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Full text of "Bosquejo histórico-documental de la Gaceta de Madrid escrito al entrat en el IV siglo de su existencia y para solemnizar la declaración de la mayor edad del Rey Don Alfonso XIII"

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BOSQUEJO HISTÓRICO-DOCUMENTAL 



GACETA DE MADRID 



ESCRITO 



al entrar en el IV siglo de su existencia y para solemnizar 
la declaración de la mayor edad del Rey 

DON ALFONSO XIII 



D. JUAN PÉREZ DE GUZMÁN Y GALLO 

Antiguo Director de La Época. 






MADRID 

IMPRENTA DE LA SUCESORA DE M. MINUEBA DE LOS RÍOS 
Miguel Servet, 13. — Teléfono 651. 

1902 






BOSQUEJO HISTÓRICO-DOCUMENTAL 



GACETA DE MADRID 



ESCRITO 



al entrar en el IV siglo de su existencia y para solemnizar 
la declaración de la mayor edad del Rey 

DON ALFONSO XIII 



D. JUAN PÉREZ DE GUZMÁN Y GALLO 



Antiguo Director de La Época. 



w 



MADRID 

IMPRENTA DE LA SUCESORA DE M. MINUESA DE LOS RÍOS 
Miguel Servet, 13. — Teléfono 651. 

1902 




AL EXCMO. SEÑOR 

DON SEGISMUNDO MORET Y PRENDERGAST 

Ministro de la Gobernación del Reino. 



Excmo. Señor: 

La entrada de un nuevo siglo y el principio per- 
sonal de un nuevo reinado, con la declaración de la 
mayor edad del Eey, nuestro señor, el Sr. D. Alfon- 
so XIII, moviéronme á escribir un Bosquejo histórico 
documental de la Gaceta de Madrid, que ya entra en 
la cuarta centuria de su existencia, toda vez que en 
la Historia de la Gaceta de Madrid, puede decirse, se 
sintetiza la del 'periodismo en España, desde sus oríge- 
nes racionales en toda Europa, poco después del des- 
cubrimiento y propagación de la imprenta. 

Contra las diversas teorías que se han sentado en 
varios países y en varias literaturas, pretendiéndose 
por algunos apropiarse la primera revelación del pe- 
riódico, instrumento, alma y antorcha de la vida y de 
las relaciones recíprocas en las sociedades modernas, 
las exploraciones de la erudición y las depuraciones 
de la crítica han descubierto que la aparición del pe- 
riodismo debe considerarse como un hecho espontá- 
neo y de uniforme simultaneidad en casi todo nues- 
tro viejo continente, como resultante imperiosa de la 
nueva situación social y política en que quedaron 
constituidas al final del siglo XV las nacionalidades 
modernas, y de los grandes descubrimientos é inven- 
ciones de aquel tiempo, entre las que, para la difu- 



sión del pensamiento humano, se destacó gallarda- 
mente el que á los adelantos generales de la civiliza- 
ción dieron la inspiración, la aplicación y la perse- 
verancia del glorioso mecánico de Maguncia Hans 
Gensflejsch Guttenberg y sus nobles compañeros 
y discípulos. 

Mal había de retrasarse en recibir en su seno 
aquel apostolado, también redentor, que de ellos 
emanó, en su inmediata dispersión fuera de las fron- 
teras teutónicas, el país ilustre que, desde el reinado 
de sus esclarecidos Reyes Católicos, Fisrnando de 
Aragón é Isabel de Castilla, al fundir en uno los 
Estados mayores independientes de la Península occi- 
dental Mediterránea, y al realizar las últimas con- 
quistas de su territorio, llevándolas después por todos 
los linderos del planeta, hasta los anteriormente des- 
conocidos, no sólo constituyó la unidad política de 
España, sino que, poniendo á esta generosa Nación á 
la cabeza del movimiento civilizador de aquel siglo, 
por más de dos centurias sostuvo, juntamente con la 
superioridad de su influencia en el equilibrio moral 
del Universo, la superioridad también en todos los 
ámbitos y palenques de la inteligencia. 

Todas las naciones civilizadas de los dos mundos, 
ante el desarrollo y ascendiente que ha tomado el 
periodismo en la existencia pública y privada de los 
pueblos, desarrollo y ascendiente que adelanta siem- 
pre en marcha progresiva, han procurado escribir y 
publicar la interesante historia respectiva de este po- 
deroso instrumento de su cultura. España, acaso, es 
la única que mantiene en este punto una lastimosa 
excepción; y ya es tiempo de que, en ésta como en 
otras deficiencias de su propio aprecio y estimación, 
salga á iluminar la conciencia nacional y á recobrar 
su puesto entre las gentes, sacudiendo, por fructuosos 
ensayos, su tradicional inacción vituperable, si es 
efectivo verdaderamente el propósito que todos decan- 
tamos de levantarnos moral é intelectualmente de los 



— 5 — 

estrechos moldes en que el espíritu y la conciencia 
general permanecen estancados y como en prisiones. 
En la parte humilde que á mi modestia corresponde, 
el presente Bosquejo equivale al pobre óbolo de mi 
sana voluntad por el despertar moral de la Patria; y 
en manos de V. E. lo deposito, para que, bajo su ilus- 
trado patrocinio, alcance, donde le corresponde, la pu- 
blicidad, que es el último resorte de mi patriótico pen- 
samiento. 

Acog-ido benévolamente por V. E. en alas de mi fe 
nacional, permítame V. E. acompañarle con los sen- 
timientos públicos de la gratitud con que quedo, 

Excmo. Sr., 
de V. E., afectísimo y mayor servidor, 
Q. S. M. B., 
Juan Pérez de Guzmán. 



BOSQUEJO HISTÓRICO- DOCUMENTAL 



GACETA DE MADRID 



1621-1902 



I 



La Monarquía española no tuvo capital ni corte de asiento 
hasta que, para constituirlas en Madrid, centro geográfico 
de sus provincias peninsulares, el Emperador-Rey Carlos V, 
en 1543, mandó realizar las obras que dieron a su antiguo 
alcázar la suntuosidad correspondiente á la que había de ser 
residencia permanente y definitiva de los Reyes de España y 
de sus Ministerios y Tribunales. Este mismo Monarca no 
dejó perfeccionado su proyecto. Consumólo su hijo y sucesor 
Felipe II, que en el año de 1560 hizo venir á la heráldica 
villa sus Consejos Supremos, y abrió el camino por donde la 
nueva capital se convirtiera en el eje de la vida política y so- 
cial de sus vastos dominios por toda la extensión del planeta. 

Todavía Madrid careció de imprentas, hasta que en 1566 
formaron compañía para establecer en ella esta industria 
Alonso Gómez y Pierres Cosin, poniendo éste el arte y aquél 
el capital. Pérez Pastor, en su Bibliografía Madrileña (1891), 
explica satisfactoriamente el suceso. Desde la introducción 
de la imprenta en los Reinos de Castilla, se hizo costumbre 
conceder á los Escribanos de Cámara el derecho de imprimir 
algunos documentos oficiales, que estaban obligados á testifi- 
car, como Pragmáticas y Cédulas Reales, Capítulos de Cor- 
tes, etc., cuya licencia vendían á los libreros, para que éstos 
á todo riesgo costeasen las impresiones. Trasladada la Corte 



á Madrid, Francisco López, el viejo, mercader de libros de 
Valladolid, donde había publicado varios de estos documen- 
tos, vínose á ella; y continuando aquí favorecido por la ser- 
vidumbre de los Consejos, adquirió nuevas licencias, para 
cuyo desempeño valióse, ya de los impresores de Alcalá de 
Henares, donde la imprenta se hallaba establecida desde que 
en 1502 el muy honrado é insigne varón Lanzalao Polono, 
«maestro muy precipuo en el arte impresoria», fué llevado 
por el muy virtuoso y liberal señor García de Rueda á dicha 
ciudad á fin de imprimir los cuatro voluminosos tomos de la 
Vita Christi Cartuxauo, romanzada por fray Ambrosio Mon" 
tesino; ya de los de Toledo, donde los Reyes Católicos tal vez 
hicieron concurrir al alemán Teodorico, que en tanta gracia 
habían tenido desde 1477, cuando resolvieron que se impri- 
miera el Cuaderno de Cortes de 1480, la compilación legal de 
Alfonso Díaz de Montalvo y las Bulas de la Santa Cruzada, 
de que concedieron privilegio al Monasterio de San Pedro 
Mártir. Ello es que cuando en 1569 se dio á la estampa la 
Recapitulación de las leyes destos Reynos, habiéndole pasado 
la última mano el licenciado Bartolomé Atienza, del Consejo 
de S. M-, que logró incluir en su texto hasta las últimas 
Pragmáticas de 1568, hubo que acudir también á las prensas 
del complutense Andrés de Ángulo, lo que arguye que toda- 
vía en aquel tiempo la imprenta que en Madrid establecieron 
los mencionados Alonso Gómez y Pierres Cosin en 1566, y 
que en 1568, por haber deshecho su compañía, se había re- 
partido en dos, debía carecer de elementos suficientes para 
superar obra de tal consideración, aun con haberse ya im- 
preso en la villa coronada algunas Pragmáticas y Provisio- 
nes Reales, y alcanzado Alonso Gómez de la benignidad de 
Felipe II el título, ora de impresor de corte, ora de impresor 
de Su Majestad. 

Si por este tiempo ni aun concepción había de lo que pos- 
teriormente ha constituido la institución civil del moderno 
periodismo, el embrión habíase dejado revelar en España 
desde que la imprenta penetró por las comarcas orientales de 
la península en la misma forma y con las mismas tendencias 
y caracteres que se había manifestado en los demás términos 
de Europa; mas con la diferencia esencial de que, habiendo 
sido España desde el último tercio del siglo XV la nación de 
nuestro continente que, por un conjunto de circunstancias de 
las que mas eficazmente contribuyeron á la grande evolución 



— 9 — 

que sufrió la historia en el siglo del renacimiento artístico, 
científico y literario, de la invención de la imprenta y del 
descubrimiento del Nuevo Mundo, jugó el papel de mas pre- 
ponderante influjo, los sucesos que inició, dirigió ó en que de 
algún modo intervino, fueron los que inspiraron las produc- 
ciones volantes de más universal interés, en que se incubaron 
los gérmenes del periodismo en Europa. 

Tan antigua como el hombre constituido en sociedad civil, 
fué siempre la inclinación á fijar y extender la noción de los 
hechos generales ó particulares que herían la imaginación 
Los siglos medios habían creado casi como oficios de la ser- 
vidumbre de los Monarcas los Cronistas, que tenían á su 
cargo reunir, custodiar y dar pública fe de los sucesos en que 
intervenía el poder real, en quien se reconcentraba entonces 
toda la vida pública de las sociedades nuevas que á la sazón 
se formaban y definían. Con todo el cuidado de conservar la 
memoria de algunos sucesos transcendía hasta á la redacción 
notarial de los documentos escriturarios, y en nuestras ricas 
colecciones diplomáticas monacales del Archivo Histórico 
Nacional es frecuente hallar documentos cuyas fechas van 
adicionadas con la conmemoración de algún fasto histórico 
que se celebraba en los momentos en que la escritura, carta 
ó diploma se extendía. Una escritura particular de donación 
en el Cartulario de Sahagún, legalizada el 9 de Abril del 
año 959, lleva esta adición á la fecha: «Regnante Serenissimo 
principi Sandio Raminiri prolis, auno post Spania reoer- 
sione primor). Lascarías reales del reinado de Alfonso VII, 
llamado el Emperador, en el mismo Cartulario de Sahagún, 
abundan en estas notas periodísticas. En una del año 1136 
(N. 66) dice : «in anuo quo in Legione coronatus fui». Otra 
del 27 de Octubre del año 1139 : «in anuo et mense quo capta 
est Aurelia)) (Oreja, villa del reino de Toledo). Un documento 
del 4 de Diciembre de 1144 : «in reditu fossati quod fuerat eo 
tempore imperator in térra Granate)); y en otro de 25 de No- 
viembre de 1147: «quando predominatus imperator redibat 
de Almaria quam tune eum auxilio ianuensium ceperat et 
iuri christianorum submiseratn. Los del año 1152 se expidie- 
ron «codem anno quo imperator tenuit circumdatam Gaen)). 
En otro del mismo año (18 de Diciembre) se dice : «anno quo 
imperator duxit in uxorem Reiam imperalricem)), y otro de 
23 de Junio de 1153 estaba expedido «in Carrione, quando 
imperator dedit ibi filiam suam in conjugem regí N acarro). 



— 10 — 

Los diplomas Reales de Sancho III del año 1158 hacen cons- 
tar que aquel fué el « atino quo domnus Adefonsus, pater 
noster , famossissimus hispaniarum imperatov, obiit in portu 
de Moradal»; y en una carta de 22 de Enero de 1178, bajo el 
reinado de Alfonso VIII, el de las Navas, se consigna que se 
expedía nquando serenissimus rex Adefonsus Burgis curia m 
celebravitY). Otra efeméride Real caballeresca se contiene, en 
forma periodística, en carta del mismo Rey de 26 de Agosto 
de 1188, « co atino quo serenissimus rex prefatus Adefonsus 
Castelle Adefonsurn regem legionensem apud Carrioneni citi- 
cjulo militie accinxit et ipse Adefonsus rex legionensis deos- 
culatus fuit manum dicti Adefotisi regis Castelle et Toleti». 
Además: «£o etiam anuo ethis diebus quibus sepedictus Ade- 
fonsus illustris rex Castelle et Toleti, romani imperatoria 
filium Conradum nomine accinxit in nocum militem et ei 
filiam suam Berengariam tradidit in uxoremn. Esta costum- 
bre alcanzó hasta los tiempos del Rey D. Alfonso X, el Sa- 
bio, y todas las escrituras, así reales como particulares, del 
año 1255, consignan que se expidieron (xen el atino que don 
Odoart, fijo primero del rey Henric de Anglatierra, recibió 
caballería en Burgos del Reg D. Alfonso, el sobredicho.)) 

Todavía cuando la imprenta, después de mediado el si- 
glo XV, se introdujo en España, y con el casamiento de la 
Princesa Isabel de Castilla con el Príncipe Fernando de Ara- 
gón, Rey ya de Sicilia, se fundieron las dos mayores coronas 
de la Península, desempeñábase el oficio de cronistas reales 
por varones tan esclarecidos como Hernando del Pulgar, 
Lucio Marineo Sículo. Antonio de Nebrija, á quienes en el 
siglo y los reinados subsiguientes sucedieron el Obispo de 
Mondoñedo Fray Antonio de Guevara, Pedro Mexía, Florián 
de Ocampo, Ambrosio de Morales, Jerónimo de Zurita, Es- 
teban de Garibay, Juan Páez de Castro, Cristóbal Calvete de 
Estrella, Renito Arias Montano, Antonio de Herrera, Fray 
Prudencio de Sandoval, Obispo de Pamplona. Todos estos 
pueden considerarse padres de la Historia de España. Pero 
aun con tal conjunción, la forma en que el periodismo mo- 
derno hizo simultáneamente sus primeros ensayos en todos 
los países de la Europa culta, ni fueron anteriores ni poste- 
riores, ni afectó otros moldes que los que en su origen tuvo 
en las demás naciones. En los Catálogos primitivos (Regis- 
trum librorum) de la biblioteca privada que formó en Sevilla 
Fernando Colón, hijo del gran navegante descubridor de las 



— 11 — 

Indias, se describe un Tractado en que se contiene el recibi- 
miento que en Sevilla se hizo al Req Don Fernando. Alenda, 
en su monografía bibliográfica sobre Solemnidades y fiestas 
públicas de España, refiere este papel al año 1477, atendien- 
do una indicación de Ortiz de Zarate en sus Anales. Si fué 
impreso, como hace constar, por Jacobo Cromberger, no pudo 
salir á luz en dicho año, sino en los primeros del siglo XVI, 
que era cuando Jacobo Cromberger imprimía i'n la ciudad 
del Betis. Mas si éste no fué el primer papel volante de no- 
ticias contemporáneas que se conoce en los orígenes históri- 
cos del periodismo en España, ¿puede caber duda de que en- 
teramente nos pertenecen en la última década del siglo XV 
la Relación de la conquista de Málaga que Bruno registra en 
su Manuel du Libraire et de l'amateur des licres, y las dos 
de la conquista de Granada de que da cuenta Harrisel en su 
Bibliotheca Americana Vetustissima, y que escrita una en 
latín y traducida la otra en francés, y editadas respectiva- 
mente en 1494 y 1497, testifica haber visto en las Bibliotecas 
de Nueva York y Washington? Discútase lo* que se quiera 
acerca de la edición primitiva de las Cartas de Cristóbal Co- 
lono, adc insulis India' supra Gangcm nuper inventis», diri- 
gidas á Luis de Santángel y á Gabriel Sánchez y traducidas 
ab hispano idiomate in laünum, ¿pueden ya regatearse á la 
imprenta española, después de los últimos ejemplares autén- 
ticos hallados y reconocidos? 

No se incluirán entre los testimonios documéntanos de 
los orígenes del periodismo en España los papeles peregrinos 
con que se festejaron en la imprenta española en 1496 «el 
casamiento de la hija del Rey despaña con el hijo del empe- 
rador duque de bergoña, códe de flandes, archiduque de 
autrixa»; ni de 1497, «las fiestas y recibimiento q se hizie- 
ron al tiépo q la princesa doña Margarita, hija del aperador 
Maximiliano desébarcó en Santander»; ni «los altos estados 
d los reys nuestros señores de como salieron a misa con el 
alteza del muy alto principe et princesa de españa et de los 
caualleros que con sus altezas salieron», ni otros semejantes; 
porque, aun incluyendo una relación de sucesos en la forma 
común para satisfacer la curiosidad general, vicia su carác- 
ter periodístico el hallarse estos papeles escritos en verso. 
Pero en el Registro primitivo de la Biblioteca Colombina, de 
Sevilla, consta la relación, en prosa, de «El recibimiento que 
hizo el Rey de Francia en Saona al Rey Don Fernando», im- 



— 12 — 

preso en español en 1507, y de 1509 se conserva en la Biblio- 
teca de la Universidad Central, procedente de la de Alcalá de 
Henares, la Carta del Reuerendissitno \ Cardenal de España 
arco- | hispo de Toledo. \ Al venerable uro especial amigo el 
doc | tor de villalpando capellán mayor de nra \ santa y glesia 
de Toledo nro visitador \ y | vicario general re. | , en que des- 
de Cartagena, el 25 de Mayo del año referido, el Cardenal Xi- 
ménez de Cisneros, de vuelta de África, le comunica la expe- 
dición y conquista de Oran. 

No eran distintos de los nuestros los documentos que, 
como primeros síntomas del periodismo en Europa, brotaban 
del nuevo invento de la imprenta en el resto del continente 
en la publicidad en que se interesó la opinión de los pueblos 
al llegar á su constitución definitiva las también nuevas na- 
cionalidades en que aquél se definió durante la primera mi- 
tad del siglo XVI; y aunque algunos hayan hablado por tes- 
timonios ajenos, que la docta erudición no ha podido com- 
probar documentadamente, de que en Roma se publicaban 
en 1523 relaciones de periodicidad uniforme, con capítulos 
de noticias varias, y principalmente políticas, de Ñapóles, 
Venecia, Genova y otras partes de Italia, de Francia y de In- 
glaterra, lo que indudablemente está comprobado por el Ca- 
talogue des livres rares et precieux que de la biblioteca del 
Sr. E. F. D. Ruggieri se formó en París en 1873, cuando 
salió á la venta, es que en todas las lenguas de Europa se 
imprimieron por aquel tiempo muchos papeles sueltos de no- 
ticias varias y con títulos y encabezamientos muy distintos, 
en que se lanzaron á la curiosidad y á la cultura general los 
sucesos que adquirieron á la sazón mayor relieve público. 
Con referencia á nuestros principes que enlazaron ó provi- 
nieron de la Casa de Borgoña é imperial de Hapsburgo, los 
hay en castellano, en francés, en alemán, en italiano, en ho- 
landés y en latín. El primero que entra en esta serie, en el 
año 1500, se titula: La forma como fue rescebida en Gante la 
sennora princesa de Castilla. Como la mayor parte de estas 
Relaciones, ni tiene pie de imprenta, ni nombre de autor. Su 
tamaño es diverso. Las que no ocupan mas que de una á cua- 
tro planas de impresión, suelen ser en folio, y en cuarto las 
que tienen mas, sin que esta regla deje de tener sus excep- 
ciones, como ocurre con las Cartas de Hernán-Cortés so- 
bre la conquista del imperio mexicano, que, impresas y reim- 
presas muchas veces y en muchos lugares y lenguas des- 



— 13 — 

de 1522 á 1526, suelen tener 28 y más hojas, y están en folio. 
Relaciones y cartas de relaciones de fastos reales é impe- 
riales de Carlos V, las hay en número extraordinario. A este 
número pertenece La triumphante et solemnelle entrée faicte 
sur l'aducnement de Mr. Charles, prince des Hespaignes, Ar- 
chiduc daustrice, etc., ensa tille de Bruges le 18 apecril 1515, 
apres Pasques, redigé en escript par Maistre Remy ou Puys. 
De este número es la Carta que el muy illustre señor Almi- 
rante de Castilla embio a la muy noble y muy mas leal ciu- 
dad de Seuilla. En la qual da entera relación de las cosas 
sucedidas con la junta de las comunidades et la carta et re- 
querimiento que les a embiado et la respuesta. E otras cartas 
que embio a Toledo et a otras partes (1520). Ejemplo de las 
de Italia puede ser la Ordine, pompe, apparati e cerimonie 
della solemne intrata di Cario Quinto, imperatore, nella cittá, 
di Roma (vi di april 1536); y de las de Francia, Lordre tena 
et gardé á Lentrée detrés hault et tres puissant prince Char- 
les empereur et roy Despaigne en la tille de París. Lordre du 
banquet faict au Palais. Lordonnance des ioustes et tournoy 
faict au chateau du Lonures (1539). Son gacetas alemanas de 
aquel tiempo, la Vonn Pómischer Kaiserlicher mayestat Ca- 
roli V ehrlich einreitten der Heyligen Reichsstag Nürnberg 
den XVI February anuo 1541, y las Kurtser Bericht, wel- 
cher gestalt Kaiser Cari Hertsog Moritsen su Sachsen mit 
dem Erts-Marschalch Ampt und der Chur su Sachsen su 
Augspurg belchnet hat (1548). Délas escritas en latín testifi- 
ca el Spectaculum in susceptione Philippi Hespaniarum prin- 
ceps divi Caroli V, filii, auno 1549, Antuerpia*; y de las 
en castellano, el Traslado de una carta que fue embiada del 
reyno de Ynglaterra a la muy illustre condesa de Olivares, 
en que se da relación como aquel reyno se ha reformado en 
la fe católica y dado la obediencia al sumo pontífice y las ce- 
remonias con que esto se hiso, estando plísente a todo el 
Principe, nuestro señor (1554). Sin éstas, no tiene aún núme- 
ro el tesoro de interesantísimas gacetas que, constituyendo 
peregrinas joyas de las Bibliotecas de la Real Casa de Espa- 
ña y del Monasterio del Escorial, de la Nacional de Madrid 
y de la de la Real Academia de la Historia, de la del Vatica- 
no y de la Imperial de Viena. del British Museum y de la 
Nacional de París, y de las de Colonia, Bruselas y El Haya, 
se conservan como monumentos de la Historia y de la apari- 
ción del periodismo en Europa, habiendo coetáneamente sa- 



— 14 — 

lido de las prensas de Barcelona y Burgos, Valladolid y Sa- 
lamanca, Valencia y Sevilla, en España, y fuera de España 
en todos los idiomas cultos del continente, de las de Augusta 
y Colonia, Bona y Nuremberga, Venecia y Roma, Ñapóles y 
Milán, Praga y Amberes, Aquisgram y Bruselas. Todos estos 
papeles volantes, que debió devorar la multitud de su tiempo, 
refieren, en la forma que ya anunciaba la moderna informa- 
ción del periodismo, las efemérides y empresas de tan gran 
Monarca, lo mismo las políticas y militares, que las de fami 
lia y corte. 

Cualquiera que sea la lengua en que estos papeles volan- 
tes se hallen escritos y el lugar en donde se hayan dado á la 
estampa, España y el periodismo español los considera como 
pedazos y documentos de su historia, á los que todavía nos es 
licito añadir los muchos que, aun saliendo primitivamente de 
nuestra Península, eran traducidos y adquirían carácter de 
universalidad, como los que relataban las expediciones y con- 
quistas del África y del Asia, la civilizadora expansión de 
nuestras misiones católicas y las geográficas del Nuevo Mun- 
do, como las Relaciones de Alvar Núñez Cabeza de Vaca, que 
se imprimieron en Zamora en 1542, y las de lo sucedido en las 
provincias y reino del Perú desde la ida del virrey Blasco 
Núñez Vela, que vieron la luz en Sevilla en 1549. 

Tales son los prolegómenos del periodismo en España, 
antes de que en ninguna otra parte de Europa hubieran apa- 
recido por el vehículo de la imprenta y con su propio carác- 
ter de continuidad y regularidad sistemática las genéricamen- 
te llamadas Gacetas, cuando Carlos V preparó en 1543 su 
Alcázar histórico de Madrid para asiento permanente de su 
casa y trono, cuando Felipe II trajo en 1560 á la realzada 
villa sus Consejos y Tribunales Supremos, y cuando Alonso 
Gómez y Pierres Cosin en 1566 formaban su compañía y es- 
tablecían en la nueva corte y capital del imperio tan dilatado 
el ministerio civilizador de la imprenta. 



II 



Abarcó el reinado de Felipe II casi todo el resto del 
siglo XVI, pues que rigió la Monarquía de España desde el 
año 1556, en que la renunció su padre, hasta el 13 de Sep- 



— 15 — 

tiembre de 1598, en que murió en el Escorial. En continuos 
avances, Madrid fué absorbiendo la corriente de toda la vida 
política, social, económica é intelectual de la Península, y 
Madrid se constituyó en el centro directivo déla inteligencia. 
La imprenta, en medio siglo, echó en ella raíces que habían de 
ramificarse y beber el jugo de toda la Monarquía, y el mismo 
rey Felipe II tomó en ello una parte personal importante, 
cuando llamó de Salamanca al impresor florentino Julio Junti 
de Modesti, á fin de acabar de dar á un arte que él miraba 
con aficionada predilección la perfección en que tanto se ha- 
bían afanado los dos profesores que vinieron aquí á fundarlo, 
y Francisco Sánchez, Juan Gracián, Guillermo Drouy, Que- 
rino Gerardo, Juan Iñiguez de Lequerica, Pedro Madrigal, 
Luis Sánchez y Guillermo Foquel, que desertaron en su ma- 
yor número de Alcalá, de Valladolid y otros puntos, se es- 
tablecieron en ella y alcanzaron el honor de asociar sus nom- 
bres á una multitud de las ediciones príncipes de nuestros 
más ilustres escritores del siglo de oro, adelantándose á los 
Junti, llamados con su regente Juan Flamenco por el Rey 
mismo para echar los primeros cimientos de la Imprenta 
Real en la casa que para este oficio Felipe II dispuso que se 
tomara de la Marquesa del Castellar, junto á San Justo, con- 
forme Pérez Pastor ha explorado en los libros de la Cámara 
del Archivo general de Simancas. 

Con iguales alas que la imprenta había ido creciendo, 
dentro y fuera de España, la continuada publicación de los 
papeles volantes y opúsculos de sucesos, ya particulares,' ya 
generales y varios. Estos papeles habían tomado un nombre 
genérico en cada uno de los países en que se producían ; y 
derivándose los más de las Cartas de avisos de los espías de 
Estado, de los mercaderes entre si, de los agentes, ya di- 
plomáticos, ya estipendiados, y hasta de las relaciones de fa- 
milia, subsistieron mucho tiempo manuscritos antes de que 
de ellos se apoderase el imperio de la imprenta. Los de Le- 
vante, que á España venían en 1552, los traían Domenico Ga- 
ribaldi, patrón de la nave Santa Ana, y Jorge de Polo, patrón 
de la Santa Trinidad. Casi todas estas noticias solían ser se- 
cretas, y en su mayor parte no se suscribían para que pa- 
recieran anónimas: así cuando comenzaron á darse al am- 
biente de la publicidad tropezaron con grandes oposiciones 
que contuvieron su marcha inicial por todo el siglo XVI y 
gran parte del XVII. 



— 16 — 

Ha escrito Casti que los primeros en establecer estas car- ¡ 
tas periódicas manuscritas para comunicarse noticias políti- 
cas y sociales que hacían á su interés fueron los mercaderes 
italianos de las riberas de Levante; que como en estas cartas 
se daban noticias de toda clase de sucesos, principalmente de 
los más ocultos en la política de los Estados, fueron ingenio- 
samente llamadas entre los mercaderes levantinos que las 
recibían gassetas, es decir, urraquillas que todo lo parlaban, 
diminutivo de gasza, urraca; y que cuando, inventada la im- 
prenta, comenzaron á darse á la luz en papeles volantes y 
libros breves las cartas y noticias umversalmente interesan- 
tes, como las de las exploraciones y conquistas geográficas de 
Portugal y España, las últimas expulsiones de los moros de 
nuestra península y las cuestiones, pendencias y guerras de 
preponderancia y equilibrio que se plantearon en toda Euro- 
pa desde que Fernando el Católico y el Gran Capitán dis- 
putaron victoriosamente á Francia la supremacía sobre Ita- 
lia, eje á la sazón de todos los intereses en el Mediterráneo y 
en el continente, la multitud de papeles que entonces por 
vez primera se lanzaron á los estadios de la opinión, relatan- 
do sucesos de política y de guerra, sosteniendo derechos ó 
abriendo el palenque de las discusiones jurídicas, cualquiera 
que fuese el título con que se les encabezase y la materia de 
que trataran, recibían el nombre genérico de gazctns, que el 
contacto con Italia hizo común para este género de publica- 
ciones á todo el mundo neo-latino. Pero esta opinión de Casti, 
para constituir un verdadero canon histórico, necesita de 
algún testimonio documental en que apoyarse, y este docu- 
mento no existe. Nuestro distinguido filólogo D. Lorenzo 
González Agejas no opina como Casti. Las mismas gazetas 
de noticias privadas que se atribuyen á los mercaderes ita- 
lianos del Mediterráneo, pudieron tenerlas los mercaderes 
neerlandeses y alemanes del Mar del Norte, y la palabra ga- 
ceta podría derivarse de la voz germánica Gezelt, que equi- 
vale á noticias del día. 

Las gacetas de Italia por aquel tiempo, ni en casi todos 
los dos siglos XVI y XVII, cuando se circunscribían á pa- 
peles de noticias varias, á semejanza de las cartas de avisos 
de los antiguos mercaderes de Levante, ni se encabezaban 
con titulo especifico ninguno, ni llevaban pie de imprenta. 
Consistían ordinariamente en una sola hoja en fclio, y em- 
pezaban por el nombre del lugar de donde procedían, seguido 



— 17 — 

de la fecha, en la forma siguiente: Venczia li 28 marzo 15... 
o 16..., Genoca li 6 giuyno 15,.. ó 16..., Firenze l¿30 mág- 
gio 15... ó 16..., Torino li 23 aprile 15... ó 16..., Napoli 1 
luglio 15... ó 16..., y en esta misma forma de otras muchas 
partes. Nosotros no conservamos ninguna colección formada 
de estas Gazzeta^ primitivas de Italia. Pero en todos nuestros 
Archivos históricos, en nuestra Biblioteca Nacional, asi en 
las colecciones de documentos de la Sección de Manuscritos, 
como en la de Varios, y en la Real Academia de la Historia, 
hay gran número de ejemplares sueltos que pueden servir de 
testimonios de comprobación. 

Mas si como genérico de esta clase de publicaciones el 
nombre de Gazsetas se generalizó en varias partes de Euro- 
pa desde mediados del siglo XVI, como específico de algunas 
determinadas, que ya entran en la jurisdicción del primer 
embrión orgánico del periodismo, tardó mucho más en ser 
aceptado. En ninguna parte del continente se encuentra hasta 
después del primer tercio del siglo XVII, excepción única 
hecha de la Gazzeta di Venetia, de 1603 y 1604 La Ga¿¿ te 
de Amsierdam y la Gazzete de Rotterdam, son de 1630. En 
1631 apareció en París la Gazzete de France, de los herma- 
nos Theophrasto, Eusebio é Isaac Renaudot. De esta Gaceta 
poseemos nosotros una noticia casi documental. En un In- 
quiridión de noticias que se encuentra en nuestra Real Aca- 
demia de la Historia (estante 27, grada 11, E. núm. 31, 
folio 132) se lee : — «Año 1631. — Se inventó la Gaceta por 
el Cardenal de Ric/ielieu.» La Gaseta primera de Lisboa fué 
de 1641, y'en las islas de la Gran Bretaña el denominativo de 
Guzzete no penetró como especifico en uno de sus periódicos 
hasta el año 1699, en que John Watson estableció en la capi- 
tal de Escocia su T/ie Edinburgh Gasette. 

El no aplicar el nombre genérico de Gacetas á sus pro- 
ducciones periódicas de noticias, en la forma que por todas 
partes les fueron características en el primer largo período de 
la incubación del periodismo moderno, no arguye que care- 
cieran del suyo local en otras naciones. En Alemania se 
apellidaron Zeittingen; Mercurys en Inglaterra: Nouvclles 
en Holanda y Flandes; Conrriers y Journaux en Francia, y 
en España y Portugal, así como en Roma, Acisos, Cartas y 
Relaciones. La traducción universalmente admitida á la pa- 
labra Zeitung equivale á Gaceta, no sólo porque realmente 
representa en su significado lo que la voz Gaceta define ya, 

2 



— 18 - 

es decir, una cosa equivalente á vo¿, eco ó testimonio del 
tiempo, sino por el origen etimológico de la misma palabra, 
que ya hemos enunciado. Prutz, en sus Geschichte des deuts- 
cher Jornalismus, la analiza también diciendo que Zeitung 
se deriva de la voz theidinge, antes, en el alto alemán, tei- 
dittiy, cuyas raíces son las mismas que la de la palabra in- 
glesa tiding y de la del sueco tidinger, y le da por significa- 
do directo el de noticias nuevas. González Agejas explica el 
origen déla voz moderna Zeitung del modo siguiente: aZeit, 
dice, es una palabra alemana primitiva, que equivale á tiem- 
po. De ella se forma Zeit-ung , nombre derivado que equivale 
exactamente á nuestra voz Periódico, en el sentido de publi- 
cación que aparece de tiempo en tiempo. También emplean 
los alemanes la voz Zeitschrift (literalmente, escrito ó publi- 
cación periódica). Esta palabra germánica Zeit corresponde 
á la neerlandesa ú holandesa Tijd (tiempo) y á la escandina- 
va Tide (danesa, sueca, etc.), escrita antes como la anterior, 
de donde forman su Tijdschrift, equivalente al Zeitschrift 
alemán.» De cualquier modo, dentro de la voz genérica Zeit- 
ung, aunque ya en 1526 no se hubiera aplicado en Praga á 
algunos papeles volantes con relaciones de la guerra contra 
los turcos, entraron á modo de Gacetas, los opúsculos y re- 
laciones de sucesos, como en Inglaterra, bajo el de sus Mer- 
curgs, sus Spges, Discoverces, Posts, Intelligencers, y por 
este estilo en los demás países. 

La tendencia, asi á no contraer cada una de estas publi- 
caciones á la relación de un solo suceso, sino á dilatar la es- 
fera de sus informaciones, como á reducir su aparición ante 
el público á reglas sistemáticas de periodicidad y método, fué 
también, en sus ensayos, simultánea en casi todos los Esta- 
dos de Europa. La erudición y la crítica han contribuido á 
deshacer la fábula ingeniosa con que los hermanos Yoske 
habían hecho creer en Inglaterra que en 1588 había existido 
un periódico en Londres titulado English Mercurg. destinado 
á levantar el espíritu público del pueblo inglés para defen- 
derse de las amenazas del rey Felipe II de España, y de su 
poderosa Invencible Pero si la destrucción de esta falsifica- 
ción, á que tanto ha contribuido nuestro ilustre Gayangos. 
echa por tierra toda idea de que los Gobiernos pensasen ya 
en el último tercio del siglo XVI en apoderarse de estos ór- 
ganos de publicidad para dirigir la opinión, dotándolos á la 
va^ de la variedad de noticias que excita su interés é impri- 






— 19 — 

miéndoles las primeras reglas de uniformidad y regularidad 
en su aparición, en las condiciones ingratos en que, por cir- 
cunstancias muy varias, en España discurrió en el siglo XVI 
la infancia del periodismo, quedan huellas, que deben ser bien 
apreciadas, de que á cada uno de estos tres términos de su 
desenvolvimiento ó por cálculo ó por instinto se tendió. 

Entre el tesoro de relaciones de sucesos particulares que 
aun nos queda del siglo y reinado de Felipe II, existe en la 
Real Academia de la Historia (Salazar : N. 34. Fol. 39) un 
papel que se titula fa Relación délo sucedido en el cerco de 
Galera. Son dos hojas en folio, de letra gótica, que por no 
llevar fecha no testifica el año. Está impreso en Valladolid por 
Bernardino de Santo Domingo. La relación empieza : — «El 
señor don Ivan de | Avstria llego sobre el lugar de Gale | ra, 
a los diez y nueue de Enero, y se a | posento el capo y el si- 
tio, y a los veynte | y quatro comégo a batir con doze | piecas 

de arttilleria grades y menores por dos par | tes» — Y asi 

concluye en la plana tercera: — «Aliamos los christianos que 
tenían dé | tro muertos, hechados en vn corral, y algunas 
ca | becas cortadas, y entre ellos echadas vestías y | perros 
muertos.» — La cuarta plana, sin embargo, no queda en blan- 
co, ni se ocupa con romances ó coplas, como en otros papeles 
de noticias se advierte, sino que en ella se articulan, como 
dudiera hacerse en el estado actual del periodismo, con su di- 
visión correspondiente, otras noticias de la siguiente ma- 
nera : 

1T Por carta de diez y siete de hebrero de Baga se 
entiéde quel | señor don Ivan de Avstria auia estado 
alli hasta aquel dia, y | auia mádado entregar a Gale- 
ra a la muger de don Henriq | cuya era, con que hi- 
ziesse las casas en lo baxo, y a los soldados | de Huesca, 
que daua cargos d' derribar todo lo alto y allanallo | 
enlo qual se entendía lúa el señor don Ivan sobre Se- 
rón, do | de se entendió que auia poca resistencia, y 
passaria sobre otro | lugar que estaua mas adeláte yes 
mas fuerte. 

1T De Granada auia salido don Ivan de Médoca con 
ocho | mil hombres sobre las Guájaras, y don Antonio 
de Luna có | el corregidor de Malaga yuan a la sierra 
de Bentomiz, y el duque de Sessa con la demás gente 
yua la buelta del Alpu | jarra: y créese que con esta 



— 20 — 

orden y la nieue que auia caydo | en la siérrase acaba- 
ra todo. 

TI De ocho de enero escriue don Alonso Pimentel de 
la Go | leta quel rey de Argel se allaua cerca dalli, y 
auia auido | vn renquentro con el de Túnez: en el qual 
se auia desuaratado | y proseguía su camino, la buelta 
D' la Goleta, créese que la bera I de abora la tiene cer- 
cada. El duque de Alcalá jütaua las gale | ras de Ñapó- 
les y Sicilia y la religión para socorrella, no ere | en 
que hará daño: porque aquella plaza esta fuerte. 

En otras relaciones de la insurrección de los moriscos de 
Granada que contiene el mismo volumen, consta que la li- 
cencia para imprimirlas la obtuvo el impresor Bernardino de 
Santo Domingo «del muy magnífico y muy reverendo señor 
el licenciado Portella, Provisor de la Abadía»; pero la forma 
y condición de las noticias, que parecen emanadas de las ofi- 
cinas de Estado y hallarse incluidas en la colección formada 
á fines del siglo XVII por el Presidente de Castilla, Conde 
de Villahumorosa, el cual no protocolizó en sus volúmenes 
sino piezas documentarías y del Consejo, inspiran la convic- 
ción de que aquellos papeles volantes de la rebelión de los 
moriscos de las Alpujarras, ó salieron de las Secretarías del 
Rey, ó de la de D. Juan de Austria, el glorioso caudillo de 
aquella empresa. Mas de la intervención del poder real en 
estas publicaciones, en el reinado de Felipe II, siguiendo ade- 
lante se darán pruebas más concluyentes. 

De que la tendencia á determinar para su impresión una 
periodicidad constante también prosperó en España en los 
últimos años del siglo XVI, tenemos pruebas aun más irrecu- 
sables. En el Catálogo impreso de la Biblioteca de Salva, an- 
tes de que pasase á la propiedad del Marqués de Benahavis^ 
D. Ricardo de Heredia, registranse unas Gacetas publicadas 
de año en año en Sevilla desde el de 1597. Salva no llegó á 
reunir más que tres consecutivas, cuyos títulos eran los si- 
guientes : 

I. Nuevos avisos venidos de Roma, por el Licenciado Ro- 
drigo de Olia de Osisenaga, al P. Fray Alonso de Aguilar, 
en que se da cuenta de las cosas que pasan en Turquía y del 
Principe Cardenal, en Francia g en otras partes. — Sevilla: 
por Rodrigo de Cabrera: 1597. 

II. A visos nuevos venidos de Roma en 8 de Enero de 1598, 



— 21 — 

en que se da cuenta de la ceñida, é inundación que las Iludas 
y el rio Tiber han causado en dicha ciudad. — Sevilla: por 
Rodrigo de Cabrera: 1598. 

III. Nuevos avisos venidos de Roma de lo sucedido en el 
Ejercito imperial y de lo que ha hecho el Principe de Tran- 
silvania y de otros avisos de diversas partes. — Sevilla: por 
Rodrigo de Cabrera, 1599. 

Sevilla, como saben cuantos conocen algo de la bibliogra- 
fía española, fué, durante los siglos XVI y XVII, y hasta 
que en 1690 se vinculó en un privilegio especial y exclusivo 
la facultad de publicar Gacetas y Relaciones de sucesos y no- 
ticias, el centro más activo de esta clase de publicaciones en 
España. El mayor número de estos papeles originales ema- 
naron de sus prensas, y en ellas se reimprimían al vuelo 
cuantos aparecían en cualquiera otra localidad, en los diver- 
sos reinos ó provincias de la Monarquía. El comercio que de 
estos papeles sostuvo con América debió ser considerable; y 
aunque todavía la erudición no ha encontrado rastros docu- 
méntanos para asegurar que los que se dedicaban á esta in- 
dustria debían contar corresponsales que les dieran razón de 
los sucesos de público interés en todos nuestros á la sazón 
extensos dominios, asi lo hace sospechar el número, la va- 
riedad y la frecuencia en que en aquella ciudad se publica- 
ban, ya con el titulo de Relaciones, ya con el de Cartas ó Co- 
pias ó Traslados de Cartas. Organizado así este elemento 
mercantil, se explica bien que el impresor Rodrigo de Cabre- 
ra, que desde 1594 había comenzado é trabajar en Sevilla, in- 
tentase dar estabilidad á las Gacetas, publicando una de ellas 
cada año, aunque en el de 1599 dio otras dos distintas de las 
que contenían las noticias que de Roma enviaba Olia de Osi- 
senaga: la de lo que sucedió en las islas Canarias con la Ar- 
mada de Holanda, desde el 26 de Junio hasta el 8 de Julio del 
mismo año, la primera, y la segunda, la de lo que a hicieron 
los naturales» el día 3 del último de estos dos meses. Hay que 
atribuir la suspensión que sufrieron los Xuevos Avisos de 
Roma al tercer año de su publicación, á que en el mismo de- 
bió morir Rodrigo de Cabrera, según opina Escudero y Pe- 
rosso, y que su imprenta debió cerrarse ó quedar regenteada 
por manos extrañas, pues de su hijo y sucesor Juan de Ca- 
brera no se encuentran impresiones anteriores á 1624. 

Entre tanto, en Madrid ni aun señales sedaban de que 
el periodismo despertase. La casi total carencia de Gacetas 



- 22 - 

ó Relaciones de sucesos emanadas de sus prensas, hizo creer 
á Gayangos que Felipe II no permitió que se publicasen en 
su corte á consecuencia de la Bula IV de Gregorio XIII, con- 
tra famigeratores nuncu patos M enantes; pero esta Bula lle- 
va la fecha de 1." de Septiembre de 1572, y de los seis años 
anteriores, desde la introducción de la imprenta en 1566 por 
Alonso Gómez y Pierres Cosin, tampoco existe el menor pa- 
pel de este linaje. Pérez Pastor, echándolos también de me- 
nos y teniendo en cuenta el carácter personal de aquel rey, 
supone que no seria de su agrado que se publicasen. Pero 
entonces, ¿.cómo las toleraron sus ministros y consejos, y 
aun las autorizaron con sus licencias en otras partes? El Ca- 
talogue del'histoirc de France de la Biblioteca Nacional de 
París registra de aquel tiempo, como de épocas posteriores, 
una multitud de preciosos opúsculos y hojas volantes impre- 
sas en aquella capital coh ocasión de las paces con España y 
de los matrimonios de Felipe II con Isabel de Valois. Todos 
estos papeles volantes cumplían en Francia la misión de los 
periódicos modernos; mas Felipe II, aunque autorizó los li- 
bros que sobre esta efeméride publicaron la Universidad de 
Alcalá de Henares y la ciudad de Toledo en 1560, y el de Al- 
var Gómez de Castro en 1561. sólo consintió que en Sevilla 
se diera á luz la Relación, llamémosla popular, que editó 
Alonso de Coca, en Calde la Sierpe. De la gloriosa batalla de 
l.epanto se publicaron Cartas y Relaciones en Sevilla, en 
Medina del Campo y en Valladolid : de la imprenta de Fran- 
cisco Sánchez, de Madrid, únicamente salieron los nueve ro- 
mances que con el título de Historia dio á la estampa el os- 
curo poeta y bachiller Hernán López de Yanguas. De la ba- 
talla naval de las Azores hay Relaciones impresas en Sevi- 
lla, en Lisboa, en Zaragoza: de Madrid, ninguna. ¿Existia 
realmente una prohibición expresa de Felipe II para que no 
se permitiese imprimir en Madrid este género de papeles"? A 
pesar de la rigurosa policía en que en su tiempo vivía la im- 
prenta cuya libertad tenían coartada así las leyes civiles como 
las eclesiásticas, la suposición de Pérez Pastor no podrá ser 
admitida de una manera definitiva mientras entre las Cédu- 
las del Consejo no aparezca un documento que pronuncie la 
sentencia. 

Las meticulosidades del Bey Felipe II en materia de im- 
prenta están corroboradas por multitud de hechos que la de- 
nuncian, y en el Cartulario de 1583, de la Inquisición de Va- 



- 23 — 

lencia, constan dos documentos que revelan cuáles eran las 
vacilaciones de tan gran monarca en cuanto se referia a la 
publicidad de las cosas políticas. La anexión de Portugal ha- 
bía sido tema de ardientes impugnaciones contra su derecho 
en todas las plazas de la opinión en Europa, movida por los 
implacables adversarios de la Corona de España, y Joan An- 
tonio Viperano recibió el encargo de salir á la defensa en un 
libro que tituló Obtenía Portugalia a Rege Catlwlico Philippo 
Historia. Hecha la edición en Madrid, el 14 de Septiembre 
de 1583 el Cardenal Inquisidor general se dirigió ad mane/ata 
á los Reverendos Inquisidores de Valencia, ordenándoles que 
tan luego como recibiesen el ejemplar de dicho libro que les 
remitía, dispusiesen que con la celeridad posible se imprimie- 
sen por su impresor de aquella ciudad 1.500 pliegos como el 
primero, sin quitar ni poner cosa alguna más que el nombre 
del impresor que lo imprimiera; y de tal manera, «que parez- 
ca y se entienda que todos los cuerpos destos libros han sido 
impressos en Valencia... Avisareisnos el recibo del y lo que 
costará imprimir y embiar en papell los dichos mili y qui- 
nientos pliegos primeros..., y procurareis que se haga con toda 
breuedad y sin que se dé ha entender quel dicho libro se a 
entibiado desta corte, ni que haya sido impresso en otra parte, 
porque assi conuiene. » En 10 de Diciembre, el Cardenal In- 
quisidor volvía á escribirles: — «En 5 deste mes escriuimos 
que nos embiasedes los mili y quinientos primeros pliegos de 
la Historia de Portugal que escriuisteis estauan impressos... 
y porque después desto se a entendido que no conuiene que los 
dichos libros se publiquen ni vendan, ordenareis como luego 
se recojan... y nos auisareis el estado en que quedan... para 
que cerca dellos se os ordene lo que deueis hazer.» 

Una sola vez, á lo que parece, el Rey Felipe II quiso poner 
gratamente su mano sobre aquellos ensayos del periodismo 
naciente y entregar sus pensamientos por medio de las Gace 
tas á los vientos de la publicidad. Armado su brazo contra 
Inglaterra, no le detuvo en su empresa ni la muerte de Pero 
Meléndez de Aviles, el Adelantado de la Florida, cuando en 
Santander organizaba su colosal expedición; ni la del Mar- 
qués de Santa Cruz, D. Alvaro de Bazán, cuando la disponía 
en Lisboa Dada la última mano á los grandes preparativos, 
nombrados los cabos, reunida la gente de tripulación y des- 
embarco, mandó imprimir en la capital de Portugal la Rela- 
ción verdadera del Armada que el Reg, nuestro Señor, man- 



— 24 — 

da juntar en el puerto de la ciudad de Lisboa en el Reino de 
Portugal el año de 1588. De este papel mandó hacer reim- 
presión en Madrid, para lo que se dio licencia á Blas de Ro- 
bles, librero del Rey, haciendo constar en dicha licencia que 
la Relación la «ha visto y emendado el Secretario Andrés de 
Alba». Pérez Pastor, que ha visto la que pasó de la aproba- 
ción del secretario Gallo de Andrada á las cajas de la viuda 
de Alonso Gómez, impresor del Rey, para servir de original, 
dice que donde dice en el membrete «que la Armada comen- 
zó á salir á los treynta y se hizo á la vela », el Rey añadió de 
su puño: vque nuestro Señor la encamine en su santo servi- 
cio». — Después añade el autor de la Bibliografía madrileña 
del siglo XVI: — «La publicación de esta Gaceta en Madrid 
fué inconveniente en alto grado. Poco tiempo después se hizo 
circular con profusión la noticia de la victoria de la misma 
Armada. A los pocos días se supo el desastre de nuestra Ma- 
rina, y se mandó recoger la falsa Relación para ocultar nues- 
tra vergüenza. » 



III 



Aunque en el año de 1607 se publicó en Madrid, en la im- 
prenta de Luis Sánchez, impresor del Rey, « El juramento 
qoe la Señora Infanta D.' Ana, por si y en nombre del Sr. In- 
fante D. Carlos y la Sra. Infanta Doña María, sus herma- 
nos, hicieron al Principe Don Felipe, nuestro señor, en las 
Cortes que se celebraron en la villa de Madrid á 16 de Abril 
del año 1607. Y assi mismo el que hicieron á su Alteza los 
Prelados, Grandes y Caualleros de titulo y los Procurado- 
res de las Ciudades y Villa de voto en Cortes, destos Rey- 
nos, en presencia de las Magestades del Rey y de la Reyna, 
nuestros Señores)), este papel no puede entrar en la categoría 
de Gaceta ó Relación de sucesos. Las actas de estos Juramen- 
tos eran documentos de oficio; no se vendían al público; cir- 
culaban autorizados por los escribanos de Cortes ó del Conse- 
jo, y constituían estado jurídico; así fué como Felipe II, que no 
permitió que en Madrid se publicaran sino Pragmáticas, Pro- 
visiones, Privilegios y los demás documentos de la literatura 
oficial, hizo imprimir en 1573 el Juramento del Principe de 
Asturias D. Fernando en las Cortes de 31 de mayo en dicho 
año; en 1580 el del Principe D. Diego, y en 1584, el 11 de 



Noviembre, en el Monasterio de San Jerónimo el Real, el del 
Príncipe D. Felipe, que le sucedió. Las Relaciones particula- 
res del Juramento del Príncipe Felipe IV, en 1607, conside- 
radas como Gacetas de noticias y no como testificación de un 
acto jurídico y de Estado, se publicaron por la industria pri- 
vada del periodismo al año siguiente de 1608, en Alcalá de 
Henares, en casa de Justo Sánchez Crespo, « que sea en glo- 
ria », y en casa de Juan Gracián, « que sea en gloria » tam- 
bién, de donde salieron dos ediciones diferentes. 

Habíanse verificado antes, reinando ya Felipe III en 1599, 
las llamadas Fiestas de Denia, con motivo de la llegada de 
dicho monarca á aquella población para celebrar sus bodas 
con la Archiduquesa Margarita de Austria, juntamente con 
las de su hermana la Infanta Doña Isabel Clara Eugenia con 
el Archiduque Alberto, que para esto se había depuesto de la 
púrpura cardenalicia, que por tanto tiempo había ostentado 
durante sus Gobiernos de Portugal y Flandes, y aunque, se- 
gún Gil González Dávila en el libro II, cap. VII de su His- 
toria de Felipe III, aun inédita, «lo sucedido en este Ytine- 
rario lo escribió Don Alvaro de Carvajal, capellán y limosne- 
ro mayor de aquella Magestad, en los Libros diarios, donde el 
que tiene este oficio escribe cada día lo que sucede en el Pala- 
cio del Rey»; y aunque confluyeron para solemnizar aquellos 
sucesos en el ámbito de la literatura y de la historia la musa 
de Lope de Vega Carpió, á quien el Marqués de Denia, Duque 
de Lerma, arrastró á Valencia con tal motivo; la de Gaspar 
de Aguilar, invitado por el favor de la casa ducal de Gandía, 
y Luis Velez de Santander, que después cambió este segun- 
do apellido materno por el de Guevara, llevado de Andalu- 
cía por el Cardenal-Arzobispo de Sevilla D. Rodrigo de Cas- 
tro, y todos escribieron y publicaron al propósito sendos li- 
bros y relaciones de ciegos; ni de las de estos escritores insig- 
nes, ni de las de los que anónimas las escribieran también, 
se imprimió, ni reimprimió en Madrid una sola, habiéndolas 
producido numerosas en Valencia las prensas de Pedro Pa- 
tricio Mey, Juan Chrysóstomo Garriz y Diego déla Torre; en 
Sevilla, las de Rodrigo de Cabrera, Clemente Hidalgo y Juan 
de León; en Valladolid, las de los herederos de Juan Iñiguez; 
y en Toledo, las de Juan Ruiz. 

El periodismo, en su forma todavía embrionaria de Rela- 
ciones de sucesos particulares, no se inició en Madrid hasta 
el año 1612. El Poder Real y el de sus Ministros y Consejos 



— 26 — 

abrieron la mano para tolerarlo, cuando, con motivo « des 
hereuses alliances de FrAce et d'Espaigne», y de ala publica- 
tion des mariages du Roy <f* de Madame auec l' Infante <$/• le 
Pruiee d'Espaigne)), Juan Millot, Juan de Bordeaulx y Juan 
Laquehay, impresores de París, apar le Coinmandement de 
Sa Mu J esté i) empezaron á llenar el mundo político de Europa 
con las multiplicadas relaciones de sucesos tan importantes. 
Partió de Madrid á París la embajada del Duque de Pastra- 
na D. Ruy Gómez de Silva y Mendoza, «el mas bizarro y de 
buen rostro y cuerpo que ay en España»; de París vino reci- 
procamente á las capitulaciones la embajada del Duque de 
Mayenne, Enrique de Lorraine, enviado de la Regente de 
Francia, María de Médicis; y cuando toda Europa ardía en 
curiosidad é interés por una aproximación de las dos coronas, 
en un suceso de familia que había de ejercer un influjo, no 
por todos previsto, aunque por todos sentido, en la política 
general del continente, ni al Rey Felipe III, ni á su valido el 
Duque de Lerma, parecióles que era disculpable tener en la 
corte de España cerradas las válvulas de la opinión hasta para 
los desfogues de los entusiasmos populares. 

Kn las altas esferas del poder pensóse en imprimir direc- 
ción á estos desfogues, sometiendo la redacción, ya de los li- 
bros, ya de los papeles volantes que hubieran de ver la luz 
pública, al talento probado de un ingenio conocido, y Tamayo 
de Vargas nos testifica que para este delicado encargo fué de- 
signado Gabriel Lasso de la Vega, que, aunque sin dar su nom- 
bre, escribió, en efecto, la Jornatla de los Duques de Pastra- 
na ;/ de Humena; nombre el último con que el oído vulgar co- 
rrompió el del titulo de Enrique de Lorraine, Duque de Ma- 
yenne. Pero contra estas altas previsiones presentáronse de 
improviso en la palestra tres paladines aspirando al aún des- 
conocido honor del periodismo: éstos fueron el precoz erudi- 
to Pei<vo Mantuano, que á instigaciones del Condestable de 
Castilla, Juan Fernández de Velasco, ya había tratado de su- 
bírsele á las barbas al talento serio, fundamental y mermado 
del P. Juan de Mariana, padre y maestro de la Historia en Es- 
paña; otro joven, andaluz también, é indudablemente de Se- 
villa, Andrés Al/nansa de Mendoza, que acaso vino en la co- 
mitiva familiar del Conde de Olivares D Gaspar de Guzmán, 
cuando éste fué llamado á los servicios palatinos del Prínci- 
pe Felipe IV, y, finalmente, aquel Cristóbal Suárez de Figue- 
roa, ya distinguido desde 1609 en Valencia, con las prosas y 



versos de La constante Amarilis y la traducción de la tragi- 
comedia pastoral de Juan Bautista Guarirá El Pastor- Fido, 
y que en el mismo año de 1612 lanzaba á los vientos de la pu- 
blicidad su heroico poema de España defendida. Cada uno de 
estos escritores venia apoyado por influencias cortesanas de 
gran peso. Ausente en la embajada de Londres el Condesta- 
ble de Castilla, habíase arrimado el sagaz malagueño Pedro 
Mantuano á los poderosos auspicios del Conde de la Oliva, 
D. Francisco Calderón, primogénito del Marqués de Siete 
Iglesias; Almansa de Mendoza tenía en su favor toda la casa 
de los Guzmanes, asi de la ducal de Medina-Sidonia, tan pro- 
pincuamente emparentada con la casa de Silva, y por ésta con 
la de Lerma, como déla condal de Olivares; y Suárez de Fi- 
gueroa descansaba en el patrocinio del quinto Marqués de 
Cañete, D. Juan Andrés Hurtado de Mendoza, ídolo de las 
letras. De las prensas de Alonso Martín salieron las tres Re- 
laciones de entradas, fiestas y capitulaciones; y Almansa y 
Mendoza, dejando traslucir ya su instinto periodístico, añadió 
á la suya un capítulo de Gacetilla de corte, con las noticias de 
gracias, mercedes y otros sucesos de los días en que se publi- 
có. Todas las tres fueron reimpresas: la de Pedro Mantuano, 
en Málaga, por Antonio Rene; la de Almansa y Mendoza, en 
Granada, por Bartolomé de Lorenzana: y en Zaragoza, la de 
Suárez de Figueroa, por Juan de Lanaja y Quartanet; pero en 
el concurso de influjos vencieron los del primogénito del Mar- 
qués de Siete Iglesias, y su protegido Pedro Mantuano fué el 
designado para compendiar en un libro historial y de Estado 
todos aquellos sucesos. El libro se tituló Casamientos de Es- 
paña y Francia y viaje del Duque de Lerma, llevando la 
Reyna Christianissima Doña Ana de Austria al passo del 
Beobia, y trayendo la Princesa de Asturias, nuestra Señora, 
y se imprimió con extraordinario lujo el año 1618 en la Em- 
prenta Real, por Thomas Zunti, impressor del Rey, nuestro 
Señor. 

De estos accidentes resultaron dos hechos á cual más im- 
portante: el de la introducción en Madrid, corte de España, 
del periodismo, de que hasta entonces había permanecido 
excluida, y la aparición del tipo característico del gacetero ó 
periodista. Este tipo no se realizaba ciertamente ni en Pedro 
Mantuano, que nunca consagró su inteligencia sino á estu- 
dios críticos indigestos, sin parir nada original y provechoso, 
ni en Cristóbal Suárez de Figueroa, que, después de pasar á 



- 28 - 

Italia de auditor de gente de guerra por S. M.. volvió á la 
Península para desempeñar en la costa granadina el empleo 
de fiscal, juez, gobernador y comisario contra bandoleros, 
y que esmaltó toda su laboriosa vida con la continuada pro- 
ducción de libros tan estimados como los Hechos del cuarto 
Marqués de Cañete, La Historia y relación anal de las mi- 
siones de los jesuítas en Oriente, El Pasagero, la Plaza Uni- 
versal de todas las ciencias, el Pusilipo, etc. El tipo del pe- 
riodista sagaz, activo, perspicaz, mañoso, se encarnó en aquel 
joven evidentemente sevillano Andrés Almansa y Mendoza, 
el cual, para hacerse notar, lo primero que escribió, después 
de las relaciones de las bodas de España con Francia, de las 
que, además de la publicada en Madrid, mandó á Sevilla, 
donde se imprimieron en casa de Clemente Hidalgo, enfren- 
te del Correo Mayor, tres más sucesivas y numeradas sobre 
los casamientos, desde que Madama Isabel de Borbón llegó 
á Burdeos el 17 de Octubre de 1615, hasta su desposorio en 
Burgos y su entrada pública en Madrid, adicionándolas con 
otras noticias de actualidad, como (da victoria que tuuo el 
gran Mariscal de Francia contra el Príncipe de Conde, reue- 
lado contra su Bey, y otras cosas notables y de mucho gus- 
to», fué un Discurso contrapuesto al de Pedro Mantuano so- 
bre la jornada de Francia, dado a los Consejos Real y de 
Estado y Gobierno. Este Discurso nunca ha sido publicado. 
El manuscrito original y autógrafo se halla en la Beal Aca- 
demia de la Historia, Archivo de Salazar, N. 5, fol. 118-28; 
pero de él se sacaron y circularon muchas copias, en las que 
Gayangos, en el Kalendar del British Museum, registra una 
en el vol. j, pág. 270, de los Manuscritos españoles. El Din- 
curso, por último, está dirigido á un limo. Sr., que no es 
otro que D. Diego de Guzmán, Patriarca de las Indias, 
«Maestro de la Reina», de quien Mantuano en su libro 
había hecho absoluta omisión, así como del Arzobispo de 
Granada D. Galcerán Albanell; del Duque de Pastrana, que 
había sido el embajador de las capitulaciones en París; de 
los Marqueses de Peñafiel, primogénito de Osuna, Flores Dá- 
vila, Tovar, Laguna y Velada; del Conde de Monclova, y de 
otros sujetos tan caracterizados y visibles como D. Fernando 
Carrillo, D. Juan de Castilla, D. Diego de Ibarra y D. Diego 
Brochero. 

Almansa y Mendoza se proponía en este Discurso, des- 
pués de haberse aplicado á la lectura de aquel libro, que, 



— 29 - 

como la de otros, le servían de «último asilo á la fortuna 
deshecha que padezco en el mar tempestuoso de ía corte», 
corregir á un autor de no advertido talento, que, dando mo- 
tivo á las censuras de políticos y estadistas, aun con haber 
tenido noticia cierta de todos los sucesos por D. Lorenzo Ra- 
mírez de Prado, del Consejo de S. M., había lanzado un li- 
bro indigno de haber sido impreso, en que, con lenguaje 
rudo, trabazón desigual y sobra de hipérboles y palabras de 
exornación, se había cuidado más de la adulación de los po- 
derosos y de la depresión de los espíritus independientes, que 
del realce de la verdad y el espíritu nacional. «Dar honra es 
tenerla», decía acerca de los que había condenado á delibe- 
rado silencio, «bien que hay personas de quienes ni la alaban- 
za se puede desear»; y atendiendo á la confusión que era muy 
propia del genio de Mantuano, no esperaba «que nunca los 
papeles de este autor ayudaran a las disposiciones prácticas 
de la política, pues, como cierto curioso decía del libro de los 
Casamientos, sus obras todas serían como verdad del diablo, 
que siempre se guarnece de mentiras». En otro lugar, Al- 
mansa y Mendoza añade: «para imprimir este libro se salió 
de casa del Sr. Conde de Lemos, pues de casa de tal ingenio 
no habían de salir efectos tan ignorantes»; mas en todo le 
reconocía un principio viciado, desde que en sus Adverten- 
cias á la Historia de Juan de Mariana se consintió á su pe- 
tulancia poner objeciones á quien fué luz de la ciencia, y á 
quien las naciones dan el primer lugar en ella. 

Aunque los dictados de la emulación entraron en buena 
parte en la acritud de estas censuras, debió haber mucho en 
ellas que agradase á una parte de la opinión, principalmente 
en aquel partido hostil que se había formado contra la pri- 
vanza del Duque de Lerma, y que cada día aumentaba el nú- 
mero de sus secuaces. Por esta causa, en el espacio que me- 
dió entre la publicación del libro de Mantuano y la muerte 
prematura del rey Felipe III, la introducción del periodismo 
en Madrid por medio de las Gacetas ó Relaciones de sucesos 
particulares debió chocar en nuevos inconvenientes opuestos 
por el Poder, pues no logró realizar ningún progreso. 

El momento de la exaltación de Felipe IV al Trono y del 
cambio total de ministros y gobernantes, marcó la hora de 
hacer en España un nuevo ensayo en los vehículos de la pu- 
blicidad, y Andrés Almansa de Mendoza entró de lleno en- 
tonces en el magisterio del nuevo ensayo. 



- 30 — 

Enteramente desconocido este escritor por los eruditos de 
cerca de tres siglos; ignorada su existencia hasta por el dili- 
gente Nicolás Antonio, después de mediado el siglo que aca- 
ba de terminar, el ilustre Fernández -Guerra descubrió su 
nombre al buscar la genealogía histórica de la Gaceta de 
Madrid en 1860. Después Gayangos llamó ya más la atención 
sobre él, así en la Rutista de la Universidad de Madrid 
como en el Memorial Histórico Español al publicar las Car- 
tas de noticias de los PP. de la Compañía de Jesús Ultima- 
mente, habiéndose encontrado impresas diez y siete cartas 
entre sí articuladas y conservando desde 1621 á 1626 cierta 
periodicidad regular y sistemática, con algunas otras Rela- 
ciones más de sucesos varios, el Marqués de la Fuensanta del 
Valle y D. José Sánchez Rayón publicaron en 1886 un pre- 
cioso volumen para contenerlas reunidas Con todo, ni Fer- 
nández-Guerra, ni Hayangos, ni Fuensanta del Valle, ni 
Sánchez Rayón lograron encontrar todos los papeles volan- 
tes de novedades que de Almansa y Mendoza existen impre- 
sos y desparramados por todos nuestros depósitos bibliográ- 
ficos, ni exploraron sus obras manuscritas y autógrafas que 
nuestra Real Academia de la Historia custodia, asi en la co- 
lección que fué del Marqués de Villahumbrosa, como en la de 
los Jesuítas, ni obtuvieron de sus propios escritos, á falta de 
otros medios de investigación, las noticias biográficas que de 
ellos resultan, ni mucho menos hallaron en la colección cita- 
da de Villahumbrosa, que forma parte del Archivo de Sala- 
zar, el único número que hasta ahora se conoce de una Gace- 
ta formal de la corte, que en cuatro hojas en cuarto, con el 
nombre también de Carta numerada y sin pie de imprenta, 
comenzaron á publicarse el mismo año 1621, y que debe ser 
considerada como el primer fundamento del periódico oficial 
del Gobierno de España, la Gaceta de Madrid. 



IV 



Para conjeturar que Andrés Almansa de Mendoza fué se- 
villano, me he apoyado en lo que desde Barcelona decía 
en 27 de Marzo de 1627 en su Qnarta relación y diario déla 
entrada del Cardenal-Legado, á D. Alonso Pérez de Guz- 
mán, arzobispo de Tyro : «dos años ha que honrando Su 



— 31 - 

Mag.' nuestra Sevilla y en casa de V. S. I.»... Que era de 
noble sangre, se advierte desde los primeros de sus papeles 
de noticias: — «Caria que escribió un Señor de esta cor- 
ten , dice en cabeza de la del 13 de Abril de 1621. — «Car- 
ta segunda que escribió un caballero de esta corten..., dice 
la de 16 de Mayo. En la Relación de fiestas reates de toros // 
cañas, que en Junio de 1623 dedicó al Duque de Buckingham. 
también en la dedicatoria escribía: — «El gran Conde de Be- 
na vente, padre de tan buenos hijos, me decía: La niai/or di- 
cha de tos Principes, es poderse servir de hombres de alta 
esfera.» En una Relación de justas, torneo? y saraos en Bar- 
celona, en Enero de 1627, de anteíirma se suscribe El Motilón 
del Teatro; y en la Vitoria que los monges del monasterio de 
Nra. Sra. de Oya, de la orden del Cister, tuvieron contra 
cinco navios de turcos, que imprimió en Sevilla Francisco de 
Lira, en 1624. adicionó su firma con el dictado de asistente 
en la corte; y en su carta al Conde de Benavente, suscribe 
Un virtuoso desta corte; pero en la Carta que dirigió al Du- 
que de Medina-Sidonia, en 23 de Noviembre del mismo año. 
dándole el pésame por la muerte de la Duquesa, su mujer, 
expresa su inexcusable obligación en hacer apena de desco- 
nocido, lo que por naturaleza sele debe y lo que por su ánimo 
grangea». 

Desde que, rival de Pedro Mantuano, se presenta en el 
palenque de la publicidad con motivo de los Casamientos con 
Francia, se le ve girar alrededor del Patriarca de las Indias 
D. Diego de Guzmán. Sus cartas de noticias fueron dirigidas 
á un amigo que residía fuera de Madrid, y este amigo fué el 
mismo D. Alonso Pérez de Guzmán el Bueno y Mendoza, 
hermano menor del Duque de Medina-Sidonia, con quien re- 
sidía en su palacio de esta ciudad. Trátale de merced en las 
nueve Cartas de novedades que le dirigió desde el 13 de Abril 
de 1621 hasta el 16 de Noviembre de 1622: mas elevado des- 
pués á la mitra y á otras dignidades eclesiásticas D. Alonso, 
le da la cortesía de vuestra se/loria ilustrisima, lo que no le 
extraña de los vínculos de la intimidad, tanto porque esta 
respetuosa atención era entonces común en las relaciones 
hasta de padres é hijos, cuanto porque en la expedición de la 
corte á Sevilla y al bosque de Doña Ana en 1624, Almansa y 
Mendoza, que la acompañó, fué recibido y albergado en la 
casa de los Duques; y cuando en 1627 se anticipó á la expedi- 
ción de la corte á Barcelona para las paces con Francia, df?s- 



- 32 — 

de la ciudad condal siguió la misma comunicación frecuente 
con el que ya había sido elevado al arzobispado de Tyro, al 
Patriarcado de Indias y á los cargos palatinos de limosnero 
y capellán mayor del Rey Felipe IV. Las relaciones con la 
casa del Conde Duque en Madrid y sus allegadas participan 
de esta misma comunicación, y en sus cartas de noticias 
muestra por D. Gaspar de Guzmán, el valido de Felipe IV, 
una adoración que traspasa los límites de la mera observa- 
ción política No hay que olvidar que si por lo Mendoza pudo 
contarse entre los deudos de la casa ducal deMedina-Sidonia, 
por la Duquesa Doña Ana, por lo Almansa pudo también te- 
ner parentesco mas ó menos inmediato con la del Marqués 
de Alcañices D. Alvaro de Almansa, que, como se sabe, esta- 
ba casado con Doña Inés de Guzmán, hermana del Conde- 
Duque. 

La órbita de sus relaciones sociales le coloca en la fami- 
liaridad de los personajes más visibles de su tiempo. La dedi- 
catoria de la mayor parte de sus Relaciones de sucesos parti- 
culares, independientemente de las Cartas de noticias que 
escribió para D. Alonso de Guzmán y el Duque su hermano, 
para el Duque de Béjar y para el P. Fabián López, de la 
Compañía de Jesús, si pudieron tener el estimulo de la remu- 
neración ó del favor, denota, sin embargo, que no le estaban 
cerrados los más altos umbrales. Al Rey Felipe IV dedicó su 
Relación de la vida y muerte de Fray Simón de Rojas, con- 
fesor de la Reina; al Conde de Olivares, la del bautizo de la 
Infanta Doña Margarita; y á la Condesa, su mujer, la de 
las capitulaciones matrimoniales de su hija Doña María de 
Guzmán con el heredero del Marqués de Toral, Marqués de 
Liche; al Patriarca D. Diego de Guzmán, la del presente 
de los veinticuatro magníficos caballos que su sobrino el Du- 
que de Medina-Sidonia regaló al Rey; al Conde de Benaven- 
te, la de la muerte y vida del Conde, su padre, y la de su her- 
mano D. Rodrigo de Pimentel; á Doña María Paulina de 
Chaves, la del auto de fe de 1624; y un año antes, con motivo 
de la inopinada venida del Príncipe de Gales, al Conde de 
Gondomar, la descripción de la llegada del augusto hués- 
ped; al Marqués de Astorga, Conde de Trastamara, la de los 
dos banquetes que el Conde de Monterey dio al Duque de 
Buckingham y á los de la comitiva del Principe de Inglaterra; 
á la Duquesa de Rioseco, Doña Vitoria Colonna, la de la más- 
cara que dispuso su marido el Almirante de Castilla; y á Don 



- 33 — 

Alonso Neli de Rivadeneyra, señor de la Vega de Pones, la 
de la partida de los huéspedes británicos para su reembarque. 
Aún no sería necesaria la testificación que implica este nú- 
mero considerable de personas de alto rango á quien Alman- 
sa de Mendoza dirigió estos escritos de su pluma para per- 
suadirse de que su posición entre esta clase de gentes fué el 
nervio principal de sus informaciones políticas, con que com- 
puso asi suGaceta como sus Carlas de novedades. Suponien- 
do que tal vez hubiera pertenecido á la servidumbre de la 
Casa Real, pues que desde 1621 acompañó a la corte en todas 
sus jornadas, acudí a los Archivos de Palacio; pero en ellos 
no se ha hallado ningún rastro del fundador de la Gaceta de 
Madrid. Lo mismo me ha sucedido en el Archivo general de 
Simancas. 

Tenemos datos para asegurarnos de que Almansa y Men- 
doza hizo del gacetismo la profesión que le ayudaba á la vida, 
no ciertamente rodeada de comodidades, si bien en carta al 
Duque de Béjar, fechada el 23 de Febrero de 1624, le decía, 
impugnando á los que le perseguían por la encidia: « Estoy 
en infelice estado; mas ni la esperanza de mayor fortuna me 
desvanece, ni el temor de perder la que poseo postra mi ánimo 
constante.» Así en estas cartas al Duque de Béjar, como en 
muchas de las que dirigió á D. Alonso de Guzmán. antes y 
después de ascender al arzobispado, consigna con persisten- 
cia que las escribe porque se le manda escribirlas; y en carta 
de ¿9 de Agosto de 1623 al P. Fabián López, de la Compa- 
ñía de Jesús, dirigíale esta advertencia: «A quatro ó cinco 
deue Vmd. Respuesta, en que deseo sauer si gusta la conti- 
nuación de la correspondencia, y que se sirua de Remitirme 
lo seruido con tal puntualidad: que en Madrid todos necesi- 
tan ; sobre que encargo á Vmd. su conciencia, y es el mayor 
peso que le pudiera hacer. » En otra carta á Neli de Riva- 
deneyra consta que el Principe de Gales, por su propia mano, 
le dio tres mil reales de regalo por los papeles que había es- 
crito de las fiestas que en Madrid se le hicieron. 

Se ha dado mayor importancia, desde que Gayangos las 
reveló, á sus Cartas de novedades que á las demás obras pe- 
riodísticas de Almansa y Mendoza; pero hay que tener en 
cuenta que Gayangos no conoció el número de su Gaceta que 
se halla en la colección de Villahumbrosa, y que aun acerca de 
las mismas Cartas reunidas por Fuensanta del Valle y San- 
cho Rayón es preciso hacer alguna rectificación importante. 

3 



- 34 — 

Así Gayangos como los editores de las Cartas creyeron que 
éstas fueron impresas originariamente en Sevilla, de los tras- 
lados facilitados en Medina Sidonia por D. Alonso de Guz- 
mán. Esto no es exacto. Muerto Felipe III, Andrés de Men- 
doza, asistente en la corte, emprendió simultáneamente en 
Madrid dos publicaciones de índole muy distinta : la de su 
Gaceta, que simplemente apellidó Carta primera, segunda, 
tercera, cuarta, sin más epítetos ni explicaciones titulares, y 
la de las Relaciones y avisos de sucesos, que impresos en- 
viaba desde aquí á su correspondiente. Las Gacetas se publi- 
caban en cuatro hojas en cuarto, y las Re/aciones, con epí- 
grafes diversos para cada una, en dos hojas en folio, y ni 
aquéllas ni éstas llevaban pie de imprenta. 

