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BOLETÍN 



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BOLETÍN 



DE LA 



REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 



TOMO LXX 




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MADRID 
ESTABLECIMIENTO TIPOGRÁFICO DE FORTANET 

IMPRESOR DB I.A REAL ACADEMIA 1)K LA HISTORIA 

Calle de la Libertad, núra. 29. — Ti 



1 917 



«En las obras que la Academia adopte y publique, cada autor será res- 
ponsable de sus asertos y opiniones; el Cuerpo lo será solamente de que 
las obras sean acreedoras á la luz pública. » 



kP 



Estatuto xxv. 



tomo lxx. Enero, 1917. cuaderno i. 

BOLETÍN 



DE LA 



REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 



INFORMES 



i 

LAS EDICIONES DEL FUERO DE CUENCA 

I 

Siento un placer inmenso al trazar estas líneas: me parece que 
al correr la pluma sobre el papel se va poco á poco descargando 
mi espíritu de una preocupación enorme, que todavía le entor- 
pece y embarga. La culpa tal vez no haya sido del todo mía; 
pero ha pasado tanto tiempo, que es probable que muchos de 
vosotros hayáis olvidado el solemne compromiso que contraje 
con la Academia el IO de Junio de 1910, cuando, momentos 
antes de constituirnos en sesión, nuestro inolvidable Director en 
aquel entonces, el nunca bastante llorado D. Marcelino Menéndez 
y Pelayo me entregó un ejemplar del Forum Conche, publicado 
(Noviembre-Diciembre 1909 y Enero-Febrero 19 10) en los Uni- 
versity Studies de Cincinnati, por el profesorjorge Enrique Alien, 
invitándome á que manifestara mi opinión acerca de tan intere- 
sante y al parecer concienzudo trabajo y de la necesidad ó con- 
veniencia de emprender una edición crítica de los textos latino 
y romanceado del Fuero de Cuenca. 

Apenas tuve tiempo, mientras se leía y aprobaba el acta y se 
daba cuenta del despacho ordinario, de hacerme cargo, por una 
rapidísima inspección del libro, del pensamiento del editor lite- 
rario y de la índole y factura general de la nueva impresión del 
mas famoso, completo y ordenado de los Fueros municipales de 
nuestra Castilla medioeval. 



6 boletín de la real academia de la historia 

No era posible que tan sumario examen bastara para formula r 
desde luego un juicio pleno y definitivo sobre la edición pre- 
sentada como crítica (Edidit et apparatu critico instruxit Geor- 
gias llcuticus Alien). de. una Carla municipal que constituye, por 
su importante y extenso contenido, un verdadero Código, pero 
sí para dar á conocer, como lo hice en breves frases, los elemen- 
tos utilizados por el editor, que lo fueron los dos Códices lati- 
nos, únicos hasta ahora conocidos, del Fuero de Cuenca (l), el 
Parisiense 1 2.927, y el Laurentino 0. iij. 23, y la adaptación tam- 
bién latina de aquel que integra el Fuero de Haro (Escurialen- 
se N. iij. 14), y para plantear algunos problemas de necesaria, pero 
de imposible solución inmediata, por exigir un estudio detenido 
y circunstanciado, por lo menos de los tres referidos manuscritos 
puestos en relación con el texto impreso por el profesor Alien. 
Y como consecuencia de este estudio, ¿en cuál de los dos Códi- 
ces, el Parisiense ó el Laurentino, se fundamenta principalmen- 
te esa nueva lección crítica del Forum Conche? ¿Qué lugar se ha 
asignado en ese trabajo á la adaptación latina que constituye el 
Fuero de Haroi ¿En qué relación se encuentra el nuevo texto con 
la lección madrileña, que podemos denominar non nata, editada 
por Cerda é impresa por Sancha? 

Estas preguntas — decía — han de ser categóricamente contes- 
tadas, para que podamos formular un recto juicio, exento de 
toda clase de apasionamientos; pero esto exige — añadía — largo 
período de investigaciones detenidas, de meditación y de estu- 
dio, máxime cuando se complica con el examen crítico de la 
Edición bilingüe madrileña y las numerosas cuestiones que sur- 
gen de poner en relación el texto latino con sus múltiples ver- 
siones, ó por mejor decir, adaptaciones romanceadas, todo lo 



(1) Nuestro erudito Floranes, en una Colección de Fueros y apunta- 
mientos curiosos (Bibl.'Nac, Ms. 10.343), nos da á conocer el Catálogo de la 
Librería manuscrita de D. Luis de Castilla, Arcediano de Cuenca (Véase 
Nic. Antonio, Bibl. nova), y entre los libros en él registrados, se cita un 
Fuero de la Ciudad de Cuenca. Pero ese Códice, ¿contenía el texto latino ó 
una versión ó adaptación romanceada? No lo sabemos, y déla misma ma- 
nera ignoramos dónde se encuentra, si todavía existe. 



LAS EDICIONES DEL FUERO DE CUENCA 7 

cual supone el conocimiento previo de variados é importai 
Códices, que tranquilamente descansan en los anaqueles de ar- 
chivos y bibliotecas. 

Todo esto requería un largo espacio de tiempo y, sin embar- 
go, mi deseo de cumplir el compromiso contraído era tal que, 
en la Introducción de El Fuero de Zorita de los Canes (i), 
lechada en i." de Julio de 1911, emití ya mi juicio plenamente 
documentado délas Ediciones madrileña y norteamericana, anti- 
cipé algunas de las principales conclusiones de este Informe, y 
declaré que se encontraba pendiente tan sólo de su redacción 
definitiva. ¡Y, á pesar de esto, han transcurrido más de cuatro 
años sin que ese prometido Informe haya sido comunicado á la 
Academia! 

Es que, habiendo llegado á la convicción de la necesidad de 
una Edición crítica del Fuero de Cuenca, he querido, antes de 
comunicaros un estudio cuyo contenido conocéis, siquiera sinté- 
ticamente desde 191 1, realizar, para el caso que la Academia 
considerase oportuno ratificar su ya antiguo propósito de em- 
prender tan importante publicación, dos grandes trabajos prepa- 
ratorios de ella: el cotejo del texto latino de la rarísima Edición 
madrileña de Cerda-Sancha con los Códices Parisiense 1 2.927 y 
Laurentino O. üj. 23, y el de su lección romanceada con el 
Manuscrito Escurialense L. iij. 32, que la sirvió de modelo. 

Y estos estudios preparatorios están ya hechos (el último que- 
dó terminado en 9 de Septiembre del próximo pasado año 
de 191 5), y forman dos grandes volúmenes en folio menor de 
más de 600 páginas cada uno. 

Pero si estos detallados y cuidadosos cotejos, unidos a un escm 
puloso examen de la Edición norteamericana, puesta en relación 
con los tres Códices en ella utilizados por el profesor Alien, pue- 
den generar el pleno conocimiento de cuanto hace referencia al 
texto latino, no constituyen, por lo que respecta al del roman- 
ceado, sino un primer paso, sobre todo habiendo llegado á la con- 
clusión, que desde luego debo anticiparos y que más adelante 



(1) Madrid, 1911. Tomo xliv del Memorial histórico. V. págs. xv-xxvn. 



BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

habréis de ver documentalmente confirmada, de ser la lección 
casíellana contenida en eU Manuscrito Escurialense L. iij. 32 y 
ofrecida por el Editor madrileño, como la genuina versión en len- 
vulgar del Forum Conche, una adaptación de éste hecha en 
el siglo xv, probablemente con el propósito de modificar ó com- 
pletar el otorgado, en el xm, á la villa de Alcaraz. 

Era, pues, necesario encontrar esa anhelada traducción caste- 
llana ó aceptar, para de algún modo suplir su falta, una cual- 
quiera de las múltiples y variadas adaptaciones romanceadas del 
texto latino, tales como las que constituyen los Fueros de Izna- 
toraf ó de Baeza, que se pueden considerar como casi literales 
versiones del prototipo conquense, ya que la ofrecida por Cerda 
y Sancha tanto se aleja de aquél en forma y contenido. 

Y esto tiene en realidad verdadera importancia, porque, si 
bien todos estamos conformes en que fué redactado en latín el 
Fuero original otorgado por el Rey D. Alfonso á fines del si- 
glo xii, muchos de nuestros juristas é historiadores, más que por 
odio á la lengua latina, por generoso amor al idioma patrio, han 
sentido y sienten una inclinación irresistible á concretar sus 
citas dentro de los estrechos límites de la versión castellana. 

Afortunadamente, en la Biblioteca de la Universidad de Va- 
lencia se encuentra un Códice (i), copia de los primeros años 



(1) Una indicación hecha por nuestro querido compañero D. Eduardo 
de Hinojosa,que, cuando ejerció en Valencia el alto cargo de Gobernador 
civil, pudo visitar detenidamente la Biblioteca Universitaria, me puso so- 
bre la pista, en Octubre de 1910, de un Códice del Fuero de Cuenca, que 
había pertenecido á la familia Herrero, de Requena, y sido donado á 
aquel centro de enseñanza .por el inolvidable Pérez Pujol. Pero vanas íue- 
ron mis gestiones: mi buen amigo el profesor Bernabé Herrero, con expre- 
sa referencia al Bibliotecario D. Marcelino Gutierre:., del Caño, reiterada- 
mente me afirmó, en cartas de 11 de Octubre de 1910 y 17 de Marzo 
ni, que habían sido infructuosas todas las investigaciones hechas; 
que dicho manuscrito no existe en aquella Biblioteca, ni ha dejado allí 
rastro alguno en Índices antiguos ni modernos, siendo de advertir que ahora 
se sabe lo que hay en ella, estando ya terminados los Catálogos de Códices y 
de incunables. Y cuál sería mi sorpresa, cuando en el Catálogo de los ma- 
nuscritos existentes en la Biblioteca Universitaria de ]' alenda, impreso por 
\). Marcelino Gutiérrez del Caño en 1913, y bajo el núm. 998, aparece 
rito con los mismos detalles de procedencia, forma y contenido por mi iu- 



LAS EDICIONES DEL FUERO DE CUENCA Q 

del siglo xv, de una traducción romanceada del Fuero de Cuenca, 
hecha — según resulta de mis investigaciones y veréis más tarde 
comprobado — al expirar el xni, y probablemente en la villa de 
Requena, siendo rey de Castilla D. Fernando IV el Emplazado] y 
en el Archivo municipal de Cuenca se custodian otras dos distin- 
tas lecciones: la primera,. formada por dos grandes fragmentos de 
13 hojas cada uno, restos de un Códice escrito en letra arago- 
nesa de los últimos años del siglo xiv, y la segunda, constituida 
por una reproducción casi completa, mucho más moderna, como 
correspondiente á la xvn centuria. 

Y después de gestiones varias, en este mismo año de 1916, á 
fines del mes de Enero y á principios del de Febrero, respecti- 
vamente, me han sido comunicados el Códice valentino y los 
Manuscritos conquenses. 

Tales han sido las causas de tanto retraso. Si he errado en mi 
proceder, la intención ha sido buena. Perdonadme. 

II 

Como veis por las anteriores consideraciones, el examen de 
la lección publicada por el profesor G. H. Alien se ha converti- 
do, como no podía menos, en el estudio crítico de las Ediciones 
del Fue?- o de Cuenca. Y éstas, por lo que respecta al texto latino, 
son dos: la non nata madrileña, probablemente dirigida por el 
ilustre académico y distinguido bibliófilo D. Francisco Cerda, 
en los últimos años del siglo xvín (1783-1800) é impresa por la 
casa Sancha, acaso en los primeros del xix, y la norteamericana 
del profesor Alien, publicada en los University Studies de Cin- 
cinnati, de Noviembre de 1909 á Febrero de 1910. (Forum Con- 
che. Edidit et apparatu critico instruxit Georgius Henricus Alien.) 

Pero antes de proceder á su examen, necesario es que diga- 
mos algo de los Códices que contienen la lección latina de nues- 
tro Fuero. 



dicados, el Códice cuya existencia tan terminantemente había negado al 
profesor Bernabé Herrero, el mismo bibliotecario autor de la menciona- 
da publicación bibliográfica. 



10 boletín de la real academia de la historia 

Dos son también los únicos hasta ahora conocidos: el Pari- 
siense 12.927 y el Escurialense Q. üj. 23. 

El primero ha sido descrito por el íenombrado hispanófilo 
Alfredo Morel-Fatio, en un interesante artículo, Los Códices pa- 
risienses del Fuero de Cuenca, publicado (Mayo de 1898) en la 
Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos (Tercera época, año 11, 
págs. 193-199). Poseo de este Códice una copia manuscrita que 
he utilizado en todos mis trabajos y estoy esperando la fotográ- 
fica, conveniente para resolver algunas cuestiones de detalle é 
indispensable para atender á las exigencias de la futura edición 
crítica. 

Este Códice, que perteneció al historiador de Segovia, el Li- 
cenciado Diego de Colmenares, cuya firma aparece en la margen 
inferior del folio i.°, procede de la Biblioteca de Saint- Germain 
des Pres y forma parte del fondo latino de la Nacional de París, 
bajo el número 12. 927 (i). Consta de 5 l hojas útiles de per- 
gamino (300 X 200) y en él se observan dos lagunas. La pri- 
mera, entre los folios 2 y 3, es de gran importancia y está origi- 
nada por la desaparición de ¿cuatro hojas? Dos, dice Morel-Fa- 
tio; pero esto no me parece probable, toda vez que faltan 65 Rú- 
bricas íntegras (algunas de gran extensión) y dos fragmentarias, 
ó sea desde el final (la mayor parte) de la In quibus calumpniis 
habeat palacium partem, hasta el principio de la De anafaga et 
mercede bubulci (2). La segunda, que ha pasado inadvertida 



(1) El Sr. Sanchiz, en sus Apuntes sobre el Fuero municipal de Cuenca y 
sus reformas (Cuenca, 1897), confunde (págs, 155 y sig.) el Códice de la Bi- 
blioteca Nacional de París 12.927 con el 8.331 de la del Arsenal, que con- 
tiene la adaptación romanceada que constituye el Fuero de Baeza. Igual 
confusión mantiene el Bibliotecario Sr. Gutiérrez del Caño, en la descrip- 
ción que hace del Códice Valentino, número 998 de su Catálogo, sin duda 
porque desconoce el artículo de Morel-Fatio, publicado, como hemos di- 
cho, en la Revista de Archivos. 

(2) Teniendo en cuenta que la Edición del profesor Alien sigue princi- 
palmente al Códice de París, he puesto en relación' el impreso con el ma- 
nuscrito y me ha dado el siguiente resultado. Cada hoja del Manuscrito de 
París representa alrededor de 120 renglones de la Edición de Cincinnati y 
la parte suplida para llenar esa importante laguna existente entre los fo- 
lios 2 y 3 suma 464 renglones, ó sea el equivalente de cuatro hojas á razón 



LAS EDICIONES DEL FUERO DE CUENCA 



para nuestro sabio colega francés, entre los folios 50 y 51, pro- 
ducida por la pérdida de una hoja, que debió comprender desde 
la partida, De unoquoque boue nel uacca, decem et sex denarios, ■■ 
la Rúbrica, Oualiter telonearius debet accipere portaticum, 
hasta la De per na cuniculormn, iiniim denarium, de la Rúbrica, 
[De foro hostalagiorum] . En cuanto á la fecha del Códice, Mo- 
rel-Fatio manifiesta que su escritura es de la primera mitad del 
siglo xiv. No he podido comprobar la exactitud de esta afirma- 
ción, porque mi copi a es manuscrita y no he recibido todavía la 
fotográfica que tengo encargada; pero, si diéramos algún valor á 
la suscripción final (fol. 5 1 v.°), que, para aquel erudito hispa- 
nófilo parece ser del siglo xvi, Este libro es acabado. Dios sea 
loado, amen. Escriuiose en el Colegio de Salamanca, tendríamos 
que asignarle como fecha, á lo sumo, los primeros años del 
siglo xv, porque el Colegio más antiguo de Salamanca, el llama- 
do Colegio Viejo de San Bartolomé, se fundó por D. Diego de 
Anaya Maldonado, de 1401 á 1417 (i). 

El Códice Escurialense O. iij, 23, procede de la Biblioteca 
del Conde-Duque de Olivares; está escrito en vitela y consta 
de iOO folios (217 X 162); el Fuero, con la lista de Jueces, 
termina en el fol. 98 r.° col. 1. a Los folios 98 v.° y 99 están 
en blanco, y el IOO r.° contiene una nota sin importancia. 
En la col. 2. a del fol. 98 r.°, se lee Jo (Johannes?) y hay 
una rúbrica, añadiendo: Es de la iglesia de Cuenca, indica- 
ción esta última que también se encuentra en la margen supe- 
rior del folio 13 r.° Los 12 primeros folios, que contienen el 
índice ó Tabla de Capítulos y de Rúbricas, están escritos á 
dos columnas de 30 renglones cada una; el texto, desde e! fo- 
lio 13 r.° al 94 v.° inclusive, á línea tirada, generalmente de 
treinta y tantos renglones por página, y por último, los folios 95 
al 98 r.° que comprenden el Forüm de teloneario y la lista 



de 116 cada una. En efecto, esa cantidad de 464 renglones se distancia de 

tal manera de los 240 que, según un prudente -cálculo, suponen dos hojas 
del manuscrito y se aproxima tanto á su duplo 4S0, que no hay nías re- 
medio que confesar que se trata de la pérdida de cuatro h 
(1) La Fuente: Hüioria de los Universidades, i, Madrid, 1884, . 



12 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

de los Jueces de Cuenca (De iudicibus) á dos columnas (i). 

Jcrnoro en qué se funda el profesor Alien para atribuir este 
Códice á la segunda mitad del siglo xiv (2), pues basta un somero 
estudio paleográfico para afirmar que se trata de escritura bien 
caracterizada del siglo xm. Es la letra francesa hermosa y clara, 
con sus peculiares abreviaturas y sin ninguno de los adornos que 
más tarde la afectaron. Y ya nuestro insigne maestro Martínez 
Marina consideraba que parecía haber sido escrito á princi- 
pios del siglo xm (3). Mas si al paleógrafo sustituye el inves- 
tigador, puede éste desde luego fijar, como fecha en que se 
terminó la copia del Códice, la de Octubre de 1249 á Octubre 
de 1250. 

Lo primero que su texto nos enseña es que fué redactado en 
el siglo xm, toda vez que el único formulario que se encuentra 
en el Fuero, el de la Carta de partición (De caucione partitionis), 
que en el Códice Parisiense (fol. 8 r.°) — según se acostumbra en 
esa clase de documentos — se cierra con las palabras: «.era tai?, 
sub rege N, sub domino TV, snb índice N, sub merino N, snb saio- 
ne N», termina en el Laurentino (fol. 30 r.°) diciendo: «era mille- 
sima ducentésima, sub rege N, sub índice N, merino N, saione N. 
Pero este dato no es suficiente; la era millesima ducentésima 
comprende de 1 162 á 1262 de J. C. y á lo sumo, puesta en con- 



(1) Según nos enseña D. Rogelio Sanchiz Catalán, en las págs. 35 y si- 
guientes de sus citados Apuntes sobre et Fuero municipal de Cuenca y sus 
reformas, existe en el Archivo de esta ciudad (Legajo 1.586. Expediente i.°) 
una copia del Códice Escurialense Q. iij. 23, sacada en 57 pliegos de papel 

lio undécimo, que hacen 114 folios. Esta copia se hizo en los pri- 
meros meses de 1887 (tiene la fecha de 18 de Marzo), mediante autoriza- 
ción otorgada por la Real Casa y Patrimonio el 31 de Diciembre de 1 886, 
pero debe ser muy defectuosa, pues tratándose de un manuscrito de la 
ida mitad del siglo xix, hay que atribuir al copista y no al Sr. Sanchiz, 
numerables errores, mutilaciones y malas lecturas que aparecen en 
la transcripción hecha á tenor de ella, del Prólogo y Epígrafes latinos cil- 
ios Capítulos y Rubricas del Fuero, y contenida en las págs. 60 á 1 58 de 
los men< ionados Apuntes. 

(2) J'oi um Conche. Ifltrod., pág. 8: «Escorial Q. Til. 23 usual ly ascribed 
lo the secón (i half of the fourteenth ceniury.» 

(3) Ensayo histórico 'Cr ¿tico sobre la legislación y principales cuerpos le- 

de León y de Castilla. Lib. 4, núm. 2$ nota. 



LAS EDICIONES DEL FUERO DE CUENCA , * 

tacto con la indicación paleográfica, nos señala el siglo ¿cómo 
podremos determinar el año? 

En sus últimos folios (97 r.°, col. 2. a al 98 r.°, col. 1. a ), contiene 
este Códice una lista numerada de los Jueces de Cuenca, bajo el 
siguiente encabezamiento: De iudicibus. Isti fuerunt iudices ex 

QUO CAPTA FUIT CONCHA A NOBILÍSIMO REGE AlLEFONSO CaSTELLE. 
SUB ERA MILLESIMA DUCENTÉSIMA DECIMA QUINTA. Esta lista Consta 

de lxxvi Jueces, pero la noticia de los tres últimos (la letra mis- 
ma, con toda evidencia, lo denuncia) ha sido agregada posterior- 
mente; el copista dio por terminado su trabajo en el J$, dicien- 
do: Alvar Pérez, guando fizieron hyiinta todos los conceios de Ex- 
tremadura en Sepuluega et fue acabado este libro. LXXIII. No 
hemos podido fijar ni por las Crónicas, ni por elemento escritu- 
rario alguno, la fecha de esa reuuión de los Concejos de Extre- 
madura, pero desde luego se puede afirmar que semejante hecho 
se realizó entre dos bien próximas y conocidas, la de la toma de 
Sevilla (la capitulación se firmó el 23 de Noviembre de 1248, y 
los conquistadores entraron en la ciudad un mes después, el 22 
de Diciembre) y la muerte de Fernando III (30 de Mayo de 1252), 
toda vez que el penúltimo de los Jueces, ó sea el que hace el núme- 
ro 72, se determina diciendo: Adam Velaz, quando priso el rey a 
Seuilla. lxxii, y bajo los números lxix y lxx leemos: ...quando pri- 
so el rey a Iahen..., ...quando fue el rey sobre Seuilla... El lenguaje 
del copista nos dice, pues, claramente que cuando escribió la lista 
de Jueces, dando por terminado el libro, vivía D. Fernando III. 

Y como si esto no fuera suficiente, hay una comprobación sim- 
plicísima que fija al propio tiempo la fecha indubitada de la copia. 

Según prescribe el Fuero de Cuenca (Cap. xvi, Rúbr. 1 y 2, 
folio 47 v.°, Cód. Esc), los Jueces son anuales. I. De electione 
iudicis et alcaldum, notarii uel almutaqaf et de institutione 
apparitorum, et de mercedibus EORUM. Sequenti die Dominica post 
festum Sancti Michaelis concilium ponat iudicem et alcaldes, no- 
tarium et questores, sagionem et aliuutacaf, quolibet anuo per fo- 
rum (i). II. Forum de istis ponendis quolibet anno. Quolibet auno 

(1) Se comprende bien la determinación de esta época del año (el do- 



14 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

ideo dicimus, guia nnllus debet teñe re officium concilii, sitie portel- 
lum, nisi per annum, visi totum concilium acclamanerit pro eo... 
Por consiguiente, no hay más que sumar el número 7 2 (ó sea 
73 — I, ya que el último Juez de la lista realmente dada por el 
copista es el 73) á la fecha exacta aducida por el mismo Códice 
de la toma de Cuenca, la era 12 1 5, y el resultado nos dará ei 
año que buscamos, la era 1287, c i ue corresponde al 1249 de Je- 
sucristo (1215 -f- 72 = 1287 — 38 = 1249). Pero teniendo en 
cuenta que, por los textos citados del Fuero, el Juez anual ejercía 
su cargo de Octubre á Octubre, Alvar Pérez, que es el que hace 
el número 73 y último de la mencionada lista, debió administrar 
justicia en Cuenca de Octubre de 1249 á Octubre de 1250. 

La misma enumeración ordenada de Jueces ofrece amplio 
campo para comprobar la exactitud de nuestro método de inves- 
tigación y la veracidad del redactor ó copista. Citaremos tan 
sólo tres casos, á manera de ejemplo: los de los Jueces números 
18, 40 y 59- 

Pero Morzielo, quando fue la de Alarcos. XV1IL Aplicando 
nuestro método, resulta que administró justicia de Octubre de 
1 194 á Octubre de 1195. Y la batalla de Alarcos se libró el 19 
de Julio de 1195. 

Enes de Sant Gil, quando murió el Rey Don Auric e regno el 
rey Don Ferrando. XL. Año judicial, de Octubre de 12 16 á Oc- 
tubre de 12 17. Y el rey D. Enrique I murió en 6 de Junio 
de 1217. 

Don Fortuno, quando fue presa Córdoba. LIX. Año judicial, 
de Octubre de 1235 á Octubre de 1236. Y Córdoba fué tomada 
el 29 de Junio de 1236. 

He aquí por qué sencillo procedimiento, he podido documen- 



raingo siguiente después de la fiesta de San Miguel, que la Iglesia celebra 
el 29 de Septiembre), para la elección del Juez y de los Alcaldes y demás 
funcionarios, teniendo presente que la ciudad de Cuenca se rindió á Don 
Alfonso VIH el 21 de Septiembre de la Era 1215 ( 1 177 de J. C). El Juez 
anual ejercía, pues, su cargo de Octubre á Octubre. El Fuero de Teruel 
(Rúbr. 58. Ed. Aznar) fija para la elección el martes después de la fiesta de 
la Resurrección. (Mando ilaque quod die martis post festam resurrectionis...) 



LAS EDICIONES DEL FUERO DE CUENCA \ r 

talmente fijar la fecha precisa (Octubre de 1 249 á Octubre de 
1250) del justiciazgo de Alvar Pérez, determinando al mismo 
tiempo, en el curso de dicho año judicial, «quando Jizieron hyun- 
ta todos los conceios de Extremadura en Sepuluega et ftie acabado 
este libro». 

Tenemos, pues, un Códice, el Escurialense, de fecha bien co- 
nocida (mediados del siglo xm) y otro, el Parisiense, de época 
probable ó hipotética (siglo xrv ó tal vez principios del xv). 

Sin embargo, esta diversa antigüedad de los dos Códices no 
repercute del mismo modo en su contenido. El más moderno 
(del siglo xiv ó de principios del xv), el de París, encierra una 
forma que podemos denominar primordial, ya que sería aventu- 
rado considerarla como la original ó primitiva del Fuero de 
Cuenca y el más antiguo (escrito de Octubre de 1249 á Octubre 
de 1250), el de El Escorial, nos ha transmitido una posterior, evi- 
dente arreglo ó modificación ¿pública ó privada? principalmente 
metódica de la primera. 

ha forma parisiense nos presenta, en una copia, por cierto bien 
poco cuidadosa, al Fuero de Cuenca dividido, con toda simplici- 
dad, en Rúbricas sin numerar, á las que el legislador, en el mis- 
mo texto, da el nombre de Capítulos. 

Así en la Dúo alcaldes siue sint iurati siue facticii rossunt 
firmare, leemos, Qvamuis in precede uti capitulo sit preciptum... 
(Cód. París, fol. 26 r.°) y en la De coopertore furti, dice, /Ve- 
dicto capitulo adiciendnm est... (fol. 49 v.°) (i). 

Esto demuestra que, por lo menos en esa forma primordial 
que representa el Manuscrito Parisiense, nuestro Fuero no afec- 
tó, como supone el profesor Alien (2), la de un documento, cuyo 
contenido desenvolvía su rígida unidad sin internas divisiones. 

La gran extensión material del Código conquense y lo com- 
plejo de sus variadas prescripciones eran de todo en todo incom- 
patibles con esa pretendida unidad indivisa é imperiosamente 



(1) Son las Rubrs. 15, Cap. xx, y 15 Cap. xliii En. Allen, que corres- 
n alas 15 Cap. xx y -o Cap. xliii Ed. Cerda. 

(2) Forum Conche, pá^. 11. 



l6 r.OLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

exigían una clasificación cualquiera, aunque fuese la primitiva y 
simplicísima de Capítulos ó Rúbricas sin numerar, determinándo- 
se sin duda alguna por medio de Epígrafes ó títulos marginales 
que facilitaban al propio tiempo su cita y su busca. 

La forma Escurialense se nos manifiesta, en una copia bastante 
cuidadosa, aunque no exenta de importantes erratas, como más 
complicada en su ordenación metódica. Las Rúbricas sin nume- 
rar de la forma anterior, aparecen modificadas ya por la unión 
de varias, constituyendo una sola; ya por la división de algunas 
de ellas, engendrando otras nuevas; ya llevando á las unas parte 
del texto integrante de las otras, y variando ó adicionando con 
frecuencia los antiguos Epígrafes. Y no contento con esto, ei 
arreglador establece diversos grupos con todas esas nuevas Rú- 
bricas que no coinciden ya con las que integran la forma pri- 
mordial que representa el Códice de París, distribuyéndolas en 
un número determinado de grandes Capítulos. La forma Escu- 
rialense, pues, nos ofrece el' Fuero de Cuenca dividido en 44 Ca- 
pítulos de diferente extensión, subdivididos á su vez, los 43 pri- 
meros, en Rúbricas numeradas. Y este nombre de Rúbricas sus- 
tituye de modo expreso al antiguo de Capítulos, reservando éste 
para el ordenamiento superior de la clasificación. Véanse en 
prueba de ello los índices de Capítulos y de Rúbricas contenidos 
en los doce primeros folios del Códice y las indicaciones concre- 
tas de cada una de estas divisiones y subdivisiones en el texto 
(ibis. 14 y sigs.). Y sin embargo, el arreglador ó el copista, más 
por negligencia que por ignorancia, ha conservado en los citados 
textos (Rúbricas 15, Cap. xx y 20, Cap. xlui) las palabras in 
precedenti capitulo... Predicto capitulo... y alguna que otra vez en 
la Tabla ó índice ha escrito, primum capitulum por prima rubri- 
ca (fols. 2 r.°, col. 2. a ; 3 v.°, col. 1. a y 6 r.°, col. 1. a ) y x i iij capi- 
tulum por xiiij rubrica (fol. 6 v.°, col. 1. a ) ó al designar el número 
ha empleado la forma neutra (uouum, septimum, tercium) significa- 
tiva de aquél, en lugar de la femenina (nona, séptima, tertia) exi- 
gida por ésta (fols. 2 r.°, col. 2. a ; 2 v.°, col. 1. a ; 7 r.°, col. 1. a ). 

Por último, ese anónimo arreglador, que al variar en muchas 
ocasiones la extensión y el contenido de los, primitivos Capítulos 



1.AS EDICIONES DEL FUERO DE CUENCA 17 

convertidos en Rúbricas, creyó conveniente modificar también 
el estilo, aunque en escasas proporciones y no con gran fortuna, 
lo que se explica perfectamente, dadas las distintas épocas de 
sus redacciones respectivas, y en bastantes casos los Epígrafes 
de aquéllas, quiso darlas al mismo tiempo condiciones de cierta 
independencia y personalidad de que en realidad carecían por 
el lenguaje empleado que, enlazando las unas con las otras, re- 
velaba á las claras la unidad y continuidad del pensamiento del 
legislador, aunque no fuera ni pudiera ser incompatible con la 
existencia de distinciones ó divisiones internas, y para ello supri- 
mió, en la mayor parte de aquellas, determinadas palabras inicia- 
les (et, et si, item, preterea, quod si, quapropter, quapropter mando 
quod, similiter, etc.), que representaban esas ideas (i) y aun 
agregó en cambio, en otras, tal cual vocablo que en el sistema 
anterior se suplía naturalmente y no requería por tanto enuncia- 
ción expresa. 

Tal es el carácter distintivo del arreglo que, constituyendo 
una nueva forma del Fuero de Cuenca, encarna el Códice de El 
Escorial. Es una modificación esencialmente metódica, toda vez' 
que las variantes de fondo que entre ambas formas, la parisiense 
y la laurentina podemos señalar, carecen de verdadera importan- 
cia y se pierden, digámoslo así, en la generalidad del conjunto. 

Pero por eso mismo, por esos caracteres distintivos que dife- 
rencian y separan de tal manera ambas formas, es de todo pun- 
to imposible confundirlas, ni mucho menos la crítica puede legi- 
timar su fusión en un tipo único, que había de resultar necesa- 
riamente artificial y arbitrario. 

La lección latina del Fuero de Cuenca se nos manifiesta, pues, 



(1) La palabra ítem, que con tanta frecuencia encabeza el texto de las 
Rúbricas del Manuscrito de París, es á la vez signo de unión y de distinción. 
Y es sabido que su uso, no sólo en las Cartas forales, sino en toda clase de 
documentos de aplicación del derecho, determina siempre la existencia de 
una nueva cláusula. Lo mismo podemos decir de las palabras, Mando ita- 
que quod... Mando etiam .., etc. La existencia, pues, de esas palabras que 
expresan claramente la unidad y continuidad del pensamiento del legis- 
lador, no es en manera alguna incompatible con la de una clasificación ó 
división interna de cláusulas, rúbricas ó capítulos. 

tomo lxx. 2 



1 8 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

en dos interesantes Códices que representan dos diversas formas, 
dos momentos distintos de su transformación evolutiva y el edi- 
tor literario ha de respetar la personalidad histórica de cada uno 
de ellos y ha de obrar con tacto exquisito y prudencia infinita 
en la rectificación de frases y en la restauración de textos, clasi- 
ficando y midiendo, con toda precisión y exactitud, el elemento 
común y el diferencial que los caracterizan é integran. 

Ahora bien; esta escasez de Códices, ¿podrá ser suplida por las 
adaptaciones latinas del Fuero de Cuenca, que constituyen otros 
tantos Fueros particulares de villas' y ciudades determinadas? 

Es indudable que, siendo estos nuevos Fueros adaptaciones, 
en el mismo idioma latino del texto conquense, formadas con toda 
evidencia antes de haberse generalizado la aceptación del roman- 
ce en los documentos jurídicos, pueden ser considerados como 
fieles reproducciones de aquél, mientras las peculiares condicio- 
nes de las localidades para las que se otorgaron no hayan exigido 
determinados cambios ó adiciones y los manuscritos que los en- 
cierran, sobre todo cuando se trate de la forma que les haya ser- 
vido de modelo, podrán ser utilizados, dentro de ciertos imites, 
para fijar la lección del Código originario en la rectificación ó en 
la restauración, pero nunca en la agregación de palabras, frases, 
-nías y capítulos, siempre que las variantes ó elementos 
aprovechados no impliquen aditamentos, ampliaciones, restric- 
ciones ó modificaciones especiales del Fuero-tipo. Porque hay 
que tener en cuenta, aunque la frase resulte gedeó/lica, recordan- 
do lo que en cierta ocasión me decía un zafio labrador de Casti- 
lla, que «una cepa es una cepa», que el Fuero de Cuenca es el 
Pucro de Cuenca y 1 Fuero de Ha.ro es el Fuero de Haro. 

Pero también aquí luchamos con la escasez y con la desgracia. 
De las tres adaptaciones latinas conocidas del Fuero de Cuenca, 
que constituyen respectivamente los de Consuegra, Alcázar y 
Faro (Haro), las dos primeras, utilizadas en la Edición Cer- 
da-Sancha, han desaparecido, hecho tristísimo que tal vez expli- 
quen los trastornos inherentes á nuestra legendaria lucha con los 
ejércitos napoleónicos. 

La adaptación latina de Consuegra (Toledo), como otorgada 



LAS EDICIONES DEL FUERO DE CUENCA 1 9 

por el mismo Alfonso VIII, debió ser una reproducción, con leves 
variantes, de la forma primitiva del Fuero de Cuenca (i), como lo 
demuestran las notas contenidas en la Edición Cerda-Sancha, y 
la de Alcázar (Ciudad Real) fué sencillamente el resultado de la 
concesión hecha á sus pobladores del Forum Consocre, por el. 
Prior D. Rodrigo Pérez el año 1241 (2). Pero délos Códices que 
■contenían tan interesantes adaptaciones nada sabemos, ni siquie- 
ra el siglo en que fueron escritos; lo único que conocemos es el 
hecho de su existencia y de su desaparición y las numerosas va- 
riantes que resultan de su cotejo con el texto Kscurialense, ano- 
tadas por los autores de la Edición madrileña. 

Resta únicamente el Fuero ¡atino de Faro (Forum Fari) ó 
Haro (¿provincia de Cuenca?) (3) concedido á esa villa ó aldea 
por su señor Didacus Lupus, probablemente el D. Diego López 
de Haro, contemporáneo de Fernando III y de Alfonso X y 
muerto en 4 de Octubre de 1 2 54. 

Es una adaptación latina del Fuero de Cuenca, que, como la 
de Consuegra, con la cual presenta numerosas relaciones y afini- 
dades y la de Alcázar, encarna la forma primordial contenida 
en el Manuscrito Parisiense y fué utilizada para su Edición por 
el profesor Alien. 

El Códice que, procedente de la Biblioteca del Conde-Du- 
que de Olivares, se custodia en la del Escorial (N. iij. 14), cons- 
ta en la actualidad de J"} hojas en pergamino (275 X 179)) es " 



(1) Colee, de Fueros, etc., por la R. Acad. de la Hist. Catálogo. Madrid, 
1852, pág. 78. — Marichalar y Manrique, Hist. déla Leg. 11. Madrid, 1861. pá- 
gina 449. 

(2) Catálogo cit., pag. 11. Marichalar y Manrique, ob. cit. 11, pág. 500. 

(3) Catálogo cit., pág. 108. Marichalar y Manrique, ob. cit., ir, pág. 213. 
Villa-amil. Reseña de algunos Códices jurídicos déla Bibl. del Escorial. Ma- 
drid, '883, págs. 20 y sigs. Alien, Forum Conche, págs. 8 y sigs. 

«La duda que puede haber (dice Villa-amil) y la Academia indica en 

su Catálogo, es á qué población de las varias que han llevado y llevan el 

«nombre de Haro se refiere. Inclínase la Academia á que no es, ni á la 

» villa de Haro de la provincia de Logroño, ni á la llamada también así en 

Vizcaya, pues ni una ni otra, ni los de'más pueblos correspondientes á los 

•.distritos á que ambas villas pertenecen respectivamente, no tuvieron el 

Fuero de Cuenca, sino á que debe ser á la aldea de Haro en el partido 



20 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

critas á línea tirada, excepción hecha de la última y en la her- 
mosa letra francesa característica del siglo xm (i). 

Desgraciadamente está incompleto; se observan en él cuatro 
importantes lagunas, dos de las cuales (la segunda y la cuarta) 
pasaron inadvertidas á nuestro doctísimo Villa-amil (2). 

La primera, entre los folios 24 y 25, tiene una gran extensión, 
pues comprende desde las últimas palabras de la Rúbrica, De uní- 
tate uiri et uxoris, hasta el final de la De palo, en total 99, con- 
tando esta última. 

La segunda, entre los folios 27 y 28, se concreta á 21 Capítu- 
los ó Rúbricas, desde el principio de la De tribus diffidiatis ma- 
nifestis, hasta el comienzo de la De quinqué diffidiatis quorum 

UNUS UENERIT AD PLACITUM ET QUATUOR NON. 

La tercera, entre los folios 5 1 y 5 2 > representa la pérdida de 
20 Rúbricas, desde los primeros renglones de la Quod appelans 
possit peniteri, hasta que termina la De factoribus patronis. 

Por último, la cuarta, entre los folios 76 y 77, tiene mayor 
importancia, por coincidir en parte con la segunda que hemos 
notado en el Códice Parisiense. Extiéndese esta laguna desde el 
fin de la Rúbrica, [Qualiter domus sint cooperte], hasta el del 
Fuero, eliminando ió Rúbricas, todas las partidas de la Qualiter 
telonearius debet accipere portaticum y la mayor parte de las 



»de Belmonte de la provincia de Cuenca, cuya aldea pertenece hoy á la 
«jurisdicción de Villaexcusa de Haro (mientras en la Edad Media sucedía 
»lo contrario) y esta villa tenía el Fuero de Cuenca por concesión del 
«Maestre de Santiago D. Fadrique, otorgada en 1387... Otra dificultad que- 
»da aún por resolver... y es la de si esta villa fué fundada ó perteneció en 
>>algún tiempo á los señores de la casa de Haro, ó si en memoria de algu- 
»no de ellos se la dio este nombre.» 

(1) No sé en qué se funda el profesor Alien para atribuir este Códice 
ala segunda mitad del siglo xiv (Jtitrod., pág. 8: «Escorial, N. III. J 4, as- 
•»cr¡bed to the second half of the fourteentli ceniury»), porque la letra france- 
sa en que está escrito demuestra que es obra de mediados ó á lo sumo 
de fines del siglo xm. Indudablemente ha incurrido en ese error como in- 
defectible consecuencia de haber asignado igual fecha al Códice Escuria- 
lense Q. iij. 23, también escrito en la misma letra francesa. 

(2) Para la determinación del contenido eliminado en estas lagunas, 
utilizamos el Códice de París, por ser el que encarna la forma que repre- 
senta la adaptación de Haro. 



LAS EDICIONES DEL FUERO DE CUENCA 



|^De foro hostalagiorum], pues sólo aparecen las 12 últimas en 
la primera columna del postrer folio JJ r.° 

Conocidos los Códices del texto latino, pasemos al estudio de 
sus dos Ediciones. 



III 

La primera edición se puede calificar de non nata; fué impre- 
sa, pero no publicada. 

Comprende el texto latino tomado del Códice Escurialense 
Q. iij. 23 (siglo xin), con las variantes de los de Consuegra y 
Alcázar, hoy desgraciadamente perdidos, y el Castellano que re- 
conoce por base el Manuscrito Escurialense ¿de Cuenca? L. iij. 32 
(siglo xv) con correcciones más ó menos oportunas del 1 1. 543 de 
la Biblioteca Nacional (siglos xin al xiv) que nos ha conservado 
la adaptación romanceada de Alcázar. 

Fué impresa esta edición por la casa Sancha para formar par- 
te de unos Apéndices á las Memorias históricas de la vida y ac- 
ciones del Rey Don Alonso el noble, publicadas por D. Fran- 
cisco Cerda y Rico (Madrid. A. de Sancha, 1783), pero los plie- 
gos tirados (el Fuero de Cuenca y 86 Capítulos del de la Villa de 
Uclés, en total 368 páginas) fueron vendidos al peso como papel 
viejo, salvándose tan sólo algún que otro ejemplar. Dos conozco 
de proprio visu: uno propiedad de mi ilustrado compañero y que- 
rido amigo D. Cayo Ortega, y es el que he utilizado en estos tra- 
bajos, y otro procedente de la Biblioteca de Gáyangos y que se 
custodia en la Nacional (R. 13.560). El que existe en el Archivo 
municipal de Cuenca, legado al Ayuntamiento por el vecino de 
Tarancón D. Lorenzo Pastor, está incompleto; contiene única- 
mente 224 páginas. Es, pues, de adquisición dificilísima, por no 
decir imposible (i). 



(1) En la Biblioteca de nuestra Academia existe (11-4-7) una 1 
manuscrita de este rarísimo libro. Constituye un ilumen en folio 

{315 x 220) de letra cursiva y clara, indudablemen primera mitad 

del siglo xix. Está escrito en 1S1 pliegos (360 hojas útiles) y compren 
copia literal de las páginas 1-359 de los fragmentarios Apéndices impre- 



22 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

La impresión debió terminar en los primeros años del próxi- 
mo pasado siglo xix. En efecto, nuestro sabio y venerable Mar- 
tínez Marina en la primera edición (Madrid, 180S) ele su impere- 
cedero Ensayo histórico- crítico sobre la legislación y principales 
cuerpos legales de los Reinos de León y de Castilla, se expresa 
(pág. 98, n. 4) en la siguiente forma: 

«Don Gabriel de Sancha tiene ya impreso este fuero con otros 
»muchos documentos pertenecientes -al reinado de don Alon- 
»so VIII, los quales deben formar el tomo 11 de la crónica de 
»este monarca. Quando se publique hallarán los lectores en el 
»prólogo ó discurso preliminar noticias curiosas del fuero de 
» Cuenca y de sus códices.» 

Pero este anunciado prólogo ó discurso, si fué escrito, nunca 
— que yo sepa — ha sido impreso ni publicado, y esto nos prueba 
que en ese año de 1808, tal vez como consecuencia de los gra- 
vísimos y trascendentales acontecimientos políticos y militares 
que trastornaron por completo la vida normal de nuestra patria, 
se suspendió indefinidamente la continuación de la obra. 

Más difícil es la determinación de la personalidad del editor 
literario. 

Las Memorias históricas de la vida y acciones del rey Don 
Alonso el noble, octavo del nombre, recogidas por el marques de 
Mondé jar, fueron ilustradas con notas y apéndices, por D. Fran- 
cisco Cerda y Rico (Madrid, I/83), y es natural y lógico que 
también este erudito académico dirigiera (1783-1800) la proyec- 
tada continuación de aquellos, ya realizando el trabajo por sí, ya 
encomendándolo, en todo ó en parte, á otras personas. El caso es 
que, estudiando detenidamente los textos latino y castellano del 
Fuero de Qienca, que integran la Edición, y las variantes de .las 
adaptaciones de Consuegra y de Alcázar, que la ilustran y avalo- 
ran, observamos, sobre todo desde la página 233, que ó los edi- 
tores rectificaron en gran parte sus procedimientos ó se realizó 



sos por Sancha. No contiene referencia alguna á las páginas correspon- 
dientes del impreso y omite la copia de las nueve últimas de éste (360-368) 
que transcriben los 86 primeros Capítulos del Fuero de la Villa de irles. 



LAS EDICIONES DSI. FUERO DE CUENCA 2} 

un cambio completo en la dirección literaria de la obra, tal vez 
originado por la ausencia ó por la muerte de D. Francisco Cerda 
(5 de Enero de 1800). Ya nos haremos cargo, oportunamente, 
de ese fenómeno de rectificación, más saliente y significativo en 
lo que hace relación al texto romanceado que en lo que respecta 
á la lección latina; por ahora basta tan sólo afirmar el hecho; más 
adelante aduciremos necesarios detalles é interesantes compro- 
baciones. 

Mas, quiénes fueron esos anónimos colaboradores ó sucesores 
de D. Francisco Cerda, no me ha sido posible poner en claro. De 
todos modos, cuadra perfectamente á esta primera Edición ma- 
drileña del Fuero de Cuenca, la doble denominación de Cerda - 
Sancha (i). 



(i) Lo rarísimo del libro impone la necesidad de una detallada des- 
cripción, con alguna que otra indicación explicativa y cita de los folios 
de los Códices, ya que los Editores practican, por regla general, la políti- 
ca del silencio. 

Constituye un vol. en 4. (195 X 120). Págs. 1-368. Sin portada y sin 
terminar. Cabezas, págs. 2-4, praefatio: págs. 6 al final (pares), Apendtces 
a las memorias: 5 al final (impares) de Don Alonso VIII. Págs. 1-4, Praefa- 
tio (del Fuero de Cuenca) á línea tirada: prólogo latino, que está tomado 
del Cód. Esc. O. iij. 23, cotejado con los latinos de Consuegra y Alcázar 
(hoy perdidos) y con el romanceado de Alcázar (ahora Bibl. Nac. ¡\Is. 1 1.543) 
que también traslada en latín (Incipit prologus) la mencionada pieza. 

El Fuero, en su doble texto latino y romanceado, empieza en la pág. 5 
y termina, el castellano, en la 347 y el latino en la 353. El latino festá to- 
mado del Códice Escurialense Q. iij. 23, señalando por notas las princi- 
pales variantes de los Fueros latinos de Consuegra y Alcázar. El roman- 
ceado se tomó del Códice Escurialense L. iij. 32, rectificándole con el 
castellano de Alcázar, ya citado, y adaptándole en ocasiones al lenguaje 
del siglo xvili. Los Epígrafes latinos de las Rúbricas, á línea tirada, cu: 
no son hijos de la arbitrariedad de los Editores, han sido co] 
es que esto no lo dicen), de los Códices Escurialcnses, unas veces del 
latino, y otras del romanceado, pues la mayor parte de los que éste nos 
transmite están en latín. El texto romanceado sedesfigura, mutila y tras- 
torna, acoplándole los Editores á la división de Capítulos y Rúbricas 
del latino. 

A dos columnas. La primera contiene el texto latino: la se 
castellano. El texto romanceado que se traslada en las páu;s. 347 y 
bajo el título (dado por los Editores) Fuero del concejo de Cuenca, está 
copiado del Escurialense latino Q. iij. 23, fol. 94 y no exi te en el castella- 
no. Lo propio sucede con el Cap. xliv. Inciiit FORUM DE IILONARIO <' 
lat. fols. 95 al 97 r.°), y que ocupa las páginas 348 á 353. Aquí | 



24 boletín de la real academia de la historia 

La segunda Edición, aunque de fecha que podemos calificar de 
reciente, no es de adquisición fácil. Ha sido publicada, como ya 
he indicado, por el profesor norteamericano G. H.. Alien, en 
la Revista Universitaria de Cincinnati (University Studies, 
Nov.-Dec. 1909. Jan.-Fév. 1910) (i), y comprende, tan sólo, el 
texto latino (Forum Conche) que se fija mediante el empleo, más ó 
menos discreto, de tres Códices. En realidad, la base del texto 
está constituida por el Parisiense que, ya sabemos, represen- 



termina realmente el Fuero. Las piezas que siguen son aditamentos espe- 
ciales. 

Las págs. 353 á 355 contienen Declaraciones del Rey Don Sancho, que 
llevan la fecha de 23 de Marzo de la era 1323 (1285 de J. C.) y están sa- 
cadas del Códice romanceado (fols. 155 á 157 v.°). 

La lista de Jueces (De judicibus) que aparece en las págs. 355 á 357, no 
existe en el Códice romanceado, y está tomado del latino (fol. 97 r.°, 
col. 2. a á 98 r.° columna i. a ), y cotejada con la transmitida por «un Códice 
de la Santa Iglesia de Sevilla, cax. 106». 

Las págs. 357 y 358 trasladan algunas Rúbricas, Que se hallan en el 
castellano y faltan en el latín, afirmación no siempre exacta. 

Por último, las págs. 358 y 359 nos dan á conocer curiosas indicaciones 
acerca Del valor de los maravedises de moneda vieja, e de los sueldos 
como se ha de entender (Códice romanceado, fols. 158 y 159). 

Las págs. 360 á 368 comprenden á dos columnas los 86 primeros Capi- 
tulos del Fuero de la Villa de Uclés. 

No dicen los Editores de dónde tomaron este Fuero, pero es indudable 
que el original fué un Códice del siglo xm, procedente de Uclés, que per- 
teneció después al Sr. Gayangos, y que hoy se custodia en la Bibl. Nac, 
bajo el núm. 17.855, y es casi seguro que utilizaron una copia que del 
mismo sacó D. Juan Antonio Fernández, natural de Tudela de Navarra, 
en 19 de Agosto de :79o. Quedaron sin imprimir 130 Capítulos, con más 
el Fuero antiguo que, después del nuevo, también inserta el Códice. 

El P. D. Fidel Fita, publicó (Abril, 1889), todo el Fuero (los 216 Capítu- 
los y el antiguo), en nuestro Boletín, tomo xiv, págs. 302 y siguientes, y 
por notas señaló «las variantes ó deslices y defectos que resultan en la 
parte impresa». (Véase en el Museo-laeokatorio jurídico de la Uni- 
versidad Central, mi estudio inédito, El Fuero romanceado ¿de Cuenca? 
etc., fols. v-vn y 294). 

(1) Forum Conche. Fuero de Cuenca. The Latín Text of the Municipal 
Charter and Lavvs of the City of Cuenca, Spain. Edited with and Intro- 
¡litciion and Crilical Notes oy, George H. Alien, Ph. D. Assistant Professor of 
Latín in the University of Cincinnati. lu two Pa/-/s. Part. I, Introduction 
Prefatio, Capitula I- XIV. Nov.-Dec. 1909. Part. II, Capitula XV-XLIV.' 
Jan.-Fév. 1910. (University Studies published by the University of Cin- 
cinnati. Series II. Vol. v. N.° 4. Vol. vi. N.° 1.) 



LAS EDICIONES DEL FUERO DE CUENCA 

ta la forma primordial del Fuero de Cuenca (Bibl. Xat. Fond. 
latín 12.927) y que el Editor considera, siguiendo a Morel-Fatio, 
como obra de la primera mitad del siglo xiv. Los otros dos Có- 
dices son los Escurialenses O. iij. 23 y N. iij. 14, que, según he- 
mos dicho, contienen, respectivamente, la reforma sistemática del 
mencionado Fuero, y la adaptación latina de éste que constituye 
el particular de Haro, escritos ambos en el siglo xm y que el 
profesor Alien erradamente atribuye á la segunda mitad del xiv. 

Ambas Ediciones, por lo que respecta al texto latino (ya me 
ocuparé después del romanceado), dejan mucho que desear, con- 
tienen grandes errores é incurren en faltas gravísimas de crítica, 
que introducen en el ánimo la desconfianza y que, por tanto, im- 
ponen al investigador la ruda tarea de consultar directamente 
los Códices. 

No es esto decir que, mientras no exista una buena edición 
crítica, se deba hacer tabla rasa de trabajos defectuosos, es verdad 
y de peligroso uso, para todos, principiantes é investigadores, 
pero no exentos de mérito y digno de mención. Hoy por hoy, hay 
que utilizarlo todo: las dos Ediciones española y norteamericana 
y los dos Códices, el Parisiense y el Laurentino (aparte del Es- 
curialiense de Haro, que sólo puede tener en estos estudios una 
función auxiliar y un lugar secundario), poniéndolos á cada mo- 
mento en relación, contrastando textos y variantes, y hacien- 
do, cuando la oportunidad lo demande, las necesarias rectifica- 
ciones. 

No voy á entrar ahora, para demostrar semejantes asertos, en 
largas y extensas disquisiciones, pero sí debo aportaros algu 
datos para que nunca pueda ser mi juicio tachado de ligero 

La Edición madrileña puede ser juzgada, tan 
respecta al texto latino, con cierta benevolencia 
vedad de algunas de sus faltas no permite otorgarla, como qui- 
siéramos, una respetuosa y completa absolución. Está 
un tiempo (fines del siglo xvín, y tal vez principi 
bien pocas exigencias críticas, y á este medio ambi 
atribuir algunos de sus lunares, por ejempl 
de modernizar la ortografía de! C<3 



20 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

Pecado venial es este, pues no tiene trascendencia alguna para 
nosotros, tratándose de textos latinos. 

De mayor importancia es el haber erigido en norma gene- 
ral de conducta lo que podemos denominar la política del si- 
lencio. 

En cambio, D. Francisco Cerda y sus sucesores ó ayudantes 
(que la intervención de más de una persona en la dirección lite- 
raria de la obra es indudable), tuvieron el buen acuerdo de colo- 
car, en el puesto secundario que les correspondía, á los Códices 
de los Fueros latinos de Consuegra y de Alcázar, contentándose 
con señalar sus principales variantes, y utilizándolos, aunque por 
regla general sin decirlo, como elementos auxiliares, cuando esti- 
maron necesario ó conveniente reconstruir ó completar, con 
mayor ó menor acierto, determinados pasajes. 

Pero aquí se detiene el elogio y la disculpa, pues no es posible 
aceptar, en tiempo alguno y con ningún pretexto, la arbitrariedad 
que reina en la determinación de los Epígrafes de Capítulos y 
Rúbricas y los defectos y descuidos que se observan en la trans- 
cripción del texto. 

Bien podemos decir que se prescinde, ó poco menos, de los 
Epígrafes generales que en la Tabla correspondiente del Códice 
(foí. I r.°, cois. 1. a y 2. a ), ostentan los 43 primeros Capítulos, de 
los 45 que en totalidad constituyen la distribución metódica de la 
obra realizada por el anónimo arreglador conquense (i), sin duda 
porque, en muchos casos, coinciden en todo (Caps. 3. , I O á 13, 
21, 24, 29, 41 á 43), ó en parte (Caps. 2.°, 4. , 5. , 8.°, 9. , 16 á 



(1) El Cap. xliv no presenta la subdivisión en Rúbricas que caracte- 
riza á los 43 primeros y comprende las tarifas de los derechos de portdtico 
y de kostalnje, bajo el Epígr. Incipit forum de teloneariis, ó teloneario, 
como aparece en el texto (fol. 95 r.°, col. i. a ). El xlv, nos da la lista nume- 
rada de los 73 Jueces que administraron justicia en Cuenca, desde que 
esta ciudad fué conquistada por el Rey Don Alfonso, en la Era de 1215 
(año 1 177 de J. C), hasta que/ue acabado este libro (de Octubre de 1249 <*• 
Octubre de 1250, según hemos ya plenamente demostrado), y lleva el Epí- 
grafe: De numero iudicum, transformado por el copista del texto en el más 
sencillo De iudicibus (fol. 97 r.°, col. 2. a ). Una mano posterior ha agregado 
la indicación de otros tres Jueces 



LAS EDICIONES DEL FUEriÜ DE CUENCA 

19, 23, 25, 26, 30, 32, 33, 35 á 40), con el especial asignado á la 
Rúbrica 1. a Mas cuando esta relación no existe, la preterición es 
absoluta (Caps. 6.°, 7. , 14, 15, 22, 27, 28 y 31), y únicamente, 
por excepción, encontramos una fusión parcial de ambos Epígra- 
fes (Cap. 20) ola radical supresión del de la Rúbrica (Cap. 34). En 
cuanto al del Cap. 1 De Concessione fori conchensis et de fori 
prerogatiua. Primum capitulum), ha servido para formar una Rú- 
brica con la introducción general, In prinüs igitur... cuiuslibet 
metalli, pasando la que es en el Códice, Rúbrica 1. a , á la catego- 
ría de segunda. 

Pero la conducta de los Editores literarios es todavía más cen- 
surable, en lo que hace relación á los Epígrafes especiales de 
cada Rúbrica. ¡Nada menos que 1 56 de éstos nos hemos visto 
obligados á rectificar, en poco ó en mucho, al trazar el cuadro 
de lo que podemos llamar la fe de erratas de la Edición madri- 
leña! 

Y si es verdad que en algunos, muy pocos casos (19 tan sólo), 
la culpa más grave es la del silencio, porque se trata de haber 
suplido, sin decirlo, tales ó cuales palabras, con el pretexto legí- 
timo á veces, pero con frecuencia ocioso, de reparar omisiones 
del copista, de prec isar el lenguaje ó de esclarecer conceptos, en 
todos los demás reina en absoluto una arbitrariedad realmente 
desenfrenada. 

Unas veces (en 21 casos), sustituyen los Epígrafes propios del 
Códice latino, por los que también en latín contiene la adapta- 
ción romanceada, y otras (más de IOO), introducen en ellos las 
más caprichosas transformaciones por medio ele cambios, omisio 
nes y agregaciones completamente arbitrarias. 

Así, por ejemplo, adicionan el Epígrafe; de la Rúbr. 25; Cap. ni: 
De ganato qui in área dampnum fecerit con las siguientes pala- 
bras, que constituyen como una segunda parte del mismo, De gal- 
linis quae in área dampnum fecerint, y transforman el 7 
(De eo qui défensam circa uiam ai r exíti 
biendo, De eo qui circa viam defensam fecerit 
circuitu. Y en ocasiones se contentan con m 
palabras, cambiándolas de lugar, sin duda por creer qu 



28 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

manera, se mejora la construcción latina. Sirva de ejemplo de tan 
absurdo sistemad observar que la Rúbr. 39, Cap. oc (De párente 
qui filium suum pro se obsidem miserit) se transcribe diciendo: De 

PÁRENTE QUI OBSIDEM FILIUM SUUM PRO SE MISSERIT. 

Esta idea, verdaderamente peregrina y perturbadora, de me- 
jorar á todo trance el estilo y la construcción gramatical del 
Eorum Conche, no sólo variando la colocación de las palabras, 
sino cambiando ó suprimiendo éstas y sustituyendo formas, pasa 
de los Epígrafes al texto y obsesiona de tal modo el espíritu de 
los Editores, que de continuo sacrifican á ese soñado perfecciona- 
miento la exacta y fiel transcripción del Códice. Y á esto se une 
el número, no escaso, de adiciones, suplementos, descuidos y 
mutilaciones que, de cuando en cuando, aparecen en el texto y 
que acusan una ausencia casi total de las condiciones críticas que 
deben presidir semejante s trabajos editoriales, 

A manera de ejemplo, y para dar término á este ya proli- 
jo examen, señalaré tan sólo dos casos de reconocida impor- 
tancia. 

Ignoro por qué razones, y tal vez inspirándose en las adapta- 
ciones latinas de Consuegra y Alcázar, aunque nada dice, el Edi- 
tor literario ha rectificado la lección del Códice Escurialense (fo- 
lio 39 v.°), dividiendo en dos la Rúbrica, De capto militis, 23, 
Cap. xii. Ha creado, pues, con la segunda parte de ésta una 
nueva, á la que ha dado el núm. 24, y para la cual ha fabri- 
cado, con materiales tomados del texto, el Epígrafe: De eo qui 

ALIUM HOMINEM CUM CALCARIBUS AUT STIMUL1S VERBERAVERIT. 

Si de esta manera, haciendo de una Rúbrica dos, aumenta las 
del Cap. xii, por otra gravísima falta de crítica, hace de dos una 
y disminuye las del xx, eliminando la tercera, ó más bien, fun- 
diéndola en el texto de la segunda. 

Veamos cómo esto se realiza. 

En el comienzo del Cap. xx, el amanuense que escribió el Có- 
dice omitió, en el fol. 57 r-°, las últimas palabras de la Rúbrica se- 
gunda, que la completan, después de las ... siue alcaldum; y el Epí- 
grafe y el principio de la 111, ó sea, en total, lo siguiente: «... pos- 
tea querimoniosus firmet. De eo qui pignora daré noluerit. ih. 



LAS EDICIONES DEL FUERO DE CUENCA 29 

Qiúcumqiie pignus habendo pedem in manu iudicis siue alcal- 
dum. ..» El Editor español (pág. 187), con ayuda, sin duda, de los 
Códices latinos de Alcázar y Consuegra, suplió (por supuesto, se- 
gún costumbre, sin decirlo) la pequeña parte omitida del texto, 
pero prescindió de la división de Rúbricas (porque tal vez no exis- 
tía en los manuscritos que utilizaba para la reconstrucción), y, por 
tanto, del Epígrafe de la tercera, á pesar de que figura (fol. 7 v.°, 
columna 1. a ) en el índice ó Tabla de títulos que encabeza el Có- 
dice, y que su falta se denuncia en el mismo cuerpo del Fuero, 
por la numeración de las restantes, que con ella forman el men- 
cionado Cap. xx. Y el error es tanto más grande y evidente cuanto 
que, para acoplar el texto romanceado al latino (defecto crítico 
que en su lugar haré notar), se han visto obligados los Editores á 
unir á la anterior, la Rúbrica 109 (i 13) del Libro vi del Códice 
castellano Escurialense, L. iij. 32, que corresponde á esa Rúbrica 
tercera del Cap. xx, cuyos Epígrafe y numeración omiten, y que, 
á mayor abundamiento, lleva el mismo título, también en latín, 
De eo qui pignora daré noluerit (fol. 76 r.° del citado Cód. Es- 
curialense, L. iij. 32). 

Por último, hay que tener en cuenta que la mayoría de seme- 
jantes faltas y descuidos, se realiza, en las primeras dos terceras 
partes de la obra, porque, á partir de la página 233, que coincide 
con el principio del Cap. xxvn, y que corresponde al fol. 67 r.° 
del Códice, por causas para nosotros desconocidas, tal vez por 
haber variado la dirección literaria, sin rectificar por completo 
los procedimientos, hay ya más fidelidad en las transcripciones, 
es mucho menos frecuente el detestable intento de reformar la 
construcción y el estilo y se abandona, en ocasiones, la polítú 
silencio, con la buena práctica de notas explicativas y de referen- 
cias á los textos originales. Y aunque fundamentalmente se man- 
tenga la misma conducta generadora de tan culpables desacú 
y encontremos variadas manifestaciones de todos ellos, lo cierto ei 
que en esta última parte de la obra, por lo menos, su 1 
disminuye en gran manera. Tan sólo hemos tenido que rectifi 
ficar nueve Epígrafes de las numerosas Rúbricas que 
los Capítulos del xxvn al xliii. Y el socorrido y cómodo si 



3o boletín de la real academia de la historia 

del silencio, interrumpido dos veces por verdadera excepción (i), 
se sacrifica con una relativa mayor frecuencia (2). 

Y basta ya en lo que respecta al texto latino de la Edición non 
nata de Cerda-Sancha. 

La Edición norteamericana del profesor Alien, obra de un ex- 
tranjero, realizada con demasiada premura, mayor de la que na- 
turalmente la empresa requería, se resiente, mucho más que la 
madrileña de Cerda, de errores y defectos críticos de verdadera 
trascendencia. Y siento en el alma que mi amor á* la verdad me 
lleve á semejantes afirmaciones, porque, aparte de que sin dispu- 
tas ni regateos, es merecedor de plácemes el científico extranje- 
ro que de luengas tierras viene á estudiar en nuestros Archivos, 
Bibliotecas y Universidades los Códigos y las instituciones de la 
España medioeval, recuerdo y siempre recordaré con profunda 
satisíacción, el tiempo que el profesor Alien me honró asistiendo 
á mis lecciones universitarias y manifestándome un deferente y 
respetuoso afecto. Pero, dejando á un lado convencionalismos 
engañosos, no puedo menos de confesar, por más pena que me 
cause, que su Edición del Forum Conche, á pesar de constituir 
un libro realmente meritorio, adolece de numerosos y capitales 
defectos. 

Dos son las fuentes principalísimas de. éstos: de una parte el 
error fundamental que domina en la concepción orgánica de la 
obra, y de otra una inconcebible y lamentable confusión del Có- 
dice Escurialense O. iij. 23 y de la Edición madrileña de Cerdá- 
Sancha. Y los funestos productos de semejantes veneros desen- 
vuelven su vitalidad en un ambiente saturado de mediocres lec- 
turas, descuidos, arbitrariedades y ligerezas de juicio que, en 
ocasiones, se determinan en faltas gravísimas de crítica, todo 
ello como indefectible resultado de la precipitación que ha pre- 
sidido el desenvolvimiento de un trabajo que, por su naturaleza 



(1) Véanse las páginas 162, núm. 3, y 165, núm. 2. Ed. Cerda- Sancha. 

(2) Véanse las páginas 258, núm. 5; 275, núm. 1; 282, núm. 2; 286, nú- 
mero 4; 289, núm. 3; 296, núm, 5; 302, núm. 2; 312, núm. 6,.y 341, núme- 
ros 2 y 4. Ed. Cerdá-Sanchn. 



LAS EDICIONES DEL FUERO DE CUENCA 3 I 

y su alta importancia histórico-jurídica, exigía mayor meditación 
y un más amplio y detenido estudio. 

En la concepción orgánica de la obra, no ha tenido en cuenta 
el profesor Alien que los dos Códices latinos, el Parisiense 12.927 
y el Escurialense 0. üj. 23, representan dos formas diferentes, 
dos momentos distintos en la transformación evolutiva del Fo- 
riim Conche. Ya lo hemos dicho; pero es conveniente ahora re- 
cordarlo. 

En la forma transmitida pea- el manuscrito de París, y que he- 
mos denominado primordial., aparece el Fuero de Cuenca des- 
envolviendo su extenso contenido simplicísimamente en una se- 
rie de Rúbricas sin numerar, relacionadas, ó por mejor decir, 
enlazadas entre sí por una natural dependencia que trasciende al 
lenguaje y que denuncia, bien á las claras, la unidad y continui- 
dad del pensamiento del legislador. 

El Códice Laurentino, por el contrario, nos da á conocer una 
modificación esencialmente metódica de esa forma primordial y 
que, sin vacilación alguna, podemos calificar de forma sistemática 
del Fuero de Cuenca. El anónimo reformador rompe esa natural 
dependencia de las antiguas Rúbricas, otorgándolas una verdade- 
ra personalidad individual, variando al efecto el lenguaje, supri- 
miendo todo aquello que mantenía ó expresaba la primitiva rela- 
ción ó agregando lo que ya naturalmente no podía ser suplido; 
modificando con frecuencia su extensión, por medio de uniones 
y divisiones más ó menos acertadas y oportunas; cambiando ó 
adicionando sus antiguos Epígrafes, y formando con ellas grandes 
agrupaciones, á las que da el nombre de Capítulos. Y el Fo 
Conche aparece dividido en 44 Capítulos de diferente exten; 
subdivididos á su vez los 43 primeros, en Rúbricas numeradas. 

He aquí lo que resulta de un detenido estudio de 
Pero el profesor Alien nada de esto ha visto. Ha recogido tan 
sólo el elemento meramente material de supresión 
ciones, y en lugar de respetar esas dos personalida 
lientos y caracterizadas, como formas difei ¡no mor 

tos distintos de la transformación evolutiva del Forum t 
che, las ha destruido por completo y ha confundido sus 



32 boletín de la real academia de la historia 

del modo más lastimoso, acoplando, digámoslo así, el Códice del 
Escorial al Parisiense y éste al Laurentino, y matizando tan abi- 
garrado conjunto con agregaciones tomadas de la adaptación la- 
tina de Haro ó con arbitrariedades de lenguaje, hijas, sin duda, 
de un celoso, pero inoportuno y perjudicial, deseo de mejorar la 
construcción latina del texto. Y el producto de esa inconcebible 
fusión en un tipo único, representa una nueva forma completa- 
mente artificial y arbitraria. 

Tal ha sido el error fundamental del trabajo del profesor 
Alien. Ha tomado como base para su edición del Forum Conche 
la clasificación en 44 Capítulos del manuscrito Escurialense y 
ha acoplado á la misma la división en Rúbricas del Códice de 
París (i). Así es que su Edición no responde en modo alguno á 
la realidad y crea una tercera forma, verdaderamente fantástica y 
arbitraria, que ni representa la primordial Parisiense, ni el arre- 
glo metódico Laurentino, toda vez que la subdivisión en Rúbri- 
cas, tomada de aquélla, no sólo altera el número de éstas, sus 
Epígrafes y su contenido, sino que las arrebata su personalidad 
y su, hasta cierto punto, especial independencia, con el resta- 
blecimiento del texto y de las palabras iniciales suprimidas por 
el arreglador, cuyo pensamiento de una nueva ordenación siste- 
mática se desnaturaliza por completo. 

Citaré, en prueba de ello, un sólo caso bien típico por cierto. 

Como Rúbrica 1. a del Cap. xxv, ha colocado en su Edición el 
profesor Alien, la De eo qui iudicium ueneris non receperit, del 
Códice de París (fol. 30 v.°). Pues bien, el Códice Escurialense 
(fol. 64 r.°) hace del primer párrafo de esa Rúbrica (Duorum dis- 
ceptantum si unas iudicium diei ueneris receperit, et alter non et 
ad librum non apellauerit, cadat a causa), bajo el Epígrafe: De 

EO QUI IUDICIUM UENERIS NON RECEPERIT, NEC AD CHARTAM APELLAUE" 

(1) «Para la división de las leyes — dice el profesor Alien — y para la 
forma de los títulos, he seguido exclusivamente el manuscrito de París, 
excepto cuando he recurrido al Escurialense del Fuero de Cuenca para 
aquellas partes que faltan en aquél» (pág. 1 1). Y estudiando la Edición se 
observa que esas Rúbricas con sus epígrafes, tomadas del Códice de Pa- 
rís, han sido acopladas á la clasificación de 44 Capítulos, exclusiva y ca- 
racterística del Escurialense. 



LAS EDICIONES DEL FUERO DE CUENCA 33 

rit, la Rúbrica 29 del Cap. xxiv, y con el resto la 1. a del xxv, á 
la que titula, De .modo allegand;, et de eo cui ius prohiret res- 
pondere ET DEMONSTRAT. 

El profesor Alien se limita á notar, Post vocem causa incipit 
nova lex E (i), pasando en silencio la distinta posición de cada 
Rúbrica, las variantes de los Epígrafes y, sobre todo, la impor- 
tancia del caso y su trascendencia en el sistema por él seguido 
para publicar su Edición. 

Porque, en efecto, se puede preguntar: Si el Editor literario 
ha aceptado la clasificación en 44 Capítulos, privativa del Ms. Es- 
curialense, ¿cómo puede críticamente incluir en el Cap. xxv, for- 
mando parte de su primera Rúbrica, un texto que en ese mismo 
Códice Laurentino constituye una ley ó Rúbrica independiente 
que lleva el núm. 29 de las que integran el Cap. xxiv? 

Y á semejante absurdo se llega, porque ese doble acoplamien- 
to es lógica y materialmente imposible. 

En efecto, de los 44 Capítulos, tan sólo en ocho (5. al 8.°, 21, 
2 3> 36 y 38) se puede realizar una exacta y fiel coordinación de 
las Rúbricas de ambos Códices (2). Y más aún, ese trabajo de 



(1) E es la sigla coa que designa Alien al Códice Escurialense del 
Fuero de Cuenca. (Introd., pág. 11.) 

(2) En todos esos Capítulos (á excepción del iv) varía el número, y 
por tanto, la extensión de las Rúbricas. En el Cap. iv la variante se de- 
termina únicamente en el orden ó colocación de éstas. 

En cuanto á los Caps, n, m y xliv, comprendidos total ó parcialmente 
en las dos lagunas que presenta el Códice de París, diremos tan sólo, sin 
entrar ahora en minuciosos detalles, que una clarividente crítica, por ne- 
cesidad, ha de introducir en este punto, al restaurarlos, modificaciones de 
alguna importancia, en el texto Escurialense, aceptado como base de re- 
construcción. 

El Cap. 11 ha de ser aumentado por lo menos con una nueva Rúbrica, 
la De testimonio mulierum, porque así aparece en las adaptaciones lati- 
nas de Haro, Consuegra y Alcázar, que tomaron como modelo la forma 
primordial que integra el Ms. de París y porque en el mismo Escurialense 
existe (fol. 19 r.°), la inicial característica de aquella sin 1 ¡ 
claramente indica que el original que se modificaba con a división. 

En el Cap. 111 hay que dividir en dos la Rúbrica 25, como lo realizan 
Fueros de Haro, Consuegra y latino de Alcázar. 

Por último, en el Cap. xliv, después de modificar el 
mera Rúbrica, el arreglador del Escurialense eliminó la segunda, Pe i'Oro 

tomo lxx. 3 



}4 BOLETÍN DE LA. REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

compenetración de los elementos metódicos de los dos manus- 
critos, ó por mejor decir, de las dos formas por su conducto 
transmitidas, deja bastante que desear, ya por omisiones incon- 
cebibles, ya por inexcusables errores. 

En primer término, debemos observar que entre los Códices 
Parisiense y Laurentino existen variantes de alguna importancia 
en 238 Epígrafes, dejando á un lado aquellos otros que sólo las 
ofrecen de pequeña entidad é interés escaso, y de esas diferen- 
cias de lección no se ha preocupado ni poco ni mucho el pro- 
fesor Alien, pasándolas en silencio, sin hacer sobre ellas ni si- 
quiera la más obligada indicación general, de tal manera que el 
estudioso que desconozca los dos manuscritos transmisores, pue- 
de creer por el simple examen de la Edición que, en este punto, 
el uno y el otro son fidelísima é idéntica expresión del mismo 
texto. 

Lo único que el Editor literario ha creído necesario, ha sido el 
señalar dónde comienzan ó terminan las nuevas Rúbricas del Có- 
dice Escurialense, empleando para ello las siguientes frases: 
Separatio non intercedit B, y Post hanc vocem incipit nova ¡ex E t 
ú otras semejantes. 

Pero, ni en estas simplicísimas indicaciones de una relación 
mínima entre dos clasificaciones diferentes, acierta á mantenerse 
dentro de la precisión y exactitud debidas, pues sufre distraccio- 
nes y olvidos imperdonables (i). Y á esto se une que, como re- 

hostalagiorum, que aparece en el Fuero de Consuegra (el de Haro está 
falto de casi todo ese Capítulo) y, sin duda, por descuido del copista con- 
servó, de la. forma primordial que trataba de sistematizar, la inicial azul y 
roja con el blanco correspondiente para que el rubricador escribiera el 
título (fol. 96 r.°, col. 2. a ). 

Pero el profesor Alien no ha sospechado siquiera la existencia de estos 
delicados problemas de reconstitución. 

(1) Así se olvida de anotar: 

i.° La unión de las Rúbrs. 18 y 19, Cap. xi, Ed. Alien, que constituye 
en el Esc. la 15 de dicho Cap. 

2. La unión de las Rúbrs. 13 y 14, Cap. xvi, Ed. Alien, que forma en 
el Esc. la 12 del mismo Cap. 

3. La separación del párrafo 2. e , de la Rtib. t. a , Cap. xxvi, Ed. Alien, 
que es en el Esc. el contenido de la Rúbr. 2 del mencionado Cap. 

4. La detracción de los dos últimos párrafos de la indicada Rúb. i. a , 



LAS EDICIONES DEL FUERO DE CUENCA 

sultado de descuidos, malas lecturas ó faltas de crítica, existen 
algunos errores en la determinación de las Rúbricas tomadas del 
Códice de París y estos errores necesariamente repercuten en el 
conjunto de aquella relación, haciéndola todavía más y más in- 
completa y defectuosa (i). 



Cap. xxvi, Ed. Alien, que integran en el Esc. la 5 del referido Cap. 

5. La nueva Rubr, formada por el Esc, dividiendo en dos la 3, a , Ca- 
pítulo xxvii, Ed. Alien, y haciendo de ésta las 3. a y 4. a del mismo Cap. 

6.° La unión de las Rúbrs. 5. a y 6. a , Cap. xxvii, Ed. Alien, que consti- 
tuye en el Esc. la 6. a del propio Cap. 

7. La nueva Rúbr. que con el núm, 1 1 forma el Esc. con el segundo 
párrafo de la 10 del Cap. xxx, Ed. Alien. 

8.° El texto de la Rúbr. 20, Cap. xxxm del Esc. se agrega, sin autori 
zarlo el de París, que no lo trae en este sitio (Véase fol. 39 v.°), al final de 
Id 18, Ed. Alien, sin indicar que constituye una ley ó Rúbrica indepen- 
diente en el citado Ms. Laurentino. 

Esto aparte del doble error que comete por la inconcebible confusión 
de la Ed. Cerda-Sancha y el Cód. Escur., no habiendo notado que éste 
une lasRúb. 23 y 24, Cap. xn, Ed. Alien, para formar la 23 de dicho Ca- 
pítulo, y afirmando que dicho Escurialense funde en una las Rúbrs. 2. a 
y 3. a , Cap. xx, sin comprender que se trata de una errata del copista y de 
una falta de crítica del Editor madrileño. 

La precisa determinación de los números de Jas Rúbricas y Capítulos 
hacen innecesarias, en toda esta materia, las citas de los folios y páginas 
correspondientes del Códice del Escorial y de la Edición de Alien. 

(1) He aquí los errores de ese género que he notado en la determina- 
ción de los Epígrafes tomados del Cód. de París por el profesor Alien: 

i.° Errónea distribución del texto entre las Rúbrs. 5. a y 6. a , Cap. ix. 
La Rúbr. 6. a empieza en el Ms. Parisiense (fol. 7 r.°), en el párrafo 2.° 
{ítem si sponsa...) de la Rúbr. 5, Ed. Alien, y debe comprender bajo el 
número y el Epígrafe de la 6. a , dos párrafos detraídos de la 5. a y toda 
la 6. a 

2. Confunde en la Rúbr. 6. a , Cap. xvi, dos Rúbrs. (Cód. de París, 
folio 19 v."), que deben ser la 6. a y la 7. a La 6. a con el Epígrafe (pie lleva, 
menos la palabra final, Forum y el primer párrafo del texto. La 7. a con el 
•segundo párrofo de la 6. a y Epígr., Forum. 

3. Por un inexplicable descuido, confunde en la Rúbr. 9. a , Cap. xxix, 
las 9. a y 10, omitiendo ésta que debe estar constituida -mulo pá- 

rrafo de la 9. a con el núm. 10 y el Epígr. de la siguiente. Ésta, en ve/, de 
10, ha de ser 11 y llevar el Epígr. omitido por el Editor y que i' 
Cód de París (fol. 34 recto), De iudeo qui cum uicino i noi.ugrit. 

4. Por una mala lectura y una falta ele crítica, un 'fes y 

dos Rúbricas, en la que numera como 19 del Cap. xxix, que di 
verse en Lis 20 y 21. La i. a , bajo el Epígr., Qui 1 
prende el primer párrafo de la 19 de la Ed. Alien; 1 E pígrafe, 



30 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

Si á semejantes resultados llegamos en cuanto á la ordenación 
metódica, que constituye la verdadera esencialidad de la refor- 
ma que el Ms. Escurialense encierra, análoga falta de crítica en- 
contramos cuando se trata de alguna de sus escasas variantes 
de fondo. 

La Rúbrica 10 del Capítulo xm, convertida en 12 por el des- 
dichado sistema del profesor Alien, contiene una importante va- 
riante de fondo en los Códices Parisiense y Laurentino, variante 
que desde luego se puede atribuir al arreglo que el segundo re- 
presenta, toda vez que con el primero coinciden las adaptaciones 
latinas que constituyen los Fueros de Haro, Consuegra y Alcá- 
zar, hijas sin disputa, como ya hemos hecho notar, de la forma 
primordial de simple división en Rúbricas no numeradas, según 
lo demuestra, entre otros extremos, la conservación de esas 
palabras iniciales, suprimidas en la revisión Escurialense. El pro- 
fesor Alien sacrifica á medias, en este caso, su habitual prefe- 
rencia y acepta la prescripción del Códice Escurialense, pero la 
reviste, en cuanto le es posible, con las formas literarias del 
Ms. de París. Es decir, fabrica un texto completamente arbitra- 
rio que, si en el fondo responde al arreglo que el Laurentino 
representa, en la forma es hijo del tipo primordial que el Pari- 
siense encarna. 

He aquí los textos: 



De iudeo qui pignoribus usus fuerit, el resto de la misma. (Véase Códice 
París, fol. 34 r.°) 

5. También por una lamentable falta de crítica, une á la Rúbr. 7, 
Cap. xxx, un último párrafo, que con toda evidencia debe ser el primero 
de la siguiente. En efecto, el olvido del copista, al no señalar con rojo el 
comienzo de la Rúbr. (Cód. París, fol. 35 r.°), se hace evidente, sin más 
que considerar el contenido de ésta y la exigencia de los Epígrafes, y 
observar al propio tiempo que autorizan tal rectificación los Códices Es- 
cnrialenses de Haro (fol. 55 v.°) y de Cuenca (fol. 72 r.°). 

6.° Finalmente, por un nuevo descuido, une en la Rúbr. que numera 7 
del Cap. xxxiii, las que deberían ser 7. a y 8. a , omitiendo el Epígrafe de 
esta última (Cód. París, fol. 39 r.°), Qui rem mutuatam ultra pactum 

DUXERIT. 

No hay para qué observar que todas estas faltas y descuidos alteran 
profundamente la relación de las respectivas Rúbricas de ambos Códices. 



LAS EDICIONES DEL FUERO DE CUENCA 



37 



Cód. París (fol. 15 r.°) y Cód. Esc. Cód. Esc. de Cuenca (fol. 40 v.° 
de Haro (fol. 25 v.°). y 4 i r.°). 

Ri'ibr. id, Cap. xur. 
CjUOD NEMO (i) SINE QUERIMO- OuOD NULLUS SINE QUERIMO- 

NIOSO RESPONDEAT. NIOSO RESPONDEAT. 

Mando etiam quod nemo pro Nemo pro calumpnia res- 

calumpnia sine quereloso res- pondeat sine quereloso, nec 

pohdeat, nec etiam pro debito, etiam pro debito, nisi tam pe- 

nisi petitor non calumpnie set titor calumpnie, quam debiti 

<7¿¿/// fideiussores dederit, quod fideiussores dederit, quod qui- 

quicumque ipsum (2) debitum cumque calumpuiam, aut dcbi- 

postca exigerit, fideiussores pee- tum exegerit, postea fideiussores 

tent pulsato debitum illud dn- pectent pulsato debitum illud 

pía tu 111. duplicatiun. 

Texto dado por el profesor Alien. 

Rúbr. 12, Cap. xur. 

Quod nemo sine querimonioso respondeat. 

Mando etiam quod nemo pro calumpnia sine quereloso respon- 
deat, nec etiam oro debito, nisi petitor tam calumpnie quam debiti 
fideiussores dederit, quod quicumque calumpniam aut debitum 
postea exegerit, fideiussores pectent pulsato debitum illud dup- 
platum. 

Y esta confusión verdaderamente inexcusable en el Editor 
literario de un texto latino medioeval, se mantiene, con rara y no 
interrumpida constancia, en toda la obra. 

Cierto es que toma como base del texto el Códice de París; 
pero con mucha frecuencia le corrige, reforma ó adiciona, ya 
valiéndose de la Edición madrileña de Cerda-Sancha (que 1; 
mosamente confunde con el Códice Escuriaíen 
utilizando la adaptación latina que constituye e ' taro, 

ya inspirándose, á veces, más en una caprichosa libertad 1¡I 
ria, que en el contenido de los manuscritos transmisor 

De los numerosos casos que tengo anotados, para 



(1) Haro: nullus. 

(2) Haro añade: ídem. 



38 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

taros en demasía, detraeré tan sólo dos, á manera de comproba- 
ción y ejemplo. 

En la Rúbr. 13 del Cap. xxxn, relativo á la dejación por el 
arrendatario de la casa arrendada, agrega Cerda, como final, el 
siguiente párrafo, haciéndole preceder de un calderón: 

« 1Í Et si domino sciente eam reliquerit, secundum pactum 
quod pepigerint, ante quam exeat domum, paccet mercedem lo- 
cationis aut det pignos in dupplo ut paccet usque ad novem dies: 
sin autem, postquam novem dies fuerint transacti, pectet mer- 
cedem locationis dupplatam.» 

Y anota (pág. 282 ; núm. 2): «Lo que sigue á este calderón fal- 
ta á este Códice, y se copió del de Consuegra que conviene con 
el de Alcázar.» 

El profesor Alien en la Rubr. 14 (que corresponde á la 13 ci- 
tada) del Cap. xxxn, después de sustituir el texto parisiense «do- 
mino nesciente et impaccato» por el Laurentino «domino nes- 
ciente vel impaccato» (es decir, la conjunción copulativa et =y y 
por la disyuntiva vel = 0), alterando fundamentalmente de esta 
manera el sentido de la disposición en la jornia primordial del 
Códice de París, reproduce el aditamento de Cerda, sin mani- 
festar que falta en el Ms. de El Escorial y que el Editor madrile- 
ño le había copiado del de Consuegra. Antes bien, para el lector 
parece el texto tomado del Ms. Escurialense de Cuenca, porque 
el profesor americano consigna terminantemente (nota 20) que se 
omite por el Códice de París, y señala (notas 16 á la 20) las va- 
riantes del Fuero de Haro, que por cierto traslada estas últimas 
disposiciones en forma de adición marginal (fol. ól v.°). 

Es evidente que Cerda, que no disfrutó del Códice de París, 
ni del Escurialense de Haro, no pudo sospechar que ese adita- 
mento constituye una de las múltiples variantes que caracterizan 
la adaptación de Consuegra, sobre todo sugestionado, sin duda 
alguna, por encontrar su traducción romanceada en el Ms. Escu- 
rialense L. iij, 32 (fol. 113) (i), que había tomado como base del 



(1) En cambio esa adición no existe en la traducción romanceada del 
Fuero de Cuenca, hecha probablemente en ]a villa de Requena en los úl- 



LAS EDICIONES DEL FUERO DE CUENCA ,q 

texto castellano, sin comprender — por una obcecación disculpa- 
ble, pero no legitimada — que ese Códice representa otra adap- 
tación especial, probablemente destinada á la Villa de Alcaraz. 
Pero todo esto, excepción hecha de la singular referencia al texto 
romanceado, no podía pasar inadvertido al profesor Alien, porque 
teniendo á la vista el Códice de París y la explícita confesión de 
Cerda, no ignoraba que esa adición no existe en los dos únicos 
Códices latinos del Fuero de Cuenca, y que tampoco se encuen- 
tra en el Forum Turolij (final del núm. 289 Ed. Aznar), forma 
originaria, según afirma el Sr. Hinojosa, ó una de las primeras 
imitaciones del Forum Conche, conforme á la opinión por mi rei- 
teradamente sostenida. Por otra parte, ha debido observar que, 
en general, las adiciones marginales y entre renglones y los so- 
brerraspados del Ms. Esc. de Haro, suelen expresar variantes 
propias de la adaptación que representa, y al propio tiempo, ha 
podido comprobar por el simple cotejo de éstas con las notas que 
ilustran la Edición madrileña, las internas relaciones que las unen 
con las que integran y caracterizan el Fuero especial de la villa 
de Consuegra. En este punto la duda es imposible; la adaptación 
de Consuegra, como más antigua, sirvió de modelo á las adapta- 
ciones posteriores de Alcázar y de Haro. El Prior D. Rodrigo 
Pérez y el magnate D. Diego López de Haro, evidentemente uti- 
lizaron, para sus concesiones legales, el Forum Consocrc de Don 
Alfonso VIII. 

Si en este caso y de esta manera, el profesor Alien nos da un 
texto producto de la fusión de tan distintos elementos é ingiere en 
él, como propio del Forum Conche, un aditamento especial y ca- 
racterístico de las adaptaciones de Consuegra, Alcázar y I ' 
otras ocasiones se deja llevar, olvidando los Códice.-, 
sía literaria. 

La Rubr. 3 del Cap. xxxvn es uno casos típicos 

que se manifiesta esplendorosa y potente la arbitrariedad lil 



timos años del siglo xnr, y contenida en un Cód'u 
de] xv, y que se custodia en laBiblioteca Uni 
49 r.° del Cód. núm. 998 del Catálogo impre 



40 boletín de la real academia de la historia 

ria del Editor norteamericano, quitando y cambiando de lugar 
las palabras del texto y añadiendo aquellas otras que considera 
necesarias ó más apropiadas. Una sola frase como ejemplo: 

Dice el Editor: (i). 

Det dominas etiam fastori et rabadano silo... 

Dicen los Códices: 

El Parisiense (fol. 41 v.°): 

Det etiam sao pastori et rabadano... 

El Escurialense de cuenca (fol. 83 r.° y Ed. Cerda, pág. 304): 
Det dominas pastor i et rabadano et cab anuario... 

El Escurialense de Haro (fol. 66 v.°): 

Det etiam dominas sao pastor i et rabadano et cabannario... 

Y la gravedad de todos estos cargos aumenta considerando la 
insuficiencia y la inexactitud que reinan en la determinación ele 
las variantes, verdadero y necesario complemento del texto. La 
selección de ellas es el trabajo más delicado é interesante del 
editor literario, y una escrupulosa exactitud en su determinación 
es, para el conjunto de la obra, condición esencialísima que no 
puede ser mermada, ni aun por la sombra de la sospecha. Porque 
es preciso, de una parte, legitimar la lección propuesta y de otra, 
fijar el valor de los diferentes manuscritos transmisores, señalan- 
do, á ser posible, sus íntimas relaciones genealógicas. Y aquí la 
selección no puede ser más desdichada y la exactitud está obscu- 
recida y maltrecha por un cúmulo enorme de equivocadas lectu- 
ras é incomprensibles descuidos. 

¿Qué selección crítica es esta que relega al olvido las numero- 
sas é interesantísimas variantes que presentan al ser íntimamente 
relacionados, nada menos que 238 epígrafes de los Códices Pa- 
risiense y Laurentino, dejando á un lado las que pueden surgir y 

(1) Con las notas de Cerda (pág. 304) y la traducción romanceada de 
Alcázar (Ms. Bibl. Nac, 11.543, fol. 112), se puede reconstruir ese pasaje 
del Fuero de Consuegra, en la siguiente forma: 

Det etiam domi mis pastor ¿ sao et rabadano ct cabannario... 

Es el mismo texto de Haro, sin más variante que decir: paslori suo, en 
vez de suo pastor i. 



LAS EDICIONES DEL FUERO DE CUENCA 4 1 

surgen de la comparación en estos casos y otros semejantes de 
los dos citados manuscritos y el Escurialense de Haro, y que da 
por resuelto el problema de la modificación, que en el comienzo 
de cada Rúbrica caracteriza la reforma sistemática del Códice Es- 
curialense de Cuenca, sin más que declarar el Editor en la Intro- 
ducción (pág. 1 1), que no alude á ella en las notas (without alla- 
ding to them in tke notes)? 

¿Qué selección es esta, repetimos, que después de manifestar 
el Editor (lutroil. pág. io), que en general se ha abstenido de so- 
brecargar las notas con variaciones meramente ortográficas, á 
cada momento señala el cambio de una letra, v en b, c en z, u en 
¿>, ph en/..., ó la duplicación de la s, de la ¿r..., ó la preterición ó 
la adición inmotivadas de la h... (i), y que más tarde se entretie- 
ne en determinar siete veces la variante soliios por solidos en el 
Manuscrito Parisiense, siendo así que este Códice emplea cons- 
tantemente la abreviatura so¿, que lo mismo puede ser traducida 
por sóidos, que por so/idos? (2). 

Y en medio de todas estas minucias que llenan de notas el pa- 
pel, pero que bien poco y esto nada fundamental nos dicen, el 
profesor norteamericano pasa en silencio importantísimas va- 
riantes. 

Ahí va un par de ejemplos: 

El Ms. Escurialense de Cuenca, en su Rub. 27 (29 en la edi- 
ción de Alien) del Cap. xvi, suprime todo el primer párrafo que 
aparece en el Códice Parisiense, ó sea lo siguiente: «Notarías quip- 
pe qnia in regimine civitatis secundarias cst a índice ct alcaldibus, 
ideo secundario de eo diceudum est.» 

El Editor americano nada dice. 

El mencionado Ms. Escurialense de Cuenca, in 



(1) La lista de esta clase de variantes es enorme; basta pasar la 
por las notas de la Edición para convencerse de ello. Lo p< 
ocasiones esas variantes ortográficas resultan errón 

(2) Véanse las Rubrs. 30 (32 Cód. Esc), Cap. 
Cód. Ese.), Cap. xxxiv; 4 (3 Cód. Esc.), Cap. sai; : 
dice Esc), Cap. xliii, y el Cod, Parisién 

y 49 r.° 



42 boletín de la real academia de la historia 

gunclo párrafo de su Rub. 1 8 (iQ en la Edición de Alien) del Capí- 
tulo xl, las siguientes palabras... si appretiataram Mam hic aliquis 
testificatus fuerii in illo loco ubi ipse hereditatem vendiderit, et ap- 
pretiaturam receperit... Estas frases no aparecen en el Códice Pari- 
siense. El profesor Alien sigue guardando el más absoluto silencio. 
Hay que tener en cuenta que ambas variantes se pueden per-' 
fectamente determinar, teniendo á la vista la Edición madrileña 
de Cerda-Sancha. 

Y todavía podríamos impetrar alguna benevolencia para el in- 
vestigador extranjero, si las variantes que anota estuviesen ador- 
nadas del necesario atributo de una cuidadosa exactitud. Pero 
por desgracia, á muchas de ellas esta condición también las falta. 

En el texto crítico de un Fuero, aunque sea tan extenso como 
el de Cuenca, un centenar de malas lecturas es de tal importan- 
cia que excede con mucho de los límites racionales de I*a mayor 
tolerancia. Pues bien, tengo anotadas más de 1 50 inexactas y 
malas lecturas, no sólo de los tres Códices transmisores, que no 
ofrecen dificultad paleográfica alguna, sino lo que es realmente 
imperdonable, de la misma Edición impresa de Cerda-Sancha, y 
eso que no he podido cotejar 26 folios (una tercera parte) del 
Ms. Escurialense de Haro, por haberse inutilizado las hojas co- 
rrespondientes de la fotocopia; que he remitido muchas de ellas 
á cargo de las erratas de imprenta, que por cierto son numerosí- 
simas, muchas de gran importancia y ninguna está salvada, y que 
no aumentan la cifra ni las incontables genialidades literarias de 
que está plagado el texto, ni los errores de Cerda (más de una 
cincuentena) aceptados ciegamente por la confusión (de todo 
punto incomprensible en un investigador) de la impresión ma- 
drileña y del Códice Escurialense de Cuenca. 

Y para terminar esta ya larga y cansada exposición crítica, 
haré notar que esa confusión, tantas veces mencionada y que pa- 
rece más incomprensible, por ser consciente y voluntaria (i),- 



(1) El mismo profesor Alien terminantemente lo declara (Introd. pági- 
nas 10 y 11) en las siguientes frases: 

«Para ia presente edición he colacionado, por mí mismo, el Ms. Pari- 



LAS EDICIONES DEL FUERO DE CUENCA 4$ 

constituye también una copiosa fuente de imperdonables errores, 
arrastrando á la nueva Edición del Forum Conche y reverdecien- 
do en ella todos los defectos, descuidos y mediocres lecturas, en 
que incurrieron los Editores madrileños. Para realizar esto, no 
merecía la pena de haber emprendido una nueva edición y de 
adornarla con el dictado de crítica. 

La razón que ha tenido el profesor Alien para haber confun- 
dido voluntariamente la Edición de Cerda-Sancha y el Códice Es- 
curialense de Cuenca, ha sido, sin duda alguna, el considerar 
(bien ligeramente por cierto), que esa impresión representa una 
fiel transcripción del manuscrito (i), sin que yo pueda compren- 
der el por qué de semejante creencia, tratándose de una publica- 
ción hecha en fines del siglo xvm ó en los primeros años del xix, 
época, como ya sabemos, de bien pocas exigencias críticas. 

Pero sustituciones de ese género, si son muy cómodas, porque 
evitan el estudio directo de los Códices, son en cambio peligro- 
sísimas y tan sólo pueden ser aceptadas, y siempre á beneficio de 
inventario, por el investigador en contados casos de verdadera 

sense del Fuero de Cuenca, el del Fuero de Haro y el Prefatio y ti 
las partes subsiguientes al Cap. xliii, ley ?i (16 en el de París) del Es- 
curialense de Cuenca. Para el resto del Ms. Escurialense de Cuenca, he 
utilizado la edición impresa En aplicación á las abre- 
viaturas convencionales, las siguientes letras han sido adoptadas para re- 
presentar los respectivos Mss. 

1 P Ms. de París. F. de Cuenca. 

2 E Ms. de El Escorial. F. de Cuenca. 

3 F Ms. de El Escorial. F. de Haro (antigua forma Faro 

La edición impresa del Fuero de Teruel, se cita ocasionalmente 1 

Tur. (Latín Turolium).» 

Como se observa, la Edición de Cerda-Sancha se cita baj 
como si fuera el Ms. Escurialense, lo que constituye una 
nable. En cuanto á las referencias ocasionales al FÜet 
tar que una sola cita de este importantísimo Código municipal se en* 
tra en toda la obra, y que esa única variante carece en absoluto de inte 
res. Es la siguiente: En la Rubr. 50 del Cap. xi, el Editor a< ep1 
Escurialense movem pedum* y anota bajo el luim. 2, 
vem pedes Tur. La sigla T utilizada al anotar las Rubr-. 7. ' 
pítulo xvii, es una doble errata de imprenta. 

(1) It isgenerallybelieved that this editioi 
cription of the Ms. (Introd., pág. 10, nota 6.) 



44 BOLETÍN de la. real academia de la historia 

necesidad, por haber desaparecido definitiva ó temporalmente 
los manuscritos originales. 

Y para que se vea bien claro el alcance que en estas materias 
tiene ese funesto arrastre de errores, señalaré tan sólo, de entre 
ellos, una mala lectura y una adición que entraña una verdadera 
falta de crítica. 

En el Cap. n, Rúbr. 32, De balneo et testimonio mulierum, 
dice Cerda: ... Servientes tam virorum quaril mulierum ñeque pre- 
tium dent aliquod... 

No es éste, sin embargo, el texto que nos da el Códice Escuria- 
lense, pues en su folio 19 r.° leemos: «... Semientes tam uirorum 
quam mulierum t ñeque pueri dent aliquid...» Pero como el pro- 
fesor Alien desconocía el texto Escurialense, trasladó á su Edi- 
ción, como si fuera de éste, la mala lectura de Cerda. Sabido es 
que la Rúbrica, De balneo, está comprendida en los folios perdi- 
dos del Códice Parisiense. 

El error de Cerdá-Allen es tanto más evidente, cuanto coinci- 
den con las palabras del Códice Escurialense de Cuenca, las del 
Fuero de Haro (fol. 7 r.°) y de los de Consuegra, y Alcázar (Edi- 
ción Cerda, pág. 25). Y el de Teruel concuerda con el fondo, 
disponiendo (núm. 291, Ed. Aznar): Set tamen semientes tam uiro- 
rum quam mulierum et omites pueri non pacceut aliquid, insta 
forum. 

Bien expresa la idea del legislador, la traducción romanceada 
que, en un Códice fragmentario del siglo xiv, existe en el Archi- 
vo munipal de Cuenca (foi. iiij v.°): «Mas /os sy mientes délos va- 
rones, 11111 délas mugeres, nin los mocos chicos non den nada.» 

En el Cap. xxn, Rúbr. 17, Quon metae campi non abrevien- 
tur, ingiere Cérdá las siguientes palabras: «... et equos non percu- 
tía ut, et qui hoc fecerit, cadat a causa. Et si fideles dixerint, se 
scienter fecisse, cadat a causa, stando super equos, et non aliter. 

Semejante texto no existe en el Códice Escurialense de Cuen- 
ca. Cerda le tomó probablemente del Fuero de Consuegra, pues 
el romanceado de Alcázar también le omite (fol. 79). Pero, se- 
gún costumbre, el Editor madrileño nada dice (pág. 200) y da el 
transcrito aditamento, como si formara parte integrante del con- 



LAS EDICIONES DEL FUERO DE CUENCA 4- 

tenido del Manuscrito Escurialense, modelo único de su lección, 
y por tan errado camino le sigue el profesor Alien, después de 
hacer constar la omisión del texto en el Códice de París (folio 
27 v.°) y su existencia como adición marginal en el de Haro. 

Por último, haré notar que en el Fuero de Teruel tampoco 
aparece semejante texto (v\ e núms. 228 y 229 Ed. Aznár). Y de 
todo esto bien se puede concluir, que se trata de un pasaje que 
no pertenece al Forum Conche, toda vez que le omiten los dos 
únicos Códices transmisores de éste, el Parisiense y el Laurenti • 
no, y que, sin duda alguna, constituye uno de los aditamentos 
peculiares y característicos de las adaptaciones de Consuegra y 
de Haro. Una ligereza de juicio del Editor madrileño, convertida 
por el norteamericano en falta gravísima de crítica. 

Tal es la nueva Edición del Forum Conche, publicada en Cin- 
cinnati por el profesor Jorge Enrique Alien. 

IV 

El detenido estudio de las dos Ediciones del texto latino del 
Fuero conquense pone, como habéis visto, bien de manifiesto la 
necesidad de emprender un trabajo más en armonía con las exi- 
gencias de la crítica moderna. 

Bien podemos afirmar que ni la Edición española de Cerdá- 
Sancha, ni la norteamericana de Alien satisfacen, ni en mucho 
ni en poco, las necesidades inherentes á los estudios, por ele- 
mentales que sean, de nuestra Historia del Derecho. Antes bien, 
el uso de semejantes libros puede resultar más perjudicial que 
provechosa, si en cada caso no se contrastan los respectivos 
tos con los Códices transmisores Parisiense y Láurentino. Y como 
esto, para la mayoría de los estudiosos, es materialmente impo 
sible, se impone con toda urgencia la necesidad de dotar i nues- 
tra literatura histórico-jurídica medioeval de una Edición crítica 
del Forum Conche. 

Empresa es ésta de gran empeño, mayor del que .1 primera 
vista parece, y que, por tanto, 
tenidos y complicados trabajos de investigación. |Tal vez en mi 



40 BOLETÍN DE LA. REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

deseo de corresponder de alguna manera á la confianza con que 
me ha honrado la Academia, haya tomado sobre mis hombros 
carga superior á la que pueden sostener! 

Mas al acopiar los materiales necesarios para ello, he creído 
conveniente, como ya os he indicado en el comienzo de este In- 
forme, hacer un trabajo preparatorio de comparación y cotejo 
entre los dos Códices que nos han transmitido esas dos formas, 
primordial y sistemática, tan interesantes del texto latino. Y al 
realizar este propósito, he visto claramente que si á ese estudio 
de paralelo y cotejo, unía una copia coi-recta del texto dado por 
Cerda, podría ofrecer á mis compañeros y discípulos, no sólo el 
conocimiento de una obra imposible de adquirir por su absoluta 
rareza, sino un trabajo que podría satisfacer, hasta cierto punto 
y provisionalmente, mientras no exista una Edición critica., las 
más apremiantes necesidades de nuestra investigación histórico- 
jurídica. Si yo tenía en mi mano el medio de fijar críticamente 
un texto cualquiera de nuestro más famoso Código municipal, 
¿por qué no había de hacer extensivo á todos este beneficio? El 
negarme á ello, encerrándome en un egoísmo científico, por des- 
gracia tan frecuente como explicable, sería faltar, con plena con- 
ciencia, á mis sagrados deberes de maestro. 

He aquí por qué hice copiar cuidadosamente el texto latino 
de Cerda, le corregí diferentes veces, para eliminar toda clase de 
erratas, y transcribí, frente á frente de cada una de sus paginar, 
las variantes que presenta con los Códices Parisiense y Lauren- 
tino, y la indicación concreta de sus respectivos folios. 

Este trabajo, hecho á máquina, con algunas adiciones manus- 
critas, tiene por título: «.El Fuero latino de Cnenca, copiado de la 
rarísima Edición publicada por D. Francisco Cerda y Rico.,, y 
acotejado con su modelo el Códice Escurialense Q. iij. 23. Agrégan- 
»se las variantes del Ms. de París, Fonds. latín 72.927. Madrid, 
» 1909- 191 2.,» en fol. menor (225 X 160), v-342 fols. Y desde el 
6 de Diciembre de 191 3, está depositado en el Museo -Labor ato- 
río Jurídico de la Universidad Central, á disposición de todos 
mis compañeros, profesores y alumnos. Pero hay todavía mucho 
camino que andar, y todo eso constituye, á lo sumo, la mitad 



LAS EDICIONES DEL FUERO DE CUENCA 47 

del trabajo preparatorio, tal y como fué por mí concebido y 
planteado. Al lado del texto latino hay que estudiar su traduc- 
ción castellana. 

V 

Frente á frente del texto original latino, la Edición madrileña 
de Cerda- Sancha nos presenta la traducción romanceada. Es la 
única Edición que de ésta tenemos, pues el profesor norteame- 
ricano prescindió por completo de ella. 

Estudiémosla, pues, con el detenimiento que su importancia 
exige, armonizado con la brevedad que los informes académicos 
demandan. 

He aquí en qué términos se expresa nuestro Editor acerca de 
esta parte interesantísima de su obra (pág. I, nota I, col. 2.): 

«La traducción castellana es la del Fuero de Cuenca, también 
»del Escurial; pero se ha rectificado por el Códice de Alcázar, 
»que es mucho mas antiguo, mas exacto, y representa la orto- 
»grafia de aquellos tiempos, que debe conservarse. En lo demás 
»no hay otra diferencia que decir en el uno Alcázar, donde el 
»otro dice Cuenca. Lo que basta advertirlo una vez para siempre.» 

El Códice Escurialense á que se refiere, y que le ha servido 
de modelo, es el L. iij. 32 (siglo xv), y el de Alcázar (siglos xm 
al xiv), que dice ha utilizado en sus rectificaciones, se custodia 
en la Biblioteca Nacional (Ms. 1 1. 543). 

En cuanto á las afirmaciones complementarias contenidas en 
la transcrita nota, debo confesar que no se caracterizan por 
exactitud. Es verdad que, en ocasiones, el Editor literario ni 
fica (aunque nada dice) el texto Escurialense, valiénd 
dice de Alcázar, pero casi siempre adaptando 
el lenguaje del Fuero á las condiciones y exigí 
no del siglo xvm, y como además le acopla á la división de ; 
pítulos y Rúbricas del latino, resulta, sólo por estos motivo 
sin acudir á otras consideraciones, una lecció 
arbitraria. Y es muy aventurado el afirmar 
de Alcázar y de Cuenca, y aun entre el I 
que se trata y el del Códice de Alcázar, p 



48 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

sido imitado frecuentemente por aquél, no existe otra diferen - 
cia que la variante de nombre. 

En efecto, el Fuero de Alcázar, lo mismo en su texto latino que 
en el romanceado, constituye una adaptación del Forttm Conche, 
que se distancia bastante, más de lo que generalmente se cree, 
de su modelo. Por otra parte, considero también muy poco exac- 
to el sostener que el contenido del Códice Escurialense L. iij. 32 
constituye el genuino texto romanceado del Fuero de Cuenca, 
porque — como más adelante veremos — un estudio detenido 
del mismo nos demuestra, que se trata de una de tantas adapta- 
ciones del Fuero tipo hecha oficial ó particularmente en el siglo 
xv, según todas las probabilidades, para complementar ó sustituir 
á la que Bartolomé de Uzeda había redactado y traducido, en Al- 
caraz, al finalizar el xm (1296). 

Hay, por tanto, que estudiar críticamente la lección dada por 
el Editor madrileño, procurando restablecer, al propio tiempo, el 
texto romanceado tal y como nos le presenta el Códice Escuria- 
rialense. 

Mas antes, se impone una somera y rápida descripción del mis- 
mo. Este Códice, copia imperfecta y muy poco cuidadosa, cons- 
ta de 162 folios, papel (210 X 150) y caja de escritura variable 
(en el fol. 88 r.° es de 170 X 1 1 5 con 2 5 renglones). Faltan las 
letras iniciales, excepción hecha entre otras (muy pocas) de la 
primera, dibujada con tinta morada obscura, de la del Libro iv 
(fol. 24 v.°) que lo está con roja, etc. Epígrafes latinos unas ve- 
ces, y romanceados otras, escritos con tinta roja y que desapare- 
cen desde el fol. 106 v.° y Rúbrica que corresponde á la 51 del 
Cap. xxx. Únicamente nos encontramos con uno romanceado 
(fol. 122 r.°) al frente de la Rúbrica que lleva en la Edición el nú- 
mero I del Cap. xxxvi, y pudiera ser considerado como tal el 
comienzo de la Rúbr. (fol. 126 v.°) convertida por el Editor en 
la 18, Cap. xxxvii y que dice: En que logar den las bestias al 
vezadero. Las Rúbricas están numeradas con posterioridad á su 
rotulación, pero sólo hasta la 137 [145] del Libro vi (fol. 80 v.°). 
El Fuero aparece dividido en Libros, y éstos en Rúbricas, pero 
la clasificación se interrumpe en la indicada 137 [145] del Libro vi. 



LAS EDICIONES DEL FUERO DE CUENCA 49 

Letra cortesana del siglo xv de nada fácil lectura: obra de dife- 
rentes manos. El Fuero con sus adiciones termina en el fol. 159 
recto. El Fuero propiamente dicho finaliza en el I 52 r.° Los fo- 
lios 152 v.°, 153 y 154 están en blanco. Del fol. 155 r.° al 157 
vuelto, aparecen las «Declaraciones» del rey D. Sancho, carta 
«dada en burgos, e?'a de mili e tregientos e xxiij anuos a xxiij de 
marco». Y del fol. 158 r.° al 159 r.° existen unas curiosas notas 
acerca «Del valor délos maravedises de moneda vieja e délos suel- 
dos, commo se lia de entender». Los folios 159 v.°, 160 r.° y 16 1 r.° 
en blanco y los folios 160 v.°, 161 v.° y 162 r.° contienen algu- 
nas notas sin valor ni importancia tomadas sin duda por el po 
seedor del manuscrito, en principios del si¿do xvi. El |ítulo Fuero 
de Cuenca (fol. I.°) es de letra muy posterior (siglos xvu ó xvm) 
y de la misma mano que trazó debajo la asignatura iij. L. 32 y 
dibujó al margen la parrilla de San Lorenzo. De este Códice 
existe una fotocopia en nuestro Museo-laboratorio jurídico (i). 

Conocemos ya el modelo; veamos ahora cómo se ha realizado 
su transcripción. 

Si el Director literario de la Edición madrileña ha podido ob- 
tener, á pesar de las faltas gravísimas en que ha incurrido, cier- 
ta benevolencia que ha suavizado algún tanto el rigorismo de la 
crítica en lo que respecta á su trabajo acerca del texto latino, no 
sucede lo propio cuando se trata del romanceado. 

No es posible, no, hacerse una idea de las verdaderas enormi- 
dades críticas cometidas, en su mayor parte, con plena concien- 
cia por los Editores, sobre todo en las 232 primeras páginas de 
su obra (que corresponden á los folios I á 96 r.° del Códice) al 
transcribir el texto romanceado de ese manuscrito Laurentino. 

Transformación completa de la ortograiía y del estilo, sacrifi- 
cando sin duelo y á cada paso el lenguaje del Códice, haciendo 
para ello en ocasiones, gala de una arbitrariedad verdaderamen- 
te ingenua y valiéndose en otras de correcciones, por 1 ■< ! 1 
neral inoportunas, fundadas en el Fuero Castellano izar; 



(1) En el Archivo Municipal de Cuenca exi »pia de es< 

ce hecha por D. Timoteo Iglesias en 1887. (Leg. 1.586. Exp. í.) 

TOMO LXX. 4 



5o boletín de la real academia de la historia 

malas lecturas sostenidas con una pertinacia increíble; mutila- 
ciones conscientes de textos y variaciones de concepto para aco- 
modar la adaptación romanceada al original latino; uniones y di- 
visiones de Rúbricas; transportación de éstas de unos lugares á 
otros, y aun confección arbitraria y silenciosa de algunas omiti- 
das en el Códice... y todo este incalificable conjunto rodeado de 
numerosas y variadísimas faltas de crítica, que no pueden ex- 
cusar, en modo alguno, causas circunstanciales del medio am- 
biente. 

Interminable resultaría este ya largo Informe, si os presentara, 
no ya todos, porque esto sólo es posible realizando (como lo he 
hecho en uno de los trabajos preparatorios de la futura Edición 
crítica) una plena reconstitución del texto, sino una serie selec- 
cionada de los principales elementos demostrativos de esas gra- 
vísimas acusaciones. Pero no puedo, ni debo dejar en pie la duda 
que siempre surge cuando se escuchan censuras que no están 
acompañadas de elemento probatorio alguno. Y aun á riesgo de 
que este estudio resulte farragoso y pesado, voy con la brevedad 
posible, á poner ante vuestra vista algún que otro ejemplo. 

i.° Dice la Rubr. 8, Cap. xxvi: Esto es mucho de esquivar 
cutre todas las otras cosas que escatiman, non valan á ninguno, 
si non tan solamente el fuero et juicio derecho. Pero el Códice 
(íol. 95 v.°) se expresa en los siguientes términos: Eupero esta 
cosa entre todas las otras mucho la deaen esquinar que niu escati- 
mas, niu putas, niu otras rresnelias non valan a ninguno, sy non 
tan solamente el fuero e juizio derecho. 

En este arreglo todo es arbitrario y para nada los Editores han 
utilizado, como en otros muchos casos, el Códice de Alcázar. 

2.° En la Rúbr. 26, Cap. i, De concessione nundinarum et de 
v auto earum, leemos: ...Ouicumque eum impidierit, vel malejecerit, 
pectet mille áureos in cauto regiae par ti... Si eum percusserit abs- 
cindatur ei manas... Si al i quid rapuerit, pectet regí mille áureos 
in cauto... La Rúbr. 24 [25], Libro 1 del Códice (Ibis. 4 v.° y 5 r.°) 
suprime la traducción de las frases... vel malefeccrit... Si eum 
percusserit abscindatur ei manus... in cauto regiae parti... regi... 



LAS EDICIONES DEL FUERO DE CUENCA Jt 

y dice: E aquel que lo enbargare peche M. M. or ... E sy alguno 
furtare o tollere alguna cosa por fuerca, peche M. M. or en coto... 
El Editor, para adaptar en un todo el texto romanceado al latino, 
•completa la traducción y escribe: Et aquel que lo embargare ó 
mal fie i ere, peche mil maravedís al Rey... Et si lo firiere, tájenle la 
mano. Et si alguno furtare ó tollere alguna cosa por fuerza, peche 
al Rey mil maravedís en coto... 

Parece que no se puede llegar á más en la adulteración del 
texto, pero el caso que á continuación presentamos, es todavía 
más injustificado y arbitrario. 

3. En la interesante materia del escojimiento del juez e délos 
alcaldes (fol. 50 r.° y v.°), trastorna por completo el texto del Có- 
dice, arrancando de su sitio una Rúbr. (la 3 del Libro vi) para 
trasportarla al final de la obra (pág. 358, col. 2. a ) á una especie 
de apéndice, tan inexacto como imperfecto; suprimiendo las va- 
riantes que en las dos siguientes — una sin numerar [4] y la 
4 [5] — distinguen el texto romanceado del latino, elemento di- 
ferencial que no está exento de importancia, toda vez que en él 
se exige un determinado valor (veinte mrs.) que había de tener 
el caballo de los candidatos á dichos cargos y se excluye de és- 
tos al cavallero del sennor; detrayendo un párrafo de la una para 
agregarlo á la otra, y, por último, modificando el lenguage ya 
arbitrariamente, ya utilizando tal cual frase suelta del Códice de 
Alcázar. De esta manera se han confeccionado, con una falta ab- 
soluta de crítica, las Rúbr. 3 y 4 del Cap. xvi. 

La Rúbr. 3 del Libro vi del Códice (fol. 59 r.°). transportada, 
según hemos manifestado, al final de la Edición, como no exis- 
tente en el original latino, dice así: 

3. Otro fuero. Ningún candilero non pierda el alcaydia por 
portillo que tovicre, sy non fuere jurado de /'rey, caí sen- 

nor o de alcayde. E quien su cavallo perdiere o sele intuyen 
■alguna ocasyon non pierda el portillo de concejo por un artno. 
. He aquí ahora los textos originales de las dos Rúbricas [4] y 
4 [5] que, en el arreglo de los Editores, <¡ :i :r¡bl- 

mos, constituyen las 3 y 4 del Capítulo xvi. 



52 



BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 



Cód. Esc. (fol. 59), 

Sin Epígr. ni núm. [4], Lib. vi. 



Qualquier que casa poblada 
non toviere en la gibdad de 
cuenca por nonbre e cavallo 



Edición madrileña. 

Rúbr. 3, Cap. xvi. 

EORUM DE HIS QUI NON MORAN- 
TUR IN CIVITATE. 

Qualquier que casa poblada 
non toviere en la cibdad de 
Cuenca, et caballo en el año 



por vn anno conplido e el ca- que es pasado, non sea juez, 

vallo que vala xx mrs. non sea Otrosí non sea juez, nin alcal- 

juez nin alcalde. Otrosy non sea de quien por fuerza quisiere el 

juez nin alcalde quien por fuer- juzgado haber. Otrosi qualquier 

za quisiere el juzgado aver. collación en el avandicho dia 

dé su alcalde, et sea á tal que 

4 [5]. En commo deve esco- vos demostramos el juez, que 

jer el alcalde. haya caballo, et en la villa casa 

Otrosy qualquier collagion poblada del año pasado, 
enel sobredicho dya de su al- 
calde qual el juez, que vos de- 4. De collatione dissidente 
mostramos que aya cavallo que in judice dando. 
vala xx mrs. e que aya casa Mas si alguna collación en el 
poblada enla gibdad de vn anno avandicho dia en dar juez fuere 
pasado. Mas si alguna collación desacordante, el juez et los al- 
sobredicha aquel dya en dando caldes del año pasado escojan- 
juez fuere desacordante, el juez le, echando suertes sobre cinco 
e los alcaldes del anno pasado ornes daquella collación, onde 
escójanle echando suertes so- el judgado ha de seer, et aque- 
bre todos los caualleros de líos que sean buenos et sabios, 
aquella collagion. Por eso vos asi como es dicho de suso, et 
digo, que ginco deuen echar aquel á quien cayere la suerte,, 
suertes por fuero escojer juez sea juez, et non otro, 
e sobre el que cayere la suerte 
sea juez e non otro; mas ca va- 
llero de sennor non sea juez. 

4. Mutila la Rúbr. 17 [18] Libro vi. Que es lo que el juez 
deve fazer (fol. ól v.°) al convertirla en la 1 5 del Cap. xvi, 
Quid judex habeat faceré, omitiendo el final: «... E cada dia sean 
»dados alcaldes con el ala puerta délos plazos porque fagan aver 
»derecho alos querellosos, e sy non lo quisieren fazer, pechen al 



LAS EDICIONES DEL FUERO DE CUENCA 153 

»juez un mrs., e al querelloso la demanda doblada, e luego prcn- 
»da el juez aver que cunpla al querelloso.» 

5. De la Rúbr. 34 [36], Libro vi, De como se parte esta ca- 
lonia (fols. 63 v.° y 64 r.°) hace las Rúbrs. 33 y 34 del Cap. xvi, 

CjUALITER CALUMPNIA ALMUTAZAF DIVIDATUR y De NEGLIGENTE AL- 

mutazaf, suprimiendo el siguiente párrafo intermedio: «...El ma- 
»yordomo aya por soldada xl mis (menéales) e qual quier que 
»contradiciere peche x mrs; e destos avan dichos mrs, sea la 
»meatad del mayordomo; e por esta calonna non vayan al rrey, 
»e sy alguno apelare al rrey, caya del pleyto.» 

El texto latino correspondiente nos le da, como adición margi- 
nal, el Fuero de Haro (fol. 34 r.°). 

6.° La Rúbr. De eo cui judtcium alcaldum non plvcuerit 
(fol. 86 v.°) que ha venido á ser la 2 del Cap. xxiv, De eo cui 
judicium portae non placuerit, aparece también mutilada por 
haber sido preterida su última parte: «... Mas sy al rrey apelare, 
»esta apellagion non vala, nin caya del pleyto; alos alcaldes de- 
»muestrelos plazos; que vayan al libro, ansy como dicho es.» 

7. De la Rúbr. Alidem forum (fols. 88 v.°y 8g r.°), ha hecho 
el Editor las 20 y 21 del Cap. xxiv, Quod merinus non ! 
curia alcaldum y De secreto curiae, prescidiendo de una cláu- 
sula de verdadera importancia en lo que se refiere á las atribucio- 
nes del merino y que dice así: «... Mas no ha el de cojer calón - 
»nas, ca el juez las eleve tomar; e tomar ende la sétima parí 
»todas las calonnas, e de aquello que firmare ha de eorrespon* 
»der al sennor». 

8.° Si en los citados casos, como en otros muchos, el Ed 
literario ha hecho de una Rúbrica dos, en cambio, uniendi 
á saber: la 32 De foro balnei , la 33 De testi 
la 34 De xristianis kt iudeis y la 35 De domino ■ dd 

libro 11 (fol. 9), ha confeccionado la 32 . n De balneo ei 

testimonio mulierum. 

9. Tara poner en armonía los textos latino y 
trueca las Rúbrs. 8 1 y 82, Libro v (fol. 45 U 
32 y 31 respectivamente del Cap. xu, \ 
mo Libro v (fol. 67 r.°) convirtiéndolas • xv« 



54 boletín de la real academia de la historia 

i o. La Rúbr. 4 del Cap. ix, De eü qui post desfonsationim 
comparem suum repudia verit, no existe en el texto romanceada 
(v. e fol. 24 v.°), y el Editor, sin decirlo, fabrica la Rúbrica corres- 
pondiente, tomándola del Códice de Alcázar (fol. 29 r.°), aunque 
la traducción de éste se distancie algún tanto del original latino. 

11. Tampoco existe en la adaptación castellana (fol. 44 v.°), 
la Rúbr. 23 del Cap. xn, De captó militis, de la Edición Cerda, 
Rúbrica que es, como sabemos, la primera parte de la que ostenta 
esa numeración en el Códice Escurialense latino O. üj. 23, y el 
Editor nos da la traducción romanceada, copiándola, según cos- 
tumbre, sin decirlo, del Fuero de Alcázar (fol. 47). 

12. Lo propio sucede con las Rúbrs. 31 y 32 del Cap. xiv, que 
no aparecen en el texto romanceado (fol. 54 r.°) y que se trascri- 
ben por el Editor como si realmente existieran en el Manuscrito, 
cuando son trasunto, con algún que otro arbitrario retoque, del 
Título correspondiente del Fuero de Alcázar (fol. 56 v.°). 

Y basta con lo dicho para comprender hasta qué punto olvidan 
los Editores madrileños las más elementales exigencias de la 
crítica. 

Sin embargo, hay que contesar que, á partir de la pág. 233 
hasta la final 359 (fols. gó v.° al 159 r.° del Códice), se desvane- 
cen algunas de esas negras tintas, y parece que, ó los Editores 
han reconocido en parte su culpable conducta, con firme propó- 
sito de la enmienda, ó ha cambiado la dirección literaria de la 
obra. Ya la transcripción de textos se regulariza; van desapare- 
ciendo las arbitrariedades de lenguaje y las inútiles variantes de 
eotilo, y parece que existe cierto empeño en fijar, con alguna 
fidelidad, las más variadas lecciones; las mutilaciones cesan ó 
toman otra forma más conveniente que la del silencio, y se 
abandona por completo el absurdo sistema de las variaciones de 
fondo; pero continúan á cada momento las uniones, divisiones y, 
sobre todo, la hasta entonces apenas iniciada, trasportación de 
Rúbricas que toma un inesperado incremento (i), y aun se fa- 

(1) Al final de la obra, págs. 357 á 358, col. 2. a , se transportan de dife- 
rentes lugares, seis Rúbricas, formando con otra que había iniciado ya el 
sistema, según hemos visto poco ha, una especie de apéndice de textos 



LAS EDICIONES DEL FUERO DE CUENCA. SC 

brica, si bien diciénclolo, una de estas omitida en el Códice (i i. 

i 
Es que ha habido una dulcificación, pero no un cambio, que 

á semejante altura era ya imposible, en el sistema editorial adop- 
tado. Es que los Editores madrileños incurrieron, al planear la 
transcripción del texto castellano, en un error fundamental y orgá- 
nico gravísimo, análogo en un todo al que ha herido de muerte á 
la publicación latina del profesor Alien. 

En efecto, una idea cardinal ha presidido la Edición de ese 
texto romanceado y, en aras de ella, se ha sacrificado todo, ab- 
solutamente todo, fondo y forma. Esta idea no es otra que la 

castellanos, por considerar que no se encuentran en el original latino. En 
esto último se equivocaron en dos de ellos. 

En efecto, nos dan bajo el mira, i (pág. 358, col. 2. a ) la siguiente Rúbri- 
ca, que reproduzco sin más que rectificar la ortografía: «La ora d 
plazos sea ala misa maytynal dicha en la iglesia de santa maria fasta tercia, 
mas quando tanxeren a tercia los plazos sean enzerradose quien al plazo 
non vyniere, caya déla demanda» (fol. 149 v.° del Códice). Aquí los Edito- 
res repiten el texto que transcribieron (pág. 245), como correspondiente 
á la Rúbr. 16, Cap. xxix. Y el original latino dice: «... Hora placitorum sit 
dicta missa matutinalis in ecclesia episcopali usque ad tertiam. Cuín tercia 
pulsaverit includantur placita. Qui ad placitum non venerit cadat a caí 

Bajo el núm. m (pág. 358, col. 2. a ), trasladan la siguiente Rúbrica: 
portero queportadgo tomare, de cadamr. de al sennor de casa viij din- 
Esta Rúbrica, que es la última de esa adaptación romanceada (fol. 1 52 
no pertenece al Cap. xxix, como afirman los Editores y tiene su coi 
pondencia latina en el Cap. xliv, donde debió comenzar, en La forma pri- 
mordial, la antigua Rúbrica De foro iiostalagioku.m. Dice así: 1. 
rius igitur qui pedaticum acceperit de unoquoque áureo det domino 
domus octo denarios...» 

¡Y los Editores afirman que estas dos Rúbricas «no se hallan > en el 
texto latino! 

Las Rúbricas referentes á las Contiendas entre cristianos y judíos^ qui 
el Códice constituyen (con la anteriormente transcrita del 
mejor decir, del Hosialaje), el final de la adaptación 1 
trasplantadas al lugar correspondiente del texto lal 
ellas, mediante diferentes arreglos y remisiones al A: 
las 33 que integran el Cap. xxix. 

Por último, ocho Rúbricas que aparecen en los fols. 143 ;i1 '45 (irl 
dice, se entremezclan ó barajan para ponerlas en armonía con 
forman parte del Cap. xuii del texto latino. 

(1) Al tratar de suplir el texto romanceado de la R ibr, 7 del Capí 
tulo xxviii, dice el Editor (pág. 239 nol 

y se puede sustituir por la siguiente. Y ef< - un te* 

pletamente arbitrario. 



56 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

adaptación, lo más completa posible, del texto romanceado al 
texto latino, ya en. la ordenación de Capítulos y en la distribu- 
ción de Rúbricas dentro de la superior división de aquéllos, ya 
en el contenido de éstas. 

Para ello, no eran suficiente ni las simples variaciones de len- 
guaje, ni las silenciosas mutilación de los textos agregados y con- 
fección más ó menos arbitraria de los omitidos; era necesario 
algo más, la plena destrucción de la personalidad de la versión 
romanceada, confundiéndola en la superior y absorbente del ori- 
ginal latino. Así desapareció hasta el último resto de la división 
fundamental en Libros que afecta el Códice, aunque el rotulador 
(bien inhábil por cierto) no la terminó, suspendiendo su tarea 
próximamente á la mitad, hacia el final del sexto (fol. 80 v.°), y de- 
bemos suponer que, dada la época de.su formación (siglo xv), 
había de tener nueve ó doce á imitación del Código de Justiniano. 
V las Rúbricas de estos Libros, sin respeto alguno á su individua- 
lidad mejor ó peor determinada, fueron acopladas á todas las exi- 
gencias de la clasificación orgánica del texto latino, lo que por 
otra parte no estaba exento de dificultades, porque la versión, ó 
mejor la adaptación, está hecha sobre las dos formas, la primor- 
dial transmitida por el Ms. de París y la sistemática contenida en 
el del Escorial. 

Este acoplamiento se ha realizado de tal manera, que la pri- 
mera impresión del estudioso, que desconoce el Códice que sirvió 
de modelo á los Editores, y que se limita á recoger los textos 
que le son indispensables para sus trabajos, es la de que tiene 
delante, la tan deseada versión castellana del Fuero de Cuenca. 
Esta ha sido y es, en efecto, la idea general dominante entre los 
publicistas, desde el venerable maestro de todos nosotros, Don 
Francisco Martínez Marina, quien ya conoció la Edición é hizo 
citas de ella en su monumental Ensayo Jñstórico-crítico, hasta 
los cultivadores contemporáneos de la Historia del Derecho 
patrio. 

Un estudio atento y detenido de la Edición en su conjunto, y 
detallado de todas sus partes, que he podido realizar por haber 
tenido á mi disposición por tiempo ilimitado (merced á la galán- 



LAS EDICIONES DEL FUERO DE CUENCA 57 

tería y generosidad, nunca bastante agradecida, de mi buen amigo 
y compañero D. Cayo Ortega), un ejemplar de tan rarísimo libro, 
despertó mis sospechas y me puso sobre la pista de la verdad, al 
apreciar huellas indelebles de tan odioso crimen literario. 

El examen general del Códice confirmó en todo mis sospechas 
é inducciones, pero al propio tiempo me hizo ver, sin género al- 
guno de duda, la imposibilidad de recoger todas esas pruebas, sin 
llevar á cabo una plena reconstrucción del texto y, á su vez, esto 
no era tactible sin tener continuamente á mi disposición el ma- 
nuscrito, que exige un estudio muy largo y detenido, no sólo 
por la necesidad de realizar un detallado cotejo con el texto de 
Cerda, sino por ser su factura caligráfica descuidadísima, obra de 
varias manos y bastante mediocre. Se trata, en efecto, de un 
Códice de muy difícil lectura. Una completa fotocopia obvió todas 
las dificultades y depositada, como está en el Musco-laboratorio 
jurídico, puede á cada momento y en cada caso serviros de pieza 
indiscutible de comprobación. 

Con tan preciados elementos, y merced á un penoso trabajo y 
una paciencia infinita, he podido llegar á la reconstrucción del 
texto romanceado Escurialense, señalando con todo cuidado, fren- 
te á frente de la lección madrileña, en 4-537 notas (aparte d 
duplicadas), las principales variantes (algún nombre se ha de dar a 
los olvidos, mutilaciones, descuidos, malas lecturas, faltas de crí- 
tica y deficiencias de todo género), que existen entre la Edición 
publicada por Cerda-Sancha, y el contenido del Códice Escuria- 
lense L. iij. 32, que les sirvió de modelo. 

El resultado de estos trabajos forma un libro in 
de 600 páginas, y lleva por título El Fuero román 
ca*, copiado de ¡a rarísima Edición incluida por I K 
dá y Rico, cu los Apéndices á las Memorias kisto 
acciones del Rey Don Alonso el Noble... y < 
el Códice Esc. L. iij. 32. Madrid, 1915, en folio tnen 
162), xxxvin-314 folios: transcrito ,1 máquina co 
ciones manuscritas. 

Y como bien á las claras se obser 
complemento á mi otro estudio in- 



58 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

latino de Cuenca... Ambos han sido depositados por mí en el 
Museo- laboratorio jurídico de la Universidad Central, para que 
puedan ser libremente consultados por todos los estudiosos. 

Por eso, en realidad, no necesitaba aducir aquí elemento pro- 
batorio alguno en demostración de mis afirmaciones, toda vez que 
en ese paralelo y cotejo de textos se encuentran formando una 
larga serie todas las pruebas que el más exigente en esta clase de 
estudios pudiera apetecer. 

Mas en esta reconstrucción del texto romanceado Escurialense, 
el estudio detenido del Códice me ha suministrado la prueba plena 
de que no se trata de una versión castellana del Fuero de Cuenca, 
sino de una de las numerosas adaptaciones romanceadas de éste, 
que para satisfacer las necesidades jurídicas de determinados pue- 
blos de la Corona de Castilla, oficial ó particularmente se confec- 
cionaron desde mediados del siglo xni al comenzar el xv, adapta- 
ción hecha, según todas las probabilidades, ya lo hemos dicho, 
sobre las dos formas latinas primordial y sistemática, y que se aleja 
aún más de su modelo que el mismo Fuero de Alcázar (utilizado 
también en ella), por el número y la importancia de los nuevos 
elementos adicionales y complementarios que acopia. 

-Ahora podréis comprender por qué, en mi Introducción al 
Fuero de Zorita, me expreso en los siguientes términos: Bien 
podemos decir que no ha existido un texto romanceado básico, 
oficial y único del Fuero de Cuenca, sino adaptaciones varias 
del original latino, constituyendo una serie de traducciones par- 
ticulares y diversas. Al difundirse el Fuero de Cuenca por las 
extensas comarcas de Castilla, Extremadura y Andalucía, lo que 
se comunicaba de unos pueblos á otros era el texto latino, que 
se traducía y adaptaba á las necesidades de la localidad respec- 
tiva. Así, comparando las adaptaciones romanceadas de Plasen- 
cia, Béjar, Baeza, Iznatoraf, Villaescusa de Haro, Alarcón y Al- 
caraz, vemos que constituyen otras tantas traducciones distintas 
del mismo texto latino, y que se diferencian, más que por las 
modificaciones particulares que cada una entraña, por su lenguaje 
y estilo. 

Sin embargo, estas adaptaciones ofrecen, en cuanto al fondo, 



LAS EDICIONES DEL FUERO DE CUENCA 

dejando á un lado el elemento formal del lenguaje, que en 
punto es tan sólo meramente accidental, ó á lo sumo comple- 
mentario, una gradación curiosísima é interesante, desde la re- 
producción casi literal y con escasas adiciones del Fuero Con- 
quense por el de Iznatoraf, adaptación castellana la más antigua 
que conocemos, pues está garantida por la firma auténtica de 
Fernando III (Códice denominado Libro de San Fernando, cus- 
todiado en el Archivo municipal), á las profundas variaciones 
del de Plasencia. 

Ahora bien, aparte de estos arreglos, que constituyen Fueros 
especiales, es para mí indudable que, estando escrito en lengua 
latina el texto oficial del Forum Conche, conforme se iba exten- 
diendo el romance, conquistando las Cancillerías Reales y pene- 
trando con mayor trabajo en la vida científica, todas aquellas 
personas que, por una causa ó la otra, tenían necesidad de utilizar 
aquel Código municipal y habían ya dado al olvido, ó poco me- 
nos, el idioma clásico, se procuraban para su uso una versión al 
lenguaje vulgar, que particularmente encargaban á algún clérigo, 
que, con más ó menos discreción y exactitud, realizaba su come- 
tido. Y bien podemos afirmar que á esta clase de versiones perte- 
necen la hecha, probablemente en Requena, al finalizar el si- 
glo xiíi y contenida en un manuscrito de los comienzos del xv, 
que se custodia en la Biblioteca Universitaria de Valencia; la re- 
presentada por los fragmentos de un Códice de letra aragonesa-, 
escrito en los últimos años del xiv, y la más moderna del xvu, 
existentes ambas en el Archivo municipal de Cuenca. 

Pero es evidente que el contenido del Códice Escurialeí 
L. iij. 32, dada la importancia de sus reformas, y sobre t 
los diversos elementos que aporta, no constitu stas 

simplicísimas versiones particulares del Forum más 

bien una de aquellas adaptaciones ó arreglos convertidos en nue- 
vos Fueros de villas ó ciudades determinadas. Y si es un 
esas adaptaciones, ¿qué lugar ocupa en la serie 
blo, villa ó ciudad ha sido formada? 

Problemas históricos son estos de bien djfícil 
datos que hasta hoy podemos utilizar. 



6o BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

No es posible todavía trazar, en el mapa jurídico de nuestra Es- 
paña medioeval, las líneas isoforales; pero sí podemos formar se- 
ries provisionales con los Fueros más conocidos. Así, desde lue- 
go, podemos afirmar que los Fueros de Iznatoraf, Baeza y Béjar 
constituyen el punto de partida por ser traducciones con peque- 
ñísimas variantes y muy pocos aditamentos, ocupando el lugar 
más próximo al modelo conquense, y el más lejano los de Se- 
púlveda y Plasencia, señalando como elementos intermedios los 
de Alarcón, Alcázar y Zorita. 

Pues bien, la adaptación romanceada de nuestro Códice es del 
tipo que representan los Fueros de Alarcón y Alcázar, y pode- 
mos provisionalmente colocarla entre éstos y el de Zorita de los 
Canes. 

Por los datos que el mismo Códice suministra, parece induda- 
ble que esa adaptación romanceada estaba destinada para la ciu- 
dad de Alcaraz (provincia de Albacete). 

En efecto, la Rúbr. 97, Libro v del Códice, dice: «Otro sy 
qualquier que ministral de otro termino fallare en termino de Al- 
caraz...» (fol. 47 r.°), que Cerda transcribe, siguiendo su detesta- 
ble sistema, en la Rúbr. 12, Cap. xm. «Et todo aquel que menes- 
tral de otro termino fallare en termino de Cuenca...» (pág. 122). 

En la Rúbr. 69 [70], Libro vi del Códice, se lee: «... según el 
fuero e los establezimientos de Alcaraz...» (fol 69 v!°). Y Cerda 
imprime: «... asegund el fuero et los establecimientos de Cuenca...» 
(Rúbr. 15 del Cap. xvn, pág. 173). 

Y como, según he manifestado, las líneas más duras del sistema 
editorial aceptado desaparecen ó se modifican á partir de la pági- 
na 233, los diferentes pasajes en que se vuelve á hablar de Alcaraz 
se transcriben con toda fidelidad en lo que á este punto se refiere, 
prescindiendo, por tanto, de las adulteraciones del concepto. 

Enumeremos estas nuevas citas. 

La Rúbrica del Códice (fol. 104 v.°), que corresponde á la 35 
del Cap. xxx de la Edición (pág. 262), dice: 

«.Por ende los alcaldes con los quadrilleros den las carnes délos 
ganados de ganancia, e de/as vacas, a toda la hueste egualmente, 
a todas las col/aciones, e al sennor de Alcaraz...» 



LAS EDICIONES DEL FUERO DE CUENCA 

En la Rúbrica del Códice (fols. lio f.° y v.°), que es la 16, Ca- 
pítulo xxxi de la Edición (paga. 275 y 276), se lee: «Cava/Da- 
dores o apeladores que ganado de Alcaraz o a los moros sagudit - 
ren dentro en los mojones, ansí como las otras vezindades... Del 
ganado de dentro délos mojones tomen asi commo del ganado de 
Alcaraz...» Hay que tener presente que aquí se extracta el texto 
latino, suprimiendo la designación detallada de los límites espe- 
ciales de Cuenca. 

