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(Knfoewítp of Jftotti) Carolina 




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Wlant&ropíc feocktfos 



UNIVERSITY OF N.C. AT CHAPEL HILL 



00014811000 



This BOOK may be kept out TWO WEEKS 
ONLY. and is subject to a fine of FIVE 
CENTS a day thereafter. It is DUE on the 
DA Y indicated below: 



Digitized by the Internet Archive 

in 2012 with funding from 

University of North Carolina at Chapel Hill 



http://archive.org/details/bolivaryotrosensOOpont 



ANDRÉS F. PONTE 

DC LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA 



BOLÍVAR 



Y OTROS ENSAYOS 



Reflexiones sobre la Historia. 

Pérdida de la isla de Trinidad. 

Bolívar, el mayor orador de América. 

Doctrinas de Bolívar. 

Los Abuelos del Libertador. 

Primer Convenio Público de Venezuela. 



CARACAS -TlP. COSMOS. 1919 



BOLÍVAR y OTROS ENSAYOS 



Del mismo autor, publicado : 
LA REVOLUCIÓN DE CARACAS, 

Caracas, Imprenta Nacicr.a!, 'J918 ; 

y para darse a la estampa : 

LA PRIMER REPÚBLICA 



BOLÍVAR 



Y OTROS ENSAYOS 



Con muchos datos desconocidos. . 

^ ^3^ 



POR 

ANDRÉS F. PONTE 

Individuo de Número de la 
Academia Nacional de la Historia. 



¿>- 



CARACAS 

TIPOGRAFÍA COSMOS 

1919 



•J? & 7/3 



LIBRAR Y UNIV. OF 
HORTH CAROLINA 



A 

mis distinguidos amigos 

EL SU. GENL. DON IGNACIO ANDRADE 

Ex Presidente Constitucional de Venezuela 

y 

EL SR, DR, DON JUAN DE DIOS MÉNDEZ Y MENDOZA. 

Ministro de Relaciones Interiores 






5^1 r> tr o o 



CONTIENE : 

Página 

REFLEXIONES SOBRE LA HISTORIA 3 

PERDIDA DE LA ISLA DE TRINIDAD 13 

BOLÍVAR, EL MAYOR ORADOR DE AMERICA 90 

DOCTRINAS DE BOLÍVAR 196 

LOS ABUELOS DEL LIBERTADOR 223 

PRIMER CONVENIO PUBLICO DE VENEZUELA 325 

ÍNDICE 337 



REFLEXIONES SOBRE LA 
HISTORIA. •* PÉRDIDA DE 
LA ISLA DE TRINIDAD 



Estudio presentado a la Academia 
Nacional de la Historia, junto con el 
discurso de recepción del autor, como 
Individuo de Número de aquel Instituto. 



PRIMERA PARTE 



REFLEXIONES SOBRE LA HISTORIA 

i 

Gratitud del autor por el alto honor que le 
confirió la Academia Nacional de la Historia* — Los 
distinguidos académicos Viso/ Ríos, López-Baralt. 

Señores Académicos! 

* 

Os manifiesto mi profunda gratitud por el honor 
que me habéis conferido. Corresponderé a vuestra elec- 
ción con mis humildes esfuerzos y amor a la Patria y su 
historia. 

Tomaré posesión, en esa ilustre Academia, de un sillón 
al que opté sin méritos para ello, que ocuparon los doc- 
tores Julián Viso y Rafael López-Baralt y para eí cual 
estuvo electo eí doctor José Manuel de los Ríos y 
Fortique. 

Viso: el distinguido hombre de leyes, comentador 
del gran Aránca y autor de obras notables; estadista y 
diplomático de relieve, que desempeñó el Ministerio de 
Relaciones Exteriores, el Ministerio dé Relaciones Inte- 



REFLEXIONES SOBRE LA HISTORIA 



riores y condujo, con acierto, negociaciones en el impor- 
tante asunto de límites con Colombia. 

Ríos: el médi-co honorable y sabio, amante de la 
Historia y biógrafo notable. 

López-Baralt: médico, escritor, conferencista, orador 
persuasivo y delicado poeta; estadista de nota, que sirvió 
a la Patria como Presidente de Estado, Ministro de lo 
Interior, Ministro de Relaciones Exteriores y como Dipu- 
tado y Senador en el Congreso Nacional. Fué autor de los 
interesantes estudios siguientes: Los Pueblos Aborígenes, 
Las Batallas de Caraboboy La Victoria, La Gloria de Mi- 
randa, El Golpe de Estado del 92, Be Maracaibo a Bogotá, 
Juan Uribe y muchos trabajos profesionales, artísticos y. 
políticos. 



II 



La Historia como ciencia y como arte. — Cómo 
debe escribirse la Historia. — La literatura moder- 
na. — La crítica histórica. — Prevalece la historia so-' 
el -lógica. — La filosofía de la Historia. — Las fuentes 
de la Historia. — Obra civilizadora de la paz. 

Tales fueron mis esclarecidos antecesores, represen- 
tantes meritísimos de nuestra civilización, a los cuales 
trataré de no desmerecer. Hombres doctos que concibie- 
ron la Historia, lo mismo que vosotros, en el sentido ori- 
ginal de esa palabra, el mismo significado que le dieron 
Herodoto y sus predecesores; esto es: investigación para 
el saber y no la narración de los acontecimientos. 

La investigación hace de la Historia una ciencia, y 
algunas de sus ramas, en que vosotros sois especialistas 
distinguidos, requieren penosos estudios para interpretar 
los fenómenos humanos y reconstruir el pasado. Mucho 
ha progresado la investigación histórica y hoy se lleva a 



REFLEXIONES SOBRE LA HISTORIA 



x:abo no solamente en la paz del gabinete, de las bibliote- 
cas y de los archivos, sino también en los laboratorios de 
los geólogos y en lugares como los extensos llanos de Ve- 
nezuela, donde existen esas notables calzadas o colinas se- 
pulcrales (1), o en los valles del Orinoco o del Aragua, 
donde yacen piedras grabadas, algunas de ellas, proba- 
bles restog literarios de razas autóctonas. Científicos ex- 
ploran a Venezuela para estudiar en las piedras, 
en la tierra, en las cavernas, en el fondo de los ríos, en 
la cerámica y ornamentos y útiles, la historia de esa 
obscura época que precedió a Colón. 

Bello es el encargo de vuestra ilustre sociedad: esti- 
mular y dirigir el estudio de las numerosas ramas (2) 
que forman la ciencia de la Historia, y acopiar los mate- 
riales que ellas necesitan. 

Como arte, como producción literaria, nada ha adelan- 
tado la Historia. Todavía son modelos Herodoto o Tucídi- 
des, que ni Mariana, Macaulay o Baralt han sobrepujado. 

Cuando resultan hermanados, como en Herodoto, el 

.espíritu científico con el sentido artístico, la obra es casi 

perfecta; o, como en Tucídides, más científico aún que en 

.el Padre de la Historia, y cuyo estilo es lo más excelso 

de la prosa griega (3). 



(1) Los "cerritos de los indios", que están al este de Zamora, 
-según Humbolt, son colinas sepulcrales, y según Oramas y Salas, 

lugares construidos en elevación para hacerlos accesibles durante 
las inundaciones periódicas. — El terraplén o calzada precolombina 
que existe entre Barinas y Ganaguá tiene 5 leguas de extensión y 
15 pies de altura. 

(2) Antropología, etnología, arqueología, psicología, filología, 
-sociología, genealogía, heráldica, cronología, diplomática, eufra- 

gística, numimática, biología, paleografía, ciencia de pesos y me- 
didas, epigrafía etc. 

(3) La investigación de Herodoto no se limitó a la curiosi- 
dad del simple viajero, sino que por todos los imperfectos medios 

Jl su alcance comprobaba la evidencia de los hechos y estableció 
la cronología sobre bases sólidas. — Tucídides se burlaba del con- 



REFLEXIONES SOBRE LA HISTORIA 



Desgraciadamente, los científicos afanados en bus- 
car la verdad, por lo general descuidan el estilo y resul- 
tan nulos como artistas. 

No ha mucho vosotros hablasteis sobre la manera 
de escribir la Historia. Indudablemente no es ella mera 
literatura, como se consideró en el Renacimiento. Desde 
mediados del siglo XVI empezó a escribirse la historia 
moderna bajo una base científica y prueba de ello so h las 
importantes historias y colecciones de documentos, que 
se prepararon, especialmente en Francia, por los monjes 
y por particulares, y desde entonces datan diccionarios 
y manuales, muy útiles, de paleografía y cronología. A 
mediados del siglo XVIII y principios del XIX aparecie- 
ran monumentos como el Nuevo Tratado de Diplomá- 
tica (1) y Arte de Verificar las Fechas (2). 

Desde aquella época muchos archivos, especialmente 
en Europa, han sido examinados, y se han extractado 
documentos por sin número dé particulares, qué han de- 
dicado a ello su vida, y por representantes de sociedades, 
como la vuestra, que han dado preciosa ayuda a esos traba- 
jos. Ese inmenso material, que ha costado los esfuerzos de 
varias generaciones, se ha catalogado, y están así al 
alcance de los historiógrafos las fuentes originales de la 
Historia, las cuales pueden dominar, en pocas horas, por 
medio de los índices. Esas arduas labores se han exten- 
dido también a las bibliotecas, y los manuales y las bi- 
bliografías nos guían con paso seguro, de modo que no 
es excusable extraviarse cuando se quiere hacer un tra- 
bajo verdaderamente científico. Venezuela posee magnífi- 



tador de cuentos que prefería hacer agradable la narración a 
costa de la verdad, y habla del trabajo laborioso de adquirir y' 
confrontar los datos y de pesar las relaciones en conflicto. 

I (1) Por Dom Jassin y Dom Toustain. 
(2) Por Dom Bernardo de Montfaucon. 



REFLEXIONES SOBRE LA HISTORIA 



cas colecciones originales e inéditas que sólo esperan ser 
catalogadas, y ya recibimos la ayuda de trabajos biblio- 
gráficos de un gran mérito. Nuestra historia toda se está 
revisando y escribiendo con métodos rigurosamente cien- 
tíficos. 

En cuanto a la parte literaria opinaba un gran 
artista, Chateaubriand: "Si es bueno tener algunos prin- 
cipios fijos al tomar la pluma, es asunto pueril decir como 
debe escribirse la historia, cada historiador la escribe 
según su ingenio todas las maneras son bue- 
nas siempre que sean verdaderas". Es el mismo pensa- 
miento ya expresado por Cicerón: historia qnoquo modo 
scripta placet. 

Al historiador se le pide estilo castizo y claro, re- 
ferencia a todas las autoridades (1) y arreglo lógico; 
pero se le exige también fondo científico, a más de ele- 
gancia literaria. 

La literatura, uníversalmente, tiende a ser más sen- 
cilla, más concisa. Hay menos tiempo para detenernos a 
apreciar giros audaces, arreglos fonéticos de consonantes 
o vocales; detalles de coloridos del ocaso, luceros y paisa- 
jes. Los papeles periódicos nos han acostumbrado a lo 
sucinto y el público está prevenido contra todo amane- 
ramiento. 

Los buenos escritores, según el vigoroso literato 
Nietzche, prefieren más bien ser comprendidos que admi- 
rados, y no toleran la narración pesada, laboriosa y monó- 
tona, sin relieve y sin luz. En cambio, los retóricos espa- 
ñoles, aconsejan a los historiógrafos que sostengan 
siempre "el carácter de un sabio hablando con la poste- 
ridad," lo cual sería insoportable señores! 



(1) Esas notas, citas y documentos que ofenden el concepto 
artístico de algunos retóricos y cultiparlistas, 



REFLEXIONES SOERE LA HISTORIA 



Napoleón se entretenía rayando las frases que en su 
concepto eran inútiles y parásitas en La Revolución Ro- 
mana de Vertot, y declaraba que agradaría mucho y se- 
ría precioso el trabajo de reducir así, con gusto y discer- 
nimiento, las principales obras francesas: sólo conocía a 
Montesquieu que pudiera escapar a tal reducción. 

La crítica histórica tiene mayor importancia que la 
forma literaria, y sobre aquélla nos dejó Polibio el gran 
precepto, que tan pronto como se asuma la actitud moral 
de historiador, deben olvidarse todas las consideraciones, 
tales como odio a los enemigos y amor a los amigos, por- 
que a veces hay que ensalzar aquéllos y censurar a éstos; 
y, que así como se inutiliza una criatura sacándole los 
los ojos, si se le quita la verdad a la Historia no queda 
sino un cuento muy inútil. 

El historiador nunca debe olvidar que los muertos 
han dejado una huella imborrable en su paso por la vida 
y que la verdad siempre aparece. Algunos deben meditar 
aquella famosa frase de Renán: "el error más fatal que 
puede cometerse es creer que se sirve a la Patria calum- 
niando a los que la fundaron." 

Los hacendistas han establecido la crítica histórica 
exacta, la cual se hace cada vez más exquisita con las 
nuevas fuentes literarias y arqueológicas. Al demostrar 
Karl Marx que las causas de ese proceso de crecimiento 
que constituye la historia de la sociedad se encuentran en 
las condiciones económicas de la existencia, dio principio 
al socialismo, pero también a la crítica histórica científi- 
ca y exacta. 

En estos tiempos de democracia universal la historia 
sociológica prevalece sobre la política o la militar. Hasta 
hace poco se escribía como historia nacional la de reyes 
y autócratas. Hoy, aun la de los héroes guerreros y sus' 



REFLEXIONES SOBRE LA HISTORIA 



hazañas, encuentra escaso público, porque la atención 
está fija en esa lenta evolución de nuestros pueblos hacia 
-el progreso moderno. Por ejemplo: El Libertador nos inte- 
resa hoy no tanto como guerrero, que como legislador y 
fundador de pueblos e instituciones. Por todo el mundo 
aparecen estudios sobre las doctrinas de Bolívar, norma 
de la evolución hacia el progreso y la felicidad de nues- 
tra América como organismo. A pesar de su importancia, 
son escasos los estudios históricos sobre táctica, estrategia 
o hechos de armas. Las investigaciones históricas, sin 
duda alguna, son mucho más provechosas cuando se diri- 
gen a las actividades sociales y comerciales, que compo- 
nen la historia de la civilización. Tal es el cúmulo de 
material que poseemos, y aumenta siempre, y el método 
histórico que se sigue en las ciencias y las artes, que nin- 
gún historiador aspira ya a ser universal. Cada uno se 
hace especialista según sus inclinaciones; y, sería de de- 
sear, que no se escribieran sino monografías. 

La filosofía de la historia, que trae bajo su inspec- 
ción la historia humana para juzgarla y completar su 
obra constructiva, considera los acontecimientos como 
evolución en que se ve la influencia que, de un modo de- 
terminado, ejerce el raciocinio. Interpretando de esa ma- 
nera los acontecimientos, define la historia Lessing como 
"la educación de la raza humana." Ya Pascal había dicho 
que los hombres, durante el curso de los siglos, podían 
ser considerados como un mismo hombre, que siempre 
-subsiste y está aprendiendo siempre. Bussuet explica la 
tendencia de la humanidad hacia su perfeccionamiento: 
es la idea del progreso en la historia de Bodin, Bacon y 
Descartes: teorías que alcanzan su completo desenvolvi- 
miento, v.on la evulucionista en la historia natural. 

La filosofía de la historia difiere de la sociología en 
que ésta es una ciencia natural que explica hechos reales, 



REFLEXIONES SOBRE LA HISTORIA 



mientras aquélla es principalmente teleológica y especu- 
lativa, propia para los pensadores en quienes predomi- 
nan las galas de la imaginación. Se juzgan las costum- 
bres, las instituciones sociales y organizaciones del esta- 
do, según el grado en que contribuyen a la realización 
del ideal humano; y, por eso, no habrá una verdadera 
filosofía de la historia sino cuando se realice el ideal de 
que el mundo pueda considerarse como una sola gran 
nación. 

El problema fundamental de la historia es conocer 
la vida real del hombre, su condición moral, y su destino 
al través de las épocas; y, así, como dice Arteaud, la his- 
toria viene a ser una serie de experiencias que el género 
humano hace sobre sí mismo. 

No hay nada más importante para la historiogra- 
fía (1) que las fuentes de la Historia. La literatura en 
todas sus formas es la fuente principal. La literatura ex- 
presa las necesidades morales de un pueblo, los intere- 
ses que preocupan a los hombres; manifiesta sus pasio- 
nes, sus ideas y cambia y se transforma con los cambios 
de la sociedad y las contingencias de la nación. Es el 
vehículo de las lucubraciones del espíritu. Por ella cono- 
cemos la filosofía, la religión, costumbres e instituciones 
de los pueblos y nos revela el alma, las tendencias y la 
imaginación de las hombres, que así han dejado su huella 
en el mundo. 

La literatura que pone en circulación las ideas y 
une los escritores con el pueblo y los gobiernos con todas 
las clases sociales, la deben inspirar primordialmente los 
ideales nacionales. Ella manifiesta las opiniones, las ne- 
cesidades y los sentimientos de la mayoría, y los educado- 



(1) Falta esta palabra en el diccionario. 

10 



REFLEXIONES SOBRE LA HISTORIA 



res y gobernantes, si la acatan, pueden llenar su sagra- 
do encargo de manera precisa y saludable. "Desgracia- 
dos los gobiernos y los literatos", dice Arteaud, "que se 
sitúan fuera de lo nacional y que no se dirigen sino a 
clases privilegiadas, o a pequeñas minorías. El género 
humano animado interiormente de un principio vital que 
no cesa jamás, por eso no detendrá su marcha y los go- 
biernos y las academias quedarán atrás. Llegará pronta 
un momento en que las tendencias de los espíritus y las 
opiniones generalmente adoptadas no están de acuerdo 
con las instituciones y los hábitos. Entonces es necesario 
renovarlo todo: es la época de las revoluciones o de las re- 
formas." 

Las fuentes más puras para la historia física y las 
costumbres no son, en verdad, las obras de los historia- 
dores, sino esa infinidad de documentos escritos sin 
propósitos literarios ni históricos, que se encuentran en 
los archivos. 

Para la historia de los ideales de la sociedad, del 
alma de los pueblos, la fuente principal es la literatura 
propiamente dicha, a saber: novelas, memorias, crónicas, 
poemas, canciones populares, sermones, cuentos gracejos- 
y los monumentos materiales de cada época. Los filólogos, 
esos legisladores de la literatura, al hacer las difíciles- 
críticas textuales, son los que extractan la sustancia his- 
tórica que aprovecha el historiador; así como el arqueó- 
logo lee la historia en los monumentos, muebles, medallas, 
villas, nombres e inscripciones. 

Hoy, cuando renace la calma en Venezuela, después 
de tanta guerra fratricida, comienza el gusto, la reli- 
gión, de conservar los monumentos antiguos nacionales, to- 
do lo que recuerda el pasado glorioso de Venezuela, las cos- 
tumbres y la cultura de nuestros antecesores. Un perso- 
nal docto, entendido y laborioso cuida nuestros precio- 



11 



REFLEXIONES SOBRE LA HISTORIA 



«os archivos, bibliotecas y museos, y nuestras Academias 
seleccionan y reúnen en su seno los civilizadores de cada 
época (1). Glorioso es el fruto que recogen los gobiernos 
que se interesan en la cultura de los pueblos. 



(1) Reconozco que no merezco ser contado entre esos indi- 
viduos beneméritos. 

12 



SEGUNDA PARTE 



PERDIDA DE LA ISLA DE TRINIDAD 

i 

Importancia política y económica de la pérdida 
de la isla paira Venezuela. — Caída del Imperio Es- 
pañol. — Engrandecimiento de Inglaterra. — Inglaterra 
decide apoderarse de Trinidad. 

En el Archivo Nacional, donde se conservan las in- 
mensas colecciones, que constituyen la fuente original 
más rica para la Historia de Venezuela, he estudiado do- 
cumentos inéditos, que contienen la historia de uno de 
los acontecimientos más importantes para nuestra vida 
nacional por su trascendencia política y económica: la 
pérdida de la isla de Trinidad. Acontecimiento cuya his- 
toria es desconocida y cuyas consecuencias ninguno de 
nuestros historiógrafos ha considerado; y las meras refe- 
rencias que de él se hacen, por historiadores extranjeros, 
son completamente falsas (1). 



(1) Ninguno de nuestros historiadores, como tampoco los ex- 
tranjeros (Edwards, History of tlie West Indios; Joseph, History 
4>f Trinidad; "True Mulatto", Address to Earl Batliurst, Dessal- 

13 



PERDIDA DE LA ISLA DE TRINIDAD 



Referiré con todas sus circunstancias y accidentes 
esa desgracia nacional para limpiar el nombre español 
empañado por hombres depravados, que dirigían los des- 
tinos de España y por escritores extranjeros interesados 
en excusar antecesores o compatriotas de otras épocas. 

España, que en tiempos de Fernando el Católico 
tenía veinte millones de habitantes (1) y con el empera- 
dor Carlos llegó a ser dueña del mundo, bajo Felipe II, 
aunque alcanzó su mayor extensión geográfica, empezó 
a declinar por el enorme derroche de sus tesoros y la 
destrucción de la Gran Armada. Inglaterra desde enton- 
ces recogió el tridente de Neptuno y comenzó a fundar 
su grandeza sobre las ruinas de España, y en desenvol- 
vimiento de tal propósito principiaron, con Drake, en 
1583, los ataques de los corsarios ingleses contra las pose- 
siones españolas del Caribe. 

Cuando el reinado del último austríaco, la población 
de España había disminuido a ocho millones y la nación 
había perdido también, junto con su industria y su vigor, 
gran parte de los dominios europeos. 

El primer Borbón entregó lo que restaba en Italia y 
Flandes, a más de Menorca y Gibraltar, que pasaron a 
Inglaterra, la cual le arrebató igualmente, el monopolio 



les, Histoire genérale des Antilles; Draper, Address to tlie Britistli 
(uil)líe. ete) relatan la historia de la pérdida de Trinidad, excepto 
Borde Histoire de l'isle de la Trinit*' sous le Gouveriieiueut Es* 
uagnol) quien lo hace de manera fabulosa y con inexcusables 
omisiones. 

(1) De acuerdo con el geógrafo Osear Mac Carthy.— La población 
de España tuvo su mayor densidad al principio del Imperio Romano 
cuando se elevó a 40 ó 50 millones de habitantes, según cálculos 
de los profesores Alfred Morel-Fatio y James Fitzmaurice-Kelley. — 
El primer censo de España se hizo en 1594, cuando no tenía la 
presente extensión territorial. Si se incluyen las provincias que 
adquirió después, y que tiene h.oy España, ía población para 1700 
,se estima en 8,206,791 almas. 

14 



PERDIDA DE LA ISLA DE TRINIDAD 



del horroroso tráfico de esclavos con las colonias espa- 
ñolas: el célebre asiento; y el derecho de establecer fac- 
torías en ciertos lugares de la América del Sur y la Cen- 
tral; y el privilegio de llevar a Cartagena de Indias, una 
vez al año, quinientas toneladas de mercaderías. 

Cuando Felipe V se desposó con la Farnesio, ésta 
pronto intrigó con Alberoni e indujeron al rey a intentar 
la reconquista de Cerdeña y Sicilia, con el resultado de 
que España volvió a perder su armada, que la era indis- 
pensable para conservar la integridad de su inmenso 
imperio. 

El triste privilegio del asiento le trajo a España la 
guerra en 1739. Inglaterra trató de apoderarse de las 
colonias de América, y formó planes, que fracasaron, 
para atacar el continente hispánico por el este y el oeste, 
al mismo tiempo. 

Carlos III comprendía que sólo con la ayuda de 
Francia podría sofocar la creciente prosperidad de Ingla- 
terra, fatal para España, la cual necesitaba revivir su 
grandeza naval y colonial, y a esto se debió el pacto de 
familia, que terminó al perder el trono Luis XVI, y des- 
pués la Asamblea Nacional no quiso apoyar a España en 
el asunto de la isla Vancouver. Entonces, cuando varias po- 
tencias se prevenían para la guerra, España ocultó sus 
preparativos: el arreglo de escuadras en Cádiz y otros 
puertos, planes para fortificar varios puntos de las In- 
dias entre los cuales estaban Honduras, Puerto Rico y 
Trinidad. Por su parte Inglaterra pensó en atacar las 
colonias españolas y la medida que consideró más im- 
portante fué la de capturar a Trinidad y con este objeto or- 
ganizó poderosa expedición en Barbadas. Sobrevino em- 
pero la. humillante paz de 1790 y definitivamente perdió 
España, para siempre, toda esperanza de oponerse al 



15 



PERDIDA DE LA ISLA DE TRINIDAD 



engrandecimiento de Inglaterra, que se operaba a sir 
costa. — No se fortificó a Trinidad y los ingleses decidie- 
ron apoderarse, en su oportunidad, de la codiciada isla. 

Godoy se lanzó contra Francia en la primera coali- 
ción, y los británicos se valieron de la guerra y de los 
reveses españoles para extender su imperio colonial, y 
hacer más poderosa su marina, y alcanzar la suprema- 
cía, que España por más de un siglo había tratado de 
impedirles. 

María Luisa y Godoy hicieron firmar a la desgra- 
ciada Madre Patria los humillantes tratados de Basilea 
y San Ildefonso, y la obligaron a la guerra con Ingla- 
terra en 1796. España sufrió la derrota naval de San 
Vicente, que le impidió recibir recursos de sus colonias; 
perdió a Menorca y perdió a la isla de Trinidad para 
siempre. Entonces empezaron las intrigas de Inglaterra, 
en las colonias y en la Península, con objeto de predispo- 
nerlas a la insurrección. 

II 

Trinidad, la puerta de Venezuela. — Descubri- 
miento. — Heroicos aborígenes. — Cedeño, primer con- 
quistador de Trinidad. — Combates y heroísmos.' — 
Abandona Cedeño la conquista de la isla. 

La isla de Trinidad llamada por los aborígenes Cairi 
o Yere, esto es: Tierra de los Colibríes, dista tan sólo 20 
kilómetros del continente al cual estuvo unida en época 
remota. Erupciones volcánicas, fenómenos sísmicos y la 
poderosa acción de las aguas del Orinoco, la separaron 
de nosotros. Las cadenas de colinas de la isla son pro- 
longación de los sistemas de las costas de Maturín y 
Cristóbal Colón. Su fauna, su flora y sus minerales son 
los mismos de esa región de Venezuela. Los indios de 



16 



PERDIDA DE LA ISLA DE TRINIDAD 




La isla de Trinidad y El País del Orinoco. 

17 



PERDIDA DE LA ISLA DE TRINIDAD 



Paria y de Guayana eran los habitantes de la isla. El 
petróleo de Trinidad pertenece a un río subterráneo, que 
une los depósitos del lago Brea con las fuentes de Peder- 
nales, al través del Golfo. 

Trinidad por su posición es la puerta de Venezuela, 
frente a las bocas del Orinoco y del Estado Maturín, ce- 
rrando el golfo de Paria, que es un inmenso puerto, de los 
mejores del mundo, y está llamado a un vasto y lucra- 
tivo comercio. Maturín por sus ríos y caños se comunica con 
el interior y por ellos salen los productos agrícolas, mine- 
rales y pecuarios de esa zona. Por el Orinoco y sus 
afluentes descienden las riquezas de esa inmensa y pre- 
ciosa hoya a la cual pertenece casi toda Venezuela y 
parte de Colombia, y que se une por el brazo Casiquiare 
con la cuenca del Padre de las Aguas. 

Los dueños actuales de Trinidad vigilan, como cen- 
tinelas interesados, la futura opulencia de aquellas re- 
giones de las más ricas del globo, aun inexplotadas. 

El mismo Colón descubrió a Trinidad en 1498 y trece 
años después se dispuso, por una real cédula, que podían 
capturarse esclavos de entre los cien mil indios que la 
poblaban. Estos se mostraron sumisos a los misioneros 
que, al poco tiempo, fueron a conquistarlos y a los cuales 
mataron, en justa venganza contra los españoles, porque 
infames armadores que pasaron por la isla robáronse 
indios, que vendieron como esclavos en Santo Domingo. 
Escenas que se repitieron luego por 70 españoles ampa- 
rados por la cédula de Carlos V, los cuales cazaron 200 
trinitarios y los vendieron en Santo Domingo y Puerto 
Rico. Los despreciables traficantes en libertad humana 
acusaron a los indios de la isla, de canibalismo y de opo- 
nerse al evangelio para que fueran todos condenados a 
ser esclavizados (1). Muchos se llevaron a San Diego y 

(1) Washington Irving, Desccndnnts of Coloiubns. 

18 



PERDIDA DE LA ISLA DE TRINIDAD 



otras minas, y a Margarita para que sirvieran de buzos 
,en la pesca de perlas. Así, los únicos españoles que arri- 
baron a la isla a principios del siglo XVI, fueron los de- 
dicados al infame tráfico. 

Los numerosos indios que poblaban a Trinidad todos 
de raza caribe, eran guerreros sumamente valerosos, 
altos, fornidos, ágiles y de buenos gestos (1), que defen- 
dieron su país y sus hermanos con heroísmo increíble. 

Cuando se emprendió la conquista de Trinidad, es- 
taba dividida en dos provincias: la de los Camacuraus, 
belicosos guerreros, la regía el casique Baucumar, y la 
de los Chacomares, más pacíficos y siempre amigos de 
los españoles, pertenecía al casique Maruana. 

En 1530 Carlos V le dio la isla al contador mayor de 
Puerto Rico, Antonio Cedeño, hombre valeroso y acau- 
dalado, para que la conquistase y poblase, nombrándolo 
gobernador y adelantado de ella. Al llegar a Trinidad 
.ese año, Cedeño se alió con Maruana y construyó un 
palenque o real, donde se hizo fuerte. Cuando se le ago- 
taron las baratijas que halagaban a los indios, éstos lo 
^atacaron y ocurrieron muchos combates en que perecie- 
ron bastantes españoles y más indios. Cedeño tuvo que ir 
a Puerto Rico y durante su ausencia invadió la isla Diego 
de Ordaz, gobernador de Paria y se adueñó de la gente 
y propiedades de Cedeño; pero, a su vez, Ordaz se fué 
,a Cubagua y allí lo hizo prender Cedeño, y murió Don 
Diego en el viaje de cautivo para España. 

Volvió Sedeño a su conquista con más soldados en- 
ganchados en Margarita, pero ocurrió, el año de 1534, 
que Alonso de Herrera, del partido de Ordaz, había sido 
nombrado teniente gobernador de Paria y en venganza 
por la muerte de su jefe, no dejaba llegar ningún socorro 



(1) Juan de Castellanos, Varones Ilustres de Indias. 

19 



PERDIDA DE LA ISLA DE TRINIDAD 



a los conquistadores de Trinidad, reteniendo la carabela 
de ronda, y en tan apuradas circunstancias acaeció un 
gran combate entre los indios de Baucomar y los espa- 
ñoles (1). Murieron muchos de ambas partes, entre los 
que estaba el valeroso casique de los camacuraus. Al día 
siguiente a la batalla presentóse, con dos mil hombres, el 
sobrino de Baucumar, a vengar la muerte de éste. En la 
refriega que siguió los españoles perdieron cincuenta 
hombres y se vieron obligados a embarcarse. Sedeño 
llegó al puerto de Turpiar en Paria, donde se alió con 
Alonso de Herrera y Diego Delgado, antiguos tenientes 
de Orclaz, y emprendieron juntos la conquista de Trini- 
dad. El casique de los Chacomares mantuvo la paz con 
los españoles, pero no así los camacuraus, dirigidos por 
su nuevo casique Baucumar II, y los caules reunieron 
1,500 guerreros armados de rodelas, macanas, arcos rec- 
tos, flechas de dura palma y punta de diente de tiburón, 



(1) Academia Nacional de la Historia, colección de docu- 
mentos inéditos enviados por Fray Proilán de Río Negro, números 
provisionales 556 y 573. — El 24 de enero de 1534 le escribía Anto- 
nio Sedeño desde Trinidad a Pedro de Alegría en Cubagua, una 
carta que da idea de la vida y costumbres de los conquistadores. 
Refiriéndose a las calamidades causadas por la tardanza de la ca- 
rabela de ronda, le dice Sedeño a Pedro de Alegría: que aunque 
la tierra es sana en el real no tiene gente por no estar fortificado 
y como necesita todos los hombres no puede enviar ninguno a 
Cubagua. Pide gente de confianza porque la de Paria no le ha 
dado resultado, y que le envié también los negros que tiene en 
Cubagua, pues siete negros seguros valen cien hombres y que le 
embarque además una negra para sí, sin que se sepa cual. Todos 
están sanos, empero tan necesitados que si no llegan los recursos 
que pide, lo único que les queda por hacer es degollarse, pues no- 
tienen medios ni para salir ni para quedarse en la isla. Pide una 
barca de pesca que dejó en Margarita. Diego de Ordaz le había 
llevado una barca que valía el mejor barco de pesca; que no re- 
tarde la canoa y le envíe caballos; que toman por sal agua de 
mar. Pide: 2 quintales de estopa para adobar; 1 chinchorro para 
cerner la harina; 90 hachas, que debía enviarle Juan de la 
Puenta; cuchillos de Bohemia: peines; una cuerda para poder na- 
vegar; 200 pares de alpargatas pues su gente no puede salir del 
real por estar descalza; papel, porque sólo tiene cartas viejas 

20 



PERDIDA DE LA ISLA DE TRINIDAD 



puya de raya o pedernal y envenenadas con yerba (1); 
tenían a más de esto armas europeas, trofeos de comba- 
tes anteriores. 

En las sabanas llenas de enramadas y de ranchos 
celebraron los indios una fiesta. Bebían mecato y chicha, 
el vino indígena, y tomaban tabaco y popa. Todas las 
calles, plazas y caminos estaban llenos de guerreros in- 
dagando el porvenir con los hechiceros y adivinos. Des- 
pués de la orgía Baucumar llamó a los adalides y les 
ordenó alistarse para el siguiente día. 

En el campo de Sedeño las cosas marchaban mal. 
El adelantado por chismes y celos había preso a Herre- 
ra, a quien, después de reconciliación que no podía ser 
sincera, puso en libertad por necesitar su ayuda en el 
peligro del combate. El "torvo y zahareño" Herrera 
aguardaba oportunidad para vengarse de la afrenta. 



para escribir; algunos estoperoles; una cuerda de cañamón, con 
tres poleas, para varar; hilo de chinchorro; hilo y agujas de coser 
velas; lona; hiladeras gruesas; calafate y patax y todos sus hie- 
rros y aparejos para hacer nuevos; un cabrestante de alguna nao 
perdida que hubiera por allí, para varar barcos; además: 1 pipa 
de harina; 1 botija de aceite y otra de vinagre; 150 cargas de ca- 
zabe, para que coma su gente mientras dos hombres que tiene en 
Paria reúnen pan y se esperan los recursos de España; 
garbanzos; lentejas; abas; lisas saladas; pasas; azúcar; miel y 
cosas de enfermos. Envía dos indios para la fusta de chinchorro, 
que los conquistadores le tomaron a Francisco de Hervas y pide 
un chinchorro bien grande para pescar, porque sin él no tienen 
vida y si lo tuvieran comerían pescado, y todos los males serían 
gloria. Los dos indios son muy buenos y se entenderán en lo rela- 
cionado con el chinchorro, el cual debe alquitranarse y ponérsele 
sogas dobles. Los bellacos (Ordaz y compañeros) se llevaron las 
canoas y no se puede pescar y el barco y la chalupa no los puede 
echar al mar por falta de calafate. El chinchorro que tiene es tan 
flaco que no alcanza para sustentar la gente. Necesita el envío 
de los indios arponeadores que le pidió a Pero Gallo. Anuncia que 
los salteadores Diego de Minio, Fragoso y Triana dejaron la isla 
y pregunta si Fernando Gallego abandonó la Margarita. 

(1) Los heridos envenenados con yerba morían en paroxis- 
mos de furor y arrancándose las carnes a pedazos. 

21 



PERDIDA DE LA ISLA DE TRINIDAD 



El día de la batalla se presentó el casique Baucumar 
con burda águila de oro sobre el pecho, tenía en la ca^ 
beza una celada con magníficas plumas, en el brazo es- 
cudo de metal, pendiente de los hombros una espada, dos 
carcajes en la espalda, sostenía un arco muy recto y usa- 
ba zarcillos y collar de uñas de tigre engastadas en oro, 
anillo del mismo metal en las narices y pintado el cuerpo 
de rojo. Los demás iban arreados con collares de dientes 
de indio y animales, pieles de león, jaguar y otras fieras; 
unos llevaban colas de tigre pendientes del cuello y otros 
hocicos de osos colmeneros, como adorno, en la cabeza. 

Los indios dando alaridos, a su usanza, rodearon el 
palenque de los conquistadores y después de gran carni- 
cería, en que murieron varios jefes, los caribes huyeron' 
delante de los caballos de Sedeño, Alonso de Orellana, 
Herrera y Delgado (1) , a pesar de los esfuerzos de Bau- 
cumar por detenerlos. 

Los españoles los persiguieron hasta sus bohíos, mas' 
aquellos heroicos indios prefirieron la muerte a la su- 
misión y le dieron fuego a sus habitaciones para 
morir quemados, y arrojaron a las llamas a sus propios 
hijos, que trataban de huir para salvar la vida (2). He- 
roicidades parecidas habían hecho ya los españoles en' 
Sagunto, Astapa y Numancia. 

Sedeño no debía gozar de su victoria, pues Herrera 
reunió a los suyos y embarcándose en el mejor navio se' 



(1) Los otros tenientes de Sedeño eran: Juan González, Mar- 
tín Yánez, Martín López, Peñalver, Suero de Nava y Pedro Fer- 
nández. 

(2) La relación de Juan de Castellanos (op. cit.), que conoció' 
personalmente a casi todos estos conquistadores y fué su conmili- 
tón, me parece más verídica que la de fray Pedro de Aguado(His- 
toría de Venezuela, ed. de la Academia Nac. de la Hist.). Fray Pedro 
Simón (Noticias Historiales de las Conq. de Tier. Firme en las L- 
O.) en esta parte de su historia copia en todo a Aguado. 

22 



PERDIDA DE LA ISLA DK TRINIDAD 



fué a Paria, y el gobernador, con sus conquistadores, se 
vio obligado a abandonar la heroica isla e ir en pos de 
Herrera, pero no le seguiremos en sus vicisitudes y des- 
gracias. 

Más de cuatro años había pasado Sedeño en la con- 
quista de Trinidad y la perdió por arbitrario, déspota y 
confiado. Vejó a Alonso de Herrera, su aliado necesario, 
en vez de ganarse su buena voluntad y hacerlo su amigo. 
El teniente de Paria supo vengarse. 

Gerónimo de Hortal sucedió a Diego de Ordaz en 
la gobernación de Paria y en 1535 pasó, con poca gente, 
a Trinidad y no pudiendo defenderse de los valientes 
aborígenes, se embarcó con rumbo al puerto de Neh 
verí (1), al llegar buques de su mando. 

III 

Juan Pouce de León, segundo gobernador* — 
Peste que mata a los conquistadores. — Trinidad 
queda despoblada de españoles. — Jesuítas misio- 
neros. 

Treintiseis años después todavía no estaba poblada 
de cristianos Trinidad, ni se había podido conquistar, 
cuando se le dio en gobierno (2) por tres vidas a Juan 
Ponce de León, vecino de Santo Domingo, quien llegó 
de España, a la isla, con mucha gente (3). Al desembar- 



(1) Aguado, op. cit. 

(2) En 1571. 

(3) La afamada Hlstolre de Piale de La Trinlté sous le Oou- 
reruement Espagnol, por Pier re-Gusta ve-Louis BORDE, París, 1876, 
está plagada de muy notables errores y omisiones. Ignora la exis- 
tencia de las obras citadas de Fray Pedro de Aguado, Fray Pedro 
Simón y Juan de Castellanos. Por toda autoridad en la parte de la 
conquista de Trinidad cita a Fray Antonio Caulin (Historia Cos- 
mográfica Natural y Evangélica de la Nueva Andalucía, Provincia 
de Cumaná, Nueva Barcelona, Guayana y Vertientes del Orinoco) 

23 



PERDIDA DE LA ISLA DE TRINIDAD 



car, todos enfermaron de varias pestilencias, de que mu- 
rió la mayoría. De los pocos que sobrevivieron unos re- 
gresaron a la Península y los otros se fueron a Tierra 
Firme, quedando de nuevo despoblada de españoles Tri- 
nidad, hasta que en 1576 fueron dos jesuítas a la isla y 
catequizaron muchos indios. Después de una ardua labor 
de tres años tuvieron que irse los misioneros, a su vez, 
a Cumaná, porque los holandeses invadieron y destruye- 
ron el puerto de los Españoles (1). 

IV 

Pretcnsiones de Santa Fe y Santo Domingo so- 
bre Trinidad y Guayana. — Las cuatrocientas leguas 
del gobierno de Jiménez de Quesada* — Nicolás Be- 
rrío y Oruña. — Fundación de San José de Oruña y 
Santo Tomé. — Walter Raleigh y su irrisoria expedi- 
ción. — Domingo de Vera y los pobres conquistadores 
de El Dorado. — Inglaterra desea a Trinidad. 

Ambas audiencias de Santa Fe y Santo Domingo 
pretendían el gobierno de Guayana y Trinidad. Las dis- 
cusiones las terminó el rey favoreciendo a Santa Fe, aun- 
que en lo civil Trinidad se adjudicó a la gobernación de 
Cumaná. Pero después, tanto Guayana como la isla se 



que no es autoridad original sino para los acontecimientos pos- 
teriores a 1742; y al Padre José Gumilla (Historia Natural, Civil 
y Geográfica de las naciones situadas en las riberas del Orinoco), 
algo fabuloso, y no es autoridad original sino para los hechos 
posteriores a 1727, en que vino a la América de misionero. — BOR- 
DE cuya crítica es en extremo parcial e injusta, narra de manera 
falsa la pérdida de la isla de Trinidad sin el apoyo de ningún do- 
cumento que lo justifique. Se escuda a menudo con la frase, "tradi- 
ción de familia" que nada prueba. — A los interesados les ruego 
que comparen mi relación con la historia de aquel distinguido 
caballero trinitario. 

(1) Caserío de indios pescadores, llamado por ellos Conque- 
rubio, según Raleigh. 

24 



PERDIDA DE LA ISLA DE TRINIDAD 



comprendieron en las cuatrocientas leguas del gobierno 
del adelantado Gonzalo Jiménez de Quesada, a cuya 
muerte lo heredó su sobrino político, el capitán Antonio 
Nicolás Berrío y Oruña, quien, en 1591, fundó dos ciuda- 
des. Una, que llamó Santo Tomé (1), en el corazón de la 
provincia de los indios Guayana, 40 leguas remontando 
«1 Orinoco; la otra en Trinidad, a dos leguas del Puerto 
de los Españoles. A ésta la nombró San José de Oruña y 
llevó a ella gente de Margarita. Fué el primer intento de 
colonización, con buen éxito, en aquella isla de valientes 
y patriotas aborígenes. 

A los cuatro años de estar fundadas estas dos ciu- 
dades, con poca gente en ambas, los indios de esa región, 
para salir de los españoles, les empezaron a engañar con 
los mismos relatos que alucinaron a Malaver de Silva y 
Juan de Villegas en años anteriores, de opulentas regio- 
nes que llamaban Manoa, situadas, decían, al suroeste de 
Santo Tomé. 

El gobernador Berrío deseoso de conquistar ese fa- 
buloso país lleno de oro, despachó a España a su maese 
de campo, el parlero capitán Domingo de Vera, para que 
trajese 300 hombres y lo necesario a tan pingüe empresa. 
Así empezó la leyenda del Dorado, en pos del cual vinie- 
ron tantos conquistadores llenos de concupiscencia y de 
valor, y que debía costar sin número de vidas y desen- 
gaños. Domingo de Vera, cuando llegó a Castilla, habló 
y exageró tanto, que causó verdadera revolución, todos 
se. querían venir a Manoa. 

Llegaron a oídos de Sir Walter Raleigh en Inglaterra 
los rumores de la narración de Vera y lo indujeron a em- 



(1) 12 leguas más arriba de la confluencia del Caroní y el 
Orinoco donde estuvo una aldea de indios, que llamaron los espa- 
ñoles Santo Tomé y hoy se conoce con el nombre de Puerto de las 
Tablas. El Santo Tomé de Berrío tiene actualmente los nombres 
de Guayana la Vieja, Las Fortalezas o Los Castilletes. 

25 



PERDIDA DE LA ISLA DE TRINIDAD 



barcarse, con buena expedición, a conquistar El Dorado. 
Al arribar a Venezuela hizo por toda gran hazaña, pre~ 
sentarse en el Puerto de los Españoles e introducirse en 
la isla, fingiéndose el amigo de los conquistadores, y des- 
pués aliarse con los indios, y quemar el miserable caserío 
de San José de Oruña (1), que estaba casi desguarne- 
cido, donde hizo preso al gobernador Berrío, y lo soltó 
luego. Como remate de tan irrisoria exploración regresó 
a Inglaterra y publicó su famoso cuento: El Descubrí- 
miento de Guayaría (2), admirable por sus patrañas. 
Inglaterra desde aquella época empezó a desear nuestro 
territorio. 

Ese mismo año de 1595, llegó Domingo de Vera a 
Trinidad con 2,000 incautos de ambos sexos, y todas las 
edades y profesiones; que venían en pos de ese nuevo 
toisón de oro. Vera encontró que el gobernador de Cu- 
maná había enviado al capitán Velasco a posesionarse 
de San José de Oruña, por lo cual mandó 100 hombres 
contra Velasco, que no pensó en resistir. Los nuevos po- 
bladores fueron alojados en ranchos que se construyeron 
en el Puerto de los Españoles mientras se enviaban a 
San José, donde se pensaba hacerlos residir. 

Al desembarcar los castellanos empezaron las esca- 
seces, enfermedades y desgracias. Vera remitió cuantos 
pudo a Guayana y Santo Tomé. Los viajes por el Ori- 
noco duraban hasta veinticuatro días, en medio de las 
plagas tropicales y expuestos a los caribes antropófagos. 
Algunos barcos naufragaron y sus desgraciados ocupan- 
tes cayeron en manos de los indios, que a todos mataron, 
excepto algunas mujeres que se guardaron para sí. 



(1) En 1595, y la misma época en que el teniente de Raleigh, 
Annias Preston, saqueó a Caracas. 

(2) The Discorery of Gniana, la más brillante de las narra- 
ciones novelescas de aventuras de la época de Elizabeth. 

26 



PERDIDA DE LA ISLA DE TRINIDAD 



Cuando se agotaron los matalotajes que Vera echó 
a tierra en Trinidad, los desgraciados aventureros pere- 
cían gradualmente, de pura escasez. Razón por la cual, 
el maese de campo, envió los cien últimos incautos a 
Santo Tomé, temiendo que se huyeran a Margarita, Cu- 
maná o Caracas y dieran aviso de las miserias que su- 
frían y lo supiera el rey. Estos sobrevivientes, por falta 
de calzados, estaban llenos de llagas con gusanos y exte- 
nuados por el hambres. En Santo Tomé y en Trinidad se 
declaró peste que mató muchos de los infelices pobladores. 

Las fraguas que trajo Vera a Trinidad para reparar 
los utensilios, se usaron sólo en enrojecer hierros con los- 
cuales se cortaban los dedos de los pies y otras partes 
gangrenadas de los pobres conquistadores de El Dora- 
do (1). 

En 1615, sucedió a Berrío su hijo Fernando y cuando 
éste fué depuesto por Sancho de Alquiza, la Audiencia 
de Santa Fe nombró gobernador al capitán Diego Palo- 
meque de Acuña, quien envió como teniente de Trinidad 
al valeroso capitán Benito de Beana. 

El desgraciado Walter Raleigh había perdido el favor 
real con la muerte de Isabel. Conspiró contra Jacobo y 
éste lo metió en la Torre de Londres y recuperó la liber- 
tad a los trece años, al prometerle al rey inglés, encon- 
trarle una mina de oro en Guayana. En 1617, con ese ob- 
jeto, presentóse Raleigh nuevamente en Trinidad y ancló* 
en la punta del Gallo. Despachó, de allí, un navio, una 
carabela y cinco lanchas, al mando de su propio hijo, 
contra Santo Tomé. Dejó 5 navios «n la punta y con el 
otro se fué él mismo a Puerto de los Españoles, lugar de su 
fácil conquista anterior; pero, esta vez, cuando trató de 
saltar a tierra, a renovar quizá sus hazañas de incendia- 



(1) Fray Pedro Simón, op. cit. 

27 



PERDIDA DE LA ISLA DE TRINIDAD 



rio, se lo impidió el capitán Beana, que no sólo le hirió 
alguna gente, sino también capturó al famoso valido de 
Isabel. Los demás ingleses tuvieron que retirarse aira- 
dos (1). 



Conquista de Trinidad. — Nueva Andalucía. — Los 
piratas. — Los misioneros. — Felipe de Artiades. — Es- 
tado floreciente de la isla. — Enfermedad del cacao 
y ruina de Trinidad. 

En 1622 terminaron las luchas sangrientas entre 
indios y conquistadores por la posesión de Trinidad y 
Guayana. Para esa época tenía San José de Oruña 500 
habitantes y el Puerto de los Españoles era una aldea 
de españoles e indios pescadores. Entonces se formó la 
gobernación de Nueva Andalucía con las provincias de 
Cumaná, Guayana, Trinidad y Margarita y se le dio por 
capital la ciudad de Cumaná. 

La isla estuvo por muchos años expuesta al ataque 
de los piratas, que le impidieron desarrollar su comercio 
con los lugares vecinos. 

En 1670 los holandeses del Esequibo invadieron a 
Trinidad, pero los españoles tuvieron tiempo de aban- 
donar el puerto y la* ciudad con todo lo que se podía 
cargar, y cuando regresaban los chasqueados a sus baje- 



(1) Raleigh, enfermo y cautivo en Trinidad, supo por su te- 
niente de confianza Keymis, el completo desastre de la expedición 
que atacó a Santo Tomé y la muerte de su hijo en el combate con 
los españoles, que así vengaron la muerte del gobernador Palo- 
meque de Acuña, acaecida defendiendo a Guayana de aquellos in- 
gleses. Por los reproches de Raleigh se suicidó Keymisi y después 
de escenas de recriminación, dudas y sublevaciones dejó aquél 
nuestras playas sin la mina, precio de su vida, y fué decapitado 
en Londres en 1618. 

28 



PERDIDA DE LA ISLA DE TRINIDAD 



les, fueron asaltados por los nuestros, que les infligieron 
tremenda derrota. 

Dos años más tarde la atacaron los ingleses, y se les 
puso en fuga dejando en la isla toda la artillería que 
habían desembarcado. 

Los franceses fueron más afortunados cuando la 
saquearon en 1676, pues les quitaron 10,000 pesos a los 
habitantes de la isla; suma enorme para los menestero- 
sos conquistadores, que, por ello, quedaron arruinados. 

Los verdaderos colonizadores de la isla fueron los 
misioneros. Los primeros llegaron bajo el gobernador 
Sebastián de Roseta, y ya para 1692 tenían siete misio- 
nes, verdaderas colonias agrícolas, que se ocupaban de 
la labranza y la cría y, sobre todo, del cultivo del cacao. 
Las primeras matas y semillas de este precioso fruto, 
única fuente de riqueza de la isla, se llevaron de Caracas. 

El gobernador , Felipe de Artides obligó a los capu- 
chinos a dar los indios de las misiones para el cultivo 
de la isla, medida salvadora de la agricultura pues no 
había otros brazos en Trinidad. El gobernador, además, 
hizo que por una real cédula, en 1708, se convirtiesen 
las colonias de los capuchinos en misiones de doctrina y 
así pudieran emplearse todos los indios en los trabajos 
de la isla. Los misioneros por esto disgustados se fueron 
a Guayana (1). 

En 1719 la isla estaba floreciente, se había podido 
armar y equipar, en el Puerto de los Españoles, un 
navio de guerra que capturó dos fragatas inglesas en 
Jamaica. La producción de cacao era tan grande que- 
barcos enteros se cargaban, y prueba de ello fué el robo 
que de un bajel lleno de ese fruto efectuó un pirata 
inglés en aquel puerto. 



(1) Borde, op. cit. 

29 



PERDIDA DE LA ISLA DE TRINIDAD 



Desgraciadamente, enfermedad inexplicada atacó 
los cacahuales en 1727. Las flores al llegar a cierto cre- 
cimiento se secaban y el robusto cacao no daba fruto; 
lo cual aconteció por mucho tiempo y produjo la miseria 
general de la isla. Seis años después de haber empezado 
tan extraña enfermedad habían emigrado casi todos ios 
habitantes por falta de esa única riqueza nacional. No 
quedaron en la isla sino doscientos adultos, y entre ellos 
tan sólo veintiocho blancos, fuera de los indios de las 
misiones. La renta pública se redujo a ciento treintiún 
pesos y Cumaná tuvo que sufragar los gastos de la isla. 
La civilización mataba, además, los indios, que no po- 
dían resistir trabajos fuertes prolongados. Su natura- 
leza delicada les hacía contraer con facilidad las epide- 
mias importadas del antiguo mundo, como la viruela que 
en diferentes ocasiones mató gran número de indios. 



VI 



Cumaná, Margarita, Trinidad y Gaayana se aña- 
dea a la ProTincia de Caracas. — Los gobernadores y 
el Cabildo. — Los misioneros.— Comercio libre. — Tal* 
dez de Yarza. — Colonos franceses para poblar a Tri- 
nidad. — Cédula de Carlos TIL— El plan de Rouine 
de Saint Laurent. — Inglaterra quiere cambiar a Gi- 
braltar por Trinidad. 



Por cédula de 12 de febrero de 1742 se separaron, 
«en gobierno, guerra y hacienda, las provincias de Cu- 
maná, Margarita, Trinidad y Guayana, y se añadieron a 
la Provincia de Caracas, quedando así la nueva Provin- 
cia de Venezuela independiente de Nueva Granada. Se 
les dio por audiencia la de Santa Fe. Trinidad ya había 



30 



PERDIDA DE LA ISLA DE TRINIDAD 



«ido adjudicada a Caracas en lo concerniente a la ha- 
cienda, desde hacía once años (1). 

La historia de Trinidad en los catorce años subsi- 
guientes es luchas entre los gobernadores y un cabildo 
corrompido y egoísta. El gobernador Pedro de la Mo- 
neda, no encontrando en 1757, casa sana en San José, y 
para librarse del cabildo, estableció su residencia en 
Puerto España, la cual tenía entonces cerca de 400 in- 
dustriosos habitantes. Durante el gobierno de Moneda 
volvieron los misioneros a ejercer su benéfica influencia 
en Trinidad (2). 

La cédula de Carlos III sobre comercio libre para 
las islas de Trinidad, Santo Domingo, Puerto Rico y Mar- 
garita, produjo grandes beneficios. Pero Trinidad, des- 
poblada y miserable, no pudo aprovechar las ventajas 
<iue ofrecía. 

Cuando entró a gobernar la isla Juan de Dios Val- 
idez de Yarza (3), en 1773, contaba 1,000 habitantes, 
españoles casi todos, a más de cuarenta franceses y al- 
gunos italianos; población muy pequeña, en verdad, para 
hacer progresar la isla. Valdez sometió al insubordinado 
cabildo que desde entonces fué fiel colaborador de los 
gobernadores. 

El buen Carlos III con el deseo de hacer prosperar 
las Antillas españolas, pensó poblarlas con los colonos 
descontentos de las islas francesas vecinas y con tal ob- 
jeto dio una cédula, el 3 de septiembre de 1776, por la 
cual se le concedían tierras gratuitas a los extranjeros 



(1) Blanco, Documentos, t. I, p. 55. 

(2) Borde, op. cit. 

(3) Juan de Dios Valdez de Yarza fué padre de los proceres 
de la Independencia de Venezuela, coroneles Juan José, José Mi- 
guel y Santiago Valdez y del general Juan Manuel Valdez. 

31 



PERDIDA DE LA ISLA DE TRINIDAD 



que fueran a habitar la isla, con la sola condición de ser 
católicos; y, además, comisionó a la intendencia, recién 
creada en Caracas, para que fomentara la población, 
agricultura y comercio, no solamente en esta provincia 
sino también en las de Guayana, Cumaná, Maracaibo y 
las islas de Margarita y Trinidad. Con tal fin y para de- 
fenderlas mejor en caso de invasión, se separaron esas 
regiones, en un todo, de la Nueva Granada, por cédula 
de 8 de septiembre de 1777 y se agregaron a Caracas,, 
a petición de sus gobernadores y habitantes. 

El gobernador de Trinidad hizo distribuir la cédula 
de Carlos, traducida al francés y al inglés, en las An- 
tillas francesas, especialmente en Tobago, Grenada, San 
Vicente y Dominica, que se encontraban bajo el duro 
yugo de Inglaterra que maltrataba a los habitantes de 
origen francés (1); y en las islas de Martinica, Guada- 
lupe y Santo Domingo, que estaban arruinadas por la 
terrible plaga de bachacos. Los principales habitantes 
de estas islas, por tales razones, deseaban emigrar, y un 
criollo de Grenada, el ilustre Felipe Roume de Saint 
Laurent, al leer la cédula trasladóse a Trinidad con in- 
tención de estudiar las condiciones de la isla, y después 
de consultar al gobernador Falquez, formuló memorial,, 
que se envió al rey de España, y en el cual exponía sa- 
bios planes de población y colonización de la isla de Tri- 
nidad con habitantes de las Antillas francesas y sus 
esclavos. De las islas mencionadas ofrecieron emigrar 
1,532 personas blancas con 33,322 esclavos. 

Saint Laurent, viendo que se demoraba la contesta- 
ción a su memorial, vino a Caracas, recogió cartas de- 
recomendación del intendente José de Abalos y marchóse 
a Europa a gestionar personalmente su vasto plan para 



(1) Borde, op. eit. 

32 



PERDIDA DE LA ISLA DE TRINIDAD 



colonizar a Trinidad. En París el embajador conde de 
Aranda le hizo acelerar el viaje a Madrid y le explicó 
lo que allí debía hacer, porque Inglaterra, en las próxi- 
mas negociaciones de paz, pensaba pedir que le cambia- 
ran a Gibraltar por Trinidad. 

Después del tratado de paz de 1783, se nombró go- 
bernador provisional de Trinidad a Juan Francisco Ma- 
chado, mientras llegaba el capitán de navio José María 
Chacón, encargado de ejecutar el plan de colonización 
de Roume de Saint Laurent. 

VII 

Agotamiento de España. — Revolución francesa. 
— Gobiernos corrompidos. — José María Chacón, su 
carácter, su misión, su administración* — Edad de 
oro de Trinidad. 

España había llegado al agotamiento: su armada era 
nula, la península estaba despoblada, no había españo- 
les que enviar a las colonias; así, fué salvadora la cédula 
para poblar a las Antillas según el plan de Saint Lau- 
rent, y si no hubiesen intervenido la revolución fran- 
cesa y los gobiernos corrompidos e ineptos de la metró- 
poli, mucho hubieran prosperado aquellas colonias espa- 
ñolas, y los ataques de Inglaterra habrían sido infruc- 
tuosos. 

Chacón (1) vino a Caracas en agosto de 1784 a po- 
nerse de acuerdo con el intendente y el capitán gene- 
ral (2) y llevar consigo los empleados públicos necesa- 
rios para Trinidad, donde arribó el I o de septiembre de 



(1) José María Chacón, Sánchez de Sotomayor, Rodríguez de 
Rivero, Infante de Lara y Castro; caballero de Calatrava. capitán 
de navio etc. 

(2) Brigadier Manuel González Torres de Navarra. 

* 33 



PERDIDA DE LA ISLA DE TRINIDAD 



ese año. El nuevo gobernador era hombre ilustrado y 
amable de genio, que hablaba el francés y el inglés, y 
muy a propósito para agradar a los extranjeros con 
los cuales se iba a poblar la isla. Como primer medida pu- 
blicó Chacón la real cédula en francés e inglés y la envió a 
las islas vecinas donde los británicos vejaban a los ha- 
bitantes (1). La mayoría de las familias de Grenada 
inmigraron a Trinidad, y lo mismo hicieron gran nú- 
mero de personas de las islas invadidas por los bacha- 
cos, sobre todo de Martinica y Guadalupe. De estos dife- 
rentes lugares se estableció constante emigración, de tal 
modo que en cinco años se elevó la población de Trini- 
dad de 1,000 a 10,422 almas. A los emigrados de origen 
francés, se unieron algunos ingleses e irlandeses cató- 
licos. 

Sabio administrador fué Chacón y con los inmigran- 
tes supo hacer prosperar la colonia. Dividió las tierras 
equitativamente, redujo la pretensión de las antiguas fa- 
milias españolas a vastas concesiones de tierras; se ocupó 
de todos los trabajos públicos necesarios, que hacía eje- 
cutar por el ingeniero jefe, José del Pozo y Sucre, pre- 
cursor más tarde de nuestra independencia (2). Cons- 
truyó canales; fundó el pueblo de San Juan; dividió la 
isla en partidos, a cuyos tenientes dio instrucciones de 
formar milicias con los hombres válidos. 

Todo el progreso, todo lo que había en la isla, puede 
decirse, era obra de Chacón. El primer período de su 
gobierno es la "edad de oro de la isla". Lo amaba tanto 
el pueblo, que al expirar su término, la comunidad en- 



(1) Borde, op. clt. 

(2) De la familia del futuro Gran Mariscal de Ayacucho, 
amigo de Miranda, con el cual y José de Salas formuló las propo- 
siciones para la independencia americana, que le sometieron a 
Pitt con fecha 22 de diciembre de 1797. 

34 



PERDIDA DE LA ISLA DE TRINIDAD 



tera le exigió al rey le prorrogara el mando cinco años 
más, para desdicha de Don José María. El plan de colo- 
nización planteado por el gobernador dio tan buenos 
resultados, que en 1786 y en 1790, se le amplificaron los 
privilegios a los nuevos colonos y se les concedió la natu- 
ralización después de cinco años de residencia. A Chacón 
• ; se le permitió levantar empréstito por un millón de pe- 
sos, que debían ser empleados en mejoras de la isla. 

VIII 

Fortificación de Trinidad.- — Población. — Recelos 
de Chacón. — Ofrecimientos de Víctor Hughes y Jean 
Francois. — Insurrección de los pardos. — Expedición 
inglesa contra Trinidad. — Situación de Trinidad. 

El gobernador Chacón, que había hecho de Trinidad 
una provincia feliz, pensó también en defenderla, para 
lo cual quiso convertir a Chaguaramas en estación naval 
y base de operaciones de las escuadras españolas. Con 
ese objeto hizo levantar planos para una fortificación, 
un hospital y un cuartel; estos proyectos los envió a Es- 
paña, especialmente recomendados y exigió lo necesario 
para llevarlos a cabo. 

En 1793 la próspera Trinidad tenía 15,000 almas 
y Puerto España estaba lleno de mercancías, gran parte 
francesas, que las lanchas del resto de Venezuela iban 
a comprar en mucha cantidad. 

La revolución francesa cambió el aspecto de las 
cosas de manera radical, sobre todo después de la eje- 
cusión de Luis XVI. El pacto de familia había terminado, 
y el espíritu de nacionalidad dividió a franceses y espa- 
ñoles. Chacón veía con recelo a los primeros, temía la 
propagación de sus doctrinas republicanas y sometió a 

35 



PERDIDA DE LA ISLA DE TRINIDAD 



la mayor vigilancia los nuevos colonos que entraban en 
la isla huyendo de los ingleses (1). 

Cuando la insurrección de las islas francesas y la 
liberación de los esclavos de Guadalupe por Víctor 
Hughes, Trinidad se vio amenazada de una guerra civil 
y el gobernador perdió toda confianza en los pardos li- 
bres y esclavos, a quienes consideró, desde entonces tan 
sólo como perturbadores del reposo público. 

Como era natural, en 1794 y 95, Chacón favoreció 
a los ingleses, en aquel tiempo los falsos aliados de Es- 
paña, que la traicionaron en Tolón. 

Cuando se esparció el rumor de que Inglaterra en- 
viaría formidable expedición para someter las islas fran- 
cesas insurrectas y conquistar a Trinidad, parece que el 
Capitán General de Cuba le ofreció a Chacón, un cuerpo 
de tropas antillanas de color, mandado por el general 
haitiano Jean Francois y que Víctor Hughes le hizo tam- 
bién análogos ofrecimientos, y se dice que Chacón los 
rehusó por temores bien fundados, de que se insurrec- 
cionara Trinidad con la presencia de los revoltosos an- 
tillanos. 

Chacón no perdió tiempo en fortificar la isla. Desde 
noviembre de 1795 comisionó al brigadier Esteban Ayme- 
rich, jefe de ingenieros, para reparar las defensas y 
construir otras. El gobierno de España no había deci- 
dido nada respecto a los planes de hacer de Chaguara- 
mas una estación naval fortificada, ni había enviado re- 
cursos de ninguna clase. Chacón hizo todo lo que fué po- 
sible. Empezó a construir en Puerto España una batería 
de mampostería, en forma de media luna, a orillas del 
mar, a la cual se llamó de San Andrés. Sobre la colina de 



(1) Borde, op. eit. 

36 



PERDIDA DE LA ISLA DE TRINIDAD 



la Ventilla, cerca de la población hizo levantar un re- 
ducto que se conoció por el Número 1. A un cuarto de 
legua de la población edificó el Almacén de la Pólvora (1) 
y cerca de este lugar, al borde del agua, otra batería 
llamada Apostadero Número 2. 

La situación de Trinidad, dice el teniente coronel 
Francisco Carabaño "ha sido por espacio de muchos años 
la más crítica que puede haberse hallado en los varios 
establecimientos de todo el continente americano estando 
la autoridad del Gobernador por falta de fuerza, espe- 
cialmente al tiempo de la guerra con Francia, confiada 
a la buena fe de extranjeros, la mayor parte revolucio- 
narios franceses y preocupados de mil quiméricas ideas, 
que con dificultad hubiera contenido otro Xefe menos 
esclarecido que el Gobernador. Así continuó aun después 
de la paz hasta nuestra llegada con la Escuadra y Tro- 
pas, aumentando los cuidados la epidemia más violente 
y falta de caudales a proporción de las atenciones" (2). 



(1) El Almacén del Rey. 

(2) Los datos para la siguiente narración los he tomado de 
las declaraciones de los "oficiales de Trinidad y otras personas 
que se hallaban en aquella Isla, antes y después de su rendición 
; a S. M. B." Los expedientes están reunidos en un grueso volumen, 

inédito, del Archivo Nacional. Encontré y consulté, además, en el 
mismo archivo, otros documentos sueltos aún sin empastar. — Los 
declarantes son las siguientes personas: brigadier José María 
Chacón, gobernador de Trinidad; brigadier Esteban de Aymerich, 
jefe de ingenieros y cabo subalterno de la isla; Pedro Rodríguez 
de Arguinsedo, secretario del gobernador; Fabián Rubín, oficial 
primero de las reales cajas; teniente coronel Matías de Leta- 
mendi; los oficiales del Batallón Veterano de la isla: teniente co- 
ronel Francisco Carabaño, capitán Juan Ángel de la Guerra, el 
teniente y ayudante de plaza Ignacio Briceño, teniente y ayudante 
del batallón Domingo de Meza, teniente Ignacio López Arjonia, 
teniente Juan Mayoral, subteniente Juan de Alcalá; capitán Juan 
Jurado, auditor de guerra; presbítero Mariano Muñoz, capellán 
de la tropa; doctor José María Herrera, cirujano de la tropa; Ma- 
nuel Valdez de Yarza, guarda-almacén de artillería, y pertrechos; 
Cayetano Llórente, primer piloto de la armada; alférez de navio 
Ignacio Gasque; alférez de navio Diego Rodríguez del Toro; te- 

37 



PERDIDA DE LA ISLA DE TRINIDAD 



IX 

Los Ingleses codician a Trinidad, el "emporio 1 
del comercio de Tenezuela". — Decide Inglaterra' 
capturarla. — Formidable expedición. — Arbitrarieda- 
des de capitanes ingleses en Puerto España.' — El es- 
candecido Yaugliam, su atentado y su suicidio. — 
Causa que alega España para declarar guerra a 
Inglaterra.__Abercromby y su expedición. 

Los ingleses, desde muy temprano, vieron "las ven- 
tajas físicas de la isla y su posición" — dice uno de ellos — 
"como puerta por la cual deben pasar al mercado del 
mundo la riqueza y el comercio de las fértiles regiones 

regadas por el Orinoco y tan eminentemente' 

a propósito para ser el emporio del tráfico entre el terri- 
torio venezolano y el mundo exterior que su- 
giere, con estímulo tan grande, la posición de Trinidad 
respecto al país del Orinoco." Y los ingleses decidieron 
tomarla a toda costa valiéndose de las desgracias de Es- 
paña, que había perdido su vigor y estaba regida por 
Godoy. 

En 1795 Inglaterra resolvió someter las colonias in- 
surrectas francesas y conquistar las holandesas y las 
españolas de Guayana, Trinidad y Puerto Rico. Con este" 
objeto envió una formidable expedición compuesta de 200 
velas y 25,000 hombres, que por vientos contrarios no' 
pudo llegar a Barbadas hasta abril de 1796. El general 
Abercromby, jefe de las fuerzas de la expedición, la 
había precedido y se encontraba en aquella isla desde' 
el mes de febrero. 



niente de navio Juan Larrea y Arévalo; corsario Gerónimo de' 
Arrecho: Luis de la Peña, interventor de la escuadra, y Juan de 
Mendiburen. — Los datos tomados de otras fuentes están indicados,, 
especialmente, en la narración. 

38 



PERDIDA DE LA ISLA DE TRINIDAD 



La primera medida de Abercromby fué destruir los 
corsarios franceses y como algunos se refugiaron en el 
golfo de Paria envió tras ellos la fragata Alarvia, al 
mando del capitán Gorge Vaugham y la corbeta Zebra 
del capitán Skinner, quien fué a Puerto España a pedir 
la anuencia del gobernador para apresar los buques cor- 
sarios franceses que estaban en la rada. Chacón negó su 
consentimiento, lo cual no obstó para que el audaz inglés 
violara la neutralidad de las indefensas aguas trinita- 
rias y capturase, al día siguiente, los débiles barcos cor- 
sarios. George Vaugham, el de la Alarma, con varios ofi- 
ciales pasó a tierra a presentar excusas al gobernador, 
sin ofrecer ninguna reparación por la arbitrariedad del 
capitán de la Zebra. La población indignada recibió 
muy mal a los británicos, qué tuvieron qu.e esconderse en 
una casa, de la cual salieron a embarcarse protegidos 
por tropas mandadas por el asesor Juan Jurado de 
Lainés. 

El indignado Vaugham reunió los oficiales y marinos 
de la Alarma y Zebra y volvió, con ellos, a Puerto Espa- 
ña a castigar la población, cuyo gobernador se puso a la 
cabeza de las tropas españolas para recibir al escande- 
cido capitán, al que arengó y le hizo comprender que si 
sonaba un tiro la población entera, en la que había mu- 
chísimos franceses, se uniría a las tropas y caerían sobre 
los británicos y los destruirían. Vaugham juzgó más 
prudente retirarse y se suicidó al poco tiempo del inex- 
cusable atentado. 

Este incidente le hizo ver muy claro a las autorida- 
des trinitarias, la urgencia de defender la isla y se pidió 
a España el envío de fuerzas que protegieran a Trini- 
dad de los insultos que pudiera recibir de naciones beli- 
gerantes. 

39 



PERDIDA DE LA ISLA DE TRINIDAD 



En la declaración de guerra de España a Inglaterra, 
fechada el 5 de octubre de 1796, está entre las causas 
que alegaba aquélla esa ofensa infligida a la nación es- 
pañola por los capitanes de la Alarma y la Zebra en la 
isla de Trinidad. 

Abercromby (1) recibió junto con la noticia de la 
declaración de guerra, orden de invadir a Trinidad y 
después a Puerto Rico (2). El general inglés preparó 
una expedición formidable, más propia para invadir un 
continente y no la pequeña isla de 350 kilómetros de cir- 
cuito. De esa manera Abercromby fué más afortunado 
que Raleigh, pues pudo enseñorearse de la isla y la per- 
dimos desde aquel mes de febrero de 1798. 

X 

Trinidad indefensa. — Sos fortificaciones. — Degra- 
dado gobierno de Madrid. — Escuadra de Apodaea. — 
Batallón Veterano.— Regocijo de los inmigrados. 

La isla de Trinidad estaba prácticamente indefensa 
cuando el ataque inglés. En Puerto España, la batería 



(1) General Sir Ralph Abercromby, intrépido soldado, había 
servido en Holanda, bajo el duque de York ,en las campañas de 
1793. Sucedió en 1795 a Sir Charles Gray, como jefe de todas las 
fuerzas británicas en las Antillas. En 1796 reconquistó las islas 
francesas de Grenada, Santa Lucía y San Vicente, que se habían 
insurreccionado y despuesto las autoridades inglesas. Ese mismo año 
invadió a Demerara y el Esquibo, aquella parte de Gaayana, que 
aunque fué devuelta a Holanda en 1802 la volvió a invadir Ingla- 
terra en 1803 y desde entonces son nuestros vecinos que, por ese 
lado, trataron también de extenderse, por sobre nuestro país, 
hasta el Orinoco, cuando se lo impidió la Doctrina de Monroe en 
1895. — Después de sus servicios en el Caribe, Abercromby regresó 
a Europa e hizo, bajo el mismo duque de York, la, para los ingle- 
ses, desastrosa campaña de Holanda en 1799. — Abercromby murió 
gloriosamente cerca de Alejandría, en Egipto, después de haber 
vencido al ejército francés. 

(2) Bryan Edwards, History of the War in the West Indies, 
cit. p. Borde, op. cit. 

40 



PERDIDA DE LA ISLA DE TRINIDAD 



de San Andrés aun no estaba terminada, se le habían 
montado doce cañones de bronce de calibre 18 y dos mor- 
teros, y "era susceptible de ataque por todo su frente y 
tomable con sólo el fusil y arma blanca o golpe de mano/' 

El reducto No. 1, del cerro de la Ventilla, fué hecho 
rápidamente de fajinas, tierra y ladrillos y se le monta- 
ron seis cañones de bronce y cuatro de hierro, todos de 
a 18. Tenía, un foso poco profundo y estrecho el cual se 
hacía accesible "con un haz de fajina que llevara cada 
soldado." A este reducto lo dominaba "cadena de cerros 
de legua y cuarto de extensión a la que seguía otra cor- 
dillera sin defensa ninguna y de superior elevación.*' 
En el reducto habían unos 60 tiros y cuando se hacían 
calvas se abrían y desmoronaban los merlones y era ne- 
cesario rehacerlos. 

Al Apostadero No. 2, al borde del agua, no se le 
pudo montar ningún cañón. 

El gobierno de Madrid nada decidió sobre las forti- 
ficaciones del islote de Gaspar Grande, que cierra el 
puerto de Chaguaramas y lo proteje, puerto donde podría 
refugiarse una escuadra con seguridad. Chacón sola- 
mente pudo hacer construir allí un reducto de campaña 
y una batería provisional, a flor de agua, que no llegó 
a concluirse. Entrambos contaban cuatro cañones que se 
montaron al aparecer el enemigo. En una altura del mis- 
mo islote se empezó otra batería donde se colocaron siete 
cañones, sin haber explanada ni aljibe para manejar las 
piezas, que estaban dominadas además por el cerro de 
Madama Tetron. 

En la isla no habían lanadas, tacos, atacaderas, cu- 
charas ni otros objetos de servicio, pues de España no 
se habían enviado. 

Como veis muy poco se ocuparon aquellos malos gobier- 
nos de la Península en defender la Tierra de los Colibríes. 



41 



PERDIDA DE LA ISLA DE TRINIDAD 



Los Ingleses la codiciaban tanto que siete años antes 
habían arreglado la expedición que pensó salir de Bar- 
badas cuando los sorprendió la paz y entonces propusie- 
ron a España cambiarle Gibraltar por una de los dos 
islas de Trinidad o Puerto Rico (1), pero España no ac- 
cedió, desgraciadamente para ella, pues bien valía la- 
puerta del Mediterráneo, la del País del Orinoco. 

