siendo por esta 
razón justamente celebrado, como lo reconocen los mismos que 
no se conforman con sus opiniones. Desde entonces, la obra del 
Obispo Sandoval se ha considerado como arsenal indispensable 
para tratar de las Comxmidddes de Castilla^ juntamenle con la 
Historia de Burgos, por Antonio Buitrago; la de Valladolid, por 
Juan Ortega y D. Matías Sangrador; la de Zaniora, por nuestro 
compañero D. Cesáreo Fernández Duro; la de Áviht, por D. Juan 
Martin Garramolino; la de Segovia, por Diego de Colmenares, 
que ha corregido é ilustrado el Sr. Lecea en nuestro Boletín aca- 
démico (2); la de Murcia, por el Licenciado Francisco Cáscales; la 
de Salamanca, por Villar y Macías; la de Plasencia, por Fray 
Alonso Fernández; la de Guadalajara, por Fernando Pecha, y los 
Anales de Aragón, por Gerónimo Zurita, continuados en su pri- 
mera parte, por el Dr. Bartolomé Leonardo de Argensola, y en 
su segunda, por el Dr. Juan Francisco Andrés de Uztarroz. 

Después de obras tan fundamentales, los ingenios españoles no 
permanecieron indiferentes ante un suceso de tanta magnitud 
como el que me propongo histoi'iar y criticar; y las relaciones 
parciales, los folletos, el arte di-amático y hasta la novela, cele- 
braron con destemplado ardor el movimiento de las Comunida- 
des, no faltando en el presente siglo toda clase de exageraciones 
y extravagancias, como la ridicula exhumación de los restos 
mortales de los derrotados en Villalar. 

Desde entonces, la pasión política invadió el irauíjuilo ó impar- 
cial terreno de la historia, y en vez de buscar en los documentos, 
que afortunadamente subsistían recogidos y guardados, el escla- 
recimiento de la verdad, los historiadores españoles sólo se cui- 



(1) Boletín, torno xxvui, páginas 97-135. 

(2) Tomo XIV, páginas "¿lí-í^Jl. 



280 BOI,KTÍN UK LA lUíAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

d.'irüii de fiíicoiniar el movimieiilo revolucionario; de eiiallecer 
como héroes á los (]ue tuvieron la desgracia deque el moviniieuto 
se extinguiera entre sus manos; de suponer que con la rota de 
Villalar perecieron las libertades castellanas, y de achacar á la 
nionai-(}uía española la decadencia y todas las desventuras de la 
patria. Tomando inspiración de tan equivocados conceptos, las 
relaciones debían resultar y resultaron exageradas; la crílif^a per- 
dió su serenidad y la luz de la realid.id apareció nublada [tur la 
fermentación de utópicas ideas reinantes. 

lian pasado muchos años, y las nuevas publicaciones que 
arriba indiqué, han iniciado unaépocade saludables rectificacio- 
nes que, naturalmente, han de conducirnos al esclarecimiento de 
la verdad, base de ia historia. Escritores tan discretos como el 
P. Teixidor señalaron á mediados del siglo anterior esta impe- 
riosa necesidad de la investigación de las fuentes, que ha forma- 
do escuela en las naciones más cultas del mundo, y hoy en his- 
toria á nadie se cree si no prueba lo que afirma. Esta será, por 
lo tanto, la primera regla de conducta á que ajustaré el actual 
trabajo, como he ajustado otros precedentes. 

En 1879, uno de nuesti'os más laboriosos compañeros, D. An- 
tonio Rodríguez Villa, al publicar en la Revista Europea un ma- 
nuscrito que conserva la Biblioteca del Monasterio del Escorial, 
titulado La vida de Juan de Padilla, comenzó diciendo: «La his- 
toria crítica y documentada de las Comunidades de Castilla, está 
aún por escribir. De tan memorable y transcendental alzamiento, 
lo que se conoce mejor es su sangriento y funesto desenlace. 
Quedaron en los campos de Villalar sepultadas las antiguas li- 
bertades castellanas, y en el Archivo general de Simancas ahe- 
rrojados y sumidos en la más profunda obscuridad, hasta muy 
entrado el siglo presente, los papeles relativos á aquel suceso; y 
mientras éstos no nos revelen de una manera auténtica y fide- 
digna las verdaderas causas del alzamiento, sus alternativas, vi- 
cisitudes y los múltiples motivos que ocasionaron su rápida de- 
cadencia, no es posible, en medio de opiniones, apasionadas unas, 
incompletas otras, formar juicio exacto sobre esta empresa.» 

Era, en verdad, extraño, que, conservándose en el Archivo ge- 
neral de Simancas el rico tesoro de los papeles y documentos re- 



HISTORIA DE LAS COMUNIDADES DE CASTILLA. 281 

lativos á las Comunidades de Castilla, los historiadores españo- 
les en vez de fantasear á su capricho y crear una narración nove- 
lesca, no hubiesen buscado la verdad en el punto principal, si no 
vínico, donde puede enconti-arse. Bien sé que la situación del Ar- 
chivo de Simancas no permite á los particulares gastar el tiempo 
y ei dinero que son indispensables para realizar una detenida in- 
vestigación, en un pueblo donde difícilmente encuentra regular 
hospedaje el forastero; pero aun dominando todos estos inconve- 
nientes, la lectura é interpretación de la letra usada en los co- 
mienzos del siglo XVI, ofrece á los profanos una dificultad inven- 
cible, que sólo puede dominar el inteligente paleógrafo. 

Por ello, la obra que en 1850 dio á la estampa el conocido his- 
toriador D. Antonio Ferrer del Río, y que á nuestro juicio es la 
mejor que salió de su bien cortada pluma, se resiente de carencia 
de justificantes, pues en sus xix Apéndices se reproducen las 
Epístolas de Pedro Mártir de Angleria; las cartas en que Medina 
del Campo da cuenta de sus desventuras á Valladolid, que ya nos 
había hecho conocer el Obispo Sandoval; las invitaciones de To- 
ledo á las demás ciudades para reunirse en junta, de todos cono- 
cidas; el parte de la jornada de Villalar, que se enseña á todo 
curioso que visita el Archivo de Simancas; las cartas que se su- 
ponen escritas por Padilla, antes de ser degollado, á la ciudad de 
Toledo y á su esposa doña María, anteriormente publicadas; y 
hasta un extracto del proceso contra D. Antonio de Acuña, Obis- 
po de Zamora, cuando hacía años se había impreso el proceso 
original. Y en vez de explotar el rico filón de Simancas, tan ilus- 
tre historiador prefirió oír la opinión de sus contemporáneos que, 
por respetable que fuese, no podía sustituir al contenido de los 
documentos de la época, que aún permanecen inéditos. 

La mayor parte de los documentos existentes en Simancas, en 
número de 1.823, los posee desde 1853 la Real Academia de la 
Historia, porque el archivero D. Manuel García González, com- 
prendiendo la importancia de la documentación á que aludo y la 
gran utilidad que podía reportar á la docta Corporación, remitió 
copia de todos ellos, unos perfectamente transcriptos y otros que 
á ojos vistas exigían escrupulosa compulsa. Comencé, por lo 
tanto, mis invesUgaciones con una base segura é inexplorada, 



282 HOLKTIN t)K La IIKM. AC.Ar)KMIA r)K I.A H!STf»hlA. 

aiiiKjiJO l)i»iii conocida ílt; al;,Míii().s s<;nore.s acadétiiicos, pero me 
alcnú la idna (Id nec.osario colfijo y do la l(3Clura de lauto docii- 
mt'iito del sif^io xvi. 

M.i.s (jiiiso la siitMif, t|ti<' minea ah;uidona las linenas iiilen- 
("ioiies, depararme la viMilnra de poiler allanar lodas a({iiella.s di- 
t¡(Milt;idf!S. (Guarnió en I88i me impustí la larea de escribir una 
Memoria acerca del Poder civil en Enfuiña, i]ue «mi liSH") [)ienii<') 
la Real .\cad(!mia de Ciencias morales y políiicas, luve necesidad 
de visilar el Archivo general (]e Simancas pai-a procurarme la 
mayor parle de las ilnslraciones. El tiempo ipie ¡lermanecí en 
aijnel mudo pero elocuente recinto, me facilitó la comunicación 
y afecto de aquellos custodios de la historia nacional desde los 
Reyes Católicos hasta el ultimo de los Ausirias. Figuraba entre 
sus m;ís modestos oficiales, D. Alauasio Tomillo, que, amante 
entusiasta de la ciencia histórica, concibió la feliz idea de esciibii' 
una nueva histoi'ia de las Comunidades de Castilla, rectificando 
documentalmente los muchos ei'rores (]ae coulieueu todas las pu- 
blicadas hasta el día. Para ello comenzó, como bueno y entendido 
paleógrafo, á copiar todos aquellos documentos, á rebuscar todos 
los lincones del Archivo y á ordenar una tan rica colección, que 
de seguro no tendrá (juien la imite ni avent.ije con otra. 

Ya en 1884 intenté y aun propuse al Sr. Tomillo me cediese 
su colección para escribir una nueva historia de las Comunida- 
des, pero lodos mis esfuerzos resultaron inútiles, y sólo alcancé 
(jue genei'osamente me facilitase una copia de la Instrucción que 
la. Comunidad de Valladolid entregó á sus representantes en la 
Junta de Avila y que figura entre las ílusti-acioues del Poder 
civil en España; y otra del Bando que expidió la Junta i-evoln- 
ciouaria pocos días antes de Villalar, mandando entrar á sangie 
y fuego en los lugares de los nobles, partidarios de D. Garlos, y 
(jne facilité al Sr. Fernández Duro y publicó éste al contestar .1 
mi discurso de recepción en esta Real Academia. 

Transcurrieron diez años sin que el Sr. Tomillo ni yo refres- 
cáramos nuestras relaciones; el Sr. Tomillo, por haber sido nom- 
brado archivero Jefe de la Biblioteca universitaria y de Sania 
Cruz de Valladolid, y yo, por las diversas posiciones que la for- 
tuna me deparó, y me obligaron á constante residencia en la 



HISTORIA DE LAS COMUNIDADKS DE CASTILLA. "283 

corle. Pero quiso la suerte, que siempre ha sido generosa en mis 
invesiigíiciones, que al visitar el último verano los Archivos mu- 
nicipales y del Cabildo de Burgos, Valladolid, Simancas y Tor- 
desillíis, me encontrara de nuevo c'on el Sr. Tomillo, renovára- 
mos nuestra antigua amistad y alcanzara me cediese su rica y 
única colección. 

Comprende ésta 3.»20 documentos que ocupan 17.009 folios 
en 4.", escritos todos de puño y letra del Sr. Tomillo, en los nños 
que desempeñó el cargo de oficial del Archivo general de Siman- 
cas, con la misma ortografía y aun defectos del original. Repre- 
senta este trabajo toda la vida de un hombre estudioso. Sirve de 
anticipado cotejo de los 1.823 documentos que ya poseía la Aca- 
demhi, y hace innecesaria toda visita é investigación en el men- 
cionado Archivo. Mis gestiones en la ocasión citada, alcanzaron 
el más satisfactorio resultado, pues el Sr. Tomillo, inspirándose 
en su patriotismo y en su amor á los estudios históricos, y si- 
guiendo mi consejo, cedió á la Real Academia de la Hislorii en 
6 de Octubre de 1895 la colección á que antes aludí y (jue bien 
merece el reconocimiento de la Corporación. 

Con la base de toda la documentación existente en el Archivo 
general de Simancas, comencé á visitar Archivos y Bibliotecas, y 
además de las obi'as consultadas, de que va relación aparte, he 
rebuscado los Archivos general Central y el Histórico Nacional, 
las Bibliotecas de la Real Academia de Ja Historia, la Nacional 
de Madrid, la particular de S. M. el Rey, la Universitaria Cen- 
tral, la Universitaria y de Santa Cruz de Valladolid, la de San 
Isidro de esta corte, la de la Corona de Aragón en Barcelona, y 
los Archivos municipales de Cataluña, Burgos, Valladolid, Tor- 
desillas y su Monasterio de Santa Clara, Álava y Guipúzcoa, en- 
contrando en algunos de ellos y en los archivos de catedrales tan 
antiguas como la de Burgos, n nevóse interesantísimos documentos. 

Las investigaciones históricas, cuando van ofreciendo resulta- 
do, traspasan el límite del moderado deseo y llegan hasta la más 
exagerada codicia, y sospechando que además del tesoro de Si- 
mancas y de cuanto se ha publicado, que no es poco, podía con- 
servarse alguna reliquia histórica en los Archivos municipales, 
con rarísimas excepciones, imaginé abrir una amplia informa- 



2HÍ llOl.lOriN blO LA lUCAI. ACADKMIA OK LA HISTOHIA. 

cióii escribiendo á 20U ulcaldos ele la.s ciudades, villas y lugaics 
que tuvieron mayor inlervención en el movimiento de las Comu- 
nidades. 

Teiijío la salisraccif'ni de ¡inunciar á la Academia, que ia infor- 
maci<Hi abieila sólo por mi personal influencia, ha dado excelen- 
tes resultados en Sepúlveda, lUescas, Ocaña, Talavera de la 
Reina, Cuenca, Murcia, Burgos, Aranda de Duero, Haro, Santo 
Domingo de la Calzada, Agreda, Plasencia, Badajoz, León, Fa- 
lencia, Salamanca, Zamora, Salvatierra y Medina, resultando 
negativa en todo lo demás. 

Con este resultado, y después de reunir y organizar unos 
7.500 documentos referentes á las Comunidades de Castilla, creo 
que puedo dar por terminada mi investigación y comenzar la 
rectificación de la Histoi-ia del movimiento revolucionario de Es- 
paña, en el primer tercio del siglo xvi, sii-viendo este capítulo 
para dar á conocer las Fuentes bibliográficas y tratar en el si- 
guiente de las caus(xs que produjeron el indicado alzamiento. Me 
propongo escribir la Historia critica y documentada de las Comu- 
nidades de Castilla, sin afirmar hecho alguno que no tenga jus- 
tificación y procurando ajustar el juicio á la más severa impar- 
cialidad, (jue son las exigencias naturales é indispensables de la 
ciencia histórica. 

Madrid, 19 de Febrero de 1897. 

Manuel Danvila. 



11. 

DOS BRONCES IPTUGITANOS. 

En el cerro de Hortales, asiento de la antigua Iptuci (1), halló 
D. Miguel Mancheño, hace alguos años, dos objetos de bronce, 

(1) Boletín, tomo xxix, páginas 135 y 437. 



DOS BRONCES IPTUCITANOS. '285 

notabilísimos, bajo las raíces de una encina de un metro de diá- 
metro, que al nacer y desarrollarse durante muchos siglos ocultó, 
por largo trecho lodo vestigio de habitación humana. El primer; 
objeto es ,un amuleto, que representa el sol, ó una cabeza irra- 
diada, colgante de un travesano, en cuyo centro descuella un aro. 
De esta clase de amuletos, tal vez alusivos al Marte solar, ó Netón, 
adorado en Guadix, se conocen muchos ejemplares, descubiertos 
en la región meridional de la Bélica, y representados al vivo, 
tales como pendían del hombro izquierdo empai'ejándose con el 
disco lunar, por una estatua de sacerdotisa, procedente de las rui- 
nas del cerro de los Santos, cerca de Yocla (1). El otro objeto de 
bronce, que se vino á las manos del Sr. Mancheño debajo de las 
raices, ya menos profundas de la referida encina, es un anillo, 
cuyo diámetro interior de 25 mm. corresponde indudablemente 
á un hombre mayor de edad. El grueso del aro es de 0,00-25 m. 
por término medio. El cerco va ensanchándose por su parle su- 
perior, formando un resalte cuadrado; sobre éste hay un botón 
circular, alto 0,003 m., con diámetro de 0,009. En la parte más 
ancha del ;iro, en ambos lados, hay grabada una cruz ¡atina, re- 
matándose el palo de ella en semicírculos opuestos. La inscrip- 
ción del sello tiene el carácter p;ileográfico del siglo iv ó v. En 
ella se ven con toda claridad dos letras grandes, separadas por un 
asterisco: 

A * K 

Mirada la impronta en lacre, que he i-ecibido del Sr. Mancheño, 
al través de un fuerte vidi-io de aumento, observamos que debajo 
de la primera letra (A sin travesano) resallan otras dos de breve 
tamaño, EL, produciendo con la primera los pi-imeros elementos 
del nombre del poseedor Ael(ii). La K ostenta dos ligaturas en 
los ángulos inferior y lateral; en éste de R, y en aquél de A. El 
orden de colocación y consiguiente lectui-a importa Kra(teri). 
Este cognombre, sacado del griego -/.oaTsoo; (poderoso, esforzado), 



(1) Discursos leídos ante la Academia de la Historia en la fecipcioi) pi'tülica del setior 
D. Juan de Dios de la liada y Delgado, pág:. IGl, y lámina v. níim. 1. Madrid, 1875. 



28(5 HOI.KTÍN ItK I, A IIKAÍ. A<:AI)I;MIA DK i, a HIS'IOHIA. 

iipai'ece fsn el ara votiva (131) que Sexto Cocceyo Grálero dejó J 

ronsnf>;ra(ia cu Villavirosa al dios iiiíJípeiia ó piíiiiro- lusitano 
Knd o vélico. 

La cruz, dos veces í,M-al)ada sobi-u el cercf» del anillo, sobrado 
indica que (d poscíMlor. lOlio Crálero, debía sei- cristiano. Esta í'e 
ndigiosa parece indicarse lau)bit''u por el astro que oc\ipa el cen- 
tro del sello. En el último capitulo del Apocalipsis, Cristo dice 
de sí (1): «Yo soy el alfa y el omega, raíz y vásta^^o de David^ 
brillante esii-ella de la mañana.» 

Con la inscripción presento se enlaza la de la piadosa Elia, 
bailada no lejos del cerro de llorlales en el despoblada) de Carija, 
término de la villa de Hornos. Este epígrafe ( 625.'^ li corre con 
letras de relieve en los ctiatro cantos de grandes ladrillos, cuya 1 
faz adornan elegantes labores y el crismón coustantiuiano. Com- 
pónese de un terceto, tal vez estrofa de un himno, (jue se cantó 
al dedicarse la basílica ü otro edificio sagrado, para cuya cons- ' 
(rucción los ladrillos se hicieron: 

Adia Elina 
(htm filia guudet 
Suhu[leJ salfva]. (2) 

El ritmo adónico, imitación del empleado por Séneca en sus tra- 
gedias, requiere que el cognombre Elina tenga larga la i; y como I 
por otro lado carece de señal de aspiración , naturalmente se de- 
i'ivó del ático D.e-.vtí, que significa la piadosa ó misericordiosa. 

Madrid, \'i de Febrero de ls97. 

Fidel Fita. 



{]) Versos 13 y l(i. 

(•2) Súbitle , como lo lia notado Hübner, esti en lugar de sóboh (prole), indicando 
un vicio antiquísimo de pronunciación , que persiste en catalán Viable y gallego, y 
subsiste en el fondo de nuestro idioma. Lo demuestran vocablos innumerables que 
reemplazHn por ne la o radical, y no pocos que limitan el trueque á la v sencilla: 
fntduciar, antniido, brvjida, buscar, bntifarra, cuajo, ruchara , culebra , cumplir ^ dnroz- 
íío, esdrújulo, jv.Q I ar , b/gar, tiiuñidor, nudo, octubre , orgullo, ■(ivlir, pulpo, pulgar, rvm- 
ho, sultán, tarántula, ti'nor, 7'rca, zumo. 



NOTICIAS. 



Ha sido repartido el Anuario correspondienle á este curso aca- 
démico, comprendiendo las modificaciones que en otro número 
hemos anunciado acerca de las Comisiones que entienden en di- 
ferentes estudios y trabajos, por el tenor siguiente: 

Comisión de Indias: Sres. Gayangos, Cuello, Fabié, Fernández 
Duro, Vidaii, Asensio. — De España Sagrada: Sres. Fila, Menén- 
dez Pelayo, RoiJinguez Vil!;). — De Cortes y Fueros: Sres. Gayan- 
gos, Madrazo, Balaguer, Fila, Oliver, Danvila, Sánchez Mognel. 
— De Antigüedades: Sres. \J;i(li'azo, Saavedra, Riaño, Coello, 
Rada, Fita. — Organizadora de las Comisioties provinciales de 
monumentos: Sres. Madrazo, Saavedra, Riaño, Esperauzí. — De 
¡Recompensas: Sres. Saavedra, Cárdenas, Rada. — Del Memorial 
liistórico: Sres. Fila, Menéndez Pelayo, Danvila, Sánchez Mo- 
guel. — De Memorias de la Academia: Sres. Saavedra, Fernández 
y González, Fernández Duro. — Del Manual de Arqueología: Se- 
ñores Madrazo, Riaño, Rada, F'ita, Gai-cía (D. Juan Catalina). — 
De las Décadas de Alonso de Palencia: Sr. Fabié. — Del Boi.ktín 
de la Academia: Sres. Rada, Fila, Rodríguez Villa. — Del Diccio- 
nario biográfico: Si-es. Gayangos, Saavedra, Codera, Fila, Fer- 
nández Duro. — De Propaganda de las obras de la Academia: 
Sres. Rada, Balaguer, Fita, Menéndez Pelayo, Sánchez Moguel. 
— De Hacienda: Sres. Cánovas del Castillo, Madi-íizo, Fermíndez 
y González, Oliver, Fernández Duro. 



288 h()i,i;tin iiK i. a hi:.\i, acadiomia ui; i, a misiop.ia. 

La Aciidoinia csciirlió con soiiIíidíoiiIo la iiolifia de fiahcr falle- 
cido sus (lo( los coi'i-csftoridiciiles, oii San Sehaslián. I). Carlos dt- 
lliiaitt! y I). Anlítiiio [Jim nal do Ü'Heilly; así r.onjo en Alcalá de 
llenaros el do D. Mif,Miel Volasco y Sanios, Presidenle de la Snb- 
coinisión de aijuella ciudad y Jefe del Archivo general central. 



Se recibió con aprecio el donalivo de D. iMariano Pardo do 
Figuei'oa, consistente en tres voliunones mannsci-ilos: 1.°, Testa- 
mento y fundación de mayorazgo de D. FrancUco Gómez ile In 
Vega, marqués de 1 1er mida , Jecho en 31 de Enero de IT-iS: 
2.°, Códice en vitela, con ilnminaciones de una ejecutoria de hi- 
dalguía á pedimou(o de Diego Manso de Andrada, vecino de la 
ciudad del Puerto de Santa Maiía; y 3.°, de un Manual de las. 
etiquetas de la Casa lieal revalidadas el año 1607. 



Por conduelo del Sr. Ministro de Estado ha venido en donativo 
para nuestra Biblioteca un ejemplai' de la i-cproducción foto-típica 
del códice mexicano Los libros del Anahuac, publicado en Roma 
á expensas del Duque de Loubat. Este códice faiiiosísiuio se cus- 
todia desde mediados del siglo xvi en la Biblioteca Vaticana, 
rotulado con el núm. 3.773. La presente edición se ha hecho bajo 
]a dirección de D. Francisco del Paso y Troncoso, que representó 
al Gobierno mexicano en la Exposición europea y americana, 
que tuvo lugar en Madrid con motivo del cuarto centenario del 
descubrimiento del Nuevo Mundo por Cristóbal Colón, y deja 
muy atrás por su limpieza y corrección el traslado que Lord 
Kingsborough insertó en sus Antiquities of México. 



El último número de las Actas del Instituto de Coimbra repro- 
duce textualmente el discurso crítico-histórico que pronunció el 
St. Sánchez Moguel en elogio de Alejandro Herculano eu la 
Junta pública que á 3! de Mayo de 1896 celebró nuestra Aca- 
demia. 

F. F.— A. R. Y. 



BOLETÍN 



DE LA 



REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA, 



TOMO XXX. Abril, 1897. CUADERNO IV. 



INFORMES. 



D. ANTONIO BERNAL DE O'REILLY. 

Eli la sesión del anterior viernes el Sr. Pirala dio á la Acade- 
mia noticia del fallecimiento de nuestro digno Correspondiente 
ü. Garlos de Uriarte, Director de los institutos de San Sebastián 
y Vergara , tan apreciado en aquel país por sus condiciones de 
carácter como por los extensos y variados conocimientos científi- 
cos que poseía. 

La Academia puso con lal motivo de manifiesto el aprecio que 
siempre le había merecido colaborador tan celoso y entendido en 
los trabajos de la Comisión de Monumentos de aquella provincia, 
disponiendo se hiciera en su Boletín mención especial del senti- 
miento que en todos sus individuos de número había tal desgra- 
cia producido. 

Hoy traigo yo la triste misión de anunciar una nueva pérdida 
en aquella misma Comisión, la de otro de sus más estimables 
miembros, persona que á esa cualidad y á la de historiador con- 
cienzudo y hábil, reunía la circunstancia de haber prestado ser- 
vicios, á veces eminentes, á la patria en la carrera consular á que 
había pertenecido muchos años. 

El Excmo. Sr. D. Antonio Bernal de O'Reilly, que es el á quien 

TOMO XXX. 19 



290 boletín de la HKAL Ai;At>KMlA de la HISIORIA. 

me refiero, fallecido en San Sebastián el 19 del actual mes, era. 
con efecto, hombre que asi como cultivaba con éxito las letras y 
las arles, oficio lan útil en una Coníisión de Monumentos, habí 
en destinos del Estado puesto en acción sus notables facultad» - 
de carácter, celo y talentos, y eso con peligro, en algún caso, li 
su vida por lo delicado y espinoso de las comisiones que se !• 
confiaran. 

Los veteranos de esta Academia y aquellos de fuera de ella en 
cuya memoria no ha hecho mella todavía la edad, !e recuerdan 
de cuando en los salones de Madrid, en la sociedad de los litera- 
tos españoles de más renombre y hasta en los círculos políticos, 
era O'Reilly conocido por sus elegantes maneras, sus aficiones 
artísticas y agudos y oportunos conceptos; y ayer mismo, anciano 
y todo, achacoso y casi ciego, era todavía solicitada su sociedad 
por ese trato galante, ameno y franco qu8 tantas simpatías 1*^ 
había atraído en su juventud. Los de ahora no han podido cono- 
cerle bien; pero ahí están sus obras literarias y sus servicios al 
país que harán bueno y esúraable su recuerdo en los presentes y 
venideros, como lo es en los pocos que quedan de sus contempo- 
ráneos. 

En funciones consulares ya desde Febrero de J844, y desempe- 
ñándolas en varios puertos de Francia, en Burdeos, en Xantes y 
el Havre, demostró desde sus primeros pasos en carrera tan dada 
á conflictos, la actividad y energía, el talento y el tacto que exi- 
gen lan delicados cargos. Su acierto le habría luego de llevar á 
Oriente, donde el servicio consular se extiende al de misiones de- 
índole especial, mucho más complexa, pues que se rozan sus 
asuntos con los de la política en su gestión más elevada por las 
competencias que se suscitan, ¡os rozamientos que se producen y 
las luchas á que alguna Vez dan origen la diferencia de dogmas^ 
la diversidad de nacionalidades y la contraposición de iutereses 
entre los que allí se disputan la superioridad de sus creencias. 
En el consulado que ejerció en Siria y Palestina durante tres 
años consecutivos, tuvo ocasión de estudiar la Tierra Santa, cuya 
descripción habría de ser tema de varias de sus interesantes pro- 
duccioues literarias, y las leyes también y costumbres por que se 
gobiernan las relaciones internacionales propias de situación taa 



D. ANTONIO BERNAL DE O'kEILLY. 291 

anormal como la existente en los lugares y sitios en que se rea- 
lizó la redención del género humano. 

«Tierra Santa» se titula la última producción del Sr. Bernal de 
O'Reilly, sometida hoy al juicio de esta Academia, que es de su- 
poner le será favorable, conocido, como es, el que obtuvieron de 
la opinión el libro que publicó en 1886 con el titulo de «Leyenda 
del Cristianismo», y el que dos años después vio la luz en la Bi- 
blioteca Enciclopédica Popular Ilustrada con el de «En el Líbano». 
Todos se refieren á la descripción geográfica de la antigua tierra 
de Promisión y á su historia desde las edades bíblicas hasta la pre- 
sen le, en que acontecimientos de no poca importancia la han per- 
turbado con luchas sangrientas entre las razas, tan distintas en 
nacionalidad, religión y costumbres, que la pueblan ó dominan. 
Y no son libros dedic;idos más que nada al reci'eo de sus lectores, 
como el viaje de Lamartine, por ejemplo, y otros varios, llenos de 
fábulas ó buscando, con la popularidad , la satisfacción del amor 
propio de sus autores, sino trabajos formales en que resplandece 
la verdad, instructivos, por ende, y hasta con ñnes de edificación 
para con los que, sobre todo, quieren inspirarse en los sucesos 
que se narran y en el conocimiento exacto de los lugares de que 
fueron teatro. 

No faltará quien pretenda considerar esos libros como ajenos 
á la historia de España; pero si quisiera demostrarlo, seríale ne- 
cesario probar también que no deben aparecer en nuestras cróni- 
cas la cooperación de los españoles en las jornadas de Ganas y el 
Metauro, las de los catalanes y aragoneses en el Asia menor ó las 
de los navarros en Atenas. Porque nuestras misiones en Palesti- 
na, la ocupación de tantos y tantos lugares y el servicio religioso 
de los sacerdotes españoles, como el patronato del gobierno espa- 
ñol en ellos, constituye esos sitios así como en parte del territorio 
patrio, independiente en cuanto á su conservación para el Cato- 
licismo, del que es genuino representante el soberano que lleva 
con justos títulos el gloriosísimo de Católico. 

El Sr. Bernal de O'Reilly es además autor de otro trabajo que, 
aun cuando con distinto carácter, es también eminentemente his- 
tórico. Me i-efiero al publicado en 1872 con el título de «Bizarría 
Guipuzcoana y Sitio de Fuenterrabía». Con ser clásicos, puede 



'2'.)'2 IIOI.K ri.N Olí I, A KKAI, ACAUKMIA DE I.A HISTOltlA. 

decii'se, los l.iii conocidos di-I I'. Moid y dcd Oljispo I^ilal'ox, y 
los de laníos olios, así españoles también como exlranjeios, ins- 
pirados por hazaña t;%n extraordinaiia y gloriosa como la de 
aíjuelia Muy Noble, Muy Leal, Muy Valerosa y Muy Siempre 
Fiel Ciudad, ninguno, en nuestro concepto, ofrece los caracteres 
de autenticidad en sus descripciones y asertos, ninguno los deta- 
lles episódicos que el del Si'. O'Reilly. Para escribirlo, se había 
trasladado á la ciud.id heroica, en cuyos archivos, el municipal 
y el eclesi;ístico , pudo recoger datos (]ue ilustrarían su oljra con 
la tradición, también, más difundida y autorizada en atjuel pue- 
blo, orgulloso, sobre todo, de una defensa que no han logivido 
deslucir tantas otras anteriores y posioriores de un país, como 
España, que cuenta entre las suyas las más brillantes y ruidosas 
del mundo antiguo y moderno. Nada, así, quedó en la sombra 
para el Sr. O'Reilly, quien nos ha dado de ese modo la relación 
más circunstanciada y exacta de la gloriosa campaña de 1638, eu 
que el ejéicifo francés del padre del Gran Conde, fué rechazado 
en los varios asaltos que intentó á Fuenterrabía, y al lin vencido 
y deshecho en la batalla del 7 de Septiembre. Si no tan elegante 
en sus formas literarias como los escritos del sabio jesuíta y del 
prelado que acabamos de citar, el de O'Reilly reúne á las condi- 
ciones de'un estilo sencillo y claro, las de una exactitud escrupu- 
losa en la historia de aquel suceso, por tantos títulos admirable. 

En cuanto á los servicios prestados por el Sr. Bernal de O'Rei- 
lly en su carrera, podría yo recordar muchos y sobradamente 
meritorios. La brevedad, sin embargo, que impone esta clase de 
escritos en ocasión como la presente, me hace evocar tan sólo la 
memoria de uno de esos servicios, por relacionarse con episodios 
de la última guerra civil, tan notables que ninguno de nosotros 
los habrá puesto en olvido. 

Al acometer el General Martínez Campos la arriesgadísima 
empresa de trasladar la guerra al valle del Baztán ocupado por 
los carlistas, se encontró, una vez realizada con fortuna en verdad 
sorprendente, á la vista de fuerzas enemigas numerosas rodeando 
su campo y sin bastantes municiones, él, de boca y guerra con 
que rechazarlas y vencerlas. Sin comunicación, además, con su 
base de operaciones de la alta Navarra ni con el cuerpo de ejército 



D. ANTONIO BERNAL DE O'rEILLY. 293 

con que corría A acudirle luiesLro inolvidable soberano D. Alfon- 
so XII, hubo de establecerla con Francia ocupando el puerto de 
Maya y el tan conocido puente de Dancharinea, fronterizo de 
aquella república. Afortunadamente para el bravo General, se 
hallaba en Bayona D. Antonio Bernal de O'Reilly ejerciendo las 
funciones de Cónsul de España, quien, avisado de la situación de 
nuestro ejército, no cesó ni un momento en la salvadoia tarea de 
reunir cuantos elementos pudiera aquel necesitar para proseguir 
la campaña, conduciéndolos inmediatamente por aquel mismo 
camino al campo liberal. Y no satisfecho aún con servicio que la 
prensa periódica ensalzó hasta las nubes, se incorporó al ejército 
tomando en seguida parte en las gloriosas jornadas de Vera y 
Peñaplata. 

No hay sino recordar las cruces y placas que adornaban su 
pecho para que se comprenda el número de los servicios que, lo 
mismo á su patria que á distintos otros países é instituciones, 
prestara nuestro eximio correspondiente, para apreciar su mérito 
y la justicia con que ahora me atrevo á recomendai'lo á la Aca- 
demia. Tenía la Gran Cruz de Isabel la Católica y la blanca del 
Mérito militar; la de Comendador de número de Carlos III, la de 
3.* clase del Mérito naval, placa de 1." clase de Beneficencia, 
Medalla de Alfonso XII, con pasadores de Vera y Peña Plata, las 
de Comendador de la Legión de Honor de Francia, de 1.* clase de 
Francisco I, de las Dos Sicilias, de las Ordenes pontificias de San 
Gregorio el Magno y San Silvestre, y por fin, la de Comendador 
del Santo Sepulcro de Jerusalem. Las de mayor consideración, 
las condecoraciones de rango superior son las españolas, conferi- 
das naturalmente por servicios que, si se ha de calcular por los 
prestados en 1876, representan esfuerzos personales honrosos y 
útiles, dignos, por consiguiente, de recompensas tan altas como 
las que recibió el Sr. O'Reilly en aquella feliz ocasión que no me 
cansaré de recordar por sus resultados, la pacificación del país 
vasco-navarro y pocos días después la de toda la Península. 

En Marzo de 1881 es cuando se retiró á San Sebastián, donde 
ha disfrutado hasta el día de su fallecimiento de las consideracio- 
nes y el afecto de cuantos, conociendo sus relevantes servicios^ 
llegaron pronto á comprender cuál era el mérito del Sr. O'Reilly 



2^\ HOI.KTÍM l)K NA HKAI. ACÁ llUMI A l>K I.A HISTUHlA. 

poi' MU líalo, qiK; taiilas .simpalías le lialu'a atraído sieiiii)re, y por 
los IVulos (le su iiitelifíL'iicia y su laboriosidad iucausahle. Molido 
cu su (ísludio y lodoado de Ids olijeUjS d(! arle, así antiguos couio 
nioihiruos, (jue countiluían su casa eu uu museo si no ahuudaule, 
selecto, y de (irccio, se dedic6 á liausuiiliruos las impresioues de 
sus viajes por Kurí)[)a, el l'^j^Mplo y Siiia, cou^i^iüidas luego eu 
los libros de (jue hemos dado cueula, sin abaiidíuiar, por eso, 
trabajos profesionales que, como el que publicó eu 1883, Elemen- 
tos para el ejercicio de la carrera consular, han servido y sei vi- 
ran de enseñanza y guía á cuantos tengan que acudir á su con- 
sulta cu asuntos que lauto aleclau al comercio y á la política que 
hayan de ejercilar nuestros agenles en el extranjero. 

Quedábale al Sr. O'Reilly algo de aquella arrogancia caballeresca 
de la juventud, fomentada por su intimidad con los más autorizados 
representantes de la escuela ro.máutica en Madrid, los Saavedras, 
Esproncedas, Larras, Madrazos, Escosaras y tantos otros que 
desde el cafetillo del teatro del Príncipe disponían de la reputación 
y aún de la suerte de los que ensayaban ó ejercitaban sus fuerzas 
en aquel género dramático, entre los que sobresalió por sus ini- 
mitables poesías D. José Zorrilla, unido á O'iíeilly con lazos 
bien cstiechos de parentesco. Los años, sin embaigo, y la larga 
é instructiva experiencia de una can-era y oficios que tanto seso 
y formalidad exigen y que tanto crédito le habían proporcionado 
y llevádole á estudios de historia y artes, modificaron en no poco 
su ya antiguo carácter, haciéndole, no sólo simpático sino que alra- 
yenle y respetado en la ciudad que, no sin razón, eligió para 
residencia en sus últimos años. 

Yo le profesaba una particular estimación, y no extrañará la 
Academia que, apoyándome en tantos y tan justos motivos como 
acabo de expresar, la dirija un ruego que la sabré agradecer, el 
de que haga insertar en su Boletín, si la aprueba, esta sumaria 
y modestísima reseña de los méritos de su digno corespondiente 
el Exorno. Sr. D. Antonio Bernal de O'Reilly, funcionario del Es- 
lado, repito, tan celoso como erudito y concienzudo historiador. 

Madrid, 20 de Febrero de \89~,. 

José Gómez dic Arteohk. 



GLORIAS DE LA CABALLERÍA ESPAÑOLA. 29S , 

II. 

GLORIAS DE LA CABALLERÍA ESPAÑOLA. 

La Dirección general de Instrucción pública ha remitido á in- 
forme de esta Academia el libro que, con el título de Glorias de 
la Caballería española, ha publicado recientemente el capitán de 
infantería D. .\ntonio Gil Alvaro. Acompaña al libro una instan- 
cia de su autor solicitando que, con arreglo al Real decreto de 29 
de Agosto del año próximo pasado, se disponga la adquisición de 
los ejemplares que se estimen necesarios con destino á las Biblio- 
tecas públicas, previo informe de nuestro cuerpo literario, según 
previene aquella soberana disposición. 

Sabe la Academia que he protestado varias veces de que se nos 
encomienden el examen y juicio de obras que traten de Historia 
militar, por haber en el Ministerio de la Guerra tribunal y jue- 
ces competentísimos que puedan dar cuenta y opinión sobre el 
mérito de ellas, y recomendarlas según ese mismo mérito y el 
destino que deban recibir para la instrucción del ejército. Ese : 
tribunal existe desde la creación de la Junta Consultiva de Gue-, 
rra; uno de cuyos más importantes oficios, una de sus más útiles 
funciones, es el aconsejar á la superioridad sobre asuntos de esa 
índole. Si entre los estudios de los oficiales del ejército, ocupa un 
lugar preferente el de la historia, el arte y ciencias militares, 
¿cómo no ha de tener aquél en su seno tribunal que examine y 
juzgue, y yo creo que en última instancia, los trabajos literarios 
que todas sus clases produzcan con el fin de procurar la enseñan- 
za entre sus compañeros de armas y darse así también á conocer 
mejor de ellos? 

Eso, afortunadamente, ha sucedido ahora con el libro del señor 
Gil Alvaro, recomendado por la Junta Consultiva de Guerra, tan ' 
eficazmente, que se ha concedido á su autor la cruz del Mérito 
Militar, pensionada con el 10 por 100 del sueldo de su actual 
empleo. El Sr. Gil Alvaro ha creído, sin embargo, que el conoci- 
miento de su libro puede ser, así lo dice en su instancia, de ulili- 



29f) HOI.KTÍN l)K I.A HKAh ACADKMIA I)K LA HISTOHIA. 

dad á todas las clases sociales, y lo ha piesentado en el Miiiisleiifí 
de Foniciilo (jiie lo remite á la Academia, según eslá prevenida- 
en el citado Hoal decreto de 29 de Agosto del año de 1895. En 
(•iiiiipiiiniíüilo, pues, rio eso mandato y del de nuestro ilustre 
Dirertoi-, voy á entrar en el examen del trabajo del capitán señor 
Gil Alvaro, dando luo^^o mi opinión sobre su mérito y sobre las 
condiciones también, que puedan avalorarlo para su difusión por 
todas las clases, asi civiles como militares, de nuestra [)alria. 

No necesito hacer el análisis cualitativo de las pai-ies (jue com- 
ponen el libro del Sr. Gil Alvaro, su brevísimo Preliminar, que 
llena 6 páginas, la Ojeada general, ligerísima también, de otras 9, 
y la que pudiera llamarse crónica de los regimientos hoy exis- 
tentes en España y sus provincias de Ultramar. Ese análisis lo- 
ba hecho en su informe la Junta Consultiva de Guerra y basta 
para dar á conocer la composición de tal trabajo. Tampoco, y por- 
igual razón, disentiré el orden seguido en esa última parle de la 
obra que estoy examinando, el de exponer primero el origen y 
nombre de los Cuerpos; seguidamente, su escudo de armas, y, 
por fin, las guerras en que han lomado parte y los principales 
hechos que han podido ejecutar; bástala relación de los jefes que- 
los han mandado. Dado el objeto que se ha propuesto el autor^ 
los elogios que le dirige la Junta y la recompensa que le ha otor- 
gado el Ministerio de la Guerra aparecen justificados lo suficien- 
te para no desaprobar esos modos de exponer tal tema, por grande- 
que pueda considerarse el histórico de un arma que, por su mi- 
sión y los elementos con que cuenta, ocupa lugar tan importante- 
en la organización de las fuerzas militares de todos los países. 

Ese objeto lo revela así el autor del libro en su discurso preli- 
minar. «Para concluir, dice: Mi entusiasmo al historiar breve- 
mente en 1893 las Glorias de la infantería; libro que he de am- 
pliar tan notablemente, en plazo no lejano, que puede decirse- 
constituirá uno nuevo; el que me ha guiado narrando las de la 
Caballería en el presente caso y mi propósito de trabajar, si las 
circunstancias me lo permiten, por recordar las de la Artillería é- 
Ingenieros, tiene por meta la vulgarización de tan pali-ióticos es- 
tudios entre la clase militar y auu entre la juventud docente de 
Ja nación, si tan pobres libros tuvieran la fortuna de correr entr© 



GLORIAS DE LA CABALLERÍA ESPAÑOLA. 297 

•SUS manos y pudieran prepararles para el iuslante en que la 
patria tuviera necesidad de su concurso, si bien reconozco aporto 
un pequeño grano de arena á empresa tan ardua como es nuestra 
moderna regeneración.» 

Ofrece ese propósito un obstáculo muy difícilmente superable 
cuando se le encuentra cerca del historiador, sobre todo si este 
es militar, el de la cita y calificación de tanto general y jefe 
como figuran en los hechos recientes de nuestro ejército. Por 
más que los recordados en el libro, en cuyo estudio nos estamos 
ocupando, sean gloriosos, que por eso se ha escrito, y honren y 
recomienden á esos generales y jefes que los ejecutaron, es por 
demás enojosa la tarea de traerlos á un escenario, visado, pudié- 
ramos decir, por las pasiones que más se agitan en el corazón 
humano y más se mueven para aquilatar, pocas veces benévola- 
mente^ el mérito de los que lo ocupan. El Sr. Gil Alvaro, con su 
experiencia de la vida y el estudio que lleva hecho de la historia 
de todos tiempos, puede conocer la extensión de ese peligro; y 
por más que, al parecer, haya podido salvarlo hasta ahora, no 
debe olvidar que la Historia tiene su perspectiva cual los monu- 
mentos que deben contemplarse desde distancias proporcionadas, 
y como un edificio cualquiera que mal puede dibujarse desde su 
pórtico. Para hacer observar las dificultades que habrá tenido que 
vencer el autor de este libro, basta decir que desde S. M. el Rey, 
á quien lo dedica, y la Reina Regente, el Presidente del Consejo 
de Ministros, el Ministro de la Guerra y muchos generales que 
hoy viven y ejercen influencia no escasa en la gestión política y 
militar de nuestro país, aparecen con unos motivos ú otros, todos, 
por supuesto, honrosos, en ese ijue he llamado escenario y lo es 
de los mil actos de valor, de pericia y habilidad que constituyen 
la historia militar de nuestro tiempo. 

Cuantos elogios se hagan de las excelencias con que se ha 
ilustrado la caballería española, resultarán fríos para quienes 
hayan estudiado con algún detenimiento su brillante historia. 
No se remonta el Sr. Gil Alvaro á la más remota de nuestra 
patria, en la que hallaría un signo de la afición de los españoles 
al ejercicio de la equitación y al uso del caballo para la guerra 
en el sinnúmero de monedas anteriores y posteriores á la domi- 



'2!)K UÍJLKTIN DE LA HKAL ACADEMIA UB LA HISTOMIA. 

nación lonuina. Tampoco se (J<;lieiie á recordar los seivicios pres- 
tados por aquella lamosa caballería de las Ordenes mililai-es en 
su época mils tlorecienlt;, la de la Reconquista cristiana, desde 
los tiempos de sus respectivas creaciones hasta la guerra y ex- 
pugnación de Granada en que tomaron parle tan gloriosa. 

El Sr. Gil Alvaro parece habei'se propuesto tan sólo llamar la 
atención de la juventud actual sobre lo que de más cerca hiere 
su visla y puede berir su imaginación, el espectáculo de los i-e- 
gimientos que contempla en las revistas y formaciones y cuyos 
nuilormes admira como las hazañas (jue revelan los estandartes 
que los guían, más brillantes por sus girones que por las corba- 
tas que los oidan. Así lo pone de manifiesto en la dedicatoria de 
su libro ií nuesti'o augusto soberano. «En la idea, dice, de que es 
labor altamente beneficiosa á los intereses de la patria, pi-esentar 
á la juventud de las tropas el cuadro de nuestras glorias milita- 
res, porque los ejemplos de heroismo, intrepidez y abnegación 
avivan el entusiasmo y ibrtalecen las energías nativas; he bos- 
quejado las épicas tradiciones de la esforzada Caballería española 
formando un libro que sea como catecismo, donde aprendan 
nuestros soldados á cuánto les obliga el glorioso pasado de su 
regimiento y el prestigio de su arma.» 

Si se atiende al informe de la Junta Consultiva de Guerra, el 
Sr. Gil Alvaro ha realizado los propósitos quo le llevaron á la 
composición de su libro, dejando atendidas, en lo posible, las 
condiciones que se había impuesto, principalmente «la de que 
las gloriosas tradiciones de la Caballería española, dice la Junta 
en su infüi'me, figurase cu un libro (jue coi riera fácilmente de 
mano en mano, mostrando á nuestros jinetes á cuánto están obli- 
gados por su ilustre abolengo.» 

El libro, con efecto, constituye un volumen de 325 páginas en 
8." mayor, de las que las "27 últimas contienen uno que el autor 
llama Cuadro de Honor, con la lista de los «jefes, ofl(;iales é in- 
dividuos de tropa que han muerto gloriosamente en el campo de 
batalla ó á consecuencia de beridas i-ecibidas, y que se citan en 
esta obra»; otro cuadro que designa los nombres de los genera- 
les, jefes y oficiales, citados también en el libro y que viven to- 
davía, y la relación, por ñn, de los que se han subscrito á él. 



GLORIAS DE LA CABALLERÍA ESPAÑOLA. 299 

Restando del lotal esas páginas y las 32 que comprenden la dedi- 
catoria, el Preliminar y la Ojeada general, quedan 266 para el 
cuerpo de la obra; esto es, para la historia de los 34 regimientos ó 
escuadrones con que cuenta el arma de Caballería en España, 

Ese reducidísimo espacio no es capaz de comprender una na- 
rración medianamente extensa para que pueda lomar el carácter 
histórico, que merece la de un instituto militar de la importancia 
del que se trata. Esn, sin embai'go, ha sido la intención, según 
Sü ha visto, del Sr. Gil Alvaro, y si la han respetado y hasta 
aplaudido la Junta Consultiva y su jefe el Ministro de la Guerra, 
uo es el que suscribe este informe quien se constituya en críti- 
co y censor de tales autoridades. Pero es lo cierto el que, tratán- 
dose de histoi'ia tan rica en hechos gloriosísimos y de cuyo re- 
cuerdo puede sacarse tanta lección para lo presente y para lo por- 
venir, explicándolo y comentándolo detenida y acertadamente, es 
lástima que se recurra, p;ira conseguir ese fruto, ácompendio tan 
breve, á un verdadero epítome como el del Sr. Gil Alvaro. 

Por lo demás, nuestro autor ha realizado el pensamiento que 
informa su trabajo, dentro de lo posible, como se dice en el acuer- 
do de la Junta Consultiva de Guerra; y aunque, no sin errores, 
debidos en parle á las obras de consulta que habrá tenido á mano 
ó á los datos facilitados por los cuerpos, adoleciendo de pasión y 
pecando uo pocas veces de la inclinación, verdaderamente mili- 
tar, á la leyenda, ha logrado, según acaba de maniiestarse, cum- 
plir con lo que siempre desde años hace ha tenido por un deber 
en el oficio de las armas, científico á la par que práctico. Bien 
merece el premio que le ha sido otorgado quien, sin dejar incum- 
plidas sus diarias obligaciones, emplea el tiempo que éstas le 
dejan libre en el estudio y en aprovecharlo para la instrucción de 
los demás, elevando su espíritu y preparándolo á seguir los 
nubles ejemplos que evoca. 

Ahora bien; esa instrucción no debe ser exclusiva de las clases 
militares; debe extenderse á todas las del Estado. So va poniendo 
de manifiesto en la mayor parte de las grandes naciones, una 
tendencia, cada día más determinada, á su armamento general, 
á la constitución militar á que se da generalmente el nombre de 
la nación armada. Y como, por ese mismo motivo, los ejércitos, 



300 HOI.KTÍN l)K LA HKAI. ACAHKMIA I)K LA HISTOHIA. 

que por lo nunierosos que se h.icoii, son más difíciles de mane- 
jar, faltos de la cohesión y el espirita que tanto avaloraba los 
pequeños de antes, hay una verdadera necesidad de que las 
masas populares y más todavía las clases superioi-es, adquieran 
en la juventud la fuerza moral que sólo podrán obtener con una 
instrucción adecuada al ejercicio á que las llama la ley, cada día 
también más y más restrictiva en las exenciones para eludirlo. 

Estas consideraciunes, en concordancia con las expuestas por 
el Si'. Gil Alvaro en su libro y en la solicitud con que lo ha re- 
mitido al Ministerio de Fomenlo, aconsejan al que suscribe á re- 
comendar un ti-abajo, digno, por otro lado, de apoyo por el entu- 
siasmo militar que revela y el estímulo que merece para fomen- 
tar el estudio en todas nuestras clases sociales, preparándolas á 
llenar debidamente su misión al ser llamadas ;í la defensa de la 
patria. 

Creo, pues, que podría la Academia informar favorablemente 
la pretensión del capitán Sr. Gil Alvaro, según lo considere en 
su superior criterio y siempre justa, aceitada y reconocida com- 
petencia (1). 

Madrid, 11 de Diciembre de 1896. 

José Gómez de Arteche. 



III. 



ANTIGÜEDADES DE VALENCIA. 

Honrado nuevamente por la Academia con el encargo de infor- 
mar acerca de la obra Antigüedades de Valencia , remitida á este 
Cuerpo literario por la Dirección general de Instrucción pública 

(1) La Academia, completamente conforme con el juicio del Sr. Gómez de Arte- 
che acerca del mérito de la obra, estimó, sin embargo, que no podía proponer al Mi- 
nisterio de Fomento la adquisición de ejemplares, por oponerse á ello ciertas cláusu- 
las del Real decreto de 29 de Agosto de 1895. 



ANTIGÜEDADES DE VALENCIA. 301 

para los efectos del Real decreto de 29 de Agosto de 1895, voy á 
emitir mi modesta opinión, que no será otra, que la síntesis bre- 
vísima de cuanto he tenido la honra de exponer anteriormente, 
al dictaminar acerca del mérito de los trabajos debido al P. Fray 
Josef Teixidor y á su comentarista y anotador el ilustrado Canó- 
nigo de Valencia y correspondiente nuestro, el Dr. D. Roque 
Chabás. 

Tr¿ítase de la primera publicación llevada acabo por el Archivo 
valentino, reducida sociedad informada en el propósito de dar á 
la estampa una biblioteca titulada Monumentos históricos de Va- 
lencia y su reino. Colección de monografías sobre la historia, 
geografía , cronología, epigrafía y bibliografía de esta región, 
aprovechando como materiales para tan grave y laudable empe- 
ño, no sólo trabajos ya publicados, sino preciosísimos manus- 
critos, completamente inéditos, que para gloria de Valencia y 
complacencia de los amantes de las letras se conservan en los 
plúteos de los archivos públicos ó en poder de bibliógrafos entu- 
siastas de su país natal. En este caso se encuentra la obra titu- 
lada Antigüedades de Valevcia, escrita en 1767 por Fray Josef 
Teixidor, Bibliotecario del Real Convento de Predicadores de la 
misma ciudad; inestimable manuscrito original que posee hoy la 
señora doña Consuelo Alonso de Medina, viuda de D. José Vives 
Ciscar, que fué en vida eruditísimo aficionado á toda clase de 
estudios históricos. 

Consta la obra del laboriosísimo escritor dominico, de cinco 
libros sacados hoy á la luz pública por el Archivo valentino en 
dos voluminosos tomos en 4." que comprenden 470 páginas el 
primero y 508 el segundo, ilustrados con varias fototipias y foto- 
grabados. 

Dos partes muy distintas hay que considerar en esta publica- 
ción , que por su importancia merece ciertamente figurar á la 
cabeza de los Momimentos históricos de Valencia y su reino. La 
primera es obra exclusiva del P. Teixidor, y la segunda que lo 
iguala en mérito y trascendencia histórica, se debe al Sr. Chabás 
con ampliaciones de nuestros compañeros D. Francisco Fernández 
y González y D. Francisco Danvila y Collado, Correspondiente 
en Valencia, que ilustran algún punto curioso relativo á las anti- 



302 IIOI.KTIN DIÍ I. A HKAI. ACADKMIA DK I, A HrH'IOHiA. 

gíu!il;iiles crisliaiio-ino/áiahí's y jiid.'iiras de la r.iuflad del Tiiria. 

Coiisliliiyeii el trabajo del J*. Teixidor, como antes queda 
indicado, cinco libros, y admira el ánimo lo copioso de la mate- 
ria que cada uno comprende. El primero est;í dedicado A esclare- 
cer las cuestiones relativas fi la fundación de la ciudad de Valen- 
cia y A las noticias referentes á sus mui'os, puentes, puertas y 
palacios, y h.ijo este epí^jrafese trata en sus 27 capítulos, no sólo 
de lo (\ue. se lia mencionado, sino de los valladares antiguos del 
Guadalaviar y sus avenidas más memorables, y de los famosos 
pretiles que la encauzan; del palacio del Real y la Alameda; de la 
entrada del ejército cristiano eu Valencia; del Gobierno estable- 
cido por D. Jaime de Aragón^ pesos, medidas y monedas anti- 
guas; de las armas, torres y portales de la ciudad, de las casas y 
oficinas públicas, incluso las lonjas, almodín, mercados y otra 
infinidad de curiosísimas antigüedades do prolija enumeración. 
El libro II comprende en sus nueve capítulos, una noticia íreueral 
de las iglesias parroijuiales de Valencia y un estudio de la Cate- 
dral, tan prolijo, que abraza desde el retablo de plata de la capilla 
mayor hasta las campanas de la torre denominada El Micalet, y 
desde la descripción detalladísima de la custodia del Santísimo 
Sacramento hasta la solemne procesión del Corpus. El libro iii 
está compuesto de otros nueve capítulos en que se estudian deta* 
lladamente antigüedades de las iglesias parroquiales de Valencia. 
El libro IV está consagrado á los conventos de regulares, incluso 
los de monjas y oti-as fundaciones denominadas colegios, casas 
de oración, á todo lo cual dedica nada menos que 27 capítulos. 
Finalmente, el libro v, comprende las investigaciones referentes 
á las casas de Órdenes militares y de estudios y otros estableci- 
mientos piadosos y benéficos que. prestan abundante materia á 
sus 24 capítulos. 

En todos ellos, el P. Teixidor, fiel al propósito enunciado en 
la portada de la obra, donde indica que acón instimmentos autén- 
ticos se destruye lo fabuloso, dejando en su debida estabilidad lo 
bien fundado», va examinando con detenimiento las antigüeda- 
des indicadas y cuanto sobre ellas dijeron los escritores regníco- 
las, compulsando cuidadosamente las citas, desechando las falsas, 
completando y analizando las exactas y aportando por su cuenta 



ANTIGÜEDADES DK VALENCIA. SOíí 

un inmenso tesoro, de datos nuevos, especialmente documenta- 
les, con erudición solidísima y hasta cierto punto asombrosa. 
Pero si admirable es la obra del humilde dominico, autor de 
tantos otros trabajos de índole análoga, no es menos digna de 
alabanza por lo razonada, lo melódica y lo justificada, siendo 
reparable la mesura, templanza, buen estilo, correcta dicción y 
lógica irrebatible con que impugna los errores históricos donde 
quiera que se le presentan, sin detenerse ante venerandas tradi- 
ciones que por su índole piadosa habían merecido siempre el 
mayor respeto. 

Aún sin contar en apoyo de su ilustración y competencia obras 
tan diversas y de la importancia do la Historia del Real Convento 
de Predicadores de Valencia, las Vidas de San Vicente Ferrer y 
Calixto III, las Inscripciones epigráficas de dentro y fuera de 
Valencia, etc., etc., bastaría la producción objeto de este infoi-me, 
para colocar al P. Teixidor A la cabeza de los escritores valencia- 
nos de la pasada centuria, no sólo por la forma literaria desús 
lucubraciones, sino por la bondad de los materiales empleados, 
por lo adelantado de sus ideas críticas, que en algunas ocasiones 
sorprenden en un religioso, y que siempre le dan á conocer como 
un espíritu superior á su tiempo. Y téngase en cuenta, que 
muchos de los asuntos tratados, son, por su propia naturaleza, 
poco á propósito para cautivar el ánimo del lector; pero nuestro 
dominico logra enriquecerlos con tantas y tan curiosas noticias, 
que el menos aficionado á estudios de esta clase^ no puede dejar 
de interesarse saboreando capítulos como los dedicados al robo y 
fin de la Judería de Valencia, la fundación del monasterio de la 
Zaidía^ las Emparedad'is antiguas y otros muchos que pudieran 
citarse. 

No permite la índole de este informe entrai- en mayor análisis 
de las Ayitigüedades de Valencia y de su modestísimo autor, 
cuya intei-esante personalidad aparece estudiada y dibujada de 
mano maestra á la cabeza de la obra, por un escritor contempo- 
ráneo que ha ocultado su nombi-e bajo el seudónimo de L. de 
Onlalvilla. 