La Rúbrica del Códice (fol. 129 v.°) que constituye la tercera, 
Cap. xxxix de la Edición (págs. 314 y sig.), dice: «... Desde 
el dia de san joan fasta el día de san miguel, téngala (se trata 
del «esculca») aquel que fuere alcalde de Alcaraz, Cuenca, Ube- 
da, Baeza, Ahualones, Caforos, Ortapelayo, Cañizares, Recuen- 
co...^ Como se observa, aquí se mezclan los nombres de pobla- 
ciones como Alcaraz, Ubeda y Baeza, aforadas al de Cuenca, con 
los de esta ciudad y sus aldeas, queriendo, sin duda, redactar así 
un precepto general que sirviera para diferentes Eueros ó adap- 
taciones particulares ; pero colocando en primer término á 
Alcaraz. 

En la Rúbrica del Códice (fol. 131 r.°), que es la 7, Cap. xl de 
la Edición (págs. 317 y sig.), leemos: «... E este abtor otiosy di- 
xere que dará otro abtor, e lo diere a fuero de Cuenca, sea rregiby- 
do, si diere sobreleuador que cunpla a fuero de Ai. caras..» 

Finalmente, la Rúbrica del Códice (fol. 133 r.°), que compren- 
de las 17 y 18, Cap. xl de la Edición (págs. 321 y sig.), dice: 
«... Ca si alguno de otra parte vyniere a poblar Alcar \s, c en su 
tierra por la heredad que oviere vendido... » 

Por otra parte, el epígrafe «.Fuero de Cuenca», que a] 
en la parte superior del fol. I.° del Códice, debajo 
ción del copista «libro p.°», es de letra muy 1 
glo xviii?), y evidentemente d la misma mano que lasignatura 
iij.L.32 que encontramos en el renglón siguiente y las pan; 
que se dibujan al lado. 

Sin embargo, es muy natural que los Bibliol 
ses, al catalogar el Códice, le hayan d 
ción, porque es preciso un profundo y detal 



62 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

contenido para llegar á estas dos importantísimas conclusiones: es 
una adaptación, no una mera versión romanceada del Fuero de 
Cuenca, y ha sido formada para la villa de Alcaraz. Y es induda- 
ble que las innumerables referencias al Fuero de Cuenca ó, por 
mejor decir, sus continuas autocitas, que se han conservado en la 
adaptación, toda vez que en nada podían alterar el régimen le- 
gal, estando éste basado en el hecho de haber sido aforado al 
mismo la villa ó ciudad de que se trata, inspiraron esa nota bi- 
bliográfica, indispensable para la consiguiente ordenación biblio- 
tecaria. 

En cuanto á las Rúbricas que fijan ó señalan límites ó lugares 
especiales de Cuenca, diremos tan sólo que de las ocho que se 
registran, cinco han sido más ó menos acertadamente modifica- 
das, toda vez que en la 1 6 del Cap. xxix, las palabras in ecclesia 
episcopali, que el Códice Valentino (fol. xxxxij v.°) traduce, en 
la iglesia catedral, inaplicables á la villa de Alcaraz, han perdido 
su peculiar carácter, pues nuestro Códice (fol. 149 v.°) sencilla- 
mente dice, en la iglesia de santa marta', en otras dos de ellas 
(la 16, Cap. xxxi, y la 15, Cap. xxxv) ha desaparecido (fols. lio 
y 121 v.°), con buen acuerdo, todo aquello que pudiera ser con- 
siderado como especial ó determinativo de la mencionada ciu- 
dad de Cuenca y su comarca; en la 18 del Cap. xxxvn, tal vez 
inspirándose en el Fuero de Consuegra (Ed. Cerda, pág. 308, 
nota 7), con el cual coincide, salvo ligerísimas variantes, el de 
Haro (fol. 68 r.°), ha consignado nuestro Escuria'.ense (fol. 1 26 
vuelto) nuevas disposiciones, suprimiendo el iactet eam ad portam 
Valentie, del original latino, y por último en la 3 del Cap. xxxix, 
el arreglados ha confeccionado (fol. 129 v.°), como hemos ma- 
nifestado poco ha, un texto con vistas á una generalidad aplica- 
ble á diversas poblaciones aforadas al Código municipal conquen- 
se, pero colocando en primer lugar á la villa de Alcaraz. 

Y no es de extrañar que hayan quedado tres de esas Rúbri- 
cas (10 del Cap. 1, y 2 y 13 del Cap. xliii) sin el debido arreglo 
(véanse los fols. 2 r.°, 143 r.° y I45 v.°), porque en las adapta- 
ciones hechas con mayor cuidado se observan algunos de esos 
olvidos. Así en el Fuero de hnatoraf, el legislador, que con tanto 



LAS EDICIONES DEL FUERO DE CUENCA 63 

esmero hizo las reformas necesarias para la transformación com- 
pleta de esas Rúbricas, conserva, en las correspondientes á la 10 
del Cap. i y á la ló del Cap. xxxi (núms. 7 y 710 de la copia 
existente en la Academia de la Historia), las palabras «cifra Ta~ 
gwn*\ en la primera y «cifra metas Tagh y «ultra metas Tagi», 
en la segunda, traduciéndolas «de Taio acá» y «de Taio alia», 
que no tienen aplicación alguna tratándose de un pueblo encla- 
vado en el reino de Jaén, y en la que representa la 16 del Capí- 
tulo xxix (núm. 632) conserva la idea del texto latino, bajo la 
forma de «en la yglesia déla ealongia»; el Fuero romanceado de 
Alcázar (fol. 115 v.°), en el título referente á la Rúbrica 3 del 
Cap. xxxix, mantiene los nombres de Beteta, Pobeda bajo la for- 
ma «en Beata Poveda»; y el Forum Fari (fols. 53 r.° y 60 r.°) 
reproduce el texto de la 16, Cap. xxix y de la 16, Cap. xxxi, sin 
más variante que, en esta última, el obligado cambio de Couc//a 
en Faro, pero dejando intactos los límites que en ella especial- 
mente se determinan, cifra has metas scilicef Uillora, íniesta, 
Tenar Pus»; y, por último, transcribe (fol. 65 v.°), con toda fide- 
lidad y sin arreglo alguno, la Rúbrica 15 del Cap. xxxv. 

Con estos datos á la vista, parece indudable quo la adaptación 
romanceada contenida en el Códice Escurialense L. iij 32 fué 
hecha para satisfacer las necesidades jurídicas de Alcaraz en 
el siglo xv. bis, pues, una forma del Fuero de . llcaraz. 

Pero una dificultad se presenta para llegar á esta conclus 
y es la existencia de un Fuero de . llcaraz, adaptación roman- 
ceada del de Cuenca, hecha en fines del siglo xi por Bar- 
tolomé de Yzeda. 

En efecto, existe en la Biblioteca Nacional, proceden 
de Gavangos, un Códice (Manuscrito 

Fuero de Alearas, dividido en 13 Libros y en 1 o último folio 
vuelto se lee: «....Bartolomé de l 'zeda fizo este libro z traslatolo de 
latín en romance z fue acabado yueues otro dia de eathed 
petri, xxiij dias de febrero... En el era de mili < 
quatro anuos» (1296 de J. C). 

Existe entre ambas adaptaciones un 
mún, que es muy raro encontrar en las manifes ella- 



64 BOLETÍN DE LA. REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

ñas del Foruní Conche, pues aparte de aquéllas, de las que yo 
conozco, tan sólo le han aceptado la versión de fines del siglo xm 
transmitida por el Códice de principios del xv que se conserva en 
la Biblioteca Universitaria de Valencia y la copia relativamente 
moderna (siglo xvnj que existe en el Archivo municipal de 
Cuenca. 

Este elemento singularísimo es la agrupación de las Rúbricas 
en un determinado número c'e Libros. Y que al realizar esa refor- 
ma metódica, los adaptadores ó traductores tuvieron presente la 
que nos ha transmitido el Códice Escurialense latino, nos lo dice 
claramente el hecho de no haber sido mutilado en la nueva cla- 
sificación ninguno de los antiguos Capítulos. Es, pues, simple- 
mente una reducción de los 44 Capítulos á un número menor 
de más grandes agrupaciones. 

Y se da un curioso fenómeno de relación, de una parte entre 
las dos adaptaciones, y de otra entre las dos versiones que han 
aceptado la clasificación en Libros. Las dos versiones coinciden 
y la división en cuatro Libros del Códice Valentino del siglo xv 
se copia por el Manuscrito conquense del xvn (i) y las dos adap- 
taciones presentan numerosos puntos de contacto, aunque la 
extensión de las agrupaciones no sea la misma, y, según todas 
las probabilidades, el número de Libros diferente. 

Bartolomé de Vzeda dividió su traducción foral en trece Libros 
y en nuestra adaptación Escurialense el rotulador suspendió su 
trabajo (fol. 80 v.°) al finalizar el vi en la Rúbrica 137 [145] que 
corresponde á la 7 del Cap. xxn, dejando por lo menos sin nu- 
merar las [146-162], es decir, las 17 que faltan (8-24) hasta ter- 
mitar el precitado Capítulo. 

Y concretando nuestras observaciones dentro de estos límites, 
sin acudir á hipótesis más ó menos fundadas, haremos notar que 
ambas adaptaciones colocan al final del Fuero las Contiendas en- 
tre cristianos y judíos (Cap. xxix) y que coinciden por completo 



(1) De la clasificación de cuatro Libros del Códice Valentino y del 
Manuscrito conquense nos ocuparemos más adelante, al tratar de su des- 
cripción bibliográfica. 



LAS EDICIONES DEL FUERO DE CUEXCA 6? 

sus Libros i y n, comprendiendo el uno el Cap. i, y el otro los 
Caps, ii al v del texto latino (i). El Libro ni, que abarca en la 
obra de Vzeda los Caps, vi al x, se convierte en la reforma Es- 
curialense en los Libros m (Caps, vi-viii) y iv (Caps, ix y x), y, 
por el contrario, esta funde en un solo Libro, el v, los que lle- 
van en aquélla los números iv (Caps, xi-xm) y v (Caps, xiv y 
xv). Por último, la parte rotulada del Libro vi comprende el tam- 
bién vi (Cap. xvi), el vn (Caps, xvn y xvni) y parte del vm (Ca- 
pítulos xix á xxn) de la traducción de Vzeda y restan todavía 
para distribuir en los restantes Libros, 398 Rúbricas. 

Y no pasemos de aquí. Lo único que podemos con gran fun- 
damento aseverar, es que el nuevo arreglador se propuso sin duda 
alguna convertir en 9 los 13 Libros de la adaptación de Vzeda, lo 
que no podía ofrecer grandes dificultades, por haber suprimido la 
versión del Fuero, Oualiter serra sit custodienda, establecido 
por acuerdo del Consejo de Cuenca con su juez y alcaldes y 
haber reducido á una Rúbrica de dos renglones el extenso Capí- 
tulo xnv, cuyas seculares tarifas de portad go y liostalage habían 
de resultar ya necesariamente muy anticuadas. 

El siglo xiii se caracteriza por una gran variedad en la clasifi- 
cación de los cuerpos legales: el Fuero Real se divide en 4 Li- 
bros: el Espéculo y Las Partidas en 7; el Fuero de Navarra en 
6, y la Recopilación de Huesca de Jaime I en 8. Por el contra- 
rio, en el siglo xv se inicia y en el xvi se desarrolla una ge- 
neral y poderosa tendencia á imitar la división en 9 Libros del 
Código de Justiniano, pues ya sabemos de qué manera los roma 
nistas de Bolonia habían separado los tres últimos Libros, 
comentarios y estudios. Así los copiladores de las Constitu 
de Cathahuiya buscan su inspiración en lo orde de les rubr 
del Codi en lengua vulgar y la colección oficial 
los Fueros de Aragón y la de los Fueros de Valencia hecha por 



(1) Por un error del rotulador, las palabras Incipit libbi rij. 1. 
Escurialense, fol. 17 v.°), parece qu r.-Dn 

enzina o robre que correspondo a la última (18) del < " que 

ala siguiente, sin epígrafe, que concuerda con la i." 
evidente el yerro, que no ofrece dificultad alguna la 

TOMO LXX 5 



66 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

Pastor y la Nueva Recopilación sancionada por Felipe II, agrupan 
en 9 Libros las numerosas disposiciones que forman sus extensos 
contenidos. 

Nada tiene, pues, de extraño que si Bartolomé de Vzeda, en 
fines del siglo xm, divide el Fuero destinado á Alcaraz en 1 3 Li- 
bros, trate de reducirle á nueve nuestro anónimo reformador, en 
pleno siglo xv. 

La gran diferencia de fechas supone entre ambas adaptaciones 
nada menos que el transcurso de cerca de doscientos años. Es, 
pues, lógico suponer que después de dos siglos de vigencia la tra- 
ducción romanceada de Bartolomé de Vzeda no respondía ya á 
las necesidades jurídicas de la localidad y se hacía necesaria una 
modificación más ó menos radical del Fuero y de los «estadlezi- 
mientas de Alcaraz-» y que á esto obedeció esa nueva manifes- 
tación castellana del original conquense. Y mientras nuevos 
hechos no modifiquen estas lógicas inducciones, podemos afirmar 
que la adaptación romanceada contenida en el Códice Escuria- 
lense L. iij. 32 es una forma ó modificación hecha oficial ó par- 
ticularmente en el siglo xv del Fuero de Alcaraz, que Bartolomé 
de Vzeda fizo... en el era de mili z ccc z treynta y quatro annos. 

Lo que se impone es su estudio detenido, con la Edición críti- 
ca de ambas manifestaciones del Fuero de Alcaraz. Es uno de los 
trabajos que tengo en cartera. 

Ya podéis ver, después de lo dicho, á qué queda reducida la 
famosa non nata Edición castellana del Fuero de Cuenca. El 
texto impreso es, en su mayor parte, completamente arbitrario, 
y el Códice que se toma como base de la transcripción, no con- 
tiene el Fuero de Cue-nca, sino la forma que afecta el de Alcaraz 
durante el siglo xv. 



VI 



El precedente estudio ha puesto bien de manifiesto la imposi- 
bilidad de llevar á una Edición crítica, como representante del 
Fuero romanceado de Cuenca, esa adaptación contenida en el 
Códice Escurialense L. iij. 32, aunque previamente se recons- 



LAS EDICIONES DEL FUERO DE CUENCA 67 

truya su texto, purgándole de todos los errores y defectos en él 
acumulados por la falta de crítica de los Editores madrileños. 
Y por el mismo fundamental razonamiento, es forzoso también 
excluir de esa importantísima representación á todas las demás 
adaptaciones romanceadas del Forum Conche que constituyen 
Fueros particulares de villas ó ciudades determinadas. 

¿Pero esto entraña acaso una dificultad tal que nos obligue á 
prescindir del texto castellano en la futura Edición crítica? En 
manera alguna. La dificultad es grande, pero no invencible. 

Verdad es que no existe, ya lo hemos dicho, un texto roman- 
ceado básico, oficial y único del Fuero de Cuenca, pero también 
lo es que debieron abundar no sólo en esta ciudad y su comarca, 
sino en todas aquellas poblaciones que habían recibido y aceptado 
sin modificación alguna, como régimen foral, el original latino, 
las más variadas traducciones particulares, cuando el romance 
castellano, transformándose de vulgar en literario, triunfó por 
completo de la lengua latina que se refugió, como en sus últimos 
atrincheramientos, en la vida científica y en la sociedad religiosa. 

Y de esas versiones privadas, hechas con mayor ó menor dis- 
creción y cultura, han llegado hasta nosotros, que yo conozca, 
tres interesantes mafestaciones. Dos que se conservan en el Ar- 
chivo municipal de Cuenca, y una que se Custodia en la Biblio- 
teca Universitaria de Valencia. 

Examinémoslas por el orden de antigüedad de su escritura. 

En el Archivo municipal de Cuenca (Legajo III. Expediente 
número i) existe un notabilísimo fragmento de una tradu< 
romanceada del Fuero de dicha ciudad. Este fragmento i 
tenido en 26 fojas de papel grueso y muy moren 
mente sebti (330 X 255), escrito á dos columnas de 
y tantos renglones, letra aragonesa de los últi 
glo xiv. 

Estas 26 hojas estaban caprichosamente agrupad: 
formando á manera de un cuaderno. Pero mere 
estudio he logrado, no sólo ordenarlas baj 
ración romana, sino fijar algunas particularidades del 1 
-que pertenecieron. 



68 



boletín de la real academia de la historia 



Constituyen dos fragmentos ele 13 hojas cada uno, compren- 
diendo el primero los folios iiij al xvj, y el segundo los xxv al 
xxxvij. No existe en ellos rastro alguno de clasificación, y el Fuero 
se desenvuelve en una serie de Rúbricas sin numerar. Y tomando 
como elemento normal para la determinacinón de su contenido la 
forma sistemática del Códice latino Escurialense, podemos decir 
que el primer fragmento comprende desde la Rúbrica (sin Epí- 
grafe) que corresponde á la 21, Cap. 11, al Epígrafe de la 4 1 del 
Cap. x, y el segundo desde la 9 (falta de Epígrafe) del Cap. xiv 
á la II (que une á la anterior y deja sin terminar) del Cap. xx. 

En suma, comprenden I ó Capítulos, de los cuales 12 están 
íntegros, y cuatro incompletos. El primer fragmento contiene 
176 Rúbricas (la primera falta de Epígrafe) y el Epígrafe de 
otra, y el segundo, 166 (la primera sin Epígrafe, y la última 
incompleta); en total 342 Rúbricas, ó sea un poco más de la ter- 
cera parte del Fuero. 

El Códice debió estar formado por dos cuadernos de 20 plie- 
gos (40 hojas) cada uno. Las 26 hojas existentes (pliegos 4. al 
16) corresponden al primero, que abarcaba aproximadamente 
la primera mitad del Fuero. 

He aquí la reconstrucción de ese primer cuaderno: 



Faltan. 



El primer fragmento está 
constituido por los folios 
de la columna i. a , contados 
de arriba á abajo (iiij á xvj). 

El 2° fragmento está cons- 
tituido por los folios de 
la 2. a columna, contados 
de abajo á arriba (xxv á 
xxxvij). 



Faltan. 



I. er 


Pl 


lego 


contenía fols 


i 


y 


xl ) 


2.° 




» 


» 


» 


ij 


y 


xxxvmj , 
xxxviij ) 


3-° 




* 


> 


» 


"j 


y 


4-° 


pliego 


contiene fols. 


iiij 


y 


xxxvij 


5-° 




» 


» 


» 


V 


y 


xxx vj 


6.° 




» 


» 


» 


vj 


y 


XXXV i 


7-° 




» 


» 


» 


VIj 


y 


xxxiiij 1 


8.° 




» 


» 


» 


viij 


y 


xxxiij 1 


9° 




» 


» 


> 


viiij 


y 


XXXlj ( 


IO.° 




» 


» 


» 


X 


y 


XXXJ / 


ii.° 




» 


» 




X J 


y 


XXX l 


12.° 




» 


» 


» 


xij 


y 


xxviiij j 


13-° 




» 


» 


» 


xiij 


y 


xxviij 1 


I 4 .° 




» 


» 


» 


xiiij 


y 


xxvij 


I5-° 




» 


» 


» 


XV 


y 


xxvj 


16. 




» 


» 


» 


xvj 


y 


xxv - 


i7-° 


pliego 


contenía 


fols. 


xvij 


y 


xxiiij \ 
xxiij 1 


18. 




» 


■» 


» 


xviij 


y 


>9-° 




» 


» 


» 


xviiij 


y 


xxij i 

xxj .' 


20.° 




» 


» 


» 


XX 


y 



LAS EDICIONES DEL FUERO DE CUENCA 69 

A este fragmento conquense sigue en antigüedad, distancián- 
dose de él á lo sumo un cuarto de siglo, el varias veces ya mencio- 
nado Códice de la Biblioteca Universitaria de Valencia. Y muy 
grande es su importancia por ser, hasta ahora, el único Códice 
medioeval que nos ha transmitido una versión romanceada com- 
pleta del Fuero municipal de Cuenca. Perdonadme que, por estas 
razones, os siga molestando largo rato, con una descripción bi- 
bliográfica algún tanto detallada. 

Procede este Códice (¡Vis. 39, sig. 88- 5 -21) de la librería de 
D. Trinidad Herrero, abogado de Requena y Diputado-Secretario 
en las Cortes Constituyentes de 1 8 54; fué donado por sus hijos 
D. Marcelino y D. José Herrero al ilustre profesor y eminente 
jurisconsulto D. Eduardo Pérez Pujol, y por éste á la Biblioteca 
Universitaria de Valencia, según aparece consignado en el verso 
de la segunda guarda, y bajo el número 998 aparece defectuosa- 
mente descrito en el Catálogo de los Manuscritos en ella existen- 
tes (Valencia, 1913. 11, pág. 47-50). 

Forma un volumen de 112 folios (303 X 217) de papel, cuya 
filigrana representa una mano y una estrella, y tiene además 
como guardas cuatro hojas, dos al principio y dos al fin, do fa- 
bricación distinta, y sin disputa, posterior á la del que integra el 
cuerpo de la obra. Su filigrana diseña la cruz con las letras L A 
dentro de un corazón. En la primera guarda se lee: Fvero j de 
Cuenca / dios Nro. S. Guarde] al Rey, y se repiten muchas \ 
escritas por distintas manos, las palabras El Fuero de i 
entre ellas, aparece indicado el nombre de uno do los poseedo- 
res del Códice, en la siguiente forma. Al filtre. S. " P. / 
García y muy mag. co señor Juan Garfia. El a 
poseedor, Villanueva (firma y rúbrica autógrafa 
en el verso del pergamino que sirve de ene 
mismo se puede atribuir al siglo xvn qu 
de los primeros años del siglo xv, peí ' 
que de la misma centuria, son ev ; :nte posl 

tas marginales del xvi. A dos columna 
renta y tantos renglones, y los folios [1 
da. Caja de escritura varia 



7o boletín de la. real academia de la historia 

y sus columnas tienen 42 renglones la primera y 4 1 la segunda. 
Foliación romana de la época, hecha con tinta roja del 1 al c. Los 
folios IOI á 112 sin numerar. Faltan los folios Ixiiij á lxvj. Estos 
tres folios han sido cortados, dejando el mutilador claras huellas 
de su profanación. 

Toda esa primera parte (fols. i al Ixiij), dedicada á la transcrip- 
ción del Fuero de Cuenca y sus adiciones, aparece más cuida- 
dosamente concluida que el resto del Códice, pues en ella obser- 
vamos que no faltan los Epígrafes ni las Capitales, y que éstas y 
aquéllos, así como los calderones, se diseñan con tinta roja. Por 
el contrario, en la segunda, apenas se encuentra algún que otro 
Epígrafe, y de ordinario solamente existen los huecos para éstos 
y para las letras capitales y algunos encabezamientos escritos en 
rojo y recubiertos de negro. 

Como vemos, el Códice se divide claramente en dos partes,, 
separadas por esa mutilación de los tres folios. 

La primera comprende el texto romanceado del Fuero de 
Cuenca, dividido en cuatro Libros, y éstos en Títulos y Rúbri- 
cas. El Libro 1 (fols. i al xvj r.°, col. 1. a ), corresponde al contenido 
de los Caps. 1 al x de la. forma sistemática latina Esciirialense. El 
Libro n (fols. xvj r.°, col. 1. a , al xxiij v.°, col. 2. a ), abraza los Capí- 
tulos xi al xvi. El Libro m (fols. xxviij v.°, col. 2. a al xxxxviij r.°, 
col. 1. a ), abarca los Caps, xvn al xxxj. Y, por último, el Libro iv 
encierra (fols. xxxxviij r.°, col. 1. a , al lxiij v.°, col. 2. a ) los Capí- 
tulos xxxii al xliii, y los textos romanceados del Statutum domi- 
ni Adefonsi; del Privilegium Henrici prlmi, dado en Burgos á 
«ocho dias de enero /era de mili z dosientos z cincuenta/ z tres 
annos»; del Forum establecido por el Concejo de Cuenca y rela- 
tivo á la custodia de la sierra («Esta ley es cielos ¡ caballeros de la 
sierra»), y de la Carta que .«nuestro sennor el rrey don san-/cho 
dio en mejoría sobre el fue-/ro de Cuenca... dada en burgos/ 
veynte z quatro dias de margo era de/ mili z tresientos z veynte 
Z tres /annos». 

Esta Carta de Mejoría termina en la col. 2. a del fol. lxiij vuelto, 
y con ella todo lo relativo al Fuero de Cuenca y sus adiciones, 
pero en el final de la misma, sin que podamos conocer la causa, 



LAS EDICIONES DEL FUERO DE CUENCA - I 

el copista inserta un aditamento extraño al régimen foral con- 
quense, enumerando las preguntas que el jues a de fast 
juramentos de calunia. Estas, según la doctrina de los juri 
medioevales, son cinco, mas el folio termina con la qnarta, que 
falsa escritura (i) nin falso testigo / non presentara uiu traetra en 
aquel pleito. El siguiente fol. lxiiij (primero de los que faltan), 
debió contener en su recto [la quinta, que non demandara plaso 
maliciosamente por rrason de alongar el pleito] (2). Es lo único 
se puede lógicamente inducir. Pero ¿el resto de estas tres ! 
estaba en blanco ó contenía otros documentos? No lo sabe 

La segunda parte del Códice empieza en el fol. lxvij verso (el 
recto está en blanco); y comprende hasta el lxxxj v.°, col. 2. a , el 

LIBRO DE MAES/TRE JACOBO DÉLAS LEVES. Los fols. lxVÜj al Ixxij, Se 

encuentran en un estado deplorable; su lectura es casi imposible 
por la tinta corrosiva y la acción de la humedad, que rompen el 
papel y emborronan la escritura. 

El manuscrito de este interesante libro, que sirvió de original 
á nuestro copista, fué indudablemente escrito á fines del siglo xm 
(1284-1295), pues la dedicatoria aparece reformada, dirigién 



(1) El copista tan ignorante como inhábil, .según lo demuestra en 
numerosas ocasiones, da aquí la abreviatura de tierra (trra) por la de 
escritura (escra), pero el error es evidente. 

(2) El juramento de calumnia se estudia y describe en 1 Si i 
Maestre Jacobo délas leyes, que precisamente se traslada en la segun- 
da! parte de este Códice. Dice así (fols. Ixxv v.° 

lumna i. a ): «... mas si negare la deman-/da z el di |ue 1" 

qui-/ere prouar, fazet le luego jurar al/ demandador z después .1] dem 

da-/do, estas cinco cosas que aqui - ¡tas; la prim 

deman-/dador que cree que demanda su 

verdad de lo que/ sopiere z quel pregue 

dará nin prome-/tera nin prometió algu 

la sentencia/ a ninguno sinon aq 

rrason de su / merecimiento, asi commo adui 

que non sea defendi-/d<> por ley: la quarl 1 adura pi ue- u 

en aquel pleito: la quiñi.. ira] ¡o mal i 

por rrason de alongar el pleito./Otro . el demand 

mera cosa que creye que defien 

tro co-/sas sobredichas. E este jurami nto, 

calupnie.-» (Véase y compár 

Tít. 3, Lib. 11. Mem. kist., tomo ir. . 



BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

á 1). Sancho IV, después de la muerte de su padre, como lo de- 
muestra el calificativo de bien aueuturado, que se da al rey don 
Alfonso. Dice así: [A]l muy noble z muncho hon- rrado sen ñor 
don sancho, fijo /del muy noble z bien auen-/ turado sennor don 
alfonso, por la gracia ' de dios rrey de castilla z de león yo / 
maestre jacobo délas leyes... (fol. lxviij r.°, col. 1. a ). El texto, en 
general, presenta grandes relaciones, con el contenido del Escu- 
rialense Z. iij. II (siglo xiv) que sirvió para anotar la edición im- 
presa, y debe ser tenido en cuenta cuando se trate de realizar 
un estudio crítico acerca de las obras del Maestre Jacobo de las 
Leyes. 

Folio lxxxj v.°, col. 2. a al lxxxij v.°, col. 1. a , Juramento de los 
judíos. (Véase y compárese la Ley 28 de Las Leyes nuevas, y la 
L. 20, Tit. II, Part. ni.) 

Folio lxxxij v.°, col. 1. a , al mismo folio, col. 2. a , Juramento de 
los moros. (Véase y compárese la Ley 29 de Las Leyes nuevas, 
y la L. 21, Tít. II, Part. 111.) 

Sigue á estos juramentos: «rremenbranca sea a los que non 
saben/ commo fagan quando quieren acu-/sar su enemigo por 
Ja muerte de/ su pariente...» que termina en el siguiente folio 
lxxxiij r.°, columna segunda. 

En este mismo folio, y al final de dicha 2. a columna, se lee es- 
crito en rojo, y después reforzado con negro: Estas son vnas 
leyes saca- 1 das de todos los dere-¡ chos para hordenar los li-¡ bellos 
para guales quier pleitos. Empieza este opúsculo, que considero 
inédito, en el folio vuelto, y sigue hasta el Ixxxxiij r.°, columna 
primera. 

■ No es posible fijar la fecha de esta obrita por las citas que en 
ella se hacen de los textos romanos y canónicos, pues represen- 
tan la forma generalmente usada en la literatura jurídica medio- 
eval, pero en cambio una de sus rúbricas ó leyes (fol. lxxxiij v.° 
columna 2. a ) hace sospechar con gran fundamento que se trata de 
una producción de fines del siglo xm, al promedio del xiv. Es un 
formulario que dice así: «.Otrosí la forma del libello es esta, 'era 
de mili z tresientos z tantos / anuos en tal mes z en tal auno...'» 
V la Era de 1300 comprende los años de J. C. 1262 á 1362. 



LAS EDICIONES DEL FUERO DE CUENCA 73 

En ese fol. lxxxxiij r.° y en la misma columna 1. a da comienzo 
una interesante obrita, también inédita, bajo el siguiente epígrafe: 
Libro primero délos juysios delt.a corte del rrev. El segundo 
libro termina en el fol. 105 v.°, al principio de la columna se- 
gunda. 

Este opúsculo que podemos utilizar con fruto, para el estudio 
histórico de nuestro Derecho privado, parece á primera vista 
que fué redactado en los últimos años del siglo xiv ó los prime- 
ros del xv. En efecto, en su última Rúbrica ó Ley encontramos 
las siguientes citas referentes á la relación de uno á seis entre los 
maravedises de oro y la moneda nueva: ... asi lo decía- ro el rrev 
don alfonso en el libro délas declaraciones z estillo / de corle, titu- 
lo xxi ley vij./ E esto mesmo declaro el rrey donjuán en el orde- 
namiento de Gua- ¡ dalajara en la leyvj... (fol. 105 v.°). La Ley del 
Estilo á que se refiere es la 114 de la numeración que hasta nos- 
otros ha llegado, según las más antiguas ediciones impresas, y el 
Ordenamiento de Guadalajara lleva la fecha de 1390. (Véase, 
Cortes de los antiguos Reinos de León y Castilla, t 11. Madrid, 
1863, pág. 45.4.) 

Pero tal vez, esa Rúbrica ó Ley sea un aditamento posterior, 
extraño por completo á la obra y agregado por el copista ó arre- 
glador literario del Códice, pues el autor del índice, que aparece 
en los folios 107 v.°, col. 2. a al 109 r.°, col. 2. a , hizo caso omiso 
de ella y su contenido es un algo que no encaja dentro del 
Titullo segundo. Délos enplasamicntos en criminal acusación. 
Libro ii, cuyo final parece representar. En este supuesto, habría 
que considerar á ese Libro délos juy: ! corte i 

como un producto de fines del siglo xi princii 

(reinado de D. Fernando IV 
parece indicarlo la copia casi 1; 
Comino se puede entregar el sen ñor del d 
del Libro 1, de una interesante cari Reina L.- 

Molina, en la cual ésta alude di l en ites 
(fols. lxxxxiij r.°, col. 2. a y sigs.) 

Del fol. 105 v.°, col. 2. a , al IOQ r.°, 
índice de toda la segunda parte, c 



74 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

TlTULLOS DELLA SUMA DE MAESTRO JACQBO (fols. 10$ V.°, Col. 2. a , 

al io; v.°, col. 1. a ). 

De las leyes de los derechos/para formar libellos/en cada 

VNA FASE MINCION/PARA QUE ES (fol. 107 V.°, Col. 2. a ). 

TlTULLO DEL LIBRO PRIMERO DÉLOS JUV-/ SIOS DÉLA CORTE DEL RRI Y 
(fols. 107 Y.°, col. 2. a , al 108 v.°, col. 1. a ). 

Libro segundó (fols. 108 v.°, col. 1. a , á 109 r.°, col. 2. a ). 

Este índice es interesante porque da los epígrafes que faltan en 
toda esta segunda parte del Códice. 

Los fols. 109 v.° á 112 r.°, escritos á línea tirada, contienen una 
serie de aditamentos posteriores, á saber: 

Folio 109 v.° Apelaciones canónicas commo se deuen faser. 
Descomunión fecha por contumacia. 

Folio 101 r.° y v.°. Nota z jornia. Es un formulario de un es- 
crito dirigido al corregidor, oponiéndose á la declinatoria, pi 
diendo al efecto prueba de testigos é incluyendo el interrogato- 
rio consiguiente. 

En el mismo fol. 110 v.°, Rremenbranqa déla libra de oro z 
mr. de oro z de los mrs z sueldos z mencales. Termina en el si- 
guiente fol. III r.° 

Fol. III r.° á 112 r.° Un dictamen ó consejo (consiliwn), que 
comienza: «Visto vn pleito que pende ante los alcaldes de rre- 
quena entre simón destajo, mercador déla vna parte z lope san- 
ches, sindico que se dise déla gibdad de cuenca z pero sanches 
de hucte z diego ferrandes de/cetinna mercadores vesinos de 
la dicha gibdad, sobre rra- son de vna execugion fecha en gier- 
tas mercadorias que troxieron los dichos diego ferrandes z pero 
sanches por la villa de rrequena...» Y termina: «... Et este es 
mi consejo segund dios me dio a entender, asi me ayude por su 
merged, tirada toda corrup-, gion z afecgion z sobornagion. raar- 
tinus sancgii legum doctor.» 

El fol. 112 v.° está en blanco y el Códice termina con las dos 
hojas de guarda. 

Como se observa, el contenido de este Códice Valentino es 
importantísimo por muchos conceptos; pero, dejando para otra 
más propicia ocasión el estudio de su segunda parte y de los 



LAS EDICIONES DEL FUERO DE CUENCA 75 

opúsculos inéditos que en ella nos presenta, hoy tan sólo nos in- 
teresa la primera, dedicada, según hemos visto, á la transmisión 
romanceada del Fuero de Cuenca y de algunos de sus principales 
complementos. 

Sin embargo, la lectura del Consejo ó dictamen del Doctor en 
leyes, Martín Sánchez (Martinus Sancii legum Doctor), docu- 
mento que cierra, digámoslo así, las adiciones de la segunda par- 
te y el Códice mismo, nos enseña que ya en el siglo xv se en- 
contraba este manuscrito en la villa de Requena, de donde ha 
salido, en la segunda mitad del xix, para ingresar, á consecuencia 
de una doble donación, en la Biblioteca Universitaria de Va- 
lencia. 

Ahora bien, el alcázar de la villa de Requena fué poblado por 
Alfonso X á fuero de Cuenca: «... et mandamos que pueblen hy 
treinta caualleros et escuderos fijos dalgo, et otros treinta caua- 
lleros cibdadanos, et peones quantos hy copieren, también en el 
alcázar, como en las casas, et en el heredamiento del nuestro al- 
mazen, como en las aldeas de Requena, et en el heredamiento 
que pertenece a nos por qual manera quier que sea: et todo esto 
les damos a estos pobladores sobredichos, et a los que hy serán 
daqui adelante moradores que lo hayan al fuero de Cuenca... Fe- 
cha la carta en Atienza por mandato del Rey, quatro dias anda- 
dos del mes de Agosto en era de mili doscientos nouenta et cin- 
co annos...» (1257 de J. C.) (i). 

Y nada de extraño tiene que en esta villa de Requena, y en el 
mismo siglo xm, se tradujera oficial ó particularmente, por al- 
gún clérigo, el texto del Forum Conche al romance castellano, y 
que con el tiempo, á principios del xv se sacase una copi 
ese vetusto original castellano. 

Digo esto, porque para mí es indudable que esa ro- 

manceada se hizo en los últimos años del siglo xm, reinando don 
Fernando IV el Emplazado, y que ha llegado hasta n 
conducto de esa copia del xv, que constituye la prime 



(1) Bibl. Acad. de la Ilist : Varios documen , tomo 1 (E. 126, fol. 164 . 
y Memorial Itistorico, I, págs. 115 a 117. 



7& BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

de nuestro Códice. Y esta firmísima convicción mía tiene un fun- 
damento documental incontrastable. 

Al frente de la Carta de mejoría, dada por el Rey D. San- 
cho IV, se leen (fol. lxij., cois. 1. a y 2. a ) los siguientes versos, que 
el copista del siglo xv trasladó, sin señalar las separaciones co- 
rrespondientes: 

El rrey don sancho al qual dios de parayso, 
sobre el fuero de cuenca sus mejorias fiso: 
las leyes non tan buenas el destroyr las quiso; 
su alma aya perdón, ca mucho bien nos fiso. 
Las leyes non tan buenas, tanbien que las aparta, 
todo omne que las leyere, muy bien que las departa: 
en gosos de parayso su alma sea farta: 
todo esto mandado, traslado es de su carta. 

Semejantes elogios fúnebres se han escrito siempre á raíz del 
fallecimiento de las personas á cuya memoria se dedican, y en 
manera alguna se concibe que esos versos hayan brotado de la 
pluma del copista ó del arreglador literario de un Códice, cuando 
ya habían transcurrido ciento veinticinco años de la muerte del 
Rey D. Sancho. 

Y como si esto no fuera bastante, encontramos en el mismo 
Códice un elemento de comprobación, que claramente nos dice 
que reinaba D. Fernando IV cuando se hizo la versión roman- 
ceada del Fuero. 

El único formulario que en éste se encuentra es, como ya con 
otro motivo análogo hemos manifestado, el de la Carta, de parti- 
ción (De caucione partitionis), que en el Códice latino de París 
(fol. 8 r.°) se cierra, según hemos visto y es costumbre en esta cla- 
se de documentos, con las palabras: «.era tali, sub rege TV, sub 
domino N, sub índice N, sub merino N, sub sazone N». Ahora 
bien, nuestro Códice nos da el texto romanceado de este formu- 
lario en la Rúbr. io, Tít. io, Lib. i, De la carta déla partición 
que sea fecha en esta forma (fol. xiij. col. 1. a y 2. a ), y termina 
diciendo: «... era de tal; rrey don ferrando) sennor de cuenca n°; 
merino n°; sayón n°. Y al llenar de esta manera el hueco rela- 
tivo al monarca reinante, cuando se redactaba en castellano 



LAS EDICIONES DEL FUERO DE CUENCA "¡- 

el formulario de ese documento, nos da el traductor un dato 
preciosísimo para fijar con toda seguridad la fecha de su obra. 
En todo el largo tiempo que se extiende desde Alfonso X á los 
Reyes Católicos, de mediados del siglo xm á los finales del xv, 
no ha existido en Castilla más monarca de ese nombre que don 
Fernando IV el Emplazado, que sucedió á su padre D. Sancho el 
25 de Abril de 1295, y falleció el 17 de Septiembre de 1 3 12. 

La conclusión lógica se impone. Si reinaba D. Fernando IV 
cuando se redactó en castellano el formulario de la Carta de par- 
tición, y si un elogio fúnebre encabeza la Carta de mejoría del 
Rey D. Sancho, bien podemos afirmar que en los últimos años 
del siglo xm, probablemente de 1 295 á 1 296, se hizo la versión 
romanceada del Fuero que nos ha transmitido el Códice de Re- 
quena, escrito en el xv, y que hoy se custodia en la Biblioteca 
Universitaria de Valencia. 

Esta versión se ha hecho teniendo á la vista la forma sistemá- 
tica del texto latino que nos ha transmitido el Códice Escuria- 
lense Q. iij. 23. Buena prueba de ello es el observar de qué ma- 
nera la división en cuatro Libros resulta así como un agrupa- 
miento de los Capítulos del texto Escurialense, completando de 
este modo la evolución del sistema. 

La forma primordial latina nos presenta al Forum Conche des- 
envolviéndose en una serie de Capítulos ó Rúbricas sin numerar; 
las citas se hacen en esta rudimentaria manifestación metódica, 
por la simple indicación de los Epígrafes. La forma sistemática 
agrupa esas diferentes Rúbricas en 44 grandes Capítulos; las citas 
ya se concretan, Rúbrica tantas del Capítulo tantos. Y por últi- 
mo, la versión romanceada completa la clasificación en Lil 
Títulos y Rúbricas, y las citas se ajustan en un todo á esta divi- 
sión tripartita. 

Pero ¿existen variantes de mayor ó menor importancia entre 
el texto romanceado y el original latino? 

Ante todo observamos que el traductor ha prescindido de] 
pítulo xliv, acaso porque hecha la versión para aplicar el huero 
de Cuenca en la villa de Requena, podían variar, por las condi- 
ciones especiales de la localidad, las tarifas de portadgo y hosta- 



78 BOLETÍN DE LA. REAL ACADEMIA DE I.A HISTORIA 

¿age. Y á esto se puede añadir alguna que otra modificación en 
él contenido de los textos; pero estas diferencias se pierden en 
la generalidad del conjunto. 

No encuentro, pues, dificultad fundamental alguna para utili- 
zar esta versión romanceada como elemento básico de la Edición 
crítica de nuestro Fuero.» 

La tercera y última de las traducciones castellanas del Forum 
Conche, que hasta nosotros han llegado, es, como ya hemos - dicho, 
relativamente moderna. Constituye una copia bastante imperfec- 
ta hecha en mediados del siglo xvn y se custodia en el Archivo 
municipal de Cuenca. (Leg. 30. Esp. núm. i.) 

Es un volumen de 79 folios papel (3 1 2 X 2 1 4) escrito á línea 
tirada de cuarenta y tantos renglones por página. Caja de escri- 
tura variable: la del folio 6 r.° es de 270 X 1 25 con 42 renglo- 
nes. Numeración arábiga de época posterior 1-79- Forma un 
gran cuaderno cosido á mano. Portada sin numerar, en la que 
se lee, de letra posterior á la del cuerpo de la obra: «.Copia del 
Fuero de Cuenca que ! le dio el S or Rey D n Alfonso el octavo su 
conquistador a° de I U//-» 

Los folios 1-4 v.° contienen un índice de Libros y Títulos. El 
Fuero comienza en el fol. 5 r.° La clasificación en 4 Libros coin- 
cide con la del Códice Valentino, pero las de Títulos y Rúbricas 
son diferentes. Está sin concluir: llega tan sólo á la primera parte 
ó primer párrafo de la Rúbr. 17 del Cap. xliii de la forma siste- 
vi ática latina. 

Según el índice de Libros y Títulos, faltan los siguientes: Tí- 
tulo délas cossas f arladas y encubiertas. Título délos caualleros 
de la sierra. Título de la carta de las mexorias (fol. 4 v.°). Como 
se observa, suprime el Cap. xliv referente á los derechos de por- 
tadgo y de hostalafe, y de los aditamentos al Fuero, señala úni- 
camente, en el índice, el establecido por el Concejo de Cuenca 
para la custodia de la sierra y la Carta de mejoría del Rey Don 
Sancho. 

Parece evidente que la traducción se hizo en época anterior á 
1 Manuscrito, pero se nota con mucha frecuencia la moder- 
nización realizada por el copista. 



LAS EDICIONES DEL FUERO DE CUENCA 



79 



Estas tres manifestaciones romanceadas del Fuero de Cuenca, 
representan otras tantas versiones distintas, atendiendo al ele- 
mento formal del lenguaje. 

Como prueba tomemos, á manera de ejemplo, una de sus Rú- 
bricas, la referente á las paredes medianeras, tan poco conocida 
de nuestros civilistas: 



Fragmento del siglo XIV. 

Arch. Mun. de Cuenca. Fol. viiij r.°, col. 2. a 

Déla / alteza délas cassas/ 
Oual quier que casa herificare, 
si quisiere algela quanto ael 
plog- guiere. Pero mando, que 
qual quier que ssu casa sobre/ 
pared agena alguno cargar qui- 
siere, de / primeramente déla 
meytad del precio quela pa- / 
red costo z desende hedifique 
sobre a- quella pared, maguer 
la paret fuere en rrays de co- 
mún, z sy la rrays non fuere 
en lugar de común, non puede 
sobre pared he- dificar, su sen- 
nor non queriendo. 



Códice de Requena, siglo XV. 

Bibl. Univ. de Valencia. Lib. i, Tít. vj. 
Rúbr. 14 (fol. viiij r.°, col 2). 

Del que quisiere armar casa 
o pared. / Oual quier que qui- 
siere armar ca- sa, algela en 
alto quanto le/plogiere; z qual 
quier que su casa quisie- re 
arrimar a pared agena, o ar- 
mar sobrella, de primeramente 
la /meytad del pregio que cos- 
to la pa- red; desende arme 
sobre la pared, pero si la ere- 
dad fuere en la rrays de co- 
mún; ca si rrayz [non] fuere de 
co- /mun, non puede sobre la 
pared nin- gimo armar, non 
queriendo su sennor. - 



Manuscrito del siglo XVII. 

Archivo Mun. de Cuenca. Fol. 16 v." 

Quien quier fager cassa, alzela en alto quan- to quissiere. 

Si alguno quisier alzar su cassa sobre alguna pa- red, de pri- 
meramente la meitad délo que costo/la pared y depues I 
sobrella, si fuer la pa- red en la heredad de coi si la he- 

redad non fuer de común, non puede ninguno la- brar sobre la 
pared agena, non queriendo el señor. 

Este sencillo paralelo confirma en un todo la doctrina expu 
ta; no ha existido un texto romanceado oficial y único del 
de Cuenca, sino adaptaciones y traducciones particulares y di- 
versas. 



8o BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE I, A HISTORIA 

Y rechazadas como base de una Edición crítica las adaptacio- 
nes, por ser constitutivas de Fueros especiales de ciudades ó vi- 
llas determinadas, hay que acudir necesariamente á las traduc- 
ciones particulares hoy conocidas. Entre éstas la elección no es 
dudosa. No podemos aceptar, ni el Códice fragmentario, de fines 
del siglo xiv, ni el Manuscrito de mediados del xvn. 

El uno, por incompleto; contiene tan sólo una tercera parte 
del Fuero: y el otro, por moderno; es una copia imperfecta muy 
distanciada del momento en que surgieron las versiones cas- 
tellanas. 

En cambio, podemos perfectamente utilizar el Códice de Re- 
quena que, bajo la escritura de los primeros años del siglo xv, 
nos ha transmitido una completa y ordenada versión de los últi- 
mos del xiii. 

Pero claro es que los Códices desechados no deben ser pre- 
teridos, y sus principales variantes deben constituir el ornamen- 
to y la ilustración de la Edición crítica del texto castellano. 

Y tampoco puede ser absoluta la exclusión de las adaptacio- 
nes en esa interesante obra de la reconstrucción del texto roman- 
ceado de ese gran Código que, bajo el modesto nombre de Fue- 
ro de Cuenca, representa del modo más completo y genuino, la 
vida jurídica de nuestra Castilla medioeval. 

Aquéllas, que como las de Iznatoraf y de Baeza forman el 
punto de partida de la serie, y por sus versiones casi literales 
están íntimamente ligadas al Fuero tipo, se pueden utilizar en la 
Edición crítica de modo análogo á las adaptaciones latinas de 
Consuegra, Alcázar y llaro. Pero hay que tener presente que el 
servicio que estas últimas pueden prestar y prestan en la deter- 
minación del texto latino tiene una gran importancia que nunca 
alcanzarán las adaptaciones romanceadas, por antiguas y esmera- 
das que sean. En éstas el lenguaje varía con el traductor, con el 
siglo y con el lugar, y pertenecen á ciclos literarios diferentes. 
Por el contrario, en las latinas por regla general se conserva el 
lenguaje oficial del Fuero, y de lo único que se preocupa el arre- 
glador es de fijar claramente la variante y de interpolar de modo 
oportuno la adición. 



LAS EDICIONES DEL FUERO DE CUENCA. 8[ 

Es, por consiguiente, un lugar secundario, verdaderamen- 
te accidental y de escasa importancia el que ocupan las adap- 
taciones romanceadas en la Edición crítica del texto caste- 
llano. 

Ahora bien, de las variadas y notabilísimas adaptaciones que 
conozco, es la de Iznatoraf la que en más alto grado reúne las 
apetecidas condiciones de traducción casi literal del Fuero tipo 
y de plena autenticidad del texto. Es, como ya he dicho, la más 
antigua de todas ellas, y en el Archivo municipal de Iznatoraf 
cuidadosamente se custodia el Códice que lleva la suprema ga- 
rantía de la firma del Rey D. Fernando III. 

El Fuero de Iznatoraf tendrá, pues, un lugar preferente en 
esas ilustraciones que han de servir de necesario complemento á 
la Edición crítica. 



Vil 



En el transcurso de este largo Informe he llegado, como re- 
cordaréis, á las siguientes conclusiones que se pueden conside- 
rar como bases generales de la futura Edición crítica del fuero 
de Cuenca: 

1. a Las Ediciones madrileñas de Cerda-Sancha y norteame- 
ricana del profesor Alien no responden, por sus gravísimos de- 
fectos, á las exigencias de la crítica moderna. Son de uso perju- 
dicial y peligroso. 

2. a Se impone la necesidad de emprender y publicar una 
Edición crítica de los textos latino y castellano. 

3. a La Edición crítica del texto latino ha de reconstruir y 
colocar frente á frente las dos formas primordial y sistemática, 
respectivamente transmitidas por los Códices Parisiense 12. 
y Laurentino O. iij. 23. 

4. a En ella se deben utilizar, ya para la reconstrucción de 
textos, ya para la determinación de variantes, ya por último 
para cualquier otra ilustración que se estime conveniente, las 
adaptaciones latinas que constituyen los Fueros de Consu«- 
de Alcázar y de fiaré, acudiendo para ello, en Id que respecta a 

TOMO LXX. 6 



82 BOLETÍX DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

las dos primeras, á las variantes consignadas en la Edición ma- 
drileña, toda vez que se han perdido los respectivos manuscritos,, 
y por lo que hace á la tercera, al Códice Escurialense N. iij. 14. 

5. a La Edición del texto castellano se debe calcar en la tra- 
ducción de últimos del siglo xm contenida en el Códice de pri- 
meros del xv, que podemos denominar de Requena, hoy de Va- 
lencia, trasladando íntegros por nota en su lugar correspondien- 
te, los fragmentos de fines del siglo xiv, conservados en et 
Archivo municipal de Cuenca. 

6. a El manuscrito conquense de mediados del siglo xvn y la 
adaptación del xui que constituye el Fuero de Iznatoraf se utili- 
zarán en las ocasiones oportunas para fijar las variantes y adicio- 
nar las ilustraciones que se consideren pertinentes. 

7. a Mientras no se publique la Edición crítica, se puede acu- 
dir para la determinación de los textos á mis dos trabajos inéditos, 
El Fuero latino de Cuenca... El Fuero romanceado ¿de Cuenca} ... 
que se encuentran depositados, á disposición de todos los estudio- 
sos, en el Museo-Laboratorio Jurídico de la Universidad Central. 

Ignoro si habré cumplido á satisfacción vuestra el encargo 
que, honrándome mucho, la Academia me hizo. De todos mo- 
dos, á vuestra benevolencia entrego este humilde trabajo, en el 
cual he procurado resumir y resolver con la brevedad posible 
los principales problemas que suscita el estudio crítico de las 
diciones del Fuero de Cuenca. 



Madrid, 10 de Noviembre de 1916. 



Rafael de Ureña. 



II 

ENCUENTRO DE UNA ESTELA FUNERARIA ROMANA, DESAPA- 
RECIDA HACE CIENTO DIEZ AÑOS, EN ASTURIAS (CASTRILLÓN) 

Entre los escasos monumentos romanos epigráficos de los as- 
tures transmontará, mereció hace algunos años mención especial 
el copiado por D. Antonio Juan de Bances Valdés, en 1806, y 



ESTELA FUNERARIA ROMANA 83 

facilitado por éste á Martínez Marina, que le incluyó en el 
tomo vi de sus papeles, al tratar de Castrillón, pues Bances lo 
había visto en el lugar de Peña del Rey, en el citado Concejo. 

El ilustre arqueólogo asturiano D. Fortunato de Selgas se re- 
fería á la mencionada copia en su «Viaje de Aviles á Cudillero», 
publicado en la revista Asturias, y facilitó la misma á D. Ciríaco 
Miguel Vigil, que pudo incluirla, sin interpretarla, en su hermo- 
sísima Epigrafía asturiana, pág. 336. 

Estaba reservada su versión fiel á Hübner, quien, sirviéndose 
del mismo calco, lo incluyó en el tomo 11, suplemento (1892) de 
su Corpus inscriptionum latiuaruiu, con el número 5.140. 

Pero nada sabíamos del monumento, hasta que una excursión 
arqueológica nos le puso delante de los ojos. 

En compañía de algunos amigos salí este verano, una tarde, 
desde Aviles hacia el histórico Gauzón, base del discutido cas- 
tillo medioeval, con el fin de subir á las alturas de Pinera, donde 
estaba el monasterio de San Vicente. 

Hablando con alguno de los vecinos, me dijeron que en el mo- 
lino llamado de Carmela había tinas letras que nadie sabía leer, 
y, como estábamos cerca, al molino nos dirigimos. 

Fué necesario dar vuelta á la piedra, que estaba sirviendo de 
paso de bajada, y ¡cuál no sería mi sorpresa al ver la preciosa 
inscripción funeral que hoy documento! 

No me fué difícil adquirir y traer á mi casa de Aviles la men- 
cionada piedra, que pesará unos 250 kilos, y que es de arenisca, 
debiendo su conservación, en un país tan húmedo, á habeí esta- 
do aislada de la acción atmosférica. 
Sus medidas son: 

Largo total 1,15 metros. 

Ancho ídem 0,38 

Grosor ídem 0,25 — 

Largo de la inscripción 0,46 — 

Ancho ídem id 0,29 

Altura de la letra 0,05 — 

Rebajo de la inscripción o.ói 

He aquí la fotografía que Hübner interpreta: 



8 4 



BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 





Maxstl.n ¡ o Rubidi / f(ilid) anorum \ 
XXX Cro I vesica / mater ct / f átel- 
os. ¡ ierunt / o{b) pie^moriam). 



EPITAFIOS POÉTICOS DE BADAJOZ, GRANADA Y MÁLAGA 85 

Peña del Rey, Peña-rey, como hoy dicen allí, dista unos dos 
kilómetros del molino en que se halló la lápida, á donde ha de- 
bido ser trasladada hace muchos años. 

No habiendo en estas regiones poblaciones importantes roma- 
nas, es de suponer que no perteneciese á un cementerio, sino que 
estaría al borde de una vía terrena. 

Lo que tiene el honor de comunicar á esa docta Corporación 
el que suscribe. 

Aviles, 2 Noviembre 191 6. 

Francisco Cuervo-Arango. 



III 

EPITAFIOS POÉTICOS DE BADAJOZ, GRANADA Y MÁLAGA 
EN LOS AÑOS 1000, 1002 Y 1010. 

Están incluidos en la colección de Hübner (i) bajo los núme- 
ros 213, 456 y 216. 

Badajoz. 

Sin hacer caso de la obra de Hübner, negó D. Vicente de la 
Fuente la autenticidad de esa preciosa lápida (2). La dio por es- 
puria ó salida de uno de tantos moldes embusteros vaciados en 
el siglo xvn; y en prueba de ello, dice que sus doce versos acrós 
ticos se compusieron «bajo la errada suposición de haber es' 
en Badajoz la colonia Pacense». 

Esta suposición no se desprende del texto, como Ivir 

tió Flórez (3), sino de la errada fantasía de indoctos interpretes, 
los cuales ignoraban lo que perentoriamente ha demostrad;» don 
Francisco Javier Simonet, esto es, que á ñnes del siglo x exis- 
tían y se distinguían las Sedes episcopales mozarábigas de 

(1) Inscriptiones Hispaniae ckristianae. Berlín, 1871 y 191 

(2) Historia eclesiástica de España, tomo iv (2. ' edi< 
drid, 1873. 

(3) España Sagrada, tomo xiv, pág. 256. Madrid, i 75 s - 



86 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

rpj-l " » (Badajoz) y s^oXj (Beja), sufragáneas de la de Méri- 
rida (i). 

Más comedido Flúrez, hizo algunos reparos que, bien examina- 
dos, pronto se desvanecen. Del texto, que no entendían, infirie- 
ron varios autores, que hacía mención de siete obispos, cuyos 
nombres estrafalarios, si fuesen verdaderos, echarían abajo la 
autenticidad de la piedra. Esta, dice FJórez, se ha buscado duran- 
te un trienio (años I755-I/5S) y no se encuentra, cosa que la 
puede hacer sospechosa; preguntados sujetos de más de ochenta 
años de edad y criados en aquella Iglesia de Badajoz desde su 
niñez, ninguno ha dado razón de haberla visto; Solano de Figue- 
roa, Penitenciario de aquella Catedral, y que ha ciento y cuarenta 
años que se dedicó á escribir la historia de aquella Iglesia (2), 
tampoco habla de ella como vista, ni dice dónde existe, remitién- 
dose á Dosma, Gil González y Tamayo, y si hubiera tal piedra 
original en tiempo de Dosma, no es creíble que su Iglesia no la 
hubiese conservado. 

. De estos autores el más antiguo á quien los posteriores se re- 
firieron es D. Rodrigo Dosma Delgado. Su libro intitulado Dis- 
cursos patrios de la ciudad de Badajoz se publicó en Madrid, año 
de IÓOI. Por él (fol. 42) consta que la lápida en cuestión era de 
mármol, que se descubrió corriendo el año 1520, cerca de la ca- 
tedral, al abrirse los cimientos de la casa del canónigo D. Alvaro 
Pérez Dosma, y que esta casa, sita hacia el extremo de la calle de 
la Moraleja, fué la que se trocó, andando el tiempo, en semina- 
rio de la diócesis. La pérdida ó extravio que padeció tan intere- 
sante monumento y lo infructuoso de su búsqueda al cabo de 
doscientos y treinta y cinco años transcurridos después de su 
descubrimiento, no deben hacerla sospechosa de falsedad, sino 



(1) Memorias de la Real Academia de la Historia, tomo xm, pág. 720, 
810 y 81 1. Madrid, 1897-1903. 

(2) Historia eclesiástica de la cii/Ji i lo á% Badajoz... Escribióla 
I). Juan Solano de Figueroa Altamirano, doctor tefilogo, canónigo p 
tenciario de la santa Iglesia de Badajoz, visitador general de su obispa o, 
comisario del santo Oficio de la Inquisición, arcipreste que fué y vicario 
de Medellín. Madrid, i66j. — Otra obra suya se había, impreso en 1650. 



EPITAFIOS POÉTICOS DE BADAIOZ, GRANADA Y MÁLAGA 87 

•digna de mayor y mejor pesquisa, como respecto de otras lápi- 
das, á menudo acontece. 

Lo que importa es averiguar si el estilo de la inscripción cua- 
dra con la época que ella se atribuye, si las ligeras erratas de la 
copia nacieron de la dificultad inherente al trazado paleográfico 
de los renglones originales, y si el cotejo con otras lápidas de se- 
gura autenticidad y del mismo tiempo, excluye toda sospecha 
de intervención alevosa. 

El texto, que publicó Dosma Delgado y reprodujo Hübner 
(núm. 213), dice así: 

deserit fvnera daniel orrida 
Atletis ivngitvr rite celestibvs 

NeXVS MIL1TIBVS QVI FVIT OPTIMVS 

Inmvnis popvlis ac venerabilis 
En iacent praesvlis membra pvrifíci 
lislmathi ecce tectaq cespite 
exceptvs spir1tvs arce dominica 
piscator obiit priivla feritvs 
corvsco frvitvr caelitvs g av d i o 

Obtvtv DOMINI MENSE IANVARIO 

Preceps dvcitvr aere mil lesimo 
In et tricésimo bis qvater addito 

Dividido en tres estrofas de verso asclépiadep menor, este epi- 
tafio se ajusta por entero al arte de la poesía mozárabe flore- 
ciente en la segunda mitad del siglo x y en la primera del xi. 
Las iniciales acrósticas dan a conocer el nombre y categoría del 
finado: Danielis episcopi. Las alusiones á textos bíblicos y á los 
del rezo visigótico, explican el sentido de los vocablos obscuros 
y en parte viciados por la impericia del canónigo Dosma, cuya 
obscuridad provino de la dificultad de acomodar el texto á las 
iniciales acrósticas y á la ley de la rima asonantada, con la con- 
dición de sacrificar la cantidad al acento, como entonces era 
costumbre. Ningún falsificador del siglo xvi 6 jcvii era capa.2 de 
inventar 'semejante epígrafe de perfecto enlace lili Mano y de pura 
realidad histórica. En vez de orrida habría escrito hórrida, y al 



88 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

estilo medioeval y verídico, habría sustituido el clásico y necia- 
mente mentiroso. 

En el mármol original, opino que se leía: 

Deseruit fuñera Daniel orrida. 

Atletis iungitur rile celestibus, 

Nexus militibus qui fuit optimus 

ln mullís populis ac venerabilis. 

En iacent praesulis membra purifici 

Lysimachi ecce, lectaque cespite ; 

Exceplus spiritus arce dominica 

Piscator obiit praedula fervidus. 

Corusco fruitur cae li tus gandió 

Obtutu Domini; mense ianuario 

Preceps inducitur aerae millesimo 

ln et tricésimo bis quater addito. 

Del obispo Daniel (epitafio). 

Los fúnebres horrores de la muerte 

Dejó detrás de sí; pues ya se junta 

Justamente á los héroes, que en el cielo 

Blasonan de haber sido, acá en la tierra, 

Óptimo y venerable 

Lazo de santidad á muchas gentes. 

Helos aquí debajo de la gleba 

Los despojos mortales; 

De aquél que, pescador como San Pedro, 

Las almas apresaba, y difundía 

Do quier la paz y luz del Evangelio. 

De Cristo en el alcázar soberano 

Goza la clara vista del Eterno 

Su espíritu inmortal, cuyo principio 

En el remate aconteció de Enero. 

El año mil de la Era y treinta y ocho. 

OBSERVACIONES 

Versos i y 12) El buen sentido y la ley del acento exigen 
que se lea deseruit, haciéndose diptongo ui, como se hace ua en 
Janaario. 

2) Alude al evangelio de San Lucas, n, 13; y á varias epís- 
tolas de San Pablo (i Cor. ix, 24; Philip, ni, 14; i Tim. n, 3). 

5 y 6) Lisimathi, vocablo inusitado é inaceptable, es corrup- 



EPITAFIOS POÉTICOS DE BADAJOZ, GRANADA Y MÁLAGA 8o 

ción de Lysimachi, tomado del griego X\joí\x7.yo¡;, que significa 
«el que disuelve la guerra y las discordias, é introduce la paz». 
Refiérense uno y otro verso á las bienaventuranzas 6. a y 7. a del 
sermón de la montaña (Matth. v, 8 y 9). 

8) Ya notó Hübner que el sentido tiene su explicación en 
los evangelios de San Mateo (iv, 18) y San Marcos (1, 17), que 
se completan para esta circunstancia con el de San Juan 
(xxi, 3-14). 

10) Expresa lo consignado por la primera epístola de San 
Juan (111, 2). 

11) Praeceps inducitur hay que leer para que conste este 
verso y se trabe bien con el 12. 

Finalmente observo que el carácter paleográfico de esta ins- 
cripción no pudo menos de asemejarse al de las siguientes: 

Granada. 

Hübner, núm. 496. — Simonef, op. cit., pág. 635. 

«Del año I002 — escribe Simonet — es el epitafio, en elegante 
letra del tiempo de un noble llamado Cipriano, que vivió sólo 
treinta y cuatro años, y fué sepultado el 1 5 de Enero, que en la 
Era IO40 correspondió exactamente á Jueves. Fué hallada en el 
Atarfe, cerca de Granada (i), sucesivamente en dos pedazos.» 

La transcripción que hizo de este epitafio, sin traducirlo, el se- 
ñor Simonet, no corresponde á las exigencias de la moderna crí- 
tica. Hay que presentar, en cuanto fuere posible, el facsímile del 
original ó de su impronta, como lo expuso Hübner. El cual en el 
año 1871, bajo el núm. 291, pág. 219, de su Colección, dio cum- 
plida razón del primer fragmento entonces conocido, antes que 
se descubriese el segundo. Se encontró aquél en Noviembre de 
1869 dentro de un predio del monasterio de reí de la 

Encarnación, que llaman cortijo de las monjas, al pie de la 
sierra de Elvira, donde probablemente estuvo una basílica de 
época visigótica y se ocultan otras lápidas ao menos ¡ni 

(1) Al poniente de esta ciudad, de la que di 1 ■ cin o u to de ; 
y una de Santa Fe, su capital de partido. 



9o boletín de la real academia de la historia 

santes á la historia y literatura de los mozárabes granadinos. 
Adquirió este fragmento D. Francisco Sánchez Moleón, vecino 
de Atarle, y lo tenía en su casa sita en la calle del Silencio, nú- 
mero 4. Los Sres. D. Manuel Oliver y D. Manuel Gómez More- 
no lo sacaron á luz en 1870. El fragmento complementario, si 
bien algo cercenado ó descantillado, apareció más tarde, hacia el 
año 1885, y lo tuvo en su poder el canónigo D. Juan Torres 
Asensio, quien lo mostró á Hübner en 1 886, permaneciendo 
inédito hasta que lo publicó en 1890 D. Manuel Gómez Moreno 
en su Guía de Granada, pág. 1,94. Los dos pueden verse juntos 
ahora en el Museo provincial de Granada. Hübner adquirió la 
impronta, que fotografiada exhibe en el núm. 456, en el suple- 
mento de su obra, impreso en 1900, que no pudo Simonet cono- 
cer, porque murió en 9 de Julio de 1 897. 

Consta la inscripción de ocho versos hexámetros, rimados y 
acrósticos, cuyas iniciales dan á leer Cipriani, grabados en un 
cuadro de mármol de medio metro por cada lado, y letras altas 
cuatro centímetros. Desgraciadamente le faltan dos fragmenti- 
llos, de los que el superior, á mano izquierda, no permite aven- 
turar con certeza el suplemento. 

[Clarujs Ciprianus in celestibus almis 

Is nobilis mundoque purus et natus Elianis, 

Pacificus, dulcís, genitus parentibus altis, 

Rore celi tinctus Christi laticibus amnis; 

Iovis namque die hic sivit corpora arvis 

A ter quinqué Iani diebus quoque mense dic[atis]. 

Nam quadrageni in milleni temporis era 

Is mundo vixit ter denis bis quater annis. 

En el Edén del Cielo resplandece 

Incólume Cipriano, 

Noble y virtuoso, en Alanís (1) nacido, 

Y dulce y manso, de prosapia antigua. 

De celeste rocío alimentada (2) 

Fué su corriente emanación de Cristo. 

Dejó su cuerpo á los terrestres campos; 

1) Villa del partido de Cazalla, en la provincia de Sevilla. 
(2) Alude al libro del Génesis (xxvn, 28), y del Apocalipsis, (xxn, 1). 



EPITAFIOS POÉTICOS DE BADAJOZ, GRANADA Y MALAGA 91 

Día de jueves, y del mes de Enero 
Quince que se contaban, y de la Era 
Mil y cuarenta transcurridos años, 
Y treinta y ocho de su edad madura. 

Este epitafiOj aunque incorrecto, porque no se trazó en una 
capital diócesis, sino de un paraje rústico de corta vecindad, 
ofrece marcadísima semejanza con su contemporáneo de Bada- 
joz, cuya antenticidad corrobora. 

Málaga. 

Hübner, núm. 2l6; Simonet, pág. 631. 

Corriendo el año 1838, este epitafio de Albaro, que fué ocho 
años obispo mozárabe de Málaga, se halló dentro del distrito mu- 
nicipal de esta ciudad, en el partido de Jotrón, en la hacienta 
de D. Juan Barreros, nombrada de las Aves Marías, cercana 
al sitio de las ruinas del monasterio, célebres por la inscrip- 
ción del abad Amansvindo (i). 

El Dr. D. Manuel Rodríguez de .Berlanga publicó esta lápida 
poética en 1 864, diciendo que la había visto en Málaga, pero sin 
indicar el sitio ni la persona en cuyo poder existía, por lo cual 
Hübner, algo amostazado, escribió: Servabatur Malacae uescio 
ubi. Tampoco Simonet indicó su paradero, que anda buscando, 
á instancia mía, D. Emilio Ruiz Muñoz, canónigo archivero de 
la catedral. Por fortuna Berlanga envió una impronta á Hübner, 
que la publicó en facsímile. Estaba recortada en su parte supe- 
rior, y fechada en sábado, 7 de Enero del año 1008. Su metro 
trocaico no difiere del de la inscripción de Amansvindo: 
[Albjar D(e)i Altissimi [sacerdos et militi] 
Judexque et pontifici et dibino nes[tidi] 
Conclusit vite terminum, suum percepit debitura 
Medio die sabbati, diebus septem Januarii 
Hoc et in era centies decem et (quattu)or decies 
Et octabo in serie conflatos et iri ordine. 

Madrid, 24 de Noviembre de 1 1 ir.\. 



(1) Fallecido en viernes, 22 de Diciembre de 984. Vcasé el tomó lxix 
del Boletín-, pág 398-409. 



NECROLOGÍA 



DON RAMÓN BENITO ACEÑA 

En la madrugada del lunes, 1 1 de Diciembre, falleció en Ma- 
drid nuestro Correspondiente en Soria , el Excmo. Sr. D. Ra- 
món Benito Aceña, Senador por aquella provincia, cuya repre- 
sentación en Cortes tuvo antes como Diputado y Vocal de la 
Comisión Ejecutiva de las Excavaciones de Numancia, cargo para 
el cual fué nombrado á propuesta de la Academia. El rasgo dis- 
tintivo de la personalidad del Sr. Aceña, y lo que inmortalizará 
su nombre, es su patriotismo demostrado por modo práctico con 
su influencia y sus medios de fortuna que generosamente puso al 
servicio del progreso y de las glorias de su tierra natal, y de la 
Nación. Condiscípulo y constante amigo de Cánovas del Castillo, 
hombre de posición y de influencia, nada de esto utilizó en pro- 
vecho propio, sino que guiado siempre de elevados sentimientos 
altruistas, consagró todos sus medios á la prosperidad y enalteci- 
miento de Soria y su provincia, cuyas escuelas, cuyo ferrocarril, 
así como que el Gobierno fijara un crédito para las Excavacio- 
nes de Numancia, le deben mucho. Pero lo que hará imperece- 
dera su memoria es lo que por sí sólo ha hecho, no ya respecto 
de Soria, sino de España y de su Historia, enalteciendo aquella 
página memorable y gloriosa del heroísmo ibero representada 
por Numancia. Habíase intentado, sin que el esfuerzo fuese bas- 
tante para conseguirlo, elevar en la cúspide del Cerro de la Muela 
de Garray, en que estuvo Numancia, un monumento que perpe- 
tuase el hecho histórico del sacrificio de un pueblo en aras de su 
independencia, y de su invencible condición. Años hacía que la 
idea estaba abandonada, cuando D. Ramón Benito Aceña, lleva- 



NECROLOGÍA 93 

do de su amor patrio, concibió la idea de realizarla y la realizó 
á sus expensas, elevando en aquella cúspide un sencillo monu- 
mento de piedra, en cuyo basamento se lee el nombre glorioso 
de Ntimancia y los de sus héroes, que nos ha transmitido la 
Historia. 

¡Así pagó él sólo una deuda de gratitud nacional! El monu- 
mento fué solemnemente inaugurado, con asistencia de S. M. el 
Rey, el día 24 de Agosto de 1905, cuando hacía poco que había 
empezado á practicar excavaciones en tal sitio el profesor alemán 
Sr. Schulten. Al siguiente año, y por gestiones én que tuvo parte 
principalísima el Sr. Aceña, comenzó las excavacions la Comisión 
nombrada por el Gobierno. 

Aún ha hecho más D. Ramón Benito Aceña, pues al ver que el 
riquísimo Museo formado con las reliquias de Numancia, recogi- 
das en el curso de tan fructuosas excavaciones, estaba en desven- 
tajosas condiciones de amplitud y útil exposición, en la sala que 
la Diputación provincial de Soria había cedido al efecto, ha cos- 
teado la construcción de un hermoso edificio para Museo Nuraan- 
tino, en Soria, habiéndole dotado también de las correspondien- 
tes vitrinas para contener aquellas numerosas colecciones. Y 
hecha en tan buenas condiciones la instalaciún metódica y defini- 
tiva de las mismas, proponíase el Sr. Aceña hacer la entrega del 
inmueble á la Nación, abrigando la esperanza de hacerlo ante la 
augusta persona de S. M. el Rey; pero la penosa enfermedad 
que acometió al Sr. Aceña este año le ha impedido verificarlo, lo 
que, según nuestras noticias, harán sus albaceas. 

D. Ramón Benito Aceña ha muerto á los ochenta y seis años, 
con la paz, sin duda, de quien consagró su vida al bien de sus 
conciudadanos. 

¡Descanse en paz tan insigne varón, benemérito de la patri.i, 
cuyos hechos deben ser señalados como altos ejemplos dignos de 
imitación y de eterna loal 

Madrid, 15 de Diciembre de 1916. 

Josií Ramón Méi 



NOTICIAS 



Durante el pasado mes de Diciembre han fallecido, además del Corres- 
pondiente en Soria, Excmo. Sr. D. Ramón Benito Aceña, los de igual cla- 
se en Alicante y en el Perú, Sres. D. Emilio Señante Llaudes y D. Euge- 
nio Larrabure y Uuanue. 



Han sido elegidos Correspondientes: en Murcia, D. José Maria Ibáñez y 
García, y en Ibiza, D. Antonio Albert y Nieto, á quien se le ha nom- 
brado Vocal representante de nuestra Academia en la Junta de Patronato 
del Museo Arqueológico de la expresada ciudad balear. 



En la sesión del viernes 15 de Diciembre se efectuaron las elecciones 
para los cargos académicos trienal de Censor y anuales de Tesorero y Ad- 
junto de la Comisión de Hacienda, en conformidad con lo preceptuado 
en los artículos 24 á 28 del capítulo v del Reglamento vigente. El de Cen- 
sor recayó en el Sr. Altolaguirre, que había venido desempeñándole in- 
terinamente desde el fallecimiento del Sr. Fernández de Bcthencourt; 
para los otros dos fueron reelegidos los Sres. Herrera y Pérez Villamil. 



A invitación del Sr. Marqués de Amposta, Subsecretario de Estado y 
Vicepresidente de la Junta Superior de Historia y Geografía de Marrue- 
cos, propuso la Academia á su Numerario el Sr. Marqués de Lema, para 
ocupar la vacante que en dicha Junta ha producido la ausencia por tiem- 
po indefinido de Madrid del Sr. Marqués de Villaurrutia. 



En el número del Boletín correspondiente al mes de Diciembre últi- 
mo, página 585, al pie de la Carta del Marqués de Cer ralbo, virrey de Méji- 
co, dirigida al Rey Felipe IV relatando ciertos servicios, aparece una nota 
en que se dice que dicho documento había sido presentado para su pu- 
blicación por el actual Marqués del mismo título, Numerario de esta Real 
Academia. No es así; el documento nos fué remitido desde Sevilla por el 
P. Mariano Cuevas, S, J., que lo encontró en el Archivo de Indias entre 
los que investiga para la Historia de Méjico, su patria, y que lo consideró 
curioso para su publicación. 



Por conducto de la Subsecretaría de Instrurción Pública y Bellas Artes 
ha recibido la Academia la circular publicada por el Comité Nobel del 



NOTICIAS ge 

Parlamento de Noruega sobre el Premio Nobel de la Paz, que se ha de 
otorgar el 10 de Diciembre del año actual. 



Por Real orden del Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes ha 
quedado constituida la Junta administrativa de las obras que se están prac- 
ticando en el Depósito de libros, Biblioteca y Museo de la Academia, v la 
forman el Sr. Director P. Fita, el Marqués de Laurencín, como Vocal, y 
el Secretario accidental Sr. Pérez de Guzmán y Gallo. 



Habiéndose interesado con sus instancias la Academia en las obras de re- 
paración de la iglesia de San Pedro, de Ávila, el Ministerio de Instrucción 
Pública y de Bellas Artes, la comunicó la Real orden de 23 de Septiem- 
bre pasado, por la que ha sido encargado de formar el oportuno presu- 
puesto el Arquitecto D. Erique Repullos y Vargas, de la Real Academia 
de San Fernando, 



En la sesión del día 9 de Diciembre último, la Academia, á solicitud 
del interesado, concedió su autorización al Correspondiente D. Fernan- 
do Márquez de la Plata para fotografiar en nuestra Biblioteca la portada 
de la obra de D. Felipe Gómez de Vidaurre, que en ella se conserva; y 
en la del día 29 á D. Pedro M. de Artiñano, para sacar también fotogra- 
fías de las piezas cerámicas de nuestro Museo que llevan los números 27, 
28 y 281 del Catálogo impreso. 

Con este motivo, en la misma sesión, y á propuesta del Anticuario se- 
ñor Mélida, se acordó que al otorgar estas autorizaciones, se imponga á los 
favorecidos con ellas la obligación de dejar una copia de cada una de las 
que se hagan en la Academia. 



En atenta carta dirigida por el Sr. Marqués de Villaviciosa de Astu- 
rias, D. Pedro Pidal y Bernaldo de Quirós, al Secretario accidental señor 
Pérez de Guzmán, le participa haber encargado al laureado pintor señor 
D. Luis Menéndez Pidal la ejecución del retrato del primer Marqués de 
Pidal, D. Pedro José, Director que fué de la Academia durante el trie- 
nio de 1853 á 1855, que la Academia deseaba poseer para completar los 
de sus esclarecidos Directores. El retrato del Marqués será munífico 
don de su ilustre nieto al Cuerpo en que dejó el recuerdo distinguido 
de sus obras históricas y literarias. 

Para conmemorar el IV Centenario de la muerte del Cardenal X 
nez de Cisneros, ocurrido el 8 de Noviembre de 15 17, á propuesta del se- 
ñor Director P. Fita y con acuerdo de la Academia, se ha encargado di- 
la redacción de su Elogio histórico al Sr. Conde deCedillo. 



96 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

Se han concedido varias obras de los fondos de la Academia á la Univer- 
sidad Comercial de Estudios Superiores de Comercio de Deusto; al Semi- 
nario menor de Valde Dios y á la Escuela Normal de Maestros de Toledo. 



Con singular agrado ha recibido nuestra Academia las obras que á con- 
tinuación se expresan: 

i. Monastici Augustiniani R. P. Fr. Nicolai Crusenii continuatio, atque 
ad illud additiones, sive Biblioiheca Mdnualis Augustiniana, in qua brevi- 
ter recensentur Augustinenses utriusque sexus virtute, litteris, dignitate 
ac meritis insignes ab anno 1700 usque ad 1800, aitciores P. M. Fr. Tkyrso 
López Bardon, Hispano-Legionensi, Ex-Assistente Generali Ord. Er. S. P. 
Augustini, Proviniae Smi Nominis Jesu Insularum Philippinarum alumno, 
unus e claustro Doctorum Universitatis Pontificias Vallisoletano, S. C. de 
Propaganda Fide Missionario Apostólico atque ejusdem Augustiani Or- 
dinis ab anno 1896 usque ad 1916 Chronographo, etc. Operis volumen ter - 
tium. Superiorum jussu et aprobatione. — Vallisoleti, ex typographia Cues- 
ta, anno 1916. — En 4.°, pág. 596. 

El Autor, antiguo Correspondiente de la Academia, ha realzado con su 
dedicatoria autógrafa él precio de este volumen. 

Mariano Sanjuán Moreno: Leyendas históricas con una nota final por el 
Excmo. Sr. D. Niccto Alcalá Zamora. Madrid, 19 16. 

Estas leyendas amenísimas de fondo histórico y prehistórico pertene- 
cen al folk-lore de la villa de Santisteban del Puerto (Jaén). El Sr. San- 
juán, ilustre Correspondiente de nuestra Academia, las escribió antes que 
falleciese (f 15 Marzo 19 16), para enseñanza de sus hijos; á cuyo fin de 
pública utilidad ha coadyuvado, haciéndolas imprimir, su digna esposa 
Doña Dolores Madrid y Coro. 



El catedrático numerario de la Facultad de Derecho de la Universidad 
de Valladolid, D. José M. G. de Echávarri y Vivanco ha recogido en un 
precioso opúsculo titulado La Justicia y Felipe II, diez y siete Reales Cédu- 
las y Cartas acordadas del Consejo, hasta ahora inéditas y olvidadas en los 
archivos de aquella antigua Cnancillería. Con ellas ha hecho nuevos estu- 
dios históricos especiales, en que el insigne monarca, como «alma de la 
república», como «padre y como señor»; «para dar ejemplo y autoridad»; 
para fijar los «límites del dominio privado» y en general sobre diversos 
otros asuntos importantes de «la administración de justicia». , se muestra 
con los caracteres de integridad, rectitud y admirable disciplina que im- 
primió á su nombre y su reinado la marca indeleble con que hizo más fir- 
me y fundamental la grandeza de su gobierno y de su estado. Aunque el 
libro es de reducidas proporciones, añade á la Historia del gran Monarca 
nuevos y esclarecidos realces. 

F. F.— J. P. de G. 



tomo lxx. Febrero, 1917. cuaderno ii. 

BOLETÍN 



DE LA 



REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 



INFORMES 



i 

RELACIONES ENTRE ESPAÑA Y LA SANTA SEDE 
Dos obras del Padre Luciano Serrano. 

No habiendo podido el Sr. Marqués de Villa-Urrutia, por las 
múltiples ocupaciones que reclamaban antes su atención, y por su 
nombramiento de Embajador de S. M. cerca del Rey de Italia, 
que le ha obligado ahora á ausentarse de Madrid, emitir el infor- 
me que se le había encomendado acerca de las obras del Padre 
Luciano Serrano, tituladas índice analítico de los documentos del 
siglo XVI del Archivo de la Embajada de España en la Santa Sede 
y Correspondencia diplomática entre España y la Santa Sede du- 
rante el pontificado de San Pío V, el Director de esta Real Aca- 
demia, con acuerdo de la misma, y en uso de las facultades que 
le conceden los Estatutos del Cuerpo, se ha dignado designarme 
para realizar esa tarea. 

Esto me obliga á molestar la atención de los señores Acadé- 
micos en condiciones bien desfavorables para mí, por el contraste 
que forzosamente ha de existir entre las esperanzas que la desig- 
nación del ilustre compañero habían hecho surgir en todos nos- 
otros, y la modestísima realidad que hoy me es dado ofreceros. 
Porque el Sr. Marqués de Villa-Urrutia, que une á una extensa 
cultura histórica, en múltiples ocasiones puesta en relieve, una 
larga práctica en la labor de la diplomacia, que le ha conquistado 
tan brillante y merecida reputación, habría seguramente desarro- 
llado ante vosotros, con felicísimas observaciones y abundante 
tomo xx 7 



98 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

copia de datos, lo que son y lo que interesan las obras del Padre 
Serrano á cuantos se dedican al estudio de nuestra Historia, y á 
mí no me es posible más que trazar con cuatro borrosos rasgos, 
un imperfecto bosquejo de la importante materia á que aquélla 
se refiere. 

Pero aun siendo tan grande el contraste, y por mucho que la- 
mentemos vernos privados de las luces del Sr. Marqués de Villa- 
Urrutia, no dejaréis de comprender que constituyendo para todos 
las indicaciones de nuestro sabio Director verdaderas órdenes 
que acatamos gustosísimos, no debía declinar el encargo, y que 
al cumplirlo obro en virtud de obediencia debida, circunstancia 
que, si no excusa mis deficiencias, me exime de responsabilidad 
ante vosotros. 

Después de todo no necesito esforzarme mucho para poner de 
relieve el interés que ofrecen las obras del Padre Serrano, por- 
que todos sabéis perfectamente que cuanto se refiere á las rela- 
ciones de los Poderes públicos con la Santa Sede, ha tenido 
siempre, y tiene actualmente, capitalísima importancia; que la 
tuvo cuando el Sumo Pontífice ostentaba el doble carácter de 
Cabeza visible de la Iglesia y Príncipe temporal, y la ha conser- 
vado aún después de perder el Santo Padre la soberanía territo- 
rial sobre lo que hubo de llamarse el patrimonio de San Pedro, 
porque en una y otra época, cuando el sucesor de los Apóstoles 
era Papa y Rey juntamente, y cuando no es más en el mundo 
político que el Vicario de Cristo en la tierra — supremo título, á 
ninguno otro comparable, en la esfera religiosa — , esas relaciones 
no se han concretado á lo que es propio y peculiar de la diplo- 
macia, sino que, como consecuencia indeclinable de la índole de 
la potestad espiritual, se han extendido forzosamente á la vida 
interior de las naciones, ejerciendo en éstas verdadera y positiva 
influencia. 

Nuestra Historia, especialmente á partir de la publicación del 
Código alfonsino, es un elocuente ejemplo de la exactitud de ese 
aserto; porque desde el momento en que los redactores de las 
Siete Partidas, aceptando las ideas y opiniones comunes y domi- 
nantes en las célebres universidades de París y de Bolonia, que 



RELACIONES ENTEE ESPAÑA Y LA SANTA SEDE 99 

tan rápidamente se habían propagado por Europa, é inspirándose 
en las Decretales, en el Digesto y en las doctrinas de los glosa- 
dores de las Pandetas, prescindieron de nuestra tradicional cons- 
titución civil y de la disciplina peculiar de la Iglesia española, y 
consagraron en la legislación interior teorías y preceptos hasta 
entonces no admitidos sobre la autoridad del Sumo Pontífice, el 
origen y naturaleza de los diezmos, las rentas y bienes de las igle- 
sias, la elección de los Obispos, la provisión de los beneficios, la 
jurisdicción é inmunidad eclesiástica y los derechos del patronato 
real, la Santa Sede ejerció entre nosotros una influencia tan gran- 
de que las páginas de la Historia patria están plagadas de los inci- 
dentes á que dio lugar el profundo cambio operado en la organi- 
zación de la sociedad española. 

Omito todo juicio sobre esa profunda y radical modificación, 
pero necesito consignar el hecho, porque desde que esto tuvo 
lugar cambiaron esencialmente las relaciones entre la Santa Sede 
y los Monarcas españoles, aumentando la frecuencia y la impor- 
tancia de éstas; y con ese aumento crecieron y se multiplicaron 
los razonamientos y las dificultades, hasta que llegó el momento 
en que, realizada desde las costas mediterráneas nuestra expan- 
sión por Italia, se inició el período de los antagonismos y de las 
luchas, que comprende todo el siglo xvi; período interesantísimo, 
durante el cual nuestros Monarcas combaten unas veces al lado 
de la Santa Sede, frente á los protestantes y á los turcos, como 
en Mülberg y en Lepanto, y otras veces contra la Santa Sede, 
como en aquella campaña á que dio lugar la Liga dementina, rota 
por la espada del Condestable de Borbón en los muros de la 
Ciudad Eterna y por la defección del genovés Andrés Doria, y á 
la que puso fin la paz de Cambray ó de las Damas. 

No es posible formar cabal idea de nuestra Historia, especial- 
mente durante la Edad Moderna, sin estudiar á fondo las relacio- 
nes de los gobiernos españoles con la Santa Sede, porque si las 
luchas armadas terminaron con la XVI centuria, no desapareció 
la importancia de los asuntos, unos meramente religiosos y otros 
de carácter internacional, pero referentes todos á intereses espa- 
ñoles, que hubieron de tratarse por nuestros representantes en 



100 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

Roma, ni desaparecieron las dificultades, ni dejaron de suscitarse 
rozamientos, especialmente durante el siglo xvm y gran parte 
del xix. 

Entre los asuntos meramente religiosos á que aludo, merece 
especial mención, por su indiscutible importancia y por el extra- 
ordinario interés que en él mostraron nuestros Monarcas, el rela- 
tivo á la declaración dogmática de la Inmaculada Concepción de 
María. 

La creencia de que todo cuanto hay en el Hijo de absoluto 
debe reflejarse en la Madre; que siendo aquél puro, santo, inmacu- 
lado por esencia, ésta debe ser pura, santa, inmaculada por par- 
ticipación, y que si Jesucristo posee toda la gracia por su propia 
virtud, María está adornada de esa gracia por singular privilegio; 
esta creencia constituía en el siglo xvn un sentimiento tan arrai- 
gado en el pueblo español, que no toleraba éste sin exteriorizar 
ruidosa y públicamente su protesta en manifestaciones y rogati- 
vas callejeras que en manera alguna se contrariase aquel su anhe- 
lo, que había ya recogido la santa autora de la Mística Ciudad 
de Dios, afirmando que se proclamaría seguramente como dog- 
ma y que tenía de ello revelaciones que no consentían dudas ni 
tibiezas, y que confirmaba Sor María de Jesús de Agreda en una 
de sus famosas cartas á Felipe IV, escribiendo que era la volun- 
tad de Dios que se proclamase como dogma la Inmaculada Con- 
cepción. 

Sostenían las Ordenes religiosas empeñada polémica acerca de 
si la fiesta que celebraba la Iglesia era la de la santificación de la 
culpa ó la de la concepción natural, sosteniendo lo primero los 
dominicos, por lo cual las mujeres y los muchachos, cuando en- 
contraban en la calle á religiosos de dicha Orden, los saludaban 
con la frase concebida sin pecado original; dando con esto lugar á 
escándalos que movieron á Felipe III, vista la inutilidad de sus 
esfuerzos para cortarlos y la inutilidad también de las gestiones 
del Nuncio, monseñor Cayetano, Arzobispo de Capua, á reunir 
en la casa de éste una Junta de altas dignidades eclesiásticas, la 
cual le aconsejó que enviase á Roma á fray Plácido de Tosantos, 
predicador de S. M., de la Orden de San Benito, para obtener del 



RELACIONES ENTRE ESPAÑA Y LA SANTA SEDE 101 

Papa una declaración que cortase tan peligrosa controversia, pues 
hasta entonces la Santa Sede se había limitado á dictar los Breves 
de Sixto IV y Pío V, prohibiendo censurar cualquiera de aque- 
llas dos afirmaciones. 

No es esta ocasión oportuna de exponer detalladamente las 
negociaciones que se siguieron en Roma, por lo cual me limitaré 
á decir que además de fray Plácido de Tosantos fueron enviados 
con el carácter de embajadores extraordinarios, durante los rei- 
nados de Felipe III y de Felipe IV, fray Antonio de Trejo, Obispo 
de Cartagena; el Padre jesuíta Gonzalo de Castilla y el Obispo de 
Cádiz, electo de Plasencia, fray Francisco Guerra, los cuales 
cooperaron á las gestiones que por su parte hubieron de realizar 
los Embajadores ordinarios D. Baltasar de Zúñiga, Duque de Al- 
burquerque, Conde de Monterrey, Duques de Pastrana y de Al- 
calá, Conde de Siruela, Almirante de Castilla, Cardenal Albornoz, 
Conde de Oñate, Duque del Infantado, Cardenal Tribulcio y don 
Luis Ponce de León. Con unos y otros trabajaron algunos Carde- 
nales españoles, como Zapata y Borja, y varios emisarios particu- 
lares, como el Arcediano de Carmona D. Mateo Vázquez y el 
predicador de la misma iglesia licenciado Bernardo del Toro. 

De otros asuntos, unos exclusivamente políticos y otros de ca- 
rácter mixto, nada he de decir, pues bien conocidos son la em- 
bajada compuesta de Chumacero y Pimentel, enviada por Fe- 
lipe IV, en 1633; el rompimiento de las Cortes de Roma y de 
Madrid, en 1 709; las negociaciones que precedieron á los Con- 
cordatos de 1737 y 1753; la actitud de la Santa Sede, en 1833, 
al fallecer Fernando VII; el restablecimiento de las relaciones, en 
1851; el Convenio de 1855, etc. 

Todo esto confirma cuanto antes he dicho acerca de la impor- 
tancia de las relaciones entre España y la Santa Sede, y eviden- 
cia la necesidad de hacer un estudio detenido de aquéllas, estudio 
que requiere el examen de los fondos existentes en el Archivo 
de la Embajada de España en el Vaticano, pues aunque destruí- 
dos en no pequeña parte esos fondos por el incendio que tuvo 
lugar en 1738, como ese Archivo es el único en su clase que no 
ha hecho remesas de papeles al Ministerio de Estado, conserva 



102 BOLETÍN de la real academia de la historia 

aún preciadísima documentación que completa y amplía la que 
aquí existe en Simancas, en el Archivo Histórico Nacional y en 
el mencionado Ministerio. 

Para facilitar el conocimiento de esos fondos era conveniente 
la formación y publicación de los correspondientes índices, y 
comprendiéndolo así el Embajador D. Fermín Calbetón apadrinó 
la idea en 1913, y pidió al Ministerio la aprobación del oportuno 
proyecto, lo cual consiguió en 1914 el sucesor de aquél, señor 
Conde de la Vinaza, firmando la correspondiente Real orden 
siendo Ministro de Estado, el Sr. Marqués de Lema. La Academia 
se congratulará seguramente de que labor tan interesante para el 
estudio de nuestra Historia haya sido llevada á cabo merced á las 
acertadas gestiones y á la plausible resolución de tres individuos 
de su seno, los numerarios Sres. Conde de la Vinaza y Marqués 
de Lema y el correspondiente Sr. Calbetón. 

Tal ha sido la génesis del índice analítico de los documentos del 
siglo XVI, que ha redactado otro correspondiente de nuestra Aca- 
demia, el Rev. P. Luciano Serrano, procediendo con el acierto que 
de él. era de esperar, pues ni se ha limitado á formar un simple 
catálogo, que si podía dar noticia del material científico existente, 
no cabía utilizarlo como base de trabajo, ni ha descendido al aná- 
lisis de cada documento, haciendo una obra de difícil publicación 
por lo dispendiosa, sino que ha adoptado un término medio, ex- 
tractando los documentos que revisten mayor importancia y son 
susceptibles de resumirse en pocas palabras. Al frente del índice 
figura un interesante Proemio, en el cual el P. Serrano expone 
á grandes rasgos la importancia política de la Embajada de Es- 
paña en la Santa Sede, y traza con mayores detalles la historia 
del Archivo. 

Muy interesante es la lista, que figura á continuación del 
Proemio, de los representantes de España cerca de la Santa Sede, 
pero es de lamentar que en ella se hayan cometido algunos erro- 
res. Así, por ejemplo, después de Vargas Laguna, nombrado en 
1801, figura D. Guillermo Curtoys, en 1824, prescindiendo de 
D. José Narciso de Aparici, Encargado de Negocios, como Cur- 
toys, durante el período constitucional de 1820 a 1823. También 



RELACIONES ENTRE ESPAÑA Y LA SANTA SEDE IO3 

se omite que, restablecido en esta última fecha el Gobierno abso- 
luto, fué nombrado nuevamente Plenipotenciario en Roma el se- 
ñor Vargas Laguna, al que sustituyó en 1824 el Sr. Gómez de 
Labrador. Induce á error el ver que después de Gómez de Labra- 
dor, en 1828, figura Ramírez de la Piscina en 1 83 1, y luego, en 
1834, D. José Narciso Aparici, siendo así que Labrador continuó 
al frente de la Embajada hasta Marzo de 1 834, sucediéndole, como 
Encargado de Negocios Ramírez déla Piscina, si bien, como éste 
pidió inmediatamente su relevo, se encargó interinamente de la 
Legación el Sr. Aparici. Asimismo se omite que al triunfar la 
Revolución de Septiembre y abandonar el cargo de Embajador 
en Roma D. Alejandro de Castro, le sustituyó, como Encargado 
de Negocios interino, D. Juan Isaías Llórente, al que sucedió, no 
como mero agente, sino con credencial de Encargado de Nego- 
cios, el primer secretario en el Ministerio D. José Fernández Ji- 
ménez, el cual, tanto en esta ocasión como en 1869, cuando vol- 
vió á desempeñar el mismo cargo hasta 1874, prestó los exce- 
lentes servicios que eran de esperar de su talento y de su cultura. 

Claro es que estas pequeñas equivocaciones y alguna omisión 
que cabría señalar, aunque sensibles, no restan utilidad al índice 
ni disminuyen su valor. 

La otra obra del reverendo padre Luciano Serrano, Correspon- 
dencia diplomática entre España y la Santa Sede durante el pon- 
tificado de San Pío V, es, en realidad, un parcial desarrollo y 
complemento de aquélla. Consta de cuatro tomos en 4. , de 464, 
535) 5 2 3 y 74 1 páginas respectivamente, y abarca el período de 
1 565 á 1 572, esto es, el tiempo que ocupó la Silla pontificia aquel 
famoso dominico, «de celo verdaderamente apostólico — como 
escribió el padre Flórez — , de ánimo heroico, infatigable en los 
negocios de la Iglesia, contra los herejes, contra los desórdenes 
y en favor de los reinos y sus príncipes. Político, sin ofender á 
la santidad; santo, sin desairar á la política. Activísimo para mo- 
ver á los príncipes contra el turco; acertado en las expediciones; 
eficaz en los medios; feliz en los fines, por la gloriosa victoria que 
España y Venecia consiguieron contra el turco: Pío, en fin, en 
todas sus acciones de príncipe». 



104 boletín de la real academia de la historia 

De la importancia de esa Correspondencia puede formarse idea 
teniendo en cuenta que al ser elegido el Papa Pío V, y á conse- 
cuencia de haber resuelto el anterior pontífice á favor del emba- 
jador francés la cuestión de procedencia surgida entre éste y el 
embajador de España, se hallaban rotas las relaciones diplomáti- 
cas de las cortes de Madrid y de Roma, y que durante el ponti- 
ficado de. San Pío, no sólo se restableció la cordialidad entre am- 
bos gobiernos, sino que fueron objeto de negociaciones ó de con- 
sultas y consejos, asuntos tan espinosos algunos y tan importan- 
tes todos, como el ruidoso proceso del Arzobispo Carranza, el 
proyectado viaje de Felipe II á Flandes; la liga contra el turco, 
que dio lugar á la gloriosa batalla de Lepanto; las luchas jurisdi- 
cionales entre el poder civil y el eclesiástico en Milán y Ñapóles» 
la publicación de la bula In Coena Domini; las desavenencias sur- 
gidas entre la Inquisición y el principado de Cataluña; las quejas 
y recursos contra el Santo Oficio elevados á Roma; la prisión y 
muerte del príncipe D. Carlos; la reforma de las Ordenes reli- 
giosas, etc. 

Sobre todos estos asuntos existen multitud de despachos y 
cartas, que contienen datos interesantísimos, y especialmente en 
lo relativo al proceso del Arzobispo de Toledo y á la prisión del 
heredero de la Corona, arrojan nueva luz, que no diré que per- 
mita formar juicio definitivo, porque, desgraciadamente, en His- 
toria no podemos estimar nada definitivo, pero sí que contribu- 
yen de un modo poderoso á desvanecer las sombras que con mo- 
tivo de esos tristes sucesos se han forjado en torno de la figura de 
Felipe II. 

Al frente de cada uno de los cuatro volúmenes ha puesto el 
autor un prólogo ó introducción, en los cuales no se limita á ha- 
cer una síntesis de los datos históricos que arroja la Correspon- 
dencia, sino que procura completar la documentación y notas de 
ésta con noticias y comentarios, ya sacados de los autores que 
han tratado de la misma materia, ya encontrados por él en otros 
archivos. Los principales personajes que intervinieron en los su- 
cesos, aparecen retratados de cuerpo entero en las páginas traza- 
das por el Padre Serrano, y de alguno de ellos, como el Carde- 



LA IGLESIA DE SAN NICOLÁS, DE BURGOS 10? 

nal y presidente del Consejo Real, D. Diego de Espinosa, traza 
una biografía que, sobre ser interesante, completa y muy nueva, 
resulta de gran utilidad para el estudio de la historia de Felipe II, 
por tratarse del ministro que de más autoridad gozó en al ánimo 
del monarca. 

El Padre Serrano pone de manifiesto en esos prólogos ó in- 
troducciones que ha hecho un profundo estudio del período que 
comprende el pontificado de Pío V, mostrándose perfectamente 
enterado de la copiosísima bibliografía moderna, y haciendo gala 
de un juicio sereno y equilibrado y de un espíritu desapasionado 
é imparcial, que luce especialmente al tratar cuestiones tan deli- 
cadas, sobre todo para un sacerdote, como el proceso del doctor 
Carranza, la prisión y muerte del príncipe D. Carlos y las que- 
jas que se dirigieron á la Santa Sede por la conducta de la In- 
quisición. 

Una sola observación me voy á permitir hacer respecto de la 
Correspondencia diplomática, y es que, en mi concepto, en vez 
de seguir un orden rigurosamente cronológico en la publicación 
de los documentos, ha podido agruparlos por asuntos, con lo cual 
habría facilitado grandemente el estudio de éstos; pero así y todo, 
no vacilo en concluir afirmando que son dignas, no sólo de apro- 
bación, sino de aplauso, las obras del docto y laborioso escritor 
silense, quien una vez más ha puesto de relieve sus altas dotes de 
historiador. 



17 Noviembre 1916. 



Jerónimo Bécker. 



II 
LA IGLESIA DE SAN NICOLÁS, DE BURGOS 

Encargado por la Real Academia de la Historia de informar, 
sobre la Iglesia de San Nicolás, en Burgos, á los efectos de la soli- 
citada declaración de «monumento nacional», tengo el honor de 
exponer lo siguiente: 



TOÓ BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

Finalizaba el siglo xv. Burgos, si con la unidad nacional había 
perdido la capitalidad de España, conservaba aún la importancia 
que en la Edad Media había adquirido, como centro social y artís- 
tico. Brillaban entonces en la ciudad familias encumbradas por 
su abolengo, por su fortuna ó por su saber. Una de ellas, la de 
los López de Polanco, sostenía activo tráfico con Italia, teniendo 
en Florencia importante casa de banca y comercio. Su jefe, Gon- 
zalo López de Polanco, llevado de su piedad y fervor, acometió 
la empresa de hacer panteón de familia y suntuoso retablo en la 
iglesia de San Nicolás de Bari. Existía desde el siglo xn, según el 
P. Flórez, que cita la Bula de Alejandro III, en la que está men- 
cionada; pero en 1408 habíase emancipado de la tutela catedra- 
licia, y, constituida en parroquia, sin duda, á poco fué reedifi- 
cada, á juzgar por los caracteres arquitectónicos de la fábrica que 
aún subsiste. 

Alcanzaba Burgos, cuando López de Polanco concibió su pia- 
doso pensamiento, un desarrollo artístico sobresaliente. Desde 
mediados del siglo recibía, en oleadas sucesivas, la invasión de 
artistas extranjeros que, los unos, apuraban los virtuosismos del 
arte gótico transpirenaico, y, los otros, aportaban las novedades 
del Renacimiento italiano. La familia de los Colonia, que don 
Alonso de Cartagena transportara á Burgos, y aquel Vigerny que 
vino de Borgoña, representaban lo que moría y lo que nacía en 
el arte europeo. Era, pues, el momento escogido para López de 
Polanco para su fundación, un verdadero momento histórico en el 
desarrollo del arte español. 

Una de las más notables manifestaciones de ese arte en Bur- 
gos fueron los enormes retablos del tipo historiado: inmensos pla- 
nos cuadriculados, con escenas religiosas, de madera tallada y 
dorada. El acaudalado y piadoso burgalés quiso algo aún más 
suntuoso, y á su deseo surgió aquel retablo de San Nicolás, céle- 
bre ya en la historia artística de España, cuyas visión y análisis 
están en todos los ojos y en todos los libros. Labrólo en pie- 
dra, con valiente composición, de la que es centro la hermosa 
efigie del Santo titular, y motivo culminante el grupo de la Coro- 
nación de la Virgen, nimbado por inmenso círculo de coros angé- 



LA IGLESIA DE SAN NICOLÁS, DE BURGOS 1 07 

lieos, y de la que son comentarios las historias milagrosas de San 
Nicolás, variedad de escenas sagradas, y las efigies orantes de los 
donadores; todo encuadrado en prodigiosa serie de agujas, pinácu- 
los, doseletes, repisas, estatuitas y cardinas, esculpidas en el más 
fantástico estilo gótico florido. Y al pie, como en humilde ofren- 
da, están los sepulcros del fundador, Gonzalo López de Polanco, 
fallecido en 1 505; de su mujer, Leonor de Miranda, en 1 503; de 
su hermano Alfonso López de Polanco, muerto en 1 49 1, y de su 
esposa Constancia de Maluenda, en 1 5 20. 

Quién sea el autor de tan maravillosa obra y cuál la fecha de 
su labra, son datos que se conocen desde Agosto de 1892, en la 
que el ilustre arqueólogo burgalés, Correspondiente de esta Real 
Academia, D. Isidro Gil Gavilondo, publicó en El Diarlo de Bur- 
gos un artículo, á propósito de las carabelas de Colón, en el que 
copiaba parte del testamento de D. Gonzalo López de Polanco, 
guardado en el archivo de la iglesia; cita repetida por el Sr. Gil 
en La Ilustración Española y Americana el 2 de Agosto de 1907. 

Aquel testamento lo otorgó en 2 de Febrero de 1 505, y fué 
presentado al escribano Cristóbal de Aranda en 12 de Marzo del 
mismo año, para ser convertido en escritura pública. Una cláu- 
sula dice: 

«ítem, mando que por cuanto yo y la dicha mi amada muger 
Leonor de Miranda, que Santa gloria haya, fuimos siempre de 
acuerdo de partir con Dios de los bienes que nos ha dado, y en 
su vida y al presente mandé hacer la obra de las sepulturas de 
nuestros abuelos y padres y hermanos en las gradas del altar 
mayor, y en la pared del altar mayor, en el enterramiento de 
Alonso de Polanco, mi hermano, que Santa gloria haya, é de su 
muger Constanza de Maluenda; y después toda la obra é vidrie- 
ras y pinturas, y aun está por asentar la obra del retablo del 
Señor San Nicolás, que todo está pagado, salvo un resto que 
se debe á Francisco de Colonia, que sabe cuanto es Juan de 
Villa y otro: que son casi veinte. mili maravedís con el San Nico- 
lás que ha de hacer, con el paño que le tengo de dar: y mas lo 
que costará pintar y dorar, que todo sea pagado, y asi lo ma 
que se pague luego: y Nuestro Señor Dios con toda su Corte 



108 BOLETÍN de la real academia de la historia 

celestial lo reciba en descargo de nuestras conciencias, y pues 
en su gloria se ha hecho, que en su gloria le plega recibir- 
nos, amen.» 

El interesante documento nos dice que en 1505 el retablo es- 
taba hecho, pero no asentado; que la estatua de San Nicolás no 
se había aún esculpido, que se pensó en que todo el retablo estu- 
viese pintado y dorado; y que el artista que lo labró fué Fran- 
cisco de Colonia. Como es bien sabido, era éste nieto de Hans, 
el famoso autor de las flechas de la Catedral, é hijo de Simón, el 
no menos renombrado arquitecto de la capilla del Condestable. 
Conócese de él que desde 1 5 1 1 era maestro de la Catedral, cuya 
portada de la Pellejería hizo por los años 1520; y que en 1542 
falleció de avanzada edad, debiendo haber nacido, por tanto, 
hacia 1470. El documento transcrito nos dice que tendría unos 
treinta años de edad, cuando, hacia 1500, comenzó el retablo de 
San Nicolás, acaso la primera de sus grandes obras. 

Artista colocado entre dos estilos, trabajó en ambos, ejecutando 
sus obras góticas con la más fecunda y fantástica prolijidad, y 
las del Renacimiento, con una muy grande inocencia. Poseedor 
de verdadera maestría en aquel estilo que aprendiera con su padre 
Simón, derrochó su virtuosismo en el retablo de San Nicolás, 
que es por ello, y por su belleza, monumento apreciabilísimo de 
una manera y de una época artísticas, y que por ende, marca una 
etapa de la Historia del Arte español. Y á más, tiene su obra 
el gran valor histórico de reflejar en sus escenas los trajes y 
armas, los edificiosy embarcaciones de aquel tiempo, con tal fide- 
lidad y detalle, que, como recuerda muy oportunamente en su 
informe la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, ha 
sido considerado como documento de fe en el estudio de la indu- 
mentaria y de la marina españolas. En tal concepto, mereció es- 
pecial estima para la reconstrucción de las carabelas españolas, 
en el Cuarto Centenario del descubrimiento de América, por haber 
sido esculpidas las que en una de sus escenas se representan á 
raíz de los viajes del gran navegante, cuando llenaban España y 
el mundo entero las glorias de Cristóbal Colón todavía vivo. 

No debiera contener más este informe para expresar el más en- 



LA IGLESIA DE SAN MIGUEL DE LINIO, EN ASTURIAS i Q 

tusiasta voto en pro de la declaración de «monumento nacional» 
del templo de San Nicolás de Burgos, si no fuera de razón y de 
justicia ensalzar como se debe al Excmo. Sr. Marqués de Murga, 
que, cuando la abandonada iglesia amenazaba ruina, y con ella 
era segura la pulverización de la maravillosa obra de Francisco 
de Colonia, acudió con su fortuna y con su actividad, con sus 
gestiones y con sus entusiasmos, á sostener el edificio, á sanearlo 
y limpiarlo, á dotarlo de culto y de respeto. Hoy, si la Superio- 
ridad acuerda la declaración porque en este informe se aboga, 
el Estado recibirá, no unas piedras ruinosas y caducas, exigentes 
de trabajos difíciles y de gastos cuantiosos, sino un edificio fuerte 
y robusto, abierto ya por completo á la admiración y á la ala- 
banza de todos. La inclusión del templo burgalés en el catálogo 
délos «monumentus nacionales», no será pues, una carga más 
para el Estado, sino una simple entrega á la custodia oficial, y 
con ella, un descanso, bien ganado, para aquel generoso y bene- 
mérito burgalés. 

La Academia, no obstante, acordará lo más oportuno. 

Madrid, 3 de noviembre de 191 6. 

Vicente Lampérez y Romea. 



III 
LA IGLESIA DE SAN MIGUEL DE LINIO, EN ASTURIAS 

El que suscribe, vecino de esta ciudad, caballero de la Orden 
civil de Alfonso XII, pone en conocimiento de V. E. lo siguiente: 

El día 8 del corriente mes, con una brigada de obreros, y se- 
cundado por el párroco de Santa María de Naranco, D. Antonio 
Cotarelo, di comienzo á varios trabajos de investigación para ver 
si se podía determinar la longitud que tenía la iglesia de San Mi- 
guel de Linio, antes de ser derrumbada una parte de ella por las 
aguas que socavaron los cimientos. 

En el camino vecinal (figura núm. I, planta de la iglesia en la 



110 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

actualidad), y coincidiendo con el eje del muro septentrional de 
la iglesia, y á cuatro metros cincuenta centímetros del último 
contrafuerte, se encontró un trozo de muro de cuatro metros cin- 
cuenta centímetros de longitud, con un espesor de setenta y dos 
centímetros. Se conoce que este muro tenía mayor longitud, por- 
que, en el fondo de la prolongación del cimiento hacia el barran- 
co, continúa una capa de cal señalada en el plano (vista por C. D.)> 
cal que debió servir de lecho á las primeras piedras de la cimen- 
tación, y que de allí fueron extraídas. 

Al lado del muro, y paralela á él, hay una sepultura (fig. 3) 
que tenía un esqueleto humano, con la cabeza hacia la parte más 
estrecha; la sepultura tiene un metro setenta centímetros de lar- 
go, cuarenta centímetros de ancho por un lado, veinticinco por 
el otro y treinta y dos de altura; las paredes son de losas coloca- 
das de canto; el fondo es de fábrica de manipostería. 

En la línea del muro meridional (figura núm. 2), á diez y seis 
metros y diez y seis centímetros del retablo del imafronte, en di- 
rección al testero, existe el eje de un contrafuerte enlazado con 
un trozo de muro de dos metros cincuenta centímetros de largo 
y ochenta y siete centímetros de espesor; este contrafuerte es 
algo más ancho que los existentes. 

En la parte exterior del muro y contrafuerte, existen sepultu- 
ras como la descrita anteriormente, pero están algo estropeadas, 
porque al derrumbarse el templo hacia este lado se removieron 
los cimientos. 

Coincidiendo su centro con el eje de la iglesia, y su paramen- 
to posterior con el eje del contrafuerte, y también á diez y seis 
metros diez y seis centímetros del imafronte, se encontró un 
muro transversal de cuatro metros cuarenta centímetros de lar- 
go, con un espesor de setenta y cinco centímetros; uno de sus 
extremos está enlazado con un trocito de muro formando ángulo 
recto; este pequeño muro tiene la dirección hacia la puerta, como 
si hubiese servido de base á ¡as columnas ó pilastras de las naves* 

Tiene igual longitud transversal que el retallo de la fachada. 
¿Será el retallo del testero? 

No parece que sea el muro terminal del templo, porque el muro 



LA IGLESIA DE SAN MIGUEL DE LINIO, EN ASTURIAS I I I 

meridional se prolonga más - de diez y siete metros á partir del 
imafronte. 

¿Cuál era la longitud de la iglesia? 

Dice Morales en su Viaje Santo (año 1572): «...con no tener 
más de cuarenta pies de largo y veinte de ancho, tiene toda la 
gracia que en una iglesia metropolitana se puede tener». 

¿Qué equivalencia en centímetros tenía el pie en aquella 
época? 

Cuarenta pies de largo son los que tiene ahora, próximamente; 
veinte pies, son cinco metros y medio; estas dimensiones no coin- 
ciden con el ancho de la iglesia, que es de diez metros, y la an- 
chura ni ha aumentado ni disminuido. 

Morales da á entender que la iglesia tenía doble largo que an- 
cho, y siendo éste de diez metros, ¿no pudiera suceder que el 
largo fuese de veinte?, diez y siete metros próximamente los te- 
nemos á la vista. 

También en este edificio — dice Parcerisa — pasé buenos ratos 
empeñado en descifrar su primitiva planta. 

El padreCarballo, hacia 1655, escribe: «...Encarecen mucho los 
autores la lindeza de este templo, y con muchísima razón, pues 
en veinte pies que tiene de largo y diez de ancho, en este poqui- 
to, hay capilla mayor, crucero, torre y coro alto y otros servicios, 
y cada cosa de por sí se muestra, y todo junto hace una lindeza 
maravillosa». Estas dimensiones no son aceptables; el padre Car- 
bailo sufrió una equivocación al reproducir lo que escribió Mo- 
rales. 

El Sr. Lampérez, en la Historia de la Arqueología cristiana es- 
pañola en la Edad Media, tomo 1, figura 293, publica una planta 
restaurada de San Miguel de Linio; la hace terminar á los diez 
metros y medio, próximamente. 

El Sr. Selgas, en Monumentos Ovetenses del siglo IX, pági- 
na 229, publica también una planta restaurada del mismo largo 
que la del Sr. Lampérez, con la diferencia que .el Sr. Selgas hace 
terminar el templo con ábside rectangular saliente, y el Sr. Lam- 
pérez termina las naves con ábsides de planta rectangular del 
mismo largo. 



112 BOLETÍN de la real academia de la historia 

El largo que los Sres. Lampérez y Selgas dan á las plantas de 
restauración del templo de San Miguel, no parece que es el que 
primitivamente tenía; con esto está conforme el Sr. Selgas, pues- 
to que escribe: «...sería preciso hacer exploraciones arqueológicas 
en el exterior, aunque el terreno ha sido removido por esta par- 
te por los buscadores de tesoros». 

D. Ciríaco Vigil, al hablar de San Miguel, nada dice de sus di- 
mensiones. 

El Sr. Redondo, en Iglesias primitivas de Asturias, página 49, 
dice: «Suprimimos también otras consideraciones referentes á la 
primitiva disposición de esta original iglesia, sobre la que guarda- 
mos el más prudente silencio hasta que se comprueben datos 
que consideramos concluyentes». 

Parcerisa dice que, el ábside, por afirmación conteste de per- 
sonas que vieron los cimientos cuando la restauración del señor 
Hermida, era de forma circular. 

Cuadrado afirma que, las capillas colaterales, se cerraban en 
hemiciclo. EISr. Selgas escribe: «...Mucho se ha fantaseado sobre 
la disposición del ábside, creyendo algunos arqueólogos del siglo 
pasado que era de planta semicircular, lo que no es posible, pues 
no parece en Asturias esta forma de testero hasta el advenimien- 
to del arte románico en la undécima centuria». 

Al hacer las excavaciones, no hemos encontrado ningún indi- 
cio que indicase la forma circular; los cimientos parece que in- 
dican siempre la línea recta. Junto al muro central L. se ha en- 
contrado un trozo de baldosa que pudiera pertenecer al primiti- 
vo pavimento; es blanca, su fractura presenta manchas rojizas; 
también se halló una piedra de toba ó un conglomerado que la 
imita en porosidad y en ligereza; este conglomerado pudo perte- 
necer á las bóvedas; con material semejante estaba construida la 
bóveda de la iglesia de Santa María de la Vega. 

No se encontraron más indicios; de los cimientos han extraído 
la piedra. El edificio está basado sobre terreno de arrastre, so- 
bre cantos ferruginosos procedentes del terreno devoniano de 
que se compone la loma de Naranco hacia aquel sitio; el terreno 
de arrastre se apoya sobre la caliza carbonífera. Las corrientes 



LA IGLESIA DE SAN MIGUEL DE LINIO, EN ASTURIAS 113 

de agua en los días de grandes lluvias, al bajar por el camino an- 
tiguo, con una pendiente del veinte por ciento, se desviarían en 
dirección de la flecha señalada en el plano, socabaron la tierra 
floja de los cimientos, se desgajó la tierra hacia el barranco y se 
derrumbó la iglesia hacia atrás y hacia la parte meridional. 

Esto lo demuestran los muros que hallé; la obra de fábrica for- 
ma un bloque y se inclina según indican las secciones C. D. y E. F. 

Acompaño un plano acotado con toda la exactitud posible. Se- 
ría conveniente que personas competentes tomasen determina- 
ciones para comprobar lo aquí expuesto; como se aproxima la 
época de las lluvias, es posible que las aguas arrastren aquellos 
tres trozos de muro, aquellos tres testigos que desde tan largos 
siglos se conservan allí como providencialmente para vindicar 
lo que ha sido templo de San Miguel de Linio, que, como dice 
Cuadrado: «...Constituyen á la vez para Asturias, por su primor, 
una joya artística; por su antigüedad, un blasón de nobleza, y que 
representa los primeros albores de un arte nuevo, originalmente 
español y cristiano». 

Dios guarde á V. E. muchos años. 

Aurelio de Llano Mora de Ampudia. 
Excmo. Sr. Presidente de la Real Academia de la Historia. 
Oviedo, 15 de Octubre de 19 16. 



IV 

LA IGLESIA DE SAN MIGUEL DE LINIO, EN ASTURIAS 

En cumplimiento de la designación que el Sr. Director de esta 
Real Academia se sirvió hacer el 14 del mes último, tengo el 
honor de informar acerca del trabajo presentado por el señor 
D. Aurelio de Llano Mora, referente á excavaciones por él prac- 
ticadas en las cercanías de la iglesia de San Miguel de Linio, en 
la provincia de Oviedo, monumento incluido entro los «naciona- 
les» por Real orden de 24 de Enero de 1885. 

TOMO I.XX 8 



114 BOLETÍN de la real academia de la historia 

Consta el trabajo citado de cinco páginas de texto y un plano 
en papel ferroprusiato. Dice en aquél el Sr. Llano que en el mes 
de Octubre último procedió á hacer excavaciones detrás del mo- 
numento á fin de determinar la longitud que tenía primitivamen- 
te, encontrando á 4,50 metros del último contrafuerte septentrio- 
nal, y aliniado con éste, un trozo de muro de 4,50 de longitud 
por 0,62 de espesor, con señales de haber sido más largo; inme- 
diato, una sepultura con un esqueleto humano; en la línea del muro 
meridional, á 16,16 del retallo de la imafronte y en dirección al 
testero, un trozo de muro con un contrafuerte de 2, 50 de línea 
por 0,87 de espesor; y, finalmente, coincidiendo con el eje de la 
iglesia, á 1 6, 16 de la imafronte, un muro transversal de 4,40 de 
de longitud por 0,75 de grueso, en otros á escuadra en los extre- 
mos, situados precisamente á eje con las columnas del templo. 

Ante estos descubrimientos, consignados gráficamente en el 
plano, el Sr. Llano trata de reconstruir hipotéticamente la primi- 
tiva iglesia, comentando la descripción que Ambrosio de Morales 
hiciera en 1 572 en su Viaje Sacro, interrogando sobre la equiva- 
lencia del pie en aquella época, con nuestra actual medida oficial; 
discutiendo las plantas que supusieron el P. Carballo, los señores 
Quadrado, Parcerisa, Amador de los Ríos, Redondo, Selgas y el 
que tiene el honor de informar; esbozando en el plano una planta 
perimetral hipotética, y concluyendo por encarecer la necesidad 
de que, por personas competentes, se compruebe todo lo hallado 
y expuesto, en bien de la historia de esa joya asturiana que se 
llama San Miguel de Linio. 

Debe, ante todo, esta Real Academia felicitar al Sr. Llano Mora 
por el entusiasmo y el amor, la actividad y el desprendimiento 
que ha puesto al servicio de la historia y del arte, uniendo con 
ello su nombre al de los beneméritos ciudadanos que, en número 
ya no escaso, se dedican por propio impulso á los descubrimien- 
tos arqueológicos. Y debe también esta Real Academia enaltecer 
la modestia con que el Sr. Llano Mora somete á personas com- 
petentes la comprobación ó rectificación de sus hallazgos. 

Aunque con lo hecho y escrito ha demostrado dicho señor que 
no necesita de ajeno auxilio para tales empresas, no hace con el 



Boletín de i.a Real Academia de la Historia. 



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LA IGLESIA DE SAN MIGUEL DE LINIO, EN ASTURIAS 115 

-último ruego sino ponerse dentro de la ley de 7 de Julio de 1911 
sobre «Investigación y conservación de antigüedades», que en 
su art. 7. preceptúa que para hacer esas investigaciones precisa 
la previa autorización del Estado, y que habrán de ejecutarse 
bajo la inspección de personas oficialmente designadas para el 
caso: preceptos que no consta en el expediente se hayan obser- 
vado en las excavaciones de San Miguel de Linio. 

Merecidamente les asigna el Sr. Llano Mora grande importan- 
cia. Trátase, en efecto, de un monumento singular en nuestra pa- 
tria, de vida tan obscura y accidentada, cuyo conocimiento exacto 
aclararía múltiples cuestiones de historia y arte. Es San Miguel 
de Linio, aquella fundación de Ramiro I al mediar el siglo ix, en- 
salzada en sus crónicas por el Albeldense, el Silense, el Tuden- 
se, el Arzobispo D. Rodrigo y el rey Alfonso X; descrita minu- 
ciosamente por Ambrosio de Morales; semiarruinada en época 
desconocida; reconstruida parcial y toscamente, y objeto, en fin, 
de muchos trabajos hipotéticos sobre sus formas y dimensiones 
primitivas. Con razón escribe el Sr. Llano Mora que ni las sus- 
puestas por el Sr. Selgas, ni las del que esto escribe, pueden satis- 
facer (y así lo hice constar yo mismo en la página 294 del tomo 1 
de mi Historia de la Arquitectura Cristiana Española de la Edad 
Medid). L na de las mayores dificultades con que se tropieza para 
«sa reconstitución, son las dimensiones que le da Ambrosio de 
Morales: 40 pies de largo por 20 de ancho, ó sea, en nuestras ac- 
tuales medidas, 11,32 metros por 5>56. Pero es el caso que el 
ancho efectivo de la parte que no se arruinó, y que por lo tanto 
no ha podido variar, no son esos 5>56 metros, sino algo más de 10; 
y ante este hecho, el Sr. Llano Mora pregunta: «¿Qué equivalen- 
cia en centímetros tenía el pie en aquella época?» (es decir, en 
1572). La cuestión, aunque incidental, merece ser tratada en 
detalle (1). 



(1) En realidad quedaba contestada la pregunta con sólo citar la 1 
valencia oficial, consignada en el folleto Equivalencia ¡idas 

usadas antiguamente en las diversas provincias de España y las legales del 
sistema métrico decima/. Publicadas por R, O. por la Dirección general del 



I 1 6 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

Al finalizar la Edad Media se usaban en los reinos de Castilla,, 
como unidades de longitud dos clases de varas: la toledana, y la 
castellana. Aquélla era mayor que ésta en una octava parte. Don 
Juan II y los Reyes Católicos habían mandado que imperara la 
toledana. El rey Felipe II, por el contrario, dio una Pragmática 
en El Escorial, á 24 de Junio de 1568 (inserta en la Nueva Reco- 
pilación, ley 1, tít. xiii, lib. v), ordenando que se usase en todos 
sus reinos la vara castellana que tenía la ciudad de Burgos, cons- 
tituida desde entonces en patrón oficial. No cabe dudar que Am- 
brosio de Morales conocía perfectamente la real disposición dic- 
tada cuatro años antes de publicar su Viaje Sacro, por cuanto en 
su otro libro Discurso general de las Antigüedades, de igual fecha, 
se ocupa larga y detenidamente de esos asuntos de medidas lon- 
gitudinales. De modo que 'se puede afirmar que las longitudes 
por él mentadas relativas á San Aiiguel de Linio, se refieren á la 
vara de Burgos. Ahora bien; el patrón de ésta subsiste en el 
Ayuntamiento de la ciudad. Está marcada con el sello oficial y 
con la fecha «1568», es decir, que es la auténtica vara á que se 
refiere la Pragmática de Felipe II. Medida escrupulosamente para 
el presente informe, resulta tener 0,835 milímetros, lo que da 
para el pie 0,278, ó sea exactamente la misma equivalencia que 
hoy rige. Queda, pues, aclarado el extremo de la pregunta del 
Sr. Llano Mora. 

Luego los 40 por 20 pies asignados por el cronista de Felipe II 
á la iglesia de San Miguel de Linio son 11,13 P or 5>56 metros, y, 
como queda dicho, esta última dimensión no la da el monumen- 
to. Ante tal dilema, hay que plantear esta cuestión: ó las pala- 
bras del autor del Viaje Sacro no han sido bien interpretadas, ó 
el monumento se arruinó en época distinta á la que se ha su- 
puesto. No fuera pertinente entrar en este informe en el estudio 
de tales extremos, pues sea de ellos lo que quiera, son en cierto 



Instituto Geográfico y Estadístico en Madrid, año de 1886. En la página 7 
se consigna esta equivalencia: pie = 0,2786 metros. 

No obstante, el que informa ha creído conveniente hacer la investiga- 
ción por modo directo. 



LA IGLESIA DE SAN MIGUEL DE LINIO, EN ASTURIAS 117 

modo independientes de los verdaderos términos de la cuestión 
á saber: que la iglesia de San Aliguel de Linio tuvo un conjunto 
hoy desconocido, y cuya averiguación sería de importancia para 
la Historia de la civilización asturiana del siglo ix. Para su escla- 
recimiento son elementos de positivo valor los hallazgos del señor 
Llano Mora; y aunque no sean completamente originales, pues 
los han precedido algunos otros inéditos todavía, son los ahora 
investigados mucho más extensos é importantes, si, como ha de 
suponerse, hay exactitud en los datos relativos á la colocación de 
los muros investigados con relación á los del viejo monumento, 
que es vardaderamente notable. 

Sin embargo, hay que acoger con grandes desconfianzas la 
hipotética planta perimetral dibujada por el Sr. Llano Mora, por 
muchas razones que no son del caso, puesto que este informe no 
puede tener más objeto que dictaminar sobre lo hecho y escrito 
por el Sr. Llano Mora. Reconociendo su interés, bástale al infor- 
mante encarecer la importancia que entraña el que las excava- 
ciones se prosigan, bien por el Estado, bien por la Comisión pro- 
vincial de Monumentos, bien por el Sr. Llano Mora, con tal que 
se ponga dentro de la ley de «Investigación y conservación de 
antigüedades.» 

Entiende, pues, el que suscribe, que esta Real Academia, to- 
mando como base la comunicación del Sr. D. Aurelio de Llano 
Mora, debe dar conocimiento de su dictamen al Estado, á la Junta 
Central de Excavaciones y á la Comisión provincial de Monu- 
mentos, á los efectos consiguientes y legales; y á dicho señor 
para su satisfacción y enaltecimiento. 

La x\cademia, sin embargo, acordará lo más oportuno. 

Madrid, 13 de Diciembre de 1916. 

Vicente Lampérez y Romea. 



Il8 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 



V 

REAL CARTUJA DE MIRAFLORES EN BURGOS 

Llamada esta Real Academia á informar al Gobierno de S. 1VL 
sobre la importancia histórica de la Real Cartuja de Miraflores, al 
objeto de declarar monumento nacional su iglesia y sus capillas, 
para ponerlas al amparo de la ley de 1 6 de Junio de 1905, séame 
permitido (en la ponencia que se me ha encomendado), empezar 
declarando que no hay monumento ninguno en España de los que 
alzó la munificencia de los Reyes Católicos ó mereció á lo menos 
su regia protección, que no deba mirarse como nacional, pues de 
tal modo pesonificaron aquellos ilustres príncipes el espíritu y el 
carácter de su pueblo , que dondequiera que pusieron mano 
brotó refulgente y espléndida la llama del genio español. Elevado 
su trono en la cumbre de dos edades, dando vista por una parte 
á los siglos medios en que se habían echado los cimientos de 
nuestra nacionalidad, y por otra, á los nuevos horizontes en que 
alboreaba el Renacimiento, que había de iluminar las conquis- 
tas de la Edad Moderna, las obras de los Reyes Católicos y, por 
lo tanto , sus monumentos reflejan á maravilla el carácter de 
nuestra raza tan original y tan independiente que, aun aceptando 
las costumbres de otros países y los estilos de las artes extran- 
jeras, los adoptó á sus gustos propios y los infundió un alma que 
fuese imagen de la suya, vida y trasunto del alma nacional. 

Por eso, aunque no sea asunto de nuestra incumbencia el apre- 
ciar el mérito peculiar délos monumentos artísticosde Miraflores, 
tarea ya bien cumplida por la Academia de San Fernando, permí- 
taseme hacer algunas ligeras observaciones sobre el carácter emi- 
nentemente nacional de la iglesia y capillas que encierra la Cartuja 
burgalesa, empezando por el coro de los monjes, ejemplar típico 
de varios que se ejecutaron en España en el reinado y bajo la 
inspiración de Isabel la Católica. 

Este coro, igual al que la misma Reina mandó hacer para el 
convento de Santo Tomás de Ávila, y casi igual al que la excelsa 
señora propuso al Cardenal Mendoza para la Catedral de Si- 



LA CARTUJA DE MIRAFLORES EN BURGOS 1 1 9 

güenza, es de eslilo ojival ó gótico, pero con tales influencias 
mudejares, que un crítico extranjero no vaciló en calificar sus tallas 
de figuras de kaleidoscopio. La primera impresión del conjunto es 
de una gran severidad, cual corresponde al carácter castellano y 
al destino de sus funciones monacales; pero examinado en sus 
pormenores, se ven aparecer en los respaldos de las sillas combi- 
naciones tan complicadas de entalladuras geométricas que los 
cubren como un encaje, y tan caprichosa y elegante variedad 
de motivos ornamentales para completar las formas regulares del 
mueble litúrgico, que recuerdan las influencias orientales que han 
flotado siempre sobre la corriente bulliciosa de nuestra cultura 
indígena. 

Y si esto decimos de la sillería de los monjes ¿qué diremos de 
los maravillosos sepulcros de Don Juan II y del Infante Don 
Alonso, y sobre todo, de su original y misterioso retablo, que 
representan la- más alta inspiración y los mayores esplendores del 
arte español en el reinado de los Reyes Católicos? Prescindiendo 
de su apreciación crítica que, como antes he dicho, no nos co- 
rresponde, en cuanto á su valor histórico hay que recordar que 
Gil de Siloe, autor de estas grandes obras, personifica la infiltra- 
ción del renacimiento italiano en el arte español, sin renunciar á 
las galas y excelsitudes del gótico, en que había encarnado la ins- 
piración cristiana de los siglos medios. 

En cuanto al retablo, aunque no ha obtenido hasta ahora las 
atenciones y los encomios que los magníficos sepulcros de már- 
mol, bien puede asegurarse que es la obra artística más espa- 
ñola que debemos á los días precursores de nuestro siglo de oro. 
¿Qué representa? 'Asunto ha sido este que ha preocupado á muy 
diligentes críticos nacionales y extranjeros, pero cuya solución 
debemos á un humilde lego de aquella comunidad, que fué en el 
mundo docto y concienzudo letrado y arqueólogo. El hermano 
Tarín y Juaneda, proyectando sobre aquel misterioso conjunto 
de representaciones reales y simbólicas, las luces de su erudición 
y de su espíritu ascético, ha podido ver en él una página grandiosa 
de la España Eucarística.Su examen crítico no deja resquicio nin- 
guno á la duda; el autor ha demostrado con pruebas palpables que 



120 - BOLETÍN de la real academia de la historia 

Gil de Siloe trató de representar en el alegórico retablo de Miraflo- 
res, el Triunfo de la Eucaristía, misterio al que la piedad española 
rindió siempre el más profundo acatamiento «como centro de la 
vida cristiana, promesa de inmortalidad, según dice nuestro Me- 
néndez Pelayo, y prenda sacrosanta del rescate humano. El arte, 
continúa el inolvidable maestro (y cada una de las artes, princi- 
palmente el arte de la Poesía, que por su universalidad parece 
que los comprende á todos), ha sido en el pueblo cristiano y 
sobre todo en el nuestro de la edad de oro, una forma de ense- 
ñanza teológica, una cátedra abierta á la muchedumbre, no en el 
austero recinto de las escuelas, sino en la plaza .pública, como en 
en los días triunfantes de la democracia ateniense, á la radiante 
luz de nuestro sol nacido para reverberar en las custodias y con- 
vertirlas en ascuas de oro.» Expresión anticipada de estas mani- 
festaciones populares del arte eucarístico que tan admirable- 
mente describe Menéndez Pelayo, fué en la escultura española el 
retablo de Miraflores, en el que concentró el artista todos los 
más altos conceptos de la mística española y los vistió con las 
formas y hasta con los colores de nuestra plástica nacional y 
cristiana. 

Pero dejando ya la contemplación de estos monumentos artís- 
ticos que atesora la Cartuja de Miraflores, para abarcar el con- 
junto de esta regia fundación que se refleja en ellos, diré que 
la historia de la Real Cartuja de Miraflores es un capítulo intere- 
santísimo de la historia de España. Erigida por disposición tes- 
tamentaria de D. Enrique III, en el reinado de su hijo D.Juan II, 
acrecentada con sus principales obras artísticas por Isabel la 
Católica y terminada por nueva disposición testamentaria de esta 
insigne reina en los venturosos días de Carlos I, abarca su funda- 
ción el período más interesante de nuestra historia, y se relacio- 
nan sus vicisitudes y sus monumentos con todos los sucesos polí- 
ticos y religiosos que condujeron á España, desde el abismo en 
que cayó con Enrique IV, hasta la cumbre en que se coronó 
señora del mundo con el emperador Carlos V. 

No fué erigida, como El Escorial, para palacio, monasterio y 
panteón por la severa piedad de un rey poderoso, porque no 



LA CARTUJA DE MIRAFLORES EN BURGOS 121 

alcanzaban á tanto los vuelos de aquel monarca débil y doliente, 
que pasó como sombra por el trono de Castilla; pero guarda su 
fundación tantas analogías con la de Felipe II que, hasta en lo 
riguroso del clima, en la aspereza de las montañas y en lo apar- 
tado de las gentes, buscó Enrique III su descanso y su recreo eri- 
giendo un palacio donde aislarse de los negocios y fiestas de la 
Corte. Muerto prematuramente el monarca, cuando frisaba con 
los veintisiete años, aún pudo recomendar en su testamento que 
se erigiese un monasterio «en enmienda de algunas cosas en que 
él era tenido de hacer», y acatando esta disposición su hijo don 
Juan II, que tenía gran amistad con los cartujos, secundó la idea 
de destinar el palacio de Miraflores á esta nueva fundación, vincu- 
lando así en ella li memoria de su padre, «ya que no pudo cons- 
truirlo y edificarlo él mismo por haberle sobrevenido la muerte» 
La regia donación fué otorgada el 24 de Febrero de 1442. 

La resolución del rey tuvo varios contradictores; pero uno de 
los más decididos y audaces fué D. Alvaro de Luna, quien apeló 
á todos los recursos de su privanza para mudar la voluntad del 
monarca, no pudiendo lograrlo, y siendo acaso éste el primer 
desliz de su espantosa caída, pues once años más tarde, ocurrida 
ya la catástrofe de su decapitación y tratando el rey de justificar 
su conducta con el Condestable, al enumerar sus quejas contra 
él, dice: «e asi mismo turbando e embargando que yo non edifi- 
case nin construyese la iglesia e monasterio de Miraflores, que yo 
elegí para mi sepoltura, nin se librasen nin pagasen los marave- 
dís que yo para ello mandé dar». 

D. Juan II, no solamente fundó el monasterio en los palacios 
de Miraflores, sino que lo dotó espléndidamente, cono 
las Tercias reales de cincuenta y siete pueblos del Obispado de 
Burgos, cuya renta ascendía á IOO.OOO maravedís. Coa esta renta 
se pudieron acometer las obras, que» fueron encomendadas á Juan 
de Colonia, traído á Burgos por D. Alonso de Caí 
terminar la Catedral y cuya influencia en el arte espaf¡< I qu 
grabada en monumentos de primer orden. 

Pero el monarca, atajado en sus planes por la muerte, todavía 
en lozana edad, no alcanzó á verlos muy adelantados, por lo que 



122 BOLETÍN de la real academia de la historia 

su cadáver no pudo recibir sino improvisada sepultura en Mira- 
flores, donde su hija D. a Isabel había de erigirle una de las más 
ricas y famosas del mundo. Pasó el reinado de D. Enrique IV 
como un paréntesis para Miraflores, como pasó para la grandeza 
del reino, y al sucederle su hermana D. a Isabel recobró una vida 
pujante y gloriosa, que elevan el humilde cenobio á la altura de 
los primeros y más bellos monumentos de España. 

El último, que yo sepa, y el más juicioso y erudito de los his- 
toriadores de esta Casa, D. Francisco Tarín y Juaneda, hoy her- 
mano lego de la Comunidad, fija su atención sobre un hecho ver- 
daderamente extraño, y es que, á pesar de ser obra de los Reyes 
Católicos casi todos los grandes monumentos de Miraflores, en 
ninguno se ve ni rastro de los emblemas heráldicos de estos mo- 
narcas; lo cual atribuye á que «la idea predominante fué la de 
que esta Casa de Miraflores, enterramiento de los padres de doña 
Isabel la Católica, apareciese como exclusiva fundación de don 
Juan II, y su prosecución y término fuese como la continuada 
voluntad de aquel rey, sin que nunca su hija tuviera ni aun la 
remota intención de proclamarse su fundadora, título que justa- 
mente merecía por el interés y celo que desplegó en dejar aca- 
bada esta fundación, y por los favores que dispensó á su comu- 
nidad». 

Sea de esto lo que quiera, el hecho es que la Reina Católica 
puso en esta Casa sus más vivos anhelos y que, no contenta con 
haber confirmado sus antiguos privilegios y en haberla prodi- 
gado sus limosnas, aún quiso acrecentar sus rentas concedién- 
dola un juro de 90.OOO maravedises sobre las alcabalas de Santa 
María del Campo. Sólo así pudieron llevarse á cabo las grandes 
obras que enriquecieron la regia Cartuja burgalesa. 