La escuadra del marqués del Socorro salió de Cádiz 
para América el 4 de agosto de 1796. Ya en alta mar, 
el 7, fué destacado el general Sebastián Ruiz de Apo- 
daca (2) con pertrechos y municiones para La Guaira y 
Cartagena, a más de tropas y otros auxilios para Trini- 
dad, que había pedido, como ya dije, el gobernador 
Chacón. La escuadra de Apodaca constaba de 4 navios, 
1 fragata y 1 bergantín (3), que arribaron en muy bue- 
nas condiciones a Trinidad a principios de septiembre de 
1796. 

Con las tropas que vinieron en los buques se formó 
el Batallón Veterano de la isla, el cual constaba de 850 
hombres y entre sus oficiales había algunos que, años 



(1) Fabián Rubín, déla. cit. 

(2) El ilustre marino Sebastián Ruiz de Apodaca, era her- 
mano del glorioso almirante Juan, quien de 1808 a 1809 fué mi- 
nistro de España en Londres y como tal flgura en la vida de Mi- 
randa. Don Sebastián empezó de guarda marina a los trece años e 
hizo brillante carrera naval. Asistió a la toma de Santa Catalina, 
en el Brasil. En la guerra con Francia, el 93, pertenecía a la 
escuadra de Francisco de Borja, que estaba de crucero en Cer- 
deña. Fué de los que tomó a San Pedro y San Antioco y protejió 
en el Var a los ejércitos pi amontes y napolitano. 

(3) Los navios de 70 cañones: San Tícente, donde enarboló 
el general su estandarte, lo mandaba el capitán Gerónimo Gonzá- 
lez de Mendoza; Gallardo, cuyo capitán era Gabriel Senudo; 
Arrogante, al mando del capitán Rafael Renazar, y San Dámaso, 
del capitán José Jordán. La fragata Santa Cecilia, de 40, la regía 
el capitán Manuel de Urtuzabel, y al bergantín (Ja I aro, el capitán 
Francisco Barba. 

42 



PERDIDA DE LA ISLA DE TRINIDAD 



más tarde llegaron a ser proceres de la Independencia 
de Venezuela (1), La tripulación era 1,500 hombres. 
"La presencia de la escuadra española en Trinidad fué 
un bálsamo para los colonos franceses emigrados," dice- 
Borde (2), "temerosos de caer bajo el yugo del cual ha- 
bían huido en las diferentes islas conquistadas por los 
ingleses." 

XI 

La fiebre amarilla. — La mortandad. — Falta de- 
recursos. — Estado militar* — Gente con que se con-- 
taba. 

Vinieron estos europeos en la estación de las lluvias,. 
la peor sana en los trópicos, y a poco se declaró una epi- 
demia de fiebre amarilla, "vicho" y "tabardillo," que 
mató un treinta por ciento del total. En los hospitales 
morían de 25 a 30 enfermos diarios, sin contar las vícti- 
mas de otros lugares. A los navios les quedó, apenas,, 
gente para el servicio. 



(1) Los oficiales de este batallón eran: teniente coronel' 
Francisco Carabaño, que más tarde fué mariscal de campo y 
teniente rey de Puerto Rico; capitán Juan Ángel de la Guardia; 
tenientes: Ignacio López-Arjonia, Antonio Pío de Ponte, Juan Ma- 
yoral y Rafael Urbaneja; subtenientes: Tomás Gures, Juan de Al- 
calá y José de Meza; cadetes: José de Urriena, Diego Meane, José 
de Letamendi, Francisco González de Flores, José Francisco Val- 
dez y los cadetes, después proceres de la Independencia: Fran- 
cisco Carabaño-Ponte, Miguel Carabaño-Ponte, Juan Manuel Val- 
dez-Salazar y Santiago Valdez-Salazar; ayudante de plaza Ignacio 
de Briceño;sargento mayor de Puerto España, Matías de Leta- 
mendi, que figuró luego en Caracas durante el gobierno de Casa¿ 
y en el ejército realista cuando la guerra de independencia; ca- 
pellán Mariano Muñoz; cirujano doctor José María Herrera; con- 
tador Nicolás Vázquez; capitán Manuel Valdez de Yarza, guarda-- 
almacén de artillería y pertrechos; tambor mayor Bartolomé Gar 
cía y soldado distinguido Antonio Vallenilla. 

(2) Oí», cit. 

43 



PERDIDA DE LA ISLA DE TRINIDAD 



A medida que aumentaban los enfermos se abrían 
nuevos hospitales, hasta que se establecieron cinco con 
capacidad para 800 enfermos. El médico jefe era el ciru- 
jano de las tropas, doctor José María Herrera, de Cara- 
cas, que, al llegar, fué encargado de los hospitales y lo 
ayudaban competentes profesores (1). Existía una buena 
botica (2) . Por todo alimento había arroz y muy poca car- 
ne. Los hospitales estaban servidos por personas que cum- 
plieron sus obligaciones abnegadamente. En corto espa- 
cio murieron: 3 capellanes, 31 asistentes, 4 practicantes 
y 2 sangradores, y siempre se encontró gente caritativa 
que los repusiera. De la tropa y la tripulación pereció 
más de la tercera parte "gracias a Dios y al cuidado me- 
tódico", dice Herrera, "pues el Genio de esta peste en 
todas las Antillas es de hacer perecer las cuatro quintas 

partes de todos los que ataca Llegó el caso que el 

mismo enterrador que conducía muertos en los carros 
fué enterrado con los mismos que llevaba, tal es la vio- 
lencia dé esta peste" (3). Enfermaron los médicos y el 
general Apodaca que casi espiró. 

La epidemia duró dos meses y puso en consternación 
a los habitantes. De la tropa y escuadra desertaron 
cuantos pudieron, porque le cobraron horror a los hospi- 
tales. "Ni una cama pude conseguir en este tiempo para 
estos infelices servidores del Rey" — escribe Carabaño — 
"por cuya razón dormían la mayor parte tendidos por 
los suelos. Con dificultad se hallaría una situación más 
melancólica que la nuestra en la época expresada, que 
sólo fué tolerable por su corta duración." 



(1) Los doctores: O'Mara, de Edimburgo; Williams, de Ox- 
ford; Rector, de Besanzon. 

(2) La botica valía 30,000 pesos. 

(3) La fiebre amarilla la llamaban también: fiebre pajisa, 
vómito negro o fiebre pútrida. 



PERDIDA DE LA ISLA DE TRINIDAD 



La falta de dinero hacía el estado de Trinidad toda- 
vía más crítico. De la arribada de la escuadra a la inva- 
sión pasaron seis meses y en cuatro los oficiales no reci- 
bieron sueldo. La tropa estaba sujeta a miserables recio- 
nes de arroz. 

El Batallón Veterano quedó reducido a 567 hombres, 
de los cuales, cuando se presentó el enemigo, 108 estaban 
en el hospital y 26 convalecientes en diferentes partes 
de la isla y en Cumaná. 

En Trinidad no había milicias regladas porque no 
lo permitía el Reglamento de Población (1). Las demás 
fuerzas con que se contaba eran las siguientes: 

2 compañías urbanas de blancos, medio instruidas 
en el manejo del arma; 2 compañías de dragones pardos, 
voluntarios, sin ninguna instrucción. A estas compañías 
se les propuso hacerlas regladas, con goce de todo el 
fuero y rehusaron prefiriendo quedarse urbanos. 

Una compañía de caballería de Acarigua. 

Un grupo de indios flecheros. 

40 hombres de la artillería veterana. 

A la sazón se formaban milicias de color en Puerto 
España y San José. 

El año de 1797, cuando capituló, Trinidad tenía 
18,627 habitantes, a saber: 2,500 blancos, 5,000 pardos li- 
bres y 10,000 esclavos; los indios se habían reducido de 
100,000 a 1,227. El número de gente libre de origen es- 
pañol y francés era poco más o menos igual; los esclavos, 
casi todos, eran de las Antillas francesas. Entre los po- 
bladores existían algunos ingleses, italianos e irlandeses. 



(1) Artículo 13. 

45 



PERDIDA DE LA ISLA DE TRINIDAD 



Los "republicanos" (como se llamaba a los france- 
ses) hicieron muchos ofrecimientos por medio de su cón- 
sul Gaudelet, quien prometió 300 hombres. 

Se contaba con 2,000 hombres, que podían tomar las 
armas, pero Carabaño expresa que "no se podía esperar 
mucho de la gente extranjera, por la regla de que no 
tocándoles su propiedad, como se acostumbra general- 
mente en las invasiones de las Antillas, les era indife- 
rente ser subditos de España o de Inglaterra". De los in- 
gleses antillanos naturalizados en Trinidad, había que 
prescindir, en absoluto, en la presente invasión. 

Los marinos quedaron reducidos a 1,000. 

Había la creencia general de que todos los habitan- 
tes válidos concurrirían a la defensa de la isla. 

XII 

El bergantín "Galgo" y el situad». — Noticias de 

la guerra. Medidas de Chacón.— El mogato Alnie- 

rich. — Armamento deteriorado. — Escasez de recursos. 

De orden de Chacón envió Apodaca, el 4 de noviem- 
bre de 1796, el bergantín Galgo a Puerto Rico para que 
trajese el situado correspondiente a Trinidad. Pero, co- 
mo no regresó el bergantín empezó a sospecharse que 
pudiera haber sido apresado y se hubiera declarado la 
guerra entre España e Inglaterra. 

Las primeras noticias de la guerra se supieron en 
Trinidad a principios de diciembre de 1796 por Juan de 
Mendiburen, que llegó a Puerto España de Barbadas d> 
ciendo que en esta isla se corría desde noviembre que 
los ingleses preparaban una expedición contra Trinidad, 
según noticias de algunos barcos estadunidenses, proce- 
dentes de diferentes lugares, y de otros dos que habían 

46 



PERDIDA DE LA ISLA DE TRINIDAD 



«estado en el Orinoco y añadieron que en Demerara se 
construían lanchas cañoneras. 

La noticia oficial de la declaración de guerra se re- 
cibió en Puerto España el 21 de diciembre (1), e inme- 
diatamente se publicó por bando. 

A principios de enero del 97 los papeles públicos de 
Barbadas anunciaban que se apercibía una expedición 
para Santo Domingo y particularmente contra Trinidad. 
Estas noticias fueron aumentadas, el 14, por gacetas de 
San Vicente, que llevó una goleta danesa a Puerto Es- 
paña, las cuales narraban la ruptura de las negociacio- 
nes de paz entabladas en París, y la llegada de Aber- 
cromby a Barbadas, en lá fragata Arethusa, donde 
aguardaba comboy de cinco navios de línea y crecido 
número de tropas, tedas las que se pudieran recoger en 
las guarniciones de las Antillas inglesas, y se creía eran 
para atacar a Trinidad. Anunciaban, también, que la 
guerra se había declarado públicamente en Londres el 
12 de octubre. 

El 17 de enero confirmó todas estas noticias el al- 
férez de fragata Ignacio Gasque, de la dotación del 
Galgo, bergantín capturado por los ingleses cuando re- 
gresaba de Puerto Rico para Trinidad con el situado de 
«0,000 pesos. 

Gasque (2), que era prisionero de los británicos en 
Grenada, había llegado a Puerto España, bajo palabra 



(1) La guerra fué declarada por España el 5 de octubre de 
1796. 

(2) Ignacio Gasque, primer piloto de la Real Armada, había 
llegado a Trinidad, años atrás, en un bergantín de línea, con el 
encargo de levantar los planos de las costa de la América del 
Sur. Cuando la guerra con Francia el 93, el bergantín se agregó 
a la escuadra del teniente general Gabriel de Aristizabal, surta 
en Trinidad, la cual se fué a Santo Domingo dejando a Gasque y 
«otros compañeros, enfermos, en Puerto España. Poco después llega 

47 



PERDIDA DE LA ISLA DE TRINIDAD 



de honor, en una balandra estadunidense. El alférez en- 
contró en el fondeadero una fragata de la escuadra de 
Apodaca e inmediatamente subió a ella y le dio la noticia 
del proyectado ataque inglés contra la isla, al capitán 
Manuel de Artezabal, y junto con éste fuese a informar 
al gobernador Chacón. Gasque, añadía otros sucesos que 
supo por un capitán de goleta estadunidense, a saber: A 



a recogerlos el capitán de fragata José Caro, quien venía, tam- 
bién, a dirigir la construcción de lanchas cañoneras para el ser- 
vicio de la isla, lo cual no pudo verificarse por falta de numerario. 
Caro le participó tan grave inconveniente al gobernador por con- 
ducto de Gasque, el cual quedó desde ese momento al servicio de 
Chacón. En febrero de 1796 Gasque fué enviado a Puerto Rico a 
traer el situado de 100,000 pesos, suma a que alcanzó, en esa oca- 
sión, el asignado a la isla. En agosto del 96, cuando arribó Apo-- 
daca, quedaron agregados a la escuadra Caro y Gasque, el último 
como director de una de las maestranzas de los buques. En el re- 
ciente viaje del Galgo a Puerto Rico, Gasque recibió orden de re-- 
cibir el situado en esta isla y embarcarlo junto con la carne 
salada que se le añadió. Mientras estuvieron en Ponce llegó la 
fragata española Tetis, mandada por el capitán Mendoza, que venía 
de dejar en La Habana, al nuevo gobernador y teniente rey de 
Cuba. Mendoza les comunicó la declaración de guerra y en vez de 
escoltar al Galgo, se hizo a la mar repentinamente, el 13 de no- 
viembre Apodaca había ofrecido que una fragata y un navíc 

de línea esperarían al Galgo a la altura de la Punta Salinas en 
Grenada, del 20 al 21 de noviembre, razón q«e tuvo el bergantín 
para seguir el derrotero a sotavento de todas las Antillas, bus- 
cando a Grenada, con objeto de atracar en la mencionada punta r 
recalada indispensable de los que intentaban entrar por las Bocas 
en el golfo Triste. El 23 al amanecer llegaron a vista de Grenada, 
y divisaron una fragata que tomaron por española, pues asomó 
por el sur de la Punta Salinas, empero, repentinamente, llamó al 
Galgo, con un cañonazo y largó bandera inglesa. Era la conocida 
fragata Alarma, que desde el 3 de septiembre había recibido ins- 
trucciones de capturar el bergantín y el situado. El (•algo, arrió 
el pabellón y los oficiales y parte de la marinería fueron tras- 
bordados y conducidos a Grenada. El 8 de enero de 1797 se espar- 
ció en esta isla la noticia, llevada por un capitán de goleta esta- 
dunidense, de los preparativos que hacían los ingleses para inva- 
dir a Trinidad. — El general Floster, gobernador de Grenada, se- 
negó a pasarle a los españoles algún diario, lo cual tomaron 
de pretexto los del Galgo, para enviar un oficial a Trinidad con 
misión aparente de solicitar dinero y objeto de llevar la noticia 
de la próxima invasión. El gobernador de Grenada accedió a la 
solicitud de los españoles y Gasque fué enviado a Puerto España. 

48 



PERDIDA DE LA ISLA DE TRINIDAD 



fines del 96 (1) Abereromby despachó un bergantín con 
pliegos que entregó en Fort Royal (2) de Martinica y 
siguió hacia el oeste. Al siguiente día salió de esta isla 
la escuadra inglesa con tropas, al mismo tiempo que el 
estadunidense y cuando este capitán se dirigió a Gre- 
nada quedó la escuadra inglesa barloventeando antes de 
entrar en el canal que existe entre Martinica y Santa Lu- 
cía, para dirigirse rumbo a Barbadas y atacar luego a 
Trinidad. 

Chacón en seguida envió a Gasque a Chaguaramas, 
en la fragata, para que informara de los acontecimientos 
a Ruiz de Apodaca, quien al ser instruido reunió una 
junta, de todos los jefes de buques, en el navio general. 

A consecuencia de estos avisos se activaron las obras 
de defensa, sobre todo en Gaspar Grande. 

La captura del Galgo había hecho alarmante la si- 
tuación de Trinidad, pues quedó "falta de numerario y 
exhausta de recursos." 

Chacón despachó circulares a todos los comandantes 
de partido ordenándoles tuvieran lista la gente para 
cuando sonase la señal de alarma acudiesen a la plaza, 
donde se les distribuirían armas, y que fuesen revistados 
todos los hombres libres capaces de llevar armas. 

Envió a los caños del Orinoco a Vicente Bouton en 
busca de 2,000 o más indios para los trabajos de defensa, 
refuerzo indispensable, que no pudo llegar porque las 
costas estaban bioqueadas. 

Pidió indios flecheros a los capuchinos y envió lan- 
chas a traerlos. Los misioneros contestaron empero, que 
todos los indios se habían huido al monte. 



(1) El 29 de diciembre de 1796. 

(2) Fort de Frunce. 



PERDIDA DE LA ISLA DE TRINIDAD 



Chacón ofició además a los gobernadores de Guayana 
y Cumaná, sin buen éxito, para que le enviaran los de- 
seados indios. 

Asimismo expidió orden a toda la isla disponiendo 
que los labradores, bajo pena de ser declarados traidores 
a la patria, enviaran el diez por ciento de sus esclavos a 
las obras de fortificación. De los esclavos unos iban al 
trabajo contra su voluntad y otros contra la voluntad de 
sus amos, y lo que hacían no servía. 

Los indios de la isla cuando trabajaban quince días 
no querían trabajar más. 

Durante la epidemia hubo días de enfermar treinta 
trabajadores y los que sanaron quedaron inutilizados. 

Aymerich, el director general de todas las obras, era 
un mogato intransigente, de muy limitados alcances. El 
gobernador lo instaba a concluir cuanto antes las forti- 
ficaciones y le envió muchos trabajadores con ese objeto, 
a más de un regular refuerzo de las milicias de Puerto 
España, pero el fanático ingeniero rechazó muchos por- 
que se le antojaron endebles; otros porque no hablaban 
español; algunos porque eran sastres o zapateros; gran 
número porque usaban expresiones soeces (1) en la con- 
versación. Como comprenderéis con tal jefe nada podía 
adelantarse. 

Chacón ordenó al comandante de artillería, José Mi- 
llas, construir los juegos de armas necesarios para los 
cañones que había traído la escuadra. Mandó hacer car- 
tuchos de hojalata, para metralla de todos los calibres; 
tacos, estopones y demás útiles de artillería. La mayoría 
de estos efectos no estaban concluidos cuando aconteció 
la invasión. 



(I) "Porque echaban ajos." 

50 



PERDIDA DE LA ISLA DE TRINIDAD 



El armamento todo estaba viejo y deteriorado. De 
una fragata (1) habían echado a tierra 10,000 fusiles pero 
el armero de la plaza no pudo componerlos por falta de 
trabajadores, y los soldados se negaron a prestar su ayu- 
da en estas faenas, porque no había con qué pagarles el 
trabajo. Las municiones estaban de acuerdo con el ar- 
mamente. 

En los tiempos bonancibles de la isla, a exigencia 
de Chacón, numerosos extranjeros habían contribuido 
con su peculio particular para las fortificaciones de Gas- 
par Grande, las más necesarias de Trinidad; empero, 
en las apuradas circuntancias que precedieron la inva- 
sión no se pudo conseguir el concurso monetario, ni otro 
alguno, de los emigrados. 

Varios trabajadores habían ido de Cumaná y otros 
pocos pertenecían a las antiguas compañías de milicias 
de Acarigua y San José. Para alimentar toda esa gente 
se contaba con cargamentos que pudieran llegar de La 
Habana u otros lugares cercanos, y se iba a pedir a los 
vecindarios "poco menos que por Dios" para socorrer los 
enfermos de los hospitales y para dar real y medio de 
"sobras" a la tropa. 

Después del consejo tenido en Chaguaramas al saber 
las noticias de la expedición inglesa, Apodaca fué a Puer- 
to España a pedir auxilios y manifestar a Chacón, que 
si no se le daban se iría a Puerto Cabello. Lo que ha de- 
bido ejecutar de todos modos, pues la escuadra encerrada 
en Chaguaramas, sin fortificaciones que la amparasen 
■estaba destinada a ser irremediablemente sacrificada. 



(1) La fragata Santa Cecilia. 

51 



PERDIDA DE LA ISLA DE TRINIDAD 



XIII 

Importancia de Chaguaramas como base naval. 
— Anodaca intenta irse a Puerto Cabello. — France- 
ses naturalizados. — Anglo-antillanos. — Medidas de 
defensa.' — Carbonell y Echeverría envían socorros. — 
Escasez de trabajadores. 

Si las fortificaciones de Chaguaramas se hubiesen 
hecho según los planes de José María Chacón, y en la 
época que él los envió a Madrid, la escuadra española 
hubiera contado siempre con un refugio seguro y habría 
podido proteger el comercio de la isla con el resto de 
Venezuela y las Antillas vecinas, que los piratas y la 
escuadra inglesa hacían imposible. Con esa base naval 
fortificada y buenas guarniciones, los británicos jamás 
habrían tomado a Trinidad, así como no pudieron tomar 
a Puerto Rico. 

El general de marina intentó, luego, irse a Puerto 
Cabello, debido a la falta de recursos y previendo las 
desgracias que lo amenazaban; mas el atribulado Chacón 
deseoso de proteger con todos los medios posibles su me- 
nesterosa isla, presentóse con real orden en Chaguara- 
mas disponiendo que la escuadra se quedase en aguas de 
Trinidad para defenderla. Reunióse junta de oficiales y 
expuso el gobernador lo necesario de la escuadra en caso 
de ser atacada la isla; pues de otro modo los buques no 
habían servido sino para disminuir los pocos recursos. 
y Apodaca se vio precisado a obedecer. 

Chacón hizo fijar carteles disponiendo que los fran- 
ceses naturalizados — cuya patria de origen, además, 
era aliada de España — formaran compañías de mili- 
cias y nombrasen sus propios oficiales, y dieran tamKé.i 
sus nombres, al cónsul Gaudelet, en el término de cinco 

52 



PERDIDA DE LA ISLA DE TRINIDAD 



días. Se inscribieron más de 900 republicanos válidos 
para tomar las armas. 

El primer piloto de la armada, Cayetano Llórente y 
los alcaldes de barrio de Puerto España, fueron nombra- 
dos capitanes para que bajo las órdenes del coronel Ca- 
rabaño, empadronasen los vecinos útiles, expresando el 
color. Con estos vecinos formáronse compañías cuyos ca- 
pitanes se eligieron por los mismos milicianos, quienes 
nombraron a Valentín Besante y Vicente Patricio para 
las dos compañías de blancos y a Pedro Trabain para la 
de pardos. 

Los pocos anglo-antillanos rehusaron alistarse por no 
combatir contra los ingleses, excepto uno llamado Harri- 
son, que se singularizó. 

Se trató de conducir un cañón al cerro de Buena 
Vista, situado cerca de San José, desde donde se domina 
la ciudad de Puerto España. En aquel punto había cons- 
truido el ingeniero Casorla, a última hora, una fortifica- 
ción de fajina y era el lugar designado para reunirse 
en caso de retirada. El cañón quedó a mitad de camino, 
por malos pasos, en los cuales sorprendió la invasión a 
los conductores. 

Por todas partes había "aparatos marciales, prepa- 
rativos de defensa" y hubo varias revistas en la plaza 
.frente a la iglesia. 

La escuadra, la tropa, los trabajadores y los hospi- 
tales, que necesitaban víveres y socorros de todas clases, 
habían cada día más urgente la necesidad de proveerlos. 
La noticia de la inminente invasión aumentó, de manera 
peligrosa, las tribulaciones de la isla. El gobernador Cha- 
cón le escribió al capitán general Pedro Carbonell, a 
fines de 1796 (1), que si retardaba los socorros y dinero 



(1) 14 de diciembre de 1796. 

53 



PERDIDA DE LA ISLA DE TRINIDAD 



que le pedía, todo se perdería. Exigió también auxilios a 
La Habana; y al intendente de Caracas le decía que le 
enviara numerario tan sólo "para sostener el decoro de~ 
las armas del Rey." Ocurrió, así mismo, al gobernador 
interino de Cumaná,Echeverría, quien remitió por el río 
Guarapiche, algún dinero, tasajo y ganados. 

El capitán general de Venezuela le contestó, siete 
días antes de la invasión, que el gobernador de Cumaná 
y el intendente de Venezuela le habían proporcionado a 
la isla los recursos que habían podido en dinero, carne 
fresca y salada; y haciendo un esfuerzo él enviaba de 
Caracas diez mil pesos. 

Antes de llegar los ingleses, don José María hizo 
conducir un cañón con sargento y diez hombres a pa- 
raje adecuado para impedir desembarco, pero tuvieron 
que clavarlo al ser sorprendidos por el enemigo. Otros 
cañones de campaña se situaron en Puerto España y al 
oeste en Punta Cacao y Mocurapo. 

No se establecieron depósitos de víveres en ninguna 
parte porque los pocos que habían apenas alcanzaban 
para racionar la población de Puerto España; ni se po- 
dían abrir trincheras, ni hacer otras obras de defensa 
de campaña, porque los escasos trabajadores se enviaban 
todos a los trabajos, más necesarios, de los fuertes. 



54 



PERDIDA DE LA ISLA DE TRINIDAD 



XIV 

Situación difícil de Chacón. — La costa no se 
puede fortificar. — Fragata inglesa reconoce las cos- 
tas. — Formidable expedición inglesa. — Los ingleses 
están bien informados. 

La situación se le hacía a Chacón todavía más difí- 
cil, debido a que el jefe de las tropas coronel Carabaño 
no era su amigo (1). 

Los 10,000 pesos que envió el capitán general de 
Venezuela, pocos días antes de la invasión, se distribu- 
yeron entre las tropas, escuadra y gente de los fuertes 
de Gaspar Grande "quedando el Rey con los mismos em- 
peños que antes." 

Aunque largos trayectos de la costa, sobre todo cerca 
de Mocurapo y Diego Martín, los hace el pantano imprac- 
ticables para el desembarco, es sumamente extenso el 
litoral por donde se puede efectuar una invasión y por 
consiguiente imposible fortificarlo. De Puerto España a 
Carenero la costa es abordable en todos los puntos para 
barcos pequeños y en el camino de Mocurapo hay tres lu- 
gares especialmente adecuados para atracar: Carenero, 
Diego Martín y La Tembladera. Las costas del norte son 
casi inabordables, excepto los surgideros de Maracas y Las 
Cuevas. Las del este y sur no ofrecen ventajas de ninguna 
clase. Puerto España se comunica con todo el litoral de la 



(1) Carabaño dice: "por lo cual fui hasta la corte abando- 
nando mi familia y arruinándome en mi interés, con el fin de que- 
darme solo de comandante de mi cuerpo, que en efecto conseguí 
por cuyos motivos u ocurrencias en toda la Isla no hay sujeto 
que haya recibido del Gobernador más ofensas que yo; pero no 
deben tener lugar las personalidades quando se trata de la con- 
ducta de un hombre de honor, máxime en una materia tan deli- 
cada como la presente." Palabras que honran a Chacón y más 
aún a Carabaño. 

55 



PERDIDA DE LA ISLA DE TRINIDAD 



isla tanto por mar como por tierra. El camino de Diego 
Martín, que une esta rada con Chaguaramas era muy 
fragoso y estrecho. Esta bahía está rodeada de puntos 
abordables. 

El 27 de enero una fragata y un bergantín ingleses 
enviados en reconocimiento por Abercromby, pasaron las 
Bocas y se presentaron frente a Puerto España, pero los 
vientos contrarios impidieron que se les atacase y la 
niebla y los chubascos los protegieron en su retirada 
del golfo. 

La escuadra inglesa con los poderosos elementos 
que subyugaron a Trinidad, se reunió en la islita de 
Carriacou, la mayor de las Granadinas, situada a igual 
distancia de Martinica, Barbadas y Trinidad. Salió de 
allí la expedición, al mando del almirante Harvey, com- 
puesta de 59 buques con 1,244 cañones y 6,750 hombres 
de fuerzas de tierra solamente, entre las que venían 
1,700 alemanes. Las tropas enemigas podían aumentarse, 
al ser necesario, con los numerosos marinos de la es- 
cuadra. 

Los ingleses conocían muy bien el estado indefenso 
de Trinidad y sabían que la peste tenía afligida la po- 
blación, y disminuidas las tropas. Traían consigo un 
práctico muy conocedor de la isla (1). 



(1) Un alglo-antillano naturalizado en Trinidad, al cual 
le pagaron 100 portuguesas y emplearon, después de capturada la 
isla, en un almacén de víveres. 

56 



PERDIDA DE LA ISLA DE TRINIDAD 

Expedición contra la Isla de Trinidad 

a las órdenes del Almirante Henry Harvey y del 

General Sir Ralph Abercromby: 



FUERZAS DE TIERRA 



FUERZAS DE MAR 



Regimientos 


Número 


Buques 


Número 




de hombres 




de cañones 


de \» Reina 


700 


Príncipe de ga- 




Btifl's 


650 


les 


100 


24 


650 


Bellona 


74 


38 


730 


Venganza 


74 


53 


680 


Invencible 


74 


60 


640 


Alfredo 


74 


Artillería 


500 


Dictador 


«3S 


Extranjeros 




Suratte 


58 


Alemanes: 




III i sos 


50 


fíamsjiecue 


1000 


Fragatas: 




Lonnstain 


500 


Sc«nión 


68 


Cazadores 


200 


Aretliusa 


44 


Gente de color 


500 


Alarma 


40 






Anua 


40 






8 trasportes Je 








a 14 


112 






Además: 








30 galeras Ce 








a 10 


300 






2 bergantines del 








comercio de 








las Indias, sin 








cañones 








1 bombarda Te- 








rror, con 2 








morteros 








Corbetas: 








Tliorn 


10 






Zebra 


10 






Favorita 


10 






Zafire 


10 






Pelícano 


10 






Bergantín Victo- 








toríoso 


16 


11 regimientos 


6,750 hombres 


59 velas 


1,242 cañones 
y 2 morteros 



Este cuadro, encontrado también en el Archivo Nacional, está 
enteramente conforme con los datos que trae Borde en su historia 
(op. cit.). 



57 



PERDIDA DE LA ISLA DE TRINIDAD 



XV 

La invasión. — Defensa que se hizo. — Los extrau 
jeros desertan.— 600 hombres enfermos contra 7,00( 
hombres y 1,244 cañones. — Apodaca quema su ar 
mada. — Operaciones militares. 

El jueves 16 de febrero de 1797 el vigía de Boca de 
Mono señaló, entre 9 y 10 de la mañana, un comboy 
enemigo escoltado por bergantines de guerra, en numere 
de 18 embarcaciones, las primeras que se vieron de 
las 59. 

A las doce y media de la tarde se presentó en casa 
del gobernador, en Puerto España, el alférez de fragata 
Merlos con parte verbal del general de marina, anun- 
ciándole a Chacón que el enemigo estaba a la vista. 

Al instante se llamó al comandante de artillería 
José Millas y se le ordenó disparar los tres cañonazos er 
señal de alarma y de encargarse de la batería San An- 
drés. Al alférez de navio Ignacio Gasque, que se encon 
traba casa del gobernador despidiéndose para regresar 
como prisionero a Grenada, se comisionó para partici- 
parle los acontecimientos al cónsul francés Gaudelet j 
pedirle los 900 republicanos que se habían alistado poi 
soldados. 

Se mandó a tocar generala para reunir todas las 
tropas. Lo cual efectuó varias veces Carabaño. 

Chacón montó a caballo con su ayudante el cadetí 
Diego Meane, y recorrió la ciudad y el camino de Mucu 
rapo, dando disposiciones. Hizo clavar dos cañones de i 
cuatro que había en la playa sin haberse podido montar 

En el almacén del rey se repartieron 100 fusiles z 
igual número de franceses, que se presentaron de los 90( 
inscritos, y 200 a la compañía de urbanos. 

58 



PERDIDA DE LA ISLA DE TRINIDAD 



Se publicó un bando en Puerto España ordenando, 
que las mujeres, ancianos, niños y los incapacitados para 
las armas se retiraran al interior y el resto acudiese a la 
plaza, que era el punto de reunión, bajo penas que se 
impondrían. 

A las tres de la tarde de ese día 16 de febrero, la 
escuadra inglesa pasó las Bocas y entró en el golfo. El 
almirante Harvey vio la escuadra española en Chagua- 
ramas y por ser tarde resolvió no atacarla hasta el día 
siguiente. 

El plan del gobernador Chacón era formar su línea 
de batalla apoyada en el reducto Número 1 y apostadero 
Número 2, y si no podía resistir el ataque, replegarse a 
San José, bajo la protección de la batería, que había 
hecho arreglar en el cerro de Buena Vista. 

Se enviaron 200 paisanos a reforzar la guarnición 
de Chaguaramas y los navios, pero se asustaron y espan- 
taron tanto con el enorme aparato de la invasión, que 
desertaron y se escondieron en los bosques, con las ar- 
mas que portaban y a su ejemplo hicieron lo mismo las 
compañías de milicias, excepto los oficiales que se pre- 
sentaron después de haber fracasado en reunir los hom- 
bres. Casi todos eran extranjeros. 

Lo primero que hicieron los ingleses fué situarse, al 
anochecer, a inmediaciones del puerto de Chaguaramas,, 
que no podía defender Gaspar Grande, y encerraron la 
escuadra de Apodaca, quedando interceptada toda comu- 
nicación por mar con Puerto España, cerca del cual se 
estacionaron otros buques y durante toda la noche va- 
rios se mantuvieron con velas desplegadas cruzando 
sobre la costa. 

Esa noche del 16 al 17 los habitantes de Puerto Es- 
paña, incluidos en el bando, se retiraron a San José, con 
todos los efectos que pudieron cargar. 



59 



PERDIDA DE LA ISLA DE TRINIDAD 



La fuerza naval de Chacón se redujo a 2 lanchas 
cañoneras armadas y un pequeño corsario francés, 
El Patriota, mandado por el ciudadano Ferret, el cual 
estuvo observando a los ingleses, toda la noche, desde 
cerca de Puerto España. 

El enemigo estaba a tiro de cañón del fondeadero de 
Chaguaramas; y Apodaca no hubiera podido dar vela 
sin que la escuadra inglesa capturase la española, ni 
podía luchar contra enemigo tan formidable como aquél. 
Nuestro general de marina reunió varias juntas de Ios- 
jefes de buques y acordaron que si venía viento favo- 
rable o la marea permitía salir mar afuera, intentarían 
escapar, por no estar las fortalezas en condición de de- 
fensa. Mas no se presentaron las condiciones esperadas 
y resolvieron quemar la escuadra, como lo indicaban los 
reglamentos. Nada se sacó de los bajeles, que también 
contenían los pertrechos destinados a La Guaira y Car- 
tagena, para que no fueran presa del enemigo. A las 
once empezó el incendio cuyas llamas se distinguían 
claramente desde Puerto España a la una y media de la 
madrugada. 

Cuando supo estaba a la vista la escuadra enemiga, 
el teniente de navio Juan Larrea y Arébalo, dejó los 
trabajos de fortificación que hacía ejecutar en el islote 
de Gaspar Grande, por ser ya inútiles y se dirigió a las 
explanadas de madera de la batería de firme, que servía 
de flanco a nuestra escuadra. En un reducto, más im- 
portante en defender, montó toda la artillería, que se había 
subido y colocado en aquel punto. El teniente Arébalo, a 
quien acompañaban únicamente el sargento José Angier 
y una pequeña guarnición, pasó un oficio al general Apo- 
daca expresándole la falta de todos los útiles del servi- 
cio de la artillería y pidiéndole lo indispensable, mas no 
recibió respuesta. Los pertrechos eran todos para cañones 

60 



PERDIDA DE LA ISLA DE TRINIDAD 



le calibre 24. Antes de las cuatro de la tarde había 
distado la batería de firme. En el reducto, empero, no 
Mido cargar sino tres cañones de calibre 16. Izó el pa- 
jellón español con una salva y a las cuatro de la tarde 
e descargó un cañonazo a la primera fragata que se le 
icercó, pero no pudo usar más artillería por la falta de 
ítiles. Entonces colocó la tropa en parajes adecuados 
;on el propósito de impedir un desembarco. Antes de la 
>ración llegó un ayudante del general de marina con or- 
len de que al desembarcar el enemigo en el islote, pu- 
siera de antemano una señal con cuatro fogatas. A las 
I de la noche, cuando saltaron a tierra los ingleses, se 
les hizo varias descargas de fusilería y encendió Arébalo 
las hogueras. A las 9 recibió orden del capitán de inge- 
nieros Andrés González Dávila, de clavar la artillería, 
y le participaba la resolución de proceder a quemar la 
sscuadra. Los de Gaspar Grande se encontraron aísla- 
los, sin agua, pues no había aljibes, y también sin víve- 
res; en tales circunstancias, desesperados y con un nume- 
roso enemigo de frente, se metieron en los botes y fue- 
ron conducidos a Chaguaramas casa del ciudadano Ber 
a esperar allí hasta que se emprendiera la marcha a 
Puerto España, donde se libraría batalla. 

El regimiento inglés de la Reina ocupó a Gaspar 
Grande y apagó uno de los buques que no había ardido 
bien (1). El general Apodaca reunió todas las tropas y 
tripulación y se puso en marcha por el pésimo camino de 
Chaguaramas a Puerto España. Muchos marinos, qué 
estaban enfermos o convalecientes y sin alimentos, que- 
daron rezagados y dispersos en los bosques inmediatos. 
Por lo cual no llegaron unidos a Puerto España sino 200 
soldados de marina y 34 de la artillería de brigada, muy 



(1) El "San Dámaso." 



PERDIDA DE LA ISLA DE TRINIDAD 



cansados y casi inútiles, por no haber dormido en toda 
la noche anterior con la faena de incendiar los buques. 

Los ingleses se pusieron a la vela en la mañana del 
17 de febrero, para aterrarse y amenazaron con desem- 
barcar en tres puntos (1), cerca de Puerto España a! 
oeste de la punta de Mucurapo. 

Efectuaron el desembarco a las doce y media del 
día. Uno de los lugares fué Cucurito, donde atracaron 
cuatro lanchas, cada una con 100 hombres; otro fué la 
hacienda llamada Perú de un irlandés de nombre Deve- 
nish, en cuyo trapiche se bebieron todo el ron que halla- 
ron. A la oración desembarcaron más gente de reserva. 
Las tropas que saltaron primero a tierra fueron las ale- 
manas y lo ejecutaron con toda comodidad, sostenidos 
por la artillería de sus embarcaciones, pues el puñado 
de hombres que pudo reunir Chacón no alcanzó para 
nada; y, además, aunque se les hubiera opuesto fuerza 
suficiente, habría sido sin buen éxito por la falta de 
marina de ninguna clase que atacara los invasores, y 
el fango de la baja mar, y los numerosos árboles que 
están en la orilla en una costa de 25 leguas de extensión, 
abordable prácticamente por todas partes, desde las Bo- 
cas hasta el Canal del Sur. 

Los alemanes apostaron, de seguida, gente en los 
caminos y los marinos españoles dispersos quedaron in- 
terceptados y no pudieron reunirse al resto de las tropas. 

Varias fragatas y buques menores, entre los que 
estaba una goleta con pabellón parlamentario, se acer- 
caron a Puerto España, al mismo tiempo que se efectua- 
ba el desembarco, y luego, abrieron fuego contra la 
costa. La batería de San Andrés, avanzada en el mar y 



(1) Distante uno de otro 1 legua, legua y cuarto y 2 leguas 
y media. 



PERDIDA DE LA ISLA DE TRINIDAD 



con cañones de grueso calibre pudo contener la escuadra, 
de manera que las balas enemigas no alcanzaron a tierra, 
mientras que las españolas pasaban más allá de las em- 
barcaciones inglesas. Con seis cañones se pudo detener 
un navio que se aproximaba. 

La situación de Trinidad era gravísima. — Chacón 
ordenó al sargento mayor Matías de Letamendi que agre- 
gara los marinos y artilleros que llegaron de Chaguara- 
mas, al muy reducido Batallón Veterano. Aquellos se pu- 
sieron bajo las órdenes del capitán de navio Vicente Es- 
calante, graduado de coronel, y del teniente de navio 
Bobadilla. 

Treinticuatro soldados del veterano que estaban en 
el hospital, pidieron se les diera de alta para poder com- 
batir y esa misma tarde se incorporaron a su cuerpo. 

Todas las compañías de milicia que se habían presen- 
tado a buscar armas, se fugaron vergonzosamente ate- 
rrorizadas con el número de los británicos. Los oficiales 
no pudieron detener a los desertores. 

Los franceses, los aliados de España y por quienes 
estaban en guerra; los que habían además inmigrado a 
Trinidad huyéndole a los bachacos y a los ingleses, no se 
presentaron al lugar de reunión, a pesar de sus muchos 
ofrecimientos y de los fusiles con que habían sido arma- 
dos cien de ellos (1). Constituyeron la excepción 6, que 
se enviaron a la batería de San Andrés, y Valentín Be- 
sante y un boticario de la misma nacionalidad, los cuales 
fueron incorporados al Batallón Veterano. Los franceses 
inscritos se refugiaron en la hacienda de un tal Bignon 
y después, al empezar las hostilidades, se huyeron al 



(1) Por el guarda-almacén de artillería y pertrechos, capi- 
tán Manuel Valdez de Yarza. 



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monte (1). La desersión de los republicanos la supo el 
gobernador, por un ayudante, la tarde del 16 de febrerc 
en el fuerte de San Añares. 

De los urbanos pardos de Acarigua y San José se 
presentaron tan sólo 44, inclusive los oficiales y se desti 
naron a reforzar la batería San Andrés y el reducto 
Número 2. 

Las tropas se fueron reuniendo en la plaza, y cuandc 
la tarde del 17 se les formó en la calle del cuartel para 
revistarlas, llegaron a contarse cerca de 600 hombres, 
con algunos que se sacaron de los puestos de guardia. 
Unos estaban armados de fusiles, otros de pistolas y los 
demás de sables. "De las tropas que vi sobre las armas" 
— declara el cirujano Herrera — "y el puñado de marine 
ros que las acompañaba, -había más de un tercio con fie- 
bre, hinchazones y otros mil males que deja tan cruel 
enfermedad." 

A este puñado de gente enferma, cansada y llena de 
necesidades se redujo el ejército de Trinidad que debía 
oponerse a los 6,750 hombres de Abercromby y sus 1,244 
cañones! 

Mientras la tropa estaba formada en batalla en la; 
calle del cuartel, a las tres de la tarde de ese día, reci- 
bió Carabaño orden del gobernador, con el ayudante 
Diego Meane, comunicándole que el enemigo había 
desembarcado en 4 o 6 lanchas, al parecer todos marinos 
y debía enviar destacamento contra ellos, que los atacase 
sólo con ventaja y si eran superiores en número se reple- 
gara. 

Se destacaron 150 hombres a las órdenes del teniente 
de fragata Juan Tornos, y se enviaron a las 6 de la tarde 



(1) Clamores de traición!, que Borde dice haberse oído (y k 
sabe por "tradición de familia") sin duda alguna referíanse g 
estos desertores. 

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PERDIDA DE LA ISLA DE TRINIDAD 



a. explorar los movimientos del enemigo, con instruccio- 
nes de retirarse si éste era más nuemeroso. Ya en ca- 
mino, Tornos avanzó diez hombres con el subteniente 
Tomás Gures, para que recibiera el enemigo a inmedia- 
ciones del lugar de desembarco. Al encontrar la avan- 
zada de los invasores, que se componía de parte ele la 
brigada del general Homsperth, Gures rompió los fuegos 
haciendo dos descargas, que mataron al teniente Villeneu- 
ve, realista francés al servicio de Inglaterra. Los cazadores 
alemanes (pues las tropas inglesas habían sido dejadas 
a retaguardia) avanzaban en dos columnas por derecha 
e izquierda, con intención de cortar los españoles. Esta 
maniobra causó que Gures se retirase y diera parte a 
Tornos, el cual formó su gente en batalla y luego se re- 
plegó, en buen orden, al ver la inmensa superioridad del 
enemigo. Tornos pidió refuerzos que se le enviaron en 
seguida, con el teniente Antonio Pío de Ponte a quien 
acompañó el capellán Mariano Muñoz hasta el cacahual 
de Mucurapo. El capellán regresó casa del gobernador 
a informarle de los acontecimientos. Allí encontró al co- 
ronel Carabaño y cuando éste supo que se habían roto 
los fuegos, corrió al cuartel y mandó 80 hombres más de 
refuerzo, con el teniente tle fragata Mariano Zarate. 
Poco después llegó el sargento de Veteranos Abreu, hijo 
de Caracas, a informar que las tropas enemigas eran 
muy superiores a las nuestras, y por este motivo Cara- 
baño envió, en el caballo del capellán Muñoz, al cadete 
pícente de Alcalá para que ordenara a Tornos hacer fue- 
go en retirada debido a la superioridad siempre cre- 
ciente del enemigo. 

Les alemanes quisieron interceptarle la retirada a 
los españoles, y avanzaron una columna por el camino 
y dos por la plaza y sembrados de la derecha. Carabaño 
-dispuso en columna su escasa fuerza y como le pareció 



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PERDIDA DE LA ISLA DE TRINIDAD 



vergonzosa la retirada a vista del pueblo y del enemigo, 
pues podía creerse una fuga, formó las tropas cam- 
biando de frente en un sitio despejado, sobre las riberas 
de una quebrada seca, al abrigo del cañón del reducto 
Número 1. Allí resolvieron los nuestros esperar el ene- 
migo y batirse a pesar de la gran superioridad numé- 
rica de los alemanes, a ello estaban determinados los ofi- 
ciales y las tropas de ambos cuerpos. Carabaño dice: 
"Habiéndome al momento cubierto un flanco que tenía 
al costado derecho con una compañía que quedaba a reta- 
guardia, por no haber terreno para la extensión de todo 
el frente, y avanzando cuatro hombres y un cabo a una 
altura para que me avisaran a tiempo en caso de atacar 
el enemigo por este costado, o la espalda, teniendo res- 
guardado el izquierdo con la mar y unas casas a su orilla. 
Mediante esta ventajosa posición me lisonjeaba escar- 
mentar al contrario que triplicaba sus fuerzas sobre las 
mías, sin embargo de que como práctico del país, que 
hace muchos años conozco, recelaba que intentase tomar 
las alturas del norte y este, en cuyo caso era indispensa- 
ble abandonarla porque podía alcanzarla por la espalda, 
y flanco derecho a su arbitrio, aumentaba mi recelo la 
tardanza de la columna que me seguía a toda la distan- 
cia que admite la corta extensión del Pueblo y en efecto 
a la media hora poco más o menos de haberme situado 
en el parage insignuado me avisaron, personalmente un 
oficial emigrado de Martinica, agregado a la plaza, y el 
soldado distinguido del batallón de mi mando Don An- 
tonio Ballenilla, ambos a caballo, que subía una columna 
gruesa del enemigo por el parage que yo temía, a la que 
se hubo de reunir la que me perseguía, retrocediendo 
sin duda por mi ventajosa posición." 

Cuando Carabaño se formó bajo el reducto Número 
1, cerca del almacén de la pólvora, había recogido todos 



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PERDIDA DE LA ISLA DE TRINIDAD 



los puestos de guardia y dos cañones que estaban en 
puerto Cacao a sotavento inmediato de la población. Los 
valientes oficiales españoles se negaron por dos veces a 
obedecer la orden de retirada, "para dejar bien puesto 
•el honor" de nuestras armas. 

De las tres columnas alemanas, una, con dos caño- 
nes, se dirigió por el camino de Santa Ana, más al norte 
de donde estaban las fuerzas españolas, por la hacienda 
del ciudadano Dece, y se apoderó de los cerros que domi- 
nan al reducto Número 1, mandado por Aymerich, y al 
apostadero Número 2, que estaba cubierto por marinos 
españoles al mando del capitán de navio Escalante. Estos 
hombres se habían destacado de las tropas de Carabaño, 
las cuales por eso se redujeron a 340 combatientes. Otra 
columna alemana se dirigió a Puerto España por el ca- 
mino de Mucurapo y la otra por la playa. 

Ya al anochecer, viendo la maniobra de los alemanes 
1 Carabaño se apresuró a ocupar la altura del campo de 
la Ventilla, con los restos de su batallón y tropa de ma- 
rina. Ese lugar era el señalado para reunirse los fran- 
ceses y demás milicianos, pero sólo se encontraron allí 
25 indios flecheros, ios descendientes de aquellos héroes 
que supieron defender, con tanto valor, la Tierra de los 
Colibríes, de los conquistadores. En un puentecito inme- 
diato cerca del almacén de la pólvora, se dejó en observa- 
ción una guardia de un sargento, un cabo, diez soldados 
y cinco flecheros, para rechazar varias lanchas cañone- 
ras que se habían aproximado. 

En la nueva posición, el campo de la Ventilla, que 
„está a tiro de cañón del reducto Número 1, quedó a reta- 
guardia de la línea formada por los marinos, el reducto 
y el apostadero. 

Los alemanes una vez apoderados de las alturas, 
.con superioridad tan notable, hubieran podido cercar de 



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PERDIDA DE LA ISLA DE TRINIDAD 



artillería la línea española, y los nuestros no habrían 
podido ni siquiera defenderse. 

El fuerte de San Andrés había sido incomunicado 
por los alemanes; pero nuestros artilleros, a pesar de no 
tener agua que beber y sin esperanzas de socorro alguno, 
se mantuvieron a las órdenes de su comandante José Mi- 
llas disparando contra todo buque que se acercaba. 

En el interior de la isla no se podía contar con nada 
ni ofrecía seguridades de ninguna clase para emprender 
una retirada, a más de esto faltaban víveres y municio- 
nes para intentarlo. 

Los principales comerciantes y labradores suplica- 
ban al gobernador, tanto de palabra como por escrito, 
que capitulase, sin dar lugar a que los ingleses incendia- 
ran la isla; y, la escuadra, que estaba lista para el bom- 
bardeo, destruyera las casas y poblados de las costas con 
sus 1,244 cañones, porque entonces todos serían reducidos 
a la ruina (1). 

"No podía tampoco recurrirse a una guerra de mon- 
taña por carecerse de fuerzas" (declara Gerónimo de 
Arreche) "y por los diferentes partidos en -que estaba 
dividida la gente de color, libres y esclavos, los cuales 
eran, casi, la totalidad de la población y en su mayoría 
de las Antillas francesas". Para nada podía contarse con 
ellos, pues se temía la repetición de las sangrientas y re- 
pugnantes escenas de las colonias vecinas, en especial los 
horrores de Haití. 

En tan desesperadas circunstancias, el gobernador 
despachó emisarios a todas partes, que intentaran reu- 
nir los marinos que faltaban y voluntarios entre los po- 
bladores, y él mismo fué en recorrida hasta San José y 



(1) Luis de la Peña, <lec. oit. 

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PERDIDA DE LA ISLA DE TRINIDAD 



}tros lugares, con el corsario Gerónimo de Arreche (1), 
ü capitán de fragata José Caro, el ayudante mayor Ig- 
nacio de Briceño, el ayudante cadete Diego Meane y el 
regidor Francisco Méndez, que formaban su estado ma- 
^or. Pasaron luego al cuartel en busca de cualquiera que 
se hubiese presentado; sólo encontraron allí al general de 
marina Apodaca. 

El plan de Chacón si encontraba gente, era divertir 
a atención del enemigo a los cerros a retaguardia de los 
alemanes; y por este medio, tratar de adquirir posición 
ventajosa. Pero no pudo conseguirse un solo hombre, 
sntre los paisanos, para combatir. 

Todas las esperanzas de resistencia estaban perdi- 
das, cuando se presentó al gobernador, como parlamen- 
tario de Abercromby, el alférez español Ignacio Gasque, 
aquel prisionero de- los ingleses en Grenada, que había 
ido a Trinidad, bajo palabra de honor, a buscar recur- 
sos para sus compañeros del Galgo y dar aviso de la ex- 
pedición británica, y quien no había podido regresar a su 
prisión por vientos contrarios. Cuando ocurrió la invasión 
Gasque se refugió casa de un tal Juan Black, en compa- 
ñía de un guardia marina, llamado Boy, prisionero de 
los españoles. Allí sorprendió al alférez una partida in- 
glesa, al ponerse el sol del 17, y lo condujo a presencia 
del general Abercromby quien "observando la exactitud" 
— expresa Gasque — "con que cumplía la neutralidad del 
prisionero" le dijo en francés para que lo trasmitiera al 
general Chacón: "Diga usted al Gobernador que veo con 
dolor el sacrificio que hace de sus tropas sin la menor 
esperanza de conseguir sus deseos; que la superioridad 
incontestable de mis fuerzas me ha hecho dueño del 



(1) Gerónimo de Arreche había hundido su lancha para que 
no cayera en poder del enemigo. 

69. 



PERDIDA DE LA ISLA DE TRINIDAD 



Pueblo, los tengo cercados por las alturas y cortada toda 
comunicación de recursos, como es notorio, que antes de" 
dar lugar a una considerable efusión de sangre, sin lia* 
menor probabilidad de poder resistir, le pido me cite 
lugar donde hablemos y que le ofrezco una capitulación 
la más honrosa que se debe a esos buenos y fieles solda- 
dos, que de otro modo son sacrificados inútilmente" (1). 

Gasque encontró al gobernador, a las siete y media 
de la noche en el reducto Número 1. Al darle el mensaje 
de Abercromby Chacón comisionó a los ingenieros Andrés 
González Dávila y Julián Albo para que capitularan una 
suspensión de armas Ínterin se notificaba al capitán ge- 
neral de Venezuela. Las hostilidades se suspendieron por 
ambas partes a las ocho de la noche. 

Chacón reunió inmediatamente un consejo de guerra 
al pié del reducto Número 1. Asistieron, además del go- 
bernador: el general Apodaca, el brigadier Aymerich, se-~ 
gundo jefe de la isla; el comandante Andrés González 
Dávila, segundo jefe de ingenieros; y se le pidió el voto, 
verbalmente, al capitán José Millas, comandante de ar- 
tillería, con el capitán de fragata José Caro y convinie-- 
ron, unánimemente, entregar la isla, en atención a la im- 
posibilidad de resistir a los invasores. Millas no asintió 
sino a condición de que se le acordaran todos los honores 
de la guerra. 

"Mi resistencia a pedir capitulación", declara el go-- 
bernador, "me parecía que pasaría a ser temeridad sí 
propuesta en los términos precitados persistía en resistir-' 
los: y siendo todos de la opinión de admitirla por necesi-- 



(1) El mensaje de Abercromby. que trae Gasque en su de- 
claración, difiere algo del que incluye Chacón en su Parte Oficial 
dando cuenta de la rendición de Trinidad al ministro Miguel Jos*V 
de Azanza. El de Gasque, quien lo recibió original, debe ser más- 
cierto. 

70 



PERDIDA DE LA ISLA DE TRINIDAD 



dad, e imposibilidad de sacar otro partido, dadas las ór- 
denes de suspender las hostilidades, me fui a ver con el 
General Abercromby y convenidos en tratar de capitula- 
ción se avisó al almirante Harvey para que a las ocho 
de la mañana del siguiente día nos convocásemos en mi 
casa." 

XVI 

El enemig-o embriagado insulta a los eencidos.— 
La capitulación. — Las autoridades y las fuerzas es- 
pañolas abandonan la isla. — Chacón y Aporiaca acu- 
sados injustamente por el gobierno de Madrid y por 
historiadores extranjeros. — Primeras noticias del de- 
sastre. 

Cuando fué a conferenciar con Abercromby, Chacón 
pasó por la hacienda donde estaba formada la tropa es- 
pañola, y Carabaño se le unió y lo acompañó parte del 
camino hasta Puerto España, de la cual eran dueños los 
embriagados enemigos e insultaban a los vencidos. "Re- 
gresé a mi destino", dice Carabaño, "después de esperar 
mucho tiempo la vuelta del Xefe, con el comandante de 
ingenieros Don Esteban Aymerich y el Ingeniero ordi- 
nario Don Andrés González Dávila, muy expuestos a los 
insultos de las tropas enemigas, cuyo desorden por la 
bebida excesiva había empezado y nos rodeaban por to- 
das partes y como a las once de aquella noche recibí, con 
el ayudante Domingo Meane orden de no hostilizar 
mientras se parlamentaba." 

La tropa española estuvo toda la noche sobre las 
armas y toda la mañana del 18 de febrero, cuando se 
les pudo dar algo que comer, y mientras lo hacían, los 
enemigos llegaron a tal grado de borrachera, que no res- 
petaron la tregua e hicieron fuego sobre los nuestros, 

71 



PERDIDA DE LA ISLA DE TRINIDAD 



hiriendo a un soldado gravemente, al cual se llevó al 
hospital sobre una escalera de mano. 

A las nueve de la noche del 17 los británicos hicie-. 
ron preso en Puerto España, al cirujano José María He- 
rrera junto con los enfermos a su cargo, pues los enfer- 
meros y practicantes se habían huido. Al amanecer del 
18 los ingleses echaron al campo a todos los enfermos 
de los hospitales. 

La capitulación se firmó el 18 de febrero de 1797, a 
las cuatro de la tarde, cerca de la ciudad de San José, 
en la casa de Valsyn, la cual los ingleses han conservado 
como monumento hisórico. 

Por la capitulación pasaron Trinidad y las perte- 
nencia del gobierno español en la isla, a ser propiedad 
de Inglaterra. 

"En medio del dolor que debe causarme esta des- 
gracia" — manifiesta Chacón — "tengo la satisfacción de 
que los oficiales han hecho su deber y que la tropa se 
portó con la mejor disposición y deliberada voluntad sin 
embargo de la desigualdad tan considerable en el nú- 
mero y estado débil de salud. El espíritu sustituyó én mu- 
chos de ellos la falta de fuerzas para llevar las armas, y el 
general enemigo no se gloría de haber reducido un pu- 
ñado de gente." 

"Cualquier otro Xefe" — declara un enemigo de Cha- 
cón (1)- — "hubiera hecho lo que éste, si no quería sacri- 
ficar con imprudencia los cuatro servidores del Rey que 
había, sin que pueda servir de regla el arrojo de las 
tropas, del Veterano y la marina, cuando se consideraron 
solas, que únicamente es disculpable por interesarse en él 
el honor de la Nación; porque aunque por la ventajosa 
posición hubiéramos hecho bastante estrago a la columna 



(1) El teniente coronel Francisco Carabaño. 

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que nos atacaba al paso del Barranco o Río que se le in- 
terpuso; debía sacrificarnos la que se apoderó de los 
cerros del norte y las reservas de su exército a menos de 
hallarse un secreto para vencer con 600 a 7,00 hombres, 
sin dinero, sin víveres, con el dominio del mar por el 
enemigo y sin fortificaciones ni defiladeros en que ayu- 
darnos a la naturaleza con las reglas del arte, se notan 
aquellos admirables efectos de verse vencedores muchos 
de pocos hombres." 

Las pérdidas nuestras fueron 6 hombres muertos 
con bala de fusil. Además, un cañón de la batería San 
Andrés reventó matando al artillero que lo manejaba, 
Mateo Martínez, e hiriendo dos soldados. 

Los enemigos perdieron al teniente Villeneuve, rea- 
lista francés en guerra contra los aliados de su patria, 
y a un soldado alemán. Los ingleses salieron ilesos. 

A las cinco de la tarde del 18 de febrero entraron 
nuestras tropas a Puerto España, con banderas desple- 
gadas y demás tristes honores de la guerra; rindieron 
las armas y se entregaron prisioneros. Entonces fué que 
pudieron nuestros hombres hacer una comida completa, 
después de dos días de fatigas y ayuno. Con ese objeto 
el oficial habilitado había guardado algún dinero del 
que llegó de Caracas días antes. 

De los marinos que fueron interceptados por los 
alemanes, el 16 de febrero, cuando venían de Chagua- 
ramas, no se supo su paradero sino días después, que 
atravasando cerros se reunieron en Acarigua. Entre los 
dispersos estaba el último defensor de Gaspar Grande, 
el teniente de navio Juan Larrea y Arébalo, el cual en- 
fermó y tuvo que marchar con su madre y hermanitos, 
junto con la mayoría de los marinos, y remontar por Ma- 
ravel y Diego Martín. 



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PERDIDA DE LA ISLA DE TRINIDAD 



El 19 de febrero se empezaron a embarcar los pri- 
sioneros y empleados públicos españoles. Al general Apo- 
daca y los oficiales, tropa y marinería de su escuadra, en 
una fragata inglesa (1), se les llevó a Martinica donde 
se trasbordaron a buques parlamentarios que los condu- 
jeron a Cádiz (2). Varios oficiales pasaron a Caracas a 
dejar sus familias y entregar cuenta militar al capitán 
general de Venezuela, después siguieron a España. El 
Gobernador y el resto de los oficiales, empleados y enfer- 
mos, que pudieron embarcarse, esperaron un buque neu- 
tral que los llevó a España, donde Chacón fué reducido 
a prisión y tratado con cruel injusticia por la pérdida 
de Trinidad, que no fué culpa sino del poco previsor go- 
bierno español, que echó al olvido los planes de defensa 
de la isla que le envió Chacón. Aquellos hombres corrom- 
pidos de la península, creyeron lavarse de toda mancha 
culpando al desdichado Chacón (3) y a Ruiz de Apodaca, 



(1) La Alfred. 

(2) Al llegar a Cádiz Apodaca fué arrestado en el castillo 
de Fuerte Luis a la entrada del caño de Trocadero. Se le formó 
causa que fué vista en consejo de generales de mar y tierra, pre- 
sidido por el gobernador de Cádiz. El 26 de mayo de 179S fué ab- 
sulto de toda culpa y declaró el tribunal justificada su con- 
ducta y digna de las gracias del rey, y recomendó que se pusiese 
en libertad y se comunicase la sentencia en la orden general del 
ejército y armada. Por inexplicable injusticia de las autoridades 
de Madrid, que buscaban a quien echar la culpa del desastre de 
Trinidad, no se cumplió la sentencia, y por real orden de 1801, se 
ordenó la prisión de Apodaca en el castillo de San Sabastián de 
Cádiz. Fué condenado ese mismo año a la privación de su empleo. 
Cuando ocurrió el alzamiento general contra los franceses, lo 
hizo poner en libertad el ministro de marina general Antonio 
Escaño. En 1812, la Regencia del Reino le concedió las dos terce- 
ras partes del total dé los sueldos que se le suspendieron cuando 
se le hizo preso la segunda vez. En 1814 se le reabilitó, por com- 
pleto y se le ascendió a teniente general. Apodaca estaba defen- 
dido por su hermano el almirante Juan. 

(3) En el juicio que se le formó a Chacón estaba defendido 
por el general Cajigal. La defensa fué admirable y Chacón quedó 
limpio de toda culpa, aun en el concepto de sus enemigos, y fué 

74 



PERDIDA DE LA ISLA DE TRINIDAD 



Se embarcaron solamente los que habían servido al 
rey, temerosos de que no se cumpliese la capitulación, 
como había pasado en Martinica, y se vieran perseguidos 
y hostilizados por los ingleses. Otros por el contrario, 
que tenían sus intereses radicados en la isla, no se atre- 
vieron a salir de los bosques sino uno por uno, recelendo 
ser embarcados por los invasores. 

Muchos marinos y soldados murieron de la cruel 
epidemia que sufrían, después de haber sido hechos pri- 
sioneros, ya en los barcos o en la casa de campo donde He- 
rrera estableció el hospital. 

Algunos franceses que no se resignaron a sufrir el 
yugo inglés se trasladaron a Güiria (1). 

La primera noticia del desastre se supo en el conti- 
nente el 20 de febrero por lanchitas que llegaron a Cu- 
maná de arribada de las Bocas, y en seguida, el gober- 
nador Echeverría envió un mensajero al capitán general 
de Venezuela, Subillaga. 

absuelto por el tribunal que lo juzgó. En 1801, al mismo tiempo- 
que a Ruiz de Apodaca, fué reducido a prisión y el 28 de mayo, 
de ese año, el rey lo condenó a perder su empleo y grado y lo- 
desterró a perpetuidad. Chacón, ya cargado de años e infortunios 
se fué a Portugal para estar más cerca de su amada España, y 
allí vivió en la mayor miseria. Cuando volvió al trono Fernan- 
do VII se le llamó a España, pero el sobrino que conducía la real 
carta, no encontró sino a un pobre moribundo en sus últimos mo- 
mentos. No solamente los malos gobernantes españoles le achacan 
la culpa de la pérdida de la isla a Chacón, sino también algunos 
escritores, por interés personal. 

Los comandantes de los buques de la escuadra de Apodaca: 
brigadier Gerónimo González de Mendoza y los capitanes ne navio 
Joaé Jordán, Gabriel Siundo, Rafael Renazar y Manuel Urtuzábal, 
que fueron del dictamen de que se procediera al incendio de los 
buques en los términos que se hizo, se les suspendió de sus res- 
pectivos empleos por cuatro años. 

Los historiadores Borde (op. cit.) y Draper (Address to the 
British Public) también atacan a los dos generales españoles para 
disculpar, por una u otra razón, a los desertores "republicanos" y" 
otros que no quisieron defender la isla. 

(1) Borde, op. cit. 

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PERDIDA DE LA ISLA DE TRINIDAD 



El 23 de febrero los ingleses embarcaron las tropas 
del Batallón Veterano de Trinidad en 2 navios del co- 
mercio de las Indias, rumbo a Martinica. 

XVII 

La expedición inglesa fracasa en su ataque a 
Puerto Itico. — Pl et<m, gobernador de Trinidad, su 
política. — El contrabando. — Planes ingleses contra 
España y Venezuela. — La indignación de Francia.— 
El enejo de los venezolanos^ — Miranda y sus plaaes.— 
Inglaterra no le da la ofrecida ayuda. 

Cuando la formidable expedición inglesa salió de 
Trinidad el 2 de marzo se decía que iba a atacar a Gua- 
yana, Cumaná, Guadalupe o Puerto Rico. Sé dirigió em- 
pero a Martinica que estaba en efervescencia debido a 
las noticias de. la proposición que hizo el embajador bri- 
tánico al Directorio, de que se entregarían a Francia 
todas las conquistas occidentales de esta guerra, siempre 
que la república devolviera los territorios invadidos en 
Alemania, que era aliada de Inglaterra. 

La escuadra inglesa salió después de Martinica para 
atacar a Puerto Rico, cuyas fortalezas rechazaron fácil- 
mente la expedición, que se retiró sin haber podido cau- 
sar daño alguno. 

Los ingleses dejaron en Trinidad 3 buques de 
guerra (1) y una guarnición en tierra de 1,460 hom- 
bres (2). 

Abercromby nombró gobernador de la isla a Sir 



(1) El navio Dictador de 68 cañones, una fragata de 40 y una 
corbeta de 20. ■ 

(2) Un regimiento inglés de 600 hombres, otro alemán de 
500, 60 artilleros, 200 cazadores pardos y 100 negros. 

76 



PERDIDA DE LA ISLA DE TRINIDAD 

.Thomas Picton (1), cuyo gobierno se redujo a someter 
,al yugo inglés los elementos rebeldes de la población y 
lo consiguió tan completamente, como que estableció la 
paz, inalterada desde entonces, y en la que reposa el 
progreso que tiene hoy la isla. 

Como base de su política, Picton se granjeó la buena 
voluntad de los comerciantes, hacendados y gente de 
posibles, pero fué duro y hasta cruel con el pueblo. Fo- 
mentó el contrabando con el resto de Venezuela en tan 
gran escala que no dieron abasto para impedirlo los 
guarda-costas, patrullas y buques de todas clases que 
empleaba el gobierno español con ese fin. Un comerciante 



(1) Sir Thomas Picton, alférez en 1771; se le hizo capitán 
en Gibraltar en 1778, entonces se retiró del servicio a la vida pri- 
vada hasta 1794 cuando pasó a las Antillas confiado en la protec- 
ción del comandante en jefe de esas colonias Sir John Vaughan, 
quien le nombró su ayudante y capitán y luego comandante del 
regimiento 17 de infantería. Abercromby sucedió a Vaughan en 
1795 e hizo coronel a Picton por su cooperación en la toma de 
Santa Lucía y San Vicente. Después de la invasión Abercromby 
nombró a Picton gobernador de Trinidad. Fué ascendido a briga- 
dier general en 1801. En su viaje para Inglaterra, en 1803, partici- 
pó en las operaciones militares en Santa Lucía y Tobago. Llegó a 
Londres en 1803 y se le arrestó. Fué juzgado en 1806 bajo el cargo de 
haber sometido a tormento a una mujer en Trinidad y en 1808 se 
suspendió el juicio. Aquellos habitantes de Trinidad a quienes él 
había favorecido contribuyeron con 4,000 libras a los gastos judi- 
ciales, pero esta suma Picton la destinó, generosamente, para los 
damnificados en el terrible incendio de Puerto España de 1808, 
en que Miranda perdió los vestidos, armas y municiones que tenía 
allí depositados para sus expediciones libertadoras, efectos que 
avaluaba en 1,000 libras.— Picton recibió el grado de mayor gene- 
ral en 1809. Sirvió gloriosamente, bajo Wfellington, en España. Se 
distinguió en Torres Vedras, Fuentes de Oro, El Bodón y Badajoz, 
donde recibió herida que lo obligó a regresar a Inglaterra en 
1813, cuando se ?« hizo teniente general. Volvió a España y com- 
batió en los Pirineos y Vitoria. En 1814 la cámara de los comunes 
le dio las gracias por sus eminentes servicios. En 1815, cuando 
Napoleón regresó de Elba, sirvió en el ejército germano-inglés. 
Fué herido gravemente en Quatre Bras y tuvo la gloria de morir 
en la batalla de Waterloo traspasada la cabeza de un balazo ene- 
migo. El parlamento le erigió un monumento en la catedral de 
San Pablo, y otro se le erigió en su ciudad natal, Carmarthan, por 
subscripción popular. 

77 



PERDIDA DE LA ISLA DE TRINIDAD 



que describe a Caracas, eri 1797, dice era tan grande 
ese comercio ilícito que del capitán general para abajo 
todo el mundo estaba vestido con ropa de contrabando; 
y Depons expresa, que casi un millón de pesos se gastaba 
anualmente en la sola provincia de Caracas, en dicho trá- 
fico con Trinidad. 

Al mes de haber conquistado a Trinidad el, gobierno 
inglés pensó en un plan para separar la América de Es- 
paña, usando aquella isla como base de operaciones, por 
lo cual el secretario de guerra Henry Dundas ordenó a 
Picton, en ese mes de marzo, que estudiara la manera 
más a propósito de llevar a cabo la separación; que fo- 
mentara las comunicaciones que los trinitarios habían te- 
nido con el resto de Venezuela antes de la capitulación, 
y además les diera a los habitantes del continente la se- 
guridad de que encontrarían en la isla un emporio co- 
mercial. Le agregaba que Puerto España debía decla- 
rarse libre "con tráfico directo con la Gran Bretaña," 
para alentar el comercio con el País del Orinoco. Tam- 
bién, Picton, debía asegurar a los venezolanos que cuando i 
quisieran oponerse a la autoridad de la metrópoli encon- 
trarían en Trinidad todos los socorros que pudiera dar 
el gobierno inglés: ya fueran fuerzas, armas o municio- 
nes. Este fué el origen de la Proclamación que con fecha 
de junio 26 de 1797, hizo circular Picton en Venezuela, 
dirigida a los cabildos y habitantes de la costa firme, 
excitándolos a la independencia y prometiéndoles ayuda 
efectiva de todas clases. Ofrecimientos que le dieron 
ánimo a España y Gual para arreglar sus planes liber- 
tadores que abortaron el 13 de julio de ese año. La polí- 
tica inglesa entonces como después se limitó únicamente 
a fomentar la anarquía en El País del Orinoco. 

Mucha indignación causó en Francia la captura de 
Trinidad por los ingleses. En las conferencias de Lila 

78 



PERDIDA DE LA ISLA DE TRINIDAD 



•de 1797 el Directorio propuso por condición sine qua non, 
para la paz, que se devolviera Trinidad a España (1). 

El enojo de los venezolanos había sido muy grande, 
y el capitán general Carbonell, pasó orden a los gober- 
nadores de Cumaná, Guayana y Margarita en que les 
prevenía publicasen bandos prohibiendo, bajo pena de la 
vida, que se prestasen auxilios de víveres a los ingleses, 
especialmente a los de Trinidad (2). Carbonell a más de 
esto dio resoluciones para contener el ingreso a Vene- 
zuela de los extranjeros inmigrados a Trinidad aquellos 
que no quisieron defender la isla (3). 

Picton recibió instrucciones, el 5 de julio de ese año, 
de informarse, valiéndose de la situación geográfica de 
la isla, sobre las condiciones civiles y militares del resto 
de Venezeula, la naturaleza y extensión de su comercio, 
leyes, reglamentos y disposiciones generales de sus habi- 
tantes (4). 

El informe de Picton, inspirado por la relación de un 
caballero residenciado en Caracas mucho tiempo y otras 
fuentes exactas, lo remitió dos meses después y decía: 
que Caracas ocupaba una posición muy estratégica, el 
capitán general Carbonell estaba ya viejo, en toda la 
provincia no había sino un batallón veterano y la nume- 
rosa milicia no se consideraba interesada en el régimen 
actual. Picton, sobre todo, hacía especial referencia de 
la importancia comercial de las posesiones en la hoya 
del Orinoco y asentaba que Santo Tomás de Guayana 
o Barrancas, estaban llamadas a ser un emporio de 



(1) Thiers, Hist. de la Rer. Francaise. 

(2) Archivo de Indias, documento 585, del Catálogo de Torres 
y Lanzas. 

(3) Id. Ib. docu. 584. 

(4) Londres, Public Record Office, Trinidad, cit. de Robert- 
son, "Pra. de Miranda." 

79 



PERDIDA DE LA ISLA DE TRINIDAD 



comercio; que el Orinoco podía navegarse 150 millas y 
permitía tanto el acceso a las colonias españolas como 
a las portuguesas, y era muy fértil todo el suelo que 
regaba. En este territorio los españoles no tenían tropas 
veteranas, agregaba, ni fortalezas y la fuerza naval 
nada valía, sólo se empleaba para proteger la renta 
nacional. "Una conquista temporal del país en la 
vecindad del río podía efectuarse sin mucha dificultad 
y con fuerza moderada", declaraba Picton, pero dudaba 
mucho £3 pudiera retener dada la inmensa extensión 
del territorio y lo poblado de la provincia que lo rodea. 
Concluía que el único método cierto para abrir un trá- 
fico seguro con El País del Orinoco era produciendo una 
revolución, lo cual podría realizarse, fácilmente, arman- 
do, en general, al pueblo (1). 

En octubre de 1797, Picton le envió otro informe a 
su gobierno expresándole que consideraba toda idea de 
adquisición territorial o de conquista en nuestro conti- 
nente como quimérica o ruinosa; pero, que ios habitantes 
según le parecía, estaban descontentos del gobierno 
español y aspiraban a la independencia y, si se aprove- 
chaban esas disposiciones no sería difícil subvertir el 
gobierno, especialmente, en las provincias de Cumaná 
y Caracas, cuyo ejemplo estremecería el vasto imperio 
español de Sur América. Lo cual le daría a la Gran Bre- 
taña inmensas e inmediatas ventajas comerciales!!! Ingla- 
terra deseaba nuestra independencia, ya que no podía 
conquistarnos, para arrebatarle su comercio a España, y 
por nada más. 

En esa misma época el gobierno de Londres aprove- 
chaba el patriotismo de Miranda y apoyaba el gran apos- 
tolado del Precursor para revolucionar la América es- 



(1) Public Record Office, Draft of supplementary instruc- 
tions to Picton, july 5, 1797, cit. Robertson, op. cit. 

80 



PERDIDA DE LA ISLA DE TRINIDAD 



pañola con aquel fin. A mediados de febrero del 98 
Inglaterra expuso que si España podía conservar su 
independencia e impedir mudanza radical en su gobier- 
no, no fomentaría los planes de Miranda. Pero si España 
caía bajo el dominio de Francia, entonces, instigaría la 
revolución en nuestro continente, para que aquella repú- 
blica no se aprovechase de los recursos de Sur América. 
Y aconteció, que mientras Inglaterra le declaraba a Es- 
paña que impediría se revolucionase a Hispanoamérica, 
el mismo gobierno inglés preparaba una expedición en 
Trinidad para invadir a Venezuela. Pitt no le manifestó 
ninguno de estos preparativos de invasión a Miranda, 
quien habiendo perdido la esperanza de que lo ayudase 
el gobierno británico, envió a Pedro José Caro, a los 
Estados Unidos, Santa Fe y Trinidad a fomentar los 
planes revolucionarios y conseguir auxilios navales y po- 
líticos. 