El primero de estos papeles en folio se titulaba Copia de 
ana carta \ Que escriuió vn señor desta corte a vn su amigo, 
y empezaba así: — «Por auerme mandado V. m. le auise 
de la muerte de su Mag.\ le escriuo esta con gusto, por 
seruidor suyo, y con particularidad, por auer sido testigo 
de vista y oidas de muchas de las cosas que le diré aquí 
breuemente por no cansarle » Al final decía, para con- 
cluir: — «Esto es lo cierto: aunque no lo es todo lo que se 
dice. Guarde Dios á V. m. Abril 13 » El segundo de estos pa- 
peles se encabezaba, en la edición original de Madrid, de 
modo muy distinto: ((Relación de la muerte g honras fú- 
nebres del Rey D. Felipe III, celebradas en los conventos de 
San Gerónimo y Santo Domingo: alzamiento del pendón por 
el Rey D. Felipe IV y su entrada pública desde San Geróni- 
mo á Palacio. — Carta, segunda que escribió un caballero de 
esta corte á un su amigo.)) Ni este papel ni el anterior lle- 
vaban pie de imprenta; pero apenas salieron en Madrid, fue- 
ron reimpresos uno y otro: en Valladolid, «con licencia del or- 
dinario», por la Viuda de Francisco de Córdoba; y en Sevi- 
lla, por luán Serrano de Vargas y Vreña, enfrente del Co- 
rreo Mayor. En una y otra reimpresión se modificaron las 
lineas del epígrafe, aunque se hizo constar su procedencia 
de un señor ó de un caballero desta corte. 

De la Gaceta de Almansa y Mendoza, repito que no se co- 
noce sino un solo número, que es el 4." Su titulo, simple y 
sencillamente, dice Carta quarta. Carece de paginación, de 
signatura, de fecha y de pie de imprenta, y se diferencia de 
las anteriores Cartas de sucesos y novedades en que sólo con- 
tiene noticias do oficio ó actos oficiales. Las noticias se redac- 



— 35 — 

tan con la sobriedad de un mero índice, y sobre ninguna de 
ellas se vierten juicios ni se hacen comentarios; y aunque en- 
tre unas y otras no haya analogía, se insertan continuadas, 
sin división de artículos ni espacios de continuidad Hé aquí 
la reproducción exacta de la primera de las siete planas que 
ocupa: 

Carta quarta. 

«Dio su Magestad al Duque de Gandia el condado 
de Villalonga | y treynta y dos mil ducados de ayuda 
de | costa. Al Conde de Villafranqueza, el condado que 
te | nia por dos vidas, dio perpetuo, y una villa en el 
Reyno, | de Aragón, y dos mil ducados de renta. Al 
Marques del | Villar, la Encomienda de Diana, de fu- 
tura sucesión de | Don Rodrigo Calderón. Don Sancho 
de Monroy, Vee | dor general del Reyno de Portugal, 
fue a Francia a la Em | baxada trasordinaria por la 
posta. Despachóse priuilegio | en que se hizo ciudad a 
Luzena, villa en el Andaluzia, a | pedimento del Du- 
que de Segorue, señor della. Dio el In | quisidor gene- 
ral antes de su detención plaza de Consejo, | consulta- 
da con el Rey muerto, a Don Pedro de la Torre | In- 
quisidor de Cuenca, y viniendo a tomar possession don | 
Mendo de Benavides. no se la dio, proueyendo como 
mas | antiguo la plaza en Don Pedro de Cifuentes, fis- 
cal del Con | sejo y la fiscalia a Don Pedro de Bergara 
Gabiria, In ' quisidor de Logroño. Viernes a veyntitres 
del passa | do, beso la mano á su Mag. d el Marques 
de Astorga, | acompañándole entre los demás señores 
veynte y tres Grandes, lleuando el Duque de Ariscoto, 
y de Don Duarte de Portugal. Dia de Santiago, salien- 
do su Mages | tad á la capilla, llego el correo de Flan- 
des, con la nueua | del señor Archiduque Alberto Prín- 
cipe glorioso, tanto | por el gouierno doméstico y po- 
lítico, quanto por auer a | cauado la tregua, pues en los 
dias de su muerte, se rom | pió la guerra con los reuel- 
des de aquellos Estados. Para | lo qual su Mag.' 1 es- 
tos dias con liberales manos ha li | brado un millón y 
seyscientos mil escudos » 

Ni de la periodicidad con que se publicaba esta Gaceta, ni 
del tiempo que duró su publicación puede formarse idea, 



— 36 — 

mientras el hallazgo de otros números no facilite la ilus- 
tración de todas las circunstancias con que fué fiíndada. Lo- 
que racionalmente puede colegirse de los datos que suminis- 
tran los otros papeles coleccionados de Almansa y Mendoza* 
es que su existencia fué breve, y que, combatida por las alar- 
mas de algunos, que no vieron su creación con buenos ojos r 
sufrió los mismos embates que las Relaciones de novedades, 
las cuales, así como la Gaceta tuvo enteramente que desapa- 
recer por entonces, se vieron constreñidas á emigrar de 
Madrid para ser publicadas; y aun asi, produciendo muchos 
disgustos á su autor al llegar impresas de Sevilla, retardó ya 
cuanto pudo el escribirlas, rompiendo el sistema de periodi- 
cidad que se propuso observar al iniciarlas, hasta que, envuel- 
tas en otros sucesos, fueron expirando, ó hasta que el mismo 
Almansa y Mendoza murió ; porque se hace, á la verdad, 
chocante que, habiendo ido en Diciembre de 1626 á Barcelo- 
na, á ser testigo, así de la llegada del Cardenal Legado como 
del Rey Felipe IV con su corte para tener Cortes y negociar 
las paces, allí en 1627 se apague su voz para no resonar más 
con nuevas producciones de su ingenio. 

La oposición que desde su aparición se hizo en la corte á 
la Gaceta y á las Cartas de novedades de Andrés de Mendo- 
za, comenzó éste á explicarla á D. Alonso de Guzmán desde 
su carta del 14 de Octubre de 1621, en que le decía:— «No he 
podido ni escribir ésta, ni remitir á vuestra merced aquélla 
con más priesa, porque ha parecido á muchos grande mi cui- 
dado en avisar á vuestra merced de los sucesos de aquí, y 
han procurado estorbarlo. ¡Como si mis cartas tuviesen algo 
dañoso contra la rectitud y la prudencia! Pues antes este 
modo de escribir es loable, pues, sin faltar á la verdad de los 
sucesos y sin daño de nadie, se da un alivio á los deseos de 
los ausentes de la corte, para que pasen las horas con menos 
ocio; entretenimiento á que yo principalmente tiro con escri- 
bir á vuestra merced, sin obligarle á que lo crea, pues ni yo 
escribo más que lo que oigo, ni ello tiene fuerza de ley ó 
pramática que no puede dudarse ó contradecirse- De más, 
que si la curiosidad de los libreros es tal, que saca mis cartas 
á la calle, ¿qué culpa tiene lo que yo hago en mi casa? Vues- 
tra merced, si quiere saber nuevas, las guarde mejor: que no 
quiero, por servir á vuestra merced, disgustar á nadie.» 

Entre la carta del 22 de Octubre de 1621 y la siguiente de 
18 de Marzo de 1622 mediaron cinco meses de absoluto si- 



— 37 — 

lencio. En la de esta última fecha, Almansa y Mendoza se 
sinceraba asi: — «Perdóneme vuestra merced el no haberle 
dado cuenta de lo sucedido, después que lo hice en mi última 
de 22 de Octubre; porque ha dado cuidado á tantos nuestra 
correspondencia, que tiran á estorbarla, por parecerles que 
es caso de corte cualquiera de estos avisos. Vuestra merced 
tiene la culpa, que guarda mal mis cartas y se las impri- 
men.» Otros ocho meses de interrupción de corresponden- 
cia siguió a la publicación que en Sevilla se hizo de la carta 
del 18 de Marzo. El 16 de Noviembre, movido Je las instan- 
cias de D. Alonso, le escribió una nueva, pero con las mis- 
mas estrechas advertencias. «El poco recato, escribía Andrés 
de Mendoza, que vuestra merced tiene en guardar mis car- 
tas, pues no sólo las da para que las lean, sino para que las 
trasladen é impriman y traigan á la corte, hace que se pro- 
duzca molestia á quien las vende y enemistad á quien las es- 
cribe. Por evitarlo, determiné no escribir más de estas mate- 
rias, sino asegurado, como vuestra merced me asegura, que 
las guardará en secreto.» Aun asi, quedándole algún escrú- 
pulo de que las noticias que transmitía, por haberlas tratado 
de aderezar para que no levantasen polvareda, quedaran des- 
figuradas, añadía más abajo: — «Vuestra merced perdone si 
algo de lo escrito no saliese cierto; pues lo cierto es que yo 
escribo lo que se platica en la corte entre personas fidedig- 
nas, que podrán engañarse como yo en escribirlo.» En otra, 
sin fecha, le advertía «que le avisaba las cosas más públicas 
de la corte, reservando las secretas para cuando nos vea- 
mos». 

Almansa y Mendoza, como escribía al Duque de Medina- 
Sidonia el 23 de Noviembre de 1624, tenía conciencia de que 
«cuando me falte el ingenio, lo noticioso de su memoria y lo 
urbano de su decoro con las personas, no se le podría ne- 
gar»; pero es necesario tener en cuenta lo difícil que es siem- 
pre entrar en toda innovación, para explicarse la pugna que 
sostuvo con la opinión resistente de su época, que no le per- 
mitió que por entonces, ni por mucho tiempo después, no 
pudiese prosperar un organismo cuyos pasos no eran menos 
vacilantes todavía en los demás países de Europa. 

De cualquier modo, la tentativa quedó realizada; y aun- 
que ni su Gaceta ni sus Cartas de novedades lograron arrai- 
gar, el instinto de la sistematización orgánica y de la estabi- 
lidad que debía dar forma definitiva á estos vehículos de la 



— 38 — 

publicidad, que cada día despertaban mas vivamente en su 
favor el interés y la curiosidad común, continuó, ya impo- 
niéndose á las susceptibilidades resistentes, ya á la metodi- 
zación de este género de publicaciones. De Madrid ya no de- 
sertaron jamás; y si no acababa de adivinarse la fórmula 
para erigirlo en un servicio continuo y permanente de utili- 
dad general, con uno ú otro motivo, los papeles de noticias,, 
que en el lenguaje vulgar afirmaban de día en día el dictado 
genérico de gacetas, nunca faltaron enteramente de las pla- 
zas de las curiosidad pública. En Madrid mismo, el año 
de 1624 salía de la imprenta de Diego Flamenco un papel de 
Auisos muy verdaderos que ha traydo el último correo extra- 
ordinario de Flandes, en que no sólo se contenían noticias 
interesantes de la guerra contra los holandeses, sino que se 
capitulaban en él las diversas partes que forman el todo de 
un verdadero periódico, estableciendo divisiones por proce- 
dencias, de esta manera: — De Amberes: á 21 de Febrero. — 
De Düji'/uerque: á 18 de Febrero, etc. 

Gayangos tenía, y hoy posee la Biblioteca Nacional de 
Madrid (N. 15.883), otra Relación de estas del año 1626, en la 
cual, después de transcribir las noticias comunicadas á la In- 
fanta Doña Isabel Clara Fugenia, Gobernadora de Flandes* 
por el Conde de Tilly, capitán general del ejército cesáreo, 
sobre la derrota de Gustavo Adolfo en la batalla librada 
el 27 de Agosto de aquel año, se daban noticias capituladas 
de diversos puntos de Europa, determinando con letras gran- 
des versales la parte de donde procedían, seguida de la fecha 
de expedición, en esta forma : — Del Austria superior, á25 de 
Agosto ; — De Silesia, á 26 de Agosto ; — De Bruselas, á 9 de 
Septiembre ; — De Hungría y Transilcania (sin fecha);— De 
París, á 12 de Septiembre. — Esto era caminar hacia el ver- 
dadero periodismo, y el ejemplo y el modelo se nos daba de 
las publicaciones de este género que arrojaba al pasto de la 
curiosidad la imprenta en varias ciudades de Bélgica y de 
Holanda. Algún extranjero, como el gentil-hombre alemán 
Juan Scheffer, vino en 1627 á Madrid, llamado por el emba- 
jador imperial Conde de Frankenburgh, para ensayar esta 
industria en la imprenta de la viuda de Alonso Martin. Pero 
¡lunque el 8 de Octubre dio á luz una Gaceta con noticias de 
la guerra de Alemania, como materia de Estado intervino el 
Consejo en el asunto, y se suspendió la publicación. 

No sólo á la iniciativa y á la industria particular quedó 



- 39 - 

abandonado el cuidado de publicar gacetas ó velaciones, so- 
bre todo á la llegada de cada ordinario, como escribió Jacin- 
to Polo de Medina en verso : 

con esto no os digo más, 
aunque otras cosas me quedan; 
y para el otro ordinario 
habrá segunda gaceta. 

Aunque ya habían comenzado á publicarse las comprensi- 
vas de hechos anuales, como el Sumario... desde Febrero 
de 1636 hasta 14 de Marzo de 1637, que se estampó en la im- 
prenta del Reino; la Relación general..., sin lugar ni año de 
impresión, que comprendía los sucesos de España, Flandes, 
Italia y Alemania desde 1." de Marzo de 1639 hasta fin de Fe- 
brero de 1640; el Compendio de lo sucedido... desde Marzo 
de 1639 hasta Marzo de 1640, y el Sumario del año 1640 has- 
ta el de 1641 de la imprenta de Catalina de Barrio Ángulo; 
con motivo de la guerra declarada de nuevo por Francia, en 
un libro diario de Noticias de Madrid, que poseyó D. Pas- 
cual de Gayangos, se lee con relación al día 3 de Octubre 
de 1636 : — «De quince dias á esta parte D. Antonio de Men- 
doza ha dado á la estampa la Gaceta ó relación de los nuevos 
y dichosos sucesos que han tenido este verano las armas 
de S. M. con muy rico lenguaje, habiendo sido primeramen- 
te enmendada por los superiores y aun por S. M. mismo. 
Imprimióla Alonso Pérez; y como se supiese en el pueblo el 
autor y crédito que le debia dar á la dicha Gaceta, fué tanto 
el concurso de compradores, que seiscientas de ellas se des- 
pacharon en menos de dos horas, y fué necesario tornar á 
imprimir otro juego» 

D Antonio de Mendoza ó Hurtado de Mendoza, que es 
como se le conoce en el mundo literario, caballero de la 
Orden de Calatrava, Comendador de Zurita, Secretario de 
Su Majestad desde Marzo de 1623, y del Consejo de la Supre- 
ma Inquisición, era un hidalgo de las montañas de Burgos, 
que, después de haber sido paje del Conde de Saldaña, así por 
las dotes de su talento, con que brilló entre los poetas dramá- 
ticos de su tiempo, como por ser el tipo del perfecto cortesano, 
entró en la servidumbre de Felipe IV, que fió á su rara dis- 
creción algunas obras de política y de Estado. En 1632 le fué 
encomendada la redacción del interesante opúsculo Convoca- 
ción de las Cortes de Castilla g Juramento del Principe, 



— 40 — 

nuestro señor D. Baltasar Carlos, primero de este nombre, 
que, como documento de oficio, fué impreso en la Imprenta 
del Reyno. Sospéchase que también fué parto de la pluma 
elegante del discreto en palacio, con cuyo mote se le apelli- 
daba, la Relación de lo sucedido en Flandes desde que entra- 
ron en los Estados obedientes de S. M. C. los ejércitos de 
Francia y Holanda, este año de 1635, que, aunque con más 
carácter oficioso que oficial, se estampó en la misma Impren- 
ta. Pero después de lo que se dice en el libro diario manus- 
crito que se ha citado, no cabe duda que fueron suyas, y acor- 
dadas con el mismo rey Felipe IV, que en ellas colaboró, las 
dos Gacelas más importantes que quedan de aquel tiempo, 
sobre todo sancionadas como fruto de tan alta inspiración. 

La primera de estas dos Gacetas lleva por título Suce- 
sos | y vitorias \ de las Cathólicas \ Armas de España, y del 
Imperio en Francia, y otras Prouincias, desde 22 de junio 
dcste | año, hasta 20 de agosto del \ mismo de 1636 \ Escu- 
do de Armas Reales | Con licencia y prohibición ¡ En Ma- 
drid, En la Imprenta del Reyno. Año 1636. | A costa de 
Alonso Pérez, Librero de S. M. | Véndese en su casa, calle 
de Santiago. — La segunda se llama: Efetos \ de \ las Armas 
Españolas \ del Rey Cathólico, nuestro Señor, en Flandes | 
contra los exordios de Financia, y Olanda \ en la campaña 
destc año | 1638 | (Escudo de armas Reales) | Con licencia 
y prohibición. | En Madrid, En la Imprenta del Reyno, 
Año 1638 j Véndese en casa de Alonso Pérez, Librero de Su 
Mag.' 1 | á la entrada de la calle de Santiago. — Las dos Ga- 
cetas son en folio, y tienen, la primera, catorce pliegos, tasa- 
dos á 6 mrs. cada uno; y la segunda, diez. La primera lleva 
en blanco las planas 2 y 28, y á la segunda se le ha borrado 
en la línea de la licencia la palabra y prohibición. El lengua- 
je en ambas es idéntico y escogido, con estudiada sobriedad, 
y á la primera precede en el texto una pequeña introducción, 
que dice: « Es tan pública al mundo la injusta guerra que el 
Christianissimo Rey de Francia ha movido al Rey Cathólico 
de España, nuestro señor, (Dios le guarde) que no será me- 
nester noticia nueva, para que la tengan todos de la forma, 
el tiempo y ocasión en que lo hizo.» Después de este breve 
preámbulo entra desde luego en la relación de los sucesos. 

Hurtado de Mendoza no continuó escribiendo con el Rey 
nuevas Gacetas, que no impedían la circulación por todo el 
Reino de las muchas que á diario salían de iniciativa parti- 



— 41 — 

cular, la mayor parte traducidas de las que se recibían de 
Flandes. Con todo, el año 1639 entró en liza un nuevo perio- 
dista, esencialmente político, y cuyas obras habían alcanzado 
una gran resonancia en toda Europa: el Marqués Virgilio 
Malvezzi, el cual, el mismo año, publicó en Pamplona, bajo 
el pseudónimo de Gririlio Versal mi, su libro de La Libra , 
en que se pesaban las ganancias y las pérdidas de España en 
el reinado de Felipe IV. Cuando llegó á Madrid, el Conde- 
Duque le confió otro opúsculo ó Gaceta de grandes dimen- 
siones: los Sucesos principales de la Monarquía de España 
en el año 1639, la cual fué impresa también en la Imprenta 
Real al año siguiente de 1640 El premio de estos trabajos 
fué la embajada de Inglaterra, para la que fué nombrado por 
el Rey Felipe IV. Hay, sin embargo, un hecho de este tiem- 
po que, sin duda, debió producir alguna alarma en el mun- 
do político de Madrid; éste fué la aparición simultánea de 
periódicos semejantes al que en París se publicaba y se le lla- 
maba vulgarmente la Gaceta de Riehelieu. en varias ciuda- 
des del reino de Aragón; estos periódicos fueron: las Nocas 
ordinaris, en Rarcelona; unas Cartas de Nuevas, en Valen- 
cia; y un Correo de España, que vio la luz pública en Logro- 
ño. Todos estos periódicos son de los años 1640 y 1641. De 
ellos se conservan algunos números en la Sección de Var'ios 
de la Biblioteca Nacional, y en la Colección del Obispo electo 
de Leiria, en la Sección de Manuscritos del mismo estableci- 
miento. 

Desde esta fecha hasta que la Gaceta de Madrid se fundó 
en 1661 de una manera más regular, periódica y permanen- 
te, el Estado dejó explotar con cierta libertad las Caceras ó 
Relaciones de Flandes, casi exclusivamente, al impresor 
Diego Díaz de la Carrera; las de la campaña de Cataluña, á 
Julián de Paredes; y las de la de Portugal, á Francisco Nie- 
to. Ahora veamos con quién, cómo y cuándo la Gaceta de 
Madrid entró en su segunda evolución antes de alcanzar su 
existencia definitiva. 



42 — 



Acabadas las paces que pusieron término á aquella gue- 
rra que Francia movió á España en 1635, y que, acosándonos 
con sus Ligas y afligiéndonos con las insurrecciones que nos 
levantó en Portugal, en Cataluña, en Ñapóles y en Sicilia, 
se había sostenido sin interrupción por espacio de veinticin- 
co años, al volver Felipe IV de los desposorios y entrega de 
su hija la Infanta María Teresa para el tálamo de Luis XIV 
en las fronteras de Guipúzcoa, en 1660, consultóle D. Pedro 
Fernández del Campo y Ángulo, su Secretario de Estado de 
España, la conveniencia de fundar en Madrid, á semejanza 
de la que había en París y otras partes de Europa, una Gace- 
ta periódica de noticias que á la vez sirviera de instrucción al 
público y de servicio á S. M. El futuro Marqués de Mejorada 
y de la Breña proponía que aquella Gaceta dependiera inme- 
diatamente de su Ministerio ó Secretaría, como entonces es- 
tos oficios se denominaban, y aun quiso que se redactara por 
el oficial de la misma D. Leonardo del Castillo, que, habien- 
do acompañado por su mandato y conocimiento de S. M. al 
Rey en su jornada á Fuenterrabía, y hecho la relación diaria 
de ella, recogía á la sazón los últimos documentos oficiales 
de aquel suceso para refundirlos en el interesante libro que 
al cabo publicó en 1667, dos años después de la muerte del 
Monarca, en la Imprenta Real como instrumento público y 
de Estado. No accedió el Rey á la consulta de su Ministro; 
pero poco después toleró la aparición de otra Gaceta metódi- 
ca que desde su Cuartel general de las fronteras de Portugal 
inspiró su hijo bastardo y general de aquellas campañas Don 
Juan de Austria, y que éste dejó á la dirección y manejo de 
su Secretario de lengua alemana D. Francisco Fabro Bre- 
mundan. Esta Gaceta es ya la que á causa de su publicación 
regular forma cabeza en nuestra Biblioteca Nacional de la 
colección completa de cuatro siglos de la Gaceta oficial de 
Madrid, que, como órgano del Gobierno de España para la 
promulgación de sus actos oficiales, continúa su publicación 
en medio de las vicisitudes de tan larga existencia. Esta es la 
Gaceta que Fernández-Guerra y Gayangos determinan ya 
como ensayo resuelto de periódico de carácter normal, á pe- 



- 43 - 

sar de sus varias y sucesivas interrupciones, á la vez que so- 
metido á la inspección inmediata, aunque oficiosa, del Poder 
constituido, y ésta, en fin, la que D. Eugenio Hartzenbusch, 
en sus Apuntes para un catálogo de periódicos madrileños 
desde el año 1661 al 1870, siguiendo la opinión de Fernán- 
dez-Guerra, describe como primer fundamento de la existen- 
cia regular y metodizada, no sólo del periódico de Estado que 
sirve de órgano al Gobierno, sino de todo el periodismo es- 
pañol. 

En las Memorias documentales, aun inéditas, del confesor 
de la Reina Doña Mariana de Austria, segunda mujer de Fe- 
lipe IV y madre y tutora en la gobernación del Reino de 
Carlos II, el P. jesuíta alemán Everardo Neidthard, dicese 
que el Barón de Lisola. hallándose de Embajador imperial 
en Bruselas, dio al Sr. D. Juan de Austria, cuando gobernaba 
en Flandes las armas españolas, y teniendo bajo sus órdenes 
al Principe de Conde guerreaba contra Turena, al joven bor- 
goñón D. Francisco Fabro Bremundan, para que en los ser- 
vicios de sus Secretarías le fuese muy útil en su calidad de 
poligloto, á quien eran familiares, así en hablarlas como en 
escribirlas, casi todas las lenguas de Europa. En esta condi- 
ción están contestes todos los que, con motivo de la publica- 
ción posterior de las varias obras que escribió en castellano, 
dejaron certificados sus juicios en las censurus y aprobaciones 
que por aquel tiempo precedían á toda obra literaria que mere- 
cía los honores de la imprenta. Pero, además, en estas notas, 
todos están conformes también en su vasta cultura intelectual, 
en el hondo y recto juicio en que le amaestraron el continuo 
manejo y la larga experiencia de las materias de Estado, y la 
perfección que llegó á adquirir en nuestra lengua. En justifi- 
cación de estos conceptos, en la Sección de Manuscritos de 
nuestra Biblioteca Nacional pueden verse algunas desús car- 
tas familiares á D. Juan de Austria, escritas indistintamente 
en latín, en italiano, en francés, en alemán y en español. El 
P. Fray Manuel Guerra, de la Orden de la Trinidad, predi- 
cador de S. M.. escribía en una censura que «vino á España 
á conquistarnos la escondida riqueza de la lengua castellana, 
á la vez que le sobraban las largas noticias que admiraban 
todos en letras, idiomas y erudición» El P. D. Antonino 
Ventimiglia. clérigo regular de San Cayetano, le alababa 
diciendo que «era admirable particularmente por la facilidad 
y propiedad con que hablaba y escribía en los idiomas prin- 



— 44 — 

cipales de Europa; de suerte que cada nación le podía repetir 
por suyo ». Y el P. Juan Cortés Osorio, de la Compañía de 
Jesús, lo ponderaba « por su noticia de tan varias lenguas, y 
la experiencia de tan varios reinos y tan diferentes naciones 
con el continuo manejo de los papeles». 

Con estas aptitudes y una aplicación al trabajo del mismo 
modo excepcional, D. Juan de Austria, al ser relevado por 
Felipe IV del mando de los Ejércitos de Flandes, trájole con- 
sigo á Consuegra, cabeza del Priorato de San Juan, donde el 
bastardo del Rey tenia su residencia; y aunque de allí Fabro 
Bremundan vínose á Madrid á la actividad de su vida litera- 
ria, nunca ya dejó de girar en la órbita y en los intereses de 
aquel Principe, hasta que por su muerte pasó á la de la Reina 
Madre Doña Mariana de Austria, restituida á la Corte de su 
proscripción en Toledo. 

Tal vez algunos de los papeles -volantes de novedades po- 
líticas que en 1660 se publicaron en Madrid salieran de la 
pluma de Fabro Bremundan. En realidad, no existe constan- 
cia alguna de este hecho. Pero desde que, por los oficios del 
Duque de Medina de las Torres, el perenne procurador de 
D. Juan de Austria cerca de la persona del Rey, volvió éste á 
obtener el mando de los Ejércitos de las fronteras de Portu- 
gal, D. Juan, que, así en Ñapóles como en los Países Bajos, 
se había aficionado á las lisonjas de la publicidad, dispuso con 
Fabro la aparición periódica de la Gaceta en Madrid. Hay 
que advertir que en este tiempo, por un efecto que no puede 
atribuirse sino á una rara casualidad, con Fabro Bremundan 
se repitió el mismo hecho que ya se observó cuando, á la muer- 
te de Felipe III, Almansay Mendoza fundó la primera Gaceta 
sin nombre de 1621. Fabro Bremundan, al final de 1660 y 
principios de 1661, creó á la vez dos suertes de publicaciones 
periódicas: la que en su primer número llamó Relación ó Ga- 
ceta de algunos casos particulares, asi políticos, como milita- 
res, sucedidos en la maj/or parte del mundo , hasta fin de di- 
ciembre de 1660, que salió en cuatro hojas en 4.", y se impri- 
mió, con licencia, por Iulián de Paredes, impressor de libros 
en la plagúela del Ángel; y las Relaciones exclusivas de los 
sucesos de Portugal, que, sin guardar la misma periodicidad 
uniforme, salían de la imprenta de Francisco Nieto, en dos 
hojas en folio. 

El Número primero de lo que puede llamarse Gaceta re- 
gular definitiva lleva un breve proemio para justificar su pu- 



blicación» — «Supuesto que en las mas populosas ciudades de 
la Italia, Flandes, Francia y Alemania — dice — se imprimen 
cada semana (demás de las Relaciones de sucesos particula- 
res) otras con título de Gacetas, en que se da noticia de las 
cosas más notables, asi políticas como militares, que han su- 
cedido en la mayor parte del Orbe, será razón que se intro- 
duzga (sicj este género de impresiones, ya que no cada sema- 
na, por lo menos cada mes, para que los curiosos tengan avi- 
so de dichos sucesos y no carezcan los españoles de las noti- 
cias de que abundan las Extrangeras naciones. Y en quanto 
á lo primero, damos principio por las Provincias de Italia.» 
— En efecto, seguidamente entra en la exposición de sus no- 
ticias por capítulos encabezados con el lugar de donde pro- 
ceden, en esta forma: Roma. — De Venecia. — De Viena de 
Austria. — De Suecia. — De Francia — y — De Inglaterra. 
— Como se ve, en este primer número no había noticias de 
España, ni de ninguno de sus Estados continentales. 

El Número II modificó el titulo en esta forma: Gaceta de 
los sucesos, etc. En el Número III hubo otra variación: se la 
llamó Gaseta nuera de los sucesos, etc., y desde el Número V 
volvió á la simple denominación de Gaceta de los sucesos, 
etcétera, que mantuvo en los 12 números que se publicaron 
en el año 1661, hasta el 15 de Noviembre, que fué el último, 
y en los ocho que se tiraron en 1662, hasta el de fin de Di- 
ciembre, que apareció en Enero de 1663, y con el que se sus- 
pendió la publicación. Sólo el Número VI del año 1662 co- 
rrespondiente al mes de Agosto del mismo año, lleva distinto 
encabezamiento, pues se titula Gaceta nueva de los sucesos 
militares que han sucedido en el Reino de Portugal por la 
parte de Ciudad Rodrigo y Reino de Galicia este año de 1662. 
Desde el número 3." de 1661 se introducen, además de las ex- 
tranjeras, noticias de la campaña de Portugal, que se repiten 
en el 6 u (Zafra), 9.' (Extremadura, Castilla la Vieja y Gali- 
cia) de 1661, y 2." (Badajoz), 4." (Llerena, Badajoz y Arron- 
ches); 6.°, ya mencionado, y 8." (Ciudad Rodrigo) de 1662, 
y en unos ú otros, con las exteriores de toda Europa, alter- 
nan capítulos de Madrid, Cádiz, Oran, Vizcaya, Málaga, re- 
gistros de Tierra Firme y Nueva España en Indias; Gibral- 
tar y Cartagena. 

De estos dos primeros años de la existencia regular de la 
Gaceta de Madrid, la Biblioteca Nacional posee la colección 
completa; la Real Academia de la Historia, en la Colección 



— 46 - 

del Marqués de Villahumbrosa (Núm. 48), los números II, X 
y XII de 1661 y el qiiarto y quinto de 1662. En ninguna otra 
biblioteca se halla ni coleccionada ni en números peregrinos. 

Debe hacerse notar aquí que esta Gaceta no debió poseer- 
corno más adelante sucedió, ningún privilegio exclusivo, y 
que, por lo tanto, si bien sin su relativa periodicidad, por 
aquel tiempo se permitió imprimir otras Gacetas. En la Real 
Academia de la Historia, Colección de Jesuítas, tomo 173, nú- 
mero 35, hay otra distinta de las descritas, que se titula: — 
«.Gaceta en que se escriben los sucesos más notables ele Euro- 
pa desde 15 de Abril de 1 660 por todo el de 1661n —No tie- 
ne pie de imprenta y consta de 18 hojas en folio. 

Las Relaciones diarias de Portugal siguieron la misma 
suerte que la Gaceta de Madrid. Aunque llamadas diarias, 
sólo se publicaban cuando había sucesos de importancia que 
relatar. Del año 1662 y último de su publicación, en la Colec- 
ción de Gayangos, que ya pertenece á nuestra Biblioteca Na- 
cional, sólo se conservan seis números que llevan las fechas 
siguientes: — 19 de Mayo. — Campo de Jurumeña, 12 de Junio. 
— Campo de Monforte, 27 de Junio.— Campo de Uguela, 8 de 
Julio.— Campo de Montaña de Real, 2 de Agosto, -y— desde 
14 de Agosto hasta fin de Septiembre. 

También en la Academia de la Historia, Papeles de los 
PP. Jesuítas, tomo 173, núm. 37, hay otra de las de Portu- 
gal, distinta de las de Fabro Bremundan. Se titula: — Gaceta 
en que se contiene la guerra de Portugal hasta fin de Sep- 
tiembre de 1662. Está impresa en 6 hojas en folio y no tiene 
pie de imprenta. El estudio de estas Gacetas es muy impor- 
tante; porque si Fabro en la suya sólo escribía lo que lison- 
jeaba á D. Juan de Austria, las otras revelan más libertad de 
opinión. 

Las Memorias del P. Neidthard, inéditas en la Sección 
de Manuscritos de nuestra Biblioteca Nacional, nos informan 
con más minuciosidad que las biografías apologéticas de don 
Juan de Austria, cómo, cuándo y por qué Felipe IV quitó á 
su bastardo el mando de las armas en la frontera portuguesa, 
recluyéndolo á Consuegra con prohibición de entrar en 
Madrid. 

Concluida la campaña de D. Juan, concluyeron las dos 
publicaciones periódicas que sostenía en la corte, por medio 
de su secretario de Estado, el borgoñón Francisco Fabro Bre- 
mundan; y en lo que se conoce de la correspondencia fami- 



— 47 — 

liar de éste con el de Austria, además de descubrirse las es- 
trecheces pecuniarias á que su señor tenia reducido á su su- 
frido poligloto, se revelan las nuevas ocupaciones, siempre 
en servicio de D. Juan, en que en sus ocios del no arraigado 
periodismo Fabro Bremundan se empleaba. «Yo conozco, 
escribía Fabro en carta de 4 de Noviembre de 1666, que no 
valgo lo que cuesto á V. A.; pero tampoco deseo desconfiar 
de su Real Grandeza y Benignidad sin desmentir el celo con 
que le he asistido y lo voy continuando en su Real Serviciu. 
Teniendo que sustentar y vestir á Egidio (hijo de Fabro) y un 
criado, hallo imposible vivir con seiscientos reales cada mes, 
después de pagado el alquiler del cuarto, los utensilios de es- 
critura y el guisar, que montan noventa reales. Tanto Egidio 
como yo estamos desnudos, y sin contar las necesidades que 
pasarán su madre y hermanas, que son las que me pasan el 
alma.» En otra de 27 de Diciembre al Sr. D. Juan, le reitera 
los apuros en que se encuentra, o hallándose sin un maravedí 
para entrar en año nuevo y tener ya gastados doscientos rea- 
les de la mesada de Enero, por estar desnudos yo y este mu- 
chacho ; y esto más considerando que no puedo ni debo 

imaginarme que V. A. venga en darme medios para traer mi 
familia y añadir mugeres y niños á esta corte, donde los hay 
sobrados de criados antiguos y más beneméritos.» En arbi- 
trar D. Juan que acudiera á Maza, su tesorero, para que le 
librara quinientos reales, desde luego se advierte que el de 
Austria no hacía nada de más, pues así de estas cartas como 
de otras dirigidas al secretario D. Mateo Patino, resulta que 
Fabro se ocupaba, ya en Madrid, ya en Consuegra, en reunir 
ó copiar documentos para la Historia de los hechos del Sere- 
nísimo Señor D. Juan de Austria, que posteriormente se im- 
primió en Zaragoza el año 1673 en la imprenta de Diego 
Dormer. 

Fernández-Guerra en 1860, y Hartzenbusch después, han 
visto una Gaceta ordinaria de Madrid, cuyo primer número 
apareció el domingo 4 de Julio de 1667, y el segundo el sá- 
bado 10 del mismo mes, publicándose en este mismo día de 
la semana hasta el cuarto, que salió el miércoles 28, fijándose 
después su salida definitiva en el corto espacio de tiempo en 
que existió, en los martes de cada semana, desde el 3 de 
Agosto. 

Esta Gaceta no se halla en la colección de la Biblioteca 
Nacional, ni en la Real Academia de la Historia que empieza 



con las de Zaragoza de 1678, ni en la de la Biblioteca de la 
Real Casa, cuya colección no alcanza á las del siglo XVII, ni 
en la de San Isidro, que sólo posee algunos números sueltos 
de las de los años 1678, 1679, 1698, 1699, 1702, 1705, 1706, 
todo el año de 1707, y números incompletos y raros de los 
años 1710, 1735, 1741 y 1747, desde cuya fecha es ya su colec- 
ción completa. Tampoco Gayangos poseía la Gaceta de 1667, 
y ni Fernández-Guerra ni Hartzenbusch determinan dónde 
lograron verla. No obstante, hay razones para creer que 
después de las Gacetas de 1662 se siguieron publicando algu- 
nas otras errantes, sin periodicidad determinada ni conexión 
entre sí. En la Colección de Papeles de los PP. Jesuítas de la 
Real Academia de la Historia, el núm. 39 del citado tomo 173 
contiene una que se encabeza así : Gaceta del año ¡664. Está 
impresa en 12 hojas en folio. A pesar de todo, en el espacio 
que media entre 1662 y 1676, mis exploraciones sólo me han 
permitido conocer, fuera de esta Gaceta, dos papeles sueltos', 
uno de 1669 y otro de 1675, que si no fueron Gacetas de 
oficio, al menos se sabe que fueron dispuestas una y otra en 
las covachuelas por los amigos y partidarios de Don Juan de 
Austria en la guerra de rebeliones y partidos que suscitó en 
la corte, primero contra el confesor de la Reina, Neidthard, 
y después contra el ministro universal de la misma Reina 
Doña Mariana de Austria y de su hijo el Rey Carlos II, Fer- 
nando de Valenzuela, primer Marqués de Villasierra. 

El primero de estos papeles ó Gacetas volantes se titulaba: 
Relación puntual y verdadera de la salida del Padre Juan 
Everardo, Confesor de la Reina, nuestra Señora, el lunes 25 
de Febrero deste año de 1669. Son dos hojas en folio y no 
lleva pie de imprenta. 

El segundo llevaba por encabezamiento: Novedades suce- 
didas desde el dia seis de Noviembre del año de 1676. Este 
papel tenia 8 hojas en folio. 

Sin embargo, nada tenían de común estas Gacetas con 
una muy abultada, de 92 hojas ó folios de impresión, sin ti- 
tulo, fecha, nombre de autor, ni lugar ni nombre de impre- 
sión, en la cual se compendiaban todos los sucesos en que 
Don Juan de Austria había intervenido en oposición al Go- 
bierno de la Reina Doña Mariana hasta la fuga del Rey, su 
hijo, al palacio del Buen Retiro, la llamada de D. Juan y su 
entrada en Madrid y en el Gobierno, la prisión de Valen- 
zuela en el Escorial, y el destierro de Doña Mariana de Aus- 



— ií» - 

tria á Toledo; gacetón que no sólo se esparció copiosamente 
por los dominios españoles de los dos mundos, sino que para 
hacerlos circular bien por todo el continente, D. Juan de 
Austria cuidó de que, como se había redactado en sus secre- 
tarías particulares, en ellas también fuese traducido al ita- 
liano y al francés. De este triste documento de la historia de 
nuestras ominosas decadencias, la biblioteca que perteneció 
á la casa condal del Campo de Alange transmitió á la Sección 
de Libros raros de la Biblioteca Nacional uno délos ejempla- 
res que posee, siendo de este establecimiento y de la Biblio- 
teca particular de la Real Casa los ejemplares que entre nos- 
otros han quedado y los de las traducciones francesa é ita- 
liana antedichas (1). 

Con todo, no fué en estos papeles volantes que genérica- 
mente llevaron el nombre de Gacetas en los que el oficial 
mayor de lenguas de las Secretarias de Estado y Guerra de 
D. Juan de Austria, D. Francisco Fabro Bremundan, elevado 
al Consejo del* Rey Carlos II y á secretario de S M. en 
la Interpretación de lengua latina en la secretaria de Esta- 
do del Norte, reanudó públicamente los trabajos periodís- 



(1) En mis Orígenes históricos del periodismo en España, 
obra todavía inédita, en la parte 2. a , § 6, escribí acerca de este 
papel: — «Tal era el estado de la Monarquía, tal la violencia de 
las pasiones políticas, cuando en 1668 se prohibió la publicación 
de las Gacetas, que se imprimían para abastecer de noticias los 
mercados de las Indias á la llegada de las flotas, y sólo en 1669, 
después de la expulsión del P. Confesor se dio clandestinamente 
á la estampa un cuaderno tie noventa y dos hojas en folio, sin 
portada ni encabezamiento alguno, que, según la copia manus- 
crita que de él se conserva en la Biblioteca de la Casa Real 
(Sala II, Est. B., -plúteo 4), escribió y remitió á su amo en la 
Nueva España, un criado del Marqués de Mancera, D. Sebastián 
de Toledo, que desde 1664 desempeñaba aquel virreinato. Era 
un verdadero papel político, como ahora pudiera hacerse, en que, 
á vuelta de relatar los sucesos de la Corte de España, tan nutri- 
dos de extraordinarios accidentes, durante los dos años que sos- 
tuvo D. Juan de Austria Calderón su guerra implacable de riva- 
lidad contra el P. Everardo, hacía la critica de los personajes y 
de los acontecimientos, afectando una imparcialidad de juicio y 
una moderación en la forma, que hace notable contraste con la 
acritud de expresión con que ordinariamente aparecen redacta- 
dos casi todos los escritos políticos de aquella época, por medio 
de los que sus autores se proponían impresionar ó conquistar 
para la causa á que eran adictos la opinión pública. Aumentaba 
su importancia la inserción en su texto de algunas de las cartas 

4 



- 50 — 

ticos en que se inició en España de 1660 á 1662, fundando 
la nueva Gaceta de Madpid. Durante el tiempo en que, para 
alejar á D. Juan de Austria de las proximidades de la corte 
y del núcleo de sus conspiraciones impenitentes contra los 
Ministros de la Reina Regente y Gobernadora, se le discernió 
el Vicariato general de la Corona de Aragón, con residencia 
precisa en Zaragoza, y luego que se dio á luz la Historia de 
sus hechos que había escrito Fabro Bremundan, en la misma 
imprenta, ya de los herederos de Diego Dormer, comenzó á 
publicarse una nueva Gaceta semanal, que la Real Academia 
de la Historia ha colocado con sabia determinación á la cabe- 
za de la colección de la Gaceta de Madrid que posee; defi- 
niendo así con esto que esta Gaceta debe ser considerada como 
la continuación de la que salió en la corte durante la campa- 
ña de D. Juan de Austria en Portugal, y como enlace entre 
ésta y la que de Zaragoza pasó á Madrid en 1677. 

La Gaceta de Fabro Bremundan del año 1676 en Zaragoza 
consta de 36 números, desde el del día 7 de Enero hasta el del 
15 de Septiembre, y aparecía todas las semanas. El título de su 
primer número es Aitisos ordinarios \ de las cosas del | Mor- 



que en el tiempo mencionado se cruzaron entre D. Juan, la Rei- 
na y el Confesor, y otros documentos públicos, y alguno satírico, 
y, por lo tanto, anónimo, de los que, á falta de imprenta libre, 
se multiplicaban por copias de amanuenses». 

En el volumen de la Biblioteca de S. M., en que se contiene 
la copia referida (Sala II, Est. B. - plúteo 6), el papel referido 
tiene el siguiente encabezamiento: — ^ Papeles que un criado 
del Virey de México Embió á su Amo, impresos en el año 
de 1669. Que contienen las materias Políticas del Gouierno de 
la Reyna Madre Doña Mariana de Austria, privanza del P. Eue- 
rardo y su Tiranía, y la expulsión dimanaría de la opinión 
del Sr. D. Juan de Austria. A quien perseguía Mandados co- 
piar por el Exmo. Sr. Don Luis de Arias, cauallero y Baylio 
del Orden de San Juan y Teniente General de las Galeras de 
España. 

Hay una traducción italiana y otra francesa de este papel en 
la Sección de Manuscritos de la Biblioteca Nacional, signatura 
antigua V - 141. — La italiana, que lleva la fecha de Madrid 15 de 
Octubre de 1670, empieza asi: — «Con occasione della scritura 
che con titolo di Gazzetta diretta ai» vn vicebk dell'Indie si 
e impressa e divídgala in questa corte, esparsa per tutta la 
Spagna, che in rué di proibirla l'accreditano con leggerla e 
servarla...» Ocupa 10 quinternos de papel en folio. 

La traducción francesa, también manuscrita, sólo se encabeza 
con la etiqueta de Monseigneur. 



— 51 — 

te. Debajo llevaba una viñeta ya gastada y sucia, con un es- 
cudo floreado, en cuyo centro estaba la cifra del Rey Carlos II, 
representada por dos CC, una natural y otra invertida, de 
-cuyo enlace las curvas formaban el escusón central con el sig- 
no numérico II de correlación. En otros números, por ejem- 
plo, los correspondiente al 28 de Abril y 12 de Mayo, los Avi- 
sos eran del Norte y de Italia, y los del 23 de Mayo se llama- 
ron extraordinarios, porque sólo trataban «del combate y vic- 
toria de las Armadas del Rey, Ntro. Señor, y de los Seño- 
res Estados de Hclanda contra la de Francia, sucedido á 22 de 
abril en el golfo de Catania ». Estas Gacetas ó Avisos extra- 
ordinarios no alteraban la paginación ni la signatura, que 
proseguían continuadas; y asi las ordinarias como las extra- 
ordinarias constaban de dos ó de cuatro hojas en cuarto in- 
distintamente, según el material que había para rellenarlas. 
Las noticias no tienen en ellas otra separación de proceden- 
cias que la división de la parte del Norte ó de la de Italia. 
Parecen extractadas de cartas de gabinete y documentos de 
oficio; eran todas originales y no tomadas de otras Gacetas 
extranjeras, y no contenían noticia alguna de Madrid, ni de 
ninguna otra parte de la Península; pero si de nuestros Esta- 
dos de Italia y Flandes. 

Como en la Gaceta de Madrid de 1660, Fabro empezó el 
número primero de los Avisos de Zaragoza con su correspon- 
diente preámbulo, en que decía: — «Siendo asi que la quietud 
del Invierno, en que se suspenden las operaciones militares 
de mayor empeño, da más lugar á pensamientos de Paz, y, en 
efecto, suministran los últimos correos del setentrión materia- 
les para alargarse algo en este propósito; en tan buen tiempo 
como principios de año, que puede ser anuncio de un bien tan 
inestimable, necesario y deseado de toda Europa, se da prin- 
cipio á estos Avisos, con las disposiciones que se van dirigien- 
do á aquella negociación, por cuyo logro firme y seguro de- 
ben todos los Christianos implorar el divino auxilio y los á 
quien toca acelerar los medios que más prontamente pueden 
conducir á su conclusión» — Después entra en la explicación 
política de las causas de la guerra pendiente, «por los pre- 
textos frivolos y segunda intención con que los franceses inte- 
rrumpieron los tratados entablados el año 1674 en Colonia 
para la Paz general entre el Imperio, España. Francia y sus 
aliados queriendo obligar al Emperador á poner en liber- 
tad al Príncipe Guillermo de Fürstenberg, uno de los instru- 



— 52 — 

mentos más perniciosos que concurrieron á alentar la inva- 
sión funesta de franceses en los Estados de Holanda.... » 

Los sucesos escandalosos que D. Juan de Austria promo- 
vió en Zaragoza, atropellando á media noche la casa del 
Conde de Aranda y tratando con poco recato hasta á la Con- 
desa, á quien no se guardó la inmunidad ni del lecho en que 
dormía, so pretexto de buscar los venenos que los partida- 
rios del bastardo decían que la Reina Doña Mariana había 
mandado para matar á D. Juan; el alistamiento que se hizo 
de los aventureros y vagabundos de todas partes para formar 
la hueste desordenada con que el inquieto y ambicioso Prín- 
cipe se puso en marcha para caer sobre Madrid, y la expedi- 
ción tumultuaria que éste emprendió para apoderarse á todo 
trance del Rey, cuya mayor edad se había proclamado, y de 
su Gobierno, que bajo el consejo de su madre Carlos II había 
puesto absolutamente en manos de Valenzuela, hicieron tam- 
bién que Fabro Bremundan abandonase á Zaragoza y á su 
Gaceta de avisos, por seguir la suerte de su señor, y los Avi- 
sos quedaron, en efecto, interrumpidos, como se ha dicho, con 
el número del 15 de Septiembre de 1676- En medio de las ne- 
gociaciones y componendas que para defender á Madrid de 
un asalto militar, cuyos resultados infundían en todos los 
ánimos terror y alarma, ni la fuga del Rey al Retiro y la de 
Valenzuela al Escorial, ni la entrada de D. Juan en Madrid, 
por efecto de estos hechos, se realizaron hasta el sábado 23 de 
Enero de 1677; y aunque el bastardo desde luego se apoderó 
de todo, las urgentes medidas de gobierno en que tuvo que 
emplearse para sustituir personas con personas, que fué el 
único plan de reconstrucción que en la pobreza de su genio 
había formado, alargáronle á no pensar en la resurrección 
de la Gaceta de Madrid hasta mediado el año 1677. 

Acerca de esta Gaceta de 1677, hay en la Sección de Ma- 
nuscritos de la Biblioteca Nacional uno que se señala con el 
número de orden 2.289, y que se titula Décima sexta parte 
de las misceláneas y papeles varios cariosos de D. Juan 
Ant.° de Valencia Idiaquez, en el cual, al fol. 34, se registra 
un interesantísimo Diario de todo lo sucedido en Madrid 
desde el sábado 23 de enero de 1677, que entró S. A. el Se- 
renísimo Sr. D. Juan de Austria, llamado de su MagJ, has- 
ta el 15 de julio de 1678. Al folio 134 vuelto, al pie de las 
noticias del día 4 de Julio de 1677, en que se traslada un pa- 
pel del secretario D. Jerónimo de Eguia á D. Melchor de Na- 



- 53 — 

varra, dice una nota de letra coetánea é igual á la del tex- 
to:— «Desde 4 de Julio se imprimen cada semana Gacetas de 
lo que sucede, aunque muy paliada la verdad, y para que en 
ellas se vea lo sucedido van puestas después de este Diario.)} 
En efecto, en el índice de lo que contiene el volumen, se re- 
fieren al folio 214, y así consta también de los Catálogos an- 
tiguos de la Sala de Manuscritos; pero han sido desglosadas, 
y allí no parecen. No son perdidas sin embargo, pues de es- 
tas Gacetas de 1677 hay ejemplar completo en la Colección 
de la Biblioteca Nacional, é incompleto en la de la Real Aca- 
demia de la Historia, hl número primero de estas Gacetas 
concuerda perfectamente con la fecha indicada en la Misce- 
lánea de Valencia Idiaquez. 

Más importante es otra nota del mismo Diario manuscri- 
to. Al folio 140, noticias correspondientes al domingo 11 de 
Julio, se dice del mismo modo: «El nuevo oficio de Gasetero 
ha sido hoy el objeto general de la risa, admirando haya 
quien eche su dinero en tal bagatela. Compróle D. Francisco 
Fabro, secretario del Sr. D. Juan, para que ninguno, sin su 
licencia, pueda imprimir Gacetas para fuera, só graves pe- 
nas, expresadas en la Carta de venta; y este llama quien im- 
prima las que él da y no mas, aunque las haya y las sepa: y 
después las ve el Consejo y con su licencia corren. ¡Fuera 
gran oficio, si, como prohibe las impresiones, prohibiera que 
en las cartas misivas nadie pudiera avisar á sus amigos de 
las novedades de la corte y fuera de ella: con que queda sin 
valor alguno el tal oficio sin esta circunstancia. Mas todo lo 
que le falta de útil, le sobra de risa común: materia bien 
apta para poner el puchero, si le necesitare sacar de este ar- 
bitrio! ¡Tal es el mundo y sus dictámenes!» 

A pesar de los juicios de Valencia Idiaquez, lo que políti- 
camente se deduce de este acto, aun prescindiendo de la parte 
de favor personal que hubiera en beneficio de Fabro Bremun- 
dan, mas teniendo en cuenta su carácter particular en la fa 
milia y servidumbre íntima de D. Juan de Austria y su carác- 
ter público como funcionario de la primer Secretaría de Esta- 
do de España, es que el bastardo de Felipe IV, no sólo daba 
gran importancia á la opinión, sino que, monopolizando su 
dirección por medio de una persona de su completa confianza, 
podía moverla á su arbitrio, y de todas maneras ejercer sobre 
ella una asidua policía. Sometía el servicio de la publicidad á 
la inspiración inmediata de los Poderes ministeriales, y aun 



— 54 — 

asi no la libraba de los trámites de la censura. En cuanto á 
Fabro Bremundano, cuyo lema, que con frecuencia repetía en 
sus cartas familiares á D. Juan, era nulla dics sine labore, hay 
que admirar adonde llegaba la extensión de su laboriosidad 
infatigable; pues en el mismo año de 1677, después de haber 
acompañado desde el 21 de Abril hasta el 12 de Junio al Rey 
Carlos II y á D. Juan de Austria en su jornada á la capital de 
Aragón, escribió y dio á la imprenta de Bernardo de Villa- 
Diego, donde se tiraba la Gaceta, su libro, de 160 páginas 
en 4.°, con la descripción en relación diaria de aquel Viaje, la 
entrada de Su Mag . d en Zaragoza, el juramento solemne de 
los fueros y el principio de las Cortes del mismo Reino. 



VI 



La Gazeta ordinaria de Madrid, cuyo primer número se 
publicó el 4 de Julio de 1677, en 4.°, cuatro hojas foliadas y sin 
pie de imprenta, y sin más nota final que Con privilegio, tuvo 
más larga existencia que las precedentes, pero tampoco pudo 
prolongar su vida sino hasta el 2 de Abril de 1680 En el ejem- 
plar de la Biblioteca Nacional, y al final de este último núme- 
ro de dicha serie, se lee una nota manuscrita en letra de la 
época, en que se dice : — a Lunes 8 de abril de 1680 se mandó 
no corriesen ni imprimiesen mas Gazetas, con lo que dan fin 
en la presente. » Esta determinación se hace más sorprenden- 
te, cuanto que al tomarse por el Consejo, recogiendo, sin duda, 
el privilegio que Fabro Bremundan había comprado en Julio 
de 1677, estaban aún frescas las fiestas celebradas con motivo 
del casamiento del Rey con María Luisa de Borbón y Valois,. 
de las que la Gazeta se había esmerado en publicar pomposas 
narraciones, multiplicando para esto sus números extraordi- 
narios de entre semana. 

La estructura de la Gaceta de Mahrid en los treinta y tres 
meses escasos que gozó de una existencia, no sólo regular y 
continua, sino bastante próspera, como testifican sus frecuen- 
tes números intermedios y el haber aumentado á seis hojas las 
cuatro en que empezó á tirarse, es la misma que tuvieron la 
de Madrid de 1661 y la de Zaragoza de 1676, conociéndose en 
las tres la misma mano directiva y el mismo molde de fami- 
lia. Esta estructura fué tan característica y acertada, que 



nunca se modificó esencialmente en ella, mientras conservó 
hasta el primer tercio del siglo XIX su tamaño primitivo, y 
hasta que, después de la reforma política de nuestras institu- 
ciones constitucionales, poco á poco dejó de ser vehículo de 
noticias políticas y generales, para convertirse exclusivamen- 
te en periódico promulgador de resoluciones oficiales. 

El primer número del 4 de Julio de 1677 comenzaba por 
un pequeño articulo de política interior, el cual puede con- 
siderarse como de fondo; pero estos fondos no se repiten más. 
« El Rey, nuestro señor, decía en él la Gazeta ordinaria de 
Madrid, desde su dichoso y aplaudido viage de Aragón, ha 
continuado asistido de S. A. con aplicación incansable en las 
disposiciones que requieren las ocurrencias de la Monarquía, 
interpolando estas ocupaciones con las que han ofrecido los 
días pasados de devoción, como la de la procesión general del 
Corpus, en que Su Mag. d , con el acompañamiento de S. A., 
de los Grandes, Títulos y Señores de la corte y de sus Supre- 
mos y Reales Consejos, intervino la primera vez de su reina- 
do, con la devoción heredada de sus Augustissimos Progenito- 
res y consuelo inexplicable de toda la imperial villa, que se 
esmeró con indecible suntuosidad en el adorno de las calles y 
Plaza mayor, por donde pasó la procesión desde el templo 
parroquial de Nra. Sra. de la Almudena, de donde salió y 
volvió. — También se ha señalado su Augusta y Real gran- 
deza en las mercedes siguientes: De Gentileshombres déla 
Cámara á los Sres. Duque de Medina Sidonia, Marqués de 
Camarasa, Duque de Hijar, Duque de Uceda, D. Antonio de 
Toledo, Conde de Altamira, Marqués de Leganés, Marqués de 
Guevara, D. Gaspar de Silva, Marqués de Villamanrique, y 
Conde de Palma. Asi mismo hizo merced de Grande al Sr. 
D. Pedro de Aragón, y de Presidente de Italia al Sr. Duque 
de Alba: todos con inexplicable satisfacción de la corte, que 
venera con singular atención los méritos de todos los Exmos. 
sujetos referidos.» 

Ordinariamente la Gaseta estaba compartida en capítulos 
titulados con las noticias exteriores de Alemania, Italia, In- 
glaterra, Francia, Holanda y otras partes del Septentrión. A 
cada procedencia se le añadía las más veces la fecha y el 
nombre del lugar de donde venían, y con éstas se interpola- 
ban las de nuestros diversos Estados en el continente, en 
África y aun en el Nuevo Mundo. Las cartas de Italia eran 
las más frecuentes, pero no continuas; mas aveces se ad- 



- 56 — 

vertía la no llegada de los correos, lo que se repetía mucho 
durante el invierno, causando su detención los temporales de 
aguas y nieves y alguna que otra vez los robos. Guando ve- 
nían noticias de gran resonancia se daban por números 
extraordinarios ó suplementos, que no tenían más que dos 
hojas, pero en los que seguía la paginación correlativa. Al 
final de cada año se distribuía una hoja con portada com- 
prensiva de todo él, para los que quisieran encuadernarlas. El 
tomo correspondiente al año 1679 de la Colección de la Real 
Academia de la Historia conserva esta portada, que dice 
así : — Memorias diarias | de | los Svccessos | de Evro- 
pa | del año m d c l xx i x I ( Florón de flor de lis) | En la 
Imprenta de Bernardo de Villadiego \ Impressor de su 
Mag. d | Con Priuilegio. — Los primeros números de la Ga- 
ceta de 1677 salían los sábadqs: desde el núm. 7.°, corres- 
pondiente al 3 de Agosto, pasó á publicarse los martes, y así 
continuó en lo sucesivo. El último número, de los treinta que 
vieron la luz en el año referido entre Gacetas ordinarias y. 
extraordinarias, fué el del martes 28 de Diciembre Ningu- 
no llevó pie de imprenta en este año. El primer número que 
apareció con nombre de impresor, siendo éste el citado Ber- 
nardo de Villa-Diego, fué el extraordinario que se publicó 
el 25 de Abril de 1678. Desde entonces, las Gacetas lo lleva- 
ron siempre. Este extraordinario relataba «la vergonzosa 
fuga que han hecho las fuerzas de mar y tierra de Francia, 
abandonando las tres ciudades de Messina, Augusta y Taor- 
nina, y todos los demás lugares y puntos fortificados que 
ocupaban en el Reyno de Sicilia )>. Otro extraordinario del 
3 de Mayo daba cuenta «del modo y circunstancias con que 
la ciudad de Messina volvió á la obediencia del Rey Car- 
los II, abandonada de las fuerzas marítimas y terrestres de 
Francia el 16 de Marzo de 1678». 

El interés que en el teatro de la opinión pública progresi- 
vamente iba adquiriendo la publicación de la Gaceta se reve- 
la en la frecuencia con que se hicieron de algunos números 
dos ó más ediciones La persona curiosa que formó la colec- 
ción que posee nuestra Biblioteca Nacional nos dejó testimo- 
nio de esto, encuadernando juntos estos ejemplares repetidos, 
cuya diferencia estriba en que el de la segunda edición siem- 
pre lleva alguna noticia adicionada que en la primera no 
consta. Por ejemplo, en la Gaceta de segunda edición del 
martes 14 de Junio de 1678, al final de la octava plana se 



añade un párrafo con noticia de la llegada de un correo del 
Norte y la de haberse concluido la pa¿, de que la primera 
edición carece. Asi otras. Otro testimonio elocuente de la 
prosperidad creciente en que el favor del público fomentaba 
la publicación de la Gaceta es el del progresivo aumento de 
sus páginas. Durante el año 1679, los ordinarios constaban de 
cuatro y seis hojas en números alternos: en 1680, todas se 
publicaron con seis hojas. 

El esmero de su confección había llegado á perfeccionar 
la distribución y riqueza de sus materiales, y el primer 
número de la de 1680, correspondiente al 2 de Enero, conte- 
nia extractos de nueve procedencias de Alemania, que eran 
Viena, Praga. Berlín, Rensburg, Argentina, Rivera del Albis, 
Hamburgo, Ratisbona y Colonia; de una carta de Londres, 
otra del Haya, otra de Bruselas y otra de París, todas con sus 
fechas de expedición, y en el capítulo de Madrid, había ar- 
tículos de noticias de corte, políticas, sociales, religiosas y 
hasta de espectáculos. Corroboren los ejemplos este aserto. — 
Noticias de corte. — «Domingo 24 del mes pasado asistie- 
ron SS. MM. (Dios les guarde) á las primeras vísperas y á 
los maitines, y el lunes á los divinos oíicios de la festividad 
de Pascua del Nacimiento en la Iglesia del Real Convento de 
S. Gerónimo, y continuaron las propias muestras de su he- 
redada piedad durante las otras cuatro fiestas. — Miércoles 27, 
á la tarde, se divirtió el Rey algún rato en el campo. — Vier- 
nes 29, fué la Reina Madre, nuestra señora, (Dios la guarde) 
á visitar á sus Augustos Hijos y también el sábado, á la tarde, 
volviendo de la devoción de Ntra. Sra de Atocha.» — Socia- 
les. — «Miércoles 27 del pasado dio la Exma. Sra. Duquesa 
de Terranova, Camarera Mayor de la Reina, ntra. Sra., un 
suntuosísimo convite á todas las damas de S. M.» — De es- 
pectáculos. — «A 28 del pasado vieron SS. MM. y sus fami- 
lias una famosa comedia en el Palacio del Buen Retiro. » — 
Excusamos copiar las demás. 

Después que, como se ha dicho, por orden del Consejo, se 
suspendió la publicación de las Gacetas, el 8 de Abril de 1680, 
dice Hartzenbusch, las que de nuevo comenzaron á salir á luz 
desde el martes 16 de Noviembre de 1683 con el título de 
Ahuevas ordinarias de los sucesos del Norte, con doce pági- 
nas cada una, impresas por Villa-Diego, y que continuáronse 
publicando, ya con el nombre de Nuevas ordinarias, ya con 
el de Nuevas singulares. Hartzenbusch, que no dice cuándo 



- 58 — 

estas Gacetas terminan, es un escritor minucioso, diligente y 
muy veraz: no testifica sino lo que ha visto por sus ojoso 
sabe con entera fe, y sus datos siempre son ciertos. Pero ni 
en la Biblioteca Nacional, ni en la de la Real Academia de la 
Historia he visto los seis ó siete números de esta serie 
hasta 1684, ni los siguientes, si su publicación siguió. En la 
Colección de la Real Academia de la Historia se encuentran, 
con relación al año 1684, dos series de Gacetas distintas y 
con distintos nombres y pie de imprenta, que simultáneamen- 
te comenzaron á publicarse en dicho año. El dato que Hart- 
zenbusch nos aporta con la de Villa-Diego de 1683, y los que 
emanan de la aparición simultánea de estas dos Gacetas, 
una en la imprenta de Lucas Antonio de Bedmar y Valdivia, 
Impressor de los Reynos de Castilla y León, y otra, aunque 
sin citarla, de la imprenta de Villa-Diego, Impresor de S. M., 
bajo el patrocinio del también Librero de Cámara de S. M., 
Sebastián de Armendariz, denotan la existencia acaso de al- 
guna cuestión de derecho en pleito entre el poseedor del pri- 
vilegio y los que trataban de desconocerlo. La de Armendariz 
al fin ponía: Con privilegio, desde su primer número del 4 
de Enero; la de Bedmar y Valdivia no llevaba esta nota, lo 
que haría colegir una verdadera usurpación, si ya Fabro Bre- 
mundan, el redactor de la Gaceta legítima, en una Adver- 
tencia a los curiosos destc género de escritos, puesta en la 
de Armendariz, no hubiera declarado «que, aunque el autor 
era medianamente versado en varios idiomas de Europa, 
nunca había procurado aprender las lenguas de los buhos, 
lechuzas y otras aves de rapiña». 

Las dos Gacetas salieron el martes 4 de Enero. La que 
puede llamarse falsa se titulaba:— uGazeta general del Norte, 
Italia y otras partes. (Con licencia de los Sres. del Conse- 
jo). En Madrid, por Lucas Antonio de Bedmar y Baldi- 
via (sic), Impressor de los Reynos de Castilla y León. Año 
de 1684». — La legítima, la de Fabro Bremundan, llevaba 
por título : — uNuecas singulares del Norte y otras partes de 
Europa. Publicadas el martes 4 de enero de 1684. -h- Por 
Sebastian Armendariz, Librero de Cámara de Su Mages- 
tad. — (Con privilegio.)» — La primera se vendía en casa de 
Bedmar y Valdivia, en la calle del Carmen y en Palacio. 
Peroá pesar de la protección que este editor parecía gozar en- 
tre los señores del Consejo y en el patio de Palacio, donde se 
encontraban las librerías, la cuestión debió zanjarse para me- 



— 59 - 

diados de Mayo, pues desde el extraordinario del 23 de este 
mes quedaron las dos Gacetas fundidas, y ya al pie de ellas 
no aparecen más nombres que el del editor Armendariz y el 
del impresor Villa-Diego. 

Es una verdadera anarquía la que se observa en la deno- 
minación de la serie de la Gaceta de Madrid que discurre 
desde las primeras ordinarias de 4 de Enero de 1684 basta las 
primeras del año 1690, en que continuaron sin interrupción. 
En la Advertencia que se ha citado de Fabro Bremundan 
justifica la reaparición del periódico regular suprimido 
en 1680 por la alegría y el interés que habían despertado en 
el público las noticias «del gran suceso de Viena», y la gue- 
rra de la Liga Sagrada contra los Turcos, y estando en estos 
asuntos muy interesada además la atención de la Reina Ma- 
dre Doña Mariana, hermana del Emperador Leopoldo, no 
hubo medio de oponerse á las imposiciones de tantos influjos 
desde que á toda la Cristiandad llenó de alegría la liberación 
de Viena por Juan Sobieski y el Duque Carlos de Lorena. 
Fabro Bremundan al servicio de D. Juan de Austria había 
sido, indudablemente, el autor de la mayor parte de los pa- 
peles por aquél inspirados y que ultrajaron la doble majestad 
de la madre y de la reina; pero D. Juan había muerto; Fa- 
bro se había puesto á los pies de la Reina ofendida con com- 
pleta sumisión y resuelta lealtad, y en Madrid ninguno le 
aventajaba en la familiaridad de las dos lenguas de la Madre 
del Soberano y hermana del Emperador, la española y la ale- 
mana. La Gaceta le fué de nuevo consentida, y ya para no 
interrumpir en lo sucesivo su publicación. 

Ha creído Hartzenbusch que estas Gacetas de denomina- 
ciones tan pintorescas de 1683 á 1690, y principalmente des- 
de 1685, quedaron reducidas á meros avisos de la guerra de 
la Liga. No le falta razón para creerlo; pero no es así. Des- 
de 1684 á 1690, la Gaceta de Fabro Bremundan tuvo el ca- 
rácter de noticias generales, que habían tenido las anteriores 
de 1677 á 1680. Lo que sucedía era que el asunto de interés 
mayor y más general que entonces se ventiló en Europa fué 
la guerra contra el turco, que reclamaba la atención de todo 
el mundo político y religioso del continente. También nos- 
otros, los españoles, una parte de este tiempo, sostuvimos 
nuevas guerras con Francia, hasta en la misma Península, 
y las noticias que sobre la defensa de Gerona contra el ejér- 
cito que mandaba el Mariscal Bellefons, y las de la campaña 



— 60 - 

del Duque de Bournonville, hasta arrojar á los franceses del 
Principado y penetrar en las comarcas del Rosellón, en nin- 
guna parte traspiran como en aquellas Gacetas el ambiente 
de la verdad. 

De sus artículos para la Gazeta de Madrid, acerca de la 
Liga sagrada contra el turco, desde el mismo año de 1683, 
empezó á formar D. Francisco de Fabro Bremundan los cin- 
co volúmenes de su Floro Histórico, que dedicó á la Reina 
Doña Mariana de Austria, su protectora, y dio á imprimir al 
mismo impresor de la Gazeta, Bernardo de Villa-Diego. El 
primer volumen se publicó, fresca la campaña de 1683, 
en 1684; el segundo, en 1686; el tercero, en 1687; el cuarto, 
en 1688; y el quinto, en 1690. La aparición de cada uno de 
estos volúmenes se anunciaba en la Gaseta previamente, y 
en el Archivo de la Casa Real, en el expediente que tiene 
formado á su nombre, hay una Real orden de la Reina Doña 
Mariana, de 10 de Enero de 1687, transmitida por su mayor- 
domo mayor el Marqués de Mancera al Contralor y Grefier 
de S. M. D. Juan Alvarez del Peral, disponiendo que á Don 
Francisco Fabro Bremundan, Oficial de Estado, se le libren 
doscientos ducados de vellón, por una vez. de que S. M. le 
ha hecho merced para los gastos de la impresión del tercer 
tomo del Floro Histórico de la guerra contra el Turco. Otros 
doscientos ducados en la misma forma y para la publicación 
del tomo cuarto, se le mandó librar por S. M. el 4 de Octubre 
de 1688; y lo que nos da noticia de su última enfermedad, 
que le llevó al sepulcro, es el documento siguiente de la mis- 
ma procedencia. 

«D. Agustín de Silva, Grefier de la Reina, Ntra. Sra. — 
Su Mag.' 1 (Dios la guarde), se ha servido de mandarme des- 
pachar el Real Decreto sig. lc : Daréis orden que se libren cien 
ducados de vellón á Don Francisco Fabro, Secretario del 
Rey, mi hijo, y Oficial de la Secretaria de Estado, que me ha 
representado se halla enfermo y con mucha necesidad, de 
que le hago merced por esta vez para ayuda de su curación. — 
Rubricado de Su mag. 11 — Madrid 18 de Noviembre de 1690. — 
El Marqués de Mancera.» 

Al morir Fabro Bremundan, se llevaba al sepulcro el 
privilegio de la publicación de la Gazeta; pero ni quedó ésta 
interrumpida, ni huérfana su redacción. Desde el año ante- 
rior de 1689, sintiéndose viejo, fatigado y abrumado de ocu- 
paciones con la preparación del Floro , llamó á la colabora- 



— til — 

ción de la Gaseta al Doctor D. Juan de las Hebas, colegial 
del insigne de la Magdalena de la Universidad de Sala- 
manca, Canónigo Magistral de Tarazona y asistente en la 
corte como Predicador de S. M. y su Capellán de Honor. 
Hebas había sido el redactor de las Gacetas de Bedmar y 
Valdivia, en cuya casa había publicado su libro titulado Ca- 
mino real del desengaño. Su colaboración en la Gaceta de 
Fabro se dejó sentir desde mediados de Marzo de 1689 por la 
abundancia de noticias directas y de documentos de la corte 
de Roma que comenzó á insertar con marcada preferencia. 
Indudablemente, el último ó uno de los últimos papeles 
históricos y de noticias que escribió Fabro Bremundan, fué 
el Bosquejo de la triunfante, magnifica y suntuosísima en- 
trada, que en esta católica corte ejecutó á veinte y dos de 
mayo del presente año de 1690, Nuestra Augustísima Reina 
y Señora Doña Ana de Austria, Princesa Palatina del 
Rhin, etc. Participa á la noticia destos Rey nos Don Fran- 
cisco Fabro Bremundan, del Consejo de S. M., y su Secreta- 
rio, oficial de la lengua latina en la Secretaria de Estado 
del Norte, en esta forma compendiosa, lo infinito de la gran- 
deza y ostentación con que en este alegre y memorable dia se 
lució la devoción y fineza desta Corte augusta y real, en 
obsequio de tan Soberana Señora : siendo forzoso remitir á 
mayor espacio lo inmenso que no cabe en la brevedad del 
tiempo, que la curiosidad de los ausentes solicita una nueva 
de tanto consuelo. Fué este un papel en 4.°, de doce páginas, 
que se imprimió en la imprenta de Sebastián Armendáriz, 
librero de Cámara de S. M., y Curial de Roma. Aunque en 
él Fabro Bremundan ofreció en varios pasajes publicar una 
relación más amplia, nunca se hizo á causa de su enferme- 
dad y su muerte. 



VII 



El privilegio que quedó vacante á la muerte de Fabro Bre- 
mundan, aunque debió ser pretendido por los impresores, 
en quienes el poseedor lo subrogaba por medio de un con- 
trato de arriendo pues la Gazeta, con su monopolio y con el 
interés creciente que había despertado la curiosidad de sus 



- 62 — 

noticias, debía producir bastantes utilidades, determinó al 
Rey Carlos II á vincularlo perpetuamente en las rentas del 
Hospital general. La Real Cédula en que así se disponía fué 
expedida á 20 de Agosto de 1690; lleva la firma de El Rey 
que otorgaba al Hospital general esta gracia, y está refren- 
dada por D. Eugenio de Marban y Maella, Secretario de S. M., 
y registrada en el Consejo de Castilla. La suscriben además 
los licenciados D. Gil de Castrejón, D Antonio Ronquillo 
Briceño y D. Luis de Salcedo y Arbizu. Otro nombramiento 
se hizo correlativo de esta Real disposición, el de Gacetero 
mayor del Reino en favor del ya referido Dr. D Juan de las 
Hebas, que á los títulos con que antes se ha condecorado 
añadía el de Capellán mayor del Real Convento de Santa 
Isabel. 

Aunque por el decreto y cédula de Carlos II el privilegio, 
con sus prerrogativas inherentes, quedaba bajo la inspección 
y el celo del Ministro del Consejo, Protector de los Hospita- 
les, á quien competía hacer arrendamientos y contratar li- 
cencias, aquel fué un momento tan critico para la existencia 
de la Gaseta, que cuando menos inició en su explotación 
industrial una visible decadencia. Al principio disputáronse 
la preferencia para continuar imprimiéndola el mercader de 
libros Andrés Blanco, que vivía en la Puerta del Sol á la en- 
trada de la calle de las Carretas, asociado al impresor Ber- 
nardo de Villa-Diego, y el librero Sebastián de Armendariz 
en compañía con el impresor Antonio Román; pero al cabo 
estos últimos vencieron, y desde la Gaceta del 30 de Septiem- 
bre de 1690, estos dos últimos nombres permanecen en el pie 
de imprenta hasta la del martes 26 de Marzo de 1697, en que, 
aunque Antonio Román continúa imprimiéndola en su casa, 
fíjase el punto de venta en la de Antonio Bizarrón, mercader 
de libros, en frente de las gradas de San Felipe, lo que ar- 
guye un cambio notorio en las personas, al menos, que cos- 
teaban la edición. 

En los seis años que la Gaseta anduvo en manos de Ar- 
mendariz y Román, no fué siempre regular su aparición, y en 
el ejemplar del año 1694 que posee la Real Academia de la 
Historia se encuentra una inmensa laguna desde la del 23 de 
Agosto, en que termina aquel año, y la del 22 de Febrero, en 
<jue empieza la del siguiente. Tampoco llevan en todo este 
tiempo el nombre especifico de Gacetas. La del 2 de Enero 
de 1691 se titula Noticias universales; después se continúan 



— 63 — 

llamando Noticias ordinarias ó Noticias extraordinarias, 
aunque el número de los extraordinarios y suplementos de- 
crece siempre desde que Fabro Bremundan murió. Respecto 
al Gacetero mayor D. Juan de las Hebas, si á Andrés de Al- 
mansa y Mendoza se trató de estorbarle que escribiese sus 
Cartas de novedades en 1621, y si en 1677 fué objeto de la 
risa común que D. Francisco de Fabro comprase el privilegio 
y título de gacetero, el nuevo y retumbante oficio del Capellán 
mayor del convento de Santa Isabel se prestó á la befa de la 
sátira. En la sección de manuscritos de la Biblioteca Nacio- 
nol, en el códice 4.050, folios 10, 14 y 15, hay dos romances y 
un soneto escritos por el jesuíta P- Calleja, y el primero 
lleva por epígrafe: Curiosa jácara nueva que ha salido á Don 
Juan de las Hebas, Capellán mayor del Convento de Santa 
Isabel y Gacetero mayor de su Magestad. Este romance em- 
pieza asi : 

Oigan de Juan de las Aves, 
Que con la pluma ha volado 
Tanto su fama, que tienen 
Hoy las mentiras aplauso; 
Oigan, que es aventurar. 
Segundo Ingenioso hidalgo: 
Que él, con molinos de viento, 
Hace gigantes-enanos; 
Perrito de todas bodas, 
Tití, que no mono zambo, 
Carilla de golondrina, 

Y barbilla de ruibarbo... 

No hay que decir, leído este principio, que el resto de estas 
sátiras abunda en los más burlescos epítetos, como el de li- 
cenciado gacetilla, predicador gacetero, charlatán de repen- 
te, motejándole además 

Por ser lindo en las Gazetas 

Y en los sermones muy damo; 

y concluye, después de ponerle como chupa de dómine: 

Esta es de Juan de las Aves 
La vida, no los milagros: 
Quien leyere sus Gacetas 
Crea que está dado al diablo. 