Desde la primera visita de la reina Isabel á Miraflores, en 1483, 
las construcciones se suceden sin interrupción. Aquel mismo año 
se concluye la sacristía, y al siguiente llegan los muros de la igle- 
sia á su remate, que Simón de Colonia cierra con bóveda de cru- 
cería en 1488. En el inmediato se termina el coro de los monjes, 
que resulta anterior en dos años al de Sigüenza y en tres ó cuatro 
al de Santo Tomás de Avila. El elegante sepulcro de D. Alonso 



LA CARTUJA DE MIRAFLORES EN BURGOS 12"$ 

se termina en 1492, y el suntuosísimo de los reyes en el siguiente. 
Y para no hacer prolija la relación, añadiremos que como coro- 
nación de estos grandes monumentos, en 1497 se terminaba el 
maravilloso retablo, donde parece que la Reina Católica quiso 
extremar su devoción y su entusiasmo por la iglesia cartujana, 
testimonio perdurable de su amor filial y de su piedad cristiana* 

Cuando murió la reina, en I 504, la Cartuja quedaba casi ter- 
minada, habiendo durado las obras á la sazón cincuenta y dos 
años; pero aún la solicitud de la ínclita protectora rebasó el límite 
de su vida, pues en su célebre testamento hay esta cláusula, que 
retrata al vivo el carácter y sentimientos de tan gran reina: «ítem, 
mando que sea cumplido el testamento del rey D.Juan, mi Señor 
y padre (que Santo Paraíso haya) quanto toca á lo que mandó 
para honrar su sepultura en el devoto Monasterio de Santa María 
de Miraflores; cerca de lo qual se podrá haber información de los 
religiosos del dicho Monasterio de lo que dello está cumplido, é 
resta por cumplir; é como quiera que á mí noticia no haya venido 
que del dicho testamento haya otra cosa por cumplir á que yo 
sea obligada de derecho; pero si se fallare en algún tiempo que 
del está otra cosa por cumplir á que yo sea obligada, mando que 
se cumpla.» 

Y así se hizo, en efecto, pues hecha tasación de las obras que 
estaban por concluir, alcanzaba á la suma de 2. 400. OOO marave- 
dises, cuya suma mandó librar el rey Carlos I á cargo del Real 
Erario, y con los cuales se terminaron definitivamente en 1607 
todas las que constituían el plan general de la Cartuja, según los 
proyectos de Juan de Colonia. 

La historia de la Cartuja se continúa enlazada si con 

nuestra historia general, y si todos los reyes van á visitarla 
el respeto que inspiraban sus monumentos artísticos y la santi- 
dad desús monjes, todos ó casi todos dejan en ella la huell 
su regia munificencia. Dos veces, por lo menos, la visitó Car- 
los V, en 1520 y en 1524, pernoctando, en laprii ita, 1, 
víspera de su entrada solemne en Burgos, y como fruto de 
visitas se construyeron las oficinas y dependencias que hacía 
necesaria la creciente importancia del monast rio. Felipe 11 vi- 



124 boletín de la real academia de la historia 

sitó la Cartuja á su paso por Burgos, cuando iba en 1 592 á cele- 
brar Cortes en Tarazona, y cuenta el cronista de esta expedición 
Enrique Cock, que admirado el Rey de la complicadísima y sun- 
tuosa obra del sepulcro de los Reyes, volviéndose á los que le 
acompañaban, exclamó: «Nada hemos hecho en El Escorial». 
Aunque haya exageración en la frase, no puede negarse que 
Felipe II era competente en la apreciación y estima de las obras 
artísticas. 

Las visitas regias se fueron repitiendo, así como las de prelados 
insignes y hombres de letras, atraídos por la fama de la Cartuja, 
la cual llegó un día en que desencadenó sobre ella la más horri- 
ble tempestad que podía provocar el rayo de la guerra. Su fama, 
en efecto, llevó á ella á los soldados napoleónicos, que la saquea- 
ron y profanaron sin piedad, y cuando la catástrofe estaba consu- 
mada, en Noviembre de 1808 llegó á sus puertas el Emperador, 
que no encontrando ya otra cosa que admirar sino sus magníficos 
sepulcros, proyectó llevárselos á París, idea que hubiera realizado 
si las vicisitudes de la guerra de España no hubiesen trastornado 
el curso de sus victorias. 

Pasada la tormenta, volvieron los monjes á la despojada Car- 
tuja en 1 8 14, y cuando con gran dificultad y penuria iban res- 
taurando el casi derruido convento y recobrando algunas de sus 
antiguas joyas, de nuevo volvieron á correr para Miraflores díasde 
luto y de desamparo que, con varia fortuna, acabaron por redu- 
cirlo á simple museo provincial, en cuyo destino hubiera corrido 
la suerte de otros muchos, si un arzobispo de Burgos, dolido de 
la triste suerte que esperaba al monumento, sin protección eficaz 
y sin vigilancia, no hubiera empleado su influencia personal con 
los poderes públicos para rescatarlo de aquella situación preca- 
ria, obteniendo del Estado la cesión de todo el monasterio, que 
quedó desde Abril de 1 864 declarado patrimonio de la mitra de 
Burgos. Así se salvó del peligro que le amenazaba, cuando ya se 
hallaba tan acometido por el despojo y por las ruinas. Pero á la 
obra del Sr. Puente y Primo de Ribera, con ser tan importante, 
faltaba otra que ejecutó su sucesor D. Anastasio Rodrigo de Yusto, 
elcual, en el año de 1880 restableció en la Cartuja á sus antiguos 



LA CARTUJA DE MIRAFLORES EN BURGOS 125 

moradores y dueños que, con la ayuda del arzobispo, el concurso 
de los fieles y la ayuda de los amantes de las glorias burgalesas, 
fueron reedificando el convento, mejorando sus servicios, deco- 
rando su iglesia y sus capillas y reparando, en cuanto alcanzaban 
sus fuerzas, tantos años de desolación y de muerte. 

Hoy el edificio del convento, sin aquellos muebles y aquellos 
cuadros que lo enriquecieron en los pasados siglos, desnudo y 
sin ornatos artísticos, se halla bien conservado por los laboriosos 
cartujos, que emplean en repararlo su trabajo personal, que es 
mucho, y el escaso ahorro de las limosnas de que se mantienen. 

En cuanto á la iglesia y las capillas no se puede negar que 
bajo el dominio de los arzobispos se han conservado con solici- 
tud y con esmero, aunque los prelados de hoy no puedan siguir 
el impulso de aquellos sus antecesores, que empleaban cuantiosas 
sumas en levantar iglesias, colegios y hospitales. 

Por eso la Ponencia al afirmar, como no puede menos de afir- 
marse, que la iglesia y capillas de la Cartuja de Miraflores cons- 
tituyen un monumento nacional y de primer orden, desearía ver 
que si el Estado se decide á hacer esta declaración en la Gaceta, 
lo haga en términos'en que deje á salvo la conducta dignísima de 
los arzobispos de Burgos, que desde hace cincuenta años lo han 
tenido bajo su custodia y á los cuales se debe el que se haya sal- 
vado del espantoso naufragio en que han perecido tantos y tan 
admirables monumentos españoles, oficialmente declarados 
como tales. 

La Academia, en su alto juicio, acordará lo más conveniente. 
Madrid, 20 de Noviembre de 1916. 

Manuel Pérez Villamil. 

Adición propuesta por el señor Barón de la Vega de 

Hoz, y que aunque no fué aprobada por la Academia, 

se acordó su publicación con el informe. 

Pero contando el Estado con muy limitados recursos para 
gastos de restauración y custodia de los monumentos públicos, 
no se debe aumentar innecesariamente las oblij contraí- 



12Ó BOLETÍN DE LA. REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

das, y hallándose en perfecto estado el famoso monumento de 
Burgos, ya por el exquisito celo del Excmo. Sr. Arzobispo, ya 
también por los cuidados de la Comunidad que ocupa el edificio, 
podría suspenderse la declaración oficial que se solicita, hasta el 
momento en que se alteren ó desaparezcan las favorables con- 
diciones en que hoy se encuentra la maravillosa Cartuja de 
Miraflores. 



VI 

DOCUMENTOS DE COLÓN DE LA CASA DUCAL DE VERAGUA 

Con fecha del 6 de Septiembre del año de 1915, el Duque de 
Veragua representó al Ministerio de Instrucción pública y de Be- 
llas Artes, que «ante el temor de que contingencias futuras pu- 
dieran ocasionar que los documentos que posee relativos á Cris- 
tóbal Colón y al descubrimiento de América sean disgregados ó 
cedidos al extranjero, se honraba en ofrecerlos al Gobierno de 
Su Majestad por si, respondiendo á su más vivo deseo, tenía á 
bien que fuesen perdurablemente unidos á otros que conserva 
como reliquias sagradas de tan glorioso suceso, á cuyo fin ha obe- 
decido la constitución reciente del Museo Americano en el Ar- 
chivo de Indias de Sevilla». Aunque al solicitante no se le oculta- 
ba la dificultad de una tasación exacta del valor de los referidos 
documentos, y no habiendo de tomar por base de apreciación la 
que de ellos se hicier-a por otros gobiernos ó entidades de países 
más favorecidos por la fortuna, ateniéndose al dictamen de per- 
sona de tan reconocida autoridad en la materia como el digno 
miembro del Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y 
Arqueólogos, D. Antonio Paz y Mélia, segundo jefe que fué al- 
gún tiempo de la Biblioteca Nacional, y durante muchos años 
jefe de su Sección de manuscritos, el cual, después de examinar- 
los y describirlos uno á uno, había estimado su valoración en un 
millón ciento cincuenta mil pesetas, en esta cantidad los ofrecía 
para su adquisición por el Estado, si con ella se conformaba éste, 
después de que el Ministerio agotase los trámites informativos de 



DOCUMENTOS DE COLÓN DE LA CASA DUCAL DE VERAGUA 127 

todas las Corporaciones llamadas por la competencia superior de 
su propia naturaleza y en conformidad con las disposiciones vi- 
gentes para tales casos. 

Por decreto del 7 de Septiembre, se dispuso informara sobre 
el particular el Archivo Histórico Nacional, cuyo director pidió 
al Duque de Veragua franquease los documentos referidos para 
poder examinarlos de visn á los oficiales jefes del Archivo, don 
Manuel Magallón y Cabrera y D. Miguel Gómez del Campillo, 
quienes en 26 de Febrero del año de 1916 emitieron su informe, 
en el cual, después de confirmar que la colección se compone 
de noventa y siete documentos y un libro, originales unos y con 
testimonio autorizado otros, de los que cuarenta eran autógrafos 
del Almirante, y de declarar que todos los referidos documentos 
se hallan en buen estado de conservación por la diligencia y es- 
mero con que han sido cuidados por los ilustres antecesores del 
poseedor oferente, eran de parecer: l.°, que los documentos que 
S2 ofrecen en venta tienen un valor excepcional por ser los do- 
cumentos más importantes del descubrimiento de América, sien- 
do, por tanto, evidente que deben custodiarse en nuestros Ar- 
chivos nacionales para evitar el riesgo de que fueran á enriquecer 
colecciones extranjeras; 2.°, que aunque dichos documentos han 
sido publicados y muchos hasta fotografiados en obras españolas 
y de otros países, principalmente en la de D. Martín Fernández 
de Navarrete, titulada Colección deviajcsy descubrimientos, no por 
eso pierden su valor intrínseco, por ser los justificantes más inme- 
diatos y precisos de aquel memorable suceso; 3. , que en cuanto 
a la tasación, no tienen ni hay medios de hacer un examen com- 
parativo del valor de dichos documentos con otros análogos qu< 
de presente ó con anterioridad hayan salido á la venta en los 
principales mercados del mundo, por lo que los mencionados in- 
formantes no se atrevían á confirmar ni á modificar la tasación 
que el oferente había expuesto con relación al Sr. Paz y Mélia, 
aun reconociendo la excepcional competencia de éste y su gran 
peso en estos asuntos, por cuya razón opinaban que se lu 
presente lo acontecido en la valoración propuesta para la adqui- 
sición del importante archivo de las casas ducales de Osuna \ 



128 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

del Infantado, en el que se había llegado á reunir como el com- 
pendio de la Historia de nuestras más principales instituciones, 
con multitud de documentos originales y autógrafos de persona- 
jes que directamente intervinieron en notables sucesos de nues- 
tra Historia, y 4. , que, por tratarse de documentos tan impor- 
tantes y de la considerable suma que por ellos se pedía al Esta- 
tado, entendían conveniente pasase el asunto á las corporaciones 
científicas y técnicas, es decir, á la Real Academia de la Historia 
y á la Junta Facultativa del Cuerpo de Archiveros, los cuales, con 
sus especiales conocimientos y autoridad, podrían señalar el ver- 
dadero valor de tan venerables monumentos del glorioso descu- 
brimiento de América. 

Conformándose con este dictamen, la Subsecretaría de Ins- 
trución pública hizo pasar el expediente, en 10 de Marzo, á la 
Junta Facultativa de Archivos, Bibliotecas y Museos, la cual se li- 
mitó á hacer suyo el informe pericial de los dignos oficiales y jefe 
del Archivo Histórico Nacional; en cuya virtud, en 15 de Junio 
último se decretó informase esta Real Academia, más con la nota 
precisa de que había de tenerse en cuenta que no se trata tanto 
de la importancia de los documentos ofrecidos ni de la conve- 
niencia de su adquisición, las cuales, «por referirse á una casa 
ilustre y á un acontecimiento principalísimo en la historia mun- 
dial, están fuera de toda controversia, sino de fijar con el mayor 
acierto la cuantía de la tasación». 

A pesar de esta terminante recomendación de la Subsecreta- 
ría de Instrucción pública á la Academia, los Académicos desig- 
nados para llevar á efecto este estudio, no hubieran podido des- 
empeñar tan difícil cometido sin un nuevo estudio de la docu- 
mentación ofrecida y sin una nueva apreciación de la importan- 
cia intrínseca de la misma, pues lo primero correspondía á la fe 
de su intervención en este asunto, y lo otro á los fueros de su 
propia competencia. Así, pues, del examen practicado por la 
Comisión de la Academia resultan los hechos siguientes, que 
había que tomar en cuenta para proceder á su posible valora- 
ción. La colección de los documentos ofrecidos, comprende no- 
venta y siete relativos á Colón: l.°, una Provisión original dada 



DOCUMENTOS DE COLÓN DE LA CASA. DUCAL DE VERAGUA 129 

por Cristóbal Colón (núm. 40 del Catálogo hecho por el Sr. Paz 
y Mélia; 2.°, trece cartas autógrafas de Cristóbal Colón (números 
46, 47, 48, 50, 51, 52, 53, 54, 55, 56, 57, 58 y 59); 3.°, una mi- 
nuta autógrafa de Colón (núm. 41), y una carta original del 
mismo (núm. 60); 4. ; una copia de carta de Colón á Su San- 
tidad (núm. 44); 5-°, sesenta cartas originales, en su mayoría 
de los Reyes Católicos y del Emperador-Rey Carlos V, algunas 
del Cardenal Ximénez de Cisneros y otras del Rey de Portugal, 
todas ralativas á Colón (núms. I, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10, II, 12, 13, 
14, 15, 16, 17, 18, 19, 20, 21, 22, 23, 24, 25, 27, 28, 30, 31, 32, 
33. 34, 35, 36, 37, 3§, 39, 42, 43, 45, 62, 63, 64,65, 66, 67, 69, 
70, 71, 72, 75, 76, 77, /8, 81, 82, 83, 91, 92, 93 y 94); 6.°, diez 
documentos testimoniales relativos al Almirantazgo de Sevilla; 
7. , treinta notas autógrafas de Colón puestas al dorso de los do- 
cumentos (núms. 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, IO, II, 12, 13, 17, 18, 19, 
20, 21, 25, 26, 28, 29, 30, 32, 33, 35, 36, 38, 39, 42, 43 y 44, y, 
finalmente, un Libro de los privilegios otorgados á Colón, que 
contiene traslados de documentos relativos al mismo. 

La Real Academia de la Historia, como depositaría de las me- 
morias insignes de la Nación, como Cuerpo científico destinado 
á honrar con las luces de la erudición y de la investigación docu- 
mental y crítica las glorias patrias, ni puede, á nuestro juicio, ta- 
sar esas reliquias del honor nacional, cuyo valor de erudición y 
de crítica está ya descartado en el palenque de la historia ame- 
ricana, ni menos entraren regateos y ajustes con el heredero del 
Almirante que puso en las manos de España la llave del Nuevo 
Mundo, para que estas reliquias pasen de su Archivo familiar al 
tesoro de la nación, y no á formar parte de su acervo histórico, 
donde ya existen, á disposición de los investigadores y críticos, 
sino de su patrimonio monumental, y aun, si esto es poco, del 
altar en que todo español rinde el homenaje de su amor y su ve- 
neración a la madre patria. 

Si el dueño de tan sagradas reliquias les ha señalado un valor 
numérico, si ha hecho de ellas un avalúo conforme á sus aspira- 
ciones personales ó al dictamen de personas de su estimación 
propia, bien está y digno es de todo respeto, sin que nos toque 

TOMO LXX 9 



130 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

á los demás penetrar en el terreno de e.-as altas y nobilísimas- 
afecciones. Lo que á nuestro juicio cabe en este caso singular, 
por las circunstancias del oferente y las del Estado, que ha de acep- 
tar la oferta, es que el Duque de Veragua y el Ministro de Instruc- 
ción pública busquen una solución armónica, aportando el pri- 
mero su alto patriotismo y sus gloriosas tradiciones de familia, 
para sacrificar á España una parte de sus pretensiones, atendidas 
las circunstancias por que estamos pasando, y el otro, ósea el re- 
presentante del poder público, el conocimiento exacto de los 
medios de que hoy dispone el Estado para hacer, por su parte, 
otro sacrificio en aras de la honra nacional. Sólo así entienden 
los Académicos que suscriben podrá llegarse á una solución sa- 
tisfactoria; pues la Academia de la Historia, con su alta sa- 
biduría, ni puede saber, ni mucho menos tasar, el sacrificio de 
que sea capaz el ilustre Duque y los recursos de que hoy puede 
disponer el Estado para una obra de carácter moral en que no 
se cruzan por de pronto las necesidades urgentes de la vida 
pública. 

Son tan altas y calificadas las entidades que concurren á este 
asunto, es de suyo tan complejo y tan afectivo, tan ajeno á las 
prácticas de la contratación mercantil, que terciar en él, ni pare- 
ce respetuoso para los que intervienen, ni propio de una Corpo- 
ración científica como la Academia de la Historia. Bástela á ésta 
declarar y repetir que esos documentos, por el valor 'moral que 
representan para la Historia de España y del mundo, no deben 
salir de nuestro solar patrio, aunque impongan un sacrificio, que 
ella no puede tasar, á la Hacienda pública, pues, según sentencia 
de Quevedo, más conviene perder intereses que ganar deshonra. 

Tal es el parecer de los Académicos que suscriben, que some- 
ten respetuosos al de la Academia. 

Madrid, i.° de Diciembre de 1916. 

Vicente Vignau. 

Manuel Pérez Villamil. 

Juan Pérez de Guzmán y Gallo. 



RESUMEN DE GEOGRAFÍA, HISTORIA DE ESPAÑA Y UNIVERSAL 131 



VII 

RESUMEN DE GEOGRAFÍA ESPECIAL DE ESPAÑA, RESUMEN 
DE HISTORIA DE ESPAÑA Y RESUMEN DE HISTORIA 

UNIVERSAL 

En cumplimiento de lo preceptuado en la R. O. de 28 de Fe- 
brero de 1908, la Subsecretaría de Instrucción Pública y Bellas 
Artes remitió á informe de esta Corporación las obras de que es 
autor el Catedrático del Instituto de Tarragona D. Rafael Mon- 
tes Díaz, tituladas Resumen de Geografía especial de España, Re- 
sumen, de Historia de España y Resumen de Historia Universal. 

El académico que suscribe, que tuvo la honra de ser designa- 
do por el Sr. Director para proponer dictamen, ha examinado 
las tres mencionadas obras, respecto de cada una de las cuales 
pasa á exponer el juicio que le han merecido, no sin consignar 
antes que todas tres tienen finalidad predominantemente didác- 
tica, pues están destinadas á facilitar las enseñanzas que el autor 
da en cátedra como profesor de las mismas asignaturas. 

En el Resumen de Geografía especial de España hay que seña- 
lar, con elogio, la importancia que el autor concede, con el título 
de «Geografía física particular», á las regiones geográficas natu- 
rales, que estudia por vertientes y cuencas como antecedente de 
la «Geografía política particular», en la que hace la descripción 
de las provincias correspondientes á cada región histórica, cuyo 
fundamento había expuesto ya en la primera parte del libro, ó 
sea en la «Geogratía general física y política». 

En todo estudio de Geogratía descriptiva, los detalles, las parti- 
cularidades, el análisis, en suma, de los hechos, que son innume- 
rables y variadísimos, es tarea muy expuesta á contradicción y á 
error, ya por la dificultad de tener presente en todo momento el 
conjunto de datos y la crítica y deducciones que éstos sugieren, 
y que son base necesaria para formar después la id al <> 

sintética del país que se describe, ya por la fuerza enorme que 
tienen la tradición, la rutina, la creencia 6 la opinión general res- 



132 boletín de la real academia de la historia 

pecto á hechos que de unos á otros autores y desde tiempo in- 
memorial van pasando y admitiéndose como ciertos, aunque no 
estén de acuerdo con la realidad de las cosas. 

No hay, pues, que leer con extrañeza en la obra á que me re- 
fiero párrafos en que, refiriéndose el autor á un mismo hecho 
geográfico, hace afirmaciones distintas, ó consigna datos que 
pueden inducir á error respecto á la naturaleza y condiciones de 
tal ó cual país. 

Así, por ejemplo, la cordillera ibérica, que durante años y años 
ha venido apareciendo en libros y mapas, aparece también en 
varias páginas del libro del Sr. Montes, quien, sin embargo, sabe 
que no hay tal cordillera, puesto que en otra página habla del 
sistema ibérico, que no tiene, dice, los caracteres de una verda- 
dera cordillera, por carecer las elevaciones de que se compone 
del enlace necesario. En el capítulo relativo á los dominios espa- 
ñoles del África occidental, exagera la capacidad productiva de 
alguna de nuestras colonias, y acaso por no precisar bien la de- 
marcación, se mencionan los productos del territorio español del 
Sahara, en forma tal que pudiera creerse que obtenemos de él 
trigo y otros cereales. 

Claro que esto no afecta al valor didáctico que, en términos 
generales, tiene la obra del Sr. Montes. 

Consideracione análogas pueden hacerse con relación á los Re- 
súmenes de Historia Universal y de España. También en la His- 
toria hay hechos y más hechos, algunos ni bien conocidos aún ni 
apreciados de igual modo, y la dificultad de exponerlos y juzgar- 
los aumenta cuando es preciso hacerlo de modo compendioso, 
sin campo suficiente para explicar ó dar la razón del hecho ó con- 
cepto que se expone. Agregúese á esto el continuo trabajo de 
los investigadores y críticos que niegan hoy lo que ayer se ad- 
mitía como artículo de fe, el punto de vista distinto en que aqué- 
llos se colocan para juzgar de tal ó cual hecho, personaje ó pe- 
ríodo histórico, la necesidad absoluta de hacer valer la discreción 
en lo dudoso, la sobriedad en los juicios, la claridad y concisión 
en el lenguaje, de tal modo que el compendio no sea una lista ó 
tabla de hechos mejor ó peor eslabonados dentro del orden de los 



RESUMEN DE GEOGRAFÍA, HISTORIA DE ESPAÑA Y UNIVERSAL 1 33 

tiempos, sino conjunto armónico de cuadros sintéticos cronológi- 
camente enlazados por la relación lógica de causa á efecto, y en 
los que á la vez resalten el acierto en la elección de lo dudoso y 
lo culminante, y el arte de presentar los hechos en forma tal, que 
se comprendan y aprecien en su verdadero valor con el menor 
esfuerzo intelectual posible. 

Como se ve, son muchas las dificultades que ofrece un buen 
compendio de Historia. Ha procurado vencerlas el Sr. Montes, y 
justo es decir que en gran parte lo ha conseguido, acaso más en 
la Historia Universal que en la Historia de España. 

En aquélla, sobrio en la narración de los hechos, prefiere seña- 
lar bien los caracteres generales y comunes y los elementos pre- 
ponderantes de la civilización en los pueblos antiguos y en las 
épocas y períodos de la Edad Media, terminando la obra con un 
buen resumen de la acción colonizadora europea y del desarrollo 
y caracteres de la civilización moderna. 

En la Historia de España se extiende más en la narración de 
los hechos, y respecto de algunos parece que desconoce moder- 
nas investigaciones ó que si las conoce no le han convencido los 
investigadores, y se atiene á la versión que se venía admitiendo. 
Es de notar también que prescinde del sincronismo generalmente 
aceptado para la historia española de la Edad Media. Así, por 
ejemplo, terminado el período visigodo, entra en el estudio de la 
España musulmana, y lo continúa hasta la conquista de Granada, 
retrocediendo después á los primeros años del siglo vin, para 
empezar con Don Pelayo la historia de las monarquías asturiana, 
leonesa y castellana, hasta la muerte de Enrique IV\ Y de nuevo 
vuelve atrás para resumir desde sus orígenes la Historia de 
Navarra. 

Aunque, como ya he indicado, la mayoría de los autores que 
escriben compendios de Historia dan preferencia al sincronismo, 
preciso es reconocer que la cuestión de método es materia opi- 
nable, y que el hecho de adoptar el método cronológico 
geográfico ó el sincrónico, no autoriza para negar mérito á obras 
que, como las del Sr. Montes, lo tienen bajo otros muchos con- 
ceptos, á juicio del que suscribe, por lo cual propone que se nía- 



134 boletín de la real academia de la historia 

nifieste á la Subsecretaría de Instrucción Pública y Bellas Artes, 
que los Resúmenes de Geografía especial de España, de Historia 
Universal y de Historia de España, escritos por el Catedrático 
Sr. D. Rafael Montes Díaz, merecen aprobarse desde el punto de 
vista didáctico para que puedan servir al autor de mérito en su 
carrera. 

Madrid, 10 de Noviembre de 1916. 

Ricardo Beltrán y Rózpide. 



VIII 

EPÍGRAFES ROMANOS DE LA CIUDAD DE ADRA 
EN LA PROVINCIA DE ALMERÍA 

1 

Es poético é inédito, y debe juntarse á los veintitrés reseña- 
dos por Hübner bajo los números 1. 978-2.000. El tipo gráfico 
'de sus letras es en todo igual al de otro poético gaditano (i) que 
saqué á luz y traduje en el tomo xn del Boletín, págs. 354 

Y 355- 

Por mala suerte, este Abderitano se reduce á un fragmento, 
que, teniendo en cuenta la extensión natural de sus dísticos, 
viene á ser como la cuarta parte del monumento original. 

Acerca de esta joya literaria del primer siglo del imperio, 
D. Leopoldo Segado Anguino, individuo Corresponsal de la Real 
Diputación Arqueológica y Geográfica de Almería, natural y 
vecino de Adra, me dice lo siguiente (2): 

(1) Mármol blanco, cuadrilongo, que mide 17 por 22 centímetros: 

Contegit hic tumulus dúo pignora cara parentum 

Indicat et titulus nomine quo fuerint. 
Sors prior in puero cecidit; sed flebile fatum, 
Tristior ecce dies renovatmale volnera sana. 
Et modo quae fuerat filia nunc cinis est. 
Festiva ann(orum) xi, Sodalis annicul(us) h(ic) s(iti) s(urrt). 
S(itj v(obis) t(erra) l(evis). Rogatus dat. 

(2) Carta de 19 del Noviembre de 19 16. 



EPÍGRAFES ROMANOS 



'35 

«La inscripción, de la que le mandé calco, es de mi propiedad. 
Está grabada en un trozo de mármol blanco, de 13 centímetros 
•de ancho por ocho centímetros de alto. Me la hallé yo mismo, 
haciendo excavaciones, en mi afán de investigación*, el 15 de Di- 
ciembre de 1897, en el cerrillo de Montecristo, donde estuvo 
asentada la antigua Abdcra. La inscripción estaba enterrada á 
poco más de medio metro de la superficie, á la mitad del cerro, 
mirando al Sur, ó sea á unos 100 metros al Norte de donde está 
actualmente situada la ermita de San Sebastián. El cerro de 
Montecristo está hoy á dos kilómetros del mar; pero es fama 
que en tiempo de los fenicios las olas rompían al pie de su falda. 
De este alejamiento del mar el terreno suministra pruebas abun- 
dantes. Gustoso le mando la fotografía que me pide de esta ins- 
cripción.» 

Hasta aquí el Sr. Segado Anguino. 

Esta inscripción, al tenor del tipo cursivo de sus letras y del 
clásico de sus versos, fácilmente se coloca en tiempo de Augusto 
ó de Tiberio (i). Literato era su autor y quizá maestro de gra- 
mática, como el Auctus paedagogits de la inscripción 1.901. Lo 
cierto es que ambos dísticos aluden á Creúsa, víctima de las lla- 
mas que abrasaron á Troya, y cuya sombra, que habla con Eneas, 
evocó Virgilio en aquellos sentidos versos: 

Inde domum, si forte pedem, si forte tulisset (2), 
Me refero. Irruerant Danai, et tectum omne tenebanL. 
Ilicet ignis edax summi ad fastigia tecti 
Volvitur, exsuperant flammae, furit aestus ad auras. 
Ouaerenti et tectis urbis sine fine furenti 
Infelix simulacrum atque ipsius umbra Creusae 
Visa mihi ante oculos, et nota maior imago. 
Jamque vale et nati serva communis amorem. 

Tan pronto como recibí el calco y la fotografía de la inscrip- 
ción, parecióme ser de un párvulo; pero mirando bien el mi- 



(1) Hübner: Exempla scripiurae epigraphicat huí,, a . aútns. 227, Miay 

1. 1 13. Berlín, 1885. 
(1) Creúsa. 



'36 



BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 




■2 



O 



EPÍGRAFES ROMANOS I37 

raeral roto que indica los años de la edad de la persona difunta, 
opino que es LX, mayormente comparando la X de este número 
con la consonante final del primer pentámetro, ó del adjetivo 
edax en el renglón segundo. 

Suponiendo, pues, que el monumento fué dedicado por el pa- 
dre de una prole, huérfana de su madre, conjeturo que la inscrip- 
ción puede integrarse así: 

[Coniugis, /ieu, sanctae cinis hic est umbra" 1 que tantum, 

[Caelera ?iam ventis inlulii ig]nis edax. 
[ Quantumcumque mihi provecía cucii'rrerit aetas 
[ Cara paternalis pignora" serval amor. 
[Creusis h{ic) s(ila) e[st). Vixit] ann(os) LX. Siit) [l(ibi) tierra) l(evis . 

Aquí tan solo quedan 
la sombra y la ceniza 
De una esposa adorada. Lo restante, 
Entrególo á los vientos 
Devoradora pira. 

Mientras, ya largo, dure 
El curso de mi vida, 
He de guardar amor y dar amparo 
A la prole, que suya 
Ha sido, y es la mía. 
Créusis aquí está. Vivió 6o años. Séate la tierra ligera. 

Para idear los suplementos del último renglón, me han servido 
tres inscripciones: dos de Adra (1993 y 1994) y otra de Vera, 
la hética Baria, en la provincia de Almería, 

AEMILIA 
CREVSI S • VA LE 

La raíz de su descubrimiento la publiqué en el tomo lii 
Boletín, pág. 529, no sin advertir que sus letras «se 
mas, del primer siglo, careciendo de travesano la A> (í). 



(1) El dibujo puede verse en el tomo xiv de las Memorias 

Academia de la Historia, pág. 478. Madrid, 1909. 



138 boletIn de la real academia de la historia 

2 

Hübner, núm. 1. 978. 

Acerca de esta lápida de mármol amarillento, rota en su parte 
inferior, que mide 40 cm. de alto por 46 de ancho, me escribió 
el Sr. Segado Anguino: 

«Nunca estuvo en casa de D. Pedro del Trell. Primitivamente 
estaba en casa del que fué capitán de la Compañía Urbana y uno 
de los gobernadores de esta plaza, D. Diego Felipe Enríquez, 
que murió aquí, en Adra, el año 1 7/6, según he comprobado en 
el archivo de la Iglesia. Que ese fué su emplazamiento lo -asegura 
Bayer; y para cerciorarme he estado en esa casa, que hoy es de 
D. Juan Manuel López de Navia, con tal objeto; y en efecto, á 
la subida de la escalera observé las huellas del hueco donde es- 
tuvo emplazada. No sé cuándo ni cómo la trasladaron; pero es 
lo exacto que se la llevaron á casa de D. Miguel del Trell, herma- 
no del D. Pedro que Hübner cita, y que allí está, en el patio, á la 
izquierda entrando, embutirla en la pared como á unos dos me- 
tros del suelo. 

La parte inferior, completamente tapada por los blanqueos de 
cal, estaba ilegible. Tenía una corteza de medio centímetro, que 
á fuerza de lavar y raspar hice desprender hasta quedar comple- 
tamente á la vista, como usted lo verá en el calco y en la foto- 
grafía que le envío.» 

Del calco resulta que en los primeros renglones las letras al- 
canzan la altura de cinco centímetros. 

Aíarciae C(aí) f{iliaé) Celsae, sacerdoii perpetuae domus d(ivi) [A(u%ust/)\ 
ex aer[e conlato Res p{ubl¿cá). Abder{itanorwn)^\ 

A Marcia Celsa, hija de Cayo, sacerdotisa perpetua de la Casa del divo 
Augusto, erigió la República Abderitana por subvención comunal este 
monumento. 

Casa del divino Augusto, se llama en este apígrafe la que en 
otros augusta, por ejemplo en Arjona (2.105, 2.115 y 2.116), 
donde respectivamente se nombran un pont'ifex domus augustae, 
un pontifex divi angustí y un augustalis perpctuus. Sin ir tan 
lejos, en la misma ciudad de Adra ocurre (1-979) un duumvir, 



EPÍGRAFES ROMANOS 



'39 



£■'■' .v, ••;•■'- 




Fotografía hecha por 1). Ramón Raja, fotógrafo establecido ■ 
15 de Diciembre de 1916. 

ñamen divi Angustí, el cual, con su madre sacerdos div 

gústete, dedicaron la basílica consagrada al cu 

de su esposa Livia. Esta basílica, sí mal no 

figura en el reverso de las monedas bilingü ^d», acuna- 



I4O BOLETÍN DE LA. REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

das imperando Tiberio por decreto de los decuriones del muni- 
cipio (i). 

En la necrópolis de Adra (1.989) dejó de sí recuerdo Marcia 
Stratonice, hija de Marcio Calixto; y en la de Córdoba (2.290) 
Marcia Ce/sa, hija de Cayo Marcio Celso ¡Rara coincidencia! 

La rotura inferior del epígrafe, dedicado por la ciudad de Adra 
á la sacerdotisa perpetua de su templo augusteo, impide calcular 
bien la extensión del fragmento perdido. Opino que era muy corta 
en razón de la simetría de todo el conjunto, y no menos concisa 
y elegante que la del ara erigida al Dios, señor de la guerra, por 
la ciudad de Alurgi sita en el término de la villa de Dalias, limí- 
trofe de Adra (2). Cabe, sin embargo, que el fragmento en cues- 
tión contuviese un remate mucho más largo y parecido al de una 
insigne inscripción de Antcquera (2.105): C{aio) Mummio C(ai) 
f{ilio) Quir(iua) Hispano, pont{ifici), ches et incolae m{unicipes) 
miimicipii) Flavii Lib(eri) Singijliensis) ex aere conlato ob merita 
dedernnt. 



Hübner, i. 992. PLsta lápida está, como la 2, en la casa que fué 
de D. Miguel del Trell, y es ahora propiedad de su yerno D. En- 
rique Gil de Avalle, que reside en Madrid, calle del Barquillo. 
Mide 1 8 era. de alto la inscripción por 36 de ancho. Letras altas 
25 milímetros. 

Mummia Saturnina, Q'jtiuti) üxor, h(ic) s{ita) e{st). S(it) t{ib¿) tierra) lie- 
vis). Q(uintus) Caecilins Macer h{ic) s(itus) e{st). S{if) t{ibi) tierra) l{evis). 

Mummia Saturnina mujer de Quinto, aquí yace. Séate la tierra ligera. 
Quinto Cecilio Mácer aquí yace. Séate la tierra ligera. 

Con esta inscripción se traba la 1. 995: Quieta Ciai) Mummi Ma- 
rulli seriva) annor{um) XXX, k{ic) s(ita) e{st). S(it) t{ibi) t{erra) 
¿(evis). 



(1) Véase Hübner: Monumenia linguae ibericae, núm. 136. Berlín, 1893. 

(2) Marti Domino Res/>ubt{ica) Afurg(itanorum). La publiqué y estudié 
en el tomo lvii del Boletín, págs. 121- 126. 



EFIGRAFES ROMANOS 



141 




142 



BOLETÍN de la real academia de la historia 



Hübner, núm. 1. 982. 

Grabado á puntos, he añadido el oportuno suplemento al fac- 
símile del mármol blanco, descantillado y ocupado por esta ins- 
cripción. En 1783 lo sacó á luz su tercer poseedor D. Francisco 
Pérez Bayer (i). 






\_An\nia Saló\mó]nula, an{ni) f, méns(ium) lili, die{i) I indaea. 
Annia Salomónula, judía, de un año, cuatro meses y un día. 

Hübner, buen conocedor del tiempo, indicado por la paleo- 
grafía de los monumentos romanos, adjudicó esta inscripción (2), 
á los primeros años del siglo 111, sin negar que pudiera ser más 
antigua. Sobre la forma arcaica de su A> alegó, en prueba de 
autenticidad, una inscripción extremeña, tres andaluzas y tres 
valencianas (Exempla scripturae cpigraphlcae latinae, pág. liv. 
Berlín, 1 885). 

Con anterioridad al siglo ív, arraigaron en toda España nume- 
rosas aljamas de judíos. Lo demuestran los cánones xvi, xlix 



(i) Historia general de España, que escribió el P. Juan de Mariana, 
ilustrada, en esta nueva impresión, de tablas cronológicas, notas y obser- 
vaciones críticas con la vida del Autor, pág. 359. Valencia, 1783. 

(2) La piedra original se trasladó, como lo explica Hübner, desde Adra 
á Toledo, donde probablemente se extravió, ignorándose, hace más de un 
siglo, su paradero. 



EPÍGRAFES ROMANOS i^x 

y l del concilio nacional Eliberitano (i) y la encíclica de Severo, 
obispo de Ciudadela en la isla de Menorca, fechada en 2 de Fe- 
brero de 418 (2). 

Tres epitafios hebreos, labrados bajo la dominación visigoda, 
conocemos (3): el trilingüe de Tortosa, que es, á mi parecer, de 
fines del siglo v, el Aquitano del vi y el Narbonense del vn. En 
ellos, así como en la mayor parte de los erigidos durante la 
época del imperio, predomina, ya encabezando, ya finalizando 
los textos, la menor áh, ó el áureo candelabro de los siete meche- 
ros, distintivo seguramente de la religión mosaica (4). 

Dan razón del nombre Annia, á otros preferible, dos epígrafes 
de Adra (Hübner, núms. 1. 984 y 1. 985: 

D{is) Mianibus). C. Annius [C(ai?)] f(ilws)... 
Amito la. S{it) t[ibi) tierra) l{evis). 

Creo que el diminutivo Salomonula entraña el significado de 
hija de Salomón. No de otro modo en Coria (Hübner, núm. 77 1) 
sale nombrada Albinilla Albiui f(ilia), y por igual estilo en Adra 
(I.994) comparecen Tertiola y Anniola, y en Barcelona (4.569) 
Fanstiniila. 

Reclama también explicación el sencillo nombre de la nacio- 
nalidad Judaea, el cual se lee también bajo el núm. 9.91o del 
Corpus inscriptionum graecarum. Este monumento fué hallado 
en Roma, y manifiesta que la difunta Ammia judía era natural 
de Laodicea, ciudad asiática (5). El de nuestra Salomonula, no 
indicó el lugar de naturaleza, porque sobreentiende que nació 



(1) Prohiben á los cristianos dar sus doncellas en matrimonio á los ju- 
díos, pedirles la bendición de los campos y sentarse á la m< i, ó comer 
en su compañía. 

(2) Boletín, tomo lxiv, págs. 542-544. 

(3) Véanse en mi Informe titulado Epigrajia hebrea y visigótica las pá- 
ginas 361, 363, 368, 375, 378, 379 y 3S5 del tomo xlvii del Boletín. 

(4) Cf. Leclercq: Dictionaire a" archéologie cluc'tienne, el. IV 
rís, 1913. 

(5) Entre varias ciudades de este nombre, propendo á < 

laque citan San Pablo (Co/oss., iv, 13, '5 Y I2 ) Y San J uaD evangelista 
(Apocal., ni, 14). 



144 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

donde fué sepultada. Prescinde de las fórmulas ordinarias, hic 
requiescit y otras similares. Su elegante concisión á la pequenez 
del mármol se acomoda, sin degenerar en obscuridad, por su 
misma colocación en el panteón de familia. 

A un campo quizá mayor, de estudio y de investigación, que 
el de la ciudad de Vera, en la provincia de Almería (i), se pres- 
tan las antigüedades de Adra. Las inscripciones romanas, incrus- 
tadas al correr del año 175 1, por D. José Valverde y Carreño, 
en la ermita de San Sebastián; los emblemas y letreros púnicos, 
amén del bilengüe en sus monedas autónomas; la hermosa ins- 
cripción del siglo iv antes de J. C, púnica también, delineada por 
Hübner (2); y, finalmente, las romanas del distrito de Archido- 
na (Hübner, 5.497 y 5.499), que hacen expresa mención de la 
ciudad de U/isi, reducida por D. Aureliano Fernández Guerra á 
la 'OSúaasia de Estrabón y á la villa de Ujíjar (3), ribereña del 
río Adra, pueden y deben alentar la empresa infatigable de ilus- 
tración arqueológica que ha iniciado D. Leopoldo Segado (4), y 
de la que el presente Informe es breve indicio. 

Madrid, 19 de Enero de 19 17. 

Fidel Fita. 



(1) Memorias de la Real Academia de la Historia, tomo xiv, págs. 381- 
486. Madrid, 1909. Boletín, tomo liv, págs 328-358. 

(2) Monumetita Unguae ibericae, núm. lix, Berlín, 1893. 

(3) Llamada y .:L^Li por el Edrisí, es decir, techo de la fenicia Asiar- 

té, ó de la griega Minerva, divinidad principal de Cartago, en cuyas mo- 
nedas se representa con el casco de Palas Athenéa. 

(4) En carta particular me dice que D. José Valverde nació en Adra, 
corriendo el año 1700; escribió, siendo sacerdote, un libro, inédito, sobre 
las antigüedades romanas de su patria, que había recogido; y habiendo 
muerto octogenario, fué sepultado en el presbiterio de la iglesia parro- 
quial, dedicada á Nuestra Señora. 



ADQUISICIONES DE LA ACADEMIA 

Durante el segundo semestre del año 1916. 

REGALO DE IMPRESOS 

DE SEÑORES ACADÉMICOS DE NÚMERO 

Blázquez y Delgado-Aguilera (Excmo. Sr. D. Antonio). «Vías 
romanas del Valle del Duro. — Memoria de los resultados 
obtenidos en los viajes y excavaciones practicadas en el 
año 191 5». Madrid, 1 9 16. 

Codera y Zaidín (Excmo. Sr. D. Francisco). «Colección de estu- 
dios árabes. — Estudios críticos de Historia árabe española 
(Segunda serie)». Madrid, 1917. 

Mélida (limo. Sr. D. José Ramón). «Cronología de las antigüe- 
dades ibéricas ante-romanas». Madrid, 19 16. 

Vega de Hoz (Excmo. Sr. Barón de la). «Arte Español». Año v. 
Tomo ni. Núms. 3-4. Segundo-tercer trimestres de 19 16. 

DE ACADÉMICOS HONORARIOS 

Schwab (M. Moíse). «Homélies judéo-espagnoles. — Tiré des no- 
tices et extraits de la Bibliothéque Nationale et autres biblio- 
théques. Tome xl. París, mdccccxvi. 

DE CORRESPONDIENTES NACIONALES 

Antolín, O. S. A. (Rvdo. P. Guillermo). «Catálogo de los códices 
latinos de la Real Biblioteca del Escorial». Vol. iv (S. 1. [.- 
Z. iv. 22. — Vitrinas. — índice de materias. — índice de minia- 
turas). Madrid, 1916. 

Arco y Molinero (Sr. D. Ángel del). «La primitiva Catedral de 
Tarragona: Santa Tecla la Vieja. Estudio Arqueológico». 
Tarragona, 1916. 
tomo ixx ,0 



Í4Ó BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

Escagedo Salmón (Sr. D. Mateo). «Estudios de Historia monta- 
ñesa. — Tomo i: Monte-Corbán. Apuntes para la Crónica del 
Antiguo Montasterio de Jerónimos, hoy Seminario Conciliar 
de Santander». Torrelavega, 1916. 
«Conferencia acerca de la genealogía montañesa, leída por su 
autor, D. Mateo Escagedo Salmón, el día 23 de Abril de 
1916, en el Ateneo de Santander». Santander, 1916. 

Huidobro Serna (Sr. Dr. D. Luciano). «Contribución al estudio 
del arte visigótico en Castilla». Valladolid, 1916. 

Mújica (Sr. D. Serapio de). «Las calles de San Sebastián». San 
Sebastián, 1916. 

Quintero Atauri (Sr. D. Pelayo). «Novelas ejemplares de D. Mi- 
guel de Cervantes Saavedra. III Centenario de la muerte de 
Cervantes». Ejemplar núm. 98. Cádiz. Año mcmxvi. 

Reig Casanova, Obispo de Barcelona. (Excmo. é limo, señor don 
Enrique). «Museo Arqueológico Diocesano de Barcelona 
(Acto inaugural y Catálogo de los objetos).» Barcelo- 
na, 1916. 
«Discurso del Excmo. é limo. Sr. Obispo de Barcelona en el 
acto inaugural del Museo Arqueológico Diocesano.» Barce- 
lona, 1916. 

Rubio i Lluch (Sr. D. Antoni). «La Grecia Catalana des de la 
mort de Roger de Lluria fins a la de Frederic III de Sicilia 
l 37 - l 377)»- Barcelona, 1914. 

Segarra (Sr. Ferrán de). «Sigillografía Catalana. Inventari, des- 
cripció i estudi deis segells de Catalunya». Obra premiada 
en el concurs Martorell de 1912 i publicada por l'Excellen- 
tíssim Ajuntament de Barcelona, per acord de 1 3 d'Agost 
'de 1914. Volum 1. Barcelona, 1916. 

Selgas (Sr. D. Fortunato de). «La Basílica de San Julián de los 
Prados (Santullano), en Oviedo. — Estudio de las restaura- 
ciones efectuadas en 1912-1915». Madrid, 1916. 

Serra et Vilaró (Sr. D. Joanne). «Pretiosa sive Caputbrevium 
monasterii castri cardonensis». Barcinone, mcmvi. 

Tramoyeres Blasco (Sr. D. Luis). «Archivo de Arte Valenciano». 
Publicación trimestral de la Real Academia de Bellas Artes 



ADQUISICIONES DE LA ACADEMIA 1 47 

de San Carlos, de Valencia. Año n. Núms. 2-3. 30 de Junio- 
30 Septiembre de 1916. 

DE CORRESPONDIENTES EXTRANJEROS 

Coll y Tosté (Sr. Dr. D. Cayetano). «Boletín Histórico de Puerto 
Rico». Publicación bimestral. San Juan de Puerto Rico. 
Año ni. Núm. 5» Septiembre y Octubre de 1916. 

Medina (Sr. D. José Toribio). «La Araucana de D. Alonso de 
Ercilla y Zúñiga». Edición del Centenario, ilustrada con gra- 
bados, documentos, notas históricas y bibliográficas y una 
biografía del autor. Vol. I.° Vida de Ercilla. Santiago de 
Chile, mcmxvi. 
«Juan Gómez de Almagro, el que aprobó La Araucana» . Es- 
bozo biográfico. Santiago de Chile, 1916. 
«El primer poema que trata del descubrimiento del Nuevo 
Mundo». Reimpresión de la parte correspondiente del Cario 
Famoso, de D. Luis Zapata, con un breve prólogo biográ- 
fico y cien compendiosas notas crítico-históricas hechas por 
J. T. Medina. Santiago de Chile, 1916. 

Peña (Sr. D. Enrique). «Don Francisco de Céspedes. Noticias 
sobre su gobierno en el Río de la Plata (1624-1632)». Bue- 
nos Aires, 1916. 

Tosta García (Sr. D. Francisco). «Episodios Venezolanos: El 
complot de Marzo». Caracas, 1915- (Remite dos ejem- 
plares). 

Villanueva (Sr. D. Carlos A.). «La Diplómátie frangaise dans 
l'Amérique latine». Paris, I916. 

Vising (Sr. Johan). «Miguel de Cervantes: Sártryck ur Nordisk 
tidskrift 1916». Stockholm, 1916, 

DEL GOBIERNO DE LA NA< I 

Ayuntamiento Constitucional do Madrid. «Urbanización del Ex- 
trarradio. Inaplazable necesidad de realizar dicha caí 
urbana; forma de llevarla á cabo y beneficios que sr obten^ 



148 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

clrán con su ejecución», por el Ingeniero D. Pedro Núñez 
Granes. Madrid, 19 1 6. 
«La Necrópolis». Memoria histórico-descriptiva y proyecto de 
Necrópolis, por los Arquitectos Sres. Arbós y Urioste. Ma- 
drid, 19 16. 
«Moderna terapéutica biológica. Las vacunas y sueros del La- 
boratorio municipal», por el Dr. César Chicote. Madrid, 1916. 
«La Casa de Cisneros». Madrid, 1916. 

<:Proyecto de empréstito de unificación de deudas y plan de 
obras para invertir el sobrante de la emisión, formulados 
por el Excmo. Sr. D. Martín Rosales, Duque de Almodóvar 
del Valle, Alcalde Presidente». Madrid, 1916. 

Dirección general de contribuciones. «Estadística de la contribu- 
ción sobre la riqueza mobiliaria. Año de 1912». Edición 
oficial. Madrid, 1916. 

Dirección general del Instituto Geográfico y Estadístico. «Anua- 
rio Estadístico de España». Año 11, 1915- Madrid, 1916. 

Ministerio de la Gobernación. Inspecciones generales de Sanidad. 
«Boletín mensual de Estadística Demográfico -sanitaria». 
Abril-Mayo de 19 16. 

Ministerio de Gracia y Justicia. (Dirección general de Prisiones). 
«Estadística penitenciaria». Año de 1912. Medrid, 191 5- 

Ministerio de Gracia y Justicia. «Estadística de la Administración 
de Justicia en lo civil, durante el año de 1907, en la Penín- 
sula é islas adyacentes». Madrid, 191o. 

Ministerio de Instrucción pública y Bellas Artes. Dirección ge- 
neral del Instituto Geográfico y Estadístico. «Boletín de la 
Estadística Municipal de Sevilla». Año iv. Enero-Junio, 
1916. 
«Anuario Estadístico de España». Año 11. 1915- Madrid, 1916. 

DE GOBIERNOS EXTRANJEROS 

Consulado general de la República de Guatemala en Barcelona. 

«Boletín». Año 1. Núms. 3-4. Junio-Julio de 1916. 
Dirección general de Estadística de la República Oriental del 



ADQUISICIONES DE LA ACADEMIA 1 49 

Uruguay. «Anuario para los años 19 13 y 19 14». Montevi- 
deo, 1916. 

Gobierno de la República de Chile. «Chile». Santiago de Chile, 
1915. 

Ministére des Affaires Etrangéres aux Pays-Bas. La Haye. «Re- 
cueil de diverses Communications du Ministre des Affaires 
Etrangéres aux États-Généraux par rapport a la neutralité 
des Pays-Bas et au respect du droit des gens». Imprimiere 
Nationale. La Haye, 1916. 

Ministére de la Justice et Ministére des Affaires Etrangéres du 
Royaume de Belgique. «Guerre de 1914-1916. — Réponse 
au Livre Blanc allemand du IO Mai 1 9 1 5 » . Paris, 191 5. 
«La réponse du Gouvernement belge au Livre Blanc allemand 
du 10 Mai 191 5». Etude analytique de la publication oficie- 
lle au Gouvernement belge, par Ferdinand Passelecq. Pa- 
ris, 1916. 

Ministerio de Industrias de la República Oriental del Uruguay. 
Montevideo. «Revista». Año iv. Núms. 23-26. Junio-Octu- 
bre de 19 16. 

Ministerio de Relaciones Exteriores de la República Oriental del 
Uruguay. «Boletín». Montevideo. Año iv. Núms. 7- IO. Julio- 
Octubre de 1916. 

DE LAS ACADEMIAS Y CORPORACIONES NACIONALES 

Academia Universitaria Católica (Instituto de Altos estudios so- 
ciales.) Madrid. «Anales». Año viii. Núms. 1-4. Enero-Abril 
de 1916. 

Asociación de la Librería de España. Madrid. «Bibliografía Espa- 
ñola». Año xvi. Núms. 13-23. Julio-Diciembre de 1916. 

Ateneo Científico, Literario y Artístico de Mahón. «Revista de 
Menorca». Año xx. Quinta época. Tomo x. Cuadernos 
vn-ix. Julio-Septiembre de 1916. 

Ateneo de Tortosa (Antes Orfeó Tortosí). Tortosa. «La Zuda . 
Revista cultural ilustrada. Año iv. Núms. 4°-45- Junio-No- 
viembre de 1916. 



150 boletín de la. real academia de la historia 

Ayuntamiento Constitucional de Barcelona. «Collecció de docu- 
ments histories inédits de l'Arxiu Municipal de la Ciutat de 
Barcelona. Manual de Novells Ardits vulgarment apellat 
Dietari de l'Antic Consell Barceloní». Volum xv é que com- 
pren el volum original xxx b (Anys 1649. Desembre, 1652, 
Octubre). Publicat per acord i a despeses de l'Excm. Ajun- 
tament i iniciat pels illustres Senyors Regidors D. Frederic 
Schwartz i Luna y D. Francesc Carreras i Candi. Barcelo- 
na, 1916. 

«Junta de Ciéncies Naturals: Anuari 1 91 6». Museu Martorell. 
Barcelona. 
Decanato de la Facultad de Fisiología y Letras de la Universi- 
dad Central. «La nueva penología según las leyes de su des-, 
envolvimiento histórico», por Fernando Campuzano y Hor- 
nea. Madrid, 191 5. 

«Diferencia entre la legislación matrimonial canónica antigua 
y moderna». Santiago, 1916. 

«Examen histórico-crítico de la organización familiar de los 
Aryas orientales (indios é iranios)»-, por Francisco Monedero 
y Ruiz. Sevilla, 1915. 

«Justicia de la pena de muerte y sus relaciones con la teoría 
penal clásica», por D. Teodoro Andrés Marcos. Torrelavega 
(Santander), 191 1. 

«El sufragio. — Su naturaleza. — Su carácter en la legislación 
española vigente», por D. Adolío Fernández Gutiérrez. Cá- 
ceres, 1913. 

«La cuota legal del cónyuge viudo en nuestro Código civil»,, 
por D. Carlos de la Torre y Boulin. Madrid, 1 916. 

«Derecho público argentino. — Concepto moderno del Estado», 
por J. Francisco V. Silva. Madrid, 1914. 

«Régimen municipal ib ral valenciano. — Los Jurados y el Con- 
sejo», por Ignacio Villalonga Villalba. Valencia, 1916. 
Escuela Industrial de Barcelona. «Laboratorio de estudios supe- 
riores de Química. — Enseñanza de directores de industrias 
químicas». Barcelona, 1916. 
Estado Mayor Central del Ejército. Madrid. «La guerra y su pre- 



ADQUISICIONES DE LA ACADEMIA 151 

paración». Tomo i. Núms. 3-7. Julio- Noviembre de 1916. 
«Extracto de organización militar de España.» Madrid, I 5 de 
Septiembre de 1916. 

Cabildo Catedral de Orense. «Apuntes histórico-artísticos de la 
Catedral de Orense», por el M. I. Sr. D. Manuel Sánchez 
Arteaga, Arcediano que fué de dicha S. I. C, anotados por 
D. Cándido Cid Rodríguez, Procurador eclesiástico de la dió- 
cesis. Orense, 1916. 

Cámara de Comercio de Bilbao. «Información.» Revista quince- 
nal. Suplemento extraordinario correspondientes al núme- 
ro 70. Bilbao, 31 de Agosto de 1916. 

Casa Editorial Calleja. «La Literatura Española. — Resumen de 
Historia crítica.» Segunda edición refundida y muy aumen- 
tada. Ilustrada con profusión de retratos y de reproduccio- 
nes de documentos, monumentos, etc., etc. Tomo m. El Cla- 
sicismo. Madrid, 1916. 

Central Papelera. Madrid. «Negociaciones seguidas por los fabri- 
cantes de papel españoles para importar pastas del Canadá». 
Madrid, 19 1 6. 

Centre Excursionista de Catalunya. Barcelona. «Butlletí». 
Anyxxvi. Nums. 255-262. Abril-Novembre de 1916. 

Centre Excursionista de la comarca de Bages. Manresa. «Butlle- 
tí.» Any xii. Num. 6j . Abril-Juny 1916. 

Círculo de Bellas Artes y Ateneo de Bilbao. «Idearium». Año I. 
Núms. 1-2. Mayo-Junio de 1916. Núms. 4-5. Agosto-Sep- 
tiembre de 1916, 

Comisión de Monumentos históricos y artísticos de Navarra. 
Pamplona. «Boletín.» Segunda época. Tomo vi. Núm. 24. 
Cuarto trimestre de 1915.— Tomo vil. Núms. 25-26. Pri- 
mero y segundo trimestres de 1916. 

Compañías de los Caminos de Hierro del Norte y de Madrid a 
Zaragoza y á Alicante. «Contestación á la exposición 
sentada al Excmo. Sr. Ministro de Fomento por la comisión 
de Entidades Económicas de Zaragoza». Madrid,Julio 1916. 

Compañía de los Ferrocarriles del Norte. «La Compa Nor- 

te y su personal. Datos y cifras que es preciso conocer par» 



152 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

juzgar con acierto del problema ferroviario». Madrid, 1916. 
Facultad de Medicina de Granada. «Nuevo método de operar 
en la hernia crural, por D. Antonio de Gimbernat, cirujano 
de Cámara con ejercicio de S. M. Católica, y director del 
Real Colegio de Cirugía de San Carlos de Madrid. Dedicado 
al Rey nuestro señor Don Carlos IV (que Dios guarde). Ma- 
drid, mdcclx xxxm». Granada, 1916. 
Institución Libre de Enseñanza. Madrid. «Boletín.» Año xl. Nú- 
meros 675-Ó79, 30 de Junio-31 de Octubre de 1916. 
Institut d'Estudis Catalans. Barcelona. «Butlletí de la Biblioteca 
de Catalunya». Barcelona. Any 11. Num. 5. Septembre De- 
sembre 191 5. 
Instituto general y técnico de Burgos. «Memoria acerca de su 
estado en el curso académico de 191 5 á 1916», por el doc- 
tor D. Eloy García de Ouevedo y Concellón. Burgos, 1916. 
Instituto general y técnico de Teruel. «Memoria del curso I914- 

191 5.» Teruel, 191 5. 
Instituto general y técnico de Valencia. «Memoria del curso aca- 
démico de 191 5 á 1916.» Valencia, 1916. 
Junta para ampliación de estudios é investigaciones científicas. 
Centro de Estudios Históricos. «Los caracteres y la con- 
ducta». Tratado de moral práctica por Abenhazan de Cór- 
doba, traducción española por Miguel Asín. Madrid, 1916. 

«Fueros Leoneses, de Zamora, Salamanca, Ledesma y Alba de 
Tormes». Edición y estudio de Américo Castro y Federico 
de Onís. 1. Textos. Madrid, 1916. 

«Datos documentales para la Historia del Arte español», n. 
Documentos de la Catedral de Toledo, coleccionados por 
D. Manuel R. Zarco del Valle. Tomo 1. Madrid, 1916. 

«Vías romanas del Valle del Duero». Memoria de los resulta- 
dos obtenidos en los viajes y excavaciones practicadas en el 
año 191 5) redactada por el Delegado-Director Excmo. se- 
ñor D. Antonio Blázquez y Delgado-Aguilera. Madrid, 1916. 

«Residencia de Estudiantes». Madrid. Año 1916-17. 

«Memoria correspondiente á los años 19 14 y 1915». Ma- 
drid, 1916. 



ADQUISICIONES DE LA ACADEMIA I 53 

«Documentos para la Historia escolar de España», publicados 
por Lorenzo Luzuriaga. i. Madrid, 1916. 

Junta de Patronato del Museo provincial de Bellas Artes de Va- 
lladolid. «Catálogo de la Sección de Escultura». Vallado- 
lid, 1916. 

Junta Superior de Excavaciones y Antigüedades. «Excavaciones 
en el Anfiteatro de Itálica». Memoria de los trabajos reali- 
zados en 1905, redactada por el Delegado-Director Exce- 
lentísimo Sr. D. Rodrigo Amador de los Ríos. Madrid, 191 6. 
«Excavaciones en Punta de la Vaca (Cádiz)». Memoria de las 
practicadas en 1915, presentada por el Delegado-Director 
D. Pelayo Quintero Atauri. Madrid, 1916. 
«Excavaciones en Numancia». Memoria acerca de las practi- 
cadas en el año 1915 y presentada por el Presidente de la 
Comisión Ejecutiva de dichas excavaciones limo. Sr. D. José 
Ramón Mélida. Madrid, 191Ó. 

Liga Marítima Española. Madrid. «Boletín oficial de la Liga Ma- 
rítima Española». Madrid. Año xvi. Núms. 96-98. Mayo- 
Octubre 1 916. 
«Vida Marítima». Órgano de propaganda de la Liga Maríti- 
ma Española. Madrid. Año xv. Núms. 522-539. Junio-Di- 
ciembre 1916. 

Museo Pedagógico Nacional. «La mesa y el asiento escolares». 
Madrid, 1916. 
«La Química de la Escuela primaria», por D. Edmundo Loza- 
no. Madrid, 19 1 3. 
«Bibliografía y material de enseñanza: Física-Química». Ma- 
drid, 1913. 

Observatorio del Ebro. Tortosa. «Ibérica». Revista semanal ilus- 
trada. Año ni. Núms. 131-142. Julio-Septiembre. Ni ns. [44- 
154. Septiembre-Diciembre. Núm. 1 56. Diciembre 1916. 

Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. «Boletín». 
Segunda época. Tomo x. Núm. 38. 30 de Junio de 1916. 

Real Academia de Buenas Letras de Baro ¡tín». 

Año xvi. Núms. 62-63. Abril-Septiembre de 1916. 
«Discursos llegits en la recepció pública de D. Ramón Mi- 



1 54 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

quel y Planas, el día 19 de Julio de 1914». Barcelona, 1914. 
«Discursos llegits en la Real Academia de Buenas Letras de 
Barcelona, en la solemne recepció pública de D. Luis Se- 
galá y Estalella, el día 12 de Noviembre de 19 16». Bar- 
celona. 

Real Academia de Ciencias Morales y Políticas. «Vida Munici- 
pal». Discurso leído en el acto de su recepción por el exce- 
lentísimo Sr. Conde de Romanones, y contestación del ex- 
lentísimo Sr. D. Vicente Santa María de Paredes, académico 
de número. Madrid, 1916. 
«Derecho consuetudinario y Economía popular de la provin- 
cia de Murcia». Memoria escrita por D. Mariano Ruiz-Tu- 
nes García, doctor en Derecho. Madrid, 1916. 
«Prácticas de Derecho y de Economía popular observadas en 
la villa de Añora». Memoria escrita por D. Antonio Porras 
Márquez. Madrid, 1 91 6. 

Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de Ma- 
drid. «Revista». Tomo xiv. Núms. 10-12. Abril-Junio 1916. 
Tomo xv. Núms. 1-3. Agosto-Septiembre de 1916. 

Real Academia Española. «Boletín». Año m. Tomo m. Cuader- 
nos xiii-xiv. Junio-Octubre de 1916. 
«Elogio de Miguel de Cervantes Saavedra, pronunciado por 
el Excmo. Sr. D. Antolín López Peláez, Arzobispo de Ta- 
rragona, en las solemnes honras fúnebres celebradas por la 
Real Aca.demia Española en la Iglesia de San Jerónimo de 
esta corte, el 26 de Abril de 1916, con motivo de cumplirse 
el tercer Centenario de la muerte de aquel gran ingenio». 
Madrid, 19 16. 
«Obras de Lope de Vega. Obras Dramáticas». Tomo 11. Ma- 
drid, 1916. 

Real Academia Gallega. Coruña. «Boletín». Año xi. Núms. 108- 
112. Agosto-Diciembre de 1916. Año xii. Núm. 113. Enero 
de 1917. 

Real Academia Hispano-Americana de Ciencias y Artes de Cá- 
diz. «Revista». Año v. Núms. 24-25. 2.°-3.° trimestres de 
1916. 



ADQUISICIONES DE LA ACADEMIA I 55 

«Revista». Número extraordinario correspondiente al 12 de 

Octubre de 19 16. 
«Discursos leídos en la recepción pública del Sr. D. Joaquín 
Fernández y Repeto, el día 17 de Octubre de 1916». Cádiz. 

Real Academia de Medicina. «Anales». Tomo xxxvn. Cuader- 
nos 2.°-3.° 30 de Junio de 1916. 

Real Ateneo de Vitoria. «Ateneo». Cuarta época. Año iv. Nú- 
meros 34-38. Julio-Noviembre 1916. 

Real Sociedad Arqueológica Tarraconense. «Boletín Arqueológi- 
co». Tarragona. Época 11. Núms. 1 1-12. Marzo-Agosto 191o 1 

Real Sociedad Geográfica. Madrid. «Boletín». Tomo lviii. Ter- 
cer trimestre de 1916. 
«Revista de Geografía colonial y mercantil». (Órgano oficial 
de la Sección Colonial del Ministerio de Estado.) Tomo xiii. 
Núms. 5-IO. Mayo-Octubre de 1916. 

Sociedad Castellana de Excursiones. Valladolid. «Boletín». 
Año xlv. Núms. 163- 167. Julio-Noviembre de 1916. 

Societat Arqueológica Luliana. Palma. «Bolletí». Any xxxn. 
Tomo xvi. Núms. 430-435. Juny-Novembre de 1916. 

Universidad Comercial de Deusto. «Fundación vizcaína Aguirre. 
Su razón de ser». 

Universidad de Granada. «Discurso leído en la solemne inaugu- 
ración del curso académico de 1916 á I9I7> P°r el Doctor 
D. Víctor Escribano y García». Granada, 1916. 

Universidad de Oviedo. «Discurso leído en la solemne apertura 
del curso académico de 1916-17, por el Dr. D. Rafael Acos- 
ta é Inglott, Catedrático numerario de Historia general del 
Derecho español». Oviedo, 1916. 

Universidad Literaria de Salamanca. «Discurso leído en la inau- 
guración del curso académico de 1916 a 19 17 cual 
Meneu, Catedrático de lengua hebrea y lengua arábi 
Salamanca, 1916. 
«Memoria sobre el estado de la instrucción -en esta L niversi- 
dad y Establecimientos de enseñanza de su Distrito, corres- 
pondiente al curso académico de 1914 •' EQI5, y Anuario 
para el de 1915 á 1916». Salamanca, [9] 5. 



156 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

Universidad Literaria de Sevilla. «Discurso leído en la solemne 
inauguración del curso académico de 1916 á 1917, por el 
Dr. D. Benito Arroyo y Gil, Catedrático de Patología ge- 
neral de la Facultad de Medicina de Cádiz». Cádiz, 1916. 

Universidad Literaria de Valladolid. «Discurso leído en la so- 
lemne inauguración del curso académico de 1916 á IQl 1 /, 
por D. Vicente de Mendoza». Valladolid, 1916. 

Universidad Literaria de Zaragoza. «Discurso leído en la solemne 
apertura de los estudios del año académico de 1916 á 1917, 
por el Dr. D. Francisco de Casso y Fernández, Catedrático 
de la Facultad de Derecho». Zaragoza, 1916. 

Relación de las obras remitidas por el Cuerpo facultativo de Ar- 
chiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos en 31 de Julio de 1916, 
de acuerdo con lo dispuesto en la Real orden del 22 del mis- 
mo mes y año. 

Antón del Olmet (D. Luis). «El Hidalgo Don Tirso de Guima- 
raes». Madrid. Un vol. 
«Estudio sociales» (Aquelarre). Madrid, 1915. Un vol. 
«Los Grandes Españoles». Alfonso XIII. Tomos 1 y 11. Ma- 
drid. 191 3. Un vol. 

Arderíus (D. Francisco). «De mis recuerdos». Madrid, 1914. Un 
volumen. 

Asúa (D. Miguel de). «Por carretera». Madrid, 1900. Un vol. 

Bacas y Montero (D. Darío). «Hacia la redención económico- 
social». Madrid, 1913. Dos vol. 

Balgañón (D. Pedro). Las pequeñas tragedias». Madrid. Un vol. 

Balsa de la Vega (D. R.). «Eugenio Lucas». Madrid, 1911. Un 
folleto. 

Bécker (D. Jerónimo). «Historia de Marruecos». Madrid, 191 5, 
Un vol. 

Bejarano (D. Leopoldo). «La herencia de Cánovas». Madrid. Un 
folleto. 

• Bellver Cano (D. J.). «El Corpus en Granada». Granada. Un vol. 

Bello (D. Luis). «El Tributo á París». Madrid, 1907. Un vol. 

Bermúdez (D. Alejandro). «Tres sendas». Pluesca, 1915- Un vol. 



ADQUISICIONES DE LA ACADEMIA 157 

Biblioteca lírico-dramática del siglo xix. Tomo i. Zorrilla: «El 
excolmugado». Bretón de los Herreros: «El ¿qué dirán y el 
qué se me da á mí?» V. de la Vega: «La Farsa». J. Romea: 
«El Soprano». — Tomos n y ni: «Sancho Saldaría ó el Cas- 
tellano de Cuéllar», novela histórica original del siglo xiii, 
por D. José Espronceda. Tres vols. 

Busto (D. José María del). «Cómo se forma un corazón». Ma- 
drid. Un vol. 

Cabello y Lapiedra (D. José Alaría). «Protección á la producción 
nacional». Madrid, 1914. Un vol. 

Calvo Madroño (D. Ismael). «Descripción geográfica, histórica y 
estadística de la provincia de Zamora». Madrid, 191 5. Un 
volumen. 

Cánovas (D. Antonio). «La fotografía moderna». Madrid. Un vol. 

Cases Casan (D. A.). «La cuestión religiosa en las Cortes de Cá- 
diz». Madrid, 1913. Un folleto. 

Cáscales y Muñoz (D. José). «Sevilla intelectual». Sevilla, 1896. 
Un volumen. 
«Los conflictos del proletariado». Madrid, 1912. Un vol. 

Castillo y Soriano (D. José del). «Versos de antaño». Madrid. 
Un vol. 
«Núñez de Arce». Madrid, 1907. Un vol. 

Castro (D. Luis de). «Rosa mística». Madrid, 1914. Un vol. 

Cerezo Garrido (D. Manuel). «La expiación». Madrid, 1915- Uh 
folleto. 

Crespo (D. Pedro). «Los mejores poetas contemporáneos. Ma- 
drid. Un vol. 

Díaz Fernández (D. Valero). «Los grandes problemas». Madrid, 
191 5. Un vol. 

Echarrí (D. a María de). «Diario do una obrera». Sevilla, I912. 
Un folleto. 
«Redención». Madrid, 191 5. Un vol. 

Fernández Shaw (D. Carlos). «La vida loca». Madrid, 1909- Ln 
volumen. 

Fernández Torres (D. Eleuterio). «Historia de '1 ordesillas». Se- 
gunda edición. Valladolid, 19 14. Un vol. 



I58 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

Flores (jarcia (D. Francisco). «Recuerdos de la Revolución». 
Prólogo de D. Julio Burell. Madrid, 1013. Un vol. 
«El teatro por dentro». Madrid, 1914. Un vol. 
«La corte del rey-poeta». Madrid, 1 916. Un vol. 
Galán Eguizabal (D. Félix). «Anuario obrero. 1915-» Madrid, 

1916. Un vol. 
Geijo (D. Jenaro G.). «La Guinea española y la Guardia colo- 
nial». Gijón, 1915. Un folleto. 
Gestoso y Pérez (D. José). «Guía artística de Sevilla». Sevilla, 

1914. Un vol. 

Gimeno (D. Vicente). «Método opsónico y Vacunoterapia de 
W'right. Madrid. Un vol. 

Gómez Bardají (D. Julio). «Anales parlamentarios. — Cortes de 
1910». Primera legislatura 1910-II. Madrid. Un vol. 
«Anales parlamentarios. — Cortes de 1910». Segunda legisla- 
tura 19II-14. Madrid. Un vol. 

González Pérez (D. Enrique). «Nociones de Religión y Moral». 
(2. a ed.) Zaragoza, 1911. Un vol. 

González Pérez (D. Ricardo). «Recopilación histórica de la Villa 
y Corte de Madrid y su Municipio en el Siglo de Oro de la 
Literatura». Madrid, 1913. Un folleto. 

González Salvador (D. Francisco). «Historia retrospectiva de 
Madrid». Madrid, 1914. Un folleto. 

Goy de Silva (13. Ramón), «La Reina Silencio». (Tragedia). Ma- 
drid, 191 1. Un vol. 

Guerra ]unqueiro. «Cuentos para la infancia», traducidos del 
portugués por Miguel Martínez de la Riva. Madrid, 1914. 
Un vol. 

Guillen de Castro. «Ouien malas mañas ha, tarde ó temprano las 
perderá». (Comedia de...), publicada por I). Eduardo Julia 
Martínez. Madrid, 1916. \Jn folleto. 

Guimerá (D. Ángel). «Andrónica». (Tragedia original de...), tra- 
ducción del catalán por D. Luis López Ballesteros. Madrid, 

191 5. Un vol. 

«La Miralta». (Drama original de...), traducción del catalán 
por D. Luis López Ballesteros. Madrid, 1906. Un folleto. 



ADQUISICIONES DE LA ACADEMIA 159 

Guixé (D.Juan). «Ideas de España». Madrid, 1015. Un vol. 
«Problemas de España». Madrid, 1912. Un vol. 

Gutiérrez Gamero (D. Francisco). «Legislación industrial. — Aso- 
ciación. — Huelgas. — Contrato de trabajo». Madrid, 1914. 
Un vol. 
«Legislación industrial. — El trabajo y el capital en la indus- 
tria». Tomo 11. Madrid, 1914. Un vol. 

Icaza (D. Francisco A. de). «La Universidad alemana». Madrid, 
1915. Un vol. 

Inza y Cuartero (D. Ignacio' de). «Teneduría de libros». Logro- 
ño, 1895. Un vol. 

Jeanne (Doña Julia). «Colección de cuentos escogidos» (Cuentos 
varios). Madrid, 1 91 3. Un vol. 
«La recompensa de una buena acción». Madrid, 1912. Un 
folleto. 

Jiménez Catalán (D. Manuel). «Apuntes para una bibliografía 
llerdense de los siglos xv al xvm». Barcelona, 1 91 2. Un 
volumen. 

jorreto Paniagua (D. M.) «A la Virgen María». Madrid, 1912. 
Un folleto. 

Juderías (D. Julián). «Páginas eslavas. — Cuentos y narraciones 
traducidos directamente del ruso». Madrid, 1912. Un vol. 

Lamano y Beneite (D. José de). «Santa Teresa de Jesús en Alba 
de Tormes». Salamanca, 1914. L T n vol. 

«La Ilustración Española y Americana». Revista universal enci- 
clopédica de Bellas Artes, Ciencias, Literatura, Actualida- 
des y Turismo. Año lx. Núms. 24-47. Madrid, Junio-Di- 
ciembre 19 1 6. 

Ledesma (D. Dámaso). «Folk-lore ó Cancionero salmantino». 
Madrid, 1 907. Un vol. 

Lon y Albareda (D. José). «Administración local. Año 1910. — 
Congreso de Bruselas. Años 1911 y 19 1 2. — Estudios espe- 
ciales sobre la materia». Madrid, 1912. Ujn voL 

López Ballesteros (D. Luis). «Semblanzas y cuentos». Madrid, 
1897. Un vol. 
«Raza vencida». (Drama). Madrid, 1899. Un folleto. 



1 6o BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

Lorenzo Coria (D. Martín). «España en la neutralidad». (2. a ed.) 
Madrid, 19 16. Un folleto. 

Lorenzo (D. Félix). «Portugal. — Cinco años de República». Ma- 
drid, 191 5. Un vol. 

Loyarte (D. Adrián de). «Eduardo Dato Iradier». San Sebastián, 
1914. Un vol. 

Luna Nogueras (D. Rafael). «Problemas de Química práctica». 
(2. a ed.) Valladolid, 1913. Un vol. 

Mhartín y Guix (D. Enrique) «Manual de Mecanogratía y Poli- 
copia». Madrid, 1914. Un vol. 

Mallo y Sánchez (D. Antonio). «Tratado elemental de materia 
farmacéutica vegetal». Granada, 1 872. Un vol. 

Mangada (D. Julio). «El Esperanto al alcance de todos». Madrid, 
191 1. Un folleto. 

Martín Alonso (D. Aurelio). «Diez y seis años de regencia». Bar- 
celona, 1914. Un vol. 

Martínez de la Riva (D. Ramón). «Estudios penitenciarios». 
Madrid, 1911. L T n folleto. 

Mesa Andrés (D.José). «El mal genio». (Saínete en un acto y 
tres cuadros). Madrid, 1914. Un folleto. 

Montesinos y Donday (D. José). «Comentarios á la ley de Reclu- 
tamiento y reemplazo de la Marina de la Armada y de or- 
ganización de Reservas navales». Madrid, 1916. Un vol. 

Navarro Fernández (D. Antonio). «La prostitución en la villa de 
Madrid». Madrid, 1909. Un vol. 

Navas (D. Federico). «El Solitario de la Virreya». Madrid, 19T 5- 
Un vol. 

Ortega (D. Eusebio) «Francisco de Valles, el Divinos. Madrid 
1914. Un vol. 

Pagés Costa (D. José). «El libro de los deberes». Madrid, 1912. 
Un vol. 

«Palabra (La)». Revista taquigráfica de Conferencias explicadas 
en el Ateneo de Madrid». Madrid, 1913. Dos vols. 

Pallares (D.Juan). «Nihil Novum». Madrid, 1913. Un vol. 

Parody (D. Luis). «Congreso de los animales». (Lectura popu- 
lar). Madrid, 1 897. Un vol. 



ADQUISICIONES DE LA ACADEMIA l6l 

Parral (D. Luis). «La Educación social». Valladolid, 1899. Un 
volumen. 

«Pro Patria». Número extraordinario de la Revista, Cultura His- 
pano -Americana. Madrid, 1913. Un vol. 

Ramón Lull (D. Beato). «Libre de Contemplació en Deu». To- 
mo vi. Palma de Mallorca, 1913., Un vol. 
«Libre de Contemplació en Deu». Transcripción directa por 
Moss. Salvador Galmés. Tomo vn. Palma de Mallorca, 1914. 
Un vol. 
«Libre de Sancta María». Transcripción directa por Moss. Sal- 
vador Galmés. Palma de Mallorca, 191 5. Un vol. 
«Libre de Blanquerna.» Transcripción directa por Moss. Salva- 
dor Galmés y En Miquel Terrá. Palma de Mallorca, 1914. 
Un vol. 

Ramos-Izquierdo y Vivar (D. Luis). «Descripción geográfica y go- 
bierno, administración y colonización del Golfo de Guinea». 
Madrid, 1912. Un vol. 

Ranees (D. Emilio). «Realidades y novelas». Madrid, 1900. Un 
volumen. 

«Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos». Madrid, 1916. 
(I er semestre). 3 cuad. duplicados. 

Reyes (D. Arturo). «Del Crepúsculo». Málaga, 1914. Un vol. 

Rigada (D. a María de la). «Conferencias Pedagógicas: Interven- 
ción del médico en las escuelas». Madrid, 1911. Un folleto. 

Rodríguez López (D. Isaac). «Apuntes de Higiene general: com- 
prendiendo la Higiene escolar». Barcelona, 1915- Un vol. 

Rodríguez Merino (D. Ricardo). «Obras científicas y literarias». 
Madrid, 1912. Un vol. 

Rodríguez de la Peña (D. José). «Españoles de antaño». Madrid, 
1916. Un vol. 

Romero (D. Julio). «Del Sena al Garona». Madrid, 1915- Un 
volumen. 

Sánchez Moguel (D. Antonio). «El lenguaje de Santa Teresa de 
Jesús». Madrid, 1915. Un vol. 

Santos y Compañía (D. José María de). «De la neutralidad y de 
los beligerantes». Barcelona, 1914. Un vol. 
TOMO lxx 1 ' 



1Ó2 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

Serrano de la Pedrosa (D. F.) «Las inundaciones y la repobla- 
ción forestal». Madrid, 1 886. Un vol. 
Soldevilla (D. Fernando). «El año político». Madrid, 1914-1915. 

Un vol. 
Solsona (D. Conrado). «Hojas marchitas». Madrid, 1909. Un 

volumen. 
Sosa Vinagre (D. Julián). «Legislación militar sobre documentos 

personales de Generales, Jefes y Oficiales». Madrid, 1905. 

Un vol. 
Sotelo Rey (D. Emilio). «Por la Europa Pedagógica». Ávila, 1913. 

L'n vol. 
Tato y Amat (D. Miguel). «Sol y Ortega». Madrid, 1914. Un 

volumen. 
Torre-Isunza (D. Ramón de). «La enseñanza religiosa». Madrid, 

1914. Un vol. 
Torroja (D. José María). «El problema de la orientación de las 

vistas en Foto topografía». Madrid. Un folleto. 
Tous y Maroto (D. José María). «De lo que vi en la ruta». Palma 

de Mallorca, 1913. Vn vol. 
Ubierna y Eusa (D. José Antonio). «Conflictos jurisdiccionales 

entre los poderes ejecutivo y judicial». Madrid, 191 1. Un vol. 
Valle Inclán (D. Ramón del). «La guerra carlista». Vol. ir. — «El 

resplandor de la hoguera». Madrid, 1909. Un vol. 
«Voces de Gesta. Tragedia pastoril». Madrid, 19 12. Un vol. 
«Gerifaltes de antaño». Madrid, 1909. Un vol. 
«Cuento de Abril». Madrid. Un vol. 
«Águila de Blasón». Comedia. Barcelona, 1907. Un vol. 
Várela (Benigno). «Cuartillas para mi Rey». Madrid, 1911. Un 

volumen. 
«Así es nuestro Rey». Madrid, 19 14. Un vol. 
«Las Damas españolas piden la paz». Madrid, 1915- Un vol. 
Vincenti (D. Ricardo). «Estudiosobre emigración». Madrid, 1908. 

Un vol. 
Wagner (D. Ricardo). «Los Maestros cantores de Nuremberg». 

Comedia musical. Traducción castellana literal y en prosa, 

por D. Luis París. Madrid, 1912. Un vol. 



ADQUISICIONES DE LA ACADEMIA 1 63 

Wangüemert y Poggio (D. José). «Consideraciones históricas 
acerca de las Islas Canarias». Madrid, 1900. Un vol. 
«Influencia del Evangelio en la conquista de Canarias». Madrid, 
1909. Un vol. 

Relación de impresos remitidos por el Depósito de Libros del Minis- 
terio de Instrucción Pública y Bellas Artes, procedentes del cambio 
internacional. 

American Jewish Historical Society. Baltimore. «Publications of 
the American Historical Society». N os 22-23. I 9 I 4-I5' 

«Index to the Publications of the American Jewish Historical 
Society». N os 1-20. Baltimore, 1914. 
American Philosophical Society. Philadelphia. «Transactions». 
New Series. Vol. xxn. Pars 3. Philadelphia, 191 5. 

«Proceedings». Vol. liv. N° 220. October-December, 1915. 
Vol. xv. N° 1-2. Philadelphia, 1916. 
Archivo y Museo Histórico Nacional. Montevideo. «Revista His- 
tórica». Tomo viii. N° 22. Año 1916. 
Instituto Smithsoniano de Washington. «Smithsonian Miscella- 
neous Collections. Vol. 62. N os 3-4. Vol. 65. N os 9, 11-14, 
191 5-16. Vol. 66. N° s 1-7. Washington, 1916. 

«Bureau of American Etnology: An introduction to the study 
of the Maya hieroglyphs». Bulletin 57- Washington, 1915. 
Bulletin 62. Washington, 1916. 

«Annual report of the American Historical Association for 
the year 1913». Vols. 1-11. Washington, 19 1 5. 

«The American Journal of Philology». Baltimore. Vol. xxxvi. 
Whole N os 142-144. April-December, 191 5. 

«Library of Congress. Report of the Librariam of Congress». 
June, 30, 1915. 

«Report on the progress and condition of the United States 
National Museum tor the year endingjune, 30, 1915»- Was- 
hington, 1916. 
John Hopkins University Studies. Baltimore, Maryland. < I libto- 
rical and Poliücal Science». Series xxxm. X" 4. Baltimore, 
191 5. Series xxxiv, N° I. Baltimore, 1916. 



1 64 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

Secretaría de Estado, en el despacho de Fomento, Obras públi- 
cas y Agricultura de Honduras. «Memoria 1913-1914». Te- 
gucigalpa, 191 5. 
«Memoria del Secretario de Estado en el despacho de Fo- 
rrtento, Obras públicas y Agricultura, presentada al Con- 
greso Nacional: 1914-1915». Tegucigalpa, 1916. 

Société des Antiquaires de l'Ouest. Poitiers. «Bulletin». Publica- 
tion trimestrielle. Troisiéme serie, Tome iv. N° I. I er tri- 
mestre de 1916. 

Société de Géographie et d'Archéologie d'Oran. «Bulletin». 39 e 
année. Tome xxxvi. Fase, cxlv, 2 e trimestre 1916. 

Société de Géographie de Québec. «Bulletin». Vol. 9. N° 5. 
Septembre et Octobre 1916. Vol. 10. N° 4. Juillet-Aoüt 
1916. 

Yale University Library. New Haven, Conn U. S. A. «Transac- 
tions». Vol. 20. February, 19 16. 
«The social legislation of the primitive semites», by Henry 
Schaeffer. Yale, mdccccxv. 

DE ACADEMIAS Y CORPORACIONES EXTRANJERAS 

Academia de Historia de Cartagena de Indias. «Estatuto». Car- 
tagena, MCMXVI. 

«Boletín Historial». Año 11. Núms. 18 y 19. Octubre y No- 
viembre de 1916. 
Academia Nacional de Artes y Letras de La Habana. «Anales». 
Tomo 1. Núm. I. Enero -Marzo 1916. Núm. 2. Abril- 
Junio, 1916. 

«Los optimistas. — Lecturas y opiniones. — Crítica de Arte», por 
D.Jesús Castellanos (obra postuma). Habana, 1914. 

«Poesías», por D. a Nieves Xenes. Habana, 191 5- 

«Obras completas de Enrique Hernández Miyares (Académico 
de número), ir. «Prosas». Habana, 1916. 

«Los Argonautas, la manigua sentimental, cuentos, crónicas 
y apuntes», por D. Jesús Castellanos. Tomo n. Habana, 
1916. 



ADQUISICIONES DE LA ACADEMIA 1 65 

Academia nacional de Historia y Antigüedades. Colombia. «Bo- 
letín» . Año x. Núms. 1 18- 120. Arboleda de Valencia, 
Agosto, 1916. 

Academia Nacional de la Historia de Bogotá. «Boletín». Año m. 
Tomo ni. Núm. 4. Caracas, 30 de Abril, 1916. 
«Discursos leídos en la recepción del Sr. D. Francisco Jiménez 
Arraiz, como individuo de número, el 23 de Abril de 1916». 
Caracas. 

Academia Venezolana. Caracas. «Discursos leídos en la recep- 
ción pública del Sr. Dr. D. Esteban Gil Borges, el día 12 de 
Noviembre de 1916». Caracas. 

Académie Impériale des Sciences de Petrograd. «Bulletin». vi e 
serie. N° II. 15 Juin 1916. N° 12. 15 Septembre 1916. N° 13. 
I er Octobre 1916. N° 14. 15 Octobre 1915. N° 15. I er No- 
vembre 1916. N° 16. 15 Novembre 1916. 
«Bulletin*. Petrograd. N os 1 2- 1 8. 15 Septembre-Décembre 
1914. N os 1-18. I er Février-15 Décembre 1915. 

Académie des Inscriptions et Belles-Lettres. Paris. «Comptes 
rendus des séances de l'année 1916». Bulletin de Janvier- 
Février, de Mars-Avril, de Mai-Juin 1 91 6. 

Académie Royale des Sciences et des Lettres de Danemark. 
Copenhague. «Catalogue supplémentaire des manuscrits 
grecs de la Bibliothéque Royale de Copenhague», par Ada 
Adler. Copenhague, 1916. 
«Oversigt over det Kongelige Danske Videnskabernes Sels- 
kabs Forhandlinger». N° 3. 1916. 

American Catholic Historical Society of Philadelphia. «Records». 
Vol. xxvii. N os 2-3. June-September, 1916. 

Archivo General Administrativo. Montevideo. «Rivista». (Colec- 
ción de documentos para servir al estudio de la Historia de 
la República Oriental del Uruguay), por Ángel G. Costa; 
Vol. v. Montevideo, 1916. 

Archivo Nacional. Habana. «Boletín». Publicación bimestral. 
Año xv. Núms. 3-4. Mayo-Junio y Julio-Agosto, 1916. 

Biblioteca Municipal de Guayaquil. «Boletín». Tomo 111. Números 
53 al 58. Enero-Junio de 1916. 



1 66 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

«El Problema de la Enseñanza en el Ecuador», por Alfredo 

Espinosa Tamayo. Quito, 1916. 
«Informe que Modesto A. Peñaherrera, Ministro de lo Inte- 
rior, Municipalidades, Policía, Obras públicas, etc., presenta 
á la Nación en 1916». Quito, 1916. 
«Mensaje del Presidente de la República al Congreso Nacional 

de 1916». Quito, 191Ó. 
«Informe que el Ministro de Relaciones Exteriores presenta á 
la Nación en 1916». Quito, 1916. 

Biblioteca Nazionale Céntrale di Firenze. «Bolletino delle pubbli- 
cazioni italiane ricevute per diritto di Stampa». N os 187- 192. 
Luglio-Dicembre 1916. 

Bibliotheca Nacional do Rio de Janeiro. «Annaes». Vol. xxxm. 
Rio de Janeiro, 191 5 • 
«Inventario dos documentos relativos ao Brasil existentes no 
Archivo de Marinha e Ultramar de Lisboa, organisado para 
a Bibliotheca Nacional do Rio de Janeiro, por Eduardo de 
Castro e Almeida.» m. Bahia, 1786-1798». Rio de Janei- 
ro, 1914. 
«Rodolfo R. Schuller. A Nova Gazeta da Terra do Brasil 
(Newen Zeytung auss Presillg Landt) e sua origem mais 
provavel». Rio de Janeiro, 1914. 

Bibliotheca Philologica Batava. Lugduni-Batavorum. «Mnemo- 
syne» . Nova series. Volumen quadragesimum quartum. 
Pars iii-iv. Lipsiae, 1916. 

Centro de Sciencias, Letras e Artes de Campiñas. «Revista». 
Orgam trimestral do Instituto. Anno xv. Fase. 1-11. Campi- 
ñas, 1916. 

Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario. Bogotá. «Revista». 
Vol. xii. Núm. 117. i.° de Agosto de 1916. 

Congreso Americano de Ciencias Sociales de Buenos Aires. «La 
Sección de Historia de la Facultad de Filosotía y Letras». 
Buenos Aires, I916. 

Connecticut Academy of Arts and Sciences. New Haven. «Me- 
moirs». Vol. iv. July, 191 5. (The Craniometry of Southern 
New England Indians.) 



ADQUISICIONES DE LA ACADEMIA 1 67 

Chambre de Commerce de Marseille. «L'orgueil allemand. Psy- 

chologie d'une crise», par Maurice Muret. Paris, 19L.5. 
«Les origines du Pangermanisme». Paris, 1915- 
«Le Pangermanisme continental sous Guillaume II (de i! 

á 1914)». Préface par Charles Andler. Paris, 191 5- 
«Le Pangermanisme colonial sous Guillaume II (de i! 

á 1914)». Préface par Charles Andler. Paris, 1916. 
Dropsie College for Hebrew and Cognate Learning in the City 

of Philadelphia: «'I ne Jewish Quarterly Review». New series. 

Vol. vn. N os 1-2. Juli-October, 1916.— Vol. 1. N os 1-4. July 

1910. April 191 1. — Vol. 11. N os 1-4. July 19.11. April 1912. 

Vol. ni.. N os 1-4. July 1912. April 1913. — Vol. iv. N os 1-4. 

July 1913. April 1914. — Vol. v. N os 1-4. July 1914. April 

191 5. — Vol. vi. N ÜS 1-2. July-October 191 5. 
Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos 

Aires. «Documentos para la Historia Argentina». Tomo vn. 

(Comercio, Consulado, comercio de negros y de extranjeros: 

1 791- 1 809.) Introducción de Diego Luis Molinari. Buenos 

Aires, 1916. 
Faculté des Lettres de Bordeaux et des Universités du Midi. 

«Bulletin Italien». xxxviii 6 année. Tome xvi. N° 2. Avril- 

Juin 1916. 
«Bulletin Hispanique.». T. xvm. N° 3. Juillet-Septiembre 1916. 
«Revue des Études Anciennes». Tome xvm. N° 4. Octobre- 

Décembre 1916. 
Faculty of Political Science of Columbia University. New York. 

«Political Science Quarterly»: Vol. xxxi. N 0s 2-3. June- 

September 1916. 
Supplement. Record of Political events (From November, 7, 

1915, tojuly, 31, 1916). 
Instituto Histórico e Geographico Brasileiro. Rio de Janeiro. 

«Revista». Tomo lxxvii. Parte 11. Anno 1916. 
Kaiserl. Universitats-und Landesbibliothek Stra-ssburg. «Friedrich 

des Grossen», von Frnest Boepple. München, 1915. 
«Beitráge zur Periegese des Hekataus von Milet>\ von Joseph 

Grossstephan. Strassburg, 1915- 



T68 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

«Die halleschen Juden im Mittelalter, von Siegbert Neufeld. 

Berlín, 191 5. 
«Die Kirchenpolitik der Stadt Strassburg ara Ausgang des 

Mittelalters», von Julius Mann. Strassburg, 1914. 
«Das Oberelsassin denjahren 1814-1818», von Arthur Haekfé. 

Strassburg, 1915. 
«Das rómische Sakralwesen unter Augustus ais Pontifex Maxi- 

mus», von Joseph Wilhelm. Strassburg, 1915. 
«Die katholischen Kórperschaften des Unterelsasses vor der 

Grossen Revolution», von Josef Hermann Konig. Stras- 
sburg, 1 914. 
K. Vitterhets Historie och Antikvitets Akademien. Stockholm. 

«Fornvánnen». Argangen IO. Stockholm, 191 5. 
Kassafórvaltaren i Kyrkohistoriska Fóreningen. «Kyrkohistorisk 

Arsskrift», utgifven af Hermán Lundstróm. Femtonde Ar- 
gangen 1914. Sextonde Argangen 191 5- 
«Fynd och Forskningar kritiska utflykter pa den svenska 

Kyrkohistoriens Omráde», af Hermán Lundstrón. Andra 

kaftet. Stockholm, 1915. 
Koninklijke Bibliotheek. 'S-Gravenhage. «Verslag». Over, 191 5- 

'S-Gravenhage, 1916. 
Lund Universitets Azsskrift. «Acta Universitatis Lundesis». Nova 

Series. Forsta Afdelningen, x, 1914. 
Ministerio de Relaciones Exteriores de la República Oriental del 

Uruguay. Montevideo. «Boletín». Año iv. N os 4-6. Monte- 
video, 1916. 
Museu Etnológico Portugués. Lisboa. «O Archeologo Portugués». 

Vol. xx. N os I a 12. Janeiro a Dezembro de 191 5- 
New England Historie Genealogical Society. Toledo. E. U. A. 

«Pomeroy Pamphlet». N° I. June, 1916. 
Ohio State University Scientific Society and of the Ohio Aca- 

demy of Sciences. «The Ohio Journal of Sciences». Volu- 

me xvi. N° 8. June 1916. 
Philippine Library. Manila. «Monthly Bulletin». Vol. iv. N° IO. 

June, 1916. 
R. Accademia Virgiliana di Mantova. «Atti e Memorie». An- 



ADQUISICIONES DE LA ACADEMIA 1 69 

no mcmxv. Nuova serie. Vol. vm. Pars i. Mantova, 1916. 
R. Deputazione Véneta di Storia Patria. Venezia. «Nuovo Ar- 

chivio Véneto», Periódico storico trimestrale. Nuova Serie. 

Nums. 102-103. Aprile-Settembre 1916. 
R. Societá Romana di Storia Patria. «Archivio». Roma. Vol.xxxix. 

Fase. 1-11. Armo 1916. 
Sociedad Económica de Amigos del País. Habana. «Revista 

Bimestre Cubana». Vol. xi. Núm. 2. Marzo- Abril 1916. Nú- 
mero 3. Mayo-Junio 19 16. 
Sociedad Geográfica Sucre. «Boletín». Revista mensual de His- 
toria, Geografía y Estadística. Tomo xvn. N os 185 -187. 

Enero-Marzo 19 1 6. 
Sociedad Jurídico -Literaria. Quito. «Revista». Nueva serie. 

Tomos xvi-xvii. N os 36 á 40. Mayo á Septiembre 1916. 
Sociedade de Geographia de Lisboa. «Boletim». 33 a serie. 

N os 11-12. Novembro-Dezembro 191 5- 34 a serie. N os 1-3. 

Janeiro a Margo 1916. 
Societá di Storia, Arte, Archeologia per la provincia di Alessan- 

dria. «Rivista». Anno xxv°. Serie 11. Fase. lxii. I Aprile- 

30 Giugno 1916. Fase, lxiii. I Luglio-30 Settembre 1916. 
Societá di Storia Patria. Napoli. «Archivio Storico per le pro- 

vince Napoletane». Nuova serie. Anno 11. Fase. 11-111. 25 Ot- 

tobre 1916. 
Societá Storica Lombarda. Milano. «Archivio Storico Lombardo». 

Publicazione trimestrale. Serie quinta. Anno xun. Fase. r-11. 

30 Giugno 1916. Fase. 111. 30 Ottobre 1916. 
Société Nationale des Antiquaires de France. Paris. «Bulletin». 

Pubblication trimestrielle. 2 e , 3'' et 4" trimestre 1915. I er tri- 
mestre 1916. 
Société Suisse d'Héraldique. Zurich.. «Archives Hóraldiques 

Suisses». 30 e année. N° 2. 1916. 
The Historical Society of Pennsylvania. Philadelphia. «The Penn- 

sylvania Magazine of History and Biographie». Vol. xl. 

N üs " 159-160. July-October 1916. 
Trustees of the Public Library of the City oi Boston. «Sixty- 

fourth Annual Report». Boston, 1916. 



17° boletín de la real academia de la historia 

Universidad de Cartagena. Colombia. «Revista Universitaria». 

Año l.° N os 1-4. 15 de Mayo á 15 de Agosto, 1916. 
Universidad Central. Quito. «Anales». Año iv. N os 44 á 46. 

Mayo á Julio 1916. 
Universidad de Honduras. Tegucigalpa. «Revista de la Univer- 
sidad». Año viii. N os 3-6. 15 de Marzo á 15 de Junio 1916. 

«Revista Económica». Tegucigalpa. Año v. N os IO á 12. Abril 
á Junio 1916. Año vi. Núm. I. Julio I916. 

«La Enseñanza primaria». Tegucigalpa. Año vi. N os 36-39. 
Enero-Abril 1916. 

«Ateneo de Honduras». Tegucigalpa. Año 11. N os 28-29. 
22 de Abril á 22 de Mayo 1916. 

«Boletín del Ejército». Tegucigalpa. Año 11. N os 28-30. Diciem- 
bre 1915 á Febrero 1916. N os 31-35. 15 de Julio 1916. 

«Reglamento interior para la Escuela de Comercio de Teguci- 
galpa». Imprenta Nacional. 1916. 

«Memoria del Secretario de Estado en el Despacho de Guerra 
y Marina y Marina, Dr. Francisco J. Mejía, presentada al 
Congreso Nacional: 1914 á 1915». Tegucigalpa, 1916. 

«Impugnación al Código Civil de 1898», por el Lie. Mariano 
Vasquez. Tegucigalpa, 191 5. 

«Boletín de la Secretaría de Fomento, Obras públicas y Agri- 
cultura». Tegucigalpa. Tomo v. N os vn y vm. Julio y Agos- 
to 1916. 

«Reglamento general de la Lotería Nacional de Beneficen- 
cia. 191 6». Tegucigalpa. 

«índice del contenido del Boletín de la Secretaría de Fomento, 
Obras públicas y Agricultura». Cuarto año de su publica- 
ción. Tegucigalpa, 1916. 

«Guía de Agrimensores, ó sea Recopilación de leyes agrarias», 
por Antonio R. Vallejo. Tegucigalpa, 1914. 

«Université Royale d'Upsala. «Bret och Skrifvelser af och till 
Cari von Linné med understód af svenska staten utgifna al 
Upsala Universitet». Andra afdelningen del 1. Upsala, 1916. 



ADQUISICIONES DE LA ACADEMIA 1 7 I 



DE PARTICULARES NACIONALES 



Alcover, Pre. (Mn. Antoni M. a ). «Contarelles d'en Jordi des Me- 
co». Segona edició. Ciutat de Mallorca, 1915» 
«Aplec de Rondaies Mallorquines d'en Jordi des Recó». Segona 
edició. Tom i-vn. Ciutat de Mallorca, 1904- 1906. Amb lle- 
cencia de la Autoridat Esglesiástica. 
«Bolletí del Diccionari de la Llengua Catalana». Tom i-vm. 
Ciutat de Mallorca, 1902-1915. 

Almenas (Excmo. Sr. Conde de las). «Demostración gráfica de 
los errores artísticos de D. Vicente Lampérez en Burgos». 
Madrid, 1916. 

Amador y Corradi (Sr. Dr. D. Florencio). «Investigaciones histó- 
ricas: La Universidad de Salamanca en la guerra de la In- 
dependencia». Salamanca, 1916. 

Auñón y Villalón, Marqués de Pilares (Excmo. Sr. D. Ramón). 
«El gran Alcaide de Morón, Diego de Figueredo, en el último 
tercio del siglo xv». Madrid, 1916. 

Blas Ladrón de Guevara, Presbítero, Doctor en Sagrada Teología 
(Sr. D. Antonio de). «Historia de la Muy Noble y Muy Leal 
Ciudad de Alfaro. Prólogo del Excmo. Sr. D. Tirso Rodri- 
gáñez». Zaragoza, 191 5- 

Bustos y Bustos, Marqués de Corvera (Excmo. Sr. D. Alfonso 
de). «Breve estudio del Tratado de D. Fernando el Católico, 
Rey de Castilla y Aragón, con Yahía Alnayar, antes Prín- 
cipe Cidi Hiaya, en lo que se refiere á la Grandeza en favor 
del mismo reconocida». Madrid, 19IÓ. 
«Guerra y Sitio de Baza en el siglo xv». Madrid, 1 9 16. 

Calpena y Ávila (Excmo. Sr. Dr. D. Luis). «La Luz de la F 1 
el siglo xx. Libro de la Familia cristiana». Con las licencias 
necesarias. Tomos i-xm. Madrid. 

Calvo y Conejo (Sr. I). Manuel). «Congreso de los Diputados.— 
Incompatibilidades é incapacidades parlamentarias (18 IO 
1910)». Madrid, 1916. 

Carbonell (Sr. Dr. José Manuel). «Gonzalo de- Queiada». Habana, 
191Ó. 



172 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

Cárcer y de Sobíes (Si\ D. Enrique de). «Las frases del Quijote, 
su exposición, ordenación y comentarios, y su versión á las 
lenguas francesa, portuguesa, italiana, catalana, inglesa y ale- 
mana». Prólogo del Excmo. Sr. D. Francisco Rodríguez 
Marín. Barcelona, mcmxvi. 

Castañeda y Alcover (Sr. ü. Vicente). «Catálogo de los manus- 
critos lemosines ó de autores valencianos ó que hacen rela- 
ción á Valencia, que se conservan en la Real Biblioteca de 
El Escorial.» Madrid, 1916. 

Cerragería (Excmo. Sr. Conde de). «Cartas y Discursos académi- 
cos por D. Antonio Cavanilles, Individuo de número de las 
Reales Academias de la Historia y de Ciencias Morales y 
Políticas (7 2 de Enero de 1864)». Madrid, 1909. 
«Una visita á León. — Ante la pulcra leonina», por D. Fran- 
cisco Pérez Mateos (León Roch). Madrid, 1916. 

Cucarella (Sr. D. Pascual). «Setabenses ilustres». Prólogo de don 
Julián Ribera (de la Real Academia Española). Carcagente, 
1916. 

Francos Rodríguez (Excmo. Sr. D. José). «Vida postal española. 
Artículos y discursos». Madrid, 1916. 

Gamoneda (Excmo. Sr. D. Antonio). «Secretaría del Congreso 
de los Diputados. — Boletín analítico de los principales docu- 
mentos parlamentarios extranjeros recibidos en la misma». 
Tomo x. Año vii. N os 70-71. 15 Octubre-Noviembre 1916. 

García Calderón (Sr. D. Ventura). «Une enquéte littéraire: Don 
Ouichotte a París et dans les tranchées». Paris, 1916. 

García Rey (Sr. Capitán). «Los montes de Toledo. Estudio geo- 
gráfico». Toledo, 19 1 6. 

González de Echavarri y Vivanco (Sr. Dr. D. José María). «Lá 
Justicia y Felipe II. Estudio histórico-crítico en vista de diez 
y siete reales cédulas y cartas acordadas del Consejo inédi- 
tas». Valladolid, 1916. 

González Font (Sr. D. José). «Tableau pittoresque, scientifique 
et moral de Nimes et ses environs a vingt lieues a la ronde», 
par Emilien Frossard, P. 1 ' Paris, 1846. 
«Sculpture. Indication Antiquaire ou description du nouveau 



ADQUfSICIONES DE LA ACADEMIA 173 

bras, musée Chiaramonti, musée Pie-Clémentin au Vatican». 
Rome, .1848. 
«Notice sur l'église Sainte-Croix d'Oloron». Oloron, 1856. 
«Abbaye de Saint-Savin de Lavedan». Texte et dessins de Paul 

Lafond. Pau, 1887. 
«Note sur l'emplacement de Benecharnum, précédée de Ja 
Carte topographique de cet emplacement et de ses environs 
et de la Carte des Voies Romaines de l'Ancienne Aquitaine 
d'aprés lTtinéraire d'Antonin». Bayonne, 1906. 

Gudiol y Cunill, Pbre. (Sr. D. Joseph). «El Canonge Ripoll». 
Vich, 1916. 

Labra (Excmo. Sr. D. Rafael María). «La política colonial y la 
Revolución española. — Discursos, notas y referencias (de 
1868 á 1916)». Madrid, 1916. 

Lasso de la Vega (Sr. D. Miguel). «El Duque de Havre y su 
misión en España como representante de los emigrados du- 
rante la Revolución (1791-1708).» Madrid, 1916. 

López Bardón (P. M. Fr. Thyrso). «Monastici Augustiniani 
R. P. Fr. Nicolai Crusenii continuatio atque ad ilus additio- 
nes sive Bibliotheca Manualis Agustiniana in qua breviter 
recensentur Augustinenses utriusque sexus virtute, litteris, 
dignitate ac meritis insignes ab anno 1700 usque ad 1800». 
Operis volumen tertium. Superiorum jossu et approbatione. 
Vallisoleti, 1916. 

Merino (Sr. D. Abelardo Merino). «El Regionalismo peninsular 
y la Geografía Histórica», Madrid, 1916. 

Miquel y Planas (Sr. D. R.). «Bibliofilia». Recull d'estudis, obser- 
vacions, comentaris y noticies sobre llibres en general y 
sobre qüestions de llengua y literatura catalanes en particu- 
lar, publicat per R. Miquel y Planas. Fascicle xix. Juüol- 
Setembre 1915. 

Montero Ríos y Villegas (Excmo. Sr. 1 >. Avelino). «Memoria «la- 
vada al Gobierno de S. M. en la solemne apertura d< 
Tribunales el día 15 de Septiembre de 191Ó». Madrid, 1 

Montero Santarén (Sr. D. Eulogio). «Monograíu histórico- des- 
criptiva de la ciudad de Llerena». Badajoz, 1900. 



174 



boletín de la real academia de la historia 



Muñoz Pérez, Alcalde de Córdoba (Sr. D. Salvador). «Catálogo 
ilustrado de la Exposición de Valdés Leal, celebrada por el 
Excmo. Ayuntamiento de Córdoba en la feria de Nuestra 
Señora de la Salud, y organizada por I). Enrique Romero de 
Torres. Año 1916». Barcelona, 1916. 

Nido y Segalerva (Excmo. Sr. D. Juan). «Historia política y par- 
lamentaria de S. A. D. Baldomero Fernández Espartero...». 
Madrid, 1 916. 

Nombela (Sr. D. Julio). Obras literarias de Julio Nombela: 

I. «Poesías. — Teatro». 

II. «Cuadros y escenas de la comedia de la vida». 

III. «Retratos á la pluma». 

IV. «Crónicas». Primera serie. 
V. «Crónicas». Serie segunda. 

VI. «Revistas teatrales y literarias». 
VIL «El bello ideal del matrimonio. — -Mater dolorosa. — 

El primer millón». 
VIII. «El coche del diablo». 
IX. «La dicha de un desdichado. — El vil metal. — La no- 
vela de una joven, comentada por cuatro trajes». 
X. «La piedra filosofal. — El picaro mundo. — La riqueza 

del pobre». 
XI. «Los indianos. — La mujer de los siete maridos». 
XII. «El cuarto mandamiento. — Un aderezo de brillantes». 

XIII. «Historia de un minuto.— Dos casos de amor». 

XIV. «El secreto de la vida. — -La niña de oro». 
XV. «Los trescientos mil duros». Primera parte. 

XVI. «Los trescientos mil duros». Segunda parte. 

XVII. «El señor de Pérez. — Una mujer muerta en vida. — 

Una teoría y un puñado de mujeres». 

XVIII. «El amor propio. — Los dos relojes». 

XIX. «Detrás de las trincheras». Tomo primero. 

XX. «Detrás de las trincheras». Tomo segundo. 

XXI. «Literatura política». Primera serie. 

XXII. «Literatura política». Segunda serie. Madrid. 

Osma (Excmo. Sr. D. Guillermo J. de). «Catálogo de azabaches 
compostelanos, precedido de apuntes sobre los amuletos 
contra el aojo, las imágenes del Apóstol Romero y la Cofra- 



ADQUISICIONES DE LA ACADEMIA 1 75 

día de los Azabacheros de Santiago». Ejemplar núm. 51. 
Madrid, mcmxvi. 

Pérez Hervás (Sr. D. José). «Historia del Renacimiento». Tomo 

segundo. La Propagación del Renacimento. Barcelona, 19 16. 

«Biblioteca Universal Ilustrada. — Historia del Renacimiento». 

Edición ilustrada. Tomo tercero (Las Bellas Artes en el 

Renacimiento). Barcelona, 1916. 

Ramoedo (Sr. D. Luis). «Libro Iris». Madrid, 19 1 6. 

Ras (Sr. D. Aurelio). «La orientación de España». Barcelona, 
1916. 

Rodríguez Jurado (Excmo. Sr. Dr. D. Adolfo). «Apuntes para una 
página cervantina de la Historia de Sevilla». Sevilla, 1916. 

Rubio Amoedo (Sr. D. Luis). «Libro Iris.» Madrid, 1916. 

Ruiz Amado, S. J. (Rdo. P. Ramón). «Compendio de Historia 
de España, desde las más remotas épocas hasta la guerra 
europea de 1914». Barcelona, 1916. (Remite dos ejem- 
plares.) 

Ruiz Mantilla (Sr. D. Esteban). «Explicación de las inscripciones 
de los retratos de los Reyes de Sobrarbe, Condes antiguos y 
Reyes de Aragón, puestos en la Sala Real de la Diputación 
de la Ciudad de Zaragoga, y colocación del Retrato del Rey 
Nuestro Señor Don Carlos segundo». En Zaragoga. Año 1680. 
«Memorias para la vida del santo rey Don Fernando III, dadas 
á luz con apéndices y otras ilustraciones por Don Miguel de 
Manuel Rodríguez, bibliotecario primero de los Reales estu- 
dios de Madrid; quien las dedica a la reyna nuestra Señora, 
que Dios guarde». Madrid, mdccc. 
«Crónica del Rey D. Enrique el Ouarto de este nombre, por 
su Capellán y Cronista Diego Enriquez del Castillo. Segunda 
edición, corregida por D. Josef Miguel de Flores, del Con- 
sejo de S. M., Alcalde de su Real Casa y Corte, y Secreta- 
rio perpetuo de la Real Academia de la Historia». En Ma- 
drid. Año de mdcclxxxvii. 
«Memorias históricas de la vida y acciones del Rey I K Alonso 
el Noble, octavo del nombre, recogidas por el Marques de 
Mondexar, e ilustradas con notas y apéndices por D. Fran- 



176 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

cisco Cerda y Rico, de la Biblioteca de S. M., Individuo de 
la Real Academia de la Historia y Abogado del Colegio de 
esta Corte». En Madrid. Año de mdcclxxxiii. 
«Historia de las Ordenes Militares de Santiago, Calatraua y 
Alcántara desde su füdació hasta el Rey Don Filipe Segundo, 
Administrador perpetuo dellas. Ordenada por el Liceciado 
Fracisco Caro de Torres». En Madrid, Año de 1629. 

Schneider (Sr. R.). «Mirando á la guerra». Gráficos de Francia, 
Rusia, Bélgica, Turquía, etc. Madrid, 1 916. 

Sebastián y Bandarán (Sr. D. José). «Discursos leídos ante la 
Real Academia Sevillana de Buenas Letras por los Señores 
D. José Sebastián y Bandarán y D. Luis Montoto y Rautens- 
trauch en la recepción solemne del primero, el día 29 de 
Octubre de 1916». Sevilla, 1916. 

Solar y Taboada (Sr. D. Antonio del). «Militares extremeños. 
Apuntes biográficos». Primera serie. Badajoz, 1916. 

Tobar (Sr. D. Carlos). «Calumnias y calumnias». Barcelo- 
na, 1916. 

Vázquez de Aldana (Sr. D. Enrique). «Relámpagos». Poesías. 
Primera serie, por Bruno Portillo. Madrid, 1916. 
«Antología de poetas andaluces», por Bruno Portillo y Enri- 
que Vázquez de Aldana. Huesear, 1914. 

Villaviciosa de Asturias (Excmo. Sr. Marqués de). «Parques na- 
cionales». Proposición de ley y discursos pronunciados en 
el Senado por los Sres. Marqués de Villaviciosa de Astu- 
rias y Conde de Romanones el 14 de Junio de 1916. Madrid. 
«¿Quijotes ó Celestinas? Violación de España naciente porlnsti- 
tutos, Universidades, Escuelas profesionales». Madrid, 1916. 

Zuazo y Palacios (Sr. D. Julián). «Meca. Contribución al estudio 
de las ciudades ibéricas y noticia de algunos descubrimien- 
tos arqueológicos en Montealegre (Albacete)». Ejemplar 
núm. 107. Madrid, 1916. 

Zurbano S. J. (Sr. D. Ignacio). «Reseña del negocio de las cuen- 
tas del Excmo. Sr. D. Juan Álvarez y Mendizábal, agente 
financiero que fué del Gobierno de S. M. F. en Londres». 
Lisboa, 1858. 



ADQUISICIONES DE LA ACADEMIA 1 77 

«Reseña del negocio de las cuentas [de D. Antonio de Ramón 
y Carbonell, agente que fué del Gobierno de S. M. F. en 
^Londres». Lisboa, 1858. 



DE PARTICULARES EXTRANJEROS 

Barrio (Sr. D. Maximino de). «Nosotros». Buenos Aires. Año x. 

Número 86. Junio de 19 16. 
Blanco-Fombona (Sr. D. Rufino). «María Graham. — Diario de su 
residencia en Chile (1822) y de su viaje al Brasil (1823). — 
San Martín. — Cochrane. — O'Higgins.» Madrid. 

«Memorias del regente Heredia (de las Reales Audiencias de 
Caracas y Méjico), divididas en cuatro épocas: Monteverde, 
Bolívar, Boves, Morillo». Madrid. 

«Últimos años de la vida pública de Bolívar. Memorias del 
general O'Leary». Tomo apéndice (1826-1829). Madrid. 

«Memorias de un oficial de la Legión Británica. — Campañas y 
cruceros durante la Guerra de la Emancipación Hispano- 
Americana». Madrid. 

«Memorias del general Rafael Urdaneta (general en jefe y en- 
cargado del Gobierno de la Gran Colombia)», por D. Rafael 
Urdaneta. Prólogo de R. Blanco Fombona. 

«Memorias de Lord Cochrane». Madrid, 1916. 
Dobranich (Sr. Dr. Horacio H.). «Asychis». Buenos Aires, 1913. 

«La guerra civil». Monólogo dramático, en prosa. Buenos Ai- 
res, 1913. 

«El madrigal». Estudio literario. Buenos Aires, 1916. 

«Marco Bruto». Monólogo dramático, en prosa. Buenos Ai- 
res, 191 3. 

«Don Quijote de la Mancha». Monólogo dramático, en prosa, 
escrito con motivo del tercer centenario de la muerte do 
Cervantes (1616-I916). Buenos Aires. 

«Justicia militar argentina». Buenos Aires, 1 9 1 3 . 

«La mujer en la antigüedad». Estudio histórico leído en el sa- 
lón de actos públicos de la Escuela Normal. Buenos Ai- 
res, 1914. 

TOMO I.XX '2 



178 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

«Los grandes jurisconsultos, literatos y filósofos de la Roma 

antigua». Buenos Aires, 1916. 
«La Fábula». Estudio literario. Buenos Aires, igi 5. 

Falcao Espalter (Sr. Mario). «El Quijote en las escuelas». Mon- 
tevideo, 1916. 

Goenaga (Sr. D. José Manuel). «La Entrevista de Gayaquil (Bo- 
lívar y San Martín).» Roma, 1915. 

Mesa y Ortiz (Sr. D. Rafael). «Colombianos ilustres (estudios y 
biograiías)». Prólogo de D. Antonio Gómez Restrepo. Bo- 
gotá, MCMXVI. 

Pi menta (Sr. Belisario). «O Arquivo municipal de Miranda do 
Corvo. — Subsidios para a historia das lutas políticas de 1820 
a 1834». Lousan, 1916. 

Robledo (Sr. Dr. Emilio). «Geografía médica del Departamento 
de Caldas, precedida de una Noticia histórica sobre el des- 
cubrimiento y conquista del mismo». Manizales, 191o. 

Rodríguez García (Sr. Dr. José A.). «Cuba intelectual». Habana. 
Época segunda. Año vni. Núms. 45-48. Junio-Diciembre 
de 1916. 

Sanfuentes Correa (Sr. Enrique). «Mensaje leído por el S. E. el 
Presidente de la República en la apertura de las sesiones or- 
dinarias del Congreso Nacional». Santiago de Chile, 1916. 

Sijthoff's (Mr. A. W.). «Museum». Leyden 23 ste Jaargang. 
Num. IO-I2. Juli-Sept. 1916. 24 ste Jaargang. N° 1-3. Octo- 
ber December 19 16. 

Smit (Dr. E. L.). «De Oud-Christelijke Monumenten van Span- 
je». S'Gravenhage, 1916. 

Terán (Sr. D. Juan B.). «El descubrimiento de América en la 
Historia de Europa». Buenos Aires, 1916. 

Toutain(M. Jules). «ProAlesia». Revue gallo-romaine.Paris, 1916. 

PUBLICACIONES NACIONALES RECIBIDAS POR CAMBIO CON EL «BOLETÍN». 

«Archivo Ibero-Americano». Publicación bimestral de los Padres 
franciscanos. Madrid. Año 111. Núms. ió-I/. Julio-Octu- 
bre 1916. 



ADQUISICIONES DE LA ACADEMIA 1 79 

«Boletín de Santo Domingo de Silos». Burgos. Año xvm. Núme- 
meros 9-12. Julio-Octubre igió. Año xix. Números 1-2. 
Noviembre-Diciembre 1916. 

«Don Lope de Sosa». Crónica mensual. Jaén. Año iv. Números 
42-47. Junio-Noviembre 1916. 

«El Monasterio de Guadalupe». Revista quincenal ilustrada, pu- 
blicada por los Padres franciscanos del mismo Monasterio. 
Año 1. Núms. I-I2. I. ° Julio-Diciembre 1916. 

«España y América». Revista quincenal. Madrid. Núms. 1 3-24. 
Julio-Diciembre 1916 

«Estudios Franciscanos». Revista mensual dirigida por los Pa- 
dres Capuchinos. Sarria (Barcelona). Año x. Tomo xvn. Nú- 
meros 1 10- 1 13. Julio-Noviembre 1916. 

«Euskalerriaren alde». Revista de cultura vasca, publicada bajo 
el patrocinio de la Excma. Diputación de Guipúzcoa. San 
Sebastián. Tomo vi. Núms. 132-143. Junio-Diciembre 1916. 

«La Alhambra». Revista quincenal de Artes y Letras. Granada. 
Año xix. Núms. 438-449. Junio-Diciembre 1916. 

«La Ciencia Tomista». Publicación bimestral de los Dominicos 
españoles. Madrid. Año vn. Núms. 39-40. Julio-Octubre 
de 1616. 

«La Ciudad de Dios». Revista quincenal religiosa, filosófica, 
científica y literaria, publicada por los Padres agustinos 
de El Escorial. Madrid. Época 3. a Núms. 1. 03 5- 1. 046. Julio- 
Diciembre 1916. 
«Biblioteca de la «Ciudad de Dios». Impresos de Alcalá en la 
Biblioteca de El Escorial con adiciones y correcciones á ln 
obra Ensayo de una tipografía complutense, seguidas do un 
Nuevo índice alfabético de los impresos alealaínos é ilustra- 
das con dos fototipias y un fotograbado», por el P. Benigno 
Fernández (O. S. A.). Madrid, 19 16. 

«Memorial de Artillería». Madrid. Año 71. Serie vi. Tomo x. 
Entregas I. a -6. a Julio-Diciembre 1916. 

«Memorial de Infantería». Toledo. Año v. Tomo x. Núms. 5 1-59. 
Julio-Diciembre 1916. 

¿Memorial de Ingenieros del Ejército». Madrid. Año i.xxi. Quin- 



1 8o BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

ta época. Tomo xxxni. Núms. 6-1 1. Junio-Noviembre 1916. 

«Monumenta histórica Societatisjesu a Patribus ejusdem Societa- 
tis edita». Matriti. Annus 23. Fase. 272-276. Augusto-De- 
cembri 1916. 

«Nueva Academia Heráldica. Archivos Históricos de Genealogía 
y Heráldica». Madrid. Tomo iv. Segunda época. Julio-No- 
viembre 1916. 

«Nueva Etapa». Revista mensual redactada por los alumnos de 
la Universidad libre de El Escorial. Época 20. Núms. 1-2. 
9-13 Noviembre-Diciembre 1916. 

«Razón y Fe». Revista mensual redactada por los Padres de la 
Compañía de Jesús. Madrid. Año xv. Núms. 1 79- 1 84. Julio- 
Diciembre 1916. Número 185. Enero 1917. 

«Revista de Filología Española». Madrid. Tomo m. Cuadernos 
2.°-3.° Abril-Septiembre 1916. 
«Notas bibliográficas». Tomo ni. Cuaderno 3. Madrid 1916^ 

«Revista general de Marina». Madrid. Tomo lxxviii. Cuader- 
no 6.° Junio 1916. Tomo lxxix. Cuadernos I. °- 5. ° Julio-No- 
viembre 1916. 

«Revista de Historia y Genealogía Española». Madrid. Año v. 
Números 6-1 1. 15 Junio 15 Noviembre 1916. 

«Toledo». Revista de Arte. Toledo. Año 11. Núms. 49-63. Julio- 
Diciembre 1916. 

PUBLICACIONES EXTRANJERAS RECIBIDAS POR CAMBIO CON EL «BOLETÍN» 

«El Sendero Teosófico». Revista internacional Point Loma, 
California E. U. A. Tomo ix. Núms. 3-4. Julio-Octubre 
1916. 

«Félix Ravenna». Bollettino storico romagnolo edito da un gru- 
po di studiosi. Ravenna. Fascicolo i. Supplemento 11. 
Anno 1916. 

«La Civiltá Cattolica». Roma. Anno lxvii. Vol. m. Quadernos 
i. 585-1596. Luglio-Dicembre 1916. 

«L'Archiginnasio». Bulletino della Biblioteca Comunale di Bo- 
logna. Anno xi. Núml. 3-4. Maggio-Agosto 1916. 



ADQUISICIONES DE LA. ACADEMIA l8l 

«O Instituto». Revista scientifica e literaria. Coimbra. Volu- 

me lxiii. Núms. 6-1 1. Junho- Novembro 1916. 
«Polybiblion». Revue Bibliographique Universelle. Paris. 

«Partie littéraire», Deuxiéme serie. Tome quatre-vingt-trosié- 

me. Ouatriéme livraison. Mai-Octobre 1916. 
«Partie technique». Deuxiéme serie. Tome quarante-deuxié- 

me. cxxxvm e de la collection, Cinquiéme-Dixiéme livraison. 

Mai-Octobre 1916. 
«Revue Hispanique». Paris. Tomes xxxvn-xxxvm. Números 

92-94. Aoüt-Décembre 1916. 
«Revue Historique». xLi e anné. Tome cxxn. Nums. 243-245' 

Novembre-Décembre. Paris 1916. 
«Rivista Storica Italiana». Pubblicazione trimestrale. Torino. 

Anno xxxni. V.ol. vm. Fase. 3-4. Luglio-Dicembre 1916. 
«Roma e l'Oriente». Rivista criptoferratense per l'unione delle 

Chiese. Pubblicazione mensile. Roma. Anno vi. Núms. 65-66. 

Maggio-Giugno 19 16. 
«The English Historical Review». London. Vol. xxxi. Núme- 
ros 123-124. July-October 1916. 

DE LAS REDACCIONES Y POR CORREO 

«África Española». Revista de Colonización, Industria y Comer- 
cio. Madrid. Año iv. Núms. 37-38. Junio-Julio 1916. 

«Archivo Bibliográfico Hispano-Americano». Publícalo la libre- 
ría general de Victoriano Suárez. Madrid. Tomo vm. Nú- 
meros 4-6. Abril-Junio 1916. 

«Bohemia». Revista semanal ilustrada. Tampa. Año i.v. NYime- 
ros 4, 7 y 10, 1916. 

«Boletín Histórico de Puerto Rico». Publicación bimestr 1!. \ño n. 
Núm. 6. Noviembre y Diciembre 1915- Año m. Xúm. 4. 
Julio y Agosto 1916. 

«Bolletí del Diccionari de la Llengua Catalana». Palma. Tom. íx. 
Núms. 1-2. A'Iarc-Abril 1916. 

«Cultura Hispanoamericana». Madrid. Año v. Núm. 44. 15 Julio 
1916. 



1 82 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

.«El Correo de Andalucía». Sevilla. Año xvm. Núm. 6.249. 4 No- 
viembre 191 6. 

«El Cronista». Revista quincenal. Serradilla (Cáceres). Año 1. 
Núm. 13. 5 Julio. Núms. 16-20. Agosto-Octubre. Núm, 22. 
20 Noviembre. Núm. 24. 20 Diciembre 1916. 

«El Eco de Galicia». Buenos Aires. Año xxv. Núm. 889. ioju- 
lio 1916. 

«El Orden». Órgano del Partido Liberal-Conservador. Huelva. 
Año 11. Núm. 54. 4 Agosto 1916. 

«Esculapio». Revista gráfica de Medicina. Madrid. Año v. Nú- 
meros 48-52. Junio-Octubre 1916. 

«Estudio». Revista mensual. Barcelona. Año 11. Tomo vi. Núm. 18. 
Junio 1916. 

«La Argentina». Revista mensual ilustrada. Barcelona. Año n- 
Núm. 15. Junio 1916. 

«La Construcción». Revista mensual. Barcelona. Número corres- 
pondiente á Julio 1916. 

«La Reforma Social». Revista mensual de cuestiones sociales, 
económicas, políticas, parlamentarias, estadísticas y de hi- 
giene pública. Habana. Tomo vn. Núms. 2-4. Marzo-Julio. 
Tomo vm. Núms. 1-2. Agosto-Septiembre 1916. 

«L'Espagne». Paris. Quatriéme année. Núm. 20. 5 Septembre. 
Núms. 23-24. Octobre-Novembre 1916. 

«Los niños». Revista ilustrada. Madrid. Año iti. Núm. 45. i.° Sep- 
tiembre 1916. 

«Madrileñillos». Madrid. Publicación quincenal gratuita, con cen- 
sura. Año vi. Núm. 102. 15 Septiembre 1916. 

«Memoria redactada por el Secretario de la Asociación de Pe- 
riodistas de Gerona, D. José Grahit Grau, y leída y aprobada 
en la Junta general celebrada el día 26 de Diciembre 
de 191 5.» Gerona 1916. 

«Pedagogía Social». Revista quincenal ilustrada. Huesca. Año 1. 
Núms. 1-2. Noviembre-Diciembre 1916. 

«Peñalara». Revista de alpinismo. Madrid. Núms. 32-33. Agosto- 
Septiembre 19 1 6. 

«Revista Calasancia», redactada por Padres Escolapios. Madrid. 



ADQUISICIONES DE LA ACADEMIA 1 83 

.Segunda época. Año iv. Núm. 44. 27 de. Agosto de 19 16. 

«Revista Castellana». Valladolid. Año 1. Núms. II- 12. Junio- 
Julio. Año u. Núms. 13-15. Agosto-Octubre 1 916. 

«Revista Contemporánea». Cartagena (Colombia). Tomo l. Nú- 
mero 5. Noviembre 1916. 

«Revista Económica». Madrid. Año iv. Núm. 72. 10 Julio. Nú- 
meros 74-83. Agosto-Diciembre 1916. 

«Revista de Obras Públicas». Madrid, Año lxiv. Núms. 2.127- 
2. 131. 29 Junio á 31 Agosto. Núms. 2.137-2.152. Septiem- 
bre-Diciembre 1916. 

«Unión Ibero -Americana». Madrid. Año xxx. Núms. 6-9. Junio- 
Septiembre 1916. 

POR SUSCRIPCIÓN Y COMPRA 

«Colección de libros y documentos referentes á la Historia de 
América». Tomo xviii. «Historia del Paraguay», escrita en 
francés por el P. Pedro Francisco Javier de Charlevoix, de 
la Compañía de Jesús, con las anotaciones y correcciones 
latinas del P. Muriel; traducida al castellano por el P. Pablo 
Hernández, de la misma Compañía. Tomo vi. Madrid, 1916. 

«El anachoreta canonizado, San Saturio Eremita, natural y pa- 
trono de la antiquíssima, invicta, noble y leal ciudad de \u- 
mancia, ahora Soria...» Madrid, 1 7 1 3. 

«Galería de Jesuítas ilustres», por el P. Fidel Fita y Colomé, In- 
dividuo de número de la Real Academia de la Historia. 
Madrid, 1880. 

«Epigrafía romana de la ciudad de León», por el Rvdo. P. Fidel 
Fita, de la Compañía de Jesús, Catedrático de Exégesis bí- 
blica y Lenguas orientales en el Colegio de San Marcos de 
León, Vicepresidente de la Comisión de Monumentos histó- 
ricos y artísticos de la provincia é Individuo correspon- 
diente de la Real Academia de la Historia; con un prólogo 
y una noticia sobre las antigüedades de la Milla del Río por 
D. Eduardo Saavedra, Individuo de número de la misma 
Academia. León, 1 866. 



1 84 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

«La Santa Cueva de Manresa». Reseña histórica por D. Fidel 
Fita y Colomé, de las Reales Academias Española y de la 
Historia. Manresa, 1872. 

«El Gerundense y la España primitiva». Discursos leídos ante 
la Real Academia de la Historia en la recepción pública del 
Rvdo. P. Fidel Fita y Colomé, de la Compañía de Jesús, el 
día 6 de Julio de 1S79. Madrid, 1879. 

«Sermón de la Bula de la Santa Cruzada», predicado en el tem- 
plo del Santísimo Sacramento, hoy parroquial de Santa 
María de la Almudena de esta villa y corte de Madrid, el 
día 2 de Diciembre de 1877, por el P. Fidel Fita, S.J., Indi- 
viduo de número de la Real Academia de la Historia y 
Corresponsal de la Española y de la de Nobles Artes de 
San Fernando. Madrid, 1 8 79. 

«Relaciones históricas de América». Primera mitad del siglo xvi. 
Publícalas la Sociedad de Bibliófilos españoles. Madrid, 1916. 



VARIEDADES 



I 

REAL ACADEMIA DE BUENAS LETRAS DE BARCELONA 
RESEÑA HISTÓRICA 

Extracto de su Anuario en 1917: 

Ln cierto número de hombres de letras y eruditos residentes 
en Barcelona constituyeron, en el último año del siglo xvn, una 
sociedad cultural denominada Academia de los desconfiados, la 
cual tuvo vida efímera por razón de los graves acontecimientos 
políticos que, á no tardar, desarrolláronse en Cataluña. 

Calmados en cierto modo el recelo y la zozobra que la Guerra 
de Sucesión había dejado en nuestro país, alguno de aquellos anti- 
guos académicos, juntamente con otros aficionados al estudio, 
procuraron restablecer en esta ciudad una asociación ó Cuerpo 
que se dedicase al noble cultivo de las letras y á la investigación 
histórica. El l.° de Mayo de 1729 celebraron ya la primera sesión 
literaria y verdadera inaugural de las tareas académicas, reunién- 
dose en la Casa de San Severo, y al poco tiempo se trasladaron 
al domicilio suntuoso de D. Ramón de Dalmases. Acordóse que 
las primeras sesiones serían, alternativamente, presididas por don 
Segismundo Comas, presbítero, y fray Tomás Massanés, domi- 
nico; pero en la cuarta sesión quedó elegido presidente único 
fray Vicente Pablo Sobrecasas, clérigo regular del Convento de 
San Caetano. 

La historia de Cataluña era el principal asunto de la Academia, 
aunque se trabajaba también sobre poesía, moral, política é histo- 
ria sagrada. La lengua catalana fué admitida desde un principio, 
de suerte que en una de las sesiones de 1 73 5 fueron presentadas 
y leídas composiciones versificadas en nuestro idioma nacional. 

Enterado el Marqués de Risbourg, Capitán general del Prin- 



1 86 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

cipado, de la existencia de la nueva Academia, manifestó propó- 
sitos de protegerla, y habiendo sido invitado á la solemne sesión 
de 1 6 de Abril de 1 73 1 , fué nombrado, por aclamación, su pre- 
sidente. Designó para la vicepresidencia á D. Bernardo Antonio 
de Boxadors, Conde de Perelada, y al ausentarse éste por largo 
período, fué designado como sustituto del vicepresidente ó direc- 
tor, que ésta era su verdadera denominación entonces, el reli- 
gioso agustino fray Agustín Antonio Minuart. 

Al morir, en Septiembre de 1734, el Marqués de Risbourg, 
transcurrió cierto tiempo actuando de presidente el citado P. Mi- 
nuart, hasta que en Febrero de 1739 fué elevado ala presidencia 
efectiva el Conde de Perelada. .En Febrero de 1743 falleció el 
P. Minuart, siendo nombrado director ó vicepresidente D. Antonio 
de Ametller, abad de Besalú. Más adelante ocupó este cargo don 
José Mora, Marqués de Llió, quien supo dar á la Academia una 
vida mucho más intensa y alcanzar para ella el título de real, 
concedido por Real cédula de 2J de Enero de 1752, aprobatoria 
de sus Estatutos. Al Marqués de Llió débese igualmente la publi- 
cación, en 1756, del primer tomo de Memorias, que constituye 
los preliminares de la Historia de Cataluña que se proponía la 
Academia dar á luz. 

En 1755) P or fallecimiento del Conde de Perelada, embajador 
de España en Lisboa, aceptó la presidencia el Duque de Alba, 
presidente á la vez de la Real Academia PLspañola. No obstante, 
la vida de la Corporación no era muy próspera á causa de la falta 
de recursos para el debido sostenimiento de la misma y para la 
publicación de sus trabajos. 

Los graves acontecimientos y guerras de los últimos años del 
siglo xvni y de los primeros del siguiente hicieron imposible la 
vida de la Academia. Cesaron las sesiones, se dispersaron sus 
individuos y hasta 1815 nadie pensó en reanimar la vida de la 
Corporación. El nuevo presidente, Marqués de Villel, logró un 
salón en la Casa municipal, donde se celebraron las sesiones, las 
que, en virtud de la Real orden de 23 de Septiembre de 1 824, 
quedaron suspendidas, al igual que las de los demás cuerpos lite- 
rarios de España. 



REAL ACADEMIA DE BUENAS LETRAS DE BARCELONA 1 87 

En el año 1833 la Academia, merced á la decidida protección 
del Ayuntamiento de esta capital, pudo volver á su meritoria la- 
bor. Con todo, las turbulencias políticas, que tan hondamente 
agitaron á España al morir Fernando VK, fueron parte, no pe- 
queña, á dificultar el sereno estudio que de la Historia y Litera- 
tura catalanas hacían nuestros ilustrados predecesores; de ahí 
que no adquiriese verdadero vigor hasta que, vencidas estas di- 
ficultades, vio aprobados, en 1836, sus nuevos Estatutos, y ob- 
tuvo del Gobierno la cesión del antiguo monasterio de San Juan 
dejerusalén, que figuraba éntrelos bienes de la desame rtización; 
y ha de tenerse como uno de los primeros y más señalados ser- 
vicios que prestó esta Academia á la cultura patria el religioso 
anhelo con que fué recogiendo las inscripciones, lápidas, sepul- 
cros, bajorelieves y demás objetos arqueológicos, que las leyes 
desamortizadoras habían amontonado entre las ruinas de las igle- 
sias y monasterios. 

Con tan valiosas reliquias de la Historia y del Arte comenzó á 
formar un pequeño Museo de antigüedades, encomendando esta 
tarea al Académico D. Juan Cortada; y, andando el tiempo, unió- 
se el mismo con otro formado por la Comisión de monumentos 
de esta provincia. 

Penetrada la Academia de lo mucho que convenía alentar el 
renacimiento de la Literatura catalana, abrió, no obstante los es- 
casos medios de que á la sazón disponía, un certamen en el que 
se premió, en sesión solemne de 2 de Julio de 1842, el poema d ■ 
D. Joaquín Rubio y Ors: Roudor de Llobrcgat, quedando desde 
este día admitido nuestro idioma en los concursos y publicacio- 
nes de la Corporación; con lo cual se hizo implícitamente como 
un llamamiento á los literatos catalanes para eme emplearan el 
habla regional y la ennobleciesen de día en día con el restable- 
cimiento de los tan celebrados Juegos Florales. Persistiendo on 
tan noble propósito, la Academia abrió nuevos certámenes, en 
uno de los cuales fué premiado el hermoso poema de 1 '• I 'ama- 
so Calvet: Mallorca Cristiana. 

Presentáronse en las sesiones ordinarias estudios históricos y 
literarios, de mérito singular; y el plan, ampliamente discutido, 



1 88 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

de la formación de una gramática y diccionario de la lengua ca- 
talana, así como de la reimpresión y divulgación de nuestros clá- 
sicos, se habría llevado ya á feliz término si la escasez de recursos 
no hubiesen imposibilitado la realización de tan elevadas aspira- 
ciones. 

Devuelto el monasterio de San Juan de Jerusalén á la comuni- 
dad que lo había poseído hasta 1835, esta Academia se vio, no 
sólo falta de medios pecuniarios, sino de local, por lo que des- 
de 1860 aceptó la hospitalidad de otras Corporaciones., bien que 
privándose con ello de dar á sus tareas el impulso que tanto aca- 
riciaba. Por fin, obtenidas subvenciones anuales de la Excelentí- 
sima Diputación provincial y del Excelentísimo Ayuntamiento 
de Barcelona, volvió la Academia á la normalidad de sus tareas, 
continuando desde entonces la interrumpida publicación de sus 
Memorias con el segundo tomo, que vio la luz pública en 1868, 
llegando en este momento la publicación al noveno. Actualmen- 
mente se publican, además, el Boletín trimestral como órgano de 
comunicación con las entidades similares de España y del extran- 
jero, y los discursos de recepción de los Académicos numerarios, 
que forman ya una serie de treinta y cinco discursos. 