XVIII 

Gual, Caro e Iznardi. — Miranda le inspira temo- 
res comerciales a Inglaterra., — Expedición inglesa 
contra Caracas y los preliminares de la paz de 
Amiens. — Efugios de Inglaterra y la arbitrariedad 
de Bonaparte. — España pierde definitivamente a 
Trinidad. 

Un año después Gual estaba en Trinidad y con su 
correspondencia hizo que Miranda juzgara erradamente 
el ánimo de los venezolanos en general, los cuales no 
querían la independencia, ni aun, para esa época los 
mismos "mantuanos" de Caracas, que más tarde la con- 
sumaron. 

Los informes de Gual hicieron que Miranda reali- 
zara la malograda expedición de 1806. 



PERDIDA DE LA ISLA DE TRINIDAD 



Caro llegó a Trinidad a principios de 1799 e Iznardi 
en 1800. El 3 de julio de este año, fué informado el capi- 
tán general de Cuba, que saldría una ' expedición de 
aquella isla para tomar a Puerto Cabello, y usarlo como 
base de operaciones para invadir las provincias de Ca- 
racas, Cumaná, Maracaibo y cuanto se pudiera de las 
costas del sur. Muy cierta era esta expedición y la diri- 
gía Miranda desde Londres junto con el general Aber- 
cromby, ayudado por Pedro Fermín Vargas en Jamaica, 
Manuel Gual en Trinidad e Iznardi en Güiria. Miranda 
debía pasar a Trinidad y allí formaría un cuerpo de 
2,000 voluntarios. Estos planes no tuvieron buen éxito 
porque los precursores no encontraron la ofrecida ayuda, 
directa y efectiva, del gobierno inglés. 

Miranda, conocedor del móvil económico que impul- 
saba a Inglaterra contra España y sus colonias, y seguro 
de conseguir su objeto si lograba inspirar temores comer- 
ciales al gobierno de Londres, hizo propaganda por la 
prensa en este sentido e informó a Castleregh, que si no 
se aprovechaba el espíritu revolucionario de los hispano- 
americanos, Francia le daría a éstos la necesaria ayuda 
para realizar su independencia de la metrópoli, y exclui- 
ría a los fabricantes ingleses del mercado de esa parte 
del mundo. Lo cual motivó que se ordenara a Picton, 
en junio de 1801, enterarse del estado real de Venezuela, 
de modo que se pudiera proceder contra ella, sobre bases 
firmes, que ofrecieran oportunidades razonables para el 
buen éxito (1). Miranda y Picton eran los elegidos para 
conducir la expedición en caso de que Inglaterra de- 
cidiera enviarla. Los dos generales instruyeron, sepa- 
radamente, al gobierno británico, de las condiciones, 



(1) Pub. Rec. Of., Trinidad 2, cit. Robertson, op. cit. 

82 



PERDIDA DE LA ISLA DE TRINIDAD 



especialmente ventajosas, que ofrecía la provincia entre 
el Orinoco y el golfo de Venezuela. 

Todas estas razones obraron en el ánimo de Ingla- 
terra para considerar nuevamente los planes libertadores 
de Miranda y arregló una expedición de acuerdo con 
ellos, que estaba lista a salir para Caracas, cuando em- 
pezaron los preliminares de la paz de Amiens, en oc- 
tubre de 1801. 

No solamente perdimos la oportunidad de adquirir 
la independencia con los preliminares de la paz de 
Amiens, sino también perdimos, definitivamente, en apa- 
riencia, la isla de Trinidad, al perderla España. 

Al saber la noticia de los preliminares de paz, Picton 
formuló una representación y Abercromby otra, para 
que Trinidad no se restituyese a España; y, a más de 
esto, el primero hizo firmar una petición, con el mismo 
objeto y a nombre de la entera población, por las per- 
donas de la isla que se enriquecían con el provechoso trá- 
fico clandestino con Venezuela, que fomentaba el gober- 
nador. Sobre todo, Inglaterra, que desde hacía muchos 
años deseaba a Trinidad y había propuesto hasta cam- 
biarla por el peñón de Gibraltar, decidió no devolverla, 
valiéndose de aquellos efugios y de la arbitrariedad de 
Bonaparte. 

El Primer Cónsul, para gobernar a España, llevó 
al poder a Godoy; luego la obligó a la guerra con Portu- 
gal y a que le cediera a Francia territorio en Guayana. 
Bonaparte había vendido, además, la Luisiana a los Es- 
tados Unidos a pesar de su formal promesa de no ena- 
jenarla sino a España. Así, no debe causar sorpresa, 
que cuando comenzaron los preliminares de la paz de 
Amiens, el gran corso, para halagar a Inglaterra y sacar 
mayores ventajas para Francia, oyera las representacio- 



83 



PERDIDA DE LA ISLA DE TRINIDAD 



nes que le hizo Castlereagh y accediera gustoso al espe- 
cial interés, que demostró Inglaterra de conservar a 
Trinidad. Bonaparte le concedió nuestra isla a la Gran 
Bretaña sin siquiera consultar al desgraciado gobierno 
español de aquel entonces. 



XIX 

Las expediciones de Miranda de 1806. — Trinidad: 
y Curazao foco de las revoluciones contra los go- 
biernos de Venezuela., — Elíseo Keclues y su opinión 
sobre Trinidad. — El contrabando. — Chaguaramas co- 
mo entrepot. — Puerto libre en Venezuela. 

El gobierno inglés, en 1805, permitió que Miranda 
hiciera de Trinidad el punto de reunión de la expedi- 
ción libertadora, que sin tocar en la isla llegó a las 
aguas de Venezuela el año siguiente. Después del fra- 
caso de Ocumare Miranda se dirigió a Trinidad, donde 
reclutó voluntarios para la invasión por Coro. La isla es-| 
taba llena de conspiradores refugiados, que tramaban 
con los contrabandistas la ruina de Venezuela. Miranda 
aseguraba que los contrabandistas de Jamaica y Trini- 
dad no eran amigos de la independencia de las colonias 
españolas. 

Muchos patriotas venezolanos se refugiaron en Tri- 
nidad cuando la guerra de nuestra independencia; y,! 
siempre después, junto con Curazao, ha sido el foco de 
todas las revoluciones contra los gobiernos de Venezuela.; 

Refiriéndose a la isla de Trinidad dice Elíseo Re-! 
clues: "En las guerras de principios del siglo XIX sir- 
vióle a los ingleses de base de operaciones contra las po- 
sesiones españolas de esta parte del continente; en las 
de la Independencia americana dieron asilo en ella a los 

84 



PERDIDA DE LA ISLA DE TRINIDAD 

que combatían a España y les ayudaron en cuanto pu- 
dieron; y todavía hoy, conocedores del gran daño que 
recibirían si Venezuela tuviera poder suficiente para 
disputarles las bocas del Orinoco, dan calor a cuantas 
conspiraciones se traman contra el gobierno venezolano, 
contribuyendo de este modo a sostener cierta anarquía. 
Los ingleses saben que su isla puede producirles gran- 
des beneficios por estar tan bien situada, que desde ella 
dominan el comercio de casi todo el territorio venezolano 
y hasta el de parte de Colombia." 

Los habitantes de la isla viven prácticamente de 
Venezuela. Los magníficos y grandes almacenes de 
Puerto España, no son para llenar las muy escasas nece- 
sidades de Trinidad, sino para abastecer los nuestros, 
por medio, únicamente, del contrabando. 

Un inglés, refiriéndose a la influencia que piensan 
ejercer sobre El País del Orinoco, se expresa así: "Todos 
los escritores sobre Trinidad predicen que Chaguaramas 
¡será uno de los grandes depósitos comerciales del mundo. 
El comercio entre Trinidad y la rica región del alto Ori- 
noco y el mundo exterior urge su establecimiento y con- 
cederá buen éxito a los promotores del proyecto. Desde 
hace mucho tiempo se ha propuesto hacer de Chaguara- 
mas, con ese objeto, un puerto de tránsito con extensos 
muelles y almacenes unidos por ferrocarril con Puerto 
España." 

Por qué no establecemos nosotros un puerto libre 
¡con tales almacenes que sirvan para esos grandes depó- 
sitos? El comercio entre la rica región del Alto Orinoco 
!y el mundo exterior, ni el de ninguna otra parte de Ve- 
nezuela, necesitan de ese entrepot en Chaguaramas. 



85 



PERDIDA DE LA ISLA DE TRINIDAD 



XX 

Influencia de Trinidad sobre nuestra vida polí- 
tica y económica. — Población. — Los "culíes". — Las 
condiciones nacionales de la isla. — Trinidad, estada 
constitucionalmente autónomo. 

Como veis, la influencia, que esa isla hija de Vene- 
zuela, ejerce sobre nuestra vida política y económica es 
muy grande. Al perder tan buen vigilante del Orinoco' 
perdimos parte de nuestra seguridad territorial. 

La población actual de Trinidad es de 230,000 almas 
de las cuales una pequeña minoría son blancos puros. 
Muchos de los habitantes son venezolanos, entre quienes 
se cuentan los principales propietarios de la isla. La 
tercer parte de los pobladores son culíes, que fueron a 
reemplazar los esclavos que no quisieron labrar más los 
campos, bajo el patrocinio de sus antiguos amos, 
cuando se les dio la libertad. Los ingleses refiriéndose a 
la masa de habitantes de la isla dicen que "son adversos- 
ai trabajo regular, apáticos en lo que se relaciona con 
sus negocios y los de la colonia, inmorales y de mala 
fe" (1). Si es cierta esa condición del carácter del pue- 
blo, los ingleses son responsables, pues no han ido a po-' 
blar la isla como hicieron los españoles y franceses y por 
el contrario le han mandado cantidades alarmantes de 
una raza, que todos los británicos consideran con "gra- 
ves defectos de carácter": el culi del Indostán, el paria- 
que constituye la última casta de los seguidores de 
Brahma. El trinitario Borde al comparar a los negros 
de la isla con los indios orientales dice de aquéllos: "son 
excelentes obreros y de genio avisado y como valor moral 



(1) Tlie Enciclopaedia Britannica. 

86 



PERDIDA DE LA ISLA DE TRINIDAD 

y material indudablemente superiores a los culíes de 
la India, esos hijos degenerados de una civilización per- 
vertida." Así, aunque bajo el inglés ha prosperado la 
isla debido en gran parte a los 122 años de paz de su pater- 
nal gobierno, y ha mejorado la riqueza pública con la agri- 
cultura fomentada con el indio oriental: las condiciones 
nacionales de la isla, sin duda alguna, ha empeorado 
con la introducción de una raza de caracteres morales 
inferiores. 

Si Trinidad estuviera bajo nuestro gobierno sería 
un estado constitucionalmente autónomo, con brazos su- 
ficientes de venezolanos para cultivar su suelo y hacer 
prosperar su industria y su comercio, y las condiciones 
nacianales mejorarían, cada día, junto con las del resto 
de Venezuela. 

XXI 

América sólo de los americanos. — El señorío de 
,luan de Ainpués y <-n iníiiieiicia sobre nuestra vida 
económica y política. — Balfour interpreta la opinión 
pública de Inglaterra. — Trinidad, Curazao, Bonaire 
y Aruba deben ser nuestras. — El Presidente Wilsoa 
y su discurso a los mexicanos. — El patriotismo de 
los venezolanos. — Cunningliam y la determinación 
de las naciones nuevas. 

El profesor Theodor S. Woolsey de la Universidad 
de Yale, una de las autoridades más competentes de los 
Estados Unidos expresa al discutir la doctrina de 
Monroe, que tiende a cambiar en el principio de que cada 
porción del continente americano debe estar libre de 
gobierno europeo (1). Por lo tanto, cuando la América sea 
sólo de los americanos, Trinidad debe volver al cuidado 



(1) Véase el ensayo: Doctrinas dé Bolívar. 

87 



PERDIDA DE LA ISLA DE TRINIDAD 



de su madre Venezuela. Es una necesidad que consti- 
tuye un derecho y un ideal nacional, que se realizará 
mañana o dentro de muchos siglos. 

Lo mismo os diré con respecto a las islas que for- 
maron el señorío del primer civilizador de Venezuela, 
el más grande de sus conquistadores, ignorado todavía 
y en espera de que se le haga justicia: me refiero a Juan 
de Ampués y a las islas de Curazao, Bonaire y Arruba, 
que por razones similares a las expuestas sobre Trini- 
dad, son nuestras y lo mismo que ésta influyen sobre- 
manera en nuestra vida nacional, económica y política- 
mente (1). 

El ministro Balfour interpretando la opinión pública 
de Inglaterra a invitación del Presidente Wilson acaba 
de asentar que es esencial para establecer la Liga de las 
Naciones "la reorganización definitiva del mundo bajo 
la base de la libertad de los pueblos y de los derechos 
nacionales." 

Todas esas islas, al dejar de pertenecer a naciones 
europeas, ningún país americano podrá aspirar a poseer- 
las sino con el objeto de ejercer influencia directa en 
nuestra vida interior. Solamente para Venezuela son una 
necesidad nacional de seguridad política, territorial y 
económica. Son pedazos de Venezuela, sin la menor duda 
y nos garantizará su posesión en los siglos venideros la 



(1) Desde 1859 Inglaterra quiere quitarnos la islita de Patos, 
ese pedacito de tierra de milla y media de largo por tres cuartos 
de milla de ancho, deshabitada y sin cultivo alguno, que está a 
kilómetro y medio de la costa de Paria, dentro de nuestras aguas 
territoriales, y no sirve sino para guardar provisiones. A pesar 
de ser un desierto los ingleses la desean para aproximarse a 
nuestro corazón y tratar de participar todavía más de cerca del 
alimento del torrente circulatorio de nuestra economía. (Hay un 
patriótico e importante folleto titulado "La Isla de Patos," por el 
historiador Manuel Landaeta Rosales). 

88 



PERDIDA DE LA ISLA DE TRINIDAD 



doctrina Wilson, esbozada por este gran estadista e his- 
oriador en su discurso a los mexicanos (1). 

Hoy cuando se despierta la conciencia nacional en- 
;umecida por tanta guerra fratricida y desórdenes poli- 
jicos, se presentan claros los problemas nacionales y 
bada uno de los venezolanos sirve a la Patria en lo que 
Duede, con orgullo, con el excelso deseo de hacerla tan 
grande y feliz cual es gloriosa. 

Quiero terminar con una frase del reverendo Wil- 
iam Cunningham de la Academia Británica, al discutir 
ü libre cambio: "Las naciones nuevas están determina- 
bas a no permitir que otros países rijan sus propias con- 
diciones económicas de modo que puedan ejercer influen- 
za en la vida política de aquellas naciones. Cada cual 
ístá determinado a ser el amo en su casa." 



(1) Véase el ensayo: Doctrinas de Bolívar. 

89 



BOLÍVAR, 

EL MAYOR ORADOR 

DE AMÉRICA 



Trabajo laureado en- 
los Juegos Florales- 
de Caracas, de 191 8. .. 



¿ERA BOLÍVAR UN GRAN ORADOR? 

Los grandes oradores no se manifiestan sino en las 
revoluciones y cuando reina la Libertad. Solos, derriban 
los tiranos o sostienen los gobiernos, o arrancan la liber- 
tad a los opresores, y son los conductores naturales de 
los que se lanzan a empresas de independencia o de con- 
quista. La voz de Madariaga, en el Ayuntamiento de 
Caracas, derriba a Emparan; los discursos de O'Connell, 
en el parlamento inglés, le dan la libertad a Irlanda; 
Pedro El Ermitaño, el predicador de la primer cruzada, 
conduce a los conquistadores cristianos hasta la Tierra 
Santa; Mirabeau, el gran orador de la revolución fran- 
cesa, cuando le sorprendió la muerte, sostenía él solo, 
sobre sus hombros, la monarquía que iba a perecer; 
SIMÓN BOLÍVAR, EL MAYOR ORADOR DE AMERI- 
CA, con su espada y su elocuencia lleva a los libertado- 
res desde el Caribe hasta las riberas del Plata. 

Para juzgar al orador no basta leer sus discursos 
pronunciados en determinadas ocasiones; sobre todo es 
importante saber los efectos que alcanzaron, y conocer 
la ilustración del orador, su cultura y su prestigio, tanto 
como su carácter y su personalidad; además, es necesario 
verle de cuerpo entero, porque la figura es parte esen- 

93 



BOLÍVAR, EL MAYOR ORADOR DE AMERICA 

cial de los discursos tanto como los gestos y acciones. Así 
como el escritor no debe preocuparse sino de sus pensa- 
mientos, el orador ha de tener muy en cuenta su propia 
persona. 

Según los antiguos el orador no debía moverse mu- 
cho ni muy poco, ni esponjar las narices, ni morderse 
los labios, ni salirse de la tribuna, ni pasearse demasiado 
en ella, ni balancearse sobre el pié izquierdo, ni avanzar 
el pié derecho al mismo timpo que la mano derecha, ni 
separar las piernas, ni levantar el brazo izquierdo más 
alto de lo que es necesario para formar con el cuerpo un 
águlo recto; ni llevar demasiadas sortijas, ni en su manos, 
si podía, un cuaderno incómodo. A medida que hablaba y 
se acaloraba podía mantenerse más cómodamente; des- 
pués del exordio dejaba caer un pliegue de la toga, en la 
argumentación la dejaba caer por completo; el vestido 
mismo debía asumir un aire de combate. En la perora- 
ción, cuando lloraba, cuando se le aplaudía o cuando se 
le abrazaba, la toga debía desprendérsele en elegante 
desorden y el orador debía estar sin aliento, sudoroso; 
mas Plinnio, le recomendaba el pañuelo para secarse la 
frente sin despeinarse. 

Todos los gestos y acciones del orador, aun los gro- 
tescos y violentos, son sublimes siempre que sean pro- 
ducidos por la convicción, y lo ayudarán a persuadir al 
auditorio. San Francisco de Borja expresa que "la acción 
y pronunciación es tenida por la principal parte para 
mover el orador." 

Los defectos y las ventajas corporales entran en el 
discurso y lo afectan de tal modo que pensando en esto, 
quizá, Bolívar, en 1824, en las instrucciones, que le dejó 
a la junta de gobierno del Perú, le especificaba que, 
debe tenerse presente la buena figura, como una de las 

94 



BOLÍVAR, EL MAYOR ORADOR DE AMERICA 

cualidades necesarias a las personas que han de emplear* 
e en las relaciones exteriores. 

Hay una diferencia muy grande entre el recitador 
j el orador; aquél todo lo prepara de antemano y lo con- 
ía a su memoria; éste lo improvisa todo en un momento 
[dado: éste solo es el orador, y así lo era Bolívar, cuya 
[esencial cualidad la refiere el general Miller como sigue: 
¡'Bolívar sobresale, especialmente, en dar contestaciones 
improvisadas, que son siempre pulidas y apropiadas. 
Cierto día contestó a diecisiete arengas sucesivas y cada 
ana de sus contestaciones hubiera podido darse a la es- 
tampa al pronunciarla él y habría causado admiración 
por su singular oportunidad. Bolívar no puede ser supe- 
rado, probablemente, en su manera de brindar, de dal- 
las gracias o de hablar sobre cualquier tema." 

Mucha reflexión necesita el gran orador para llegar 
a poder tratar cualquier tema de improviso, lo cual no 
puede hacer sin una completa cultura intelectual. Por 
mejor que sea un terreno no rinde fruto si no se le siem- 
bra y abona. 

Según la leyenda árabe el rey Salomón le preguntó 
a un genio: "Qué es el lenguaje?" — "El viento que pasa", 
contestó el habitante del Monte Kaf. — "Pero, cómo puede 
retenerse?", inquirió el abuelo de Jesús. — "Por medio de 
un solo arte", respondió el espíritu, "el arte de la escri- 
tura". — Así, cuando el orador no escribe sus discursos, 
no queda de ellos más que el recuerdo, y aun cuando los 
escriba, el efecto que producen al leerse es muy dife- 
rente del que produjeron al auditorio. Bolívar no se es- 
capa a esta regla, y solamente podemos juzgar su elo- 
cuencia, de una manera absoluta, por la tradición que 
de ella ha quedado; por los grandiosos efectos que pro- 
dujo. El discurso que pronunció El Libertador ante el 

95 



BOLÍVAR, EL MAYOR ORADOR DE AMERICA 



Congreso de Colombia, el 15 de febrero de 1819, hizc 
llorar a los que le escuchaban, pero al leerlo, hoy, nos 
otros, está muy lejos de producirnos tan tiernos senti 
mientos, debido a que no vemos los gestos y acciones de 
Bolívar, a que no le oímos y a que son otros los tiempo?. 

Los mejores discursos de Bolívar se han perdido, por 
que no los escribió. Son muy pocos los que se han podido 
coleccionar, y éstos recibieron, además, muchas correccio- 
nes y modificaciones antes de ser dados a la imprenta. 

Bolívar, al igual de Alejandro, César, Napoleón, y 
como todos los conductores de pueblos y grandes con- 
quistadores, tenía el don de la persuación, su palabra y 
su acción subyugaban el ánimo de las muchedumbres, o 
del individuo, obteniendo lo que le era necesario a sus 
propósitos. Todo contribuía a que fuese un gran orador: 
su ideal por la libertad de América, ingenio, afabilidad, 
carácter, audacia; una gran aureola de gloria, la con- 
fianza que tenían en el los pueblos y el amor entrañable 
que le profesaba el ejército. "Aun el mismo Napoleón", 
dice Lorrain Petre al referirse a Bolívar, "quizá no- 
supo inspirarle a sus soldados una devoción tan com- 
pleta, ni tampoco pudo inducirlos a prestar sus esfuerzos de 
manera tan incondicional." El gran ascendiente que ejer- 
ció sobre americanos y extranjeros es comparable única- 
mente, al de O'Connell, "el orador de la libertad," sobre 
el pueblo irlandés. 

La independencia tenía por fundamento los princi- 
pios inquebrantables de Bolívar, y la fe con que se expre- 
saba sobre ellos hacía inmenso su poder oratorio. Su ele- 
gante lenguaje jamás expresó sentimientos indignos de 
un gran héroe. Su alta dignidad, la consideración y el 
respeto que inspiraba, su increíble generosidad, todo, 
contribuía a hacerle propicio el auditorio y a darle el 

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BOLÍVAR, EL MAYOR ORADOR DE AMERICA 

prestigio necesario para dominar. Tan necesario es el 
prestigio para imponerse a los demás que la conjuración 
que se urdió con los llaneros, en 1819, cuando Bolívar 
iba a emprender la campaña de la Nueva Granada, le 
dieron por único pretexto que El Libertador en nada 
tenía buen éxito, a causa de la mala suerte que le acom- 
pañaba entonces, y por eso debía ser reemplazado por 
Páez, que era el hombre predestinado según los conju- 
rados. 

El Libertador poseía en alto grado ese don de elec- 
trizar, de mover a los hombres, que él mismo definía: 
ascendiente, influjo, prestijio indispensable para el man- 
do. Conocía siempre las necesidades de su auditorio, 
tan bien como el carácter de los pueblos que libertó. San- 
tander pedía, en 1825, que no se dejara ir a Bolívar a la 
convención de Ocaña, y decía en plena asamblea: "Tal es 
gl influjo y la fuerza secreta de su voluntad que yo 
mismo, infinitas ocasiones, me he acercado a él lleno de 
venganza y al sólo verle y oírle me he desarmado y he 
salido lleno de admiración. Ninguno puede contrariar 
cara a cara al general Bolívar; y, desgraciado del que lo 
intente! Un instante después habrá confesado su derrota." 

Gran conocedor del corazón humano sabía persuadir 
e inspirar la confianza y el valor necesarios para que se 
llevaran a cabo hechos del mayor heroísmo o de la gene- 
rosidad más grande. 

Si lo fuéramos a definir psicológicamente por el 
método de Charcot, diríamos, siguiendo a Ajam, que 
Bolívar era un verbo-motor absoluto, esto es, pensaba 
hablando, era un orador natural. 

Casi nunca escribía de su propio puño excepto a sus 
íntimos amigos o a sus parientes. Era siempre el orador, 
aun cuando dictaba su correspondencia, sus órdenes, sus 
proclamas, sus discursos. Despachaba los negocios pa- 

7 97 



BOLÍVAR, EL MAYOR ORADOR DE AMERICA 

seándose, las más de las veces, a largos pasos, con los 
brazos cruzados sobre el pecho o agarrándose la solapa 
del vestido con la mano izquierda y el dedo índice de la 
derecha sobre el labio superior, en su actitud habitual 
de pensador; oía la lectura de los documentos que le 
hacía el secretario, y después a uno, o a varios secreta- 
rios a la vez, les dictaba las distintas contestaciones, y 
aunque se le interrumpiera nunca se equivocaba al 
reanudar la frase; otras veces leía un libro mientras dic- 
taba y no perdía el hilo del texto que escribía el; ama- 
nuense. Su repugnancia por la escritura era muy grande 
y decía: El bufete es para mí un lugar de suplicio, mis 
inclinaciones naturales me alejan de él. Soldado por nece- 
sidad y por inclinación, mi destino está señalado en un 
campo o en cuarteles. 

Be Bolívar se ha dicho que tenía tendencia a drama 
tizarlo todo, pero él era el protagonista de una gran tra- 
gedia: esa magna y larga lucha por la independencia, 
que empapó en sangre el suelo americano; y su lenguaje 
estaba en armonía con esa época de tantos sacrificios y he- 
roísmos: era. a veces pomposo, otras colérico, o ya lleno de 
tristeza o de amor: dando a conocer las tempestades o 
las calmas por que atravesaba su alma. Especialmente 
hacia los dos últimos años de su vida, cuando experi- 
mentó los más acerbos dolores morales y su cuerpo es- 
taba minado por terrible enfermedad, su elocuencia se 
hace más trágica. Ya para morir el desengaño domina 
su alma: un día conversando con Reverend le pregunta: 
Doctor, qué vino a buscar usted en estas tierras ? — "La 
libertad", contesta Reverend. — La ha encontrado usted ? 
— "Sí, mi general". — Es usted más afortunado que yo, 
le dice El Libertador. — Vuelva a su bella Francia, 
donde ya está flameando la gloriosa bandera tricolor: 
aquí en este país, no se puede vivir: hay muchos canallas. 

98 



BOLÍVAR, EL MAYOR ORADOR DE AMERICA 

Con sus íntimos era expansivo y. extremadamente 
llano, chanceador y burlón, "el más alegre, y, a veces, el 
más loco, en visita," dice Lacroix, "tiene la superioridad 
sobre todos, por su conversación viva e ingeniosa, su 
buen gusto, y su cortesanía. Su ademán de hombre de 
mundo, sus modales distinguidos, lo hacen pasar por el 
más gentil, el más instruido y el más cortés de los con- 
tertulios." — Cualidades que le reconoce su detractor 
Ducoudray-Holstein, en esta forma: Bolívar "había ad- 
quirido en el curso de sus viajes aquel hábito mundano, 
aquella cortesía y suavidad de maneras que le distin- 
guían, y que tan atractiva influencia ejercían sobre 
cuantos le trataban". Cuando tenía alguna pesadumbre, 
o preocupación, o meditaba algún proyecto, se tornaba 
-taciturno hasta que tomaba un partido, lo cual hacía con 
rapidez volviéndole entonces el buen humor. 

Habitualmente era muy locuaz, menos cuando se 
trataba de él mismo en cuyo caso se expresaban con 
mucha moderación. Hablando un día con el capitán 
Meyer, agente francés en el Perú en 1824, le decía: La 
gente ha creído que yo valía algo; pero es que no se dan 
.cuenta de lo fácil que es conducir estos pueblos 

O'Leary dice: "Hablaba mucho y bien y poseía el 
raro don de la conversación y gustaba de referir anéc- 
dotas de su vida pasada." Su conversación era siempre 
instructiva y variada. Su réplica según el doctor Roul- 
lin "era pronta, frecuentemente brusca, y en ocasiones 
hasta dura y punzante; y no pocas veces en circunstan- 
cias delicadas, contestó a cumplimientos, a súplicas inte- 
resadas o a palabras lisongeras, con agudezas muy opor- 
tunas pero rudas, y aún con terribles epigramas; no las 
agudezas del ingenio que quiere agradar, sino de la vo- 
luntad que se impacienta y quiere hacerse sentir y obe- 
decer". Un general granadino que se había portado mal 

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BOLÍVAR, EL MAYOR ORADOR DE AMERICA 

y que tenía alta graduación en 1825, amigo de Bolívar, 
le pidió, en 1820, que le hiciera pagar los sueldos atrasa- 
dos, alegando el buen estado del tesoro. Bolívar le con- 
testó: No hay fondos con qué remediar las necesidades 
de los que han libertado la Nueva Granada, mucho me* 
nos los hay para cubrir los sueldos atrasados de los que 
la dejaron esclavizar. En otra ocasión un cura hostil a 
los patriotas solicitó un favor y Bolívar respondió: Pida* 
selo al rey. Un médico que había saqueado almacenes en 
Bogotá, cuando la fuga del virrey Sámano, pidió que se 
le nombrara cirujano de estado mayor con grado de te- 
niente coronel y Bolívar le dijo: Conténtese con lo que 
se ha robado. — En 1826 en viaje para Venezuela, una 
noche se puso a jugar, contra su costumbre, con Santan- 
der, Rubias y Montoya a quienes se les acusaba de ha- 
berse enriquecido con lo que prestó Inglaterra. En poco 
tiempo Bolívar les ganó mucho. dinero y les dijo: Si así 
continúo pronto seré dueño del empréstito. — Su agudeza 
de ingenio era notable desde niño, muy conocida es esta 
anécdota: el licenciado Sanz< maestro del niño Simón, 
le observó un día que no maltratara tanto al burro que 
montaba y le añadió que nunca sería de a caballo, a lo 
que contestó el niño que cómo podría ser de a caballo 
montado sobre un burro que no servía para nada. 

Bolívar conocía la fuerza de lo ridículo, y muchas 
veces, aplastó a sus enemigos ridiculizándolos. Sü críti- 
ca de la alocución que Rivadavia pronunció én el» acto 
de prestar juramento como presidente de la República 
del Plata es una magnífica ironía; jocosamente analiza 
el defectuoso discurso del argentino, El Libertador se en- 
contraba en el teatro cuando recibió el discurso y al 
leerlo llamó a un edecán y le dictó la crítica: única ven- 
ganza que tomó de los ataques que le prodigaba Riva- 
ílavía por la prensa bonaerense. Muchos artículos escri- 

100 



BOLÍVAR, EL MAYOR ORADOR DE AMERICA 



bió para los diarios ridiculizando a sus enemigos o a los 
de la independencia, y son todos dignos del agudo ingenio 
de Platón o de Voltaire. Su ironía siempre estaba llena 
de dignidad, empero; y opinaba que para la sátira más 
'cruel se necesita nobleza y propiedad como para el elogio 
más subido. 

Refería con "arte y elocuencia seductora" chistosos 
cuentos, sobre los cuales dice Lacroix: "a veces son muy 
alegres y nunca les falta la sal que despierta el interés y 
la curiosidad". Ese Bolívar triste, que nos quieren pintar 
algunos historiadores, no existió sino, a veces, en su estilo 
literario. Aunque de genio variable se inclinaba más a 
lo jovial, aun en los útimos y terribles años de su vida. 
Páez refiere que Bolívar habitualmente "mantenía el 
buen humor con oportunos chistes; pero en las marchas 
se le veía siempre algo inquieto, y procuraba distraer 
su impaciencia entonando canciones patrióticas"; y que 
era "de humor alegre y jovial y carácter apacible en el 
trato familiar; impetuoso y dominador cuando se trataba 
de acometer una empresa de importante resultado, her- 
manando así lo afable del cortesano con lo fogoso del 
guerrero." 

No permitía nada difuso y era tenaz en sus opinio- 
nes. Gran observador, se fijaba en los detalles más insig- 
nificantes. En su crítica era siempre un poco exagerado. 
Amaba la discusión y las más de las veces se mostraba 
intolerante con el que le contradecía. Disertador profun- 
do es admirable su filosófica teoría sobre la inteligencia. 
Larrazábal, impropiamente, lo compara al dublinés Burk, 
el "Cicerón inglés", célebre por sus discursos difusos: 
Bolívar que era todo claridad y concisión. 

Conocía profundamente la historia de Venezuela y 
le gustaba hablar de las familias caraqueñas y de los 

101 



BOLÍVAR, EL MAYOR ORADOR DE AMERICA 



tiempos de la conquista. Se deleitaba con los hechos he-- 
roicos y con narraciones de los tiempos de la antigua 
Grecia y de la antigua Roma. 

"Las ideas del Libertador", refiere Lacroix, "son 
como su imaginación: llenas de fuego, originales y nue- 
vas. Ellas animan mucho la conversación haciéndola va- 
riada. Su espíritu es más amigo de la crítica que del 
elogio, pero nunca a sus críticas o a sus elogios les falta 

la verdad en la conversación hace muchas citas, 

pero siempre bien traídas. Voltaire es su autor favorito,, 
y tiene en la memoria muchos pasajes de sus obras, 
tanto en prosa como en verso. Conoce todos los autores 
franceses, algo los italianos e ingleses, y es muy versado 
en la literatura española. Gusta mucho a S. E. de hablar 
de sus primeros años, de sus primeros viajes, de sus pri-- 
meras campañas, de sus antiguos amigos y de sus pa- 
rientes. No he oído nunca una calumnia en su boca. El 
Libertador ama la verdad, la heroicidad, el honor, las 
consideraciones sociales y la moral pública, y detesta y 
desprecia todo lo que se oponga a estos grandes y nobles 
sentimientos." Su altísima moralidad y grandeza de con- 
ducta no han sido todavía igualadas en América: grande 
era también su anhelo por el amor de sus compatriotas a 
quienes, en todo, quería servir de ejemplo. 

El delegado del Perú al congreso de Panamá le pidió 
a Bolívar instrucciones para conducirse según ellas y 
Bolívar le contestó: sirva fielmente a su patria y a su 
conciencia sin hacer jamás sino lo que convenga a ambas. 
En 1826 El Libertador le decía a Santander refiriéndose" 
a los individuos que le hacían proposiciones monárquicas: 
Según esos señores, nadie puede ser grande sino a la ma- 
mera de Alejandro, César y Napoleón, yo quiero supe- 
rarlos a todos en desprendimiento, ya que no puedo igua- 
larlos en hazañas. Mi ejemplo puede servir de algo a mi 

102 



BOLÍVAR, EL MAYOR ORADOR DE AMERICA 

patria misma, pues lo, moderación del primer jefe cun- 
dirá hasta lo último; y mi vida será su regla. El pueblo 
me adorará y yo seré el arca de su alianza. Es admirable 
el siguiente escrito de monseñor de Pradt, quien penetró 
tan cabalmente el pensamiento de Bolívar en esta gran- 
deza de su alma: "Los ejemplos de un grande hombre 
virtuoso, pueden ser el principio de una depuración ge- 
neral, y tener la fuerza de desinfectar la sociedad. 
Bolívar está prestando ese servicio inmenso a la especie 
humana, su moderación en la cúspide del más alto poder 
ha hecho más que odiosa la ambición que especula con la 
Patria: la ha hecho ridicula. Cuando Bolívar ha rehusado 
la diadema en América, quién osaría colocarla sobre su 
frente, sin exponerse a la risa del Universo? .... el papel 
de los Marios, los Césares, los Cronwell, los Wallstein ha 
terminado; el de los guerreros ciudadanos, limitando su 
deseo a ese título comienza. Bolívar ha comenzado esta 
nueva era, y así, ha servido tanto al mundo entero como 
por una larga serie de trabajos ha servido una de sus 
partes: la América." 

Cuando El Callao se rindió a Salóm, en 1826, este 
general le preguntó a Bolívar qué castigo le infligiría al 
heroico Rodil, y El Libertador le contestó: El heroísmo 
no merece castigo y al vencedor sienta muy bien la gene- 
rosidad. Concibo que usted tiene mil derechos para estar 
furioso con Rodil; pero, cuánto no lo alabaríamos si fuera 
patriota! 

Era tanta la delicadeza de Bolívar, que cuando llegó 
a Tunja, en septiembre de 1814, Camilo Torres le envió 
de regalo un hermoso caballo aperado, empero Bolívar 
se lo devolvió diciendo: antes de recibir ningún presente 
yo debo dar cuenta de mi conducta en la misión que se 
me dio para Venezuela. 

Cuando en la conversación describía a una persona, 

103 



BOLÍVAR, ÉL MAYOR ORADOR DE AMERICA 



hacía el retrato con pocas y certeras pinceladas. A su 
edecán Wiison lo pinta así: Aquel orgullo — el que le 
inspiraba a Wiison los méritos de su padre Sir Robert — I 
parece degenerar en soberbia y eso lo perjudica. Wiison; 
tiene un espíritu más diplomático que militar y creo que 
su gusto se inclina también hacia el primero. Su juven- 
tud le ha impedido adquirir todavía todos los conoci- 
mientos que cree poseer y la experiencia que pienso, 
tener. Le falta aún mucho de la tercera educación, que 
es la del mundo, teniendo buenas las dos primeras, que 
son la de nuestros padres y la de los maestros. Falta 
igualmente a Wiison pasar algún tiempo en la escuela 
de las dificultades, de la adversidad y aún de la miseria. 
Es observador, le gusta la discusión, pero es demasiado 
tenaz en ella; un mismo objeto lo vuelve y lo revuelve 
de mil modos, lo que prueba no sólo la facilidad de su es- 
píritu, sino la abundancia de sus ideas y la fecundidad 
de su imaginación. Un gran defecto del joven Wiison 
es el interés: tiene demasiado apego al dinero y no le 
gusta gastarlo. 

Todos los generales le ceden el puesto y cuando, en 
los momentos de infortunio, tratan de insubordinársele, 
los domina con su ingenio, con sus palabras, con sus he- 
chos y con su gran valor; aun a los más rebeldes como 
Castillo, Páez, Santander, Arismendi, Marino, Bermúdez 
y Piar. Bolívar tenía conciencia de su superioridad sobre 
todos y ele su misión de gobernar las naciones y dirigir los 
ejércitos para hacerlos triunfar. Sin él no hubiera habido 
independencia. Morillo, el más idóneo de los contrarios de 
Bolívar, escribió: "su arrojo y su talento son útiles para 
mantenerse a la cabeza de la Revolución y de la 
guerra El es la Revolución." 

En 1811, Bolívar se desaviene con Miranda y éste 
lo envía como jefe a Puerto Cabello. Después de la capi- 

104 



tu 



BOLÍVAR, EL MAYOR ORADOR DE AMERICA 

tulación de La Victoria se impone en La Guaira y es de 
los que prende al generalísimo. Emigra y llega a Carta- 
gena y decidido a ser el conductor de estos pueblos le 
dirige al congreso de la Nueva Granada su célebre rela- 
ción. Entra al servicio de la Nueva Granada bajo las 
órdenes de Labatut, hábil soldado, pero Bolívar se siente 
superior a él y le desobedece y contrariando sus órdenes 
liberta a Cartagena; se impone y el congreso granadino 
lo reconoce como el conductor natural de sus ejécitos. 

Páez, Arismendi, Bermúdez y Marino, los que fueron 
principales tenientes de Bolívar en Venezuela, eran los 
señores feudales de ella y más bien confederados de 
Bolívar, pues cada uno tenía su ejército propio y hubie- 
ran podido oponerse o resistir la autoridad del Libertador. 
Con estos tenientes Bolívar demostró su tacto finísimo, 
su absoluto dominio de sí mismo y su gran elocuencia, 
para ceder cuando las circunstancias lo exigían sin com- 
prometer su autoridad y su prestigio. 

En abril de 1813 Santander se une a Castillo contra 
Bolívar, que llegó de La Grita en momentos en que la 
división de Santander se formaba para la sedición, ne- 
gándose a marchar con el resto del ejército que iba a em- 
prender la campaña de Venezuela. Bolívar ordena a 
Santander poner la división en marcha a lo que contesta 
que no obedecería, mas al instante Bolívar le ordena con 
imperiosa elocuencia: Marche usted inmediatamente, no 
hay alternativa: o usted me fusila a mí o positivamente 
yo lo fusilo a usted. La . división marchó y Santander 
abochornado dio excusas que aceptó Bolívar y dejó a 
aquél en La Grita. 

Cuando llegó a Güiria en 1815, después del fracaso 
de Ocumare, lo desconocieron Bermúdez y Marino, que 
Je prepararon un motín. Bolívar les dio en rostro con la 



105 



BOLÍVAR, EL MAYOR ORADOR DE AMERICA 



sublevación, a lo que siguió un acalorado altercado en 
que se impuso, logrando que no le prendieran y dirigirse 
a la embarcación que debía conducirle a playas extran- 
jeras. El feroz Bermúdez lo persiguió y ya en el bote 
trató de prenderlo. Bolívar sacó su espada para defen- 
derse del cumanés, "cuyo brazo nunca se movió con más 
vigoroso impulso". Bolívar volvió a dominar la situación 
y con sus pocos partidarios detuvo a Bermúdez y demás 
alzados. 

Bolívar había nacido para conquistar los hombres y 
las cosas. El gran O'Higgins oye hablar al Libertador 
en un banquete, en el Perú, y lleno de entusiasmo excla- 
ma: "Bolívar es el hombre más grande de la América 
del Sur." 

Los hombres para él no valían sino por sus méritos. 
En 1822 cuando llegó a Guayaquil, en el magnífico reci- 
bimiento que se le hizo, encabezaba a los principales ciu- 
dadanos la junta de gobierno, cuyo presidente era el 
poeta Olmedo, y la cual pertenecía al partido de los inde- 
pendientes; contra quienes pronunció Bolívar un acalo- 
rado discurso que los disgustó profundamente, mas como 
prueba de estima hacia Olmedo le envió sus excusas con 
un edecán, y como éste preguntase si presentaba tam- 
bién excusas a los demás miembros del gobierno, El Li- 
bertador le contestó: No, es el genio de Olmedo y no su 
empleo, lo que yo respeto. 

Bolívar era un estudioso, como Epaminóndas, Ale- 
jandro, Mirabeau, los Pitt, y podía hablar sobre cual- 
quier tema con igual elocuencia que instrucción. Sabía 
manejar el frío lenguaje oficial sin causar fatiga, sus 
discursos ante los congresos son obras de arte que con- 
tienen párrafos grandiosos. Su dialéctica sin ser dogmá- 
tica es siempre perfecta; y fogosa, nerviosa, su argu- 
mentación, que nunca afecta de escolástica. 

106 



BOLÍVAR, EL MAYOR ORADOR DE AMERICA 

NO HA HABIDO EN AMERICA ORADOR MA- 
YOR. Con su elocuencia ganó batallas, aplastó enemigos 
y venció todos los obstáculos que encontró en su camino 
de libertador, legislador y fundador de pueblos. 

Sus "acciones oratorias" asumieron a veces energía 
excepcional, como en el célebre banquete que le dio, en 
Angostura, el comisionado americano Irwing. Bolívar 
propuso un brindis y para demostrar sus sentimientos 
se montó sobre la mesa, la caminó de un extremo a otro 
y exclamó: Así iré del Atlántico al Pacífico hasta acabar 
con el último español. Acción magnífica, efecto de su con- 
vicción: aquel auditorio necesitaba tal violencia. 



107 



5 



II 



1 



ANÁLISIS FÍSICO Y MORAL DE BOLÍVAR 
Y DE SUS GESTOS Y ACCIONES 

Sin tener la cabeza de león de Mirabeau, ni la esta- 
tura colosal de O'Connell, ni el vozarrón de Pitt el joven, 
Bolívar era un hombre de voz suave y agradable, aunque 
algo aguda, bien proporcionado, de cuerpo elegante y 
aspecto muy marcial, que imponío admiración a su audi- 
torio, de tal modo que José Ignacio de Márquez, presi- 
dente del Congreso de Colombia en 1821, dice: "era del- 
gado, de mediana estatura, pero de una vivacidad extra- 
ordinaria. Sin embargo, cuando el día de la posesión" — 
de la presidencia de Colombia — "entró en la sala del con- 
greso, con el sable suelto, vestido con su brillante uni 
forme de General en Jefe, rodeado con la aureola de 
gloria de sus dos últimas campañas, parecía de talla 
extraordinaria y como si el blanco plumón de su som- 
brero tocara con la techumbre de la sala." 

Su retrato físico según O'Leary, Lacroix, Páez, Mo- 
ver, Roullin, Van Dockun y los varios dibujos iconográ- 
ficos que existen, era este: — Frente: cilindrica, alta, gran- 
de y despejada, surcada de profundas arrugas cuando el 
rostro estaba sereno, las cuales se hacían más profundas 
en los momentos de cólera y desaparecían al estar ri 

108 



BOLÍVAR, EL MAYOR ORADOR DE AMERICA 

sueño. — Cejas, separadas una de otra, bien formadas, 
doco arqueadas y pobladas, se le encanecieron más 
pronto que el cabello. — Ojos: de regular tamaño, "cuando 
os levantaba lo hacía con una especie de impasibilidad 
;an tranquila y grave, que caracterizaba la expresión 
le su fisonomía cuando estaba en reposo", al estar de 
bal humor se le achicaban. "Sus dos principales distin- 
ivos", dice Páez, "consistían en la movilidad del cuerpo 
' en el brillo de los ojos, que eran negros, vivos, pene- 
trantes e inquietos con mirar de águila", durante la con- 
versación los fijaba poco en su interlocutor, pero ai ha- 
blarle formalmente a alguien, su mirada era fija y dorm- 
íante. Las cuencas de los ojos no eran profundas. — Nariz: 
arga y muy bien formada, tuvo en ella un lobanillo que 
e preocupó mucho y que desapareció en 1820. — Los pó- 
mulos los tenía abultados y flacas y sumidas las mejillas. — 
Soca: fea y algo grande, con el labio inferior saliente 
^ue se le pronunciaba más en los momentos de disgusto, 
a, distancia entre ésta y la nariz era muy grande. — En 
[810, en Londres, usaba patillas, que eran rubias, y se 
ifeitaba el bigote; después se dejó el bigote, que le creció 
Inuy poblado, hasta 1825 cuando volvió a afeitárselo de- 
ándose sólo las patillas, las cuales se rasuró también 
ín los últimos años de su vida. — Los dientes eran 
sellos y se los cuidaba con esmero, y al reírse su rostro 
^sumía una expresión de lo más agradable. — orejas: 
grandes y bien colocadas. — Cabello: negro, fino y crespo, 
B le encaneció muy pronto. Según Moyer, que pocas 
[reces vio a Bolívar, el cabello de éste en 1824 era muy 
bcaso y lo tenía ya blanco, pero según Van Dockun, que 
>bservó muy bien a Don Simón en 1825, dice que éste 
;enía el cabello abundante y poco canoso; y Lacroix, que 
;rató íntimamente al Libertador, dice que todavía en 
828, tenía el cabello muy abundante y solamente canoso. 

109 



BOLÍVAR, EL MAYOR ORADOR DE AMERICA 



De 1818 a 1821 llevó largo el cabello y después de este 
año, por haberle empezado a encanecer, lo usó corto.— 
Quijada: saliente y delgada hacia la boca. — Cabeza: pe 
quena, larga en la parte superior y "muy afilada en la 
inferior". — Estatura: un metro y sesentidós centímetros 
— Pecho: angosto. — Los pies y las manos muy pequeños y 
bien formados. — La piel muy blanca excepto la de la 
cara y manos que la tenía tostada por el ardiente solj 
tropical y la intemperie, bajo cuyas acciones estaba siem- 
pre debido a sus constantes viajes y campañas por todos 
los climas. — Su cuerpo era muy flaco, en especial las 
piernas, lo cual hacía decir al duque de Manchester que 
"la llama había consumido el aceite". — "Su aspecto", dice 
O'Leary, "cuando estaba de buen humor era apacible, 
pero terrible cuando irritado; el cambio era increíble".- 
Lacroix nos dice que "su fisonomía era la de un hombre 
extraordinario, de un gran ingenio, de una inmensa inte- 
ligencia, de un profundo pensador." 

Tanto su cuerpo como su espíritu estaban en cons- 
tante movimiento, él mismo habla de la fogosidad de su 
imaginación. Era de recia contestura y soportaba todas 
las fatigas mejor que cualquiera de sus soldados; en 
ciertos momentos quien no lo conociera lo habría creído 
poco grave: a las veces cuando iba de paseo con sus ínti- 
mos, repentinamente, echaba a correr y dejaba atrás al 
séquito que no podía alcanzarlo; otras se ponía a saltar 
obstáculos; o hacía ejercicios peligrosos que requerían 
especial habilidad, como cuando saltó a pié juntillas, cal- 
zado de botas con espuelas, sobre la roca que está en el 
centro de la catarata del Tequendama. — Según el coronel 
Santa María cuando Bolívar recibió la carta de Santa 
Cruz anunciándole la victoria de Ayacucho, se desciñó 
el sable, se quitó la casaca y los arrojó al suelo diciendo 
que nunca más volvería a usarlos y se puso a bailar, ei 

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BOLÍVAR, EL MAYOR ORADOR DE AMERICA 

solo, por la sala, con la carta en una mano gritando: 
Victoria! Victoria! La emoción no le dejaba decir a los 
que le rodeaban la fausta nueva. No obstante ese carác- 
ter tan especial "su frente alta y la seriedad de sus mo- 
dales," dice Van Dockun, "inspiraban una veneración 
que involuntariamente lo obligaban a uno a inclinarse 
delante de él; y aunque su aspecto, en sí, no tenía nada 
de presumido ni dictatorial, se veía, o a lo menos yo vi, 
en él al grande hombre." 

Bolívar, como Mirabeau, sobresalía en todos los ejer- 
cicios y deportes: habilísimo ginete, en los llanos de Ve- 
nezuela, se complacía en perseguir a los venados a ca- 
rrera tendida; audaz alpinista, trepó a los picos más 
altos de los Andes; podía nadar con los brazos atados; 
era un entusiasta cazador y un incansable bailador; ma- 
nejaba todas las armas como un maestro y en los com- 
bates cuando se le cansaba un brazo empuñaba el sable 
con la mano del otro y seguía peleando. "Amigo del 
combate", dice Páez, "acaso lo prodigaba demasiado y 
mientras duraba tenía la mayor serenidad". — Bolívar 
opinaba, que el hombre que manda, en todo, si es posi- 
ble, debe mostrarse superior a los que deben obedecerle. 
Es el modo de conquistar un prestigio duradero e indis- 
pensable para el que ocupa el primer rango en una so- 
ciedad, y, particularmente, si se halla a la cabeza de un 
ejército. 

Cuando el mal tiempo o los asuntos públicos le 
obligaban a guardar la casa, se desquitaba meciéndose, 
•con violencia en su hamaca o paseándose, a pasos largos, 
por los corredores o cuartos. — En las marchas iba siem- 
pre cantando, recitando versos o silbando, para distraer- 
se, y lo mismo hacía cuando estaba imposibilitado de 
alir. — Dormía poco y su sueño era muy ligero. — Su vista 
tenía mucho alcance y su oído gran finura. — Era en ex- 

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BOLÍVAR, EL MAYOR ORADOR DE AMERICA 



tremo asiado y vestía con sencillez y elegancia. — Todo 
en él expresaba distinción y eran sus modales los del 
hombre de la más culta sociedad. Manifestaba su habi- 
tual inquietud asumiendo diferentes posiciones y, en la 
conversación, cambiando de temas con la mayor fre- 
cuencia. 

Caballeroso en los más triviales detalles, de una ge- 
nerosidad increíble, este hombre, que fué siempre un 
gran señor, seducía de todos modos. No sólo conquistó 
la gloria, mas también a sus rivales: Josefina, Isabel, 
Luisa, Manuelita, Anita, Manuela "la libertadora" y 
tantas otras, como aquella gentil niña del Potosí, que le 
amó siempre y a la que muerta le encontraron sobre el 
pecho un retrato de Don Simón. 

Su temperamento hepático-nervioso hacía que su ge- 
nio fuera, a veces, variable, irascible, y otras hasta in- 
transigente. — La anécdota que se cuenta, de haberse 
negado él a besar la cruz sobre la sandalia del papa, 
si es cierta, fué un acto de orgullo del indómito adoles- 
cente que no comprendió la arcaica ceremonia, y que 
excusa, según su criterio, con estas palabras, dichas al 
embajador que le reprende: Muy poco debe estimar el 
papa el signo de la religión cristiana cuando lo lleva en 
sus sandalias, mientras los más orgullosos soberanos de 
la cristiandad lo colocan sobre sus coronas. 

Las cóleras de Bolívar duraban poco y perdonaba 
ligero las ofensas, por grandes que hubieran sido, sobre 
todo si la patria estaba de por medio. De él son estas 
frases: el más noble y honesto género de venganza es 
perdonar; el desprecio es la más política venganza; no 
hay venganza como el olvido. 

La gloria era su única ambición; la independencia 
de la América su sublime ideal. Todo se lo consagró a la 

112 




Simón Bolívar en 1825 
Por Gil. 



BOLÍVAR, EL MAYOR ORADOR DE AMERICA 

libertad: caudal, tranquilidad, salud, existencia. El decía: 
Mi única ambición es la Ube7*tad de mis conciudadanos. 
Mi amor a la independencia de la América m.e lia hecho 
hacer diferentes sacrificios ya en la paz, ya en la guerra, 
y no rehusaré jamás esos sacrificios; porque el que lo 
abandona todo por ser útil a su país, no pierde nada, y 
gana cuanto le consagra. 

Susceptible de su gloria lo herían vivamente los 
ataques de la prensa y lo encolerizaba la calumnia. Un 
año antes de morir le escribía a José María del Castillo: 
No hay día, no hay hora, en que estos abominables no 
me hagan beber la hiél de la calumnia. No quiero ser 
la victima de mi consagración al más infame pueblo 
que ha tenido la tierra: América, que después que la he 
librado de sus enemigos y la he dado una libertad que 
no merece, me despedaza diariamente, de un extremo' 
a otro, con toda la furia de sus viles pasiones. 

Le gustaba mucho el baile, tanto como dice Séneca 
que le gustaba a Escipión, el conquistador de España y 
vencedor de Aníbal, parecido además en muchas otras 
cosas a Bolívar. — Cuando el cuartel general del Liber- 
tador se encontraba cerca de alguna ciudad o villa, se 
bailaba casi todas las noches. El baile le excitaba la ima- 
ginación. Bailaba una pieza y se retiraba a dictar órde- 
nes u oficios o discursos y volvía a valsar, y así alternaba 
las vueltas con la literatura o la oratoria. Hay hombres 
— decía nuestro héroe — que necesitan estar solos y bien 
retirados de todo ruido para poder pensar y -meditar; 
yo pensaba, reflexionaba y meditaba en medio de la so- 
ciedad, de los placeres, del ruido y de las balas. Me lialla- 
ua solo en medio de mucha gente porque me hallaba con 
mis ideas y con mi distracción. 

Todo en él era grandioso y su excelso numen le per- 
mitía ver con mucha anticipación lo porvenir; la carta 

* 113 



BOLÍVAR, EL MAYOR ORADOR DE AMERICA 

sobre la América española, que escribió en Jamaica en 
1815, parece una profecía. Las veces que se encontró 
derrotado, sin territorio y sin ejército, conservó su fe ; 
inquebrantable y la seguridad del triunfo final, sin que 
le hubieran arredrado los obstáculos más grandes. Casi 
derrrotado el año 18, lanzó aquella célebre declaración 
de independencia de Venezuela y desafió a España, a 
Europa y al mundo entero. En 1824 reúne el Congreso 
de Panamá para darle importancia a Colombia y a las 
otras repúblicas americanas, y lograr que Europa las 
reconociera. 



114 



III 

ILUSTRACIÓN 

Y CULTURA INTELECTUAL 

DE BOLÍVAR 

Bolívar, como Alejandro el Grande, tuvo su Aris- 
tóteles en el sabio y extravagante Simón Rodríguez, el 
revolucionario de 1797, quien fué, como dice el mismo 
Bolívar, el compañero de mi infancia, el confidente de 
todos mis goces y penas, el mentor cuyos consejos y con- 
suelos tuvieron para mi tanto imperio fué mi 

maestro universal. 

Rodríguez hizo familiar a Bolívar con los clásicos 
griegos y latinos, en cuya lectura, que hacía éste en las 
mejores traducciones francesas, se recreó siempre du- 
rante toda su vida. — Rodríguez le hizo estudiar: al he- 
breo Spinoza, cuyo panteísmo destructor de la persona- 
lidad y la libertad, no ha podido influir en él sino para 
combatirlo; al inglés Hobbes, el filósofo historiador, pre- 
dicador de la autocracia, cuyas opiniones exageradas 
y paradójicas han debido ser inadmisibles para su espí- 
ritu altamente lógico, excepto el principio que establecía 
JIobbes de que no había otro derecho que la fuerza, de- 
recho que El Libertador tuvo que practicar como 

115 



BOLÍVAR, EL MAYOR ORADOR DE AMERICA 

guerrero y contra el cual defendió a la América como 
legislador; al alemán Holbach, el exagerado filósofo 
libre pensador, el predicador del ateísmo, que si influyó 
sobre el alma de Bolívar, fué de manera muy superficial; 
al escocés Hume, imitador de Montesquieu, el filósofo 
historiador, el gran excéptico e idealista, que negaba 
la relación de las causas y los efectos y que debió pare- 
cerle muy ridículo a Bolívar. — En cambio influyeron 
grandemente en la orientación de su eminente ingenio: 
Montesquieu, el sabio autor de "El Espíritu de las leyes"; 
Russeau, que proclamó la soberanidad del pueblo y creó 
la revolución francesa, el "padre del romantisismo", de 
que era hijo Bolívar; Voltaire, el autor favorito de" 
Bolívar en quien encontraba todo: estilo, grandes y pro' 
fundos pensamientos filoso fieos, crítica fina y diversión. 
El Libertador tenía de Voltaire la delicada ironía, la- 
claridad, la elegancia, el brillo, la exactitud y la varie- 
dad de estilo; también era inquieto e irascible como 
aquel filósofo, sin tener ninguno de sus grades defectos 
personales. Mancini asegura, muy exageradamente, que 
Russeau influyó tanto en Bolívar que algunos de los' 
escritos de éste parecen traducciones del ginebrino. La 
superioridad de Bolívar sobre Rousseau es muy notable, 
especialmente como orador, pues éste no pudo nunca hablar 
en público. El virtuoso D'Alembert, así comoDideroty los 
demás enciclopedistas han debido darle mucho alimento 
intelectual a nuestro héroe; y, a pesar del romantisismo 
de Don Simón, influencia grande han debido ejercer" 
en su cultura los clásicos griegos y latinos. Así como se' 
deleitaba leyendo la Odisea y la Ilíada y le gustaba con- 
versar sobre la antigua Grecia, la lectura de los oradores 
atenienses ha debido tener influencia en su estilo, sobre 
todo Lysias el representante del atisismo que encontra- 
mos en Bolívar. Lysias fué el primero en usar el len-- 

116 



BOLÍVAR, EL MAYOR ORADOR DE AMERICA 

guaje diario con gracia y facilidad en vez del afectado 
de la escuela antigua. Bolívar tiene toda la fuerza y la 
variedad de Demóstenes, el gran patriota defensor de 
la libertad griega. Los clásicos españoles, a quienes co- 
nocía bien Bolívar, no influyeron en él para nada, a 
menos que no fuera una excepción Cervantes con Don 
Quijote. 

Casi todo el tiempo que las múltiples ocupaciones 
y cuidados dejaban libre a Bolívar, lo empleaba en 
leer; leía de todo, y todo lo retenía en su gran memoria. 
Sus autores favoritos fueron siempre Voltaire, Rous- 
seau, Montesquieu y Homero. Su instrucción abarcaba 
casi todas las artes, las ciencias y la literatura. Tenía 
predilección por la historia, la política y la guerra. 

Su distracción literaria, en los cuatro meses de 1820 
que pasó en Cúcuta, fué hacer composiciones poéticas. 
Olmedo llegó a decir que si Bolívar se hubiera dedicado 
a la poesía habría excedido a Píndaro. Las dos cartas 
de Bolívar a Olmedo, de junio y julio de 1825, son una 
fina crítica sobre poesía en que demuestra mucho gusto 
y cultura literaria. 



117 



IV 
EL ESTILO DE BOLÍVAR 

Cuál era el estilo de Bolívar ? Cómo se expresaba éí 
en su discursos ? 

Bolívar manifiesta su aticismo con el consejo que le 
dio al general Azula en 1821: Procure usted instalar lo 
más pronto el congreso con un discurso muy sencillo, 
pero muy noble, sin frases estudiadas ni palabras anti- 
cuadas. 

Su crítica al "Canto de Junín" demuestra su temor a 
la hipérbole, a la afectación y a lo ridículo, en lo que es 
tan fácil incurrir, y ésto último lo expresa con mucha 
fuerza así: Manolo y el Cid son hermanos aunque hijos 
de distintos padres. — De una ojeada veía las excelencias 
y los defectos de cualquier escrito. Estando en Bucaraman- 
ga, en 1828, llegó una proclama de Sucre, como presi- 
dente de Bolivia, la cual encontraron, todos los que ro- 
deaban al Libertador, muy buena, pero éste se las lee 
y se las analiza frase por frase y les prueba quo no era 
tan buena como les parecía. 

Los grandes oradores de la revolución francesa, 
ellos mismos influidos de los clásicos antiguos, fueron 
tal vez, en algo los maestros de Bolívar como lo fueron 
de Napoleón. Entre las proclamas de estos dos grandes 
hombres hay alguna semejanza en el estilo, aun cuando 
son superiores las de Bolívar. 

118 



BOLÍVAR, EL MAYOR ORADOR DE AMERICA 



En el discurso pronunciado por El Libertador ante 
el congreso de Angostura, en 1819, dice en una frase: 
Un hombre y un hombre como yo! qué dique podría 
oponer al ímpetu de estas desvast aciones ? — En medio 
de este piélago de angustias no he sido más que un vil 
juguete del huracán revolucionario que me arrebataba 
como una débil paja. — Ese lenguaje cargado de figuras 
era del gusto de la época, así hablaban los Mirabeau, 
los Dantón y los Robespierre. Sin embargo, Bolívar era 
generalmente comedido con los tropos, que siempre usa- 
ba con elegancia y sólo para darle fuerza a la expresión. 

Palacio-Fajardo, desgraciadamente, rehizo este dis- 
curso antes de darlo a la estampa, y quizás, sea res- 
ponsable del estilo de algunos párrafos. Fajardo le es- 
cribió a Bolívar acerca de este discurso: "El español de 
V. E. no siempre es puro, aunque siempre escogido, 
cadencioso y elegante. Hay pensamientos atrevidos en 
el discurso; pero dependen de la originalidad con que 
V. E. juzga nuestra situación política, y esta originali- 
dad será religiosamente respetada." Crítica que enaltece 
mucho el carácter de Bolívar. 

El estilo de Bolívar siempre armonioso y grandilo- 
cuente en sus discursos, como es natural, es más sen- 
cillo en sus epístolas, pero nunca tiene la frialdad ni el 
adorno del "estilo ciceroniano" de los españoles del siglo 
de oro. Cuando la emoción lo dominaba sus frases se 
llenaban de imágenes poéticas, siendo otras veces su 
lenguaje tan desapasionado como el de un historiador. 
O'Leary dice que el estilo de Bolívar "cuando discurría 
sobre negocios públicos era nervioso y contundente y 
cuando trataba asuntos personales era severo al mismo 
tiempo que sarcástico." 

Como el estilo es el carácter de la dicción es por lo 
que influyen sobre él no solamente el genio del idioma, 

119 



BOLÍVAR, EL MAYOR ORADOR DE AMERICA 



sino el carácter del escritor u orador, asi como la situa- 
ción en que se encuentra éste y sus cualidades intelec- 
tuales, tanto como las cosas expresadas. 

Las elipsis que comete El Libertador y que hacen 
su estilo "contundente o nervioso'', lo mismo que los fre- 
cuentes galicismos en que incurre, además de reflejar 
su propio carácter, provenían de la asidua lectura del 
francés, idioma que hablaba y escribía correctamente. 
La elipsis es una figura mucho más frecuente en fran- 
cés que en español, y que los clásicos de nuestra lengua 
casi nunca emplean. — No debe olvidarse que al mismo 
Cervantes se le escaparon galicismos. 

El purista es siempre fastidioso, porque en su afán 
de aparecer castizo cae en lo prolijo; además el estilo 
está muy subordinado al pensamiento, por lo cual es 
exacto el apotegma de Buffon: "sólo las ideas forman el 
fondo del estilo". Montesquieu decía: "No podréis ocu- 
paros en decir bien desde el momento en que os inquie- 
téis con el temor de decir mal, y cuando en vez de se- 
guir vuestro pensamiento no os preocupéis sino de las 
expresiones que puedan escapar a la sutileza de los crí- 
ticos". A más de ésto, son, a veces, necesarias, para pro- 
ducir efectos oratorios especiales, aun las expresiones 
inusitadas en literatura, o las incorrectas. Todo depende 
del auditorio y de las circunstancias. 

Bolívar nunca tuvo el tiempo necesario para ser 
un estilista y de haberlo tenido, de seguro, le habría 
faltado la paciencia, para corregir y volver a corregir 
hasta alcanzar la perfección de Voltaire, de Bello o de 
Baralt. Hubo obras que Voltaire copió hasta catorce 
veces para perfeccionarlas y decía que mientras viviera 
nunca habría edición definitiva de ninguna de ellas. El 
Libertador llamaba ésto: lima y más lima para pulir 
la obra de los hombres. 

120 



BOLÍVAR, EL MAYOR ORADOR DE AMERICA 

Bolívar sin ser retórico ni académico fué sin em- 
bargo, escritor de raza, nacido con todas las cualidades 
de un gran orador. 

En todas las ocasiones, tenía Bolívar, la harmonía 
requerida entre su estilo, siempre genuino y noble, y 
sus ideas; sola perfección a que se puede aspirar, siendo 
imposible cualquier otra. 

Cuando se lee a Bolívar, ya que desgraciadamente 
no nos fué dado oírle, es siempre el libertador, el legis- 
lador, el filósofo, lo que absorbe nuestra atención; y 
nos conmueve al mostrarnos la patria, la gloria, la gran 
tragedia de nuestra independencia. Imaginémonos cuál 
sería el entusiasmo que produjo y el dominio de su pa- 
labra, de su presencia y de su acción, sobre sus contem- 
poráneos que le oyeron. 

Imitando una frase de Quintiliano podemos decir 
de Bolívar, que la luz de sus palabras, es como la del 
sol en el universo, la cual no requiere atención para ser 
vista, no es necesario sino abrir los ojos. 

Es con la figura, con la imagen, que se producen 
los mejores efectos de la elocuencia oratoria, pero se 
requiere el "énfasis del acento" y el "aparato de la ex- 
presión", que encuentra Rodó en el estilo de Bolívar, 
para impresionar las muchedumbres y dominarlas por 
la fuerza de la razón, y conducirlas por los sentimientos 
que se les ha inspirado. Ninguno les ha presentado, como 
Bolívar, las imágenes del deber, de la libertad, de la 
patria, de la gloria. 



121 



EPISODIOS 
DE LA VIDA ORATORIA DE BOLÍVAR 

LA INFANCIA 

Desde niño demostró Don Simón su amor por la 
libertad. Cuando tenía trece años visitaba y le era útil 
a los revolucionarios presos en Caracas por los aconte- 
cimientos de 1797. Dos años después hablando en México 
con el virrey Azanza, sobre esta insurrección, lo hizo 
con tanto calor y defendió tan decididamente la Inde- 
pendencia, que el virrey le ordenó al oidor Aguirre que 
hiciera marchar cuanto antes al joven Bolívar. 

LA ADOLESCENCIA 

En 1804 conversando con Humbolt, en París, sobre 
la tiranía que reinaba en América y su grandeza futura, 
le decía Humbolt que ya este continente debía ser liber- 
tado a lo que contestó Bolívar, que no conocía el hombre 
que tan grandiosa hazaña pudiera consumar. Después, 
en Roma, en agosto del mismo año, subió, con Rodrí- 
guez, al Monte Sacro. Recordaron en aquel sitio, el' 
Aventino de otros tiempos, la retirada de los plebeyos 
insurreccionados contra el senado opresor, y el empeñe 
de los patricios para hacerlos volver a la ciudad, hasta 

122 



BOLÍVAR, EL MAYOR ORADOR DE AMERICA 



que en nombre del Senado se les presentó Menenio r 
aquel gran guerrero y orador, también plebeyo, que los 
persuadió con la fábula del estómago y los miembros, 
hecha célebre por Tito Livio, y los condujo a Roma, y 
les hizo dar tribunos. Bolívar y su maestro recordaron, 
también, al pueblo americano que, como aquellos ple- 
beyos, no tenía tribuno que defendiera sus derechos. 
Bolívar, joven entonces de veintiún años, enardecido, 
se levantó e hizo una famosa peroración sobre todos los 
recuerdos que trajo a su mente la antigua Roma y, de 
seguida, trémulo, pálido y con los ojos arrasados en lá- 
grimas, cayó de rodillas y dijo, dirigiéndose a Rodrí- 
guez: Juro delante de usted, juro por el Dios 'de mis 
padres, juros por ellos, juro por mi honor y juro por la 
patria que no daré descanso a mi brazo ni reposo a mi 
alma, hasta que haya roto las cadenas que nos oprimen 
por voluntad del poder español. — Desde ese momento 
fué ya el grande orador que había recibido la divina 
inspiración: su excelso ideal. 

Hacia el final de su vida hablando con sus edecanes 
les decía: Muerta mi mujer y desolado yo con aquella 
pérdida precoz e inesperada, volví a España, y de Ma- 
drid pasé a Francia y después a Italia, ya entonces iba 
tomando algún interés por los asuntos públicos. La po- 
lítica me atraía, y yo, seguía sus variados movimientos. 
Vi en París, en el último mes del año de 180U, la coro- 
nación de Napoleón. Aquel acto magnífico me entusias- 
mó, pero menos su pompa que los sentimientos de amor 
que un inmenso pueblo manifestaba por el héroe. 
Aquella efusión general de todos los corazones, aquel 
libre y espontáneo movimiento popular, excitado por las 
glorias, por las heroicas hazañas de Napoleón, vitoreado en 
aquel momento por- más de un millón de personas, me 
pareció ser, para el que recibía aquellas ovaciones, el 

123 



BOLÍVAR, EL MAYOR ORADOR DE AMERICA 



último grado de las aspiraciones humanas, el supremo 
deseo y la suprema ambición del hombre. La corona 
que se puso Napoleón sobre la cabeza la miré como una 
cosa miserable y de moda gótica; lo que me pareció] 
grande fué la aclamación universal y el interés que ins- 
piraba su persona. Esto, lo confieso, me hizo pensar en 
la esclavitud de mi país y en la gloria que conquistarla 
el que lo libertase; pero, cuan lejos me hallaba de ima-\ 
ginar que tal fortuna me aguardaba ! Más tarde, si 
empecé a lisonjearme de que un día podría yo cooperar 
a su libertad, pero no que representaría el primer papel 
en aquel grande acontecimiento. Sin la muerte de mi 
mujer no habría hecho mi segundo viaje a Europa y es 
de creerse que en Caracas o San Mateo no me habrían 
nacido las ideas que adquirí en mis viajes, y en América 
hubiera f orinado aquella experiencia, ni hecho aquel 
estudio del mundo, de los hombres y de las cosas que 
tanto me ha servido en todo el curso de mi carrera polí- 
tica. La muerte de mi mujer me puso muy temprano 
en el camino de la política, y me hizo seguir después 
el carro de marte en lugar de seguir el arado de Ceres. 

REGRESO A CARACAS EN 180(> 

Regresó a Caracas a raíz del fracaso de Miranda 
de 1806; fué revolucionario desde el 15 de julio de 1808, 
y, en 1809, en un banquete dado por su amigo personal, 
el capitán general Emparan, tuvo la audacia de pronun- 
ciar un brindis por la próxima independencia de Amé- 
rica. 

Fué uno de los principales revolucionarios del 19 
de abril de 1810. En cierta ocasión, dice Heredia: "que 
el marqués de Casa-León y José Domingo Duarte trata- 
ban de persuadir a Bolívar y a otros compañeros suyos, 

124 



BOLÍVAR, EL MAYOR ORADOR DE AMERICA 



de los peligros que corría la provincia, por aquel paso 

imprudente " después de oírlos, en silencio, el 

futuro Libertador contestó: que todo aquello estaba muy 
bien pintado, pero que él y sus asociados habían decla- 
rado la guerra a España, y verían cómo saldrían. 

LA SOCIEDAD PATRIÓTICA 

Miranda y Bolívar convirtieron la Sociedad Patrió- 
tica de Agricultura y Economía, creada en agosto ;de 
1810, en un club político, que se esforzaba en obligar al 
congreso de 1811, que perdía el tiempo en inútiles deli- 
beraciones, a declarar la independencia absoluta. Allí 
¡resonaban las elocuentes palabras de Miranda, Simón 
Bolívar, Muñoz-Tébar, Coto Paúl, Peña, y de otros tantos 
que el pueblo se deleitaba en oír y por lo cual prefería 
las sesiones de la Sociedad a las del Congreso nacional. 
El 3 de julio se discutió en el Congreso y en la Sociedad 
la conveniencia de la independencia absoluta; lo que dio 
lugar a que algunos observaran que la Sociedad se arro- 
gaba atribuciones legislativas y dividía a los patriotas. 
Al oír esto Simón Bolívar se levantó con presteza y pro- 
nunció un enérgico discurso que precipitó al Congreso' 
a declarar la independencia. Se discute en el Congreso 
Nacional, dijo, lo que debiera estar decidido. Y, qué di- 
cen ? que deberíamos empezar por una confederación: 
como si todos no estuviéramos confederados contra la 
tiranía extranjera! Que debemos esperar los resultados 
de la política de España: qué nos importa que España 
venda a Bonaparte sus esclavos, o que los conserve, si 
estamos resueltos a ser libres ? Esas dudas son triste 
efecto de las antiguas cadenas. Que los grandes proyec- 
tos deben prepararse con calma! Trescientos años de 
calma, no basta ? Se quieren otros trescientos todavía ? 

125 



BOLÍVAR, EL MAYOR ORADOR DE AMERICA 



— La junta patriótica respeta, como debe, al Congreso 
de la nación; pero el Congreso debe oír a la junta patrió- 
tica, centro de luces y de todos los intereses revolucio- 
narios. Pongamos, sin temor, la piedra fundamental de 
la libertad sudamericana. Vacilar es perdernos. 

EL TERREMOTO DE 1812 

Cuando el horroroso terremoto de Caracas de 1812, 
en que perecieron más de diez mil personas y quedó la 
ciudad en ruinas, el clero realista aprovechó la oportu- 
nidad para presentar esa desgracia como castigo del 
cielo infligido por la infidelidad a Fernando VIL Bolívar, 
que en mangas de camisa se encontraba recorriendo 
la ciudad, alcanzó a ver al prior de los dominicos mon- 
tado sobre una mesa y predicando la ira de Dios contra 
el pueblo; el futuro Libertador, desenvainó la espada 
y se fué contra el fraile a quien hizo bajar de la mesa 
y le dijo: Si se opone la naturaleza, lucharemos contra, 
ella y la haremos que nos obedezca. Exclamación debida 
a su poderosa voluntad, que estaba consciente de su 
fuerza para vencer aquellos obstáculos naturales, muy 
diferente a la imprecación sacrilega de Ajax, cuando 
recibió el castigo por la violación de Casandra, a que 
se le ha comparado. 

DESOBEDIENCIA A LEBATLT 

En diciembre de 1812 Lebatut, destinó a Bolívar al 
pueblo de Barrancas y le ordenó que se mantuviera allí 
sin moverse. Bolívar desobedeció al francés y arrostran- 
do la responsabilidad de su acción y lo grave de la falta 
de disciplina, remontó el Magdalena y conquistó a Tene- 
rife de los españoles y al entrar en la ciudad convocó 
las autoridades y a los principales vecinos y los obligó 

126 



BOLÍVAR, EL MAYOR ORADOR DE AMERICA 

a jurar la constitución de Cartagena. Después los arengó 
sobre los inmensos beneficios que resultarían del estricto 
cumplimiento de la constitución, apoyando al gobierno; 
les pintó los males que les habrían causado los españoles 
y los indujo a defenderse ellos y a defender la patria. 
Después continuó sus conquistas hacia Monpox donde 
lo recibieron con entusiasmo. Allí, les comunicó el fuego 
de su ideal a multitud de jóvenes a quienes cautivó con 
su palabra y le siguieron voluntariamente obedeciendo 
sus órdenes. 

