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Full text of "Carlos Manuel de Céspedes"

THE LIBRARY OF THE 

UNIVERSITY OF 

NORTH CAROLINA 

AT CHAPEL HILL 




ENDOWED BY THE 

DIALECTIC AND PHILANTHROPIC 

SOCIETIES 



SflKí]. f ;^- C - ATC HAPE L H l LL 



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may be renewed by bringing it to the library. 



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in 2012 with funding from 

University of North Carolina at Chapel Hill 



http://archive.org/details/carlosmanueldecsOOcspe 







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POR 



CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES Y QÜESADA 




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TIPOGRAFÍA DE PAUL DUPONT 

4, RUÉ DU BOULOI, 4 

1805 



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Todos los derechos reservados. 




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A LOS CUBANOS 



La súplica que os hago con la más íntima buena fe y sin- 
ceridad, ES QUE ENTRE TODOS REINE EL ESPÍRITU DE CONCOR- 
DIA, QUE ALEJÉIS DE VOSOTROS TODO SENTIMIENTO DE QUE PUE- 
DAN BROTAR EXCISIONES Y BANDERÍAS, Y QUE NO ALOJÉIS EN 
VUESTRO PECHO MÁS QUE UN COMÚN DESEO Y UN INTERÉS SOLIDA- 
RIO PARA SERVIR Y AUXILIAR Á LA PATRIA, QUE AHORA OS LLA- 
MA MÁS QUE NUNCA Y CON JUSTICIA OS INTERESA EN SU SOCORRO. 
HE AQUÍ UN SENTIMIENTO MUY DIGNO DE VUESTRA NOBLE EMULA- 
CIÓN. — Carlos Manuel de Céspedes á ¡as Emigraciones. 



CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES 



Feminis liigere honestum 
est; viris meminisse. 

- Tácito. 



APUNTES BIOGRÁFICOS 

HASTA EL 10 DE OCTUBRE DE 186S 

Descendiente primogénito de una familia antigua y dis- 
tinguida, nació en la ciudad de Bayamo el día 18 de Abril 
de 1819, Carlos Manuel de Céspedes. Pasó la niñez en el 
campo, y dicen los que á esa edad lo conocieron, que sus 
placeres consistían en atravesar ríos, penetrar en los bos- 
ques y escalar las montañas. Aquella audacia y- energía 
prematuras, la exaltación entusiasta de su espíritu por 
todo lo bello, justo y libre en medio de la naturaleza sal- 
vaje é imponente que le rodeaba, eran evidentes signos de 
uno de esos temperamentos fuertes, bien templados para 
la lucha, á los cuales la acción es una necesidad de su 
propio organismo, y que, según los decretos del destino, 
pueden elevarse á las supremas alturas ó precipitarse en 
irreparables desgracias. 

A su vuelta del campo entró de alumno en el Convento 
de Santo Domingo. Allí adquirió en poco tiempo conoci- 
mientos sólidos en humanidades. El programa, sin em- 
bargo, de aquellos estudios, no bastaba á templar su sed 
de instrucción, y en busca de más dilatados horizontes 
emprendió viaje á la Habana, en donde, después ele bri- 
llantes exámenes, recibió el grado de Bachiller en el año 
de 1838. 



2 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES-. 

No obstante los ventajosos ofrecimientos de empleos 
que le hicieron sus amigos, volvióse á Bayamo, tierra de 
su predilección, y al año siguiente contrajo matrimonio 
condona María del Carmen de Céspedes y Castillo, su 
prima, de la cual tuvo dos hijos, Carlos. y Osear. 

Hacía tiempo que Céspedes meditaba un viaje á Europa; 
deseaba seguir y completar sus estudios y conocer, á la 
vez, el teatro de los grandes acontecimientos de la Histo- 
ria. Partió de Cuba á principios de 1840, y habiendo fijado 
su residencia en la ciudad condal de Berenguer, frecuentó 
^asiduamente los cursos de aquella Universidad. Dos años 
después obtuvo en Madrid el diploma de Licenciado en 
leyes. • 

Por esta época tramaba en España una conspiración 
el general" Prim, con el cual estaba Céspedes íntima- 
mente ligado, habiéndole ofrecido dicho general grandes 
reformas, y algunos aseguran que hasta la misma inde- 
pendencia de Cuba. La conspiración abortó, y Céspedes 
abandonó la península Ibérica, emprendiendo un largo é 
interesante viaje á través de la Europa. 

Como hablaba varios idiomas, pudo aprovechar las nu- 
merosas, ocasiones de ilustrarse que se le presentaban. 
Visitó la Francia, la Inglaterra, la Alemania y la Italia. 
Estudió á fondo la historia y las instituciones políticas y 
religiosas de estos países; pero su corazón latía con el 
ardiente anhelo de volver á la tierra natal, y diciendo 
adiós al viejo mundo, tornó la vista hacia Cuba, donde des- 
embarcó en 1844. 

. Se estableció, pues, en Bayamo, y abrió su estudio de 
abogado, reuniendo en breve plazo una numerosa clien- 
tela, la cual estimaba y pagaba con una entera confian- 
za sus aptitudes de jurisconsulto y la integridad de su ca- 
rácter.' . • 

Datan desde esta fecha la mayor parte de los trabajos 
que forman la vida literaria de Carlos Manuel de Céspe- 
des, comenzada en Madrid con un folleto en defensa de 
Cuba, atacada por la prensa de aquella capital. Los perió- 
dicos de la isla publicaban sus artículos, notables por la 



APUNTES BIOGRÁFICOS. 3 

belleza de la forma y por la novedad de las ideas. Escri- 
bió una comedia, Las Dos Dianas, y tradujo en octavas 
reales varios cantos de la Eneida de Virgilio. 

De sus composiciones poéticas, que sólo hizo como agra- 
dable entretenimiento,' puede decirse que retratan fiel- 
mente su alma indómita y la firmeza de su carácter ; alma 
serena ante el peligro y grande en presencia de la muerte. 
Una vez, inspirado, dijo contemplando el Pico de Tur- 
quino, que fué un cuarto de siglo más tarde el Gólgota 
de su carrera : 

« Al pálido terror mi alma no cede; 
Nada en el mundo amedrentarme puede, o 

Y no fué Céspedes tampoco extraño á la musa de los 
amores. Su rima fácil, su estilo sencillo, elegante, demues- 
tran la naturaleza exquisita de aquel hombre que sabía 
sentir y expresar al mismo tiempo. Aun se cantan y repi- 
ten en Cuba los versos que brotaron de su lira en los al- 
bores de la juventud. 

Hablando de esta época de su vida, dice el Sr. D. Ma- 
nuel Anastasio Aguilera, en un artículo que escribió en 
México con fecha 22 de Abril 1874, titulado : Carlos Ma- 
nuel de Céspedes antes de la Revolución (1) : 



« Nací en Bayamo, conocí desde la infancia al célebre 
caudillo cubano, y lo que de él voy á decir no se separará 
un punto de la verdad. 

» Desempeñó la dirección de la Sociedad Filarmónica 
de Bayamo en un período, y la de declamación de la 
misma en otro, y fué uno de los fundadores de la de 
Manzanillo. En Bayamo pusieron en escena dos piezas 
dramáticas que él compuso. 

» Céspedes era de pequeña estatura; aunque robusto, 



(1) El Americano. — París, 20 Je Junio de 1874. — Colección de la 
Biblioteca Nacional. — A 7 , del A. 



4 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

bien proporcionado, de fuerte constitución y ágil en sus 
movimientos. En su juventud fué muy elegante, bien pa- 
recido y de simpática figura. Se distinguía mucho en el 
baile y la equitación ; era esgrimista y gimnasta' y,,se le 
citaba, como perito en el juego dé ajedrez.. Tenía un valor 
personal á toda prueba, acreditado en diversas circuns- 
tancias, de su vida. ■'" 

; » Era hombre de grande imaginación, astuto, discreto, 
severo; cortés y agradable en "el trato social; tolerante 
por cálculo; poseía una fuerza de voluntad indomable, 
y era sobremanera galante y delicado con" el bello sexo. 

» Era impertérrita; ningún revés le imponía; ningún 
peligro alteraba su semblante, ni el reposo de sus dis- 
tinguidos modales. 

" » Jamás salió de sus labios una frase descompuesta, un 
denuesto, ni una amenaza. Era siempre cortés, majes- 
tuoso y reservado, hasta en el trato íntimo. 

» Era ambicioso de gloria... Ningún desafecto ni su- 
balterno recibió de él una frase destemplada. 

» No. olvidaba los agravios, aunque aconsejaba el per- 
dón dé ellos. 

» No se quejaba de sus dolores físicos ni morales. 

» Siempre tuvo fe ciega en el triunfo déla libertad con- 
tra la tiranía. 

» Aborrecía con toda la fuerza de su alma la domina- 
ción española. 

. » Durante su dilatada permanencia en la Península, 
fué en Barcelona capitán de la milicia ciudadana; y en 
España conoció todo cuanto es españolen el orden po- 
lítico y revolucionario. 

» No quería mal á los españoles; lo cual está justificado 
en todos sus actos públicos, en sus consejos y propa- 
ganda revolucionaria- 

* Solía decir que Dios hacía mucho tiempo que había enlo- 
quecido á los prohombres españoles para su castigo; y que 
el ciego pueblo español era digno de lástima. » 

Ábrese ahora una nueva era en la vida de Céspedes, 



APUNTES BIOGRÁFICOS. 5 

era:de sufrimientos que debía templar su alma para los 
grandes peligros de los tiempos heroicos que el porvenir 
le preparaba. La protección que como síndico del Ayun- 
tamiento de Bayamo dispensara á los pobres esclavos (1), 
la popularidad de que gozaba, y el tono independiente de 
sus palabras y de sus actos, fueron motivos para que la 
suspicacia del gobierno español se'despertase y se fijara 
en el futuro libertador con inquieta atención. 

Llegaron por fin los años de 1851 y 52, de terrible prueba 
para Cuba. La mano del despotismo oprimía con más 
saña que nunca la patria desgraciada; los cubanos más 
distinguidos lamentaban en vano los infortunios de la 
tierra natal, y la sangre generosa de Agüero, Betancourt, 
Zayas, Benavides y otros tantos mártires de la causa de 
la Independencia, había santificado el suelo del Cama- 
güey. En esta fecha, y por haber expuesto la indignación 
que le causara el banquete con que el gobernador de 
Bayamo, D. Toribio Gómez Rojo, celebró la ejecución de 
Narciso López, fué Céspedes preso por la primera vez. 
Conducido á Palma Soriano, permaneció confinado allí 
por espacio de cuarenta días, en compañía de su tío ma- 
terno, D. Lucas del Castillo, y de su primo el popular 
poeta D. José Fornaris y Céspedes. 

Una vez en libertad, volvió á Bayamo, dirigiéndose poco 
después á Manzanillo, en donde fué reducido de nuevo á 
prisión y luego desterrado por el general Cañedo, á la 
ciudad de Baracoa. Allí estuvo hasta cumplir la injusta 
orden de aquel tirano, y trascurrido ese tiempo regresó á 
Manzanillo, á fines del 52. 

Entregado al trabajo pasó tres años, hasta 1855, siendo 
por tercera vez condenado y retenido á bordo del navio 
Soberano, resto del famoso desastre de Trafalgar, que ya 
desmantelado en la bahía de Santiago de Cuba, fué mudo 
testigo de las torturas y tormentos de muchos prisioneros 
políticos de aquel entonces. 

Al salir de esa odiosa mazmorra, le señalaron la ciudad 



(1) La Opinión Nacional. — Lima, 4 de Abri de 1874. — N. del A. 



6 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

por cárcel. Residió en ella ocho meses, y cumplida su con- 
dena" regresó á Manzanillo, en donde halló sus intereses 
en malísimo estado, debido á su forzada ausencia. Dedicóse, 
pues, con especial ahinco á los trabajos del foro y a varias 
especulaciones agrícolas que" le produjeron, además de 
mucho crédito, una fortuna relativamente considerable. 
Fué también por largo tiempo presidente de la Junta de 
Fomento, desempeñando así mismo varios cargos con- 
cejiles (1). 

Parecíales á los amigos de Céspedes que la desgracia 
había cesado de perseguirlo. Sin embargo, en la noche 
del 24 de Diciembre de 1867, D. Rafael Pérez y Molina, 
gobernador de Manzanillo, cediendo á la delación de un 
anónimo infame, intentó arrancarlo de la cabecera del 
lecho de su esposa moribunda, para sepultarlo por cuarta 
vez en un calabozo. 

La intolerancia y la tiranía del gobierno español habían 
llegado á tal punto de opresión y crueldad, que ya no era 
posible soportarlas sin mengua. El inexorable sistema de 
negar toda" satisfacción á las aspiraciones más legítimas 
de los cubanos ; la insolencia y rapacidad de las autori- 
dades ; la enormidad abrumadora de los impuestos ; 
todas las grandes piezas del mecanismo gubernamental, 
— Hacienda, Magistratura, Cultos, Instrucción, Fomento, 
Ejército, Marina, — todas las corporaciones y sociedades 
bajo la mano de un soldado casi siempre autoritario y 
déspota por la lógica misma de sus facultades extraordi- 
narias ; el Ayuntamiento, vano simulacro de derechos y 
garantías municipales, sin autoridad ni prestigio, sir- 
viendo sólo," por su pompa exterior, de aparato escénico y 
meramente decorativo en las solemnidades y grandes 
fiestas oficiales; la parcialidad de los jueces ; las súplicas 
desatendidas ; las quejas juzgadas como delitos, y casti- 
gadas muchas veces con la prisión ó el destierro ; las 
conspiraciones y las tentativas de levantamiento ahogadas 
en el suplicio por la mano del verdugo ; el silencio 



(1) La Opinión Nacional ya citada. — N. del A. 



APUNTES BIOGRÁFICOS. 7 

de la prensa ; la ausencia absoluta de todas las libertades ; 
la violación de todas las leyes ; y por último, y para colmo 
de tan desesperada situación, la provocante actitud del 
gobierno metropolitano ante los miembros de la Junta de 
Información, en cuyo carácter, sensatez y patriotismo 
había cifrado el país sus últimas esperanzas de reparación 
y justicia : todos estos hechos, de los cuales el menos 
grave lo era bastante para autorizar su resolución, deci- 
dieron á Céspedes á no sufrir por más tiempo el yugo de 
la esclavitud, y á tomar parte en los trabajos que en la 
sombra de las logias masónicas se hacían ya en Baya- 
mo. 

En esa ciudad asistió á la primera junta revolucionaria 
en el mes de Julio de 1868. El 4 de Agosto concurrió á otra 
reunión de igual carácter, en la finca San Miguel, jurisdic- 
ción de las Tunas, y en ella, tomando la palabra, pro- 
nunció un patriótico discurso en el cual, después de 
haber expuesto en toda su triste evidencia la situación 
política de Cuba y el resultado negativo que puso término 
á las ilusiones del partido reformista, formuló el acta de 
acusación del gobierno español, y dijo: Que una larga 
experiencia de sufrimientos y desengaños demostraba que 
el país nada tenía que pedir ni nada que esperar de Es- 
paña; que los cubanos estaban inexorablemente condena- 
dos, ó á la aceptación vergonzosa de la esclavitud sin 
esperanza, ó á apelar al recurso extremo de las armas, 
y por la senda del honor buscar en medio de las incerti- 
dumbres sangrientas de la guerra, la salvación de la 
patria; que la geografía, la historia, la ley ineludible de 
la evolución universal y la de la justicia inmanente pro- 
testaban contra la dominación española, que siempre sorda 
a las enseñanzas del tiempo, á los consejos de la razón y 
petrificada en las glorias de un pasado bien remoto y en 
ciertos puntos discutible, era incapaz de arrepentimiento 
y de enmienda; que por lo tanto, Cuba debía ser tan libre en 
lo pulí tico, como lo está por la naturaleza; que nacida ayer, 
joven, hermosa y rica, á mil quinientas leguas de distan- 
cia, mirando casi á sus puertas los prodigios de la liber- 



8' - -. CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

tád y de la civilización norte americanas, y arrastrada en 
la poderos-a corriente de su siglo, estaba obligada á rom- 
per los lazos que la ligaban á la Metrópoli, é imitando el 
ejemplo de su vecina, hermana, seguir el rumbo que debía 
llevarla al cumplimiento de sus futuros destinos; é inspi- 
rándose en la inflamada elocuencia del titánico tribuno 
de la Constituyente de 1789, terminó exclamando con la 
pompa declamatoria oportuna en tales asambleas revolu- 
cionarias : 

— « Señores : La hora es solemne y decisiva. El poder 
de. España está caduco y carcomido. Si aun nos parece 
fuerte y. grande, es porque hace más de tres siglos que lo 
contemplamos de rodillas. ¡Levantémonos! » 

Fué resue.to en esta junta que el pronunciamiento gene- 
ral tendría lugar el 3 de Septiembre, Pero Salvador Cisne- 
ros Betancourt y Carlos Mola, representantes del Cama- 
güey, « se opusieron al acuerdo, arguyendo que aun no 
había armas bastantes en ninguna de las comarcas. El 
1.° de Septiembre asistieron los mismos camagüeyanos 
á la reunión convocada por Francisco Vicente Aguilera, 
Francisco Maceo Osorio y Pedro Figueredo, directores de 
la Junta Revolucionaria, en la finca Muñoz. Allí fueron 
recibidos con estas palabras» (1)-, que prueban cuan 
errados andan los que califican á Céspedes de único impa- 
ciente: « De acuerdo estamos ya con ustedes, accediendo á 
¡as instancias de Carlos Manuel de Céspedes por Manzanillo, 
y Belisár-io Alvarez por Holguín, y por la conveniencia 
de uá-movimiento general en toda la isla, hemos decidido 
aplazar el levantamiento hasta principios del año en- 
trante » (2). 

Por último, el 7 de Octubre de 1868, en el ingenio El 
Rosario, jurisdicción de Manzanillo, en vista do la nece- 



l (1) Ignacio Mora, por Gonzalo de Quesada. — Patria — Nueva York, 
"i 894. — N. del A. 

(2) El Guajiro. — Puerto Príncipe, 10 de Octubre de 1898. — N. del A. 



APUNTES BIOGRÁFICOS. 9 

sidad imperiosa de precipitar el movimiento en que se 
hallaban los patriotas del departamento Oriental, quedó 
designado el 14 del propio mes para llevarlo á cabo, y 
nombrado Céspedes por todos los concurrentes único jefe 
de la Revolución fl). 



(1) Apuntes Biográficos de Carlos Manuel de Céspedes, ele, etc., por 
Josó Joaquín Palma. — Cuba Libre, 1869. — Esle manuscrito, corre- 
gido por el biografiado, lo poseemos, y de él lomamos muchos de los 
datos que figuran en el presente capíLulo. — V. del A. 



II. 



YARA Y BAYAMO 

Existen muchas versiones acerca de los motivos que 
obligaron á Céspedes á precipitar el movimiento y fijar 
el 10 de Octubre para dar el grito de Independencia. 
Mr. Hippolyte Pirón refiere una en su libro Elle de Cuba; 
Manuel Anastasio Aguilera publicó la suya en La Indepen- 
dencia, y El Porvenir de Nueva York nos ha suministrado 
otra, no menos verosímil que las anteriores. Nos parecen 
todas igualmente aceptables. La que vamos á relatar tiene 
la interesante particularidad de haber sido narrada por el 
mismo Céspedes á personas que viven todavía. 

La esposa de uno de los conjurados reveló, bajo el se- 
creto inviolable de la confesión, á su director espiritual 
los proyectos de los patriotas, y el sacerdote, alarmado, 
logró persuadirla de que su deber era el de denunciar á 
las autoridades, sin pérdida de tiempo, la existencia de la 
conspiración. No tardó la señora en obedecer los consejos 
de su digno confesor, ni el gobierno en tratar de sofocar 
el movimiento en su propia cuna. 

Sabedor de lo ocurrido, convocó Céspedes á los patrio- 
tas. Desde el 8 de Octubre de 1868 empezaron á reunirse 
en su ingenio La Demajagua, situado « en una de 
las ensenadas que forma el mar en la costa que se 
extiende desde la desembocadura del río Cauto hasta 
'Cabo Cruz, al E. de Manzanillo ». El 14 romperían las 
hostilidades, según lo convenido en la junta de El Rosario. 
No fué posible esperar el día señalado. El capitán general 
Lersundi ordenó por telégrafo al Gobernador de Bayamo, 



YARA Y BAYAMO. 1 1 

la prisión inmediata de los conspiradores. Empero, el 
telegrafista Ismael Céspedes participó la orden por medio 
de un expreso á Céspedes antes de transmitirla á su des- 
tino. Así es que en la madrugada del 10, fecha memorable 
en los anales de la patria, avisados por Manuel Anastasio 
Aguilera de que se disponía una fuerza para capturarlos al 
amanecer, juraron la bandera y firmó Céspedes el mani- 
fiesto en donde exponía las razones que impulsaban á los 
cubanos á levantarse en armas contra España, procla- 
mando la Independencia de Cuba. 

Daban las tres cuando al frente de una columna de 
patriotas, de los cuales sólo 36 llevaban armas de fuego, 
salió Céspedes de su ingenio con dirección á la sierra de 
Nagua. Les amaneció en el batey de San Francisco, y á 
medio día llegaban á la hacienda Palmas Altas. 

Allí dio Céspedes libertad á sus esclavos. 

Á las cuatro de la tarde emprendieron de nuevo mar- 
cha. Á las cinco, y después de una ligera escaramuza con 
un grupo de exploradores, hacían los patriotas alto en el 
sitio de Colwita, que se encuentra á una legua corta de 
Yara. Desde ese punto envió Céspedes dos oficiales con la 
orden de intimar al capitán de partido de aquel pueblo 
su rendición. Éste, que sólo contaba con cuatro salva- 
guardias para su defensa, respondió sometiéndose, y 
aquél marchó inmediatamente sobre el pueblo con la 
intención de pernoctar allí. 

Después de haber salido de Yara los oficiales parlamen- 
tarios, entró en el pueblo una columna del regimiento 
de la Corona, pedida á Bayamo como refuerzo por el 
Gobernador de Manzanillo. Informado el jefe de esa fuer- 
za, el comandante Villares, de que los patriotas se acer- 
caban, repartió y atrincheró sus soldados en todas las 
casas que daban sobre la plaza. Cien infantes y veinticinco 
caballos formaban la columna á su mando. Á las ocho de 
la noche entrábanlos cubanos por cuatro puntos distintos. 
Al llegar á la plaza dieron un entusiasta / Viva Cuba Libre /, 
viva al cual replicó el enemigo oculto, con una prolon- 
gada lluvia de balas. Sorprendidos los patriotas, retroce- 



12 . CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. * : „ ~ ; 

dieron en desorden; sólo "Céspedes y un corto número 
de valientes sostuvieron el fuego, retirándose después sin 
ser perseguidos. • • .*'i 

• Respecto de este acontecimiento, dice el general Ángel 
Maestre, cuyo escrito ratifica en. casi todos sus detalles 
nuestra versión : 

« Con Céspedes permanecimos en el lugar doce hombres, 
y la bandera en mi poder; mas parece que alguno ex- 
clamó : — / Todo se ha perdido! Y Céspedes contestó en el 
acto : — Aun quedamos doce hombres : bastan para hacer la 
independencia de Cuba. (Palabras textuales) 

»*... De aquel grupo que entró en Yara, sólo quedan 
Cuatro; los demás murieron como valientes en los campos 
de la patria, llenos de honor por su santa causa (1). » 

Después de este fracaso atravesó Céspedes, « á la luz de 
-los relámpagos, la inmensa sabana de Yara », pernoc- 
tando en Cabazán, hacienda de crianza poco distante de 
Jibacoa, en la que logró reunir sus dispersos, que con los 
primeros albores fueron apareciendo en pequeños grupos. 
Bajo el mando de Luis Marcano incorpóresele, además, 
una columna de 300 hombres medianamente armados. 
Con estas fuerzas entró Céspedes de nuevo en Yara, eva- 
cuado por los españoles. Permaneció en él dos días con 
objeto de organizar su gente, y el 14 marchó sobre Ba- 
rrancas, que tomó el 15, presentándose el 17 frente á 
Bayamo. 

Apenas se supo la noticia de que Carlos Manuel de Cés- 
pedes se encontraba en el ingenio Santa Isabel, y que 
la bandera tricolor flotaba en la orilla opuesta del río, el 
pueblo en masa acudió á saludar con fervoroso entu- 
siasmo la enseña bajo cuyos pliegues se agrupaban los 
campeones de la libertad. 

A las cinco de la tarde envió Céspedes el capitán Tamayo 
á intimar al Gobernador de Bayamo la rendición de la 
plaza. El coronel Udaeta rechaza la intimación, manda 
pregonar un bando que prohibe, bajo severas penas,- 



(i) Patria. — Nueva York, 1894. — N. del A. 



VARA Y I3AYAM0. 13 

prestar auxilio á los insurrectos, y se prepara á recibir el 
ataque, atrincherándose en el cuartel ele infantería con 
toda la guarnición regular (1). Parte de la milicia debía 
apostarse en las barricadas rápidamente construidas, á 
fin de defender la entrada de la plaza de armas, retirán- 
dose en caso de no poderlas sostener, á la cárcel pública, 
en donde estaban encerrados el mariscal de campo de las 
Reservas Dominicanas D. Modesto Díaz, más tarde ge- 
neral de nuestro ejército, su compatriota D. Francisco 
Heredia y algunos oficiales españoles y milicianos de 
color. 

Esa noche salió el primer número de El Cubano Libre, 
órgano de los insurrectos, llamando al pueblo á las armas. 

En la mañana siguiente empezó el Ejército Libertador 
á formar. En la cuesta de la Mendoza, bajo el mando in- 
mediato de Céspedes, hallábase el centro, cuya vanguardia 
capitaneaban Juan Fernández Ruz y Ángel Maestre. El 
ala derecha, á las órdenes de Juan Hall, ocupaba la cuesta 
de la Luz, y la de Lizana la izquierda, mandando en jefe 
Manuel de Jesús Calvar. Aunque superior en número á 
las fuerzas enemigas, no podrá decirse que el ejército 
cubano, mal armado y con escasa disciplina, llevaba ven- 
taja alguna en la lucha que iba á emprenderse ; no obstan- 
te, animado por los vivas del entusiasta pueblo bayamés, 
cruza el río y se detiene en las afueras de la ciudad. 

Dióse en seguida el asalto. Acosada por los insurrectos 
la guarnición se defendió heroicamente, hasta que, debili- 
tada por la pérdida de la cárcel y por la deserción de los 
milicianos que, al grito de / Viva Cuba Libre!, se unieron á 
los sitiadores, vióse compelida á deponer las armas. Á 
las nueve de la mañana del 21 se firmaba la capitula- 
ción. 500 carabinas Miniet, 300 tercerolas de caballería, 
100 caballos, gran cantidad de municiones y otras clases 
de elementos de guerra, fué el botín de nuestro primer 
triunfo (2). 



(i) 500 infantes y 100 caballos. — ¿V. del A. 

(2) La Toma de Bayamo, por F. Figueredo Socarras. — San Antonio 
de los Baños, 1S93. — N. del A. 



14/ ■ CARLOS MANUEL DE "CÉSPEDES. 

El 28 publica, Céspedes una orden en Bayamo, dispcr- 
niendo que todas las autoridades diesen cuenta por escrito 
délos excesos cometidos por las tropas españolas, y dos 
días después, /el 30 de Octubre, da un manifiesto en la 
misma ciudaoY declarando que sólo en aquellas circuns- 
tancias aceptaba los cargos de Capitán General del Ejército 
Libertador y 'Jefe del Gobierno Provisional de Oriente, 
'...;• . que se le habían conferido. Declara también que no trata 
• de imponer su gobierno á los demás pueblos de la isla, y 
"■'-.: que está dispuesto á someterse alo que decida la mayo- 

ría de los habitantes. Este manifiesto fué seguido de un 
^.decreto, fechado el 6 de Noviembre, en que facultaba á 
dejar el territorio conquistado por el Ejército Libertador, 
% á todas aquellas personas que no estuviesen conformes 
# . con el nuevo orden de cosas; y concluía diciendo: « Á 
este fin se expedirá á todo el que lo solicite, un salvocon- 
'f-[- : ■ ducto. » 

La crueldad del opresor y las crecientes ejecuciones de 
prisioneros de guerra, obligaron á Céspedes a dirigir el 
20 de Diciembre una comunicación á los jefes de columna 
españoles, lamentando dichos sucesos y amenazando de 
" tomar represalias si' no recibía seguridades de que había 
de abandonarse tan bárbaro sistema. Siete días más tarde 
desembarcaba en laGuanaja el general Manuel de Quesada 
con 71 expedicionarios, la flor de la juventud habanera, 
y un armamento de 2,60o rifles de Enfield y 150 carabinas 
Spencer, primer refuerzo que recibían los patriotas; y 
como para conmemorar tan fausto acontecimiento, el 
mismo día lanzaba Carlos Manuel de Céspedes el Decreto 

DE ABOLICIÓN DE LA ESCLAVITUD. 

Bien merece la pena de que nos detengamos un ins- 
rf| " tante, para examinar las causas y los efectos de un decreto 

jpgf de tamaña importancia. Muchos de los amigos sinceros 

de la naciente Revolución dijeron que era una falta gra- 
vísima amenazar así los grandes intereses de la clase más 
. rica é influyente, y privar al partido cubano de la amistad 
ó de la neutralidad de los hacendados; que dadas las 
condiciones del país, es decir, la proporción entre habi- 



YARA Y BAYAMO. 15 

tantes blancos y negros, el decreto podía estimarse como 
una imprudencia temeraria, y hasta cierto punto como 
una provocación posible á la guerra de razas. 

Céspedes, que sin duda había meditado bastante el 
arduo problema, comprendió que la abolición de la escla- 
vitud era un acto de justicia y una satisfacción necesaria 
á la conciencia humana. El pueblo de Cuba no podía 
dignamente presentarse ante el jurado de las naciones 
proclamando su independencia y su libertad, y sancio- 
nando con un silencio infame la suerte de los pobres 
siervos. Empero, puesto que la política debe ser ante todo 
práctica, echemos á un lado consideraciones humanita- 
rias y filosóficas, para no estimar sino aquellas que tengan 
un carácter de utilidad positiva. 

Los Estados Unidos acababan apenas de terminar la 
guerra gigantesca que puso en tan inminente peligro el 
pacto constitucional, y el universo entero contempló con 
asombro y aplauso la victoria definitiva que devolvió á 
la condición de hombres libres á algunos millones de 
esclavos. La República Cubana, que lo esperaba todo, 
apoyo moral y material de su poderosa vecina, cumplía 
con un deber político imprescriptible imitando y siguiendo 
el ejemplo de la nación con cuyas simpatías contaba 
para alcanzar el triunfo de su empresa. ¿Qué importaba, 
pues, que los hacendados conocidos hasta entonces sólo 
como benévolos simpatizadores, se manifestasen más tar- 
de, con muy pocas y honrosas excepciones, enemigos 
declarados? El gobierno español, como era fácil prever, 
tuvo especial interés en exagerar las consecuencias del 
decreto, vaticinando la ruina cierta de Cuba y pintando 
con horribles colores el cuadro espantoso de mil hordas 
salvajes con la tea en una mano y el machete en la otra 
y gritando / Muerte y venganza! á las puertas de sus anti- 
guos señores. 

¿ Qué podían valer ante la razón de Céspedes los te- 
mores de perder las simpatías estériles de unos cuantos 
explotadores de la esclavitud, en consideración de las 
esperanzas que pudiera ofrecer, tal vez, la amistad ñor- 



16 t- ¿% CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

'te-aniericana y la aprobación del orbe civilizado ? ¿ Por 
qué sacrificar esa satisfacción moral á su conciencia? 
¡ Inmenso debió ser el placer que experimentara al tomar 

-la pluma para firmar un decreto que ratificaba de una 
manera solemne los principios y. las palabras de toda su 
vida política ! Más todavía; ¿ no # era evidente que aque- 
llos hombres, por no comprometer el sosiego y la fortuna, 
se abrigaban bajo la bandera española, ofrecían al go- 
bierno.viila-y hacienda, y negando todo auxilio á la Revo- 
lución, ocultaban en lo más íntimo de sus corazones el sen- 
timiento de la patria ? Por otra parte, los terrores de los 
hacendados eran imaginarios y los vaticinios de la prensa 

. española, puras declamaciones retóricas. Los grandes 
ingenios y las grandes dotaciones estaban fuera de la acción 
revolucionaria y preservados por una vigilancia rigurosa 
contra las incursiones posibles- y siempre pasajeras de 
los patriotas. Torpes é ignorantes, los negros permanecían 
indiferentes -á toda agitación política. El estado de servi- 
dumbre con todos sus vicios, la inferioridad indiscutible 
de la raza después de largos siglos privada de cultura inte- 
lectual, y la ignorancia en que voluntariamente los tenían 

fsus dueños sumergidos, habían producido sus conse- 
cuencias inevitables : la muerte del espíritu, la degrada- 
ción moral absoluta y la supervivencia del bruto. En tales 
condiciones, y habituados á la obediencia pasiva, no 
fueron jamás un peligro verdadero, y así lo demostró la 
experiencia. Y quizás se le ocurrió á Céspedes el pensa- 
miento de que si algún día España, agotada, se viera com- 
pelida á abandonar su presa, no se resignaría á la derrota 
sin intentar antes, como recurso extremo de defensa y 
como última venganza y testimonio de crueldad, el libertar 
á Jos esclavos para lanzarlos al combate contra los patrio- 
tas cubanos. No obstante, si la fortuna de las armas nos 
rehusó la victoria; si la acción diplomática fué nula; si 
nuestra peregrinación dolorosa por todas las repúblicas 
sud-americanas no produjo resultados dignos de tomarse 
en consideración; si á despecho de la Providencia el 
mundo vio indiferente el triunfo de la iniquidad, á pesar 



YARA Y BAYAMO. 17 

de la justicia de nuestra causa, siempre, siempre se esti- 
mará como un título de honor el decreto de abolición déla 
esclavitud, tanto más cuanto que su espíritu en pie, fué lo 
único que sobrevivió en medio de aquellas ruinas, pues en 
presencia de la situación creada por tales acontecimientos, 
España se vio forzada á promulgar más tarde la ley de 
emancipación (1). 



(1) El doctor José Francisco Ruz fué no sólo el primero, sino el úni- 
co que en la Habana dio liberlad á once esclavos tan pronto como se 
publicó el decreto de abolición. — .V. del A. 



III. 



EL GENERAL DULCE 



TENTATIVAS DE PAZ. 



Á la fecha del decreto de abolición, ya habían tenido 
lugar más de treinta combates. 

El 5 de Enero de 1869 salió la columna de Valmaseda 
de las Tunas, donde había entrado el día de año nuevo 

s procedente de Camagüey. Marchando hacia Bayamo, atra- 
vesó el río Salado el 8, derrotó la improvisada hueste 
de Donato Mármol, y el 9 forzaba el paso del río Cauto. 
Los patriotas, reconociendo la imposibilidad de resistir á 
•las fuerzas enemigas, quemaron su propia ciudad el 11, y 
cuando el 15 llegaron los españoles, sólo, encontraron 
ceniza y ruinas donde antes se levantaba la antigua y her- 
mosa Bayamo. 

, Comprendiendo el gobierno español la importancia y 
gravedad del movimiento cubano, y-con ánimo de dete- 
nerlo, solicitando una solución pacífica á un problema que 
á cada instante parecía más complicado, envió el general 
Dulce — sucesor de Lersundi — con cartas credenciales 
y proposiciones de paz, á José de Armas y Céspedes, 
Ramón Rodríguez Correa y Hortensio Tamayo al territorio 
de Cuba Libre. No lograron, sin embargo, entenderse 

' estos señores verbalmente con. Céspedes. Se valieron de 
intermediarios, y presentaron sus proposiciones al Comité 
del Camagüey para que se las transmitiese á Céspedes; 
pues ese cuerpo les había manifestado que no estaba in- 
vestido de poderes suficientemente amplios para resol- 



EL GENERAL DULCE. 19 

ver un asunto de tamaña significación. Las cartas que 
mediaron entre Céspedes, el Comité del Camagüey y los 
comisionados del gobierno español, fueron las siguientes : 

Campamento de huías, 19 de Enero de 1869. — Sr. D. Carlos 
Manuel de Céspedes. — Muy Sr. nuestro y distinguido compa- 
triota : Encargados nosotros por el general Dulce de poner en 
sus manos una carta, y autorizados además para celebrar una 
conferencia con Y., deseamos con ansia cumplir nuestra misión. 
Para ello nos hemos adelantado á este campamento, y habién- 
donos participado los Sres. del Comité Central que hasta dentro 
de cinco ó seis días no podremos tener el gusto de conferenciar 
con Y., le escribimos con el objelo de hacerle saber nuestro 
encargo, y suplicarle que en el término más breve posible, dadas 
sus muchas atenciones, nos señale el día y el sitio en que poda- 
mos verle, regresando en el acto á Nuevitas nosotros á esperar 
su resolución. 

Como nuestro compañero y paisano D. José de Armas y Cés- 
pedes ha quedado enfermo en Nuevitas, firmamos por autoriza- 
ción completa suya, y hasta que tengamos el honor de saludarle 
personalmente, le rogamos nos cuente entre el número de sus 
admiradores y fieles compatriotas y amigos S. S. Q. B. S. M. — 

C. A. — José de Armas y Céspedes. — Ramón Rodríguez Correa. 
— Horlensio Tamayo. 

P. D. — Anoche al llegar celebramos una conferencia con los 
individuos que forman el Comité del Camagüey, los cuales, des- 
pués de escucharnos, nos respondieron que no podían celebrar 
acuerdo alguno sin hallarse Y. presente y sin discutirlo con usted. 
Dichos Sres. supongo que darán á Y. detalles de nuestra 
conferencia, basada en el principio de todas las libertades para 
Cuba, nuestra común y tiranizada patria. — Ramón Rodríguez 
Correa. 