En cuanto á la segunda parte de la obra, original del diligen- 
s imo Dr. Ghabás, no es menos digna de loa y aprecio. Demues- 



3ní HOUKTIN l)H I, A HKAI. ACAUKMlA I)K I. A HISTOHIA. 

tra la vasta enidicióii do su aiilor, qna no sólo ha dojado anotado 
[jiolusainonte el texto original, sino lo (jue os aún más notable, 
lo ha enriíjuecido con preciosas adicionos y correcciones y una 
Sección denominada Antigüi^dadeít gráficas Je Valencia, en las 
(jne acompañan al texio interesantísimas ilnslraciones; todo lo 
cual pói- sí sólo formaría un nutridísimo volumen, compren- 
diendo asuntos tan curiosos, como los referentes al estudio de las 
puertas inusnlnianas de Valencia (que demuestra la competencia 
del Sr. Ghabás en el idioma árabe); á la investigación de los auto- 
res de las famosas tablas que constituyen las puertas del retablo 
mayor de la Gatedi-al Valentina; la pul)licación de nuevos dalos 
sigilográíicos; la cuestión sobre la existencia del famoso Registro 
secreto del Consejo general titulado Llibre del Be y del Mal ,- la 
comprobación de la antigüedad en Valencia de la Devoción al 
Sagrado Corazón de Jesús, que expuso tiempo há uno de nuestros 
sabios compañeros (1); el debatido matrimonio de D. Jaime el 
Conquistador con doña Teresa Gil de Vidaure, y tantos y tantos 
otros sobre reliquias de la Seo, su altar de plata y renombrado 
frontal de La Pasión; imagen de Nuestra Señora de los Des- 
amparados; leyenda del Cristo del Salvador; pretendido sepulcro 
de San Vicente mártir; trofeos de la conquista; planos antiguos 
de la ciudad, é inscripción arábiga del Santo Sepulcro de San 
Bartolomé, etc., etc. 

Tal es á grandes rasgos, la obra del P. Teixidor y su comple- 
mento por el Dr. D. Roque Chabás, que á más de dar á conocer 
la ilustre personalidad del eximio crítico de la orden de Santo 
Domingo, hasta hoy casi olvidada, demuestra la ciencia, la cons- 
tancia y el amor á las bellas letras de su continuador, que ha 
prestado un inmenso servicio á la Ciencia histórica, publicando 
un manuscrito inédito que de hoy en adelante será libro indis- 
pensable de consulta para cuantos hayan de tratar algún punto 
relacionado con el pasado de la hermosa región valenciana. 

En resumen, Las Antigüedades de Valencia reúnen con exceso 



(I) Apuntes para foi-mar una Biblioteca liispano-americana del Sagrado Corazón de 
Jesús, por D. Fidel Fita y Colomé, Correspondiente de las Reales Academias Española 
y de la Historia. Barcelona, 1874. 



ANTIGÜEDADES DE VALENCIA. 305 

las condiciones exigidas por el Real decreto de 29 de Agosto 
de 1895, y en tal concepto debe recomendarse sa adquisición al 
Ministerio de Fomento, no sólo porque su relevante mérito las 
excluyen del número de las que como dice el preámbulo del refe- 
rido Decreto, «no interesan á nadie», sino porque con el auxilio 
oficial podrá el Archioo Valentino proseguir su generosa tarea, 
dando á luz el Dr. Chabás nuevos frutos de sus investigaciones 
en pro de la historia pali'ia. 

Madrid, 22 de Enero de 1897. 

Manuel Danvila. 



IV. 

MARRUECOS DESCONOCIDO. 

Si por el número de obras á que haya dado lugar el estudio de 
una región hubiéramos de juzgar del conocimiento que podemos 
propoicionarnos de la Geografía é Historia de ella, el Imperio de 
Marruecos sería complelamenle conocido; y sin embargo, nada 
más lejos de la realidad según el autor de cuya obra (1) me pro- 
pongo dar una ligera idea, por creer que interesa grandemente, 
■no sólo para el más exacto conocimiento geográfico é histórico 
del actual Imperio de Marruecos, sino también para apreciar 
mejor el modo de ser de los musulmanes españoles, que podemos 



(1) Le Maroc inconnu (2-2 ans d'explorations dans cette contrée mystérieuse, de 
1872 á 1893).— (Importantes révélations de voyageurs musulmans sur le pays, les habi- 
tans, les moeurs, coutumes, usages; industries commerciales, ag-ricoles, manufactu- 
riéres; richesscs minerales, forestieres, pastorales; population, forces militaires, ad- 
ministration, langues, races, etc.), par /l?<^íw/e itoí/íVra*, Professeur iV la Chaire de 
Langue et de Littérature árabes á Oran... Premiérepartie. Exploration du Rif. (Maroc 

septentrional), avec cartes inédites du Rif et de chaqué tribu (hors texte) au 

En dépót ii la Librairie Coloniale et Africaine, Joseph André, rué Bonaparte, 27. 
Décembre , 1895. 

TOMO XXX. 20 



30f» hoi.ktín \>v. la hkal acaokmia de la histohia. 

suponer c.isi iguales á los mairoquícs, bereberes y árabes de 
nuestros días. 

Y cosa singular, (;! autor de Marruecos desconocido no pretende 
dar á conocer este misterioso país á consecuencia de baher via- 
jado mucho por él, aunque éste fuera su primer propósito, que 
no pudo llevar á cabo por no contar con protección paradlo, sino 
que pretende haber llegado A conocer este país, del único modo 
que á un europeo le es posible hacerlo, aunque con gi'andísirna 
dificultad por los preparativos que exige, pues en definitiva el 
europeo sólo jiuede llegar á conocer bien ó medianamente el Im- 
perio de Marruecos^ preguntando directamente á naturales del 
país ó viajeros de todas la regiones del Imperio , pero comprobando 
las relaciones de unos con las de otros. 

El autor, profesor de Lengua y Literatura árabes en Oián, está 
en condiciones de entenderse directamente con los muchos marro- 
quíes, que con frecuencia, y muchos de un modo periódico, van á 
Oran, y desde hace muchos años con la idea fija de cono(;er este 
país, que casi es el suyo, ha procurado ponerse en relación con 
marroquíes de todas las regiones y de todas categorías, procurando 
sacarles noticias, que si muchos rehusaban darle, otros más 
comunicativos, creyéndole musulmán al servicio de Francia, le 
comunicaban con relativa espontaneidad. 

El trabajo en tales condiciones era muy penoso y con dificultad 
hubiera podido el autor llenar por completo el cuadro de su pro- 
grama con noticias sueltas, á no mediar una feliz casualidad de 
entablar amistad, al pai-ecer sincera y franca, con un táleb. que 
había viajado durante veinte y dos años por casi todo el Imperio 
de losXerifes. 

El caso es singular y da la clave de la importancia de la obra 
de M. Mouliéras, y merece consignarse. A fines de 1893 llegaba 
á Oran un táleb harapiento con aires de derviche medio loco, que 
decía haber viajado durante veinte y dos años por Marruecos: un 
musulmán que había estado en el mismo país durante cinco años 
y que en Oi'án entabló relaciones con el recién llegado táleb, comu- 
nicó á M. Mouliéras la noticia de la presencia en Oran del tal 
personaje tan á propósito para las investigaciones del autoi-, y 
puestos de acuerdo, el musulmán gestionó el que el táleb hiciera 



MARRUECOS DESCONOCIDO. 307 

una visita al táleb rumí, lo que consiguió no sin bastantes diñ- 
caltades por parte del desconfiado táleb, que por su carácter de 
santón perdía ó podía perder consideración ante la gente más ' 
fanática, si le veían entablar relaciones con un infiel: se decidió 
por fin, y presentado á M. Mouliéras, en cuanto éste comenzó á 
hablarle en árabe con el mayor respeto hacia la religión musul- 
mana, hacia Mahoma y los santos del islam, encantado de oirle 
hablar do este modo, el táleb marcaba su sorpresa murmurando 
de vez en cuando estas palabras «oh Dios, bendito seas por haber 
dirigido por el camino recto un hombre como éste». Sabiendo 
que el táleb se gloriaba de saber el beréber, al querer cortarla 
conversación, M. Mouliéras le dijo en esta lengua «vendrás 
mañana?: el asombro del derviche estalló al oir esto en su dialec- 
to, y entusiasmado contestó en árabe: «No, tú no eres cristiano, 
tú eres musulmán, árabe ó beréber; pero no eres rumí, de lo que 
pongo por testigo á aquel fuera del cual no hay Dios sino él», 
añadiendo en beréber, «mañana vendré» palabras que repetía 
riyendo y arreglando su capuchón descompuesto al erguir la 
cabeza con el entusiasmo que en él produjeran las palabras en 
beréber. 

Con esta entrevista estaba abierto el camino para M.fMouliéras; 
pues desde este momento el táleb estaba dispuesto á sufrir todos 
los interrogatorios, á que su nuevo amigo quisiera someterle; y 
efectivamente, al día siguiente volvió, y dieron comienzo las 
largas conferencias en las que el táleb Mohamad Attayeb, con- 
testando á las preguntas de su interlocutor, le enteraba minucio- 
samente de cuanto había visto en sus repetidas excursiones en 
todos sentidos y como á la ventura. 

Producto de estas conferencias es la obra que ha empezado á 
publicar M, Mouliéras, publicando en la primera parte la descrip- 
ción de la comarca del Rif, indudablemente la menos conocida, y 
la que para, nosotros tiene mayor interés. Gomo es natural, 
M. Mouliéras ha procurado comprobar los datos suministrados 
por el táleb, con el dicho de otros viajeros, y asegura que los ha 
encontrado conformes. 

Quien desconozca la influencia mágica que quizá produce en 
todos el encontrarse con un imlividuo de puelilo diferente, y que 



.'¡os HOI.KTIN l)K I.A MKAL ACAOKMIA Dlí LA HISTOHIA. 

li;il)la liii'ii iiii('sli;i [)i'fi[ii;i loii/^iia, sos[)echai';i y con sobrado 
motivo, i\yui las iiolicias coiiiiiiiicada.s poi- el lálel) no lioiien siiíi- 
cieiito <,Mraiití.i, y t\ue oii liltinio lérniiiio, sólo merecerían creerse 
aquellas (jin; el aiilor nos dijese que estaban comprobadas por 
autoridad de otros testigos; yo poi- ¡ni parl(í, teniendo en cuenta 
el efecto que debió de causar en el moro el que M. Mouliéras le 
hablase coi-reclamenle en sus dos lenguas, árabe y beréber, me 
inclino á dar crédito al roíalo, si no en todos sus detalles, en los 
(|uc pudo muy bien añadir algo, aún sin darse cuenta de ello, al 
menos en el conjunto. 

Esto sent;ido, enti-emos en el examen de la obra, en la que se 
vierten ideas de capital importancia y que deben meditar mucho, 
tanto los que creen que España tiene derechos sobre Mai-ruecos, 
y que debe aspirará anexionárselo de un modo ó de otro, como 
los muy pocos, que no vemos de dónde nos pueda venir ese pre- 
tendido derecho, y que aún reconocido, renunciaríamos á él por 
tener la firme convicción de que si las potencias europeas puestas 
de acuerdo nos regalaran la [)0sesión del Imperio de Marruecos, 
debiéramos darles las gracias y no aceptar el compromiso de lle- 
var á cabo una obra superior no sólo á nuestras fuerzas, sino á 
las de cualijuiera otra potencia más práctica en materias de colo- 
nización, ó de protectorado, ó como quiera llamarse la nueva 
forma de conquista. 

Antes de entrar en la descripción geográfica de la provincia 
del Rif, una de las diez que comprende el Imperio de Marruecos, 
en dos introducciones ó estudios preliminares, al primero de los 
cuales pone por epígrafe Por qué y cómo se ha hecho este libro el 
autor expones ideas, acerca de las cuales interesa llamar la aten- 
ción de los que se ocupan en pensar en las relaciones que debié- 
ramos tener con el Imperio marroquí. 

Sienta el autor que la Europa casi nada conoce del Imperio de 
los Xerifes, y en definitiva atribuye esta ignorancia en que nos, 
encontramos, al desconocimiento de la lengua árabe, porque la 
mayor parle de los viajeros, aun los que indudablemente sabían 
el árabe como D. Domingo Badía, llamado Alí Bey el Abasí, no 
estaban bastante enterados del árabe vulgar para poderse entender 
sin dificultad y sin sospecha de extranjerismo. Para penetrar en 



MARRUECOS DESCONOCIDO. 309 

Marruecos, añade el autor, y explorarlo hasta en sus últimos rin- 
cones, el europeo que quiera aventurarse á viajar por este país 
necesita conocer bastante bien el árabe literal, y perfectamerite el 
árabe vulgar. 

Esto en realidad es sólo como condición previa, pues además 
necesita conocer muy bien el Corán y las tradiciones musulma- 
nas, para aprovechai'se de tales conocimientos en casos compro- 
metidos, sea que se proponga pasar por musulmán, sea que no 
llegue á este extremo, para viajar por los puntos más accesibles á 
los europeos; pues por todos, hoy y probablemente en mucho 
tiempo, no se podrá penetrar, sino pasando poi- musulmán. 

Para viajar por todo Marruecos sienta el autor que basta el 
conocimiento del árabe; pero para hacerlo por las regiones donde 
prevalece el elemento beréber, conviene mucho saber uno de los 
dialectos de esta lengua. 

Con estos conocimientos, que no se adquieren fácilmente en 
pocos años, vistiendo el traje de pobre táleb, y dispuesto á toda 
clase de privaciones y fatigas, puede uno emprender la explora- 
ción por su cuenta. Si esto es fácil ó no, dígalo quien esté dis- 
puesto á hacerlo. Hasta ahora los viajei-os sólo han pasado por lo 
que pudiéramos llamar caminos reales, los que conducen directa- 
mente á las ciudades más importantes. El autor confiesa que 
desde la infancia ha tenido dos ideas fijas — i.* conocer, dice, 
nuestro misterioso vecino, y 2." hacerlo entrar en la esfera de la 
influencia de Francia. 

Parece que el autor por sus conocimientos de las lenguas árabe 
y beréber, y de la religión y literatura musulmana, estaba en 
condiciones de viajar por Marruecos; pero no pudo hacerlo por 
no contar con protección bastante para ello, y en verdad que por 
lo que i'esulta de su libro, la protección estuvo bien denegada, 
por tratarse de empresa irrealizable, pues no creo que el autor 
estuviera resuelto á sufrir las penalidades por que ha pasado el 
que en Oran se constituyó en su mentor. 

No pudiendoN emprender el viaje como se proponía, hubo de 
variar de plan, y contentarse con ver el Imperio de Marruecos 
con ojos ajenos, y cree haber resuelto el problema de «Conocer 
el Imperio de Marruecos y hacerle conocer tan bien, ó'quizi'i 



310 H<ÍI,KrÍN DIÍ I, A. IlEAt. ACADKMIA I)K LA HISTOMIA. 

iiiejor "jue vi;ij;ii)do persoiialiDciile, ^^racias á las iiolicia.s de lüs 
niisniOH rnarrorjuífis y de viajeros niahoinetaiios.» 

\d hemos vislo cómo la Ilej,'ada á Oiáii del táleh Muliainad 
Atlayyeb vino á ¡¡ropoicioiiar al autor datos que de oli'O modo 
confiesa le hubiera sido difícil ó imposible proporcionarse. 

Al hablar en la Introducción de las ivizas (\ug pueblan á Ma- 
rruecos, dice de los bereberes (jne «Carlagineses, Romanos, 
Vándalos, liizanlinos, Árabes, Españoles y Tnicos no han tenido 
un momento de reposo, ante estos enemigos vencidos, pero siem- 
pre amenazadores», y añade «el formidable poder de la Fi-ancia 
los tiene en respeto en la Argelia; pero que Francia llegue á debi- 
litarse, y vei'á levantarse el estandarte de la rebelión, presto 
siempre á ser enarbolado tanto por los berebei'es como por los 
árabes.» 

No todos los franceses admitirán esta afií'mación; pero de todos 
modos pocos parecen ser los hombres de Estado que estén satis- 
fechos de lüs progresos de la asimilación del elemento musulmán 
en Argelia, donde además, para mal de la Francia, los dos ele- 
mentos, beréber y áiabe, que han conservado siempre gran des- 
confianza y rivalidad, se van acercando más de día en día en 
odio á Francia, confirmando quizá el juicio formado por algunos, 
que afirman liaber cometido Francia un gran error al principio 
de la conquista francesa, de no haberse aprovech;ido de esa 
rivalidad y haberla encauzado procurando atraerlos al catolicis- 
mo: ideas con las que supongo no estará conforme el autor, pues 
propende porque no se piense en hacerles cambiar de religión, 
ni aun el asimilarlos, cosa que califica de utopia generosa, en la 
que ha caído Francia lanzada en este camino generoso por filó- 
sofos que no habían visto un albornoz. 

El autor, que en mi sentir tiene razón al creer que el musulmán 
es inasimilable, cree, sin embargo, que cambiando Francia su 
política, podría atraérseles hasta el punto de poder sumar cou 
los ejércitos franceses 300.000 espadas musulmanas de la Argelia, 
y 1 millón del Imperio de Marruecos. 

El autor propone que se dejen á los musulmanes sus ideas, 
sus creencias, sus costumbres, sus leyes, sus trajes seculares, 
sus estatutos personales, sus prejuicios y su fe, que ella sola hace 



MARRUECOS DESCONOCIDO. 311 

SU felicidad en este mundo. Obtengamos, añade, su precioso 
concurso para tres cosas capitales, la Guerra, la Agricultura y la 
Cría de ganados. Efectivamente, si con el sistema un poco ó más 
que poco candido que propone el autor," pues en último término 
se reduce á tratarlos con bondad, con la mayor justicia y con la 
misma mayor firmeza, consiguiese Francia atraerse de veras á 
los musulmanes de la Argelia y Marruecos, Francia sería la 
señora del mundo, como pretende el autor; pero me parece que 
4iún podemos respirar por algunos años, ai menos por este lado. 
Ni el aulor ni nosotros veremos eso; y dudo mucho que lo vea 
el siglo XX. 

Al estudiar el autor el estado actual del Imperio de Marruecos, 
y partiendo del supuesto de que lardeó temprano tiene que pasar 
al dominio de una nación europea, examina cuáles son las Po^ 
tencias que tienen intereses en Marruecos, ó mejor dicho, que 
tienen límites comunes, para deducir que sólo Francia y España 
pueden alegar derechos; y excluyendo después á España por uo 
haberse sabido captar las simpatías de los marroquíes, y negán- 
donos casi hasta la aptitud para aprender el árabe y el beréber, 
deduce que Francia es la llamada á introducir en Marruecos la 
antorcha de la civilización; bien que reconoce hay una nación 
insaciable que pretende apoderarse de Tánger y poder cerrar el 
Estrecho por ambos lados; pero que no pretenderá apoderarse del 
interior, por no estar en condiciones de batir á un millón de 
musulmanes, que no son indolentes egipcios. El autor asegura 
que los mismos marroquíes le han dicho que prefieren la domi- 
nación de Francia á la de cualquiera otra Potencia. No dudo que 
le habrán hablado en este sentido; pero en cambio me atrevería 
á asegurar que, si la pregunta la hiciera un español, familiari- 
zado con ellos, la contestación sería la misma. 

El patriotismo francés lleva al autor á producir en favor del 
derecho de Francia á la frontera del Moluya una razón, que 
admitida, nos daría derecho al dominio, no sólo del Imperio de 
Mai-ruecos, sino de la Argelia y Túnez; pues almorávides y almo- 
hades dominaron en esas regiones, y nosotros somos sus here- 
deros en la parte de España, luego también lo debemos ser en 
todo lo que aquellos dominaron. La razón no parecerá muy con- 



312 HOLETÍN DK I-A HKAI. ikCADKMIA DE LA HISTOhlA. 

/ 

vinccnle: si el Emperador de Marruecos tuviera fuerza suficienle 
inás razonable pudiera creerse el que alegase derecho á todo lo 
que poseyeron sus antecesores almorávides, almohades y beni- 
m orines. 

El autor atribuye en gran parle el poco éxito de la política de 
Francia y de las demás naciones en Marruecos, á que los Cón- 
sules y Agentes diplomáticos siempre tienen que hablar por 
medio de intérpretes tomados la mayor {¡arte de las veces de 
gentes del país ó de judíos. 

Si Francia puede achacar su poco éxito á esta causa ¿qué 
podremos decir nosotros, que nunca hemos puesto los medios 
para que nuestros Cónsules pudieran entenderse directamente 
con las autoridades marroquíes, ó con el Sultán, y que quizá no 
hayamos tenido en Tánger un Ministro residente que hubiera 
pensado antes en estudiar la lengua é historia de este pueblo? 

Arrastrado por la corriente antisemita, habiendo de hablar de 
la existencia de los judíos en Marruecos y en la Argelia, nuestro 
autor quisiera volverlos al estado de humillación en que se 
encontraban antes de la conquista francesa, y en que se encuen- 
tran hoy en Marruecos. Sus ideas en este punto no parecen 
diferir gran cosa de las del autor de la Historia del Almagrih 
alaksa, á quien tanto chocaron las gestiones del Barón de Ros- 
child en favor de sus hermanos de Marruecos. Si el judío en 
Argelia resulta favorecido sobre el musulmán , es que éste no se 
aviene á ser subdito francés, ó sea á pedir la naturalización que 
cree haram (contraria á la religión); mas el judío entra de lleno 
en la condición de francés, y no hay razón para negarle derechos,, 
que se conceden á todo el que los pide. 

Si todo el Imperio de Marruecos es difícil de explorar y por 
tanto poco conocido, la provincia del Rif, sometida sólo nominal- 
mente al Sultán en su mayor parte, resulta menos conocida aún, 
ya que ningún europeo puede gloriarse de haber atravesado el 
Rif. Es verdad que recientemente lo ha intentado M. Henri 
Duvéyrier bajóla protección del xerif de Wazan; pero no pudo 
llevar á cabo su empresa, porque, según el autor, puso de su parte 
todo loque se necesitaba para hacerla fracasar, pues quiso viajar 
vestido á la europea, fumando en público en pleno ramadán y 



MARRUECOS DESCONOCIDO. 313 

comiendo delante de los indígenas que observaban riguroso 
ayuno. 

Entrando en el estudio concreto de esta región, que comprende 
una superficie de 23.000 km.*, M. Mouliéras asegura que está 
muy poblado, y calcula en 250.000 el número de moros que pue- 
den llevar las armas, y siendo un país muy quebrado, defendido 
por su costa peligrosa, y por sus profundos valles, puede desa- 
fiar las iras del Sultán y las represalias con que pueda amena- 
zarle España, á la cual, según el autor, el rifeño profesa un odio 
implacable por haberse apoderado de algunos peñones de su suelo 
sagrado. Así que, instalados nosotros en Melilla y los Peñones 
de Vélez y Alhucemas, los bereberes, como si temieran que desde 
ellos sin previa declaración de guerra, quisiéramos acometerles 
por sorpresa, tienen guarnición constante en la costa inmediata, 
como para observar los movimientos de los españoles; frente al 
Peñón de Vélez dos tribus dan constantemente guardia diaria 
de 10 hombres encargados de vigilar los actos y gestos de los 
españoles: pai-a acechar á los de Alhucemas, que ellos llaman, 
la Roca de Necor, la tribu inmediata moviliza todos los meses 
100 hombres, que por turno proporcionan las once fracciones de 
la tribu de los Beni Waryagiiel (1); los guerreros pasan treint\ 
días á la orilla del mar, instalándose allí con sus familias y tien- 
das al abrigo de un gran edificio, especie de cuartel con su mez- 
quita correspondiente: la Roca de Necor está á un tiro de fusil de 
la guarnición beréber de la costa: al beréber está prohibido de un 
modo terminante el vender cosa alguna á los españoles, pero 
pueden ir al Peñón sin armas, y allí comprar lo que necesitan. 

Á tierra firme sólo pueden ir los desertores y presidiarios, que 
prefieren la vida del beréber á la del presidio: casi todos se salvan 
á nado, ó en las canoas de los indígenas: en cuanto ponen el pie 
en tierra, pronuncian á gritos la fórmula musulmana La ilaha 
üla-llah, Mohamed rasulallah; y desde este momento son consi- 
derados como musulmanes, siendo bien acogidos por los rífenos 



(1) El autor transcribe Beni Ouriarel, transcripción que modificamos conforme á 
las exigencias de nuestra lengua. 



314 uOLirrÍN de la mkai, acaukmia uk la mistoiua. 

que se complacen en ofrecerles vestidos y dinero: se les señala 
habitación conCorlable y se les asi^Mia un campo, (¡uc poder culti- 
var, para lo cual ponen semilla á su disposición. Si uno de estos 
renegados ¡juiere casarse, las peisonas de más categoría les ofre- 
cen sus hijas, y la elegida se considei-a dichosa de casarse con un 
neófito, á cuya insti-ucción religiosa puede contribuii-, y lo hacen 
en genei'al con el mayor celo, pues según el autor, entre los 
musulmanes el liombie y la mujer son sacerdotes y propagandis- 
tas, contra lo (jue creemos en general los arabistas, yo al menos: 
quizá la influencia beréber en esto como en otras cosas produzca 
la diferencia señalada por el autor. 

Los renegados españoles admitidos no sólo sin prevención, sino 
con verdadera hermandad por ios bereberes, pueden ir libremente 
por donde les place, y no pocos llegan á adquirir una fortuna en 
la que no luihiera soñado en su país natal: vistiendo el mismo 
traje que sus nuevos correligionarios, sólo por el acento se distin- 
guen de ellos. 

Gomo es de suponer que no han perdido el amor patrio, antes 
al contrario, viéndose alejados de la patria, la aman con más 
cariño, pudieran ser elemento para ensanchar nuestras relaciones 
comerciales con estas tribus, á las cuales ellos se incorporan, y 
si se pensara en otros planes de propaganda política, pudiera 
quizá indultárseles, y apiovecharse de su cooperación: tenemos 
alguna noticia particular de renegado que ha sabido labrarse una 
regular posición, que no ha perdido el sentimiento y amor de la 
patria. 

Como puede suponerse, dadas las indicaciones de la portada de 
la obra, el autor da noticias de las riquezas naturales del país, 
del comercio y hasta del contrabando de armas, hecho principal- 
mente por Inglaterra y España, no olvidando ni aún las ruinas 
de poblaciones antiguas, cuya existencia le ha sido indicada, sin 
que ie haya sido posible fijar si las ruinas é inscripciones desco- 
nocidas de los que las han visto, son latinas ó bereberes; pero de 
todo esto no podemos dar detalles, como tampoco de las versiones 
que el autor ha oído acerca de nuestras últimas guerras de Tetuán 
y Melilla, en cuyas versiones, verdaderas ó falsas, hay no poco 
que aprender por nuestra parte para evitar rozamientos y confiic- 



MARRUECOS DESCONOCIDO. 315 

tos, que puedan proceder de una imprudencia tonta, y que cueste 
muy cara á ambos pueblos. 

Esperemos que el autor publique la descripción de las otras 
provincias del Imperio, y estemos seguros que de todas nos ha 
de dar noticias nuevas, que cada uno apreciará según su criterio. 



Madrid, 12 de Febrero de 189" 



Francisco Codera. 



V. 



EL CARDENAL SAENZ DE AGUIRRE Y EL OBISPO DE ZAMORA D. DIEGO 
MELÉNDEZ DE VALDÉS. MEMORIAS SEPULCRALES. 

La iglesia de Santiago de los Españoles en Roma, verdadero 
tesoro de arte é historia, fué cerrada al culto en 1822 y enajenada 
en 1878. Muchos de los monumentos de arte fueron trasladados 
á Monserrat; no así los restos que se exhumaron de las sepultu- 
ras. Dos capillas se salvaron de tan lamentable profanación, la de 
San Ildefonso y la de San Diego. 

La primera, edificada en 1501 por el limo. Sr. D. Diego Me- 
léudez de Valdés, obispo de Zamora y mayordomo del Pontífice 
Alejandro VI, no consentía que en ella se inhumasen sino los 
parientes del fundador y los prebendados de aquella Santa Igle- 
sia. La segunda, edificada y con esplendor adornada en 1()02 por 
el palentino D. Juan Enríquez de Herrera, eslaba cubierta de 
mármoles, pinturas de Flaininio Ponzio y de Ambrosio Milanessi. 

Obtenida la competente autorización y con la intervención del 
notario D. Tomás Monti fueron abiertos los sepulcros cu 1890. 
En la capilla de San Ildefonso se encontraron los restos del fun- 
dador, los del Emmo. Sr. Cardenal Saeiiz de Aguirre y siete más 
que debían ser ó parientes de a(|nel ó prebendados de Zamora. 
Colocados en dos cajas fui^ron trasladados á la iglesia de Monse- 
rrat lodos los restos mortales e.\ Lía idos y depositados en la capilla 



31Í! HOI.KTÍN DE I.A HKAI, ACADEMIA DK LA HISTOHlA. 

m.'iyoi- en la única sepultura (juo ésta licúe. Acompaño autenti- 
cado el iuslrnrnenlo fehaciente de la exhumación y translación, 
así como varios datos referentes á la mejor ilustración que el 
caso pide. 

1. Copia autentica delhi dichiarazzione relativa aWeffettuaio 
traslocamento dei resti mortali di Monsignor Vescovu di Zamora 
Don Diego Melendez, non che del Cardinale Giuse¡j])e Saenz de 
Aguirre. 

Sotto il Poulificato di Sua Sautita Papa Leone XIÍl, l'anno 
milleoltocenlonovautuno, il gionio di Sabbato, diecisetle del 
mese di Ottobre in Roma, il di 17 Oltobre 1891, nella Gancelleria 
del Vicariato, innanzi di me Tommaso Monti Gancelliere del Vi- 
cariato del fu Notaro Angelo, con proprio studio in via degli 
Uffici del Vicario niím. 32, sonó personalmente comparsi: 

II Reverendissimo Padre ICurico Pérez della Sagi-a FamigÜM, 
del fu l.esmes, nato in Oña Provincia di Burgos in Spagna e do- 
miciliato iu Roma via Sistina N.° undici, Procuratore Genei'ale 
degli Agostiniani Scalzi della Spagna e delle ludie e Retlore 
della Ghiesa di Sant' Idelfonso; Filippo Bisica del fu Paolo, nato 
e domiciliato in Roma via del Gonfalone N.° trenta, Ghierico 
maggiore della Venerabili Ghiesa di Santa Maria di Monserrato; 
Teodoro Viciana figlio del fu Teodoro, nato in Lérida (Spagna) e 
domiciliato in Roma via Giulia N.° centocinquantuno, camerie- 
re; tutti di pieno loro diritlo ed a me cogniti; i quali in omaggio 
alia verila hanno emesso la seguente dichiarazzione: 

Noi tutti, qui sottoscritti, deponiamo per la veritá qualmente 
nel giorno due del mese di Luglio passato anuo 18novanta (1), ci 
trovammo presentí per invito avutone dall' Illmo. e Rvmo. Mon- 
signor Gioseppe Benavides Rettore della Ghiesa Nazionale di 
Monserrato in Roma, nell' alti-a Ghiesa sita in piazza Girco Ago- 
nale e parimente appartenente agli stessi Stabilimenli Spagnoli 
gia dedicata alT Apostólo San Giacomo ed ora a Xoslra Signora 
del Sagro Guore allorche, per speciale autorizaziouedata oretenus 



(1) 2 Julio 1890. 



SANTIAGO DE LOS ESPAÑOLES EN ROMA. 317 

dair Emo. e Rmo. Sigiior Gardinale Lucido María Parocchi Vi- 
cario de Roma ed accordi presi coH' attuale Superiore di della 
Chiesa, fu aperta la sepoltiira dcUa quinta Gappelia a destra di 
chi entra dal Circo suddetto, gia dedicata a Sanl' Idelfonso e di 
gius-patronato della Nobile famiglia Melendez Valdez, e nella 
quale furono rinvenute tre casse o bare molto corrose dal tempo 
che co-ntenevano scheletri umani, i quali sia per i testamenti giá 
cogniti, sia per rescritli Pontificii, che per dichiarazione dei tes- 
timoni, che prima avevano levato le ossa da detta Chiesa, come 
rilevasi dall' anessa deposizione, devono essere i resti mortali di 
Monsignore Vescovo di Zamora Don Diego Melendez Valdez fon- 
datore della Cappellae Maggiordomo del Sommo Pontetice Ales- 
sandro Sesto della sua famiglia, non chí? del CarJinale Giuseppe 
Saenz de Aguirre. Dette ossa poi furono collocate e rinchiuse in 
una nuova cassa. 

Rinvenuto ivi lo stagnaro Oresle GileLli di Giuseppe, romano, 
domicilíalo via Governo Vecchio N." 42 e di negozio vía Monse- 
rrato N.° 122, il lodato Monsignor Benavídes onderendere meglio 
chiuse le casse slesse fece apporre dal medesimo su ciascuna di 
esse,' una fascia di zingo che venne accuratamente stagnata e 
suggellata in due punti con due suggelli portanti la impressione 
dello stesso Monsignor Benavides con soprastante Gappello Pre- 
latizio e seguonte iscrizione=-Z). D. Josephus Benavides antistes 
Domus Pontificiae=come meglio scorgesi dalla impressione che 
per ogni miglior fine ed eíFetto si riporta in margine. 

Sopra la nuova cassa contenente le ossa del Gardinale Giuseppe 
Saenz de Aguirre, del Vescovo di Zamora Melendez Vaides, 
e degli altri sette rinvenuti insieme, fu posta una targa di zingo 
con la seguente iscrizíone=É'n esta caja estánlos huesos del Car- 
denal Saenz de Aguirre, los del Obispo de Zamora Melendez Vul- 
dés y otros siete ')nás. 

Suir allra poi contenente le ossa di Don Giovanní Enriquezde 
Herrera fu parimente collocata una targa in zingo, su cui si legge 
=Aqui están los Juiesos de D. Juan Enriquez de Herrera. 

Dopo di che le descritte due casse vennero deposte nel sotterra- 
neo del Presbiterio dell' Altare maggioi'e di Monserrato a cornu 
Epistolae. 



318 II o MCI' i. N DK LA IIKAI. ACADKMIA DK I.A HISTOItlA. J 

Alto falto iii Roma iiclla siiiiidicata Gaiicolleria del Vicariafr). ' 
ariprovato dai I)oi)f)iif;iili diclro lettura loro dalanc iii proseiiz i 
do^'l' iiilVascritli tesliiiiíiiii clio iiiiitarnciite ai mcdcsimi Si.i;,Mia- 
ro Orosle Giletti e me Gaiicollioro si b fírmalo. 

11 prtíseiile verbaln b stalo serillo da persona di mia fidiicia iii 
ciiique pagine e linee olio dclla presente di due í'ogli. 

P, Ilenricus Pérez a Sacra Familia, Procurator gcneralis Oíd. 
Excalceat. S. Aiiguslini Hispaniae el Indiarnm. — Filippo Bisica. 
— Teodoro Viciana. 

lo (jni soltoscrilto approvo in ogui sua parlóla snddelta difliia- 
razione della quale ho inteso letliira. Josephus fíenavides ab An- 
likaria, Aniisies Domus Poniificiae el Rector Eccl. S. M. Montis 
Serrali de Urbe. — Gilelli Oreste. 

Luigi De Rossi del fu Salvalore, romano, domiciliato in via 
Gremona N.° 25, pensiónalo, testimonio. — Girolamo Reggiani 
del fu Goniin. Gamillo, romano, domicilíalo Prati di Gaslello, 
Via Gioacchino Bclli N.° 52, penzionalo, testimonio. 

Tommaso Monli Gaiicelliore del Vicariato. 

Tenore deW allegato. Deposizione falta n richiesta delV llbno, e 
Rmo. Monsignore Giuaeppe Benavides Rettore della Nazionale 
Chiesa Spagnola di Santa Maria di Monserrato. 

ínuanzi di me Tommaso Monli Gancelliere del Vicariato ed in 
Gancelleria posta in via degli Uíñci del Vicario N." 32 oggi ven- 
titre Luglio 1890 alie ore olio pomeridiane, sonó comparsi: II 
Sign. Pietro Marsolli figlio del fu Andrea, di anni 52, romano, 
abita via de' Scbiavoni N\° 8, sopraslante dei lavori eseguiti 
nella Ghiesa di San Giacomo de' Spagnoli nel Giroo Agonale; il 
Sign. Salvini Francesco figlio del fu Aohille, di anni 30, abita via 
del Pellegrino N° 36, falegnameaddetto ai lavori di detta Ghiessa; 
il Sigu. Garlo Tassi figlio del fu Angelo, di anni 56, abita via dei 
Penilenzisri N." 24, muratore gia addetto ai delli lavori. 

I quali di loro spontanea volonta depongono quanlo appresso. 

\Essendo slali noi per molti anni a'ldetti al sei'vizio dell' ammi- 

nislrazione degli Slabilimeuli Spaguoli, perció fummo incaricati 

prima che la delta Ghiesa si consegnasse agli acquirenti religiosi 

francesi del S." Guore di N.' Signora, di spurgare le sepolture e 



SANTIAGO DE LOS ESPAÑOLES EN HOMA. 310 

i sotterranei dolía Ghiesa stessa, e noi per conseguenza ci tro- 
vammo presentí quaudo circa il 1877 furoiio esiratle le ossa da 
quasi liitle le sepoltare ed asportale al Campo Verano; pero ci 
rainmeiitiamo beiiissimo che aveiido tróvalo il pavimento múra- 
lo nelle due ultime Gappelle a mano destra dell' ingresso non fu 
sfondalo il pavimento, ma rimase intatto di gais.i che se nel 
solterraneo delle delte Gappelle esistevano sepolture, come di 
falto ora si sonó rinvenute, queste rimasero inlalte cioc con le 
ossa che vi si racchiudevano. 

Sappiímo puré che (jueste due Gappelle di detta Ghiesa di 
S. Giacomo erano dedinate una a San Diego e 1' altra a Sanl' 
Idelfonso. 

Essendo tultoció la verila, siamo anche prouti a ratificarlo con 
nostro giuramenlo o richiesta di qualsiasi Autoritá Ecclesiastica, 
e perció apponiamo ({ui appresso la nostra firma. 

Falto in Roma per uso ecclesiastico il 23 Luglio 1890. 

Pietro Mariotti depongo come sopra. — Francesco Salvini come 
sopra. — Garlo Tassi. 

Tommaso Monli Gancelliere ecclesiastico del Vicariato. 

In conformitá delT origínale firmato a senso di legge presso di 
me como sopra esistente e col quale collazionata concorda, sal- 
vo etc., si relascia la presente copia autentica di Ire fogli, scritta in 
carta semplice per solo uso ecclesiastico. In fxde etc. 

Roma dalla Gancellaria del Vicariato, questo di 21 Dicembre 
milleottocentinovautuno. — 1891. 

Gosi o. Tommaso Monli Gancelliei'e e Nolaro ecclesiastico del 
Vicariato. (Hay una rúbrica, y al margen un sello en cuya orla 
se lee Cancellería civile del Vicariato, y en el centro Roma. 



2. Memorias funerales del obispo D. Diego Melóndez de Yaldés. 

Gonocido es el epitafio de este varón ilustre, que ocupó sucesi- 
vamente las Sillas episcopales de Salamanca, Astorga y Zamora. 
«Murió, dice Florez (1), en Roma, y yace allí en la capilla de San 

(1) Florez, España Sagrada, tomo xvi (2.' edición), pág. 280. Madrid, \~S~. 



320 UOI.KTIN 1)1-; I. A HI;aI> academia L»K la HISIOItlA. 

llduf(jiis(j, (nic hizo eii l;i i;,'lesia de Saiiliago de los Españoles.» 
En el lomo xiii de la Biografía eclesiástica completa (1) se eslam- 
pó el epitafio con liarla iiicoi-fección (2), corno lo sabe la Acade- 
mia. En él se lee Cum se morilurum asaidue medilarelur, vivens 
hoc suo cadaveri slatuit monumentum; lo que induce á creer qne 
el mismo prelado trazó la primera parte de esta inscripción, con- 
cisa y bolla, qne no desdice del i-enacimienlo clásico de la Litera- 
tnra. Otra inscripción, inédita, esculpida en mármol, antes que 
muriese el fundador de la capilla de San Ildefonso, ha scí^uido el 
camino de sus restos mortales y se ve hoy fija en el clansti-o de 
la iglesia de Monserrat. Toda ella está así como el epitafio, escrita 
con caracteres mayúsculos y susiiluyendo siempre la u á la v. 
Al trasladarla aquí, marcaré con rayas perpendiculares la divi- 
sión de los renglones. 

Ad hec obligantur in eccl(es)ia isla gubernalor el administra- 
tores I pro tempore, ex fnndalione et donatione capelle s(ancli) 
Illefonsi, I per doniinum Didacnm de Valdes ep{iscopn)m Zamo- 
ren(sem). | In priniis deputare salarium duobus cappellanis qui, 
ultra duodecim qui nuncsunt, singulis | diebns per suas ebdoma- 
das alternalim teneantur celebrare unam missam festi curren | lis 
cum oratione pro dicto D(omi)no Ep(iscop)o et suis defunctis; et 
si feslum non occurrat, celebre | tur missa de réquiem pro eis- 
dem. I ítem singulis ebdomadis, secunda tertia vel quarta feria, 
capellán US qui missam in dicta | capella debel celebrare in una 
([uatuor ecclesiarum, in quibus ofFertur sacrificium pro anima | 
bus in purgatorio existentibus, videlicet, in prima ebdomada 
mensis in die deputata in capella ¡ de Scala celi ad tres fontes, 
secunda ebdomada in crypta s(ancti) Sebastiani in altare refrige- 
rii, I tertia ebdomada in sancto Gregorio, quarta ebdomada in 
crypta sancti Laurentii | extra muros celebret; taliterque singu- 
lis mensibus, in inaquaque ist(arum) eccl(cs)iarum una | missa, 
celebren tur pro d(omi)ni ep(iscop)i et suorum defunctorum ani- 



el) Pág. 730. Madrid, 1862. 

(2) Dice que falleció en 27 de Diciembre de 1506, año décimo del poatificado de 
Alejandro VI, que nos lleva al IJOI. La fuente errónea procede del tomo ii del Teatro 
eclesiástico, por Gil González Dávila, impreso en 1647. 



SANTIAfiO DE LOS ESPAÑOLES EN BOMA. 3? 1 

inabus. | Ileni lenentur supradicti in solemnitale divi Illefonsi, 
que celebratur xxni ianuarii | sub cuiíis invocatione capella est 
dedicala, primas vesperas missam et secundas vesperas | solem- 
niter celebrare; et pro ómnibus capellaiiis constituit tali die decem 
carlenos pro | eorum communi pitaiitia. | ítem tenentnr supra- 
dicti intelecto obitu d(omin)i ep(iscop)i obsequium solempne im- 
mediale faceré; | et postea, intelecto certo die sui obitus, tali die 
singulis annis in predicta capella missam | do i'equiem cantare 
cum diácono et snbdiacono et responsoriis super eius sepulcro. 
Et ordinavit | tali die dentur ómnibus capellanis sex carleni pro 
eorum communi pitan tia. | ítem tenentur supradicti singulis 
annis in commemoratione omnium defunctorum poneré | super 
sepulcrum predicti d(omi)ni ep(iscop)i unum tapettum et duas 
fasces, que ardeant peí- to | tum oíficinm vigilie et diei; et olfe- 
rantur ad pedes sepulcri pañis et vinum, pretio qua | tuor carle- 
norum, more Hispanie. | ítem quod nullus intra predictam ca- 
pellam possit sepelliri nisi sit ex progenie dicti | d(omi)ni ep(is- 
cop)i, aut dignitas sen canonicus in eccl(es)ia Zamoren(si). | Et 
super hiis ómnibus exequendis dominas ep(iscopu)s onerat | 
conscientias gubernatoris et administratorum pro tempore. 

Compréndese fácilmente por qué razón D. Diego Meléndoz de 
Valdés así honró á San Ildefonso, El cuerpo de este gran santo 
se venera en la ciudad de Zamora (1), como el de San Isidoro en 
la de León. 



3. El Cardinal Juan Saenz de Aguirrc. 

Célebre es la memoria de este sapientísimo escritor, lumbrei-a 
de la Iglesia univei'sal é insigne ornamento de la Orden Bene- 
dictina. Nació en Logroño en 1630 y falleció en Roma en 19 de 
.\gosto de 1699, habiendo sido honrado por Inocencio XI con la 
púrpura cardenalicia en 1686, así por la eminencia de su talento. 



(1) Véase la Reseña histórica de la transladóii, invención y milagros del cuerpo de 
San Ildefonso, que trazó hacia el año 1280 Fray Juan Gil de Zamora y me permito se- 
ñalar á la atención fie los Bolandiatas, para sus Analecta. Se publicó en el tomo \i 
del BoLi'.TÍN acadómico, páginas (50-71. 

TOMO XXX. 21 



322 IIOI.KTÍN DIC LA IIKAI, ACADKMIA IJlí I, A IIISTOHlA. 

como cu parlicular por la oina ¡)t'fe.)tsio cuthcdrae scnicti Petri 
adveraiis decluratiuue}ii cleri (j<dli(uni, ¡jiit' |nihlic<') oii 168o. 

En la parle di.sposilivn de su icslamenlo dice así: 

«Nombro por executores teslameiilarios de mi voluntad y de 
lo que leugo dispuoslo y ordenado en mi teslamento y codicilo, 
si (jiiisiore el EuiíulmiUsIiuo Sr. Cardenal Jiidicjs, á losSres. don 
José Molines y á D. Miguel del Olmo, audilores de Rola, al 
Sr. D. Alonso de Torralba, a<>ente de Su Mageslad, y al Padrí- 
Maestro Fray ,Ioso[)h Fimik'mkIcz, mi cíjnfesor y teólogo, y ú cada 
uno de dichos señores in solidum; añadiendo que es mi volunlad ' 
que el dicho Padre Maestro Fernández tome luego posesión de 
lodos mis bienes y sea principal deposiiario de ellos, como tam- 
bién de todo el dinero que dexare eu ser, sin que nadie deba iii 
pueda impedírselo ó contradecirle, para que pueda sin la menor 
dilación dar cumplimienlo entero y cabal á todo mi teslamento. 
A lodos los dichos señores teslamenlarios les dexo, á cada uno 
de ellos, un cuadro de los que se hallaren libres eu mi casa á la 
elección suya en menioi-ia de mi afecto; y les ruego por amor de 
Dios procuren que se cumpla enteramente y con la brevedad 
posible lodo mi teslamento y codicilo, si lo hicieren como lo es- i 
pero de la benignidad y fineza con que siempre me han favo- 
recido. 

Los demás libros que tengo impresos aijuí, eslo es, los Conci- j 
lios de España, la Theologia de San Anselmo, el lomo De cirtv- ' 
tibus el vitiis, la Elhica de Ariatóleles , la Synopsis de los concilios, ' 
las Oraciones y meditaciones de San Anselmo, el libro De imita- 
tione Christi y el libro intitulado Viator chrisiianus, quiero que 
todas las cantidades de dichos libros, que estuvieren en mi casa 
al punto de mi muerte, queden para el hospital de Santiago de 
los Españoles de Roma^ por quenta y razón, para que los venda 
todos á su justo precio, y que en la la! iglesia y hospital se dis- 
ponga una Memoria ó Memorias por mi alma y por las almas de 
mis encomendados, á elección y arbitrio de los señores testamen- 
tarios.» 

El primer efecto de estas cláusulas aparece en el Libro de de- 
cretos de la Congregación de Santiago y San Ildefonso (años 1601- 
1703), donde se lee: 



SANTIAGO DE LOS ESPAÑOLES EN ROMA. 323 

«En 21 de Agosto de 1699 manifestó el limo. Sr. Gobernador 
•que habiendo muerto (1) el Eminentísimo Sr. Cardenal Aguirre, 
que por su testamenlo ordenaba ser enterrado en Santiago de los 
Españoles, y que, según las señales que daba cuando vivía, era 
su intención ser enterrado en la capilla de San Ildefonso. La 
Congregación se resistió á que fuese enterrado en esta capilla por 
la disposición de su fundador, como constaba en la inscripción 
que estaba en la misma capilla; pero que no estando en Roma el 
patrono de la capilla, los testamentarios obtuviesen dispensa de 
Su Saniidad (2), y que en caso de no obtenerla se señalase por 
los testamentarios y señores administradores el sitio en que había 
de ser enterrado.» 

Su Santidad concedió la gracia, y en la Congregación, que fué 
celebrada en 25 de Noviembre de 1699 por el gobernador, admi- 
nistradores y congregantes de Santiago, se dispuso que los testa- 
mentarios del Eminentísimo Sr. Cardenal Aguirre pagasen 200 
escudos por el permiso de ponerle inscripción ó epitafio. 

En 23 de Enero de 1704 se otorgó el instrumento de fundación 
de la memoria por el Cardenal Aguirre, que la Congregación 
aceptó y ratificó en 30 de Septiembre del mismo año. Consiste en 
tres misas semanales y una solemne el día de San José, todas en 
altar privilegiado, por virtud de instrumento que otorgaron don 
José Molines, decano de la S. R. Rola, y D. Alonso de Torralba, 
caballero de Calatrava y agente de Su Magestad Católica en 
Roma, ante el notario D. José García del Pino, consignándose á 
los administradores de Santiago, para la celebración de las 
misas, una renta de 27 escudos anuales que rendían ocho lugares 
de montes. 

Roma, 7 de Enero de 1897, 

José Benavides. 

Correspondiente, 



(1) Dos días antes. 

(2) Inocencio XII. 



,'12 '• IIOMiTIN DK I, A HKAI- ACAUKMIA ÜE l.A HISTOHIA. 



VI. 



SAN .ITAN ÜAUTISTA DE BAÑOS. 

La celosa y benemérila Comisión de Monumentos de Palencia, 
de cuya provechosa labor leñemos pruebas constantes, pide á 
nuestra corporación que favorezca su deseo de que se declare 
Monumento Nacional la iglesia de San Juan Bautista de Baños, 
erigida en el término de aquella provincia y considerada por 
propios y extraños como el único edificio de origen gótico, cuyo 
conjunto se consei'va casi íntegro, salvado milagrosamente del 
ílujo y reflujo de los sucesos destructores de la civilización 
visigoda. 

Por lo que la solicitud representa y por los innegables mereci- 
mientos del cuerpo á quien se debe, los que suscriben, designa- 
dos por el Sr. Director para emitir dictamen, se apresuran muy 
gustosos á cumplir el honorífico encargo. 

Pocas veces se presentará ú, la Academia ocasión tan propicia 
de contribuir á la declaración legal de la importancia hislóiica y 
artística de un monumento. De más acendi-ado valor artístico^ 
podrán ofrecerse al estudio de arqueólogos é historiadores obras 
de los tiempos i'en)otos, pero no tendrán muchas de ellas la anti- 
güedad y el carácter de únicns que reúne San Juan de Baños. 
Porque se tiata de un templo consiruído con data cierta por e! 
rey Recesvinto y donde el valor de la construcción arquitectónica, 
apenas mermada por el tiempo y por restauraciones posteriores,^ 
se acrecienta con una obra de escultura, también única, en 
cnanto es visigoda, según el parecer de los doctos, y con la ins- 
cripción votiva puesta allí poi- Recesvinto en memoria de deberse 
el monumento á la piadosa devoción de aquel rey al santo Pre- 
cursor. 
< Bastarían estas circunstancias para acoger el deseo de la Comi- 
sión provincial palentina con no mentido entusiasmo. Porque es 
de justicia y de utilidad positiva y en ciei'ta manera de decoro- 
patrio que se extienda el amparo nacional á obra de tan remota 



SAN JUAN BAUTISTA DE BAÑOS, 325 

prosapia artística y de la que es único blasón no roto ni borroso, 
tín que pueden advertirse á la clara luz de la crítica los caracteres 
del arte de aquellos bárbaros, herederos del romano, los cuales, 
aunque no por culpa suya, sino de causas históricas conocidas, 
malrotaron la gloriosísima herencia. 

Pero además concurren otras razones de singular importancia 
que favorecen la solicitud délos palentinos y que, según propo- 
nemos, debe hacer suya la Academia. Porque en primer lugar se 
plantea en este edificio y en la estatua que contiene un problema 
hasta ahora no resuelto de un modo definitivo, el de la eficacia 
real que la influencia bizantina tuvo en el desarrollo de la proge- 
nie claramente romana del arte de los visigodos. Es común acep- 
tar la idea de que el arte bizantino influyó con más ó menos brío 
en el período de la decadencia romana que corresponde á la 
monarquía visigoda, sobre todo en sus postrimerías, justificando 
así las denominaciones de latina y latino-bizantina con que se 
distinguen dos épocas de aquel período, según la primera conser- 
vó más pura aunque en corrupción creciente, la tradición romana, 
ó admitió la influencia oriental que traían de Bizancio, bien fue- 
sen los auxiliares aportados á las costas levantinas, bien esas 
auras misteriosas, impalpables para el historiador, que transmiten 
de unos pueblos á otros por caminos invisibles ideas é institucio- 
nes, progresos y cambios, hasta temores y esperanzas. 

No es esta ocasión oportuna, según entendemos, para discutir ese 
problema de índole muy compleja, pero sí debemos reconocer que, 
no obstante el diclamen de doctos escritores, algunos de ellos com- 
pañeros uuestros, muertos unos, vivos otros, aun está por compro- 
bar en definitiva la tesis de la influencia bizantina y que si ha 
sido negada por algunos arqueólogos aun para el período romá- 
nico, donde aparece más visible (negativa por cuya virtud ya 
eslá borrado el apellido de bizantino con que se bautizaba antes 
el estilo románicode los siglos x, xi y xii), con mayor fundamento 
puede no aceptarse sino con suma cautela cuando se trata del 
arte visigodo. Porque la semejanza de algunos caracteres más ó 
menos sustanciales puede proceder del paialelismo natural con 
que marchaban las dos ramas principales desprendidas en el 
siglo V del tronco romano, pues de no ocurrir esa semejanza 



o2{\ »01,l-;iIN UK LA HKAI, ACADKMIA ÜE LA HISTOHIA. 

habría (|ue admitir dos ab.sui'dos, el de que no pueden parecerse 
en cosa alguna dos hermanf)s y el de que dos estilos han de ser 
en lodo desemejantes. 

Otra circunstancia singularísima ofrece al arqueólogo el templo 
de San Juan de Baños, el uso del arco de herradura, que siem- 
pre se ha creído de importación mahometana y que con este 
ejemplo, si se acepta que dicha iglesia es en su conjunto y en sus 
arcos visigoda, resulta de origen anteriora la conquista muslímica. 
Cierto que el hecho es interesantísimo. Porque aparecer juntos 
en la misma construcción aquellos capiteles de columna corintios, 
algo toscos, pero que no difieren de los de obras romanas de los 
siglos V y VI, con otros donde la ruda mano de los artífices visi- 
godos corrompió la misma clase de capiteles, y también con arcos 
de herradura, forma desconocida á los romanos, por lo que se 
busca su único y exclusivo origen en el Oriente, es uno de los 
míís extrí^ños fenómenos que la historia de la arquitectura regis- 
tra, más caracterizado en Baños y, como si dijéramos, más español, 
por el empleo de abacos, impostas, archivoltas y otros elementos 
decorativos, que tienen luego notoria sucesión, así por el dibujo, 
como por la labor indecisa,, en los primitivos monumentos de 
la reconquista, en Santa María de Naranco y en San Miguel de 
J>ino de Oviedo, lo que no debe extrañar, porque todo el espíritu 
de la naciente reconquista está lleno del espíritu de la civiliza- 
ción visigoda en ai'tes, escritura, leyes, lengua y fe cristiana. El 
empleo del arco de herradura justificaría, si, como va dicho, se- 
admite que es de la época visigoda, la presunción hoy bastante 
acreditada con notables ejemplos, de que antes de la invasión dfr 
los árabes, y aun antes de surgir Mahoma en la historia, era 
conocido y empleado ese elemento, verdadero generador luego 
del arte ái'abe, como lo fué el arco ojivo de la arquitectura ojival. 

Si del examen arquitectónico pasamos al escultórico, no es^ 
menos notable la significación de la marmórea estatua de San 
Juan Bautista que allí se conserva, objeto de la veneración de los 
fieles y de la curiosidad de los arqueólogos. Todavía, dicen lo& 
que la han examinado, se advierten en ella vestigios de la deco- 
ración polícroma con que estuvo exornada, aunque esta circuns- 
tancia no sea reveladora de influencias bizantinas, porque la 



SAN JUAN BAUTISTA DE BAÑOS. 



■Í07 



policromía escultórica, según defiende hoy toda una falanje de 
arqueólogos, fué muy empleada por griegos y romanos, aún en 
las épocas más florecientes de su vida artísiica. No es romana la 
estatua, sino de una época en que se aspiraba, sin conseguirlo, 
; unir las perfecciones clásicas con el fondo cristiano, mas con 
tal carácter, que por el estudio de las formas y aun de la icono- 
grafía no puede menos de reterii-se la estatua á la época visigoda. 
Tan cerca está aún de la romana y tan lejos de la barbarie pro- 
pia de los primeros siglos déla reconquista, no pudiendo confun- 
dii'se con las del renacimiento, comenzado aquí en el siglo xv. No 
creemos, como sostiene un docto catedrático y compañero nues- 
tro, que en el rostro de la imagen y en el tipo de la cabeza entera 
se advierte manifiestamente la influencia del tipo pagano de Júpi- 
ter, sino que la disposición de cabello y barba y la inmovilidad 
y poca vida fisionómica corresponden á la severidad de la idea 
cristiana y más quizá á la poca destreza artística del escultor. Más 
recuerdos del arte pagano hay en la forma, disposición y ple- 
gado de los paños que cubren la santa imagen y esto quizá no 
es tanto por remembranza clásica como por el propósito de dar 
apariencias de época al personaje, cuando menos en las vestidu- 
ras. Pero estas son observaciones nuestras en que no insistimos, 
porque no pasan de la categoría de conjeturas. 

Lo que procede es declarar la importancia extraordinaria de la 
estatua y tenerla, como al monumento arquitectónico, por únicos 
de su tiempo y, por consiguiente, dignísimos de la declaración 
solicitada, llamando también el interés oficial sobre la lápida 
votiva donde consignó Recesvinto su cristiana piedad y el año en 
que la ejercitó para construir la basílica. No es de olvidar tampoco 
la mutilada inscripción árabe grabada en uno de los sillares del 
templo, y de la que dio cuenta el Sr. Rada y Delgado al describir 
minuciosamente la basílica en el Museo español de antigüedades 
(tomo i). 

Si tanta es la importancia artística y arqueológica del edificio, 
de la estatua y de las inscripciones, aun consideradas también 
como monumentos epigráficos y paleográficos, no lo es menos la 
iglesia desde el punto de vista histórico. La Comisión palentina, 
que se ha abstenido de darnos noticias y de exponer juicios pura- 



MH HOLKTIN l)K I, A HKAL ACAÜKMIA DK LA HKSTOHIA. 

liieiile moiiuiiH3iitalo.s acerca del asunlo, sin duda porque ya lo 
han hecho algunos escritores de manera cumplida, justifica el 
vaioi- histórico de San Juan de Baños en un notable y erudito 
informe, con que justifica su solicitud y del que debe darse tras- 
lado á la superioridad al mismo tiempo (jue de los deseos de la 
Academia, si ésta se digna aprobar- nuestro informe, cuya con- 
clusión es que se dirija al Gobierno de S. M. respetuosa soliciliui 
de que tenga á l)ien declarar Monumento Nacional el templo de 
San Juan de liaños de Cerralo. 