ENTRADA A CARACAS EN 1813 

Bolívar entró en Caracas a fines de 1813, conducien- 
do en apoteosis el corazón de Giradot, ceremonia digna 
[ de los tiempos clásicos. Había recuperado a Venezuela 
en brillante camapaña de ocho meses. El 13 de octubre 
una asamblea compuesta por los principales vecinos de 
Caracas, encabezada por el cabildo, le concede el grado 
de capitán general y el título de Libertador de Vene- 
zuela, en premio de sus gloriosos servicios. Bolívar le 
habla a los caraqueños con notable modestia encomiendo 
al congreso granadino, al ejército y a sus oficiales, a 
algunos de los cuales les había conferido grados supe- 
riores al suyo propio: He tenido es verdad, les dice, el 
honor de conducir en el campo de batalla soldados va- 
lientes, jefes impertérritos y peritos, bastantes por sí 
solos a haber realizado la empresa memorable que feliz- 
mente han terminado nuestras armas. Uds. me aclaman 
capitán general de los ejércitos y Libertador de Vene- 
zuela: títido más glorioso y satisfactorio para -mí, que 
el cetro de todos los imperios de la tierra; pero Uds. 
deben considerar que el congreso de la Nueva Granada, 
el mariscal de campo José Félix Ribas, el general Afa- 

127 



BOLÍVAR, EL MAYOR ORADOR DE AMERICA 



nasio Girardot, el brigadier Rafael Urdaneta, el coman-: 
dante D'Elhuyar, el comandante Campo Elias y loé 
demás oficiales y tropas son verdaderamente éstos ilus- 
tres libertadores. Ellos, señores, y no yo, merecen las¡ 
recompensas con que a nombre de los pueblos quieren 
premiar Uds., en mí, servicios que ellos han hecho. M 
honor que se me hace es tan superior a mi mérito qué-, 
no puedo contemplarle sin confusión 

EL BATALLÓN ,SL\ NOMBRE 

En la mañana del 10 de noviembre de 1813 Bolívar 
derrotó a Ceballos cerca de Barquisimeto y los realistas 
se retiraron en desorden hacia Carora, hasta que su 
jefe con la ayuda de la caballería trató de rehacerlos 
para revolverse. En esos momentos, sin que se haya po- 
dido saber la causa, sin orden alguna, un tambor repu- 
blicano tocó retirada y lo que era ya completo triunfo 
se convirtió en derrota y fuga de los patriotas siéndole 
imposible a Bolívar detenerlos. En San Carlos se logró 
reunir algunos fugitivos y con ellos formó El Libertador 
un batallón, al que llamó sin nombre indignado por su 
inexcusable conducta, y le ,prohibió usar bandera hasta 
que conquistara una al enemigo. Rehecho ya Bolívar 
libró la batalla de Araure el 15 de diciembre. En esta 
batalla la vanguardia de los patriotas compuesta del 
batallón Cazadores, con algunas compañías de Barinas 
y una columna de caballería, sin esperar el resto del 
ejército, temerariamente trabó combate y a pesar del 
heroísmo de los nuestros el batallón fué destruido y la 
caballería se puso en fuga. El ejército patriota, más 
pequeño que el realista, quedó, así, aun en peores con- 
diciones y con la moral debilitada por los reveces sufri- 
dos. Bolívar no podía retirarse porque no contaba con 

128 



BOLÍVAR, EL MAYOR ORADOR DE AMERICA 

más tropas: debía combatir y vencer. Desplegó su gente 
en las mejores posiciones, ocupando el batallón "sin nom- 
bre" el centro de la línea de batalla. Bolívar no tenía 
sino elocuencia para hacer superiores sus batallones a 
los de Ceballos. Los arengó y levantó el heroísmo de las 
tropas con vehementes palabras, capaces, dice Briceño- 
Méndez, de excitar el entusiasmo en los corazones más 
fríos; y le dio orden a su mejor cuerpo de caballería 
de matar a todo el que huyera o se apartara de la línea 
patriota. Apenas empezó la batalla el "batallón sin nom- 
bre", bajo la mirada de Bolívar, se lanzó al sacrificio, 
contra las líneas de infantería, de caballería y de arti- 
llería españolas, no sólo para vencer al enemigo sino 
también para conquistar un nombre y una bandera. Su 
heroísmo fué la causa principal del triunfo republicano 
y entre las banderas que conquistó había una famosa- 
mente histórica. Bolívar al siguiente día de la batalla 
le pasó revista al ejército y cuando pasó frente al "ba- 
tallón sin nombre" le dijo: Soldados: vuestro valor ha ga- 
nado ayer en el campo de batalla un nombre para vues- 
tro cuerpo; y en medio del fuego, cuando os vi triunfar, 
le proclamé el Vencedor de Araure. Habéis quitado al 
enemigo banderas que un momento fueron victoriosas: 
habéis ganado la famosa, llamada invencible de Numan- 
cia: Llevad, soldados, esta bandera de la República — y 
les entregó una bandera tricolor, que recibieron los sol- 
dados llenos de júbilo, vitoreando al Libertador. — Yo 
estoy seguro que la seguiréis siempre con gloria. 

Cuando sus secretarios y los oficiales de Estado Ma- 
yor le felicitaron por esta victoria, Bolívar les respondió, 
Es manera muy marcial y brillante, para aumentar sus 
bríos, y significarles sus firmes propósitos de indepen- 
dencia americana: Es cierto, nuestras armas libertado- 
ras han vengado a Venezuela; el mayor ejército que ha 

» 129 



BOLÍVAR, EL MAYOR ORADOR DE AMERICA 

intentado subyugarnos yace tendido en el campo; pero 
no podemos descansar aún; otras glorias nos esperan; 
y cuando el suelo de la patria esté completamente libre, 
iremos a batir los españoles a cualquier parte de la Amé- 
rica, que dominen, y los arrojaremos al mar. La libertad 
vivirá al abrigo de vuestras espadas. 

Más después, previendo las dificultades y sacrificios 
de su carrera de libertadores, les dice: Las fatigas de la 
guerra no han comenzado aún, pero venceremos. El ger- 
men de la libertad que ahora se siembra debe dar su 
fruto. 

Más adelante añade: Si hay algo que no se pierde 
jamás, es la sangre vertida por la causa justa. 

ASAMBLEA Í)E 1814 

Después de la batalla de Araure, Bolívar se dirigió 
a Caracas para hacer entrega del poder supremo, y des- 
armar así a los miserables cuya envidia había tornado 
en enemigos. El 2 de enero de 1814 reunió una asamblea 
del pueblo presidida por los magistrados y presentán- 
dose ante ella le dio cuenta de su conducta y llenó de 
alabanzas a sus compañeros de armas: Yo no os he dado 
¡a libertad. Vosotros la debéis a mis compañeros de ar- 
mas. Contemplad sus nobles heridas que aun vierten 
sangre; y llamad a vuestra memoria los que han pe- 
recido en los combates. Yo he tenido la gloria de dirigir 
su virtud militar. No ha sido el orgullo ni la ambición 
del poder lo que me ha inspirado esta empresa. La liber- 
tad encendió en mi seno este fuego sagrado; y el cuadro 
de mis conciudadanos espirando en la afrenta de los 
suplicios o gimiendo en las cadenas, me hizo empuñar 
la espada contra los enemigos. La justicia de la causa 



130 



BOLÍVAR, EL MAYOR ORADOR DE AMERICA 

reunió bajo mis banderas los más valerosos soldados, y 
la Providencia justa nos concedió la victoria. 

El gobernador Mendoza contestó al Libertador elo- 
giándolo y diciendo que debía continuar en el mando 
y esmerarse en la unión de Venezuela con la Nueva 
Granada, a lo que Bolívar respondió elogiando a los 
caraqueños que contribuyeron a arrojar a los españoles 
de la Nueva Granada y refirió su desobediencia a Le- 
batut: Fué entonces que indignas rivalidades me redu- 
jeron a la alternativa más dura. Si obedecía las órdenes 
del jefe, no me hallaba en ninguna ocasión de combatir; 
si seguía mi natural impulso, me lisonjeaba de tomar la 
fortaleza de Tenerife, una de las más inexpugnables que 
hay en la América. Siendo vanas mis súplicas para ob- 
tener de aquél me confiase la dirección de esta empresa, 
elegí arrostrar todos los peligros y resultados y emprendí 
el asalto del fuerte. Sus defensores lo abandonaron a 
mis armas, que se apoderaron de él sin resistencia, 
cuando hubieran podido rechazar el mayor ejército. 
Cinco días marcados con victorias consecutivas termina- 
ron la guerra y la provincia de Santa Marta fué ocupa- 
da después sin obstáculo alguno. — Hizo después alusión 
a su querida Caracas: Esta capital no necesitó de nues- 
' tras armas para ser libertada. Su patriotismo sublime 
no había decaído en un año de cadenas y vejaciones. 
Las tropas españoles huyeron de un pueblo desarmado 
cuyo valor temía y cuya venganza merecían. Grande y 
noble en el seno mismo del oprobio, se ha cubierto de 
piayor gloria en su misma regeneración. 

Al referirse a sus compañeros los cubrió Bolívar con 
su propia gloria, y al describirlos lo hizo en un lenguaje 
hermoso y sencillo y con expresiones muy felices: Com- 
patriotas: vosotros me honráis con el ilustre título de 
ibertador. Los oficiales, los soldados del ejército, ved 



u 



131 



BOLÍVAR, EL MAYOR ORADOR DE AMERICA 

ahí los que reclaman la gratitud nacional. Vosotros co- 
nocéis bien los autores de vuestra restauración: esos va- 
lerosos soldados, esos jefes impertérritos. El general 
Ribas, cuyo valor vivirá siempre en la memoria, junto 
con las jornadas gloriosas de Niquitao y Barquisimeto; 
el gran Girardot, el joven héroe que hizo aciaga con 
su pérdida la victoria de Bárbula; el mayor general Ur- 
daneta, el más constante y sereno oficial del ejército; 
el intrépido D'Elhuyar, vencedor de Monteverde en las 
trincheras; el bravo comandante Elias, pacificador del 
Tuy y libertador de Calabozo; el bizarro coronel ViUapol 
que, desriscado en Vigirima, contuso y desfallecido, no 
perdió nada de su valor, que tanto contribuyó a la vic- 
toria de Araure; el coronel Palacios, que en una larga 
serie de encuentros terribles, soldado esforzado y jefe 
seteno, ha defendido con firme carácter la libertad de 
su patria; el mayor Manrique, que dejando sus soldados 
tendidos en el campo, se abrió paso por en medio de las 
f¡!as enemigas, con sólo sus oficiales Pla7ias, Monagas, 
Canelón, Luque, Fernández, Buroz y pocos más cuyos 
nombres no tengo presentes, y cuyo ímpetu y arrojo 
publican Niquitao, Barquisimeto, Bárbula, Las Trinche- 
ras y Araure. 

Terminó su discurso con la austera sinceridad de 
un gran patriota: Compatriotas: yo no he venido a opri- 
miros con mis armas vencedoras; he venido a traeros el 
imperio de las leyes: he venido con el designio de conser- 
varos vuestros sagrados derechos. No es el despotismo 
militar el que puede hacer la felicidad de un pueblo, 
ni el mando, que obtengo, puede convenir jamás, sino 
temporalmente a la República. Un soldado feliz no ad- 
quiere ningún derecho para mandar a su patria. No es 
el arbitro de las leyes ni del gobierno; es el defensor de 
su libertad, sus glorias deben confundirse con las de la 

132 



BOLÍVAR, EL MAYOR ORADOR DE AMERICA 



República y su ambición debe quedar satisfecha, al 

hacer la felicidad de su país 

Cuando cesaron los ruidosos aplausos, otros orado- 
res pidieron que se le confiara la dictadura a Bolívar y 
se le erigiera una estatua, éste volvió a levantarse y les 

dijo: Pueblos! Ninguno puede poseer vuestra 

soberanía, sino violenta e ilegítimamente! Huid del país 
donde uno solo ejerce todos los poderes: es un país de 
esclavos. Vosotros me tituláis Libertador de la Repúbli- 
ca; yo nunca seré el opresor 

En seguida tuvo un hermoso rasgo de política cuan- 
do dijo, refiriéndose al más rebelde y ambicioso de sus 
tenientes: Confieso que ansio impacientemente por el 
momento de renunciar a la autoridad. Entonces espero 
que me eximiréis de todo, excepto de combatir por vos- 
otros. Para el supremo poder hay ilustres ciudadanos 
que, más que yo, merecen vuestros sufragios. El general 
Marino, libertador de Oriente; ved ahí un bien digno 
jefe de dirigir vuestros destinos. 

Concluyó buscando sus ejemplos en la antigüedad: 
Os suplico no creáis que mi moderación es para aluci- 
naros y para llegar por este medio a la tiranía. Mis pro- 
testas os juro, son las más sinceras. Yo no soy como Syla, 
que cubrió de luto y de sangre a su patria; pero quiero 
imitar al dictador de Roma en el desprendimiento con 
que, abdicando el supremo poder, volvió a la vida pri- 
vada y se sometió en todo al reino de las leyes. No soy 
un Pisistrato, que con finas supercherías pretende arran- 
car vuestros sufragios afectando una pérfida modera- 
ción, indigna de un republicano, y más indigna aún de 
un defensor de la patria. Soy, simple ciudadano que pre- 
fiero siempre la libertad, la gloria y la dicha de mis com- 
pañeros a mi propio engrandecimiento. 

133 



BOLÍVAR, EL MAYOR ORADOR DE AMERICA 



PRIMER BATALLA DE CARABOBO 

Después de ganada la primer batalla de Carabobo, 
en mayo de 1814, Bolívar se dirigió a Caracas para ala- 
gar recursos y tranquilizar a los habitantes justamente 
alarmados por lo más numeroso y feroz que se había 
hecho el ejército de Boves, quien, ya curado de su he- 
rida, había salido en persecusión de Marino. El gober- 
nador de Caracas le dio el parabién por la victoria últi- 
mamente alcanzada, y El Libertador le respondió: 

no nos dejemos deslumhrar por los triunfos con que hoy 
nos corona la fortuna; preparémonos para mayores lu- 
chas, pongamos en actividad todos los recursos de nues- 
tra buena o mala situación, partiendo del principio que 
nada hay hecho cuando queda algo qué hacer; y a nos*' 
otros nos queda mucho 

PARTIDA PARA NUEVA GRANADA 

Con la segunda batalla de La Puerta, por segunda 
vez se perdió la república, y Bolívar tuvo que abandonar 
a Venezuela a causa de la insubordinación de Ribas, 
que le debía cuanto era, y de Piar y Bermúdez, quienes 
a la par de aquél le acusaron de desertor porque había 
salido en persecusión de Bianchi, cuando éste se dio a 
la vela con el tesoro de los patriotas. Al dejar Bolívar 
nuestras playas se le oyeron las siguientes palabras: 
El ejército libertador exterminó las bandas enemigas; 
pero no ha podido ni debido exterminar a un pueblo por 
cuya dicha ha lidiado en centenares de combates. No es 
justo destruir a los hombres que no quieren ser libres. 

Nuestro héroe se fué a la Nueva Granada, donde 
estaba refugiado Urdaneta con parte del ejército patrio- 
ta que había quedado. Urdaneta había recibido orden de 

134 



BOLÍVAR, EL MAYOR ORADOR DE AMERICA 



marchar, con las tropas, para Tunja, pero los venezola- 
nos supieron en Pamplona, el 11 de noviembre de 1814, 
que al día siguiente, su amado Libertador, llegaría a 
esa ciudad, por lo cual resistieron las órdenes del go- 
bierno granadino, de ponerse en marcha, antes de que 
llegara Bolívar, y aunque Urdaneta los obligó a obedecer 
se le insubordinaron en el camino y se regresaron gri- 
tando "Viva El Libertador ! Viva el General Bolívar !" y 
se fueron por la vía que traía éste. Al encontrarle lo es- 
trecharon en sus brazos y rodeándole entraron a Pam- 
plona junto con él. En la tarde hubo una revista, exigida 
a Urdaneta por Bolívar, quien, estando a caballo, le dijo 
a la tropa estas palabras, que quisieron ser severas: 
Habéis henchido mi corazón de gozo, pero, a qué costa? 
A costa de la disciplina, de la subordinación, que es la 
primera virtud del militar. — Vuestro jefe es el benemé- 
rito General Urdaneta; y él lamenta como yo el exceso 
a que os condujo vuestro amor. Soldados ! que no se re- 
pitan más los actos de desobediencia entre vosotros. Si 
me amáis, probádmelo, continuando fieles a la disci'plina 
y obedientes a vuestro jefe. Yo no soy más que un sol- 
dado que vengo a ofrecer mis servicios a esta nación 
hermana. Para nosotros la patria es la América: nues- 
tros enemigos los españoles: nuestra enseña la indepen- 
dencia *y la libertad. 

Bolívar se puso de parte del congreso en contra de 
los gobernadores de provincias y con las tropas de Urda- 
neta atacó a Bogotá y el 12 de diciembre logró que capi- 
tularan los realistas. El congreso lo hizo capitán general 
de los ejércitos de la confederación y le confió la misión 
de pacificar a Cundinamarca. Los diputados se trasla- 
daron a Bogotá donde se instaló el Congreso el 23 de 
enero de 1815 y ante él pronunció Bolívar un notable 
discurso. Al remontarse al origen lamentable de las di- 

135 



BOLÍVAR, EL MAYOR ORADOR DE AMERICA 

senciones de los granadinos les puso de manifiesto lo 
incapaz que eran para gobernarse, y les presentó des- 
pués el triste cuadro del régimen colonial: Creado el 
nuevo mundo bajo el fatal imperio de la servidumbre, 
no ha podido arrancar las cadenas sin despedazar sus 
miembros; consecuencia inevitable de los vicios de la 
servilidad y de los errores de una ignorancia tanto más 
tenaz, cuanto que es hija de la superstición más fanática 
que ha cubierto de oprobio al linaje humano. La tiranía 
y la inquisición habían degradado a la clase de los bru- 
tos a los americanos y a los hijos de los conquistadores, 
que les trajeron estos funestos presentes. Así, qué razón 
ilustrada, qué virtud política, qué moral pura podríamos 
hallar entre nosotros para romper el cetro de la opresión 
y sustituir de repente el de las leyes, que debían estable' 
cer los derechos e imponer los deberes a los ciudadanos 
en la nueva república ? El hábito a la obediencia sin 
examen había entorpecido de tal modo nuestro espíritu, 
que no era posible descubriésemos la verdad, ni encon- 
trásemos el bien. Ceder a la fuerza fué siempre nuestro 
solo deber; como el crimen mayor buscar la justicia y 
conocer los derechos de la naturaleza y del hombre. Es- 
pecular sobre las ciencias; calcidar sobre lo útil y prac- 
ticar la virtud, eran atentados de lesa tiranía, más fácil 
de cometer que de obtener su perdón. La mancilla, la 
expatriación y la muerte seguían con frecuencia a los 
talentos, que los ilustres desgraciados sabían adquirir 
para su ruina, no obstante el cúmulo de obstácidos que 
oponían a las luces los dominadores de este hemisferio. 

Todos los pueblos de la tierra se han gober 

nado por sí mismos con despotismo o con libertad; siste- 
mas más o menos justos han regido a las grandes socie- 
dades; pero siempre por sus ciudadanos, refundiendo el 
bien o el mal en ellos mismos. La gloria o el deshonor 

136 



BOLÍVAR, EL MAYOR ORADOR DE AMERICA 

a refluido sobre sus hijos: mas nosotros, hemos diri- 
gido los destinos de nuestra patria ? La esclavitud mis- 
ma, ha sido ejercida por nosotros ? Ni aun el ser instru- 
mento de la opresión nos ha sido concedido. Todo, todo 
3ra extranjero en este sítelo, religión, leyes, costumbres, 
ilimentos, vestidos, eran de Europa y nada debíamos ni 

%un imitar Igualados a las bestias salvajes, la 

'rresistible fuerza de la naturaleza no más ha sido capaz 
ie reponernos en la esfera de los hombres; y aun todavía, 
débiles en razón, hemos ya dado principio en los ensayos 
ie la carrera a que somos predestinados. 

En seguidas les explicó la empresa de independen- 
cia de manera elocuentísima: Un vasto campo se pre- 
senta delante de nosotros, que nos convida a ocuparlo; 
y bien que nuestros primeros pasos hayan sido tan tré- 
mulos como los de un infante, la rigorosa escuela de los 
trágicos sucesos ha afirmado nuestra marcha habiendo 
aprendido con las caídas, donde están los abismos; con los 
naufragios donde están los escollos. Nuestra empresa ha 
sido a tientas, porque éramos ciegos; los golpes nos han 
abiertos los ojos; y con la experiencia y con la vista que he- 
mos adquirido, por qué no hemos de salvar los peligros de la 
guerra, y de la política, y alcanzar la libertad y la gloria 
que nos esperan por galardón de nuestros sacrificios'? Estos 
no han podido ser evitables, porque para el logro del triunfo 
siempre ha sido indispensable pasar por la senda de los 
sacrificios. La América entera está teñida de la sangre 
americana. Ella era necesaria para lavar una mancha. 
tan envejecida ! La primera que se vierte con honor en 
este desgraciado continente, siempre teatro de desolacio- 
nes, pero nunca por la libertad. Méjico, Venezuela, la 
Nueva Granada, Quito, Chile, Buenos Aires y el Perú 
presentan heroicos espectáculos de triunfos e infortu- 
nios. Por todas partes corre en el nuevo mundo la sangre 

137 



BOLÍVAR, EL MAYOR ORADOR DE AMERICA 



de sus hijos; más es ya por la libertad, único objeto 
digno del sacrificio de la vida de los hombres ! Por la li- 
bertad, digo, está erizada de armas la tierra que poca 
ha sufría el reposo de los esclavos; y si desastres espan- 
tosos han afligido las más bellas provincias y aún repw 
Micas enteras, ha sido por culpa nuestra, y no por e 
poder de nuestros enemigos. 

Al tratar de los tribunales superiores les dio una 
bella definición del poder judicial: el estable- 
cimiento de los tribunales supremos, que sin interpretar 
las leyes, y sometiéndose ciegamente a ellas en la dÁstri- 
bución de la justicia, aseguran el honor, la vida y la for 
tuna de los ciudadanos, me lisonjeo, será uno de los mái. 
bellos monumentos que V. E. erigirá a su gloria. La jus 
ticia es la reina de las virtudes republicanas, y con ellas 
se sostienen la igualdad y la libertad que son las colum- 
nas de este edificio. 

Luego hablando de la omnipotencia de la voz del 
pueblo, base fundamental de la democracia dijo: Pero 
la opinión pública, Excmo. señor, es el objeto más sagra- 
do que llama la alta atención de V. E.: ella ha menester 
la protección de un gobierno ilustrado que conoce que la 
opinión es la fuente de los más constantes acontecimien- 
tos. Por la opinión ha preservado Atenas su libertad de 
la Asia entera. Por la opinión, los compañeros de Rómido 
conquistaron el universo. Por la opinión influye Ingla- 
terra en todos los gobiernos, dominando con el tridente 
de Neptuno la inmensa extensión de los mares. 

FACCIÓN DE MO¡\TII¿L.\, CASTILLO Y GUAL 

En enero de 1815 emprendió Bolívar su expedición 
para libertar a Santa Marta y Maracaibo. Al llegar ai 
las puertas de Cartagena empero, se encontró con la¡ 

138 



BOLÍVAR, EL MAYOR ORADOR DE AMERICA 

facción de Montilla, Castillo y Gual y no pudiéndose en- 
tender con ellos, prefirió retirarse a país extranjero. 
Fué primero a Jamaica, pero allí, donde se libró mila- 
grosamente del puñal asesino, no encontró recursos y 
se dirigió, entonces, a Haití a solicitarlos del ilustre Pe- 
tión. El prestigio de Bolívar, sus hazañas, su infortunio, 
todo contribuyó a la buena acogida que tuvo desde un 
principio en esa isla. Le explicó sus planes a Petión, le 
instruyó de los recursos con que contaba y los que le 
hacían falta y logró ganarlo, de tal manera, a su causa, 
que con la protección del presidente recibió cuanto le 
faltaba para continuar la guerra. A principios de fe- 
brero reunió, en Los Cayos, a los partidarios de la inde- 
pendencia y les expuso sus planes y medios para llevarla 
a cabo. Muy desesperados les parecieron esos planes de 
Bolívar y sólo con la ayuda de Brión pudo aquél indu- 
cirlos a formar una expedición para libertar a Vene- 
zuela. 

EN MARGARITA A FINES DE 1816 

Después del fracaso de la expedición de Ocumare y 
del desconocimiento de Bolívar en Güiria, por Marino 
y Bermúdez, El Libertador regresó a Haití y organizó 
la segunda expedición, que llegó a Margarita a fines de 
1816. Para esa época la situación de Venezuela era muy 
crítica, y casi imposible libertarla con los escasos recur- 
sos de que disponía Bolívar, mas él en ningún momento 
perdió la esperanza de triunfar y le hablaba a todos 
con una certeza y una fé incontrastables, sobre el éxito 
final, no solamente de libertar a Venezuela sino también 
de marchar sobre Santa Fe y el rico Perú,, comunicando 
a todos su entusiasmo. 



139 



BOLÍVAR, EL MAYOR ORADOR DE AMERICA 



LA SOKPKKKA DE QÜÍAMÁKE 

En enero de 1817, debido a la derrota de Clarines, 
Bolívar se dirigió a Guayana para reunirse con Piar. 
El 21 de marzo pasó por Carataquiche, acompañado 
únicamente de 15 oficiales armados de las carabinas de 
los asistentes, que iban también con ellos. En este pueblo 
fué informado El Libertador que la vía que llevaba es- 
taba interceptada por una partida grande de realistas, 
pero no se amilanó por la noticia y siguió adelante. Cerca 
del sitio de Quiamare, el coronel Parejo descubrió con 
la vanguardia, una celada del enemigo, y dio la alarma 
descargando su carabina. Bolívar echó pié a tierra y se 
valió de sus dotes de orador para salvar la pequeña 
partida de inminente destrucción. Dio la voz: Adelante 
cazadores a derecha e izquierda, como si mandase mucha 
agente. Su voz acobardó a los españoles que se retiraron 
dejándole la vía libre, después de un tiroteo en que que- 
daron heridos algunos oficiales. 

CASACOIMA 

A consecuencia de la temeraria orden de Bolívar 
de que las débiles flecheras de Arismendi se incorpora-' 
ran, en el Orinoco, a la escuadra de Brión, dos no pudie- 
ron pasar al través de la escuadra realista/ que cerraba 
«1 río, y se vieron forzadas a refugiarse en el caño de 
Casacoima, perseguidas por los españoles, que desem- 
barcaron un destacamento cerca de la boca del caño. 
Bolívar había enviado una guerrilla para protejer las 
flecheras y él mismo, el 4 de julio de 1817, salió a pre- 
senciar la operación, y fué sorprendido, junto con su es- 
tado mayor, a distancia de la guerrilla, por el destaca- 
mento realista. Los patriotas debieron la salvación a ha- 

140 



BOLÍVAR, EL MAYOR ORADOR DE AMERICA 



berse escondido, todo un día, dentro del agua, en una 
rebalsa del Orinoco, hasta que el enemigo se retiró al 
sentir la cercanía de la guerrilla republicana. Bolívar 
labia resuelto degollarse antes que caer en manos de los 
realistas. Su fe y su entusiasmo le dan fuerzas para 
sobreponerse a los reveses; y, aquella noche, viendo el 
porvenir con la más notable anticipación, le hace, a su 
desconsolado estado mayor, una disertación sobre las 
próximas campañas, que libertarían a Cundinamarca, 
Quito y el Perú hasta el Potosí. Tal arenga en circuns- 
tancias tan aflictivas y desesperantes, le hizo exclamar 
a M artel: "Ahora sí que estamos perdidos. — El Liberta- 
dor está loco." 

COXSEJO DE KSTADO EN ANUONTl KA 

Bolívar creó un Consejo de Estado, que inauguró en 
Angostura, en noviembre de 1817, con un magnífico discur- 
so, en el cual refiriéndose al gobierno militar, hecho ne- 
cesario por la anarquía, exclama: Y qué otra constitu- 
ción que la dictadura podro convenir a tiempos tan 
calamitosos ? Así lo pensaron todos los venezolanos, y 
así se apresuraron a someterse a esta terrible, pero 
necesaria administración. Los ejemplos de Roma erar 
el consuelo y la guia de nuestros conciudadanos. — Les 
habla de la desaparición de la república por tercera 
vez, y de su surgimiento, en Margarita, siempre con el 
mismo carácter militar que hasta ese momento tenía r 
pero que ya había llegado la hora de colocar al abrigo 
de las tempestades el arca de la constitución, y añade: 
Yo lie anhelado, y podría decir que he vivido desespe- 
rado en tanto que he visto a mi patria sin constitución, 
sin leyes, sin tribunales, regida por el solo arbitrio de 
tos mandatarios, sin más guias que sus banderas, sin 

141 



BOLÍVAR, EL MAYOR ORADOR DE AMERICA 



más principios que la destrucción de los tiranos y sin' 
más sistema que el de la independencia y de la libertad. 
Yo me he apresurado, salvando todas las dificultades, 
a dar a mi patria el beneficio de un gobierno moderado, 
justo y legal. Si no lo es, V. E. va a decirlo: mi ánimo 
ha sido establecerlo. 

El, que nunca recibió recompensas y dio cuanto!; 
tenía, al tratar sobre las del ejército, dice: Los soldados*, 
del ejército libertador eran demasiado acreedores a las 
recompensas del gobierno, para que hubiese podido ol- 
vidarlos. Hombres que han arrostrado todos los peligros, 
que han abandonado todos los bienes y que han sufrido 
todos los males, no debían quedar sin el justo galardón 
que merecen su desprendimiento, su valor y su virtud. 
Yo, pues, a nombre de la república, he mandado distri- 
buir todos los bienes nacionales entre los defensores de 
la patria. La ley que fija los términos y la especie de 
esta donación, es el documento que con mayor satisfac- 
ción tengo el honor de ofrecer al consejo. El premio del 
mérito es el acto más augusto del poder humano. 

Indica a Angostura como capital, mientras Caracas 
sea libertada, y añade: 

La religión de Jesús, que el Congreso decretó como 
exclusiva y dominante del Estado, ha llamado poderosa- 
mente mi atención, pues la orfandad espiritual a que 
desgraciadamente nos hallamos reducidos, nos compele 
imperiosamente a convocar una junta eclesiástica, a que 
estoy autorizado como jefe de un pueblo cristiano, que 
nada puede segregar de la comunidad de la iglesia ro- 
mana. Esta convocatoria que es el fruto de mis consultas 
a eclesiásticos doctos y piadosos, llenará de consuelo el 
ánimo afligido de los discípulos de Jesús y de nuestra 
religión. 

142 



BOLÍVAR. EL MAYOR ORADOR DE AMERICA 

Al terminar demuestra su acatamiento por la voz 
iel pueblo, fuerza efectiva de la democracia: El gobierno 
\ue en medio de tantas catástrofes y aislado entre tan- 
Ios escollos, no contaba antes con ningún apoyo, tendrá 
ihora por guía una congregación de ilustres militares, 
magistrados, jueces y administradores, y se hallará en 
'o futuro protegido, no sólo de una fuerza efectiva sino 
sostenido de la primera de todas las fuerzas: la opinión pú- 
blica. La consideración popular, que sabrá inspirar el 
Consejo de Estado será el más firme escudo del gobierno. 

Bolívar aseguró a la rica Guayana, abundante en 
recursos y fáciles vías de comunicación, como base donde 
apoyar las operaciones de los ejércitos libertadores; y, 
además, logró el concurso de Páez, el señor de Los Lla- 
nos, de quien se hizo reconocer como jefe, en enero de 
1818, durante una entrevista en el hato de Cañafístola. — 
El 12 de febrero triunfó en Calabozo; fué derrotado en 
Semen el 16 de marzo, y el 27 ganó la batalla de Ortiz. 
El 16 de abril trataron de asesinarlo en El Rincón de los 
Toros. — De julio a septiembre se preparó Bolívar para 
libertar a la Nueva Granada. — El 10 de octubre convocó, 
en Angostura, el Consejo de Estado, le propuso le reu- 
nión de un congreso y le expresó este gran precepto de- 
mocrático: No basta que nuestros ejércitos sean victorio- 
sos: no basta que nuestros enemigos desaparezcan de 
maestro territorio, ni que el mundo entero reconozca 
nuestra independencia; necesitamos aun más, ser libres; 
bajo los auspicios de leyes liberales, emanadas de la 
fuente más sagrada que es la voluntad del pueblo. 

CELOS DE BERMÜDEZ Y MARIS O 

El 31 de octubre llega Bolívar a Maturín y se en- 
cuentra que Bermúdez y Marino, quienes celosos el uno 

143 



BOLÍVAR, EL MAYOR ORADOR DE AMERICA 

del otro, no habían querido unirse contra el enemigo, y 
querían vencer sin ayudarse mutuamente. Bermúdez 
trató de atacar a Río Caribe y fué rechazado: Marino 
contrariando las órdenes del Libertador se había dirigido 
sobre Cariaco y a su vez fué derrotado con grandes per 
didas. Bolívar encuentra que sus planes son desbarata- 
dos por la anarquía reinante entre sus dos tenientes; 
llama a Marino y lo obliga a irse a Barcelona para cu4 
brir a Angostura; otro tanto hace con Bermúdez a quien 
envía a Cumaná para que coopere con Brión. 



CONGRESO 1>E ANGOSTURA 

El célebre discurso que pronunció Bolívar en el con 
greso de 1819 y el proyecto de constitución para Vene- 
zuela, los compuso en su viaje de San Juan de Payara i 
a Angostura, del 21 de enero al 8 de febrero, según 
O'Leary, a ratos, ora en la flechera donde surcaba el* 
Orinoco, ya a orillas del gran río, a la sombra de árboles 
centenarios, durante el frescor nocturno. Agarrado e 
cuello de la casaca con una mano y el dedo índice de la 
otra comprimiendo el labio superior, en su actitud carac 
terística de pensador, dictaba al secretario las impre 
siones que despertaba en su viva imaginación lo mages- 
tuoso del paisaje. — Desgraciadamente el discurso que ha 
llegado hasta nosotros fué el que se dio al público "corre 
gido" por Palacio-Fajardo, y ha debido de perder mucho 
de su fuerza y belleza original, con la censura de 
"crítico." 

El 15 de febrero instaló el Congreso, y con voz clara 
y llena de emoción pronunció el admirable discurso, que 
hizo llorar al auditorio. 

Véanse algunos párrafos: 

144 



BOLÍVAR, EL MAYOR ORADOR DE AMERICA 

La continuación de la autoridad en un mismo indivi- 
duo, frecuentemente ha sido el término de los gobiernos 
democráticos. Las repetidas elecciones son esenciales en 
los sistemas populares, porque nada es tan peligroso 
como dejar permanecer largo tiempo en un mismo ciu- 
dadano el poder. El pueblo se acostumbra a obedecer y 
él se acostumbra a mandarlo, de donde se origina la 
usurpación y la tiranía. Un justo celo es la garantía de 
la libertad republicana, y nuestros ciudadanos deben 
temer con sobrada justicia que el mismo magistrado que 
los ha mandado mucho tiempo, los mande perpetuamente. 
— Más tarde, debido a la experiencia que adquirió, du- 
rante su largo ejercicio del poder supremo, y de su cono- 
cimiento de nuestros incultos pueblos, cambió de parecer, 
y en la constitución boliviana propuso un presidente vi- 
talicio, con autoridad muy restringida, parecido al ac- 
tual monarca inglés, y en ésto se adelantó a su época. 

Uncido el pueblo americano al triple yugo de la ig- 
norancia, de la tiranía y del vicio, no hemos podido ad- 
quirir ni saber, ni poder, ni virtud. Discípulos de tan 
perniciosos maestros, las lecciones que hemos recibido 
y. los ejemplos que hemos estudiado, son los más destruc- 
tores. Por el engaño se nos ha dominado más que por la 
fuerza, y por el vicio se nos ha degradado más bien que 
por la superstición. La esclavitud es hija de las tinieblas; 
un pueblo ignorante es un instrumento ciego de su pro- 
pia destrucción; la ambición, la intriga, abusan de la 
crediüidad y de la inexperiencia de los hombres ajenos 
de todo conocimiento político, económico o civil; adoptan 
como realidad las que son puras ilusiones; toman la 
ciencia por la libertad, traición por el patriotismo, la 
venganza por la justicia. Semejante a un robusto ciego 
que instigado por el sentimiento de sus fuerzas marcha 

'° 145 



BOLÍVAR, EL MAYOR ORADOR DE AMERICA 

con la seguridad del hombre más perspicaz y dando en 
todos los escollos no puede rectificar sus pasos. 

Un pueblo pervertido, si alcanza su libertad muy 
pronto vuelve a perderlo porque en vano se esforzarán 
en mostrarle que la felicidad consiste en la práctica de 
la virtud; que el imperio de las leyes es más poderoso 
que el de los tiranos porque son más inflexibles, y todo 
debe someterse a su benéfico rigor; que las buenas cos- 
tumbres, y no la fuerza, son las columnas de las leyes; 
que el ejercicio de la justicia es el ejercicio de la liber- 
tad. Asi, legisladores, vuestra empresa es tanto más ím- 
proba, cuanto que tenéis que constituir a hombres per- 
vertidos por las ilusiones del error y por incentivos noci- 
vos. La libertad, dice Rousseau, es un alimento suculen- 
to, pero de difícil digestión. Nuestros débiles conciuda- 
danos tendrán que enrobustecer su espíritu mucho antes 
que lograr digerir el saludable nutrimiento de la liber- 
tad. Entumidos sus miembros por las cadenas, debilitada 
su vista en la sombra de las mazmorras, y aniquilados 
por las pestilencias serviles, serán capaces de marchar 
con paso firme hacia el augusto templo de la libertad ? 
Serán capaces de admirar de cerca sus espléndidos 
rayos y respirar sin opresión el éter puro que allí reina ? 



' Cuanto más admiro la excelencia de la constitución 
federal de Venezuela, tanto más me persuado de la im- 
posibilidad de su aplicación a nuestro estado. Y según 
mi modo de ver es un prodigio que su modelo en el norte 
de América subsista tan prósperamente y no se tras- 
torne al aspecto del primer embarazo o peligro. A pesar 
de que aquél pueblo es un modelo singular de virtudes 
políticas y de ilustración moral; no obstante que la liber- 
tad ha sido su cuna, se ha criado en la liberiad y se ali- 

146 



BOLÍVAR, EL MAYOR ORADOR DE AMERICA 

wnta de pura libertad; — lo diré todo, aunque bajo de 
Michos respectos, este pueblo único en la historia del 
enero humano, es un prodigio, repito, que un sistema 
an débil y complicado como el federal haya podido 
egirlo en circunstancias tan difíciles y delicadas como 

is pasadas — Hoy, a causa de la guerra con 

3s Imperios Centrales de Europa, los Estados Unidos 
tan centralizados todas las fuerzas nacionales y su 
iustre presidente es casi un dictador. 



El libro de los apóstoles, la moral de Jesús, 

a obra divina que nos ha enviado la Providencia para 
nejorar a los hombres, tan sublime, tan santa, es un 
liluvio de fuego en Constantinopla, y el Asia entera ar- 
lería en vivas llamas si este libro de paz se impusiese 
epentinamente por código de religión, de leyes y de cos- 
umbres. 

Que los hombres nacen todos con derechos 

guales a los bienes de la sociedad, está sancionado por 
a pluralidad de los sabios; como también lo está que no 
odos los hombres nacen igualmente aptos a la obtención 
le todos los rangos; pues todos debían practicar la vir- 
ud, y no todos la practican, todos deben ser valerosos, 
i no todos lo son; todos deben poseer talentos, y no todos 
ps poseen. De aquí viene la distinción efectiva que se ob- 
serva entre los individuos de la sociedad más liberal- 
nente establecida. Si el principio de la igualdad política 
is generalmente reconocido, no lo es menos el de la des- 
gualdad física y moral. La naturaleza hace a los hom- 
rres desiguales en genio, temperamento, fuerzas y carac- 
eres. Las leyes corrigen esta diferencia, porque colocan 
il individuo en la sociedad, para que la educación, ¡a 
ndustria, las artes, los servicios, las virtudes, le den una 

147 ' 



BOLÍVAR, EL MAYOR ORADOR DE AMERICA 



igualdad ficticia, propiamente llamada política y social,-, 
Es una inspiración eminentemente benéfica la reunión de" 
todas las clases en un estado en que la diversidad se 
midtiplica en razón de la propagación de la especie. Por 
este solo paso se ha arrancado de raíz la cruel discordia, 1 
Cuántos celos, rivalidades y odios se han evitado! 



Las reliquias de la dominación española per-' 

manecerán largo tiempo antes que lleguemos a anona- 
darlas: el contagio del despotismo ha impregnado nues- 
tra atmófera, y ni el fuego de la guerra ni el específico 
de nuestras saludables leyes han purificado el aire que 
respiramos. Nuestras manos ya están libres, todavía 
nuestros corazones padecen de las dolencias de la servi- 
dumbre. El hombre, al perder la libertad, decía Homero f - 
pierde la mitad de su espíritu. 



Que la historia nos sirva de guia en esta 

carrera. Atenas la primera nos da el ejemplo más bri- 
llante de una democracia absoluta, y al instante la misma 
Atenas nos ofrece el ejemplo más melancólico de la extre- 
ma debilidad de esta especie de gobierno. El más sabio 
legislador de Grecia no vio conservar su república diez 
años, y sufrió la humillación de reconocer la insuficiencia 
de la democracia absoluta para regir ninguna especie de 
sociedad, ni aun la más cidta, morigerada y limitada 
porque solo brilla con relámpagos de libertad. Reconoz- 
camos, pues, que Solón ha desengañado al mundo y le ha 
enseñado cuan difícil es dirigir por simples leyes a lo 
hombres. 

La república de Esparta, que parecía una invención 
quimérica, produjo más efectos reales que la obra inge 
niosa de Solón. Gloria, virtud, moral, y por consiguiente 

148 



BOLÍVAR, EL MAYOR ORADOR DE AMERICA 



la felicidad nacional, fueron el resultado de la legislación 
de Licurgo. Aunque dos reyes en un Estado son dos 
monstruos para devorarlo, Esparta poco tuvo que sentir 
de su doble trono; en tanto que Atenas se prometía la 
suerte más espléndida, con una soberanía absoluta, libre 
elección de magistrados frecuentemente renovados, leyes 
suaves, sabias y políticas. Pisístrato, usurpador y tirano, 
fué más saludable a Atenas que sus leyes; y Pericias, 
aunque también usurpador, fué el más útil ciudadano. 
ha república de Tebas no tuvo más vida que la de Peló- 
pidas y Epaminondas; porque a veces soyi los hombres, 
no los principios, los que forman los gobiernos. Los códi- 
gos, los sistemas, los estatutos, por sabios que sean, son 
obras ynuertas que poco influyen sobre las sociedades; 
hombres virtuosos, hombres patriotas, hombres ilustra- 
dos constituyen las repúblicas. 

La constitución romana es la que mayor poder y fortu- 
na ha producido a ningún pueblo del mundo; allí no había 
una exacta distribución de los poderes. Los cónsules, el se- 
nado, el pueblo ya eran legisladores, ya magistrados, ya 
jueces; todos participaban de todos los poderes. El eje- 
cutivo, compuesto de dos cósules, padecía el mismo incon- 
veniente que el de Esparta. A pesar de su deformidad, 
no sufrió la república la desastrosa discordancia que 
toda previsión habría supuesto inseparable de una ma- 
gistratura compuesta de dos individuos, igualmente au- 
torizados, con las facultades de un monarca. Un gobier- 
no, cuya única inclinación era la conquista, no parecía 
destinado a cimentar la felicidad de su nación; un go- 
bierno monstruoso y puramente guerrero elevó a Roma 
M más alto esplendor de virtud y de gloria y formó de 
la tierra un dominio romano, para mostrar a los hombres 
de cuánto son capaces las virtudes políticas y cuan dife- 
rentes suelen ser las instituciones. 

149 



BOLÍVAR, EL MAYOR ORADOR DE AMERICA 



Cuando hablo del gobierno británico, solo 

me refiero a lo que tiene de republicano; y a la verdad 
puede llamarse monarquía un sistema en el cual se reco- 
noce la soberanía popular, la división y equilibrio de los 
poderes, la libertad civil, de conciencia, de imprenta f 
cuanto es sublime en la política ? y puede pretender! 
mas en el orden social ? Yo os recomiendo esta constituí 
cwn, como la más digna de servir de modelo a cuantos- 
aspiran al goce de los derechos del hombre y a toda feli- 
cidad política que es compatible con nuestra frágil natu- 
raleza. 



Para sacar de este caos nuestra naciente república, 
todas nuestras facultades morales no serán bastantes, 
si no fundimos la masa del pueblo en un todo: la com- 
posición del gobierno en un todo; la legislación en un 
todo, y el espíritu nacional en un todo. Unidad, unidad, 
unidad, debe ser nuestra divisa. La sangre de nuestros 
ciudadanos es diferente: mezclémosla para unirla; nues- 
tra constitución ha dividido los poderes: enlacémoslos 
para unirlos; nuestras leyes son funestas reliquias der 
todos los despotismos antiguos y modernos; que este edi- 
ficio monstruoso se derribe, caiga y apartando hasta sus 
ruinas, elevemos un templo a la justicia, y bajo los aus*- 
pieiós de su santa inspiración, dictemos un código de le-- 
yes venezolanas 

La educación popular debe ser el cuidado primogé< 
nito del amor paternal del Congreso. Moral y luces son 
los polos de una república; moral y luces son nuestras 
primeras necesidades 

II 

La atroz e impía esclavitud cubría con su 

negro manto la tierra de Venezuela, y nuestro cielo se' 

150 



BOLÍVAR, EL MAYOR ORADOR DE AMERICA 

hallaba recargado de tempestuosas nubes que amenaza- 
ban un diluvio de fuego. Yo imploré la protección del 
Dios de la humanidad, y luego la redención disipó las 
tempestades. La esclavitud rompió sus grillos y Vene- 
zuela se ha visto rodeada de yiuevos hijos, de hijos agra- 
decidos que han convertido los instrume?itos de su cau- 
tiverio en armas de libertad. Sí, los que antes eran es- 
clavos, ya son libres; los que antes eran enemigos de una 
madrastra, ya son defensores de una patria. Encareceros 
la justicia, la necesidad y la beneficencia de esta medida, 
es superfino, cuando vosotros sabéis la historia de los 
ilotas, de Espartaco y de Haití; cuando vosotros sabéis 
que no se puede ser libre y esclavo a la vez, sino vio- 
lando a la vez las leyes . naturales, las leyes políticas y 
las leyes civiles. Yo abandono a vuestra soberana deci- 
sión la reforma o la revocación de todos mis estatutos y 
decretos; pero yo imploro la confirmación de la libertad 
absoluta de los esclavos, como imploraría mi vida de la 
república. — A Bolívar, el primero y el más sincero de 
los libertadores de los esclavos, todavía no se le ha ensal- 
zado, teniendo más derechos que otros, por la más noble, 
justa y cristiana de todas sus medidas. 

LA "PATIilhíITA" DE PALZ 

El congreso nombró a Bolívar, presidente provisio- 
nal con facultades equivalentes a las de dictador, y éste 
le contestó que no aceptaba sino la dirección de la guerra 
y que el primer día de la paz sería el último de su 
mando. El 27 de febrero dejó a Zea encargado del ejecu- 
tivo y partió para el ejército. Entre los muchos obstácu- 
los que se le presentaron al Libertador, cuando resolvió 
su campaña de la Nueva Granada, en el mes mayo, 
estaba Páez cuya cooperación necesitaba y quien no 

151 



BOLÍVAR, EL MAYOR ORADOR DE AMERICA 



quería dejar su "patriecita". Bolívar empleó toda su elo- 
cuencia en convencerlo, le explicó las ventajas que se 
obtendrían con sacar el ejército patriota de la región' 1 * 1 
insalubre del Apure, durante la estación de las lluvias; i" 1 
la dificultad de conseguir reclutas y abastecimientos en ' a 
Barinas, y Páez, quedó persuadido y accedió. 

SE DECIDE EL DESTINO DE LA AMERICA | 

En una choza a orillas del Apure, la cual tenía por 
único moblaje los esqueletos de las reses matadas por los 
realistas, Bolívar reunió, el 23 de mayo de 1819, una 
junta de guerra compuesta por los principales jefes: An- 
zoátegui, Briceño-Méndez, Carrillo, Rangel, Rook, Plaza, 
Manrique e Iribarren. Sentados sobre las osamentas 
oyeron una arenga del Libertador, quien les expuso su 
plan de campaña y sus propósitos, que todos encontraron 
ser los mejores. De tal modo quedó decidido allí el des- 
tino de la América. Aquellos hombres ilustres, llenos 
de entusiasmo, secundaron fielmente a Bolívar, excepto 
Iribarren, que fué el Judas. 

PASO DE LOS ANDES 

Con un ejército de dos mil hombres emprende la 
penosa ascensión de los Andes y el 27 de junio alcanza 
su primer triunfo en el desfiladero de Paya. Del 2 al 6 
de julio pasa el Páramo de Pisba, donde muere mucha 
gente entumecida por el frío. Bolívar espera a los liberta- 
dores que por grupos de diez a veinte pasan el páramo, los 
alienta y felicita y les dice que ya han vencido las mayores 
dificultades de la marcha, que pronto terminará la cam- 
paña. El 6 de julio llegan a Socha, cubiertos sólo con sus 
armas, dice Bolívar; sin caballos, sin provisiones. Del 10 
al 15 vencen en Corrales y Gámaza. 

152 



BOLÍVAR, EL MAYOR ORADOR DE AMERICA 



El 25 de julio se libró el combate de Pantano de 
argas.— Bolívar antes de la batalla fué obligado a 
cupar una posición desventajosa, y para remediar el 
nal envió a Santander a posesionarse de las alturas a 
a izquierda de la línea patriota, cuya derecha la prote- 
ja el Pantano de Vargas. Al empezar el combate el 
jército de Barreyro desalojó a Santander de las alturas 
' de seguida atacó el centro patriota y rompió la línea, 
>or lo cual los republicanos estaban amenazados con la 
lestrucción y la derrota; pero Bolívar, activo y enérgico, 
eunió rápidamente las tropas dispersas y ordenó a Rook 
ecuperar las alturas perdidas por Santander, lo cual ef ec- 
uó el inglés heroicamente. Sin embargo, todo parecía per- 
lido, y ya se consideraban derrotados, cuando El Liberta- 
lor arenga a los llaneros y les inspira el heroísmo que nece- 
itaban para vencer, y a Rondón, el jefe de éstos, le dice: 
Coronel salve usted a la Patria ! Los llaneros se lanzan 
.orno un huracán, contra los escuadrones de Barreyro y 
os arrollan; la infantería sigue el impulso de Rondón 
i quedan los realistas derrotados. La elocuencia de Bo- 
ívar ganó el combate de Pantano de Vargas y le dio la 
libertad a la Nueva Granada. Este combate, más que la 
batalla de Boyacá, fué la acción decisiva de tan gloriosa 
campaña. 

DONCELLAS EJE OFRECEN CORONAS 

La batalla de Boyacá le dio la libertad a, la Nueva 
Granada.— Cuando Bolívar entró en Santa Fe, el 18 de 
septiembre, veinte doncellas le presentaron una corona, 
en la plaza principal, empero la rehusó diciendo que no 
era él quien la merecía sino sus oficiales y soldados, que 
ellos eran los vencedores. 



153 



BOLÍVAR, EL MAYOR ORADOR DE AMERICA 



CONGRESO DE 1819 

A fines de 1819 se urdió una conjuración en Angoi 
tura, contra Bolívar, encabezada por Arismendi, quie 
salió de la prisión en que se había recluido por insuboi 
dinación, y se apoderó del mando, deponiendo a Ze; 
Bolívar se presentó inopinadamente en la capital prov: 
soria, rodeado de una gran aureola de gloria, e hiz 
terminar todas las facciones dejando chasqueados a su 
enemigos.— Inauguró el congreso el 14 de diciembre coi. 
un discurso muy modesto, en presencia de todo el puebl- 
que había concurrido a presenciar el acto. De manen 
concisa, sencilla y elegante narra la gloriosa campañi 
en que sobrepujó a Aníbal: Sería demasiado prolijo de 
tallar al Congreso los esfuerzos que tuvieron que hace, 
las tropas del ejército libertador para conseguir la em 
presa que nos propusimos. El invierno, en llanuras ané 
gadizas, las cimas heladas de los Andes, la súbita muta 
ción de clima, un triple ejército aguerrido y en posesiói 
de las localidades más militares de la América meridio 
nal, y otros muchos obstáculos tuvimos que superar er 
Paya, Gámeza, Vargas, Boyacá y Popayán para libertar 
en menos de tres meses, doce provincias de la Nueva] 
Granada. 

Recomienda los méritos y los grandes servicios del! 
ejército, alaba la conducta de la Nueva Granada y dice: 
Los granadinos están íntimamente penetrados de la in- 
mensa ventaja que resulta, a uno y otro pueblo, de lá 
creación de una nueva república, compuesta de estas 
dos naciones. La reunión de la Nueva Granada y Vene- 
zuela es el objeto único que me he propuesto desde ynis 
primeras armas: es el voto de los ciudadanos de ambos 
países y es la garantía de la América del Sur. 



154 



BOLÍVAR, EL MAYOR ORADOR DE AMERICA 

Otros oradores ensalzan las virtudes y las hazaña» 
de Bolívar y de sus compañeros, y aquél, poniéndose de 
pies, les contesta: Decretad la unión política de los dos 
estados y habréis satisfecho mi más ardiente deseo y 
recompensado ampliamente el ejército por sus servicios. 

En Santa Fe, y en todas las provincias que recorrie- 
ron a su regreso a Angostura, Bolívar popularizó, cuanta 
pudo, la idea de la unión de las dos repúblicas, demos- 
trando las ventajas que resultarían para toda la Amé- 
rica, y a sus íntimos les decía: el plan en sí mismo es 
grande y magnifico; pero además de su utilidad deseo 
verlo realizado, porque nos da la oportunidad de reme- 
diar en parte la injusticia que se ha hecho a un grande 
hombre, a quien de ese modo erigiremos un monumento 
que justifique nuestra gratitud. Llamando a nuestra 
república Colombia y denominando su capital Las Ca- 
sas, probaremos al mundo que no sólo tenemos derecho 
a ser libres sino a ser considerados bastantemente justos 
para saber honrar a los amigos y a los bienhechores de 
la humanidad: Colón y Las Casas pertenecen a la Amé- 
rica, honrémonos perpetuando sus glorias. — Quien pri- 
mero llamó a una parte de la América: Colombia, fué 
Miranda. 

La ley que creó a Colombia fué dada el 17 de di- 
ciembre de 1819, por el congreso venezolano. Once años 
más tarde, en ese mismo día murió El Libertador. 

ENTRADA A CUCUTA EN 1820 

Cuando Bolívar entró a Cúcuta de regreso de Car- 
tagena, en agosto de 1820, salió a recibirlo Sucre, al que 
O'Leary no conocía. El edecán le preguntó al Liberta- 
dor quién era el mal ginete que se les acercaba, y éste, 
hábil en descubrir el mérito, contestó: Es uno de los me- 

155 



E0L1VAR, EL MAYOR ORADOR DE AMERICA 



jores oficiales del ejército, reúne a los conocimientos- 
profesionales de Soublette, el bondadoso carácter de Bri- 
ceño, el talento de Santander y la actividad de Salóm; 
por extraño que parezca no se le conoce ni se sospechan 
sus aptitudes. Estoy resuelto en sacarlo a luz, persua- 
dido que algún día me rivalizará. 

MOJÍ JES D.K TKUJILLO 

Cierto día del mes de octubre en que Bolívar iba 
en persecusión de los españoles, salió a recibirlo a, dos 
leguas de Trujillo una comisión de monjes, más afectos 
al rey que a la república, los cuales tuvieron empeño en ! 
felicitarle a pesar de la fuerte lluvia que caía. Cuando 
divisaron al Libertador se apearon de sus gordas y brio- 
sas muías y uno le dijo un discurso en que expresaba 
ia disposición de todos ellos a hacer los mayores sacrifi- 
cios por Colombia y su Libertador. Bolívar les respondió 
con esta deliciosa ironía: El más grato servicio que po- 
déis hacernos ahora, reverendos padres, es someteros a 
la privación temporal de esas buenas nudas en que ha- 
béis venido, hemos hecho una larga jornada y nuestros 
caballos están tan cansados como nosotros; no os moles- 
téis, os lo suplico, en acompañarnos al paso de nuestras 
muías. 

el coronel pita 

En la ciudad de Trujillo estaba El Libertador, en 
octubre, tratando con Morillo un armisticio. El general 
español le envió al coronel Pita para sondearlo, quien 
llegó a Trujillo con pretexto de acompañar a un parla- 
mentario patriota. Bolívar lo invitó a su mesa y durante 
la comida dijo Pita que estaba autorizado por Morillo 
para expresar, que si Bolívar se retiraba a Cúcuta las 

156 



BOLÍVAR, EL MAYOR ORADOR DE AMERICA 

negociaciones adelantarían mucho, El Libertador al oir 
ísto contestó indignado: Diga Ud. al general Morillo de 
mi parte, que él se retirará a sus posesiones de Cádiz 
antes que yo a Cúcuta, dígale Ud. también que cuando 
fugitivo de mi patria, mientras él la estaba oprimiendo 
u la cabeza de un ejército numeroso envanecido con síis 
triunfos, yo, acompañado de unos pocos proscritos, no 
temí buscarle, y que cuando apenas tenia a mis órdenes 
tinas pocas guerrillas, jamás me retiré sino disputando 
el terreno palmo a palmo, y por ídtimo, que hacerme se- 
■mejarae proposición, ahora que cuento con un ejército 
más disciplinado que el suyo, es un insulto que yo devuel- 
vo con desprecio. 

AitMISTH 10 J>i; SANTA ANA 

Como orador, armado de todas las sutilezas del 
arte, ganó Bolívar la batalla diplomática librada en 
Santa Ana, durante su célebre entrevista con Morillo. 
Hablando con Lacroix le decía: El armisticio de seis 
meses que se celebró entonces y que tanto se ha criti- 
cado, no fué para mí sino un pretexto para hacer ver al 
mundo que ya Colombia trataba como de potencia a po- 
tencia con España; un pretexto también para el impor- 
tante t 'atado de regular ización de la guerra que se fir- 
mé tal, casi, como lo había redactado yo mismo; tratado 
santo, humano y político que ponía fin a aquella horrible 
carnicería de matar a los ve?icidos, de no hacer prisio* 
ñeros de guerra, barbarie española que los patriotas se 
habían visto en el caso de adoptar en represalia, barba- 
rie feroz que hacía retroceder la civilización, que hacía 
el sucio colombiano un campo de caníbales y la empapaba 
con sangre inocente que hacía estremecer a toda la hu- 
manidad el armisticio engañó también a Mo- 

157 



BOLÍVAR, EL MAYOR ORADOR DE AMERICA 






rrillo, y lo hizo ir a España y dejar el mando de su ejér- 
cito al general Latorre, menos activo, menos militar que 
el conde de Cartagena: esto era ya una inmensa victoria 
que me aseguraba la entera y pronta libertad de Vene- 
zuela; y me facilitaba la ejecución de mi grande e im- 
portante proyecto, el de no dejar un solo español armado 

en toda la América del Sur Jamás comedia di 

plomática ha sido mejor representada que la del día y no- 
che del 27 de noviembre del año 20 en el pueblo de Santa 
Ana. Produjo el resultado favorable que había calculado 
para mí y para Colombia, y fué fatal para España. 

En el banquete que le ofreció Morillo, Bolívar pro- 
nunció este brindis por el heroísmo y la humanidad: 
A la heroica firmeza de los combatientes de uno y otro 
ejército: a la constancia, sufrimiento y valor sin ejemplo; 
a los hombres dignos que, al través de males horrorosos, 
sostienen y defienden la libertad; a los que han muerto 
gloriosamente en defensa de su patria o de su gobierno: 
a los heridos de ambos ejércitos, que han mostrado su 

intrepidez, su dignidad y su carácter Odio eterno 

a los que deseen sangre y la derramen injustamente. 

CONSTITUCIÓN DE CUCUTA 

El primer congreso de Colombia, reunido en Cúcuta 
€n mayo de 1821, decretó una constitución harto defec- 
tuosa, sobre la cual Bolívar no objetó nada. Solamente 
cuando las campanas repicaron en celebración de la 
constitución, Bolívar, con la mirada en lo porvenir y lleno 
de tristeza, se limitó a decir: Están doblando por Co- 
lombia! Así fué. Más tarde esa constitución precipitó 
el desmoronamiento de la gran República. 



158 



BOLÍVAR, EL MAYOR ORADOR DE AMERICA 



JURAMENTO ANTE EL CONGRESO DE COLOMBIA 

El juramento en calidad de presidente de Colombia, 
i prestó Bolívar ante el congreso, el 3 de octubre de 
321, y en esa ocasión dijo un discurso sumamente sin- 
íro, y sobre todo lo es esta parte: Yo soy el hijo de la 
uerra; el hombre que los combates han elevado a la 
lagistratura; la fortuna me ha sostenido en este rango 
la victoria lo ha confirmado. Pero no son estos los títu- 
\s consagrados por la justicia, por la dicha y por la vo- 
intad nacional. La espada que ha gobernado a Colombia 
o es la balanza de Astrea; es un azote del genio del mal 
ue algunas veces el cielo deja caer a la tierra para el 
astigo de los tiranos y escarmiento de los pueblos. Esta 
spada no puede servir de nada el día de la paz, y éste 
■ebe ser el último de mi poder, porque así lo he jurado 
\ara mí, porque lo he prometido a Colombia, y porque 
x> puede haber república donde el pueblo no está seguro 
leí ejercicio de sus propias facultades. Un hombre como 
ro, es un ciudadano peligroso en un gobierno popular; es 
ma amenaza inmediata a la soberanía nacional. Yo quie- 
o ser ciudadano, para ser libre y para que todos lo sean, 
^refiero el título de ciudadano al de Libertador, porque 
•ste emana de la guerra, y aquél emana de las leyes. Cam- 
biadme, señor, todos mis dictados por el de buen duda- 
laño, 

ENTREVISTA CON SAN MARTIN 

Después de las batallas de Bombona y Pichincha 
>e promulgó en Quito la constitución de Colombia. El 11 
ie julio de 1822 llegó Bolívar a Guayaquil y ese mismo 
iía unió la provincia a Colombia. Tres días después 
arribó a esta ciudad el general San Martín, para confe- 
renciar con Bolívar sobre la ayuda que debía prestar 

159 



BOLÍVAR, EL MAYOR ORADOR DE AMERICA 



Colombia y la próxima campaña para libertar el Perú 
En lo concerniente al gobierno que le convenía a la Amé 
rica, San Martín, monarquista, y Bolívar, republicano 
democrático, no pudieron entenderse. Bolívar predomin 
con su prestigio y su elocuencia superiores, y San Martíi 
se retiró a Francia. 

SUPLICAS I>I]L PKKl 

Al devolver el Perú los batallones colombianos auxi 
liares, que le había enviado Bolívar, los españoles ven 
cieron fácilmente a los peruanos en Torata y Moquegua 
por lo cual el ejército peruano impuso de presidente a 
Riva-Agüero, quien se apresuró a solicitar, nuevamente, 
la protección de Bolívar, por medio del comisionadc 
Portocarrero. Este al ser recibido pronunció un lisonjero 
discurso al que contestó El Libertador: La ¡suerte de la 
bella república peruana está ya asegurada, porque tiene 
un gobierno de su corazón, un ejército peruano y a Co- 
lombia de auxiliar. Sí: Colombia hará su deber en el 
Perú: llevará sus soldados hasta el Potosí, y estos bravos 
volverán a sus hogares con la sola recompensa de haber 
contribuido a destruir a los últimos tiranos del Nuevo 
Mundo. Colombia no pretende un grano de arena del 
Perú, porque su gloria, su dicha y su seguridad se fincan 
en conservar la libertad para sí, y en dejar independien- 
tes a sus hermanos. 

Al obtener Portocarrero, por el tratado de 18 de 
marzo de 1823, la . protección que había ido a buscar,. 
visita al Libertador y le dice entre otras cosas: "La pre^ 
sencia sola del Libertador Simón Bolívar quitará el 
eclipse que padece el hermoso sol del Perú" y le contesta 
Bolívar: En cuanto a mí, estoy pronto a marchar con 
mis queridos compañeros de anuas a los confines de la 

160 



BOLÍVAR, EL MAYOR ORADOR DE AMERICA 

tierra que sea oprimida por tiranos, y el Perú será el 
primero, cuando necesite mis servicios. 

Mientras Bolívar esperaba el permiso del congreso 
de Colombia para trasladarse al Perú, los peruanos, 
impacientes, le enviaron una segunda embajada y des- 
pués, en julio, otra presidida por Olmedo, quien le ma- 
nifestó lo que sufría el Perú con los triunfos de Cante- 
rae y le instó a que no retardara su marcha a los cam- 
pos de batalla "donde no se podía vencer sin Aquiles." 
El primero en respetar religiosamente las instituciones 
de la patria era Bolívar, a pesar de ser un dictador, 
a le respondió a Olmedo: Mucho tiempo ha que mi cora- 
zón me impele hacia el Perú: mucho tiempo ha que los 
más valientes guerreros de toda la América colman la 
medida de mi gloria, llamándome a su lado; pero yo no 
he podido vencer la voz del deber que me ha detenido 
en las playas de Colombia. He implorado el permiso del 
Congreso General para que me fuese permitido emplear 
mi espada en servicios de mis hermanos del sur: esta 
gracia no me ha venido aún. Yo me desespero en esta 
inacción, cuando las tropas de Colombia están entre los 
peligros y la gloria, y yo lejos de ellas. — Señores diputa- 
dos yo ansio por el momento de ir al Perú: mi buena 
suerte me promete que bien pronto veré cumplido el 
Woto de los hijos de los Incas y el deber que yo mismo 
me he impuesto de no reposar, hasta que el Nuevo Mundo 
no haya arrojado a los mares todos sus opresores. 

LLEGADA AL CALLAO 

Bolívar llegó al Callao el 19 de septiembre de 1823, 
donde lo esperaba el presidente marqués de Torre-Tagle 
y sus ministros y una diputación del congreso. Esta le 
manifestó que su llegada la consideraba aquel cuerpo 

' 161 



BOLÍVAR, EL MAYOR ORADOR DE AMERICA 

como el acontecimiento más propicio: Bolívar le dio las 
gracias por el honor que se le dispensaba y la confianza 
que se le demostraba y le prometió todos sus esfuerzos 
al congreso, más les añadió: con tal que Se destruyan 
los abusos y se introduzcan reformas radicales en todat 
las ramas de la administración, que hasta ahora ha sido 
viciosa y corrompida.— Torre-Tagle y sus ministros, que 
se sentían culpados de peculado, con gran inquietud, to- 
maron esas palabras para ellos, sobre todo conociendo 
de fama le férrea voluntad del Libertador y sus inco- 
rruptibles principios, que desde el primer instante se 
los hacía experimentar. 

BANQUETE EN LIMA 

A los pocos días de su llegada a Lima Don Simón 
fué obsequiado por las autoridades con un espléndidc 
banquete en que pronunció el siguiente brindis, notable- 
de más porque les dio a conocer sus ideas firmemente 
antimonárquicas, decididamente democráticas: Por qué 
los pueblos americanos no consientan jamás elevar unv 
trono en todo su territorio: que así como Napoleón fuq 
sumergido en la inmensidad del Océano y el nuevo Em- 
perador Itúrbide derrocado del trono de México, caigan 
los usurpadores de los derechos del pueblo americano, 
sin que uno solo quede triunfante en toda la dilatada 
extensión del Nuevo Mundo. 

EN EL CONGRESO PERUANO DE 1823 

El Libertador se presentó ante el congreso peruano, 
el 13 de septiembre, en medio de las aclamaciones más 
vivas, producidas por un delirante entusiasmo. Los, 
diputados se pusieron de pié para recibirle y el presi- 
dente lo sentó a su derecha. Reinó después silencio pro- 

162 



BOLÍVAR, EL MAYOR ORADOR DE AMERICA 

hmdo, todos estaban pendientes de los labios del grande 
hombre, que se levantó y dijo un bello discurso del que 
^on estas ardentísimas palabras: Los soldados liberta* 
iores que han venido desde el Plata, el Maule, el Mag- 
íalena y el Orinoco no volverán a su patria sino cubier- 
tos de laureles, pasando por arcos triunfales, llevando 
por trofeos los pendones de Castilla. Vencerán y dejarán 
'ibre el Perú o todos morirán. Yo lo prometo. 

El presidente del congreso habló de los triunfos de 
bolívar y de las glorias reservadas al mortal que consu- 
mara la independencia. 

Bolívar, con imponente seriedad, vuelve a hablar: 
Señor: Yo ofrezco la victoria, confiado en el valor del 
ejército unido y en la buena fe del congreso, poder eje- 
cutivo y pueblo peruano; así, el Perú quedará indepen- 
diente, y soberano por todos los siglos de existencia que 
la providencia divina le señale. 

TRAICIÓN DE RIVA-AGUERO 

El congreso peruano había depuesto a Riva-Agüero 
de la presidencia de la república y entonces éste, disolvió 
a. aquel cuerpo con las armas y tramó una conspiración 
bara entregarle el Perú a los españoles, lo cual supo 
Incidentalmente Bolívar, a fines de 1823, por haber 
caído en sus manos la correspondencia del traidor, quien 
e envió como parlamentario a Antonio González de la 
fuente. Bolívar al recibir al enviado le preguntó, repen- 
tinamente, cómo marchaban las negociaciones con los 
españoles y si la oficialidad estaba contenta del cambio. 

ÍS1 patriota la Fuente, que ignoraba la triación, mani- 
, esto que el ejército se indignaría al saberla. Bolívar 
e presentó la correspondencia del ex-presidente y le 
ijo: Yo le doy poca importancia a ésto, esa conducta 

163 



BOLÍVAR, EL MAYOR ORADOR DE AMERICA 

desleal podrá prolongar por algún tiempo la contienda, 
pero ahora que he puesto el pié en el territorio peruano r 
nada me detendrá para llevar a cabo la empresa que 
he acometido. Pero, qué dirá el mundo cuando sepa que 
un hombre que ha gozado de la confianza de sus conchi' 
dúdanos y regido los destinos de su patria, pretende 
venderla vilmente al enemigo, y que un ejército peruano 
es cómplice de su crimen y le ayuda ha hacer traición 
a las esperanzas, libertad e independencia del Perú? — - 
La Fuente indignado y convencido por las pruebas que 
le mostró Bolívar, recordó frases inprudentes que com- 
prometían a Riva-Agüero y se prestó a las indicaciones 
de Bolívar para mediar entre el traidor y el gobierno 
del Perú. La Fuente, además, comunicó a los oficiales 
peruanos la conducta de su jefe, y por último arrestó 
al ex-presidente y a todos los cómplices de éste: Bolívar 
tuvo la suerte, así, de no tener que destruirlos con las 
armas. 

EN TATIVILIA 

El Perú se encontraba en las peores condiciones 
cuando llegó Bolívar: la pobreza era muy grande, la- 
población estaba en contra de la independencia, el ejér- 
cito desmoralizado y andrajoso, la escuadra media des- 
truida. Todos consideraban al Perú sin salvación; el 
mismo Sucre aconsejó al Libertador volverse a Colombia 
porque de otro modo perdería la gloria. Restrepo tenía el 
convencimiento de que el grande hombre pondría en peli- 
gro, para siempre, su reputación en la tierra de los incas. 
Los peruanos de más representación habían traicionado 
a su patria: el presidente Riva-Agüero; el presidente 
marqués de Torre-Tagle, junto con el vicepresidente 
conde de Surrigancha, el ministro de la guerra, los prin- 
cipales funcionarios y 337 generales, jefes y oficiales. La 

164 



BOLÍVAR, EL MAYOR ORADOR DE AMERICA 



marquía reinaba en el Perú, los bonaerenses se habían 
ublevado en el Callao y avanzaban sobre Lima. Bolívar, 
:n medio de todos estos desastres enfermó gravemente 
n Pativilca, al poco tiempo de haberle el congreso con- 
edido la dictadura; y casi moribundo, no perdió la fe 
;n el triunfo final, no pensó sino en vencer: de su boca 
alieron órdenes que crearon una magnífica caballería 
>ara derrotar a los españoles en los llanos o para des- 
ruirlos en La Sierra. — Mosquera fué a visitarlo y lo 
ncontró "sentado en una pobre silla de baqueta, recos- 
ado contra la pared de un pequeño huerto, atada la 
abeza con un pañuelo blanco y sus pantalones de guin, 
iue dejaban ver sus dos rodillas puntiagudas, sus pier- 
ias descarnadas; su voz hueca y débil, y su semblante 
adavérico". Mosquera, angustiado por su suerte le pre- 
;untó: — "Y qué piensa usted hacer ahora?" — Triunfar! 
e contestó Bolívar, palabra más elocuente que sus me- 
ores discursos. 

REORGANIZACIÓN DE LOS RECURSOS DEL PERÚ 

Bolívar reorganizó el ejército completamente en 
inco meses; previo aún los más mínimos detalles: acopió 
oda la hojalata para las cantinas y los clavos de todas 
as sillas para soldarlas; dio los patrones de los unifor- 
nes para que se economizara tela; les enseñó a herrar 
as caballerías. En el cuartel general de Pasto, el 29 de 
ulio de 1824, pasó revista a 8,000 hombres y los llenó 
íe entusiasmo bélico al decirles: Soldados! Vais a com- 
pletar la obra más grande que el cielo ha podido encar- 
gar a los hombres: la de salvar un mundo entero de la 
esclavitud. — Soldados! Los enemigos que vais a destruir, 
¡e jactan de catorce años de triunfos: ellos pues, serán 
lignos de medir sus armas con las vuestras, que han 

165 



BOLÍVAR, EL MAYOR ORADOR DE AMERICA 



brillado en mil combates. — Soldados ! El Perú y la Amé- 
rica toda aguarda de vosotros la paz, hija de la victoria; 
y aun la Europa liberal os contempla con encanto; por- 
que la libertad del Nuevo Mundo es la esperanza del 
universo. La burlaréis? No! Vosotros sois invencibles. 
Ocho días más tarde los esfuerzos y desvelos de. 
Bolívar debían ser recompensados con la victoria de 
Junín. Cuatro meses después, en Ayacucho, se haría 
efectiva la independencia de la América. 

FIESTA EN TIUJILLO DEL PERÚ 

En septiembre de 1824 Bolívar había sido obsequia- 
do en Trujillo del Perú con espléndido festín al que con- 
currieron los principales libertadores. Sucre pronunció 
un discurso en que expresaba que del mando de Bolívar 
sólo podía esperarse la victoria y éste contestó muy no- 
blemente: Para saber si yo seré capaz de vencer, no 
tengo más que mirar a los que me acompañan. 

Después en el banquete que siguió brindó Bolívar 

con el entusiasmo más patriótico y democrático: 

que las espadas de los que me rodean penetren mi pecho 
mil veces si alguna vez llego a oprimir a las naciones 
que ahora estoy poniendo en libertad; que la autoridad 
del pueblo sea el único poder sobre la tierra y que el 
nombre mismo de la tiranía sea desterrado de las len- 
guas de las naciones. 