La presentación de numerosos y notables estudios individuales, 
destinados á aumentar el caudal de monografías, para que en su 
día faciliten la sólida reconstitución de nuestra Historia y de nues- 
tra Literatura, ha sido la labor con que los Académicos han pro- 
curado suplir, en parte, las naturales deficiencias del anterior pro- 
yecto. Asimismo, hase pagado el debido tributo á la memoria de 
los más insignes escritores catalanes, miembros ilustres, casi to- 
dos ellos, de esta Corporación, poniendo de resalto en las necro- 
logías, leídas en sesiones solemnes, los méritos que avaloran las 
enseñanzas de tan renombrados varones como D. Próspero de 
Bofarull, Aribau, D. Manuel Milá, Balmes, Torres Amat, don 
Francisco Permanyer, Roca y Cornet, Rubio y ürs, Reynals y 
Rabassa, y otros muchos que honraron los sitiales de la Corpora- 
ción literaria más antigua de Cataluña. 



RETRATOS Y BUSTOS DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 1 89 

II 

RETRATOS Y BUSTOS DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

La publicación reciente del tomo n, continuación de Goya, 
pintor de retratos, de D. Aureliano de Beruete y Moret, bajo el 
título de Goya: composiciones y figuras, ha hecho conocer en una 
de sus Adiciones á la primera de estas obras (pág. 146), algo de los 
tesoros goyescos que posee la Real Academia de la Historia, for- 
mando parte de las dos series de Monarcas españoles y Directo- 
res de la Academia que los constituyen. Efectivamente, el señor 
Beruete, en Goya, pintor de retratos, dejó de incluir en lista y men- 
cionar bajo sus competentes juicios críticos los que de los reyes 
Carlos IV y María Luisa se hallan á la cabeza de los demás 
Goyas de nuestra propiedad. Para sincerar su olvido, ahora, en 
el segundo de sus estudios sobre el genial artista aragonés, y 
haciendo uso de datos que la Academia ha gustado poner á su 
alcance, en la página á que se ha hecho referencia ha escrito lo 
siguiente: 

«Los numerosos retratos (que nada tienen que ver con los 
magníficos retratos de corte que Goya pintara en los últimos años 
del siglo xviii y primeros del xtx), semejantes todos, aunque no 
idénticos, que el pintor hiciera de sus soberanos ('arlos IV y Ma- 
ría Luisa, generalmente de medio cuerpo, pero famosos por cier- 
to, y que yo atribuía á la época de la proclamación de este mo- 
narca y suponía que la ligereza de su ejecución debíase á la 
presteza con que fueron hechos y, en muchos casos, á la ayuda 
que requería el pintor de compañeros y discípulos para servir 
tanto pedido urgente de Ministerios, Oficinas, Escuelas especiales, 
Institutos, etc., me confirmó que son, como pensaba, de los años 
1788 y 1789. Hay datos que así lo comprueban, y otros qu< 
plican la ligereza y el desenfado de la realización de aquellas pin- 
turas. Entre estos retratos figura la pareja que posee la Real 
Academia de la Historia. No cité estos dos retratos en mi lista 



190 boletín de la real academia de la historia 

anterior, porque, como ya indiqué, y para no recargar el estudio 
con obras casi idénticas, estudié sólo aquellos dos que estimo los 
mejores, los del Museo del Prado, números 14 y 22, de la lista 
publicada en Goya, pintor de retratos, procedentes del Ministerio 
de Hacienda. Considérense los demás como repeticiones, con 
más ó menos variantes. En nada merma esto su originalidad. La 
de los dos de la Real Academia de la Historia se halla compro- 
bada y documentada, y por cierto es bien curiosa, y las fechas 
que nos da á conocer y la intervención de Jovellanos en el en- 
cargo de los cuadros, comprueban la data de las pinturas y la 
buena amistad y protección que ya desde estos años unía al in- 
signe asturiano y al pintor de Fuendetodos. 

»En los tomos vin y ix de Actas de la Academia encontramos 
los párrafos siguientes: — «1 789. — Sesión del viernes 20 de 
Mayo. — El Sr. Jovellanos quedó encargado de encomendar un 
retrato puntual del Rey N. S. y sucesivamente de la Reina, para 
colocar bajo el dosel de la Academia, procurándose la semejanza 
y propiedad, á cuyo fin se pasará el aviso por Secretaría, cui- 
dando que guarde el tamaño del de Carlos III. — El Secretario, 
Miguel de Flores. — Viernes 11 de Septiembre de i78g. — El se- 
ñor Director (Campomanes) había prevenido se pasase recado á 
D. Francisco Goya, pintor de Cámara, á fin de que dispusiese 
enviar á la posada de S. I. los retratos de nuestros Soberanos que 
ha pintado por encargo de la Academia, y se han de colocar 
bajo su dosel, como es costumbre, y habiéndose traído á la Junta 
se reconocieron por los señores asistentes, después de empezada. 
El Sr. Jovellanos hizo presente con este motivo tener de coste la 
pintura de los expresados cuadros seis mil reales de vellón, que 
se mandaron librar y están ya colocados en la Academia.» — Y 
añade, el Sr. Beruete, termina el expediente con el recibo del 
propio Goya, que dice así: — «Los retratos de SS. MM. D. Car- 
los IV y D. a Luisa de Borbón, pintados por D. n Fran. ( '° de Goya, 
su pintor de Cámara, para la R. 1 Academia de la Historia, el ta- 
maño del natural y de más de medio cuerpo, con las insig- 
nias reales. Importan 6.000 r. s v. n — Madrid 1 1 de Septiembre 
de 1789. — Fran. de Goya.» 



RETRATOS Y BUSTOS DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 191 

A las notas académicas copiadas por el Sr. Beruete faltan dos 
documentos interesantes: el primero anterior al encargo hecho 
al Sr. Jovellanos para que Goya pintara los dos retratos referi- 
dos, y el segundo comprensivo de la orden de pago y del verda- 
dero recibí de Goya, pues la nota que antecede fué sólo la pre- 
sentada por el genial artista sobre su valor. 

La vez primera que en la Academia se trató de los retratos de 
Carlos IV y de María Luisa fué en la sesión del viernes 2 de 
Enero de 1 789. Entonces sólo se trató de que «el Sr. Ponz, aca- 
démico de la Historia y de la de San Fernando, hallándose en- 
cargado por esta última para adquirir para ella un buen retrato 
del Sr, D. Carlos IV, de parte de la de la Historia hiciese que 
se sacase una copia á sus expensas». Se interpuso el Sr. Jove- 
llanos con el nombre de Goya, y así se le confió la ejecución 
del acuerdo ya transcrito de la sesión del 20 de Marzo del mis- 
mo año. 

En cuanto al libramiento para el pago de los dos cuadros 
de Goya, á cuyo pie se halla el recibí de éste, textualmente 
dice así: 

D. Pedro Rodríguez de Campomanes, Conde de Campoiiiaiies, 
Señor del Coto de este título, Caballero pensionado de la distin- 
guida Orden de Carlos III, Depositario y Regidor perpetuo de la 
Villa y Concejo de Tineo, Gobernador del Consejo y Cámara 
de S. M., Protector de la Real Capilla de San Isidro, Monte de 
Piedad y Colegio de Niñas de Monterrey, Juez Protector de las 
Fundaciones del Cardenal Belluga, Subdelegado-general de Pe- 
nas de Cámara y Gastos de Justicia del Reyno y Superintenden- 
te de las gracias de la Cámara, Presidente de la Real Compañía 
de Impresores y Libreros del Reyno, Académico de la Real Aca- 
demia Española, de la de Inscripciones y Bellas Letras de París, 
de las Reales Sociedades de Madrid y Asturias, de los Amigos 
del País, Honorario de la de Agricultura de Galicia, de la Socie- 
dad Bascongada, de la Academia de Ciencias de Barcelona y de 
la de Sevilla, Director de la Real Academia de la I [jstoria, &C.= 
Señor D. Antonio Mateos Murillo, Presbítero, Académico de nú- 
mero y Tesorero de la expresada Academia. En conseqüencia 



192 boletín de la real academia de la historia 

de lo acordado por ésta en la Junta de once del presente, sírva- 
se V. S. mandar satisfacer á favor de D. Francisco de Goya, Pin- 
tor de la Real Cámara de S. M M la cantidad de seis mil reales 
de v. n importe de los retratos de nuestros augustos Monarcas que 
ha hecho para nuestra Real Academia. — Cuya cantidad, en virtud 
de este Libramiento de que ha de tomar la razón el Señor Cen- 
sor, y el recibo del interesado, se abonará á V. S. en sus cuentas. 
Madrid y Septiembre doce de mil setecientos ochenta y nueve. 
El Conde de Campomanes (Rubricado). =Son 6.000 reales vellón. 
Tomé la razón, Censor: Thomás Antonio Sánchez (Rubricado). = 
Por acuerdo de la Real Academia de la Historia Jph Mig. e de 
Flores (Rubricado). =Recivi Fran co de Goya (Rubricado). 

Acerca de la colección de retratos de Monarcas y Directores 
que la Academia posee, conviene hacer algunas observaciones. 
Sabido es que la Academia de la Historia fué fundada por el rey 
Felipe V, quedando constituida el 21 de Abril de 1738, dándo- 
sele por residencia interina una de las salas de la Biblioteca Real 
para que en ella celebrase sus Juntas semanales.. Aquella interi- 
nidad duró hasta el año 1774) en °i ue ^ e m ^ cedida la Real Casa 
de la Panadería, en la Plaza Mayor, después que la de San Fer- 
nando, instalada en ella desde su fundación por el rey Don Fer- 
nando VI, se trasladó al edificio que para ella se labró en la calle 
de Alcalá, donde subsiste, en cuyo año, y hechas las reparacio- 
nes necesarias para su mudanza, el día 18 de Noviembre le fue- 
ron enviadas las llaves del edificio por el Excmo. Sr. Conde de 
Baños, cumpliendo el mandato del Rey por su decreto del 6 de 
Octubre. 

Mientras la Academia estuvo de prestado y con molesta es- 
trechez en la Real Biblioteca, no tuvo medios de formar colec- 
ciones ni de retratos de los Reyes ni de sus propios Directores. 
Diez años antes, en el de 1764, falleció su primer Director, único 
á quien se declaró perpetuo, D. Agustín de Montiano y Luyan- 
do. En la sesión del 5 de Noviembre, consagrada toda á acordar 
los honores que la Academia después de su muerte debía ren- 
dirle, además de sus solemnes exequias en la Iglesia de los Reli- 
giosos Calzados de la Trinidad, de las cien misas por su alma, del 



BUSTOS Y RETRATOS DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 1 93 

Elogio encargado al numerario D. Lorenzo Diéguez, etc., se acor- 
dó que se hiciera «un retrato en pintura del tamaño de los que 
la Academia Española ha hecho á sus Directores», quedando al 
cuidado del Secretario, Sr. Hermosilla la elección de pintor», con 
encargo de «llevar á la Academia el bosquejo para disponer á 
su satisfacción los adornos é inscripción que sean de su agrado». 
En efecto, en la sesión del día 16 el Sr. Hermosilla, «cumpliendo 
con lo que se le encargó en Junta del 5> presentó seis diseños 
para el retrato en pintura que se ha de hacer, y la Academia 
eligió al que estaba señalado con la rúbrica de Hermosilla y se 
mandó poner en ejecución», en tanto que se encargaba al señor 
Velázquez «formase la inscripción para 61». 

La inscripción, al cabo, se aprobó en la sesión del 23 de No- 
viembre, y en la del 8 de Febrero de 1765 «el Sr. Hermosilla 
presentó el retrato del difunto Sr. Director, arreglado á las mo- 
dificaciones que se previnieron en la Junta del 23 de Noviembre, 
y se acordó gratificar al pintor D. Ginés de Aguirre (i) con 80 
pesos, encargando á dicho señor que mande disponer el marco 
y que el retrato se coloque en la casa del actual Director-», el cual lo 
era aún interino, por antigüedad, y se llamaba D. Martín de Ulloa. 

La primera Junta que la Academia tuvo en la Casa de la Real 
Panadería, ya propia, no tuvo efecto hasta el 28 de Julio de 1775, 
con gran discurso del ya Director efectivo, Conde de Campoma- 
nes; pero hasta la sesión del 2 de Agosto de 1776 no se trató 
en la Academia de asuntos de retratos. En el acta de este últi- 
mo día se lee: «El Sr. Director comisionó á los Sres. Gayoso, 
Hermosilla, Murillo y Guevara para que concurrieran en la ma- 
ñana del domingo próximo en esta Real Casa con D. Gregorio 
Ferro y ajustasen, con asistencia del Sr. Secretario (Flores), .1 diez 
doblones cada uno de los retratos de nuestros Reyes que lian 
de colocarse en el salón en que se celebran las Juntas, empezan- 
do por el de los Reyes Católicos y copiándolos de los mejores 
originales, determinando su tamaño, y que bajo est<> precio se 
acabasen de pintar los de los señores Directores de la Academia 



(1) Director de la Real Academia de San Fernando. 



194 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

que hay en el salón (Montiano y Luyando y el Conde de Torre- 
Palma) y perfeccionar el de S. M. (Felipe V)». 

De los retratos de los Reyes Católicos de que aquí se habla, 
en la actualidad no se tiene en la Academia la menor noticia; 
pues el de la Reina Católica Doña Isabel de Castilla, que en ella 
existe, copia del de Antonio Rincón, que se conserva en las vitri- 
nas de S. M. el Rey, en Palacio, fué hecho en la época en que el 
Sr. Cánovas del Castillo desempeñó la Dirección de la Academia, 
y la impronta de la medalla de gran módulo que posee el Museo 
Arqueológico Nacional con el busto de perfil del rey Don Fer- 
nando V de Aragón, se ha hecho bajo la Dirección del P. Fita. 

Antes de entrar otros retratos de reyes en la Academia, que 
ya poseía, como se ha dicho, los de sus dos primeros Directores 
Montiano y Luyando y Conde de Torre-Palma, uno y otro del 
pincel de Aguirre, así como el del rey Felipe V, el tercer Direc- 
tor, Conde de Campomanes, regaló el suyo, del que se dio cuen- 
ta en la sesión del 9 de Mayo de If 77 en estos términos: «§ xx 
del Acta. — S. Iltma. regaló su retrato, sacado por D. Francisco 
Bayeu, pintor de S. M., del original que hizo el Caballero D. An- 
tonio Mengs, primer pintor del Rey.» 

Todavía pasaron otros tres años sin que la Academia hubiese 
adquirido nuevos retratos reales; mas en la sesión del 23 de Junio 
de 1780 (§ x del Acta) «se manifestó una copia del retrato de 
Carlos V, sacado del original de Tiziano por D. Gregorio Ferro, 
y en consecuencia de lo resuelto en la Junta de 2 de Agosto 
de 1776, se acordó se le librasen 20 doblones por dicho retrato y 
el del Sr. D. Felipe II, al respecto de IO doblones por cada uno, 
que es el precio á que se ajustaron los que se presenten». 

Reinaba ya Carlos III, y en la sesión de 21 de Enero del año 
último referido, el Secretario, D. José Miguel de Flores, dice en 
el Acta: «Leí una esquela dirigida al Sr. Director, en que los he- 
rederos de D. Felipe de Castro exponen desean saber si la Aca- 
demia se queda con el retrato del Rey, que se sacó de la casa 
mortuoria y se halla colocado en esta Real Casa de la Panadería, y 
S. I. encargó á losSres. Gayoso y Murillo que, con asistencia mía, 
traten con los interesados sobre su precio y se libre la cantidad 



BUSTOS Y RETRATOS DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 195 

que se acordase en favor de D. Francisco Ángel Payas y D. Gre- 
gorio Ferro, dos de los herederos que se hallan con poder de los 
demás.» En la sesión del día 28, los Sres. Gayoso y Murillo die- 
ron cuenta de su comisión, y el retrato de Carlos III, copia del 
de Mengs, quedó adquirido y pagado por la Academia en la can- 
tidad de 600 reales vellón. 

Del rey Fernando VI la Academia de la Historia no poseía 
retrato ninguno. En la sesión del viernes 31 de Octubre dé 
185 I (tomo xxii de Actas, § xm), se lee: «El Sr. Carderera, ob- 
servando que la Academia no poseía un retrato del Sr. Rey Don 
Fernando VI y que era necesario para completar la serie de 
retratos de nuestra sala, presentó uno que S. S. tenía á su dispo- 
sición, haciendo de él generoso donativo al Cuerpo. Aceptóle la 
Academia con agradecimiento, y acordó que, además de constar 
en el Acta este acto de adhesión al Cuerpo de parte del Sr. Car- 
derera, se le diera por medio de oficio las gracias más cumplidas 
y expresivas.» 

Del retrato de Carlos IV y del de la reina María Luisa, del pin- 
cel auténtico de Goya, ya al comenzar se ha dicho bastante. 

Queda, sin embargo, del libro del Sr. Beruete, otra nota inte- 
resante que tomar: ésta se refiere al busto de Jovellanos. En las 
páginas 1 5 1 á 153 del libro Goya: Composiciones y figuras, se 
trata en otro de sus apéndices del interés iconográfico del retrato 
de Jovellanos y de las relaciones de éste con Goya, y al final do 
la página I 52 se lee: «Jovellanos envejeció notablemente durante 
su estancia en Mallorca (1801-1808), por efecto de la vida seden- 
taria que hizo en la prisión, y aumentó en obesidad. Lo acredita 
de una manera cumplida la escultura en mármol hecha por Mo- 
nasterio en Sevilla en 1809, á expensas de lord II. Rich. Estuvo 
antaño en Londres, en Holland-House, y hoy en la Real Acade- 
mia de la Historia.» 

Es exacto: poseemos ese busto; pero habiéndose hecho dema- 
siado largos estos apuntes, la cuestión de los' bustos que la Acá* 
demia posee será tratada en otra ocasión. 

Juan Pérez de Guzmán n Gallo, 

Acailéniicu 'le MÍ 



NOTICIAS"» 



Durante el pasado mes de Enero han sido elegidos Correspondientes: 
en Cáceres, D. Manuel Castillo; en Ciudad Real, D. Manuel Tolsada Gómez; 
en Lovaina (Bélgica), el Sr. Carlos Terlinden, y en Méjico, D. Manuel Ro- 
mero de Terreros y Vinent, Marqués de San Francisco. 



En Cuevas de Vera (Almería) falleció el mes último el Correspondiente 
D. Miguel Soler y Márquez. 



En la sesión del día 19 de Enero pasado fué felicitado calurosamente 
nuestro ilustre Director, P. Fidel Fita, por su ingreso como Correspon- 
diente en la Pontificia Accademia Tiberina, de Roma. 



Á instancia del señor Ministro de Instrucción Pública y de Bellas Artes 
se ha concedido el servicio gratuito de nuestro Boletín á la Cátedra Cer- 
vantes, de la Universidad de Londres, solicitado por el Embajador de la 
Gran Bretaña en nuestra corte, S. E. Sir Arthur Harlinge. 

Invitado oficialmente por el Excmo. Sr. Marqués de Comillas, Presidente 
de la Junta Central de Acción Católica, para representar nuestra Real Aca- 
demia en el acto de descubrirse en el edificio de la Biblioteca Nacional la 
estatua del Sr. Menéndez Pelayo, que á expensas de dicha Junta ha mode- 
lado el ilustre escultor Sr. Coullaut-Varela, nuestro Director, con aproba- 
ción del Cuerpo, ha aceptado dicha invitación, como sucesor del Sr. Me- 
néndez y Pelayo en la Dirección del mismo. 

Las comisiones formadas en la Academia para el examen de las obras 
presentadas al premio al Talento, de la fundación del Sr. D. Fermín Caba- 
llero, que se ha de otorgar en el año actual, y el de los expedientes para 
el premio á la Virtud, están compuestas de los Académicos numerarios 
Sres. Mélida, Menéndez Pidal y Marqués de Lema, para el primero, y de 
los Sres. Novo y Colson, Lampérez y Marqués de Foronda, para el 
segundo. 



(1) Rectificación.— En el cuaderno precedente pág. 91, línea 25, donde dice 
«1008» léase «ioio», como se indica en el título del Informe. — F. F. 



NOTICIAS 197 

■Ha sido propuesto al Ministerio de Instrucción Pública y de Bellas Artes 
el Sr. Vizconde de Eza, nuestro Correspondiente, para cubrir la vacante 
que en la Jimia Superior de Excavaciones y Antigüedades de Numancia se 
ha producido por el fallecimiento del Excmo. Sr. D. Ramón Benito Aceña. 

El Sr. Marqués de Amposta, Subsecretario del Ministerio de Estado, 
ha trasladado á la Academia la última comunicación de nuestro represen- 
tante diplomático en Bruselas, Sr. Marqués de Villalobar, en que da cuenta 
oficial del curso favorable á los intereses de la Academia que lleva en 
aquellos tribunales la testamentaría de nuestro Correspondiente el señor 
Dognée, con relación á la herencia de bienes, libros y antigüedades que 
dejó á nuestro Cuerpo. 



Está á examen de la Academia el manuscrito presentado por el nume- 
rario Sr. Marqués de Foronda, con la copia de las Ordenanzas de Avila 
en 1487, destinado á su publicación en nuestro Boletín. 



Se ha puesto venal en nuestro depósito de libros el opúsculo de nuestro 
numerario Sr. Ureña, sobre Las ediciones del Fuero de Cuenca, al precio 
de tres pesetas ejemplar. 

En la sesión del 12 de Enero último presentó el Sr. Director el discurso 
de entrada del electo Sr. Gómez Moreno, que versa sobre Anales Castella- 
nos, quedando el Sr. Puyol encargado de la contestación. 



Ya está impreso y en circulación el tomo xxm de las Corles de los anti- 
guos reinos de Aragón y de Valencia y Principado de Catalana, á cargo de 
los Sres. Fita y Vignau. Comprende las de Barcelona de 1454 á 1458, con 
sus correspondientes procesos común y familiar. 



Entre los valiosos donativos que recientemente se han hecho á la Aca- 
demia son dignos de especial mención: 

i.° Una sesquilibra, peso romano de 462 gramos, recientemente en- 
contrada por los colegiales de la Compañía de Jesús cerca de Alanos, 
y que los superiores dispusieron viniese al Museo de nuestra Academia 
por manos de nuestro Director P. Fita. 

2. Los volúmenes 11, iv, v, vi y vn de los Vespucci reprints, iextes and 
studies que edita la Princeton University Press de Nueva Jersey. El pri- 
mero de estos cinco volúmenes contiene en facsímile la Lettera di Ameri- 
go Vespucci delle isole nuovamente trouale in quatiro suoi vt'ag¡ el se- 

gundo es la traducción inglesa, con introducción y notas de Mr. George 
Tyler Northup, bajo el epígrafe de Amerigo Vespucci leiter to I'icro Sode- 



I98 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

//;;/', Go7ifaloniére: ihe vcar, 1504; el tercero, la traducción también del 
mismo Mr. George Tyler Northup, del Mundus novns: litter to Lorenzo' 
Pietro di Medid) el cuarto, otra reproducción facsímile de los Paesi ñoña- 
mente retrouati &> Nouo Modo da Alberico Vespuctio Florentino (1508), y el 
quinto, también en facsímile, la Sensuyt le Non / tieau mode el na j uigaiions: 
fai I des par Emerie de vespuce Florentin ¡ Des / pays et isles nonuellemél 
trounez au-panát j a no ¡ imógnenz lant en Velhiope q arrabie ¡ Calichnt et 
aulires pluSieurs regions estro. / ges. Transíales de Ilalien en Lágue fra- 
coise ¡par mathurin dn redoner licende es loix (15 15). 

Estas obras fueron presentadas por el secretario accidental, Sr. Pérez 
de Guzmán y Gallo. 

3. Manuscrito inédito del contra-almirante de la Armada D. Ricardo 
de la Guardia, titulado Crónica de la isla de Balabal desde el año 1858 en 
que España se posesionó definitivamente de ella. Escribióla el donante en los 
años 1895-96, siendo á la sazón teniente de navio de primera clase y go- 
bernador de dicha isla. La obra, toda autógrafa, está ilustrada con intere- 
santes mapas. 



En la sesión del día 19, el Sr. Mélida, como decano y presidente de la 
Comisión nombrada para el premio al Talento, consultó á la Academia 
sobre si debía ó no eliminarse, conforme á las condiciones publicadas en 
la convocatoria, cualquiera obra que se hubiese presentado con opción 
al premio, no estando vivo el autor. Se promovió interesante discusión, 
en que tomaron parte los señores Marqués de Foronda, de Laurencín y 
de Lema, Conde de la Mortera y Ureña, y se acordó, por unanimidad, 
para ahora y para siempre, que no sean admitidas á concurso las obras 
que se presentasen después de haber fallecido sus autores. 

Otro acuerdo importante tomó la Academia en su sesión del día 26 
con motivo de la solicitud presentada por un individuo á quien en años 
anteriores se le había otorgado uno de los premios de las fundaciones 
Caballero, y que pedía que de su expediente se desglosasen los docu- 
mentos presentados y se le devolviesen. El acuerdo ha sido darle co- 
pias de los que pida, pero no los originales, que quedarán perpetua- 
mente en los Archivos de la Academia. 



El bibliotecario mayor de S. M. el Rey, en su real nombre, ha obse- 
quiado á la Real Academia de la Historia con un ejemplar del tomo vi de 
la Colección de obras de la Real Biblioteca. Comprende las Medallas 
ae la Casa de Bortón, de Don Amadeo f, del Gobierno Provisional y de la Re- 
pública Española, y las ha descrito nuestro numerario I). Antonio Vives. 
El frontis que le sirve de primera portada, muy elegante, ha sido dibuja- 



NOTICIAS 1 09 

do por D. Miguel Velasco, jefe de la Sección de Bellas Artes de la Biblio- 
teca Nacional, y las 74 láminas que ilustran la obra están compuestas con 
las fotografías de las medallas que forman la colección de la Real Biblio- 
teca, hechas por Thomas, y se han estampado en la fototipia de la Casa 
Hauser y Menet. 

La obra es en 4. mayor, con xxiv-533 págs., colofón é índice general. 

El texto descriptivo de las piezas referidas divide las medallas en dos 
grandes grupos: el de las proclamaciones y el de las conmemoraciones; mas 
la descripción es siempre la técnica, sin ningún género de atavío literario. 
Como desde el reinado del Señor Don Fernando VI, la mayor parte de las 
medallas que se abrieron en Madrid pasaban, en proyecto, al examen y 
aprobación de la Academia de la Historia, así en la parte alegórico-artís- 
tica, como en sus inscripciones, la Academia posee interesantes expedien- 
tes relativos á su acuñación, y de varias porciones de dibujos originales, 
algunos de los cuales han sido colocados recientemente en cuadros que 
ornamentan la oficina de la Secretaría académica. 

La obra del Sr. Vives acredita su reconocida competencia en la ciencia 
numismática, y es una demostración brillante del amor con que S. M. el 
Rey D. Alfonso XIII se esfuerza en hacer conocer y vulgarizar, en aras de 
la cultura nacional, los tesoros artísticos é históricos, que, á pesar de las 
vicisitudes de todo el siglo precedente, todavía quedan como hermosos 
vestigios del impulso que, en todos los tiempos, la Historia y las Artes re- 
cibieron de nuestros gloriosos Monarcas. 



La Academia ha aceptado el valioso donativo que le ha ofrecido su Co- 
rrespondiente en Arcos de la Frontera, D. Miguel Mancheño. Consiste en 
el manuscrito de la traducción castellana que ha hecho de la Geografía de 
Sirabón, sirviéndole de texto una de las más importantes ediciones lati- 
nas del primer tercio del siglo xvi, cotejada después por él con otras más 
recientes y de corrección muy apurada. 

El Sr. Mancheño, que tantas obras interesantes tiene dadas á la estam- 
pa, sintiéndose viejo y casi perdida la vista, ha tenido el patriótico arran- 
que de regalar los libros de su escogida biblioteca á la provincial de Cá- 
diz, y al Museo de la misma capital sus colecciones, principalmente de 
antigüedades, reunidas por él durante más de cuarenta años en la parte 
de Andalucía, donde nació y reside. 

Por todas estas dádivas es merecedor de la gratitud nacional. 



El numerario Sr. Bonilla y San Martín, que con el'Sr. Menéndez Pidal 
compartía la predilección del malogrado Menéndez y Pelayo, entre todos 
los numerosos discípulos que tuvo el gran maestro, con noble constancia 
continúa la edición, interrumpida por la muerte, de las Ol ras completas 



200 BOLETÍN de la real academia de la historia 

que edita la casa de D. Victoriano Suárez, bajo la inteligente dirección 
del Sr. Graiño. En una de las últimas sesiones, el Sr. Bonilla presentó el 
tomo ni y último de la Historia de la poesía castellana en la Edad Atedia, 
cuyo texto ha ordenado y enriquecido con interesantes notas. 

El tomo mencionado abraza todo el movimiento literario peninsular 
durante el feliz reinado de los Señores Reyes Católicos Don Fernando y 
Doña Isabel, en el que la expansión española fué tan considerable: de modo 
que, empezando por la poesía religiosa con Fray Iñigo de Mendoza, Fray 
Ambrosio Montesino y Fray Hernando de Talavera, sigue con los poemas 
dantescos y alegóricos de Juan de Padilla, Diego Guillen de Ávila y Juan 
de Narváez, se prolonga en los poetas, así aristocráticos como populares, 
de los Cancioneros, hasta repercutir en la poesía lírica de Portugal y en la 
de la región de la lengua catalana de la corona de Aragón, y concluye con 
el tropel de sus grandes poetas regionales, Mosén Juan Tallante, el Co- 
mendador Escrivá, Mosén Crespi de Valdanra, y con los de la corte, en 
Valencia, de los Duques de Calabria. 

Este tomo es el vi de la Colección de las obras completas de Menéndez 
y Pelayo. 



El rector de la Universidad de Chile, nuestro Correspondiente D. Do- 
mingo Amunátegui Solar, ha impreso en la ciudad de Santiago de aquella 
república su hermosa traducción de la obra que en 1904 se publicó en 
Nueva York por el Sr. Ed. G.iylord Bourne, profesor de Historia de la Uni- 
versidad de Yale, titulada Régimen colsnial de España en America. 

Desde que apareció esta obra se empezó á notar la reacción notoria que 
en toda América, así la española como la anglosajona, ha experimentado 
la manera de juzgar el sistema colonial de España en el Nuevo Mundo. Ya 
no sólo no se condena, como hasta aquí había sucedido por toda clase de 
historiadores extranjeros, ese sistema, sino que, por el contrario, se reco- 
noce explícita y paladinamente que la labor social y política de la Madre 
Patria en América puede compararse, con ventaja, con el régimen de los 
demás países colonizadores de Europa, y sobre todo con el de Inglaterra. 

El Sr. Bourne desde 1885 ha producido una numerosa bibliografía de 
obras originales que le han conquistado una gran autoridad en todo el 
mundo sabio. En 190 1 dio á la estampa sus Essays in Historical Criticism,, 
con cuyos principios en 191 3 arrojó á la estampa su Historical introdnetion 
lo the PhiUppine fsland, y en 1904 el Spain in America, que es la obra tra- 
ducida por el Sr. Amunátegui. A su muerte prematura le cupo el honor 
de haber dejado tras sí numerosos y sabios prosélitos, á quien la verdad 
sobre el alma de España en el Nuevo Mundo inspira sin cesar obras de 
tanta valía como la de que aquí se hace mérito. 

J. P. de Guzmán. 



tomo lxx. Marzo, 1917. cuaderno iii. 

BOLETÍN 



DE LA 



REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 



INFORMES 



OBRAS LEMOSINAS EN LA BIBLIOTECA DE EL ESCORIAL 

A cincuenta kilómetros de Madrid, por ferrocarril; recostado 
en las faldas del Guadarrama, cual si se hallase rendido bajo el 
peso de su propia grandeza; rodeado de hermosos bosques, que 
semejan un manto de esmeralda, y ceñido por la argentina dia- 
dema de la nieve que corona los picachos de la sierra; grande por 
sus dimensiones materiales, y más grande aún por su significa- 
ción histórica, porque es la personificación de aquel siglo en que 
dominamos á los pueblos con el maravilloso esfuerzo de nuestro 
brazo é iluminamos las inteligencias con los destellos de nuestro 
genio; sepulcro de nuestros reyes. y templo de nuestra cultura, 
el Monasterio de San Lorenzo, vulgarmente llamado de El Esco- 
rial, atrae cada día más las miradas de los doctos. 

Xo son, sin embargo, las extraordinarias proporciones del edi- 
ficio, que con la severidad de sus líneas y la grandeza de su con- 
junto parece evocar ideas surgidas del otro lado de las fronteras 
de la vida, como si sus autores no hubiesen sido hombres cual 
Juan Bautista de Toledo y Juan de Herrera, sino seres que parti- 
cipasen en algún modo de las condiciones de la eternidad. Xo son 
las obras de aquel coloso de la pintura, el primero en el género 
realista que ha producido la especie humana, ni- las de aquel otro 
que es hoy día considerado como el prototipo de los pintores 
espiritualistas y místicos, de Velázquez y del Greco; ni las habi- 
taciones de Felipe II, cuyo modesto decorado diríase que hubo 

TOMO LXX '3 



202 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

de idearse para que resaltase más la colosal figura de aquel mo- 
narca que durante cerca de tres siglos ha sido víctima de los 
injustos juicios forjados por la pasión y por la ignorancia. No son 
los claustros, en los cuales palpita aún toda la vida española del 
siglo xvi; ni el Panteón, alcázar de la muerte, en el fondo de 
cuyas urnas funerarias creemos sentir las lamentaciones de aque- 
llos tristes monarcas que no supieron ó no pudieron salvar los 
restos de su gloriosa monarquía. Nada de esto es lo que princi- 
palmente atrae hoy la atención de los hombres estudiosos. 

Es la Biblioteca, en la cual se ha acumulado el saber de mu- 
chas generaciones; la Biblioteca, que, para el que estudia sus 
fondos con ánimo desapasionado é imparcial, constituye la mejor 
prueba de que hay mucho de leyenda en cuanto se dice de nues- 
tro absolutismo y de nuestra intolerancia, porque en ella guar- 
daron sus fundadores, con igual cuidado, las obras de nuestros 
místicos y las obras de nuestros heterodoxos, las de aquellos 
cuya inteligencia aparecía iluminada por el fuego del amor divi- 
no, y las de aquellos en cuyo espíritu germinaba el torcedor de 
la duda ó sentían en su corazón el infierno de la protesta y de la 
rebeldía. Y esto, que parece extraño contraste, se explica fácil- 
mente, pues así como la Farmacia no pone los venenos al alcance 
de todos, sino que reserva su empleo á los que por sus estudios 
son capaces de apreciar las misteriosas reacciones mediante las 
cuales aquello mismo que puede dar la muerte se convierte en 
el cuerpo humano en agente de vida, así también los libros de 
los heterodoxos se apartaban del comercio para que no pertur- 
basen las conciencias y extraviasen el pensamiento de la genera- 
lidad, y se reservaba su lectura á los doctos, que estaban en con- 
diciones de poder distinguir lo que era perjudicial y lo que en 
ellos había de utilizablc. 

Grandes son los servicios que á la cultura patria ha prestado 
esa Biblioteca; pero con ser tan grandes no han correspondido 
á la importancia de la riqueza intelectual que encierra. Era nece- 
sario, más aún, resultaba absolutamente indispensable, que hom- 
bres competentes consagrasen sus desvelos á dar á conocer los 
fondos de aquélla, y eso es lo que no hace mucho comenzó á 



OBRAS LEMOSINAS EN LA BIBLIOTECA DEL ESCORIAL 203 

realizar un docto agustino, y eso también lo que, en pequeña 
pero interesante parte, ha llevado á cabo el joven é inteligente 
oficial del Cuerpo facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y 
Arqueólogos D. Vicente Castañeda, en el folleto que titula Catá- 
logo de los manuscritos lemosines, ó de autores valencianos ó qite 
hacen relación á Valencia, que se conservan en la Real Biblioteca 
del Escorial. 

No se crea que por referirse exclusivamente á la literatura que 
tuvo su origen en aquel conjunto de pueblos que parecían llama- 
dos á constituir la nacionalidad de lengua de oc, nacionalidad que, 
como dijo el sabio Milá y Fontanals, Dios no bendijo, por que 
desapareció casi antes de formarse, fundida parte en Francia y 
parte en el Condado de Barcelona, no se crea que por eso tiene 
ese trabajo menos interés. 

La literatura lemosina es mal apreciada generalmente. No se 
compone sólo de canciones sanguinarias, como las de Beltrán de 
Born; cínicas, como las de Guillermo de Poitiers; procaces y bru- 
tales, como las de Bergadá; no es únicamente una colección de 
serventesios, cual los de Sordel el Mantuano; de descorts, como el 
de Rimbaldo de Vaqueiras; de albadas religiosas, como las de 
Guido Folquet (después Clemente IV en el Pontificado); de can- 
tos á la dama ó de elogios ó críticas al poderoso. Es algo más, 
algo que importa grandemente para el estudio de la evolución y 
desarrollo del pensamiento en la Península; porque la literatura 
lemosina es Historia con Muntaner, es física con Vilanova, es 
filosofía con Raimundo Lulio, y Muntaner, Vilanova y Lulio, ad- 
mirable trinidad que ejerció poderosa influencia, tienen una alta 
representación y un positivo valor en nuestra cultura. ¿Cómo no, 
si el lulismo, objeto de tantos estudios, ha sobrevivido al naufra- 
gio de multitud de sistemas filosóficos, y tiene aun hoy día sus 
admiradores y sus devotos? 

Se ha dicho por algunos que así como los colores del espectro 
son producto de la descomposición de la luz á través del prisma, 
así también las literaturas regionales son consecuencia de la des- 
composición del pensamiento nacional á través del tiempo y del 
espacio; pero en este aserto hay un lamentable error por inver- 



204 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

sión de los términos del problema. Las literaturas regionales no 
son resultado de las modificaciones que sufre el pensamiento na- 
cional por la influencia de elementos geográficos, sino que este 
último es efecto de la acción, de la coincidencia, de la confusión 
de aquéllas; y así como en los colores del espectro es imposible 
fijar matemáticamente el punto donde cada uno concluye y 
comienza el otro, así también en el pensamiento nacional, en la 
cultura nacional, es absolutamente imposible determinar con 
exactitud el grado de influencia ejercido por las literaturas regio- 
nales. En realidad, esa influencia es recíproca. Trovadores lemo- 
sines había en las Cortes de Alfonso VII y de Alfonso VIII: Mar- 
cabrú excitó á los provenzales á tomar parte en la jornada con- 
tra Almería, y Ramón Vidal de Besalú, Gabaudan el Viejo, Gi- 
rardo de Clausó y otros, cantaron las glorias y las desventuras 
del hijo de Sancho el Deseado; y mientras esto pasaba en Cas- 
tilla, poetas castellanos trovaban en galaico-portugués, como se 
advierte en el Cancionero de la Vaticana, y en gallego también 
cantaban otros en la Corte de Don Jaime el Conquistador. ¿Cómo, 
pues, no ha de ser necesario conocer esa literatura? Y siendo 
necesario conocerla, ¿cómo no ha de aplaudirse al Sr. Castañeda, 
que nos facilita la consulta de las obras lemosinas que existen en 
la Biblioteca del Monasterio de El Escorial? 

Entre las que enumera el joven archivero hay algunas que 
tiene positivo interés para la Historia. Por ejemplo: la Relación 
de la fundación del Real Monasterio de San Miguel de los Reyes, 
hecha por Don Fernando de Aragón, Príncipe jurado de Ñapó- 
les y Duque de Calabria, y por su esposa Doña Germana de Foix, 
mujer que fué del Rey Católico; pues en esa Relación, cada vez 
que se habla del casamiento de Doña Germana con el Duque de 
Calabria, se repite la frase que siempre estuvo enamorada de él, 
frase que mueve al Sr. Castañeda á preguntar si será esta expresión 
reflejo de la causa que motivó la largay penosa prisión del Duque, 
porque de serlo explicaría la conducta de Fernando V. Por cierto 
que aun cuando fuese exacto que Doña Germana estuviera siem- 
pre enamorada del Duque de Calabria, no parece que éste guar- 
dó á aquélla una gran fidelidad, porque todo induce á creer, 



OBRAS LEMOSINAS EN LA BIBLIOTECA DEL ESCORIAL 205 

como con gran fundamento supone el Sr. Castañeda, que Doña 
Jerónima de Aragón, monja profesa del Monasterio de la Conso- 
lación, de Játiva, fué hija natural del citado Duque. 

También son interesantes, en el mismo concepto, las copias 
de las cartas del Emperador Carlos V y de Doña Germana, re- 
lativas á la derrota y prisión de Francisco I, porque á esas copias 
acompañan notas dando cuenta de la llegada á Valencia y de la 
estancia en esta ciudad del monarca francés. 

Xo quiero dejar de mencionar, aunque tenga menos interés 
para cuantos conozcan el precioso estudio que á la pagesia de re- 
mensa en Cataluña consagró nuestro sabio Secretario perpetuo el 
Sr. Hinojosa, que en el Catálogo figuran los capitols ó apunta- 
mientos de la concordia ultimada y firmada en 25 de Mayo 
de 1462, pero que no fué efectiva hasta 1486, entre los pageses 
llamados de remensa y sus señores, en cuyos capitols figura la 
súplica de que el señor no pueda dormir la primera noche, es 
decir, la noche de la boda, con la mujer del pagés, á lo cual con- 
testan los señores que no saben ni creen que. tal servidumbre 
exista ni sea exigida por ningún señor; pero que en todo caso la 
renuncian, casan y anulan, como cosa muy injusta y deshonesta. 

Estos capítulos, que ya conoció el Sr. Hinojosa, aunque sólo 
por la copia de un documento incompleto procedente del archi- 
vo parroquial de San Vicente de Malla, confirman la opinión de 
nuestro ilustre compañero, contraria á la mantenida por el señor 
Cárdenas, de que el llamado jus primae noctis ni rigió como de- 
recho ni existió como hecho general, sino como pretensión for- 
mulada y violencia ejercida en ocasiones por algunos señores; y 
echan también por tierra la interpretación de Schmidt de que 
se trataba de un mero formalismo, pues de ser esto exacto, otra 
habría sido la respuesta y holgaban los calificativos con que los 
mismos señores condenaron ese supuesto derecho. 

Claro es que, aun cuando no existiese como derecho ni como 
hecho general, las excepciones no debieron ser pocas cuando 
constituyeron una de las causas de aquella gravísima lucha social 
que tan hondamente conmovió á Cataluña en el siglo xv. 

Prescindo de otras citas, para no molestar más la atención de 



20Ó BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

los señores Académicos, y me limito á decir que el Sr. Casta- 
ñeda no se concreta a enumerar las obras lemosinas que existen 
en la Real Biblioteca del Monasterio de El Escorial, sino que, 
respecto de la mayor parte de ellas, da interesantes noticias bi- 
bliográficas, ya enumerando las ediciones que de cada una se han 
hecho, si se trata de obras impresas, ya indicando dónde existen 
copias ó el original de las mismas, cuando se refiere á manuscri- 
tos, y que al Catálogo acompañan varios fotograbados, reprodu- 
ciendo miniaturas y páginas de algunos códices. 

Se trata, pues, de un trabajo interesante y bien hecho, con el 
cual el autor presta un señalado servicio á los hombres estudio- 
sos. Que de nada sirve que las Bibliotecas y los Archivos guar- 
den entre sus fondos verdaderas riquezas, si éstas no son cono- 
cidas. El trabajo de investigación, cuando no existen catálogos 
como el que motiva estas líneas, es verdaderaments enorme. La 
vida de un hombre no bastaría si para escribir cualquier obra en 
la que hubiese de tenerse presente lo que se ha escrito, bien 
esté publicado ó bien permanezca inédito, acerca de la materia 
sobre la cual versa aquélla, hubiese de recorrer uno por uno to- 
das esas Bibliotecas y todos esos Archivos. Agradezcamos, por 
tanto, al Sr. Castañeda la meritoria labor que con tanto acierto 
ha realizado, y alentémosle á seguir el camino emprendido, que 
es el que hace años recorre, con general y merecido aplauso, el 
Cuerpo al cual él pertenece, y del que también tengo el honor 
de formar parte, aunque yo sea el último de sus miembros. 

La Academia, que ha tenido la benevolencia de otorgarme su 
ilustrada atención, resolverá, no obstante lo dicho, lo que estime 
más procedente en justicia. 

19 Enero 1917. 

Jerónimo Bécker. 



CASA DE CORREGIDORES Y CÁRCEL DE BAEZA 207 

II 

CASA DE CORREGIDORES Y CÁRCEL DE BAEZA 

La Dirección general de Bellas Artes del Ministerio de Ins- 
trucción pública remite á informe de esta Real Academia de la 
Historia, la instancia de los señores Alcalde, Concejales y veci- 
nos de la ciudad de Baeza, en solicitud de que sea declarado 
«monumento nacional» el edificio que hoy ocupa el Ayunta- 
miento, y que fué antes «Casa de Corregidores» y «Cárcel» de 
dicha ciudad. Razonan su petición en consideraciones sobre el 
mérito que atesora el edificio, bellísima obra del siglo xvi, del 
insigne artista Pedro de Valdelvira, haciendo constar que por la 
decadencia de la, en otros tiempos, opulenta ciudad, ni la Corpo- 
ración ni el vecindario pueden atender como es debido la con- 
servación de aquella joya del Renacimiento. 

Rodea á la Baeza medieval un ambiente de glorias históricas y 
artísticas, sustentadas por familias tan linajudas que llegaron á 
suscitar los recelos de los Reyes Católicos. Las cuales, venidos 
los días de Carlos V, recobraron sus antiguos bríos, militando en 
favor de las Comunidades y contra los partidarios del Empera- 
dor, con furioso odio que ensangrentó por largo tiempo las ca- 
lles, pacificadas tan sólo por la evangélica voz del maestro Juan 
de Ávila. Generoso el monarca, perdonó á Baeza, y su clemencia 
pareció reanimar la historia episcopal, literaria, municipal y reli- 
giosa de la ciudad que restauró ó levantó de nuevo la «Catedral, 
la Universidad, el palacio obispal, el Ayuntamiento, San Fran- 
cisco y el Pósito. Y siguiendo el impulso reconstitutivo, edificó 
la «Casa de Corregidores» y «Cárcel» con suntuosidad, indica- 
dora del alto concepto en que los ciudadanos tenían las institu- 
ciones de la Justicia. 

Presenta el edificio extensa fachada de dos pisos. En el bajo 
hay dos puertas y varias ventanas. Una de aquéllas, de arco 
muy rebajado, está encuadrada por columnas; la otra, con anchas 
dovelas en semicircunferencia, tiene á los lados sendas figuras de 



208 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

la Caridad y de la Justicia. En el piso principal se ostentan tres 
amplios balcones, compuestos con el tema tan caro á Bramante, 
de un hueco de arco de medio punto, entredós, menores, rectan- 
gulares, con «ojos de buey» en las enjutas. Corona la fachada un 
muy decorado friso con ménsulas y un magnífico alero de made- 
ra. Destacan en los netos de la fachada, el escudo de España, 
sobre águila unicéfala; el de la ciudad; el de la familia de los 
Borja y una cartela. Y en distintos lugares se leen versículos de 
la Biblia y la historia abreviada del monumento. Dicen aquéllos: 
«Beatus qui intelligit super egenum et pauperem in die mala.» 
«In medio justiciae misericordiae recordaberis: misericordia su- 
perexaltat juditium.» Cuenta la historia: «Esta obra se hizo por 
mandato de los ilustres señores de Baeza, siendo corregidor della 
el muy ilustre Sr. D. Juan de Borja, año 1 5 59.» Enjutas y pilas- 
tras, frisos y archivoltas, jambas y aleros están cuajados de gru- 
tescos, guirnaldas, figuritas y caprichos del más grande valer 
artístico, y de insuperable cincel. 

;( _)uién fué el autor? La instancia de las personalidades de Bae- 
za, que sirve de base al expediente, dice que lo fué Pedro de 
Valdelvira. ¿Se funda para ello solamente en las afirmaciones de 
Ponz y de Cean Bermúdez, ó en algún documento del archivo 
municipal? Lástima es, en verdad, que no aclare este punto, pues 
fuera de capital importancia para la Historia de las Artes españo- 
las la documentación de aquel aserto. Porque en los modernos 
estudios del sabio electo de esta Real Academia Sr. Gómez Mo- 
reno se duda de la existencia de Pedro de Valdelvira. Según lo 
que expuso en una conferencia del Ateneo de Madrid, y publicó 
después la revista Por el Arte (Marzo de 1 91 3), probablemente 
no existieron sino Andrés de Valdelvira y su hijo Alonso; siendo 
erróneas las noticias que dio Ponz como «rastreadas» directa- 
mente en Ubeda, y las que Cean Bermúdez afirmó ser «exactas». 
El gran maestro, según aquellos estudios, fué Andrés, nacido en 
Alcaraz en 1 509, protegido por el secretario de Carlos V, Fran- 
cisco de los Cobos, y por su deudo Diego de los Cobos, y muer- 
to en 1575 (y no en I579> como escribió Cean), que es la fecha 
del testamento insertado en el Viaje, de Ponz. De modo que, de 



CASA DE CORREGIDORES Y CÁRCEL DE BAEZA 209 

comprobarse el supuesto, que tan profundameute se opone á 
todo lo antes sustentado, y deberse á un Valdelvira la «Casa de 
los Corregidores» de Baeza, Andrés sería el autor. De su escue- 
la, por lo menos, sí puede afirmarse que lo es. 

Como toda obra humana, el monumento tiene defectos. Uno, 
grave, puede señalarse en la fachada: la falta absoluta de lo que 
se llama carácter en las modernas teorías arquitectónicas. No hay 
que buscarlo, ciertamente, en las obras del siglo xvi. Sólo el tem 
pío afecta forma inconfundible de su destino: los demás edifi- 
cios públicos, caen, no importa su objeto, en un patrón invaria- 
ble: el del palacio. Dentro de la arquitectura palaciana está la 
«Casa de Corregidores» de Baeza. Su destino, afecto á la Justi- 
cia, está indicado solamente, por modo sobrio y artístico, en los 
versículos de la Biblia, recordatorios de la compatibilidad de la 
justicia con la misericordia, y en las dos estatuas de la Justicia y 
de la Caridad, muy expresivas para el cristiano. 

El interior, de planta rectangular, tiene 44,50 metros en su 
fachada principal al Pasaje del Cardenal Benavides, y 42,70 c n 
la accesoria, á la calle de la Cárcel. La distribución está hecha 
por crujías, sobre la base de un patio central y tres laterales, 
una escalera principal y diversos locales, sin que, hasta el pre- 
sente, se encuentren en ninguna de estas partes nada especial ó 
artístico. Acaso en aquella distribución puedan señalarse dos 
partes: la «Casa de Corregidores» en la de la derecha, y la «Cár- 
cel» en la izquierda. En ambos destinos cesó el edificio hacia el 
promedio del pasado siglo, pasando al de «Casa de Ayunta- 
miento», que hoy tiene. 

Aquella fachada, pues, alcanza la categoría de página de la 
Historia de España, en su rama del Arte arquitectónico. En 
efecto; hay en el desarrollo del Renacimiento en nuestro si 
una modalidad interesantísima: la desarrollada en Granada, por 
Diego de Siloe, y que siguieron, con más ó menos derivaciones, 
Asensio y Juan de Maeda, Orea, Andrés de Valdelvira y Hernán 
Ruiz el Joven. Esta escuela de Arquitectura se diferencia en mu- 
chos puntos de la castellana sincrónica, principalmente, por el 
uso de ciertos temas italianos, allí empleados con mayor pu- 



210 BOLETÍN de la real academia de la historia 

rismo que en Castilla, y por un sabor marcadamente propio. Tal 
escuela tiene su límite geográfico en Baeza y en Ubeda; porque 
situadas en el paso obligado de comunicación entre Castilla y 
Granada, fueron cauce donde confluyeron ambas corrientes artís- 
ticas. Y así, en esas ciudades, al lado de obras castellaníshnas 
como el Palacio de los Molinas, de Ubeda, y el Cabildo Viejo, 
de Baeza, surgen otras muy granadinas, como el Salvador, en la 
primera de dichas poblaciones, y la «Casa de Corregidores», de 
la segunda. 

Basta esta consideración (aparte de su gran mérito artístico) 
para conceder á la fachada del monumento baezano la alta cate- 
goría de página histórica, y, por lo tanto, para que esta Real 
Academia deba pedir su inclusión en el catálogo de los «na- 
cionales». 

Mas es precisa una nota. Llevando inclusa esa declaración la 
carga para el Estado de sufragar las obras que su conservación 
exija, y siendo el edificio de que se trata un compuesto de una 
meritoria fachada y de un insignificante interior, no fuera justa 
una declaración de «monumento nacional» para ambas partes, 
cargando al Estado responsabilidades que no le competen, y que 
deben seguir, como hasta aquí, á cargo del Municipio. Entiende, 
pues, el que suscribe, y así lo somete al más autorizado parecer 
de la Real Academia de la Historia, que procede la petición de 
«monumento nacional» exclusivamente para la fachada principal 
al Pasaje del Cardenal Benavides y partes que, conductivamente, 
coadyuven á su sostenimiento y conservación, con exclusión de 
todas las demás del edificio. 

Madrid, 8 de Enero de 1 917. 

Vicente Lampérez y Romea. 



geografía de espaxa 



III 



GEOGRAFÍA DE ESPAÑA 
por D. Rafael Ballester y Castell. 

Cumpliendo el encargo con que me honró el Sr. Director de 
nuestra Real Academia, he examinado la Geografía de España, 
de D. Rafael Ballester, que, para informe, á los efectos de la Real 
orden de 28 de Febrero de I908, fué remitida á nuestra Corpo- 
ración por la Subsecretaría del Ministerio de Instrucción Pública 
y Bellas Artes. 

Se trata de un libro que representa la nueva y fecunda ten- 
dencia de los modernos geógrafos, que dan importancia capital 
en la enseñanza de esta ciencia á la descripción oral y á la repre- 
sentación gráfica del territorio que se estudia, para poder adqui- 
rir pleno y exacto conocimiento del medio físico en que se des- 
arrolla la vida de los pueblos. El maestro de Geografía, el geó- 
grafo que ejerce la función docente, ha de escribir y enseñar con 
la finalidad de que el lector, ó el alumno, adquiera noción clara 
y real de lo que son, y cómo son, países y pueblos, y de la rela- 
ción que existe entre los caracteres propios de una región ó te- 
rritorio y la manera de ser la vida humana en ellos. 

Para estudiar la Geografía de nuestra nación hay que conocer, 
ante todo, la fisonomía de las tierras españolas, así en su aspecto 
general como en el particular de las comarcas ó regiones que 
representan la variedad dentro de la unidad geográfica denomi- 
nada «España». 

El estudio de las condiciones físicas del territorio español forma 
la primera parte del libro del Sr. Ballester, en cuya segunda pá- 
gina — consecuente el autor con el valor que acertadamente da 
á la representación gráfica — aparece una preciosa reducción en 
fotograbado del mapa hipsométrico-batimétrico de la Peni: 
ibérica, que construyó el gran geólogo y geógrafo español don 
Federico de Botella. 



2 12 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

Otros fotograbados y gráficos de perfiles y alineaciones de 
montañas hacen ver lo que oralmente se describe en el texto en 
los capítulos de estructura orográfica y relieve del suelo español. 
Mapas ó croquis de la distribución media anual de las lluvias, y, 
en general, de aguas corrientes, ilustran el capítulo dedicado al 
estudio del clima. 

Como condiciones físicas derivadas, y también con los corres- 
pondientes fotograbados, gráficos comparativos y croquis de las 
principales cuencas fluviales, trata después el Sr. Ballester del 
litoral y de la hidrografía española. 

Terminado el estudio del territorio, y tras breves nociones de 
sus aptitudes vegetales, empieza, con el clásico epígrafe de «Geo- 
grafía Política», el del pueblo que lo habita. No se limita el autor 
á los datos ó noticias referentes á la población, raza, idioma, 
etcétera, sino que va señalando cuestiones ó problemas de espe- 
cial interés para conocer la razón geográfica de ciertos hechos 
sociales y políticos, como la despoblación de España, la emigra- 
ción y el individualismo indócil y disolvente que nos caracteriza. 

Sigue el estudio del pueblo español constituido en Estado, es 
decir, la parte propiamente política de la obra, y luego los capí- 
tulos de «Geografía Económica», expuesta con gran amplitud en 
cada una de las fuentes de producción que, en conjunto, vienen 
á crear la riqueza nacional, es decir, la agricultura y la ganadería, 
con párrafos dedicados á estepas y riegos, la minería y las indus- 
trias fabriles, las vías de comunicación, el comercio, etc., etc.; en 
suma, todo cuanto es necesario saber para tener idea del valor 
económico de la nacionalidad española. Croquis, cartogramas, 
gráficos y grabados contribuyen á facilitar la inteligencia de los 
datos y consideraciones que se presentan en esta parte de la obra. 

Los últimos capítulos del libro del Sr. Ballester comprenden 
el estudio particular de la regiones españolas. Atendidos los ca- 
racteres geográficos, distingue aquél siete regiones naturales, á 
saber: Central, Septentrional, Ibero-Pirenaica, Mediterránea, Le- 
vantina, Bética y Meridional. 

Es en este punto en lo que cabría disentir de las opiniones del 
autor. Como él mismo dice, la complejidad de elementos físicos 



UNA OBRA INÉDITA DEL GENERAL MATURANA 213 

y humanos que hay en nuestra Península, dificulta establecer una 
clasificación precisa y rigurosa, y por esto es también difícil llegar 
á un acuerdo en cuanto á la división de España en regiones 
naturales, y más aún si se pretende tener en cuenta toda la va- 
riedad de esos elementos físicos y humanos. Así, por ejemplo, á 
pesar de las razones que tenga el Sr. Ballester para agrupar en 
una región, la Central, á ambas Castillas (menos Santander y 
Logroño), León, Extremadura y la provincia de Albacete, habrá 
seguramente quien no vea los caracteres de homogeneidad nece- 
sarios para incluir dentro de una misma región natural á Soria y 
Badajoz, á León y Albacete. 

Croquis y grabados de paisajes, localidades importantes y tipos 
y trajes regionales, avaloran esta última parte de la Geografía de 
España, publicada por el Sr. D. Rafael Ballester, obra que, ajui- 
cio del que suscribe, es digna de elogio por su contenido doctri- 
nal y por su plan y método, ajustados á las exigencias de la en- 
señanza en los Institutos generales y técnicos. Por consiguiente, 
merece ser aprobada, para que sirva de mérito al autor en su 
carrera. 

La Academia, no obstante, resolverá con mayor acierto. 

Madrid, 19 de Enero de 1 9 1 7 . 

El Marqués de Foronda. 



IV 

UNA OBRA INÉDITA DEL GENERAL MATURANA 
DATOS PARA LA HISTORIA DE LA ARTILLERÍA VOLANTE 

Don Vicente María de Maturana fué de aquellos ilustres artilla- 
ros que, por su cultura, amor al servicio y distinguidos hechos, al 
finalizar el siglo xvm y en los primeros años del xix, Bupieron 
mantener á gran altura el prestigio del Cuerpo. ría, An- 

tran, Vallejo, Navarro, Devos y otros, contribuyó á la formación 
de la artillería de campaña en España, tal como hoy se entiende, 



214 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

ó sea, dotada de la movilidad necesaria para poder acompañar á 
la infantería y caballería en toda clase de terrenos, dejando de 
constituir, como hasta entonces sucedía, una dificultad en la ma- 
niobra de los ejércitos, pudiendo asegurarse que Maturana á to- 
dos se adelantó en los primeros ensayos de esta artillería, por 
entonces denomida volante ó de á caballo. 

Su larga é intensa vida artillera llevóle á ocupar el más alto 
puesto (i) del Cuerpo, pero su nombre no ha llegado hasta nues- 
tros días con el relieve que otros contemporáneos suyos alcan- 
zaron, considerándolo acreedor, en nuestra opinión, á que sea 
más conocido en la actualidad. 

De este distinguido artillero hemos tenido ocasión de exami- 
nar una obra inédita que, por ser un atinado juicio crítico de la 
organización de la Artillería, tal como quedó después déla «Or- 
denanza de 1802», creemos será apreciado por los lectores de 
este Boletín. 

Reciente la referida Ordenanza, en la fecha de la citada obra, 
pronto se pusieron de manifiesto los defectos esenciales que pre- 
sentaba, y el Príncipe de la Paz, por conducto del jefe del Estado 
Mayor de Artillería, trató de conocer opiniones para modificar 
aquello que la práctica aconsejaba. 

Esta ordenanza, de larga gestación, de la cual decía el briga- 
dier de Artillería D. Agustín García de Carrasquedo, en un 
curioso impreso (2), que «fué obra sólo de la ciencia y experien- 



(1) Nació en Madrid, el 16 de Octubre de 1754 (Archivo Histórico Na- 
cional. — Orden de Calatrava, Pruebas de caballeros, núms. 1.556), y falleció 
en Sevilla á los cincuenta y cinco años de edad, siendo Director coronel 
del Cuerpo, con cuarenta y un años, nueve meses y seis días de servicio. 
En el escalafón del año 1891, en la sucinta biografía que de este artillero 
contiene, se indica, como fecha en que murió, la del 18 de Noviembre de 
1809, pero, en una invitación para su entierro consta se verificó éste el 13 
del mismo mes y año. Al ocurrir su muerte, el día 12 del citado mes, resi- 
día en la plazuela de San Vicente, siendo enterrado en la parroquia de 
San Miguel. (Invitación dirigida á D. Juan Carvallo y Vera por el decano 
del Consejo de la Guerra. (Biblioteca del Depósito de la Guerra y Gaceta 
de Sevilla del 28 de Diciembre de 1809.) 

(2) Papel que el Brigadier de Ar l i Hería D. Agustín García de Carrasquedo 
dirige á los Señores Diputados de las Cortes ordinarias... Enero 18 14. s. 1. 



UNA OBRA INÉDITA DEL GENERAL MATURANA 2 t 5 

cia de varios oficiales generales y particulares del Cuerpo» (con- 
cepto también expuesto por el general Maturana á la Junta Cen- 
tral), constituye un interesante jalón en la historia orgánica de la 
Artillería, ya que los sucesos á ella posteriores habrían, en plazo 
no lejano (1812), de destruir lo que organizado estaba, teniendo 
que comenzarse después una lenta reconstitución de cuanto la 
invasión francesa hizo desaparecer. 

El prestigio que gozaba Maturana se revela al solicitar el gene- 
ralísimo su opinión, pues los términos en que á él se dirige el jefe 
del Estado Mayor de Artillería son de lo más encomiásticos y 
acreditan el elevado concepto que por sus trabajos y práctica 
en la profesión merecía de sus compañeros de armas. 

El manuscrito (i) de que vamos á ocuparnos es una copia de 
la misma época que el original, enviada por su autor á la Supe- 
rioridad, siendo su referencia bibliográfica la siguiente: 

Dictamen / de / D n Vicente M a de Maturana y Altemir Ca- 
ballero profeso del orn de Calatrava: / Administrador usufruc- 
tuario de la encomien- / da de Huelamos en la de Santiago: Alaes- 
tro / militar del Principe Nuestro Señor y S es / Infantes: Brig* de 
los R s Ex tos: Jefe de Es- / cuela del Departam to de Artillería de 
Sevi- ¡ lia: y O e gral. de la del Exto de Campa- ¡ ha del Campo 
de Gibraltar / sobre la organización mas combenientc del R l Cpo 
de Artillería / Año de 1805. 

Ms. de 70 hojas, de 300 por 210, sin numerar, de ellas, dos al principio 
en blanco. 

Portada — v. en b. — Reservado — texto— (al fin) Algeciras 12 de Diciem- 
bre de 1805. —Vicente M. a de Maturana. 

Comienza la obra copiando dos comunicaciones, la primera, 
dirigida por D.José Navarro al autor, ordenando, en nombre del 
generalísimo Príncipe de la Paz, que presentara un plan de orga- 
nización de la Artillería, atendiendo al creciente desarrollo que 
había tomado esta arma y á la necesidad de personal, aumentada 
por tener que proporcionarlo también para la escuadra; al mismo 



(1) Pertenece á D. Carlos Gutiérrez Valcárcel, y debemos á su corte- 
sía el conocimiento de este interesante trabajo de su ilustre antepasado. 



2l6 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

tiempo le llamaba la atención acerca de la conveniencia ele dividir 
la Artillería, con arreglo al servicio que hubiese de prestar, en 
artillería de campaña, plaza y costa (i). La segunda comunica- 
ción es copia de la dirigida por Maturana al jefe del Estado Ma- 
yor de Artillería al enviar su Dictamen. 

A continuación trata (2) de las «Ideas generales para la forma- 
ción de un plan de organización del Real Cuerpo de Artillería en 
Kspaña, contraída al departamento de Andalucía y costas del 
Campo de Gibraltar, que podían servir de término de compara- 
ción en los demás departamentos, para consolidar el número y 
fuerza de la oficialidad, regimientos de campaña, compañías pro- 
vinciales para las fortalezas, plazas marítimas, costas, compañías 
de inválidos y dispersos por absolutamente inútiles», exponiendo 
su autor, primeramente, la conveniencia de que cesara el consi- 
derarse á la Artillería sólo como de posición, y atendiendo ala 
facilidad que para su transporte y servicio se había conseguido, 
creía era ya hora de que, en unión de la infantería y caballería, 
se la tuviera en cuenta como arma combatiente y maniobrera, 
pues si bien los ejércitos se transformaron con arreglo á los prin- 
cipios preconizados en aquella época, fundados en la velocidad 
de los movimientos, en el establecimiento de las bases militares 
de operación, en maniobrar siempre sóbrelos flancos y retaguar- 
dia de los enemigos, en cortar recíprocamente los convoyes y 
subsistencias y en las ventajas de hacer las operaciones excéntri- 
cas ó concéntricas respecto á las bases militares «la artillería no 
se estacionó, y, tanto aligerando su material como haciendo que 
sus sirvientes fueran transportados rápidamente, púsose en con- 
diciones de prestar su concurso al ejército, consiguiendo que no 
fuese tenida como accesorio útil sólo para ciertos casos y puntos 

(i) Según la Ordenanza de 1S02, entonces vigeute, constituían el Cuer- 
po, en pie de guerra, para la Península, Norte de África, Baleares y Cana- 
rias, 5.965 hombres, distribuidos cu cinco regimientos, cada uno afecto á 
¡111 departamento, y tres compañías fijas, de ellas dos con residencia 
en Ceuta y la tercera en Mallorca. Además existían cinco compañías de 
obreros, cuatro de artilleros inválidos hábiles y una compañía de caballe- 
1 adetes. 

(2) Empleamos, al trasladar el ms., la ortografía moderna. 



UNA OBRA INÉDITA DEL GENERAL MATURANA 217 

determinados» (i), sino que ocupara el lugar correspondiente en 
las batallas, con «un movimiento superior al de la infantería é 
igual, al menos, al de la caballería». 

Claramente deja ver el general Maturana su entusiasmo por la 
Artillería volante, recordando las campañas en que su empleo se 
inició, siendo esto natural en quien como él fué uno, tal vez el 
primero (2), de los que idearon este medio de aligerar el trans- 
porte de la artillería, y desde luego, de los que más contribuye- 
ron á su implantación en la Península durante la campaña del 
Rosellón (1793-95)- Llega hasta escribir «que este movimiento 
rápido de la artillería ha producido en el arte militar un influjo 
aun mayor que la misma invención de la pólvora». 

Insiste más adelante sobre este punto al sentar que «jamás la 
numerosa artillería, sino la más bien situada y servida será la que 
defienda y ofenda, y en campaña, la que en igualdad de calibre 
se mueva con más velocidad», y después de algunos ejemplos en 
apoyo de lo que expone, cita varias campañas, y entre ellas la 
del Rosellón, en la cual, mientras la artillería estuvo situada en 
posiciones fijas, con lo cual se le restaba movilidad, que por otra 
parte no siempre se pudo conseguir dado el calibre de algunas 
de las piezas que se usaban, no obstante la gran cantidad de ma- 
terial aglomerado (3), resultó de poca utilidad, de difícil servicio 



(í) Era idea tan generalizada entonces la que se tenía sobre la poca 
utilidad de la Artillería en el campo de batalla, que ya Moría, en el pró- 
logo de la primera edición de su obra (1788) escribía: «Se objeta á este 
general influjo de la artillería en las operaciones militares, que sus efectos 
en muchas acciones campales se han reducido á un incierto y poco san- 
griento cañoneo, que de ningún modo ha correspondido á las espcii 
del ejercito, ni á los crecidos gastos que exige su servicio. 

En una Memoria sobre la dotación, composición, organización y a 
Cuerpo nacional de Artillería y sus auxiliares (Madrid, 1820), se hace cons- 
tar (pág. 3), que «hasta mediados del último siglo la artillería entraba por 
tan poco en las batallas, que se creía fuera dotación suficiente la tic una 
pieza por cada mil hombres». 

(2) «En 1690 vemos también en el ataque de Paterín á la caballería tur- 
ca provista con piezas de á 3 conducidas de dos en «los sobre camellos, y 
cuyos sirvientes iban montados.» Memorial de Artillería. Serie 1. a , pági- 
na 328. . 

(3) En la campaña del año 94, 17 baterías con más de 250 piezas. 

tomo lxx '4 



2l8 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

y municionamiento, dándose el singular caso de que, cuando, ex- 
cepcionalmente, se dispuso fueran algunas piezas para «proteger 
las partidas de guerrillas ó las descubiertas, eran contra todo 
principio militar las de mayor calibre», ocasionándose el que «en 
pocas horas fué presa de los enemigos»; y, por el contrario, en 
la campaña del año 95, el tren de 28 ó 30 piezas de artillería «de 
los calibres de á 4,8 y obuses de á 6 pulgadas» en que se copió á 
la artillería ligera francesa enemiga, á pesar de que no se pudie- 
ron emplear caballos, sustituyéndolos con muías, y de carecer de 
otros elementos auxiliares (i), consiguiéronse éxitos acompañan- 
do constantemente á la infantería y caballería, y sólo la paz (2) 
puso «término á los rápidos progresos de un ejército español que, 
bien dirigido, es y será siempre invencible». 

El elevado espíritu artillero de que estaba dotado el autor de 
este trabajo se muestra al recomendar que los jefes y oficiales del 
Cuerpo, además de una completa instrucción en su ramo, fueran 
también «tácticos», que supieran «hacer aplicación de las ven- 
tajas de su arma con la Infantería y Caballería», considerando 
indispensable «que la tropa de Artillería á fuerza de constantes 
instrucciones ejecute maquinalmente su oficio» y que debían 
persuadirse «los generales y jefes de los cuerpos, que en el día 
les es tan útil y precisa la bien servida artillería, sin la cual ya 
no pueden dar un paso». 

Entrando su Dictamen en el estudio relativo á la organización 
de la Artillería, proponía dividir ésta en regimientos de campa- 
ña «para tierra y mar», compañías sueltas provinciales y de cos- 
tas y compañías de inválidos, á los que se agregarían los inváli- 
dos que no les conviniera usar «del retiro en calidad de disper- 
sos». Muéstrase decidido partidario de estas últimas compañías, 
pues decía que con ellas se conseguía tener un núcleo de artille- 
ros veteranos muy entendidos en su oficio, los cuales, si física- 
mente no estaban en condiciones de hacer penosos servicios, en 



(1) Colección de ejercicios facultativos para la uniforme instrucción de la 
tropa del Real Cuerpo de Artillería. Madrid, 1801. 

(2) Se refiere á la paz de Basilea. 



UNA OBRA INÉDITA DEL GENERAL MATURANA 2IQ 

cambio, por sus conocimientos y experiencia, servían para ins- 
truir rápidamente á los soldados de Infantería y «á cualquier pai- 
sano». Se lamentaba el general Maturana, en su escrito, de la im- 
posibilidad en que se estaba, dada la organización y servicio que 
los regimientos tenían que prestar, de instruir convenientemente 
á los artilleros, porque entre el servicio que hacían como infan- 
tería, los numerosos destacamentos que daban destinos, etc., 
nunca se podía disponer de ellos, afirmando que en los catorce 
meses que estuvo mandando regimiento, sólo pudo tener instruc- 
ción de cañón y mortero muy pocos días, y «no se pudieron ha- 
cer sino precariamente algunos ejercicios de fuego». Razón tenía 
para su queja, sin una intensa instrucción, sin la práctica que se 
puede adquirir en los ejercicios de tiro, habría de ser estéril cuan- 
to se hiciera para poner los regimientos en condiciones de ren- 
dir un trabajo útil. 

Con excelente criterio recomendaba: «La práctica de arti- 
llería, que es la que necesita la tropa, y los jóvenes oficiales, 
por bien instruidos que se hallen en la teoría, sólo se puede ad- 
quirir con constante instrucción en las escuelas prácticas, á fuer- 
za de quemar pólvora y de mover la artillería en todos los sen- 
tidos.» 

El mando de los regimientos, en aquella época, resultaba bas- 
tante nominal. Eran tales las atribuciones que respecto al régi- 
men interior tenían los inspectores y jefes de Escuelas (i) y, ade- 
más, tantas las trabas que las Juntas de los cuerpos creaban al 
mando, que impedían á los primeros jefes desarrollar sus iniciati- 
vas, con evidente perjuicio de los regimientos, ya que quien á és- 
tos imprime carácter son sus coroneles. El autor del manuscrito, 
con sinceridad digna de aplauso, exponía su juicio contrario á una 
organización que restaba autonomía á los coroneles de los cuer- 



(i) En la ordenanza (art. 14, reglamento 3. ) se disponía que los coro- 
neles de los regimientos estuvieran «inmediatamente subordinados á los 
brigadieres jefes de Escuela como privativamente encargados de la ins- 
trucción y disciplina de la oficialidad y tropa», y, en cuanto al gobierno 
interior, tenían que disponer «con dependencia de las juntas económicas 
de sus respectivas divisiones.» 



220 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

pos, y, de sus indicaciones se deduce que, ni era muy halagüeño 
el estado de instrucción del personal, ni lucido el papel del co- 
ronel que mandaba el regimiento, pues, incluso de su oficiales 
disponía el jefe de Escuela, sin que de ello tuviera aquél noticia, 
porque éste intervenía, «bajo el pretexto de dirigir la instrucción, 
hasta en el modo de vestir los reclutas». Proponía en esta parte 
de su trabajo, que los regimientos se nutriesen de dos clases de 
personal, una «con determinado número de tropa de los regi- 
mientos de infantería y caballería de las divisiones con que ha- 
yan de operar en campaña», y otra, «con reclutas escogidos de 
los que haga é instruya una asamblea de oficiales, sargentos, ca- 
bos y artilleros, establecida en sus capitales con los mismos re- 
gimientos». Consideraba indispensables las compañías provincia- 
les y de costa, para evitar que los regimientos tuvieran que dis- 
traer sus fuerzas en los destacamentos, con lo cual se dificultaba 
la instrucción y borraba la disciplina, y advertía la conveniencia 
de que fuesen constituidas aquellas compañías por artilleros pro- 
cedentes de los regimientos que por su edad y otras circuntan- 
cias no tuvieran las energías físicas necesarias para hacer mar- 
chas «ni servicios violentos», y con reclutas de «la bandera ge- 
neral del departamento» además délos que pudieran instruir «las 
mismas compañías en las capitales ó destinos de su residencia». 
El mando de estas compañías lo tendría el comandante de arti- 
llería y un capitán «de comisión» que hiciera de segundo ó ter- 
cer jefe (en el caso de haber primero y segundo comandante) 
que ejerciera las funciones de sargento mayor. Defensor de las 
compañías de inválidos, recomendaba no se concedieran «jamás, 
sino al mérito y á la constancia» los honores y comodidades que 
disfrutaban. 

Con esto terminan los fundamentos sobre que se basaba la or- 
ganización que figura en el Dictamen del general Maturana, sien- 
do el resto del manuscrito relativo á la organización más conve- 
niente de la artillería en el tercer departamento, insistiendo, con 
frecuencia, en ideas que antes expuso, extendiéndose sobre ellas 
y fijando la distribución de fuerzas y la dotación de las distintas 
unidades. Sumamente interesante es la parte que dedica á la cons- 



UNA OBRA INÉDITA DEL GENERAL MATURANA 221 

titución de la artillería á caballo y su opinión acerca de esta ma- 
teria, en aquella época, era de gran autoridad, porque, como an- 
teriormente hemos hecho notar, fué una de las que estudió con 
especial predilección. Expone, con la energía de estilo que ca- 
racteriza todo su escrito, que, si los regimientos habían de seguir 
como hasta allí, con los mismos inconvenientes que para la ins- 
trucción tuvieron anteriormente los batallones de que procedían, 
preferible hubiera sido formar la artillería á caballo en escuadro- 
nes independientes, pero, si se conseguía, como indicaba en su 
Dictamen, que no fuese separado el personal de los cuerpos para 
cubrir los destacamentos y otros servicios que los apartasen de 
su residencia, más conveniente consideraba se organizasen en 
compañías de artillería á caballo dentro de cada regimiento. Con- 
cluye esta parte del manuscrito indicando la conveniencia de 
agregar las compañías á caballo de los regimientos 4. y 5-° (!) 
al 3. y á Madrid. 

Al ocuparse del armamento con que debieran estar dotados 
los artilleros (2), asunto este de frecuente discusión en el Cuerpo,- 
expone que «habiendo demostrado la experiencia que nada es 
tan perjudicial á la instrucción del artillero como el tiempo que 
pierde en hacerse soldado de infantería, el continuo uso que se 
hace de él como si lo fuera, y que todo eso procede de estar ar- 
mado con un fusil ó mosquetón, se considera uno de los medios 
de cortar este abuso de raíz, que los regimientos de Artillería sólo 
tengan treinta fusiles ó mosquetones por compañía para la ins- 
trucción de los reclutas, por sus respectivas banderas é indispen- 
sables partidas para la guardia de prevención, y de honor in- 
dispensables de sus jefes superiores y para aquellos casos ex- 
traordinarios», diciendo más adelante que el sable «debe ser la 
única arma de infantería propia del artillero». 

Al tratar del gobierno económico, insiste sobre las atribucio- 



(1) Estos cinco regimientos tenían las residencias siguientes: 1.", Bar- 
celona; 2.0, Cartagena; 3. , Sevilla; 4. , La Coruña, y 5.", Segovia. 

(2) En Prusia, á fines del xvm, los artilleros no usaban armas portáti- 
les de fuego, «y sí una corta y roma espada >. (Moría: Noticias de la Cons- 
titución Militar Prusiana; ms. Bib. del Cuerpo de Artillería.) 



222 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

nes de los coroneles, pidiendo la supresión de las numerosas 
Juntas (i) y que sólo quedara la de capitanes en los casos que 
establecía la ordenanza general. 

Dedica una parte del Dictamen á poner de manifiesto algunos 
de los inconvenientes que observó en el desempeño de los car- 
gos de subinspector, jefe de Escuela, coronel de regimiento y 
comandante de artillería de plaza, que, por haber indicado algu- 
nos de ellos anteriormente, y otros por carecer de interés, excu- 
samos puntualizarlos para evitar excesiva extensión á este ar- 
tículo. 

Muéstrase Maturana partidario decidido de la creación de 
escuelas en que á los «sargentos, cabos, artilleros distinguidos y 
jóvenes que manifestaren disposición, se les enseñaran, por un 
tratado sencillo, algunos rudimentos de aritmética, geometría y 
aun de mecánica», y respecto á las Escuelas de los departamen- 
tos, exponía que sólo serían útiles cuando obligaran «á los oficia- 
les á ejercitar la teoría con aprender la práctica, haciendo opera- 
ciones relativas á todos los ramos de la guerra sobre el terreno, 
á perfeccionarse en el dibujo militar, á instruir á la tropa en los 
ejercicios facultativos, maniobras de fuerza, construcción de fue- 
gos artificiales y, sobre todo, en hacer y disponer la verdadera 
aplicación de la Artillería con la Infantería y Caballería, último 
término á que debe dirigirse toda la instrucción para aumentar 
la gloria del Reí Cuerpo de Artillería español». 

En el manuscrito que extractamos se encuentra un estado de 
la fuerza que debían tener, según la organización que se propo- 



(i) Las Juntas, que según la ordenanza debían reunirse semanalmente, 
tenían por objeto vigilar el buen orden y economía en las distribuciones, 
determinar y aprobar las compras y gastos, examinar cuentas, fiscalizar la 
conducta de los encargados de cualquier ramo y encargar la ejecución de 
sus resoluciones á los oficiales que estimaba mejores, anotándose los ele- 
gidos en el libro de providencias. — La Junta económica podía ser presi- 
dida por el brigadier jefe de Escuela, y su voto equivalía al de dos voca- 
les. De las deliberaciones tenían que pasar copia, certificada del secretario 
y visada por el jefe de Escuela, al subinspector. 

Con este mecanismo establecido, bien claro se deja ver la dificultad que 
para el mando de los regimientos tendrían sus primeros jefes, y lo justifi- 
cado que estaba el juicio emitido por el general Maturana. 



UNA OBRA INÉDITA DEL GENERAL MATURANA 223 

nía, las unidades del departamento de Andalucía. Asignaba al 
regimiento tres brigadas y una asamblea permanente, y á cada 
una de aquéllas tres compañías (una de á caballo y dos de infan- 
tería), con un total de 1. 1 1- 1 hombres. Establecía cinco compañías 
fijas (dos en Cádiz, dos en Ceuta y una en Badajoz), con 625 in- 
dividuos (125 por compañía), y completaba la artillería de este 
departamento una compañía de costa para el campo de Gibral- 
tar (150 hombres), y tres compañías de inválidos hábiles, en 
Sanlúcar, Málaga y Almería, respectivamente, dotadas cada una 
con 120 soldados, cabos y sargentos. El total de artilleros que el 
proyecto fijaba al departamento era de 2.246 ( I). 

También figura en el trabajo que examinamos una «Relación 
de los sueldos que la oficialidad y tropa de este departamento 
(Andalucía), con expresión de los totales á que ascienden en cada 
ramo y en la masa común», de la cual se deducía el presupuesto 
necesario para el departamento, que se elevaba mensualmente á 
246.344 rs. v. on , distribuidos entre el personal de la plana ma- 
yor, asamblea, regimiento, oficiales de comisión, compañías fijas 
de Cádiz, Ceuta, Badajoz, Campo de Gibraltar, compañía de invá- 
lidos hábiles de Sanlúcar, Málaga y Almería, y el correspon- 
diente á la oficialidad de la Maestranza y Fundición. En general, 
los sueldos que proponía eran iguales á los marcados en la orde- 



' (1) Según la ordenanza citada, el regimiento se componía de tres bri- 
gadas (dos de división y una de parque). Cada brigada de división cons- 
taba de tres compañías de artilleros de infantería y una de á caballo, y las 
de parque de cuatro compañías de infantería. Una de estas tenía en tiem- 
po de guerra 1 10 individuos de tropa y cinco oficiales, y la de ;í caballo se 
formaba con 89 artilleros y clases y cuatro oficiales. El material de estas 
compañías á caballo lo constituían dos obuses de seis pulgadas y cuatro 
cañones de cuatro, con sus correspondientes carros de municiones; tenían 
de dotación 68 caballos para las piezas y artilleros. El total del regimiento 
era de 1.231 individuos, siendo, por consiguiente, mayor la fuerza con que 
contaban éstos que la propuesta por el general Maturana. Las compañías 
de inválidos estaban constituidas con 85 soldados y cinco oficiales. No 
existía la compañía de costa, que en este proyecto se proponía, y aumen- 
taba las compañías fijas, pues sólo había tres (dos en Ceuta y una 111 Ma- 
llorca). En cuanto á las compañías de inválidos hábiles, a or¡ 
entonces vigente señalaba cuatro con destino en Málaga, Almena. Aya- 
monte y Pamplona. 



224 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

nanza (i), aumentando algunos como el de ayudante mayor y de 
compañía fija (2). No figuraban en esta nómina los conducto- 
res (3) ni lo correspondiente al personal obrero de las fábricas, 
que debían, por lo tanto, continuar con la misma organización y 
sueldos. 

Comprende la última parte del manuscrito el «establecimiento 
de una compañía de artilleros provinciales de costa para la del 
Campo de Gibraltar», haciendo la descripción de la artillería 
perteneciente al expresado Campo, que comprendía, «desde la 
batería situada en la ensenada de Bolonia, dentro del Estrecho, 
entre el cabo Trafalgar y la plaza de Tarifa, hasta el castillo de la 
Fuengirola, en la costa del Mediterráneo, á seis leguas á levante 
de la villa de Marbella». En esta parte se hallaban «26 fuertes, 
islas y baterías», con más de IÓO piezas de grueso calibre, y, en 
la distribución que de ellos se hace, figuran los castillos de la 
Fuengirola, Sabinilla y del Tolmo; baterías de San Luis de Mar- 
bella, Estepona, de la Tunara, Tesé, Puente Mayorga, Palmones, 
de la Almiranta y de la Punta del Fraile; los fuertes de Santa 
Bárbara y San Felipe, Punta-mala, Mirador, San García, Punta 
Carnero y Punta del Fraile; la fortificación de Isla-verde y, final- 
mente, la plaza é isla de Tarifa. Indica la ninguna utilidad que, á 
su juicio, reportaban los fuertes de Santa Bárbara y San Felipe, 
situados frente á la plaza de Gibraltar, considerando preferible, 
para impedir las salidas de esta plaza, retirarse en la dirección 
del «fuerte de Punta verde, la Torre Pedrera y la batería de la 
Tunara», desde cuyos puntos, dada su excelente situación, creía 
posible tener en freno á la guarnición «con algunas tropas de in- 
fantería y artillería. Los restantes fuertes y baterías estimábalos 



(1) Aunque con posterioridad á esta disposición oficial, se publicó el 
Reglamento de los sueldos, prests, y gratificaciones (1803), los que en él se 
señalaban al Cuerpo de Artillería eran idénticos á los que marcaba la 
Ordenanza. 

(2) El sueldo de estos empleos era de 550 y 500 r.s v.° n al mes, respec- 
tivamente, y se pedía en el Dictamen fuesen de 700 y 800 r. s v.°n. 

(3) Estos conductores estaban asimilados á sargentos y tenían el mandi > 
directo de los capataces, mayorales y mozos de las brigadas. Su sueldo era. 
en tiempo de paz, de 350 r.s v.°£> mensuales, y en el de guerra 450. 



UNA OBRA INÉDITA DEL GENERAL MATURANA 225 

convenientes, recomendando al referirse á la de Tarifa la coloca- 
ción en ella de algunos» morteros cónicos y de plancha. 

La situación de la artillería en el departamento de Andalucía, 
descrita por el general Maturana, resultaba deplorable; algunos 
almacenes y polvorines se hallaban en casas particulares de Al- 
geciras y San Roque, ocasionándose, por sus malas condiciones, 
el deterioro de los efectos y municiones; escaseaba el personal; 
carecía la tropa de instrucción; resultaba imposible ejercer la 
debida vigilancia sobre los destacamentos, dado lo numerosos 
que éstos eran y la falta de oficiales con que se contaba para 
vigilarlos; habíase perdido todo hábito militar y de disciplina, 
pues los soldados se encontraban en lugares aislados sin relevos 
ni vigilancia, complementando tan desdichado cuadro el que en 
muchos fuertes «sólo había algunos cañones desmontados ó en 
cureñas viejas incapaces de hacer fuego.» Consecuencia lógica de 
este estado de cosas fué que, al declararse la guerra, resultaran 
«inmensos los gastos que hubo que hacer», y como lo que se 
improvisa y precipitadamente se organiza cuesta más y no suele 
dar tan buen rendimiento como aquello que se estudia con tiem- 
po suficiente y se plantea después de muy meditado, ya que en 
el ejército los servicios no se repentizan, esos gastos, que acerta- 
damente criticaba el general Maturana, eran los naturales frutos 
de la imprevisión de aquellos gobernantes, que habían de llevar 
á España á la tragedia del año ocho. 

Concluye el trabajo que exponemos presentando el proye< to 
de organización de una compañía de artilleros de costa, para el 
Campo de Gibraltar, volviendo á insistir sobre lo conveniente 
que hubiera sido en los destacamentos no hacer el servicio ton 
personal de los regimientos. 



* * 



Por las ideas expuestas se comprende la importancia del ms. 
para la historia de la Artillería. Un juicio formulado s< 
cuestiones artilleras por persona de tantos prestigios, con la 
competencia adquirida durante una vida consagrada al servicio 



226 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

del Cuerpo, y ocupando un alto puesto que le permitía abarcar 
perfectamente cuanto contiene su Dictamen, debe considerarse 
como de mayor excepción y gran valor. 

En sus páginas, sin eufemismos, en estilo vigoroso, á veces de 
gran crudeza, destácase una idea esencial, reveladora de la orien- 
tación de su ilustre autor, sobre la que insiste en diferentes pa- 
sajes, resultando en ocasiones, por esta causa, algo desordenada 
la narración. Me refiero á la constitución de los regimientos y á 
la instrucción de los mismos. 

Hasta entonces los cinco regimientos de Artillería creados por 
la Ordenanza de 1802 adolecían de los mismos defectos que los 
batallones que sirvieron de base para su organización. La hetero- 
geneidad de servicios, el mando limitado por las numerosas Jun- 
tas, y subordinado á los jefes de Escuela y subinspectores; la 
insuficiente instrucción y la indisciplina, producida por el servi- 
cia de los destacamentos, eran otras tantas causas que contribu- 
yeron á impedir resultaran las unidades más eficientes que aque- 
llas de donde procedían. 

Puede decirse que fué inmediato el resultado de la gestión 
empendida por el E. M. de Artillería al recoger opiniones de los 
más competentes, dando lugar al trabajo del general Maturana, 
pues, pasados pocos meses, aparece oficialmente un «Reglamento 
adicional al I.° de la Ordenanza», en el que se encuentran mu- 
chas de las ideas expuestas por aquél, y cuyo fundamento, ex- 
presado en el preámbulo del escrito oficial, en algunos momen- 
tos hasta con idénticas palabras, es el mismo que constituye la 
parte principal del Dictamen, como fácilmente se comprueba 
observando el Reglamento cuando dice que «por cuanto ha co- 
nocido (el Príncipe de la Paz) que para tener buenos regimientos 
de Artillería con la completa instrucción exercitados en las di- 
versa faenas de su instituto y servicio de campaña, es necesario 
que en tiempo de paz se reúna la tropa todo lo posible á la vista 
y voz de sus oficiales, para que en las escuelas prácticas de los 
Departamentos reciba la competente instrucción que no puede 
adquirir estando subdividicla en pequeñas porciones y destaca- 
mentos, como en la actualidad, á más que, siendo la Artillería 



UNA OBRA INÉDITA DEL GENERAL iMATURANA 227 

una tercera arma que ha de servir y operar en unión de la Infan- 
tería y Caballería como parte esencialísima, poderosa y consti- 
tutiva de estos dos Cuerpos, formando su apoyo y cabeza en el 
actual sistema de la guerra, conviene se ensaye y exercite en 
maniobrar con ellos en sus Asambleas, para que recíprocamente 
adquieran la costumbre y conocimientos prácticos de las venta- 
jas que produce la buena combinación y justa aplicación de 
estas tres armas, que deben ser mutuamente familiares, y cono- 
cer que jamás numerosa artillería sino la más bien situada y ser- 
vida, y la que se mueve con más prontitud y menos embarazo, 
será la que mej.or defienda y ofenda en las batallas». En el ar- 
tículo l.° dividía la artillería con arreglo á lo propuesto en el 
Dictamen en «Artilleros de campaña y guarnición», separando 
la parte activa que necesita de más amplia instrucción de la fija, 
cuyo objeto es la defensa de las plazas y costas. Preceptuaba 
el art. 1 6 que: «Los regimientos de Artillería no han de dar otro 
destacamento de guarnición en tiempo de paz que los tres cita- 
dos de Segovia, Cádiz y El Ferrol, pues siendo de compañías 
enteras con sus correspondientes oficiales, y relevándose, según 
queda dicho, no perjudican al sistema ventajoso de reunión que 
exige la disciplina é instrucción militar en general, y principal- 
mente, en el servicio de este Real Cuerpo.» En cuanto al 
mando de los regimientos, marca claramente el art. 5 2 I a nue- 
va orientación que tan de menos echaba Maturana; al referirse á 
los subinspectores disponía que «para qne sea constante el buen 
orden y armonía», aquéllos deberían ser respetados por todos, 
«dando sus órdenes por el conducto de los jefes superiores de 
cada ramo, dejándoles obrar por sí en la ejecución y gobierno 
interior para que puedan tener responsabilidad...», y, al señalar 
las atribuciones de los jefes de Escuela, ordenaba que atendieran 
rúnicamente á la dirección de la instrucción teórica y práctica 
de la oficialidad y tropa de todo eP Departamento», puntuali- 
zando, al referirse á los coroneles de regimiento, «que tendí 
su cuidado la instrucción primordial y gobierno económico de 
ella, procediendo respecto á los subinspectores en los mismos 
términos que lo executan los coroneles de Infantería y Caballé- 



228 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

ría del Ejército respecto á los inspectores generales, dirigiendo 
todos los asuntos directamente al Subinspector del Departa- 
mento para su aprobación ó la del jefe general del Cuerpo»; 
concluyendo el artículo de modo terminante al decir «que cada 
jefe en su ramo, como principal responsable, ha de tener. toda !a 
autoridad correspondiente para la ejecución y cumplimiento de 
sus obligaciones y de las órdenes del jefe general del Cuerpo y 
subinspector del Departamento.» Después de esto no se consi- 
derará aventurado asegurar que en este Reglamento es donde 
verdaderamente tienen origen los regimientos de Artillería, si 
no en el nombre (i) en su espíritu, y que á ello contribuyó efi- 
cazmente el general Maturana proponiendo restar atribuciones al 
cargo de jeíe de Escuela y aumentárselas á los coroneles, expo- 
niendo con impacialidad notoria esta opinión, dado el puesto que 
ocupaba cuando escribió su informe. 

Aumentáronse las compañías fijas (2) para evitar los servicios 
destacados que los regimientos tenían que dar y para sustituir á 
las cuatro compañías de inválidos hábiles suprimidas en el «Regla- 
mento adicional». En esto último discrepa el trabajo que reseña 
mos de la disposición oficial, pero, en el art. 32 de ésta se dice que 
los inválidos «pueden tener útil aplicación en las compañías fijas, 
ya para custodiar los efectos, ya para enseñar y dirigir a los arti- 
lleros en aquellos parajes en que no hay sargentos ni cabos», con 
lo cual quedaba aceptado, en principio, lo que al tratar de este 
punto se proponía en el Dictamen, reconociéndose la conveniencia 
de que estos inválidos actuaran de instructores, por la experien- 
cia que tenían de la artillería y la práctica adquirida en un pro- 
longado servicio. También fué aceptada (art. 43 del Reglamento 
citado), la supresión de los capitanes segundos, y en varios ar- 
tículos se insistía acerca de la instrucción, para que fuera lo más 
continua é intensa posible, punto éste de capital importancia y 
al cual dedicó preferente atención el trabajo que examinamos. 



(1) El año 1710 se organizó un regimiento de Artillería. 

(2) Se crearon, según el art. 19, 15 compañías fijas «así para el servi- 
cio de las plazas, como para las torres y puestos artillados de la costa». 



UNA OBRA INÉDITA DEL GENERAL MATURANA 229 

Hoy, que tan preconizada se encuentra la íntima unión de la 
Artillería en el combate con las otras armas, debe admirarse la 
tenacidad con que el general Maturana recomendaba como indis- 
pensable esta unión, tanto más de estimar en una época como 
aquella en que pocos admitían la maniobra de la Artillería en el 
campo de batalla. La Superioridad, reconociendo el valor de este 
juicio y aceptándolo, con claridad lo expuso en el preámbulo 
del Reglamento adicional que en parte dejamos copiado. 

La más brillante gestión del autor del manuscrito durante su 
vida militar, con serlo mucho todas las que emprendió, refiérese 
á la artillería á caballo, y de ella vamos á ocuparnos con alguna 
mayor extensión por la importancia que para la historia de esta 
arma tiene. La artillería de campaña, por su escasa movilidad, 
no podía, con frecuencia, acompañar á la Infantería y Caballería 
en sus maniobras y, por esto, cuando las circunstancias especia- 
les del enemigo, cual sucedió con los indios en Buenos Aires, ó 
al hacer más maniobreros los ejércitos, siguiendo las enseñanzas 
militares del gran Federico II de Prusia, demostraron la conve- 
niencia de que pudiera acompañar constantemente á las otras 
armas, se pensó en aligerar la artillería. Muy posible, por lo 
tanto, resulta que esta idea naciera casi al mismo tiempo en dis- 
tintos lugares, como consecuencia de la necesidad sentida. Así 
vemos, al principiar el año 1778, cómo el entonces teniente del 
Real Cuerpo de Artillería, Maturana, estando en Buenos Aires 
de ayudante del virrey, concibió, á requerimiento del general 
D. Juan José Vertiz, la artillería volante, llevando los cañones 
«en una especie de trinqui vales acomodados al tiro de los caba- 
llos del país y montados los artilleros» (i), consiguiendo de esta 
manera que la Artillería pudiera acompañar á las compañías de 
blandengues y de milicianos que tenían que maniobrar para de- 
fender la frontera de los ataques que los indios efectuaban con 
extraordinaria movilidad, y, asimismo, en este año, aunque pos- 



(1) Organizó una sección con dos piezas de bronce de á 2.— Pena- 
losa y Zúñiga: Memoria sobre la Artillería volante ó de á caballo. — Sego- 
via, 1796. 



230 boletín de la real academia de la historia 

teriormente , la artillería á caballo (i) aparece en Prusia en 
la batalla de Rostch (Julio de 1778), dada contra. los austríacos, 
que en ella fueron derrotados. No constituyó un hecho única- 
mente realizado en cumplimiento de las órdenes recibidas, el 
puesto en práctica por el «activo creador y táctico» (2) ayudan- 
te del virrey, sino que, comprendiendo la trascendencia de la 
reforma, nunca volvió á abandonarla, y en cuantas ocasiones se 
trata de este asunto se encuentra su nombre. 

La evolución seguida por la artillería de campaña fué, en su 
desarrollo sucesivo, de una lógica transformación. Empezóse va- 
riando el material, para aligerarlo, llegándose al trazado por Gri- 
veaubal, posteriormente adoptado y modificado por otras nacio- 
nes. Si con esto se consiguió que el material pudiera acompañar 
con mayor facilidad á las otras armas, evitándose bastante las 
frecuentes interrupciones que ocasionaba el estado de los cami- 
nos, los sirvientes, que seguían marchando á pie, hacían llegase 
tarde la artillería á sus posiciones, y, además, el personal de las 
baterías con fatiga, aumentada á causa del esfuerzo exigido por 
los malos pasos del terreno, todo lo cual les restaba aptitud para 
el servicio de las piezas en el momento del tiro. Para evitar tales 
inconvenientes se organizó en Prusia la artillería á caballo (3), 
con los sirvientes montados en caballos de silla, introduciendo 
modificaciones algunas naciones para aceptarla así, Rusia trans- 
portó los sirvientes sentados en un carro especial para municio- 

(1) Esta artillería constaba de un obús y seis cañones de á 6 muy ali- 
gerados, los artilleros precisos montados y dos conductores de muías por 
cañón. — Peñalosa: obra citada. 

(2) Peñalosa: obra citada. 

(3) Moría, en su manuscrito titulado Noticias de la constitución militar 
prusiana, cuenta que la artillería á caballo tenía piezas de tres libras, 
«iguales á las de los batallones de 2. a línea é igualmente montados y per- 
trechados, con la sola diferencia de que están tirados por doble número 
de buenos caballos». De los ocho que servían para el transporte de la pie- 
za, cuatro se utilizaban para montar; al mismo tiempo otros tantos artille- 
ros y nueve sirvientes más iban montados en caballos de silla. De los ar- 
tilleros, tres servían de guarda-caballos y dos de conductores que se que- 
daban, al ponerse en batería, al cuidado del ganado de tiro. La dotación 
de caballos en tiempo de paz quedaba reducida á 50 caballos para la ins- 
trucción de las tres compañías de artillería á caballo. 



UNA OBRA INÉDITA DEL GENERAL MATURANA 23 I 

nes (wurst) que permitía la conducción de éstas y de ocho arti- 
lleros, llevando también algunos montados en el ganado que ser- 
vía para el arrastre de las piezas. 

En España, después del ensayo de Maturana, transcurrieron 
muchos años sin tenerse en cuenta la notificación esencial que 
en la artillería se estaba operando, siendo preciso, para que de 
ello se tomara nota, trajera el marchamo extranjero, y que, en 
la campaña del Rosellón experimentáramos los inconvenientes 
de carecer de esta clase de artillería, viendo, en cambio, á costa 
nuestra, los excelentes resultados que los franceses obtuvieron 
con ella. En 1792 (i) se modificó en Barcelona el material, bajo 
la dirección del teniente general D. Tomás de Moría, y, al prin- 
cipiar la campaña de 1795 contra Francia, en donde ya estaba 
implantada la artillería á caballo (2), al encargarse del mando del 
ejército el general Urrutia (3) autorizó la organización de esta 
clase de artillería. El entonces coronel Maturana (que se encon- 
traba en Cataluña, á donde fué el año 94 conduciendo unos obu- 
ses de montaña (4), cuya instrucción tuvo también encomenda- 



(1) Salas: Momorial histórico (pág. 128). También consta así en la Co- 
lección de ejercicios facultativos para la uniforme instrucción de la tropa del 
Real Cuerpo de Artillería, que mandó formar el general D. José de Urru- 
tia, y se imprimió en Madrid el año 1801. 

(2) La ley del 27 de Abril de 1792 prescribió la formación en Francia 
de nueve compañías de artilleros á caballo. (Napoleón: Études sur le passé 
et V avenir de l'artillerie, tome iv, pág. 162.) 

(3) El 2 de Julio de 1895 pedía el general Antrán, en oficio dirigido al 
general Urrutia, aumento de muías de tiro y acémilas para los «nuevos 
establecimientos de las piezas de artillería de á caballo y caí ripuentes», 
disponiendo en su consecuencia el general en jefe que se entregaran 24 i 
muías de tiro y 104 acémilas para carga. (Biblioteca del Depósito 'li- 
la Guerra.) 

(4) En oficio que con fecha 12 de Agosto de 1794 dirigió Maturana al 
conde de la Unión, manifestaba que, cumpliendo la orden de S. M. dispo- 
niendo la conducción de 24 obuses «de nueva invención» para el < jército 
de Cataluña y ocho para el de Aragón, salía de Madrid el 13, y el 22 de 
Agosto decía, al misino general, salían de Zaragoza, en tres carros, á - 

go del artillero José Martín, 24 obuses de montaña, y él marchab 
con ocho, desde donde continuaría, en cuanto el general en jefe del <j 1 - 
cito de Aragón le autorizase, al cuartel general del conde de la Unión, con 
los cinco artilleros restantes de la partida y las espoletas «que con Las re- 



232 boletín de la real academia de la historia 

da), después de haber asistido á diferentes hechos de armas y 
desempeñado honrosas comisiones (i), contribuyó á la organi- 
zación de la primera división de artillería á caballo que se creó en 
España, con cañones y obuses de á cuatro, que bien pronto hubo 
de acreditar su utilidad en la batalla de Pontos (2). Terminada la 
campaña del Rosellón, natural parecía que siguiera la artillería 
volante ó á caballo, constituyendo parte del ejército, y que 
su organización se extendiese, pero no sucedió así, y después de 
la paz de Basilea no continuó lo que se había comenzado. El 
año 1796 aparece impresa de orden superior la Memoria (3) de 
D. Clemente Peñalosa (4), cuya parte técnica dirigió, según en la 
misma consta, Maturana, proponiendo en ella la creación de una 
brigada de artillería á caballo afecta al Cuerpo de Reales Guar- 
dias de Corps (5). Surtió sus efectos, el mismo año, formándose 



cetas correspondientes para construir las que se necesitasen», le entregó 
«de orden de S. M. el que ha construido estas piezas y las otras espole- 
tas» (Biblioteca del Depósito de la Guerra.) 

(1) El 21 de Diciembre de 1794, el comandante general de Artillería 
del ejército de operaciones de Cataluña, D. José Autrán, comunicaba al 
general en jefe, D. José de Urrutia, desde el cuartel general de Gerona, 
que nombraba al coronel D. Vicente Maturana, teniente D. Nicolás Mo- 
naut y subteniente D. Manuel Bustamante, para que con un sargento y 30 
artilleros marcharan áPalamos, y de allí pasaran á la plaza de Rosas, ac- 
cediendo á lo solicitado por el mariscal de campo D. Domingo Izquierdo, 
gobernador militar de este punto, que reclamó elementos de artillería, 
municiones y otros efectos indispensables para la defensa de la indicada 
plaza. (Biblioteca del Depósito de la Guerra.) 

(2) «Al poco tiempo el centro francés, flanqueado desde el momento 
del paso, tuvo que retirarse á retaguardia de Pontos, resultando su ejér- 
cito cortado en dos grandes masas que, acosadas por las nuestras, y, so- 
sobre todo, por la caballería y artillería á caballo que les iban flanquean- 
de, tuvieron que desplegar inauditos esfuerzos por sí y con todas sus re- 

1 vas, para no ser completamente desbaratados. (Gómez Arteche: Rei- 
luido de Carlos IV, tomo 1, pág. 445-) 

(3) Peñalosa y Zúñiga: Ob. cit. 

(4) D. Clemente Peñalosa y Zúñiga fué dignidad de la catedral de Se- 
1. Dejó también escrita otra obra titulada: El honor miliar, causas de 

su origen, progresos y decadencia; ó correspondencia de dos hermanos desde el 
ejército de Navarra de S. M. C; año 1795, Madrid. 

(5) La organización de la brigada que se propuso en Ja Memoria refe- 
rida es la siguiente: 



UNA OBRA INÉDITA DEL GENERAL MATURANA 233 

una brigada aneja á las compañías de Guardias, mandada por 
quien ya hubo de crear en Buenos Aires esta clase de artillería. 
Otra brigada se organizó en 1/97, compuesta de ocho cañones 
de á cuatro, que, bajo la dirección del comandante general de 
Artillería, Vallejo, operó contra Portugal (i), y posteriormente 
destinada por medias brigadas, una á Sevilla y otra á Segovia, 
pronto se anuló por carecer de ganado. Sigue la gestión del ge- 
neral Maturana sobre cuanto á la artillería á caballo se refiere, 
apareciendo en 1800 una instrucción suya para una brigada de 
esta clase de artillería (2), sin abandonar su activa vida militar, 
demostrando así que si continuaba ocupándose con entusiasmo 
del aspecto técnico de este asunto, no por ello dejaba de figurar 
en cuantos hechos militares se le presentaban, aumentando de 
este modo la serie de servicios (3). Extinguida la brigada de ar- 



/ 8 caballos por pieza 64 

t^. . . , , i 4 caballos por carro de munición. 16 / 

División de 8 piezas para \ , ,, 8d 

,,, ' . . \ 1 caballo por cada uno de los sar- l "* 

caballería, compuesta de J \ 

. , . gentos 4 / 

4 cañones ele a 4 y 4 h- j & ' 

cornes í Personal de tropa 60 ) 

Mozos 20 S 



So 



12 caballos por pieza (8 artilleros 

sirvientes montados) 96 

_.. . ., , „ 16 caballos por carro (2 para los / 

División de 8 piezas para ft ^ ^ , , s .. ' , 

. . , . , 1 cañones y 4 para los obuses). . . 36 . 136 

infantería, compuesta de ' , , , \ 

j .0 u 1 ' caballo para cada sargento 1 



4 cañones de á 8 y 4 obu- 
ses de 6 pulgadas 



( i cada 2 piezas) 4 



Personal de tropa 80 \ 

\ Mozos 30 \ 

El ¿/come que aquí se cita era «un cañón de menos longitud y refuer- 
zos que los correspondientes á su calibre, destinado á tirar granadas y 
metralla». (Peñalosa: Ob. cit.) 

(1) Salas: Memorial histórico \ pág. 129. 

(2) Exercicio doctrinal y cvolucio?ics de una brigada de artillería á ca- 
ballo. Madrid, 1800. (Cita esta obra Almirante en su bibliografía, y en la 
Gaceta de Sevilla de 1809 anunciase una segunda edición de ella.) 

(3) Desde el 7 de Febrero del año 1768, en que ingresó en el colegio 
de Segovia, hasta el de su fallecimiento, el año 1809, asistió á Dumei 
hechos de armas. Tomó ¡jarte de la expedición contra Argel (1775), en ' a 
que fué herido, logrando recoger y embarcar las dos piezas que mandaba 

tomo lxx 15 



234 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

tillería á caballo de la Guardia (i) el año 1803, puede decirse 
que terminó por entonces esta clase de artillería en el ejército, 
pues las compañías á caballo, que según la Ordenanza se forma- 
ron en los regimientos, sólo tenían de tal el nombre, y los arti- 
lleros á ellas afectos tropezaban con las mismas dificultades de 
instrucción que los demás en los regimientos, más las que origi- 
naba la falta de ganado. En evitación de esto vemos á Maturana 
defender en su Dictamen la independencia de las compañías á 
caballo y hasta proponer la creación de escuadrones autónomos, 
si los regimientos habían de seguir como estaban, idea que vino 
á realizarse en 1910 (2), continuando hasta entonces afectas á los 



y los seis únicos artilleros que le quedaron ilesos de aquel desastroso 
desembarco. Concurrió en el Brasil y en el Río de la Plata á la toma de 
la isla de Santa Catalina y Colonia del Sacramento, respectivamente. Ha- 
llóse en Ceuta, donde fué otra vez herido, cuando el ataque á esta plaza 
(1790-91), ejerciendo de mayor de brigada de Artillería y secretario de la 
Junta de generales, y, con la tropa á sus órdenes, tomó la batería que los 
moros tenían en la Puntilla. 

Estuvo en la defensa de la plaza de Tolosa con el ejército aliado, 
actuando de mayor de Artillería y del Ejército y Armada. En la cam- 
paña del Rosellón, el año 1794, asistió á los ataques de los días 17 y 20 de 
Noviembre, en que resultó contuso, y á la retirada del ejército á Gerona; 
tomó parte en la defensa de la plaza de Rosas, para lo que fué comisiona- 
do en unión del teniente D. Nicolás Monaut y subteniente D. Manuel Bus- 
tamante, permaneciendo en dicha plaza durante su sitio, y en la escuadra 
los días 24, 25 y 26 de Diciembre, obteniendo en estos hechos de armas el 
mando de la artillería deposición y á caballo. Asistió á todas las accio- 
nes de la izquierda del ejército en la campaña de 1795. Al frente de la 
brigada de artillería volante del Real Cuerpo de Guardias de Corps hizo 
la campaña de Portugal de. 1S01, á las órdenes del Príncipe déla Paz. 
Desde 1804 á 1807 ejerció durante la guerra con Inglaterra el cargo de 
comandante general de Artillería del Campo de Gibraltar, y, con este mis- 
mo empleo en el ejército de Extremadura, entró en Portugal á las órde- 
nes del marques de la Solana, ocupando la plaza de Yelves, al mando de 
una división. Hallóse en 1 1 campañas, fué herido tres veces, otra contuso 
y sufrió dos quemaduras. 

(1) Salas: Memorial histórico de la artillería española, pág. 129, Ma- 
drid, 1 83 1. 

(2) Carrasco: «En este año se formó una brigada á caballo, compuesta 
de dos compañías organizadas con las de los batallones, y, en este mismo 
año .y el siguiente, se crearon seis escuadrones, refundiéndose en ellos 
las compañías de los batallones que quedaron exclusivamente formados 
por compañías de á pie.» 



UNA OBRA INÉDITA DEL GENERAL MATURANA 

regimientos las compañías á caballo, según dispuso el Regla- 
mento adicional de 1 806 (i). 

Aún siguió notándose en esta clase de artillería la influencia, 
iniciativa y entusiasmo del sabio general, autor del manuscrito que 
venimos extractando, pues, hasta en el mismo año de su falleci- 
miento (1809), creóse en Sevilla la brigada á caballo maniobre- 
ra (2) con cañones que también recibieron este nombre y proce- 
dían de los de á cuatro cortos (3) barrenados del calibre de á 8 
y que, como dice el erudito Salas en su Memorial Histórico, 
«también fué cosa de Maturana».Esta pieza, proyectada por éste 
el año 1804, fué la primera tentativa hecha en España de un 
«obús largo» (4), persiguiendo con ella el fin de poder disparar 
también granadas sin que el montaje experimentase el tormento 
que en el obús corto se notaba; sus proyectiles eran balas de á 8 
y granadas ó balas huecas de 3 pulgadas, 9 líneas y tres puntos. 
Constituyó este ensayo un gran adelanto en semejante clase de 
piezas, y á no ser por el período violento que atravesaba la na- 
ción, corregidos, tal vez, los defectos observados al emplearlos en 
el ejército de la Mancha, hubiera continuado su uso ventajoso, 
evitándose el abandono que de estas piezas se hizo. 

Después de la labor incesante que desplegó el general Matu- 
rana, con brevedad reseñada, á fin de crear, organizar é instruir 
la que fué origen de la artillería de campaña, con la caracterís- 
tica de movilidad necesaria para acompañar á la infantería y ca- 

(1) Disponía el art. 6.° que las compañías á caballo constasen de un 
capitán, un teniente, dos subtenientes, un sargento primero, cuatro se- 
gundos, un trompeta, cinco cabos primeros, ocho segundos, 30 artill 
primeros, 44 segundos, 68 caballos y seis piezas, y el art. 7. , que una 
compañía á caballo de cada regimiento (la del segundo batallón) qo tuvie- 
se en tiempo de paz más que 34 caballos para su instrucción. 

De los cuatro regimientos que quedaron, sólo en los tres primeros se 
organizaban dos compañías á caballo, careciendo de ellas el cuarto. 

(2) Fernández Duro, en su Historia del se 

dice estuvo encomendada la organización de esta brigada al distinguido 
general D. Vicente María Maturana, brigadier, jefe deesi uela, militar en- 
tusiasta, activo y en extremo idóneo para tan importante comisión... 

(3) En el Museo de Artillería existe, con el núm. $.$06 de su catálogo, 
un cañón dea 4, barrenado en esta forma. 

(4) Memorial de Artillería, primera serie, tomo 1, pág. 484. 



236 BOLETÍN \>k la real academia de la histokia 

ballena en el campo de batalla; conseguida, con sus acertados 
consejos, la autonomía en el mando de los regimientos, fomen- 
tando su instrucción é imprimiéndoles el espíritu que actual- 
mente tienen; trazada la necesaria división de la Artillería con 
arreglo al cometido asignado, separando la de campaña de las de 
costa, plaza y sitio, a la que aportó su juicio, tan estimado y aten- 
dido por sus superiores, y, por último, la energía con que com- 
batió la indisciplina, originada por una defectuosa organización 
que obligaba á tener separados y sin vigilancia á los artilleros de 
numerosos destacamentos, son motivo suñciente,á nuestro enten- 
der, para justificar cuanto decíamos de tan esclarecido general al 
comienzo de este apunte bibliográfico. 

En otro orden de cosas brilló igualmente, y su ciencia y excep- 
cionales condiciones, para la enseñanza luciéronle ocupar hon- 
rosos cargos, siendo maestro militar de príncipes é infantes. 
Nombrado por S. M. jefe de Escuela del departamento de Sevi- 
lla, á propuesta del generalísimo Príncipe de la Paz, al dirigirse 
á los jefes y oficiales de Artillería, con motivo de la inauguración 
de las Juntas de instrucción, terminaba su interesante discurso 
con palabras en que se revelaba el perfecto caballero, el militar 
sin tacha y el artillero entusiasta y laborioso. Su recto espíritu 
claramente se aprecia en ellas, considerando preferible, al comen- 
tario que pudiéramos ponerlas, trasladar aquí, para conclusión de 
artículo, las últimas palabras de su citado discurso. Decía así: 
«Respetemos la religión y las buenas costumbres; seamos mode- 
los de subordinación; solicitemos la amistad y aprecio de los ge- 
nerales y jefes que puedan honrarnos é ilustrarnos; seamos fran- 
cos en el trato; conservemos el espíritu del Cuerpo para corre- 
girnos nosotros mismos y evitar el escándalo, pero jamas para 
crecernos con prel rencia sóbrelos demás, pues ésta se nos ha de 
conceder por nuestro mérito sin pretenderla; aspiremos masa 
r las obligaciones de los grados superiores que á obtenerlos 
sin saber desempeñarlos (i), y con estas cualidades, cuando la pro- 



(i) Se ascendía por antigüedad, según la Ordenanza de JlS'02, desde 
subteni* ote hasta el empleo de capitán i.°, y desde este en adelante por 



OTRA INSCRIPCIÓN ROMANA EN SALAMANCA 

videncia disponga de nosotros, muriendo en el campo del honor 
ó en el seno de nuestros hogares, finalizaremos nuestra carrera 
con la dulce confianza del principal premio que suspiro para 
obtenerlo, la seguridad de haber sido buen vasallo y útil á su 
patria» (i). 

Francisco de L e g y i n a , 

Comandante de Artillería. 



V 
OTRA INSCRIPCIÓN ROMANA EN SALAMANCA 

Posteriormente al hallazgo de las estelas funerarias junto á la 
torre de la Catedral, de las cuales tiene conocimiento la Real 
Academia, ha sido encontrada otra, con motivo de las mismas 
obras del alcantarillado, frente á la puerta lateral de la iglesia de 
la Clerecía, á un metro y medio de profundidad. 

Es del mismo tipo que las anteriores, en cuanto á la clase y 
disposición ce los adornos; pero diferente en la perfección y es- 
mero del labrado de la piedra, tipo de letra de la inscripción 
romana que ostenta, y sobre todo en cuanto á las dimensiones, 
que en ésta son de 1 5 centímetros de ancho por 12 de grueso y 
60 de alto, si es que está completa, que parece rota con fractura 
muy antigua por la base. La piedra es arenisca, como las demás. 

En la parte superior muestra la rueda de radios curvos, que 
en ésta son en número de 12, en lugar de seis que llevan las 
otras; bajo la rueda, los dos ángulos rectos, y bajo los ángulos, la 
inscripción. 

En la parte inferior, dos barras ó estrías anchas, terminadas 
arriba por arcos de plena cintra, y entre las barras, una palma 
de diez hojas por cada lado. 

elección entre la primera mitad de cada escala, excepto para el de sub- 
inspector, que podía elegirse entre todos los jefes di- E n uela. 

(1) Discurso para la apertura de las Jimias de insto w ti depar- 

tamento de Artillería de Andalucía. Algeciras, 1806. 



2 38 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

La inscripción dice así: 




b o v t i o 

T N C ! N F 
AN XXXX 
D M 
A Boucio, hijo de Taurino, de 40 años. A los Dioses Manes. 

Toda ella se encuentra clara, perfectamente conservada, como 
toda la piedra, á excepción del trazo que precede á las XXXX, 
que debe interpretarse, según creemos, como una N correspon- 
diente á la palabra annorum. 

Como particularidades ofrece la supresión de la I del genitivo 
Tancini, probablemente por falta de espacio, ó tal vez por el so- 



OTRA INSCRIPCIÓN ROMANA EN SALAMANCA 2JJ9 

nido débil de la z, que la hizo desaparecer en muchas palabras 
latinas, que etimológicamente deberían tenerla; y el llevar la fór- 
mula de consagración DM al final, en lugar de tenerla al principio, 
cosa que solamente he visto en otras dos inscripciones halladas 
en Palencia y en Navalcaballo (Soria), números 2.717 y 2.840 de 
Hübner. 

Los nombres parecen indígenas romanizados, por sus sonidos 
y por la falta de prenombre y cognombre que solían usar los 
ciudadanos romanos, demostrando una vez más, con el uso de la 
rueda ibérica, que se cree modifición de la swástica, la coexis- 
tencia de la civilización de los romanos con la indígena, que, aun- 
que doblegada por la superioridad de la romana, conservaba 
latente su individualidad. 

Por la palma que lleva entre las estrías, que entre los cristia- 
nos fué signo de martirio y entre los paganos lo fué de triunfo 
y gloria, puede deducirse que se trata de un antiguo caudillo 
salmantino valeroso en los combates. 

En cuanto á la fecha, puede suponerse que existe una diferen- 
cia de un siglo, por lo menos, entre esta inscripción y las que 
anteriormente se hallaron. Me fundo en la perfección del labrado 
contra el descuido que domina en las otras, acusando una épo- 
ca de decadencia que ésta no revela y en el tipo de letra más 
próxima á la capital cuadrada. 

Además, por el lugar de su hallazgo, pudiera tenerse otra 
prueba de que la tumba á que perteneció este cipo es anterior á 
las otras. Es natural que con la costumbre que los romanos te- 
nían de enterrar sus muertos y urnas cinerarias en tumbas colo- 
cadas á la parte fuera de la ciudad, á los lados de la calzada 
que á la misma conducía, los primeros enterrados debieron estar 
más cerca de las puertas de la población que los últimos, á los 
que la falta de espacio en las cercanías obligaría á que fuesen 
colocados á mayor distancia. 

Si como dice el historiador Villar y Macías, én la plazuela de 
San Isidro, en el término de la calle de la Rúa, se han encon- 
trado restos de muralla romana, es posible que allí existiera una 
de las puertas de la ciudad, por la que se pasaba de las calles de 



240 boletín de la real academia de la historia 

la población á la calzada de fuera, que podríamos llamar calle de 
los sepulcros. En este caso, la tumba de esta estela debió ha- 
llarse muy cerca de la puerta, mientras las otras se encontraban 
muy distanciadas, en mitad del espacio comprendido entre la 
puerta de la ciudad y el puente romano, y, por consiguiente, el 
enterramiento debió ser anterior, de conformidad con la perfec- 
ción de la factura, que acusa tiempos de florecimiento y no de 
decadencia. 

Con la salvedad de que en arqueología hay muy poco defini- 
tivo, creo que puede suponerse que esta estela sea del siglo n 
ó ni, hasta que descubrimientos posteriores rectifiquen este jui- 
cio ó hasta que personas más entendidas corrijan estas pobres 
descripciones que, venidas de mi parte, no pueden tener más in- 
terés que el decir: «yo he visto los monumentos de que doy 
cuenta, y el lugar en que se encontraron». 

Salamanca, 27 Diciembre 19 16. 

José Lafuente. 



VI 

MARRUECOS: SU SUELO, SU POBLACIÓN Y SU DERECHO 

por D. Eduardo de León y Ramos. Madrid, 191 5. 

Vuestra benevolencia, juntamente con la de nuestro Director, 
ha puesto en mis manos este libro escrito por D. Eduardo de León, 
individuo distinguido del Cuerpo Fiscal y persona de gran com- 
petencia en asuntos marroquíes, ya probada cuando actuó de 
arbitro de España para las reclamaciones contra el Majzen en los 
pasados años, y, claro es que, versado en los asuntos jurídicos 
en general por su carrera; en el derecho español por el ejercicio 
de su profesión, y en el de la jurisprudencia y leyes marroquíes 
por el cometido especial que desempeñó; reúne por sólo estos 
antecedentes, que tengo el honor de exponer á la Real Academia 
de la Historia, una autoridad en la materia que haría casi innece- 



marruecos: su suelo, su población y su derecho 241 

sario el examen del libro para hacer el elogio de la obra, pues 
así como de personas faltas de -preparación para una empresa no 
parece que deben esperarse obras acabadas y útiles, de aquellas 
otras que han probado su saber y suficiencia hay que creer que 
sus trabajos han de estar bien hechos y meditados. 

El Sr. León y Ramos, al tratar en la obra que examinamos, 
principalmente del derecho marroquí, y digo principalmente por- 
que contiene además una descripción del suelo y de la pobla- 
ción, siendo esto precedente natural y necesaria para que se 
aprecie la vida del derecho en aquel país, pues ésta no abarca 
solamente la regla que se dicta, sino también la forma y manera 
de practicarla por los habitantes, y las sentencias de los magis- 
trados sancionando los actos realizados, ha escrito una obra que 
destina á ilustrar á los aficionados á los asuntos marroquíes. Pre- 
senta un cuadro de la vida social, más bien, que esencialmente 
jurídico, para trazar el cual ha tenido que prescindir de multitud 
de preceptos y de detalles que harían confuso y difícil el cono- 
cimiento vulgar de los principios en que se apoya la legislación 
de dicho país, dando, sin embargo, idea clara de su conjunto y 
de las diferencias más notables que presenta con relación á la de 
nuestro país, y no sólo hace esto, sino que, para que resulte más 
perceptible su relato, cuenta casos curiosísimos acaecidos en 
nuestros días, llenándonos de horror, porque no es fácil concebir 
en los pueblos civilizados, donde, si es cierto que la indignación 
brota espontánea contra el delincuente, también I" es que des- 
pués se abren paso en nuestras almas los nobilísimos sentimien- 
tos de piedad, que haya un país donde se persiga con encono y 
con tesón, lo mismo al criminal que causó fríamente incalcula- 
bles daños que á la persona que por circunstancias fortuita 
produjo. La ley del Talión, expresada gráficamente en la fi 
«ojo por ojo y diente por diente», tiene allí realidad, y el señor 
León y Ramos nos presenta, en acción dramática digna de cono- 
cerse, un caso acaecido hace poco tiempo, <wi él cual un subdito 
extranjero hubo de dejarse arrancar parle de su di ntadura por- 
que, involuntariamente, al atropellar su caballo Ú u a mujer, 
exigió la aplicación del derecho musulmán. 



242 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

Y lo más sensible es que la nación vecina nuestra fué en otro 
tiempo un país que entró en el concierto de la civilización al re- 
cibir la influencia del pueblo romano, y que aprendió la religión 
llena de amor del Crucificado, de la cual sólo pudo desprenderse 
por la imposición brutal y violenta de los conquistadores árabes, 
según nos relatan sus mismos historiadores, quienes citan el he- 
cho de varias tribus que apostasiaban de la religión impuesta en 
cuanto los dominadores se alejaban de su territorio, y que aún 
existen, en opinión de algunos viajeros, tribus antimusulmanas y 
católicas, en cierto modo, en Marruecos, las cuales siguen prac- 
ticando algunas ceremonias y sosteniendo escondidas reminis- 
cencias del antiguo culto; nación que puede ser, por su situación 
á la entrada occidental del Mediterráneo, y por su proximidad á 
Europa, un país próspero y feliz, libre y culto, y que vive, sin 
embargo, subyugado á dinastías exóticas, pues sus monarcas han 
de descender de la familia del profeta, y sometido á una religión 
anticuada y perjudicial para la humanidad, que no se funda en 
los sentimientos de fraternidad, sino en el odio y en la venganza. 

Consta el libro de dos partes perfectamente distintas, conte- 
niendo la primera, según se ha indicado, una bien hecha exposi- 
ción de lo. que es el suelo y la población de Marruecos, la cual 
sirve de marco al cuadro que traza después, y á continuación 
expone sucintamente la índole y carácter de las instituciones 
jurídicas de aquella nación, entrando de lleno en la materia, que 
desarrolla en varios capítulos, que tratan principalmente de lo 
que respecta al Derecho civil, á las personas, propiedad, testa- 
mentos, obligaciones, pactos, quiebras, interdicción, tasación, 
delegación, sociedades, mandatos, depósitos, préstamos, retrac- 
tos, particiones, comanditas, tierras muertas, hallazgos, dona- 
ciones y medios de prueba. En cuanto al Derecho penal, estudia 
los delitos contra las personas y contra la propiedad, la paz pú- 
blica, la honestidad y el honor, la manera de exigir responsabili- 
dad criminal, el contrabando y la defraudación, terminando con 
un resumen de la organización judicial y de los procedimientos. 

En la segunda parte contiene varios apéndices relativos á los 
convenios que regulan la acción de España en Marruecos, á la 



ANTIGÜEDADES ROMANAS DE ALARCOS 243 

Administración de justicia en los protectorados español y fran- 
cés, á la condición de los musulmanes en territorios extranjeros, 
y, por último, incluye datos de interés general, como son los 
relativos á pesos, medidas y monedas, tablas de cómputo de 
tiempo y dos vocabularios. 

Hecho el resumen de la obra, sólo nos resta añadir que, á jui- 
cio del que suscribe, el Sr. León y Ramos ha prestado un servi- 
cio á los que por sus estudios ó por sus asuntos tengan que fijar 
su atención en el vecino reino, puesto que hasta ahora no existía 
entre nosotros ninguna obra que tan extensamente tratara de 
vulgarizar estos asuntos. 

Mi deseo ha sido daros cuenta de tan interesante obra, cum- 
pliendo, al hacerlo así, el mandato de nuestro Director; vosotros 
diréis si lo he logrado. 

Madrid, 9 de Febrero de 19 17. 

Antonio Blázquez. 



VII 

ANTIGÜEDADES ROMANAS DE ALARCOS 

Las murallas ciclópicas y la estela funeral del antiguo castillo 
de Alarcos, que expuso fotografiadas y estudió en nuestro Bole- 
tín (I) D. Antonio Blázquez, me han movido á redactar este bre- 
ve Informe, con el principal objeto de que la Comisión provin- 
cial de Monumentos de Ciudad Real allegue nuevos datos acerca 
de tan importante ramo arqueológico. 

Inscripciones. . 

Ara votiva. 

El arqueólogo Nicolás Mamerano, natural de Luxemburgo, 
pasando por Ciudad Real, no mucho después del año 1 538, vio 



(1) Tomo lxv, págs. 501-507; lix, 566-568. 



244 BOL"ETIN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

y copió l«i siguiente inscripción en casa da D. Cristóbal Ber- 
tnúdez (Iíübner, 3.226): 

TVTELAE 
L • PORC.VS 
SEVERINVS 



Tutelae L(iicius) Porc[i]us Severinus [ex voto}\ 
Exvoto de Lucio Porcio Severino á la diosa Tutela. 

La familia Porcia estuvo muy arraigada en España. Menció- 
nanse en Valencia (Hübner, 3.754)) Lucio Porcio Severo; en 
Ampurias (4.626), Porcia Severa, natural de Gerona; en Graná- 
tula, patria de Espartero, la antigua "Qpvjxov, cerca de Almagro, 
(3.223), Porcia Tercióla; y en Cártama, tres leguas al Poniente 
de Málaga (1.957), Lucio Porcio Saturnino. 

Estela sepulcral. 

Se halló al pie del cerro de Alarcos, junto á la carretera que 
va de Ciudad Real á Piedrabuena, y es indicio de una necrópolis. 

La forma de las letras, deterioradas por su corta profundidad 
y las contusiones que ha sufrido, pertenece á la época augustea ó 
á la primera mitad del primer siglo, como lo manifiestan las ins- 
cripciones españolas (núms. 222-229), delineadas por Hübner en 
su grande obra paleográfica (i). 

Mirando el ejemplar fotográfico con atención al través de una 
lente clara, lo leo así: 

Crispí fia S(exri) Marii s(erva) k(ic) s(ita) e{st)[p{ia) i{n) s{uis) om\ni- 
b(us). T{ibi) s(if) tierra) lievis). Corinihus uxo[ri f[ecit)\ 

Crispina, sierva de Sexto Mario, aquí yace. Fué piadosa para todos sus 
allegados. Scate la tierra ligera. Corinto á su esposa hizo este monumento» 

El renglón primero se termina por «y no por tis, como el con- 
texto lo reclama. En el renglón cuarto se destaca la ligatura N (in). 
Esta inscripción corre parejas con otra de Córdoba (2.269): 

Cormthus Sex{ti) Marii ser {pus) au(norum) XX, quem sui matares supe- 
raverunt (2) pius in suos hic situs est. S(it) t{ibi) t{errd] I(evis). 



(i) Exempla scripturae epigraphicae latinae; Berlín 1885. 
(2) Es decir, «á quien sus padres sobrevivieron>. 



ANTIGÜEDADES ROMANAS DE ALARCOS 




EPITAFIO ROMANO DE CRISPINA EN Al 



246 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

No debe causar asombro que, tratándose de siervos, á Cris- 
pina se atribuya el dictado de uxor, caso del que hay ejem- 
plo en la inscripción alavesa de Trespuentes (5. 81 5). Podía va- 
ler su matrimonio, en virtud de la ley privativa del municipio 
ibérico, diversa de la romana, ó por eufemismo excepcional del 
idioma. 

La cordobesa veíase á fines del siglo xvm en el atrio de la igle- 
sia del monasterio de Jerónimas. Hübner la buscó allí; mas no 
encontrándola, la dio por perdida. El nombre del siervo Corin- 
thus no pudo ser Cornelias que leyó Pérez Bayer, ni Corinthius 
(natural de Corinto) que propuso Francisco Ruano. El comenta- 
rio doctísimo que acerca de esta inscripción cordobesa hizo 
Hübner (i), se refleja adquiriendo doble intensidad en la de 
Alarcos. Las minas de oro y otros metales que imperando Tibe- 
rio dieron á Sexto Mario, amo de Corinto y Crispina, el renom- 
bre de ser el hombre más rico de las Españas, son abundantes y 
están todavía en explotación en las dos vertientes de Sierra Mo- 
rena, que deslinda las provincias de Ciudad Real, Sevilla y 
Córdoba. 

La sesquilibra de plomo. 

Fué descubierta, no ha mucho, al pie del cerro de Alarcos, 
junto á la vera del camino, donde se alineó la necrópolis y se 
erigió á flor de tierra la estela funeral de Crispina. 

Tiene de alto un decímetro, y pesa 462 gramos. He aquí su 
figura de tamaño natural. 



(0 «Sex. Marium non inepte quis crediderit hominem illum esse His- 
panairum diiissimum, quem Tiberius a. p. C. 33 saxo Tarpeio deici iussit 
propter incestum quidem, sed etiam ut eius aurarias sibi seponeret, auc- 
toribus Tácito ann. 6, 19 et Dione 58, 22. Certe saeculo primo elegans 
huius tituli brevitas apprime convenit. Ab eodem Sex. Mario puto etiam 
oes Marianum, sive Cordubense nomen suum traxisse (cf. Plinius 34, 2, 4), 
item moiilcm Marianum, cuius supra in titulo Hispalensi n. 1.179 procura- 
torem invenimus, mansionemque itinerarii (p. 445, 3) Mariana inter Mi- 
robrigam Turdulorum et Laminium sitam in regione metallorum fecun- 
dissima.» 



ANTIGÜEDADES ROMANAS DE ALARCOS 



247 





LA SESQUIL1BRA DE ALARCOS 



Es notable la variedad de las pesas, que en forma de pirámide 
truncada y taladrada en su cima, abundan en los enterramientos 
romanos, y se estiman como emblemas representativos de la col- 
gante del huso de las Parcas y consagrados á ellas. Cuando so 
hallan en sepulcros de mujeres, también se aprecian como indi- 
cio del oficio de tejer ó hilar que les era propio (i). 

La presente pesa de Atareos, si pesa fué en realidad, como lo 
creo, suscita la cuestión de averiguar á qué sistema ponderal 
obedece, y por qué su peso se asemeja tanto al de la libra caste- 
llana, que solamente le añade dos gramos. 



(1) Véase lo dicho en los tomos y páginas del Boletín xxvi, 72 y 73, 
lxix, 209 y 210. 



248 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

De pocos años á esta parte nuevas observaciones se han he- 
cho sobre otros puntos cardinales de la historia romana de Es- 
paña, por manera que no ha de parecer extraño ni destituido de 
gran valía el que ahora se ofrece. 

La era española. — Creíase que otra no había sino la que pre- 
cede de treinta y ocho años á la cristiana; pero no fué así. La 
inscripción romana de Villaverde, en la provincia de Santander, 
que ha publicado y comentado en nuestro Boletín (i) D. Eduar- 
do Jusué, es augurio de que otras vendrán con ella á corroborar 
la teoría harto bien sentada por Hübner. 

La milla. — Desde el año 1892, en el que nuestro sabio com- 
pañero D. Antonio Blázquez sacó á luz su magistral estudio so- 
bre el Itinerario de Antonino (2), no ha cesado de ampliarlo é 
ilustrarlo, demostrando en particular que la milla, no siempre ni 
en todas partes, tuvo la longitud normal de 1. 48 1 metros, á la 
que se atuvieron los Sres. Coello y Saavedra, sino variaciones 
considerables en diferentes trayectos (3). 

La libra. — Su peso normal en todas las pesas hispano-romanas 
que he podido examinar (4), es el de 325 gramos, que prefirió 
con justa razón Vázquez Oueipo (5), á los que del mismo se di- 
ferencian por carta de poco más ó menos. En todo caso, para el 
acierto del cálculo, sobresalen las que llevan marcado, no sola- 
mente el numeral referente á la libra, sino también el epígrafe 
que denota el tiempo de la fabricación y el contraste de la auto- 
ridad legítima. 

Dos pesas, bajo este concepto, ciertamente auténticas, existen 
formando sección aparte del peso típico de la libra. 

i. En el ¡Museo de la Academia, procedente de Córboba (6). 
Es una semuncia de bronce, con figura de piramidilla truncada 
é incrustación de letras de plata, cuyo epígrafe 

(1) Tomo lxix, pao. 45-50. Cf. i.xi, 452-457 

(2) ídem, tomo xxi, págs. 54-128. 

(3) ídem, xxxiv, 44; i.v, 367; i.x, 303-315; lxi, 1 10- 1 12; lxii, 427. 

(4) ídem, xliv, 251-257; 1.11, 561; i.xiii, 277-280. 

Essai sur /es systémes m ¿triques el monétuires des anciens peí/ fies, 
tomo 11, págs. 62-68. París, 1S52. 
(6) Hübner, núm. 4.962-4. 



ANTIGÜEDADES ROMANAS DE ALARCÜS 



249 




TOMO LXX 



16 



250 boletín de la real academia de la historia 

C • CAESAR • AV& • P • P 
C{aius) Caesar Aag (ustus) p {aler) p (atriaé). 

manifiesta que se labró y aprobó con autoridad del emperador 
Calígula (años 35-41 de C). De su peso, 12,8833, resultan para 
una libra 309,1992, que pueden estimarse 310 gramos si se mira 
que la inscripción de plata ha perdido una letra y un punto. 

2. El decempondio de Torrenueva, en la provincia de Ciu- 
dad Real, partido de Valdepeñas. Pesa 30.600 gramos. (Véase 
pág. 249.) 

Es de bronce. Su inscripción da noticia del nombre romano 
de Torrenueva, y sobreentiende las palabras ex aiictoriiate ', que 
por otras dos pesas, una de Valencia y otra de Sevilla entera 
mente se expresan (i). No hay que pensar en una estatuilla del 
emperador que se destacase sobre la tapa del monumento, sino 
á lo sumo las letras EX. A, ya borradas ó desvanecidas. Leo, pues' 

[Ex a(auciorüate)] Inipieraioris) Caes(aris) Traiani Hadriani Aug(ust¡) 
R(es)p(íibl/ca) Edebensium pondo X. 

Recordemos que en Villafranca de Córdoba se conserva el tri • 
finio, mandado confirmar por sentencia del emperador Adria 
no (2) en el año 1 23 de Cristo por sentencia del juez Julio Prócu • 
lo. En aquel año ó poco después, cuando estuvo en España aquel 
ínclito emperador, otorgaría á los edebenses la facultad de con- 
servar para su distrito municipal los pesos y medidas de su anti- 
gua costumbre. 

La libra en las pesas de Torrenueva y de Córdoba que acabo 
de producir, vacila entre 306 y 3 10 gramos. Tomando el térmi- 
no medio de 308, la sesquilibra equivale á 
308 + 154 = 462, 

que es cabalmente el peso de la de Alarcos y el de la libra cas- 
tellana, con la diferencia de dos gramos, cuyo peso y división en 
16 onzas, dimanaron probablemente de un antiguo sistema ibé- 
rico, coexistente del púnico y del romano. 

Madrid, 3 de Febrero de 1917. Fidel Fita. 

(i) Hübner, núm. 6.245-1. 

(2) Boletín, tomo lx, págs. 37-52. 



GOYA. COMPOSICIONES Y FIGURAS 



251 



VIII 

GOYA. COMPOSICIONES Y FIGURAS 

por A. de Beruete y Moret; t. 11 (continuación de Goya, pintor de retratos). 

Un volumen de 0,215 P or °>28o, de 176 páginas y 62 láminas, en fototipia de Hauser 
y Menet; Madrid, 191 7. Blass y C. a 

Aún no hace un año que tuve el honor de presentar á la Aca- 
demia un informe acerca del libro Goya, pintor de retratos, escri- 
to por el Sr. Beruete y Moret. Terminé aquel informe diciendo 
que el autor dejaba concebir la esperanza de que había de conti- 
nuar su trabajo con el análisis del resto de la obra de Goya, y 
esta esperanza se ha trocado en realidad al aparecer el volumen 
cuyo título encabeza estas líneas, y en el que el Sr. Beruete, pro- 
siguiendo su ya copiosa labor, trata de la producción pictórica 
del insigne artista realizada al óleo, al temple ó al fresco, ya en 
cuadros, ya en obras decorativas pintadas en lienzo, ya en deco- 
raciones murales. 