Esle es nuestro dictamen, que ponemos bajo el ampai-o de la 
l^eal Academia, con demanda de su superior aprobación. 

Madrid, 18 de Diciembre de 18%. 

Manukl Danvila. — Juan Catalina GAncÍA. 



Vil. 

LA FECHA DE LA MUERTE DEL CRONISTA HERRERA. 

A la incansable actividad, con toques de loable avaricia, del 
Sr. D. Vicente Vignau, nuevo jefe del Archivo Histórico Nacio- 
nal, se debe un aumento de sus fondos tan extraordinario, que 
merece ya el nombre que recibió hace algunos lustros más por 
gala retórica de acuerdos oficiales que por el carácter general de 
sus primeras adquisiciones, aunque todas sean dignísimas de 
estimación y aprovechamiento. 

Entre las colecciones de códices, legajos y papeles, de varia 
procedencia, con que el Archivo se está enriqueciendo, hay una 
parte que perteneció á la Cámara de Castilla, aunque, por poca 
fortuna, no anterior á los principios del siglo xvii. Gomo pieza 
curiosa y del misino origen puedo señalar desde luego un tomo 
en folio, encuadernado en rojo tafilete con adornos y escudos 
reales dorados sobre ambas tapas y cuyo título, en sumario, 
es éste: 



FECHA DE LA MUEHTE DEL CRONISTA HERRERA. 329 

«Información de la vida y milagros del Bienaventurado Señor 
Rey D." Alonso Yllí el Bueno y Noble de Castilla y Toledo, 
hecha en Madrid ante Fr. Domingo de Mendoza, de la Orden de 
Santo Domingo, por comisión del Nuncio de Su Santidad y del 
Cardenal infante de España, administrador perpetuo del Arzobis- 
\)iido de Toledo, á instancia de la Excma Sra. D.* Ana de Austiia, 
abadesa del monasterio de las Huelgas de Burgos y del P. Fr. Fe- 
lipe de Agüero, procuradoi- de la Oi'den de S. Bernardo. 1624.» 

No es original, sino copia legalizada y autorizada por escribano 
y que se sacó en Burgos en 1771 de los originales facilitados pai'a 
el efecto por la abadesa del famoso monasterio húrgales (1). 

Se divide el tomo en tres partes. La primera de 233 hojas ó 
folios comprende instancias y poderes de los recurrentes ó peti- 
cionarios, breves, comisiones, edictos, autos, etc., así como las 
infoj-maciones hechas en Madrid acerca de las virtudes y milagros 
del rey D. Alfonso VIII, las que se ordenaron en Illescas en averi- 
guación de haberse aparecido un ángel á dicho irionarca y un 
testimonio d(í la visita hecha al cuerpo de San Isidro Labrador, 
por lo tocan le .í la tradición de haberse aparecido al rey en las 
Navas de Tolosa. 

Consta la segunda pieza del volumen de 166 folios destinados 
principalmente á la compulsa de las historias latinas, italianas 
y españolas, donde se trató del vencedor de las Navas^ así como 
á la erección de la iglesia de Plasencia y á algunas escrituras 
coadyuvantes al mejor conocimiento de la vida heroica del rey. 

La tercera parte, de 114 hojas, encierra las informaciones que 
se hicieron en Burgos acerca de los milagros atribuidos á la inter- 
vención del glorioso monarca, acabando todo con el parecer del 
obispo de R.0SS (Irlanda), D. Fr. Melchor Rodríguez de Torres 
cuanto á la santidad de D. Alfonso. 

De este volumen^ traslado del original de las Huelgas, tuvo 
noticia, aunque no de visu^ el Se. Cerda, que publicó con nuevos 
aumentos las Memorias de Alfonso VIII escritas por el marqués 
de Mondéjai-, y aun recibió comunicación del refei'ido parecer 



(1) Seg-ún me comunica nuestro compañero el Sr. Pirala, hace veinte y siete años 
tuvo ocasión de ver en las Huelgas el proceso original de beatificación. 



.'{30 iíOlhtIn ük La ukal A(;Ar)i:\iiA dk i.a historia. 

del ol)ispo Sr. Hodriguoz i](3 Turros, [xicsto quo lo iuiid'itTiió ;il liii 
(If l;is Memoj'ias. 

í.os solicitantes de l;i bcalilif.Mcióii Uivicioii interés en que fue- 
sen llaniados ;í informar personas de eximia calidad poi- su estado, 
jeranjuía y saber. Por esto aparecen en las informaciones hechas 
en Madiid, Illescas y Burgos, gentes de encumbrada condición 
como el cardenal Zapata de Mendoza; D. Luis de Córdoba, arzo- 
bispo de Sevilla; Frey Gabriel García de Figueroa, del h;'ibito de 
Calalrava y natural de IllesCMs; Fr. Juan de Valle, obispo de 
Guadalajara de Indias; Fr. Maiiíu de la Vera, piior del Escorial; 
el conde de Gondomar; D. Juan Pérez de la Serna, arzobispo de 
Méjico; D. Juan de la Torre Ayala, obispo de Orense y otros per- 
sonajes -de rango. Quisieron además los solicitantes que diesen 
su testimonio no menos autorizado los cronistas nacionales y 
otras personas de ciencia muy probada, así en el orden histórico 
como en otras disciplinas. Y lograron que ante el juez eclesiás- 
tico averiguador acudiesen el gran analista del Gister Fr. Ángel 
Manrique, quien aunque no había empezado aún la publicación 
de sus anales, era ya muy aplaudido por varias obras, singular- 
menle por su Santoral Cisterciense, cuyo primer tomo vio la luz 
en Burgos, 1610, gozando de nuevas reimpresiones en la época 
de la información de que trato; Fr. Malaquías déla Vega, también 
cisterciense y cronista de su Orden, que por entonces tenía ya 
dispuesta para la imprenta su obra en tres tomos Chronica de 
los Jueces de Castilla y de los Reyes sus sucesores, que la Acade- 
mia posee inédita; el maestro Gil González Dávila, que confesó 
tener 54 años y estaba ya muy puesto en predicamento de histo- 
riador, aunque no había impreso su Teatro eclesiástico; el más 
tarde asendereado genealogista Alonso López de Haro, de 53 años 
de edad; Fr. Antonio de Govea, agustino portugués, obispo de 
Sirene (Cirene) que habría ya escrito libros en español y en por- 
tugués y Frey Félix Lope de Vega Carpió, quien declaró ser de 
edad de 55 años, vecino de Madrid y morador en sus casas de la 
calle de Francos y el cual, refiriéndose á las excelencias de la 
vida del monarca, dijo con exquisita prudencia: «no es menos pia- 
dosa acción la conquista de Hierusalem, que este testigo escribió 
últimamente (la había impreso en Madrid por primera vez en 



FECHA DE LA MUERTE DEL, CRONISTA HERRERA. 331 

1609), sacada de tantos autores, si bien algunos difieren en el 
número, por ser tantos los Alfonsos que fueron reyes de Castilla.» 

Entre los llamados á declarar fuélo también el cronista Anto- 
nio de Herrera, quien compareció ante D. Juan Doyega de Men- 
dieta, vicario de Madrid y juez encargado de recibir las declara- 
ciones. Presentóse el cronista ante aquella autoridad eclesiástica 
en 13 de Marzo de 1625 y después de hacer su juramento en 
forma de derecho, cuando iba á contestar á la primera pregunta 
del interrogatorio, ocurrió el suceso tristísimo de que el notario 
dio testimonio en los siguientes términos: 

«Yo Bernabé Hurtado de Limosin, escribano y notario del Rey 
nuestro Señor en todos sus Reynos y Señoríos y vecino de 
Madrid, Notario Publico Apostólico. Hago fee y verdadero testi- 
monio á todos los que la presente vieren, que hauiendose reci- 
bido juramento de Antonio de Herrera Ghronista de S. M, por el 
Señor D.'' D."» Joan Doyega de Mendieta, Vicario &: y auiendose 
empezado a escrivit su deposición como esta hasta el principio de 
la primera pregunta, se le comenzó á trocar el sentido y á darle 
algunas congojas y turbación en la lengua, de suerte que no 
pudo pasar adelante y que desde este dia fui acudiendo todos los 
que vivió que fueron bien pocos para si podia acavar de hacer su 
deposición y como su enfermedad y edad fue tanta, acavó con 
ella en Madrid á veintisiete de Marzo del año presente de mil 
seiscientos veinte y quatro (1) y paraque'^de ello conste á pedi- 
mento del mui Rdo. P.'^ Fr. Phelipe de Agüero... di la pj-esente 
en Madrid a veinte y siete dias de Marzo de mil y seiscientos y 
veinte y cinco años.» 

He transcrito literalmente este testimonio, porque á la vez que 
contiene curiosas noticias de la ocasión y modo en que aconteció 
la liltima enfermedad del cronista, pone término á las dudas 
tocantes al día de su muerte, acerca del que disertaron el señor 
Fernández Duro en la nota leída á la Academia acerca de la 
lápida sepulcral de Herrera (2) y el Sr. Pérez Pastor al publicar 



(1) Error del original ó de la copia, pues las declaraciones se hicieron en lti2ó. 

(2) Boletín, tomo xvi, púg. \~'S. 



:\'.\¿ bolktín [)E La hkal acadhmia i)K r,A histoiua. 

los iGstaineiilosdel mismo cronista (1), confirmándose la sospecha 
del último de que el fallecimiento fué en 21 de Mar/o de 1G25, 
<'.omo dijo antes un biógrafo segoviano. 

Madrid, D de Marzo de l^!»7. 

Jijan Catalina Gahcía. 



VIH. 

LA EDAD DEL COBRE. 

No podemos menos de sentir una satisfacción legítima al ver 
<|ue los hechos vayan confirin*ando opiniones relativas á los perío- 
dos proto-históricos de diferentes i-egiones de la tierra, sostenidas 
y demostradas por sabios españoles. En este caso se encuentra lo 
que hace años, y antes que ningún otro, sostuvo nuestro inolvi- 
dable compañero el Sr. Vilanova, afirmando que debía admitirse 
un período intei-medio entre la edad de la piedra pulimentada y 
la del bronce, caracterizada por armas y utensilios de cobre puro. 

Cada día se ha ido confirmando en España y fuera de ella la 
aseveración en esta parte del Sr. Vilanova; recientemente en la 
sesión del 15 de Febrero celebrada por la Academia de Ciencias 
de París, M. Berthelot leyó una breve comunicación relativa á los 
objetos traídos de la baja Caldea por M. Sarzac expuestos en el 
Museo del Louvre. Las hachas, utensilios y vasos diversos son 
contemporáneos del Rey Hur Niño y se remontan, por lo menos, 
á seis mil años antes de nuestra Era; y según los análisis de 
M. Berthelot son de cobre puro. Resulta de este hecho, ya fuera de 
duda, que la edad del bronce fue precedida de una edad del cobre. 
Los mismos moldes, después de haber servido para este metal, 
fueron empleados, más tarde, para la amalgama que tiene el 
nombre de bronce. Alguno de los objetos de que se trata, que han 

(I) Boletín , tomo xxv, páginas 305 y 473. 



LA iídad del cobiíe. 333 

estado más ó menos tiempo en contado con las aguas salobres se 
destruirán pronto, porque bajo la iníliiencia de los cloruros y del 
aire, el cobre se transforma en protóxido y el metal se disgrega 
rápidamente. 

Me ha parecido iuteresaute por las i'azones que al principio se 
expresan, comunicar este descubrimiento á nuestra Academia. 

Madrid, 19 de Febrero de lf9";. 

Antonio María Fabik. 



IX. 

NUEVAS INSCRIPCIONES ROMANAS Y VISIGÓTICAS. 

Almendralejo. 

Desde esla ciudad, con fecha del día 2 del corriente Marzo, me 
ha escrito el Sr. Marqués de Monsalnd: 

A la inscripción funeral de Setino, ya conocida (1), hoy puedo 
añadií' otra que he descubierto en el sitio del Palacio, á orillas 
del ai'royo del mismo nombre, donde aparecen numerosos vesti- 
gios de población con los restos de un acueducto y alberca de 
depósito. Guardo esta nueva lápida en mi poder. Es de pizarra 
gris, sin labrar, alta, 0,80 in.; ancha, 0,43; teniendo saltada parte 
del encabezamiento y de la base. 

En el calco, sacado y remitido por tan ilustre explorador, leo 
con toda claridad lo siguiente: 

/,/ELVIVS 

MALGEINVS 

-//S'EST'S'T 

///(•OC • FILIA 

P 

(1) Boletín, tomo xxviii, p.ig. 350. 



3IH »OI,KTIN l)K LA l«KAI. ACADKMIA UE LA HIST«JfUA. 

J^a simeti-ía de los leiij^'loiies 1.° y 2.° exige que en aquel no so 
escrihii'ra el pronombre. Kn el í." la primera letra (M) ha per- 
dido el primer ;'iiií,mi1o de sn formarirjn. Al fin del reníílón M." 
están Hiladas la'!' y la L. Kn el 4." Iiay un pnnto antes de OG. En 
el d." oenpa el (-entro la P, destituida del palo inferior, por estar 
allí (jiiebrada la [)ie(li-a. Los puntos de divisi<')n son i-edondos; las 
letras, de li-azo grueso y holgado, alcanzan [*or término medio á 
la altura de 0,06 m. 

[HJelvius Malgeinus [h(ic) s(itus) est. Sit t(erra) Ifevia). [íMonunientutnJ] 
oc filia ])(osuit). 

Helvio Malgeino aquí yaoe. Séale la tierra ligera. Su hija i)uso este 
monumento. 

Malgeinus sale por vez primera en nuestras lápidas peni;isula- 
res. Su elemento radical parece análogo al de Maelonius en Bal- 
semáo cerca de Lamego (5257) y én Mérida {\],Maelo (260,408, 749i, 
Meto (169, 878, 2í96), Mailo (632), Maeiío (453), Magilo (734, 809, 
865, 2633, 3051), Magemts (5304) y Maigenus (847). Son además 
considerables desde el punto de vista gramatical la supresión de 
la primera letra en el vocablo hoc y el giro elíptico de la fórmula 
sepulcral sit ierra levis, usado en otros parajes (124, 641, 8G7, 
1051, 2261) de la Bética y Lusitania. La ligatura de T y L (térra 
levisj ocurre asimismo en Medina de las Torres y en Marim del 
Algarbe (2). 

Jerez de los Caballeros. 

Sobre los antiguos epígrafes de esta ciudad, que deben exami- 
narse á la luz de fieles improntas, hablé, no há mucho, en las 
páginas del Boletín (3). Dos lápidas romanas, que transcribe 
D. Matías Ramón Martínez en su Libro de Jerez de los Caballé' 



(1) Boletín, tomo xxv, páp. 105. 

(2) ídem, tomo xxvii, páginas 319 y 504. 

<3) Tomo XXVIII, páginas 528 y 540; xxix, 255 j' 25<j. 



NUEVAS INSCRIPCIONES ROMANAS Y VISIGÓ I'ICAS. 33í 

ros (1), fallan al Suplemento de la gr;ui colección de Hübner [2] 
Los calcos me ha transmitido el Sr. Marqués de Monsaltid. 



«En la gradería que da entrada á la iglesia de San Miguel por 
su puerta septentrional hay la siguiente inscripción bastante 
gastada.» Martínez, p;íg. 39. — «En un sillar de granito de U, 30 m. 
de ancho por 0,90 de largo, encerrada en ana orla rectangular.» 
Marqués de Monsalud.» — Letras del siglo ii; eu el renglón pri- 
mero altas 0,06; en el segundo 0,05: en el tercero y cuarto 0,03. 

L • H E L V 1 t 

E V H=«. A S l Vs 

AN'XIX-H'S'E 

S'T'T'L 

L(ucius) Helvius Eiqihrasius an(norum) XIX h(ic) s(itus) efsfj. S(it) 
t(ibi) t(erra) Ifevis). 

Lucio Helvio Eufrasio, de edad de 19 años, aquí yace. Séale la tierra 
ligera. 

El Sr. Martínez leyó en los dos renglones primeros m. ielvivs. 

Evi s. El grabador escribió de primera intención Helviu 

Euphrasiu, indicando probablemente la pronunciación, aun 
ahora vigente en Andalucía y en la baja E.xtremadura, que 
suprime la s final. El cognombre griego, tomado de sO-^pacjía, equi- 
vale al latín iucundus (agradable, alegre). Sabido es que en el 
primer siglo San Eufrasio, uno de los siete varones apostólicos, 
fué obispo de Iliturgi (Cuevas de Lituergo, cerca de Gazlona), 
donde está su sepulcro, .según refiere San Eulogio (3). 

(1) Sevilla, 1892. 

(2) Berlín, 1892.— A dditanioita nova ad Corporis vohimeii II {RerMn, 1897). Acaban 
de publicarse por tan preclaro autor en el volumen viii de la Ephemeris epigrajlca, 
páginas 351-515, haciendo constar que durante estos últimos años se han recogido :i25 
inscripciones nuevas (.ibt'-ricas, griegas y romanas) en toda la extensión de nuestra 
Península é islas adj-acentes. 

(3) España Sagrada, tomo xii, pág. 364. Madrid, 1754. 



330 homítín di; i. a hkai. acadkmia dk i, a histoíha. 



2. 



«Kii ol con'íil lie una f.nsa recieiiUMiienlc- consiniída al O. de li 
puerta dn 8aulia;,'0 se ha (íiicoulrado el 5 de Julio de 1801 la ins- 
cripción .sigiiieiile, en un cijjpo «jue haiiía íMiipídrado contra la 
muj-alla, y estaba sobre los huesos de un cadáver.» Mai-iínez, 
pág. 41. — «Lo tiene en su casa el Sr. Martínez. Rs de granito 
ordinario; y la parte snpei'ioi' afecta la fornia semicircular. Tiene 
de alto 0,50 m. por 0,30 de anchu.» Maripiés d*; Monsalud. — 
Letras altas 0,35; siglo n. 

G • AVFVSTIO 

& • F • GAL- MOD 

ESTO' SER «IVLIA 

G • LIB • MODES 

T A • M A T E R 
P 

GfaioJ Auftistio G(ai) f¡ilio) Gal(erin) Modesto Ser(iensi) lidia G(ai) 
lih(erta) Modesta mater j)íosuitJ. 

A Gayo Aufustio Modesto, de la tribu Galería, bijo de Gayo, natural de 
Seria, puso este monumento su madre Julia Modesta liberta de Gayo. 

Lo granuloso de la pieilra turbó la recta lectura é interpreta- 
lación á los ojos del Sr. Martínez |1). La que acabo de hacer pone 
de manifiesto cómo se ha de suplir el nombre Auf{usiio), no 
Auf(idio), en la insigne inscripción 15364) de Burguillos, cuya 
descripción y dibujo exactísimo nos ofreció también el Sr. Mar- 
qués de Monsalud [i\. Los magistrados de la ciudad, Gayo 
Aufustio Vegeto dos veces duúmviro y su hijo Avilo duúmviro 
designado, tienen el mismo prenombre y la misma tribu que 



(1) Leyó: C. Aufii. Silo. \ G.f. 3 al. Mod \ esto. ScrinUa. | G.f. «íí- (atadas) Modes \ ta. 
mater. \ p. 

Tradujo: .1 Cayo AuJld'O Silón, Modesto, hijo de '■■ayo, de la tribu Galería, puso este 
monuiíiento su madre Serrilia Modesta, hija de Gayo. 

(2) Boletín, tomo xxviii, páginas 351 y 352. 



NUEVAS INSCRIPCIONES ROMANAS Y VISIGÓTICAS. 3o7 

nuestro Modesto. Burguillos es contiiiaiite por el Oriente con 
.Jerez de los Caballeros; y el sitio, donde se encontró la soberbia 
lápida de Avito y Vegeto, puede considerarse como suntuoso bal- 
neario (balineiim) que este dedicó y aquel edificó para honrar la 
divina casa, ó dinastía, de los Césares imperantes (in honorem 
domiis divinae). Los juegos dados en el circo para'celebrar la 
dedicación no consienten que llevemos fuera del radio, tendido 
entre Jerez y Burguillos el emplazamiento de la ciudad poderosa, 
donde los tres Anfustis han dejado noble recuerdo. La tribu de 
esta ciudad fué indudablemente la Galeria. El nombre está indi- 
cado por Ser; que si hubiese de reducirse á Serpa ó á Serippo, se 
habría indicado con mayor claridad. Por otro lado Serpa tiene 
fija colocación al otro lado de la frontera portuguesa en la pobla- 
ción del mismo nombre, como lo demuestran sus lápidas y la 
distancia respecto de Beja y Mértola, quer le señalan los itinera- 
rios. Estamos, pues, en presencia de la ciudad betúrica Seria 
Fama lidia y üjp'a de Ptolemeo. 

No corta ilustración recibirían estas conclusiones, si reapare- 
ciese otra inscripción de Burguillos, hallada hace más de un 
siglo, cuyo dibujo pésimo entregó el Sr. Alsinet al Sr. Veláz- 
quez (985); y cuya restitución probable parece ser: LíuciusJ Mar- 
cius LfuciiJ fil^iusj PapfiriaJ Rufiis S[erpfensisJ9] veteranus 
legfionis II, hficj sfitusj efst). Sfit) tfibij tferraj Ifevisj. 



«Según el copista de la historia de Fernández Pérez, el día 5 de 
Abril del año 1840, apareció en una excavación, hecha en el sitio 
de Santa Lucía un pedestal de mármol, de largo cuatro tercias y 
ancho dos cuartas con la inscripción siguiente.» Martínez, pág. 36. 
— El dibujante se llamaba Francisco Méndez (pág. 19); y terminó 
la copia en 14 de Septiembre de 1850. 

S A L V T I 

AVG 
L-VIBIVS 
SECVNDVS 

TOMO XXX 22 



.'{38 IIOI.KIIN OK LA UI;AI. ACADKMIA UE I,A mSTOIUA. 

Saluti Auy(nHtae) L(ucíuh) VibiuH Secundus. 

A la salud auguBta, este 'Ion consagró Lucio Vibio Seguntlo. 

Este moiuimoiito insigne ha sido ya registrado por Ilübner 
(6338). Consta qne estuvo diez años há en poder del Sr. Muñoz, 
párroco de Sania María. No ha podido el Sr. Marqués de Monsa- 
lud averiguar su actual paradero. 

Gonjoturo que á la copia falla el renglón final d(e) s(uoj dfatj, 
que por estar abierto con caracteres diminuios, no fué tal vez 
atendido. 

En el plano topográfico, que dignamente corona la obra del 
Sr. Martínez, el sitio de Santa Lucia se marca en las afueras de 
la ciudad, junto al ángulo meridional de las murallas entre la 
puerta Nueva y la de Sevilla, en la falda de la colina llamada ¡ 
del Otero. 

Hace cargo el Sr, Martínez (pág. úll) al Dr. Hübner de haber 
pasado por alto, ü omitido, la inscripción funeral de Cornelia ¡ 
Trifena. No la omitió; antes bien, la coloca (1308) en Jerez de la 
Frontera con arreglo á la fórmula c(ara) s(uis). 

Tampoco ha sido posible al Sr. Marqués de Monsalud aprontar 
los calcos de tres inscripciones (Hübner, 6277 a, b, c), que el 
Sr. Duque de T'Serclaes trasladó desde Jerez de los Caballeros á 
su palacio de Sevilla. Las copias enviadas al Dr. Hübner, justa- 
mente receloso de ellas, no se avienen con las impresas por el 
Sr. Martínez (páginas 38 y 40); el cual, no obstante, ha prestado 
un buen servicio á la Historia, marcando el punto de extracción 
de los tres monumentos: 

í>277 a, cerca del valle de Santa Ana; 

6211 6, en la ciudad, cerca de la puerta de Santiago; 

6277 c, en los Berrocales. 



4. 

Una legua al Norte de Jerez está el valle de Santa Ana, donde 
se han hallado varias inscripciones. La que tiene en su poder el 
Sr. Duque de T'Serclaes, dos veces aparece en la colección de 
Hübner (5360, 6277 a) habiéndose de ella enviado copia á nuestra 



i 



NUEVAS INSCRIPCIONES ROMANAS Y VISIGÓTICAS. 339 

Academia en 26 de Noviembre de 1868. Cotejadas las tres edicio- 
nes, bien se puede leer mientras el calco no viene: 

D • M • s 

T • ANNIO • TES 

SALO* ANN xxxx 

ANNIA • MARC 

lANA'PATRI-Pl 

ENTISSIMO • F • 

S'T'T'L 

D(is) Mfanibus) s(acrum). T(ito) Annio Tessalo anfnorum) XXXX, 

Annia Marciana patri pientissinio f(ecit). S[it) t(ihi) t(erra) l(evis). 

Consagrado á los dioses Manes. A Tito Annio Tésalo, de edad de 40 años, 
padre piadosísimo, le hizo este monumento su hija Annia Marciana. Séate 
la tierra ligera. 

5 

En dicho valle de Santa Ana, año 1868. Hübner, 5361. 

L- R'PAPIRIVAI 

MATER 

S«T 

Hay que buscar el original. Acaso es el mismo (1U06), que vio 
Bibríín en Salvatierra, no lejos del valle, y leyó como dedicado 
á la memoria de L(ncio) Rapio Rufo, fallecido en edad de 30 años. 

6. 

«El epígrafe siguiente, enconlrado en los Berrocales, fué tam- 
bién recogido por D. Silvestre Muñoz, y lo posee el citado señor 
Duque.» Martínez, pág. 38. — Hübner, 6277 c. 

C • VlBIvs . PROB 
VS • L • BROCCI- 

F« aN'XVH'Hic 

SITVS'EST 



340' BOLETÍN DE L.\ HKAL ACADEMIA DE LA HISTOHLA, 

Cfaius) Vibius Probtia L(ticii) Brocci f(ilius) an(norum) XVII , hic 
situs est. 

Cayo Vibio Probo, hijo de Lucio Broceo, de edad de 17 años, aquí yace. 

Lucio tís aquí nombre gentilicio, uo prenoinbre. En varias 
lápidas (516, 1157, 2688, 4172, 4366, 4527, 5268) el hijo no lo 
toma del padre, y sí de la madre (366, 522, 913, ÍH)0, 1247, 3085, 
3577, 3768, 3804, 3072, 6172). 



«Cerca de la puerta de Santiago se encontró la inscripción 
siguiente, que recogió el Sr. Muñoz y hoy la posee el Sr. Duque 
de T'Serclaes.» Martínez, pág. 37. — Ilübner, 6277 b. 

I V L I A • I A N V 
A R I A • A N • X 
H • S • E • S • T • T • L 
A V A T I A • M A 
X S V M A • M A 
TE R • F 1 L I A E 
P 1 I S S 1 M A E 
F • C 

lulia lanuaria anfnorumj X hficj s(ita) e(st). S(it) t(ibi) t(erra) l(evisj. 
Avatia Maxsuma mater filiae piissimae ffaciendum) c(uravit). 

Julia Januaria, de edad de diez años, aquí yace. Séate la tierra ligera. 
Avacia Máxuma, su madre, hizo labrar este sepulcro para la hija piado- 
sísima. 

El nombre gentilicio de la madre se ha leído diversamente: 
AVAIíA por el Sr. Martínez; AVAI • A en la copia que remitie- 
ran al Dr. Hübner. La letra que sigue á la 2." A, debe ser una T 
ó una L; pero aquella es preferible, según el trazado de ambos 
ejemplos. Avatia Maxsuma en latín menos arcaico serían Avitia 
Máxima. El cognombre Avana ocurre en un bronce (5812) de 
Sasamón en la provincia de Burgos, y los nombres Aiatius y 



NUEVAS INSCRIPCIONES ROMANAS Y VISIGÓTICAS. 341 

Aiatia ea una lápida sepulcral de Mérida, que posee eu Sevilla 
nuestro correspondienle D. Antonio María de Ariza. 

La puerta de Santiago en Jerez de los Caballeros ocupa el 
centro de la muralla oriental. En el mismo paraje se descubrió el 
epitafio (2) de Gayo Aufustio Modesto; y algo más abajo de la 
puerta de Sevilla (1) el de Lucio Helvio Eufrasio. Gomo las de 
Lugo, León, Coria y Talavera de la Reina, las murallas de Jerez 
ocultan innumerables lápidas de la época romana de esta ciudad, 
dignas de recomendarse con toda eficacia á la exploración de los 
doctos y á la protección del Excmo. Ayuntamiento. 



8. 

Un cuarto de legua al Norte de Jerez, camino de Burguillos, 
junto al arroyo de Mari Gallega, existe la dehesa y antigua 
alquería de la Granja, que en 1470 era señorío de D. Juan de 
Bazán (1), y es ahora propiedad de D. Juan Peche. En una exca- 
vación, que se abrió cerca del arroyo y á no mucha distancia de 
la casa solariega, hace cuatro años, se halló un gran fragmeuto 
de lápida romana, que el Sr. Peche mandó incrustar en la pared 
del palio, y ha fotografiado en 19 de Febrero último D. José 
Crespo á ruego de nuestro infatigable correspondiente D. Eduardo 
Spencer Dodgson, de quien pronto recibí el primer ejemplar foto- 
gráfico (2). En balde he pedido con instancia el calco, que espero 
nos facilite el Sr. Marqués de Monsalud, dándonos al propio 
tiempo noticia de la calidad y dimeusiones de la piedra. Las 
letras son del primer siglo, y los puntos triangulares. 



SEX«IVLIVS« MEDVG/ 
GAL • LVPVS; 



(1) Martínez, pág-. 82. 

<2) Carta riel -20 de Febrero. 



342 holetín de la ueal academia de la histohia. 

Sexftus) lulim Medug[eni f(iliuñ)] Galería Lupus [hfic) s(itusj efstj]. 
Sexto Julio Lupo, de la tribu Galería, hijo de Medúgeno, aquí yace. 

En AraniLMiha, cercii de Poilulegre, se descubrió la piedra 
sepulcríil (102) de GayoLiciuio Vero, hijo de Medúgeno y ualural 
de Cluiiia. 

9, 10. 

En la sesión del 13 de Agosto de 1819 dio cuenta D. Diego Gle- 
niencín á nuestra Academia de un oficio que le había dirigido, 
dos días antes, desde Valladolid, D. Mariano Tamariz, solicitando 
fuese nombrado con-espondiente. Acompañábase la solicitud ó 
exposición de auna noticia de varias inscripciones que vio y copió 
el Sr. Tamariz en varios pueblos de Extremadura y Portugal, á 
saber: en Salvatierra, La Parra, P'regenal, Los Arcos, Xerez de 
los Caballeros, Alconera, Mora y Yelves, y un catálogo de su 
monetario.» La noticia existe en nuestra Biblioteca (Estante 18, 
65, legajo penúltimo). En la parte que ahora nos interesa dice 
textualmente: «En Xerez de los Gavalleros , que fué colonia 
romana con el nombre de Emris, vi varios fragmentos de 
lápidas, entre ellos uno con el nombre de POMPEIO, y otro con 
el nombre de IVLIA LVPA.» 

No dice más. Los dos fragmentos pudieron pertenecer á un 
solo epilafio: al de Pompeyo, cuya mujer ó madre hubiese sido 
Julia Lupa. 

De esta noticia dependen líübuer (1007) y Martínez (pági- 
nas 510 y 511). En el año 1819 había visto el Sr. Tamariz otros 
fragmentos, de los que tal vez h¿iya memoria en manuscritos de 
la ciudad contemporáneos. 

El fragmento epigráfico de Julia Lupa está relacionado íntima- 
mente con el del número anterior (8), hallado en la Granja. 

11. 

La memoria de este epígrafe y del siguiente sólo se ha conser- 
vado en un papel volante de D. José Goruide en nuestra Biblio- 



NUEVAS INSCRIPCIONES ROMANAS Y VISIGÓTICAS. 343" 

teca (1). Se inscribe Xerez, sin determinar si es de Ja Frontera ó 
de los Caballeros. Infiero, no obstante, que esta última ciudad 
estaba en la mente del autor, porque á la copia de los dos letreros 
romanos, se sigue la del visigótico:^ (2), hallado en la ermita de 
San Blas de las Ciervas. 

El primero que trae Cornide es el 991 de Hübner. Del diseño 
aparece que la piedra estaba quebrada por todos sus lados menos 
por el superior. Hübner se separa de la fuente original, supri- 
miendo una unidad del número de los años, y trocando en L la I 
del renglón visible postrero. Mucho peor lo hace ol Sr. Martí- 
nez (pág. 510), alterando la posición de las letras y dando á la 
piedra un marco que ciertamente no vio Cornide. Daré los suple- 
mentos conjeturales: 

D • M • S 



ALB- VALEN 




D(isJ M(anibm) sfacrum).\Albfia) Valen\[t]ina vixit\[anjn(is) XL1L\ 
[Albin]af(ilia) | [matrji in | [dulgentis | simae p(osxát)]. 

Consagrado á los dioses Manes. Albia V^alentina vivió 42 años. A su 
madre indulgentísima erigió Albina este sepulcro. 

No diciéndonos Cornide de dónde sacó el apunte de esta ins- 
cripción que achacó á Jerez, se puede sospechar que esté equivo- 
cada con otra (1152) procedente de Itálica y sepulcral de Julia 
Valentina. 

12. 

Cornide en el papel sobredicho, núm. 2."— Hübner, 986. — 
Martínez, pág. 510. 

(1) Estante 18, 40. 

(2) Hübner, Inscriptinnes Ilispaniae chrisíianae, núm. 51. Berlín, 1871. 



344 boletín dk la hkal academia de la HISTOHIA. 

//y/////,//.//XXIII • A'BIVS 
,,,ninuuni CERETANVS 
,11, ,u B //,/// VERA- lAC • 
,,//,/, IIIIX •ET-PlBNTiS • 
H«S-E'S«T«T'L« 

¿Debe relegarse esta inscripción entre las apócrifas? Pudo salir 
de otra, concebida en éstos ó parecidos términos: 

c • albi vs • c • F • gal • albicvs 

PACENSIS • VIXIT • ANN • LXXHI 

H«S«E'S'T'T'L 
ALBIA • SEVERA • FILIA • P 
ATRl • ÓPTIMO • ET • PIENTIS 
SIMO • FAC • CVR 

Sin embargo, pudo también fraguarse de otra, por ejemplo la 
987, hallada cerca de Zafra, y no lejos de Jerez de los Caballeros, 
que dice así : 

Allia Severa \ Igaeditana \ annloriivn) XXII \ h(ic) s(ita) e(st). 
S(it) t(ibij t(erra) l(evis). j Allia Modesta \ mater \ f(aciendiim) 
c(uravit). 



13. 



Entre las puertas de Sevilla y de Santiago está la que fué alca- 
zaba moruna y fortaleza de caballeros templarios , con su famosa 
Torre Sangrienta, que ocupa el ángulo oriental, y con sus muros 
en parte desmoronados, cuya planta no es dudosa. Según el señor 
Martínez (1), «constituía el castillo un paralelógramo de cien 
metros en sus lados mayores y setenta en los menores; en los 
ángulos hay cuatro torreones y otro sobre uno de los lados, 
lodos ellos prismáticos de base cuadrada y de diez metros de 

(1) Pág.337. 



NUEVAS INSCRIPCIONES ROMANAS Y VISIGÓTICAS. 345 

altura». En carta del 20 de Febrero pasado el Sr. Dodgson, desde 
Jerez de los Caballeíos, me escribió lo siguiente: 

«Hoy D. Mario FeíMKuidez y Fernández, empleado en telegra- 
fía, me indicó una lápida inédita, que yace en la tierra cerca de 
la Torre sangrienta, dentro del castillo de los Templarios. He 
sacado una copia en lápiz; mañana tomaremos una impresión en 
papel mojado, y con el permiso del encargado militar levantare- 
mos la piedra para fotografiarla y colocarla al abrigo de la intem- 
perie dentro de la dicha torre, la cual contiene una bonita 
cámara del siglo xiii. La piedra, rota por debajo, tiene también 
recortados los ángulos superiores, y picadas y desfiguradas algu- 
nas letras, siendo, á mi parecer, dudosas las que figuro inclina- 
das en esta copia: 

AVGV5TI5L5TIL 
TAVfrLIí'/w^AVSI 

Aproveclio esta ocasión para decirle que D. Luís de Guzmán 
Pérez de Lasarte está dispuesto á convertir en Museo regional 
aquella cámara, si lograre adquirir el castillo, ya inservible, 
comprándolo del Gobierno é instalando en él una fábrica de 
corcho.» 

Ni el calco ni la fotografía he logrado ver. En carta que acabo 
de recibir, escrita desde Lisboa, me advierte tan buen amigo que 
la piedra fué recogida en 21 de Febrero por el Sr. Pérez de Guz- 
mán, el cual la tiene ahora en su poder. Mirándola con mayor 
atención ha leído el Sr. Dodgson: 

... AVGVSTI SE S TIL... 
TAVETLIVI ... AVSI 



Añade que la figura del monumento es la de un cipo, desmo- 
chado en los ángulos superiores. Por el lado, opuesto á la ins- 
cripción romana, lleva «algunas esculturas de la época de la 
reconquista, una cruz, una estrella, una flor de lis y dos dibujos 
discutibles». Estos vagos emblemas parecen indicar el escudo de 
la Orden de Santiago, que entró en posesión del castillo á 25 de 
Diciembre de 1370. La piedra romana, quizá descubierta ó caída, 



340 BOLIÍTÍN DE I.A IIKAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

á impulso del (ioro embale fjue aportilló la Torre Sangrienta, 
iillimo haliiarte donde se hicieíoii fuertes los templarios españo- 
les y perecieron trágicamente, pudo muy bien aprovecharse para 
mostrar cu su rara inv(!rsa el dominio de los nuevos poseedores, 
ó caballeros de Santiago, que dieron nombre, ó trocaron el sobre- 
nombre á la que antes se había llamado Jerez de Badajoz. 

Sospecho que en el segundo renglón de la inscripción romana 
se oculta la verdadera lección... et Livifae D]rusi [f(iliae )...], 
siendo toda ella consagrada á la memoria de esta emperatriz y de 
su marido Augusto ó de su hijo Tiberio. El calco, que he pedido 
al Sr. Marqués de Monsalud, nos descubrirá los adelantos que 
puede la Historia recabar de tan interesante monumento. Por 
ventura, el fragmento que le falta, y que no debe de andar muy 
lejos, resolverá completamente la cuestión de saber si fué esta 
ciudad la que Plinio llamó Seria Fama Julia, y que retuvo su 
nombre de Seria durante la edad visigótica, como lo muestra el 
texto del Ravenate. De Seriense, ó Seriese (municipiumj , sale di- 
rectamente la forma 'Li^j^ que le dieron los árabes. 

14. 

Al pie del castillo de los templarios y contigua á la puerta de 
Sevilla, está la iglesia parroquial de Sania María, en la que, al 
hacerse el retablo de Santa Catalina de Sena se halló una colum- 
na, «que por su importancia tuvieron el buen acuerdo de colocar 
entre la capilla bautismal y la puerta de la subida á la torre» (1). 
De la inscripción visigótica, que la columna contiene, dieron 
cuenta en 1626 D. Juan Valenzuela Velázquez, que fué más tarde 
obispo de Salamanca, y en 1664 D. Juan Solano de Figueroa, 
obispo de Badajoz (2), omitiendo cuatro unidades del numeral de 
la era, sin duda por hallarse esta parte del epígrafe oculta ó 
velada en su tiempo. Recientemente el Sr. Martínez ha publi- 
cado (3) un dibujo de tan importante inscripción, cuyo calco en 



(1) Martínez, pág. 13. 

(2) Inscript iones Ilispaniae christianae, núm. 50. 

(3) Pág. 14. 



NUEVAS INSCRIPCIONES ROMANAS Y VISIGÓTICAS. 347 

balde pedí al Sr. Peche (1), y al fin he conseguido del Sr. Mar- 
qués de Monsalud. El cual, con fecha del 2 del corriente, me 
escribe: «La actual iglesia de Sania María fué construida en la 
segunda mitad del siglo xvi, así como el primer cuerpo de la 
torre, en que se halla bien caracterizada la arquitectura de la 
t'poca, no conservándose resto alguno de la primitiva iglesia, de 
( uya dedicación ha llegado hasta nosotros la lápida coiimemora- 
liva. Hállase ésta grabada sobre un fuste de columna, que sin 
duda aprovechó el lapidario, con la circunstancia de haber colo- 
reado hacia arriba la extremidad de mayor diámetro.» 

El calco de la inscripción mide 0,17 m. de alto por 0,39 de 
ancho. Tiene cuatro renglones: los dos primei'os altos de 0,03 m., 
y los siguientes 0,05. La paleografía en todo se aviene con la del 
l)ello epitafio de Gregorio (-¡- 4 Febrero, 544), que está en Alcalá 
i el Río y ha sido correctamente delineado por Hübner (2). Los 
puntos que separan los vocablos, y toman la figura, ya triangu- 
lar, ya de punta de flecha, indican asimismo mayor aproxima- 
ción que la del siglo vii á la época romana. La sobria composi- 
(úón y disposición de todo el letrero, y la forma de las cifras 
numerales, reflejan la pulcritud y severidad de insigues lápidas 
del siglo VI, halladas respectivamente en Lebrija (84), Sevilla (76), 
Granada (115), Cartagena (176), Toledo (155), Talavera de la 
Reina (44) y Mérida (33), catalogadas por Hübner; á las cuales 
hay que agregar la muy antigua Emeritense, cuyo fotograbado 
publiqué en nuestro Boletín (3) y que eslimé ser del siglo v. 

Leo, pues, sin zozobra, en el mejor monumento cristiano de 
.Jerez de los Caballeros: 

t D- • VllH'Kt lANVARl 
AS ERA • D$<XXXIIII » 
DEDICAS ESTHECECE 
SIAíSCE MARIE» 



(1) Boletín, tomo xxix, pág. 256. 

^2) I.fí.C.,60. 

(3) Tomo IX, p;1g. 397. 



.'M8 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

En la cifra numeral de la era, la D (500) que está completa- 
mente cerrada ha recibido por debajo un golpe casual que le da 
la extraña figura dibujada por el Sr. Martínez. La X resultante 
del cruce de la línea inferior de la L con otra línea, que sube á 
tocar la primera extremidad superior de la X siguiente, es inten- 
cionado y exigido por la circunstancia de que había de caer en 
domingo el día de la dedicación de la iglesia. Así fué en la era 594 
y no diez años antes. Bien es verdad que también se verificó en 
la era 684 (año 046); pero los trazos del original, que en el calco 
vemos, excluyen de su realidad semejante fecha, 

/ D[ie) VIIII k(a)l(endas) lanuarias era DLXXXXIIII dedicata est 
hec eclesia s(an)c(tje Marie. 

En el día 24 de Diciembre del año 556 fué dedicada esta iglesia de 
Santa María. 

Conformes á esta norma numeral están las lápidas de Lebrija 
(84) y de Medinasidonia (86), que sin duda han de colocarse 
respectivamente en las eras 593 y 697 (años 555 y 659). 



15. 



Dos fuentes manuscritas existen para la crítica del verdadero 
texto de esta inscripción visigótica: 

1.* i< Discurso piadoso^ critico, historial, sobre la identidad de 
los huessos de un cuerpo humano^ hallados en la dehessa nombrada 
de Alcobaza, término de esta ciudad de Xerez de los Caballeros, en 
el día i8 de Junio de illl ; que escrivia D. Vicente Rodriguez de 
Medrano, Académico honorario de la Real de la Historia de Es- 
paña y Visitador de todas rentas de S. M. en dicha ciudad. Es un 
folleto manuscrito, que posee la Biblioteca de la Universidad Li- 
teraria de Sevilla, con una lámina á la aguada, que representa la 
parte superior del sepulcro á que el folleto se refiere y la inscrip- 
ción visigótica que en él había. Por no encontrarse hoy dicha 
inscripción, se ha hecho una reproducción fotográfica de lalámi- 



NUEVAS INSCRIPCIONES ROMANAS Y VlSiaÓTICAS. 349 

na dicha, que verá el lector en este libro (1).- Martínez, pá- 
gina 26. 

«Comienza el opúsculo consignando un acta ó diligencia judi- 
cial de reconocimiento del hallazgo, hecha por el Ldo. D. Miguel 
Antonio Benavén , Teniente Corregidor de Jerez (por ausencia 
del Corregidor), acompañado de D. Manuel Antonio de Figue- 
roa, cura de Santa Catalina; D. Juan Antonio Niíñez Barrero, 
cura de San Bartolomé; el Guardián del Colegio Seminario de 
Ntra. Sra. de Aguas Santas; D. Jaime Pedro de la Rocha, admi- 
nistrador del Marqués de Matallana (á quien pertenecía la dehesa 
citada de Alcobaza); D. Pedro Pérez Lima, Sindico; D. Felipe 
Tragia, caballero de Santiago, y otros varios vecinos que acudie- 
ron á ver el descubrimiento. Haciendo excavaciones unos traba- 
jadores en la dehesa, descubrieron un sepulcro de dos varas y 
media de largo, solado de ladrillos y reforzado por fuerte pared 
de argamasa; y en su interior los huesos de un cadáver en su 
mayor parte destruidos, y en el lugar correspondiente, á mano 
izquierda, un anillo, al parecer, de plata, de bastante marca. En 
la cabecera del sepulcro había una lápida de mármol, que medía 
tres cuartas y dos pulgadas de longitud, y tenía una inscripción. 
La piedra, según el documento, fué llevada á la casa de la dehesa 
de Alcobaza; y los huesos y anillo, depositados en una caja que 
costeó D. Jaime de la Rocha, se llevaron á la iglesia de Santa 
Catalina.» Martínez, páginas 46 y 47. 

2." « Prope Jerez de los Caballeros, in deserto (dehesa) de la 
Alcobaza, in loco íjuodam dicto Mojiasterio. loachim Petras Ro- 
cha (administrador de la dehesa) in epistula scripta d. 24 m. Jun» 
a. 1774 ad Anlonium Cortes ms. acad. Matrit. Est. 18. 57.» Hüb- 
ner, 51. 

La copia de la inscripción, que sacó de la primera fuente el 
Sr. Martínez (pág. 46)^ discrepa de la que Hübner tomó del ma- 
nuscrito de fecha anterior, existente en nuestra Academia. Esta 
dice así: 



(1) Mo la veo en el ejemplar (núm. 251) de la tirada de 3'1<K que poseo y debo al se- 
ñor Peche. 



'150 uoi.K'I'ín ihí i, a mkai, acaukmia de la histoiua. 

macona de 
vota famvla 

AEI VIXIT AN 
NOS L'i REQVIE 
VIT IN PACE 
SVB DIE XIIl KA 
L M A R T 1 A S 
ERA DLX^ 

Macona devota fámula Dci vixit annos Lll. Reqtiievit in pace suh die 
XIII kal'endas) Martias era DLXL. 

Macona, monja devota de Dios, vivió 52 años. Descansó en paz á 17 de 
Febrero del año 552. 

La copia de la fiionte primera (1) es anormal en la (iistribiicinn 
de los renglones; y así en el día del mes como en la era, cambia 
los números. 

Hay que buscar el epígrafe original y devolverlo á la ciencia 
íntegro. Si no se halla en la casa de la dehesa^ se encontrará tal 
vez en el templo de Santa Catalina, donde pudo ir á juntarse con 
la caja que encierra los huesos y el anillo de la religiosa Macona 
que fué consagrada desde su infancia á Dios por devoción de sus 
padres. Así parece que ha de entenderse el vocablo devota á la 
luz de los cánones 49, 54 y 55 del Concilio Toledano IV. 

Sospecha el Sr. Martínez (2) «que el nombre propio de esta 
difunta fué copiado erróneamente por los que vieron el original, 
y que acaso el verdadero fuese Máxima en vez de Macona. f> Ta- 
maña aberración de testigos diversos, oculares y desinteresados, 
no es creíble. Tanto valdría pretender que el verdadero nombre 
de Masona, arzobispo de Mérida, fuese Máximo. Del griego [ia/wv 
(balante) pudo salir el que en la inscripción se leía. Una lápida 
romana de Lara de los Infantes (2861) se dedicó á los Manes de 



(1) « Macona \ devota fa \ nuda Del vixit | annos Lll re | quietit in pa \ ce sub die Xíí 
kal I Martias Era DfJT.» 

(2) Pág.47 



NUEVAS INSCRIPCIONES ROMANAS Y VISIGÓTICAS. 35t 

Atilia Belouna, liberta de Mecano; y Madrid ( MageritiimJ se ori- 
ginó de Miacum. El nombre en cuestión pudo ser de estirpe betií- 
rica, ó tardía ñor del idioma céltico, que echó profundas raíces 
sobre las márgenes del Ardila. 

16. 

En la ermita de San Blas de las Ciervas, situada en la dehesa 
de la Mata, dos leguas al occidente de la ciudad, camino de la 
villa de la Oliva, se mostró en el siglo xvi la siguiente inscrip- 
ción, que copió Florián de Ocampo (f 1574), según aparece de su 
manuscrito, Q. 130, fol 171 vuelto, en la Biblioteca nacional. 

+ TEODEM IR VS 
FAMVLVS DI VIXIT 
IN HOC SCLo LXXVl 
ANN • ACCEPTA PE 
NlTENTIA QVIEVI 
IN PACE SVB ^ 
XVII KLS NO 
V E N B ERA 3CC 
O O o 

+ Teodemirus faniulus D(e)i vixit in hoc s(e)c(ujlo LXXVI ann(os). 
Accepta penitentia quievit inpace suh dfie) XVII k(a)l(en)d(as) Novenh(res), 
Era DCC. 

Teodomiro, siervo de Dios , vivió en este siglo 76 años. Hecha peniten- 
cia, descansó en paz á 16 de Octubre del año 662. 

Martínez (pág. 48) no ha visto la piedra original, y toma del 
obispo Solano de Figueroa la disposición caprichosa de los ren- 
glones: 4- Teodomirus famulus Dei \vixit hoc seculo LXXVl ann.\ 
acepta penitentia quievit in pace \ suh d. XV kld. Novemb.y 
Era DCC. Apunta, sin embargo, y bien, que «harto se comprende 
que en el original debió estar puesta en renglones más cortos, lo 
mismo que ocurre con todas las de la época». Añade (pág. 49) 



3'52 HOMvTÍN IjK la HKAI. ACAUKMIA UK LA HISTOHIA. 

qiic «eii el siglo ilfíciinosexlo colocaron en la ermila «le San Hlas 
un epígraf(; qiuí decía: Esta obra mandó hacer Teodomiro re;/ 
para fionra y gloria de Dios nuestro Señor. n No salvaron de la 
ruina el saiiUiario esta inscripción y la visigótica. En Jifcrenlos 
años (1507, l.JBá y 1007) sus aires puros y sano clima siivicron 
de asilo contra la pestilencia á las monjas de la Madre de Dios 
que profesan la regla de Santa Clara. «Aun quedan en pie algu- 
nas paredes de esta ermita» (p;íg. 325); pero la inscripción visigó- 
tica no comparece ó no se ha buscado con el cuidadoso interés al 
que es acreedora. 

Musulmanas no se han hallado todavía, pero no pueden faltar 
en la ciudad que durante el curso de cinco siglos hasta el 
año 1230 gimió bajo el yugo sarraceno. Antiguas monedas tam- 
poco han de faltar, aunque ninguna cita el ftr. Martínez. Eu 1829 
se hallaron trien tes visigóticos de oro, que describió (1) el histo- 
riador D. Gregorio Fernández Pérez en carta escrita á D. Diego 
Clemencín, desde Mérida en 5 de Febrero de 1831, y he visto 
entre los papeles inéditos de nuestra Biblioteca (Est. i8, 57). Los 
autores que opinan que Jerez de los Caballeros fuese Ceret, se 
han Ajado en las monedas de cobre Ceretanas (2) y en la inscrij)- 
ción más ó menos apócrifa (12), harto corrompida, que sólo copió 
Cornide. Mas ni el sitio del hallazgo de esas monedas se nos dice 
que sea Jerez de los Caballeros, ni aquella lápida, aunque fuese 
legítima, hace al caso. Prefiero creer con el Sr. Coello (3) que 
Ceret está representado por las ruinas que pululan alrededor de 
la torre de Cera, orillas del río Guadalete; y es punto estratégico 
de primer orden entre Lebrija, Tarifa y Cádiz. Allí, por de con- 
tado, ó en Jerez de la Frontera, mejor que en Jerez de los Caba- 
lleros, se verifica el dicho de Teopompo (4), que escribiendo tres 
siglos antes de la era cristiana, marcó la situación de una ciudad, 
denominada Xera, cerca de las columnas de Hércules. 



(1) í(La de oro es de Liuva 1 ", acuñada en Mérida, igual en todos sus caracteres á 
las que se encontraron, hace do.i años, en Xerez de los Caballeros, de los Reyes Leo- 
vigrildo y Recaredo, batidas también en Mérida.» 

(2) Hübner, Mominienta lingnae ibericae, núm. 175. 
(8) Mapa de la provincia de Cádiz. 

(4) Zi^'pa, T.nkii -%o\ Ta; 'H:a/.X£;ou; atrjXa;. 



NUEVAS INSCRIPCIONES ROMANAS Y VISIGÓTICAS. .353 



Salvatierra de los Barros. 

En el tomo xxvi del Boletín, pág. 73, alegué el testimonio de 
Solano de Figueroa, que declaraba existir preciosas antigüedades 
■en la ermita de Santa Lucía, situada dos kilómetros al Sur de 
Salvatierra de los B irros. Esta ermita, según el Sr. Marqués de 
Monsalud, que acaba de visitarla y hacerla objeto de fructuosas 
exploraciones, ocupa el centro de las ruinas de una ciudad 
romana (Varna?) que permaneció en pie dui-ante la edad visigó- 
tica. Citaré las palabras de nuestro infatigable corresponsal. 

«Alrededor de ella, en una extensión de un kilómetro en cua- 
dro próximamente, el terreno está cubierto de fragmentos de 
cerámica y trozos de mármol blanco, dejando aparecer algunos 
sillares que indican la dirección de muros hoy ocultos, donde 
recogí asas de grandes vasijas, trozos de vidriado y algunos de 
teja árabes. 

De la ermita sólo quedan en pie los arranques de sus muros 
exteriores. Fué construida, aprovechando otro edificio romano 
arruinado con la ciudad, á unos dos metros sobre el nivel de 
ésta conforme lo indica la portada, de la que aparecen el dintel y 
parte superior de las jambas, que necesita esa elevación para 
guardar la proporción debida á su luz y arranque. 

En el interior de la ermita hice excavaciones y descubrí dos 
fragmentos de inscripciones visigóticas, cuyas improntas envío. 
La solería resultó ser de ladrillo. También se puso á descubierto 
un zócalo, formando triángulos en esgrafiado, blanco sobre ne- 
gro. Opino que á este edificio sagrado pertenecieron dos piedras 
de mármol blanco que existen ahora en la fachada meridional del 
templo parroquial de la villa, construido á principios del siglo xvi, 
sobre otro del siglo xv, del cual aún quedan la capilla mayor y la 
' sacristfí). Uno de aquellos mármoles es un fragmento de jamba, 
figurando una columna con su fuste, formado de hojas y coro- 
nado por un capitelillo con cenefa ó guardilla de ovas. El otro 
mármol es un curiosísimo alto relieve que representa la entrada 
■del Salvador en Jernsalóu, montado en humilde cabalgadura, 

TOMO XXX. 23 



35 í 



boletín de la heal academia de la histobia. 



enlre sus apóstoles, separados unos de oíros por sendos ;írl)oles^ 
No se hallan en Salvatierra las inscripciones romanas señala- 
das allí por Hübner bajo los niímeros 095 y 096. Sospecho que 
debeii buscarse en Salvatierra de Santiago, cerca de Montánchez 
(CAceres), que está efectivamente á cuatro leguas de Trujillo y á 
ocho de Mérida, distancias que el sabio doctor akímán rectificjv 
creyéndola Salvatierra de los Fiarros» (I). 

Hasta aquí el Sr. Marqués de Monsalud. Paso A examinar Ios- 
fragmentos de inscripciones visigóticas que ha descubierto en la 
ermita de Santa Lucía. El carácter paleográfico es uno mismo'y 
del siglo VI ó V. 



1. 



Fragmento de lápida funeral, alio 0,15 m.; ancho 0,21. 




...famulusDJei | [vixit annos... recessit] in ¡m(ce) \ [die .] s | [era...] 

En la línea 1.% si la persona era mujer, se leería fámula. 
Eu la 3.* y 4." se notaba el tiempo de la defunción. La forma 
abreviada de ipace (PA) tiene su parecida en la insci'ipción (76)> 
del año 573 é histórica de San Hermenegildo (]ue expresa Ispa- 
lensi por ISPA. 



2. 



Fragmento, alto 0,24 m.; ancho 0,14. No se compagina con el 
anterior (1); habida razón del material de la piedra y del lamaño 
de las letras, que en este fragmento son de mayor altura. 



(1) 995. Salvatierrae, quattuor {quod falsum est, fortasse quattuordecim^ leugis a 
Trujillo et ooto ab Emérita Augusta. 



NUEVAS INSCRIPCIONES ROMANAS Y VISItíÓTÍCAS. 355 

En el renglón pi-imero están algo picadas las letras; de suerte 
que en vez de LIG puedo leerse lÁ^. El epilatio debía ser poético, 
á la manera del de Usagre (55) consagrado á la memoria de Mo- 
defredo y de su esposa, que expliqué en otro lugar (1). 




Por vía de ensayo se puede suplir: 

[Mundo fe]lic[em peragens in cojrpore r[itam 
Sidereum] pateras [nculjis radiare [decore»! . 
Celjsnm pro vi[ta cojncordi s[candis in edem; 
Rex uhi Christus adest, quo te mea vota secimturj 

Casta esposa, feliz mi vida hiciste; 
Relumbraban tus ojos como estrellas. 
Al cielo, alma inmortal, pura ascendiste, 
Do reina Cristo y suben mis querellas. 

Varias lápidas romanas se descubrierou en esta ermita de 
Santa Lucía, no siendo las de menor interés así el sepulcro del 
niño Flaviano ("2) como el ara votiva que allí vio Florián de 
Ocampo (982): 



(1) Boletín, tomo xxv, pág-inas 140 y 141. 

(2) Qñiintoj Arrio Flañano | annorum II | Jiic sfitttsj e'st). S(itj tfibij tierra) Ifevisj 
Flaria Secunda | Jllio Mer(enti) dfej s(Ho)ffecit).— \\xi\m(^\\ 094. 



'.]')('} BOI.KIIN DI') l.A lUvAL ACADKMIA DE LA HISTOHlA. 

V I Cl O l< I A E 
AV& • ;ACHVM 
M «TERENTIVS 
A\ • L I B E R T V S 
I A N V A K I V S 
D'S-D 

Victoriae Aug(ustae) sacrum. M(arcus) Tereniius M(arcij libertus Ja- 
nuarms d(e) sfuo) d(at\. 

Consagrado á la Vicítoria Augusta. Marco Tereucio Jauuario, liberto il> 
Marco, lo dio de su haber. 

En ella me fundé para conjeturar el remate que hay que supli: 
en otra anjíloga (3) de Jerez de los Caballeros, hoy desaparecida, 
que dedicó Lucio Vibio Segundo á la Salud Augusta. 



Nogales. 