Del P. Calleja hay otras sátiras de sotana y bonete, así 
manuscritas como impresas, contra otros personajes eclesiás- 
ticos de su tiempo. Y en las jácaras contra Hebas le llama 



— 64 — 

otro Ayala, siendo este Ayala, otro predicador insigne de 
Carlos II, D. Pedro de Ayala, que, teniendo gran influencia 
en la curia romana, díjose que estuvo para ser elevado á la 
púrpura cardenalicia, captándose por esto la rivalidad del 
Cardenal Espada, quien atizaba contra Ayala y contra Hebas 
las sátiras del P. Calleja. Entre los papeles de novedades de 
D. Pascual de Gayangos hállanse algunas de estas sátiras y 
la caricatura de D. Pedro de Ayala, mal grabada al agua 
fuerte. 

Ya por estas rivalidades, ya por haberse debilitado el in- 
terés que las Gacetas tuvieron, cuando las escribía Fabro 
Bremundan, en Julio de 1696, ésta arrastraba vida muy peno- 
sa, y cada vez era más exigua la renta que producía al Hospi- 
tal general. En esta disposición, el 12 de Julio de dicho año 
presentó un memorial á la Junta de patronos de los Hospita- 
les de Madrid un caballero navarro, llamado D. Juan de Go- 
yeneche, el cual proponía ceder al Hospital general cuatro- 
cientos ducados de renta en los mejores efectos de la villa, 
por servir a los Hospitales, á cambio del traspaso á titulo de 
perpetuidad del privilegio que para imprimir y componer las 
Gacetas al General se había otorgado. « Y se puede reco- 
nocer, decía en su instancia, la conveniencia que se le sigue,, 
pues no habiendo prohibición para que cualquiera que qui- 
siere, en tiempo de paz, las pudiere imprimir, nadie lo hacía 
por no poderlas costear.» Á mayor abundamiento, todavía 
Goyeneche añadía en su Memorial: «Aun en tiempo de estas 
guerras, apenas rinden en arrendamiento dudoso lo que el 
suplicante ofrece de fijo.» La Junta pidió sus fianzas sobre la 
declaración de los efectos que rentaban aquellos 400 ducados, 
y el asunto comenzó á marchar. 

D. Juan de Goyeneche, no sólo pertenecía á una de las fa- 
milias más ilustres de Navarra, sino que era un espíritu muy 
ilustrado y una aptitud activa y diligente, dispuesta para todo 
género de útiles empresas La nobleza de su nacimiento le 
allanó el acceso para que en 1699 se le nombrara Tesorero de 
la Reina Doña Mariana de Neuburgo, y para que en 1721, por 
Real cédula de 22 de Abril, se erigiera su casa de Goyeneche 
por Palacio de cabo de Armería, cerca de Anziuno, por voto 
de las Cortes generales celebradas en Pamplona. En 1728 hi- 
zo poner el hábito de Santiago en el pecho de su hijo don 
Francisco; al año siguiente le pasó el cargo de Tesorero de 
la Reina, á la vez que él recibía los honores de Mayordomo 



— 65 — 

de semana de S. M. Por último, el año 1731 se hizo dar para 
su mismo hijo primogénito D. Francisco el titulo de Marqués 
de Belzunce, como consta de su expediente en el Archivo de 
la Real Casa. Había mostrado D. Juan de Goyeneche su mu- 
cha cultura publicando en Madrid, en 1685, en casa de Anto- 
nio Román, su libro de la Exelencia de la nobleza, antigüe- 
dad y blasones del Valle del Bastan, dedicado á sus hijos y 
originarios. Mas consagrado después á los estudios económi- 
cos que estaban en boga, le dio la fiebre de las empresas, em- 
pezando en 1697 por la adquisición del privilegio de la tíasetu. 
Los puestos administrativos á que fué llamado en Palacio para 
gobernar el bolsillo particular de la Reina no se hicieron in- 
compatibles con el planteamiento de los proyectos que conce- 
bía. En las Memorias políticas y comerciales de D. Eugenio 
Larruga detalladamente se describen las fabricas que fundó en 
la Olmeda y en el Nuevo Baztán, pueblos de su señorío, no le- 
janos de Madrid. Felipe V quiso que en España se fabricasen 
las telas para el vestuario de las tropas y los demás efectos 
de la industria militar, y en 1710 fundó en la Olmeda edificios 
para 26 telares corrientes, con todas las dependencias para la 
preparación de las lanas, donde se empezaron á tejer paños 
veintedocenos, blancos, encarnados y granza, azules, pajizos, 
verdes y de mezclas; y cuando en 1718 se formó el Regi- 
miento de la Reina, él le ofreció la escarlata para todas sus 
plazas, así como las demás prendas del vestuario entero. En 
el Xuevo Baztán levantó fábricas para paños finos, para som- 
breros de munición y de papel fino, entrefino y de imprenta, 
y en Valdemoro estableció otros 22 telares para ropas milita- 
res, con 800 operarios, de que sólo eran siete extranjeros, 
para que enseñaran á los de España el secreto de los tintes y 
á fundir y cardar. El Capellán Real y del Supremo Consejo 
de Indias D. Francisco de la Torre y Ocón acredita que exten- 
dió estas iniciativas en las villas de Illana y la Olmeda á la 
fabricación de gamuzas y toda clase de curtidos de pieles 
para coletos, vestidos, medias, guantes y otros usos; á la de 
destilación de aguardientes y refinación de mistelas y aguas 
de Hungría, en que empleaba operarios de los dos sexos, y 
aun niños y niñas por centenares, y el Secretario del Despa- 
cho general de la Guerra y Marina D. Jerónimo de Ustáriz 
dice que Goyeneche ayudó á la restauración de nuestras cons- 
trucciones navales, no sólo tomando el encargo de la corta de 
árboles en los montes del Pirineo y su arrastre hasta el mar, 



para lo que estableció transportes fluviales por el Ebro hasta 
Tortosa, sino creando fábricas de brea y alquitrán, de lona y 
cordaje, de jarcias y de otra multitud de menajes para la 
marina. 

Hombre de tal naturaleza fué el que en Julio de 1697 soli- 
citaba del Hospital general el traspaso del Privilegio que 
para la publicación exclusiva de las Gacetas le había otorga- 
do seis años antes el rey Carlos II á cambio de los 400 duca- 
dos de renta que le ofrecía en efectos fiduciarios de la villa de 
Madrid, que en su examen fueron declarados por excelentes 
y que aunque debían limitarse á la representación ó equiva- 
lencia de un capital de 110.000 reales vellón, habiendo sobre- 
pujado los que presentó hasta 111.000 (10.000 ducados) hizo 
donación de la diferencia en favor del mismo Hospital. El 
Dr. D. Sebastián de Cavero, presbítero y administrador del 
General y sus agregados, con la conformidad de la Junta de 
Hospitales, informó al Consejero de Castilla, protector de los 
mismos, D. Juan de Laysaca, representándole «el menoscabo 
que ha tenido y en adelante podrá tener el arrendamiento de 
dicho Privilegio, como lo ha experimentado en estos años, 
pues sin haber cesado la guerra de Hungría ni las de España 
con Francia, ha ido bajando y descaeciendo su estimación y 
renta en tal grado, que de 700 ducados, en que se arrendó la 
primera vez, bajó la segunda á 510, y últimamente para el 
arrendamiento presente (1696) que se ha tratado y trata de 
hacer para desde 1." de enero de este año (1697), no hay quien 
hasta ahora haya hecho postura mas que de 2.000 á 2.200r s al 
año y se puede esperar tenga total falencia llegando el caso 
de Paces Generales». Aun con estos informes, todavía el pro- 
tector Laysaca no se atrevió á acelerar la resolución del asun- 
to, hasta que del 8 al 17 de Enero el pregonero público Juan 
Galiano, acompañado del Escribano real y de los reales Hos- 
pitales D. Pedro de Rivas, de orden del mismo protector, dio 
nueve pregones en los puntos y plazas de la villa Puerta de 
Guadalajara, Portal de Provincia y Puerta del Sol, invitando 
á quien quisiere hacer postura de arriendo ó compra al Hos- 
pital general del privilegio para poder imprimir y vender las 
Gacetas de la villa, á que acudiera con sus proposiciones al 
Administrador de los reales Hospitales general y Pasión, Ca- 
vero. Cuando se hubo certificado que no había persona que 
las hiciera, elevó la cuestión á consulta de la Sala de gobier- 
no del Consejo, que presidía el Conde de Gondomary que es- 



- 67 — 

taba formada por los Consejeros D. José de Soto, D. Diego 
de Flores, D Luis del Hoyo y D. Tomás de Pantoja. La Sala 
aprobó la proposición hecha por la Junta de Hospitales. 

La escritura pública de cenia y cesión se otorgó el 23 de 
Marzo en la Escribanía de D. Francisco Isidro de León, en 
cuyo protocolo correspondiente del año 1697 consta en el Ar- 
chivo notarial de Madrid, adicionada de los documentos, ya 
originales, ya certificados competentemente, que en ella se 
incluyen. El Hospital general estuvo representado en ella por 
«u Administrador, Cavero, y fueron testigos D. Martín Frei- 
ré de Córdova, Manuel Pérez y Pedro de Aguayo, terminan- 
do en el séptimo pliego de los que ocupa con la aprobación 
del protector Laysaca D. Juan de Goyeneche entró inmedia- 
tamente en posesión del privilegio y de la Gazeta, que si en 
su número del martes 26 de Marzo, ya del dominio suyo, 
conservó todavía el título de Noticias ordinarias del. Xorte, 
Italia, España y otras partes, desde primero de enero hasta 
hoy 26 de marzo, y el nombre del impresor Antonio Román, 
que por entonces continuó imprimiéndola, desde aquel día 
•quedó reducida á solas dos hojas en 4.°, y se puso á la venta 
en casa de Antonio Bizarrón, mercader de libros, que tenia 
su oficio enfrente de las gradas de San Felipe. Otra adverten- 
cia puesta al final decía: «Saldrán estas Relaciones todos los 
martes, y los ausentes que las quisieren las podrán tener por 
el correo en la misma forma que hasta aqui.» 

Es curioso que así como hasta entonces, y desde el siglo 
anterior, se había dado el nombre genérico de Gacetas á todo 
papel de novedades, corto ó largo, particular ó periódico, lle- 
vase el titulo que llevase, en todos los anuncios de la nueva 
Gaceta se dé á ésta el nombre genérico de Relaciones, hasta 
muy entrado el siglo XVIII. Desde el número correspondien- 
te al 2 de Abril de 1697, es decir, el segundo que publicó 
Goyeneche, la Gaceta tomó ya para siempre y definitivamen- 
te el nombre de Gaceta de Madrid. En la del 7 de Enero 
de 1698 vuelve á anunciarse su suscripción, y se le llama es- 
tas Relaciones. El 30 de Diciembre de 1698 se repite el anun- 
cio para la suscripción del año 1699, y se le llama estas Re- 
laciones. El 20 de Enero de 1699 se repite lo mismo En la 
Gaceta del 27 de Julio de 1706 se inserta otro anuncio del 
Diario del ciaje de S. M. desde Barcelona hasta Zaragoza, 
■que acababa de publicarse. Se dice que se halla venal donde 
■estas Relaciones. Tan cierto es. como en los artículos ante- 



- 68 - 

riores se ha afirmado, que desde el siglo XVI toda Relación 
de sucesos particulares debe ser considerada como parte in- 
tegrante de la historia del periodismo en España, pues entre- 
nosotros el nombre de Gaceta, fué genérico y se aplicó enton- 
ces á toda clase da estos papeles volantes, como al final del 
siglo XVII y principios del XVIII, hasta á la Gaceta ya per- 
manente, y ya casi oficial, se daba el nombre que quedó ge- 
nérico de Relaciones. Después de 1706 ya esta confusión de 
apellidos se hizo menos frecuente. 

Desde que Goyeneche impuso ya para siempre el nombre 
de Gaceta de Madrid á su Gaceta el 2 de Abril de 1697, es- 
cribió Gaceta y no Gaceta, como hasta entonces se había es- 
tilado. Apenas fundada por Felipe V la Real Academia Es- 
pañola, y ésta pudo confeccionar su Diccionario llamado de 
Autoridades, corrigió la ortografía de nuestro periódico de 
Estado, pues la Academia entonces, profesando el principio 
conservador de las etimologías en la ortografía de las pala- 
bras, hizo recordar que la voz Gaceta provenía de la italiana 
gazza, y con esta indicación, se hizo de nuevo la corrección 
oportuna en el título de la Gazeta de Madrid, que así si- 
guió escribiéndose hasta que después de la muerte del Rey 
Fernando VII, en nuestro siglo, el torrente vulgar impuso 
sus cánones de libertad ortográfica hasta á la propia Aca- 
demia. 

D. Juan de Goyeneche no quitó su título de Gacetero ma- 
yor de S. M. al Dr. D. Juan de las Hebas, sino que á éste 
quedó sometida mientras vivió la redacción de la Gaceta. 
No es fácil averiguar el tiempo que duró esta dirección lite- 
raria, pues se ignora la fecha en que Hebas murió. Habiendo 
procurado indagarla en el Archivo de la Real Casa, resulta 
de su expediente como Capellán de honor y predicador 
de S. M., que hasta 1710 seguía cobrando su asignación anual 
de 60.000 mrs ; pero en 1713 todavía estaba vivo y en ejerci- 
cio pleno de sus facultades literarias, pues en dicho año dio 
á la imprenta de Jerónimo de Estrada, ó costa de Isidro Colo- 
mo, mercader de libros, su tratado de Theolocjia moral-sa- 
cramental para uso más fácil de las conferencias que se tie- 
nen en el Oratorio del Salvador del Mundo en esta corte, 
conferencias que, como el autor mismo certifica en el prólo- 
go, empezó y venía dando sin interrupción «delante de los 
hombres señalados en virtud y letras» desde el año 1686. Con 
todo, sábese que en 1697 D. José Antonio de Avellaneda era 






— 69 — 

« lo menos auxiliar en la confección del periódico; así como 
•que en 1719 también traducía para llenar sus páginas de no- 
ticias extranjeras D Juan Isidro Fajardo. 

No ofrece la estructura de la Gaceta, después que la tomó 
Goyeneche, más diferencia con las anteriores, sino en que el 
•capitulo de noticias es desde entonces continuo, y que con 
más frecuencia se dan otras de diversas partes de España y 
África. También en la Colección de la Biblioteca Nacional 
•quedan pruebas de que con alguna frecuencia de ciertos nú- 
meros se hicieron dos ediciones, añadiendo en la segunda al- 
guna particularidad que la distingue de la otra. Sobre esto 
pueden consultarse, por ejemplo, las de 4 de Mayo, 23 de 
Septiembre, 21 de Octubre y 11 de Noviembre de 1698; las de 
20 de Enero y 19 de Mayo de 1699, y asi otras. Hasta el prin- 
cipio de la guerra de sucesión son muy raros los números de 
suplemento ó extraordinarios; pero desde 1702, en la Colec- 
ción de la Real Academia de la Historia con frecuencia se in- 
tercalan Gacetas que no llevan este nombre, y que ni siquie- 
ra interrumpen el orden correlativo de la paginación de los 
números ordinarios. Suelen denominarse Noticias extraor- 
dinarias. Relaciones, etc., y siempre salen con el nombre de 
Antonio Bizarrón, el delegado de Goyeneche para la venta 
de la Gaceta. Desde el número correspondiente al 30 de Di- 
ciembre de 1710, la Gaceta se publicó en la imprenta que se 
puso á cargo de Juan de Aristia, en la calle de los Boteros, 
desde donde en Agosto de 1722 se trasladó á la calle de Alca- 
lá. Aristia era yerno de Bizarrón, por quien pasaban todas 
las cuentas y cargos de la casa. Muerto su suegro, siguió 
siendo el administrador general de la Gaceta, llevando su 
nombre la imprenta, hasta que, sacada de planta y concluida 
la construcción de la magnifica casa que para vivienda pro- 
pia, almacén de sus productos industriales é instalación de la 
imprenta y oficinas de despacho de la Gaceta, hizo levantar 
Goyeneche en la calle de Alcalá, tomó el establecimiento de 
donde salía el periódico el nombre de Imprenta de la Gaceta 
■el 17 de Septiembre de 1737. Este edificio creo que es ei mis- 
mo en que por mucho tiempo ha estado instalado el Hotel 
Peninsular, y hoy sirve de morada al Circulo de Bellas 
Artes. 



— 70 



VIII 



Los servicios que D. Juan de Goyeneche prestó á la causa- 
del Duque de Anjou para la sucesión de la Corona de Espa- 
ña, también refluyeron en su nueva propiedad de la Gaceta, 
de Madrid. Hay una Cédula Real de confirmación del Privi- 
legio que había adquirido y explotaba, que merece ser cono- 
cida integra. Dice asi: — «EL REY. — Por cuanto por parte 
de vos, D. Juan de Goyeneche, Tesorero de la Reina, se me 
ha representado, que habiéndose concedido al Hospital Ge- 
neral de esta corte el Privilegio de imprimir las Gacetas en 
estos reinos, comprasteis al Hospital este Privilegio, como, 
constaba de su cesión y ajuste hecho con el Protector, Admi- 
nistrador y demás Ministros, y que continuando vos con el 
derecho de vuestro Privilegio hacéis imprimir dichas Gace- 
tas y Relaciones, gastando mucho caudal en adquirir las no- 
ticias mas puntuales, teniendo en mi el mas auténtico testi- 
monio, por dignarme de leerlas y pedirlas toda* las sema- 
fias, suplicándome que porque otros se entrometen en impri- 
mirlas en Madrid y en la Andalucía, poniendo el título de 
Relaciones, sea servido de mandar se observe dicho privilegio 
en vuestra cabeza, prohibiendo nuevamente á cualquiera que 
en estos reinos imprimiese Gacetas ni Relaciones de noceda- 
des, pues si se diese permiso para imprimirlas, con titulo de 
Relaciones ó Cartas, seria solo mudar de nombre y derogar 
el Privilegio, y mayormente cuando la Gaceta es voz genéri- 
ca, que significa todo género de novedades , de más de se- 
guirse inconvenientes políticos, porque las materias de Esta- 
do, que deben tocarse con prudencia y cordura, se verían 
tratadas con la indecencia que se ha experimentado en Es- 
paña hasta que ha estado este encargo a vuestro cuidado; y 
habiéndose visto en el mi Consejo de la Cámara, y atendien- 
do á los motivos que coadyuvan vuestra representación y sú- 
plica; He tenido por bien, y por la presente es mi voluntad, 
que el dicho Privilegio de imprimir las Gazeias, de que se 
hizo merced al Hospital General de esta corte, y ha recaído en 
vos su derecho, se observe y guarde en todo y por todo, sin 
que por ninguna persona de cualquier calidad y condición 
que sea, se pueda entrometer á imprimir algunas, con pre- 



texto de Relación, Carta ó en otra forma, porque privativa- 
mente lo habéis de ejecutar vos en virtud del dicho Privile- 
gio que asi tenéis para poderlas imprimir; y respecto de que 
todo lo que son noticias generales y políticas, que propia- 
mente corresponden á Gacetas, no se pueden pasar á impri- 
mir por otro que por vos, prohibo nuevamente lo pueda ha- 
cer otra ninguna persona, por ser privativa de vos esta fa- 
cultad, como viene referido, asi en estos mis reinos, como en 
los de Andalucía. Y para que tenga cumplido efecto, mando 
al Gobernador y á los de mi Consejo, Alcaldes de mi Casa y 
Corte, Corregidor y Tenientes de la villa de Madrid, y á 
otros cualesquier mis jueces y justicias de estos mis reinos, 
os manutengan y amparen, sin permitir, ni dar lugar á que 
se contravenga en cosa alguna de lo que llevo resuelto y se 
expresa por el dicho Privilegio, por haber de subsistir y per- 
manecer perpetuamente en vuestro favor, que así es mi vo- 
luntad. Fecha en Barcelona á veinte y dos de Octubre de mil 
setecientos y un años. — Yo el Rey. — Por mandado del Rey 
nuestro Señor, Don Francisco Xicolás de Castro.» 

Con todas estas prohibiciones se hacía imposible atajar el 
espíritu industrial de los impresores y gaceteros de Sevilla, 
que hacían muy buen negocio con la publicación de estos pa- 
peles, por medio de los ciegos ambulantes en aquella parte 
•le la Península, y sobre todo con sus envíos á América. Es- 
cudero Peroso reseña una multitud de los que entonces sa- 
lieron, y se conservan muchos en las Bibliotecas de la capi- 
tal andaluza y algunos en la Nacional de Madrid. Cuando no 
bastaba el descaro para que Francisco de Leefdael imprimie- 
ra Gacetas generales de Xoticias de Europa y Francisco Ga- 
ray sus Gasetas de Gacetas y cuentos de cuencos, el ingenio 
tan fértil en cerebros andaluces, y en la generalidad de los de 
España, para buscar esquinas á la obediencia de lo que se 
manda ó se legisla, salía con papeles chistosos, ya en prosa, 
ya en verso, pero en los que entre frivolidades romancescas 
se incluían las noticias de los sucesos de guerra ó Estado. De 
este número eran el Memorial 1.°, 2.°, etc., del Pobre de las 
Covachuelas, que imprimía Juan de la Puerta; los Diálogos, 
también periódicos, de Perico y Marica sobre los felices su- 
cesos de la Monarquía, frecuente producto de las prensas de 
Lucas Martin de Hermosilla; las Cartas, del mismo modo in- 
termitentes, de Geromillo de Parla á Bartolillo Cabrera, 
dando cuenta de lo que ha pasado en Castilla desde Agosto 



— 72 — 

hasta Noviembre de 17 10 y otras fechas, que editaba Fran- 
cisco Garay, ya repetido, y otros de idéntico linaje. 

El año 1711, sin embargo de las reiteradas prohibiciones, 
Fernando Monge, impresor y librero de Zaragoza, pretendió 
reimprimir la de Madrid con el título de Gaceta de Zarago- 
za. Acudió Goyeneche al Consejo, y éste pidió informes al 
Hospital general. Había prosperado tanto en este tiempo la 
Gaceta, que el Hospital intentó que á título oneroso se de- 
nunciase el antiguo contrato, devolviéndole su propiedad; 
pero aunque el Consejo no consintió la rescisión y declaró no 
haber lugar á la nulidad demandada en sentencia del 9 de 
Septiembre de aquel año, desde entonces comenzó contra la 
Gaceta una guerra sorda de emulación de intereses, que sólo 
pudieron contener los respetos que alcanzaba la personalidad 
de su propietario y la nobleza y rectitud de sus servicios. En 
Barcelona, para que se reimprimiera también desde 1711, 
sustituyendo en su epígrafe el nombre de la capital de Espa- 
ña por el de la capital del Principado, y aun añadiendo des- 
pués del capitulo de las noticias de la Corte otro con las de 
aquella ciudad, se celebró un concierto entre el editor Rafael 
Figueró, impresor del Rey, y Goyeneche; pero de Pamplona 
avisó el Virrey de Navarra, Conde de Maceda, al Marqués de 
Villarias, que aquel Consejo, sin atenerse á las órdenes su- 
periores, había otorgado licencia para que se publicase con 
el título de Correo verídico un periódico local. 

A Goyeneche, entre tanto, agobiaban en Madrid las mul- 
tiplicadas atenciones de que se veía abrumado entre sus car- 
gos en Palacio y en la Tesorería primero de la Reina viuda 
de Carlos II Doña Mariana de Neuburg, que hasta su falleci- 
miento, y firmándose siempre la triste Reina, permaneció en 
Bayuna, y después en la de la Reina Isabel de Farnesio, segun- 
da esposa de Felipe V; sus empresas industriales en Castilla 
la Nueva, Navarra y Aragón y su Gaceta y el giro de todos 
sus demás negocios en la Corte. De su matrimonio con la se- 
ñora Doña María Francisca de Balanza había tenido un hijo, 
bautizado en la parroquia de Santa Cruz, y de quien Alvarez 
Baena se ocupa en los Hijos ilustres de Madrid, á quien des- 
de temprana edad educó y dispuso para que pudiera suceder- 
le con propio empuje en el cúmulo de los negocios que había 
abarcado. Alvarez Baena le dibuja más literato que político, 
reproduciendo obras de Lope de Vega y otros poetas, entre 
ellas las Fiestas de Lerma de 1598; pero D. Jerónimo de Ustá- 



— 73 — 

riz lo celebró mucho por haber traducido en su juventud, adi- 
cionándole con interesantes notas propias, un libro titulado 
■Comercio de Holanda, ó el gran Thcsoro historial y político 
del floreciente comercio que los holandeses tienen en todos 
Jos Estados y Señoríos del mundo, cuyo libro se imprimió, 
sin año, en la Imprenta Real, por José Rodríguez y Escobar, 
impresor del Rey Felipe V, ntro. Sr., de la Cruzada y de 
la Real Academia Española. En unas partes se le nombra 
D. Francisco Xavier de Goyeneche y en otras D.Francisco 
Miguel, segundo nombre de pila que debió aceptar para que 
no se le confundiera con otro D. Francisco Xavier de Goye- 
neche y Gascón, hermano de su padre, del Consejo de S. M. y 
su Decano en el de Indias. En la traducción del Comercio de 
Holanda púsose en la portada todavía el nombre de Francis- 
co Xavier; pero en la censura del Dr. D. Francisco de la To- 
rre y Ocón, Capellán Real y del Supremo Consejo de Indias, 
cuidó éste de especificar que se trataba del hijo de D. Juan. 
En la expedición del título de Marqués de Relzunce con que 
fué condecorado por mano de su padre D. Juan, en Real cé- 
dula, firmada en Sevilla el 13 de Mayo de 1731, se le nombró 
D. Francisco Xavier; pero en 7 de Diciembre de 1743, al otor- 
gársele nuevo título nobiliario con la denominación de Con- 
de de Saceda, se le llamó D. Francisco Miguel. Él, desde en- 
tonces, puso término ó las equivocaciones que de aquí pudie- 
ran resultar, firmando siempre sistemáticamente Marqués 
de Belsunse, Conde de Saceda, en dos líneas. 

Como antes se ha apuntado, su padre. D. Juan, en el 
año 1724 le transmitió el oficio de Tesorero de la Reina; el año 
de 1728 le hizo condecorar con el hábito de la orden de San- 
tiago y, contando con la Real Facultad, el 27 de Octubre 
de 1730 fundó para él mayorazgo, al que vinculó como su pri- 
mer alhaja el Privilegio de la impresión de las Gacetas. Y 
aunque D. Francisco Xavier ó Miguel, ó D. Francisco Xavier 
Miguel no heredó á su padre D. Juan hasta 1748, desde que 
le invistió con el mayorazgo de la Gaceta, enteramente le sub- 
rogó su dirección y su administración. De ello dan testimo- 
nio las diversas comunicaciones oficiales que acerca de asun- 
tos relacionados con la Gaceta de Madrid median desde aque- 
lla fecha entre los Ministros, Secretarios de la primera Sub- 
secretaría de Estado, desde Felipe V hasta Carlos III, y él 
-como representante único de aquella publicación. 

Desde 1737 se había concedido licencia á D. Leopoldo Je- 



rónimo Puig para la publicación del Diario de los literatos 
de España, y luego, al siguiente, en 1738, la obtuvo por seis 
años D. Salvador José Mañer para fundar el Mercurio histó- 
rico i/ político, y el régimen de policía que se hubo de crear 
para estos dos nuevos periódicos tuvo que refluir también en 
la Gaceta de Madrid. En efecto, por Real decreto de 20 do 
Agosto de 1739 se creó una censura á la que «el gacetero edi- 
tor de la Gaceta de Madrid» había de remitir alo que publique 
este periódico». El censor que le fué nombrado era el mismo- 
que ya lo había sido para el Mercurio, el Marqués de la Rega- 
lía. El ya Marqués de Belzunce, á pesar de la dignidad de este 
titulo, y de los empleos de Tesorero y Mayordomo de la Rei- 
na, que simultáneamente desempeñaba, por instancia reco- 
mendada del Marqués Scotti á D. José Patino, y aprobada 
por S. M. en San Ildefonso el 1.° de Agosto de 1735, que ori- 
ginal consta en su expediente del Archivo de la Real Casa v 
llevaba por sí el trabajo no excesivo de la redacción semanal 
del periódico: de modo que en la intervención del nuevo cen- 
sor debió adivinar la red de nuevos propósitos para socavar 
sus derechos, toda vez que desde la primera fundación de Don 
Francisco Fabro Bremundan, los originales de la Gaceta fue- 
ron consultados siempre antes de publicarse con la primera 
mesa de la covachuela de España, y esta costumbre nunca so 
había interrumpido, considerando que, como en la Cédula de 
confirmación del Privilegio, el Rey Felipe V había expresado 
en 1701, si las noticias generales y políticas eran propiamen- 
te de la Gaceta, se seguirían serios inconvenientes de que no 
se tocasen con prudencia y con cordura y aun bajo la tácita ju- 
risdicción de aquel Ministerio Esta inspección de costumbre 
y dependencia era la que excusaba otras licencias codificadas 
para la publicación. 

El Consejo de Castilla, por su parte, se molestaba de que 
la Gaceta fuera la única impresión privilegiada que eludía su 
aprobación; y llevado de este enojo, decretó en pleno el 29' 
de Agosto de 1741 que á los impresores y vendedores de la 
Gaceta se les prohibiese desde aquel día vender ninguna sin 
tener entregadas las que correspondían al Consejo, y lo mis- 
mo se hiciera con los papeles que tratasen de noticias gene- 
rales; que en la Gaceta no se pusieran las impresiones de 
libros que salían para vender, hasta tener orden particu- 
lar por el portero de l8s impresiones de ellos; y que mucho- 
menos se incluyera en las Gacetas el tratamiento de señor 



á otros Ministros y personas que no fuesen del Consejo y del 
de Estado, Presidentes y Gobernadores de los otros, Mayor- 
domos y Caballerizos Mayores de SS. MM., pena de doscien- 
tos ducados. Como complemento de este decreto aún vino otra 
orden al impresor de la Gaceta, contradictoria de la anterior, 
para que «siempre que se nombrara Ministro, en tabla del 
Consejo, fuera con el tratamiento de señor, con apercibimien- 
to de que se le sacarán cien ducados de multa, y lo mismo se 
practique con los Arzobispos y Obispos» 

Con fecha 28 de Enero de 1742, el Marqués do Belzunce se 
dirigió al de Villanas, representándole que, «puesto que la 
Gaceta es cosa que depende del Consejo de Estado, se sirva, 
como Decano que es de él y su primer Secretario, declarar 
qué órdenes de las anteriores se debían obedecer sobre el tra- 
tamiento de Grandes, Ministros, personas condecoradas del 
Ejército, etc., para que la Gaceta no yerre ni incurra en mul- 
tas»; y como Villanas le contestara que se atuviese en todo á 
las etiquetas de Palacio, que él debía conocer, por este medio 
alejó las molestias que le amenazaban. 

En otra cuestión fué menos afortunado. Cuando á D. Sal- 
vador José Mañer se concedió por seis años, que comenzaron 
el 17 de Marzo de 1739, la licencia para el Mercurio, formado 
con las traducciones de la Gaceta de Holanda, D. Francisco 
Miguel de Goyeneche formuló una protesta en regla, que no 
le fué admitida. En 17 de Marzo de 1745, la licencia que dis- 
frutó Mañer se confirió á D. Miguel Josef de Aoiz, que la ha- 
bía solicitado, y Goyeneche volvió á reclamar; pero Mañer, 
que se encontraba despechado, levantó ante escribano pú- 
blico un acta de cesión del Mercurio Histórico // Político, de 
que se creía único dueño, como primer inventor de la traduc- 
ción de la Gaceta de Holanda, al Hospital General, creyendo 
herir así á un mismo tiempo al propietario del Privilegio de 
la Gaceta de Madrid, que iba en auge, y al nuevo editor del 
Mercurio. Goyeneche, para evitar inconvenientes, pretendió 
que se anulase, así la cesión de Mañer como el privilegio con- 
cedido á Daoiz. Para esto ofreció reemplazar los 75.000 reales 
vellón con que Daoiz había servido á S. M. por él, entregán- 
dolos en la Tesorería Mayor de Cuentas para urgencias de la 
guerra, y acudir con mil ducados anuales al Hospital del pro- 
ducto del Mercurio; pero el Rey mantuvo á Daoiz en el dere- 
cho de su adjudicación. 

Desde que murieron, por un lado, el rey Felipe V, y por 



— 76 — 

otro, D. Juan de Goyeneche, el tole- tole contra el privilegio 
<le la Gaceta de Madrid, que cada día prosperaba más, fué 
ya casi incesante El Marqués de Belzunce, Conde de Saceda, 
oía las quejas que se formulaban hasta en la Cámara del Rey 
Fernando VI. Llegóse hasta poner en duda su privilegio, y él 
mismo debió sufrir por algún tiempo alguna incertidumbre, 
pues en las Gacetas de fines de Enero de 1747, y que se impri- 
mían en la imprenta de la Gazeta calle de Agua-va, se sus- 
tituyó el Con Privilegio por un simple Con Licencia. Cierto ó 
supuesto, el 20 de Octubre de 1750 tuvo que justificarse del 
cargo que oficialmente se le comunicó por una omisión pade- 
cida en el número de la Gaceta del día anterior, y en la co- 
municación del primer Secretario de Estado se le decía tex- 
tualmente que «S. M. había advertido el notable desconcier- 
to que se echaba de ver en la composición de la Gaceta». 
Belzunce, sin embargo, hacía cinco años que había entrega- 
do casi la dirección del periódico al redactor D. Juan Anto- 
nio Eguilondo, á quien su padre había agregado á sus ofici- 
nas para que colaborara en las traducciones de que desde la 
muerte de Hebas se había servido del presbítero D. Juan 
Lacy, Capellán del Hospital de San Antonio de los Alema- 
nes. Con Eguilondo continuaba la confección, consultando 
•los originales con la primera mesa de la primera Secretaría 
de Estado, que desempeñaba D. Ricardo Wall, cuando inopi- 
nadamente, en la tarde del 5 de Mayo de 1755, estándose ti- 
rando la Gaceta del día inmediato, de orden del Juez de im- 
prentas D. Juan Curiel, entraron un escribano y un minis- 
tro de dicho Tribunal é intempestivamente se apoderaron de 
los pliegos que iban impresos. Acudió Eguilondo mostrando 
la orden expedida algún tiempo antes por el Ministro D. José 
•de Carvajal y Lancáster, predecesor de Wall, para que en- 
tendieran los que ejecutaban el mandato de Curiel que la cen- 
sura de la Gaceta tocaba privativamente á la primera Secre- 
taria del Despacho, así como todo cuanto ocurriese y depen- 
diese de la imprenta y composición del periódico de Estado. 
Mas sin suspender su ejecución, el escribano siguió tomando 
declaraciones á las personas á cuyo cuidado estaba puesta la 
imprenta, reservándose su acción. En instancia del día 9, el 
Marqués de Belzunce alzóse en queja á Wall, y por lo pron- 
to también se anuló aquel acto; pero no quedó tranquilo, 
pues veía la frecuencia con que se aguzaban motivos de mo- 
lestarle con tan desagradables sucesos. 



Pasado algún tiempo, en efecto, nuevas quejas vinieron á 
afligirle. Con fecha 14 de Noviembre de 1756, desde San Lo- 
renzo del Escorial, el mismo D. Juan Curiel dirigía al Conde 
de Saceda, Marqués de Belzunce, una comunicación en que 
le decía : — ((En la Gaceta del martes 2 del corriente, capitu- 
lo de Madrid, se dijo hallarse el Sr Infante Don Luis en 
San Ildefonso, estando en este sitio. A este descuido se añade 
que en la del martes último, 9, se dice que S. A había re- 
suelto restituirse al sitio de San Ildefonso, no correspondien- 
do en este asunto á S. A. la resolución, sino al Re;/. S. M., 
que ha observado estos dos defectos, sobre las repetidas im- 
propiedades que se hallan en la composición y estilo de la 
Gaceta, é inteligencia del idioma en las otras de que se valen 
para componerla, me manda advertirlos á V. S. y la poca 
atención que se pone en una cosa tan pública y que le corres- 
ponde cuidar, para que procure fiarla á persona inteligente, 
del cuidado y discreción que se requiere para servir al públi- 
co, sin que sirva de disculpa la revisión á que está sujeta, 
pues ésta es sólo para lo que se roza con los puntos sustancia- 
les de Estado y Gobierno y no para los demás requisitos de 
que debe constar» En la contestación que Belzunce dirigió 
al Ministro D. Ricardo Wall, y no al Juez de imprentas Don 
Juan Curiel, con fecha del día 15, se disculpaba con los acha- 
ques que le tenían indispuesto; reconocía la justa reprehen- 
sión que tan benignamente debía á su piedad por los descui- 
dos últimos de la Gaceta, y sintiéndolos más por haber sido 
causa de su más mínima desazón, cuando todo su anhelo era 
procurar de servirle, ofrecía que en lo sucesivo vigilaría más 
sobre esto «aunque fuere mudando de personal que desempe- 
ñe con más habilidad y acierto este encargo». 

Por su parte, el censor, que desde el año 1739 se le había 
nombrado, el Marqués de la Regalía, comprendiendo que en 
el ánimo del Ministro D. Ricardo Wall se descubría la secre- 
ta intención de apoderarse, para incorporarlas á la Corona, 
de las tres publicaciones privilegiadas que, por su índole es- 
pecial, tenían una dependencia tácita con el Estado, esto es: 
la Gaceta de Madrid, el Calendario manual y Guia de Fo- 
rasteros y el Mercurio Histórico y Político, cuanto podía 
arrimaba el hombro para ayudar á satisfacer los deseos del 
Ministro; y en 26 de Diciembre de 1755, habiendo D. Ricardo 
Wall preguntado á su Fiscalía « si en el último Mercurio se 
habían incluido con aprobación sffya las Relaciones en que 



— 7S — 

se hablaba de los terremotos de Lisboa, y por qué motivo 
había permitido se imprimiesen tales disparates», capciosa- 
mente Regalía contestó : — «Exmo. Sr. — Satisfaciendo á 
esta Real Orden debo expresar á V. E. que el autor del 
Mercurio, estando yo enfermo, como todavía lo estoy, solici- 
tó de que le permitiera incluir en el de Noviembre las no- 
ticias de los sucesos del terremoto, tomándolas y extractán- 
dolas de las Relaciones particulares que habia adquirido de 
diferentes ciudades del Reino. Yo le hice responder que para 
esto debía tomar el permiso de V. E. No extrañaré que estén 
mal coordinadas, porque el sujeto es tan ignorante del idio- 
ma español como del francés, en que regularmente vienen 
los Mercurios, y así este traductor como el de la Gaceta me 
ocupan inútilmente por la misma razón mucha parte del 
tiempo que necesito para cumplir mis principales encargos: 
y no es tan inútil el producto que sacan del público con unos 
y otros papeles que no merezca bien poner esta comisión al 
cargo de persona mas instruida; que es cuanto puedo hacer 
presente á V. E para que poniéndolo en noticia de S. M. se 
sirva tomar la providencia correspondiente para cortar en 
adelante estos inconvenientes, pues mi comisión para reveer 
Gaceta y Mercurio, á que estoy destinado desde antes del 
año 1740, tiene por objeto solamente el evitar que salgan al 
público algunas noticias respectivas á las cosas de Estado que 
se introducen en las de Holanda, y no la corrección de la 
traducción, porque seria preciso hacerlo todo de nuevo. 
Dios g.' c á V. E. m. s años, etc.» 

Después de esta comunicación, las resoluciones de D. Ri- 
cardo Wall comenzaron á dirigirse abiertamente al objeto 
que se proponía. Le impedía la enfermedad del Rey que fue- 
ran aceleradas y concluyentes. Pero quedando en su ánimo 
la cuestión de la Gaceta, sentenciada á la misma absorción 
que desde luego puso en práctica respecto al Mercurio, se sa- 
tisfizo por lo pronto con dar una forma más claramente de- 
terminada en sus funciones y gravosa á la vez para los inte- 
reses de la Gaceta, á la revisión que de sus originales se 
hacia en el Negociado del Oficial mayor de la primera Se- 
cretaria del Despacho. Aprobado su proyecto por S. M., á 
quien habia representado que «por más advertencias que se 
habían hecho al sujeto que cuidaba de la impresión de la Ga- 
ceta para que nada pusiera en ella, especialmente en el capí- 
tulo de Madrid, de cuya verdad no estuviere asegurado y de 



— 79 — 

■cuya publicación no se siguiera inconveniente, de tiempo en 
tiempo incurria en estas faltas con ligereza y poca circuns- 
pección», se mandó que la Gaceta se pusiese al cuidado de 
uno de los Oficiales de aquella Secretaría que revisase ma- 
nuscritos todos los originales que se habían de insertar, para 
lo que habrían de llevársele los lunes á medio día. y que no 
se pudieran dar á las prensas hasta que el referido Oficial 
ios rubricase y pusiese de su letra en ellos: Imprimase. 

La comunicación que contenía estas órdenes se dirigió al 
Marqués de Belzunce el 2 de Noviembre de 1758. haciéndole 
saber además que S. M. había nombrado para la revisión al 
Oficial de la Secretaría de Estado D. Miguel San Martin y 
Cueto, á quien S. M. había señalado por este servicio la pen- 
sión anual de 100 doblones de oro del fondo de la misma Gace- 
ta. Goyeneche no se hallaba en Madrid; pero Eguilondo, que 
«brió la comunicación, contestó al día siguiente, 3 de Noviem- 
bre, confor otándose con cumplir en todas sus partes lo que se 
le mandaba, mientras el propietario de la Gaceta regresaba de 
su expedición á sus fábricas. Belzunce, que veía venir el tiro, 
tampoco quiso oponerse á lo que se le ordenaba en nombre 
de S. M. el Rey, aunque tan peligrosamente enfermo á la 
S8zón. Tales fueron los procedimientos que se emplearon 
para incorporar la Gaceta de Madrid á la Corona, y tales los 
sucesivos pasos que se dieron para llegar poco á poco á este 
fin, sacándola de la jurisdicción del interés privado, que la 
dio regularidad, estabilidad, prestigio y prosperidad. Y, ¡ cosa 
curiosa!, apenas se incorporó el Mercurio, recogiendo simple 
y sencillamente el Privilegio que en 1745 se había otorgado á 
D. Miguel José Daoiz, y se echaron de ver los grandes ren- 
dimientos que á la sazón producía, la primera gracia que 
sobre ellos se decretó fué el pagar de sus fondos el primer 
uniforme que se hicieron los Oficiales de la primera Secreta- 
ría del Despacho. En este concepto, y del fondo del Mercurio, 
«1 mismo año de 1758, por orden de S. M., se dieron 6 000 
reales vellón para este fin á cada uno de los seis Oficiales 
D. Bernardo del Campo, D. Bernardo Iriarte, D. Fernando 
Magallón, D. Sebastián de Llano y D. Simón de las Casas, 
y el Archivo Histórico Nacional enseña en sus vitrinas de 
autógrafos de personajes históricos el recibo que D. Nicolás 
José de Azara suscribió al recibir los 6 000 reales del fondo 
del Mercurio y de la Gaceta para costear su primer uniforme 
cuando ascendió á Oficial de la primera Secretaria de Estado. 



- 80 — 



IX 



El 9 de Diciembre de 1759 entró solemnemente en Madrid 
á ocupar el trono, vacante por muerte de Fernando VI, el 
Rey Carlos III, su hermano, después de renunciada en su hijo 
tercero, D. Fernando, la corona de Ñapóles. Las fiestas de su 
proclamación todavía no habían cesado enteramente en todos 
los ámbitos de la Monarquía Española, cuando con fecha 18 de 
Enero de 1760 recibía el Conde de Saceda, D. Francisco Mi- 
guel de Goyeneche, una comunicación del Ministro D. Ricar- 
do Wall, en que le decía : — «El Rey quiere saber desde cuán- 
do, cómo y en qué términos está en casa de V. S. el privilegio 
de imprimir y vender la Gaceta, y de orden de S. M. lo pre- 
vengo á V. S. para que me informe de ello cuanto antes y con 
la mayor individualidad. » Ya en los expedientes de Imprentas 
del Archivo Histórico Nacional consta una corresponden- 
cia particular cruzada entre el oficial mayor de la Secretaria 
de Estado, D. José Agustín de Llano, Caballero de la Orden 
de Santiago, y el impresor D. Juan Manuel de Mena, en la 
cual, valiéndose éste de informes secretos, que indudablemen- 
te por su prolijidad y certeza no habían podido tomarse sino 
en el propio archivo de la casa del Conde de Saceda, y aun del 
de las mismas oficinas de la redacción y administración de la 
Gaceta, detalladamente se le había dado razón, asi de la 
parte del derecho que á los Goyeneches correspondía en la 
propiedad y vinculación del privilegio, como de la situación 
actual económica del mencionado periódico. En una nota de 
Mena, que lleva por cabeza Lo que he podido averiguar del 
coste ;/ producto de la Gaceta es lo siguiente, dice, entre otras 
cosas : — «En tiempo de paz se venden seis resmas de la Ga- 
ceta; ahora diez, y algunas semanas once. Hago la cuenta pru- 
dencial de que en todos tiempos, haciéndolos iguales, se ven- 
den ocho resmas cada semana, las que vendidas, como se 
venden, á 235 r. s , importan cada semana 1880 r. s v.°. Cincuen- 
ta y dos tiene el año, por lo que importa el total del año 
97.760 r. s .» 

Los gastos los computaba en 44.802 reales, en esta forma : 



— 81 — 

Al traductor, cada año 3.300 reales. 

Al Sr. San ¡Martín y Cueto 7.500 — 

A Ant." el vendedor (á 8 r. 5 dia- 
rios) 2.920 — 

A Bme. Fernandez, por cerrar 

y plegar 1.872 — 

A Miguel Enriquez, mozo 780 — 

Al Hospital General 6.000 — 

Papel 12.480 — 

Impresión •. 7.800 — 

Total 44.802 — 



Con cuyos cálculos resumía en estas cifras : 

Producto 97 760 

Gastos 44.802 



Ganancia 52.958 



Después de estos datos hipotéticos, el impresor Mena con- 
cluía su nota de 13 de Enero de 1760, con este curioso dicta- 
men : — ((Se le pueden pagar al Hospital los 6.000 r. s y que 
el Conde de Saceda vuelva á tomar sus efectos, y que se con- 
tente con lo que ha ganado en todo este siglo.» 

Hay un informe de D. Ricardo Wall al Rey, fechado el 
16 de Enero en el Buen Retiro, que es de lo más peregrino 
que se puede imaginar. El Ministro que Carlos III heredó del 
gobierno de su difunto hermano exponía al Monarca lo que 
se había hecho, cuando se resolvió por el Rey Felipe V, pocos 
años antes de su muerte, vestir de uniforme á toda la Casa 
Real- Se trató entonces de si las Secretarias del Despacho y 
los oficiales de ellas debían reputarse como criados de la casa, 
y se determinó que lo eran. Se mandó formarles asiento en 
los libros del bureo, y S. M. les dio uniforme bordado de oro, 
que estrenaron el día de los desposorios de la Señora Delfina 
María Teresa. Conocióse entonces que era demasiado costoso; 
pero habiéndose dispuesto que los jefes se pusiesen el mismo 
que los oficiales, como á la sazón lo usaba el Marqués de 
Camporedondo, y que le conservasen los secretarios de los 
Tribunales, como, por ejemplo, Gordillo y Montiano y Lu- 
yando, se pasó por encima del demasiado costo para los ofi- 
ciales, á título de que los jefes tuviesen uniforme correspon- 

6 



— 82 - 

dientemente lucido. Con todo, para ellos quedó inferior á los 
demás de la Casa Real. Lejos de pretender sobresalir en el 
uniforme, se lastimaron los más de los oficiales déla Secre- 
taría de Estado del excesivo gasto, y el Rey Felipe tuvo la 
piedad de pagarles el primero. 

En el reinado de Fernando VI se mudó la hechura del bor- 
dado de los secretarios, por representación que hizo el Mar- 
qués de la Ensenada, y de orden de S. M. pasó el dibujo á las 
Secretarias de Estado y Gracia y Justicia, que eran las únicas 
que no regentaba y que no tuvieron la menor parte en la mu- 
danza. Los oficiales de estas dos conservaron el antiguo tanto 
como pudieron; pero con el tiempo se mudaron todos, pues 
cuanto los viejos se deterioraron, hubo que adornar los nuevos 
bajo lo determinado por S. M. Los sueldos que disfrutaban en 
aquel tiempo los oficiales de Secretaria eran 25.000 reales 
anuales el mayor y 20.000 cada uno de los otros cuatro; suel- 
dos cortos, que no sufrían estos gastos extraordinarios. Ex- 
puesto esto en 1758 al Rey Fernando VI, S. M. acordó que 
del fondo sobrante del Mercurio, ya incorporado á la Corona, 
se pagasen los uniformes á los nuevos oficiales, empezando á 
lograr el fruto de esta merced los oficiales que entraron en- 
tonces. Wall, considerando que el Conde de Saceda era un 
particular rico, y que, aunque tenía el privilegio de la Gaceta, 
había ocasionado muchos disgustos al Ministerio de Carvajal 
y Lancáster y Villanas, y los ocasionaba frecuentemente al 
suyo, por la indiscreción y trastrueque con que hacía uso de 
las noticias; que para corregirlo, se le había impuesto un re- 
visor previo en uno de los oficiales de la Secretaría, obligán- 
dole á retribuirle este trabajo, «de lo que ha callado y se dá 
por muy contento á trueque de que no se haga con él lo mismo 
que con el Mercurio, en que ganaría mucho mas el público 
por el abandono en que está la Gaceta, que no tiene mas mé- 
rito que ser copia de las de Holanda», y sabiéndose que « en 
Paris y Londres se conceden muchas pensiones á los que se 
hacen acreedores en la carrera del Ministerio y aun á los que 
se distinguen en las letras y ciencias, sobre los Mercurios y 
Gacetas de dichos países » , proponía á S. M. la reivindicación 
para la Corona del Privilegio que Goyeneche había comprado 
por 147.000 reales vellón, en que se regularon los efectos de la 
villa que cedió al Hospital General, y que entonces no eran 
muy seguros; pues los productos de la Gaceta de Madrid con 
los del Mercurio, bien manejados por S. M., le darían medios 



- 83 — 

«de hacer con ellos nuevas mercedes á los que son merecedores 
de ellas. — Al margen del informe extractado y con fecha del 
mismo dia 16 de Enero, aparece este decreto: — «Todo lo ha 
■visto S. M. el Rey, y quiere que corran y se cumplan las reso- 
luciones anteriores, y que así como se recogió el privilegio del 
Mercurio se disponga recoger el de la Gaceta y que se maneje 
por su Secretaria. )) — 

A la Real orden que le fué comunicada el 18 de Enero, 
contestó el 21 el Marqués de Belzunce, Conde de Saceda, ha- 
ciendo puntual relación é historia de la Gaceta, desde que su 
padre D. Juan de Goyeneche compró en 1697 el Privilegio al 
Hospital General, hasta su vinculación, con facultad del Rey 
Felipe V, en el mayorazgo para él instituido en 1730; mas no 
dándose S. M. por contento con este informe, de Real orden, 
el 25 del mismo se le pidió que acompañara un tanto autori- 
zado de la escritura de 1697, que el Conde-Marqués remitió 
el 28. Por otra Real orden de 6 de Diciembre del mismo 
año 1760, se le pidieron todas las cuentas desde que la casa 
de Goyeneche se hizo cargo de la Gaceta, al mismo tiempo 
que se le expresaba que el Rey deseaba saber las mejoras que 
había tenido este efecto desde que lo poseía. Entonces Belzun- 
ce, en 4 de Enero de 1761, contestó á Wall, remitiéndole por 
quinquenios las cuentas detalladas de su administración, des- 
de 1736, en que su padre le subrogó la dirección de la Gaceta, 
representando que, habiendo reconocido con particular aten- 
ción los papeles antiguos de su casa, habían quedado frustra- 
dos sus deseos de hallar las noticias precisas que buscaba, no 
habiendo encontrado sino las que desde 1736 conservaba por 
mera curiosidad , y que estaban evacuadas semanalmente por 
el impresor primero á quien con total confianza estaba encar- 
gado el manejo de la parte administrativa de la Gaceta, como 
después lo había continuado con la misma confianza y bajo el 
propio método el impresor actual, yerno del primero. 

Sobre el fomento que se había dado á aquella publicación, 
que iba siempre en creciente prosperidad, Belzunce lo atribuía 
al esmero y regularidad con que salía, á la excelente elección 
de las personas que escribían las mejores noticias, á la vera- 
cidad que se cuidaba que éstas tuvieran, para que el público 
tuviera fe en ellas, y al método con que se disponían, logrando 
hacerlas interesantes. Se procuraba que la corrección fuese 
perfecta, y excelente la calidad del papel elaborado en fábrica 
propia, y la letra se renovaba cuando menos cada dos años á 



— 84 - 

fin de que la impresión no perdiera en limpieza y claridad. 
Desde el número que se publicó el 24 de Febrero de 1739, se 
le añadió medio pliego más en cada uno; y para corresponder 
al favor del público, se admitían las noticias que le interesa- 
sen, las cuales, permitiéndolo el revisor, se publicaban sin 
exigir retribución alguna, admitiendo únicamente un ejem- 
plar, si libremente querían darlo, á los que anunciaban algún 
papel impreso ó libro. Goyeneche expresaba además que con 
este esmero se había atraído hacia la Gaceta la atención del 
público, aunque reconocía que en esta parte se debía mucho 
á los progresos de la educación popular, pues se conocía que 
el pueblo ganaba cada día en instrucción con las disciplinas 
creadas por el Rey Felipe V, padre de S. M., que, amante de 
sus vasallos, fomentó el estudio de las ciencias y las artes, 
creó cátedras de Geografía y de Historia de los intereses de 
los Principes, hizo aprender idiomas, «y por consiguiente esta 
clase de escritos, en que cada uno desea instruirse, para ha- 
berse con algún conocimiento, estimulaba, no sin admiración,, 
la propensión curiosa hacia las Gacetas, aun en el ínfimo 
pueblo, pues á porfía las compran, especialmente en tiempo 
de guerra.» «Por estos únicos medios, añadía, juzgo ha llega- 
do al perfecto establecimiento en que hoy se halla y ser tanto 
más apreciable que en lo pasado por lo que produce.» 

Conociendo el móvil de los informes que se le pedían^ 
esta comunicación terminaba con el párrafo siguiente : — «El 
producto de esta alhaja, como la principal de mi mayorazgo, 
no sólo me ayuda á pagar las muchas y precisas cargas que 
sobre sí tiene, sino me mantiene con la correspondienta de- 
cencia á mi calidad y estado, á que la piedad de SS. MM. ha 
elevado mi casa, premiando los dilatados servicios de mi di- 
funto padre D. Juan de Goyeneche y los que yo tengo la honra 
de continuar á los R. s P. s de la Reina, nuestra señora, madre 
de S. M.» 

Los resúmenes de los productos líquidos que la Gaceta 
de Madrid había dado desde el año 1736 hasta el 1760. dedu- 
cido de las cuentas y documentos presentadas por Goyene- 
che, se formulan en los siguientes estados: 



— 85 — 



PRODUCTOS 


Reales. 


Mrs. 


Quinquenio de 1736 á 1740 


331.493 
455.904 
421.830 

288.728 
620.842 


27 


— de 1741 á 1745 


1 


— de 1746 á 1750 


7 


— de 1751 á 1755 


10 


— de 1756 á 1760 


16 







En el primer quinquenio, los productos mínimos corres- 
pondieron al año 1738 por 45.576 reales 32 maravedises, y los 
máximos al 1740 por 96.260 reales 1 maravedí. En el se- 
gundo, el mínimo fué el año 1743 por 86 822 reales 5 mara- 
vedises, y el máximo el 1745 por 93.921 reales 20 maravedises. 
La progresión llega á su limite en el tercer quinquenio, en 
el cual, en el año 1747, llegó el producto á 101.743 reales y 6 
maravedises; pero en este mismo período vino la depresión, y 
el año 1750 sólo produjo la Gaceta 59.042 reales y 8 marave- 
dises. Todavía en el cuarto quinquenio se observa mayor de- 
crecimiento en el año 1751, que bajaron los productos á 
51.483 reales 6 maravedises; pero otra vez se pronuncia el alza 
en este período, y en el año 1755, las entradas fueron de 65.653 
reales y 9 maravedises. Por último, en el quinquenio de 1756 
á 1760, el año primero subió á 79 863 reales 19 maravedises, 
y el de 1760 cerró en 160.289 reales. 

El número de Gacetas impresasen este mismo espacio de 
tiempo, con el de las vendidas y sobrantes, se resuelve en las 
siguientes cifras, referidas, para evitar prolijidad, solamente 
al último de los cinco quinquenios: 



AÑOS 


Impresas. 


Vendidas. 


Sobrantes. 


Totales. 


En 1756 


250.675 
320.350 
357.400 
404.400 
461.571 


217.556 
286.06-5 
319.397 
367.940 
425.037 


16.008 
16.032 
19.751 
18.178 
15.851 


250.675 


En 1757 


320.350 


En 1758 


357.400 


En 1759 

En 1760 


404.400 
461.571 







El valor representado por las Gacetas vendidas, con el 
importe de lo cobrado, lo invertido en sus propios gastos, y 
la suma de las ganancias líquidas, fueron : 



86 - 



AÑOS 


Cobrado. 


Gastos. 


Ganancias. 


En 1756 


112.947 2 
' 150 554.2 
167 480.30 
188 482.26 
216.433.20 


33 08317 
36.833.17 
39.559 » ' 
49.435 » 
56.144.20 


79.863.19 


En 1757 


113.720.19 


En 1758 


126.921.30' 


Kn 1759 


139.04720 


En 1760 


160.289 » 







Las Gacetas que por órdenes superiores ó por costumbre- 
se servían gratuitas a las Secretarias del Despacho y Conse- 
jos de Castilla é Indias, fueron : 

En 1756 17.109 

En 1757 18.252 

En 1758 Id. 

En 1759 id. 

En 1760 20.687 

La exactitud y claridad, caballerosidad y franqueza con- 
que el Marqués de Belzunce presentó todos los documentos- 
que se le pidieron, se le comunicó de Real orden en 24 de 
Febrero de 1761 habían dejado muy satisfecho á S. M.; pero 
al mismo tiempo se le comunicó su Real resolución de rein- 
tegrar á la Corona el Privilegio en que estribaba su derecho, 
«porque conviene al Real servicio que la Gaceta se maneje 
por la via reservada del Estado», y se le ponía en conoci- 
miento de que para ejecutar lo resuelto se habían pedido por 
separado sus dictámenes al Consejero de Castilla D. Pedro 
Martínez Feijoo y al Fiscal del Consejo de Guerra D. Fran- 
cisco Jerónimo Herrera sobre la cantidad «con que se le debía 
recompensar su principal ó la renta que correspondiera se- 
ñalarle en la misma finca», enviándoles los documentos de 
su ilustración, y advirtiéndoles que debían oirle en el asunto; 
«porque el Rey se prometía que habría de allanarse á lo que 
fuera justo y regular». Belzunce sólo contestó que «con cuanto 
tenia y con su persona, se ponia á los Reales pies, de donde 
esperaba elevarse con el honor, lustre y decencia que hasta 
entonces se habia mantenido, bien confiado en el paternal 
amor del Rey, N. S, á sus vasallos, y firmemente persua- 
dido de que su Real ánimo no era, ni podía ser, perjudicar á 
quien se había sacrificado siempre en su servicio». 



Ni los Consejeros nombrados quisieron oir personalmente 
á Belzunce, sino por escrito, ni lograron ponerse de acuerdo 
entre sí cuando fueron llamados á discutir sus proposicio- 
nes, ni llevada la cuestión á una Junta especial presidida por 
el Obispo de Cartagena, Gobernador del Consejo, y formada 
por los Consejeros D. Francisco de Cepeda, D. Francisco 
José de las Infantas y D. Francisco Carrasco de la Torre, en 
el parecer, que por sentir unánime emitieron, se pusieron en 
términos admisibles de equidad y de justicia. Da pena exa- 
minar estos documentos, en que los más rudimentarios prin- 
cipios hasta de la moral se ven oscurecidos, tal vez por re- 
cónditas pasiones, tal vez por la inspiración de torpes adula- 
ciones humanas, tratando de cubrir consejos tan desatenta- 
dos con la faz nublada del derecho y las disposiciones 
violentadas de las leyes. Si el Marqués de Belzunce hubiera 
sido un ser abyecto, un criminal; si la propiedad que legíti- 
mamente poseía y esmeradamente había prosperado, hubiera 
sido una verdadera usurpación, tal vez no habría sido tan 
maltratado ante un tribunal de jueces los más inexorables y 
severos. Mena ya había dicho al Oficial mayor de la primera 
secretaría de Estado, D. José Agustín de Llano, «que se con- 
tente con lo ganado durante el siglo»; y el mismo Wall ha- 
bía representado á S. M.: «Saceda es rico.» Este espíritu es 
el que impera en todos los dictámenes á que el asunto se so- 
metió, con la agravante de haberse querido mantener con las 
interpretaciones torcidas del derecho y la aleve máscara de 
la hipocresía. Nadie se atrevió á negar que «el contrato de 
cesión ó permuta de 1697 era perfecto y solemne, que la con- 
tinuación de más de sesenta años le constituía en la calidad 
de incontrovertible, y que el privilegio se adquirió con dere- 
cho irrevocable». ¡Pero se concedían facultades tan arbitra- 
rias al Poder Real! Martínez Feijoo casi opinaba que el Rey 
no estaba obligado á indemnizar, y que le bastaba querer to- 
marlo para si, para que este acto se estimase como justo. 
Sólo el rey Carlos III mismo tuvo que oponer los escrúpulos 
de su decoro contra aquellas excitaciones al despojo legal- 

Las noticias de Martínez Feijoo, de informes reservados, 
sin atenerse á los documentos que se le habían remitido, 
eran que la Gaceta «renta actualmente, libre de gastos, más 
de 30 000 reales cada año». «Como la intención de S. M., dice 
más abajo, fué socorrer á los pobres del Hospital, aunque se 
debe mucho en este aumento á la buena conducta de D. Juan 



— 88 — 

de Goyeneche, clama la equidad que merecen los pobres que 
se realice el objeto de la piedad del Rey.» Bajo este principio 
proponía que al Marqués de Belzunce se le reconociera la 
renta de 30.000 reales en la Gaceta, pero á condición de apli- 
car al Hospital la tercera parte. El Fiscal Herrera opinaba 
por la devolución á Goyeneche del capital en que compró el 
privilegio; pero como éste se hallaba vinculado en su mayo- 
razgo proponía que el capital que se le devolviese quedara 
en depósito seguro hasta poder emplearlo, con intervención 
de S. M., en otra finca equivalente. Estos primeros dictáme- 
nes tuvieron que reformarse cuando se les compelió á reco- 
nocer que el producto líquido de los últimos años daba un 
término medio de 84.000 reales libres de todas expensas, y 
entonces Martínez Feijoo se conformó con que estos 84.000 
reales se le minorasen a 60.000, entregándole el capital co- 
rrespondiente á dos y medio por ciento, ó consignándole este 
capital en efectos redituables, que pudieran subrogarse en su 
lugar al mayorazgo; pero siempre entendida la aplicación á 
los Hospitales Reales de la cuarta parte de los réditos. He- 
rrera siguió siendo siempre de dictamen «que S. M. no es- 
taba obligado á compensar al Marqués el aumento anual que 
el tiempo había dado á la, Gaceta, y que satisfacía S. M. to- 
dos sus deberes reservando al Marqués y sus sucesores para 
siempre en la Gaceta los mismos 400 ducados de renta anual, 
que por su adquisición transfirió y cedió su padre D. Juan de 
Goyeneche al Hospital General». 

La Junta que presidió el Gobernador del Consejo, Obispo 
de Cartagena, no fué mucho más allá. Estimaba que, por re- 
glas de equidad y de razón, el Marqués de Belzunce debería 
contentarse, y quedaría muy beneficiado, si sobre los 400 du- 
cados de renta anual, que S M. le debía en pago, mandase el 
Rey por un efecto de su benignidad se le diesen otros 400 du- 
cados más de renta cada año con la misma perpetuidad y 
aplicación al mayorazgo. 

El Rey de proprio mota resolvió el asunto, otorgando á 
Belzunce, por decreto de 10 de Enero de 1762, 700 000 reales 
de la renta de Correos en equivalencia del Privilegio, y sus- 
tituidos en su vinculación, y ordenando que en el empleo de di- 
cha suma interviniese el Consejero D. Francisco Carrasco de 
la Torre en nombre de S. M. El mismo día fué comunicada 
la resolución al Gobernador del Consejo y al interesado, ad- 
yirtiendo á éste que «desde el martes 19 del presente mes la 



- 89 — 

impresión de la Gaceta corría por cuenta de S. M.» Belzun- 
ce, previsto este caso inevitable, y temiendo que con la Gace- 
ta se tratara de despojarle de su casa, ya en Julio del año an- 
terior había sacado de ella la imprenta, las oficinas y los al- 
macenes, estableciendo estas dependencias en la Red de San 
Luis. La noticia se dio en el mismo periódico del día 4 de 
Agosto, diciendo: — «La Gaceta de la semana que viene se ha- 
llará en la Red de San Luis, tres puertas más arriba de di- 
cha Iglesia, adonde se ha mudado la imprenta.» También en 
la Gaceta del 12 de Enero de 1762 se despedía del público en 
esta forma: — «Desde el martes próximo 19 de este mes en 
adelante se encontrará la Gaceta en la calle de Carretas, 
casa de D. Francisco Manuel de Mena, en donde se vende el 
Mercurio. Y se advierte que se formará,, imprimirá y vende- 
rá de cuenta de S. M., habiéndose dignado incorporar á la 
Corona el Privilegio de venderla, que estaba enagenado, para 
que experimente el público, entre otras ventajas, la de 
tenerla de mucho mejor papel y con más frescas y funda- 
das noticias; asi como los autores de obras literarias é impre- 
sores, la de no contribuir con un ejemplar, como hasta aquí, 
para que lo publiquen, pues se ejecutará gratis )> En efecto, 
en el número del día 19 comenzaron á publicarse las noticias 
de la corte y los primeros documentos de Estado, llamados á 
más larga fecha á absorber enteramente el objeto de su pu- 
blicación. Al final del número se leía en lugar del Con pri- 
vilegio antiguo, Por el Rey, Nuestro Señor, y en vez del 
nombre de La Imprenta de la Gaceta, el siguiente pie: En 
■casa de D. Francisco Manuel de Mena, calle de las Carretas. 
Con fecha del 10, desde el Buen Retiro al traductor D. Juan 
Antonio de Eguilondo se le pasó esta comunicación: — «El 
Rey ha resuelto imcorporar á su Heal Corona el Privilegio de 
imprimir la Gaceta de Madrid, queriendo que la del mar- 
tes 19 del presente mes y todas las sucesivas se impriman de 
su Real cuenta, con intervención de la Secretaría del Despa- 
cho de Estado de mi cargo, y por dirección de D. Francisco 
Manuel de Mena, vecino de esta corte ; y noticioso S. M. de 
ser V. quien de diez y siete años á esta parte ha traducido 
dicha Gaceta por comisión del Marqués de Belzunce, Conde 
de Saceda, ha venido igualmente en que V. continúe en el 
mismo encargo que hasta aquí, de aprontar las bacetas, in- 
cluso el capítulo de Madrid, y de entregarlas traducidas en 
el dia que corresponde y era costumbre al Revisor D. Miguel 



- 90 — 

de San Martin y Cueto. Por via de recompensa al trabajo que- 
á V. se le seguirá del cumplido desempeño que el Rey se pro- 
mete acreditar a V. en este asunto, se ha dignado S. M. se- 
ñalar á V. por ahora de los productos de la misma Gaceta 
4.000 reales de vellón, cuya cantidad entregará á V. por su 
recibo y á los plazos que V. gustare el referido D. Francisco 
Manuel de Mena. Lo participo á V. de orden de S. M. para 
su inteligencia y cumplimiento en la parte que le toca; advir- 
tiendo á V. que del importe de las cartas con Gacetas y Ma- 
nuscritos para formar la de Madrid, que llegaren á V. desde 
este dia en adelante, lleve V. cuenta y se la entregue al ex- 
presado D. Francisco Manuel de Mena, para que cargue su 
importe en la general que debe presentar á los tiempos que se 
le prevengan. Dios guarde etc. — Ricardo Wall.» 

Con la misma fecha se dirigió á Mena otra comunicación, 
dándole cuenta de este nombramiento. Antes de terminar el 
mismo año, el celo que desplegó Eguilondo fué recompensado 
ascendiéndole á redactor primero de la Gaceta de Madrid 
con 6.000 reales de sueldo, y se le dio un traductor segundo, 
D. Jacinto Ventura Melendreras, con 4 000. 



La dirección de D. Francisco Manuel de Mena en la pu- 
plicación de la Gaceta había de ser más administrativa y ar- 
tística que literaria. Por pactos especiales que no son propios 
de los atributos de este estudio, él había asociado los intere- 
ses de la imprenta que poseía y mantenía casi con la exclusi- 
va de la impresión de los Tratados, Manifiestos y demás do- 
cumentos de la primer Secretaría de Estado, con los intereses 
deS.M., que, ayudado de las inspiraciones de Wall, medraba 
ya la idea de fundar de nuevo, más bien que restaurar, la an- 
tigua Imprenta Real, que con varias vicisitudes vino tomando 
este nombre por herencia de la que Felipe II, en los últimos 
años de su reinado, estableció con los Junti, que trajo de Sa- 
lamanca. Y como todavía hubiera sido prematuro definir una 
división esencial de atribuciones entre los que estaban encar- 
gados asi de las funciones político-literarias de la Gaceta y 
científico-literarias del Mercurio, como de las que habían de 



— 91 — 

comprender la administración económica de las nuevas ins- 
tituciones y las que habían de girar en la órbita artística y 
mecánica del establecimiento tipográfico, en los primeros re- 
glamentos que se bosquejaron, la redacción de los dos perió- 
dicos quedó sometida á la regencia de la imprenta para que 
en el nuevo edificio prevaleciese un régimen de unidad. Más 
tarde, en 1781, se redactaron nuevas Ordenanzas, en que ya 
las funciones delegadas quedaron con más clara definición, y 
sosteniendo siempre este principio orgánico de unidad, el ar- 
tículo VI del capítulo XI determinaba que los redactores de- 
la Gaceta se consideraran dependientes deljuez Conservador 
de la Imprenta, que desde aquel año tomó el apelativo de Real, 
«para que solo haya un jefe». 

La dirección de Mena fué á la vez orgánica del nuevo es- 
tablecimiento, que ya contaba desde el año 1756 el Mercurio, 
que en 1762 se incorporó la Gaceta y que en 1770 se enrique- 
ció además con el Kalendario, Manual ó Guia de Foraste- 
ros, y administrativa de estas publicaciones, de las particula- 
res que antes desempeñaba el crédito de la casa y de las que 
en lo sucesivo ú ordenó, ó protegió, ó consintió S. M. Si el 
número de las Gacetas expendidas el último año que el Mar- 
qués de Belzunce la administró se había elevado á 461.571 
ejemplares, y los 425. 037 que de éstos se habían vendido pro- 
dujeron 216.433 reales 20 maravedises de su valor neto, y res- 
tados los 56.144 reales 20 maravedises de los gastos, dejaron 
una ganancia líquida de 160.289 reales, Mena había de pro- 
curar mejoras de economía y fomento de circulación, á fin de 
que la Gaceta continuase la progresión ascendente en que 
prosperaba. En el servicio exclusivo de la Gaceta, el Conde 
de Saceda tenía diez oficiales y cinco aprendices empleados. 
Él redujo el personal de caja, que eran cuatro oficiales con 
jornal de 14 reales diarios, tres con 12 y tres con 10, á seis, li- 
cenciando dos de la primera categoría y uno de cada una de 
las otras dos. También despidió un aprendiz con más de un 
año de servicio sin sueldo El coste de la impresión por 
los números que en 1760 se publicaban, lo dejó presupuesto 
en 11.968 al año, y en i .200 los gastos para las fajas ó sobres- 
critos. Desde el año 1768, al establecerse los buques-correos 
de expedición mensual para Nueva España, las Antillas, Car- 
tagena de Indias y carrera de Buenos Aires, comenzaron á 
enviarse para expenderlas sueltas de 800 á 1.000 en cada via- 
je durante dicho año; de 1.400 á 3.000 en 1769; de 3.600 á 6.000 



— 92 — 

en 1770; y en el año 1771 llegaron hasta 7.200 por cada expe- 
dición. 

Habiéndose entrado en negociaciones después de esta fecha 
con los Directores de Correos para concertar un arreglo á fin 
de poder admitir suscripciones permanentes, ya en la penín- 
sula y el extranjero, ya en las Indias, pidióse al Conde de 
Aranda, nuestro embajador en París, noticias de la manera 
como estaban estos servicios organizados en Francia; y aque- 
lla Direction des Postes por su conducto remitió una curiosa 
información sobre les Usages etablis en Frunce pour tous 
les ouvragcs périodiques, y esta memoria se espaciaba más 
particularmente en la organización de La Gazzette de Frail- 
ee y de Le Journal de París, ambas publicaciones dependien- 
tes de aquel Ministerio de Relaciones Extranjeras, y de los que 
el primero, que salía dos veces por semana, circulaba 8.000 
ejemplares, sobre los que por derechos de postas pagaba el que 
los recibía tres dineros, y cuatro por los del segundo, que salía 
tres veces por semana. Con estos informes, por decreto de 8 de 
Octubre de 1778, se anunció que, desde 1." de Septiembre del 
año siguiente, todo el que quisiera recibir en el punto de su 
residencia las Gacelas y Mercurios, lo conseguiría entregan- 
do al respectivo administrador de la Estafeta en- las provin- 
cias de Castilla la Nueva, Alcarria, Cuenca y Mancha alta, 
130 reales cada año; en las de Soria, Burgos, Extremadura 
alta, Castilla la Vieja y Mancha baja, 140; en las de Ara- 
gón, Navarra, Rioja, León, Vitoria, Extremadura baja, Mon- 
tañas de Santander, Valencia, Murcia, Alicante y Andalucía 
alta, 150; en Cataluña, Vizcaya, Galicia, Asturias y Andalu- 
cía baja. 160; en Cádiz, África y Oran, 170; y en Mallorca, 180. 
A estos precios para el año de 1779 sólo hubo 253 suscripcio- 
nes, cuyo importe era de 26.697 reales 17 maravedises. Mas 
cuando Mena murió, y de Zaragoza se trajo á D Santiago 
Barufaldi para encargarse de la administración de las publi- 
caciones oficiales de la Imprenta Real, se apresuró á proponer 
al Conde de Floridablanca, que la aceptó sin titubear, una re- 
forma en los seis precios señalados limitándolo á uno gene- 
ral de 140 reales al año para toda España, de los cuales 80 se 
destinaban á la Caja de la Imprenta Real y 60 para la de 
Correos. Esta reforma dio por resultado que el año 1781, los 
productos de la Gaceta se elevaran hasta 278.110 reales ve- 
llón, que aún subieron á 288.330 en el año siguiente de 1782. 

El beneficio y la comodidad de las suscripciones se exten- 



— 93 - 



dieron este mismo año de 1782 á la América y Canarias, 
costando las de la doce remesas que se hacían, una cada mes, 
por los buques correos, en estas últimas islas, 170 reales por 
año, y en la misma forma, 200, por igual espacio de tiempo, 
para toda América. Las ventajas que inmediatamente se to- 
caron, se demuestran por las cifras del siguiente estado, que 
comprende el quinquenio de 1789 á 1793: 



AÑOS 


Gastos. 


Productos. 


Utilidades. 


En 1789 


119.751 
100.786 
109.385 
117.832 
382.863 


703.669 
655.711 
721.728 
928.358 
2.067.822 


583.918 


En 1790 

En 1791 

En 1792 


554.925 
612.349 
810.527 


En 1793 


1.684.959 



La última cifra, que parece excesiva por aparecer su au- 
mento tan de repente, se explica observando que el año 1793 
fué el año de la ejecución en París de los Reyes Luis XVI y 
María Antonieta, que tanto interesó en toda España; el año 
de la declaración de la guerra á la República Francesa y de 
todos los grandes sucesos que prepararon la primer gloriosa 
campaña del General Ricardos en el Rosellón. Con todo, este 
tipo de productos se fijó desde los primeros años del siglo XIX 
hasta la invasión de las tropas napoleónicas, y los ingresos 
de la Gaceta el año 1806, en que, después de Trafalgar, no 
estábamos comprometidos en ninguna empresa de las que 
mueven hondamente la opinión, fueron : 



Por Gacetas vendidas sueltas. 
Por suscripciones fuera 



240.015 r. 5 24 m. 5 
894.388 — » — 



Total 1.134.403 — 



No todo este impulso administrativo se debió a D. Fran- 
cisco Manuel de Mena; antes por el contrario, aunque por el 
contrato que tenía estipulado, cobraba el 4 por 100 de todos 
los ingresos de la Imprenta Real, al morir en 1780, quedó tan 
alcanzado, que los herederos tuvieron que imprecar la piedad 
de Carlos III, y éste les admitió, en pago de sus descubiertos, 
los utensilios y materiales de la parte de imprenta que era 



— 94 — 

-suya, por valor de 224.792 reales vellón, después de hechos los 
inventarios y la liquidación, que se encargó á D. Francisco 
Fernando de Rábago, que recibió el nombramiento de Subde- 
legado y Protector de la Imprenta Real. De la época de Rába- 
go es el Reglamento que antes se ha citado de 1781, redactado 
por orden de S. M. y aprobado por el Rey; y aunque, por los 
respetos debidos á Mena, Carlos III quiso que en el manejo 
de la imprenta quedase como gerente técnico y administrador 
un sobrino del difunto, D. Gabino de Mena, que se entendía 
estaba informado en la dirección de aquel establecimiento, 
hubo más tarde que exonerarlo, en 1784, por su notoria inep- 
titud. 