Cuartel General en la Punta, sobre las riberas del Cauto. — 
Sres. D. Hortensio Tamayo, D. José de Armas y Céspedes y 

D. Ramón Rodríguez Correa. 

Muy Sres. míos : Es en mi poder la carta que V.V. han 
tenido á bien dirigirme fecha 19 del que cursa, en la cual me 
manifiestan haber llegado hasta el campamento de Imías en 
el Camagüey, comisionados por el general Dulce para celebrar 
una conferencia conmigo, y entregarme además una carta de 
dicho Sr. Estoy ya en camino para la finca nombrada Ojo de 
Agua de los Melones, donde me propongo efectuar una entrevista 



20 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

con el general Manuel Quesada; de modo que pueden V.V. venir 
hasta ese punto para tener el gusto de verlos y que cumplan la 
misión que .se les ha encargado. Me congratulo de que tau dig- 
nos patriotas sean los escogidos por el Gobierno de España para 
hacer la paz con los libertadores de Cuba ; sin embargo de que 
yo creo que serán infructuosos todos los ofrecimientos que nos 
hagan en el concepto de que la Isla quede bajo el dominio de 
España, porque no hay uno solo de los soletados del E. L. que 
no esté decidido á morir antes que deponer las armas y sujetarse 
de nuevo á sufrir el yugo de los españoles. El incendio de 
Bayamoy del pueblo del" Dátil, por los mismos bayameses, la 
guerra que estamos sosteniendo con las tropas de Valmaseda, 
que no nos tratan sino como trataban los conquistadores de Es- 
paña á los primitivos hijos de este país, la muerte de muchos 
patricios distinguidos, todos los sacrificios que hemos hecho para 
dar -al mundo una prueba de que no somos tan sufridos y tan co- 
bardes como hasta aquí se ha venido diciendo, son suficientes 
pruebas para que España se convenza de que no hay poder 
alguno que ahogue nuestras aspiraciones* ni contenga el impulso 
de un pueblo que sólo desea ser libre, para entrar de lleno y 
con ansia en el pleno goce de sus derechos. Yo tendré _ el 
gusto de dar á conocer á V.V. la ventajosa situación en que nos 
encontramos, y mientras tanto se realice nuestra entrevista, 
reciban V.V. las seguridades del aprecio y la más distinguida 
consideración de su afmo. S. S. Q. B. S. M. — Carlos Manuel 
de Céspedes. 

Comité Revolucionario del Camagüey. — C. Carlos Manuel de 
Céspedes. — Capitán General del Ejército Libertador, etc., etc.. 
— El C. Augusto Arango 

Después de esa entrevista, y de solicitar de nosotros una 
asamblea para determinar en el asunto, á lo que nos negamos 
por creerlo inútil y aun perjudicial, determinó sin anunciárnoslo 
pasar á Puerto Príncipe, sin duda con el objeto de seguir las 
negociaciones allí, confiando en un salvoconducto que parece 
le facilitó el Coronel ó Gobernador de Nuevitas. Apenas llegado 
á la ciudad, en la que se presentó con un solo compañero y sin 
armas, fué desoído en sus manifestaciones parlamentarias y 
asesinado vilmente, como su compañero. 

Ante ese hecho vandálico, por más que el C. Augusto Arango 
estuviera en disidencia con nosotros, y aun haya sido víctima 
en circunstancias de estar contrariando nuestros esfuerzos, no 
podemos olvidar que fué nuestro hermano de armas, y hemos 



EL GENERAL DULCE. . 21 

creído un deber dirigir á los Comisionados de Dulce la adjunta 
comunicación, y que si desean hablar con V. lo hagan dirigién- 
dose por mar, pues no sería digno que diésemos paso á esos 
emisarios, cuando un cubano ha sido asesinado por los españoles . 
Como V.-ve, estamos más resueltos que nunca á no transigir 
con un Gobierno que no respeta sus mismos salvoconductos. 
En cuanto á nosotros, esta circunstancia nos ha sobrecargado de 
trabajo, por lo cual tal vez sólo mañana podremos salir á vernos 
con V. — P. y L. — Campamento Camagüeyano y Enero 27 de 
1869. — El C. R. del Camagüey. — Salvador Cisneros. — Eduardo 
Agramante. — Ignacio Agr amonte. 

Acabamos de dirigir á los emisarios del general Dulce una 
comunicación que dice así : 

b El C. Augusto Arango, confiando demasiado en una soñada 
libertad de los gobernantes españoles en Cuba, trató de entrar 
en Puerto Príncipe con el ánimo de conferenciar con aquéllos, 
que le dirigían falaces promesas de libertad y de paz; se pre- 
sentó desarmado y con un solo compañero : ambos han sido 
cobardemente asesinados por los que solemnemente le ofre- 
cieron respetar su persona. Ustedes comprenderán cuál es la 
medida de represalias que correspondía tomásemos... Señores: 
vuelvan inmediatamente á Nuevitas, que ni aun en justa repre- 
salia olvidan los cubanos su fe empeñada. No cabe transac- 
ción entre los cubanos y los tiranos, y nuestra guerra la lle- 
varemos hasta el punto de extinguir su oprobiosa y funesta 
dominación en Cuba. Después de leer esta, los emisarios del 
Gobierno español saldrán sin demora y sin que se lo estorbe 
pretexto alguno, del terreno en que ondea el pabellón de la 
Independencia. — P. y L. — Imías y Enero 27 de 1S69. — El 
Comité Revolucionario del Camagüey. » 

Pero el general Dulce había formado otra comisión de 
paz para entenderse igualmente con Céspedes. He aquí 
las cartas que con ese motivo se cruzaron : 

Gobierno Superior Político. — Secretaría. — Sr. D. Carlos 
Manuel de Céspedes. — Habana, 14 de Enero de 1S69. — Muy 
Sr. mío: Deseoso yo de que cese una guerra que destruye todos 
los elementos de riqueza en esta privilegiada Antilla, he auto- 
rizado á D. Francisco Tamayo Fleites, que lleva mis instruc- 
ciones y toda mi confianza, para que celebre una conferencia 



22 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

con V. Pena da la sangre que se derrama en esta lucha fratri- 
cida ; ojalá se encuentre una solución honrosa para todos, que 
devuelva á esta provincia española el sosiego que tanto necesita. 
Saluda á V. con la mayor consideración, su afectísimo S. S. Q. 
B. S. M. — Domingo Dulce. 

Capitanía General del E. L. de Cuba. — Excmo. Sr. D. Domingo 
Dulce. — Cuartel General en el Ojo de Agua de los Melones. — 
28 de Enero de 1869. — Excmo. Sr. : Es en mi poderla carta que 
- V. E. ha tenido á bien remitirme por conducto del Ldo. D. Fran- 
cisco Tamayo Fleites, que en unión del otro Ldo. D. Joaquín 
Oro y D. José Ramírez Vila, han llegado aquí encargados por 
V. E. para celebrar una conferencia conmigo. 

Deploro tanto como V. E., que la guerra que los libertadores " 
de Cuba estamos sosteniendo, dé. lugar á que se destruyan lodos 
los_elementos de riqueza de que dispone esta privilegiada An- 
' tilla,- pero no es culpa mía,- Excmo. Sr., que en los tiempos 
presentes se nos haya declarado una guerra de exterminio, por 
el solo hecho de que hayamos enárbolado en nuestra patria la 
bandera de la libertad. Todos los medios los he apurado ya 
para no usar de represalias; pero los jefes españoles que han 
operado y están operando en este Departamento y en el Central, 
haciendo uso de un vano é incalificable orgullo, no han atendido 
absolutamente mis comunicaciones, y han persistido en incen- 
diarlo todo á su paso, destruyendo fincas, matando animales 
domésticos para dejarlos en el camino, y apoderándose hasta 
de nuestras mujeres y de nuestros hijos. A esto hemos respon- 
dido poniendo fuego á nuestros hogares con nuestras propias 
manos, para hacerjes comprender á los que en nada tienen las 
prácticas más reconocidas de la guerra entre hombres civiliza- 
dos, que no hay sacrificio alguno que nos amedrente para llevar 
á debido término la campaña que hemos emprendido. 

Repito, pues, que no tengo yo la culpa, ni el ejército que 
mando, de que la Revolución Cubana concluya con los elemen- 
tos de riqueza de este país. 

He conferenciado ya con los señores arriba citados; me he 
hecho cargo de las instrucciones que V. E. les dio ; pero en los 
momentos mismos de estarlos oyendo, se me comunicó desde 
Guáimaro, haber sido-asesinado por unos voluntarios moviliza- 
dos, en el Casino Campestre del Camagüey, el distinguido y 
valiente camagüeyano G. General Augusto Arango, que fué allí 
con un parlamento. Este hecho escandaloso produjo, como era 
natural, gran excitación entre nosotros, y ha dado lugar á que 



EL GENERAL DULCE. 23 

ningún patriota se preste á entrar en tratados con el Gobierno 
que V. E. representa. 

Sin embargo, reuniré los principales jefes, así militares como 
civiles de esta República, á fin de dar á V. E. una respuesta 
decisiva, después de oír la opinión de todos sobre el particular. 

Soy de V. E. con la más distinguida consideración, su afectí- 
simo. — Carlos Manuel de Céspedes. (1) 

La respuesta decisiva de los patriotas demostró al 
mundo una vez más, que la resolución de ser indepen- 
dientes ó de morir en la demanda era inquebrantable en 
los corazones de aquellos hombres : el 6 de Febrero se 
unían las Villas á la Revolución. 

Entre tanto, la única contestación que recibió Céspedes 
á su protesta de 20 de Diciembre 1868, fué la noticia de 
que los crímenes del enemigo aumentaban. Vióse, pues, 
compeliólo á dirigirse de nuevo al general Dulce por con- 
ducto del brigadier García Muñoz, Comandante General de 
Santiago de Cuba, protestando enérgicamente contra el 
sistema de guerra salvaje observado por Valmaseda, y 
señalando un plazo de quince días para tomar la repre- 
salia. El brigadier contestó por escrito, que los cubanos 
eran unos rebeldes con quienes no podía el gobierno es- 
pañol entrar en tratos ni negociaciones. En vista de lo 
anterior, lanzó Céspedes el 18 de Febrero de 1869 un de- 
creto diciendo : 

« Todo prisionero de los que voluntariamente hayan 
tomado las armas para pelear contra los cubanos des- 
pués de declarada la Independencia, será pasado por 
las armas; los soldados del ejército regular podrán es- 
perar benevolencia. » 

En guisa de contestación vino el decreto del general 
Dulce, declarando « piratas, y sujetos á ser tratados como 
tales, á todos los pasajeros y tripulantes de todo buque 
con cargamento de guerra que fuese cogido en aguas de 
Cuba ó en mares libres, cualquiera que fuese su destina- 



(1) Estas cartas son copiadas del folleto La verdad histórica sobre 
sucesos de Cuba, por F. J. Cisncros. — Nueva York, 1871. — N. del A. 



24 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

ción ó procedencia, » y Valmaseda;no queriendo sin duda 
dejarse sobrepujar por su compañero de armas, horroriza 
al, mundo con su proclama de k de Abril de 1869: — 
» Todo hombre, desde la edad de quince años en adelante, 
que se encuentre fuera de su finca, como no acredite 
un motivo justificado para haberlo hecho, será pasado 
por las armas. • 

». . . Todo caserío donde no campee un lienzo blanco en 
forma de bandera para acreditar que sus dueños desean 
la paz, será reducido á cenizas. Las mujeres que no es- 
tén en sus respectivas .fincas ó viviendas ó en casa de 
sus parientes, se reconcentrarán en los pueblos de Ji- 
guaní ó Bayamo, donde se proveerá á su manutención : las 
que así no lo hicieren, serán conducidas por la fuerza. » ' 

Como para contrarestar el efecto desmoralizador que 
tales acontecimientos pudieran ejercer en el ánimo de los 
débiles, indefensos ó cobardes, verificóse un Jiecho pro- 
picio, si no bajo el punto de vista de la utilidad inmediata, 
bastante considerable por las esperanzas que parecía brin- 
dar en el destino de la política futura. El día 5 de Abril la 
Cámara Legislativa de México autorizaba al Ejecutivo, por 
más de cien votos contra doce, á reconocer álos cubanos 
como beligerantes. 

- Es lógico pensar que si todas las repúblicas sud-ameri- 
canas, movidas por la afinidad de la raza y por los re- 
cuerdos de haber gemido bajo la misma tiranía, hubiesen 
seguido inmediatamente el ejemplo de México, la cuestión 
cubana hubiera sin disputa adquirido una^ grave impor- 
tancia ante la Europa, ejercido una influencia profunda 
y eficaz en los Estados Unidos y compelido la España á 
continuar la guerra obedeciendo á los principios del de- 
recho de gentes. Esa imponente manifestación moral hu- 
biera asegurado el triunfo rápido y completo de nuestras 
armas. Pero los hombres políticos pensaron de otra ma- 
nera", y la pobre Cuba," siempre heroica aunque abando- 
nada, siguió su suerte hasta llegar al desenlace. 



IV. 



GUÁIMARO 

El espíritu y tendencias de la Revolución Cubana hacían 
de todo punto necesario el establecimiento de un gobier- 
no supremo general y permanente. La forma republicana 
era la única compatible con los principios que servían de 
lema y bandera á los patriotas cubanos. Sujetar, no obs- 
tante, y dentro de aquel sistema, á las necesidades de 
la guerra las aspiraciones é impaciencias del- ciudadano, 
era sin duda el punto capital. Más adelante se verá si fué 
atendido. 

Vino el 10 de Abril. Reunidos los jefes insurrectos en 
asamblea constituyente en el hermoso pueblo de Guáimaro, 
recibieron de manos de Céspedes la resignación de- los 
cargos de Capitán General del Ejército Libertador y Jefe 
del Gobierno Provisional de Oriente. 

Discutiéronse entonces las leyes que habían de regir du- 
rante el período revolucionario, y terminó esa memorable 
asamblea promulgando la siguiente Constitución : 

Art. 1.° — El Poder Legislativo residirá en una Cámara de 
Representantes. 

Art. 2.° — A esta Cámara concurrirá igual representación por 
cada uno de los cuatro Estados en que queda, desde este ins- 
tante, dividida la Isla. 

Art. 3.° — Estos Estados son: Oriente, Camagüey, Las Villas 
y Occidente. 

Art. 4.° — Sólo pueden ser Representantes los ciudadanos de 
la República mayores de veinte años. 

Art, ó. — El cargo de Representante es incompatible con 
todos los demás de la República. 






26 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

Art. 6.° — Cuando ocurran vacantes en la representación de 
algún Estado, el Ejecutivo del mismo dictará las medidas nece- 
sarias para una nueva elección. 

Art. 7.° — La Cámara de Representantes nombrará el Presi- 
dente encargado del Poder Ejecutivo, el General en Jefe, el 
Presidente de las Sesiones y demás empleados suyos. El Gene- 
ral en Jefe estará subordinado al Ejecutivo y debe darle cuenta 
de sus operaciones. 

Art. 8.° — Aníe la Cámara de Representantes deben ser acu- 
sados, cuando hubiere lugar, el Presidente de la República, el 
General en Jefe y los miembros de la Cámara. Está acusación 
puede hacerse por cualquier ciudadano ; si la Cámara la encon- 
trase atendible, someterá el acusado al Poder Judicial. 
"' Art. ~9.° — La Cámara de Representantes puede deponer libre- 
mente á los funcionarios cuyo nombramiento le corresponda. 

Art. 10.° — Las s decisiones legislativas de la Cámara necesi- 
tan para ser obligatorias la sanción del Presidente: 

Art. 11.° — .Si no la obtuviesen, volverán á la Cámara para 
nueva deliberación' en que se tendrán en cuenta las objecciones 
que el Ejecutivo presentase. - 

Art. 12.° — El Presidente está obligado en el término de diez 
días á impartir su aprobación á los proyectos de. ley ó á negarla. 

Art. 13.° — Acordada por segunda vez una resolución de la 
Cámara, la sanción será forzosa para el Presidente. 

Art. 14.° — Deben ser objetos indispensables de ley, las con- 
tribuciones, los empréstitos públicos, la ratificación de tratados, 
la declaración y conclusión de la guerra, la autorización del 
Presidente para conceder patentes de corso, levantar tropas y 
mantenerlas, proveer y sostener una armada, y la declaración 
de represalias con respecto al enemigo. 

Art. 15i° — La Cámara de Representantes se constituye en 
sesión permanente desde el momento en que los Representan- 
tes del Pueblo ratifiquen esta ley fundamental, hasta que termine 
la guerra. *->'3z.J< ' ' ".;'"' 

Árt«lñ.° — El Poder Ejecutivo résidjrá en el Presidente de 
la República. 

Art. 17.° — Para ser Presidente se^requiere la edad de treinta 
años, y haber nacido en la Isla dé Cuba. 

Art. 18.° — El Presidente puede' celebrar tratados con la rati- 
ficación de la Cámara. 

Art. 19.° — Designará los Embajadores, Ministros Plenipoten- 
ciarios y Cónsules de la República en los países extranjeros. 



GUAIMARO. 27 

Art. 20.° — Recibirá los Embajadores, cuidará de que se eje- 
cuten fielmente las leyes, expedirá sus despachos á todos los 
empleados de la República. 

Art. 21.° — Los secretarios de despacho serán nombrados por 
la Cámara á propuesta del Presidente. 

Art. 22.° — El Poder Judicial es independiente : su organiza- 
ción será objeto de una ley especial. 

Art. 23.° — Para ser electores se requieren las mismas condi- 
ciones que para ser elegidos. 

Art. 24.° — Todos los habitantes de la República son entera- 
mente libres. 

Art. 25.° — Todos los ciudadanos de la República se conside- 
rarán soldados del Ejército Libertador. 

Art. 26.° — La República no reconoce dignidades, honores 
especiales, ui privilegio alguno. 

Art. 27.° — Los ciudadanos de la República no podrán admitir 
honores ni distinciones de ningún país extranjero. 

Art. 28.° — La Cámara no podrá atacar las libertades de culto, 
imprenta, reunión pacífica, enseñanza y petición, ni derecho 
alguno inalienable del Pueblo. 

Art. 29.° — Esta Constitución podrá enmendarse cuando la 
Cámara unánimemente lo determine. 

Esta Constitución fué votada en el pueblo libre de Guáimaro 
en 10 de Abril de 1869, por el ciudadano Carlos Manuel de 
Céspedes, presidente de la Asamblea Constituyente, y los ciuda- 
danos Saluador Cisneros Betancourt, Francisco Sánchez Betan- 
court, Miguel Betancourt Guerra, Jesús Rodríguez, Antonio Alcalá, 
José María Izaguirre, Honorato Castillo, Miguel Gerónimo Gutiérrez, 
Arcadio García, Tranquilino Valdés, Antonio horda y Eduardo 
Machado Gómez; Secretarios, Ignacio Agramante Loijnaz, Antonio 
Zambrana. 

Entre otras resoluciones que se tomaron, figura la de 
que Céspedes trocaría su bandera de Yara y Bayamo por 
la que el ilustre Narciso López hizo flotar algunas horas 
en la ciudad de Cárdenas, el 19 de Mayo de 1850, y bajo 
cuya sombra lucharon y sucumbieron más tarde mil y mil 
patriotas en heroicos combates. La primera, que conser- 
vamos en nuestro poder, debía ostentarse en el salón de 
sesiones de la Cámara, y ser considerada como formando 
parte del Tesoro de la República. 



- - ■ • 



28 GARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

Al siguiente día la Cámara de Representantes, en uso 
. de los derechos que le otorgaba la Constitución, eligió por 
aclamación unánime al C. Carlos Manuel de Céspedes : 
Presidente de la República, y al C. Manuel de Quesada : 
General en Jefe del Ejército Libertador. Entonces Céspe- 
des dirigió la siguiente alocución al pueblo cubano : 

Compatriotas : * 

La institución de un gobierno libre en Cuba sobre la base de 
los principios democráticos , era el voto más ferviente de mi 
corazón. Bastaba, pues, la efectuada realización de este voto 
para que- mis aspiraciones quedasen satisfechas, y juzgara 
sobradamente retribuidos los servicios que con vosotros haya 
' podido prestar á la causa de la Independencia Cubana. 

Pero la voluntad de mis. compatriotas ha ido mucho más allá, 
echando sobre mis hombros la más honrosa de las cargas con 
la primera magistratura de la República. 

No se me ocultarla múltiple actividad que requiere el ejercicio 
de las alias funciones queme habéis encomendado en estos su- 
premos momentos, á pesar del importante concurso de los 
demás poderes. No desconozco la grave responsabilidad que he 
asumido al aceptar la Presidencia de nuestra naciente República. 
Sé que mis flacas fuerzas estarían lejos de hallarse á la medida 
,- de una y otra, si quedasen abandonadas á sí solas. 

Pero no lo estarán; y esta convicción es la que me llena de 
fe en el porvenir. 

Cuba ha contraído, en el acto de empeñar la lucha contra el 
opresor, el solemne compromiso de consumar su Independencia 
ó perecer en la demanda: en el acto de darse un gobierno demo- 
crático, el de ser republicana. 

. Éste doble compromiso, contraído ante la América Indepen- 
diente, ante el mundo liberal, y lo que es más, ante la propia 
conciencia, significa la resolución de ser heroicos y ser vir- 
tuosos. 

Cubanos: conyuestro heroísmo cuento para consumar la Inde- 
pendencia. Con vuestra virtud para consolidar la República. 
. Contad vosotros con mi abnegación. 

Céspedes inauguró su administración con un acto de 
clemencia. Dio un indulto general á más de cuatrocientos 



GUAIMARO. 29 

prisioneros, entre los cuales se hallaba, condenado á 
muerte, el traidor Napoleón Arango, 

En cambio, los españoles estaban bien decididos á con- 
tinuar con la misma saña la guerra de exterminio. Así 
fué que á los seis meses, viendo que las tropas pillaban 
cuanto estaba á su alcance, y que aquel gobierno orde- 
naba talar y quemar todo lo que pudiera ser útil á los 
patriotas ; que confiscaba las propiedades de los cubanos 
amigos de la Revolución, y hasta de los indiferentes ; 
considerando, por otra parte, que el producto de los 
ingenios, fuente principal de la riqueza, proporcionaba 
abundantes elementos á un enemigo que no excusaba 
ocasión ni medio de hacer el mal, lanzó Céspedes el 18 de 
Octubre, como Presidente de la República y en virtud de 
la autorización de la Cámara, una proclama disponiendo 
fueran quemados los campos de caña déla isla. 

El día 4 de Noviembre se casó en segundas nupcias con 
doña Ana de Quesada y Loynaz, hermana de los generales 
Quesada. 

Mas interrumpamos el curso de esta narración con ob- 
jeto de hacer algunas observaciones acerca de los hechos 
importantes que hemos relatado. 

Hasta el día en que la Asamblea Constituyente, reunida 
en Guáimaro, proclamó la nacionalidad cubana, los revo- 
lucionarios de cada estado en armas obedecían á un 
gobierno propio. En Oriente, como ya se ha dicho, fué 
nombrado Céspedes jefe del gobierno residente en Baya- 
mo, y ejerció de hecho la dictadura hasta el 10 de Abril de 
1869. La derrota sufrida á orillas del río Salado por Donato 
Mármol, y la ocupación subsecuente de Bayamo por los 
españoles, fueron causa de gran dificultad en las comuni- 
caciones, y las fuerzas que operaban por Holguín bajo el 
mando de aquel intrépido jefe se vieron obligadas durante 
algún tiempo á continuar la guerra privadas de la acción 
gubernamental. Esa independencia relativa, efecto de los 
incidentes de la campaña, despertó, sin duda, la ambición 
de Eduardo Mármol, el cual, viendo la oportunidad pro- 
picia para satisfacerla, hizo proclamar dictador á su primo. 



30 CARLOS MANUEL. DE CÉSPEDES. . : ; : ■ 

fe-., -'. Á penas tuvo Céspedes noticia de un acontecimiento de . 
7'~- , tamaña magnitud, y comprendiendo las. desastrosas con- 
'.■," ■--. "'■.;,. secuencias que en tales circunstancias debían sucederse, ' 
:f.-~:, : y.-1¡& partió rápidamente para Holguín acompañado del general - 
. ■.: , -Francisco Vicente Aguilera. En Tacajó celebróse una. 
..-■" . junta, en donde la autoridad y el prestigio que daban ai_ 
; ^ nombre de Aguilera la pureza de su patriotismo y la aus- 
S V - . t'i .íerídad de su carácter, fueron bastante eficaces 'para con- 
- .9 .^. jurar los peligros que amenazaran la Revolución naciente 
^ ^: : con la ruptura de dos eminentes patriotas. El nombra- 
miento de Donato Mármol fué anulado, y Céspedes recono- 
: v i? cido como jefe supremo en aquellaparte extrema de la isla. 
.' ■'■: ; El Camagüey, que secundóíel movimiento de * Yara en 
X... * 4; -de Noviembre- de 1868, fué gobernado por un';comité' f*: 
<C Revoluciónanos compuesto de Salvador Cisñéros- Betan- 
court, Ignacio "Agramonte Loynaz y Eduardo Agramonte 
■■" '&','■'■ ■¿.** Pina; yrlas. Villas, que' se pronunciaron el 6 de Febrero, de 
t-rf.:d869, : aunque no constituyeron gobierno alguno ni,- se . . 
^5 sometieron al de Céspedes, que hubieran preferido, en via- 1 \; 
: ;*- ; ! ybii delegados al-Camagüey con objeto de estudiar, dis-,.. 
ñ ?' C cutir y establecer las bases de un convenio que, -centrali- 
v r "~ zando la dirección del movimiento revolucionario, evitase" .¿¿ 
. : A ., los graves inconvenientes de la falta de unidad en las 
¡-y^y operaciones militares. Pero si todos estaban de acuerdo^ 
-,; ; ;/.'/.' l .en la urgente necesidad de crear un gobierno, no lo, esta-- * ; 
- s. a -; barí, sin embargo, en la forma que debía dársele. " ' ;■ ^ 
-* V~- [-■ >' El /Camagüey, á pesar de las indicaciones, y consejos del- 
•/"«'■' ■general Quesada, negábase'* á reconocer al "caudillo de 
; - . Oriente como jefe supremo. Las Villas, conciliadoras, per- . 
;.y : - manecían neutrales; y Céspedes, pensando que la dicta- 
'• -// V J .dura era la mejor solución" en aquel estado de cosas, no 
> vaciló en aconsejarla con sincera energía á sus correligio- . . 
narios. Empero, convencido de*' que toda tardanza debía 
p- - ^ 4 ser pródiga en ^males-para la causa de la Independencia- 
|g > \ 1>r ; Janto en el interior como fuera del país, y movido sola- 
.A." mente por el bien de la patria, y quizá deseando dar" 
Y-; ejemplo y prueba de desinterés personal, sacrificó su opi- 
: v ■,;.- .-:" -"nión aceptando el parecer de los camagüeyanos. 



GUAIMARO. 31 

De este acuerdo nació la República, con una Consti- 
tución en la cual se encerraba todo cuanto una previsora 
desconfianza podía sugerir para ponerse á cubierto de la 
dictadura de un hombre, y por ese mismo exceso de pre- 
caución, nada que pudiera preservarla contra la tiranía 
colectiva de la Cámara, que dueña absoluta del poder y 
libre de la acción reguladora de un Senado y del Ejecutivo, 
tenía que caer necesariamente en los excesos de una oli- 
garquía intolerante, absorbente y despótica (1). Las mayo- 
rías, por ignorancia ó pasión, pueden ser injustas, y hasta 
criminales y terribles como la mas celebre de todas, aque- 
lla que inauguró sus sesiones en París el 1.° de Septiembre 
de 1792, y durante tres años gobernó la Francia, con una 
violencia frenética y sublime al mismo tiempo, que fué y 
será siempre objeto de admiración y espanto, y cuyos 
recuerdos sangrientos y sombríos, presentes en la me- 
moria de los franceses, inspiró, sin duda, á Benjamín 
Constant la página elocuente y vigorosa que copiamos á 
continuación : 

« Una asamblea sin freno ni represión exterior, es de 
todas las potencias la más ciega... los representantes 
del pueblo son siempre más severos é inclementes que 
el pueblo mismo. 

» Una actividad indiscreta en todas materias; una mul- 
tiplicidad de leyes sin medida; el deseo de adular las 
pasiones populares, abandonándose á sus inspiraciones, 
y hasta anticipándose á servirlas; el despecho que le 
ocasiona la resistencia, ó la censura que sospecha de 
sus- actos; entonces... la obstinación en el error; unas 
veces, el espíritu de partido que no vacila en elegir entre 
los extremos, otras el espíritu de cuerpo que no sugiere 
valor sino para usurpar y no da fuerza sino á la teme- 
ridad ó la indecisión, á la violencia ó á la fatiga; la 
complacencia ante uno solo ó la sospecha contra todos; 



(1) Poco después de votada la Constitución, se le agregaba el si- 
guiente artículo : — « Los Representantes del pueblo son irresponsa- 
bles é inviolables en el ejercicio de sus funciones. » Véanse además los 
arts. 1, 9, y 13.— N. del A. 



32 ^CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES . 

-<^ - 

el entrainement por emociones. puramente físicas, como 
■ el entusiasmo .ó el miedo; la ausencia de toda respon- 
sabilidad moral ; la certeza de esquivar por el número 
la vergüenza de la cobardía "ó el peligro -de la audacia :, 
tales son los vicios de las asambleas; y contra esos vicios 
--los remedios poderosos son indispensables. » 

Y si estos son, á grandes rasgos, los males de las asam- 
bleas aun en las naciones libres ,y secularmente consti- 
tuidas, ¿cuánto más graves y trascendentales no habrán 
de. ser cuando se.improvisan en un pueblo esclavo que 
lucha por su independencia, y se componen de un corto 
número de hombres inexpertos y apasionados? 

De ahí los interminables conflictos entre los poderes, 
los odios implacables, las envidias rencorosas y las disen- 
siones íntimas, que debilitando las fuerzas morales y ma- 
teriales de la República, hundieron las esperanzas de la 
patria en el vejaminoso Pacto del Zanjón. 

'Si hemos examinado y juzgamos con severidad la insti- 
tución de la Cámara y muchos de sus actos, ha sido más 
bien para deplorar las consecuencias de sus faltas, que 
con objeto de acusar sus actores, cuyo patriotismo ar- 
diente, generoso y puro nos complacemos en reconocer y 
aplaudir. ¿ Y cómo pudiéramos olvidar jamás el arranque 
conmovedor de algunos de sus miembros entusiastas é 
inteligentes, que al primer grito de la patria corrieron de 
todas partes presurosos á los campos para afrontar con 
denuedo los peligros, despreciar la muerte y trocar el 
bienestar, el afecto y los placeres-de la familia por las mi- 
serias de la guerra? Ese será eternamente título de indis- 
putable honor, como será siempre motivo de admiración, 
amor y profunda tristeza el recuerdo de los que, como Ra- 
fael Morales, Miguel Gerónimo Gutiérrez, Francisco La 
Rúa y Luis Ayestarán, cayeron segados en la flor déla vida. 
•Bien puede el historiador lejos y fuera del combate con- 
tar con^ ánimo sereno los hechos pasados, indagar sus 
causas, deducir las consecuencias, y aposteriori discutir y 
atribuir las responsabilidades sin amor y sin odio, teniendo 
en consideración el medio" en que aquellos acontecimien- 



GUÁIMARO. 33 

tos se verificaron. Nosotros nos preguntamos cuál habría 
sido nuestra conducta si en vez de jueces imparciales hoy, 
nos hubiéramos visto ayer como actores principales de 
aquel tremendo drama, expuestos al resplandor de aquella 
fragua, en el centro en donde venían estrechándose las 
distintas corrientes de tantas pasiones irritadas, en el 
punto de tensión moral que daban la intensidad del peli- 
gro exterior, las disputas íntimas, las incertidumbres del 
éxito y en la exaltación contagiosa y agresiva que se apo- 
dera del espíritu de las colectividades en discordia. 

¡ Y pensar que no obstante su antagonismo, inflamaba 
el mismo sentimiento patriótico á los partidarios de am- 
bos poderes ; que todos aspiraban al mismo sublime ideal, 
movidos por el mismo interés, y que tantas virtudes y 
tanta heroica obstinación fuesen combatidas y esteriliza- 
das por desavenencias mezquinas y pueriles rivalidades, 
tanto más irremediables cuanto menos razón tenían de 
existir ! 

Empero, por desgracia, tal es el hombre: bajo aparen- 
tes y diversas formas, siempre irreductible en el fondo. 
No nos cansaremos de repetirlo con Hobbes : « Bellum 
omnium contra omnes. » Pasiones, vicios y virtudes no son 
sino manifestaciones del gran motor universal : el egoísmo. 
La lucha perpetua, franca ó hipócrita, civilizada ó salvaje, 
es la ley de todo cuanto vive. Ilusión creer y esperar en 
el reino durable de la concordia. Cada individuo es un 
instrumento delicado y sensible que la más ligera impre- 
sión hace vibrar de distinta manera. La razón y la volun- 
tad, esas soberanas del mundo moral que nos impulsan 
y dirigen, equivalentes conscientes de un dinamismo in- 
consciente, que se elaboran en millones de células, cuyo 
estado varía sin cesar modificado por un conjunto de fac- 
tores constantes ó fugaces, internos ó ambientes, y cuyo 
cabal conocimiento escapa á nuestra investigación im- 
perfecta. 

Amarga y desconsoladora para nuestra vanidad será la 
filosofía del maestro y amigo de Carlos II; en cambio, 
nos hace comprender mejor, como la moral utilitaria de 

3 



34 i CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

Epicurio, el móvil y el objeto- de las acciones humanas; 
ella aconseja la paz por la convicción de la conveniencia 
mutua, y la tolerancia recíproca como un principio más 
fecundo y positivo que las divinas exhortaciones de un 
altruismo evangélico, que en realidad pocos practican, 
por ser contradictorio á los instintos despóticos de la 
naturaleza. 

Lágrimas tantas y tan noble sangre derramadas, sirvan 
por lo menos de fecunda enseñanza para el porvenir. 



-■ '■í^gí.'^.i*'. 






V. 



CÉSPEDES, QUESADA Y AGRAMONTE 

En virtud de causas cuyo conocimiento se desprende 
del curso de esta narración, una rivalidad sorda y más 
tarde un antagonismo manifiesto existían entre los miem- 
bros de la Cámara y el general Quesada. El conflicto debía 
tener lugar, y lo tuvo efectivamente El jefe del Ejército 
fué depuesto, y Céspedes supo con profunda pena el acon- 
tecimiento, no sólo por el efecto moral que este hecho 
podría ocasionar, sino porque tenía graneles esperanzas 
en las aptitudes militares, y el talento organizador de un 
soldado que ya había ofrecido pruebas de su capacidad. (1) 

Cuando vino Quesada á la residencia del Ejecutivo en 
San Diego del Chorrillo, al anunciarle al Presidente su 
deposición (2), le manifestó que creía de su deber, 
antes de abandonar la isla, aprovecharse del suceso 
ocurrido para hacerle sentir que las necesidades de la 
guerra imponen la autoridad suprema del mando sin 
discusión ni tardanza; que la rapidez, la energía y la 
oportunidad en las resoluciones son incompatibles con 
las intrigas y combinaciones del Poder Legislativo; que 
la patria no necesitaba discursos ni sabias leyes, sino sol- 
dados, fusiles y disciplina; que, además, la Cámara 



(1) Eq México luvo el honor de dirigir la primera batalla contra los 
invasores franceses y romper el sitio de Puebla con 1,600 caballos 
quince diás después de la circunvalación, etc., ele, y en Cuba prestó 
relevantes servicios á la causa patria. — N. del A. 

(2) En Palo Quemado, el 17 de Diciembre de 1869. — N. del A. 



• 36 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

errante se veía á cada momento expuesta á ser sorprendida 
y prisionera" por una- columna española; que no era 
legalmente la expresión de la voluntad nacional, siendo 
el enemigo dueño de casi todo el país y no habiendo sido 
tampoco los habitantes del territorio en armas, regular- 
mente llamados á depositar sus votos en las urnas elec- 
torales; que la guerra de Cuba era una guerra especial, 
sangrienta, sin tregua, y que los patriotas no poseían ni 
una plaza fuerte, ni un cuartel general fortificado y per- 
manente; que carecían -de los recursos más indispen- 
sables ; que la lucha entre los poderes militar y legislativo 
disminuía el prestigio de la Revolución en el extranjero, 
y creaba constantes obstáculos á la marcha franca y 
resuelta de la campaña ; que el estado de guerra era 
una situación violenta y excepcional, y no podía ni debía 
regirse por las leyes é instituciones del estado normal ; 
. que aun en las mismas naciones constituidas y orga- 
nizadas, y hasta en las más libres del universo, se declara 
la dictadura en las grandes crisis que amenazan su exis- 
tencia. Terminó, por último, aconsejándole en nombre de 
la Independencia de Cuba y del peligro inminente que ame- 
nazaba-sus destinos, á asumir la inmensa responsabilidad 
devhacerse dictador, y conservar el poder absoluto hasta 
que el triunfo definitivo de las armas diera á los cubanos* 
patria y libertad. 

Céspedes permaneció inquebrantable en su propósito de 
respetar la inviolabilidad de la Constitución. 