Confinando al Sur con Salvatierra de los Barros, y al Este con 
La Morera, donde se halló notable ara de altar visigótico (1) dedi- 
cado á San Esteban, descuella la pintoresca villa de Nogales, co- 
bijada bajo la sombra de antigua fortaleza ó ruinoso castillo. 
Ha sido también objeto de exploración al incesante desvelo del 
Sr. Marqués de Monsalud, el cual me escribe lo siguiente en 
carta de 16 del mes actual; 

ttAl pie del monte, que sustenta la villa actual, al lado XE., en 
fértil vega y próximo á los manantiales de agua fría' potable, 
descúbrense vestigios de población, hallándose el terreno avilla- 
rado en extensión próximamente de una hectárea, aun cuando 
no presenta en pie restos de construcciones. Üllimamente se han 
abierto cierto númei'o de enterramientos, que no han dado de sí 
inscripción alguna, pero sí una pequeña serie de objetos de cerá- 



(1) Boletín, tomo xxv, páginas 143 y 14-1. 



NUEVAS INSCRIPCIONKS ROMANAS Y VISIGÓTICAS. 357 

Miica y tie vidrio que en parte poseo. Los ban-os son rojo del 
país, blanco de Andalucía y los llamados Saguntinos. 

En el mismo término de Nogales, á una legua al Norte, en el 
• ortijo de Maricara, he visto extensos terrenos avillarados y unos 
importantes cimientos que nparecen á flbr de fierra. Allí se des- 
<>ubrió hace algún tiempo una árula votiva que desapareció poco 
después. Haciendo pesquisas, he podido dar con ella y recogerla 
en la aldea de los Antrines altos. Tiene "22 cni. de ancho por 42 
le altura.» 

La piedra es granítica. Letras altas 0,04 m. 

I • o • M 

Q^'VV\« V 

s 
Jfori) Q(ptimo) m(aximo) Q(uintus?) Umfbrickis?) v(otum) s(olvit). 
A Júpiter óptimo máximo. Exvoto de Quinto Umbricio. 

El riachuelo de los Antrines, tributario del Guadiana, evoca el 
nombre de la estación ad Adrum fluvium, mencionada por el 
itinerario de Antonino (1), Aturnea del Ravenate. Cerca de su 
desagüe, en Talavera la Real, se hallaron dos inscripciones 
romanas, mal copiadas (5358, 5359) en la historia de esta villa 
por D. Nicolás Díaz y Pérez (2), que deben examinarse de nuevo, 
si no se han perdido. Nace el Antrines, que también se llama 
Lantrines, entre Nogales y Feria, teniendo un curso de seis 
leguas. En la aldea de los Antrines altos, donde se había escon- 
dido el ara de Júpiter, procedente del cortijo de Maricara, ha 
descubierto asimismo el Sr. Marqués de Monsalud «dos piedras 
de molino harinero, un fragmento de columna de mármol blanco 
de orden corintio, cuyo diámetro es de cuatro decímetros, y una 
tapa de urna cineraria del mismo mármol.» Algo más abajo y en 
la misma ribera ha recogido una gran laja funeral de pizarra que 
mide 2,45 m. de alto por 0,60 de ancho. Letras altas 0,05 m., de 



(1> Boletín, tomo xxv, púg. l.'yZ. 
i-2) P¡ig. -29. Madrid, 1875. 



358 



HOLKTÍN DE LA REAL ACAÜKMIA DE LA HISTORIA. 



tosco estilo, iiolííiidose que la B del renglón tercero, alándo.^e 
con la precedente A, tiene su primer bucle en forma de trián- 
gulo recto. 

M o N' I M E 

Bo VT I AO 

C/BRVNI^F 

ARRVtíriVS 

F-PoS 

MonimefntumJ. Boutia Cubrumf(ilia). Arruntiu8 ffilius) posfuit). 
Este monumento puso Arruncio á su madre Boutia hija de Cabruao. 

Entre los renglones primero y segundo hay un gran descon- 
chado, que bien pudo contener otro renglón escrito en que se 
leyera D(is) M(anihus). El nombre de la difunta Boutia se repite 
en muchas lápidas del país lusitano-gallego; y creo que su raíz 
no es ajena á la de Budua (Nuestra Señora de Bótova), estación 
de la vía romana, enfrente de Badajoz, al otro lado del Gnadian;i, 
ni á los vocablos franceses hut^ butte, hout, que expresan la idea 
de término. 

Solana de los Barros. 

Al Nordeste de Nogales, entre la antigua Dipone ó villa de 
Lobón y la ciudad de Almendralejo está La Solana, donde el 
Sr. Marqués de Monsalud acaba de recoger en el piso bajo de 
una habitación una loseta de piedra caliza, cuyas dimensione.s 
son 0,36 m. de anchura por 0,33 de altura. Las letras, altas 0,00, 
son de bello tipo cuadrado, careciendo de travesano la A. 




NUEVAS INSCRIPCIONES ROMANAS Y VISIGÓTICAS. 359 

En el primer renglón, antes del primer punto, asoma, aunque 
dudosa, la posirera extremidad de una A. 
Quizá toda la inscripción diría: 

[D(isJ M(anibus) s(acrum). Cordia] Sfpurii) I (iberia) | [Chrysjera 
[a{nnorum)..., Arjria [m(ater) f(iliae) s]ua[vissimae p(osuit). H(ic) s(ita) 
e^ st). Sfit) t(ibi) t(erra) l(evis). 

AI Occidente de la Solana están la villa del Almendral y la 
Torre de Miguel Sexmero sobre el río Albuera. El Sr. Marqués 
de Monsalud me participa que en la Torre ha descubierto cuatro 
inscripciones romanas, que espera no serán las únicas de la 
localidad, y en el Almendral una muy importante visigótica. De 
todas ellas enviará la descripción y los calcos. 

Cartagena. 

«Encontré esta lápida en la pared de una casa junto á la Toy^re 
ciega, ó sea en la antigua necrópolis de Cartagena, el día 11 de 
Marzo de 1897. Es de piedra caliza ordinaria obscura; las letras 
son de la buena época, pero bástanle mal ejecutadas. Está fiel- 
mente copiada. Cartagena, 12 de Marzo 1897. Manuel Fernández 
Villamarzo.» 

Este papel, con el dibujo exacto de la piedra, alta 0,35 m., 
ancha 0,45, que nos presenta esta noche D. Antonio Vives en 
nombre de su autor, es digno de estimación y acreedor á que la 
Academia signifique de nuevo al Sr. Fernández Villamarzo las 
esperanzas que funda en la desinteresada cooperación de tan 
benemérito correspondiente. Las letras son, con efecto, de la edad 
Auguslea, pero el estilo refleja ya los acentos del idioma popular 
ó mescolanza de lenguas en un puerto tan concurrido. 

N • P A QJV J V s 

n'l'diphilvs 
monvmenTvs 
fecit'sibi et 

svis 



360 holetín de la heaí. academia de la historia. 

Si se quiere evitar el solecismo del renglón tercero, hay que 
suplir monumenlu(m) s(ej [v(ivo)]. 

Nfonus) Paquius N(oni) l(iberius) Diphilus movumentus (bíc) fecit sibi 
et 8uis. 

Nono Paquio Dífilo, liberto de Nono, hizo para sí y los suyos este mo- 
numento. 

El nombre gentilicio sale en otra lápida (3433), de Cartagena, 
antiquísima, cuya lectura se ilustra con la presente: N(oni) Paqui 
Noni l(iherti) Sil(vani). 

El prenombre Nonus ó Nonius, aunque está sin otros ejemplos, 
se defiende con la inscripción de Sevilla (1232) , donde se presen- 
ta Decumus, y singularmente con la de Tarragona (6135), en que 
se lee: D(ecimus) Titurniíis D(ecimi) T(ihirnii) l(ibertus) Diphilus. 

El cognombre Diphilus se descubre asimismo en Córdoba (2239) 
y en Cazlona (3294). Su forma dura Dipiliis, que suena en Tarra- 
gona y en Pompeya, no empece el origen griego de la común ú 
ordinaria, que significa dos veces caro, ó muy querido (1). Así 
Stepanus, Hermopilus, Aprodisia, ocupan el lugar de Stephanits, 
Hermophilus, Aphrodisia. 

Madrid, 20 de Marzo de 1897. 

Fidel Fita. 



X. 

CENTENARIO DEL MARQUÉS DE LA ROMANA. 

En Dinamarca toma cuerpo un pensamiento que, de seguro^ 
ha de sorprender á aquellos de nuestros compatriotas á quienes^ 
llegue esta noticia. Se trata en Odensee, capital de Fionia, de ce- 

<1) Compárese toicsiXtitoc, en francés ír^s-cAe/-. 



CENTENARIO DEL MARQUÉS DE LA ROMANA. 361 

lebrar en 1908 el centenario de la estancia allí de los españoles 
que á las órdenes del marqués de la Romana y después del sitio 
de Slralsund en que habían lomado parte tan gloriosa y decisiva, 
recibieron del Emperador Napoleón el encargo de ocupar aquellas 
islas y defenderlas de cualquier ataque de las naves británicas 
surtas en el Báltico. 

El Sr. Conde de Peña Ramiro, nieto de aquel insigne general, 
había recibido ya en Agosto del año próximo pasado, una expre- 
siva carta de un señor dinamarqués, Guillermo Bang, pidiéndole 
datos que necesitaba para terminar cumplidamente la historia de 
una expedición que tanto honor hacía á las armas españolas y al 
ilustre caudillo que las gobernó en aquel reino. El Sr. Bang 
cuenta para la ejecución de su obra, con materiales dignos de 
estima como los en su misma patria proporcionados por historia- 
dores nacionales y algunos de procedencia extranjera; entre ellos 
la «Narración de la misión secreta que el Gobierno inglés confia- 
ra al Reverendo James Robertson para entenderse con el Mar- 
ijués» y la «Historia de la insurrección de nuestras tropas en 
Zelandia, escrita por el general francés Fririon, encargado allí 
de regirlas y vigilarlas», trabajos ambos muy conocidos en Es- 
paña, aun cuando el Sr. Bang crea otra cosa. 

El Conde de Peña Ramiro se disponía á complacer al Sr. Bang 
enviándole datos que su familia posee y algunos de los innume- 
rables que existen en nuestros Archivos y Bibliotecas, ignorados 
en Dinamarca, cuando en este mismo mes de Marzo le ha llegado 
otra carta, tan atenta y galante como la anterior, suscrita por el 
Sr. Karl Schmidt, profesor de Ciencias naturales en el Gimnasio 
ó Liceo Real de Odensee, premiado con la medalla de oro de la 
Universidad de Copenhague y con la cruz de la Orden de Danne- 
brog por obras científicas é históricas (jue ha dado á luz en dis- 
tintas épocas. 

El Sr. Schmidt es (juion ha anunciado el pensamiento de ce- 
lebrar el centenario en Odensee, añadiendo, para justificar su 
proyecto de escrihir un libro sobre el notable acontecimiento que 
provoca tan peregrina idea, honrosísima para nuestra patria, 
«que en los últimos años^ son sus palabras, varios escritores han 
referido los sucesos referentes á la estancia de las tropas españo- 



:]tVl HOLUTÍN DE LA RKAL ACADEMIA DK I.A HISTORIA. 

las en ^Dinamarca, pero cjue no se ha dado á la estampa una rela- 
ción completa y detallada de ellos por exigir trabajo tal investiga- 
ciones profundas y numerosas en nuestros Archivos , etc.» 
Y como el 8r. Schmidt piensa, cual se desprende de su caria, 
emprender ese trabajo, para el que tiene reunidos muchos extrac- 
tos y detalles de libros y periódicos, preparativos necesarios pai-a 
ejecutarlo con éxito, envía al Sr. (^onde, nuestro actual Goberna- 
dor civil en Madrid, un extenso catálogo de preguntas que, en 
efecto, sólo en España le pudrían ser satisfactoriamente contes- 
tadas. 

Parece que el Conde complacerá á uno y otro de los dos distin- 
guidos dinamarqueses que, con propósitos tan laudables, se han 
dirigido á él, con lo que regularmente podrá efecluaise ese como 
certamen literario fijado para el año do 1908, que ha de resultar 
sumamente honorífico para la nación española, celebrada como 
merecía hace un siglo por el valor y el patriotismo de sus hijos, 
en circiiiistancia y ocasión tan exti'aordinarias y difíciles como 
las en que el Marqués de la Romana dirigió con tanto acierto 
como energía la retirada de sus tropas á España, comprometida 
ya aquellos días en la guerra de la Independencia, de memoria 
perdurable y para siempre gloriosísima. 

Estas noticias y reflexiones, dadas y sometidas á la Academia 
en su sesión del sábado 20 del actual, la movieron á lomarlas en 
consideración, y acordar se publicara el presente informe en su 
Boletín; proponiéndose para el caso de que se llevara á ejecución 
■el pensamiento del centenario en Dinamarca, prestar Ja coope- 
ración que fuere necesaria á sus autores, ya poniendo á su dis- 
posición cuantos datos posee en sus archivos y biblioteca, ya 
contribuyendo por cuantos medios tenga en su mano al me- 
jor y más brillante resnilado de propósito tan generoso como 
el de los respetables y distinguidos historiadores Sres. Bang y 
Schmidt. 

Con eso se iOgrará también fomentar más y más las mutuas 
simpatías de dinamarqueses y españoles, manifiestas ya desde la 
hazaña del Marqués de la Romana y reveladas elocuentemente 
en 1883 por los sabios de Copenhague en el Congreso de Ameri- 
canistas á que asistieron nuestros compañeros los Sres. Fabié y 



CENTENARIO DEL MARQUÉS DE LA ROMANA. 363 

liada (1), y en Nyborg cuando iiuesti-a escuadra recorrió el nuevo 
canal de Kiel en pos de la del Emperador de Alemania, al inau- 
líurar éste obra tan colosal y útil, militar y comercialmento con- 
siderada. 

En cuanto al que suscribe estas líneas, que tiene dadas algu- 
nas noticias sobre tan hermoso asunto en su Discurso de recep- 
ción en esta Academia y en la Historia de la guerra de la Inde- 
pendencia que está publicando, se ofrece también á facilitar cuan- 
tas ha logrado reunir. Y ¿cómo no, cuando pueden contribuir A 
que se difunda más y más la fama de un general, á los pies de 
cuyo cadáver exclamaba juez tau competente como lord Welling- 
ton: El ejército español ha perdido en él su tnás helio ornamento , 
au nación el más sincero patriota, y el mundo el más esforzado y 
celoso campeón de la causa en que estamos empeñados? 

Madrid, 26 de Marzo de 1897. 

José Gómez de Arteohe. 



(1) Boletín, tomo ni, páginas 137 y 1B8; 19Í4-202. 



NOTICIA S. 



Lápida romana de Tánger. La que. regisira Wilmanus 
en el lomo vni del (Corpus inscriplionum latinarum bajo el nií- 
rnero 9989, figura ya con otras Tingitanas (I) en el Museo arqueo- 
lógico Gaditano, cuyo director, D. Francisco de Asís Vera y Chi- 
iier, con atenta comunicación y remesa gratísima nos dice (2): 

« Por el correo de hoy envío copia de la lápida, (fue de la propie- 
dad del Sr. Benzol me ha podido adquirir el Excmo. Sr. D. Emi- 
lio de Ojeda, Ministro de España en Tánger.» 

Mide 0,437 m. de ancho y 0,55 de alto por 0,275 de grueso. Las 
letras, cursivas y oblongas, se parecen á las del sepulcro de Mar- 
co Valerio Rómulo, hallado en Véjer de la Frontera (3), cuya 
época determinan. Es del emperador Diocleciano, y del año 291, 
ó 292, de la era cristiana, 

ÍES G AVREL VAL 

y///////0 GERMÁNICO 

¡MAX PÍO FELICI INVICTO AV& 



;m TRIBVNICIAE POTEST VU,i, 

í 

villl PATRI PATRIAE PRO/////// 



(It Boletín, tomo xxix, pág. 355. 

(2) Carta rtel 18 de Marzo de 1897. 

(3) Boletín, tomo xxix, pág-, 456. 



NOTICIAS. 3(>5 

Seyúii \d copia enviada por el Sr. Vera, la inscripción carece 
de puntos ortográficos, ó pausantes. Del nombre DIOGLETIANO, 
que fué picado adrede, queda visible y ca^i intacta la última 

vocal. 

[Imp(erutori) Ca]es(ariJ G(aio) Aurel(io) Val(erio¡ [Diocletianjo Ger- 
mánico^ max(imo j pió felici invicto Aug(usto) [p(ontijici)] m(aximo) tribu- 
niciae potest(atis) VII[1 cofnjs(ulij] IIII patri patrias pro[co(n)s(uli).] 

Al emperador César Gayo Aurelio Valerio Diocleciano, Germánico má- 
ximo, pío, feliz, invicto, augusto, pontífice máximo, revestido de la tribu- 
nicia potestad ocho veces, cónsul por cuarta vez , padre de la patria, pro- 
cónsul. 

Aguardamos el calco para poder examinar con certeza las mo- 
dificaciones de que es susceptible el dibujo que hizo de tan inte- 
resante lápida el Dr. Wetzstein en 1870, y luego Mommsen sacó 
á luz en el tomo i de la Epheine.ris epigraphica, pág. 123. 



Las dificultades de lectura y distribución de renglones, que 
ofrecía la inscripción romana (998) de la villa de La Parra, colin- 
dante de la Morera y Feria en la provincia de Bád¿tjoz, se h;iu 
vencido, mediando la impronta, que ha sacado del original y 
enviado úUimanieiite á nuestra Academia su correspondiente el 
8r. Marqués de Monsalud. 

«El templo parroquial, dice (1), es de los comienzos del siglo xvi, 
ampliando otro del siglo xv, del que subsiste la capilla mayor, y 
en ella una inscripción gótica, que indica ser la iglesia cabeza de 
arciprestazgo. Su pila de agua bendita es un capitel visigótico, 
cuyo abaco se horadó al efecto. 

A poco más de un kilómetro de la población, la ermita de San 
Juan Bautista guarda la piedra epigráfica, cuyo (íalco remito, y 
vieron y describieron con harta diversidad en el siglo xvi Docam- 
po, en el xvii Solano de Figueroa, y en el pasado Alsinet. Es un 

0) Carta del 24 de Marüo. 



.'}<)() llOl.KTI.N 1)K I, A ItlíAI. ACAUKMlA DK I, A HISTOlUA. 

íiFii funeral áa iii;íiinol hlaiico de O '{'{ iii. ik; ancho |>oi' Ü,'.)(J de 
alto; letras alias O, Oí m., luillísimas, (]>'. la época de los Flavio«. 
Sirve de pila de agua bendita, tialiiendo perdido su coronamiento 
para esta transforniíición. A la paile postoi'ior lleva esi;ulpiilo, en 
relieve, el sinihólico Cordero del Haiitista, eneeirado en nied.i- 
ilón circular, insei'to á su vez en un recl;ín^nlo, ostentando un 
pequeño florón en cada uno de los cuatro ángulos ó enjutas; todo 
ello en el estilo de los siglos mii al xiv.» 

Di? M o So 

HELVIA o C-F 

M O D E S T A 

A jV\ • X X X X o 
5 H-S-E O S-T-T-L 

L- BI.AIVS-CAL 

PVRNIANVS 

M ATRI-PIEN 

T I S S I AA A E o 
lO PO.SVIT 

D(is) M(anibus) s(ncrum). Helvia Ci'ai)f'ilia¡ Modesta ann(orum) XXXX 
h(ic) s(ita) efst). S^it) tíibi) t(erra) Uevis). L(ucins) Blaius Calpurnian us 
fiiatri pientissimae posuif. 

Consagrado á los dioses Manes. Helvia Modesta, liija de Cayo, de edad 
do 40 años, aquí yace. Séate la tierra ligera. Lucio Blayo Calpurniano á 
su madre piadosísima puso esta memoria. 

Del renglón segundo se ve clara la F; y del quinto el nombre 
gentilicio, que no puede confundirse con Blalius, leído por Caro 
en una lápida (1176) Hispalense, lastimosamente perdida. Blaius, 
ó su raiz, probablemente céltica (1), reaparece en Blaionia, (jue 
des veces ha registrado Mommsen entre las inscripciones de la 
Galia Cisalpina (2). 



(1) En la lengua viva del país de Gales blai (bretón blei, hleiz. cómico bleit) signi- 
fica lobo. 
(•2> C. T. T... vol. V, núm. 7179 y 7340. Berlín. 1877. 



NOTICIAS. .'567 

Por el S. coliiidíi el lói-niiiio de La P;iria ron el de la villa de 
lia Morera, en cuya ermita di' los Santos Mártires se propone el 
Sr. Marqués de Monsalnd buscar el ara visigólica, cuyo tcxlo (1) 
necesita de nueva y esnioraiia revisión. Avisa finalmenle que el 
sitio del Palacio, donde descnhi-ió la inscripción funeral de Hel- 
vio Malgeino (?) , está en término de la villa Je Alnnge. si bieit 
rayano de Almendralejo. 



Durante el mes de Marzo último se ha enterado ¡a Academi'i, 
no sin pesar, de que han fallecido sus correspondientes ilustres- 
Ios Sres. Henry Phillips y John Gilmary Shea, en los Estados- 
Unidos; Gérard Beelaertz van Blokland, en El Haya (Holanda), y 
L). Antonio íturralde, en Valladolid, Han sido nombrados corres- 
pondientes en*San Sebastián D. Carmelo de Echegaray y D. Fer- 
nando de Laflitte, y en Valladolid D. Atanasio Tomillo. 



Historia eclesiástica. — Obras notables de este ramo se 
han recibido cuatro en donativo para nuestra biblioteca. 

1. Eatudio histórico acerca del señorío temporal de los obispos 
de Lugo en sus relaciones con el municipio, por D. José Villaamil 
y Castro. Lugo, 1897. Contiene 16 documentos inéditos, sacados- 
del .\rchivo de la. Catedral Incensé, que el autor, correspondiente 
de la Academia, eslabona con otros ya publicados y sobriamente 
discute. 

2. Recueil des charles de Vabbaye de Silos, par D. Mariu.s 
Féi-otin, bénédictin de Solesmes. Paris, imprimerie nationa- 
le, 1897. 

3. Hisloire de l'abbaye de Silos, par D. Marius Férolin, bé- 
nédictin de Solesmes. I^aris, Ernest Leroux, <'diteur, 1897. 



(1) Boletín, tomo XXV, p;i<í. 141. 

(2) ídem , tomo xxx, páp-. 3:í3. 



;}()K UOr.KTÍN l)K 1-A HKAI. AC.ADKMIA IJ K I.A HISTOHlA. 

11,111 ¡hisadü ií inforiiie de un afínlAinico do mítnei-o estas dos 
rjbr.is momimeiitalcs del sabio henedictino. 

4. Episcopologio de Vich, escrito á mediados del siglo xvii por 
el de.iii D. Juan Luís de Moneada. Tomo ii, Vich, 1894. 

Este volumen es el tercero de la Biblioteca histórica de Vicli, 
<jue fué inaugurada y sigue publicándose á expensas del actual 
obispo de aquella diócesis y doctísimo correspendieiile de nuestra 
.\cademia, Excmo. ó limo. Sr. D. José Morgades y Gili. El tomo 
va precedido de una biografía del deán Moneada (f 3 Abril, 1G53), 
por el canónigo D. Jaime Collell, y de una carta del cardenal 
Rampolla (29 Febrero, 1892), expresiva de los elogios que ha 
hecho S. S. León XIII del empeño que, sin cesar, manifiesta el 
limo. Sr. Morgades «por la restauración del arte cristiano, de los 
monumentos célebres y de los estudios históricos. « 



La Sociedad colombina onubense ha enviado á nuestra Acade- 
mia el programa del certamen científico literario que se celebrará 
en Huelva el 2 de Agosto próximo, y se publicará en el inmediato 
número del Boletín. 



Presentó D. Antonio Vives, correspondiente de nuestro Insti- 
tuto, en la sesión del 12 de Febrero, un interesante libro de anti- 
güedades egipcias, escrito en inglés por M. W. M. Flinders 
Petrie y J. C. Quibell , titulado Nagada and Bailas, en el que se 
hace comparación de los barros descubiertos no há mucho en 
Giempozuelos, con otros semejantes de aquella región. Con esta 
ocasión, recomendó el Sr. Director al académico de número don 
Juan G. García y al dicho Sr. Vives, la diligente prosecución en 
busca de nuevos restos de tan rico tesoro arqueológico, así en 
Giempozuelos como en la próxima villa de Titulcia, T-.Touax'a de 
Ptolemeo, bien conocida por sus inscripciones romanas y las mo- 
nedas que batió con la leyenda ® f*' T p^ X /^ . 

F. F.-A. R. V. 



BÜLETJ N 



REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA, 



TOMO XXX. Mayo, 1897. CUADERNO V. 



[NFORMES. 



I. 



EL ALCÁZAR DE SEGOVIA. 

El Gobernador presidente de la Comisión de Monumentos his- 
tóricos y artísticos de Segovia, en comunicación del 8 de Mayo 
último, en vista de la Real orden de 14 de Enero anterior por la 
cual se cede al Ministerio de la Guerra, con deslino al Cuerpo de 
Artillería, el Alcázar de Segovia con sus parques, edificios y 
dependencias, consulta á esta Real Academia, por acuerdo de 
aquella Comisión provincial, si la referida cesión priva á dicho 
Alcázar del carácter de monumento nacional, ó si, en caso de no 
perder este carácter, conservarán las Reales Academias, y en su 
nombre la Comisión provincial de Segovia, la alta inspección 
que les corresponde en cuanto atañe á su parte artística y mo- 
numental. 

La Academia entiende que por haber pasado del ramo de Fo- 
mento al ramo de Guerra, no ha dejado de ser el Alcázar de 
Segovia propiedad del Estado : de manera que, aun sin la decla- 
ración de monumento nacional^ la mera circunstancia de ser un 
insigne monumento histórico y artístico propiedad de la nación, 
le pone bajo la tutela de. la respectiva Comisión provincial y de la 

TOMO XXX 24 



370 UDI.U'I'IN UK I.A rtICAl. ACAItKMIA UK LA HISTOHlA. 

Re;il Academia do San FiMnandu rn loihj ¡o relaiivo á su conser- 
vación >• reslamación. 

El |)rt'C('[)l() (hd arlíciilo ijiic ('mirncia las aliihhcioii''S de las 
Comisiones piovinciales de moiiiinieiilos y coiisí<,mih como la 
primera de ellas la conservación y reslanración délos expresados 
ediíicios históricos y artísticos, no [)nede s(;r más lerfuinante, y ;í 
mayor ahnndaniienlo, en el capítulo (jue señala las ohli.^aciono 
de dichas Comisiones provinciaUis, se ordena á éstas que usen de 
la iniciativa respecto de los Gohernaiiores «para reclamar conti'a 
»t0(la ohia (jne se [)royecte en los edificios [»úl)l¡cos sin el e.xameu 
»y censura pi-evia de la Real Academia de Bellas Artes de San 
»Fei-nando, ya se trate de hacer restauí'aciones ó modificaciones, 
»ya de revocarlos ó de realizar en ellos constiHicciones nuevas, 
«sean ó no complementai'ias de las antiguas, y sean ó no obras 
»le arte accesorias, cnalquicra (jue sea el carácter civil ó religioso 
))<le los edificios en que hayan de efectuarse y el uso á que estén 
ndestinados.» 

En vista de tan claros y explícitos preceptos, no ha debido 
ocultarse á la Comisión de monumentos de Segovia que el simple 
hecho de cambiar de destino ó aplicación (no de dueño, que es 
siempre el Estado) el Alcázar de aquella ciudad, no altera en lo 
mínimo sus caracteres artísticos é históricos, que son los que 
motivan la declaración de monumento nacional^ para que la ley 
confiera la alta inspección y conservación de tales monumentos 
á las Reales Academias, y á las Comisiones provinciales en su 
representación. Y si esta alta inspección les cori'esponde de dere- 
cho respecto de cualquier edificio público, civil ó religioso, que 
no haya sido declarado monumento nacional^ aunque cambie cien 
veces de destino, mientras no pase á ser de dominio particular 
¿cómo es posible que un monumento como el Alcázar de que se 
trata, por haber sido declarado nacional, sea de peor condición 
que aquellos otros que no han merecido tan honrosa declaración, 
y sólo por haber cambiado de empleo, pierda el carácter monu- 
mental que le sirve de amparo y escudo contra cualquiera teme- 
raria alteración de su genuina fisonomía artística ó histórica? 

En resumen, la declaración de w,onum.ento nacional que hace 
el Gobiei'uo de cualquier edificio público de interés para la histo- 



EL ALCÁZAR UE SEGOVIA. 371 

ria ó para el arte, en nada coarta la intervención reglamentaria 
qne respecto de estos edificios incumbe á las Reales Academias y 
á las Comisiones provinciales de monumentos, Corporaciones 
consultivas del Estado. Tal declaración en nada merma el deber 
en que se bailan constituidas las Comisiones provinciales de 
atender á la conservación y reparación de los monumentos bis- 
lóricos y artísticos que son propiedad del Estado, y de reclamar 
contra todo lo que en perjuicio y daño de los mismos se haga ó 
intente. 

La declaración de monumento nacional no viene á ser, en suma, 
otra cosa que la sanción oficial de un juicio, ya científico, ya 
artístico, emitido por autoridad competente, ó en oíros términos, 
la fórmula que declara cumplido un trámite previo, largo y 
embarazoso quizá para muchas Comisiones provinciales de mo- 
numentos por carencia de datos. 

Pero esta declaración no depende del empleo ó destino que se 
ha dado al monumento, sino de sus caracteres y fisonomía artís- 
tica ó histórica, y estos caracteres no desaparecen porque el edi- 
ficio cam!)ie de destino, porque tan histórica y artística era la 
suntuosa mole que descuella orillas del Eresma cuando, entre 
vistosos torneos y pasos de armas, la engalanaba con elegantes 
torres y con moriscos alfai-jes el ostentoso rey D. Juan II, como 
lo fué después, cuando, bajo el triste reinado de Carlos II, se vio 
convertida en arsenal de guerra y prisión de Estado. — No puede 
darse mayor cambio de destino que el que experimentó en los 
días de Carlos III el Alcázar de Segovia (ya adulterado en su 
arquitectura por Gaspar de Vega, bajo el reinado de Carlos I, 
y luego por Francisco de Mora con las severas líneas del estilo 
greco-romano de Herrei-a, reinando Felipe II), cuando, para darle 
empleo más honroso y placentero que el de cárcel de conspira- 
dores de cuenta, instaló en él el Colegio de Ailillería; el cual, 
con breves interrupciones, permaneció allí casi un siglo, hasta el 
aciago día 6 de Marzo de 18t)2 en que un voraz incendio, que des- 
truyó casi todo su interior, amenazó reducirlo á escombros. 

Como á pesar de todas estas vicisitudes, la fisonomía exterior 
del Alcázar, muestra galana y ya poco común. de la arquitectura 
militar del siglo xv, permanece con pecjueñas ateraciones tal cual 



372 holktín de la hkai. academia de la histokia. 

fué desde la época de su mayor lloiecimieiilo, y á esto sin duda 
debe la declaración de monumento nacional, es evidente que, 
aunque el edificio haya cambiado de destino, la Comisión de 
monumentos de Segovia no ha perdido un ápice de sus impor- 
tantes atribuciones respecto de este interesantísimo monumento 
artístico é histórico. 

Madrid, 10 de Enero de 1897. 

Por acuerdo de la Academia, 

El Secretario, 
P. DE MadRAZO. 



II. 

MANUSCRITOS ÁRABES ADQUIRIDOS PARA LA ACADEMIA. 

Desde que en Mayo de 1895 di cuenta ;'i la Academia de los 
libros árabes manuscritos ó impresos que había adquirido para 
la misma (1), sólo dos volúmenes han aumentado nuestra colec- 
ción de libros árabes traídos de Egipto; y no es que se haya ago- 
lado el campo de nuestra exploración de libros manuscritos é 
impresos, que nos interesen, sino que no encontrando indicacio- 
nes seguras de libros de gran interés actual para España, no me 
decido á mandarlos copiar; y si alguno impreso sospecho que 
pueda interesarnos, como sucedió con la Historia del Almagreb 
Alaksa, de que di cuenta á la Academia, lo adquiero para mi uso 
particular y el de mis amigos y discípulo?. 

Los dos tomos adquiridos últimamente son los tomos xn y xin 
de la Historia universal de Mahmud ben Ahrned hen Muza^ cono- 
cido por Alaini, de cuya historia habíamos hecho copiar el 
lomo XI, que comprende desde el año 60 al 126 de la hégira y 



U) Boletín, tomo XXVI, pág. 408. 



i 



MANUSCRITOS ÁRABES ADQUIRIDOS PARA LA ACADEMIA. 373 

figura en la biblioteca de la Academia con el nüm. 72 de los ma- 
nuscritos árabes. 

Los dos tomos mandados copiar recientemente , y que debe- 
rán figurar en nuestra biblioteca con los números 81 y 82 de la 
serie, comprenden los acontecimientos relacionados con la histo- 
ria general musulmana de los años 126 á 150 y de 151 á 202. 

Gomo el autor refiere los hechos por orden cronológico, es 
fácil encontrar en él las indicaciones que pueda contener respec- 
to á los hechos más importantes de nuestra historia, aunque en 
último término hay que leerlo todo, para tener seguridad de,' no 
haber pasado por alto quizá lo más importante. 

Estudiados ambos volúmenes, no encuentro mucho referente á 
España; sin embargo, al tratar de la caída de la dinastía Omeyya 
en Oriente, no podía dejar de hablar de Abderrahmán I, á quien 
en esta parte dedica pocas líneas, poniendo á continuación la 
serie de sus descendientes con las indicaciones cronológicas deta- 
lladas, advirtiéndose que en la copia se ha omitido, sin duda por 
<3escuido, lo referente á Hixem I. 

Pero si de Abderrahmán I dice muy poco al comienzo de su 
reinado, trata de él con alguna extensión al hablar de los perso- 
najes que murieron en el año 172, pues en este lugar le dedica 
cuatro páginas: antes, al tratar de los acontecimientos más nota- 
bles del año 170, dice que «Abderrahmán mandó edificar (cons- 
truir de nuevo, ampliar ó reparar), la mezquita de Córdoba, cuyo 
lugar era antes iglesia, gastando en ello 100.000 dinares», noticia 
que encontramos, casi con las mismas palabras, en otros autores, 
y que el autor anónimo de la Conquista de Alandalus, refiere á 
la mezquita de Granada (1). 

Habiendo muerto Ilixém I, hijo y sucesor de Abderrahmán, 
en el año 180, al tratar de los personajes mueiios en este año, 
hace mención de él, dedicando una ligeia noticia á su reinado, 
incluyendo noticias más concretas acerca de Alhaquem I, su 
hijo, que le sucedió en el trono. 



(1) Fatho-l-Andalttp. Historia de la conquista de España; códice arúbi^o del 
siglo XII, dado á luz por primera vez, traducido y anotado por D. Joaquín de Oonzálet, 
agrcíjado diplomático de S. M. Argel, 1889. 



374 HÜI.KTÍN í)i: l.A HKAL ACADKMIA DE LA HISTOHIA. 

Alguna (jiie oira iioliria más podiía cil.'irsi! referente á España, 
como la relación [lOco dfílallada do los acón tccini ion los ocuri-idos 
en Toledo en el reinado de Alhaíjuem I, uño 19!J de la hégira; 
pero de lodos modos es poro lo que en la obra de Alaini interesa 
direclamenle á nuestra historia en el período comprendido en los 
tres tomos que poseemos; pero si para nuestra historia no tiene 
un gran interés directo, lo puede Icuei- indirecto por las noticias 
detalladas que da de las cosas de Oriente, cuya historia en los 
primeros tiempos de la conquista musulmana puede dar mucha 
luz acerca de la conducta que los conquistadores siguiei-an en 
Alandalus; pues, como hicimos notar al dai- noticia de un nota- 
ble trabajo del Dr. G. van Violen (I), la conducta de los gober- 
nadores de Alandalus y sus relaciones con los califas Omeyyas, 
debió de ser muy parecida á la de los gobernadores del Trac y 
Jo rasan. 

Como tuve ocasión de manifestar al dar cuenta del tomo xi de 
la obra de Alaini, adquirido para la Academia, en la Biblioteca 
del Khedive, en el Cairo, sólo existen 9 volúmenes, los tomos i, 
II, III, VIII, IX, X, XI, XII y xiii; los anteriores á la conquista 
musulmana es seguro que no interesarán directamente á nues- 
tra historia, y, por tanto, no creemos sea oportuno hacer sacar 
copias de los mismos, aunque nada tendría de extraño que con- 
tuviesen noticias interesantes, por ejemplo, tratando de la domi- 
nación de los visigodos y aun de los romanos en España; más 
probabilidad habría de encontrar alguna noticia nueva referente 
á España en los tomos posteriores al xiii, que se conservan en 
alguna ó algunas de las Bibliotecas de Constantinopla, sin que 
hoy podamos averiguar si la obra constaba de 29 lomos, como 
sospechamos, ó de 24 que por lo menos se conservan en la anti- 
gua Bizancio; averigüen ésto los que puedan visitar aquellas 
ricas bibliotecas, de las cuales se han publicado hasta 39 catá- 
logos. 

Madrid, 20 de Marzo de 1897. 

Fhancisco Codera. 



(1) Investigaciones acerca de la dominación árabe bajo los Omeyyahs en Oriente- 
—Véase Boletín, tomo xxvi, páginas 97 y siguientes. 



CERVANTES VASCÓFILO. H75 

III. 

CERVANTES VASCÓFILO. 

Cervantes Vascófilo es el lílulo del libro escrito por el señor 
D. Julián Apraiz y remitido á informe de esta Academia por el 
Ministerio de Fomento para los efectos del Real decreto de 29 de 
Agosto de 1895. 

Pudiera creerse leyendo el título de este trabajo que tuviera 
por objeto desentrañar cuestiones de antigüedad, de formación, 
de importancia ó de índole particular del idioma enskaro y de- 
mostrar el mayor ó menor conocimiento que del mismo pudiera 
tener el inmortal autor de El Ingenioso Hidalgo, ó su amor á tan 
antigua lengua; pero nada menos que ésto. No es cuestión de 
lenguaje; se trata del concepto general que de los hijos de aque- 
lla noble comarca tenía formado Miguel de Gervant'-'s; de las ma- 
nifestaciones que sobre su condición y carácter dejara consigna- 
das en sus obras, y á este propósito se tocan muchos puntos in- 
teresantes de la hislorii literaria de nuestro país, se presentan y 
examinan documentos nuevos relacionados con la vida de Cer- 
vantes y de otros muchos escritores, que los unos porque pudie- 
)-on ser amigos de aquél, los otros por su origen vascongado, se 
relacionan con el asunto principal. 

Muy amante de su provincia, entusiasta por los gloriosos 
hechos de su historia, admirador de las hazañas de sus hijos ilus- 
tres, el Sr. Apraiz veía con verdadera pena las opiniones de Pe- 
Ilicer, de Glemencíu, de D. Aureliano Fernández Guerra y de 
otros muchos cervantistas insignes que sostuvieron que á Miguel 
de Cervantes no le eran simpáticos los naturales del territoiáo 
vasco, que en más de una ocasión los satirizaba doliéndose de su 
influencia en las Secretarías del Estado, y en otras los hizo objeto 
de iionía al sazonar con los despropósitos de su manera de cons- 
truir el castellano, buen niímero de regocijadas páginas de sus 
escritos. 

La vindicación de este concepto, equivocado en sentir del señor 
Apraiz, y de demostrar (jue, por el contrario, Cervantes miraba 



.■{7() UOL.KTÍN OH LA HKAI. ACADKMIA Ülí LA HISTOIUA. 

con verdadero a|)recio las iiol)les cualidades de los vascongados, 
citándolos cual modelos de honradez, de caballerosidad y de 
valor 

Corto en palabras, pero en obras largo, 

como escribió el maestro Tirso de Molina, le ofrecen ocasión 
para tratar de muchos puntos diferentes, pero todos interesantes, 
de verdadera importancia para la historia de nuestras letras y en 
los que siempre se encuentra novedad, ya por los datos que se 
examinan, ya por la manera de presentarlos; pues el autor, á 
pesar de su constante propósito y refiriendo á él todas sus refle- 
xiones, sus ai'guuientos y conjeturas, discurre siem[)re con sereno 
juicio y aparece siempre atinado cu ellos, aunque alguna vez 
pueda vérsele inclinado en demasía á llevar para su región, y 
problemáticamente, mayor número de glorias de las que con ri- 
gorosa exactitud debieran adjudicársele. 

Porque D. Julián Apraiz, en este libro que, como en todos los 
que salen de su pluma, se muestra buen español, pero mejor 
vascongado, se entusiasma como hijo leal con las glorias todas 
de la madre patria, pero reserva sus mayores extremos para los 
hechos notables de los de la región que le vio nacer, cuyo núme- 
ro también quiere acrecentar en cuanto le es posible. 

Esta condición del escritor está patente desde las primeras pá- 
ginas de su libro y se descubre en todas ellas por cualquier lado 
que se abra; pero donde resalta con mayor fuerza, como es natu- 
ral, después de examinados otros lugares y muchos conceptos de 
aquellos en que Cervantes en las Novelas ejemplares, en las Co- 
medias y en El ingenioso hidalgo pone en escena á los vizcaínos, 
donde el autor deja desbordar un tanto su espíritu regionalista, 
es al encontrarse frente á frente con las opiniones estampadas por 
algunos de los comentadores. 

Ya el docto académico D. Diego Glemeucín en su minucioso 
cuanto exagerado comentario, ocupándose de las aventuras del 
Puerto Lapice, y de la estupenda batalla que el gallardo vizcaíno 
y el valiente manchego tuvieron (1), había dicho: «los vizcaínos 



(1) Capítulos VIII y ix de la primera parte del Quijote. Edición de Clemencín, 
tomo I, pág. 187, nota. 



CERVANTES VASCÓFILO. 377 

y su lenguaje fueron repetidas veces el objeto del festivo humor 
de Cervantes.» Pero nuestro inolvidable compañero el señor 
D. Aureliano Feí-nández Guerra, estudiando la aventara de los 
rebaños convertidos en ejércitos por la acalorada fantasía de 
Don Quijote, adelantó más y escribía: «¿Quién era ese vizcaíno 
)í(Espanta-ñlardo del BosLjue), que como todos los de las tres pro- 
«vincias, conocidas bajo la denominación común de Vizcaya, sa- 
neaba de tino para las burlas á Cervantes...?» Y luego añade: «al 
«publicarse la primera parte del Quijote, Felipe ÍII tenía trece se- 
»crelarios y cinco oficiales vizcaínos.» 

En las notas eruditísimas que puso á la Carta d D. Diego de 
Astudillo Carrillo, describiendo el alegre día de campo pasado en 
San Juan de Aznalfarache en 4 de Julio de 1606, que él reputaba 
con sobrada razón por obra de Cervantes y como tal se ha incluí- 
do en la edición que de ellas completas hizo el célebre impresor 
D. Manuel Rivadeneyra, fué todavía más lejos, diciendo: «harto 
«descubre en ocasiones cuánto le dolía el irritante monopolio de 
»los vizcaínos para los cargos públicos, especialmente para las 
«Secretai'ías del Despacho dm-ante aquél y todo el reinado antc- 
»rior (1).» 

Para analizar y refutar estos conceptos del ilustrado académi- 
co, que son en verdad la opinión más decidida de cuantas atribu- 
yen á Cervantes mala voluntad hacia los hijos de las provincias 
vascas, entra de lleno y con bastante detención el Sr. Apraiz en 
el examen de muchos textos de diferentes historiadores, trayén-. 
dolos al propósito de poner de manifiesto las relevantes prendas 
de los vizcaínos y sus aptitudes para los cargos de confianza, á 
cuyo fin cita oportunamente á D. Juan de Idiaquez, á D. Martín 
de Aróstegui y á otros varios, como al proveedor Pedro de fsuu- 
za, á quien después ha consagrado un trabajo especial con datos 
de mucha importancia (2). Los argumentos que formula y lo? 
rasgos de erudición con que los avalora, hacen de interés esta 



(1) Noticia de un precioso códice de la Biblioteca Colombina; aljf unos datos nue- 
vos para ilustrar el Q¿{ijo(e. —Uiulrid, Rivadeneyra, 18(54; tirada especial, pági- 
nas 27 y '¿i'). 

(2) Los [suma de Vitoria. (Revista couteMporáneaj, tomo xcvi. 



378 HOÍJCTÍN DIÍ UA IIKAL ACAIJKMIA IjK I-A HISTOIUA. 

p.iile del ti-al);ijo, que además se recomienda por el perfecto cono- 
cimiento de las obras de Cervantes y la oportuna citaci(3n de sus 
textos. 

Leído el libro do D. Julián Apraiz queda en el ánimo el con- 
vencimienlo de (]ue el inmortal autor del Quijote, aunque aman- 
te del país vascongado y justo apreciador de bis dotes de sus 
hijos, los cita en sus obras con repetición cuando le viene á cuen- 
to, sin intento nunca de zaherirlos ni de rebajarlos en compara- 
ción con los habitantes de otras provincias, cuyos defectos y bue- 
nas cualidades hacía resallar también con perfectísimo conoci- 
miento; por más que en efecto los hiciera repetiiias veces objeto 
(le su ironía y los sacara á plaza para amenizar muchas de sus 
[)áginas, por la original manera de hal)lar el castellano con las 
concorilancias (|ue por antonomasia han recibido su nombre. 

Pei'o nada tiene que ver tampoco, ni amengua la bidalguía y 
honradez de los v.iscoiígados, sino ijue, antes por el contrario, 
puede ser confirmación de tales cualidades, el que monopolizan- 
do casi exclusivamente, y por muchas causas y razones que no 
caben en este informe, la mayor parte de los puestos en las Secre- 
tarías del Estado, y no habiendo sido tal vez muy benévolos con 
el soldado herido en Lepante, ó no habiendo atendido á sus de- 
scosen más de una ocasión, pudiera éste en sus obras inmortales 
y con marcada intención aludirá ellos, sin desconocer por eso sus 
merecimientos, ni tratar de manifestar desvío ni menos avei'sión 
á la noble tierra de que procedían; así como sacó á plaza repetidas 
veces el cai-ácter exageradamente ponderativo y aun baladrón de 
los andaluces á pesar del mucho amor que siempre tuvo á la 
Andalucía. 

Airoso sale el Sr. D. Julián Apraiz del intento i]ue le movió á 
tomar la [)luma, y su libro es muy digno de ser conocido y de la 
recomendación de la Academia, para que, con arreglo al Real 
decreto de 29 de Agosto de 1895, ya citado, se adquieran por el 
Ministerio cuantos ejemplares sean posibles, según el estado de 
los fondos destinados á este objeto. 

Madrid, 25 de Febrero de IKtT. 

José María Asknsio. 



EL SEPULCRO DE LA REINA DONA URRACA. 370 

IV. 

EL SEPULCRO DE LA REINA DOÑA URRACA EN LA CATEDRAL DE PALENCIA. 

1.— Acta del descubrimiento. 

Exorno. Sr.: 

Tengo la honra de enviar á V. E. una copia del acia levantada 
con motivo del reconocimiento practicado el día once del corrien- 
te mes por esta Comisión provincial, de acuerdo con las autori- 
dades eclesiásticas, en el sepulcro de la reina de Navarra doña 
Urraca, hija del emperador Alfonso Vil y mujer que fué del rey 
García Ramírez, y cuyo sepulcro se encuentra en la catedral de 
esta ciudad, sin haber sido examinado en los últimos treinta y 
un años. Y con el fin de que esa Real Academia pueda apreciar 
el estado de conservación en que la momia se encuentra, envío 
también á V. E. una fotografía obtenida con ocasión del referido 
reconocimiento. 

Dios guarde á V. E, muchos años. 

Paleucia, 21 de Diciembre de 1896. — Ei Gobernador presiden- 
te, TiRÓFiLO Delgado. — Excmo. Sr. Director de la Real Academia 
de la Historia. 

Acia. 

En la Noble y Leal Ciudad de Patencia á once de Diciembre 
de mil ochocientos noventa y seis, siendo las diez de la mañana, 
se reunió la Comisión provincial de Monumentos históricos y 
artísticos en el claustro de la Santa Iglesia Catedral con el fin de 
proceder en unión del ílustrísimo y Reverendísimo Señor Obispo 
de la diócesis, del M. I. Sr. Deán y Cabildo, y de las Autori- 
dades y Corporaciones invitadas á examinar el enterramiento ó 
investigar el gi-ado de conservación en que se encuentra la momia 
de la reina de Navarra doña Urraca, llamada la Asturiana, 
mujer (jue fué del rey García Ramírez é hija de Alfonso VII el 
Emperador; con ocasión de la santa pastoral visita que el señor 



'.W) ijoi.etín i)K i, a hhal acadkmia ük la HISTOHIA. 

Obispo giraú la í^hisia (Jalodral. y [jür la circuiislaiicia de haber 
traiisc.uiTido Ireiiita y uii años desde que por lílliiiia vez fué exa- 
luiuado el se[)ulcro de esta i-eiua, creyóse opoiluuo el moineulo 
j)reseule para realizar el cum[)liinieiilode tan imporiaule servicio 

Al efecto, y previamente de acuerdo las autoridades eclesiásti- 
cas y civil, se dirigieron en el día y hora señalados desde el 
claustro de la Catedral .í la cafiiHa del Sacrameiilo, donde el se- 
])ulci'0 se encuentra; las personas y Comisiones reunidas, son ;i 
saber: 

De una [)arle: El Ilustrísimo y Reverendísimo Sr. D. Enri- 
que Almaraz y Santos, Olñspo de Palencia y Conde de Pernia, 
acompañado de su capellán presbítero I). Alfonso Carballo y 
del señor Seci'etario de visita, presbítero D. Isidoro López. 

De otra parle: El M. 1. Sr. D, Deogracias J. Casan ueva, deán; 
D. Sergio Aparicio Vázquez, dignidad de arcipreste; D.Juan Ro- 
dríguez, dignidad de chantre; D. Claudio M. I^inillos, dignidad 
de maestrescuela; D. Julián Adi-ián Honrrubia, D. Francisco de 
Jesiís Soto y Mancera, D. Sebastián Herrera, D. Ensebio Cea, 
I). León Sanz Diez, D. Eugenio Almaraz, D. Isidro Mágica, don 
Matías Vielva, canónigos; D. Eugenio Santos, D. Crescendo 
Lumbreras, D. Ubaldo García de los Huertos, D. Miguel Barco, 
beneficiados, y D. Venancio González, pei-tiguero. 

De otra parte: La Comisión provincial de Monumentos, repre- 
sentada por D. Sergio Aparicio Vázquez, correspondiente de la 
Historia y vicepresidente accidental de la referida Comisión, por 
enfermedad del Sr. Gobernador civil presidente, y ausencia del 
vicepresidente propietario; y por los señores vocales D. Manuel 
Rivera, ingeniero; D. Ecequiel Rodríguez, abogado; D. Francisco 
Reynals, arquitecto, y por mí, el infrascrito secretario. 

De otra pai-te: Los señores invitados, que son: D. Santos Cua- 
dros de Medina y D. Domingo Díaz Caneja, vicepresidente el pri- 
mero y secretai-ioel segundo, déla Excma. Diputación provincial; 
D, Eduardo Raboso y D. Nazario Vázquez, alcalde presidente 
aquél y secretario éste, del Excmo. Ayuntamiento de esta ciudad; 
D. Juan Antonio Almaraz; D. Manuel Aníbal Alvarez, arquitecto 
profesor de la Escuela de Madrid; D. Juan Alvarez Vega, presbí- 
tero profesor del Instituto de Palencia; D. Abilio Calderón y don 



EL SEPULCRO DE LA REINA DOÑA URRACA. 381 

Guillermo Jubete Tejeriua, los dos diputados provinciales; don 
Juan Agapito Revilla, arquitecto municipal; D. Luís Martínez 
Vázquez, abogado; D. Nazario Pérez Juárez, propietario, y don 
José Sanabria, fotógrafo. 

Constituidos estos señores en la capilla del Sacramento, y pre- 
via la entrega de las tres llaves que cierran el sarcófago y que 
respectivamente guardan, el señor Obispo, el señor deán y la Co- 
misión de Monumentos, fué abierta una caja grande de madera 
que tiene pintados á la incáustica los escudos de Castilla y León, 
sostenidos por ángeles tenantes; cuya caja, arca ó sarcófago, se 
encuentra sobre un cornisón en lo alto del lado del evangelio, y 
extraída de ella otra más pequeña, también de madera, revestida 
de cuero liso y cubierta con una tapa de cristales. 

Depositada cuidadosamente esta última caja sobre una mesa, 
vióse dentro de ella la momia de la reina envuelta en dos suda- 
rios; uno exterior, de seda azul por fuera y blanca por dentro, y 
otro interior de hilo. 

El limo. Sr. Obispo rezó las oraciones que la Iglesia consagra 
á los difuntos, y acto seguido fué examinada la momia por todos 
los circunstantes. 

Comparado el resultado de este examen con el que ofreció otro 
pi-acticado el día cuatro de Febrero de mil ochocientos sesenta y 
cinco, por encargo expreso de S. M. doña Lsabel II y que se con- 
signa en el acta original que posee la Comisión de Monumentos, 
no se observa que la momia déla reina doña Urraca haya sufrido 
en los treinta y un años transcurridos, menoscabo alguno; acre- 
ditándose así el escrupuloso embalsamamiento de que fué objeto. 
Se encuentra ahora como entonces, en satisfactorio estado de 
conservación; pues, exceptuando los labios, los dientes incisivos 
superiores é inferiores, la punta de la nariz, el dedo índice de la 
mano izquierda y todos los de los pies (partes de la momia, ya de 
antiguo desaparecidas), no se observan más destrucciones que las 
producidas por alguna polilla (Tinea pelionella), singularmente 
en el muslo izquierdo. 

Ofiece la momia una altura de un metro y seiscientos veintidós 
milímetros y se aprecian á simple vista, como circunstancias pre- 
dominantes, los extensos perímetros torácico y abilominal, espc- 



.382 BOI.KTÍN' l)K I,A HKAÍ. ACADKMIA DK I, A HÍSTOniA. 

ciiilmeiile ei i'iliiino, con relieves lari acentuaflos, ijne poi-milen 
asegurar la corituleiicia y obesidad de esta señora. 

El cr;íiieo es marfadaineiile bi-aquiccfalo, con índice qne pasa 

de 82 ( — '- — — ; = 82,1 ) y perímetro de (jiiiniontos cua- 

\ 1 / ,8 / 

renta y tres milímetros, la cai-a ovalada, los ojos no muy gran- 
des y l;i bai'ha redonda y pequeña, i. os brazos se hallan ci-uzados 
sobre la cintura; las manos son pequeñas y unas, igualmente 
que los pies; las piernas rectas y fuertes. 

Obtenidas fotografías, de las cuales una acompaña esta acta, y 
colocados en contacto cori la momia ciertos bolos de naftalina 
para pi-evcnii- ulteriores estragos (Je la polilla, se envolvió de 
nuevo la momia en los sudarios pi-endiéndolos con alfileres y se 
subió á su sarcófago. Cerrado éste con las tres llaves menciona- 
das (jue volvieron ;í poder de sus respectivos depositarios, dióse 
por terminado el acto, y extendióse el presente docum.ento que 
firman conmigo el limo. Sr. Obispo, el M. I. Sr. Deán y el señor 
vicepresidente de la Comisión de Monumentos, como así bien los 
señores vicepresidente de la Diputación provincial y alcalde de 
esta ciudad, de todo lo cual certifico. — f Enrique, Obispo de Fa- 
lencia, rubricada. — Deogracias I. Casanueva, deán, rubricada. — 
Sergio Aparicio Vázquez, idem. — Eduardo Raboso, idem. — San- 
tos Cuadros de Medina, idem. — Francisco Simón y Nieto, secre- 
tario. 

Es copia del original que se conserva en la Secretaría de mi 
cargo. 

Falencia, 21 de Diciembre de 1896. — Francisco Simó.v. — 
V.° B.° — El Gobernador presidente, T. Delgado. 



2 —Caja exterior del sepulcro. 

Excmo. Sr.: 

• No ha sido posible á esta Comisión, ni lo es en este momento, 
reproducir por medio de la fotografía la caja exterior que guarda, 
en la catedral de esta ciudad, la momia 'de la reina de Navarra 
doña Urraca. Se encuentra este sepulcro sobre un cornisón muy 



EL SEPULCRO DE LA HEiNA DOÑA URRACA. 383 

elevado y en si lio obscuro, en lo más alto de la capilla del Sacra- 
mento, y á menos de bajar el referido sepulcro, se hace difícil 
obtener una fotografía que satisficiera los deseos de esa Real 
Academia. 

Mas sí puede esta Comisión, ampliando sus anteriores infor- 
maciones, comunicar á la Real Academia de la Historia que la 
caja exterior ofi'ece dos gi'andes escudos pintados que ocupan 
lodo el frente. Ambos escudos son iguales; los sostienen dos án- 
geles y los cubre una coi'ona. Están divididos en cuatro cuarte- 
les; el primero y el tercero con un castillo almenado en fondo de 
oro; el segundo y el cuai'to con un león rapante. Debajo de las 
pinturas deterioradas S(i ve una capa de yeso. 

La tapa ofi'ece tres planos; por el del centro y más superior, 
que es horizontal, se ve pintada una cruz, cuyos brazos caen en 
los planos laterales. En uno de éstos, el que corresponde al frente 
de la C9ja, se lee una inscripción en caracteres góticos (jue dice; 
Hic fiequiescit Domina Urraca Regina Navarrce Uxor Domini 
Garcice Ramiri Regis Navarrce Quce Fuit Filia Serenissimi Do- 
mini Alfonsi Imperatoris Hispanice Qui Almeriam Obtinuit. Quce 
Obiit XII Oclobris Auno Domini MCLXXXIX. En los testeros se 
ven los monogramas Jes^is y Christus, señalados así; ihv. xfv. 

Los caracteres de las pinturas como los del epitafio correspon- 
den, en sentir de esta Comisión, á la primera mitad del siglo svi. 
Según parece y consigna el arcediano del Alcor, se descubrió el 
ano 1532 el sepulcro de esta reina al remover las gradas de la ca- 
pilla del Sacramento, que fué la principal de la catedral hasta 
1514 ó 1516. Memorias del archivo que alcanzan á 1346, dicen 
que doña Urraca se hallaba sepultada en la capilla de la Magda- 
lena, que hoy no se sabe cuál fuera; pero tales memorias demues- 
tran que era conocido en el siglo xiv el enterramiento de esta 
reina, aunque luego se perdiera su memoria. Lo cierto es, que 
descubierto en 1532 el enterramiento, fué irasladada la momia al 
sitio donde hoy se encuentra, construyéndose para ello el actual 
sarcófago de madera, cuyas pinturas tienen los caiacleres de 
aquella época. 

Nada se sabe del origen del epilafio. Sospecha esta Comisión 
que la escribiera el mismo arcediano del Alcor, hombre eminen- 



'.IH\ uoi.ktín div i,a hkai. acadkmia iík la iiihtoiua. 

le, hisloiiador coiicitíiiziido y itrehemlaíJo de esta iglesia diiianle 
miU de mefJio sif^Io, cu cuyo tiempo desempeñó las más delica- 
das coiiiisioiics, y (jU(( Id liai'ía á la vista de la iiiscripci'ni qno 
tuviera el aiiti^nio sarcófa'^o Ifauscrihiéiidolo y, cuando niucho, 
acon)od;iiidol(} ;í la crouolo^M'a corriente. 