La parte intelectual de la Gaceta, del mismo modo no pue- 
de considerarse circunscrita á los dos meros traductores me- 
cánicos Eguilondo y Melendreras, á quienes se destinó para 
este oficio. En el brillante período que para la Gaceta se des- 
envolvió desde que fué incorporada á la Corona hasta el mo- 
mento preciso de la invasión francesa en 1808, hay que apre- 
ciar qué partes de su atención pusieron en ella desde el poder 
soberano del Estado hasta los primeros Ministros de su des- 
pacho. Una tradición que conocen todos los eruditos, asegura 
que el Emperador Carlos V había colaborado personalmente 
en el Comentario de la guerra de Alemana, que escribió el 
ilustre caballero D. Luis de Zúñiga, Comendador mayor de 
Alcántara, á quien llamaba testigo de sus pensamientos, y en 
el poema El caballero determinado, que en medio de las cam- 
pañas imperiales traducía y versificaba D. Hernando de Acu- 
ña, haciéndole trocar episodios inoportunos y de mera ima- 
ginación por cosas más gustosas á la gloria de nuestra nación. 
En la única Relación que bajo el reinado de Felipe II se pu- 
blicó en Madrid sobre la expedición de la Armada invencible 
á las costas de Inglaterra, Pérez Pastor nos testifica que con 
el secretario Alba puso mano en ella el Rey, de quien se sabe 
que tanta parte personal tomó en otras obras científicas, lite- 
rarias y políticas de más fuste. Las Gacetas de 1636 y 1638 
las hemos visto manejadas en colaboración común por el Rey 
Felipe IV con D. Antonio Hurtado de Mendoza. D. Juan José 
de Austria es el constante instigador de las Gacetas de Fabro 
Bremundan. Felipe V, no sólo es en Madrid el propulsor 
perpetuo y atento de las de D. Juan de Goyeneche desde 1701 , 
sino que en 1716, en Barcelona, sintiéndose reconocido á la 
adhesión y lealtad con que le había servido José Texidó du- 



— m — 

rante la guerra de sucesión, recompensóle con privilegios 
análogos á los que gozaba la Gazeta de Madrid. Desde su 
llegada á España, Carlos 111 asiente á los proyectos de D. Ri- 
cardo Wall, y toma bajo el protectorado de la Corona la pu- 
blicación de este mismo periódico, y en breve hemos de ver 
en la Cámara Real de Carlos IV, con las cartas de Ricardos 
en la mano, redactarse con el común concurso del Monarca, 
la Reina y su primer ministro el Duque de la Alcudia, la re- 
lación de la batalla de Trullas para el articulo de la Gaceta, 
como en 1800 se elaboró el de la derrota de los ingleses en 
las playas de Doniño en Galicia, y en 1805 por los mismos 
colaboradores la descripción de la batalla de Trafalgar. 

Los nombres de los ministros Carvajal y Lancáster, Vi- 
llanas, Wall, Floridablanca, Campomanes, Aranda y Alcu- 
dia, son beneméritos en los anales de la redacción de la Ga- 
veta, y tedos ellos dejaron en sus páginas los rastros de su 
pluma; y desde que la alta iniciativa y la menuda revisión de 
lo que en la Gaceta se había de publicar se tomó resuelta- 
mente por la primera Secretaría del Despacho, puede decirse 
que en ella residía su verdadera dirección intelectual. En los 
primeros documentos que se extendieron para la cesión á 
D. Juan de Goyeneche del Privilegio de las Gacetas, se trata 
de su composición, impresión y venta; pero la primera dees- 
tas tres palabras se oscurece para siempre desde la Cédula de 
-confirmación de Felipe V; y cuando su hijo D. Francisco 
Miguel, estrechado en la invasión de su imprenta por los 
agentes de D. Juan Curiel, trata de protestar de aquel acto, 
apela al Ministro de Estado, Marqués de Villanas, recono- 
ciendo que la Gaceta depende de aquel centro ministerial. 
Creada la revisión oficial, toda la dirección de hecho y de de- 
recho se concentra hasta principios del siglo XIX en los ofi- 
ciales mayores y en los oficiales revisores de aquella secre- 
taria, en Llano, San Martin y Cueto, Llaguno y Amirola, 
Otamendi. D. Bernardo Iriarte, Anduaga. Peñuelas de Za- 
mora, D. Sebastián Piñuela y D. Eusebio de Bardaxi y 
Azara. 

A pesar del freno que se oponía á la invasión de la opi- 
nión pública por medio de la imprenta y del periodismo, el 
periodismo empujaba, no conformándose á vivir comprimido 
en las leyes coercitivas que impedían su desfogue. En la mis- 
ma forma que Madrid, aspiraban á tener sus Gacetas locales 
las ciudades que en otro tiempo fueron cabeza de los Estados 



- 96 — 

peninsulares, ó que por sus relaciones mercantiles necesi- 
taban del tráfico de la opinión. Ya se ha dicho que en Barce- 
lona, José Texidó, primero por concierto con D. Juan de Go- 
yeneche, y después por privilegio especial obtenido del rey 
Felipe V, desde 1702 reimprimía la Gaceta de Madrid, cam- 
biando este nombre por el de Barcelona. Después, cuando, 
por el casamiento del impresor Tomás Piferrer con Doña Ma- 
ría Teresa Texidó y Vendrell, hija de José, pasó este perió- 
dico á sus manos, le trocó el título por el de Diario de Bar- 
celona, que todavía conserva. Las gracias para esta publica- 
ción, que arrancan de los decretos del Duque de Berwick y 
de los del Principe de T'Serclaer, que confirmó Felipe V y 
refrendó D. Lorenzo Vivanco y Ángulo, renováronse por 
otras Cédulas Reales de Aranjuez á 30 de Abril de 1722, de 
Barcelona á 22 de Diciembre de 1735, y. finalmente, por dis- 
posiciones análogas de los años 1775, 1790 y 1794 En Zara- 
goza, Diego Dormer había resucitado en 1678 la Gaceta, que 
dos años antes publicóse allí bajo el vicariato de D. Juan de 
Austria. Más adelante, el Fiscal de S. M., D. José Álvarez 
Barañaga, con licencia del Conde de Floridablanca, solicita- 
da en 1787, fundaba, «ocultando su nombre», el Correo de 
Aragón. A 1764 se remonta la publicación de la Gacetilla cu- 
riosa ó semanario granadino. Para el Diario Pinciano, eco- 
nómico y político, de Valladolid, que dirigió D. José Mariano 
de Baristein y Souza, catedrático de aquella Universidad, se 
concedió privilegio en 16 de Diciembre de 1786 al editor Don 
Mariano de Santander y Fernández; y con la misma ampli- 
tud de criterio que fué apoderándose de los poderes superio- 
res del Estado desde que en 1762 se desterraron por la Real 
orden de San Lorenzo el Real de 14 de Noviembre la tasa, 
los solicitadores de impresiones, los privilegios sobre libros, 
los correctores, los derechos de la censura y la publicación de 
las aprobaciones, y todas las demás ruedas del laberíntico 
engranaje en que se hallaba encadenada la cultura de la in- 
teligencia transmitida á los vehículos de la publicidad, Va- 
lencia tuvo su Diario de Valencia, de D. Pascual Marín, y 
su Correo de Valencia, de D. Alejandro de León y Luna; 
Murcia, su Diario de Murcia, de D. Matías Picheloup de Ca- 
sanova y D. Luis Santiago Bado; Sevilla, su Diario histórico 
y político, del Barón de la Bruére y de D. Carlos de Elias y 
Delgado; Salamanca, su Semanario, de D. Francisco Prieto 
de Torres; Vitoria, su Diario de artes, literatura y ciencias, 



— 117 — 

de D. Valentín Foronda; y Cádiz, en cuya ciudad, como en 
Sevilla, fraudulentamente se reimprimían las Gacetas de Ma- 
drid, y aun se imprimían otras nuevas clandestinas para en- 
viarlas por la carrera de Indias, tuvo lícitamente El Aryo- 
nauta Español, de D. Pedro Gatell, y El Diario Gaditano, de 
D. Juan Antonio de Olavarrieta. 

No se pudo en Madrid tener el periodismo contenido, ante 
los avances de la opinión, en los periódicos oficiales la Gaceta 
y el Mercurio, y los casi oficiales del Diario de los literatos, 
de Puig, Sala franca y Huerta; el Diario de Noticias, que con 
el título de Diario \ curioso-erudito \ y comercial | poli/ico y 
económico, publicó, con privilegio concedido el 15 de Diciem- 
bre de 1757 en el Buen Retiro, D. Manuel Ruiz de Uribe, y 
que con vicisitudes pintorescas é inenarrables, llegó á pasar 
en el siglo que ha terminado las fronteras de nuestros últi- 
mas revoluciones para perecer absorbido por La Correspon- 
dencia de España, del primer Marqués de Santa Ana, y la 
multiforme variedad de los inventados por el traductor pe- 
destre D. Francisco Mariano Nifo, con loda clase de títulos y 
bajo toda suerte de pseudónimos. Desde que Carlos III apa- 
reció desde el Trono abriendo la primera puerta á la obstrui- 
da libertad del pensamiento para el desarrollo de la cultura 
nacional, la multitud estudiosa y emprendedora se presentó 
impávida en el palenque, avara de conquistar los lauros que 
desde el Tronóse prometían. La Gaceta de Madrid, cuyo 
progreso único desde que se incorporó á la Corona se había 
limitado al aumento de otro número por semana, que empe- 
zó á tener desde el 11 de Septiembre de 1778, saliendo á luz 
los martes acostumbrados y los viernes, se vio ya compelida 
á sostener cierto principio de competencia con otros escrito- 
res y con otros periódicos; y desde que D. Eugenio de Llagu- 
no ascendió al Negociado mayor de la Secretaría de Estado, 
trató de introducir, así en la redacción de la Gaceta como en 
la del Mercurio, literatos afamados. Nunca este último perió- 
dico tuvo lectura más varia, original y amena, que en el 
tiempo que le dirigió D. Tomás de Iriarte, desde el primer 
número de Marzo de 1772, hasta que en 9 de Febrero del año 
siguiente, á causa de su dimisión y salida para otros destinos, 
le reemplazó D. José Clavijo Fajardo, que ya desde 1762 á 1767 
había dirigido otro periódico con el pseudónimo de D. Joseph 
Álvarez Valladares, El Pensador, y que al ser nombrado 
para la sustitución de Iriarte en el Mercurio, con 12.000 rea- 



— 98 — 

les de sueldo anual, tenía que dejar los 18.000 reales que dis- 
frutaba como director de los Teatros de los sitios donde re- 
sidía la Corte. En la Gaceta, con aprobación del Marqués de 
Grimaldi, en vez de reducirse, se aumentaron los sueldos, 
y sustituyendo á Eguilondo y Melendreras con los hermanos 
Guevara Vasconcelos y el erudito D. Felipe David Otero, 
contribuyó Llaguno á dar al periódico Real el relieve literario 
que demandaba su decoro. 

De los hermanos Guevara Vasconcelos, D. Ramón y Don 
José, académicos de número de las dos Reales Academias Es- 
pañola y de la Historia, y el último secretario perpetuo de 
esta última y de la Sociedad Económica Matritense, el pri- 
mero que fué nombrado primer redactor de la Gaceta con 
12.000 reales de sueldo fué D. Ramón. Se inutilizó éste á 
causa de una parálisis aguda que sufrió algunos años; y ha- 
biéndole sustituido in interim su hermano D. José, dignidad 
de Arcediano de Ronda en la Iglesia Catedral de Málaga y 
Tesorero de la de Murcia, al cabo fué nombrado en propie- 
dad con el mismo sueldo cuando aquél murió. Eran hijos del 
brigadier de los Ejércitos D. José de Guevara Vasconcelos, 
del hábito de Santiago, fidalgo de la Casa Real de Portugal, 
Alférez-Mayor de la Ciudad de Ceuta y Coronel de Infante- 
ría del regimiento fijo de aquella plaza. En ella habían naci- 
do sus dos hijos, y educádose y adquirido sus grados acadé- 
micos en el Colegio inglés de Sevilla, en el Sacro-Monte de 
Granada y en las Universidades de Granada y de Osuna, 
los dos gozaban de la reputación más lisonjera en los altos 
círculos intelectuales de Madrid. David Otero, á quien se le 
señalaron 9.000 reales como redactor segundo, no tenía los 
mismos títulos literarios, aunque alternaba muy querido en 
el círculo donde eran familiares los primeros nombres de su 
siglo. 



XI 



La dirección material de la Gaceta por los dos Guevara 
Vasconcelos se dilató cerca de un tercio de siglo La de don 
Ramón, aunque impedido, permaneció activa hasta el 29 de 
Septiembre de 1790. y D. José la continuó en su persona, 
hasta que en 1802 se le condecoró con una plaza de Ministro 






— 99 - 

del Consejo de Órdenes. La redacción de la Gaceta estaba 
constituida entonces por cuatro redactores, en la forma si- 
guiente: un Redactor primero, Guevara de Vasconcelos, 
con 24 000 reales de sueldo; uno segundo, D. Felipe David 
-Otero, con 18.000; un Oficial primero, D. Nicolás Albelo, 
con 4. 400, y uno segundo, D. Juan Sánchez, con 2.200. Pero 
tlesde 1799, habiendo sido jubilado en 21 de Octubre Clavijo 
Faxardo, que sustituyó á D. Tomás lriarte en 1773 en la di- 
rección del Mercurio, aunque su vacante fué muy solicitada. 
D. Mariano Luis de Urquijo, que desempeñaba entonces el 
Ministerio de Estado, la concedió, con fecha del 22, á D. Ni- 
casio Alvarez Cienfuegos, con 9.000 reales de haber, «decla- 
rándole la opción á la primera vacante de Redactor de la Ga- 
ceta, sin necesidad de nuevo decreto». Asi, pues, cuando se 
produjo la de Guevara, pasó inmediatamente á ocuparla, si 
bien, para obtemperar sus derechos con los de David Otero, el 
Ministro, D. Pedro Cevallos, resolvió hubiese en lo sucesivo 
dos Redactores iguales, entre los que se compartirían simul- 
táneamente los trabajos de Gaceta y Mercurio, D. Nicasio Al- 
varez Cienfuegos y D. Felipe David Otero, cada uno con el 
sueldo de 21.000 reales, y cesando el de 9.000 que en el Mer- 
curio el primero disfrutaba. En el año siguiente de 1803, Al- 
varez de Cienfuegos fué ascendido á Oficial de la primera 
Secretaria del Despacho universal, y David Otero murió en 
los últimos dias de Diciembre (27). Apresuróse Cevallos u 
nombrar en reemplazo de Cienfuegos, con fecha del 12 del 
mismo mes, á D. Juan Peñalver, con titulo de editor de la 
Gaceta, y este nombramiento no suscitó rivalidades, porque 
Peñalver, además de su notoria cultura, dejaba vacante una 
plaza de Ministro de la Real Junta de Comercio y Moneda; 
mas la plaza de Otero la solicitaron el Abogado D. Joaquín 
María Pérez Villaamil, D. Pedro María Olive, D. Carlos 
Bosch, Oficial de la Biblioteca Real y de la Secretaria de la 
Interpretación de Lenguas, que desempeñaba D. Leandro 
Fernández de Moratín, D. José Manuel de Bevia y Miranda, 
Caballero de la Orden de Carlos III y Secretario de Embaja- 
da, y D. León Serrano, Oficial de la Contaduría de Correos; 
pero la plaza de Redactor segundo se concedió por entonces 
á D. Francisco Antonio de Zea, declarándola compatible con 
la cátedra que tenia como Profesor en el Jardín Botánico, 
por lo cual, entre ambos sueldos, llegó á reunir 24.000 reales 
■de haber. 



~ 100 — 

Peñalver no halló en el edificio de la Imprenta Real, don- 
de se hallaba establecida la Gaceta, ni oficina especial para 
la redacción, ni un pupitre, ni una silla. El nuevo Regla- 
mento orgánico para la Imprenta Real, que bosquejado por 
el Juez Conservador D. José Antonio Fita, fué perfeccionado 
por su sucesor D. Juan Facundo Caballero, y había sido apro- 
bado en 26 de Enero de 1793 por el Duque de Alcudia, y des- 
de entonces se hallaba en vigor, aunque en su capítulo X ha- 
bía consagrado cinco artículos a dar prolijos preceptos sobre 
las funciones mas nimias de cada uno de los individuos que 
formaban la redacción, nada había prevenido sobre el lugar 
donde la Gaceta debía escribirse, ordenarse y corregirse; de 
modo que cada Redactor trabajaba en su casa, después de re- 
cibir las indicaciones del Redactor primero en la posada de 
éste, adonde los Oficiales subalternos asistían para el despa- 
cho de lo meramente burocrático y el desempeño de ciertos 
servicios mecánicos, como el de llevar y recoger en el Minis- 
terio de Estado los originales que se habían de revisar para 
su inserción; el Redactor de guardia corregía las galeradas 
de la imprenta sobre la misma mesa de los correctores de 
oficio, y todo lo demás era cuenta de la Administración ge- 
neral del establecimiento. Entonces Peñalver demandó oficina 
decorosa para el concurso de los Redactores y el trabajo dia- 
rio de redacción y traducción, y todo le fué acordado por Ce- 
vallos, que dio para ello sus órdenes á la Administración de 
la Imprenta Real. 

La continuada labor que exigía la lectura de los periódi- 
cos extranjeros que se recibían para traducir ó extractar, ya 
con destino á la Gaceta, ya para el Mercurio, que había co- 
menzado á publicarse cada quince días, en vez de la salida 
mensual que había hecho desde su fundación; la reducción de 
las noticias oficiales que para el capítulo de Madrid había 
que practicar de los documentos que se remitían de todas las 
dependencias públicas del Estado, y el extracto de cartas y 
avisos que ya se recibían de todas las provincias del reino, 
obligaron á Peñalver á pedir á Cevallos el aumento de perso- 
nal; y, hombre avisado, para evitar la negativa, en carta de 
11 de Enero de 1804 le manifestaba que, con motivo de haber- 
se hecho quincenal el Mercurio, le rogaba nombrase un Re- 
dactor auxiliar, proponiendo á D. José de Hevia, á quien ya 
estaba utilizando; y que como gozaba de sueldo del Estado 
sin tener precisa ocupación, no gravaría los excesivos gastos 



— 101 — 

que pesaban sobre la Gaceta. Accedió el Ministro por comuni- 
cación oficial del día 16; pero en carta particular de la misma 
fecha le decía: «Ahí va el nombramiento para Hevia. dándo- 
le aplicación accidental en el empleo que disfruta; pero no 
tengo por conveniente darle título de agregado á la R 
ción, pues este título, en el día de ninguna consecuencia, pro- 
duciría en lo sucesivo, por la impolítica propensión de crear 
empleos, uno nada necesario fuera de las actuales circunstan- 
cias, en que el talento y conocimientos de V. S. han excitado 
al Gobierno á ocupar su atención en otros varios objetos que 
precisamente deben distraerle de la redacción de la Gaceta y 
del Mercurio: fuera de que D. José de Hevia tampoco necesi- 
ta de este intento para ser considerado por el Gobierno.» 

En 1804, el segundo Redactor. D. Francisco Antonio Zea. 
fué promovido al cargo de primer Profesor y Director del 
Jardín Botánico, por lo que se le relevó de su puesto en la 
García, nombrándose en 18 de Mayo para sustituirle en el 
periódico del Estado al Presbítero D. Juan Andujar. de las 
Sociedades Económicas de Valladolid y Cantábrica, y encar- 
gado por ésta de la formación del plan de estudios y libros 
elementales para uso de su Real Seminario; de modo que la 
Redacción quedó aquel año compuesta de este modo : primer 
Redactor, D. Juan de Peñalver; Redactor auxiliar del pri- 
mero, D. José de Hevia; Redactor segunda, D.Juan Andu- 
jar; Oficial de la Redacción, D. Ignacio Corcuera; O/iciul ta- 
quígrafo, D. Nicolás Albelo y Ulloa. 

A D. José de Hevia, en 25 de Diciembre de 1805, después 
de darle una gratificación de 1.000 reales aquellas Navidades 
sobre el sueldo que tenía, se le fijó definitivamente su posi- 
ción en la Gaceta. No obstante, en las reformas de Enero 
de 1807 desaparece su nombre de las nóminas de la Impren- 
ta Real. En 7 de dicho mes, el primer Redactor, D. Juan Ló- 
pez de Peñalver. fué nombrado Director de los Canales de 
Aragón y Castilla; y hecha pública la vacancia de su antiguo 
puesto, acudieron á solicitarla D. Francisco Antonio Escar- 
tín, que, editando hacía muchos años la Guia eclesiástica da 
España é Indias, ofrecía su incorporación á la Corona á cam- 
bio del puesto de primer Redactor de la Gaceta; D Simón 
Fernández Gallardo. Director del Real Seminario de Nobles 
de esta Corte desde 1799; D. Francisco Pulciani y Moreno. 
Oficial de la Secretaría del Serenísimo Sr. Infante D. Pedro; 
D. José Luis Munárriz, Abogado. Académico de honor de la 



- 102 — 

de San Fernando, Oficial de la Secretaría de la Real Compa- 
ñía de Filipinas y traductor de Hugo Blair, y otras personas 
de análogos merecimientos. Un sentimiento de equidad hizo 
á Cevallos proponer al Rey el ascenso del segundo Redactor, 
D. Juan Andújar, á primero, con el sueldo de 18.000 reales, 
y para Redactor segundo se nombró á D. Diego Clemencín, 
de la Real Academia de la Historia, con 12.000. Esta era la 
Redacción que tenia la Gaceta de Madrid un año después, al 
ser invadida la Península por los ejércitos de Napoleón, al 
apoderarse en Madrid el gran Duque de Berg del Gobierno 
soberano de la Nación, en la cautividad de la Monarquía, al 
promulgarse en Bayona una nueva forma constitucional del 
Estado, al proclamarse por el usurpador imperial una nueva 
dinastía para el Trono, la de su hermano José Bonaparte, rey 
intruso de Ñapóles, y al congregar el anciano Conde de Flo- 
ridablanca en Aranjuez los vestigios de la soberanía deshe- 
cha, bajo la forma de una Junta Central gubernativa del Rei- 
no para salvar el principio de unidad, de donde había de ema- 
nar la emancipación y la reconstitución nacional. 

Es indudable que el largo período que aquí se describe 
marca, en la larga existencia, tres veces secular de la Gaceta, 
su más brillante apogeo. Desde que, en los postreros años del 
reinado de Carlos III, las patrióticas inspiraciones políticas de 
dos insignes estadistas, los Condes de Floridablanca y de 
Campomanes,- secundados por las benéficas inclinaciones de 
aquel Monarca, ponen en ensayo los proyectos concebidos 
para impulsar un país tan apático y tan enervado como esta- 
ba España, para dirigirlo sólidamente por el camino de su 
regeneración dentro de las instituciones que legitimaron los 
siglos, toda la vida y todo el progreso nacional afluye á las 
páginas de aquel papel, que, satisfaciendo la curiosidad, des- 
pertaba en todas las clases el afán de instruirse, imponía en 
las costumbres el placer de la lectura, ponía nuestra sociedad 
civil, aislada en el confín de nuestra Península al último ex- 
tremo de Europa, en contacto con la vida universal contem- 
poránea, y, excitando cada vez más el interés por cuanto pa- 
saba en el mundo, convertía aquel vehículo de tan provecho- 
sa ilustración en agente doméstico de las emociones de cada 
familia. 

No se excusaban de aportar á las páginas de la Gaceta las 
personalidades colocadas en los rangos más elevados la ex- 
plicación de aquellos actos de gran transcendencia en que 



— 103 - 

intervenían, para que sirvieran de pasto á la curiosidad y de 
satisfacción al interés del público; y cuando en 1789 se cele- 
braron aquellas Cortes de Madrid que determinaron el pri- 
mer acto de previsora reparación á nuestro antiguo vulne- 
rado derecho, Campomanes, que había sido el alma de aquel 
suceso, por si mismo redactó el artículo que se había de in- 
sertar en la Gaceta, y al remitirlo a Floridablanca para que 
asi lo dispusiera, lo acompañaba de un billete particular en 
que le decía : 

oExmo. Sr. — Amigo y Señor: En consecuencia de lo que 
me escribió á nombre de Vm. y respondí ayer á D. Sebastian 
Piñuela, he formado la adjunta apuntación ó capitulo para la 
García que se ha de publicar por lo tocante á la celebración 
de las Cortes. Los hechos son puntuales, y sólo me falta la 
fecha del dia en que los ocho comisarios del Reino besaron la 
mano á la Reina, nuestra Señora; y convendría añadirla ave- 
riguándolo Vm. ahí, aunque he entendido fué el dia 7 de este 
mes; pero no estoy seguro de ello, ni si conviene añadir alguna 
otra circunstancia. Como el público es respetable, conviene 
que Vm. repare todo lo que ya puesto, y que dé cuenta al 
Rey, para que nada salga que después pudiera repararse. 
Aunque estoy sumamente ocupado estos dias, he creído deber 
preferir este asunto hoy, pues es regular desee el público te- 
ner, á lo menos por mayor, noticia de un suceso que no es 
frecuente y que hace tanto honor al Rey como á los vasallos. 
No hay tiempo para mas, y queda de Vm. verdadero amigo 
y seguro servidor. — Campomanes. — Madrid 21 de noviem- 
bre de 1789. — Sr. Conde de Floridablanca. >; 

Sobre la nota, apuntamiento ó capitulo de Campomanes 
para la Gaceta, Floridablanca escribió de su puño: — a Para 
la Gaceta. — Se verá si hay algo que enmendar en el modo, 
estado y tratamiento». — Y, en efecto, el original de Campo- 
manes contiene algunas correcciones y añadiduras de letra 
de Piñuela. Mas la revisión de Piñuela no degradaba la auto- 
ridad de Campomanes, pues cuando delegó en Otamendi la 
revisión de los papeles para la Gaceta, le decía en sus ins- 
trucciones que habían de pasar por sus ojos hasta los anun- 
cios; y esto se observaba con tal rigor, que en 1792, habiendo 
pasado el cargo de revisor á D. Bernardo Iriarte, entre los 
papeles detenidos que le entregó y que no había permitido 
que se publicasen, aparece el siguiente anuncio : — « La mo- 
ral del quinto libro del Ingenioso Hidalgo Don Quixote de 



— 104 — 

la Mancha, deducida de la historia que de sus gloriosas ha- 
zañas escribió Cidc-Hamete-Benengeli , por su grande amigo 
el Cura. Se hallarán en la librería de Castillo.» — Indudable- 
mente este libro envolvía alguna velada invectiva. ¿Contra 
quién? ¿Contra Aranda? Las instrucciones escritas que tenía 
para la Gaceta y el Mercurio sólo decían sobre la primera: — 
«Gaceta. — El Sr. Iriarte tendrá que revisar la Gaceta de 
Madrid dos veces por semana, á fin de que se excusen en 
ella especies que no convengan. La del viernes ha de estar 
en Madrid de vuelta precisamente el jueves por la mañana; 
la del martes, el domingo y aunque sea el lunes. Don José de 
Guevara envia los borradores y se le envian cosidos luego». 
Bajo el Ministerio del Conde de Aranda, hombre tan ac- 
tivo y tan prolijo, no sólo se le daba cuenta de todo cuanto se 
refería á política exterior, sino que lo pasaba por su vista y 
lo corregía de su mano. El caballero Bourgoing, embaja- 
dor de Francia en la corte de España, entregó á D. Miguel 
Otamendi, el 20 de Septiembre de 1792, una nota para que se 
insertase en la Gaceta, que decía asi: — «Se hace saber á 
todos los que disfrutan en este Reino sueldos, pensiones ó 
recompensas militares de Francia, dirijan una nota al Minis- 
tro Plenipotenciario de esta potencia en España, en la que 
se incluirán sus patrias, nombres, apellidos, grados y épocas 
en que contrajeron los méritos que las motivaron». El Conde 
de Aranda, de su puño, sustituyó esta nota con la siguiente: — 
(.(.París Pensándose en satisfacer las pensiones ó recom- 
pensas militares en Francia, parece que cada interesado po- 
drá dirigir una nota por los Ministros ó Encargados de Ne- 
gocios que de esta Potencia hubiere en sus respectivos países, 
expresando sus nombres, apellidos, patria y época en que 
hubiesen contraído los méritos que las motivan». 

En materia de notas remitidas á la Gaceta por diplomáti- 
cos extranjeros acreditados en España, es más curioso el caso 
del Ministro de Suecia en 1794. El redactor D José de Gue- 
vara, el 2 de Agosto del año referido, escribió al Duque de la 
Alcudia una carta diciéndole que el Ministro de Suecia, Barón 
de Ehrensverd, le había remitido para su inserción un papel, 
que acompañaba, sobre las reclamaciones que se habían hecho 
al Rey de Ñapóles para la extradición del Barón de Armfeldd, 
complicado en las insurrecciones de Copenhague, añadiendo 
que ni lo había insertado, ni había contestado. El Duque de 
la Alcudia, el día 3, le decía en un billete: — « Ha hecho V. S. 



- 105 - 

muy bien en no haber insertado la note del Barón de Ehrens- 
verd y de no contestarle. En caso de que insista, debe respon- 
derle que de ningún modo se publicará la mencionada nota 
en la Gaceta, ni en ninguno otro de los papeles públicos.» 

Aun con esta vigilancia no dejó alguna que otra vez de 
quedar sorprendida la buena fe de los redactores y de los re- 
visores de la Gaceta. Entre los anuncios de libros á la venta, 
se publicó uno de unos sermones que se atribuyeron á Fray 
Diego José de Cádiz. Reclamó éste: y aunque la Gaceta no 
rectificó, se suscitó en papeles volantes una viva polémica, 
que tuvo que refrenar la intervención y la autoridad del Con- 
sejo de Castilla. Prohibióse terminantemente que en ningún 
periódico de España se insertasen noticias favorables ó ad- 
versas de las cosas de la revolución de Francia, ni de las que 
acaecían en nuestras fronteras con relación á este país. Trans- 
mitióse la Real orden á D. José de Colón y Larreátegui, para 
que lo impidiese, y al contestar al Duque de la Alcudia el 15 
de Junio de 1793, le decía que era inútil prevenir al Diario de 
Madrid que no lo hiciera, si los Diarios de Barcelona y de 
Valencia, extractando las Gasetas de Holanda y otras del 
Norte, las daban impunemente á la publicidad: — «Ayer, 
añadía, se me pidió licencia para reimprimir los Diarios de 
Barcelona de los días 3, 4 y 5 de Junio. En la Gaceta de ayer, 
de 14 del corriente, me llamó la atención la publicación de un 
libro cuyo título es Colección de algunas piezas sacado? del 
Diario de Valencia, en que se pintan con vivos coloridos las 
consecuencias de la falsa libertad que aniquila el reino de 
Francia. » Al margen escribió el Duque de la Alcudia: — « Ya 
notaba yo las negligencias del Consejo. Que no se den licen- 
cias. » 

Acerca de la guerra de España con la República francesa^ 
si la Gaceta es un arsenal de noticias históricas preciosísimas, 
lo que secretamente se relacionaba en el interior de la redac- 
ción del periódico oficial, en la Secretaria de Estado y hasta 
en la Cámara de los Reyes con la redacción de esas noticias, 
es por todo extremo interesante. Claro es que el interés del 
público en aquella ocasión frenéticamente se cifraba en las 
vicisitudes de nuestra campaña, y así se ha visto en el asom- 
broso aumento que entonces tuvieron los productos de la Ga- 
ceta. Pero las noticias militares no podían llenar, entonces 
que las comunicaciones no eran tan expeditas como ahora, los 
dos números semanales que se publicaban, y cuyo relleno 



— 106 — 

acostumbrado había que hacerlo á expensas de las noticias 
que del extranjero se copiaban. Por orden de Floridablanca, 
en Abril de 1790, el Conde de Fernán Núñez había hecho sus- 
cripciones en París para la Gaceta á sus congéneres de Fran- 
cia. Amsterdam, El Haya, Leyden, Colonia y Correo de Eu- 
ropa, que se dirigían á nombre de D. Manuel de la Revilla al 
Ministerio de Estado. Y en 1793, los periódicos extranjeros á 
que la Gaceta estaba suscrita eran la Gazzette de divers en~ 
droits, la de Amsterdam, la de Colonia, la del Bajo Rhin, la 
de Lisboa, con la lista de las embarcaciones* que llegaban á 
los puertos de Portugal, y todas las de Italia. Interrumpidos 
los correos con Francia, por cuya vía llegaban casi todos es- 
tos periódicos por ser la más breve, la redacción de la Gace- 
ta se tuvo que ver privada de ellos, con el trastorno consi- 
guiente. 

El 10 de Mayo de 1793, Guevara Vasconcelos escribía 
á D. José de Anduaga, Oficial del Ministerio de Estado, en- 
cargado de la revisión: — «El adjunto manuscrito se ha for- 
mado de cosas atrasadas, pues para la Gaceta próxima no he 
recibido ni un solo papel público ni de Francia, ni de Alema- 
nia, ni de los Países Bajos; porque no ha pasado el correo. 
Remítame V. la Gaceta de Portugal, porque nos servirá para 
capítulo de Londres, que desea el público» El día 17: — «De- 
seo saber si tienen Vds. esperanza de que venga la correspon- 
dencia de Francia, pues no tengo ni un renglón que decir de 
los asuntos de aquel pais, habiendo aprovechado todo lo que 
contenían los papeles hasta el día 23 del pasado. En caso que 
no vengan, si tienen Vds. algunas noticias, sea por el conduc- 
to que fuere, convendría que Vds. me las comunicasen para 
darlas al público, pues por lo mismo que no pasan papeles pú- 
blicos ni cartas, cualquiera especie es suficiente para conten- 
tar la curiosidad: de lo contrario, es de temer que caerá el des- 
pacho y venta de la Gaceta, que al fin produce mas de 600.000 
reales líquidos anualmente». — El día 24: — «Por el poco ma- 
nuscrito que acompaño, verá V. la escasez de material con 
que me hallo, y no puedo dejar de pedir á V. encarecidamen- 
te que me envíe los papeles públicos que tenga ó cartas par- 
ticulares. Es mucha la penalidad en que me pone la escasez 
de noticias, y mucha la curiosidad del público, pues todos me 
preguntan á lo menos por noticias de nuestros ejércitos, por- 
que se alimentan con mentiras». — El día 31: — «Tocayo y 
amigo: Es milagro que haya ese manuscrito para la Gaceta. 



— 107 — 

del martes; porque ni V. me ha remitido papel ninguno, ni 
yo los he recibido por ningún conducto. La anterior pudo for- 
marse con una Gaceta de Leyden de 3 del corriente que me 
prestó un amigo, de que me aproveché; pero es una cosa muy 
extraña que la corte, ó no tenga noticias, ó no las procure por 
algún conducto. El público está ansioso, y muchos creen que 
consiste en mí; pero como yo no puedo adivinar ni inventar 
las noticias, me veo muy apurado. Bien sabe V. que nuestra 
Gaceta es el único papel público que corre por las provincias 
y que leen las gentes: en este supuesto, pidoá V. que cuantas 
pueda facilitarme me las remita, pues temo el día que avi- 
se á V. no tengo de qué formarla. Pido á lo menos la Gace- 
ta de Lisboa y las de Italia.» Con esta penuria de noticias del 
extranjero se continuó en la Gaceta todo el tiempo que duró 
la guerra; y habiendo sustituido á Anduaga en la revisión en 
el Ministerio de Estado D. Juan Peñuelas de Zamora, llegó el 
caso de que Guevara Vasconcelos tuviera que decirle el 12 de 
Agosto de 1794: — «Hasta ahora han durado, á fuerza de eco- 
nomía, los materiales que han dado de sí los últimos papeles 
públicos; pero para la próxima Gaceta no tengo de dónde sa- 
car noticias, si V. no me provee». 

La guerra del Rosellón dio á la Gaceta un interés de tan- 
ta mayor importancia, cuanto que las noticias que por aquel 
tiempo llenaban los ámbitos enardecidos de la curiosidad, han 
quedado estampadas en sus páginas como los documentos 
más auténticos de la guerra de España con la República fran- 
cesa. Ordinariamente los capítulos que se insertaban en la 
Gaceta se redactaban en el Ministerio de la Guerra con la in- 
tervención personal del Conde del Campo de Alange. Aunque 
se remitían desde luego á Guevara Vasconcelos, éste los en- 
viaba directamente al Duque de la Alcudia: se leían en el pa- 
lacio de San Lorenzo el Real en presencia del Rey Carlos IV 
y de la Reina María Luisa, que hacían sus observaciones, y 
con las enmiendas autógrafas de estas lecturas se devolvían 
como revisadas al primer redactor del periódico oficial, que 
procedía á la inserción. La primer gloriosa campaña de Ri- 
cardos tenía á los Reyes entusiasmados; y cuando se tuvieron 
noticias de la batalla de Trullas, se pidieron al Conde del 
Campo de Alange los despachos originales, sin esperar á que 
se redactase el artículo oficial. Hé aquí en qué términos el 
Ministro de la Guerra los remitía: 

«Exmo. Sr.: Estaban copiando á la letra las cartas del 



— 108 — 

Capitán General del Ejército del Rosellón, D.Antonio Ricar- 
dos, en que da cuenta sucintamente de los sucesos acaecidos 
en él en los días 17 y 22 del corriente para remitirlos esta no- 
che, á fin de que se publicasen en la Gaceta que se imprime 
mañana en Madrid, y las incluyo á V. E. en consecuencia de 
su oficio que acabo de recibir; debiendo añadir que de la des- 
graciada función de Olaeta, del día 4 de este, que mandó el 
Mariscal de Campo D. Rafael Vasco, no ha remitido Ricar- 
dos hasta ahora relación circunstanciada, sin embargo de ha- 
berla ofrecido, ni ha remitido más diario de operaciones que 
hasta el día 3 inclusive del actual. S. Lorenzo 29 de setiem- 
bre de 1793. — M. El Conde del Campo de Alange. — Exce- 
lentísimo Sr. Duque de la Alcudia.)) 

Pidió Godoy á Anduaga todo lo que de la Gaceta se hubiese 
enviado sobre estas operaciones, y Anduaga las pidió á Hore, 
que era el encargado de su remisión en el Ministerio de la 
Guerra, cuando se redactaban las notas, y Hore, en efecto, 
el mismo día 29 de Septiembre se las pasó «para que las re- 
visara el Duque de la Alcudia», con una carta que decía: — 
<iSr. D. José Anduaga: — Mi jefe me ha recomendado que re- 
mita inmediatamente á V. la adjunta relación de la batalla de 
Trullas, por si pareciese conveniente ponerla en la Gaceta de 
mañana, y en su defecto espero que se servirá V. devolvér- 
mela, y también, cuando ya no se necesiten, las cartas de 17 
y 22 próximo pasado de D. Antonio Ricardos; quedando siem- 
pre á su disposición de V. su más s. s. y aff mo. compañero — 
Juan José Hore». 

La relación del Ministerio de la Guerra, en efecto fué de- 
vuelta, y en el expediente respectivo consta la minuta, de la 
que se dio á la Gaceta, no sólo escrito todo el articulo de 
mano del mismo Duque de la Alcudia, sino atestado de co- 
rrecciones y añadiduras de mano de la Reina María Luisa, y 
un párrafo entero, el último, de la del Rey. El Rey Carlos IV 
se refiere en él á la desgraciada función de Olaeta, donde 
murió el Mariscal de Campo D. Rafael Adorno, y nada más 
elevado que los sentimientos que sugirieron á S. M. aquella 
victoria y esta sensible pérdida. El párrafo comienza asi: 
«Esta acción tan importante como oportuna ha llenado de 
gozo al Rey, Nuestro Señor; pues mirando la pérdida de un 
vasallo, el mariscal de campo D. Rafael Adorno, como la de 
un amante de su soberanía, no puede serle indiferente la ac- 
ción menos gloriosa que la precedió!)) Hicardos, á quien Car- 



— JOíl - 

los III tanto había odiado por sus ideas á lo Aranda, había 
sido un ídolo de Godoy desde sus primeros pasos en la vida 
social de Madrid, y desde aquel día lo fué absolutamente de 
los dos Monarcas. Su muerte en Palacio se lloró en familia, 
y para eternizar el recuerdo de) hecho más importante de 
guerra de la campaña que tan bizarramente dirigió, el titulo 
de Trullas se hizo nobiliario en su viuda. 

El público no quería más que noticias de la guerra, ebrio 
con los éxitos de la campaña del Rosellón, y Guevara Vascon- 
celos escribía desde Madrid á Anduaga, en el Sitio, con fe- 
cha del 10 de Diciembre: — « Se llenó la Gaceta con las noti- 
cias de nuestros ejércitos y devuelvo á V. las cartas de Ricar- 
dos.» — De Tolón, Lángara remitía los pactos hechos para el 
periódico oficial; pero había que corregirlos, ((suprimiendo 
mucha parte de sus notas, inconducentes para el público, y 
añadir las explicaciones que tenían sobre otros puntoso; y 
como D. Martín Fernández de Navarrete había estado allí y 
había sido conductor de sus pliegos, á él se encomendó redac- 
tar estos capítulos. Después de la muerte de Ricardos, el Du- 
que de la Alcudia, tal vez no prestando la misma fe que á sus 
correspondencias á las de los Generales que le sucedieron en 
los mandos, deputó á Pamplona para que le enviase sus avi- 
sos privados de la guerra á D. Juan Mata Molero y á D. Pe- 
dro Junco al Ejército de Cataluña. De éstos fué gran parte de 
las cartas que sirvieron desde 1794 para las noticias de la 
Gaceta. 

Entre asuntos de tal volumen, y que eran los que absor- 
bían la atención general, no faltaron notas que son para la 
historia como la sal pimienta de su narración. Ya se ha dicho 
que en 1794 había sustituido D. Juan José Peñuelas de Za- 
mora á D. José de Anduaga en la revisión de los originales 
de la Gaceta, en el Ministerio de Estado. Peñuelas debía ser 
un hombre muy instruido en todo el alto y bajo mundo social 
de aquel tiempo, pues á él se dirigieron cuantas impertinen- 
cias tienen que sufrir los vehículos de la publicidad de parte 
de cuantos sienten la embriaguez de verse en letras de molde. 
Del copioso arsenal de las recomendaciones que se le diri- 
gieron para inserciones en la Gaceta, elígense las dos si- 
guientes cartas : 

Misiva. — «Muy Sr. mió: Como en las Gacetas sucesivas 
al 12 del corriente mes, en que mi marido, el Conde de Sal- 
vatierra, se cubrió de Grande de primera clase, no he visto 



— 110 — 

en ninguna esta distinción que la piedad del Rey, nuestro 
Señor, se ha servido dispensar á mi casa, no puedo menos de 
molestar la atención de V. E. con la solicitud de que se sirva 
dar la correspondiente orden al Gacetero; para que ponga en 
la que tuviese cabida dicha cubertura, y que su padrino lo fué 
el Exmo. Sr. Marqués de Astorga, conde de Altamira, por 
ser conveniente á mi casa se dé al público esta noticia. Con 
este motivo tengo el gusto de ofrecer á V. S. mis respetos y 
el deseo de complacerle en lo que sea de su mayor servicio y 
obsequio y de que Nuestro Señor dilate su vida muchos y fe- 
lices años. Madrid 29 de julio de 1794. — B. 1. m. de V. S. su 
mayor servidora — J. La Condesa de Salvatierra. — Sr. Don 
Juan José Peñuelas de Zamora.)) 

Contestación del Gacetero á la recomendación de Peñue- 
las de Zamora: — «Madrid y agosto 8 de 1794. — Amigo mió: 
el capítulo de cuberturas de Grandes viene por lo regular 
formado de esa Secretaria; pero diga V. á la Villadarias que 
le dé noticia del dia en que se cubrió su hermano y demás 
circunstancias y yo lo formaré. — Queda de V. affmo servidor 
y amigo — Guevara Vasconcelos. — Sr. D. Juan José Pe- 
ñuelas de Zamora.)) 

Esta cuestión de las exigencias de las damas acerca de la 
publicidad en la Gaceta de toda clase de sucesos familiares 
llegó á hacerse tan cuestión de Estado, que D. Pedro Ceva 
líos en 1802 tuvo que autorizar á los redactores para que en 
lo sucesivo se pudieran insertar los artículos de fallecimien- 
tos y elogios de particulares, «acreditando antes que los han 
merecido». Con todo, en 12 de Junio de 1804, D. Juan López 
de Peñalver consultó al mismo Cevallos si en la Gaceta po- 
dían insertarse los fallecimientos de las damas que, aunque 
empleadas en la servidumbre de la Real Casa, no eran Gran- 
des, y Cevallos de Real orden contestó que la voluntad del 
Rey era que no se insertasen otros que los de las damas 
Grandes. La consulta de Peñalver fué motivada por conse- 
cuencia de la noticia que había enviado el Marqués de Echan- 
día sobre la muerte de la Sra. Doña María Tomasa de Alia- 
ga, viuda del Consejero de Indias D. Manuel Pablo Salcedo, 
que murió el 14 de Diciembre de 1803, de edad de más de 
ochenta y un años, y había servido veinticinco en Palacio de 
tenienta de Aya de la Infanta María Amalia, del Príncipe de 
Asturias Fernando Vil y del Infante D. Carlos 

Las aficiones periodísticas del Duque de la Alcudia, antes 



- 111 — 

y después de ser Príncipe de la Paz, no se revelaron sólo en 
los artículos de la primera campaña de la guerra del Rose- 
llón, cuyas minutas salieron autógrafas de su mano. Gomo 
tenía la misma minuciosidad y la misma aplicación al traba- 
jo que caracterizó al Conde de Aranda, á quien imitó en mu- 
chas cosas, por su vista pasaba todo lo que se relacionaba con 
la política general de España, así en lo interior como en el 
exterior. En 1794 se le presentó á su examen una nota para 
la Gaceta, que decía: — «.Necesitando el Re;/ tener cerca de 
su persona para asuntos de mayor importancia al Sr. Duque 
de la Roca, Capitán General de Provincia y del Reino de 
Valencia, le ha relevado de este empleo y en atención á su 
ilustrado celo, distinguidos servicios y circunstancias, se ha 
dignado S. M. conferirle plaza en su Consejo de Estado con 
el sueldo, casa de aposento y emolumentos correspondientes, 
libre del derecho de media annata.» — Todo lo subrayado lo 
borró el Duque de la Alcudia, y en su lugar escribió de su 
puño: — (.{Habiendo sido del ayrado del Rey, nuestro tenor, 
los servicios hechos por el Duque de la Roca en la Capitanía 
General de Valencia, y teniendo presentes — )) Entre las di- 
versas notas autógrafas de Godoy para capítulos de la Gaceta 
se halla, en 1805, la narración de la batalla de Trafalgar, es- 
crita en las mismas condiciones que la de la batalla de Tru- 
llas en 1793 en la propia Cámara de los Reyes. Trafalgar fué 
en Palacio, así para los viejos Monarcas como para el Prín- 
cipe de la Paz. que amaba fraternalmente á Gravina y á al- 
gunos de los que gloriosamente murieron en la refriega, «el 
día más grande de gloria y de dolor que España jamás había 
tenido». Los Reyes llevaron luto público por Churruca, por 
Alcalá Galiano, por Cisneros, y todos en aquel augusto re- 
cinto lloraron por los muertos. 



XII 



Después de la paz de Basilea, la Gaceta tuvo que decaer 
del interés palpitante de la guerra, y marcó su tendencia re- 
trógrada á su antiguo nivel. La Administración general de 
la Imprenta Real había padecido en esto un error de impre- 
visión; y creyendo que el aumento de expendición que el pe- 



— 112 — 

riódico había tenido podría perpetuarse, había recargado so- 
bre sus gastos permanentes y sus antiguas obligaciones otras 
nuevas a que le compelía la multitud de obras que tomó á su 
cargo publicar. Ya sobre esto se había hecho una reclamación 
colectiva de los impresores de Madrid bajo el Ministerio del 
Conde de Aranda, porque la absorción que la Imprenta Real 
había hecho de los trabajos tipográficos de los particulares 
había establecido una competencia ruinosa para las demás 
imprentas. Y á la verdad, no de otra manera, la Imprenta 
Real hubiera podido desempeñarse, en tan poco tiempo como 
lo hizo, del costo enorme que le había importado la compra 
de los edificios sobre que hizo levantar el suyo adecuado y 
suntuoso para su objeto; el material que adquirió, asi en Par- 
ína, donde Rodoni le suministró sus tipos, sus dibujos, sus 
matrices para la fundición de caracteres, como el taller de 
fundición que se incorporó de la Riblioteca Real, en la que 
se hallaban las más hermosas improntas de todas las lenguas 
sabias orientales, y hasta su propia nómina de personal acti- 
vo y jubilado, que con el de la Calcografía Real que se creó, 
como otra de sus dependencias, bajo la dirección de D. Nico- 
lás Rarsanti, se elevaba en 1792 á 88.300 reales, y cada año 
crecía más con la concesión de nuevos haberes pasivos y 
pensiones. 

El proyecto para la construcción del edificio propio de la 
Imprenta Real surgió á la muerte de D. Francisco Manuel 
de Mena, así de la necesidad de dar decoro á un estableci- 
miento á que daba el Rey la majestad de su nombre, como 
de los excesivos gastos y del excesivo desconcierto que ema- 
naba de tener los talleres y las oficinas en una casa de la calle 
de las Carretas, y en otra de la calle de Preciados los alma- 
cenes. Por más reducciones que se hacían, éstos no bastaban 
nunca para contener el material pasivo y sobrante que en 
ellos se hacinaba. En 1775, el Marqués de Grimaldi, para 
aclarar los que entonces Mena tenía en su propia casa, mandó 
echar al papel viejo los sobrantes existentes de Gacetas, 
Mercurios y Guias. Floridablanca, por Real orden de 26 de 
Mayo de 1782, dispuso del mismo modo que se enajenasen al 
peso los sobrantes de las mismas tres publicaciones, de que 
no pudieran formarse juegos completos, desde que se impri- 
mían por cuenta del Rey. Con estas medidas llegó la impre- 
visión hasta tal punto, que ni la Imprenta Real, ni el propio 
Ministerio de Estado, poseían una colección completa ni de 



— 113 — 

Guias, ni de Mercurios, ni de Gacetas; y habiendo mandado 
el mismo Conde desde Aranjuez, con fecha de 1." de Marzo 
de 1783, que se le remitiese a su casa un juego completo de 
Gacetas desde que S. M. se sirvió incorporar á la Real Coro- 
na este Privilegio, otro para el Ministerio y otro para cada 
uno de los oficiales de la Secretaría del Despacho, habiéndo- 
sele objetado que faltaban varios ejemplares para completar- 
los, expidió otra Real Orden para que se reimprimiesen los 
números que faltaban. Más difícil por ser más costoso era 
servirle una colección del Mercurio, que también reclamó; y 
habiéndose presentado proporción de adquirir una que ofre- 
cía D. Pedro Ángulo, comprensiva desde 1738, en que empezó 
á publicarse, hasta 1784, Floridablanca dispuso que se com- 
prase por los treinta doblones sencillos que su poseedor pe- 
dia «y que se pusiese en el Archivo del Ministerio de Estado». 

Para la construcción del nuevo edificio de la Imprenta 
Real se adquirieron del Convento de Santa Bárbara cinco 
casas, tres en la calle de las Carretas y dos en la de la Paz; 
otra en la primera á D. Ignacio Marcoleta y otra en la se- 
gunda al Convento de San Felipe el Real. Estas siete casas 
costaron 131.047 reales 2 maravedises, y por sus cargas de 
censo se pagaban al año otros 33.566 reales 20 maravedises. 
Los planos se trazaron por el arquitecto D. Pedro Arnal: 
sólo en 1795, habiendo dibujado los de la fachada, no agra- 
daron al Principe de la Paz. que prefirió los de D. Manuel 
Turrillo, que fué quien la edificó. Aunque la Imprenta Re8l 
había ido pagando á plazos todos los cuantiosos dispendios 
en que se empeñó, al considerable incremento que á sus in- 
gresos dio la Gaceta durante la guerra, debió dejar, no sólo 
pagadas todas sus obligaciones, sino que en el balance de 
30 de Julio de 1794 contara un remanente en arcas de 1.527.481 
reales y 33 maravedises 

Sin que flaquearan los robustos cimientos económicos en 
que la Imprenta Real prosperaba cada día más, así la Gaceta 
como el Mercurio, después de 1795 comenzaron á retroceder. 
El Duque de la Alcudia dispuso desde San Ildefonso, el 29 de 
Agosto del mismo año, que á la Imprenta Real se llevase la 
impresión de todas las Reales Cédulas, Decretos, Pragmáti- 
cas y cuanto se publicaba por las Secretarias del Despacho, 
Consejos y Tribunales; mas en 1797 no admitió el proyecto 
que le presentó D. José de Olmeda y León, para que de Real 
orden se hiciera obligatoria la suscripción de la Gaceta é to- 



— 114 — 

dos los pueblos de la Monarquía. Olmeda, en cifras, le pre- 
sentaba esta agradable perspectiva : « 18.716 poblaciones, de- 
cía, tienen los reinos de S. M., según el censo de 1787; á 
176 r. s anuales cada suscripción, importan 3.294.016 r. s » El 
Príncipe de la Paz desechó toda idea de suscripción forzosa, 
y sólo para darle interés al gran número de personas que en 
España han vivido siempre de pensiones del Estado, decretó 
que en lo sucesivo se insertasen en la Gaceta las listas de to- 
dos los empleos que se proveyeran por las vías ministeriales. 
Era preciso reconocer que, conforme el ímpetu de la opi- 
nión se imponía á despertar la aurora de los tiempos presen- 
tes y á utilizar los medios de la publicidad para extender los 
beneficios de la ilustración general, el periodismo, por entre 
la malla de las antiguas trabas que todavía obstruía la liber- 
tad del pensamiento, penosamente, pero con una heroica per- 
severancia, lograba de día en día abrirse en la condescenden- 
cia del Estado nuevas vías. En vano se afligía á los escritores 
con toda clase de obstáculos y prohibiciones para impedirles 
conquistar en las nuevas batallas de la inteligencia el puesto 
por que suspiraban. D. Miguel de Manuel y D. Cándido Ma- 
ría Trigueros, bibliotecarios de S. M., solicitaren en 1788 pu- 
blicar una Gaceta literaria de Madrid. Tenían organizada 
una redacción compuesta de D. Francisco Arrufal, D. Isidoro 
Bosarti y D. José Ortiz, para los asuntos de bellas artes, y de 
Trigueros con D. Felipe David Otero para los de letras; y 
contaban con la colaboración de los abates Andrés y Lampi- 
llas; con los bibliotecarios Ferreras, Gallízá y Plá, y con el sa- 
bio abate D. Salvador Jiménez, pensionado en París. El Conde 
de Campomanes suscribió el informe negativo de su instancia. 
D. Pedro de Estala y D. Ignacio García Malo solicitaron del 
Conde de Aranda, en 15 de Agosto de 1792, licencia para pu- 
blicar un Diario enciclopédico de materias instructivas y úti- 
les. Estala era bibliotecario de S. M. en San Isidro el Real, y 
en Salamanca había sido catedrático de Retórica, Poética y 
lengua griega en aquella Universidad. García Malo era oficial 
de la Biblioteca Real. Los dos representaban sus deseos «de 
contribuir con sus luces á la ilustración nacional». Confiada 
la censura del prospecto, que acompañaron manuscrito, á 
Fray Vicente de Navas, informó desfavorablemente, y el 
Conde de Aranda negó la licencia. D. Juan Meléndez Valdés, 
D. Juan López Peñalver, D. Nicasio Alvarez de Cienfuegos, 
D. Diego Clemencín, D. Ramón Pérez Campos y D. Domingo 



- 115 — 

García Fernandez, elevaron instancia pidiendo licencia para 
publicar un semanario titulado El Académico, que abrazase 
todos los ramos de los conocimientos humanos. Su instancia 
y el prospecto que iba adjunto pasó el 2 de Julio de 1793 al 
Gobernador del Consejo de Castilla, y en junta celebrada el 
29 del mismo mes, y á la que asistieron Roda, Mendinueta, 
el Conde de Vilches, Fita y Paz, acordaron que se pidiera á 
los solicitantes que presentasen previamente los originales 
■que tuviesen preparados para un año de publicación . Asi se 
les formuló la negativa. Al bibliotecario de la Real Academia 
de la Historia, D. Joaquín de Traggia, se le negó en 1794 la 
licencia para publicar El Desengañador político, y en el mis- 
mo año, á D. Pedro María Olive, el Diario histórico, y á Don 
Esteban Aldebert Dupont las Efemérides literarias. ¿ A qué 
más ejemplos ? Si en tales inteligencias y en tales empleos no 
■estaban las garantías de la discreción y de la prudencia, ¿dón- 
de se hallaban '? 

A pesar de estas negativas de aquel tiempo, nos quedan 
nombres que inseparablemente van unidos á las publicaciones 
periódicas, con las que se obligaba á la Gaceta oficial á sos- 
tener ya la competencia, no sólo de los intereses rivales, si 
esta rivalidad en ningún caso puede existir entre los intereses 
supremos del Estado y los intereses respetables de cada hon- 
rada personalidad, sino la competencia del acierto, hacia el 
cual siempre se inclina la corriente de la popularidad. No ha- 
blemos de los periódicos que todo el mundo conoce: entre los 
entonces obscuros D. Luciano Cornelias y D. Lorenzo de 
Burgos se personifica su Diario de las Musas; el Espiran de 
los mejores diarios literarios es en cuerpo y alma D. Cristó- 
bal Cladera; el Semanario Erudito califica á D. Antonio Va- 
lladares de Sotomayor; D. Diego María Gallard y D. Eugenio 
Larruga se descubren en el Correo Mercantil de España é 
Indias; los dos Canga Arguelles, D. José y D. Bernabé, hijos 
de D. Felipe, se inician en ilustres carreras con La Gaceta de 
los Niños, y con sus Variedades de ciencias, literatura ji ar- 
tes, D. Juan Alvarez Guerra y D. Manuel Josef Quintana lla- 
man al palenque de la nueva vida intelectual á hombres des- 
pués tan insignes como Lagasca, Badía y Leblich, el abate 
Marchena, D. Juan Nicasio Gallego. Antillon y García Suel- 
to, con quienes no desdeñan hermanar su nombre D. Leandro 
Fernández de Moratin y D. Juan Antonio Melón. 

Los redactores de la Gaceta D. Juan Andújar y D. Juan 



— 116 - 

López de Peñalver creyeron que para no quedarse atrás en 
la invasión de este torrente se hacía necesario y perentorio 
proyectar para el periódico que les estaba sometido impor- 
tantísimas reformas; y después de meditadas y formuladas, 
con ellas acudieron en primeros de Noviembre de 1806 al 
Ministro D. Pedro Cevallos, su jefe. Propusieron Peñalver y 
Andújar que los papeles de Francia vengan, por el Admi- 
nistrador general de Correos, directos á la redacción, dispen- 
sándolos de franquicia de Correos; que la Secretaría de Es- 
tado enviase á la redacción de la Gaceta los papeles, cartas y 
notas que traigan los correos ordinarios; que se pidieran para 
la redacción las principales Gacetas que se publicaban en to- 
das las cortes de Europa para no estar ceñidos á lo que dicen, 
las de Francia; que vengan también las que se publican en 
la América española; que se publiquen tres números por se- 
mana de la Gaceta de Madrid, los martes, jueves y sábados, 
en vez de los dos que se publicaban; que en lugar de publi- 
carse en cuarto y en cuatro hojas, se publique en dos hojas en 
folio y á dos columnas; que se suprima el Mercurio, y que en 
vez de noticias impertinentes se publiquen en la Gaceta ar- 
tículos de economía, ciencias, etc ; que se advierta en la ca- 
beza de la Gaceta que ningún artículo más que el de Madrid 
es oficial, para tener más libertad y evitar reclamaciones de 
los Gobiernos extranjeros, no quedando los redactores tam- 
poco con más responsabilidad que la de mostrar el periódico 
extranjero de donde se tome cada noticia; que las piezas ofi- 
ciales se publicasen in.tegras, que con la revisión de los ori- 
ginales corrieran los caballeros oficiales de la Secretaría de 
Estado que permanecieran en Madrid; que por la Secretaria 
de Estado se comunicasen á la Gaceta algunas noticias de las 
que daban los cónsules; que se diesen todas las noticias del 
interior, que es lo que los lectores buscan con más interés, 
además de las relaciones de batallas y guerras, removiendo 
los misterios, reparos, dificultades y temores que había para 
darlas; que las Academias y Sociedades diesen también las 
noticias que fueren importantes; que se inserten forzosa- 
mente todas las providencias del Gobierno, pues por más que 
se había hecho no se había logrado tenerlas para publicarlas, 
y que S. M. por un decreto recordara que las diesen á todas 
las Secretarías del Despacho y Tribunales, remitiendo las 
órdenes, cédulas y circulares que se expidiesen; que S. M. or- 
denara que se tuviesen por comunicadas luego que se inser- 



— 117 — 

tasen en la Gaceta, asi en España como en Indias, todas sus 
Cédulas, Decretos, Ordenes y Circulares, aunque para conti- 
nuarlas hubiera que añadir suplementos; que á los redacto- 
res se les señalara, además del sueldo moderado que disfru- 
taban, un tanto por ciento del número de Gacetas que se ven- 
dieren, para que este premio les estimulara á mejorarlas; que 
para la composición de cada Gaceta los redactores se junta- 
sen en casa del redactor primero para acordar la distribución 
de trabajos y elección de materias, corregir las pruebas y 
rubricar el número para autorizar la tirada; que los redacto- 
res fuesen hombres de letras y reputados, y que escribiesen 
con corrección, y, por último, que no se limitase la circulación 
de más Gacetas extranjeras que las que fuera de España se es- 
criben en castellano, pues las demás tienen pocos lectores. 
Estas Gacetas, cuya introducción se había de prohibir, eran 
La Abeja Española, que en París escribía D. Augusto Gui- 
tard bajo la protección del Marqués de Almenara, Martínez 
Hervás, y La Gaceta de Bayona, de Mr. Gosse, á que en 
Madrid estaban suscritos el General D. Antonio Filangieri, 
el Conde de Polentinos, el Marqués de Castel Fuerte, el Em- 
bajador francés Marqués de Beauharnais y el Almirante 
Rosilly. 

Sobre la proposición de los redactores de la Gaceta de 
Madrid, que llegó á conocimiento del Rey Carlos IV y del 
Príncipe de la Paz, comenzaron á trabajar Melón y Quin- 
tana por la delegación de imprentas, juntamente con el 
mismo Cevallos y el Oficial de Estado Alvarez Cienfuegos, 
que tomó todas las notas y redactó la minuta de la Real or- 
den que se expidió en San Lorenzo el 27 de Noviembre y que 
decía : 

«Deseando el Rey que la Gaceta tenga toda aquella per- 
fección que exigen el honor del Gobierno bajo cuyos auspicios 
sale á luz, y exige el buen servicio del público, á cuyas expen- 
sas se mantiene, ha resuelto que desde primero del año próxi- 
mo se hagan en ella las reformas y mejoras de que es sus- 
ceptible un periódico de esta naturaleza. En su consecuencia, 
quiere S. M.: 

»1.° Que las noticias que contenga sean universales: esto 
es, que se extiendan, no solo á los sucesos políticos, como 
hasta ahora, sino á las ciencias, artes, comercio, industria y 
á cuanto puede interesar la curiosidad racional del público. 

»2.° Que se den con la prontitud que se requiere para que 



— 118 — 

no pierdan el carácter de noticias, publicándose cuando todo- 
el mundo tenga conocimiento de ellas. 

»3.° Que sean instructivas y provechosas, y dejarian de 
serlo, si, abusando de la credulidad pública, se dan por noti- 
cias hechos y dichos falsos, improbables, frivolos y vagos ó 
anécdotas ridiculas. 

»4.° En fin, que el modo con que se presenten las noticias- 
sea no menos interesante por el orden, claridad y sencillez 
en su exposición que por la conveniencia del estilo y por la 
fuerza y propiedad del lenguaje. 

»Los Redactores, pues, deberán poner la mayor diligencia 
en el buen desempeño de dichos cuatro puntos y procurarán) 
que la redacción de la Gaceta se haga ordenada y metódica- 
mente: de suerte que las noticias no estén hacinadas confu- 
samente, sino en una serie cronológica y de un modo verda- 
deramente histórico. Y á fin de dar mayor interés á este pe- 
riódico // hacerle original hasta cierto punto, los Redactores 
discutirán de cuando en cuando sobre los sucesos políticos y 
harán reflexiones acerca de sus causas, de sus efectos próxi- 
mos y remotos, todo ello con la moderación, el pulso y discer- 
nimiento que exige la razón y la sana critica y en los térmi- 
nos que permitan nuestras circunstancias. 

»Ni en punto á ciencias, letras, artes, etc., se contentarán 
con anunciar las noticias y los escritos relativos á estas ma- 
terias . sino que, sobre poner artículos originales de su com- 
posición, cuando lo tengan por conveniente, harán extractos,, 
análisis y examen de las obras nacionales y extranjeras que 
lo necesiten, reflexionando también sobre los descubrimien- 
tos que se hicieren en estos ramos ó sobre las noticias que se 
publicasen concernientes á ellos. 

»En cuanto á las Reales Ordenes, Cédulas, Pragmáticas y 
demás disposiciones del Gobierno, solo se insertarán por en- 
tero las que las Secretarías del Despacho ó los Tribunales- 
de S. M. les remitieren al intento, ciñéndose en lo demás á 
anunciarlas, dando un extracto bien hecho de ellas, que es lo- 
que realmente es propio de la Gaceta, la cual no debe ser una 
colección de leyes. 

»E1 número de Gacetas ordinarias que se den cada semana 
y los días de su publicación serán los misinos que hasta ahora; 
pero se publicarán extraordinarias siempre que por correos 
extraordinarios se reciban novedades importantes, ó cuando 
la escasez del tiempo no hubiera permitido insertar en las 



— 119 — 

ordinarias todas las noticias de los papeles extranjeros. Y á 
la cabeza de cada Gaceta se advertirá que en ella no hay nin- 
gún capítulo de oficio, sino el de Madrid; y al pié de cada ar- 
tículo se citarán en bastardilla los papeles extranjeros de 
donde se hayan tomado las noticias políticas. 

«Como por esta reforma de la Gaceta viene á ser más in- 
útil el Mercurio, el cual ni ya tenia aceptación del público, ni 
rendía utilidades, ha resuelto S. M. que se suprima desde 
principios del año próximo de 1807, para lo cual no se reci- 
birán ya suscripciones 

»Para la composición de la Gaceta, los Redactores serán 
dueños absolutos de juntarse en el lugar y en los días y 
horas que acordaren y tuvieren por más convenientes, que- 
dando en libertad de concurrir ó nó á la Real Imprenta para 
la corrección de las pruebas, pues su celo y su discreción 
sabrá discernir las circunstancias en que importa su presen- 
cia en ella. 

»Y suministrándoles el Gobierno cuantos materiales pidan 
y cuantos contemplen útiles para hacer interesante este pe- 
riódico, y facilitándoles todos los auxilios y medios para la 
pronta publicación de las noticias, S. M. se promete que no 
perdonarán diligencia ni fatiga ninguna para corresponder 
á sus Soberanos deseos, dando á la Gaceta todo el grado de 
perfección posible; en la inteligencia de que sus méritos se- 
rán atendidos y sus trabajos recompensados en proporción 
de la aceptación que merecieren al público y de lo que aumen- 
tare el producto de la Gaceta. 

»De Real orden lo comunico á V. S. para su inteligencia y 
cumplimiento y de D. Juan de Andújar. — Pedro Cevallos. 
— Sr. D. Juan López de Peñaloer. 

Realmente esta reforma equivalía á entrar en una vida 
nueva dentro del impulso que llevaba el progreso contempo- 
ráneo. Antecede dos años á las que la usurpación francesa 
introdujo después, cuando se apoderó de ella, y es preciso re- 
conocer que en las disposiciones apuntadas resplandece ya el 
espíritu de libertad que traspiraba del movimiento de las as- 
piraciones nacionales, sin que necesitáramos el acicate ex- 
tranjero que nos abriese sus vías. Por vez primera oficial- 
mente se preceptuó el principio de la libre discusión política, 
que hasta entonces venía sistemáticamente vedado desde el 
primer tercio del siglo XVI en España. Y el conjunto de las 
modificaciones decretadas imprimía á nuestro periódico ofí- 



— 120 — 

cial el noble sello de la reformada vida social europea. ¡Lás- 
tima grande que también esta vez del extranjero procediera 
la falange violenta que ahogó en sangre este principio pacífi- 
co de resurrección! 

Al plantearse estas reformas se reformaron también otras 
costumbres viciosas de disciplina, que confundían las funcio- 
nes puramente artísticas de los regentes de la Imprenta Real 
en las funciones de otro orden de la Redacción de la Gaceta. 
A pesar de la libertad en que la anterior Real orden dejaba á 
los redactores para trabajar ó reunirse donde quisieran, Pe- 
ñalver y Andújar sostuvieron la conveniencia de disponer de 
una pieza decente dentro del edificio de la Imprenta para que 
á ella concurriera la Redacción; y cuando se informó de que 
por una corruptela consentida desde 1781 los manuscritos 
que se remitían bajo sobre por las Secretarias de Estado, 
Tribunales, Juntas, etc., se abrían por los regentes, que sin 
otra consulta los daban á las cajas, se alzó en queja á D. Pe- 
dro Cevallos, el cual dirigió en el acto á D. Juan Facundo Ca- 
ballero, juez conservador del establecimiento, una comunica- 
ción oficial en que le decía: — «Hará V. S. entender á los Re- 
gentes de la Real Imprenta que no pasen á imprimir noticia 
ni artículo en la Gaceta sin que le sea remitido por los Re- 
dactores á quienes S. M. tiene confiado este encargo, en la 
inteligencia de que todo debe pasar por sus manos antes de 
imprimirse.» 

La Gaceta entró brillantemente en el nuevo plan que se 
le había trazado. En Agosto de 1807, Peñalver recibió una 
comisión del Ministerio de Hacienda, que debía desempeñar 
en París, y al salir de Madrid para evacuarla quedó D. Diego 
Clemencín en su reemplazo durante su ausencia temporal. 
Pero abrumándole el trabajo, después de los sucesos de Aran- 
juez de Mayo de 1808, con aprobación del Oficial mayor del 
Ministerio de Estado, D. Eusebio de Bardaxí y Azara, tomó 
de auxiliar temporero á D. José Acedo. Profesor de Lengua 
griega en los Reales Estudios de San Isidro, por haber muer- 
to el redactor D. Juan Sánchez Pasallende. En esta situación 
se precipitaron, tras la sublime protesta del Dos de Mayo, los 
demás acontecimientos políticos, que á la Gaceta de Madrid, 
como á todas las instituciones orgánicas del Estado, envol- 
vieron por algún tiempo en el cuadro de la general anarquía. 






121 — 



XIII 



Durante el siglo XIX que ha concluido, se marcan para la 
Gaceta de Madrid tres periodos característicos en los que se 
■divide su historia. Comprende el primero la guerra de la in- 
vasión napoleónica, en la que, abandonando sus tradiciones 
antiguas, ó fué en manos del poder que se formó de improviso 
para salvar las reliquias del Gobierno nacional un instrumen- 
to más para conservar la unidad de acción con que reconquis- 
tar la independencia de la patria y las instituciones cautivas, 
ó fué bajo la dominación extranjera el triste y desvalido pri- 
sionero, heraldo forzoso de las promesas del poder intruso y 
usurpador. En el segundo, ella misma entra en la común con- 
tienda á luchar por la vida en medio de las alternativas con- 
mociones políticas en que se operaba por periódicos avances 
y periódicos retrocesos la transformación operada al cabo, no 
sólo en nuestra constitución fundamental y en nuestra or- 
ganización jurídica, sino en el cambio radical que ha experi- 
mentado la corriente general de las ideas y de las costumbres. 
En el último, el más prolongado, segregada paulatinamente 
•de las funciones de que fué despojándola la libertad y el pro- 
greso del periodismo militante, ha ido depurando de una en 
otra reforma el verdadero sentido que ya debe informarla, si 
no perpetuamente, mientras un cambio radical de circunstan- 
cias no imponga alguna nueva modificación imprevista; y 
equivalente á la tablilla romana donde el antiguo legislador, 
después de promulgadas, fijaba sus leyes y todas las disposi- 
ciones de gobierno que los pueblos debían conocer para su 
acatamiento y disciplina, sin ser, como Carlos IV tachaba, 
tina colección de leyes, es la universal enciclopedia de toda 
nuestra existencia legal, donde al día se promulga cuanto 
pueda interesar á todo derecho. 

En el primero de estos tres períodos, el mismo caos que 
produjo el momento inicial de la protesta y de la lucha en la 
sublime y espontánea jornada popular del pueblo heroico de 
Madrid, el Dos de Mayo de 180*. cuyo latido con eléctrica 
velocidad difundió las alarmas del patriotismo por todos los 
ámbitos de la Monarquía, promoviéndola insurrección gene- 
ral, determinó á la Gaceta las mismas incertidumbres en 



— 122 — 

que vacilaron todos los demás poderes subalternos del Estado- 
Ya antes, el motín de Aranjuez, que depuso á Carlos IV de la 
majestad de sus funciones soberanas, en presencia de un 
ejército insidioso extranjero, que venia, en son de amistad, 
apoderándose de todos los ejes estratégicos de la defensa na- 
cional, hizo admitir bajo la fiebre de aquellas engañosas es- 
peranzas en las columnas de la Gacela documentos de un 
poder ilegitimo, á quien ningún derecho podía abrir las puer- 
tas de aquel instrumento privativo del Gobierno déla nación. 
Las pasiones que presidieron aquellos sucesos nefandos obscu- 
recían todas las inteligencias; y mientras el ciego poder que 
se creyó triunfante sólo se cuidaba de publicar extraordina- 
rios para anunciar el 22 de Marzo que no se había admitido la 
dimisión que de la primera Secretaría de Estado había pre- 
sentado D. Pedro Cevallos, «pues estando casado con una 
prima hermana del Principe de la Paz, D. Manuel Godoy, 
quería acreditar que no entraba en los designios injustos que- 
se suponen en este hombre)); desde la Gaceta del 25, en que se- 
insertó la renuncia del Rey, arrancada por las tropelías de la 
anarquía popular, empezaron á ver, como nacionales, la luz; 
pública los documentos militares y políticos del Gran Duque 
de Berg. La Gaceta extraordinaria del sábado 2 de Abril 
sólo contenía una proclama de este general francés, dirigida 
al pueblo español y firmada el día primero en Madrid. Por 
extraordinario del día 9 se anuncia la salida del Rey Fernan- 
do á esperar y salir al encuentro de su intimo aliado Na- 
poleón. Por extraordinario del día 17 se publica la carta del 
Rey Fernando dirigida desde Vitoria al Infante D. Antonio; 
mas en esta misma Gaceta extraordinaria se inserta la orden 
del Principe Murat para que la división del General Musnier 
salga á tomar posiciones militares acampando en las inmedia- 
ciones de Madrid Por extraordinario del día 22 se hace pú- 
blica la entrega de la persona del Príncipe de la Paz al Gran 
Duque francés, y por otro segundo extraordinario del mismo 
día se da al pueblo la noticia de la llegada del Rey Fernando 
á Irún. Después de estos extraordinarios, las Gacetas del 6 y 
del 10 de Mayo chorrean aún la sangre de las bárbaras ejecu- 
ciones de los días 2 y 3 en las aún más bárbaras proclamas 
del Príncipe Murat y de los Generales Grouchy y Belliard. 
Desde el viernes 13, la Gaceta es la primera prisionera de la 
usurpación violenta del poder público por Murat ; en la del 3 á& 
Junio se proclama á Napoleón regenerador de España. Por 



— 123 — 

extraordinario del 14 del mismo mes se hace pública la pro- 
clamación del Rey José. 

La redacción de la Gaceta aun continúa constituida como 
Ja tenia el Gobierno de Carlos IV. Andújar, que había regre- 
sado de Francia, y Clemencin recibieron la orden el 5 de Ju- 
nio de preparar la publicación diaria de la Gaceta, transmi- 
tiéndosela el Marqués Caballero. Se les pidió informes sobre 
las demás reformas que debían introducirse en ella, además 
de las decretadas, bajo el Rey Carlos, para aumentar su in- 
terés, y ellos, en virtud de la urgencia con que se les conmi- 
naba, propusieron que la Gaceta se subdividiera en seccio- 
nes: que la primera la ocupara el artículo de los periódicos 
de Europa; la segunda, noticias generales de las provincias 
de España y de sus Indias; la tercera, las novedades de Ma- 
drid; y la cuarta se consagrase á asuntos relativos á artes y 
ciencias, y, si se quería imitar lo que se hacía en el Moniteur 
Unioersel y en los principales periódicos de Francia, que en 
esta parte se insertasen las noticias de las principales resolu- 
ciones del Gobierno en todos los diversos ramos de la pública 
administración, las sentencias de los Tribunales en las cau- 
sas más ruidosas ( ¡la de Godoy, por ejemplo!) y otras ma- 
terias análogas. Andújar y Clemencin proponían, por último, 
que se obligara á todas las capitales, cabezas de partido y de- 
más pueblos á la suscripción forzosa, abonándoles el importe 
en la cuenta del caudal de propios, con lo que podrían ven- 
derse más de 20.000 ejemplares de cada número. 