Al despedirse el general Quesada, comisionado por el 
Gobierno con objeto de solicitar recursos en el extranjero, 
profirió estas palabras, que Céspedes en días no lejanos 
tuvo ocasión de recordar : — « Tenga entendido, Ciudadano 
Presidente, que desde hoy mismo comenzarán los trabajos 
para la deposición de usted. » 

El día 15 de Abril de 1870, por cuestiones relativas al 
servicio, tuvo Céspedes uh disgusto con, el mayor general 
Ignacio Agramonte; el cual, con su 'altivez y habitual or- 
gullo, resignó inmediatamente el mando de las fuerzas 
del Camagüey. Aceptóse la dimisión y fué nombrado Fede- 



CÉSPEDES, QUESADA Y AGRAMONTE. 37 

rico Cavada para reemplazarlo (1). Solicitó en seguida Agra- 
monte pasaporte para el extranjero, alegando como fun- 
damento de su petición la necesidad de ir á trabajar para 
su familia, residente en Nueva York. Pensando Céspedes 
que la ausencia de un jefe del valor y prestigio de Agra- 
monte pudiera perjudicar la causa que defendían, y con- 
siderando al mismo tiempo que el motivo que alegaba 
el general podía y debía obviarse fácilmente, propuso en 
Consejo de gabinete las medidas que el caso requería, pues 
era su intención utilizar los servicios que las virtudes y 
méritos de Agramonte ofreciesen á la patria, como en 
efecto lo hizo cuando lo creyó conveniente. 

La intención patriótica de Céspedes no está sujeta á 
dudas; equivocó, sin embargo, Agramonte el espíritu del 
primero, y el 26 de Abril le envió una carta imprudente, 
insultante, impropia de una razón serena y de la conside- 
ración que debía merecerle la persona á quien la dirigía. 
Céspedes respondió diciendo que el puesto que ocupaba 
le impedía aceptar la provocación y batirse en duelo; pero 
que tan pronto como dejase la primera magistratura que 
desempeñaba, pediría reparación de la ofensa. 

Después de este acontecimiento, el general Agramonte 
se declaró abiertamente enemigo de Céspedes. Con la 
misma violencia que caracterizaba en aquella época mu- 
chos de sus escritos, bien diferentes, por cierto, á los 
que luego trazara el héroe de Jimaguayú, en el docu- 
mento que publicamos á continuación, incita la Cámara 
á deponer al Presidente, tomando por pretexto hechos 
que lejos de ser injustificables desaciertos, hijos de la 
pasión, fueron medidas necesarias, inseparables de toda 
guerra como la de Cuba. 

C. C. R. R. del Camagüey. — Conciudanos : Después de mi 
carta anterior contra la explotación que se está ejerciendo en 
el Camagüey, y que no produjo otro efecto que el de algunas 
inútiles interpelaciones á los ministros, en la Cámara de Repre- 
sentantes, ha continuado el mismo orden de cosas, y entre los 



(1) Notas inéditas de Carlos Pérez, Secretario de Gabinele. — V. del A. 



38 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

hechos que han llegado á mi conocimiento, descuellan tres ór- 
denes del Jefe de Estado Mayor General : una de 4,000 pistones 
á cargo del C. Esteban Mola, y á favor del General Marcos Gar- 
cía ; otra de 12,000 á cargo del Coronel Antonio Aguilera, Cuar- 
tel Maestre General del Estado, y á favor del Coronel Torres, 
de la división de Remedios; y la otra á un comisionado conce-^ 
bida en estos términos : — « En vista de que el enemigo pre- 
tende recorrer en sus actuales operaciones todo, el territorio 
del Estado y situar campamentos en los puntos más impor- 
tantes, se servirá V. destruir con el fuego sin pérdida de 
tiempo, las casas de las fincas mayores, y las fábricas de 
ingenios que puedan ser utilizadas por el enemigo durante la 
campaña de primavera. Las autoridades civiles y militares se 
servirán prestar toda clase de auxilios al comisionado. — 
Federico Cavada, Jefe de Estado Mayor General en Opera- 
ciones. » 

Con igual autorización hay otros comisionados. 

¿Hasta dónde nos llevarán las contemplaciones y la falta de 
energía de la Cámara de Representantes ? ¿ Hasta cuándo 
aparecerá impasible ante tantos abusos? ¿Esperará que Carlos 
Manuel y sus secuaces arruinen el país, para proceder con ener- 
gía? No parece sino que se quiere acabar con el Camagüey 
para poder decir luego neciamente, cuando se le haya reducido 
á la impotencia, que no hace nada, que el enemigo se pasea 
impunemente en su territorio; y en tanto sus Representantes 
que conocen el mal, que lo palpan como yo, y como todos, su- 
fren y callan por contemplaciones que se avienen mal con la 
marcha- firme y enérgica que exige toda revolución y la con- 
ciencia de todo buen patriota. 

Piensen, amigos míos, que contraen responsabilidades ante 
los hermanos cuya confianza tienen, ante su conciencia y ante 
la Historia, los Representantes del Camagüey que permiten se 
les sacrifique en aras de celos mezquinos y de un encono injus- 
tificable ; y de una vez pongan coto á esa explotación y á esa 
devastación inmotivada que amenazan hundir el país y la Revo- 
lución. 

De V. V. de corazón. — Ignacio Agramonte y Loynaz. 

Quemado de Cubilas, Mayo 21 de 1870. 

P. D. También sé que el General Villamil recoge caballos por 
or-den superior, sin respetar ninguno. 

Pocos días después salía Céspedes del Camagüey con di- 



CÉSPEDES, QUESADA Y AGRAMONTE. 39 

rección á Oriente. El objeto de ese viaje fué enterar á aque- 
lla parte de la República, del estado en que se hallaba la 
Revolución. Copiamos algunos de sus incidentes de las 
notas de Carlos Pérez, secretario que fué de Céspedes en 
aquel entonces. 

* 

Mayo 28, 1870. — Al fin hemos salido para Oriente después 
de mil contrariedades... Dejamos el Camagüey tal vez por mu- 
cho tiempo... El Camagüey no ha correspondido á nuestras 
esperanzas 

Ryan nos acompaña con la caballería. 

Junio 30. — El Caimito. — Van llegando los de la Cámara para 
la apertura de ésta. El enemigo ha ofrecido que no se reunirá. — 
Salimos para la Aguada. 

Julio l.° — El enemigo ha sido hostilizado por nuestras tropas. 
Ha habido un combate en el Caimito, de donde salimos ayer. 

Lia 3. — (Sta. Ana.) — Se oyen tiros muy temprano. El Pre- 
sidente, con la asombrosa sangre fría que lo caracteriza, ha dis- 
puesto que todo esté listo para marchar. Vino el general Vicente 
García, y con el Presidente logró calmar la inquietud. — El 
enemigo va por el Guamo. 

Día 4. Se ha reunido la Cámara y el Consejo. Ambas corpo- 
raciones han celebrado hoy spsión á pesar de lo manifestado 
por los españoles. — A propósito de lo de Quesada (1), los 
opositores han lanzado contra el Presidente recriminaciones y 
cargos fortísimos. Rafael Morales ha dimitido su cargo de 
Secretario. Este no ha procedido lealmente con el Gabinete, ó 
mejor dicho, con el Piesidente. Se conspira mucho contra éste, 
pero él sigue su marcha teniendo siempre por objeto de todas 
sus aspiraciones la salvación de la Patria. 

Lia 5. — La Cámara ha acordado que para las graves cues- 
tiones que se han suscitado, el quorum por lo menos sea de diez 
miembros en lugar de los siete á que está hoy reducido. 

Lia 6. — Hoy ha habido muchas conferencias. — Morales 
habló conmigo, y lo encontré arrepentido del paso de la dimi- 
sión. — Los opositores ceden algo de su rigor. 

Lia 7. — Se ha arreglado lo de Morales : vuelve al Gabinete. 
El Presidente y él han conferenciado á instancias de los que 
amamos el orden, y no pertenecemos á partidos ni banderías. — 



(1) Su comisión de recoger auxilios para Cuba. — N. del A. 



40 . CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

Los enemigos vienen del Guamo sobre este punto. — -Se han 
ensillado los caballos y esperamos. — Partimos para la Escon- 
dida. — Los nuestros, con el valiente Pancho Vega á la cabeza, 
van á salirles al paso. Habrá mucho fuego. — En la Escondida 
encontramos las fuerzas de Modesto Diaz. 

Día 8. — Estamos en la estancia deUCaimito. — Pancho Vega 
ha mandado á pedir pertrechos; bate al enemigo en Sta. María. 

Día 9. — Los enemigos se han replegado sobre el Guamo. 

Día 10. — Salimos para Sta. Ana. 

— Día 11. — El Presidente fué á ver su señora y ha vuelto. 
Día 1"2. — El mal estado de la Jurisdicción de Holguín ha hecho 

que el Gobierno mande á Aurrecochea á reemplazar á Peralta. 

— Los representantes del Camagüey siguen en su sistema auti- 
cespedista. Todos los actos- de éste son censurados y ridicu- 
lizados hasta el extremo de apelar á la calumnia. ¡ Qué indigna 
es la conducta de algunos altos personajes del Camagüey! 

Día 13. — La deposición del Presidente sigue siendo objeto de 
intrigas. Son tan pocos los que la desean, que es casi insignifi- 
cante su número. — ¡ Qué triste es ver en medio de las tribula- 
ciones de que estamos rodeados, tan inmediatos al peligro y 
con el enemigo aún sobre nosotros, agitarse las pasiones de una 
manera tan perjudicial á la causa de la Patria ! ¿Por qué ha de 
ser siempre la ambición el origen de todas las desgracias ? — 
¿No puede acaso el hombre hacer por un momento abstracción 
de ella en beneficio de la humanidad ? — El pueblo que gime y 
trabaja por mejorarsu condición, ¿ deberá siempreser la victima? 

Agosto 18. — El Naranjal. — Salimos para el Camagüey otra vez. 

Octubre 8. — El Cacaotal. — La Cámara discute una nueva ley 
de organización judicial, que tiene al Presidente muy disgustado. 
Dice que si la votan dará su renuncia. 

En el curso de estos acontecimientos recibió Céspedes 
la noticia de que su hijo Osear, preso por los enemigos, 
estaba condenado á muerte. Los españoles sometieron con 
este motivo al caudillo, á la más tremenda y dolorosa 
prueba que pueda sufrir sin romperse el corazón humano. 
Le ofrecieron la vida de su hijo en cambio de un arreglo 
personal cuyas bases se discutirían. Céspedes respondió : 

— «r Osear no es mi único hijo : soy el padre de todos los cubanos 
que han muerto por la Revolución. » 



■a& 



VI. 



LA MISIÓN DE ZENEA 

El día 3 de Noviembre de 1870 salió de Nueva York con 
rumbo á Cuba, vía Nassau, el célebre poeta cubano Juan 
Clemente Zenea. Como se supo más tarde ; llevaba una 
misión secreta del agente español Azcárate y un salvo- 
conducto otorgado por el Ministro de España en Was- 
hington. Llevaba, además, para el Presidente de la Re- 
pública, una carta de introducción, cordial y laudatoria, 
del Sr. José Manuel Mestre, Comisionado Diplomático de 
la Junta Revolucionaria de Nueva York. 

Una vez en Cuba, dirigióse á la residencia del Ejecu- 
tivo, en Sevilla; pero allí nada dijo respecto á la misión 
que le habían confiado, por lo que se puede creer reci- 
biese de Azcárate la de explorar el ánimo de los jefes in- 
surrectos, y si hallaba aquél favorable á sus designios, 
brindarles la paz ofrecida por España. Habló del mal 
estado de la emigración, del agotamiento de sus recursos. 
Con arte, y como por referencia se contrajo á la llegada 
de Azcárate á Nueva York, con promesas de grandes re- 
formas y proposiciones de paz, á pesar de que el mismo 
Azcárate negaba, como publicó en los periódicos, asumir 
ningún carácter oficial. 

Tan lamentable fué el cuadro que pintó Zenea de la po- 
breza del extranjero, que pocos días antes de su partida 
le entregó Cornelio Porro la suma de cuatro mil pesos en 
oro, recolectada por los patriotas de aquella zona; y cono- 
ciéndolo Céspedes, desde tiempo atrás, como poeta, pa- 
triota y bayamés, le confió su esposa, en mal estado de 



•-- \- :■--- 



42 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

salud, para que la llevase al extranjero á reunirse con su 
familia. Entregósele, además, una larga correspondencia 
con varios planes para el desembarco de expediciones 
futuras. 

Dejó, pues, la residencia del Ejecutivo el 13 de Di- 
ciembre, dirigiéndose á marcha forzada hacia el Sabinal, 
punto de la costa donde llegó cinco días más tarde. En ese 
lugar se despidió de los viajeros D. José Eugenio Ber- 
nal, persona de toda la confianza del Presidente, que lo 
había encargado de acompañarlos hasta allí. 

Mientras Zenea y la esposa de Céspedes esperaban la 
pequeña goleta inglesa que, decía aquél, vendría á bus- 
carlos, comenzaban á producir efecto en el ánimo del 
Presidente las intrigas y combinaciones desús enemigos 
políticos, según el documento oficial que publicamos á 
continuación : 

En las Maravillas de Porcayo, á los veinte días del mes de 
Diciembre de mil ochocientos setenta, se reunieron para cele- 
brar Consejo de Gabinete los G. .C. Garlos Manuel de Céspedes, 
Presidente de la República, y los Secretarios, de la Guerra, 
Francisco Maceo; del Exterior, Ramón Céspedes; y de Hacienda, 
Carlos L. de Mola, principiando el acto de la manera siguiente : 

El C. Presidente manifestó : que habiendo llegado á su noticia 
que los G. G. diputados tratan de reunirse con el objeto de de- 
ponerle, y que siendo corto el número de diputados, han enviado 
al C. Rafael Morales en solicitud de otros, y lo cual, unido á las 
circunstancias de haber sido absuelto el G. Mayor General Igna- 
cio Agramonte, el que se dice trata de hacer cargos al Ejecutivo, 
por todo lo que creyó deber, adoptar otro temperamento; pero 
que, atendiendo á los sentimientos de patriotismo, ha resuelto 
hacerlo presente al Consejo, esperando que éste le designe el 
que parezea más adoptable en estos momentos. El Consejo, 
después de haber oído las explicaciones del C. Presidente y de 
cada uno de los Concejales, manifestó que el C. Presidente debe 
permanecer en su puesto, sin alto en apariencias que deben con- 
siderarse por ahora sin valor ninguno. Además, el Consejo emi- 
tió la idea de que el G. Presidente debe dar un manifiesto al 
pueblo basado en el motivo de la entrada del 4.° año de nuestra 
Independencia y demás circunstancias actuales. Además, opinó 



LA MISIÓN DE ZENE/V. 43 

el Consejo que el Ejecutivo invite á la Cámara para que se 
acerque al Gobierno con el objeto de la continuación de los tra- 
bajos. Todo lo cual, aceptado por el C. Presidente, quedó acor- 
dado. Terminó así el acto que firman el C. Presidente y secre- 
tario para constancia. — Céspedes. — Manuel A. Aguilera. 

Bajo la impresión de sucesos tales, así escribía Céspedes 
en el seno de la intimidad : 

Las Maravillas de Porcayo, Diciembre 23 de 1870. 

Señora Ana Quesada de Céspedes. 

Mi muy querida esposa : 

no sé si á esta fecha te has embarcado ó no 

Dicen que la Cámara trata de reunirse en Jarico, y como de 
costumbre, se corre que es con el objeto de deponerme, para 
lo cual están dando pasos los enemigos de nuestra tranquilidad. 
Si se comete semejante violencia, por mí nunca habrá pertur- 
baciones, y cualquiera que sea la ilegalidad del acto, me someteré. 
La responsabilidad pesará sobre el culpable, y el pueblo hai'á 
libremente lo que crea más provechoso á sus intereses. 



La señora de Céspedes aun no se había podido embar- 
car. En la mañana de ese mismo día le anunció Zenea, en 
vez del barco que esperaban, estar á la vista el cañonero 
español Soldado. Al oír al poeta agregar que « aunque no 
era posible huir, nada debía temer», que «confiando en la 
caballerosidad tradicional de los marinos españoles, pen- 
saba oportuno izar una bandera blanca para que vinie- 
sen á recogerlos », la citada señora , aunque enferma 
con fiebre, y recostada en una hamaca, se levantó, y excla- 
mando que « ella jamás se presentaría á los enemigos, 
pero que él quedaba en libertad para hacer lo que quisie- 
ra», llamó álos criados de confianza que la acompañaban, 
á fin de que ensillasen los caballos, pues tenía la inten- 
ción de emprender la retirada. En vista de esa resolución, 
también Zenea tuvo por conveniente abandonar la costa. 
Á los pocos días de marcha se reunieron en una finca del 
camino con José Eugenio Bernal; y allí fué el doctor Ma- 
nuel Ramón Silva, ex-gobernador insurrecto del Cama- 






44 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

güey, a conferenciar con Zenea sobre los asuntos de Ja 
República y del extranjero. Este se esforzó en pintarle 
con los más negros colores el cuadro de la Revolución, 
vaticinando inminentes desastres, acusando de locura 
temeraria el grito de Yara, la obstinación de Céspedes á 
no transigir con los españoles, la continuación -de la gue- 
rra en las condiciones en que se hallaba la emigración, y 
haciendo, por último, á aquél responsable de la ruina de 
la riqueza del país por el machete y la tea de los insur- 
rectos. 

La sala del rancho fué el teatro de esta escena. Sólo un 
débil tabique de varas separaba dicha pieza de la que 
ocupara la señora de Céspedes, lo que permitía oír clara 
y' distintamente las palabras" del poeta acalorado por la 
discusión. Como era natural, la señora mandó recordar á 
Zenea que lo estaba oyendo la esposa del hombre á quien 
atacaba; que Céspedes era un funcionario público, y como 
tal, sujeto á ser juzgado; pero que no era ese el sitio ni el 
momento propios para emitir tales opiniones. 

Siempre caballerosos, Silva y Zenea presentaron sus. ex- 
cusas. 

Entonces la señora rogó encarecidamente al Sr. Bernal 
que la llevase sin tardanza al campamento de su marido, 
pues el poeta le había manifestado que sentía no poderla 
acompañar sino parte del camino, porque pensaba salir 
oculto de la isla por una población. 

Poco después abandonaron la finca. El 31 á medio 
día llegaban á otra en que- se 'unieron á D. Melchor Ber- 
nal, > su * esposa la señora Matilde de Varona y D. José 
■ Rodríguez. Con estas personas emprendieron de nuevo el 
viaje. Como á las cinco de la tarde pasaban por Santa Rosa 
de la Guanaja, lugar en donde acampaba una fuerte co- 
lumna española al mando del coronel D. José Vergel, su- 
balterno del brigadier Chinchilla. Al llegar á una tranque- 
ra, los que iban por delante con el práctico de tierra, al 
ver el enemigo gritaron : — ¿Quién vive? 

— ¡Cuba Libre! respondieron los cubanos que forma- 
ban la vanguardia española. 



LA MISIÓN DE ZENEA. 45 

— ¿Qué fuerza? 

— / / Bembeta! !... 

La comitiva entró en el potrero y la tranquera cerróse 
tras ellos. 

Entonces los insurrectos divisaron la columna, y aban- 
donando sus caballos se lanzaron al monte, próximo 
afortunadamente, perseguidos por los gritos y las balas 
del enemigo. Sólo Zenea, confiado en su salvoconducto 
é impasible en medio de la confusión, un práctico de 
mar (Chicho) y las señoras, cansadas por los que- 
brantos del viaje, cayeron en poder de los españoles. 

Cuando Vergel supo quiénes eran sus prisioneras, se 
apresuró á decirles que no tuvieran cuidado, pues se ha- 
llaban con un caballero; añadiendo más tarde, que Cés- 
pedes debía creer ya la guerra terminada, puesto que ha- 
bía confiado su esposa al portador de un salvoconducto 
español. La señora de Céspedes le contestó sorprendida, 
que su marido ignoraba por completo que Zenea estu- 
viese provisto de dicho documento. 

Este mismo día, cediendo á la solicitud de la señora, le 
acordó el coronel Vergel una entrevista con Zenea. En 
ella le pidió la correspondencia y los cuatro mil pesos 
que llevaba encima. El poeta manifestó haberse tragado las 
comunicaciones que podían comprometerle, y en cuanto 
al dinero, que iba á conservarlo, pues podría servirle 
para salvar su vida. 

De paso indicaremos la imposibilidad material de tra- 
garse un paquete que debía ser voluminoso, bajo la vigi- 
lancia inquieta del enemigo. Sabemos que esa noche cayó 
el dinero en poder de los españoles, que hubieron de 
registrar á Zenea : lo más probable es que la correspon- 
dencia toda corriese la misma suerte, y que esos docu- 
mentos, excitando el rencor de los voluntarios, fuesen 
causa luego del sacrificio del vate. 

Al siguiente día, primero del año 1871, fusilaron los es- 
pañoles al práctico de mar, y pidió Vergel á la señora de 
Céspedes que escribiese á su esposo diciéndole cuál era 
su suerte. Así lo efectuó, y cuando en su presencia entregó 



46 ' ■ ' * >• GARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

> el jefe la carta al que debía llevarla — un anciano insu- 

l rrecto doblado por los años — lo hizo con estas palabras : 

t- —Anda y díle á tu presidente que has visto prisionera 

5 -■■ á su esposa, y que á ella le debes la vida. 

— ¿Por qué? preguntó la señora. 

|(, —Por que mi deber es el de fusilar á todos mis prisio- 

neros; pero le otorgo la vidala éste para que tenga usted 
el -consuelo de. saber que su marido está al corriente de 

{} ,■'. * Cío que ha pasado. - 

' — Si usted cree de su de'berí contestó, el fusilar á un 

pp anciano, fusílelo. 

— ¡ Qué orgullosas sois vosotras las cubanas ! fué la 
reflexión del militar español. 

■ ; ; ^X-los pocos días. fueron trasladados á bordo de un caño- 

'¿jtéío, y allí permanecieron mientras se discutía por los 

|¿:- ¿y ••- lulos del telegrafcfel destino ulterior de los prisioneros. 

Ordenóse que' continuasen viaje. Llegaron á Nuevitas, en 

¡y, .. dohde.se quedó.fla^señora de Bernal. Su compañera fué 

&%¿S¿ -'conducida á la Habana en^el mismo cañonero en que, ya 

fe; ^cargado de cadenas,- iba también Juan Clemente Zenea. 

? ,---.••' * '■ r JPoco después partía para/los Estados Unidos esta úl- 

W>* ' ■-- t. íima. Antes, sin embargo,, tuyo una entrevista forzada 

?¿*cbh el capitán general conde.de Valmaseda, en la que éste 

Épr. '"«¿¿'la instó á interceder con síi esposo á fin de que abando- 

¡Jfe; -: naseja Revolución. Ofrecía á Céspedes, en cambio de se- 

->; >:¿ n mejánte infamia, una fuerte suma de dinero, neutralizar 

■;'■> ;'■ una costa para que por ella fuese á sacarlo de la isla un 

■ •, ^vapor de guerra americano, y hasta dio á entender que, si 

W^&X'S .aceptaba, podría esperar más tarde un elevado destino de 

Jí&>* ' ; íá:Madre Patria agradecida. 

@;' v ;.^f'Ea señora se negó resueltamente, y entonces el general, 
; : 'vi, contrariado, pronunció estas fatídicas palabras : 

'& *— « No importa; algún cubano nos le entregará. » 
* isT't . Apenas se supo la captura, del comisionado, telégra- 
n-* fió Azcárate al Sr. Moret, ministro de Ultramar, para que, 
v' .*■ interponiendo su autoridad, evitase la muerte del prisio- 
'$? ñero. Eficaz y exacto, el Ministro envió telegrama al Capi- 

tán General, ordenándole que cualquiera que fuese el fallo, 



LA MISIÓN DE ZENEA. 47 

enviase á Zenea con el proceso á España. PeroValmaseda, 
de ferocidad proverbial, no era hombre para quitarle la 
presa á los voluntarios de la Habana : guardó la víctima, 
y tan pronto como cayó Moret, se dispuso la ejecución de 
Zenea. El día 25 de Agosto de 1871, corrió su sangre en los 
fosos de la Cabana. 



*■ 



- VII 



CORRESPONDENCIA. 

No¡;es nuestro ánimo, ni lo permiten los límites que nos 
hemos impuesto _al publicar este libro, seguir al primer 
Presidente de Cuba en todos los actos y accidentes de su 
tormentosa y rápida carrera, tanto menos, cuanto quecos 
documentos que tenemos á la vista, lejos de ser una ca- 
dena sin interrupción, se encuentran desgraciadamente 

..truncos, y por tanto, incompletos, sea porque algunos 
papeles hubiesen sido destruidos ó sepultados en los 
campos de Cuba por los patriotas, ó sorprendidos por los 
españoles en las contingencias de la guerra. Nuestro ob- 

t. jeto principal es dar á conocer, de la correspondencia de 
Céspedes, la parte que,se relaciona con los acontecimien- 
tos políticos y militares de su vida, para ilustrar la opi- 
nión de nuestros compatriotas y servir en años venideros 
al que intente escribir la historia de la gloriosa Revolución 
Cubana y asignar á su ilustre caudillo y mártir el lugar 
que merezca entre los grandes hombres de la humanidad. 
Ha sido sin duda una buena fortuna el que de aquellos 
heroicos y dolorosos días en que naufragaron tantas 

' ilusiones y tantas esperanzas en un mar de sangre gene- 
rosa, se hubiesen salvado la bandera y parte del archivo 
de Carlos Manuel de Céspedes. ¡ Puedan servir esos pre- 
ciosos manuscritos y aquella ilustre reliquia, de eterno 
ejemplo y memoria á los cubanos, para que, al recordar 
pasadas glorias, no olviden las necesidades presentes ni. 
los deberes futuros ! 

Habiendo llegado, pues, al punto en que debemos sus- 



CORRESPONDENCIA. 49 

pender la pluma para oír la propia voz de Céspedes, es 
oportuno, sin embargo, que hagamos algunas observa- 
ciones. 

Pensarán muchos, tal vez, que debieran omitirse ciertos 
juicios y apreciaciones desfavorables de nuestro héroe 
acerca de personas notables que figuraron en aquella con- 
tienda, temiendo que puedan despertarse del fondo de 
aquellas cenizas, enconos y resentimientos mal apagados 
en individuos que existen todavía. Creemos que ceder 
á un escrúpulo semejante, aunque respetable, sería 
cometer una falta. La Historia tiene derechos ineludibles 
y nos impone deberes que han de cumplirse y que cum- 
pliremos fielmente, publicando todas las cartas que no 
sean de un carácter exclusivamente privado, y extrañas 
por tanto á la política. 

Es de esperarse que los años que el tiempo ha acumu- 
lado encima de aquellas cosas, hayan entibiado viejos ar- 
dores, y que el recuerdo de glorias é infortunios comu- 
nes, noblemente sufridos, que el pensamiento de haber 
rescatado todas sus flaquezas con sacrificios viriles, y 
sobre todo, la piedad inmensa y la profunda pena que 
inspiran las grandes muertes, atenuará ciertamente lo 
que pueda existir de acerbo, de excesivo y quizás de 
injusto en esas páginas, escapadas á la pluma día por día, 
bajo las impresiones del momento y en medio de lo más 
vivo y ardiente de la lucha. 

Es inherente á la condición humana el combate de las 
pasiones, y mucho más en donde quiera que los hombres 
se agrupen movidos por un mismo designio. La vanidad, 
la ambición, la envidia, hijas del egoísmo, hallan ahí ele- 
mentos de vida, y todo les sirve de ocasión ó pretexto 
para manifestarse. La prudencia y la temeridad, la modestia 
y el orgullo, el arrojo y la timidez, lo mismo las exagera- 
ciones de la virtud que las del vicio, son insuperables 
causas de constantes conflictos. Los hombres convienen 
con frecuencia en el objeto que se proponen, raras veces 
en los medios de conseguirlo, y nunca, jamás, sin cho- 
ques, disturbios y rivalidades más ó menos malévolas ; y 

4 






■*> 



50 • CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

'eso aun delante de un peligro inminente, cuando la armo- 
nía de fas noluntades es el único medio de conjurarlo, y 
hasta en el seno mismo de los 'ejércitos mejor discipli- 
nados, bajo el mando de esos seres extraordinarios cuya 
inmensa superioridad y cuyos brillantes triunfos debieran 
inspirar una fe y una confianza absolutas, poniendo freno 
á las calumnias de la envidia rencorosa y'de las ambiciones 
impotentes. ■ 

Y si tal es el corazón humano, y estos los males que en- 
gendran sus pasiones, ¿cuánto más numerosos é irreme- 
diables no habrían de ser en las filas de los patriotas 
cubanos, sin hábitos, conocimientos, ni disciplina mili- 
tares: hombres que habían abandonado la víspera sus 
ocupaciones para empuñar las armas y obedecer á jefes 
improvisados, sin la autoridad y prestigio que dan á la 
profesión del soldado el saber y la experiencia? Por eso 
será eterno motivo de admiración la obstinada resistencia 
y las hazañas heroicas de aquellos valientes que, sin pro- 
tección ni 'recursos eficaces, sostuvieron una guerra sin 
tregua ni ; cuartel contra la España entera,, la cual les 
oponía ejércitos poderosos, disciplinados y feroces, admi- 
. rabíemente equipados, en posesión del Tesoro de Cuba, de 
'todas las ciudades, plazas y puertos, con una flota nume- 
rosa para vigilar las costas é impedir el desembarco de las 
pocas armas y pertrechos que podía enviarles una emi- 
1 gráción reducida á la miseria por embargos yconfisca- 
. ciones, y secundados, además, por ochenta mil volun- 
tarios, que esparcidos por toda la isla y esquivando los 
campos de batalla, perpetraban cobardes asesinatos al grito 
de ¡Viva España!, y llenaban de terror á los habitantes 
indefensos de los pueblos y ciudades. 

„Dadas esas circunstancias, fácil será comprender la suma 
de habilidad y tacto, de sagacidad y moderación, de energía 
y templanza de que había menester el Presidente Céspedes, 
en presencia de una situación tan preñada de dificultades. 
-Esas virtudes, de que son evidente testimonio muchas de 
sus cartas, pudieron retardar, mas no impedir, el rompi- 
miento definitivo. Culpa fué de la fatalidad de los hechos 



CORRESPONDENCIA. 51 

y no de los actores de aquella inmortal tragedia, pues el 
concurso de causas grandes ó pequeñas, próximas ó re- 
motas, ocultas ó visibles, constituyendo el medio en que 
vivieron, determinaron por consecuencia sus actos. 



SERIE A 



N.° 403. — Campamento del Chorrillo, Febrero 4 de 1811. — 
C. General Manuel de Quesada. — Venezuela. — Mi querido 
amigo : Cuando el pueblo en general y yo particulamente tenía- 
mos la esperanza de verlo á V. pronto por estos lugares trayén- 
donos recursos para combatir á nuestros enemigos, ha llegado 
á nuestra noticia que se encuentra V. en Venezuela con la expe- 
dición (1), y que ha celebrado V. un tratado con Guzmán Blanco 
poniendo á disposición de él todos los auxilios de que era V. 
conductor para Cuba. Supongo que habrán sido muy poderosos 
los motivos que hayan obligado á V. á tomar una determina- 
ción tan grave, y que los justificará debidamente (2). 

De un modo ú otro, V. no debe retardar su venida á Cuba 
con elementos para combatir á los enemigos, que en estos mo- 
mentos hacen esfuerzos supremos para vencernos. Hoy la llegada 
de V. sería en extremo provechosa á la causa, mientras que 
más tarde, quizás no daría el mismo resultado. Medítelo V., 
pues, y comprenderá las razones que tengo para desear que 
venga V. á Cuba á la mayor brevedad posible. 

El Estado del Camagüey está pasando en estos momentos por- 
uña de esas crisis tan comunes en las revoluciones : el pánico 
se ha apoderado de una parte del vecindario, que siempre me- 
droso y desconfiado, no ha visto sino fantasmas por donde 
quiera. La presenlación al enemigo de Manuel R. Silva, Corne- 
lio Porro, Serapito Arteaga, su padre y otros que débiles ó co- 



(1) Expedición que al mando del coronel Rafael de Quesada, salió de 
Pto. Cabello el 15 de Junio de 1871, desembarcando felizmente en la 
ensenada de Boca de Caballo el 21 del mismo mes. — A', del A. 

(2) Contestación del general Manuel Quesada á los cargos que le hace 
el Gobierno de Cuba por conducto de su agente don Miguel de A Z- 
dama. — París, 1874. — N. del A. 






52 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

bardes no han tenido bastante abnegación para soportar las pe- 
nalidades de la guerra, no ha dejado de contribuir á desalentar 
los ánimos de algunos pocos. Sin embargo, la generalidad, y 
especialmente las fuerzas del Ejército, se conservan en sus 
puestos, lo Gual hace más que probable que la situación variará 
cuanto antes, y que la reacción venga muy pronto para demos- 
trar á los españoles que toda la astucia y esfuerzos que emplean 
para dominarnos, han de estrellarse contra nuestra inquebran- 
table resolución de ser independientes ó perecer en la demanda. 
Mil afectuosos recuerdos á su apreciáble señora, á Rafael y 
demás familia, y V. cuente siempre con su amigo y hermano . 



f N.° 404. — Moja Casabe, Febrero 17 de 1871. — G. Fernando 
Fornaris. — Lavado. — Mi estimado amigo : Tengo á la vista 
sus favorecidas de 1.° del corriente, que he recibido con mucha 
satisfacción, pues hacía algún tiempo que no tenía el gusto de 
ver letras suyas. 

- Ocupándome del particular de la primera, ó sea la referente 
á la recomendación del G. General Julio Peralta, tanto por co- 
rresponder á ella, como porque su pretensión puede ser benefi- 
ciosa á nuestra causa, lo he atendido y autorizado conveniente- 
mente para que lleve á cabo su propósito ; él me lo ha ofrecido 
y creo lo cumplirá; así sea, y que lo realice cuanto antes. 

Con respecto al de la segunda, que se refiere al G. General 
Modesto Díaz, llamado á este Gobierno y sustituido por el Bri- 
gadier Luis Figueredo en el mando de las fuerzas de Bayamo, 
voy á satisfacer á su interés de patriota en cuanto á la justicia 
de la medida adoptada. Ella no envuelve la injusticia 
y la ingratitud que V. descubre : tiene por objeto procurar el 
mejor servicio de la Revolución. De mi parte no hay enemistad 
ni animosidad contra aquel jefe, á quien tantas veces he tenido 
ocasión de celebrar en el buen desempeño de sus obligaciones; 
pero sea por lo que se quiera, el resultado es que muchos indi- 
viduos de su Distrito se manifiestan descontentos con él y se 
separan de las filas. En consecuencia, deseando utilizar los ser- 
vicios del General Díaz y de los que no le son afectos, se acordó 
enviarlo al Estado de las Villas, y sustituirlo en el Distrito de 
Bayamo con Figueredo. En este cambio gana en vez de perder, 
porque es el territorio á que pasa, de lo más importante de la 
República; á tiempo que ningún jefe del Ejército está asignado 



J^ 



CORRESPONDENCIA. 53 

forzosamente al Estado ó Distrito en que sirva, sino que su 
permanencia ó traslación dependerá siempre de las convenien- 
cias del país. 

Así, pues, convencido V. de los móviles que me han impulsado 
a adoptar aquella medida, en que de ningún modo entran consi- 
deraciones particulares de desafección al General Díaz, no va- 
cile V. en hacerle comprender que el Gobierno espera de su 
buen juicio y carácter militar, que se prestará dispuesto á cum- 
plir la orden superior, tanto más cuanto que mira como más 
provechosos y recomendables sus servicios en su nuevo destino 
que los que continuara prestando en aquella División. 

Soy de V., etc., etc.. 



N.° 410. — Moja Casabe, Febrero 18 de 1871. — C. Francisco 
Javier Cisneros. — Nueva York. — Mi estimado amigo : He 
recibido sus favorecidas de 4, 5 y 7 del mes ppdo. que paso á 
contestarle con el gusto de siempre. 

Tengo en mi poder los artículos sobre expediciones que me 
envía V. por conducto de Agüero, y aunque éste no me ha en- 
tregado el folleto á que V. se refiere, ya yo había leído uno que 
me trajo Zenea. 

Me complazco mucho con las explicaciones que V. se sirve 
hacerme respecto á las expediciones que se han perdido, y creo 
sinceramente que ninguna culpa habrá tenido V. en tales fra- 
casos. En cuanto á la idea de echar en tierra de cualquier modo 
las expediciones ulteriores, no puedo convenir en que sea pro- 
vechoso ese sistema, toda vez que puede darnos muy malos re- 
sultados. Por eso y por otras varias razones de consideración 
se mandaron á hacer por conducto de los C. C. Zenea, Ricardo 
Estevan, José M. Izaguirre y ahora por Agüero, multiplicadas 
explicaciones para traerlas. Deseo se tomen en cuenta por todos 
V. V. en cuyo caso no dudo del buen éxito. 

El plan que V. me propone en la suya que contesto, merece 
bajo todos conceptos mi aprobación, por ser el mismo que há 
tiempo indiqué á Morales Lémus y a un á Quesada. La única di- 
ficultad que en mi concepto presenta, está en la entrada y salida 
del aviso previo que ha de darse y en la cantidad de carbón ne- 
cesario para sostener en alta mar al buque en que vengan los 
recursos. Además, lo angustioso de las circunstancias por que 
atraviesa el país, hará que no se pueda señalar un plazo muy 



- '""":. i- . " -'■: ■■.■ + .": '■";' 



54 GARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

breve para el desembarco en el punto que se designe. Sin em- 
bargo de todo lo dicho, repito que el plan lo considero bueno, 
que merece mi aprobación, y por lo tanto, sólo me resta reco- 
mendar que es necesario estudiarlo mucho, para que podamos 
recoger el fruto de él, y que en el caso de adoptarse, como lo 
supongo, deben los encargados de traernos los auxilios suje- 
tarse estrictamente á lo convenido. Agüero lleva ahora para 
futuras expediciones en distintas costas, instrucciones basadas 
sobre este mismo plan. 