No tiene actual nicn le esta CoinisiiMí, oti'os datos ijue los ex- 
puestos par.i. satisfacer los deseos de la Real Academia; pero se 
halla dispuesta á más amplias investigaciones, si lueren necesa- 
rias al esclarecimiento de algiín punto obscuro ó dudoso. 

Dios guarde á V. E. muchos años. 

Falencia, 4 de Febrero de 1897. — El vicepresidente accidental, 
Surgió Aparicio Vázquez. — El secretario, Francisco Simó.v. — 
E.\cmo. Sr. Director de la Real Academia de la Historia. 



3 — Observaciones críticas. 

El célebre arcediano del Alcor, D. Alonso Fernández de Ma- 
drid (-]- 18 Agosto, 1559), residió setenta años en la catedral de 
Falencia, como lo dice su epitafio e.xislente en la capilla de San 
Ildefonso de aquella santa iglesia, la cual adornó y dotó (1). Tes- 
tigo presencial del descubrimiento y translación de los restos 
mortales de la reina doña Urraca en 1532, dio fe de este suceso; 
pero su testimonio nos pone en la alternativa, ó bien de no creer 
(]ue fuese por entero autor del epitafio, cuya copia nos ha remi- 
tido la Comisión de Monumentos de aquella provincia (2), ó de 
pensar que esa inscripción, si en realidad fué dictada por él, 
algún retoque habrá sufrido, andando el tiempo, C)ntra la volun- 
tad del autor. 

Hasta los últimos años de su vida escribí») paulatinamente su 
grande obra, todavía inédita, que intituló: De la nobleza, antigüe- 
dad y fnndación de la ciudad de Pulencin, de sus fundaciones y 
destruiciones en vt-'ces diversas, y de su insigne Iglesia; cosas no- 
tables que en ella huy. con los nombres de los prelados que en ella 



(1) Biografía eclesiástica completa, tomo vi, pág. 649. Madrid, 1853. 
('¿) Número 2. 



EL SEPULCRO DE LA REINA DOÑA URRACA. 385 

lian presidido y concurrencias señaladas en tiempo de cada uno. 
Tres códices de esta obia hay en Madrid. El más antiguo y com- 
pleto, trazado á fines del siglo svr, pertenece á la Biblioteca na- 
cional y lleva por signatura G 80. En él se dice (fol. 520 r., v.) 
que el arcediano del Alcor «mandó en su testamento que se pu- 
siese este libro en la dicha su capilla (de San Ildefonso)», y que 
«el dicho señor Obispo D. Pedro Gasea, que á la sacón presidía 
en esta iglesia quando el autor murió, assí por la mucha aficción 
que le tenía como por parecerle obra digna de memoria hico es- 
crivir á su costa un traslado de todo lo contenido en el lil3ro y de 
muy buena mano y enquadernación y illuminación, y le tiene en 
su librería muy estimado; elqual, por sus méritos, fué trasladado 
á la iglesia de Cigüeñea año de 15G1». Este códice de la Biblioteca 
nacional, fué copiado, al parecer, de otro que se escribió ó rema- 
tó en vida del célebre D. Pedro de la Gasea, pacificador del Perú, 
el cual murió, como es sabido, en 20 de Noviembre de 1567, 

Los dos restantes códices madrileños, son propiedad de nues- 
tra Academia. Uno y otro fueron escritos á fines del siglo xvii. 
El menos incompleto proviene de la colección Salazar y tiene la 
signatura R 5. En su folio 40 r. dice así: 

«En este mismo tiempo (1) murió en Palencia la infanta doña 
Urraca, hija del sobredicho emperador don Alonso y mujer del 
Rey don García de Navarra, era de ai.glsxxis. Fué sepultada en 
Sant Antolín, en la capilla que entonces era la mayor, y agora 
es la de [la] parrochia, donde está el s.*° sacram.*°; y después en 
el año de m.dxxsh", renovándose la dicha capilla, fué hallado en- 
tero su cuerpo embalsamado en una muy buena sepultura, y se 
puso en lo alto de la pared en una tumba de madera pintada y 
dorada, como agora paresce, con su letrero.» 

El texto conviene con el del códice de la Biblioteca nacional 
(fol. 76 v., 77 r.); pero discrepa en un punto esencial del tercer 
códice, que, como dije, pertenece también á nuestra Academia y 
está signado C 111. Este último códice es muy incompleto, pues 
llega únicamente hasta el año 1530, y trae el texto que discuti- 



(1) Reinando el emperador D. Alonso VII y sientlo obispo de PiUeuc i a 1). Pedro II 
entre los años 1150 y 1153, según aparece del contexto. 

TOMO XXX. 25 



38() IlOl.K'I'IN l)K I, A HKAI, AC.ADKMIA UK LA HIS'lOUlA. 

mos, en el fol. .'>!J i'., v., vieiándolo dos veces: «En este mismo 
tiempo murió en la cindad de Falencia la infanta... año de 
lucLXXxix.» El autor del libro escribió seguramente «en esta ciu- 
dad», según su costumbre, y era, no año, como lo prueban las 
palabras: «En este mismo tiempo, que dan principio á la frase. 
La tumba de mudera pintada y dorada con su letrero, que se 
labró á raíz del descubrimiento en 1532 y en la que se depositó 
el cuerpo de la reina, es, á no dudarlo, la caja exterior que nos 
ha descrito la Con)isión de Monumentos, estimándola justamen- 
te de la primera mitad del siglo xvi, tanto en razón del arte deco- 
rativo, como de la paleografía gótica decadente del letrero. Es la 
misma que vio 6 hizo, por ventura, historiar epigráficamente el 
arcediano de Alcor, persona la más competente y señalada del 
Cabildo para este objeto. 

Si así fué, ¿cómo es que en el epitafio actualmente visible ha 
leído la Comisión: Ohiit XI J Octohris Anno Domini MCLXXXIX? 
No cabe otra solución que la que dan los ejemplares maiiuscí i- 
tos, arriba citados. El arcediano escribió era, pero un códice, tra- 
zado por mano inepta, le hace decir anno. Quizá el letrero de la 
tumba ofrece, si bien se mira, señales de deformación, y de todos 
modos importa que la Comisión examine el caso y nos envíe un 
dibujo exacto de la inscripción ó un facsímile de tamaño natural, 
para que del examen paleográíico resulte nueva luz de verdad en 
medio de opiniones tan encontradas. 

La momia es de una mujer que fué madre, conservando buena 
parte de su dentadura, y representa la edad de unos 50 años^ 
segiin examen pericial que ha hecho D. Francisco Simón y nos 
enviará autorizado bajo su firma. Casóse la reina doña Urraca 
con D. García Ramírez en 1144; y después tuvo una hija, doña 
Sancha, con quien casó D. Gastón de Bearne. Muerto D. García 
Ramírez, doña Urraca regresó al principado de Asturias, que go- 
bernó desde el año 1 153 con título de reina. Vivía y gobernaba en 23 
de Diciembre de 1 ICO, como lo muestra una interesante escritura 
del monasterio de San Vicente de Oviedo, cuya notable data íl) 

(I) Facta carta donationis Era mclxxxxviii, x kal. Januarii, reg-nante in Lesione 
et Galletia Rege Dno Fredenando, in Toleto et Castella Infantulo Dno. Adefonso. in 
Asturias Regina Dña Urraca, presulante in Oveto Dno Petro. 



E[. SEPULCnO DE LA REINA DOÑA URRACA. 387 

copió Risco (1). El cual opuso al argumento de Flórez, que había 
adjudicado al monasterio de Sandoval el sepulcro de esta reina, 
vigorosa contestación y, en mi juicio, apodíctica. 

Flórez había escrito (2): 

«Xo refieren los autores, dónde yace esta señora; pero Ambro- 
sio de Morales dice cu el Viaje Santo, título de Falencia^ que 
desenvolviendo unas gradas de la Capilla del SS. Sacramento, 
fué hallado su cuerpo con un título en latín, que dice como «/t<e 
hija del Emperador D. Alfonso, hijo de doña Urraca y mujer del 
Bey D. Garda de Navarra. Alzáronla en alto, en un arco, en la 
misma tumba en que la hallaron. Por esta señora dicen algunos 
pocos responsos entre año.» Así Morales, hablando de la Cathe- 
dral de Falencia; pero después, continuando su viaje (pág. 40 ce 
mi edición), la pone en Sandoval. Yo me incliné antes á lo pri- 
mero, por informe de los que vieron el cuerpo en Falencia; peio 
reconocido el sepulcro de Sandoval, consta tener dentro el esque- 
leto de mujer correspondiente á doña Urraca, la qual en escritu- 
ra del año 1178, que se conserva original en el mismo Monaste- 
rio de Sandoval (y se llama allí Salti novalisj, le hace una dona- 
ción para su aniversario al otro día de San Juan en la Sala 
Capitular dicti Monasterii. in quo desidero sepeliri etc., el qual 
aniversario se dice anualmente en el mismo capítulo y allí está 
efectivamente el cuerpo en su sepulcro (3). Según ésto el esque- 
leto de Falencia pertenece á otra persona.» 

Contestó Risco (4): 

«El título de infanta, que se repite por tres veces en la escritu- 
ra, me hace sospechar que esta Urraca es distinta de la hija de 
doña Guntrodo, que desde el año de 1144 fué reyna de Navarra, 
y desde el año de 1153 gozó la dignidad de reyna de Asturias por 
concesión de su padre el Emperador D. Alonso.» 

Mas ni Flórez, ni Risco, ni otro autor que yo sepa, sin excep- 



(1) España Sagrada, tomo xxxviii, pág. 159. Madrid, 17;'3. 

(2) Reijnas cathólicas, tomo i, páginas 304 y : 05. Madrid, 1790. 

(3) Reconocimiento hecho en Sandoval, a~io l~.)l, ¡wr el P. M. Fr. Xivardo Lorenzo, á 
instancia del Jt. P. M. Alonso, también cisteiriense.— 'Sola de Flórez. 

(4; España Sagrada, tomo xxxvui, pág. 153. 



388 BOr,ETÍN DK LA IIIÍAÍ, ACADKMIA DK LA HISTOrUA. 

mar el líllimo íjiic li.i venlilado la cuestión |l), se han fijado en 
la nueva luz (|iie se rlcspi-onde de la donación que hizo doñ.i 
Urraca, liluhíiidose ürrakn rcijina^ (tcípfonsi hoiia rneinorie impe- 
ratorin filia, y estando en Oviedo á 24 de Febrero de 1 IGl. ílace 
largas donaciones k la catedral y pone al pie esta cláusula, que 
abre ancho campo á la investigación histórica: Adicimus etiam 
qnod semper in ovetensi ecclesia teneatur firmum ([uatinns ii} 
dic mei anniversarii episcopus et omnes canonici qui presentes 
fuerint, ad loaim quo reges íumiilati .suuí, circa qnod, deo íaven- 
fe, locus mee sepulture ponetur, inissaruin officiis expletis, cum 
incensó ct cereis accedan I, et ilñdern orationum snífragia persol- 
vant. Si vero episcopus in dic mei anniversarii pi-eseus non fue- 
rit, hoc episcopi canonici conpleant; cum aulem primum episco- 
pus eiusdem ovelensem redierit,celebrata missa per se ad regum 
tumula et meurn in processiouem accedat. El tune priore cano- 
nice administrante supra scriptam portionem ciborum in mensa 
sua suscipiat. Si aulem evenerit alias me sepeliri, hoc modo con- 
pleatur processio ad regum tumula in die mei anniversarii. 

El pergamino ó escritura original de tan iu) portante documen- 
to, se conserva en el archivo de la catedral de Oviedo. Lo publi- 
có, diez años há, D. Cipriano Miguel Vigil en sus Monumentos 
de Asturias (2). Del extracto que acabo de leer, claramente se in- 
fiere que en 1161 dispuso la reina que su cuerpo fuese enterrado 
en la catedral ovetense, cerca de los túmulos de los reyes, y que 
en caso de ser trasladado áotro paraje, se celebrase el aniversario 
con solemnidad en la misma catedral. De seguro, que si se miran 
los calendarios ó libros de aniversarios, la cuestión dudosa no lo 
será sobre dos puntos esenciales: 

1," El dia y mes del óbito: 12 de Octubre, según el epitafio 
de Falencia; Agosto, según los anales primeros de Toledo. 

2." El año en que falleció doña Urraca. Con el verdadero no 
se ajusta el de 1151, que asentó el arcediano de Alcor; porque 
aquella reina, que fué de Navarra, vivía no solamente en 1161, 



(1) la catedral de Paleiicia. Monografía, por D. Juan Agapito y Revilla, arquitecto, 
páginas 18, 1-27-130. Falencia, 1897. 

(2) Pdginas'JOy 91. Oviedo, 1887. 



EL SEPULCRO DE LA REINA DOÑA URRACA. 389 

sino en 1163, como nos lo ha demostrado Risco (1). El año 1189, 
que el epitafio moderno asigna, desprendiéndose de una correc- 
ción azarosa, disla niuctio de ser el vínico probable. Cabe que 
sea el verdadero; y quizá el tropiezo mismo que dio el arcediano 
del Alcor resultó de su propio alucinamiento, que le hizo tomar 
por era el número de los años (1189) deducido del original (era 
M.CC.XXVIl) que leía y ojalá recobremos. 

Además de la Palentina, tres Comisiones de Monumentos están 
singularmente llamadas á ilustrar y resolver el problema con 
nuevos datos: la de León, la de Navarra y la de Oviedo. 

Madrid, 26 de Febrero de 1S97. 

Fidel Fita. 



V. 



NUEVOS DATOS HISTÓRICOS ACERCA DEL SEPULCRO DE LA REINA 
DOÑA URRACA EN LA CATEDRAL DE FALENCIA. 

Excmo. Sr.: 

Deseosa esta Comisión de esclarecer el punto, ya de antiguo 
debatido, referente á la autenticidad de los restos de Doña Urraca, 
llamada la Asturiana, reina que fué de Navarra, sepultada en la 
Catedral de esta ciudad, ha procurado apurar cuantos recursos 
de investigación ofrecen, por un lado, el epitafio pintado del sar- 
cófago; por otro, los antecedentes que conserva el archivo de la 
Catedral y los acuerdos capitulares poco ó nada conocidos ni apor- 
tados á la resolución de este asunto; y, por último, los resultados 
de un examen pericial de la momia, como punto de partida para 
fijar aproximadamente la edad y las circunstancias orgánicas de 
la señora á quien perteneciera. 

Respecto al primer extremo, nada mejor ha creído hacer esta 

(1) España Sagrada, tomo xxxviii, pííg-. 160. 



XH) UOMCTIN UK LA URAL ACAUIiMIA DE LA HISTOniA. 

Comisión que obtener un dibujo exacto del epitafio, comisionando 
l>ara ello al distinguido arquitecto municipal D. Juan Agapilo 
Ilfívilla, cuyos son los cuatro dibujos de la hoja adjunta, que 
cüuiprenden: la perspectiva total de la caja, la planta de un cos- 
tado, la de la tapa y la de uno de los planos laterales de esta 
misma tapa, que lleva pintado con tinta roja el epitafio escrito en 
caracteres góticos, que dice así: hic re(/escit dopna Urr \ acu 
rregina navarre uxor dopni Garsie Ramiri: regis 7iavarre que 
fuit filia serenissimi do \ pni alfonsi imperatoris hispanie fj al- 
meria obtinnil que obiit HIT. ydfusj octobris era i\I.'C(^.''XX.' VIL' 

No difiere este epitafio del que está pintado en la pared que 
sostiene el sepulcro y que conoce la Real Academia, más que en 
la distinta expresión de una misma fecha, la de 12 de Octubre de 
118Í), que aquí se señala siguiendo la era de César; pero aunque 
no difiera adquiere el epitafio con esta nueva y legítima data, tan 
impropia y desusada en el siglo xvi como en el presente, un sello 
de autenticidad de que el otro carece; y constituye, en sentir de 
esta Comisión, un dato importantísimo para considerarle como 
simple trascripción del epitafio que tuviera el sarcófago antiguo, 
sustituido por el presente en 1532. 

Sobre este íillimo punto la Comisión tiene una opinión defini- 
tiva, fundada en repetidas investigaciones periciales de fácil y 
evidente certidumbre. Esta opinión, ya formulada anteriormente, 
es la que sigue: la caja del sepulcro pertenece á la primera mitad 
del siglo xvi; es la misma «tumba pintada y dorada» en que según 
refiere el Arcediano se colocó el cuerpo de Doña Urraca cuando 
pareció su sepulcro al renovarse la Capilla del Sacramento el 
año 1532. Abriga también esta Comisión la sospecha que esta 
caja fuese pintada y dorada por un maestro llamado Maese Be- 
nito, que según los acuerdos capitulares (1) trabajaba por aquellos 
años la tabla de las once mil vírgenes, cuadro de grandes dimen- 
siones y de numerosas figuras de factura harto semejante á la 
que ofrecen los escudos y los ángeles del sarcófago de Doña 
Urraca. 

Mas aparte de esto ha intentado esta Comisión con el estudio 

(1) Cabildo del lunes 7 de Agosto de 1531. 



NUEVOS DATOS DEL SEPULCRO DE LA REINA DONA URRACA. 391 

(le las acias capitulares, confirmar la aseveración del Arcediano 
del Alcor alusiva al hallazgo del sepulcro. Desgraciadamente nin- 
gún acuerdo del cabildo hace referencia á este suceso de un modo 
directo; pero sí se encuentran abundantes y expresivos testimo- 
nios de hallarse por entonces en reparación importante la capilla 
del Sacramento donde se renovó el altar, cuya plata por cierto se 
vendió para el arreglo de una pesquera (1). 

Esto ocurría en 1532; y pocos años después, 1535, aparece un 
acuerdo en las actas del Cabildo, que no sólo por la explícita 
manera cómo declara la existencia en la capilla del Sacramento 
del sepulcro de Doña Urraca, sino por ser de fecha en quince años 
por lo menos anterior á la Sylva Palentina escrita por el Arce- 
diano del Alcor, merece ser trasladado integramente. 

Dice así: De las sepulturas de la capilla del Sacramento. «Este 
«dicho día y cabildo (2), los dichos señores juntos con el señor 
»D. A. Fernández, de Madrid, Arcediano del Alcor como provisor, 
«ordenaron é mandaron que en ninguna sepultura de la capilla 
«de San do Sacramento de la dicha Iglesia se possieren letras ni 
«armas atenta la suntuosidad de la capilla ser tal y tan principal 
«é destar allá sepultada aquella señora Doña Urraca Reyna de 
«Navarra é hija del emperador D. A. que ganó Almería. — Testi- 
«tigos: los dichos.» [P.° Diez de Castañeda, P." de Santiago e 
Diago de Cisneros, racioneros.] 

Era indiscutida entonces (1535) como se ve la existencia en esta 
Catedral del sepulcro de Doña Urraca, y fué mantenida esta 
creencia, que nadie entonces contradijo, por el voto de lodo el 
Cabildo, debiendo por tanto considerarla como la expresión de un 
verdadero convencimiento. 

Pudo tener, y seguramente tuvo, el cabildo como fundamento 
de estas sus opiniones y creencias dos circunstancias: La prime- 
ra, el hallazgo de la tumba con la momia que fué colocada en- 
tonces en un sarcófago de madera pintado y dorado (Arcediano 
del Alcor); la segunda, los antecedentes que sobre la existencia 
de tal enterramiento en la Catedral palentina guardaba el archivo, 



(1) Cabildo de! jueves 18 de Mayo de 1532. 
('2) Cabi do del miércoles 28 de Abril de IS'ió. 



'.V.)2 HOLK'liN HE LA HIÍAI. ACADKMIA DE LA HISTORIA. 

aiitecedeutes que ha perseíg'uido y logi-ado esta Comisión y (jue 
so complace en exponer aquí. 

El legajo I, armario xi del arcliivo, coiilieiie documeiilos refe- 
renles ;í los capellanes llamados del número cuarenta, comunidad 
de antiíjuísimo origen que subsistió hasta el Concordato de 1852. 
Tuvo esta comunidad con el Cabildo grandes luchas, reproduci- 
das muchas veces durante más de cuatro siglos; siendo el objeto 
principal de los debates la parroquialidad de las iglesias de Pa- 
lencia. Durante el siglo xiv tales luchas tuvieron un carácter muy 
ardiente, llevando los capellanes la peor parle. 

El Olnspo D. Vasco (1344-1352), de acuerdo con el Deán y C;.- 
bildo, dióles á estos capellanes, llamados tandjién jacobitas, reglas 
para su gobierno y para su régimen (¡ue fueron concertadas el 13 
de Noviembre de 1346. Un tratado de estos estatutos, fechado el 
jueves 2Ü de Mayo de 1388, es el documento que aporta ahora la 
Comisión al esclarecimiento del asunto que se persigue, por con- 
tener una referencia muy interesante sobre el enterramiento de 
Doña Urraca. 

Doce hojas de pergamino ocupa el traslado del estatuto aludido, 
dividido en numerosos capítulos señalados con epígrafes de tinta 
roja, en los cuales se determinan las atribuciones y los deberes 
de los capellanes. En los últimos capítulos se asigna á cada uno 
de los cuarenta capellanes un altar á cuyo cuidado había de con- 
sagrarse. Sin duda los altares eran más numerosos que las capi- 
llas, algunas de las cuales tenían dos ó tres de los primeros, y la 
enumeración empieza por las capillas más importantes con un 
sólo altar. Las tres primeras se hallaban bajo la advocación de 
Santa María, San Juan y San Pedro, debiendo rogar en ellas los 
respectivos capellanes por el alma del Obispo D. Tello (1209-1246); 
la cuarta se llamaba de Sania Cruz y pertenecía á los mercaderes 
que habían mandado aquella capellanía; la quinta San Gregorio 
tiiiper pulpitiim por el alma del Obispo D. Alvaro [Carrillo], 1309; 
la siguiente, que es la que importa al caso en cuestión, estaba 
dedicada á Santa María Magdalena con obligación para el cape- 
llán de pedir por el ánima de la reina Doña Urraca y de otros 
que en esta capilla están sepultados, según reza la chíusula co- 
j'respondíente que aquí se copia con su misma ortografía: 



NL'EVOS DATOS DEL SEPULCRO DE L,\ REINA DOÑA URRACA. 393 

Se^-.ta in altari sánete mariemagdalene pro CiJa dne Urrace 
regine e altor q in ipa capella st seplti (1). 

Queda fuera de toda duda, con esta referencia, que en 1 346 
existía noticia exacta é indubitada de liallarse enterrada en la 
capilla de Santa María Magdalena una reina llamada Doña Urra- 
ca; noticia y convencimiento que un siglo después reproduce otro 
documento del mismo Archivo. 

Es éste un cuaderno perteneciente también al legajo i del ar- 
mario XI. Está escrito en papel y con letra de principios del si- 
glo xv; contiene además de una concordia entre el Cabildo y los 
capellanes del número cuarenta y además de una distribución de 
tributos entre los monasterios de la diócesis, contiene, decimos, 
la misma clasificación y ordenación de capillas y capellanes de 
que habla el estatuto de D. Vasco antes mentado, con modifica- 
ciones poco importantes. 

No lleva tal documento fecha alguna, pero juzgando por la letra 
y el papel y por la data de la concordia aludida hecha el viernes 
3 de Octubre de 1438, se colige que corresponde á pocos años an- 
teriores á éste, alrededor do 1420. 

Pues bien, en este documento se enumeran por el mismo orden 
(]ue en la regla de D. Vasco los altares y capillas con dos varian- 
tes; la una presentándolos por collaciones, la otra designando 
noniinatim el capellán que había de servirla. 

Según esta clasificación, las cuarenta capillas ó altares corres- 
pondían respectivamente: 

Las seis primeras de la colación del Obispo. 

De la 7/ á la 10." inclusive de la colación del Cabildo. 

De la 11 ' á la 13/ idem id. del Deán. 

De la 14.^ á la 19.^ idem id. del Arcediano de Carrión. 

De la 20.=' á la 36.* idem id. del Sacristán. 

De la 37." á la 40.' idem id. del Hospital. 

De esta distribución, desigual bajo el punto de vista numérico, 
se infiere la distinta importancia de las capillas y la categoría ó 
antigüedad de los capellanes. Es presumible que al Obispo se le 



(1) La sexta: eo el altar de Santa María Mag-dalena , por el alma de la reina doña 
L'rraca y las de los demás que están sepultados en la misma capilla. 



.'i!)4 uolutín dio la keal acaíjemia oe la HisroniA. 

reservasen las in¡ís estimadas, y eS segura que á su colación per- 
tenecían aquellas que sirviesen de sepulcro á personas de la mayor 
disliiición y de gran recuerdo. 

En este documento, como en los estatutos de D. Vasco, la ca- 
pilla do la Magdalena con el enlerramionto de Doña Urraca figura 
en el sexto lugar, correspondiendo ¡lor tanto á la colación del 
obispo, expresada del siguiente modo: 

«.Capilla de la Magdalena por la Reyna Doña Urraca, liuiz 
Diaz de BecerriU (Capellán). 

Estas son la3 nuevas pruebas documentales que pueden adu- 
cirse para el esclarecimiento de las dudas que sobre la autentici- 
dad de los restos de Doña Urraca suscitan Morales y el P. Flórez^ 
que desconocieron ó ignoraron seguramente estos in)portantísi- 
mos elementos de juicio. 

Resulta de ellos que á principios del siglo xv, como al mediar 
el siglo XIV, era perfectamente conocido el enterramiento de una. 
reina llamada Doña Urraca; que en la primera mitad del siglo xvi, 
por testimonio del Arcediano del Alcor, se renovó este sepulcro 
señalándose desde entonces con un epitaño que hoy subsiste y 
con un acuerdo capitular bien explícito y más arriba copiado, la 
filiación de Doña Urraca y la fecha de su fallecimiento, atempe- 
rándose en este último punto á una cronología totalmente aban- 
donada en el siglo xvi, circunstancia que justifica la sospecha de 
ser el epitaño mera repetición del primitivo. 

No pueden tener igual alcance y seguramente no le tienen las 
deducciones y enseñanzas que se logran de la inspección anató- 
mica de la momia. Pero aunque carezcan de él cree oportuno 
esta Comisión apuntar aquí muy breves consideraciones sugeri- 
das del acto del reconocimiento y que no parecen impertinentes 
al asunto que se debate. 

Primeramente bueno es manifestar que el cadáver fué embal- 
samado por un procedimiento lento y probablemente seco, des- 
usado ya que no desconocido en Europa en el siglo xvi, en cuyo 
tiempo los cadáveres sufrían graves mutilaciones para seccionar 
la cabeza y el pecho. Se extraen las visceras rompiendo los hue- 
sos con el fin de acelerar trámites en el modus operandi y lograr 
una mayor rapidez en el acto embalsamador. El procedimiento 



seguido en el caso presente, más semejanza tiene con el egipcio 
que describe Gradille que con los métodos rápidos de extracción 
de visceras é inyecciones vasculares y cavitarias empleados en el 
siglo XVI. El cadáver está completo; curtido por la acción de 
determinadas substancias y conservado con bálsamos y betunes 
cuya naturaleza puede todavía precisarse en los tejidos de hilo 
que conserva adheridos al vientre. Hay que considerar, pues, 
este embalsamamiento, como muy perfecto, muy remoto y logra- 
do por procedimientos muy lentos, circunstancias que no se opo- 
nen, antes por el contrario, se hallan en armonía con la época 
en que falleció doña Urraca y con la elevada significación social 
de esta dama. 

Ya en el acta de reconocimiento del sepulcro, de cuyo docu- 
mento envió esta Comisión una copia (1) áesa Real Academia, se 
señalaban algunas condiciones ó accidentes de la momia relativos 
á su significación étnica que por carecer de aplicación al caso no 
se amplían aquí. Pero sí parece útil establecer algunas afirmacio- 
nes que sin reserva pueden admitirse. La más importante acaso 
en el concepto histórico que aquí conviene determinar, es la edad 
á que falleciera doña Urraca. 

Para esto la Comisión tiene presente el estado del sistema den- 
tario en lo que corresponde no al número de dientes sino al grado 
de deterioro de los que existen. Faltan los incisivos centrales 
superiores é inferiores perdidos post mortem; y esta pérdida con- 
siente inspeccionar casi todos los restantes, que exentos de des- 
trucciones producidas por la caries, enfermedad que es muy 
dudoso que existiese en el siglo xii y que seguramente en este 
caso no ha existido, ofrecen la corona poco menos que completa 
aun en el esmalte y con pequeñas facetas producidas por el roce 
normal y mecánico, circunstancia que solamente concurre, tra- 
tándose como enfiste caso de dentaduras sanas, perfectas y bien 
dispuestas, á edades medias de la vida. No es infrecuente en la 
juventud la destrucción de la corona de los dientes porque cir- 
cunstancias muy variadas la producen, en tanto que otras dificul- 



(I) Véase ea el informe precedente. 



!)90 UUMiTIN UK LA MKAI. ACAÜKMIA UH LA MISTOIilA. 

tan el creciinieiilo de la deiiliua, pero nunca deja de observarse 
en la vejez: de modo que en lanío que una dentadura aniquilada 
por el roce no excluye una edad temprana, una <lenladura per- 
lecta y crecida y de superiicies maslicadoras ¡jaralelas, excluye 
la vejez. 

En o[)inión, pues, de esla Comisión, el sistema dentario de esta 
momia corresponde á la edad media de la vida ó á un período 
avanzado dentro de la adulta, de ningún modo á la vejez ni 
menos á la decrepitud. 

Igual deducción se logra examinando la momia en los períme- 
tros y relieves que ofrecen en su organismo general no en su 
esijuelelo. A pesar del tiempo transcuri-ido á simple vista se 
observa una obesidad que aunque grande, no es deforme, sino 
simétrica y ordenada, y <jue encaja bien en la aventajada esta- 
tura, en la esbelta rigidez de una dama cuyo espinazo tuvo muy 
pronunciada la curvatura lumbar, los hombros anchos y rectos, 
el pecho saliente, las caderas amplias y las piernas largas y rec- 
tas. Aquella obesidad se manifiesta singularmente en las glándu- 
las mamarias que descansan sobre los antebrazos, cruzados en la 
cintui'a, y en el abdomen de gran prominencia con convexidad 
hipogáslrica sobre el pubis semejando mucho, sin que lo sea, una 
evenlración. 

Las primeras, las glándulas mamarias, que ni han podido ser 
sustraídas en el embalsamamiento ni repuestas con substancias ó 
productos extraños al organismo, son un precioso elemento para 
afirmar que la muerte sorprendió á esta dama antes que la vejez 
atrofiara tales órganos de blanda estructura como todos los glan- 
dulares; cuando en la plenitud de una nutrición exuberante el 
volumen del seno era todavía dependiente de funciones y activi- 
dades no extinguidas aunque sí debilitadas por la ausencia de 
aptitudes para la reproducción ó de ciertas funciones peculiares 
al sexo. Conjetura, por tanto, esta Comisión, que al motivo gene- 
ral de sobrecarga grasosa hay que unir, al juzgar del volumen 
del seno y para darse cuenta del que ofrece ahora, un considera- 
ble desarrollo de la misma glándula mamaria propio de edades, 
y ocasiones en que la atrofia, que suele ser precoz, no haya hecho 
grandes progresos. Y por aquí también se considera autorizada á 



NUEVOS DATOS DEL SEPULCRO DE LA REINA DOÑA URRACA. 397 

establecer semejante conclusión á la que se deriva del examen 
del sistema dentario. 

Cuanto al abdomen, suele tomar las extraordinarias proporcio- 
nes que ofrece el de esta momia en mujeres obesas con enferme- 
dades uterinas que llegan á la edad de la vida llamada crítica, ó 
en aquellas otras que han tenido numerosa prole. Pero este signo 
en nna momia es equívoco, porque puede influir en el abulta- 
iniento abdominal la mano del embalsamador introduciendo en 
el vientre substancias ó productos que substituyen las visceras 
extraídas por las vías naturales (como hacían los egipcios) y 
puede influir también la enfermedad que produjera la muerte. 

Mas descartando aquí lo que hubiera de corresponder en este 
excesivo abultamiento á un motivo ó á otro, queda subsistente 
un gran perímetro en esta cavidad, que estando acompañado de 
otro igual desarrollo en el resto del organismo excluye la idea de 
una eventración propia de la vejez y reduce mucho la probabili- 
dad de que fuera producida por un número crecido de gesta- 
ciones. 

Queda, por consiguiente, en pie, la importante deducción de 
que solamente á un estado de normal y robusto desarrollo en el 
que predominaban las substancias grasas equitativamente distri- 
buidas en todas partes, hay que referir el volumen de todo el 
tronco y de los miembros, especialmente el inferior; que contras- 
tan con el desarrollo fisiológico de la extremidad cefálica y la 
finura y delicadeza de las manos y los pies, de líneas puras, de 
contornos interesantes. 

Estas breves consideraciones sobre el estado general y el aspecto 
externo de la momia aunque despojadas de la autoridad (¡ue ten- 
drían si hubieran podido comprobarse con un examen del esque- 
leto, consienten, sin embargo, á esta Comisión, armonizándolas 
con el estado del sistema dentario, profesar y sostener la idea de 
que la dama á quien esta momia pertenece, hubo de sucumbir al 
llegar á la edad crítica y distante todavía la vejez, entre los ^lo y 
50 años, y en ocasión que se distinguiera su organismo por cierta 
exuberancia plástica que dada la rigidez del espinazo no estaría, 
empero, reñida con la esbeltez de una matrona, ni reñida tam- 
poco con aquella singular belleza que la crónica de Alfonso VII, 



3Í)8 IiOI.IC'1'ÍN UK I,A ItKAI, ACADKMIA DIC I-A H IS'I ( )It I A. 

S;indov;il y el P. Floroz atrihiiyeii ádoña í.'rraca cuamlorMí León 
se aceicaha al hinioiieo (1). 

Como resumen de lodo lo expuesto, esta Comisión opina y 
tiene por demostrado, según los documentos de los siglos xiv y .\v 
que más atrás se copian, la existencia en la Catedral de esta ciu- 
dad del sepulcro de una reina llamada doña Urraca. 

Esta demostración da un concepto de exactitud y legitimidad 
indiscutibles al epitafio colocado en 1532 en la tapa del sepulcro, 
epitafio que precisa claramente ser la reina de Navarra hija de 
Alfonso VIL La razón es que ningún historiador ni cronista y 
ningún hecho ni antecedente autorizan á sospechar siquiera que 
la Urraca aludida fuera cualesquiera de las otras reinas de este 
nombre. La hija de Alfonso VI fué enterrada en León; doña 
Urraca de Haro, tercera mujer de Fernando II de León, y doña 
Urraca de Portugal, madre de Alfonso IX, tienen enterramientos 
precisados, en verdad, con poca cerliduml)re; pero las dudas que 
haya y que abriga el P. Flórez sobre ellos, no tienen relación 
alguna con el sepulcro de esta Catedral. 

Después de esto, no es la depuración histórica sino la insaciable 
curiosidad de hallar razón á cosas y sucesos la que promueve 
una investigación sobre los motivos que pudieron influir para 
que doña Urraca la Asturiana fuese sepultada en Falencia. Sobre 
este punto toda diligencia ha sido inútil. El P. Mariana asegura 
que doña Urraca contrajo segundas nupcias con D. Alvaro 
Rodríguez, persona principal en Castilla, y asegura también, 
siguiendo los anales de Toledo (2), que falleció en 1179, diez años 
antes que dice el epitafio. íJsta última afirmación se halla muy 
de acuerdo con los resultados del examen pericial hecho en la 
momia, y merece mayor fe que la propuesta por el epitafio redac- 
tado en 1532. Si la primera, ó sea la referente al nuevo matrimo- 
nio de doña Urraca, pudiera igualmente concordarse, liabría una 



(1) A mediados del año 11-J4, siendo de muy corta edad, pues no nació antes de 1132. 
No llegó á los 60, si murió en 118-); ni damos á nuestras conclusiones fisiológicas la 
rigidez de una demostración matemática. 

(2J «Murió la Reyna de Navarra, filia del Emperador, en Agosto, Era mccxvii.» 
España Suf/rada, tomo xxiii (2.^ edición;, pág. 393. Madrid, 17P9. 



NUEVOS DATOS DEL SEPULCRO DE LA REINA DOÑA URRACA. 399 

explicación satisfactoria para todas las cuestiones que este ente- 
rramiento ha suscitado. 

Dios guarde á V. E. muchos años. 

Falencia 8 de Ahril de 1897. — El Vicepresidente, Fernando 
Monedero.— £■/. Secretario, Francisco Simón y Nieto (ponente). 

Excmo. Sr. Director de la Real Academia de la Historia. 



Vi, 



BOCUMEXTOS CERVAXTIXOS HASTA AHORA I XE DITOS, 
RECOGIDOS Y ANOTADOS POR D. CRISTÓBAL PÉREZ PASTOR. 

Con verdadera satisfacción acepté el encargo que nuestro iluf- 
tre Director se dignó confiarme para dar cuenta á la Academia 
de los Documentos Cervantinos, coleccionados y dados á la im- 
prenta por el presbítero D. Cristóbal Pérez Pastor, aunque no se 
me ocultaba la grave responsabilidad que contraía, ni las escasas 
fuerzas con que contaba para salir airoso de tamaño compromiso. 

Pero siempre es grato el ocuparse de libros y de autores 
á los que sólo pueden tributarse alabanzas, y más todavía si se 
reñeren á un período importantísimo de nuestra historia litera- 
ria y vienen á poner en claro heclios interesantes de la vida del 
ingenio que es la mayor de las glorias españolas y se estudia 
con pasión, con entusiasmo, por todos los más esclarecidos escri- 
tores de las naciones civilizadas de ambos continentes. 

Prolijo trabajo, perseverancia inconcebible, se descubren á 
primera vista en el libro del Sr. Pérez Pastor. Basta con saber 
que contiene 5G documentos referentes á la familia, á los hechos 
y á las obras de Miguel de Cervantes Saavedra, sacados de di- 
versas fuentes, pero todos indudables, todos auténticos y todos 
desconocidos hasta ahora. Acompañan á los documentos doctas y 
atinadas aunque breves observaciones, encaminadas á señalar 
su carácter y á relacionarlos con los sucesos anteriormente sabi- 
dos de la vida del escritor; y con estas indicaciones puede for- 



400 HOI-KTÍN DIC 1,A IIKAI, A CA I) ICM 1 A DIí I. A HISTOMIA. 

inarsc, desde luego, juicio do lo que el volumen eur-ierra, de cuál 
ha sido la labor del erudito cnanto modesto colector y despertar 
el deseo do conocer A fondo su contenido. 

Para dar cuenta, con la extensión que requiere su importancia, 
de lodo lo que resulta digno de llamar la atención, sería necesa- 
rio escribir muy largamente, rehaciendo en mucha parte la his- 
toria conocida del gran Cervantes y confirmando con datos nue- 
vos algunas otras; mas ya que esto no sea posible en un informe 
de la índole del pi-esente, me limitaré, bien á mi pesar, á señalar 
las novedades de mayor bulto que de tantos documentos se des- 
pi'enden. 

Guando ;í la mitad del siglo anterior y por encargo especial d'.' 
un ilustrado magnate de la corte de Inglaterra, acometió D. Gre- 
gorio Mayans la empresa de escribir una vida del autor de El In- 
genioso Hidalgo, no se tenía absolutamente noticia alguna de sus 
hechos, y el docto valenciano hubo de comenzar su tarea ponien- 
do á contribución con sagacidad y recto juicio las noticias que el 
propio autor dejó esparcidas en algunas de sus obras, especial- 
mente en los Prólogos de las Novelas ejemplares y de Los trabajos 
de Persiles y Sigismunda; mas la interpretación de textos de tal 
naturaleza es muy propensa á errores, y, por lo tanto, aunque 
apreciable, erudita, digna de estimación, aquella primera tentati- 
va biográfica, levantada sobre tan escasos elementos, es incom- 
pletísima; pero desde el año 1738, en que Mayans dio por con- 
cluido su trabajo y lo entregó á la imprenta, hasta la fecha, han 
sido muchos, muchísimos, los literatos eminentes que se han ocu- 
pado en perfeccionar aquella biografía, numerosos los documen- 
tos sacados á luz de los archivos públicos y particulares; siendo 
tantos y tan notorios que ni es fácil referir los unos, ni reseñar 
los otros, ni es, en verdad, necesario el hacerlo, porque son harto 
conocidos de todos los señores académicos. 

Sucesivamente se han ido corrigiendo los graves errores en que 
al principio se incuri-iera; se han aclarado muchos puntos dudo- 
sos, que por conjeturas y deducciones so asentaran; se han dado 
á conocer importantísimos sucesos de la vida del escritor ilusti-e, 
de los cuales no existía ni aun noticia, llegando á trazarse obras 
que, como la de D. Martín Fernández de Navarrete, pueden pre- 



I 



J 



DOCUMENTOS CERVANTINOS. 401 

sentarse cual modelos de narraciones biográficas por la abundan- 
cia de datos y por el perfecto conocimiento que proporcionan del 
auloi- y de su época. 

Aun después del estudio del insigne humanista, aumentada en 
España y en el extranjero la pasión por Cervantes y por su 
libro hnsta llegar casi al extremo del fanatismo, se ha trabajado 
con empeño; la erudición y la crítica no se han dado punto de 
reposo, y último fruto, hasta hoy, de sus provechosas tareas, es 
el trabajo del Sr, Pérez Pastor cuyo examen debe ocuparme. 

Porque, no obstante lan repetidos trabajos, á pesar de tan pro- 
lijas investigaciones y de haberse encontrado documentos del 
mayor interés, quedaban todavía muchas dudas, había muchos 
extremos ignorados en la vida de Cervantes y muy especialmen- 
te en lo relativo á la publicación de sus obras. 

No queda todo en claro con los 56 documentos que i-eune y 
publica la sabia laboriosidad del Sr. Pérez Pastor; mucho se ade- 
lanta, sin embargo; grandes novedades aparecen y también se ha 
indicado el camino para más completos descubrimientos. 

Empezando por la familia, no podrá desde ahora ponerse en 
duda que el autor del Quijote era nieto de Juan de Cervantes, el 
hidalgo que desempeñó el cargo de corregidor de Osuna. Más de 
catorce años antes del nacimiento de Miguel de Cervantes resi- 
día en Alcalá de Henares el licenciado Juan de Cervantes con 
una hija llamada María y dos hijos que se nombraron Andrés y 
Rodrigo; habiendo conti-aído matrimonio este último ya por los 
años de 1540 con doña Leonor Cortinas. Las escrituras que ocu- 
pan los números primeros de este volumen son pruebas feha- 
cientes. 

No son menos notables otros documentos referentes á los indi- 
viduos de la familia de Rodrigo Cervantes. Quedó éste estable- 
cido en Alcalá cuando su padre fué nombrado por el Duque de 
Osuna, D. Juan Tellez Girón, corregidor de la titular de sus es- 
tados. De su matrimonio tuvo por hijos á Andrés, Andrea, Lui- 
sa, Miguel, Rodrigo, Magdalena y Juan. Las partidas de bautis- 
mo de los cuatro primeros se conservan en la parroquia de 
Santa María la Mayor de aquella ciudad y han sido publicadas 

TOMO XXX. 2(> 



402 HOMÍTIN l)K LA ItKAI, ACADKMIA UK LA HISTOHIA. 

repetidas vcices; y la exislcncia de los tres iilliinos consta, por el 
mismo orden en (|iies(! han pneslo, en el testamento de su pa(Jre, 
otorgado en Madrid ;í 8 de Junio de 1585, que ahora por vez firi- 
mera pueden examinar los curiosos. La doña Magdalena, cuyos 
apellidos han tenido en tanta confusión á todos los biógrafos, 
aparece ya claramente hermana de Miguel, de Cervantes, como 
lo expresó ella misma en la declaración prestada en la causa de 
Valladolid, y se consignó en su partida de defunción que original 
se conserva en el ai-chivo de la parroquia de San Sebastián de 
esta Corte. Debió nacer doña Magdalena por los años 1554 A 55, 
aunque sospecho con bastante fundamento que ni ella, ni su 
hermano menor Juan, vieron la luz primera en Alcalá de Hena- 
res. Veinte años ó muy poco más podría contar cuando concurrió 
con su padre, en Madrid, el 7 de Mayo de 1575 y ante el escriba- 
no Pedro de Salazar, al otorgamiento de una escritura (Docu- 
mento nüm. G), cuyo principio es como sigue: «En la villa de 
«Madrid á siete días del mes de Mayo de mili é quinientos y se- 
«lenta y cinco años, ante mi el escribano público é testigos de 
»yuso escriptos, páreselo presente la Señora Doña Madalena Pi- 
lamentel de Sotomayor, hija legítima de Rodrigo de Cervantes y 
»de doña Leonor de Cortinas...» y lo mismo se repite en otros 
documentos, quedando así comprobada la identidad de la persona 
y su legitimidad, no obstante la completa diferencia de los ape- 
llidos, que ha sido motivo de confusiones y dudas para los bió- 
grafos. 

Tinte novelesco, carácter enteramente romántico, había to- 
mado en manos de sus últimos historiadores la vida de Cervan- 
tes, en cuanto se relaciona con su hija natural doña Isabel de 
Saavedra; cuya existencia se supo de una manera. indudable al 
conocerse el proceso seguido en Valladolid en Junio y Julio del 
año 1605, sobre averiguación de la muerte de D. Gaspar de Ez- 
peleta. 

Con los documentos que hoy nos proporciona el Sr. Pérez Pas- 
tor, unidos á los que antes se couocían, nos apoderamos de una 
historia oculta, de un secreto de la familia de Cervantes, y lo 
seguimos paso á paso, casi con la seguridad de no equivocarnos; 



DOCUMENTOS CERVANTINOS. 403 

por más que al entrar en posesión de la realidad, se pierdan los 
rasgos poéticos con que imaginaciones exaltadas habían adornado 
este episodio de su vida. ¿Es posible encontrar narración alguna 
de mayor interés que la referida en la Historia del cautivo y en la 
comedia de Los baños de Argel, de aquella noble y hermosísima 
Zoraida que socorría con el oro de su padre á los desgraciados 
cristianos que gemían en las prisiones y al cabo huye con ellos á 
España, perdidamente enamorada de uno, que muchos han su- 
puesto era el mismo Cervantes? ¿No era lógica consecuencia de 
tales sucesos, suponer que Zoraida pudiera ser madre de la mis- 
teriosa niña cuya vida se ignoraba? Si esto resultaba difícil ó 
imposible^ se podía cambiar de rumbo; y tomando por punto de 
partida la edad probable de doña Isabel de Saavedra cuando 
prestó su declaración en la causa de 1605, ¿no era muy obvia la 
conjetura de que hubiera nacido durante ios años que el valiente 
soldado militó en Portugal, siendo fruto de sus amores con una 
dama de aquella nación? Con tan aventurada sospecha, vino á 
juntarse otra no menos infundada, pues se decía que en el con- 
vento de Religiosas Trinitarias, donde recibió sepultura el cuerpo 
de Miguel de Cervantes, se conservaba la tradición de que allí 
había profesado su hija y aun quizás también la desconocida 
madre de ésta. Y tomando pie de tales fábulas el Director de la 
Real Academia Española, Sr. Marqués de Molins, se dedicó á un 
trabajo detenido, estudiando los libros de profesiones de aquel 
convento, y cuantos protocolos y antecedentes pudo alcanzar su 
diligencia, produciendo un libro interesante sobre La sepultura 
de Cervantes^ curioso y erudito por varios conceptos, pero de re- 
sultados enteramente nulos para comprobar la existencia de su 
hija entre dichas religiosas. 

Lejos, muy lejos se dejó llevar de su inventiva el discretísimo 
autor de los que llamaba Comentarios filosóficos del Quijote, don 
Nicolás Díaz Benjumea, tanto en este punto como en bastantes 
otros. Imaginó y sostuvo, sin dar valor alguno á las repetidas 
declaraciones de la interesada y de la familia en la causa de Va- 
lladolid, que doña Isabel no era hija natural 3e Cervantes, sino 
una huérfana abandonada, una hija de adopción, una de aquellas 
cargas que en todos tiempos había echado sobre sus hombros 



404 



boletín de La RKAL AflAUKMIA DE LA HISTORIA. 



generoso y caballeresco; tratando de comprobar sus ensueños con 
pasajes lomados de diferentes expresiones sacadas de las Novelas, 
del Quijote y hasta de la obra del supuesto Alonso Fernández de 
Avellaneda, dislocadas las unas, hilvanadas, que no zurcidas^ 
otras, por el afán de buscar notoriedad. Delirios que demostra- 
ban únicamente el ingenio de Benjumea, á pesar de lo cual lo- 
graron seducir A algunos incautos. 

Todas esas conjeturas han caído por tierra. Ya eran conocidos 
varios documentos publicados por D. Julio Sigüenza, por don 
Manuel de Foronda y por otros, que cambiaban completamente 
cuanto se venía figurando; con los que hoy nos ofrece el libro 
del Sr. Pérez Pastor queda en clai'O, según decía, la historia 
humana de aquella hija del F'ríncipe de nuestros ingenios, sin 
adornos de imaginación que la hagan m;ís interesante. 

La expondré en pocas palabras, dejando la comprobación para 
el que se complazca en la lectura de la obra (jue voy i-eseñando» 

Puede creerse que en los años que precedieron á su matrimo- 
nio tenía Miguel de Cervantes relaciones amorosas con cierta 
joven, que parece se llamaba Ana Franca de Rojas, pues con 
ambos apellidos se la ve citada. De aquellos amores nació Isabel 
Franca, Isabel de Rojas ó Isabel de Saavedra, bastante tiempa 
antes del casamiento de Cervantes con Doña Catalina de Salazar» 
Tuvo él buen cuidado de ocultar á su esposa los devaneos de su 
juventud; y la Ana de Rojas contrajo matrimonio años después 
con Alonso Rodríguez, llevando á él su hija natural, sin que 
pueda decirse bajo qué concepto. Fallecidos ambos consoi-tes y 
movida de su buen corazón y del conocimiento que tenía de los 
antecedentes, la hermana menor de Cervantes amparó ;í la niña, 
la tomó á soldada de su curador por tiempo de dos años, en el de 
1599 (Documentos números 3G y 37); y salvadas así las aparien- 
cias consiguió que doña Isabel estuviese bajo su amparo, vivien- 
do al lado de su padre y sin despertar por entonces recelos, ni 
causar disgustos en la familia. Los resultados de la prudente y 
piadosa conducta de doña Magdalena no se hicieron esperar mu- 
cho tiempo. La joven fué, sin duda, introduciéndose en el afecto- 
de la esposa de Cervantes; supo ésta, ya sin grave pesar, aquel 
antiguo pecado de su marido, y en el año de 1605 la doña Isabel 



DOCUMENTOS CERVANTINOS. 405 

vivía en Valladolid como de la familia y se decía hija natural de 
MifiUEL DE Cervantes. 

Por varios documeiilos aiUeriormente conocidos, se vino á tener 
noticia de que poco después de los sucesos de dicha ciudad, doña 
Isabel de Saavedra había casado con Diego Sanz, de cuya unión 
tuvo una hija que también llevó el nombre de Isabel y debió 
nacer al finalizar el año 1607 ó principios de 1608. Por la misma 
época, ó tal vez antes, hubo de fallecer el Diego Sanz, porque en 
8 de Septiembre de 1608 se desposó su viuda en segundas nupcias 
con el escribano Luís de Molina, teniendo lugar las velaciones en 
1." de Marzo de 1609 y siendo de notar que á este segundo matri- 
monio aportó la doña Isabel 36.753 reales, los 14.753 en vestidos, 
joyas y ropas, y 22.000 en efectivo metálico que fueron entrega- 
dos por MifiUEL DE Cervantes y por Juan de Urbina, según consta 
de repetidas escrituras. 

Con ellas y con los testamentos de ambos cónyuges, otorgados 
en el año 1631, que contienen declaraciones importantes, se com- 
pleta la historia de la hija de Cervantes y se evidencia el ningún 
fundamento de las tradiciones de que tanto se ha hablado, cayen- 
do también por su base los argumentos de las lindas obi-as dra- 
máticas que inspiradas en tal asunto hicieron representar con 
aplauso algunos de nuestros más celebrados poetas contemporá- 
neos. Ni doña Isabel de Cervantes, ni su madre, tomaron el 
hábito de religiosas, ni dejaron huellas de su entrada en el claus- 
tro. Las dos contrajeron matrimonio y tuvieron sucesión. 

Las páginas más heroicas, más conmovedoras de la historia de 
Miguel de Cervantes son sin duda ninguna las que se forman 
con los hechos de los días de su cautiverio en Argel. Allí donde 
á cada momento exponía su vida por salvar las de sus compatrio- 
tas, por devolverles la libertad; allí donde concibió el proyecto, 
que solamente á su talento y á su audacia pudo ocurrírsele, de 
alzarse un día con la ciudad, armando á los numerosos cristianos 
que en ella existían, y ponerla bajo el dominio de España; pen- 
samiento que no nació en la mente de ninguno de los proceres 
que regían sus destinos y que el soldado de Lepanta hubiera 
llevado á ejecución con poco que se le hubiese prestado ayuda; 



40G BOLKTÍN UE LA HEAL ACAOKMIA DK LA HLSTOIUA. 

que hoy podemos calcular cu.ln fácil habría sido uu resultado 
favorable. 

Los sucesos del cautiverio nos son conocidos cou niurlm má.s 
exactitud que otros de la vida de Ceuvantks por los uumerosos 
recuerdos que les consagró en sus obras; por los escritos de con- 
temporáneos tan dignos de crédito siempre como Fray Diego de 
Haedo, abad de Fromista; por las informaciones que originales 
se guardan en el Archivo de Indias de Sevilla, en que están do- 
cumentos y declaraciones que contienen preciosos detalles. 

Pero aun en este período tan bien estudiado añaden pormeno- 
res de interés y de gran novedad los Documentos Cervantinos. — 
oLa Providencia, que tantas veces había salvado la vida de Cer- 
vantes durante í;u cautiverio, dice con mucha verdad el Sr. Pére^ 
Pastor, se manifestó una vez más en el día de su i-escate.» 

Nadie, en efecto, había sospechado siquiera que la libertad del 
valeroso cautivo fué debida á un azar de la fortuna, á una mera 
casualidad, en la que podemos ver patente la mano de Dios. Cau- 
tivos estaban en poder de Hazán-Bajá el ilustre Sr. D. Gerónimo 
de Palafox y Miguel de Cervantes, puestos los dos al remo en ios 
bancos de una de las galeras que partían de Argel para Constan li- 
nopla en el mismo día 19 de Sepliembre de 1580 en que se llevó á 
cabo el rescate. Insistía el P. Fray Juan Gil en obtener la liber- 
tad de D. Gerónimo, ofreciendo quinientos escudos en oro, única 
cantidad de que podía disponer en aquel angustioso momento; 
no queriendo admitirla de modo alguno Hazáu que eslimaba el 
rescate de Palafox en mil escudos; y como no lograra vencer su 
negativa el padre mercenario, se decidió á aplicar los quinientos 
escudos al de Miguel de Cervantes, cuya escritura se extendió 
en el acto y obra en los libros de la Redención con todas sus cir- 
cunstancias. 

Rescatado en aquel día, vivió Cervantes en la posada de su 
compañero de cautiverio Diego Benavides hasta el 24 de Octubre 
en que salió para España, y pisó muy luego en Denia la suspi- 
rada tierra de la patria. Desde Valencia comunicó á sus padre» 
la noticia, y en los primeros días de Diciembre llegó á Madrid y 
al seno de su familia, de la que había estado separado durante 
tantos años sufriendo todo género de adversidades. 



DOCUMENTOS CERVANTINOS. 407 

Multitud de pormenores de gran interés sobre la vida de los 
cautivos en Argel, detalles de los rescates y oíros extremos de 
suma curiosidad, pueden estudiarse en esta parte del libro del 
Sr. Pérez Pastor (Documentos números 12, 15, y desde el 16 al 22 
ambos inclusive) que contribuyen á perfeccionar la biografía del 
escritor con el conocimiento de la sociedad en que vivió durante 
el largo período de cinco años; y que es de tanta mayor impor- 
tancia cuanto más ligado se encuentra con la historia política de 
la nación y sus relaciones con los eternos enemigos de nuestra 
bandera, que tenían en alarma continua con sus audaces pirate- 
rías las poblaciones del litoral, y depredaban cuantas embarca- 
ciones podían abordar en el Mediterráneo, siendo el constante 
sobresalto de la marina mercante y el terror de las familias de 
los marineros. 

Apenas repuesto de las penalidades del viaje, se ocupó Cervan- 
tes en hacer que constaran de modo legal las circunstancias de 
su cautiverio y libertad, para pedir se le ayudase á pagar las 
deudas á que con este motivo quedaba obligado con los padres de 
la Redención y con mercaderes valencianos. Presentó para ello 
una pretensión ante la autoridad, que es de gran precio por mu- 
chos conceptos para su biografía, y que nos trae como por la 
mano al examen de otro punto muy controvertido, sobre el cual 
con gran ardor se sostuvieron^ muy diferentes opiniones. El señor 
Pérez Pastor puede decir que cierra con llave de oro la entrada á 
toda nueva discusión. 

La cuestión sobre la cuna de Miguel de Cervantes Saavedra, 
que con tanta detención fué tratada en los postreros años del siglo 
anterior, y ha continuado todavía por parte de algunos hasta 
nuestro tiempo, desde que D. Gregorio Mayans, apoyado en cier- 
tas expresiones de los tercetos de El Viaje del Parnaso, señaló á 
Madrid como lugar de su nacimiento, había quedado definitiva- 
mente resuelta en opinión de todos los hombres sensatos y des- 
apasionados cuando fueron conocidos los textos de la Topografía 
é Historia de Argel de Fray Diego de Haedo y las informaciones 
que se conservan en el Archivo de Indias de Sevilla. 

Solamente Alcázar de San Juan, por las plumas de varios 



\m 



HOMO TIN l)K LA MKAI. ACADlíMIA IJ Iv I, A HISTOHlA. 



(íiitusiaslas liijü.s de la Mancha, ha couliiiuaiJu del'eiidieiidü sus 
pretensiones ó impugnando la partida que acredita á Cehvantes 
por hijo de Alcalá de llenares lo mismo que tres de sus herma- 
nos, i^a cronología do los sucosos, las manifestaciones de los con- 
temporáiiüos, todos los datos se eslahonahan para ilesliuir las qui- 
méricas ilusiones de los alcazareños; y como si lauWjs no lueseu 
suficieutes, al examinarse eii la Exposición Ilislóricu-Eur(j[jea en 
el año I8'J2 y por personas muy competentes el libro de bautismos 
de la paiiuíjuial de Alcázar de San Juan que á ella se había remi- 
tido, nació la duda sobre la legitimidad de la partida que á ua 
Miguel de Cervantes se refiere, duda que después de un detenido 
estudio parece se convirtió en certeza. Aquella partida, dicen, es 
apócrifa; concurren á demostrarlo muchas razones de índole dife- 
rente que no caben en este lugar, pero que doctamente fueroa 
expuestas por un escritor que se ocultó á muchos bajo el pseudó- 
nimo del Doctor Postumo y por el notable cervantista D, Manuel 
de Foronda en la conferencia que leyó al cerrarse la Exposi- 
ción, 

No bastan razones cuando no quieren oirse; el mal entendido 
amor patrio, que con frase gráfica se califica en nuestros días por 
■patriotismo de campanario, pugnó todavía por ridiculizar aque- 
llas demostraciones, por quitarles fuerza... pero la verdad se 
sobrepone á todo; entre tantos imporlauíes dociuiientos el señor 
Pérez Pastor ha encontrado uno decisivo, indiscutible (núm. 19), 
que está fechado en 18 de Diciembre de 1580, á los pocos días de 
haber llegado Cervantes á Madrid de vuelta del cautiverio, según 
queda dicho. 