Obedeciendo á repetidas cartas de Napoleón, que siempre 
había indicado á Murat la necesidad de apoderarse de los pe- 
riódicos, el Gran Duque de Berg había hecho que dos subdi- 
tos franceses, Mr. Damase de Raymond y Mr. Jean de Esme- 
nard, adquiriesen de D. Santiago Thevin la propiedad del 
Diario de Madrid; pero, hecho dueño de la Gaceta, trató de 
refundir las dos publicaciones en un solo periódico oficial 
diario con el título de Gaceta Xacional. Desistió después de 
esta idea respecto á la variación de nombre, pero no respecto 
á su refundición, y de esta manera, en el número de la Gace- 
ta correspondiente al viernes 17 de Junio, después de reducir 
á ocho las doce páginas en cuarto de que constaba, publicó 
un anuncio que decía: — «Desde el sábado 18 del corriente 
cesa el Diario de Madrid y se publica la Gaceta todos los 
días». Añadía algunos preceptos sobre el servicio de las sus- 
cripciones pendientes y el nuevo régimen de la suscripción, 



— 124 — 

y después continuaba: — «En la Gaceta se incluirán todos los 
avisos y anuncios particulares que hasta el presente se han 
publicado en el Diario, para lo cual se entregarán en el des- 
pacho de la Imprenta Real». Antes de esta fecha hubo un pe- 
queño accidente que es curioso consignar. El Príncipe Murat 
no levantó para la Gaceta el régimen censorio á que estaba 
sometida, y en el expediente de nuestros Archivos hay dos 
comunicaciones fechadas un mismo día, el 10 de Junio, sobre 
este particular. La primera es del Oficial mayor del Ministe- 
rio de Estado, Bardaxi Azara, al Ministro Marqués Caba- 
llero, en que le da cuenta de que S. A. R. el Lugarteniente 
general del Reino le había conferido la revisión y censura 
de la Gaceta de Madrid y de todos los demás periódicos que 
se publicaran, «siendo su Real voluntad, añade, que los De- 
cretos y anuncios emanados de todos los Ministerios se pon- 
gan en noticia del público, insertándolos en ellos». Esta 
misma disposición la había dirigido con fecha del 9 para su 
preciso cumplimiento en circular á los Ministerios, Consejos 
y demás Tribunales. Pero en la misma fecha, el Ministro de 
Marina, D. José de Mazarredo, se dirigía á D. Eusebio de 
Bardaxi y Azara y le decía : — «El Teniente general del 
Reino ha resuelto esté á cargo del Sr. Marqués Caballero la 
censura de la Gaceta de Madrid y demás periódicos que se 
publiquen. En su virtud, á él remitiré al día las resoluciones 
de Marina.» Esta rectificación hay que explicarla por el ca- 
rácter susceptible y envidioso que era propio del Marqués 
Caballero, con ninguno leal, y que llevaría sus quejas verba- 
les á Murat para hacerle corregir su resolución. 

El primer periodo de posesión de la Gaceta que los fran- 
ceses tuvieron en Madrid fué muy breve, y sólo duró hasta el 
final de Julio. La lectura de sus números en este tiempo aún 
lastima los sentimientos nacionales. Por suplemento á la 
del 21 se dio cuenta del combate de Tudela y de la rebelión de 
Zaragoza, de la inmortal Zaragoza, acaudillada por Palafox. 
No hay que decir cómo se reseñarían las ilustres derrotas de 
Cuesta en el puente de Cabezón y en la retirada de Río- 
seco, donde dejó la vida en el altar de la patria el valiente 
Conde de Maceda. Las operaciones de las llanuras andalu- 
zas, en los estribos de Sierra Morena, que precedieron á la 
batalla de Mengibar, donde murió Govert, y á la de los cam- 
pos de Bailen, donde rindieron las águilas imperiales Du- 
pont y Vedel, en esta forma se reseñaron en las páginas 



- 125 — 

de la Gaceta cautiva del domingo 10 de Julio: — «Según no- 
ticias del 6 de julio, una brigada perteneciente al cuerpo de 
ejército mandado por el Exnio. Sr. General Dupont fué ata- 
cada en los días 1, 2 y 3 de este mes en las cercanías de Jaén. 
Los tres días ha sido igual el resultado: las tropas francesas 
han rechazado, batido y perseguido todas las cuadrillas que 
se le han presentado. Mil y quinientos rebeldes han quedado 
sobre el campo de batalla. No hay expresiones bastante fuer- 
tes para deplorar la ceguedad de estos infelices, que en lunar 
de unirse con sus aliados para combatir al enemigo común, 
toman las armas contra la prosperidad de la patria. No se 
ha podido saber sin horror que el delirio del populacho ha 
llegado hasta romper las cadenas de los presidarios, armar- 
los y hacer de esta suerte causa común con los que la repro- 
bación de las leyes habia separado del seno de la sociedad». 
Al dia siguiente de la rendición de Dupont con todas sus ar- 
mas, águilas, banderas y artillería, hizo José Bonaparte su 
entrada en Madrid, y la Gaceta del 27 insertaba la relación 
de su proclamación. A los cuatro días, el Consejo de Castilla 
anunciaba al pueblo la salida de los franceses de Madrid. La 
Gaceta, del 4 se publicaba sin noticias políticas de España ni 
del extranjero, y la del 7, domingo, anunciaba la rogativa 
pública á Atocha, saliendo de Santa María de la Almudena, 
«á fin de dar gracias á Dios por los beneficios que se ha ser- 
vido dispensar á esta corte y á toda la nación». Al final del 
mismo número se advertía al público que «el Consejo pleno 
ha resuelto que se restablezca la antigua práctica de publicar- 
se dos Gacetas semanales, en los dias martes y viernes, con- 
tinuándose el Diario de Madrid, desde mañana 8 del co- 
rriente, con arreglo al privilegio del propietario». 

La exaltación del patriotismo en cada alma responde al 
clamor interno del propio pundonor. Clemencin, animado de 
estos afectos, queda único director de la Gaceta y se asocia al 
joven D. Manuel Abella, que desde el 12 de Agosto entra en 
la redacción á compartir su servicio literario. Se prefieren 
las noticias que lanzan á la publicidad los periódicos funda- 
dos en la mayor parte de las provincias por las Juntas impro- 
visadas para reintegrarse del poder público y propagar la in- 
surrección, y principalmente de la Gaceta ministerial de Se- 
villa, que bajo la dirección política del P. Maestro Fray Ma- 
nuel Gil, se redacta desde el 1.° de Junio de 1808 por los jó- 
venes literatos y entusiastas patriotas D. Faustino Matute y 



— 126 — 

Gaviria y D. Alberto Lista, asociados desde 1795 en las pági- 
nas del Correo Literario de la ciudad del Guadalquivir. A 
cada una de estas noticias se anota en la Gaceta de Madrid 
la procedencia. La Gaceta del 16 de Agosto se anima con las 
que llegan de Cataluña y de Valencia, y el pueblo quita á los 
ciegos vendedores de la mano la del 18, que contiene el levan- 
tamiento del primer sitio de Zaragoza, y pocas horas después, 
el mismo dia, la relación detallada de la batalla de Bailen. El 
suplemento á la del 23 contiene noticias de otra ciudad inmor- 
tal, Gerona. Hay que ponerse en el vértigo patriótico de aque- 
llas difíciles circunstancias para comprender cómo se leerían, 
ya en las (facetas ordinarias, ya en las extraordinarias, las 
noticias de la retirada del Marqués de la Romana de los 
campamentos de la Fionia, de la Islandia y del Langueland 
en Dinamarca, la proclamación frenética de Fernando VII 
por el Conde de Altamira, y la instalación de la Junta Supre- 
ma Central Gubernativa del Reino en el Beal Palacio de 
Aranjuez. 

Con otro de estos patrióticos suplementos del dia 30 de No- 
viembre, al núm. CXLIX de aquel año, de nuevo se inte- 
rrumpe la publicación de la Gaceta á la aproximación de Na- 
poleón á Chamartín. Clemencin había partido á Aranjuez a 
ponerse á las órdenes de Floridablanca en los momentos en 
■que la Junta Central emprendía su incierta peregrinación 
á las fronteras de Portugal y á Sevilla. De Aranjuez se re- 
tiró á Cuenca, sin volver á Madrid, y de Cuenca, atacado por 
la epidemia, se internó para restablecerse en su salud en Ru- 
bielos de Mora, retenido largamente por la enfermedad y la 
miseria. Un año después, en 1." de Diciembre de 1809, recibi- 
bió la orden de la Junta de Sevilla para que se presentara á 
continuar sus servicios; pero tuvo que esperar á que se le re- 
mitieran recursos pecuniarios con que hacer el viaje por no 
poder disponer de la menor cantidad para ponerse en camino. 
Abella presenció la capitulación de Madrid y la entrada del 
Emperador. Después desertó, y á fines de Diciembre apareció 
«n Sevilla, donde se presentó á la Junta. Por encargo de ésta 
celebró con el P. Fray Manuel Gil algunas conferencias á fin 
de refundir la Gaceta Ministerial de la Junta de aquella ca- 
pital en la Gaceta del Gobierno que la Suprema Central se 
proponía tener por órgano oficial del poder revindicativo de 
la soberanía é independencia de la nación. 

La Gaceta Ministerial de Sceilla desde 1." de Junio de 1808, 



en que se fundó, hasta el martes 10 de Enero de 1809, en que 
publicó su último número, había publicado 65; y aunque al 
anunciar en el primero que dio á la estampa en la imprenta 
de la Viuda de Hidalgo y sobrino, con superior permiso, fijó 
en miércoles y sábados los días de su aparición, condescen- 
diendo sus editores con las indicaciones de D. Gaspar de Jo- 
vellanos, desde el 5 de Agosto, establecidas relaciones con 
Aranjuez, se publicó en los días rituales de la Gaceta de Ma- 
drid; es decir, los martes y viernes; y tomando oficiosamen- 
te la equivalencia del periódico oficial de la corte, aunque 
entonces en poder de nuestras armas, insertó las noticias de 
■oficio que se le remitían, juntamente con discretos comenta- 
rios sobre los acontecimientos de aquella época, y aun ar- 
tículos políticos, como se advierte en los números tercero y 
séptimo ordinarios, en el suplemento al decimosexto y en 
otros. Al presentarse en escena, dirigió esta apelación á los 
buenos patriotas de aquella localidad:— «Sevillanos: Vosotros, 
que habéis leido los Diarios de Madrid, en que se consigna 
la infamia de Fspaña, ¿mirareis con indiferencia la historia 
de su regeneración y el código de nuestros derechos?» — Des- 
pués siguieron haciéndola muy interesante los documentos 
de oficio y las proclamas locales que reproducía de todas las 
provincias de la Monarquía. Sus dos redactores Matute y 
Lista le daban además el prestigio que, aunque jóvenes, ya 
disfrutaba la autoridad de sus nombres, hasta el punto de 
que el segundo había sido el escritor elegido, después de la 
muerte de Floridablanca, para redactar su Elogio, sobre el 
cual quedó elocuente este interesante testimonio: 

«Exmo. Sr.: Encargado por S. M. de dirigir el Elogio del 
Serenísimo Sr. Conde de Floridablanca, encomendé este de- 
licado trabajo al pro. D. Alberto Lista, bien conocido en 
esta ciudad por su excelencia en la literatura, en las mate- 
máticas y en el arte de escribir. Como haya desempeñado su 
encargo este digno literato consta ya á S. M., pues que se 
ha dignado canonizarlo con su aprobación. Habiendo yo dado 
cuenta á S. M. de estar concluida la impresión de dicho Elo- 
gio, y que era ya tiempo de señalar á Lista la correspondien- 
te recompenso, fué S. M. servido de mandar que le propu- 
siese la que me pareciera justa. En consecuencia, y conside- 
rando que esta recompensa debe ser regulada por el decoro 
de quien encarga la obra, del objeto á quien está dedicada y 
de la persona que la trabajó, soy de sentir que lo menos que 



- 128 — 

se puede acordar en favor de Lista son doscientos doblones. 
Pero reflexionando al mismo tiempo que la penuria del Era- 
rio no permitirá librar esta cantidad, me parece que se le 
podrían dar cien doblones y además ceder en favor de Lista 
la mitad de la edición, entregándose á su disposición para 
que la beneficie. Pido á V. E. se digne elevarlo á S. M. para 
su suprema aprobación. Nuestro Señor guarde á V. E. mu- 
chos años. Sevilla 22 de enero de 1809. — Exmo. Sr. — 
Gaspar de Jovellanos. — Exmo. Sr. D. Pedro de Ribero.)) — 
Al margen: — «Como se propone, y hágase saber á Estado^ 
</ue mande satisfacerlo del fondo de la Imprenta Real ó Co- 
i reos.)) 

El P. Maestro Fray Manuel Gil se prestó gustoso á que 
se suprimiera enteramente la Gaceta Ministerial de Sevilla* 
á condición de que D. Faustino Matute, que había trabajado 
con mucho esmero y patriotismo en su redacción, quedara en 
la del Gobierno, con una consignación de 500 ducados anua- 
les; y aprobado todo por la Junta buprema Central en 27 de 
Diciembre, Abella, no sólo se consideró desde luego primer 
redactor de la Gaceta del Hobierno, próxima á salir, sino 
que se creyó en el deber de trazar un plan «para que la 
Gaceta informara á la nación de todas las noticias relativas 
á sus Ejércitos y de todas las providencias del Gobierno, di- 
rigidas á salvarle del enemigo que intentaba subyugarla, y 
merecer la absoluta confianza del público». Para la ejecución 
de dicho plan pedía: «facultades para corresponder; que con 
la posible brevedad se le pasasen los partes de los Generales 
de los Ejércitos; que se le comunicasen copias de todos los 
Decretos y resoluciones de la Junta Suprema en todos los 
ramos de la Gobernación; que el encargado de la Gaceta pu- 
diera hacer algunas reflexiones oportunas para mantener en 
toda su fuerza y vigor el espíritu público y desengañarlo, así 
de las amenazas como de las promesas del enemigo; que se 
publicara los Martes y Viernes, y que no se pensase por en- 
tonces que la Gaceta fuese una especulación lucrativa, sino 
un instrumento para ilustrar y sostener la opinión, aunque 
fuera á costa de gastos indispensables». 

Mientras la Junta Central Suprema meditaba sobre el 
modo de resolver las cuestiones relativas al establecimiento 
de una imprenta propia para imprimir la 'aceta y todos los 
documentos que fuesen menester, y organizar para este pe- 
riódico una redacción y una administración merecedoras de 



— 129 — 

su confianza, la Gaceta de Madrid, que el 6 de Diciembre se 
publicó por número extraordinario, otra vez en manos del 
poder intruso y usurpador, con tan refrenadas iras fué reci- 
bida por el pueblo que había hecho en su defensa la segunda 
odisea del Dos de Mayo, que, avergonzado de su nuevo va- 
sallaje, condenó al fuego muchos ejemplares, y el número que 
consta en la Colección de la Biblioteca de San Isidro tiene 
cruzado con tinta el capítulo que trata de los franceses del 
Rey José. Desde el día 12 se hizo diaria por segunda vez, y 
su lectura parecía una traducción del Moniteur ó una reim- 
presión de la Gaceta de Bayona- Posteriormente tomó un 
carácter más local, sobre todo desde que el número co- 
rrespondiente al 1.° de Marzo de 1809 duplicó su tamaño y 
disminuyó á dos hojas á dos columnas el número de sus pá- 
ginas. Además de los extractos de las noticias extranjeras 
relativas á los países que mantenían relaciones con Francia, 
publicaba frecuentemente artículos, sobre todo de economía 
política y social, algunos signados con una ó más iniciales, y 
se consagraba diariamente un capitulo ó sección á los Decre- 
tos y actos del Gobierno existente Respecto á teatros, no 
sólo anunciaba anticipadamente las funciones del Principe y 
la Cruz, sino que dedicaba artículos críticos á las obras nue- 
vas que se representaban. 

La Gaceta de Madrid continuó en poder del Gobierno de 
José Napoleón todo el año 1810, todo el 1811 y el 1812, hasta 
que, por consecuencia de la batalla de los Arapiles y la de- 
rrota del ejército del Mariscal Marmont, los ejércitos aliados 
se aproximaron á Madrid. En el primero de dichos años tuvo 
numerosa colaboración. Unos suscribían sus artículos con 
solas iniciales, por ejemplo: A. — N. de P. — M. L. F. C. — 
J. — R. A. — J. A. — A. G. — Algunos no disfrazaron sus 
nombres, entre ellos, D. José María de Carnerero, D. José 
Pardo, D. Eugenio Roldan, D. José María de Alea. También 
aparecieron los embozos de muchos pseudónimos: El enemigo 
de las circunstancias, El amigo de las circunstancias, El 
distraído, El preguntón, El representante del pueblo, etc. La 
mayor parte de estos artículos, no políticos, ni de noticias, 
durante el año de 1810, se publicaron en forma de folletín, 
cortando las columnas por medio de un corondel y dejándo- 
les la parte inferior de cada plana. Estas columnas truncadas 
desaparecieron desde 1811 en adelante; pero en este último 
año, al anunciar las noticias teatrales, además del título de 



- 130 — 
las obras, se publicaban los nombres de los actores que ha- 
bían de representarlas. 

El año 1812 seguía el mismo curso la publicación; pero 
el 10 de Agosto, bajo la espuela de Lord Wellington, los 
franceses abandonan la capital, y la Gaceta suspende su pu- 
blicación, porque los que la escribían, ó se fugaron áuñas de 
caballo, ó se escondieron. Entonces el Mariscal de Campo 
D. Carlos España, á quien se encargó el Gobierno militar de 
Madrid, entre los muchos nombramientos que hizo, designó 
á D. Bernardo de Borjas y Tarríus y á D. Tomás Villanova 
y Jordán redactores interinos de la Gaceta, que continuó pu- 
blicándose, como órgano del Gobierno de la Regencia de las 
Españas, en cuarto, con cuatro hojas, los martes y los sába- 
dos, desde el lunes 17 de Agosto hasta el 29 de Octubre, en 
que otra vez se acercaron los franceses, y restituido por ter- 
cera vez el poder invasor en la capital, la Gaceta, suspendida 
desde la fecha indicada, reapareció el miércoles 4 de Noviem- 
bre, poniendo al frente del número de aquel día esta nota: 
«Los movimientos de las tropas inglesas, durante algunos 
días, nos hacian creer que se acercaba el Rey, nuestro Señor, 
á esta corte; y aunque se ha procurado ocultárnoslo, llegó é 
ser ya evidencia, cuando vimos retirarse precipitadamente las 
tropas enemigas que se hallaban apostadas sobre el Tajo En- 
tonces supimos que S. M. venia al frente de los ejércitos del 
Mediodía, del Centro y de parte del de Aragón, persiguiendo 
á los ingleses. Ayer tuvimos la dicha de ver á S. M ; pero se 
cree que su mansión será de cortos momentos, y que seguirá 
para dar una batalla, si le esperan. El Rey recibió con be- 
nignidad una diputación de la municipalidad, nobleza y clero 
de esta villa, que salió al encuentro de S. M felicitándole por 
su venida Se ha dispuesto que haya iluminación general por 
tres noches en celebridad de este suceso.» 

Aun con estas felicidades, el día 7 se suspendió otra vez el 
periódico oficial hasta el 5 de Diciembre, sin volver á inte- 
rrumpir su salida hasta el jueves 27 de Mayo de 1813, que ya 
acabó para siempre en Madrid el Gobierno del rey intruso y 
usurpador. 



— 13! — 



XIV 



El 11 de Enero de 1809, los Vocales de la Junta Suprema 
Central gubernativa del Reino recibieron y leyeron una ins- 
tancia concebida en estos términos: 

«Señor: D Manuel Josef Quintana, Agente fiscal de la 
Junta de Comercio y Moneda y Censor de los teatros de Ma- 
drid, á V. M. con el respeto debido hace presente: — Que ha 
servido por trece años el primer empleo y por tres el segun- 
do con el celo, pureza y diligencia que son notorios. Aplicado 
además á trabajos y tareas literarias, ha procurado en las di- 
versas obras que ha dado á luz excitar en la Nación aquella 
energía y vigor de pensar y de sentir, que solos podian sa- 
carla del estado de abatimiento en que se hallaba; y esto en 
un tiempo en que atreverse á publicar verdades que intere- 
sasen á la Patria, era exponerse al odio y persecución de los 
tiranos que entonces nos mandaban y que después alevosa- 
mente nos vendieron. Dada la señal al movimiento político 
en que nos vemos, y libre Madrid de la opresión francesa; el 
Exponente ha sido uno de los que con mas ahinco y constan- 
cia se dedicaron á sostener y exaltar la opinión en defensa de 
la Patria, á esparcir luces y establecer principios en el públi- 
co, que asegurasen la libertad y la independencia nacional. 
Los escritos que con este objeto ha publicado, han sido acogi- 
dos generalmente con indulgencia y aceptación; y el Autor 
ha visto en este favor del público recompensados su celo pa- 
triótico y sus buenas intenciones. La desgracia posterior de 
Madrid le ha arrancado á estas tareas, que, por ser dirigidas 
á la felicidad de la Patria, constituían su gloria particular y 
su consuelo Incapaz de transigir de modo alguno con la tira- 
nía ni con la injusticia, abandonó la corte cuando los france- 
ses entraban 'en ella, perdiendo así sus dos destinos que le 
proporcionaban sobre treinta mil reales de sueldo, su casa, 
sus haberes, las ediciones de las obras que ha publicado, en 
fin todo el fruto de sus trabajos anteriores y de su economía, 
único recurso del Exponente en caso de desgracia; hallándose 
en el dia pobre, miserable y sin destino, al cabo de doce años 
•de servir en tareas útiles al público y al Estado. Pero ansioso 
de ser útil á la causa española en donde quiera que España 



— 132 — 

se halle, después de haber rodado por una gran parte dei 
Reino con mil penalidades y riesgos, tiene por fin la satis- 
facción de ponerse á los RR. PP. de V. M. y de ofrecer en su 
obsequio sus débiles talentos y su persona Por tanto, Suplica 
á V. M. que, en consideración á los méritos expuestos, se dig- 
ne emplearle en servicio de la Patria, ya ocupándole en al- 
guna de las plazas de la Secretaria general de la Suprema 
Junta Gubernativa, donde el Exponente tendria la mayor sa- 
tisfacción en servir, por estar inmediatamente cerca de S. M , 
ya en cualquier otro destino para que le contemple útil, en lo- 
cual recibirá señalado favor, que espera de la benignidad 
de V. M. — Sevilla 11 de Enero de 1809. —Señor. — A los- 
RR. PP. de V. M. — Manuel Josef Quintana.» 

Instalada en el Alcázar de Sevilla la Junta fugitiva de 
Aranjuez, había sido uno de los primeros pensamientos de 
sus vocales y de sus ministros proveer al nuevo poder de un 
órgano de sus mandatos equivalente á la Gaceta, que en Ma- 
drid quedó cautiva. Ni contaba con una imprenta propia, ni 
sabía cómo congregar su redacción dispersa. Al primer me- 
nester, invitado por D. Martín de Garay, el Delegado de la 
Real D. Juan Facundo Caballero, por conducto seguro y de 
confianza, escribió á D. Manuel Cano, sujeto de toda probi- 
dad y patriotismo, el cual, venciendo insuperables dificulta- 
des, á mediados de Enero ya había podido enviar á Sevilla 
todo lo que pudo. Por la vía diplomática se había obtenido 
que por mano de D. Evaristo Pérez de Castro, nuestro emba- 
jador en Portugal, el director de la Imprenta Real de Lisboa 
remesase fundiciones de diversos tipos de letra, que costa- 
ron 603.635 reis, ó sean 15.091 reales; en tanto que, en Lon- 
dres, el embajador de la Junta Suprema, D. Juan Ruiz de Apo- 
daca, á bordo del bergantín Virgen de la Victoria, fletado 
para Sevilla, remitía prensas, fundiciones y otros artefactos, 
que también por la vía marítima llegaban, con algún perso- 
nal de caja de Valencia y Málaga. Pero mientras con toda 
diligencia se confiaba á D. José Hidalgo yáD. José Deniz y 
Miranda la organización de una Imprenta Real, para la que 
á diario aportaban de todas partes suficientes elementos, la 
constitución de una redacción idónea en las graves exigen- 
cias de moderación, capacidad, aptitud, fidelidad, que las cir- 
cunstancias imponían, era problema más arduo y delicado.. 

Admitidas las negociaciones que D. Manuel Abella había 
mantenido con los editores de la Gaceta Ministerial de Se- 



— 133 — 

villa, él de hecho se había reputado primer redactor de la 
Gaceta del Gobierno cuya creación se elaboraba; pero nada 
había más distante de la mente de la Junta Suprema y de sus 
Ministros. Jovellanos desde la llegada de Quintana de Extre- 
madura apoyó su designación para aquel puesto, á que pa- 
recía llamarle la publicación del Semanario Patriótico que en 
Madrid había fundado el 1." de Septiembre del año anterior 
de 1808, y que interrumpió en Diciembre á la segunda entrada 
de los franceses en la capital. No obstante, Garay le reclamaba 
para la Secretaría general de la Junta Suprema, donde la vi- 
rilidad de su pluma era necesaria para la redacción de los nu- 
merosos documentos que debían brotar de su iniciativa para 
acalorar el espíritu de la nación; y habiéndose también pre- 
sentado con pretensión de destino el Secretario perpetuo de 
la Real Academia de la Historia, D. Antonio de Capmany y 
Montpalau, inclinó el ánimo de los vocales de la Junta, sin 
exceptuar el del mismo Jovellanos, á nombrar á éste para la 
dirección de la Gaceta, á reserva de llevar á Quintana donde 
la luz espléndida de sus talentos pudiera dar á sus servicios 
aún mayor eficacia y claridad. Capmany fué nombrado, en 
efecto, director de la Gaceta del Gobierno el día 5 de Enero, 
uno antes de la aparición de su primer número, y Quintana, 
ignorante de la combinación en que jugaba con predilección 
su nombre, el 9 presentaba la instancia que queda transcrita. 
No quedó desairado, sin embargo: el 14 de Enero recibía su 
credencial de Oficial mayor de la Secretaria de la Junta. 

La situación en que se creó aquella Gaceta no hizo modi- 
ficar ninguna de las bases orgánicas con que se publicaba an- 
tes la Gaceta de Madrid. Al comunicarle oficialmente su 
nombramiento á Gapmany, se le prevenía: — «Así mismo ha 
resuelto S. M., que antes de entregarse á la imprenta el ma- 
nuscrito de cada número que se hubiese de publicar, se pase 
á la mesa del oficial mayor de esta primera Secretaría de Es- 
tado para que lo revise, autorizando con su firma se dé á la 
imprenta, que es lo que se ha verificado siempre, así como 
luego las primeras pruebas que se tiren para el mismo efec- 
to. » Después, en otra comunicación de Garay á Capmany, de 
24 de Febrero, se le decía: — « Con el objeto de. que las Gace- 
tas del Gobierno se hagan cada día mas interesantes y prefe- 
rentes á todo papel público, ha determinado S. M. que se dé 
á Vm. alojamiento próximo á este Real Alcázar, en donde 
tenga una pieza cómoda para establecer la oficina, donde de- 



— 134 — 

berán trabajar los dependientes que para este efecto ha nom- 
brado S. M. Estos deberán concurrir á dicha oficina desde las- 
nueve de la mañana hasta las dos de la tarde y desde el ano- 
checer hasta las diez de la noche, sin perjuicio de detenerse 
mas, si lo exigiere la urgencia. » — A continuación añadía: — 
«S. M. se ha servido nombrar, demás de D. José Rebollo y 
D. Ignacio Corcuera, que conservan sus antiguos destinos en 
Madrid, á D. Alberto Lista, con la gratificación de 500 duca- 
dos anuales, que deberá percibir, como los otros las que les 
están asignadas, de los fondos de la Gaceta, mientras traba- 
jen en ella con el celo que debe prometerse de su amor á la 
Patria y al Real servicio. » 

Este D. José Rebollo era catedrático de Matemáticas de la 
Real Casa de Caballeros pajes. El 5 de Diciembre, á la en- 
trada de Napoleón en Madrid, tomó la resolución de salirse 
de la capital con su familia, sin más haberes que la ropa 
puesta y abandonando cuanto poseía. Después de haber cami- 
nado más de sesenta leguas á pie, con un niño en brazos, de 
día y de noche y en lo más riguroso del invierno, llegó á Se- 
villa, y en premio de sus buenos servicios se le dio en la Ga- 
ceta aquel pedazo de pan, representado en un sueldo de 9.000' 
reales al año. D. Ignacio de Corcuera fué empleado en la Ga- 
ceta de Madrid algún tiempo después de la llegada de los 
aliados. Al aproximarse de nuevo los franceses, se retiró á 
Sevilla: en la Gaceta del Gobierno se le asignaron 8.000 rea- 
les de sueldo. En 1." de Junio se nombró redactor, con 600 
ducados, á D. Manuel Ramajo, con destino á la traducción de 
las noticias alemanas y de otros idiomas; y en 28 de Julio fué 
sustituido en la dirección del periódico oficial, por ascenso de 
Capmany á otro empleo, D. Isidoro Antillon. También Rebo- 
llo en 10 de Septiembre pasó al Registro del Sello de Castilla, 
y entonces, á propuesta de Antillon, se nombró redactor se- 
gundo de la Gaceta al Capellán de Honor que había sido de 
Carlos IV, D. José Duazo. D. Justino Matute no se agregó» 
con sueldo de 600 ducados, hasta el 8 de Octubre, y el 27 del 
mismo mes, al año siguiente, por haber dimitido Duazo, ocu- 
pó su vacante D. Ramón Chimioni. 

La Gaceta del Gobierno, que se publicó en Sevilla desde 
el 6 de Enero de 1809 hasta el 23 de Enero de 1810, á pesar de 
las medidas que se tomaron para que fuera la voz del Sinai 
para el pueblo y la nación desorientada, ni bajo la dirección de 
Capmany, ni bajo la de Antillon, logró ser el eco del torrente. 



— 135 — 

«Luego que se formó la resolución general de sacudir el yugo 
abominable que se nos queria imponer, habia escrito Quin- 
tana en el prospecto del Semanario Patriótico, al instante sa- 
lieron Gacetas y Diarios para exaltar el patriotismo y comu- 
nicar luces y noticias.» Todos tenían dos secciones: una, di- 
dáctica y política, y otra que hoy podríamos llamar de pura 
información. La primera en muchas partes se habia acalora- 
do de modo que, más que sentimientos nobles, parecía pro- 
mover un movimiento anárquico de represalias históricas. El 
mismo Quintana ya habia tronado, aunque con su natural 
moderación, contra estas peligrosas exageraciones, escribien- 
do en Septiembre de 1808: — «Tenemos por principio que los 
papeles periódicos bien dirigidos deben ser antorchas para 
alumbrar á los pasajeros, no tizones para encender en la 
discordia, ni tampoco incensarios viles destinados á engañar 
á los pueblos y á infatuar á los ídolos de la fortuna. » Pero los 
pueblos, exaltados por el patriotismo, buscaban más los es- 
critos que enardecían sus pasiones, que las lecciones que con- 
fortaran su denuedo. Los pueblos querían proclamas y no 
razonamientos. La esterilidad en que la Gaceta del Gobierno 
vegetaba, la reducida circulación que la comprimía, á pesar 
de que se mandaba en cantidades de consideración á todas las 
Juntas provinciales, á todos los Jefes de los Ejércitos que se 
iban organizando y entrando en campaña, á los confidentes 
que las introducían en los territorios ocupados, movió á 
Quintana, en Mayo de 1809, á intentar en Sevilla con Blanco 
y con Lista la continuación del Semanario Patriótico, inte- 
rrumpido en Madrid; pero el pueblo lo encontró poco canden- 
te y la Junta lo juzgó demasiado avanzado, y entonces se 
acordó llamar á Clemencín. 

Clemencín llegó cuando el Rey José ya forzaba los pasos 
de Sierra Morena, y sólo tuvo tiempo de incorporarse á la 
Junta Central para ampararse al refugio de la Isla de León, 
convertida en el baluarte inexpugnable de la Independencia 
Nacional por la previsión, la diligencia y el impávido de- 
nuedo del Duque de Alburquerque. Hasta que se constituyó 
la Regencia no se pensó en el restablecimiento del periódico, 
órgano de las resoluciones del Gobierno, suspendido con el 
número del 23 de Enero de 1810. último que se publicó en 
Sevilla. Al cabo, el martes 1.° de Enero de 1811 apareció el 
primer número de la Gaceta de la Regencia de España é In- 
dias, impresa en Cádiz, en la Imprenta Real; y habiéndose 



— 136 — 

instalado el 24 de Septiembre de 1810 en la Isla las Cortes 
Extraordinarias convocadas por el Decreto que se había ex- 
pedido en Sevilla el 22 de Mayo de 1809, el primer número del 
periódico oficial del Gobierno de la Regencia salió á la plaza 
anunciando en la cuarta plana la aparición para el día si- 
guiente, 2 de Enero de 1811, del primer número también del 
Diario de las discusiones ;/ actas de las Cortes, previniendo 
al público que este periódico «no podia ser impreso por per- 
sona alguna sin expresa licencia de las mismas Cortes». 
Para que nada faltase al organismo oficial de la publicidad, 
en que se confundía lo tradicional con lo nuevo, por una 
orden del Consejo de Regencia, dirigida al Subdelegado de 
Imprentas D. Juan Facundo Caballero, se le notificó que se 
había nombrado á D. Martín González Navas para que vol- 
viese á redactar y publicar el, Mercurio, que había sido su- 
primido por las últimas reformas del reinado de Carlos IV. 
¡Tan desorientados se hallaban los nuevos Poderes constituí ■ 
dos en la dirección de la gran transformación política y so- 
cial á cuyo frente se habían puesto y de que debían ser los 
propulsores! ¡Nadie quería convencerse deque se había inau- 
gurado el reinado de la opinión! 

Todos los redactores de la Gaceta del Gobierno, que se 
publicó en Sevilla, se habían trasladado á Cádiz en expecta- 
tiva de colocación, y uno de sus auxiliares, D. Manuel Pérez 
Ramajo, desde Agosto de 1810 tomó parte en la fundación y 
redacción de El Conciso. La dirección de la Gaceta de la Re- 
gencia la tomó desde el primer número D. Diego Clemencín, 
el cual, nombrado el 25 de Agosto de 1812 oficial de la Secre- 
taría de la Gobernación del Reino, entregó los papeles de la 
redacción al redactor segundo D. Ramón de Chimioni. Pocos 
días los retuvo éste, pues el 16 de Septiembre recibía Don 
Eugenio de Tapia de manos de D. Ignacio de la Pezuela el 
decreto que le nombraba para la sustitución de Clemencín. 
Antes de autorizar este nombramiento la firma de la Regen- 
cia se había recomendado por las mismas Cortes para aquel 
cargo á D. Juan López Cancelada. Era éste americano. Des- 
de 1805 había sido el redactor de la Gaceta de México; pero 
en 1809, el Arzobispo Virrey D. Francisco Xavier de Lizana 
lo había procesado por sospechas de infidencia y lo había 
despojado de aquel periódico; y él, fugitivo, se embarcó para 
Cádiz para defenderse y promover su justificación. Habiendo 
recurrido á las Cortes, hicieron en sesión pública su defensa 



- 137 — 

Calatrava y Giraldo, y después se le recomendó á Pezuela 
para que se le nombrase primer redactor de la Gaceta de la 
Regencia. Pero cuando el nombramiento estuvo hecho, con 
fecha del 8 de Septiembre, López de Cancelada renunció. 
D. Eugenio de Tapia conservó la dirección del periódico 
oficial del Gobierno en Cádiz hasta que por decreto de la 
Regencia, fechado en la Real Isla de San Fernando el 14 de 
Diciembre de 1813, se le mandó que con los demás redactores 
propietarios pasasen ó Madrid, para que allí se reanudase la 
publicación^lesde el sábado 1.° de Enero de 1814. La suspen- 
sión de la publicación en Cádiz se anunció en su número 171, 
correspondiente al 30 de Diciembre de 1813, á la pági- 
na 1.433. 

La Gaceta de la Regencia se había publicado en Cédiz 
tres veces por semana: los martes, jueves y sábados, y alter- 
nó sus números ordinarios con los muchos extraordinarios 
que impuso el interés de comunicar noticias de las campa- 
ñas. El más curioso de estos extraordinarios fué el del vier- 
nes 21 de Agosto de 1812. Es una sola hoja en 4.* impresa 
por un solo lado con tinta roja. Contiene el parte del General 
Marqués de Monsalud, el cual, desde Valencia de Alcán- 
tara, comunicaba que el Coronel D. Juan de Palarea, el 
día 12, desde su Cuartel Ambulante de Carabanchel de Abajo, 
le había anunciado su entrada en Madrid, que se verificaría 
á las once y media de aquella mañana. Le añadía que Madrid 
estaba libre de enemigos, á excepción de los 800 hombres 
que habían quedado en el Buen Retiro para entregar un 
sinnúmero de sus enfermos y heridos. El parte concluía 
así: — «No es posible pintar á V. E. el entusiasmo de este 
Pueblo Patriota. El Cuartel General de Lord Wellington 
mañana se trasladará á Madrid. La guarnición enemiga de 
Guadalajara está capitulando en este momento con El Empe- 
cinado y va á ser prisionera de guerra.» 

Después de la traslación de la Gaceta de la Regencia á 
Madrid, su vida debía ser tan breve como la de la Institución 
de mera interinidad que la había engendrado. En la capital, 
desde el jueves 3 de Junio de 1813, la Gaceta de Madrid, 
trocando en su pie, desde el núm. 3.° el nombre de Imprenta 
Real por el de Imprenta Nacional, como en la de Cádiz se 
había hecho, empezó la nueva serie de sus números, bajo el 
Gobierno de la Regencia de las Españas, en la misma forma 
y tamaño que había tenido antes de la usurpación de los fran- 



— 138 — 

ceses. Uno de los redactores que como interinos nombró er> 
Agosto de 1812 el Mariscal de Campo D. Carlos España, Dor> 
Jacobo Villanova y Jordán, se hallaba refugiado en la Man- 
cha, mientras el otro, D. Bernardo de Borjas y Tarríus, se 
corrió hasta Cádiz. «En el momento que supe el movimiento 
del Cuartel General de Lord Wellington, decía en Diciembre 
de 1813 Villanova y Jordán á la Regencia, dispuse mi salida 
de Almagro. Con noticia de la evacuación de Toledo y Ma- 
drid, me dirigí desde luego á esta.» Y, en efecto, llegó tan á 
tiempo, que pudo encargarse de nuevo de la redacción de la 
Gaceta, asistido de D. Antonio Osteret y Nario, que le fué 
recomendado por el Bibliotecario mayor de S. M., D. Juan 
Crisóstomo Alamanzón, aunque también pretendieron aso- 
ciárseles D Carlos Bosch y Mata y D. Manuel Gutiérrez, 
oficiales de la Biblioteca Real. La Regencia, estimando aquel 
servicio, dispensó á Villanova y Jordán, luego que la presen- 
cia de los redactores propietarios puso término á su misión, 
el título de colaborador en la Gaceta que abrió el año 1814. 
Esta Gaceta de la Regencia dé las Españas sólo vivió hasta 
el 10 de Mayo, el triste día en que, restituido el Rey Fernan- 
do VII al Trono con el esfuerzo de todos, no supo colocarse 
por encima de las pasiones rivales, desatadas en lucha ren- 
corosa, procurando con su magnanimidad y su autoridad 
augusta unir á todos en el altar de la concordia que el común 
sacrificio parecía haber levantado con auspicios de felicidad; 
y abandonándose á una mal aconsejada política de represa- 
lias, dio orden al Teniente General D. Francisco Eguía para 
que se procediera al arresto de los individuos de la Regencia 
D. Pedro Agar y D. Gabriel de Ciscar, de los Ministros de Es- 
tado y de varios de los Diputados á Cortes. El número si- 
guiente del periódico oficial se publicó el día 12, y desde en- 
tonces rescató su nombre histórico de Gaceta de Madrid, 
así como la Imprenta que fundó Carlos III el apelativo de 
Real, que justamente le correspondía. 

La Gaceta de la Regencia, desde 1° de Enero de 1811, en 
que se fundó en Cádiz, hasta el 10 de Mayo de 1814, en que 
terminó en Madrid su excepcional existencia, como órgano 
reconocido del Gobierno de España, tuvo que mantener en lo 
político aquella moderación que casi se hacía incompatible 
con la creciente efervescencia que habían fomentado, prime- 
ro, las luchas del patriotismo contra el extranjero invasor 
aleve del territorio y usurpador insidioso de la soberanía y 



— 139 - 

de la independencia nacional; después, el foco de fanatismos 
contrarios que en las Cortes de Cádiz se desarrollaron. Nadie 
podía permanecer indiferente á las atracciones que sobre 
cada conciencia ejercían la propia convicción y el común es- 
timulo. 

Encerrada la Gaceta en la serenidad de su propia mode- 
ración, no podía ofrecer, ni á la expectación pública, ni al 
interés de cada cual, más vínculo de simpatía que el de las 
noticias de la guerra, que todos recibían con sentimiento 
igual y uniforme, y la curiosidad de conocer las resoluciones 
generales gubernativas, que reflejaban sobre todo interés y 
todo derecho. La multitud de periódicos que con la libertad 
discernida se había lanzado al vértigo de la publicidad y se 
había apropiado todos los elementos de que ésta y la opinión 
se nutren, hacía que apareciesen lánguidas y desmayadas 
hasta las noticias del extranjero, de que anteriormente las 
Gacetas se alimentaban y se hacían suficientes á los tibios 
anhelos de la curiosidad. Todas las publicaciones de iniciati- 
va y de industria particular establecían la más ruda compe- 
tencia contra el periódico del Gobierno, y, como si esto no 
fuese bastante, ó para arruinarlo, ó para hostigarle á trans- 
formar su misión, no sólo las Cortes con su Diario privativo 
le restaba lectores apasionados y suscriptores ubérrimos, sino 
que cada dependencia del Estado aguzaba los pretextos que 
justificaran la epidémica aspiración á individualizarse por 
una publicación periódica propia. El Ministerio de la Gober- 
nación del Reino fué el primero en echar la base de estas sub- 
divisiones de acción, y en San Fernando, el 1." de Diciembre 
de 1813, la Regencia dispuso la publicación, por cuenta del 
Estado, del Correo politico-economico de la Península é Islas 
adyacentes, que, teniendo por objeto ilustrar la Nación y sos- 
tener y dirigir el espíritu público, dando á conocer el estado 
político-económico de las provincias, se puso bajo la dirección 
de D. Antonio López de La-Nuza, con 15.000 reales de sueldo, 
nombrando sus redactores, con 10.000, á D. Bernabé García 
y al capitán D. Cristóbal de Beña. 

Aunque por orden de la Regencia de 23 de Junio de 1S13, 
expedida en Cádiz, se suprimieron todos los periódicos que 
en las provincias se publicaban desde 1808 por las autorida- 
des establecidas en las provincias libres, la opinión se había 
acostumbrado á tener sus periódicos propios por todas partes, 
y los escritores que se habían visto por vez primera generosa- 



— 140 - 

mente recompensados a costa de los fondos de las Juntas, no 
se resignaban á renunciar á la opima adehala. Daza y Guz- 
mán, que con Alzaibar de la Puente y con D. Julián de Vi- 
llalba había publicado en Cádiz EL Redactor General, escribía 
que no había en aquella ciudad una calle que no tuviera una 
imprenta y un periódico; con que aquello era una o'la de gri- 
llos; y desde que la libertad de imprenta se erigió en principio 
constitucional, por donde quiera salían periódicos como hon- 
gos. Solamente en 1813, D. Pedro Nolasco Martín fundaba en 
Málaga su Minerca Constitucional; en la Coruña, D. Antonio 
de la Peña y D. Marcelino Caloro y Portocarrero El Ciuda- 
dano de la Nación; D. Antonio Brusi en Vich, El Patriota 
Ausonense , y Gacetas de Valladolid, Guadalajara, Sala- 
manca, D. Antonio María Peón y Heredia, D. José de Castro 

y González, D. Francisco Prieto de Torres y ¡un diluvio 

de otros periódicos por todas las provincias! 

Todos estos eran elementos contrarios á la Gaceta de 
Madrid, que, perdida su pasada popularidad, no había de reco- 
brarla, después de pasar por otro largo periodo de monopolio 
exclusivo del Estado, sin que sufriera una transformación 
fundamental en la misión política á que obedecía su existen- 
cia. En este camino ya la inclinaba la Regencia del Reino, 
apenas se restituyó á Madrid en 1814, y su decreto, dirigido 
al Ministro de la Gobernación en 14 de Enero y firmado por 
su Secretario D. José de Luyando, en medio de sus disposi- 
ciones preceptivas para que á la Gaceta se remitieran para 
su inserción copias de todos los Decretos y resoluciones de 
Gobierno, y todos los nombramientos de carácter oficial, 
ponía de relieve el aspecto único que había de perpetuar la 
conveniencia y utilidad de su servicio. 



XV 



El período intermedio para esta evolución vino á carac- 
terizarlo con sus tendencias retroactivas la reacción de 1814 
y todo el reinado de Fernando Vil que se siguió. No importa 
que lo interrumpiera la situación revolucionaria que se creó 
desde 1820 á 1823. Aquel movimiento fué un paréntesis. Luego 
que se superó su peligrosa violencia, todo quedó como estaba 



- 141 — 

después dé 1814, y como se dilató hasta la muerte del Mo- 
narca. 

Aunque el decreto prohibiendo la publicación de todos los 
periódicos, menos la (Jaccta y el Diario de Madrid, no se 
expidió en Palacio hasta el 25 de Abril de 1815, el 7 de Mayo 
del año anterior dejaron de publicarse El Universal, de Ayta; 
El Conciso, de Pérez Ramajo; La Abeja Madrileña, de Gallar- 
do; El Tribuno del Pueblo Español, y los demás que con ideas 
más ó menos exaltadas en favor de la reforma constitucional 
habían venido de Cádiz á implantar en Madrid su palenque 
para la lucha. El periódico ministerial con que el nuevo Mi- 
nisterio de la Gobernación quiso favorecer á La-Nuza y Beña, 
el Mercurio Español, que intentó Peñalver, y el Correo Gene- 
ral, que se consintió fundar á D. Francisco Xavier Pérez, an- 
tiguo archivero del Real Patronato y prisionero de la guerra 
de la Independencia en los depósitos de Dijon, para que tuviera 
con qué subsistir, apenas pudieron tirar entre la indiferencia 
de la opinión acobardada hasta los principios de Agosto, y el 
último hasta Octubre; y las intemperancias de El Procurador 
general del Re;/ y de la Nación, del presbítero D. Francisco 
José Molle, cuyas indiscreciones llegaron á molestar al Rey 
tanto ó más que las amenazas de los heraldos de la revolu- 
ción, fueron los que, después de las amonestaciones que man- 
dó dar á este escritor el 10 de Abril, le determinaron á la re- 
solución violenta del decreto del día 25, cansado así de su pe- 
riódico, como de La Atalaya de la Mancha, y de los demás 
que aparecían con análogo sentido político. Vinieron tras las 
prohibiciones con que las Autoridades de las provincias tu- 
vieron que proceder á la obediencia, reclamaciones infinitas, 
y muchos creyeron que el mandato de suspensión á que se les 
conminaba obedecía á circunstancias locales, que acaso en 
Madrid se desconocían: por ejemplo, el director del Diario y 
de la Gaceta de Valencia, D. Luis Monfort, capellán de San 
Pedro el Real de Madrid, cuando el Capitán General de aquel 
Reino D. Xavier Elio le comunicó la orden, la atribuyó á ha- 
ber insertado en uno y otro periódico un artículo del Journal 
des Debats, de París, sobre las insurrecciones de Méjico, y se 
dirigió al Infante D. Carlos María Isidro para que interpusie- 
ra en su favor su influjo con el Rey su hermano y se le per- 
mitiera proseguir su publicación; D. Manuel Freyre de Cas- 
tilla, «diputado que fué por su desgracia de las Cortes Extra- 
ordinarias, aunque con una fidelidad notoria», y que después- 



— 142 - 

de haber escrito en varios periódicos de Cádiz, redactaba en 
su país La Estafeta de Santiago, cuando el General Basse- 
court, le transmitió la misma orden, acudió al Rey mismo en 
lacrimosa instancia, representando que en su periódico no in- 
fluía «el Mariscal de Campo Taboada, fomentador, antes de 
ahora, de los papeles mas perversos y que destinado por el 
General Lacy con tropas que le dirigió después de la feliz en- 
trada de V. M., á sostener la Constitución, desautorizando al 
coronel Pezzi, que se habia declarado por V. M.» Y en esta 
misma disposición se explicaron, pidiendo misericordia para 
conservar la existencia de los periódicos que dirigían, Fray 
José Ventui y D. Francisco Cabrera de El Sensato del mismo 
Santiago de Galicia, D. Joaquín Escrich del Diario de Zara- 
goza, D. José Moranta, capellán del Ejército, del Correo de 
Valladolid, D. Juan Chacón, predicador de S.M., y D. Anto- 
nio García, del Diario exacto de ¡a Córtala, y otros muchos 
que harían fatigosa su enumeración. 

Pero ¿quedó por eso la Gaceta de Madrid en la situación 
exclusiva que tenia en los tiempos de sus prósperos monopo- 
lios? Cuando menos la asediaban de continuo dos enemigos 
peligrosos: por una parte, el fraude; por otra, los rivales clan- 
destinos. El impresor D. Ramón Howe, inglés de nacionali- 
dad, pero establecido en Cádiz, reimprimía con el mayor des- 
caro la Gaceta de Madrid. Por Real orden de 1." de Octubre 
de 1814 se prohibieron todas las reimpresiones en provincia, 
pues el Privilegio de la Imprenta Real tenia por objeto: pri- 
mero, que no se adulterase en las reimpresiones el espíritu de 
las resoluciones Peales y demás noticias interesantes que en 
ella se insertaban; segundo, sostener con su producto la Im- 
prenta Real y cumplir sus obligaciones. El cónsul británico 
en Cádiz llamóla atención de Howe, y éste no reimprimió más; 
pero continuáronse reimprimiendo fraudulentamente para las 
exportaciones á América por el impresor de la misma ciudad 
D. Nicolás Gómez de Requena, en la calle de las Tablas, el cual 
se titulaba Impresor del Gobierno, por la Imprenta de Hércu- 
les, á cargo de D. A P. de Celis, y por la imprenta de la Viuda 
de Perín en San Fernando. Acerca de los periódicos clandesti- 
nos, el Gobernador militar de Cartagena, D. Pedro Ruiz Ma- 
teos, en 2 de Julio de 1814, comunicaba al Duque del Infanta- 
do, Presidente del Consejo de Castilla, que por aquel puerto 
furtivamente se introducía por los buques que llegaban de Gi- 
braltar el periódico sediciosísimo La Abeja, que antes de la 



— 143 — 

-venida del Rey se publicaba en Madrid, enardeciendo las pa- 
siones revolucionarias, y que se seguía publicando en Gi- 
braltar, «con la saña propia de su espíritu de partido y de 
venganza». Aunque se tomaron medidas para vigilar los bar- 
bos, las mercancías y los tripulantes, nada se lograba, pues 
la propaganda revolucionaria se hacia por los contrabandis- 
tas del campo de Gibraltar, por la frontera extremeña de Por- 
tugal, por los puertos de Galicia que con frecuencia visitaban 
■ó servían de amparo á los buques ingleses, y por todos los 
pasos francos y puertos del Pirineo. 

El Rey puso esmerado empeño en devolver á la Gaceta de 
Madrid la prosperidad que había perdido durante la larga 
crisis de la guerra, en los momentos en que el entusiasmo de 
su restitución al trono producía el delirio en la parte más nu- 
merosa de la opinión, pues el partido reformista aun era una 
exigua minoría militante, con sólo el capítulo en que se 
detallaban los donativos públicos al Rey; las hojas particula- 
res de los servicios ó de los sufrimientos durante la domina- 
ción de los franceses; las arengas de congratulación de todas 
las poblaciones, grandes y chicas, y de todas las corporacio- 
nes del Estado; la descripción de las fiestas y de los regocijos 
con que por toda la extensión de la Monarquía se celebraba 
la efeméride de la emancipación y del rescate, y otros actos 
de esta naturaleza, que por mucho tiempo llenaron sendas 
páginas del periódico oficial, prestábase aliciente bastante 
para despertar la codicia de adquirirle y conservarle, con 
tanto mayor motivo, cuanto que, una vez obtenida la inser- 
ción de ciertos documentos, .con ellos se acompañaban des- 
pués las solicitudes de honores, de empleos y de recompensas, 
fiando á la certificación pública de la Gaceta el testimonio en 
los merecimientos contraídos. 

El Rey había conservado en la Dirección de la Gaceta á 
D. Eugenio de Tapia, de cuyos méritos literarios no cabía 
dudar, y que en 18 de Febrero de 1814 había recibido en 
Madrid la confirmación de su empleo. Tuvo émulos : se le 
acusó de conspirador y se le formó un proceso, durante cuya 
sustanciación, suspendido de su cargo, estuvo en él sustituido 
con el redactor segundo Chimioni; pero habiéndosele decla- 
rado inocente en la causa que se le formó, por decreto de 
14 de Agosto de 1815, al sacarle de las Cárceles del Santo Ofi- 
cio, donde había estado preso desde el 23 de Noviembre 
del año anterior, mandó Fernando Vil que continuase en su 



- 144 — 

destino. Dorante esta suspensión, el 13 de Diciembre elevó- 
instancia á S. M., solicitando su vacante, D Vicente García 
Censor, cura castrense y penitenciario de los Reales Hospita- 
les de esta corte. La redacción se hallaba constituida el 14 de 
Agosto de 1815 de la manera siguiente: — Redactor primero;, 
ó director, con 20.000 reales de sueldo anual, D. Eugenio de- 
Tapia; redactor segundo, con 12.000, D. Ramón de Chimioni; 
oficial primero de la redacción, D. Ignacio Corcuera, con 
9.750, y oficial segundo, D. Manuel López Ramajo, el redac- 
tor también de El Conciso de Sánchez Barbero en Cádiz y en 
Madrid, con 6.600. También fué acusado de conspiración en 
Diciembre de aquel año, y se le mandó salir desterrado de la 
corte; pero en la Gaceta se le continuó el sueldo y se le con- 1 
servó el puesto. El oficial revisor de la Gaceta en el Ministe- 
rio de Estado fué D. Luis Viérgol, y el Subdelegado de Im- 
prentas D. Juan Pérez Villaamil. 

En la Imprenta Real colocó el Rey en 1814, con el empleo 
de contador- interventor, un funcionario de su absoluta con- 
fianza personal, que en su carrera había prestado servicio» 
singulares, y cuyo apellido, ya en los altos cargos de la admi- 
nistración, ya en la jefatura de su redacción, llena casi ente- 
ras tres cuartas partes del siglo XIX. Llamábase D. Ramón 
de Navarrete y Villaamil. Era natural de Oviedo. En 1802 
entró en el cuerpo de Guardias de Corps, y fué de los que, 
siendo Principe de Asturias el Rey Fernando Vil, admitió á 
la familiaridad de su cuarto. Tomó parte en los acontecimien- 
tos de Aranjuez en los días 17, 18 y 19 de Marzo de 1808. Eü 
Abril del mismo año acompañó al Rey, con la compañía de 
que formaba parte y en la guarda de su Real persona, hasta 
Tolosa, cuando Fernando VII, por las instancias del General 
Savary, salió á recibir al Emperador Napoleón, de quien 
quedó en Bayona cautivo. Reunido después del Dos de Mayo 
y de la declaración de la guerra al Ejército de Castilla la Vie- 
ja, sufrió las penalidades y los riesgos de las desgraciadas 
batallas del puente de Cabezón y de Rio Seco, sirviendo en el 
arma de Caballería, siendo en una y otra tal el arrojo de su 
escuadrón, que todo él fué condecorado con el Escudo de dis- 
tinción. Hallóse después en la retirada de León; en los ata- 
ques de Logroño, y agregado al Ejército del Centro, hizo las 
entradas de Navarra y Cuenca hasta la Mancha; asistió á la 
sorpresa de Yébenes, á la batalla de Ciudad Real yá la acción 
de Santa Cruz de Múdela en Marzo de 1809. Bajo el mando 



— 145 — 

inmediato y glorioso del Duque de Alburquerque, contribuyó 
con su espada á coger los laureles marciales de Talavera los 
días 27 y 28 de Julio siguiente, llevando para siempre en su 
pecho el recuerdo de aquellas ilustres jornadas con la Cruz de 
distinción. Y después de la retirada del Puente del Arzobispo 
y de las acciones de vario éxito en Herencia, Villafranca, 
Camuñas y Mora, fué desesperado actor y desconsolado tes- 
tigo del desastre de Ocaña, la tarde aciaga del 18 de Noviem- 
bre, infligido por el mismo Rey José al inepto D. Carlos de 
Arizaga. Tras el encuentro de Villalta, libró la áspera retira- 
da por la serranía de Ronda hasta Cádiz y la isla de León, en 
donde le fué grato prestar todo el servicio que le correspondió 
al frente del enemigo. El término de la guerra le halló de ca- 
dete de su cuerpo originario, las Guardias de Corps, y gra- 
duado Teniente Coronel del arma de Caballería. Fernando Vil 
le hizo nombrar contador- interventor de la Imprenta Real, y 
con el subdelegado Pérez Villaamil, su pariente, y el redactor 
Chimioni, recibió el encargo de formar un plan para hacer la 
Gaceta diaria. 

Obstáculos económicos que no fué dado vencer por algún 
tiempo impidieron por entonces esta reforma, que no se llevó 
á cabo hasta el 1." de Julio de 1820, en que también el tamaño 
ya secular de 0°\169X m ,109 que tuvo desde 1621 hasta el 1.° 
de Marzo de 1809, y de 0°\172 X 0M 16 que se le dio desde 12 
de Mayo de 1814, se trocó en 0"\274 X0 m 480, que con poca 
diferencia conservó ya casi continuamente hasta 1834. Al ve- 
rificarse estas dos reformas tan importantes, Navarrete se 
hallaba, aunque interinamente, no sólo como Director de la 
Imprenta Real, sino hasta virtualmente de la misma Ga- 
ceta. 

Antes de los acontecimientos políticos que emanaron de 
la sublevación del General D. Rafael del Riego en las Cabe- 
zas de San Juan, la Gaceta, á la que habían dado mucha im- 
portancia las noticias que comunicaba sobre las revoluciones 
de América, había pasado en su régimen interno por varias 
vicisitudes. Durante algún tiempo, y hasta que pasó á pres- 
tar sus servicios de oficial en la primera Secretaría de Esta- 
do, estuvo agregado á su redacción el ilustre poeta D. Juan 
Bautista Arriaza, ya secretario honorario de S. M. y Mayor- 
domo de Semana. A mediados de Noviembre de 1818 murió 
el redactor segundo D. Ramón Chimioni, y á principios de 
Enero de 1819 el oficial de la redacción D. Ignacio Corcuera. 

10 



— 146 — 

Pretendieron la plaza del primero D. José Joaquín de Mora, 
que, de soldado voluntario, para las que se alistó en las jor- 
nadas de las batallas patrias, había alcanzado el grado de 
Alférez de Caballería, y que, alumno de las aulas de Grana- 
da, decoraba su nombre con los laureles del Parnaso, y á 
quien en Enero de 1817 se le había concedido licencia para 
publicar un periódico titulado Crónica científica y literaria; 
el Bibliotecario de S. M., Académico de las Reales Acade- 
mias Española y de la Historia, y reputado helenista y ara- 
bista, D. Juan Antonio Conde; otro oficial de la Biblioteca 
de S. M., D. Carlos Bosch y Mata; el oficial de la redacción 
del Mercurio, D. Juan Martínez Marina; D. Salvador Ma- 
ría Granes; D. Luis de Mata y Araujo, Catedrático de Retó- 
rica y Poética de los Caballeros Pajes de la Real Casa; Don 
Manuel Arrieta, y D. Félix Miguel Sánchez, maestro de len- 
gua francesa. La plaza, sin embargo, se otorgó el 17 de No- 
viembre á D. Pedro Cossío, Abogado y Catedrático de la Uni- 
versidad de Granada. A la vacante de oficial sólo se presen- 
taron el presbítero D. Vicente García Censor y los mencio- 
nados Mora y Mata y Araujo. Tampoco se les concedió, sino 
al joven abogado andaluz, natural del Castaño de Robledo, 
en la provincia de Sevilla, D. Manuel de Arrieta, que había 
pretendido el puesto de Chimioni. Arriaza, en el Ministerio 
de Estado, de agregado á la redacción de la Gaceta, pasó á 
ser su revisor. 

Atravesaba la Gaceta la situación incierta que precede á 
toda revolución. En Madrid se había abierto un poco la mano 
á D. Francisco Javier de Burgos, que, después de publicar 
algunos volúmenes de discretos Frutos literarios, había ob- 
tenido licencia para dar á luz periódicamente una Miscelá- 
nea de comercio, artes y literatura. En Cádiz, desde Agosto 
de 1818, salía ya el Diario Mercantil, de D. José Guazque; y 
en Bilbao, desde Septiembre del mismo año, el Correo Co- 
mercial, de D. Pedro Antonio de Azpreiz. Pero todas las 
Autoridades superiores de fronteras advertían que penetra- 
ban en la Península muchos periódicos sediciosos y clandes- 
tinos del extranjero, y las del Campo de Gibraltar tenían 
averiguado que las impresiones clandestinas para la revolu- 
ción las hacía en aquella plaza D. Francisco Mestas, en la 
casa-domicilio de D. José Moreno Guerra, refugiado político, 
y que las redactaban el mismo Moreno Guerra y D. Francis- 
co Caravallo. La prensa de Londres hacía la causa de los 



— 147 - 

separatistas americanos é infamaba cuanto podía el nombre 
del rey Fernando VII, y éste hizo que el Conde de Fernán- 
Núñez, nuestro Embajador en París, se concertase con Don 
Juan Antonio Melón para que fuera á la capital de las Islas 
Británicas á promover la publicación de un periódico que le 
defendiera, transigiendo un poco con las ideas liberales de 
los que en Londres podían prestarse á su redacción. 

En estos manejos se andaba cuando el 1.° de Enero de 1820 
ocurrió el pronunciamiento de las tropas destinadas á la ex- 
pedición para pacificar las provincias del Rio de la Plata, y 
á cuya cabeza se puso el General Riego, proclamando el ré- 
gimen constitucional. Era inevitable que un cambio político 
tan profundo como el que de aquí provino ejerciese un influjo 
inmediato en la organización interior de la Gaceta y en su pro- 
pia exteriorización, y á plazo más remoto en toda su misión 
política y en toda su estructura literaria. D. Eugenio de Ta- 
pia, por decreto de 25 de Marzo de 1820, fué nombrado Direc- 
tor de la Imprenta Nacional, con el encargo de continuar 
desempeñando el de la Gaceta, que tenía desde 1812 por 
decreto de la Regencia. Pero habiendo sido designado Dipu- 
tado para las Cortes de 1820 á 1821, tuvo que suspendérsele 
en el ejercicio de sus dos destinos, en conformidad con el de- 
creto de Cortes de 4 de Diciembre de 1810. A consecuencia 
de esta determinación, en 17 de Junio del mismo año, D. Ra- 
món de Navarrete y Villaarail, conservando su destino de 
conservador-interventor, fué nombrado interinamente para 
los cargos que Tapia dejaba en suspenso, aunque éste había 
propuesto al Ministro de Estado, D. Evaristo Pérez de Cas- 
tro, que el que le sustituyera en ellos fuese D. Manuel Pérez 
Ramajo. Navarrete recibió su nombramiento de Director- 
Contador sin más nota que la siguiente: «Prevengo á Vm. que 
en los papeles que se impriman bajo su dirección ponga el 
nombre de Imprenta Nacional, según se practicó en 1812.)) 
En 20 de Mayo se nombró oficial auxiliar á D. Fermín 
March, por haber dimitido el mismo cargo D. Jacobo Vila- 
nova, que no aceptó el nombramiento, y á propuesta de Na- 
varrete, el 15 de Julio se nombró taquígrafo de la Redacción, 
para que en la Gaceta se insertase el extracto diario de las 
sesiones de Cortes, á D. Sebastián Esteban Vela, con 12.000 
reales de sueldo; de modo que al ejecutarse en la Gacela la 
reforma de su tamaño y al convertirle en diario, su Redac- 
ción era la siguiente: 



— 148 — 



Sueldos. 



Director -Redactor primero: (titular), Don 
Eugenio de Tapia, Diputado a Cortes; (in- 
terino), D. Ramón de Navarrete y Vi- 

llaamil El de Contador 

Redactor primero , D. Manuel Ramajo 18.000 reales. 

Redactor segundo, D. Pedro Antonio Cossío, 

Diputado á Cortes En suspenso. 

Redactor tercero, D. Manual María Arrieta . 15.000 reales- 

Oficiales auxil iares: D. Sebastián Andrés. . . 12.000 — 

D. José Serralde 12.000 — 

D. Fermín Maich 12.000 — 

D. Ignacio Navarro 12.000 — 

D. Manuel Merino 12.000 — 

D. Mariano Adán 12.000 — 

Taquígrafo, D. Sebastián E. Vela 12.000 — 



A esta nómina se añadieron, también á propuesta de Nava- 
rrete, los sueldos de dos correctores para la Gaceta, los de- 
cretos y el Diario de Cortes, que fueron D. Nicolás Flórez, 
abogado, y D. Marcelino Magro, profesor de Humanidades 
en Tudela, cada uno con 9 000 reales. El nombramiento de 
D. José Serralde, oficial auxiliar segundo de la Redacción, se 
hizo por la recomendación expresa del General Riego, por 
haber sido el que le escribió sus proclamas. Serralde, des- 
de 1797, había desempeñado el cargo de Vicecónsul en Bayo- 
na, y lo sirvió hasta 1804, en que fué trasladado á Marsella. 
Se adhirió al partido de los afrancesados; pero habiendo que- 
dado cesante en 1811, entró de secretario particular al servi- 
cio de Mr. Faipoult, Director del Tesoro público durante el 
régimen del rey José Bonaparte, que lo nombró oficial de 
este departamento, con 18.000 reales de sueldo. Emigrado 
en 1813, volvió á España en 1818, y se colocó en Sevilla en 
la Compañía del Guadalquivir. En Sevilla conspiró para el 
restablecimiento del régimen constitucional, y en sus cáma- 
ras masónicas adquirió su amistad con Riego. 



- 149 — 



XVI 



La guerra tácita que se declaró á la Gaceta del Gobierno, 
cuyo titulo había tomado la de Madrid, por la ambiciosa 
competencia que resultó inmediatamente del turbión de pe- 
riódicos de combate que cayó sobre la arena, bien exigía 
cuantos cuidados se tomaran y cuantos auxilios se imagina- 
sen para salvar su existencia. Por un decreto de 14 de Agosto 
de 1814 se había prohibido que en los periódicos de Madrid 
se reprodujeran las noticias oficiales de la Gaceta. El interés 
privado no se contuvo en la corrupción de este mandato, sino 
que aspiró á interponer los influjos de los fanatismos secta- 
rios para obtenerlos con preferencia de los Ministros y anti- 
ciparse en su publicación á ella. D. Pedro Sánchez Trapero, 
que, además de miliciano voluntario de caballería, era editor 
de un nuevo Diario de Madrid , se quejaba al Ministro de la 
Gobernación, Felíu, de que todavía se comunicasen los de- 
cretos y las resoluciones oficiales al viejo Diario y á la Ga- 
ceta, que eran unos serviles, frase que precisamente Tapia 
había empleado por vez primera en Cádiz, cuando colaboró 
en el antiguo Semanario Patriótico de Quintana; y Felíu le 
tuvo que contestar con un decreto de 6 de Junio de 1821 , en que 
decía: «que las Autoridades ó personas que hayan de insertar 
cualquier género de anuncios, son libres para hacerlo en el 
periódico ó periódicos que les parezca, sin que se reconozca 
preferencia alguna legal con unos respecto á otros». No era 
esto lo que Sánchez Trapero pedía; pero, interpretándolo á su 
modo, en esta disposición se fundaba para asaltar por noti- 
cias los Ministerios. El ejemplo de Sánchez Trapero lo apro- 
vechó D. Vicente de Ayta para El Universal, y éste había al- 
canzado que en el Ministerio de Marina se le facilitase la 
Gaceta, de Caracas, que traía las noticias más interesantes 
de las insurrecciones de América. Quejóse Navarrete de que 
El Universal se adelantase á la Gaceta en la publicación de 
las disposiciones oficiales de los Ministerios y en las noticias 
que de ellos se comunicaban. Nueva circular del Ministerio 
de la Gobernación recordando á los otros la prohibición que 
á este propósito se estableció en Cádiz el año 1812 para que 
se observase. 



— 150 — 

Del personal nuevo que se había introducido en la redac- 
ción de la Gaceta había que desconfiar. En un artículo de- 
Variedades del número correspondiente al 6 de Marzo 
de 1821 se insultaba al Emperador Alejandro de Rusia, del 
que se decía : (fy ha conseguido el cetro por el asesinato de 
su padree, asesinato que, aunque justificado, fué violento)). 
El Rey llamó sobre esto la atención del Marqués de Casa- 
Irujo, y Casa-Irujo, en una nota que pasó de su mano al ma- 
yor del Ministerio D. José de Anduaga, después de censurar 
este descuido, le añadía: «El Sr. Mayor, al revisar la Gaceta, 
se servirá de no aprobar ningún artículo que sea insultante á 
Monarcas ó Potencias extranjeras. Se puede criticar su poli- 
tica, pero es indecoroso é impolítico hacerlo con injurias, de 
las cuales nunca debe usar el partido que tiene en su favor la 
razón y que nada teme». Inmediatamente, además, expidió 
la Real orden siguiente : «Habiéndose notado que por tener 
la Gacela el título de Gaceta del Gobierno creen muchos que 
cuanto en ella se contiene es emanado de dicho Gobierno, y 
que expresa su modo de ver en los asuntos ó noticias de que 
trata, ha resuelto S. M. que para evitar este error tenga en 
adelante el titulo de Gaceta de Madrid, debiéndose anunciar 
en la primera que salga con él el motivo de esta mudanza, y 
que el Gobierno no responde ni se mezcla en la redacción de 
otro articulo sino el que se señala con el nombre de Articula 
de oficio)). D. Eugenio de Tapia, aunque suspenso en el ejer- 
cicio de sus destinos en la Gaceta, sintiéndose molestado por 
esta disposición, hizo renuncia del cargo de Redactor; pero 
no se le admitió entonces, ni hasta el 15 de Junio de 1822, en 
que la repitió. 

Los cargos interinos de Navarrete no cesaron, restituyén- 
dosele á su antigua Contaduría, hasta el 12 de Noviembre 
de 1822, en que se nombró á Ramajo redactor primero, muy 
afecto ya en Palacio, no tanto por la protección que se había 
captado del P. D. Luis Picado, Abad de San Juan de la Peña v 
que residía en Madrid, sino por haber escrito, para censurar 
los excesos que se cometían contra el Rey, los opúsculos y pa- 
peles políticos titulados Primera epístola, Sermón a algunos 
Zurria guistas y La sociedad de Pekin. Pero había perdido el 
pobre en 1821 la vista del ojo derecho; se hallaba en peligra 
de quedar enteramente ciego, y tuvo que renunciar el destino. 
El Rey, sin embargo, hizo que para la jubilación se le reco- 
nociera el sueldo de 22.000 reales. Antes de* retirarse Ramajo 



— 151 — 

de la redacción, y habiendo pasado á otros destinos Cossío y 
Arrieta, aunque D. Santiago de Usoz había recomendado para 
la plaza del primero á D. Antonio Gelabert, licenciado en 
ambos Derechos, se le consultó sobre candidatos para aque- 
llas vacantes. Ramajo, en Informe de 29 de Noviembre, pro- 
puso que se corriera la escala, diciendo de sus antiguos com- 
pañeros: — «Todos son acreedores por su aptitud, conocimien- 
tos y demás circunstancias á optar á las mencionadas vacan- 
tes»; y, en electo, en 17 de Enero de 1S23, los oficiales auxilia- 
res D. Sebastián Andrés y D. José Serralde ocuparon las 
plazas de redactores que disfrutaron Cossio y Arrieta: de 
modo que la redacción quedó constituida por los dos redacto- 
res nuevos mencionados, siguiéndoles por orden de antigüe- 
dad March, Navarro, Adán y Merino. El nombramiento se 
firmó por D. H.variste San Miguel, y á Ramajo, como destino 
sedentario, se le dio la administración de Correos de Cartage- 
na. Con todo, Ramajo partió á mediados de Febrero para Se- 
villa, á fin de ponerse en cura para recobrar la vista. La re- 
dacción de la Gaceta se completóel 18 del mismo mes con el 
nombramiento de otros dos auxiliares, D. Lino Pacheco, de la 
Coruña, por los seroicios patrióticos suyos y de su padre Don 
Antonio, y D. Antonio Ferro y Caaveyro, bachiller en Filo- 
sofía y Derecho, miliciano voluntario de Santiago de Galicia. 
Los juicios históricos sobre el vertiginoso período que 
abraza nuestro segundo periodo constitucional todavía no se 
escriben sino bajo la inspiración de las reminiscencias sec- 
tarias. Arguelles y Quintana, al querer justificar el triste cua- 
dro de aquellos sucesos, pretendían adquirir el dictado de im- 
parciales, y solamente puede concedérseles que eran espíritus 
convencidos y hombres de bien. Pero la buena intención, lo 
mismo que la ciega fascinación de los fanatismos políticos, no 
sacian los escrúpulos de la Historia. ¡Qué de amarguras deja 
en el alma nacional la exploración de los documentos! La 
jornada sangrienta del 7 de Julio no envolvía únicamente, por 
los que arrancaron del Pardo, un movimiento de interés sec- 
tario; ni fué un movimiento de interés sectario la instalación 
de la Regencia de Urgel del 15 de Agosto de 1822 que dio 
entrada á las tropas del Duque de Angulema por los acuerdos 
del Congreso de Leybac. En medio de todos estos sucesos 
figuran en la cima eminente el perfil del Trono socavado y la 
figura del Rey escarnecido, entre la absoluta impotencia de 
toda tentativa de autoridad, de orden y de gobierno. Nunca 



— 152 — 

se han publicado estos tres. documentos autógrafos que se co- 
pian á continuación: 

I. Hoy 2 de diciembre de 1821. — Querido Vargas: Rossi 
me entregó la tuya, y me aprovecho de la salida del correo 
Alfaro, que es de toda confianza, para escribirte con la tinta 
cuya receta me has enviado, y decirte que me aprovecharé de 
tí, en la primera ocasión, que será muy pronto; pero entre 
tanto te digo que esto va cada día peor, y se pone de peor as- 
pecto. Los Republicanos adelantan descaradamente, sin re- 
bozo y á pasos agigantados. De todas partes envian represen- 
taciones para que se mude el Ministerio, todas ellas á favor 
del picaro Riego. En Cádiz y Sevilla ya no quieren obedecer 
al Gobierno, ni recibir á las Autoridades que se envian allá, 
solo porque las envian los actuales Ministros, á los que no 
conviene quitar ahora, pues si los revoltosos consiguieran 
esto, mañana se atreverían contra la familia Real. Cree, Var 
gas mío, que estamos en una situación muy crítica y lastimo- 
sa, que presenta un porvenir muy funesto, si Dios no se apia- 
da de nosotros. Te pido que se lo hagas saber a los Soberanos 
Extranjeros, para que vengan á sacarme de la esclavitud en 
que me hallo, y libertarme del peligra que me amenaza. Adiós, 
Vargas mío: cree que te ama de todo corazón y confía ente- 
ramente en tí tu verdadero amigo — Fernando. 

II. Estando bien satisfecho del laudable comportamiento 
que habéis tenido en las actuales y críticas circunstancias en 
que se encuentra España, y p'or las multiplicadas pruebas que 
me tenéis dadas de amor á mi Real Persona, he venido en 
acreditaros cerca de la Augusta Persona del Rey de las Dos 
Sicilias y cualesquiera otros Soberanos de Europa, que fuere 
necesario, para tratar en secreto, ya sea con SS. MM. ó con 
las Personas que os designasen, de mis intereses particulares 
y de los de mi familia, con el objeto de salvar nuestras vidas 
y á la Nación entera de la opresión en que nos tiene la facción 
revolucionaria que la domina; prometiendo Yo por mi parte, 
como prometo desde ahora, ratificar, ejecutar y cumplir cuan- 
to por Vos sea pedido, estipulado y firmado en mi Real nom- 
bre. Daréis puntual cumplimiento á este mi Real Decreto en 
los términos que tenéis entendido por la instrucción separa- 
da . — Fernando . — Palacio de Madrid á 16 de Febrero 
de 1822. — A Don Antonio de Vargas y Laguna, mi Conseje- 
ro de Estado y Ministro en la corte de Roma. (N. R. — De 
Roma, tachado.) 