FIVTREVISTA CON OFICIAL ESTADUNIDENSE 

A fines de 1824 llegó al Callao una fragata de 
guerra estadunidense, y su comandante, el comodoro 
Hull, envió desde Lima un comisionado al Libertador, 
quien se encontraba al frente del ejército colombo-pe- 

166 



BOLÍVAR, EL MAYOR ORADOR DE AMERICA 

ruano remontando los Andes, con objeto de salir al en- 
cuentro del virrey Laserna. El oficial estadunidense al- 
canzó a Bolívar en Huaras y quedó encantado del héroe, 
én la entrevista que tuvieron. El marino al regresar a 
Nueva York, publicó una memoria de su viaje y relata 
la conversación que tuvo con Bolívar. 

Este país no puede prosperar en los primeros cien 
años, le dijo don Simón, es menester que pasen primero 
dos o tres generaciones. Se debe fomentar la inmigración 
de la gente de Europa y de la América del Norte, para 
que se establezcan aquí trayendo sus artes y sus cien- 
cias. Estas ventajas, un Gobierno independiente, escuelas 
gratuitas y los matrimonios con europeos y anglo-ameri- 
canos, cambiarán todo el carácter del pueblo y le harán 
ilustrado y próspero. — Y solamente los países donde se 
han realizado estas condiciones tienen hoy prosperidad 
fen la América. Los que no han recibido inmigración 
europea en cantidades apreciables se encuentran, casi, 
en el mismo estado de ahora un siglo. 

"Yo me tomé la libertad", agrega el estadunidense, 
¡"de decirle, en una pausa que hizo: No hay uno entre 
mis paisanos que no sienta un vivo interés en los eventos 
¡de la vida de V. E. Permítame V. E. que le pregunte: 
i qué cosa fué la que primero le indujo a emprender la 
¡revolución de Colombia?: — Desde mi niñez, me respon- 
dió, no pensaba en otra cosa: yo estaba encantado con la 
historia de Grecia y Roma. La revolución de los Estados 
Unidos era de fecha reciente y presentaba un ejemplo. 
El carácter de Washington infundió en mi pecho la emu- 
lación. Los españoles que ocupaban los destinos de Co- 
lombia, en tiempo del rey, no sólo eran tiranos, sino que 
estaban encenegados en los vicios más brutales. En 1803 
fui a Francia con otros dos compañeros (mencionó sus 

167 



BOLÍVAR, EL MAYOR ORADOR DE AMERICA 



nombres), y estábannos en Parías cuando la coronación 
de Napoleón: todo era regocijo en la ciudad 



De Francia pasamos a Roma: en Roma ascendimos al 
Monte Palatino, allí nos arrodillamos, todos tres, y abra- 
zándonos mío a otro, juramos libertar a nuestra patria 
o morir en la demanda. Uno de mis compañeros volvió' 
conmigo a nuestra patria y pereció en el campo de ba- 
talla: el otro nunca volvió, ni se qué ha sido de su suerte. 

En el curso de la conversación le manifestó Bolívar 
al oficial: Con un gobierno más fuerte, sería su nación, 
en cincuenta años, la más poderosa del mundo. Su comer- 
cio debería ser muy vasto, los paisanos de usted son va- 
lientes y emprendedores, ustedes tienen buenos puertos, 
abundancia de maderas de construcción y hierro, y con 
el tiempo superarán a los ingleses en el mar. Toda la 
europa vendrá a ser libre embebiendo los principios de 
América y viendo los efectos de la libertad en la prospe- 
ridad de los pueblos; y el mundo civilizado, en menos 
de cien años, será gobernado por la filosofía, y no exis- 
tirán los reyes. El pueblo conocer ásu deber y las venta jas 
de la libertad. — Predicciones que todas se han cumpli- 
do, aun las referentes a los reyes y a la prepoderancia 
de los Estados Unidos. 

CONGRESO PERUANO DE 1825 

El congreso peruano se instaló el 10 de febrero de 
1825 y ese mismo día envió una diputación a participarle' 
al Libertador y a rogarle que no hiciera renuncia 
de esa dictadura "a la que sin ejemplo debían leyes,' 
patria, libertad, existencia". El Libertador al con testal' 
les expresa los peligros de confiar a un solo hombre 
autoridad ilimitada por más virtuoso que fuese y, ade- : 



168 



BOLÍVAR, EL MAYOR ORADOR DE AMERICA 

nás, que no era digno de la nación ofrecerla a un ex- 
tranjero. 

En ese mismo día Bolívar se presenta ante el congreso 
I le anuncia la independencia, con gala y bizarría: ....la 
nano bienhechora del ejército libertador ha curado las he- 
ridas que llevaba en su corazón la patria; ha roto las cade- 
nas que había remachado Pizarro a los hijos de Manco-Ca- 
pac, fundador del imperio del sol, y ha puesto a todo el 
°erú bajo el sagrado régimen de sus primitivos derechos. 

A referirse a los tribunales dice: Yo he mandado 
buscar el mérito oculto para colocarlo en el tribunal; he 
solicitado con esmero a los que profesaban modesta- 
mente el culto de la conciencia, la religión de las leyes. 

Sobre las rentas nacionales manifiesta: Me he creído 
forzado a dictar reformas esenciales y ordenanzas seve- 
ras, para que la república pudiese llevar adelante su 
existencia, ya que la vida social no se alimenta sin que 
el oro corra por sus venas. 

Termina su elegante discurso de la manera más 
ingenua: al restituir al Congreso el poder su- 
premo que depositó en mis manos, séame permitido feli- 
citar al pueblo porque se ha librado de cuanto hay de 
'más terrible en el mundo: de la guerra, con la victoria 
de Ayacucho, y del despotismo con mi resignación. Pros- 
cribid para siempre, os ruego, tan tremenda autoridad, 
esta autoridad que fué el sepulcro de Roma! Fué lau- 
dable, sin duda, que el Congreso, para franquear abis- 
mos horrorosos y arrostrar furiosas tempestades, clavase 
sus leyes en las bayonetas del ejército libertador; pero 
ya que la nación ha obtenido la paz doméstica y la liber- 
tad política, no deben permitir que manden sino las le- 
yes Mi destino de soldado auxiliar, me llama 

a contribuir a la libertad del Alto Perú y a la rendición 

169 



BOLÍVAR. EL MAYOR ORADOR DE AMERICA 



del Callao, último baluarte del imperio español en l 
América meridional. Después volaré a mi patria a dar 
cuenta a los representantes del pueblo colombiano de nú 
misión en el Perú, de vuestra libertad y de la gloria del' 
ejército libertador. 

Los congresantes oyeron con dolor la renuncia que 
hacia del poder y su presidente le rogó que no los aban- 
donara porque el Perú volvería a caer en la anarquía. 
Con cuánta nobleza contestó Bolívar: Yo soy un extran- 
jero: he venido a auxiliar como guerrero, y no a mandar 
como político. Los legisladores de Colombia, mis propios 
compañeros de armas, me increparían un servicio que 
no debo consagrar sino a mi patria, pues unos y otros no 
han tenido otro designio que el de dar la independencia 
a este gran pueblo. Pero si yo aceptase su mando, el 
Perú vendría a ser una nación parásita ligada así a Co- 
lombia, cuya presidencia obtengo y en cuyo suelo nací. 
Yo no puedo, señores, admitir un poder que repugna mi 
conciencia: tampoco los legisladores pueden conceder 
una autoridad que el pueblo les ha confiado sólo para re- 
presentar su soberanía. Las generaciones futuras del 
Perú os cargarían de execración; vosotros no tenéis fa- 
cultad de librar un derecho de que no estáis investidos. 
No siendo la soberanía del pueblo enagenable, apenas 
puede ser representada por aquellos que son los órganos 
de su voluntad; mas un forastero, señores, no puede ser 
el órgano de la representación nacional. Es un intruso 
en esta naciente república. 

Luego siguió un acalorado debate en que tomó parte 
el pueblo instalado en las barras y salones del congreso, 
para hacer desistir al Padre de la Patria de la resolu- 
ción de abandonar el poder, y tuvo también la gloria 
de que la muchedumbre que ocupaba las calles por donde 

170 



BOLÍVAR, EL MAYOR ORADOR DE AMERICA 

regresó, le rogaron encarecidamente que no los abando- 
nara. Muy sinceras fueron todas estas manifestaciones 
de amor de los peruanos a su Libertador. Más tarde el 
congreso le envió a su casa una diputación portadora 
de la resolución en que se le suplicaba que acatase el 
querer del pueblo. A tanta instancia accedió Bolívar y 
e respondió al congreso que conservaría el poder siem- 
pre que Colombia se lo permitiera. 

EL ALMIBAME KOSAMAL 

El almirante francés Rosamal, hombre presuntuoso 
y de pocos alcances, visitó al Libertador en la quinta 
de La Magdalena, en abril de 1825. El marino, para 
darse importancia, se hizo acompañar de numeroso sé- 
quito compuesto de oficiales del "Marie Therese" entre 
quienes estaba el danés Van Dockun, oficial al servicio 
de Francia, que relata así la entrevista: "Entre estos 
dos hombres"— Bolívar y Rosamal — "inicióse una conver- 
sación que al principio giró sobre los franceses domici- 
liados en el Perú y sobre la neutralidad de la corte de 
Francia en la guerra de independencia sudamericana. 
Bolívar hablaba francés con facilidad, de manera que 
este idioma no fué para él inconveniente alguno. Bolívar 
luego habló sobre Napoleón, tema que, en aquellos tiem- 
pos, era asunto demasiado delicado para ser tratado por 
un almirante francés. Bolívar opinaba que los ingleses 
habían padecido una gran pérdida con la muerte de Na- 
poleón, porque la sola circunstancia de que éste estaba 
en poder de aquéllos había sido suficiente para haber 
tenido a toda la Europa en jaque. Añadió El Libertador 
que Napoleón legaba grandiosos recuerdos, y que estaba 
seguro, o persuadido, de que los franceses todos lo invo- 
caban en su corazón. El almirante se mostraba cada 

171 



BOLÍVAR, EL MAYOR ORADOR DE AMERICA 



vez más inquieto por el giro dado a la conversación por 
Don Simón, y con propósito deliberado, para impresionar 
a los numerosos testigos presentes, aseguró aquél que \ 
todos los franceses eran fieles y sentían amor sincero; 
por Luis XVIII y la dinastía borbónica. Pero yo estoy 
seguro, respondió Bolívar, con maliciosa sonrisa aso-í 
mada en los labios, que si el temido duque de Reichs- 
tadt se presentara en este instante en Francia, toda ¡a 
nación se llenaría de júbilo y se aglomeraría como un t 
solo hombre alrededor del hijo del grande emperadorM 
Al almirante se le congestionó la cara todavía más, pero jt 
no se atrevió a cortar la conversación por temor al pre- 
sidente; estaba como sentado sobre ascuas y murmuró í 
algunas frases de lealtad y otras sobre la amabilidad | 
del rey de Francia etc. El bochorno le hacía parecer 
como si lo afixiaran las palabras y se le fueran a reven- 
tar las sienes. Bolívar agregó un par de frases que au- 
mentaron más aún la perplejidad del almirante, y en 
seguida le suplicó que le presentase los oficiales". — Pero 
•el orgulloso almirante no pudo hacerlo porque en su 
confusión se le olvidaron los nombres de su propio pri- 
mer ayudante y el del jefe del buque en que navegaba. 
Entonces, refiere Dockun: "A mí me pareció, como si 
otra vez se presentara un gesto característico, la faz 
seria de Don Simón. Con exquisita amabilidad se dirigió 
a cada uno de los oficiales para preguntarles su nombre 
y su cargo a bordo. Parecía fijarse con atención en los 
apellidos, y a cada uno nos dijo frases amables, lo cual 
hizo resaltar más todavía la insuficiencia intelectual de 
nuestro almirante. Como yo vestía el uniforme de la nación 
danesa, por consiguiente algo diferente al de los otros 
oficiales, me preguntó cuál era la razón, y al saber que 
yo pertenecía a la marina dinamarquesa fué motivo para 
que me dijera palabras altamente laudatorias para mi 

172 



BOLÍVAR, EL MAYOR ORADOR DE AMERICA 

Patria Jamás había visto yo la superioridad 

le la fuerza intelectual manifestarse tan visiblemente 
komo en esta audiencia" (1). 

FIESTA EN LIMA 

i 

La noche que precedió a la partida del Libertador 
jara el sur del Perú, un acaudalado comerciante bonae- 
rense, llamado Regios, le dio una fiesta en ¡Lima. Van 
Docku/i que asistió a la fiesta, sorprendió una conversa- 
ron entre Bolívar y un oficial de alta jerarquía, y la 
relata como sigue: "Luego que El Libertador se hubo 
expresado sobre los asuntos de América pasó a hablar 
feobre sus planes futuros así: mañana salgo para la 
parte sur del Perú, a la que deseo conocer, después iré 
al Potosí, al que espero devolver la calma que ha perdido 
pon las revueltas que allí existen actualmente. Estaré 
de regreso aquí, por consiguiente, alrededor del mes de 
julio. En cuanto a Rodil, por competente y valeroso que 
sea, no podrá sostenerse por mucho tiempo más en el 
Callao, debido a que le faltarán las municiones. Espero, 
pues, que pronto llegará el fim, de esta guerra destruc- 
tora y que lograremos para siempre le independencia 
de América. Estos son mis propósitos y cuando los vea 
realizados me retiraré de este teatro donde he actuado 
por tan largo tiempo, y mis deseos, para entonces, son 
irme a París a pasar el resto de mis días (2). 

LAS DONCELLAS DE AREQUIPA 

Durante el viaje triunfal por el sur del Perú, cuando 
pasó por Ariquipa, el 10 de mayo de 1825, dos doncelli- 
tas le presentaron, para los soldados libertadores, enva- 



(1) Traducción del señor Don Cristian Witzke. 

(2) Id. 

173 



BOLÍVAR, EL MAYOR ORADOR DE AMERICA 



ses de plata llenos de monedas de plata y oro, ganadas!!! 
por ellas y sus condiscípulas en el colegio de la ciudad.; 
Bolívar les dio las gracias con sentidas palabras que: 
terminan así: Hijas del sol! ya sois tan libres como her- 
mosas. Tenéis una patria iluminada por las armas del, 
ejército libertador: libres son vuestros padres y vuestros 
hermanos; libres serán vuestros esposos y libres daréis 
al mundo los frutos de vuestro amor. 

COMISIONADOS ARGENTINOS 

En el mes de octubre llegó Bolívar al Potosí y reci- 
bió a los delegados argentinos que habían ido hasta allí 
para felicitarle por sus triunfos y pedirle su auxilio 
para la guerra de la Argentina con el Brasil. Refirién- 
dose Bolívar a la anexión de la provincia de Chiquitos 
por aquel imperio les dice: No queríamos mencionar 
nuestros sensibles dolores; pero cuando el escándalo los 
publica, por qué callarlos ? A la verdad, tenemos un de- 
recho demasiado incostestable para sorprendernos de que 
un príncipe americano recién independiente de la Eu- 
ropa, que se halla envuelto en nuestra noble insurrección, 
y que ha levantado su trono, no sobre débiles tablas, sino 
sobre las indestructibles bases de la soberanía del pue- 
blo y de la soberanía de las leyes, este príncipe que pare- 
cía destinado a ser el amigo de sus vecinas repúblicas, 
es el que domina todavía una provincia y una plaza fuerte 
que no le pertencen, y que dominan a una de nuestras na- 
ciones más beneméritas. Por otra parte, sus tropas aca- 
ban de invadir nuestra provincia de Chiquitos para aso- 
larla y ultrajarnos con amenazas bárbaras; y cuando el 
espanto de nuestra armas las ha puesto en fuga, enton- 
ces se llevan a nuestras propiedades y a nuestros ciuda- 
danos. Y, sin embargo, estos insignes violadores del de- 

\1A 



BOLÍVAR, EL MAYOR ORADOR DE AMERICA 

echo de gentes han quedado impunes; nuestros pueblos 
umillados y nuestra gloria ofendida. Mas demos gracias 
los sucesos que han añadido nuevos nudos a los vínculos 
\ue nos estrechan, para que a la vez reclamemos mies- 
ros derechos, como a la vez los adquirimos. 

EN LA CIMA DEL POTOSÍ 

El 26 de octubre trepó el empinado cerro del Potosí 
tcompañado de Sucre, sus edecanes, el prefecto del de- 
partamento, los plenipotenciarios del Plata y de su estado 
ínayor. Cuando llegó a la cima plantó las banderas de 
Colombia, el Perú y la Argentina. En lo más alto, desde 
ionde no se ve sino un desierto páramo sin verdor al- 
guno, mirando hacia el norte, hacia Caracas, conmovió 
i sus oyentes discurriendo sobre su gloriosa carrera: 
quince años de luchas, de sufrimientos, de toda clase de 
sinsabores, pero al fin coronados por la victoria. O'Leary, 
íue lo acompañó ese día, dice: "y debió ser ciertamente 
el más feliz de la vida de Bolívar ese día notable que 
ascendió a aquel pico clásico de los gigantes Andes, con 
cuya grandeza competía la del que había llegado al 
zenit de la fama. Vedle, sí; ahí está el héroe; arbitro 
de la paz y de la guerra, cubierto con la égida de la 
victoria; dirigiendo destinos de naciones enteras; reci- 
cibiendo homenajes de los estados vecinos: objeto de es- 
peranzas para algunos, de temor para otros, de admi- 
ración para todos. Pocos laureles tenía ya con que ten- 
tarlo la ambición militar: pero hábiles los comisionados 
del Plata, al escuchar sus graves reflexiones políticas 
sobre los acontecimientos pasados, le insinuaron cuánta 
nueva gloria había aun para su nombre en borrar del 
oriente de la América del Sur, el imperio del Brasil; y si 
bien a tal propuesta resurgieron en su ánimo todos los 

175 



BOLÍVAR, EL MAYOR ORADOR DE AMERICA 

ímpetus latentes del gran cruzado de la libertad, n 
pudo al cabo sino ahogarlos en suspiros, al reflexionar 
en las barreras que le oponían a una la prudencia y la; 
sana política. Empero como si las inclinaciones román J 
ticas del soldado pugnasen por sobreponerse a la cor 
dura del político, asaltó a su mente un sentimiento gene- 
roso, capaz de conducirlo de nuevo a los torneos de la 
fama miltar. Recordó que el ilustre Bompland, el ama^ 
ble amigo de la juventud, el filósofo, sufría todavía con- 
finado en las cárceles del Paraguay, y concibió por un 
momento la esperanza de libertarle; aún más, propuso 
el restablecimiento de aquella provincia a la Confedera- 
ción del Plata, y desde allí amenazar el imperio. Y con* 
cibió otro proyecto más arrojado aún, e igualmente pro- 
pio de su carácter: atacar las posesiones orientales de ! 
los españoles y formar una república de las islas Fili- 
pinas, en el océano índico. — Mas aun cuando ya estaban' 
apaciguadas las inclinaciones guerreras, no estaban to- 
davía plenamente satisfechas las políticas. Aspiraba con' 
todo el ardor de su alma de fuego, a reunir con lazos; 1 
más estrechos en una gran confederación, las república! 
que había emancipado, y hacer aparecer las creacionei 
de sus triunfos según su propia expresión,- rao como na 
dones, sino como hermanas unidas indisolublemente po 
todos los lazos que las ligaban antes, con la sola diferen 
cia de que entonces estaban sometidas a un mismo tira 
no, y de que ahora debían gozar de una misma libertad 
bajo gobiernos diferentes y aun leyes también diferentes, 
si se quiere; con cada pueblo en posesión de la soberanía 
y libre según la conciencia de cada cual. La prosperidad 
de la América, en su sentir, era inseparable de la reali- 
zación de ese proyecto, y los que lo oímos aquel día dis- 
currir sobre las ventajas de la confederación, con difi- 
cultad podíamos dejar de convenir en su plan, tales 



176 



BOLÍVAR, EL MAYOR ORADOR DE AMERICA 



'ueron la solidez de los argumentos y la brillante elo- 
:uencia con que los emitía." 

DISCURSO A LOS BOLIVIANOS 

La independencia de Bolivia se había proclamado 
n Chuquisaca el 10 de julio de 1825, y en esta ciudad 
ompuso Bolívar, en enero de 1826, el filosófico discurso 
1 que acompañó su famosa constitución boliviana. 
Cuando El Libertador corrigió las pruebas del discurso, 
egún O'Leary, le quitó los pasajes más bellos. 

Bolívar en su concepción de la verdadera democra- 
ia se adelantó a su época, con la extensión que le dio 
1 sufragio, única fuerza efectiva por medio de la cual 
¡jerce el pueblo influencia en el gobierno nacional. Hizo 
¡iel sufragio uno de los cuatro poderes en que dividió 
| gobierno de su constitución boliviana, concediéndole 
in alcance a las atribuciones de los representantes di- 
rectos del pueblo, que no han tenido jamás en ningún 
gobierno, adelantándose, también en ésto, a su época y 
.tún a la nuestra. Dice en su discurso aludido: El electo- 
mi — el poder — ha recibido facultades que no le estaban 
¡eiialadas en otros gobiernos que se estiman entre los 
íiás liberales. Estas atribuciones se acercan en gran 
panera a las del sistema federal. Me ha parecido no sólo 
\onveniente y útil, sino también fácil, conceder a los re- 
presentantes inmediatos del pueblo, los privilegios que 
\iás puedan desear los ciudadanos de cada departamen- 
o, provincia y cantón. Ningún objeto es más importante 
mra un ciudadano que la elección de sus legisladores, 
lagistrados, jueces y pastores. Los colegios electorales 
e cada jwovincia representan las necesidades y los inte- 
eses de ellas, y sirven para quejarse de las infracciones 
e las leyes y de los abusos de los magistrados. Me atre- 

12 177 



BOLÍVAR, EL MAYOR ORADOR DE AMERICA 



vería a decir con alguna exactitud que esta representa 
ción participa de los derechos de que gozan los gobier 
nos particulares de los estados federados. De este modo 
se ha puesto nuevo peso a la balanza contra el Ejecutivo, 
y el Gobierno ha adquirida más garantías, más populari- 
dad y más títulos, para que sobresalga entre los más 
democráticos. 

Su presidencia vitalicia la define así: El presidente 
de la república viene a ser en nuestra constitución, como 
el sol que firme en su centro da vida al universo. Esta 
suprema autoridad debe ser perpetuada; porque en los 
sistemas sin gerarquía, se necesita, más que en otros, 
un punto fijo alrededor del cual giren los magistrados 
y los ciudadanos, los hombres y las cosas. Dadme un 
punto fijo, decía un antiguo, y moveré el mundo. Para 
Bolivia este punto es el presidente vitalicio. En él estriba 
todo nuestro orden, sin tener por esto acción. Le han cor- 
tado la cabeza para que nadie tema sus intenciones, y le 

han ligado las manos para que a nadie dañe 

Los límites constitucionales del presidente de 

Bolivia, son los más estrechos que se conocen; apenas 
nombra los empleados de hacienda, en paz y en guerra 
manda el ejército. He aquí sus funciones. La adminis- 
tración pertenece toda al ministerio responsable de los 
censores y sujeta a la vigilancia celosa de todos los legis- 
ladores, jueces y ciudadanos. Los aduanistas y los sóida 
dos, agentes únicos de este ministerio, no son a la verdad 
los más adecuados para captarle el aura popular; por 
consiguiente su influencia será casi nula. 

Sobre la monarquía se expresa como sigue: 

Véase la naturaleza salvaje de este continente, que ex 
pele por sí sola el orden monárquico; los desiertos convi- 
dan a la independencia. Aquí no hay grandes nobles, 
grandes eclesiásticos; nuestras riquezas eran casi nulas, 

178 



BOLÍVAR, EL MAYOR ORADOR DE AMERICA 

y en el día lo son todavía más. Aunque la iglesia goza 
de influencia, está lejos de aspirar al dominio, satisfecho 
con su conservación. Sin estos apoyos los tiranos no son 
permanentes; y si algunos ambiciosos se empeñan en 
levantar imperios, Dessalines, Cristóbal, Itúrbide, les 
dicen lo que deben esperar. No hay poder más difícil de 
mantener que el de un príncipe nuevo. Bonaparte, ven- 
cedor de todos los ejércitos, no logró triunfar de esta 
regla, más fuerte que los imperios. Y si el gran Napoleón 
no consiguió mantenerse contra la liga de los republica- 
nos y de los aristócratas, quién alcanzará en América, 
fundar monarquías, en un suelo encendido con las bri- 
llantes llamas de la libertad y que devora las tablas que 
se le ponen para elevar esos cadalzos regios ? No, legis- 
ladores, no temáis a los pretendientes a coronas; ellas 
\serán para sus cabezas la espada pendiente sobre Dio- 
nisio. Los príncipes flamantes que se obcequen hasta 
¡construir tronos encima de los escombros de la libertad, 
¡erigirán túmulos a sus cenizas, que digan a los siglos 
futuros cómo prefirieron su fatua ambición a la libertad 
m a la gioria. 

Sus ideas sobre libertad de conciencia, en materia 
de religión, son verdaderamente liberales, revoluciona- 
rias para aquella época de fanatismo: En una constitu- 
ción política no debe prescribirse una profesión religiosa; 
porque según las mejores doctrinas sobre las leyes fun- 
damentales, éstas son las garantías de los derechos polí- 
ticos y civiles: y como la religión no toca a ninguno de 
estos derechos, es de naturaleza indefinible en el orden 
social y pertenece a la moral intelectual. La religión go- 
bierna al hombre en la casa, en el gabinete, dentro de sí 
mismo: sólo ella tiene derecho de examinar su conciencia 
íntima. Las leyes por el contrario, miran la superficie 
de las cosas; no gobiernan sino fuera de la casa del ciu- 

179 



BOLÍVAR, EL MAYOR ORADOR DE AMERICA 



dadano. Aplicando estas consideraciones, podrá un es-" 
tado regir la conciencia de los subditos, velar sobre el 
cumplimiento de las leyes religiosas y dar el premio cr 
el castigo, cuando los tribunales están en el cielo, y cuan" 
do Dios es el juez ? La inquisición solamente seria capaz 
de reemplazarlos en este mundo. Volverá la inquisición 
con sus teas incendiarias ? — La religión es la ley de la 
conciencia. Toda ley sobre ella la anula, porque impo- ! 
niendo la necesidad al deber, quita el mérito a la fe, que 
es la base de la religión. Los preceptos y los dogmas \ 
sagrados son útiles, luminosos y de evidencia metafísica; 
todos debemos profesarlos, mas este deber es moral no \ 
político. Por otro lado, cuáles son los derechos del hom- 
bre hacia la religión ? Estos están en el cielo; allá el 
tribunal recompensa el mérito y hace justicia según el 
código que ha dictado el Legislador. Siendo todo esto de' 
jurisdicción divina, me parece a primera vista sacrilego 
y profano mezclar nuestras ordenanzas con los manda- 
mientos del Señor. Prescribir pues la religión no toca al 
legislador; porque éste debe señalar penas a las infrac- 
ciones de las leyes, para que no sean meros consejos. No 
habiendo castigos temporales, ni jueces que los apliquen, 
la ley deja de ser ley. — El desarrollo moral del hombre 
es la primera intención del legislador: luego que este 
desarrollo llega a lograrse, el hombre apoya su moral en 
las verdades reveladas, y profesa de hecho la religión, 
que es tanto más eficaz, cuanto que la ha adquirido por 
investigaciones propias. Además los padres de familia 
no pueden descuidar el deber religioso hacia sus hijos. 
Los pastores espirituales están obligados a enseñar la 
ciencia del cielo: el ejemplo de los verdaderos discípulos 
de Jesús es el maestro más elocuente de su divina moral; 
pero la moral no se manda, ni el que manda es maestro, 
ni la fuerza debe emplearse en dar consejos. Dios y sus ' 

180 



BOLÍVAR, EL MAYOR ORADOR DE AMERICA 

ninistros son las autoridades de la religión que obra por 
nedios y órganos exclusivamente espirituales; pero de 
lingún modo el cuerpo nacional, que dirige el poder pú- 
dico a objetos puramente temporales. — Qué dialéctica 
an justi*, qué lenguaje tan claro! 

Las ideas legislativas de Bolívar, referentes a no 
¡ancionar una religión oficial no prueban que él fué 
iteista, como han querido decirlo algunos. Esas ideas 
ios le muestran eminentemente justo, porque en estas 
íaciones, que les urge tanto poblarse, deben ser aco- 
gidos los hombres de todos los credos y tener absoluta 
ibertad de practicarlos, siempre que los ritos no sean 
nmorales o criminales. 

ENTRADA TRIUNFAL EN LIMA EN 1826 

El 23 de enero de 1826 rindió el heroico Rodil la 
ortaleza del Callao, "último baluarte español". Un año 
¡mpleó Bolívar en recorrer los estados del sur y entró 
m Lima triunfalmente el 10 de febrero de 1826. Asistió 
se día a un "Te Deum" en la catedral, y luego se dirigió 
, pié hasta el palacio de gobierno, donde recibió a todas 
as corporaciones, cuyos representantes le dijeron discur- 
os, a los cuales respondió Bolívar con felices improvi- 
aciones diciéndole a cada cual lo más oportuno. — Uno 
le los oradores le manifestó el deseo del pueblo de verle 
mpuñar las riendas del gobierno para que condujera 
1 Perú hacia su bienestar definitivo, a lo que respondió 
Cl Libertador demostrando un exquisito miramiento por 
os hombres notables que le rodeaban: Sería un ultraje 
ú Perú, al consejo de gobierno, a la mejor administra* 
non, compuesta de hombres ilustres, de la flor de los 
iudadanos, al vencedor de Ayacucho, al mejor guerrero, 
I insigne gran mariscal La Mar, que yo ocupase esta 

181 



BOLÍVAR, EL MAYOR ORADOR DE AMERICA 

silla en que debe él sentarse por tantos y tan sagrados' 

títulos.— Sí yo lo coloco en ella, y acto continuo, 

tomó a La Mar del brazo y lo sentó en la silla presiden^ 
cial; ésta fué una acción oratoria de gran efecto. — El 
gran mariscal, ruborizado, protestó que a causa de su 
salud no podía ocupar el primer puesto. A la represen* 
tación nacional, dijo entonces Bolívar, toca juzgar sólo 
vuestras excusas. General, yo no he hecho sino colocaros 
donde vuestros eminentes sacrificios, el honor nacional 
y mi deber os creen llamado. 

RUEGOS DE LOS LIMEMOS 

Otras corporaciones del pueblo de Lima volviéronle 
a exigir a Bolívar, el 15 de agosto, que no los abandonara 
y se quedase mandando el Perú. La contestación de 
Bolívar, a esos representantes del pueblo está llena de 
rectitud y confianza propia: Si yo no escuchase más que" 
los ecos de mi corazón me quedaría en el Perú, que me 
ha hechizado con las demostraciones más puras de gratitud 
y alegría; pero mi patria me llama: y cuando habla el 
deber es necesario seguirlo en el silencio de todas las 
efecciones. Mientras he estado ausente de Colombia, se' 
han suscitado fuertes discusiones que yo sólo podré cal- 
mar, porque todos están de acuerdo conmigo, porque nin- 
guna de las partes me rehusa. Si Colombia sigue en di' 
visión el ejército también se afectará, y este ejército, que 
es el garante de la unión, el escudo de la libertad y el 
modelo de la disciplina militar, será tan pernicioso coma 
hasta ahora ha sido grande, temible a los enemigos de" 
la América 

LAS DAMAS LIMERAS 

A las clamas limeñas, que le ruegan que no se vaya, 
muy emocionado, les da esta delicada respuesta: El silen-- 

182 



BOLÍVAR, EL MAYOR ORADOR DE AMERICA 

cío es la única respuesta que debía dar a esas palabras 
encantadoras, que encadenan no sólo el corazón sino 
también el deber. Cuando la beldad habla, qué pecho 
puede resistir! Yo he sido el soldado de la beldad, por- 
que he combatido por la Libertad, que es bella, hechi- 
cera, y lleva la dicha al seno de la hermosura donde se- 

abrigan las flores de la vida. Pero mi patria Ah, 

señoras, Colombia 

LOS DOMINICOS DE FULCAN 

El 3 de septiembre de 1826 se embarcó Bolívar para 
Colombia, donde le esperaban los mayores desengaños. 
Había cumplido la promesa hecha tres años antes, poco 
después de decidirse a aceptar la dictadura en la tierra 
de los incas: de volver a Colombia, sin llevar un grano 
de arena del Perú, dejándolo libre. 

A su paso por el Ecuador los dominicos de Quito le 
ofrecieron obsequios en la Hacienda de San Vicente* 
cerca de Fulcán. Bolívar les expuso esta doctrina, más 
clara que la contradictoria de San Agustín sobre la liber- 
tad individual y la gracia: Jesús que fué la luz de la 
tierra, no quiso dignidades ni coronas en el mundo; el 
llamaba a los hombres hermanos, les enseñó la igualdad, 
les predicó las virtudes civiles más republicanas y les 
mandó ser libres, porque les amonestó que debían ser 
perfectos. No hay perfección en la servidumbre, ni moral 
en el letargo de las facultades activas de la humani'- 
dad 

OCASIÓN FAVORABLE PARA CORONARSE 

El Libertador se apresuró en pasar a Venezuela, 
donde la guerra civil era inminente, entre los partida- 
rios de él y los de Páez. Llegó a Valencia el 4 de enera 

183 



BOLÍVAR, EL MAYOR ORADOR DE AMERICA 



de 1827; aquí se le unió Páez y juntos siguieron hacia 
Caracas. Se detuvieron en San Pedro, donde los espe- 
raba Martín Tovar Ponte; éste y Bolívar se retiraron a 
una habitación, donde tuvieron larga conferencia, y des- 
pués, ya otra vez en camino, le dijo Bolívar al llanero: 
Creerá usted que en la conferencia que acabo de tener 
con Tovar, me ha dicho este hombre, conocido por sus 
ideas ultra-democráticas, que debo aprovechar los mo- 
mentos para ceñirme la corona, pues todo me es propio 
y favorable ? Delirio es pensar en monarquía. Cuando 
nosotros mismos hemos ridiculizado tanto las coronas, 
y si fuera necesario la adopción de semejante sistema, 
tenemos la constitución de Bolivia, que no es otra cosa 
sino una monarquía sin corona. 

ENTRADA TRIUNFAL EN CARACAS EN 1827 

El 10 de enero Bolívar entró triunfalmente en la ca- 
pital, en medio de las manifestaciones de amor de los 
caraqueños, y al cojer las coronas que le presentaron 
unas niñas dice: Dos coronas me presenta un ángel. Esta 
es el premio del triunfo y denota poder. En Colombia 
ha triunfado el pueblo: téngala, pues, el pueblo, y se la 
lanza a la muchedumbre. Esta otra es de laureles, co- 
rresponde al ejército libertador: Todos habéis sido sol- 
dados del ejército: todos sois libertadores. Esta corona 
es vuestra, y se la arroja al pueblo. 

El 4 de julio dejó a Caracas después de haber cal- 
mado las pasiones momentáneamente. Al despedirse de 
los caraqueños les prometió tener la gloria de volver 
para residir privadamente entre ellos: venganza que 
tomaría de sus enemigos; empero jamás volvió. 



184 



BOLÍVAR, EL MAYOR ORADOR DE AMERICA 



RECIBIMIENTO EN CARTAGENA 

La ciudad de Cartagena lo recibió espléndidamente 
él 27 de julio y Bolívar le dijo al pueblo: Si Caracas me 
dio la vida, vosotros me disteis gloria; con vosotros em- 
pecé la libertad de Colombia: el valor de Cartagena y 
Mompox me abrió las puertas de Venezuela el año 12. 
Estos motivos de gratitud eran suficientes para que yo 
os profesara la predilección más justa. Pero habéis que- 
rido añadir nuevos lazos a mi grata amistad; en esta 
época de maldición y de crímenes, vuestra lealtad ha ser- 
vido de baluarte contra los traidores que amenazaban 
cubrir a Colombia de vergüenza. 

Al llegar a Bogotá el 10 de septiembre, asumió la 
presidencia. El partido de Santander, para esa época, 
había jurado la destrucción del Padre de la Patria. — 
La Gran Convención de Colombia se reunió en Ocaña el 
28 de febrero de 1828, y Bolívar, en el mismo mes, se 
¡retiró a Buearamanga, para esperar allí el resultado de 
sus deliberaciones. Los pueblos de toda Colombia, esta- 
ban en fermentación y demostraban su odio contra los 
enemigos de Bolívar y contra la Gran Convención a la 
cual querían desconocer; todos aclamaban al Libertador 
y las autoridades se veían en los mayores apuros para 
contener el ejército y el pueblo, deseosos de hacer una 
matanza de los enemigos de Bolívar, que por desgracia 
eran los más encumbrados en los tres departamentos. 
Todas las cartas que le llegaban al Libertador de Vene- 
zuela así como de Bogotá y Quito, describían iguales 
sucesos y expresaban la misma fe hacia él del pueblo y 
el ejército. Leyéndoles, a los que le acompañaban, algu- 
nas de estas cartas, les manifestó Bolívar refiriéndose a 
las matanzas: Una señal bastaría para eso, y mis ene- 
migos, los de Colombia, no quieren ver que su exterminio 

185 



BOLÍVAR, EL MAYOR ORADOR DE AMERICA 

está en mis manos y que tengo la generosidad de perdo- 
narlos. Cualquiera de ellos en mi lugar no dejaría de dar 
la señal no sólo para mi asesinato sino para el de todos 
mis amigos, de todos mis partidarios y de todos los que 
no profesan sus opiniones. Tales son nuestros liberales, 
crueles, sanguinarios, frenéticos, intolerantes y encubien- 
do sus crímenes con la palabra "Libertad" que no temen 
profanar. 

se encarga del PODER EN BOGOTÁ 

La Gran Convención de Ocaña se disolvió el 10 de 
junio. El día anterior El Libertador había salido de 
Bucaramanga para Bogotá, donde lo esperaba el puñal 
del asesino. Entró en la capital el 24; se encargó ese 
mismo día de la presidencia, ante los magistrados prin- 
cipales; y, en esa ocasión, improvisó muchas arengas, 
muy acertadas. 

Al alabar al Consejo por lo atinado de su gobierno 
en los meses que había desempeñado el ejecutivo les 
dice: Cada vez que el pueblo quiera retírame sus pode- 
res y separarme del mando, que lo diga, que yo me so- 
meteré gustoso y sacrificaré ante él mi espada, mi san- 
gre, mi existencia. Tal es el juramento sagrado que hago 
ante todos los magistrados principales y, lo que es más, 
ante todo el pueblo. 

Al presidente de la Corte de Justicia que lo felici- 
ta a nombre del Supremo Tribunal le contesta: Yo 
ofrezco, señores, que la justicia será mi primer objeto 
en la administración de que voy a encargarme, por la 
voluntad pública. La libertad práctica no consiste en 
otra cosa que en la dispensación de la justicia y en el 
cumplimiento estricto de las leyes, para que el justo y 
el débil no teman 

186 



BOLÍVAR, EL MAYOR ORADOR DE AMERICA 

A los parabienes del intendente Alcántara-Herrán 

responde: este pueblo generoso ha querido que' 

un pobre ciudadano se encargase del peso más abruma- 
dor que pudiera confiarse apenas con justicia a un in- 
mortal. Un hombre que se pone sobre los demás hombres; 
que debe juzgar de sus conciencias, de sus acciones, de 
sus bienes, de su vida, quién puede ser éste ? No lo co- 
nozco sino en la sabiduría, y la sabiduría no puede exis- 
tir entre los hombres Sin embargo, la voluntad 

nacional será mi guía y nada podrá retraerme de consa- 
grar mi vida a su servicio y conducir este pueblo a 
donde él quiera. Yo he defendido por muchos años, señor 
intendente, la libertad, las libertades públicas, porque* 
ese era el voto nacional. Terminada la guerra vi la divi-* 
sián de los espíritus y la divergencia de las opiniones, 
y entonces procuré inspirar al. Congreso y a los magis-^ 
trados de Colombia el deseo de consultar la voluntad 
nacional. El pueblo es la fuente de toda legitimidad y el 
que mejor conoce, con una luz verdadera, lo que es con- 
veniente y lo que es justo. La voluntad nacional pidió 
reformas y se nombraron diputados para dictar leyes 
benéficas y sabias. Nuestros antiguos disturbios tuvieron 
bastante influjo y poder sobre el espíritu de nuestros 
diputados para no permitirles reunirse bajo un solo 
punto, en bien de la república. La Gran Convención se 

ha disuelto y casi al mismo tiempo el pueblo de' 

Bogotá, como inspirado del cielo, se reunió para tratar 
del bien de todos. Tenemos una voluntad, dijo: que ésta 
se haga; tenemos un hijo: que este hijo venga y eche 
sobre sus hombros el peso enorme del Gobierno. 

Cuando le tocó su turno al comandante del depar- 
tamento de Cundinamarca le dice Bolívar, refiriéndose 
a la actittud que asumió el ejército contra la Gran Con- 
vención y los enemigos de su querido Libertador: Este 

187 



BOLÍVAR, EL MAYOR ORADOR DE AMERICA 



ejército — el de Colombia — quería tomar sobre sí sus 

primitivos derechos y deliberar Pero, no, el sol- 

dado no debe deliberar. Desgraciado del pueblo cuando 
el hombre armado delibera! Sin embargo, el ejército no 
ha querido más que conservar la voluntad y los derechos] 
del pueblo. Por tanto, él se ha hecho acreedor a la gra- 
titud de los demás ciudadanos. Yo lo respeto. Este ejér- 
cito ha sido la base de nuestras garantías y lo será en 
lo sucesivo. Lo ofrezco a su nombre. Séame permitida 
esta vanagloria, como su primer soldado. Yo sé que el 
ejército de Colombia no hará nunca más que la voluntad 
general. Conozco sus sentimientos. El será el subdito de 
las leyes: el apoyo de la justicia y de la libertad. 

Al rector de la Universidad le expresa: Pluguiera 
el cielo que me hubiera sido dado propagar la luz de la 
verdad y de las ciencias en todos los espíritus, para que 
no nos descarriásemos del camino de la virtud y no ■ 
cayésemos en las sombras del error y de la ignorancia. 
Desgraciadamente el estado de las cosas no me lo ha 
permitido. Mas yo ofrezco que ningún objeto será de 
tanta preferencia para mí, en lo sucesivo, como la direc 
ción de esos retoños de la vida, de esos ciudadanos que 
van a ser los sucesores de nuestros derechos, de nuestra 
libertad y de nuestra independencia, para que conserven 
estos preciosos bienes por sus virtudes y por su ilustra- 
ción. La instrucción, que enriquece las facultades del 
alma, es el complemento de la naturaleza. Yo dirigiré 
desde ahora mis pasos a la instrucción de los pueblos. 

ÚLTIMOS MOMENTOS DE COLOMBIA 

Los últimos momentos de Colombia se acercaban. 
Venezuela no se había separado todavía porque a Páez 
se le permitió la dictadura ilimitada; el Ecuador, Guaya- 

188 



BOLÍVAR, EL MAYOR ORADOR DE AMERICA 

quil y Asuay estaban dominados por la anarquía; el Perú 
le había declarado la guerra a Colombia: Bolívar, lleno 
de dolor, exclama: Ni en Colombia ni el Perú se puede 
hacer nada bueno: ni aun el prestigio de mi nombre 

vale ya todo ha desaparecido para siempre. El 

instinto solamente me hace vivir, mas sin objeto. 

CONGRESO COLOMBIANO DE 1830 

Córdova, el héroe rebelde, pierde la vida al some- 
terlo O'Leary; los valencianos de la "cosiata" piden la 
separación de Venezuela y los siguen principales y am- 
biciosos ciudadanos de Caracas, encabezados por el jefe 
político Arismendi, y dirigidos por los consejeros de 
Páez, quien desconoce a Bolívar y hace efectiva la sepa- 
ración; poco después, en diciembre de 1829, los valencia- 
nos exigen el ostracismo del Padre de la Patria. 

Se reúne el congreso colombiano el 20 de enero de 
1830 y Bolívar les aconseja: Ardua y grave es la obra 
tóe constituir un pueblo que sale de la opresión por medio 
&e la anarquía y de la guerra civil, sin estar preparado 
previamente para recibir la saludable reforma a que 
aspiraba. Pero las lecciones, los ejemplos del viejo y 
nuevo mundo, la experiencia de veinte años de revolu- 
ción, han de serviros como otros tantos fanales colocados 
en medio de las tinieblas de lo futuro; y yo me lisonjeo 
de que vuestra sabiduría se elevará hasta el punto de 
poder dominar con fortaleza las pasiones de algunos, y 
la ignorancia de la multitud, cuanto es debido, a la razón 
Ilustrada de los hombres sensatos, cuyos votos respeta- 
bles son un precioso auxilio para resolver las cuestiones 

e alta política. Por lo demás hallaréis también consejos 
mportantes que seguir en la naturaleza misma de núes- 

ro país, que comprende las regiones elevadas de los 

189 



BOLÍVAR, EL MAYOR ORADOR DE AMERICA 



Andes, y las abrasadas riberas del Orinoco; examinadle. 
en toda su extensión, y aprenderéis en el de la infalible 
maestra de los hombres, lo que ha de dictar el Congreso 
para la felicidad de los colombianos. Mucho os dirá núes* 
Ira historia, y mucho nuestras necesidades; pero todavía 
serán más persuasivos los gritos de nuestros dolores por 
falta de reposo y libertad segura. 

Al referirse a Córdova y al atentado de la "nefanda 
noche septembrina", muy noblemente, y lleno de la mayor 
aflicción, dice: Me es grato deciros, que para terminar 
las disensiones domésticas, ni una sola gota de sangre 
ha empañado la vindicta de las leyes; y aunque un va- 
liente general y sus secuaces han caído en el campo de 
la muerte, su castigo les vino de la mano del Altísimo, 
cuando de la nuestra habrían alcanzado la clemencia 
con que hemos tratado a los que han sobrevivido. Todos 
gozan de la libertad a pesar de sus extravíos. — Demasia- 
do ha sufrido la patria con estos sacudimientos, que 
siempre recordaremos con dolor; y si algo puede mitigar 
nuestra aflicción, es el consuelo que tenemos de que nin- 
guna parte se nos puede atribuir en su origen, y el haber 
sido tan generosos con nuestros adversarios cuanto de- 
pendía de nuestras facultades. Nos duele ciertamente el 
sacrificio de algunos delincuentes en el altar de la jus- 
ticia; y aunque el parricidio no merece indulgencia, mu- 
chos de ellos la recibieron, sin embargo, de mis manos, y 
quizás los más crueles. — Sírvanos de ejemplo este cua- 
dro de horror que por desgracia mía he debido mostra- 
ros; sírvanos para el porvenir como aquellos formidables 
golpes que la Providencia suele darnos en el curso de la 
vida para nuestra corrección. Corresponde al Congreso 
coger dulces frutos de este árbol de amargura, o a lo 
menos alejarse de su sombra venenosa. 

190 



BOLÍVAR, EL MAYOR ORADOR DE AMERICA 

Les suplica que no piensen en él para presidir la 
república: Libradme, os ruego, del baldón que me es- 
pera si continúo ocupando un destino, que nunca podrá 
alejar de sí el vituperio de la ambición. Creedme: un 
nuevo magistrado es ya indispensable para la república. 
El pueblo quiere saber si dejaré alguna vez de mandarlo. 
Los estados americanos, me consideran con cierta inquie- 
tud, que puede atraer algún día a Colombia males seme- 
jantes a los de la guerra del Perú. En Europa misma no 
falta quienes teman que yo desacredite con mi conducta 
la hermosa causa de la libertad. Alfil cuántas conspira- 
ciones y guerras no hemos sufrido por atentar a mi au- 
toridad y a mi persona! Estos golpes han hecho pade- 
cer a los pueblos, cuyos sacrificios se habrían ahorrado, 
si desde el principio los legisladores de Colombia no me 
hubiesen forzado a sobrellevar una carga que me ha 
abrumado más que la guerra y todos sus azotes. 

Por primera vez invoca oficialmente la religión: 
Permitiréis que mi último acto sea recomendaros que 
protejáis la religión santa que profesamos, fuente pro- 
fusa de las bendiciones del cielo. 

TRANSFORMACIÓN RELIGIOSA 

Algunos han atribuido a decadencia de carácter y 
-de- inteligencia, en Bolívar, la transformación religiosa 
que se observa en su conducta oficial, hacia los dos últi- 
mos años de su vida. Después del atentado de la noche 
del 25 de septiembre de 1828, Bolívar sustituyó las cá- 
tedras de legislación universal, de derecho político, de 
constitución y ciencia administrativa con otra de funda- 
mento y apología de la religión católico-romana y de 
su historia, y prohibió las logias masónicas, donde po- 
drían trabajar las sociedades revolucionarias a la som- 

191 



BOLÍVAR, EL MAYOR ORADOR DE AMERICA 



bra. Estas tendencias oficiales hacia la religión no prue- 
ban descaecimiento, fueron medidas políticas muy sa- 
bias del hombre que no quiso dar la señal para que el 
ejército y los pueblos destruyeran a los ambiciosos de 
mando, a los "demagogos". Para emprender esa ardua y 
grave obra de constituir un pueblo que salía de la opre- 
sión por medio de la anarquía y de la guerra civil, sm 
estar preparado previamente para recibir la saludable] 
reforma a que aspiraba era necesario darle primero una 
cultura, que requería varias generaciones para llevarla 
a cabo. Veinte años de revolución habían desatado todas 
las pasiones, contenidas durante ellos tan solo por los 
triunfos militares de Bolívar; asechado, ahora, por los 
parricidas, que asesinarían al "Abel de Colombia" en 
Berruecos. 

En su país natal llegó la crueldad y el odio de algu- 
nos hasta pedir oficialmente el indulto de Carujo, y 
celebrar el atentado del 25 de septiembre, declarando 
que aquellos asesinos eran beneméritos de la patria. 

En medio de tan horrorosos males, cuando los ciu- 
dadanos de más autoridad eran llevados por su ambi- 
ción a cometer los crímenes más bajos, y no queriendo, 
El Libertador, anegar a Colombia en sangre, pensó que 
la Iglesia Católica podría tener saludable influencia so- 
bre los espíritus, y sus ministros podrían intervenir en 
calmar las pasiones desbordadas. Los colombianos nece- 
sitaban un freno moral para contener los excesos, de la 
barbarie en unos y de la ambición en otros, que los des- 
unía, y no teniendo otro mejor de qué valerse, recurrió 
al cristianismo imperante en nuestra América, que pre-. 
dica el amor entre los hombres. Restableció los conven- 
tos y se convirtió en protector decidido de la Iglesia y 
le dio protección oficial a todos los clérigos de Colombia. 
. — Sin embargo en su alma dolorida no hubo, como ase- 

192 



BOLÍVAR, EL MAYOR ORADOR DE AMERICA 

guran algunos historidores, transformación igual a aque- 
lla que acaeció a la de Carlos V. Bolívar, personalmente, 
no se hizo ni más, ni menos, religioso o crerical. 

DESENGASO 

Su último discurso, como presidente de Colombia, 
lo terminó con estas palabras, que manifiestan un gran- 
dísimo desengaño: Me ruborizo al decirlo: la independen- 
cia es el ímico bien que hemos adquirido a costa de los 
demás. 

Poco después, el 28 de mayo de 1830, el Congreso 
de Valencia, con excepción de Vargas, decretó en los 
términos más injuriosos, el ostracismo del inofensivo 
Padre de la Patria. — Mitridates, el vencedor de Maratón,, 
tuvo igual suerte, y lo mismo hicieron los atenienses con 
Perícles y Temístocles. — En cambio, causa placer recor- 
dar, que el venezolano Florencio Jiménez tomó a Bogotá 
con el batallón Callao y depuso a Mosquera, y que Urda- 
neta se encargó del poder mientras se llamaba a Bolívar, 
quien, después de un instante de duda, rehusó el poder 
que se le ofrecía porque consideraba todo perdido y más 
aún, porque los tiranos de mi patria me la han quitado y 
así yo no tengo patria a quien hacer el sacrificio. No olvi- 
demos que Gutiérrez de la Fuente le escribió desde Lima 
el 28 de agosto al referirse a los sucesos de Valencia y 
a los peruanos patriotas: "ellos'' (éstos) "han conservado 
por V. E. en el fondo de sus almas una gratitud y una 
admiración que no se extinguirán nunca"; como tampoco 
los honores que le confirió el congreso de Ríobamba; ni 
la gloriosa carta que le escribió, el 14 de octubre, el pre- 
sidente de Bolivia, mariscal Santa Cruz. 



193 



BOLÍVAR, EL MAYOR ORADOR DE AMERICA 



ADIÓS A LOS COLOMBIANOS 

Siete dían antes de morir, el 10 de diciembre, er 
San Pedro Alejandrino, dictó a un secretario su última 
proclama, su supremo adiós a los colombianos, que ful 
un verdadero discurso pronunciado ante las numerosas 
personas que lo acompañaban; palabras que tienen toda 
la grandilocuencia que caracterizó la vida del moribundo, 
grande orador: Habéis presenciado mis esfuerzos para 
plantear la libertad, donde reinaba antes la tiranía. He 
trabajado con desinterés, abandonado mi fortuna y aú 
mi tranquilidad. Me separé del mando, cuando me per- 
suadí que desconfiabais de mi desprendimiento. Mis ene- 
migos abusaron de vuestra credulidad, y hollaron lo que 
me es más sagrado: mi reputación y mi amor a la liber- 
tad. He sido víctima de mis perseguidores que me han 
conducido a las puertas del sepidcro. Yo los perdono.— 
Al desaparecer de enmedio de vosotros, mi cariño me. 
dice que debo hacer la manifestación de mis últimos de- 
seos. No aspiro a otra gloria que la consolidación de Co- 
lombia. Todos debéis trabajar por el bien inestimable 
de la unión: los pueblos obedeciendo al actual gobierno, 
para libertarse de la anarquía; los ministros del San- 
tuario, dirigiendo sus oraciones al cielo, y los militares 
empleando su espada en defender las garantías sociales. 
— Colombianos: Mis últimos votos son por la felicidad 
de la patria. Si mi muerte contribuye para que cesen 
los partidos, y se consolide la unión, yo bajeré tranquilo 
al sepulcro. 

ENSEÑANZA EN LAS OBRAS DE BOLÍVAR 

Cuánta enseñanza saludable hay en todas las obras 
de Bolívar ! Obras por las que no fué recompensado en 
vida; mas, pensemos con Cicerón: "Si el alma no tuviera 

194 



BOLÍVAR, EL MAYOR ORADOR DE AMERICA 

un presentimiento de lo porvenir, si no dirigiera sus 
pensamientos más allá de los estrechos límites de esta 
vida, no emprendería trabajos tan arduos, ni se impon- 
dría tantas vigilias y cuidados, ni expondría sus días 
tan amenudo. Empero los hombres más virtuosos llevan 
dentro del corazón una tendencia que los atormenta día 
y noche con el deseo de la gloria, y hace que las almas 
más bellas no se conformen con legar su nombre a las 
generaciones presentes, sino que las induce a hacer toda 
para que alcance a la posteridad más remota." 

Nada cuidó El Libertador como su gloria. Santo 
estímulo ! 



195 



DOCTRINAS DE BOLÍVAR 



Cuando, después de cien siglos, la pos- 
teridad busque el origen de nuestro dere- 
cho público y recuerde los pactos que 
consolidaron su destino, registrará con res- 
peto los protocolos del Istmo. En ellos se 
encontrará el plan de las primeras alian- 
zas, que trazará la marcha de nuestras 
relaciones con el universo. — simón bolívar 



DOCTRINAS DE BOLÍVAR 

I 

"Cartas Políticas". — Declaraciones de los presi- 
dentes Wilson y Meléndez. 

Hemos sido honrados por el señor Don Carlos 
Meléndez, muy distinguido Presidente de El Salvador, 
Con un luminoso libro titulado Cartas Políticas, que trae 
las cruzadas entre los presidentes Wilson y Meléndez, 
ya famosas; y, además, un bien escrito Prólogo del señor 
Don Salvador Rodríguez G. y unos magníficos Breves 
Apuntes del señor doctor Isidro Moneada. Tiene por 
epígrafes, que son buen resumen del contenido del volu- 
men, los siguientes: 

"Sobre ampliar la Doctrina de Monroe en el sentido 
de que constituya una garantía de la Independencia políti- 

199 



DOCTRINAS DE BOLÍVAR 



cay de la Integridad Territorial de cada una de las Repú- 
blicas del Continente, aun contra agresiones de Estados 
Americanos." 

"El Presidente Meléndez acepta el pensamiento del 
Presidente Wilson, en orden a fundar la Paz y el bienes- 
tar de la América sobre la igualdad perfecta de los 
Estados Continentales, creando así el equilibrio y el 
concierto panamericano." 

II 

La doctrina de Mojiroe. — ( anninir, Adams, Mon« 
roe. — Ampliación de Grant. — Desconfianza de la 
América ibera. 

Tan bellos postulados nos han sugerido las humildes 
consideraciones siguientes: 

Pocos son los que se dan cuenta del verdadero signi- 
ficado de la Doctrina de Monroe. 

A Inglaterra, que desde la destrucción de la Armada 
Invencible, venía fundando su grandeza, naval y comer- 
cial, sobre las ruinas de España, no le convenían las 
decisiones reaccionarias del Congreso de Verona y pro- 
testó contra ellas; y Canning le inspiró al ministro esta- 
dunidense en Londres ideas que le hicieron concebir a 
John Quincy Adams la famosa Doctrina, que el Presi- 
dente Monroe incluyó en su mensaje de 2 de diciembre 
de 1823. Con estas declaraciones se abstuvo la Santa 
Alianza de llevar a la práctica sus designios. 

Aquella doctrina fué ampliada, en 1870, por el Pre- 
sidente Grant, cuando pidió al senado la anexión de 
Santo Domingo a los Estados Unidos. 

La petición de Grant y el gran incremento del terri- 
torio de la Unión Americana han hecho ver, con descon- 

200 



DOCTRINAS DE BOLÍVAR 



fianza, por nuestros pueblos, esas doctrinas. La de 
Monroe se conoce popularmente expresada en esta forma: 
América para los americanos, que quizá es su mejor 
interpretación, pero una mayoría la traduce así: América 
para los estadunidenses. 

Las doctrinas de Monroe y Grant nunca han reci- 
bido sanción legislativa, ni han sido incluidas en el 
Derecho Público, por su forma unilateral; ni por ningún 
tratado se han obligado jamás los Estados Unidos a 
llevarlas a la práctica, para protejer, de agresión 
-europea, las otras repúblicas americanas. 

III 

Equivocasión de los publicistas estadunidenses. 
— Enriados al Congreso de Panamá. — Los Estados 
Unidos se oponen a que Bolívar liberte a Cuba y 
Puerto Rico. — Opinión de Jefferson sobre Cuba.— 
Temor a Inglaterra. — Delegados Anderson y Ser- 
geant. 

Los publicistas estadunidenses, en especial, el pro- 
fesor Woolsey de Yale, dicen que por esa falta de com- 
promiso a protejer, fué que los Estados Unidos no envia- 
ron delegado al Congreso de Panamá de 1826, ni a nin- 
gún otro congreso hispanoamericano hasta 1889. 

En cuanto al Congreso de Panamá están mal infor- 
mados. — Los Estados Unidos veían con recelo las altas 
miras de Bolívar, de confederación hispanoamericana, 
por lo cual el gobierno de aquella hegemonía le manifestó 
al ministro colombiano en Washington, que enviaría de- 
legados al Congreso "siempre que los puntos que allí se 
tratasen fuesen compatibles con su neutralidad", e in- 
vocando esa neutralidad se opuso también a que Bolívar 
libertase a Cuba y Puerto Rico, y nombró un plenipo- 

201 



DOCTRINAS DE BOLÍVAR 



tenciario sólo cuando el Libertador prometió aplazar la 
expedición que habría dado independencia a aquellas 
islas. 

El ex-presi dente Tomás Jefferson le decía, en 1823, 
al Presidente Monroe refiriéndose a Cuba: "Confieso 
francamente que he sido siempre de opinión que Cuba 
sería la adición más interesante que podría hacerse a 
nuestro sistema de estados. El dominio, que junto con el 
Promontorio de Florida, nos daría esta isla en el golfo 
de México y sobre los Estados y el Istmo que lo rodean, 
así como sobre los territorios cuyos ríos desaguan en" 
aquél, colmaría la medida de nuestro bienestar político. 
Sin embargo, persuadido como estoy que esto jamás 
podrá obtenerse sino a costa de una guerra con Ingla- 
terra, ni aun contando con el consentimiento de Cuba, \ 
cuya independencia, que es nuestro interés inmediato, ' 
(y especialmente su independencia de Inglaterra) puede 
lograrse pacíficamente; no vacilaré en abandonar mi ' 
primer deseo debido a aquellas vicisitudes que presenta 
el futuro, y aceptar la independencia de la isla para 
mantener paz y amistad con Inglaterra; lo cual es pre- 
ferible a que nos enexemos a Cuba a costa de la guerra 
y la amistad de los ingleses." 

Así los Estados Unidos no se anexaron a Cuba por 
temor a Inglaterra que también la deseaba, y se los 
hubiera impedido por las armas. Monroe no oyó el con- 
sejo del sabio Jefferson, para la independencia de la 
isla, que Bolívar hubiera podido lograr casi pacífica- 
mente, como insinuaba el expresidente. 

El gobierno de Washington nombró como delegado 
al Congreso de Panamá, primero, al ministro en Bogotá,. 
Mr, Richard C. Anclerson, quien murió en camino para 
el Istmo, y después a Mr. J. Sergeant, que llegó a- 
Panamá cuando se había disuelto el Congreso. 

202 



DOCTRINAS DE BOLÍVAR 



IV 

Bolívar y la confederación panamericana. — 
Desde 1810 maniiiesta oficialmente en Londres stf 
idea de Liga Aníictiónica. — Carta de Jamaica de 
1815. — Carta a Puyredón en 1818. — Unión de Vene- 
zuela y Nueva Granada en 1821. — Instrucciones a 
delegados Mosquera y Santa María. 

Bolívar no había aún empezado su obra libertadora 
uando pensó en la confederación hispanoamericana y 
iespués trató de llevar a la práctica doctrinas de mucho 
Trias alcance que las de Monroe y Grant. Quiso unir los 
Estados de la América española en una federación que 
es sirviera de mutuo apoyo, no solamente contra los 
ntentos de reconquista europea, sino también que esta- 
bleciera el equilibrio con la hegemonía del norte y le 
diera a nuestra América la influencia mundial que to- 
davía no ha alcanzado. 

En 1810 cuando era delegado de Venezuela en Lon- 
jdres, habla con Richard Wellesley sobre una liga anfic- 
Stiónica que debía establecerse en América; conversación 
que dio argumento para un memorándum que éste pre- 
sentó a su padre el marqués ministro (1). 

En 1815, Bolívar se encontraba en Jamaica desterra- 
do y sin recursos de ninguna clase, cuando escribió su 
célebre carta profética en la que se manifiesta lo excelso 
de aquel numen que se vigorizaba con el infortunio: 
"Qué bello sería que el Istmo de Panamá fuese para 
nosotros lo que el de Corinto para los griegos ! Ojalá que 
algún día tengamos la fortuna de instalar allí un 
augusto congreso de los representantes de las repúblicas, 



(1) Carlos A. Villanueva, Bolívar y el general San Martín. 

203 



DOCTRINAS DE BOLÍVAR 






reinos e imperios, para tratar y discutir sobre los alto 
intereses de la paz y de la guerra, con las nacioes de la 
otras tres partes del mundo! Esta especie de corpors 
cion podra tener lugar en alguna época dichosa de núes 
tra regeneración." 

Después, los cuidados de la guerra y la incomuj 
cacion en que estaba Venezuela no le permitieron, a 
Libertador volver a hablar de su gran proyecto hast; 
¿818, cuando escribe al presidente argentino Puyrredón 

Luego que el triunfo de las armas de Venezuela comí 
píete la obra de su independencia, o que circunstancia* 1 
mas favorables nos permitan cominicaciones más frl 
cuentes y relaciones más estrechas, nosotros nos apre 
suraremos con el más vivo interés a entablar por nuestra 
parte el pacto americano, que formando de todas nues- 
tras repúblicas un cuerpo político, presente la América 
al mundo con un aspecto de majestad y grandeza sin 
ejemplo en las naciones antiguas. La América así unida 
si el cielo nos concede este deseado voto, podrá llamarse 
ia reina de las naciones, la madre de las repúblicas Yo 
espero que el Río de la Plata con su poderoso influjo 
cooperara eficazmente a la perfección del edificio político 
a que hemos dado principio desde el primer día de nues- 
tra regeneración." 

La unión de Venezuela y Nueva Granada, en 1821, 
se debió a ese sublime ideal de confederación. Ese mismo 
ano hizo que se enviaran delegados a las repúblicas del 
sur y a México, para invitar esas naciones a que se | 
ligarán con Colombia contra España y a que enviasen 
representantes a Panamá para un congreso general "que l 
serviría de consejo en los grandes conflictos, de punto de 
contacto en los peligros comunes, y de fiel intérprete de \ 
los tratados públicos, caso de ocurrir alguna duda, y de 
conciliador en las diferencias que surgieran". Le agre- 



204 



DOCTRINAS DE BOLÍVAR 



;aba en las instrucciones que recibieron los delegados 
Mosquera y Santa María que la confederación no debía 
formarse simplemente sobre los principios de una alian- 
;a ordinaria para ofensa y defensa; debe ser mucho 
nás estrecha que la que se ha formado últimamente en 
íuropa contra las libertades de los pueblos" (la Santa 
H|anza) . "Es necesario que la nuestra sea una SOCIE- 
DAD DE NACIONES, separadas por ahora y en ejer- 
:icio de su soberanía por el curso de los acontecimientos 
íumanos, pero unidas, fuertes y poderosas para soste- 
íerse contra las agredones del poder extranjero". Y les 
iñadía: "Es indispensable que usted encarezca incesante- 
mente la necesidad que hay de poner desde ahora los 
¡imientos de un cuerpo anfíctiónico o asamblea de pleni- 
potenciarios que dé impulso a los intereses comunes de 
os Estados americanos, que derima las discordias que 
■mecían suscitarse en lo venidero entre pueblos que tie- 
nen unas mismas costumbres y unas mismas habitudes 
¡/ que por falta de una institución tan santa puedan 
miza encender las guerras funestas que han desolado 
)tras regiones menos afortunadas" (1). 

V 

Tratados con Cliile, Perú, México y Centro 
América. — Declaraciones en la cima del Potosí. — 
Carácter panamericano del Congreso de Panamá. — 
Invitación a Inglaterra. 

Ya para 1822, antes que Monroe fomulara su doc- 

rina, había El Libertador celebrado tratados con Chile 

el Perú y después con México y Centro América "para 

ostener con su influjo y fuerzas marítimas y terrestres, 

n cuanto lo permitieran las circunstancias, su indepen- 



(1) Estos dos últimos párrafos de Bolívar los reproduce el 
íistoriador Hugo D. Barbagalata en su estudio "Bolívar y la So^ 
úedad de las Naciones." 

205 



DOCTRINAS DE BOLÍVAR 



■dencia de la nación española y de cualquiera otra domi 

nación extranjera, y asegurar su mutua prosperi 

dad y la mejor armonía y buena inteligencia". Estipui! 
laba que se reuniría el Congreso indicado, que servirí? 
para los fines dichos, y también convenía en que tó 
Estados no accederían a reclamaciones de España por lí 
pérdida de us colonias "ni entrarían en tratado algunc 
con España ni otra nación en perjuicio y menoscabo d¿ 
esta independencia." 

A fines de 1825 subió El Libertador, con un num 
roso séquito hasta la cima del Potosí, donde plantó la 
banderas de Colombia, del Perú y la Argentina y con 
movió a sus oyentes con palabras que relata O'Lear 
así: "Aspiraba con todo el ador de su alma de fuego, a 
reunir con lazos más estrechos en una gran confedera- 
ción, las repúblicas que había emancipado, y hacer apa- 
recer las creaciones de sus triunfos según su propia ex 
presión, no como naciones, sino como hermanas unidas 
indisolublemente por todos los lazos que las ligaban 
antes, con la sola diferencia de que entonces estaba 
sometidas a un mismo tirano, y de que ahora debían 
gozar de una misma libertad, bajo gobiernos diferentes 
y aun leyes también diferentes, si se quiere; con cada 
pueblo en posesión de la soberanía y libre según la con\ 
ciencia de cada cual". La prosperidad de la América, em 
su sentir, era inseparable de la realización de ese pro- 
yecto, y los que le oímos aquel día discurrir sobre las 
ventajas de la confederación, con dificultad podíamos 
dejar de convenir en su plan, tales fueron la solidez de 
los argumentos y la brillante elocuencia con que lo 
emitía" (1). 



(1) Véase: Bolívar, el mayor orador de América, "En la cima 
del Potosí." 

206 



DOCTRINAS DE BOLÍVAR 



Bolívar quiso darle al Congreso de Panamá un ca- 
rácter panamericano y teniendo ese propósito en mien- 
tes ordenó al ministro colombiano en Washington, que 
indagara cuáles eran las intenciones del gobierno esta- 
dunidense respecto a la gran Asamblea, y en el caso que 
fueran favorables, invitase formalmente a los Estados 
Unidos "a enviar plenipotenciarios a Panamá que en 
unión de los de Colombia y sus aliados, concertasen 
medidas eficaces para resistir toda colonización extran- 
jera en el continente americano y la aplicación de los 
principios de legitimidad a los estados americanos en 
general" (2). 

A pesar de lo necesario que consideraba Bolívar la 
alianza con la Gran Bretaña, a la que también se había 
invitado al Congreso de Panamá; reconocía, así mismo, 
los peligros a que nos podría exponer la preponderancia 
de influencia de aquella suprema potencia en las deci- 
siones de la confederación panamericana. Sobre esto le 
escribía al ministro Revenga, desde La Quinta Je la 
Magdalena, en febrero de 1826: "Por ahora me parece 
que nos dará una gran importancia y mucha respeta- 
bilidad la alianza de la Gran Bretaña, porque bajo su 
sombra podremos crecer, hacernos hombres, instruirnos 
y fortalecernos, para presentarnos entre las naciones 
con el grado de civilización y de poder que son necesa- 
rios a un gran pueblo. Pero estas ventajas no disipan los 
temores de que esa poderosa nación sea en lo futuro 
soberana de los consejos y decisiones de la asamblea: 
que su voz sea la más penetrante, y que su voluntad y 
sus intereses sean el alma de la confederación, que no 
se atreverá a disgustarla por no buscar ni echarse en- 



(2) O'Leary, Narración, t. II, p. 541. 

207 



DOCTRINAS DE BOLÍVAR 



cima un enemigo irresistible. Este es en mi concepto el 
mayor peligro en mezclar una nación tan fuerte con 
otras tan débiles". — Concluye refiriéndose a su proyecto 
de asociación: "creo que adoptado éste por el continente 
americano y por la Gran Bretaña, va a presentar una 
masa inmensa de poder que debe necesariamente produ- 
cir la estabilidad de los nuevos estados" 



VI 



Congreso de Panamá. — Delicadeza de Bolívar. — 
Opinión de Sáenz-Peña sobre el Congreso. — Bolívar 
desaprueba traslación a Tacubaya.— Declaraciones 
del Congreso estadunidense no influyen sobre deci- ( 
siones de Tacubaya. — "Confusión horrorosa" de lo» 
estados de la América antes españoles. 



Desgraciadamente nada de esto se realizó en el Con- 
greso de Panamá que se reunió el 22 de junio de 1826, 
por la anarquía que a la sazón reinaba en nuestros paí- 
ses. Las cuatro repúblicas que concurrieron al Congreso 
firmaron un tratado por el cual se establecía una confe- 
deración perpetua y liga ofensiva y defensiva para sos- 
tener en común la soberanía e independencia de las na- 
ciones aliadas de Hispanoamérica contra toda domina- 
ción extranjera; tratado que no fué "sino un pedazo de 
papel." 

Bolívar, para que no se le imputaran designios de am- 
ción personal se abstuvo de intervenir en las delibera- 
ciones del Congreso, y de ejercer su decisiva influencia 
sobre los delegados, de tal modo que cuando Pando, re- 
presentante del Perú, le consultó confidencialmente, El 
Libertador le contestó: "sirva fielmente a su patria y a 
su conciencia sin hacer jamás sino lo que conviene a 
ambas." 

208 



DOCTRINAS DE BOLÍVAR 



El expresidente argentino Sáez-Peña opina: 

"El Congreso de Panamá no tuvo miras hostiles a 
os Estados Unidos, que fueron invitados a concurrir 
sn primer término, ni siquiera a la Doctrina de Monroe; 
)or el contrario, él se inspiró en el propósito de dar a 
aquella doctrina un significado y alcance continentales, 
Yon la adhesión consciente y libre de las nuevas naciona- 
lidades; así lo indica la invitación oficial y la nota pro- 
grama que contiene entre otras esta cláusula": 

"Tomar en consideración los medios de hacer efec- 
;iva la declaración del Presidente de los Estados Unidos 
(Monroe) respecto a designios ulteriores de cualquier 
Dotencia extranjera, para colonizar cualquier porción de 
íste continente, y los medios de resistir cualquier inter- 
vención exterior en los asuntos domésticos de los go- 
biernos americanos." 

"Los propósitos de la Conferencia no podían ser 
más favorables a la política de los Estados Unidos; el 
Congreso de Panamá se proponía adherir a ella, como a 
un acto consumado que se quería formalizar ex post facto, 
y el proceder de Bolívar fué plausible. Las declaraciones 
de Monroe consultaban el interés de la América, y los 
intereses movieron la adhesión; pero la voluntad de estos 
Estados no había sido consultada, y la Conferencia se 
proponía manifestarla, homologando en las esferas- inter- 
nacionales, un acto irregular en sus orígenes y nacido 
inconsultamente en el interior de un parlamento." : : 

"El Congreso de Panamá no fué mirado con favor 
por el cuerpo legislativo federal" (estadunidense) "có- 
raenzó por restringir los poderes de sus representantes 
dándoles mero carácter diplomático, y concluyó por rió 

hacer efectiva su representación La Conferencia, 

clausuró sus sesiones en la ciudad de Panamá y las 



" 209 



DOCTRINAS DE BOLÍVAR 



reabrió en Tacubaya, buscando las proximidades de I 
unión y facilitándole los medios representativos. Per< 
el pensamiento de Bolívar no fué más afortunado en 1; 
nueva sede del Congreso; se hicieron declaraciones máí 
o menos estériles, que no fueron ratificadas sino por uno* 
de los signatarios, como que nacieron ya heridas d ¿ 
muerte por los pronunciamientos del Congreso Federal 
(estadunidense), "al discutirse las dietas de los d 
legados." 

La traslación del Congreso a Tacubaya no fué poj 
iniciativa de Bolívar, quien lo reprueba en carta que 
escribió a Briceño Méndez, delegado colombiano. Le dice 
"La traslación de la asamblea a México va a ponerla 
bajo el inmediato influjo de aquella potencia, ya demai 
siado preponderante y también bajo el de los Estados 
Unidos del Norte. Estas y otras muchas razones me 
obligan a decir que no se proceda a la ratificación de los 
tratados antes de que yo llegue a Bogotá y antes de 
que yo los haya examinado detenida y atentamente cóiji 
Ü. y con otros." 

Las declaraciones del Congreso estadunidense no 
tienen por qué haber influido en las decisiones del Con-! 
greso de Tacubaya, como alega Sáez-Peña. Los Estados 
Unidos no eran entonces la poderosa nación de hoy 
arbitro de la América y en el mundo, y "los puebloá 
latino-americanos unidos," como dice Andará, "represen- 
taban una fuerza superior a la norteamericana" (l);pero 
desgraciadamente esos pueblos estaban anarquisados, y 
a esto sólo se debió la no realización dé los grandiosos 
ideales de Bolívar. Gual, representante de Colombia, le 
escribe al ministro de relaciones exteriores desde México: 

(1) J. L. Andará, La Doctrina de Bolívar, "Cultura Venezo- 
lana", No. 1. 