La desgracia nos persigue aún : fracasó la expedición del 
Hornet por no haberse hecho las señales pactadas. Al no con- 
testar nosotros, era de presumirse qué los españoles estaban 
apoderados de aquel lugar así como de toda la costa Norte, cuya 
noticia llevaba Zenea; pero ya que ha sucedido así, y que se ha 
perdido, no hablemos más de esto. Acepto las razones que me 
ha indicado Agüero tuvieron V. V. para no hacer las señales 
convenidas, no obstante de que yo opine que estas sólo deben 
omitirse en, último caso y cuando ya no haya recurso. Antes de 
concluir lo relativo á la pérdida de esta expedición, quiero mani- 
festarle que los expedicionarios se batieron valientemente con- 
tra fuerzas muy superiores y hasta perder la tercera parte de 
su número (1). Sólo pudieron salvar las armas y ropa que traían 
consigo; todo lo demás se perdió. 

Estoy completamente de acuerdo con V. en cuanto á la ne- 
cesidad de traer fuerzas disciplinadas áCuba; desde el principio 
de la Revolución las estoy pidiendo, y se ha desatendido mi 
exigencia, sin que sepa á qué atribuirlo. Hoy, sobre todo, son 
más necesarias que nunca, porque con las enfermedades, asesi- 
natos, combates y deserciones, los hombres han escaseado, 
creyendo, no obstante, que tendremos los suficientes cuaudo 
auxiliados por el contingenta que V. V. nos envíen, demos un 
buen golpe á los españoles. Y á propósito del envío de fuerzas 
disciplinadas, juzgo que el sistema más conveniente es traer 
gran número de hombres armados á la ligera, á fin de que no 
hagan más que poner pie en tierra y estar listos para cual- 
quiera eventualidad. 

Convengo así mismo en que necesitamos buques armados en 
el mar, y tan es así, que no comprendo por qué á esta fecha- no 



(1) Eran 48. — N. del A. 



CORRESPONDENCIA. 55 

se han despachado ya corsarios, cuando estamos reconocidos 
como beligerantes por varias repúblicas americanas. 



Los colombianos llegados últimamente ea el Homet han sido 
recibidos por nosotros, como lo serán todos los que vengan, 
como hermanos, no habiéndose hecho diferencia alguna entre 
ellos y los naturales; y si alguna diferencia ó distinción ha ha- 
bido, ha sido en obsequio de los que han venido á compartir 
con nosotros los trabajos y sufrimientos de la guerra. 

Ya vé V. como yo tampoco he sido lacónico en contestarle, 
lo que le probará el placer con que me dedico á hacerlo á pesar 
de mis grandes ocupaciones. 

Soy siempre su amigo afmo. 



l\.° 411. — .Moja Casabe, Febrero 19 de 1871. — C. Miguel 
Embil. — Nueva York. — Apreciable conciudadano : Empeñada 
Cuba en la grande obra de su regeneración política, deber de 
todos sus hijos es acudir presurosos á depositar en sus aras la 
ofrenda de su amor á la Patria. Hoy, sobre todo, que la lucha se 
ha ensangrentado de tal manera que hace imposible un aveni- 
miento con los opresores, siempre que no sea bajo la base de la 
Independencia, y que el enemigo contra quien combatimos rela- 
tivamente á nosotros es superior en número y recursos, y em- 
plea para vencernos toda clase de medios por infames ó atroces 
que sean, todos los buenos cubanos deben agruparse en torno 
del Gobierno para prestarle sus auxilios morales y materiales. 
Por eso me tomo la libertad de dirigirme á V. á quien consi- 
dero como uno de tantos, encareciéndole la necesidad á que 
antes me reñero, no dudando ni por un momento que atenderá 
mi indicación, y que por lo mismo concurrirá gustoso á aumen- 
tar los servicios que hasta aquí ha prestado en favor de la causa 
de nuestra querida Cuba. 

Aparte de lo que haya de hacer V. en cuanto á los auxilios 
materiales, permítame suplicarle interponga su valimiento para 
conseguir que cesen de una vez las disensiones que existen 
entre nuestros hermanos del extranjero, las cuales indudable- 
mente han dado por resultado entorpecimientos en la marcha de 
nuestros negocios. Eso nos perjudica notablemente en todos 
sentidos, y yo desearía que Y. propendiese de todos modos á 






56 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

que desaparezca la menor señal de discordia y que no haya más 
que un solo pensamiento : conseguir nuestra. Independencia. 

Confío en que V. dará acogida á estas indicaciones, y mientras 
tanto, aprovecho esta oportunidad para ofrecerme á V. como su 
afmo. servidor. 



N.o 415. — Moja Casabe, Febrero 20 de 1871. — C. Rafael 
Merchan — Nueva York. — Mi estimado amigo : He sabido 
con gusto que se ha encargado V. de la redacción del periódico 
La Revolución, que tan dignamente dirige nuestro común amigo 
Enrique Piñeyro, tanto porque con ella prestará V. grandes ser- 
vicios á la causa, cuanto porque con su buenjuicio sabrá im- 
primirle el sello de la justicia y de la verdad que siempre debe 
resallar en esa clase de publicaciones. Voy, sin embargo, á per- 
mitirme hacerle á V. una recomendación sobre el particular. 

Fundado ese periódico expresamente para representar nues- 
tro Gobierno y defender los intereses de. Cuba, debe cerrar sus 
columnas á todas esas cuestiones personales ó de banderías que 
no teniendo por objeto más que alimentar las pasiones, redun- 
dan en desprestigio de la República. Encarezco á V., pues, la 
necesidad de que así se haga, porque juzgo que con esa medida, 
á la vez que se le dá al periódico todo el carácter de dignidad 
que debe presidirlo, evitamos por otro lado los males que pro- 
ducen esas polémicas impertinentes y ajenas á nuestro propó- 
sito. 

Reciba V. el testimonio de mi más alta consideración, etc. etc. 



N.° 416. — Residencia del Ejecutivo. — Campamento de Moja 
Casabe, Febrero 20 de 1871. — C.Carlos Holguín (1). — Bogotá, 
Colombia. — Apreciable señor: Las importantes resoluciones pre- 
sentadas por V. en las Cámaras de Colombia respecto de nues- 
tra - Revolución, están grabadas en los corazones de todos los 
cubanos que hoy pelean por la independencia de su país. Tenga 
V. la bondad de aceptar, por lo tanto, la sincera expresión de 



(1) Más tarde Presidente de Colombia, y fallecido enjlS94. — N. del A. 



CORRESPONDENCIA. • 57 

gratitud que por mi conducto le envía la República Cubana que 
represento. 

Defender tan valientemente las libertades y derechos de los 
oprimidos, es conquistar el aplauso de los pueblos civilizados y 
las bendiciones de aquellos por quienes se levanta la voz en 
demanda de justicia. Al concebir V. tan simpático proyecto, 
estoy seguro que pensó, como yo, que el triunfo de la Revolución 
de Cuba era la muerte de la dominación europea en América, y 
que, siendo esta cuestión puramente americana, todas las repú- 
blicas hermanas debían tomar parte en esa grande obra y pro- 
pender al triunfo de las ideas democráticas y republicanas que 
sustentamos. Pero el mérito de su trabajo no ha estado única- 
mente en la concepción de él; lo tiene, y mucho, el modo de des- 
arrollarlo y poderlo llevar á cabo en que V. lo ha presentado. 

A los cubanos nos toca, pues, pagar á V. con un eterno reco- 
nocimiento esos servicios que generosa y espontáneamente ha 
prestado á nuestra causa, y anticiparle las gracias por los que 
indudablemente continuará prestándole. 

Se me ha dicho que en la próxima legislatura seguirán discu- 
tiéndose las resoluciones presentadas por V., y tengo la con- 
fianza de que serán adoptadas por el Congreso, si no desmayan 
en prestarles su apoyo los hombres dignos y de principios que 
componen ese alto Cuerpo Legislativo. 

Reciba V. el leslimonio, etc., etc. 



N.° 425. — Moja Casabe, Febrero 28 de 1871. — C. Vicente 
García. — Mi distinguido amigo : Me favorece su apreciable 
del 14 que espira, que contesto, y contrayéndome al estado déla 
guerra en ese territorio, de que me he impuesto por los últimos 
partes recibidos, no puedo menos que lamentar que las enfer- 
medades hayan disminuido las fuerzas de su mando para que no 
pudiera darles una lección, como otras veces, de lo mucho que 
hacen en el cubano el valor, el entusiasmo y el sentimiento 
patriótico que inflama su corazón, y más que todo, el firme pro- 
pósito, el inquebrantable juramento de morir ó extinguir de una 
vez y para siempre la torpe dominación española en este pre- 
cioso país. La falta de abundante parque, por otro lado, viene 
á favorecer los intentos de nuestros enemigos, y á hacer más 



í- j^irT^v: •; ' ""-- ■-■ : -. .-' (>■ 



58 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

sensible la diferencia numérica de ellos y los valientes soldados 
de su mando de V. Sin embargo, ahora es la ocasión oportuna 
de probar V. una vez más al Ejército Libertador que en todas 

.■..circunstancias es bastante fuerte, bastante activo y capaz de 
vencer y arrojar de esa zona militar al enemigo, destrozarlo 
y amedrentarlo para que no ose salir de sus campamentos 
basta el día, no muy distante, en que evacúen el país para no 
volver jamás. 

%_ Bueno sería, salvo su más acertada opinión, que V., con 
parte de su gente y en armonía con el jefe de la División de 
Bayamo,les llamara la atención hacia ese territorio, porque qui- 
zás así se les desorientara y se les hiciera comprender que sobre 
aquel punto marchan fuerzas capaces de privarlos de su pose- 
sión, y á la manera de lo que sucedió el año pasado, trastor- 
nen sus planes y contramarchen hacia allí, dejando más expe- 
dita su acción después en las Tunas. No obstante, V. que 
está sobre el terreno podrá apreciar con más discreción y acierto 
este consejo que me sugiere mi buen deseo en pro de la causa 
y de V., y en cualquier evento procuraremos auxiliarlo con 
cuantos elementos estén á nuestro alcance. 

Sin más por ahora, me repito de V. etc, etc. 



N.° 427. — Moja Casabe, Marzo 1.° de 1871. — C. Eduardo 
Machado. — Querido amigo : Sensible y muy sensible es en 
verdad la pérdida de la expedición que el C. Melchor Agüero 
acaba de traer á nuestras playas, y mucho más todavía, si aten- 
demos á la perentoriedad de las circunstancias en que nos 
venían tan preciosos y abundantes recursos, y que además de 
perderse para nosotros, los utilizarán nuestros enemigos. 

Por ahora no puedo ni debo decir á V. si Agüero es culpable 
ó eriminal de la pérdida de aquélla : está sujeto al oportuno pro- 
cedimiento en averiguación, y de sus páginas resultará lo uno ó 
lo otro, ó recibirá la absolución si es inocente. Lo demás sería 
anticipar imprudentemente nuestro juicio. Lo que puedo ase- 
gurar á V. y lo que V. puede hacer público en el territorio de 
la República, es que yo no he autorizado al G. Melchor Agüero 
para con la Junta de Socorros, residente en Nueva York, con 
objeto de que se le confiaran expediciones sobre Cuba. Al mar- 



CORRESPONDENCIA. 59 

char este individuo el año pasado á aquella ciudad conduciendo 
documentos importantes, insinué á la misma que podría de algún 
modo aprovechar sus servicios coincidiendo con sus deseos . . 

Inútil me parece decir á V. cuando ni siquiera he recomen- 
dado al C. Agüero, que no le he dispensado el favor ó prolec- 
ción que se supone. Como Presidente de la República de Cuba, 
jamás lo he hecho en beneficio de éste ni de ningún individuo. 
De ser cierto, parece que debí empezar por mis propios hijos, y 
el uno ha perecido como soldado á manos del enemigo, y el otro 
por tres veces se había visto ya corriendo inminente peligro; 
cuando en distinto caso ó con distinto procedimiento, los habría 
puesto al abrigo de todo peligro. 

Me repito de V. con la mayor consideración etc. etc. 



N.°428. —San Juan de Dios, Marzo 3 de 1871. — C. Luis Figue- 
redo. — Bayamo. — Mi distinguido amigo y h.\ : Mucha sa- 
tisfacción tengo en que ya haya Y. recibido la División á su 
mando, no obstante las dificultades que se presentaban y su 
estado, que lamento, según se sirve anunciarme en atenta del 
3 del corriente. Mucho celebraría también que á esta hora hu- 
biese V. emprendido sus operaciones con los recursos que pu- 
diera proporcionarse ; pues estoy seguro que el movimiento de 
V. formando una diversión extratégica á los planes del enemigo, 
produciría los más favorables resultados en esta campaña. 

Aquí se está haciendo todo esfuerzo por mandarle á V. muni- 
ciones de guerra; pero las circunstancias no son á propósito 
para que le lleguen con la prontitud apetecible, porque los ene- 
migos han estado operando sobre la fábrica de pólvora, y ade- 
más, los comisionados Infante, etc., no vinieron despachados de 
ese Estado en las condiciones que hoy son necesarias para llevar 
á cabo felizmente cualquiera empresa. Hoy se les vuelve á des- 
pachar en dirección de la fábrica, con mejores precauciones; 
pero todavía dificulto que regresen con los pertrechos. Esto lo 
persuadirá á V. de la necesidad que hay de procurarse los ma- 
teriales de guerra en su propio territorio, aunque en pequeña 
cantidad, para sostenerse mientras llegan mayores remesas, sea 






60 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

de la fábrica ó sea de alguna expedición que arribe con felicidad. 

Sin otro particular quedo de V. etc., etc. 



N.° 429. — San Juan de Dios, Marzo 8 de 1871. — C. Manuel 
Calvar. — Bayamo. — Mi estimado amigo y h.\ : Acabo de 
recibir s.u favorecida de 23 ppdo. 

Celebro infinito que V'. haya aceptado el mando que se le con- 
firió y que ya haya retornado á Manzanillo para dirigir aquellas 
operaciones sobre el suelo que tuvimos el honor de regar con 
la piñmera sangre española. 

En las comunica'ciones que V. abra con la isla vecina, conviene 
mucho observar el mayor secreto, variar siempre los puntos de 
desembarco y no pedir grandes remesas, á menos que no haya 
seguridad del buen éxito. Para éste sería muy oportuno que se 
pactasen señales y sitios á propósito donde se estuviese ince- 
«^ santemente esperando el cargamento, pero si esto no es posible, 
«FÜT- los que lo traigan pueden echarloy ocultarlo en lugar desíerlo, 
y después incorporarse con los patriotas para ir á buscarlo con 
los recursos necesarios, ó bien levantar un plano del terreno, 
regresar al extranjero y de allí venir por la vía más favorable 
á dar el aviso y el plano levantado para pasar á* recoger la expe- 
dición. De estos métodos las circunstancias son las que han de 
recomendar el más favorable; lo que importa es no dormirse en 
proporcionarse recursos aunque sean de los mismos pueblos ene- 
migos, con cuyo objeto pueden fundarse en estos « Juntas secre- 
tas » de señoras ó de hombres, tres á lo más en número, siendo 
en todos casos el sigilo la mejor garantía de- un feliz resultado. 

• Quedo de V. como siempre etc., etc. 



N.° 430. — Sabanita, Marzo 24 de 1871.— C. Francisco Sánchez 
Betancourt. — Camagüey — Apreciable amigo : Me complace 
mucho el saber que el decreto últimamente publicado en El Cu- 
bano Libre haya merecido la aprobación de V. y de los deci- 
didos é invariables cubanos que piensan como V., y en el sen- 
tido de las ideas y manifestaciones consignadas en él me encon- 



CORRESPONDENCIA. 61 

rara siempre mi país. No tengo más propósito que su libertad, 
ni otra ambición que la felicidad futura de mis conciudadanos. 

Me repito de Vd. su más atento, afmo. y verdadero amigo 
yh.-. 



N.° 434. — Sabanita. — Marzo 24 de 1871. — G. Miguel de Al- 
dama. — Nueva York. — Muy distinguido amigo: Con la mayor 
complacencia contesto su apreciable de 25 de Enero último, en 
que me participa la llegada de mi esposa á esa ciudad, después 
de los temores y disgustos que le ocasionaron su prisión y re- 
misión á la Habana desde Guanaja, en donde fué capturada en 
unión de Zcnea. 

Por lo que respecta á Zenea, como he dicho á V. en mis an- 
teriores, aquí no dio paso alguno, ni dejó traslucir siquiera la 
menor intención de ser dócil instrumento de Azcárate, por lo que 
no puedo emitir juicio acerca de su conducta; antes al contrario, 
de sus acciones se revelaba un buen procedimiento en pro de 
nuestra causa. Sin embargo, el tiempo nos ofrecerá un testimonio 
de su buen ó mal manejo y la Historia imparcial lo juzgará. 

Sin más por ahora, me reitero de V. con la mayor considera- 
ción su afmo. ami^o v s. s. 



N.° 435. — Sierrecita de Rosabal, 28 de Marzo de 1871. — 
G. Luis Figueredo : — Bayamo. — Estimado amigo : He sabido 
con el mayor gusto que atacado por el enemigo por dos ó más 
veces, ha podido V. batirlos y rechazarlos con éxito, como 
siempre se debe esperar de su valor y entusiasmo y del valor y 
decisión de sus oficiales y soldados. Me complazco mucho con 
este feliz hecho de armas y me prometo que en todas ocasiones 
pondrá de su parte el esfuerzo é interés posibles para escarmen- 
tarlos. Sin embargo, y partiendo de que sean ciertos los informes 
que sobre el particular se me han ministrado, voy á dar á V. 
mi opinión, salvo su mejor juicio. 

Se me asegura que ha reconcentrado las fuerzas á su inme- 
diato mando en un punto determinado, ocupándose de atrinche- 
rarlo y defenderlo, y esto, que en otras circunstancias sería 
conveniente, hoy lo estimo perjudicial. 



^-<~¿i 



62' . f > CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. m - ? ' 

,s La. falta- 'ó escacez de pertrechos, en vez a$* aconsejar esa 
* operación defensiva, la contradice^, porque al tener conocimiento, 
nuestros enemigos que el total de su División se halla acampado 
£n tal lugar, irán á atacarla allí irremisiblemente, y V. no po- 
drá excusar el combate ni el gasto de sus municiones,. no obstante 
de perder la posición : tomará en seguida otra, y otra des- 
pués, y así vendrá abandonando su territorio hasta su extremo 
y los españoles ocupándolo, que es su propósito ; mientras que 
adoptando otra táctica distinta, se evitarán esos males. Me parece 
la mejor no fijarse en determinada situación, distribuir sus 
fuerzas convenientemente para llamar la atención al enemigo por 
..diversos lugares, especialmente por los flancos y retaguardia, 
eludiendo el combate cuando lo juzgue prudente y conservar en 
consecuencia el territorio cuya defensa le está conüada, hasta que 
variando esas circunstancias pueda tomar una actitud hostil y 
ventajosa. De esa manera sienten las tropas españolas la acción 
de las nuestras por todas partes y la necesidad de alterar sus 
planes, y se les desorienta al grado de no saber hacia qué lado 
dirigirán sus ataques, ni qué harán en su decantada campaña de 
invierno, y el desaliento y la convicción de su impotencia para 
sofocar la Revolución, serán los resultados inmediatos de este 
sistema. Esta no es más que mi opinión ; dejo á V. la libertad 
más amplia para aceptarla ó desecharla, según lo estime opor- 
tuno y más provechoso á nuestra causa. 

Entre tanto, y deseando á V. la mejor fortuna^ me repilo su 
afmo. amigo y s. s. ' , 



N.^, 436. — Sierrecita de Rosabal. — Campamento de San 
Martin, Marzo 29 de 1871. — G. Modesto Díaz. — Bayamo. — 
Apreciable amigo : Tengo á la vista su favorecida de 28.de Fe- 
brero ppdo., y al contraerme á cada uno de sus particulares, no 
puedo menos que empezar por recomendar á V. que procure en 
,1o sucesivo desprenderse de malos consejeros y de apasionadas 
P-. sugestiones que extravían su buen juicio y la habitual sinceridad 

* de sus sentimientos. 

*-.-- Supone V., equivocadamente, que hace mucho tiempo pretendo 

' separarlo de la División y defensa de Bayamo, poniendo ese 

"intento en ejecución en distintas ocasiones hasta ahora que lo he 

'•; realizado, y que al destinarlo al ejército de las Villas no me 

• mueve el interés de la Patria ó la mayor ventaja de la causa, 



CORRESPONDENCIA. 63 

sino miras apasionadas ó de interés secundario, por cuyo'mo- 
tivo no habrá poder bastante que lo haga á V. aceptar esa sus- 
titución, ó lo que es lo mismo, nada alterará la resolución que 
tiene formada de retirarse á la vida privada, á cuyo efecto pide 
con encarecimiento su baja absoluta, y estima ésta como la triste 
recompensa que recibe de su patria de adopción. Voy, pues, en 
términos generales, á desvanecer ciertos errores cometidos por V . 
en la apreciación de mi conducta, más por lo que importa á mi 
procedimiento como empleado público, que por lo que ellos pue- 
dan influir en el convencimiento privado de V., pues, según 
manifiesta, desprecia, como yo lo hago, esos chismes ; pero antes 
debo tachar la ligereza con que increpa á la Fatria su falta de 
gratitud para sus merecimientos. No es un motivo de agravio para 
V., que por estimarlo el Gobierno provechoso lo traslade de 
Oriente á las Villas para utilizar sus servicios. Sería ingratitud 
si, sin causa alguna, se le dejara á V. abandonado y separado 
del Ejército, pero nunca si se le coloca en un puesto aún más im- 
portante. La Patria, por otro lado, no está en situación de mani- 
festar materialmente su gratitud á sus buenos servidores : apenas 
puede dispensar consideraciones y miramientos á aquellos 
hombres que, como V., se han esforzado en su redención. Día 
llegará en que sus demostraciones positivas la sinceren de tan 
injustos cargos. 

Me complazco en saber que ha entregado al C. Luis Figueredo 
1.400 y pico de hombres y cerca de 700 armas pertenecientes á 
esa División, sintiendo V. que esos números no hubiesen sido 
mayores si el difunto General Luis Marcan o y el otro Figueredo 
no hubiesen respectivamente perdido muchas armas, hombres 
y pertrechos de los que estaban á su cargo, pérdida que en nin- 
gún concepto es imputable á V. ; pero al referirse á Marcano, 
dice V. que le entregó la mitad de las fuerzas á su mando por 
complacencia á mí, en lo cual está V. equivocado. 

■Yo no he tenido jamás la intención de hacer presión en el 
ánimo de ningún jefe con mis consejos é indicaciones particu- 
lares y amistosos, y en esa ocasión, en cuanto á Marcano, no 
tuve más parte, al verlo á V. disgustado y opuesto á admitirlo, 
que la de procurar armonizarlos y la de persuadir á V. de la 
conveniencia que resultaba de llevar consigo tan buen compa- 
ñero para que fuesen más seguros y fructíferos los esfuerzos 
que los dos hicieran en la expedición sobre Bayamo, operando 
V. en este punto y aquél en el de Manzanillo; pero mi inter- 
vención amistosa en ese asunto no era obligatoria para V., ni 



64 - GARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

la impuse como tal,- sino que lo dejaba en libertad de obrar del 
'modo que mejor le pareciera, por lo que no acepto la responsa- 
bilidad; si la tuviera, --.ño obstante, agradezco su buena dispo- 
sición hacia mi persona. El General Aguilera fué, por último, 
el que me participó en aquellas circunstancias la aquiescencia de 
V., con lo que quedé contento y satisfecho, porque de ello espe- 
raba bien para la Patria. También fué Quesada, y no yo, quien 
nombró á Marca no la primera vez para que pasara el Cauto, 
llamara la atención de las tropas enemigas y lo favoreciera á V. 
cuando se hallaba estrechado por aquéllas en las sierras. "No sé 
cuáles fueron las instrucciones particulares que Marcano recibió 
"de Quesada. De todos modos, éste produjo ese cambio de jefe, 
de que en ningún sentido puedo ser responsable como V. equi- 
vocadamente cree, y sólo sé que al venir V. al Gobierno dis- 
gustado con Marcano, hice todo lo posible por satisfacer y 
complacer á V., como en todas ocasiones lo he verificado. 

Jamás he recibido disgusto por tenerlo al frente de la División 
deBayamo, y antes al contrario, lo he juzgado conveniente, pues- 
to que yo mismo lo nombré, atendida su pericia militar y su va- 
lor; y ese mismo afecto que lo liga á aquel territorio me ha sido- 
halagüeño, porque nací en Bayamo, tengo allí mis caros recuerdos 
y me importa mucho su buen estado, como me importa el de todo 
el país cuya libertad nos hemos propuesto conquistar á toda 
costa. 

En la actualidad, el Gobierno ha juzgado conveniente su tras- 
lación á otro territorio por razones que no son del momento 
expresar, y éste y no otro ha sido el móvil que lo ha decidido á 
llevarlo á efecto. Lejos de mí y del mismo Gobierno toda mira 
de interés, toda pasión, todo sentimiento de odio, ni de afección 
particular hacia V. ó cualquier otro individuo, sin que me 
extrañe que una parte del pueblo de ese territorio se ocupe en 
comentar á su manera las acciones del Gobierno. Hay muchos 
individuos que circunscriben la libertad á la maledicencia, pero 
los hechos consumados, la verdad y la justicia se abren paso 
con el tiempo y fijan en términos satisfactorios la pureza de las 
acciones de los buenos servidores de la Patria, vindicando sus 
agravios. 

Sea cual fuere la resolución de V. en lo sucesivo, y después 
de las manifestaciones consignadas, yo espero que como buen 
militar y acostumbrado á mirar la obediencia á los superiores 
como su primer deber, vendrá V. á conferenciar con el Gobierno, 
según se le tiene prevenido, á la mayor brevedad posible. En- 



CORRESPONDENCIA. 65 

ionces nos entenderemos verbalmenle y tendré el placer de 
■verlo. 

Sin más por ahora, queia de V. su afmo. amigo y s. s. 



N.° 438. —Santo Tomás, Abril 9 de 1871. — C. Francisco Javier 
de Céspedes. — Queridísimo hermano : Contesto tu apreciablc de 
27 de Marzo ppdo, y siento mucho tus males y la falla de recursos 
con qué lograr un pronto restablecimiento ; pero ¿ qué hemos 
de hacer? sufrirlos con paciencia y apelar á los auxilios que la 
naturaleza virgen de nuestra querida Patria nos ofrece. 

Veo con dolor que no se evitan los daños que las tropas 
enemigas originan por esas inmediaciones, matando á inde- 
fensos y sembrando el desaliento en el ánimo de las familias, 
por la inseguridad en que están, al grado de verse obligadas á 
irse á los pueblos y someterse con repugnancia al yugo español. 

Comprendiendo que ha llegado á ser esto en ellas una necesi- 
dad y un medio de evitar mayores vejaciones, el Gobierno de la 
República tolera su presentación aunque no la permite, como 
equivocadamente se creyó. No opone inconveniente á su trasla- 
ción, como con ellas no vayan hombres útiles para elejercicio de 
las armas 

Procura estimular al empleado ó jefe á quien corresponda, la 
vigilancia de aquellas costas por lo importantes que son, así 
como á los civiles por lo que respecta al cuidado y atención con 
las familias que permanezcan en el territorio libre, para que no 
sufran más privaciones y peligros que los indispensables. . 

Tu cariñoso hermano. 



xj.o 441, _ g an Diego de Buena Ventura, Abril "29 de 1S11.— 
C. General Máximo Gómez. — Apreciable amigo : Tengo á la 
vista su favorecida -21 de Marzo ppdo., que contesto, y quedo com- 
pletamente satisfecho de. cuanto en ella expone relativo á las 
dificultades que hay que vencer para sostener la correspon- 
dencia, así como respecto de los demás particulares de que se 
ocupa. 

Me complace mucho la noticia que me comunica del embarque 
del amigo Izaguirrc, á quien deseo un feliz viaje, y participo con 
V. de la satisfacción de que recibirá en la fecha en que me 

5 



66 GARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

escribe, los recursos ó elementos de guerra que espera en 
virtud de la comisión que aquél llevaba,;para con ellos estrechar 
más al enemigo causáudole todo el daño posible. Del propio 
modo me congratulo y lo felicito por los triunfos obtenidos en 
sus frecuentes encuentros con las tropas españolas, esperando 
de su reconocido valor y patriotismo mayores lauros en lo suce- 
sivo, que lo llenarán de gloria á V. y á sus valientes jefes y 
soldados, y por ellos merecerán bien de la Patria y la gratitud 
de sus conciudadanos. 

No menos digna de elogios es la conduela palriótica observada 
por aquellos jefes á quienes la torpeza, inmoralidad é impotencia 
de nuestros enemigos ha querido vencer por medio del mezquino 
precio del oro, pues esa, y no otra, era esperable de los verda- 
\ deros defensores déla libertad ó independencia de Cuba, que al 
'. emprender la lucha hicieron abstracción de todos los bienes 
materiales y sólo consagraron su vida ala redención de la Patria 
esclavizada y tiranizada por tantos años por la barbarie espa- 
ñola. Haga V., pues, comprender á aquellos jefes, dignos del 
puesto que ocupan, que estimo en lo que vale el procedimiento 
' adoptado por ellos respecto á tan infame tentación, y que no 
esperaba menos de hombres de honor amantes del bien de su 
país. 

Me reitero con la mayor consideración de V. afmo. amigo 

y h.-. 



N.°444.— Asiento del Chorrillo, Mayo 23 de 1871. — C. Ángel 
Maestre. — Mi estimado amigo : He tenido el gusto de recibir 
su favorecida de 5 del corriente, en que me participa el embarque 
del C. Melchor Agüero y el buen estado en que se encuentra 
para nosotros la Jurisdicción de Manzanillo. Yo sólo le reco- 
miendo la perseverancia en sus trabajos y que obre con la mayor 
cautela, tanto para que no se pierdan con la publicidad, cuanto 
para resguardarse de cualquiera traición. Por mi parte escribiré 
á los demás jefes á los objetos que V. desea, y respecto á los 
cuales estamos de acuerdo, pudiendo V. quedar en la convicción 
de que serán debidamente recompensados sus esfuerzos y no 
habrá inconveniente en colocarlo á la cabeza de la fuerza á que 
se contrae, siempre que resulte como V. indica. 

Sobre lo que V. me dice de Calvar y Hall, por ahora creo lo 
más conveniente qué éste se ponga á las órdenes de aquél, á 



CORRESPONDENCIA. 67 

quien yo escribiré pava que lo coloque conforme á sus méritos, 
que después se verá lo que sea más oportuno al buen servicio 
de la República, procurando V. siempre evitar que las tropas se 
acostumbren á pedir jefes; porque al Gobierno le desagrada 
mucho ese manejo, como opuesto á la disciplina militar. El sol- 
dado debe pelear gustoso bajo cualquier jefe que se le nombre. 

El estado de los negocios ha mejorado por acá; pues ya no se 
presenta tanta gente visible, y el Brigadier Acosta ha derrotado 
al traidor Sardinas en el Flamenco el 16 del corriente .... 

Sírvase V. hacer presentes mis buenos recuerdos á todas sus 
tropas y á mis antiguos amigos, y ordene lo que guste al que lo 
es de V. de corazón y le desea buen éxito en sus planes. 



N.° 450. — Asiento del Chorrillo, Mayo 23 de 1811.— G. Manuel 
Calvar. — Mi estimado amigo y h. .*. Aunque hace tiempo que 
no recibo cartas de Y., aprovecho esta ocasión para escribirle y 
manifestarle mi complacencia por las buenas noticias que tengo 
de esa Jurisdicción y de los servicios que en ella sigue V. pres- 
tando á nuestra causa. 

Creo inútil encarecerle á V. que se necesita aprovechar los 
momentos favorables, obrando con la mayor actividad y celo, 
sin perjuicio de adoptar todas aquellas precauciones que la pru- 
dencia aconseja. Sobre todo, un jefe que se halla en la posición 
de V., ha de procurar siempre conducirse con el más exquisito 
tacto y un perfecto aplomo en todas las circunstancias, domi- 
nando sus particulares inclinaciones para consultar lo que con- 
viene á la mejor política y no dejándose llevar nunca de ninguna 
pasión de afecto, ira ó celos que pueda hacerle perder la serenidad 
de su continente y el influjo que debe ejercer sobre el ánimo de 
sus subordinados por la idea superior que estos han de concebir 
de sus dotes personales. 

Dispénseme Y., amigo mío, el que como más viejo y experi- 
mentado le haga estas advertencias para que no las eche en 
olvido, aunque hasta ahora no sé que se haya V. separado de 
ese sendero. 

Supuesto que nuestro común amigo Hall ha ido á ponerse á 
las órdenes de Y., conviene que aproveche sus servicios, des- 
pertando su antiguo entusiasmo y colocándolo en una situación 
en que pueda ser útil, con arreglo á sus méritos y disposiciones. 






68 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

. Es indispensable que V. se ocupe con preferencia en propor- 
cionar materiales para las fábricas de pólvora y fulminantes, y 
sobre todo, no olvidarse nunca del partido que pueda sacarse de 
la isla vecina. 

No deje V. de participarme cuanto llame su atención para 
lomar las medidas convenientes, y disponga como guste de su 
afmo, amigo y h.\ 



En Sevilla, á los diez y ocho días del mes de Junio de mil 
ochocientos setenta y uno, se reunieron para celebrar Consejo 
de Gabinete los G. G. Carlos Manuel de Céspedes, Presidente de 
la República; Ramón Céspedes, Secretario del. Exterior; Fran- 
cisco Maceo, de la Guerra; el Subsecretario de Hacienda, Antonio 
Pérez Ávila, y el Secrectario del Consejo, Mariano Acosta. — El 
C. Presidente significó con tal motivo su propósito de resignar 
el cargo que desempeña, á causa de las dificultades que ponen á 
su ejecución las limitaciones que se han creado en las leyes 
vigentes y prácticas, según ya se lo había manifestado al C. Vice- 
presidenle, previendo que para llevar á efecto su resolución 
sería un inconveniente la ausencia del que deba sucederle. — 
Los Secretarios unáninemente fueron de opinión que no debía de 
•manera alguna conservar tal intento, y que dentro de las áutori- 
zacipnes que se le tienen concedidas, podía hacer las novedades 
que las circunstancias reclamaran, en el sentido de poder des- 
plegar mayor energía en la acción del Gobierno. — Después de 
una amplia discusión se acordó que, atendida la importancia del 
viaje del General Aguilera, hiciera los preparativos necesarios 
para llevarlo á efecto, y cumpliera la comisión que se le cometía 
en los términos y bajo las condiciones indicadas, y que cada 
uno délos Secretarios hiciera un estudio detenido para pi^oponer 
las modificaciones que la actual legislación requería, á fin de 
llevar á feliz término la Revolución. — El C. Presidente mani- 
festó que en virtud del parecer de sus Consejeros, continuaría 
al frente del Gobierno, por más que hubiera de imponerse sacri- 
ficios de todas clases. — Así terminó el acta que.firman'el C. Pre- 
sidente y el Secretario del Consejo para constancia. — Céspe- 
des. — Mariano Acosta. . • 



¡ N.°462. — Palma-Hueca, Julio 5 de 1871.— C. José Inclán. — 
Apreciablc ■ amigo : Contesto su afecluosa de 28 de Marzo 



CORRESPONDENCIA. 69 

ppdo. y tengo la mayor satisfacción al saber por ella y por otros 
medios, las mejoras que V. ha introducido en ese territorio y 
los últimos triunfos que ha obtenido de nuestros enemigos. 
Celebro mucho sus esfuerzos por disciplinar y regularizar esa 
División que se hallaba en mal estado, y confío en que conti- 
nuará trabajando con constancia y buen éxito hasta ponerla á 
la altura de las mejores de la República; pues es V. bastante 
entendido y entusiasta, y nuestra gente dócil y dispuesta á todo 
cuanto contribuya á su bien y al progreso de la causa que con 
lanta justicia como abnegación defendemos. 

Procure V. llevar á cabo la entrevista con el General Gómez, 
porque puede serle muy provechosa, así porque le auxilie con 
pertrechos y otros recursos, como porque podrán quizás obrar 
en combinación en algunos casos una y otra fuerza con mejor 
resultado que haciéndolo separadamente. De todos modos, es 
conveniente la entrevista, facilitándose por consecuencia de ella 
hasta la correspondencia con este Centro, que es demasiado 
tardía y peligrosa. 

Respecto a lo que V. me dice del General Julio Peralta, de 
una carta de éste leída á sus soldados preparando sus ánimos 
para volver á encargarse del mando, no se preocupe V. por 
ello. Este Gobierno, conociendo su pericia y demás cualidades 
que lo adornan, lo puso al frente de aquellas fuerzas con pro- 
pósito de sostenerlo y conservarlo mientras las circunstancias 
así lo aconsejen. Quizás éstas hagan que se le conserve el nom- 
bramiento, ó que se le traslade á un lugar en que sus impor- 
tantes servicios deban aprovecharse ; pero de ninguna manera 
que el destino de V., ni las determinaciones del Gobierno que- 
den sujetas en el territorio de Holguín á la voluntad ó al capri- 
cho de Julio Peralta, ni de ningún otro individuo. Por otra parte, 
éste es bastante patriota, y como tal, siempre procederá con- 
forme á las conveniencias del país, que son las únicas atendi- 
bles para nosotros. 