Fué presentado ante el Teniente-corregidor de la villa el Muy 
Magnífico Sr. Licenciado Juan Prieto de Orellaua y comienza 
diciendo así: — «Ilustre Señoi-: — Miguel ue Cervantes natural de 
^Alcalá de Henares, residente en esta corte, digo; que á mi dere- 
»cho conviene probar y averiguar con información de testigos, 
»de como yo he estado cautivo en la ciudad de Argel, y como 
«soy rescatado y lo que cosió mi rescate...» etc. 

Otro escrito que empieza en los mismos términos, con declara- 
ción de su naturaleza, había presentado Cervantes al P. Fray 
Juan Gil en Argel el 10 de Octubre del mismo año 1580, cuyo 



DOCUMENTOS CERVANTINOS. 409 

texto se conserva en la información antes citada del Archivo de 
Indias; pero está en copia, annque autorizada, y el que ahora 
ofrece el Sr. Pérez Pastor es todo autógrafo, firmado de puño y 
letra del inmortal autor; por eso su feliz descubridor ha tenido el 
buen acuerdo de reproducirlo en fotografía, para que pudiendo 
examinarlo por si propios queden conveiicidos los más incrédulos 
y terminen de una vez cuestiones tan indliles. 

Interesantes en sumo grado son, como puede comprenderse, los 
muchos documentos que contiene el libro referentes á la azarosa 
y dramática vida de Miguel de Cervantes; mas no lo son rae- 
nos con relación á la historia literaria de España, los relativos 
á la publicación de sus obras imperecederas. Nada se había lo- 
grado descubrir acerca de las condiciones en que el autor cediera 
sus privilegios á los editores, ni de los beneficios que obtuviera, 
hasta que el que estos renglones escribe tuvo la buena fortuna 
de encontrar en una notaría de Sevilla el notabilísimo contrato 
celebrado entre Cervantes y el autor de Compañías Rodrigo 
Osorio en 5 de Septiembre del año 1592, ante el Escribano Luís 
de Porras, en el cual aquel se obligaba á componer seis comedias 
de los casos y nombres que á m,i me paresciere, comprometién- 
dose Osorio á representar en público cada una de ellas dentro de 
veinte días siguientes de haberle sido entregadas; «j/ puresciendo, 
»se dice, que es una de las mejores comedias que se han represen- 
Titado en España^ seáis obligado de me dar y pagar por cada una 
»de dichas comedias cincuenta ducados...» etc. 

Después de este contrato, celebrado por escritura pública y que 
no se sabe si se llevó á ejecución, nada era conocido de la venta 
de las obras de Cervantes excepto lo que en las portadas de las 
mismas se expresa; que La Galatea fué impresa en 1585 en Alcalá 
á costa de Blas de Robles; las dos partes de El Ingenioso Hidalgo 
y las Novelas ejemplares se vendían en casa de Francisco Robles, 
y las Ocho Co)nedias y el Persiles se imprimieron á costa de Juan 
de Villarroel. 

Curiosísimos é iniportanles documentos comprende sobre tales 
extremos el libro del Sr. Pérez Pastor. Desde luego puede asegu- 
rarse por el exameu del que lleva el núm. 39, fecha en Vallado- 



410 iidi.ktIn I)K i.a heal acaormia de i. a histohia. 

lid ri l'^ (le Ahiil (lo 160.'), (jik! cu aquel día no ora todavía Fran- 
cisco de Robles dueño de los privilegios dados A Cíchvantes por 
el Rey [jai-a la impresión exclusiva del Quijote ¡xu- término de 
diez años, en forma que le autorizara para hacerlos valer judi- 
cialmente, por más que existiera anterior convenio entre ambos; 
pues de haberlo sido no hubiese necesitado que el autor le confi- 
riera poder para perseguir á los que estab.ni im[irimieudo la obra 
en Lisboa. 

Este aserto está demostrado por sí mismo. Pero si se creyese 
necesaria mayor j)rueba, seencuentra seguidamente en los Docu- 
mentos señalados con los números 47 y 48. 

Es el primero de ellos de los más notables de la colección, si 
no es el más notable de todos. En 9 de Septiembre del año 1613, 
MifiUEr. DE Cervantes cede á Francisco de Robles, por Cvsci'itura 
pública, el privilegio que el Rey le había concedido para que 
imprimiera durante diez años en los reines de Castilla y Aragón 
el libro que había compuesto bajo el título de Novelas ejemplares, 
cuya cesión, iventa xj traspaso le haze por precio y quantia de 
T)miU y seiscientos reales^ que le ha pagado y pagó en reales de 
•Dcontado, y de veinte y quatro cuerpos del dicho libro que le ha 
nentregado y entregó.» 

No necesita comentai-ios, no cabe hacer reflexiones sobre tan 
peregrino documento. La mezquina cantidad en que se enajena 
libro de tanto mérito como las Novelas ejemplares, es bastante 
por sí sola para despertar en el ánimo dolorosos pensamientos. 
Veinte años antes, el empresario ó autor Rodrigo Osorio contra- 
taba con el original escritor seis comedias en más de doble pre- 
cio del que recibió por las Novelas, y todavía entonces no había 
escrito Cervantes El Ingenioso Hidalgo, del que Robles llevaba 
hechas tres ediciones cuando adquirió la propiedad del segundo 
privilegio. 

Dueño de éste, dio poder el mismo Robles en 28 de Septiem- 
bre, ante el notario Juan Calvo, para que se persiguiera á los 
impresores de Zaragoza, que intentaban hacer ó estaban haciendo 
edición de las Novelas ejemplares, poder que viene á demostrar 
que no tenía adquirida la pi'opiedad del privilegio para imprimir 
el Quijote en la fecha que antes citaba, pues si hubiera sido 



DOCUMENTOS CERVANTINOS. 411 

dueño, no tenía necesidad de que Cervantes le apoderase para 
hacer uso de su derecho contra los editores de Lisboa. 

A estos importantes documentos acompañan notas sacadas del 
libro de la hermandad de San Juan Evangelista, de impresores 
de Madrid, en las que consta la entrega á la misma de dos ejem- 
plares del Quijote. Juzga en sus observaciones á esas notas, qu^ 
forman el documento nüm. 38, el Sr. D. Cristóbal Pérez Pastor, 
que de ellas aparece hubo una edición de El Ingenioso Hidalgo 
que estaba concluida antes del 26 de Mayo de 1004, y que, por 
consiguiente, nadie ha visto ni conoce. En mi sentir, no es exac- 
ta la deducción del docto colector, y por única vez en todo su 
libro, aunque lo manifiesto con desconfianza, he de oponer las 
mías á sus opiniones. No justifica la nota formada por el mayor- 
domo de la hermandad Francisco de Robles (el fundidor), que 
los libros comprendidos en ella estuviesen todos en su poder des- 
de Mayo de 1604, sino que esos libros formaban su cargo desde 
dicha fecha á 11 de Junio de 1605, que fué cuando hizo entrega 
al nuevo mayordomo Alonso de Paredes, diciendo de un modo 
bien terminante que aquellos habían ingresado durante el ejerci- 
cio de i604 á 1605; y basta con hacer el cotejo de las dos ñolas 
para conocer que fueron formadas en el mismo día, destinadas á 
un acto mismo: la una por el mayordomo saliente, de todo lo que 
había entrado en su poder desde Mayo de 1604 á 11 de Junio 
de 1605; la otra por el entrante, de las existencias que recibía. 
Bien á las claras se ve en las fechas de ambas: año de 1604 á 
1605, dice la de Robles; año de 1605 á 1606, la de Paredes. Los 
libros que faltaban en la nota firmada por éste, eran el cargo de 
que respondía el antecesor. 

Parece concluyente esta explicación; pero si quedara alguna 
duda, otros machos argumentos podrían aducirse para disiparla, 
convenciendo de que la primera edición del Quijote es la de 1605, 
aunque estuviera terminada en los últimos meses del año 1604, 
como lo indican la tasa y la fe de erratas. 

Movido el Sr. D. Cristóbal Pérez Pastor por el éxito que alcan- 
za su libro, estimulado por el aplauso que tributan ¿í sus traba- 
jos los más renombrados literatos, las corporaciones científicas 



412 líOI.ETÍN DK LA RICAK ACAtJEMlA DE LA HISTOIUA. 

y ciianljis personas van tciiieiulo coiiocimienlo (Je ellos, prosigue 
ii)caiisil)le en sus tareas, y des()iiés de iinpi-eso y eiilregado á U 
circulación el volumen (jue conliene los Documentos Cervantinos, 
ha tenido la satisfacción do encoulr;ii' algunos otros que le ofre- 
cen cani[)0 para nu(!vas investigaciones. Entre los que ya tiene 
en fu poder, hay uno de la misma índole que los que última- 
mente he examinado, tan importante como éstos y como ellos 
enteramente desconocido. Con la debida autorización de mi ilus- 
trado amigo, puedo hablar de su contenido, completando con él 
esta parte (jue se refiere á la enajenación que Cervantes hiciera 
de sus obras y á las utilidades que de ellas obtuviera; pues el 
Sr. Pérez Pastor ha deseado tener la satisfacción de que se co- 
muniíjue á la Academia su hallazgo antes de que sea del domi- 
nio público. 

El indicado documento es el contrato de venta de La Calatea, 
celebrado en Madrid entre el mercader de libros Blas de Robles 
y Miguel de Cervantes Saavedra, recibiendo éste por la cesión 
del privilegio la cantidad de 1.336 reales. Así se va reuniendo la 
serie de dalos auténticos sobre la vida literaria del autor del Qui- 
jote, que tal vez en l)i-eve plazo tenga aumenlos de valía, pues no 
será difícil que del mismo modo que se han obtenido los contra- 
tos verificados con los libreros Robles, Blas y Francisco, se logre 
conocer los que se hicieron con Juan de Villarroel. 

La fecha del contrato de venta de La Calatea, pone término 
también á las dudas que se suscitaban acerca del año en que se 
hizo la primera edición de la novela pastoril, no siendo posible 
que se imprimiera antes del de 1585. 

Repito la manifestación que consignaba al principio de este 
informe; es muy satisfactorio el ocuparse de libros y de escrito- 
res á los que sólo pueden darse aplausos y alabanzas; y lo termi- 
naré con cierto disgusto, porque no es permitido, como desearía, 
abarcar en él lo mucho que ofrece á la curiosidad y al estudio. 
Consultando á un tiempo la claridad y para no cansar la aten- 
ción de la Academia, he dejado sin mención especial muchos 
documentos que la merecen, pasando por alto minuciosas parti- 
cularidades de otros y señalando únicamente lo más digno de ser 



DOCUMENTOS CERVANTINOS. 413 

notado por su novedad ó poí- combatir errores en que so había 
incurrido por falta de noticias ciei-tas, lanto acerca de la familia 
del escritor, como sobie su cautiverio y rescate; que si de todo 
cuanto encierran los Documentos Cervantinos hubiera de dar 
cuenta, fuera necesario, como también decía, rehacer en gran 
parte la biografía de nuestro inmortal ingenio. 

Verdaderamente es digno de toda loa el Sr. Pérez Pastor, por 
su erudición y su constancia: pero no lo es menos su Mecenas 
el Sr. Marqués de Jerez de los Caballeros, Correspondiente 
de esta Real Academia. Sabio y laborioso aquél, consagra sus 
vigilias al estudio provechoso de archivos y bibliotecas, donde se 
guardan tantos secretos y tantos tesoros de nuestra historia lite- 
raria; ilustrado y entusiasta el otro, procura alentar á los hom- 
bres de letras y propagar los libros raros de la literatura patria, 
facilitando la instrucción y el adelanto de todos; no siendo posi- 
ble separarlos en las alabanzas, pues las que al uno se dirijan, 
necesariamente han de reflejar en la frente del otro, del mismo 
modo que ha de serles común la gloria adquirida por la publica- 
ción de los Documentos Cervantinos. 

Madrid, 17 de Abril de 1897. 

José María Asensio. 



VII. 



ARA VOTIVA DE TARRAGONA. 



En los desmontes que actualmente se verifican en el ensanche 
de esla ciudad, y en terrenos del notario D. Antonio Soler, com- 
prendidos entre las calles de Fortuny y de Reding, á espaldas 
del edificio que sirvió de factoría militar, se ha descubierto una 



414 híji.ktín i)K i, a mi;ai, academia de la hihtohia. 

pequeña lápida romana, de rnárniol Illanco, cuyas dimensiones 
son: 0,27 m. de laryo, 0,10 de ancho y 0,09 de grueso. 

Lleva en dos líneas esta inscripción con letras bellísimas del 
siglo II, altas 0,025 m. 

Philetvsmvmmior 

EX VOTO 

Philetus Mummior(um} ex voto. 

Ex-voto de Fileto, siervo de los Mummios. 

Del dios gentílico ó divinidad á quien se consagró, puede cole- 
girse algo por el yacimiento. La zona ó manzana que ahora se 
desmonta, y en la que se ha encontrado este epígrafe, es la mis- 
ma en que se hallaron hace años restos de estatuas y lápidas per- 
tenecientes á los templos de Venus y Minerva, enclavados en el 
recinto de las Thermas y del Gimnasio romanos. En el Museo 
existen dichos testimonios, que no dan lugar á dudas (1); y por 
si alguna hubiese, ha venido á desvanecerla el hallazgo de gran- 
des restos de muros, divididos en compartimientos cuadrangula- 
res, recubiertos de cemento y delgadas hojas de mármol del país. 
En nuestro sentir, estos deparlamentos, apropiados para conte- 
ner agua, formaban parte de las Thermas; mejor dicho, erau las 
Thermas mismas. Todo se ha destruido por las exigencias del 
desmonte, pero hemos recogido para el Museo fragmentos del 
hormigón durísimo que formaba el pavimento, algunas hojas de 
mármol y restos de un mosaico fabricado con teselas blancas y 
azules. Queda aún por desmontar un terreno donde se guarda un 
mosaico de regular extensión. Siendo, pues, indudable, ya por 
los hallazgos anteriores, ya por los restos ahora encontrados, que 
en aquel sitio estuvieron efectivameute enclavadas las Thermas 
y el Gimnasio, y que al lado de ellas se elevaron los templos de 



(1) Se han publicado en el Catálogo de dicho Museo. 



ARA VOTIVA DE TARRAGONA. 415 

Venus y Minerva, no será aventurado suponer que la pequeña 
lápida de que damos noticia perteneció á uno de ellos, y sirvió de 
pedestal á la estatua del Numen. 

El giro de la inscripción es paralelo al que se observa en otra 
de Villanueva y Geltrú (1): Ex voto. CfaiusJ Clodius Aemüianus. 



Tarragona, 3 de Abril de 1897. 



Ángel del Arco, 

Correspondiente. 



VIII. 



NUEVAS INSCRIPCIONES ROMANAS. 

1. Jerez de los Caballeros. 

En el camino de Salvatierra de los Barros á Jerez de los Caba- 
lleros, cerca de la divisoria de los dos términos municipales, ya 
en término de Jerez, hacia el oriente y á orillas del arroyo Bre- 
vales, existe la ermita de Santa María de Brevales en el centro 
de ameno v-nlle, con visibles restos de población romana, que 
hubo de ser de alguna importancia, ocupando en la parte que 
reconocí no menos de dos á tres hectáreas. 

La fachada de la ermita es del siglo xiii, viéndose invertidos 
en su construcción fustes de columna de mármol blanco, que sin 
duda se recogieron en el terreno. Hoy se halla convertida en 
pajar, siendo sus bóvedas modernas. D. Matías Ramón Martínez 
no le dedica más que este breve apunte (2): «En Santa María de 
Brohales hubo ermita, que ha durado hasta nuestro siglo.» Yo he 
oído pronunciar Brécoles. 



(1) Boletín, tomo VI, pág. 167. 

(2) El libro de Jerez de los Caballeros, pág. 335. Sevilla, 1892. 



4U1 



HOI.IC'l IN l)K I.A IlKAI. ACAhKMIA liK I.A HISTOniA. 



\/,i sill('i-í;i át'. ^Manilo se pifsciila ahiiiidaiile oii .iquollos cam- 
pos; asoman fiislos de coliinnia ; y aiíii norisorva un ¡(lóximo 
inaiiaiilial df! a;^iia su alnevaflcro ó aira de af^ua do aiili^ioa coiis- 
li'ucción. 

Halló un fi-a^'incnto do ara funeral, f.uyas dimensiones [juljie- 
ron de ser 0,20 m. de lado por 0,40 m. de frente. El trazo que 
allí existe tiene 0,00 m. de altui'a, formando pai-te d(d enrabeza- 
niieuto del monuinenlo, y se halla seccionado diafioiíalmenle, 
conleniendo la primera de las sisl<'»s rituales, alta 0,035 m., rm' 
como las dcm;ís leli-as de loda la iuscri|)c,ión. Tal vez se deban 
contar estos dos fragmentos cutre los que vi6 l>. Mai-iano Tama- 
riz (t) y no copió. 



A N T 




D(is) [Manibus sacrum]. T(itus) Ant[istius .] ann(orum) [h'ic) 

sfitus) e(st). Sfit) t(ihi) t(erra) l(evis)]. G(aius) Lus[ius .] avonfculo 

óptimo... 

En los renglones segundo y tei'cero puede leerse también Tfitus) 
Antfonius] Annfianus annforum ..]. 

La N cortada en el remate del renglón postrero es dudosa, y 
problemálicos los suplementos que doy, sacados de otras Lápidas 
á manera de ejemplo. Básteme citar la de Olivenza (1023). 

También se ven restos de algunas pilastras rectangulares, que 
terminaban en un piramidón, conservando rastro de inscripción 
una de ellas. El lugar del vértice se halla ocupado por una caja 
rectangular, destinada á recibir alguna clase de remate decora- 



(1) Boletín, tomo xxx, pág. 34"2. 



NUEVAS INSCRIPCIONES ROMANAS. 417 

tivo. Letras, altas 0,06 m. , creí distinguir al principio de los dos 
renglones postreros: 



AN 

S -T 

que marcaban acaso la edad del difunto y la suprema aclamación 
Séate la tierra ligera! 

Tampoco han de faltar en aquellos parajes, interesantes por 
todo extremo, restos de época visigótica. Desde luego descubrí 
una loseta de mármol blanco, cubierta de flores cuadrifolias, de 
mucho relieve (1). 

Otras piedras de mármol labradas vi, especialmente un sillar 
empotrado en una pared de una cerca, otro bajo las raíces de 
añosa encina, y dos losetas cogidas con cal; que todo ello pudiera 
ostentar inscripciones, hoy ocultas. Mas no pude examinar nada 
de ello, ni aun puedo prometerme que cuando hiciere nueva ex- 
cursión hallaré así como quedan estos objetos. 

La ñuca de Santa María de Brevales pertenece al Excelentísimo 
Sr. D. Francisco de Paula Fernández de Córdoba, Conde de la 
Puebla del Maestre, vecino de Madrid (San Mateo, 13). 

2. La Morera. 

Dos soberbias lápidas, que formaron parte, á no dudarlo, de 
un mismo edificio monumental, he descubierto en el muro, que 
mira al oriente, en el templo parroquial de esta villa. Una y otra 
son de granito ordinario, con grandes letras, altas 0,11 m., de 
trazo grueso y severísimo. Mide la primera 0,40 m. de ancho 
por 0,60 m., y en ella se lee claro: 



IVN • 
SAC 



(1) Son idénticas por su flí^ura á las que adornan el crismón del epitafio de Gre- 
gorio en Alcalá del Rio (Hiibner, 00), fechado en 4 de Febrero del año f)li. 

TOMO XXX. '27 



418 ROI.KTÍN lili LA IIICAI. ACAIJKMIA UK LA HISTOHIA. 

Tiene la olra las mismas dimonsioiies , y está rola igualmente 
á mano derecha del que la mira, dando á leer: 



Q ■ L 1 Cl >| 
VS - lililí; 



Los dos fragmentos, que pertenecían á sendos sillares enor- 
mes, debían compaginarse con otros, probablemente en el'friso 
del tímpano do la fachada del templo. 

Junfoni) [Reginae] sncfrum]. Qíuintus) Licinfiun ... l(ibertics) Fidjus 
IllTTT [vir awinstalis]. 

Á Juno, reina de los dioses, lo ha consagrado Quinto Licinio Fido, 
liberto de ... , séviro augustal. 

Poco más, ó nada, falta para el recto y cabal sentido; así como 
acontece en una lápida (2660) de la ciudad de León. Las dimen- 
siones de las lincas, tomando por centro el dol vocablo .saorum, 
exigen á mi parecer un cognombre disílabo, como el que supongo 
(Fidus), Y fué propio del edil y duümviro Gayo Yarinio en la 
insigne inscripción de la villa de Los Santos de Maimona (1). La 
hija de este magistrado, Varinia Flaccina, fué esposa de Licinio 
Sereniano, presidente de la provincia Bélica; y ambos cónyuges 
dedicaron el templo de Juno en Alhange (21. El cargo de séviro 
augustal suele implicar la condición de liberto; y de consiguien- 
te, presumo que el presente lo fuera del abuelo, ó de otro ante- 
pasado de Licinio Sereniano. Este vivió en el tercer siglo; y 
nuestra lápida, lo más tarde, se grabó en el segundo. Otro liber- 
to, Lucio Licinio Secundo, dejó todavía mayor memoria de su 
opulencia en Barcelona y Tarragona (4537-4548, 6148, 6149). 

No se conserva en la localidad recuerdo alguno relativo á la 
inscripción visigótica (31, que supongo debe estar, y buscaré, en 



íl) Boletín , tomo xxv, pág. ."50. 
(2) íbiii., pág. 128. 
(\i) Tbid., pág. 144. 



NUEVAS INSCRIPCIONLS ROMANAS. 419 

la ermita de los Mártires, si en el templo parroquial no pareciese. 
Para facilitar la pesquisa, no me vendría mal un juego impreso 
de copias por distribuir entre los vecinos : 

SVNT IN HOC ALTARIO 
SACRI ESTEPHA RELIQVIAE 

N V M • X V 
STEPHANI BAVDILI 

LVCRETIAE PAVLI«CONF 

SATVRNINI NAZARll 

SEBASTIANI EVLOGH 

FRVCTVOSI TIRSI 

AVGVRII VERISSIMI 

EVLALI^ MAXIMAE 

ETIVLIAE 

Esta copia, que trazó Cornide, no me satisface del todo. El ren- 
glón segundo comenzaría diciendo, no sacri, sino sa(njcti; y 
quizá todo él sa(n)ct(o)rfum) mfajrtirum reliquiae. Bien están 
Eulogii, Augurii, diáconos y compañeros mártires de San Fruc- 
tuoso, metropolitano de Tarragona. La basílica de Santa Lucre- 
cia, mártir y compañera de Santa Eulalia, existió en Mérida, 
como lo testifica Paulo diácono (1). También L-suardo hace men- 
ción de esta santa mártir sobre el día 23 de Noviembre. 

Al E. y al S. de La Morera, en las afueras, extiéndense terre- 
nos avillarados que fueron asiento de población romana. En ellos 
y en los alrededores de las antiguas ermitas, especialmente la de 
los Mártires, situada al E. entre esos terrenos, convendría hacer 
investigaciones, que por mi parte no he tenido, por el momento, 
tiempo de emprender. 



(1) De vita Patrum Emerit ensilan , cap. vii , ap. España Sagrada , tomo xni (2." edi- 
.<5ión repetida), pág. 353. Madrid , 181(). 



420 



IIOMiTIN I)K I, A ItKAI. ACAIjKMIa IjK I, A HISTOIUA. 



La Morera disla 4 km. de la Parra, en dirección SP]. , y casi 
otro tanto, más hacia el oriente, de la ermita de San Juan Bau- 
tista, donde está sirviendo de pila de agua bendita el ara funeral 
de Helvia Modesta (1). No bien se sale de La Parra para ir á la 
ermita de San Juan, el terreno, ocupado hoy por olivares, sq en- 
cuentra cubierto de vestigios de población romana, sucesora de 
otra proliistórica, porque en mi no larga inspección he recogido 
una hacha de piedra pulimentada. 

La Morera ocupa el centro de la hipotenusa de un triángulo 
rectángulo, cuyo vértice está en Salvatierra. Los demás vértices 
locan á La Parra y Nogales. 



Salvatierra de los Barros. -© 




Q^ La Parra. 



En todos estos pueblos han parecido inscripciones que descu- 
bren un foco de población romana y visigótica no poco densa,, 
con su templo de Juno en La Morera y su altar ó ara de Júpiter 
en Nogales (2). El foco principal estriba en Salvatierra (3), que 
si fué Varna ú otra ciudad betúrica lo decidirán, así lo espero,, 
nuevas inscripciones. 

3. Almendralejo. 

El camino que sube de Salvatierra de los Barros por La Mo- 
rera á esta ciudad, cruza el de Zafra á Badajoz por la villa de- 
Santa Marta, y luego signe por Azauchal, villa que así se llamó (4) 



(1) Boletín, tomo xxx, pág. 366 

(2) Boletín, tomo xxx, pág. y35~. 

(3) Ibid., páginas 353-357. 

(4) Moreno de Vargas , Historia de la ciudad de M&ida (2." edición) , ; 
rida, 1892. 



r. 438. Mé- 



NUEVAS INSCRIPCIONES ROMANAS. 421 

<tpor haberse fundado en sitio lleno de azaúches y quo. tenía una 
fuente muy buena. Rediijose á este sitio otra población que es- 
taba allí cerca, adonde se conservan las ruinas de sus edificios, y 
según ellos parece haber sido muy antiguo , y también lo es esta 
villa del Azauchal, la cual estuvo sujeta al partido de Mérida.» 
Las inscripciones romanas que allí buscaré, mostrarán por ven- 
tura que su nombre actual, semi-berberisco, tomado de 2r_?-íj^ 
(acebnche), corresponde al de una floresta sagrada, luciis qiiem 
Oleastrum appellatit, como dijo Mela hablando del de Sanlú- 
car de Barrameda. 

Ya dentro del término de esta ciudad, y en el sitio que llaman 
Tiza, hice excavaciones no inútiles. Descubrimos los cimientos 
de una granja, ó casa de campo, arruinada, y á 1 m. de profun- 
didad apareció el piso de las habitaciones, compuesto de un fuerte 
hormigón de cal y teja partida, con enlucido de cal blanca fina- 
mente pulimentada. Abriéronse también algunos enterramien- 
tos; perú, aparte huesos y clavos de hierro, no encerraban objeto 
alguno. Inscripción romana, solamente una descubrí, en un frag- 
mento de teja ó de baldosa de cerámica, de la que la rotura ha 
dejado visibles cuatro letras, comprendidas entre dos arcos de 
círculo concéntricos, altas 0,015 m., y quedando del círculo inte- 
rior un radio de la triquetra rotatoria que lo exornaba. El diáme- 
tro de toda la rueda , dentro de la cual se inscribió el letrero, es 
de 0,08 m. El tipo de las letras no carece de elegancia, y parece 
ser del siglo segundo. Toda la inscripción se ve en otro ejemplar 
del Museo de Tarragona (Hübner, 4970, 233 c). En la presente 
hay que suplir: 

[I]anua[rius fe(cit).] 
Januario lo hizo. 

Envío, finalmente, la impronta do una inscripción lapidaria, 
que acabo de recoger en esta ciudad. Es un fragmento de már- 
mol blanco, grueso 0,15 m., midiendo sus lados 0,30 y 0,38 m. 
respectivamente, y sus letras 0,065 m. de alto. Dos puntos trian- 
gulares de elegante figura separan las tres primeras letras de la 
inscripción lateral, que venía subiendo de abajo arriba. La ter- 



422 



BOLKTÍN de la riKAL ACADEMIA DE LA HISTOÍUA. 



cera leira y la úllima de este renglón están desfalcadas en sa 
parte superior. En el renglón horizontal qniz.l se esconda el nom- 
bre Arinfius], 




La hallé en un corral , en donde existía de larga fecha , y la 
guardo en mi poder. En el centro, de letra mucho más reducida, 
se nota el a(ño) de Í821 , indicando que se utilizó para losa de 
sepultura ó dintel de algún edificio. 



Almendralejo, 9 de ALril de 1897. 



El Marqués de Monsalud, 

Correspondiente. 



IX. 



EPIGRAFÍA ROMANA Y VISIGÓTICA. 



Cartagena. 

Es muy notable el fragmento de inscripción visigótica, cuyo 
dibujo por medio de D. Antonio Vives nos ha remitido D. Manuel 
Fernández Villamarzo, apuntando que el original « es un trozo de 
mármol rojo, ancho 0,5 m., alto 0,2; que las letras son de corta 
entalladura, como si estuviesen hechas por un instrumento pun- 
zante»; que halló tan peregrino objeto «cerca de la antigua cate- 
dral», y que lo guarda en su poder. Antes de formular juicia 
decisivo nos convendría tener, no siendo posible sacar el calca] 
por la finura de los caracteres, una fotografía. El carácter paleo- 
gráñco se aviene con el de la inscripción insigne que mandó gra-J 
bar y dejó en recuerdo de las obras de fortificación con que dotdl 



epigrafía romana y visigótica. 



423 



á Cartagena el maestre de campo frnagister müitumj Goménciolo 
en el año 589. Enviado por el emperador Mauricio, que comenzó 
á reinar en 582, para reprimir las hostilidades de Leovigildo 
(-]- 586), missus a Mauricio augusto contra hostes barbaros, reparó 
los descalabros que había sufrido la ciudad, á consecuencia de 
alguna invasión, ó asedio, que se callan los historiadores. Esta 
calamidad, más ó menos considerable, fué en mi sentir diversa 
del total destrozo, ó exterminio, que sabemos importaron á Car- 
tagena los vándalos en 425 y los visigodos hacia el año 625. El 
fragmento, nuevamente descubierto por el Sr. Fernández Villa- 
marzo, parece hablar de una i'estauración , ejecutada en menor 
escala, de otro edificio público, que sospecho fuese alguna basí- 
lica, ó la misma catedral, por su obispo. Desgraciadamente la 
lectura del segundo renglón, en el dibujo que nos ha remitido el 
Sr. Fernández, no es tan segura como la del primero y tercero. 
El travesano de la a es angular; y su abertura opuesta al vértice 
de la vocal. 



EC 

ClVl / Al nu,, POS 

NAM CLADIS INIVRIASI 



Para idear los suplementos problemáticos ó conjeturales que 
doy, me sirven las inscripciones de Sevilla (65), Granada (115), 
Cangas de Onís (149), Cartagena (176) y Cehegín (181). 

[f In nomine Domini consécrala est] \ Ec[cl(esjia hec a dfomjno Lid- 
niano huius] \ civi[t]a[t]i[s e(pisco)]po s[ub dfiej.....] \ Nam cladis iniuria» 
[experta est machina sacra; \ nec timet hostiles iam lapis iste minas]. 

t En el nombre del Señor ha sido consagrada esta iglesia por Don Lici- 

niano, obispo de esta ciudad en el día Y á la verdad, reponiéndose del 

estrago inicuo que padeció, ha vuelto á levantarse la fábrica del templo; y 
no teme ya esta piedra las amenazas del bárbaro enemigo. 

Obtuvo el sabio Liciniano la sede metropolitana de Cartagena 
imperando Mauricio. Murió de veneno en Constautiuopla, y acaso 
envuelto en la catástrofe que acabó con la vida de aquel empera- 



VJ'l IHM.KTIN l)K I.A HKAI. ACADKMIA UK I. A HlSTOItlA. 

<Jor el- 27 Nüviomljio, OO;?) y de sus [jarciales. No sal)einos como 
.se llamjiha su iiimeilialo sucesor eu la Silla Caitagiueuse; pero 
«lue lo luvo se ve claro ¡tor las iuslruccioiies, que en Agosto de 
603 dio San Gregorio Magno al defensor Juan (1); así como tam- 
bién por ellas se nos describe el nombre del gobernador Comi- 
cíolo. Siete años después feneció la guerra civil entre los enjpe- 
radores Focas y Ileraclio, grandemente provechosa á los visigo- 
dos; y así se explica el célebre concilio, ó decreto de Gundemaro, 
admitiendo ü obligando este i'ey (año GIO) á los obispos de la pro- 
vincia hispano-bizantina á someterse al metropolitano de Toledo, 
y trasladando á Digastro, cerca de Orihuela, la Sede Cartaginen- 
se; pero la reacción sobievino y cambió de aspecto con el gober- 
nador, ó patricio Gesario, como lo prueba su correspondencia 
epistolar con el rey Sisebuto. Los desastres que experimentó el 
imperio basta el año 622 en el Oriente, le hirieron de rechazo en 
sus posesiones del Occidente. El triunfante Suintila asoló á Car- 
tagena. De dos patricios, que le opuso el poder imperial, al uno 
sobornó, y al otro acometió y venció en su postrer atrinchera- 
miento. Cartagena entonces pereció como Troya: siendo, como lo 
fué, para Toledo la delenda Carthago. 

No creo imposible que el inciso de nuestra lápida nam cladis 
iniurias se haya inspirado para su redacción en el paso de la 
Eneida (ir, 361-363): 

Quis cladem illius noctis, quis fuñera fando 
Explicet, aut possit lacrymis aequare dolorem? 
Urbs antiqua ruit mullos dominata per annos. 

Mas creo también que Cartagena, después de su desolación 
postrera y lamentable, de la que dio fe San Isidoro (2) en 625, no 
se repobló, ni volvió á erguir el cuello, oprimido bajo la planta de 
Toledo, su recelosa rival, hasta la irrupción de los árabes en 711. 

¡Ojalá se halle el fragmento, desaparecido, que nos permita 
integrar con mayor certeza una inscripción tan valiosa! 



(1) Jaffé-E^vald, Rey esta pontijlaim Romanorum, núm. 1.914. Berlín, 1885. 

(2) <<Nunc autem a (íothis subversa atqiie in ilesolationera redacta esl.>> Etyinol., 
libro XV, cap. i. 



epigrafía romana y visigótica. 



425 



La Rambla. 

Cabeza de parlido judicial en la provincia de Córdoba, esta 
villa ve en su alrededor desde la cima del cerro, en que se asienta, 
tres poblaciones fecundas en ruinas i-omanas: Monlemayor (la 
antigua Ulio), Monlilla y Santaella. Hasta ahora sólo se ha cono- 
cido un epígrafe romano (1551), descubierto antes del año 1774 
en el término de la Rambla. Su lectura es harto dudosa (1), y tal 
vez interpolada por Trigueros que lo publicó. 

De otro me ha dado noticia el P. Manuel Cadenas, director que 
fué de la revista Tradiciones Jerezanas (2). El cual, pasando por 
La Rambla en busca de papeles históricos, ha tenido la buena 
suerte de tropezar con un papel suelto, que sirve de señal á un 
libro manuscrito de apuntaciones de un autor anónimo, y dice 
lo siguiente: 

«En el año pasado de 1831 se encontró en las tierras de las 
Huertas de la Noria, propiedad de D. Lucas de Arjona, una lápi- 
da de mármol blanco, como la que se figura á la vuelta (3); la 
cual está hoy en poder de D. José María de Cárdenas y Agiiilar, 
hijo político de aquél.» 

En el dorso del papel está el dibujo de la piedra. 



D • M • S 




OCTAVIA 




ANN • XXXX 


T T T 


X' 


r 

P1A-1N« SVIS 





(!) Valer.... I ...il.. | in inunic... | in. Muuig-.... | sena. 

(2 130LETÍN, tomo X, jjág: 836. 
(3) Del papel manuscrito. 



426 hoi.etín oe la heal acaíjkmia ue la histohu. 

Dfisj M'anibm) síarnim i Ontai'in nnuforum) XXXX ¡da in sais, [f^'it i] 
í,ibii t(erra) Kevis . 

Consagrado á los dioaei Manea. ()jtavia, de e la<l <l<i 40 años, piadosa 
con los suyos. Séate la tierra ligera. 

No liaccii falla las siglas h(ic) s(ita) c(iitj. Lo propio aconlef'C 
en otra l.lpida pepulcral (1544), cuyo giro es idéntico, hallada en 
MoiUilla. 

Las /íuerías de la Noria, de las que hace mérito el maiiuscriio, 
(listan medio kilómetro de la población. No ha logrado el P. Ca- 
denas, aunque lo intentó, averiguar dónde se esconde ahora ese 
mármol fúnebre, que tuvo en su poder D. José María de Cárde- 
nas y Aguilar. 

Nava de Ricomalillo. 

Hállase este lugar en la provincia de Toledo, partido de Puente 
del Arzobispo, á mano izquierda del Tajo. Limitan su término 
los del Belvis de la Jara, Aldeanueva de Barbarroya, Buenas 
Bodas, Alquería de Fuentes y Sevilleja, que nombran llJij:-t. 
(Setfila) los manuscritos mozárabes (I). Rodéanlo altos cerroS; 
entre ellos el de Jaeña con una mina de oro, y lo cruza separán- 
dolo del de Buenas Bodas, que cae al Oeste, la vía romana, que 
trazó el Sr. Coello (2) en este paraje, guiándola desde Toledo al 
puerto de San Vicente por Alpóbrega en termino de Polán y por 
Espinoso del Rey, que creyó ser el "la-.vov de Ptolemeo. Cabal- 
mente junto á esta vía, á un cuarto de legua de Ricomalillo y en 
el llano que denominan de Guerra, me escribe nuestro antiguo 
correspondiente D. Luís Jiménez de la Llave, haberse hallado, 
hace' años, una piedra epigráfica que ha desaparecido; pero en 
cambio, me añade (3), «recibirá usted con esta carta el calco de 
una piedra sepulcral, descubierta en el mismo sitio por unos 



(!) Apuntes sobre ¡as escrituras mozárabes de Toledo, que se cotiserran cu el archito 
histórico nacional por Francisco Pons, padrinas 203 y 20S. MailrM, 18'K. 
l2; Boletín, tomo xv, páginas, L'^, 35 y 36. 
(:)} Carta del 5 ile Abril. 



EPIGRAFÍA ROMANA Y VISIGÓTICA. 427 

labradores que la trajeron á vender á esta ciudad de Talavera de 
la Reina, después de recortar, para disminuir su peso, lo que les 
pareció. El papel del calco indica su actual configuración, ancha 
0,44 m.; alia 0,28, con letras del primer siglo del imperio alias 
0,05. El grosor de la piedra 0,04; y su color amarillento. No es 
de mármol, pero tiene un grano finísimo.» La compró y la guar- 
da en su casa de Talavera nuestro docto correspondiente. En los 
tres renglones primeros hay ligatura de a y de n. 

ANIVS • ALPETl 
F • TOLETANVS 
AN-L-H'S-B 
S'T'T-L 

Anius Alpeti f(ilius) Toletanus an'norum) L h(ic) s(itiis) efstl. Sfit/ 
tfibij t(erra) l(evis). 

Anio hijo de Alpeto, Toledano, de 50 años de edad, aquí yace. Séate la 
tierra ligera. 

Sepulcrales y geográficas de Toledo sólo dos lápidas conocía- 
mos, una en Tarragona (4166) y otra en Freixo de Portugal (2890). 
Anius, que sale en otras, toma la forma Anio de la tercera decli-^ 
nación en Villares, cerca de Garrovillas, ribera del Tajo en la pro-^ 
vincia de Cáceres (5275): Anio Caturonis f(ilius) Triteus. 

El nombre, quizá ibérico, Alpetus se descubre por vez primera 
en nuestra epigrafía, alineándose con otros de estructura análoga 
Aletus{133], Calaetus (2968), Carpetus (2864), Dancelus (5316), etc. 
Alpinus suena en Aramenha (5131), y tal vez [Al]pi7%a en Tala- 
vera de la Reina (5315). El lugar de Alpuébrega sobre el arroyo 
del mismo nombre, tres leguas al Sudoeste de Toledo, en termina 
de Polán y al pie del elevado cerro de Pico-Noez (1), se formó de 
Alpohrega, y éste probablemente del nombre romano Alpobriga, 
análogo de Caesarobriga (Talavera de la Reina) y Augustobriga 
(Talavera la Vieja). En la cumbre de Pico-Noez que no se ha 



(1) Publiqué su carta-puebla (Febrero, 1242) en el tomo ix del Boletín', pag:i- 
nas 21-23. 



428 »OI,KTÍN 1)1-; LA HKAI. ACAUKMIA UK LA HISTOHIA. 

explorado aún, existirán por venliira restos de población antií^uí- 
sinia. Por este sitio pasa ahora la carretera de Toledo á Naval- 
pino (1) y el Sr. Goeüo hace cruzar la vía romana que suhe por 
Espinoso del Rey á Nava de Ricomalillo (2). 



Belvis de la Jara. 

Linda su término al Sur con el de Nava de Ricomalillo, y al 
Norte con el de las Herencias. Allí donde esta última divisoria 
arranca de la ribera izíjuierda del Tajo existió una población 
antigua y poco explorada, que en parte se llevó el rio y describe 
Madoz en su artículo Las Herencias (3): 

«Sobre este río (Tajo) se halla un sitio llamado barranca blan- 
ca del castillo, de bastante elevación, formando un plano en su 
vértice. En el año 1801 se desplomó sobre el agua una gran por- 
ción de tierra de esta barranca, formando á su caída una especie 
de detonación ó ruido espantoso, y deteniendo por algunos minu- 
tos el curso del río. Con este motivo se descubrieron en su mayor 
altura muchos ladrillos y escombros de construcción antiquísima; 
y en varias excavaciones que después se han hecho se han encon- 
trado sepulcros, hechos con piedras largas y labradas, con algu- 
nas inscripciones en caracteres arábigos al parecer, y conteniendo 
varios huesos humanos. En el mismo sitio halló un vecino una 
cantidad de monedas de cobre.» 

A corta distancia hacia el Sudoeste mezcla el Gébalo sus aguas 
con las del Tajo. En aquellas inmediaciones, como lo ha demos- 
trado el Sr. Goello (4) debió existir el castellum Ciseli, mencionado 
por una lápida romana (5320), geográfica también de Caesarobriga 
(Talavera de- la Reina). Quedan allí vestigios del puente, que di- 
rectamente enlazaba esta ciudad por una parte con Augustobriga 
(Talavera la Vieja), y por otra con el puerto de San Vicente; 



(1) Mapa topogi-ájlco de Gdlvez. número 656 de los del Instituto geográfico. 

(2) Boletín, tomo xv, pág. 35. 

(3) Tomo IX, pág. 171. Madrid, 1817. 

(4) Boletín, tomo ii, pág. 265 



EPIGRAFÍA ROMANA Y VISIGÓTICA. 429 

cogiendo este ramal á Belvís de la Jara, y entroncando en la 
Nava con el de Toledo que subía por Alpuébrega y por Espinoso. 
La barranca blanca del castillo era posición eminentemente estra^ 
tégica, que ha tenido por heredera la del Puente del Arzobispo. 
Lástima que las lápidas en caracteres arábigos al parecer, que 
indicó Madoz, se hayan perdido. 

Una, |con todo, insigne por muchos títulos, y descubierta en 
aquel sitio, pero en término de Belvís, ha venido al Museo de 
nuestra Academia por generosa donación que nos hizo su propie- 
tario D. Froilán Fernández de León, á mediados de Noviembre 
de 1894. Habíala encontrado pocos años antes, en el terreno, ó 
heredad, que le provino de sus mayores. 

Da razón de su figura el adjunto fotograbado. Lo grueso de la 
piedra es de 0,028; alta 0,49, ancha 0,31. Su color amarillento y 
su grano finísimo inducen á creer que salió de la misma cantera, 
no muy lejana, de donde se tomó la sobredicha lápida de la Nava 
de Ricomalillo. 

Contiene dos inscripciones visigóticas: una, raspada y fina, del 
siglo vi; y otra del vii. Esta se grabó sobre parle de aquella, que- 
dando muy visibles debajo de la nueva inscripción trazos de las 
letras antiguas. Del sentido resultante se infiere que falta por el 
lado izquierdo un tercer fragmento, igual en dimensiones, poco 
más ó menos, á cada uno de los dos restantes; por manera que la 
anchura total de ia inscripción visigótica sería de unos 46 cm. 
Esto permite creer que no seria mucho mayor la de la inscripción 
borrada ó primitiva, pero sí su altura. 

Inscripción del siglo VII. Marcan este siglo varias letras, ca- 
racterísticas del mismo tiempo en la colección de Hübner (nú- 
meros 2, 158, 172). Pero lo más notable es la figura de la 3 fg)^ 
que diríamos irlandesa; no conociéndose de ella otros ejemplares 
en lápidas de nuestra península, aunque sí en manuscritos pe- 
ninsulares de aquel siglo (1). Sale con toda claridad y con forma 
idéntica en la inscripción de Narbona, sepulcral de tres herma- 
nos hebreos que fallecieron en el año segundo del rey Egica (2). 



(1) Ev:a\d eihoev^e, Fxempla scriplurae visigotícae,teíh. i¡,in Heidelberg, 1883. 

(2) Comenzó á reinar en 24 de Noviembre de 687. 



4.'>() UíJI.KTIN UK l.A ItKAI. ACADKMIA ÜK LA HI.STOHIA. 

Le Ülanl la loni(3 por t 1) y sacó á luz una copia impeifecla |2); 
pero no cabe la menor duda sobre la verdadera coníif,mración 
desde el momento que Mr. Théodore Reinach, publicó el foto- 
íírabado de la piedra y sabiamente la comentó en la Revue des 
Eludes jiiives {'.'>) demostrando que el nombre del padre de los 
tres hermanos, puesto en genitivo, no se puede leer Puratori, 
sino Paragori latinizado del griego -aGr¡yopo;, así como en la ins- 
cripción de Auch (4) no ha de leerse Pelester sino Peleger. Esla 
forma tardía de la g fácilmente se explica por la ley de transfor- 
mación, ó de evolución paleográfica. La g del siglo vi, que cam- 
pea en el códice legionense de la Lex romana visigotorum , ten- 
dió á prolongar más y más su colilla inferior; y recibió otra 
superior para no confundirse con la s. 
Leo y suplo: 

Ite[m id Eusebia, quiete [du(m) vixerit, 

aequalem inter filios porti]one(m) ad integr{um) conseq(u)atur, 

[iure possessionis onmi tempor(um)] aetate salvo; rjreges et in iur[e 

usufructuario servosqfuej ad injtegrum conseq(uatur, aut ubiqfue) 

[res ipsi proven erint vejl quod aucmentaverint secu 

[ndum legem hereditjatis circa devotas. Onmi invi 

[dioso oculor(um) orbesjerue ira Díeji et centu(m) líbr(as) auri. 

Los suplementos no pueden menos de ser conjeturales en tanto 
que no recobremos el fragmento lateral que adivinan. Entiendo 
que Eusebia sería matrona, rica y noble, que á semejanza de lo 
dispuesto para las reinas en los concilios Toledanos xiii (can. 4 
y o) y 5VII (can. 7) se retiró viuda al monasterio existente en Bel- 
vís. Bajo este supuesto caben las ideas y la frase que restauro 
con arreglo al Fuero Juzgo, libro ii, título 1; iir, 1, 5; iv, 2; v, 1, 
2; etc. La pena é imprecación de arrancar ó quebrar los ojos al 
impío se consigna en dos leyes (iv, 2, 14; vi, 3, 5) del código 



(IJ fnsci'ípíions chrétiennes de la Gavie, núm. 621. París, 1856. 

(2) Planche ?(), núm. 511. 

(3) Toma xis, páginas ~5-S3. París, 1889. 

(4) In Dei nomine s{anjcit,o | Peleger qui fliAc Bennid \ Dieus) esto ctm ipso! ocoli | 
invidiosi crepenftj! dedit \ donmn. lonafecet \ DnU 
















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MÁRMOL EOMANO-YISÍGÓTICO, PALIMPSESTO, DE BELVÍS DE LA JARA. 



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IIOM'.IIN UK I.A III;aI. ACADKMIA 1>K I-a HlhTOIUA. 



visi^'oilo, y so rc[)ile en el epígrafe de Aiicli: ocoli invidiosi cre- 
pen(l]\ (liri^'ido ronlra los hijos, ó parientes, que eslorhaseii el 
cnmplirnienlo del doiialivo liorho por Peleger al hospital hebreo, 
escuela ó sinagoga de la ciudad. A partir del siglo viu hasla el xii 
infinidad de escrituras hispano-cristianas lanzan igual anatema 
contra el sacrilego robador ó defraudador de las iglesias y monas- 
terios. La mulla pecuniaria varía en ellos según el objeto y las 
circunstancias. Es frecuente la de cien libras de oro, ijue unas 
veces bajaba á 50, y á 5, y otras se elevaba á 1.000. 

Mucho más difícil es integrar en esla lápida el epígrafe anti- 
guo, que estimo ser del siglo vi, tanto por la forma de sus carac- 
teres paleográíicos, como por las palabras abiertamente legibles. 
Consta de unos 16 renglones, que no examino ahora, por tener su 
estudio pendiente do discusión con el Dr. Hübner. En los del 
centro, que empiezan A dar palabras enteras creo ver: et id(e)o 
tam bona legalia q(ii)am [dotaliaj ... \ distringere regula itera- 
tos.... I ... meorum vel qfu)ivis plañe ex()'aneor(um) \ ... dedil ita 
q[(u)od].. ex ordifne....]. Lo que basta para poder estimar que el 
epígrafe cancelado encerraba valor jurídico. Fué tal vez cláusula 
testamentaria del marido, ú otra disposición legal, que modifi- 
cándose ó supliéndose en recurso de alzada por fallo del obispo ó 
del rey, como lo previene el Fuero Juzgo (rir, 5, 2) había de ser 
naturalmente palimpsesto del mismo fallo. 

Gran servicio ha prestado á la Ciencia histórica el docto abo- 
gado D. Froilán Fernández de León, que reside ahora en Tala- 
vera. Mayores en adelante está dispuesto á prestarnos su ilus- 
trado patriotismo, explorando una vez más el castillo de la ba- 
rranca blanca. 



Madrid, 17 de Abril de 18Í-7. 



FmEL Fita. 



NECROLOGÍA. 



JOSÉ COROLEU É INGLADA, 

CORRESPONDIENTE DE LA REAT- ACADEMIA DE Li HISTORIA 
Y DE NÚMERO DE LA DE BELLAS LETRAS DE BARCELONA. 

Nació en 1840. Salió del colegio de las Escuelas Pías de esta 
ciudad, donde me eduqué con él, para continuar los estudios en 
el Insiitulo y de allí á la Universidad hasta terminar la carrera 
de Leyes. En Octubre de 1868 fué nombrado, por oposición, se- 
cretario de la Junta provincial de Instrucción pública, cargo que 
renunció al siguiente año por haber sido nombrado por el Go- 
bierno provisional agregado á la Embajada española en la capital 
de Francia. Merecíanlo algunos años que había pasado allí, tra- 
bajando en la casa Hachet, cultivando la litei-alura francesa, co- 
laborando en periódicos y revistas, y dedicándose á visitar los 
archivos y museos. 

Relatando su propia estancia en París en aquella época el 
Excmo. Sr. I). Víctor Balaguer (1), dice: «José Gorolen vivía en 
París en 1868, bien modesta y honradamente por cierto, ocupado 
en sus estudios y trabajos. Coroleu no estaba proscripto. Ningún 
lazo le unía á nosoti'os, ningún deber, ningún compromiso. Nunca 
se había ocupado de política y podía cuerdamente evitarnos, podía 
pasar indiferente por nuestro lado como tantos otros. No lo hizo 
así sin embargo. Noble y leal, vino espontáneamente á tendernos 
su mano de amigo sabiendo que este acto le hacía sospechoso y 
con él se exponía á que quizá se le cerraran para siempre las 
puertas de la patria. Confundíale este acto con aquellos que vigi- 
lados por los embajadores y cónsules españoles, éramos acecha- 




TOMO XXX 



4.S4 



l»0(,IÍTIN DK LA HI;aL ACADKMIA I)K I. A HIMOKlA. 



dos y hasta porstí^í nidos por la policía. Nada d« esl<j importó A 
GorolfMi. JovíHi entusiasta do nobles prendas, ahrió á los pros- 
ciiplos sn r.oviVAÓn y sn casa, hidalgo el uno corno hospitalaria la 
otra.n 

Los años transciiiTÍd(js poi' r-oivdcii en la ca[)ital de Fi'ancia 
sirviéronle de sólida ba^c pnra sn vida literaria. VA ronoci miento 
de la lengua y literatura francesa diéronle tales bríos para sn vida 
futura de publicista, que una vez establecido en esta ciudad de 
Barcelona, cultivó con amperio el estudio de nuestros clásicos 
y dominó la lengua castellana con la misma maestría que la fran- 
cesa. Goroleu poseía todas las condiciones de experto literato y 
de perfecto historiador: á una memoria feliz reunía un criterio 
histórico elevaiiísimo, y sus doctrinas fueron siempre nuevas, 
pensadas y expuestas según sus propias ideas. Su claro talento, 
cultivado con erudición suma, le daba tal ardimiento de concep- 
ción en sus escritos, que nunca sufrió vacilaciones al redactarlos, 
y sus cuartillas son un modelo de primorosidad y corrección. 
Para apreciar con exactitud el estilo y fisonomía moral de un es- 
critor, no hay como recui-rir á su correspondencia privada. Las 
cartas de Goroleu son preciosas muesii-as de ingenio, facilidad 
y pureza de lenguaje. 

Hablando de su viaje á Madrid, en 26 de Mayo de 1882, decía: 
«Fui visitando los maravillosos estrados, los fi-escos patios y las 
amenísimas arboledas del Escorial, capaces de inundar con rau- 
dales de inspiración el más huero y romo entendimiento. ¡Qué 
magnífico sitio para veranear, exento de cuidados y de calor, un 
hombre de letras laborioso! ¿Ha visto usted un museo artístico 
más delicioso que la casa del Príncipe, ni nna colección de tapi- 
ces más espléndida que la del Palacio, ni un local histórico más 
elocuente que las habitaciones de Felipe 11? ¡Gomo se adivina en 
aquellas desnudas paredes y en aquellos severos muebles toda la 
rigidez, todo el orgullo de aquel sombrío autócrata! Schiller 
hubo de ver todo esto para escribir su Don Carlos. El Escorial 
tiene una grandeza que oprime el corazón y revela al menos pen- 
sador las causas de la ruina de España: es la apoteosis del abso- 
lutismo monárquico y religioso. ¿No lo piensa usted así? ¡Qué 
magnífico sería un paralelo entre este alcázar y el de Yersalles! 



necrología. 435 

Ahí lieue usied un buen tünlo para un artículo de revista: El 
Escorial y Versnlles, impresiones de un lurista.y 

Militó en el periodismo y fué colaborador asiduo de La Renal' 
xensa. La España Regional, L'Avens y La Vanguardia. En ésta 
publicó parle de los dietarios de la Generalidad de Cataluña^ que 
acompañó con notas insti-uctivas. Tradujo .aran número de obras 
científicas y literarias, escritas en inglés, francés é italiano; y fué 
autor de los prólogos insertos en las ediciones de las crónicas de 
Muntaner y Desclot, dadas á luz en la imprenta de La Renai- 
xensa. 

No me detendré en enumerar las varias obras que escribió el 
Sr. Coroleu é Inglada; mi objeto es tratar sólo de las históricas, 
de las que se refieren á la historia de Cataluña en particular y 
que han sido resultado de sus constautes elucubraciones. 

La investigación es lo primei-o que hoy todos piden al buen 
historiador. El conocimiento de la lengua laliua y el estudio de 
las lenguas romances, sou del todo indispensables pai;a trabajar 
en los Archivos de España. Conocido esto se llega á paleógrafo 
fácilmente y se adquiere aptitud para estudiar en los Archivos, 
en donde el hombre laborioso halla siempre elementos. Coroleu, 
además de relevantes conocimientos, tenía amor ala ciencia, y 
sus obras históricas no se inspiran de otra pasión. 

El Archivo de la Corona de Aragón fué el arsenal escogido 
para sus estudios y en aquel i'ico depósito pasó los mejores años 
de su vida. Allí se hallaba Coroleu en su elemento. Aquellas 
compactas hileras de pergaminos pertenecientes á los Condes 
soberanos de Barcelona y Reyes de Aragón, cuyo número ascien- 
de á 18.620 escrituras, los 6.386 volúmenes ó registros de la Real 
Cancillería, las 858 bulas pontificias, los antiguos fondos de la 
Generalidad de Cataluña, los del antiguo Consejo de Aragón, las 
actas de las Cortes, la colección numerosa de procesos civiles, 
políticos y jurisdiccionales, la colección de códigos, las 36.000 
cartas en papel de distintos reinos y naciones, los fondos de los 
Archivos monacales, los ricos códices de los antiguos monasterios 
de San Cugat y RipoU y el sinnúmero de varios que el Archivo 
contiene, fueron su adoración constante, y en los catorce años 
que frecuentó el Archivo, trabajando con afán, adquirió un nom- 



436 BÜLUTIN DE LA ItKAI. ACADKMIA UE l..\ HIMOKIA. 

bre glorioso y i-cíporló ,í ];i ficnria do luifiia \cy una ii(|iiísini;t 
colección fio li-abajos. 

Fnilo (I(í sus asiduas ÍMveslií,'acioiies fueron: 

El feuihilismo II 1(1 srrvidunihre de, la {jleba e)i Cataluña, \H~H. 

El Condi'sluhle de l'orlugal rey intruso de Cataluña. 1878. 

Claris y son temps^ cuadros de costums políticas del si- 
gleXVIl. 1878. 

JJistoriíi de Villanueva y Geltrü. 1878. 

Biografía de Pablo Claris (pai-a la galería de calaianes iliislres). 

Noticia histórica sobre los muros de Gerona. 1878. 

Documents hisíóricJis catalans del sigle XIV. 

Barcelona y sus alrededores. Guia liislúrica, descriptiva y esta- 
dística. 1887. 

Los fueros de Cataluña y la sociedad política ynoderna. Inau- 
gui'al del Ateneo en 1888, 

Por úllimo, las Cortes Catalanas y los Fueros de Cataluña, 
excelentes obras que publicó en colaboración de nuestro distin- 
guido compañero el Sr. D. José Pella y Forgas, autor de la His- 
toria del Ampurdán, otro de los investigadores asiduos del Ar- 
chivo de la Corona de Aragón. Estas dos obras levantaron en 
alto grado la afición á los estudios históricos eu Cataluña y dieron 
ejemplo á la juventud enseñ;índola á querer y venerar nuestras 
antiguas instituciones. 

Además de estos trabajos publicó y dio diferentes lecturas de 
monografías en las sesiones de ¡a Real Academia de Buenas 
Letras, en donde fué uno de los más asiduos y laboriosos com- 
pañeros. En 1888, con ocasión del Certamen Universal verificado 
en esta ciudad, tomó parte en la sesión solemne que en el Salón 
de Congresos celebró esta Corporación en obsequio al Presidente 
de la Renl Academia de la Historia. Leyó un hermoso estudio 
sobre costumbres catalanas. 