El Sr. Beruete, recordando el criterio que expuso en el tomo 
anterior, distingue dos principales características y diversas ma- 
nifestaciones en la citada producción, que corresponden á dos 
estados de ánimo, también muy diferentes; la una amena, ligera, 
graciosa y absolutamente identificada con el arte de las postri- 
merías del siglo xvm; la otra intensa, compleja, personal, concen- 
trada, en la que se reflejan las ideas que trajo en sus albores el 
siglo xix. Procura el autor, en cuanto es posible, armonizar el 
método cronológico, derivado de esta fundamental distinción, con 
la necesidad impuesta por el orden expositivo de clasificar y agru- 
par los variados géneros que el pintor aragonés cultivó en su 
larga y fecunda vida, y para ello va estudiando sucesivamente las 
decoraciones murales del templo del Pilar de Zaragoza y las de 
la Cartuja de Aula Dei en la vega del Gallego, pintadas en los 
días juveniles del artista (1772-1781); las composiciones, también 
de asuntos religiosos, para San Francisco el Grande de Madrid 
y para otras iglesias de la Península (1781-1789); los cartones 



252 boletín de la real academia de la historia 

destinados á la Fábrica de Tapices de Santa Bárbara ( 1 776-1791); 
los cuadros llamados de género que pintó desde esta época, y los 
frescos de San Antonio de la Florida; las obras que coincidieron 
con los primeros años del siglo xix, y, en fin, las posteriores 
hasta su muerte. 

Por la enumeración que queda indicada, se comprenderá el in- 
terés del libro. En sus comienzos, hallase el capítulo dedicado á 
las citadas decoraciones del Pilar y de Aula Dei, juzgadas por los 
críticos como de escasa importancia, pero á las que el Sr. Berue- 
te, opinando de otro modo, reconoce una señalada representación 
en la vida artística del pintor, por descubrir en ellas la expresión 
innegable, aunque en germen, de su personalidad vigorosa, que 
allí vio la primera ocasión de presentar la batalla al arte acadé- 
mico, retoño enteco y tardío de una idea decadente, que Goya 
no pudo sentir jamás, y empresa tanto más ardua y arrojada 
cuanto que luchaba con la falta de precursores, pues según obser- 
va el Sr. Beruete, si como retratista, pudo encontrar en Velázquez 
la inspiración que conformaba con su temperamento, para la de- 
coración del templo, ni encontró precedente alguno en la pintura 
española; ni el Renacimiento italiano, con toda su fuerza plástica 
y su esplendidez bizarra, consiguió despertar en su alma el me- 
nor entusiasmo; ni el mismo Tiépolo, que vivió en sus días, y 
con ser el que más le impresionó, tuvo en él influjo decisivo. 
Goya, pues, empezó á pintar á su manera y, por tanto, surgien- 
do como un rebelde, precisamente en un tiempo en que se había 
propuesto acabar con el colorido brillante la pléyade de seudo- 
clásicos capitaneada por Rafael deMengs, aquel oráculo de la nue- 
va escuela que prefería en el artista el buen juicio á la viveza, que 
culpaba á Lucas Jordán de haber causado la ruina de la pintura, 
y que era autor de una especie de árido y ñoño catecismo, con 
preguntas y respuestas, para iniciar en las reglas y razones del 
Ai'te á los jóvenes juiciosos que pretendieran escalar las cumbres 
de la gloria. Claro es que los canónigos del Pilar creían en Mengs 
y en sus atildados émulos mucho más que en Goya, y resultado 
de ello fueron los tremendos disgustos que le proporcionaron, 
discutiendo su obra, censurándola despiadadamente y con ese 



GOYA. COMPOSICIONES Y FIGURAS 2 5 3 

encarnizamiento que suelen emplear los dilettanti cuando se sien- 
ten doctos, obligándole á modificar los bocetos y ocasionándole 
todos aquellos berrinches quo le hacían escribir á su amigo Zapa- 
ter que en acordarse de Zaragoza y de la pintura, se quemaba vivo. 
Tales desazones hallaron en cierto modo compensación con el 
relativo triunfo que obtuvo al pintar el cuadro de San Bernardi- 
na de Sena para la iglesia de San Francisco el Grande; y llamóle 
relativo porque, como dice el Sr. Beruete, aunque Goya no al- 
canzase entonces las altas cimas del Arte, ni su composición otro 
favor de los entendidos que el de ser incluida entre las menos 
malas, según la frase del conde de Floridablanca, sólo el hecho 
de ser llamado al certamen, era considerarle digno de figurar al 
lado de Bayeu, Castillo, Ferro, Maella, Calleja y González Ye- 
lázquez, reputados á la sazón por los primeros maestros de su 
tiempo, lo cual, unido á la preferencia que su cuadro mereció del 
público y de la Corte, le allanó el camino para ser nombrado 
pintor de Cámara y le dio fama nacional que se tradujo en múl- 
tiples encargos que le hicieron en distintas poblaciones de Espa- 
ña, como el del Colegio de Calatrava de Salamanca, el del Con- 
vento de Santa Ana de Valladolid y los de las Catedrales de To- 
ledo y Valencia. Esta abundante producción de Goya no es, 
ciertamente, por la que el Sr. Beruete siente mayor entusiasmo, 
porque, en efecto, los asuntos religiosos no eran el numen del 
gran pintor, ni, por tanto, podía expresarlos con el brío y la ve- 
hemencia artística que únicamente se encienden en la llama de la 
inspiración verdadera; dígalo, sino, el Cristo crucificado que se 
guarda en el Museo, figura en que si la cabeza es realmente asom- 
brosa, ni por su movimiento, ni por su colocación, ni por su con- 
junto es capaz de infundir el recogimiento espiritual que infunde 
en nuestro ser el insuperable Cristo de Velázquez. Sólo una vez 
logró Goya un efecto semejante en la Comunión de San José de 
Calasanz, y para eso fué menester que concurriesen tres factores 
de tan intensa energía cuales eran el genio portentoso del artista, 
la profunda huella que imprimieron en su alma los cuadros ascé- 
ticos del Greco y la visión de ultratumba, vigorosamente acen- 
tuada por la proximidad de la muerte. 



254 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

Sí; la personalidad de Goya aguardaba momento propicio para 
mostrarse en toda su grandeza, y la ocasión se le presentó al ser 
encargado de pintar los cartones para la Fábrica de Tapices; 
porque si es cierto que los asuntos de ellos no eran de transcen- 
dencia, puesto que, en su mayor parte, reducíanse á vulgares y 
sencillos episodios de carácter popular, no lo es menos que en 
estos episodios estaba la observación del natural y, con ella, la 
verdad y la vida; y, por eso, el pintor, quizá por vez primera, vio 
libre su mente de la enojosa presión de las reglas de escuela y de 
las molestas trabas y ligaduras que imponen los convencionalis- 
mos tradicionales. El Sr. Beruete, en este capítulo, que es para el 
que suscribe el más interesante de su libro, nota con grande acier- 
to que, desde la primera de estas obras, diferenciase el pintor tan- 
to en el dibujo, como en el color, como en la intención, de todo 
lo que se pintaba entonces en España; estima la colección de car- 
tones de suprema importancia para el estudio de la formación y 
desarrollo del arte de Goya; hace ver al lector cómo adquirió al 
ejecutarla la presteza en el trabajo, la finura y transparencia en 
el colorido, la perfección y la originalidad en la técnica, y ofrece 
un análisis concienzudo, sutil, detenido y hasta minucioso de la 
calidad y preparación de los lienzos empleados, del número y 
naturaleza de los colores de su paleta, del tono de los fondos 
como medio de obtener las veladuras inimitables que admiramos 
en sus cuadros, deduciendo de todo esto que en aquel período 
decisivo de su vida, y guiado por la fertilidad de su invención, 
comenzó á caminar con rumbo fijo y seguro paso hacia el ideal 
de un arte sintético y sencillo. Como comprobación de tal aserto, 
entra en seguida á estudiar los cuadros de figuras pequeñas ó de 
tamaño medio que pintó á partir de esta época, cuales son, vcrbi 
gratia, los que hizo para la Alameda de Osuna, y, después, el de- 
corado singularísimo de San Antonio de la Florida, que es, en 
mi opinión, el más peregrino testimonio de su arte. Al cabo de 
veintiséis años de haber pintado en el Pilar, de nuevo se le enco- 
mendaba á Goya la decoración de un templo; pero no de un tem- 
plo suntuoso, sino del de una humilde parroquia madrileña, si- 
tuado á orillas del Manzanares, cuyas campanas confundían fre- 



GOYA. COMPOSICIONES Y FIGURAS 255 

cuentemente su tañido con el son de las guitarras y el canto de 
las coplas; del que salía más de una feligresa, llevando aún en sus 
oídos el eco de la palabra divina, á escuchar el acento apasionado 
de un requiebro; templo, en fin que, por añadidura, estaba dedi- 
cado á un Santo popular, que protege á las mozas en sus cuitas, 
que mira compasivo sus afanes y acoge sus ruegos y plegarias 
con tierna y entrañable solicitud. Pero Goya, al verse frente á 
frenta de aquella bóveda y de aquellos muros, no era ya el Goya 
del Pilar y de Aula Dei, un tanto desorientado, sino el artista 
con estilo propio, hecho á inspirarse en el natural y decidido á 
no buscar otros manantiales de inspiración, y, por eso, los fres- 
cos de San Antonio, que en su conjunto dan la sensación de lo 
religioso, son en los detalles completamente profanos. Cierto es 
que allí hay Santo, ángeles, devotos y hasta un milagro que se 
realiza; pero aquel Santo, más que un elegido del Señor, habi- 
tuado á sentir los arrobos y deliquios del éxtasis, se nos antoja 
el lego de un conveto, simpático y popularísimo entre los vecinos 
de la Carrera de' San Francisco, de la Plaza de la Cebada y de la 
Puerta de Moros; aquellos ángeles no son los ángeles seráficos y 
espirituales, los seres de ensueño que acostumbramos á ver en 
lienzos y retablos, sino figuras femeninas de formas y contornos 
absolutamente humanos; aquel milagro, más que la resurrección 
de un muerto, diríase que es el exorcismo de algún poseído á 
quien le están sacando los demonios del cuerpo, y aquellos de- 
votos, en fin, no llevan en sus semblantes la tranquila unción ó 
el fervoroso asombro de los que oyen la voz de un inspirado del 
Cielo, ni recuerdan siquiera la mística expresión que Goya supo 
dar en otro tiempo á los personajes que forman el auditorio de 
San Bernardino de Sena, sino que son más bien gentes del pue- 
blo que escuchan las exhortaciones de un fraile que so ha echado 
á la calle á hacer prosélitos, á amonestar á las ovejas descarria- 
das y á poner en paz y en gracia de Dios á algún que otro ma- 
trimonio mal avenido. 

- De este modo, termina Goya su obra anterior al siglo xix, obra 
que, á pesar de su grandeza, no le hubiera dado, á juicio del 
Sr. Reruete, el puesto que hoy se le asigna entre los primeros 



256 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

pintores del mundo, porque hasta los comienzos de aquel siglo 
no realizó del todo el propósito que fué la tenaz preocupación y 
el anhelo constante de su vida, á saber: conseguir un arte nuevo 
en el que, según su propia frase, el capricho y la inspiración tu- 
viesen ensanche, ideal estético que alcanzó en el Entierro de la 
sardina, en la Corrida de toros, en el Tribunal de la Inquisición 
y en otras composiciones, reveladoras de un artista de intención 
más honda, de pensamiento más complejo, y, al mismo tiempo, 
más natural y más espontáneo. 

Crisis profunda había de causar en su mentalidad la guerra con 
los franceses, en la que, como dice exactamente el autor del 
libro que motiva este informe, no vio Goya ni la gloria del Ejér- 
cito, ni la de su pueblo, ni el honor nacional, ni aun el interés de 
la Patria, sino sólo el horror y la tragedia. Sus cuadros del Dos 
de Mayo y de los Fusilamientos, y la colección de las ochenta es- 
tampas conocidas con el nombre de Desastres de la guerra, ver- 
dadero arsenal de quiméricas alucinaciones, son muestra de la 
terrible impres'ón que tales sucesos produjeron en su espíritu, 
impresión tan poderosa y aterradora, que determinó un cambio 
radical en la idea de sus cuadros, caracterizados desde ahora por 
una nota intensamente dramática, que tan recio contraste ofrece 
al ser comparada con aquella otra apacible, lozana y de bulliciosa 
alegría que cultivó hasta entonces. La obsesión de lo trágico es 
en él de tal pujanza que se complace en evocar espectros es- 
pantables y no sabe hallar para sus lienzos otros asuntos que los 
dolores, las miserias y los crímenes, cual si sus ojos no viesen en 
torno más que las inmundicias del hospital de los pestíferos, ó la 
negra estrella del albañil que se cae del andamio, ó los bandidos 
que desvalijan al indefenso viajero en medio de un camino, ó la 
mujer á quien un rufián cose á puñaladas. La misma decoración 
de su vivienda, que parece inspirada por una cómica extravagan- 
cia, no es más, en mi sentir, que una especie de sedación de tal 
estado de ánimo, pues el pintor, al reponerse de la exaltación 
causada por el espectáculo de sangre y de ruina que con visos 
de irremediable catástrofe le sorprendió en sus postreros años, y 
meditar sobre lo movedizo de los bienes humanos, concluyó, 



GOYA. COMPOSICIONES Y FIGURAS 257 

quizá, por dudar de todo, por reírse de las apariencias y falacias 
del mundo, por arrojar con desprecio el prisma engañoso que su 
posición y los halagos de la Corte le brindaron para ver la vida 
en un ambiente de optimismo y por expresar plásticamente estas 
sensaciones con una mezcla de burla escéptica y de honda amar- 
gura, ya recordando los embelecos de la Mitología, que en sus 
mocedades formaron parte de su educación artística; ya el ri- 
dículo esperpento en que estaba convertida la manóla de gracio- 
sas líneas y picaresco rostro que retrató en mejores días; ya los 
bellacos á quienes vio reñir á estacazo limpio por palabra ó ju- 
gada más ó menos; ya la grotesca visión de los devotos que acu- 
den á una fuente milagrera en busca del alivio de sus lacras; y 
acaso también sean el resultado de una reacción de su espíri- 
tu los cuadros religiosos que pintó en su última época, entre 
los que ocupa el lugar preeminente el citado de la Comunión 
de San José de Calasanz. El estudio de estos cuadros, en los 
que parece que el pintor vuelve al Cielo su mirada para po- 
ner en él toda su esperanza, es el objeto del capítulo final del 
libro, que termina con el examen de la bellísima figura de la 
Lechera de Burdeos, considerada por el Sr. Beruete como el 
testamento pictórico del gran artista, cuadro ejecutado en la 
emigración, casi al borde del sepulcro, y valiéndose de un mo- 
delo francés, aunque el pintor, al trasladarlo al lienzo, y año- 
rando, quizá, la patria en que nació, puso en sus facciones y 
en el color de la tez algo del color y de las facciones de las mu- 
jeres españolas, cual si quisiera fundir en aquel trabajo postre- 
ro el recuerdo de su país y la gratitud magnánima á la tierra 
que le daba asilo y que presto habría de acoger sus yertos des- 
pojos. 

Inserta á continuación el Sr. Beruete unas adiciones á su pri- 
mer libro Goya, pintor de retratos entre las que se incluyen, uno 
del mismo Goya existente en el Museo provincial de Zaragoza, 
los de Carlos IV y María Luisa que posee nuestra Academia, un 
notable grupo de la familia de estos monarcas y otros de no me- 
nor importancia, dando cima al trabajo con una lista que contie- 
ne 248 números, correspondientes á otras tantas composiciones 



258 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

y figuras del maestro, catálogo que es, sin disputa, el más com- 
pleto de cuantos sobre esta materia se conocen hasta el día. 



* 
* * 



Por lo dicho podrá juzgarse del interés de la nueva publica- 
ción del Sr. Beruete. Modestamente, declara que al escribirla no 
ha tenido más aspiración que la de ofrecer algunos datos nue- 
vos, la noticia de tal ó cual fecha ignorada, ó la de varias obras 
inéditas ó poco conocidas; pero basta pasar la vista por las pági- 
nas del libro para convencerse de que es un estudio acabadísi- 
mo, en el que tanto, por lo menos, como en el anterior, aparece 
claramente reflejada la robusta personalidad de aquel genio so- 
berano, de quien pudiera decirse, como del caballero andante, 
que sus fueros eran sus bríos y sus premáticas su voluntad; de 
aquel artista que, como Velázquez, no conocía más imitación 
digna de su pincel que la del natural, y que cuando hallaba al- 
gún precedente merecedor de estima, sabía transformarlo á tra- 
vés de su temperamento y de su rápida intuición para conver- 
tirlo en sustancia propia; y, por eso, como observa el Sr. Berue- 
te, las pinturas de San Antonio de la Florida indicarán que no 
pasó en vano por la Capilla Sixtina, pero en ellas no se advierte 
el menor vestigio que revele la sugestión de los frescos maravi- 
llosos; los tapices recordarán, sin duda, la influencia francesa, 
pero Goya supo dotar las escenas que en ellos se representan de 
un casticismo sencillo y sobrio que nos habla en español, y no 
tienen con los cuadros franceses otra semejanza que la analogía 
del asunto; las figuras de la Pradera de San Isidro traerán á la 
memoria las figuras de Watteau, pero la verdad del conjunto y 
la misma luz del ambiente hacen del cuadro una composición 
nacional, sin la más insignificante reminiscencia exótica, y la 
Maja desnuda demostrará que Goya había estudiado con mucho 
detenimiento las encarnaciones de Tiziano y de Velázquez, pero 
demuestra también que no se preocupó de la rica tonalidad del 
primero, ni se entregó ciegamente á la impresión que le causara 
la Venus del espejo del insigne sevillano. 



GOYA. COMPOSICIONES Y FIGURAS 259 

El Sr. Beruete no se limita á presentarnos la personalidad de 
Goya desde el punto de vista artístico, sino que la presenta, 
además, en sus otros aspectos, y, así, el lector tiene ocasión de 
contemplar el hombre influido por las circunstancias y peripe- 
cias de la vida; ya irritado por la crítica inexorable de los canó- 
nigos del Pilar; ya presa de las angustias que trae consigo la en- 
fermedad del hijo; ya intrigado con la compra de unas muías; ya 
refocilándose con la infantil presunción de deslumhrar á sus ene- 
migos y envidiosos, sustituyendo el humilde birlocho con un ca- 
rruaje de más porte; ya pidiendo consejo para colocar unos 
cuantos reales ganados con los pinceles; ya aterrado con los epi- 
sodios sangrientos de los infaustos días de la invasión. Y debe 
hacerse constar también, por ser cualidad que realza y avalora de 
modo considerable la labor del Sr. Beruete, que este libro está 
escrito con sentido eminentemente histórico: «Al propio tiempo 
» — dice el autor — se relacionó su vida con multitud de leyen- 
»das y anécdotas que, hábilmente aprovechadas por escritores 
»de más despreocupación que ingenio, nos presentan una figura 
»del pintor llena de errores y falsedades. Por el contrario, cuan- 
»do más tarde se escriba acerca de Goya, se habrán olvidado las 
»referencias y leyendas, y se hablará de él según el dato histó- 
rico y el documento frío, tratando de evocar una figura separada 
»por el abismo de los siglos... Aún no se perdieron las referen- 
»cias y las tradiciones, pero los años transcurridos hacen que no 
»sean difíciles de depurar; simultáneamente, van surgiendo la 
»historia, que sólo es tal por razón del tiempo, y las noticias, 
»que aún parecen tener cierta vida, pues se relacionan con lo 
»que como testimonio directo oímos en nuestra niñez contar a 
» nuestros viejos. Por eso parece que lo que en estos años se ha 
«publicado acerca de aquel pintor es más justo y más sereno que 
»lo que de él se contó cercano á sus días. Es también razonado 
«pensar que servirá más adelante para los que, amantes del arte 
»español, admiren y comprendan en Goya su personalidad y su 
«grandeza, y, al evocarle, encuentren en las publicaciones de 
»hoy referencias que casi son testimonios y datos que son ya 
»documentos.¿ Todo es preciso, sin duda, en los tiempos que al- 



2Ó0 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

canzamos, pues no faltan escritores temerarios y poco escrupu- 
losos, de la calaña de aquéllos á quienes se refiere el Sr. Berue- 
te, que estando obligados por razón de su oficio á seguir los pro- 
gresos de la cultura de su pueblo, suelen desentenderse bonita- 
mente de este deber, sea por confiar con exceso en las alas libé- 
rrimas de su genio, sea por juzgar que es el procedimiento más 
cómodo, aunque no el más recomendable. Y lo digo, porque en 
estos días, cuando el primer libro del Sr. Beruete cuenta ya más 
de un año de existencia, y á los dos meses de aparecer el segun- 
do (i), han surgido, casi á la vez, dos obras de las que es Goya 
el protagonista, y de cuyos autores se diría que se pusieron á es- 
cribir en competencia y sin pararse en barras, á ver cuál de los 
dos lograba inferir mayores y más ridículos desacatos á la ver- 
dad histórica, siendo lo más singular del caso que en un artícu- 
lo de periódico que he leído hace cuarenta y ocho horas, en el 
que, invocando las investigaciones del Sr. Beruete, se fustiga 
acerbamente á una de las obras aludidas, incurre el crítico en el 
mismo pecado de que la acusa, al dar por verídicas patrañas 
como la del retrato del Duque de Wellington, cuya inexactitud 
hállase patentemente demostrada; de lo cual se desprende que 
estará lucido el crédulo lector que en esta ocasión se haya fiado 
de críticos y autores. Consolémosnos, sin embargo, considerando 
que los risibles y estériles engendros de este jaez, que, en resu- 
midas cuentas, no revelan otra cosa que la penuria de inspiración, 
llamados están á morir en el olvido, y que cuando nadie se acuer- 
de de que existieron, quedarán los libros como el del Sr. Beruete, 
cuya crítica, por apoyarse constantemente en el documento, 
tiene la firmeza necesaria para ganar la confianza en el autor que, 
tomando en serio su misión, observa la norma de no hablar más 
que de lo que ha visto y de no conceder nunca el valor de un 
hecho á lo que no puede pasar de la categoría de una hipótesis. 
Si, como es de esperar, el Sr. Beruete persevera en su trabajo, 
y lo corona con otro volumen dedicado á los caprichos y dibu- 



(i) Aunque el libro lleva la fecha de 19 17, apareció en los primeros 
días de Diciembre de 19 16. 



MONUMENTOS DEL SIGLO IX 2ÓI 

jos del maestro aragonés, es incuestionable que habrá realizado 
una obra digna de toda alabanza, llamada á ocupar puesto pre- 
ferente en la bibliografía pictórica y á honrar á nuestra Patria en 
una de las más grandes figuras del arte español. 

28 de Enero de 191 7. 

Julio -Puyol. 



IX 

MONUMENTOS DEL SIGLO IX 
LA BASÍLICA DE SAN SALVADOR DE VALDEDIÓS 

Apuntes. 

Al tratar de este hermoso ejemplar de la arquitectura cristia- 
no-asturiana, no es mi ánimo hacer un estudio técnico y descrip- 
tivo del mismo; menguadas son mis fuerzas para ello, y creo, 
además, sinceramente, no sea posible hacer cosa más perfecta y 
acabada que la ya hecha por Amador de los Ríos, Cuadrado, 
Canella y Lampérez. 

El objeto de estos apuntes es muy sencillo; redúcese tan sólo 
á dar cuenta de algunas investigaciones arquitectónicas y arqueo- 
lógicas llevadas á cabo en el año actual con el aplauso y la ayuda 
del director del Colegio de Valdediós, D. Francisco Roseta, y de 
mis queridos compañeros de profesorado (i). 

Algo de Historia. 

La Basílica de San Salvador de Valdediós, que levantó la mag- 
nificencia del último Rey de Oviedo, Alfonso III el Magno, y que 
fué consagrada el 1 7 de Septiembre del año 893 por siete obis- 
pos (2), perteneció á un cenobio de monjes Benitos ó frailes ne- 



(1) He de consignar, en especial, los nombres de D. Amador Lucas y 
D. Antonio Roseta. 

(2) Así consta de una inscripción en mármol blanco que está colocada 
en un nicho — llamado Capilla de los Obispos— á la parte exterior de la 
Iglesia. 



2Ó2 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

gros, que aceptaron y se sometieron á la regla del Cister, en el 
año 92 1, y que continuaron viviendo en el primitivo cenobio hasta 
el año 1238, en cuya fecha se trasladaron á otro convento amplio 
y espacioso, edificado muy cerca del primitivo y que se llamó y 
fué Real Monasterio de Santa María la Mayor de Valdediós (i). 

Dedúcese claramente lo dicho de lo que escrito dejó Manri- 
que (2), y que fielmente transcribo: «Eadem excipit Vallem-Dei 
in Asturibus Diaecesis Ovetensis ad sextum, lapidem ab urbe 
Cathedrali, quam Benedictinorum Domum longe antiquam, Al- 
fonsus cagnomento Magnus aedificaverat. Visitur hodieque tem- 
plum antiquum tribus navibus distinctum, quarum media ad duo- 
decim pedes in latitudine, collaterales, unaquseque ad sex non 
amplius patent longitudine, altitudineque omnino conformi: csete- 
ra opere pulchro expolitum, quadrato ex lapide; ut mirum sit 
prsecipue illis temporibus, tantum artis insumptum, in re tam par- 
va. Hujus primae Ecclesise consecrationis extat adhuc memoria 
incisa lapidi: Confecratum e/i templum hoc ab Epifcopis septem, 
Rudefindo Dumienfi, Nauftro Conimbrecenfi, Sif cuando Irienfi, 
Ramolfo Aftnricenfe, Argimiro Lamecenfi, Recaredo Lticenfi, 
Elecana Ccefar-Augiiftanienfi sub ¿Era D. C. C. C. I. die decimo- 
ft'xto Kalend. Octobris. Hane inserí ptionem, et nos ibidem legi- 
mus et Gundisalvus Davila Regius Scriptor transcripsit et inseruit 
fuo Theatro. 

Admisit hoc Caenobium Cistercii leges (quantum colligi potest 
ex Chronologia, ñeque enin inftrumentum aliud subeft) cirea 
hunc annum fub disciplina Abbatis Superadii, ut habent Fabulae 
Eclefiarum Clarevalliensium. Verum, cum arete nimis habitarent 
in i lio loco, transtulit fedes breve ad intervallum, ac novis, am- 
plioribufque cerificas ac late auxit alter Alfonsus Legionenfis 
Rex ad annum Christi m. c. c. xxvi. a Cistercio admisso xxviii. 
privilegio expedito». 

En la actualidad no queda nada del cenobio primitivo, pero la 
circunstancia de hallarse restos de cimentación en la parte norte 

(1) Existe en la actualidad, destinado á Seminario Menor y colegio de 
segunda enseñanza. 

(2) Cisterciensium Amialium. Auct. Angelo Manrique. T. m, pág. 323 & 10. 



MONUMENTOS DEL SIGLO IX 



263 



del templo que estudiamos, nos induce á creer que debió estar em- 
plazado hacia dicha parte, y á poco que se excavase en no mucha 
extensión fácil cosa sería adivinar la parte primitiva. (Fot. n.° 1.) 





/ d 






M 

M 

II 

II 







m 



5 mctft/i 



FOT. NÚM. I.— Recinto sagrado y piedra de sacrificios, existentes en la dehesa de 
Mayoralguillo de Vargas, en término de Cáceres. 



264 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

Si el templo que estudiamos no sufrió reformas muy importan- 
tes en su planta y al exterior, no podemos decir lo mismo del 
interior, ya que en conjunto y en algunos detalles sufrió altera- 
ciones importantes, llevadas á cabo afines del siglo xvi, «en aque- 
lla época en que se destruyen las construcciones romanas y gó- 
ticas para levantar las insulseces seudo clásicas» (i). 

Estas alteraciones, verdaderas profanaciones artísticas, consis- 
tieron en enlucir todo el interior de la fábrica, sin poner reparo 
en inscripciones y en otros detalles de valía que quedaron sepul- 
tados bajo la argamasa que se empleó en el enlucido. So pretexto 
de innovación desaparecieron los primitivos altares de piedra del 
ábside central y de los laterales, viéndose aun hoy claramente los 
cimientos donde aquéllos estuvieran emplazados; además, se ta- 
pió el vano del ajimez que iluminaba directamente al santuario, 
y se ocultó á la vista el testero del ábside central, encajando en 
él un retablo de ningún valor. De todo ello dan idea las fotogra- 
fías 2 y 3. 

En pro de la restauración. 

Nuestra primera labor en el año actual ha sido dejar al descu- 
bierto el testero del santuario, haciendo desaparecer el retablo y 
altar de madera; procedióse después á quitar una ancha paredi- 
11a que obstruía los vanos del ajimez. (Fot. n.° 2.) 

Hecho esto, limpio ya el testero é iluminado el santuario por 
los vanos del ajimez, pudimos observar la primitiva ornamenta- 
ción del ábside; un arco central ciego, adosado á la pared de! 
fondo, y en cuyo fondo se abre el ajimez. La arquería, que es de 
ladrillo, se apoya sobre dos hermosos capiteles que guardan or- 
den con los restantes del edificio y que descansan sobre dos fus- 
tes que, en la actualidad, son de madera, pero que debieron ser 
de mármol como los restantes (2). Estos fustes no descansan di- 



(1) Lampérez: Op. cit., tomo 1, pág. 16. 

',2) Tal vez al colocar el retablo se quitaron los fustes primitivos para 
emplearlos en alguna otra construcción. Los hemos buscado en todas las 
edificaciones contiguas y no hemos obtenido éxito alguno. 



MONUMENTO DEL SIGLO IX 




Fot. núm. 2. 



rectamente sobre el pavimento, sino sobre un podio ó basamen- 
to elevado como un metro del suelo. 

Sobre el dintel del ajimez y en su parte interior, que estuvo 
hasta ahora oculto, se lee la siguiente inscripción: 

tDÑIETSALVATORISN-sT- 
MVSESTDOMVSISTA 

y en el tímpano, ó en el espacio que media entre el dintel y el 
arco ya descrito, aparecen pintadas la Cruz de la Victoria y 
otras dos cruces más pequeñas. (Fot. n.° 3.) 

En el lienzo del testero que estuvo cubierto se descubrie- 
ron también, ocultas bajo ligera capa de cal, pinturas murales 
simulando arquerías laterales y arabescos que guardan estrecha 
analogía con las recientemente descubiertas por el Sr. Selgas 

TOMO L.\X '7 



266 



boletín de la real academia de la historia 



al restaurar la Basílica de San Julián de los Prados, en Oviedo. 

El ajimez debió descerrarse con hojas de madera que se abrían 
hacia adentro; asi lo indican las quicialeras que aún se ven en el 
dintel y en la repisa. 

Los grabados y fotografías adjuntos dan clara idea de lo que 
llevamos dicho. 




Fot. núm 3 



MONUMENTO DEL SIGLO IX 267 

Para terminar, réstame mencionar un detalle de construcción 
que tal vez pueda tener algún interés. Refiérome á dos largas y 
espesas barras de hierro, empotradas en la fábrica, y sobre las 
cuales descansan las impostas que sostienen la bóveda de medio 
punto del narthex central interior. 

Las susodichas viguetas tienen un espesor de un decímetro y 
miden de largo metro y medio. 

Con lo expuesto pongo fin á mi estudio. Las fotografías y di- 
bujos suplan la deficiencia de mi prosa y la falta de tecnicismo. 

Colegio de Valdediós, 4 de Septiembre de 1916. 

José Fernández Menéndez, 

Presbítero y profesor. 



VARIEDADES 



I 
LA CIUDAD Y TERRITORIO DE BAZA 

Manuscrito inédito, que existe en la Biblioteca de la Academia, con la 
signatura Estaiite 2J, grada 6. a E, nú?n % 166 (Miscelánea histórica}, folio 
80-102. 

Lo presentó D. Isido- Baza. Ciudad del Reyno de Granada, 

ro Bosarte, como obra Obispado de Guadix. Latit. 37 o 1 8'. 

que le remitió el deán Longit. I 5 34'. Corregimiento. Teso- 
de aquella Catedral en , , n , • , 

reria de Rentas que comprehende 5/ 
1798. , J 

pueblos, con Iglesia Colegial y Abadía, 

cuya Metrópoli es Toledo. Está situada al pie de unos recuestos, 
que se elevan gradualmente hasta formar la Sierra de su nom- 
bre, y al S. O. de la Vega y grande Valle llamado Hoya de Baza, 
porque está rodeado de grandes Cordilleras de altos Montes; y 
en ella hai muchos y ricos pueblos. 

Es la antigua Basti, de cuyos fundadores y del tiempo de su 
fundación se han escrito grandes desatinos, que es inútil refutar; 
quizás se apartan menos de la verdad los que recurren á los 
Españoles primitivos, que parece terminaban en I los nombres 
de sus poblaciones, como vemos en Acci, Astigi, Illici, y otros; 
origen bien remoto, que puede contentar á los que le desean 
esta gloria. 

Los Romanos la hallaron ya célebre, y Cabeza de una Región 
bien extendida, cuyos límites eran los Contéstanos, Olcades, Üre- 
tanos, y parte de la línea divisoria de la Bética, por donde seguía 
hasta tocar en el Mediterráneo, en Murgi y Barea; perteneciendo 
á la Bastitania una pequeña parte de Costa entre Barea y Car- 
thago nova, en donde no había otro pueblo litoral notable, sino 
Urci en el principio de la Tarraconense. Pero sea que los de 



LA CIUDAD Y TERRITORIO DE BAZA 2ÓQ 

Basti resistieron con terquedad á los Romanos, ó que no les hi- 
cieron servicios importantes, no hallamos que la concedieran 
privilegio alguno; y Plinio la pone entre los Pueblos estipendia- 
rios que concurrían al Convento jurídico de Cartagena. Ni la 
nombran Estrabon y Ptolomeo, aunque hacen fregüente mención 
de los Bastitanos; pero lo hace Plinio, cuya autoridad en esta 
parte es del mayor peso, y no lo es menor la del Itinerario de 
Antonino, que en el camino desde Carthago Spartaria á Cástulo 
la coloca entre Monis y Acci, á la distancia de 26 millas de cada 
una de estas Ciudades, que es, con corta diferencia, la que hai 
del Chirivel á Baza, y desta á Guadix. 

CARTHAGiNE APARTARÍA . 
ELIOCROCA . Al . F. XLIIII . 
AD MORUM. M. P. XXII1I. 
BASTÍ. M . P . XXVI. 
ACCI. !\\ . P . X X V J . 

Se juzga edificada Baza sobre las ruinas de Basti. Alguno hai 
que se inclina á que ocupaba un sitio espacioso media luega al 
Oriente, á la vista del Río Guadalgüiton, por donde pasa la carre 
tera de Levante. Allí se han encontrado, y todavía se hallan, 
muchas Medallas Romanas, vestigios de Edificios sumptuosos, 
basas, capiteles y trozos de columnas elegantes, algunos relieves, 
tazas de fuentes, inscripciones destrozadas y otros restos de anti- 
güedad. No lexos de allí, en el Cortijo de Romaila, se- halló la 
Cabeza de un Sileno con diadema, aunque de poco mérito. De 
aquel sitio se trajo, en el Siglo pasado, una piedra sepulcral, que 
todavía se conserva en la esquina de una Casa inmediata á las 
Monjas clarisas, y como los Romanos no acostumbraban dar se- 
pultura á los Cadáveres en el recinto de sus Ciudades, es mui 
probable que no fué aquel sitio el de la antigua Basti, y que 
aquellas ruinas fueron Casas de recreo, baños ó Templos. He 
aquí la piedra (i): 



(1) Es un manuscrito del P. Fr. Alonso de Mendoza, natural desta Ciu- 
dad, que se conserva en la Biblioteca del Convento de S. Francisco, obscr- 



270 boletín de la real academia de la historia 

Q_" A'ELLIVS . IV . 

CVADVS • AN ' LXX. 

H . S . E . 

A^LLIA * Q_' LIB. FELICIA 

ANN. H. S. E. 

La Familia Atellia parece estaba mui esparcida en esta parte 
de España: se hallaba en Medallas de la Bética, en muchas ins- 
cripciones, y particularmente en la Hoya de Baza. En Galera se 
lee, en una dedicación á Marco Aurelio, un P. Atellius Duumvir. 
La inscripción está mui gastada y no se puede leer el nombre 
del Pueblo; pero en otra á Gordiano se ve claram te RES P. 
TV TVGi: 

La Ciudad Tucci Tugiensiiun, ó sea, Tugia Tugiens'mm, pue- 
blo que no encuentro en los antiguos Geógrafos, aunque por allí 
debió estar la Tugia del Itinerario de Antonino y la de Ptolo- 
meo, y no está lexos el Salto Tugiense, en donde nace el Betis. 

Se hallan algunas otras inscripciones, en las que se hace men- 
ción délos Bastitanos. Sobre la puerta del Castillo de Cartagena 
hai una en la que se nombra á uno que fué Escrivano del Cues- 
tor de los Bastitanos; y en los Toros de Guisando otras, en las 
quales se menciona la gran batalla en que venció César á los 
hijos de Pompeyo, que dice fué: aquí, en el Valle Bastitano; y se 
lee una memoria de los Bastitanos á L. Porcio, por la buena ad- 
ministración de la Provincia. Estas dos últimas las juzga fingidas 
1 ). Antonio Agustín. 

Si son tan escasos los monumentos de la Basti Romana, no lo 
son tanto los de la antigüedad de su Cristianismo. Fué una de las 
primeras que recivieron la fe y que lograron el honor de Silla 



vantes de ella, cuyo título es fragmentos morales ¿históricos; se dice cuando 
se recogió esta piedra. Allí está mal copiada; la que aquí damos se ha 
hecho con todo cuidado. AELLIVS pone el P. Mendoza en lugar de 
A'ELLIVS, y con esta ocasión habla de la familia Elia, pero fueron los 
Atellios, y no Elios, los que se hallan establecidos en esta Hoya. Tengo 
del mismo Mendoza un manuscrito con el título de Bastitania, indigesto, 
cosa pobrísima y todo fundado en los falsos Cronicones. 



LA CIUDAD Y TERRITORIO DE BAZA 



Episcopal en España. Estando tan cerca ele Acci pudo predicar 
en ella alguno de los Apostólicos ó de sus Discípulos, y ya al 
principio del Siglo iv se halla firmando en el Concilio de Eliberi 
Eutiquiano, Obispo de Basti. No hai memoria de otro alguno 
hasta el Siglo vi. Las guerras de los Wándalos y las que algunos 
Reyes Godos tuvieron con los Soldados de los Emperadores del 
Oriente, particularmente la que les hizo Leovigildo en la Basti- 
tania (I) y la persecución movida por el mismo Rey á los Cató- 
licos, trabajaron mucho esta Provincia, y tal vez harían se per- 
diese lo memoria délos Prelados deste tiempo. Desde el Siglo vi 
se ven las firmas délos Obispos de Basti en los Concilios de To- 
ledo hasta la entrada de los Moros. Todavía continuó en ella la 
Silla Episcopal, pues en el Siglo ix se nombra un Obispo Juan, 
que, con otros, declaró la inocencia de Samson, y su fe Ortho- 
doxa, contra los que le calumniaron. 

Los Árabes hallaron derrotada Basti, porque en sus historias 
se dice que al fin del Siglo ix fué edificada Baza por Suar Ben 
Ilamdun, natural de Carbazana, en el Reino de Granada, Capi- 
tán de los Árabes, valiente guerrero, que sujetó la facción de los 
Persas y Syrios Españoles é hizo florecer la de los Árabes mien- 
tras vivió. Edificóla, ó más bien, la renovó ó amplió, estable- 
ciendo en ella la Familia délos Cahthanitas. Se puede presumir 
que al reedificarla al gusto Árabe fueron soterrados los monu- 
mentos Romanos, que perdonaron los Wándalos; pero no han 
tenido mejor suerte los que dejaron los Moros. No se había des- 
cubierto una Inscripción Árabe entera hasta que en estos días, 
derrivando una pared de las Casas de D. Francisco Benito San- 
tolalla y Mendoza, que está al pie de la Alcazaba, se halló entre 
el escombro una Losa de la piedra que compone las grandes 
capas del Montecillo sobre el qual estaba la fortaleza, que es 
marga endurecida, la que se copió fielmente, y traducida dice: 
«In nomine Dei miseratoris et miserentis: Omnis anima gusta- 
tura est mortem et quidem rependentur vobis mercedes vestrao 



(i) Leovigildus Rex loca Bastitanie, et Malacitanc urbis repulas mi' 
litibiis vastat. 



272 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

die resurrectionis, et qui elongatus fuerit ab igne et introductus 
fuerit in paradysum, erit beatus, et non est vita Mundi nisi su- 
pellex falaciae...» (i) 

«En el nombre de Dios misericordioso, que hace misericordia. 
»Todo lo que vive probará la muerte, y en verdad que en el día 
»de la Resurreción se os dará vro. merecido, y el que lograse ser 
»apartado del fuego, é introducido en el Paraíso, será Bienaven- 
turado. La vida del Mundo es una Joya engañosa.» 

Nada ofrece esta Losa para la historia de ese Pueblo, tampoco 
han quedado Edificios notables, solamente en algunos Barrios son 
todavía las Calles estrechas, mui comunes enlas Casas los Huer- 
tos y pequeños Jardin.es, el agua está bien distribuida, siendo po- 
cas las Casas que no tengan Fuentes, además de las muchas pú- 
blicas, de las quales una conserva el nombre de Los Caños déla 
Morería, dos Casas retienen el nombre de Baños, las que por sus 
bóbedas apuntadas, columnillas mezquinas, y lo ahumado de sus 
paredes muestran su antiguo destino. La Alcazaba, sus muros, 
Torres albarranas, antes mui celebradas, están casi todas por tie- 
rra. A mediados del Siglo xu, el Rey D. Alonso el Emperador la 
tomó con otros muchos Pueblos, pero volvió con ellos otra vez 
al poder délos Moros, y en el Siglo xv enlas grandes revolucio- 
nes de la Andalucía Mora, hallamos que debió revelarse contra 
Abalvalid Ismael Ben Nasser Rey de Granada, quien se puso so- 
bre Baza con grande Exército y la combatió con una gruesa 
Lombardo, que causó terrible estrago enla Alcazaba, y amedran- 
tados los sitiados se rendieron. Esto fué en el año 1 3 12; lo que 
indica antecedió el uso de la Pólvora al Sitio de Algeciraa; aun- 
que ya no se ignora que es remotísimo (2). 

Estaba mui poblada, y fortalecida quando en el año de I489, 
la sitiaron los Reyes Católicos D. Fernando V. y D. Isabel. Su 
Vega era un espeso bosque de Arboles frutales, la regaban mu- 



(1) El traductor hace algunos reparos sobre la colocación délas letras, 
y dijo era un texto del Alcorán, que los Árabes suelen poner sobre sus 
Sepulcros. 

Véase la Biblioteca Arábiga Escolariense de Casiri, tomo 11, fol. 6, 
Col. 1 y 2. Más particularmente tomo 11, fol. 289, Col. 1. 



LA CIUDAD Y TERRITORIO DE BAZA 



273 




"1 



1 




LOSA AKABIGA DE LA CIUDAD DE HAZA 



274 boletín de la real academia de la historia 

chas Azequias, estaba sembrada de Torres y Casas de placer con 
mui bellos Jardines, lo que hizo más difícil su conquista, asegu- 
rando el Cronista Pulgar que quatromil Gastadores solo desmon- 
taban y escombraban diez pasos de terreno al día. En los siete 
meses que duró el Sitio, fueron mui repetidos y sangrientos los 
combates, y se pensaba en levantarlo, quando la Reina Católica 
vino á los Reales para animar á los Soldados é hizo se continua- 
se. Todovía se ven los vestigios délas tapias de tierra con que se 
fortificaron las estancias, y parte de la cerca que de un Real á otro 
subía por do viene el Camino de Guadix, con pequeñas Torres 
de trecho en trecho y por espacio de dos leguas para impedir los 
socorros que podían llegar de aquella parte; se ven también algu- 
nos trozos délos muros de un fortín que levantaron en una noche 
los Moros sobre la fuente que hoi llaman de S. Juan, para defen- 
der aquel nacimiento, que provee de agua á la Ciudad, y también 
proteger la suvida déla Cuesta de Guadix. Las estancias se pusie- 
ron en tres partes, una en Sta. Cruz, al Norte de la Ciudad, en 
donde hoi hai una Hermita con este nombre, enla que estuvieron 
las Tiendas Reales. Fundóse después allí la Hermita con grandes 
privilegios y rentas, que ya se han perdido; en ella se ven mui 
mal pintados los Exércitos y Artillería marchando contra Baza. 
De estas estancias salía la Tapia que por Occidente subía á los 
Montes Vecinos, y acababa al medio día en lo que llaman el Real 
sobre las siete fuentes, en donde todavía quedan trozos de las 
Tapias de Tierra: En medio déla Vega al Oriente, como unas 
3 L varas déla Ciudad, está el Cerro que llaman de las Lombar- 
das, porque debieron colocarse allí las que combatían la Ciu- 
dad, cuyas Calles y paseos están llenos de las gruesísimas pelo- 
tas de piedra que arrojaban. Enla fachada de las Carnicerías 
sirven de columnas estas Lombardas, y es una de las cosas que 
registran los Viageros, siendo digna de atención por su hechura 
y tamaño desmesurado. En la primera se puso la siguiente ins- 
cripción: 



LA CIUDAD Y TERRITORIO DE BAZA 275 

Estos. Tiros, son con los 
que. los Reyes Católicos 
De. gloriosa, memoria 
Don Fernando, y Doña 
Isabel. Ganaron, esta 
Ciudad, de los Moros. Año de 
1489... día de Santa Barba- 
ra. Patrona. De esta Ciudad. A 

CABOSE. ESTA OBRA. AÑO DE I 568 . 

Entraron pues los Reyes Católicos en Baza el día 4 de Diciem- 
bre de I489. La poblaron de mui nobles Cavalleros, y después 
de conquistada Granada erigieron en ella una Insigne Iglesia Co- 
legial. Como incontestablemente fué siempre Silla Episcopal, se 
ha juzgado agraviada por no haber sido restituida á su antiguo 
explendor. No es de este propósito referir los privilegios que esta 
Sta. Iglesia goza, así por su erección como por sus concordias: 
Sus prerrogativas han dado ocasión á los continuos acontecimien- 
tos con que los Obispos y Cabildo de Guadix han intentado de- 
primirla, y en los que siempre ha salido victoriosa. Tiene un 
Abad, quatro Dignidades, seis Canónigos, quatro Racioneros, un 
competente número de Capellanes, con un Colegio seminario 
para el servicio de ella, Provisor, que conoce en todas las causas 
Eclesiásticas déla Abadía con independencia del ordinario de 
Guadix, y cuyo Metropolitano es el Arzobispo de Toledo, quando 
el de Guadix es sufragáneo de Granada. Tiene tres Parroquias, 
inclusa la déla Colegial, un rico Monasterio de Gerónimos, dos 
Conventos de S. Francisco, uno de S. Domingo, otro déla Mer- 
ced, Congregación de S. Felipe Xeri, Casa de Canónigos seglares 
de Sti Spirítus in Saxia, un Convento de Clarisas, un Beaterío, un 
Hospital, y muchas Hermitas. 

La Iglesia Colegial es semigótica, y quando -se acabe el Taber- 
náculo que se está construyendo, según diseño aprobado por la 
Academia, se coloque el Coro en el Presviterio, se limpie la gran- 
de nave del estorvo del Coro bajo, y se despojen sus Altares de 
los detestables Retablos, que tienen, y sus Columnas de las repi- 



276 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

sas y estatuas que deslucen su esvelteza con remiendos, y mama- 
rrachos, se conocerá muy bien lo magestuoso deste Edificio. Tie- 
ne dos portaditas, la una en una puerta tapiada" al principio déla 
rampa por donde se sube á la puerta principal, la otra en ella. 
Están mal conservadas; y en todo el Templo no hai una pintura, 
ni estatua apreciable. Enlas otras Iglesias, ni en la arquitectura, 
ni en sus adornos hai cosa digna de atención. En el Monasterio 
de S. Gerónimo se guarda el Retablo mayor antiguo de algún 
mérito, y en la Celda prioral una pintura de Paredes. 

Las Casas no son de buen aspecto, aunque muchas tienen ha- 
bitaciones cómodas, fuentes y pequeños Huertos, que las hacen 
frescas y alegres. El paseo déla Alameda está casi en los muros 
de la misma Ciudad, y con'mui pocos gastos se pudiera hacer 
más agradable, dando mejor disposición á los Saltadores que tie- 
ne, y añadiéndole algunas fuentes; el nuevo Camino que atravie- 
sa la Vega, la dirección que se ha dado á la terrible Cueva de San 
Pedro Mártir, ha contribuido al mayor decoro por los Arboles 
que se han plantado en el borde délos fosos, aumentando los pa- 
seos, haciéndolos amenos, y hermoseando las entradas de la Ciu- 
dad. Las muchas fuentes que nacen al pie délas colinas inmedia- 
tas al Pueblo, mueven un crecido número de Molinos, y después 
de proveer las de la Ciudad, dividido su caudal en varias Aze- 
quias, que llaman Cazes, riegan la Vega, i con otras que toman 
su agua del Río. 

No todo lo que se llama Vega es de igual feracidad; pero sino 
es más fructífera, cúlpese aLmal cultivo, á la peor distribución 
de los riegos y á la ausencia de los más ricos propietarios. No era 
así en el tiempo de los Moros; el terreno es el mismo, otras las 
manos. Todo se hace aquí sin principios, y sólo por costumbre. 
Esto, la libertad criminal de que los Ganados entren en la Vega, 
y la dureza délos Dueños con sus Colonos, son los motivos de 
que, teniendo agua, buen sueldo y fácil exportación délos frutos, 
se vea más pobreza de la que pudiera temerse en un terreno tan 
favorecido de la naturaleza. En tiempo de los Moros era celebrada 
por su Azafrán. Tellus Croco insignis, dice un escritor Árabe, 
hoi no se cultiva. Los Olivares han probado mui bien, y de trein- 



LA CIUDAD Y TERRITORIO DE BAZA 277 

ta años á esta parte se fomenta este útilísimo ramo de agricultu- 
ra. Las frutas son mui regaladas, aunque por su temperamento 
frío no prosperan las Granadas, Tunas, Palmas, y otros Arboles 
déla Costa. Era abundantísima en otro tiempo la seda, que ha 
decaído lastimosamente; sólo las viñas no se han disminuido, 
aunque no hai memoria de que se hayan hecho las excelentes 
pasas de que hablan algunos mal instruidos Escritores moder 
nos. Sin embargo, estas Viñas ocupan las buenas 'Tierras, y pu- 
dieran llenar los recuestos, dejando la Vega para Arboles, Hila- 
zas y Pan. Ya empieza á practicarse, y ojalá que el interés pasa- 
gero no estorve un bien más durable. 

Aunque la labor es mal entendida, y las siembras se hacen 
sin reglas, son regulares las cosechas de Trigo, Cevada, Centeno, 
Maíz, Mijo, Garvanzos, Piabas, Judías, Cáñamo y Lino. Se siem- 
bra algún Alazón y poca Barrilla. Hai ricos Ganaderos que tie- 
nen grandes Revaños de Machos de cabrío, Carneros, Bacas, 
Cerdos y en otro tiempo de Yeguas. 

Se cuentan ocho mil almas en todo su el término; éste, parte es 
montuoso, parte Vega, y llanos, en donde hai Cortijadas; pero 
sus moradores no están ricos. Enlos Montes hai Minas de Plo- 
mo, que se benefician por la Real Hacienda, las hai de Cobre y 
Hierro, mui bellos Mármoles de mezcla y otras producciones na- 
turales; en el llano Minas de Azufre, Termas ó Baños calientes, 
fuentes medicinales, Plantas, Quadrúpedos, Aves, Ynsectos ra- 
ros, de que hablaré en el Artículo. 



Ho3 r a de Baza. 

La Hoya de Baza es un Valle profundo de grande extensión, 
rodeado de altas Sierras, cuya distancia y dirección, ocultando 
la irregularidad del terreno, le dan una aparente figura circular. 
Tiene vastos senos, y en ellos Pueblos y Vegas mui amenas, por 
donde corren los arroyos y ríos pequeños que bajan délos Mon- 
tes, y se unen para formar el Río de Baza que, mudando sucesi- 
vamente su nombre, se pierde en Guadalquivir. Estos montes 



278 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

son apéndices de dos puntos mui elevados, que dividen las aguas 
desta parte del Reino, y cuyo conocimiento es importante para 
nra. Geografía física. 

Baza tiene al mediodía la Sierra de su nombre, al Norte la de 
Huesear y Castril. Estas dos Sierras se descomponen gradual- 
mente en Cordilleras más pequeñas, que cercan la Hoya, y sus 
ramas toman varias direcciones. La Sierra de Baza sigue por 
Oriente con elViombre de Filabrcs, célebre enla historia de la re- 
velión délos Moriscos de Granada, y por el elogio que Bowles 
hace déla Cantera inmensa de Mármol blanco de Macad: por el 
Occidente cae á la Hoya, acabando en Jabalcohol, monte áspero, 
lleno de rocas y derrumbaderos, á cuyo pie, cerca del Río, están 
los famosos Baños de Benzalema. Esta Sierra deriva de Sierra 
nevada. La de Huesear, que es una continuación de Sierra segu- 
ra, sigue por Castril al Poniente, y por Oriente se divide en otras 
menores, que toman sus nombres délos pueblos inmediatos 
Orce, Cullar, Lúcar. Sobre Huesear descuella La Sagra, monte 
mui elevado, casi aislado y mui riscoso. 

Déla Sierra de Baza bajan los arroyos Galopón y Bodurria, que 
se juntan una legua déla Ciudad al SE. en la Villa de Caniles, si- 
tuada en el ángulo que forma su confluencia, y desde allí corren 
unidos con el nombre de Güadalquitón, que devieron darle los 
Árabes. Cerca de Benamaurel, dos leguas al Norte, recive á 
Güaadal, que nace enla Sierra de Huesear, en donde principia el 
Canal de Murcia, el que recoge de paso por Castilléjar otro, que 
viene de Galera, y unidos entran en Güadalquitón, el quál deja 
su nombre y toma el de Barbata, que deve ser igualmente Ara- 
be; recive al salir déla Hoya los Ríos Castril y Guadalentín, y 
muda también su nombre en el de Río Grande; pero á dos leguas 
de Zuxar se le une Fardes, que viene, con el Río de Guadix, de 
Siei ra nevada, y ya enriquecido y caudaloso, toma el de Guadia- 
na menor ó Güadianilla, que es el Anas minor, ó parvas délos 
antiguos, y corre á confundirse y perder sus nombres en Gua- 
dalquivir, no lexos déla Puente vieja al Oriente de Vbeda. 

Todo el fondo deste Valle parece ser una grande masa de lé- 
gamo. Un filósofo se imaginaría ver el poso ó sedimento de un 



LA CIUDAD Y TERRITORIO DE BAZA 279 

gran lago, que por muchos Siglos ha conservado sus aguas, y ha 
recivido las Tierras y arenas, que los torrentes han arrastrado de 
los Montes vecinos, y depositado sucesivamente en su Seno. 
Casi toda la Hoya parece llana, aunque con una suave inclina- 
ción de todos sus puntos al Cauce del Río. Pudiera decirse que 
todo el terreno, desde el pie de las Sierras, era una ciénaga hori- 
zontal, que cubrieron antiguamente las Aguas, las que, disminu- 
yéndose al retirarse al Mar, y pesando al fin sobre su centro, 
causaron un ligero hundimiento, que vino á ser el primer cauce 
de las que se retiraban. Secándose después esta gran masa, y 
contrayéndose el tarquín, ocasionó grandes hendeduras, que las 
aguas, socabando el terreno, han profundizado y ensanchado, 
haciendo caer grandes trozos que descompusieron y arrastraron, 
dejando barrancos y cañadas profundas. En efecto, la mayor 
parte de la Hoya, que parece llana, es una tierra mui quebrada, 
llena de terrenos y barrancos mui profundísimos, que cada día, 
se aumentan, porque siendo el terreno arcilloso, mezclado de 
arena y cascajo, ofrece infinitos filtros por donde se introduce el 
agua, que separa fácilmente la tierra, la disuelve y arrastra, de- 
jando algunos mogotes de figuras caprichosas, que van descom- 
poniéndose. La vega propia de Baza es llano; el cultivo que ofre- 
ce otro suelo á las lluvias recoge y dirige las aguas, para que no 
causen tantos daños. 

Esta gran masa está dispuesta en capas horizontales de varios 
gruesos, unas son delgadísimas, como de una ó dos líneas, otras 
de uno y muchos pies. Casi todas son de arcilla, ya pura, ya mez- 
clada con tierra calcárea y arena. Vense entre ellas grandes ca- 
pas de piedras redondeadas de cascajo, de arena, otras de arcilla 
endurecida que llaman Margotes, las hai de Selenita (i), de con- 
chas, de Margas y de Yeso. Tal es la disposición de toda la 1 luya 
hasta una grande elevación sobre la Ciudad, y en los más distan- 
tes senos en donde están Cullar, Galera, Castilleja, Huesear, & a . = 

Entre las capas de cascajo y arena son mui notables dos, que 
corren sobre la Ciudad en los recuestos inmediatos, de las quales 

(i) Sulfato de cal. 



28o BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

la más alta parece ser el punto más elevado del poso ó légamo 
del lago. La más inmediata á la Ciudad corre horizontalmente 
desde la Puente de S. Juan por el Puerto del Abad, Cuebas de la 
Arena y sigue descubriéndose en los Montecillos, que se descom- 
ponen sobre el camino de Zuxar. Este grande banco se compone 
de guijarritos silíceos, ya de quarzo, ya de serpentina, schistos y 
de otros, unidos en una masa calcárea formando una brecha are- 
nosa y silícea sobre la fuente de S. Juan; pero en el Puerto del 
Abad están desunidos los guijarritos y arena, y el banco se com- 
pone de Capas diagonales, como si el movimiento de las Olas les 
huviera dado aquella dirección. Enlas que llaman las Cuevas de la 
Arena las capas se componen de otras capas menores de los mis- 
mos guijarritos más gruesos, unidos con un gluten débil y des- 
trozos de conchas. 

La más elevada que he dho parece ser la línea que terminaba 
el paso, sedimentos y cieno de este lago corre horizontalmente 
sobre las Siete fuentes, Peñas rodadas y otros sitios que se hallan 
á la misma altura. Son guijarritos del mismo género que los de la 
antecedente en una masa bermeja, calcárea, que recive buen pu- 
limento. 

Ln fuente Tapia se ve una capa de Bucardos ó corazones ra- 
yados emvueltos en arcilla, y algunos Peines sueltos y separados 
délas Capas. En el Barranco del Agua hai un grande banco de 
Gres, con muchas conchas de varios géneros, y en el de los Mo- 
linos, no lexos de la Ciudad, otro de mucha extensión y grueso 
de Tojo ó Toba, que formando en sus huecos estalactitas, ofrece 
mui caprichosas figuras, ya de Coliflores, ya de otras plantas, con 
mil juegos graciosos. 

En el fondo de la Hoya, por donde atraviesa el río, principian 
las capas de selenita, que siguen por algunas leguas hasta Galera 
y Cullar. En el pago del Cortijo quemado hai capas tan gruesas 
y firmes de Yeso, que los Moros que tenían allí su enterramien- 
to, labraron en él sus Sepulcros. 

Desde la capa de Almendrilla, que á mí me parece la línea 
hasta donde llegaba el poso délas aguas que permanecieron enla 
Ploya después que se descubrieron los montes, tiene otro aspecto 



LA CIUDAD Y TERRITORIO .DE BAZA 28 1 

el terreno. Van elevándose las Montañas, y al pie de la Atalaya, 
no lexos del camino Real, hai una Cantera de Mármol blanco y 
gris. Allí y más arriba, bancos de piedras calcáreas y luego, em- 
piezan los Schistos y Pizarras, cuyas capas se ven desordenadas, 
ya verticales, ya horizontales, ya inclinadas al Orizonte. Las pi- 
zarras se van en muchas partes descomponiendo y estando atra- 
vesadas de betas de Quarzo que se esparce, hai sitios que pare- 
cen sembrados de Sal. En la Sierra se hallan Mármoles negros 
calcáreas, y últimamente, grandes rocas calcáreas que coronan 
esta Sierra, hallándose entre ellas graneles lechos de Ostras y 
otras conchas marinas. La sierra de Castril y Huesear, las de 
Orce, Cullar y Lucar, son igualmente calcáreas. Es inmensa la 
cantidad de cuerpos marinos fósiles y petrificados que se hallan 
en estos montes: Ostras, Cuernos de Ammon de diferentes tama- 
ños, Herizos ó Ursinos, varios géneros, Corazones, Peines y so- 
bre Orce, huesos que parecen despojos de Focas ó Cetáceos. 

Las capas horizontales y paralelas, las piedras y tierras calcá- 
reas, los cuerpor marinos, el no hallarse granito ni piedra alguna 
de las que se juzgan primitivas, &a, todo muestra que estos Mon- 
tes y Sierras son secundarias, obra délas aguas del Océano, en 
cuyo seno se formaron lentamente, y que después de haberse 
disminuido ó retirado las Aguas y haverse descuvierto las Mon- 
tañas vecinas, todavía permanecieron en la Hoya, que sería una 
Entrada ó Bahía vastísima, en donde la imaginación ve senos, 
calas, puntas, Yslas, radas, que la harían hermosa y admirable. 

La Hoya, aunque hundida entre Sierras, está bastantemente 
• levada sobre el nivel del Mar. De los Montes que la rodean na- 
cen Ríos, que se dirigen, unos al Océano, otros al Mediterráneo, 
y aunque estas Montañas pudieran servirle de abrigo, la distan- 
cia de unas cordilleras á otras, los huecos y entradas que dejan 
entre sí, hacen que los vientos pasando por las cimas cubiertas 
de nieve muchos meses del año, ó haciéndose violentos en las an- 
gosturas, ocasionan una destemplanza y desigualdad de tempera- 
mento dañoso alas plantas. De aquí es que no se ven en ella las 
que aman los terrenos templados, y que á pocas leguas crecen 
espontáneamente. Los Palmitos (Chamacrops ó Phocnix humilis), 
TOMO lxx iS 



28a BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

La Tuna ó Chumbera (Cactus Opuntia), La Adelfa ó Valadre 
(Nerium Oleander) que abundan alas caídas de la Sierra, Río Al- 
manzor y de Almería, no prueban enla Hoya. Si algún Naranjo, 
alguna Tuna se cría, enlos Huertos y sitios mui abrigados y siem- 
pre endurecidos sin vigor ni lozanía. Los Olivos, de que se van 
haciendo grandes plantíos en Baza, Zujar y Huesear, ni son tan 
robustos ni fructifican tanto como los del Río Almanzor. Las fru- 
tas maduran más tarde y las mieses vienen después que en los 
Campos déla Costa. En Abril y primeros de Mayo suelen caer 
grandes eladas que dañan á las Viñas y á las siembras, siendo la 
desigualdad de temperatura un enemigo de la prosperidad de este 
país, con que suelen los Labradores excusar su descuido en la 
Agricultura. 

Los vientos más constantes son, en el Invierno, el O., y en el 
Verano, S. y SE., pero en este país montuoso es mui difícil, y 
aun imposible, ordenar la historia de sus Vientos, siendo, natu- 
ralmente, irregulares, por la resistencia délos Montes, que hacen 
variar su dirección, experimentándose vientos de rechazo, tan 
durables y tan violentos como los directos. Los de O. suelen pa- 
sar al S., y entonces son mui lloviosos; son raros los Nortes, un 
poco más freqüentes los de SE. Así el O. como el S. y SE. son 
los más lloviosos; sin embargo, ni con el Poniente llueve tanto 
enla Lloya como enla Andalucía, ni con el Levante tanto como 
en Cartagena, &a. Parece que siendo las Vertientes y Sierras in- 
mediatas el punto más alto desta Comarca, las Nubes se detie- 
nen en ellas y pasan déviles sobre la extensión déla Hoya, á 
menos que el contraste de otro Viento que suceda al que las 
condujo no les haga deshacerse y regar abundantemente el 
Terreno. 

Las nieves, que cubren muchos meses las Sierras Vecinas, 
conservan perennemente las muchas fuentes y grandes Arroyos 
que caen á la Hoya. Hai fuentes calientes, sulfúreas, Acídulas y 
Saladas. Las comunes son mui puras y ligeras; se hablará breve- 
mente dellas. 

Las aguas thermales de Abenzalema, que comunmente llaman 
los Baños de Baza, nacen al pie del Monte de Jabalcohol, por el 



LA CIUDAD Y TERRITORIO DE BAZA 2S3 

Norte, no lexos al Río Barbata, dos leguas de la Ciudad, en el 
término déla Villa de Zújar y cerca á las ruinas del Castillo de 
Benzalema (Ved Benzalema), que destruyeron los Moros de Baza 
en el Siglo xv, y todavía más cerca de una Granja que allí tienen 
los Monges Gerónimos. Estos Baños fueron antiguamente mui 
frecuentados, y eran un propio déla Ciudad, que mantenía el 
Edificio y Venta inmediata; pero se incluyeron en el término 
que se señaló á la Villa de Zújar quando se separó déla jurisdic- 
ción de Baza. El edificio está hoi arruinado; sólo queda un Patio 
y algunas estufas construidas con arte; ha escrito de estas aguas 
y sus virtudes D. Juan de Dios Ayuda, Médico déla Ciudad y 
Cabildo de Guadix. 

Al Norte déla Ciudad, y casi en sus muros, hai dos fuentes, que 
llaman del Alcribite por el olor á Hepar, ó Azufre Alkalino, de- 
vido al Gaz hidrógeno sulfurado que las mineraliza, y que deve- 
rían llamarse aguas hepáticas. En sus inmediaciones, y hacia la 
Hermita de Sta. Cruz, se saca Azufre en unas como bolsas que, 
por ser mui puro, y por esta singularidad, ocupa los Gavinetes 
de los curiosos. Corren las muestras y vetas de Azufre por el 
Campo de Javalcohol, pasan por Banamaurel y Castilleja y van 
siguiendo á las vetas algunas de las fuentes hediondas que se juz- 
gan útiles para las enfermedades cutáneas. Es tanta la abundan- 
cia desta materia inflamable, y de tan buena calidad, que se ha 
establecido fábrica en Benamaurel, con que se surten las de Pól- 
vora de Granada. 

Además destas fuentes las hai agrias, otras que dan Sal, y las 
que aquí llaman Locas, de temporada, ó periódicas, que afluyen 
copiosamente en ciertos meses y desaparecen en otros. 

Los montes todos tienen su base de piedras Margosas, ó ban- 
cos de Marga endurecida, y sembrados de peñones enteramente 
calcáreos; las cimas son grandes bancos, igualmente calcáreos, y 
todos los recuestos, y aun algunas cumbres, san bancos de Es- 
chistos, todos inclinados al fondo déla Hoya. Hai Mármol gris, 
negro, con vetas blancas, la Brecha ó Almendrilla en masa roja, 
de que ya se ha hablado; los Eschistos son casi todos Micaces, 
otros sembrados de Grantes. Hai espato Rhomboidal, Cuevas 



284 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

revestidas de espato exágono, se halla también extraído; el pe- 
sado á la Baryte es común cerca délas Minas. Hai Gipsos muí 
particulares, Montes de Selenita, Mica dorada y verde, estalacti- 
tas muy caprichosas, Tojo ó Toba, terrenos sembrados de Pyri- 
tas &cc. 

Los cuerpos marinos fósiles y petrificados son abundantísimos. 
Hai enla Sierra un banco de Ostras monstruosas; entre Caniles y 
Balax montecillos compuestos de gajos de Bucardos; toda la Hoya 
y Sierras que la rodean ofrecen Herizos Marinos, ó sean Orsinos, 
particularmente déla familia délos Spattique, Cuernos de Amón, 
desde el tamaño de una pulgada hasta la de un palmo, lisos, es- 
triados, articulados y de otras configuraciones; Peines, Bucardos» 
Turbinitas, Glosopetras, Madréporas de todas especies; en fin, es 
tanta la copia destos despojos Marinos, que el más preocupado 
se convence déla morada de las aguas del Mar sobre estas Mon- 
tañas. 

Abunda el Plomo en la Sierra de Baza, y sus Minas se benefi- 
ciaron, sin duda, por los Romanos, hallándose enlas Minas vie- 
jas, que se limpian, Lámparas de barro Romanas y Medallas de 
plata y bronze Ymperiales. Hoi se benefician por la Hacienda 
Real, que tiene en esta Ciudad un Administrador y otros Depen- 
dientes. 

Aunque hai muestras de cobre, así enla Sierra de Baza como 
en Jabalcohol, enla Jaba Muía y otros sitios no se han limpiado 
estas Minas, ni se sabe si son ricas. 

La Mina ó Mena de Hierro viene desde Sierra Nevada, toca 
en la Baza, sigue por Filabres y Sierra Cabrera hasta el Mar. Hai 
herrerías en Serón, Bacares; las huvo en Cobdar y en el Río de 
Aguas. 

Sería mui cansada la historia natural del Reino animal y ve- 
getal, si se tratase aquí con toda extensión; se dirá en cada ramo 
lo que parezca más digno de saverse. 

Los Quadrúpedos Vivíparos que aman, sirven y mantienen al 
I íombre, se hallan, crían y prosperan en la Hoya y Montes veci- 
nos; todavía se hallan de los Silvestres algunos Venados, Corzos 
y Machos monteses; éntrelos Carnívoros, omitiendo los Lovos y 



LA CIUDAD Y TERRITORIO DE BAZA 285 

Zorras, por desgracia mui comunes, se cuenta el Lovo cerval, 
Gato cerval, el Lime, que en estos Pueblos llaman Gato de Cla- 
vo. Es aquí mayor délo que han dicho los Naturalistas, pues no 
sólo excede al tamaño de las Zorras, sino que algunos llegan al 
de un Perro perdiguero. Su hermosa piel, los pinzelillos monta- 
dos sobre sus orejas, la cola corta, le dan un carácter particular 
y una figura agradable. Es carnívoro, pero huye del hombre y 
de los perros; si las manchas de su piel estuvieran mejor termi- 
nadas, parecería una Pantera pequeña. 

La Gineta se encuentra enlas inmediaciones délos Ríos y 
Arroyos. La Nutria no es rara, y abundan las Garduñas y Co- 
madrejas, Turones, Texones, Herizos, &a. 

Un Naturalista que amase la Ornitología, hallará Aves que 
saciarán su curiosidad, pues que se ven así las que son de paso, 
como las que moran de asiento en las Provincias meridionales 
del Reino; hai, pues, mucha caza, y no se escasean en las Plazas 
las Perdices, Ortegas, Palomas Torcaces, Chochas-perdices, &a. 

Algo demás singular ofrecen los Quadrúpedos Ovíparos. No se 
hablará de las Tortugas, porque sólo es común el Galápago; 
pero, además de los Lagartos y Lagartijas, tan comunes, entre 
los que hai algunos de dos colas, se halla el Seps, la Salamandra 
terrestre, la de agua, la de cola llana y la Salamanquesa, mal des- 
crita y equivocada por los Naturalistas. 

El Seps, que según La Zepede es el Lagarto Chalcides, ó una 
variedad, y no especie distinta, se ve en Baza y su Hoya, en to- 
dos los Pueblos inmediatos. La figura de este Lagartillo, casi ci- 
lindrico, con las manecitas y patas cortísimas, mui retiradas las 
posteriores délas anteriores, que parece ser el tránsito délos Qua- 
drúpedos á las serpientes, le hace temible, y se sospecha que i s 
mui venenoso; en algunos Pueblos, con un error bien craso, le 
'laman Escorpión, y suponen que su mordedura es mortal; pero 
añaden que gasta veinte y quatro horas en hacer sangre, lamien- 
do sin cesar. Cuento que pasa entre los habitadores del Campo, 
sin apoyo de hechos ciertos. Pero sí lo es que este Lagarto es 
Vivíparo, propiedad que también tienen la Salamandra y la 
Vívora. 



28Ó BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

La Salamandra, de quien se han referido, cantado y predicado 
tantas fábulas, es común en Castril y Callar. Las hai terrestres y 
de cola llana. Viven gustosas en el agua friísima, aunque se han 
visto enlos Baños de Aücum, cuyo calor llega á los treinta y dos 
grados del Termómetro de Reaumur. 

La Salamanquesa no es el Esteüón délos Naturalistas, ni es 
como quiere La Zepede, la Salamandra, que dice se llama en Es- 
pañol Salamanquesa y Salamantegua. Este Lagartillo, tan común 
en nuestras casas, en nuestros Huertos, enlas Tapias y paredes 
viejas, enlas Casas de Campo, en las hendeduras délas rocas, es 
la Galeota de La Zepede, el Kolotes y Askalabotes délos Griegos, 
y el Ophio acus délos Latinos, que Linneo llama Lacerta Calo- 
tes. Tal vez si se examinan los Esteliones y las Galeotas con ma- 
yor atención, no se juzgarían especies distintas. Xo hai otros Sa- 
pos y Ranas que las comunes, y de las Serpientes, sólo se ven 
Vívoras, la Culebra ordinaria y la de Agua. 

Estos Ríos sólo ofrecen los Pezes ordinarios y Truchas: las 
de Castril y Guadalentín son mui sabrosas. 

Las curiosas colecciones de Insectos y de Plantas, que han 
hecho algunos Apasionados á la Entomología y á la Botánica, 
muestran no es escasa Ja Flora Bastitana, ni pobre, en aquellos 
animalillos, tan admirables por su estructura y propiedades. Serían 
mui cansados los Catálogos que pudieran darse, y, además, no 
los permite la naturaleza de ese escrito. Diré, sin embargo, que 
aquí se encuentra el terrible Phalangium Araneoides de Pallas, 
y Sparman y el Cymeso paradoxius del último. 

La Hoya contiene los siguientes pueblos: Baza y Huesear, Ciu- 
dades; Villas: Caniles, Cúllar, (jalera, Orce, Castilleja, Castril, 
Cortes, Benamaurel, Zújar, y Freila, pequeño lugar de la juris- 
dicción de Baza. Véanse sus artículos. 

Antonio Josf.k Navarro, 

Correspondiente (i). 



(i) Fué nombrado Correspondiente de la Academia en 18 de Di- 
ciembre de 1795 (Memorias de la Academia, tomo 1, pág. cxliv, Madrid, 
1796).— F. F. 



DICCIONARIO GEOGRÁFICO 287 

II 

DICCIONARIO GEOGRÁFICO 

La Real Sociedad Geográfica Española de Madrid, para con- 
tribuir á la mayor difusión y perfecta inteligencia de cuanto se 
relaciona con la Geografía, ha decidido redactar y publicar un 
Diccionario de voces geográficas. Para que el trabajo proyecta- 
do resulte todo lo completo y perfecto que es razonable ambi- 
cionar, la Real Sociedad invita á todas las corporaciones y per- 
sonalidades que en España, Filipinas y las Repúblicas Hispano- 
americanas se dedican, no sólo al fomento de la ciencia estricta- 
mente geográfica, sino también al de todas aquellas que más ó 
menos directamente la auxilian, para que, unidos los esfuerzos y 
las luces de todos, se lleve al cabo una obra científica de indubi- 
table mérito y de recíproca utilidad. 

La Real Sociedad Geográfica ha redactado un modelo con arre- 
glo al cual conviene que sean reducidas las papeletas que á ella 
se envíen, y un extracto de las bases que se han establecido para 
fijar orientación y límites al léxico en proyecto. 

Constituirán, según él, la parte principal del Diccionario las vo- 
ces estrictamente geográficas de uso corriente en España, Fili- 
pinas y Repúblicas Hispano-americanas, y además las pertene- 
cientes á las ciencias que guardan relación con ella. A este res- 
pecto se consideran afines á la Geografía: a) las que estudian las 
formas del relieve terrestre, incluso las cavernas; b) la naturale- 
za y circunstancias del suelo; c) la hidrografía marítima y terres- 
tre; d) la Meteorología y la Climatología; e) la habitación hu- 
mana, sus diversas agrupaciones ó entidades de población y los 
medios de comunicación; y, por último, los hechos geográficos 
que se derivan de los fenómenos botánicos y zoológicos y carac- 
teres locales de la flora y de la fauna. 

Las voces nuevas que se propongan han de ser usadas por más 
de un autor competente, llenar un vacío en el tecnicismo geográ- 
fico y acomodarse á la índole de la lengua nacional. 

(De la Revista semanal Ibérica, número del 17 de Febrero de 1917.) 



288 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

III 

EL ALMINAR DE SAN MARCOS 

El Arte está de enhorabuena en Sevilla. 

Se acaba de restaurar concienzudamente la torre ó alminar 
arábigo del templo de San Marcos en esta ciudad, uno de los más 
bellos ejemplares que poseemos y se conservan de la dominación 
musulmana. Y en verdad, que el monumento lo merecía y lo es- 
taba pidiendo á voces, que más de una vez así lo dijimos desde 
las columnas de este mismo periódico. 

Mas aquí lo esencial, no es que se haya llevado á cabo la res- 
tauración, sino que se haya efectuado tan felizmente y con tanto 
acierto. 

El bello alminar ha dejado ai descubierto ahora todo el tesoro 
que le exorna en tablas de ataurique, labores de ladrillos, arcos 
angrelados, aximeces, troneras, arquería cerrada y demás deta- 
lles y primores con que se adorna, hasta llegar al empretilado 
con que remata. 

Y si luce muy cumplidamente el lado de Poniente, privado ya 
del armatoste de hierro ú horario del reloj, que tanto le afeaba y 
robaba gran parte de su belleza, pues cubría uno de los más her- 
mosos eximeces del monumento, resulta esbelto en sumo grado 
por el lado de Oriente, en que ofrece gran ventanal con parte- 
luz, uno de los más clásicos del período Almohade, en esta ciu- 
dad, por su corte y elegancia, así como por habérsele quitado 
los numerosos canes de piedra que tanto le afeaban. 

Y corren pareja con estos lados los de Norte y Sur, despro- 
visto ya también este último del horroroso cajón de madera co- 
locado en su parte superior, que parecía verruga nacida á la gra- 
ciosa torre, para arrebatarle la belleza de sus líneas. 

En conjunto, lo repetimos, la restauración ha sido esmeradísi- 
ma y verdaderamente artística, pues está hecha con amore al arte 
á que pertenece y á la Arqueología, habiéndose tratado en ella, 



EL ALMENAR DE SAN MARCOS 



por lo tanto, de no innovar, sino ateniéndose á los documentos 
de piedra viejos de la vetusta alhaja arquitectónica, procurando 
no quitarle el sello de su época, ni la pátina de los siglos que tan- 
to seduce en estos ejemplares, no haciendo uso de los retoques 
y repintes lamidos que enmascaran las obras de arte; que has- 
ta para mejor parecer, lo nuevo se ha envejecido, hasta marcan- 
do ciertos detalles en que así se reconoce, lo que está dispuesto 
con gran acierto, como matando las aristas de los ladrillos y de- 
jando en vivo las llagas de la fábrica, descostrándola de pegotes 
y aditamentos. 

Lástima es que no se hayan colocado los pedilones altos en 
barro vidriado con que remata el cuerpo adicional que se labró 
en 1553 para las campanas, que, aunque rompe la unidad del 
monumento muslímico, hoy forma parte de él, y desdice este de- 
talle un tanto del conjunto. 

E igual decimos del resto de portada y fachada general del 
templo, que es bochornoso, resaltando ahora más aún que antes, 
siendo merecedor que se proceda con igual primor á su restau- 
ración, esta obra del siglo xin, así como los capiteles encalados 
que en su interior se ven, de la época visigótica, siendo de lamen- 
tar no se traslade aquí, para encerrar estos monumentos, como 
se pensó al principio, la costosa verja de hierro que recientemen- 
te se ha construido para la fachada del Ayuntamiento, hoy sin 
objeto alguno, en parte puesta y otra parte desmontada. 

Nuestra más cumplida enhorabuena al artífice bajo cuya direc- 
ción se ha efectuado esta restauración concienzuda y artística, el 
Sr. D. Aníbal González. Eso es restaurar, consolidar, sin quitar 
carácter ninguno á los monumentos. 

Manuel Serk \\ >, 

Presbítero. 

(De El Correo de Andalucía, Sevilla, 17 de Febrero de 19 17.) 



290 boletín de la real academia de la historia 



IV 

ACTAS DE LA ACADEMIA EN 1S04, RELATIVAS Á DESCUBRI- 
MIENTOS ARQUEOLÓGICOS EN LAS CIUDADES DE BURGOS 

Y BAZA 

Acta del 4 de Mayo. 

Refiriéndose á las tareas de la Sala de Antigüedades en el mes 
anterior, consigna lo siguiente: 

«Igualmente dio cuenta de haber entregado el Sr. Bosarte dos 
monedas de plata y nueve de cobre, halladas en las inmediacio- 
nes de Burgos, una de ellas celtibérica, que los descubridores 
creyeron ser árabe y del famoso Almanzor; tres pequeños trozos 
de una espada antigua encontrada en un sepulcro que se descu- 
brió por el mes de Mayo del año anterior, y el diseño de una 
tabla de mármol con un Mercurio de relieve, y una inscripción que 
dice ser un ex-voto de Cornelio Materno á aquella divinidad, des- 
cubierta el 14 de Abril próximo en las ruinas de la antigua 
Basti, cerca de la actual Baza. Y la Academia, teniendo presente 
que ni los trozos de espada ni las monedas son útiles para nues- 
tro gabinete de medallas y antigüedades, acordó que uno y otro 
se devuelvan á la persona de quien lo ha recibido el mismo señor 
Bosarte.» 

Acta del 8 de Junio. 

«El Sr. Bosarte presentó varios fragmentos de antigüedades 
'descubiertas en un cerro inmediato á Baza, y se pasaron á exa- 
men de la Sala de Antigüedades.» 

Acta del 17 de Agosto. 

«Con ocasión de haber dado aviso á la Sala (i ) el Sr. Bosarte (2) 
de ciertas antigüedades descubiertas cerca de Baza por el Mar- 

(1) La de Antigüedades de la Academia. 

(2) Isidoro Bosarte, Académico de número, leyó su discurso de recep- 
ción en 28 de Abril de 1797. Fué elegido Tesorero en 28 de Noviembre 
de 1800. Murió en 22 de Abril de 1807. 



ACTAS DE LA ACADEMIA EN 1804 29 1 

qués de Diezma, y de informar que este caballero no puede 
hacer algunas excavaciones de que se promete mucho fruto, por 
ser el terreno de dominio particular, lo pone la Sala todo en noti- 
cia de la Academia por si cree conveniente se le escriba sobre el 
medio de vencer esta dificultad.» 

En esta misma Acta y relacionado con el anterior Informe de 
la Sala de Antigüedades, se consigna el siguiente acuerdo de la 
Academia: «... que atendidas las graves dificultades que impiden 
el hacer ó solicitar permiso para que se hagan excavaciones en 
terreno particular, se suspenda escribir al Marqués de Diezma 
acerca de las principiadas en el término de Baza.» 

De la inscripción votiva 

m e r c v r 1 o 

COR • AIATRNVS 

EX 

D 

Mercurio Cor(nelius). Maternus cx\v(oto)] d(pnó) [d(edit)\ 

ha quedado el diseño, presentado en 1804 por D. Isidoro Bosar- 
te, atesorado en la Biblioteca de la Academia (Estante 18, 64). 
Lo publicó é integró Hübner bajo el núm. 3.404. 

En el centro de los renglones 3. y 4. , se esculpió la efigie de 
Mercurio. 

Las excavaciones, que el interés privado de un sórdido posee- 
dor no consintió que se hiciesen en las ruinas de la antigua Bas- 
tí, sería de gran provecho histórico y geográfico que se empren- 
diesen y practicasen ahora. 



NOTICIAS 



Ha sido elegido Correspondiente de la Academia en La Haya, el doc- 
tor E. L. Smit, autor del libro titulado De Oud-Christelijke Monumento: 
van Spanje (Monumentos cristianos antiguos de España). 



En el mes último han fallecido: en Jaén, el Correspondiente limo, señor 
D. José Gallego Díaz, y en Madrid, el de igual clase D. Gabriel Ruiz y La- 
rraz, que lo era en Santander. 



La recepción solemne del Académico electo Sr. Antón y Ferrándiz, se 
verificará el domingo 18 del mes actual. 



En el Boletín del próximo pasado mes de Enero (tomo lxx, cuader- 
no i, pág. 95) se dio noticia compendiosa del proyecto de celebración del 
IV centenario de la muerte del Cardenal Ximénez de Cisneros, y de los 
acuerdos que sobre el mismo se habían tomado en las sesiones de los 
días 9, 15 y 29 de Diciembre, por los que quedó resuelto que el acto so- 
lemne se verifique el 8 de Noviembre próximo, fecha del fallecimiento 
del insigne cardenal y estadista del reinado de los Reyes Católicos, y que 
se redujese á la lectura de un discurso en su elogio, confiado ya al señor 
Conde de Cedillo. 

Posteriormente, en la sesión del día 3 de Febrero, el secretario acci- 
dental, Sr. Pérez de Guzmán y Gallo, «cumpliendo una elevada misión», 
según consta textualmente en el acta del mismo día, «expresó que ha- 
biendo tenido una conferencia accidental con el secretario particular de 
S. M. el Rey, este señor, después de hacer un gran elogio de la constan- 
cia y laboriosidad de nuestra Academia en los fines de nuestro Instituto, 
le manifestó lo grata que había sido á nuestro augusto Soberano la inicia- 
tiva que el Cuerpo había tomado para celebrar el próximo centenario del 
Cardenal Ximénez de Cisneros; que tanto esta festividad académica, 
1 la del mismo carácter consagrada al Gran Capitán, merecían todas 
sus simpatías, así como cuantas efemérides gloriosas del Reinado de los 
Reyes Católicos, Don Fernando y Doña Isabel, puedan celebrarse para 



NOTICIAS 293 

reanimar no sólo su recuerdo, sino el espíritu nacional, y en las que Su 
Majestad tomará siempre máxima parte personal, pues los recuerdos de 
aquel glorioso reinado son los que con más intensidad entrañan el alma 
verdadera de España en su mayor grandeza; que inspirado en estos no- 
bles y patrióticos pensamientos, ya tenia hechas algunas indicaciones al 
señor Ministro de Instrucción pública y Bellas Artes, el cual para coope- 
rar á lo que se haga respecto al Cardenal Cisneros, hallándose en obra la 
Iglesia Magistral de Alcalá de Henares, donde se encuentra, trasladado 
de la antigua Universidad Complutense, el sepulcro del eminente prela- 
do, fundador de ella, había puesto á disposición del arquitecto encarga- 
do de aquellas obras, Sr. Cabello y Lapiedra, la cantidad de 25.000 pese- 
tas, á fin de que aquel templo se halle en disposición de secundar las ini- 
ciativas que se tomen para el referido centenario, siendo lástima que por 
ser propiedad de particulares, aunque cedido para sus escuelas á la Or- 
den Calasanciana, la misma Universidad no pueda ofrecer su precioso Pa- 
raninfo para solemnizar allí, con la asistencia personal de S. M. el Rey y 
de la Academia en Cuerpo, conmemoración de tantos recuerdos regene- 
radores de nuestra historia y de nuestro espíritu; que animado S. M. de 
estos elevados pensamientos, pondría de su parte todo su influjo para que 
la iniciativa de la Academia no quedase limitada á un simple acto circuns- 
tancial, sino que dejase en pos de sí alguna cosa práctica, como la restau- 
ración del edificio de la Universidad que, según noticias, había sufrido al- 
gunos deterioros recientes en algunos de sus más artísticos departamen- 
tos. Por último, recordó que para celebrar el Centenario del Gran Capi- 
tán, sólo se haya pensado en abrir una suscripción pública para erigirle 
una estatua en Córdoba, estatua que, como otras muchas de estos últi- 
mos tiempos, estará lejos de hacerse con aquella magnificencia monumen- 
tal que tales figuras históricas y tales conmemoraciones exigen en los ;ic- 
tuales, y de que se da ejemplo en todos los grandes Estados del mundo, 
en tanto que á las obras antiguas, que todavía son la mayor representa- 
ción de sus nombres, nadie vuelve las miradas para que se restauren y 
vuelvan á su perdido esplendor, como sucede con el convento de los Je- 
rónimos de Granada, que está casi en ruinas, y en su iglesia, en casi total 
abandono, los sepulcros venerandos que. aún contienen las cenizas del 
Gran Capitán Gonzalo Hernández de Córdoba y de su mujer la celebrada 
Duquesa de Terranova. Por todas estas razones era de esperar que la ini- 
ciativa loable de la Academia se dirigiera más ampliamente á estos dos 
tan interesantes asuntos, para los que la Academia podría solicitar el 
concurso de la de San Fernando; de la Comisaría Regia del Turismo, y de 
otras Corporaciones, sin excluir á la misma Orden franciscana, aunque 
mendicante, y para los que con el Real apoyo indudablemente se obten- 
drá la poderosa protección del Ministerio de Instrucción pública y de Be- 



294 boletín de la. real academia de la historia 

lias Artes, con lo que realmente resultaría un gran acto de espíritu y ca- 
rácter completamente nacional.» 

El acta añade: «El infrascrito, Secretario accidental, ofreció en términos 
hábiles ponerlo en conocimiento de la Academia para sus ulteriores reso- 
luciones», y así lo hizo. El señor Director propuso, y la Academia acordó, 
que se hiciera nota impresa que circule entre todos los señores Académi- 
cos para formar entera conciencia del asunto»; lo que del mismo modo 
se ejecutó, pasando además uno de sus ejemplares al Secretario particular 
de S. M. y otro al señor Ministro de Instrucción Pública y de Bellas Artes, 
en tanto que la Academia unánime acordaba hacer constar en acta un 
voto expresivo de gracias á S. M. el Rey, «realzando á la vez en él el no- 
ble estímulo con que honra á nuestro Cuerpo en sus patrióticas iniciativas, 
esforzándole en sus intentos con su sabio y fecundo interés por todo lo 
que redunda en pro de la cultura nacional y de la regeneración del espí- 
ritu patrio con las grandes enseñanzas y los insignes ejemplos de los más 
renombrados varones de nuestra Historia». 

Nueva carta del ilustre señor Secretario particular de S. M. dirigida con 
fecha del 12 al accidental de la Academia, no sólo aprobaba estos actos, 
sino que en el real nombre de S. M. le retribuía las gracias por sus traba- 
jos. Mas entretanto que podía verificarse la conferencia pedida al señor 
Ministro, á la que había de concurrir, con acuerdo de la Academia, una 
Comisión compuesta del señor Director, P. D. Fidel Fita, del mencionado 
Secretario accidental, Sr. Pérez de Guzmán, y como Académico adjunto, 
del Senador Excmo. Sr. Marqués de Laurencín, súpose en Secretaría por 
consulta con el Subsecretario de Instrucción Pública, Sr. D. Natalio de 
Rivas, que las obras de reparación del Convento monumental de San Je- 
rónimo de Granada se estaban verificando con dotación oficial suficiente, 
á la vez que el Correspondiente P. Fray Juan de Legésima, O. F. M., tam- 
bién informaba de los trabajos que por parte de la orden se estaban lle- 
vando á cabo, con la aprobación del señor Cardenal Guisasola, Arzobispo 
de Toledo, también Correspondiente de nuestro Cuerpo, el impulso de 
nuestro numerario el señor Obispo de Madrid-Alcalá, Arzobispo de Va- 
lencia, Sr. Salvador y Barrera, las autoridades civiles, militares y eclesiás- 
ticas de Alcalá de Henares y otras entidades de gran consideración social, 
á fin de organizar un programa adecuado á tan gran solemnidad, para la 
que la ( )rden franciscana tendría á honor caminar concorde con la inicia- 
tiva y los actos de nuestra Real Academia. 

En esta situación de las cosas, el día 26 tuvo lugar la conferencia de la 
Comisión académica con el señor ministro, el cual, desde luego, manifes- 
tó lo grata que le había sido la commemoración histórica por que se traba- 
jaba y haberlo expuesto asía la consideración de S. M. el Rey, juntamen- 
te con las demás gestiones* que con él se habían practicado ya antes por la 



NOTICIAS 295 

Comisión de Alcalá, presidida por el señor Obispo, el Abad de la Magis- 
tral y el Alcalde de la ciudad complutense, teniendo el gusto de expre- 
sarle al mismo tiempo que en lo que se refiere, así á las obras de la Ma- 
gistral como á los Jerónimos de Granada, el Gobierno ya tenía franqueados 
los medios con que se atiende activamente á las reparaciones que los dos 
edificios históricos necesitan; mas que respecto á la Universidad nada se 
habría podido hacer por ser propiedad de particulares: no obstante que, 
mientras estas cosas han sido resueltas tan favorablemente, el tiempo lasti- 
mosamente se había perdido, y que habiéndose de cerrar las Cortes aquel 
mismo día, no habría ya medios para hacerlas votar créditos suficientes 
para la conmemoración ostentosa que se proponía, tanto en honor del 
Cardenal Cisneros como del Gran Capitán, no habiendo validez ni aun 
en el -Consejo de Estado para autorizarlos con tal objeto. 

En virtud de estos datos, lo que cabe hacer por parte de la Academia, 
y será sometido á la aprobación del Cuerpo en la primera sesión que ce- 
lebre el 2 del actual, es limitarse á su antigua iniciativa, pudiéndolsee dar 
alguna más solemnidad, como se proyecta, para lo cual el Ministro de 
Instrucción pública expresó á la Comisión académica estar dispuesto á 
secundarla, por su parte, con todos los medios que estén en sus facul- 
tades. 



La Comisión encargada por la Sociedad de Amigos del Arte \ de organi- 
zar la Exposición de telas antiguas españolas anteriores al siglo xix, que ha 
de celebrarse á principios de Mayo próximo, solicitó de la Academia le 
prestase su valioso concurso con los ejemplares que posea, para hacerlos 
figurar en ella. 

Oído el informe del Académico-Anticuario, Sr. Mélida, se acordó faci- 
litar á este efecto el cuadro de su propiedad que encierra el trozo de te- 
jido de lana y sedas con bordados, de fabricación árabe, llamado tira 
Hixcm 11, y que data del año 979 de J. C, estando constituido por una 
faja de medallones bordados en colore>, que representan en figuras sen- 
tadas un rey, al parecer, y una dama, y, además, leones, aves y otros ani- 
males. En otras dos fajas bordadas, del mismo modo se repite una ins- 
cripción en caracteres cúficos, cuya traducción es la siguiente: En el 
nombre de Dios clemente y misericordioso. La bendición de Dios y la prospe- 
ridad para el califa Imán Abdallah Hixem, favorecido de Dios, principe de 
los creyentes. » 

Mide de largo 1,10 m., y de ancho 0,39. 

Se llama tiraz, por entender que es parte de la falda de una prenda de 
vestir, y. fué encontrado dentro de una caja en el altar de la iglesia de la 
plaza de San Esteban de Gormaz, en la provincia de Soria. Probablemen- 
te formó parte de algún trofeo ganado á los moros. 



2QÓ BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

En el Inventario de las antigüedades de la Academia ocupa el número 749, 
y han tratado de él Fernández y González (D. Francisco), en el Museo espa- 
ñol de antigüedades, tomo vi, págs. 463 á 466, y Riauo (D. Juan Facundo), 
en The Industrial Arts in Spain, págs. 253 y 254. 



Se han otorgado obras del fondo de nuestras publicaciones ó suscrip- 
ciones gratuitas del Boletín á la Cátedra de Cervantes, establecida en la 
Universidad de Londres; al Real Colegio de España en Bolonia; al Alcalde 
de Toledo, para cuando esté en funciones el proyectado Centro Cervantino 
que se crea en el antiguo edificio llamado el Mesón del Sevillano; al Cen- 
tro Católico Universitario, de Madrid; al Ateneo escolar, de Murcia; á la 
Escuela normal de Maestros, de Cáceres, y á la Sociedad Cooperativa é 
Instructiva Progreso y cultura, de esta Corte. 



Desde su regreso á esta corte, honra con su asidua asistencia nuestras 
sesiones ordinarias, nuestro ilustre Correspondiente el Excmo. Sr. don 
Ignacio Montes de Oca, Obispo de San Luis de Potosí. 

En la primera de sus últimas asistencias ofreció á la Academia ejempla- 
res de su última producción poética, el precioso libro que bajo la firma 
arcádica de Ipandro Acaico, usaba desde su más temprana juventud lite- 
raria, y lleva por título A orillas de los ríos: cien sonetos de Ipandro Acaico. 
Estos cien sonetos, escritos en la forma hermosamente clásica que el gran 
helenista mexicano ha impreso siempre á todas sus producciones poéticas, 
han sido, en efecto, inspirados á orillas del Bétis, del Tíber, del Amo, del 
Po, del Sena, del Támesis, del Aífeo, del Guadalete y del Manzanares. 
Todos tienen sentido personal y moderno; todos reflejan su íe mística, su 
resignación cristiana ante los grandes infortunios de su vida, sus penas y 
á la vez las impresiones de un alma por naturaleza elevada y grande, cre- 
yente y superior. 

No pueden citarse como muestras éste ni aquél: todos son modelo, y 
aunque en muchos rebosa la en él tan acreditada inclinación filial de ca- 
.riño y simpatía á la madre España, á sus tradiciones y á sus creencias, son 
supremas notas de su inspiración los dos sonetos consagrados á la función 
de las Palmas el Domingo de Ramos y á las ceremonias del Viernes Santo 
en la Capilla Real de Madrid, así como en las tristezas de su misión 
pastoral, interrumpida por los sucesos luctuosos de su patria, el que des- 
cribe su suspirado regreso á ella sin llevar en sus manos pasto que dar 

A las ovejas que cargó en sus hombros. 

J. P. DE GUZMÁN. 



tomo lxx. Abril, 1917. cuaderno iv. 

BOLETÍN 



DE LA 



REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

INFORMES 



T 
«ASTRONOMÍA DOS LUSIADAS» 
Señores: 

Nuestro venerable Director me ha ordenado que os informe 
sobre un nuevo libro escrito en Portugal y presentado á esta 
Academia. 

No hace mucho tiempo que informé también otros dos del 
mismo origen: Vida y obras de Pedro Núñez, por el Sr. Gui ma- 
raes, y la Historia de la ciencia náutica portuguesa en la época de 
los grandes descubrimientos, por el Sr. Bensaúde; honroso encar- 
go, debido, sin duda, á la afinidad de mis estudios de marino con 
la índole de las obras citadas. 

Su desempeño me proporcionó enseñanza y deleite al par que 
momentos oportunos para exteriorizar la admiración profunda 
que me inspiran los sabios y navegantes de aquel noble país, 
hermano del nuestro. 

Con igual instructivo goce he analizado esta tercera obra, de 
la que es autor D. Luciano Pereira da Silva, docto profesor de 
Mecánica Celeste en la Universidad de Coimbra. Se titula Astro- 
nomía dos Lusiadas, y en ella descubre una nueva é interesantí- 
sima fase de aquel prodigio literario. 

Porque, efectivamente, aunar la poesía y la ciencia, la preci- 
sión del concepto con la belleza rítmica, condensar en un poema 
los conocimientos astronómicos de un siglo, es obra digna, a la 
vez, de un erudito y de un poeta. Camóes, que en tan alto grado 
TOMO lxx 19 



298 BOLETÍN DE LA REAI. ACADEMIA DE LA HISTORIA 

poseía estas dos cualidades, realizó la magna obra, y el Sr. Pe- 
reira da Silva es quien, con admirable sagacidad, ha sabido des- 
cubrir y mostrarnos aquel, hasta hoy, inadvertido mérito del 
poema portugués. 

Dice el Sr. Pereira que leyendo Os Licsiadas, no entendía lo 
que el autor expresaba en algunas de sus magníficas estrofas, 
pero que asiduo lector del poema, y ayudado de sus especiales 
estudios, acabó por comprender que Camóes había relatado, al 
mismo tiempo que el viaje de los argonautas portugueses, todas 
las circunstancias astronómicas observadas y que permiten com- 
probar el derrotero seguido en aquella audaz navegación. 

Y no se crea que son simples referencias las que Cambes 
aduce sobre el aspecto del cielo tal ó cual día, no; la técnica si- 
deral es casi la armadura del edificio, la base de la narración. 

A ello contribuye que, siguiendo un sistema contrario al de 
los autores del Romancero y la Araucana, epopeyas españolas 
donde se citan los hechos de sublime heroísmo escueta y senci- 
llamente, el poeta lusitano no se ciñó á relatar la hazaña de los 
marinos, sino que, imitando á Homero, hizo intervenir en favor 
ó en contra del triunfo la influencia de las deidades mitológicas. 

De esta manera acaso empequeñeció á Vasco da Gama y á sus 
compañeros, pero, en cambio, ¡qué recursos halló para matizar 
los distintos episodios de sus cantos! 

En Homero, como en Virgilio y otros antiguos clásicos, Ve- 
nus y Marte, Saturno y Minerva, intervienen en los sucesos per- 
sonalmente. Siempre obran conforme á las condiciones de ca- 
rácter que la Mitología les atribuye, pero, á mi modo de ver, no 
proceden los dioses en la Iliada como personificaciones de las 
cualidades abstractas que representan en la filosofía griega. Por 
esto, sin duda, hay algo de cómico (para el lector moderno) en 
aquellas intrigas y combates á que los inmortales se entregan 
durante el cerco de Troya. 

En la Odisea es de otro orden la intervención divina; allí se 
ve á tal monstruo que aun vive convertido en volcán; á tal otro 
que es hoy formidable escollo, y á las Sirenas que continúan ha- 
ciéndonos oir su canto en las resacas. 



«astronomía dos lusiadas» 299 

Y así, también, interviene la Mitología en el gran poema; el 
gigante Adamastor es el Cabo de Buena Esperanza; Diana, Ca- 
siopea, Cinosura, etc., son las constelaciones que guían á los 
marinos; y cuando las Osas, al sumergirse en el mar, los des- 
orientan, ven aparecer otra constelación, la Cruz del Sur, mos- 
trándoles la situación del nuevo Polo. 

La idea en sí, ya es hermosa. Pero Camóes no se limitó á dis- 
currirla. En su poema los movimientos de los astros, su posición, 
las fases de la luna, la variación paulatina del firmamento, son 
casi tan precisos como los que se hallan en un anuario de obser- 
vatorio astronómico. ¡Y cada astro, además de moverse y ser 
como es en el mundo físico, actúa con el carácter propio del per- 
sonaje mitológico cuyo nombre lleva! 

¿Puede darse más sugestiva y armónica combinación de la 
ciencia y la poesía? 

Nadie superó en belleza de la forma y exactitud del concepto 
al autor de Os Lusiadas, el gran poeta ibero, que versificaba tan 
correctamente en castellano como en su idioma natal. 

Y ahora veamos de qué manera desarrolló el Sr. Pereira su 
erudito y amenísimo trabajo. 



* 
* * 



El libro que examinamos está dividido en diez capítulos, que 
se titulan: «Camóes juzgado por Humboldt», «El Tratado de la 
esfera de Pedro Núñez», «El triple movimiento de la octava es- 
fera», «Las Estrellas», «La Esfera», «La gran máquina del Mun- 
do», «El Zodiaco», «El astrolabio», «Nuevo cielo» y «Astrono- 
mía de Dante y Camóes». 

A todos aludiré sin el orden enumerado. 

Es preciso conocer las ideas fundaméntalos existentes on el 
siglo xvi, para interpretar bien las referencias que de ellas se 
hacen en Os Lusiadas, dice el Sr, Pereira; y yo digo que también 
es preciso seguir el curso de los razonamientos y comprobacio- 
nes contenidas en el libro de este autor, para apreciar su nove- 
dad y exactitud. 



3,oo boletín de la. real academia de la historia 

Afirma el Sr. Pereira que Camóes poseía á fondo toda la en- 
señanza científica del Tratado de la Esfera, de Pedro Núñez, 
publicado en 1537, y á fin de que se aquilate el mérito de tan 
admirable obra, refiere cuál fué su origen. 

Pero yo no puedo transcribir los copiosísimos datos y amplia 
disquisición histórica con que logra este propósito, y he de in- 
tentar concretarlos en pocas líneas. 

Recuerda el Sr. Pereira que la Astronomía renació en Europa 
merced á los árabes, sus cultivadores, desde el siglo ix; cita al 
califa de Bagdad, Alhamón, quien mandó traducir del griego la 
Gran sintaxis matemática, de Ptolomeo, conocida en lo suce- 
sivo con el nombre de «Almagesto», y á los continuadores de 
igual estudio, Albatenio, algo después, y Alfragano, en el si- 
guiente siglo; así como á Thebit ben Chora, autor de la hipótesis 
sobre la trepidación, que mantuvo su valer hasta la época del 
profundo y fastuoso sabio Ticho-Brahe. 

Que en 1230 el Emperador Federico II hizo verter el «Alma- 
gesto» del árabe al latín; que el fraile inglés Juan de Sacro Bos- 
co compuso un resumen de la obra de Ptolomeo y de los «Ele- 
mentos de Astronomía» de Alfragano, titulado De Sphaera, libro 
sin rival durante trescientos años; que por entonces el Rey Sa- 
bio de Castilla reunió en Toledo los astrónomos cristianos, ára- 
bes y judíos más inteligentes, que redactaron las famosas Tablas 
Alfonsíes, y que, mucho más tarde, en 1 460, aparecieron las 
Teóricas de los Planetas, de Purbachio, maestro que fué de Juan 
Muller ó Regiomontano. 

Y ahora le basta añadir, como conclusión, que Pedro Núñez, 
no sólo tradujo la obra de Sacro Bosco al portugués, enrique- 
ciéndola con anotaciones propias y corrigiendo su texto, sino 
que también tradujo las Teóricas, de Purbachio (sobre el sol y 
la luna), que adicionó á. su Tratado de la Esfera. 

Grandes conocimientos, pues, hubo de adquirir Camoes en 
esta obra, pero parece confirmado, añade el Sr. Pereira, que 
aquél estudió con igual ahinco La Margarita filosófica, de Gre- 
gorio Reish, cuyos siete libros contienen lecciones de gramática, 
dialéctica, retórica, aritmética música, geometría y astronomía: 



«ASTRONOMÍA DOS LUSIADAS» 301 

una verdadera enciclopedia que fué umversalmente estimada. 
Mencionadas ya las fuentes de donde extrajo el poeta su sa- 
ber científico, veamos cómo lo demostró describiendo los fenó- 
menos celestes en Os Lusiadas, según el Sr. Pereira da Silva. 



Importa recordar que en el siglo xvi se les llamaba estrellas á 
todos los astros, y que el Sol era la única que poseía luz propia 
irradiada sobre las estrellas fijas y los planetas. 

No debe, pues, extrañarnos que Camoes llamara estrella al 
planeta Venus en esta estrofa: 

Mas ja á amorosa strela scintilava 
diante do Sol claro, no Orizonte 
mensageira do dia, e visitava 
a térra, e o largo mar, com leda fronte. 

(Os Lusiadas, c. vi, e. 85.) 

Y que por la misma razón considere á la Luna como la estre- 
lla errática más próxima á la Tierra. 

En lunaciones (base de casi todos los calendarios antiguos 
como aun hoy lo es del mahometano), cuenta así el tiempo in- 
vertido desde la salida de Gama de Lisboa hasta que avistó la 
bahía que llamaron de Santa P21ena: 

Mas ja o Planeta que no ceo primeiro 
habita, cinco vezes apressada, 
agora meyo rosto, agora inteiro 
mostrara, em quato o mar cortava a armada, 
quando da Etérea gavea hum marinheiro 
prompto coa vista, térra, térra, brada 
salta no bordo alvorogada á gente 
eos olhos no Orizonte do Oriente. 

(C. v, e. 24.) 

Generalmente se ha interpretado esta estrofa como afirmación 
de que habían transcurrido cinco lunaciones mientras al mar 
cortó la Armada. Pero Camoes tenía un conocimiento muy pre- 
ciso del viaje de Gama y de la Astronomía para suponer que 



302 boletín de la real academia de la historia 

hubieran pasado cinco meses lunares desde el 8 de Julio al 4 de 
Noviembre. Con efecto, fijándonos en que dice «que la habita- 
dora del primero cielo mostró veces cinco» agora meyo rosto, 
agora inteiro, se ve que lo que afirma, en realidad, es que du- 
rante el viaje la luna pasó cinco veces del cuarto creciente á 
luna llena. 

Sin duda el poeta conocía el Almanach Perpetuum, de Zacu- 
to, que contiene las tablas lunares desde el año 1078 al 1508, y 
estudió la relativa al 1497 (fecha del famoso viaje), consignan- 
do en la estrofa antes citada un hecho astronómico rigurosa- 
mente verdadero. 

Cuando la observación secular del firmamento comprobó que 
el Sol recorre de Occidente á Oriente, las mismas constelaciones 
de una zona estrellada que llamaron Zodiaco, quedó establecida 
con este período la nueva unidad de tiempo: el año. 

Veamos cómo la define el vate portugués: 

Entrava neste tempo o eterno lume, 
no animal Nemeyo truculento, 
e o mundo que com tempo se consume 
na seista idade andava enfermo e lento: 
n'ella ve como tinha por costume, 
cursos do sol quatorze vezes cento, 
com mais noventa e sete em que corría 
quando no mar á armada se estendia. 

(C. v, e. 2.) 

Realmente peca de obscura esta estrofa, y requiere se la aclare 
para comprender los varios y precisos conceptos astronómicos 
que encierra. 

Desde luego, los dos primeros versos indican que el sol entra- 
ba en el signo de Leo, pero extraña lo de la Sexta Edad, en que 
afirma que se hallaba el mundo. 

¿Qué era esta sexta edad? Pues era la de una división hecha 
por los antiguos Padres de la Iglesia, que consideraban compren- 
dida la vida del mundo en seis edades: la primera, desde la Crea- 
ción al Diluvio Universal; la segunda, desde el Diluvio al naci- 
miento de Abraham; la tercera, hasta David; la cuarta, desde 



«astronomía dos lusiadas» 303 

David hasta la destrucción de Babilonia; la quinta, hasta Jesucris- 
to, y la sexta, desde Jesucristo hasta el juicio final. 

Como la expedición de Vasco de Gama caía de lleno en la 
sexta edad de tan peregrina división, lógico es que estando el 
mundo en su última edad dijera Camóes: el mundo que con el 
tiempo se consume, y que por igual razón lo calificara de enfermo 
y lento. 

El poeta, que relaciona á veces los sucesos terrenales con los 
movimientos de la celeste bóveda, se t atiene al concepto filosófico 
del tiempo, que no puede considerarse como una mera abstrac- 
ción, sino que, al fin, es una variable que entra en función con el 
espacio y la velocidad. 

Pero si Camóes, como hombre de gran saber, precisaba de tan 
riguroso modo lo que quería decir, nunca desmintió su naturaleza 
ibera, y daba á cada paso la nota del realismo característico en 
toda obra de arte genuinamente peninsular. 



* 
* * 



Continuando el Sr. Pereira da Silva el análisis científico del 
poema, hace notar como describe el Zodiaco: 

Bem ves como se veste e faz ornado 
co Jargo cinto douro, que estrellantes 
animáis doze traz augurados, 
aposentos de Phebo limitados. 

(C. x, e. 87.) 

Al mencionar la llegada de la flota de (jama á Melinda, el I 5 de 
Abril de 1 498, señala así la posición del Sol en el Zodiaco. 

Era no tempo alegre quando entra va, 
no roubadoí? de Europa a luz febea, 
quando hum, e o outro corno Ihe aqueta va, 
e Flora derramava o de Amalthea. 

(C. ii, e. 72.) 

Era, pues, cuando el Sol comenzaba á recorrer el signo de 
Taurus, tiempo alegre en que la Diosa Flora derramaba el cuerno 
de la abundancia. Acaso haya querido, además, decir por medio 



304 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

de un doble símbolo, que desaparecía el invierno, puesto que el 
signo de Capricornio, puerta del invierno, se llama también de 
Amalthea. 

Camoes no dejó de fustigar la insensata suposición de la in- 
fluencia de los astros en el destino de los hombres tan propia de 
su época. Usó la Astrología sólo en sentido retórico, del mis- 
mo modo que, siendo buen cristiano, hacía intervenir á cada mo- 
mento en el poema á los dioses del Olimpo. Así dice, descri- 
biendo la noble España, cuando se refiere á Castilla: 

Tem o Galego cauto, e o grande e raro 
Castelhano, a quem fez o seu Planeta 
Restituidor de Espanha e senhor della, 
Bethis, Liao, Granada, com Castella. 

(C. ni, e. 19.) 

Pero, en cambio, alude irónicamente á las creencias astrológi- 
cas de los antiguos en estos términos: 

Se os antigos Philosophos, que andará m 
tantas térras, por ver segredos dellas, 
as maravilhas que eu passei, passaram 
a tam diversos ventos dando as vellas: 
Que grandes escripturas que deixaram 
que influicam de sinos e de estrellas, 
que estranhezas, que grandes qualidades, 
e tudo sem mentir, puras verdades. 

(C. v, e. 23.) 

« 
Algunos críticos , entre ellos Voltaire, acusaron á Camoes de 
inmoral por su descripción de la Isla de Venus, y de pedante por 
que hacía gala de sus conocimientos en varios ramos del saber y 
de la Mitología clásica. 

Este último estudio era indispensable en aquella época, y aun 
lo fué hasta mediados del pasado siglo. Hoy nadie lo cultiva,* y 
así vemos que muchas personas ilustradas leen las poesías y con- 
templan los cuadros de nuestros antiguos maestros sin compren- 
der sus asuntos. La Mitología era entonces inspiradora de toda 
obra de arte, y recurso perpetuo del buscador de metáforas. 
Nada me parece tan injusto como las censuras de Voltaire al 



«astronomía dos losiadas» 



305 



autor de Os Lusiadas, pero no debe sorprendernos en quien se 
reía de Buffon cuando éste afirmaba que los fósiles eran restos 
petrificados de animales. Nadie ignora que Voltaire puso su ge- 
nio asombroso al servicio de pasiones ruines, y podría creerse 
que envidió á Camóes como poeta épico. El que fué ingrato con 
todos sus bienhechores, adulador de Dubois, espía de Levi, apa- 
leado impunemente por Beauregard y grosero libertino, resulta 
muy micromega ante el coloso portugués, dechado de valor y de 
hidalguía. 

* * 

Camóes sobrepone á menudo el saber sencillo adquirido por 
la simple experiencia y directa observación de humildes marine- 
ros á las afirmaciones enfáticas de los sabios de gabinete: 
Os casos vi que os rudos marinheiros 
que tem por mestra a longa experiencia, 
contao por certos sempre e verdadeiros 
julgando as cousas so polla aparencia: 
E que os que tem juizos mais inteíros 
que so por puro engenho e por ciencia, 
vem do mundo os segredos escondidos 
julgao por falsos, ou mal entendidos. 

(C. v, e. 17.) 

Además, como viajero y buen observador, debió luchar bas- 
tante con los incrédulos sistemáticos, para los cuales todo lo que 
no estuviese sancionado por la ciencia del día no podía serlo en 
lo sucesivo. Sin duda, á causa de tal sandez, recalca que vio el 
fuego de San Telmo: 

Vi claramente visto o lume vivo 
que a marítima gente tem por santo, 
em tempo de tormenta e vento esquivo 
de tempestade escura e triste pranto. 

(C. v, e. 18.) 

Dificulto que los convenciera, pues ellos no lo habían visto 
nunca por las calles de Lisboa... 

También se previene contra la posible incredulidad en esta 
admirable descripción de la tromba marina: 



306 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

Eu o vi certamente (e nao presumo 
que a vista me enganava) levantarse, 
no ar hum vaporsinho e sutil fumo 
e do vento trazido, rodearse. 

(C. v, e. 19.) 

Y cuando por fin exclama: 

Vejao agora os sabios tía escriptura 
que segredos sam estes de Natura. 

Camóes, que dio también la vuelta al África, y que tantas no- 
ches contempló abstraído el espectáculo del cielo estrellado, no 
dejó de registrar en los Lusiadas el momento en que, pasado el 
Ecuador, las Osas se sumergían: 

Assi passando aquellas regioes 
por onde duas vezes passa Apolo, 
dous invernos fazendo e dous veroes, 
emquanto corre dhum ao outro Polo, 
por calmas, por tormentas e oppressoes 
que sempre faz no mar o yrado Eolo, 
vimos as Ursas a pesar de Juno 
banharemse ñas agoas de Neptuno. 

(C. v, e. 15.) 

Aquí existe una imagen poética muy curiosa que el Sr. Pe- 
reira explica en estos términos: Cuenta Ovidio en las «Meta- 
morfosis» que Júpiter se enamoró de una ninfa del séquito de 
Diana, llamada Calixto, y que de estos amores nació Arcas. 
Juno se vengó haciendo que la ninfa se transformara en una osa. 
Arcas, yendo un día de caza, estuvo á punto de matarla, lo que 
evitó Júpiter y los hizo transportar al cielo, donde quedaron for- 
mando dos constelaciones vecinas. Esta alta posición de estre- 
llas alcanzada por su rival no debió satisfacer á Juno, quien su- 
plicó á los dioses marinos que no consintiesen á las osas bañarse 
en el Océano. Y ahora ocurre decir que ni Juno ni Ovidio con- 
taron cori que algún día se navegase al Sur del Ecuador. Los 
portugueses fueron los primeros que presenciaron el prohibido 
baño. 

* 
* * 



«ASTRONOMÍA DOS LUSIADAS» 



307 



En el canto décimo, describe Camóes las propiedades geomé- 
tricas de la esfera. Tetis muestra al feliz Gama el redondo Globo, 
trasunto reducido del Mundo. En el centro, la Tierra, envuelta 
por las diez esferas concéntricas móviles, y envolviendo á éstas, 
el Empíreo inmóvil: 

Aquí hura globo ven no ar, que o lume 
clarissimo por elle penetrava, 
de modo que o seu centro esta evidente, 
como a sua superficia, claramente. 
Qual a materia seja nam se enxerga, 
mas enxergasse bem que está composto 
de varios orbes, que a divina verga 
compos, e hum centro á todos so tem posto. 

(C. x, e. 77-78.) 

Este Globo que Tetis mostró . á Gama, y que estaba forma- 
do por una serie de esferas concéntricas, invitaba á describir la 
esfera. 

He aquí cómo lo hizo Camóes: 

Voluendo, ora se abaxe, agora se erga 
nuca sergue, 011 se abaxa, e hü mesmo rosto 
por toda a parte tem e em toda a parte 
cometa e acaba, em fim por divina arte. 

(C. x, e. 78.) ' 

En el primero de estos versos está resumida la definición que 
Euclides da de la esfera: 

«Esfera es un cuerpo engendrado por un semicírculo que gira 
alrededor de su diámetro inmóvil.» 

La esfera volviendo sobre sí, esto es, curvándose en derredor 
del eje del Mundo, ora se alza, ora se baja con relación á un pla- 
no horizontal. 

En el segundo verso está resumida la definición de Teo- 
dosio: 

«Esfera es un cuerpo recogido debajo de una sola cara y tiene 
en el medio un punto, del cual todas las líneas tiradas á esa su- 
perficie ó cara son iguales.* 

La esfera no se alza ni se baja relativamente á su centro. 



}08 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

Admira la facilidad con que se asimilaba Camóes las teorías 
científicas y la galanura con que, jugando del vocablo, las sabía 
expresar. 






El Sr. Pereira transcribe de la Sphera Theologica, Divina y 
Christiana, de Mauro Florentino, una idea cuya forma de expre- 
sión resulta pintoresca y curiosa para el lector de hoy. 

Decía aquel italiano, hace cuatro siglos: «La esfera, como la 
Esencia Divina, es perfecta, no tiene principio ni fin y no se le 
puede añadir ni quitar cosa alguna...» Y, efectivamente, cuando 
el hombre que observa el firmamento piensa que la creación no 
tiene límites; que tras unos astros se hallan otros, y otros más 
allá... ¿puede concebir para esa creación forma distinta que la de 
una esfera? En cada dirección que mira ha de suponer que el 
Universo continúa y en todas ellas hay la misma causa para que 
exista en igual cantidad, y... así, de esfera en esfera, se pierde la 
imaginación ante la idea del infinito. ¿Dónde cesa lo creado? Es 
imposible suponerlo; mejor dicho, no cesa, es la presencia misma 
de Dios, que todo lo anima. 

Así piensa el hombre de hoy, cuando su razón se halla en es- 
tado de discurrir sobre la magnitud del Universo; así pensó el 
hombre también desde los tiempos más remotos; esta es la idea 
expresada en la Sphera Theologica, y esta misma, naturalmente, 
la que cantó Camóes: 

Ves aqui á grande machina do mundo 
etérea, e elemental, que fabricada 
assi foy do saber alto, e profundo, 
que he sem principio e meta limitada. 
Quem cerca em derredor este rotundo 
globo e sua superficia tam limada, 
he Déos, mas o que he Déos ningue o entende, 
que a tanto o engenho humano nao se estéde. 

(C. x, e. 8o.) 

Con esta hermosísima estancia empieza Camóes la descripción 
del Universo, tal como se concebía en el siglo xvi. Para formar 



«astronomía dos lusiadas» 309 

juicio exacto de este capítulo, el sexto de la obra, que se titula 
«La gran máquina del Mundo», transcribiré aquí algunas de las 
estancias comentadas por Pereira. Tetis, que muestra á Gama un 
Globo transparente, trasunto reducido del Mundo (según vemos 
en la estrofa citada hace poco), y fabricado conforme á la con- 
cepción astronómica ptolomaica, va describiendo los diversos or- 
bes ó esferas concéntricas que constituyen el Universo. Comien- 
za á explicar de la periferia al centro por el Empíreo: 

Este orbe que primeiro vay cercando 
os outros mais pequeños, que em si tem, 
que está com luz tao clara radiando, 
que a vista cega, e a mente vil tambem. 
Empíreo se nomea, onde logrando 
puras almas estao de aquelle bem, 
tamanho, que elle so se entende e alcanza 
de quem nao ha no mundo semelhanca. 

(C. x, e. 81.) 

Por debajo del Empíreo inmóvil gira el primer móvil: 

Debaxo deste circulo onde as mundas 
almas divinas gozao, que nam anda, 
outro corre tam leve e tam ligeiro, 
que nao se enxerga, he o Mobile primeiro. 

(C. x, e. 85.) 

Después describe así el segundo móvil: 

Debaxo deste leve anda outro lento 
tam lento, e sojugado a duro freyo, 
que em quamto Phebo, de luz nunca escasso 
dozentos cursos faz, da elle hum passo. 

(C. x, e. 86.) 

La octava esfera, en la que están engarzadas como joyas las 
estrellas fijas, se describe de este modo: 

Olha por outras partes a pintura 
que as estrellas fulgentes vao fazendo. 
Olha a carreta, atenta a Cinosura 
Andrómeda e seu pay e o drago horrédo; 
Ve de Cassiopea a fermosura, 



310 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE I.A HISTORIA 

e do Orionte o gesto turbulento, 
olha o Cisne morrendo que sospira, 
a Lebre, os Caes, a Nao, e a doce Lira. 

(C x, e. 88.) 

Las siete esferas planetarias están descritas todas en la estancia 

siguiente: 

Debaxo deste grande firmamento, 
ves o ceo de Saturno, Déos antigo, 
Júpiter logo faz o movimento, 
e Marte abaxo, bellico iuimigo; 
o claro olho do ceo no quarto assento 
e Venus, que os amores traz consigo; 
Mercurio, de eloquencia soberana; 
com tres rostos abaixo vay Diana. 

(C. x, e. 89.) 

Después del cielo de la luna ya no quedaba, según parece, 
más que saltar a la tierra; pero Camoes no se olvidó de las dos 
primeras zonas de la región elemental, ó sea de la del fuego y de 
la del aire con sus tres regiones, para alcanzar los otros dos ele- 
mentos, tierra y agua, que constituyen nuestra morada. (Tam- 
poco se olvidaron de este detalle los Duques que hicieron á Don 
Quijote cruzar la tercera región del aire, ó sea la de los vientos ó 
de los fuelles, en aquel caso, y aun alcanzar la región del fuego. 
Infiérese, pues, que Cervantes también estudió á Ptolomeo.) 
Comóes dice de la región elemental: 

Bem como quis o padre omnipotente 
que o fogo fez e o ar, o vento e neue 
os quaes veras que jazem mais a dentro, 
e tem co mar a térra por seu centro. 

(C. x, e. 90.) 

Esta es la descripción completa de la máquina del Mundo 
desde el Empíreo hasta el Globo terráqueo, compuesto de sus 
dos elementos, mar y tierra, y entre los dos la patria: 
... o Reino Lusitano, 
onde a 1 erra se acaba e o Mar comeca 
e onde Febo repousa no Occeano. 

(C. ni, e. 20.) 

* * 



«ASTRONOMÍA DOS LUSIADAS » 3II 

Portugueses fueron los que señalaron al lado del «Centauro», 
para guía de los marinos, esa brillante señal en forma de cruz 
que tanta fama adquirió desde el siglo xvi. No sólo descubrie- 
ron con sus audaces navegaciones nuevas tierras y nuevos ma- 
res, sino que dejaron también en la esfera celeste esta nueva 
constelación: 

Ja descuberto tinhamos diante 
la no novo Hemisperio, nova estrella, 
nao vista de outra gente, que ignorante 
algüs tempos esteve incerta d'ella. 

(C. v, e. 14.) 

La nueva constelación á que Camóes llama estrella (por licen- 
cia poética), es la Cruz del Sur. 

El Sr. Pereira da Silva aborda aquel punto capitalísimo, de- 
mostrándonos plenamente su veracidad. 

Y lo consigue con gran copia de datos y razonamientos en el 
capítulo titulado «Astronomía de Dante y Camóes», que es, en- 
tre todos, el más científico, curioso y amplio. 

Pero extractar este capítulo en pocas páginas fuera muy ardua 
empresa; y como el presente Intorme resulta ya demasiado ex- 
tenso, sólo transcribiré su síntesis. 

El mayor obstáculo que hallaban los eruditos para convenir 
en que los portugueses descubrieron la Cruz del Sur, era que 
con dos siglos de anterioridad había dicho Dante en un pasaje 
del Purgatorio: 

lo mi volsi a man destra e posi mente 
all'altro polo, e vidi quattro stelle 
non viste mai fuor che alia prima gente. 

(C. 1, e. 22-24). 

deduciendo aquellos que la nueva estrella, esto es, la nueva cons- 
telación de que habla Camóes, ya Dante la había mencionado en 
sus quattro stelle cercanas al Polo Sur (i). 

Pereira da Silva, repito, comprueba lo erróneo de tal creencia 



(1) Dante sitúa el «Purgatorio» en una isla del hemisferio austral y 
antípoda de Jerusalén. 



312 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA . 

y de su falsa base, partiendo desde la primera alusión que hizo 
Ptolomeo á las constelaciones del hemisferio austral hasta las 
últimas que en diversos ciclos hicieron otros cosmógrafos y na- 
vegantes. 

Como resumen de lo expuesto, opino: que la obra Astronomía 
dos Lusiadas del profesor de «Mecánica Celeste» de la Univer- 
sidad de Coimbra, merece el elogio y gratitud de todos los que 
cultivan la ciencia y la literatura; que es una de las más curiosas 
escritas en idioma portugués por su originalidad y transcenden- 
cia, y que rememora, emocionándome, los gloriosos hechos de 
la nación lusitana, tan compenetrados con los de nuestro país, 
como lo están cuantos timbres y blasones conquistan los hijos 
de una misma cosa solariega. 



Madrid, 2 de Marzo de 1917. 



Pedro de Novo y Colson. 



II 

PIEDRA DE SACRIFICIOS Y ANTIGÜEDADES 
DE MAYORALGUILLO DE VARGAS 

En Junio del año anterior, de 1915» me invitó á un paseo en 
carruaje, á la dehesa cuyo nombre encabeza estas líneas, mi que- 
rido amigo el Vicepresidente de esta Comisión de Monumentos 
de Cáceres, D. Publio Hurtado, á quien habían dicho existían allí 
varias sepulturas abiertas en roca. 

Allá fuimos con su hijo D. Gustavo, también de la Comisión, 
más por pasear que por el aliciente de las sepulturas, frecuentes 
en la provincia y esta comarca. 

Hállase la dehesa al S. SO. de la capital, distante unos 13 ki- 
lómetros, lindante con la de Las Seguras, cuyas casas fuertes se 
señalan en el mapa corográfico de D. Benito Chías (i). Pasado 



(1) Barcelona. Establecimiento editorial de Alberto Martín. 
Cito este mapa porque en él está escrito con fidelidad este nombre. No 
así en la hoja 53 del Mapa militar itinerario de España, formado por el 



PIEDRA DE SACRIFICIOS Y ANTIGL EDADES 3 13 

el poste del primer miriámetro de la carretera de Badajoz, que 
sale de la de Mérida corridos dos kilómetros, se divisa á mano 
izquierda la casa de Mayoralguillo, á la que conduce un carril que 
á 400 metros más arranca de la cumbre de una loma, y, yendo 
por él, luego aparece más al S. la Casa del i\ire. Una y otra fue- 
ron casas fuertes, como las de Las Seguras, al borde de la carre- 
tera, y la Torre de los Mogollones (verdadero castillo), y la de 
Martina Gómez, y la de la Carretona del Salor — que levantó el 
[Mariscal de Castilla Alfón de Torres, con licencia de los Reyes 
Católicos — ; con otras, más apartadas, que se podrían citar, y que 
en aquellos llanos fueron erigidas, acaso, para proteger los traba- 
jos agrícolas contra posibles irrupciones de gente maleante que 
tuviera por guarida la sierra de San Pedro, que por el S. limita 
la llanura. 

Aún conserva la de Mayoralguillo las ménsulas de un matacán 
en lo que fué torre, más tarde desmochada y tejada, y en el án- 
gulo de vertientes de la cubierta álzase una veleta y en su pedes- 
tal vese un escudo, esgrafiado en el enlucido, con las bandas 
onduladas de los Vargas. 

La dehesa fué de los bienes que D. Francisco de Vargas dejó 
al Colegio de Cáceres de la Compañía de Jesús, y en una de las 
piezas de la planta baja de la casa subsiste una mesa de altar, 
que revela que los PP. do la Compañía pasaban allí tempo- 
radas. 

Encontramos, al llegar, al arrendatario D. Luis Jiménez, del 
próximo Malpartida, condueño, con otros parientes, de la dehe- 
sa, que nos guió á las sepulturas, que están hacia los alizar* ¿s, 
al S. de la casa, á unos 200 metros. 



Cuerpo de Estado Mayor del Ejercito en IQ15 (publicado por el Depósito 
de la Guerra), en que hay que adivinar los lugares que tilo, pues se lee-. 
«Casas de Seguras», «Casa de Martina-, «Casa de Mayorejillo (nuestro 
Mayoralguillo de Vargas), '('asa de Magalloi 

Y por aquella región Sur: iCasa del Enjara a Enjarada), «Ermi- 

ta Santa Eulalia» (Olalla, decimos), «Río Layucla» (Ayuela) y, en fin, la 
abreviatura C. a (casa), que ha de corresponderá la de la Carretona 
Salor. 



TOMO LXX 



314 BOLETÍN DE LA REAI. ACADEMIA DE LA HISTORIA 

Extraña nos sonó esta palabra, é interrogado dicho señor, con- 
testó que eran como cimientos de paredes (i). 

Tienen las sepulturas, en general, su contorno acomodado al 
del cuerpo humano. Alguna, recuerdo, es simplemente trapezoi- 
dal, sin que se advierta en ninguna encaje para la tapa, como 
ocurre con las de otros lugares. Más trapezoidales ó de la forma 
que digo, con los ángulos más ó menos redondeados, y abiertas, 
como éstas, en peñascos graníticos, las vi hace ya años en aque- 
llas inmediaciones, en Las Seguras (2), y más recientemente en 
el pago de Viñas de la Jara (término de Cáceres y El Casar), don- 
de es frecuente un resalte en el fondo, para apoyo de la cabeza 
del cadáver. 

En estos dos lugares es de notar la abundancia de tejas y ladri- 
llos romanos, que hace pensar si éstos harían las sepulturas. Xo así 
en Mayoralguillo, donde es rarísimo encontrar algo de cerámica de 
esta clase, que parece trasladada de la vecindad de Las Seguras. 
Por esto y otras señales que se verán, no me inclino á que fuera el 
pueblo romano el que labró las sepulturas, sino otro muy anterior. 

Va descendiendo el rocoso terreno hasta llegar á la llanura 
donde están los alizarces, y en relación con ellos reparé en aisla- 
do peñasco, cuyas singularidades me hicieron encarecer á los 
compañeros la importancia de todo aquello, que sin ser igual á 
lo dicho por Bonsor de la piedra de sacrificios de El Acebuchal 
de Carmona (3), ni á lo que había leído no ha mucho de Monreal 
de Ariza, en sugestivo y erudito relato del ilustre Marqués de 
Cerralbo, en sus exploraciones en El Alto Jalón, había circunstan- 
cias que hermanaban unos y otros lugares, como la vecindad de 
sepulturas, y sobre todo la orientación del peñasco y disposición 
del conjunto, que hacía surgir la idea de sacrificios y liturgia de 
tiempos primitivos. 



(1) En el Diccionario encuentro: Alizar = faja ó friso de azulejos. Ali- 
zace y Alizaque = zanja para poner cimientos. El alizarce, regional, viene 
á significar: cimientos ó restos de paredes. 

(2) Revista de Extremadura, t. iv, 1902, pág. 571, § 282. 

(3) «Les colonies agricoles pre-romaines de la vallée du Betis» (Extrait 
de la Revue Archéologique, t. xxxv), pág. 95. 



PIEDRA DE SACRIFICIOS Y ANTIGÜEDADES 



3>5 



DESCRIPTIVA 



O 




/ ' ' ' 



N.° i.— Casa de labor de la dehe- 
sa « Mayoralguillo de 
Vargas», situada al 
SSO. de Cáceres y á 
13 kilómetros de la ca- 
pital. 

N.° 2— Sepultura labrada en 

roca. 
N.° 3.— ídem id. id. 
N.° 4 .-Idem id. id. 
N.°5.— Peña de los sacrificios. 
En el centro se indica 
el círculo interior don- 
de tenían lugar los sa- 
crificios, el eje del 
círculo con orientación 
á Saliente. 
N.° 6.— Tres sepulturas paralelas 

labradas en roca. 
N.° 7.— Sepultura labrada en 

roca. 
N.° S.-Idem id. id. 
N.° 9.— ídem id. id. 
^ b, c, d,f.— Restos que se con- 
servan todavía y que 
limitaban al recinto sa- 
grado de la peña de los 
sacrificios. 



' 1 ! 



CASA, PIEDRA DE SACRIFICIOS Y SEPULTURAS 
DE MAYORALGUILLO DE VARGAS 




SEPULTURA 



}|6 BOLETÍN DE LA REAL ACADEAHA DE LA HISTORIA 

Hube de esperar a que alguien, con autoridad, confirmara mis 
juicios, y la ocasión me deparó que viniera á Cáceres mi buen 
amigo, competentísimo y laborioso Académico Sr. Mélida, y allá 
le llevé en 15 de Septiembre del año anterior. Así que su mirada 
abarcó aquel lugar, oíle con satisfacción: «Es un recinto sa- 
grado » . 

Siguiendo sus indicaciones, dirijo estos breves apuntes á la 
Academia, que él pudiera ampliar con la solidez de sus conoci- 
mientos, y en tanto que no se hagan allí exploraciones, que cir- 
cunstancias de dinero, distancia y mis ausencias hasta ahora han 
impedido, reciba con benignidad esa sabia Corporación las in- 
completas noticias que tengo el honor de comunicarle. 

Tiene el peñasco á que me he referido (Lám. I) una longitud 
de 8,70 metros; su altura mayor de I,6o metros y variable an- 
chura. Presenta una excavación plana, en pendiente, sensible- 
mente circular, con paredilla de cinco á 12 centímetros (tal vez 
por el desgaste habido) y canal de desagüe de 38 centímetros. 
Pero no es en realidad un círculo; el diámetro mayor, que es la 
línea de máxima pendiente, tiene 2,15 metros, y el transversal, 
sólo dos metros, con cierta irregularidad en el trazado. En la 
parte superior de la excavación, casi tocando con la paredilla, 
hay un resalte circular de unos dos centímetros (poco visible en 
las fotografías, por estar el-peñasco cubierto de liqúenes y mus- 
gos), que hace pensar si sería el tajo de inmolación. Este queda 
en el semicírculo izquierdo si el eje de la canal se prolonga como 
diámetro. La pendiente la calculo en irnos logrados; la canal de 
derrame queda á poca altura del arenoso suelo, y tocando con el 
peñasco, en la parte anterior izquierda, hay una peñita que pudo 
servir de escalón. Resta notar que el eje ó linea de pendienti 1 s 
perpendicular á la meridiana (véase el detalle amplificado áe\ 
plano), y que la víctima sería sacrificada de cara al sol naciente- 

En ese dibujo amplificado, en el que la interpretación de mi 
croquis no ha sido muy fiel, hallase marcado lo que queda del 
recinto formado por peñuelas chatas y angostas, que, natural- 
mente alineadas, fueron unidas por alizarces de variable anchura 
(de 0,85 a [,14 esto es, por una doble fila de piedras 



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PIEDRA DE SACRIFICIOS Y ANTIGÜEDADES 



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RECINTO SAGRADO DE MAYORAI.GUILLO DE VARGAS 

aplanadas, irregulares é hincadas, que sobresalen como medio 
metro (Lám. II) en dos lados que quedan de un imaginario cua- 
drilátero -bien que el lado c b x\o está íntegro, pues hacia el 
extremo b hay un boquete de 2,45 metros, en que las piedras 



3 1 S BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

fueron arrancadas para facilitar la labranza, presumo — . En los 
extremos a, b y c hay las peñitas que digo; de 6,50 metros de 
longitud las primeras, 1,1/ metros y 1,20 las otras; de modo 
que tomándolas en cuenta con los alizarces y boquete, mide el 
lado cb 19,70 metros y el ab 12,97 metros. Tengo por alizarce» 
también lo que en fd se señala (y puede verse en la lám. 11), 
de 1,80 metros de longitud, y como afloran en el extremo a y 
en dirección perpendicular a ab una doble fila de piedras de un 
metro y 2,34 metros de longitud, no sé decidir si son restos de 
cerramiento con aquellos otros ó de callejón de entrada, pues 
en realidad queda el ánimo perplejo en el terreno al observar en 
la dirección b a otras peñitas y configuración del suelo, que pare- 
cen prestar más amplitud á lo que fuera el recinto. Como se-ve en 
el dibujo, queda entre el extremo c y el peñasco excavado un 
espacio libre de 1,92 metros. 

Situada esta peña sagrada en un terreno que se siembra, la 
vimos libre las primeras veces; pero en el último Junio las mie- 
ses la ocultaban, rodeándola y alzándose, por tanto, dentro del 
recinto, con peligro ó fortuna de que el arado destruya ó descu- 
bra algún día algo interesante ( i). 



(1) Este interesantísimo monumento, cuyo destino se define por sí mis- 
mo, tiene hasta ahora, que sepamos, dos semejantes en España: uno es el 
altar descubierto por D. Jorge Bonsor en la Vega del Guadalquivir, al SO. 
de Carmona, en el Acebuchal , también constituido por una gran roca, de 
superficie ligeramente inclinada hacia el S., y con una construcción deca- 
rácter ciclópeo adosada por esta parte, formando depósito para recoger la 
sangre de las víctimas, y habiéndose hallado en torno cenizas, huesos de 
animales, hojas de pedernal, muchas hachas de piedra pulimentada, una 
hoja de cobre y restos de cerámica; el otro ejemplar es el que descubrió 
en Monreal de Ariza el señor Marques de Cerralbo, que lo llama pila de 
sacrificios humanos, en atención á que la peña ofrece en su parte superior, 
también inclinada, una oquedad oval, sin borde por la parte superior, con 
reguera y propia por sus dimensiones para contener á una persona, que 
podfa apoyar los pies en las piedras adosadas. (Véase Bonsor: Les coloides 
agricoles pre-romaines de la vallcc du Belis, páginas 97 á 99. — Marques de 
albo: El Alto Jalón. Descubrimientos arqueológicos, páginas 139 á 155.) 