Reserve V., pues, para mejor ocasión el deseo de poseer la 
orden que me pide, de su separación del mando de esas fuer- 
zas : no habrá esos conñictos que V. teme con la venida de 
Peralta, no llegará á caer en ridículo su autoridad, así porque 
V. sabe ser digno en su puesto, como porque no se realizarán 
sus temores. Entre tanto, y repitiendo á V. mimas distinguida 
consideración, soy como siempre su afmo. amigo y s. s. 









70 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

Tunas, Julio, 15 de 1871, — Señora Ana Quesada de Céspe 
des. í-r N. Y. — Mi muy querida esposa : 

i Bien has hecho en asegurar que yo ignoraba que Zenea tra- 
'•jese salvoconducto de los españoles. Él se guardó de comuni- 
cárselo aquí ni aun á las personas de su familia, y yo la primera 
sospecha que concebí nació de las relaciones de Carrión (1) 
respecto de su conducta. 

Tampoco podías guardar silencio al ser atravesado mi honor 
en la cuestión por personas que no me conocen, pues aquí á 
nadie se le ha pasado por la imaginación que yo me enterase 
del documento que traía. Todos saben que yo te confié á su 
cuidado porque lo creía un buen cubano, y nadie ignora que 
jamás he sido amigo de farsas y engaños, sino de ir al cora- 
zón de mis amigos y enemigos por el camino más recto y franco. 



N.° 465. — Los Charcos, Julio 15 de 1871. — C. P. Bermudez 
Gousín. — Caracas. — Venezuela. — Distinguido ciudadano : 
Con la mayor satisfacción he recibido su favorecida de 13 de 
Junio ppdo., y no puedo menos que tener en grande estima sus 
sinceras y espontáneas manifestaciones en obsequio de nuestro 
rico é infortunado país, que lucha abrazo partido por conquistar 
la libertad é independencia de que por tantos años la privó el 
despótico y atrasado gobierno español; pex'O al cabo lo conse- 
guirá, dado el inquebrantable propósito de sus heroicos hijos, 
de perecer todos ó ser libres, y las simpatías y la poderosa 
cooperación de todas las repúblicas hermanas, en especial la de 
Venezuela, á cuyo nombre me dirige V. sus más fervientes 
votos, después que de todos modos- nos ha favorecido con hechos 
materiales y fecundos en resultados provechosos. Y no podía 
Cuba esperar menos de la América Latina, porque como ella, 
sufrió también, y sacudió el ominoso é insoportable .yugo de la 
nación española, que ha señalado su dominación en todas partes 
con la más execrable tiranía, y ha sabido sembrar y perpetuar 



(1) José Caridad Carrión era un patriota de color nacido en Santiago 
de Cuba. Fué jefe de los asistentes de la presidencia y acompañó á la 
Sra. de Céspedes en su viaje á la costa hasta el instante en que hubo 
de caer prisionera. — N. del A. 



CORRESPONDENCIA. 71 

odio implacable en todas sus colonias. Cuba, pues, agradece en 
sumo grado la solicitud y las inequívocas muestras de simpa- 
tía y adhesión que la invicta Venezuela le prodiga. Yo en mi 
particular también tributo á V. la más pura gratitud por la 
expresión de los sentimientos de afecto y confraternidad á mi 
persona, que retorno á V. en el más alto grado de simpatía; 
pues aunque tampoco tenía el honor de conocerlo, hoy, por sus 
ideas nobles y generosas en bien de nuestra querida patria, me 
son familiares ya su nombre y su persona. 

Me complace mucho saber que entre V. y el General Manuel de 
Quesada reina esa buena inteligencia, porque ella proporcionará 
á Cuba los eminentes servicios que Y. le prodiga, y por su 
mediación é influencia, el Gobierno deesa República hermana. 

Acepto complacido esta oportunidad para ofrecer á V. mi 
sincera amistad y la mayor consideración y respeto con que se 
repite su atento s. s. q. b. s. m. 



Conciudadanos : 

Por tercera vez en el trascurso de este año os dirijo mi voz, 
para exponeros el estado de la Revolución y el resultado de las 
operaciones militares en el primer semestre que acaba de ven- 
cer. 

A pesar de los considerables refuerzos recibidos por el ene- 
migo al abrirse la campaña de invierno, y del compromiso so- 
lemne de su General en Jefe de terminar la guerra para la 
entrada de la primavera, cursó la campaña y llegó á su término, 
con notables ventajas para el Ejército Libertador, que sigue 
imperando en el territorio de tres de los cuatro Estados de la 
República. 

Hánse arrebatado al enemigo en crecidísimo número armas 
de todas clases, convoyes de municiones de boca y guerra, ca- 
balgaduras, é importantes posiciones. Su ejército ha sufrido 
bajas á millares, y ha experimentado deserciones de conside- 
ración, que han venido á engrosar las filas del Libertador. — 
Y consiguientemente á las victorias alcanzadas por nuestros 
heroicos soldados, se ha visto forzado el enemigo á levantar 
varios campamentos, abandonando así otras tantas posiciones 
estratégicas que ocupaba permanentemente. Los nuevos laureles 
conquistados en esa campaña son nuncio seguro de los que es- 
peran á nuestras armas en la entrante de verano. 



72 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

En cambio, las parlidas españolas siguen hostilizando á las 
, mujeres* niñc% y ciudadanos, y alcanzan sobre esa población 
pacífica é indefensa fáciles victorias en que dan rienda suelta, 
como hordas de foragidos, á su desenfrenado apetito de devas- 
tación, pillaje y malanza, con el cortejo de horrores que la 
pluma se resiste á describir. No parece sino que el enemigo, 
lleno de. desmoralización y desconcierto en sus operaciones mili- 
tares contra el Ejército Libertador, cifra el lustre y honor de sus 
armas en sus infames hazañas. 

Al Analizar el semestre se han recibido poderosos auxilios 
del exterior con la introducción de dos expediciones armadas al 
mando del Coronel Codina y Brigadier Quesada. Con el nu- 
meroso armamento, todo de precisión, abundante parque, ves- 
tuarios, cabalgaduras, etc., introducidos felizmente y en su tota- 
lidad llegados -á poder de nuestro ejército, queda éste pertre- 
chado para el resto del año. 

Resulta una vez más desvirtuado y reducido á la nada en sus 
efectos el bloqueo de la Isla, á que tanta importancia pretende 
concederla prensa asalariada de los españoles, con el desem- 
barco de estas dos expediciones, que, como todas las anteriores, 
no han sido perseguidas ni hostilizadas por fuerzas navales 
enemigas. 

Mas nada dá una idea más precisa y concluyente del estado 
de la Revolución y de la impotencia del ejército español, que 'la 
marcha de la Expedición Venezolana de Vanguardia, á las 
órdenes del Brigadier Quesada, desde el extremo Oriental de la 
Isla hasta el centro, en una extensión de más de ochenta leguas, 
sin que el enemigo se atreviera á impedir su paso, atravesando 
así las Jurisdicciones de Cuba, Holguín, las Tunas y Bayamo. 
Fué ya á la entrada del Distrito de Gamagüey donde libró la 
gloriosa acción de la Sabana del Ciego, el 9 del corriente, la 
legión, expedicionaria contra cuádruples fuerzas, que con las 
numerosas bajas experimentadas quedaron rudamente escar- 
mentadas. 

Nuestros hermanos no descansan en el exterior para alle- 
garnos recursos de guerra. Varias expediciones, preparadas ya 
en diversos puntos del extranjero, no tardarán en arribará 
nuestras playas. Las repúblicas de la. América del Sur, en 
consonancia con -sus gloriosas tradiciones, ofrecen -su contin- 
gente para la cruzada emancipadora de su hermana menor de 
las Antillas. Colombia y Venezuela,, como apercibiéndose á 
estrechar y batir á su antigua dominadora en este su último 



CORRESPONDENCIA. 78 

baluarte en el Nuevo Mundo, han ofrendado ya la sangre de sus 
heroicos hijos á la causa de la Libertad Americana, que se de- 
bate hoy en los campos de nuestra Patria. El pronto regreso 
del General Manuel de Quesada, al frente de una poderosísima 
expedición, y el de otros Generales, comisionados al efecto en 
el extranjero, también con cuanliosos elementos de guerra, 
auguran el breve término de ésta, y la consolidación definitiva 
de nuestra libertad del infame yugo español. 

¡ Conciudadanos ! Con vuestra abnegación, vuestra fe y perse- 
verancia y vuestro heroísmo habéis contrarestado diariamente, 
y amenudo vencido, casi sin recursos, á un enemigo provisto 
ampliamente de toda clase de elementos materiales, c impul- 
sado por la ferocidad más desatentada que la historia registra 
en sus anales. Con las armas y pertrechos de que ya dispo- 
néis y con los que pronto os llegarán del exlranjero, sois inven- 
cibles ! 

¡ Camngüeyanos ! Habéis sido particular objeto de la malignidad 
del Conde de Valmaseda. Con repugnante cinismo y total des- 
precio de las más sencillas nociones de dignidad y honor, el 
representante en Cuba de la España que se dice regenerada, os 
abre sus brazos, tintos aún en la sangre de los seres más que- 
ridos á vuestro corazón, para salpicaros con ella al estrecharos 
en asqueroso abrazo, sello no de reconciliación, imposible de 
hoy más entre el verdugo y la víctima, sino de degradación y 
vilipendio. 

No ya la simple traición á vuestra Patria, delito por sí exe- 
crable, más aún, la delación y el asesinato de vuestros hermanos 
os aconseja como medios de mostrar vuestra adhesión á la causa 
de España en Cuba. ¡Con tan infanda cadena de crímenes intenta 
ataros de nuevo al poste de la tiranía! ¡ Menguada bandera la de 
Castilla, que cobija sólo como dignos de su sombra maléfica á 
los que á ella acuden por la senda del crimen ! ¡Triste hónrala 
de la España moderna ! 

Allí tenéis, camagüeyanos, el aprecio que Valmaseda hace de 
vuestras virtudes. Os considera como los seres más abyectos de 
la tierra. ¿ Vuestra altivez sufrirá tamaño insulto "? 

Yo, que he podido apreciar vuestra abnegación y patriotismo 
en el trascurso de nuestra gloriosa Revolución, á la que tanto 
habéis contribuido ; que soy oriundo de vuestra comarca ; que 
me he enlazado con una de vuestras hijas, modelo de todas las 
virtudes y de notoria exaltación patriótica ; que os amo tanto 
cuanto implacablemente os odia el Conde de Valmaseda, de sobra 



74 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES, 

sé que todas las arterías de nuestro pérfido y desesperado ene- 
migo se han de estrellar en vuestra perseverancia y fe en el 
triunfo indeclinable de la libertad contra la tiranía. 
P. y L. — Residencia del Ejecutivo, Julio 15 de 1871. 



í-'."- 



N.° 467. — Los Charcos, Julio, 16 de 1871. — A la Sociedad 
de Artesanos Cubanos. — Nueva York. 

Conciudadanos : He visto con interés las dos copias de las 
protestas que esa Asociación extendió en Septiembre 6 y en 3 de 
Octubre del año ppdo., manifestando en una la desaprobación 
que le merecía la remoción del Presidente actual de la República 
de Cuba, de ser ciertos los pormenores que hasta esa Corpora- 
ción llegaron sobre el particular en aquella fecha, y expresando 
en la otra el desagrado que le producía la conducta observada 
por la Junta Central Republicana de Cuba y Puerto Rico resi- 
dente en New York en aquel último mes, cuando próximo á 
partir para Cuba el General Manuel de Quesada, lo puso en sü 
, conocimiento para que aprovechando su buena disposición 
enviara los recursos que tuviera á bien, y la Junta, por acuerdo 
sobre el particular el mismo día de la invitación, interpretando 
mal las palabras del General Quesada (1), determinó no remitir 
ningunos con dicho Sr., reservando verificarlo por expedición 
separada. Doy, pues, gracias á la citada Sociedad de Artesanos 
Cubanos por la adhesión que manifiesta á mi persona, la que 
acepto porque tiene por base la que profesa esa asociación á la 
libertad y felicidad de Cuba, únicos móviles que me hacen sopor- 
table la pesada carga de tan honorífico puesto superior á mis 
fuerzas; pero no puedo menos que recomendar á la Sociedad 
expresada, como lo he hecho y lo hago siempre á todos los cuba- 
nos, colectiva é individualmente considerados, que procure esta- 
blecer y conservar la más perfecta armonía y la más cordial 
unión con la Junta Central y con cuantos individuos se inte- 
resen por el bien de la Revolución, único medio de llegar á 
conseguir la libertad é independencia de este país por tantos 
años subyugado á la tiranía del Gobierno español. La unión es la 
fuerza, y sin ésta no podríamos triuufar de nuestros opresores, 
por más débiles que se les suponga. 



(1) « Nada quiero para mí; todo para la Patria, que gran falta há de 
auxilio. » — N. del A. 



CORRESPONDENCIA. 753 

Aprovecho esta oportunidad para ofrecer á esa patriótica aso- 
ciación una muestra de mi más distinguida consideración. 



N.° 468. — Los Charcos, Julio 16 de 18TI. — C. Carlos del 
Castillo. — Nueva York. — Distinguido conciudadano : Su cua- 
druplicada de 17 de Septiembre de 1869, que he recibido de ma- 
nos del C. Rafael de Quesada, ya había tenido el gusto de con- 
testarla en Marzo del año ppdo., cuando marchó para esa el 
joven Gaspar Agüero, apresado en la mar por los enemigos, y 
consiguientemente sorprendida la correspondencia de que era 
portador. En mi respuesta correspondía debida y oportunamente 
á sus buenos deseos y á sus luminosas observaciones, acogiendo 
con agrado en su mayor parte sus experimentadas indicaciones. 
Más tarde le dirigí otras relativas á los mismos particulares de 
que se ocupa en la suya, estimando en todas en cuanto vale su 
acendrado y acreditado patriotismo, comprobado satisfactoria- 
mente en cuantas ocasiones ha exigido Cuba sacrificios á sus 
invictos hijos. La inoportunidad con que he recibido este otro 
traslado de la suya y las respuestas dadas anteriormente, me 
privan ahora del gusto de conlraerme á todos los particulares 
que abraza, y apenas me ofrece la ocasión, que jamás desper- 
dicio, por lo que importa á los intereses de la Patria, para reco- 
mendar á V., como lo hago á todos los cubanos, que procure 
interponer su eficaz valimiento en restablecer y conservar la 
más perfecta armonía entre nuestros conciudadanos, verdaderos 
defensores de la libertad y felicidad de Cuba, porque sin unión 
no se puede triunfar de nuestros enemigos, y es preciso que la 
Revolución triunfe para alcanzar la independencia del país que 
por tantos años ha sufrido resignado el peso de la tiranía espa- 
ñola; y que pasaría muchos más envilecida y degradada, si por 
esas divisiones y parcialidades fracasara aquella, suposición que 
creo irrealizable mientras respire uno tan sólo de los valientes 
y heroicos patriotas que aquí derraman su sangre en los cam- 
pos de batalla, y que en el extranjero sacrifican los últimos res- 
tos de sus arruinados haberes y que infatigables trabajan ince- 
santemente en pro de aquel propósito. Sin embargo, la desunión 
prolonga la lucha, acaba de asolar el país y aumenta la cifra de 
las victimas inmoladas por los sicarios de la nación española. 
Unión, conciudadano Castillo, unión y armonía de todos los cu- 
banos es á lo que V., como hombre de simpatías é influencia, debe 
propender, y pronto, muy pronto habremos concluido nueslra 
empresa. 



:-^"-r^r- ; ':; 



7G GARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

Acaban de llegarnos dos expediciones. ........ 

Vinieron tan oportunamente, cuanto que hacía más 

de un año que no contábamos con más elementos de guerra que 
los escasos que producían nuestros perseguidos talleres, faltán- 
donos materias primas para fulminantes, lo que nos impedía el 
uso de la mayor parte de las armas. No por eso se notaba des- 
aliento en nuestras filas : descalzos y desnudos, y á la intemperie, 
nuestros hermanos, sin otra retribución que la que la Patria en su 
día pueda ofrecerles, jamás murmuraron ni profirieron una queja, 
ni se entibio en sus almas el fuego sagrado del patriotismo : no 
hay ejército en el mundo entero más sufrido, ni más entusiasma 
que el de Cuba; lo digo con orgullo. Dios premiará tantas vir- 
tudes. 

Desea á V. salud y prosperidad, y se repite con la mayor 
consideración su afmo. amigo y s. s. 



N.° 470. — Los Charcos, Julio 16 de 1871. — C. Manuel Co- 
dina. — Querido amigo : Tengo á la vista sus favorecidas de 
29 de Mayo y otra sin fecha de que le acuso recibo, así como de 
las copias de actas, factura y demás correspondencia, y por ellas 
quedo enterado de cuanto y con cuánta aclividad é interés ha 
trabajado en beneficio de nuestra Revolución, y de la importancia 
de la expedición desembarcada feliz y oportunamente; esperando 
de su patriotismo que no desmayará en procurar á Cuba los ele- 
mentos de guerra que tanto necesita. 

Respecto á la recomendación que me hace acerca de la con- 
veniencia que resultaría á nuestros hermanos de Pto. Rico y á 
nuestra propia Revolución, del nombramiento de Comisionados 
especiales, hijos de allí, para que promuevan lo conducente al 
levantamiento fructuoso de aquella isla, aunque este Gobierno 
se ha ocupado otras veces del asunto en medio de las multipli- 
cadas atenciones que lo abruman, ofrecería mejor resultado 
encargándose del particular los agentes de este Gobierno en el 
exterior, por el conocimiento personal que ellos tengan de los 
individuos más aptos é idóneos para el desempeño de sus ele- 
vadas funciones. Yo, sin embargo, agradezco á nombre de Cuba 
las manifestaciones de interés y simpatías del C. José B. Pasa- 
diz, y puede V. participarle que el mismo sentimiento me 
anima respecto de su país, no omitiendo en su caso nada de 
cuanto pueda contribuir á su emancipación é independencia. 



CORRESPONDENCIA. 77 

Siento que el despacho de una dilatada correspondencia no me 
permita ser más extenso con V. 

Soy como siempre su decidido af'mo. amigo y h. ■ . 



N.° 473. — Los Charcos, Julio 16 de 1871. — C. Manuel Cal- 
var. — Estimado amigo y h.*. : Contesto sus favorecidas de 4 
del actual, que tengo á la vista. 

Me alegro mucho que las cosas marchen por allí bien, y que 
cada uno de los jefes que so le han incorporado trabajen en dis- 
tintos territorios en provecho de nuestra causa. Es menester, 
sin embargo, que aunque no sea más que para dejar bien puesto 
su honor, hagan algo de lo ofrecido, pues ya se murmura por 
acá que « no se efectuará nada » porque no se ocupan más que 
ii de comerciar » ; y si bien es verdad que yo no doy ascenso á 
esas propalaciones, no será de más que Y.V. procuren reducir 
en lo posible el comercio, y darle creces á la guerra, que es lo 
importante para nosotros. Conozco mucho su actividad y deli- 
cadeza, su patriotismo y entusiasmo, y sé de cuánto es capaz el 
hombre que posee tan recomendables dotes. 

En cuanto á lo que me refiere de Maestre, procure atraerlo al 
buen camino por los medios persuasivos y armoniosos, antes 
que poner en ejecucióu los coercitivos; pues él es dócil y pa- 
triota, por más que sus aspiraciones puedan extraviarlo un tanto 
de la senda que debe seguir todo el que ame á Cuba y desee su 
libertad é independencia. Procure V,, repito, conservar á toda 
costa la armonía, la unión entre los jefes y soldados, que estos 
obedezcan á aquellos y que todos trabajen de consuno á un 
mismo fin, sin dar lugar á que las divisiones y parcialidades 
entronicen la indisciplina y el desorden en daño directo de la 
Revolución. Dejo, sin embargo, nota para escribir á Maestre en 
términos convenientes sobre el asunto. 

■ Deseo que me informe el motivo por qué no ha sido colocado 
el Teniente Coronel Sierra, el colombiano, y por qué ha venido 
hasta aquí. Creo que ahora pertrechados harán V.V. sentir al 
enemigo todo el peso de su temerario empeño de no querer que 
reconquis'emos del todo nuestro primitivo territorio : es me- 



g?ilPíf'* r ' "-•. 7y " '■'-^•^■'•- -■" • -r^\*"- •. •■"'"•<:•£.;.-<;; .-i" 1 -' >"•'.'. - 



78 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

nester castigarlo "y ser hábiles políticos en persuadir y atraer 
á todos aquellos que por error, ó por miedo, se hallan separados 
de nosotros. Así lo espero del buen juicio de V.V. 
Soy como siempre su afimo. amigo y h.\ 



N.° 476. — Los Charcos, Julio 16 de 1871. — a Félix Govín. 
— Nueva York. — Conciudadano : Sus manifestaciones patrió- 
ticas, su decisión y entusiasmo por la justa causa que defen- 
demos, han llegado á mi conocimiento por órganos fidedignos, y 
no puedo menos que dejarme arrastrar de mis simpatías y 
adhesión a V. y ofrecerle mi mano de amigo sincero, anticipando 
mi satisfacción si la acepta y si de algún modo la utiliza. Soy 
amigo, soy hermano de V. como lo soy de todo hombre de 
alma generosa y elevada que participa del interés queme inspira 
la suerte actual y futura de mi patria, por cuya libertad é inde- 
pendencia sacrificaré toda mi vida, sin que haya ninguna cir- 
cunstancia, por difícil y aflictiva que sea, capaz de alterar esa 
inquebrantable voluntad, y este es el voto unánime que han pro- 
nunciado los cubanos leales que corren conmigo los mayores 
peligros en la bárbara guerra con que en vano resiste España 
nuestro intento. Sé, por informes fidedignos, que V. trabaja 
mucho y con buen éxito en ese sentido, como era esperable 
atendidas sus reconocidas dotes de ilustración y patriotismo, y 
confío en que cada vez más redoblará sus esfuerzos, porque 
esfuerzos reclama Cuba de sus buenos hijos para salir adelante 
en la ardua empresa en que está comprometida. Es menester no 
descansar un momento, dando preferencia hoy á la obra meri- 
, - toria de armonizar y unir á todos los cubanos, y dirigir su pen- 
*" '■' Sarniento á un solo fin, á libertar la Patria de la dominación 
española, á constituir esa misma Patria que jamás hemos tenido, 
-prescindiendo de todo aquello que no tenga ese objeto. En las 
actuales circunstancias, más que en cualesquiera otras, es de 
£• .suma importancia esa unión, porque fatalmente se están fomen- 
¿i .£*■ tando divisiones y parcialidades en el exterior entre ellos mismos, 
_-¿ que ofrecen un triste ejemplo y confirman á los extranjeros el 
r- mal concepto en que nos tenían, de desunidos, variables y vi- 
ciados en la educación española; y más que por esto, porque 
descuidando y posponiendo los intereses de la Patria á los par- 
ticulares y á las pasiones, hoy que aquellos corren peligróles 
dar ocasión á nuestros enemigos, si no á vencernos, porque es 



CORRESPONDENCIA. 79 

imposible, á aumentar por lo menos los males y quebrantos de 
que ya se resiente el país. Creo que V. oirá con agrado estas 
razones y contribuirá eficazmente al logro de mismas ardientes 
deseos. 

Aprovecho esta oportunidad para reiterar á V. que soy con 
la mayor consideración su atento amigo y ?. s. 



N.°480. — Los Charcos, Julio 17 de 1811. — C. General Manuel 
de Quesada. — Apreciable amigo y hermano : Ha llegado á esta 
felizmente nuestro hermano Rafael de Quesada con la expedición 
venezolana, sin pérdida del menor objeto de los que le fueron 
consignados por V., y me entregó sus favorecidas de 15, 1" 
y -25 de Mayo y l.° y 10 de Junio ppdo., de cuya contestación voy 
á ocuparme con el mayor gusto. 

Supongo que el extravío de sus cartas se deba á la pérdida de 
las expediciones y quizás también á la causa que Y. infiere. 

En ninguna circunstancia mejor que en la presente podía 
habernos auxiliado con esta remesa de armas y municiones, que 
aunque pequeña comparada con nuestras necesidades, sirve al 
menos para evitar algunos días que nuestros enemigos persigan 
y asesinen á nuestros soldados y familias indefensos impunemente, 
pues carecíamos casi en absoluto de parque : nos estábamos 
sosteniendo hace más de un año con el que nuestro taller pro- 
porcionaba en corla cantidad por falta de materias primas, pues 
ese tiempo hacía que del exterior no nos llegaba nada. Así por 
esto, como porque se anuncia la próxima venida de V., nosotros 
y el país en general ha recibido con júbilo y muestras inequí- 
vocas de satisfacción á Rafael, produciendo nuevas esperanzas 
y alentando vigorosamente el espíritu patriótico de nuestros 
valientes soldados; pero loque importa, lo que es indispensable, 
lo que Cuba exige con razón y con provecho, es la venida de Y., 
su presencia en el país, en el más breve término posible, aunque 
para ello fuese preciso reducir esa formidable expedición que 
con más tiempo disponible pudiera conducir. Como amigo, como 
hermano y como compatriota, le aconsejo que lo realice sin tar- 
danza : sus amigos y sus enemigos, estos sobre todo, impotentes 
ya por las mismas circunstancias que atravesamos y por la con- 
vicción de la falta en el teatro de la guerra, más de una vez 
han deseado su arribo á estas playas como al hombre que 
puede mejorar y salvar la situación. A V. mismo interesa, á su 



*jS0i : -Sí' T /r-^j ¿ARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

- •. r ;.^ •HsE^. .,. V".^ "" ' : " -' • "■" 

.";;.., ;-~? conquistada reputación, que algo ha sufrido, volver á subsa- 

,'; ¡¿ '■■ narla en -términos satisfactorios para el hombre- honrado y para 
v;¿¿?' el patriota" de corazón desinteresado: rendir una cuenta general 

j£¿ - de los. fondos que hayan entrado en su poder ; ponerse al. frente 

í.*-" ' de nuestras filas y desmentir contales pruebas la ligereza délos 

unos y la maledicencia de los otros. Yo, en mi particular, en 
%0 X nada tendría que modificar mi juicio, porque jamás he podido 

V'*_>.. . . dudar de su sinceridad y buenas intenciones; pero me. intereso 
*% tanto en esa resolución de V., cuanto que participo y hago 
^>.i. %-rmia la*satisfacción que ella le producirá. 

Quedo penetrado de lo que V. me dice respecto- á grados mi- 
litares de los jefes afiliados ala legión expedicionaria, y proce- 
la' deré en el círculo de mis facultades con el buen deseo y justicia 
¡I •:-■•■' que siempre preside á mis acciones. También recibirán según 
■Á JT sus* méritos las recompensas análogas de nuestra República que 
"v - los deje, satisfechos y estimule á los que quieran prestar sus ser- 
¿ r vicios, sieúdo más conveniente hoy al país que concurran más 
:/ . -soldados que oficiales. 

Sus haberes no podrán liquidarse periódicamente como era de 
desearse, sino en su época, pues las circunstancias no nos per- 
miten obrar de otra manera. Rafael se ha ocupado de recoger 
cartas" de ellos como V. recomienda y yo estimo provechoso. 
Apruebo la medida de V., de hacer á algunas familias de los 
mismos pequeños anticipos, y no mayores para no distraer 
■>■ fondos que exige la compra de armas y pertrechos. Los venezo- 
¥>— r lanos pueden dar buenos resultados como V. augura, pero se 
"".'•'advertirán cuando aumente su número, de manera que puedan 
formar unidos un cuerpo : ahora no, porque se distribuyen y 
colocan en diversos territorios confundidos entre la mayoría de 
r - ■_ -los nuestros. 

■ En cuanto á los trabajos de V. en el exterior, estoy comple- 
tamente satisfecho de sus esfuerzos, de que tampoco podía du- 
.',■-':■ dar, y creo q;ue hubieran sido más fecundos en resultados á no 

" haberse fatalmente fomentado ese antagonismo entre V. y los 
¡Igg •.;.. miembros de la Junta, refluyendo directamente jen perjuicio de 

: -$L%' • ■ ''-Gubá-^v respecto á las cantidades recibidas por V, t eso. será 
-c^.. '<- • ^oportuno tratarlo al rendir sus cuentas generales á este Gobierno.' 
¿¿. J^* * '■- i-Mucho me complace saber la buena acogida que ha tenido en 
t'oáás'-partes y particularmente en esa República hermana de ; 
Venezuela, de quien recibe muestras inequívocas "dé"* ardiente 
£■- ' simpatía por Cuba, y ojalá que en breve realice. 3á? 'esperanza 

l~^ de afianzar, definitivamente la paz apetecible, y qrie, por' el Press£>. 






CORRESPONDENCIA. 81 

dente, General Guzmán Blanco, confirmado en su elevado puesto, 
consiga, como V. se propone, el reconocimiento de Cuba como 
nación beligerante é independiente : es tiempo ya de que suceda 
de" derecho. 

Esa autorización amplia que V. pide para trabajar en su 
propósito con más eficacia en el exterior, no puede extenderse 
en estas circunstancias, porque á parte de que pasan á los Esta-, 
dos Unidos de América nuestro Vicepresidente General Fran- 
cisco V. Aguilera y el Secretario del Exterior Ramón Céspedes, 
á comisiones importantes do este Gobierno y no es con- 
veniente multiplicar empleados porque pudieran embarazarse 
en sus funciones , la venida necesaria y próxima de V. hace 
inútil por ahora la concesión de esas facultades, de que de hecho 
no carece para hacer mucho en esa, enterado como estoy de 
todo cuanto vale V. para el Gobierno y el pueblo (1). Ese apla- 
zamiento de su deseo me hace insistir en la manifestación de 
que verifique su viaje para ésta lo más pronto posible : su pre- 
sencia levantará el país, restablecerá sus simpatías, disipará 
toda duda á sus émulos acerca de sus intenciones y de su proce- 
dimiento durante su larga separación, y será, en una palabra, 
muy satisfactorio para V. recibir las más expresivas muestras 
de adhesión y afecto, dejando una vez más acrisolado ese amor á 
Cuba, ese ingenuo patriotismo de que en mi concepto ha dado y 
actualmente da pruebas irrefragables. Contrayéndome al em- 
préstito de algunos millones de pesos que pudiera contratar con 
aquella autorización, tampoco podría comprenderlo en sus atri- 
buciones, porque existe una Ley de la Cámara de Represen- 
tantes que determina la persona ó personas á quienes única- 
mente se confiere esa facultad, ley por encima de la cual yo no 
podría pasar. Usted merece mi confianza y siempre la ha merecido 
para todo; pero yo no puedo extralimitar mis facultades. 

Veo con satisfacción que el horizonte político de Europa y 
América nos es favorable y puede reportarnos muchos bienes, y 
en cuanto á lo interior de nuestro país, lo es también, aunque 
con algunos conflictos en el exterior que espero desaparecerán 
y que nuestros representantes no desperdiciarán las ocasiones 
que se les presenten. Nuestro propósito invariable, sean cuales 



(1) El general Quesada entregó lo's poderes de que estaba investido 
á los C. C. Aguilera y' Céspedes, ofreciéndoles al mismo tiempo sus 
servicios, que no fueron utilizados por razones que se expondrán en otro 
libro. — N. del A. 

ü 






jgü§£. ?2 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. •',- 

4. fueren las circunstancias, es no aceptar de España más capitu- 

, > lación que la absoluta Independencia de Cuba, así como de cual 

*v quiera otra nación que medie y se interese por Cuba : morir 

" : ...^ ■ ¿-* todos, ó ser independientes, sin. alterar esta resolución ninguna 

&T V *■■' consideración humana. 

|; ;..... 

Aprovecharé las máquinas infernales que V. nos remitió con 
fe- Rafael, del mejor modo posible. 

£ )» ; v ' 

¿f- V. Su amigo y hermano, etc., etc. 

f: "\ -- Ñ.° 482. — San Nicolás, Julio 21 de 1871. — C. Teniente Co- 

ronel Ángel Maestre. — Manzanillo. — Estimado amigo: Mucho 
Ir - * " tiempo hace que no he recibido carta de V., lo que siento doble- 

^¿'^ v mente, tanto por no saber de V. cuanto porque veo que no se 

ha realizado el plan que había V. concebido. 
Ha llegado á mi conocimiento que las fuerzas á mando de V. 
- - celebran reuniones que por lo menos son peligrosas: en ellas 
. ; t .'~?, se inculca á los soldados la mala doctrina de que los jefes deben 

'¿rZj:' . v~ •'■-\'y- ser nombrados por ellos mismos, con otras especies de la misma 
agí '£ v- índole. Esto, que no sólo es contrario á nuestras leyes sino á la 

|p£?; . .5 ordenanza de todos los países del mundo y al espíritu de disci- 
.- , plína en general, indispensable para la existencia de un ejército. 

regularizado, puede ser ocasión de graves daños, si no se ataja 
en su principio. A V. toca cortar el mal en su raíz, antes de 
que el Gobierno se vea en la precisión de acudir al remedio con 
•&*,; V -"•.. -energía. Espero, por tanto, que no se repetirá en lo sucesivo 
|L" ■ • ^ semejante abuso. ;' 
- * '"; Por'jicá:; : se ha' perseguido á un soldado como malhechor, el 

W.. Ua * • cual.há* aparecido ser asistente ó ayudante de V. por el docu- 
Í'" : »- s> C mento^úfe importaba. Debe V. ser muy cauto y vigilante en la 

I ^ elección de las personas que lo rodeen, recordando lo que ya le 

ha pasado por: andar con algún descuido en la materia. Sus 
enemigos dé V. pueden utilizar esa circunstancia para despres- 
tigiarlo; VY, para el 'sostenimiento de su buen nombre, tiene 
Jú>. _ que precaverse contra ellos no ofreciéndoles medios de ataque. 



Soy de V. como siempre^afmo. amigo y s: s. 



>.v 



f^f-i-t.',--** . 



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CORRESPONDENCIA. 83 

N.° 483. — San Nicolás, Julio 27 de 1871. — C. Francisco 
Sánchez Betancourt. — Estimado amií*o 



Como podrá V. ver en el número de EL Cubano Libre y en la 
proclama del general Manuel de Quesada que incluyo, nuestra 
situación mejora visiblemente. 

Desde las Tunas hasta el extremo Oriental, la Revolución está 
muy pujante. Bástele á V. como dato para juzgar de la preca- 
ria situación del enemigo en toda esa extensión de la isla, lo 
antes dicho respecto de la marcha de la Expedición Venezolana 
de Vanguardia, que atravesó la Sierra Maestra y los distritos 
de Cuba, Holguín, las Tunas y Bayamo, sin disparar un tiro 
desde el 21 del ppdo. hasta el 9 de éste, en que causó numerosí- 
simas bajas á los españoles en el punto ya indicado. No bajarán 
aquellas de 200, resultado de un fuego de más de tres horas 
entre 800 que eran ellos y menos de 200 que eran los nuestros. 
Después de esa acción se retiraron los españoles de Santa Ana 
de Lleó y de Benocal, replegándose á Guáimaro, abandonando 
las operaciones que habían emprendido por esa zona. 

En el exterior, después de las expediciones fracasadas, se 
está recuperando el tiempo perdido con la organización de 
otras nuevas. El General Manuel de Quesada tiene ya reunidos 
elementos de grandísima consideración, y dentro de muy poco 
ha de regresar al frente de la expedición más fuerte y poderosa 
que se haya armado para Cuba. El General Julio Peralta, el 
Coronel Agüero y el G. Izaguirre lo tenían también todo prepa- 
do según las últimas noticias, para venir en seguida con sus 
respectivos recursos. 

En Colombia y Venezuela tenemos dos poderosos auxiliares, 
con los cuales podemos contar ampliamente. Discútese ahora 
en la Cámara de la primera un proyecto de Ley para intimar á 
España la cesión de la Isla á los cubanos, é invitar á las demás 
repúblicas Sud-Americanas á una alianza con el fin de garan- 
tizar á España el valor de la indemnización que se pacte con la 
República de Cuba por la indicada cesión. En Venezuela, el Ge- 
n eral Quesada tiene abiertos todos los puertos de aquella dila- 
tadísima costa, y dispone de las simpatías y decidido apoyo del 
Gobierno y del pueblo para sus trabajos en favor de Cuba, que 
han principiado ya á dar sus frutos. De manera que no estamos 
limitados á trabajar dentro del territorio de los Estados Unidos 






84 * CARLOS MANUEL DÉ CÉSPEDES. 

del Norte, como antes, sino que contamos con esas dos nuevas 
bases de operaciones en el exterior. 

De España se sabe que es tal la impopularidad de Amadeo, 
que tiene en contra á la aristocracia, al clero, á las masas popu- 
lares y á una parte del Ejército adicta á Isabel y su hijo, y otra 
que lo es á Montpensier. El partido carlista y el republicano, 
coaligados, hacían preparativos en gran escala para un levanta- 
miento próximo, y ya en Alicante y otros puntos se habían al- 
zado algunas partidas armadas en los campos. Quizás esto haya 
dado margen, además de las numerosísimas bajas experimenta- 
das por el ejército español, y. de lo largo de la campaña, á la 
orden de que no se hagan más reclutamientos ni alistamientos 
para Ultramar. : 

Tengo el gusto de suscribirme ,de V. con la mayor conside- 
ración su afmo. amigo y s. s. 