210 



DOCTRINAS DE BOLÍVAR 



"Es una completa calamidad para los Estados de la 
América antes española, que al tiempo de crearse la 
institución más hermosa que se vio jamás, una institu- 
ción que iba a consolidar para siempre su existencia 
política, se hayan puesto la mayor parte de ellos en una 

confusión horrorosa Cómo es posible, pues, que 

en el día se establezca una confederación de partes dis- 
cordes y desorganizadas ? Puede acaso ser la confedera- 
ción medio eficaz de curar los males interiores de cada 
Estado ? O debe esta misma confederación ser el resul- 
tado del buen orden y profundos cálculos de cada uno 
de ellos?" (1). Hoy, todavía, estamos en aquel mismo 
estado de desunión. 



•VII 



Lo que es la doctrina de Monroe. — interpreta- 
ción del Presidente WHson. — Recelos para intimi- 
dad de las Amérleas. — Comparación, de Sáez-Peña, 
entre doctrinas de Bolívar y Monroe. 

La doctrina de Monroe es tan sólo una pretensión a 
esfera de influencia de los Estados Unidos, que no ha 
s\áo el resultado de tratados: equivalente al principio 
romano que no permitía a ningún rey asiático conquistar 
territorio europeo. 

"La doctrina Monroe", dice el presidente Wilson, 
"fué proclamada por los Estados Unidos sobre su propia 
.autoridad. Respaldada por la responsabilidad de este 
país, hasta hoy se mantuvo y continuará manteniéndose; 
pero la doctrina Monroe solo exigía que los gobiernos 
europeos no intentaran extender su sistema político a 
este lado del Atlántico, y no expuso el uso que se pro- 



(1) Gil-Fortoul, Hist. ConsL de Venezuela, t. I, p. 386. 

211 



DOCTRINAS DE BOLÍVAR 



ponen los Estados Unidos hacer de su poder en este 
lado del océano.— Constituye esa doctrina una adver- 
tencia; pero no hubo en ella promesa alguna de lo que" 
los Estados Unidos se proponían hacer con el protecto- 
rado implícito y parcial que en apariencia trataban dtf 
establecer en este Continente, y yo creo que me apoyarán 
ustedes (2) al afirmar que han sido los recelos y temores- 
sobre este punto los que hasta hoy impidieron que exis- 
tiese mayor intimidad y confianza mutua entre las dos' 
Americas." 

El ex-presidente de la Argentina, Sáenz-Peña, com- 
para las doctrinas de Bolívar y Monroe de esta manera: 

"Las aspiraciones de Bolívar eran legítimas, no solo 

por su alcance político, sino porque representaban una 
formula más amplia que la de Monroe, tal como la quería 
Canmng y la concibieron los pueblos emancipados de- 
España y Portugal. Si se fija la atención en la invita- 
ción de Panamá, se verá que ella estatuye, como princi- 
pio universal, contra cualquier nación extranjera, la fór- 
mula de la no intervención, en tanto que Monroe solo 
la concibe contra cualquier nación europea. Cuando Bo- 
lívar define su doctrina no se encara con la Europa, ni 
limita su defensa a las cavilosidades o temores que pu- 
diera inspirar el Viejo Mundo; ella comprende a toda 
la cristiandad, y define los alcances de la soberanía, 
colocándola bajo un principio universal y jurídico, que 
debió significar las más hermosa conquista del derecho 
de gentes. El principio de la no intervención, consagrado 
con todas las amplitudes que se quisieron dar en Pana- 
má, creaba la verdadera doctrina, pesando por igual 
sobre los dos hemisferios y tomando, desde ese momento, 
verdadero significado internacional; no de la Europa, 

(2) Los delegados de las naciones americanas al Segundo' 
Congreso Científico Pan Americano. 

212 



DOCTRINAS DE BOLÍVAR 



.sino de todo poder extranjero, en los asuntos domésticos 
de las nuevas nacionalidades; y si los publicistas no han 
.asentuado las diferencias profundas, que emergen de la 
nota de Bolívar con relación al Mensaje de Diciembre,'* 
(de Monroe), "se encargan, sin embargo, de dar razón 
al primero, contra la doctrina fragmentaria del segun- 
do Es indudable que el presidente Monroe 

dio lectura del mensaje, bajo reservas mentales que de- 
bían aprovechar sus sucesores, para extender o restrin- 
gir esa fórmula, con interpretaciones caprichosas como 

la de Polk El mensaje parece laminado en 

gutapercha, substancia dilatable y elástica, y se adapta 
,a todas las conveniencias y al interés exclusivo de todas 
las intervenciones que él mismo genera " (1)* 



VIII 

El panamericanismo y la doctrina de Monroe 
según Lansfng. — Aplicación beneficiosa de la doc- 
trina. — Tendencias de ésta según el profesor Wool* 
sey. 

Hoy, después de un siglo de haber expresado Bolívar 
sus elevadas ideas, los Estados Unidos comprenden la 
necesidad del panamericanismo, y las declaraciones de 
su gobierno parecen como si fueran sugeridas por las 
bolivianas. El secretario Lansing le dijo a los delegados 
de las naciones americanas al Segundo Congreso Cien- 
tífico Pan Americano: 

"Cuando tratamos de analizar el panamericanismo, 
hallamos que sus esenciales cualidades son las de la 
familia — la simpatía, el apoyo mutuo, el sincero deseo 
por la prosperidad de los demás, la ausencia de la envi- 



(1) Roque Sáenz-Peña, Escritos y Discursos, t. I, p. 392. 

213 



DOCTRINAS DE BOLÍVAR 



día por la prominencia del prójimo, la ausencia de la 
. codicia por la riqueza de los demás, y, sobre todo, la 
" ausencia de aquel espíritu de intriga que amenaza la 
paz doméstica del prójimo. Tales son las cualidades del 
vínculo familiar entre individuos, y esas mismas debie- 
ran ser y creo que son, las cualidades que forman el 
lazo que une a la familia de naciones americanas." 

"Las ambiciones de esta república no se dirigen 
por el camino de la conquista sino por la senda de la paz 
y de la justicia. Siempre y cuando podamos, extendere- 
mos nuestra mano a los que hayan menester nuestra 
ayuda. Si la soberanía de una república hermana se" 
halla amenazada de allende los mares, el poder de los 
Estados Unidos, y como espero y creo, la fuerza unida 
de las repúblicas americanas habrán de constituir un 
baluarte que protegerá la independencia y la integridad 
de sus vecinos contra toda invasión o agresión injusta. 
La familia de naciones americanas pudiera adoptar 
como insignia la de los famosos mosqueteros de Dumas: 
'Uno para todos, todos para uno.' " 

"Si he interpretado correctamente el panamericanis 
mo desde el punto de vista de las relaciones de nuestro 
gobierno con las de ultramar, mi interpretación se hall 
en entera armonía con la doctrina de Monroe; la doctrina 
de Monroe es una política nacional de los Estados Unidos; 
el panamericanismo es una política internacional de las 
repúblicas americanas. Los motivos de una y otro son 
en cierto modo distintos; los fines que persiguen son los 1 
mismos. Una y otro pueden existir sin menoscabo de sus 
respectivas fuerzas " (1). 



(1) N. Veloz Goiticoa, Informe sobre el Secundo Congreso 
Científico Pan-Americano, Anexo 10. discurso del Secretario d& 
Estado Lansing, pronunciado el 27 de diciembre de 1916. 

214 



DOCTRINAS DE BOLÍVAR 



Los Estados Unidos han aplicado siempre de modo 
)eneficioso la doctrina de Monroe: cuando en 1850, por 
¡1 tratado Bulwer-Clayton Inglaterra y los Estados Uni- 
los se comprometieron a no colonizar, fortificar u ocupar 
Darte alguna de la América Central; cuando Maximiliano 
3e Austria se hizo emperador de México con' el apoyo 
le Francia; cuando se creyó que Lesseps terminaría el 
;anal de Panamá; cuando la cuestión límites entre Ve- 
nezuela y la Guayana inglesa, con el mensaje de Cleye- 
and en 1895. 

El profesor T. S. Woolsey, de la Universidad de 
Yale, manifiesta que la doctrina de Monroe "tiende a 
cambiar en el principio de que cada porción del conti- 
nente americano debe estar libre de gobierno europeo"; 
lo cual es el desenvolvimiento natural y necesario de esa 
doctrina. 



IX 



Postulados de Wilspn que determinan la doc- 
trina de Monroe y el panamericanismo. — En 104* 
unos no ha dejado de ejistlr la "confusión horro- 
rosa". — Postulados de Bello y Wllson y las doctri? 
ñas de Bolírar. 

El presidente Wilson ha expresado postulados que 
harán, quizás, efectivo el panamericanismo, y le dan a, 
la doctrina de Monroe un carácter definido y claro, que 
hará cesar los prejuicios y recelos existentes contra 
ella en otras partes de. América. El panamericanismo 
tendrá la forma de un pacto que garantice la indepen- 
dencia política y la integridad territorial de cada Es- 
tado americano aun contra agresiones de estados ameri- 
canos, viniendo a ser así una ampliación de la doctrina 
de Monroe. Estos son los mismos ideales de Bolívar ya 



DOCTRINAS DE BOLÍVAR 



asentados, y aquellos que los realicen merecerán ocupar un [ 
puesto en la Historia al lado de nuestro gran Libertador. 

En el Segundo Congreso Científico Pan Americano, 
dijo el Presidente Wilson: "Los Estados de América no 
han tenido la certeza del uso que los Estados Unidos 
harían de su poder. Esa incertidumbre debe desapare- 
cer; y recientemente ha habido un intercambio de ideas! 
muy franco entre las autoridades de Washington y las : 
que representan a los otros Estados de este Hemisfe- 
rio y los caballeros que en tal intercambio toma- 
ron parte han visto que si la América ha de ser dueña 
de sí misma, en un mundo de paz y de orden, debe antes 
establecer los fundamentos de la amistad, de modo que 
nadie en adelante dude de ellos. Yo abrigo la esperanza 

y creo que esto puede realizarse y se realizará, 

en primer lugar, uniéndose los Estados de América para 
la garantía mutua de la absoluta independencia política 
y de la absoluta integridad territorial." 

"En segundo lugar, y como corolario indispensable 
a esta garantía, mediante convenios para el arreglo in- 
mediato de las diferencias pendientes relativas a fron- 
teras por medios amistosos, conviniéndose así mismo que 
las diferencias que por desgracia entre ellos surgieren 
sean objeto de investigación paciente e imparcial y arre- 
glados por el arbitraje; y por último, mediante el con- 
venio, tan necesario para la paz de las Américas, de que 
ningún Estado de uno u otro continente permitirá que 
salgan de él expediciones revolucionarias contra otro 
Estado y prohibirá la exportación de pertrechos de gue- 
rra cuando se destinen éstos a los revolucionarios en 

armas contra gobieryíos vecinos Si los Estado 

americanos se hallan en continua agitación, si cualquier 
de ellos se encuentra en constante fermento — habrá un 



216 



DOCTRINAS DE BOLÍVAR 



amenaza siempre presente para sus relaciones entre sí. 
Nos interesa ayudarnos mutuamente en las actividades 
ordenadas dentro de nuestra propias fronteras, del 
mismo modo que nos interesa auxiliarnos unos a otros 
en los procesos ordenados de las controversias entre nos- 
otros. Estas son ideas muy prácticas que han surgido 
<en la mente de hombres pensadores, y yo por mi parte, 
creo que habrán de abrir el camino hacia algo que la 
América ha estado pidiendo desde hace muchas genera- 
ciones, puesto que se hallan basadas, en primer lugar 
.y en lo que concierne a los Estados más fuertes, sobre el 
-grandioso principio de abnegación y respeto a los dere- 
chos de todos; están basadas sobre los principios de abso- 
luta igualdad política entre los Estados, igualdad de de- 
rechos — no iguldad de indulgencia Son cosas estas 

por las cuales el mundo ha esperado y aguardado con 
.corazón ferviente" (1). 

La América no ha realizado los ideales de Bolívar, 
•en los cien años pasados, porque no ha dejado de existir, 
siempre, en alguna parte de ella "la confusión horrorosa" 
sobre la cual le escribió Gual a Revenga y de la que he- 
mos ya hablado. Por esto la medida primordial para 
llegar a entendernos sería el convenio propuesto por el 
presidente Wilson para acabar con las revoluciones en 
nuestro Hemisferio. Debemos convencernos que no es 
de hombres, sino de métodos, de lo que es necesa- 
rio cambiar; y entre ellos es fundamental el de no 
efectuar las variaciones políticas por medio de contien- 
das fratricidas. La paz forzosamente trae el orden y la 
felicidad nacional e individual. 

Mister Wilson en su discurso de 27 de enero de 
1916 decía: 



(1) N. Veloz Goiticoa, informe cit., discurso pronunciado por 
■el Presidente Wilson el 6 de enero de 1916. 

217 



DOCTRINAS DE BOLÍVAR 



"Los pequeños Estados tienen exactamente el mismo 
derecho a que se respete su soberanía y su integridad 
territorial, que el que tienen y defienden las grandes y 
poderosas naciones." 

"El mundo tiene derecho a libertarse de toda pertur- 
bación de la paz internacional, procedentes de las agre- 
siones o faltas de respeto contra los derechos soberanos 
de los pueblos y naciones." 

Palabras que parecen inspiradas por las frases de 
Andrés Bello, que cita el doctor Moneada: 

"De la independencia y soberanía de las naciones, 
se sigue que no es permitido a ninguna nación dictar a 
otra la forma de su Gobierno, de religión o de adminis- 
tración que debe adoptar ni de hacerla responsable 
de las relaciones entre sus ciudadanos o de aquellos que 
existen entre el Gobierno y sus subditos." 

"Si todos los hombres son iguales, los grupos de 
hombres que constituyen la sociedad universal son igua- 
les. La República, aun la más débil, goza de los mismos 
derechos que el más poderoso de los imperios." 

A un grupo de periodistas mexicanos le dijo el pre- 
sidente Wilson refiriéndose a sus discursos anteriores: 

"Hace algún tiempo, como lo sabéis probablemente 
todos vosotros, propuse una especie de convención ame- 
ricana." 

"Habíame percatado de que las dificultades que de 
nuestra parte existían en las relaciones con la América 
Latina era esa famosa doctrina de Monroe, adoptada sin 
vuestro consentimiento, sin el consentimiento de ninguno 
de los Estados centro o sud americanos. Si me es lícito 
expresarme en términos que tan amenudo empleamos 
en este país, dijimos: 'Vamos a ser vuestra hermana 
mayor, así lo queráis o no.' No os preguntábamos si os 



218 



DOCTRINAS DE BOLÍVAR 



agradaba que fuésemos vuestra hermana mayor. Ahora 
bien, todo era muy bueno en cuanto a protegeros contra 
una agresión venida de ultramar, pero no había nada 
en esa doctrina que os protegiera contra una agresión de 
nuestra parte." 

"Y con frecuencia he visto un sentimiento de males- 
tar de los representantes de los Estados de Centro y Sur 
América, respecto de que la protección que nos arroga- 
mos, pudiera ser en provecho o interés nuestro y no de 
nuestros" vecinos. Y por esto dije: 'Está muy bien, haga- 
mos un arreglo que sea un vínculo. Tengamos una ga- 
rantía común de que todos firmaremos una declaración 
de independencia política y de integridad territorial. 
Convengamos en que, si alguno de nosotros, inclusive los 
Estados Unidos, viola la independencia política o la inte- 
gridad territorial de cualquiera de los otros, le caeremos 
encima.' " 

Parece que en estos postulados Mr. Wilson hubiera 
sido inspirado por las expuestas doctrinas de Bolívar. 



Manifestaciones del Presidente Meléndez. — La 
Liga de las Naciones y la doctrina de Monroe. — 
Idea de estadistas hispanoamericanos. — Asociado- 
nes iuteramerieanas y los Estados Unidos. — Ideal 
panamericano. — La Liga de las Naciones y Benedic- 
to XV. — -Wilson, egregio discípulo de Bolívar. 

El Presidente Meléndez por tan bellas ideas dice a 
Mr. Wilson: 

"Vuestra aclaración sobre el concepto de la Doctrina 
de Monroe viene a desvanecer prejuicios y desfavorables 
conjeturas respecto a ella, que han impedido por t . muchos 



219 



DOCTRINAS DE BOLÍVAR 



años el amplio florecimiento y la propagación de princi 
pios de verdadera cordialidad, que deben existir, pan 
bien de todos, entre los Estados Unidos y las otras Re 
públicas del continente americano." 

"Vuestro gran pensamiento, de una Convención In 
ternacional que garantice ¡a independencia política y h 
integridad territorial de las naciones de este Hemisferu 
envuelve el más alto propósito que se haya hecho resona) 
■en las esferas del Derecho Píiblico, desde los tiempos d< 
Washington hasta nuestros días." 

Se podrán llevar por fin a cabo los ideales, las doc- 
trinas de Bolívar, que siempre servirán de norma a las 
Américas para su prosperidad y su felicidad ? Dios le 
quiera ! 

Mr. Wilson le dio alcance mundial a los postulados 
anteriores, cuando formuló la Liga de las Naciones, en 
la cual ha propuesto incluir la Doctrina de Monroe, ha- 
ciéndola, así, parte del Derecho Público universal. 

Por otra parte varios estadistas hispanoamericanos 
han lanzado la idea de una Ligas de las Naciones de la 
América Hispánica con fines análogos a los propuestos 
por el presidente Wilson pero con la "idea fundamental 
de porteger las ideas y los intereses déla América ibera." 

De los Estados Unidos no debemos prescindir en ningu- 
na asociación interamericana, sobre todo después de las ex- 
puestas altruísticas declaraciones de su gobierno; además 
para no hacerlo, tenemos razones más poderosas que las de 
Bolívar cuando invitó a la Gran Bretaña al Congreso de 
Panamá. Los Estados Unidos, ellos solos, son más fuer* 
tes, hoy, que el resto de las naciones de América uni- 
das. — La doctrina de Monroe es la política internacional 
de aquella gran nación, y con la ampliación enunciada 
por su gran presidente actual, nos garantiza la inde 

220 



DOCTRINAS DE BOLÍVAR 



>endencia política y la integridad territorial de todos 
os países de este hemisferio, aun contra agresión de 
os mismos Estados Unidos. 

Nuestro ideal no puede ser otro que alcanzar la 
'ealización del panamericanismo según las doctrinas de 
Bolívar y la interpretación wilsoniana, independiente- 
nente, y además, de La Liga de las Naciones, realizada 
3or Wilson y que también había propuesto Benedicto XV 
lesde principios de agosto de 1917 (1). 

"Barbagalata acaba de sugerirnos que el Presidente 
Wilson es sólo un discípulo del Libertador y que la 
asamblea de París" (la Liga de las Naciones) "se pare- 
jera al Congreso de Panamá" (2). 

La "Unión Panamericana," de la ciudad de Was- 
hington, es solamente una oficina de información y pro- 
paganda, que puede ser muy útil al panamericanismo 
boliviano. 



(1) Osservatore Romano, órgano del Vaticano. 

(2) América Latina, de Londres, artículo del eminente histo- 
riador uruguayo Hugo D. Barbagalata: "Bolívar y la Sociedad de 
las Naciones." 

221 



En el hombre las causas morales y físi- 
cas se modifican las unas por las otras; 
la trasmisión de las cualidades heredita- 
rias a los descendientes es un razgo dis- 
tintivo del mundo animal, como se ve muy 
claramente en el caso de los principios 
morbíficos. Es también un hecho general 
que las costumbres y los medios intelec- 
tuales adquiridos por la cultura, se tras- 
miten a la generación siguiente en la que 
adquieren a menudo una forma más ele- 
vada.— sir HUMPHRY DAVY, 



LOS ABUELOS 
DEL LIBERTADOR 



Le da nobleza al hombre la virtud y 
no el nacimiento. "Yo valgo más que tú: 
mi padre fué Cónsul; yo soy tribuno; y 
en cuanto a tí, tú no eres nada" Amigo 
mío, si nosotros fuéramos dos caballos 
y me dijeras: "Mi padre era el más 
veloz de todos los caballos de su época, 
y en cuanto a mí, yo tengo mucho heno, 
mucha cebada y un arnés magnífico," 
te respondería: "Lo creo, pero corra- 
mos". — No hay en el hombre algo que 
le es propio, así como la carrera al ca- 
ballo, y por medio de lo cual podeynos 
conocer su calidad y juzgar éu precio, 
y no son estos atributos el pudor, la 
fidelidad, la justicia ? ' —Muéstrame en> 
qué me aventajas. Hazme ver que vales 
más que yo, en cuanto a hombre; pues 
si tú me dices: "Yo puedo rebuznar, yo 
puedo relinchar" ; te respondería que te 
glorías, al decir eso, de una cualidad 
que es atributo del burro, del caballo 
y no del hombre. 

EPICTETO. 



Í5 



LOS BOLÍVAR 

Los Bolívar descienden de una antigua y célebre 
casa de Vizcaya, madre gloriosa de fortísimos hijos, 
cuyo apellido compuesto de bol, radical de bolu, bolu-a, 
esto es: molino, el molino; y de ibar, ibar-a: la pradera; 
significa en éuscaro pradera del molino. La manera i 
correcta de escribir el nombre es Bolíbar. 

Desde tiempo inmemorial estaba situada la casa i 
solar primitiva, con molino y ferrería al lado, en una¡ 
pradera del monte Oiz, en la puebla de Bolíbar, que era 
parte O.e la ante-iglesia de Cerranuza, fundada en 
968 (1), y una de las veinticinco republiquitas que 
formaban el Señorío de Vizcaya, antes de la abolición 
de los fueros. El pueblo de Bolíbar fué fundado por los 
señores de la casa de Bolíbar y los labradores que a ellos 
pertenecían. 

La familia Bolíbar construyó a sus expensas, en el 
siglo X, en que fundó el pueblo, la iglesia parroquial 
de Santo Tomás el Apóstol, con altares a Jesús Crucifi- 

(1) Juan Ramón Iturriza, Hist. de Vizcaya; Labajrú, Comp. 
de la Hlst. del Señorío de Biscaya; cit. por Jules Humbert, Les 
Origines et les Ancétres du Liberateur Simón Bolívar, en el "Jour- 
nal de la Société des Americanistes de París", y Libro ms. Horas < 
Canónicas de la iglesia de Cenarruza, cit. por Humbert. 

226 



LOS ABUELOS DEL LIBERTADOR 



cado, San Joaquín, Santa Ana y Santo Tomás, a condi- 
ción de indemnizarse con los diezmos y patronato per- 
petuos. La ante-iglesia tomó el nombre de la casa solar 
de Bolíbar, como pasó en los países vascongados con 
casi todos los pueblos que tomaron su nombre y escudo 
de los de la casa solariega principal. 

Los grandes altercados que tuvieron los vizcaínos 
*en defensa de sus fueros con la sede episcopal de 
Armentía, a que pertenecían, motivó que, en 1053, los 
osara invadir, con tropas, el obispo Don García, por la 
merindad de Durango. Los vizcaínos le salieron al en- 
cuentro y en la refriega, que siguió, mataron al marcial 
prelado. Parece que Gonzalo Pérez de Bolíbar era de los 
principales combatientes y por ello todos los Bolíbar 
' fueron desterrados a Francia. Se les confiscaron sus 
bienes además, los cuales y el patronato de Santo 
Tomás pasaron a los señores de Vizcaya (1). 

Juan I, rey de Castilla y Aragón y Señor de Vizcaya, 
cedió, por cédula de 4 de marzo de 1386, el patronato 
de la iglesia de Bolíbar para la fundación de un hospital 
anexo a la Colegiata de Cenarruza, para los pobres de 
Vizcaya, y le concedió a la iglesia de Santo Tomás el 
privilegio de cuatro beneficiarios para su servicio, a 
condición de que el pueblo de Bolíbar contribuyera al 
sostenimiento del hospital (2). 

El pueblo actual de Bolíbar está incluido en la 
comunidad de Marquina; dista de este pueblo 5 kilóme- 
tros y lo separan de Vitoria 19, y 35 de Bilbao. La vein- 
tena de casas de que consta están dispersas a orillas 
del riachuelo Ondarroa, que baja del monte Oiz. En el 



(1) Antonio de Trueba, Venezuela y los Vascos, art. publi- 
cado en la "Ilustración Española y Americana" y rep. por A. Ro- 
jas, Orig. Yene. 

(2) Id.; Iturriza; Labayrú; ops. clt. 

227 



LOS ABUELOS DEL LIBERTADOR 



extremo de una pradera se levanta la iglesia, de altas 
murallas que la hacen parecer fortaleza y cuya torre 
rematada de cúpula de piedra apenas se levanta sobre 
el techo. Esta iglesia, sin embargo, no es la misma 
que construyeron los Bolíbar en el siglo X; data tan sólo 
de 1730. De la primitiva no queda sino la capilla de Jesús 
Crucificado, adyacente a la cual se construyó el edificio 
moderno. El altar de la capilla lo adorna antiquísimo 
cuadro que representa la crucifixión y entre las baldosas 
primitivas que la pavimentan se encuentran tres que' 
indican los sepulcros de los fundadores y sobre las 
cuales está esculpida la rueda de molino, blasón de los 
Bolíbar. 

Separada de la iglesia por vasta plaza se encuentra 
la casa llamada aún Bolíbar-Jáuregui, esto es, el palacio 
Bolíbar (1), la cual habitaban, todavía el siglo XVIII, 
los Bolíbar. Esta casa, espacioso edificio de tres pisos 
y construcción sencilla, relativamente moderna, reem- 
plazó la antigua solariega del siglo X, que fué destruida 
en el siglo XI, quedando de ella unos restos llamados 
"la torre Bolíbar" los cuales fueron demolidos en 
1740 (2). 

Regresaron los Bolíbar del destierro a su pueblo y 
en el siglo XIII la rama principal o sea los Bolíbar- 
Jáuregui estaba establecida en su casa solariega y vol- 
vieron a usar el blasón primitivo: la piedra de moler, 
Más tarde, quizá por alianza, adoptaron otro escudo, 
que después han modificado, por brisura, las diferentes 
ramas de la familia. 

Cuando los Bolíbar se dispersaron, en 1053, entre 
otros lugares se establecieron en Zamudio, y de éstos 



(1) Jáuregui significa en éuscaro casa principal o palacio. 

(2) Humbert, op. cit. 

228 



LOS ABUELOS DEL LIBERTADOR 



descienden los de Munguía y Bilbao. Fueron también a 
Sodupe, en cuya iglesia está enterrado un Bolíbar ilustre, 
su sarcófago lo cubre "una placa de cobre tallado, que 
representa, acostado, a un guerrero armado", con esta 
inscripción: "Aquí yace el muy magnífico Señor Pedro 
Bolíbar capitán y continuo de la casa del Emperador 
don Carlos &, del Rey D. Felipe su hijo, Reyes de España 
e de Inglaterra" (1). 

Los Bolíbar también fundaron solar, según Flórez 
de Ocariz, en Salcedo, del concejo de Guenes, de donde 
descienden los de la junta de Ribamonta en la merindad 
de Trasmiera. De este lugar era Pedro Zuazo de Bolívar 
"uno de los que establecieron la cofradía de nuestra 
Señora de Aranzazo en la villa de Oñate" y quien fué 
padre del Conquistador Pedro de Bolívar, el cual paso 
a la América en 1553, después de haber servido en las 
guerras de Flandes y se distinguió en la conquista y 
población del Nuevo Reino de Granada "y en ello ha gas- 
tado mucha parte de su hacienda, y padecido grandes 
trabajos, peligros y necesidades, y en su persona muchas 
heridas". Se avecindó en Santa Fe y fué de sus regi- 
dores (2). 

Otra rama de los Bolíbar pasó a Cartagena de In- 
dias a la que pertenecía José de Bolívar, Caballero de 
Santiago, quien se trasladó al Perú en 1642 de corregidor 
de la provincia de Arequipa (3) . 

El fandador de la familia en Venezuela es el procu- 
rador Don Simón de Bolívar, quien se estableció en 



(1) Humbert, op. cit. 

(2) Flórez de Ocariz, Genealogía del Nuevo Heino de Gra- 
nada. , i( , . 

(3) Id. ib. Ocariz trae todos estos Bolíbar como descendientes 
fle los del pueblo de Bolíbar. 

229 



LOS ABUELOS DEL LIBERTADOR 



Caracas en 1588 (1). A favor de este Bolíbar se practicó 
e 5 de julio de 1574, una información de hidalga nol' 
Meza etc., en Iruzubieta, de la merindad de Marqúina, 
Los estaos fueron: Martín de Ostarloa, de 54 años de 
edad, Juan Pérez de Alxaga, de 70; Juan García de 

donato; 8 * "^ Alx ^> ^ 94 y pariente de 
don Simón Pedro de Arexpe Muñoz de Díaz, de 75' 
Martin de Urrabasso, de 70; Juan Flores, de 70- y Juan 
Legarte de 76. Declararon todos: "Haber conocido pe" 
sonalmente unos y por referencia de sus padres y pa- 
rientes otros al expresado Simón Bolívar, quien era na- 
tural de la villa de Marqúina en el lugar de Bolíbar y 
también a sus legítimos padres Martín Ochoa de la Re- 
mentería y Magdalena de Ibargüen; y así mismo a Ochoa- 

1 , T'^J a María de Andix P e ' P ad ^ legíti- 
mos de Martin Ochoa y abuelos de Simón Bolívar. A una 
de las preguntas del interrogatorio contestaron que te- 
man noticia de la casa y solar de la Rementería situada 
en la ante-iglesia de Cerranuza en tierra de Vizcaya y 
que Ochoa de la Rementería y María de Andixpe, fueron 
señores y dueños de la casa y solar de la Rementería, 
Contestaron a otra pregunta, que tanto Martín Ochoa 
y Mana de Andixpe, fueron casados y velados. También 
declararon que la casa de la Rementería es casa infan- 
zona de notorio hijodalgo. Dijeron que a Simón Bolívar 
correspondían todos estos títulos como heredero legítimo 
de los citados señores de la Rementería y los de la casa 
de Ibargüen por ser de ella Magdalena de Ibargüen 
madre de don Simón" (2). 

La Casa Rementería existe todavía en el pueblo de 

(1) Véase en el capítulo III de este ensayo el progenitor 57, 
*!«,«» i¿i e - Pe F !l ancia ' Genealogía de la Familia del Libertador 
HZln lTc\t. Reg,Str ° PÚbIÍCO ' Testamentarias-ierí'oT °y 

230 



LOS ABUELOS DEL LIBERTADOR 



Bolíbar y es vecina de la Casa Bolíbar-J áuregui; ésta la 
habitaron los Ochoa-Bolíbar-Jáuregui en el siglo XVI. 

En los registros eclesiásticos del pueblo de Bolíbar 
se encuentra muchas veces el nombre compuesto Ochoa- 
Bolíbar-Jáuregui. El profesor de Burdeos Jules Hum- 
bert, después de haber estudiado diligentemente estos 
registros concluyó que el nombre completo de Martín 
Ochoa, padre del Procurador don Simón de Bolíbar es 
Martín Ochoa de Bolíbar J áuregui de la Rementería (1). 
Por lo tanto Don Simón llevaba el apellido que oficial- 
mente era el de su padre y usaron sus antesesores. 

El párroco del pueblo de Bolíbar, Don Marcos de Es- 
pilla, dice: "El señor Barón de Areyzaga es el Mayo- 
razgo" (actualmente) "de la casa Bolíbar-Jáuregui y, 
según el árbol genealógico que presentó, parece que pro- 
viene de la familia Bolíbar-Jáuregui" (2). 

Magdalena de Ibargüen y María de Andixpe, la 
madre y la abuela de Don Simón, pertenecían a dos 
casas solariegas célebres, que estaban situadas en Iruzu- 
bieta, en el valle del Ondarroa, entre Marquina y Bolí- 
bar. Es esta la razón porque se hizo allí la atestación de 
hidalguía de Don Simón (3), varón a todas luces bene- 
mérito, el glorioso quinto abuelo de aquel otro Don 
Simón, gloria de América, que libertó al Mundo Boliviano. 



(1) Véase en el capítulo III de este ensayo los progenitores 
57, 94, 95, 135 y 136. 

(2) Padre Espilla, carta al autor, fechada en Bolíbar, ea fe- 
brero de 1912. 

(3) Humbert, op. cit. 

231 



II 
ARMAS DE LOS BOLÍVAR DE CARACAS 

Con motivo de la reconstrucción de la casa donde 
nació El Libertador, se han hecho investigaciones para 
conocer las armas que usó la familia Bolívar de Caracas 
debido a que el blasón que existía en la fachada de la 
casa mencionada ha desaparecido y hasta hace poco no 
se había descubierto un documento que indicara con 
precisión, el escudo con que se quería exornar aauella 
casa del Padre de la Patria. 

Según las recientes investigaciones de Juan Carlos; 
de Guerra el escudo primitivo de la familia del Liberta- 
dor es: azur, una rueda de molino de plata (1) —Los 
historiadores vizcaínos Iñíngjiez de Ibargüen e Iturriza 
definen el mismo escudo así: plata, una rueda de molino. 
—Iturriza añade que el tal escudo se veía en la loza 

4 »nn-, (1) n J !! 0ndra f f ' ,n c; 5 de Enero de 1917.— Sjeñor Don fieentc Le- 

cuna.— Distinguido Sr. mío: Cumpliendo el encargo que uVed se 
sirvió hacerme en su atenta de 4 de Noviembre último. ?¿ngo el 
forreo loTZT^ Z ^^ certificad « aparte P«r este mismo 
Sivar dihm-'nHnf ° S ^ an í^ uos d * la familia vizcaína de 
£?Sf% dl f u -> ados . con 'as reglas del arte bajo mi dirección 

es^Sad ZZ G , Ínf ° r ? ar í V " '*****P*¿* con la mayor 
resuka nní tintn ? }° S ante ? ed< ;»tes del caso, de los cuales 
resulta, que tanto la descripción de Humbert como la de Andrés 
SSÍ?. "r inexactas -rEl Primitivo escudo ofrecía tan sofe únl 
figura: en campo azul la rueda de molino plata; y es de los de 

232 



LOS ABUELOS DEL LIBERTADOR 

sepulcral de tres miembros de la familia Bolívar enterra- 
dos en el pórtico de la iglesia de Santo Tomás de Bo- 
líbar (1). 

El profesor Julio Humbert, de Burdeos, cuando vi- 
sitó los restos de la antigua iglesia de Santo Tomás, re- 
cordó que Labayrú en su Historia de Vizcaya, señala 
antiguas sepulturas en Bolíbar, por lo cual preguntó al 
párroco del pueblo si no había visto en las baldosas que 
pavimentan la antiquísima capilla anexa al templo mo- 
derno, blasones o inscripciones. Refiere Humbert: 

"Su coadjutor me indica tres, en las cuales se en- 
cuentran, dice, rayas informes — nunca se le había ocurri- 
do, añade, lo que podría ser aquello. — Los dos sacerdotes 



antigüedad más remota, significando en el idioma éuscaro la pa- 
labra Bolívar: "Valle de molinos". — El segundo escudo, conocido 
desde el siglo XVI, se compone de dos cuarteles partidas en pal: 
1©., de oro con tres panelas puestas en triángulo mayor, esto es 
dos sobre una; 2o., verde con una Barra, o sea banda de revés de oro, 
engolada de dragones de plata linguados de rojo; la punta del 
escudo de plata, cubierta de ondas de agua azules. Estos colores 
fueron objeto de diferentes cambios, usando durante el siglo XVII 

! la banda de plata, los dragantes de oro y las panelas también de 
oro, puesto todo sobre un solo cuartel en campo azul, con las 

i ondas de agüe azules y plateadas en la punta del escudo. Pero 
he preferido los esmaltes relatados al principio, porque antes del 
siglo XVII se había trasladado a América la familia de Bolívar, 
y en aquella época señala minuciosamente el cronista Garibay 
dichos esmaltes a la banda engolada de los Múxicas, que aporta- 
ron esta insignia heráldica a Cenarruza y Bolívar, según consta 
por diferentes pruebas documentales y artísticas. Los Bolívar 
cambiaron por brisura la banda, dándole la dirección opuesta que 
constituye Barra; y así la usó en su escudo Antonio de Bolívar, 
Pagador de las Armas del Emperador Carlos V, que murió en 
Genova el año 1555 de una caída de caballo, corriendo la posta 
con un despacho del marqués de Marinan, Capitán general de 
S. M. C. — Con tanto creo haber correspondido a sus deseos.— Los 
gastos de este trabajo importan ciento setenta y siete pesetas, que 
puede V. girar a esta Villa a su comodidad. — Se ofrece a sus ór- 
denes atento amigo y servidor. — Juan Carlos de Guerra. — (Es miem- 
bro de la Academia Real de la Historia y autor de "Heráldica 
Vasca") . 

(1) Antonio de Trueba, op. cit. 



LOS ABUELOS DEL LIBERTADOR 



y yo raspamos concienzudamente las tres baldosas men- 
Clonadas para desembarazarlas de la tierra y del polvo , 
que sobre ellas se había acumulado durante siglos. Sobre 
cada piedra descubro, aunque un poco borrada por el. 
tiempo, una rueda, la famosa rueda de molino, armas i 
de la familia Bolívar. Ahí están, a no dudarlo, las tum- 
bas de los señores de la casa más antigua del país." 

"En seguida iba a aclarar otro punto. Detrás d. 
la capilla un montón de piedras y de guijarros indica 
ciertamente, las ruinas de algún edificio. Al pié del mon- 
tón el río Ondarroa describe una curva alrededor de la 
iglesia, antes de entrar en la pradera que comienza 
aquí y desciende hasta Marquina. El coadjutor del cura 
muy al corriente de los viejos recuerdos, me dice que ahí 
existía todavía hace una cincuentena de años, un antiguo 
molino, cuyas ruinas yacen en el suelo. Un molino detrás 
de la capilla de los Bolívar, en una pradera que induda- 
blemente era su dominio, no es esa la etimología viviente 
del nombre de la familia Bolívar, la pradera del molino?, 
de ese molino cuya rueda vino a ser las armas de nobleza 
de la familia, y que yo acababa de ver dibujadas sobre 
las tumbas" (1). 

La rueda que vio Humbert es la piedra de moler 
que mencionan Iñínguez de Ibargüen e Iturriza. 

Esto demuestra el interés arqueológico que le ha 
quedado a los blasones a más de su uso decorativo. 

Los Bolíbar-Jáuregui al regresar del destierro con- 
tinuaron usando el antiguo blasón de la piedra de moler, 
que sustituyeron, más tarde, con un nuevo escudo que 
define así Labayrú: campo de plata una banda de azur \ 
horizontal sembrada de tres corazones sobre campo- 

(1) Humbert, op. olt. 

234 



LOS ABUELOS DEL LIBERTADOR 



>erde. Trueba lo define de esta manera: Una faja azul 
f con panelas en campo verde." 

Las armas de los Bolívar de Zamudio son: "Escudo 
n faja; el de arriba partido en pal; el de la derecha en 
hampo de oro cuatro panelas verde; el de la izquierda 
■yanda roja en boca de dos dragantes verdes, y sobre la 
banda una estrella de oro en campo de gules; el bajo: 
:ampo de plata y corazones en campo verde" (1). 

En el siglo XVI otra rama de los Bolíbar, a la que 
)ertenecía Antonio de Bolívar, pagador de los ejércitos 
ie Carlos V, en 1555, usaba como armas, según Juan 
Carlos de Guerra: escudo compuesto de dos cuarteles 
partidos en pal: Í9, de oro* con tres panelas puestas en 
triángulo mayor, esto es dos sobre tina; 2°., verde con una 
Barra, o sea banda de revés de oro, engolada de drago- 
nes de plata linguados de rojo; la punta del escudo de 
plata cubierta de ondas de agua azul." Añade Guerra 
que los esmaltes "fueron objeto de diferentes cambios, 
usando durante el siglo XVII la banda de plata, los 
dragantes de oro, y las panelas también de oro, puesto 
todo sobre un solo cuartel en campo azul con las ondas 
de agua azul y plateadas en la punta del escudo" (2). 

Según el cronista Garibay, dice Guerra, el escudo 
de los Múxica es: Sinople, una banda de oro engolada 
por dos dragones linguados de rojo; el mismo que se ve 
en el escudo de Antonio de Bolívar convertido en barra 



(1) Labayrú, op. cit. 

(2) Juan Carlos de Guerra, carta reproducida. Según comu- 
nicación que nos ha hecho el Dr. Pedro M. Arcaya, los Arteaga 
vizcaínos también traen en su escudo panelas verdes y banda roja 
engolada por dragones, como los Bolívar de Zamudio, Bilbao y Ca- 
racas; lo que está confirmado por las diferentes armas de los 
Arteaga de Deva, Palencia, Villafranca y Zumaya que define 
Guerra en su Heráldica Vasca. 

235 



LOS AEUELOS DEL LIBERTADOR 



por brisura. Los Múxica, agrega Guerra, llevaron a C$ 
narruza y Bolíbar aquella insignia heráldica. 

Mancini en su admirable obra Bolívar, trae come*' 
armas de los Bolívar de Caracas las siguientes: "Azur 
una torre plata sobre dos gradas de lo mismo, acostadt 
de dos leones afrontados" (1). La cita que autoriza estí 
escudo reza: "Flórez de Ocariz, op. cit., p. 262"; peré 
esa definición no se encuentra en la página indicada m 
en ninguna parte de la obra Genealogías del Nuevt 
Reino de Granada, como tampoco son las armas ce lo» 
Bolívar de Caracas. 

El blasón de los Bolívar de Sodupe es: En campo d& 
oro olivo verde y dos lobos atados al tronco con ciniat 
rojas, contramirándose; orla de ocho aspas de oro eiii 
campo rojo" (2). 

Hace poco se descubrió un documento interesante 
que indica con certeza el escudo de los Bolívar de Cara- 
cas: es un escritorio antiguo perteneciente a la familia; 
Lovera-Otáñez-Bolívar, el cual tiene en su parte supe- 
rior un armario cerrado con puerta cuya hoja derecha 
tiene pintadas las armas de la familia Lovera-Otáñez- 
Pérez-de-Valenzuela, y la izquierda las armas de los Bolí- 
var de Caracas. 

El escudo pintado en el armario lo define el doctor 
José E. Machado así: dividido en tres cuarteles: el de la 
diestra de oro con cuatro panelas sinople; el de la si- 
niestra gules, con banda de lo mismo perfilada de plata; 
sobre esta banda y hacia la izquierda, estrella de oro de< 

(1) Este escudo se ha indicado erróneamente, también, como 
perteneciente a la familia Blanco de Caracas. 

(2) Humbert, op. cit. 

236 



LOS ABUELOS DEL LIBERTADOR 



clw radios; el de la punta, campo de plata con árbol si- 
,oplc; sobre el todo el casco de caballero de cuatro re- 
ñías" (1). 




Armas de los Bolívar de Caracas. 

Al comparar este blasón del escritorio con el de los 
Bolívar de Zamudio, se encuentra que los dos cuarteles 
superiores son los mismos en ambos. El cuartel de la 
punta, en los dos escudos, son distintos el uno del otro. 

De los cuarteles pertenecientes a los Bolívar de Ca- 
racas el de la punta es: 'Ün árbol sinople sobre campo, 
plata", que son las armas de los Rementería (2). 



(1) José E. Machado. Curioso Mueblo Histórico. 

(2) Comunicación hecha al autor por Don Felipe Francia. 



237 



LOS ABUELOS DEL LIBERTADOR 



El cuartel correspondiente en el escudo de los Bolfcj' 
var de Zamudio, trae: "En campo plata y corazones en 
campo verde", que según Labayrú, son las armas adop- 
tadas por los Bolíbar mucho después de regresar del 
destierro de 1053. 

De lo anterior se deduce: que los Bolívar de Caracas: 
y los de Zamudio son ramas de un mismo tronco; qu$í 
Antonio de Bolívar pertenece a la misma familia, cuya 
rama modificó, por brisura, el escudo de las panelas y la 
banda engolada por los dragones; que el escudo adop- 
tado primitivamente por los Bolíbar en sustitución, 
quizá a causa de una alianza, del antiquísimo de la pie- 
dra de moler, fué, probablemente: Oro, tres panelas si-\ 
nople, el cual se encuentra modificado, en los escudos de 
las diferentes ramas de la familia Bolíbar, por brisura, 
tanto en el número y colocación de las panelas como en 
los esmaltes; se deduce, además, que los Bolívar de 
Caracas son descendientes directos de los Bolíbar-Jáu- 
regui-de-la-Rementería del pueblo de ÍBolíbar. 

En abril de 1912, el profesor de Burdeos Julio Hum- 
bert, eminente especialista en orígenes venezolanos, en- 
contró en el archivo de la familia Bolívar bilbaína un 
documento que prueba la descendencia de los Bolívar 
-de Munguía y Bilbao de los de Zamudio. 

Esos documentos: el escritorio, el de Humbert y el I 
-escudo de Antonio de Bolívar, prueban más el origen 
común de todos los que usan este apellido por herencia. 

La familia Múxica, cuyo es el escudo de la banda 
■engolada por los dragantes, ha debido hacer con los anti- 
guos Bolíbar una alianza que éstos tuvieron en mucho 
para haber blasonado sus armas con ese escudo, la banda 
del cual, como brisura, o por otra causa, usó convertida 
en barra el pagador Antonio de Bolívar, y han conser- 



238 



LOS ABUELOS DEL LIBERTADOR 



irado modificada los Bolívar de Caracas, Zamudio, Bil- 
bao y Munguía. La historia de los Múxica daría nuevos 
datos para las especulaciones sobre la psicología o la 
psicopatología del Libertador. 

El escudo que debería cubrir el medallón que existe 
Sobre la puerta de entrada de la casa donde nació El 
Libertador, es el del carioso mueble histórico reciente- 
mente descubierto. Como también debería exornar el 
edificio el antiguo de la piedra de moler, que es el más 
interesante histórica, etimológica y arqueológicamen- 
te (1). 



(1) "Caracas: 25 de setiembre de 1917. — Señor Andrés F. 
Ponte. — Presente.— Mi estimado amigo: — Como ya se están la- 
brando las piedras para el escudo de Bolívar le suplico me tras- 
mita sus observaciones sobre el proyecto vaciado en yeso a fin de 
corregir los defectos que usted haya notado. Aunque su opinión 
debía publicarse le ofrezco la mayor reserva en el caso de que 
usted así lo desee. Perdone esta nueva molestia y mande a su 
afmo. S. S. — V. Lecuna." 

"Caracas: septiembre 27, 1917. — Señor Doctor Vicente Lecuna. 

— Presente. — Muy estimado amigo: — Correspondo a su atenta carta 
de ayer y le trasmito, con interés, las observaciones que me pide, 
i sobre el escudo de Bolívar vaciado en yeso casa de Cabré. — Ese 
escudo no es el de los Bolívar de Caracas, según el "curioso mue- 
ble histórico" del general Mancera. — lo., porque el cuartel corres- 
pondiente a las panelas no contiene panelas sino corazones herál- 
dicos u cosa parecida tomados de algún otro escudo que no es el 
de los Bolívar; — 2o., porque al correspondiente a la banda engo- 
lada por dragones le falta el lacero de oro de ocho puntas. — Las 
panelas son hojas de álamo y se representan como corazones ver- 
des muy anchos y muy cortos, o como verdaderas hojas, según 
las trae Guerra en el escudo que le envió a usted. La última ma- 
nera de representarlas quizá sea la más artística. — El lucero lo 
suprimió el arquitecto, probablemente, porque no le cupo, con 
holgura, en el cuartel, por motivo de la forma ovalada que le dio 
B escudo. — Las cabezas de dragón, sin duda, son de plata, por 
ser rojo el campo sobre que están, como las del escudo de An- 
tonio de Bolívar que le envió Guerra. — La banda es de gules y 
-está perfilada de plata, debe tener representados, por consiguiente, 
estos esmaltes: el rojo por las líneas verticales paralelas; la plata 
por nada. — Debe averiguarse si el árbol está arrancado y 

enseña las raíces o si está sembrado. El señor sabio 

en la ciencia del blasón, tiene la definicación del escudo de los 

239 



LOS ABUELOS DEL LIBERTADOR 



Los blasones, fósiles, entre nosotros, de la época' co- 
lonial, se emplean todavía con ventaja en las bella'á artes,"; 
y. de ellos saca partido el arqueólogo en sus deducciones- 
históricas (1). 



Rementería. — El yelmo está grotescamente puntiagudo. — La ci- 
mera de plumas con la cual el arquitecto remató el escudo no 
está sobre el yelmo, como en el escudo del escritorio y en el de 
Guerra, sino muy separada del casco, formando tan sólo parte de 
las ramasones ornamentales exteriores. Ignoro si esto es contra 
las reglas del arte. — Los escudos españoles son rectangulares en 
la parte superior y completamente redondos en Ja inferior; los 
italianos son ovalados. No obstante, Guerra dibujó elípticos los 
escudos que le remitió a usted; y es de esta forma el de los con- 
des de San Javier que está sobre la entrada en la casa de "El 
Nuevo Diario". — El ovalado medallón que existe sobre la puerta 
de entrada de la casa natal de Simón Bolívar, no indica necesa- 
riamente, que el escudo que lo cubría también lo fuera. — Para 
escribir estas observaciones consulté dos buenos textos de herál- 
dica. — Ya que se va a exornar la casa del Libertador con los 
escudos de su familia, por qué no suprimir los caprichos y seguir,, 
en todo, las reglas de ese complicado arte que conocen tan a 

fondo los señores . — Le doy las gracias 

por haberme consultado, pues me interesa, sobremanera, todo lo 
que se relacione con el Padre de la Patria, aun esos triviales de- 
talles, y desearía que cuanto a él se refiere alcanzara la perfec- 
ción. — Su servidor y amigo. — Andrés F. Ponte." 

(1) Véanse los artículos del autor titulados F.sendos de la 
Familia Bolívar y Armas de los Bolívar de Caracas, publicados en 
"El Nuevo Diario," números 1425 y 1616. 

240 



III 

ALGUNOS PROGENITORES 
DEL LIBERTADOR 



EL LIBERTADOR 

Unión José Antonio de la Santísima Trinidad de Bolívar 

y Palacios 

lacio en Caracas el 24 de julio de 1783; fué bautizado 
n la catedral el 30 de julio del mismo año; casó en 
Madrid el 25 de mayo de 1802, con María Terera Rodrí- 
guez del Toro, hija de Bernardo Rodríguez del Toro y 
3enita Alaiza; enviudó a la edad de 19 años; murió en 
a Quinta de San Pedro Alejandrino, cerca de Santa 
Marta, el 17 de diciembre de 1830; y fueron sus legítimos, 



PADRES: 

1. — El Coronel Juan Vicente de Bolívar y Ponte, 

3e la Compañía de Nobles Aventureros creada en Ca- 
racas en 1761, el cual murió en esta ciudad el 19 de enero de 
L786 y está sepultado en la Catedral en la Capilla de la 
Santísima Trinidad, sepulcro propio de la familia Boli- 

16 241 



LOS ABUELOS DEL LIBERTADOR 



var-Ponte. Había casado en esta capital, el 30 de novieír 
bre de 1773 con 

2. — Doña María de la Concepción de Palacios y Blanc 

quien murió en Caracas el 6 de junio de 1792 y está s< 
pultada en el sepulcro de los Bolívar-Ponte (1). 



PRIMEROS ABUELOS 

PADRES DEL 1: 
3. — Don Juan de Bolívar y Martínez de Villegas. 

Gobernador de la Provincia de Caracas; teniente de ca 
pitan general de la Provincia de Venezuela; dos vece* 
alcalde de la ciudad de Caracas y su procurador geni 
ral; justicia mayor de los valles de Aragua y Turmerc 
corregidor de San José y San Mateo; capitán de infante 
ría española. Pobló y fundó a su costa la Villa de Sa:¡ 
Luis de Cura, en 1724, le perteneció el señorío de est¡ 
villa y llevó el título de su poblador y fundador (2) . E; 
1731 compró al Monasterio de Nuestra Señora de Mor 
serrat, de benedictinos, uno de los dos títulos de Castilh 
concedidos por Felipe V a esta congregación, a fin d 
que el producto de su venta lo aplicasen a la fábrica 
reparación de dicho monasterio. Don Juan pagó por í 
título 20,000 ducados o sean Bs. 55,000 y hubiera sid 
el primer marqués de San Luis y Visconde de Cocorote 
a no ser que murió antes de reclamar los títulos, y s 
descendientes le hicieron tan poco caso al marquesad 



(1) Felipe Francia, Origen Remoto de la Familia Bolívi 
Trueba, op. cit.| A. Rojas, Orígenes Venezolanos. 

(2) Testimonio del escribano Nicolás Bartolomé Cedillo, 
3 de julio, 1723. 

242 



LOS ABUELOS DEL LIBERTADOR 



inútil a su nombre ilustre, que no solamente no reclama- 
ron el título sino que también dejaron los cincuenticinco 
mil bolívares, como dádiva, en el monasterio. Casó en 
primeras nupcias, Don Juan, con Doña Francisca de 
Aguirre y Villela y de ellos descienden los Bolívar-Arias; 
y en segundas nupcias casó el 8 de enero de 1711 con 

U- — Doña María Petronila de Ponte y Marín de Narváez, 

quien fué bautizada el 7 de mayo de 1684, y murió en 
Caracas el 20 de julio de 1736. Está enterrada en el se- 
pulcro de su familia en la Capilla de la Santísima Trini- 
dad en la Catedral (1). 

PADRES DE LA 2: 

5. — Don Feliciano de Palacios y Gil de Arratia, 
nació el 12 de octubre de 1730 y casó con 

6. — Doña Francisca Blanco de Herrera. 



(1) Catedral, Lbs. 13 de entierros, y 5 de matrimonios. — 
Doña María Petronila de Ponte y Marín (de la rama gallega dg 
esta familia, véase el 19) tuvo un hermano llamado Pedro Do- 
mingo de Ponte y Marín, que fué procurador general de Caracas 
en 1722, y el cual se avecindó en La Victoria, ciudad donde 
murió el 4 de abril de 1741. Su cuerpo fué conducido a Caracas 
y se le sepultó al día siguiente a su muerte en la Capilla de la 
Santísima Trinidad, en la Catedral. 

Estando en su lecho de muerte don Pedro Domingo de Ponte 
y Marín se casó con Lorenza María Ponte, en quien había tenido 
varios hijos, y así cumplió el deber de legitimarlos. 

Lorenza María era descendiente de los esclavos pertenecientes 
al capitán Lorenzo de Ponte y Martínez de Villela (de la rama 
del conquistador don Cristóbal, véase la 87), alcalde de Caracas 
.en 1654 y Gobernador de la Provincia en 1655, o a los de su hijo 
el capitán don Nicolás de Ponte y Silva Vasconcellos, alcalde de 
Caracas en 1688 y 1703, los cuales tenían propiedades cerca de 
La Victoria, habiendo nacido el último en esta villa. 

Algunos se han valido de la coincidencia en los nombres de 
Don Pedro de Ponte Andrade Jaspe y Montenegro (Véase el 9) y 
Don Pedro Domingo de Ponte y Marín, y han censurado los amo- 
jes del capitán don Francisco Marín de Narváez (el 21) con la 

243 



LOS ABUELOS DEL LIBERTADOR 



SEGUNDOS ABUELOS 

PADRES DEL 3: 

7. — Don Luis de Bolívar y Rebolledo, 

nació el 22 de febrero de 1627, fué capitán de los valles 
de la jurisdicción de la provincia de Venezuela; alcalde 
de la ciudad de Caracas; corregidor y justicia mayor de 
los valles de Aragua. Contribuyó con su caudal a la 
fortificación del Puerto de La Guaira. Casó con 

8.~Doña María Martínez de Villegas y Ladrón de Guevara, 

" tiene su origen en los Montes de Burgos 

habiendo sido en ellos sus ascendientes y abuelos de el 
linaje y estirpe de los Villegas familia muy principal, 
y antigua, hijodalgos de solar conocido, con el antiguo' 
origen de los godos, de que hay muchas casas deste ape- 
llido, y la principal es la de Assereda y Villa Sevil, en 
el Valle de Toranzo, entre Reynosa y Santillana, de quien 
fué Señor el señalado caballero Pedro Fernández de 
Villegas, en el año de mil ciento cincuenta, que ayudó 
a ganar la famosa batalla de las Navas de Tolosa (1), 
con sus deudos y amigos; en atenció a lo cual el Señor Rey 



"Doncella Principal" (la 22), para darle valor a la fábula que 
dice que El Libertador tenía entre sus remotos antecesores una 
negra, creyendo, candidamente, que así le causaban daño. Simón 
Bolívar, si hubiera descendido de una hija del Congo, por eso, no" 
habría sido mejor, pero indudablemente tampoco hubiera sido 
peor. 

Como historiadores hemos querido aclarar un hecho que han 
querido explicar maliciosamente los enemigos del Padre de la 
Patria. 

De los hijos de Don Pedro Domingo de Ponte y Marín y Lo- 
renza María, algunos casaron, pero se ignora si de ellos existe 
hoy descendencia. 

(í) La batalla de las Navas de Tolosa fué librada el 16 de' 
julio de 1212. 

244 



LOS ABUELOS DEL LIBERTADOR 



pon Alonso el Noveno le hizo muchas mercedes y entre 
ellas que traxese los Castillos Reales por orla de sus 
armas" (1). 

El escudo de los Martínez de Villegas de Caracas 
.es: Partido: 1?, azur, una torre almenada de plata; 2°„ 
oro, la cruz florlisada sable: bordura cocida de oro, carga- 
da de ocho calderas sable. 

PADRES DE LA U: 
9. — Don Pedro de Ponte Andrade Jaspe y Montenegro, 

natural de la Coruña, fué regidor de Caracas. Cons- 
truyó con su caudal la capilla de la Santísima Trinidad, 
en la Catedral, donde está sepultado, es el sepulcro de 
su familia. Testó ante el escribano Cedillo el 28 de fe- 
brero de 1716. Murió en Caracas el lo. de marzo del 
mismo año. Había sido procurador general de Caracas 
en 1679 y alcalde de la Santa Hermandad en 1687. Casó 
en Caracas el 16 de noviembre de 1681 (2), con 

10. — Doña Josefa Marín de Narváez, 

quien, nació en Caracas en 1668. El mismo día de su 
nacimiento la condujeron a la casa del Capitán Don 
Gonzalo Marín Granizo, tío del capitán Don Francisco 
Marín de Narváez (el 21). El día que bautizaron a Doña 
Josefa salió el séquito de la casa del capitán don Balta- 
sar Gutiérrez de Lugo, tío de Doña María de Elquete y 
Gamis, la mujer del capitán Marín Granizo, se le admi- 
nistró el sacramento, a las once de la mañana, en la 
Catedral y fué su padrino el castellano capitán Don 
Martín de Moscoso (3). 



(1) Testimonio de Cedillo cit. 

(2) Catedral, libros: 3o. de matrimonios y el de entierros d«; 
1712; Areh. Concejo Municipal, lib. de 1679 y 87. 

(3) Archivo Nacional, Tutelas — 1675-J-l; Landaeta Rosales, 

245 



LO» ABUELOS DEL LIBERTADOR 



Don Gonzalo Marín Granizo y su esposa criaron a 
Doña Josefa, como su hija. Empero en una de las visitas 
que le hacía la niña a su tía la monja concepción Doña 
María Marín de Narváez, ésta se quedó con ella y por 
eso fué educada en el Convento, bajo la dirección de 
aquella santa mujer, la cual había dedicado su patrimo- 
nio a la fundación de un hospital para mujeres y tam- 
bién servía de refugio a las de mala vida que deseaban en- 
mendarse. La monja retuvo a Doña Josefa alegando eí 
derecho que la asistía como albacea testamentaria de 
Don Francisco (el 21). Pero Marín Granizo y su mujer 
protestaron ante los alcaldes gobernadores, manifestando 
que eran los llamados a educar a Doña Josefa por pacto 
expreso con Don Francisco. Alegaban estos tíos como 
prueba de amor por la pupila, que durante una enfer- 
medad grave, la pesaron en cera que ofrendaron a Nues- 
tra Señora de Altagracia para que sanara la niña; y 
luego, en otra ocasión, la pesaron en plata, que donaron 
a la Inmaculada Concepción rogándole efectuara la cu- 
ración. 

Guando murió Doña María Marín de Narváez, en 
1676, pasó la doncella al cuidado del proveedor Don 
Pedro Jaspe de Montenegro, tío de don Pedro de Ponte" 
Andrade Jaspe y Montenegro, (el 9), con quien casó 
Doña Josefa, como dijimos al principio. — Jaspe de Mon- 
tenegro era el apoderado de Don Francisco (el 21) y 
tutor testamentario. El 18 de diciembre de 1675, Marín 
Granizo empezó, en Caracas, un pleito para recuperar 
a Doña Josefa, y lo continuó en la Audiencia de Santo 
Domingo el 4 de febrero de 1676; alegaba que doña Jo- 
sefa no debía estar casa de Jaspe de Montenegro porque 



art. en "Kl Un ¡Tersar del 18 de julio de 1918 y Rafael Acevedo, 
Estudio sobre Doña Josefa, inédito. 

246 



LOS ABUELOS DEL LIBERTADOR 



era soltero. Doña Josefa efectuó su matrimonio a 
tierna edad de trece años. Fué la heredera universal 
la cuantiosa fortuna de los Marín de Narváez. 

PADRES DEL 5: 

11. — Don Feliciano de Palacios y Xedler, 

udo de Doña Josefa de Lovera Otáñez y Bolívar, casó 
i segundas nupcias, el 27 de julio de 1727, con 

12. — Doña Isabel Gil de Arratia y Agtiirre. 

PADRES DE LA 6: 

13. — Don Mateo Blanco Infante 

las armas de los Blanco de Caracas son: oro, y en punta 
na pradera con tres conejos blancos. El escudo de los 
¡oneses véase en el 145. — Casó Don plateo con 

lk. — Doña Clara de Herrera y Liendo (1). 



TERCEROS ABUELOS 

PADRES DEL 7: 

15. — Capitán Don Antonio de Bolivar y Rojas. 

Sirvió en la milicia desde que pudo tomar las armas. 
Ucalde ordinario de Caracas en 1595; alcalde de la Her- 
ciandad; corregidor y justicia mayor de los Valles de 
Lragua y Turmero. Casó en primeras nupcias con Doña 
juisa de Marmolejo y Ortíz, y en segundas casó con 

16. — Doña Leonor de Rebolledo y Ahnendaris (2). 



(1) Archivo Nacional. Vols. de Limpieza de Sangre, llmp. de 
ang. de Don Alejandro Pío Blanco de Ponte. 

(2) Cedillo, testimonio cit. 

247 



LOS ABUELOS DEL LIBERTADOR 



PADRES DE LA 8: 

17. — Capitán Don Lorenzo Martínez de Villegas, 

alcalde de Caracas;alcalde de la Hermandad; alférez ; j 
capitán de infantería española: Hallándose de capital 
llegaron a La Guaira doce velas enemigas, la cual de 
fendió con gente armada y mantenida a sus expen- 
sas (1). Casó con 

18. — Doña Magdalena Ladrón de Guevara y Rojas (1), 

PADRES DEL 9: 

19. — Don Jacinto de Ponte Andrade. 

La familia Ponte, originaria de Roma, se propagó a Nái 
poles, Turín, Venecia, Aragón, Galicia, Genova, Canarias 
y Venezuela (véase la 84). Don Jacinto, natural de La 
Coruña, pertenecía a la rama gallega de esta familia 
Flores de Ocariz dice: "Del solar antiquísimo de Ponte 
en la ciudad de la Coruña descienden muchos caballeros 
en Castilla, cuyas armas son una puente, y encima un 
cabeza de lobo, por tener muchos deudos con los anti* 
guos Lobera. De este solar provienen los marqueses di 
Milla-García y los vizcondes de Barrientos." Los Pont( 
de Galicia tienen de progenitores a los de Aragón, 1 
cual confirma Ocariz así: "Los Ponte tienen su orige 
en el Reino de Aragón y tratando de D. Raymundo d 
Ponte, natural de la Villa de Fraga, Obispado de Vale 
cia desde el año de 1288 y sus grandes partes se refien 
q. tenía por armas dos arcos de puente de río q. paso 
por medio dellos" (2). Casó Don Jacinto con 

20. — Doña María Jaspe de Montenegro. 



(1) Cedillo, test. cit. 

(2) Juan Flórez de Ocariz, Genealogías del Nuevo Reino d 
Granada, 1676, t. II, p. 225 y 306. 

248 



LOS ABUELOS DEL LIBERTADOR 



PADRES DE LA 10: 

21. — Capitán Don Francisco Marín de Narváez, 

natural de Caracas. Se educó en España. Era poseedor 
de cuantiosos bienes de fortuna. Por real cédula de 
1663, se le concedieron a él y a sus sucesores en empeño 
y propiedad las minas de Cocorote y el Señorío de Aroa, 
mediante la cantidad de cuarenta mil pesos que le dio 
al rey. Por dicha cédula se le concedía, también, a él 
y a sus sucesores la facultad de nombrar los jueces de 
aquel territorio y removerlos con causa o sin ella. Partió 
para España en 1669. Testó en Madrid el 18 de agosto 
de 1673 ante el escribano Miguel Menéndez, dejando a 
su hija Josefa (la 10) de heredera universal (1). Se 
unió con 

22. — "Doncella Principal." 

"Sobre ella dice Don Francisco en su testamento: "don- 
cella principal cuyo nombre callo con la cual hu- 
biera podido contraer matrimonio sin dispensación". Lo 
cual indica lo esclarecido de la estirpe de la dama (1). 

PADRES DEL 11: 

23. — Capitán Don José de Palacios y Zarate, 

nació en Miranda de Ebro el 10 de agosto de 1647, casó 
en primeras nupcias con Doña Juana Teresa de Sojo, 
y en segundas con 

2U. — Doña Isabel María Xedler y Rivilla, 

quien nació en Caracas y fué bautizada en Catedral el 24 de 
abril de 1647; murió en la misma ciudad el 2 de julio de 



(1) Arch. Nac, Testamentarías! — 17K5-P-2, testamento 
Pedro de Ponte Andrade, y Tutelas — 1675-J-l; y Landaeta I 
y Acevedo ops. cit. 



de D. 

Rosales 



249 



LOS ABUELOS DEL LIBERTADOR 



1717; cuando casó con Don José era viuda del Capitán 
don Diego de Liendo. 

PADRES DE LA 12: 

25. — Don Francisco Gil de Arratia, 
casó con 

26. — Doña Rosa María de Aguirre y Vülela. 
PADRES DEL 13: 



1 



27. — Don Mateo Blanco Infante 

casó con 

28-. — Doña Josefa Fernández de Araujo y Rivilla (1). 

PADRES DE LA U: 

29. — Don Juan Ascencio de Herrera y Ascanio. 

Regidor de Caracas y su alcalde ordinario. — Las armas 

de los Herrera de Caracas son: gules, 2 calderas oro, con 

6 cabezas de serpiente en las azas, cada una. Don Juan 

casó con 

30. — Doña Rosa Paula de Liendo y Ochoa. (2). 



CUARTOS ABUELOS 

PADRES DEL 15: 

31. — Don Simón de Bolívar, "El Mozo", 

Contador de las reales cajas. Después que enviudó tomó 
los hábitos sacerdotales. Fué comisario del Santo Oficio 
de la ciudad de Valencia y visitador general de aquel 
obispado. Asistió por comisión del obispo a las pobla- 



(1) Arch. Nacional, Limp. de sanare de A. P. Blanco de 
Ponte, cit. 

(2) Id. ib. 

250 



LOS ABUELOS DEL LIBERTADOR 



nes y demarcaciones de sitios y templos de los valles 
Aragua. Había casado con 

32. — Doña Beatriz de Rojas (1), 

rmana de Doña María Ana (la 173), de Doña Germana 
i 134) y de Doña Leonor (la 175). 

PADRES DE LA 16: 

-Capitán Conquistador Don Francisco de Rebolledo. 

tnto con el Don Garcí-González de Silva, era alcalde 
í Santiago de León de Caracas en 1595 y gobernador 
I ausencia de Don Diego de Osorio, quien se encon- 
aba visitando la provincia. Cuando el pirata Annias 
•eston, teniente de Sir Walter Raleigh, desembarcó 
ira saquear la capital, Don Francisco de Rebolledo 
♦lió con sus fuerzas a oponérsele, y las opostó en los 
isñladeros de la montaña, de manera que a los ingleses- 
s habría sido imposible llegar a la ciudad, si no hubie- 
,n dado con un triador español, llamado Villapol, que 
|vía entre los indios guaicamacuto y quien condujo a 
reston y su gente, por una senda secreta, hasta Cara- 
m, sorprendiendo así a los defensores, Al guía lo añor- 
aron los piratas por triador. Los moradores de este valle 
oyeron al acercarse los ingleses y el único habitante 
íe quedó, el conquistador Alonso Andrea de Ledesma, 
cometió, él solo, contra ellos, y perdió la vida en taa> 
3roica cuanto inútil hazaña (2). 

Don Francisco volvió a ser alcalde de Caracas en 
501, 1607 y 1621 (3). 

(1) Cedillo, test. cit. 

(2) Oviedo y Baños, HIst, de la eonq. de Venezuela; A. Rojas, 
;y. Hlst. de Ven. 

(3) Arch. Concejo Municipal, libs. cab. 1597-1601, 1589-1601,. 
103-4 y 1619-1623. 

251 



LOS ABUELOS DEL LIBERTADOR 



Las armas de los Rebolledo de Caracas son: or 
tres troncos de árbol sinople en banda. 
Don Francisco casó con 

SU.— Doña María de Almendaris. 

PADRES DEL 17: 

S5. — Capitán Conquistador Don Juan Martínez de Villeü 

Alcalde ordinario de Santiago de León de Caracas, & 
1600, y gobernador de la provincia, el mismo año pq 
muerte del gobernador Don Gonzalo Piñaludueña. Volví 
a ser alcalde diferentes veces; capitán de infantería ; 
capitán de caballos, teniente gobernador y justicia m 
yór de los valles de Aragua. "Siendo capitán allanó 
Provincia de Nirgua, en que gastó de su propio cauda 
más de veinte mil ducados, sin que hubiese tenido socor 
alguno de la Real Hacienda, para la mantención de s 
persona y soldados que estaban a sus órdenes; tambiéi 
asistió en todo tiempo a su costa a la defensa del puerb 
de La Guaira, llevando soldados y manteniéndolos di 
su caudal" (1). — Casó Don Juan con 

Doña Luisa Maldonado de Villegas, 

quien fué bautizada en Caracas el 30 de enero 
1579 (1). 

Las armas de los Maldonado de Caracas son: gules 
cinco Uses de oro. 

PADRES DE LA 18: 

87. — Capitán Conquistador Don Juan Ladrón de Guerar 

y García. 

Asistió a la pacificación de los naturales de la ciudad c 



(1) Cedillo, test, cit.; Arch. Nac. Testamentos de 1668-1683 
Jol. 689; Catedral, lfb. 3o. de entierros fol. 58. 

252 



LOS ABUELOS DEL LIBERTADOR 



>ro; fué conquistador y poblador de las ciudades del 
icuyo y Barquisimeto; salió con fuerzas armadas y 
a'ntenidas a sus propias expensas, a resistir la inva- 
5n del "tirano" Lope de Aguirre. Descubrió las minas 
i Nuestra Señora, que fueron las primeras que se en- 
ntraron en Venezuela (1). — Casó con 

38. — Doña Juana de Rojas (2). 

Las armas de los Rojas son: oro, 5 estrellas azur en 

úuer. 

PADRES DE LA 20: 
39. — Don Marcos Jaspe de Bustamante, 
atural de La Coruña, donde casó con 

UO. — Doña Inés López de Montenegro (3). 

PADRES DEL 21: 
Al. — Capitán Don Andrés Marín Granizo, 

atural de Goajar, reino de Granada de Andalucía, quien 
ino a Venezuela con su padre (el 66) y se avecindó en 
Jaracas. Casó en Trujillo con 

42. — Doña Juana de Vilches y Narváez (4). 
PADRES DEL 23: 

U3. — Don Andrés de Palacios y Sojo, 
íatural de Berberana, casó en Miranda de Ebro con 
kk. — Doña María de Zarate y Austria. 

(1) Cedillo, test. cit. 

(2) Oviedo y Baños, op. cit. 

(3) Arch. Nac. Esc. de Juan Bangel de Mendoza, 1659. 

(4) Vicente Dávila, Proceres Trujillanos, red.; Rafael Ace- 
reao, op. cit. 

253 



LOS ABUELOS DEL LIBERTADOR 



PADRES DE LA 2U: 

¿5.— Maestre de Campo Don Diego Manuel Xedler y 

Gamis, 
casó en Caracas, en la Catedral, el 5 de mayo de 1646 j 
¿6.~Doña Juana de Rivilla y Puerta, 

quien nació en Caracas y fué bautizada en Catedral 
1? de enero de 1632. Al enviudar casó en segundas nu 
cias con el capitán don Diego Fernández de Araujo ( 
51). Véanse los 51 y 52. 

PADRES DEL 26: 

J>7.— Alférez Mayor Don Francisco de Aguirre y Ville 
casó en primeras nupcias con 

■Í8- — Doña Francisca de Liendo y Escobedo. 

PADRES DEL 27: 

h9. — Don Alejandro Blanco de Ponte, 

nació en la isla de Margarita, poco tiempo después d 
haber llegado sus padres de Garachico. Casó en Caraca 
con su prima hermana 

50. — Doña Francisca Infante de Ponte (1). 
PADRES DE LA 28: 

51. — Capitán Don Diego Fernández de Araujo, 

regidor de Santiago de León de Caracas. Testó en 1677 
hahía casado, en la capital, con 



■ »-** ), Arch - Nac - Escribanías de Juan Rangel de Mendoza 
1660, fol. 14; de José López Villanueva, 1663, lol. 8: y Limp. di 
sang. de A. P. Blanco de Ponte cit. 

254 



LOS ABUELOS DEL LIBERTADOR 



52. — Doña Juana de Rivilla y Puerta, 
viuda del maestre de campo Don Diego Manuel Xedler 
y Gamis (el 45), véanse los 45 y 46 (1). 

PADRES DEL 29: 

58. — Don Agustín de Herrera y Sarmiento. 
Figuró en la Asamblea de los Notables de Caracas, reu- 
nida el 23 de abril de 1749 para protestar contra la 
Compañía Guipuzcoana. Casó con 

5.4. — Doña Isabel Margarita Ascanio y Guerra (2), 
la cual testó en Caracas en 1717 y murió el 8 de noviem- 
bre de ese año. 

PADRES DE LA 30: 

55. — Maestre de Campo Don Juan de Liendo, 
casó con 

56. — Doña Clara de Ochoa y Oñate (3). 



QUINTOS ABUELOS 

57. — Don Simón de Bolívar. 

Notable patriota y estadista. Natural de Marquina en el 
lugar de Bolíbar, es EL FUNDADOR DE LA FAMILIA 
BOLÍVAR EN VENEZUELA. De Vizcaya pasó a Santo 
Domingo donde residió más de treinta años, de los cuales 
catorce estuvo desempeñando la secretaría de la Real 
Audiencia. Pasó a Venezuela en 1588 con el Gobernador 
Don Diego de Osorio y Villegas, de grata memoria, 



(1) Arch. Nac. Limp. de sang. de Blanco de Ponte, cit. 

(2) Arch. Nac, Limp. de sang de Blanco de Ponte cit. y tes- 
tamentos de 1717 a 1720. — Eas. de Bartolomé Cedillo; Catedral, 
lib. 8o. de entierros fol. 168. 

(3) Id. ib. 

255 



LOS ABUELOS DEL LIBERTADOR 



quien lo nombró Contador y Juez oficial de la Real Au- 
cienda, en calidad de escribano de residencia. El gober 
nador Osorio, en 1589, reunió una asamblea de repre- 
sentantes de las principales ciudades con el objeto de que 4 
eligiesen un comisionado que fuera a la Corte a exponer 
ante el rey las necesidades de la provincia. Don Simón" 
fué electo por unanimidad, y partió para Madrid donde 
vivió más de dos años como Procurador General de la 
Provincia de Venezuela ante el Rey, de quien obtuvo 
grandes favores especialmente para la ciudad de Cara- 
cas, a saber: Supresión del trabajo forzado de los indios; 
en la administración mayor libertad de acción para el 
gobernador con respecto a la Audiencia; en la hacienda, 
un régimen más favorable para los impuestos; en el co- 
mercio, el envío, con regularidad, de buques para Vene- 
zuela; en la instrucción pública, una escuela de gramá- 
tica y después otra de enseñanza secundaria y un esta- 
blecimiento de enseñanza superior, el Seminario Triden- 
tino, que alcanzó a ser Universidad. Felipe II en recom- 
pensa de los servicios de Don Simón, lo hizo Oficial Real 
de la Provincia con preeminencia de Regidor y voz y 
voto en el Cabildo. Más tarde fué: contador general de 
la ciudad de Caracas, empleo que desempeñó por 16 
años; Juez de Cuentas de la Isla de Margarita, y alcalde 
y alguacil mayor de esta capital. En 27 de octubre de 
1607 por real cédula se le concedió, a título de pensión 
de retiro, la suma de 30,000 maravedices, sueldo que 
ganaba cuando la edad y la salud le permitían cumplir 
con sus deberes. Murió en 1616. 