En cuanto al destino de estos altares ó aras para sacrificios cruentos, 
como en tiempos primitivos los practicaron los griegos, convendrá recor- 
dar un pasaje de Estrabón, que hablando de las gentes que vivían junto al 
Duero, dice que eran dadas á los sacrificios, que observando las entrañas 



ANTIGÜEDADES DE MARCHENA 3 I 9 

El repecho rocoso que desde este lugar hacia la casa se extien- 
de lo imaginábamos una vez más lleno de un concurso curioso ó 
impresionado que asistiera á cruentos espectáculos en que se 
derramara sangre de animales ó humana. 

Nieblas de los remotos días de nuestra Historia se ciernen 
sobre aquel sitio, y hago alto para no extraviarme. 

Hago presente mi gratitud á los buenos amigos D. Alfredo Vi- 
llegas y D. Alfredo Fernández de la Torre, por la eficaz ayuda 
que me han prestado para ofrecer al estudio de la Academia los 
datos y dibujos que acompaño. 

Las fotografías, por otra parte, podrán aclarar mis desmañadas 
descripciones. 

Cáceres, 2 de Octubre de 1916. 

Juan Sanguino y Michel, 

Correspondiente. 



III 

ANTIGÜEDADES DE MARCHENA 

El ilustre escultor D. Lorenzo Coullaut Valera, llevado de la 
afición que siempre despierta en los artistas la Arqueología, nos 
ha dado noticias de ciertos descubrimientos ocurridos hace pocos 
meses en Marchena, y que juzgamos de bastante interés para 
comunicarlos á la Academia. 

Se trata de hallazgos casuales é incompletos, pero que, sin cui- 



de las víctimas pronosticaban el porvenir, y que también lo hacían al in- 
molar á los prisioneros. 

Respecto de la antigüedad que deba suponerse al recinto sagrado y ara 
de Mayoralguillo de Vargas, entendemos que puede creerse del período 
eneolítico ó de la Edad del Bronce, dado que parece más perfecta que la 
del Acebuchal. Solamente uaas excavaciones en aquel sitio podrán ofrecer 
elementos de juicio para decidir. El Sr. Paredes comunicó á la Academia 
de la Historia (Boletín, i, xxxiv, 1899, pág. 301), con ciertas reservas, la 
existencia de análogos monumentos en Casas del ¡Monte y Segura (partido 
de Hervás, en la misma provincia de Cáceres). — José Ramón Mélida. 



320 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

bargo, son suficientes para que se pueda vislumbrar el pasado 
anterromano y romano de aquella población andaluza, y lo inte- 
resante que será hacer excavaciones en su suelo. 

Marchena, considerada por algunos la Castra- Gemina, que 
Plinio menciona entre las poblaciones estipendiarías del convento 
jurídico de Astigi (Ecija), según otros, Marciana 6 Colonia Mar- 
da, como cree con más razón el P. Fita, y situada entre Estepa 
y Sevilla, aparece en la vía romana de Cádiz á Córdoba, en el iti- 
nerario núm. / de Antonino, según el mapa de Hübner, en el 
sin demento al Corpus Inscriptormn Latinarían (vol. n); si bien no 
aparece mencionada en él con aquel nombre romano. 

El objeto más antiguo que nos ha mostrado el Sr. Coullaut Va- 
lera acredita la existencia de población en época muy anterior ala 
romana, puesto que consiste en un vaso de barro hecho todavía 
sin torno, de pasta negruzca mal trabajada, roja y pulida por la 
cara exterior, en forma de tulipán y con adornos geométricos de 
labor incisa, que denotan ser su manufactura del período eneolí- 
tico, ó sea de transición de la piedra pulimentada al metal, y su 
inmediato parentesco con los vasos de Ciempozuelos, que la Aca- 
demia debe al inteligente concurso del Sr. Vives; y á otros ejem- 
plares análogos, como los descubiertos por el Sr. Boncor, en la 
Vega de Carmona. Difiere de todos ellos el vaso de Marchena, y 
especialmente, de los típicos de Ciempozuelos, que son negros, en 
el color rojo de la superficie externa. Fué encontrado juntamen- 
te con otro vaso y restos de un cráneo, lo cual es indicio de -se- 
pultura, al NIC, y á más de un kilómetro de la población, junto 
al sitio que ocupó la ermita de San Cines. Del vaso antedicho ha 
hei ho donación el Sr. Coullaut Valera al Museo Arqueológico 
Nacional. 

Al ( ). de Marchena, en una de las lomas de la eminencia en 
que asienta el alcázar de los Duques de Arcos, antiguos señores 
la villa, al profundizar en la tierra para cimentar un edificio, 
:i(( miraron, según nos ha referido el Sr. Coullaut Valera, 
uno los que estaban metidos en tinajas, y con ellos unos 

trozos de cerámica roja, basta, con incrustaciones de piedrecillas 
por adorno, de la cual cerámica tan solo hemos visto- un fondo 



<%0*> 



Bol. de la R. Acad. de la Hist. 



T. LXX.-Oo IV.-Lám. III. 




Boca del pozo. 




Pai te infei i' ir del po 

HIPOGEO FENICIO DESCUBIERTO EN* MAKCMENA 



ANTIGÜEDADES DE MARCHENA 32 I 

de copa así decorado, que nos mostró el Sr. Coullaut Valera. La 
inhumación en tinajas es en España característica de la Edad del 
Bronce, según demuestran los descubrimientos de los Sres. Siret 
en el SE. de la Península. 

Pero más interesante todavía que los dichos descubrimientos, 
es otro en el que nuestro comunicante ha tomado parte perso- 
nalmente. Ocurrió al SE,, en un cerro de blanda arenisca al hacer 
un barreno, con motivo de la explotación de una cantera, pues 
el consiguiente movimiento de las tierras dejó al descubierto un 
pozo cuadrado ó más bien rectangular, de 1,05 m. de longitud en 
su abertura, por 0,65 á 0,70 de ancho, y de unos 12 m. de pro- 
fundidad, el cual comunica con una galería de unos cinco metros 
de longitud y 1,30 m. de altura, abovedada, y, al final, terminada 
como en ábside, estando orientadada de S. á N. El Sr. Coullaut 
Valera exploró el pozo, en el que, según dice, unos socavones pe- 
queños prestan apoyo á los pies sirviendo de escalera, y en su 
excavación se advierte una serie de capas de piedra arenisca y 
de arena; y exploró también la galería hasta donde le fué po- 
sible, porque dice que estaba en parte llena de agua, habién- 
dole llamado la atención la presencia de arena muy limpia. No 
encontró objeto alguno, de donde debe inferirse que aquel hipo- 
geo, pues esto es lo que parece, ó fué profanado ó no llegó á 
usarse. 

Hipogeo decimos que debe ser éste monumento, el cual puede 
ser apreciado en la (Lám. III), y que tiene su semejante en el 
famoso sepulcro, dentro del cual fué descubierto en Cádiz el mag- 
nífico sarcófago fenicio antropoide de mármol que allí se conser- 
va, y en las varias sepulturas análogas descubiertas en Siria, la 
antigua Fenicia y en Cartago. 

Es de notar que en Marchena, y en el mismo sitio en qu' 
ocurrido este interesante hallazgo, fueron descubiertos hace tiem- 
po dos importantes monumentos cartagineses: un ara con el ca- 
ballo y la palmera, como se ven en las monedas de los Barquidas, 
y un relieve, también con palmera, y una cierva con su cervatillo, 
monumentos que recogió para su colección el conocido investi- 
gador de las antigüedades hispalenses D. Francisco Mateos Gago, 



322 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

y que hoy se encuentran en el Museo Municipal de Sevilla, exis- 
tiendo vaciados de ambos monumentos en el Museo de Repro- 
ducciones Artísticas, en Madrid. También han solido encontrarse 
en Marchena monedas de los Barquidas. 

El cuadro arqueológico de esta serie de hallazgos de Marche- 
na se completa con el de cosas romanas, cuyos descubrimientos 
han ocurrido en sitios más próximos á la población. Junto al 
cementerio hay restos de una construcción rectangular de hor- 
migón, y restos de otras, á un kilómetro al S., que denotan per- 
tenecer á una fábrica de hormigón y mampostería, con cemento 
de cal, siendo de notar en ella un pavimento de mosaico y restos 
de enlucido de estuco pintado en los muros, todo esto finamen- 
te ejecutado y con ornamentación. También hay restos de un re- 
cinto semicircular, cuyo muro, muy grueso, es de mamposte- 
ría y cemento de cal, advirtiéndose unas cañerías de barro que 
hacen sospechar si tales ruinas serán de unas ihermas. 

En una vertiente inmediata se han encontrado cerámicas roma- 
nas, vidrios y monedas, entre ellas un bronce de Carmo (i). 

Todos estos hallazgos que dejamos apuntados deben ser con- 
siderados como señuelos seguros de los tesoros arqueológicos 
que el suelo inexplorado de Marchena guarda á quien en él espi- 
gue en provecho de la Arqueología, con lo cual podrán ponerse 
de manifiesto las poblaciones que allí se sucedieron sin interrup- 
ción desde los tiempos prehistóricos, y en los de la colonización 
fenicia, la dominación cartaginesa y la civilización romana. 

Con esto queda indicado la conveniencia de que en tan abo- 
nado campo de excavaciones sean éstas practicadas con tanto 
empeño como requieren, en provecho de la ciencia, trabajo lau- 
dable qué la Academia podrá alentar, manifestándose, desde lue- 
go, reconocida á D. Lorenzo Coullaut Valera, por haber dado 
noticia de los indicados descubrimientos. 

Madrid, 9 de Febrero de 191 7. 

José Ramón Mélida. 



(i) Recientemente, a] pie del castillo se han descubierto cuentas de 
collar y aretes de vidrio de colores, cartagineses casi todos. 



INSCRIPCIÓN SEPULCRAL HEBRAICA EN TOLEDO 323 



IV 



INSCRIPCIÓN SEPULCRAL HEBRAICA EN TOLEDO 

Recientemente, con ocasión de remover un subsuelo en exca- 
vaciones para una nueva construcción en la «Venta de la Es- 
quina», término de Toledo, apareció un ladrillo de 35 por 20 
centímetros, con una inscripción sepulcral en hebreo de seis 
líneas. 

La lectura de la inscripción es difícil, y esto no sólo porque la 
redacción del texto sea confusa, sino porque hasta las propias 
letras están equivocadas; lo que es debido á que el grabador en- 
cargado de esculpir tal ladrillo ignoraba en absoluto la lengua he- 
braica, é hizo su grabado por una muestra manuscrita, de la que, 
indudablemente, no sólo trastocó el orden de sus líneas y pala- 
bras, sino que confundió inclusive los mismos caracteres; cosa 
que en extremo sorprende, considerando la importancia de la 
Comunidad Hebrea de Toledo, y su alta significación, muy espe- 
cialmente, en el dominio del idioma hebraico. 

Cabe suponer que se tratase de una familia modesta, tanto, que 
falta de los medios necesarios para encargar su inscripción á un 
lapidario culto y experimentado, la encomendase á un grabador 
vulgar inadecuado para tal propósito, y probablemente ajeno á la 
propia grey judaica. 

Todo lo que puede desprenderse de esta inscripción es que 
el nombre del fallecido, que se lee en su línea 4. a , era Isaac Ben 
Menahem. 

No se puede recoger mención de fecha; ni por lo dicho, tam- 
poco dar el sentido íntegro del texto; limitándonos, por lo tanto, 
á dar la fotografía del ladrillo, y á continuación las frases que se 
pudieron reconstruir, rectificando en cuanto fué posible los erro- 
res de las letras y palabras equivocadas. 






BOLETÍN DE LA I4EAI. ACADEMIA DE LA HISTORIA 



gMBBlUHBHIIK 







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-p* 






í^ 





Según esta reconstrucción resulta la siguiente versión, dejan- 
do en blanco lo que resulta del todo incomprensible (i): 

(i 

... Tini tosí dmoti ypS (- 

tup nnpuri ii;ny imam (3 

□nan Va pnr> nnura (4 

•tóá (5 

• • • fon inbiy "nS < '"' 



\! fin de los días resurja; y sea [¿su alma guardada en el zurrón de las 
vida 

n los manantiales de su Paraíso abrévela su Creador. 
t el alma de 1 Menahem, 



5 qu pi lió de este mundp 

pai .1 la v ida eterna. ¡Amen!... 

Madrid, 15 de Mar/' 1 de 1917. 



1 )r. A. S. Yahi da, 

Con. 



(1) Los tres primeros vocablos del renglón segando están sacados del 
pósti ulo (xn, 13) de la profecía de Daniel, barajándose en toda 

otros textos bíblicos, fácilmente reconocibles, y que en 
hebreo-toledanos rectamente figuran. — F. V 



BASÍLICA DE SAN JULIÁN V SANTA BASILISV 325 

V 

BASÍLICA DE SAN JULIÁN Y SANTA BASILISA (OVIEDO) 

Es para mí señalada honra el nombramiento de esta Real Aca- 
demia para que informe sobre la pedida declaración de «monu- 
mento nacional» de la Basílica de San Julián y Santa Basilisa (co- 
nocida por «Santullano»), en Oviedo. ' 

Constituye cabeza del expediente un escrito de la «Comisión 
provincial de Monumentos históricos y artísticos» de Oviedo, te- 
chado el II de Octubre de 1916, trasladando otro dirigido al Mi- 
nisterio de Instrucción pública y Bellas Artes, á los efectos ex- 
presados. Se hace en él constar que, no obstante las antiguas y 
constantes gestiones de la Comisión para que el Estado se fijase 
en la importancia del monumento y atendiese á su conservación, 
nada se había obtenido. Así las cosas, en Noviembre ele IOI2, un 
benemérito y filántropo asturiano, el Sr. D. Fortunato de Selgas, 
acometió á sus expensas los trabajos de investigación y restaura- 
ción de la Basílica, en los que gastó muy cerca de 75.OOO pese- 
tas. Fueron ejecutados con la anuencia del prelado, previo dic- 
tamen del arquitecto diocesano Sr. Peña, y con conocimiento y 
frecuentes inspecciones de la citada Comisión. En el año de mi 5 
las obras estaban concluidas. No consistió sólo en esto la magna 
y mcritísima labor del Sr. Selgas, sino que, deseando dar a co- 
nocer la historia del monumento y de los trabajos realizados, re- 
dactó una Memoria, eruditamente pensada y escrita, con esplen- 
didez publicada, con numerosas ilustraciones y generosa y pro- 
fusamente repartida. .Analízala en su informe la Comisión de 
Monumentos: y después hace presente que, si el insigne edificio 
ha de ser conservado como hoy está, es de absoluta precisión se 
le incluya entre los «nacionales», con cuya ía se salvará 

de los peligros que pueden amenazarlo; pues los humildes feli- 
greses no ven con buenos ojos el estado arcaico que ahora os- 
tenta, inferior, según ellos, al remozado que ante- tenía. Conclu- 
ye el informe notificando el acuerdo de la Comisión, tomado en 



326 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

24 de Marzo de 191 5 , de poner en la restaurada Basílica una lá- 
pida que explique lo en ella hecho por el Sr. Selgas, y sea al par 
muestra de la gratitud de los ovetenses hacia el generoso astu- 
riano. 

La Basílica de San Julián y Santa Basilisa, en los Prados de 
Oviedo, es lo único que subsiste de la villa que Alfonso II fun- 
dara en las cercanías de su corte, y en la que construyó palacios, 
baños y triclinios. Los cronistas antiguos dedicaron grandes ala- 
banzas á la obra del rey Casto, especialmente Sebastián de Sala- 
manca y el Albeldense. No hay noticia exacta de la fecha de la 
consagración del templo, y sólo la conjetural de que fué á poco 
del año 816, en el que se verificó la última de las excursiones 
mahometanas en Asturias. En los días de Alfonso el Magno pasó 
de realenga á monástica; luego descendió á humilde priorato. En 
el siglo xviii fué objeto de bárbaras adiciones y revocos, con lo 
que llegó al xx profundamente desfigurada. Tal como la cono- 
cieron los historiadores y arqueólogos de esta época era una ba- 
sílica de tres naves, con otra de crucero, muy elevada; tres ábsi- 
des cuadranglares, un recinto en el lado del Evangelio de aque- 
lla nave, un pórtico prolongadísimo en el frente, tripartido cerca 
del ingreso á la iglesia, y un cuerpo adicionado en el lado de la 
Epístola. Interiormente, las naves estaban cubiertas con bóvedas 
de medio cañón, con lunetos; exteriormente, un escandaloso re- 
voco blanco y gris daba al vetusto edificio del siglo ix un aspec- 
to de vulgarísima iglesia pueblerina. Sólo por la fachada poste- 
rior se conservaba su ancianidad, viéndose los testeros de los 
ábsides, las ventanas arqueadas y con cierres calados, y en lo 
alto, un característico ajimez de estilo latino-bizantino. Empren- 
didos los trabajos de investigación y restauración, demoliéronse 
desde luego las partes conocidamente adicionadas en el siglo xvm, 
picáronse los revocos y se derribó la bóveda que cubría las na- 
ves; después se hicieron obras de reconstitución, que el señor 
Sol gas expresa lealmente en su Monografía, por respetos ar- 
queológicos y porque, si acaso hubo error, conste siempre. El 
resultado ha sido la reconstitución de un templo que en sus ele- 
mentos y líneas principales es lo siguiente: una basílica de tres 



BASÍLICA DE SAN JULIÁN Y SANTA BASILISA 327 

naves y otra de crucero, más elevada, y en cuyo testero mueren 
aquéllas; tres ábsides cuadrangulares, un pórtico en el frente y 
otro, idéntico, en el costado meridional del crucero; un recinto 
simétrico en el costado del Norte, con tribuna alta; estructura de 
sillarejo y arcos de ladrillo, contrafuertes exteriores, pilares y ar- 
cos de medio punto interiores, ventanas con arcos de descarga y 
losas caladas, cubrición de madera aparente y decorada, orna- 
mentación interior de muros, totalmente pintados, y en el ábside 
central, de pilastras y arquerías sobre columnas. 

Dada la índole de la Real Academia, no sería pertinente pe- 
netrar en este Informe en el campo de los análisis meramente 
técnicos, detallando los fundamentos de las restauraciones efec- 
tuadas, la crítica de las teorías restauradoras ó antirrestaurado- 
ras, el lugar de los elementos constructivos y dispositivos en el 
del conjunto monumental asturiano, etc., etc. Entiende el que 
suscribe que cumple especialmente á su cometido una reseña 
de los principales problemas histórico-artísticos que suscita la 
basílica ovetense así reconstituida, entre los que descuellan, por 
su entidad, el de la importancia de la rareza, en la Asturias del 
siglo íx, de un monumento de tipo marcadamente romanocris- 
tiano; el de la discusión del carácter é importancia, en la historia 
del Arte español, de las pinturas murales; los de las cuestiones 
de carácter litúrgico y social, que entrañan ciertos elementos allí 
descubiertos. 

Surge en primer término el problema del valor que la Basílica 
de Santullano tiene en la historia de la Arquitectura española del 
siglo íx. Sabido es que la visigótica reproducía los tipos latinos y 
bizantinos, pero en considerabilísimo estado de ruindad, altera- 
ción y decadencia. Aumentáronse estos males con el cataclismo 
nacional del siglo vin: las construcciones asturianas sólo refleja- 
ban las artes de Roma por modo misérrimo. A más, algunos edi- 
ficios asturianos denotaban la actuación en el país de ciertas in- 
fluencias extrañas, que hacían derivar la Arquitectura por derro- 
teros cada vez más alejados de la fuente latina, como fueron, 
algunos años después, Santa María de Naranco y Santa Cristina 
de Lena. Y en este campo histórico surge la Basílica de San Ju- 



328 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

lian, con sus tres naves, la del crucero elevada, el arco triunfal, 
los pintados muros y las labradas armaduras de madera; eviden- 
tes caracteres latino-cristianos, que dan un caso de atavismo 
hacia lo más puro de la Arquitectura basilical romana. Averi- 
guar el camino de esta aparición; si tuvo ejemplares prelativos ó 
paralelos, y quién fuese el autor, son problemas de historia que 
tienen alta y grande concomitancia con la presuntuosa aspiración 
de aquellos príncipes asturianos á resucitar la Toledo visigoda, y 
aun más, la Roma constantiniana. 

• Completan el romanismo de la basílica la decoración pintada 
descubierta en los muros, y que es excepcionalmente importan- 
te en la historia artística de España. Con erudición profunda re- 
lata en la Monografía el Sr. Selgas la destrucción de las decora- 
ciones interiores de los pocos monumentos visigodos que nos 
quedan, de los que acaso es único ejemplar los restos descubier- 
tos no ha mucho por el Sr. Aleuda en una basílica emeri tense. En 
Asturias, el ciclo de decoraciones pintadas se reduce á fragmen- 
tos apenas perceptibles en la Cámara Santa de Oviedo y en San 
Miguel de Einio, á los que pueden añadirse los aparecidos el año 
último en San Salvador de Yaldediós. En esta penuria, es capital 
el enorme conjunto pintado de Santullano, y no sólo en la rnonu- 
mentalidad española, sino en toda la Europa occidental de los 
siglos anteriores al xi. Los elementos de las pinturas de San Ju- 
lián de los Prados son tales, que afirman la subsistencia de aque- 
lla tradición romana esencialmente purista, que ya se mencionó. 
Las pinturas están hechas sobre estuco muy fino y consistente, 
por un procedimiento no investigado aún, y con los colores pri- 
mitivos puros (rojo, amarillo, azul, verde). Cubren los muros y 
las bóvedas de los ábsides; en aquéllos hay una zona baja ó zó- 
calo, compuesta de imitaciones marmóreas y recuadros de di- 
versa traza; otra, formada por círculos intersecados, y otras dos 
superpuestas, cuya composición es sendos intercolumnios dóri- 
cos, entre los que se ven pórticos con columnas, entablamentos 
y frontones, y en los vanos, perspectivas de impluvium y silue- 
tas de edificios, que aparecen bajo cortinas semiplegadas. En 
sitios especiales hay cruces con la alfa y la omc^a simbólicas, 



BASÍLICA DE SAN JULIÁN Y SANTA BASILISA 329 

copiadas de las del tesoro catedralicio ovetense, tan famosas, y 
cráteras con plantas ondulantes. En los ábsides, las pinturas con- 
sisten en arquerías simuladas, entablamentos sobre modillones, 
y en las bóvedas, recuadros imitando encasetonados. 

Tan extraordinaria y singular es esta completa decoración, 
que exige una labor crítica; aquí sólo puede esbozarse la perti- 
nente á la índole de esta Real Academia. El abolengo de los ele- 
mentos pintados en Santullano parece claro: los zócalos marmó- 
reos y recuadrados son bien conocidos como romanos; las pers- 
pectivas arquitectónicas, ciertamente falseadas, y á las que se les 
quiere señalar un origen pompeyano, son aquí más sólidas, más 
arquitectónicas, esencialmente clásicas; y mejor que los palacios 
cabe el Vesubio, recuerdan las pinturas y mosaicos italianos de 
los siglos iv al vi, como los de Santa Pudenciana, de Roma, de 
San Apolinar el Nuevo y San Vital, de Rávena. En estos últimos, 
especialmente, los temas de los pórticos con columnas y las corti- 
nas plegadas son muy semejantes. Más discutidos podrían ser 
otros elementos de Santullano: los círculos intersecados y los ca- 
setones de las bóvedas absidales. Aquéllos, que evidentemente 
no presentan tanto romanismo, tienen, en cambio, parentesco 
con las labores hispano-visigodas; éstos, con sus flores centrales, 
los da el Sr. Selgas como inspirados en miniaturas y telas orien- 
tales. Suscita esto el problema de la cronología de las pinturas en 
cuestión. ¿Pudieran no ser contemporáneas del edificio, sino obra 
de posteriores restauraciones? No parece probable; las abonan el 
carácter, indiscutiblemente clásico, de pórticos y cortinas; su ca- 
pital diferencia con las más antiguas románicas desconocidas en 
España, como son las catalanas, que se basan en las representa- 
ciones figuradas; su aun más capital disparidad con las góticas y 
las del Renacimiento. Por otra parte, el decaimiento progresivo, 
ya mentado, de la categoría de Santullano, que de iglesia rea- 
lenga descendió á priorato humildísimo, no permite suponer 
obras de la importancia y del coste que exige la total decoración 
de sus muros. El Sr. Selgas señala una obra de reparación, dedu- 
cida de la fecha 1 165, grabada en una viga de la techumbre; mas 
ello no es bastante para conjeturar mayores trabajos. De todos 

TOMO LXX 21 



330 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

modos, la misma discusión que las pinturas de la basílica de los 
Prados pueden suscitar hace patente su importancia como ele- 
mento histórico. 

Otro aspecto de la cuestión es el de los datos que el monu- 
mento ofrece para la historia de la liturgia y de las costumbres 
del siglo ix. Examinemos algunos de ellos. En ciertos sitios de 
los muros y pilastras aparecen agujeros que, según el Sr. Selgas,. 
contuvieron las anillas para la suspensión de los velos que ocul- 
taban el altar en ciertos momentos de las ceremonias sagradas; 
y, en otros sitios, para la separación de los sexos en las naves. 
Estas costumbres sagradas, que en la más antigua liturgia cris- 
tiana de Occidente son innegables, ¿subsistían en la española del 
siglo ix? He aquí un problema. En el fondo del ábside central de 
Santullano se ha encontrado un pequeño nicho, formado por un 
hueco y un frontoncillo. Se conocía otro análogo en la cripta de 
la Cámara Santa de Oviedo, y otro, recientemente visto, en San 
Salvador de Valdediós. ¿Cuál era su destino? ¿Relicario? ¿Guar- 
dador del óleo santo ó de algún otro vaso sagrado? Las obras 
han puesto de manifiesto unas pilastras con ranuras para el en- 
gargolado de losas; parecen elementos de la transena ó antepe- 
cho del ambón ó de la barrera que separaba las naves del bema. 
Su existencia y reconstitución entraña hallazgos en orden á las 
ceremonias sagradas y á la colocación de los fieles, del clero y 
de las personas reales. Descubiertos los materiales de que se com- 
pusieron las mesas de altar, el Sr. Selgas supone que el central 
era dúplice ó gemelo, dedicado á los dos santos Julián y Basilisa, 
fundándose en el testimonio de Sebastián de Salamanca, que los 
llama geminibus altaribus, y de cuya disposición había otros en la 
vieja catedral ovetense. ¡Interesante elemento para el estudio del 
mobiliario religioso! En fin, la tribuna alta, que existió en el com- 
partimiento lateral del Norte, si era para los reyes que en el cer- 
cano palacio moraban, da curioso tema para historiar las costum- 
bres sociales-religiosas de la época y marca más el carácter de 
capilla palatina de Santullano. 

* 

* * 



BASÍLICA DE SAN JULIÁN Y SANTA BASILISA 331 

Basta cuanto dicho queda para atestiguar el valor histórico que 
atesora la Basílica de San Julián de los Prados, y lo acertado de 
la iniciativa tomada por la celosísima y benemérita Comisión 
provincial de Monumentos de Oviedo pidiendo que sea decla- 
rada «monumento nacional», como medio de asegurar su conser- 
vación, tal como hoy aparece á la admiración y al estudio de los 
entendidos. Esa declaración se impone, además, por el peligro 
que prudentemente señala aquella Comisión: la de que, entregada 
la Basílica, exclusivamente, á manos populares y mal avenidas 
con el aspecto de deterioro y fealdad aparentes que, según ellas, 
tiene hoy, llegue el día en que un encalado vulgar haga desapa- 
recer altares, pinturas y restos arqueológicos. Pérdida inmensa 
sería para la Arqueología española. 

No fuera justo concluir esta comunicación sin ensalzar el nom- 
bre del insigne patricio D. Fortunato de Selgas. Guarecido tras 
una modestia que alcanza á los mayores grados de la humildad 
y del desconocimiento de sí mismo, negóse siempre y obstina- 
damente á cuanto signifique galardón mundano. Bástale á su sa- 
tisfacción la interior de hacer el bien é impulsar la cultura. Lo 
hecho por el Sr. Selgas en la Basílica de los Prados, causa origi- 
naria de este informe, se alaba por sí mismo. Pero no fué sólo la 
nada escasa generosidad con que puso su fortuna al servicio de 
tan noble idea, sino que, uniendo la inteligencia y el saber al 
amor á su país, escribió la notabilísima Monografía del Monu- 
mento, que es una completa historia de la Arquitectura asturiana, 
y al par un cuestionario de temas de liturgia, de costumbres, de 
crítica artística y de investigaciones cronológicas, acaso dubita- 
tivamente resueltos en algún momento, pero siempre erudita- 
mente planteados. El Sr. Selgas rehace los monumentos material- 
mente y rehace su historia. Merece, pues, los plácemes de esta 
Real Academia. 

La cual, como siempre, resolverá lo más acertado. 

Madrid, 6 do Febrero de 1917. 

Vicente Lampérez v Romea. 



332 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 



VI 

NUEVAS INSCRIPCIONES ROMANAS EN FALENCIA 
Y SANTA CECILIA 



Palencia. 

A las 21 inscripciones romanas de esta ciudad, reseñadas por 
Hübner (i), que aumenté hasta el número de 62, mediante la co- 
laboración de D. Francisco Simón y Nieto (2), acaba de propor- 
cionarles este nuestro Correspondiente doctísimo (3) nueva ilus- 
tración é incremento, suministrado por la Memoria inédita y 
manuscrita hacia el remate del siglo xviii, de la que ha sido lar- 
gos años poseedor y en donativo nos ofrece. 

Es un cuaderno en 4. , que componen diez y seis hojas de pa- 
pel de hilo, en cuya cubierta, de color de plomo, se lee: 

Disertación de el Cavallero Rarcólli sobre la Lápida Pompeya hallada 
en la ciudad de Palencia: Parte iv, ó Apéndice á las tres antecedentes de 
el viage á la feria de Palencia de el Tío Cachumbo y de D.Jacinto de Ayá- 
la y Mendoza, ilustre viagéro por Castilla, á quien se dirige para su ins- 
trucción, sobre la que lleba proporcionada en los anteriores escritos. 

Fácil es adivinar el apellido del autor de esta disertación, esto 
es, Carrillo, disimulado en el anagrama Rarcólli. Del texto del 
manuscrito se colige que se trazó en 1796, ó poco después. 

El Viaje á la feria de Palencia, por el tío Cachumbo y D. Ja- 
cinto de Ayala y Mendoza, me es desconocido. No lo menciona 
D. Tomás Muñoz y Romero en su Diccionario bibliográfico histó- 
rico (4), ni I). Ricardo Becerro de Bengoa (5), ni tampoco Hüb- 

(1) Números 2.716-2.724, 5.760, 5.761, 5.764-5.772, 6.258. 

(2) P>oletín, tomo xxvi, págs. 62-73 (18 Enero, 1895); XXXVI, 507-514 
(26 Mayo, 1900). 

(3) Véanse sus Informes, publicados en el Boletín, tomo xxix, pági- 
nas 1 18-178; xxxii, 430; xxxv, 187-210. 

(4) Madrid, 1858. 

(5) El libro de Palencia (Palencia, 1874); Viajes descriptivos de Falencia 
ala Coruña (Palencia, 1883). 









NUEVAS INSCRIPCIONES ROMANAS EN 

ner (i), ni otro autor que yo sepa 
escribió por Ayala, el cual 
hospedado en casa de Ca- 
rrillo el día de la feria (2 
Septiembre) de Palencia, y 
partiendo de esta ciudad á 
Valladolid el día siguiente, 
le indicó el proyecto, que 
no llevó á cabo, de trazar 
y sacar á luz su Viaje por 
Castilla. 

Preceden al manuscrito 
dibujos de tres lápidas, las- 
timosamente perdidas, y 
por esta razón, dignos de 
encomendarse á la máqui- 
na fotográfica. 



1. Acerca de ella Ca- 
rrillo escribió lo siguiente: 

«En 16 de Febrero de 
1876, en una tierra labran- 
tía lindante con otra del 
mayorazgo del Cid, frente 
al juego de pelota, inme- 
diata al camino real (2) y 
al arroyo por donde va el 
agua de Villalobón (3) al 
convento del Carmen, y 
como á un tiro de bala de 

(1) Inscripiiones Ilispaiüae 
latinae, Berlín, 1867 y 1893. 

(2) Que va de Palencia á 
Villamuriél de Cerrato hacia 
el Sudeste. 

(3) Bajando desde el Nor- 
deste hacia el río Camón. 



PALENCIA Y SANTA CECILIA 333 

, Tal vez no se publicó, ni 



Jfu,Tn.\ a . 



\//. 



1 




xxxx ipq 

QCÓRÑE 




334 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

mi quinta de ¡k ¡¡avista, encontróse, haciendo una excavación en 
una mina de cascajo para el relleno de la calzada, se descubrió la 
lápida que va por frontera, número I. 

Ella es de una especie de mármol blanco, ó de granito blanco, 
que no se halla en las canteras cercanas; su longitud como de 
dos varas y media, su anchura de dos tercias (i) y una de es- 
pesor. 

En la parte superior hay, según ella manifiesta, varios semi- 
círculos, en cuyos finales están grabados, en cada uno un circu- 
lito, también con otros concéntricos, como los primeros. En el 
ámbito del grande semicírculo se ve una media luna, compuesta 
de dos porciones de círculo excéntricos. Más abajo y á cada lado 
dos estrellitas, con sus círculos que forman el exágono. Sigúese 
el lugar de las letras, dispuestas en forma de carta de margen por 
mitad (2), y las líneas para formar los renglones ocupan toda la 
margen. 

Por bajo de la inscripción hay un realce, y en él una tarjeta 
con figuritas cuadrilongas de relieve, sostenidas de dos arcos so- 
tapuestos, con que concluye la parte inferior de la piedra; la que 
tiene, además, de alto abajo en los dos lados, unas fajas con líneas 
paralelas como orla, en que todo se incluye. 

1 tallada esta lápida, según va dicho, en 16 de Febrero de 1786, 
se la dio por alguno ó algunos eruditos la siguiente versión lati-' 
na: Diis Manibus. C. Pompejo Severo annorum unius ct quadra- 
ginta posuit Cornelia moesta mater animo piissimo. Y por D. Vi- 
cente Carrasco, Intendente y Director de caminos y calzadas, que 
era en aquel tiempo de esta ciudad, se facilitó que se diese noti- 
cia al público de este descubrimiento en la Gaceta de Madrid de 
28 de Marzo de dicho año, núm. 25, traducida la versión latina 
al castellano del modo siguiente: A los dioses Manes. A Cneyo 



(1) Dos metros de altura y 0,56 de anchura. 

2) Invidentemente el espacio marginal del epígrafe estuvo* dispuesto 
para recibir otra inscripción sepulcral y compañera ó completiva de la 
visible; indicándose así una sepultura bisoma, pero á la que no dieron lu- 
ircunstancias especiales, que no son conocidas. 



NUEVAS INSCRIPCIONES ROMANAS EN PALENCIA Y SANTA CECILIA 335 

Pompeyo Severo, de edad de cuarenta y un años puso (este sepul- 
cro) Cornelia, triste madre, con ánimo piísimo (i). 

Yo no tuve intervención alguna en esta versión, ni traducción; 
pero aun cuando estuviese á ella en lo substancial, desde luego 
moderaría el superlativo piissimo con que finaliza, pues un su- 
perlativo de esta especie desdice, á mi entender, de la concisión y 
gravedad del estilo propio de estas inscripciones. El Pi de la lá- 
pida también, ó mejor, puede ser abreviatura de Pió que de 
Piissimo». 

Lo demás que añade Carrillo al extacto de su Disertación, que 
acabo de leer, nada monta para la recta estimación del epígrafe. 
Hübner vio esta piedra original empotrada «en la muralla, junto á 
la puerta del Mercado, á mano derecha para los que entran» (2). 
Cuando la vio estaban ya gastadas ó picadas dos de las letras, 
que su dibujo antiguo nos restituye. 

D(is) M{anibus). G{aio) Pompeio Severo, an(norum) XXXXI, po{suit) 
Cor?ielia Zoé mafrito) piientissimo). 

A los dioses Manes. A su marido piadosísimo Gaio Pompeyo Severo, 
de edad de 41 años erigió este monumento Cornelia Zoé. 

El cognombre de Cornelia, tomado del griego Zwyj, que signi- 
fica vida, lo es de una Aelia en Roma (3), y se latiniza (4) en el 
chatón de un anillo de oro de Tobarra: Amo te, Vita. 

Cornelia Zoé hizo labrar esta lápida funeraria esperando que 
sus restos mortales habían de reposar al lado de los de su mari- 

(1) En ese número de la Gaceta, pág. 1 12, se dice: < Patencia 20 de Mar- 
zo. En el día 18 (sic) de Febrero de este año, estando haciéndose la exca- 
vación de cascajo para el relleno del nuevo camino que rodea á esta ciu- 
dad, hacia las puertas de San Lázaro, se halló una piedra quebrada y con 
•cierta inscripción que un anticuario de aquí ha leído así: Diis Man/bus. 
Gneio Pompeio Severo anuo XXXXI, posuit Cornetín moesia water animo pió. 
El Ayuntamiento ha acordado conservar esta lápida en las Casas Consis- 
toriales.» 

(2) La moderna demolición de esta parte de la muralla en el ángulo 
Sudoeste de la ciudad, acarreó la destrucción ó extravío de la piedra 
epigráfica. A pocos pasos de aquella puerta estuvo el convento del Car- 
men, derruido hace ochenta años, y destinado el solar á ser iguominia del 
tiempo bajo los pies de los transeúntes. 

(3) Corpus inscriptionum latinarum, vol. vi, núm. 8.577. 

(4) Boletín, tomo xvm, pág. 371; lxi, 513. 



336 



boletín de la real academia de la historia 




do Pompeyo Severo. La mitad de la piedra reservada para 
manifestar el cumplimiento de aquella aspiración no se escri- 
bió, porque tal vez la viu- 
da inconsolable calmó su 
dolor volando á segundas 
nupcias. 

Otras lápidas de Falen- 
cia (Hübner, 2. 716, 2. 717,. 
2.719, 2.720, 2.722, 2.72¿\, 
5.767, 5.768 y 5-7/0), de- 
muestran que el último vo- 
cablo de la presente (2.721 ), 
ha de leerse pi(entissimo). 

Debo advertir, por último, 
que en Falencia fué sepulta- 
do (5.765) Lucio Pompeyo 
Primo, padre de Pompeya 
Maurina, así como en Sego- 
via (2.761) Cayo Pompeyo 
Muero. 

2 y 3. Lápidas inéditas. 
Se hallaron hacia el extremo 
de la ciudad de Palencia «en 
el camino que de ella va á la 
villa de Grijota, en el año de 
1796». Carrillo, que esto re- 
fiere, las dibuja; pero no in- 
dica el paradero, ni las di- 
mensiones, ni la calidad de 
ambas piedras. Lástima de 
extravío. 

El copiante al fin de los 
dos primeros renglones di- 
bujó mal la C y trocó en. punto triangular la pequeña A. 

El principa] interés histórico de esta inscripción consiste en 







_3 

C(aió) lulio Cíai) f{Mó) Quir{ina) 
I\ücni,< atl iiorum XXX Ata maier. 

A Cayo Julio Paterno, hijo de Caio, 
de la tribu Quirina, de edad de 30 
años, le puso este, monumento su 
madre Ata. 



NUEVAS INSCRIPCIONES ROMANAS EN PALENCIA Y SANTA CECILIA 



337 



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insinuar que la ciudad de Palencia estuvo afiliada á la tribu Oui- 
rina, como lo estuvieron Sigüenza y Alcalá de Henares. Ya lo 
había indicado la sepulcral de 

Cayo Memmio, hijo de Atta y </Tw**-«?. 

abuelo de Catonia Flavina, que ,^ 

publiqué en el tomo xxvni del / 

Boletín, pág. 62. De la noble 
familia Julia, residente en Pa- 
lencia, conocíamos los epita- 
fios (2.717, 5-77°) en que se 
nombran Julio Scauro, Julia 
Marcela y Julia Chrysis. 

En el renglón segundo la se-" 
gunda N tuvo el segundo palo 
perpendicular sobrepuesto de 
una pequeña I, omitida por el 
dibujante. Probablemente Ser- 
vilio fué marido de Annia. 

Caitta, nombre nuevo en las 
inscripciones, paréceme ser for- 
ma diminutiva é ibérica de 
Caza, como lo fué en buen la- 
tín Maxumilla de Maxuma, y 
lo es en castellano gatita de 
gata. 

Los tres letreros que acabo 
de exponer, y sobre todo el 
primero, montaron tanto en la 
fantasía de Carrillo, que echán- 
dola á volar mantuvo seriamen- 
te, á vueltas de no despreciable 
erudición, la paradójica tesis 
de que Cornelia Zoé, esposa de 
Pompeyo el Magno, llevó á Pa- 
lencia el cuerpo de Cneo Pompeyo Severo, su hijo primogénito, 
muerto á consecuencia de la batalla de Munda, y que en la mis- 



I AIA MA1TER 
'• EK ¿EWILIV3 
1 REGINVá'CAE 



".-. 



Cailta Anniae Maxumillae ser- 
va, an?i{orum) XX h{ic) e(si). Ata 
maíer et Servilius Reginus c(arae?) 
a {lumnae ?) /{ecerunt ). 

Caitta sierva de Annia Maxumi- 
la de edad de 20 años, aquí \ 
Su madre Aya y Servilio Regino, 
que la educaron cariñosos, hicie- 
ron este monumento. 



338 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

mísima ciudad de Palencia dio al cuerpo de tan llorada prenda 
sepultura honorífica. 

«I lecha osla disertación — escribe — le dijo el caballero Rar- 
colli á D. Jacinto de Ayala y Mendoza: Tiene vuestra merced ex- 
plicada la historia de lal.lpida Pompeya, y dada la instrucción que 
he podido para su inteligencia; porque un hallazgo de esta clase 
en mi patria me ha parecido que merecía que fuese vuestra mer- 
ced de él bien informado, para que en su viaje pueda asegurar 
á los eruditos que encuentre de las antigüedades en que abunda 
Palencia. Bien lo acreditan, sobre la lápida disertada núm. I, las 
dos de C.Julio y Caitta, núms. 2 y 3; la primera hallada, como 
queda dicho, en el extremo meridional de esta ciudad y las otras 
dos al opuesto del Norte; de que se infiere que, si se continuasen 
las excavaciones por toda la tirantez de la cortina oriental de la 
muralla, parecerían muy verosímilmente tantas preciosidades de 
antigüedades de este pueblo celebradísimo en tiempo de los Ro- 
manos que acaso pudiesen competir con las de Murviedro, Mari- 
da y Tarragona. 

(Juedó sumamente reconocido el Sr. Ayala. Hizóse hora de 
salir á la feria; acabaron de pasar la tarde muy divertidos; tu- 
vieron una noche agradable con muchas gentes que concurrie- 
ron á la casa, y llegado que fué el día tres (i), que era el desti- 
nado para el viaje de D. Jacinto á Valladolid, lo verificó despi- 
diéndose del caballero Rancolli y su familia con las más atentas 
demostraciones de gratitud y con mil ofertas de su deseada co- 
rrespondencia á los favores que había recibido». 

El autor de la Disertación consignó varios datos que dan en 
parte á conocer su persona. De noble apellido (Carrillo?) y natu- 
ral de Palencia, tenía en esta ciudad casa y familia propia, co- 
rriendo el año 1796, ó poco después; y poseía la quinta que 
aun ahora se llama de Eellavista, distante un tiro de bala del 
1 en que se mostró la gran lápida funeral de Pompeyo Se- 
vero. En aquel paraje, contiguo á la calzada romana, se ocul- 
tan, á no dudarlo, numerosas inscripciones, que aguardan para 

(1) De Septiembre (¿de 1796?). 



NUEVAS INSCRIPCIONES ROMANAS EN PALENCIA Y SANTA CECILIA 339 

descubrirse la intervención de nuestro infatigable Correspon- 
diente D. Francisco Simón y Nieto. 



Santa Cecilia. 

En el tomo xlvii del Boletín, pág. 235, al pie del breve Infor- 
me, en que di cuenta (i) del miliario de Constantino el Magno, 
que se extrajo del ex monasterio de San Pedro de Arlanza, é in- 
sistiendo sobre lo dicho en la pág. 527 del tomo xxi, escribí: 
«Por centenares se cuentan las inscripciones romanas que en la 
parte meridional de la provincia de Burgos han llamado la aten- 
ción de los eruditos nacionales y extranjeros, mas, como lo ad- 
vierte Hübner, falta una mano piadosa que doctamente las revi- 
se, coleccione é ilustre.» Esta mano promete ser la de D. Julián 
Moral, á quien debí la noticia que comenté (2), de dos insignes 
miliarios, uno de Trajano y otro de Adriano, allegados al puente 
que enlaza el río Arlanzón con la villa de Tordómar, en el partido 
judicial de Lerma. 

Ahora el Sr. Moral, en carta fechada desde Tordómar anteayer, 
me da noticia del descubrimiento que ha hecho en Santa Cecilia, 
lugar cercano á dicha villa, al que conduce partiendo de Lerma 
la vía romana que iba á Sasamón, pasando por Zael, Quintanilla 
Somuño, Villavieja y Estepar sobre las riberas del Arlanzón, don- 
de se ven restos de puente antiguo y de calzada que manifiestan 
la dirección estratégica de la vía. 

Existe en .Santa Cecilia una arruinada ermita con el nombre 
de San Juan, que conserva dos arcos románicos, uno del altar 
y otro del frontispicio, y alrededor evidentes señales de antiquí- 
simo cementerio. En el arco de la portada, y en una de sus jam- 
bas, se destaca una losa epigráfica, alta 64, ancha 35 decímetros, 
rota por sus cuatro lados y maltratadas, por los golpes que ha 
sufrido, algunas de sus letras, según aparece de la copia trazada 
por el Sr. Moral. 



(1) 30 Agosto, 1905. 

(2) Boletín, tomo liv, págs. 325-327 (20 Marzo, 1909). 



34o 



BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 




D(is) M(anibns). Valerio Rebur riño aninorttni) LXX Valeri{a] Reb{iirri- 
p] airi f(acienduni) c{uravit). D{is) M{anibu¿). Valer ie Prociiline an- 
(norum) LXX Val(eria) Rebu[r]rina m(atri) fiaciendum) c{uravit). 

A los dioses Manes. A sus padres Valerio Reburrino y Valeria Proculi- 
na, ambos de edad de 70 años, erigió este monumento Valeria Reburrino. 

Los puntos son triangulares. Las letras del primer siglo. 

Proculina brotó de Prócula, como Rcburrina de Reburra. En 
Itálica (5.382) ocurre el epitafio de Valeria Prócula que le dedicó 
su liberto Agathémero. Mayor analogía tiene con el presente 
hallado en Santa Cecilia, otro que se conserva en Tarrago- 
na (4.169): iy(is) M(anibus)> C[aid) Valerio Reburro vel{ernno) 
Marcia Prócula uxor et Val{crius) Reburrinus f(ilius) patri 
pientissimo. 

Reburrus ¿qué significa y de qué idioma procede? 

Significa recalvastro, como lo declaró San Agustín en su obra 
contra el maniqueo Fausto, libro vi, capítulo primero (i). 

Combatiendo Fausto la divina inspiración de la ley mosaica y 
refiriéndose al capítulo xiii del Levítico, versículos 40-42, había 
echado mano á una interpretación despreciable y ridicula que el 
santo Doctor propone así: «Calvum ct reburrum et similia no- 
tae hominem non constituere sacerdotem, quia sunt huiusmodi 
apud Deum immundi uterque, contempsimus, risimus.» 

Xi dejó el Santo de juntar á su zumba ponderoso motivo: «De 



(1) Migne: Patrología latina, tomo xlii, colunas ó semipáginas 227-238. 
Taris, 1865. 



NUEVAS INSCRIPCIONES ROMANAS EN PALENCIA Y SANTA CECILIA 34! 

calvo autem et reburro quod eos omnímodo Lex dixerit, parum 
Faustas attenderat, aut in mendosum codicem inciderat (i). Sed 
utinam ipse calvam frontem habere voluisset, atque in ea crucem 
Christi figere non erubuisset! Profecto Christum, clamantem ego 
sum veritas, nec cum falsis vulneribus occubuisse nec cum falsis 
cicatricibus resurrexisse credidisset.» 

A juzgar por las inscripciones, el adjetivo Teburrus es de ori- 
gen hispano, según lo estableció Hübner (2); el cual se dejó en el 
tintero la perentoria cita de San Agustín, esclarecida por el tex- 
to hebreo, griego y latino, de la Biblia original y sus traduccio- 
nes corrientes: nua (calvo por delante) opuesto á rnp (calvo por 
detrás de la coronilla), ávacpáXavxog, recalvaster. Sus elementos, 
re-burrus, tal vez eran afines de los éuscaros aurré (delante) y 
buru (cabezas), según lo indiqué (3) hace más de medio siglo. 
Hübner trajo á colación la expresión francesa a rebours (á redo- 
pelo) y algunos glosarios latinos y grecolatinos, que en fin de 
cuenta corroboran lo dicho por San Agustín. Al medio centenar 
de inscripciones, que reseñó, se añade ahora ésta de Santa Ceci- 
lia, y bien podemos creer que no será la última. 

La antigüedad del lugar manifiestan los arcos de su ermita ro- 
mánica, y dos textos históricos, uno de mediados del siglo xiii (4) 
y otro del 4 de Octubre de 1463 (5). 

Madrid, 16 de Marzo de 19 17. 

Fidel Fita. 



(i) El texto bíblico distingue entre la calvicie sin manchas de lepra ó 
con ellas; en este segundo caso la llama inmunda, mas no en aquel. 

(2) «Ínter nomina hominum Hispanorum omuium fortasse frequentis- 
simum Reburrus est, potissimum apud eos, qui ex Celtiberia oriundi sunt. 
Exempla ex Hispaoia ipsa circiter originta index meus exhiber; Rcburri- 
mus inde derivatum in novena inscriptionibus extat. Rebtirrina in una, 
Reburra feminínum ausquam. Ceterum in Galüa (Narbonensi) multo 
rarius (cxn, 328, 3.315, 3.340, 5.951), in provinciis vero ómnibus ínter mi- 
lites natione Hispanos repertum est.» Monumento- linguáe tbericae, pá- 
gina cxvii. Berlín, 1893. 

(3) Epigrafía romana de la ciudad de León, págs. 30-34, 173, 174, 180- 
184. León, 1866. 

(4) España Sagrada, tomo xxvi, págs. 323 y 489. Madrid, 1771. 

(5) Serrano (I). Luciano): Colección diplomática de San Salvador de El 
Moral, pág. 188. Valladolid, 1906. 



DOCUMENTOS OFICIALES 



JUNTA PÚBLICA DEL DOMINGO iS DE MARZO DE 19 17 



Al objeto de dar posesión de la plaza en 
que se hallaba electo el limo. Sr. D. Manuel 
Antón y Ferrándiz, Decano de la Facultad 
de Ciencias de la Universidad de Madrid, 
Catedrático de Antropología en el período 
del doctorado de dicha Facultad y Secreta- 
rio del Museo de Ciencias Naturales, se cele- 
bró el domingo 1 8 de Marzo, á las tres y me- 
dia de la tarde, Junta pública en el salón de 
Actos de esta Real Academia, previo el 
anuncio oficial y las acostumbradas invita- 
ciones para este acto, siempre solemne. 

En efecto, á la hora indicada, el Sr. Direc- 
tor, Excmo. Sr. D. Fidel Fita, S. J., ocupó la 
presidencia en el estrado, tenienqp á la de- 
recha de la mesa presidencial al infrascrito 
Secretario accidental y á la izquierda al Aca- 
démico numerario encargado de la contesta- 
ción, Sr. Bonilla y Sanmartín, completando 
el frente, á la derecha del Sr. Director, los 
Sres. Herrera, Obispo de San Luis de Potosí, 
Molida y Marqueses de Laurencín y de Le- 
mus, y á su izquierda, 'el Sr. Altolaguirre, 
y ocupando los escaños del estrado, los Nu- 
, obispo de merarios Sres. llinojosa, Vives, Beltrán y 

San Luis de fotosí. . ~, 

Róspide, Marqués de Cerralbo, Ureña, Novo 
y Colson, Blázquez, Azcárate, Barón de la 
Vega de Hoz, Menéndez Pidal, Lampérez y 
Marqués de Foronda; los Correspondientes 
Sres. Berjón, Bonelli, Ciria, Fuertes Arias, 
González, Simancas, Ibarra, Jiménez de Cisneros, P. Legísima, 
Maffiotte, Vales y Failde y Yahuda; y entre otros individuos de 
lemas Academias, los Sres. D. Ignacio Bolívar, D. Rafael 
(onde Luque, D. Ignacio González Martí, D. Luis Octavio de 
Toledo, I). Eugenio Pinarua, D. Luis Rodríguez Carracido, don 



Académicos de número. 

Señores: 
Director. 
1 1 1 q ojosa. 

Marqués de Laurencín. 
Vives. 
Herrera. 

rán. 
Altolaguirre. 
Pérez de Guzmán. 
Mélida. 

Marqués de Cerralbo. 
Ureña. 
Novo y Colson. 

l ucz. 
Azcárate. 
Bonilla. 

Barón de la Vega de Hoz. 
Menéndez Pidal. 
Lampérez. 

Marques de Foronda. 
Marqués de Lema. 

Correspondientes . 
Berjón (D. Antonio). 

Bonelli (I). Emilio). 
Ciria (I). Joaquín). 
Fuertes Arias (D. Rafael). 
Gómez Centurión (ü. José). 
González Simancas (I). Ma- 
nuel). 
1 barra (D. Eduardo). 
Jiménez de Cisneros (don 

D ¡JO). 

1 a (Fr. Juan R. de). 
e(D. Luis). 
de Oca y Obregón 



Valesy Failde (D. Francisco 

Xavier). 
N alinda (I)r. Abraharu Sa- 

lom). 

,/ario accidental. 
< 1 imán y Gallo. 



DOCUMENTOS OFICIALES 343 

Leonardo Torres ele Ouevedo y otras personas de alta distinción. 

En el salón, completamente lleno hasta los pasillos que á él dan 
acceso, otra multitud de personas y algunas señoras. 

Declaró el Sr. Director abierta la sesión, y después de indicar 
el orden del acto, designó á los Numerarios Sres. Vives y Barón 
de la Vega de Hoz para hacer la introducción del recipiendario, 
que ocupó la tribuna que le estaba destinada, y al que acto con- 
tinuo se le dio la palabra para leer su discurso de Estatuto. 

Versó éste en un estudio de prehistoria titulado Los orígenes 
de la Homiuaria, y con la superioridad que sobre este género de 
estudios umversalmente se le reconoce, hizo una eruditísima re- 
lación de los progresos efectuados en el mundo científico de to- 
das las naciones, desde que en 1S29 la célebre epístola del emi- 
nente naturalista Guillermo Edwards, sobre los caracteres fisio- 
lógicos de las razas humanas, consideradas en su relación con la 
Historia, planteó el problema de la eficaz influencia de la Antro- 
pología en el esclarecimiento de las cuestiones históricas, hasta 
que en la sesión solemne del último centenario de la Academia 
alemana de Ciencias, presidida por el Emperador Guillermo, el 
famoso profesor de Fisiología de la Universidad de Jena, Dubois 
Reymont, presentó en memorable discurso el origen del hombre 
como el último de los siete enigmas indescifrables para la cien- 
cia, y que tras las teorías del renombrado profesor de Zoología 
de la Universidad de Jena Haeckel, en que lo da por resuelto por 
la genealogía, no parece ya temerario asegurar que en el orden 
de los hechos la Antropología ha logrado levantar la punta del 
velo que cubre su profundo misterio. 

El discurso del Sr. Bonilla y San Martín, al contestarle, estuvo 
a la altura del del gran profesor recipiendario, y uno y otro fue- 
ron considerados, por los nutridos aplausos de la concurrencia, 
como una gloria de la ciencia en España, que desde hoy refluye 
en las ya seculares de nuestra docta Academia. 

El acto terminó imponiendo el Sr. Director la medalla acadé- 
mica al Sr. Antón y Ferrándiz, y el Secretario accidental, con 
arreglo al párrafo cuarto del art. 42 del Reglamento, entregán- 
dole el título y un ejemplar de los Estatutos y del mismo Regla- 
mento. Después el Sr. Director le hizo sentarse entre los demás 
Numerarios, declarando con esto terminada la sesión y la solem- 
nidad de que certifico. 

Juan Pérez de Guzmán y Gallo 

Secretario accidental. 



VARIEDADES 



ÍNDICE SUMARIO DE LOS MANUSCRITOS CASTELLANOS DE 
GENEALOGÍA, HERÁLDICA Y ÓRDENES MILITARES QUE SE 
CUSTODIAN EN LA REAL BIBLIOTECA DE SAN LORENZO DEL 

ESCORIAL 

lo publica Vicente Castañeda y Alcover, 
de la Jutita Facultativa de Archivos, Bibliotecas y Museos; Archivero- 
Bibliotecario del Real Consejo de Órdenes, etc., etc. 

La utilidad que los estudios de Genealogía y Heráldica repor- 
tan al de la nacional Historia, es verdad, tan inconcusa, que no 
precisa para su demostración más que enunciarla. 

Las épocas de mayor florecimiento en nuestra Patria de los 
estudios genealógicos coinciden con el del desenvolvimiento de 
la verdadera Historia, y la crítica en este linaje de estudios debe, 
en parte principal, su origen á los Memoriales ajustados, en los 
que, demandante ó demandado, fundaban en documentos ciertos, 
que á sus escritos acompañaban, la existencia del Mayorazgo, que 
solicitaban, ó el Título, cuyo mejor derecho defendían, prescin- 
diendo en absoluto de las fábulas más ó menos literarias de las 
crónicas. 

Que en todo tiempo estos estudios fueron apreciadísimos, lo 
prueba, entre otros testimonios, el de Esteban de Garibay, quien 
en la portada de su libro Compendio historial de las Crónicas (Bar- 
celona, L. Cornelias, 1628), consigna, refiriéndose á ellas, que son 
' materia digna de saber todo hombre discreto, especialmente 
noble.» 

Para fomentar este linaje de estudios, nada más apropiado que 
el de dar á conocer los riquísimos fondos que nuestras bibliotecas 
conservan, á cuyo fin se publican estas notas bibliográficas, ade- 



MANUSCRITOS CASTELLANOS DE LA REAL BIBLIOTECA DEL ESCORIAL 345 

lantando con ello los más documentados catálogos que, induda- 
blemente, preparan los PP. Agustinos, á cargo de los que está el 
rico tesoro, que es conocido con el nombre de Biblioteca de San 
Lorenzo del Escorial. 

No quiero terminar estos renglones sin dejar de consignar mi 
gratitud por las atenciones de que les soy deudor á dichos Pa- 
dres, y de un modo especial al P. Guillermo Antolín y al P. Ju- 
lián Zarco. 

1. «Alegación 

sobre la procedencia en asiento del Embajador de España 

al de Francia». 

Manuscrito en papel. Letra del siglo xvi. Caja: 165 X IOO 
milímetros (i). 

40 hojas útiles, escritas á dos columnas. 

El tratado está compuesto en vista «de la injusticia, que se 
haze con el embaxador de V. R. M. aparentando querer el Pon- 
tífice preferir en lugar al del Rey de Francia...» 

Esta materia de etiquetas y preferencias diplomáticas tuvo 
gran auge en la dicha centuria y siguientes, siendo muchos los 
libros que con tal motivo se publicaron; recuerdo entre otros el 
de Godefroy (T.): Memoires concernans la preseance des Roys de 
France sur les Roys d ' Espagne. París. P. Chevalier, 16 14. In 4. 

El manuscrito escurialense está registrado con la signatura 
C. iv-13. 

2. Alfonso [X]. 

«Este es el libro de las Leyes, que figo el muy noble Rey 
Don , Señor de Castilla, de Toledo...» 

Códice en vitela. Letra del siglo xv. 260 X 1 90. 

180 hojas útiles, á dos columnas, capitales miniadas en los en- 
cabezamientos de cada Partida, con rojo, azul, violeta y oro bru- 
ñido, orlas de escuela florentina; en el resto del texto, los títulos 



(1) Todas las dimensiones que se citan han de entenderse en milíme- 
tros y con referencia á la caja del manuscrito. 

tomo lxx 22 



346 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

de los capítulos y reclamos en tinta roja, capitales en rojo y 
azul, usados alternativamente, combinados con adornos caligrá- 
ficos; algunos de estas capitales (las menos) tienen también com- 
binación con oro bruñido. 

Existen en esta misma Biblioteca otros manuscritos de las 
Partidas, no haciendo referencia á ellos por comprender en su 
totalidad la obra legislativa de Alfonso el Sabio, y damos cabida 
al presente en este Catálogo por versar la segunda Partida «... de 
los Emperadores e de los Reyes e de los otros grandes señores 
de la l'ierra, que la han de mantener en Justicia e Verdad», y 
contener en consecuencia multitud de disposiciones, tanto sobre 
la nobleza titulada, como referentes á los hidalgos. 

Muchas han sido las impresiones que de esta obra jurídica se 
han hecho, como demuestra la siguiente nota bibliográfica: 

I. «Las Siete Partidas de Leyes quel serenísimo e muy ex- 
cellente señor D. Alfonso rey de Castilla e de León e de gloriosa 
memoria, Nono de este nombre, fizo e mandó conpilar.» 

Sevilla. Meynardo Hugut y Langalao Polono, compañeros. 149 1 
(25 de Octubre). Letra gótica, 2 volúmenes en folio -\- I de Con- 
cordancias y adiciones hechas por Alonso Díaz de Montalvo. 

II. También de Sevilla, en el colofón se lee: «Aquestas 
Siete Partidas figo collegir el Rey D. Alfonso el Nono. En estas 
Partidas se contienen las adiciones del Dr. Diez de Montalvo.» 

Sevilla. Paulo de Colonia, Juan Pegniezer de Nuremberga, 
Magno y Thomas, compañeros alemanes. 1 49 1 (15 de Noviem- 
bre). 3 volúmenes, letra gótica, en folio. 

III. «Leyes de Partida del Rey Don Alonso el Nono». Ve- 
necia. Guido de Lavezariis y Lucca de Giunta. 1 50 1. 2 volúme- 
nes en folio. 

IV. De esta edición no hemos conseguido ni ver ejemplar,, 
ni nota bibliográfica, por más gestiones que hemos realizado; 
sólo tengo noticia de que se imprimió en Burgos en 1 5 18. 

V. «Las Siete Partidas del Rey Don Alfonso el Nono... con 
la glossa del Doctor Alfonso Diez de Montalvo.» Venecia. Gre- 
gorio de Gregoriis y L. de Giunta. 15 28. 2 volúmenes, letra gó- 
tica, en folio. 



MANUSCRITOS CASTELLANOS DE LA REAL BIBLIOTECA DEL ESCORIAL 347 

VI. «Las Siete Partidas del Sabio Rey Don Alonso nono; 
por las quales son dirimidas y determinadas las cuestiones y 
pleytos que en España ocurren... con la glossa del egregio Doc- 
tor Alonso Diez de Montalvo, que da razón de cada ley... E con 
las adiciones de todas las otras nuevas leyes, enmiendas e co- 
rrecciones...» Alcalá de Henares. Juan de Brocar. 1542. 2 volú- 
menes, en letra gótica, en folio. 

VIL «Las Siete Partidas... con la glosa de Alfonso Diez de 
Montalvo...; nuevamente corregida.» Lyon. Mateo Bonhome. 
1 5 5 o - 2 volúmenes folio. 

VIII. Corresponde al año 1555 y es conocida con el nombre 
de Autentica por haber recibido tal carácter, según Decreto 
dado en Valladolid á 7 de Septiembre de 1555! se imprimió con 
este título: «Las Siete Partidas del Sabio Rey D. Alfonso el 
Xono, nuevamente glosadas por el Licenciado Gregorio López, 
del Consejo Real de Indias de Su Magestad; con su Repertorio 
muy copioso assi de testo como de glosa...» Salamanca. Andrea 
de Portonariis. 155 5- 4 tomos en folio. De esta edición se mandó 
imprimir un ejemplar en vitela para que se custodiase en el Ar- 
chivo de Simancas, á ñn de que por su texto se hicieran las edi- 
ciones posteriores. 

IX. Con el mismo título se imprime en Salamanca, y también 
por Andrea de Portonariis, la novena edición, en el año 1 565; la 
única diferencia consiste en el número de tomos, que son ocho, 
y en el tamaño, que es en cuarto. 

X. También es de Salamanca la IO. a edición; se imprime con 
este título: «Las Siete Partidas del Sabio Rey Don Alfonso el 
Xono, nuevamente glosadas por el Ldo. Gregorio López, con su 
repertorio de glosa y del texto.» Salamanca. Domingo de Porto- 
nariis, 1576; cuatro tomos en folio. 

XI. En Valladolid se imprime la última edición del siglo xvi 
con fecha en la portada, en la que se lee: «Las Siete Partidas del 
sabio rey D. Alfonso el Nono, glosadas por el Ldo. Gregorio Ló- 
pez.» Valladolid, por Diego Fernández de Córdova. Año 1587; 
cuatro tomos en folio. Completa esta edición la siguiente obra: 
«Repertorio muy copioso del testo y leyes de las Siete Partidas, 



348 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

hecho por el Ldo. Gregorio López de Tovar.» Valladolid. D. Fer- 
nández de Córdova. Año 1588; en folio. 

XII. Aunque sin fecha de impresión, publicada sin duda en 
el siglo xvi, en sus comienzos, es la siguiente: «Las Siete Parti- 
das del Sabio Rey Don Alfonso el Nono, por las quales son dere- 
midas e determinadas las questiones e pleytos que en España 
ocurren. Con la glossa del egregio Doctor Alfonso Diez de Mon- 
talvo e con las adiciones de todas las otras nuevas leyes.» Meti- 
na (Medina del Campo). Guillermo de Milus, s. a.; dos volúme- 
nes en folio. 

XIII. La 13. a edición tiene la especial particularidad de estar 
impreso el cuerpo de la obra, esto es, su texto, en Maguncia y 
las portadas en Madrid; dice así su portada: «Las Siete Partidas 
del Sabio Rey D. Alonso el Nono, nuevamente glosadas por el 
Ldo. Gregorio López, con su repertorio muy copioso asi del tex- 
to como de la glosa.» Cuatro volúmenes en folio. Impreso el tex- 
to en Maguntia, por Baltasar Lipsius; año 1610. Impresas las por- 
tadas en Madrid, por Hapey; año 1611; esta edición es la única 
que se hace en todo el siglo xvn. 

XIV. En Valencia se publica la 14. a edición, ccn este título: 
«Las Siete Partidas de D. Alfonso el Nono (que contienen el 
texto solo), copiadas de la edición de Salamanca del año 1555 
que publico D. Gregorio López, corregida de orden del Consejo 
por los Srs. D. Diego de Morales y D. S. M. de Castro, publíca- 
las el Dr. D. losé Berni.» Valencia. José Tomás Lucas, 1758; sie- 
te tomos en 8.° 

XV. También se imprime en Valencia la 15. a edición; dice 
así su portada: «Las Siete Partidas del Rey D. Alonso el Sabio, 
glosadas por el señor D. Gregorio López del Consejo Real de 
Indias, en esta impresión se representa a la letra el texto de las 
Partidas que de orden del Consejo Real se corrigió y publicó el 
I )r. Bcrni en el año 1 758; se reimprime la glosa del Sr. Gregorio 
López por el tenor de la edición de Salamanca del año 1555 ■•• 
se han colocado en las margenes de los textos las Leyes Recopi- 
ladas y Autos acordados. En obedecimiento del Decreto del Con- 
sejo Real de 4 de Noviembre de 1759 por el Dr. D. José Berni y 



MANUSCRITOS CASTELLANOS DE LA REAL BIBLIOTECA DEL ESCORIAL 349 

Cátala, abogado de los Reales Consejos.» Valencia. Benito Mon- 
fort. Año 1767; siete tomos en folio, á dos columnas, portadas 
impresas á dos tintas. 

XVI. La 16. a edición se imprime en Madrid, con este título: 
«Las Siete Partidas del Rey Don Alonso el Nono, glosadas por 
el Ldo. Gregorio López.» Madrid. Benito Cano, 1789; cuatro vo- 
lúmenes en folio. 

XVII. La 17. a edición es también de Madrid; su título este: 
«Las Siete Partidas del Rey D. Alfonso el Sabio, cotejadas con 
varios códices antiguos por la Real Academia de la Historia.» 
Madrid. Imprenta Real. Año 1 807; tres tomos en 4. 

XVIII. Asimismo está impresa en Madrid la 18. a edición, 
que corresponde á este título: «Las Siete Partidas del muy noble 
rey D. Alfonso el Sabio, glosadas por el Ldo. Gregorio López.» 
Madrid. Compañía general de Impresores y Libreros del Reino. 
Año 1823; cuatro tomos en folio. 

XIX. La penúltima edición de las que conocemos, 19. a de 
esta serie, es de Madrid; su título reza así: «Las Siete Partidas 
del Rey D. Alonso el IX, glosadas por el Ldo. Gregorio López, 
con sus Índices y repertorios.» Madrid. L. Amarita, 1 829- 183 1 ; 
cuatro tomos en folio. 

XX. La 20. a edición, última en que el texto del inmortal 
Código ha sido publicado, está impresa en Barcelona, con este 
título: «Las Siete Partidas del Sabio Rey D. Alfonso el IX con 
las variantes de mas interés y con la glosa del Ldo. Gregorio Ló- 
pez del Consejo Real de Indias de S. M. vertida al castellano y 
extensamente adicionada con nuevas notas y comentarios y unas 
tablas sinópticas comparativas sobre la legislación española anti- 
gua y moderna, hasta su actual estado.» Barcelona. Bergues y 
Compañía, 1843-1844; cuatro tomos en 4. menor. 

El códice del Escorial está registrado con la signatura Z-I-14. 

3. [Alfonso XI.] 

«Estos son los capítulos del libro de la Vanda» [que hizo el 

Rey D. de Castilla.] 

Ms. en papel. Letra del s. xvi; 215 X 1 40; 10 hojas de texto. 



35° boletín de la real academia de la historia 

El manuscrito aparece dividido en XXV capítulos, cuyos tí- 
tulos más interesantes son: I o , «Por qual rragon se figo este libro 
de la Orden de la Yanda»; II o , «en que manera sea de facer el 
cavallero»; el VII o , «que fabla quales cosas deven guardar los 
cavalleros de la banda en su comer»; VIII o , «en el vever»; 
el XI o , «que fabla como deven facer los cavalleros... quanto al- 
gún cavallero de la vanda casare»; el XVI o , «como todos los ca- 
valleros de la vanda ayan su tierra sin descuento alguno»; el XX o , 
«En que manera an de venir los cavalleros de la vanda a tor- 
neo pregonado»; el XXIII o , «del ordenamiento del torneo»- 
el XXIIir, «del ordenamiento de la justa», y el XXV o , último 
del manuscrito, que enumera «quales son los cavalleros de la 
Orden de la Vanda», y que copiado á la letra dice así: 

«Estos son los muy noblos e muy corteses cavalleros de la 
Orden de la Vanda. 

Primeramente el rrey don alfonso de Castiella figo esta Orden 
de la Vanda. 

El Infante. Don Enrique. Don Fernando. Don Tello. Donjuán. 
Don Juan Nuñez. Don Lope. Enrique Enriquez. Julio González 
de Bagan. Pero Cariello. Suer Pérez de Quiñones. Pero Nuñez 
de Guzman. Juan Furtado. Hernán Cariello. Julio Martinez de 
Rrojas. Peralvarez de Osorio. Beltran de Gevara. Pero López de 
Padiella. Julio Tenorio. Gongalo Alfon de Quintana. Converte de 
Correllas. Julio Rodríguez de Villegas. Julio Gongalez de Baha- 
mond. Diego Pérez Sarmiento. Alfonso Tenorio. Men Rodrigue? 
de Medina. Diagomez de Toledo. Julio Fernandez Coronel. Don 
Fernán Sánchez de Yalladolid. Julio de Cervera. Sancho Sánchez, 
su hijo. Julio Rodríguez de Zifuentes. En Rodríguez Tenorio. To- 
rrejon. Pero Gongalez de Mendoza. Julio Fernandez Delgadiello. 
Alvar Gómez Moran. Gómez Carriello. Basco Alfon. Diagomez. 
Pero Ruiz Delgadiello. El señor de Camonte. Julio Ruiz de Valga. 
Juan Avarca, Gutier Fernandez, fijo de Don Fernando Sánchez 
de Valladolid, y Juan Sánchez, su hermano. 

La Orden fué instituida por Alfonso XI en el año 1 330, estan- 
do en Burgos; el traje de los caballeros que á ella pertenecían, 
según el mismo monarca consigna en su Crónica, «eran blancos 



MANUSCRITOS CASTELLANOS DE LA REAL BIBLIOTECA DEL ESCORIAL 35 1 

e la banda prieta. Et era la banda tan ancha como la mano, et 
era puesta en los pellotas et en las otras vestidutas desde el om- 
bro izquierdo asta. la falda». 

En la Real Armería de Madrid se conserva el único ejemplar 
completo del guión de la Banda Real de Castilla, ejemplar que 
perteneció al Emperador Carlos V. 

En el catálogo que redactó el Conde viudo de Valencia de Don 
Juan (Madrid, 1898, p. 343), se describe en los siguientes térmi- 
nos: «Es de damasco de seda carmesí, y lleva en ambas caras 
una banda diagonal de oro, mordida en cada extremo por un 
dragante, también de oro, sombreado lengüeteado de rojo; en los 
espacios intermedios las columnas de Hércules; de éstas una lleva 
corona imperial y la otra corona ducal; además, en lo alto una 
cinta ondeante con el lema así escrito: Plus oultre». 

La Orden de la Banda subsiste desde su fundación hasta Feli- 
pe II; restablecida por Felipe V termina con su reinado. 

Respecto al origen de la Orden, uso del guión y demás parti- 
cularidades de ella, pueden consultuarse á Gonzalo Fernández de 
Oviedo, Libro de la Cámara Real del Príncipe D. Juan; Fernán- 
dez Duro, Tradiciones infundadas, Madrid, 1888; Cababallero In- 
fante y Gestoso, Los Blasones de la Banda en los Alcázares de 
Sevilla, Sevilla, 1896, y el libro de D. Rafael Ramírez de Are- 
llano, La Banda Real de Castilla. Estudio sobre esta Orden de Ca- 
ballería y de la causa porqué el Rey D. Pedro puso los blasones de 
ella en los Alcázares de Sevilla y Carmona. Córdoba, 1899. 

Se conserva el manuscrito escurialense con la signatura Y-11- 1 3, 
folios III á 120. 

4. Ármales [Toledanos] 

«Estos hize trasladar de un libro harto antiguo, que era 

del archivo de la ciudad de Toledo, y en diversas partes... con- 
tiene principalmente lo que pasó en tiempo del Rey don Alonso 
de las Navas, y mucho antes desde la toma de Toledo hasta don 
Fernando el Santo... tanbien se vee muchas vezes como se ivan 
escriviendo estos annales en el mismo tiempo que las cosas su- 
cedían...» 



352 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

Manuscrito en papel. Letra del siglo xvi. 200 por 130. 

22 hojas útiles. 

Las noticias contenidas desde la hoja 17 (folio 239 del manus- 
crito), hacen referencia á la genealogía de los Reyes de Castilla y 
familia Real; al folio 241 comienza la de los linajes de los Reyes 
de Francia «que fueron antes de Carlos Maynet e después de 
Carlos Maynet»; sigue al 242 el linaje «de mió Cid Canpiador», 
y el de «Xono Rasura», y otras diversas noticias de escaso inte- 
rés histórico con las que termina el manuscrito. 

Publicado por el P. Flórez, en la España Sagrada, tomo xxm. 
Madrid, 1/99, págs. 38 1 -424. 

Está registrado el descrito manuscrito con la signatura L-i-l2 r 
folios 222 á 244. 

5. Blancas (Geronymo de). 

«Libro en el qual se contiene: Un breve discurso de las Coro- 
naciones de los Reyes de Aragón; de sus juras y de los princi- 
pes primogénitos que han nacido, con una declaración que va al 
fin de algunos vocablos aragoneses antiguos para que mejor se 
entiendan..., compuesto por , Chronista del Reino.» 

Ms. en papel. Letra del xvi. 1 75 X 120, xvii -\- I hoja 
sin foliar en blanco -j- 399 páginas. 

Describe este interesante manuscrito, no sólo las ceremonias 
y ritual propio de las coronaciones reales, sino que además 
trae detallada nota de los señores y magnates asistentes á ellas, 
de las mercedes concedidas por los monarcas, creación de títu- 
los, etc., etc. 

Las coronaciones de monarcas que registra son éstas: la de 
Pedro II, Pedro III, Alfonso III, Jaime II, Alfonso IV, Pedro IV, 
Juan I, Don Martín y Don Hernando I. 

De coronaciones de reinas enumera las de Doña Constanza, 
mujer de Pedro IV; la de Doña Sibila, cuarta mujer del mismo 
monarca; la de Doña María de Luna, mujer de Don Martín, y la 
de Doña Leonor, mujer de Don Hernando I. 

De coronaciones de príncipes, describe la de Jaime I; la de 
Don Alonso, hijo de Jaime I; la de Pedro IV; la de Jaime II y la 



MANUSCRITOS CASTELLANOS DE LA REAL BIBLIOTECA DEL ESCORIAL 353 

ele su hijo Don Jaime, que renunció la Corona y profesó en la 
Orden de Montesa; la de Alfonso III, Pedro IV, Juan I, Don 
Martín; la del príncipe Don Martín, rey de Sicilia; las de Her- 
nando I, Alfonso V, Juan II, Fernando el Católico, del príncipe 
Don Juan, del príncipe Don Miguel y de la reina Doña Juana, 
sus hijos; de Carlos V y de Felipe II. 

Por iniciativa del cronista de Aragón, el Dr. D. Juan Francisco 
Andrés de Uztarroz (oficio que juró en 9 de Enero de 1 647 y 
que desempeñó hasta su muerte, acaecida en 18 de Agosto de 
1653), se imprimió la obra reseñada de Blancas; de ella conozco 
estas dos ediciones: 

1. a «Coronaciones de los serenísimos reyes de Aragón», es- 
critas por Jerónimo de Blancas. Con dos tratados del modo de 
tener Cortes, del mismo autor y de Jerónimo Martel. Publícalo el 
doctor Juan Francisco Andrés de Vtarroz con algunas notas.» 
Zaragoza. Diego Dormer. 164 1, en 4. 

2. a «Coronaciones de los serenísimos reyes de Aragón», es- 
critas por Jerónimo de Blancas, cronista del reino y dedicadas a la 

5. C. R. M. del Rey Nuestro Señor Don Felipe el Prudente. Pu- 
blicó esta obra el doctor Juan Francisco Andrés de Utarroz, 
con algunas notas, y la consagra a la ilustrisima protección de 
los Diputados del Reino.» Zaragoza. M. Peiró, 1854, 4. 

El manuscrito escurialense está registrado con la signatura 
&., ni, 4. 

6. Blasón de armas. 

«Principio del o recogimiento de armas el qual tracta 

de cómo fueron halladas las armas y quiénes fueron los primeros 
inventores de ellas y por qué fin fué hallada la tal invención.» 

Ms. en papel. Letra del xvn, 245 X 135- 

80 hojas útiles. 

Es de capital importancia heráldica esta obra: en ella se tra- 
tan particulares tan interesantes como de dónde en Israel to- 
maron sus armas; quién las dio y á quiénes se dieron; de dónde 
tuvieron principio las cimeras y cómo son llamados Timbres, de 
los primeros que inventaron é hicieron Oficiales de Armas. 



354 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

De las solemnidades y ceremonias que se deben realizar para 
hacer Reyes de Armas; Qué otros, sin ser Oficiales de Armas, 
pueden traer armas en el pecho y cómo las deben traer; Trata- 
do de Armas según las leyes de Francia; Casos de traición; Ca- 
sos de menos valer. 

Tratado de Armas según leyes de Inglaterra; gaje de batalla 
según leyes lombardas; Cuatro maneras ó insignias por las cuales 
son las gentes conocidas; Ordenaciones hechas por Cario Magno 
de cómo se ha de representar en su sepultura á un noble caba- 
llero; Cómo las mujeres nobles pueden y deben traer sus Armas 
é insignias; Lista de los Reyes ungidos y coronados de Europa; 
Orden de asiento que los Reyes cristianos tienen en la corte 
de Roma. 

Los dictados y títulos del Emperador Carlos V; consigna el 
manuscrito que los títulos que le corresponden son los de César, 
Prudente, Valiente. Bien afortunado, Invicto y Vencedor de sí 
mismo. 

Se conserva el manuscrito con la signatura h-n-21, folios 
144 al 224. 

7. !Dr. Burgos de Paz.] 

«Libro de los paresceres, fundados en derecho, que se toma- 
ron de muy grandes letrados acerca de la diferencia que tuvie- 
ron el Rey D. Juan el Segundo y el Infante D. Fernando, su tío 
y otras personas, sobre la sucesión de los reinos de la Corona 
de Aragón, por muerte del rey don Martín. Año de 1412.» 

Ms. en papel. Letra del xvi. 235 >< 1 30. 

79 hojas útiles, escritas á plana entera, hasta el folio 47, en el 
que comienza el texto á dos columnas, en cuya forma sigue hasta 
el final. La primera capital miniada con rojo y azul y adornos 
caligráficos, subtítulos y calderones en tinta roja. El manuscrito 
está datado en Valladolid, año 1574. (Vid. fig. I.) 

Los dictámenes que constan en el manuscrito son de los si- 
guientes jurisconsultos: del Dr. Vicente Arias de Valbuena, 
( )bispo que fué de Plasencia, el primer glosador del Fuero Real; 
de dos hermanos, cuyos nombres son los únicos que se consig- 



MANUSCRITOS CASTELLANOS DE LA REAL BIBLIOTECA DEL ESCORIAL 355 



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Fig. 1. — Burgos de Paz: Libro délos par esseer es... 

nan, Francisco y Lope; del Dr. Martín Sánchez, del Dr. Albar 
Pérez de Sevilla, Canónigo de su Santa Iglesia, y del Dr. Gonzalo 
Gómez, Procurador Fiscal. 



35^ BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

El texto de la obra está escrito en latín. 

Consta en diferentes páginas del manuscrito (folios 53 y 59)> 
que á estos letrados se les tomó juramento por el Infante Don 
Fernando para que, conforme á justicia y derecho, dieran sus 
pareceres. 

En el folio 59 del manuscrito se consignan las cuestiones so- 
bre las que emitieron sus dictámenes. 

También se insertan al final de la obra algunos capítulos de la 
Crónica del Rey Don Juan el Segundo, en los que se hace refe- 
rencia á los dichos pareceres. 

Finaliza en esta forma: «Esta memoria sacó en brebe el Doc- 
tor Burgos de Paz, vezino de Valladolid, año de 1574»- 

Bien conocida es la contienda suscitada en Aragón con motivo 
de la herencia del Reino por muerte de Don Martín, sin sucesión, 
y el modo admirable como fué resuelta en el Compromiso de 
Caspe, hecho tal vez el más glorioso de la Historia española en 
cuanto consagra el respeto al derecho y la justicia en época en 
que la violencia y la fuerza se enseñoreaba de los pueblos. 

Para que rápidamente se pueda observar el derecho de los 
pretendientes á la sucesión, redacto el árbol genealógico que 
sigue: 



MANUSCRITOS CASTELLANOS DE LA REAL BIBLIOTECA DEL ESCORIAL 357 



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El manuscrito escurialense está registrado con la signatu- 
ra, f-l-2. 

8. Calatrava. 

«Principio de la Orden de ». 

Manuscrito en papel. Letra del siglo xvn. 245 X 130. 
3 hojas útiles. 



358 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

Al final del manuscrito: «Siguense las encomiendas de la Orden 
y lo que valen cada una». 

Las que poseía Calatrava en el Reino de Valencia eran: Bechí T 
Castel de Castells y Burriana. 

Como indicación de obras que pueden servir de consulta para 
el estudio del origen, desarrollo e influencia de la Orden de Cala- 
trava, formamos la siguiente lista: 

Alvarez Araujo (A.): «Recopilación histórica de las cuatro Or- 
denes Militares». Madrid, 1865 y 1 87 1, y un apéndice impreso 
en 1873. 

Caro de Torres (Fr.): «Historia de las Ordenes Militares». Ma- 
drid, 1637. 

Faxardo y Acevedo (A.): «Origen de todas las Religiones ecle- 
siásticas y militares». Madrid, 1671. 

Fernández Llamazares (J.): «Historia de las Ordenes Militares». 
Madrid, 1 862. 

García (F.): «Indicador de las Crónicas eclesiásticas y militares 
de España». Madrid, 1899. 

Guillamas (M.): «Historia de las Ordenes Militares». Ma- 
drid, 1 85 1. 

Hermosa de Santiago (F.) «Una visita á Calatrava la Nueva, 
breve reseña históricas de aquellas ruinas». Madrid, 1879- 

Mascareñas (G.): «Apología histórica por la Ilustrísima Religión 
y ínclita Caballería de Calatrava; su antigüedad, su extensión, 
sus grandezas...» Madrid, 1651. 

Mendo (A.): «De Ordinibus militaris». Salamanca, 1657. 

Pérez Tafalla (J.): «Idea de las Ordenes Militares y de su Con- 
cejo». Cádiz, 18 1 3. 

Pineda (P.): «Obligaciones y excelencias de las tres Ordenes 
Militares». Madrid, 1643. 

Rades (F.): «Historia de las tres Ordenes». Toledo, 1572. 

Ramírez de Arellano (R.): «Catálogo bio-bibliográfico de los 
escritores que han sido individuos de las cuatro Ordenes Mili- 
. Madrid, 1 894. 

Uhagón (F.): «índice de los documentos de la Orden de Cala- 
trava existentes en el Archivo Histórico Nacional». Madrid, 1899. 



MANUSCRITOS CASTELLANOS DE LA REAL BIBLIOTECA DEL ESCORIAL 359 

Uhagón (F.) y Vignau (V.): «índice de pruebas de. los caballe- 
ros que han vestido el hábito de Calatrava, Alcántara y Monte- 
sa». Madrid, 1903. 

Con la signatura h-n-21, folios 86 á 89, se conserva en el Es- 
corial el manuscrito. 

9. Calatrava. 

[Calendario, Oficio, Ceremonias, Constituciones y Definiciones 
de ta Orden de Caballería de ]. 

Manuscrito en papel. Letra del xvi. 148 X 105. 

45 hojas útiles; capitales y títulos de los capítulos con tinta roja. 

Empieza el manuscrito con el calendario, que ocupa hasta el 
folio 5, en el que comienza las Oraciones que deben rezar los ca- 
balleros y en qué días, las que termina en el folio 1 3 vuelto; en 
el 14 comienzan las Definiciones de Don Guillermo Abad, 
hechos en tiempo de Don Rodrigo Téllez Girón, Maestre de la 
Orden, quien fué elegido en el año 1 466, cuando sólo tenía ocho 
años de edad, gobernando la Orden durante diez y seis años. 

Comprende la obra cuarenta y seis capítulos, que finalizan en 
el folio 40 del manuscrito, y desde éste al final se insertan Ora- 
ciones y establecimientos de la obligaciones inexcusables á los 
Caballeros de la Orden. 

De las ediciones de los Establecimientos y Definiciones de Ca- 
latrava conozco estas tres ediciones: 

I. «DefTiniciones de la Orden y Cavallería de Calatrava, con 
relación de su institución, Regla y Aprobación». Madrid, 15/6. 

II. «DefTiniciones de la Orden y cavallería de Calatrava con- 
forme al capitulo general celebrado en Madrid año de m. dc. lii». 
Madrid, 1661. 

III. «Definiciones de la Orden y Cavallería de Calatrava...» 
Madrid, 1748. 

El manuscrito escurialense se conserva con la signatura P-111-18. 

10. Cartagena (Alonso de). 

«Genealogía de los Reyes de España, escrita en latín, por 
el Revd.° Sor. Obispo de Burgos. Traducida al román- 



360 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

ce y adicionada por el honrado caballero Juan de Villafuerte.» 
Ms. en papel. Letra del xvi. 220 X III, 19/ hojas útiles, en 
las que se comprende desde los primeros fundadores de España 
después del Diluvio hasta el reinado de Don Enrique IV, inclu- 
sive, que es el capítulo lxxxv, último de la obra. 

Las adiciones de Villafuerte están escritas en las márgenes 
que deja libre la caja de escritura del manuscrito, cuya caja, se- 
gún la extensión de las ediciones, ó tiene la medida antes indi- 
cada ó reduce el tamaño. 

Se conserva con la signatura X-n-23, folios I á 197. 

11. Cartagena (Alonso de). 

«Proposición que el muy reverendo Padre e Señor Obis- 
po de Burgos figo contra los yngleses, seyendo enbaxador en el 
Congilio de Basilea, sobre la preheminencia, que el Rey ntro 
Sseñor ha ssobre el Rey de ynglaterra. La qual a ruego del se- 
ñor Johan de Ssilva, Alférez Mayor del dicho Señor Rey e su 
embaxador conpañero con el dicho Señor Obispo en la dicha 
embaxada el tornó de latin en romange.» 

Códice en vitela. Letra del xiv. 190 X 130. 21 hojas útiles, 
capitales en violeta y rojo, usados alternativamente. 

Estas cuestiones de etiqueta y procedencia á que hace refe- 
rencia el manuscrito fueron de verdadera importancia cancille- 
rescas en los siglos xiv al xvn; el Papa Julio II, por su Bula de 
1504, pretendió dirimir estas contiendas, finalizadas muchas ve- 
ces en verdaderas luchas sangrientas, determinando el orden de 
preferencia de los reyes cerca de su Trono en esta forma: Em- 
perador de Alemania, Rey de Roma, los de Francia, Castilla, 
Aragón, Portugal, Inglaterra, Sicilia, Escocia, Hungría, Navarra, 
Chipre, Bohemia, Polonia, Dinamarca, la República de Venecia, 
Confederación 1 lelvética, Duque de Bretaña y Borgoña, Electores 
palatinos de Sajonia y Brandenburgo, Archiduque de Austria, 
Duque de Saboya, Gran Duque de Florencia y Duques de Milán, 
de Baviera y de Lorena. 

El manuscrito escurialense está registrado con la signatura 
h-n-2 2, folios 137 al 158. 






Bol. de la R. Acad. de la Hist. 



s t>0 
T. LXX, -C>-o IV.— Lám. IV. 




alonso de Cartagena: «doctrinal de caballeros» 



MANUSCRITOS CASTELLANOS DE LA REAL BIBLIOTECA DEL ESCORIAL 36 1 

12. Cartagena (Alonso de). 

«Este es traslado de una solene preposición que Don , 

Obispo de Burgos, hizo contra los ingleses siendo embaxador en 
el Concillio de Basilea sobre la preminencia que el Rey ntro se- 
ñor a sobre el Rey de Inglaterra, la que a ruego del señor Juan 
de Silva, Alférez Mayor de dicho Sr. Rey y su compañero en la 
embaxada, tornó del latín en rromance.» 

Ms. en papel. Letra del xvi. 228 X 1 5 5> 3 2 hojas de texto. 

Registrado con la signatura Z-111-2, folios 48 á 79. 

13. Cartagena (Alonso de). 

«Respuesta de una letra e question que el Señor don yñigo 
López, marques de Ssantillana, enbió al Reverendo padre Sse- 

ñor don , Obispo de Burgos, sobre el acto de la cava- 

lleria.» 

Códice en vitela. Letra del xiv. 190 X 120. IO hojas útiles; ca- 
pitales en tinta roja, excepto la primera que lo es en tinta violeta. 

Aparte otras interesantes materias, se trata en la obra: «de 
quanta sea la dignidad deste oficio de cavalleros e sus prehemi- 
nengias e perrogativas, e venido de las huestes que oficio sea el 
suyo en la cibdad.» 

«E por quales ragones este oro que traen los cavalleros en 
collares, en gintas, en espadas, en espuelas y en otras cosas mas 
que los otros lo devan traer.» 

El manuscrito se conserva con la signatura h-n-22, folios 127 
á 137- 

14. [Cartagena, Alonso de.] 
«Doctrinal de Caballeros.» 

Códice en vitela. Letra del xv. 175 X 120. Cuatro hojas sin 
foliar de índice + 276 de texto; las capitales correspondientes á 
las páginas orladas están miniadas con rojo, azul y oro; la del 
texto en rojo y azul, usados alternativamente; calderones y títu- 
los de los capítulos con tinta encarnada. 

Miniaturas en negro en los folios I, 92 (vid. lám. iv), 180 y 
232, alusivas todas ellas á las costumbres de los nobles. 

TOMO LXX 23 



362 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

El códice está expurgado por la Inquisición. Conozco las si- 
guientes ediciones: 

I. «Doctrinal de los caballeros.» En que están copiladas cier- 
tas leys e ordenancas que están en los fueros e Partidas de los 
reinos de Castilla e de León tocantes a los cavalleros e fijosdal- 
go. Burgos. Fadrique de Rasilea, 1487; en folio. 

II. «Doctrinal de caballeros.» Sevilla, 1492.» Cita esta edi- 
ción Méndez en su Tipografía, página 93, núm. 36, y de él la 
toma Hain, quien la describe en su Repertorium bibliographicwn 
con el núm. 4.539- 

III. «Doctrinal de caballeros.» Burgos. Juan de Burgos, 1497; 
en folio. 

El manuscrito escurialense está registrado con la signatura 
h-in-iv. 

15. Cavalleros de Christus. 

«La Orden de los de Portugal.» 

Manuscritos en papel. Letra del xvn. 245 X 130. Una hoja 
útil, de la que ocupa únicamente la mitad inferior. Es una su- 
maria noticia de la Orden, que debió su origen al Rey de Portu- 
gal Don Dionisio VI en el año de 1218, y á la necesidad de con- 
tener las incursiones de los moros, suprimida que fué la Orden 
del Temple. Obtuvo la aprobación del Papa Juan XXII, en 1 3 19, 
quien dio á los caballeros, para su observancia, la regla de San 
Benito; la divisa de los dichos caballeros es Cruz patriarcal de 
oro, esmaltada de gules y sobrecargada con otra Cruz de oro, que 
se lleva pendiente del cuello, con triple cadena del mismo metal. 

Signatura del manuscrito, h.-n-2I, folio 1 1 8, vuelto. 

16. «Coronación 

de los Reys y Rey na destros Señoríos.» 

Manuscritos en papel. Letra del xv. 256 X 180; dos hojas. 
Es una relación muy detallada de las ceremonias celebradas 
en Pamplona en 15 de Marzo de 1429, con motivo de la corona- 
ción de los reyes Donjuán y Doña Blanca de Navarra, no sólo 
interesante por la materia de que versa, sino por traer noticia 



MANUSCRITOS CASTELLANOS DE LA REAL BIBLIOTECA DEL ESCORIAL 363 

de cuantos nobles y señores asistieron al acto, cargos que des- 
empeñaban, su indumentaria, etc. 
Signatura N-1-T3, folios 214 á 2l6. 

17. Culiacan. 

«Memoria de los vezinos de la provincia de que son 

conquistadores e assi que tienen yndios, como de los que no los 
tienen.» 

Ms. en papel. Letra del xvi. 250 X 120. 

3 hojas. 

Contiene numerosas indicaciones sobre los conquistadores que 
acompañaron á Ñuño de Guzmán en su expedición el año 1 53 1, 
en cuya fecha fundó con el nombre de San Miguel, á la orilla de 
un pequeño río que luego se junta con el Umaya, junto á la an- 
tigua Huicolhuacan, una de las estaciones de la nación azteca; á 
poco de realizada la fundación de la villa sobrevino la peste en 
el ejército, y desertando muchos de él, hubo de marchar Ñuño 
de Guzmán á pedir á otras comandancias los víveres, municiones 
y armas que le faltaban, dejando el cuidado del territorio y tropa 
á Francisco Vázquez Coronado. 

Culiacan fué provincia y Alcaldía Mayor del Reino de Nueva 
Galicia. 

El manuscrito escurialense se conserva registrado con la sig- 
natura &-11-7, folios 451a 454. 

18. Emperadores. 

Nota de los , Papas, Reyes, Señores de Alemania, Fran- 
cia, Flandes, España, etc. 

Ms. en papel. Letra del xvi. 267 X I /O. 

I hoja, de escaso interés, pues se reduce á una simple enume- 
ración cronológica. 

Signatura &-11-7, folio IIO. 

19. Escudos. 

«De los de las Armas.» 

Ms. en papel. Letra del xvn. 230 X 1 3o. 



364 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

3 hojas, en las que se compendian las reglas del Blasón sobre 
esmaltes y colores, formas y dimensiones de los escudos, Cruz 
de San Andrés, etc. 

Signatura: h-ii-2I, folios 3/8 á 381. 

20. Executoria. 

Sobre carta de de la hidalguía de Francisco de Frías, 

vecino de la Villa de Olivares. 

Ms. en vitela. Letra del xvn. 2IO X 125. 
70 hojas, falto de la primera ó portada. 
Signatura J-i-/. 

21. Fernández de Oviedo y Valdés (Gonzalo). 

«Cathalogo Real de Castilla y de todos los Reyes de las Espa 
ñas e de Ñapóles y Secilia. E de los Reyes y Señores de las Ca- 
sas de Francia, Austria, Flolanda y Borgoña, de donde proceden 
los quatro abolorios de la Cesárea Magestad del Emperador Don 
Carlos nuestro Señor, Rey e Señor de las Españas. Con relación 
de todos los Emperadores y .Sumos Pontífices, que han sucedido 
desde Julio Cesar, que fue el primer Emperador y desde el Após- 
tol San Pedro, que fue el primo Papa hasta este año de Xpo de 
\i. i), xxxii años.» 

Ms. en papel. Letra del xvi. 280 X 202. 

454 hojas, con escudos miniados en el texto, estandartes y 
banderas nacionales y extranjeras, árboles genealógicos, etc.; 
capitales con tinta roja con adornos de rasgueo; á la vuelta de la 
portada, Escudo de Armas del Emperador Carlos V.; folio pri- 
mero, al recto las Armas de España. 

Es tal vez una de las mejores obras del autor, que mereció 
grandes elogios de Argote de Molina, quien se los consagra en 
su Nobleza de Andalucía. 

Aparece registrado con la signatura h-1-7. 

22. Fernández de Oviedo y Valdés (Gonzalo). 

«Libro de la Cámara dd Principe Don Juan, primogénito que 
fue de los Reyes Católicos.» 



MANUSCRITOS CASTELLANOS DE LA REAL BIBLIOTECA DEL ESCORIAL 365 

Manuscrito en papel. Letra del xv. 125 X 75- 
109 hojas; al folio IO/, firma autógrafa de Gonzalo Fernández 
de Oviedo. (Vid. fig. 2.) 



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Fig. 2.— Gonzalo Fernández de Oviedo: Libro de la Cámara... 

No sólo da noticia de la organización y atribuciones de los dis- 
tintos oficiales al servicio del Príncipe, sino que enumera los li- 
bros y escrituras que se hallaron en la dicha Cámara. 

Fué publicado por los Uibliófilos españoles con este título: 

«Libro de la Cámara real del Principe Don Juan e offigios de 
su casa e servigio ordinario». Madrid, 1870. 

be conserva con la signatura e-ix-8. 



366 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

23. Formulario 

para dar el Título de Duque, Conde o Marqués] 

Manuscrito en papel. Letra del xvi. 190 por IÓO. 

I hoja escrita al recto. 

Juzgamos tan interesante su contenido, que copiamos á conti- 
nuación el texto. 

«Don Carlos & a . Por hazer bien y merced a vos F. acatando 
los muchos y buenos y leales servicios que nos aveis hecho y es- 
peramos que nos haréis de aqui adelante y por vos mas honrrar 
y sublimar y que los dichos vuestros servicios quede memoria, 
tenemos por bien y es nuestra merced y voluntad, que agora y 
de aqui adelante vos podáis llamar e yntitular e vos llamedes e 
yntituledes e vos hazemos e yntitulamos Marques de... y Por esta 
nuestra Carta mandamos al limo. Principe Don philipe nuestro 
muy caro y amado hijo y a los infantes, perlados, duques, marque- 
ses y condes, ricos homes, maestres de las hordenes, priores, co- 
mendadores, subcomendadores, alcaydes de los castillos y casas 
fuertes y llanas y a los nuestro Consejo, Presidentes e Oydores de 
las nuestras Audiencias, alcaydes y alguaziles de la nuestra Casa 
y Corte y Cancillerías y a todos los consejos, corregidores e asis- 
tentes, governadores y otras qualesquier nuestras justicias y per- 
sonas de qualquier estado, condición, preheminencia o dignidad 
que sean nuestros vasallos subditos y naturales, asi a los que agora 
son como a los que serán de aqui adelante y a cada uno y qual- 
quier dellos, que vos ayan y tengan y llamen Marques de... y vos 
guarden y hagan guardar todas las honrras, gracias, mercedes, 
franquegas y libertades, preheminencias, cirimonias y otras cosas 
que por razón de ser Marques deveis aver y gozar y vos deven 
ser guardadas de todo bien y cumplidamente en guisa que vos no 
mengüe en de cosa alguna y si dello quisieredes nuestra Carta de 
Privilegio, mandamos a nuestro Canciller y notarios y scrivanos 
mayores y a los otros nuestros oficiales que están a la tabla de 
nuestros sellos, vos la den, libren y pasen la más bastante, que les 
pidieredes y menester ovieredes, de lo qual mandamos dar la pre- 
sente firmada de Mi el Rey y sellada con nuestro sello; dada en...» 

Registrado con la signatura L-i-12, folio 266. 



MANUSCRITOS CASTELLANOS DE LA REAL BIBLIOTECA DEL ESCORIAL 367 

24. Galíndez de Carvajal [Lorenzo]. 

«Los que agora son del Consejo Real, asi absentes como pre - 
sentes y las partes que cada uno tiene para saber bien governar 
es todo de la manera que se sigue». 

Manuscrito en papel. Letra del xvi. 265 X 145. 

2 hojas útiles, en las que se contienen datos biográficos y ge- 
nealógicos, así como de la ciencia y letras del Presidente Rojas, 
del Dr. Oropesa, del Lid. C,apata, del Lid. Santiago, del Lid. 
Polanco, del Dr. Palacios, del Lid. Vargas, del Lid.° Aguirre, de 
Don Alonso de Castilla, del Dr. Cabrero, del Dr. Beltrán, del li- 
cenciado Galla, del Lid.° Acuña, del Dr. Guevara, del Dr. Tello 
y del Fiscal Pero Ruiz. 

El manuscrito fué publicado el año 1842, en el tomo I,° de los 
«Documentos inéditos para la Historia de España». 

Se conserva en la Biblioteca del Escorial, con la signatura 
&-11-7, folios 115 y 116. 

25. [Galíndez de Carvajal, Lorenzo.] 

[Alegaciones en derecho sobre Mayorazgos y confiscación por 
el Fisco de los bienes que los constituyen por el Dr. ] 

Manuscritos en papel. Letra del xvi. 245 X 1 10, 266 hojas, en 
cuyo texto se contienen y resuelven multitud de cuestiones jurí- 
dicas sobre la naturaleza de los Mayorazgos, sus clases, posibili- 
dad de agrupar y unir las vinculaciones, etc.; escritos estos in- 
formes en su mayoría en castellano, el resto en latín. Este ma- 
nuscrito perteneció á la librería de D. Pedro Ponce de León, 
estando registrado con la signatura d-11-4. 

26. Gracia Dei [Pedro]. 

«Coplas que hizo de. los reies de Castilla.» 

Manuscritos en papel. Letra del xvn. 245 X /O, dos hojas. 
Emp. a «Pelayo fue restaurante». 
Acab. a «los dos bien aventurados». 
Signatura I1.-11-2 1, folios 1 12 y 1 1 3. 



363 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

27. (Gracia Dei, Pedro. ] 

«Copla de las reinas que an heredado en Castilla.» 

Manuscritos en papel. Letra del xvn. 245 X /O, una hoja. 

Emp. «Igeria nombre le dio.» 

Ac. «perfección de todas ellas.» 

Signatura h-n-2I, folio 113, del que ocupa su centro. 

28. [Gracia Dei, Pedro.] 

«Copla de los reies que a havido en Aragón asta el rei Don 
Juan.» 

Manuscritos en papel. Letra del xvn. 245 X /O. 

Emp. «Quatro fueron los Gargias.» 

Ac. «Dos Ramiros más luzieron.» 

Signatura h-n-21, folio 1 13, del que ocupa los diez renglones 
finales. 

• 

29. García de Salazar, Lope. 

[De los linajes de España por , con adiciones del 

Dr. Lorenzo Galindez de Carvajal.] 

Manuscrito en papel. Letra del xvi. 270 X 15 o » 3^8 hojas. 

Al folio 318 comienza la adición del Dr. Galindez «de los Va- 
rones de Castilla, de quienes no hace mención Hernán Pérez de 
Guzman, que están al fin de la Crónica del Rey D. Juan II». 

Los linajes que se describen en el manuscrito son los siguientes: 

Abellaneda. Acuña. Aguilar. Aguirre. Agoaga. Alva. Alnís. 
Arellano. Andrave. Ayala. Arizaga. Ayangis. Ayarca de Lequei- 
tio. Araucinyaga. Aproca. Arbolacha. Artundaga. Avendaño de 
Vizcaya. Azua. 

Belasco. Baqueta. Basurto. Butrón. 

(¡aldivar. Calderones. Calludis. Cangrones. (Jerda. (Jerza. Qur- 
baran. Qugasti. Condes de Carrion. Cumelcu. Collacos. Calle. 

Davalos. 

( Kildagano. Gamboa. Gecho. Girones. Guzmanes. 

Haro. 

Largacha. Largachen. Laredo. Legigamo. Lecama. Leyba. Ley- 
gaga. Luna. Llano. 



MANUSCRITOS CASTELLANOS DE LA REAL BIBLIOTECA DEL ESCORIAL 369 

Manrique. Maugeta. Madriaga. Margaría. Marquina. Marroqui- 
nes. Matiergo. Mendoga. Medinaceli. Mugica. Menoca. Muñato- 
nes. Murga. * 

Osorio. Oñes. Ogoate. 

Padilla. Palacio. Pedriga. Pimentel. 

Portocarrero. 

Quiñones. 

Ralus. Rojas. Retuerto. 

Salagar. Sandoval. Salgedo. Sarmiento. Sanperque. Sargami- 
naga. Sanpelayo. Sayavedra. Sotomayor. Sopelana. Susunaga. 
Stuñiga. 

Tobar. Turiaga. 

Ungeta. Urcugu. Urdabay. Urquiga. 

Vedia. Vutron. Vega. Vañales. Villela Velendi. 

Ybargoen. Ybarguen. Ybarguen de Durango. Yrasi. 

La mayoría de los linajes cuyos escudos y genealogía se des- 
criben son de las Vascongadas y Navarra; D. Ciríaco Miguel 
Vigil, en su Heráldica Asturiana, indica haber visto, en poder 
de D. Sebastián de Soto Cortes, un manuscrito de García Salazar, 
titulado «De qué generaciones se pobló Vizcaya e de donde 
cobró este nombre de sus armas», en folio, letra del siglo xvi. 

En el catálogo de la Biblioteca de Heredia se describe al nú- 
mero 3-457 otro manuscrito del mismo autor titulado «Libro de 
linajes y guerras de Bizcaya y sus montañas y de otras cosas 
curiosas de Castilla». 82 hojas en folio. Letra del xvn. 

Las Adiciones del Dr. Galindez de Carvajal se publicaron en 
el tomo xviii de la «Colección de Documentos inéditos para la 
Historia de España». 

El manuscrito escurialense procede de la librería de D. Pedro 
Ponce de León, está registrado con la signatura &-11-12. 

¿30. Genealogía. 

de la Reina de Francia, dicha Catalina de Médicis 

e del origen desta Casa de Médicis.» 

Manuscrito en papel. Letra del xvn. 265 X 140, dos hojas. 

Signatura h-n-21, folios 224 y 225. 



370 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

31. Genealogía. 

«Relación de la de Doña Juana de Zúñiga, mujer que 

fue de Don Alonso de Castilla, viznieto del Rey D. Pedro.» 

Manuscrito en papel. Letra del xvn. 294 X 200, tres hojas, 
escritas á dos columnas. 

Al folio 35 del tomo (11 de la obra), trae relación de los «hijos 
del Ynfante don Juan, Doña Beatriz e Doña María». 

Signatura J.-11-8, folios 33 vuelto á 36. 

32. Genealogía. 

«La de Sant Isidoro, con la declaración del grado de 

consanguinidad que con los Reyes de España tiene y principal- 
mente con la Magestad del Rey Don Phelipe 2 o , nuestro señor.» 

Manuscrito en papel. Letra del xvi. 190 X 145, 24 hojas, es- 
critas á dos columnas y con letra de dos manos; una de ellas pa- 
rece de Alvar Gómez de Castro. 

Signatura b-in-I, folios 173 á 1 57. 

33. Genealogía. 

«Este es el árbol de la de los Reyes de España, 

después que los godos fueron señores della, desde el primer 
Rey llamado Athanarico fasta el Rey don enrrique quarto se- 
gún se contiene de suso e algunos santos quen sus tienpos flores- 
cieron.» 

Códice en vitela. Letra del xv. 205 X 14°) 16 hojas á dos co- 
lumnas, capitales en rojo con adornos de rasgueo; en el texto ár- 
boles genealógicos con grabados de reyes, santos y nobles. 
(Vid. lám. v.) 

Signatura h-u-22, folios HOá 126. 

34. Generaciones. 
«Libro de las ». 



Ms. en papel. Letra del xv. 232 X 165. 

21 hojas de texto, capitales y calderón en tinta encarnada; al 
folio 19 consiga «aqui fablamos del linage de los reyes de Cas- 
tilla»; en el 20 trata del de los «reyes de Aragón»; al 21, ó «del 



Bol. de la R. Acad. de la Hist. 



V 



T. LXX.-C.no IV.— Lám. V. 



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GENEALOGÍA DE LOS REYES DE ESPAÑA 



MANUSCRITOS CASTELLANOS DE LA REAL BIBLIOTECA DEL ESCORIAL 37 1 

linage de Ruy Díaz el Campeador»; al 21 vuelto, de los «Reyes 
de Portugal» y al 22, «de los Reyes de Francia.» 

Finaliza el manuscrito: «qui scripsit scribat, semper cum Do- 
mino bivat...» «Martinus de Larraya vocatur adeo benedicatur.» 

Signatura: N-1-13, folios 9 á 30. 

35. Gracián (Antonio). 

«Declaración de las Armas de San Lorenzo el Real.» 
Ms. en papel. Letra del xvni. 265 X 155- 
44 hojas -rf- i lámina con el escudo de San Lorenzo. 
Signatura: &-11-Í. 

36. Hernández de Mendoza (Diego). 

«Blasones de las Armas de los nobles, hijos dalgo, de los rre- 
yes de Castilla y de otros rreyes y príncipes que ay por el 
mundo.» 

Ms. en papel. Letra del xv. 140 X 90. 

VI -|- 228 hojas, capitales y títulos de capítulo con tinta roja; 
en el texto, multitud de escudos miniados muy toscamente. In- 
completo. Comienza la obra con unos capítulos preliminares de- 
dicados á exponer los elementos de la ciencia heráldica, y en los 
sucesivos describe las armas y linajes de diferentes familias y so- 
beranos por este orden 

El Preste Juan de las Indias, Reino de Jerusalem, Emperador 
de Constantinopla, Rey de Chipre, Maestre de Rodas, Empera- 
dor de Alemania, Rey de «Ungría», Armas del Duque de Frisa, 
Rey de Bohemia, Suecia, Noruega, Francia e Inglaterra, Rey de 
Ibernia, Ciudad de Roma y Rey de Ñapóles, Duque de Milán, 
Rey de Sicilia, Rey de Navarra, Aragón, Portugal, Castilla, Ar- 
mas de los linajes de los Maneles, Cerda, Enrique/, del Duque 
D. Alonso de Aragón, del Señorío de Vizcaya, llaro, Lara, Gue- 
vara, Mendoza, Mendoza de Sevilla, Hurtado, Ayala, Salazar, 
Velasco, Ceballos, Solórzano, Gumiel, Medrano, Basarte, 1 tugar- 
te, Qárate, Manriques, Stúñiga, Orozco, Rojas, Padilla, Tovar, 
Herrera, Lasso de la Vega, Castañeda, Busto, Isla, Contreras, 
Obregón, Vallejo, Tosantos, Salcedo, Cordoncillo, Castañeda 



37 2 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

(otro linaje), Ouevedo, Venero, Obregón (otro linaje), Vallejo, 
Cartagena, Vargas, las de D. Pero Fernández de Lorca, de Don 
Pero Núñez de Toledo, del Duque D. Beltrán, de Doña Loonor 
de Cisneros, Castro, Sotomayor, Ribera, Sayavedra, Marín, Mesa, 
Maldonado, Fajardo, Figueroa, Moscoro, Pardo, Parada, Ponte, 
Ulloa, Ouiroga, Andrade, Chacón, Vivero, Cornado, Cordido, 
Campano, Guzmán, Florez, Ponges de León, Ossorio, Villalobos, 
Quiñones, Barrientos, Villares, Reynoso, Meneses, Prado, Gi- 
rón, Avellaneda, Pimentel, Cabeca de Vaca, Scobar, Delgadillo, 
Avila, Bracamonte, Valderrábano, Penalosa, Toledo, Carrillo, 
Dávalos, Barroso, Gaytán, Palomeque, Gudiel, Qerbato, Silva, 
Calderón, Pantoja, Jofré, Sosa, Hoces, Viso, Luxan, Luzón, Qa- 
pata, Albornoz, Acuña, Pacheco, Coello, Alarcón, Jarava, Daga, 
Montoya, Rovira, Romo, La Torre, Moya, Calatayud, Peralta, 
Mesa, Minguerez, Cárdenas, Luna, Morales, Verdejo, Fonseca, 
Cerezuela, Torquemada, Hinestrosa, Ángulo, Aguayo, Vanegas, 
Luzón, Mesa, Perea, Torres de Jaén, Byedma, Armas del Con- 
destable D. Miguel de Lucas, Arias, Solís, Tenorio, Coronel, Bo- 
canegra, Sandoval, Careaga, Rapado, Qerbantes, Pavía, Herrerue- 
lo, Saldaña, Barba, Barrio, Leyva, Benavias, Rangeles y Cedrón. 
Registrado con la signatura Q-iv-g. 

37. Información 

sobre cuyo es el derecho de la Isla de langarote y con- 
quista de las Canarias, hecha por comisión de los Reyes Católi- 
cos Don Fernando y Doña Isabel.» 

Vis. en papel. Letra del xv. 21 5 X 155- 

299 hojas. 

Es traslado auténtico de la información, autorizada con la fir- 
ma y signo del Escribano Fernán Pérez; consta que de este ma- 
nuscrito, por orden de S. M., se dio copia simple el año 1739 al 
Marqués de la Regalía, Consejero de Indias, y que en el año 
1753, habiéndose pedido por el Conde de la Gomera algunas no- 
ticias sobre la conquista de estos territorios para fundamentar 
derechos sobre los mismos, se le remitió á la denegación que en 
1740 se hizo al Marqués de la Regalía. 



MANUSCRITOS CASTELLANOS DE LA REAL BIBLIOTECA DEL ESCORIAL 373 

Se conserva este interesante manuscrito con la signatura x 
s=s 11 s=s 26. 

38. «Informaciones 

— que se hicieron para la profesión del Dr. Benito Arias 
Montano, en la Orden de Santiago.» 

Manuscrito en papel. Letra del xvr = 273 X 185. 

3 hojas; son copia coetánea á las informaciones que se practi- 
caron en el año 1560 por el Bachiller Juan Alonso, Cura de Ca- 
beza de Vaca, y Francisco López, Cura de la Calesa, cumpliendo 
la comisión encomendada por D. Cristóbal de Villamirán, Prior 
del convento de San Marcos de León. 

El original de estas informaciones se conserva en el Archivo 
Histórico Nacional, en cuyo expediente consta no se despacha- 
ron por fallecimiento del pretendiente en el año 1643. 

Aunque ajeno á la índole de este trabajo, es tan culminante 
la labor llevada á cabo por el esclarecido Arias Montano, que 
juzgamos interesante anotar una lista de sus obras para poder 
juzgar lo que su nombre y estudios representan en la cultura es- 
pañola: 

I. «Biblia Sacra Hebraice, Chaldaice, Graece et Latinae». 
Amberes. Cristóbal Plantino, 1569-157 2 ; se ¡ s volúmenes en 
folio. 

II. «Lexicón graecum et institutiones linguae graecae ad sa- 
cri Apparatus instructionem». Amberes. C. Plantino, 15/2; en 
folio. 

III. «Idiotismos comunes y familiares á la lengua sagrada, 
acomodados á la traducción de la Biblia de Paganini». Amberes. 
C. Plantino, I57 2 ¡ en folio. 

IV. «Commentaria in XII. Prophetas». Amberes. C. Planti- 
no, 1571; en 4. . 

V. «Correctorium Indicem librorum, iussu Philippi regis et 
Albani Ducis, Belgarum prefecti». Amberes. C. Plantino, 1572; 
en 8.°. 

VI. «Dictatum Christianum, sive Communes et aptae Disci- 
pulorum Christi omnium partes...» Amberes. C. Plantino, 1575- 



374 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

De esta obra existe traducción francesa, impresa en Amberes el 
año I 579, y otra castellana, hecha la traducción por Pedro de Va- 
lencia, impresa en Madrid en I/39- 

VIL «Itinerarium Benjamín Tudelensis Judaei». Amberes. 
C. Plantino, I 575- Se reimprime en Lyón en 1 633. 

VIII. Elucidationes in omnia Sanctorum Apostolorum scrip- 
ta...» Amberes. C. Plantino, 1575- Se reimprime en el mismo lu- 
gar, año I 588. 

IX. «De optimno imperio sive in lib.Josuae Commentarium». 
Amberes. C. Plantino, 1583. 

X. «De varia República, sive commentaria in librum Ju- 
dicum». Amberes, 1 59-- 

XI. «Antiquitatum judaicarum libri ix». Leyden. Imprenta 
Plantiniana, I 593- 

XII. «Líber generationis et regenerationis Adam». Amberes. 
Viuda de Moreto, 1593. 

XIII. Commentaria in Esaiae Prophetae sermones». Ambe- 
res. Moreto, 1 599. 

XIV. «Xaturae historia, prima in magni operis corpore 
pars...» Amberes. Moreto, 1601. 

XV. «Commentaria in xxxi Davidi psalmos priores». Ambe- 
beres. J. Moreto, 1605. 

XVI. «Novum Testamentum graecum, eum vulgata inter- 
pretatione latina...» Ginebra. Pedro de la Rovier, 1 609. 

XVII. «Aphorismos sacados de la historia de Publio Corne- 
lio Tácito...» Barcelona. S. Matevat, 1614. 

Todas estas obras están escritas en prosa; en verso lo están 
las siguientes: 

XVIII. «Rethoricorum libris mi...» Amberes. Cristóbal Planti- 
no > T 559- Se reimprime en Valencia por Benito Monfort, año 1775- 

XIX. «Regí saeculorum immortali P. Humanae salutis mo- 
numenta...» Amberes. C. Plantino, i 57 1; El P. Benito Feliú de 
San Pedro tradujo esta obra al castellano, imprimiéndola en Va- 
lencia Monfort, el año 1 77 1. 

XX. «Speculum vitae et pasionis Christi». Amberes. Cris- 
I Plantino, 1 573. 



MANUSCRITOS CASTELLANOS DE LA REAL BIBLIOTECA DEL ESCORIAL 375 

XXI. «Davidis regís ac Prophetae, aliorumque sacrorum va- 
tum psalmos...» Amberes. C. Plantino, 1574! con ligeras varian- 
tes en el título se reimprime la obra en el mismo lugar, en 1575- 

XXII. «Poemata in quator tomos distructa...» Amberes. 
C. Plantino, I 589. 

XXIII. «Himni et soecula». Amberes. Viuda de Juan More- 
to, 1593. 

XXIV. En el tomo xli de la Colección de Documentos iné- 
ditos para lo Historia de España, se publicó la «Corresponden- 
cia del Doctor Benito Arias Montano con Felipe II, el Secretario 
Zayas y otros», cursada desde el año I 568 al de 1580. 

Nicolás Antonio cita además diferentes obras inéditas de este 
autor, cuyos manuscritos vio en Ja Biblioteca del Marqués de 
Mondéjar. 

El manuscrito escurialense que encabeza este artículo está 
registrado con la signatura J = n, == 3 folios, 54 á 56. 

39. «Juros. 

— de heredad que deben satisfacer al Rey algunos nobles y 
ciudades por las rentas que de él tienen.» 

Manuscrito en papel. Letra del xv = 220 X 1S0. 

8 hojas, cuatro al principio y cuatro al fin del códice, muy 
deterioradas, con picaduras de polilla puestas tal vez como guar- 
das ó sobre cubiertas del códice latino, en el que se contienen 
las obras de Avicena, de Abubecri y unos fragmentos del Misal 
Romano. Signatura: J-h-IO. 

40. Lege sálica. 

«De non observanda.» 

Manuscrito en papel. Letra del xvi = 254 X 122. 

16 hojas de texto castellano, en las que se incluyen dos árbo- 
les genealógicos. 

Es muy interesante este manuscrito, cuyo contenido se mani- 
fiesta con los siguientes párrafos del mismo: 

«Una de las eludas más dificultosas y calificadas que á ávido 
en el mundo se offrece al presente y es 



376 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

»Si la infanta doña Isabel Clara hija del gran señor y Rey don 
I'hilippe ntro. Sr. es llamada á la succesión del Reyno de Fran- 

c 

cia, por muerte de llenrico 3, postrer Rey de francia, por no 
aver varón tan cercano de su linage que le suceda y ser ella su 
sobrina mayor y la más propinqua parienta, que se halla, sin em- 
bargo de la ley Sálica, por lo qual los franceses dizen que están 
excluidas las mugeres de la succesión del Reyno.» 

El anónimo tratadista, después de analizar el origen de la ley 
Sálica, casos de aplicación, etc., termina demostrando no procede 
aplicarla al caso de la infanta española, tanto por su especial de- 
recho, como por los inconvenientes que se seguirían de contra- 
decir su dictamen, declarando en consecuencia incontestable su 
derecho á la Corona de Francia. 

El manuscrito se conserva con la sig. L-12-4, fols. 109 al 125- 

41. Linaje. 

«Relación del - Real de Santa Florentina, natural de la 

ciudad de Ecija, y de cómo los reyes de España suceden del para 
grande gloria de su Corona Real.» 
Manuscrito en papel. Letra del xvi = 180 X no. 

4 hojas. 

Signatura: Q-111-4, folios 58 á 62. 

42. Linajes. 

«Libro de los - y Solares de España hecho en tiempo del 

Rey D. Fernando el Católico.» 

Manuscrito en papel. Letra del xv — 238 X 140; xvn -j- 125 
hojas; de las preliminares son en blanco las 11 á x, xvi y xvn; en 
las hojas del texto, en blanco, los lugares destinados á miniar los 
escudos á que se hace refencia en el mismo. 

Contiene la obra noticias del linaje y de los escudos de armas 
de las siguientes lamilias: 

Avellaneda. Abila. Albornoz. Almansa. Ayala. Arellano. 
Ajofsines. Acuña. Alarcón. Aguilar de Córdoba. Ángulo. Agua- 
yo. Anaya. Alemania, Reino de. Aragón, Reino de. Don Alonso 
de Aragón, Asturias, Reino de. 



MANUSCRITOS CASTELLANOS DE LA REAL BIBLIOTECA DEL ESCORIAL 377 

Banegas. Beneros. Bustos. Bibero. Bracamonte. Bocanegra. 
Barba. Benavides. Bustoncillo. Barrientos. Barrio. Bohemia, 
Reino de. 

Carate. Ceballos. Céspedes. Qúñiga. Castañeda. Contreras. 
Castro. Castilla, Reino de. Chipre, Reino de. Condestable, Miguel 
Lucas. Cerda. Cornado. Carbajal. Chacón. Castrillo. Cifuentes. 
Cabeza de Vaca. Carrillo. Calderón. Cadenas. Clavixo. Qapata. 
Cárdenas. Cuello. Calatayud. Cañizares. Cereguela. Cisneros. Co- 
ronel. Carranca. Cueba. Cerego. Qerbantes. Castillo. Cerbatos. 

Delgadillo. Davalos. Daga. Dosantos. 

Enríquez. Escocia, Reino de. España, Reino de. Estrada. Es- 
cobar. 

Francia, Reino de. Frisa, Armas de. Fajardo. Figueroa. Fon- 
seca. Flórez. 

Grecia, Reino de. Gelandia, Armas de. Guebara. Gaona. Gor- 
doncillo. Galicia, Reino de. Guzmán. Girón. Gaytan. Grajeda. 
Guzmanes de Sevilla. Granada, Reino de. Gocia. Gudiel. 

Haro. Hurtado. Heredia. Herrera. Herreruelos. Hibernia, Ar- 
mas de. Hungría, Reino de. 

Jerusalem, Reino de. Inglaterra, Reino de. Isla. Ulan. Inestrosa. 
Jaén, Reino de. 

Lara. Lasarte. Lira. Lucon. Loaisa. Lucio. Luxan. Luna. Ley- 
ba. Logano. Londones. 

Milán, Reino de. Manueles. Mendoga. Mendoga de Sevilla. 
Mendaños. Manriques. Marín. Mexía. Moscoso. Maldonado. Mur- 
cia, Reino de. Miranda. Meneses. Montoya. Moya. Morales. Mesa. 
Machuca. 

Noruega, Reino de. Ñapóles, Reino de. Navarra, Reino de. Niño. 
Narváez. Núñez. 

Oñez. ( )bregón. Orozco. Osorio. Ozes. 

Panonía, sus Armas. Padilla. Pardo. Paradas. Pontes, Ponce de 
León. Porras. Prados. Pimentel Palomeque. Pantoja Pacheco. 
Peralta. Perea. Pavía. Puertocarrero. Portugal, Reino de. Portu- 
galés. Peñaloso. Preste Juan de las Indias. 

Quadros. Quiroga. Québedo. Quiñones. 

Rapado. Romo. Rueda. Ribera. Ribadeneyra. Reynoso. Ri- 

TOMO LXX . 24 



^;S BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

bera y Sotomayor. Rojas. Rodas, Armas de. Roma, Armas de. 

Suevia, Armas de. Sicilia, Armas de. Salagar. Solorgano. Sal- 
cedo. Sarmiento. Serna. Soto. Silva. Sosa. Selier. Sevilla, Reino 
de. Sandobal. 

Tenorio. Torres. Torquemada. Torre. Toledo, Reino de. To- 
ledos. Tobar. 

Vizcaya, señorío de. Vizcayos. Vallejos. Yarahona. Vega. Vi- 
llar. Valdés. Vega, de la. Valderrábano. Varroso. Yilladrando. 
Vargas. Verdexo. Velasco. 

El manuscrito está registrado con la signatura &-11-17. 

43. Linajes y armas. 

«Siguense algunos del [R]eyno de Aragón y primera- 
mente el de los Urreas.» 

Manuscrito en papel. Letra del xvn, 245 X 135- l 4 hojas, en 
las que se consignan numerosas noticias genealógicas referentes 
no sólo á linajes aragoneses, sino además de familias catalanas, 
como el de los Castellví. 

Signatura h-n-2I, folios 130 á 144. 

44. [Martínez, Dr. Miguel]. 

«Tratado del derecho que el Rey Don Felipe II tiene al trono 
de Portugal.» 

Manuscrito en papel. Letra del xvi, 280 X 200. 

8 hojas, de puño y letra del autor, no sólo de importancia his- 
tórica, sino también genealógica, por detallarse en el mismo las 
ascendencias y entronques de nuestros reyes y los de Portugal. 

Los derechos del insigne monarca español, y su efectividad en 
el reino portugués, dieron motivo á la publicación de numerosas 
obras, tanto justificando como combatiendo sus pretensiones; es 
el manuscrito del Dr. Martínez alegato convincente en pro de 
los deseos de Felipe II. 

Documentan y^completan la cuestión tratada en el manuscrito 
escurialense las siguientes obras: 

I. «Juris Allegatio pro Rege catholico Philippo, ad succesio- 
nem Regnorum Portugaliae», Madrid, 1579- 



MANUSCRITOS CASTELLANOS DE LA REAL BIBLIOTECA DEL ESCORIAL 379 

II. «Secunda allegatio...» Madrid, 1579- Reimpresa en el 
tomo xl de la Colección de Documentos inéditos para la Historia 
de España con el subtítulo de «Documentos relativos á la con- 
quista de Portugal por Felipe II.» 

III. « Informaciones en derecho cerca de la sucesión en el 
Reyno de Portugal por la Magestad del Rey Don Phelippe Nues- 
tro Señor». Madrid, I 579- 

IV. «Informaciones en derecho cerca de la sucesión al Car- 
denal Don Herrique en el Reyno de Portugal por el Rey don 
Phelippe, n. s.». Madrid, 1 579- 

V. «Examen theological que el Catholico Rey Don Philippe 
mandó hazer para segundad de su consciencia antes de aprehen- 
der la posesión de los Reynos y señoríos de Corona de Portu- 
gal». Madrid, 1 580. 

VI. «Advertimiento de la intención y justas causas con q la 
Magestad del Rey Catholico se mueve a tomar posesión de los 
Reynos de Portugal por su propia auctoridad sin aguardar más 
tiempo». Madrid, 1 580. 

VIL «Pareceres de theologos cerca de la prosecución del 
derecho del Rey Don Phelippe, n. s., a los Reynos de Portugal». 
Madrid, 1 580. 

VIII. «Resolución que dio la Facultad de Theologia de la 
Universidad de Alcalá, acerca de la prosecución del derecho de 
su Magestad del Rey Don Phelippe nuestro señor, tiene a los 
Reynos de la Corona de Portugal». Madrid, 1580. 

IX. «Recopilación de la felicísima jornada que la Catholica 
Real Magestad del Rey don Phelipe, nuestro señor, hizo en la 
conquista del Reyno de Portugal; ansi en las cosas de la Cuerra 
como después de la Paz antes que bolviese a Castilla... Compues- 
ta por Antonio do Escobar...» Valencia. Viuda de Pedro 1 fuete, 
1586. 

X. Sucesión del señor rey Don Filipe segundo en la Corona 
de Portugal... [por| D. Agustín Manuel y Vasconcelos». Ma- 
drid, Pedro Tazo, 1 639. 

El manuscrito escurialense tiene la signatura <S:-n-6, folios 
423 á 431. 



380 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

45. «Memorial. 

— del pleyto que D. Luys Colon y sus hermanos, hijos y he- 
rederos de Don Diego Colon, Almirante de las Indias, trata con 
el licenciado Prado, Fiscal de sus Magestades, el qual está visto 
por los señores Obispos de Mondoñedo y licenciados Santia, 
Acuña, Xuarez e maestro y doctor Vernal y Beltrán del Consejo 
de sus Magestades y el pleyto es sobre que pide a sus Magesta- 
des que los privilegios y contrataciones que los Reyes Católicos 
hicieron con Don Cristoval Colon su abuelo, se les cumplan y 
guarden en los capítulos que adelante van declarados...» 

Manuscrito en papel, letra del xvi, 237 X I4O. 143 hojas; al 
ñn, firmas autógrafas del Dr. Vernal y de los licenciados Villa- 
lobos y Paredes. 

En la obra se tratan interesantísimos particulares referentes á 
las atribuciones y prerrogativas de la Casa Colón, y á su ejerci- 
cio en las tierras descubiertas y conquistadas, avalorado con las 
declaraciones de varios testigos, algunos de los cuales manifies- 
tan haber acompañado á Cristóbal Colón en sus expediciones. 

El Padre jesuíta Ricardo Cappa, en su obra «Estudios críticos 
acerca de la dominación española en América. Parte primera: 
Colón y los españoles. Tercera edición». Madrid, 1S89, en las 
páginas 256, 380 y 403, da un extracto de este manuscrito. 

La existencia del mismo en la Biblioteca del Escorial, se re- 
gistra en la página 1 36 de la «Bibliografía Colombina», Madrid, 
1892, publicada por la Real Academia de la Historia, en donde 
muy oportunamente se consigna no debe ser este códice la úni- 
ca copia que se hicieron de los autos, pues el P. Las Casas dice: 
«El proceso que alegó que hobo entre el fiscal del Rey y el se- 
gundo Almirante, hallarse ha, si menester fuere, con mis escri- 
turas, en un libro encuadernado, en el Colegio de Sant. Grego- 
rio, que en Valladolid está», cuyo criterio se reafirma* al leer en 
nota marginal que tiene el manuscrito escurialense, escrita con 
letra de época, «es copia mandada sacar para el señor obispo» 
[de Mondoñedo?], que presupone lógicamente la existencia de 
otras varias. 

Se conserva con la signatura: v-ii-IJ.- 



MANUSCRITOS CASTELLANOS DE LA REAL BIBLIOTECA DEL ESCORIAL 38 1 

46. [Mendoza, Diego de]. 

«Reglas y divisa de la Orden Militar de la Jarra, que ordenó 
el infante de Castilla D. Fernando, hijo del Rey D. Juan de Cas- 
tilla.» 

Códice en vitela. Letra del xv = 150 X 85. 

8 hojas* la primera recuadrada dentro de orla, bastante estro- 
peada, capitales en oro, rojo y azul. 

Es autógraf > del autor. 

La divisa de la Orden es collar de oro formado de varias ja- 
rras con azucenas entrelazadas con grifos, del que pende un me- 
dallón con la imagen de la Virgen [Nuestra Señora de la Anti- 
gua, venerada en Medina del Campo], esmaltada de azur, ador- 
nada de estrellas y con el Niño Jesús en los brazos. 

Signatura del manuscrito: d. m, 25, folios 250 vuelto á 258. 

47. Mendoza y Bobadilla (Francisco). 

«El tizón de España. Memorial que el Excmo. Sr. Cardenal 
D. — dio al Rey D. Felipe 2. , sobre el origen de algunas ca- 
sas de títulos y cavalleros, por ocasión de haberle empatado á 
un sobrino suyo en el Consejo de Ordenes las pruebas de un Há- 
vito de que S. M. le havía hecho merced, siendo Presidente de 
aquel Consejo el Conde de Chinchón.» 

Manuscrito en papel. Letra del xvm = 180 X 100. 

6l hojas. 

De este manuscrito conozco las siguientes ediciones: 

I. «Tizón de España ó copia del Memorial que dirigió al rey 
Felipe II el Cardenal D. F. de Mendoza y Bovadilla». Gibral- 
tar, 1 82 1. 

II. « 1 izón de la nobleza de España. Memoria escrita y pre- 
sentada á Felipe II por el Cardenal I >. Francisco de Mendoza y 
Bovadilla; anotada por D. A. Luque y Vicens». Madrid, 1849. 

III. «Tizón de la nobleza de España; anotado y dedicado á 
las clases productoras por D. A. Luque y Vicens y seguido de 
un discurso sobre señoríos, pronunciado por D. Agustín Argue- 
lles». 2. a edición. Cuenca, 1852. 

IV. «El Tizón de España. Memorial genealógico sobre el 



382 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

origen de algunos linajes de la grandeza de España y otros rei- 
nos, que el Excmo. Sr. Cardenal D. Francisco Mendoza y Bova- 
dilla escribió al Rey D. Felipe II...» Madrid, 1871. 

V. «El Tizón de la nobleza española ó máculas y sambeni- 
tos de sus linajes, por el Excmo. Cardenal D. Francisco de Men- 
doza y Bovadilla». Barcelona, 1880; con retrato del autor. 

Contra esta obra, que sin gran alarde de imaginación puede 
ser clasificada de libelo, escribió D. Manuel Ruiz Crespo la si- 
guiente: 

«Impugnación al Tizón, que contra la antigua nobleza españo- 
la, se dice haber escrito D. Francisco de Mendoza y Bovadilla». 
Sevilla, 1854. 

Signatura: ], ni, 32. 

48. Milán. 

«Derecho del Estado de — que pretenden los Duques de 
Orlienes tener y lo que en contrario se alega.» 

Manuscrito en papel. Letra del xvi = 275 X 185. 

2 hojas. 

Los derechos del monarca español que se defienden en este 
manuscrito se completan con las alegaciones contenidas en es- 
tas dos obras: 

I. «Historia de lo sucedido desde el de 1 52 1 hasta I 5 30 so- 
bre la restitución de Francisco Sforza en Milán, por Galeacio 
Capella». Valencia, 1 630. 

II. «Información en hecho y relación de lo que pasó en Mi- 
lán... desde el año 1 595 hasta 1 598. Escrita por Antonio He- 
rrera». [ Madrid, 1625. 

El manuscrito tiene la signatura &-11-7, folios 475 á 476. 

49. Morales (Ambrosio de). 

[Apuntes genealógicos sobre las casas de Cabrera y Venegas.j 
Manuscrito en papel. Letra del xvi == 200 X 180. 
1 hoja autógrafa de A. de Morales. 

Tanto este manuscrito, como los que siguen del autor, han 
sido publicados en el tomo u de la obra intitulada: 



MANUSCRITOS CASTELLANOS DE LA REAL BIBLIOTECA DEL ESCORIAL 383 

«Opúsculos castellanos de Ambrosio de Morales, cuyos origi- 
nales se conservan inéditos en la Real Biblioteca del Monasterio 
de El Escorial, ahora por primera vez impresos por D. Francis- 
co Valerio Cimentes». Madrid, 1/93. Tres tomos. Signatura &>n 
= 7, folio 142. 

50. Morales (Ambrosio de). 

«Apuntes genealógicos sobre los Cameros.» 
Manuscrito en papel. Letra del xvi = 260 X 1 5 o - 

1 hoja autógrafa de A. Morales. 
Signatura: &-11-7, folio 1 3 1. 

51. Morales (Ambrosio de). 
«Genealogía de los Manueles». 

Manuscrito en papel. Letra del xvi = 165 X IOO. 
2 hojas, una de ellas plegadas, en la que se contiene el árbol ge- 
nealógico. 

Signatura: &-11-7, folios 126 y 127. 

52. Morales (Ambrosio de). 

«Apuntes genealógicos sobre los girones», 
Manuscrito en papel. Letra del xvi = 270 X 1 00. 

2 hojas, con notas marginales de mano de Ambrosio de Morales. 
.Signatura: &-11-7, folios 75 y 76. 

53. [Nomenclátor 

— de las familias nobles de la Corona de Aragón.] 

Manuscrito en papel. Letra del xvi = 300 X 200. 

13 hojas, escritas á cuatro columnas. 

Parece este manuscrito el repertorio ó guía para la consulta de 
alguna obra, pues se limita el presente á consignar el apellido, 
su procedencia catalana, navarra, aragonesa ó valenciana y aña- 
dir un guarismo, con arreglo al cual se debía hacer la busca en la 
obra a que hace referencia. 

En parte es de puño y letra dé 1 >. Antonio Augustín. 

Signatura: L-1-15, folios IOÓ á 119. 



384 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

54. Nueva España. 

«Memoria de las personas que pasaron a esta — - y se ha- 
llaron en el descubrimiento y toma e conquista della ansí con el 
Marques del Valle Don Hernando Cortés, como con el Capitán 
Panfilo de Narvaez, como después e las mugeres e hijos de con- 
quistadores e pobladores de esta Nueva España e otras personas 
que han dado petigiones y memorial a S. S. a lima, sobre lo to- 
cante al repartimiento general desta tierra son los siguientes asi 
vecinos de la ciudad de México, como de otras ciudades e villas 
de la Nueva España». 

Manuscrito en papel. Letra del xvi = 265 X 1 70. 

16 hojas. 

Con el nombre de Nueva España fué designado el reino más 
dilatado de los dominios españoles en la América septentrional, 
cuya extensión era de Norte á Sur desde el puerto de Acapulco 
en el Mar Pacífico hasta las últimas poblaciones del Norte, 670 
leguas de largo y de anchura por la parte superior desde el río 
San Lorenzo en el Mar del Norte, hasta la provincia de los Apa- 
ches en la costa del Sur, 1. 300 leguas; por la parte en que se es- 
trecha el territorio, ó sea desde el puerto de Veracruz al de Na- 
vidad, 280 leguas. 

Fueron descubiertos estos dilatados territorios por Francisco 
Fernández de Córdoba en el año 1 5 1 5> desde la provincia del 
Yucatán, siendo conquistado y agregado á los dominios españo- 
les por Hernán Cortés en el año de 1 52 1. 