— 153 — 

III. 1.° de Marzo de 1822. — Querido Vargas : Estoy muy 
satisfecho de todo cuanto me ama y hace por mi el buen Viejo 
(el Rey Fernando de Ñapóles, hermano de Carlos IV, padre 
de Fernando VII) y tú también. Diselo de mi parte, con un 
millón de gracias. Pero ten entendido que Rossi (que ha sa- 
lido de aquí con licencia fingida) te entregará un encarguito 
mió, el cual pondrás al instante en ejecución, concillándolo 
<jon lo hecho y con lo que mas convenga para conseguir el 
fin; todo lo cual queda á tu elección y prudencia. — (Rúbrica 
del Rey.) 

En toda sombra de la Historia, la mano de Dios siempre se 
dibuja. ¡Aquella revolución de 1820, encendida apenas entre- 
abierto en el destierro el sepulcro de los Reyes Carlos IV y 
María Luisa, caídos en el motín de Aranjuez, atizado por un 
Principe heredero impaciente de entrar en la áspera senda de 
sus destinos soberanos ! ¡ Aquel preciso intermediario, en cu- 
yas manos se ponía la propia vida de un Monarca, que de 
aquel intermediario se había servido para sembrar en el des- 
tierro las amarguras de sus padres ancianos y desvalidos!.... 
La Historia hablará, y entretanto miremos siempre dibujarse 
la mano de Dios en toda sombra de la Historia. 

Cuando abiertas al Ejército del Duque de Angulema las 
fronteras de la Patria, el partido dominante, reduciendo al 
trono y al Monarca á una nueva cautividad, se dispuso á en- 
cerrarse otra vez en los baluartes de Andalucía, donde se ha- 
bían salvado diez años antes la soberanía y la independencia 
de España, extremando las medidas de una inútil previsión, 
dispuso llevar consigo en la imponderable impedimenta de su 
expedición todo el material de prensas y cajas y todo el per- 
sonal de la Imprenta Nacional y de la Redacción de la Gaceta 
de Madrid, á fin de continuar la publicación del periódico ofi- 
cial en el punto donde las circunstancias le permitieran fijar 
su residencia. Aun afilando más sus resoluciones, y recor- 
dando que en Sevilla debía encontrarse el ya jubilado primer 
redactor D. Manuel Ramajo, con fecha del 18 de Marzo 
de 1823 se le dirigió una Real orden expedida en Palacio, que 
decía: — «Al día siguiente de la llegada del Gobierno á Se- 
villa, comenzará allí la Gaceta Española, sin perjuicio de 
que la de Madrid continué los martes, jueves y sábados, 
mientras no varien las circunstancias ó el periódico no resul- 
te gravoso, en cuyo caso lo hará V. presente, oyendo antes 
sobre el particular el dictamen del Director de la Imprenta 



— 154 — 

Nacional. » Ramaje- contestó declinando la comisión, y enton- 
ces se dispuso la salida de la Dirección en masa, á excepción 
del tercer redactor D. Fermín March, que se quedó en Ma- 
drid, y de D. Luis Pacheco y D. Antonio Ferro Caaveyro, los 
nombrados por San Miguel, que se ausentaron á Galicia 
cuando cundió el rumor de la aproximación del Conde de la 
Bisbal. 

La Redacción prosiguió su viaje hasta Cádiz, donde llega- 
ron Andrés, Serralde, Navarro, Merino y Adán, y el 21 de 
Junio, el primero de éstos, que tomó la jefatura interina, co- 
municó al Ministro de Estado que «inmediatamente que lle- 
garon á esta ciudad, los redactores procuraron continuar la 
publicación de la Gaceta, sin embargo de no haber aun lle- 
gado de Sevilla la Imprenta Nacional, ni su Director ni los 
operarios.» 

Daza y Guzmán, dueño de la imprenta de El Redactor 
general, ofreció á D. Sebastián Andrés generosamente su 
establecimiento, donde comenzó á tirarse la Gaceta Españo- 
la, dando cuenta de esta resolución al Ministro de Hacienda, 
para que les proveyera de fondos. Como Andrés la de la 
Gaceta, Serralde tomó la dirección de la imprenta; y, ¡ cosa 
curiosa !, en medio de la anárquica confusión en que en Cádiz 
vivió el Gobierno, cuya acción se limitaba, por absoluta im- 
potencia para más, á mantener la cautividad del Rey Fernan- 
do y disponer estérilmente de su firma, todavía aquellos ilu- 
sos redactores de la Gaceta Española tuvieron tiempo y hu- 
mor para redactar un reglamento nuevo, pues Serralde decía 
que el reformado en Madrid en 1820, « estaba marcado con el 
sello de la irreflexión, de la imprevisión y aun de la falta de 
memoria de cosas de mucho bulto ». La disposición tercera ar- 
ticulada del precioso documento determinaba que «se autori- 
zaba al Director de la Imprenta Nacional para que, en unión 
del primer Redactor de la Gaceta, adquiriese por los medios 
posibles todas las noticias capaces de dar mas interés á este 
periódico»; disposición superflua , entonces que en Cádiz, 
ciertamente, falsas ó verdaderas, noticiase impresiones emo- 
cionantes, nunca podían faltar. De la Gaceta de Andrés y 
Serralde no hay más que decir, sino que, fundándose en que 
«era bien público el ningún aprecio con que es mirada en el dia 
la Gaceta)), se exoneraba el 12 de Septiembre á D. Sebastián 
Andrés, y que en la misma fecha se nombraba, «atendiendo 
el Rey al mérito y circunstancias » que en él concurrían, pri- 



— 155 — 

mer redactor propietario, con oficio de director, á D. Manuel 
Narganes. 

En Madrid, apenas formada por el Duque de Angulema 
la Regencia, que se compuso del Duque del Infantado, del de 
Montemar, del Barón de Eróles, del Obispo de Osma y de 
D. Antonio Gómez Calderón, los Ministros D. José Aznares 
y el Conde de Ofalia, que lo eran de Gobernación y Gracia y 
Justicia, se apresuraron á reorganizar el servicio de la Gace- 
ta, quedando el nuevo periódico del Gobierno agregado al 
Ministerio del Interior para ejercer sobre él mas asidua po- 
licía. El 30 de Mayo se expidió decreto nombrando á D. José 
Duaso y Latre, capellán de honor de S. M , «para la direc- 
ción de la opinión pública, como jefe de la redacción de la 
Gaceta y su primer redactor, con facultad de proponer los 
sujetos que bajo su dirección trabajasen en este ramo». Con- 
servó Duaso al antiguo funcionario de la redacción D. José 
María de Nieva, que recibió el nombramiento de segundo re- 
dactor; para oficial primero propuso á D. Antonio Sanz, párro- 
co de Cobertelada, y para oficial segundo, á D. Francisco Otin. 
Los sueldos que se asignaron fueron 20.000, 12.000, 10.000 
y 6.600 reales anuales respectivamente. El día 31 apareció el 
prospecto de la nueva Gaceta de Madrid, en el cual iba in- 
cluso su programa de publicación. Conservaba el tamaño en 
folio (0 m ,269 X 0°\180) que se le había dado á la antigua desde 
el 15 de Abril último; constaba de dos hojas, á dos columnas: 
se vendía á tres cuartos cada número, y se dividía en tres 
partes: una oficial, otra de noticias extranjeras y otra de 
cuestiones políticas y de administración. Sin embargo, su 
aparición quedó limitada á los martes, jueves y sábados. El 
primer número que se publicó bajo este plan comenzaba, en la 
parte oficial, con la proclama del Duque de Angulema, que al 
fin y al cabo, como extranjero, representaba un poder tan in- 
vasor é intruso como el del Principe Murat en Mayo de 1808. 
A esta proclama seguía el Decreto de formación de la Regen- 
cia. Un decreto de 7 de Junio volvió á poner el periódico ofi- 
cial bajo la subordinación ya secular del Ministerio de Estado. 

Por una Circular del día 8 del mismo Junio de 1823, re- 
solvió la Regencia «que los decretos, órdenes y resoluciones 
que emanen de los Ministerios y sus dependencias y deban 
publicarse, se envíen exclusivamente á la redacción de la 
Gaceta, á fin de que, con la debida antelación á todos los 
demás periódicos, se les dé en ella la publicidad correspon- 



— 156 — 

diente». No obstante, en contradicción con este mandato, el 
30 de Junio se expidió otra á los Secretarios del Despacho, 
para que «á los editores de El Restaurador ó escribientes 
que envíen diariamente á las secretarias, se les den todas las 
noticias que puedan contribuir á ilustrar la opinión pública, 
debiendo publicarse primero en la Gaceta de Madrid los de- 
cretos y órdenes del Gobierno)). La definición era clara, se- 
parando lo que eran noticias generales de lo que eran reso- 
luciones gubernativas; pero El Restaurador, en 1823, como 
El Universal dos años antes, interpretó á su modo esta cir- 
cular, y los redactores de la Gaceta se vieron obligados á 
levantarse en queja ante el Ministro de Estado, porque al pe- 
riódico político-religioso se le facilitasen antes que á ella, 
único papel reconocido por oficial, las noticias que el Gobier- 
no recibía. Esto demuestra que en la invasión y concurrencia 
del interés particular, aunque disfrazado ccn máscara de in- 
terés de partido, que el periodismo militante hacía contra el 
órgano del Gobierno, la misma era la aspiración á absorber- 
lo y destruirlo en los periódicos revolucionarios que en los 
periódicos de la reacción. La Gaceta, aunque oficial, se cons- 
tituía en un objeto de rivalidad que había que hacer desapa- 
recer para la intransigencia política y las codicias industria- 
les del periodismo batallador y comercial, cualquiera que 
fuese su color. 

Al constituirse, en la segunda cautividad y ausencia del 
rey Fernando VII, la Regencia de Madrid, no estaba desam- 
parada enteramente la causa de los monárquicos del régimen 
absoluto, puesto que El Procurador General del Rey, de Don 
Luis de la Torre, veníase publicando desde Mayo de 1822, ha- 
biendo contribuido el Rey á su fundación con 30.000 reales 
de su bolsillo particular. Salieron, sin embargo, inmediata- 
mente á la liza el Diario Realista de Madrid ó El Realista 
Español, en que, bajo el nombre de D. Salvador María Gra- 
nes, andaba la mano de D. Juan Rautista Arriaza. mayordo- 
mo de semana de S. M.; y en 1." de Julio salió á la palestra, 
con exigencias intolerables, El Restaurador, que, aunque 
representado por el P. Fray Manuel Martínez, era obra co- 
mún en que con él intervenían Fray Manuel Gómez Negre- 
te, D. Felipe Lesmes Zapilla, JO. Rernardo Hernández de 
Alba, canónigo de Túy. D. Gregorio Martín de Urda, canó- 
nigo de Valladolid, y D. Serapio Serrano. Como D. Luis de 
la Torre un año antes, el P. Fray Manuel Martínez recibió 






— 157 — 

de la Tesorería Real otro anticipo de otros 30.000 reales, y á 
los redactores Alba y Urda, canónigos, se les dispensó de la 
asistencia á coro, aunque teniéndoles como presentes para 
las obvenciones. En 19 de Julio llegaron á pedir que se les 
eximiera de censura, á lo que no se accedió; aunque para soli- 
citar que en este punto se pusiera á El Restaurador, bajo el 
mismo pie que la Gaceta, argüía que «no publicaba articulo 
alguno de política sin consultarlo con la Secretaría del Despa- 
cho de Estado». Desde que circuló su prospecto había ofrecido 
que, «con el objeto de dar más cabida y no interrumpir la serie 
de las doctrinas que sustentaba, en el pliego correspondiente 
al lunes de cada semana se insertarán los decretos, órdenes y 
circulares del Gobierno, con distinta numeración, para que 
pueda comprarse y encuadernarse por separado». Y, en efec- 
to, tantas fueron sus intrusiones en este punto, que, al cabo, 
por Reales órdenes de 20 de Agosto y 12 de Septiembre, se 
giraron á las Secretarías comunicaciones más enérgicas, á 
fin de poner coto «al grande abuso que se notaba, permitiendo 
que los periódicos particulares publicasen, antes que la Ga- 
ceta de Madrid, todas las noticias oficiales, decretos y Rea- 
les órdenes». Las alas que El Restaurador tomó con las con- 
descendencias de que era objeto en estas materias le remon- 
taron á libertades tales, que el Subintendente general de 
Vigilancia D. José Manuel de Arjona hubo de denunciar que 
en el número correspondiente al 7 de Diciembre insertaba 
un articulo de Santander, en el cual se incitaba á la desobe- 
diencia de las resoluciones soberanas. Entonces fué cuando 
se pronunció por el Rey la célebre frase: Los mismos perros 
con distintos collares; y á seguida publicó la Real orden 
de 30 de Enero de 1824, por la que, fundándose en lo dis- 
puesto por la ley V del título XVII, libro VIII, de la Noví- 
sima Recopilación, y en las Reales órdenes de 7 de Diciem- 
bre de 1799 y 25 de Abril de 1815, mandó que no se publica- 
sen más periódicos que la Gaceta, el Diario de Madrid 'y los 
de comercio, agricultura y artes. El rigor con que esta dis- 
posición se cumplió fué tal, que ni aun pudo salvarse el Pe- 
riódico del Ministerio de la Gobernación, que dirigía D. Juan 
López de Peñalver, y redactaban D. Antonio La-Nuza, Don 
Antonio Felipe Salas, D. Lorenzo Tomás de Villanueva, Don 
Donato García y D. Sandalio de Arias. 

Hasta la muerte de Fernando VII, este Monarca puso todo 
su conato en que la Gaceta de Madrid, constituida en única 



— 158 - 

voz de la publicidad en su Corte, se repusiera de la postra- 
ción á que la habían conducido desde 1808 tan repetidas y 
profundas crisis políticas, y recobrara su pasado prestigio y 
prosperidad. En el terreno económico llegó á adelantarse 
tanto, que en 1827 la Gaceta tenía 6.513 suscriptores, que 
rendían 716.591 reales de productos. De las pasadas contien- 
das, la opinión quedó tan fatigada de las polémicas frenéticas 
de la publicidad, que en ese mismo año las poblaciones que 
daban mayor contingente á las listas de la suscripción de la 
Gaceta de Madrid alcanzaban sólo cifras como Cádiz, que 
contaba 315 abonados permanentes; Granada, 361; Oren- 
se, 374, y Zaragoza, 303. En cambio, Toledo no tenía mas 
que 64; Jaén, 52; Avila, 32; Cartagena, 21; Mahón, 1 solo, 
y ninguno enteramente Santa Cruz de Tenerife en las Cana- 
rias, y San Sebastián en Guipúzcoa En 1824, no habiendo 
sido suficientes los ingresos de las suscripciones para el coste 
de la Gaceta, ni los de la Imprenta Real para su manteni- 
miento, hubo que expedir en 15 de Septiembre una Real or- 
den para que la Tesorería Central semanalmente le suminis- 
trase los fondos que necesitara-. Ya por una circular anterior 
se había excitado el celo de los Ayuntamientos de los pueblos 
para que fomentaran la suscripción; pero los derroches patrió- 
ticos de la revolución pasada tenían empeñadas casi todas las 
arcas de propios. 

Aquella penuria por que se pasaba hacía infructuosas las 
reclamaciones de Duaso para dotar á la Redacción de perió- 
dicos extranjeros de donde extractar las noticias, y de otros 
auxilios que había pedido en 18 de Junio de 1823, en 11 de 
Enero y 12 de Julio de 1825 y en 26 de Enero de 1826. Apo- 
yado en estas deficiencias para proseguir en su destino, pre- 
sentó varias veces su renuncia, proponiendo para que le su- 
cediera al antiguo oficial primero D. José María de Nieva, 
que él había elevado á Redactor segundo, y que tenía por re- 
comendación ser abogado y voluntario realista. El Rey, con 
su Ministro D. Manuel González Salmón, abrigaban el deseo 
de elevar el prestigio de la Gaceta, confiando la redacción á 
hombres de primera nota literaria. En efecto, reiterada la 
dimisión de Duaso el 9 de Enero de 1827, el mismo día se 
firmó el decreto nombrando Director, y no Redactor prime- 
ro, como se había acostumbrado hasta entonces, al sabio Don 
Tomás González, que, después de haber reorganizado el Ar- 
chivo de Simancas, disfrutaba un canonicato en la iglesia de 



— 159 — 

Plasencia, en Extremadura. Ignorante de su elección, cuando 
recibió el decreto, se vio contrariado, y el 15 del mismo mes 
contestaba á González Salmón: — «Ignoro si las atribucio- 
nes y cargos de Director de la Redacción de la Gaceta son 
los mismos y de igual naturaleza que los de primer Redactor. 
Si es asi, me veo precisado á rogar á V. E. tenga la bondad 
de hacer presente á S. M. que la calidad de mis escasas luces 
y conocimientos, la cortedad de vista ocasionada de doce años 
de trabajo en los Archivos de Simancas y Madrid y los con- 
tinuos achaques de cabeza que padezco, me imposibilitan 
aceptar un cargo que ni sabría, ni podría desempeñar.» 

Por otro decreto de 23 de Enero se le hizo saber que «S. M. 
no ha tenido á bien admitir la renuncia que hace V. S. de su 
destino de la Dirección de la Redacción de la Gaceta, y, por 
el contrario, quiere que se presente sin pérdida de tiempo en 
esta corte á encargarse de él y desempeñarlo». Puesto en ca- 
mino, se presentó en Madrid el 12 de Febrero; y reiteradas 
sus instancias y su renuncia el 15, se vino en aceptarla, pero 
indicándole que propusiera sujetos de reconocida suficiencia 
en quien confiar aquel cargo. González propuso, en primer 
lugar, á Arriaza; en segundo, al P. José Díaz Ximénez, ago- 
nizante, predicador de S. M. en el convento de San Dámaso, 
de Madrid, y después, por el orden en que se mencionan, al 
Dr. D. Francisco de Sales Cascón, lectoral de Ciudad Rodri- 
go; á D. Diego Suárez, abogado de Sevilla; á D. Ignacio Ma- 
ría del Castillo, canónigo de Sevilla, y á D. Gregorio Urda, 
lectoral de Toledo. El Rey designó al P. José Díaz Jiménez, 
dándole por Redactor primero á D. Félix José Reinoso. Los 
dos nombramientos se firmaron el 11 de Marzo: de modo que 
la nueva Dirección y Redacción de la Gaceta quedó formada, 
de 1827 á 1829, por el P. Jiménez, Reinoso, ilustre poeta sevi- 
llano, Nieva, y los oficiales D. Joaquín López Amor y D. Ma- 
nuel de Laraviedra. En 1829, el Director P. Jiménez fué susti- 
tuido con D. Pedro de la Hoz, que tomó el doble carácter de 
Administrador general Subdelegado de la Imprenta Real y 
Director de la Redacción de la Gaceta. Reinoso, en Marzo 
de 1830, pasó á desempeñar una comisión en el Ministerio de 
Hacienda, y ocupando su plaza Nieva, fué nombrado Redactor 
segundo D. Eustaquio Sedaño. La Hoz tuvo que luchar de nue- 
vo, así con los que reproducían noticias vedadas de la Gace- 
ta, como con los que habían obtenido licencia para publicar 
periódicos científicos, literarios, económicos, etc., y abusa- 



— 160 — 

ban, insertando en ellos noticias políticas, para las que no 
estaban autorizados. Contra éstos hizo que se publicara una 
Real orden, expedida en San Ildefonso el 17 de Mayo y reite- 
rada el 8 de Septiembre de 1831, para queá ningún periódico 
se le consintiese publicar noticias políticas, «cuya publicación 
estaba reservada á la Gaceta». 

Las únicas reformas que en el periódico del Gobierno se 
debieron a D. Pedro de la Hoz fueron el aumento de su ta- 
maño, pues desde el día i.° de Septiembre de 1831 se impri- 
mió la Gaceta en pliegos de m ,314 X m ,214, y el estableci- 
miento de cambios, que hasta entonces no habían sido admi- 
tidos por la costumbre. La Gaceta desde 1831 cambió sus nú- 
meros con los de las Gacetas de Francia, del Langüedoc (To- 
losa), de Lisboa y de Badajoz, Barcelona, Cádiz, Sevilla y 
Zaragoza; con el Memorial de Tolosa y con el Diario de la 
Habana. La Hoz quiso aprovechar también el anuncio que el 
Rey hizo de girar una visita á la Imprenta Real para propo- 
ner por medio del Ministerio de Estado que á los Redactores 
de la Gaceta, considerados como empleados de dicho Minis- 
terio, se les concediese el uniforme de oficiales de Embajadas. 
El Rey desestimó la pretensión, y por Real decreto de 6 de 
Marzo de 1831 les concedió el de oficiales de la Contaduría de 
Correos, con arreglo á la Real orden de 26 de Julio de 1806. 



XVII 

Nueve meses antes de morir Fernando VII, no habiendo 
respondido la dirección ni del P. Jiménez ni de D. Pedro de 
la Hoz á las intenciones que le determinaron á elevar aquel 
cargo á lo que su nuevo dictado revelaba, con el Conde de 
Ofalia proyectó una reforma nueva en la redacción de la Ga- 
ceta, capaz de contener la decadencia en que venía, sin haber 
recursos para levantarla. Desde que se verificó su cuarto ma- 
trimonio con la Princesa María Cristina de Ñapóles, que 
tantos arrebatos de simpatía se captó desde luego en la esfera 
juvenil de la inteligencia ilustrada, hizosele casi imposible sos- 
tener por más tiempo el muro de granito levantado durante 
todo su reinado para obstruir la irrupción de las ideas inva- 
soras que transformaban el mundo. Él mismo se había visto 
obligado á transigir con muchos que en 1808, siendo primeras 



— 161 — 

capacidades, no habían temido arrostrar en el ostracismo la 
censura de infidentes, y con muchos de los que, lanzados 
en Cádiz al camino de la reforma, habían sufrido con man- 
sedumbre los rigores de las prisiones y de los procesos por 
sostener la fe de sus principios reformistas. Carnerero en la 
Recista Española había agrupado en torno de si una porción 
de hombres de gran valer, que arrastraban tras si los entu- 
siasmos de la opinión; Caballero en el Boletín de Comercio 
había reunido otro divino enjambre, y él mismo había tenido 
que mandar á Melón á Londres y á Lista á Bayona para 
contrarrestar la corriente que de todas partes afluía hacia 
nuestra Patria, amenazando en su ímpetu arrollarlo todo, le- 
vantándole nuevos obstáculos. 

De la Gaceta de Bayona y de la Estafeta de San Sebas- 
tián mandó venir á Madrid aquel matemático, poeta, histo- 
riador y publicista, que desde las cátedras de San Telmo, don- 
de le instaló su padre Carlos IV en 1796, había logrado en 
cerca de cuarenta años de profesorado continuo en las aulas 
públicas, en los colegios privados, en el magisterio del perio- 
dismo, en la seducción de la tribuna, con el espíritu de sano 
proselitismo que le caracterizaba, rendir á su dirección los 
espíritus mejor templados para conciliar y conformar las exi- 
gencias imperativas del porvenir con las ideas de conserva- 
ción que sostenían el eje de una sociedad seriamente consti- 
tuida y con el arraigo invulnerable de los siglos. D. Alberto 
Lista, llamado por el Rey á Madrid, fué el encargado de or- 
ganizar una redacción para la Gaceta que respondiera á estas 
nobles intenciones, y para ello le nombró Director de esa 
misma redacción por Real decreto de 12 de Enero de 1833. 
¿Quiénes iban á ser sus redactores? En 21 de Febrero de 1834 
se le nombró para una plaza de las dos vacantes que había de 
oficiales de la categoría inferior á D. Eugenio de Ochoa, que 
de oficial segundo pasó en 27 de Marzo del mismo año á pri- 
mero; en 15 de Marzo de 1835 á redactor tercero; en 20 de Mayo 
siguiente á redactor segundo, y en 13 de Septiembre del mismo 
año á redactor primero. En la misma fecha entró con el mis- 
mo carácter subalterno D. Miguel Salva, pretendiente que ha- 
bía sido en Enero de 1831 á una plaza de auxiliar en el Mercu- 
rio, y que en la Gaceta, siguiéndolos mismospasos que Ochoa, 
renunció su cargo al nombrársele en Septiembre de 1835 para 
el de redactor segundo que el ascenso de aquel dejaba va- 
cante. En su puesto renunciado siguióle D. Francisco Pérez 

11 



— 162 - 

de Anaya, y en el de éste D. Cándido Manuel Nocedal. En la 
vacante de éste se nombraba á D. Mariano de Rementeria y 
Fica, al propio tiempo que el mismo Lista proponía, en 27 
de Marzo de este año, «tanto por la buena disposición é ins- 
trucción de este joven, como por el notorio mérito de su pa- 
dre, Contador de la Imprenta Real, contraído en treinta y siete 
años de buenos servicios», á D. Ramón de Navarrete y Landa, 
el Asmodeo posterior de las columnas de La Época y de El Co- 
rreo, para una plaza de agregado sin sueldo, que él había de 
ennoblecer como su padre con otro medio siglo de servicios 
distinguidos. Otros tres colaboradores ingresaron además 
como taquígrafos en la Gaceta: los jóvenes D. Juan Eugenio 
Hartzenbusch, D. Juan Antonio Rascón y D Francisco de 
Paula Madrazo. ¿Qué venían á representar todos estos nom- 
bres en la redacción de la Gaceta? El alto imperio de la inte- 
ligencia ilustrada. 

Cómo entendía Lista la misión á que era llamado y de qué 
instrumentos se rodeaba para acometerla, se demuestra en 
este documento suyo de aquel tiempo: 

(.(Exnw. Sr. Conde de O falta (D. Narciso Heredia), Mi- 
nistro Secretario de Estado y del Despacho del Fomento ge- 
neral del Reino. — Exmo. Sr. — Las empresas de la Gaceta 
de Bayona y de la Estafeta de San Sebastian, que he dirigi- 
do, y la edición de un curso de Historia Universal, en que aho- 
ra tomo parte, han aumentado en gran manera el número de 
mis libros, señaladamente de Historia, que tengo en Francia, 
donde residía. En la Dirección de la Redacción de la Gaceta 
de Madrid, que el Rey, Nuestro Señor, se ha dignado con- 
fiarme, me son mas necesarios estos libros; pues V. E. no 
ignora que la mayor parte de las cuestiones políticas se re- 
suelven en hechos históricos. Quisiera, pues, tener estos li- 
bros, ya porque son propiedad mia, ya con más razón 
por lo útiles que me serán en mi destino. Pero tengo en- 
tendido que las leyes relativas á la introducción de libros 
extranjeros son sumamente severas, aunque no las conoz- 
co. Suplico, pues, á V. E. que, si es posible, se temple esta 
severidad, ya en atención al mejor desempeño del servicio 
de S. M. en mi destino, ya porque ninguno de ellos, que 
yo sepa, es de autor condenado, ni está prohibido por la 
Iglesia ó por el Estado Las principales obras son: Histoire 
Unicersel par une Societé des gens de leitres, traducida del 
inglés; Histoire d'Angleterre, por Limgard; Histoire de Ve- 



\ 



— 163 — 

nise, por Daru; Histoirc de l'Hongrie; dos Historias de Ale- 
mania, en francés; Histoire de Russie, por Karamsin; un 
Abregé d' histoire d'Espagne; resúmenes de las Historias de 
Dinamarca, China, Inglaterra y el Imperio; tres Historias di- 
ferentes de la Revolución de Grecia; la obra del Sr. Muriel 
sobre los Reyes de España de la dinastía de Borbon; Histoire 
des causes celebres du XIX siecle; las obras históricas del 
Conde de Segur; las Revolutions de Suede et de Portugal, por 
Vertot; Theatre de la guerre de 7 ans; Histoire de Pologne, 
porSalvandi; Voyage en Hongrie, porTownson; Dictionnaire 
Historique; Victoires et ConquOtes des /raneáis; Histoire de 
Napoleón, por Norvins; Histoire diplomalique de France, por 
Bignon; Histoire de France, por Anquetil; Histoire ancienne 
■et romaine, de Rollín. A estos tomos acompañan 27 entregas 
de la Revue Encyclopédique, algunas de la Rccue des Deux- 
Mondes y del Boletín universal de ciencias y artes y varios 
tomos de la Collection de clásicos franceses; pero ninguno de 
ellos de autor condenado en España. Estos libros, según ten- 
go aviso de las personas á quien los confié en Bayona, no 
tardarán en llegar á la aduana de Vitoria, como propios del 
uso de D. Alberto Lista, que pasa á habitar en Madrid. Dios 
guarde á V. E. muchos años. Madrid 3 de febrero de 1833. — 
Exmo. Sr. — Alberto Lista.» 

No hay que decir que Ofalia ofició el mismo día á los Mi- 
nistros de Hacienda y Gracia y Justicia y al Presidente del 
Consejo Real, y que, en efecto, poco después llegaban á la 
residencia de Lista en la Dirección de la Gaceta de Madrid 
los libros que habían de serle útiles en su destino; toda vez 
que «la mayor parte de las cuestiones políticas, como él decía, 
se resuelven en hechos históricos». 

Hasta entonces, sobre todo desde 1820, sólo habíamos 
visto alegar alternativamente los servicios de milicianos vo- 
luntarios ó de voluntarios realistas para optar á los cargos 
de la redacción de la Gaceta; y aun todavía en 7 de Marzo 
de 1836 se verá á D. Mariano de Rementería y Fica acudir al 
administrador D. Joaquín Zamorano, en demanda de que de 
las pagas de su destino que se le debían se le facilitase algu- 
na cantidad para comprar su uniforme de Guardia Nacional. 
Pero cuando esto pasó, ya Lista había dejado la Dirección de 
la Gaceta y pasado á la del Diario de las Cortes, bajo el régi- 
men del Estatuto Real. El sello eminentemente literario que 
Lista intentó dar á la Gaceta para contrarrestar la concurren- 



— 164 — 

cia de los periódicos de toda índole que el sol de las institucio- 
nes libres arrojó al palenque de la publicidad, no llegó á cons- 
tituir el fundamento esencial de que aquel ilustre escritor 
quiso dotarle. Indudablemente, él sentó la tradición que, en 
medio de las varias vicisitudes políticas que han llenado el 
margen de todo el siglo XIX, se ha conservado hasta la últi- 
ma reforma de 1886, de discernir los puestos, más ó meno& 
activos, de la dirección y redacción de la Gaceta, con muy 
contadas excepciones, á gentes ilustres de letras. Mas aunque 
la Gaceta, en sus propias columnas, hizo ostentación del 
ornato de esta colaboración para hacer su lectura interesante 
hasta cerca del último tercio del siglo, el instinto de su con- 
servación por una parte, y por otra la imposibilidad de agru- 
par en sus oficinas el número indefinido de ilustraciones de 
todas las facultades del saber que llenan el mundo intelec- 
tual contemporáneo, hizo conocer á los altos Poderes de que 
su existencia dependía, que su misión era más política y 
jurídica que académica, y desde luego su reforma comenzó á 
elaborarse sobre el principio de las funciones fundamentales 
que ya la caracterizan. 

Es realmente hermoso el desfile de insignes nombres qua 
discurren por la Gaceta desde la dirección de D. Alberto Lis- 
ta, su tercer Director, hasta el último, D. Carlos Frontaura. 
Á Lista sucedió D. Pablo Montesino, en quien se unió el car- 
go de Administrador General de la Imprenta Nacional con el 
de Director del periódico del Gobierno. Hubo un período en 
que los trabajos de redacción se hicieron por contrata y pre- 
cios alzados, en vez de desempeñarse por redactores de nom- 
bramiento Real, y entonces estuvieron al frente de estas con- 
tratas D. Francisco Pérez de Anaya y D. José Castillo y 
Ayensa. En D. Manuel Bretón de los Herreros volvió á defi- 
nirse el cargo de primer redactor, con funciones de Director r 
amalgamado con la Administración general del estableci- 
miento del Estado en que la Gaceta se imprimía. Y otra vez 
definido de nuevo el primer cargo administrativo de la Casa 
con el directivo del periódico, por él pasaron sucesivamente 
D Juan Gaya, D. Rafael María Baralt, D Manuel Cañete, 
D. Francisco Navarro Villoslada, D. Fernando Cos Gayón, 
D. Nemesio Fernández Cuenta, D. Joaquín Baeza y Nieto, el 
Marqués de la Florida, D. Felipe Picatoste, el Barón de Cor- 
tes, D. Justo Tomás Delgado y algunos otros, sobre todo en- 
aquel período de los Gobiernos revolucionarios que sucedie- 



— 165 — 

ron á la batalla de Alcolea, y que desde que se firmó la 
Constitución de 1869 y se votó un Rey, hasta el término de 
aquellas transitorias situaciones y la proclamación Real de 
Sagunto, cada quince días se verificaba una revolución total 
•en el personal de todas las dependencias del Estado, al veri- 
ficarse aquellos repetidos y vertiginosos cambios ministeria- 
les que mantuvieron por dos años en el Poder la anarquía 
legal. Pero estos y los demás nombres que acompañan el cré- 
dito de la Gaceta, en el tercio medio del siglo, ¿son los que 
imprimieron ni carácter ni dirección á esto periódico? Su 
representación al frente de él lo reviste de un lustre de puro 
honor más acentuado, que el de la eficacia de su influencia 
en su precisa determinación. 

Apenas reunidas en el Palacio del Buen Retiro las Cortes 
del Estatuto, instantáneamente comenzó á dibujarse el perfil 
de su última evolución. El procurador por Cádiz D. Francis- 
co Domecq y Víctor, en una de sus primeras sesiones, pidió 
que el extracto de ellas se publicara en la Gaceta, que en los 
círculos de la opinión pública merecía más fe que los perió- 
dicos particulares; y en la sesión del 13 de Febrero de 1835, 
otro procurador, D. Ignacio Samponts, que lo era por Bar- 
celona, presentó una proposición á fin de que se estableciera 
como ley que en la Gaceta se insertasen, no sólo los extractos 
de los discursos, sino enteros, todos los proyectos de ley, dic- 
támenes, votos particulares, memorias y documentos que se 
leyeran en las Cortes, antes de que se pusieran á discusión; 
«porque, con esta publicidad, los pueblos ó las personas que 
quisieran hacer algunas observaciones desde fuera de Ma- 
drid, tendrían tiempo de conocerlos y estudiarlos y redactar 
sus representaciones, y publicados cuando se hallan en dis- 
cusión hacen ineficaces las consideraciones con que pudiera 
ilustrarlas todo público interés». Samponts prefería esta pu- 
blicidad de la Gaceta á la de los periódicos particulares, por- 
que éstos no insertaban los documentos íntegros cuando 
eran muy largos, y sus extractos podían no estar redacta- 
dos con fidelidad. 

Para atender á estas nuevas exigencias, Lista propuso un 
segundo aumento al tamaño de la Gaceta, que desde el 27 de 
Abril de 1834 se publicó en pliegos de m ,322X0 ra .216. Ya 
-desde el día 1.° del mismo mes había comenzado á hacer su 
-aparición diaria, y para que así estas como las demás refor- 
mas que en la Gaceta introdujo se hicieran más notables 



— 166 — 

por su oportunidad y conveniencia, á su iniciativa se debie- 
ron desde el último semestre del año 1833 los índices de 
Reales Decretos y Órdenes, sin los cuales sería imposible el 
manejo de tan dilatada enciclopedia legal. Á su sucesor en 
la Dirección del periódico del Gobierno cupo el cambiar en 
16 de Agosto de 1835, al pie de cada número, la cifra de la 
impresión en la Imprenta Real por la de Imprenta Nacional, 
que ya calificó aquel establecimiento, sin nuevas rectifica- 
ciones, hasta su desaparición. 

La primera reforma radical que se llevó á cabo sobre el 
régimen de la Imprenta Nacional y la Redacción de la Gace- 
ta se realizó por la Real orden de 28 de Mayo de 1837, que 
lleva la firma del Ministro entonces de la Gobernación Don 
Pío Pita Pizarro. La Imprenta Nacional, en todo el conjunto 
de su Administración, tenía gastos por la suma de 2.177.411 
reales 13 maravedises, y sólo producía 2.008.000 reales; de 
suerte que su libro de caja cerraba con un déficit de 169.411 
reales 13 maravedises. Además la Redacción de la Gaceta se 
había hecho excesivamente numerosa y excesivamente cara. 
Su presupuesto de personal ascendía á 181.800 reales, que se 
distribuían: en los 24.000 reales del sueldo del IHrector; en 
los 28 000 de los dos Redactores primeros, á 14.000 cada uno; 
en 12.000 de un Redactor segundo, y los 11.000 de un Redac- 
tor tareero; en los 10.000 de un Oficial primero, y los 8.000' 
de un Oficial segundo; en otros 28.000 de dos Taquígrafos 
primeros, á 14.000 reales cada uno, y 24.000 de otros dos Ta- 
quígrafos segundos, y en 12.000 de dos Escribientes, á 6.000 
reales. Para disminuir todos estos gastos y cortar las corrup- 
telas que los compromisos políticos habían creado, sobre todo 
en las recomendaciones del personal, Pita Pizarro, defirien- 
do primero á los deseos del nuevo gerente oficial de las dos- 
dependencias, D. Pablo Montesinos, que había solicitado que 
se girase por una comisión parlamentaria una visita escru- 
pulosa de inspección, así á la Imprenta como á la Gaceta, y 
recibiendo después los informes que de ella emitieron los 
Diputados á Cortes encargados de esta comisión, D. Vicente 
Salva y D. Francisco de Paula Alvarez, publicó la Real or- 
den referida de reforma, que abrazaba los particulares si- 
guientes: 

Primero: En lo sucesivo no se proveerá empleo alguno 
con Real nombramiento en la Imprenta Nacional y Redac- 
ción de la Gaceta más que los de Administrador y Conta- 



— 167 — 

dor. — Segundo: La Redacción de la Gaceta se ajustará por 
contrata particular, dejando desde luego de correr á cargo de 
redactores de Real nombramiento y sueldo fijo. — Tercero: 
Las condiciones para estipular esta contrata por parte de la 
Imprenta se expresarán circunstanciadamente en pliego dis- 
puesto por el Administrador y publicado sobre las bases si- 
guientes: — a) El contrato comprenderá la redacción de la 
Gaceta, la de los Cuadernos de Leyes, Decretos y Reales 
Ordenes (Colección legislativa) y la de la Guia de Madrid. — 
b) Habrá un Redactor principal, responsable ante la ley y al 
Gobierno del contenido de la Gaceta. — Cuarto: Si no pu- 
diese verificarse ventajosamente esta contrata, continuará 
dicha Redacción á cargo de los Redactores nombrados por el 
Gobierno; pero abonándoseles, en lugar de sueldo, un tanto 
por ciento proporcional sobre el producto de la Gaceta y de- 
más obras redactadas. 

En virtud de estas disposiciones, quedaron: de Jefe de la 
Administración de la Imprenta, D. Pablo Montesinos; de re- 
dactor responsable, D. Ramón de Navarrete, á quien se le 
ascendió, de 6.U00 reales que disfrutaba desde 27 de Marzo 
de 1835, á 8.0ÜU reales, y se declararon excedentes ó cesantes 
los demás redactores y oficiales y los taquígrafos. Ochoa, 
que sin duda olió la chamusquina, había dimitido su destino 
de redactor primero el 13 de Abril del mismo año. 

Como complemento de las disposiciones citadas, el 2 de 
Junio siguiente se expidió por el Ministerio de la Goberna- 
ción otra Real orden sobre mejoras para la redacción, y en la 
que se decía, definiendo resueltamente el carácter de la Ga- 
ceta de Madrid para lo sucesivo: — «S. M. quiere que, con 
preferencia á todo y tan pronto como lleguen á la Redacción, 
se circulen las Leyes, Decretos, Reales Ordenes y demás dis- 
posiciones del Gobierno. Convertida la Gaceta de Madrid en 
Roletin Oficial Nacional, no debe omitirse en ella ningún 
mandato superior que pueda interesar a cualquiera clase del 
Estado. Las sesiones de Cortes se insertarán con toda la ex- 
tensión posible, sin preferencias de ninguna especie, sin pa- 
sión y sin color político. La Gaceta deberá ser fiel y leal 
traslado de lo dicho y de lo ocurrido. En la comunicación de 
noticias oficiales no se perderá minuto para satisfacer cuanto 
antes la justa ansiedad del público. Las que no lleguen de 
semejante origen, deberán expresarse con aquella reserva 
prudente que evita los compromisos y desvanece pretextos 



- 168 — 

de calumniar las intenciones del Gobierno. La verdad y el 
comedimiento son el carácter distintivo de este periódico La 
parte más selecta de los papeles nacionales y extranjeros, re- 
lativa á los descubrimientos y adelantos de las ciencias, lite- 
ratura, artes, industria y comercio, deberá también tener ca 
bida en él, según su relativa importancia.» Por último, á los 
Ayuntamientos de los pueblos cabeza de partido, y á los que 
voluntariamente se suscribieran á la Gaceta, se les otorgaba 
el derecho de que en ella pudieran insertar, sin dilación ni 
retribución alguna, los avisos y anuncios cuya mayor publi- 
cidad les interesase. La Real orden concluía autorizando á 
D. Pablo Montesinos, á quien, como Administrador general 
de la Imprenta Nacional, iba dirigida, para que eligiera ó 
conservara los redactores que poseyeran conocimientos pro- 
fundos y variados y para suscribirla Gaceta á aquellas publi- 
caciones periódicas que juzgase más á propósito para sumi- 
nistrar materiales y para entablar correspondencia dentro y 
fuera de la Nación. No se cortaba, como se ve, por estas 
disposiciones, enteramente la tradición ni el hilo literario de 
la 'iaceta; pero sobre su carácter definitivo no cabía ya duda 
después de esta definición: — ((La Gaceta de Madrid es el 
Boietin Oficial Nacional, en el que no debe omitirse ningún 
mandato superior que pueda interesar á cualquiera clase del 
Estado.» 

En 2 de Octubre de aquel año se celebró la primera con- 
trata de la Redacción de la Gaceta, con el redactor que había 
quedado cesante por esta reforma, Pérez de Anaya, que la 
tomó. Pero, lejos de atender las instrucciones de la Real orden 
de 2 de Junio, desde luego entró, como los periódicos de par- 
tido, en la contienda política, en unos momentos en que las 
pasiones se hallaban muy enardecidas. Al Ministerio de Cala- 
trava, en que Pita Pizarro había sido Ministro de la Goberna- 
ción, había sucedido en 18 de Agosto otro, para cuya presi- 
dencia fué llamado el General Espartero, hecho ya el corifeo 
del partido más avanzado desde que al moderado se le inha- 
bilitó de la jefatura dictatorial, á que también tendía el ven- 
cedor de Mendigorria, separado del mando de los Ejércitos 
del Norte. Espartero no quiso abandonar su posición en me- 
dio de sus soldados, y no vino á la arena activa política á que 
se le invitaba; y Bardaxi y Azara, como Ministro de Estado, 
fué reconocido para la Presidencia del Gabinete. Aunque San 
Miguel era en él el alma de Espartero, aquel Ministerio tuvo 



- 169 — 

que sucumbir á mediados de Diciembre, y Ofalia, que le su- 
cedió, creyó poder conseguir del soldado de Luchana someter- 
lo á las subordinaciones de la mecánica política, en cuya red 
espesa no se dejaba envolver. Pérez de Anaya en la Gaceta 
relató como sucedidos en el Congreso hechos que eran falsos y 
que exaltaron las quejas y las reclamaciones de los Diputados; 
y el Marqués de Someruelos, que ocupaba el Ministerio de la 
Gobernación, no sólo le impuso el desmentirse en el mismo 
periódico, sino que le obligó á rescindir su contrata. El 13 de 
Enero se celebró otra nueva con D. José del Castillo y Ayen- 
sa, oficial cesante del Ministerio de Estado; pero á los dos 
meses volvió á ser puesto en entredicho en la Cámara de los 
Diputados, provocando, con motivo de dos artículos que se 
publicaron en la Gaceta y que los progresistas calificaron de 
atentatorios contra su honor y atribuyendo á su autor la inten- 
ción de arrojarlos del campo legal, una interpelación que el 
Marqués de Someruelos tuvo que sostener, sin otro auxilio 
que el del Conde de Toreno, contra el Diputado D. Francisco 
Lujan, que fué el que la planteó, y contra Arguelles, el Gene- 
ral Seoane y el Conde de las Navas, que reclamaban una vin- 
dicación de parte del Gobierno, con medidas de igualdad entre 
el derecho de la Gaceta y el de los demás periódicos someti- 
dos á la legislación de imprentas, si la Gaceta había de hacer 
política de partido. 

La exaltación del debate y la exageración con que enton- 
ces se juzgaban todas las cosas, no contuvo á los oradores de 
la oposición en los diques de la prudencia; y si bien se hicie- 
ron apreciaciones razonables sobre algunas cosas, en otras se 
dejaron arrastrar de las sugestiones de la maledicencia. En 
Francia y en Bélgica, decía Lujan, existen periódicos de sus 
respectivos Gobiernos, sus Moniteurs, y, á pesar de su carác- 
ter oficial, al pie ponen los nombres de los editores responsa- 
bles. Aun asi, no toman parte en las luchas de las parcialida- 
des parlamentarias. La Gaceta de Madrid lleva ¡:or todo 
signo de garantía el nombre de la Imprenta Nacional, y en 
aus páginas se leen artículos que hacen competencia á los de 
El Hablador, El Castellano, El Mando y El Eco del Comer- 
cio. Sin embargo, á éstos la ley les exige editor responsable 
y á la Gaceta de Madrid no. « El periódico de las leyes, aña- 
día, debe ser solo Boletín de las leyes, como en Inglaterra, y 
á esto hay que reducir á la Gaceta. » Someruelos respondía 
que el redactor responsable existía, y que contra los que, por 



- 170 — 

lo que en la Gaceta se escribiera, fuera de la parte oficial, qu» 
era la única en que el Gobierno intervenía, hubiera de proce- 
derse, quedaba expedita la vía de los Tribunales. Pero Lujan 
se encerraba en que la Gaceta era una dependencia del Minis- 
terio de la Gobernación, hasta el punto de que en él había una 
mesa con un oficial encargado de revisar las pruebas de lo que 
en ella se publicaba, y adjudicaba toda la responsabilidad al 
Poder ministerial. El Gobierno no pudo deferir, sin desauto- 
rizarse á sí propio, á las pretensiones de Lujan, Arguelles,. 
Seoane y el Conde de las Navas, y se discutió tres días, desde 
el 12 al 15 de Marzo, sin más que arrimar más combustible 
para la explosión de los sucesos que no tardaron en estallar. 



XVIII 

La Gaceta, entre tanto, no acababa de fijar su situación 
económica, á la sazón tan ruinosa como la de la Imprenta 
Nacional. La reducción de empleados y gastos no había per- 
mitido aun tener corrientes los sueldos d-; los que habían 
quedado. A Montesinos, cuando cesó del destino que desem- 
peñaba, se le debían de sueldos atrasados 24.635 reales; es de- 
cir, más de año y pico de su asignación de 24.000. Para 
proporcionar recursos á la Gaceta, el 22 de Diciembre de 1836 
D. Antonio Lisboa elevó una exposición pidiendo que se decla- 
rasen nulas y de ningún valor todas las órdenes generales 
que no publicase la G<<ceia; con lo cual, al mismo tiempo que 
se excitaba el celo de las altas dependencias del Estado para 
llevar sus disposiciones á esta especie de pública promulga- 
ción, se estimulaba, asi entre particulares como entre corpora- 
ciones que tenían relación con el Poder supremo, á procurar 
adquirir la Gaceta para estar instruidos en cuanto tocase ásus 
derechos respectivos. En las Cortes Constituyentes de 1837, el 
Diputado Sr. Lasaña apoyó una proposición de ley para que 
se hiciera obligatoria la suscripción de la Gaceta á las Dipu- 
taciones provinciales y Ayuntamientos de las cabezas de par- 
tido, y por una Real orden circular del Ministro de la Gober- 
nación D. José María López, del 22 de Septiembre de 1836, 
se prevenía que «ínterin se toma en el particular la medida 
que se estime mas conveniente», los Reales decretos, Orde- 
nes é Instrucciones del Gobierno, fuesen obligatorias desde 
el momento de su publicación por la Gaceta. 



— 171 — 

Adoptando varios medios para el fomento de la Gaceta^ 
en 29 de Mayo de 1837 se dictó la Real orden definitiva y 
confirmatoria de la anteriormente reseñada del 22 de Sep- 
tiembre de 1836, conminando á las Direcciones generales, 
Inspecciones y demás dependencias del Ministerio de la Go- 
bernación; á las Diputaciones, Jefes políticos, Ayuntamientos 
y Alcaldes, al cumplimiento en la suscripción; y Escriche, en 
su Diccionario razonado de legislación y jurisprudencia 
(tom. II, pág. 1.132, ed. 1874), inserta la Real orden de 22 de 
Septiembre de 1838, que suscribió el Marqués de Vallgorne- 
ra, en que se declara «que todos los Reales Decretos, Orde- 
nes é Instrucciones del Gobierno que se publiquen en la Ga- 
ceta de Madrid bajo el artículo oficial, sean obligatorios des- 
de el momento que se pub'iquen para toda clase de personas- 
en la Península é Islas adyacentes, debiendo las autoridades- 
y jefes de todas clases, sea cual fuere el Ministerio á que per- 
tenezcan, apresurarse á darles cumplimiento en la parte que 
les corresponda.» Estas resoluciones han sido recordadas de 
Real orden repetidas veces, y en 5 de Septiembre de 1848 á 
las autoridades eclesiásticas y judiciales, dependientes del 
Ministerio de Gracia y Justicia. Respecto de la fecha en que 
obligan las disposiciones legales en las provincias, se resol- 
vió por la ley de 28 de Noviembre de 1837 que las leyes y 
disposiciones del Gobierno insertas en la Gaceta son obliga- 
torias para cada capital de provincia desde que se publican 
oficialmente por medio de los Boletines en ella, y desde cua- 
tro días después para los demás pueblos de la misma pro- 
vincia. 

Sobre todos estos pormenores, suscripciones y su pago, etc., 
la legislación aun se basa en la Real orden de 17 de Julio 
de 1847, de D. Antonio Benavides; en la del Subsecretario de 
la Presidencia Vázquez Queipo, de 1." de Septiembre de 1849, 
y en las del ilustre Bravo Murillo de 29 de Abril y 9 de Mayo 
de 1851. El preámbulo que precede á esta última expresa 1» 
conformidad de estas disposiciones con el sistema de publici- 
dad que exige el Gobierno representativo, no siendo nuevo el 
pensamiento de nuestros antiguos gobernantes de hacer la 
Gaceta de Madrid el medio único de comunicación para una 
gran parte de las resoluciones legales. En el art. 2." de esta 
Real orden de 9 de Mayo de 1851 se previene además que «las 
disposiciones generales que se publiquen en la Gaceta no se 
comunicarán particularmente, y que con sólo su inserción» 



— 172 — 

■en ella es obligatorio su cumplimiento para los Tribunales, 
y para todas las Autoridades civiles, militares y eclesiásticas 
en cuanto dependan de sus respectivos Ministerios». En el 
•artículo 4.° se manda que en todas las oficinas que la reciban 
por suscripción forzosa se formen colecciones encuadernadas; 
y haciendo obligatoria la suscripción por el art. 5." para todas 
las autoridades, funcionarios y dependencias ya descritas, les 
señala los gastos de material para su abono. 

Siempre ampliando los horizontes de la Gaceta, y consa- 
grando en ella los preceptos de su eficacia legal, por Real or- 
den de 15 de Diciembre de 1853 se declaró que se considera- 
sen oficiales las cotizaciones de efectos de la Deuda pública 
que publica la Gaceta para las equivalencias á metálico que 
satisfacen los compradores de bienes del Estado. Estas coti- 
zaciones para todas las demás aplicaciones jurídicas en que 
se emplean, ya se publicaban en la Gaceta por las Reales ór- 
denes de 11 de Junio y 28 de Septiembre de 1836. Del mismo 
modo, por disposición de idéntica índole de 17 de Enero 
de 1857 se ordenó que toda resolución, sentencia ó fallo qu» 
dicte el Tribunal Supremo de Justicia sobre competencias en 
materia civil ó criminal se mande por la Sala que lo dicte y 
se publique en la Gaceta, de Madrid y en la Colección legis- 
lativa. Por último, Sagasta, por Real orden de 11 de Junio 
de 1874, fijó la tarifa y tasación de los anuncios que se inser- 
tan en la Gaceta; y Romero Robledo, por Reales órdenes 
de 24 de Abril, 20 de Septiembre y 28 de Octubre de 1875, 
dispuso : por la primera, la suscripción forzosa á la Gaceta 
de todas las dependencias de la Dirección general de Benefi- 
cencia, Sanidad y Establecimientos penales; por la segunda, 
que todas las dependencias del Estado y Corporaciones pú- 
blicas, provinciales ó municipales remitan á la Gaceta sus 
■anuncios de subasta, consignando en los pliegos de condicio- 
nes que el pago de su inserción debe ser satisfecho por los 
contratistas; y por la tercera, resolvió que el precio de sus- 
cripción á la Gaceta desde 1.° de Enero de 1876 había de ser 
5 pesetas al mes para Madrid, 20 cada trimestre para provin- 
cias; 30 para Ultramar y 45 para el extranjero. 

A estas medidas que, en cierto modo, refluían en sentido 
protector de la publicación oficial, hubo que añadir por algún 
tiempo el rigor con que en un principio fueron tratadas las 
publicaciones, que como órganos representativos de algunas 
instituciones del Estado, aspiraron á tener vida propia y ex- 



— 173 — 

elusiva dentro de sus propios Cuerpos. Las Cuerpos delibe- 
rantes fundaron su Diario de Sesiones, que una y otra Cáma- 
ra crearon por sí, ampliando la estructura de los antiguos Dia- 
rios de Cortes, que realmente sólo contenían en extractos las 
actas y los discursos del Parlamento. Esta publicación en nada 
perjudicaba á la Gaceta. Por Real orden de 20 de Abril de 1833 
se fundaron los Boletines oficiales de cada provincia, para ali- 
viar á los pueblos de los gastos de verederos y asegurarse el 
servicio de las comunicaciones legales; mas aunque destinadas 
estas publicaciones á vulgarizar las disposiciones interesantes 
á cada división político -geográfica de la Monarquía, tampoco 
abarcaban en toda su extensión la vasta esfera en que la Ga- 
ceta prescribe toda regla de derecho, y por lo tanto no podían 
perjudicarla. Más adelante el interés político trató de desna- 
turalizarlas. Se dictó la Real orden de 13 de Julio de 1838, 
prohibiendo que en los Boletines se publicasen noticias ni 
discusiones políticas, y el mal se atajó. Cuando el alimento 
de la lectura y la instrucción que difunde la publicidad fué 
allanando obstáculos á los continuos clamores de las conquis- 
tas de la libertad, entonces salieron por centenares Boletines, 
Memoriales, Revistas y otra multitud de publicaciones perió- 
dicas, que envolvieron en su tendencia especulativa su senti- 
do técnico, con su afán de aislar en Cuerpos determinados la 
parte que á cada uno de ellos correspondía en la labor conti- 
nua de nuestra movible legislación. No se alcanzaron estas 
facultades sin vencer repetidas resistencias. Una Real orden 
de 9 de Septiembre de 1836 prohibía que se imprimiese la 
Constitución sin licencia especial de las Cortes En 23 de Mayo 
de 1845 se tomaron las mismas medidas para la Constitución 
que se reformó aquel año. La prohibición contra la reimpre- 
sión de decretos y Reales órdenes, etc , por ningún particular 
ni empresa periodística, fué prevenida por las Reales órdenes 
de 6 de Marzo de 1844 y de 10 de Mayo de 1846. En 1864, el 
Ministerio de Marina se propuso publicar una Gaceta del 
Ejército y de la Armada, como órgano oficial de aquel Minis- 
terio. Se le prohibió por Real orden de 5 de Abril de aquel 
año. Todavía en 1879, D. José Viñas y Ortiz obtuvo del Mi- 
nisterio de la Gobernación la concesión que había solicitado 
para fundar una Gaceta de los Pósitos. Por Real orden de 
6 de Mayo se dejó sin efecto la licencia que se le había otor- 
gado. 

Desde 1840 toda la tendencia de las disposiciones miníate- 



— 174 — 

ríales respecto á la Gaceta se han dirigido paralelamente al 
tomento del establecimiento nacional en que se imprimía y á 
las reformas internas de su redacción. En estos dos sentidos 
se han pronunciado el Real decreto de 18 de Diciembre 
de 1843, obra del Marqués de Peñaflorida; el de 24 de Diciem- 
bre de 1857, del Sr. Bermúdez de Castro; la Real orden de 
6 de Abril de 1858, de D. Ventura Díaz; los decretos de 1867 
y 68, por los que el Sr. González Brabo suprimió la Imprenta 
que en 1760 había fundado Carlos III; el decreto de 11 de Di- 
ciembre de 1868, sobre su restablecimiento, por el Sr. Sagas- 
"ta; la creación del Negociado para unificar los trabajos, re- 
formar los procedimientos é impulsar los progresos de la tipo- 
grafía, acordada por D. Nicolás María Rivero en 27 de Abril 
de 1870, y la segunda supresión de la Imprenta Nacional, é 
instrucción para el servicio de redacción y administración de 
'la Gaceta, decretada la primera por el Sr. Gamazo el 4 de 
Mayo de 1886 y la segunda por el Sr. Moret el 11 de Agosto 
del mismo año. 

La parte dispositiva de la primera de estas reformas 
en 1843, determinaba : 1.° La supresión de la plaza de Redac- 
tor primero con funciones de Director, quedando agregada á 
la de Administrador de la Imprenta Nacional. Este funciona- 
rio había de cuidar de todos los pormenores de dicho periódi- 
co y de la parte de redacción que no fuera oficial, entendién- 
dose para esta última con el Secretario del Consejo de Minis- 
tros. — 2." El sueldo de este empleado era de 24 000 reales. — 
3." Para la Administración de la Imprenta Nacional y de la 
Gaceta se fijaba el personal, compuesto de un Secretario In- 
terventor, con 12.000 reales; un oficial primero, con 10.000; 
■uno segundo, con 10.000; otro tercero, con 7.000; un cajero, 
con 50 >0; un recaudador, con 4.000; un escribiente, con 4.000; 
un portero, con 4.000, y un mozo de oficio, con 3.000. — 4." El 
personal de la Redacción lo formaban, además del Adminis- 
trador Director, como redactor primero, un redactor segundo, 
-con 12.000 reales; uno tercero, con 10.000, y un traductor, 
con 8.000. 

En el año 1843 había tenido la Imprenta Nacional dos Ad- 
ministradores: D. Vicente Collantes, que renunció el cargo el 
14 de Agosto, y D. Gregorio de Pablo Sanz, á quien nombró 
D. Joaquín María López en esta última fecha. Expedido el de- 
creto del Marqués de Mataflorida, fué nombrado jefe adminis- 
trativo de la Imprenta y Director de la Gaceta D. Manuel Bre- 






— 175 — 

ton de los Herreros, que continuadamente ocupó aquella plaza 
hasta que Pastor Díaz, en 30 de Mayo de 1847, le nombró para 
la Dirección de la Biblioteca Nacional, que dejaba vacante la 
jubilación de D. Eugenio de Tapia. Componía el personal 
administrativo de la Imprenta D. José María Gómez de Me- 
rodio, D. Francisco Gómez, D. Miguel Marín, D. Mariano 
Fernández del Campo y D. Eladio Ibáñez, y el de la redac- 
ción D. Vicente García Verdugo, redactor segundo; D. Ra- 
món de Navarrete, redactor tercero, y como traductor Don 
Eugenio Ugena. En esta combinación no hubo más que una 
víctima: D. Luis Duarte, redactor tercero desde 13 de Sep- 
tiembre de 1841, y á cuya plaza Navarrete ascendió. En Oc- 
tubre de 1851, también á Ugena lo sustituyó D. Felipe Villa- 
randa, que había ejercido en Cádiz la abogacía. 

La reforma de Bermúdez de Castro duró poco, porque, de- 
cretada en 24 de Diciembre de 1857, por Real orden de 6 de 
Abril siguiente, el Ministro de la Gobernación, D. Ventura 
Díaz, resolvió que todo volviera á la forma en que anterior- 
mente se hallaba. No obstante, las resoluciones de Bermúdez 
de Castro eran muy importantes, sobre todo porque suprimía 
en la Gaceta la inserción de documentos políticos que no 
fueran los del Gobierno. Además, Bermúdez de Castro había 
tratado de que la Gaceta quedase reducida á su simple papel 
de Boletín Oficial Nacional, que se dijo antes al definir 
perfectamente su nueva evolución, y, por lo tanto, había 
mandado proscribir de sus columnas los partes telegráficos y 
toda clase de noticias, y hasta los extractos de las sesiones 
de las Cortes. Con el decreto de Díaz, la Gaceta continuó su 
antigua organización, hasta que González Brabo, con los su- 
yos, suprimiendo la Imprenta Nacional, tuvo que dar á la 
redacción de la Gaceta también una forma adecuada á las 
nuevas circunstancias. 

Bajo la administración política del Sr. Bravo Murillo, los 
gastos de redacción de la Gaceta quedaron reducidos á 63.800 
reales, repartidos en esta forma: Un redactor, 12. 000 reales; 
un traductor, 8.000; un oficial, 6 000; un escribiente, 4 000, 
y cuatro taquígrafos, 30.000. Bermúdez de Castro aun rebajó 
estos 63.800 reales á 28.000, no asignando á la redacción 
más personal que un redactor y dos oficiales. No obstante, 
se pagaban aparte los artículos científicos, literarios, econó- 
micos y estadísticos que se adquirían para la parte no oficial 
de la Gaceta. En el presupuesto de 1860 se añadió á estos 



— 176 — 

funcionarios de la redacción un inspector con 10.000 reales, 
y los 28.000 subieron á 38.000. Á la salida de Bretón de Ios- 
Herreros para la Biblioteca Nacional, se nombró para susti- 
tuirle Administrador de la Imprenta Nacional y Director de 
la Gaceta á D. Eugenio de Ochoa, que, como se sabe, diez años 
antes dimitió la plaza de redactor primero que desempeñaba. 
Ochoa llevó de escribiente á la Gaceta con 4 000 reales, en 
30 de Julio, á D. Luis Mariano de Larra, el hijo desamparado 
del antiguo compañero de sus ensueños juveniles. Este fué 
un funcionario que, como Navarrete, como D. Celestino Vi- 
dal y como D. Manuel Ossorio Bernard, no sólo hicieron 
largo asiento en la casa, sin haber ascendido á los puestos 
del primero, sino que puede decirse que desde la dirección 
de Lista, en ellos descansó la mecánica entera de la Gaceta, 
siendo los brazos de todos sus directores, hasta que la Gaceta 
quedó absorbida en un Negociado de la Subsecretaría del 
Ministerio de la Gobernación, como se halla desde la última 
reforma de 1886. Larra sirvió en la redacción del periódico- 
oficial veinte años continuos desde 1847 hasta 30 de Junio 
de 1867, en que lo dejaron cesante de su plaza de redactor las 
reformas de González Brabo. 

Los arreglos del decreto de 20 de Octubre de 1847 hicieron 
á Ochoa dimitir su cargo; y habiendo ascendido Navarrete á 
redactor segundo en 30 de Julio anterior, reemplazóle en su 
destino de la redacción como redactor único por todo el 
tiempo que rigió la casa D. Juan Gaya, nombrado adminis- 
trador el 1.° de Noviembre de aquel año, aunque Diputado á 
Cortes, y en cuyo puesto permaneció hasta el 5 de Abril 
de 1851. Pero Gaya era, desde las oficinas de los periódicos 
de D. Andrés Borrego, más hombre de administración que 
de letras, y á la de la Imprenta Nacional consagró todos sus 
desvelos. Cuando dimitió la plaza, Gómez de Merodio le reem- 
plazó interinamente, hasta que el 2 de Octubre, D. Ramón de 
Navarrete fué nombrado en propiedad por el Conde de San 
Luis Administrador del establecimiento tipográfico y Direc- 
tor de la Gaceta. El juicio que merecieron sus prendas á 
D. Alberto Lista fueron pronóstico cierto de su encumbra- 
miento, debido á su aplicación. Navarrete, aunque mimado 
por los éxitos del teatro, de la novela, del alto mundo social, 
del que todos le han conocido culto y discreto cronista, toda 
su vida giró en el circulo de aquella imprenta y de aquel pe- 
riódico, que en sus recónditos sentimientos miraba como un 



— 177 — 

antiguo hogar de familia. En aquella imprenta nació, allí 
gozó los inocentes placeres de la infancia, en ella se educó, 
en ella dio los primeros pasos de su carrera entre maestros y 
compañeros ilustres, y la Imprenta Nacional y la Gaceta 
conservaban en su alma esa religión que siempre conduce á 
diáfanos afectos, la religión de la familia. En aquella casa 
siempre le parecía había de cobijarle la sombra amada de su 
padre. Por salida á otro destino en la Secretaria del Ministe- 
rio de la Gobernación, dejó otra vez su puesto á Gaya el 21 
de Octubre de 1853. Después Gaya y él se ahogaron en las 
barricadas de la revolución de 1854. 

¿El sucesor fué Baralt? El expediente de D. Rafael María 
Baralt ¡caso raro! empieza por un decreto de destitución y no 
por un nombramiento. Este decreto, que lleva la respetable 
firma de D. Francisco de Santa Cruz, lacónicamente dice: 
«La Reina (q. D. g.) ha tenido á bien destituir á V. S. del 
cargo de Administrador de la Imprenta Nacional y Director 
de la Gaceta)). Este decreto se publicó en el mismo periódico 
oficial. Un mes después, el 27 de Mayo, otro decreto le reha- 
bilita, puesto que le vuelve á nombrar para el mismo cargo 
con el sueldo de 24.000 reales. Mas él acepta el puesto y re- 
nuncia la asignación pecuniaria, y el 30 del mismo mes se le 
dan las gracias en nombre de S. M. Su dimisión definitiva 
lleva la fecha del 27 de Mayo de 1856. 

Entre Gaya y Baralt media un corto espacio de continui- 
dad, en cuyo vacio sólo se encuentra una Real orden de 12 de 
Agosto de 1854, en la que se dispone que D. Ramón de Nava- 
rrete entregue la Dirección de la Gaceta y la Administración 
de la Imprenta Nacional á D. Juan Alonso Colmenares. Des- 
pués de Baralt tampoco se halla sino el nombramiento de Don 
Manuel Cañete para los cargos que aquél desempeñaba y su 
cesantía de 6 de Noviembre de 1857, nombrando para susti- 
tuirle á D. Francisco Navarro Villoslada, que, habiendo sido 
miliciano nacional en Viana de 1837 á 1839, y habiéndose ba- 
tido contra la facción en 1838, vino á Madrid, donde halló en 
la Gaceta un destino de redactor, en 19 de Abril de 1840, con 
encargo especial de asistir á las sesiones de Cortes, oá fin de 
que se publicase su extracto con exactitud é imparcialidad)). 
De este cargo quedó cesante por orden de la Junta provisio- 
nal de Gobierno en 5 de Septiembre del mismo año. En No- 
viembre de 1857, Navarro Villoslada no se presentó a la toma 
de posesión, y Cañete también hizo entrega de sus destinos á 

12 



— 178 — 

D. Ángel José Massiá. Se dispuso en 20 de aquel mes que Na- 
varro Villoslada pasase al extranjero á asuntos del servicio, 
y con este motivo fué nombrado Administrador déla Impren- 
ta Nacional y Director de la Gaceta D. Fernando Cos-Gayón, 
que á la sazón desempeñaba la censura de teatros. 

La administración de Cos-Gayón, así en la Imprenta Na- 
cional como en la de la Gaceta, acaso marca después de 1834 la 
época más notable de aquel establecimiento y de aquel periódi- 
co del Gobierno en el siglo antecedente. No desterró de la Ga- 
ceta enteramente la literatura, pero si la política en todas las 
manifestaciones que no se resolvían por actos legislativos de 
los poderes ministeriales. Tuvo por auxiliará D. Isidoro Mi- 
llas y Rodríguez de Segovia; y cuando éste cesó para pasar á 
los servicios consulares, le sustituyó D. Baltasar Peón, del mis- 
mo modo que á D. José María Gómez de Merodio lo sustituyó 
poco después D. Donato Lorenzana. Pero la verdadera adqui- 
sición que entre sus empleados de redacción hizo en su tiem- 
po la Gaceta, fué la del oficial D. Celestino Vidal, que por es- 
pacio de cuarenta años no interrumpidos ha prestado, hasta su 
jubilación, sus excelentes servicios al periódico del Gobierno. 
Como Navarrete, desde que Lista lo introdujo de meritorio en 
la redacción de la Gaceta, Vidal, desde la dirección de Cos- 
Gayón, fué el alma de esta publicación oficial con todos los 
directores que los accidentados movimientos de la política 
arrancó de los derechos de los partidos militantes para darles 
el honor de aquellas posiciones elevadas del Estado. En Vi- 
dal puede decirse que la redacción de la García encarnó en- 
teramente, sobreponiéndose á todas las vicisitudes de las re- 
formas de González Brabo, de la fiebre de la revolución y de 
toda la labor reorgánica de la Monarquía restaurada. No le fal- 
taron auxiliares, y por espacio de veinte años, desde que su- 
cedió á Peón, que falleció en 1865, con ligeras intermitencias 
por la acción de las reformas accidentales, fué el principal de 
ellos el ilustrado D. Manuel Ossorio y Bernard, que honró la 
Imprenta Nacional y la Gaceta de Madrid con sus servicios 
administrativos y con las recomendaciones de su pluma, 
hasta 1889, en que cesó definitivamente. 

La época de Cos-Gayón distinguióse principalmente por 
la actividad que impuso á los trabajos tipográficos de la Im- 
prenta Nacional. Desde los reinados de Carlos III y Carlos IV 
nunca salió de ella mayor número de obras de una elabora- 
ción artística capaz de poner en la más alta cumbre el prestí- 



- 179 — 

-gio de aquel establecimiento. Renováronse en él las impre- 
siones de libros con textos de caracteres orientales, y D. Fran- 
cisco Javier Simonet y D. Emilio de Lafuente Alcántara y 
otros ilustres orientalistas vieron honradas sus producciones 
literarias, que restauraron el crédito de los estudios de otros 
tiempos, con el primor de ediciones del más alto precio. Car- 
nerera allí vio laureada su Colección Iconoclástica; Amador 
•de los Ríos, los Monumentos Arquitectónicos de España; y 
Dorregaray fió á sus cajas y á sus prensas aquella monumen- 
tal reimpresión del Quijote en cuyas líneas ni una sola vez se 
dividen con guiones las palabras. Todas las oficinas del Esta- 
do llevaron á la Imprenta Nacional sus impresiones; yaque- 
lia época hubiera marcado una era de prosperidad y de pro- 
greso tan grande como el que disfrutó la antigua imprenta 
Real desde su institución por Carlos III hasta la invasión 
irancesa en 1808, si la Administración de la Casa, atendien- 
do más al lucro que al honor, hubiera abierto con sus pro- 
ducciones la concurrencia á los establecimientos tipográficos 
de industria particular, de que los impresores de Madrid que- 
járonse al Conde de Aranda en 1792. 

Ossorio y Bernard, en unos artículos publicados en la 
misma Gaceta, así describe las causas por que aquel período 
de tanta actividad precipitó la ruina á que poco después con- 
denaron á la Imprenta Nacional los decretos de González 
Brabo: — «La Imprenta Nacional, al entrar á formar parte 
•de los presupuestos generales del Estado, no sólo pudo en - 
tregar al Tesoro el pingüe remanente de sus arcas, sino que 
presentó grandes créditos en su favor y un valor efectivo en 
■el aumento considerable de máquinas, utensilios, fundicio- 
nes, grabados y libros que había adquirido con sus propios 
fondos para su continuado sostenimiento. Por consecuencia 
•del antiguo sistema de que las oficinas pagasen al estableci- 
miento sus impresiones, cargándoles un tanto por ciento 
equivalente al gasto hecho en ellas, apareció una cantidad 
calificada como incobrable, la cual figuró como déficit de la 
casa, que ascendía próximamente á tres millones de reales, 
por no haber satisfecho siempre aquéllas sus deudas; y las 
impresiones mandadas hacer de Real orden, cuyos gastos ha- 
bía de cobrar el establecimiento del producto de la venta de 
las mismas, le hicieron resultar con otro déficit; pues si 
bien se conservaba en sus almacenes el remanente de dichas 
ediciones, su venta era nula é incobrables también sus gastos. 



— 180 *= 

Como tampoco cobra hoy la Imprenta Nacional por sus im- 
presiones más que los gastos que ellas producen, y pagados á 
plazos, según la consignación de cada dependencia, producen 
también menos que anteriormente. Sin embargo, el movi- 
miento tipográfico, en medio de tan deficiente situación eco-^ 
nómica, puede calcularse por un solo dato: las resmas de pa- 
pel que consume para la tirada de los impresos, con cuyos 
trabajos sostiene la Imprenta Nacional más de trescientas 
familias: en 1862 se emplearon 17.500 resmas, 18.011 en 1864 
y en el quinquenio de 1862 á 1866 subió el número de éstas 
á 85.449.» 

González Brabo suprimió y vendió la Imprenta Nacional, 
y sometió el régimen tipográfico de la Gaceta á un servicio 
de subastas; pero en 30 de Julio de 1868, no habiendo tenido 
licitadores las que se celebraron en 25 de Junio y en 9 de 
dicho mes para la impresión, publicación y reparto de la Ga~ 
ceta, expidió un Real decreto disponiendo que este servicio 
se practicase por la Administración pública «en la forma que 
sea más conveniente á los intereses del Tesoro». Al realizar- 
se su reforma, Navarrete, en 30 de Noviembre de 1867, pasó, 
del cargo de Administrador-Director, en que sustituyó á Cos- 
Gayón, á la nueva plaza de Inspector, con 30.000 reales, que 
González Brabo había creado. La redacción se componía ade- 
más de un oficial primero, con 16.000, que fué D. Celestino 
Vidal, y otros dos, segundo y tercero, con 9.000 y 5.000 res- 
pectivamente. La Gaceta, desde el número correspondiente 
al 1." de Agosto del mismo año, cambió la cifra de En la Im- 
prenta Nacional, por la de Imprenta, de Julián Peña, calle 
de Relatores, núm. 13, y en la del día anterior anunció este 
traslado, al mismo tiempo que el de las oficinas de Inspec- 
ción, Redacción y Administración á la misma casa. 



XIX 

En su decreto de 11 de Diciembre de 1868, el Ministro de 
la Gobernación del Gobierno Provisional, D. Práxedes Ma- 
teo Sagasta, declaró que la reforma de 1867 no había corres- 
pondido á las esperanzas cifradas para la simplificación en el 
servicio de la Gaceta, y restableció la Imprenta Nacional y 
la Dirección y Administración de la Gaceta. Ya en 21 de Oo 



= 181 = 

tubre había hecho cesar en el cargo de Inspector á D. Ramón 
de Navarrete, y nombrado para él á D. Nemesio Fernández 
Cuesta. D. Celestino Vidal quedó subsistente en su puesto y 
ee nombró oficial segundo á D. José Leonard, polaco de na- 
ción, natural de Jrubieskw, y empleado muy útil por la per- 
fecta posesión que tenía de casi todas las lenguas vivas de 
Europa, asi del Centro como del Septentrión y del Mediodía. 
Mas con motivo de la organización que á la redacción de la 
.Gaceta se dio por consecuencia del decreto de 11 de Diciem- 
bre, Fernández Cuesta trocó la denominación de su cargo 
por la de Administrador-Director, y Leonard ascendió á re- 
dactor segundo, quedando Vidal de primero. Después D. Ni- 
colás María Rivero, en 27 de Abril de 1870, definió de nuevo 
■el concepto jurídico-administrativo de la Gaceta, diciendo en 
decreto de la Regencia de aquella fecha: — «En cuanto á la 
Gaceta, se debe procurar que sea á un tiempo mismo órgano 
oficial de los poderes públicos, conducto por donde, en caso 
necesario, se comuniquen noticias y rectifiquen errores, me- 
-dio de publicidad para los trabajos de las corporaciones cien- 
tíficas y literarias del Estado, repertorio, en fin, de datos y 
conocimientos interesantes para las provincias, para los mu- 
nicipios y para el público en general » El decreto que siguió 
-á estas declaraciones confirmó la organización que el Sr. Sa- 
-gasta había dado al organismo de la Gaceta, y que en lo fun- 
damental se conservó á través de las violentas vicisitudes de 
la Monarquía electiva, de la anarquía republicana, del inter- 
medio de la segunda Regencia del Duque de la Torre y de las 
administraciones reorganizadoras del reinado glorioso de 
~D. Alfonso XII. Cada una de las situaciones distintas que 
de estos hechos emanaron dio un nombre más político que 
-activo á la dirección de la Gaceta: en la monarquía electiva, 
el partido constitucional, el del probo D Joaquín Baeza Nieto, 
Senador del Reino, á quien nombró Rivero y dimitió Can- 
dau; el partido radical ó democrático, nombró primero al 
Marqués de la Florida; y no habiendo admitido éste, á D. Fe- 
lipe Picatoste. Picatoste conllevó en su puesto todos los acci- 
dentes de la República. El Gobierno del 3 de Enero lo susti- 
tuyó con D. Mariano Carrerasy González, y durante el reina- 
do del Rey D. Alfonso XII, el partido conservador confió el 
cargo al Barón de Cortes de Pallas, D. Pascual de Frígola y 
: Ahís, y el partido fusionista á D. Justo Tomás Delgado. Du- 
rante el primer periodo de la Restauración, la redacción de 



— 182 — 

la Gaceta, establecida en la calle del Cid, en la antigua Im- 
prenta de Aguado, tuvo algo de Academia literaria, aunque 
de escritores en su mayor número incipientes. Vidal y Osso- 
rio y Bernard se compartían los trabajos del mecanismo de- 
la confección, y auxiliaban D. Javier Betegón, D. Mariano- 
Barranco y D Manuel Caviedes. El último de los directores 
literarios fué D. Carlos Frontaura. 