Las Tunas, Agosto 5 de 1871. Sra. Ana Quesada de Céspedes. 
— N. Y. — Mi muy querida esposa : 

Después que me despedí de Rafael (1), volví al Distrito de 
Camagüey con miras de recojer cabalgaduras para regresar de 
nuevo á las Tunas, donde convenía fijar mi residencia por algu- 
nos días; pero apenas párannos en Biaya y empezamos á hacer 
la .remonta, se presentaron los españoles y quitaron el ganado 
á los pocos hombres que lo estaban reuniendo, retirándose en 
seguida. De la exploración resultó que los enemigos sabían 
que estábamos en Biaya, y considerando yo que habían de 
volver con mayores fuerzas, determiné salir otra vez del Ca- 
magüey, aunque sin conseguir mi objeto, para desorientarlos 
y burlarme de ellos, como hasta ahora .he hecho con extraordi- 
naria fortuna. Efectivamente, á los dos días atacaron en gran 
número, esparciéndose por aquellas inmediaciones, y por poco 
cojen á los Milanés, que habían ido á ver su familia. Esta no tuvo 
más remedio que presentarse. En cuanto á mí, practiqué per- 
fectamente mi operación y hoy me hallo tranquilo en la finca 
donde el año ppdo. estuve contigo por este mismo tiempo, si 
-bien no en la casa, porque ésta no existe ya. No obstante, den- 



. (1) El. brigadier Rafael de Quesada, hoy General de División de los 
Ejércitos de Venezuela. — N. del A. 



CORRESPONDENCIA. 85 

tro' de pocos días me trasladaré á otra, donde estaré cuando 
salga esta carta para su destino. 

En días pasados supe que algunos individuos trataban secre- 
tamente de reunir la Cámara ; pero que no tenían papel para hacer 
la convocatoria. Inmediatamente se lo facilité del que yo poseía, y 
se ha hecho la citación; mas todavía no se ha reunido y aun 
algunos me han dicho que ellos no concurren, porque es una 
ridiculez en las actuales circunstancias, una fuente de entorpeci- 
mientos pcrjudicialísimos, y que mejor estaban en el ejército. 
Para la reunión tomaron por pretexto que habiendo marchado 
Aguilera para el extranjero, si yo faltaba, no había quién ocu- 
pase mi puesto. Otros más candidos consideraban que lo hacían 
porque estaban abochornados de que se les echase en cara su 
ociosidad y el gravamen que causan á la República. Mas yo 
siempre malicié que el plan era obra de Morales y que entra- 
ñaba alguna travesura : no tardó mucho en realizarse mi sos- 
pecha, pues un Representante me refirió que él mismo se lo 
había confesado, y que el principal objeto era la llegada de Que- 
sada (que es la pesadilla de ciertos entes), ahora que por el 
receso de la Cámara estoy revestido de facultades algo más latas, 
y esos (esos nada más), temen que yo le dé mando ó comisión 
que le ponga en situación de vengarse de ellos, miedo que no 
se les quita, no obstante que muchos les han asegurado que 
Quesada no es hombre que se ocupa de esas pequeneces. Yo 
soy uno de los que lo creen, y que satisfecho de su conciencia, 
como yo lo estoy de la mía, no se ocupará más que de la salva- 
ción de la Patria, y no vacilará que la luz pública refleje sobre 
sus acciones, sentimientos que son los únicos que dominan 
igualmente en mi corazón. 

Por los expedicionarios cubanos del Virginias, he sabido que 
allí se ha publicado una resolución de la Cámara ele Represen- 
tantes, declarando á Aldama benemérito de la Patria, y lo que me 
ha sorprendido más, es una carta en que yo felicito á Aldama 
por esa resolución. Como aqui, es decir, entre los que me ro- 
dean, ninguno tenía noticias de ese negocio, empezamos á ave- 
riguar, y el único que ha dicho que es cierto es Zambrana (1) 



(1) El Sr. Zambrana, que fué miembro de la Cámara, luego pertene- 
ció á la Junta Central del Partido Autonomista, fue electo Diputado á 
Cortes, se le negó la entrada en el Congreso, y hoy reside en la Re- 
pública de Costa Rica. — N. del A. 



J s :--f*C ''■•'■-';.-> •-""• .:'- --"• ■.■"--. *•■•=*- 



86 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

que puso la lanza en ristre para defender el acuerdo; sin em- 
bargo, todavía está confuso el lugar y la fecha en que se cele- 
bró, y sobi*e todo lo relativo á : mi carta, que Fernandito (1) no 
recuerda haber escriloni yo haber firmado. 

Por aquí corrió la noticia de que Zenea había sido fusilado, 
y lo sentíamos cuando ignorábamos su traición. 

Considerando que cuanto verbalmente nos comunicó de 
parte de nuestros representantes y aun los consejos que nos dio 
deben estar impregnados del mismo vicio, vamos á revocarlo y 
á facultar á nuestros comisionados Céspedes y Aguilera para que 
tomen las medidas que juzguen más oportunas. *#. 

Parece que Serapio Recio escribió al Camagüey á su hija Can- 
dila, diciéndole que en los Estados Unidos no tenían recursos que 
mandarnos para proseguir la guerra. Esto coincidió con la oferta 
que le hizo un español de proporcionar el medio de embarcar á 
su hermano Lope Recio y aun al mismo Gobierno de la Repú- 
blica, para salvarlos, decía él, de una situación que le pintaba 
como desesperada. La candida señora lo creyó todo al pie de la 
letra, y con un pase español se echó al campo revolucionario 
buscando desalada á su hermano y al Gobierno Cubano, para 
revelarles la situación y hacerles las proposiciones de que era 
portadora. No pudo lograr su intento, porque en el camino 
encontró al verdugo español Tizón, y éste, que parece no tiene 
suficiente meollo para comprender las tendencias deesas farsas, 
forjadas en más alta esfera, la impidió seguir su viaje, sin hacer 
caso de la orden de sus jefes superiores, y se la llevó consigo. 
A mí me hizo favor, evitándome el compromiso de semejante 
entrevista y la adopción de alguna medida severa con la emi- 
saria; pero siempre produjo el mal efecto de que L. Recio con- 
vocara una junta de sus oficiales para exponerles la situación 
y explorar sus opiniones, que se le sujetara por eso aun consejo 
de guerra y que, aunque fué absuelto, algunos sigan mirándolo 
con desconfianza. 

Los españoles llevan su crueldad hasta este extremo : entran 



(1) El coronel Fernando Figueredo Socarras, ayudante de Céspedes 
desde el principio de la guerra, lo acompañó fielmente hasta la misma 
deposición. Protestó en Baraguá, y hoy reside en los Estados Unidos. 
— N. del A. 



CORRESPONDENCIA. 87 

en los ranchos á tiros, matan al que cogen, hacen fuego sobre 
los desarmados que huyen: si las heridas son leves, los acaban 
de matar; si son gráveselos abandonan diciéndoles que porque 
huyeron les dispararon. Es hasta donde puede llegar el abuso 
de la fuerza y lo que no puede concebirse en el siglo XIX, y á 
las puertas de los Estados Unidos, que se proclaman los protec- 
tores de la humanidad, de la libertad y de la civilización. Para 
acabar este párrafo, te contaré que ayer salió una columna del 
campamento de Vista Hermosa [Tunas], sorprendió á unos desar- 
mados y entre ellos mató á una mujer en su mismo lecho : la 
infeliz se llamaba Caridad Acosta. Con unos pocos tiros de una 
avanzada fué bastante para que se retiraran huyendo esos caní- 
bales. 

Yo estoy muy delgado : la barba casi blanca y el pelo no le 
va en zaga. Aunque no fuertes, padezco frecuentes dolores de 
cabeza. En cambio estoy libre de llagas y calentura. Todo no 
ha de ser rigor. 

La ropa se lava sin almidón; de consiguiente, no se plancha, 
no se hace más que estirarla para ponérsela. Todo es preciso 
pagarlo con oro, porque el papel moneda corre dificultosamente 
y las familias que todavía quedan, no quieren, como antes, ser- 
vir en nadadlos que están sirviendo la causa de la Revolución. 
Alegan que lo necesitan para vestirse y que la ropa está carí- 
sima. Esto es cierto, y tal vez tengan razón; por lo demás, son 
buenas patriotas, odian mortalmente á los españoles y están 
resueltas á sufrir con heroísmo sus penalidades. Nosotros no 
haremos menos, convencidos de nuestro triunfo, de que padece- 
mos por una causa noble y de que todas las guerras de inde- 
pendencia causan los mismos sufrimientos. 

Ya sabrás el fusilamiento de Federico Cavada y Eduardo Már- 
mol. Hace tiempo que no prestaban servicios. En mi particular 
lo siento porque eran cubanos. Pero ¿no es la sangre de éstos 
que ha de derramarse por la libertad de Cuba? Advierte, sin 
embargo, que casi ninguno de los que han asesinado los espa- 
ñoles, han perecido en la pelea. Unos estaban en sus ranchos, 
otros enfermos, algunos tratando de embarcarse y no pocos en- 
gañados, creyendo que los que veían eran cubanos. 

Agosto 8. — Pensamos volver al territorio de Gamagüey, para 
desmentir á los españoles, que sin duda propalarán que nos han 
obligado á abandonar ese Distrito. Mañaua estaremos allá y será 
completa la burla. Así querrá Dios que lleguemos al fin al triunfo 
de la buena causa y de la justicia. 



-£*•* 



88 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

-De Santiago de Cuba nos escriben que Valmaseda ha renun- 
ciado, porque los voluntarios no le permiten devolver á Moses 
Taylor los bienes de Aldama que aparecen vendidos á aquél, 
según orden del Gobierno de Madrid, y que éste no admite la 
renuncia, porque no tiene á quién nombrar. Allá sabréis lo que 
hay de-cierto en todo esto. 

En¿estos días me ha sucedido una rara coincidencia. El 3 del 
presente llegué á la finca Jesús María, á los tres años justos del 
día en que estuve en ella en unión de Isaías Masó. Veníamos á 
representar á Manzanillo en la junla que había de celebrarse 
entre los diputados de algunos pueblos de la Isla para confe- 
renciar acerca de nuestro levantamiento contra la tiranía jespa- 
ñola, y al siguiente día, el 4, nos reunimos todos en San Miguel, 
lo mismo que resultó este año en igual fecha. La primera finca 
fué incendiada por Valmaseda y está hoy desierta (desde ella 
te escribo ahora); la segunda está simplemente destechada, pero 
también solitaria. Antes eran prósperas y visitadas, pero antes 
éramos esclavos : hoy tenemos Patria. ¡ Somos libres! ¡ Somos 
hombres ! Cuba, que entonces temblaba al sólo nombre de España, 
ya se bate contra todo su poder, la desprecia y la vence. Yo, que 
llegué á esta finca como un simple particular y acompañado de 
un solo patriota, ambos servidos por esclavos, hoy, aunque sin 
pretenderlo, ni merecerlo, soy el Presidente de la República que 
tratábamos entonces de fundar, República que existe ahora y 
que en esa época estaba solamente en nuestros corazones. Me 
rodean cientos de patriotas libres de casi todos los pueblos de 
la Isla y aun de las repúblicas sud-americanas. Los que aquí 
se juntaron ocultos, recelosos, desarmados, hoy vienen públi- 
camente con la frente altiva, llenos de seguridad y confianza, y 
haciendo brillar al sol de la libertad sus armas escogidas. Todos 
los pechos estaban animados : todos consideraban la coinci- 
dencia de aquel aniversario como un feliz agüero. Yo partici- 
paba del común regocijo : mi frente no estaba nublada y pensa- 
tiva como en el de 3 Agosto de 1868, sino apacible y serena 
como el cielo después que ha descargado los rayos de sus tem- 
pestades. Allí referí á los circunstantes, ansiosos y admirados, 
las gráficas escenas de aquel día, que ya pertenece á la Historia, 
y les marqué las localidades que habíamos ocupado en el rancho 
de Selliguel, que todos saludamos con religioso respeto al des- 
pedirnos de aquel lugar sagrado. 

Te participo que he nombrado á Ignacio Mora Subsecretario 



CORRESPONDENCIA. 89 

de Relaciones Exteriores. No sé si te he dicho que á Anita se 
la llevaron los españoles. El cada vez está más entusiasta por 
tu hermano Manuel, y sobre eso le armo yo grandes bromas. 

Agosto 16. — Ya estamos en el Distrito del Camagüey, en una 
finca que te diré. No es dudoso que los españoles cacareen que 
nos han. obligado á abandonar aquel territorio; pero pueden ser 
fácilmente desmentidos. Estamos muy cerca de Vicente García, 
cuya familia tal vez irá al extranjero, y aprovecho este recuerdo 
para recomendártela. 

Dice Zambrana que yo debo desear su muerte, porque me 
ofrece que va á hacer mi biografía. Yo le contesté que, al con- 
trario, le deseaba muchos años de vida para que me hiciera jus- 
ticia ; porque el que no tiene detractores, no ha hecho nada 
bueno en el mundo. 

Moralitos va á publicar otro número de La Estrella Solitaria, 
y anda propagando que no fui yo el primero que me pronuncié, 
sino Luis Figueredo. ¡Pobrecito! 

Parece que los españoles (la transición no es forzada) tienen" 
orgías nocturnas en sus campamentos, porque todas las noches 
se oye música en ellos. Sin duda que recordando lo que se dijo 
antes, de que para dominar á los cubanos no se necesitaba más 
que una baraja y un violín, han acordado emplear ese medio de 
corromper y esclavizar á los desgraciados que tienen encerrados 
en esas ergástulas. 

Hoy creen haber oído cañonazos en el rumbo de las Tunas : 
es aniversario del ataque que le dio Manuel. ¿No te acuerdas 
que el año ppdo, se oyeron cañonazos en igual día, estando 
nosotros en el Naranjal ? 



N.° 486. — Residencia del Ejecutivo. — Las Tunas, Agosto 10 
de 1871. — Al Honorable Señor C. Sumner. — Señor: La Revolu- 
ción de Cuba, este levantamiento de una pequeña colonia europea 
en América contra su despótica y relativamente poderosa me- 
trópoli, no ha sido juzgada con exactitud y precisión por todos 
los que á ella han dedicado su ateución en esa República. Al- 
gunos publicistas y hombres de Estado no han apreciado su 
verdadero carácter y genuina significación, á causa sin duda de 
la falta de datos auténticos y de origen puro en que basar un 



.... -^ >- ?-£¿?y¿--*- 



90 CARLOS MA.NUEL DE CÉSPEDES. 

análisis concienzudo, que les pusiera de manifiesto la índole, 
condiciones y tendencias de esta prolongada lucha. 
-l3in más autorización que la que me brindan vuestros antece- 
dentes, tan estrechamente ligados con beneméritos y constantes 
trabajos en pro de la causa de la libertad, y sin más título per- 
sonal que'el de la especial aptitud en que me encuentro, merced 
á la elevada distinción que me han dispensado mis compatriotas, 
para conocer íntimamente la Revolución de Cuba, he juzgado 
que acaso no os parecerá indiferente ni ajeno á la naturaleza 
de vuestros trabajos y estudios el contenido de esta carta. 

Por otra parte, no sois extraño á dicho acontecimiento, como 
no podíais serlo, atendido ya vuestro carácter oficial, ya vuestra 
condición de americano y republicano. Las enérgicas y gene- 
rosas resoluciones, que en vuestra calidad de Presidente de la 
Comisión de Relaciones Exteriores del Senado de los Estados 
Unidos de América, propusisteis á la consideración de este 
Cuerpo, en una ocasión solemne, — y que es de lamentarse 
como un mal para la humanidad, que sean todavía letra muerta, 
— son no sólo el grito de dolor é indignación del pensador pro- 
fundo y del filántropo preocupado con los horrores de una 
guerra encarnizada, sino la aspiración noble, producto de ma- 
dura deliberación del hombre de Estado de la América y del 
republicano. 

La nueva República del mundo de Colón, la joven Cuba, no 
puede ni podrá echar en olvido que vos tuvisteis la inspiración 
enérgica de aconsejar desde la altura de vuestra posición, que 
se reclamara para ella, por vuestro Gobierno de la Metrópoli 
misma, un puesto entre las naciones libres de esta libre tierra 
de América, con el reconocimiento por España del derecho que 
nos asiste á los cubanos de gobernarnos á nosotros mismos. 

Esa nueva actitud que asumisteis respecto de la guerra que 
devasta nuestro suelo, por la ciega y desatentada oposición de 
aquella potencia europea á que ejerzamos dicha facultad con- 
sagrada por la Naturaleza, regocijó á todos los que en defensa 
de la libertad patria contra la tiranía española vienen expo- 
niendo, y á menudo sacrificando sus fortunas, bienestar y vidas 
y las de sus familias, por espacio de cerca de tres años en los 
campos de batalla, con abnegación y heroísmo inagotables. 
El que tan resuelta y generosamente ha defendido la indepen- 
dencia de Santo Domingo de las aspiraciones absorbentes de 
algunos hombres públicos de su propia patria, no estaba en su 
legítimo puesto, permitidme creerlo, sino al lado de los defen- 



CORRESPONDENCIA . 91 

sores de la independencia de Cuba contra el despotismo abru- 
mador de España en esta isla, mancha y vergüenza de la re- 
publicana América. 

Hay cuatro puntos en que interesa al honor de nuestra Repú- 
blica desvanecer hasta el más mínimo asomo de duda que pu- 
diera abrigarse sobre ellas. Y son : la existencia del estado de 
guerra entre Cuba y España, el sistema bárbaro de llevarla á 
cabo por el ejército español, la constitución política de la 
República de Cuba y su organización en los diversos ramos de 
la administración pública, y la abolición de la esclavitud por 
el Gobierno republicano. Me propongo tratarlos con la debida 
separación, contando con vuestra benevolencia. 



ESTADO DE GUERRA 

Este existe entre la colonia y su metrópoli desde el día 10 de 
Octubre de 1868 en que estalló la actual Revolución, después de 
cerca de cuatro siglos de despotismo colonial español — summum 
de la opresión humana, — y de numerosas y desgraciadas ten- 
tativas y conspiraciones en sentido separatista. Habíase col- 
mado la medida del sufrimiento de los cubanos, que considera- 
ron ya agotados los recursos legales y pacíficos para reclamar 
sus derechos, de que los despojaba el despotismo más fecundo 
en idear y establecer arbitrios de opresión que se conoce en la 
historia moderna. 

El trabajo, la conciencia, la palabra y la prensa, esclavizadas ; 
la tribuna, sin haber existido nunca ; los derechos de reunión y 
asociación y de portar armas, prohibidos como peligrosos ; la 
libertad de enseñanza, considerada como innovación abomi- 
nable; la de locomoción, sujeta á mil trabas y entorpecimientos; 
la seguridad individual, abandonada al capricho del más ínfimo 
funcionario de policía, sin previa investigación judicial; la in- 
violabilidad del domicilio y de la correspondencia epistolar, 
desconocida; la representación en Congreso, negada; la pro- 
piedad particular, á la merced de la Administración mediante una 
ley de expropiación forzosa, de elásticas proporciones por los 
innumerables casos de utilidad pública, y la imposición de one- 
rosos tributos sin absoluta intervención del pueblo, que era com- 
pelido á su pago por medios violentos, y á menudo inicuos ; el 
monopolio, como ley del comercio y de ciertas industrias ; la 
administración toda en manos de los españoles, únicos em- 



■■%? 



92 CÁELOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

pleadqs públicos, con excepción de contadísimos hijos del país; 
la inmoralidad y venalidad más desenfrenadas en todas las 
esferas de la Administración, principalmente en el ramo judicial 
y en'el de aduanas, fuentes de enriquecimiento de los míseros y 
sórdidas empleados españoles; los ayuntamientos, ridicula pa- 
rodia de representación popular , nombrados por el Capitán 
General con algunos asomos de elección por la comunidad, en la 
cual de los más ricos sólo cierto número ejercía el sufragio, y 
presididos por gobernadores militares, verdaderos tiranuelos, 
como autoridades absolutas además de los jueces délos distritos 
en que se dividía la Isla; consiguientemente, la autonomía del 
municipio hollada por una absurda y fuerte y torpe centraliza- 
ción ; las obras públicas y la instrucción popular en un ma- 
rasmo eterno, consumiendo una cantidad sobrado insignificante 
del inmenso presupuesto de gastos de la colonia ; el estado de 
sitio permanente sostenido por un ejército de más de 20,000 
hombres y una armada considerable ; el hogar doméstico, san- 
tuario respetado en todos los pueblos cultos, abierto á las mi- 
radas recelosas del asustadizo despotismo, que en un Decreto 
vigente [el Bando de Buen Gobierno] lleva su suspicacia hasta 
establecer la prohibición de dar reuniones ó bailes, aun los de 
familia en casas particulares, sin previo permiso de la policía, 
y la" hora de la noche en que se han de cerrar las puertas de 
todos los edificios, vedándose el tránsito por las calles hasta el 
amanecer; la voluntad, el capricho del Capitán General conver- 
tido en ley suprema ; la pena de muerte prodigada en la legis- 
lación; y por cima de este horrendo cuadro de atentados contra 
el Derecho y la Justicia, la Esclavitud y la trata africana con 
su espantoso reato de inmoralidad. Tal era Cuba, y tal sigue 
siendo en la paite dominada por los españoles, con ligeras va- 
riantes. ¡ Este es un anacronismo en el centro de la Amé- 
rica ! 

Sin duda la gran iniquidad de la esclavitud de los negros era 
y es el más firme apoyo de la esclavitud de los blancos. De allí el 
inquebrantable empeño de España de sostener esa robusta co- 
lumna de su despotismo. Ño hace aún mucho, en la legislatura 
de 1865 á 1866, el señor Don Luis M. Pastor, Senador de aquel 
Beino y Ministro que ha sido de la Corona, en una sesión del 
Senado, ocupándose de un proyecto de ley para la represión de 
la trata africana, hizo una declaratoria importante. Manifestó 
que cuando fué Ministro tuvo ocasión de enterarse por antece- 
dentes que obraban en la Secretaría á su cargo, de que España 



CORRESPONDENCIA. 93 

no sólo obedecía á miras económicas sosteniendo ilegal y fraudu- 
lentamente dicho comercio de carne humana, sino al plan polí- 
tico deliberado de contrapesar la superioridad en influencia y 
número de los hijos de Cuba sobre los españoles establecidos en 
el país, mediante la interposición y fomento de la raza africana, 
como elemento de seguridad para la dominación de la Metrópoli. 
Eso consta en un Diario de las sesiones del Senado español de 
la referida época. 

El citado 10 de Octubre de 1868, al frente de... (1) patriotas, di 
el grito de Independencia en miingenio Demajagua, situado en la 
Jurisdicción de Manzanillo, del Departemento Oriental. Desde 
entonces es indudable que existe el estado de guerra entre Cuba 
y España. Poco después del levantamiento, con fuerzas ya 
mayores, ataqué y tomé la plaza de Bayamo, rindiéndose en ella, 
mediante capitulación en forma, su gobernador junto con la 
guarnición. Esta capitulación, acto propio del estado de guerra, 
firmada por dicho jefe militar, el Coronel Udaeta, no ha podido 
ser puesta en duda ni desconocida por el Gobierno español. Pre- 
cisamente sirvió de base de un proceso á aquella autoridad, que 
fué sentenciada en Consejo de guerra á cadena perpetua por su 
cobardía en haberla celebrado. También cayeron en poder del 
Ejército Libertador las plazas de Jiguaní, Baire, El Cobre, 
Mayarí, Palma Soriano, Holguín, Aurafuerte y Yara, del Depar- 
tamento Oriental. 

El día 4 de Noviembre del mismo año, secundó el grito de 
Independencia el Departemento del Centro ; el 6 de Febrero 
de 1869 lo efectuáronlas jurisdicciones de Sancti Spíritus, Mo- 
rón, Remedios, Trinidad, Cienfuegos, Villaclara y Sagua, exten- 
diéndose asila lucha contra el poder de España desde la Juris- 
dicción de Colón hasta el cabo Maisí, ó sea en más de dos ter- 
cios de la total superficie de la Isla. Eso, sin que hayan dejado 
de sentirse movimientos revolucionarios en el resto del país, 
más inmediato á la capital. Dentro de aquellos límites permanece 
en la actualidad. 

Cerca de tres años cuenta la guerra, y en ese intermedio Es- 
paña ha enviado á la Isla como 60,000 soldados y ha aumentado 
sus fuerzas navales hasta llegar á tener en ocasiones 83 buques 
en las costas de Cuba operando el bloqueo, gracias en parte al 



(1) Borrado en el manuscrito, por el tiempo ó por otra causa. — 
N. del A. 



* 



94 Vy - CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

auxilio sacado de ese país con la construcción, armamento y 
equipo de 30 cañoneras de vapor. Tan considerables recursos 
allegados cgn grandísimos esfuerzos y sacrificios por España,- 
ponen de manifiesto por sí mismos el estado de guerra en la 
colonia. En efecto, ¿ cabe considerar como una simple perturba- 
ción de una parte de la población ó como una lucha de partidas 
sin verdadera organización militar, la que reclama de la Metrópoli 
hjka\ amontonamiento inusitado de fuerzas de todas armas, y el 
' "empleo de ellas en la parte citada de la Isla en forma de campa- 
mento y puestos fortificados, además de los refuerzos de las 
guarniciones ordinarias, limitadas á guardar las ploblaciones ? 
La importancia y gravedad de la lucha ¿no resalta al observar 
que después de 3 años aun subsiste viva y encarnizada, y. que 
España, además de la remisión de los numerosos cuerpos de ejér- 
cito de la Península, se ha visto precisada á organizar batallones 
de voluntarios en la Isla, que compondrán un total no menor de 
80,000 hombres, para poder hacer frente á la Revolución Cubana? 
¿Quóotrq estado sino el de guerra puede haber ocasionado al 
Ejército español en Cuba la enorme baja de 39,000 soldados y 
oficiales, de Octubre de 1868 á igual mes de 18*70, y al Tesoro de 
su nación un gasto de campaña de 250,000 pesos diarios, para 
subvenir á los cuales se ha apelado á arbitrios extraordinarios, 
creando un subsidio oficialmente titulado de guerra, impo- 
niendo á más diarias y gravosas exacciones á los contribuyentes 
al capricho de. los jefes militares, y contrayendo el Gobierno de 
la colonia con el Banco Español de la Habana, privilegiado es- 
tablecimiento agiotista sin seguros elementos de vida propia ni 
de sólido crédito, sucesivos empréstitos hasta por valor de más 
de 40,000,000 de pesos ? 

Las medidas de rigor adoptadas por las autoridades españolas 
con el ánimo de sofocar la Revolución, demuestran bien á las 
claras que ésta se halla arraigada en el país profundamente. En 
lugar de ser partidas errantes, sin significación política ni mili- 
tar, las fuerzas patriotas merecen de su propio enemigo la con- 
sideración de contendiente temible y poderoso, contra el cual 
debe seguirse una campaña activa y enérgica. Apelase á toda 
clase de medios de represión, aun los más extremos y desespe- 
rados, por más que toquen en bárbaros y hasta en salvajes. La 
confiscación de los bienes de los afiliados en el Ejército republi- 
cano y de los sospechosos de simpatizar con la Revolución, la re- 
cogida forzosa de caballos de las fincas rurales en todos los dis- 
tritos sublevados, para las atenciones del Ejército español, y la 



CORRESPONDENCIA. 95 

destrucción de los sobrantes, después de cubiertas éstas, son 
medidas ordenadas por el Capitán General Dulce en 1869. La re- 
concentración también forzosa de los habitantes de los campos 
en las poblaciones y el consiguiente abandono de las fincas; el 
arrasamiento de todas las siembras y plantíos para privar de 
alimentos á los patriotas, y captura y ejecución inmediata de 
todos los cubanos que se encuentren en los campos, no sólo 
armados, sino desarmados, constituyen disposiciones oficiales 
dictadas por los diversos jefes militares en sus respectivos distri- 
tos, y que han visto la luz en los periódicos locales. El llama- 
miento á las armas de todos los vecinos aptos para el servicio 
militar, dispuesto en la mayor parte de los distritos; el incendio 
de los pastos é ingenios ejecutado por las tropas españolas en 
sus marchas, completan el cuadro. Ese cúmulo de disposiciones 
violentas prueba la aseveración que dejo asentada sobre la im- 
portancia de un ejército que hay que combatir con tan extremas 
resoluciones. 

Esto por lo que toca á la calidad y significación de las fuerzas 
republicanas, á juzgar sólo por los medios defensivos que con- 
tra ellas emplea su enemigo ; su organización real y efectiva 
consta en las leyes de la República dictadas al efecto por la Cá- 
mara de Representantes. Estas son : la de Organización Militar 
de 22 de Julio de 1869, las Ordenanzas Militares de 10 de Marzo 
de 1870 y la Ley de Administración Militar de la propia fecha 
publicadas en EL Cubano Libre, periódico oficial de la República 
de Cuba. Por la primera están obligados á tomar las armas por 
ahora todos los ciudadanos de 18 á 50 años ;y este Ejército or- 
ganizado comprende los institutos siguientes : Infantería, Caba- 
llería, Artillería, Ingenieros, Estado Mayor, Inspección General, 
Administración, Sanidad y Policía. Los grados del Ejército son : 
Presidente de la República: Generalísimo nato de todas las 
fuerzas militares, Comandante General en Jefe, Lugartenientes 
Generales, Mayores Generales, Brigadieres Generales, Corone- 
les, Tenientes Coroneles, Comandantes, Capitanes, Tenientes, 
Subtenientes, Sargentos, Cabos y Soldados. La Isla comprende 
cuatro Estados Militares : Oriente, Camagüey, Las Villas y Occi- 
dente, al mando cada uno de un Lugarteniente General. Los 
Estados se dividen en Distritos, al mando de Mayores Gene- 
rales. 

Los ramos de Sanidad Militar, Prebostazgo é Inspección del 
Ejército, están sujetos á reglamentos especiales. 

Tal es la organización del Ejército republicano, la cual se vé 



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. 96 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

confirmada por los mismos españoles diariamente en la prensad 
aun en los partes oficiales. Según estos, la guerra no puede ser 
más activa. Casi no pasa día sin veriñcarse un encuentro, y' á 
menudo se describen reñidos combates, en cuyas relaciones, á 
pesar del manifiesto empeño de deprimir al enemigo, no se le niega 
á éste organización militar. Descubren los referidos partes, y lo 
mismo las correspondencias de los periódicos españoles, que los 
patriotas en sus ataques y defensas, y en las múltiples operaciones 
de la milicia, están mandados por jefes reconocidos, con categoría 
militar, y se hallan sujetos á disciplina ; y á su pesar aveces con- 
fiesan que no son extraños á la táctica y conocimientos peiñciales 
en la direccióa y orden de los combates. Llenas están las men- 
cionarlas comunicaciones de nombres de Generales, Jefes y Ofi- 
ciales del Ejército Libertador, á quienes despreciativamente 
califican de" titulados al darles sus respectivas graduaciones, 
sin embargo de constar en despachos encontrados en poder de 
patriotas prisioneros, conforme expresan dichos partes; des- 
criben trincheras y posiciones fortificadas, construidas con toda 
la perfección del arte militar por parte de los patriotas, lo que 
da por supuesto un cuerpo de ingenieros; dan cuenta de com- 
bates con fuerzas de caballería organizada, y de otros en que ha 
jugado la artillería departe de los cubanos; refieren la existen- 
cia de hospitales, fábricas de pólvora y de fulminantes y cartuchos, 
talleres de composición de armas, y de zapatería y talabartería, 
almacenes de sal y frutos, 'etc. ' 

El General español Puello, á fines del año 1869, expidió, como 
Comandante General del Departamento del Centro, una procla- 
ma en que daba por abierta la campaña de invierno. Esas mis- 
mas palabras se han usado por diversos jefes militares/El sub- 
sidio extraordinario que se ha visto forzado á crear el Gobierno 
de España para atender á los crecidísimos gastos que le ocasiona 
la Revolución Cubana, se titula oficialmente Subsidio de guerra. 

En su exposición de 25 de Marzo de este año al Gobernador 
Político de la isla de Cuba, llamado por los españoles el Inten- 
dente General de Hacienda de la misma, habla de « la situación 
apurada en que se halla el Tesoro » español de la Isla « por los 
crecidos gastos que la guerra causa », y califica de honrosa cuanto 
difícil misión la de « arbitrar fondos páralos gastos de la guerra. » 

En las discusiones del Congreso español, y en la prensa de la 
Península y de Cuba, en muchos documentos oficiales españoles 
se ha tratado de la cuestión de la guerra de Cuba, y hasta "en al- 
gunas ocasiones se ha invocado la existencia dé ésta para no 



CORRESPONDENCIA. 97 

plantear ciertas medidas de carácter político, como la celebración 
de elecciones para diputados á Cortes, la reforma de la esclavi- 
tud, etc. 

Es, pues, incontestable que existe el status belli en la colonia 
sublevada contra su metrópoli, sin que afecten esencialmente á 
la índole de la lucha las condiciones especiales de ella. Estas 
dependen de dos causas principales : 1. a , el sistema español de 
hacer la guerra, que luego examinaré, sistema que se reduce á 
su última expresión á tratar al enemigo doméstico como bestia 
salvaje, á hierro y fuego, sin consideraciones de humanidad, y 
que cierra la puerta al cange de prisioneros, celebración de tre- 
guas, etc. ; 2. a , la falta de elementos materiales de guerra en el 
país con relación á su población, ó sea, en cantidad suficiente 
para que toda la parte de ésta apta para el servicio de las armas 
las empuñe en defensa de la libertad, de la emancipación de los 
esclavos y de la dignidad humana, escarnecidos por el despo- 
tismo español. Así, estas concausas imprimen á la guerra de 
Cuba su especialidad. 

Acomodada á la configuración y topografía del terreno, des- 
poblado y con inmensos bosques, siendo la lucha de un pueblo 
entero en sus diversas clases sociales contra el poder que lo 
oprime, abundante en recursos, de que aquél escasea, forzosa- 
mente tiene que revestir la especial forma con la cual nuestra 
misma madrastra rechazó la invasión de Napoleón I.°, México 
venció á Francia, y Santo Domingo, nuestra vecina, á España 
ayer todavía. Con esos ejemplos y fiando en nuestro derecho, 
nuestro valor y nuestra perseverancia, estamos seguros de que 
el triunfo coronará nuestros esfuerzos. Los recursos que hemos 
recibido de nuestros hermanos residentes en el exterior, 
aunque no han sido todos los necesarios, nos han permitido, sin 
embargo, poner en pie de guerra un ejército que por espacio de 
tres años viene sosteniendo heroicamente en el campo de ba- 
talla la gloriosa bandera de la estrella solitaria contra las impo- 
nentes fuerzas españolas. A pesar de la incansable campaña de 
mentiras de parte de la Metrópoli, nuestro Ejército subsiste en 
pie, lleno de patriótico ardimiento, y la República tiene asegu- 
rados sus destinos. 

Ya queda explicado cuál sea, en la enumeración de las me- 
didas de rigor adoptadas por las autoridades españolas. Todo 
el mundo sabe con escándalo que España se niega á hacer la 
guerra con arreglo á las prácticas de las naciones civilizadas. 
Su propia legislación común prescribe la pena de muerte contra 

7 



'■•■/■'"■' 'v;v 

98 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

, -, -.,— -* 

los que se alcen en armas ó conspiren contra el Gobierno cons- 
tituido: y no contentos con esa sangrienta disposición, le han 
dado aplicación extensísima creando innumerables delitos de 
infidencia. Cansados de las dilaciones de los ti'ibunales ordina- 
rios, amovibles á voluntad de los mandarines de Madrid ó del 
autócrata de Cuba, entregan su conocimiento á imperitos tribu- 
nales militai'es reunidos en Consejo de Guerra, con breves fór- 
mulas de juicio. En los llamados verbales se sustancian y fallan 
las causas de plano, incontinenti, luego de aprehendido el lla- 
mado reo, sin garantías para éste. En medio de todo, afortu- 
nado aquél que logra que se le abra procedimiento, porque es 
muy frecuente, en particular en los campos, detener una partida 
española á un vecino, y aunque esté desarmado, ó sea anciano ó 
niño, darle implacablemente la muerte sin forma de juicio. Llenas 
de sospechosos á quienes no se ha abierto causa ni tomado decla- 
ración, y en cambio se les ha arrancado violentamente de sus 
hogares, están las cárceles de la Isla de Cuba. Doscientos cin- 
cuenta sospechosos fueron deportados por el Capitán General 
Dulce á la mortífera Isla de Fernando Póo, y de ellos han pere- 
cido más de cien de resultas de las penalidases y torturas de 
una navegación de sesenticinco días por la zona tórrida, en 
un buque estrecho y malsano, bajo la custodia de los soeces y 
feroces voluntarios de la Habana, y de los peligros del inhabi- 
table suelo de aquella isla de la costa occidental de África. Nu- 
merosos son los vecinos obligados por sospechosos á abandonar 
su familia, casa é intereses poruña orden gubernativa de un jefe 
militar que, sin carácter judicial alguno, les impone la trasla- 
ción de domicilio á otros puntos de la Isla. E igualmente sospe- 
chosos han sido innumerables condenados á deportación á la 
Península por un firman del Capitán General de la Isla. Las 
mismas mujeres no se han visto libres por la debilidad de su 
sexo, de estos procedimientos arbitrarios é ilegales. No se han 
eximido sus bienes particulares de la confiscación de los de sus 
maridos, cometiéndose de este modo una doble espoliación en 
beneficio del exhausto Tesoro español ; sin que se trate de en- 
cubrir esa medida por un procedimiento judicial, pues ha sido 
dictada por el Capitán General en uso de sus amplias facultades, 
no en virtud de sentencia de juez ó tribunal. 

Algunas señoras y señoritas, emparentadas con individuos 
del Ejército Libertador, han sido encausadas con ligeros pre- 
textos para atacar al enemigo, quizás después de una victoria, 
en esos inermes miembros de su familia. Algunas de ellas han 



CORRESPONDENCIA. D9 

sido condenadas á muerte, y se ha dado ya el ejemplo de derra- 
mar la sangre de esas débiles criaturas. 