El presente manuscrito completa la serie de noticias referen- 
tes á la conquista de Méjico, suministradas en las cartas enviadas 
por Hernán Cortés á Carlos V, de las que la primera es desco- 
nocida, la segunda se imprimió en Sevilla en 1 522, la tercera 
también en Sevilla en I 523, la cuarta en Toledo en 1 5 2 4 y I a 
quinta en Méjico en 1804. 

El manuscrito está registrado con la sig. &-11-7, fols. 429 á 439. 

55. Nueva España. 

«Relación de los conquistadores de — — ». 



Manuscrito en papel. Letra del xvi = 255 X 130. 



MANUSCRITOS CASTELLANOS DE LA REAL BIBLIOTECA DEL ESCORIAL 385 

6 hojas. 

Es una información hecha de las condiciones, calidad, familia 
y naturaleza de cada uno de ellos; se determina si poseen ó no 
indios, para, caso negativo, entregárselos ó hacerles merced en- 
tre tanto de Corregimento ó cargo análogo, es de gran impor- 
tancia genealógica este manuscrito por ser los dichos conquista- 
dores cabeza de los linajes de Nueva España; fechada en el año 
1542. 

Registrado con la signatura &-11-7, folios 423 á 429. 

56. Nueva Galicia. 

«Memoria de las personas conquistadoras y pobladoras de , 

que en ella tienen yndios de repartimiento y que no los tienen». 

Manuscrito en papel. Letra del xvi. 250 X 120. 

6 hojas. 

El Reino de Nueva Galicia confinaba con el de Nueva España 
en toda su extensión del SSE. al ENE.; por el N. con las provin- 
cias de Cinaloa, Nuevo Reino de León y Nueva Vizcaya, y por 
SSE., con el mar Pacífico. 

Descubrió el territorio, conquistándolo, por orden de la Au- 
diencia de Méjico, Ñuño de Guzmán, el año 1531, aunque por 
testimonio de Hernán Cortés parece fué el descubridor Gonzalo 
de Sandoval, cuando fué á la conquista del Panuco. 

Registrado el manuscrito en la Biblioteca escurialense con la 
signatura &-11-7, folios 445 á 451. 

57. Nuñez Pero. 

«Relación verdadera de todos los títulos que ai en España ansi 
de las rentas que cada uno tiene, como de las casas solares y 
linajes de a donde descienden y donde tienen sus estados, lugares 
y rentas y quales y quantos son, que son los siguientes y ni mas 
ny menos, de los arzobispados y obispados y quales son sufragá- 
neos a otros y los ricos hombres que entran en Cortes y a jurar 
a los principes destos rreinos y quales son Grandes y quales son 
del Tusson y de los vezinos procuradores dellos que hablan en 
Cortes y porque horden y anterioridad hablan cada uno de ellos, 



38b BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

los que saque yo a gloria de Nuestro Sr. y de su bendití- 
sima Madre la Birgen sin mancilla y de todos los cortesanos ce- 
lestiales este año de 97 años por un memorial que vino a mis 
manos de Madrid por cosa muy curiosa y verdadera. 1597- as.» 

Manuscrito en papel. Letra del xvi. 260 X 1 40. 

IO hojas. 

Muy interesante, por las numerosas noticias genealógicas que 
contiene, de las que entresacamos algunas como muestra. 

«El duque de ffrias, conde de Haro, señor de la casa de los 
siete Infantes de lara, Condestable de Castilla y Justicia maior, es 
cabega de los belascos y su linage; tiene su casa en la ciudad de 
, burgos y su estado en castilla la bieja y en las montañas y tierra 
de bizcaia y en las ssierras de soria; tiene de renta sesenta y cinco 
mil ducados.» 

«El duque de Gandía, marques de lombai, es la cabega del 
linage de los borjas, tiene su casa en balencia del Qid, tiene de 
rrenta en cada un año, quarenta mili ducados.» 

«Y mas trae pleito el S. r desta casa sobre el condado de Oliba 
y sobre mucha renta que del está caida y bale este estado del 
condado de oliba beinte y cinco mili ducados.» 

«El duque del ynfantado, marqués de Cénete y santillana, 
conde de saldaña y señor del rreal manganares, es cabega de los 
mendoga; tiene su cassa en la ciudad de guadalajara y su estado 
en el rreino de toledo y en las montañas de castilla la bieja y en 
la provincia de Alaba; tiene de rrenta ciento y beinte mil duca- 
dos en cada un año y es del tusson.» 

El Memorial á* que hace referencia Pero Núñez y del que tomó 
las notas para su manuscrito debe ser, á mi entender, la obra que 
escribió D. Juan Benito Guardiola, impreso con el título de Tra- 
tado de Nobleza y de los Títulos y Vitados que oy dia tienen los 
varones claros y grandes de España... Madrid, 1 591, pues, como 
se observa, guarda relación esta fecha con la de 1 597, en que 
finaliza el manuscrito escurialense. 

Registrado con la signatura J-n-23, folios 6 1 á 71. 



MANUSCRITOS CASTELLANOS DE LA REAL BIBLIOTECA DEL ESCORIAL 387 

58. Obispos. 

«De los , condes, vizcondes, varones y berbereos de 

Cathaluña.v 

Manuscrito en papel. Letra del xvn. 245 X 135- 

2 hojas. 

Signatura: h -u-2 1 , folios 128 y 1 29. 

/ 

59. Padilla (Lorenzo de). 

«Origen y sucesión de los Príncipes de la Casa de Austria 
hasta el Rey D. Phelipe II, compuesta por D. — — , Arcediano 
de Ronda. 

Manuscrito en papel. Letra del xvi. 220 X 140. 

82 hojas; al folio I.°, orla y capital en rojo y azul con adornos 
caligráficos ó de rasgueo. 

Al folio 46 termina la primera parte de la obra y con ella la 
relación histórica del reinado de Alberto Langrave de Alsacia 
comienza al siguiente la segunda parte, con letra de la misma 
época, pero de distinta mano, terminando la obra en el capítu- 
lo II, que consagra al Príncipe D. Carlos, hijo de Felipe II, de 
quien dice «no esperamos que havrá menos obras para exem- 
plo de sus venideros, como el tiene obligagion de sus antece- 
sores » . 

Se conserva el manuscrito escurialense con la signatura: X. 
ii- 1 1, folios I a 82. 

60. Pedro Conde de Bracelos]. 

«Libro de los linages de España por Don hijo del Rey 

Don Denis de Portugal.» 

Manuscrito en pa*pel. Letra del xvn. 230 X 120. 

149 hojas. 

I >os ediciones conozco impresas de este manuscrito. 

I. «Xobiliario de D. Pedro, Conde de Bracelos, hijo del Rey 
Don Dionis de Portugal. Ordenado e ilustrado con notas y Índi- 
ces por Juan Bautista Lavaña.» Roma, 1640, en gran folio. 

II. «Nobiliario del Conde de Barcelos, Don Pedro, hijo del 
Rey Don Dionis de Portugal. Traduzido, castigado y con nuevas 



388 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

ilustraciones de varias notas por Manuel de Feria y Souza.» Ma- 
drid, 1646, folio. 

Esta edición es traducción castellana de la edición anterior, la 
que contiene, además de las adiciones de Paria, los que asimismo 
introdujeron el Marqués de Montebello y Alvaro Ferreira de 
Vera. 

El manuscrito escurialense tiene la signatura h-n-21, folios 
228á 377. 

61. [Pérez de Guzmán Fernán]. 

«Síguense las generaciones, semblanzas o obras de los excelen- 
tes Reyes de España, don Enrique el tercero, e don juan el se- 
gundo, e de los benerables perlados e notables cavalleros, que en 
los destos Reyes fueron.» 

Manuscritos en papel. Letra del xvi. 190 X 125. 

25 hojas, capitales ornamentadas, títulos de los capítulos y cal- 
derones con tinta roja, en el primer folio orla marginal con ador- 
nos de rasgueo. 

Con el nombre de Crónica de Don Juan II se imprime este ma- 
nuscrito, del que conozco las siguientes ediciones: 

I. «Comienca la Crónica del serenissimo rey donjuán el se- 
gundo deste nombre...» Logroño, I5 1 /- 

II. Comiéga la Crónica del serenissimo rey don Juan el se- 
gundo deste nombre...» Sevilla, 1543. 

III. «Crónica del serenissimo Rey Don Juan segundo deste 
nombre...» Pamplona, 1590. 

IV. «Crónica del serenissimo Rey Don Juan segundo deste 
nombre...» Pamplona, 1591. 

V. «Crónica del señor rey don Juan, segundo de este nombre 
en Castilla y en León, copilada por el noble caballero Fernán 
Pérez de Guzman, con las Generaciones y semblanzas de los se- 
ñores reyes Don Enrique III y D. Juan II y de otros prelados y 
caballeros de aquel tiempo, del mismo autor...» Valencia, 1779- 

Se conserva con la signatura Z-III-2, folios 91a 1 20. 

(Continuará.) 



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NOTICIAS 



Durante el pasado mes de Marzo han fallecido los Correspondientes 
Sres. D. Antonio José González, D. Isidro Gil Gavilondo y D. Niceto 
Cuenca y Soldevilla, que lo eran en Murcia, Burgos y Alicante, respecti- 
vamente. 



Ha sido elegido Correspondiente de la Academia en la Coruña el señor 
D. Francisco Tattamancy Gastón. 



En la sesión del día 2 de Marzo último, al felicitar su director, Padre 
Fita, al obispo de Madrid-Alcalá por haber recibido el palio de Su Santi- 
dad, que lo consagra arzobispo de Valencia, un grupo de académicos pro- 
yectó una manifestación de grato compañerismo al ilustre académico que 
se ausenta, dejando en la Academia, como en toda la diócesis de Madrid- 
Alcalá y en todas las clases sociales de esta corte, el vínculo más impere- 
cedero de estimación y simpatía, por las nobles prendas de su carácter y 
por los insignes merecimientos conquistados en sus diez años de pontifi- 
cado en esta Iglesia. 

En el acto se proyectó, por unanimidad, un banquete, que se celebró, el 
miércoles 7, en el Hotel Ritz. 

El señor director, adhiriéndose á la moción con toda su alma, lamentó 
no poder asistir, y esta misma contrariedad experimentaron, como en sus 
cartas lo hicieron bien presente, los enfermos, los ausentes y los que no 
han podido sustraerse á deberes que les impedían asistir. 

Ocupó la presidencia el señor arzobispo, teniendo á su derecha al se- 
cretario accidental, Sr. Pérez de Guzmán, y á la izquierda, en su condición 
de decano, al señor marqués de Laurencín. Los demás académicos se co- 
locaron, como en todo acto académico, por riguroso orden de antigüedad. 
Estos fueron los Sres. Hinojosa, Vives, Beltrán y Rózpide, Altolaguirre, 
Mélida, Pérez Villamil, marqués de Cerralbo, Ureña, Novo y Colson, du- 
que de T'Serclaes, Blázquez, Laiglesia, Azcárate, Bonilla y San Martín, 
conde de la Mortera. Bécker, barón de la Vega de Hoz, Puyol, Lampérez, 
marqués de Foronda y marques de Lema. 

El ofrecimiento del banquete lo hizo el marqués de Laurencín, y tanto 
este, como el señor arzobispo, en su contestación, pusieron de relieve los 
sentimientos fraternales que motivaban aquel acto. 

La proximidad de la Semana Santa apremió la marcha del nuevo Arzo- 



390 boletín de la real academia de la historia 

bispo académico á su nueva Sede, y la Academia ha sabido, con la mayor 
satisfacción, la ostentosa entrada que ha hecho en Valencia y los homena- 
jes públicos con que ha sido recibido. 



La Sociedad Mejicana de Geografía y Estadística invitó á la Academia 
para que se adhiriera á la celebración del Centenario del descubrimiento 
de Méjico, que con la cooperación de la Academia Mejicana de la Histo- 
ria se proponía solemnizar. 

La Academia de la Historia acordó adherirse á esta conmemoración, del 
mismo modo gloriosa y grata para España que para Méjico. 



El contralmirante D. Ricardo de la Guardia ha hecho á la Academia el 
donativo del manuscrito original é inédito de su obra titulada Crónica de 
la Isla de Balabac, escrita durante el tiempo que fué Gobernador de ella. 



La Academia recibió con aprecio ioo ejemplares, remitidos por su Co- 
rrespondiente el Excmo. Cardenal de Guissasola, arzobispo de Toledo, 
de su Carta Pastoral titulada El Papa y la paz de las Naciones. 



Celebrado un concierto entre la Academia y el librero editor de esta 
corte D. Victoriano Suráez, sobre la administración exclusiva de los fon- 
dos literarios del Cuerpo, su expedición, en lo sucesivo, quedará á cargo 
de dicho señor. 

El Sr. Suárez ha recibido el título honorífico de Librero de la Real Aca- 
demia de la Historia. 



En la sesión del día 23 quedó aprobado el Informe de la Comisión del 
premio al Talento que, con el de la Virtud, será adjudicado el día iS del 
mes actual. 

Son interesantísimas las figurillas y votos de bronce hallados en el San- 
tuario de Collado, en Sierra Morena, y que el Académico honorario 
.Mr. Horace Sandars presentó á la Academia en la última sesión del mes 
pasado de Mayo. 



Entre los Correspondientes de lejanas tierras que en el mes último han 
venido á tomar parte en nuestras asiduas tareas, son merecedores de es- 
pecial mención el de Tenerife, D. Manuel Osuna, que en la sesión del 3 de 



NOTICIAS 39C 

Febrero interesó la atención de la Academia con las noticias de sus tra- 
bajos históricos sobre Canarias, y el de Colombia, D. José M. a Rivas Groot, 
ministro de Instrucción Pública que ha sido en su país, y que las dio ex- 
tensas sobre los documéntanos por él hechos para su Historia de los ¡Mi- 
mos cien años y de los Conquistadores, Virreyes y Oidores del antiguo Reino 
de Granada. 



Son muy interesantes las obras que por mano del Sr. Beltrán y Rózpi- 
de ha recibido la Academia, originales de D. Carlos Pereira. No son obras 
de exploraciones documentarías, sino de sencilla y sana vulgarización 
sobre los hechos heroicos de los españoles en el Nuevo Mundo, colegidos 
sus elementos de las mejores fuentes de la erudición y de la rectifica- 
ción. La una se titula Hernán Cortés y la Epopeya del Anakuac; la otra, 
Franisco Pizarra y el tesoro de Ataliualpa, y una y otra dignas de toda 
estimación. 



Nuestros Correspondientes D. Ricardo, D. Ángel y D. Luis del Arco, el 
uno en Huesca, en Tarragona el otro y el tercero en Castellón, son tres 
infatigables trabajadores que abrillantan la Historia nacional con sus con- 
tinuas investigaciones. El último estudio arqueológico de D. Ángel sobre 
La primitiva catedral de Tarragona, Sa?ita Tecla la Vieja, es uno de los 
opúsculos de mayor ilustración que siji cesar enriquecen la historia local 
en casi todas las provincias de España. No sólo se estudian en él las anti- 
guas efemérides de aquella primitiva iglesia, se analizan sus sepulcros, y 
de sus inscripciones, que en el folleto se reproducen, se evocan las dig- 
nidades y personas esclarecidas que fueron enterradas en su nave, sino 
que también se reproducen por al fotograbado muchos de aquellos se- 
pulcros monumentales. 

De D. Ricardo del Arco es otro opúsculo recicibido por la Academia 
con el título de El famoso jurisperito del siglo XI TI Vidal de Cauellas, 
Obispo de Huesca. La biografía de tan eminente varón está proyectada con 
nuevas y desconocidas noticias y nuevos documentos inéditos. La Academia 
presta gran atención á todos los trabajos biográficos, porque, en substan- 
cia, la biografía es el complemento de la Historia. 

Por último, de D. Luis de] Arco se ha recibido unos apunte-, bibliográ- 
ficos de I^a prensa periódica en España durante la guerra de la Independen- 
cia (1808-1814), que aumenta, completa ó rectifica algunos artículos de la 
obra justamente laureada del Sr. Gómez Imás, premiada por la Biblioteca 
Nacional. — J. P. de G. 



En Alcubillas, villa del partido judicial de Infantes, en la provincia de 
Ciudad Real, y situada á la derecha del río Jabalón, se han encontrado 



392 boletín de la real academia de la historia 

unas antigüedades que, enviadas á la Academia por D. Juan José Conde y 
Luque y Garay, fueron presentadas en sesión del 16 del corriente por el 
P. Fita y el Sr. Mélida. 

El nombre de Alcubillas, no registrado por Hübner entre los lugares 
en que se hallaron lápidas romanas, suena ahora por vez primera en la 
Arqueología hispana. 

Los objetos encontrados son los siguientes, todos ellos romanos: 

Trozo de pavimento, de cemento. 

Piezas de barro. 

Ladrillo rectangular de 0,320 por 0,225. Dos de sus ángulos aparecen 
cortados por cuadrado. 

— Ladrillo rectangular de 0,260 por 0,220 y 0,270 por uno de sus extre- 
mos, á causa de que tiene dos salientes por cuadrado. 

— Cinco ladrillos, uno de ellos con argamasa adherida, en forma pris- 
mática rectangular, de 0,190 por 0,100 y 0,050 de espesor. 

— Seis baldosines de 0,08 por 0,040 y 0,028 de espesor. 

— Objeto formado por un disco del que arranca un cuerpo piramidal 
cuadrado, en cuyas caras lleva por adorno rayas cruzadas en aspa. Posi- 
blemente sería este objeto tapadera de un ánfora. 

— Cuatro pesas, en forma de prisma rectangular, horadadas en senti- 
do transversal, para la suspensión. Su peso respectivo es de gramos 
2 77i 3 1 5> 325 y 325. La última cifra, que como se ve aparece repetida, es 
la que se ajusta á la equivalencia generalmente admitida para la libra ro- 
mana. Las otras dos cifras son menores; y sobre este particular hay que 
tener en cuenta las variaciones que en el transcurso del tiempo sufrió en 
Roma la ley del peso y las que sufrieron en cada localidad, como ha su- 
cedido en todos los tiempos. 

— Varios trozos de escorias de aliar. 

Monedas. 
Dos medianos bronces de Cacsar Augusta. 
— Un mediano bronce de Antonia (hija de Marco Antonio). 
— Un mediano bronce de Claudio. 

— Tres medianos bronces, semifrustros, uno, al parecer, de Adriano. 
— 16 pequeños bronces de los últimos emperadores, incluso de Cons- 
tantino. 

Todas estas monedas son de tipos corrientes. 

Ninguno de los objetos indicados ofrece en sí especial importancia, te- 
niéndola, sin embargo, el hallazgo por ser indicio de población y de lo 
que en tal paraje pudiera encontrarse si se practicaran excavaciones, que 
pudieran ser fructuosas. — J. R. M. 



tomo lxx. Mayo, 1917. cuaderno v. 

BOLETÍN 



DE LA 



REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 



INFORMES 



IMPRESOS DE ALCALÁ EN LA BIBLIOTECA DEL ESCORIAL 

CON ADICIONES Y CORRECCIONES Á LA OBRA «ENSAYO DE UNA TIPOGRAFÍA 

COMPLUTENSE » , SEGUIDA DE UN NUEVO ÍNDICE ALFABÉTICO DE LOS 

IMPRESOS ALCAI.AÍNOS 

por el P. Benigno Fernández, O. S. A. 

(Colección revisada de artículos publicados en La Ciudad de Dios. — Madrid. 
Imprenta Helénica, pasaje de la Alhambra, núm. 3, 1916. — Un vol. en 4. de 354 
páginas.) 

Desde que nuestra Biblioteca Nacional estableció públicos con- 
cursos para premiar las mejores y más completas bibliografías 
que se presentasen, ya de libros impresos en determinada región, 
provincia ó localidad, ya de aquellos que se refiriesen concreta- 
mente á determinado ramo del humano saber ó especialidad his- 
tórica, literaria, científica ó artística, agrupando en un volumen la 
relación de los salidos á luz acerca de asuntos similares ó conexos 
de cada una de estas cuatro grandes agrupaciones en que se pue- 
de dividir el estudio de los conocimientos humanos, acudieron á 
estos certámenes, aportando el fruto de su erudición, de su cul- 
tura, de su investigación y de su perseverante y pacientísima 
labor, los Almirante, Antón Ramírez, Hartzenbusch, La Barrera, 
Muñoz Romero, Allendesalazar, Toda y Güel, Alenda, Martínez 
Añíbarro, Serrano Sanz, Valdenebro, Serrano Morales, Fernán- 
dez Duro, Pérez Pastor y cien más que pudiéramos nombrar con 
merecido encomio por las espléndidas luces con que hubieron de 
contribuir á el esparcimiento y difusión de la ciencia, con venta- 
tomo lxx 25 



394 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

ja imponderable para los trabajos preparatorios de cuantos se de- 
dican á serias lucubraciones y detenidos y fundamentales estudios- 

No hemos de olvidarnos, ni fuera posible que lo hiciéramos 
dado el vivo é imborrable recuerdo que conservamos en esta 
Casa, de aquel excelente compañero, doctísimo en todo linaje de 
disciplinas históricas, de aquel llorado y querido amigo nuestro, 
D. Juan Catalina García, autor de tantas notables publicaciones en 
que corrían parejas la solidez y profundidad de su saber con las 
formas castizas y galanas del buen decir; quien dedicó asimismo 
muchas horas de su fructífero vagar en allegar materiales para 
dará la estampa dos obras, tipo y modelo de este género de lec- 
ción: el Ensayo de una Tipografía Complutense, en 1889, y diez 
años después, en 1 899, la Biblioteca de Escritores de la Provincia 
de Guadalajara y Bibliografía de la misma hasta el siglo XIX. 

No hay para qué decir, ni jamás tuvo Catalina García la pre- 
tensión, que hubiera sido ridicula en hombre de tan superior en- 
tendimiento, que realizara una labor perfecta y total, no suscep- 
tible de posteriores acrecentamientos y corrección de errores 
no imputables muchas veces, no al autor, sino á cargo del catá- 
logo, referencia ó indicación que había sido fuente de la cita, que 
otro ha podido, tal vez por feliz casualidad, rectificar ó corregir; 
pues tengo para mí que la mayor gloria y honor corresponde 
siempre de justicia y por derecho (y así lo reconoce el P. Benig- 
no Fernández), al que primero trazó los planos y cimentó el ad- 
mirable edificio que otros perfeccionaron, con tal remate ó cual 
adorno; y esto es precisamente lo que acontece con la Tipogra- 
fía Complutense, comprensiva de 2. 198 números allegados por la 
sabia diligencia é intensa investigación del Sr. Catalina García. 

El P. Fernández ha completado ésta primera labor histórica, 
descriptiva y crítica, añadiéndola y enriqueciéndola con la des,- 
cripción de los fondos selectos y notables existentes en la Biblio- 
teca Escurialense, y expurgando algún error que se notaba en 
libros descritos de segunda mano. En tal sentido, habida cuenta 
esta merilísima labor realzada por copiosos y bien dispuestos 
índices, y adornada con noticias qne entrañan interés notorio y 
novedad en los datos, tenemos por cierto que el libro del P. Fer- 



UNA COMEDIA LATINA DE LA EDAD MEDIA 395 

tiández, es de indudable utilidad, diré más, de indispensable ad- 
quisición para complemento de la Tipografía Complutense, como 
parte de un todo armónico; y en tal concepto entra de lleno en 
el espíritu y en la letra del Real decreto de. I.° de Junio de 1900, 
--salvo la mejor y más competente opinión de la Academia. 

El Marqués de Laurencín. 



II 

UNA COMEDIA LATINA DE LA EDAD MEDIA 
(El Liber Panphili) 

{REPRODUCCIÓN DE UN MANUSCRITO INÉDITO, Y VERSIÓN CASTELLANA) 

Introducción. 

«Si quid amare libet, vel discere amare legendo, 
Nasonem petito; ...» 

Esta recomendación del Liber Catonis (famoso texto escolar 
medieval, que nuestro Nebrija editó y corrigió de nuevo en la 
¿poca del Renacimiento), expresa con bastante exactitud lo que 
<ie Ovidio se pensó en la Edad Media y lo que caracteriza de un 
modo más definido la influencia del insigne poeta latino en aque- 
llos tiempos. Fué, por antonomasia, el poeta del amor carnal, de 
la pasión desordenada, del loco amor, como hasta últimos del si- 
glo xv se dijo entre nosotros. Con ciertas limitaciones, determi- 
nadas en especial por el influjo de Virgilio, fué modelo de versi- 
ficadores, y, en un conocido canto de estudiantes goliardescos, 
todavía recordado en las Universidades alemanas, decíase: 

«Tales versus fació, quale vinum bibo; 
nihil possLim scribere, nisi sumpto cibo; 
nihil valet penitus quod jejunus scriboj 
Nasonem post cálices carmine praeibo.» 

La imitación ovidiana es patente en cierto número de poemas 
latinos medievales, escritos en versos elegiacos, y algunos de los 
cuales Levan el título de comedias, no porque se escribiesen todos 
para ser representados, ni porque su, estructura, se' acomodara á 



396 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

la que debe observar la obra dramática, sino porque el concepto 
de comedia había sufrido entonces una singular transformación, á 
consecuencia del desuso de las antiguas formas teatrales y de 
la errónea interpretación de algunos textos clásicos, de donde 
resultaba que para San Isidoro de Sevilla, por ejemplo, fueron 
poetas cómicos Horacio, Persio y Juvenal (i). 

Consérvanse unos veinte poemas de este género, dos de los 
cuales son, sin disputa, verdaderas comedias: la Comoedia Babio- 
nis, y el Pamphilus, correspondientes ambos á la segunda mitad 
del siglo xa, y de mucho interés los dos para la historia del tea- 
tro secular durante la Edad Media (2). 



(1) «Dúo sunt autem genera comicorum, id est, veteres et novi. Ve- 
teres, qui et ioco ridiculares extiterunt, ut Plautus, Accius, Terentius. 
Novi, qui et Satirici, a quibus generaliter vitia carpuntur, ut Flaccus, Per- 
sius, Juvenalis vel al;i.» (Etymologiarum, lib. vm, 7, 7, ed. W. M. Lindsay.) 

Eti el mismo sentido escribió el Marqués de Santillana, en el Proemio 
de su Comedida de Ponca: «Comedia es dicha aquella cuyos comiencos son 
trabajosos, e después el medio e fin de sus días alegre, goloso e bienaven- 
turado; e de esta usó Terencio peno, e Dante, en el su libro, donde prime- 
ro dice aver visto los dolores e penas infernales, e después el purgatorio, 
e alegre e bienaventuradamente después el parayso.» (Ed. Ríos.) 

(2) La Comoedia Babionis fué publicada por Th. Wright, en los Early 
mysterics ani other latin poems (London, 1838). 

Las más antiguas comedias elegiacas son el Amphilryon ó Geta y la Au- 
lularia, de Vidal de Blois (siglos xi ó xn). La Aulularia se funda en el Que- 
rolus del siglo iv. El Amphitryon ó «Comedia de Geta y Birria», es citado 
por poetas del Cancionero de Baena (siglo xv). En cuanto al poema De 
Vetula, de Ricardo de Furnival (siglo xm), obra confundida por algunos- 
con el Pamphilus, fué también conocido en España, según consta por una 
de las glosas que acompañan á la Eneida romanceada por D. Enrique de 
Villena. Dice así la glosa: « Ovidio. — Deste se fallan doze obras poéticas 
en estas partes d' España, que son el Methamorphoseos, el De Ponto, el De 
faustis, el De vetilla, el De arte amandi, el De remedio amoris, el de las 
Epístolas, el de las Eroidas, el De hipo, el De mensa, el De pulice, el De 
duobus animalibns; aunque dizen que mas hizo.» 

Conócense, además, entre otras, la Aldae comoedia, de Guillermo de 
Blois (1 170); la Comoedia de Milone Constantinopolitano, de Mateo de Ven- 
dóme, autor también de la Comoedia Lydiae, y el Libellus de Paulino et Pol- 
la, de Ricardo, juez de Venosa (hacia 1 230). Véanse, acerca de estas obras: 
Creizenach: Geschichte des neueren Dramas, tomo j, Halle, 1893; Bahlsen: 
Dieepischen Komoedicnund Tragoedien des Mittelalters (en Centralblatlfür 
fiibliothekswesen, x, 1893); y Jacobsen: Essai sur les origines de la comedie 
en France au Aloyen- Age; Paris, 1910. 



VXA. COMEDIA LATINA DE LA EDAD MEDIA 397 

Quizá sea el Pamphilus la más importante de tales obras, á juz- 
gar por el número de los manuscritos que de él se conservan, y 
por el de las versiones, refundiciones é imitaciones de que fué 
objeto (i). 

Su argumento es bien sencillo: Panfilo ama á la doncella Ga- 
latea, la cual muestra también cierta inclinación hacia aquél; de- 
seando conseguir á su amada, Panfilo recurre á la diosa Venus, y 
después á una taimada vieja, que se encarga, merced á los ofre- 
cimientos del amante, de ser mediadora entre ambos jóvenes; 
gracias á los recursos de la astuta celestina, los amantes se en- 
cuentran á solas, y Panfilo triunfa de la virtud de Galatea. cuyas 
lamentaciones, y las solapadas disculpas de la taimada vieja, dan 
fin á la obra. Aunque, en opinión de Jacobsen, «los caracteres, 
las opiniones, las costumbres de los personajes, pertenecen á la 
Edad Media», lo cierto es que la obra carece casi por completo 
de color local, y que el clérigo que la compuso (tal vez como ejer- 
cicio escolástico), no necesitó observar la sociedad en que vivía, 
sino recordar únicamente los modelos clásicos de Ovidio, de Te- 
rencio y de Plauto (2). No puede negarse, sin embargo, que la 
comedia está escrita con cierta fluidez, y que los caracteres (el de 
Panfilo, el de Galatea, y, sobre todo, el de la vieja) tienen algún 
relieve, que no permite confundir el Pamphilus con otros poemas 
análogos, totalmente incoloros y desdibujados, de su siglo y del 
siguiente. Abundan, como era de esperar en una producción me- 
dieval, las sentencias filosóficas y las moralizaciones; pero esto 



(1) Véase acerca de este punto, á Cloétta: Beiliage zur Liltcraturgcs- 
chic!/ le des Mittclalters wid der Renaissance; 1. Komoedie und Tragoedie im 
Miilelalter;Ha\le, 1890. 

Hay traducciones del Pamphilus en francés (hacia 1225), en italiano, en 
veneciano (véase // Panfilo in an/ico veneziano col latino a fronte, edito et 
illustrato da A. Tobler, en el Archivio glotlologico italiano de Ascoli; Firen- 
ze, 1886-1888; vol. x), y en islandés. Conocíanlo los. juglares pro vénzales. 
Existen varios manuscritos, y ediciones de últimos del siglo xv y principios 
del xvi, referidos por Cloétta en el minucioso trabajo citado (pág. 88 y si- 
guientes). 

(2) Véase nuestro estudio: Antecedentes del tipo celestinesco en la litera- 
tura latina {k'cvne Hispan ique, xv, 1906), y el excelente libro de Julio Puyol 
y Alonso: El Arcipreste de Hita (Madrid, 1906, pág. 2i>S y sigs.) 



398 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

no obsta á la propiedad en la expresión de los sentimientos. Los 
caracteres m.ls difíciles de trazar, el de Calatea y el de la vieja, 
no dejan de ostentar rasgos felices. Calatea, rebelde en un prin- 
cipio á las insinuaciones de Panfilo, siéntese gradualmente inva- 
dida por el amor, que no la consiente apreciar en todo su alcance 
el valor de las palabras de la pérfida vieja. Esta última, cuyos 
más importantes caracteres estaban ya determinados en la lite- 
ratura latina, muestra todas las dotes de habilidad é hipocresía 
que después habían de hallar tan maravillosa manifestación en la 
Comedia de Calisto e Melibea. La escena del vencimiento de Ca- 
latea, con ser harto más lúbrica que la de la seducción de Meli- 
bea en la Celestina, no llega, sin embargo, á la desvergonzada 
descripción en que se deleita el autor de la comedia Alda. 

Desconócense el autor y el lugar de redacción del Pamphilus. 
La obra está escrita en dícolos dístrofos (hexámetros y pentáme- 
tros), no siempre correctos. No faltan algunas rimas, aunque son 
muy escasas (i). Expresiones como: «salutis opem», «sua lumi- 
na vultus», «vanum depone timorem», «cura vigil», «satis expe- 
rior», y otras semejantes, revelan que el poema pertenece á la 
misma familia estilística que otros de su Edad, como la Alda, la 
Comoedia Lydiae y el Libellns de Paulino et Polla. 



* 



La importancia especial que el Liber Panphili ofrece en la 
historia de nuestra literatura, consiste, como es sabido, en haber 
sido parafraseado íntegramente por el Arcipreste de Hita, en las 
estrofas 580 á 89 1 de su Libro de Buen Amor, donde el propio 
Arcipreste (ó Don Melón de la Huerta) sustituye á Panfilo, y la 
viuda doña Endrina de Calatayud á la doncella Calatea. 

El Arcipreste, cuyo libro es en su mayor parte un centón de 
obras de su tiempo, cita tres veces á Panfilo: la una, cuando es- 
cribe: 



(0 Véanse,, por ejemplo, los versos 52, 71, 79, 144, 400, 413, 414, 420,. 
424. 436, 446, 464, 484, 500, 554, 685 y 780. 



UNA COMEDIA LATINA DE LA EDAD MEDIA 399 

«Sy leyeres Ovydio; el que fue mj criado, 
en él fallarás íablas que le ove yo mostrado, 
muchas buenas maneras para enamorado (i); 
Panfilo e Nason yo los ove castigado»; 

(E. 429); 

otra, cuando dice, aludiendo á la vieja Trotaconventos: 

«Doña Venus por Panfilo no pudo más fazer 
que quanto fizo aquesta por me fazer plazer»; 

(E. 69S); 

y la tercera, cuando termina la paráfrasis: 

«Sy vyllanja he dicho, aya de vos perdón, 
que lo feo de la estoria diz Panfilo e Nason.» 

En efecto, no ya lo feo, sino todo lo fundamental del episodio 
del Arcipreste, consta en el Líber Panphili; lo que el Arcipreste 
añade de su propia cosecha, son amplificaciones accesorias, aun- 
que admirables, y que en nada alteran los rasgos característicos 
de cada uno de los personajes. Considero muy dudoso que el Ba- 
chiller Fernando de Rojas conociese el libro del Arcipreste, el 
cual, aunque traducido al portugués durante la Edad Media, y 
citado por el Marqués de Santillana, sólo se conservaba en códi- 
ces que no debían de ser muy abundantes; pero, en cambio, es 
harto probable que conociese el Líber Panphili, reproducido en 
varias ediciones incunables. Nótese, en apoyo de la sospecha, 
que el autor de la Celestina estaba enterado de la literatura dra- 
mática latina (elegiaca y humanística); Menéndez y Pelayo, por 
ejemplo, ha comprobado la semejanza de aquella preciosa obra 
con la Conmedla Poliscene, de Leonardo Bruñí de Arezzo (publi- 
cada en 1478), con la Philogenia de Ugolino Pisani, y con la 
Chrysis, de Eneas Silvio Piccolómini (compuesta en 1444)» Y 



(i) Cito al Arcipreste por la edición paleo<náfica de J. Ducamin (Tou- 
louse, 1901), aunque, para la inteligencia del texto, debe consultarse la 
edición Cejador (Madrid, 1913). Después de la argumentación del profe- 
sor Rodolfo Schevill, en su hermoso libro Ovid and lite Renascence in Sf><iin 
(Berkcley, California, 1913, y véase nuestra recensión en el Boletín de la 
Real Academia de la H storia, Diciembre de 1914), creo extraordinaria- 
mente probable que el Arcipreste conociese de un modo directo las obras 
de Ovidio. 



400 boletín de la real academia de la historia 

aun ha apuntado la posibilidad de que hubiese leído Rojas el Li- 
bettus de Paulino et Polla (i). ¿Qué de particular tendría, por lo 
tanto, su conocimiento del Pamphilus, cuyo argumento presenta 
tan sorprendente analogía con el de la Comedia de Calisto e Me- 
libea? 

* 
* * 

El único manuscrito del Pamphilus que actualmente se conserva 
en España, parece ser el perteneciente á la Biblioteca de la Ca- 
tedral de Toledo, y había noticias de él gracias al Catálogo for- 
mado en 1869 por D. Luis Octavio de Toledo (2). Es un códice 
de varios, de letra del siglo xin, con iniciales y epígrafes en rojo, 
y consta de 79 hojas en vitela, sin numerar. Figuran en él, al 
principio, los libros De Pontho y De remedio amoris, de Ovidio (3), 



(1) Los versos del Arcipreste: Enxienplo de la propiedat quel djnero ha, 
que Menéndez y Pelayo sospecha puedan corresponder á otros que cita 
del Libellus de Paulino et Polla (Oiigcnes de la Novela, ni, Ixvij), parécenme 
inspirados más bien, como apunté en mis Anales déla Literatura española 
(página 145), en cierta composición latina del siglo xni, que se conserva 
en un códice del xiv, de la librería del Cabildo toledano. Reproduje estos 
versos en mis citados Anales, y constan asimismo, con variantes, en la edi- 
ción Th. Wi ight de: The latín poems commonly attribuled lo Walter Mapes 
(London, Camden Society, -841; págs. 355-356), y en el tomo 11, pág. 355, 
de la Historia critica de J. Amador de los Ríos. 

(2) Catálogo de la Librería del Cabildo Toledano; 1, Madrid, 1903, pági- 
na 141 (publicación de la Revista de Archivos, Bibliotecas y Muscos). 

(3) El Pamphilus fué alguna vez falsamente atribuido á Ovidio. En la 
edición de Francfort, 16 10, el Pamphilus figura entre varios Ovidii Erótica 
et Amatoria opuscula, aunque el editor Melchor Goldast atribuye la come- 
dia á un supuesto Pamphilus Afaurilianus, fundándose en que Guermundo, 
antiguo comentador de Prisciano, cita un verso del poeta Mauriliano que 
ahora consta en el Pamphilus. 

Nótese que el Arcipreste de Hita no confunde al autor del Pamphilus 
con Ovidio, sino que expresamente parece distinguirlos uno de otro. «It 
¡s unlikely from all this —escribe el Sr. Schevill, después de recordar las 
alusiones de las estrofas 69S, 612 y 891 del Arcipreste — that Juan Ruiz's 
raanuscript of the Pamphilus de añore attributed the work to Ovid; it may 
have borne simply the u^uil tille, Pamphilus de amore, and'Juan Ruiz must 
have considered one «Pamphilus» as the author of the play. The autobio- 
graphical character of his own poem would have tnade it a very natural 
con'clu ion for him that a certain «Pamphilus» whs telling only a personal 
experience, adoroed wilh the preceptsof Ovid.» (Op. laúd., pág. 31.) 



UNA COMEDIA LATINA DE LA EDAD MEDIA 40 1 

y después, desde el folio 63 recto hasta el 73 recto, el Pam- 
pkilus de amore. A continuación se insertan las Equipollentia 
Catonis y el Dogma moralium phüosophorum, del Maestro Gui- 
llermo de Anchis. El manuscrito es, probablemente, de origen ita- 
liano, y entró en época bastante tardía en la Biblioteca del Ca- 
bildo toledano, puesto que perteneció antes á la selecta colección 
del Cardenal Zelada, cuyas armas lleva en el lomo. La escritura 
es mala, y, en ocasiones, harto difícil de descifrar. 

Gracias á mi querido y docto amigo I). Eduardo de Laiglesia, 
pude obtener, hace años, la fotografía déla parte del manuscrito 
que contiene el Pamphilits, y tal es el texto que con fidelidad 
reproduzco en el presente trabajo, numerando las escenas y los 
versos, imprimiendo en cursiva las letras por mí añadidas al des- 
hacer las abreviaturas, y encerrando entre corchetes las palabras 
adicionadas y entre paréntesis las que sobran. Incluyo en nota 
las consideraciones estilísticas y de comparación literaria queme 
han parecido oportunas (1), y anoto igualmente las variantes de 
la última edición impresa que ha llegado á mis manos, que es la 
de A. Baudouin (Paris, 1874) (2), reproducida al final del tomo 11 
de la primorosa edición de La Celestina, impresa en Vigo, el 
año I90O, por el malogrado editor Eugenio Krapf. Entiendo que 
algunas de las variantes del manuscrito toledano, hasta ahora ig- 
noradas, valdrán la pena de ser tenidas en cuenta cuando se in- 
tente una edición crítica de Libe)' Panphiii, empresa que requiere, 
como es natural, un previo estudio de todos los manuscritos y 
textos impresos conocidos, por cierto bastante numerosos. He 
añadido á mi edición una versión castellana de la comedia, ver- 
sión no siempre literal, pero en todo caso lo más aproximada que 
me ha sido posible al espíritu del texto latino. 



(1) También expongo algunas observaciones sobre la métrica. Como 
no he intentado edición crítica, no entro en restauraciones que serían al 
presente prematuras. 

(2) Pamphtle, 011 l'arl d'é/re aime. Comedie latine du X c siec/e (sic) précé- 
dée d'une elude critique etd 'une paraphrase... Taris, Libra irie Moderne, 1874. 
Sigue priocipalmente la edición parisiense de 1499, á la cual acompaña el 
comento del humanista Juan Prut. 



402 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

De que en España persistió la lectura del Pamphilus hasta bien 
entrado el siglo xvi, dan testimonio algunos interesantes datos. 

D. Fernando Colón, en su Registrum librorum, cita dos ejem- 
plares del Pamphilus, en la siguiente forma: 

«[371 1] Pamphilus de amore. I.: «Vulneror, et clausum tero». 
D.: «tractus pamphili codex». Costo en Roma 7 quatrines por 
junio de I 5 1 3- Est in quarto.» (i). 

«[385]- Comedia pamphilios, in qua tota de humano amore 
dicitur, carmine edita cum expositione Jo. Proti. Prefatio. I. de 
Amore pamphili, et habet. 5- actus. Primus incipit: Vulneror et 
clausum. Vltimus desinit: Cum virgine voto. Comm. i.: Proposita 
diuisione. D.: Quem diligebat Ihs. In primo est epistola Anthonij 
barelli. I.: Instituenti mihi. In primo est epigrama. I.: Scelus 
amor. — Imp. perjacobum marschol. anno 1 5 1 1, die 18 martij.— 
Costo en lobayna 10. negmits dem.' 10 Abril de 1 522» (2). 

Más adelante, en I573> en e l Inventario de los bienes que que- 
daron por muerte de Doña Juana, hija de Carlos V, princesa de 
Portugal é infanta de Castilla, figura, con el núm. 213, la siguiente 
mención de un manuscrito: 

«La Comedia de Panfilo, en pergamino, de mano, que en la 
primera hoja está de iluminación Terencio y sus discípulos, do- 
radas las hojas, con cubiertas de tablas y cuero azul y cintas tur- 
quesadas; tasada en... 750 [maravedises]» (3). 



* * 



La influencia ovidiana no se echa de ver tan sólo en el léxico, 
en los giros y en la materia del Liber Panphili, sino muy espe- 



(1) Quizá la edición gótica, sin lugar ni año, de 16 folios, que cita Bru- 
net, suponiendo que salió de las prensas de Estéfano Plannck, en Roma 
(siglo xv). Acaba esta edición con las palabras: «Explicit amorem per trac- 
l us Panphylí codex.» 

(2) Ninguno de estos dos ejemplares se conserva, que sepamos, en la 
Biblioteca Colombina. No figuran en el catálogo impreso. La edición de 
1511 no está citada por Rrunet. 

(3} C. Pérez Pastor: Noticias y documentos relativos á la Historia y lite- 
1 atura españolas, tomo 11, Madrid, 1914, pág. 349. 



UNA COMEDIA LATINA DE LA EDAD MEDIA 403 

cialmente en el concepto del amor como enfermedad, herida 6 
fuego causado por las flechas del dios; y en el empleo de los 
monólogos amorosos, que, como hizo notar Gastón Paris, son 
fórmulas poéticas que «se remontan á la antigüedad griega y que, 
en nuestros poetas, provienen directamente de Ovidio». No sin 
motivo se ha calificado de aetas ovidiana á los siglos xii-xm. Si 
como ha demostrado, entre otros, Edmond Faral (i), Ovidio re- 
presenta un decisivo elemento en la formación del román francés 
de la Edad Media, no menos interesante resulta la influencia del 
poeta latino en la historia de los orígenes del teatro moderno, 
puesto que «las comedias elegiacas tienen, en el desenvolvimien- 
to del teatro cómico popular, la misma importancia que el drama 
litúrgico y bíblico latino en el desarrollo del teatro religioso» en 
lengua vulgar (2). Y ahí está, para demostrar lo primero, el Líder 
Panphili, en sus relaciones con la Celestina. 

Pero la comedia elegiaca era obra de clérigos (en el sentido 
medieval del vocablo), y escrita para clérigos. Aunque la imita- 
ción de Plauto ó de Terencio fuese las más de las veces externa 
y superficial, y los autores tomasen en ocasiones por argumento 
un suceso vulgar (como en el Libellus de Paulino ct Polla), ó un 
cuento oriental (como en el De clericis et rustico, que es en el 
fondo idéntico á un relato de la Disciplina clericalis, y que Ja- 
cobsen considera forma de transición entre el monólogo dramá- 
tico y la comedia ó farsa de varios personajes), el idioma em- 
pleado imponía necesariamente un número bastante reducido de 
lectores. 

No cabe negar, sin embargo, que estos lectores pudieron ser 
también espectadores, es decir, que las comedias elegiacas, en 
parte por lo menos, se representaron, constituyendo un verda- 
dero teatro. Como es sabido, las primeras representaciones de 
Juan del Encina y de Torres Naharro tuvieron lugar, no en la 
plaza pública ni en teatros ad hoc, que no existían, sino en salo- 



[\\ En sus Recherches sur les sources latines des coates el romans courtois 
du Aloyen Age; Paris, 1913; passim. 
(2) Jacobsen: Op. cit., pág, 32. 



j04 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

nes de magnates y príncipes, eclesiásticos ó seculares; y no por 
eso hemos de negar su transcendencia. Obsérvese, además, que 
el público del siglo xn no podía ser el mismo que el de las si- 
guientes centurias; la cultura era mucho menos extensa, y no 
estaban en condiciones de gustar de una obra dramática, por im- 
perfecta que su estructura fuese, sino aquellos para quienes las 
comedias elegiacas se escribieron, ó sea los clérigos, los que pre- 
cisamente podían comprender la lengua latina. Por eso los que 
compusieron tales comedias emplearon este idioma, en el cual 
demostró su pericia el anónimo autor del <tPamphilus de amores. 

A. Bonilla v San Martín. 



Jncipit Liber Panphili: W Pág . 

[I] 

[PANPHILUS, SOLUS] 

Vüineror, ét clausura porto süb péctore télüra, 

crescít el adsídué (2) plaga dolorq«¿ michl; 

se't (3) fenéntis ádhüc no« audcó dlcére nomin, 

nec sínít aspectüs plaga" uíderé süos. 

VW¿ futura meis maiora párícala da/wpnis (4) 

spéro; salütís opcm nJc medicina dabít. 

Quñm priüs Tpje uíaw melíore/» carpiré possüw? (5) 



(1) Pampiiii.us de Amore Comojoia. (Esta, y las demás variantes que 
anoto, se refieren á la edición Baudóuin, reimpresa por Krapf.) -Al margen 
del ms. toledano figura la siguiente nota, de ¡distinta, y, al parecer, más mo- 
derna letra: cPaophilus dicitur a pan, quod est Mus (?), et philos, quod 
est amor; inq. (?) Panphilus, id est, Mus tn amore. — Galathea dicitur a 
i^alac, quod est lac, et thesus (?), quod est pósito; inq. (?) Galathea, id est, 
lachs pos i lis.* — ím edición Baudóuin se divide en ir es actos. Comprende el 
1." los versos 1 á 2S7 de la presente; el 2. a , los 2SS á 54Q, y el 3. a ,aesde el 550 
hasta el final.— Transcribo siempre z por et. — (2) Assidue. Pero la d parece 
enmendada en el ms. toledano, y también pudiera leerse assidue. — (3) Et. — 
4) Da mnis. — (5) PÓssim. En cierta canción amorosa del siglo Xtí, acompa- 
ñada de música, que Du Afc'ril publicó («Poe'sics inédites du A/oyen Age-»; 
Pa 1 i -, 1 S 5 j; pág. 29 j) parece existir relación con el comienzo del «Liber Pan- 
phili». La canción empieza asi: 



UNA COMEDIA LATINA DE LA EDAD MEDIA 405 



Comienza el libro de Panfilo. 



PANFILO, SOLO 

Herido estoy, y oculto llevo el dardo en el pecho; sin cesar 
aumentan mi llaga y mi dolor. Mas no me atrevo aún á declarar 
el nombre de quien me hirió, ni permite la herida examinar su 
aspecto. Espero que así han de surgir, en daño mío, peligros ma- 
yores; ni siquiera la medicina servirá para que recobre la salud. 
¿Cuál será el mejor partido que pueda tomar? 



40Í> BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

Heü miclñ\ Quiú facía;;/? (6) No« béné cérxú-i co. 

CónquerSr, eslqué mee iüstlssíma caüsá <\u£ve\c, 
i o cñm sít cowsílíi copia nrélla miclñ. 

Sét quid m?¿há nocé«t (7), opüs (8) est miclñ q?^rere (9) mtólta, 

naw solet íirs úominitm sepe iüuare süüw. 

Sí mt~á plaga silos dniüdet í;z ordine u?¿ltus, 

que sít, ét xxndé ue;;ít, arma (10) q?¿is él (1 1) poaüit, 
1 5 pérdet (12) él IpfS süc íortassís spé#z mediciné. 

Spes refíczV ádmiaüm, fallít ¿/ ípj-a süüw. 

Si tegat ex toto fácicw motf/squé dolorís, 

ét (13) nXxnquám quBvdX plaga sálülís ope;«, 

fórsítan édeníéwt péiorá priorib&r lilis (14), 
20 él me ¿w/tíngct próiínüs Tndé morí. 

Exstíino (15) mostrarl (16) mblíüs) iá>z (17) cóndítüs ígnís, 

acríor; éffusus, par tío r ejje soler. 

Ergo loquár Uc'nerl, Uéaüs est mórs uítíq;^ nJj/rí (18), 

dücüntz¿/'q?/¿ süís omtñá cansíOis (19). 

[Panphilus, Venus.] 

[PANPHILUS] 

15 Vnica spes uite nw/re, Ven«f ¡«dita, salue, 

que facis imperio cu[n]cta subiré tu o, 

qunm trmel alta ducuw, ser\ú\.qne potcwtia reguw! 

Supplicib/íJ uotis tu, pia, parce md.s. 

Ne miclñ ^20) sitis (21) dura, precibusque (22) resistiré noli (23), 
30 sel fac q«0d? poseo; non ego mag;*a peto. 

«Occidi, ñeque virgo 
est usquam, ñeque ego 
qui illam e conspectu amisi meo. 
Ubi quaeram? Ubi investigem? 
Quem percuncter? Quam insistam viam?» 

6) Fació. — (7) Juvaot. — (S) Entrerrenglonado, como aclaración, y de distin- 
ta letra, en el ms. toledano: «necesse». — (9) Opus est inquirere.— (10) Ar- 
raaque.- (11) Falta et.— (12) El ms. toledano: «Perdit».— (13) Si.— (14) Istis. 
El y i de peiora, está entrerrenglonado en el ms. toledano.—- (15) Estimo. — 
116) Mostrare.— (17) Nam.-(i8) Nostra. — ( 19) A continuación, y al margen, 
de distinta letra, en el ms. toledano: «Glosa. Venus, dea amoris». — (20) Falla 
michi. — (21) Sis. El ms. toledano es aquí de difícil lectura. Puliera leerse: 
aitem.- (22) Meis precibus.— (23) Nolis. (Verso defectuoso.) 



UNA COMEDIA LATINA DE LA EDAD MEDIA 407 

!Ay de mí! ¿Qué haré? No lo sé con certeza. Quejóme, y es jus- 
tísima la causa de mi querella, puesto que carezco de todo auxilio. 
Mas, como son muchas las cosas que dañan *, conviéneme buscar 
variedad de recursos, porque la destreza suele ser útil al que la 
emplea. Si mi dolor descubre uno por uno sus momentos, decla- 
rando lo que sea, de dónde venga, y quién arrojó el arma, quizá 
pierda toda esperanza de remedio. La esperanza conforta al que 
la posee; pero también le engaña. Si por completo encubro el as- 
pecto de la herida y la agitación del dolor, y renuncio á deman- 
dar ayuda para salvarme, tal vez acontezca que sobrevengan 
peores peligros que los primeros, y en su consecuencia habré 
de morir. Juzgo que será mejor declararme; además, el fuego 
escondido suele hacerse más fuerte; desparramado, es más escaso. 
Hablaré con Venus, pues ella es nuestra muerte y nuestra vida, 
y todas las cosas se rigen por su consejo. 



II 
Panfilo, Venus. 

PANFILO 

¡Esperanza única de nuestra vida, ínclita Venus, tú que todo 
lo sujetas á tu imperio, tú á quien teme el encumbrado poderío 
de los magnates y de los reyes, salve! Acoge, piadosa, mis rendi- 
dos votos! No me seas dura; no quieras resistir á mis preces; 
haz lo que pido, pues no demando grandes dones. 



«E porque muchas de cosas me énbargan c enpecen, 
he de buscar muchos cobros segunt que me pertenescen.» 

(Arcipreste de Hita, e. 591.) 



408 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

Dixi non magwa (24): miclt'i misero (25) mag«a uide«t«r; 

set \amen ista clare non Ubi difficile esL 

Anmio (26) dic tantitm, \;\m \i\mque beatwj [h]abebor, 

et sic eueniewt prospera cu[n]cta miclñ. 
35 Est mic/ñ uicina — uellew non esset (27) — puella... 

si non subueniat gratín uestra mic/ñ... 

nam solet a moto plus led¿/e prox'imus ignis: 

me, si [a]mota foret, ledáret ipja minus. 

Feriar (28) uicinis formosior ommbus illa, Pá g . 3 . 

40 aut me íallit amor, ómnibus aut superes/. 

Hec mea transiecit (29) curtís precordia telis, 

tela n¿c inde queo ui remou^re m^a. 

Vulneris inde n\e\ crescit dolor ómnibus [h]oris, 

decrescitqwe color, uisque decorqwé meus. 
45 Hoc (30) nulli dixi, nec que m¿a (31) uulnera fec//, 

justaq//£ causa fuit, dictf/'e quod (32) uetuit. 

Dicitwr— et fateor--me nobilioribwj orta (33), 

his (34) ideo metuo dic£/ _ e uelle menm. 

Fertw ("3 5), et est nerum, quod me sit ditior illa, 
50 et decus et dotes (36) copia sepe rogat. 

Non miclñ su#t dotes (37), decus iuge«s, copia grawdis, 

set quod haóere queo, quero labore meo. 

Duw modo sit diues, cu'wsdam nata bubulej, 

eligit (38) e mille quemiibet (39) illa uiruw (40). 
55 Jlliwj in forma n<?.s7ros tremor oceupat art«j, 

et magis hec uotuw rí'icere causa uetat. 

Cowcip// ingentes ánimos fiducia forme, 

juque moduw (41) úominam non sinit esse sua/«. 



(24) Entre/reno loriado, en el ms. toledano: peio {quizá peto, como glosa 
del poseo, v. 30).— (25) Misero michi. (Mejor lección, pero el verso es siem- 
pre defectuoso). — (26) Entrerrenglonado , en el ms. toledano: «owcedo». — 
(27) Esse. El ms. toledano está aquí muy oscuro. — (28) Superpuesto, de distin- 
ta letra, en el ms. toledano: «dicitur*. — (29) Trajecit. — (30) Hec. — (31) Mi- 
chi. — (¡2) Que. — (33) Entrerrenglonado, en el ms. toledano, de distinta letra: 
«illam esse».— (34) Huic. — (35) Entrerrenglonado, á modo de glosa, como 
las anteriores, en el ms. toledano: *Dicilur». — (36) Glosa de T. (ms. tole- 
dano): *\d est, possessionesD.—di) Glosa de T.: «possessiowes». — (38) Eli- 
get. — (39) Ex mille quem volet. — (40) «Sit bona, sit sapiens, sit nobilisat- 
quedecora, || despicitur mulier si videaturegens. || Rustica, deformis, nulla 
virtutenitescens, || dum locuples manea t, feminaquaeque placet.»(Z>¿ Pau- 
lino el Polla Libellus, ed. du Méril, pág. 38S).— (4 1) Modo. 



UNA COMEDÍA LATINA DE LA EDAD MEDIA 4O9 

¡No grandes, dije!; á mí, infeliz, grandes me parecen; pero, no 
obstante, no es para ti difícil concederlos. Di tan sólo: «accedo», 
y al momento rne consideraré dichoso, y todos los acontecimien- 
tos serán prósperos para mí. Tengo una joven vecina (¡ojalá no la 
tuviese!...) *. Si tu favor no me acorre... ** porque el fuego que 
está próximo suele dañar más que el alongado, y ella, si viviera 
lejos de mí, también me dañaría menos. Fama tiene aquélla de 
ser más hermosa que todas sus vecinas; si el amor no me engaña, 
á todas las sobrepuja. Esta fué la que traspasó mi corazón con sus 
dardos, y no tengo alientos para retirar la flecha. A cada instante 
aumenta el dolor de la herida; quiébraseme el color, amenguan 
mi fuerza y mi lozanía. A nadie descubrí estas cosas, ni quién 
causó mis heridas; y la justa razón que para esto hubo, fué que 
ella me vedó declararlo. Dícese — y lo confieso — que es nacida 
de más nobles padres que yo; por eso no me atrevo á manifestar- 
les *** mi deseo. Dícese también — y no lo niego — que me gana 
en riqueza, y muchas veces le ruegan casamiento con honores y 
fortuna. No poseo yo fortuna, ni grandes honores, ni cuantiosos 
bienes; pero lo que soy capaz de adquirir, buscólo con mi tra- 
bajo. Con tal que sea rica, la hija de algún vaquero podrá esco- 
ger entre mil por marido á quien quisiere. En vista de su belle- 
za, el temblor se apodera de mis miembros, y esto me impide 
aún más declararle mi deseo. La confianza en su hermosura, há- 
cela concebir notable orgullo, de suerte que á nadie consiente 
que sea su dueño. 



• Aunque el Arcipreste trastorna á veces el orden de los pensamientos, 
pare'ceme que en el presente caso seguía un original donde tos versos se halla- 
ban en este orden: 35, 39 40 á 60, 37, 38, 61 á 70, 36, 71. Pero en tal forma, 
fallarían: un pentámetro, después del verso 35, y un hexámetro, antes del 36. 

** «Sy vos non me valedes, mi[s] menbrios desfallecen.» 

(Arcipreste, e. 607.) 

*** «En le dezir mi deseo non me oso aventurar.» 

(Arcipreste, e. 598.) 



tomo i.xx 26 



4 JO BOLETÍN db la real academia de la historia 

.Has de corde meo tentaui demore curas (42); 
r>o sepi?/J obstanti (43) tune mag/'j arsit (44) amor. 

En mala noslca uides, en nosíva p¿/ic«la nosti (45): 

vnde p/vcor precibus mitis adesto nms... 

Non mr'ck'i respondes, non (46) dictis porrigis aures (47), 

nec tua clara meum lumi;¿a lum¿« habentl... 
65 Aut tu tolle tuas de corde nosívn (48) sagittas, 

aut tu seua tuis uwln^ra pasee iocis (49). 

Quis posset tanti cura/» tolerare laboris (50), 

que (51) domino flenti p/rmia n//lla daret? 

Jfnjsto rogando t/¿i, michi na« dolor anxiwj i[n]stat (S2\ 
70 assiduasq»¿ p;vces concipit ule (53) dolor. 

[venus] 

(Tvnc Uénüs héc inquif:) (54) Labor Imprdbüs omníá uincit. 
Quahbet et poteris ipse labore frui, 
et (55) mostrare tuos a;/iwos nulli ue/^aris, 
vis (56) erit i« (57) mille que neget (58) una tibí (59); 
75 qua//;qtt¿ pr^cando petis, priuj áspera forte negabit (60), 
set leue ponáus habet WYuts aspiritas, 
nam iurawdo p/ius quos venditor ip.re negabat (61) 
venales, census xmprobus emptor habet; 
non (62) mare tnznsisset, pauid//¿ si nauta fuisset, 



(42) Temptavi demere flammas. — (43) Glosa de T. «m/V/zi».— (44) Sed ma- 
gis iuslat.— (45) Glosa de T.: «nouisti».— (46) Nec. — (47) Aurem.— (48) Nos- 
tro de corde. (Y asi ha de ser, para que el verso resalle corréelo). — (49) Mo- 
dis. — (50) Doloris.— (51 ) Glosa de T.: «cura». — (52) Ista tibi narro: nam me 
dolor anxius urget. (Corrección hecha, sin duda, para evitar la monótona 
sucesión de los cinco dáctilos.) — (53) Ipse. — (54) Omite estas cuatro palabras, 
quizó por considerarlas como una interpolación. J.-P. Jacobsen (Essai sur les 
otigines de la comedie en Frunce au Moyen-Agc; Paris, 19 10; pág. 2 1 ) escribe: 
«L'intercalation en queslion sera i t done une trace de la forme antérieure 
du poérrio Pero no me parece acertada la hipótesis. Creo más probable que el 
verso quedó imperfecto en alguna de las copias, por omisión del primer hemis- 
tiquio 'que pudo ser, por ejemplo: \Inciiai umbra metum», «Multa iulitlabcr, 
ai» ó cualquiera otra frase análoga), y que ?nás tarde fue' suplida la omi- 
sión, guardando la métrica, con el disparatado: < Tune Venus hace inquit». 
(55) Tu.— (56) Vix. (Mejor lección).— -(57) Ex.— (58) Glosa de T.: «se». 

l'ersode Ovidio (Ars amandi, I): «Vix erit e multis quae neget una 
lib¡».— (60) Glosa de T.: «se tibí*. — (61) Negarat. Los versos Jó y 77 están 
entrerrenglonados en T. — (62) Nec. 



UNA COMEDIA LATINA DE LA EDAD MEDIA 411 

Intenté arrancar de mi corazón tales inquietudes, y el amor se 
•enardeció tanto más, cuanto con mayor ahinco procuraba estor- 
barlo. Ya ves mis males, ya conoces mis peligros; atiende mansa- 
mente, te lo ruego, á mis súplicas... No me respondes; no prestas 
oído á mis palabras, ni tus claros ojos me muestran protección!... 
O arranca tus saetas de mi pecho, ó mitiga las crueles heridas 
con tus solaces *. ¿Quién podría soportar el afán de tamaño do- 
lor, sin otorgar alguna recompensa á su lastimado dueño? Ahin- 
cadamente te lo ruego, porque me aqueja y tortura la pena, en- 
gendrando mis continuas súplicas. 



VENUS 

(Entonces dijo Venus estas palabras): Todo lo vence la por- 
fiada solicitud **. A cualquiera mujer podrás gozar si pones em- 
peño en ello. No te avergüences de declarar tus deseos á ninguna, 
porque, de mil, apenas habrá una que te lo niegue. Aquella á 
quien supliques, tal vez te rechazará primero con aspereza, pero 
poca importancia tiene tal severidad. En efecto: a fuerza de pro- 
testar, el comprador porfiado consigue los bienes que el vende- 
dor negaba en un principio estar á la venta; y no pasaría la mar 
el marinero, si se espantase 



iTira de mi coragon tal saeta e tal ardura; 
conortadme esta llaga con juegos e fulgura.» 

(Arcipreste, e. 605.) 

** cRespondió doña Venus: «serujdores vencen». 

(Arcipreste, e. 607.) 



412 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

80 túrgida cu>« pñmum restituit (63) unda rati. pi g . ^. 

Ergo tuis primu/// si notí datwr (64) illa loqwlis (65), 

arte ue\ officio fac tamen ut faueat. 

Ars a«i««>s frangit el firmas (66) diruit (67) urbes; 

arte caduwt turres; arte leuat«r hon7¿y (68); 
S5 et pisi is liquidís dep;vhendu»t«/ - (69) arte sub u«dis; 

et pedib^J siccis per mare cunit homo. 

Cunctarum rer«* sapiewtia discit/zr usu; 

vsus et ars clocuit que fac// 1 omnis homo (70). 

Rehus et \n m/<ltis ars (71) adiuuat officiu/»q»i; 
yo paupí/* se|)e suo pascit?/;* officio; 

et qwzwuis (72) iusta sedatwr principis ira, 

seruat et illesuw corpwj opesq«¿ reus; 

ei gaudet locuplex qui flere solet egenttí... (73) 

Erg» tuis primu*» si nn« fau[et] illa ]oque\i¿ (74), ... 
95 et modo uadit (75) eques q»/ solet iré pedes. 

Quod donare sibi minime potuere parewtes, 

hoc exigenti (76) inm dabit officiu»i. 

Oíficiiw«q«¿ tuuw primu;» (77) si forte recusat, 

tu smiire \ctmen esto para tus ei. 
100 His potiris superare minas caz/jantis awice, 

fiet árnica U'ó\ que prius hostis erat. 

Jn quib/« cjje solet loca sepi«J i pía (78) freqw^nta, 



(63) Restitit. (Y es mejor lección.)— (64) Favet.— (65) Querelis.— (66) For- 
tes.— (67) Obmit. -(68) Onus, aparece escrito en T. varias veces con h, quizá 
por el recuerdo de honos. — (69) De prenditur. (Corrección necesaria para 
obtener ¡a medida: et pls/els líquí/dls dé/préndíiür/arte sub/ündís).— 
(70) Los versos 8j y SS faltan en la ed. Baudouin. Es dudoso qia figurasen 
en el texto que manejaba el Arcipreste de Hita, pues parafrasea de este modo 
(estrofas óig y 620, ed. Ducamin): 

«Por arte los pescados se toman so las ondas, 
c los pies enxutos corren por mares fondas; 
con arte e con seruicío muchas cosas abondas; 
por arte non ha cosa a que tu non 1 respondas. 
Orne poblé, con arte, pasa con chico oficio, 



Nótese que los versos Sj y SS son casi idénticos a los 210 y 21 1.— (71) Glosa 
de T.: «hose/»» t?). (72) Falta et, y, en lugar de qwawuis, consta: officio.— 
(73) Solebat egenus (Mejor lección). Glosa de T.: «pauper».— (74) El verso 
V4 falla en la edición Baudouin. Nótese que viene a ser repetición del <?/.— 
(75) Fenur.— (76) ExerCenti. — (77) Glosa de T.: «prime». — (78 Illa. En 
7', parece haber sido borrada la e final de ipse, sustituyéndola por a. 



UNA COMEDIA LATINA DE LA EDAD MEDIA 413 

la primera vez que las hinchadas olas oponen resistencia al na- 
vio. Así pues, si al principio no se rinde á tus palabras, procu- 
ra, no obstante, mediante habilidad y obsequios, que te favo- 
rezca. La destreza quebranta los corazones y arruina las fuertes 
ciudades; por arte caen las torres; con arte se levantan las car- 
gas; con arte se cogen los pescados bajo las cristalinas ondas, 
y corre el hombre con pies enjutos por la mar. La ciencia de 
cualquier género de cosas, se aprende mediante el hábito; hábi- 
to y arte enseñan lo que hace todo hombre. En muchos asun- 
tos ayudan la destreza y el servicio; frecuentemente el pobre 
se mantiene gracias á su complacencia; con servicios se apaci 
gua la justa indignación del príncipe, y conserva ilesos el reo 
su cuerpo y sus bienes, y se regocija opulento el que, menes- 
teroso, solía llorar... Luego, si ella no se muestra primero pro- 
picia á tus palabras... y va ahora á caballo el que solía ir á pie. 
Lo que dar no pudieron en modo alguno los padres, darálo al 
punto el obsequio al demandante... *, y si tal vez rechaza en el 
primer momento tu solicitud, debes estar, no obstante, apercibi- 
do para servirla. Así podrás triunfar de las amenazas de la recal- 
citrante amiga, y, la que te era contraria, te cobrará amor. Fre- 
cuenta los lugares que ella suele visitar á menudo, 



* «Maguer te diga de non, e avnque se ensañe, 

non canses de segujrla, tu obra non se dañe; 
faziendole serujgio tu coraron se bañe; 
non puede ser que non se mueva canpana que se tañe.» 

(Arcipreste, e. 623.) 

El orden de los versos latinos parece que habría de ser e'sle: 93, 95, 96, 97, 
94 y 98, pero faltarla un pentámetro después del 94. (Comp. Arcipreste, 
ee. 622 y 623.) Tal pentámetro es, probablemente, el verso S2; uJlese, en efec- 
to, que los versos 81 y Q4 son casi idénticos. Me inclino á sospechar que el 94 
sea una interpolación. 



4<4 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

siue potes pulchris pascere, pasee iocis. 

Gaudia semper amat el ludiera \\er\yn (79) iuaenius, 

105 et iuuenuw mistes hec (80) i» amore mouewt (81). 

Nec non (82) semper ei te letis uultibwj oífer (83); 

est cu>« letitia pulchrior o .v«is homo. 

Nec nimiuw t a ceas, aec u¿rba sup^rflua dicas, 

despic/Y e (84) mínimo sepe puella uiru/». 

1 10 Excitat et nut/it facundia dulcís amores, 
I 

et mulcews (85) a«i;//os mitigat ipja feros. 

Si locus cst, illi iocu/zdis uersibus (86) i[n]sta (87), 

quod uis (88) sptfrasti iam dabit ipja tibí. 

Non sinit interdwn pudor illi promere uotuw, 
1 1 5 set quod habere cupit, hoc mag/j illa (89) negat. 

Pulchriwj esse putat (90) ui perderé ui/ginitate;», 

qua?« dicat: «de me fac modo velle tuum.t (91) 

Hoc nimiuw caneas, si sit Ubi parua suppellex, 

nescial esse tuum pauperiemque tua/«; Pág. 4. 

J20 exiguo pulchraw duczV solle/'tia uita;;/ (92), 

jocu;zdoq«¿ suas ore teg/t lacrimas. 

Quod no« es simulare potes dictis (93) habituqr/i, 

máxima sors paruo contigit ¡«genio. 

Plurima muudus sua que habet (94) uicinia nescit, 
125 de quibus apta (95) sibi plwa refeive potes; 

crede quod iaterdum m?/ltis m¿«dacia prosuwt, 

el quandojue nocet omri\& uere Í96) loqui. 

Et fámulos fam?¿lasq«£ dom?/í sibi sepe loqwentes 

allice colloq«/is (97) muneñbusque tuis, 
130 vt semp^r refera«t de te bona u^/ba (98) uicissi/w, 



(79) Leta.- (80) Hoc. — (81) Ligat. — (82) En lugar de estas dos palabras, 
la edición Raudouin trae: Letum. Glosa de T.: tid est: simWiter*. — (83) Glosa 
de T.: «tu».— ^84) Ex. - (85) Multos.— (86) Jucundus viribus. (Y es mejor 
lección. Peto recuérdense, no obstante, los «teneros versas» a que alude Ovidio 
en el Ars amandí, 11). -(87) Insta.— (88) Vix. {Mejor lección).— {%<)) Ipsa. — 

(90) Pulchrius est illi. 

(91) cFemioa quam iuveni blande tentata repugnet, 

haec quoque, quam poteris credere nolle, volet. 
Utque viro furtiva Venus, sic grata puellae: 
vir male dissimulat; tectius illa cupit.» 

(Ovidio: Ars amandi, 1). 

(92) Glosa de T.: «sollers I10///O, id est, sapiens; pojv/it h/í forma pro forma- 
to (?)».— (93") Dictisque. - (94) Plurima mündus habet sua que. {Mejor lec- 
ción).—^) Acta.— (96) Verba. (Mejor lección).— -(97) Pollicitis.— (98) Multa. 



OKA COMEÜIA LATINA DE LA EDAD StEDlA 415 



• 

y, si hallares ocasión de hacerlo, entretenía con deleitosas bur- 
las. La juventud ama la alegría y los dichos divertidos, y esto 
enamora las voluntades de los mozos. Preséntate, además, siem- 
pre con rostro placentero, porque todo hombre parece más 
apuesto con la alegría. Ni calles demasiado, ni digas palabras 
ociosas, porque muchas veces la doncella desdeña al varón por 
cualquier pequenez. Las dulces palabras estimulan y alimentan el 
amor, y, amansándolos, apaciguan los caracteres soberbios. Si vie- 
res que hay lugar, apremíala con regocijada violencia; darte ha lo 
que apenas esperabas. A veces, el pudor no la permite manifestar 
lo que anhela, sino que, aquello que más codicia, eso es cabalmen- 
te lo que con más tenacidad rehusa. Más honroso juzga perder por 
fuerza su entereza, que decir: «ordena de mí á tu voluntad». Ten, 
sobre todo, mucho cuidado, si eres de poca hacienda, de que ig- 
nore tu condición y tu miseria; la industria sabe atribuir al escaso 
una vida feliz, y esconde las lágrimas bajo la apariencia de un 
rostro alegre. Fingir puedes lo que no eres con tus palabras y 
con tu apos.tura, que al más corto ingenio le sobreviene la mejor 
suerte. Hartas cosas hay que el prójimo ignora, acerca de las 
cuales mucho puedes contarle. Cree que á las veces á muchos 
aprovechan las mentiras, y á las veces daña ser verídico en todo. 
A los servidores y servidoras de su casa, que suelen conversar 
con tu dama, atráetelos con tus charlas y dádivas, á fin de que 
unos tras otros vayan cliciéndole bienes de ti, 



4 < 6 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

et pasca«t áominnm laúd ib»; tuis usq«¿ (99). 

Duw (ioo) d ubi as dubio m¿«tes i« pectore u¿> - sat (101) 

an faciat ue\ non (102) nescia uelle tuuw, 

tu«c illa;x rm/lto tewptamiwe sepe fatiga, 
135 vt c'xúus possis uictor amore fruí. 

Pellitwr huc (103) a«i;«us how/«is (104) ue\ pellitwr illuc (105) 

sepe labore breui, <Sum maní/ i« dubio. 

Et placeat unbis interpres semp¿r (106) utrisqwí (107) 

qui caute referat hoc quod nterque cupit (108), 
140 emula na;w inuenuw diiudicat acta senectwj, 

et s\mu\ hos p/-¿>hibe/ litigiosa loqui. 

Jncipe: spe meli«j dedit et dabit omn'ia tempus, 

nec timor ullus erit vi quib?/s esse times. 

No« tibi plus dicaw; uinces studiosus awicaw, 
145 inceptuwqwí uiis mille patebit op«í. 

[III] 
[PANPHILUS, SOLUS] (109) 

Incolumis leuiter egro solacia (1 10) p/-¿bet, 

nec min»; inñtmus sentit adewe maluw. 

Consilio Uen¿ns michi non dolor alleuiatwr, 

sei meus \n tristi pectore reg«at amor. 
1 50 Acten«j (1 1 1) auxilij miclñ spes fuit omn'is vi illa; 

spes modo (112) discessit, et (1 13) m¿net ipse dolor! 

No;/ miser euadaw; me nauta reliqw/d (114) vi undis, 

et portuw quero non (115) repperire (116) queo. 

Set modo quid faciawj 3 mía spes modo (117) spectat ad illa/w, 
155 illi me nouití/ - conuemt iré loqui. ... 

Qua/w formosa, deusl, nudis ue«it illa capill/j/ 

Quawt?/í et essct (118) ei n««c locus inde loqui! 

Set súbito (119) ta«ti mic/ñ nec (120) uenere timores! (121) pá¿. 



(99) Et pascant dominam laudibus u-que tuam. (Mejor lección). Glosa 
de T.: *\d esi, sempír. » (Com/>. análogos consejos en Ovidio: Ais amandi, 1 
y 11). — (100) Cum. — (101) Vertat. — (102) Glosade T.: «faciat tuu/w uelle». - 
(103) Hinc. — (104) Ilominum. (Mejor lección.) — (105) Illinc. — (106) ín- 
ter.— (107) Utrumque. — (108) Ferat. — (109) Al margen di T.: «P. G.».— 
110) Podría también leerse en T.: «fa lacia 1. La edición Bando uin trae asi 
el verso: «Incolumis egro leviter solacia prebet>. — (111) Hactenus. — 
(112) Mea. — (1 13) Sed. — (114) Reliquit. — (1 15) Nec— (116) Reperire.— 
(117) Nunc. — (118) Quantus adesset. (Mejor lección.) — (119) Dubito.— 
(120) Nunc. (Yes mejor lección.) — (121) Dolores. 



UNA COMEDIA LATINA DE LA EDAD MEDIA 417 

y continuamente la entretengan con tus loores. Mientras revuel- 
ve en su irresoluto corazón dudosas inclinaciones, sin saber si 
cumplirá ó no tu voluntad, importúnala con muchas y frecuentes 
acometidas, para que pronto puedas, vencedor, gozar de sus 
amores. Tal vez, mientras el humano espíritu anda dubitativo, 
cuesta poco trabajo inclinarle acá ó allá. Plázcaos también tener 
siempre un mediador entre ambos, que mañosamente ponga en 
conocimiento del uno los deseos del otro; la celosa ancianidad 
discierne, en efecto, los impulsos de la juventud, y al mismo 
tiempo estorba sus disputas. ¡Comienza, pues! Con esperanza, el 
tiempo ordenó y ordenará siempre todo mejor, y nada temerás 
de lo que ahora recelas. No he de decirte más; si fueres solícito, 
conquistarás á tu amiga, y se te ofrecerán mil recursos para dar 
fin á la comenzada empresa. 



III 

PANFILO, SOLO 

¡Fácilmente ofrece el sano consuelos al enfermo; pero no por 
eso olvida el doliente la presencia del mal! Los consejos de Ve- 
nus no alivian mi dolor, pues Amor sigue imperando en mi afli- 
gido pecho. Hasta este instante puse en ella toda esperanza de 
auxilio; mas ahora la esperanza desapareció, y sólo subsiste el do- 
lor. No escaparé, ¡infeliz de mí!; abandonóme el marinero en me- 
dio de las ondas; busco el puerto, y no me es posible hallarlo. 
Mas, en este trance, ¿qué haré? A ella se vuelve toda mi espe- 
ranza, y con ella me importa razonar ahora... ¡Dios, cuan her- 
mosa viene, con los cabellos sin adorno! * ¡Qué ocasión tan opor- 
tuna sería ésta para hablar con ella! Pero, de repente, me sobre- 
vienen tales miedos!... 



cAy Dios, e quam fermosa vyene doña Endrina por la plaga! 
¡Que talle, que donayre, que alto cuello de garga! 
¡Que cabellos, que boquilla, que color, que buen andanga! 
Con saetas de amor fyere quando los sus ojos alga.» 

(Arcipreste, e. 653.) 



4 18 BOLETÍN DE LA REAI. ACADEMIA DE LA HISTORIA 

Nec mea mcws (122) mecura, nec mea uerba manewt, 
160 nec mt'cki su;/t uires, trepida/zt (123) manusque pedesq/ve; 

attonito nwllus congvuus est habitus. 

Mentis \n aífectu sibi dicere phira putauj (124), 

set timor excussit dicere que uoluj. 

Non sum (125) qui (126) fnerawz, uix me cogwoscere possu»*; 
165 nec (127) bene uox sequitz//-, set tamen inde (128) loquar. 



[IV] 
[Panphilus, Galatea. ] (129) 

[PANPHILUS] 

Alteriwj uille néptis mea (130) mille salutes 

per me manda uit oíñciumque tibí : 

hec te cognoscit dictis et nomine tantum, 

et te, si locus est, ipsa uidere cupit. 
170 Jllic me uoluere mei retiñere pare[n]tes 

de quibus electis uilla reddundat ibi; 

hij (131) michi spo»deba«t cu/« su/urna dote (132) puella;//, 

pluraqwe que non est cura referre modo (133) qwere f 1 34)- 

Omnia postposui: tu sola miclñ placuisti; 
175 respuerew pro te quicquid in orbe manet. 

Ludendo \oqui mur : \oquitur (135) sic sepe iuuenius; 

verbula mista (136) iocis iurgia n«lla moue«t. 

Sei modo dicam«j cordis secreta uicissim, 

dictaqve, preter nos, nesciat alte/' homo. 
180' Demus et \\ide fide;« fieri sic, postea dica;«. 

P/imitttj - incepi: primiUis inde (137) loquar. 

Nos modo concordes debemwj uera faterj. 

Gratior in mu«do te mi'c/ñ nu\\a mane/zt (138); 

vt (139) te dilexi ia>« ter pertensiit (140) annw; 
185 nostra nec ausus era?» nota refe/re Ubi. 

Tempore non longo loq«/t«r sapientia surdo, 

nosq#¿ diu frustra non decet inde loqui. 



(122) Vox.— (123). Trepidantque. (De todos modos, el verso resulta defec- 
tuoso.)— ( 1 24) Notavi.— ( 1 25) Tum.— ( 1 26) Quod .— ( 127) Non.— ( 1 28) Ipsc. - 
(129) Al margen del verso 166, en T.: «P. G.».-(i3o) Mea neptis. (Mejor 
estilo.)— (1 3 "i) Hi. — (132) Summa cum dote. (Mejor estilo.)— (133) Michi.— 
(1 \\ O/nUido, y con razón.— (135) Loquimur.— (136) Ficta.— (137) Ipse.— 
(ij8)íManct.~ (139) Et.— (140) Preteriit. (Mejor lección.) 



UNA COMEDIA LATINA DÉLA EDAD MEDIA 4 1 9. 

\ 

Ni estoy en oii seso, ni soy dueño de mis palabras, ni tengo 
fuerzas. Pies y manos me tiemblan. No hay voluntad que valga 
para el que se halla sobrecogido. Muchas cosas tenía pensadas 
allá en mi interior con objeto de decírselas, pero el temor me 
hace desechar cuanto se me ocurre. No soy el que era; apenas 
puedo conocerme á mí mismo, ni la lengua obedece al pensamien- 
to; mas, con todo, hablaréla. 



IV 
Panfilo, Galatea. 

PANFILO 

Mi sobrina, la de la otra villa, te envía por mi conducto mil 
saludes, y se ofrece á tu servicio. Sólo te conoce de nombre 
por lo que de ti le han contado, y, si llegare la ocasión, desearía, 
verte. En aquel lugar me quisieron retener mis parientes, que 
son de las personas distinguidas que allí abundan. Ofrecíanme 
una doncella de gran riqueza, con otras ventajas que no importa 
referir ahora. De nada hice caso; tú sola me has agradado; por ti 
despreciaría cuanto hay en el mundo. En juego hablamos; así lo 
hace muchas veces la mocedad; palabrillas que llevan mezcla de 
burlas, no engendran contienda alguna. Pero ahora digámonos 
recíprocamente los secretos del corazón, y que ninguno, fuera 
de nosotros, se entere de ello. Démonos palabra de hacerlo así, 
y después hablaré. Yo empecé; hablaré, pues, en primer térmi- 
no. — Nada hay en el mundo más grato que tú para mí. Ya han 
transcurrido tres años desde que comencé á amarte, y nunca me 
he atrevido á comunicarte mis deseos. No gasta mucho tiempo el 
sabio en hablar con el sordo, ni conviene que nosotros razone- 
mos extensamente en vano. 



420 BOLETÍN DB LA REAL ACADEMIA DB LA HISTORIA 

Te cjn±ta/iter amo, modo plus tibí (141) dicere oolo, 
don¿c tu dicas quid placet inde Ubi. 



[GALATEA] (14a) 

190 Sjc m«lti mwltas m/dto tentamiwe falhittt, 

sic (143) m«ltas fallit ingeniosus homo (144). 
Infatuare (me) (145) tuo s<rmo»e ue\ arte putasti, 
qua/« nestvo fallí (146) non decent (147) ¡¡«genio. 
Quere tuis alias i/¿cestis (148) moñbus aptas 

195 quas tua falsa fides et dolus i«fatuet (149)! 



[PANPHILUS] (150) 

Sepiuj i//;pediu«t iustos peccata malor«>«; 

hic noc¿/ altí/iuj, non m¿a culpa michi. 

Sel iamen ascultet (151) me gra//'a uestva benigne, 

el liceat michi (152) domine, pauca referre (153) mee. Pág. 6. 

200 Jnde (154) dí«m celi, testor quogue numina terre, 

non loquor ij/a Ubi fraude ue\ ingenio! 

Hoc manet i« mu«do non te (155) miclñ gratior (156) ulla, 

cariwj et nichil (157) me«s animusque uidet. 

Set loqwor iwcassu/»: tua mens pueril/í et etas 
«05 quod (158) nocet au/ prodesl nosc^re nescit adhuc. 

Júnior antiqaa, quamuiá sit acutior etas, 

na« cu«¿ iru/lta senes, plwra uiile^t iuuenes. 

Et quamiñi, sis (159) iuuenjs, fac ut cognoscsre possis 

quid sit m¿a res, q«/sue meus sit amor (160). 
210 Cu[n]ctar«/« xexum p/udentia discit«r usu: 

vsus et ars docuit quod sapit omrin homo. 

Jre, uenire, \oqiti (161) n¿c non daré (162) uerba uicissim, 

esse sim«l Xantum dep/^cor (163) ut liceat! 

(141) Tibi plus modo. — (142) Al margen de T.: «G. P.». — (143) Et. — 
1144) Amor. — (145) Falta, y con razón. Pero, en T., me está entrerrenglona- 
do. — (146) Quam fallí vestro.— (147) Decet. [Deber/a leerse: deceat.) — 
(148) Infestis. — (149) Infatuent. — (150) Al margen de T.: <P. G. ». — 
(151) Auscultet.— (152) Dicere. — (153) Falla. {Verso defectuoso.) — (154) 
Juro.— (155) Te non. -(156) Carior. — (1 57) Nullam. — (158; Quidquid. {Me- 
jor lección, pa r a evitar el defecto del primer pie.) — (159) Falta. En T., se 
halla el sis entrerrenglonad}. — (160) Q lis sum, que mea res, quisve meus 
sit amor. {Mejor verso.) — (161) Tibi. — (162) Glosa de T.: *id est: sinis- 
tre (?)».— (163) Te deprecor. 



UNA COMEDIA LATINA DE LA EDAD MEDIA 421 

Te amo con toda mi alma; no quiero decirte más, mientras tú 
no me comuniques tu parecer. 



GALATEA 

Bien así engañan muchos á muchas con variadas artes, y así el 
hombre astuto se burla de muchas. Pensaste volverme loca con 
tus palabras y artificios; pero no lograrás engañarme, á pesar de 
todo tu ingenio. Busca otras mujeres más conformes que yo con 
tus deshonestas costumbres; que tu falsa fe y tus ardides las 
trastornen! 

PANFILO 

A las veces pagan justos por pecadores; perjudícame ahora la 
culpa ajena; pero no la mía. Alas, no obstante, que tu indulgencia 
se sirva escucharme con benignidad, y séame lícito decir algunas 
palabras á mi dueña. Pongo por testigo al Dios del cielo, y tam- 
bién á las deidades de la tierra, de que no te digo esto con en- 
gaño ni fingimiento. ¡Ninguna cosa hay en el mundo que me 
sea más grata que tú; nada encuentran mi mente ni mi voluntad 
que sea de mi más amado! Pero hablo inútilmente: tu tierna edad 
y tu infantil espíritu no saben distinguir todavía lo que conviene 
de lo que perjudica. La edad más moza es también más pene- 
trante que la ancianidad, pues, aun observando muchas cosas los 
viejos, reparan en más los jóvenes. Por tanto, aunque lo seas, haz 
de modo que puedas conocer mi cuidado y la calidad de mi 
amor. La ciencia de todas las cosas se aprende con la práctica; 
práctica y arte enseñan lo que todo hombre sabe. Sólo te ruego 
que me permitas ir, venir y hablar; que nos entretengamos uno 
á otro conversando, estando juntos! 



422 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

No« n¿ri colloqtt/o cognoscimus ¡«tima co/dis.. . . 
215 Ipja referre potes q«/d placet inde tibí, 

[CALATEA] (164) 

Iré, ucnire, loqui, Ubi non p/vibebo cu'iquam (165), 

quisq«/s ubique uias iré (166) uiator habet. 

Co«ue«it, et cst honor (167) ut det responsa pete«ti 

hee qnoscumque (168) múet queque puella uocet; 
220 hoc concedo satis ue\ (169) tu ue\ quW'ibet alt¿/- 

vt uewiat, saluo semper honore mío. 

Auscultare licet [et] redd«?re (170) u^rba puellis: 

co«ue«it ista tamen u¿ moderanter aga«t. 

Wrbula si dedáris ludendo, u^rbula reddawi: 
225 ■áei si forte noce;zt, hec Ubi non patiar. 

Nos simal eííe petis, solos simz¿l ejj-e recuso, 

no« decet \n solo simwl nos ejje loco (171); 

nam sola (172) loca nocewt, iwfamia nascitwr \nde; 

\.uWiis \psa (173) loquar, plebe uide//te, tibi. 

[PANPHILUS] (17+) 

2y> Non vaich'i pa/'ua modo (175), set muñera mag«a didisti! 

Ne/«pe (176) mic/ú tantum suffia/ aWoquiíxm. 

His meritis dignas n&qneo Ubi (177) redd¿re grates, 

equari meritis (178) non ualet hoc merituw. 

Set Cortaseis adhuc tempusque diesqwe uewiet (179), 
235 quo se (180) mostrabit (181) si quis amicus erit; 

no« (182) Ubi displiceat (183), non audio dictfre quicqi/a»/, 

quawuis te pctcrem pauca líbente/ - adhuc; 

nos alternaúm ¿w/plexus, bascia (184), tactus 

vt da re possimwj, cum locus adfuerit (185). pág. 7. 

164) Al margen de T.: «G. P.». — (,165) Tibi nec cuiqam non prohibebo. 

De todos modos el verso es defectuoso.) — (,166) Quisque ubique vías jure. — 
(167) Et honor est. (Mejor estilo.) — (168) Et quemeumque. (Mejor lec- 
ción.) — (169) Quod. — (170) Et reddere. (Mejor lección.) — (17 1) Non de- 
ce! ¡11 solo noi habitare loco. (Verso defectuoso.) — (172) T. : «sala». — 
t 173) Ergo. — (174) Al margen de T.: «P. G.» — ('75) Quidem. — (176) So- 
bre la e final de nempe,f gura en T. tina o. — (177) Falta. (De todos modos, 
• defectuoso el cuarto pie del hexámetro.) -(178) Verbis. — (179) Sed fortas- 
sis adhuc veniet tempusque, diesque. (Mejor lección.) — (180) In quo. — 
(181) Monstrabit —(182) Ne.— (183) Displiceam.— (1S4) Italianismo de 7., 

par basia. — (185) Afiuerit. 



ONA COMEDIA LATINA DE LA EDAD MEDIA 423 



Solamente por las palabras conocemos los secretos del corazón. 
Tú misma puedes decir lo que te parece de esto. 

GALATEA 

Ni á ti ni á otro alguno prohibiré ir, venir ó hablar; el caminan- 
te, cualquiera que sea, puede andar por todas partes. Digno y de- 
coroso es que cada doncella responda al que le pregunta, y hable 
al que la ve ó llama. Otorgo sin inconveniente que tú ó cualquiera 
otro se me acerque, salvando siempre mi honra. Lícito es á las 
doncellas escuchar y contestar, siempre que procedan mesurada- 
mente. Si de burlas me dijeres algo, de burlas te responderé; 
mas, si pasaren de la raya, mira que no he de sufrirlo. Pídesme 
que estemos juntos, pero no lo admito, porque no es convenien- 
te que permanezcamos los dos en un lugar solitario; esto puede 
perjudicarme, porque daría ocasión á mi descrédito. Más segura 
hablaré contigo, si la gente nos ve. 

PANFILO 

No es insignificante, sino de mucha cuantía, el favor que aca- 
bas de concederme! Ten por cierto que me contentaré con que 
hablemos. No hallo manera de agradecerte debidamente tus con- 
cesiones, ni el merecimiento corresponde á tales favores. Pero 
quizá venga época y día en el cual se echará de ver si hay ó no 
un verdadero amigo. No me atrevo á decirlo; mas, todavía te pe- 
diría yo de buen grado una pequeña merced: que no te opongas, 
cuando hubiere lugar, á que nos abracemos y besemos. 



424 BOLETÍN. DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

[CALATEA] (186,) 

240 Quawuis ¡Ilicitud cowplexus nutrit amorew, 

el fallawt (187) dominaw basia sepe sua (188): 

hoc soIuaw patiar (189), set (190) tu uic&ilamplius addas, 

na« cuicu/nque ( 191) a'me te talia non paterer. 

Set mo:ío de tewplo ue;/iu«t (192) ut[r]iq«¿ parewtes, 
245 et modo (193), ne causer, conueuh iré domum. 

Témpora sat (194) uewient paritár quibus ambo loquemur, 

et memor [interea] quisque sit alt^nuj. 

[V] 

[PANPHILUS, SOLUS] (105) 

¡Letior \n toto (196) me non esl n¿c fuit orbe! (197) 

¡Fingit/;/- (198) \n ripis ancora noj/ra suis! 
250 Me súbito nimiu;;; deus et Fortuna beauit, 

na#* diues reddtfo qui mis<?/ - an/<? fui (199). 

Jlli/zj hoc (200) frustra quod (201) sim memor illa rogau;/, 

qua;;/ m¿a de menlc non labor excutiet (202). 

No« mecuw sentit (203); 11/ eaw deside;-( i)o nescit. 
255 Su;;/ uelud ipje fui; sit memor illetiu;;* (?) (204). 

Vluribus expedior; el (205) adhuc me p!»ra coherce«t, 

de quibus ipse meu;« nescio co«siliu;«. 

Si studiosus eaw uerb'isque locisq«<? (206) freq«¿?nte/«, 

auferat assuetas gárrula fama uias; 
260 nVmet amicitiam si milla freqwmtia noslram, 

non b¿n<? firm«í adhuc, forsan adibit '207) amor. 

Vsu crescit amor, nosler (20S) decrescit et usu, 

<>/;¿;/¡s et ¡/¿pastus attenuatw'amor. 

Perpetuo crescit lignis (209) crcscentibz^ i[g]nis; 
265 detra'hje ligna foco, p;vtin//.r ignis abest. 

(186) Al margen de T.: «G. P.». — (187) Fallunt. — (188) Suam. — 
(189) Patior. — (190) Si. — (191) Cuiqam. — (192) Venient. — (193) Michi.— 
(194) Nam. — (195) Al margen de T.: «P.». — (196) Mundo. — (197) Un- 
quam. — (198) iMgitur. — (199) Nam modo sum dives qui miser ante fui. 
(Pero, de lodos modos, el segundo pie es defectuoso.) — (200) Et. — (20 1 ) Quam. — 
(202) Quam de mente mea non dolor excuteret. (Mejor verso.) — (203) Non 
me cognoscit. — (204) Dum memor ipse fui sit memor illa mei. (Afejor 
lección.) — (205) Sed. — (206) Jocisque. {Afejor lección.) — (207) Abibit. — 
(208) Pariter. (Verso defectuoso.) - (209) Perpetuo lignis crescit. (Mejor 
es ti lo. \ 



UNA COiMEDIA LATINA DE LA EDAD MEDIA 425 

GALATEA 

Aunque los abrazos ilícitos encienden el amor, y con frecuen- 
cia engañan los besos á la mujer, consentiré, pero sólo en esto; 
mas, no has de propasarte, porque de otro cualquiera no sufriría 
tales cosas (*). Pero ya vienen de la iglesia mis padres, y debo ir 
á casa, para que no me riñan. Tiempo llegará en que los dos ha- 
blemos conjuntamente, y, entretanto, que cada uno tenga al otro 
en la memoria. 

V 

PANFILO, SOLO 

¡No hay, ni ha habido en todo el orbe un ser más contento 
que yol Logré anclar en la playa de mi esperanza. Dios y la ven- 
tura me hicieron de repente demasiado feliz, porque torno rico, 
cuando antes era tan menesteroso. En vano me rogó que de ella 
me acordase, pues ningún artificio conseguirá arrancarla de mi 
pensamiento. No me entiende, ni sabe cuánto la amo. Soy el 
mismo que era; acuérdese ella de mi. De grandes cuidados estoy 
libre; pero todavía me oprimen muchos más, para los cuales no 
hallo consejo. Si frecuento solícito su compañía con palabras y 
juegos, la parlera maledicencia la llevará por sus acostumbrados 
pasos; ái ninguna comunicación fortalece nuestra amistad, el 
amor, todavía incipiente, quizá desaparezca. Nuestra afición 
aumenta con el trato, y sin él disminuye. Toda pasión no ali : 
mentada, amengua. Añadiendo leña, crece sin cesar el fuego; 
quita la leña del fuego, y al momento se apagará éste. 



(*) El Arcipreste (e. 685 y 6S6) modifica el pensamiento: 

«Esto dixo doña Endrina: «es cosa muy probada 
que por sus besos la dueña linca muy engañada; 
encendemjento grande pone el abracar al amada; 
toda muger es vencida desque esta joya es dada. 
Esto yo non nos otorgo, saluo la fabla de mano... 



TOMO [.XX 



27 



j 2 t) BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

SollicittfJ tawta cura (210) tawtisque p^iclis, 

(letra [h]or 1 21 1) i// quanú~> ncscio mente modis. 

Hac \>7 re n»llam uidco mic/ñ p/^spentatew, 

non \\abei el tutuw mens m<?a pr¿>po.ritum. 
270 Obstitit interdum factis Fortuna úirorum, 

propositaque suuiw (212) non sinit esse loco. 

Sic mwltis nocuit, mz¿ltos tamen illa beau/7; 

viuit \u \\oc rnu«do talzfer otnnis homo. 

Prouidet et tribuit D«/s et labor o«//zia nob¿r, 
275 proñcii absqtte Dí?o nullus vi orbe labor. 

Sit D^«s ergo me\ custos rectorq?/¿ laboris, 

om»e gubmiet opus propoñtumque meum. 

Non mews, mterpres fuerit íraterque neposq?/£ (213), Vj S . %. 

\r.\m nullus leuit^- iwuezzit mde fide?«. 
280 Jura ñüemq?/e nepos nescit se/uare nepoti (214), 

nec (raler (rairi, cu« uenit il le furor (215). 

Causa pusilla nocet, sapiewsqw? noceatia uitat, 

ergo nos alia/rc co«ue;zit iré üía;«. 

Hic prope degit am/s subtil/í el ¡«geniosa, 
2S5 artibwj et Ueníris apta ministra satis. 

Postpojitis curi.s, ad eam uestigia uertnm, 

et sib\ com\\\u?n notificabo meum. 



[VI] 
[Panphilus, Anus.] (316) 

[panphilus] 

Fama tue laudis r\ome?ique tue bowitatis 

causa misí/u«t me tib\ ¿wzsilij. 
290 Que loqaar ascultet pietas et gratín ueslnx (217), 

altsr el assensu nesciat afosque meo. 

Diligo uicinaw quam tu noscis Galatheaa» (218), 

ipja suis dictis me, n/si fallor, amat. 

No;/ lo'quor ut uellew, na;« mille piñcula uito, 
295 quicquid i» orbe nocet sollicit«J timeo (219). 



(210) Sollicitus tantis curis.— (211) Distrahor. — (212) Propositumque 

Mejor lección^— (213) Fraterve neposve.— (214) Paren ti.— (215) Cum 

furor ¡lie venit.— (216) Al margen de 7.: cP. A.».— (217) Quid loquar aus- 

cultet modo gratia vestra benigne. — (2 iS) El verso 2Q2. falta en la edición 

Baudúui7i.-\2\cj) Sollicitus timeo quicquid ín orbe manet. 



Bul. de la R. Acad. de i. a Hivr. 



T. LXX.-C.no V.— Lám. I. 



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«* T«RTW«|>flio íxfiíwf «hgv»t»o 

<t* ttftmf? «U« jntf O íb-.'i r- ~JD 
nfijg <j¿i tfíi P? ?X^i -rdífixi Faifa." 
írt^tfí ih«Cm3 ■"ítl«t^" 

Atpítr- í)inft|, »Ji40 'Jré^aff- «>:.>- 




CÓDICE TOLEDANO DEL LÍBER PANPHILI 
(Página 8.) 



UNA COMEDIA LATINA DE LA EDAD MEDIA 427 

Inquieto por tantas preocupaciones y peligros, el pensamiento me 
arrastra por no sé cuántos caminos. No veo en este asunto ningu- 
na buena salida, ni se me ocurre ningún plan seguro. A veces la 
Fortuna cierra el paso á las obras de los hombres, y no consiente 
que se realicen sus planes. De esta suerte causó daño á muchos, y 
á muchos, sin embargo, hizo felices; así vive en este mundo todo 
hombre. Dios y el esfuerzo nos proveen y nos lo conceden todo; 
ningún trabajo aprovecha en la tierra sin la ayuda divina. Sea, 
pues, Dios el guardador y el director de mi empresa, y gobierne 
él todos mis hechos y designios. No será mi mediador el herma- 
no ni el sobrino, porque ninguno halla fácilmente fe en ellos. 
Cuando aquella locura sobreviene, ni el sobrino guarda los jura- 
mentos ó la íe al tío, ni el hermano al hermano. Dañosos son 
los frivolos pretextos, y el sabio huye de lo perjudicial; convié- 
neme, pues, buscar otro medio. Cerca de aquí vive una vieja 
sutil é ingeniosa, harto entendida en el uso de las maestrías de 
Venus. Dejándome de temores, á ella dirigiré mis pasos, y le 
-comunicaré mi propósito. 



VI 
Panfilo, Vieja. 

PANFILO 

La fama de tus méritos y el renombre de tu bondad, me han 
impulsado á venir á ti en demanda de consejo. Que tu compasión 
é indulgencia escuchen lo que voy á decir, y que ningún otro lo 
sepa sin mi beneplácito. Amo á una vecina á quien tú conoces, 
á Galatea; y ella, según sus palabras, me ama también, si no me 
engaño. No puedo hablarla como quisiera, porque procuro ex- 
cusar mil peligros, y, lleno de inquietud, temo cualquier cosa que 
llegue á perjudicarme. 



428 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

E (220) minimo crescit, si (221) non cito fama qwzescit; 
qua;«uis mewtitwr, crescit eundo tamew. 
Parua nocet miseris, miseros mille mala sequuntur (222); 
renque laborq//e suus (223) spe mane/ \n dubia. 
300 Tu mala nosha uides: tua uox eat ínter utrumque; 
deprecor ut nostrum crimen eundo tegas. 

[ANUS] (224) 

Alte*;- amat quod amns, et quoá petis hoc petit alter; 

sel lamen assensuw non h<7¿>et inde (225) metí;;/. 

Est nimis (226I ille probits, et honesta ¿y/ziuge dign?/.r, 
305 se¿ miciñ displicuit quod daré disposuit. 

Prtfmisit ueteres o.um pellicia (227) miclú pelles (228), 

sic (229) sibi uile meaw mun?w ademit ope/«. 

Sel (230) datar ad te/npus, dat e¿ aufert (231) cómoda munaj-, 

jux (232) legesq?¿e suo destruit ingenio. 
310 Quaw petis, ut credo, nis\ per me nzzllus habebit, 

naw nimis illa meo subiat imperio (233); 

jnsuper sui ipfa (234) suw dux e^co/zscia facti, 

et íac/'t i pía meis omnia e^z/silüs. 

Ni mi loq«ar ipja diu tibí; me premit altera cura; 
315 carpat quisque uias, et sib'i q«erat ope/«. 

[PANPHILUS] (235) 

Hoc mic/ñ prestat, nec premit altera cura (236); 
ha«c m/V//i si dederis, cmn\a prestiteris. 

Co«ue«it externos mercari sepe labores, p¿g. .,. 

tempus (237) et ut capiat premia dig«a labor. 
320 Nulla p¿7rto tuuzw frustrabor (238), crede, labore/«; 
nu«c quibus índigep si mic/ñ prouideas. 

(220) Ex. — (221) Sed (Mejor lección.) — {222) Parva nocent miseris, mise- 
ros mala multa sequuntur.- (223) Meus. — (224) Almargen de T.: «A. P.». — 
(2251 Ule. — (226) Satis. — (227) Peludo. — (228) Vestes. — (229) Sed. — 
(230) Si. — (231) Aífert. (Quizá sea esta mejor lección, atendiendo al sentido; 
en cuanto ó la medida, es ¡o mismo uno que otro verbo.) — (232) Jus. (Mejor 
Nam Galatea michi semp< r árnica Fuif. {Mejor verso.) «Di- 
xome que esta dueña era byen su conoscienta», escribe el Arcipreste 
¡34) ln íuper, ipsa sui. (Mejor estilo.)- (235) — Al margen de T.: 
':.». — (236) lloc michi prestat opus, nec me permit (?) altera cura. — 
(237 l.iiipuis. 1 Mejor lección.) — (238) Frusirabo. (Mejor lección.) 



UNA COMEDIA LATINA DE LA EDAD MEDIA 429 

De mínimos detalles nacen las hablillas, pero mucho tardan en 
desvanecerse; aunque sean mentira, crecen con el tiempo. Poca 
cosa daña á los tristes, y mil males sobrevienen á los desgracia- 
dos; su cuidado y su trabajo andan unidos á dudosa esperanza. 
Ya ves cuáles son mis males: sé nuestra medianera; ruégote que 
allá vayas, y que encubras nuestros amores. 



VIEJA 

Otro ama lo que amas, y pide otro lo mismo que tú pides; pero 
no cuenta con mi concurso. Es varón muy honrado, y digno de 
ilustre esposa, mas no me gusta lo que acertó á darme. Prome- 
tióme unas viejas pieles con un pellico, y así, á consecuencia de 
tan bajo obsequio, quedó privado de mis servicios. El presente, 
oportunamente entregado, da y reporta utilidad, quebrantando 
con su valor el Derecho y las leyes. La mujer que demandas, na- 
die la conseguirá sino por mí, porque ella se gobierna casi en 
absoluto por mis instrucciones. Añádese á esto que soy la guía 
y el confidente de todos sus actos, y que todo lo hace según mis 
consejos. No te diré más; otro negocio me solicita; tome cada 
uno su camino, y busque lo que le convenga. 

PANFILO 

No me atormentan cuidados ajenos; el mío es el que me pre- 
ocupa; si me hicieres conseguir á esta mujer, en todo habrás cum- 
plido. Útil es muchas veces adquirir les servicios (de los) extra- 
ños, y digno es de recompensa el trabajo comprado. De ningún 
modo, créeme, será en vano el tuyo, si me proporcionas lo que 
me hace falta. 



43° BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

Dep/Ycor hoc unuw: mercedis dic miclñ nom«;, 
el qnccumque (239) miclñ dixeris ipje dabo. 



[anus] (240) 

Plura uolu/zt et p\ura petu;/t (241) quibus i[n]stat egestas; 
325 qua»tis indigeo tanta referre piHif/. 

Diuitias mwltas habui dura floruit etas, 

cómoda n//lla fac// avsque labor mete* (242). 

Si modo nos/va Ubi prodesse iuuamiwa sentís... (243) 

Et iusta (244) portazo uidgo stare (245) Galathea?//! 
330 Queque locuta fui forsitan audierit. 

I lie non esse'm) modo quenquam, Galathea, putabaw (246),. 

sel lamen ipsn nimis uera locuta fui. 

Pawphiluj [h^ac cerle pre cu[n]ctis poWct \n urbe; 

egregie uitaw pr<?uid¿t ipje (247) sua;«. 
335 J"i ( 2 4^) semper honor el laus et g\or¿d crescit, 

et mérito nwllus izmidet inde s/'¿i. 

Est nimiuw loen pies, ■¿el non lamen inde sup<?/bit; 

j!li«j (249) el nu\\u/u copia crimen habet. 

Rsset ul ipse (250) tuus uelle/« Galathea marit»,r! 
340 Hec eade;« uelles, vem benc si sap<?res! (251). 

Velle meu/u dixi, set non tatúen illc (252J rogauzV, 

vos simwl ejje meu/« iudicat arbitriu/« {2^. 

Et gen?¿j, et probitas, el forma dece/zs utriiisq«£, 

meciií» ¿w/cedu/zt nos sim/vl e«e dúos. 
345 Nostra modo uacuis déducim«.y otia aeráis, 

res tamen int«rdtw« gau lia parua mou«/. 

E (254) minima magnwí s[c]intilla nascit/ir ig«is, 

(239) Quodcumque.— (240' Al margen de T.: «A. P.».— '241) Plura petunt 
et plura volunt. — (242) Michi. Entre los versos 32o y 3-7, figuran en 
la ed. Baudouin los dos siguientes (324 y 325): 

«Copia decrevit, pluribus indigeo. 

Me mea debilitas atque etas expoliavit.» 

(243'; Los versos 3ZQ d 333 inclusive, de T., figuran en la ed. Baudouin en la 

siguiente escena {que es á donde correspon /en), entre el 3/ "S y el 379. Al 32S 
deberían seguir, pues, los 334. d 3JS inclusive, de T. (Co/np. Arcipreste, e. Jlj 
d 736.) -(244) Kn juxta. (Mejor lección.) (245) Stnntem. (Mejor lección, 
para obtener el dáctilo del 3° pie.)— (246) Hic non esse modo quemque Ga- 
latea putabam. (Mejor lección.)— (247) Ule. -(248) Ule. — (249) Istius.— 
(250J Tstc— (251) Tu bene si sa pe res.— (252) Ip-c. -(253) Vos simul arbi- 
trium juilicat esse meum. {Mejor estilo.) -(254) Ex. 



UNA COMEDIA LATINA DE LA EDAD MEDIA 43 1 

Esto sólo te pido: que me digas lo que vale, y te daré cualquier 
cosa que solicites. 

VIEJA 

Hartas cosas quieren y piden aquellos á quienes apremia la 
indigencia; rubor me da decirte cuánto necesito. En mis verdes 
años tuve muchas riquezas, y ahora mi trabajo y mis artes no me 
reportan ningún provecho. Si crees que mi auxilio puede serte 
útil, ruégote que tu casa esté abierta para mí desde ahora. 

PANFILO 

Desde este momento, mi casa y todo lo demás que me perte- 
nece, te será franqueado, y queda mi fortuna á tu disposición. El 
acuerdo, tan grato para mí, nos une ahora estrechamente, y la 
pactada fe nos espolea á ambos. Ruégote que, desde ahora, es- 
tén alerta tu sagacidad y tu trabajo, y que á todo provean como 
es debido. La sabiduría considera conjuntamente el principio y 
el fin de las cosas, pues en el fin se hallan la infamia ó el honor. 
Repara, por tanto, en el comienzo y en el cabo de tus palabras, 
para que, habiéndolas meditado bien de antemano, puedas decir 
lo que mejor proceda. 

VII 
Vieja, Galatea. 

VIKJA 

En esta villa mora muy hermosa mocedad, que continuamente 
progresa en todo género de buenas costumbres. No nació en 
nuestro siglo otra mejor ni más simpática; ¡ved cuan dichosa- 
mente tomó á su cargo mi pobreza! Panfilo sobrepuja en todo 
género de bondad á los de su tiempo, y excede en virtudes á sus 
compañeros. Muéstrase estulto con el estulto, y tierno como un 
cordero con el afable, pues el sabio sigue siéndolo aun bajo la capa 
de la estulticia. 



432 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

et gení/'at paruuw grandia principiuw. 
Meos m«a concepil har um primordia rerum, 
350 atq«í loqwz noj/ris cepimwj inde iocis. 

Sí/ si reb«J í« his tua me«s anvnusquc mouetwr, 

si placet aut potius displicet inde loq«/, 

deprecar ut di cas; quod (255) dixeris ipja tacebo (256); 

depríeor ut pateat hi«c taichi uestra dormís. 



[PANPHILUS] (257) 

355 Hjnc (258) ttiñ riostra, domwj et cetera riostra (259) patebuwt, 

sitq?/í sub imperio copia riostra tuo. 

Multu-w grata mi'c/ú modo (260) nos concordia iimxit, 

pactaq^í sollicitet ínter utrumque fides. Pá K- ««• 

Hi/zc prícor ut uigilet sollertia ueslra laborq?¿í, 
360 et ratiowe suam (261) rem bíní prouldeat. 

IVincipiuw ñnemqr/e simzd prudentia spectat; 

rerum finis haoei crimen et omne decus. 

V¿/l)i priacipiuw, fine/« quoque compice werhnm (262), 

vt meXms possis (263) p/'ímeditata \oqui. 

[vn] 

[Anus, Galatea] 

[ANUS] (264) 

365 Hac mane/ vi ni lia nimium formosa muenius, 

crescit et in cuwctis morib«í ipja (265) bo»is! 

Nec fuit in nostro melior níc dulcior euo, 

suscip/7 ipía meam tam Viene paupínew! 

P/ícellit cubetos ow«i bowitate coheuos 
370 Pa«philuj, et socios laudibíw exuperat (266). 

Est stultus stulto, et miti mitis ut agm/j' (267), 

stultitie sapíews iure resistit nomo. 

Now maní/ hac ta;/te pubes p;vbitatis (268) in urbe; 



(255) Si.— (256) Siguen, en la ed. Baudouin, los versos 3} 'p y sigs.de T.~ 
(257) Al margen de T.: «P. A.».— (258) Nunc— (259) Cuneta.— (260) Jam. 
{Mejor verso.) — (261) Sua. — (262) Verbi. {Mejor lección.) -(263) Ut possis 
melius. — (264) Al margen de T.: «A. G.». — (265) Illa. -(266) Pamphilus, 
exsupera t laudibus et socios. — (267) Est stulto stultus, cum miti mitis ul 
agnus. — (2bS) Bouitatis. 



UNA COMEDIA LATINA DE LA EDAD MEDIA 433 



No hay en esta ciudad mancebo de tanta rectitud; no gasta en 
francachelas los bienes que gana. Es él muy honrado, como 
quiera que procede de buen linaje; de dulce árbol dulces frutos 
se desprenden. La Naturaleza suele pronosticar con ciertos indi- 
cios la índole de la descendencia, y no es cosa nueva que el hijo 
se parezca al padre... Mas ¡he aquí á Galatea junto á la puerta! 
Quizá oyó lo que dije... No pensaba yo, ¡oh, Galatea!, que nadie 
me escuchase ahora; pero en todo cuanto hablé dije mucha ver- 
dad. Ciertamente, en esta ciudad, Panfilo vale por todos, y vive 
noblemente. Su honra, sus loores, su renombre, cada día au 
mentan, y con razón carece de envidiosos. Muy rico es; mas 
no encuentra en ello motivo de orgullo, ni su riqueza va enla- 
zada con ningún delito. ¡Cómo quisiera yo, oh, Galatea, que 
fuese tu marido! Tú misma lo desearías, si estuvieses bien ente- 
rada de sus circunstancias! Te expreso mi anhelo, sin que él me 
lo haya rogado, porque, á mi entender, debéis comunicaros. El 
linaje, la virtud, y la perfecta belleza de ambos, convienen con- 
migo en que sois el uno para el otro. — En frivolas palabras gas- 
tamos nuestro tiempo; pero, algunas veces, un hecho insignifi- 
cante engendra satisfacciones. De chica centella nace gran fuego, 
y á grandes cosas da' lugar un pequeño principio. Mi mente con- 
cibió toda esta traza, y así empecé á hablarte de burlas. Pero si 
tu pensamiento y tu voluntad se inclinan á estas cosas, si te 
agrada ó te desplace hablar de ello, ruégote que me lo digas; te 
guardaré secreto en lo que me declares, si quieres que lo cele; 
hablaré, si deseas que lo cuente. Dímelo; no dudes; deja á un lado 
el necio pudor, porque éste procede únicamente de la igno- 
rancia. 



434 BOLETÍN de la real academia de la historia 

quaa acq///rit opes non uorat iwgluuies. 
375 Est nimia il le probas, bona n:\in fuit tins origo; 

arbore de dulcí dulcía poma caduut. 

Premostrat (269) signis prole (270) natz^ra ívequenter; 

sepe solet ñ\\ns sim/lis esse patrí (271). 

Si celare uel¿r, siue referre, loquar. 
380 Dic m/'c/ii, ne dubítes; slultuw depone pudorew (272), 

hic uewit a sola rusticitate pudor. 



[GALATEA] Í273) 

Non micli'i rusticitas, u?¿ltus (274) mic/ñ n¿c pudor obstat, 
sermo sel admiror, quo (275) ue»it iste iuus. 
lluc miror si te casus transmisit an ille (276) 
385 Pauphiluj-; an q«¿rit p/vmia sermo tuus. 

[anus] (277) 

Semptv ¡nicoiwa (278) scelus ímpedit acia bonor«;«; 

penas sepe luit quas homo non meruit. 

Quamuis paulÁq er ego (?), non sic iibx premia quevo (279), 

na/;z miclñ sufficiews est mea paupmes. P¿ g . „. 

390 Primit«í ut dixi, mea me//s owceperat istud (280), 

allír du/vz nOsti (281 ), co»¿cius omnis abest. ' 

1 li c satis esse potest, si líos simul ambo (2S2) uelitis, 

liuc et uierqne potest ab-que pudore pati. 

Nobil/j ille quidem, nec noh'ú/s es min?¿£ ¡pía (283), 
395 est utnusq«£ satis nota propago miclñ. 

Pulchrior hic sociis: sóciabwj pulchrior ipja, 

cwin specfes spec/em (284) conuenlt adque placet. 

Hec (285) ut/-iusq«¿ probaí par copia parqne iuuewta (286), 

L\m;\que si sciret, ipja proba ret \dem. 
400 Quancfo pares estis, sociari iure potestis; 

defic/V \n uob/j nil, n/ji solus amor. 

(269) Demonstrat. — (270) Prolem. (ALjor lección.)— [27 \) Sepe solet si- 
milis ñlius esse patri.— (272) Timorem. -(273) Al margen de T.: «G. A.> — 
(274) Stultus. {ñfejor lección.) — (275) Cur. — (276) Transmisit miror huc si 
te casus an ille. {.Mejor verso.) — (277) Al margen de T.: «A. G.*> — (278) Ini- 
quorum. — (279) Ouamvis sim pauper, non sic michi premia quero. [Mejor 
lección.) -{2^0 ; Illud.— (281) Altera non novit. {Mejor lección.)— (282) Esse 
{Mej.'f lección.) (r*8j; Ipso.— (2S4; Cum forma species.— (285) Hoc. {Mejor 
lección.)— (286)Juvenlus. 



UNA COMEDIA LATINA DE LA EDAD MEDIA 435 



GALATEA 



No es la ignorancia, no es un necio pudor lo que me estorba, 
sino que me asombra el pensar adonde vas á parar con tu dis- 
curso. ¿Fué la ocasión quién te trajo, ó fué ese Pánñlo que dices? 
¿Acaso tus palabras esperan alguna paga? 

VIEJA 

Siempre la maldad de los inicuos es obstáculo en el sendero de 
los buenos, y á menudo expía el hombre culpas que no cometió. 
Aunque pobre, no voy buscando mercedes, porque me doy por 
contenta con mi pobreza. Como he dicho, fui yo á quien primoro 
se le ocurrió eso; el otro no lo sabe, y está ignorante de todo ello. 
Podría arreglarse el caso, si quisierais los dos estar juntos; podéis 
ambos consentirlo sin vergüenza alguna para vosotros. Noble es 
él, pero no lo eres tú menos, pues conozco bastante bien vuestra 
progenie. Más hermoso es él que los de su tiempo; y tú más 
bella que las del tuyo; convienen, pues, vuestras cualidades, y 
ambas enamoran. Confírmanlo la equivalencia de vuestras fortu- 
nas, la semejanza de vuestra edad; y, si la opinión común supiese 
esto que digo, ten por seguro que lo aprobaría también. Siendo, 
como sois, iguales, con razón podéis uniros; nada os falta, por 
tanto, sino el amor. 



43^ BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

[CALATEA] (aS 7 ) 

Quod miela aune dicis, dici deberes (288) amicis, 
assensu (289) quorum ¿wziugis opto thor///«. 
Hoc prius alloqwere, ue\ tu; ue\ Pawphiluj ille; 
405 res erit ad libituw pulchrior ista suura (290). 

[ANUS] (291) 

Conuewit ut tua sit ¿wzcessu theda parewtuw (292), 
set tuus intevea (?) militet innis (293) ei (?). 
Exercet corda iuuenuw Uenus ¡«geniosa, 
quisq?¿£ per hoc stuüium collig// ingenítv». 
410 Jncitat hec a«i/»os, dat largis, odit auaras (294), 
letitiazw seqwz'twr, tristiciamque íugit. 
Narra ret nulluj Ueneris quantum ualet usuí (295); 
huic n/'j-i parueris, rustica semper eris. 

[calatea] (296) 

Per Uení/is more« (297) uirgo cito perdit honorew (298), 
415 igneuj- (299) ille furor nescit habeve moduw. 

Non leue uwlnus (300) habent uiolewta Cupidinis arma, 

his male subduci (301) queqwe puella tim<?¿ 

Sepiz/j- iwimeritas iwcusat fama puellas, 

omma non cessat capare (302) liuor edax. 
420 Quod petis a»nuere«?, fame uisi uerha timerem (303), 

que magzs \n tali crimine \umen habent. 

[anus] U'h) 

Reb?¿j (305) magior (306) nimiis est infamia aero (307), 
set pr¿stat rerum (308), rumor et ípje cadit. 



(287) Al margen de T.: «G. A.».— (2SS) Deberet.— (289) Consensu.-- 
(290) Pulchrior ipsa meum.— (291) Al margen de T.: «A. G.». — (292) Con- 
veniat tuus ut consensus sit sive parentum. — (293) Ignis. (Mejor lección.) — 
(294) Avaros. (Mejor lección.)— -(295) Narraret nullus quantum Veneris 
valct usus.— (296) Al margen de T: «G. A.-..— (297) Mores.— (298) Hono- 
res.— (299) Ingens. — (300) Pondus.- -(301) Seduci. — (302) Carpere. (Mejor 
lección. Nótese, ademas, que la introducción de capero convierte el dáctilo 
del 4." pie en tríbraco, ajeno al pentámetro, como no se alargue por diásiole la 
primera silaba.) -(303) Nisi Fame verba timerem. — (304) Al margen de T.: 
«A. G.».— (305) Rebus in his. {Mejor lección.) -(306) Italianismo, por. «ma- 
jdr». — (307) Nimis est infamia veri. {Mejor lección.)— (308) Verum. {Mejor 
lección. 



UNA COMEDIA LATINA DE LA EDAD MEDIA 437 



GALATEA 

Lo que ahora me dices, deberías decirlo á los protectores con 
cuyo consentimiento me someteré al vínculo conyugal. Tú, ó 
Panfilo, comunicadles esto primeramente á ellos, y así se cum- 
plirá todo de un modo más honroso, según su deseo. 

VIEJA 

Bueno es que tu himeneo se efectúe con el consentimiento 
paterno; pero, entretanto, sírvale de algo á Panfilo tu amor. La 
sutil Venus adiestra el corazón de los jóvenes, y todos adquieren 
entendimiento con sus obras. Venus estimula los ingenios, com- 
place á los generosos, aborrece á los avaros, cultiva la alegría, y 
huye de la tristeza. Nadie podría contar los muchos provechos 
que el trato de Venus reporta; si no la obedeces, serás siempre 
ignorante. 

GALATEA 

Obedeciendo á Venus, pronto pierden su honor las doncellas; 
esa ardiente pasión no sabe contenerse. No son leves, en ver- 
dad, las heridas que causan las terribles saetas de Cupido, y toda 
doncella recela no poder apartarlas de sí. Muchas veces la male- 
dicencia acusa inmerecidamente á las jóvenes, y la voraz ma- 
lignidad no descansa en su afán de censurarlo todo. Accedería á 
lo que deseas, si no temiese á la opinión, que descubre con más 
perspicaces ojos tales culpas. 

VIEJA 

En estos negocios, suele ser mayor el ruido ([Lie las nueces; 
pero la verdad acaba por vencer, y se disipa el rumor. 



4^8 BOLETÍN DE I. A REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

Murmura ru morís (309). curasqw¿ leuabo timoris (310); 
425 vos ucstvosque iocos calliditate tegaz», 

naw Ucní/iá mores connosc'imus (311) e'ws et artes, 

et sic tuta meo rei (312) erit ingenio. 

IWu/u cu* mdeam, miclñ ¿w/sule q«/d s¿5i dicaw, pág. 

que m/V/d predices, tuti//¿ ipja loquar. 

[GALATEA] (i'i) 

4^0 Hescido (?) (314) uelle meum (315) Ubi secretu;«q«c íateri, 

naztf doluj insidias tendit i\b\qr¿e suas. 

Sí/ ta/wen expmar que sit tua lingua fidísq/ze, 

¿/ qua parle tuutn me tnzhat ingeniuvz. 

Pa/zpliiluí ipje meum petituiv/J (316) nuper amore;», 
435 nos simwl et iwa (317) iu«xit amicitia. 

Set nimis \\o; cela; soli sibi, poseo, reuela (318), 

non lamen ¡«cipias (319) hac ratiowe (320) \oqui. 

\\\v\m sepe p/-¡uj m/dto molimiwe (321) te/wpta, 

q?/¿>d (322) dixi, dicet forsilan ipje tibí ille (323). 
440 Hi«c modo discede, fac [et] p/vcor (324) ow«ia caute, 

et ti/A que dicet, eras miclñ cu«cta refer. 

I VIII J 
[Panphilus, Anus.] 

[ anus] (325) 

Mvltotiens ho;«i»es frustratw npesque labcrq«e! 
Nou res ut unlura/ü (326), Pawphile, n<?j-/ra ue/nt. 
Tardiwí ad \ieslri\m nimis (327) aduocor ipja iauamen; 
115 tu«c (32S) prodesse (329) arsq//,- laborqwe meus. 



^309) Rumores.— (310) Timqres.— (311) Cognoscimus. (Mejor lección.)— 

Res. (Mejor lección.) —(313) Al margen de T.: «G. A^». — (314) Asi en T.: 

No consta en la ed. Bou iouin.—{$ \ 5") La ed. Baudoiiin añade: «memo». (A fejor 

lección.) -(316) Peüit michi. {Mejor lección).- (3 17) Nosque simul vera.— 

(318) Sed, precor, hoc cela: tamen sibi (poseo) revela —(319) Incipies. — 

(320) R.itioni.— (321) Temptamine.— (3221 Que. (A/jor Acción.)— (323) Ule 

no consta en ti c !. B indoiiiii. De todos modos.es verso incori edísimo. — (324) Et 

precor. (Mejor verso.) — (325) Al margen de T.: «A. P.».— (326) Velles. — 

Nunc — (32S) Nam. (Mejor lección. Podría también leerse: nunc.) — 

Añade: mequk». (Mejor lección, porque fallaban silabas', perer ha de 

terse el alargamiento dj ¿a segunda de Dequit, por injluencia de la cesura). 



UNA COMEDIA LATINA DE LA EDAD MEDIA 439 



Yo acallaré las hablillas de la opinión y los recelos del miedo*, yo 
encubriré con astucia vuestros juegos, porque conozco los usos y 
maestrías de Venus; y de esta suerte amparará mi saber todo el 
negocio. Instruyeme acerca de lo que he de decirle cuando le 
vea; lo que me prevengas, eso le diré con cautela. 

GALATEA 

Miedo tengo de confesarte mi voluntad y mi secreto, porque 
el engaño prepara por todas partes sus asechanzas. Probaré, no 
obstante, cuáles sean tus palabras y tu sinceridad, y hasta donde 
me lleve tu ingenio. lia poco, el mismo Panfilo me requirió de 
amores, y á los dos nos une una real amistad. Pero nada de esto 
publiques; descúbreselo á él solo, te lo ruego, sin empezar, no 
obstante, por este punto. Primero, sondéale con grande empeño 
repetidas veces; quizá te diga él lo mismo que yo acabo de decla- 
rarte. Márchate ahora de aquí; procede en todo, te lo suplico, 
con prudencia; cuéntame mañana todo lo que te diga. 



VIII 
Panfilo, "Vieja. 

VIFJA 

¡Muchas veces se engañan los hombres y son inútiles sus tra- 
bajos! Panfilo, las cosas no han podido arreglarse como quería- 
mos. Muy tarde fui llamada en tu auxilio; nada aprovechan ahora 
mi maestría ni mi trabajo. 



440 BOLETÍN de la real academia de la historia 

Res ut credatw/" (330), Galathee theda paraiur, 
hos miror cultttj quos parnt illa domw (33 1 ). 
Su/zt centum cause, quibus illud su 5 picor essem (332), 
set suus ista Uimen celat ut£rq«¿ pareas. 
450 Hoc tibí quoá dico (333) sapieutiwj accipe poseo (334); 
mitte q«<?d csse nequid; quere quoá esse potesl. 



[PANPHILUS] (33S) 

Heu m/V/ri! (336) quo fugiuwt uires et corporis usus! 

Meas mía non Stfruit, oíc mía lingua michW 

lleu misí/! \n nostvis esl nulla pote//tia míwbris, 
455 hovum queque (337) suu7/¿ denegawt officiuw. 

Spes m^a me lexit! (338) per spem Uenus ossibus hesit, 

spes procu\ abscessit, oec tamen igois abest! (339). 

Nulla parte suos certixxnt (?) uiaw ca/basa portus (340), 

uec seatire potest aocora noj/ra.soluw. 
460 Nescit nostra sua/ra quo q»¿rat Í341) cura salute///; 

fert Galathea m¿i (342) sola doloris ope«; 

causa mee mortis \\ec est, et causa salutis, 

qua si no// potiar, t///zc (343) placet ut moriar! 

[anus] (344) 

Stulte! q///d insaozs? cur te dolor urget iwaais? 
465 A<q///'rit gemitMJ muñera (345) nwlla tuus? 

Te///pí/et ergo tuuw moáus et pmdentia ñetum; p¿g. 13. 

terge tuas lae/imas; prospice quid facías. 

Concip// ingeates a//iwos mortaVí (346) egestas, 

el faczV artífice» scpi.v.v hec homment. 
470 Ars hominis magnu?« sup^/'at (347) studiosá pwicluj», 

te (348) labor arsqz¿5 vigil forte iuuaret (349) ad huc. 



(330) Te tatur l Mejor lección.)— ("331) Miror enim cultus quns parat ipsa 

domus. 1 Mejor verso )— (333) Quibus ¡stud suspicor esse. {Mejor lección.) 

Borrado «poseo», en T. —'334) Verbum. — (335) Al margen de T.: 

P. \. . . , ,6) Me. {Con ambas lecturas resulta admisible el hexámetro?) — 

1 ■ 538) Lesit. {Mejor lección?) — (339) Spes procul absces- 

■ 1 in.im.t ipse dolor. 1 Mejor lección.) — (340) Nulla parte suos tangunt 

mea lección), -(341) Quénant. — (342) Mee. - (343) 

Nunc, -(344) T.; «A. P.». (345) Premia.— (346) Iramanis.— 

Vitat. De ambos modos es admisible la medida.) - (348) Et. — (349) Ju- 

vabit. 



UNA COMEDIA LATINA DE LA EDAD MEDIA 44 1 



Según atestiguan los sucesos, dispónese el casamiento de Calatea, 
y verdaderamente me maravilla el aparato que la familia está" 
aprestando. Cien razones tengo para sospechar lo que te digo; 
pero la verdad es que sus padres lo ocultan. Escucha con cordura 
mis palabras: abandona lo imposible; busca lo hacedero. 



PANFILO 

¡Ay de mí! ¡Las fuerzas me abandonan, el cuerpo desmaya! 
¡Ni el espíritu ni las palabras me obedecen! ¡Ay, desgraciado! 
Ningún vigor queda en mis miembros, y todos ellos se niegan á 
servirme. ¡Mi esperanza me dañó! ¡Por ella Venus penetró en 
mi pecho; pero la esperanza se desvaneció, y, sin embargo, el 
fuego subsiste! En parte alguna encuentran mis velas vientos fa- 
vorables, y el áncora no halla fondo al cual aferrarse. Mis cui- 
dados no saben dónde estará su remedio; sólo Calatea posee el 
modo de acallar mi dolor, porque ella es la causa de mi muerte 
y la fuente de mi salud. Si no la consigo, entonces será preciso 
morir. 

VIKJA 

¡Loco! ¿Qué desvarios profieres? ¿Por qué te aflige un vano dolor? 
¿Obtienen alguna recompensa tus gemidos? Que la moderación 
y la cordura mitiguen tu llanto; seca tus lágrimas; considera lo 
que has de hacer. Tin las terribles desgracias se echan de ver los 
grandes ánimos, y á menudo hacen aquéllas al hombre industrio- 
so. El solícito arte sobrepuja los grandes peligros; el trabajo y el 
vigilante cuidado quizá te ayudasen todavía. 



TOMO I.XX 28 

• 



442 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

[PANPHILUS] (350) 

Qvis, heu, labor tanlum posse/ (351) superare per\c\\in¿ 
Spes mea tota per'ii, imminet ora thori. 
Nec uiuewte suo mic/n nuberet illa marito (352): 
475 crimen legítimos est uiolare thoros. 

Ad nichiluw prprsas meus est labor is¿e radact«j, 
el mea cura sue perdidit artis opcw! 
Nulla dies mitem (353) dabit, ct dox ulla (354; quieten/; 
semper me miserum ca/pit (355) ¡«anís amor! 

[anus] (356) 

480 Sepioí exigua dolor ingens labit«r [hjora. 

Ingens et (357; pamis i#íbrib«j aura cadit; 

estq?/¿ serena dies post longos gratior i/»bres, 

et post triste malu;«, gratior Ipja salus. 

Tu modo respira; dolor absit, flet&r et ira; 
485 su;;t prope magna tue gaudia tristitie! 

Nostrum uelle tua nob/s faciet Galathea (358); 

omwino nosiris se dedit imperüs. 

[pANPHILUs] (359) 

Vt pia promissis matruw sollertia uanis 
plorantes pueros ammonet ut tacea»t, 
490 sic me fortassis falso solami#e pascis, 

vt dolor a tristi pectore tristis heat! (360). 

[anus] (361) 

Ancipitris (362) uolucer elapsus ab unge fe'roci, 
anceps \n cuwctis hu«c time/ esse locis: 



(350) Al margen de T.: «P. A.». (351) Quis labor heu tantum possit. 
{Mejor lección, para sustituir el inadmisible, amf ¡braco que resulla, por un 
dáctilo, en el primer pie.)— (352) Ast vívente suo non nuberet illa marito. 

m.v admisibles, pero más sonoro ésie, y evita la monotonía engendrada por 
la sucesión de dáctilos.) — (353) Mérito. (De los dos modos es admisible la tnc- 
dida.) — (354) Nulla. — (355) Vexat. — (356) Al margen de T.: «A. P.».— 
(357) Ex. — (358) Nostrum velle tua faciet (credasi Galatea. {De ambos modos 
puede admitirse la medida.) -(359) Al margen de T.: <P. A.».— (360) Ut dolor 

tro pectore tristis eat?... — (361) Al margen de T.: «A. P.».— ',362) Acci- 
pitris. {Mejor lección.) 



UNA COMEDIA LATINA DE LA EDAD MEDIA 443 



PANFILO 

¿Qué trabajo, ay, podría ser bastante á vencer tan gran peli- 
gro? Perdí toda esperanza; acércase el momento del himeneo, y, 
viviendo su marido, claro es que no podría casarse conmigo. Es 
un delito profanar el lecho conyugal. En nada absolutamente es 
tornado ese mi trabajo, y mi cuidado perdió el auxilio de su in- 
dustria. ¡Ninguna calma me traerá el día, ningún descanso la no- 
che! ¡Siempre me consume, oh mísero, el vano amor! 



VIEJA 

Muchas veces, en chica hora pasa un gran dolor, y con poca 
lluvia cesa un gran viento. Más grato suele ser un sereno día 
después de largos nublados, y más dulce parece también la sa- 
lud después de amarga dolencia. ¡Vuelve en ti ahora; destierra el 
dolor, el llanto y la ira; cerca están los grandes gozos de tu pro- 
funda tristeza! Tu Galatea cumplirá nuestra voluntad; sometióse 
por completo a nuestro imperio. 

PANFILO 

¡Al modo que la piadosa industria de las madres entretiene con 
vanas promesas á los niños para que callen, así también, quizá, 
me alimentas con falsos consuelos, á ñn de que el triste dolor 
abandone mi lacerado pecho! 



viej \ 

El pájaro que logra escapar de la feroz garra del gavilán, teme 
hallarle en todas partes. 



4 44 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

Hic me nwlla tibí menúú causa coheg/7, 
495 omitía que dixi uera sel i«ue«ies. 



[PANPHILUS] (303) 

Si mic/ii uera refers et uevum retulit (364) illa, 
tu«c dolor a nostvls cnvdibus omms abest! 
Set sua non semper sequitur pnmordia finis; 
jnceptuw cajus sepe retardat opus. 

[ANUS] (365) 

500 Cvrsus factora/» nescit mens ulla uiroraw, 
solius est profrium scire futura del. 
Despeare uotu;« nocet (366) labor Improbus implet, 
arsque uigil magnas sepe ministrat opes. 

[PANPHILUS] (367) 

Sorte sub ambigua spes et labor omms habetar; 
505 crescit p/incipio spes.ta/«¿n ip^a bono (368). p.-ig t4 . 

Nosce/¿ non ne potes hec si me dilig/7 an non} 
Vix celare potest iatima cordis amor. 

[anus] (309) 

Cvm (370) loquor, eius ad&st miclti mens animusque loquenti, 

dulcití/- ow//e meum suscipz'/ alloqa/uw (371)) 
510 cu.-uat et ipja suos circa (372) mea colla lacertos. 

A te missa sibi dicere uerba rogat, 

dumque tuuw nomen vutionis no««i«at ordo, 

nominis attonitu fit stupe[fa]cta tui (373). 

Duw uc/bis fruimw pa'llelqae rubetque ívequenler (374), 
515 fessaqa¿ si tarro, me mouet (375) ipja loqui. 

(363) Al margen de /'. P. A.». — (364) Protulit. ( Mejor lección y medida.} — 
(365) Al margen de T.; «A. P.». — (366) Desperare nocet, votum. (Mejor 
orden.) — (307) Al margen de T.: «P. A.» Los versos 504 y 505 son atribuidos 
á la Antis en la ed. Baudouin, y lo mis/no en el texto del Arcipreste (estrofa 
SOS). — (36! principio spes magis ipsa suo. — [369) Al margen de V'.: 

A. P. . (370) Dum. — (371) Eloquium.— (372) Circum. — (373) Nominis 
ammonitu fit stupefacta tui. — (374) Dum fruitír (?) verbis pallet rubetque 
frequenter. ^75) IMonet. 



UNA COMEDIA LATINA DE LA EDAD MEDIA 445 

No tuve razón alguna para mentirte; ya verás que todo cuanto 
te estoy diciendo es la pura verdad. 



PANFILO 

¡Si es cierto lo que me cuentas y lo que ella dijo, haz cuenta 
que el dolor queda por completo desterrado de mi corazón! Pero 
no siempre acaban las cosas como empiezan; á menudo el acaso 
entorpece la comenzada obra. 



VIEJA 

Ninguna mente humana conoce el curso de los hados; á Dios 
solo pertenece la ciencia de las cosas futuras. Daña desconfiar; el 
solícito trabajo realiza el deseo; y la vigilante industria propor- 
ciona á veces grandes auxilios. 

PANFILO 

Toda esperanza y todo trabajo son de dudoso resultado; pero 
aquélla crece cuando le es favorable el principio. ¿Acaso no pue- 
des averiguar si me ama ó no? Difícilmente acierta á celar el 
amor los secretos del corazón. 



VIEJA 

Cuando hablo, su pensamiento y su voluntad están fijos en mí; 
dulcemente escucha mis palabras, y aun suele echarme los bra- 
zos al cuello. Pídeme que le comunique lo que has dicho, y, cuan- 
do en el discurso del coloquio sale tu nombre, basta el sonido de 
este para que quede embebecida. Mientras conversamos, á ratos 
palidece y á ratos se ruboriza, y, si callo de cansada, me insta 
para que continúe. 



446 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

Hig alus (376) modis cognoscimus e'ws amorew, 
hec (377) negat ipsa míc/ñ quin sit awica tibí. 



[PANPHILUS] (378) 

Nunc mr.i spes per te successus senlit adeí^e, 
crescit et auxilio gloria riostra tuo! 
520 jmprobus interdum dubios labor expedit (379) actus; 
magnaque tollit i;/ers (380) cómoda segnities. 
Quaiitumcumqtie potes ceptuw pr¿?perare (381) laborew, 
nec mora segnis opus differat ulla tuum (382). 



[anus] (383) 

Vt reor, ecce tibi per me tua uota parantur, 
525 si (384) promissa mtchi res manet in dubio. 
Est mews riostra suis contraria sepe loq?/elis, 
nec factis sequimur omnia que loq?«'m7¿;\ 
Jrrita uelambes (?) (385) fallu«t pr<?missa labores. 
Cuw felix fueris (386), nil miclú forte dabis! 