Algunos años antes, en 27 de Mayo de 1882, el Director gene- 
ral de Instrucción pública autorizó al Sr. Goroleu, como delegado 
de la Academia de la Historia, para examinar y copiar en el 
Archivo de la Corona de Aragón todos los documentos que intere- 
sasen al desempeño de tan elevado cargo. Su objeto era preparar 
la publicación de las actas de las Cortes, que se han celebrado en 



NECROLOGÍA. 437 

Araiióii y Calaluña, bajo la dirección de aquella Real AcadiMiiia. 

iniciado el plan de la obra procedióse á la investigación pri- 
mordial de los orígenes de las Corles, y á partir de la primera 
constitución de paz y tregua de Fuentdaldara en 1173, buscar si 
se hallaba algo desconocido é inédito, dando por resultado el 
descubrimiento de las constituciones de paz y tregua de Perpiñán 
y de Barbaslro. Con el mismo objeto Coroleu procedió á la copia 
del Códice de los Usajes, estudiando á la vez su contenido; ti-a- 
ba|ü que le sirvió de base para la obra que dio á luz puco después 
con el título Ei Código de los Usajes de Barcelona. — Estudio his- 
tórico- jurídico. y> 

En la primera parte trata del derecho no escrito, del Código 
de los Usajes, de la clasificación, del fisco, d(í la paz y tregua, 
orígenes legales y transcendencia al orden publico, de los duelos 
y de la guerra, del derecho feudal, homenaje, desnaturalización, 
derechos señoriales, del libro de los leudos, ae las costumbres 
feudales en Calaluña y de los malos usos. 

En la segunda paite trata de la jurisdicción señorial, del mero 
y mixto imperio, del procedimieulo civil y criminal, de la juris- 
dicción eclesiástica, del dei'echo penal, del derecho civil pri- 
vado, etc. 

Y en la tercei-a de los Usajes adventicios, de la bibliografía de 
los Usajes, descripción y crítica de los ejemplares consultados, y, 
por iillimo, la cita de sus comentadores. 

A los trabajos enumerados, debemos añadir la obra inédita 
referente cá la Civilización Calalana. El voluminoso manuscrito 
es un incomparable trabajo de erudición y constancia y resultado 
de sus muctios años de estudios en los Archivos. Debo lamentar 
que la obi'a no alcance más que hasta el final del siglo xiv, pues 
aunque este siglo es el más culminante pai'a el objeto que se 
propuso el autor, la falta se hace más sensible por las mayores 
dificultades que ofrece el estudio de los siglos siguiente^, espe- 
cialmente el XV. El título de la obra en la priniera cartera es; 

«Historia de los Catalanes desde la caída del impeno de Occi- 
dente hasta el entronizamiento de la dinastía de los Borbones y 
compendio de las vicisitudes que durante este período experi- 
mentó la civilización europea en el Principado de Cataluña en el 



438 IIOI.KTIN DIC I.A IIKAI. ACAKKMIA DE LA HISTOI.IA. 

ord(!ii político, social, ifiligio.so, artístico, literario, etc., etc., con 
gran copia de anécdotas y documentos inéditos de los Archivos 
de la Corona d(3 Aragón, del Ayunlamiento de Barcelona y de 
otros Municipios calalanes, poi José Goroleu, individuo de mi- 
mero de la Ueal Academia de Buenas Letras de Barcelona y co- 
rrespondiente de la de la Historia. 

«Obra ilustrada por José Luís Pellicer, con la re[)roducción de 
muchísimas vistas de poblaciones y ruinas notables de Cataluña, 
detalles arquitectónicos, bajos relieves, miniaturas, medallas, 
armas, muebles, tapices, autógrafos de personajes ilustres, etc.» 

En la cartera segunda trata De la civilización catalana en el 
siglo XI V. 

Esta segunda parle, es tanto ó más importante (jue la primeía, 
puesto que en ella hay más número de noticias inéditas; el rei- 
nado de Pedro el Ceremonioso está tratado con una maestría que 
encanta y su lectura nos traslada á las mejores épocas de nuestra 
historia. 

Para dar cumplido realce á esta obra, escribió su autor la si- 
guiente carta fechada en Villanueva y Geltrú el día 12 de Sep- 
tiembre de 188G y dirigida al Sr. D. Manuel de Bofarull. 

«Doce años de invesUgaciones en ese Archivo y de estudios en 
mi casa, me han llenado el bufete de apuntes y la cabeza de ideas 
que vagaban sueltas y en desorden, liasta que las hube compilado 
y ordenado formando un boceto histórico de la civilización cata- 
lana. Formará este erisayo dos tomos del tamaño de los Condes 
de Barcelona vÍ7idicados, y en mi sentir resultarán muy amenos, 
por la gran copia y novedad de datos que en ellos he recopilado. 
Ahora bien, yo le suplico á usted que me permita pagar, en la 
pequeña parte que me es dable, la deuda de gratitud que desde 
hace tantos años tengo con usted contraída, dispensándome la 
honra de aceptar la dedicatoria de mi obrilla.» 

La contestación del Sr. Bofarull, decía: 

«Supongo que no habrá usted dudado un momento de mi acep- 
tación de la dedicatoria con que piensa usted encabezar su próxi- 
ma publicación, estando basada en la afectuosa correspondencia 
mutua que ha mediado entre nosotros, sin interrupción en el 
largo espacio que ha transcurrido desde que nos conocimos. Ha- 



necrología. 439 

liábame yo entonces en lo más alio de la cuesta y usled empezaba 
á subirla. ¡Cómo ha cambiado lodo desde entonces! Usled ocupa 
aliora el mismo sitio que ocupó yo entonces y yo he llegado ya 
al otro lado, y tengo ya los pies al borde del sepulcro donde des- 
cansaré en breve.» 

En el prólogo de la obra, maniflesta Goroleu el objeto de la 
publicación y da noticia del tiempo que [tasó estudiando en los 
Archivos, en especial en el de la Corona de Aragón, que denomi- 
na incomparable ai-seual diplomático, dando noticia de los distin- 
guidos escritores ijne C(nioció dnranle el período (]ue frecuenti) el 
Archivo. 

No bien pasó de esta vida D. Manuel de Botarnll y de Sai'to- 
rio, le consagró el Sr. Coroleu en el mismo día del fallecimiento 
(f 25 de Noviembre de 1892) una sentida monografía que publicó 
en La Vanguardia y que terminaba con los bellísimos párrafos 
(jue transcribimos por la oportunidad de sus presagios. 

«De hoy más aíjuel edificio será para nosotros como antes, 
una dependencia del Estado, en donde se custodian millares de 
documentos de inapreciable valor histórico; pero ¡qué triste y 
frío será aqnel viejo palacio, sin animarlo la venerable figura y 
la voz simpática y afectuosa de aquel noble anciano que nos 
había enseñado á conocer y á amar la tierra donde nacimos! » 

Goroleu, en el Archivo de la Corona de Aragón era considerado 
como íntimo compañero. Las faenas que compartió con nosotros, 
el fraternal cariño (¡ue siempre nos profesamos y el respeto que 
por el Archivo y por su jefe sentía, son indecibles. 

La muerte casi repentina de D. Antonio de Bofarull, acaecida 
en 13 de Febrero de 1892, y la de mi padre y maestro D. Manuel 
de Bofarull, en 25 de Noviembre de aquel año, llenaron de tris- 
teza aquel vasto edificio, y Goroleu lomó gran parle en la pena 
que á todos nos embargaba. 

Poco después tuvo que suspender las investigaciones en el Ar- 
chivo. Cotidianos deberes y la publicación de la Histoi'ia de 
.\mérica se lo inipidieíon. 

Un suceso de gran resonancia en Cataluña, dio margen á Go- 
ruieu para volver á pisar los umbrales del Archivo. El día 9 de 
Mayo de 1893, por orden de la Dirección de Instrucción públi- 



44n UOI.KTIN l)K I, A ItKAI. ACAlllCMIA OK I,A HISTÜHIA. 

ca, tuve (|ii(' ('iilit';^;ir al Sr. (Jliispo il(i V'i'li ios ^'loriosos restos 
ilul conde soliijiaiiD I). líain(ni Bureii;^!!".'!- 1 1 1 <;! (¡laii'le, con su 
caja 6 III na. i\\\a su ciislodiaDan en el Aicliivo desde el año 18.1'' 
é iban á ser ii aslaiiailos al moiíasLi-rio de Kipoll, de donde proce- 
dían (I). A t.'slíí aclo asisli(') el Sr. Coioleu por propio impulso. 
Los resios d»; Ií.iiikui Bcrcn^tier el Grande eran considei'ados por 
nosüU'Os como paliiiHica reliíjuia, y el invesl.i;,'ador asiduo, (|UÍso 
presenciar el aclo como lervoroso enUisiasla de las anli^Mias ^do- 
rias caíala lias. 

Goroleii, como lodo morlal, tenía sus defecios. D(! •,'allarda es- 
Uitui-a, ojos vivísimos, frente majestuosa, nariz aguileña, hidalgo 
aspecto, muy parecido al de Miguel de Cervantes, era su comple- 
xión iiervioso-saiigiiinea, sumamente impresionable; y así lúe 
que, á pesar de su claro ingenio, no siguió una marcha cojistan- 
le y lija. Si tal hubiera manttuiido, habría alcanzado los má> 
altos puesios. En lo ijue fué constante superó á t(jdos, y en el 
campo literario ha sido una de las primeras íigui-as. Hizo de la 
ciencia hisiórica una carrera y vivió de sus estudios y del pro- 
ducto de su trabajo intelectual. Esto que en otro habría sido lo- 
cura, en él fué temeridad; y si bien jamás perdió la fe en el tra- 
bajo, éste, por sobra de energía, le precipitó. Pretender vivir hoy 
en España solamente del estudio, es un error lamentable que ha 
costado la vida á malogrados escritores. Ni los libros aquí se com- 
pran ni se leen, salvo tionrosas excepciones. Los trabajos de in- 
vestigación hisiórica, fuera de nuestro país, ocupan catálogos 
anuales interminables; en España, devorada por la liebre políti- 
ca, empobrecida por las guerras, engreída é infatuada con su ais- 
lamiento, irilurada por el orgullo regionalista, ¿de qué servirían? 
Algún remedio, sin embargo, se vislumbi'a en un porvenir no 
lejano. 

Condoliéndose el Sr. Coroleu de esta situación, me escribía 
en 1882 estas frases: «El viernes pasado vi á los padres graves de 
la Academia, celebrando con Bilaguer, Colmeiro y Rosell, una 
larga conferencia. Poniendo, como suele decirse, las cosas en su 



(1) El acta de la solemne translación fué publicada en el Boletín de esa Renl Aca- 
demia, tomo xxiii . |)ág-inas :ír)3-3í50. 



NECRO[-or,iA. 441 

punto, hay (]ue convenir en que si Barcelona es el Mancliester, 
esla es la Atenas de España; la cultura y la tolerancia ijue aquí 
se respiran, embelesan el ánimo m:ís descontenlaiiizo y exigente 
en achai|ue de ilustración. (Guarnió Balaguer y el P. Fila me fue- 
ron [iresenlando ;'i los académicos, todos me manifestaron que 
me conocían por mis obras, y habláronme de ellas con tales por- 
menores, que no pude dudar que me habían dispensado el honor 
de leerlas.» 

Coroleu se pi-esentó nuevamente en el Archivo en 1893, lle- 
vando consigo las cuartillas y la pluma, según su antigua cos- 
lumbi-e; pero muy pronto tuvo que suspender sus tareas; se mar- 
ctii) para no volver jamás. 

No bien pasó de esta vida, hallé en un cajón de su mesa de es- 
tudio la última cuartilla y el mango y pluma, objetos que con- 
servo como preciosa memoria de mi compañei-o del alma, del in- 
fatigable escritor y del magnánimo ciudad;ino, digno de eterna 
alabanza. En las páginas del Boletín de la Real Academia de la 
Historia (1) estampó su brillante ingenio indelebles huellas. 

Nació en Barcelona el día lo de Agosto de 1839 y falleció en la 
misnia ciudad el 28 de Marzo de 1895, á las cuatro y media de la 
larde (í). Fueron sus padres D Antonio José Coroleu y Vilaclara 
y Doña Elena Inglada y Moragas. Su abuelo paterno, D. José 
Coroleu y Masdeu , jurisconsulto ilustre y elocuentísimo, se dis- 
tinguió en particular como abogado consultor de tres monaste- 
terios, los más poderosos de Cataluña, Poblet, Santas Creus y 
San Cugat del Valles, y como defensor do los mártires de la Inde- 
pendencia, que en esta ciudad y en Junio de 1809 pagaron con la 
vida la conspiración que altamente les honra. Los talentos, como 
la sangre, so transmiten; y saltan, no rara vez, del abuelo al nieto. 

Baicelona, 2 de Abril de 1¡^97. 

FfiANGISGO DE BOFARULL, 
Correspondiente. 



(1) Tomos I, IV. xviii. 

[2) Al notificarse el fallecimiento de Coroleu en el tomo xxvi del Boletín, pági- 
na 284, se retrasó la fecha de un día por culpa del parte que recibió la Academia ó de 
no haberse bien distinguido por la voz pública el dia del entierro ("29 Marzo) del de la 
muerte. 



NOTICIA S. 



Sociedad Colombina Onubense. 

Programa }>ara el Certamen científico, literario y artístico que se 
ha de celebrar en Huelva el 2 de Agosto de ÍS91, en conmemo- 
ración de la salida del puerto de Palos de la expedición que 
descubrió el Nuevo Mundo. 

1." El Certamen se celebrará el día 2 de Agosto próximo, á la 
hora y en la forma que designará el correspondiente programa. 

2." Podrán tomar parle en el Certamen cnantas personas lo 
deseen. 

3.° Los asuntos sobre que éste ha do versar serán siete. Para 
cada uno de ellos habrá un premio, reservándose la Sociedad 
conceder también un accésit á las obras que considere dignas. Se 
reserva asimismo el derecho de imprimirlas. Los autores de las 
composiciones conservarán, sin embargo, la propiedad literaria 
de ellas. 

4.° Los temas elegidos son los que á continuación se expresan: 



Primer tema. 

Una oda á la Unión Ibero-Americana. — Premio de S. M. la 
Reina doña Isabel ¡I: Una figura de bronce, representando d Chis- 
tobal Colón. 

Segundo tema. 

Himno á los descubridores del Nuevo Mundo, para canto, con 
acompañamiento de orquesta. Forma popular serin, de lai'il eje- 



NOTICIAS. 443 



cucióii y ésta de duración de veinte á treinta minutos. Letra y 
música á la vez. — Premio de S. M. el Rey D. Alfonso XIII: Un 
precioso Fauno de bronce. 



Tercer tema. 

Canto épico al descubridor del Nuevo Mundo. — Premio de 
S. M. la Reina Regente, consistente en un ejemplar encuadernado 
en tres tomos de la obra titulada: Colección litoCtRáfica de cua- 
dros DEL Rey de España. 

Cuarto tema. 

Reseña histórica de todos los actos y fiestas públicas celebra- 
dos en el mundo para conmemorar el IV Centenario del descu- 
brimiento del Nuevo continente. — Premio de S. A. R. la Serení- 
sima Sra. Infanta Duquesa viuda de Montpensier: Dos preciosos 
jarrones. 

Quinto tem.a. 

Examen crítico sobre el sistema de colonización de los españo- 
les en América y sobre sus ventajas ó inconvenientes respecto 
del empleado por ofras naciones en esta región del globo. — Pre- 
mio de S. A. R. el Serenísimo Sr. Infante Duque de Montpensier 
(q. s. g. h.Jj consistente en un magnifico alfiler de corbata debri- 
Uantes y turquesas. 

Sexto tema. 

Proyecto completo para un monumento á los hermanos Pinzo- 
nes. — Premio de S. M. la Reina Regente: Un notable busto de 
Ótelo, tamaño natural, en bronce. 

5." La calificación de las composiciones que se presenten co- 
rresponderá á un Jurado de cinco jueces, bastando el voto uná- 
nime de tres de éstos para tomar acuerdo. 

6.° Las composiciones deberán ser presentadas ó remitidas al 
Secretario de la Sociedad Colombina, antes del día 15 de Julio 
inmediato. 

7." Estas composiciones serán inéditas y escritas en lengua 
castellana, y su presentación se verificará en la forma siguiente; 



Mí ItOI.K'IIN l)K I, A llKAL ACAUKMIA DK LA HISTOMIA. 

Kii nii pliego con. ido na iiicliiiiá la composición, llevando por 
líiiii';! lirnia un Inttd. 

Olro plic^^M), laiiil)i('ii) cfM-rado, contendrá el nombre del autor 
y sn domicilio, y en la cuhiorla se consignará el asunto de la 
composición y el mismo lema puesto al linal de ella, 

8.° Los pliegos que contengan los nombres de los autores no 
píx-miados se inutilizarán sin abrir, quedando, por tanto, ignora- 
dos dichos nombres. 

0." IJcgado el día del Gorianien (2 de Agosto), se constituirá 
el Ti-ihunal, compuesto (ie la Junta DirerUiva de la Sociedad y 
del Jurado, y abierta la sesión, el Pi-esidente pronunciará ó leerá 
el discurso de apertura. Acto continuo se ir.iti leyendo, [)or el 
urden que se detallará en el respectivo programa, las composi- 
ciones que hnbiei-en merecido premio ó accésit, asi como las que 
obtengan mención honorífica. La lectura de cada uno de los tra- 
bajos se efectuar.! por el respectivo autor ó por l.i persona á 
quien éste designe, y en otro caso por la que señale el Presidente. 

10. Para dar lectur.a á cada una de las composiciones se abrirá 
pieviameule por el Presidente el pliego que contenga el nombre 
del autor, el cual publicai-á el Secretario de la Sociedad, siendo 
llamado por éste á ocupar el puesto que le corresponda. 

11. Leídas todas las composiciones, los autores premiados, 
con asistencia del Jurado, se presentarán ante el Tribunal y re- 
cibirán del Presidente el premio concedido á cada uno de ellos. 

12. Tanto las composiciones premiadas como las que no hu- 
biesen obtenido premio, se depositarán en la Biblioteca de la So- 
ciedad Colombina. 

13. Antes de levantarse la sesión se publicarán los tenas que 
han de optar á premio en el Certamen" de 1898. 

Huelva, 3 de Agosto de 1896. — El Presidente, Francisco Her- 
NÁNUEZ Qui.nTero. — El. Secretario , Emilio Sánchez Hernández. 



Leyó el Sr, Fabié una nota de D. Ángel Salcedo, con nuevos 
dalos y aclaraciones del lugar y fecha del nacimiento del gran 
Duque de Alba, que se oyó con mucho gusto, así como las indi- 



NOTICIAS. 445 

caciones del Sr. Sánchez Mogiiel de constar ya estas noticias en 
el nuevo mausoleo erigido al Duque en la iglesia de San Esteban 
de Salamanca. 



Nuestro antiguo correspondiente en Monzón (Huesca), D. Ma- 
riano Paño, presentó fotografía del retablo que existe en la pa- 
rroquia de Villanueva de Sijena, con inscripción que acredita 
haberse construido dicho retablo en 1550 y con retratos de los 
fundadores, cuyos apellidos indican que fueron deudos del céle- 
bre heterodoxo Miguel Servet. 



En la sesión que celebró el día í) de Abril la Comisión de mo- 
numentos históricos y artísticos de Guipúzcoa, bíijo la presiden- 
cia de D. Manuel Martínez Añíbarro, correspondiente de nuestra 
Academia, hizo el bibliotecario-archivero, Sr. Soraluce, especial 
mención del extenso informe del Presidente del Consejo de Esta- 
do y académico numerario Sr. Fabié, y titulado Estudio sobre la 
organización y costumbres del país vascongado, con ocasión del 
examen de las obras de los Sres. Echegarag, Labairu, etc. (I). — 
A propuesta de su Presidente y del Sr. Móyua, la Comisión acor- 
dó hacer constar en acta «la complacencia con que ha visto las 
conclusiones de tan luminoso estudio.» Acordó asimismo publi- 
car una interesante carta de D. Evaristo Churruca acerca de una 
casa-fuerte de Molrico y su lápida del siglo xv, y la monografía 
escrita por el Sr. Soraluce acerca de las obras escultóricas y anéc- 
dotas biográficas del renombrado artista Felipe de Aizmendi, na- 
tural de la ciudad de San Sebastián. 



El Doctor Eximio. Varias veces han tenido cabida en 
nuestra Revista literaria (2) los datos nuevos é interesantes á la 



(1) Boletín, tomo xxix, páginas 369-lU;, 537-515; xxx, 128-ir)'S, 193-225. 

(2) Tomos xxiii, páginas 465-469; xxiv, 33-41, n3-n6, 236-2.38, 430-437. 



Vl'l IIOI.KI IN l)K I. A HKAI. ACAIIKMIA Iil-. l.A HI>1<)IUA. 

gloria ()Ostuiii.i (Id I*. I''r;iii cisco Sii;írc*z, honor y ¡iiez il<; la na- 
ción liis[i.".no-()orlní,MU'sa reinando Fi'lifx; III. Sn sepulcro en 
Lisl)oa, sil liiina antó^Tafa, nianiiscrilos inéditos, l/ipidas conme- 
morativas, cáli'flias que ro^'onló «mi las IJiiiversidailes de Evora 
y de Goiinliia (H Mayo, lóOT-l."! Febrero lOlG), obras que oscril)ió, 
trabajos crndilos, en íiii, de ijne son susceptibles asi la bibliogra- 
fía como la biografía de un bombie tan ilustre (-{- 25 Septiembre, 
1617) no consienten que pasemos por alto la inscripción , redac- 
tada por D. Joaquín María de los Reyes, catedrático del Institntf) 
de Granada, y a[)iohada por el Ayuntamiento de la misma ciu- 
dad para ser colocada en la casa inirncro 13 de la calle de I'ava- 
neras (1). 

«En esta casa nació el v de Enero del año de mdwxxvih (2) el 
reverendo Padre Francisco Suárez, insigne comentador de Aris- 
tóteles y de Santo Tomás, clarísimo filósofo, teólogo profundo, 
jurisconsulto notable, defensor tan elocuente de la fe católica 
que mereció ser llamado por la Santa Sede Doctor Eximio, glo- 
ria de la Iglesia, lustre de la Compañía de Jesús, honor de Es- 
paña y uno de los más esclarecidos hijos de esta ciudad. — El ex- 
celentísimo Ayuntamiento acordó la dedicación de esta lápida á 
tan esclarecido granadino. 1896.» 

No ha venido la inscripción á consulta de la Academia. Suárez 
¿jurisconsulto notable? Corto elogio es. 



Cavernas y simas de España. Descripciones recogidas, coordinadas y 
anotadas por D. Gabriel Puig y Larraz, Ingeniero de minas, Vicepresi- 
dente de la Sociedad Económica Matritense de Amigos del país é indivi- 
duo de la Junta Directiva de la Sociedad Geográfica de ]Madrid. En 4,", 
páginas 394. Madrid, 1896. 

Faltaba una estadística general y descriptiva de estos senos 
obscuros, que abiertos en España durante diversas épocas, alguna 



(1) Así lo refiere la Revista barcelonesa í.a Jwentvd. número del 1." ile Mayo de 
este año, pág. 237. 

(2) 5 Enero, 1518. 



NOTICIAS. 447 

remolisima, guiase al explorador para descubrir y an^liznr, y al 
maestro de profesión para sintetizar los hechos positivos, base y ga- 
rantía de las ciencias antropológicas. El autor en el preámbulo de 
su obra advierte que quiere presentar «el exacto conocimiento de 
las cuevas y la determinación rigorosa de la situación geográfica 
de éstas, pues sin estos puntos bien definidos, toda observación 
ulterior será imposib'e ó inúlil pensar en resultados de valor. 
Con análogas ideas, el sabio geólogo é ingeniero de minas, don 
Casiano de Prado, publicó hace treinta y dos años, como apén- 
dice á la Descripción física y geológica de la provincia de Madrid, 
una lista en que se señalan 130 cavernas de España, y es lásiima 
que después no se haya pensado en continuar aquel trabajo de 
conjunto. Nuestros repetidos y frecuentes viajes para el estudio 
de la composición geológica del suelo de la Península y la afición 
con que hace años buscamos y reunimos noticias históricas y 
bibliográficas correspondientes á las ciencias naturales, nos ha- 
bían demostrado que el catálogo del Sr. Prado, valioso punto de 
partida, era muy deficiente. Para completar el conocimiento geo- 
gráfico y facilitar en cierto modo la visita á los parajes señalados 
en nuestro trabajo, hemos considerado conveniente dar las noti- 
cias que nos ha sido dable adquirir, acerca de los medios de co- 
municación y condiciones de alojamiento de las poblaciones, así 
como adoptar el sistema de división de partidos judiciales y 
ayuntamientos, anterior al creado por Real decreto de 29 de 
Agosto de 1893, por ser este último considerado como transi- 
torio. Asimismo señalamos para cada caverna ó sima la clase 
de rocas en que se hallan y el sistema geológico á que pertene- 
cen. Al pie de las noticias respectivas consignamos en un párrafo, 
que áenominümos Bihliogrofia, los nombres de todos los autores 
que describen ó citan la cavidad, ordenados cronológicamente». 
La distribución se hace por provincias, en turno lexicográfico, 
ó de abecedario, comenzando por la de Álava, y dentro de cada 
provincia por partidos, ayuntamientos y precisas localidades. 
Todo lo cual expresan con igual distinción en conjunto al pie de 
la obra cuatro índices exactísimos. 



■\\H MOI.K'IÍN I)K i, a IIKAI. AÍ'.AUKMIA IjK i, a Mlí^TflUlA. 

En l;i s(,'s¡(')ii del 'Mí (le Abiil (lió leciiir.i el Se. Aiil()ii del pro- 
liiiido estudio (jiie li;i hecho do los cráneos hall.idos en Cienifto- 
ziielos con las vasijas preciosas (|ue han sido folograhadas y c.ili- 
ficadas de prehistóricas en el lomo xxv del Bom:tín, páginas 
436-450, La diserlación del ilustre antropólogo, í|ue establece eii 
vista de arjuellos cráneos la coexistencia de las gentes céltica é 
ibíírica en las edades simultáneas de la piedra pulimentada y del 
cobre, abi-e, nuevos horizontes á la primitiva liistoria de la cuenca 
central do España. So publicará con asentimiento del autor en el 
próximo (Mía lerno de esta Revista. 



La cerámica de Ciempozuelos y edad de la piedra 
pulimentada. Nueva estación prehistórica en la con- 
fluencia del Tajo y del Gébalo. 

A siete kilómetros de la barranca blanca del castillo y menor 
distancia del sitio donde se halló la doble inscripción visigótica, 
cuyo fotograbado damos eu este número, se levanta oti'o cerro, de 
unos 60 m. de altura, nombrado GolUleja, siendo propie lad am- 
bos cerros de D. Enricjue Gutiérrez de Salamanca. Dista el de 
Golilleja medio kilómetro del río Gébalo y dos del Tajo. En su 
meseta, los yegüeros de D. Tomás Vivas, quien la tenía arrenda- 
da, descubrieron hace dos años, á flor de tierra, una hacha 
de piedra pulimentada é innumerables fragmentos de vasijas, 
idénticas por su forma y estructura á las renombradas de Ciem- 
pozuelos. Una entera adquirió y conserva en su poder el señor 
Vivas, que ha presentado, así como el hacha, á la inspección y 
examen de la Academia. Reside en Alcaudete de la Jara, lia he- 
redado de D. Rufino Gómez, su difunto suegro, muchas monedas 
romanas de plata y cobre, entre ellas una ibérica de Tarazona, 
casi todas imperiales, que también se hallaron en Golilleja. Acer- 
ca del castillo de la barranca blanca (castellum Ciseli?) escribe 
D. Matías Mayoral, vecino de Las Herencias, con fecha del C de 
Mayo iillimo, lo siguiente: «Dista de la divisoria de Belvís medio 
kilómetro escaso; y desdo su alto mirador ó meseta se están des- 
peñando de continuo trozos de barranca, que caen al Tajo.» 

F. F. 



BOLETÍN 



D K LA 



REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA, 



TOMO XXX. Junio, 1897. CUADERNO VI. 



[NFORMES. 



SANTA MARÍA, LA ANTIGUA, DE VALLADOLID. 

El académico-Secretario que suscribe se ha enterado de las dos 
comunicaciones elevadas á la Dirección general de Instrucción 
pública por el gobernador civil y el alcalde-presidente del Ayun- 
tamiento de Valladolid, solicitando la declaración de monumento 
nacional á favor de la iglesia de Nuestra Señora la Antigua, y 
acerca de las cuales pide dictamen á esta Real Academia la refe- 
rida Dirección general; y entiende que puede ésta evacuarse en 
los términos siguientes: 

«La Real Academia de Bellas Artes de San Fernando ha demos- 
trado ya en su informe de 30 de Marzo próximo pasado, la im- 
portancia del templo de que se trata bajo sus dos aspectos artís- 
tico é histórico, y nada tiene que añadir esta Academia que in- 
forma hoy á lo manifestado por aquel autorizado Cuerpo en lo 
relativo al mérito del monumento considerado como objeto de 
arte; pero se cree en el deber de agregar algunas observaciones 
de carácter puramente histórico. 

El ser ó no fundación del famoso D. Pedro Ansürez la iglesia 
de Santa María la Antigua de Valladolid, no es circunstancia 

TOMO líl. 29 



450 IIOI.KTIN I)K I, A IIKAI- ACAUKMIA DIO LA HISTOHIA. 

<)IH' ftiicda (•.ililicaisc df! imlilV;! eiilc, [tOf(jiie si, en efecto, filó eri- 
gida por f\ prócfM- más {^i'aiidr (jiu; coiiocif) lacoi'lede Feriiainio I 
y de sil liijo Alfonso VI; por a(]iiel magiiate-, señor de laníos pue- 
bloí=i, A quien debió la nielró[joli del Pisuerga su Colegiala de 
Santa María la Mayor, las parroquias de San Nicolfís, San Julián 
y San Pelayo, el gran pueiile sobre aquel río, dos hospitales, uno 
para pobres y otro para peregrinos, junto á su mismo palacio, y 
el verse, en suma, rica, hermosa y floreciente entre todas las 
villas castellanas, hasta el piiiilo de podei' allomar bien [jroiilo 
con las más prósperas y [)0[)ul()sas ciudades del reino; por aquel 
noble y generoso D. Pedro Ansiírez que, al ver repudiada á su 
pupila doña Urraca por su esposo Alfonso el Batallador y á Gas- 
tilla amenazada de perder su independencia, monta en su blanco 
caballo, vestido de escarlata, y con un dogal en lamano, se dirige 
al ofendido rey aragonés diciéndole: «Los castillos y tierras que 
»me confiasteis, á la reina se los lie entregado, cuyos son, como 
»á mi señora natural; pei'O líis manos, la lengua y el cuerpo con 
»que os presté homenaje, vuestros son y á entregároslos vengo 
»para que dispongáis de ellos á vuestro albedrío»; si la iglesia de 
Nuestra Señora la Antigua, repetimos, es fundación de aquel 
excelso Conde castellano que tuvo por yernos á un Alvar Fáñez 
de Minaya y á un Armeugol, Conde de Urgel, y por nielo al otro 
Armengol, hijo de éste, que guerreando con los musulmanes en 
Baeza y Almería, y al pie de los muros de Córdoba, con un so- 
brenatural esfuerzo arrancó las aldabas de sus puertas y se las 
trajo por trofeo á Santa María la x\nligua de Valladolid, donde 
D. Alfonso el Emperador las añadió luego por timbre á los bla- 
sones del sepulcro del abuelo; en tal caso, su importancia histó- 
rica es inmensa, mientras que si la fundación es posterior, ({ueda 
reducida á exiguas proporciones. 

Pero nadie dudó jamás que tal monumento debiera su existen- 
cia á tal personaje, y lo mismo Sangrador en su Historia de Va- 
lladolid^ que Caveda en su Ensayo histórico sobre la arquitectura 
española y que Quadrado en los Recuerdos y bellezas de España, 
ó sea en el tomo de Valladolid, Palencia y Zamora, de la obra 
España, sus monumentos y artes, etc., reconocen que el Conde 
D. Pedro Ansúrez fundó éste y otros templos antes de terminar 



SANTA MARÍA, LA ANTIfiUA, DE VALLADOLID. 451 

-el siglo XI. La tradición en este punto está conforme con las es- 
crituras coetáneas más auténticas, y con las más seguras nocio- 
nes que suministra el estudio del arte arquitectónico de la Edad 
Media en Castilla, y sólo un distinguido arquitecto y escritor 
inglés, Mr. George Edmund Street, á quien no han convencido 
estas afirmaciones, les ha negado su asentimiento. Al describir 
minuciosamente este templo de la Antigua en su notable libro 
sobre la arquitectura gótica en España fSome account of gothic 
architecture in Spain. London^ Í865jj habla de la torre, del claus- 
tro ó pórtico y de la parte baja de la obra, como únicos restos de 
la construcción primitiva, y les asigna como fecha probable los 
últimos años del siglo xii, del 1180 al 1200; y más adelante, ci- 
tando á Sangrador (Hist. de Valladolid, tomo n, pág. 181), y su 
afirmación de que la iglesia de la Antigua fué fundada por don 
Pedro Ansúrez y su esposa doña Eylo al finalizar la undécima 
centuria, y restaurada por el rey D. Alfonso XI, «declaro (añade) 
que no puedo conciliar estas fechas, que no descansan en autori- 
dad alguna, con la fábrica existente. Sus partes más antiguas 
difícilmente pueden considerarse como del siglo xi, al paso que 
las últimas restauraciones ofrecen tanta identidad con obras cuya 
fecha nos consta ser del siglo xrir, que es de todo punto imposi- 
ble asignarlas al reinado de D. Alfonso XI (A. D. 1350-1369). Al 
■de D. Alfonso IX (A. D. 1230-44) pertenecen más verosímilmente. 
Esta declaración de Mr. Street comprende dos extremos: con 
el segundo, que es el referente á la época de la restauración de la 
iglesia, está conforme la Academia de Bellas Artes de San Fer- 
nando y lo está también esta de la Historia, sin que lo contradi- 
gan documento alguno de reconocida autenticidad, ni el estilo 
arquitectónico dominante en toda la parte más moderna del tem- 
plo, propio, sin la menor duda^ del siglo xiii y no del xiv. Más 
por lo que hace al primer extremo, en que declara Mr. Street que 
la parte más antigua de la iglesia no puede considerarse como 
del siglo XI, sino como de fines del xii, es preciso para sostenerlo 
cerrar los ojos, no sólo á las escrituras fehacientes que cita el ve- 
rídico Quadrado, autoridad competentísima para distinguir lo 
auténtico de lo apócrifo, sino á todo el brillante cuadro de la his- 
toria de nuestro arte románico en Castilla, en el que entran sin 



ÍOV UOI.KTIN l)K l-A HKAI. ACADKMIA l)K Í.A HIS'KlHlA. 

número de constnK'c.iíjiics [tcrlfixicientes al si^'lo xi , (jiio osten- 
tan la misma eslrncliira y la misma decoración que la torre y el 
pórtico de Nuestra Señora la Antigua de Valladolid. 

Kl erudito ó infatig;ible D. José Caveda, á quien pocos li;ui 
igualado cu el útilísimo arte de agrupar por épocas, con toda 
pi-ecisión y claridad, los caractei-es distintivos de los vaiios esti- 
los usados en nuestra Edad Media, trae en el cap. viii de su En- 
sayo Jiistórico sobre la aiquitcctnra española, una interesante 
enumeración de los templos erigidos en toda la Península duran- 
te el primer período de la arquitectura que hoy conocemos con 
el nombre de románica y (jue llevaba en su tiempo el de romano- 
bizantina, de modo que, dando á nuestra Academia el trabajo 
ht!cho, nos proporciona una larga lista de monumentos del siglo xi, 
en que concurren todos los componentes del estilo que caracteri- 
za á la parte más antigua del templo que es objeto del presente 
informe; y (mi verdad que Santa María la Antigua de Valladolid 
no deja de íigurar en la larga enumeración de las construcciones 
erigidas durante el siglo xi y los primeros años del xii. Retrasar- 
la hasta los años últimos de la duodécima centuria, sólo se le ha 
ocurrido al veleidoso Mr. Street. 

Lo cierto es, que hay poderosos y muy racionales indicios para 
adscribir su erección al año 1088. La solemne dedicación de la 
Colegiata de Santa María la Mayor, fundación también del Conde 
D. Pedro Ansúrez, se celebró por el Arzobispo-Obispo de Toledo 
D. Bernardo y por Raimundo, Obispo de Palencia, asistidos de 
otros seis obispos, y acompañados de varios condes y caballeros, 
en 21 de Mayo de 1095, según lo expresa la escritura que el Conde 
y su esposa Eylo otorgaron en el propio día á Salto el primer 
abad y demás clérigos de la Colegiata, y que se conserva en el 
archivo de la Catedral. Publicó esta escritura Quadrado, el cual 
añade este párrafo: «Gemela de Santa María la Mayor, dícese que 
«con ella nació y fué inaugurada en un mismo día Santa María 
»la Antigua, ésta para ser parroquia del palacio del Conde, como 
«aquella para colegiata; pero escrituras coetáneas la mencionan 
«existente ya siete años antes, en 1088, y tal vez el epíteto de la 
TtAntigua, que se le dio desde el principio, podría suponer en 
»ella un origen más remoto.» El dicho de este concienzudo escri> 



SANTA MARÍA, LA ANTIGUA, DE VALLADOLID. 453 

tor es para la Academia de gran fuerza. Al afirmar él que exis- 
ten escrituras coetáneas que mencionan la Antigua como ya en 
pie siete años antes de la consagración de la colegiata, es poco 
menos que una prueba pleua de que vio y leyó dichas escrituras, 
en las cuales se menciona á Santa María la Antigua como ya 
eiistente en el año 1088. 

Hay, pues, fundamento sobrado para considerar este templo 
como uno de los monumentos más importantes de la antigua 
monarquía castellaua, desde el puuto de vista histórico, y debe, 
por lo tanto, preservársele de la ruina que le amenaza, declarán- 
dole monumento nacional y atendiendo el Estado á su inmediata 
conservación. 

Pero téngase entendido que si esto se consigue y la Comisión 
provincial respectiva obtiene del Ministerio de Gracia y Justicia 
que de las cantidades asignadas á la reparación de templos se 
destine la que sea oportuna á salvar esta joya artística, la repa- 
ración que en ella se haga debe limitarse á consolidarla y forta- 
lecei-la^ de manera que no aumente el daño que hoy sufre; pero 
sin variar en nada su forma externa, y respetando los desgastes y 
erosiones que el tiempo ha causado en sus perfiles, porque estos 
desgastes son las honrosas cicatrices de ese austero y sombrío 
centinela de un campamento de héroes que duerme á su alrede- 
dor un sueño de ocho siglos. La torre de la Antigua no debe 
verse remozada y acicalada, al par de otros monumentos antiguos 
que pierden todo su carácter con semejantes restauraciones; tal 
como se halla, es un venerable, aunque decrépito, testigo pre- 
sencial de las prosperidades é infortunios de Castilla durante 
ocho centurias, y en ella se simbolizan en cierto modo las hazañas 
de aquellos ilustres Condes, poderosos auxiliares de los reyes, 
por cuyas ásperas y enérgicas virtudes llegó á ser la monarquía 
castellana en la Edad Media, grande, heroica y fecunda.» 

La Academia, no obstante, acordará lo más oportuno. 

Madrid, 20 de Abril de 1897. 

Pedro de Madrazo. 



IIOI.KTIN UK I. A HKAL ACADEMIA Üli LA HISTOHIA. 



II. 

EL PEÑÓN DK VÉLEZ DE LA GOMERA Y LA MÁMORA. 
(1619-1623) 

La Academia me encomendó en la pasada sesión el examen de 
la colección de carias originales de los Reyes Felipe III y Fe- 
lipe IV dirigidas á D. Diego de Escobedo y ofrecidas á la misma 
por el Sr. Fita en nombre de un generoso donante. 

Forman esta colección treinta y nueve cartas originales de los 
referidos monarcas y una hoja suelta. Corresponden á los años 
1619 á 1623 y una al de 1626. Hasta mediados de 1622 desempeñó 
D. Diego de Escobedo el cargo de alcaide de la fortaleza del Pe- 
ñón de Yélez de la Gomera; y desde Septiembre del mismo año 
figura ya como gobernador de la fuerza de la Mámora. En estos 
conceptos los dos Felipes, en despachos refrendados por el Secre- 
tario encargado de los negocios de África, D. Bartolomé de A naya 
y Villanueva, le avisan del envío de dinero para pagar la guar- 
nición y las obras de defensa; de continuas remesas de víveres^ 
armas y municiones; contestan á las carias del alcaide y gober- 
nador resolviendo las consultas pertinentes á asuntos del gobier- 
no y administración de aquellas plazas; le reprenden á veces por 
el mal uso que de sus facultades ha hecho; le previenen de los 
aprestos que los holandeses, una vez terminada la tregua con 
España, hacen para intentar desembarcos en territorio español, 
ya en las mismas costas de la Península, ya en las de África, 
Canarias, Terceras, Cuba y continente americano; le ordenan 
tenga á buen recaudo á un esclavo llamado Moslafá ben-halí 
«que es ladino en las lenguas castellana é italiana y que trata de 
rescatarse»; el cual, habiendo sido antes corsario y arráez de uu 
bergantín suyo, que se perdió en la costa de Cádiz, por la indus- 
tria y práctica grandes que tenía, escapó tierra adentro sin ser 
conocido. Adviértese en toda esta correspondencia oficial la soli- 
citud con que por el Estado se atendía á la defensa y buen go- 
bierno de aquellas plazas hispano-africanas. 



EL PEÑÓN DE VÉLEZ DE LA GOMERA Y LA MÁMORA. 455 

La hoja suelta que acompaña á estos documentos es una mi- 
unta de carta del alcaide del Peñón al Rey, sin más fecha que la 
del año 1619, en la que da cuenta de la escasez de bastimentos 
de todo génet'o en que se hallaba y de otras noticias referentes al 
desempeño de su cargo. 

Todas las cartas son, á mi parecer, inéditas é interesantes por 
los datos auténticos y fidedignos qne contienen para la historia, 
que está aiiu por escribir, de nuestras antiguas posesiones en la 
costa de África; pero entre ellas hay dos que sobrepujan á las 
demás en valor histórico, por reflejarse en ellas la vida y cos- 
tumbres de nuestros soldados en aquellos presidios; su organiza- 
ción interior y los abusos de sus gobernadores y principales ofi- 
ciales. Tienen las dos la misma fecha, 4 de Diciembie de 1C23, 
cuando ya estaba Escobedo mandando en la Mámora, y se refie- 
ren con frecuencia al estricto cumplimiento de instrucciones quie-- 
no son conocidas, y de las que estas cartas parecen comentario y 
explicación. 

Si la Academia lo creyese conveniente, poilrían publicarse 
estas dos cartas (1) en nuestro Boletín; así como debe signiíicar 
por tan impoitante regalo su reconocimiento al donante, cuyo 
desprendimiento y generosidad son dignos de imitación y de 
aplauso. 

9 de Abril de 1897. 

Antonio Rodríguez Villa. 



DOCUMENTOS A QUE SE REFIERE EL ANTERIOR INFORME. 

I. 

El Rey D. Felipe IV á D. Diego de Escobedo^ gobernador 
de la Mámora. 

(4 Diciembre 1623.) 

El Rey. — Maestro de campo, Diego de Escobedo, mi gouerna- 
dor de la fuerza de la Mámora: entendídose há que desde que se 

(1) Son las que van insertas á continuación. 



'íf)!) HOI.KiÍN UK ¡.A lUCAI. ACAIiKMIA UK I-A HlhTOHIA. 

;id(jiiii'if') <;s;i piara se lian ydo yiili-odiirieinJo en ella muchos 
abusos, poiqiK' ios ^'onernadores yiilerprefan las órdenes y inn- 
trueiones ;i su modo y no conforme al sentido (jue tienen y se leí; 
debe dar; y para poner el remedio que conuiene y que de una 
vez quede asentado lo que se ha de guardar, ha parezido adver- 
tiros de las cosas que abajo yrán declaradas, para (¡ue las que 
fueren resneltas se execulen y en las dt;m;ís informéis al thenor 
de !o que se pregunta, poi-qne hauiéndolo visto se t(jme la reso- 
lución que más convenga. 

Si los soldados que sirben con picas y lo hicieran con roseletes, 
si los hubiera, holgaren de hacei'lo con mosquetes, lo podrán 
hacer^ pero no se les ha de obligai- á ello, pues las ventaxas que 
han de gocar han de ser las mismas que si siruieran con cosele- 
tes; y asi mandaré que se envíen algunos para que cada uno lo 
haga con las armas ques obligado. 

He ordenado que se os envíe copia de la cédula que mando 
despachar para el trato que se ha de tener con Berbería, la qual 
guardaréis puntual y precissamente sin yr contra su thenor en 
manera alguna. 

Convendrá que tratéis con el Veedor, si será bien que el des- 
pacho de la Aduana esté en la marina y si hubiere comodidad 
para ello lo procuraréis encamina!-, auisando acá de ello, advir- 
tiendo que todo lo tocante á materias de hacienda lo hauéis de 
comunicar con el dicho Veedor, para que entrambos lo aniséis en 
carta común, pues con esso se escusará el tiempo que se gasta en 
duplicar las que se escriben y se acudirá á mi servicio con mayor 
acierto. 

Los asentistas de prouisioues dexan de proveer algunas cosas 
menudas, como son aceite para los cuerpos de guardia, lámparas 
del Santísimo Sacramento y hospital, botica y seruicio de los 
enfermos y otras cosas forcosas, por no especificarse en lo capi- 
tulado en sus asientos; y assí os mando concertéis con los dichos 
asentistas todo lo que á esto toca con la mayor comodidad que se 
pudiere para que las provean con quenta y racón y no falte lo 
necesario, y que las raciones que se han acostumbrado dar á los 
cautivos que vienen huidos á essa fuerza, se les den en la forma 
que hasta aquí, y auissaréis de lo que quedare efectuado. 



EL PEÑÓN DE VÉLEZ DE LA GOMERA Y LA MÁMORA. 457 

Todo el ganado que se Iruxere á essa plaza, daréis orden para 
que lo compren los asentistas, en quanto no fuere contrario á sus 
asientos, pata que la gente pueda comer carne fresca más días de 
los que ellos, tienen obligación á dar, pero esto se entiende per- 
mitiendo que vos y los capitanes, oficiales y demás gente puedan 
comprar lo que quisieren para pi-ovisión de cada uno, y no para 
la revender y hacer estancos, y no entren en ello los mercaderes, 
los quales han de vender el que les truxeren de los rescates, á 
como pudieren, sin que se les dé causa para que lo hagan á subi- 
dos precios, y tendréis cuydado de no dar licencia que se saque 
para España ningún género de ganado, porque mi voluntades 
que la gente de guerra la coma á precios moderados, y no se 
puede hazer si se saca fuera de la placa. 

El trigo y cebada que los moros traen á vender á essa plaza, se 
saue que lo entregan con medida golpeada en que viene á haljer 
muchas ci'ezes. regulándolo por la de acá; y porque no es bien 
seguir la costumbre que hauía introducido el maestro de campo 
Lechuga en su tiempo, de tomar para sí este aprovechamiento, 
es mi voluntad y mando que todo el grano (jue entrai-e en essa 
plaza para el sustento de la gente que en ella sirve y se hubiere 
de comprar por quenta de mi Real Hazienda, vaya derecho á los 
magacenes para que quede en ellos el beneficio que se sacare, y 
de lo demás que se vendiere á soldados y particulares han de 
gozar de la misma comodidad, sin que por ningún caso haya 
estanco, ni personas que lo compi-en para revender, pues sólo 
sirven los mercaderes de hacerse dueños de todo lo que su trae y 
de encarecerlo y que la gente lo compre á subidos precios; en lo 
qual pondréis particular cuidado, porque si se averiguare que se 
consiente, y el Veedoi- y Contador no diere quenta dello, mandaré 
hazer la demostración que es justo, pues mi intención es que todo 
el aprovechamiento que pudiere hauer, así en lo que toca á bas- 
timentos, ganado, esclavos, y otra qualquier cosa que entrare en 
essa plaza, quede en beneficio de mi Real hazienda con declara- 
ción que lo que se hubiere de dar á la dicha gente de guerra sólo 
se les cargue al prezio que se comprare por mi quenta, y señala- 
damente los caballos (jue ahí se trujeren, porque vos ni otra nin- 
guna persona de essa plaza no los haueis de podei- comprar para 



458 boletín I)K 1.a ItKAI. AI:aIjKMIA UK i, a Hü-IOHIA. 

volverlos á vcinicr, sino ijijc se [lagiifii ilc mi h.-izieieia y si- 
repaitíiii á la j,'('iil(! que los liiihiere rntüíeslor, far^'.iiidoselos al 
misino piecio que á mí mo (;slutiieren sin añadir un real más. 

No conviene admilir en essa plaza los cineo moros suíianesqui- 
desean venir á vivir en ella con sus mugei^es y familias, p(jr 
muchos inconvenientes que se ofiezen á mi servicio y á la segu- 
ridad de la misma fuerca, mayormente estando [lor fortificar, y 
así lo tendréis entendido. 

En las inslruciones que se dan á los Gobernadores de las jiUizas 
de Berf)ería se manda expiesamenle, como sabéys, que no ha},'an 
ninjíunas salidas, sino que sólo atiendan á la guardia y defensa 
dellas sin divertirse en pressas ni cabalgadas; á lo qual obliga 
más en essa por estar, como queda referido, sin fortificar; y por- 
que se ha entendido que habéis hecho algunas salidas^ os mando 
aniséis muy particularmente las que han sido y á donde y la 
causa que os ha movido á ello, siendo vuestra primera obliga- 
ción ti-atar de la guardia della, y si las habéis comunicado con el 
Veedor y capitanes, siempre que las hauéis intentado, pues son 
las personas con quien lo deuéis hazer para que se acuda mejor 
á mi servicio; y de aquí adelante escusaréis semejantes salidas 
por tierra y mar, pues para limpiarla de enemigos hay armadas 
y galeras por cuya cuenta corre esto; y si el bergantín desa plaza 
ó otro navio ó barco saliere con vuestra orden á qualquier efecto, 
lo comunicaréis con el dicho Veedor. 

Hase entendido que después que os fuisteis á gobernar esa pla- 
za, habéis dado lugar á que poi- ella se compren las pressas que 
hacen los turcos y moros y las lleven á Qale; y siendo como ea 
este negocio de tanta consideración, debierais haberlo escrito acá^ 
declarando las causas que os movían á abrir la puerta á esto, 
pues por hallar los moros salida de sus cosas, frecuentan tanto el 
yr á la dicha Qa.\e, y particularmente por los mercaderes que se 
han introducido, que es comprando allí lo que roban á precios 
muy moderados y vendiéndolo ahí á otros muy subidos, sin 
pagar derechos ni otra cosa; y quaudo hubiera beneficio fuera 
justo que se aplicara á mi Real hazienda, pues con eso estuviera] 
la gente más bien proveyda y mantenida que es el fin que se lle- 
va; y á quien principalmente foca esto es á vos; y assí os maudol 



EL PEÑÓN DE VÉLEZ DE LA GOMERA Y LA MÁMORA. 459 

juntéis al Veedor oficiales y capitanes para que veays Jo que en 
estas cosas se puede hazer, y firmado de todos lo encaminaréis 
acá para que se tome la resolución que convenga. 

Y pues, como sabéis, se ha lomado porassienlo la provisión de 
bastimentos y también la de la fortificación, sólo queda la paga 
de la gente, para lo qual es necesai-io que vos y los demás, os 
desveléis en ver el modo que podrá haber para que de lo que pro- 
cediere del trato, salga lo que importare esta paga ó la mayor 
parte por hallarse mi Real hazieiida en estado que obliga á pro- 
curar encaminarla assí y que todos miren por ella, como espero 
que lo haréis; y assí os encargo y mando que comunicando este 
punto con los dichos Veedor y capitanes, me aviséis particular- 
mente lo que se puede hazer; y para que este despacho tenga 
buen cobro se encamina por mano del Veedor, del qual la recibi- 
réis y abreréis en su presencia, para que habiéndolo oído entram- 
bos podáis auissar del recibo y de lo que en su cumplimiento se 
hiziere. 

A mi seruicio conuiene que se guarden puntual y precisamente 
las ynstrucciones y órdenes que están dadas, y si se ofi-eciere 
algo en que convenga alterarlas, ha de ser en conformidad de lo 
contenido en la cédula que lioy día de la fecha desla se ha despa- 
chado, desando usar libremente sus oficios al Veedor y demás 
oficiales y tratándolos y honrándolos como á criados míos y per- 
sonas que por sus obligaciones, méritos y oficios, merecen que se 
tenga con ellos buena correspondencia y conformidad, sin que 
por ningún caso procedáis á prisión con los dichos oficiales, sino 
que quando delinquieren en algo que lo requiera, hagáis infor- 
mación y la enviéis acá, dando quenta de lo que pasa en confor- 
midad de lo dispuesto por la cédula que el Rey mi señor, que 
Dios tiene, mandó despachar sobrello, la qual recibiréis con ésta, 
para que tengáis entendida mi voluntad. 

Hase entendido que del tiempo que gobernó Ghristobal Lechu- 
ga esa plaza, quedaron quarenta docenas de barajas de naypes de 
un descamino que se hizo; y para que tengan salida daréis orden 
que por ningún caso se puedan vender otros ningunos por menor 
ni por mayor hasta que se hayan despachado todos los dichos 
naypes; y lo mismo se ha de entender en otro qualquier género 



''|t)() ItOMOTIN l)K I, A HKAI. A C A UKM I A ¡)K I, A HISTOHIA. 

de cosa (jik; Imliicn- jor i|ii(;iila <le mi Real haziríiida, piios es lo 
que priiiioro se ha de vender, procurando beneficiarle de manera 
que se saijueel mayor aprovechamiento que se pudiere, y anissa- 
réis el (jue deslo se ha tenido. 

Quando se ofreciere venir d(; Qale ó otra parte algunos cautibos 
huydos el esa plaza, tendréis entendido que los navios ó barcos 
con que se alcaien y vinieren son dellos mismos, con todo lo 
demás que Irujercn, y que no os toca á vos ni á oti-a niní,MUia 
persona cosa dello; y assí os mando que luego hagáys restituir á 
los caulivos (jue entraron el día de San Pedro y á los veinte y 
tres de Junio las haríjuillas y todo lo demás que trahían, y para 
lo de adelante haréis lo mismo anisando acá de hauerlo exe- 
cutado. 

Conviene que aniséis la causa que os mueve á obligar al Vee- 
dor á que ande recogiendo el hierro que está en las calles proce- 
dido de cureñas y otras cosas que se han deshecho, deuiendo 
saber que esta obligación es del theuiente de capitán general del 
Artillería, y (jue á él ó á la persona que nomljrare toca hazer que 
esto se recoja y meta en los magazenes, anisando dello al Veedor 
quando esté junto para que haga cargo dello al mayordomo del 
Artillería; y assí daréys orden para que se execute sin consentir 
que salga ni cutre cosa ninguna en los magazenes sin su sabi- 
duría. 

También diréis para qué efecto se han sacado las tres cajas de 
cam[)aña y poríjué permitís que se gaste la madera sin que lo 
entienda el Veedor, á quien compete tener queuta y razón de todo 
quanto entra en essa plaza, y lo que se distribuye en ella y saliere 
fuera por menor hasta una tabla. 

He sido informado que habéis dado libertad á algunas personas 
que han sido condenadas á seruir en essa fuerca sin haber cum- 
plido su tiempo, y á otros que tasadamente empezaron el de su 
condenación; y assí he mandado al Veedor envíe relación de los 
que han sido y vos haréis lo mismo, avisando la causa porqué lo 
habéis hecho sin tener mano para ello, pues no debéis ignoi-ar 
que esta gracia sólo está reservada á mí, y que sin expresa orden 
y mandato mío no se puede suplir un día á ninguno. 

He sido informado que los mercaderes que se hallan en Cale no 



EL PEÑÓN DE VÉLEZ DE LA GOMERA. Y LA MAMORA. 461 

tratarán de retirarse por lo bien qne les va allí, y que convendría 
poner cuidado en visitar los navios que hubiesen de yr á aquella 
placa, porque no pasen dinero sino los frutos de la tierra, ropas 
y otras cosas, y que esto sea con quenla y razón determinando 
primero lo que han de poder pasar y lo que se h.i de prohibir y 
que haya casa para aduana, dando en su administración la orden 
que más necesaria fuere, y para tomar resolución en lo contenido 
en este capítulo, será bien que hagáis llamar al Veedor, capitanes 
y oficiales dessa plaza con los qiiales lo comunicaréis para que 
cada uno diga su parecer y firmado de todos lo enviaréis acá para 
que se tome la resolución que sea más de mi servicio. 

Si los oficiales ó soldados holgaren de vender las raciones que 
ahorran á quien quisieren y por lo qne pudieren, permitiréis 
^ue lo puedan hazer, sin que los mercaderes ni otras personas se 
lo impidan, pues es justo que cada uno se valga de lo que dexare 
de comer y lleve el provecho, y no los que tratan de estanco, 
porque á esto en ninguna manera se ha de dar lugar. 

Entendido se há que se ha introduzido en esa plaza un abuso 
que llaman espolonada, el qual es muy dañoso, y contra el ser- 
vicio de Dios y mío; y assí os mando que por ningún caso pase 
adelante, porque todo lo que fuere desta calidad se ha de repu- 
tar por presa, conforme á las órdenes que están dadas, y assí lo 
haréis executar luego, porque habiéndose introduzido en Oran, 
al punto que se tuvo noticia dello, se mandó restituir todo, y lo 
mismo se ha de hazer en essa plaza, para lo qual anisaréis la 
causa por qué lo hazéis sin orden mía, y lo que hasta aquí ha 
habido sobre esto y adelante se fuere ofreziendo, para que yo 
mande dar la orden que se hubiere de guardar; y al Veedor se 
escribe que haga lo mismo. 

En todos los seguros que diéredes assí por mar como por tie- 
rra para qualquier efelo que sean, bañéis de ordenar que tome 
la razón dellos el Veedor y Contador, para que lo asienten en sus 
libros, porque los que no llevaren este requisito, no han de ser 
válidos, de lo cual se advierte al dicho Veedor para que lo tenga 
entendido. 

El tiempo que los soldados estuvieren enfermos han de gozar 
tan solamente la ración que como á tales se les da en el hospital 



A(\2 HOI.KliN I)K I,A IIKAI, ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

y la (le sano ha de (juedar en beneficio de mi Real liazienda 
hasta que esl('; para servir, d<; manera que no se le lia dar más 
de la una ú la oli-a y no entrambas, como se lia entendido que se 
haze. 

No es bit-n (|ue se i)Oní,'a límite en las tabernas, panaderías, 
bodegones y tiendas, sino que se permita que puedan tener éste 
y otro r,nal([uier trato las personas que quisieren, para que haya 
abundaneia destas cosas en esa plaza, pero con declaración que 
ha de cesar lodo género de estanco, y por ningún caso habéis de 
■ ser interesados en ello vos ni los Gobernadores que os snbcedie- 
ren, ni habéis de poder tener personas en público ni en secreto 
para que vendan por vuestra quenta ninguna cosa, pues con esta 
consideración se os señaló el sueldo tan crecido; y assí daréis 
orden para que esto se encargue á vivanderos y vecinos que ten- 
gan esto por oficio, y no á soldados ni personas que gozan sueldo 
mío; pero bien se puede permitir que las mugei-es de los dichos 
soldados vendan por menor lo que quisieren para que puedan 
alimentar sus hijos, pues no se comprehenden con este género 
de gente las órdenes que estíín dadas. — De Madrid á 4 de Diziem- 
bre de 1623. — Yo el Rey. — Por mandado del Rey nuestro Señor, 
Bartolomé de Anaya Yillauueva. 

n. 