En realidad, la Gaceta, por las sucesivas evoluciones que- 
quedan reseñadas, á la muerte del rey D. Alfonso XII que- 
daba perfectamente definida en su misión y su objeto. La 
Gaceta, órgano del Gobierno, había llegado á constituirse- 
definitivamente en aquel Boletín Oficial Nacional con que- 
fué definido desde los felices primeros auspicios de nuestra 
reforma constitucional. Servicio exclusivo del Estado para 
la publicación inmediata de todas sus resoluciones legales, y 
de todas las que en cualquier sentido de la vida jurídica na- 
cional causan estado y afectan á todos ó á cada uno de los 
intereses generales que se nutren de las garantías y de la 
sanción del derecho, la Gaceta no podía ser ya más un re- 
pertorio de noticias de la curiosidad, ni siquiera una manifes- 
tación déla cultura literaria del país. Los organismos por los 
que estas cosas se manifiestan, impulsan el progreso social 
y fundan los cimientos de la historia, giran en órbitas que les 
son privativas, y cuyo desenvolvimiento racional no obstru- 
ye ya ningún sistema de prevención ni recelo. Así, pues, la 
reforma de 1886, á cuyas disposiciones ajusta su modo de 
funcionar la Gaceta de Madrid al empezar el siglo IV de 
su existencia, puede decirse que marca la meta final á que 
había de dirigirse en los lentos pasos de su vida perseve- 
rante. 

Bedactada la Gaceta, que sólo se nutre de documentos de 
oficio de interés general, en cada una de las altas dependen- 
cias en que se dividen el Gobierno y la organización suprema 
del Estado, con sus leyes, con sus decretos, con las senten- 
cias de sus tribunales, con los contratos de su pública admi- 
nistración, con sus anuncios judiciales, con sus memorias 
técnicas, con sus informes facultativos, con sus exploraciones- 
científicas, y con todo el conjunto de lo que de la tarea conti- 
nua de la gobernación y de la administración por medio de- 
la publicidad debe revelarse á la garantía del derecho de to- 
dos y de cada cual, la Gaceta no puede constituir sino los 
dos Negociados, uno de redacción y otro de administración,. 






— 183 — 

que en la Sección correspondiente del Ministerio de la Go- 
bernación del Reino quedaron establecidos por el articulo 
primero de la Instrucción del año referido. A cargo de la 
Subsecretaría del mismo Ministerio está la designación de 
los empleados que han de desempeñar uno y otro Negociado. 
A los designados para el de la redacción toca solamente la 
coordinación de las inserciones en el orden de prioridad que 
determinan las diferentes categorías del Gobierno y de la 
Administración. Funciones precisas suyas son la revisión de 
los originales, su distribución en las secciones correspon- 
dientes, la corrección de pruebas y la inspección continua 
de los trabajos de la imprenta. De su competencia es la for- 
mación de registros y de índices, y la confección, en forma 
semejante, de la Guia oficial del Estado. Suya es también la 
disposición del orden con que han de ser preferidos los do- 
cumentos de mayor urgencia, cuando hay exceso de origina- 
les, así como la conservación en legajos de todo lo que ha de 
ser materia para el Archivo. El orden de prioridad en la 
inserción de documentos se halla prescrito además en el ar- 
ticulo 5. u de la mencionada Instrucción: 1.°, las leyes y pro- 
yectos de ley; 2.°, los Reales Decretos y Reglamentos; 3.% las 
Reales Ordenes y circulares; y 4.°, las disposiciones de la 
Administración central, provincial y municipal. Aun dentro 
de estas categorías, por el art. 7." se prescribe que «el orden 
de publicación en cada sección ha de ser el de la antigüedad 
relativa de los Ministerios, después de la Presidencia del 
Consejo de Ministros, exceptuándose los documentos referen- 
tes á solemnidades ó actos oficiales á que asista S. M. el Rey 
ó Regente del Reino, que han de ocupar el primer lugar, así 
como los telegramas y comunicaciones de sucesos impor- 
tantes». 

La situación económica de la Gaceta, que se sostiene de 
sus propios productos, no puede menos de ser siempre prós- 
pera, mientras la ley la contenga en los límites marcados á 
su propia jurisdicción. En el Presupuesto general del Estado 
del año 1896, el capítulo de Material del Ministerio de la 
Gobernación acredita 250.000 pesetas para los gastos de im- 
presión, tirada, reparto y franqueo de la Gackta de Madrid 
y de la Guia oficial de España. En la sección de Monopolios 
y servicios explotados por la Administración de los mismos 
Presupuestos, formados por el Sr. Navarro Reverter, los 
productos de la Gaceta se calculan en 493.000 pesetas. Los 



— 184 - 
gastos de la impresión, tirada y reparto de la Gaceta y de la 
Guía, conforme al contrato aprobado por Real orden de 9 de 
Julio de 1890. fueron en el ejercicio de 1896 de 244.000 pese- 
tas, y el franqueo ascendió á 6.000. Las ganancias que al 
Tesoro revierten de los productos de la Gaceta se elevan á 
243.000 pesetas. Estas cifras se han sostenido sin variación 
en los Presupuestos del Sr. Fernández Villaverde para el 
ejercicio que terminó el 31 de Diciembre de 1900, y en el pro- 
yecto de Presupuestos presentado á las Cortes por el señor 
Allendesalazar para el de 1901. Estas cifras son las mismas 
que se han perpetuado en los siguientes, y que subsisten en 
la actualidad. 



El cuadro que queda bosquejado, aunque reducido á un 
solo mecanismo de los qué componen el edificio político-so- 
cial, no puede menos de prestarse al estudio profundo de los 
hombres reflexivos. Lista en la Gaceta sólo veía una docu- 
mentación más para la Historia, mientras Carlos IV no que- 
ría que se convirtiera en una colección de leyes. En el largo 
proceso de los tres siglos que median desde su primer co- 
nato de metodización hasta su última definición por Rivero, 
Gamazo y Moret, no se ven solamente los esfuerzos de un 
nuevo organismo que lucha por abrirse paso é imponerse á 
un estado político y social que se transforma. En efecto, el 
génesis de la Gaceta de Madrid es el génesis del periodismo 
en España, del periodismo, ese elemento de comunicación 
que ha realizado para la humanidad más conquistas que el 
vapor y la electricidad, y que ha llegado á ser un alimento de 
absoluta necesidad para las exigencias morales de las socie- 
dades cultas contemporáneas. Pero conforme la Gaceta se va 
generando á sí misma, va descubriendo en los estados socia- 
les por que atraviesa líneas, hechos, documentos en que an- 
tes no se había detenido el análisis del espíritu observador. 
De los sucesos militares y de las resoluciones de gabinete ha 
dependido hasta aquí la preponderancia ó la decadencia de 
los Imperios. En las evoluciones de tres siglos, por medio de 
los que hemos seguido los inseguros pasos de la Gaceta, he- 
raldo del periodismo en España, á poco que nos detengamos 
nos salta á la vista el influjo que en los hechos militares y 
en las resoluciones de gabinete que hasta ahora habían for- 



— 185 — 

mado el conjunto de la Historia, ejercen con fuerza imperiosa 
de absoluta determinación los estados sociales, que no hay 
que deducirlos de las manifestaciones que graba en la super- 
ficie la fisonomía del elemento etnográfico popular. Los es- 
tados sociales, verdadera y profundamente analizados, re- 
sultan al juicio y se imponen á la meditación del observador 
político del estudio de esa legislación continua y menuda que 
responde á muchos hechos particulares que se esconden de 
la luz, y que no suelen recapitularse en las grandes colec- 
ciones del derecho, asi como del número, del eterno núme- 
ro, que en prolijas estadísticas suma los datos más nimios 
de cada revelación social. Sin estos precisos conocimientos no 
se dirigen bien las naciones en su perpetuo desarrollo, ni se 
empuja su espíritu á grandes encumbramientos. La Historia 
nunca había contado con estos datos. El mismo periodismo 
militante, que tanto se evapora en las rivalidades del impre- 
sionismo, no los recoge siempre tampoco. Todos los almace- 
na la Gaceta, el periódico más complejo de estudiar y más 
difícil de entender. 

La universalidad de sus funciones en todas las dilatadas 
márgenes del derecho, la hacen, entretanto, indispensable 
para el Estado, indispensable para los pueblos, indispensable 
para los intereses particulares, no habiendo garantía indivi- 
dual ó colectiva, derecho que se canonice, empresa que se in- 
tente, proyecto que se lleve á términos de ejecución, que no 
necesite de su sanción definitiva. La masa popular, siempre 
tosca, nunca sabrá apreciarla. En cambio, las instituciones 
constitucionales, las asociaciones emprendedoras, los talentos 
estudiosos, jamás dejarán de tenerla en la continua familiari- 
dad de sus actos y de sus pensamientos. 



APÉNDICE 



Privilegio exclusivo para la impresión y venta 
de -Gacetas-. 



DOCCIMEirTOS 



Primera serie. 



CÉDULA REAL 

del Sr. Rey D. Carlos II, concediendo al Hospital 

general de Madrid el Privilegio exclusivo 

para la impresión de «Gacetas». 

(Madrid 20 de Agosto de 1690.) 

(Archivo Notarial de Madrid. — Escribanía de D.Fran- 
cisco Isidro de León — Escrituras del año 1697. — Escri- 
tura de compra del Privilegio por D. Juan de Goyeneche.) 

D. CARLOS, por la gracia de Dios, Rey de Castilla, de 
León, de Aragón, de las Dos Sicilias, de Jerusalén, de Nava- 
rra, de Granada, de Toledo, de Valencia, de Galicia, de Ma- 
llorca, de Sevilla, de Cerdeña. de Córdoba, de Córcega, de 
Murcia, de Jaén, de los Algarbes, de Algeciras y Gibraltar, 
de las islas Canarias, de las Indias Orientales y Occidentales, 
Islas y Tierra-firme del mar Occéano; Archiduque de Aus- 
tria, Duque de Rorgoña, de Rrabante y Milán; Conde de 
Hapsburgo, de Flandes, Tyrol y Rarcelona; Señor de Vizca- 
ya y de Molina, etc. — Por cuanto atendiendo al gasto que 
se ocasiona en el Hospital general de esta corte con los mu- 



— 188 — 

chos enfermos, y á que no alcanzan las rentas y efectos que 
están aplicados para su curación y asistencia, y que conviene 
que se aplique algún medio para su conservación: en esta 
consideración he tenido por bien, por Decreto señalado de 
mi Real mano de 20 de Junio de este año, hacer merced al 
dicho Hospital general del Privilegio de la impresión de las 
Gacetas, y que sin su licencia no se puedan imprimir algu- 
nas; dejando la distribución y aplicación de su producto .á la 
disposición del Ministro Protector de los Hospitales que al 
presente es y adelante fuere. En esta conformidad, es mi vo- 
luntad que privativamente el dicho Hospital general de esta 
mi corte haya de tener y tenga el dicho Privilegio de la im- 
presión de las Gacetas, sin que otra ninguna persona se 
pueda entrometer en imprimir algunas, si no es que prece- 
da licencia de dicho Hospital general, dada por el Protector 
ó persona a quien legítimamente tocare, y, si lo hiciesen, in- 
curran en las penas que están impuestas á los que se entro- 
meten á usar de sus impresiones sin tener privilegio para 
ello; porque éste ha de subsistir y permanecer perpetuamente 
en favor de dicho Hospital, sin que en su observancia y cum- 
plimiento se le pueda poner impedimento ni embarazo algu- 
no, llevándose por razón de ellas lo que fuese costumbre. Y 
mando que en todo tiempo le sea cierta y segura la dicha 
merced al dicho Hospital general, sin que se le pueda inquie- 
tar ni perturbar en ella; dejándole usar libremente de la di- 
cha impresión. Y asimismo mando al Gobernador y á los de 
mi Consejo, Alcaldes de Casa y Corte, Corregidor y Tenien- 
tes de la villa de Madrid y á otros cualesquier mis Jueces y 
justicias á quien toca ó tocar pueda lo contenido en este mi 
Despacho, que con ninguna razón ni pretexto no embaracen 
ni pongan impedimento alguno en lo referido; que Yo, desde 
ahora, doy licencia y facultad, poder y autoridad, á las perso- 
nas que se nombraren, perpetuamente, por el dicho Protector, 
del dicho Hospital general ó persona á quien tocare, para que 
pueda hacer la impresión de las dichas Gacetas, sin que ne- 
cesite tener nueva licencia, ni poner en ello duda ni dificul- 
tad alguna: y en su conformidad, es mi voluntad que tenga el 
dicho Privilegio de las dichas Gacetas perpetuamente, y que 
el producto de ellas haya de quedar y quede, en la forma que 
lo tengo resuelto, á la distribución y aplicación de dicho Mi- 
nistro Protector que al présenle es y adelante fuere de dicho 
Hospital, para que se convierta en beneficio, sin que en ello 



— 189 — 

se ponga embarazo, duda ni dificultad alguna; todo ello no 
embargante los órdenes y estilo que ha habido hasta aquí en 
esto, y todo lo demás que haya ó pueda haber en contrario, 
que para en cuanto á esto toque, y por esta vez dispenso, 
quedando en su fuerza y vigor para en lo de más adelante. 
Dada en Madrid a veinte de Agosto de mil seiscientos y no- 
venta años. — YO EL REY. — Yo D. Eugenio de Marbán> 
Secretario del Rey, Nuestro Señor, lo hice escribir por su 
mandado. — Licenciado D. Gil de Castrejón. — D. Antonio 
Ronquillo Briceño. — Licenciado D. Luis de Salcedo y Ar- 
bizu. — Teniente de Canciller mayor, D. Luís Vélez. — Re- 
gistrada: D. Luis Vélez. 

Concuerda con el original, que volví á la parte del Admi- 
nistrador general. — Madrid y Mayo 22 de 1697 años. — 
Francisco Isidro de León. 



VENTA 

del Privilegio exclusivo para imprimir «Gacetas», 

hecha por el Hospital General á Don Juan 

de Goyeneche. 

(Madrid: año de 169T) 

(Archivo Notarial de Madrid. — Escribanía de D. Francis- 
co Isidro de León. — Libro de protocolos y escrituras del 
año 1697.) 



Memorial de D. Juan de Goyeneche. 

«Ilmo. Sr.: — D. Juan de Goyeneche dice: Que hallándose 
con 400 ducados de renta en los mejores efectos de esta villa, 
por servir á los Hospitales, se los cederá para siempre, por- 
que se le traspase perpetuamente el Privilegio de imprimir y 
componer las Gacetas; y se puede reconocer la conveniencia 
que se le sigue, pues no habiendo prohibición para que cual- 
quiera que quisiere, en tiempo de paz, las pudiere imprimir, 
nadie lo hace por no poderlas costear, y aun en tiempo de 
estas guerras apenas rinde su arrendamiento dudoso lo que 



— 190 — 

el suplicante ofrece de fijo; en que recibirá merced, etc. Ma- 
drid y Julio 12 de 1696.— Juan de Goyeneche.» 

Decreto al margen sin fecha. 

En Junta que se celebró este dia se mandó que esta parte 
decíate en qué efectos están los 400 ducados de renta que 
refiere. 

II 

Informe del Administrador del Hospital General 

al Consejero de Castilla, Protector de los Hospitales 

de la corte. 

«Ilmo. Sr.: — Por D. Juan de Goyeneche, vecino de esta 
corte, se propuso en Junta de Hospitales por el mes de Agos- 
to del año próximo pasado se hallaba con 400 ducados de 
renta al año en los mejores efectos sisas é impuestos contra 
esta villa de Madrid, y que por servir á los Hospitales se los 
cedería para siempre, porque se le hiciese traspaso perpetua- 
mente del Privilegio concedido al Hospital General, por Cé- 
dula Real de 20 de Agosto del año pasado de 1690, para poder 
imprimir y vender las Gacetas, en que se le seguía al dicho 
Hospital suma conveniencia, pues no habiendo prohibición, 
antes de ganar el Privilegio, para que cualquiera que quisie- 
re, en tiempo de paz, las pudiese imprimir, nadie lo hacia 
por no poderlas costear; y aun en tiempo de estas guerras 
apenas rinden en arrendamiento dudoso lo que el suplicante 
ofrecía de fijo; y en vista de la dicha proposición, 9n Junta de 
Hospitales se mandó que el dicho D. Juan de Goyeneche de- 
clarase los efectos en que tenía los dichos 400 ducados de ren- 
ta que corresponden á 10.000 de principal, á razón de los 4 
por 100 que hoy se pagan los intereses por esta villa de 
Madrid; y hecho reconocimiento de la buena calidad de di- 
chos efectos, y conferido y tratado en la dicha Junta sobre la 
determinación de este negocio, deseando el mayor beneficio 
y conservación de la renta de los Hospitales; considerando el 
menoscabo que ha tenido y en adelante podrá tener el arren- 
damiento de dicho Privilegio, como se ha experimentado en 
estos años, pues sin haber cesado la guerra de Hungría ni 
las de España con Francia, ha ido bajando y descaeciendo 
su estimación y renta en tal grado, que de setecientos duca- 






- 191 — 

dos en que se arrendó la primera vez, bajó la segunda á qui- 
nientos, y últimamente para el arrendamiento presente, que 
se ha tratado y trata de hacer para desde 1.° de Enero de este 
año, no hay quien hasta ahora haga postura más que de 
2.000 á 2.200 reales al año, y se puede esperar tenga fatal 
falencia llegando el caso de paces generales; y que por el 
medio que ahora se ofrece logran los Hospitales la conve- 
niencia de perpetuar á su favor 400 ducados de renta, sin es- 
tar expuestos á contingencias de mayor baja: Por cuyos mo- 
tivos y puras consideraciones, en Junta de Hospitales de 9 
de Agosto pasado de 1696 se declaró la utilidad que se segui- 
ría á los Hospitales si se ejecutase la permuta de dicho Pri- 
vilegio con la propiedad de los 10.000 ducados al año, que- 
dando, como había de quedar, afecto el dicho Privilegio á la 
seguridad y perpetuidad de la renta entera de los dichos 400 
ducados, que se habían de cobrar por el Hospital General en 
dos pagas y plazos por San Juan y Navidad, á razón de 200 
ducados cada uno para siempre jamás, por habérsele de ce- 
der al dicho D. Juan de Goyeneche la propiedad, uso y apro- 
vechamiento del dicho Privilegio, haciéndose las demás pre- 
venciones que, llegado este caso, fuesen necesarias á favor 
de ambos interesados. Y aunque por entonces no se dio 
pronta providencia en este tratado, así por estar hecho arren- 
damiento de dicho Privilegio y que no cumplía hasta fin de 
Diciembre del año próximo pasado, como para experimentar 
el valor último que daba de sí, para desde 1.° de Enero de 
este presente año, siendo tan corto, que aun, como va referi- 
do, no pasaba de 2.200 reales; hallándose hoy los Hospitales 
sin adelantar mayor beneficio, aunque se han hecho y hacen 
vivas diligencias; por cuyas razones me ha parecido repetir 
á V. S. nuevamente la proposición hecha por el dicho Don 
Juan de Goyeneche, para que, siendo del servicio y mayor 
aumento de la renta de los Hospitales en que ros considero 
por este medio más afianzados y utilizados, resuelva V. I. con 
mejor acuerdo y más segura dirección lo que fuere servido. — 
Madrid y Enero 7 de 1697.— Dr. D. Sebastián Cavero.— 
limo. Sr. D. Juan de Laysaca.n 



— 192 — . 

III 
Pregones para el arrendamiento ó venta del Privilegio. 

Yo, D. Pedro de Rivas, escribano del Rey, nuestro señor, 
y de los Reales Hospitales, vecino de esta villa de Madrid, doy. 
fe: — Que de orden del limo. Sr. D. Juan de Laysaca y Alva- 
rado, Caballero de la Orden de Santiago, del Consejo y Cá- 
mara de S. M. y Protector de los Reales Hospitales, desde el 
día 8 de este presente mes de Enero y año de 1697, ante mí y 
por voz de Juan Galiano, Pregonero público de esta villa, has- 
ta hoy, día de la fecha, se han dado nueve pregones en los 
puntos y plazas de la villa, Puerta de Guadalajara, Portal de 
Provincia y Puerta del Sol, diciendo que, quien quisiere arren- 
dar* ó comprar el Privilegio que pertenece al Hospital Gene- 
ral de esta corte para poder imprimir y vender las Gacetas en 
esta villa, acudiese á hacer postura ante el Sr. Dr. D. Sebas- 
tián Cavero, Administrador de los Reales Hospitales Gene- 
ral y Pasión, que se le admitirá la que hiciere, y no ha habi- 
do persona que la haya hecho. Y para que conste donde con- 
venga, doy el presente en Madrid, á diez y siete días del mes 
de Enero de 1697. — Y lo signó y firmé. — En testimonio de 
verdad: Pedro de Rivas. 

IV 
Representación del Protector al Rey Carlos II. 

Señor: El Administrador del Hospital General y sus agre- 
gados me hace la representación adjunta sobre conmutar el 
Privilegio que V. M. se sirvió conceder á los Hospitales para 
que solamente por su cuenta se imprimiesen y vendiesen las 
Gacetas Generales, con una renta de 400 ducados cada año 
y 10.000 de principal en esta villa, que ofrece D. Juan de Go- 
yeneche; y aunque, según la experiencia, vendrá á ser de muy 
corta utilidad el producto de este Privilegio, queda también 
obligado á la evicción, y, por consiguiente, parece que será 
muy útil este contrato á los Hospitales, es de mi obligación el 
ponerlo en la noticia de V. M., y porque el testimonio adjun- 
to consta haberse dado nueve pregones en nueve días siguien- 






— 193 — 

tes la postura última de 2.000 reales para que V. M. resuelva 
lo que fuese servido. — Madrid y Enero 27 de 1697. — Don 
Juan de Laysaca Alvarado. 



V 

Aprobación del Consejo Real de Castilla. 

Sala de Gobierno. 
Sres. Conde de Gondomar. Apruébase la proposición 

D. Joseph de Soto. hecha por la Junta de Hospi- 

D. Diego de Torres. tales, en orden de la conmu- 

D. Luis del Hoyo. tación de Privilegio que les 

D. Tomás de Pantojas. esta concedido para la inspec- 
ción de las Gacetas, y se re- 
miten al Sr. D. Juan de Laysaca, para que dé orden de ejecu- 
tar el contrato con las prevenciones que la Junta tiene acor- 
dado y demás que pareciere conveniente á dicho señor. — Se- 
cretario Solís. 

VI 

NÓMINA DE LOS VALORES CEDIDOS POR D. JUAN DE GOYENECHE. 

(Capitulo de la Escritura de compra del Privilegio.) 

« El traslado de dicho Memorial, Consultas y Decreto 

concuerdan con sus originales que quedan en el Protocolo de 
esta Escritura; y usando el dicho Sr. Dr. D. Sebastián Cave- 
ro de la jurisdicción que le está dada, y como tal Administra- 
dor ejerce, y en aquella vía y forma que más haya lugar en 
derecho, en nombre de los dichos Hospitales General y sus 
agregados, y de quien representa y representase en derecho y 
fuere parte por ellos, ahora y en todo tiempo, Otorga, que 
cede, renuncia y traspasa perpetuamente á dicho D. Juan de 
Goyeneche, y á quien sucediere en cualquier forma y tiempo 
el dicho Privilegio y merced que S. M. tiene hecha á los di- 
chos Hospitales para impresión de las Gacetas que se impri- 
mieren con la misma regalía, facultad, preeminencia, pena, 
uso y aprovechamiento que se contiene en el dicho Privilegio 
de 20 de Agosto de 1690, y con el goce de él, desde el día i." de 
Enero de este presente año de 1697, en adelante, sin reserva- 

13 



— 194 - 

ción ni limitación de cosa alguna de él y como lo ha poseído 
dicho Hospital; _^__________>___™_ 

»Esto por cuanto el dicho D. Juan de Goyeneche ha de 
dar y ceder por esta Escritura al dicho Hospital 110.000 reales 
de vellón de principal en los efectos que le pertenecen contra 
esta dicha villa y diferentes Sisas que por menor se expresa- 
rán adelante: — — — — ^—— — — — ^^— — — — — — — 

» En cuya conformidad el dicho Doctor D. Sebastián de 
Cavero, en nombre de dicho Hospital, se da por entregado á 
su voluntad de los dichos ciento diez mil reales de vellón desde 
ahora para cuando por esta escritura los haya cedido el dicho 
D. Juan de Goyeneche, y renuncia las leyes de su entrega y 
demás del caso, sin perjuicio de lo que se ha de hacer de di- 
chos efectos; y confiesa que el verdadero precio de dicho Pri- 
vilegio y sus aprovechamientos son los dichos ciento y diez 
mil reales de vellón, pagados en la forma referida, y que no 
vale más; y caso que más valga de demasía y más valor en 
poca ó mucha cantidad, hace gracia, cesión y donación al di- 
cho D. Juan de Goyeneche y á quien le sucediere, pura, 
mera, perfecta é irrevocablemente, que el derecho llama inter 
vivos, con el juramento, insinuación necesaria sobre la renun- 
cia, cualesquier leyes y privilegios que puedan competer á los 
dichos Hospitales, y en especial las de Alcalá de Henares, que 
tratan de las cosas que se compran y venden por más ó menos 
de la mitad del justo precio y los cuatro años en ellas decla- 
rados para poder pedir rescisión del contrato ó suplemento de 
él; y desde el día 1.° de Enero de este presente año, desiste, 
quita y aparta perpetuamente al dicho Hospital General y á 
sus agregados del derecho y acción, presión, dominio y se- 
ñorío que había y tenía de dicho Privilegio y su aprovecha- 
miento, y todo ello, como va referido, lo cede, renuncia y 
traspasa en el dicho D. Juan de Goyeneche y en quien en 
cualquier manera le sucediere ó su derecho representare; y le 
da poder y facultad para que judicial y extrajudicialmente 
tome su posesión como quisiere. Y para que no sea necesario 
hacerlo judicialmente, — Otorga á su favor esta cesión, con 
la cual y el dicho Privilegio, que original se entrega , ha de 
ser visto habérsele transferido; y en el ínterin constituye á 
dicho Hospital por su inquilino y precario poseedor en forma, 
y obliga sus bienes y rentas de dicho Hospital General y sus 
agregados, y especialmente los ciento y diez mil reales de 
principal que el dicho D. Juan de Goyeneche ha de ceder por 



— 195 - 

•esta Escritura, á que el dicho Privilegio le toca y perteneced 
■dicho Hospital, y que no tiene vendido, cedido, renunciado 
ni traspasado á persona alguna, ni hipotecado especial ni ge- 
neralmente á ninguna deuda; y si pareciese lo contrario, lo 
que así fuere y resultare de incertidumbre, se lo pagará dicho 
Hospital ó le hará retrocesión de los efectos que le cede hasta 
en la ocurrente cantidad, con declaración que en lo que no 
fuere de hecho propio de dicho Hospital por causa de que 
valga poca ó mucha cantidad el producto de dicho Privilegio, 
esto ha de ser y queda por cuenta y riesgo de dicho D. Juan 
de Goyeneche y de quien representare su derecho; y el dicho 
D. Juan de Goyeneche, aceptando, como acepta, esta cesión 
en la conformidad que va referido, y recibiendo, como recibe, 
dicho Privilegio, cumpliendo de su parte con lo que está ca- 
pitulado, en la forma que más haya lugar en derecho: — Otor- 
ga que, por sí mismo y en nombre de sus herederos y suceso- 
res, renuncia y traspasa perpetuamente á dicho Hospital Ge- 
neral y sus agregados, y á quien por ellos fuere parte legíti- 
ma, los dichos ciento y diez mil reales de vellón de principal, 
que se componen de los efectos y partidas siguientes : ^— 
— 20.000 reales de vellón, por cesión de 28.000 reales de 
plata, que al dicho D. Juan de Goyeneche pertenecen en par- 
tida de 200.000 reales de plata contra esta villa de Madrid y 
las sisas del vino y aceite que llaman de los tres millones, cuya 
suerte principal prestó al capitán Juan de Santiago, á cuyo 
favor, y en virtud de facultad Real y poder de Madrid, otorgó 
obligación D. Francisco Portero, caballero que fué de la or- 
den de Santiago, regidor de esta villa y tesorero de las dichas 
sisas en 9 de Octubre de 1659, ante Juan Manrique, escribano 
de número; y los 28. 000 reales de plata de principal, con sus 
intereses, que al presente se pagan al 4 por 100, pertenecen al 
dicho D. Juan de Goyeneche por cesión que á su favor hizo 
Juan de Jáuregui, vecino de esta villa, hermano y síndico ge- 
neral de todas las Provincias de las Indias Occidentales, de 
la Religión del seráfico Padre San Francisco, que pasó en 
esta corte á 2 de Abril del año pasado de 1689, ante Bernardo 
de Solís, secretario de S. M.; en la cual expresa por menor 
la forma y cómo pertenecieron dichos 28.000 reales de plata á 
la Provincia del Santo Evangelio de la dicha orden de Nueva 
España, por cuya razón y excusar prolijidad no se refiere en 
qué; y de los dichos 20 000 reales de vellón de los 28-000 de 
plata, hace cesión el dicho D. Juan de Goyeneche á favor de 



— 196 — 

dicho Hospital, por cuanto los 22.000 reales de vellón restantes 
se los ha de ceder asi mismo por escritura aparte para pago y 
satisfacción de los 2.000 ducados en que fió con dicho efecto a 
D. Francisco de Ortega para la tesorería que se le encargó 
del Hospital de la Inclusa de esta corte, por el alcance que 
contra dicho tesorero resultó, y así se previene; — — — ^— 

— 27.500 reales de vellón de principal de otro efecto con- 
tra esta villa de Madrid y la sisa que llaman de Quiebras de 
millones del carnero, en cabeza de Doña Magalena Falcó, 
viuda ; á cuyo favor, en virtud de facultad Real y de poder de 
Madrid, otorgó obligación Jorge de Tapia, tesorero que fué 
de dicha sisa en 22 de Diciembre de 1660, ante el dicho Juan 
Manrique, y últimamente, después de otros, perteneció dicho 
efecto á Doña Mariana de Monroy y Figueroa, mujer de Don 
Francisco Osorio del Águila, los cuales, por escritura que 
otorgaron en esta villa en 7 de Abril de 1692, ante el dicho 
Bernardo de Solís, le cedieron al dicho D. Juan de Goye- 
neche. — — — — — — — — — — ^— — — — — — — — — 

— 63.500 reales de vellón de principal que se componen 
de los efectos siguientes : — § 11 000 sobre las sisas del cuarto 
de Palacio en cabeza de Doña Ana de Barrio, quien los pres- 
tó á Madrid, y á cuyo favor, en virtud de su poder y facultad 
Real, otorgó escritura de obligación D. Juan de Rosales, te- 
sorero que fué de dichas sisas en 4 de Septiembre de 1642, 
ante el dicho Juan Manrique. — §§ Otros 11.000 reales sobre 
las sisas de la segunda blanca del carbón en cabeza de Doña 
María Paez de Zelada, quien los prestó á Madrid, y por su 
parte y en virtud de su poder y facultad Real, otorgó obliga- 
ción D. Diego Paez de Castro, tesorero de dicha sisa, por es- 
critura ante D. Juan Martínez, Escribano que fué del Ayun- 
tamiento en 4 de Diciembre de 1652. — § § § 14.000 reales 
sobre la sisa de la obra de la Plaza Mayor, en cabeza de Doña 
María de Loaisa, quien los prestó á Madrid, y en su nombre 
y en virtud de poder y facultad Real, otorgó obligación el 
dicho Juan de Rosales en 5 de Septiembre de 1643 ante el di- 
cho Juan Manrique. — § § § § 27.500 reales en partida de un 
efecto de 44.000 reales de principal contra esta villa y las 
sisas del vino y aceite de los tres millones, en cabeza de Doña 
Ana Goveo, que los prestó á Madrid, y en virtud de poder y 
facultad Real, otorgó obligación al dicho D. Francisco Porte- 
ro de Vargas en 3 de Marzo de 1168, ante Diego Pérez de 
Orejón, Escribano que fué de número: cuyas cuatro partidas 



— 197 — 

importan los dichos 63.500 reales, y después de diferentes 
dueños que hubo de ellos, pertenecieron á Frey D. José de 
Santisteban y Ripalda, Presbítero, religioso de la Orden de 
San Juan de Jerusalem en el convento del Santo Crucifijo de 
la villa de la Puente de la Reina, por venta judicial que á su 
favor otorgó el Sr. D Baltasar de Rivadeneyra y Zúñiga. ca- 
ballero del hábito de Santiago, Marqués de la Vega, del Con- 
sejo de S M. en el de Hacienda, siendo Corregidor de esta 
villa y Juez mero ejecutor de las sisas y rentas Keales de ella 
ante José García Remon, Escribano de número, en 4 de Mayo 
de 1664, y el dicho Frey D. José de Santisteban cedió y donó 
los dichos 63.500 reales á Doña María Josefa de Santisteban, 
su sobrina, en las capitulaciones matrimoniales que precedie- 
ron para el matrimonio que contrajo con D Juan de Elizon- 
do y Balanza, Señor de los Palacios del lugar de Aranguren, 
Reino de Navarra, y del de Arrieta ; el cual por si y en nom- 
bre y en virtud de poder de dicha su mujer cedió los 63.500 
reales al dicho D. Juan de Goyeneche por escritura en esta 
villa á 21 de Octubre de 1695 ante Domingo Álvarez Enrí- 
quez. Escribano de S. M. ■ ■ . ■■ m 

»De suerte que todos los principales de los efectos que con- 
tiene esta cesión importan ciento jj once mil reales de vellón, 
-con que hay de demasía, y sobran de los dichos 10.000 duca- 
dos mil reales de vellón, los cuales, por mayor beneficio de 
•dicho Hospital, también se los cede enteramente el dicho Don 
Juan de Goyeneche y con los intereses de todos los dichos 
ciento y once mil reales, corridos y que corriesen en adelante, 
desde 1." de Enero de 1697, á razón de los 4 por 100, como al 
presente se pagan por Madrid, ó á la cantidad á que se redu- 
jesen adelante; y de lo que recibiere y cobrare la parte de 
dicho Hospital, así de los dichos principales y sus intereses, 
en el ínterin que no se redimen, dé y otorgue á favor de esta 
villa y sus herederos y demás personas que lo deban y de- 
bieren pagar, cartas de pago, finiquito, cesión, lastos, reden- 
ciones y los demás recados é instrumentos que le sean pedi- 
dos con fe de paga y renunciación de sus leyes, que para ello 
parecer en juicio y hacer todos los pedimentos, autos y dili- 
gencias judiciales y extrajudiciales que se requieran, y hacer 
y disponer de dichos efectos y sus intereses como de cosa 
propia, habida y adquirida por justo título, como éste lo ex- 
pone y subroga en su propio lugar y derecho al dicho Hospi- 
tal, en libre, franca y general Administración, y le hace 



- 198 - 
actor y procurador en su hecho y causa propia. 



»Y al cumplimiento de lo que dicho es, ambas partes, por 
lo que á cada una toca, se obligan el dicho Sr. Dr. D. Sebas- 
tián Cavero, el dicho Hospital y sus agregados y el dicho 
D. Juan de Goyeneche en la forma que uno y otro lo han en 
esta escritura, y dan poder á las justicias y Jueces que de las 
causas y negocios de cada uno puedan y deban conocer con- 
forme á derecho, y á cada uno in solidum, y en especial por 
lo que toca á dicho Hospital, al Sr. Protector que es ó fuere 
de él, renuncian y en dicho nombre el fuero, jurisdicción, 
domicilio y la ley si co/we/terit dcjuris dictiones omniumju- 
dicum, y lo reciben por sentencia pasada en cosa juzgada,, 
renuncian las demás leyes y derechos de su favor con la ge- 
neral en forma, y el dicho Sr. Dr. D. Sebastián Cavero, por 
dicho Hospital, el beneficio de menor de edad, restitución in 
integvum y otro que le competa; y en lo que por derecho pue- 
da y deba ser jurada esta escritura, lo hace para su firmeza; 
y para que en todo tiempo lo tenga, se ha de aprobar por el 
dicho limo. Sr. D. Juan de Laysaca Alvarado, como tal Juez 
Protector de los Hospitales, y con esta circunstancia ha de 
quedar, como queda, perfecto este contrato. — A quien yo, el 
Escribano, doy fe conozco; siendo testigos D. Martín Freiré 
de Córdova, Manuel Pérez y Pedro de Aguayo, residentes en 
esta corte. — Dr. D. Sebastián Cavero. — Juan de Goyene- 
che. — Ante mi: Francisco Isidro de León. 



VII 

Aprobación del Juez Protector. 

En la villa de Madrid, á 29 días del mes de Marzo de 1697 
años, el Sr. D. Juan de Laysaca Alvarado, Caballero de la 
Orden de Santiago, del Consejo y Cámara de S. M. y Protec- 
tor de los Reales Hospitales de esta corte; Habiendo visto la 
escritura de venta, cesión y permuta antecedente, hecha y 
otorgada por D. Sebastián Cavero, Administrador del Hos- 
pital general, y D. Juan de Goyeneche, del Privilegio para 
imprimir las Gacetas concedido al Hospital, por la permu- 
ta de los ciento once mil reales de vellón en efectos contra 



- 199 — 

esta dicha villa de Madrid que cede dicho D. Juan de Goye- 
neche; y asimismo, habiendo visto las Consultas y Decreto 
del Consejo insertos, dijo que aprobaba, y aprobó, dicha es- 
critura con calidad de que quede hipotecado el dicho Privile- 
gio, que cede al dicho D. Juan de Goyeneche, á la evicción y 
saneamiento que tiene hecha en esta escritura pública de los 
dichos efectos, con prohibición de su enajenación y en la con- 
formidad que está ajustada la dicha hipoteca. —Y la firmó. — 
ü. Juan de Laysaca Alvakado. — Ante mi: Francisco Isidro 
de León, Escribano de número de Madrid, presente fui, y lo 
signé. — En testimonio de verdad: — Francisco Isidro de 
León. 



Incorporación á la Corona del Privilegio para 
imprimir las -Gacetas". 



DOCUMENTOS 



Segunda serie. 

Archivo Histórico Nacional. — Procedencias del Archivo 
del Ministerio de la Gobernación. — Imprentas y sus agre- 
gados.) 

I 

Informe secreto del impresor D. Juan Manuel de Mena 

al Oficial Mayor del Ministerio de Estado 

sorre el Privilegio de la «Gaceta». 

(Sin fecha.) 

«Sr. D. José Agustín de Llano, mi señor: — En fin del 
siglo pasado concedió el rey D. Carlos II el privilegio perpe- 
tuo de la Gaceta al Hospital General, quien le enajenó á los 
cinco años de poseerle. Le dio á D. Juan de Goyeneche por 
147.000 reales de vellón, que dio en tres efectos de villa, que 
hoy están corrientes y rentan 44.000 reales al año, los que 
cobra el Hospital. En aquel tiempo eran los efectos algo fa- 
llidos, porque la paga de intereses no se hacia por causa de 



— 200 — 

las guerras del principio de este siglo. Quien me da esta no- 
ticia, me dará con puntualidad las fechas, si fuere necesario; 
pero no quiere que se sepa que las da. Mande V. S. como 
pueda á su seguro servidor muy afectísimo — Juan Manuel 
de Mena.» 

II 

Representación del Ministro de Estado, D. Ricardo Wall, 

al rey Fernando VI, en queja contra el servicio 

de la «Gaceta de Madrid». 

(Villaviciosa 1.° de Noviembre de VíoS) 

Señor: — Por más advertencias que se han hecho al suje- 
to que cuida de la impresión de la Gaceta para que nada 
ponga en ella, especialmente en el capitulo de Madrid, de 
cuya verdad no esté bien asegurado y de cuya publicación no 
se siga inconveniente, incurre de tiempo en tiempo en estas 
faltas con ligereza y poca circunspección, como acaba de su- 
ceder, poniendo en la Gaceta de hoy 31 de Octubre, que con- 
currieron el día 25 á este Palacio los Embajadores y Minis- 
tros Extranjeros. Para evitar este inconveniente, me parece 
que se ponga al cuidado de uno de los oficiales de esta Secre- 
taría el revisar todas las Gacetas, y mandar al encargado de 
ellas que se las lleve manuscritas, el capítulo de Madrid in- 
clusive, los lunes á mediodía, y que no se impriman sin que 
haya puesto dicho oficial de su letra: imprímase; después de 
haber borrado, aumentado ó enmendado lo que juzgue nece- 
sario. Un oficial de esta Secretaría es más á propósito que 
otro alguno para esta comisión; porque en ella se debe saber 
lo que conviene ó no publicar de otras Cortes, y no puede 
ignorar lo que toca á la nuestra, siendo inmediato subdito 
del Ministro de Estado. El Marqués de Relzunce posee el 
Privilegio de la impresión de la Gaceta, y es notorio que le 
costó muy poco para lo mucho que le produce. Se le daría, 
sin duda, bajo la calidad de atender á que V. M. y el público 
estuviesen bien servidos y costear los gastos necesarios para 
este fin. Se ve que lo es el de poner un Revisor, y así hallo 
justo que sobre el mismo producto de la Gaceta se le con- 
signe la pensión que V. M. juzgare suficiente. — Ricardo 
Wall.» 

(Decreto al margen, autógrafo de Wall.) — El Rey se ha 



- 201 - 

conformado y quiere goce el oficial Revisor cien doblones de 
oro de pensión anual; y habiendo dejado á mi arbitrio el 
nombrarle, ha de ser Don Miguel de Cueto. — Vall. 
Fecha el 1." de Noviembre de 1758. 



III 
D. Juan Antonio de Eguilondo, traductor de la «Gaceta», 

ACUSA RECIBO AL OFICIAL PRIMERO DEL MINISTERIO DE EsTADO 

D. José Ag. de Llano del nombramiento del Revisor. 

(Madrid 3 de Noviembre de 1~58.) 

Mi Señor y dueño : Por hallarse todavía ausente, en vir- 
tud de Real permiso, el Sr. Conde de Saceda, he abierto el 
pliego que se le remitía de esa Secretaría, con fecha 1." del 
corriente, por cuyo contenido reconozco haber resuelto Su 
Majestad corra en adelante al cuidado de uno de los señores 
oficiales de ella la revisión de la Gaceta por los motivos que 
en él se expresan, y que en consecuencia de la facultad que 
Su Majestad ha concedido á S. E. para la elección de la per- 
sona que debe corregirla, ha nombrado para este encargo al 
Sr. D. Miguel de San Martin y Cueto. En esta virtud paso á 
valerme del favor de V. S. á fin de que se sirva hacer pre- 
sente á S. E. quedo en noticiar al referido Sr. Conde esta 
Real determinación, y yo en dar principio desde la próxima 
semana á enviar manuscrita para su revisión al citado señor 
D. Miguel la Gaceta, que corresponde á ella Con esta oca- 
sión, ofrezco á la disposición de V. S. mi siempre fiel volun- 
tad de servirle, con la que ruego á Nuestro Señor guarde 
á V S. muchos años como deseo. — Madrid 3 de Noviembre 
de 1758— B. L. M. de V. S. su más afectísimo servidor — Juan 
Antonio de Eguilondo. — Sr. D. José Agustín de Llano. 



IV 

Segundo informe secreto del impresor Mena al Oficial 
mayor de Estado sobre la «Gaceta». 

(Madrid 13 de Enero de 1760.) 

Sr. D. Agustín de Llano, mi señor: Hice presente 
á V. S. que el Conde de Saceda dio por la Gaceta tres efectos 



— 202 — 

de Villa que hoy están corrientes, de los que cobran los Hos- 
pitales 44.000 reales de vellón, que es el precio anual que 
paga dicho Conde por el Privilegio. Lo que he podido averi- 
guar ahora del coste y producto de la Gaceta es lo siguiente: 
En tiempo de paz se venden 6 resmas de Gacetas; ahora, 10, 
y algunas semanas, 11. Hago la cuenta prudencial de que en 
todos tiempos, haciéndolos iguales, se venden 8 resmas cada 
semana, las que vendidas como se venden á 235 reales, im- 
portan cada semana 1.880 reales. 52 semanas tiene el año, 
por lo que importa el total del año 97.760 reales. 

Gastos que hoy tiene. 

Traductor (se supone sea al año) 3.300 reales. 

Sr. Cueto 7.500 — 

A Ant." el vendedor (á 8 r. s al día) 2.920 — 

A Bartolomé Fernández, librero (cerrar, ple- 
gar Gacetas, etc.) 1 • 872 — 

A Miguel Enriques 780 — 

De casa 2.200 — 

Hospital 6.000 — 

Papel 12.480 — 

Impresión 7 . 800 — 

Total de gastos 44.802 — 

Producto 97 760 — 

Ganancia liquida 52.958 reales. 



La ganancia es de 52.958 reales de vellón, poco más ó me- 
nos, y se hace al Hospital el beneficio de darle 1.600 reales 
más del producto de la Gaceta. Se le pueden pagar los 6.000 
reales, y que el Conde vuelva á tomar sus efectos y que se 
contente con lo que ha ganado en todo este siglo. Madrid y 
Enero 13 de 1760. — Francisco Manuel de Mena. 



203 - 



Representación de Llano al Ministro Wall, 

y de Wall al Rey Carlos III , sorre incorporación 

de la «Gaceta» á la Corona. 

Excmo. Sr.: Cuando se resolvió por el Rey Felipe, pocos 
años antes de su muerte, vestir de uniforme á toda la Casa 
Real, se trató de si los secretarios del Despacho y los oficiales 
de la Secretaría deberían reputarse como criados de la Casa. 
Determinóse que lo eran; se les mandó formar asiento en 
sus libros, y S. M. les dio uniforme bordado de oro, que es- 
trenaron el día de los desposorios de la Sra. Delfina María 
Teresa. 

Bien se conoció entonces que era demasiado costoso; pero 
habiéndose determinado que los jefes se pusiesen el mismo 
que los oficiales, como se le pone ahora el Marqués del Cam- 
po de Villar y le han puesto los que no han tenido otro á que 
dar la preferencia, y que le conservasen los secretarios de los 
Tribunales, como, por ejemplo, Gordillo y Montiano, se pasó 
por encima del demasiado costo para los oficiales, á titulo de 
que los jefes tuviesen uniforme correspondientemente lucido, 
y con todo para ellos quedó inferior á los demás de la Casa 
Real. Lejos de pretender sobresalir en el uniforme, se lasti- 
maron los más de los oficiales de la Secretaría del demasiado 
gasto, y el Rey Felipe tuvo la piedad de pagarles el primero. 

En el reinado del Rey D. Fernando, hermano de S. M., se 
mudó la hechura del bordado, y no otra cosa, al uniforme de 
las Secretarias, por representación que le hizo el Marqués de 
la Ensenada; y de orden de S. M. pasó el dibujo á las Secre- 
tarías de Estado y Gracia y Justicia, que eran las únicas que 
no regentaba y que no tuvieron la menor parte en la mu- 
danza. Los oficiales de estas dos conservaron, sin embargo, 
el antiguo tanto como pudo durar a cada cual; pero con el 
tiempo lo mudaron todos, porque, á uno antes y á otro des- 
pués, les vino la necesidad de renovarle; y habiendo de hacer 
nuevo, consideraron por osadía que no fuese según el que 
S. M. había últimamente determinado. 

Habiendo V. E. conocido, por el modo de proceder y pen- 
sar de sus oficiales, que no cabe hayan sido promotores de 
que sus uniformes sean más ó menos ricos, y que la cortedad 



— 204 — 

del sueldo, especialmente en las últimas plazas (una hay de 
15.000 reales y cuatro de 20.000), no sufre gastos extraordina- 
rios, consiguió dos años há que S. M. el Rey señalase el fon- 
do sobrante del Mercurio para pagar los uniformes á los nue- 
vos oficiales, y empezaron á lograr el fruto de esta merced 
los cuatro que entraron entonces. 

Manifestó V. E. á S. M. que la Secretaría era acreedora, 
en cierto modo, á tener éste y cualquier otro alivio extraor- 
dinario en dicho fondo, porque se ha establecido y sostenido 
■á expensas del cuidado y desinterés con que se maneja y cela 
por ella la traducción, impresión y salida del Mercurio, y no 
sólo convino S. M. en que los oficiales que entraron tuvieran 
el de costearles el uniforme, sino en que el encargado de esta 
comisión gozase por ella cien doblones de oro al año. 

Cuatro años há que corre este negocio por la Secretaria, y 
•existen á la disposición del Rey, según las cuentas que ha pre- 
sentado el librero Mena, bajados todos los gastos y las citadas 
consignaciones, y sin contar los enseres de Mercurios que, 
aunque atrasados, darán regular ó mayor producto, habién- 
dose dispuesto enviarlos á Indias, 80.000 reales de vellón, es- 
tando el público mejor servido que antes, y no habiendo el 
inconveniente en que se caía, cuando era un particular el 
dueño del Privilegio, de sacar á luz muchas noticias contra 
la razón de Estado y aun contra el respeto y decoro de la Re- 
ligión. 

Se iba sufriendo este inconveniente, hasta que la impru- 
dencia con que en el Mercurio se habló del terremoto de Lis- 
boa enfadó al Rey (que goza de Dios), y V. E. averiguó que, 
sin faltar á la justicia, se podía unir al Ministerio el Privile- 
gio de la impresión; pues habiéndole obtenido D. Miguel 
Daoiz por mil doblones de oro y la condición de que, en que- 
riendo S. M. recogerlo, se le hubieran de volver, con entre- 
gárselos, como se le entregaron, salvó V. E. la conciencia 
de S. M., y aun le ofreció las ventajas que ha realizado la ex- 
periencia, manejándose este negocio por la Secretaría. 

El Conde de Saceda, que es otro propietario rico, tiene el 
Privilegio de la Gaceta, y V. E. no ignora los disgustos que 
le ha ocasionado durante su Ministerio (no fueron menores 
los que sufrieron en su tiempo D. José de Carvajal y el Mar- 
qués de Villanas) la indiscreción y trastrueque de noticias 
que, imprudente ó descuidadamente, salían de ella, hasta que 
resolvió S. M. obligar á dicho Conde á que antes de impri- 









- 205 — 

mirse se hiciese ver y aprobar de uno de los oficiales de esta 
Secretaría, señalándole también cien doblones de pensión so- 
bre su producto, no hallando su benigna justiticación razona- 
ble que tuviese éste el trabajo y que fuera el fruto para el 
dueño del Privilegio, que ha callado y se da por muy conten- 
to, á trueque de que no se haga con él lo mismo que con el 
del Mercurio, en que ganaría mucho mas el público, por el 
abandono con que se trata la Gaceta, que no tiene más méri- 
to que ser copia de las de Holanda, pudiendo traer originales 
las noticias de toda Italia, Portugal, África y de nuestros 
puertos, y tendría S. M. otro fondo para premiar beneméritos 
y usar de su notoria liberalidad. 

V. E. sabe que en París y Londres se conceden muchas 
pensiones á los que se hacen acreedores en la carrera de este 
Ministerio, y aun á los que se distinguen en las letras y cien- 
cias, sobre el Mercurio y la Gaceta. Bien manejado uno y otra 
podría S. M. hacer lo mismo en Madrid. 

Extrajudicialmente se ha entendido que al fin del siglo pa- 
sado concedió el Rey Carlos 11 al Hospital General de Madrid 
el Privilegio de la Gaceta, y que á los cinco años le enajena 
á favor de D. Juan de Goyeneche, de quién le ha venido á Sa- 
ceda por 147 000 reales de vellón en que se regularon varios 
efectos de Villa que cedió al Hospital, que entonces no eran 
muy seguros, y que ahora rentan 400 ducados anuales. — Don 
José Agustín de Llano. 

Decreto al margen: — Buen Retiro, á 16 de Enero 
de 1760. — Todo lo ha visto el Rey y quiere que corran y se 
cumplan las resoluciones anteriores, y que asi como se reco- 
gió el Pricilegio del Mercurio, se disponga recoger el de Ico- 
Gaceta y que se maneje por la Secretaria. — Wall. 



VI 

Apercibimiento al Conde de Saceda, propietario 
del Privilegio para imprimir Gacetas 

(Buen Retiro 18 de Enero de 1^60.) 

El Rey quiere saber desde cuándo, cómo y en qué términos 
está en casa de V. S. el Privilegio de imprimir y vent-ler la 
Gaceta, y de orden de S. M. lo prevengo á V. S. para que me 
informe de ello cuanto antes y con la mayor individualidad. 



— 206 — 

Dios guarde á V. S. muchos años. Buen Retiro 18 de Enero 
de 1760. — Ricardo Wall. — Sr. Conde de Saceda. 



VII 

Notificación al Marqués de Belzunce, 

Conde de Saceda, de la resolución de S. M. de incorporar 

a la. Corona el Privilegio de la Gaceta. 

(El Pardo 23 de Febrero de H61). 

Está el Rey satisfecho de la exactitud y claridad con que 
ha presentado V. S. las noticias, documentos y estado de va- 
lores que le ha pedido, relativo todo al Privilegio de imprimir 
y vender la Gaceta que posee su casa, y en el supuesto de ha- 
ber resuelto S. M. reintegrarle á la Corona, porque conviene 
é su Real servicio que se maneje por la vía reservada de Es- 
tado, ha querido ejecutarle con el dictamen de D. Pedro Mar- 
tínez Feijoo, Consejero de Castilla, y de D. Francisco Geró- 
nimo Herrera, Fiscal del Consejo de Guerra, sobre la canti- 
dad con que debe recompensarse á V. S. su principal ó la 
renta que corresponda señalarle en la misma finca. Les paso 
á este fin todos los papeles que V. S. me ha suministrado y se 
les previene que oigan á V. S. en ese asunto, pues que se pro- 
mete el Rey de sus buenas circunstancias que se allanará á 
todo lo que sea justo y regular: con que en esta inteligencia 
puede V. S. acudir á tratar y exponer á dichos ministros lo 
que se le ofrezca, pues con tan benigno intento me manda Su 
Majestad dar á V. S. este aviso. Dios guarde á V. S. muchos 
años. El Pardo, á 23 de Febrero de 1761. —Ricardo Wall. — 
Sr. Marqués de Belzunce, Conde de Saceda. 



VIII 

Nombramiento de nueva Junta 

oe informe sobre la indemnización al Marqués de Belzunce 

por desacuerdo entre los anteriores Arbitros 

(San Ildefonso 11 de Septiembre de 1761.) 

Tiene resuelto S. M. el Rey, con motivos importantes á su 
Real servicio, incorporar á la Corona el Privilegio exclusivo 
•de imprimir y vender la Gaceta que goza el Marqués de Bel- 



— 207 - 

zunce, y que se maneje en adelante esta dependencia por la 
Secretaría del Despacho de Estado de mi cargo. Sobre el 
modo de hacerlo, sin faltar á la justicia, dando al Marqués de 
Belzunce el equivalente á que, según ella, fuese acreedor, pi- 
dió el Rey dictamen, primero separado y después juntos, á 
D. Pedro Martínez Feijoo y á D. Francisco Gerónimo Herre- 
ra, y se le han expuesto muy contrario el del uno al del otro. 
No puede, por consecuencia, tomar S. M., con tranquilidad de 
su conciencia, resolución sobre la recompensa que de justicia 
merece el Marqués de Belzunce, en virtud del parecer de di- 
chos Ministros, y por eso quiere ver el de otros que juzguen 
de los suyos. Ha resuelto, pues, que V. S. lima, junte en su 
posada las veces que fuere necesario á D. Francisco de Cepe- 
da, D. Francisco José de las Infantas y D. Francisco Carras- 
co de la Torre, para que con V. S lima, examinen dichos dic- 
támenes de D. Pedro Martínez Feijoo y D. Francisco Geróni- 
mo de Herrera, y los documentos que han tenido presentes y 
que van adjuntos, y que los cuatro informen á S M. de lo que 
se les ofreciere y pareciere para llevar á efecto, sin que padez- 
ca la justicia, su resolución de incorporar ala Corona el men- 
cionado Privilegio de imprimir la Gaceta. Prevéngolo á 
V. S. lima, de orden de S. M. para su cumplimiento. Dios 
guarde á V. S. lima, muchos años. San Ildefonso 11 de Sep- 
tiembre de 1761. — Ricardo Wall. — limo. Sr. Obispo de 
Cartagena, Gobernador del Consejo. 



IX 

Dictamen de la Junta de indemnización por el Privilegio 
de la «Gaceta». 

(Madrid 30 de Diciembre de 1161. ) 
Sres.: 
Obispo Gobernador. Señor : En orden de 11 

D. Francisco de Cepeda. de Septiembre de este año, 

D. Francisco J. délas Infantas. comunicada por vuestro 
D. Francisco Carrasco de la primer Secretario de Es- 
Torre, tado, se sirvió V. M. nom- 
brar los Ministros del margen para que examinasen los dic- 
támenes entre sí opuestos de D. Pedro Martínez Feijoo y de 
D. Francisco Gerónimo de Herrera, sobre el equivalente que, 
sin faltar á la justicia, deberá darse al Marqués de Belzunce 



- 208 — 

por el privilegio de imprimir y vender la Gaceta, que por 
justos motivos ha resuelto V. M. incorporarlo á la Corona, y 
para que, en vista de los demás documentos que se remitie- 
ron á la Junta, informase lo que se la ofreciese y pareciese 
para llevar á efecto la incorporación sin que padeciese la 
justicia. 

Tratado este asunto en dos sesiones con el cuidado que 
merece, y pedidas algunas noticias más al Marqués y á la Se- 
cretaria del Gobierno del Consejo, ha sido el sentir unánime 
de la Junta que, lo más seguro en reglas de justicia y de equi- 
dad, es que no se gradúe el equivalente por lo que producía 
el Privilegio al tiempo en que se hizo merced de él al Hospi- 
tal, ni por lo que producía al tiempo en que D. Juan de Goye- 
neche le compró al Hospital, sino por el tiempo presente, 
conformándose en esta parte con el dictamen de D. Pedro 
Feijoo, pero aprobando el de D. Francisco Herrera en la 
parte de que no debe hacerse mérito de todos los productos 
actuales, sino de los que en justicia y equidad se deberían 
permitir en un Privilegio privativo y exclusivo como el pre- 
sente. 

El Plan presentado por el Marqués en los cinco últimos 
quinquenios manifiesta de producto líquido en cada año, ba- 
jada toda suerte de gastos y cargos, 84.000 reales de vellón. 
Se le han pedido las tasas y la licencia para los precios á que 
se ha vendido y para aumentar el medio pliego en las Gace- 
tas, y responde que no ha habido tales tasas ni licencias, y, 
en efecto, nada de esto se ha hallado ni en el Consejo; que 
por tradición doméstica sabe que valían á tres cuartos en lo 
antiguo; que por irse aumentando los sucesos y noticias de la 
Europa se añadió el medio pliego, y con este motivo un cuar- 
to; y que en el Privilegio, cuando se concedió al Hospital, no 
se fijaron los precios á las Gacetas, sino que pudiere vender- 
las á los acostumbrados, lo que acaso sería considerando que 
cualquiera exceso cedía en beneficio de los pobres, que, según 
los asientos suministrados por el Marqués, ascendían enton- 
ces en líquido á 400 ducados, cuando más. 

Precisada ahora la Junta para arreglar el justo equiva- 
lente del Privilegio, á considerar y computar el precio que 
prudencial y equitativamente debía tener la Gaceta, para 
que, produciendo al dueño una copiosa ganancia, no fuese el 
público tan enormemente perjudicado, contra la intención 
de V. M., ha tenido presente las tasas regulares del Consejo 



- 209 — 

en semejantes Privilegios exclusivos para impresiones y plie- 
gos de calidad igual en todo a las Gacetas que se venden, y 
tasando por aquel estilo cada pliego á los maravedises que 
correspondía, sin escasez, queda reducido el producto liquido 
de los 84.000 reales de vellón a la cuarta parte, que es 21.000. 

Por otro aspecto de menor examen, aunque más llano, se 
reconoció también que, dando al capital de la compra y al 
caudal anual que se emplea en la impresión un 10 por 100 de 
ganancia liquida, que es cuanto puede darse, aún consideran- 
do lo que en este negocio hay de industria, componen, con el 
cargo anual del Hospital, los mismos 21.000 reales de vellÓD, 
con levísima diferencia, que es lo que á justa tasación debía 
rendir el Privilegio. 

En este pie de renta líquida, después de recobrado tantas 
veces el capital, estima la Junta que el Marqués, no sólo 
queda resarcido a lo justo, sino tratado con el ensanche que 
hoy permite el Privilegio y cual corresponde á la equidad y 
grandeza de S. M. El que se le forme precio de todo el res- 
tante producto, que malamente y por puro desgobierno se le 
toleró, por no haberse puesto tasa al principio de su conce- 
sión, no cabe en equidad ni justicia que se proponga. 

Por este concepto parece que V. M. podía mandar que se 
abone al Marqués — si hoy lo permite el Erario — el capital 
correspondiente á 3 por 100 de 21.000 reales de vellón de ren- 
ta, en que se ha estimado el producto líquido que justa y 
equitativamente debía quedarle cada año del Privilegio; que 
este fondo se deposite á disposición del Ministro que sea del 
agrado de V. M., para emplearse, con su intervención á be- 
neficio del Mayorazgo, en lugar del Privilegio; que no te- 
niendo V. M. á bien la entrega del capital, mande acudir al 
Marqués entretanto con los 21.000 reales de vellón cada año 
sobre el efecto de la Gaceta, como cargo de ella, y que este 
equivalente que va considerado al Marqués, sea con el cargo 
de continuar completando al Hospital los 400 ducados anua- 
les, en conformidad y con arreglo á la ejecutoria del Consejo. 

Aunque con esto queda evacuado el encargo de la Junta, 
no acierta á callar cuan propio será de V. M. el que, resti- 
tuida á su Real mano la Gaceta, experimente el público, ade- 
más de las ventajas que logrará su curiosidad, el beneficio 
que no ha tenido en un particular: tanto más cuando, aun 
vendidas á dos cuartos, pueden producir libremente, con un 
regular cuidado, otro tanto de lo que importa el equivalente. 

14 



- 210 — 

V. M. resolverá en todo lo que sea más de su Real agra- 
do. — Madrid 30 de Diciembre de 11Q1. — (Siguen cuatro rú- 
bricas.) 



Conformidad de S. M. 
( Buen Retiro 10 de Enero de 1~62. ) 

Ilmo- Sr.: El Rey se ha conformado con la consulta que 
la Junta compuesta de V. S , D. Francisco de Cepeda, Don 
Francisco José de las Infantas y D. Francisco Carrasco de la 
Torre firmó el 30 del antecedente sobre la recompensa que 
en justicia correspondería dar al Marqués de Relzunce, Con- 
de de Saceda, por el Privilegio privativo y exclusivo perpetuo 
de la impresión de la Gaceta, que S. M. ha incorporado á la 
Corona ; y en su consecuencia ha resuelto se entreguen con 
la Renta de Correos al referido Marqués de Relzunce, Conde 
de Saceda, los 700.000 reales de vellón que sienta dicha consul- 
ta le producirán anuales 21.000 reales á razón de 3 por 100; 
pero con el cargo de haber de continuar el Marqués comple- 
tando al Hospital los 400 ducados anuales en que le compró el 
Privilegio y con la condición de emplear dichos 700.000 rea- 
les de vellón á favor del Mayorazgo de su casa, en lugar del 
Privilegio de que se le separa, con conocimiento é interven- 
ción de D. Francisco Carrasco de la Torre, á quien con esta 
fecha se le pasa el correspondiente aviso. 

No deja el Rey en el todo de esta providencia de tener con- 
sideración á la conveniencia del público, por que se interesa la 
Junta, pues bien que la Gaceta continuará vendiéndose al 
mismo precio que hasta aquí, saldrá en mejor papel y con 
noticias más frescas y escogidas, á cuyo beneficio se agrega 
el especial de los distintos destinos que dará S. M. á su pro- 
ducto á favor de sus vasallos ; lo que no sucedería entrando 
en un particular. 

Lo participo á V. S. de orden de S. M para su inteligen- 
cia y la de los demás individuos que componían la expresada 
Junta. — Dios guarde á V. S. muchos años. - Buen Retiro 10 
de Enero de 1762. — Ricardo Wall. — ll/r Sr. Obispo de 
Cartagena, Gobernador del Consejo. 



211 — 



XI 






Delegación de la dirección de la ((Gaceta de Madrid» 
en D. Francisco Manuel de Mena. 

( Buen Retiro 10 de Enero de l"7ó2. ) 

El Rey ha resuelto incorporar á su Real Corona el Privi- 
legio de imprimir la Gaceta de Madrid, queriendo que la del 
martes 19 del presente mes y todas las sucesivas se impriman 
de su Real cuenta, con intervención déla Secretaria del Des- 
pacho de Estado de mi cargo ; y atendiendo S. M. á que us- 
ted corre tiempo ha con la impresión del Mercurio y con su 
■venta, procurando en una y otra las posibles ventajas á su 
Real Erario, ha resuelto que igualmente se encargue V. de la 
impresión y venta de la Gaceta, y que para que se verifiquen 
los mismos fines que con el Mercurio, tome V. desde luego 
las correspondientes medidas; advertido de que la Gaceta se 
ha de vender al público á los mismos precios que hasta aquí, 
no haciéndose baja en ellos á motivo de mejor papel en que 
se debe imprimir y de las noticias más frescas y escogidas y 
costosas que ha de contener. 

D. Juan Antonio de Eguilondo, que de diez y siete años á 
esta parte ha traducido la Gaceta, está nombrado por S. M. 
para continuar en el mismo encargo; y en atención al trabajo 
■que se le seguirá, se le han señalado, por ahora, 4.000 reales 
de vellón al año, cuya cantidad le entregará V. por su reci- 
bo y á los plazos que la quisiere. 

Al revisor de dicha Gaceta, D. Miguel de San Martin y 
Cueto, que quiere el Rey continúe en esta comisión, le entre- 
gará V. igualmente por tercios ó por medios años los 500 
pesos sencillos anuales que ha percibido hasta aquí por tal 
Recisión. 

Estas dos partidas, las del importe del papel que V. com- 
pre para la impresión y las de los gastos que en ella se oca- 
sionen, con todos los demás que fueren indispensables, las 
cargará V. en la cuenta formal y separada que debe llevar 
del producto de la dicha Gaceta, no dudando S. M. de la 
acreditada honradez de V., de su celo y desinterés, que su 
Real Erario experimentará más y más las ventajas que co- 
rresponden á esta confianza, y el público el cumplido puntual 
servicio que se debe prometer. 



-=■ 212 — 

La recompensa que deberá V. tener por este nuevo tra- 
bajo que se le aumenta, se le señalará á V. más adelante, 
bien en iguales términos que se practica por el Mercurio, ó 
bien en los que pareciesen más correspondientes al mérito 
que V. acredite. 

Lo participo á V. de orden de S M. para su inteligencia 
y cumplimiento y deseo. — Dios guarde á V. muchos años. — 
Buen Retiro 10 de Enero de 1762. — Ricardo Wall. — Señor 
D. Francisco Manuel de Mena. 



Definición actual de la Gaceta- como periódico oficial 
é Instrucciones para su actual organización. 



DOCUMENTOS LEGALES 



Tercera serie. 

(Colección legislativa de España: tomos correspondiente» 
á los años 1837 y 1886.) 

I 

Mejobas de la Redacción de la «Gaceta». 

(Real orden de 2 de Junio de 1837.) 

Era una consecuencia necesaria de lo mandado por S. M. 
en Reales órdenes de 28 y 29 del mes anterior que el periódi- 
co oficial adquiriese desde luego otro interés, mejorando su 
redacción en los diferentes extremos que comprende. Pene- 
trado V. S. de aquella neoesidad, que ya en otro tiempo ex- 
pusiera, y no siendo dudoso que cooperará con su instrucción 
y celo al logro de tan importante objeto, paso á comunicar á 
V. S. las órdenes de S. M. acerca del particular para que 
inmediatamente se lleven á debido efecto. 

S. M. quiere que, con preferencia á todo, y tan pronto 
como lleguen á la Redacción, se circulen las leyes, decretos, 
Reales órdenes y demás disposiciones del Gobierno. Conver- 
tida la Gaceta de Madrid en Boletín Oficial Nacional, no 



- 213 — 

debe omitirse en ella ningún mandato superior que pueda in- 
teresar á cualquiera clase ó persona del Estado. La exacta 
cerrespondencia con el texto y la corrección tipográfica son 
de esencia en esta parte. 

Las sesiones de Cortes se insertarán con toda la exten- 
sión posible, sin preferencias de ninguna especie, sin pasión 
y sin color político; la Gaceta deberá ser el fiel y leal trasla- 
do de lo dicbo y de lo ocurrido. 

En la comunicación de noticias oficiales no se perderá mi- 
nuto para satisfacer cuanto antes la justa ansiedad del públi- 
co. Las que no lleguen de semejante origen deberán expre- 
sarse con aquella reserva prudente que evita los compromi- 
sos y desvanece pretextos de calumniar las intenciones del 
Gobierno. La verdad y el comedimiento, como V. S. sabe, 
son el carácter distintivo del periódico. 

La parte más selecta de los papeles nacionales ó extranje- 
ros, relativa á los descubrimientos ó adelantamientos en las 
ciencias, literatura, artes, industria y comercio, deberá tam- 
bién tener cabida en él, según su respectiva importancia. 

Sólo asi los funcionarios públicos y los Ayuntamientos 
cumplirán gustosos con el deber que acaba de imponérseles, 
y sólo así los particulares codiciarán la lectura de un papel 
que hasta ahora desdeñaron por su inutilidad y aridez. Los 
Ayuntamientos de los pueblos cabezas de partido, y los que 
voluntariamente se suscriban á la Gaceta, tendrán derecho á 
que en ella se inserten, sin dilación y sin retribución alguna, 
los avisos y anuncios cuya mayor publicidad les interese. 

Por fin, S. M. la Reina Gobernadora, justa siempre en 
sus disposiciones, al imponer á V. S. nuevos deberes, le pro- 
porciona los medios de cumplirlos. V. S. puede elegir ó con- 
servar redactores que posean conocimientos profundos y va- 
riados; suscribirse á aquellas publicaciones periódicas que 
juzgue más á propósito para suministrarles materiales; enta- 
blar correspondencia dentro y fuera del Reino, y adoptar, sin 
más restricción, cuantas medidas y providencias sean nece- 
sarias para el mejor desempeño de su cometido; consultando 
á este Ministerio las dudas que le ocurran. De Real or- 
den, etc. — Madrid 2 de Julio de 1837.— Pío Pita Pizarro.— 
Sr, Administrador de la Imprenta Nacional. 



— 214 — 



II 



Instrucción para el servicio de redacción y administración: 
de la «Gaceta de Madrid». 

(Madrid 11 de Agosto de 1886.) 

(Gaceta del día 12.) 

Ilmo. Sr.: De conformidad con lo que previenen los ar- 
tículos 13 y 14 del Real decreto de 4 de Mayo último, que su- 
primió la Imprenta Nacional; vista la Real orden de 9 del 
corriente, expedida por el Ministerio de Hacienda, en la que 
se manifiesta la conformidad de dicho departamento con la 
Instrucción formulada para el servicio de redacción y admi- 
nistración de la Gaceta de Madrid; el Rey (Q. D. G.), y en 
su nombre la Reina Regente del Reino, ha tenido á bien 
aprobar la referida Instrucción, disponiendo que rija desde 
esta fecha. De orden de S. M. lo digo á V. I. para su conoci- 
miento y efectos consiguientes. Dios guarde á V. I. muchos 
años. Madrid 11 de Agosto de 1886. — Segismundo Moret y 
Prendergast. — Sr. Subsecretario del Ministerio de la Go- 
bernación. 

INSTRUCCIÓN 

Artículo 1.° En la Sección correspondiente de este Minis- 
terio habrá dos Negociados, uno para el servicio de redacción- 
y otro para el de administración de la Gaceta de Madrid. 

De la Redacción. 

Art. 2.° Constituyen el Negociado de Redacción los em- 
pleados que designe el limo. Sr. Subsecretario, y que bajo sus- 
órdenes cuidarán de que se guarde el orden establecido para 
la inserción de los originales en la Gaceta de Madrid, distribu- 
yéndose los demás trabajos que les correspondan como Redac- 
tores de dicho periódico oficial, y alternando de modo que dia- 
riamente se halle de guardia uno de ellos en el establecimiento- 
tipográfico donde se confecciona aquél, desde antes de empe- 
zar la composición de los moldes hasta después de haber enr- 
trado en máquina la Gaceta. 



— ¿15 — 

Art. 3." Corresponde al Negociado de Redacción ordenar 
la inserción en la Gaceta, previa revisión, de todos los docu- 
mentos y anuncios de oficio que remitan los Ministerios, Au- 
toridades, Tribunales y oficinas competentes, asi como la pu- 
blicación en la parte no oficial de los Discursos, Memorias y 
Revistas de las Academias y Corporaciones nacionales y ex- 
tranjeras, en los casos que corresponda. 

Art. 4.° Los empleados de dicho Negociado desempeñarán 
todo el trabajo de redacción, teniendo á su cargo la formación 
de registros é índices, confección de la tíaia oficial de España 
y de cuantas publicaciones oficiales ordene el Excrno. Sr. Mi- 
nistro. 

Art. 5." Las cuartillas de los documentos que se publiquen 
en la Gaceta han de estar selladas y autorizadas por los res- 
pectivos Sres. Subsecretarios ó Jefes de las dependencias cen- 
trales, insertándose en la parte oficial por el siguiente orden: 

1." Leyes ó proyectos de ley. 

2.' Reales decretos y reglamentos. 

3." Reales órdenes y circulares. 

4.° Las disposiciones de la Administración central, pro- 
vincial y^ municipal. 

Art. 6 ° Si hubiese exceso de originales para su publica- 
ción en un número de la Gaceta, se dará preferencia á aque- 
llos documentos que por lo perentorio del plazo ó interés 
general que contengan lo exijan así. 

Art. 7." El orden de publicación de originales en cada Sec- 
ción de la Gaceta será el de antigüedad relativa de los 
Ministerios, después de la Presidencia del Consejo de Minis- 
tros, exceptuándose los documentos referentes á solemnidades 
ó actos oficiales á que asista S. M. el Rey ó Regente del Reino, 
que se insertarán en primer lugar, así como los telegramas y 
comunicaciones de sucesos importantes. 

Art 8. u Atendidas la índole y perentoriedad de los traba- 
jos que tiene á su cargo el Negociado de Redacción, el Redac- 
tor de guardia resolverá, de acuerdo con el limo. Sr. Subse- 
cretario de este Ministerio ó con los respectivos Centros ofi- 
ciales, según los casos, las dudas que puedan surgir sobre la 
inserción de documentos, y hará cumplir las órdenes de la 
Superioridad al contratista de la impresión de la Gaceta, 
dando cuenta de todo lo ocurrido á esta Subsecretaría. 

Art. 9." Los documentos oficiales que remitan los Ministe- 
rios y demás Centros de la Administración se insertarán de 



— 216 — 

oficio en la Gaceta, excepto los pliegos de condiciones para 
las subastas, que se considerarán como anuncios de pago en 
su día. 

Art. 10. El Negociado de Redacción llevará un registro ge- 
neral de todos los originales que se reciban procedentes de los 
Ministerios y dependencias del Estado, así como de los anun- 
cios de oficio, con expresión de la fecha en que unos y otros 
se publiquen, haciendo saber ésta en los segundos al Tribunal 
ó Autoridad de que procedan. También formará los índices 
cronológicos mensuales y alfabéticos trimestrales de las dispo- 
siciones que en estos períodos publique la Gaceta, así como 
los semestrales del Tribunal Supremo. 

De la Administración. 

Suscripciones. 

Art. 11. Corresponde al Negociado de Administración: 

1.° Llevar el alta y baja de los suscriptores de Madrid, pro- 
vincias, Ultramar y extranjero, con la conveniente separación 
de matrices y registros, expresando con toda claridad en aqué- 
llas las fechas de sus respectivos vencimientos. 

2.° Autorizar la inserción en la Gaceta de los anuncios de 
pago que llenen los requisitos que previene el art. 27. 

3.° Señalar diariamente por escrito, y con veinticuatro ho- 
ras de anticipación, al contratista de la Gaceta el número de 
ejemplares de que hade constar la tirada, teniendo en cuenta 
para ello el total de suscriptores, los que reclame el servicio de 
anuncios y los que deban pasar al almacén. 

4." Llevar los libros de contabilidad necesarios, abriendo 
las cuentas oportunas, una en cuyo Debe consten los recibos 
que trimestralmente se entregan á la Ordenación de pagos 
de este Ministerio para su cobro en provincias por medio de 
los Delegados de Hacienda y Administradores de Contribu- 
ciones y Rentas, y en el Haber los recibos que dicha Ordena- 
ción devuelva incobrados y las cartas de pago que la misma 
remita, justificando el ingreso en las respectivas Tesorerías 
de Hacienda de las cantidades recaudadas, y otras separadas 
en que se anoten los ingresos por las dos clases de suscrip- 
ciones de Madrid, por anuncios y por las ventas que realice el 
almacén, así como el importe de las referidas cartas de pago 
para conocer los rendimientos totales de la Gaceta. 