PADRES DE LA 32, LA 13U, LA 137 Y LA 175: 

58. — Capitán Conquistador Don Alonso Díaz Moreno, 

primer alcalde de Borburata en 1549; fundó a Valencia 
^n 1555 y fué su gobernador en 1567. Fundó además- 

256 



LOS ABUELOS DEL LIBERTADOR 



is poblaciones hoy llamadas: Naguanagua, Los Guayos,, 
lelén, Tocuyito, San Diego, Güigüe, Puerto Cabello, Pa- 
anemo, Borburata, Mora, Democracia, Urania, Goai- 
oaza, Guacara, San Joaquín, Flores, Montalban, Mi- 
anda, Bejuma y Canoabo (1), situadas todas en el Es- 
ado Carabobo, La expedición del conquistador Don Diego 
e Lozada, que conquistó los Toromaymas y fundó a San- 
iago de León de Caracas en 1567, se componía de 20 hom- 
ares de caballería, 50 arcabuceros, 80 rodeleros, 800 sir- 
ientes; 200 bestias de carga y 4,000 carneros, de los cuales 
,500 fueron regalados por Don Alonso, quien los com- 
iró de su particular peculio. Don Alonso fué alcalde de 
Caracas en 1589. Viudo de Doña Ana de Cepeda y Rojas 
asó en segundas nupcias con 

59. — Doña Ana de Rojas (2). 

Los 58 y 59 son quintos abuelos, dobles séptimos 
ibuelos y dobles octavos abuelos del Libertador; esto es„ 
lesciende de ellos por cinco costados diferentes. Véase 
a 91 y la 173 y la 134. 

PADRES DEL 35: 

60. — Capitán Conquistador Lorenzo Martínez de la 
Madrid, 

íatural de Villa Castin; capitán de infantería españolar 
;eniente gobernador de la provincia de Venezuela; alcal- 
le de Caracas; alcalde de la Hermandad y regidor de 
Daracas. Casó con 

61. — Doña Juana de Villela, 
natural del Puerto de Palos, Condado de Niebla, en Es- 



(1) Telasco A. Mac Pherson, Vocabulario Histórico j Bio- 
gráfico del Estado Carabobo. 

(2) Oviedo y Baños, op. cit.; Cedillo, test. cit. 
17 257 



LOS ABUELOS DEL LIBERTADOR 



paña. Doña Juana, construyó de su caudal el convento 
de las Concepciones en Caracas, el año de 1617 (1). 

PADRES DE LA 36: 

€2. — Capitán Conquistador Don Francisco de Maldonado 
y Almendaris, 

natural del reino de Navarra, de familia originaria de': 
Galicia. Vino a Venezuela en 1534. Fué de los conquista- 
dores que junto con Diego de Lozada, conquistaron los To- 
romaymas y fundaron a Santiago de León en 1567. Alcalde : 
de Caracas en 1574. Figura en la fundación de Coro y 
Caraballeda y en la persecusión del "tirano" Lope de 
Aguirre (2). Los Maldonado tienen su origen en la casa 
-de Aldana. Flórez de Ocariz dice: "La Casa de Aldana, 
deriva de Teodórico Rey godo de Italia, q. vino a gover- 
nar a España durante la menor edad de su nieto Alárico, 
y q. quando se bolvió dexó entre otros un hijo de nombre 
Suero q. agradado de Galicia fundó en ella la casa de Alda- 
na, vna jornada déla cd. de Santiago, de quien fue Aldana, 
q. les dio apellido, y sus armas dos lobos de purpura en> 
campo de oro, hasta q. Hernán Pérez de Aldana, que 
fué almirante de la mar en tiempos del Rey Don Alonso i 
el Magno, ganó el apellido de Maldonado, y nuevas 1 
armas, por contienda con Guillermo Duque de Norman- 
día, hijo de hermana de Felipe Rey de Francia, a quien 
venció en desafío, y porque no le diese muerte le ofreció 
el Francés Rey hazerle la merced q. pidiese, y la pidi 
de cinco Flores de Lis en campo de sangre, por la qu 
derramó de su contrario en la victoria referida, perfila 
das de azul, y oro por ser las Uses de Francia en cam 



(1) Cedillo, op. cit., y testamento de Don Alonso Martines de 
Tíllela feehado 15 de agosto de 1678. 

(2) Oviedo y Baños, op. cit. 

258 



LOS ABUELOS DEL LIBERTADOR 



azul y por timbre del escudo vn cetro con el Ave María 
rebuelto en él por el q. arrojo el Rey para q. sessasse la 
pelea" (1). Véase el 64. — Casó Don Francisco con 

68. — Doña Luisa de Villegas y Pacheco (2). 
PADRES DEL 87: 
BU- — Capitán Conquistador Don Juan Ladrón de Guevara. 
En 1545 estuvo en la célebre batalla de los Omeguas, 
cuando 39 españoles derrotaron 15,000 de estos indios. 
Heroica proeza casi fabulosa que Oviedo asienta des- 
pués de haber consultado documentos auténticos. Sólo 
los nombres de 14 de estos héroes han llegado hasta nos- 
otros y entre ellos está también Don Francisco de Maldo- 
nado y Almendaris (el 62). Hazaña que nos parece to- 
davía más asombrosa cuando consideramos que los con- 
quistadores habían empleado cuatro años en la expedi- 
ción de Coro a Guayana y se encontraban extenuados, 
para la época de la batalla, por las fatigas, privaciones 
y peligros. Era la expedición de Felipe de Utre que iba 
en pos de El Dorado, el cual creyeron haber descubierto. 
^ — Don Juan fué de los primeros regidores del Tocuyo en 
1545. Construyó a sus expensas las murallas del puerto 
de La Guaira, gastando grandes caudales; también cons- 
truyó de su peculio el camino a La Guaira, y a su costa 
(pacificó los indios de Nirgua. Fué procurador general 
de la provincia desde 1611; había sido procurador de 
Caracas en 1597; alcalde de la misma en 1592 y 1601; 
teniente de gobernador en 1603 (3). Casó con 

65. — Doña Luisa García Queresma de Meló, 
hermana de la 142. 



(1) Flórez de Ocariz, op. cit. 

(2) Partida de' bautismo dé Don Diego Maldonado de Ville- 
gas, catedral 30 de enero de 1579. 

(3) Oviedo y Baños, op. cit;; Cedillo» op. cit., y Alonso Mar- 
tínez de Villela, testamento cit. 

25£ 



LOS ABUELOS DEL LIBERTADOR 



PADRE DEL %i: 

66. — Don Andrés Marín, 

natural de Goajar, reino de Granada en Andalucía, vino 
con su hijo a Venezuela a principios del siglo XVI. Murió 
en Barinas en 1647 (1). 

PADRES DE LA U2: 

67. — Capitán Conquistador Don Juan Mejía de Narváez, 

regidor perpetuo y alcalde ordinario de la ciudad de 
Trujillo; "en diversas ocasiones fué con soldados a su 
costa y misión a someter a los rebeldes Indios Toporos, 
Parautes y Eneales; acudió con socorros a Maracaibo y 
Gibraltar y estuvo en los allanamientos de los Jirajaras 
y negros alzados. — Envió auxilios a Maracaibo, Curazao 
y Buinare (Bonaire) cuando la invasión de los piratas 
por medio de sus dos hijos Domingo y Bernabé de Vil- 
ches y Narváez, el Maestre de Campo. Estuvo de igual 
modo en la conquista de Nirgua" (2). Casó en Trujillo 
con 

68. — Doña María Sanz de Graterol, 
natural de Trujillo. 

PADRES DEL US: 

69.— Don Juan de Palacios, 

natural de la villa de Berberana, Provincia de Álava, 
España. Las armas de los Palacios son: Cortado: 1°„ azur, 
cinco róeles oro; 2 o ., plata, un águila explayada sable, 
bordara: oro, con tres calderas en cada costado y una 
corona de cinco puntas de gules en jefe y otra en punta 



(1) Vicente Dávila, op. cif.; R. Acevedo, est. cit. 

(2) Vicente Dávila, op. cit. 



260 



LOS ABUELOS DEL LIBERTADOR 



de la bordura. — Don Juan casó en Bereberana el 19 de 
mayo de 1606 con 

70. — Doña María de So jo, 

natural de Berberana (1). 

PADRES DE LA U: 

71. — Don Juan de Zarate, 

natural de Miranda de Ebro. 

Armas de los Zarate: gules, 9 panelas plata de 3 en 3. 
Casó Don Juan con 

72. — Doña María de la Cruz de Austria (2)< 
PADRES DEL U5: 

73. — Don Manuel Xedler y Guren, 

fiscal de la Santa Hermandad. Era tío del Capitán sar- 
gento mayor Don Marcos Xedler Calatayud y Toledo, 
^el célebre guerrero que sirvió a su patria más de veinte 
años en las guerras de los estados de Milán, Flandes, 
Palatinado, Alemania y Ñapóles; que fué gobernador 
de Frególa; gobernador de Santa Marta y Río Hacha y 
Capitán General y Gobernador de Venezuela de 1644 a 
1649. Casó Don Manuel, en Ciudad Real, con 

7k. — Doña Isabel de Gámes y Céspedes. 
PADRES DE LA U6 QUE ES LA MISMA 52: 

75. — Don Bartolomé de Rivilla y Puerta, 

natural de Laredo, Burgos, casó en la catedral de Ca- 
racas el 26 de febrero de 1631 con 



(1) Felipe Francia, Estudios Genealógicos, inéditos. 

(2) Id. ib. 

261 



LOS ABUELOS DEL LIBERTADOR 



76. — Doña María Arias Montano (1). 
Los 75 y 76 son quintos abuelos dobles del Libertador, 

PADRES DEL U7: 

77. — Capitán Don Jacobo de Aguirre y Villela, 
quien casó con 

78. — Doña Luisa Vázquez de JRojas y Ayala, 
viuda de Don Tomás de Aguirre y Grezola (2). 

PADRES DE LA U8: 

79. — Don Domingo de Liendo y Origüen, 
viudo de Doña Sebastiana de Aguirre y Pacheco, casó 
en segundas nupcias con 

80. — Doña Germana de Escobedo (3). 

PADRES DEL U9: 

81. — Don Pedro Blanco Gerardts, 
nació en Brujas, Flandes, el 12 de octubre de 1557. Casó 
en Garachico, Tenerife, el 6 de mayo de 1589, con 
82. — Doña Beatriz de Ponte y Rebolledo, 
pasaron a Venezuela en 1603, con los padres de Doña 
Beatriz (los 117 y 118); llegaron a la isla de Margarita 
y el mismo año se establecieron en Caracas. Doña Beatriz 
era hermana de Doña Francisca (la 84) . 

PADRES DE LA 50: 
83. — Capitán Francisco Infante de Rojas, 
casó en Caracas con 

8U. — Doña Francisca de Ponte y Paz, 



(1) Arch. Nac, Testamentos de 1652 a 1677, fol. 696. 

(2) Arch. Nac, Eas. de Feo. Atiense, 16ÍW. 

(3) Id. test, del alf. D. Santiago de Liendo, abril 18, 1653. 

262 



LOS ABUELOS DEL LIBERTADOR 



El presbítero Antonio Ramos dice: "La antigua Fami- 
ia de Ponte . . . .patricia Romana, de donde se propagó en 
varias ramas siempre Ilustres a Ñapóles, Turín, Venecia, 

Aragón, Genova y Canarias Luis y Pedro de 

Ponte obtuvieron en 962, Privilegio Imperial de Ottón I, 
para llamarse Ottones, y aumentar el blasón de sus 
armas — que era una Puente con dos arcos y sobre ella 
dos torres — con el Águila Imperial coronada, y el Lema 
In Domino Foecit virtutem" (1). De Aragón fueron los 
Ponte a Galicia y de allí vino a Venezuela a fines del 
siglo XVII, el proveedor Don Pedro de Ponte Andrade 
Jaspe y Montenegro (Véase el 9). De la rama genovesa 
es el conquistador de Canarias Don Cristóbal de Ponte 
( el 190), cuyos dos biznietos Don Tomás y Don Juan 
de Ponte (los 117 y 121) se establecieron en Caracas 
a fines del siglo XVI y tienen en esta capital dilatada- 
descendencia. — El escudo de los Ponte canarios es: gules, 
el puente de tres arcadas de plata sumado del león ram- 
eante de oro; divisa: In domino foecit virtetum; cimera: 
el león rampante de oro. — El escudo de los Ponte de Ca- 
racas es: gules, el puente de tres arcadas de plata, su- 
mado del león rampante de oro; en punta ondas de azur 
y plata; divisa: In domino foecit virtutem; cimera: el león 
rampante de oro. Los canarios y los venezolanos han 
conservado el lema Otorgado en 962. Lo mismo que éstos 
los gallegos y los aragoneses (2) han modificado, por 
brisura, el escudo original, pero todos han conservado el 
puente, significado del apellido. 



(1) Antonio Ramos, Descripción Genealógica de las Gasas 
de Mesa y Ponte, Sevilla, 1792, pág. 15; Fray Gerónimo María de 
Santa Ana, Hlst. (¡enea, de la Familia Ponte, Ñapóles, 1708. 

(2) Véase los escudos de los Ponte de Aragón y de Galicia 
en el 19. 

263 



LOS ABUELOS DEL LIBERTADOR 



PADRES DEL 51: 
85. — Don Lorenzo Fernández de Araujo, 

natural de Orense, España, testó en Caracas el 1° d< 
septiembre de 1681, vino casado de España con 

86. — Doña Ana de Cobarrubias y Lozada. 

PADRES DEL 53: 

87. — Don Juan Sarmiento de Herrera, 

natural de Valencia, Venezuela, casó en Caracas el 1( 
de abril de 1632 con su prima 

88. — Doña María Nicolasa de Loaiza, 

natural de Valencia (1). 

PADRES DE LA 5k: 

89. — Don Juan de Ascanio, 

natural de Tenerife, pasó a Caracas a mediados del siglo: 
XVII, fué Juez oficial real de la Provincia de Venezuela, 
casó en Caracas, el 12 de mayo de 1631, con 

90.— Doña María Correa de Benavides, 

natural de Caracas (2). 

PADRES DEL 55: 

91. — Alférez Don Santiago de Liendo, 

natural de Portugalete, casó en Caracas, el 4 de febrero 
de 1637, con 

92. — Doña Paula de Escobedo y Rojas, 

hermana de Doña Francisca (la 112). 



(1) Arcli. catedral, lib. lo. de mat. españoles, fol. 1. 

(2) Id, ib. lib. 1, fol. 20. 

264 



LOS ABUELOS DEL LIBERTADOR 



PADRES DE LA 56: 

93. — El Capitán Don Juan OcJioa y Aguirre, 

pasó en Caracas, en catedral, el 10 de julio de 1628, con 

8A. — Doña Úrsula de Oñate y Mendizábal. 



SEXTOS ABUELOS 

PADRES DEL 57: 

95. — Don Martín Ochoa de Bolíbar Jáuregui de la 
Rementería, 

natural de Marquina, cerca del pueblo de Bolíbar, en 
Vizcaya, casó con 

96. — Doña Magdalena de Ibargüen, 

señora de la Casa infanzona de Ibargüen, en la misma 
provincia. 

PADRES DEL 60: 

97. — Capitán Conquistador Don Francisco Martínez de 

Madrid, 

natural de Villa Castin. Vino a la conquista de Vene- 
zuela con el segundo gobernador de los Welser, Ambrosio 
Afinger, en 1534, que llegaron a Coro. Fue de los prime- 
ros regidores de Borburata en 1549, y de los conquista- 
dores de los Toromaymas y fundadores de Santiago de 
León. Gastó más de cuarenta años en la conquista de 
Venezuela, a su costa y misión. Casó con 

98.— Doña Catalina González (1). 



(1) Cedillo, testimonio cit.; Blanco, Documentos. 

265 



LOS ABUELOS DEL LIBERTADOR 



PADRES DE LA 68: 

99. — -Capitán Conquistador Juan de Villegas, 

natural de Segovia. Vino a Venezuela con el primer go-^ 
bernador de los Welser, Ambrosio Alfinger, en 1528, I 
fué de los primeros conquistadores y pobladores. Después; 
que murió Alfinger, a manos de los indios, en 1531, hubo 
disturbios entre los conquistadores para nombrarle suce-| 
sor, por ser muchos los que aspiraban al mando, y cuan- 
do salió de general el factor Pedro de San Martín, a: 
pesar de su idoneidad para el cargo, no hubiera sido 
reconocido por los demás conquistadores y se habría 
provocado una sublevación, "si el capitán Juan de Ville- 
gas con su autoridad y aquella respetable veneración,, 
que se había granjeado en la estimación de todos no hu- 
biera sacado la cara y tomado la mano a sosegarlos". 
Cuando Alfinger llegó a la laguna de Tamalameque o 
Zapatosa, en 1530, encontró que todos los habitantes de 
las orillas, los Pocábuyes y Alcoholados, se habían refu- 
giado en las islas, huyéndole al cruel alemán, ya "famoso 
entre ellos, por las hazañas que había hecho en el Valle 
de Upar, cuando buscaba oro. Los indios se llevaron 
todas canoas para que no sirvieran a los conquistadores. 
En estas circunstancias Juan de Villegas y 26 volunta- 
rios se lanzaron al agua sobre sus caballos y atacaron 
a los aborígenes, que llenos de espanto por tal osadía se 
rindieron fácilmente en sus islas. Alfinger despojó a los 
indios de todo el oro que pudo y después de un año de 
residencia en aquellos lugares llegaron a contar los con- 
quistadores cantidad del codiciado metal equivalente a 
1,000,000 castellanos para Alfinger y otro tanto para 
los soldados. — En 1534, encontrándose, en la provincia 
de Barause, en los llanos del este, recibió Don Juan co 
misión de Spira, para que, con una escolta, saliera en 

266 



LOS ABUELOS DEL LIBERTADOR 



asea de un tal Orejón, que había ido a cazar y no 
abía regresado. Juan de Villegas se encaminó hacía la 
lontaña donde encontró un caserío de salvajes, que se 
bsieron en fuga al ver los conquistadores, los cuales 
enos de horror contemplaron la cabeza del cazador, 
derezada como alimento y en parte ya comida por los 
raios. Don Juan hizo ahorcar a todos los antropófagos 
ue cayeron prisioneros y redujo a cenizas sus hábita- 
cnes. — En 1535, Spira y su gente se encontraban cerca 
e la actual Barinas, y el alemán por intrigas de los en- 
idiosos del conquistador Francisco de Velazco, condenó 
éste a ser decapitado, salvándole la vida la valiosísima 
itercesión de Don Juan, Juan Ladrón de Guevara (el 
4) y otros. Poco después Don Juan con Francisco In- 
ante (el 119), Francisco Martínez de Madrid (el 97), 
alieron a conquistar lo que fué después Nueva Granada, 
pulento país, del que había tenido noticias Spira por 
ín indio. En esa época estaban estos conquistadores en 
as provincias de los indios Olaches y Chiscas, y muy 
terca de aquella rica región. Villegas y sus compañeros 
i internaron por la cordillera hacia el oeste y encontra- 
ra prósperos caseríos de indios que indicaban la veraci- 
iad de los informes dados a Spira. Después de caminar 
res días se detuvieron los conquistadores ante lo impe- 
etrable de aquellas montañas, a solo 10 leguas de Nueva 
¿ranada. La suerte, así, protegió a la nación ^vecina de 
i voracidad de nuestros gobernadores alemanes. Regresa 
)on Juan con sus compañeros y la fatalidad los llevó a 
d que llamaron provincia del Mal País. Juan de Villegas 
ué gobernador de la Provincia en 1539, por ausencia 
'e Spira en Santo Domingo; en 1540, alcalde mayor de 
"oro; el mismo año volvió a desempeñar la gobernación, 
ior muerte de Spira; cargo que ejerció por tercera vez 
n 1547. Conquistador del lago de Maracaibo, descubri- 



267 



LOS ABUELOS DEL LIBERTADOR 



Kt 



dor de los Pecabuyes, de los valles de Boconó y Boca 
Descubrió la laguna de Tacarigua en 1547. Fundó 
pobló la ciudad de Nuestra Señora de la Concepciónj 
y la de Nueva Segovia (Barquisimeto) en 1552. (Véasfi 
el 141). — -El escudo de los Villegas es: plata: la cruz flop 
Usada acompañada de ocho calderas sable; bordura gide¡ 
con ocho castillos oro (Véase el de los Martínez de Vill 
gas en la 8). Don Juan casó con (1) 

100. — Doña Ana Pacheco, 
natural de Segovia. 

PADRES DEL 6U: 

101. — Don Alonso Ladrón de Guevara, 

"tuvo origen de un cavallero de Bretaña, que pasó 

España a las guerras contra Moros sus armas sorB 

en quartel; en el primero y último en campo de oro trei 
bandas de plata con perfiles negros, y en cada una cinci 
armiños negros y en los otros dos quarteles en cada una 
cinco panelas de plata en campo roxo". Casó Don Alonso 
con 

102. — Doña Catalina Ladrón de Guevara. 

PADRES DE LA 65: 

103.— Capitán Conquistador Bartolomé García, 

vino a Venezuela con el gobernador Ambrosio Alfinger 
en 1528. Teniente gobernador en 1569; de los primeros 
regidores del Tocuyo en 1545. Participó en la conquista 
y fundación de muchos pueblos de Venezuela a su costa 



(1) Oviedo y Baños, op. cit. — La mayoría de los datos que 
trae Oviedo fueron tomados de los documentos originales despa- 
chados por el mismo Spira y que conservaba el teniente general 
Don Lorenzo de Ponte y Villegas. 



268 






L06 ABUELOS DEL LIBERTADOR 



misión. Fué alcalde ordinario y contador de las reales 
jas. Casó con 

lOIf.. — Doña Luisa Quaresma de Meló (1). 
PADRES DEL 67: 

)5.~Capitán Conquistador Don Lucas Mejía de Vilches, 

lúe fué de los primeros conquistadores, entrando el 
jio de 1559 en la fundación de Trujillo con los capitanes 
iego García de Paredes y Francisco Ruiz, tenía para 
fecha cerca de treinta años de edad; a poco regresó 
la Nueva Granada de donde había venido, y durante 
s tres años que duró ausente fué uno de los fundadores 
8 la ciudad de la Palma, allí tuvo encomienda. — A su 

I preso a Trujillo desempeñó los oficios de regidor y al- 
klde ordinario y tuvo otra encomienda. — Uno de los tes- 
gos en la probanza que levantó aquél de sus servicios, 
ice que don Lucas es de noble alcurnia, de la casa de 
Rodrigo de Mejía, Señor de Santa Fornía y que por 
lo se casó con su cuñada" (la 106) "El testigo es Don 
rancisco de la Bastida marido de Doña Ana Briceño 
amaniego" (2) hermana de la 106. Casó en Trujillo con 

106. — Doña Francisca Verdugo, 

atural de Trujillo. 

PADRES DE LA 68: 

107. — Capitán Conquistador Don Andrés Sanz, 

atural del reino de Aragón. "Sanz vino a Indias el año 
e 1583; el siguiente le nombró el gobernador del Espí- 
itu Santo de la Grita, Francisco de Cáceres, su lugarte- 



(1) Cedillo, testimonio cit. 

(2) Vicente Dávila, Proceres Trujillanos, inédito. 

269 



LOS ABUELOS DEL LIBERTADOR 



niente, dándole todas las facultades que tenía del Rey- 
para ello; el de 1586 le ratificó el nombramiento en Santa 
Fe, donde recibió la vara de justicia mayor.— Duró tres 
años en dicha gobernación, y en el sometimiento de los 
naturales salió herido" (1). Pasó a Trujillo donde casó 
con 

108. — Doña Petronila de Graterol y Escote. 

PADRES DEL 73: 

• 

109. — Don Juan Xedler, 
noble germano, familiar del Santo Oficio, casó con 
110. — Doña Elena de Gurén. 

PADRES DE LA 76: 

111. — Capitán Conquistador Juan Rodríguez Santos. 

Alguacil Mayor de la gobernación de Venezuela, alcalde 
de la Santa Hermandad en 1609; murió en Caracas el 
10 de mayo de 1628. Casó con 

112.— Doña Francisca de Escobedo y Rojas, 

hermana de Paula (la 92). 

PADRES DE LA 78: 

113. — Don Domingo Vázquez de Rojas y Alfaro, 
casó con 

11U. — Doña Lucia Munincia de Ay ala y ■ Sarmiento. 

PADRES DEL 81: 

115. — Don Cometió Blanco, 

nació en Lión, Francia, el 9 de agosto de 1532; casó en 



(1) Vicente Dávila, op. clt. 

270 



LOS ABUELOS DEL LIBERTADOR 



Flande& el. 18 de octubre de 1556 con 

116. — Doña Adriana Gerardts. 

PADRES DE LA 82: 

117. — Capitán poblador Don Juan de Ponte y Fernández 

de Clavijo, 

natural de Garachico, isla de Tenerife. " los cuales 

dichos hermanos don Juan y don Tomás (el 121) de 
Ponte y Fernández de Clavijo, pasaron a esta ciudad 
de Santiago de León de Caracas con sus respectivas fa- 
milias, don Juan a mediados de 1603 y poco ante don 
Tomás" (alrededor de 1595). "Y habiendo presentado 
el dicho don Juan sus ejecutorias" (al cabildo de Cara- 
cas) "fué admitido por ser republicano, poblador y noble, 
y se le señalaron y repartieron tierras en que plantar 
y edificar casas, y poner más frutales de España que 
hubo, que a su costa había traído, que fueron los prime- 
ros frutales de España que hubo en esta provincia" (1). 
Don Juan fué alcalde de Caracas en 1604; Procurador 
General de la provincia en 1606; alcalde de la Herman- 
dad en 1608. 

Había casado en Garachico con 

118. — Doña María de Rebolledo, 
natural de Tenerife (2). Las armas de los Rebolledo son: 
oro; tres troncos de árbol sinople en banda. 

PADRES DEL 88: 

119. — Capitán Conquistador Don Francisco Infante, 
natural de Toledo. Vino a Venezuela de Canarias con el 



(1) Arch. Nac, Eas. Domingo de Santamaría, 1618, fol. 168; 
de José López Villanueva, de 1630 a 1631, y testamento de Juan 
de Ponte y Rebolledo y Areh. Con. Municipal, libs. 1602*5 y 1608-4. 

(2) Arch. Concejo Municipal, libs. 1603, 1604, 1606 y 1608. 

271 



LOS ABUELOS DEL LIBERTADOR 



gobernador Spira, en febrero de 1534. De los conquista- 
dores de los toromaymas y fundadores de Santiago de León. 
Alcalde de Caracas en 1605 y 1613. Casó en Caracas con 
120. — Doña Francisca de Rojas (1). 

PADRES DE LA 84: 

121. — Capitán Poblador Don Tomás de Ponte y 
Fernández de Clavijo, 
natural de Garachico, vino a Caracas alrededor de 1595, 
donde fué Notario Mayor del Santo Oficio; procurador ge- 
neral de la gobernación de Venezuela en 1599 y 1607. 
Tuvo repartimiento de tierras y aguas y en 1597, por acta 
del 2 de mayo, se le permitió sacar agua del Guaire para 
mover un molino de trigo (2). Casó en Garachico con 

122. — Doña Inés de Paz, 
natural de Garachico y quien testó en Caracas en 1627 
(3). Véase el 717. 

PADRES DEL 87: 

123. — Don Agustín de Herrera, 
natural de las islas Canarias casó en Caracas con 
12U. — Doña Leonor Pacheco (4). 

PADRES DE LA 88: 

125. — Don García de Loaiza, 
casó con 

126. — Doña Antonia Basaenz de Aguirre (5). 



(1) Oviedo y Baños, op. eit. 

(2) Arch. Con. Mu. lifos. 1597-1601 y 1609-1614. 

(3) Arch. del Palacio Arzobispal, documentos de 1600 a 1700. 

(4) R. Acevedo, Genealogía de la Familia Parra-Sanojo? An- 
drés Herrera Vegas, Genealogía de la Familia Herrera. 

(5) Id. ib. 

272 



LOS ABUELOS DEL LIBERTADOR 



PADRES DEL 89: 

127. — El Capitán Don Martín de Ascanio, 

natural de Tenerife, casó, en la iglesia de N. S. de los 
Remedios en La Laguna, el 30 de enero de 1606, con 

128. — Doña Clara Fernández de Viera y Herrera, 
natural de Tenerife (1). 

PADRES DE LA 90: 

129.- — Capitán Conquistador Don Blas Correa de 
Benavides, 
casó en Caracas con 

130 — Doña Isabel de Silva Vasconcellos, 
quien testó en Caracas en 1654 (2). 

PADRES DEL 91: 

131. — Capitán Don Santiago de Liendo, 

natural de Portugalete en Vizcaya y allí casó con 

132. — Doña María de Origüen, 

hermana del almirante de Castilla Don Pedro de Ori- 
güen. 

PADRES DE LA 92 Y DE LA 112: 

133.— Capitán Conquistador Don Diego Vázquez 
de Escobedo. 

Vino a Venezuela como alférez real en las galeras del 
general don Diego de Noguera; alcalde de Caracas dife- 
rentes veces; alcalde gobernador de la provincia en 1600, 



(1) Litigio por la posesión de los palacios de Ascanio y Ago- 
rrete entablado por Antonio, Miguel y Juan de Ascanio en 1735; 
4lel archivo del Dr. Emilio Antonio Yanes. 

(2) Aren. Nac. Testam.~-1656.C-l. 

18 273 



LOS ABUELOS DEL LIBERTADOR 



por muerte del gobernador don Gonzalo Piñaludueña. 
Casó en Caracas con 

13U. — Doña Germana de Rojas, 
hermana de Doña María Ana (la 173), de Doña Beatriz 
(la 32) y de Doña Leonor (la 175). Los 133 y 134 son 
sextos y séptimos abuelos del Libertador. 



SÉPTIMOS ABUELOS 

PADRES DEL 95: 

135. — Don Miguel Ocho a de Bolíbar-J áuregui de la 
Rementería, 
natural de Boííbar en el valle del Ondarroa, Vizcaya, 
Señor de las casas infanzonas de Bolíbar y La Remen- 
tería, casó con 

136.— Doña María de Andixpe. 

PADRES DEL 101: 
137 — Don Juan Ladrón de Guevara, 
casó con 

138. — Doña Beatriz Hernández. 

PADRES DE LA 10 k Y DE LA U2: ' 

ISU. — Capitán Conquistador Don Juan Queresma 
de Meló, 

vino a Venezuela con el gobernador Alfinger en 1528. 
El emperador Carlos V, le hizo especial merced de un 
regimiento perpetuo en la primer ciudad que se poblase. 
Cuando Alfinger tomó posesión de la provincia, en nom- 
bre de los Welser, encontró a Coro fundada por el pri- 
mer civilizador de Venezuela, el capitán Juan de Am- 

274 



LOS ABUELOS DEL LIBERTADOR 



pues, el mejor de todos nuestros conquistadores, quien 
íué obligado a abandonar sus benéficos trabajos. Los 
primeros regidores de Coro y en Venezuela fueron, así, 
Don Juan Queresma de Meló, y sus compañeros Gonzalo 
de los Ríos, Martín de Arteaga y Virgilio García. En 
1538 los guías indios, de propósito, condujeron a Spira 

y su gente a la provincia de los Choques "una 

noche los dejaron metidos en tierra doblada, áspera, 
montuosa, llena de tremedales y pantanos, poblada de 
muchos indios belicosos, de mala digestión, desabridos 
y de condición intratable, diestros y animosos en la 
guerra, para lo cual usaban de lanzas hechas de madera 
de palmas, enhastadas en ellas pedazos de canillas de 
hombres, agudos y afilados; tan bárbaros en sus costum- 
bres, que atropellando los respetos de la misma natura- 
leza, ni el padre estaba seguro del hijo, ni la mujer del 
marido, pues se mataban como fieras, sólo por saciar 
el bestial apetito de hartarse de carne humana". Tal era 
la región del país donde se encontraba ahora Queresma 
de Meló. Los conquistadores que componían ésta expedi- 
ción morían ya de enfermedades, ya de fatiga o de ham- 
bre tratando de huir de los Choques. A su paso encon- 
traban las -aldeas, de otras tribus, desiertas porque los 
indígenas se ponían en fuga al acercarse los conquista- 
dores. Al fin llegó un momento en que murió la mayoría, 
por falta de alimentos, que en ninguna parte podían 
conseguir, entre los que sucumbieron se encontraban 
Pon Juan Queresma de Meló y Don Francisco Murcia 
de Rendón, quien había sido secretario de Francisco I, 
cuando éste estaba en Madrid prisionero de Carlos V.— 
J)on Juan casó con 

llt.0. — Doña Francisca de Samaniego. 
Los 139 y 140 son séptimos y octavos abuelos del 
^Libertador. 



275 



LOS ABUELOS DEL LIBERTADOR 



PADRES DE LA 106: 

141? — Capitán Conquistador Don Sancho Briceño, 
natural de Arévalo, provincia de Avila en Castilla la 
Vieja, vino a Venezuela por los años de 1523. Se halló 
en la entrada, que hizo tierra adentro Felipe de Huten 
y que duraron cinco años y también en la expedición del 
gobernador Spira, cuando recorrieron 900 leguas en tres 
años. Fué compañero de Don Juan de Villegas (el 99) 
en estas expediciones y en la fundación del puerto de 
Borburata, donde fué herido gravemente. "Fué también 
de los primeros conquistadores y pobladores del Tocuyo, 
Trujillo y sus términos, desempeñando oficios de justicia 
y guerra. La gobernación de Trujillo le nombró procura- 
dor general ante el Rey y su Consejo de Indias, de donde' 
trajo varias cédulas favorables que fueron de pública 
utilidad. Se halló en la muerte del rebelde Lope de 
Aguirre el año de 1561". Don Sancho hizo levantar una 
probanza de sus méritos y servicios, en Coro, en 1561 
Casó en Coro con 

1U2. — Doña Antonia Samaniego Queresma de Meló (1),- 
hermana de la 65. 

PADRES DE LA 108: 

1US. — Capitán Conquistador Don Francisco de Graterol, 
natural de Venecia, Italia. "Pasó a Venezuela y fué a 
Trujillo, de los primeros conquistadores, fundadores y 
pobladores". Desempeñó varios cargos civiles y militares, 
"Se halló con el capitán Francisco Ruiz en la segunda 
fundación de Trujillo". Fué de los que venció al "tirano" 
Lope de Aguirre en 1561. Casó en Sevilla con (2) 



(1) Dávila, op. cit. y Arch. de la Academia Nacional de la 
Historia, Probanza de «Sancho de Briceño. 

(2) Dávila, ©o. cit. 

276 



LOS ABUELOS DEL LIBERTADOR 



144. — Doña Juana de Escote, 
natural de Sevilla. 

PADRES DEL 111: 

14-5. — Conquistador ■ y Castellano Don Alonso Rodríguez 

Santos 

procurador general de la provincia de Venezuela en 
1603, regidor de Caracas; alcalde de Caracas en 1608, 
1609, 1612, 1616 y 1623; testó en esta ciudad en 1648. 
Casó con 

146. — Doña María Martinis (1). 

PADRES DEL 113: 

147. — Maestre de Campo Don Domingo Vázquez de Rojas, 
bautizado en la catedral de Caracas el 17 de agosto de 
1579; fué regidor de Caracas. Casó con 

148.— Doña Ana Díaz de Alfaro y Rojas. 

PADRES DEL 115: 

149. — Don Pedro Blanco, 

natural de Lión, Francia. Las armas de esta rama de 
la familia son: cortado: 1°,, gules, la torre almenada de 
plata; bordura azur, ocho aspas de plata; 2 o , sinople 
tres fajas de oro. Véase el 13. 

PADRES DE LOS 117 Y 121: 
150. — Don Gabriel de Ponte y Clavijo, 

natural de Garachico, isla de Tenerife; figura en las 
ejecutorias presentadas al cabildo de Caracas, por Don 



(3) Arch. Conc. Mu., Jibs. 1609-H, 1603-14 y 1619-23; y Arch. 
Nac, test. 1648-R-l. 

277 



LOS ABUELOS DEL LIBERTADOR 



I, 

Juan de Ponte (el 117), en 1603. Casó en el puerto de~ 
Garachico con 

151. — Doña Francisca Fernández de Clavijo, 

del mismo puerto. Los 150 y 151 son dobles séptimos 
abuelos del Libertador. 

PADRES DE LA 120: 

152. — Capitán Conquistador Don Pedro Gómez Ampuero, 
suegro de nuestro célebre conquistador Don Garci-Gon- 
zález de Silva, casó con 

158. — Dona Ana de Hojas, 
quien murió en 1561 en Margarita, ahorcada de orden 
del "tirano" Lope de Aguirre (1). 

PADRES DE LA 122: 
15U. — Don Manuel Rodríguez de Paz, 
natural de Tenerife. Casó con 

155. — Doña Ginesa Gómez (2). 

PADRES DEL 123: 
156. — Don Diego Sarmiento de Rojas, 
natural de Tenerife, alguacil mayor del Santo Oficio, 
casó con 

157. — Doña María de Ayala, 

del mismo lugar (3) . 

PADRES DEL 127: 

158. — Castellano Don Juan de Ascanio y Guerra, 

natural y regidor de Tenerife, donde hizo probanzas de : 



(1) Oviedo y Baños, op. cit. 

(2) Arcli. Pal. Arz., test, de Inés de Paz, eit. 

(3) Andrés Herrera Vegas, op. cit.; y Aeevedo, Gen. Parra" 
San ojo, cit. 

278 



LOS ABUELOS DEL LIBERTADOR 



calidad en 1573, ante el gobernador. Fué alguacil del 
puerto de Santa Cruz. Casó con 

159. — Doña Francisca Pérez de Soto (1). 

PADRES DE LA 128: 

160. — Don Francisco González, 
de Islas Canarias, casó con 

161. — Doña Catalina Viera, 
quien testó en aquellas islas en 5 de octubre de 1604 (2). 

PADRES DE LA 130: 

162. — Capitán Conquistador Don Guillermo Loreto 
de Silva, 

alcalde de Caracas en 1594. Casó con 

163. — Doña María de Silva Vasconcellos, 

quien testó en Caracas en 1654. 

PADRES DEL 133: 

16b. — Capitán Conquistador Don Diego Vázquez de 
Escobedo, 

regidor de Caracas en 1603. Casó con 

165. — Doña Ana Mercadillo (3). 

Los 164 y 165 son séptimos y octavos abuelos del 
Libertador. 



(1) Litigio por la posesión de palacios de Ascanio y Agorrete, 
cit. 

(2) Id. ib. 

(3) Aren. Con. Mu., libs. lG<>2-!>. 



279 



LOS ABUELOS DEL LIBERTADOR 



OCTAVOS ABUELOS 

PADRES DEL 137: 
166. — Don Collado Ladrón de Guevara, 
casado con 

167. — Doña Elena Faxardo. 

PADRES DEL Ul: 

168. — Capitán Conquistador Don Pedro Briceño, 
natural de Arévalo, provincia de Avila en España, Señor 
de Verdugo. Vino a la conquista de las Indias en 1500; 
fué tesorero de Santa Fe de Bogotá y murió en Santa 
Marta en 1552. Casó en Arévalo con 

169. — Doña María Alvarez de la Caxel, 
Señora de Verdugo, del mismo lugar, y con la cual pasó 
a América (1). 

PADRES DEL U5: 
170. — Don Juan Rodríguez Santos, 
El sabio español, el benedictino Don Benito Arias Mon- 
tano, capellán de Felipe II, fué el protector de Don Juan 
y lo educó como hijo, además fundó el autor de la Biblia 
Complutense, un vínculo a favor de Don Juan y sus des- 
cendientes, y debido a ello encontramos el nombre Arias 
Montano, entre los hijos y otros descendientes de Don 
Juan. Casó éste con 

171. — Doña Isabel Rodríguez La Hidalga. 

PADRES DEL U7: 

172. — Capitán Conquistador Don Lázaro Vázquez, 



(1) Arch. de la Acad. de la Hist., probanza de Sancho Bri- 
ceño; Dávila, o]), cit.; y Flórez de Ocariz, op. cit. 

280 



LOS ABUELOS DEL LIBERTADOR 



alcalde de Caracas en 1598 y en 1599. Casó con 

173.— Doña María Ana de Rojas, 
hermana de Doña Germana (la 134), de Doña Beatriz 
(la 32), y de Doña Leonor (la 175). 

PADRES DE LA U8: 

17 U.— Capitán Conquistador Don Mateo Díaz de Alfaro, 
mayordomo de la ciudad de Caracas en 1598, había sido 
su alcalde en 1594, casó con 

175. — Doña Leonor Díaz de Rojas, 
hermana de Doña Germana (la 134), de Doña Beatriz 
(la 32) y de Doña María Ana (la 173). 

PADRES DEL 150: 
176.— Don Juan de Ponte y Ver gara, 
natural del Puerto de Garachico, figura con su mujer en 
las ejecutorias presentadas al Cabildo de Caracas por 
Don Juan de Ponte (el 117) en 1603. Casó en aquel 
puerto con 

177.- — Doña María de Clavijo, 
Las armas de los Clavijo son: cuartelado: lo. y Uo. gules, 
una creciente de plata; 2o. y 3ó. oro, tres barras gules. 

Los 176 y 177 son dos veces octavos abuelos del 
Libertador. 

PADRES DE LA 157: 

178. — Don Fernán Peraza, 
alguacil mayor de Tenerife, casó con su prima 
179. — Doña María de Ayala (1). 

PADRES DEL 158: 
180. — Don Antonio Bernal de Ascanio, 



(1) Andrés Herrera Vegas, O}), cit. 

281 



LOS ABUELOS DEL LIBERTADOR 



natural de Tenerife, donde casó con 

181. — Doña Isabel de la Guerra (1). 

PADRES DE LA 159: 
182.— Don Domingo Pérez, 
natural de La Laguna, donde casó con 

183.— Doña Inés Pérez (2). 

PADRES DE LA 161: 

18U. — Don Manuel Viera, 
natural de Portugal, casó en Tenerife con 

185. — Doña Leonor Fernández, 
quien testó en Tenerife en 23 de noviembre de 1584 (3). 

PADRES DE LA 163: 
186. — Don Gome de Silva Vasconcellos, 
casó con 

187. — Doña Beatriz de Riberos MaMonado (4). 



NOVENOS ABUELOS 

PADRES DEL 171+: 
188.— Capitán Conquistador Don Sebastián Díaz, 
natural de San Lucas, España. Conquistador de los toro- 
maymas y fundador de Santiago de León de Caracas en 
1567, alcalde de esta ciudad en 1597 y 1607. En 1584 el 
desgraciado gobernador Luis de Rojas le dio permiso 

(1) Lit. por pos. de los pal. de Ascaniu y fórrete, cit. 

(2) Id. 

(3) I<1. 
(i) Flórez de Ocaviz, op. cit. 

282 



LOS ABUELOS DEL LIBERTADOR 



a Don Sebastián para que fundase una ciudad a orillas 
del Tuy, cuatro leguas más abajo de su confluencia con 
bl Guaire. San Juan de la Paz se denominó la ciudad, la 
cual adquirió mucha prosperidad debido a las ricas 
minas de oro de Apa y Carapa, que descubrió Don Se- 
bastián pero finalmente se tuvo que abandonar a la 
nueva ciudad por lo ardiente e insalubre del clima. Don 
Sebastián luego se dirige hacia el sur, atraviesa la mon- 
taña que separa los llanos del Tuy de los del Guárico y, 
ecrca de las cabeceras de este río, funda la ciudad de 
San Sebastián de los Reyes. Casó Don Sebastián en Cara- 
cas con 

189.— Doña María Ana Rodríguez de Arteaga. 

PADRES DEL 176: 
ISO.— Capitán Conquistador Don Cristóbal de Ponte, 
natural de Genova; pasó a la conquista de las Islas Cana- 
rias en 1497; casó en Tenerife con 

191.— Doña Ana de Vergara, 
hermana del "Gran Conquistador de Tenerife" Don Pedro 
de Vergara. Viera refiriéndose a Don Cristóbal y a Doña 
Ana dice: "pobladores, ennoblecedores, y heredados a 
quienes debió el puerto de Garachico su antiguo lustre' 
su florido comercio, y su magnífico Convento de San 
Francisco, que fundaron en 1524" (1). "Son progenitores 
de: los marqueses de la Florida, los de Villanueva del 
Prado, los del Sauzal, los de Villafuerte, los de la Ze- 
lada, los de la Candia, y de los de Adexe, Belgida y Mon- 
dejar, grandes de España de primera clase; los condes 



(1) Pbro. José de Viera y Clavijo, Noticias <kí la Historia 
General de las Islas de Canaria, t. III, p. 49. 

283 



LOS ABUELOS DEL LIBERTADOR 



del Palmar, los de la Gomera y de Tendilla, grandes d< 
España de primera clase" (1). 

Los 190 y 191 son dos veces novenos abuelos del 
Libertador; 

PADRES DE LA 179: 

192. — Don Pedro García de Herrera, 
natural de Sevilla, casó con 
193. — Dona Maña de Montemayor Lazo de la Vega (2). 

PADRES DEL 180: 

191/..— Don Juan Bautista de Ascain, llamado Ascanio, 

vecino de La Laguna, fué alguacil mayor de Tenerife. 
Natural de Ascain, en Labort, Francia, confinante con el 
reino de Navarra, de donde pasó a Cádiz, y allí casó con 

195. — Doria Catalina de Estopmán, 

natural de Jerez de la Frontera, quien se trasladó tam 
bien de Canarias (4). 

PADRES DE LA 181: 

196. — Capitán Conquistador Don Hernando Esteban 

de la Guerra, 

"sirvió a los Reyes Católicos en la conquista de las islas 

de Gran Canaria, Palma y Tenerife a las órdenes de su 

tío Lope Hernández de la Guerra", casó en 1513 con 

197. — Doña Juana Martínez, 
natural de Vizcaya (5). 



(1) Antonio Ramos, o-B. cit., y Francisco Fernández de Be- 
thencourt, Nobleza y Blasón do Canarias. 

(2) Herrera Vegas, op. cit. 

(3) Litigio cit. 

(4) Id. y Fernández de Bethencourt, op. cit. 

284 



LOS ABUELOS DEL LIBERTADOR 



DECIMOS ABUELOS 

PADRE DE LA 189: 
198. — Capitán Conquistador Don Francisco de Arteaga. 
PADRES DEL 190: 
199. — Don Juan Esteban de Ponte, 
natural de Genova donde nació por los años de 1460. "En 
certificación dada por el Dux, y Gobernadores de Genova 
I 25 de Enero de 1593, consta: que la familia de Ponte 
está escrita en el libro de su Nobleza, y que le estaba 
concedida entre otras la administración de la República, 
ser de los que son electos Duxes, Gobernadores, y Ma- 
gistrados, que rigen y gobiernan la ciudad, Provincias, 
Islas, y Lugares del Dominio Universal de ella" (1). El 
199 es dos veces décimo abuelo del Libertador. 

PADRES DE LA 191: 

200. — Don Francisco de Ver gara, 
"Comprendidos" (Don Francisco y su hermano Don Gar- 
cía) "en la ejecutoria" (véase la 211) "con sus padres, 
abuelos y bisabuelos como nobles caballeros hijodalgo 
notorios de casa y solar conocido, convocados en tal con- 
cepto a las guerras de Portugal, sirvieron en ellas vale- 
rosamente a los monarcas de su tiempo" (2). Casó en 
Sevilla con 

201. — Doña María Hernández, 
natural de Sevilla. 



(1) Viera, op. ciU t. III, p. 49; y Ramos op. elt., p. 16.— Un 
testimonio de la certificación del Dux de Genova se protocoló en 
Garachico, en 29 de junio de 1654, en el oficio de Juan del Hoyo, 
a instancia del marqués de Adexe, Juan Bautista de Ponte. 

(2) Fernández de Bethenciort, op. cit. 

285 



LOS ABUELOS DEL LIBERTADOR 



PADRES DEL 192: 
202. — Don Diego García de Herrera, 
^Veinticuatro de Sevilla, Trece de la Orden de Santiago 
del Consejo del Rey Don Enrique IV y de los Reyes Ca- 
tólicos, que murió en Fuerteventura en 22 de Junio de 
1485 y yace en la Iglesia del Convento de San Buena- 1 
ventura de Observantes de San Francisco fundación, 
suya". Había casado con 

203. — Doña Inés Peraza, 
"Señora de las Islas de Canarias, de las que hicieron 
seción a la Corona en favor de los Reyes Católicos en 
15 de Octubre de 1477 de las de Canaria, Tenerife y La 
Palma, reservándose el Dominio y Señorío de las demás, 
que vinculó Doña Inés en Sevilla en 15 de Febrero de 

1488 cuya vinculación revocó en 1 de Febrero 

de 1503 disponiendo que las de la Gomera, y el Hierro 
recayesen en su hijo Fernán Peraza y sus sucesores" (1). 

PADRES DEL 1¿Í: 

20 %.■ — Don Martín de Agorrete de Ascain, 
natural de Ascain, Francia, casó con 

205. — Doña María de Iriberri (2). 

PADRES DE LA 195: 
206. — Don Antonio Bernalte de Est opinan, 
"el más principal caballero que en su tiempo hubo en 
Cádiz" (3). 

PADRES DEL 196: 

207. — Don Juan Guerra de la Vega, 
X Señor "de la Casa y Solar de la Guerra en las Monta- 



(1) Ramos, op. cit. 

(2) Litigio cit. 

(3) Id. 



286 



LOS ABUELOS DEL LIBERTADOR 



ñas de Burgos, fué llamado a la sucesión de su Casa en 
Tenerife por el Conquistador Lope Hernández de la 
Guerra, su primo, I Señor del Valle de la Guerra y 
forma el tronco directo de esta familia", Fué su mujer 

208. — Doña Beatriz Domínguez, 
"natural de Santander, que se estableció en la ciudad de 

La Laguna y otorgó en ella testamento, en 27 de 

fJulio de 1537" (1). 






ONCENOS ABUELOS 

209. — Don Mateo de Ponte, 
'patricio de la República de Genova, quien nació por los 
años 1400, llamado el magnífico lo mismo que su hijo Juan 
Esteban", en la certificación del Dux de Genova de enero 
de 1593 mencionada en el 199. "Su posteridad en las islas 
Canarias es la que suministra materia para la presente 
obra (op. de Ramos, cit.) ; y ahora solo añadiremos, para 
prueba de que nada ha descaecido esta Familia en aque- 
llas Islas del lustre y distinción que tuvieron en otras 
provincias, que el Maestre de Campo Don Juan Bautista 
de Ponte, del Orden de Santiago, Patrono de la Provincia 
de la Candelaria, del Orden de Predicadores fué primer 
Marqués de Adexe en 1666. Don Christoval de Ponte, del 
Orden Alcántara, Maestre de Campo del Tercio de Daute, 
y Alguacil Mayor de Tenerife, fué primer Marqués de 
la Quinta Roja en 1687. Don Pedro de Ponte, del Orden 
de Calatrava, Sargento General de Batalla, del Consejo 
Supremo de Guerra, Gobernador y Capitán General de 
Tierra Firme y de las Islas Canarias, Presidente de sus 



(1) Fernández de Bethencour, op. cit. 

287 



LOS ABUELOS DEL LIBERTADOR 



Reales Audiencias, y Regidor de Tenerife, fué primer' 
Conde del Palmar en 1686. El Maestre de Campo Don 
Juan de Ponte y Castilla, del Orden de Santiago, fué 
Gobernador de Sombrerete en Indias. Don Nicoloso Eu- 
genio de Ponte, del Orden de Calatrava, fué Goberna-, 
dor y Capitán General de la Provincia de Venezuela" 
(1699—1705) . "El Coronel Don Bartolomé de Ponte, Gen-' 
til-Hombre de Cámara del Rey, fué Gobernador y Capi- 
tán General de Guatemala, y Presidente de su Real Au- 
diencia" (1). 

El 209 es dos veces onceno abuelo del Libertador. 

PADRES DEL 200: 

210.— Don Gonzalo Díaz de Vergara, 

vecino de Sevilla. Casó en la Villa de los Santos de Mai- 
mosa con 

211. — Doña Isabel Moreno, 

"que litigio su hidalguía y la de sus hijos en la real cnan- 
cillería de Valladolid y obtuvo carta ejecutoria" (2). 

Los 210 y 211 son dobles oncenos abuelos del Li- 
bertador. 

PADRES DEL 202: 

212. — Conquistador Don Pedro García de Herrera, 

"Señor del Estado de Ampudia, Rico-hombre, y Mariscal 
de Castilla, Capitán General de la Frontera de Xeres, y 
Conquistador de Antequera". Fué su mujer 

213. — Doña María de Aifala, 

"Señora de Ayala" (3). 



(1) Ramos, op. cit. 

(2) Alonso Núñez de Castro. Memorial del Primer Marqués- 
de la Zelada, 1685, p. 42. 

(3) Ramos, op. cit. 

288 



LOS ABUELOS DEL LIBERTADOR 



PADRES DE LA 203: 

214. — Don Fernán Peraza, 

"Señor de Valdeflores, hermano de Alonso Pérez Martél, 

Veinticuatro de Sevilla, Señor de Almonastar" (l).Casó 

Don Fernán con 

215. — Doña Inés de Las Casas, 
"Señora de los Heredamientos del Lugar de Guevar, en 
el Arzobispado de Sevilla" (2). 

PADRES DEL 204: 
216. — Don Juan de Agorrete de Ascain, 
natural de Santesteban, España, se evecindó en Ascain 
donde casó con 

217. — Doña Graciana de Samper, 
natural de Ascain (3). 

PADRES DEL 207: 
218. — Don Juan Guerra de la Vega, 
"IX Señor de la casa solariega de la Vega en las Monta- 
ñas de Burgos", casado con 

219. — Doña Catalina de Salazar, 
"de la nobilísima casa de Salazar" (4). 



DOCENOS ABUELOS 

PADRE DEL 210: 
220. — Don Gonzalo Díaz de Ver gara, 



(1) Ramos, op. cit. 

(2) Id. il). 

(3) Litigio cit. 

(4) Fernández de Bethencourt, <♦,»>. cit. 

'9 289 



LOS AEUELOS DEL LIBERTADOR 



natural de Sevilla (1). Es doble doceno abuelo del Li 
bertador. 

PADRES DEL 212: 
221. — Don Fernán García de Herrera, 
"Señor de Ampudia, Rico-hombre y Mariscal de Castilla, 
y Capitán General de la Frontera de Lorca." Casó con 

222. — Doña Inés de Rojas, 
"hermana de Don Sancho, Arzobispo de Toledo" (2). 

PADRES DE LA 218: 
223. — Don Fernán Pérez de Ayala, 
"Rico-hombre, Merino Mayor de Guipúzcoa, Embaxador 
en Francia" (3), fué su esposa 

22U. — Doña María Sarmiento (4). 

PADRES DEL 2U: 
225. — Don Gonzalo Pérez Martel, 
"IV Señor de Almonastar, Vasallo del Rey, Jurado de 
Sevilla por la Collación del Salvador, y su Procurador 
en Cortes de Madrid, que testó en 18 de Enero de 1392". 
Se desposó con 

226. — Doña Leonor Ruiz Peraza (1). 

PADRES DE LA 215: 

227. — Don Juan de Las Casas, 
"Señor de los Heredamientos en el lugar de Guevar, en 
el Arzobispado de Toledo". Casó con 



(1) 


Ramos, op. clt. 


(2) 


Id. ib. 


(3) 


Id. 


(4) 


Id. 


(5) 


Id. 



290 



LOS ABUELOS DEL LIBERTADOR 



228. — Doña Inés Fernández (1). 

PADRES DEL 216: 
229. — Don Juan Martínez de Agorrete y Ascain, 
natural de la villa de Santesteban de Lerín, España. 

PADRES DEL 218: 
230. — Don Gonzalo de la Guerra, 
marido de 

230. — Doña Leonor de Ossorio (2). 



TRECENOS ABUELOS 

PADRE DEL 220: 
232. — Don Gonzalo Díaz de Vargara, 
Alguacil Mayor de Sevilla (3). Es doble treceno abuelo 
del Libertador. 

PADRES DEL 221: 
233. — Don Garci-González de Herrera, 
"Señor de Pedraza, Rico-hombre y Mariscal de Castilla." 
(4). Marido de 

23Jf. — Doña María de Guzmán. 

PADRES DE LA 222: 

235. — Don Juan Martínez de Rojas, 
"Alcalde Mayor de los Hijosdalgos, Señor de Monzón, 



(1) Ramos, op. clt. 

(2) Litigio, cit. 

(3) Alón. Núñez de Castro, Memorial cit. 

(4) Ramos, op. cit. 

291 



LOS ABUELOS DEL LIBERTADOR 



Valdespina, y Cuscurita, Varón agnado de los Señores 
Soberanos de Vizcaya", quien hizo su esposa a 
236. — Doña María Fernández (1). 

PADRES DEL 223: 
237. — Don Pedro López de Ayala, 
"Señor de Ayala, Rico-hombre, Canciller Mayor de Cas- 
tilla" (2). Casó con 

238. — Dona Leonor de Guzmcin. 

PADRES DE LA 22U: 
239. — Don Diego Gómez Sarmiento, 

"Señor de Salinas, Repostero Mayor del Rey, y Mariscal 

de Castilla". Casó con 

2U>. — Doña Leonor de Castilla (3). 

PADRES DEL 225: 
2%i. — Don Alfonso Pérez M artel, 
"V Señor de Almonastar, Vasallo del Rey, y Alcalde Ma- 
yor de Sevilla en 1355". Se desposó con 

2U2. — Doña Estefanía Mate de Luna (4). 

PADRE DE LA 226: 
2h3. — Don Bartolomé Ruiz Peraza. 

PADRES DEL 227: 

2hh. — Don Alonso de Las Casas, 
"Venticuatro y Fiel Executor de Sevilla, Alcaide de'' 
Priego, Señor de Gómez de Cárdena, a quien hizo mer~ 



(1) Ramos, o¡». cit. 

(2) Herrera Vegas, op. cit. 

(3) Ramos, op. cit. 

(4) Id. ib. 



292 



LOS ABUELOS DEL LIBERTADOR 



-ced el Rey Don Juan II, en 29 de Agosto de 1420 de las 
cuatro Islas de Canaria, Tenerife, la Palma y Gomera, 
.como consta también de su testamento otorgado en el 
Castillo de Triana de Sevilla en 16 de Noviembre de 
1421". Tomó por esposa a 

2J&.5. — Doña Leonor Fernández, 
"Señora de Cerrado" (1). 

PADRES DEL 229: 

246. — Don Martín Ochoa de Gaztelú. 

"Dueño y Señor de los palacios de Ascain y de Agorrete, 

situado éste en el Cabo de Armería en Santesteban de 

Lerin, España". Fué su esposa 

247. — Dona María García de Narbart, 
quien testó en Santesteban el 6 de junio de 1433 (2). 

PADRES DEL 230: 

2U8. — Don Juan Guerra de la Vega, 

"Vil Señor de la Casa de la Guerra de Burgos", casado 

.con 

2U9.—Domi N. Calderón (3). 



CATORCENOS ABUELOS 

PADRES DEL 233: 

250. — Don Garci-González de Herrera, 
-"Señor de la Villa y Estado de Herrera, Capitán General 



(1) Ramos, op. c¡t. 

(2) Litigio, cit. 

(3) Fernández de Bethencourt, op. cit. 

293 



LOS ABUELOS DEL LIBERTADOR 

de Palenzuela, y Arroyo del Puerco, Mariscal de Cas- 
tilla", marido de 

251. — Doña Ana Duque (1). 

PADRES DE LA 23h: 
252. — Don Pedro Suarez de Guzmán, 

"Señor de Batres, Notario Mayor de Andalucía", quien 
se desposó con 

253. — Doña Elvira de Ayala y CebaUos (2). 

PADRES DEL 237: 
25U. — Don Fernán Pérez, 

"Señor de Ayala, Rico-hombre, Adelantado Mayor de 
Murcia, Merino Mayor de Asturias". Marido de 

255.— -Doña Elvira de CebaUos (3). 

PADRES DE LA 2U0: 

256. — Don Fadrique de Castilla (4), 

nació en 1333 y era medio hermano de Don Pedro el 
Cruel y hermano entero de Henrique II el magnífico; fué 
gran maestre de la Orden de Santiago. Se rebeló contra 
el rey Don Pedro, quien lo perdonó en 1353; peleó contra 
los moros en la frontera de Murcia y murió asesinado 
en el Alcázar de Sevilla en 1361, de orden del cruel 
hermano. Enrique II, cuando era sólo Conde de Trasta- 
mara, vengó a su hermano Fadrique y a su madre Leo- 
nor de Guzmán, asesinada de orden de la reina María 
en presencia de Pedro el Cruel, matando a éste en una 






(1) 


Ramos, op. cifc. 


(2) 


Id. Ib. 


(3) 


Id. 


(4) 


Id. 



294 



LOS ABUELOS DEL LIBERTADOR 



entrevista después de la batalla de Montiel en 1369. — 
Casó Don Fadrique con 

257. — Doña Leonor de Ángulo. 

PADRES DEL 2U1: 
258. — Don Gonzalo Pérez Martel, 
"IV Señor de Almonastar, Comendador Mayor de Cas- 
tilla de la Orden de Santiago", marido de 

259. — Doña Inés de Guzmán (1). 

PADRES DE LA 2U2: 
260. — Don Juan Mate de Luna, 
"Almirante de Castilla, Camarero Mayor del Rey Don 
Sancho IV", casó con 

261.— Doña Estefanía de Ceballos (2). 

PADRES DEL 2U: 

262. — Don Guillen de Las Casas, 
"Venticuatro y Alcalde Mayor de Sevilla, Tesorero Mayor 
de Andalucía por los Reyes Don Juan I, Don Enrique III y 
Don Juan II", desposado con 

263. — Doña María Fernández de Fuentes, 
"Señora del Donadío de Gómez de Cárdena" (3). 

PADRES DEL 2U8: 

26U. — Don Gutierre de la Guerra, 
"VI Señor de la casa de la Guerra en Burgos, llamado 
gran señor, en las crónicas de su época, creado por el 
Rey Don Alfonso XI (el 272) , Caballero de la Banda el 



(1) Ritmos, op. eit. 

(2) Id. ib. 

(3) Id. 



295 



LOS ABUELOS DEL LIBERTADOR 



día de su Coronación en las Huelgas de Burgos, año de 
1332". Marido de 

265.— Doña N. Ruiz de la Vega (1). 



QUINCENOS ABUELOS 

PADRES DEL 250: 

266. — Don Juan Fernández de Herrera, 

"Señor de la Villa y Estado de Herra, Capitán General 

ele Palenzuela, que murió en 1362", marido de 

267. — Doña María Girón (2). 

PADRES DE LA 251: 
268. — Don Juan Duque, 
esposo de 

269. — Doña Juana de Molina (3). 

PADRES DEL 254; 

270. — Don Pedro López de Ayala, 
Adelantado Mayor de Murcia, casó con 

271. — Doña Sancha Barroso (4). 

PADRES DEL 256: 

272.— Don Alfonso XI, 

rey de Castilla y de León. Nació en 1310; coronado en 
1312, murió en 1350, fué su favorita desde 1330 



(1) Fernández de Bethencour, op. cit. 

(2) Ramos, op. cit. 

(3) Id. ib. 

(4) Id. 

296 



LOS ABUELOS DEL LIBERTADOR 

273. — Doña Leonor de Guzmán (1), 
viuda de don Juan de Velasco, de la casa de Sante Do- 
j mingo de Guzmán; por veinte años tuvo toda la autori- 
dad de una reina. Instituyó la Orden de la Banda. Al 
morir el rey Don Alfonso fué encarcelada por la reina 
viuda Doña María de Portugal, y a pesar de los esfuerzos 
de los hijos de aquélla, que habían tomado las armas para 
•defenderla, la digna madre de Don Pedro el Cruel presenció 
junto con éste el asesinato, que había ordenado, dé Doña 
Leonor, en 1351. El hijo sobreviviente de Doña Leonor, 
reinó bajo el título de Henrique II y es conocido por "El 
Magnífico." 

PADRE DEL 258: 
27 U. — Don Gonzalo Martel, 
"III Señor de Almonaster, XIX Gran Maestre de la Orden 
de Santiago, cuya ascendencia y posteridad se halla en 
la Genealogía de los Marteles, que escribió Don José 
Pellicer en 1649" (2). 

PADRES DEL 262: 

275. — Don Guillen de Las Casas, 

"Venticuatro de Sevilla en 1350 y 1369, Tesorero Mayor 

de Andalucía, y Vasallo de los Reyes Don Pedro y Don 

Enrique II" (Véase el 256 y la 273). Marido de 

276. — Doña Isabel Creux, 
llamada "la Belmana" (3). 

PADRES DEL 26U: 
277. — Don Gutierre Pérez de la Guerra, 
V Señor de la casa de la Guerra en Burgos, esposo de 
278. — Doña María Gómez de Velazco (4). 



(1) Ramos, op. cit. 

(2) Id. ib. 

(3) Id. 

(4) Fernández de Bethencourt, op. cit. 

297 



LOS ABUELOS DEL LIBERTADOR 



PADRE DE LA 265: 
279. — El conde Don Pedro Ruiz de la Vega (1). 



DECIMOSEXTOS ABUELOS 

i. 

PADRE DEL 266: 

280. — Don Hernán García de Herrera, 
"que con Pedro García de Herrera, su hermano, y otros 
ocho Caballeros deudos suyos fué escrito en el Libro del 
Becerro por mandado del Rey Don Alonso XI" (2). 

PADRES DEL 270: 
281. — Don Sancho Pérez de Aya! a, 
"Señor de Mena y Unza", marido de 

282.— Doña Aldonza Díaz (3). 

283. — Don Fernando IV, "El Emplazado", 

rey de Castilla y León, nació en 1285, coronado en 1295, 
murió en 1312. Tuvo contra sí a los infantes de la Cerda 
apoyados por Navarra, Francia y Vizcaya. En su reinado 
se hizo célebre Guzmán El Bueno. Abolió la orden de 
los Templarios y se "vio emplazado ante el tribunal de 
Dios por la injusticia cometida con los Carvajales; murió 
en el plazo señalado". Casó con 

28U. — Doña Constanza de Portugal, 
en 1303 (4). 



(1) Alonso Núñez de Castro, o», cit. 

(2) Ramos, op. cit. 

(3) Id. Ib. 

(4) Bouillet, Tablas Genealógicas. 

298 






LOS ABUELOS DEL LIBERTADOR 



PADRES DEL 275: 
285 — Don Guillen de Las Casas, o Casaus, 
marido de 

286. — Doña Leonor González (1). 

PADRES DEL 277: 
287. — Don Pedro Pérez de la Guerra, 
IV Señor de la Casa de la Guerra en Burgos, quien casó- 
con 

288.— Doña María Estrada (2). 



DECIMOSÉPTIMOS ABUELOS 

PADRES DEL 281: 
289. — Conquistador Don Pedro López de Ayala, 
"Rico-hombre, Conquistador de Beaza, y Sevilla". Fué su 
esposa 

290. — Doña María Sauz, 
Señora de Unza (3). 

PADRES DEL 28U: 

291.— Don Sancho IV, 

rey de Castilla y de León, nació en 1258, subió al trono* 

en 1284, murió en 1295. Se rebeló contra su padre y le 

quitó el trono. Fué su segunda esposa 

292. — Doña María de Molina, 
quien murió en 1322 (4). 



(1) Ramos, op. clt. 

(2) Fernández de Bethencourt, op. cit. 

(3) Ramos, op. clt. 

(4) Bouillet, op cit. 

299 



LOS. ABUELOS OEL LIBERTADOR 



PADRES DE LA 28h: 
29 S. — Denis, El Padre de la Patria, 
nació en 1261, rey de Portugal en 1279, murió en 1325. 
Fundó la Universidad de Coimbra en 1291. Le dio a ! 
Portugal una carta, que protegía al pueblo contra los 
señores. Casó con 

2.9.4. — Doña Isabel de Aragón (1). 
(SANTA ISABEL DE PORTUGAL) 

PADRES DEL 287: 
295. — Conde Don Pedro, llamado el de la guerra, 
"por sus valerosos hechos", marido de la 
..29-6.— Condesa Doña Sancha Fernández de Agüero (2j, 






DECIMOCTAVOS ABUELOS 

PADRES DEL 289: 
297. — Don Lope Sánchez, 
Rico-hombre, marido de 

298. — Doña Elvira Sánchez de Guevara (3). 

PADRES DEL 291: 
299. — Don Alfonso X, El Sabio o Astrónomo, 
nació en 1222, rey de Castilla y de León en 1252, rey de 
los romanos en 1257, murió en 1284. Mandó hacer las 
Tablas estronómicas que llevan su nombre. Había casado 
con 

300. — Doña Yoyanda de Aragón (4). 



(1) Bouillet, o]), cit. 

(2) Fernández de Bethencourt, op. cit. 

(3) Ramos, op. cit. 

(4) Bonillet, op cit. 

300 



LOS ABUELOS DEL LIBERTADOR 

Alfonso X, fué padre natural ele la 303. 
PADRE DE LA 292: 
301. — Don Alfonso de Molina (1). 

PADRES DEL 293: 

302.— Don Alfonso III, 

nació en 1210, conde de Boloña en 1235, regente de Por- 
tugal en 1245, rey de Portugal en 1248, murió en 1279. 
Marido de 

303. — Dona Beatriz de Guzmárt, 
hija natural de Alfonso El Sabio (el 299) (2). 

PADRES DE LA 29 U: 

api— Pon Pedro III, El Grande, 

rey de Aragón y de Valencia en 1276, de Sicilia en 1282, 
murió en 1285, se desposó con 

305. — Doña Constanza de Sicilia (3). 

PADRES DEL 296: 

306. — El Conde Don Gonzalo, 
esposo de 

307. — La Condesa Doña Rosenda, 

"fundadores de la Iglesia de San Justo de Cairedes (4). 



(1) Bouillet, op. cit. 

(2) Id. ib. 

(3) Id. 

(4) Fernández de Bethencourt, op. cit. 

301 



LOS ABUELOS DEL LIBERTADOR 



DECIMONONOS ABUELOS 

PADRE DEL 297: 

308. — Don Sancho López, 
Ricohombre (1). 

PADRES DEL 299: 

309. — San Fernando, 

nació en 1200, rey de Castilla en 1217, de León en 1230, 

nació en 1208, rey de Aragón y conde de Barcelona en 

310.— Beatriz de Suabia (2). 

PADRES DE LA 300 Y DEL 29!>: 

311. — Don Jaime, El Conquistador, 

nació en 1208, rey de Aragón y conde de Barcelona en 

1213, de Valencia en 1238, murió en 1276. Casó en 1235 

con 

312. — Yolanda de Hungría (3). 
Los 311 y 312 son dobles decimononos abuelos del 
Libertador. 

PADRES DEL 302: 
313.— Don Alfonso II, El Gordo, 
nació en 1185, rey de Portugal en 1211, murió en 1223, 
había casado en 1208 con 

31U. — Doña Urraca de Castilla (4), 
hermana de la 321, del 332 y de la 358 y medio hermana 
de la 338. 



(1) Ramos, op. clt. 

(2) Bouillet, «p. clt. 

(3) Ramos, op. clt. 

(4) Bouillet, op Clt. 



302 



LOS ABUELOS DEL LIBERTADOR 



PADRE DEL 305: 

315. — Manfredo, 
rey de Sicilia (1). 

PADRES DEL 306: 

316. — Don Gonzalo, 
''Alférez Mayor del Rey", marido 

317. — Doña Emilia. 
"Son el tronco firmísimo de la ilustre familia Guerra 
4e la Vega" (2). 



VIGÉSIMOS ABUELOS 

PADRES DEL 308: 

318. — El Conde Don Lope Díaz, 
IX Señor de Vizcaya, marido de 

319.— Doña Aldonza de Castro (3). 

PADRES DEL 309: 
3 20. —Don Alfonso IX, 

nació en 1166, rey de León en 1187, murió en 1230, casó 
«n segundas nupcias, en 1119, con 

321. — Doña Berenguela de Castilla (4), 

hermana de la 314, de la 358, del 332 y medio hermana 
de la 338. 



(1) Bouillet, op. cit. 

(2) Fernández de Bethencourt, op. cít. 

(3) Ramos, op. eit. 

(4) Bouillet, op cit. 

303 



LOS ABUELOS DEL LIBERTADOR 



PADRES DE LA 310: 

322. — Felipe de Suabia, 

nació en 1178, marqués de Toscana en 1195, duque de 

Alsacia en 1196, de Suabia en 1197; emperador de Ale 

inania en 1198, murió en 1208; había casado en 1196 con 

323. — Irene L'Ange (1). 

PADRES DEL 311: 

32U.— Don Pedro II, 
nació en 1176, rey de Aragón y conde de Barcelona en 
1196, murió en 1213; casó en 1204 con 

325. — Doña María de Montpellier, 
muerta en 1214 (2). 

PADRES DE LA 312: 
326. — Andrés II, El Jerosolemitano, 
competidor de su hermano Emeric en el trono de Hun- 
gría en 1196, duque de Dalmacia y de Croacia en 1200 
rey de Hungría en 1204, cruzado en 1217, murió en 1235, 
había casado en 1215 con 

327. — Yolanda de Courtenay (3). 

PADRES DEL 313: 

328.— Don Sancho I, 
nació en 1154, rey de Portugal en 1185, de los Algarves 
en 1197, murió en 1211; hermano de la 333, había casado» 
en 1175 con 

329. — Dulce de Aragón (4). 
hermana del 337. 

(1) Bouillet, op. eit. 

(2) Id. il». 

(3) Id. 

(4) Id. 

304 



LOS ABUELOS DEL LIBERTADOR 



VIGESIMOPRIMEROS ABUELOS 

PADRES DEL 318: 
S30. — Don Diego López, 
VIII Señor de Vizcaya, marido de 

331. — Doña María Ordoñez (1). 

PADRES DEL 320: 

332. — Don Fernando II, 

rey de León en 1157, murió en 1188; hermano de las. 
321, 314, y déla 358 y medio hermano de la 338; había 
casado en 1164 con 

333. — Doña Urraca de Portugal (2), 

hermana del 328. 

PADRES DEL 322: 
331*. — Federico I, Barba Roja, 

nació en 1121, duque de Suabia y de Alsacia en 1147, 
emperador de Alemania en 1147; rey de Italia en 1155, 
cruzado en 1188, murió en Palestina en 1188; había ca- 
sado, en 1156, con 

335.— Beatriz de Borgoña (3). 

PADRES DE LA 328: 
336. — Isaac L'Ange, 
emperador de Constantinopla (4). 



(1) 


Ramos, op. cit. 


(2) 


Bouillet, ep. cit. 


(3) 


Id. ib. 


(4) 


Id. 



2o 305 



LOS ABUELOS DEL LIBERTADOR 



PADRES DEL 32U: 

337.— Don Alfonso II, El Casto, 

nació en 1152, conde de Barcelona y rey de Aragón en 

1162, conde de Provenza en 1167, de Rosellón en 1172, 

murió en 1196; hermano de la 329. Casó en 1174 con 

338. — Doña Sancha de Castilla (1), 
medio hermana del 332, de la 321, de la 314 y de la 358. 

PADRES DE LA 325: 
339. — Guillermo, Conde de MontpeUier (2). 

PADRES DEL 326: 
3U0.—Bela III, 
rey de Hungría en 1174, murió en 1196; casó, en 1185, 
con 

3UI. — Margarita de Francia (3). 