El plan concebido, y en parte puesto en práctica por los es- 
pañoles en la Isla, parece ser el del exterminio de los criollos. 
Así en los asesinatos de la Habana del Teatro de Yillanueva, del 
Café del Louvre, y en los que siguieron á la muerte del procaz 
escritor español Castañón, acaecida en Cayo Hueso; en los de 
Colón, Sancti Spíritus y otros puntos, los voluntarios, encubier- 
tamente protegidos por las autoridades en algunos de ellos, han 
sacrificado á su furor á habitantes pacíficos ocupados en el tran- 
quilo ejercicio de sus habituales tareas, y como en relación con 
este sistema de exterminio, las columnas y guerrillas españolas 
en el campo de operaciones persiguen incansablemente á las 
familias que encuentran ásu-paso, hostilízanlas como á fuertes 
enemigos, saquéanlas hasta reducirlas á la mayor desnudez, in- 
cendian sus hogares y cometen horribles atendados contra el 
honor de las infelices mujeres, cuando no las asesinan ó las 
conducen violentamente á los campamentos y lugares ocupados 
por los españoles. Con los hombres aprehendidos en los campos, 
sea en acción de guerra ó fuera de ella, bien armados, bien 
inermes, ya sanos ó enfermos, aunque sean niños ó ancianos, 
sabido es que no adoptan otra medida que la de fusilarlos en el 
acto. Son indescriptibles los horrores é innumerables los casos 
que podrían citarse cometidos por los españoles en los repu- 
blicanos que tienen la desgracia de caer en sus manos; sólo la 
nación que ha producido un Bóves, un Morillo, un Antoñanzas, 
un Morales, un Rósete, un Zuazola, un Calleja — larga serie de 
verdugos de la humanidad en la América Española del Conti- 
nente — tiene el triste privilegio de presentar abortos de la Na- 
turaleza en todas épocas. Para no hacerme interminable, y no 
fatigar demasiado vuestro espíritu con la idea de escenas de san- 
gre y salvajismo, me limitaré á citar algunos de estos ca- 
sos. 

El 6 de Enero de 1871, una distinguida y pacífica familia com- 
puesta de las señoras Juana y Mercedes Mora y los niños Al- 
berto, Adriana, Ángel y Juana Mola, de 13, 12, 8 y 2 años respec- 
tivamente, fué sorprendida en su habitación de la hacienda 
Lázaro, á 22 leguas de la ciudad de Puerto Principe ó Cama- 
güey, por una columna al mando del Coronel Axosta y Albear. 
Con la seguridad que este jefe les diera de ser respetados en 
sus personas, permanecieron tranquilas y confiadas en su habi- 
tación mientras las fuerzas españolas acampaban en las inme- 



■^~T- - -. .■.-''..' 



100 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

diaciones. Mas por la noche fué aquella asaltada por algunos 
guerrilleros, completamente robadas dichas señoras y asesinada 
toda la familia, siendo luego pasto del fuego que. los referidos 
malhechores dieron á la casa. Con noticia de semejante catás- 
trofe, murió de dolor pocos dias después el marido de la señora 
Mercedes Mora, el C. Melchor Loret de Mola, padre délos infor- 
tunados niños Alberto y Adriana (1). 

Tan escandaloso crimen llevado á cabo por fuerzas del ejército 
de una nación que pretende ser civilizada, no ha podido negarse 
por el jefe de aquella gavilla de foragidos, que por medio de la 
prensa ha confesado el hecho, tratando de paliarlo. Cuando tras- 
cendió al público, se vio en el caso de proceder á la formación 
de causa que aseguran haberse abierto ; pero basta ahora sin 
ningún resultado. Tal lentitud contrasta con la rapidez eléctrica 
con que son encausados y ejecutados, aun por meras sospechas, 
los patriotas reos del delito de amar y servir al país en que na- 
cieron. 

A mediados del año 1869, una columna española llegó al 
ingenio El Canal, en la Jurisdicción de Holguín, propiedad del 
C\ Salvador Rojas, anciano de másde60 años de edad y padre de 
familia. Los soldados le dieron muerte y á 10 más, entre indi- 
viduos de su familia y trabajadores del ingenio, en ocasión en 
que se hallaban ocupados tranquilamente en las faenas de la 
finca. Cebáronse con singular saña en el cuerpo del anciano pro- 
pietario, abriéndole el vientre y gozándose diabólicamente en 
..rellenárselo de raspadura, nombre que se da á cierto producto 
sacarino de ínfima calidad. En ese estado, se dice que lo arro- 
jaron á una caldera del tren de fabricación de azúcar, que estaba 
funcionando. ■ '::•-'■„• : - '- ■ 

Como á mediados también del mismo año, 18 ciudadanos de 
lo más florido de la sociedad de Santiago de Cuba, fueron apre- 
sados en esa ciudad por reclamaciones de un tribunal militar 
constituido en Báyamo para juzgar una causa de conspiración. 
Antes de ser conducidos á este punto, temerosos de ser víctimas 
de la brutalidad española, se refiere que impetraron la interpo- 
sición de la influencia del Cónsul americano en Santiago de Cuba 
con el Comandante General del Departamento, General La Torre, 
para qué se respetasen sus vidas mientras no fueran condenados 



(1) Episodio de la guerra de Cuba. — El 6 de Enero de 1871. — Por 
M. L. M., superviviente de la hecatombe. — Puerto Príncipe, 1893. — 
-N. del A. :¡ 



CORRESPONDENCIA. 101 

legalmente.- Asegúrase que á ello se comprometió dicha auto- 
ridad. Lo positivo es que trasladados á Bayamo, lo fueron más 
tarde á Jiguaní, en compañía de algunos amigos, parientes y 
criados que no quisieron abandonarlos. En la última población, 
donde mandaba el Coronel Palacios, la soldadesca española robó 
y asesinó á los presuntos reos y á sus acompañantes, después 
de abofetearlos y apalearlos, mutilando por fin torpemente sus. 
cadáveres. 

En la propia época, una partida de catalanes salió de Manza- 
nillo hacia el punto titulado Cabaguán, ydieron horrorosa muerte 
á los pacíficos labriegos Antonio Arias, Natalio Machado, de 
80 años de edad, y á dos niños de 16 y 17 años. Después de ha- 
berles atado fuertemente pies con manos, como á cerdos, los 
tendieron aquellos españoles sobre el mostrador de la bodega 
de Juan Riera, y los degollaron recogiendo su sangre en unos 
garrafones. 

El 25 de Marzo último, la señorita Mercedes Caimarí y Morales, 
de 20 años, fué asesinada por la columna española que operaba 
en la finca Jicotea, Estado de Camagüey. Su púdica y valerosa 
resistencia á los ultrajes con q"úe pretendía ajar sus gracias la 
soldadesca enemiga, á presencia de sus jefes, fué la única causa 
de su muerte. Ahora mismo, hace cinco días, que á muy poca 
distancia del lugar en que me encuentro, una fuerza española 
del campamento llamado La Hermosa, asesinó en la hacienda 
Puerto Paco á la señora Caridad Acosta, en su propio lecho, dis- 
parándole un tiro á quema ropa. 

Ni aun los extranjeros están exentos del furor de la solda- 
desca y de la plebe española. Wyeth y Speakman, fusilados sin 
solemnes formas de juicio en 1869 en el Departamento Oriental ; 
el retratista Cohner, asesinado en la Habana por los voluntarios 
el día de los excesos del Louvre; Isaac Grinwald, víctima de 
la furia de otro voluntario déla Habana, por el grave delito de 
llevar corbata azul ; Mr. Philips, Cónsul americano en Santiago 
de Cuba, insultado y amenazado por los catalanes; los nume- 
rosos ciudadanos de los Estados Unidos presos y con sus bienes 
embargados, sin formación de causa, son ejemplos que con- 
firman el poco civilizado sistema de España de hacer la guerra 
en Cuba. 

No cuesta mucho trabajo creer que semejantes atropellos y 
cúmulo do iniquidades merecen la aprobación, por lo menos 
tácita, de las autoridades españolas, porque siendo en tanto nú- 
mero los crímenes cometidos por su ejército y voluntarios, son 



102 CARLOS^ MANUEL DE CÉSPEDES. 

rarísimos los castigos que se les hayan impuesto. Ordenes ofi- 
ciales disponen, como ya queda indicado, la muerte de todos los 
v prisioneros de guerra y ciudadanos aprehendidos en los campos 
* * y los culpables de traición ó conspiración, la destrucción de 
caballos, sembrados y plantíos, la confiscación de bienes de los 
patriotas, y sus cónyuges. El General español Pelaez, Coman- 
dante General del Distrito de las Villas, acusado por los volun- 
tarios de ser blando con los insurrectos por encargo del Capitán 
General Dulce, tuvo que publicar un folleto para sincerarse de 
ese y otros cargos. En él da á conocer la instrucción secreta que 
aquella primera autoridad de la Isla circuló á los jefes de ope- 
raciones militares, para que fusilaran inmediatamente á todos 
los culpables de traición á la Madre Patria, en particular á los 
que tuviesen una carrera literaria; y asegura que se atemperó 
á esta circular en el ejercicio de sus funciones. Con esta ins- 
trucción concuerda la que comunicó secretamente el General 
Puello en 1869 á sus subordinados, prescribiéndoles la ejecución 
de insurrectos, especialmente de los hombres de letras, hasta 
de los impresores, y sobre todo, de los profesores de instruc- 
ción pública y privada. Los comprendidos en estas clases no 
podían ser perdonados por ningún motivo. 

Conocida es del mundo la proclama del Conde de Valmaseda 
en la primavera del año 1869, que no dudó en calificar de infame 
Mr. Fish. En ella condenaba á muerte á todos los habitantes de 
los campos, mayores de 15 años, que no se retirasen á los pue- 
blos comprendidos en el territorio de su mando, y disponía el. 
incendio de todas las casas donde no ondeara una bandera blanca 
en señal de paz, y la conducción forzosa á las poblaciones de 
las mujeres que encontraran en sus marchas las columnas espa- 
ñolas. Posteriormente, en este año, desde su elevadísimo puesto 
de Capitán General, ha expedido una nueva proclama, ejemplo 
del cinismo más repugnante : ofrece su perdón á los insurrectos, 
que delaten ó maten á sus compañeros, lo mismo que á los deser- 
tores del Ejército español, ó prisioneros de éste que sirvan en 
el patriota, que presenten vivos ó muertos á sus jefes. El Co- 
ronel Marín, que opera en el Distrito de las Tunas, ha dictado en 
este año un pregón poniendo precio á las cabezas de algunos 
jefes, militares cubanos, y ofreciendo á más de la recompensa 
material, el indulto de sus penas á los criminales comunes que 
los capturen ó maten. El Coronel Acosta y Albear también ha 
expedido una proclama ofreciendo 200 onzas de oro ($ 3,400) por 
mi cabeza, y $ 50 por la de cada uno de los diputados de la Cá- 



CORRESPONDENCIA. 103 

mará. Este sistema de asesinatos no es nuevo en los españoles. 
En Septiembre de 1869, en el ingenio de Santa Inés de Caonao, sito 
en el Distrito de Camagüey, se presentó al General en Jefe, Ma- 
nuel de Quesada, un individuo desconocido, pidiendo con gran 
instancia ingresar en su escolta. Hecho sospechoso, mandóle dete- 
ner y registrar dicho General, y se le encontró encima un puñal y 
un salvoconducto expedido por el Secretario del Capitán General 
déla Isla, ordenando á las autoridades que prestaran á dicho indi- 
viduo auxilio y protección para el desempeño de la misión se- 
creta que el Gobierno le había confiado. Interrogado, confesó que 
esta misión era la de asesinar al Presidente de la República y 
al General en Jefe, por una recompensa que le había ofrecido el 
Capitán General Caballero de Rodas; y que, además de él, se 
habían despachado por otras vías tres emisarios con el mismo 
fin. En 29 de Agosto de 1869, él General Luis Marcano y su her- 
mano Félix, fueron asaltados y gravemente heridos por cuatro 
hombres que pocos días antes habían entrado en la escolta del 
plumero. Murió uno délos asesinos, y los tres restantes, fugados, 
entraron en el pueblo de Manzanillo, anunciando la muerte del 
General Marcano : fueron paseados en triunfo por las calles ador- 
nadas con banderas españolas (por orden de la auloridad) entre 
salvas de artillería y repiques de campanas, con grande rego- 
cijo de los voluntarios. En aquella época gobernaba ese Depar- 
tamento, por España, el Conde de Valmaseda. 

El sistema de incendio de fincas fué inaugurado por el Ejér- 
cito español á la raíz misma de la Revolución. El día 17 de Oc- 
tubre, siete días después del levantamiento en mi ingenio Dema- 
jagua, fué éste bombardeado é incendiado por fuerzas navales 
españolas. El Conde de Valmaseda en su marcha por el Distrito 
de Camagüey, que acababa de sublevarse, de la capital á San 
Miguel de Nuevitas, en Noviembre de 1868, quemó y cañoneó los 
ingenios siguientes: U?iión, del C. Ángel Castillo; Santa Isabel, 
de su hermano Martín ; La Margarita de José Barreto, y La Fe, de 
Horacio Silva. Por la misma época el Coronel Acosta y Albear, 
al frente de otra columna, hacía lo propio en su marcha de • 
Sancti Spíritus á Camagüey. 

No es, pues, de extrañar que con tales jefes y tales disposi- 
ciones, los soldados españoles sean modelos de barbarie, máxime, 
habiendo salido muchos de ellos de los presidios de la Penín- 
sula y de la Habana. Dos batallones irrisoriamente titulados 
del Orden, se formaron en la capital de la Isla con presidiarios, 
y fueron puestos á las órdenes del los jefes Renegassi y Acosta 



]:' -M~ 



104 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

^y ALbear. La prensa republicana de España ha dado á conocer el 
"escándalo del reclutamiento de soldados para el ejército de Cuba, 
en los presidios de. Zaragoza y Sevilla. 

Faltaría á la justicia si no consignara aquí que en medio de 
la glacial indiferencia del Congreso español ante esta política 
de exterminio, ha resonado en son de protesta generosa en su 
recinto, la' independiente voz de un diputado, el Sr. Díaz 
Quintero. 

A pesar de este sistema que ha seguido España de hacer la 
guerra, impropio de un pueblo culto, desde un principio nuestro 
Gobierno observó las prácticas civilizadas, hasta que una triste 
y dolorosa experiencia le aconsejó hacer uso del derecho de 
represalias que la legislación de gentes consagra en caso de 
necesidad. Por consideraciones de humanidad, concedió capitu- 
lación á la guarnición de la plaza de Bayamo, respetando las 
vidas de los que la componían, no obstante su violación del 
tratado; y antes que imitar el sangriento ejemplo de los jefes 
españoles, perdonábase á los prisioneros de su ejército. 

Varias, y vanas siempre, han sido las tentativas de nuestro 
Gobierno para regularizar la guerra. Ya pocos días después del 
alzamiento tuve que formularuna protesta dirigida al Gobernador 
de la plaza de Manzanillo, contra un Bando del Capitán General 
en que se disponía el fusilamiento de todos los que no depusie- 
ran las armas trascurrido un plazo de 48 horas. Mi comunica- 
ción no obtuvo respuesta de la autoridad española. 

En Enero de 1869 recibí una carta del' Capitán General D. 
Domingo Dulce, relativa á negociaciones de paz que habían de 
entablar comisionados suyos. Bechacé sus proposiciones de 
sometimiento á la dominación española con ciertas reformas polí- 
ticas, por ser estas insuficientes y ya tardías, y aproveché la 
oportunidad para excitarle á regularizar la guerra. No mucho 
después, en el mismo año, cuando el Conde de Valmaseda des- 
arrolló su plan de campaña á sangre y fuego, me vi en la precisión 
de dirigir otra comunicación al mismo General Dulce, por con- 
ducto del Brigadier García Muñoz, Comandante General de San- 
tiago de Cuba. En ella protestaba contra el sistema observado 
por el Conde de Valmaseda, y señalaba un.plazo de 15 días para 
ejercer las represalias después de su infructuoso trascurso. 

Dicho Brigadier contestó por escrito : que éramos unos rebeldes 
con quienes no podía entrar en tratos ni negociaciones el Go- 
bierno español, y que no teníamos que hacer más que deponer 
las armas incondicionalmente. Entonces, no á los 15 días, sino 



CORRESPONDENCIA. 105 

al mes, creí llegada da triste, mas imperiosa necesidad de decretar 
la guerra d muerte. 

Á mediados de 1869, unas tropas españolas acuchillaron á un 
niño de 10 á 11 años en las cercanías del ingenio Bijabo, en el 
Distrito de Camagüey, á cuatro leguas de la ciudad de este 
nombre. Con este motivo, el General en Jefe del Ejercito Liber- 
tador de Cuba, Manuel de Quesada, envió una comunicación al 
Comandante General de aquella plaza, protestando contra seme- 
jante modo de hacer la guerra, é invitándole en nombre de la 
humanidad á regularizarla. La contestación del General español 
fué : que no se entendería con el titulado General Quesada, sino 
á balazos. En la misma época en que los habitantes del pueblo 
de las Tunas, asediado por los patriotas, padecían miseria y 
hambre, el General Rubalcava, Gobernador republicano de esa 
Jurisdicción, arrastrado por sus sentimientos humanitarios, diri- 
gió una carta oficial á D. Enrique Boniche, jefe español de la 
guarnición de aquel pueblo, excitándole á que dejase salir las 
mujeres y los niños para librarlos de aquella angustiosa situa- 
ción. Al efecto, el General Rubalcava hizo levantar una bandera 
de parlamento y colocó junto á ella la comunicación referida. 
Cuando sus emisarios volvieron por la respuesta del jefe espa- 
ñol, fueron recibidos á balazos traidoramente. En este año, con 
ocasión de los atentados cometidos en la familia Mora Mola, me 
pareció del caso elevar una protesta al Gabinete de Madrid, con 
fecha 20 de Enero. 

Digno es de observarse que decretada la guerra á muerte, no 
se ha practicado por nuestra parte con todo rigor. Muchos prisio- 
neros de guerra han quedado con vida, algunos de los cuales 
han pagado nuestra generosidad fugándose al enemigo, según 
declaración de la prensa española de la Isla. Después de la 
brutal respuesta del Comandante General de Puerto Príncipe á 
sus proposiciones, el General Quesada se apoderó del campa- 
mento español Sabana Nueva, haciendo prisioneras á las fuerzas 
que lo constituían. En medio de la indignación que sentía por 
el ultraje del General español á sus sentimientos humanitarios, 
el jefe patriota no quiso abusar de su fortuna que le daba la 
oportunidad para ejercer represalias ; perdonó á los soldados y no 
ejecutó sino ala oficialidad. Sorprendidos más adelante en planes 
de conspiración algunos de aquellos, fueron fusilados. De los res- 
tantes unos se fugaron y otros permanecen en las filas de 
nuestro ejército. 

La última proclama del Conde de Yalmaseda suministra la 



"'"■'.'•"''"'." .'-.' ' "<^ 1 ^?^ "■ 



106 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

prueba de que la' guerra no siempre es á muerte por nuestra 

* parte. Reconoce que existen soldados españoles prisioneros 

*f^ incorporados al Ejercito Libertador, y les brinda su perdón si 

matan ó presentan á sus jefes republicanos. Nuestro Gobierno 

aborrece el derramamiento de sangre y deplora que sé le haya 

'compelido á ejercer el terrible derecho de represalias. Verdadero 

republicano, animado de sentimientos humanitarios, ha apelado 

al recurso de la guerra como última ratio populi. No puede 

menos,, pues, de sentir profundo dolor al ver que ese medio 

extremo de reivindicar por la fuerza los fueros de la justicia y 

de la libertad, se emplee con tanto rigor en esta lucha, por la 

obstinada oposición de España á guardar consideraciones de 

humanidad con los rebeldes á soportar su yugo colonial. 



CONSTITUCIÓN DE UN GOBIERNO REPUBLICANO 

Después de expedido mi manifiesto al mundo, dando á conocer 
las causas del levantamiento contra el poder español y procla- 
mando la Independencia de la Isla, establecí un Gobierno provi- 
sional con los representantes de todos los distritos sublevados 
reunidos en Junta. El asiento de dicho Gobierno fué la ciudad 
de Bayamo. Secundado el levantamiento en Camagüey en 4 de 
Noviembre, se constituyó un Comité Revolucionario, y más tarde 
una Asamblea para gobernar provisionalmente el Departamento 
del Centro, mientras que yo gobernaba el de Oriente. Los dis- 
tintos sublevados el 6 de Febrero de 1869, fueron gobernados 
por juntas revolucionarias. Posteriormente se refundieron esos 
poderes revolucionarios en una Cámara Constituyente reunida 
en 10 de Abril en el pueblo de Guáimaro, con representantes 
del Gobierno de Oriente, de la Asamblea de Camagüey y de las 
juntas de las Villas. Esa Constituyente adoptó el mismo 10 de 
Abril la Constitución que rige en calidad de provisional mien- 
tras dure la guerra de Independencia. Se deslindan en ella 
como independientes los poderes legislativo, ejecutivo y judi- 
cial. El primero reside en una Cámara de Representantes del 
pueblo ; el segundo en un Presidente con los Secretarios del 
Despacho. Aquél es electo por la Cámara lo mismo que éstos, á 
propuesta del Presidente. El poder judicial recibe su organi- 
zación de una ley especial. Son objetos indispensablemente de 
ley : las contribuciones, los empréstitos públicos, la ratifica-, 
ción de los tratados, la declaración y conclusión de la guerra, 



CORRESPONDENCIA. 107 

la autorización al Presidente para conceder patentes de corso, 
levantar tropas y mantenerlas, proveer y sostener una armada, 
y la declaración de represalias con respecto al enemigo. Todos 
los habitantes de la República son enteramente libres, según 
el artículo 24, y por el 27 se declaran inviolables las libertades 
de cultos, imprenta, reunión pacífica, enseñanza y petición y 
todos los demás derechos inalienables del pueblo. Con ai^reglo 
a esta Constitución funciona el Gobierno existente en Cuba, con 
sujeción también á las leyes expedidas por la Cámara de Re- 
presentantes. Tales son entre otras el decreto de libertad de 
comercio de 7 de Junio de 1869; ley sobre matrimonio civil de 18 
de Junio de 1869, la de organización judicial de 6 de Agosto de 
1869, reformada en 14 de Enero de 1871 ; la de organización admi- 
nistrativa de 8 de Agosto 1869; la de división territorial de 6 de 
Agosto de 1869; la de cargos públicos de 12 de Agosto de 1869; 
reglamento de procedimientos militares de 5 de Agosto de 1869; 
ley de enseñanza gratuita de 31 de Agosto de 1869; la de deuda 
interior de la República de 14 de Diciembre de 1869; la que es- 
tablece y reglamenta una Oficina Principal de Libertos de 
8 de Septiembre de 1869; reglamento para la organización del 
Gabinete y Secretarías de Estado de la República, de 24 de 
Febrero de 1870; ley electoral de 10 de Febrero de 1S10; regla- 
mento de bancos, 29 de Enero de 1871, además de las leyes re- 
lativas á la milicia ya enumeradas. Dividida la Isla en 4 Estados : 
Oriente, Camagüey, las Villas y Occidente ; los Estados en Dis- 
tritos y esos en Prefecturas y Subprefecluras ; se hallan los 
primeros regidos por gobernadores civiles, los segundos por 
Tenientes Gobernadores y las últimas por Prefectos y Subpre- 
fectos, todos de elección popular. Las Secretarías de Estado son 
por ahora cuatro : Guerra, Hacienda, Exterior é Interior. La 
Administraccióu de Justicia se ejerce : 1.°, por la Corte Suprema 
de Justicia; 2.°, por Cortes judiciales de Distritos; 3.°, por Pre- 
fectos^ 4.°, por Consejos de guerra. Los miembros de las Cortes 
son nombrados por la Cámara á propuesta del Ejecutivo. 

Este Gobierno así constituido y ramificado por las dos ter- 
ceras partes de la Isla, es respetado y obedecido de toda la 
inmensa población que se ha sustraído al imperio del Gobierno 
español y vive al amparo de las armas libertadoras. Los mis- 
mos periódicos españoles de Cuba y partes oficiales del ene- 
migo, han dado cuenta de la existencia de una Cámara Legis- 
lativa y de un Ejecutivo constituidos largo tiempo en el pueblo 
de Guáimaro á 20 leguas de la ciudad de Camagüey; han pu- 



-r^->^r^.-\ 



108 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

blicado algunos ¿e sus trabajos legislativos, sin negar su au- 
tenticidad, antes bien, confirmándola, y frecuentemente ponen 
de manifiesto la organización administrativa de la República, 
anunciando la captura ó persecución do individuos del Ejecu- 
tivo, gobernadores, tenientes gobernadores, prefectos, subpre- 
fectos, prebostes, miembros de Cortes judiciales, postillones, 
correos, etc. No hace mucho se ocuparon de la aprehensión del 
Vicepresidente de la Cámara, C. Miguel Gerónimo Gutiérrez, á 
quien dieron cruel muerte, y antes concedieron gran impor- 
tancia, que después ha resultada nula, á la presentación del 
Gobernador: Civil del Estado de Camagüey," C. Manuel R. Silva, 
que renunció su destino. 

La República de Cuba emite papel moneda de corriente cir- 
culación entre los ciudadanos, y tiene acreditados en el extran- 
jero representantes diplomáticos y agentes confidenciales, á 
cuya influencia y gestiones ha debido el reconocimiento de poder 
beligerante por las repúblicas del Perú, Chile, Rolivia y Co- 
lombia, y el de su Independencia por la primera de éstas. Por 
fin, nuestro Gobierno aparece considerado como de real exis- 
tencia por el mismo de España, que no ha dudado en diri- 
girse á él por indicación del Sr. D. Nicolás Azcárate y otros 
agentes comisionados del Ministro de Ultramar español, para 
entablar negociaciones de paz mediante proposiciones que han 
sido rechazadas por no asentar como base primordial el recono- 
cimiento de nuestra Independencia. 



AROLICION DE LA ESCLAVITUD 

Notorio es que mientras el espíritu esclavista estaba íntima- 
mente infiltrado en las masas del partido español en Cuba y del 
gobierno mismo, el abolicionista fué sustentado por cubanos 
notables por sus' opiniones liberales, hasta formar parte del 
credo del partido republicano de la colonia. España hacía gala 
de sostener abiertamente la trata de negros, violando los tra- 
tados de un modo sistemático, en cuya práctica la sorprendió 
la actual Revolución, y explotaba el inicuo comercio de carne 
humana como venero inagotable de riqueza para las autoridades 
de la colonia y para gran número de peninsulares que por ese 
medio improvisaron enormes fortunas. En cambio, las persecu- 
ciones contra la propaganda en favor de la abolición de la es- 
clavitud, eran constantes y severas. Materia vedada para la 



CORRESPONDENCIA. 109 

prensa, fué causa de diversas multas y destierros impuestos á 
ilustrados publicistas que osaron trasgredir esa inhumana pro- 
hibición. Una sociedad de tendencias abolicionistas apenas tuvo 
vida en la Habana, porque era un peligro para la Metrópoli. Ya 
en 1851, en el movimiento revolucionario que estalló en el 
Centro de la Isla, dióse á conocer el espíritu abolicionista de sus 
promotores. En las Informaciones practicadas en Madrid en 
1866 y 1867 por los comisionados de Cuba y Puerto Paco, sus 
dictámenes fueron en sentido de la abolición, para la cual pre- 
sentaron proyectos, mientras que los comisionados del Gobierno 
español para aquella Junta se manifestaron abiertamente con- 
trarios á dicha medida. Así fué que en mi Manifiesto al mundo 
exponiendo las causas y fines de la Revolución de Cuba, con- 
signé como uno de los fundamentales la abolición de la escla- 
vitud, y como consecuencia natural de mi levantamiento, di 
libertad á todos mis siervos. En mi Decreto de 27 de Diciembre 
de 1868, en calidad de Jefe del Gobierno Provisional de Oriente, 
reconocí como uno de los principios esenciales del nuevo orden 
de cosas, la terminación de la esclavitud ; pero al mismo tiempo 
me pareció que el modo y forma de operarla tocaban al Con- 
greso. Sin embargo, decreté : que los dueños de esclavos es- 
taban en la aptitud de emanciparlos en número ilimitado, 
derogando así una ley española que prohibía al señor la eman- 
cipación de todos sus siervos, y declaró absolutamente libres : 
los que se incorporasen al Ejército Libertador, los de los ene- 
migos de la República y los apalencados, ó sea los que en pose- 
sión de su libertad se hallaban fuera del poder de sus dueños 
en los bosques, formando asociaciones; y respecto á los demás 
dispuse que quedaran en las fincas dedicados á las labores 
agrícolas bajo la protección de sus antiguos señores. En Fe- 
brero de 1869, la Asamblea reunida en el Departamento del 
Centro, gobierno revolucionario del mismo, decretó la abolición 
de la esclavitud con la correspondiente indemnización. Justo es 
observar que los propietarios se apresuraron en Oriente (sin 
que dejaran también de hacerlo en los otros Estados) á ofrecer 
el sublime y generoso espectáculo de dar espontánea emancipa- 
ción á sus siervos; lo que con las disposiciones legislativas 
antedichas convirtió en un hecho general la abolición de la es- 
clavitud en el territorio de la Revolución. De tal manera, que la 
Constitución de Guáimaro de 10 de Abril de 1869, en presencia 
del hecho ya consumado, no tuvo que introducir innovación ó 
reforma en la legislación existente sobre la materia, sino limi- 



fil- 



ilí). ' ; , CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. • . ''■■' 

tarse al elocuente laconismo del artículo 24, que dice : «Todos 
los;habitantes de la República son enteramente libres : » Con- 
sagración explícita en el Código fundamental de los derechos 
délos ciudadanos de la República de Cuba, del que es como 
base esencial de los demás, y atributo el más precioso' de la 
personalidad humana : la libertad natural. -.'■■ 

Había otra institución en Cuba igualmente atentatoria á este 
derecho, y que no era más que una esclavitud disfrazada; á 
saber, la colonización china. El Gobierno de la República ha 
declarado nulos, con fecha 10 de Marzo de 1870, esos contratos 
-inicuos en que se equiparaban á la condición de siervos, con 
el trato reservado á éstos, á hombres libres arrancados de su 
patria bajo los falaces auspicios de mañosas contrataciones. Para 
la protección de los derechos é intereses de los libertos, se creó 
por una ley de 20 de Diciembre de 1869, una Oficina Principal de 
Libertos en cada Estado, con dependencias en las oficinas de 
Gobernación, la cual debía formar y tener un censo de esos ciu- 
dadanos, intervenir en los contratos que celebrasen, etc., para 
arriendo de sus servicios, cuidando de que no fuesen engañados 
y de que se cumplieran los contratos ; colocar bajo la protección 
de patronos á los que no estuviesen en el servicio militar y los 
que no encontraran quién contratara sus servicios; enviar á los 
asilos que se crearan al efecto, los que por su edad y achaques 
no. pudieran dedicarse al trabajo; terciar en las desavenencias 
entre los libertos y sus patronos, juzgándolas prudencialmente. 
En 28 de Dieiembre de 1870 cesó esta disposición, y los libertos 
quedaron exentos de las consignaciones forzosas á cargo de pa- 
tronos y en absoluta libertad de prestar sus servicios como lo 
tengan por conveniente, consagrándose como los demás ciuda- 
danos á aquellas ocupaciones para que se consideren con 
aptitud. De tal suerte, millares de seres condenados perpetua- 
mente á la condición de brutos por el Gobierno español, son 
hoy deudores al republicano de Cuba, de su restitución á la na- 
tural calidad de hombres libres, ejercitando su personalidad con 
toda amplitud, gozando de los mismos derechos civiles y polí- 

- ticos que los demás ciudadanos con perfecta igualdad. En las 
últimas elecciones para Representantes celebradas hace poco, se 
les ha visto acudir á depositar su voto en las urnas, sin restric- 

. ciones de ningún género. Este es uno de los timbres más glo- 
riosos y preciados de nuestra Revolución, con el cual tiene dere- 
cho á reclamar de la humanidad aplauso y reconocimiento. 
■■'-■. Notable contraste forma la conducta de España en la materia. 



CORRESPONDENCIA. 111 

Firme en su constante propósito de dilatar indefinidamente la 
abolición de la esclavitud, expidió una ley irrisoria llamada de 
emancipación, con la cual parece haberse propuesto no más que 
robustecer la institución, dejando en estado de siervos á los 
fuertes y eliminando á los ancianos y los que vayan naciendo, 
como inútiles aquellos para los fines de la esclavitud y consti- 
tuyendo á los últimos en una servidumbre disfrazada hasta los 
25 años de edad. A pesar de lo raquítico y mezquino de la 
reforma, medida es que produjo gran alarma y disgusto entre 
los voluntarios de la Habana, cuyo espíritu esclavista es impo- 
sible de desarraigar. Impidieron en un principio la promulga- 
ción de la nueva ley en la colonia, que vino á hacerse pública 
después de meses por reiteradas órdenes del Gobierno de Madrid, 
acompañada de disposiciones que han hecho ineficaz, por lo in- 
definida, la reforma. No sólo se mantiene la esclavitud en la 
parte española de Cuba, sino que los libertos apresados por 
fuerzas de su ejército son reducidos á su antiguo estado violen- 
tamente, con escarnio de la libertad ya por ellos adquirida, según 
más de una vez han referido los periódicos españoles de la Isla ; 
y hasta se ha dado el escándalo de que algunos oficiales de 
voluntarios hayan vendido en las poblaciones, por su propia 
cuenta y provecho, á algunos de esos infelices. El Gobierno espa- 
ñol se obstina en mantener en la condición de esclavos á los que 
forman parte de los bienes embargados á patriotas, á los cuales, 
sin embargo, alcanza de lleno el artículo abolicionista de la Cons- 
titución de la República, única ley fundamental de los destituidos 
de sus fortunas por el Gobierno enemigo. 

En nada puede afectar, por otra parte, el hecho ya consumado 
de la abolición, ni al principio constitutional que la consagra, la 
circunstancia de que algunos ciudadanos de esta República resi- 
dentes en el extranjero, no hayan deferido á ciertas excitaciones 
que se les han hecho en la tribuna y prensa americanas para 
que como patente muestra de su espíritu abolicionista, dieran 
manumisión á sus esclavos. En realidad, estos son libres de jure, 
por la Constitución, y si permanecen en esclavitud es ilegítima- 
mente; el acto de miembros de la República emigrados de darles 
libertad, siempre meritorio ciertamente porque vendría á ser una 
protesta contra el abuso del Gobierno español, nada añadiría en 
sí al vigor y fuerza del Código fundamental, que no requiere 
para su validez y eficacia ni la adhesión individual ni la sanción 
de los ciudadanos. 
Los datos que anteceden, de cuya autenticidad os salgo garante, 



112 .. - CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

acójanla luz necesaria para apreciar debidamente la Revolución 
de Cuba. Ellos justifican la pretensión de los cubanos á ser con- 
siderados beligerantes en lucha con España. *.,•&** 
. Los admiradores del pueblo más libre del mundo, la República 
de Iqs Estados Unidos de América, entre los cuales están los 
patriotas cubanos, lamentan la actitud de ese Ejecutivo para con. 
nuestra Revolución. La nación americana, que ha simpatizado con 
todos los que han luchado por la libertad y que hasta auxilió á 
algunos noblemente, no puede menos de simpatizar con Cuba, 
como, han venido á demostrar las entusiastas y numerosas mani- 
festaciones de los diversos órganos de la opinión pública. A la 
imparcial Historia tocará juzgar si el Gobierno de esa gran 
República ha estado á la altura de su pueblo y de la misión que 
representa en América, no ya permaneciendo simple espectador 
indiferente de las barbaries y crueldades ejecutadas á su propia 
vista por una potencia europea monárquica contra su colonia, 
que en uso de su derecho, siguiendo el ejemplo de los mismos 
Estados Unidos, rechaza la dominación de aquélla para entrar 
en la vida independiente; sino prestando apoyo indirecto, moral 
y material, al opresor contra el oprimido, al fuerte contra el 
débil, ala Monarquía contra la República, á la Metrópoli europea 
contra la Colonia americana, al esclavista recalcitrante contra el 
libertador de centenares de miles de esclavos. Mas no por eso 
ha menguado la consideración del pueblo de Cuba hacia el de 
los Estados Unidos de América; ambos son hermanos y per- 
manecerán unidos en espíritu, á pesar de la conducta de la Admi-' 
nistración del último, que no me corresponde calificar. La bondad 
admirable de sus instituciones debe servir de garantía á los 
sostenedores de la libertad universal de que tarde ó temprano, el 
Gobierno de los Estados Unidos de América se atemperará en la 
cuestión de Cuba á la opinión pública, abiertamente pronunciada 
por el reconocimiento de los republicanos de Cuba como belige- 
rantes . 

No obstante todo, llegue ó no llegue ese día, la Revolución 
Cubana, ya vigorosa, es inmortal; la República vencerá á la Mo- 
narquía; el pueblo de Cuba, lleno de fe en sus destinos de li- 
bertad y animado de inquebrantable perseverancia en la senda 
del heroísmo y de los sacrificios, se hará digno de figurar, dueño 
de su suerte, entre los pueblos libres de la América. Nuestro lema 
invariable es y será siempre : Independencia ó muerte. Cuba no 
sólo tiene que ser libre, sino que no puede ya volver á ser 
esclava. - . 



CORRESPONDENCIA. Uy 

Con sentimientos de la más distinguida consideración, tengo el 
gruslo de suscribirme vuestro atento s. s. 



N.°487. — Las Tunas, Agosto, 10 de 1871. — Señor GeneralJosé 
R. Monagas. — Caracas, Venezuela. — Señor de toda mi conside- 
ración : Con lamentable retraso recibí su expresiva carta de fecha 
Febrero 8 de 1870, que rebosa en elevados conceptos y nobles 
sentimientos de confraternidad por Cuba. En ella se sirve V. 
manifestarme su alta complacencia por la acertada elección que 
este Gobierno había hecho en el honorable caballero D. Miguel 
Bravo y Sentíes, para gestionar en aquella época cerca del Pre- 
sidente de la República de Venezuela los delicados asuntos que 
constituían su encargo oficial ; y juzgando con todo el caluroso 
entusiasmo de un sud-americano y la perspicacia de un consu- 
mado estadista la Revolución de Cuba, me dispensa la singular 
honra de felicitar en mi persona al Gobierno y al valeroso Ejército 
independiente, haciendo votos á la Providencia por el triunfo 
de la República. 