- 217 - 

5.° Examinar las cuentas que debidamente justificadas 
presente cada tres meses el contratista de la Gaceta por los 
diferentes servicios ejecutados en dicho período de tiempo, 
proponiendo su aprobación y pago si las hallase conformes. 
Para el abono de las referidas cuentas, en las que respecta 
á composición y ajuste, se descontará del precio de cada plie- 
go lo que corresponda á las páginas en blanco, pero se consi- 
derarán como enteras aquellas otras que tengan alguna im- 
presión. En cuanto á la tirada, incluso el suministro de papel, 
se abonarán los pliegos por entero aunque tengan una ó más 
páginas en blanco. 

Y 6." Incoar en tiempo oportuno los expedientes necesa- 
rios para contratar por subasta el recorrido y tirada de la 
Guia Oficial y para las demás incidencias que ocasione la Ga- 
ceta de Madrid. 

Art. 12. Las suscripciones á la Gaceta de Madrid son for- 
zosas ó voluntarias. Las primeras las tienen, en cumplimieato 
de las disposiciones vigentes, las Dependencias ministeriales, 
Corporaciones administrativas y los Ayuntamientos de las 
poblaciones que cuentan más de 2.000 habitantes. Las suscrip- 
ciones voluntarias son las que se sirven á los centros, asocia- 
ciones y particulares que no se hallan obligados á sostenerlas. 
El pago de unas y otras será adelantado por meses en Ma- 
drid y por trimestres en el resto de España y en el extranjero. 
Los Ministerios de Estado, de la Guerra, de Marina, de Gra- 
cia y Justicia, Fomento y Gobernación, continuarán satisfa- 
ciendo el importe de sus respectivas suscripciones por trimes- 
tres vencidos, para cuyo efecto se remitirán á dichos centros 
ministeriales las correspondientes cuentas, intervenidas por la 
Ordenación de pagos de este Ministerio. 

Art. 13. Las suscripciones forzosas y voluntarias á la Ga- 
ceta se harán efectivas en las provincias y en los pueblos de 
la de Madrid por las Administraciones de Contribuciones y 
Rentas, que, en caso de demora en el pago de las primeras, 
podrán hacer uso de los procedimientos ejecutivos estableci- 
dos contra los deudores. 

Al efecto, la Sección correspondiente de este Ministerio 
entregará á la Ordenación de pagos del mismo, en los diez 
primeros días de cada trimestre natural, los recibos trimes- 
trales correspondientesá los suscriptores forzosos y voluntarios 
de provincias. Estos recibos serán impresos, talonarios y nu- 
merados; sólo tendrán manuscritos el nombre y domicilio del 



— 218 — 

suscriptor, é irán firmados por el Jefe Administrador de la Ga- 
ceta, ó quien haga sus veces. A dicha entrega acompañará 
una factura para los recibos de cada provincia, expresando 
los números y valor de los mismos; también se acompañará 
otra factura duplicada con el resumen de las de todas las pro- 
vincias y expresión del valor total de la entrega. La Ordena- 
ción de pagos devolverá el duplicado de esta factura con su 
conformidad. 

Art. 14. Hecha la entrega que previene el artículo ante- 
rior, la Ordenación de pagos intervendrá todos los recibos y 
sus correspondientes facturas de provincias, remitiendo unos 
y otras á los respectivos Administradores de Contribuciones y 
Rentas por conducto de los Delegados de Hacienda, para que 
procedan á hacer efectivo su importe, previa su contracción en 
la respectiva cuenta de Rentas públicas. Estos recibos ingre- 
sarán en las Tesorerías de las provincias con aplicación á un 
concepto especial de la cuenta de operaciones del Tesoro, que 
se titulará Recibos á cobrar por productos de la Gaceta de 
Madrid. 

Las Administraciones de Contribuciones y Rentas distri- 
buirán los recibos á las respectivas subalternas, y éstas y aqué- 
llas los presentarán al cobro inmediatamente ó dirigirán avi- 
so á los suscriptores según los casos para que por sí ó por per- 
sona que les represente hagan efectivo su importe. 

El día último precisamente de cada mes se realizarán en 
las provincias las formalizaciones de los recibos que durante 
el mismo se hayan hecho efectivos en las Tesorerías. Dicha 
formalización consistirá en una data por el importe de los re- 
cibos realizados con aplicación al mismo concepto de opera- 
ciones del Tesoro en que se figuró su ingreso, y un cargo equi- 
valente con aplicación al respectivo concepto de la cuenta de 
Rentas públicas. La carta de pago que produzca este ingreso 
la remitirá la Administración por conducto del Delegado á la 
Ordenación de pagos, para que ésta, después de intervenida, 
la entregue á este Ministerio. 

Art. 15. Las suscripciones de provincias pueden hacerse 
de tres modos : 

1." Directamente en este Ministerio, cuyo Negociado de 
Administración entregará el recibo correspondiente con las 
formalidades que previene el art. 18. 

2. a Por medio de carta dirigida al Jefe de la Sección co- 
rrespondiente, acompañando en libranza del Giro mutuo, ó 






— 219 — 

letra de fácil cobro á la orden del Habilitado de este Ministe- 
rio, el importe de uno ó más trimestres. Para esta clase de 
pagos no se admitirán sellos de franqueo. 

Y 3." En las Tesorerías de Hacienda de las respectivas 
provincias, cuyas dependencias entregarán el oportuno re- 
cibo. 

Art. 16. Para los efectos del caso 3.° del artículo anterior 
el Negociado de Administración de la Gaceta remitirá direc- 
tamente á las Tesorerías de Hacienda de todas las provincias, 
excepto la de Madrid, libros talonarios de 100 recibos trimes- 
trales intervenidos por la Ordenación de pagos, cuyo total 
importe anotará en las respectivas cuentas corrientes que con 
este objeto abrirá á dichas dependencias. 

Las Tesorerías de Hacienda darán directamente aviso á 
dicho Negociado en el mismo día de las suscripciones que 
reciban, y cuidarán de reclamar nuevos libros talonarios de 
recibos cuando se agoten los anteriores. 

En las cartas de pago que mensualmente remitan las Te- 
sorerías por conducto de la Ordenación expresarán en con- 
cepto separado las cantidades ingresadas por suscripciones 
nuevas, á fin de que la Administración de la Gaceta pueda 
abonárselas en sus cuentas correspondientes. 

Art. 17. Las suscripciones y renovaciones de Ultramar y 
extranjero se satisfarán precisamente con arreglo á cual- 
quiera de los casos 1.' y 2.° del art. 15. 

Art. 18. Las suscripciones de Madrid se cobrarán por 
recaudadores especiales, que entregarán su importe en la 
Habilitación de este Ministerio. 

Al efecto, en los tres primeros días de cada mes, el Nego- 
ciado de Administración entregará al Habilitado de este Mi- 
nisterio les recibos extendidos con el nombre y domicilio de 
los suscriptores é intervenidos por la Ordenación de pagos, 
acompañando á aquéllos una factura duplicada, expresiva de 
los números y valor total de los mismos, cuyo duplicado le 
será devuelto con la conformidad del Habilitado. 

Dichos recibos serán impresos, talonarios, numerados y 
sólo tendrán manuscritos la fecha, nombre y domicilio del 
suscriptor; de modo que en las suscripciones por más de un 
mes se expedirán tantos recibes como meses se recauden. 

Art. 19. Hecha la entrega que previene el artículo ante- 
rior, el Habilitado suscribirá los recibos y los distribuirá entre 
los recaudadores nombrados al efecto, á los que recibirá 



— 220 — 

cuentas, entregando él la suya á la Administración de la Ga- 
ceta del 15 al 20 de cada mes, justificándolo con un resguar- 
do de la cantidad recaudada que obre en su poder y con los 
recibos que devuelva por no haberse podido realizar. Estos 
recibos, después de inutilizados y de haber producido las 
bajas de suscriptores ú otros efectos que procedan, los remi- 
tirá el Negociado de Administración á la Intervención de la 
Ordenación de pagos para que sean data en la cuenta corres- 
pondiente. 

Art. 20. Los recaudadores á que se refieren los dos artícu- 
los precedentes serán nombrados por la Subsecretaría de este 
Ministerio y se les exigirá la fianza que la misma determine. 

Art. 21. Las suscripciones de Madrid se harán precisa- 
mente en el Negociado de Administración de la Gaceta. 

Art. 22. Todas las suscripciones de la Gaceta empezarán 
en primero de mes. 

Art. 23. El contratista de la impresión, reparto y cierre 
de la Gaceta no podrá servir suscripción alguna que no le 
haya sido ordenada por escrito por el Jefe de la Sección co- 
rrespondiente de este Ministerio, observándose la misma 
formalidad para las bajas. Dicho contratista está obligado á 
dar cuenta al Negociado de Administración de los traslados 
de domicilio de los suscriptores. 

Art. 24. El referido contratista conservará bajo su res- 
ponsabilidad las fajas para el envío de la Gaceta por el correo 
y hará las alteraciones que se le ordenen según el artículo 
anterior, procediendo á la impresión de las que sean nece- 
sarias. 

Las cuentas trimestrales de este servicio se comprobarán 
sumando el número de Gacetas enviadas por el correo du- 
rante el trimestre, según los datos del Negociado de Admi- 
nistración. En los primeros trimestres se descontarán las 
fajas que el contratista ha recibido déla Administración de la 
suprimida Imprenta Nacional. 

Art. 25. La Subsecretaría de este Ministerio podrá impo- 
ner al contratista multas proporcionadas á las faltas que se 
noten en el servicio de reparto y cierre, siempre en vista de 
las reclamaciones de los suscriptores; y si éstas se hiciesen 
frecuentes, lo pondrá en conocimiento del Excmo. Sr. Minis- 
tro para la resolución que proceda. 

Art. 26. La Subsecretaría designará un empleado que con 
el carácter de Inspector presencie diariamente la tirada y 



— 221 — 

cierre de la Gaceta de Madrid, para el exacto cumplimiento 
de cuanto se dispone en el pliego de condiciones que sirvió dé 
base para la subasta de impresión de la Gaceta y en la pre- 
sente instrucción. Dicho funcionario será responsable de 
cualquiera irregularidad que se cometa en los expresados ser- 
vicios que no haya puesto á su debido tiempo en conocimien- 
to de la Subsecretaría de este Ministerio. 

Anuncios. 

Art. 27. Los anuncios que se publican en la Gaceta de 
Madrid son de tres clases: 1. a , de previo pago; 2 ", de pago en 
su día; y 3.", de oficio. 

Son anuncios de pago anticipado: primero, las escrituras, 
estatutos y actas de Sociedades y Bancos, y los que de la mis- 
ma procedencia tienen origen, como las convocatorias de jun- 
tas, los balances y cualquiera otro asunto relativo á dichas 
Asociaciones industriales ó mercantiles; segundo, los avisos 
de extravíos de resguardos de la Dirección general de la 
Deuda, Caja general de Depósitos y Delegaciones de Hacien- 
do, siempre que los expedientes se tramiten á petición de 
parte; tercero, los anuncios que procedan délas Audiencias y 
Juzgados de primera instancia ó eclesiásticos en asuntos ci- 
viles, si los autos se siguen sin declaración de pobreza; y 
cuarto, todos los anuncios de particulares. 

Están exentos de todo pago los anuncios de las Sociedades 
cooperativas de que trata la orden déla Regencia de 26 de Ju- 
lio de 1870 y la Real orden de 10 de Marzo de 1885. 

Son anuncios de pago en su día: primero, los de subastas 
oficiales; segundo, los de los Juzgados en asuntos civiles, 
cuando éstos se tramitan de oficio y se refieren á quiebras, 
abintestatos, herencias, etc. 

Son anuncios de oficio: primero, los de los Juzgados civi- 
les relativos á causas criminales; segundo, los procedentes de 
los Juzgados militares en causas de deserción ú otras análogas; 
y tercero, los de cualquiera dependencia del Estado que se 
ocupen de la Beneficencia. 

Art. 28. Los anuncios de previo pago se satisfarán en la 
Habilitación de este Ministerio, previo recibo talonario que 
extenderá el Negociado de Administración de la Gaceta, será 
intervenido por la Ordenación de pagos, y los suscribirá dicho 
Habilitado. 



— 222 — 

El mismo Habilitado anotará el recibí de las respectivas 
cantidades en los talones de dichos recibos, que conservará el 
Negociado de Administración. 

Los anuncios de pago en su día se satisfarán con las mis- 
mas formalidades que los anteriores. 

Art. 29. Para la publicación de los anuncios de previo pago 
será condición indispensable haber depositado en la Habili- 
tación de este Ministerio el valor del anuncio á juicio del Ne- 
gociado de Administración. Al efecto, este Negociado exten- 
derá un resguardo talonario, que suscribirá el Habilitado al 
hacerse cargo del depósito. Dichos resguardos no serán in- 
tervenidos por la Ordenación de pagos. 

Al día siguiente de publicado el anuncio se canjeará dicho 
resguardo por el recibo definitivo con las formalidades que 
previene el artículo anterior, devolviendo ó percibiendo la di- 
ferencia que corresponda. 

Art. 30. El Negociado de Administración de la Gaceta 
llevará en el libro de las corrientes una cuenta nueva en que 
se anoten los ingresos por anuncios, y anotará en un registro 
especial los de pago en su día, con todos los detalles necesa- 
rios, para exigir su abono en tiempo oportuno á quien corres- 
ponda. 

Del almacén. 

Art. 31. El almacén forma parte del Negociado de Admi- 
nistración de la Gaceta de Madrid. 

Art. 32. Al frente de esta dependencia habrá un Guarda- 
almacén nombrado por la Subsecretaría, con los auxiliares 
que la misma determine. 

El Guardaalmacén conservará bajo su responsabilidad 
personal y por inventario valorado los ejemplares de la Ga- 
ceta, Guia oficial de España y demás publicaciones que 
existan en la dependencia de su cargo. De este inventario 
suscribirá tres copias autorizadas por el Jefe de la Sección de 
Redacción y Administración de la Gaceta de Madrid, con- 
servando una en su poder para su resguardo; de las otras 
dos, pasará una á dicha Sección, y la otra á la Ordenación 
de pagos. 

El Guardaalmacén recibirá diariamente del contratista de 
la impresión de la Gaceta, previo resguardo, los ejemplares 
sobrantes de la tirada de dicho periódico oficial. Con las mis- 



— 223 — 

mas formalidades se entregará de las ediciones de obras he- 
chas con destino á la venta pública. 

Todos los meses se adicionará el referido inventario con el 
total de ejemplares de la Gaceta entregados durante el mis- 
mo por el contratista de la impresión y con las obras recibi- 
das para la venta. 

Estas adiciones se harán por medio de nota, que suscribirá 
el Jefe del almacén en los tres ejemplares de dicho inven- 
tario. 

Art. 33. El Guardaalmacén expenderá directamente, y 
con arreglo á los precios señalados en el inventario, los ejem- 
plares de la Gaceta, Guia oficial y obras que se hallen á la 
venta. 

Art. 34. Diariamente ingresará el Guardaalmacén en la 
Habilitación de este Ministerio los fondos procedentes de las 
ventas efectuadas en el día. 

Estos ingresos los justificará por medio de notas que sus- 
cribirá el Habilitado al hacerse entrega de los fondos en un 
libro que conservará el encargado del almacén para su res- 
guardo. Dichas notas no tendrán efecto alguno sin que en ellas 
conste el V.° B.° del Jefe de la Sección de Redacción y Admi- 
nistración de la Gaceta de Madrid y la toma de razón de la 
Intervención de la Ordenación de pagos de este Ministerio. 

Art. 35 Cuando el Guardaalmacén cese en sus funciones, 
hará entrega al que le suceda de todas las existencias de la 
dependencia de su cargo. Esta entrega se justificará por inven- 
tario que suscribirán el Guardaalmacén entrante y saliente, 
sacándose cuatro copias de dicho documento, una para cada 
uno de los expresados funcionarios, otra para la Sección co- 
rrespondiente de este Ministerio, y la cuarta para la Ordena- 
ción de pagos. 

De la contabilidad. 

Art. 36. El Negociado de Administración de la Gaceta de 
Madrid en este Ministerio llevará un libro de cuentas corrien- 
tes con las que previenen los artículos 11 y 30 de esta ins- 
trucción. 

Art. 37. El Habilitado de este Ministerio llevará un libro 
de Caja en cuyo Debe anote todos los ingresos por productos 
de la Gaceta de Madrid y en el Haber las entregas que haga 
en la Tesorería de Hacienda de esta provincia, con arreglo 
al artículo siguiente. 



» 224 = 

Proceden los ingresos á que se refiere "el párrafo anterior': 
primero, de las suscripciones de la Gaceta y venta de hojas 
extraordinarias; segundo, délos anuncios de pago en ella in- 
sertos; y tercero, de los productos del almacén. 

Art. 38. El Habilitado de este Ministerio ingresará dichos 
fondos en la Tesorería de Hacienda de Madrid los días 15 y 
último de cada mes, y si alguno de éstos fuere festivo, en 
aquel que le preceda; y rendirá cuenta mensualmente al 
Tribunal de las del Reino por conducto de la Ordenación 
de pagos, cuyo Interventor suscribirá en la misma su confor- 
midad; se justificará el cargo de dicha cuenta con certifica- 
ción del Jefe de la Sección de Redacción y Administración 
de la Gaceta, en que haga constar los ingresos diarios con 
referencia á los talones de cargo de los recibos que haya ex- 
pedido para la Habilitación, y que conserve con el recibí del 
Habilitado, y la data con las cartas de pago que expida á fa- 
vor de dicho Habilitado Ja Tesorería de Hacienda de la pro- 
vincia. 

El Negociado de Administración de la Gaceta pasará dia- 
riamente á la Ordenación de pagos nota de los ingresos veri- 
ficados en la Habilitación, clasificados por conceptos. 

Art. 39. La intervención de la Ordenación de pagos abri- 
rá los libros y cuentas que juzgue necesarios para el mejor 
acierto de su cometido, con arreglo al art. 6.° del Real decre- 
to de 4 de Mayo último. 

Art. 40. El encargado del almacén rendirá cuenta men- 
sual á la Administración de la Gaceta, en cuyo documento 
deberán constar las existencias de efectos al terminar el mes 
anterior al de la cuenta, las entradas ocurridas, los remanen- 
tes que pasan al mes siguiente y las cantidades entregadas 
en la Habilitación como producto de ventas- 

El Negociado de Administración confrontará estas parti- 
das con sus datos; y hallándolos conformes, lo hará asi cons- 
tar, pasando la cuenta á la Ordenación de pagos. 

Además de estas cuentas particulares, presentará el Guar- 
daalmacén la anual, que, informada por la Ordenación de pa- 
gos, será remitida al Tribunal de Cuentas del Reino, hacién- 
dose al mismo tiempo las notas necesarias en los inventa- 
rios para datar las Gacetas y libros cuyo valor haya ingresa- 
do en la Habilitación durante el año. 

Art. 41. El contratista de la impresión de la Gaceta pre- 
sentará en fin de cada trimestre la cuenta justificada de los 



- 225 - 

servicios ejecutados durante el mismo, y para su abono se 
tendrá presente lo dispuesto en los artículos 11 y 24 de esta 
instrucción. 

Los demás gastos que se ocasionen con motivo de la pu- 
blicación de la Gaceta de Madrid, como impresión de recibos, 
etcétera, se autorizarán y abonarán con cargo á la partida co- 
rrespondiente del presupuesto, previas las formalidades que 
establecen las disposiciones vigentes. 

Art 42. El gasto diario del franqueo de la Gaceta para el 
extranjero se sufragará por el contratista de la impresión, re- 
parto y cierre, que recibirá con cargo á la partida correspon- 
diente y en concepto de á justificar la cantidad que se consi- 
dere necesaria para esta atención durante cada mes, rindien- 
do á fin del mismo la oportuna cuenta, que será comprobada 
por el Negociado de Administración á la vista de los regis- 
tros de esta clase de suscriptores. 

Art. 43. La Sección de Redacción y Administración de la 
Gaceta rendirá en fin de cada año una cuenta particular á 
este Ministerio, en la que con todo detalle consten los ingre- 
sos y pagos realizados, asi como los rendimientos obtenidos 
por la Gaceta de Madrid, en cuyo documento anotará su 
conformidad la Ordenación de pagos. 

ARTÍCULO TRANSITORIO 

La presente instrucción se considerará parte integrante 
del reglamento de este Ministerio. 

Madrid 11 de Agosto de 1886.— Aprobada por S. M. —El 
Ministro de Estado é interino de la Gobernación, Segismundo 

MORET. 



15 



— 226 — 



TENTATIVAS HISTÓRICAS, BIBLIOGRÁFICAS Y CRÍTICAS 



DOCUMENTOS LITERARIOS 



Cuarta y última serie. 

I. (Historia de la Gaceta de Madrid, por el Ilustrísimo 
Sr. D. Aubeliano Fernández-Guerra y Orbe. — Gaceta de 
Madrid del dia 1." de Enero de 1860.) 

II. (Apuntes para un catálogo de periódicos madrileños 
desde el año 1661 al 1870, por D. Eugenio Hartzenbusch.) 

III. (La Imprenta Nacional de España. — Breve reseña 
de su historia y administración, por D. Manuel Ossorio y 
Bernard.) 

I 
Historia de la «Gaceta de lladrid». 

El hombre, á quien de suyo agrada referir cualquier su- 
ceso en que es parte ó testigo; que desde la infancia de la so- 
ciedad codició pasar más allá de los límites de la vida la me- 
moria de su valor y de su próspera ó adversa fortuna; que, 
ya para conservar la paz en su patria, ó para gobernar cuer- 
damente la guerra, ya para que la contratación y el comercio 
rindiesen los apetecidos frutos, siempre necesitó saber lo que 
sucede y lo que se proyecta en los pueblos más poderosos del 
mundo, conocer sus leyes y costumbres, no ignorando las 
propias, y tener idea del carácter y condiciones de los hom- 
bres que dirigen los Estados vecinos; el hombre (no hay 
duda) tuvo muy pronto que convertir las fuerzas de su inge- 
nio y de su imaginación en busca de recursos con que satis- 
facer oportunamente aquella ingénita curiosidad y lograr 
sus empresas y esperanzas. 

Cada pueblo anotó periódicamente los sucesos de interés 
común, y de aquí nacieron los Anales, y después rica y fe- 
cunda la Historia. En el templo colocaba el navegante feliz 



— 227 — 

la relación de sus aventuras y de las playas y regiones á que 
aportó y de cuanto hubo de creer digno de memoria. Allí, en 
láminas de cera ó bronce, procuraron los guerreros que apa- 
reciese al público la noticia de sus victorias y conquistas; y 
■allí los sacerdotes fijaban las leyes por que se regía la ciudad, 
y las ordenanzas de otros países que podían interesar al co- 
mercio. Las paredes del templo hacían en la antigüedad las 
veces que el periódico en nuestros días; presentaban en un 
punto de vista la legislación, los elementos históricos y las 
noticias en que necesitan apacentarse la curiosidad y la poli- 
tica, y de que vive y florece el comercio. 

La antigua perfección de la Historia en el Oriente se ve 
patentizada por la Biblia, y en el Occidente la muestran los 
libros púnicos (que se conservaban entre los romanos en 
tiempos de Cayo Salustio Crispo, y decían del Rey Hiem- 
psal); precioso depósito de los datos más auténticos de la his- 
toria africana. Por lo que hace á Roma, cuenta Cicerón que 
desde Numa Pompilio hasta el sacerdocio de Publio Mucio 
Scévola (134 años antes de Jesucrito), fué atención del Pontí- 
fice Máximo escribir periódicamente los sucesos y presentar- 
los al público en tablillas enceradas. Advierte que los primi- 
tivos cronistas, como Catón, Pictor y Pizon, no hicieron otra 
cosa que resumir y metodizar con sencillez estos apunta- 
mientos, hasta que Antipatro, amigo de Craso, vino á levan- 
tar el estilo y usar de los adornos históricos. Salustio, Livio 
y Tácito completaron después la obra para admiración de to- 
dos los siglos. 

Un testimonio insigne de relaciones de viajeros, coloca- 
das en el santuario de los dioses, nos han conservado los 
griegos con la que puso en el templo de Saturno en Cartago 
el capitán Hannon, después de haber recorrido las costas de 
la Libia, situadas más allá de las columnas de Hércules. Hoy, 
en el articulo de fondo de un periódico, ¿pueden apreciarse 
más sagaz y discretamente los fugaces sucesos contemporá- 
neos, los hombres y las cosas, que apreció los suyos Cicerón 
en su correspondencia epistolar con Tito Pomponio Ático? 
¡Tan preciosa colección es un periódico político de aquel si- 
glo remoto! Y que entonces no faltaban medios para recoger 
y extender noticias por los más apartados confines, ya curio- 
sas, ya interesantes, nos lo hace ver Plinio entresacando de 
innumerables autores, cuyas obras hemos perdido, singula- 
res anécdotas de peregrinos pueblos y naciones. 



— 228 — 

En vano la gótica barbarie transformó la faz de la tierra, 
ó hizo volver á su infancia la historia, y que retrocediese al 
tiempo de los diminutos y groseros cronicones: el templo 
cristiano, como antes el gentílico, fué asilo y depósito de la 
tradición, de las leyes, de la ciencia y de las útiles adverten- 
cias y noticias. En la formación y afianzamiento de las nue- 
vas naciones durante la edad media, los espíritus políticos 
tuvieron necesidad de comunicarse entre sí continuamente y 
de conocer con exactitud las vicisitudes de las guerras propias 
y extrañas. Los comerciantes de Pisa, Genova y Venecia fa- 
cilitaban al cálculo y á la política las noticias que habían 
menester; el uso de escribir en pergaminos y la feliz inven- 
ción del papel fueron eficaces auxiliares para ilustrar la pú- 
blica opinión y apercibir al prudente y advertido; hasta que 
el maravilloso descubrimiento de la imprenta vino á colmar 
el deseo del corazón humano y a hacer oportuna propiedad 
de los más lo que sólo era monopolio de la sagaz industria de 
los menos. De repente se obtuvieron ya numerosos traslados 
de los ordenamientos y de las leyes, prodigándolos entre las 
municipalidades, gremios, compañías de comercio y perso- 
nas á quienes su conocimiento pudiera interesar; y rápida- 
mente circularon ya las noticias de la paz y de la guerra, de 
la contratación, de la industria y de la agricultura, y fué co- 
nocido en cada punto del globo cuanto pasaba en los demás 
moral, civil y políticamente (1). 

Durante todo el siglo XVI comenzaron á verbenear esos 
pliegos impresos que pueden llamarse de circunstancias, na- 
cidos para correr mucho y vivir poco. En los últimos años 
del reinado de Felipe II, y muy particularmente en el de su 
hijo Felipe III, lograron prodigioso vuelo esta clase de pu- 
blicaciones fugitivas, imitando á los italianos. Los más acti- 
vos y adinerados mercaderes, hombres de negocios, hacían 
imprimir hojas sueltas con noticias, ya para comunicarlas 
á sus correspondientes, ya para fines particulares. Hacían lo 
mismo algunas casas de religión, de aquellas que tomaban 



(1) Véase, en comprobación, el raro folleto, en folio, que se 
intitula: Leyes del qvaderno nueuo de las rentas de las alcaba- 
las y franqtecas fecho en (el Real de) la Vega de Granada (á 10 
días" del mes de Diciembre, año del Nacimiento de Nuestro Señor 
Jesucristo de 1491), por el qtal el Rey é Rey na, nvestros seño- 
res, reuocan todas las otras leyes de los otros qmdernos hechos 
antes. 



- 229 — 

entonces viva parte en la política, y de donde salían excelen- 
tes varones para los tribunales, gobiernos y embajadas. Y no 
se cuidaban tampoco los proceres y magnates en hacer im- 
primir y circular esta clase de periódicos, ya por satisfacer 
su vanidad, ya para popularizar sus hazañas y captarse la 
general estimación. Mientras tanto, el pueblo daba á la es- 
tampa la vida y hechos de sus héroes en coplas y romances; 
y en prosa y verso, noticias estupendas de monstruosidades 
y prodigios, acomodados á las vehemencias de su imagina- 
ción y a la falta de saber y de cultura. Fuera imposible redu- 
cir á número las relaciones sueltas que de sucesos particula- 
res se imprimieron y circularon entonces; las cartas de reli- 
giosos y correspondencias de mercaderes que se daban sema- 
nalmente á la estampa; los cuadernos y recapitulaciones de 
órdenes generales y leyes que se vulgarizaban; ni los pape- 
les de todo género, que eran continuo alimento de la curiosi- 
dad del vulgo (1). 

Faltaba, sin embargo, un papel que los reuniese y corn- 



il) Prueban lo dicho en este párrafo los siguientes rarísimos 
papeles sueltos, en folio, de que vamos á dar noticia: 

I. La entrada que los Reyes hicieron en Madrid de huella 
de su casamiento de los Reynos de la Corona, de Aragón, do- 
mingo ueynte y qxalro de Octubre de 4599. — Con licencia, en 
casa de Clemente Hidalgo, en la calle de la Plata. Allí las hay. 

II. Relación de lo que hay de nueuo en toda la Christian- 
dad y otras particularidades del Duque de Osuna, y succesos de 
la guerra del Piamonte y otras partes diferentes hasta fin de 
Setiembre deste año de 1617. 

III. Relación de auisos de todo lo que ha sucedido en Roma, 
Ñapóles, Venecia, Génota, Sicilia, Francia, Alemania, Ingala- 
terra, Malta y otras partes, desde Enero deste año de 1618, 
cmbiada desde la dicha ciudad de Roma á esta de Seuilla á en 
personaje grane. — En la qual, entre otras cosas dignas de que 
curiosos las lean, se auisa que su Santidad concluyó la causa 
de tres Santos españoles y de otro Santo italiano para canoni- 
zarlos. Y que el Duque de Osuna hace gruesa armada para la 
primauera. Y como Selim Mustafá, heredero del turco, dio 
muerte á dos sobrinos suyos, por asegurarse. Y de la guerra 
que le preuiene al Persiano. Y de como el gran Galeón de Malta 
peleó con once bajeles enemigos, saliendo vitorioso. Y como el 
Duque de Sajonia se redujo á ser cathólico por el exemplo y 
deuocion que tenia el Rey de Rohemia al Santíssimo Sacra- 
mento. Y como Venecia, con ayuda de los holandeses, está ha- 
ciendo una armada de más de doscientas velas para salir en 
corso. Y de otros muchos auisos para los lectores. — Con licen- 



— 230 — 

prendiese á todos, metodizándolos á un fin común, práctica- 
mente útil, y con el tiempo este papel fué la Gazeta. 

No cabe la menor duda que los primeros albores del perio- 
dismo aparecieron en Italia, partiendo de Venecia, pueblo- 
todo él de mercaderes, cuyas naves cruzaban incesantemente 
el mar desde el canal de Constantinopla hasta el estrecho Gadi- 
tano, extendiéndose por las riberas del Mediterráneo, así lo& 
frutos y producciones, como las noticias del Oriente y de todas 
las naciones del mundo. Venecia llevaba muy á mal que Es- 
paña poseyese Estados en Italia, y aguijoneaba incesantemen- 
te al Duque de Saboya y sus vasallos para que nos sublevasen 
y arrebatasen por fuerza de armas la Lombardía. A fin de mo- 
ver la opinión pública y tenerla excitada sin cesar, cuidaban 
que se imprimiesen en Turin y en otras ciudades del Piamon- 
te hojas sueltas político-literarias contra los españoles y en 
favor de la independencia italiana. Tenían comúnmente por 
epígrafe estos papeles el de Ragguagli di Parnaso, esto es, 
relaciones, avisos ó noticias del Parnaso, donde, bajo una for- 
ma ingeniosa, literaria é insinuante, se ponía en ridiculo á la 
Monarquía española, á nuestros Gobernadores de Milán, á« 



cia. — En Seuilla, por luán Serrano de Vargas, enfrente del Co- 
rreo mayor : 1618. 

IV. Recopilación de las heroicas hazañas y famosos hechos: 
del Exmo. Sr. Duque de Maqueda, Yirey de Oran. Y del capi- 
tán Juan del Castillo, en la Memora. Y del Gobernador Fran- 
cisco Carrillo de Santoyo. en Alarache; todo en este año de mil 
y seyscientos y diez y nveue. — Dase larga cuenta de los conti- 
nuos asaltos y ricas presas que cada día hacen en los moros los 
capitanes de Oran y sus plazas. Y como en la Mámora el capitán 
Castillo, con solos sesenta y siete soldados, mató y puso en huida 
trescientos moros de a cauallo, que una mañana vinieron á robar 
el ganado que los nuestros guardaban cerca de su fuerza. Y como 
el Gouernador Santoyo salió de Alarache con qualrocientos hom- 
bres y al amanecer en un aduar muy rico y le quemó con mucha 
gente y ropa, y cautivó muchos moros y ganado, en que hubo 
sucesos memorables. Y como los Griegos se han levantado contra 
el Turco y han alzado Emperador cristiano. Lleva al fin una pro- 
fecía del varen santo fray Nicolás Factor, en que se verá ha lle- 
gado el tiempo de la destrucción de los herejes y total ruina del 
Turco y su seta, y libertad de la Tierra Santa." — Impreso con 
licencia del licenciado D. Gaspar de Vedoya y Carvajal, Teniente 
mayor de Asistente desta ciudad de Sevilla y su tierra. — En Se- 
villa, por luán Serrano de Vargas, enfrente del Correo mayor. — 
Año de 1619. 



— 231 — 

nuestros Virreyes de Sicilia y Ñapóles y á nuestros embaja- 
dores de Roma y Venecia. 

Los otros papeles, periódicos de menos decidida índole po- 
lítica, carecían de un nombre sonoro y famoso, y aun de la 
advertencia del año y lugar de la impresión. Simple inven- 
tario de noticias reunidas en un pliego suelto, contentábanse 
cuando más con el titulo de Avisos, Relación, Carta del mer- 
cader Fulano, Nuevo y curioso romance, etc., etc, Pero, soa- 
se que la fama de los Rayyuagli sugiriese á algunos venecia- 
nos la idea de poner un titulo significativo ¿ la periódica re- 
lación de sucesos que echaban á volar de molde, séase que, 
abrazando su publicación mayor número de noticias recóndi- 
tas, acertase á llenar el deseo del vulgo, y éste le pusiese por 
si ese nombre especial que se anhelaba, ello es que el de Ga- 
ceta, con que en Venecia comenzó á ser conocida, no tiene otro 
origen que comparar semejante papel con la urraquilla ó 
picaba, de suyo habladora y vocinglera. Ga¿¿etla es diminu- 
tivo de Gassa, que asi llaman aquel ave los italianos; pero lo 
más seguro es creer que, soliendo comenzar por las noticias 
de Genova los indicados periódicos, la G de gran tamaño, que 
servía de letra capital, mostraba en su centro la bien entalla- 
da figura de una urraca. Fué costumbre durante todo el si- 
glo XVI, en los libros impresos esmeradamente, que la pri- 
mera letra de cada capitulo fuese de extraordinario cuerpo y 
rica de adornos, ya de aves y animales caprichosos, ya de pa- 
sajes de historia sagrada ó profana, y muchas veces el gra- 
bador procuró representar en la letra capital el ave ó animal 
de cuyo nombre era principio: en la S dibujó, por ejemplo, la 
Serpiente; en la C la cigüeña, y asi por el estilo. Todavía la 
primitiva Gazzetta di Venezia, correspondiente al 27 de Sep- 
tiembre de 1664, careciendo de titulo y sin más epígrafe que 
el nombre de la ciudad y la fecha, muestra la letra capital 
una gallarda I con la fábula de Júpiter y Leda. Pudo muy 
bien la casualidad poner al comienzo del más afamado perió- 
dico repetidamente la letra en que estaba pintada una urraqui- 
lla, el público separar la coincidencia oportuna y generalizar- 
se con esto el nombre de Ga;¿etta. Faltan datos para sostener 
que antes se llamó así una moneda de corto valor, y que en 
ese precio se vendía aquella hoja volante. 

La publicación de la Gaceta y de las hojas sueltas de su 
índole no impidió nunca que profusamente corriesen de mol- 
de cartas y relaciones de fiestas y sucesos; antes por el con- 



- 232 - 

trario, de tales papeles volateros solían hacerse en una mis- 
ma ciudad tres, cuatro y más ediciones en pocos días; seme- 
jantes ediciones se llamaban segunda copia, tercera, cuarta 
copia. Cada domingo ó día de fiesta salían los ciegos por las 
calles vendiendo Acisos, Relaciones y Noticias, cuya mayor 
parte eran bien ó mal compuestas novelas, imaginadas á la 
tarde, impresas á la noche y vendidas por la mañana. De 
aquí el procurar algunos impresores que sus periódicos sa- 
liesen autorizados con las señas y nombres de las personas 
que habían comunicado las noticias, advirtiendo cuándo estas 
relaciones se formaban de orden del Rey (1). 

En resumen, las primeras vislumbres del periodismo, bajo 



(1) I. — Qvarta copia de Lisboa á primero de Junio. — Pro- 
cession solerte del Ssmo. Sacramento, y fiestas grandiosas que 
el dia del Corpus Christi hizo la ciudad de Lisboa. — Dase 
qventa como aqvel dia passó Su Magestad encubierto de Alma- 
da á Lisboa y estvuo en una uentana de uidrieras uiendo la 
procession, danzas, comedias y costosas inuenciones y figuras 
de fuego. — Refiérese el rico adorno de las calles, suntvosos 
arcos, ricos y costosos altares. Y assi mismo lleua al fin vna 
changoneta y dos romances del Santíssimo Sacramento, qve en 
castellano cantaron en la processmi enfrente de la dicha uen- 
tana. — Con licencia. — En Seuilla, por luán Serrano de Vargas 
y Ureña, enfrente del Correo mayor. Año MDCXIX. 

II. — Fiestas que la cirdad de Lisboa tiene preuenidas para 
recibir á la eathólica Magestad del Rey Don Felipe III nuestro 
Señor. — «Al vulgo. — Véote tan aficionado, amigo vulgo, á 
comprar, leer y aun guardar como en archivo todas las Relacio- 
nes que te presentan cada domingo ó dia de fiesta, que me hallo 
obligado á advertirte, para que á"lo menos no te quejes de que te 
venden gato por liebre, cómo todas ó la mayor parte de ellas n© 
son más que unas bien ó mal compuestas novelas, que el ciego 
piensa á la tarde, hace imprimir á la noche y te vende por la 
mañana; y aun algunas tan disparatadas, como tú habrás repa- 
rado hartas veces. Dóyte, con todo, licencia para que pienses de 
su verdad lo que quisieres; pues ni te castigarán si la negares, 
ni dejarán de premiarte con borla de tonto si la creyeres. Y quie- 
ro que sepas, si no lo sabes, que no ha muchos dias envió de la 
China el Rey de Marruecos una destas Relaciones á cierto perso- 
naje deste lugar, en que se daba muerte al turco, abrasaba Cons- 
tantinopla y cautivaban todos sus bajaes; pero estando ya para 
imprimirla, le pareció al dueño della que al turco era mejor de- 
jarle por ahora la vida, con que mientras se le concedía prometiese 
pagar de feudo dos Relaciones cada semana, que pregonasen los 
ciegos, sin que lo pueda remediar otro que Dios. Estas son las 
que todos los dias te venden: si las lees por solo entretenerte, 



— 233 — 

la forma que hoy tiene, aparecieron con la invención de la 
imprenta. En 1523 se publicaba ya en Roma una periódica 
relación de todo lo importante que sucedía en Ñapóles, Ve- 
necia, Genova, Sicilia, Francia, Inglaterra y Malta. En 1588 
comenzó á imprimirse en Inglaterra un diario con el nombre 
de Mercurio inglés, y con el de Mercurio francés otro en la 
nación vecina á principios de 1605. Portugal lo tuvo también 
después de su levantamiento á mitad del siglo XVII. Pero 
cuarenta años antes eran ya muy codiciadas las Gazzettas di 
Venezia y de Roma, de las cuales el Virrey de Ñapóles y el 
Gobernador de Milán solían sacar copias de mano y pnviar- 
las á los Consejos y Ministros españoles ; y poco después, 
en 1618, las de Amberes, Amsterdam y Colonia. En 1631 em- 



alábolo; pero si para tenerlas por verdaderas, condeno tu igno- 
rancia, pues no te debes persuadir á que lo son, por más que te 
encarezcan la diligencia con que se solicitan, el cuidado con que 
se hacen, ó, finalmente, que han venido por mar en carretas y 
en cartas escritas á ciertos personajes que, ó no tienen nombre, 
ó si lo tienen, no están en el mundo. En la que agora te presento 
debes estimar, demás deste auiso, la voluntad que tiene de acer- 
tar: toma della lo que quisieres, y cree lo que te pareciere, que 
yo, ni te la vendo por menos fabulosa que las otras, ni las que 
cada dia lees son más verdaderas que ésta, por más que su due- 
ño te las abone. Cómprala, y Dios te guarde.» 

III. — Gazeta Romana y relación general de avisos de lodos 
los reinos y provincias del mundo. — Dase quenta en esta rela- 
ción del matrimonio que se trata entre la segunda Infanta de Es- 
paña y el Principe heredero de Inglaterra, con las condiciones y 
capítulos que de una y otra parte se han capitulado. Hácese asi- 
mismo relación del rayo que cayó en el Parlamento de Paris y el 
daño que hizo. Rebelión de Constantinopla contra el nuevo gran 
Turco y la muerte que le dieron. Elección de su sobrino en el 
Imperio, único heredero del Emperador Amurates, difunto. Dieta 
déla Hungria y elección del Rey de Romanos. Renta del carde- 
nal Farnesio para casas de huérfanas. Ceremonia y labatorio que 
Su Sant." celebró en Roma la Semana Santa. Celebre fiesta de 
Resurrección en Roma por los españoles. Muerte del Patriarca de 
Constantinopla, Obispo de Catanea, General que habia >-ido de la 
Orden de San Francisco. Tormenta en el puerto de Ñapóles. Ar- 
mada y liga general contra infieles, y otras cosas de gusto. Em- 
biada por un curioso cauallero seuillano que asiste en Roma á 
otro también curioso que asiste en la ciudad de Seuilla, con el 
correo que vino lunes once de Junio deste presente año de mil 
seiscientos y diez y ocho años. — Con licencia. —En Seuilla, 
por luán Serrano de Vargas y Vreña, enfrente del Correo mayor: 
año de 1618. 



— 234 — 

pezó á correr la Gazzette de France, cuyo autor fué el genea 1 - 
logista d'Hozien. En 1637 gozaba crédito la que podemos lla- 
mar Gazeta alemana, que veía la luz cada ocho días, con el 
título de Ordinaria (ó Extraordinaria) relationis historico- 
hebdomadarice continua/ida continuatio : medio pliego en 4.° 
de papel bazo. Después del titulo ofrecía la fecha y núme- 
ro; v. gr.: 3 Noviembr. 1637 — N. XXXXIII, — y alguna vez, 
al final, el sitio en que estaba de venta: — Inoeniuntur et 
vameunt apud viduam et filium Sercatii Erfons, in platea, 

VulgO DER MaRIENGARDENGASSEN. 

Todavía por este tiempo no teníamos en España Gazeta, 
desdeñando aparecer demasiado imitadores de los extranje- 
ros, cuando ambicionábamos dar a todas nuestras cosas un 
sello de originalidad muy decidido. Las noticias propias y 
extrañas vulgarizábanse en varios pliegos en folio, sin otro 
título llamativo que los que por vía de ejemplo se van á co- 
piar : 

1T Sumario y compendio de lo sucedido en España, Italia, 
F laudes, Borgoña y Alemania desde febrero de 1636 hasta 
14 de marzo de 1637. — Cuatro pliegos de impresión en 
folio, comenzando las noticias por las de España y termi- 
nando con las del Consejo de Indias, provisiones seglares de 
Indias y del Perú, eclesiásticas del Perú y seglares de Nueva 
España. 

1T Sucesos y vitorias de las Católicas armas de España 
y del Imperio, en Francia y otras Provincias, desde 22 de 
iunio deste año hasta 20 de agosto del mismo de 1636. Con 
licencia y prohibición. En Madrid. En la Imprenta del Reyno: 
año 1636. Siete pliegos en folio. 

1T Sucesos felices que por mar y tierra ha dado nuestro 
Señor á las armas españolas en las islas Filipinas contra et 
Mindanao, y en las de Torre nate contra los holandeses, por 
fin del año 1636 y principio de 1637. 

Este sistema de Relaciones continuó durante todo el siglo. 
Sin embargo, generalizada la Gazeta por toda Italia, puesto 
que en 1660 tenían la suya Roma, Venecia, Milán, Rímini, 
Macerata, etc , etc., y por los principales reinos de Europa, 
vino á tenerla también España. No habiéndose encontrado 
hasta ahora dato ninguno más antiguo, fijaremos la aparición 
de la Gaceta de Madrid en el año de 1661. 

Núm. I. — Gazeta nueua de las cosas mas particulares, 
asi políticas como militares, sucedidas en la mayor parte de 



— 235 — 

la Europa , hasta el mes de febrero deste año de mil y seis- 
cientos y sesenta y cno. — Al fin se lee : Con licencia en Ma- 
drid, por Iulian de Paredes , impressor de libros, en la Pla- 
zuela del Ángel : año 1661. — Un pliego de papel bazo en 4." 
con cuatro fojas. — Hasta el 21 de Agosto no iban publicados 
más que diez números. 

Las Gazetas de 1667 fueron ya semanales, apareciendo 
los sábados : carecen del nombre del impresor, y sólo ponen 
al pie la advertencia de Con priuilegio. 

Las de 1678 diéronse á la estampa por Bernardo de Villa- 
Diego, impresor de S. M. 

Siguió éste publicándolas hasta el dia 3 de Abril de 1680; 
pero cinco días después se mandó de orden superior que no 
se imprimiesen ni corriesen más Gazetas. 

En semejante prohibición no fueron envueltos, sin em- 
bargo, los Av tsos y Relaciones de sucesos, los cuales conti- 
nuaron saliendo á luz en Madrid (de la Imprenta Real, por 
Mateo de Llanos, impresor de S. M.), en Barcelona, Zara- 
goza y Sevilla. 

Si el interdicto duró muchos años es averiguación difícil. 
Por ahora hay que contentarse con ver reaparecer en 1725 la 
Gaceta de Madrid, ostentando ya este título determinado, 
mudando del nombre la ¿ en c, y alejándose con ello de la 
ortografía italiana. Salía todos los martes, impresa con pri- 
vilegio por Juan de Ariztia (en la calle de Alcalá), reducida á 
medio pliego de mal papel, en cuarto, y en el carácter de letra 
que se llamó entredós. 

Existiendo Gazetas de Barcelona y Zaragoza del año 1720 
en igual forma que la de Madrid de 1725, pudiera sospecharse 
si antes de esta fecha pudo reaparecer, para no verse más in- 
terrumpido, el semanario en la capital de la Monarquía. 

Demos ya noticia de las modificaciones que ha tenido 
desde entonces hasta hoy, describiendo el primer número en 
que la alteración se verificó. 

Gaceta de Madrid del martes 6 de Enero de 1733. — Me- 
dio pliego en cuarto impreso por Ariztia. Empieza con las no- 
ticias de Viena de 6 de Diciembre anterior; siguen las de Ge- 
nova, luego las de Londres, después la de la Haya; van inme- 
diatamente las de París, y termina con las de Madrid. 

Gazeta de Madrid del Domingo 1." de Enero de 1809 — 
Del Gobierno intruso. — La palabra Gazeta vuelve á escri- 
birse en conformidad con su origen. Publícase en los moldes 



— 236 - 

de la Imprenta Real. El tamaño, la extensión, la materia, 
continúan siendo los mismos; el papel, mejor; los suplemen- 
tos y las páginas crecen á proporción de los acontecimientos 
generales de Europa, y con particularidad de la península. 
Sale ya todos los días. 

Gazeta de Madrid del Miércoles 1." de Marzo de 1809. — 
Ha sido forzoso variar el tamaño; publícase en folio á dos co- 
lumnas, y en la parte correspondiente á España se insertan 
órdenes y decretos. 

Núm. 1.° — Gazeta de la Regencia de España é Indias, del 
martes 13 de Mayo de 1810. Empezó á darse á la estampa en 
Cádiz, por la Imprenta Real, en el mismo tamaño y forma 
de medios pliegos en cuarto, según la extensión de las no- 
ticias. 

Con el título de Gaceta del Gobierno habíase anunciado y 
publicado en Sevilla el periódico oficial que, bajo la denomi- 
nación de Gazeta de Madrid, era conocido dentro y fuera de 
España desde el año 1661. Este papel cesó cuando tuvo la 
Suprema Junta Central que abandonar el Real Sitio de Aran- 
juez, á 30 de Noviembre de 1808. Madrid estaba ya cercado, 
cerrada la Real Imprenta, asustados y errantes los operarios, 
en fin, disueltas ú obstruidas todas las relaciones políticas y 
literarias de la corte. Por Enero de 1809, la Junta Suprema 
restableció en Sevilla la Gazeta del Gobierno; pero habiendo 
invadido los franceses también la Andalucía, puestas las ofi- 
cinas del Estado en el trance de tenerse que trasladar á la 
Isla de León, hubo que suspender el periódico, el cual, bajo 
su nueva forma, apenas llevaba un año de existencia. Y como 
el Gobierno intruso, por fines políticos, siguiese vulgarizan- 
do en la capital de la Monarquía la Gazeta de Madrid, la 
Regencia se vio en la necesidad de discurrir otro título para 
su diario. 

Expulsados de España los franceses, y restituido á su 
Trono el Sr. D. Fernando VII, la Gaceta de Madrid conti- 
nuó conservando, sin embargo, el propio tamaño de folio 
prolongado y la misma forma que aquéllos le dieron, salvo 
en cuanto á la palabra Gaceta, que nunca ha vuelto más á 
presentarse con la primera ortografía. 

No se limitó ya, como hasta fines de 1808, á sólo noticias, 
sino que fué dando lugar cada vez más á las Reales órdenes 
y decretos, bien que éstos, durante muchos años, se circula- 
ron en Gacetas Extraordinarias. 



— 237 — 

Veamos los diferentes tamaños que desde entonces ha te- 
nido: 

1." de Enero de 1820, cuarto español. 

1.° de Julio de 1820, folio prolongado. 

15 de Abril de 1823, folio común español. 

1." de Septiembre de 1831, folio prolongado. 

3 de Septiembre de 1835, marca. 

1.° de Septiembre de 1847, marca mayoí. 

1." de Febrero de 1848, marca. 

1." de Enero de 1858, marca mayor. 

9 de Abril de 1858, aun de mayor tamaño. 

Hasta los primeros meses del año de 1823 comenzaba 
siempre por las noticias extranjeras, dejando para lo último 
las de casa. Por reforma de 29 de Mayo de 1823, hubo de 
disponerse que en lo sucesivo constase la Gaceta de tres par- 
tes: la primera, destinada para articulo de oficio, compren- 
diendo los decretos, órdenes y disposiciones del Gobierno, y 
las noticias que debían tener carácter de oficiales; la parte 
segunda, para noticias nacionales y extranjeras, sacadas de 
los más acreditados diarios de Europa y de correspondientes 
imparciales y doctos; la tercera, para las cuestiones de poli- 
tica y administración, y también para flores de la literatura. 

Esta es la índole que el diario conserva todavía. 

Aubeliano Fernández-Guerra y Orbe. 



II 
Bibliografía de la «Gaceta de lladrid». 

Relación ó gaceta de algunos casos particulares, assi po- 
líticos como militares, sucedidos en la mayor parte del mun- 
do, hasta fin de Diciembre de 1660. 

Dice al final: 

Con licencia, en Madrid, por Julián de Paredes, impressor 
de libros en la Plazuela del Ángel, año 1661. 

Publicada después con otros títulos en varias imprentas 
hasta el año de 1697, en que se titula Gaceta de Madrid, nom- 
bre que aun conserva. 



- 238 - 

No es mi ánimo escribir un articulo histórico sobre la Ga- 
ceta de España ; pediría esto mucho tiempo y muchos cono- 
cimientos que yo no poseo. El muy erudito y distinguido li- 
terato Sr. D. Aureliano Fernández-Guerra dio á luz un pre- 
cioso trabajo sobre esta materia, que se publicó en la Gaceta 
del 1." de Enero de 1860. Me limitaré, pues, aquí á ordenar 
una breve nota bibliográfica, relativa á este primer periódico 
español, y sólo hablaré de aquello que haya visto y llamádo- 
me la atención. 

Comenzó esta publicación en el año 1661, con el título 
mencionado al principio, en un pliego de cuatro hojas sin 
paginación, de m , 169 X m , 109, que tiene la signatura A. Este 
papel es apreciable por aparecer como primera impresión de 
índole periodística en España, á imitación de las gacetas que 
se imprimían cada semana en Italia, Frandes, Francia y 
Alemania. Dice el mencionado papel que dará mensualmen- 
te las noticias. De dicho año he visto ese número y once más, 
de numeración seguida, con el mismo pie de imprenta. 

De Madrid, con el mismo título y por el mismo impresor, 
he visto ocho números de 1662. El segundo de este año está 
reproducido por Bernardo Nogués, junto al molino de la Ro- 
vella. Ignoro el lugar de la impresión; pero creo debió ser 
en Valencia. El número VIII de la gaceta, impresa en 1663, 
dice: — Qaseta nueua, de los sucesos políticos y militares de 
la mayor parte de la Assia y Europa, hasta fin de Diciembre 
del año passado de 1662. Después de esta gaceta no he vuel- 
to á ver ningún número hasta el año 1667. El primer papel 
que he visto tiene el título do Gazeta ordinaria de Madrid, 
y es del 4 de Julio (domingo) de 1667. Principia este número 
con foliatura nueva y con la signatura A, lo cual parece es- 
tar indicando que suspendió por algún tiempo su salida. La 
segunda gaceta es del 10 del mismo mes ( sábado ), y conti- 
núa publicándose en este día de la semana hasta el 28 ( miér- 
coles) : la siguiente es del martes 3 de Agosto, publicándose 
desde este día los martes de cada semana. Todas estas gace- 
tas carecen de pie de imprenta. 

La Gaceta ordinaria de Madrid de 1678, 79 y parte del 80, 
sigue saliendo los martes, por Bernardo de Villa-Diego, im- 
presor de Su Magestad. La última gaceta que he visto del 
año 1680, corresponde al 2 de Agosto. Hay en el ejemplar 
que he tenido presente una nota manuscrita, letra de la épo- 
ca, en la cual se dice que cesaron de imprimirse con este nú- 



- 239 — 

mero las Gacetas. La Guia de Forasteros de 1870 dice que 
<( por orden superior, expedida en Abril de 1680, se mandó 
que no se imprimiesen ni corriesen más gacetas, exceptuan- 
do los Avisos y Relaciones de sucesos, que continuaron pu- 
blicándose en Madrid en la Imprenta Real, por Mateo de 
Llanos, impresor de Su Magestad, en Barcelona, Zaragoza y 
Sevilla.» 

Difícil es averiguar si efectivamente siguió ó no publicán- 
dose el periódico mencionado; únicamente puedo decir que 
la primera publicación periódica que he visto semejante á las 
Gacetas, después de la última referida, es del martes 16 de 
Noviembre de 1683, y se titula Xueuas ordinarias de los su- 
cessos del Norte, papel de doce páginas. La paginación prin- 
cipia con este día lo mismo que las signaturas de los pliegos. 
Después siguen en este año publicándose estos periódicos los 
martes en la imprenta de Villa-Diego con el nombre de Nue- 
vas ordinarias y Nuevas singulares. 

El martes 18 de Enero de 1684 aparece el periódico Ga- 
ceta general del Norte, Italia y otras partes. En Madrid, por 
Lucas Antonio de Bedmar y Valdivia, impresor de los Rei- 
nos de Castilla y León. Trae, entre otras noticias, una orden 
de Su Santidad, mandando reformar los trajes de las muje- 
res, bajo pena de excomunión. Los periódicos siguientes de 
este año vuelven á tener el nombre de Nuevas singulares y 
Nuevas ordinarias. Unas se hallan impresas por Armendá- 
riz, otras por Bernardo de Villa-Diego y otras por Antonio 
Román. Este impresor principia á figurar constantemente 
desde el folio 129. 

Los años 1685, 86, 87, 88 y 89 están representados por el 
papel titulado Relación histórica de la Liga sagrada contra 
turcos. 

En 1690 toma dicho papel el nombre de Noticias ordina- 
rias, y con él continúa hasta el número II (2 de Abril 
de 1697), en que se llama Gaceta de Madrid, trayendo al fin 
unas noticias relativas á esta población. 

Desde 1699 en adelante figura como impresor Antonio 
Bizarrón. 

Desde 1710 (30 de Diciembre), el impresor de la Gaceta es 
Juan de Ariztia ó Aristia, hasta que en el número XXXVIII 
del año 1737 (17 de Septiembre) se da á luz en la imprenta de 
la Gaceta, calle de Alcalá. 

El número II (12 de Enero de 1762) advierte que el perió- 



— 240 — 

dico se formará, imprimirá y venderá por cuenta de S. M. T 
para que el público le tenga con mejor papel y con noticias 
más frescas; también se dirige á los autores diciéndoles que 
sus obras se anunciarán gratis, sin necesidad de dar un ejem- 
plar, como antes era necesario. 

Sigue publicándose por el Rey, nuestro Señor, los años su- 
cesivos, hasta que en 1778, número XXXVII (11 de Septiem- 
bre) principia á salir los viernes, además de los martes, como 
hasta aquí, y no ofrece alteración en su salida hasta el 18 de 
Junio de 1808, en que principia á salir martes y viernes; se 
suspende su publicación en el número exux (30 de Noviem- 
bre) cuando la Suprema Junta tuvo que abandonar el Real 
Sitio de Aranjuez. La Gaceta siguiente, que es extraordina- 
ria, número cl (6 de Diciembre), es ya obra del Gobierno in- 
truso de José Napoleón, y desde el 11 de Diciembre vuelve á 
salir diariamente. 

Principió en 1808 el periódico titulado Gaceta ministerial 
de Sevilla, en la imprenta de la Viuda de Hidalgo y sobrino; 
pliego de ocho páginas de m ,160 X m ,100. He visto desde el 
número l al LXV, que comprenden del 1.° de Junio de 1808 al 
10 de Enero de 1809. Comenzó su publicación en miércoles y 
sábados de cada semana. El 5 de Agosto de 1808, la Suprema 
Junta determinó publicar la Gaceta los martes y viernes, en 
vez de los días anteriormente dichos. Contienen estas curio- 
sas gacetas noticias de oficio y reflexiones sobre los aconte- 
cimientos de aquella época tan desgraciada para nosotros. 
En 1810, al mismo tiempo que se publicaba en la corte de 
España la Gaceta de Madrid, en la Imprenta Real, en Cá- 
diz, en la imprenta del mismo nombre, se daba á luz la Ga- 
ceta de la Regencia dn España e Indias, periódico del Go- 
bierno legitimo de la Nación española: su primer número es 
del 13 de Marzo, y desde el 18 de Septiembre se publicaba 
martes, jueves y sábados. Ambos periódicos continúan du- 
rante 1811. 

En 1812 seguía publicándose la Gaceta de la Regencia, 
de Cádiz; la Gazeta de Madrid y la Gazeta de Madrid baxo 
cl, Gobierno de la Regencia de las Españas. El primer pe- 
riódico, que comprende todo el año, se publica en los mismos 
días que el año anterior; el segundo, que es diario, está im- 
preso hasta el número CCXXXUI inclusive (10 de Agosto) por 
el Gobierno intruso: trae la continuación de un artículo titu- 
lado: — De nuestro estado, nuestros males y su seguro y único 



- 241 — 

remedio., que empezó en el número GCXX1; dicho articulo, que 
yo sepa, no llegó á concluirse, por la salida del Gobierno in- 
truso, que acabó de hacerla á las diez de la mañana del 10 de 
Agosto de 1812. El número siguiente CCXXXIV (4 de No- 
viembre de 1812), y los demás publicados diariamente todo el 
resto del año, son, como se comprende, obra del Gobierno le- 
gitimo de la Nación. El tercero, que es la Gazeta de Madrid 
baxo el Gobierno de la Regencia de las Españas, se dio a luz 
en la Imprenta Real; el número I es del 17 de Agosto, y 
el XXXIX, último que he visto, es de 1.° de Diciembre. 

En 1813 sigue la Gazeta de Madrid diaria, y en la Im- 
prenta Real; el último número que he visto es el CXLV1I (27 
de Mayo). El 3 de Junio apareció un número I, llevando el 
nombre de Gazeta de Madrid baxo el Gobierno de la Regen- 
cia de las Españas; además, en Cádiz, continuaba publicán- 
dose la Gazeta de la Regencia los martes, jueves y sábados 
por todo el año. 

La Gaceta de la Regencia de las Españas se publicaba 
aún en Madrid en 1814, en la Imprenta Xacional, los mis- 
mos días, hasta el número LXIX (12 de Mayo), en que figura 
impresa en la Imprenta Real, y toma el nombre de Gaceta 
de Madrid, continuando su salida en l©s mismos días y en la 
misma imprenta durante los años 1815, 16, 17,. 18 y 19; en el 
número XXXV (9 de Marzo de 1820) principia á publicarse 
también en la Imprenta Nacional, y desde 1." de Junio 
de 1820 sale diariamente con el nombre de Gaceta del Go- 
bierno. 

En el número LXXI (13 de Marzo de 1821) toma el perió- 
dico, por orden de S. M., el título de Gaceta de Madrid, y 
con él continúa. Con el número I (15 de Abril de 1823) vuelve 
á salir martes, jueves y sábados, publicándose en la Impren- 
ta Real, desde el número I (27 de Abril), que es una Gaceta 
extraordinaria, todo el año, é igualmente sucede del 1824 
al 1833: en este año figura ya una hoja destinada á índice de 
los Reales decretos y órdenes generalmente insertas en la 
Gaceta. 

En 1834, número XL (1. a de Abril), publicase por Real or- 
den diariamente, y en 1835, número CCXLVIII (3 de Septiem- 
bre), en la Imprenta Real hasta el número DCVIII (16 de 
Agosto), que es en la Imprenta Xacional, y continúa publi- 
cándose en dicha imprenta hasta el año de 1867, núme- 
ro CCXIII (1." de Agosto), que es en la imprenta de Julián 

16 



- 242 - 

Pcñu: en 1869, número I (1.° de Enero), vuelve á publicarse 
en la Imprenta Nacional, donde continúa hoy en día (1870). 
Siendo este periódico órgano oficial del Gobierno español, 
tiene que haber experimentado variaciones grandes en su 
dirección, en consonancia con los Gobiernos y diferentes par- 
tidos políticos que han regido a este país. El distinguido pe- 
riodista Sr. D. Juan Pérez de Guzmán, en el Catálogo de 
ilustres periodistas españoles desde el siglo XVII, dice «que 
el primero que en España obtuvo nombramiento oficial de 
gacetero y ejerció como profesión este arte de escribir noti- 
cias periodísticas, fué D. Francisco de Fabro Bremundán, 
Secretario de Lengua alemana de D. Juan de Austria, á quien 
éste dio privilegio exclusivo para escribirlas en 1677». Yo 
bien quisiera hacer mención de todos los directores y redac- 
tores que ha tenido esta publicación oficial; pero sólo recuer- 
do que su dirección ha sido encomendada, hasta 1870 inclusi- 
ve, á los 

Sres. Baeza y Nieto (D. Joaquín). 
Baralt (D. Rafael María). 
Barinaga (D. Pedro). 
Bretón de los Herreros (D. Manuel). 
Cañete (D. Manuel). 
Cos- Gayón (D. Fernando). 
Fernández Cuesta (D. Nemesio). 
Gaya (D. Juan). 
La Hoz (D. Pedro de). 
Lista (D. Alberto). 
Montesino (D. Pablo). 
Navarrete y Landa (D. Ramón). 
Pérez de Anaya (D. Francisco). 
Reinoso (D. Félix José). 
Tapia (D. Eugenio de). 

Redactores, según mis noticias, han sido los 

Sres. Adán (D. N.). 

Alvarez de Cienfuegos (D. Nicasio). 
Andrés (D. Sebastián). 
Arrieta (D. Manuel). 
Carnerero (D. José María). 
Clemencín (D. Diego). 
Cosío (D. Pedro Antonio). 
Duaso y Latre (D. José). 
Larra (D. Luis Mariano de). 
Madrazo (D. Francisco de Paula). 
Marchena (D. Juan). 
Millas y Rodríguez (D. Isidoro). 
Navarro Villoslada (D. Francisco). 



— 243 — 

Sres. Neiva (D. José María). 
Ochoa (D. Eugenio de). 
Ossorio y Bernard (D. Manuel 1 . 
Peón (D. Baltasar). 
Bamajo (D. Manuel). 
Bascón (D. Juan Antonio, Conde de). 
Bementería y Fica (D. Mariano). 
Sarralde (D. José). 
Vidal (D. Celestino), 
y otros que no recuerdo. 

Hé aquí por orden cronológico los diferentes tamaños que 

ha tenido la Gaceta desde su principio hasta el año 1870 in- 
clusive : 

1661 m ,169 X m ,109 

1809 (l. ü de Marzo) m .246 X ra ,140 

1814 (12 de Mayo) m J72 X m ,116 

1820 (1." de Julio) 0",294 X m ,180 

1823 (15 de Abril) 0",269 X m ,180 

1831 (1 ." de Septiembre) .... m .31 4 X m ,214 

1834(1.° de Abril) m .209 X 0",18ü 

1834 (27 de Abril) n, .322 X m ,216 

1835 (5 de Septiembre) m ,374 X 0",264 

1837 m ,393 X ro ,268 

1844 m ,418 X 0",270 

1847 (1. a de Septiembre) .... m ,507 X m ,353 

1848 (1.° de Febrero) m ,408 X m ,370 

1855 (1." de Knero) 0"',477 X 0"',304 

1855(1.» de Junio) m ,563 X 0"\384 

1858 (1.° de Enero) 0",474 X m ,300 

1858 (1.° de Abril) m .562 X m ,362 

1867 (1.° de Agosto) n, ,273 X m ,192 

1869 (1 . ° de Enero) 0"',557 X m ,395 

1870 (1.° de Julio) 0"',388 X 0°\274 

Tanto la Gaceta de la Regencia de España é Indias, im- 
presa en Cádiz, como la que se titula Gaceta ó Gaceta de 
Madrid baxo el Gobierno de la Regencia de las Españas en 
Madrid, tienen el tamaño de las primitivas. 

Eugenio Hartzenbusch. 



Apuntes para un Catálogo de Periódicos Madrileños 
desde el año 1661 al 1870, por Don Eugenio Hartzenbusch. 
(Obra premiada por la Biblioteca Nacional en el Concurso 
público de 1873, é impresa a expensas del Estado). Madrid: 
Sucesores de Bivadenoyra: 1894. — Núm. I. — 



- 244 - 

III 
La Imprenta Haeional de España (1). 



BREVE RESENA DE SU HISTORIA Y ADMINISTRACIÓN 

En el año de 1756, el Ministro de Estado adquirió la pro- 
piedad del Mercurio histórico y político, publicado hasta en- 
tonces, de su cuenta, por un particular llamado D. Salvador 
Mañer, á quien se otorgó por la cesión una equitativa recom- 
pensa. La Gackta, que hasta el año 17G2 había sido exclusiva 
propiedad del Conde de Saceda, fué también adquirida en 
dicho año por el Gobierno, y en 1770 vendió al Estado Don 
Antonio Sanz la publicación de la Guia de forasteros á cam- 
bio de una pensión vitalicia. Se ve, pues, que, comprendiendo 
el supremo Poder del Estado la conveniencia de que las publi- 
caciones oficiales no estuvieran en manos de particulares, 
trató de recobrar los derechos que sobre ellas tenía, y en- 
cargó, por falta de edificio propio, de su impresión y venta, 
por cuenta de S. M., á D. Francisco Manuel de Mena, impre- 
sor de esta Corte, que las vendía mensualmente á la Secreta- 
ría de Estado Esta concesión interina duró sólo algunos 
años, pues en 1780 se decidió establecer la Imprenta Real, 
según los favorables informes de diversas comisiones cientí- 
ficas y literarias nombradas para este objeto, coincidiendo 
con igual fecha la muerte del citado impresor, cuyos herede- 
ros, resultando alcanzados en grandes cantidades con la 
Secretaria, consiguieron de S. M. se les admitieran en pago 
de la deuda los utensilios y materiales de la imprenta de Mena, 
valuados en 224.752 rs. vn. 

Este, que fué el verdadero origen de la Imprenta Nacional, 
obligó al Gobierno á pensar con más urgencia en la cons- 



(1) Los datos que abraza el presente articulo figurarán más 
extensamente en la Historia de la Gaceta de Madrid, en que se 
ocupa su autor hace años, destinada especialmente á demostrar 
la importancia de dicha publicación bajo los puntos de vista lite- 
rario y bibliográfico. 



- 245 — 

trucción de una casa en que colocarla; pues comprendiendo 
la ventaja que reportaría al Estado imprimir y expender por 
su cuenta los documentos oficiales, no admitió las varias 
proposiciones que se le hicieron con el objeto de volver al 
sistema antiguo de imprimirlos y venderlos por los parti- 
culares. 

Como al poco tiempo de publicarse la Gaceta por cuenta 
del Estado se obtuvieron grandes resultados, se decidió que 
con los productos de ésta se adquiriesen siete casas pequeñas 
de la calle de Carretas y plazuela de la Paz, en cuyos solares 
se había de construir el edificio destinado á Imprenta Real. 

No hemos querido pasar en silencio esta singular circuns- 
tancia, pues no creemos que ningún edificio del Estado se 
haya construido con los productos desús oficinas, y mucho me- 
nos si se atiende á que tales adquisiciones se hicieron muy al 
principio de su establecimiento. Las casas costaron 1.115.915 
reales vellón; y como tanto esta cantidad cuanto las inverti- 
das en su edificación se fueron pagando de los productos de 
la Gaceta, los cuales se aplicaban además á distintos objetos 
del Real servicio, entre ellos pensiones y sueldos á emplea- 
dos ajenos al establecimiento, se vieron algún tanto parali- 
zadas las obras de la nueva casa, hasta que, por un convenio 
celebrado con la renta de Correos, ésta facilitó en calidad de 
reintegro los fondos necesarios para la terminación de aqué- 
llas, y tan rápidamente se reintegró Correos, que en el año 
de 1791 sólo se le adeudaban 234. 775 rs. vn , que poco tiempo 
después le fueron completamente satisfechos. 

Si la Gaceta ofreció desde el principio tan pingües rendi- 
mientos, no fueron menores los de las obras impresas de Real 
orden, la mayor parte de texto, pues el valor de las vendidas 
en los diez primeros años asciende á 2 176.320 rs. 27 mará-* 
vedis; algunas de éstas eran responsables á Correos en calidad 
hipotecaria por los fondos adelantados, y otras, aunque en 
corto número, á bienes mostrencos. Fué preciso aumentar 
extraordinariamente el personal y material de la Casa; hasta 
tal punto, que en 1795 existían en el depósito de papel de la 
Imprenta Real 10.024 resmas, que importaban 493.621 reales 
vellón para las impresiones de los seis primeros meses, y 
pensar seriamente en el establecimiento de un obrador de 
fundición que, siendo propio de la casa, pudiera satisfacer las 
perentorias necesidades de la misma. 

Existía un taller de esta clase en la Real Biblioteca, esta- 



- 246 — 

Mecido por cuenta de la misma, con el objeto de promover el 
arte de abrir punzones y matrices para la fundición de letras 
de imprenta, y S. M. se sirvió resolver, por órdenes comu- 
nicadas por el Duque de la Alcudia en 17 de Octubre de 1793, 
que aquella oficina se agregase á la Imprenta Real, siembre 
que ésta pagara los 299.330 rs. vn. en que fueron apreciados 
todos sus instrumentos, utensilios y enseres. La Imprenta ce- 
lebró un contrato con la Biblioteca, por el que se obligó á pa- 
gar dicha suma en plazos de 50.000 rs. anuales, bien en efec- 
tivo ó en el valor de las impresiones que mandase hacer la 
Biblioteca. A los cuatro años, la deuda estaba extinguida, y la 
Imprenta Real era propietaria de su fundición, como lo había 
sido de su edificio, sin el menor gasto por parte del Erario. 

Es digno de notarse que en el periodo de catorce años, no 
sólo había cubierto la Imprenta Real todas sus obligaciones, 
pagado á sus muchos empleados y operarios, amortizado sus 
deudas con Correos y la Biblioteca, é invertido en compra de 
objetos indispensables considerables fondos, sino que conser- 
vaba en sus arcas en metálico, según el balance de 30 de Julio 
de 1794, la respetable suma de 1.527.481 rs. 33 mrs.; existía 
á su favor en poder de los administradores de Correos, por 
suscripciones á la Gaceta, la de 205.276 rs 32 mrs., y se le 
adeudaba por impresiones de particulares, que la satisfacían á 
plazos, la de 549.233 rs. vn. 

Insertamos á continuación, el estado del quinquenio de 
1789 á 1793, en los tres ramos de Gaceta, Mercurio y Guia 
de forasteros, que abrazaba el establecimiento: 

GACETA 



ANOS 


Gastos. 


Productos. 


Ganancias. 


1790. 




119.751 
100.786 
109.385 
117.832 
382.863 


703.669 
655.711 
721.728 
928.359 
2.067.822 

5.077.289 


583.918 
554.925 


1792. 




612.343 
810.527 




1.684.959 




830.617 


4.246672 



El Mercurio dejó en los cinco años una ganancia de 
424.254 rs vn., y la Guia de forasteros otra de 205.105, que, 



— 247 — 

unirlas á los 102.981 rs. vn., ganancia de las ebras de parti- 
culares, y al total del estado de la Gaceta, compone una 
.-unía de 4.978.982 rs. vn. Entonces, cual muchos años des- 
pués, la Gaceta fué el principal producto del establecimiento, 
sifñdo de notar que sus tres redactores costaban en el siglo 
pasado 55.000 reales anuales, y los tres que constituyen hoy 
su redacción sólo 28.000. 

Para que la Imprenta Real no careciese de una oficina de 
estampado, se estableció en ella el ramo de calcografía du- 
rante el año de 1789, con el doble objeto de reunir una creci- 
da cantidad de láminas, grabadas á expensas de S. M., que se 
hallaban dispersas en establecimientos particulares, y á fin 
de que se grabaran nuevamente copias de nuestros cuadros y 
monumentos artísticos- La Imprenta compró también todos 
los utensilios de esta dependencia, pagó de su cuenta á los 
dibujantes y grabadores, compró todas las planchas de cobre 
y las máquinas, y tasó sus efectos a los cinco años de esta- 
blecerse en 1.106.887 rs. vn. 

No disponemos del espacio suficiente para detallar del 
mismo modo los gastos é ingresos de la Imprenta Real en 
los años sucesivos, pero si aseguramos que al perder su ca- 
rácter de renta especial, administrada por ella misma, y al 
entrar á formar parte de los presupuestos generales del Es- 
tado, no sólo pudo entregar al Tesoro el pingüe remanente 
de sus arcas, sino que presentó y cuenta en el día con gran- 
des créditos y un valor efectivo en el aumento considerable 
de máquinas, utensilios, fundiciones, grabados y libros, que 
había adquirido con sus propios fondos para su continuo 
sostenimiento. Por consecuencia del antiguo sistema de que 
las oficinas paguen al establecimiento sus impresiones, car- 
gándoles un tanto por ciento equivalente al gasto hecho en 
ellas, aparece una cantidad calificada como incobrable, la 
cual figura como déficit de la casa, que asciende próxima- 
mente á tres millones de reales, por no haber siempre satis- 
fecho aquéllas sus "deudas; y las impresiones mandadas eje- 
cutar de Real orden, cuyos gastos había de cobrar el esta- 
blecimiento del producto de la venta de las mismas, le han 
hecho resultar con otro déficit; pues si bien conserva en sus 
almacenes el remanente de dichas ediciones, su venta es 
nula é incobrables también sus gastos. Añádase á esto que, 
siendo el precio de la Gaceta menor que el de los demás pe- 
riódicos políticos, y existiendo muchísimos Ayuntamientos 



- 248 - 

en España que no cumplen con la suscripción obligatoria, 
naturalmente han de resentirse sus ingresos. 

Como tampoco cobra hoy la Imprenta Nacional á las ofi- 
cinas por sus impresiones mas que los gastos que ellas pro- 
ducen, según queda dicho, claro está que éstas, pagadas ge- 
neralmente á plazos, según la consignación de cada depen- 
dencia, han de producir menos que anteriormente. 

El movimiento tipográfico que representan los trabajos de 
la Imprenta Nacional puede calcularse por la nota de las 
resmas de papel impresas en el último quinquenio, y viene á 
demostrar que han proporcionado su subsistencia á mas de 
trescientas familias de jornaleros en su mayor parte. Hé 
aqui la nota : 



ANOS 



1862 

1863 

1864 

1865 

1866 

Total 



Resmas. 



17.560 
17.341 
18.011 
16.715 
15.820 



85.449 



Manos. 

12 

3 

» 

19 
15 



El haber leído hace poco tiempo, publicadas por algunos 
de nuestros colegas, las reseñas de la Imprenta Nacional de 
Lisboa é Imperial de Viena, nos ha movido á publicar estos 
datos, los cuales prueban que también nuestra Imprenta Na- 
cional es digna de figurar al lado de los establecimientos de 
su clase con que cuentan los Gobiernos de las demás naciones 
cultas, así por su historia como su importancia actual. 



Manuel Ossorio y Bernard. 




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