PADRES DE LA 327: 
3U2. — Pedro de Courtenay, 
emperador de Constantinopla (4). 

PADRES DEL 328 Y DE LA 333: 

3U3. — Don Alfonso I, Henriquez, 
nació en 1095, primer rey de Portugal en 1139, murió en 
1185. Casó en 1146 con 

3UU. — Matilde de Saboya (5). 
Los 343 y 344 son vigésimoprimeros y vigésimos 
abuelos del Libertador. 



(1) 


Bouillet, op. cit. 


(2) 


Id. ib. 


(3) 


Id. 


(4) 


Id. 


<5) 


Id. 



306 



LOS ABUELOS DEL LIBERTADOR 



VIGESIMOSEGUNDOS ABUELOS 

PADRES DEL 330: 
3J>5. — Don Lope Iñiguez, 
VII Señor de Vizcaya, quien fué marido de 
3A6.—Doña Tido o Tiello (1). 

PADRES DEL 332 Y DE LAS 321, 3U Y 358: 
3Jk7.—Don Alfonso VIII, 
nació en 1106, conde de Galicia en 1112, rey de Castilla 
y de León en 1126, emperador de España en 1135, murió 
en 1135. Casó en segundas nupcias con Riquilda, hija 
de Ladislao II, duque de Polonia y de esa unión nació 
Doña Sancha de Castilla (la 338). Había casado en pri- 
meras nupcias Don Alfonso, en 1128, con 

3J+8.-r-Doña Berenguela de Barcelona (2), 

Los 347 y 348 son vigésimos y vigésimoprimeros y vigé- 
simos terceros abuelos del Libertador; además, el 348 
.es dos veces vigésimosegundo abuelo y la 349 una vez. 

PADRES DE LA 33U: 
3^9. — Federico, el Bizco y el Tuerto, 
nació en 1121, duque de Suabia y de Alsacia en 1150, 
murió en 1147; casó con 

350. — Jadit de Baviera (3). 

PADRES DE LA 335: 
351.—Rinaldo III, 
conde de Borgoña (4). 



(1) Ramos, op. cit. 

(2) Bouillet, op. cit. 

(3) Id. Ib. 

(4) Id. 



307 



LOS ABUELOS DEL LIBERTADOR 



PADRES DEL 337 Y DE LA 329: 
352. — Doña Petronila, 
nació en 1151, reina de Aragón en 1137, abdicó en favor 
de su hijo Alfonso (el 337) en 1162; casó, en 1151, con 

353. — Raimundo Berenguer IV (1), 
conde de Barcelona, regente del reino de Aragón, bajo 
el título de Príncipe de Aragón en 1137. 

Los 353 y 354 son vigésimoprimeros y vigésimose- 
gundos abuelos del Libertador. 

PADRES DEL 3h0: 
35 U. — Geysa II, 
nació en 1146, rey de Hungría en 1141, murió en 1161,' 
casó en 1146 con 

355. — Eufrosina de Kiova (2). 

PADRES DE LA Sil: 
356.— Luis VII, El Joven, 
nació en 1120, rei de Francia en 1137, cruzado en 1147 r 
murió en 1180; casó con 

357. — Doña Constanza de Castilla (3), 
hermana de los 332, 321, 314 y 338. 



VIGESIMOTERCEROS ABUELOS 

PADRES DE 3U5: 
358. — Don Iñigo López, 
VI Señor de Vizcaya, esposo de 

359.— Doña Toda Ortiz (4). 



308 



(1) 


Bouillet, op. ci 


(2) 


Id. il>. 


(3) 


1(1. 


í^) 


Ramos, op. cit. 



LOS ABUELOS DEL LIBERTADOR 



PADRES DEL 347: 
360. — Doña Urraca, 
reina de Castilla y de León en 1199; casó en 1090 con 

361. — Raimundo de Borgoña, 
conde de Galicia, quien murió en 1108 (1). 

Los 306 y 361 son vigésimos, vigésimos primeros, do- 
bles vigésimosegundos y vigésimos terceros abuelos del 
Libertador. 

PADRES DE LA 3¿8: 
362. — Raimundo Berenguer III, 
conde de Barcelona (2). 

El 362 es vigésimoprimero, vigésimosegundo, vigési- 
motercero y vigésimo cuarto abuelo del Libertador. 

PADRE DE LA 350: 
367. — Enrique, El Negro, 
duque de Baviera (3). 

PADRES DE LA 352: 
368. — Don Ramiro II, El Monje, 
monje del monasterio de Saint-Pons de Tomiéres, de la 
diócesis de Narbona; rey de Aragón desde 1134, abdicó 
a favor de su hija Petronila (la 352) y regresó a su mo- 
nasterio en 1137; murió en 1147; había casado con 

369.— Inés (4), 
hija de Guillermo El Viejo, duque de Aquitania. 

PADRES DEL 35%: 
370,—Bela II, El Ciego, 



(1) Bouillet, oi>. cit. 

(2) Id. il). 

(3) Id. 

(4) Id. 



309 



LOS ABUELOS DEL LIBERTADOR 



rey de Hungría desde 1131, murió en 1141; casó en 112ÍT 
con 

371.— Elena (1), 
hija de Uros, conde de Servia. 

PADRE DE LA 355: 
372. — Isiaslas, 
gran duque de Kiovia (2). 

PADRES DEL 356: 

373.— Luis VI, El Gordo, 

nació en 1078, conde de Vexin en 1092, asociado al trono 

en 1099, rey de Francia en 1108, murió en 1137; casó en 

1115 con 

37 h. — Alicia de Saboya, 
hija de Humberto II, conde de Saboya. 



VIGESIMOCUARTOS ABUELOS 

PADRES DEL 358: 

375. — Doña Usenda de León, 
esposa de 

376.— Don Lope Núñez, 

V Señor de Vizcaya (3). 

PADRES DE LA 360: 

S77.—Don Alfonso VI, 

rey de León en 1065, destronado por su hermano Sanche? 

(1) Bouillot. op. eit. 

(2) Id. ib. 

(3) Ramos, op. clt. 

310 



LOS ABUELOS DEL LIBERTADOR 



en 1070, restablecido y proclamado rey de Castilla y de 
León en 1072. Murió en 1109; había casado, en 1081, con 

378. — Constanza de Borgoña. 

Los 377 y 378 son vigósimoprimeros, vigésimosegun- 
dos, vigésimos terceros y dobles vigésimos cuartos abue- 
los del Libertador. 

PADRES DEL 368: 

379. — Don Sancho I, Ramírez, 

rey de Aragón en 1063, de Navarra en 1076, murió en 
1094; había casado en 1063 con 

380. — Doña Felicia, 

hija de Hilduino, conde de Roiwi (1). 

PADRES DEL 370: 

381. — Almus, 

duque de Croacia y de Esclavonia, vivía en 1113, murió 
hacia 1127; hizo su esposa a 

382. — Ingeburga, 

hija de Iaroslaf, príncipe de Vladimir (2). 

PADRES DEL 373: 

383.— Felipe I, 

nació en 1053, rey de Francia en 1060, murió en 1108; 
casó, en 1072, con 

38U.— Berta, 

hija de Florencio I, conde de Holanda 



(i) Bouiíiet, op. eit. 
(2) Id. ib. 



311 



LOS ABUELOS DEL LIBERTADOR 



VIGESIMOQUINTOS ABUELOS 

PADRES DEL 375: 

355. — Infante Don Audonio de León, 
hermano del 422, casó con 

386. — Doña Elena Godinez (1). 

PADRES DEL 377: 
387. — Don Fernando I, El Grande, 
rey de Castilla en 1033, de León en 1Q37, murió en 1065, 
hermano del 389; había casado, en 1033 con 

388. — Doña Sancha, 
heredera del reino de León (2). 

Los 387 y 388 son vigésimosegundos, vigésimoterce- 
ros, vigésimos cuartos y dobles vigésimos quintos abuelos 
del Libertador. 

PADRES DE LA 378: 
389. — Roberto I, El Viejo, 
duque de Borgoña en 1032, murió en 1075, hermano del 
394; casó con 

390. — Helie de Semur, 
hija de Dalmacio I, Señor de Semur y de Auxois. 

PADRES DEL 379: 

391. — Don Ramiro 1, 
primer rey de Aragón en 1035, de Sobrarve y de Riba- 
gorce en 1038, hermano del 387, murió en 1063; casó, en 
1036, con 



(1) Ramos, op. cit. 

(2) Bouillet, op. cit. 



312 



LOS ABUELOS DEL LIBERTADOR 



392. — Doña Gerberga, 

hija de Bernardo Rogerio, conde de Carcasona y de 
Foix (1). 

PADRES DEL 370: 

393. — El Duque Lambert, 

de Hungría, murió después de 1091 (2). 

PADRES DEL 383: 

394. — Enrique I, 

nació en 1005, duque de Borgoña en 1016, rey de Francia 
en 1031, murió en 1061; hermano del 389; casó en 1051 
con 

395. — Ana de Rusia. 



VIGESIMOSEXTOS ABUELOS 
PADRES DEL 385 Y DEL 422: 

396,—Don Ramiro II, 
rey de León en 927, murió en 950 (3). 

El 394 es vigésimo sexto y vigésimo nono abuelo del 
Libertador. 

PADRES DEL 387 Y DEL 391: 

397. — Don Sancho III, El Grande, 

rey de Navarra en 1000, rey de Castilla en 1028, murió 
en 1035; casó, en 1001, con 



(1) Bouillet, op. cit. 

(2) Id. ib. 

(3) Ramos, op. cit,, y Bouillet, op. cit. 

313 



LOS ABUELOS DEL LIBERTADOR 



398. — Muñía Elvira, 
reina de Castilla en 1028 (1). 

Los 397 y 398 son dobles vigésimoterceros, dobles vigé- 
simocuartos, dobles vigésimoquintos y cuadruplos vigési- 
mosextos abuelos del Libertador. 



i 



PADRES DE LA 388: 

399.— Don Alfonso V, 
nació en 995, rey de León en 999, murió en 1027; había 
casado en 1014 con 

U00. — Doña Elvira, 
hija del conde Melenda (2). 

PADRES DEL 393: 

U01. — Bela I, El Luchador, 

duque de Hungría en 1047, co-regente de su hermano 

Andrés en 1048, rey de Hungría en 1061, murió en 1064; 

había casado con 

U02. — Richisa, 

hija de Mieczislas II, duque de Polonia (3). 

PADRES DEL 39U Y DEL 389: 
U03.— Roberto II, El Piadoso, 
nació en 970, rey de Francia en 988, murió en 1031; casó 
en 998 con 

U0h. — Constanza, 
hija de Guillermo Taillefer, conde de Arles y de Tolosa 
(4). 



(1) Bouillet, op. cit. 

(2) Id. ib. 

(3) Id. 

(4) Todos los datos genealógicos siguientes son tomados de 
las Tablas de Bouillet. 

314 



LOS ABUELOS DEL LIBERTADOR 



Los 403 y 404 son dobles vigésimosestos abuelos del Li- 
bertador. 

PADRES DE LA 395: 
U05. — Jaroslav I, 
gran duque de Rusia en 1019, murió en 1019; casó con 
U06. — Ingegred de Suecia. 



VIGESIMOSEPTIMOS ABUELOS 

PADRES DEL 396: 
U07. — Don Ordoño II, 
rey de Galicia y parte de la Lucitania en 910, estable- 
cióse en León y tomó el título de rey de León en 914, 
murió en 923; casó con 

U08. — Murcia Elvira. 
Los 405 y 406 son vigésimoséptimos y trigésimos abue- 
los del Libertador. 

PADRES DEL 397: 
U09. — Don García II, El Temblón, 
rey de Navarra en 994, murió en 1000. Es doble vigésimo- 
cuarto, doble vigésimoquinto, doble vigésimosexto y cua- 
druplo vigésimoséptimo abuelo del Libertador. 

PADRES DE LA 398: 
U10. — Don Sancho García de Castilla, 
hijo de Garci-Sánchez, conde de Castilla. 

PADRES DEL 399: 
Ull. — -Don Bernardo II, El Gotoso, 

315 



LOS ABUELOS DEL LIBERTADOR 



concurrente de Ramiro III, al trono en 967, rey de León 
en 982, murió en 999; casó con 

U12. — Doña Valasquita. 

PADRES DEL MI: 
U13. — Don Ladislao, El Calvo, 
príncipe de Hungría, casó con 

U1U. — Premislawa de Rusia, 
hermana del 405. 

PADRES DEL U03: 

U15. — Hugo Capeto, 

nació hacia 941, duque de Francia, conde de París y de 

Orleans en 960, rey de Francia en 987, murió en 996; 

casó hacia 970 con 

U16. — Adelaida, 
italiana que murió hacia 1004. 

Los 415 y 416 son dobles vigésimoseéptimos abuelos 
4el Libertador. 

PADRES DEL hOÓ Y LA ¿13: 
U17 .—Vladimir I, El Grande y El Santo, 
príncipe de Novgorod en 973, gran duque en 980, se bau 
tizó en 988, murió en 1015; casó con 

If.18. — Roneda, 
hija de Rogovold, príncipe de Polosk. 

Los 414 y 415 son vigésimoséptimos y vigésimocta 
vos abuelos del Libertador. 

PADRES DE LA 406: 
Jt.19. — Olaus III, El Rey con Regazo, 
nació en 984, rey de Upsal en 994, primer rey de Suecia 
en 1001, murió en 1026; casó con 

Jk20. — Edla de Mecklenburgo. 



316 



LOS ABUELOS DEL LIBERTADOR 



VIGESIMOCTAVOS ABUELOS 

PADRES DEL U07: 

U21.—Don Alfonso III, El Grande, 

nació en 848, rey de Oviedo en 866, abdicó a favor de sus 
dos hijos mayores en 910, murió en 912. Es vigésimoctavo 
y trigésimoprimero abuelo del Libertador. 

PADRES DEL h09: 

U22.—Don Sancho II, 

rey de Navarra en 970, murió en 994; casó con 

A23. — Doña Urraca de Castilla, 

hija de Sancho-González, conde de Castilla. 

Los 422 y 423 son dobles vigésimoquintos, dobles vigé- 
simosextos, dobles vigésimoséptimos y dobles vigésimoc- 
tavos abuelos del Libertador. 

PADRES DEL kll: 

U2U. — Don O r dono III, 

rey de León en 950, murió en 955, hermano del 385, casó 

con 

125. — Doña Elvira. 

El padre del 424 es el 396. 

PADRES DEL hlB: 
U26. — Miguel, 
príncipe de Hungría. 

PADRES DEL 1*15: 

U27. — Hugo El Grande, El Abad, 

conde de París y de Orleans, duque de Neustria, de Bor- 

317 



LOS ABUELOS DEL LIBERTADOR 



goña y de Aquitania y de Francia, murió en 956; casó 
hacia 938 con 

Jf.28. — Eduvigis, 
hija de Enrique El Pajarero, rey de Germania. 

El 427 y 428 son dobles vigésimoctavos abuelos del 

Libertador. 

■ 

PADRES DEL U17: 

U29. — Sviatoslav I, 
gran duque de Novgorod en 964, murió en 973. Es vigé- 
simoctavo y vigésimonono abuelo del Libertador. 

PADRES DEL U19: 
1*30.— Eric VI, El Victorioso, 
rey de Upsal en 964, murió en 994; casó con 
Jt.31. — Ingeburga, de Noruega. 



VIGESIMONONOS ABUELOS 

PADRES DEL U21: 

U32. — Ordoño I, 

proclamado rey y asociado al poder en 847, rey de Oviedo 

•en 850, murió en 866. Es vigésimonono y trigésimose- 

gundo abuelo del Libertador. 

PADRES DEL A22: 

U33. — García I, 

rey de Navarra en 926, murió en 970. Es doble vigésimo- 
sexto, doble vigésimoséptimo, doble vigésimoctavo y cua- 
druplo vigésimonono abuelo del Libertador. 

318 



LOS ABUELOS DEL LIBERTADOR 



PADRES DEL U26: 

U3U- — Toxus, 

nació en 958, duque o príncipe de los Húgaros en 907, 
murió en 958; casó con 

U35.—N., 
de la nación de los húngaros cumanos. 

PADRES DEL U27: 

A36. — Roberto I, 
duque de Francia en 922, murió en 923, casó con 

U37. — Beatriz, 
hija de Heriberto, conde de Vermandois. 

Los 436 y 437 son dobles vigésimononos abuelos del 
Libertador. 

PADRES DEL U29: 

U38. — Igor I, 
gran duque de Novgorod en 913, casó con 

139.— Olga, 
gran duquesa o regente en 943 hasta 964. 

Los 438 y 439 son vigésimononos y trigésimos abue- 
los del Libertador. 

PADRE DEL U30: 

kW, — Edmundo El Malo, 
rey de Upsala en 937, murió en 957. 

PADRE DE LA US1: 

UU1. — Haroldo I, El de los Hermosos Cabellos, 
rey de Uplanda (Noruega) en 863, abdicó en 930, murió 
en 933. 

319 



LOS ABUELOS DEL LIBERTADOR 

TRIGÉSIMOS ABUELOS 

PADRES DEL U32: 

442.— Ramiro I, 






rey de Oviedo en 842, había sido designado sucesor del 
trono en 835, murió en 850; casó con 
UU3. — Paterna. 

Los 442 y 443 son trigésimos y trigésimoprimeros 
abuelos del Libertador. 

PADRE DEL ¿33: 

UUU. — Sancho García I, 
rey de Navarra en 905, se retiró al monasterio de Leira- 
en 919, murió en 926. Es doble vigésimoséptimo, doble 
vigésimoctavo, doble vigésimonono y cuadruplo trigésimo 
abuelo del Libertador. 

PADRE DEL ¿36: 
¿¿5. — Roberto El Fuerte, 
de origen sajón, es el tronco de los Capetos; unos lo hacen 
descender del sajón Witikin, otros de Childebrando, her- 
mano de Carlos-Martel y algunos de un simple carnicero. 
Conde de París en 861, conde de Anjou en 864, duque de 
Francia en 866, combatió a los normandos con heroísmo 
que le valió el sobrenombre, pero finalmente vencido por 
el número, murió, combatiendo en Brissarthe (Anjou), 
en 866. Es doble trigésimo abuelo del Libertador. 

PADRE DEL ¿38: 

U6.—Oleg, 

pariente próximo de Rurik, el jefe de piratas de las 

costas del Báltico que llegó a ser primer gran duque de- 

320 



LOS ABUELOS DEL LIBERTADOR 



Novgorod y jefe de esta dinastía. Oleg fué regente en 
879; el segundo gran duque de Novgorod en 850, murió 
en 913. El 446 es trigésimo y trigésimoprimero abuelo 
del Libertador. 

PADRES DEL UO: 
U¥?- — Ring, 
rey de Upsala en 879, murió en 937; casó con 
H8. — La viuda de Bior IV, El Viejo, 
rey de Upsala. 

PADRES DEL Ul: 
H9. — Halfsdan, El Negro, 
rey de Uplanda (Noruega), primer rey de Noruega en 
824, murió hacia 863; había casado con 

A50. — Ragnhilda de Ringerige. 



TRIGESIMOPRIMEROS ABUELOS 

PADRES DEL U2: 
£51. — Bermudo I, El Diácono, 
rey de Oviedo en 788, abdicó en 791, murió en 797; casó 
con 

U52. — Usinda. 
Los 451 y 452 son trigésimoprimeros y trigésimose- 
gundos abuelos del Libertador. 

PADRE DEL UV: 
453. — García Jiménez, 
conde de Navarra en 857, primer rey de Navarra en 860 r 
murió en 880. Es doble vigésimoctavo, doble vigésimo- 
nono, doble trigésimo y doble trigésimoprimero abuelo 
del Libertador. 

21 321 



LOS ABUELOS DEL LIBERTADOR 



PADRES DEL U7: 
J*5U.—Olaf, 
rey de Upsala en 879. 

PADRES DEL U9: 
U55. — Gudrod El Generoso, 
rey de Romerick, hacia 800. 

PADRE DE LA U50: 

U56. — Sigurd Hiort, 
rey de Rigeriga, hacia 800. 



TRIGESIMOSEGUNDOS ABUELOS 
PADRE DEL U51: 

U57. — Frítela, 
hermano de Alfonso I, El Católico; éste fué rey de As- 
turias en 739 y se apoderó de León en 744. El 457 es 
trigésimosegundo y trigésimotercero abuelo del Liber- 
tador. 

PADRE DEL U53: 

4.58. — Sancho Sanción, 
conde de la Gascuña citerior en 836, conde de Navarra. 
Es doble vigésimonono, doble trigésimo, doble trigésimo- 
primero, y doble, trigésimosegundo abuelo del Libertador. 

PADRE DEL h5h: 
li-59. — Biorn III, 
rey de Upsala (Suecia) hacia 840. 

322 



LOS ABUELOS DEL LIBERTADOR 



TRIGESIMOTERCEROS ABUELOS 

PADRES DEL U57: 
U60.— Pedro, 

nació hacia 700, duque de Cantabria, de la familia real 
áe los reyes godos Leuvigildo y Recaredo, casó con 

1*61. — Ermesinda (1), 

hija de Pelayo. 

Los 460 y 461 son trigésimoterceros y trigésimo- 
cuartos abuelos del Libertador. 

PADRES DEL U59: 
U62.—Eric III, 
rey de Upsala en 814, murió en 823. 



TRIGESIMOCUARTOS ABUELOS 

PADRES DE LA U61: 

J+63. — Pelayo, el restaurador de la monarquía española, 
jiijo de Favila, antiguo duque de Cantabria y de la sangre 
real de Rodrigo, el último rey godo. Pelayo había sido 
conde de los espatarios o sea jefe de la guardia de Ro- 
drigo. Fué Pelayo el primer rey de Asturias, entró a 
reinar en 714. Se hizo fuerte en la cueva de Covadonga, 
y con la ayuda de Oppas, su general y obispo, destruyó 
a la cabeza de su ejército 120,000 moros. Murió Pelayo 



(1) Juan Val era, Hist. Gen. de España, t. I. 

323 



LOS ABUELOS DEL LIBERTADOR 



en 737, y lo enterraron en la iglesia de Santa Olalla, que 
él había fundado junto con su mujer 

U6U. — Gandiosa (1). 

Pelayo y Gaudiosa son trigésimocuartos y trigésimo* 
quintos abuelos del Libertador. 

PADRES DEL U62: 

j,65.—Refil, 

rey de Upsala en 802; hijo de Bior I, Costilla de Hierro, 
bajo cuyo reinado empezó a cristianizarse Suecia en 860; 
nieto de Lanar Lodbrok, rey de Upsala en 779; biznieto 
de Sigur Ring, rey de Upsala en 754; tataranieto de 
Randver, rey de Upsala en 670, hijo éste de Anda La 
Rica, fundadora de la dinastía de los Logbrog-Sigurdson 
de Suecia. 



(1) Juan Valera, Hist. cit., t. I, p. 158. 

324 



PRIMER CONVENIO PUBLICO 
DE VENEZUELA 



Primeros datos para 
la Historia Diplomá- 
tica de Venezuela 



PRIMER CONVENIO PUBLICO 
DE VENEZUELA 



El documento, casi desconocido, cuya 
reproducción hacemos al final, lo consi- 
deramos de sumo interés por ser el 
primer convenio celebrado por la nación 
venezolana con una potencia extran- 
jera. 

El 4 de mayo de 1810 la Suprema Junta de Caracas 
le escribió al gobernador inglés de Curazao, brigadier 
general J. J. Layard, participándole la nueva política 
de Venezuela. Esta nota la llevó don Juan Eduardo y 
la entregó el 13; en ella se decía que cualesquiera que 
fuesen los destinos de España, la América española debía 
ser y siempre sería la íntima amiga y la aliada de la 
Gran Bretaña, y el gobierno de Venezuela se uniría con 
los más estrechos vínculos al de S. M. B., y accedería a 
la más benéfica comunicación comercial con los subditos 
ingleses, luego que las circunstancias permitieran a la 
Suprema Junta pensar y deliberar maduramente sobre 
tan importante negocio. Le comunicaba, también, la 
resolución tomada por la Junta de aprobar la rebaja 
de derechos y modificaciones de los aforos que le fueron 
concedidas a sir James Cockburn, predecesor de Layard, 

327 



PRIMER CONVENIO PUBLICO DE VENEZUELA 

el 7 de octubre de 1808, y, por último, le pedía al gober- 
nador fusiles y demás efectos de guerra. 

Con fecha 14 de mayo contestó el gobernador inglés 
a la Suprema Junta manifestándole su satisfacción pori 
"haberse conferido la suprema autoridad a unos indivi- 
duos que expresan tan enérgicamente sus deseos de au- 
mentar más y más cada día las relaciones de amistad 
y confianza entre los subditos de S. M. C. y los de 
S. M. B. para el mutuo beneficio de las dos naciones"; 
y, que respecto a la "beneficiosa comunicación comercial 
con los subditos ingleses a que se refiere la Junta él 
cooperará cordialmente". Que la medida para rebajar 
los derechos y modificar los aforos es un "visible con- 
traste entre la conducta del último Gobierno y el de S. A., 
y es un pronóstico el más seguro de que cuando S. A. 
pueda consagrar su atención a nuevos e interesantes 
* objetos las medidas consiguientes que adoptare la Su- 
prema Junta en su paternal beneficencia producirán las 
más grandes ventajas al país, que tan felizmente go- 
bierna; y cuando llegue este período tendrá la mayor 
satisfacción en despachar como comisionado cerca de 
S. A. a mi secretario y ayudante general el teniente 
coronel Juan Robertson (1), con el objeto de felicitar a 
la Suprema Junta y de promover la cordial amistad y 
confianza, que son los presentes lazos de unión, y de que 
dio tantas pruebas con sus operaciones durante su resi- 
dencia anterior en esa benévola ciudad. Por los senti- 
mientos que dejo expresados fácilmente concebirá S. A. 
y se convencerá de la cordial satisfacción con que he 
visto todos los pasos que hasta ahora se han dado, y 
que bien lejos de oponerme al comercio y comunicación 



(1) El teniente coronel Juan Robertson había estado en 
VenezAiela en 1808, y era hermano de Jorge, quien estuvo em- 
pleado después en lá marina venezolana en tiempos de Miranda. 

328 



PRIMER CONVENIO PUBLICO DE VENEZUELA 

de los habitantes de Venezuela, es tanto mi deber como 
mi resolución protegerla para estrechar más y más las 
relaciones que nos unen. Por medio de cualquier buque 
que S. A. se sirva dirigir y acreditar al intento para esta 
isla, tendré el mayor gusto en otorgar los fusiles, y 
demás efectos de guerra, que puedan dispensarse sin 
riesgo de los almacenes de S. M.; y solicito se sirva S. A. 
especificar la cantidad y calidad de cada artículo que se 
necesite, para poder cumplir con sus encargos con toda 
la extensión que me sea posible: y en lo que respecta al 
pagamento de artículos que puedan enviarse de aquí, 
no se exigirá ninguno por ser esto contrario a las reglas 
establecidas para el servicio; pero me veo precisado a 
participar las circunstancias del caso al Gobierno de 
S. M. y debo aguardar su decisión, que se comunicará 
debidamente a S. A. A cualquier agente nombrado por 
S. A. se le permitirá la exportación de los efectos de 
guerra que puedan procurarse en este paraje, bajo los 
términos mencionados, creo que entre los comerciantes 
no habrá más que espadas." 

Desde 1797 Inglaterra le venía haciendo ofreci- 
mientos a los revolucionarios para incitarlos a la inde- 
pendencia, con objeto de arrebatarle su comercio a Es- 
paña y mantener al País del Orinoco en un estado de 
anarquía conveniente a su política de expansión colonial 
y económica (1). 

El almirante de Barbadas, sir Alejandro Cochrane, 
con fecha 17 de mayo de 1810, envió sus felicitaciones 
a la Suprema Junta y le ofreció un buque para el caso 
de que quisiera enviar una misión diplomática a Londres. 

Los Proceres de la Revolución de Caracas se apre- 
suraron a estrechar la amistad con Inglaterra por juz- 



(1) Véase: Pérdida de la Isla de Trinidad. 

329 



PRIMER CONVENIO PUBLICO DE VENEZUELA 

garla necesaria a la seguridad de la existencia política 
de Venezuela. Sus poderosas razones están 'admirable- 
mente expresadas en el documento, casi ignorado, a que 
nos referimos: "La agricultura y el comercio son los 
dos polos de nuestra prosperidad; pero el sistema político 
del otro hemisferio, en donde deben consumirse nuestras 
producciones, ha dado a la Gran Bretaña sobre las rela- 
ciones mercantiles una influencia tan poderosa en gene- 
ral, como lo son en particular los deberes que nos impone 
para con ella nuestra gratitud, nuestra posición geográ- 
fica, nuestra adolescencia política y nuestra industria 

desalentada por la opresión que hemos sacudido 

En vano abriríamos nuestros puertos a las demás nacio- 
nes cuando una sola es la que posee el Tridente de Nep- 
tuno: en vano cultivaríamos el rico territorio que po- 
seemos; cuando una sola puede conducir o dejar llegar 
a los mercados de Europa nuestros frutos: en vano arma- 
ríamos, en fin, nuestros brazos para defender nuestros 
hogares de la voracidad francesa; quando una sola puede 
poner a cubierto la inmensidad de nuestras costas." 

La Suprema Junta envió en junio, a Mariano Mon- 
tilla y Vicente Salías, a Jamaica y Curazao para que- 
se procurasen los efectos de guerra que indicaba Layard; 
y el mismo mes salieron para Londres, en el buque (1) 
inglés ofrecido por Cochrane, los agentes diplomáticos 
Simón Bolívar y Luis López Méndez, quienes llevaron 
de "auxiliar" a Andrés Bello. 

El brigadier Layard al recibir, con fecha 29 de 
junio de 1810, las instrucciones que había pedido a Lon- 
dres, envió a Caracas a su secretario el coronel Robert- 
son, como había ofrecido, suficientemente autorizado 



(1) El "General Wellington," que llegó a La Guaira el lo. de 
junio de 1810, 

330 



PRIMER CONVENIO PUBLICO DE VENEZUELA 

para hacer un convenio de acuerdo con lo expuesto por 
la Suprema Junta en su nota de 4 de mayo. 

Por el documento que terminó, el 3 de septiembre, 
las negociaciones entre el gobierno revolucionario y el 
secretario de Layard, se conviene: 

Por parte de Venezuela y a favor de la Gran Bre- 
taña: "la rebaxa de una quarta parte de los derechos 
que actualmente se cobran a los extrangeros en sus ex- 
portaciones e importaciones por nuesstras aduanas" — 
las venezolanas — "segura de que en las respetables cali- 
dades que adornan la persona del señor Robertson, (1) 
y en sus benéficos y decididos sentimientos a favor de 
nuestra estabilidad, tiene Venezuela un garante más de 
lo que le aseguran el alto y respetable origen de su 
misión." 

Por parte de la Gran Bretaña y a favor de Vene- 
zuela: "que en las Colonias Inglesas haya con respecto 
a nosotros" — los venezolanos — "aquella recíproca corres- 
pondencia que dicta la generosidad de nuestra conducta. 
Nuestros buques deben gozar en los Puertos Británicos 
de las Antillas las mismas franquicias y tarifa de dere- 
cho que los ingleses y baxo nuestro pabellón podrán 
desde la publicación de este decreto introducirse qual- 
quiera efectos comprados en nuestro territorio, aunque 
no sean producciones de nuestro país, con tal que no 
estén prohibidos a los buques británicos." 

Los patriotas al rebajar en un 25 por ciento los de- 
rechos eñ favor de Inglaterra le concedieron, casi, el mo- 
nopolio del comercio de Venezuela con países extranjeros. 



(1) El coronel Juan Robertson volvió a Venezuela en 1811, 
al dejar de ser secretario del gobernador de Curazao, y sirvió en 
los ejércitos patriotas bajo las órdenes de su amigo Miranda, y, 
más tarde, Bolívar lo empleó como agente diplomático. 

331 



PRIMER CONVENIO PUBLICO DE VENEZUELA 



Las concesiones que nos hizo la Gran Bretaña son 
irrisorias, pues aquella nación ha tenido siempre como 
base de su política económica el libre cambio, para con- 
vertir las colonias en puertos de tránsito de las mercan- 
cías inglesas. 

Podríamos considerar este convenio, a pesar de su 
forma, como el primer tratado de Venezuela en su ca- 
rácter de nación soberana e independiente. 

Ninguno de nuestros historiadores, ni publicistas ha 
reproducido ese importante decreto. 



I 



LA SUPREMA JUNTA CONSERVADORA DE LOS 

DERECHOS DEL S. FERNANDO, 7o. EN ESTAS 

PROVINCIA DE VENEZUELA. 

Si los sacrificios que la generosa Nación Britcinica 
ha hecho en obsequio del desgraciado Monarca, cuyos 
derechos defiende y conserva Venezuela son acreedores 
a la consideración de todo buen español; Caracas tiene 
además de estas sagradas obligaciones otras muy inme- 
diatas e imperiosas para acreditar la sinceridad con que 
ha reclamado, y tiene derecho para esperar de la Gran 
Bretaña una protección que asegure su existencia poli- 
tica, sin influir directa ni indirectamente en sus institu- 
ciones domésticas. La Agricultura y el Comercio son los 
dos polos de nuestra prosperidad , pero el sistema político 
del otro hemisferio, en donde deben consumirse nuestras 
producciones, ha dado a la Gran Bretaña sobre las rela- 
ciones mercantiles una influencia tan poderosa en gene- 
ral, como lo son en perticular los deberes que nos vwpotoa 

332 



PRIMER CONVENIO PUBLICO DE VENEZUELA 

para con ella nuestra gratitud, nuestra posición geográ- 
fica, nuestra adolescencia política, y nuestra industria 
desalentada por la opresión que hemos sacudido. Tantos 
obstáculos a nuestra prosperidad no pueden vencerse sin 
apoyo, y esto no puede obtenerse sin reciprocidad de 
sacrificios. En vano abriríamos nuestros puertos a las 
demás naciones, quando una sola es la que posee el 
Tridente de Neptuno: en vano cautivaríamos el rico terri- 
torio que poseemos quando una sola puede conducir o 
dejar llegar a los mercados de Europa nuestros frutos; 
1 en rano armaríamos, en fin, nuestros brazos para de- 
fender nuestros hogares de la voracidad francesa; quando 
una sola puede poner a cubierto la inmensidad de nues- 
tras costas de toda agresión extraña. Una distinción 
comercial a favor de la Nación que tanto puede, y tanto 
desea favorecer nuestros esfuerzos, es lo que ahora 
puede conciliar tan urgentes y complicadas atenciones; 
y él Gobierno quando accede a este sacrificio, no lo hace 
con otro fin que el de merecer con mejores títulos a favor 
de la España Americana iguales sacrificios a los que ha 
hecho la Inglaterra a favor de la España Europea, 
Nuestra liberalidad no podrá desconocerse al vernos 
prescindir a favor de esa respetable aliada de las órde- 
nes con que la Regencia, prohibiendo nuestro comercio 
extranjero, procuraba últimamente privar aun a la Gran 
Bretaña de las ventajas que nosotros le- ofrecemos para 
[compensarles las utilidades que nos prometemos de su 
protección, y agradecerle quanto ha hecho en favor de 
nuestros valientes compatriotas de Europa. Nuestra mis- 
ma franqueza va a ser la égida de nuestra conservación, 
así como nuestra patriótica indignación será el escollo 
en que se estrellan todos los proyectos que no correspon- 

333 



PRIMER CONVENIO PUBLICO DE VENEZUELA 



-dan a la liberalidad de nuestros designios, si como no 
debemos esperar, llegase a abusarse alguna vez de nues- 
tra situación. 

Baxo estos inconcusos principios de ingenuidad, de 
moderación y de dignidad civil; y sujetando a la sanción . 
del Cuerpo Conservador de los derechos del Señor Don j 
Fernando VII que va a instalarse, y a lo que directa- 
mente hayan estipulado nuestros Comisionados cerca de 
S. M. B., las medidas provisorias que han exigido las 
circunstancias, lia accedido por ahora S. A. a la propo- 
sición que a nombre de S. M. B. y en consecuencia de 
despachos expedidos al Gobierno de Curazao en Londres 
a 29 de junio próximo pasado, le ha hecho el Señor Co- 
ronel Robertson Secretario del mismo Gobierno, conce- 
diendo a favor de la Nación Británica la rebaxa de una 
cuarta parte de los derechos que actualmente se cobran 
a los extranjeros en sus exportaciones e importaciones 
por nuestras Aduanas, segura de que en las respetables 
cualidades que adornan la persona del Señor Robertson, 
y en stis benéficos y decididos sentimientos a favor de 
nuestra estabilidad, tiene Venezuela un garante de los 
que le asegura el alto y respetable origen de su misión. 

Acorde en sus medidas, ha exigido por su parte la 
Suprema Junta que en las Colonias Inglesas haya con 
respecto a nosotros aquella recíproca correspondencia 
que dicta la generosidad de nuestra conducta. Nuestros 
buques deben gozar en los Puertos Británicos de las 
Antillas las mismas franquicias, y tarifa de derechos que 
los Ingleses, y baxo nuestro pabellón podrán desde la 
publicación de este decreto introducirse qualquiera efec- 
tos comprados en nuestro territorio, aunque no sean 
producciones de nuestro país, con tal que no estén pro- 
hibidos a los buques Británicos. 



334 



PRIMER CONVENIO PUBLICO DE VENEZUELA 



Estas equitativas condiciones han sido aceptadas por 
<el S. Robertson, autorizado por su Gobierno para este 
-convenio: y S. A. está segura de que la generosidad con 
que ha querido excederse a sí misma en favor del comer - 
.ció Británico, ha de recabar desde luego en la Isla de 
■Curazao a favor del nuestro, las franquicias que tantas 
veces han conseguido varios particulares en un régimen 
menos liberal que el nuestro; ínterin llega de la Corte de 
Londres la sanción que nos asegura nuestro proceder y 
la favorable opinión del S. Comisionado. Téngase enten- 
dido en la Secertaría de Hacienda y comuniqúese a quien 
corresponda. Dado en el Palacio de Gobierno de Caracas, 
<a 3 de Septiembre de 1810. 

Tovar Ponte. 

Presidente. 

López Méndez. 

Vicepresidente. 

Por mandato de S. A., 

José Tomás Santana. 

Secret. con exerc. de decretos. 

Decreto en que se concede a favor de la Gran Bre- 
taña la rebaja de una quarta parte de derechos en la 
forma y por las razones que en él se expresan (1). 



(1) La hoja impresa original, de la colección del señor Ma- 
nuel Segundo Sánchez. 

335 



índice: 



ÍNDICE 

Página 
REFLEXIONES SOBRE LA HISTORIA 3 

Jv — Gratitud del autor por el alto honor que le confirió la 
Academia Nacional de la Historia. -Eos distinguidos 
académicos Viso, Ríos, López Baralt 3 

11. — La Historia como ciencia y como arte. — Cómo debe 
escribirse la Historia^ — La literatura moderna. — La 
crítica histórica. —Prevalece la historia sociológica. — 
La filosofía de la Historia. — Las fuentes de la Histo- 
ria.— Obra civilizadora de la paz 4 

PERDIDA DE LA ISLA DE TRINIDAD 13 

I. — Importancia política y económica de la pérdida de la 
isla para Venezuela, -Caída del Imperio Español.- — En- 
grandecimiento de Inglaterra. — Inglaterra decide apo- 
derarse de Trinidad 13 

II. — Trinidad, la puerta de Venezuela. — Descubrimiento. — 
Heroicos aborígenes. — Cedeño, primer conquistador de 
Trinidad. — Combates y heroísmos. — Abandona Cedeño 
la conquista de la Isla 16 

III. — Juan Ponce de León, segundo gobernador. — Peste que 
mata a los conquistadores, — Trinidad queda despoblada 
de españoles» — Jesuítas misioneros 23 

IV. — Pretensiones de Santa Fe y Santo Domingo sobre Tri- 
nidad y (íuayana. — Las cuatrocientas leguas del go- 
bierno de Jiménez de Quesada. -Nicolás Berrío y 
Oruña. — Fundación de San José de Oruña y Santo 
Tomé. — Walter Raleigh y su irrisoria expedición. — 
Domingo de Vera y los pobres conquistadores del Do- 
rado. — Inglaterra desea a Trinidad 24 

V. — Conquista de Trinidad. — Nueva Andalucía. — Los pira- 
tas.' — Los misioneros.- — Felipe de Artiedes. — Estado flo- 
reciente de la isla. — Enfermedad del cacao y ruina de 
Trinidad 28 

FI. — Cumaná, Margarita, Trinidad y Gruayana se añaden a 
la Provincia de Caracas. — Los gobernadores y el Cabil- 

* 339 



ÍNDICE 



Página - 
do. — Los misioneros. — Comercio libre. — Valdez de Yar- 
za. — Colonos franceses para poblar a Trinidad. — Cédula 
de Carlos III. — El plan de Iíouine de Saint Laurent. — 
Inglaterra quiere cambiar a (íibraltar por Trinidad.. 30 

VII. — Agotamiento de España.. — Revolución francesa. — Go- 
biernos corrompidos. — José María Chacón, su carácter, 

u su misión, su administración. — Edad de oro de Trini- 
dad 33 

VIII. — Fortificación de Trinidad. — Población. — Recelos de 
Chacón. — Ofrecimientos de Víctor Hughes y Jean Fran- 
cois. -Insurrección de los pardos. — Expedición inglesa 
contra Trinidad. — Situación de Trinidad 35 

IX. — Los ingleses codician a Trinidad, el "emporio del co- 
mercio de Venezuela". — Decide Inglaterra capturar- 
la. Formidable expedición. — Arbitrariedades de capi- 
tanes ingleses en Puerto España. — El escandecido Vau- 
gham, su atentado y su suicidio. — Causa que alega Es- 
paña para declarar guerra a Inglaterra. — Abercromb.v 
y su expedición 38 

X. — Trinidad indefensa. — Sus fortificaciones. — Degradado 
gobierno de Madrid. — Escuadra de Apodaca. — Batallón 
Veterano.- -Regocijo de los inmigrados 40 

XI: — La fiebre amarilla. — La mortandad. — Falta de recur- 
sos. — Estado militar. -Gente con que se contaba 43 

XII. — El bergantín "Galgo" y el situado. — Xoticias de la 
guerra. — Medidas de Chacón. — El mogato Almerich. — 
Armamento deteriorado. — Escasez de recursos 46 

XIII. -Importancia de Chaguaramas como base naval.— 
Apodaca intenta irse a Puerto Cabello. — Franceses na- 
turalizados. Ansio-antillanos. — Medidas de defensa. — 
CarbonoU y Echeverría envían socorros. — Escasez de 
trabajadores 52 

XIV. — Situación difícil de Chacón. — La costa no se puede 
fortificar. — Fragata inglesa reconoce las costas. — For- 
midable expedición inglesa. — Los ingleses están bien 
informados 55 

XV. — La invasión. — Defensa que se hizo. — Los extranjeros 
desertan. — <>00 hombres enfermos contra 7,000 hombres 
y 1,244 cañones. — Apodaca quema su armada*— Opera- 
ciones militares 58 

XVI. — El enemigo embriagado insulta a los vencidos. — La 
capitulación. — Las atuoridades y las fuerzas españolas 
abandonan la isla. — Chacón y Apodaca acusados injus- 
tamente por el gobierno de Madrid y por historiadores 
extranjeros. — Primeras noticias del desastre 71 

XVII. — La expedición inglesa fracasa en su ataque a Puerto 

340 ' 



ÍNDICE 



Página 
Rico. — Pieton, gobernador «le Trinidad, su política. — 
El contrabando. — Planes ingleses contra España y Ve- 
nezuela. — La indignación de Francia; — El enojo de los 
venezolanos,— Miranda y sus planes. — Inglaterra no le 
da la ofrecida ayuda 76 

XVilí. — Gual, Caro e Iznardi. — Miranda le inspira temores 
comerciales a Inglaterra. — expedición inglesa contra 
Caracas y los preliminares de la paz ae Amiens* — 
Efugios de Inglaterra y la arbitrariedad de Bonapar- 
te. — España pierde definitivamente a Trinidad 81 

XIX. — Las expediciones de Miranda de 1N0<». — Trinidad y 
Curazao foco de las revoluciones contra los gobiernos 
de Venezuela. — Elíseo de Reciñes y su opinión sobre 
Trinidad. — El contrabando. — Chaguaramas como entre- 
pot. — Puerto libre en Venezuela 84 

XX. — Influencia de Trinidad sobre nuestra vida política y 
económica. — Población. — Los "culíes". — Las condiciones 
nacionales de la isla. — Trinidad estado constitucional- 
mente autónomo 86 

XXI. — América sólo de los americanos. — El señorío de Juan 
de Ampués y su influencia sobre nuestra vida econó- 
mica y política. — Balfour interpreta la opinión pública 
de Inglaterra.. — Trinidad, Curazao. liona ¡re y Aruba de- 
ben ser nuestras. — El Presidente Wilson y su discurso 
a los mexicanos. — El patriotismo de los venezolanos. — 
Cunningliam y la determinación de las naciones nuevas 87 

BOLÍVAR, EL MAYOR ORADOR DÉ AMERICA 90 

I. — Era Bolívar un gran oradorí 90 

II. — Análisis físico y moral de Bolívar y de sus gestos y 

acciones 108 

III. — Ilustración y cultura intelectual de Bolívar 115 

IV El estilo de Bolívar 118 

V. — Episodios de la vida oratoria de Bolívar 122 

La infancia 122 

La adolescencia 122 

Regreso a Caracas en 1806 124 

La Sociedad Patriótica 125 

El terremoto de 1812 126 

Desobediencia a Lebatut 126 

Entrada a Caracas en 1813 127 

El Batallón Sin Nombre 128 

Asamblea de 1814 130 

Primer batalla de Carabobo 134 

Partida para Nueva Granada 134 

Facción de Montilla, Castillo y Gual 138 

En Margarita a fines de 1816 139 

341 



ÍNDICE 

Página 

La sorpresa do Quiamare 140 

Casacoima 140 

Consejo de Estado en Angostura 141 

Celos de Bermúdez y Marino 143 

Congreso de Angostura 144 

La "Patriecita" de Páez 151 

Se decide el destino de la América 152 

Paso de los Andes 152 

Doncellas le ofrecen coronas 153 

Congreso de 1819 154 

Entrada a Cúcuta en 1820 155 

Monjes de Trujillo 156 

El coronel Pita 156 

Armisticio de Santa Ana 157 

Constitución de Cúcuta 158 

Juramento ante el Congreso de Colombia 159 

Entrevista con San Martín 159 

Súplicas del Perú 160 

Llegada al Callao 161 

Banquete en Lima 162 

En el Congreso Peruano 162 

Traición de Riva-Agüero 163 

En Pativilca 164 

Reorganización de los recursos del Perú 165 

Fiesta en Trujillo del Perú 166 

Entrevista con oficial estadunidense 166 

Congreso Peruano de 1825 168' 

El almirante Rosamal 171 

• Fiesta en Lima 173 

Las doncellas de Arequipa 173 

Comisionados argentinos 174 

En la cima del Potosí 175 

Discurso a los bolivianos 177 

Entrada triunfal en Lima en 1826 181 

Ruegos de los limeños 182 

Las damas limeñas 182 

Los dominicos de Fulcán 183 

Ocasión favorable para coronarse 183 

Entrada triunfal en Caracas en 1827 184 

Recibimiento en Cartagena 185 

Se encarga del poder en Bogotá 186 

Últimos momentos de Colombia 188 

Congreso Colombiano de 1830 189 

Transformación religiosa 191 

Desengaño 193 

Adiós a los colombianos 194 

Enseñanzas en las obras de Bolívar 195 

DOCTRINAS DE BOLÍVAR 199 

I.— "Cartas Políticas". Declaraciones de los Presidentes 



342 



ÍNDICE 



Página 

Wllson y Meléndez 199 

II.— La doctrina Monroe. — Canning, Adams, Monroe. — Am- 
pliación de tírant. — Desconfianza de la América ibera 200 

III. — Equivocación de los publicistas estadunidenses. — En- 
viados al Congreso de Panamá.) — Los astados Unidos se 
oponen a que Bolívar liberte a Cuba y Puerto Rico. — 
Opinión de Jet'ferson sobre Cuba. — Temor a Inglaterra. — 
Delegados Anderson y Sergeant 201 

IV. — Bolívar y la confederación panamericana. — Desde 1810 
manifiesta oficialmente en Londres su idea de Liga An- 
fictiónica. — Carta de Jamaica de 1815* — Carta a Puy- 
rredón en 1818. — Unión de Venezuela y Nueva Grana- 
da en 1821." — instrucciones a delegados 3Iosquera y 
Santa María 203 

V.— Tratados eon Chile, Perú, México y Centro América. — 
Declaraciones en la cima del Potosí. — Carácter pan- 
americano del Congreso de Panamá. — Invitación a In- 
glaterra 205 

VI.— Congreso de Panamá. — Delicadeza de Bolívar. — Opi- 
nión de Sáenz-Peñn sobre el Congreso. — Bolívar des- 
aprueba traslación a Tacubaya. — Declaraciones del 
Congreso Estadunidense no influyen sobre decisiones 
de Tacubaya* — "Confusión horrorosa" de los estados de 
de la América antes española 208 

VII. — Lo que es la doctrina de Monroe. — Interpretación del 
Presidente Wllson. — Recelos para Intimidad de las 
Américas. — Comparación, de Sáenz-Peña, entre doctri- 
nas de Bolívar y Monroe 21,1 

VIH. — El panamericanismo y la doctrina de Monroe según 
Lansing. — Aplicación beneficiosa de la doctrina. — Ten- 
dencias de 'ésta según el profesor Woolsey 213 

IX. — Postulados de Wllson que determinan la doctrina de 
Monroe y el panamericanismo. — En 100 años no ha de- 
jado de existir la "confusión horrorosa". — Postulados 
de Bello y Wllson y las doctrinas de Bolívar 215 

X.; — Manifestaciones del Presidente JIcléndez* — La Liga de 
las Naciones y la doctrina de Monroe. — Idea de esta- 
distas hispanoamericanos. — Asociaciones interamerica- 
nas y los Estados Unidos. — Ideal panamericano. — La 
Liga de las Naciones y Benedicto XV. — Wilson, egregio 
discípulo de Bolívar 219 

LOS ABIELOS DEL LIBERTADOR 221 

I.— Los Bolívar 226 

II. — Armas de los Bolívar de Caracas 232 

III.— Algunos progenitores del Libertador 241 



343 



ÍNDICE 



Adelaida de Italia 27—416(1) 

Agorrete de Aseain, Juan 11 — 216 

Agorrete de Aseain, Martín 10 — 204 

Aguirre y Vil lela, sargento mayor Francisco de 4— 47 

Aguirre y Villela, capitán Jacobo de 5 — 77 

Aguirre y Villela, Rosa María de 3 — 26 

Alfonso I, Henríquez, de Portugal 21 — 343 

Alfonso II, El Casto, de Aragón 21—337 

Alfonso II, El Gordo, de Portugal 19—313 

Alfonso III, de Portugal 18—302 

Alfonso III, El Grande, de Oviedo 28 y 30—421 

Alfonso V de León 26—399 

Alfonso VI de León 21, 22, 23 y d24— 377 

Alfonso VIII de Castilla 20, 21, 23 y d22— 347 

Alfonso IX de León 20 — 320 

Alfonso X, El Sabio o Astrónomo 18 — 299 

Alfonso X de Castilla 15 — 272 

Alicia de Saboya 23 — 374 

Almendaris, María de 4 — 34 

Almus, duque de Cracovia 24 — 381 

Alvarez de la Caxal, María 8 — 169 

Andixpe, María de 7 — 136 

Audonio, In fiante de León 25 — 385 

Andrés II, El Jerosolemitano 20 — 326 

Arias Montano, María 5 — 76 

Arteaga, conquistador Francisco de 10 — 198 

Aseain, llamado Ascanio, Juan Bautista de .... 9 — 194 

Ascanio, Juan de 5— 89 

Ascanio, capitán Martín de 6 — 127 

Ascanio y Guerra, Isabel Margarita de 4 — 54 

Ascanio y Guerra, castellano Juan 7 — 158 

Austria, María de la Cruz de 5 — 76 

Ayala, María de 11—213 

Ayala, María de 7—158 

Ayala Ceballos, Elvira de 14—253 

Ayala Sarmiento, Lucía Munincia de 6 — 114 

Barroso, Sancha 15 — 217 

Basaenz de Aguirre, Antonia 6 — 126 

Beatriz, hija de Heriberto, conde de Verman- 

dois d29 — 437 

Beatriz de Borgoña 21 — 335 

Beatriz de Suabia 19—310 

Bela I, El Luchador, duque Hungría 26 — 401 

Bela II, El Ciego, de Hungría 21—340 

Berenguela de Barcelona 20, 21, 22, 23—348 

Berenguela de Castilla 20 — 321 



(1) El primer número indica el grado de abolengo, y cuando 
lo precede alguna de las letras d ó c, significa doble o cuadruplo. 
El segundo es el número con que está indicado el progenitor. 

344 



30IQNI 



Bermudo I, El Diácono, de Oviedo 31 y 32 — 451 

Bermudo II, El Gotoso, de León 27 — 411 

Berna! de Ascanio, Antonio 8 — 180 

Bernalte de Estopiñán, Antonio 10 — 206 

Berta de Holanda 24—348 

Bior III, de Upsala 32—411 

Bolívar, Simón 5 — 57 

Bolívar "el mozo", Simón 4 — 31 

Bolívar y Martínez de Villegas, Juan de 1 — 3 

Bolívar y Ponte, coronel Juan Vicente padre — 1 

Bolívar y Rebolledo, Luis de 2 — 7 

Bolívar y Rojas, capitán Antonio de 3 — 15 

Blanco, Cornelio 6 — 115 

Blanco, Pedro 7—149 

Blanco Gerardts, Pedro 5 — 81 

Blanco de Herrera, Francisca 1 — 7 

Blanco de Ponte, Alejandro 4 — 49 

Blanco Infante, Mateo 2 — 13 

Blanco Infante, Mateo 3 — 27 

Briceño, conquistador Pedro 8 — 168 

Briceño, conquistador Sancho 7 — 141 

Capoto, Hugo, rey de Francia d27 — 415 

Casas, Alonso de las 13 — 244 

Casas, Guillen de las 14—262 

Casas, Guillen de las 15—275 

Casas, Inés de las 11 — 177 

Casas, Juan de las 12 — 227 

Casas o Casaus, Guillen de 16—285 

Calderón, Doña N 13—244 

Castilla, Fadriquo de .14 — 256 

■Castro, Aldonza de 20 — 319 

Ceballos, Elvira de 14—255 

Ceballos, Estefanía de 14—261 

■Clavijo, María de d8 — 177 

Cobarrubias y Lozada, Ana de 5 — 86 

Constanza de Borgoña 21, 22, 23 y d24 — 378 

■Constanza de Castilla 22 — 357 

Constanza de Portugal 16 — 284 

Constanza de Sicilia 18 — 305 

Correa de Benavides, conquistador Blas 6 — 129 

Correa de Benavides, María 5 — 90 

Courtenay, Pedro de, emperador de Constanti- 

nopla 21—342 

■Courtenay, Yolanda de 20 — 327 

Creux, Isabel, "la Belmana" 15 — 276 

Denis, de Portugal, El Padre de la Patria 17 — 293 

Díaz, Aldonza 16 — 282 

Díaz, conde Lope 20 — 318 

Díaz, conquistador Sebastián 9 — 188 

Díaz de Al faro y Rojas, Ana 7 — 148 



345 



ÍNDICE 



Díaz de Alfaro, conquistador Mateo 8 — 174 

Díaz de Rojas, Leonor 8 — 175 

Díaz de Vergara, Gonzalo dll — 210 

Díaz de Vergara, Gonzalo dl2 — 220 

Díaz de Vergara, Gonzalo dl3 — 232 

Díaz Moreno, conquistador Alonso ....5, d7, y d8 — 58 

Domínguez, Beatriz 10 — 208 

"Doncella Principal" 3 — 22 

Dulce de Aragón 20 — 329 

Duque, Ana 13 — 251 

Duque, Juan 15 — 258 

Edla de Mecklemburgo 27 — 420 

Edmundo, El Malo, de Upsala 29 — 440 

Eduvigis, hija de Enrique El Pajarero, de Ger- 

mania d28 — 428 

Elena de Servia 23 — 371 

Elena, hija del conde Melenda 26 — 400 

Elvira de León 28 — 425 

Emilia 19 — 327 

Enrique I, de Francia 25—394 

Enrique, El Negro, duque de Baviera 23—362 

Eric, El Victorioso, de Upsala 28 — 430 

Eric III, de Upsala 33—462 

Ermesinda, hija de Pelayo 33 y 34 — 461 

Escobedo, Germana de 5 — 80 

Escobedo y Rojas, Francisca de 6—112 

Escobedo y Rojas, Paula 5 — 92 

Escote, Juana de 7 — 144 

Estopiñán, Catalina de , 9 — 195 

Estrada, María de 16—288 

Eufrosina de Kiovia 22 — 355 

Fajardo, Elena 8 — 167 

Federico I, Barba Roja 21—334 

Federico, El Bizco y El Tuerto 22—349 

Felipe I. rey de Francia 24 — 383 

Felipe de Suabia 20—322 

Fernández, Inés 12 — 228 

Fernández, Leonor 8 — 185 

Fernández, Leonor 13 — 245 

Fernández, María 13 — 236 

Fernández de Agüero, condesa Sancha 17 — 296 

Fernández de Araujo, capitán Diego 4 — 51 

Fernández de Araujo, Josefa 3 — 28 

Fernández de Araujo, Lorenzo 5 — S5 

Fernández de Clavijo, Francisca 7 — 151 

Fernández de Viera y Herrera, Clara 6 — 128 

Fernández de Fuentes, María 14 — 263 

Fernández de Herrera, Juan 15 — 266 

Fernando I, El Grande, de Castilla 22, 23, 24 y d25— 387" 
Fernando II, de León 21 — 332. 



346 



ÍNDICE 



Fernando IV, El Emplazado 16 — 283 

Fernando, El Santo, de Castilla 19—309 

Foix, Gerberga de 25 — 392 

Fruela, de Asturias 32 y 33—457 

Fernández de Fuentes, María 14 — 263 

Fernández de Herrera, Juan 15—266 

Gartfis y Céspedes, Isabel de 5 — ■ 74 

García 1, de Navarra d26, d27, d28 y c29— 433 

García II, El Temblón, de Navarra d24, d25, d26 

y c27— 409 

García, conquistador Bartolomé 6 — 103 

García de Herrera, Diego 10—202 

García de Herrera, Fernán, mariscal de Castilla 12 — 221 

García de Herrera, Hernán 16 — 280 

García de Herrera, Pedro 9 — 192 1 

García de Herrera, conquistador Pedro 11 — 212 

García Queresma de Meló, Luisa 5 — 65 

Gaudiosa, mujer de Pelayo 24 y 35 — 464 

Gerardts, Adriana , 6 — 116 

Geysa II, de Hungría 22—364 

Gil de Arratia, Francisco 3 — 25- 

Gil de Arratia y Aguirre, Isabel 2 — 12 

Girón, María 15—267 

Godínez, Elena 25—386 

Gonzalo 19—316; 

Gómez, Ginesa 7 — 15& 

Gómez Ampuero, conquistador Pedro 7 — ÍAZ¡ 

Gómez de Velazco, María 15 — 278 

Gómez Sarmiento, Diego, mariscal de Castilla.. 13 — 239 

González, Catalina 6 — 98 

González, Francisco 7 — 160 

González, Leonor 16 — 286- 

Gonzalo, conde don 18 — 306 

Graterol, conquistador Francisco de 7 — 143 

Graterol y Escote, Petronila de 6 — 108 

Gudrod, El Generoso, de Romerick 31 — 455- 

Guren, Elena 6—110 

Guerra, conde Pedro, llamado de la 17 — 295 

Guerra, Gutierre de la 14 — 264 

Guerra, conquistador Hernando Esteban de la.. 9 — 196 ; 

Guerra, Gonzalo de la 12—230 

Guerra, Isabel de la 8—181 

Guerra de la Vega, Juan 10 — 207 

C inrra de la Vega, Juan 11—218 

Guerra de la Vega, Juan 13 — 248 

Guarnan, Beatriz de 18 — 302 

Guzmán, Inés de 14 — 259 

Guarnan, Leonor de 13 — 238 

Guzmán, Leonor de 15 — 273 

Guzmán, María de 13—234 



347 



ÍNDICE 



Halfsdan, El Negro, de Uplanda .30 — 449 

Haroldo I, El de los Hermosos Cabellos, de 

Uplanda 29 — 441 

Hernández, Beatriz 7 — 138 

Hernández, María 10 — 201 

Herrera, Agustín de 6 — 123 

Herrera, Agustín de 4 — 53 

Herrera, Garci-González de, mariscal de Cas- 
tilla 12—221 

Herrera, Garci-González de, mariscal de Cas- 
tilla 14 — 250 

Herrera y Ascanio, Juan de 3 — 29 

Herrera y Liendo, Isabel Clara de 2 — 14 

Hugo, El Grande, El Abad, rey de Francia. .. .d28 — 427 

Ibargüen, Magdalena de 6 — 96 

Igor I, de Novgorod 29 y 30 — 43S 

Inés de Aquitania 23 — 3G9 

Infante, conquistador Francisco 6 — 119 

Infante de Ponte, Francisca 4 — 50 

Infante de Rojas, capitán Francisco 5 — 83 

Ingeburga de Vladimir 24 — 382 

Ingegreda de Noruega 28 — 437 

Ingegreda de Suecia 26 — 406 

Iñiguez, Lope 22 — 245 

Iriberri, María de 10 — 205 

Isabel de Aragón, Santa Isabel de Portugal ... .17 — 294 

Isiaslas, gran duque de Kiovia 23 — 372 

Jaime El Conquistador, de Aragón 19 — 311 

Jaroslav I, de Rusia 26 — 405 

Jaspe de Bustamente, Marcos 4 — 39 

Jaspe de Montenegro, María 3 — 20 

Jiménez, García, conde de Navarra, d28, d29 d30 

y c31— 453 

Judit de Baviera 22—350 

Ladislao, El Calvo, de Hungría 27—413 

Ladrón de Guevara, Alonso 6 — 101 

Ladrón de Guevara, Catalina 6—102 

Ladrón de Guevara, Collado 8 — 166 

Ladrón de Guevara, conquistador Juan 5 — 64 

Ladrón de Guevara, Juan 7 — 137 

Ladrón de Guevara, Magdalena 3 — 18 

Ladrón de Guevara y García, conquistador Juan 4 — 37 

Lambert, duque de Hungría 25 — 373 

L'Ange, Irene 20—323 

L'Ange, Isaac, emperador de Constantinopla ...21 — 336 

Leonor de Castilla 21—240 

Liendo, maestre de campo Juan de 4 — 55 

Liendo, alférez Santiago de 5 — 90 

Liendo, capitán Santiago de 6 — 134 

Liendo y Escobedo, Francisca de 4 — 4S 



348 



ÍNDICE 



Liendo y Ochoa, Rosa Paula tle 3 — 30 

Liendo y Origüéii, Domingo de 5 — 79 

Loaiza, García de 6 — 125 

Loaiza, María Nicolasa de 5 — 88 

López, Diego 21—330 

López, Iñigo 23 — 358 

López de Avala, Pedro 13 — 237 

López de Ayala, Pedro 15 — 270 

López de Avala, conquistador Pedro 16 — 289 

López Sancho 19 — 30S 

Loreto de Silva, conquistador Guillermo 7 — 162 

Luis II, El Joven, de Francia 22 — 356 

Luis VI, El Gordo, de Francia 23—373 

Maldonado y Almendaris, conquistador Fran- 
cisco de 5 — 62 

Maldonado de Villegas, Luisa 4 — 36 

Man f redo, rey de Sicilia 20 — 325 

Margarita de F'ra ncia 21—341 

Marín, Andrés 5 — 66 

Marín de Narváez, capitán Francisco 3 — 17 

Marín de Narváez, Josefa 2 — 10 

Marín Granizo, capitán Andrés 4 — 41 

Martel, Gonzalo 15—274 

Martínez de Rojas, Juan 13 — 231 

Martínez, Juana 9 — 197 

Martínez de Agorrete y Ascain, Juan 12 — 229 

Martínez de la Madrid, conquistador Francisco 6 — 97 
Martínez de la Madrid, conquistador Lorenzo . 5 — 60 

Martínez de Villegas, capitán Lorenzo 3 — 17 

Martínez de Villegas y Ladrón de Guevara, 

María 2— 8 

Martínez de Villela, conquistador Juan 4 — 35 

Martinis, María 7 — 146 

Mate de Luna, Estefanía 13—242' 

Mate de Luna. Juan 14—260 

Matilde dé Saboya 21—344 

Mercadillo, Ana 7 y 8—165 

Mejía de Narváez, conquistador Juan 5 — 67 

Mejía de Vilches, conquistador Lucas 6 — 105 

Miguel, príncipe de Hungría . .'. 28 — 426 

Molina, Alfonso de 18—301 

.Molina, Juana de 15—269 

Molina, María de 17—292 

Montemayor Lazo de la Vega, María 9 — 193 

Mont-pellier, Guillermo, conde de 21 — 239 

Montpellier, María de 20 — 325 

Moreno, Isabel dll — 211 

Munia Elvira, reina de Castilla, d23, d24, d25 y c26— 398 

Murcia Elvira de León 27 y 30—408 

Núñez, Lope, V Señor de Vizcaya 24 — 376' 



349 



ÍNDICE 



N. de la nación de los húngaros cumanos 29 — 435 

Ochoa y Aguirre, capitán Juan 5 — 93 

Ochoa de Bolíbar-Jáuregui de la Rementería, 

Martín 6 — 95 

Ochoa de Bolíbar-Jáuregui de la Rementería, 

Miguel 7—1 35 

Ochoa de Gaztelú, Martín 13—246 

Olaf de Upsala 31—454 

Olaus III, El Rey con Regazo, de Suecia 27 — 419 

Oleg de Novgorod 30 y 31—446 

Ochoa y Oñate, Clara de 4 — 56 

Olga dé Novgorod 29 y 30—439 

Oñate y Mendizábal, Úrsula de 9 — 94 

Ordóñez, María 21—331 

Ordoflo I, de Oviedo 29 y 30—432 

Ordoño II, de León 27 y 30—407 

Ordoño III. de León 28—424 

Origüen, María de 6 — 132 

Ortiz, Toda 23—359 

Ossorio, Leonor de 12 — 231 

Pacheco, Ana 6 — 100 

Pacheco, Leonor 6 — 1£4 

Palacios, Juan de 5 — 69 

Palacios y Blanco, María de la Concepción 

de madre — 2 

Palacios y Gil de Arratia, Feliciano de 1 — 5 

Palacios Sojo, Andrés de 4 — 43 

Palacios y Xedler, Feliciano de 2 — 11 

Palacios y Zarate, capitán José de 3 — 23 

Peraza, Fernán 8 — 178 

Peraza. Fernán 11 — 114 

Paterna, de Oviedo 30 y 31—443 

Paz, Inés de 6—122 

Pedro de Cantabria 33 y 34 — 460 

Pedro II, de Aragón 20—324 

Pedro III, El Grande, de Aragón 18—304 

Peí ayo, El Restaurador de la Monarquía Es- 
pañola 34 y 35 — 463 

Peraza, Inés 10—203 

Pérez, Domingo 8—182 

Pérez, Fernán 14—254 

Pérez, Inés 8—183 

Pérez de Avala, Fernán 12—223 

Pérez de Ayala, Sancho 16 — 281 

Pérez de la Guerra, Gutierre 15 — 277 

Pérez de la Guerra, Pedro 16 — 287 

Pérez Martel, Alfonso 13—241 

Pérez Martel, Gonzalo 12—225 

Pérez Martel, Gonzalo 14 — 258 

Pérez de Soto, Francisca 7 — 159 



350 



ÍNDICE 



Petronila, reina de Aragón 22 y 23 — 352 

Ponte, conquistador Cristóbal de d9— 190 

Ponte, Juan Esteban de dlO — 199 

Ponte Andrade, Jacinto de 3 — 19 

Ponte Andrade Jaspe y Montenegro, Pedro de. . 2 — 9 

Ponte y Clavijo, Gabriel de 7 — 150 

Ponte y Fernández de Clavijo, poblador Juan de 6 — 117 
Ponte y Fernández de Clavijo, poblador Tomás 6 — 121 

Ponte y Paz, Francisca de 5 — 84 

Ponte y Rebolledo, Beatriz de 5 — 82 

Ponte y Marín de Narváez, María Petronila de. 1 — 4 

Ponte y Vergara, Juan de d8 — 176 

Premislawa de Rusia 27 — 414 

Queresma de Meló, conquistador Juan 7 — 139 

Queresma de Meló, Luisa 6 — 104 

Ragnhilda de Ringeringe 30—450 

Raimundo Berenguer III, de Barcelona, 21, 22, 

23 y d24— 362 

Raimundo Berenguer IV, de Barcelona. .. .22 y 23 — 353 
Raimundo de Borgoña, conde de Galicia, 20, 21, 

d22 y 23—361 

Ramiro I, de Aragón 25 — 391 

Ramiro I, de Oviedo 30 y 31—442 

Ramiro II, de León 26 y 29—396 

Ramiro II, El Monje, de Aragón 23 26 y 29—368 

Rebolledo, conquistador Francisco de 4 — 33 

Rebolledo, María de 6 — 118 

Rebolledo y Almendaris, Leonor de 3 — 16 

Refil de Upsala 34—465 

Riberos Maldonado, Beatriz de 8 — 187 

Richisa de Polonia 26 — 402 

Rinaldo III, conde de Borgoña 22 — 351 

Ring de Upsala 30—447 

Rivilla y Puerta, Bartolomé de 5 — 75 

Rivilla y Puerta, Juana de d4 — 46 y 52 

Roberto, El Fuerte, de Francia d30 — 445 

Roberto I, de Francia d29— 436 

Roberto II, El Piadoso, de Francia d26 — 403 

Rodríguez de Arteaga, María Ana 8 — 189 

Rodríguez de Paz, Manuel 7 — 154 

Rodríguez, La Hidalga, Isabel 8 — 171 

Rodríguez Santos, Juan 8 — 170 

Rodríguez Santos, conquistador Juan 6 — 111 

Rodríguez Santos, conquistador Juan 7 — 145 

Rojas, Ana de 5, d7 y d8— 59 

Rojas, Ana de 7 — 154 

Rojas, Beatriz de 4 — 32 

Rojas, Francisca de 6 — 120 

Rojas, Germana de 6- — 134 

Rojas, Juana de 4 — 38 



351 



ÍNDICE 



Rojas, Mariana de 8 — 173 

Rojas, Inés ele 12 222 

Roneda, hija de Rogovold, príncipe de Polosk. .d27 — 418 

Rouci, Felicia de 24 — 380 

Rosenda, condesa doña 1S 307 

Ruiz Peraza, Bartolomé 13 — 243 

Ruiz Peraza, Leonor 12 226 

Ruiz de la Vega, conde Pedro 15 — 279 

Ruiz de la Vega, N 14 — 265 

Salazar, Catalina 11 — 219 

Samper, Graciana de 11 — 217 

Samaniego, Francisca de 7 — no 

Samaniego Queresma de Meló, Antonia 7 — 142 

Sancha de Castilla 21 — 338 

Sancha de León 25 — 338 

Sánchez, Lope .' 18 — 297 

Sánchez de Guevara, Elvira 18 — 298 

Sancho I, de Portugal 20 — 328 

Sancho I, Rodríguez, de Aragón 24 — 379 

Sancho II, de Navarra d24, d25, d26 y c27 — 422 

Sancho III, El Grande d23, d24, d25 y c26— 397 

Sancho IV, de Castilla 17 — 290 

Sancho García de Castilla 29- — 410 

Sancho García I, de Navarra, d27, d28, d29 y c30 — 144 
Sancho Sanción, de Gascuña .d29, d30, d31 y c32 — 458 

Sauz, conquistador Andrés 6 — 107 

Sanz, María 17—290 

Sanz de Graterol, María 5 — 68 

Sarmiento, María 12 — 223 

Sarmiento de Herrera, Juan 5 — 87 

Sarmiento de Rojas, Diego 7 — 156 

Sigurd Hiort, de Ringeriga 31—456 

Silva Vasconcellos, Gome de 8 — 186 

Silva Vasconcellos, Isabel de 6 — 130 

Silva Vasconcellos, María 7 — 163 

So jo, María de 5 — 68 

Suárez de Guzmán, Pedro 13 — 252 

Sviatoslav I, de Novgorod 28 y 29—429 

Taillefer, Constanza de 26 — 404 

Tido o Tiello 22—346 

Toxus, de Hungría 29 — 434 

Urraca de Castilla 19—314 

Urraca de Castilla 20, 21, d22 y 23— 36fr 

Urraca de Portugal 21 — 333 

Usendit de Castilla 27—423 

Usenda de León 24 — 375 

Usinda de Oviedo 31 y 32—452 

Vala,squita 27 — 412 

Vázquez, conquistador Lázaro 8 — 172 

Vázquez de Escobedo, conquistador Diego 6 — 133 



352 



ÍNDICE 



Pági n a 
Vázquez de Escobedo, conquistador Diego, d7 — 78 y 104 
Vázquez de Rojas, maestre de campo Domingo. 7 — 147 

Vázquez de Rojas y Al faro, Domingo 6 — 113 

Vázquez de Rojas y Ayala, Luisa 5 — 78 

Verdugo, Francisca 6 — 106 

Vergara, Ana de d9 — 19 

Vergara, Francisco de 10 — 200 

Viera, Manuel 8 — 184 

Viera, Catalina ¡ 7 — 161 

Vílchez y Narváez, Juana de 4 — 48 

Villegas, conquistador Juan 6 — 99 

Villegas y Pacheco, Luisa de 5 — 63 

Villela, Juana 5 — 61 

Viuda de Bior IV, rey de Upsala 30 — 448 

Xedler, Juan 6—109 

Xedler y Gamis, maestre de campo Diego Ma- 
nuel 4 — 45 

Xedler y Guren, Manuel 5 — 73 

Xedler y Rivilla, Isabel María 3 — 24 

Yolanda de Aragón 18 — 300 

Yolanda de Hungría 19 — 312 

Zarate y Austria, María de 4 — 44 

Zarate, Juan de 5 — 71 

PRIMER CONVENIO PUBLICO DE VENEZUELA 325 



353 



ERRATAS 



Página 

5 

19 
20 
20 
21 
39 
63 
88 
107 
135 
145 
154 
165 
186 
193 
204 
206 
253 
266 
276 
283 
284 
284 
284 
290 
299 
3Ü0 
307 
308 
308 
309 
309 
316 
331 
322 



línea 

32 

28 

3 
15 

5 
18 

4 

8 

7 
27 
31 

4 
27 

6 

3 
12 

7 
27 
22 

6 
10 

6 

6 
24 
20 
13 
25 
21 

3 

8 

6 
28 
16 

9 
13 



dice 


corríjase 


numimática 


numismática 


Sedeño 


Cedeño (1) 


Baucomar 


Baucumar 


caules 


cuales 


mecato 


m acato 


Lainés 


Láines 


cañones 


cañonazos 


Arruba 


Aruba 


Irwing 


Irvine 


provincias 


provincia 


traición 


la traición 


había 


le había 


en 


de 


encubiendo 


encubriendo 


crerical 


clerical 


cominicaciones 


comunicaciones 


US 


sus 


red 


inédito 


canoas 


las canoas 


duraron 


duró 


ecrca 


cerca 


de 


a 


(4) 


(3) 


(5) 


(4) 


(1) 


(5) 


Beaza 


Baeza 


Yoyanda 


Yolanda 


1147 


1157 


1151 


1135 


1146 


1130 


306 


360 


(3) 


(2) 


vigésimoseéptimo 


vigésimoséptimo 


nuesstras 


nuestras 


provincia 


provincias 



(1) Errata frecuente. 



354 



El texto de esta obra fue hecho en la moderna máquina "LINOGRAPH" de la Tipogra- 
fía Cosmos por el señor Andrés Estrada Montúfar; y se terminó el día 14 de junio de 1919.