[PANPHILUS] [387) 

530 Est scelus iwmewsuOT si diues (falli(gz'V (388) egenuw, 

te quoque si falla*» gloria nulla micki. 

Nec te, nec quemquam mea fraus (389) sic prtfdidit unquam, 

famaq?¿£ si q?/eras crimine riostra uacat. 

Estqwe fides nostri consians fiducia ueri (390), 
535 que tibi tuta íaczt omnia que metuis (391). 

[anus] (302) 

Plebs tirria ingenio superan parua potentu/»; 
jura caduz/t cansa pauperis exigua. 

(376) Aliisque. (De ambas maneras, el verso es defectuoso.) — (377) Non. 
for lección.)— {378) Al margen de 71: «P. A.».— (379) Impedit.— (380) Má- 
xima tollit iners.— (381) Properato.— (382) Nemora segnis opus differat 
illa tuum.— (383)^/ margen de T.: «A. P.».— (384) Ast. (Mejor lección.)— 
(385) Venales. (Mejor lección) (Du Cange trae, «velaber = venditor minu- 
tarum rerum»; pero no velambes. ) — (386) Cum fueris felix. —(387) Al 
margen de T.: tP. A.».- (388) Fallit (Mejor lección.)— (389) Vox.— (390) Ver- 
bi. (Mejor lección.) — (391) En T.: «meruis». — (392) Al margen de T.: «A. P.». 



UNA COMEDIA LATINA DE LA EDAD MEDIA 447 

En otras muchas cosas entiendo su amor, y no me oculta ella 
que te profesa afecto *. 

PANFILO 

¡Por ti siente ya mejoría mi esperanza, y, con tu auxilio, crece 
mi alegría! El trabajo solícito facilita á veces las dudosas gestio- 
nes, y la estéril pereza priva de grandes provechos. Apresura 
cuanto se halle en tus manos la labor comenzada, y que ninguna 
infructuosa tardanza dilate tu empresa! 

VIEJA 

Según pienso, gracias á mí se acerca el cumplimiento de tus 
deseos; pero lo prometido sigue estando en duda. Muchas veces 
se opone el pensamiento á las propias declaraciones, y no todo 
lo que ofrecemos se traduce en hechos. Servicios adquiridos re- 
sultan burlados por vanas promesas. ¡Cuando seas feliz, quizá no 
me des nada! 

PANFILO 

Maldad enorme sería que el rico engañara al menesteroso, y 
bien poca nobleza tendría yo si te burlase. Nunca se ha sabido 
que yo defraudara, ni á ti, ni á ningún otro; y, si consideras mi 
reputación, verás cuan exenta se halla de sospecha. Es mi pro- 
mesa, perpetua garantía de verdad, que te asegura de todo cuan- 
to recelas. 

VIEJA 

El cuitado vulgo teme ser vencido por el valor de los pode- 
rosos; poca razón basta para que sucumban los derechos del 
pobre. 

«Los labrios fie la boca tyenbranle vn poquillo, 
el color se le muda bermejo e amarillo, 
el coracon le salta ansy a menudillo, 
apriétame mys dedos en sus manos quedillo. 

Cada que vuestro nonbre yo le esto dezjendo, 
otéame e sospira e está comedjendo, 
avyua mas el ojo e está toda bulliendo, 
parescc que con vusco non se estaría dormjendo. 

(Arcipreste, e. 810 y 81 1.) 



1 )S BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

Est et \xb\que fules prisco spoliata colore (393), 

que tegitwr sceleris artibwj ¡«numeris. 
540 Nulla tamen fortuna potesl obsistere íatis: 

dat mare sepe metas, nulla pericia tam¿«. 

Que p/^misisti fortune muñera ma[n]do, pág. 

set que promisi dona tamen capies. 

Co«ue//it ut uada/rc nunc exorare puella/w, 
545 si placr/ ut ueniat huc t/íi sola loqui. 

Si nostra uos simul sollertia collocat awbos (394), 

el locus affuerit (395), te preeov, esto (396) uiru///. 

Mens ammusque maná/ inconstans semper ama//tis; 

pa/ua (397) forte Ubi quod petis hora dabit. 



IX 

[Anus, Galatea] 

[anus] (398) 

550 Occultare neq?«d sua lum¡/2a máxima ignis, 

occultare potest (399) nec sua uota Uenus. 

Omnis ueslvarum mic/ñ vevum (400) pandit?¿/- ordo, 

quar/m m¿//te memor, uix teneo lac/imas. 

Naw cognosco satis quod non sapiente/" amatis, 
555 res est ¡pía sue nuz/tia stultitie. 

Paluda furtiuuw facies manifestat (401) amorew, 

absqwá dolore graui paluda (402) facta cutis. 

Pa//philus ille misé/% misé/' est (403) ómnibus [h]oris; 

qua//¿ male duritia/» co///p£/'it usq/¿<? tua/«! (404). 
560 Nocte dieq/¿£ satis puerilite/' ille laborat, 

na/« sz¿i nulla refert uellera úurus ager (405). 

Quis n¿ri m<?//tis inops sua semi/za mandat arene? 

Cu//í me/cede labor gratior ejíe soW. 

Hu//c tua forma prius et post tua li//gua (406) fefel lit, 



(393) Pulchro pollita colore. {Mejor lección.)— {394) Si vos nostra simul 
solercia collecet ambos. {Mejor ordenación, pues es inadmisible la medida 
delv. 546.) -(,395) Cum lucus affuerit.— (396) Esse. — (397) Para. — (398) Al 
margen de T.: «A. G.». — (399) Nequit. — (400) Omnis vestrarum rerum mi- 
chi. {Ambos versos son admisibles; pero es preferible la varia?ite.) — (401) Dc- 
monstrat. — (402) Absque labore gravi tábida. {Mejor lección.) — (403) Extat. 
{Mejor lección, pues le falla una sílaba al verso 558.) — (404) Quam male 
duriciem comparat ille tuam! — (405) Nam sibi durus ager áemina dura re- 
fert. {Mejor lección.) -(406) Et postea lingua. 



UNA COMEDIA LATINA DE LA EDAD MEDIA 449 

Por doquiera aparece la buena fe adornada con las apariencias 
de primitiva sinceridad y encubriendo las múltiples arterías de 
la malicia. Pero ningún accidente puede oponerse á los hados; á 
las veces espanta el mar, y, sin embargo, no ofrece ningún peli- 
gro. Pongo en aventura los dones que me prometiste; mas, los 
que yo te ofrecí, esos los tendrás. Bueno es que ahora vaya á 
rogar con todo empeño á la muchacha, para que venga aquí, si 
le place, á hablar á solas contigo. Si mi diligencia lograra que os 
vieseis juntos, y hubiese lugar para ello, ruégote que te portes 
como un hombre. El espíritu y la voluntad del amante son siem- 
pre tornadizos, y quizá baste una corta hora para que consigas 
lo que demandas. 

IX 
Vieja, Galatea. 

VIEJA 

La grande hoguera no puede encubrir sus llamas, ni Venus es 
capaz de ocultar sus anhelos. Conozco bien ahora todo vuestro 
estado, y apenas puedo contener las lágrimas cuando tal pensa- 
miento me viene á la memoria. No se me esconde en modo 
alguno que no os amáis de buen amor, y los hechos declaran 
bastantemente su locura. La amarillez de su rostro manifiesta su 
culpable pasión, y decláralo también aquella faz consumida, sin 
aparente dolor. ¡Triste está Panfilo, triste á todas horas! ¡Cuan 
malamente perece por tu dureza! Noche y día trabaja sin medi- 
da, y la ingrata tierra no le ofrece ningún fruto. ¿Quién sino el 
falto de seso sembrará en la arena? Más agradable suele ser la 
labor cuando obtiene alguna recompensa. Engañóle primero tu 
hermosura, y después le enamoraron tus palabras; 



450 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

565 hisqwá duobwf eu/« uulnerat acer amor. 

Vt p/omisisti, sibi aon medicina fuisti, 

spc que si¿>'\ (407) grauior affluit ipj-e dolor. 

Nuwc ope plaga cnret; dolor ei//j semper habu«dat, 

et \\Qet ip.ra taces, te quoque flawraa g[r]auit (408). 
570 Plaga maluw sepe parit i«¿w/fesa (409) necemque, 

nos quoque rcctus amor (410) sepe g[r]auare solet. 

Ergo q«/d inde uel/j, celeri circuwspice m¿«te, 

et mic/ñ sint -&ninñ nuwtia uerba tuj. 



[galatea] (4") 

Me premh igwiferis Uenus improba, sepius armis, 
575 nuwc (412) mic/ñ uim faciens, semper amare iubet. 
Me iubet e contra pudor et metwí esse púdica»*; 
hisq?¿¿ (413) cohacta meum nescio consiliuml 

[anus] (41+) 

Sjt timor iste procuV. hic non est causa, timoris; 

his reb?/j numquam proditor ulluí erit. 
580 Vt tuus existat hoc iamen Pawphiku optat (415); Pág. 16. 

nititw omwis ad hoc cura laborq;^ suus. 

Mille modis acres habitus, mic/ñ prodidit ignis (416), 

cu?« modo flens grauiter (417) talia uerba refert: 

«Est Galathea metis dolor et medicina doloris; 
585 hec daré sola potest \xu\n\is opewq?¿¿ michV.» 

]\\ius ad lacrimas pietas me forte (418) cohegz/, 

sel (419) tamen hi tácito pectdre leta fui. 

0/««ia cernebam fieri uelud ipía (420) uolebaz», 

ardentes sensi nos (421) simul igne pari. 
590 Ledere flawma solet, prgcor ipji (422) parcite uob/j, 

vosq7¿<? dúos mecuw iungere possit amor. 



(407) Inde sibi gravior. (Mejor lección.) — (408) Gravat.— (409) Inconfes- 
sam. — (4 1 oí Vos quoque tectus amor. (Mejor lección.)— (4 1 1) Al margen de 
'/'.: (',. A. . :. t i2) Et.— (413) His, suprimiendo que, con lo cual queda im- 
perfecto el pentámetro. — (414) Al margen de T.: «A. G.». — (4 1 5) Ut tuus 
tat conjux modo Pamphilus optat. (Los dos versos pueden admitirse, 
pero es más sonoro este ?¿ltimo.)— (416) Ignes. (Mejor lección.) — (417) Et mi- 
chi flens graviten— (418) Flere. (Mejor lección, seguida por el Arcipreste.) — 
(419) Et.-(42o) Omnia cernebam fiere velut ipse.— (421) Vos. (Mejor lec- 
cidn.) — (422) Ipse. 



UNA COMEDIA LATINA DE LA EDAD MEDIA 45 I 



con una y con otras le atormenta el cruel amor. No le socorriste, 
conforme le habías prometido; por eso el amor le penetra con 
mayor violencia. Ahora, la llaga carece de lenitivo; su dolor au- 
menta sin cesar, y, aunque lo calles, la verdad es que te consume 
la misma llama. Herida no confesada, engendra enfermedad y 
muerte; también el amor encubierto suele dañarnos. Mira pres- 
to, pues, lo que acerca de ello se te ocurra, y que tus palabras 
sean mensajeras de tu intención. 

GALATEA 

Venus cruel me asedia cada vez más con sus ardientes dardos, 
y ahora, violentándome, me ordena amar. El poder y el miedo 
me mandan, por el contrario, conservar mi honestidad, y, entre 
opuestas inclinaciones, no sé qué partido escoger. 

VIEJA 

¡Aleja de ti el miedo! No hay aquí razón para temer; en este 
negocio no habrá ningún traidor. Ser tuyo es lo que Panfilo anhela; 
todo su cuidado y toda su solicitud se encaminan á eso. De mil 
maneras me dio á conocer el violento ardor que le domina; no ha 
mucho, fieramente llorando, decíame estas palabras: «Galatea es 
mi dolor y mi consuelo; ella sola puede sanar mi herida!» Tanta 
compasión hube de él, que no pude contener las lágrimas; mas, 
, en el fondo de mi corazón, me alegré, porque veía que todo su- 
cedía según mis votos, y que ambos ardíais en el mismo fuego. 
Pero la llama suele quemar; ruegoos que os apiadéis de vosotros 
mismos, y ojalá el amor pueda juntaros por mi «mediación! 



4 5 2 boletín de la keal academia de la historia 

[calatea] (423) 

(_)uod petis affecto, nic//il et (424) miela cari?¿r eííet, 
si meus awnueret istud uierque parens. 
Jstud enim noslris fieri non conuenit ausis (425); 
595 similáter uellemwf, n^c locus esse adhuc (426), 

nam mecum mater custos mícki semper habeter (427), 
totaq«£ me séruat nocte d\eque dom«j (428). 

[ANUS] (420) 

Ingeniosus amor portas el claustra relaxat, 
vi non quicquid abest ingeniosuj amor (430). 
600 Vanos pone metw; pueriles corrige curas (431); 
mecum dulcís amor te petit (432) ut uewias! 

[galatea] (433) 

Es modo facta mee furtiue ¿ríwscia m¿«tis, 
huius et es melior pars michl (434) cons'úii, 
vt mic/ii cons'üiúm te deprecor utile dones, 
605 hoc te ne pudeat ('435) írowsuluisse micM. 

Est pudor (436) adqz/é nefas seduciré fraude puellas, 
hi«c (437) decuj et magnu»z zr\men habere potes! 

¡ANUS] (438) 

Non pudibunda tega-w famaw captawq?^ (439) loquacew, 
nec facta me non negaos (440) ¿r<?«suluisse tídil 
610 Nuwc quicumqtie unlet meus hic cotilraúus esse (441), 



(423) Al margen de T.: «G. A.*. — (424) Omite et, indebidamente. -—^425) Is- 
tud enim fieri nostris non convenit ausis. {Ambos versos son admisibles.) — 
(426) Si bene vellemusnec locus esset ad hoc. {Mejor lección; el verso 595 
no es admisible métricamente?) — (427) Nam mater mecum custos michi sem- 
per habetur. {Ambos versos son admisibles.) — (428) Al margen de T.\ «cura tota 
familia».— (429) Al margen de T.: «A. G.». — (430) Vincit quicquid obest in- 
geniosus amor. {Mejor lección .) — (431) Sensus. — (432) Rogat. — (433)- 4/ mar- 
gen de T.\ «G. A.».— (434) Modo.— (435) Et te non pudeat.— (436) Scelus. 
1437) Hic. (Quizá deba leerse scelus,' en vez de decus. )— (438) Al margen 
de T.: «A. G.» .— (439) Quamcumque. (Mejor lección.) — (440) Nec mea facta 
negant. {Mejor orden en el primer hemistiquio.) — (441) Si quicumque velit 
mecum contrarius esse. {En ambos versos es admisible la medida) 



UNA COMEDIA LATINA DE LA EDAD MEDIA 453 



CALATEA 

Codicio lo que deseas, y nada habría más grato para mí, si lo 
otorgasen mis padres. Pero tal cosa no depende de mi voluntad, 
y, aunque quisiese, no habría lugar para ella, porque mi ma- 
dre me guarda siempre, y toda la servidumbre me vigila día 
y noche. 

VIEJA 

El industrioso amor abre puertas, descorre cerrojos, y vence 
cualquier obstáculo. Desecha vanos temores, calma tus pueriles 
inquietudes; el dulce Amor, uniéndose á mí, te ruega que vengas. 

GALATEA 

Sabedora eres ya de mis culpables pensamientos, y te diputo 
por mi mejor consejero en este asunto; ruégote, pues, que me 
indiques lo que más me convenga, y que no te recates de acon- 
sejarme. Vergüenza y crimen es seducir con engaño á las don- 
cellas, y de todo esto podría resultarte gran desventura é in- 
famia. 

VIEJA 

(No encubriré vergonzosa cualquier hablilla, ni negaré ser 
cierto haberte aconsejado! ¡Ahora, el que desee ser mi contrario 
en esto, 



I BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

pnrferat his rcb«j siqut'd (442) obcrje poiesV. 
Viríbitf hic totis ue-viat contendere mecuw; 
aut uict?/x taceat, aut modo uictor eat!, 
Quaw (443) c'iüus mecuw rat/o co/«pesc¿/*et illuw, 
615 cu« ratio«e nichil diceret ille mic/ñ: 

vir bonus et pulcher, gcnus altum, copia g>-andis, 

(hiléis amor uesifam (444) pars erit auxilij! (445)- Pág. 17. 

Fama loquax taceat, taceat quoque murmur iniquunr, 

absqwé pudore suas res habet ista uias. 

[CALATEA] (<H6) 

<)2o O deus! i« q?¿antis animus (447) u¿rsat«r amawtis, 

que*» timor hac illac pellit, amorq»¿ grauis! 

Hic dúo discordes huc nocte dieque fatigawt (448), 

esse q?/od optat amor, hoc uetat (449), ipxe timor. 

Quid íaciat nescit, semper per deuia cu/rens, 
625 errad, ei errando umIduí amoris alit. 

Mes/¿i subdit amor, illi (450) licet usquc rebellis (45 1), 

meque repugna/ztewz fortior urget amor (452). 

Sic afrlicta (453) diu, casso quoque fessa labore, 

mesta loquor (454), qucw sic uiu¿/e malle (455) mori! 

[anus] (456) 

630 Vt inaiora suo surgu#t incendia motu, 

lisqwfi repugnando maior et ira furit, 

sic Uenus ip¿a suis ip.fi Í457) s*di noxia bellis, 

surgá?, et oppoxita uulnera lite íouet. 

No« potes croo tuas bellis extisgüíre ilam[m]as, 
635 sel cam pace tuuj minor (45S) ignis erit. 

Imp¿riuw. Uené/is íac, du;/z sua miles haberis, 

De ti&\ sit (hipno lisq«5 laborq«fi tuus (459)- 

[nsipiews, tcnere malo perdis gaudia (460) uite, 



(442, ( ¡uicquid.— (443) Et.— (441) Nostrura. En T., puede también leerse: 

y\cslú.. — (445) Clam lovct consilium. — (446) Al margen de T. : «G. A. . — 

En T.: «añis »..'■— (448) He dúo discordes hunc die nocteque fati- 

gant.— (449) Negat. 1450) Entrerrenglonado, en T.: «amori». — (451) Re- 

bellem. — (452) Meque repugnahtem fortius urit amor.— (453) Aflicta.— 

Loquar. — (455) Malo. — (4561 Al margen de T.: «A. G.». — (457) Ip se - 

' 1 i tior. [Mejor lección; queda incompleto el pentámetro en elv. 635.)— 

tibí sint damnum lisque laborque tuus.— (460) En T.: «guadia». 



UNA COMEDIA LATINA DE LA EDAD MEDIA 455 

salga á la palestra si algo tiene que objetar! Venga conmigo en 
disputa, con todo su esfuerzo; callará, vencido, ó saldrá triunfan 
te. Bien pronto mi razón le humillará á mis pies, pues nada 
podrá decirme con fundamento. ¡Un varón bueno y apuesto, de 
noble linaje, de gran riqueza, y el dulce Amor, serán parte en 
vuestro auxilio! Calle la parlera fama; calle también la inicua 
murmuración; tiene el hecho su camino expedito, sin peligro de 
vergüenza alguna. 

CALATEA 

¡Oh, Dios! ¡A cuántas partes se revuelve el corazón del amante, 
á quien arrastra acá y allá el violento amor! Dos tendencias des-, 
acordadas me cansan noche y día: lo que el amor desea, prohí- 
belo el temor. No sabe qué se haga; siempre anda descarriado; 
yerra, y. errando, agrava la herida amorosa. El amor me sojuzgó; 
hasta ahora le fui rebelde, y más poderosamente me constriñe 
cuanto mayor es la tenacidad con que le resisto. ¡Combatida de 
esta suerte durante largo tiempo, y cansada de tan inútil tarea, 
la aflicción se apodera de mí, y preferiría morir, á vivir de este 
modo! 

VIEJA 

Como con la agitación se hace mayor el incendio; como, ante 
la resistencia, crecen la contienda y la cólera, así Venus, en sus 
luchas, se engrandece con la ofensa, y fomenta el combate con 
heridas contrarias. No podrás, pues, extinguir esc ardor con tus 
luchas, sino que has de procurar apagarlo por medio de la paz. 
¡Obedece los mandatos de Venus, mientras milites en su bando, 
no sea que tu combate y tu trabajo se conviertan en daño tuyo! 
¡Tonta! ¡Cuan miserablemente pierdes los placeres de una dulce 
vida, 



456 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

teque tuosqzz^ dies noxiu-r error habebit! (461). 
640 Tazztu/zz mrzzte uides uzzlnz/j absentis amici (462), 

nocte dieq//£ tuos n<?c min?/í ipje (463) uidet. 

Aher \n alt£/iu.f fert tanlum lumizza uultzzj, 

res dabit ambabz/j ista morazzdo nece (464). 

Sel reor h<7¿: qzz£>d amas leuiter depellere credis (465) 
645 hu'ms nitoui (?) (466) mors fera finís erit! 

Parcet (467) iuuezztuti, cozzzplect^/e gaudia uite; 

leta decet letis pascare corda iocis. 

Et modo sola uezzí paulwpír ludiré mecu#z; 

hec (468) \ib\ riostra domvs poma trucesqzze (469) dabit. 
650 Vix erit iste meus sin¿ írucübus anguluj usquam (470), 

de quibus ecce fruí quawlibc?' ip^a potes (471). 

Set modo nescio quis (472) uir (473) fortit^r ostia mouit; 

vir fuit, aut uezztus? sel reor ej\re uiruw, 

et modo per quoddazzz nos praspic/V; ecce tornmeu (474). Pág. 18. 

65 s Pa/zpniluj- esll \iu\U\s si b<m¿ cog/zosco (475) suos. 

Arte serawz retro paulatiz/z iiisq/z£ reduc/z\.. (476) 

Ad nos izzgreditzzz\.. quid modo cesso loqui? 

Cur furiose fores £wzstri>zgis (477), Pa/zphile, nojíras? 

Enptas nezzzpe m¿o destruit here fores! (478). 
660 Quid uis? uc\ cvúus uenisti (479) nuzzti//j ad nos? 

Dira-e si quid habes, dic celer, atqzze reddi! 

[X] 
[ Anus, Panphilus, Galatea. ] 

[l> \NPH1LUS] f48o; 

O Galathea mee (481) supe/- om/ña. causix salutis! 
Da mic/ñ per longas bascia (482) mz/lta (483) moras! 

(461) Habet. {Mejor lección, porque sobra una sílaba en el v. 639.) — 
(462) Tantum mente vides absentis vulnus amici. {Mejor orden; el2. n hemis- 
tiquio del v. 640 está falto de medida}— {463) Ule.— (464) Res dabit ambobus 
ista morando necem. ( A lejor lección.)— (465) Curas.— (466) Discidii. {Mejor 
lección.)— '(467) Parce. {Mejor lección) —(468) En.- (469) Nucesque. {Mejor 
lección.) — (470) Sine írucübus ángelus unquam. — (471) ^ e quibus esse, 
fruí quolibet, ipsa potes. — (472) Quid. — (473) Tam. {Mejor lección) — 
(474) Est homo! per quoddam nos respicit ille foramen! (Mejor lección^ 
pero la medida es idéntica.) — (475) Nosco. {Mejor lección y medida.) — 
(476) Paulatim vique recludit... {Mejor lección.)— -(477) Perfringes. {Mejor 
,, seguida por el Arcipreste)— (478) Emptas namque meo destruís ere 
. — Í479I En T. parece leerse: uetusti». — (480) Al margen de T.: «P. ad 
G.».- ; M'-i.— (482) Da michi post longas basia.— (483) Mille. 



UNA COMEDIA LATINA DE LA EDAD MEDIA 457 



y cómo un lastimoso error se apoderará de ti y de tus días! Sólo 
con el pensamiento ves la aflicción del amado ausente, y no me- 
nos contempla él la tuya, de día y de noche. La imagen del 
uno arrebata de tal suerte el corazón del otro, que, si ello conti- 
núa, dará lugar á vuestra muerte. Voy creyendo que piensas 
desechar con facilidad este amor, y no caes en la cuenta de que 
de vuestra separación os sobrevendría terrible muerte. No seas 
cruel con tu juventud; disfruta de las alegrías de la vida; á los 
corazones placenteros les convienen regocijados juegos. Ven 
ahora, sola, á entretenerte conmigo un rato; en mi casa hallarás 
manzanas y nueces. Apenas hay en ella un rincón donde no 
haya frutas, de todas las cuales, si quieres, podrás disfrutar á tu 
talante... Pero... ¿quién será el que-con tanta violencia mueve las 
puertas? ¿Fué un hombre, ó fué el viento?... Paréceme que es al- 
gún hombre, y aun que nos está acechando por cierto agujero. 
¡Es Panfilo! si no conozco mal su rostro. Con habilidad y fuerza 
descorre el cerrojo poco á poco. Entra hasta donde estamos... 
Alas, ¿por qué me callo?... ¿Por qué quiebras mis puertas, oh 
Panfilo? ¡Han visto, cómo destruye las puertas que mi señor 
compró! ¿Qué quieres, ó de quién nos traes recado? ¡Si tienes 
algo que decir, dilo presto y tórnate! 



X 
Vieja, Panfilo, Galatea. 

PANFILO 

¡Oh (ialatea, razón soberana de mi existencia! ¡Dame infinitos 
besos, en compensación de tantas dilaciones! 



tomo lxx 29 



458 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

Nec tomen his subtis sitiens meus a;dor adhibit (484), 
665 set crescat (485) placidis acrior ipje iocis! 

En ego tota míis mía gaudia claudo lacírtis, 
en cowplector honus dulce piumque mtc&ü 
Huc mía direxit (486) felix uestigia ca¿us, 
nam teñí/ iste locus hoc quod (487) amo melius! 



[ ANUS] (488) 

670 Me uicina uocat; loquar illi, iamque reiwtar, 

na;;/ nimis hoc (489) uíreor huc modo ne uewiat. 

Quid clamaws? p;'¿>peras? (490) uewiens hec ostia claudo, 

[nullus] e;;i;;/ remane/ hií; ubi (491) sola dom?¿s. 

Me mía cura teñe/; miclñ dicito; dicíre quid uis (492); 
675 me tecu/;; lnngas non licet (493) iré uias. 

[XI] 
[ Panphilus, Galatea. j 

[PANPHILUS] (4'M) 

En moA dulcis amor, uiridísque iuue«ta, locusq?¿í, 
nos, Galathea, moni/ pascare corda iocis! (495). 
En lasciua Uenus nos ad sua gaudia cogit, 
)nque suos usus nos iubel iré modol (496). 
680 Quid moror hac ope? supplex mía requiram (497); 
tu paties facti, te p^ícor, esto míi! (498). 

[galatea] (499) 

l';mphile, tolle manusl... te (500) frustra ncwpe fatigas!... 
Nil ualet iste labor!... quod petis esse nequid\... 

(484) Nec tamen his sitiens meus ardor abibit. {Mejor lección.) — 
(485) Crescit. {Mejor lección)— (486) Divertit.— (487) Quid,— (488) Al mar- 
fe T.: «A. P. G.». — (489) Omite hoc, indebidamente. — (490) Quid clamas? 
propero. {Mejor lección.) — (491) Nisi. {Mejor lección.)— (492) Me mea cura 
tenet, propera michi dicere quid vis. (Mejor verso; es inadmisible la medida 
del 674.)— (493) Decet. — (494) Al margen de T.: «P. G.».— (495) Galatea, 
monent pascere corda jocis. — (496) Simul. — (497) Quid moror his verbis? 
supplex mea vota requiro. {Mejor lección; es inadmisible' la medida del ver- 
so 680.) —(498) Tu patiens facti deprecor esto mei. — (499) Al margen de T.; 
G. P.». — (500) El te se halla después de frustra en la ed. Baudouin. 



UNA COMEDIA LATINA DE LA EDAD MEDIA 459 

Pero no se apagará con ellos la abrasadora sed que me consume, 
puesto que cobrará mayor fuerza con dulces juegos. ¡He aquí que 
estrecho en mis brazos toda mi felicidad; ved cómo sostengo esta 
inocente y dulcísima carga! ¡Una dichosa casualidad dirigió mis 
pasos á este sitio, porque en él se encuentra lo que más amo! 



vieja * 

Una vecina me llama; voy á hablar con ella, y en seguida vuel- 
vo, porque mucho me temo que se le ocurra venir aquí ahora... 
(Como hablando con la vecina:) ¿A qué gritas? Voy corriendo... 
Cierro al venir estas puertas, porque nadie queda aquí; la casa 
está desierta... Mis cuidados me bastan... dime, di lo que quie- 
res... No podré ir contigo muy lejos. 



XI 

Panfilo, Galatea. 

PANFILO 

Ahora pues, oh Galatea, el dulce amor, la florida mocedad, el 
lugar acomodado, nos amonestan para que demos contentamien- 
to á nuestros corazones. Venus lasciva nos junta para sus place- 
res, ordenándonos seguir su voluntad! ¿Por qué tardo? Atiende á 
mis súplicas; consiente, te lo ruego!... 

GALATEA 

Panfilo, está quedo!... Sin duda te cansas inútilmente... De 
nada sirve tu afán!... No es posible lo que quieres!... 



* Manos pudibundas arrancaron de los códices del Arcipreste toda la pa- 
ráfrasis de los versos 670 d 74$, que seguramente seria deliciosa. 



460 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

Pawphile, rolle man?«!... male nunc offendis awicaw!... 
685 ]amque reddibit anusl... Pawphile, tolle manw¿!... (501). 

Heu m/¿r//i!... quam paruas habet omnis femiwa uires!... 

Quaw leuiter nosiras ui«cis iurasq«¿ (502) man;w!... 

Pawphile! riostra tuo cuw pectore pectora ledis!... 

Quod sic me tractas? (503) est scelus adqwe nephas!... 
690 Desineü... Clamaboü... qmd agis?... male detegor abs te!... (504) 

Pérfida — ¡me miseraml— quando reddibit anus?... Pág. 19. 

Surge, precorü... riostras audit uicinia lites!... 

Que tíb\ me credidit (505), non bene íecit anus!... 

Alteráis tecuw me locus non iste tenebit (506), 
695 nec me decipiet, ut modo feoV, anusl... 

Hui«.y uictor eris íacti; licet ipja relucter, 

set tamen inter nos ruwpitwr omwis amor! 



[PANPHILUS] (507) 

Nos modo paulisper reqtiiescere conuenit ambos, 

duw, facto cufsu, noster hanelat equus. 
700 Quaw (508) male dilecto respectuw luminis offers! 

Cur lauas (509) lacrimis flebil/j ora tuis? 

Suw reus ex toto, modo q?¿aslibe/ accipe penas, 

et maior mentís pena sit ipja meis. 

En qnecumque uoles (510) patiews ad uerbera presto? 
705 Sic peccasse (51 1) \.amen non mea culpa fuit. 

Et modo iudiciuT», si uis (512), uemamwí ad equuw: 

aut modo sim liber, aut ratione reus. 

Ardentes ocwli, caro candida, uu\t?is [hjerilis, 

verbula, cowplexuj, bascia grata, iocus (513)1 
710 íbméTztufm] sceleris micki, principiuwqz/e dederuwt (514)- 

Jnstitit orator his micki rebus amor (515); 

his furor i/ztumuit, rabiesqwe libidinis arsit, 

hortant?//qwe micki facta nephanda sequi (516). 



(501) Pamphile tolle manus... jamque redibit anus! (Mejor ordenación.) — 
(502) Utrasque. (Mejor lección.)— (503) Cur me sic tractas?— (504) Male 
detegor a te!...— (505) Tribuir. {Mejor lección)— {506) Ulterius mecum non 
te locus iste tenebit. (Mejor verso; el del texto carece de correcta medida.)— 
(507) Al margen de T.: «P. G.».— (508) Quid.— (509) Curque lavas. (Mejor 
lección, porque falta una silaba en el texto.)— (5 io) Velis.— (5 1 1) Culpasse.— 
(512) Nos modo judicium (si vis). — (513) Verbula, complexus, basia gra- 
ta, locus. — (514) Dedere.— (515) Institit hortator his michi verus amor.— 
(516) Hortariturque sequi facta nephanda michi. 



UNA COMEDIA LATINA DE LA EDAD MEDIA 46 1 



Panfilo, quietas las manos! Cruelmente agravias á tu amada!... La 
vieja volverá al instante!... Panfilo, aparta las manos!... Ay de mí!... 
¡Cuan flacas son las fuerzas de una mujer!... ¡Cuan fácilmente me 
sujetas las manos!... ¡Panfilo! ¡Cuan violentamente comprime tu 
pecho al mío!... ¿Por qué me destrozas así? Crimen y maldad es 
esto!... Basta!!... Gritaré!!... c 'qué haces?... Maliciosamente me 
descubres... ¡Ay, desdichada de mí!... ¿Cuándo volverá esa pér- 
fida vieja!... ¡Levántate, por Dios!... La vecindad oye nuestra re- 
friega!... ¡Mal hizo la vieja que en tu poder me puso!... No estaré 
aquí otra vez contigo, ni me engañará de nuevo, como ahora lo 
hizo, esa bruja!... Quedarás vencedor en este trance, aunque yo 
me oponga, pero todo amor habrá concluido entre los dos!... 



PANFILO 



Conviénenos ahora descansar un poco, mientras, acabada la 
carrera, respira trabajosamente el corcel. ¡Cuan tristemente apar- 
tas los ojos de tu amado! ¿Por qué, con tanto desconsuelo, bañan 
tu rostro las lágrimas? Soy el culpable de todo; determina el 
castigo que más te agrade, y que la pena sea mayor aún que mi 
falta. Heme aquí dispuesto á sufrir lo que te plazca. No soy res- 
ponsable del pecado. Si quieres, vengamos á un dictamen equi- 
tativo, y que se me absuelva ó se me declare culpable con fun- 
damento. Ojos de fuego, hermoso cuerpo, rostro señoril, dulces 
palabrillas, suaves abrazos, azucarados besos, alegres juegos, die- 
ron comienzo y estímulo á mi delito. El amor me encendió con 
sus palabras; creció la pasión, y el delirio del deseo me abrasó; 
todo ello me incita á proseguir mis infames obras. 



4Ó2 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

Jste m¿os sensuj subu^rtit (517) pessim^í erro[r], 
715 per quem riostra tíbi gratis surda fuit. 

De quibus accusor, mérito culpabil/í esses, 

fons huiwj fueras materlesque mali. 

Tam grauis ira dúos non conueuit ínter amantes; 

set si forte uewit, sit tamen ipsa breuis. 
720 Se/nper amaws delicia pati biné debet amawtis: 

culpe communis fer patiewter honus. 

Ét (518) remeabit anus...; tristes, pr^cor, exue m¿\tus, 

ne nos per lacrimas se[n]tiat ewe reos. 

[XII] 
[Panphilus, Galatea, Anus.] 

[anus] (519) 

Ante fores uacuis tenuit me femi«a (520) nugis (52 r), 
725 que Marcuw pr<?/io uinceret alloqwzb! 

Cur, Galathea, tuo coTzripis (522) lumiwa fletu? 
Quem mic/ñ demostráis hic dolor inde uenit? (523). 
Absens don^c eraw (524), qm'd tecum Pa«philuj egitr 
Te (525), Galathea, precor, ordine cubeta refer. 

[galatea] (526) 

730 Co«uenit ut noslros queras, quasi nescia, cams (527), pá g . 20. 

cum res cohsilns facta sit ipja (528) tuis! 

Fructibz*? ipja suis que sit cognoscitz/r arbor; 

tuque mic/ñ factis nosceris ipja tuis (529). 

Poma nucesq«¿ mic/ñ daré non béné disposuisti (530), 
735 cum tuus iste Pawphiluj ante fores fuit! (531). 

Vt locus exset ad hoc, tua te uicina uocauit, 

quo spoliata (foret) (532), forezzz uirginitate m^a! 

(517) Pervertit.— (518) Cum.— (519) Al margen de T.: «A. P. G.> — 
(520) Femenina. — (521) Mugis. — (522) Corrumpis. (Mejor lección.) — 

(5 2 3) Quen michi demonstras, hic color unde venit. (Mejor lección.) — 

(524) Absens quando fui. — (525) Omite te. — (526) Al margen de T.i 
«G. A.» — (527) Fletus.— (528) Ista. — (529) Tu quoque nunc factis nosceris 
ipsa tuis! {La medida es la misma, pero resulta más sonoro este verso.) — 

(530) Pome nucesque tuas michi tu daré disposuisti. (Idéntica medida.) — 

(531) Cum tuus iste fuit Pamphilus ante fores! (Mejor orden, porque la me- 
dida del texto es inadmisible^)— (532) Omite foret, y con razón, porque sobra 
en el pentámetro. 



UNA COMEDIA LATINA DE LA EDAD MEDIA 463 



Esta fatal locura contundió mis sentidos, y me forzó á cerrar los 
oídos á tus súplicas. Mas, de todo lo que me hace culpable, eres tú 
la verdadera causa, porque fuiste la fuente y la ocasión del mal. 
No es razonable tan profunda enemistad entre enamorados; si al- 
guna vez ocurre, debe durar poco. El amante debe soportar be- 
névolamente las íaltas del amado; sobrelleva tú con paciencia el 
peso de la culpa común. La vieja va á volver...; olvida, te ruego, 
la tristeza, no sea que por las lágrimas eche de ver nuestra falta. 



XII 

Panfilo, Galatea, Vieja. 

VIEJA 

Detúvome la mujer ante la puerta con vanas simplezas; ¡capaz 
es de vencer al propio Cicerón en locuacidad!... Galatea, ¿poi- 
qué tus ojos están bañados por el llanto? ¿De dónde procede el 
dolor que manifiestas? ¿Qué ha hecho contigo Panfilo, mientras 
he estado ausente? Ruégote, Galatea, que me cuentes minucio- 
samente todo lo que haya pasado. 

CALATEA 

¡Bueno está que preguntes, como si no lo supieses, lo que me 
ha ocurrido, cuando todo ha resultado de tus consejos! El árbol 
se conoce por sus frutos, y así te conozco yo ahora por tus 
obras. No bien determinaste obsequiarme con tus manzanas y 
tus nueces, cuando éste tu Panfilo se halló á la puerta! Para dar 
lugar á todo, llamóte la vecina, á fin de que, entretanto, perdiese 
yo la flor de mi honestidad. 



464 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

O qua*» magna foris fec/7 te tua cura morari! (533). 
Qua*» ueslra suas ars tegit insidias! (534). 
740 Jmplere suos scelus et fallada cursus (535): 
jn \&que\\m fugiens decidit ecce lepus! (536). 



[ANÜSj (537) 

Increpor ¡«iuste; procu\ hoc mic&i crimen abes/ ("538). 

Qua rat/owe uoles, [me] satis expedía/» (539). 

Etati n¿>.s7re male nom« cnminis hu'ws 
745 conuenit, ars tanti n¿c mali studiosa (540). 

Si qua modo concepto (541) iocis contentio uobz'j 

contigit, absenti q?/e michi culpa fuit? 

Sit quecumque (542) potest, nic//i/ ad me lis utr'msque 

qua.m mouel i;/sipiens, non ego, [uester amor]! 
750 Dic lamen ignoti serie»; michi, Pa/zphile, facti, 

\\u\us origo mali ne sit op[er]ta (543) michi. 

[PANPHILUS] (544.) 

Arguor e (545) mínima, si scires ordine, culpa, 
cslque michi meritis durior ira m¿is. 
Set decet archanu*» celan semper ama«tuw, 
755 nam dixisse pudet, cum pudor (546) omnis ubesl (547). 
Tawtuw lenire rixas Ubi conuemt iré (548), 
quod sup¿;"e/ \nter nos [non] decet ewe dúos (549). 



(533) O quam magna foris te fecit causa morari. (Mejor medida.) 
(534) Quam bene seva suas ars tegit insidias. {Mejor lección, porque es in- 
admisible la medida del texto.) — (535) Implcvere suos ars et fallada cursus. 
: or lección y medida.) — (536) In laqueos fugiens decidit ipse lepus. — 
(537) Al margen de T.: «A. G.». — (538) Increpor injuste nunc; hoc michi cri- 
men i m sse! {Mejor lección, porque el hexámetro está incompleto, si no se lee 
abessé.) — (539) Qua ratione velis, me satis expedían). — (540) Conve- 
nit, ars tanti nec studiosa mali. {Mejor verso, porque el del texto termi- 
na con epíteto , aparte de que el pentámetro carece de buena medida . ) — 
(541) Concepta. (Mejor lección.) — (542) Quodcumque. {Mejor lección.) — 
(543) Operta. | Mejor lección.)— (544) Al margen de T.: «P. A.». — (545) Ex. — 
(546) Furor. — (547) «Pudor est scire pudoris opus», dice la Comcedia 
Lydiae; ed. Du Méríl, pág. 357. — (548) Tantum leuire (?) tibi rixas con- 
venid iré. {Es inadmisible la medida de uno y de otro verso.)— (549) Quam 
magnam ínter nos non decet esse dúos. {Mejor verso; hero todavía sobra 
aqui ni 



UNA COMEDIA LATINA DE LA EDAD MEDIA 465 



¡Oh, cuan graves negocios serían los que te entretuvieron ahí 
afuera! ¡Qué de traiciones encubre tu industria! La maestría y 
el engaño realizaron sus planes: he aquí que la fugitiva liebre 
cayó en el lazo! 

VIEJA 

Injustamente me condenas; bien lejos de mi ánimo ha estado 
semejante culpa. Del modo que gustes, sabré explicarme satis- 
factoriamente. Mal se aviene con mis años tamaño delito, ni mi 
industria sirve para tanta maldad. Si de alguna manera trabas- 
teis batalla á consecuencia de vuestros juegos, ¿qué culpa tengo 
yo, que estaba fuera de casa? * Sea lo que quiera, nada tengo 
que ver en vuestra contienda, que fué provocada, no por mí, 
sino por el loco amor. Dime no obstante, oh Panfilo, cómo han 
ocurrido los hechos que desconozco, para que no se me oculte 
el origen de este daño. 

PANFILO 

Si esos hechos te fuesen conocidos, sabrías que soy vituperado 
por muy pequeña culpa, de suerte que la saña que contra mí 
existe es más severa de lo que merezco. Pero el secreto de los 
amantes ha de reservarse, porque el pudor impide manifestar lo 
que sin él se hizo. Sólo te incumbe sosegar nuestras contiendas, 
pues no deben ya existir entre nosotros dos. 

* De arjuí en adelante se conserva la paráfrasis del Arcipreste. 



466 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

GALATEA (550) 

Panphile, dic ílli (551) nos/ron, quasl nesciat, actus, 

res ne (552) pfrcipiat qutúiter ista ue//it! 
760 Quod tíbi £Tc»//siluit (553), a (554) te, quasi nescia, queñt, 

Vt uideat«r vi hoc non noeuisse michi! 

Artih/í-x ¡«nuraeris michi deuia piara parasti (555), 

set tamen indiciis ars paret ipja suis (556). 

S¡c (557) piscis curuujw \am captus p^rcip/7 [hjarauffl, 
765 sic auis (558) humanos (559) capta uidet laqueós!... 

Et modo quid faciaz»? Fugia/w captiua (560) per orhem; 

hostia iure michi claudet uterque pareos! p¿¿ 

Metiar (561) hac illac oc?<dis uigilarztib&r orbew, 

leta tamen misare spe (562) michi milla. uemt! 

[anus] (563) 

770 Vt giauité/" doleat non pertinet ad sapie/íte/w, 

cu;« dolor ad do//iinum premia [nulla] refert (564), 

hoc moderanter habe (565), reparan q«¿>d nequii arte, 

cu/« (566) male p^rsuasit immoderatus amor. 

Co«ue«it ad noslros mod7¿r el prudentia cajus (567), 
775 quod (568) [que] seq?¿/ deceat quer^re cons'üium; 

mordet en\m grauiter discordia p&ctus ama;/tis (569), 

el fouet in bellis \\u\nera ceca suis (570). 

Que hene uos foueat placida;;? ¿wzcedite pacew (571); 

hec tua sit coniuxl vir sit etiste tuus! 
780 Ver me uotorum iam cowpox quisque (572) suorum, 

per me felices, este me\ memores! 



(550) Al margen Je T.: «G. P.».— ,'551) Ule.— (552) Ut. {Mejor lección.)— 
(553; CoDSuluit. (Mejor lección, aunque la medida es idéntica.) — (554) Omite 
a, con lo cual deja imperfecto el verso. — (555) Dedisti. — (556) Sed tamen in- 
diciis res patet ipsa suis.— (557) Ut.— (558) Mens.— (559) Humana. (Inad- 
misible, por razón de la medida.) — (560) No en el sentido clásico, sino en 
el medieval de «malo, desgraciado». — (561) Metior. (Mejor lección.] — 
(562) Spes. (Mejor lección.)— (563) Al margen de T : «A. P. G.». (564) Pre- 
mia nulla refert. — (565) Hoc moderauter age. — (566) Quod. — (567) Fle- 
lus. — (568) Quodque. {Mejor lección.)— (569) Amantum. — (570) Et movetin 
bellis vulnere seva suis.— (571) Noctem. — (572) Compos uterque. (De am- 
bas maneras es admisible el verso, métricamente.) 



UNA COMEDIA LATINA DE LA EDAD MEDIA 467 



GALATEA 



¡Dile, Panfilo, dile, como si nada supiese, lo que hemos hecho, 
para que se entere de la causa de todo! Te pregunta, haciéndose 
la boba, lo propio que te aconsejó, á fin de que parezca que no 
me ha perjudicado en esto. Con innumerables artificios me has 
preparado muchos deslices, pero tus mañas se dejan ver por mil 
señales. Así el pez ya cogido percibe el corvo anzuelo; así el ave 
aprisionada ve los lazos!... Y ahora, ¿qué haré? Huiré, cativa, por 
el mundo, porque mis padres, con razón, me cerrarán las puer- 
tas dé su casa. Sin descanso rodearé el orbe, pues no me alienta, 
oh infeliz de mí, esperanza alguna de felicidad! 



VIEJA 

No es de cuerdos quejarse gravemente cuando el lamento no 
les reporta ningún provecho; lo que la habilidad no puede re- 
parar, sopórtalo con mesura, pues aconsejó mal el imprudente 
amor. Sabiduría y templanza necesitamos en nuestras desven- 
turas, y buscar orden para lo futuro. Cruelmente lacera la ene- 
mistad el corazón del amante, y agrava en sus luchas las ocultas 
heridas. Rendios á la dulce paz que os conforte (A Panfilo). 
Sea ésta tu mujer! (A Galatea). Sea éste tu marido! Obtenido 
ya, gracias á mí, lo que ambos deseabais, felices por mí los dos, 
acordaos de esta pobre vieja! 



468 BOLETÍN DE LA KEAI. ACADEMIA DE I A HISTORIA 

III 

DOCUMENTOS DE COLÓN DE LA CASA DUCAL DE VERAGUA 

(Segundo Informe.) 

El Ministerio de Instrucción pública y Bellas Artes, en Real 
orden fecha 16 de Marzo del corriente año, comunicada por la 
Subsecretaría de aquel Centro ministerial á esta Corporación, nos 
participa que «S. M. el Rey (q. D. g.) se ha servido disponer que 
»por este Ministerio se deleguen en la Comisión que la Real 
.-'•Academia de la Historia tenga á bien designar entre los indi- 
viduos que la componen, las funciones del caso al efecto de 
»que la citada Comisión oiga al Sr. Duque de Veragua acerca 
»de su oferta y, en su vista, proponga el precio que pudiera ser 
»objeto de la adquicisión, entendiéndose bien que, originado este 
»asunto á instancia del repetido Sr. Duque de Veragua, no que- 
»dará en ningún momento comprometido el Estado á una reso- 
lución». 

Esta Academia, no obstante el amplio y reciente Informe que 
la cupo el honor de elevará V. E., nombró nueva ponencia que 
cumplimentara lo preceptuado en aquella soberana disposición; la 
cual ponencia conferenció con el ilustre procer, y de sus labios 
tuvo el gusto de oir la más cumplida reiteración en sus vehemen- 
tes deseos de que los preciosos documentos referentes á su ascen- 
diente insigne, Cristóbal Colón, que se guardan y custodian en 
<-l .Archivo de la casa ducal, no salieran de España, á cuyo no- 
bilísimo propósito obedecía la manifestación que hiciera en su 
día al Gobierno de S. M., y que hoy de nuevo confirmaba, de no 
tomar como base de apreciación la que de tales documentos 
lucieran otros Gobiernos y entidades de países más favorecidos 
por la fortuna, ateniéndose por su parte al dictamen de persona 
de tan reconocida autoridad como D. Antonio Paz y Melia, jefe 
que fué de la Biblioteca Nacional, y segundo jefe durante mu- 
cho: 1 departamento de manuscritos de la misma, que los 
ha estimado en un millón ciento cincuenta mil pesetas en la ca- 



DOCUMENTOS DE COLON DE LA CASA DUCAL DE VERAGUA 469 

talogación que practicara, suma que el patriotismo del Duque 
le dictaba mantener — nos añadió en la entrevista que celebra- 
mos — á pesar de su considerable inferioridad en relación con 
otras indicaciones que del extranjero tenía recibidas. 

Esta nueva Comisión, que hace toda justicia á los levantados 
y honorables móviles de exquisita delicadeza que han informado, 
sin duda alguna, la conducta del Ministro al inhibirse por su parte 
' y rehusar en definitiva ser él quien evaluara y justipreciase la 
estimación metálica en que se pudiera tasar tesoro histórico de 
tal valía, ni aun con la apreciación tan prestigiosa del Sr. Paz y 
Melia, esta Comisión dice á su vez que, siendo acendrado deseo 
el suyo de acatar y cumplir órdenes superiores, se ve también 
compelida y obligada á declinar la honrosa y delicada misión de 
confianza que se la encomendara, ya que no juzga factible pre- 
cisar en conciencia, ni siquiera señalar con aproximada exacti- 
tud el valor comercial de unos documentos únicos en el mundo, 
sin base de comparación posible, sin términos hábiles de con- 
frontación con otros análogos ó similares que no han sido jamás 
puestos en venta pública ni privada; no debiendo tampoco sus- 
traer esta tasación monetaria, de suyo difícil y compleja á la in- 
tervención de factores diversos que giran en una esfera especial, 
se mueven en una órbita moral y recaen en algo que pudiéramos 
llamar jurisdicción espiritual, en la que concurren y propugnan 
diferentes y encontrados intereses, cuales son: de un lado, la esti- 
mación, aprecio y aun amor en que su dueño tenga estos pape- 
les; la conveniencia en retenerlos y los arrestos que muestre la 
opinión en conservarlos; la codicia que despierten, el noble estí- 
mulo y licitación que, por adquirirlos y poseerlos, muestren enti- 
dades ó países extranjeros; y de otra parte, aquellos miramientos 
y respetos que son debidos al Krario público, cuyo estado y 
situación, próspero ó adverso, desconoce la Academia y no igno- 
rará seguramente el Ministro, primer interesadp a quien incum- 
be, por razón de su alta y sagrada misión, el que joyas históricas 
de tal fuste é importancia no emigren ni engalanen extraños ar- 
chivos con mengua, desdoro ó baldón de la cultura patria. 
No ha de parecer, por tanto, anómalo, ni puede causar sorpresa 



470 BOLETÍN DE I.A REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

alguna, que organismos é institutos como el diligente Cuerpo de 
Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos, el Archivo Histórico 
Nacional y la misma Junta facultativa de Archivos, Bibliotecas y 
Museos, cuya competencia técnica y hábito constante en estos 
trabajos de consulta, clasificación y avahúo de pergaminos y do- 
cumentos está, por notoriedad, fuera de toda discusión y duda, 
se excusaran también de traducir en cifra la estimación que ha- 
cían de la colección colombina, á punto de no haber siquiera 
confirmado como buena ni objetado por excesiva la tasación de 
su ilustre y caballeroso compañero D. Antonio Paz y Melia, re- 
conociendo su excepcional competencia y gran peso en este 
linaje de asuntos; haciendo notar y habida cuenta de lo insólito 
de oferta de tan espléndida y singular documentación. 

De igual modo que las precitadas instituciones, esta Real Aca- 
demia, en su Informe enviado á ese Ministerio con fecha 28 de 
Diciembre del pasado año de 1916, mediante prolijo y detenido 
examen y estudio de los papeles objeto de la venta, después de 
madura y serena reflexión, hubo de hacer presente á V. E. los 
sólidos fundamentos, las poderosas y convincentes razones que la 
asistían para declarar que este asunto, de suyo tan complicado y 
afectivo, es del todo ajeno á las prácticas de la contratación mer- 
cantil; que no parece respetuoso para los que intervienen ni pro- 
pio de una Corporación científica cual esta Academia, establecer 
ajustes y regateos entre el heredero del Almirante que puso en 
las manos de España las llaves del Nuevo Mundo y el Consejero 
• le la Corona, representante de un Gobierno á quien incumbe, 
como deber primordial, velar por la conservación y contribuir al 
acrecentamiento del patrimonio monumental de la Nación. 

La nueva ponencia, inspirada en el mismo espíritu que alentó 
á la anterior para redactar las conclusiones que se presentaron á 
la ilustrada consideración de V. H., las mantiene y confirma, ha- 
ciendo suyo cuanto expuso, adujo y razonó en luminoso dicta- 
, con unánime asentimiento y aprobación de la Academia. 

Cumple, si, por modo especial, á dictados de nuestra arraigada 
convicción y á elementales deberes de nuestra misión educadora, 
c\ insistir, con vehemente tenacidad y porfiado encarecimiento, 



DOCUMENTOS DE COLON DE LA CASA DUCAL DE VERAGUA 471 

en que no salgan de la madre patria estos documentos, páginas vi- 
vas del más grandioso acontecimiento que se registra, no ya en los 
anales del libro inmortal de nuestra Historia, sino en la historia de 
la humanidad; que ellos son el más auténtico testimonio, perenne 
é inmarcesible ejecutoria de empresa tan portentosa: reliquias ve- 
nerandas de uno de los genios más extraordinarios, de uno de los 
hombres más insignes y preclaros que han vivido en el planeta. 

Y conviene no olvidar que, si al descubrimiento de América en 
tan alto grado contribuyeron el perseverante apoyo y cuantiosos 
sacrificios que se impusieron los Reyes Católicos, bien está que 
la España de hoy honre la España de ayer conservando entre 
nosotros, aun á costa, á su vez, de sacrificio, estos recuerdos tan- 
gibles de un glorioso pasado, estos timbres de honor legados por 
nuestros mayores, cual tesoro inapreciable, que no sólo vida ma- 
terial deben de vivir los pueblos. ¡Desdichados aquéllos que no 
tengan ideales y no sepan ensalzar la santa memoria de quienes 
se esforzaron en prosperarlos y enaltecerlos! 

Cuál sea la extensión, alcance y límite del sacrificio que haya 
de infringirse á la Hacienda pública, lo ignoramos: no podemos 
determinarlo ni nos compete fijarle. 

Que sea absolutamente preciso realizarlo nos parece indiscu- 
tible; y justamente por ello, nos lisonjea la esperanza de que, 
patrióticas y felices convergencias entre el joven procer, dueño 
de los documentos, y el ilustre Ministro, tan consciente de sus 
deberes, giren y coincidan alrededor del único y valioso elemento 
de apreciación y juicio que se aporta al expediente, el avalúo del 
Sr. Paz y Melia, consintiendo este apetecido acuerdo, con aplauso 
unánime de la opinión culta é ilustrada, vincular tan hermosa 
colección de documentos colombinos, en el opulento acervo de 
nuestros Archivos nacionales. 

Y esto es lo que, á su juicio, debe exponer y cuanto puede 
decir la Real Academia de la Historia. 

Madrid, 7 de Abril de 1917. 

Ei. Marqués de Laürencín. 

Vicente Vignau. 

Ricardo Beltrán y Rózpide. 



47 2 boletín de la real academia de la historia 

IV 

«LA LUZ DE LA FE EN EL SIGLO XX» 

Señores: 

Nuestro venerable Director me ha distinguido de nuevo con 
su mandato de que emita informe sobre la obra titulada Iji Luz 
de la Fe en el siglo XX, escrita por el Excmo. Sr. D. Luis Calpe- 
na y Ávila. 

Es esta obra una hagiografía que, en trece volúmenes folio, con- 
tiene la vida de diez mil santos y gran copia de discursos de 
cultura religiosa y de argumentos y síntesis doctrinales. 

No era yo, seguramente, el más apto para abordar un estudio 
tan difícil como distinto de los que me ocupan; pero el ilustre 
Padre Fita, modelo de virtudes cristianas, al par que discreto y 
y sabio, me dijo: 

— Juzgue usted esa obra bajo su concepto histórico nada más. 

Así, pues, de la labor titánica que representan los trece tomos, 
debía yo aquilatar concretamente la exactitud de las disquisi- 
ciones y nuevos datos que cite, el fundamento de las tradiciones 
que pasan por verídicas, la lucidez de sus análisis críticos y tesis 
filosóficas, no menos que la pureza del lenguaje y método na- 
rrativo. 

Pero he de confesar que el lenguaje y el método me cautiva- 
ron desde las primeras páginas, sobre toda ponderación, y creo 
que, no ya un apostólico romano, sino un heterodoxo continuaría, 
placentero, su lectura, pues tal es el imperio del Arte. 

Y por el Arte conducido, como en nao de dulce balanceo, re- 
corrí insensiblemente muchas millas del océano literario de La 
Luz de la Fe, memorándome otro de igual índole y renombre 
universal. 

Al cotejarlos desde el punto de vista de la teología dogmática, 
noté la coincidencia de mi criterio con el de un insigne historia- 
dor. 1 !;i dicho éste que Chateaubriand, en su Genio del Cristia- 
nismo, dio a la religión, por defensa contra los sarcasmos de Vol- 



«LA LUZ DE LA FE EN EL SIGLO XX» 473 

taire, las gracias de la fantasía, la vida de los afectos y bellezas del 
culto; pero que, como sobrepone el sentimiento á todo, aun con 
mengua de la lógica, no le satisface al pensador; y el austero cre- 
yente juzga frivolo un libro que sólo deflora lo sublime y gran- 
dioso de su credo. 

La obra del Padre Calpena es, por el contrario, de una solidez 
lógica incontrastable. Habla al sentimiento y á la fantasía con de- 
licadas y vivas imágenes, con primorosas galas de estilo; pero 
habla, ante todo y sobre todo, á la razón, para subyugarla y ren- 
dirla á la evidencia de la verdad católica. 

Y es que en esta hagiografía, sin rival posible, su autor ha lle- 
vado á feliz término cuanto ofrece en el Discurso Preliminar, 
combatiendo la incredulidad contemporánea, su origen, su per- 
niciosa influencia en la civilización, y mencionando los grandes 
consuelos de la fe, los dogmas católicos, la vida futura: toda la 
economía de nuestra religión en sus múltiples aspectos. 

Pero antes de continuar comunicándoos mis impresiones, debo 
deciros que éstas no se basan en el estudio de todo el texto de 
la obra, sino en el de una parte, aunque muy extensa, porque la 
lectura de diez mil páginas en folio, á cincuenta diarias, invertiría 
seis ó siete meses. 

Sin embargo, ninguno de vosotros ignora cuan fácil es hacer 
á conciencia el examen de cualquier libro si, hojeado al azar, se 
le hallan siempre en todos los fragmentos elegidos las mismas 
rectitud de ideas, caudal de lógica, de poesía, de enseñanza útil y 
de pureza de dicción. 

El período de tiempo calculado para la suave tarea de leer, nos 
induce á considerar el que habrá invertido el autor en escribir su 
obra, y antes, en el acopio y estudio de las materias que contiene. 

Es indudable que aquel período de lectura representa dos ó 
tres lustros, cuando menos, de continua labor, evidenciando una 
peregrina y meritoria constancia. 

Y ahora, terminada esta corta digresión, continuaré mi análisis 
aquilatando primeramente la importancia de la obra en su orden 
histórico. 



* * 



30 



474 boletín de la real academia de la historia 

El Padre Rivadeneira, Croisset, la Leyenda de Oro y cuantos 
han escrito santorales, se ciñen al martirologio romano, y muy 
pocos mencionan el español. 

En cambio, el Sr. Calpena cita cada día el romano, el español, 
el francés, y luego, en un cuarto párrafo, los santorales de Gre- 
cia, Inglaterra, Bélgica, Escocia, Hungría, Alemania, Irlanda, Aus- 
tria, Etiopía, Capadocia, Armenia y Siria. 

Además, no se limita á narrar los acontecimientos colocados 
por los hagiógrafos en lugares de la geografía antigua, sino que 
traslada á la geografía actual del mundo el que fué teatro de los 
hechos que refiere. 

Por ejemplo: 

En el tomo l.°, página 32, dice de San Odilon de Mercocur: 

«Nació este héroe de la Santidad, en Auvernia, el año 962. 

»La Auvernia era una antigua provincia de Francia, que tenía 
»por capital á Clermont-Ferrand. Tomó su nombre de los auver- 
»nios, que en las postrimerías del Imperio romano formaban 
» parte de la Aquitania. 

»Los visigodos la dominaron desde 475 á. 507; pero cuando 
»nuestro santo vio la luz de la vida, Auvernia no era ya visigoda, 
»pues en la batalla de Voillé pasó á poder de los franceses, y á 
»mediados del siglo vm estaba comprendida en el Ducado de 
»Aquitania. 

»Posteriormente tuvo Condes hereditarios de las casas de Poi- 
»tiers y de Tolosa. Hoy el Condado y el Delfinado de Auvernia 
» forman los departamentos del Puy de Dome y del Cantal.» 

Estos novísimos é instructivos datos sobre la correspondencia 
de los lugares antiguos con los modernos se encuentran innume- 
rables veces en cada volumen, y así puede afirmarse que La Luz 
de la Fe es una obra de vulgarización histórica y geográfica. 

* 
* * 

Yo quisiera, señores Académicos, ser conciso, pero no á costa 
de que mi Informe resulte deficiente é injusto. 'Cuando un autor 
ilustre confía á vuestro recto juicio su calificación, tiene derecho 



«LA LUZ DE LA FE EN EL SIGLO XX» 475 

á esperar un análisis razonado que evidencie el profundo estudio 
en que se fundamenta. 

Por esto yo sacrificaré un laconismo incompatible con el com- 
plejo, grandioso y trascendental alcance de una obra meritísima, 
la más notable de su género. 

Y puesto que nadie podría daros testimonio tan elocuente de 
lo que afirmo como el propio autor, transcribiré varias páginas 
donde se revelan de consuno el buen hablista, el historiador, el 
filósofo y el exégeta magistral. 

Dice en el proemio de la vida de Santa Genoveva, patrona de 
París: 

«Alas para apreciar bien la época en que vino á la tierra nues- 
»tra ilustre santa, se hace preciso que, breve y sucesivamente, 
alancemos una rápida mirada sobre el mundo romano, sobre el 
» mundo bárbaro y sobre la Iglesia, que con su poder divino los 
»reemplazó. 

»E1 Imperio romano, en su vasta unidad gubernamental, en- 
cerraba todo el mundo civilizado; el mundo bárbaro vivía fuera 
»de sus dilatados límites. 

»Jamás se ha visto Imperio de extensión más considerable ni 
»que cuente entre sus ciudadanos individuos de tan diferentes 
«civilizaciones: el italiano, el galo, el español, el árabe, el scita, el 
shebreo, el habitante del Asia y del África..., todos se agitaban 
»en aquella inmensa nación, contribuyendo al florecimiento de 
»tan gran República. En esta época de que hablamos, todo lo 
»que el género humano había producido de grande, subsistía 
»aún; pero subsistía ruinoso, en inminente peligro de caer; Roma 
»contaba todavía con historiadores tan famosos como Amiano 
»Marcelino, y Generales como el Conde Bonifacio; Atenas con 
»sus escuelas de filosofía y elocuencia; Alejandría con sus gra- 
»máticos y satíricos mordaces. Vivía el paganismo, pero vivía 
»en el pueblo, bajo la forma de groseras supersticiones refugiadas 
»en aldeas miserables: vivía en los sistemas de las escuelas filo- 
sóficas 

»¡Los bárbaros! He aquí una segunda faz de la época que es- 
atamos ligeramente siguiendo. ¡Los bárbaros! Ellos, desde los 



476 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

»más remotos climas, avanzan y penetran en el corazón del viejo 
» mundo, pretendiendo, llenos de odioso furor, apoderarse de 
»cuanto existe; sitian reinos, abaten fortalezas y suplantan con 
»los suyos poderes en apariencia invulnerables. En el alcázar de 
»los augustos, en los pretorios, se sientan el scita Aecio, Stilicón 
»el vándalo, Ricimer el suevo. Huellan con soberbia planta el te- 
rritorio del Imperio el godo Alarico, Gondicairo el borgoñón, y 
»el de Francia Clodoveo, Meroveo y Childerico. Más tarde, 
»como un formidable alud, cae desde las estepas de la Escitia 
»sobre las fronteras de Europa, llegando hasta las mismas puer- 
»tas del decadente Imperio, Atila, el formidable Atila, acompa- 
sado de sus terribles hunos. ¡Todos los pueblos bárbaros reuni- 
ólos se estrechan en compacto haz y corren á la desbandada 
»dispuestos á despedazar el cadáver romano! 

»¡Y qué variedad nos presentan estos pueblos! Del mismo 
»modo que Dios distingue en el mundo que va á perecer la so- 
»ciedad corrompida, ruinosa, abandonada, y la sociedad que so- 
brevivirá, llevando en su seno los gérmenes salvadores de la 
»virtud y de la fe..., así es necesario distinguir en estos pueblos, 
»que caminan á la destrucción de imperios caducos, dos clases 
»de barbarie: una, el látigo de Dios, el instrumento de su ven- 
»ganza, Atila y sus hunos, es decir, la barbarie vagabunda, lan- 
»zada del desierto, ávida del pillaje, ebria de inmundos goces, 
»que entran en la ciudad por el hierro y por el fuego; otra, la 
»barbarie reparadora, el instrumento de la misericordia divina, 
»Clodoveo y sus Francos, que abre los ojos á la luz, sus inteli- 
»gencias á la enseñanza del sabio, sus almas á las inspiraciones 
»del deber; que reúnen lo que había de bueno en los poderes 
»caídos, que salvan la civilización y la sociedad, que fundan un 
»imperio mucho más fuerte que aquel que derrumbaron... ¡Im- 
»perio que perpetúa sus nombres, haciendo que los siglos pos- 
teriores lo esculpan para siempre en su memoria, como ejem- 
»plos elocuentes de una raza viril que sobrevivió á la catástrofe, 
¡■^saliendo de entre los escombros, como el fénix de sus cenizas, 
i pujante y bella para iniciar la nueva aurora del mundo. 

»La Iglesia en el siglo v ofrecía un cuadro de supremo inte- 



«LA LUZ DE LA FE EN EL SIGLO XX» 477 

»rés; numerosas herejías habían introducido en ella luchas y di- 
misiones: el católico vivía frente á frente del arriano, del pela- 
»giano, de Eutiques, de Nestorio: la fe y la incredulidad se dis- 
»putaban el mundo antiguo y el mundo moderno, el romano y 
»el bárbaro. ¡Y, sin embargo, á pesar de estas luchas intestinas, 
»de estas mordeduras, que atrevidos heresiarcas pretendían hacer 
»en el cuerpo de la Iglesia, la Iglesia resistía incólume los emba- 
stes, y daba admirables testimonios de su invencible fortaleza! 

»En el Oriente, la Iglesia cerraba con un broche de oro los 
»últimos días de su ortodoxia, floreciendo en sus Concilios ecu- 
»ménicos, en sus doctores sutiles, en sus oradores célebres, en 
»sus anacoretas del Egipto y en sus monjes de la Palestina. En 
»Occidente, luchaban contra la herejía doctores como Hilario 
»de Poitiers, Jerónimo, Agustín, quienes salvaron la herencia de 
»la civilización del universal naufragio... 

»Pero en medio de esta muchedumbre, de esta descarriada 
»humanidad, aparecen algunas santas valerosas, voluntades enér- 
»gicas, que vencen todos los obstáculos, que salvan todos los 
»escollos, que elevan, que edifican, que redimen... Santa Geno- 
»veva fué una de estas almas escogidas, enviadas por Dios en 
»medio del revuelto París, para ser su guarda, su tulela, su guía...» 



Después de tan hermoso preámbulo, refiere el Padre Calpena 
la vida de la Santa según la tradición histórica: cita su salvación 
de la hoguera á que la habían condenado los parisienses, y que 
ella correspondió al odio injusto, librando á la gran ciudad de la 
ruina y esclavitud; una vez cuando Atila la puso sitio y sus habi- 
tantes creyeron inútil toda resistencia, y otra vez cuando Mero- 
veo la quiso rendir por hambre. 

Menciona luego que, transcurridas cuatro centurias, la sola 
influencia de los restos de la Santa salvó de nuevo á París de los 
normandos, y que en 1128 contuvo la espantosa epidemia llama- 
da de los ardientes. 

Estos sucesos constan como verídicos, pero los materialistas 



47& BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

le niegan su carácter milagroso, suponiéndolos resultado de sim- 
ples coincidencias; lógico es, pues tan profundos pensadores co- 
mienzan por igualar lo perdurable de sus espíritus al del aliento 
vital de un molusco. Los escépticos niegan también toda inter- 
vención divina en las acciones humanas, sin perjuicio de creer 
en ridiculas supersticiones que les aterran. 

El discreto y el sabio ni niegan ni afirman sistemáticamente, 
porque ignoran dónde principia lo sobrenatural, ante los arca- 
nos visibles y los misterios infinitos que se presienten y no se 
vislumbran. 

Dícese que sólo los fanáticos y los ingenuos creen, sin exa- 
men, verídicas todas las leyendas cristianas; y de aquí surge una 
interrogación: ¿Debe aceptarse esta ciega credulidad? ¿Puede sa- 
tisfacer á la culta Iglesia católica que sus hijos conviertan en 
artículos de fe las tradiciones? 

El ilustre autor de la obra que informo contesta al sutil enun- 
ciado con tan gran claridad y acierto, que necesito transcribir 
sus palabras: 

«Cuando la historia, dice, con el escalpelo de la crítica no pue- 
»de encontrar la verdad de ciertos hechos y acontecimientos 
»que han influido poderosamente en las grandes transformacio- 
nes ó cambios de los pueblos, sólo queda el recurso de acudir 
»á la tradición, y purgándola de todo aquello que puede haber 
»sido producto de la fantasía popular, inferir de ella lo funda- 
»mental del suceso. Que tan irracional sería, en buena lógica, 
«admitir la tradición, con todos sus detalles y matices, como re- 
chazarla porque no se acomode á lo que en la actualidad sucede 
»ó á lo que en las condiciones en que ahora se desarrollan las 
»vidas nacionales parece que debía suceder. 

»Esto ocurre precisamente con las tradiciones piadosas relati- 
»vas á la reconquista de España, á esa lucha de ocho siglos, en 
»que cítanse acontecimientos sobrenaturales, hechos milagrosos 
»que, si bien no pueden aceptarse con esa riqueza de detalles 
»con que algunos historiadores nos los presentan, es menos ra- 
»cional y lógico rechazarlos en absoluto, negando todo valor 
^histórico al testimonio unánime y no interrumpido de pueblos 



«LA LUZ DE LA FE EN EL SIGLO XXs 479 

»y regiones enteras en las cuales se efectuaron aquellos hechos 
» prodigiosos.» 

Estas reflexiones son exactísimas. ¡Cuántas veces nos refiere 
la prensa escenas conmovedoras de la guerra actual, en cuyos 
campos de batalla se avivan el sentimiento religioso y la fe en 
los milagros! 

Lo mismo el francés que el húngaro, el alemán que el mosco- 
vita, invocan la ayuda de Dios. ¿Y quién será tan ruin que se 
burle del soldado que atribuye su salvación á la santa reliquia 
que su madre le colocara en los pliegues de la guerrera? 

|Qué triste, qué estéril es el descreimiento y cuan consoladora 
la certidumbre de que no estamos solos -y abandonados en la 
oscura noche de la vida! Bien dijo un egregio poeta, 

¿Qué es la ciencia sin íe? Corcel sin freno, 

á todo yugo ajeno, 
que al impulso del vértigo se entrega, 
y á través de intrincadas espesuras, 

desbocado y á obscuras, 
avanza sin cesar y nunca llega. 



* 
* * 



Perdonad, señores, si perturbada la brújula por imanes me- 
tafísicos separé mi rumbo del obligado derrotero. Enmiendo, 
pues, la proa y continúo el análisis de tan magna publicación bajo 
su aspecto puramente histórico. 

Creo haber dicho ya que este aspecto es el que predomina en 
su base y estructura. Así hallamos esparcidos por las páginas de 
los 13 volúmenes trozos de la historia de' casi todos los países 
europeos y algunos de América. El origen y formación del pue- 
blo húngaro están en las vidas de San Esteban y de otros de sus 
reyes; en la de San Columbo se habla de la historia de Escocia; 
en la de Santa Isabel, de la de Portugal; en la de Enrique II, de 
Alemania; de Polonia, en la de Santa Eduvigis; de Inglaterra, 
Dinamarca, Noruega y Suecia, en las de Emma Reina y San 
Eduardo; de Irlanda, en el capítulo San Patricio, y de Francia, 



.\&0 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

en Santa Genoveva, San Luis, Juana de Arco y la Virgen de 
Lourdes. 

En cuanto á España puede decirse que escalonando cronológi- 
camente las biografías de sus hijos canonizados, obtendríamos 
una verdadera historia de nuestra patria, con datos interesantí- 
simos. 

Esta obra, sobre todo, es la historia completa de la Religión. 
El Antiguo Testamento está narrado extensamente. La sublimi- 
dad del Catolicismo, con sus Concilios é instituciones, se eviden- 
cia en la vida de los Apóstoles, de los Evangelistas y de los pri- 
meros mártires, como también en las de los grandes Papas bea- 
tificados, desde San Pedro á San Pío V, de los heroicos ascetas, 
desde San Antonio á San Francisco de Asís, y de los excelsos 
Doctores, desde San Gregorio á San José de Calasanz. 

Pero no se limita el P. Calpena á trabajo tan hercúleo, sino 
que en su narración intercala instructivos pormenores históricos 
sobre diversos ramos del saber. 

Así, pues, refiriéndose al citado San José de Calasanz, funda- 
dor de las Escuelas Pías, nos habla de la educación primaria re- 
ligiosa en estos términos: 

«San Pablo preparó ya para la enseñanza á Timoteo y el dis- 
cípulo amado; el mismo San Juan se consagraba á la enseñanza 
» religiosa en Efeso. Desde mediados del siglo n hasta el siglo v 
aviáronse aparecer, con el nombre de Escuelas de los catecúme- 
nos, varios establecimientos de enseñanza en la Iglesia de Orien- 
»tc; y los nombres de Panteno, San Clemente, Orígenes, San 
»Basilio y San Gregorio Taumaturgo, recuerdan la celebridad de 
»las de Alejandría y Cesárea de Palestina, como las de San Juan 
»Crisóstomo, Teodoro de Mopavente y otros; no permiten que 
»se ponga en olvido la del Santo mártir Luciano en Antioquía. 
»Casi al mismo tiempo que estas escuelas aparece la Academia 
»P¿rsa, dirigida por el maestro cristiano Protógenes, siendo ésta 
»la primera escuela elemental del alto Egipto, en Antinoe, según 
¡>unos, ó de Edesa, según otros, en la que se enseñaba lectura y 
!» escritura y se recitaban y cantaban los salmos. Siendo digno de 
» llamar la atención que la distribución ú orden de enseñanza 



«LA LUZ DE LA FE EN EL SIGLO XX» 40 1 

» concéntrica, que los modernos pedagogos quieren traernos como 
»de invención reciente, ya se ponía en práctica en dichas es- 
cuelas, pues tomando como base ó centro la Biblia, se referían 
»ella todas las demás enseñanzas. 

»E1 desastre producido en el mundo antiguo por la invasión 
»de los pueblos bárbaros, sumieron la educación en nuevas tinie- 
»blas, de las que seguramente no hubiera salido sin los cuidados 
»maternales de la Iglesia de Jesucristo. Las escuelas catedrales, 
»producto de las decisiones de los Concilios; las escuelas parro- 
»quiales, mandadas crear en 529 por el Concilio de Vacense, y las 
»ordenadas por los Concilios segundo y cuarto de Toledo, en 531 
»y 633, respectivamente; el mandato á los abades y abadesas del 
¿Concilio de Clif, en Inglaterra, en 747, y la insistencia con que 
»los de Arles, Maguncia, Reims, Chalons y Tours ordenan que 
»se establezcan escuelas, lo mismo que el romano de 826 manda 
»que se establezcan maestros, son datos preciosos para compro- 
»bar el interés que la Iglesia ha desplegado siempre por la edu- 
cación y la fidelidad con que ha cumplido en todas las épocas 
»el precepto del divino Maestro: «Id y enseñad á todas las 
¡►gentes.» 



* * 



Con no menos lucidez diserta sobre el Arte plástico y pictó- 
rico en la biografía de San Dositeo. Allí dice: 

«El arte, cuando se reviste de dignidad y nobleza, puede 
»ser un gran educador de muchedumbres. La misión del arte no 
»se circunscribe á producir un deleite pasajero; más profunda de- 
»berá ser la huella que en nuestro espíritu produzca el roce di- 
» vino de sus alas. Al deleite debe mezclarse la instrucción, la mo- 
ralización, según el prudente consejo de Horacio. Arte inmo- 
»ral, no es arte en su riguroso sentido, porque el arte verdadero 
»es manifestación de la belleza, y la belleza es expresión de 
» Dios, y Dios no puede inspirar prostituciones y escándalos, 
» aunque retocados aparezcan con barnices de bellísimos co- 
» lores. 



482 BOLETÍN DE LA. REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

» Arte inmoral es arte mixtificado, algo así como una perla de 
» vidrio que pretende reemplazar con su falsa hermosura la niti- 
» dez verdad de una perla de Golconda... 

»Si los artistas que tienden á perpetuarse en sus obras tuvie- 
ran presente, no esas reglas de contextura exterior que muchas 
» veces dificultan la expansión del genio, sino los principios in- 
» temos de moralidad, de bondad, de pureza y de recato que de- 
» ben presidir toda concepción, más resonantes y duraderos fue- 
»ran sus triunfos... 

»Y no se nos objete que el desnudo es privativo del sublime 
» arte de Fidias; que la Venus sin brazos y el Apolo de Belve- 
»dere, son inmortales y serán siempre citados como modelos de 
» clasicismo, de belleza plástica: porque — rechazando y conde- 
»nando todo lo que pueda servir de escándalo en la sociedad 
» cristiana — , nos atreveremos á decir que esa Venus y ese Apo- 
»lo, y con ellos toda la escultórica helénica, aunque pagana, no 
» transpira, por decirlo así, á través de sus carnes marmóreas la 
» refinada sensualidad que se advierte en las figuras que modela 
»el cincel moderno. El Arte antiguo, que no conoció los encan- 
»tos de la pureza cristiana, cubrió con un velo de idealidad 
» aquella desnudez. Parece como que pretendía idealizarla, trans- 
» figurarla. Por esto algunos, en presencia de las obras clásicas 
»del paganismo, sólo ven la pureza de la línea, la perfección del 
» modelado, la belleza, en fin, que, á manera de sutilísimo encaje, 
»fué echando el artista sobre el bloque que cinceló...» 

En la vida de San Fulco de Marsella nos sorprende con un 
compendio crítico de la literatura, que hermosean las galas de la 
poesía y del buen decir. Admiremos cómo describe á los trova- 
dores medievales. 

«¡La Provenza!... Por sus llanuras de pomposas vides atravie- 
»san, con la flor del madrigal en los labios, Guillermo de Poitier, 
»guerrero, turbulento y libertino; Cercanón, juglar de la Gascu- 
»ña; Marcabrú, irresoluto, indócil, orgulloso; Girando de Tolosa, 
«caballero pobre, enamorado de una quimera; Pedro de Alver- 
»nia, culto y elegante; Bernardo Ventardorn, oliente todavía al 
horno que en el castillo encendía su humilde padre; Jaufre Ru- 



«LA LUZ DE LA FE EN EL SIGLO XX» 483 

»del, ardiendo en amores por la Condesa de Trípoli sin conocer- 
la; Pedro Vital de Tolosa, ese Don Quijote de la Poesía, que 
»cantó en España, en Francia, en Italia, en Palestina, en Chipre... 
» Bertrán de Born, á quien el Dante, por haber dividido la fami- 
»lia real de Inglaterra, le coloca en el infierno con la cabeza cor- 
»tada del tronco y suspendida de la mano á guisa de farol; Pedro 
^Cardenal, cáustico, satírico, maldiciente; Rambaldo de Maren- 
»go, Guiraldo de Borneil, Gabandén el Viejo, Ramón de Mirava... 

»Y también atravesó las llanuras provenzales, tañendo coplas 
»al compás de su, laúd, Fulco de Marsella, en sus mocedades 
»aventurero, enamorado, galante, trovador... Allá va, airoso, 
»brindando arrullos y lisonjas por doquier. Las puertas de los 
»castillos se le abren; la dama suspende el girar laborioso de su 
»huso para escucharlo; el caballero deja un momento de acari- 
»ciar su tizona y es todo oídos para la voz del poeta que halaga 
»su vanidad. En honor del bardo que posa brevemente en el 
»castillo, se aviva el fuego de la gran chimenea y se destapan 
»empolvadas botellas de Borgoña rancio. Y se brinda por el 
»amor, por el rey, por los dueños señoriales y por el vate 
» errabundo...» 

No menos gráfico y bello es el retrato que nos hace del alma 
sencilla y pura de San Juan de la Cruz. 

«Deleitábase con las galas floridas de los huertos; con los paja- 
arillos que alegres revolotean; con el ramaje del alto ciprés; con 
»la quejumbrosa pereza del sauce que se inclina; con el rumor 
»de la fuente aldeana, que esparce monótona su caudal; con las 
»hojas que arremolina el viento; con la espuma blanca que el 
»mar sacude de su manto; con los copos de la nieve; con los su- 
»tiles jirones de las nubes rotas; con el suave rielar de la luna y 
»las estrellas en el seno de las aguas...; con todo cuanto es em- 
beleso de los espíritus privilegiados que saben descubrir en el 
» fondo de las cosas la huella sublime de la gran mano de Dios.» 



* * 



484 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

Y no puedo ya transcribiros, por falta de tiempo y espacio, 
disertaciones del autor sobre la música en la vida de Santa Ceci- 
lia, ni sobre la elocuencia, la oratoria sagrado y la guerra y 
la paz. 

Tampoco me es ya posible daros á conocer sus censuras al fe- 
minismo moderno, que no confunde con el que merece alaban- 
zas, pues acerca de éste nos dice: «Nadie reprueba á una Beatriz 
»Galindo sus conocimientos filológicos; á una Sor Juana Inés de 
»la Cruz su inspiración poética; á una Teresa de Jesús sus Car- 
etas admirables y sus Moradas célebres... Nadie censura la cola- 
boración científica en los descubrimientos de su esposo de la 
»ilustre madame Curie, y nadie esquiva su elogio á la santa obra 
»de redención penitenciaria que llevó á efecto nuestra insigne 
«Concepción Arenal.» 

Este cúmulo de materiales valiosos que contiene la colosal ha- 
giografía, donde alternan lo divino y lo profano tan armónica- 
mente, logra convertir la monotonía, inevitable de todas las 
obras de igual índole, en una grande y rara amenidad. 

Amenidad que complementa el autor apartándose del método 
seguido por los biógrafos de santos, para lo cual relata la vida de 
muchos (aunque ceñido siempre á la exactitud) en ese estilo no- 
velesco y forma dialogada que tanto impresiona é interesa á los 
lectores. 

Pero he abusado de vuestra cortés atención, y voy á terminar. 

Creo suficiente lo ya expuesto para que estiméis de mérito ex- 
traordinario la obra que informo. 

lista obra es y sólo puede ser la labor culminante de un hom- 
bre de talento, cuya vida monopolizaron el estudio y el misticis- 
mo. Todos le conocéis. Conocéis al Padre Calpena, hoy cura y 
magistral del Real Palacio, auditor del Supremo Tribunal de la 
Rota, canciller del Toisón de Oro, prelado doméstico del Papa, 
gran cruz de Alfonso XII y predicador elocuentísimo... 

Mas conviene recordemos lo que es tan público y notorio: 
cómo conquistó su altura social. Recordemos que cuando tenía 
diez y ocho años era, á la vez que alumno, profesor de Ciencias 
naturales é históricas; que, apenas doctorado en dos facultades, 



ARA SEPULCRAL DE FLAVIA PRIMA EN UTRERA 485 

fundó y levantó de planta en Novelda un suntuoso edificio, Cole- 
gio de estudios superiores, y que sus obras publicadas con ante- 
rioridad á La Luz de la Fe forman diez y seis gruesos volúme- 
nes, todos dignos, según fama, de igual encomio. 

Concluyo, pues, señores Académicos, felicitando al historia- 
dor dogmático sin rival, quien con la pluma y la palabra, incan- 
sable y persuasivo, mostró siempre á los humanos el norte ver- 
dadero de un dichoso porvenir, así descrito por el poeta de Las 

Do/oras: 

La vida, que desalada, 

de un vértigo del infierno 

corre en pos: 
Ella corre hacia la nada. 
¿Quieres ir hacia lo eterno? 

Ve hacia Dios. 

Pedro de Novo y Colson. 
Madrid, 12 de Abril de 1917. 



V 

ARA SEPULCRAL DE FLAVIA PRIMA EN UTRERA 

Hübner reseñó este cipo de mármol blanco bajo el núme- 
ro 1. 29 1. En la iglesia parroquial de Santiago, y en la pared in- 
terior de la capilla de Santa Ana, el sabio Doctor alemán lo vio 
incrustado y copió su inscripción. 

Recientemente, con ocasión de predicar en Utrera una misión 
apostólica, el docto jesuíta P. Anselmo López ha examinado esta 
misma ara, desprendida de su antigua colocación, transportada 
á la sacristía del templo y visible por todos sus lados. La impron- 
ta que ha hecho sacar del texto original, manifiesta que sus letras 
lindísimas y sus puntos triangulares son del siglo 11 ó ni. Los 
puntos esmaltan, contra la regla común, el fin de varios renglo- 
nes. El ara mide 0,50 m. de alto por 0,25 de ancho, y en sus 



486 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

costados laterales se esculpieron el jarro y la pátera, símbolos 
del sacrificio que el viudo Aurelio rendía á los Manes de la joven 
esposa, sepultada junto al camino de la viña de San Martín, don- 
se encontró el monumento. 

D * M - S * 

FLAVJA * PRIMA 
A N N 1 X V I I ■» 

A^ENS i VI « H * S * E 1 
T 'R iP 'D 'S'T'TU ' 
G * AVRELIVS ' AMPLI 
ATVS * CONIVGI * BENE 
M E R E N T I 

D[is) Mianibus) s(acntm). Flavia Prima annipruni) XXII, mensium VI 
h{ic) s(ita) e{st). T(e) r(ogo) piraelerins) d(icas): S{il) t(ibi) ¿(erra) l(evis). 
G [aius) Aurclius Amplíalas coniugi bene merenli. 

Consagrado á los dioses Manes. Flavia Prima, de edad de 22 años y 6 
meses, aquí yace. Oh transeúnte! yo te lo ruego di: Séate la tierra ligera. 
Gayo Aurelio Ampliato á su benemérita esposa. 

En Valencia del Cid (Hübner, 3.77 1 ) se nombra un Ampliato 
que labraba ídolos de plata, y merece figurar en lista de los más 
antiguos artífices españoles. 

En Pola (Austria), sobre el Adriático, al Sur de Trieste, otra 
Flavia Prima dedicó un epitafio (i) á su marido Eufemio; y en 
Roma (2) Flavia Primilla á su hijo Cayo Voltilio Atimeto. 

Madrid, 28 de Abril de 191 7. 

Fidel Fita. 



(i) Corpus inscripllonum latinaruvi, vol. v, núm. 41. 
(2) ídem, vi, 29.471. 



VARIEDADES 



ÍNDICE SUMARIO DE LOS MANUSCRITOS CASTELLANOS DE 
GENEALOGÍA, HERÁLDICA Y ÓRDENES MILITARES QUE SE 
CUSTODIAN EN LA REAL BIBLIOTECA DE SAN LORENZO DEL 

ESCORIAL 

( Co ntinuac ion .) 

62. Pero Tercero. 

«Aqueste libro ordenó el muy alto Senyor don por la 

gracia de Dios, rey daragon, el qual tracta como los reyes dara- 
gon se deuen coronar.» 

Códice en vitela. Letra del xv. 160 X 120. 

24 hojas á dos cois. Títulos de los incisos en tinta roja, capi- 
tales preparadas para miniarlas, excepto las que figuran en los 
folios 36 vuelto y 37, que lo están con rojo, azul y oro; en varias 
hojas del códice, lugares en blanco para las capitales. 

Signatura &-JI1-3, folios 35 a 59. 

63. Pineda (J[eronimo] de). 

«Tabla de la sucesión de los reyes de España, conpilada por 
fr » 

Manuscrito en papel. Letra del xvi. 1 20 X 65. 

368 hojas; al folio 1 94 trae detallada noticia de la ascendencia 
y genealogía de Felipe II; en el folio 223 se consignan vidas de 
Santos, Obispos y varones ilustres; las de Santos están tomadas 
del libro de Lorenzo Padilla titulado «Catálogo de los Santos de 
España». Toledo, 1 5 38. 

Al folio 246, da noticias de los Emperadores romanos que 
fueron españoles; al 247, «los hombres doctos españoles, que es- 
crivieron libros»; al 248, «los españoles, que fundaron y dota- 



488 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

ron colegios»; al 249, «los santuafrios] más principales q ay en 
España»; siguen luego copia de diferentes documentos, entre 
ellos la carta que Busto de Villegas escribió á Felipe II sobre 
las inscripciones de Toledo, etc., etc. 
Se custodia con la signatura h-iv-25. 

64. Pineda (Juan de). 

«Libro del famoso paso que el honorable caballero generoso 
Suero de Quiñones, tovo en la puente de Orvigo, en el año del 
Sr. de Mili e quinientos y treyta y quatro.» 

Manuscrito en papel. Letra del xvn. 245 X 1 59- 

177 hojas, escritas con letra de distintas manos; son en blanco 
los folios 65, 66, "¡J, 78, 79 y 89. 

Trae noticias de todas las incidencias del torneo, de los que 
tomaron parte en él, dedicando un capítulo á enumerar los ca- 
balleros, gentiles hombres, aventureros, etc., que á este paso de 
armas vinieron «á fazer las armas e los defensores con quien los 
ficieron. E quantos eran, así mesmo quantas langas rompieron 
todos, de las tresgientas antes desto nombrados...» 

El manuscrito se imprimió en 1 588 por primera vez con este 
título: 

I. «Libro del Passo honroso defendido por el Excelente Ca- 
uallero Suero de Quiñones. Copilado de un libro antiguo de 
mano por F. Juan de Pineda». Salamanca, 1 588. 

II. Su segunda impresión se hizo eu 1 784 al final de la Cró- 
nica de D. Alvaro de Luna, por D. José Miguel de Flores. 

Se conserva el manuscrito escurialense con la signatura 
f-n-19, folios 7 vuelto, á 184. 

65. Pleito matrimonial. 

Papeles referentes al entre el Duque de Alba Don An- 
tonio Alvarez de Toledo y doña Catalina Cortés Enriquez de 
Ribera. 

Manuscrito en papel. Letra del xvi. 250 X 160. 

607 páginas, parte manuscritas y otras impresas; firmas au- 
tógrafas al pie de muchos escritos, declaraciones y sentencias. 



MANUSCRITOS CASTELLANOS DE LA REAL BIBLIOTECA DEL ESCORIAL 489 

Estos papeles hacen referencia á los autos que siguió el Du- 
que para que se declarase nulo su matrimonio, por defecto de 
forma y solemnidad substancial, desde el momento en que si el 
dicho otorgó poder para la celebración del matrimonio, fué 
«compulso y apremiado», y que este «poder lo revocó expresa 
y tácitamente». 

La sentencia fué favorable á las pretensiones del Duque, y de- 
clara «que lícitamente pudo el Señor Duque de Alva, casar con 
la señora Duquesa doña Mencía de Mendoga, hija del Señor Du- 
que del Infantado, D. Iñigo López de Mendoga y de doña Luisa 
Enriquez». Como consecuencia se declara nulo el anterior, cele- 
brado en Sevilla en 1 8 de Julio de I5QO, por el Duque de Alba, 
representado por D. Franscisco de Carvajal; la fecha de la sen- 
tencia es de 10 de Mayo de 1 593- 

Registrado con la signatura N-1-4. 

66. Pruebas 

originales de la limpieza de sangre de Don Diego Fran- 
co del Corral, originario de la Villa de Torre de Don Miguel, 
Obispado de Cofia. 

Manuscrito en papel. Letra del xvin. 290 X 175- 8 hojas. 

Es la información original practicada para ingresar como mé- 
dico del Santo Oficio; consta ser el pretendiente médico titular 
de Mombeltrán. 

Signatura: H-I-ll, folios 48 á 56. 

67. Ramón, Obispo de Osma. 

«Ceremonial para la coronación y consagración de los Reyes 

de España, hecho por D. y Arzobispo de Toledo, para la 

consagración de Alfonso VIII, Emperador.» 

Códice en vitela. Letra del xiv. I SO X 125. 

34 hojas; capitales miniadas en rojo, azul y oro; al folio l.°, 
capital en cuyo campo superior se representa un rey (Alfon- 
so VIII?), y en el inferior un Obispo (1). Ramón?); principios de 
los capítulos y reclamos con tinta roja, calderones en azul y 
rojo. Algunas hojas con música notada. 

TOMO lxx 3 1 



49° boletín de la real academia de la historia 

En el texto varias miniaturas, unas terminadas y otras sola- 
mente dibujadas sin darles color. Interesantísimo, en cuanto ma- 
nifiesta gráficamente los procedimientos artísticos, seguidos por 
los miniaturistas. 

Las miniaturas que tiene el códice son éstas: 

Folio 6 vuelto y 7, dos que representan «como el Rey se ua 
a coronar e como uan con él todos los sus fijosdalgo e como 
entran por la puerta de la giudat e como los obispos con su ele- 
regia le sallen a regebir con grand procession.» 

Folio 9 vuelto, IO y IO vuelto, tres miniaturas, que represen- 
tan « como lieuan al Rey et el que trayen la espada et el que es» 
parge los dineros e los que lieuan el cauallo por las riendas e 
los obispos et la cleregia.» 

Folio II vuelto, una miniatura, representa «como el obispo 
da paz al rey e como el rey fage el iuramento.» 

Folio 13, una miniatura que representa «La capilla do esta el 
rey con los obispos e los panos de oro que toma e los que da...» 
(Vid. lám. 11.) 

Folio 15 y 15 vuelto, dos miniaturas, expresan gráficamente 
«como la reyna e los obispos e los ricos ornes e las dueñas en- 
tran en la Iglesia e comol digen la oragion e como se uan para 
la capiella e como lesea la reyna las vestiduras e las da e como 
viste otras más nobles.» 

Folios 18 vuelto y 19, dos miniaturas, explican «como el Rey 
e la Reyna uienen al altar de .Santiago et como se echan en pre- 
ces e como cantan la letanía breve de XII apostóles, XII márti- 
res, de XII confesores, de XII uirgenes e lo al fasta la fin.» 

Folios 21 vuelto y 22, dos miniaturas, representan «como 
sangran al Rey en la capiella en los ombros e entre las espaldas 
e como dige las oragiones.» 

Folios 23 vuelto y 24, dos miniaturas, que explican «como 
sangran a la Reyna en la capiella.» 

Folios 25 vuelto y 26, dos miniaturas, representan «el balcón e 
los estrados del Rey e de la Reyna e los destaios et como el Rey 
está assentado en su estrado con sus Ricos ornes e sus caualle- 
ros. Et la Reyna en el suyo con sus dueñas e con sus dongellas.» 



Bol. de la R. Acad. de la Hi 



T. LXX.-O-o V.— Lám. II. 




CEREMONIAL I*ARA LA CORONACIÓN Y CONSAGRACIÓN DE LOS REYES DE ESPAÑA 



MANUSCRITOS CASTELLANOS DE LA REAL BIBLIOTECA DEL ESCORIAL 49 1 

Folios 29 vuelto y 30, dos miniaturas, representan «como 
cantan las dongellas e como trobeian los otros e como se ua el 
Rey para al altar de Santiago para seer cauallero.» 

Folios 31 vuelto y 32, dos miniaturas, representan «como el 
Rey toma la espada e se fage cauallero de Santiago e como toma 
la espada de la vayna e la esgrime.» 

Folios 33, 33 vuelto y 34, tres miniaturas, representan «a los 
caualleros de vuelta de la ceremonia y el banquete real, al que 
asisten el Rey y la Reyna, ya coronados.» 

Este manuscrito fué publicado en el tomo xiv de la Colección 
de documentos inéditos para la Historia de España, con el sub- 
títuto de «Coronación y consagración de Reyes y ceremonias 
que en ella se guardan, hecha por D. Ramón Obispo.» 

El autor de este manuscrito fué natural de Angers, pertene- 
cía á la comunidad de monjes de Cluny; murió en Toledo año 
de 1 1 50. 

Las ceremonias y ritos de la coronación y consagración prac- 
ticados en todos los reinos y en las diferentes épocas fueron re- 
copilados en el siguiente libro: 

«Histoire du Sacre et du Couronnement des Rois et Reines 
de France, precedée d'une Introduction dans Iaquelle l'auter... 
fait un tableau general du mode d'inauguration du souverain 
adopté chez les Nations tant anciennes que modernes... par Ale- 
xandre Le Noble». París, 1825. 

El manuscrito escurialense se conserva registrado con la sig- 
natura Y-111-3, folios I a 34. 

68. Recogimiento de nobleca 

que tracta de los linajes de España, con otras cosas muy 

curiosas de los Reyes, Señores, (Jiudades, Ordenes de ella y sus 
fundaciones y las naciones de Christianos que ay en el mundo y 
a quien viven subiectos.» 

Manuscrito en papel. Letra del xvn. 245 X 1 30; 86 hojas, 
huecos en blanco en el texto, para dibujar en ellos los escudos 
de los linajes que describe. 

Ordenados alfabéticamente son estos: 



49 2 boletín de la real academia de la historia 

Aguñigas. Arellano. Ayala. Albornoz. Acuña. Alarcón. Ávi- 
la. Ángulo. Ayerve. Aragón. Agustín. Aznar-Pardo de la Casta. 

Belano y Rivadeneyra. Bravo de Laguna. Barba. Butrón. Ba- 
rrientos. Bocanegra. 

Cueva. (Jerda. Cartagena. Qurita de Canes. Coronel. Carbajal. 
Ceballos. Cámara. Cabeza de Vaca. Córdoba. Castro. Coronel. 
Castellvi. Carrillo. Cabrera. Castañeda. 

Diez de Aux. 

Enríquez. 

Faxardo. Flores. Foges. 

Guzman. Gaona. Girón. Godoi. 

Hurtado de Mendoga. 

Isorna. Isla. Ixar. 

Lara. Laso de la Vega. Loaysa. Luxan. 

Mendoga. Manrique, Mexia. Marín. Munatones. Maldonado y 
Chirino. Manueles. Medrano. Mur. Muro. Merlo. 

Osorio. Orozco. Obregon. 

Portugal. Peña. Pimentel. Ponge de León. Pomar. Palomeque. 
Pacheco. 

Ribera. Rios. Roxas. Rueda y Obregon. Reboties. 

Salagar. Sotomayor de Rivera. Sayabedra. Soriano. 

Toledo. Tabira. Tobar. Tabera. 

Vargas y Machuca. Varahona. Verdugo. Vrbina. Velasco. 
Vol. Vrrea. 

Xedeano. 

Signatura del manuscrito, h-ir-2 1. 

69. Reies de España. 

«Los y los autores que en particular escribieron dellos». 

Manuscrito en papel. Letra del xvn. 280 X 135- 
19 hojas. 

Abarca el plan de la obra desde Atanarico hasta el reinado de 
Felipe IV, incluyendo solamente la rama de los reyes de Castilla 
y de León; es obra de capital importancia, pues no se limita á 
dar noticias de obras de carácter general, sino que reseña y des- 
cribe con bastante exactitud bibliográfica particulares de la ge- 



MANUSCRITOS CASTELLANOS DE LA REAL BIBLIOTECA DEL ESCORIAL 493 

nealogía así de reyes como de Casas nobles, Ordenes militares-, 
Crónicas monásticas, y en muchos de los casos sintetiza acerta- 
damente el plan y distribución de materias de la obra descrita. 
Registrado con la signatura L-1-15, folios 6 á 24. 

70. Reyes de Inglaterra. 

Árbol genealógico de los . 



Manuscrito en papel. Letra del xvi. I hoja en gran folio. 

Es tronco Ricardo, Duque Ebracense Roca Blanca, y es la 
última rama Eduardo VI, hijo de Enrique VIII y de la Reina 
Doña Juana, su tercera mujer. 

Signatura V-11-3, folio 5 12. 

71. Reyes de Navarra. 

«De los tengo hecha mención hasta el rei don García 

hijo del rei don Sancho el mayor, de aquí adelante porne lo que 
después ha sugedido». 

Manuscrito en papel. Letra del xvn. 245 X 1 3 5. 

2 hojas. 

Las noticias histórico-genealógicas del manuscrito llegan hasta 
el reinado de Doña Catalina inclusive, que casó con Don Juan, 
hijo del señor de Labrit. 

Aparte las crónicas nacionales, son indispensables para el co- 
nocimiento de la Historia de Navarra estas dos obras: 

Luchaire (A.) «Orígenes de la Maison d'Albret». Pau, 1873. 

Labrouche (P.) «Le Duché d'Albret». París, 1899. 

Se conserva el ms. con la signatura h-ii-2I, folios 126 y 127. 

72. Reyes de Portugal. 

«Sigúese un breve sumario del linage y coronicas de los » 

primeramente del conde Don Enrrique, principio dellos». 

Manuscrito en papel. Letra del xvi. 255 X 160. 

75 hojas, en las que se narran, además de las sucesiones rea- 
les, otras de Casas nobles del Reino, sucesos políticos, etc.; ter- 
mina en el reinado de Don Juan III. 

Signatura X-11-5, folios 123 á.198. 



494 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

73. Reynos. 

«Los de que se intitula el Rey de España». 

Manuscrito en papel. Letra del xvn. 235 X 120. 

4 hojas. 

Los reinos, ducados, marquesados, condados y señoríos, con 
las armas á ellos correspondientes, son estos: 

REINOS 

Castilla: «trae de gules un castillos de oro e levado puerta e 
ventanas de azul masonado de sable.» 

León: «trae de plata con un león de purpura armado de azul y 
lamparado de gules». 

Aragón: «escudo de oro con iv palos de gules.» 

Gran Sicilia: «que es Ñapóles, lo trae quartelado el l.° de Ara- 
gón y el 2. de Hungría, que es de plata y de gules, fajado de 
ocho piegas, dicen que sus antiguas armas son de plata con un 
águila de sable, membrada de gules, coronada de oro». 

Jerusalem: «de plata con una cruz de oro, potengada y cuatro 
crucetas de lo mismo». 

Navarra: «trae de gules con un estarbluna de oro cerrado y 
pomelado y farzado de sinople.» 

Granada: «trae de plata con una granada en su propio ser y 
graneteada de gules; sus antiguas armas dos llaves en campo de 
plata.» 

Toledo: «campo de azul con un gorro imperial de oro y sin 
mitra.» 

Valencia: «campo de azul, con una ciudad de plata cerrada, 
murada y torreada, magonada de sable y asentada cerca del 
mar.» 

Mallorca: «campo de gules con cuatro palos de oro; sus anti- 
guas armas, campo de sinople con un castillo.» 

Sevilla: «campo de azul, qon un rey de oro coronado y senta- 
do en silla de lo mismo, teniendo cetro de oro en una mano y en 
la otra espada.» 

Cerdeña: «campo de plata, con iv cabegas de moros de sable, 



MANUSCRITOS CASTELLANOS DE LA REAL BI1LIOTECA DEL ESCORIAL 495 

tocadas con sendas tocas de plata, mirando al primer cantón y 
sobre el todo una cruz de gules.» 

Córdoba: No trae descripción. 

Murcia: «campo de gules, con iv coronas de oro.» 

yaén: «campo de azul, con un busto de rey de oro coronado 
de lo mismo.» 

Algarves: «campo de plata con ni cabegas de moros de sable, 
mirando al primer cantón y tocadas de plata.» 

Algeciras: «trae quartelado, el primero de oro con una cabega 
de moro de sable, tocada de plata y el segundo de azul con bus- 
to de rey de oro coronado de lo mismo.» 

Frisa: «campo de azul con tres bandas de plata sembradas de 
coragones de gules.» 

Gibraltar: «campo de sinople, con un castillo sobre peñas en 
el mar, el castillo de oro.» 

Canarias: No trae descripción. 

Tremecen: «campo de gules.» 

Marruecos: «campo de gules con un triangulo.» 

Islas y Tierra Firme : « partido en dos, en el superior, leopar- 
do de oro y en punta un elefante de plata.» 



DUCADOS 

Austria: «campo de gules, con una faja de plata; las antiguas 
armas, campo de azul con iv angelitos de oro.» 

Borgoña: «trae de oro y de azul bandado de vi piegascon una 
bordura de gules.» 

Lotric: «campo de gules, con faja de plata.» 

Brabante: «campo de sable, con un león de oro armado y lam- 
parado de gules.» 

Estier: «campo de sinople con una patela de plata.» 

Carintia: «partido en palo, el primero con tres leopardos de 
sable, el n con una faja de sable.» 

Corniola: «campo de oro con una águila de azul armada de 
gules y cargada sobre las alas un circulo escaquetado dé plata y 
de gules.» 



49^ BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

Lembruc: «brisado de plata y azul, sobre el todo un león.» 
Geldres: «campo de azul con león de oro coronado de lo mis- 
mo, la cola crugada en sotuer.» 

Atenas: «campo de gules, con iv palos de armiños.» 
Calabria: «campo de plata con cruz de sable potencada.» 
Pullia: «campo de gules con un palo de oro y un cavallo de 
lo mismo.» 

Neopatria: «campo de oro con 11 bastones de sable crucados 
en sotuer y en los puntos de arriba flores de lis.» 
Monblanc: «campo de sable con un monte de plata.» 
Langrave: «campo de gules con una banda de oro y iv coro- 
nas de lo mismo unas contra otras.» 



PRINCIPADOS 

Subiaco: «campo de plata fuselado de gules en palo sin 
timbre.» 

Cataluña: «campo de oro con iv palos de gules.» 

Tarento: «campo de azul, con un obispo de oro, mitrado y 
sentado en silla de lo mismo teniendo un báculo en la mano. (Es 
San Cataldo).» 

Asturias: «quartelado, 1 de Castilla y de León, 11 de Galicia y 
Cataluña.» 

Gerona: «quartelado, 1 de Aragón y el 11 de azul con una cruz 
de plata.» 

MARQUESADOS 

Burgans: «trae de plata y de gules, bandeado de vi piecas y 
sobre el todo un palo de oro.» 

Sacro Imperio: «campo de plata, asentado con tres torres y 
magonado de sable y entre las torres puestas dos manos de plata 
abiertas y a la cabeza del escudo águila imperial.» 

Malchcrin: «campo de azul, con un águila calgada de plata y 
gules.» 

Irían: «campo de plata con un avestrug teniendo en el pico 
una erradura de cavallo.» 



MANUSCRITOS CASTELLANOS DE LA REAL BIBLIOTECA DEL ESCOR'AL 497 

Oristan: «campo de plata con vi roelas de sable.» 
Gociano: «escudo partido en banda, cabega de plata y la punta 
de Aragón.» 

CONDADOS 

Flandes: «campo de plata con un león de sable armado y lam- 
parado de gules y forrado de plata.» 

Hanesbuc: «campo de plata con un águila de gules membrada 
de oro.» 

Artois: «campo de azul sembrado de flores de'lis de oro, con 
tres lámbeles de gules y en cada lambel tres castillos de oro.» 

Barcelona: «escudo quartelado, i de plata con una cruz de gules 
sobre el todo, n armas de Aragón.» 

Zenante: «campo de oro con un león de sable armado y lam- 
parado de gules.» 

Holanda: «campo de oro con un león de gules.» 

Zelanda: «campo de azul con dos bandas de plata y la cabega 
de oro naciendo un león de gules.» 

Ferreta: «campo de gules con dos barbos de oro.» 

Fribur: «campo de gules con una banda de oro y dos leones 
de lo mismo.» 

Namiir: «campo de oro con un león de sable armado, coronado 
y lamparado de gules.» 

Rosellón: «campo de plata y de gules enrejado en banda.» 

Cerdeña: «campo de plata con dos barbos de sable adosados.» 

Qujen: «campo de plata con una cruz fretada de gules y a la 
cabega del escudo león de oro.» 

Urgel: «escudo escaquitado de oro y sable.» 

Chartres: «campo de gules con un leopardo armado de oro y 
lamparado de azul.» 

Alost: «campo de plata con una espada de gules, la punta arriba 
y en cabega dos escudetes, i del Imperio y el otro de Flandes.» 

Ostreva: «campo de oro con un león de sable y sobre el todo 
una banda coponada de gules.» 

Chini: «campo de gules con dos barbos de oro adosados y 
sembrados de crucetas, crucetcados de lo mismo.» 



49& BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DÉ LA HISTORIA 

Gourfg: «escudo cortado en vanda, i de azul con un león de 
oro, n de gules con dos palos de plata.» 

Ortenburg: «campo de oro con m defensas de ciervo de sable, 
asentados en faja.» 

Sallenburg: «campo de plata y de gules, bandeado con vi 
píelas.» 

Mallenboruc: «campo de azul con una onda de plata y en ca- 
bega, dos cuernos de buey de oro.» 

SEÑORÍOS 

Vizcaya: «campo de plata con un roble de sinople y dos lobos 
de sable, atravesados al pie, señantes a sendos carneros.» 

Marcas de Eslavonia: «campo de oro con un capelo de carde- 
nal de sable, forrado y con cordones de gules.» 

Salinas: «campo de gules con una vanda do oro.» 

Malinas: «quartelado, i de gules con tres palos de oro, n de 
oro con tres palos de gules, sobre el todo escudete del Imperio 
con águila es playada.» 

Águila: «campo de purpura con un águila de oro.» 

Molina: «campo sinople con un brazo y mano de plata, tenien- 
do en los dedos un anillo de oro.» 

Cartagena: «campo de azul con un monte deoro}' en puntados 
ondas de plata.» 

Macarquibir: «campo de gules con monte de oro y al pie de él 
castillo de plata.» 

Oran: «campo sinople con un monte de oro y al pie ciudad 
de plata murada y cerrada.» 

Melilla: «campo azul con un castillo de plata y al pie un mon- 
te de oro.» 

Trípoli: «campo da azul con una luna llena de plata.» 

Tornay: «campo de gules con una torre de plata y en la puerta 
rastrillo abierto.» 

Registrado el manuscrito con la signatura h-n-2I, folios 382 
á 38Ó. 



MANUSCRITOS CASTELLANOS DE LA REAL BIBLIOTECA DEL ESCORIAL 499 

74. Rodríguez [Antonio]. 

«Breve extracto, minuta, alegación y apuntamientos del linage 

de el P. Predicador Don , Obejero, Robledano, López, Xi- 

menez, Martín Lobon, monge expresamente profeso del Sa- 
grado Monasterio Orden de Nuestro Gran Padre San Basilio, 
hijo del Monasterio de la Imperial Coronada Villa y Corte de 
Madrid...» 

Manuscrito en papel. Letra del xvm. 280 X 1 25. 

LXIX -j- 334 hojas, muchas orladas y con escudos de armas, 
todo ello dibujado muy toscamente. 

Está fechado á 24 de Noviembre de 1754. 

La portada es alegoría compuesta con los escudos de los dis- 
tintos reinos de España y trofeos militares, y en el centro el es- 
cudo de armas de Doña Ildefonsa de Silva, Hurtado de Mendoza, 
Sandoval, etc., Duquesa del Infantado; recuadrando la orla de la 
portada en su parte inferior, las armas de las villas de Navalcar- 
nero y del Prado. En el texto de la obra hay repartidos los si- 
guientes escudos, todos en colores: 
, Folio lxvi: Armas del Papa Benedicto XIV. 

Folio I: Armas de la Religión de San Basilio. 
, Fol. 75 vuelto: Armas de D. Francisco Pérez de Prado y 
Cuesta, Obispo de Teruel, Inquisidor general. 

Fol. 93 vuelto: Armas del Cardenal Serafino Oliver. 

Fol. 94: Armas del Cardenal Ricardo Oliverio. 

Fol. 96: Arrrías del Cardenal Fabio de Abbativas, sobrino de 
Clemente XI. 

Fol. 97: Armas del Cardenal Gerónimo Albaro. 
. Fol. 97 vuelto: Armas de Clemente XI. 

Fol. 98: Armas de los linajes Laguna y Oliver. 
, Fol. lio vuelto: Armas del Cardenal D. Luis Belluga y 
Moneada. 

Fol. 126: Armas de D. Sebastián de la Cuadra, Marqués de 
Villanas. 

Fol. 128 vuelto: Armas de los linajes Montalvo de Arévalo 
y Portugal. 

Fol. 133 vuelto: Armas del linaje Galeote. 



500 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

Fol. 139 vuelto: Armas del limo. Sr. D. Miguel González Se- 
rrano y Rodríguez, Inquisidor general. 

Fol. 190: Armas de D. José Francisco María del Villar y V¡- 
llanueva. 

Fol. 202 vuelto: Armas de los linajes de Ugarte de Oyarzun y 
Barrientos. 

Fol. 203: Armas de los linajes Ibor, Velázquez, Tabernero y 
Regacho; las antiguas de Urbina, las de D. Pedro Ortiz de Ur- 
bina, que se halló en la conquista del reino de Jaén, y las armas 
de dos Urbina, «que se hallan en la casa junto a la parroquia de 
Santa María» de la Villa de Madrid. 

Fol. 306 vuelto: Armas de los Altamirano, Alderete, Soto- 
mayor y Padilla. 

Fol. 307: Armas de los Argote, Ríos (rama de los Marqueses 
de Santiago), Cueva, Santiesteban, Ríos y otras antiguas de este 
linaje. 

Fol. 308: Armas de Salvago, Rojas, Mendoza, Saoli, Mendieta 
y Promontorio. 

Fol. 309: Armas de los Espinosa, Ramírez de Arellano, Solís, 
Cardona y Cepeda. 

Fol. 310: Armas de los Ferrando, Montroy, Delgado, Alfaro, 
Fernández Molinillo de la Villa de Brúñete y Pardo. 

Fol. 311: Armas de D. Bartolomé Valencia, de los de Diez, 
Navarro, Pinto, Ramos, Marín y de los Ramos de Alcalá del Río. 

Fol. 312: Armas del linaje Marín-Fernández-R*omero, del de 
Marín-Rivas-Romero, Ramos de Murcia, Esquivel, Fernández y 
Medina. 

Fol. 313: Armas de Rivas-Barrera, Andrade-Salazar, Poveda, 
Torres-Pavía, Talavera, y Urodemar. 

Fol. 314: Armas de los Espejo, Cisneros, Gutiérrez Hermosa, 
Sanabria y Ledesma. 

Fol. 315: Armas de los Contreras, Rodríguez (rama del Con- 
de de Vela), Carranza, Ruiz (del Valle de Mena), Illescas y 
Corral. 

Fol. 316: Armas de Ruiz, Zúñiga, Villarreal, Casaus, Redrosa, 
González, Aguilar-Contreras y Gallego. 



MANUSCRITOS CASTELLANOS DE LA REAL BIBLIOTECA DEL ESCORIAL SOI 

Fol. 317: Armas de los linajes de Narváez, Angulo-Bohorques, 
Gómez-Espinosa, Valdespino, Maldonado y Valderrama. 

Fol. 318: Armas de los Peraza-Martel, Miranda-Rodil, Ave- 
llaneda (linaje del Marqués de Valdecañas), Maldonado-Saave- 
dra, Guzmán, Vivaldo y Espinóla. 

Fol. 319: Armas délos Valdés, León, Niño, Alvarado, Ochoa, 
Ortiz y Sandoval. 

Fol. 320: Armas de D. Luis de Navarro y Monsalve, primer 
Marqués de Campoverde, y de doña María Ladrón, Zulueta y 
Pérez Garay; las de doña Rafaela Margarita de Robles, Faxardo- 
Requesens, Chacón- Castañeda. 

Fol. 321: Armas de doña Ana María Zambrano y de los lina- 
jes Castañeda, Vivero-Guzmán, Tavera, Chaves y Deza. 

Fol. 322: Armas de los linajes Laso de la Vega, Castillo, Sil- 
va-Mendoza, Sandoval, Luna, Córdova, Mexia, Carrillo y Albor- 
noz, Portocarrero-Aragón, Meneses, Enríquez y Cabrera. 

Fol. 3 2 3: Armas del linaje Córdova, Aragón; armas del Car- 
denal Frey Manuel Arias y Porres-Alas, de los de Arias, del Cid 
Ruy Díaz de Vivar y de Alvar Fáñez Minaya. 

Fol. 324: Armas de los Coloma, Ayala, Velasco (rama de los 
Condestables de Castilla), Valladares-Sarmiento, Cobos-Sarmien- 
to y Bobadilla. 

Fol. 325: Armas de los Cuéllar, Molina, Valcárcel, Nogueras, 
Noguerol, Tapia y La Nueva. 

Fol. 326: Armas de los Onti veros, Bustamante, Avila, Trape- 
ra, Alfaro y Paz. 

Fol. 327: Armas de los Lerma, Sarmiento, Tovar, Almenara, 
Molina y Chacón. 

Fol. 328: Armas de los Rivilla; las primeras que usaron los 
caballeros hijosdalgo Rodríguez de Campos de Tineo, de los Ri- 
vera-Márquez, Palomeque, Valcárcel y Moya. 

Fol. 329: Armas de los Palafox, Monctezuma, Pacheco, Girón, 
Portocarrero, Benavides, Aragón-Ávila, Monsalve, Toux, Galón 
y Eras. 

Fol. 330: Armas de Claresbout-Eslaba, Doria, Fiesco, Fornari, 
Franchi y Gentil. 



502 boletín de la real academia de la historia 

Fol. 331: Armas de Grimaldo, Grillo, Pamphillio, Jofré de 
Loaysa, y de los Manueles. 

Fol. 332: Armas de los Perea, Losada, Sánchez-Duran, Pala- 
vicino y Spínola. 

F°l- 333- Armas de los Colorína, Cerda, Aldrabandino y Sousa. 

Fol. 334: Armas del Infante D. Pelayo, hijo de Favila, Duque 
de Cantabria. 

La mayoría de los escudos de armas que indicados quedan, 
según consta en notas marginales puestas, están tomados de las 
obras de Argote, Vargas, Ocáriz y Rivarola. 

En el texto del presente manuscrito se contienen numerosas 
noticias genealógicas referentes á las personas y familias cuyos 
escudos reproduce, noticias comprobadas con la copia de parti- 
das de nacimiento, matrimonio y defunción, capitulaciones ma- 
trimoniales y otros documentos. 

Finalmente, se inserta á la letra la ejecutoria de hidalguía que 
ganó D. José Francisco María del Villar, Villanueva, Rodríguez, 
Moreno, Sedeño y Castaño, hijo de D. José, hijodalgo de Olite, 
y de doña Josefa, de la villa de Navalcarnero; da noticia de los 
nobilísimos solares de sus apellidos, como consta en la citada 
ejecutoria, así como se describen muchos linajes nobles del 
Valle de Carriedo, Villa del Prado, Sevilla y Jaén. 

vSe conserva el manuscrito registrado con la signatura J-1-2. 

(Conchará.) 



NOTICIAS 



Han fallecido durante el mes de Abril finado los Correspondientes 
M. Clement R. Markhan, en Londres; D. Luis Chaves Arias, en Zamora; 
D. Rodolfo del Castillo y Quartillers, en Madrid, y el Rvdo. P. Ildefonso 
Guepin, abad mitrado de los Benedictinos de Santo Domingo de Silos, 
en Burgos. 

Este ilustre prelado fué presentado Correspondiente de la Academia 
el 5 de Febrero de 1892 por los Sres. D.Juan Facundo Riaño, el General 
Gómez de Arteche y D. Víctor Balaguer, y se le eligió el 4 de Marzo si- 
guiente. 

El periódico El Debate ha publicado su biografía, que dice así: 

«A los ochenta años de edad ha fallecido, en el Real Monasterio de Si- 
los, su abad mitrado, el reverendísimo padre Ildefonso Guepin, miembro 
de la Congregación Benedictina de Solesmes é hijo de Bretaña, en Fran- 
cia. Vino á España en 1880, arrojado por la persecución religiosa de su 
patria, á buscar una nueva donde restablecer la Orden Benedictina. Au-r 
torizado por S. M. el Rey Don Alfonso XII para acogerse ala antigua aba- 
día de Silos, hizo en ella una labor digna de todo encomio, restaurando 
sus claustros románicos, quizás únicos en España por su arte medieval, 
y salvando de la ruina uno de los monumentos más ilustres de Castilla, 
Persona de alta inteligencia, de vasta erudición y de un espíritu cultísimo, 
abierto á toda iniciativa literaria, como discípulo de los cardenales Pitra 
y Franzelin, del ilustre abad D. Próspero Gueranger y otras eminencias 
eclesiásticas, consiguió establecer en Silos numerosa Comunidad de re- 
ligiosos, que, después de celebrar con todo esplendor el culto litúrgico, 
dedicaron sus esfuerzos á la cultura de la historia patria, de la música re- 
ligiosa, de la predicación y demás ciencias eclesiásticas. 

»E1 P. Guepin logró reconstituir el antiguo archivo de la Abadía y pu- 
blicó su historia y muchos de sus documentos. Merced á su ilustración, 
formó una biblioteca de cerca de veinte mil volúmenes, dando á luz, por 
medio de sus subditos, dos Códices de la liturgia mozárabe y varios tontos 
sobre historia, que han venido á ilustrar de un modo sorprendente nues- 
tros anales históricos. Durante su gobierno han salido religiosos de su Mo- 
nasterio á fundar nuevas Casas Benedictinas en Madrid, Méjico y Buenos 
Aires. Su Majestad la Reina Madre, doña María Cristina, le ha distinguido 
siempre en atención á sus excepcionales dotes de cultura, gobierno y don 
de gentes. Sostenía correspondencia con varios cardenales de la Curia 
romana, á quienes en más de una ocasión auxilió con su erudición y con- 
sejo en asuntos eclesiásticos. La Orden de San Benito le tenía como uno 
de sus más genuinos representantes, dándose especial autoridad á sus opi- 
niones en asuntos relativos al gobierno y dirección de la misma. La re- 
forma litúrgica efectuada por Pío X se ha debido, en parte, á los proyec- 
tos del reverendísimo padre Guepin. 

»Era, como se ha dicho, académico de la Historia y autor de varias obras 



504 boletín de la real academia de la historia 

y numerosos artículos publicados en su Boletín, pues su actividad litera- 
ria no cesó hasta hace dos años, que cayó en cama, víctima del trabajo du- 
rante los treinta y cinco de su gobierno.— L. S.» 



Han sido elegidos en el mes de Abril los Correspondientes que siguen: 
en Coimbra (Portugal), el Sr. Luciano Pereira da Silva; en Caracas (Vene- 
zuela), D. Rufino Blanco Fombona; en León, el Rvdo. P. Fray Lucio Ma- 
ría Núñez, O. F. M., y en la Coruña, D. Pablo Pérez Costanti. 



El domingo 22 de Abril tuvo lugar la sesión solemne pública anual 
para celebrar el clxxix aniversario de la fundación déla Academia y para 
distribuir los premios á la Virtud y al Talento de la fundación del exce- 
lentísimo Sr. D. Fermín Caballero. 

La Memoria Histórica, que comprende desde el 15 de Abril de 1916 al 
15 de Abril de 1917, fué leída por el Secretario accidental Excmo. señor 
D. Juan Pérez de Guzmán y Gallo; y el premio á la Virtud se otorgó á doña 
Bernarda Audé y Quiñones, y el del Talento, á D. Eloy Díaz-Jiménez y Mo- 
luda, autor de la Historia de los Comuneros de León y su influencia en el mo- 
vimiento general de Castilla. 

La Academia de Bellas Artes de San Fernando nombró una Comisión 
compuesta de sus Numerarios D. Alejo Vera, D. Miguel Blay, D. José Ló- 
pez Sallaberry y D. Emilio Serrano para asistir á estos actos. 

La ciudad de Avila ha nombrado su hijo adoptivo á nuestro digno Di- 
rector el Excmo. y Rvdo. P. Fidel Fita, en premio de sus insignes trabajos 
documéntanos acerca de Santa Teresa de Jesús. Igual honor y por igual 
motivo ha recaído en D. José Gómez Centurión, nuestro ilustre Corres- 
pondiente. 

A instancia del Numerario Sr. Menéndez Pidal se ha autorizado al ca- 
tedrático de Historia antigua y media de España de la Facultad de Filo- 
sofía y Letras de la Universidad de Valencia, D. José Deleito y Piñuela, 
para examinar en nuestra Biblioteca algunos documentos de la Colección 
de D. Antonio Pirala. 



La Real Academia Sevillana de Buenas Letras ha comenzado á publicar 
un Boletín trimestral. El primer número corresponde al inmediato pasa- 
do mes de Marzo. Entre otros trabajos publica Ocho cartas inéditas de don 
Alberto Lista. 



Para el libro que la Academia publicará con documentos sobre el Car- 
denal Ximénez de Cisneros, encargado al Sr. Conde de Cedillo, y que 
llevará algunas ilustraciones, el Sr. Marqués de Laurencín presentó en la 
sesión del día 9 de Marzo una interesante tabla con su retrato en relieve 
polícromo, de la época del ilustre Prelado. 



Para optar á los premios de la Fundación Oloriz, la Universidad de Va- 
lencia ha abierto público concurso. • 

J. P. de Guzmán. 



4-0 *> 



tomo lxx. Junio, 1917. CUADERNO vi. 

BOLETÍN 



DE LA 



REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

INFORMES 



COMPENDIO Y RESUMEN DE GEOGRAFÍA ESPECIAL DE ESPAÑA 

Para los efectos de la Real orden de 28 de Febrero de 1908, 
la Subsecretaría de Instrucción pública y Bellas Artes remitió .1 
esta Real Academia ejemplares de las obras tituladas Compendio 
de Geografía especial de España y Resumen de Geografía especial 
de España, ambas para uso de los Institutos generales y técni- 
cos, y cuyo autor es D. Juan Llopis y Gálvez, Catedrático del de 
Santander. 

Nuestro venerado Director tuvo á bien designarme para infor- 
mar acerca de uno y otro libro, y cumpliendo ahora tan honroso 
encargo, he de hacer constar ante todo que, como ya lo indica el 
título que llevan, se trata de obras elementales destinadas á la 
enseñanza de la Geografía de España, y más elemental aún el 
Resumen que el Compendio. 

Salvo la mayor 'amplitud del Compendio en la noticia y des- 
cripción de nuestras provincias, partidos judiciales y poblaciones, 
ambos tratados están escritos conforme á un mismo plan y de 
acuerdo con los métodos que para la enseñanza de la Geografía 
suelen prevalecer en nuestros Institutos. 

En el Compendio y en la muy erudita «ampliación» que sirve 
de complemento á cada parte ó capítulo, son de notar los datos 
históricos que el autor consigna acerca de las principales locali- 
dades de España, circunstancia muy digna de tenerse en cuenta, 
pues dada la prelación que en el vigente plan de enseñanza tiene 

TOMO I.XX 32 



506 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

la Geografía sobre la Historia, cuando los alumnos del tercer 
curso empiezan el estudio de la Historia conocen ya hechos cul- 
minantes de la Historia patria y puestos, por decirlo así, en el 
mismo lugar que fué teatro de ellos. Y esta localización de la 
Historia no es sólo un medio de aprenderla más y mejor, sino 
garantía y fundamento sólido de buena crítica para la depura- 
ción de la verdad y para investigar la razón ó motivo de muchos 
acontecimientos que se explican precisamente por el lugar, por 
el ambiente geográfico en que se realizaron. 

Merece también especial mención la abundante bibliografía 
que figura en los libros del Sr. Llopis. Se acerca á 400 el número 
de las obras y Atlas de Geografía de España nominalmente cita- 
dos en los Apéndices. 

Dentro, pues, de los modestos límites en que deben redactar- 
se los Compendios y los Resúmenes escritos para ayudar á la en- 
señanza oral que se da en los Institutos generales y técnicos, los 
tratados de que es autor el Sr. D. Juan Llopis y Gálvez, es decir, 
el Compendio de Geografía especial de España y el Resumen de 
Geografía especial de España, satisfacen la finalidad que han de 
cumplir y deben servir al autor de mérito en su carrera. 

Tal es el parecer del que suscribe, que somete al superior cri- 
terio de la Academia. 

Madrid, 7 de Abril de 1917. 

Ricardo Beltkán y Rózpide. 



II 

MONTE- COR BÁN. APUNTES PARA LA CRÓNICA DEL ANTIGUO 

MONASTERIO DE JERÓNIMOS, HOY SEMINARIO CONCILIAR 

DE SANTANDER 

por D. Mateo Escagedo Salmón, Párroco, Correspondiente de la Real Acade- 
mia de la Historia. — iyió. 
(Impr., lib. y ene. de A. Fernández.— Torrelavega.— 4.°-287 págs. y una de erratas.) 

Cumpliendo honroso encargo recibido de nuestro sabio Direc- 
tor, paso á informar brevemente respecto del libro cuyo título 
antecede. 



MONTE-CORBAN 507 

Comienza el volumen con unas páginas preliminares ele D.Je- 
rónimo de la Hoz Teja, que acreditan erudición no vulgar y con- 
tienen interesantes datos. Sigue el libro, dando principio la reseña 
de la introducción déla Orden de San Jerónimo en España: copia 
y comenta grandes párrafos de los valiosos manuscritos de Don 
Manuel Fernández de la Huerta (i) y Fr. Diego de la Concepción, 
realzando sus noticias con acertadas observaciones. A continua- 
ción trata de la fundación de los Monasterios de Monte-Corbán 
y Santa Marina y de la unión de ambos, llevada á efecto en 142 1. 
Menciona otros particulares que merecen atención, como el re- 
ferente á la lápida sepulcral de Fr. Pedro de Hoznayo (1420), y 
se extiende en el estudio de numerosos documentos, apuntando 
datos relativos á la fundación de muchas iglesias, monasterios, 
abadías, hospederías, pleitos (2) y casas nobles, tan señaladas 
como las de Santillana, Guevara, la Vega, Ceballos, Barreda, 
Castañeda, Velasco, Pereda, Agüero y Corro, finalizando el tra- 
bajo la completa relación del actual Seminario, de sus Rectores, 
Profesores é hijos ilustres, y unos Apéndices con documentos (3) 
curiosísimos, algunos de gran valor para la historia de la provin- 
cia de Santander; entre ellos el Inventario de los bienes sacados á 



(1) Estadística histórica del Seminario Conciliar di Santander. 

(2) Es muy curioso el Requerimiento hecho por el Apoderado de D. An 
ionio de Villegas, Abad de Cervatos, al thenieulle de Prior del Monasterio de 
Santa Catalina de Monte-Corban para que le hiciese entrega de los autos del 
Pleito que había litigad.) con Pedro Hernández de Soldrzano, Señor de las 
Casas de Caslrillo y de 0:os, en punto a quitar ciertas armas que estaban 

puestas en una Capilla de la Colegiata de Cervatos. — 1559. Arch. Cat. de 
Burgos. 

También merece leerse la Representación hecha por el exmo. Sor. Dn. Jo- 
seph del Campillo al Supremo Tribunal de la Inquisición :Sre cierta calum- 
nia que le imputaron el ano de 1726.— Guarnizo 28 de Julio.-— Dirigida al 
Srp. D. Jerónimo de Mier. M. S. Bib. de Escorial. (Refiérese i mis cues- 
tiones con ios monjes de Corvan.) 

(3) En un inventario de la Catedral de Bu cita un documento 
que acredita la donación hecha á favor de Burgos, por Sancho II, de di - 
ferentes pueblos c iglesias, entre lasque figura Santa Muía de Latas. 

El Cabildo de Burgos dispuso, en 1609, que los Contadores de Subsidio 
y Excusado hiciesen el repartimiento, pero que no se cobrase á los reli- 
giosos de Monte-Corbán. 



508 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

pública subasta en 1821, procedentes del suprimido Monasterio de 
Santa Catalina de Monte-Corbán. 

Tal es, en resumen, la obra que examinamos, resultando una 
historia minuciosa y completa de los dos relacionados Monaste- 
rios, redactada con tal escrupulosidad, que habrá de ser tenida 
muy en cuenta por todo el que se proponga escribir acerca de 
la provincia. 

Así ha sido acogida en la Montaña con verdadero agrado,, 
como lo son todos los estudios análogos á que viene dedicando 
su atención preferente este notable escritor. 

No hace mucho leyó en el Ateneo de Santander, con gran 
complacencia de sus numerosos oyentes, una amplia reseña acer- 
ca de la Heráldica y la Genealogía montañesa, dando completa 
relación de los autores que se han ocupado de ellas y marcando 
las fuentes que pueden consultarse, para demostrar que el que 
intente escribir las genealogías, como se trata de una provincia 
quizá la más rica en hidalgos (i), «hará un gran bien á la patria 
chica y pondrá ante los ojos de propios y extraños, lo que fué 
Cantabria, cuna indubitable de la nobleza española, rincón glo- 
rioso, pródigo en hombres ilustres que enaltecen los anales de la 
historia patria». 

Es, en suma, D. Mateo Escagedo y Salmón un sacerdote ilus-. 
tradísimo, digno sucesor de aquellos monjes que en las soledades 
del claustro cultivaban, durante los más azarosos períodos me- 
dievales, las artes y las letras, y obtenían con su admirable 
constancia, su vasta erudición y despierta inteligencia, opimos y 
abundantes frutos. 

Aquellos monjes, que trabajaban cantando salmos y sólo de- 
jaban los instrumentos utilizados ó los libros de consulta, cuando 
asistían al altar ó al coro, cumplían fielmente el Estatuto dictado,, 
en 1226, para los conventos de la Orden de San Benito: «Que 
los médicos, los escribientes y otros artistas de los monasterios 



(1) «En los nueve valles de Asturias de Santillana, ay mas de mil 
solares de caballeros hijos- dalgo y mas de doszientas torres y casas- 
fuertes.» 

Memorial ajustado del pleito de los Valles.— \ 566. 



MGNTE-CORBÁN 5<>9 

ejerzan su arte con toda veneración y sumisión, si su Abad lo 
permite.» 

El Sr. Escagedo hace tiempo que se dedica á recorrer y exa- 
minar archivos montañeses poco ó nada explorados; publica, con 
frecuencia, índices de documentos auténticos que, como resulta 
•de los de San Vicente de la Barquera y Santillana, comprueban 
unas veces, y corrigen otras, narraciones acogidas sin más base 
<jue la tradición ó la leyenda. Confirma, con su proceder, aquellas 
palabras de nuestro Director inolvidable Menéndez y Pelayo, 
cuando decía que «la materia histórica es móvil y flotante de 
suyo y el historiador es un estudiante perpetuo». 

El Sr. Escagedo reúne plenamente estas condiciones, y lo acre- 
dita el que, según declara en la Advertencia preliminar de su 
libro, tiene juntos importantes antecedentes y datos inéditos res- 
pecto de la debatida cuestión de los límites de Cantabria, de otras 
tan obscuras como lo referente á la dominación romana en la pro- 
vincia, las guerras de Leovigildo, la patria de Pelayo, la repobla- 
ción verificada en tiempo de Alfonso el Católico, la falsedad de 
muchas escrituras que vienen pasando por auténticas, y de otros 
asuntos mejor conocidos y estudiados, por referirse á períodos 
más modernos. Tales son las genealogías montañesas, las ban- 
derías en la Edad Media y la gloriosa historia de la Marina can- 
tábrica. 

Para comenzar, desde luego, su vasto y difícil propósito, anun- 
cia la publicación inmediata de siete tomos relacionados con San- 
tander, siendo el primero el dedicado al Monasterio de Monte- 
Corbán, y proponiéndose tratar en los restantes de la Casa de la 
Vega y el pleito de los Valles, de la vida monástica y religiosa 
<le la Montaña, del pleito de los Montes, de Heráldica y Genealo- 
gía, ofreciendo terminar con una Biobibliografía de autores mon- 
tañeses. 

Este es el escritor. Si se le juzga por sus propósitos, de cuya 
realización presunta son buena muestra las conferencias ,y ar- 
tículos publicados y el libro objeto de este informe, no cabe 
duda de que su empresa reclama y justifica el aplauso de nuestra 
Corporación, que habrá de ser galardón merecido por el trabajo 



5 I O BOLETÍN DE r.A REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

efectuado, y estímulo poderoso que le anime para llevar á cabo, 
felizmente, el plan con tanto acierto comenzado á ejecutar. 

Tal es el parecer del que suscribe. La Real Academia resol- 
vere, como siempre, lo más acertado. 

Madrid, 7 de Abril de 1917. 

El B\rón le la Vega de Hoz. 



III 
<SEGOVIA Y ENRIQUE IV» 

A los efectos de la Real orden de 28 de Febrero de 1908, y 
por el Ministerio de Instrucción Pública, se pasa á informe de esta 
Real Academia la obra Segovia y Enrique IV, de que es autor el 
Catedrático de Geografía é Historia del Instituto de Segovia, don 
Antonio Jaén y Morente; y el infrascrito, obedeciendo á la de- 
signación del Kxcmo. Sr. Director, tiene la honra de someter á 
la Real Corporación el siguiente dictamen: 

EJ Sr. I).' Antonio Jaén y Afórente, en un erudito opúsculo que 
titula Segovia y Enrique IV, presenta multitud de datos pertinen- 
tes al caso y que demuestran la beneficiosa influencia que para 
Segovia tuvo el reinado de aquel infortunado monarca; y es cier- 
tamente muy digno de hacerse notar cómo en un tan pequeño 
volumen en 8.°, de 1 40 páginas, y, en éstas, reducida una tercera 
parte de su texto para dar lugar á las orlas con que están deco- 
radas, se han podido acoplar tantas noticias, tantos textos de au- 
tenticidad indubitada y tantos juicios que revelan la imparciali- 
dad del autor y que hacen pensar si esta monografía es una obra 
definitiva ó si se trata de un proyecto ó avance de una obra do 
grandes vuelos, en que se haya de estudiar más á fondo aquel 
reinado, tan fecundo de contrastes material y moralmente acu- 
mulados, y que providencialmente fué la causa ocasional de que, 
tras el efímero reinado — iu partibus — del adolescente Alfon- 
so XII de Ávila, ocupara el trono de Castilla la gran Isabel [» 



«SEGOVIA Y ENRIQUE IV> 5I¿ 

aquella insigne Reina que, de un país dividido entre moros y cris- 
tianos y de cristianos entre sí, logró constituir la unidad de una 
nación que, dentro del mismo siglo xvi, presentó á la contempla- 
ción del mundo, engrandecido con los descubrimientos de Amé- 
rica y Oceanía, figuras tan -salientes como las de un Carlos V y 
un Felipe II, en cuyos dominios no cesaba de alumbrar el astro 
rey del firmamento. 

Comienza el trabajo del Sr. Jaén presentándonos en fotograba- 
do el retrato del desventurado Don Enrique, y no creo que po- 
drá tachársenos de que incurrimos en exageradas apreciaciones 
al calificar de infortunado y desventurado al cuarto de los Enri- 
ques, porque entendemos que no puede caber mayor desgracia 
á un hombre para el cual, aun después de su muerte, no haya 
llegado la hora de las alabanzas; porque todo cuanto de él se ha 
dicho, en vida ó en muerte, si es adverso, ha sido creído á pie 
juntillas, y si ha sido favorable, se ha supuesto que todo era pro- 
ducto de la adulación ó del servilismo. El Sr. Jaén se ha coloca- 
do en un justo medio. Lo laudatorio lo ha hecho resaltar; lo vi- 
tuperable lo ha consignado sin epítetos ni conceptos que aumen- 
ten el demérito de la persona. 

Como consecuencia natural del retrato de Don Enr¡que¿ tomado 
del códice de Stuttgart, retrato que, como es sabido, fué publica- 
do por el Marqués de Laurencín en 1913, consiguiendo para él una 
notoriedad que no podía sospecharse que alcanzara cuando en 
1852 fué tan imperfectamente reproducido por la casa Gaspar y 
Roig; como c