El mismo al mismo. 

(4 Diciembre 1623.) 

El Rey. — Maestro de campo Diego de Escovedo, mi alcayde de 
la fuerza de la Mámora. Habiéndose considerado los inconve- 
nientes que se siguen de no haberse observado por lo pasado las 
órdenes que están dadas para el gobierno y administración de 
justicia y hazienda en essa plaza, ha parecido advertiros las cosas 
que abajo irán declaradas, para que de aquí adelante se ponga 
en ellas el remedio que conviene. 

Todo lo que truxeren los moros á vender á essa plaza será bien 
que se lleve á la parte donde está señalado para coco y hasta que 
los vecinos se hayan proveído de lo que hubieren menester, ó 



EL PEÍÍÓN DE VÉLEZ DE LA GOMERA Y LA MÁMORA. 463 

pasaren tres hor^s por lo menos después que entraren en él, no 
han de poder comprar nada de lo que hubieren de volver á 
vender. 

Pondréis particular cuidado en que los capellanes digan cada 
día misa en el hospital y que esto se cumpla precisamente, y 
también daréis orden á los capitanes para que por su turno acu- 
dan á dar la comida á los enfermos y que vean si se les da cabal 
lo que el médico receta, y en particular avisaréis quién sirve de 
mayordomo y si acude á las cosas de su obligación como debe, 
porque si se faita á ello, se nombre otro; y también diréis qué 
personas serán á propósito para esto, porque conviene mirar 
mucho en que los mayordomos sean desinteresados y celosos del 
servicio de Dios y mío. 

Para recoxer la madera, texa, ladrillo, clavazón y demás mate- 
riales y pertrechos de fábrica que van de España, convendrá que 
se haga en esa plaza un corral qué sirva de esto y se meta en él 
todo con mucha quenla y i-azón y que con la misma se saque 
para que no se desperdicie ni consuma sin provecho. 

Avisaréis qué conveniencias se siguen de que haya gastadores 
en esa plaza, porque se ha tenido noticia de que estando tomada 
la fortificación por asiento no son necesarios y se podrían escusar. 

Al Secretario Bartolomé de Anaya he mandado que se encar- 
gue de hacer que se envíen á esa plaza bulas para la gente que 
en ella sirve, y que para esto se tome lo que fuere menester del 
dinero que cada año se envía á ella, de que ha parecido adverti- 
ros para que lo tengáis entendido. 

Informado he sido que no se permite enterrar dentro de la 
iglesia de esa fuerza ningún soldado ni oficial sin que primero 
paguen la sepollura; y pues como sabéis yo soy patrón della, 
daréis orden para que todo lo que procediere de lo que pagan los 
soldados, oficiales y otras personas para enterrarse dentro de la 
iglesia, se aplique á la fábrica della en la forma que las bulas, y 
de la misma manera las mandas que han hecho ó hicieren los 
difuntos, y como se vaya cobrando del dinero de muertos y des- 
pedidos en el lugar que á cada uno tocare por su antigüedad, se 
entregará al mayordomo de la fábrica para que se vaya gastando 
y distribuyendo en ella con más quenta y razón de lo que hasta 



4b4 UOI.KTIN DIO I,A IIKAI, ACAIiKMlA liK I.A HISIOIUA. 

aquí se ha liucliü, y avisai-óis si sci ía hicii que ol pajiador fuese 
mayordomo de la fábrica y i\\ut eiilrase en sii \)0(Utv el dicho 
dinero para (|U(í se ijisli'ibuyese en ella con (»i(jcii del Capellán 
mayi'i- y ac.ueido vuestro y del Ve<;dor y (^onlador. 

Assí misino estoy informado «jiie los minisli-os de justicia y 
scriuanos sin embargo d(; llevar sueldos míos [¡roleudcn que les 
locan las décimas de las execucioníis como los (pie no ti(Mien 
salario y que tamhií'ii llevan exorbitantes derechos sin fiuarilar 
el araiizel de mis reynos, para cuyo remedio he mandado se os 
envíe el que se ha de observar en lo uno y en lo otro; y assí 
daréis orden para que se asiente en los libros del mi Veedor y 
Contador y que se guarde y cumpla sin exceder de sn tenor, so las 
penas que en él irán declaradas, lasqualeses mi voluntad que se 
executen en los que contravinieren á ello, y vos pondréis parti- 
cular cuidado en que así se haga. 

En el ínter que se hazen atarazanas en essa plaza, convendría 
hazer unos cobertizos donde los bergantines y barcos luengos 
estuviesen cubiertos y guardados del agua y del sol, para que 
quando hubiesen de navegar se hallasen bien acondicionados y 
no abiertos; y asi daréis orden para que quando la infantería 
salga á campaña á hacer leña, vayan los marineros y traigan 
unos que llaman orcones, varas y cañas, con que poder hazer el 
dicho cobertizo y cubrirlo con caña y texa, pues la hay ahí á 
buen precio, y avisaréis de la manera que esto se exccuta, sin 
consentir que los dichos barcos sirvan de pasaxe ni pesquería, 
pues con la carga y peso de las cabalgaduras se abren y reci- 
ben daño. 

La persona que sirve de Alcayde de la mar importaría que 
fuese marinero para que sirviese de piloto en la barra, y no 
sucediese lo (¡ue en Alarache, pues por no serlo ni acudir los bar- 
cos luengos á remolcar los navios se han perdido algunos; y assí 
daréis orden para que si no fuese á propósito el que ahora tiene 
esta plaza, goze sn venlaxa entre la infantería, y que se busque 
persona de las partes necesarias para que sirva de Alcayde. 

Para que esa plaza se fuese poblando se me ha propuesto que 
convendría mandar al Asistente de Sevilla y Corregidores del 
Andalucía fuesen enviando á ella alguna gente casada de los que 



EL PEÑÓN DE VÉLEZ DE LA GOMERA Y LA MÁMORA. 465 

condenan por delitos y mnjeres libres, pues luego tratarían de 
casarse, y que los hombres á quien sentenciasen fuese para ser- 
vir con plazas de soldados sin prohibiilesde poder pasar adelante 
si lo mereciesen, y que pues no podrían sustentar sus mugeres 
con la sola ración ordinaria, se les podría dar demás della una 
fanega de tiigo cada mes á quenta de su sueldo por el coste y 
costas que está á mi Real hazienda, y que para más animarlos 
se les podría dar parte de las presas á los vecinos, como se haze 
en Oran , pues sienten quedar velando las murallas y que no se 
haga mención dellos en el repartimiento; de todo lu qual ha 
parecido advertiros para que digáis lo que os pareze acerca dello, 
yendo con presupuesto que mi intención es que se pueble esa 
plaza con brevedad. 

También avisaréis qué personas gozan ahí de sueldos sin orden 
mía ocupados en sobrestanlías de materiales de fábricas, basti- 
mentos y otras cosas, porque conviene tenerlo entendido; y en 
quanio á las plazas que ocupan algunos soldados en sobrellaves 
de los magacenes daréis orden que se guarden las que en razón 
desto están dadas sin contravenir á ellas, y si se hubieren alte- 
rado en algo me daréis aviso dello y de la causa que hubiere 
obligado á hazer novedad sin orden mía. 

Presupuesto que mi Real voluntad es de que esa plaza se pue- 
ble como está dicho con la mayor brevedad que se pueda, holga- 
ría saber si será conveniente señalar sitios á los que quisieren 
fabricar viviendas en ella, como sea en parte que no impidan á 
la foilificación; y así diréis lo que se os ofreciere acerca desto y 
de las cosas que abaxo irán declaradas, para que habiéndolo 
entendido mande tomar la resolución que convenga en todo. 

Si sería á propósito que siempre que hubiese en esa plaza falta 
de madera, tabla, clavazón, texa, ladrillo y otras cosas deste 
género enviaréis relación dello para que se ordenare á los asen- 
tistas que lo proveyesen por lo que les costase, sin que en ello 
tuviesen ganancia y para que constase dello que hiciesen las 
compras con intervención de las justicias de la parte donde com- 
prasen las tales cosas. 

Si convendría dar por asiento las medicinas para la cura de los 
enfermos y que para ello se hiciese pregonar en Cádiz, Sevilla, 

TOMO XXX. 30 



■w> 



IKíI.irriN DK I. A HKAI, ACAril.MIA I;K LA HISIOP.IA. 



el Puerto y Xcrcz , orrí-cicinlo (!(.' d.ulcs las iiiedicinas y drogas 
que hay en osa jilaza por (|Uí'nta de mi Heal hazieiida ()0r lo 
mismo (jue liuhicsen costado, descontándoles un lauto cada año, 
dándoles el sueldo que hoy gozan los Boticarios y las casas que 
lieuei: de alox.iiniíMilo y holica ron lodo lo demás que sohreslo 
se os ofreciertí. 

Si será bien hacci- asiento de camas para los soldados con los 
asenlislas y que en el ínüM- ijue se efecltía se les mandase hi'-ic- 
scn llevar á esa plaza esteras de esparto para dar una á cada sol- 
dado, que coslarán á tres reales y quarlillo poco más ó menos y 
que no llevasen m;ís interés de lo que les costasen para cuya 
verificación se hiciesen las compras con inleivencióu de las jus- 
ticias de las parles adonde se comprasen. 

Aunque los asentistas de provisiones hayan de dar los mate- 
riales para reparos forcosos de essa plaza, será necesario algún 
dinero para las manifacturas, y assí avisaiéys qué tanto impor- 
tará esto, poco más ó menos; y si será l)ien aplicar para el dicho 
efecto lo que procediese de quiíuos de presas y cavalgadas y 
derechos que pagan los esclavos que salen libres para Berbería. 

Por diferentes órdenes está mandado que los oficiales y maes- 
tros, mayordomo del hospital, boticario, escribano y otras perso- 
nas que sirven en esa plaza gocen el mismo sueldo que los de 
Alarache; y porque se ha entendido que no se executa, os mando 
deis orden para que el Veedor y Contador Diego Ruíz de Salazar 
pida i-azóu á los oficiales del sueldo de Alarache de los sueldos 
que gozan allí qualquier género de personas fuera de la infante- 
ría y caballería, para que gocen lo mismo en essa plaza las que 
tuvieren semexantes ocupaciones, sin que por ningún caso se 
contravenga á ello. 

Ya sabéis que está prohibido que ninguna persona natural de 
estos reinos ni extranjeros vaya á Cale, Qafi , Fadala, cabo de 
Aguer, Tetuáu ni otros puertos ni playas de Berbería á tratar y 
contratar, y que los que fuei-en sea á las fronteras, donde hubiere 
presidios míos, trayendo testimonios de lo que llevan y traen, 
para que se sepa los géneros y partes donde los cargan, de lo 
qual resulta mucho aprovechamiento á esa plaza, pues si el ene- 
raigo no hallase quien le fuese á comprar ásu casa las presas que 



EL PEÑÓN DE VÉLEZ DE LA GOMERA Y LA MÁMORA. 467 

hace, sería fuerza traherlas con los demás frutos de la tierra y 
venderlas muy baratas, y así daréis orden para que si los moros 
pidieren seguros para venir á vender á esa plaza lo que quisieren 
por mar ó por tierra se les den, fues con eso se poblará más 
presto y se aumentarán los derechos del aduana, fuera de la 
comodidad que dallo se siguirá á los soldados. De Madrid á 4 de 
Diziembre de 1623. — Yo el Rey. — Por mandado del Rey nuestro 
señor. — Bartolomé de Anava Yillanueva. 



III. 

CRÁNEOS ANTIGUOS DE CIEMPOZUELOS. 

Tiempo há sentíamos el deseo de poner este laboratorio de 
antropología del Museo de Ciencias naturales, el primero fun- 
dado en España y único oficial, al servicio de la Real Academia 
de la Historia, al modo como suelen sus iguales allí donde coexis- 
ten ambos centros de investigación científica; y no ciertamente 
por imitar prácticas ajenas sino por exigirlo así el orden del pro- 
greso científico y la misma naturaleza que en la Historia natural 
emplaza los solares y funda los cimientos de la Historia de la 
civilización infundiendo el maravilloso espíritu del hombre creado 
á imagen y semejanza de Dios en el organismo de un mamífero, 
aunque el más perfecto, formado á imagen y semejanza animal; 
por donde allá van juntos componiendo la historia de la natura- 
leza y de la civilización el animal y el racional con ti-abazón tan 
íntima y estrecha que no siempre logra cortar el filo del auálisis 
más agudo ni aun separar la energía intelectual de la más pode- 
rosa abstracción. 

Con a(iuellos deseos y por esbas razones nos permitimos comu- 
nicar de oficio, en feclia ya lejana, á esta sapientísima Corpora- 
ción, nuestro descubrimiento de la raza prehistórica de Cro- 
Magnon en España, esperando el honor de contribuir á los eleva- 
dos fines de su institución desde nuestro modesto laboratorio' y 



468 iu)i.i:tín dk i.\ hkai. acaiiKmia uk i. a iiistoiua. 

(;1 provecho do .iiimoiilar cu al^^iiii caso para servicio do la cien- 
cia y la eiisefiaiiza las colecciones del Estado reunidas en este 
Museo, liouoi- ahora alcanzado al recihir verbalmente, primei-o 
del Sr. I). Aiilonio Vives y d(!spués del Sr. D. Juan Catalina, el 
encargo de reslaurai- y clasificar los restos liumanos hallados en 
exc'ivaciones practicadas en Ciouipozuelos con linos ar(|neo- 
lógicos. 

Sin tales anhelos vivamonlo sentidos, cúmpleme declararlo con 
ingennidad, hubiera rehusado encargarme de los restosde Giem- 
pozuelos, porquíi al verlos me asaltó lo difícil cuando no lo impo- 
sible de la reconstrucción indispensable para su estudio. En i-ea- 
liiiail, ta! cual llegaron al laboratorio no eran ya cráneos, aurnjue 
se adivinaba como lo fueron, ni fragmentos óseos, aunque se per- 
cibían residuos de sus tejidos, sino compleja confusión de restos 
humanos rotos, (]uol)rantados y tan deleznables, que se redun'an 
á cenizas ó volaban en pavesas al más suave contacto ó al más 
débil movimiento, conservándose apenas por su incrustación á 
modo de brecha en la ganga de abundantes masas téi-reas, silí- 
ceas, arcillosas ó calizas, que allerai-on no ya sólo gran parte de 
sus formas sino también de su propia eslructui-a y constitución. 

No me atreví, sin embargo, á rechazar las descadas primicias^ 
enviadas por esta ilustre Academia á nuestro modesto laborato- 
rio, y sólo supliqué, así del Sr. Vives como del Sr. Catalina, 
tiempo para mí, que su mucha bondad me concedió y paciencia 
para ellos, que ambas cosas eran menester para intentar la restau- 
ración exacta y á conciencia científica necesaria á laclasiticación,^ 
por otra parte muy breve, de tan deteriorados y maltrechos como 
valiosos restos. Se logró ál fin, no perdonando medio de los cono- 
cidos, inventando alguno nuevo antes ensayado en otros huesos 
que aplicado en estos y poniendo ;l prueba la minuciosa y cele- 
brada habilidad del preparador del Museo D. Roque Hernando. 
Con todo, fué menester la ayuda de la ahora felizmente pasada 
sequedad de la atmósfera tan propicia para destruirla naturaleza 
viviente como para conservar la muerta. 

De todo esto doy cuenta, no para acrecentar méi-iíos, m;ís que 
míos del Sr. Hernando, sino para justificar el tiempo pasado sin 
respuesta, excesivo para quien ignorase estos detalles y no 



CRÁNEOS ANTIGUOS DE CIEMPOZUELOS. 469 

supiese además cuan únicos y perentorios trabajos han sido los 
del personal del Museo durante su traslación en estos días con- 
sumada desdo su provisional y pobre casa de la calle de Alcalá, 
donde vivió más de un siglo, no con grandes liolguras, al sun- 
tuoso palacio de Recoleíos, donde ahora todavía yace hasta el 
presente con menos. 

Y pidiendo perdón por este preámbulo indispensable para con- 
vertir en diligencia la aparente tardanza, entro por las puertas 
de mi tarea observando los restos ya restaurados; y separados los 
pocos de imposible estudio, naturalmente se apartan por su 
aspecto, estructura y color en dos grupos distintos: al uno van 
los huesos rojizos ó parduzcos, todavía con tejido orgánico, aun- 
que escaso, perceptible, ligando la materia mineral, y al otro los 
blanquecinos, algo amarillentos, de aspecto calizo y sin aparente 
trama animal. Pueden ser por tal diferencia de yacimientos dis- 
tintos, sean ó no próximos, y aunque nada definitivo puede ase- 
gurarse sin conocer estos con criterio geológico, no se peca con 
reputar por más antiguos á los del segundo que á los del primer 
grupo. 

Añádase desde luego, y no por lo dicho sino por lo que dire- 
mos, que son también de diferente, y aun si valiera la frase, de 
opuesta raza; y aun es de notar como complemento el caso de ser 
los del primer grupo los enviados directamente por el celo de la 
Academia y los del segundo los aportados por la munificencia del 
Sr. Marqués de Gerralbo. Por todas estas naturales diferencias, 
así en dos grupos aparte, procede estudiarlos y describirlos. 

Constituyen el grupo de la Academia tres porciones craniales 
más bien que cráneos, dos mandibulares y buen golpe de astillas, 
esquirlas y quebraduras de imposible transcendencia y poco inte- 
resante estudio. 

De las primeras resalta por más completa una que bien merece 
llamarse cráneo, aun con la ausencia total de la base y buena 
parte de la región derecha inferior, así facial como de la calvarla, 
porque conserva toda la mitad izquierda desde el maxilar al 
occipital, con la órbita entera; la zona media antero-posterior con 
la mejor parte de la abertura nasal, casi completa la frente, y el 
todo con elementos y partes bastantes para apreciar ó suponer 



470 ItOI.KTi.N l)K LA HKAL ACAUKMIA DE LA HISTORIA. 

sin error soiisiblo la coiivexiilail de la hóvcda del cráneo y la 
re^'ióii siipeiior de la cara, es decir, aquel remate y corona del 
edificio liiirnano donde la nalniaic/.a alojó el cerebro en cuyas 
celdas vive preso el espíritu, y á modo de ventanas y balcones 
por donde se asoma á contemplar el mundo exterior, distribuyó 
los sentidos en arquitectura tan compleja y diversa que aquí, 
mejor que en parte alguna, se agolpan las más esenciales y carac- 
terísticas diferencias apreciables entre las razas humanas. 

Una depresión postuma quebranló en mal hora el casquete más 
eminente de la bóveda, y i'ompieiido la curva [icrfecta y elegante 
de este resto de liermosura femenina, y joven según acusan las 
suturas maniñeslas, marca una corona de fragmentación cuyo 
contorno recorre la parte superior del frontal y parietal, limitan- 
do una zona máxima inferior íntegra todavía y un casquete su- 
perior aplastado; mas no tanto que no consienta la fácil adivina- 
ción de su arco natural, que desde la glabella se desarrolla pri- 
mero en sentido vertical en una frente baja y ancha, de 97 mm. 
de frontal mínimo, y sigue después por la sagital la inflexión de 
una curva esferoidea algo rebajada, cuyo vértice cranial se ade- 
lanta un poco á la región obélica, y al descender posteriormente 
busca otra vez la vertical, que se desvanece hacia el occipital, re- 
ducido á la curva superior lamdoidea. 

La cornisa formada por la glabella y los arcos superciliares se 
marca poco, aunque separada por un sui'co amplio y muy super- 
ficial de las eminencias frontales, bajas, redondeadas y de tipo 
femenino cai-acterístico, pero no muy salientes; al revés de las 
parietales en extremo redondas, globulosas y elevadas. 

El diámetro máximo antero-poslerior á partir de la glabella es 
de 180 mm. y el Iransverso-máximo más probable de 150 (cierto 
diría yo según los ensayos repetidos para rehacer la curva de la 
bóveda), y por tanto el índice cefálico horizontal de 83,33. 

Eáta calavera braquicéfala cubre un rostió dilatado, cuya an- 
chura no es menor de 130 mm., con pómulos fuertes y rudos, 
órbitas altas y redondeadas, hipsiconca con un índice de 86,88 y 
una o-bertura nasal quebrada en su base mesórrina con un índice 
de 47,90?, con signo de duda, porque es sólo probable. 

La porción cranial núm. 2 es una calavera completa de varón 



CRÁNEOS ANTIGUOS DE CIEMPOZUELOS. 471 

fuerte, según la aspereza de sus relieves óseos, y de edad, siuo . 
provecta, madura, como denuncian las suturas; del lodo soldada 
la sagital, casi del todo la coronal y todavía abierta la lamdoidea. 
Como la anterior, perdió toda la base y buena parte de la porción 
líUeral derecha inferior; pero conserva casi entero un enorme 
frontal, el pai'ietal izquierdo aunque con una amplia erosión 
postuma, el temporal del mismo lado y toda la escama del occi- 
pital superior al inio, constituyendo con los restos más culminan- 
tes de la derecha mitad un conjunto donde se mide bien un diá- 
meli'O anterp-posterior máximo de 180 mm. y se calcula un trans- 
verso de 150, ó por lo menos no inferior á este número, resul- 
tando un índice exactamente igual, por raro caso, al del cráneo 
anterior. Aunque masculino es más globoso, sin embargo, este 
cráneo, la curva antei'O-posterior se levanta más en ei vértice, 
buscando la vertical hacia la frente, y cayendo aplastada por el 
occipucio. Los parietales son conchas muy convexas con las abo- 
lladuras elevadas y casi esféricas, y el todo aparece tan redondo 
y aun hinchado, que antes de medirle y examinar sus suturas 
podría sospecharse hasta un caso de deformación hidrocefálica. 

Señalo con el núm. 3 una pieza rota de calvaria donde queda 
un parietal derecho y parle del izquierdo, un pequeño vestigio 
del fi'ontal y otro mayor del occipital; y con el núm. 4 una base 
cranial, sin bóveda, de la cual penden en masa confusa las vér- 
tebras deterioradas de la cerviz y por delante una no menos dete- 
riorada mandíbula infei-ior dislocada, partida y abierta, donde se 
implantan tres molares grandes, dos de un lado, un tanto mayor 
el primero que el segundo, y los tres desgastados por igual en el 
remate de la corona, convertidas en planicie las primitivas altu- 
ras y tubérculos por el trabajo de un régimen alimenticio vegetal 
y de materia dura y cruda. 

Agregúense á estos materiales otros fragmentos sueltos de 
mandíbula con algunos molares, y muchos m;ís de huesos cefá- 
licos y también de las extremidades; fracciones muy deterioradas 
de esqueletos diferentes sin posibilidad de constituir un todo, y 
se tendrá el primer grupo. 

Que lodos estos ejemplares, porciones y fragmentos, pertene- 
cen á una misma é idéntica raza, lo patentiza la semejanza de sus 



•'|72 IKJLKTIN UK LA llICAI. ACÁ DK.M I A HE I, A HISKJIUA. 

formas, la lioiiiügoiieidad de .sus pro¡joiciüiies y liasla la igualdad 
do sus ranciónos; analogías aprociables A simple vista y |jlena- 
monlo coiiíliiiiadas por la orauioinotría «mi las pocas pero caiacle- 
n'slic.is rola(;iüuos métricas quo i)iiodon lomarse en l;in IVaginon- 
lados cnínoos. iJe los dos más (;oni[)l(,'los, el uiim. 1, de calvaiia 
más lina, menos abovedaiia y de más suaves cuivas y relieves, 
représenla el lipo femenino de la raza, y los contornos pronun- 
ciados, y los relieves bruscos del nüm. 2 le denuncian bien como 
ejemplar de rudeza varonil. La concavidad laleial de la bóveda, 
señalada con v\ luím. .'5 sin ser del núm. 2, parece desprendida 
de él, según aleda sus mismas formas y dimensiones, y oiro 
tanto se puede pi-edicar de la porción basilar numerada con el i. 
Todas las cuatro piezas fueron parte de otras lanías cabezas re- 
dondeadas de tipo francamente braquicófalo, como pregona el 
índice de las dos primeras, hasta por azar igual en ambas á 83,33. 

Ahora bien, el tipo braquicófalo vive abundante en los pueblos 
de Europa durante toda la historia de la civilización, y caísIíó 
también, aunque más escaso al parecer, durante toda la historia 
natural en sus dos períodos prehistóricos, cuaternario y postcua- 
ternario, diluvial y aluvial, paleolítico y neolítico, y en ambos 
ha sido encontrado y descrito en ocasiones repetidas. 

¿Esios restos de nuestrii presente observación son históricos ó 
prehistóricos? Sólo la naturaleza y las condiciones geológicas de 
su yacimiento pueden lesolver esta duda con datos exentos de 
toda objeción. La antropología posee en ios vagos y extensos 
horizontes cronológicos do la geología los mismos derechos que 
las otras ramas de la biología, así vegetal como animal, y me- 
diante sus sentencias la antropología paleontológica, más cono- 
cida con el nombre de prehistoria, descansa hoy sobre bases y 
leyes seguras cuando son de posible verificación. Quien ha podi- 
do asistir como nosotros á las excursiones prehistóricas oiganiza- 
•das en el Museo de Historia natural y en la Sociedad de Antro- 
pología de París, dirigidas por maestros tan prácticos como Qua- 
trefages, Verneau y Mortillel, ó á las emprendidas desde el Museo 
de Ciencias naturales de Madrid, por mi venerado maestro don 
Juan Vilanova, no cae en el error tantas veces repetido de fijar la 
¿mligüedad de los huesos por su aspecto ni por el estado de su 



CRÁNEOS ANTIGUOS DE CIEMPOZUELOS. 473 

materia ósea, que pueden ser indicios más ó monos apreciables, 
pero nunca testimonio de prueba segura y verídica. 

Por ellos, en el caso presente puede creerse que se trata de 
huesos antiguos, y sospecharlos sí prehistóricos por muy líltimos 
y sí históricos por muy primeros, pero no más que creerse y sos- 
pecharse. Toda afirmación categórica sería aquí aventurada y 
poco científica por ende. 

Los hallazgos de cráneos braquicéfalos cuaternarios ó subbra- 
quicéfalos, aunque en pocos ejemplai-es, se señalan ya en casi 
todas las regiones de Europa, y pueden estimarse corno más nota- 
bles los de Truchere, Grenelle y Solutré, en Francia; Fuui-fooz 
en Bélgica, y Nagy-Sap, en Hungría; mas en la Península no 
están reconocidos todavía si no se aceptan por tales el yacimiento 
del valle de Arroeiro ó los de los paraderos de Mugem, dudoso 
aquel y neolíticos estos, ó á lo sumo de transición entre una y 
otra época geológica, según los dalos de los eminentes geólogos 
y anli'opólogos lusitanos Gailos Ribeiro, Pereira da Gusta, Noti- 
cia sobre os esqueletos humanos descobertos no CabeQO d' Arruda, 
y Francisco de Paula Oliveira, As ra^as dos kiokenmoedings de 
Mugem. 

Nuesti'O maestro el gran QuatreFages y su sucesor en la cátedra 
de Antropología del Museum, M. Hamy, de esta Real Academia 
agrupan en cuatro razas todas estas formas: la subbraquicéfala de 
Fuurfooz, la de Truchere y las dos de Grenelle; mas como uno de 
estos dos últimos tipos étnicos puede referirse al de Fuurfooz y el 
otro al de Nagy-Sap, en mi sentir pueden y deben reducirse á 
tres: la raza pura de Nagy-Sap, la probablemente cruzada ó mes- 
tiza de Fuurfooz y la de Truchero. 

Mayores fundamentos se pueden alegar para constituir una 
nueva raza con los cráneos perbraquicéfalos de Gabecoda Arruda 
descritos por Pereira d'Acosla, si es que no cabe referirlos al tipo 
de Nagy-Sap. 

Ni que pensar siquiera en la Truchere representada por un 
cráneo único, acuminado ó inarmónico para clasificar las razas 
de Giempozuelos; ni menos en la de Fuurfooz, mesocéfala ó sub- 
braquicéfala; ni en la de Ari-uda, de rudo y prominente desarrollo 
en los arcos superciliares, con la depresión supermastoidea carac- 



■1/ t MOI.KTÍN I)K I. A IIKA., ACADKMIA I)K I. A HIS'IOHIA. 

Iciística (lo los ci'áncíos de Orriiy, ponjue estos de Ciernpozíielos 
giiai'daii la tnás notoria arnioiiía eiiti-e ia^' proporciones de la 
cabeza, miden una liraíjiiincfalia i-esnelta y el relieve de sus arcos 
se marca apenas con elefante finnia ilc líneas. Mayores analogías 
se perciben con el crííneo de \agy-Sa[j encontrado en el Ixm 
cuaternario de Hungría, y de formas tan parecidas á otras moder- 
ii;is, (ju(! su antigüedad uiantcniíja i)or Luscben iMi l>te Funde 
von Nit(fi/-Sap , lia sido coiiti-ovcrlida jior Woldrich en su Be- 
merkumjfn nber den Schadel ron Nagij- Sap ; pero aunque es in- 
negable la semejanza oi-bitaria, difieren en la fioul(; oblicua y 
retirada de éste, en contraste percei)liblc ;i siniple vista con la 
vertical y redondeada de aquellos. 

Todavía más se parecen al cráneo niím. 2 de Mugem, semejante 
por el escaso desarrollo y finura de sus arcos su()erciliares; pero 
no en la frente, t.imbiéu retii-ada en el ejemplar portugués, ni en 
la depresión de su glabella, ni en el aplastamiento de sus eminen- 
cias frontales, ni menos en el corto desarrollo de la región occipito- 
froulal. 

No se ti'ala, pues, de ninguna forma cuaternaria conocida. 
Imposible de lodo punto su clasificación enti-e estas; es decir, no 
se trata, en este caso, de cráneos fósiles, ni de razas cuaternarias 
ya clasiücadas. En cambio, todas sus facciones acusan á primera 
vista sin vacilación de ningún género la raza braquicéfala pre- 
dominante hoy mismo en el centro de Europa, en todo el período 
de tiempo cuya historia se puede contar, y en el prehistórico 
llamado neolítico. 

La forma braquicéfala, fundamental en todas las razas de tronco 
amarillo que pueblan las vastas extensiones del continente asiá- 
tico extendido al otro lado del Pamir y del Oxus, pura desde el 
N. del Himalaya hasta el Océano ártico, y poco mezclada hacia 
el S. y Oi'iente en todos los pueblo^ que hablan lenguas monosi- 
lábicas ó de aglutinación, aparece hacia Levante con lenguas de 
esta última estructura, ganando el continente americano y las 
islas del m;ir Pacífico, donde se enseñorea en aí^uel y en estas de 
otras razas de tipo distinto con las cuales se compenetra. Por el 
occidente invade la Europa de mar á mar desde el .\tlántico hasta 
el Mediterráneo y navega hasta Irlanda, donde domina, y la Gran 



CRÁNEOS ANTIGUOS DE CIEMPOZÜELOS. 475 

Bretaña, cuya población próximameiile promedia, dividiéndose 
en nuestro sentir en Europa en sólo tres razas distintas de tronco 
blanco: la Japona, en el helado país de su nombre; la estonia, 
cuyo modelo puede ser el tipo de cabeza corta de los dos descri- 
tos como finlandeses por el insigne antropólogo sueco Gustavo 
Retzius, y la llamada celto-eslava, sedentaria en todo el centro 
de Europa donde constituye la población dominante en Francia, 
Suiza, Lombardía, Alemania superior, incluyendo Sajonia, y 
pueblos eslavos desde el Adriático y Danubio hasta el Volga, en 
cuyas márgenes se pierde confundiéndose con oti'as razas de la 
misma forma de cabeza, corla también, pero de tronco mogólico, 
del cual son asimismo ramas bien conocidas en Europa la Magyar, 
Turca y Samoyeda. 

Nosotros no alcanzamos á ver más de aquellas tres razas cita- 
das de tipo braquicéfalo genuinamente europeas, de las cuales las 
dos primeras parecen como tramos de gradación por donde se 
sube del tronco mogólico al caucásico, no sólo en cuanto á las 
formas físicas, sino también cuanto á las intelectuales, porque 
están demostradas las afinidades físicas y lingüísticas entre el 
lapón y el amarillo, y es el estonio de raza intermedia entre la 
lapona y la celto-eslava. 

Es muy curiosa el área de dispersión de los dos tipos dólico y 
braquicélalo en el continente asiático-europeo y sus relaciones 
con la distribución de las tierras y los mares. El braquicéfalo es 
en primer término continental, ocupa el centro, el Norte y el 
Oriente europeo, y allí donde un mar penetra la tierra por Occi- 
dente, allí avanza también por sus orillas el tipo dolicocéfalo. 
Sólo alrededor del Báltico y en el Oriente británico vive la raza 
rubia teuto-escandinava (con población dominante), que bien 
puede apellidarse báltica, y sólo circundando el Medil'jrráneo eu 
las penínsulas europeas y asiática de éste y aquel lado y en 
la costa y macizos africanos del N., liabita en gi-andes masas 
dominadoras el tipo dolicocéfalo, formando, según ahora se cree, 
por mucbüs una sola raza mediterránea; dos, aunque afines, 
según creemos nosotros y bemos becho constar en otra parle. 

Los principios generales de la Geografía botánica y zoológica, 
que tantas maravillas descubrió en clUos últimos tiempos acerca 



\H\ IJOMiTIN liK I, A HKAI, ACAIjKMIA DK LA HISTOIIlA. 

de l.'i (lislrihijcióii iJo las ospccios ve;,'oial(-s y animales, oscmiii- 
ñada por la asjdiia ühservación de iialmalislas tan insií^nfis corno 
Agasi/,, Dccandolltí y Waliace, y Ziinini-iinann y Halzel, en lo 
locante á la Anli()jjoj,'eoj,Mafía, aplicados al caso présenle, sólo 
nos permilen una liipólesis C(ínio posible, prescindieuíJo d(; las 
razas cualernaiias, jjara explicar la distiibución actual de las 
razas históricas en Europa, y, según ella, el niacizo cential de 
nuestro conlinenle debía estar habitado y poseído por las razas 
de tipo braquicéfalo, cuya dei-ivación y enlace con las asi;Uicas 
es palpable, cuando ¡)0f el NO. la raza rubia dolicocéfala, siguien- 
do el Hállico, y por el SO la moren;i, dolicocéfala también, la ven- 
cieron y esli-echaron desde las cosías al interior; por eso le vemos 
puro y dominante en Auvernia, Saboya, Helvecia, Suabia, etc., 
en una palabra, en las montañas de la Europa Geniral y en las 
cuencas del Danubio y del Loira, segiín las invesligaciones de 
Ecker, His, Rulimayer, Ranke, Virchow, Weisbach, Broca y 
Hamy y laníos otros, y decrece ó desaparece diluido ó exlei-mi- 
nado al N. por la raza rubia en Escania, Alemania inferior y 
Holanda, ó confundido con ella por encima del Sena, á lo largo 
de la (corriente inferior del Hliiii y de ios grandes ríos que vier- 
ten en el mai- del Norte ó en el Báltico, y al S. allí donde alcanza 
el Mediterráneo cortando las peuíusulas europeas ó asiáticas del 
continente, ó donde penetró por el Mar Rojo, según los geólogos, 
antes que el Nilo, arrastrando los detritus de los montes africa- 
nos de la Luna, tendiese con su extenso delta la calzada de Suez, 
enlazando el uno y el otro continente y cortando la comunicación 
entre mares que el poder humano ha restablecido en su lucha 
con la nainraleza. 

Esia distiibución actual de los dos tipos cefálicos es también la 
histórica como se demuestra en nuestro trabajo acerca de las 
Razas y naciones de Europa, mediante una severa investigación 
de los historiadores clásicos greco-romanos; pero menester es 
tener siempre á la vista que las oleadas de las invasiones guerre- 
ras ó las tiltraciones de las relaciones pacíficas entre las naciones 
y los pueblos, aum^ue no han alterado apai-entemenle las propor- 
ciones étnicas en la historia conocida, nos permiten apreciar, 
doquier se investigue, en cualquier territorio de Europa, todas ó 



CHÁÑEOS AiNTIGUOS DE GIEMPOZUELOS. 477 

la mayor parte de las razas europeas. Así no es raro ver en Es- 
paña la rubia raza teuto-escandinava eu ejemplares casi siempre 
mestizos y rara vez puros, y es más frecuente apreciar en propor- 
ción ya más considerable la j-aza cello-eslava, aun en toda su 
pureza, como á simple vista se reconoce y con datos científicos se 
adivina en los notables trabajos publicados, primero por los 
Síes. Aranzadi y Hoyos y después por el Sr, Olóriz, aventajadí- 
simos m;testros hoy, que honraron este modesto laboratorio de 
Antropología, donde fueron un día alumnos de excepcionales 
aptitudes y aficiones. 

Vése, pues, cómo los focos de población más pura de esta raza 
se encuentran en las comarcas montañosas del centro de Europa, 
cojno en Saboya y la Auvernia, y comparando nuestros cráneos 
de Ciem pozuelos con los regalados á este Museo de Historia nalu- 
r;il por los distinguidos antropólogos franceses M. Roujou y 
Verneau, recogidos en los montes mismos de la Auvernia, y 
estimados como formas genuinas y más puras de la raza celto- 
eslava, salta á la vista, no ya su semejanza, sino aun su perfecta 
identidad, en cuanto á la calavera al menos. 

Alguna diferencia acusa la órbita, de forma redondeada eu el 
único de Ciompozuelos que la conserva, y aunque no es carácter 
bastante en este caso para diferenciar una nueva raza distinta, 
merece, sin embargo, una muy especial consideración, porque 
coiiio ya hemos indicado, no es la raza celto-eslava la única en 
Europa de tipo braquicéfalo. Prescindiendo de los magiares de 
Hungrí;», sean ó no descendientes de las hordas de Atila, y cuya 
sangre se ha disuelto ya hoy casi del todo en la eslava, y de los 
turcos, cuyo origen mogólico es bien conocido, viven todavía en 
este continente, como indicado queda, dos razas braquicéfalas 
que hablan lenguas de aglutinación, la lapona y la estonia, 
caracterizada esta última por el cráneo de Hue, y dentro de la 
cual cae el grupo más numeroso de los dos señalados por Gustavo 
Retzius eu su Finka Crnnier, admirable estudio monográfico 
acerca «le los fineses ó finlandeses. 

Ya Nilsou demostró la identidad de ciertos cráneos de los 
monumentos megalíticos de Escania con los lapoues actuales; 
Eschricht (Danske Folkeblad) prueba otro tanto para Dinamarca, 



478 liOt.K'liN l)K I, A HKAI, ACADKMIA lili I, A HISTOHIA. 

Viirlinu , paiM Alfiiiaiiia, (,)ii,ilrt'ra<,'Os para Francia, y la loon'a 
laiiunoide sv'^uii la <ii.il la laza la[)Ona actual ftoii su n;MO, (ís corno 
osle animal un vesli;,MO snpcivivictile de. más niitnerosos [juehlos 
(le la misma sangre ext(Miiliilos por Europa durante el último pe- 
i'íoilo del ciialernario y lodo (d {tíMíodo rne.Líalílico siguiente ha 
sido, no ya sólo sostenida, sino aun demostrada por el barón Van 
Düben, sucesor del gran Ret/ins, en el último Congreso de antro- 
pología [irehistórica de p]sioknlmo y aceptada por la generalidad 
de los anti'opólogos. En su virtud la raza cello-eslava, cuyos [iri- 
meros ejemplares a[)arec('u en Europa en el periodo neolítico, con- 
fundidos cu los Hounds íiarrou)s con los de [¡uva forma lapona, 
más abundantes estos en los dólmenes sin bronce y aijuellos en 
los que guardan este metal, no es sino una derivación de la lapona, 
y sus diferencias morfológicas son engendro, más que del clima, 
de la civilización, que, aumentando lentamente el volumen del 
cráneo, convirtió las líneas oblicuas de la frente del lapón en las 
verticales de la cello-eslava, y por la alimentación que acreció la 
cortísima estatura de los primeros hasta la todavía pcíjueña y á lo 
sumo mediana de los franceses y bávaros de sangre cello-eslava 
no mezclada. La gran autoridad de M. Quatrefages, el más terri- 
ble adversario del transformismo en cuanto á la especie y el más 
ferviente partidario de la evolución respecto de la raza, que prestó, 
no ya sólo su asentimiento, sino su entusiasmo á esta teoría lla- 
mada laponoide, que venía, por otra parle, á confirmar el funda- 
mento del mogolismo europeo de Retzius y del kalmukismo de 
Marcel de Serres, con tanto tesón defendido después por Prunner- 
bey (Der Menscfi in Raume und in der Zeit) ha dadoá esta teoría 
toda la fuerza de una verdad científica demostrada y es al presente 
por tanto generalmente admitida. 

Nuestro cráneo núm. 1, de Giempozuelos, bien puede ser lapón 
por la órbita aunque sea cello-eslavo por la calvarla, y afecta, en 
mi sentir, caracteres de transición de una á otra raza en el pó- 
mulo, en la frente y en la región obélica, si bien su conjunto 
marca sin duda alguna mejor la forma celto-eslava. Resultaría 
entonces este ejemplar, si no una prueba concluyeme, un indicio 
muy estimable de la existencia de los laponoideos en la Península, 
hasta el presente no señalada; y el hallazgo de Giempozuelos, ele- 



CRÁNEOS ANTIGUOS DE CIEMPOZUELOS. 47í> 

validóse desde los hechos corrientes y apreciados de ia ciencia á 
los notorios y de descubrimiento, fija un punto de apoyo nuevo 
para ulteriores investigaciones. 

Lo que sobre todo importa en este caso es determinar, si posi- 
ble fuese, con toda exactitud, la edad geológica del yacimiento y 
la contemporaneidad de estos cráneos con la industria hallada en 
los mismos trabajos de excavación, tan perfectamente estudiada 
y descrita por la Comisión designada por la Real Academia, por- 
que de afirmarse esta contemporaneidad llegaríamos en firme á 
un hecho de indudable importancia, así para la histori?» como 
para la antropología; es á saber, que la raza celto-eslava por lo 
menos vivía ya en España en los tiempos de las armas del ni-imer 
metal y aun de la piedra pulimentada, afirmación de alguna no- 
vedad y de positivo valor científico (1). 

Forman otro grupo por la homogeneidad de su aspecto y de su 
raza, los tres ejemplares recibidos del Sr. Marqués de Gerralbo: 
una bóveda cranial formada por el hueso de la frente, los parie- 
tales y parte del occipital, y dos fragmentos laterales de bóveda, 
procedentes los tres de otros tantos cráneos distintos. 

La igualdad de estructura y aspecto de su materia ósea, más 
mineral y menos animal que el de los cráneos del primer grupo, 
supone un mismo ó análogo yacimiento para las tres piezas, y 
nos permite presumir la mayor antigüedad de éste respecto del 
de los cráneos anteriores. Bien que, lo repelimos, sólo la obser- 
vación ¿n situ de un geólogo práctico en el estudio de yacimien- 
tos antropológicos podría resolver éste por todo extremo intere- 
sante problema, previo en este génei'O de investigaciones. El 
ejemplar más completo de este grupo levanta su frente con alguna 



(1) Guiado por esta primera luz, nuevos estudios requeridos por la c;itedra de An- 
tropología de España, creada en la Escuela de estudios superiores del Ateneo y que 
por encargo de esta antigua y culta sociedad hemos tenido el inmerecido honor de 
explicar, nos han permitido llegar á la determinación, no lograda antes por nadie, de 
las dos razas de los paraderos portugueses, afirmando de la braquicéfalaque pertene- 
ce al tipo lapón antiguo de Retzius, Nilson y Van Düben. Está, pues, demostrada por 
primera vez la existencia de la raza prehistórica laponóidea en la Península en tiem- 
pos cercanos al cuaternario, si no en el cuaternario mismo. 

En tales lecciones, ya en curso de publicación impresa, se ha desarrollado y de- 
mostrado este punto con el detenimiento que su importancia merece. 



480 Doi.irn.N 1)1-: i.a hkai, acadiímia dk i. a histoiua. 

(jhliniiilail li.icia ;iti;is, y cow i-f';^'iil,'irf's (IfsarroIIns se alarga d 
(M'.ÍMüO sigiiicinlo lina línea pagital ligf.'iamí'iilo llcxnosa dflr-is 
del lirojíiiia, y siihiciido (l(*spii(''s sin aíMirninaisf en el sin''i[)nr¡o, 
y cnsancliánilose sin af^Moharsc on los parietales, ofiere clara y 
limpia, aiin(|iie sin exlretnai la, la (lepresión jtoslerior earaelerís- 
lica (le los cráneos de Gro-Magnon; y corno en ésios, es también 
snbpenlaponal el contorno de la norma vertical stiperior. Noto- 
rias son la regularidad, armonía y proporción de sus formas, 
auiKine con cierta escasez frontal, ajustadas al módulo más fi-e- 
ciiente en la estatuaria de las civilizaciones mediterráneas. Le 
í,\ltaii paredes para intentar directamente una méti-ir-a .-obre los 
j)i;iilos técnicos de referencia; pei'O conlinnadas y calculadas por 
mc.lios no sólo gráficos sino ann plásticos, hemos llegado A un 
índice cefálico ordinai-io, resultado de la relación entre el diáme- 
tro longitudinal y transverso que no va más allá de 77,77, límite 
de la dolicocefalia en la escuela métrica de Broca, y acaso no ex- 
ceda del 75 de la escuela alemana, que nos sirve mejor al presente. 
Cuanto á los otros dos fragmentos reproducen exactamente las 
formas corres{)ondientes á este mismo tipo étnico mesocéfalo, 
con apariencias dolicoccfálicas y de armónica y regalar arqui- 
tectura. 

Por semejante regularidad morfológica quedan en su clasifica- 
ción excluidos de la raza de Nennderbhal ó Canstadf, platicéfala 
y de formas bestiales, más pudieran acaso sin grave error in- 
cluirse en la de Gro-Magnon, siendo como es sabido estas dos las 
únicas razas dolicocéfalas hasta el presente descritas en Europa 
como cuaternarias. 

Descubierta en Francia la última por Laitet. en cráneos proce- 
dentes de la caverna donde toma su nombre, nos cupo la snei-te 
de anunciar su existencia en España, algunos años después, á la 
Sociedad FJspañola de Historia Natural y á la Real Academia de 
la Historia, aludiendo, si mal no recordamos en la comunicación 
dirigida, á la semejanza de esta raza con la guaricha, anunciada 
por M. Hamy y puesta en claro con numerosos y luminosos datos 
recogidos por nuestro sabio maestro M. Verneau, en los cuatro 
años de la misión científica que para este estudio le confió el 
GoI)ierno francés en el Archipiélago canario. 



CRÁNEOS ANTIGUOS DE CIEMPOZUELOS. 481 

Desde entonces una investigación constante de cuantos cráneos 
antiguos de España han llegado á nuestro conocimiento, nos ha 
permitido consignar en nuestras lecciones de Antropología y en 
un trabajo liasta el presente inédito, la existencia en la Península 
de una raza peculiar no descrita antes, que afectando en la cal- 
varia con alguna aunque escasa diferencia los caracteres propios 
de la raza de Gro-Magnon (singularmente los del cráneo núm. 2 
del Museo de Historia Natural de París, más que los del celebrado 
Viejo), afecta diferencias profundas en la arquitectura de la cara, 
armónica en ésta con el cráneo y de órbitas más altas y rasga- 
das, sin esta armonía en aquella, cuya cai-a amplia con exceso 
se ve horadada por órbitas bajas y rectangulares. Diferencias 
fijas y reunidas en un tipo constante cuyo mejor ejemplo es el 
cráneo recogido en la cueva de la Vella por mi maestro el señor 
Vilanova, y que se repiten en otros muchos procedentes de las 
diversas cavernas exploradas por el anticuario Sr. Góngora en 
Andalucía, en los de Alcoy, hallados en la cueva de las Llome- 
íes, en los de Solana, de la provincia de Segovia, y en otros 
varios; todos ellos expuestos al público en la colección de prehis- 
toria de nueslio Museo de Giencias Naturales, y en los encon- 
trados por el Sr. Nery Delgado en las cavernas de Geraceda, por 
Garlos Riheiro en las de Gascaes, y por el capitán Brome, estu- 
diados por Busk, en las numerosas simas de Gibraltar. 

Gorresponde esta raza, en la más selecta y característica pureza 
de su tipo morfológico, á la época de la industria de piedra pu- 
lida, y se conserva en toda su integridad hasta la del bronce, 
constituyendo el elemento étnico fundamental que por sucesivas 
modificaciones, ahora engendradas por el cruzamiento ó influidas 
por el medio físico ó social, se determina formando el pueblo his- 
tórico peninsular con sus caracteres de raza actual tan frecuente- 
mente variados. 

Los antropólogos convienen hoy generalmente en admitir una 
sola raza denominada Mediterránea dominante en todos los pue- 
blos ribereños de este mar en las tres partes del mundo que lo 
encierran; pero como queda sentado, en las Razas y naciones de 
Europa nuestras observaciones directas eu la Península y en algu- 
nas kabilas del Mogreb y Argel, nos fuerzan á distinguir dos ele- 

TOMO XXX. 31 



t82 BDi.Kri.N HK la hkai. acahkmia ok la hisiomia. 

iiientoH piitiHtnli.ilcs (li.slinto.s y dolicocéíalos, ambos en la raza 
inedilenáuLM: (ti uno de pequeña talla, fino, pelinegro, deobscnra 
tez, de ingenio agudo y carácter vivo y astuto, corresponde exac- 
lamenlo á la raza siro-árabe de Prychard, cuyo lenguaje pro- 
pio es ol semítico en sus distintas varitídades, el olro de buena 
estatuía, ilc p(ílo obscuiíj y más grueso, de más rudeza en el 
carácter y fortaleza en el sentimiento camitico Je lengua pri- 
mitiva, se distinj^ue en buen número de ejemplares puro allá en 
las kabilas, aquí en las sienas de toda la costa cantábrica y en 
algunos lugares serranos de Aragón y de Alicante, y aparece 
disuelto en mares de sangre semítica, más ó menos revuelta con 
la celto-eslava y salpicada con la teutónica, en las llanuras, en 
las costas y en las ciudades peninsulares ó berbeiiscas. 

Este es, para nosotros, el tipo étnico de los iberos de la historia, 
porque estos eran, si no únicos, muy dominantes en aquel tiempo 
en que Scylax esribía: «desde las columnas de Hércules á los 
montes Pirineos viven los iberos; más allá, hasta el Ródano, una 
mezcla de iberos y liguros,» sobre cuyo testimonio fundaron los 
historiadores posteriores, griegos y romanos, las denominaciones 
étnicas de la Península, y á este tipo y no á otro pertenecen sin 
duda alguna estos fragmentos craniales de nuestro segundo gru- 
po. Por iberos los depulamos, pues, y no otra cosa. 

Celtas, con algún vestigio laponoideo, los primeros; iberos, 
franca y correctamente iberos, esto? últimos. Opuestos y perfec- 
tamente diversos los dos tipo?: de cabeza corta y globulosa, y 
cara amplia y baja, los unos; de cabeza larga y alta y cara estre- 
cha y prolongada, los otros; de raza centro europea aquellos, y 
de raza mediterránea y acaso africana estos, representan los crá- 
neos de Giempozuelos los dos pueblos clásicos de la historia de 
España, distintos por su idioma y diferentes por su raza, fundi- 
dos socialmente en la Celtiberia, aunque no morfológicamente 
en los primeros tiempos de su comunión ni aun hoy, porque la 
fuerza atávica, esencialmente vital y conservadora, desaflando los 
siglos, mantiene la permanencia de las formas étnicas por largos 
períodos á despecho de las igualdades y de las nivelaciones socia- 
les, sosteniendo el orden, el equilibrio y la vida en la naturaleza, 
ajustada sí á la evolución, pero lenta y sucesiva, mediante cuya 



CRÁNEOS ANTIGUOS DE CIEMPOZüELOS. 483 

insensible gradación puede constituirse la historia, escribiendo 
una tras otra las páginas indefinidas de la humanidad y del 
tiempo. 

Así, con este testimonio antropológico, se refuerzan y confir- 
man los textos históricos, mostrando cómo los diversos caminos 
de la ciencia convergen y se encuentran en el mismo centro único 
y solo de la verdad, y así la historia de la naturaleza del hombre 
y la historia de su civilización se nos presenta en éste, como en 
otros muchos problemas de su especial investigación, en el más 
perfecto y cumplido acuerdo. 



Madrid, 30 de Abril de 1897 (1). 



Manuel Antón. 



IV. 

NUEVAS INSCRIPCIONES VISIGÓTICAS Y ROMANAS. 
1. 

La Torre de Miguel Sexmero. 

Perteneciente al partido judicial de Olivenza, provincia de Ba- 
dajoz, hállase esta villa asentada en amena llanura. Rodéanla 
por Mediodía y Poniente olivares y frondosas alamedas, en tanto 
que por el N. piérdese la vista en extensísimos encinares, en 
cuyo centro destácanse la laguna grande ó del caballo y el arroyo 
de la Albuera (¡L^ül), que de ella parece haber tomado el nom- 
bre. Confina su término al N. con el de Badajoz; E. y S., Noga- 



(1) Este informe, leído en este día ante la Real Academia de la Historia, lo tenía- 
mos redactado en nuestro Laboratorio del Museo de Ciencias naturales de Madrid, á 
20 de Mayo de 1896. 



484 HOI.KTÍN l)K I. A HKAI. ACaOKMIA DE LA HIRTOHIA. 

los; O., Almendral; silios lodos ya conocidos por sus inscripcio- 
iii'S anlci'ioics á la época iiiusulmana (1). Los últimos restos de 
su anli^iio rastillo, desaparecieron en IK'H. Nómbrasela también 
'l'orre del Almendral, pero más antigua í[ue esta denominación 
es la de Torre de Miguel Sexmero, que ya se usaba en el siglo xiv 
y con el que sigue siendo conocida. 

La iglesia parroquial, dedicada ;í la Purificación de Nuestra 
Señora, es del estilo de transición de los comienzos del siglo xvi. 
Compónese de anchurosa nave y capilla mayor, y las bóvedas, 
que ostentan nervaduras de la complicada traza propia del último 
período ojival, descansan sobre medias columnas de orden dórico. 
Este templo substituyó á otro de más breves dimensiones, y parte 
de una de las fachadas del más antiguo, acaso la princi[jal, quedó 
como embebida en el frente de Mediodía del que hoy existe, des- 
pués de encimada y prolongada por ambos lados. 

Dicha vetusta construcción presenta una fila de ménsulas d 
canecillos de forma rectangular, una angosta ventana á modo de 
aspillera y una portada abocinada, tapiada al construirse la 
nueva iglesia y oculta por la pared de antiguo carnero \í osario, 
compuesta de tres arcos concéntricos cuyos boceles voltean for- 
mando arco de medio punto, habiendo desaparecido los tres 
pares de columnillas que hubieron de sostenerlos; todo ello en 
el estilo románico de la segunda época, propio de los siglos xi 
al XII. Formando imposta, sirven de apoyo á dicho arco unas 
piedras de mármol blanco, que presentan un friso ó faja horizon- 
tal y un bisel entrante, con labores de época visigótica ó romana 
decadente. La de la derecha es epigráfica, cortada poi- su extremo 
derecho, quizá al recibir su nuevo destino. El extremo izquierda 
forma ángulo, hallándose el lado adyacente asimismo labrado y 
presentándose intacto, salvo un pequeño deterioro en la arista 
que sólo alcanza á la primera letra del renglón superioi-. 

Letras alias de 0,05 m. Dimensiones de la pidlra: 0,55 m. de 
largo; ancho, 0,25 m.; alto, 0,12. La V tiene figura de Í7, como 
sucede en varias inscripciones romanas (601, 5.600, 5.729, 5.748); 



(1) Boletín, tomo xxv, páginas 151 y 155: xxx, 356-359. 



NUEVAS INSCRIPCIONES VISIGÓTICAS Y ROMANAS. 485 

y la F se asemeja á nuestra / minúscula. Toda la inscripción se 
esclarece á la vista de la romano-cristiana de Granátula, fechada 
en el año 387 y estudiada en el tomo xviii, páginas 37Í-377 del 
Boletín académico (i). 



.-. LIX AMEMFELIXCASTRICEf 



\ XQFFIC1NAAUITIUTER , 

[Fejlix, amem,felix Castric(i), ex ojfficina Aviti uter[e]. 

Feliz Castricio 1 usa de la oficina de Avito , con tanta felicidad como yo 
lo quisiera. 

Por debajo está picada una ancha cara de la piedra, donde tal 
vez estuvo escrita la data del año consular y los nombres de los 
principales interventores para la construcción del edificio, desti- 
nado por su dueño Castricio á ser oficina de Avito. 

Hice sacar algunas piedras del grueso de la construcción romá- 
nica, y detrás de la primera hilada de sillería descubrí y extraje 
otra piedra de mármol blanco, con labores semejantes á las an- 
teriores, con más una cruz griega, de traza asimismo visigótica, 
que sufrió bastante deterioro al sacarla de su recóndito escondri- 
jo. Siendo, además, de notar para complemento de esta serie de 
construcciones y de épocas, que esta última piedra se labró apro- 
vechando una basa de columna de orden jónico de anterior fábri- 
ca romana, cuyo fuste hubo de medir 0,40 m, de diámetro. Dichas 
piedras, cedidas por la autoridad diocesana, hál lause hoy en mi 
poder. 

La fachada principal de la iglesia, ostenta en lo alto otras dos, 
igualmente de mármol, que probablemente pertenecieron al pri- 
mitivo templo visigótico. Es la una, friso dividido en cinco case- 
tones. Ocupa el central una palmeta de cinco hojas de clásica re- 
miniscencia. Adorna los colaterales una cruz griega flordelisada» 



(1) Ex ojicina Homoni | utere felix Vasconi. | In Christo proe furantej Tiberian» \ 
faclus est horreus \ Díomiiio) n(ostro) Valentiniano ang(usto) | tar et Eut)H>JlHi v(irof 
eflarissimoi | consfulibusj scribiente) Elefanta. 



486 HOI.KTÍN UK LA HKAÍ. ACAUKMIA HK l.A HISTORIA. 

en un lodo síimcjante á la que se acaha de rilar y una hoja los 
extremos. Mide la piedra 1,50 m. de largo por 0,25 de alio. La 
otra es, al parecer, un pedestal, del íjne sólo se halla ostensible 
una de las cnalro caras, ocupada ()or cruz griega de brazos diver- 
gentes (jue concurren en el ceiilro surnamentt! aproximados (►J*), 
altura 1 ni., anchura 0,50 m. A su vista, y tornándola por escudo 
de la orden templaria, Solano de Figueroa en su Historia del 
Obispado de Badajoz, aventura la disparalada opinión de haber 
sido la iglesia obra de aquellos caballeros. Un pedestal semejante 
existe en el Museo de Mérida, procedente de la antigua basílica ó 
catedral metropolitana de Santa María in Je