Lleno de gozo y agradecimiento, acepto la distinguida felicita- 
ción de V., señor; pláceme de hermano que es á la par aplauso 
por lo ya alcanzado y estímulo para el porvenir. 

Venezuela, que abrió á la América Española el camino de la 
Independencia y lo recorrió gloriosamente hasta cerrar su 
marcha en Ayacucho, es nuestra ilustre maestra de libertad, el 
dechado de dignidad, heroísmo y perseverancia que tenemos in- 
cesantemente á la vista los cubanos. Bolívar es aún el astro 
esplendoroso que refleja sus sobrenaturales resplandores en el 
horizonte de lalibertad americana, como iluminándonos la áspera 
vía de la regeneración. Guiados por su benéfico influjo, estamos 
seguros de que alcanzaremos felizmente el término. 

No es, por tanto, sino muy natural que Venezuela considere 
como continuación de su épica lucha de Independencia, la que 
ensangrienta los campos de Cuba, y que se despierten en la 
mente de sus esforzados hijos recuerdos grandiosos de he- 
roísmos y en sus corazones sentimientos de exaltación generosa, 
evocados por el propio despotismo que sus padres preclaros 
derrocaron. Movidos-por tan poderoso resorte, ¿ cómo extrañar 
que su ardor bélico y genial caballeresco los impulsen á ofrecer 
sus vidas á la causa de la Independencia de esta infortunada 
colonia? Por lo demás, la República de Cuba considera como 
hijos propios á los naturales de Venezuela y demás repúblicas 

8 



114 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

sud-amerieanas ; y animada de la más profunda gratitud, no 
omitirá medios para elevar las manifestaciones de ésta á la al- 
tura de los esclarecidos merecimientos de los que han acredi- 
tado una vez más en los campos de la Isla, con su abnegación y 
desinterés, valor y demás virtudes militares que los adornan, 
que los venezolanos de hoy son dignos hijos de los héroes de 
Carabobo, Junín y Áyacucho, y como tales, saben abatir la so- 
berbia y arrogancia castellanas. 

Aprovecho esta oportunidad para ofrecer á V. las seguri- 
dades de mi más alta consideración. 



N.° 490. — Jesús María, Agosto 25 de 1871. — G. Presidente 
de la Junta Revolucionaria de la Habana : He tenido el gusto 
de recibir en estos días con ligero intermedio las comunica- 
ciones de esa patriótica Junta, fechas Febrero 8 y 15 y Abril 
26 del corriente año. Es lamentable este retraso, y para evitarlo 
en lo sucesivo, bueno sería que intentasen V. V. otra vía de 
comunicaciones más rápida, como por ejemplo, la de Santiago 
de Cuba, poniéndose al efecto en relaciones con el General 
Máximo Gómez (1), que cuenta con un agente de celo, inteligencia 
y actividad en dicha población. Esto, entendiéndose siempre sin 
que se desatendiera la ya probada, aunque tardía, segura, pro- 
curando sí remover los obstáculos que se atraviesen para la bre- 
vedad y rapidez que necesitamos. 

Tengo el gusto de participar á V. V. el feliz desembarco de dos 
expediciones armadas, la una al mando del Coronel Manuel Go- 
dina y al otra al del Coronel Rafael de Quesada, hoy Brigadier. 

Ambas expediciones se internaron auxiliadas eficazmente. . . . 

. Esto prueba que las expediciones pueden 

entrar en Cuba y salvarse íntegramente ; y prueba, además, la 
impotencia del Ejército español, por entre cuyos campamentos 
una columna nuestra ha marchado francamente por sabanas y 
caminos reales, al toque de cornetas, sin haber sido molestada 
en lo más mínimo, á pesar de la considerable extensión reco- 
rrida. 

Con el dato que antecede, pueden V. V. juzgar del verdadero 



(1) El mayor general, Máximo Gómez, reside hoy en la República Do- 
minicana. — JY. del A. 



CORRESPONDENCIA. 115 

estado de la Revolución y de la imposibilidad de que España la 
domine. Oriente y las Tunas tienen un ejército bien organizado, 
lleno de espíritu y ardimiento, y mandado respectivamente el 
de cada uno de esos Estados por Generales tan expertos, va- 
lientes y queridos de sus tropas, como Máximo Gómez y Vicente 
García. El primero domina casi en absoluto el Distrito de Cuba, 
habiendo invadido últimamente la Jurisdicción de Guanlánamo, 
donde se propone — y en parte ya lo ha conseguido — desba- 
ratar el plan de los españoles, de fortificar y ocupar militar- 
mente la comarca, en unión de algunos de los hacendados. 
En Manzanillo han revivido las operaciones militares con buen 
éxito para los patriotas, que componen una División bastante 
numerosa comandada por el Coronel Calvar. Anuncíaseme, aun- 
que no oficialmente, el asalto y saqueo de Yara, el Zarzal y la Sal. 

En Bayamo, cuyo jefe es el General Luis Figueredo, manifiés- 
tanse propicios los movilizados del país á volver á nuestras 
filas. Holguín, bajo la dirección del Brigadier Inclán, ha rena- 
cido á la Revolución, que ha cobrado notable impulso con el 
pase de un campamento entero enemigo en San Juan de la 
Puerca, y la actividad impresa á las operaciones por aquel jefe, 
que está prestando grandes servicios. En las Tunas era tan des- 
esperada la situación de los españoles, por la carencia de re- 
cursos que encontraban en el país y la enemistad declarada de 
éste, que últimamente han levantado más de diez campamentos. 
En la población padecen mucha miseria. En estos días han 
ocurrido algunos combates en dicho Distrito, todos con ventaja 
para nuestras armas. Una compañía de las fuerzas del Brigadier 
Francisco Vega, se apoderó de un convoy de provisiones, ropa 
y municiones de guerra en las Arenas. Últimamente, una co- 
lumna española al mando del Brigadier Velazco, y fuerte como 
de más de 1,000 hombres, con dos piezas de artillería, atacó al 
General Vicente García en su campamento de Santa Rita. Si bien 
entraron en éste, no tuvieron tiempo para incendiarlo, sino para 
retroceder ante el nutrido fuego de los nuestros, que con pér- 
dida de dos heridos les ocasionaron considerables bajas entre 
muertos y heridos. Fueron perseguidos largo tiempo por las 
fuerzas de García, que regresaron á ocupar el campamento. 

El Camagüey ofrece distinto espectáculo. Las presentaciones 
han sido bastante numerosas, y los españoles, por otro lado, han 
amontonado tantas fuerzas, que hacen una guerra muy activa, 
principalmente contra las familias, saqueándolas por entero y 
(rayéndolas en continua alarma. Esto las pone en el caso de pre- 



116 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

sentarse al enemigo en los campamentos ó pueblos, para librarse 
de tan horrible situación. Llama á V. V. singular y doloro- 
samente la atención, la presentación de los G.G. Porro, Silva y 
las que han venido después. Comprendo perfectamente que 
causen muy mala impresión en el ánimo de los patriotas : son 
del todo injustificables, y V. V. aciertan cuando los acriminan 
sin concederles disculpa ni atenuación. Que ejerzan influjo en los 
tibios ó tímidos esos malos ejemplos, al fin se comprende, porque 
tal es la naturaleza humana; mas los revolucionarios en el cabal 
sentido de la palabra, los de ánimo constante y resolución inque- 
brantable, sintiendo siempre el daño que puedan inferir á la 
causa, no por eso dejarán de seguir consagrando á la Patria sus 
inteligencias, sus bienes y sus vidas en la forma y proporción 
que les sean adaptables, en cumplimiento de un deber riguroso. 
Me complazco en ver queV. V., de acuerdo con estas ideas, están 
decididos á no cejar en este camino. Las causas generales 
de las presentaciones son principalmente tres : I a , la falta de 
patriotismo sincero, de fe en la Revolución de muchos de los 
que á ella vinieron del bando reformista ó concesionista, y que 
no han hecho más que volver á su verdadero puesto al lado de 
España, abandonando las filas revolucionarias. Gran parte de 
los presentados en el Camagüey pertenecían al que dio en lla- 
marse Partido de Caonao, de origen y resabios reformistas y con- 
servadores; y si muchos de ellos ocuparon puestos elevados en 
el campo déla Revolución, fué por su posición social, por espí- 
ritu de contemporización, por el falso concepto en que parte de 
la opinión pública de sus paisanos los tenía al verlos ya en el 
terreno revolucionario, etc. ; 2 a , la campaña poco cruda relati- 
vamente que habían hecho los españoles hasta ahora en el Ca- 
magüey, donde se disfrutaba, en medio de la guerra, de bastantes 
comodidades, con abundancia de ganado, viandas y caballos, 
viviéndose en las casas de las fincas, hoy destruidas, -viajando 
en carruajes las señoras, etc. Activadas las operaciones por los 
españoles, que tienen numerosas fuerzas, hánse encontrado con 
poca entereza para soportar las penalidades, privaciones y con- 
tinuos peligros de una guerra á muerte, los que no sienten 
aquel entusiasmo santo por los destinos de libertnd de la Patria 
que se necesita para arrostrar con ánimo siempre sostenido, al 
enemigo encarnizado de nuestra Independencia ; 3 a el intenso 
apego á sus familias que caracteriza á los camagüeyanos, y que 
los impele á seguirlas á lugares ocupados por el enemigo, donde 
son llevadas á la fuerza ó se presentan para evitar los horrores 



CORRESPONDENCIA. 117 

de su tenaz persecución. Todo esto, sin contar la influencia 
del pérfido y traidor Zenea en Cornelio Porro y otros, la falta de 
pertrechos, etc., puede explicar aunque nunca excusar ni jus- 
tificar las presentaciones mencionadas. Traidores son los que á 
ellas inducen, los que las verifican y los que las consienten. Sin 
embargo, hay que creer, atendida la índole y condiciones de 
nuestro pueblo, que muchos, la mayor parte, se han presentado 
víctimas de malos manejos, engañados, seducidos ó alucinados : 
pocos con conciencia de lo que hacían. Aun entre los más ele 
vados obsérvase lo que voy indicando. Asi es que al decir de 
los periódicos españoles, los más de los presentados siguen 
esperanzados con el triunfo de la insurrección, por lo cual los 
titulan traidores encubiertos. Según noticias que acabo de re- 
cibir de la ciudad de Camagüey, los criollos movilizados están 
esperando para pasarse un indulto ó la.venida de Manuel de Que- 
sada; y del extranjero piden ingreso en alguna expedición para 
Cuba, jefes como Federico Castellanos, Miguel Machado y otros 
de los más caracterizados. Una respetable división de las Villas 
al mando de los Generales Salomé Hernández y Villamil, vino en 
busca de pertrechos. Se ha batido algunas veces en territorio 
del Camagüey. Hernández en Cubilas causó más de 300 bajas á 
los españoles, Villamil en la Trinidad de Olano los derrotó ha- 
ciéndoles nueve muertos y gran número de heridos. Al finalizar 
el combate salió herido de alguna gravedad en un muslo, pero 
ya sigue bien. He tenido carta suya. Fuerzas de estas últimas, 
de caballería, coparon el destacamento de Artemisa. 

Con los elementos de guerra últimamente recibidos, se pro- 
pone el Gobierno armarlos y pertrecharlos en cantidad sufi- 
ciente para que invadan de nuevo las Villas. El espíritu de estas 
tropas es inmejorable, y arden en deseos de regresar á su 
comarca bien municionados. Se vé, pues, que en general la 
situación de las cosas en el interior es buena, que se han dado 
rudos, tremendos golpes á nuestro enemigo, y que éste se halla 
desconcertado y desorientado con la introducción feliz de dos 
expediciones. 

Es indudable que el Camagüey atraviesa una crisis, que sin 
embargo puede conjurarse. Por lo pronto, preferible sería que 
todos los traidores que entre nosotros se ocultan, se presentasen 
de una vez, para purgar nuestro Ejército de ese ponzoñoso y avie- 
so elemento. Los que no son revolucionarios, los que no están 
dispuestos á sacrificarlo todo, todo, por la libertad de la Patria, 
no debían estar aquí, donde hacen más daño que provecho. Son 



118 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

la cizaña que conviene escardar para la sólida nutrición que ase- 
gure la vida del trigo. 

■ La introducción de nuevas expediciones bien provistas, sobre 
todo de pertrechos, y la vuelta del General Manuel de Quesada. 
han de atraer á los engañados ó tímidos que se fueron con los 
españoles, en la creencia de que la Revolución no contaba con 
apoyo en el exterior ni con esperanza de socorro. El levanta- 
miento de Occidente, inmediato, sería el remedio del Gamagüey, 
que ahogado hoy bajo el peso de tantas fuerzas enemigas, res- 
piraría entonces por la necesidad que tendrían los españoles 
de retirar algunas tropas de este Estado para atender al nuevo 
enemigo de Occidente. Entiendo que sin esperar la vuelta de 
Quesada, debe estallar el abrasamiento en diversos puntos á la 
vez de ese Estado, para distraer la atención de los españoles, aun 
en ese mismo territorio. Esto urge. Los momentos son precio- 
sos, la estación es propicia y un obstáculo para el envío de 
refuerzos de España : ésta, quizás con una perturbación dentro 
de su propia casa á estas horas, por la impopularidad de Ama- 
deo y con un conflicto p'or fuera por la probable complicación 
con Venezuela, todo convida á no dejarlo para después, á ase- 
gurar desde luego el golpe de gracia á nuestro implacable ene- 
migo. Tres años va á cumplir nuestra Revolución: tres años, y 
aun Occidente permanece impasible espectador, lleno de indife- 
rencia, de la lucha de sus hermanos por la libertad de todos los 
del mismo territorio. ¿Será por falta de armas? Con 36 de fuego 
me levanté yo en Demajagua, y desde entonces bien pocas se han 
salvado de las expediciones salidas del extranjero. Diecisiete 
meses completamente abandonados, desde la llegada del Ann'a 
hasta la expedición del Virginius, sin recursos hemos tenido 
que combatir un ejército inmenso que España descargó sobre 
nosotros. Pero nuestros soldados, llenos de heroísmo y de fe 
revolucionaria, desnudos, descalzos, mal alimentados, incesan- 
temente rodeados de enemigos, con las armas de su resolución 
y entusiasmo patriótico, han luchado y han vencido, y arrancado 
armas de precisión y pertrechos de las manos de su propio con- 
tendiente y han sostenido la Revolución y la República. ¿ Por 
qué no han de hacer otro tanto nuestros hermanos de Occi- 
dente ? Querer es poder, sobre lodo, para los pueblos viriles. 
Resuélvanse los ricos a sacrificar sus fortunas, los acomodados 
á renunciar al bienestar, los negros á conquistar su libertad 
natural, todos á exponer sus vidas, si preciso es, como culto 
debido á la Patria. Pasó ya el tiempo de las resoluciones á me- 



CORRESPONDENCIA. 110 

dias; del conspirar de boca y quizás de corazón, y no practicar 
con hechos; del largo meditar sobre lo que son revoluciones, 
en espera de oportunidad favorable para lanzarse en su camino, 
cuando ruge una a las puertas hace tres años y cuando á las 
oportunidades de esta clase hay que salirles al encuentro, no 
esperarlas en el tranquilo retiro del hogar doméstico. Llegó la 
época de las resoluciones heroicas. La Patria pide el concurso 
de todos sus hijos. No tienen derecho á llamarse tales los que 
como tales no se muestran, dejándola abandonada en el con- 
flicto supremo, en la crisis que atraviesa y que ha de resolverse 
en ser ó no ser. 

En ese Estado, que permanece intacto, existen grandes recur- 
sos que sólo aprovecha el enemigo. Si entre los capitalistas hay 
patriotas de corazón, fuerza es que como los de los otros Esta- 
dos contribuyan con fondos para los trabajos revolucionarios, y 
que se determinen á sacrificar parte de sus capitales, consin- 
tiendo en la destrucción de los centros de producción azucarera 
que explota el enemigo como base de su sistema rentístico, y 
en el levantamiento de las dotaciones de esclavos, que según 
nuestra Constitución, son libres. Sobre este particular me es- 
cribe Liberato proponiéndome un plan para la organización de 
partidas en ese territorio, aprovechando ciertos elementos de 
fuerza ya existentes en el país, con el ánimo de inaugurar la 
guerra á sangre y fuego y solicitando mi aprobación para que se 
la comunique á esa Junta. Apruebo el proyecto y autorizo á 
V.V. para que procedan al levantamiento de Occidente, echando 
mano de cualesquiera medios que se les presenten á ese fin, en 
la inteligencia de que es más doloroso ver la Patria ó parte de 
ella en poder y á disposición absoluta del enemigo, que acudir á 
ciertos elementos poco puros, que pueden prestar incontes- 
tables servicios, sobre todo, en un principio, y dominados por 
un hombre que ejerza sobre ellos prestigio y superioridad y que 
al mismo tiempo ofrezca ciertas garantías. Si Liberato les me- 
rece á V.V. confianza, los autorizo igualmente para que lo nom- 
bren jefe de las partidas que estén dispuestas á alzarse, de la 
clase que fueran, auxiliándole con lo que necesite para el levan- 
tamiento. Yo no conozco á dicho ciudadano, sino de haberlo 
visto una vez :1o creo un buen patriota, y los trabajos que está 
practicando lo acreditan de tal; pero sería bueno que me comu- 
nicaran V.V., informes acerca de él para mi cabal conocimiento. 

Encuentro acertadas las observaciones de V. V., sobre el ca- 
rácter de nuestra guerra, y la necesidad de ejercer las repre- 



120 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

salias. Precisamente éstas se decretaron hace tiempo, lo que ha 
convertido la lucha en guerra á muerte por uno y otro lado. 
Sin embargo, han habido circunstancias especiales en mérito de 
las que se ha disminuido el rigor por nuestra parte 

Quedo .enterado satisfactoriamente de las noticias que me 
comunican V. V. en las ya mencionadas cartas, sobre el estado 
de España y de su Tesoro en Cuba, la traición de Zenea y de- 
más particulares de aquellas 

La traición de Zenea no deja duda; vino á engañarme y álos 
patriotas : conmigo no lo pudo lograr, pero sí con algunos de 
éstos, á quienes hizo creer que nadie daba dinero ya en el exte- 
rior, que no vendrían recursos de guerra ni tampoco Quesada. 

No extraño lo que V. V.,me dicen sobre el proyecto de asesi- 
narme los españoles y el envío de seis comisiones al efecto. 
Eso encaja perfectamente en la política de la patria de Loyola. 

Espero que sigan V.V., desplegando el celo, discreción, patrio- 
tismo y entusiasmo de que están dando muestras, y confío de 
que pronto tocaremos el feliz resultado de sus gestiones con el 
levantamiento de ese Estado, Mientras tanto, quedo enterado 
de que en unión del General Roloff (i), no descansan V.V. en la 
empresa de hacer revivir la Revolución en las Villas. Para ello 
sería un gran elemento el alzamiento de las negradas de Colón, 
siquiera empujándolas hacia Cienfuegos. Este debe ser el pri- 
mordial conato de V. V., como el principio de la Revolución en 
Occidente, yhasla no lograrlo, al menos en parte, sean V.V. 
infatigables. 

Soy de V. V., con toda consideración. 

Adición. — Muy meritorio es el celo de esa Junta y su patriótica 
vigilancia, al darme el alerta sobre planes contrarevolueionarios 
urdidos en p1 Camagüey. Sin duda descansaban en los ilusos 
proyectos de autonomía que tuve que contrarestar y condenar 
en mi Decreto de Febrero 15 de 1871, declarando traidores á los 
que sostuvieran tales doctrinas. Para fortuna nuestra, estrellá- 
ronse en la sensatez de nuestro pueblo, inquebrantable en sus 



(1) El polaco mayor general Corlos Roloff, se encuentra hoy esta- 
blecido en Cayo Hueso. — N. del A. 



CORRESPONDENCIA. 121 

convicciones revolucionarias, y se han presentado ya al ene- 
migo los corifeos de esa minoría liberticida. 



Ojo de Agua de las Minas, Septiembre 13 de 1871. — Señora 
Ana Quesada de Céspedes. — Nueva York. — Mi muy que- 
rida esposa. 

ti día 17 de Agosto, siguiente á mi última fecha, tuvimos aviso 
por Fernando Arango, de que los españoles estaban en San Ra- 
fael de Monte Oscuro : nos preparamos para salir y entretanto 
mandamos exploradores. Sabíamos que Vicente García había des- 
tacado una fuerza para observar al enemigo, y confiábamos en 
que éste no se movería sin recibir fuego ; pero la fuerza de 
García no acudió al punto señalado, y nuestros exploradores, 
cuya llegada esperábamos, nada hicieron. De suerte que en mo- 
mentos de estar arreglando un sombrero que yo había cambiado 
con José Ignacio (1), nos sorprendieron los tiros déla avanzada. 
Todos corrieron á sus caballos : yo recojí mi sombrero, las cin- 
tas y tijeras, y salí del rancho á tomar mi caballo, cuando en- 
contré que el mulato Jesús, turbado, no acertaba á ponerle el 
freno. El caballo, espantado con las detonaciones cada vez más 
inmediatas, se encabritaba, saltaba para atrás y amenazaba es- 
caparse. Yo ayudé al mulato á sujetar al bruto, le exorté á tener 
el ánimo tranquilo, le indiqué el modo de enfrenar fácilmente 
el caballo, y no quise montar hasta que todo no estuvo listo, á 
pesar del mulato, que me rogaba cabalgase sin la brida. En- 
tonces me encontré en otra confusión. El Gobernador del cam- 
pamento (que era el General venezolano Garrido) se había mar- 
chado, llevándose el práctico, y nadie sabía dónde estaba : él 
era quien tenía conocimiento del número y disposición de nues- 
tras fuerzas; el Coronel Suárez, que nos daba custodia, se 
hallaba en su campamento y creíamos se estaba batiendo en la 
avanzada; Pedro I. Castellanos con la mayor parte de su gente 
andaba fuera, lo mismo Martín Castillo con su caballería. No me 
quedaban más que mis ayudantes, media docena de hombres á 
caballo y diez ó doce á pie, sin jefes, y cada uno tratando de 
huir y así escapar del peligro. Yo no conocía nada del terreno, 



(1) José Ignacio, hermano mayor, de Manuel y Rafael de Quesada. 
— .Y. del A. 



122 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

(el potrero Salvial, de C. Machado) el práctico no parecía ; José 
Ignacio, que lo era un poco, había acudido á sus efectos y no se 
le veía. A todo esto, el gran convoy de papeles y otros trastos en 
malos caballos ó mulos cerreros que se resistían a andar, el 
caballo de Pancho Maceo, desbocado, que lo llevaba en dirección 
al enemigo y del que se arrojó para escapar con vida; algunos 
cogiendo la manigua y muchos queriendo hacer otro tanto. Por 
fortuna, uno de los Milanos me dijo que él sabía salir de la finca, 
y echamos al galope por inmensos potreros, bastante desorde- 
nados, porque los asistentes, llenos de pánico, abandonaban los 
caballos y gritaban que el enemigo nos venía picando la reta- 
guardia, y difícilmente se podía contener aquella chusma. Yo le 
cedí á Maceo mi caballo negro, (correspondencia propia de mí 
á lo que tú sabes y á lo que no sabes) conseguí por fin á José 
Ignacio, y haciendo muchos rastros por la sabana, para que el 
enemigo se confundiera, logramos salir del peligro y al día si- 
guiente nos reunimos con Vicente García. 

Si los españoles no son tan torpes, aquel día nos causan grave 
daño. No tenían más que rodear la finca y lanzarse en pos nues- 
tra por los potreros; porque no recibieron más fuego que el 
de la avanzada, como que Suárez se retiró iomediatemente, atri- 
buyendo la culpa á su tropa, y los demás no estaban en dispo- 
sición de pelear, por la desorganización de que arríbate hablo. 
Sin embargo, con el fuego de la avanzada, que les causó cualro 
muertos y algunos heridos, se detuvieronsin atreverse á ade- 
lantar, contentándose, luego que cesó, con quemar la ranchería, 
y al otro día, según dicen, registraron los alrededores. No co- 
gieron ni un hombre, ni un arma, ni un papel : sólo falta el 
Archivo del Secretario del Exterior; per<í éste se sabe que lo 
han encontrado y escondido los cubanos. 

El día 19, como á las diez y media de la mañana, atacaron el 
eampamento que García tenía en Santa Rita ; nosotros nos había- 
mos retirado á Jesús María. Traían sobre 2,000 hombres y tres 
piezas de artillería : los nuestros no llegaban á cien hombres 
armados de fusiles. Duró el combate como cinco horas : dispa- 
raron muchos cañonazos, y con el único resultado de haber que- 
mado parte de la ranchería, se retiraron para Guáimaro, dejando 
2 cadáveres insepultos, 29 sepulturas (advierte que en cada una 
entierran varios muertos) y llevándose en camillas (más de 60) 
gran número de heridos, de cuya última clase tuvimos nos- 
otros 2 leves por toda pérdida. Será curioso leer las mentiras 
que tendrá el paite español de esta acción. 



CORRESPONDENCIA. 123 

Auméntase el catálogo de las presentaciones con la de Carlos 
Mola, Antonio Aguilera, los célebres Federico Mora y Domingo 
Guiral (recuerda que estos me llevaron la insultante carta de 

Agramonte) su hermano Pancho 

y otros que mañana estigmatizará la historia, cerrando la mar- 
cha Juan Hall, único jefe de Oriente que ha entrado en semejante 
villanía. Sin embargo, la Revolución sigue su curso y en nada su 
conmueve la decisión de los verdaderos cubanos, ahora más 
fundada que nunca con la salvación sucesiva de las expedicio- 
nes; pues te participo que Melchor Agüero desembarcó otra con 
felicidad. Con esos elementos seguimos pertrechando las tropas 
de Camagüey y las Villas, y pronto creo que tomaremos la ofen- 
siva en esos Distritos, como se hace ya en Oriente. No tenemos 
los últimos partes de Gómez; pero las fuerzas libertadoras de 
Bayamo y Manzanillo han hecho algo bueno, entre otras cosas, 
la toma del campamento de Santa Isabel, á la misma vista de la 
guarnición de Bayamo y la de la Sal, donde destruyeron 150 ca- 
sas y 5 tiendas. También cogieron un gran convoy, matando á 
un Coronel español. 

Todavía no ha podido reunirse la Cámara, á pesar de haberla 
yo invitado á que lo haga. No te refiero las conversaciones que 
algunos traen, hasta que sean hechos. 

Por- dos veces más hemos vuelto al Salvial, y otras (antas 
hemos tenido que abandonarlo apresuradamente. Ayer nos 
hemos visto rodeados de tropas (por supuesto sin saberlo ellas) 
y hemos salido sobre sus mismas pisadas á un lugar bastante 
seguro. 



El Bejuco, Octubre 18 de 18*71. — Señora Ana Quesada de Cés- 
pedes. — Mi muy querría esposa : 

Lo de Agramonte ha sido una invención española (1). Él se ma- 
neja muy bien; pero desgraciadamente ni aun su nombramiento 
ha podido contener las presentaciones en Camagüey, pues hasta 
Carlos Mola y Antonio Aguilera, sus amigos íntimos, se pasaron 



(1) Decíanlos periódicos españoles, que habían muerto al mayor ge- 
neral. — y. del A. 



124 GARLOS MANUEL DE CÉSPEDES, 

después al enemigo. Los demás de quienes me hablas están 
completamente desacreditados : todo su edificio ha venido á tierra 
y ha resultado lo que yo predije; de manera que ahora todos 
los ojos se vuelven á mí, y yo no faltaré á mi patria. Se hará la 
guerra militarmente, se triunfará y entonces se entronizará el 
poder civil que hoy no puede vivir. Sólo falta desembarazarnos 
de ciertas trabas que todavía nos opone un simulacro de Cá- 
mara, para imprimir á toda la Administración el vigor y la 
energía que tuvo al principio de la Revolución. La tarea no es 
hoy fácil; pero á mí nada me arredra. 

Con todo, es preciso que venga Manuel y con él los mayores 
recursos; pues si se continúa como hasta aquí, sin hombres, 
armas ni pertrechos, el triunfo será tardío y horrorosamente 
sangriento, aunque yo no dudo que nos lo dará siempre el to- 
rrente de los años, quenada puede contener. 

En los diarios españoles he visto la ejecución de Zenea. ¡Qué 
desgraciado! Morir odiado de españoles y cubanos, cuando pudo 
tener en la historia un lugar tan distinguido! 

Aquí es preciso tener cuidado con las noticias, porque muchas 
resultan falsas, como la que nos trasmitieron de allá sobre las 
Villas y Villegas, el cual, lejos de estar atacando á los españoles, 
enfurecido por la muerte de su hijo, se halla en mi campamento 
acusado de varios delitos -. . . 

Te hago esta, como verás por la fecha, en glorioso aniversario 
del ataque que nos dio á Bayamo. ¡Ay! En tres años no se ha 
hecho más nada parecido. 

Día 20. — Tuve que suspender esta carta, porque se me pre- 
sentó un recargo en el ojo izquierdo, á pesar de que ya estaba 
enteramente bien de aquella dolencia : parece que ha contri- 
buido á renovarla la irritación de las continuas marchas á ca- 
ballo, sin respetar hora, sol, ni agua. 

Día 22. — Los movimientos combinados del enemigo, diri- 
gidos por Valmaseda en persona desde la Zanja de Cabaniguán 
nos obligaron á entrar de nuevo en la Jurisdicción de las Tunas, 
y acampamos reunidos con las fuerzas de las Villas en Jesús 
María, donde recibimos la correspondencia de que fué portador 
Melchor Agüero. Esto fué el 5 de Septiembre, y el mismo día por 
la tarde nos separamos de los villareños para ir á reunimos 
todos por distintos caminos con Modesto Díaz y juntos pasar á 
Bayamo, para llevar á cabo el plan concebido y que estamos tra- 
tando de realizar si la fortuna nos favorece. EL día 7 nos junta- 



CORRESPONDENCIA 125 

mos otra vez en el campamento de Diego Milanés, y nos anun- 
ciaron que el enemigo estaba en la Entrega : ya yo, sin embar- 
go, había salido para la casa de un amigo donde encontré á L. 
F. Milanés. Inmediatamente le di orden de que pasase al campa- 
mento y dijese al Gobernador que explorasen bien, y si resul- 
taba cierta la presencia del enemigo, me dieran aviso, saliendo 
para las Catas, donde creímos se hallaba Díaz; que yo haría lo 
mismo por otro camino más recto. Milanés, que tenía en la 
mente cosas de carácter muy distinto, trastornóla orden, y aun- 
que Emilio Céspedes la rectificó, siempre se marcharon para las 
Catas y me dejaron solo detrás. Allí no encontraron á Díaz, sino 
á los enemigos y se retiraron al Pozo de la Plata, despachán- 
dome un correo. Yo les contesté que fueran el 9 directamente 
al Ojo de Agua de los Melones, para donde marchaba yo el mis- 
mo día con Pancho Vega, que había venido á visitarme. En 
lugar de cumplimentar mi orden, volvieron al campamento de 
Milanés, donde fueron atacados por una columna española que 
llegó hasta la casa donde yo había estado, pues acababa de de- 
jarla, y cruzándome con el enemigo al alcaüce de la voz, llegué 
felizmente al Ojo de Agua de los Melones y me alojé en unas 
estancias en espera de que llegasen los otros. Mas ellos fueron 
dispersados, perdiendo caballos, propiedades, etc., y algunos 
felizmente reunidos con los villareños, vinieron siguiendo mi 
huella. 

El 11 salí de mi campamento, y á pesar de que encontramos 
muchos rastros de enemigos en el tránsito, nada desfavorable 
nos sucedió; al contrario, se hizo prisionero y fusiló á un dis- 
perso armado que cayó en manos de mi asistente Jesús Pavón. 
Pasamos más arriba del Ojo de Agua, y allí fueron alcanzados á 
poco los nueslros que nos venían buscando, por una fuerza 
enemiga que desde el día antes estábamos nosotros observando 
en la Macagua. Fueron dispersados nuevamente, y hasta el 14 
no pudieron incorporársenos en la Mangana, excepto algunos 
pocos que luego parecieron, aunque no todos han vuelto á mi 
compañía. De los efectos extraviados, casi ninguno ha parecido, 
si bien se cree que pocos hayan caído, y eso casualmente, en 
poder del enemigo. 

El día 15 salimos de la Mangana, pernoctamos en la Cande- 
laria de Unique y al día siguiente nos demoramos para esperar 
á los que se habían quedado detrás; demora que á poco nos hu- 
biera sido funesta, porque no bien nos pusimos en marcha, se 
presentó el enemigo y nos atacó cuando apenas teníamos treinta 



126 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

hombres armados, de los cuales la mayor parte huyeron. Aquí 
ocurrió nueva pérdida de efectos y dispersión de personas, de 
las cuales algunas no han parecido todavía. Yo, con la mayor 
sangre fría, dirigí la marcha de los que me siguieron por un 
hosquecillo donde nunca había estado, y lo hice con tal acierto 
que en pocos momentos alcanzamos la columna de las Villas 
que se nos había adelantado. Atravesamos aquel día entre dos 
campamentos españoles, á un cuarto de legua de cada uno, y 
después de muchos trabajos y hambres, atravesamos el río 
Cauto, y después el Bayamo, á dos leguas de la ciudad, re- 
uniéndonos el 20 con Luis Figueredo en una finca de mi familia 
llamada Totí. 

De allí seguimos rumbo á Manzanillo y encontramos la Divi- 
sión muy animada y los españoles y sus partidarios muy des- 
alentados. Todos se mostraron muy contentos de verme, vinien- 
do de gran distancia á visitarme y á darme razón de mis amigos 
é intereses. Supimos que las tropas de Gómez habían tomado, 
saqueado y quemado á Jiguaní, causando mucho perjuicio y ba- 
jas al enemigo. También dicen que Agramonte y Sanguily han 
obtenido ventajas enGamagüey; pero todavía no lo sabemos ofi- 
cialmente. ¡ Ojalá sea cierto! 

El 29 á las siete y cuarto de la noche rompimos el fuego sobre 
el pueblo de Yara: duró casi una hora. Fué arrasado todo, 
caserío y trincheras. Se mataron autoridades, cogieron banderas 
y rico botín. La matanza de enemigos fué grande. Muchas muje- 
res y algunos hombres se acogieron á nosotros. Yo presencié la 
acción y el valor de nuestras tropas fué hasta temerario. Tuvi- 
mos algunas pérdidas. El Teniente Coronel Ruz (1) se coronó 
de gloria. El golpe ha debido ser terrible para los españoles. 

El 5 de este mes trataron estos de desquitarse, atacándonos 
por sorpresa á las dos de la tarde, en nuestro campamento de la 
Tuna de Guayacabo. Un tránsfuga los condujo, y la imprudencia 
de L. Figueredo pudo costamos cara, pues sabiendo la evasión 
del traidor, no dispuso levantar el campamento: apenas tuvimos 
tiempo para saltar á caballo. Nos atacaron por dos lados, pero 
yo tomé la delantera, y con el revolver en la mano salí por la 
tangente de las dos líneas españolas con unos pocos compañeros. 
Los demás se salvaron cada uno por su lado y en seguida dos 



(1) El brigadier Juan Fernández Ruz, residente hoy en Barcelona. 
IV. del A. 



CORRESPONDENCIA. 127 

compañías nuestras les abrieron el fuego por un flanco y reta- 
guardia, y les hicieron considerables bajas. 

El 8 salimos para el Distrito de Cuba, pasamos dos veces el 
Cauto, sufrirnos los trabajos y hambres de costumbre, pero en 
lo demás fué muy feliz nuestra marcha. El 16 llegamos al Be- 
juco, donde encontramos al Brigadier Calixto García Iñíguez, el 
vencedor de Jiguaní, enterándonos de las felices operaciones 
del General Gómez en Guantánamo. Se cree que llegará á este 
cuartel de un día á otro, y entonces nos ccuparemos del plan 
que nos trajo. 

Día 21. — Salimos del Bejuco y nos acampamos en otro lugar 
más seguro y mejor provisto. Antes había llegado el General 
Gómez, y con él concertamos la ejecución del grandioso plan 
que llevado felizmente á cabo, dará la libertad á Cuba; pero es 
preciso que la emigración ayude por su parte con un esfuerzo 
soberano. Si así no lo hace, suya será la culpa del fracaso y 
nuestra redención se demorará por más tiempo. De modo que 
todos están interesados y deben esforzarse en que se reúnan los 
fondos y demás recursos necesarios para que nuestros comisio- 
nados llenen la parte que les corresponde en la realización de 
mi intento. 

En los últimos días que pasamos en el Bejuco, estuvimos muy 
mal respecto á carne; fué preciso no sólo comer jutías, sino 
carne de caballo. Las viandas no faltaban. Aquí hasta ahora no 
sabemos cómo se conseguirá carne; creo que no habrá más que 
jutías y andaraxes, aunque nos han ofrecido hacer diligencias 
para matar venados, que son abundantes. Los recursos de la 
isla son inagotables, y nunca podrán los españoles someter por 
hambre á los que saben sujetarse á toda clase de privaciones 
antes que volver á sufrir su ominoso yugo. No creas que pon- 
dero. Ya á muchos he oído decir que antes serán antropófagos 
que españoles. Por supuesto, que como los caribes, cuentan man- 
tenerse con la carne de sus enemigos. ¿Cómo, pues, creen posi- 
ble los tiranos volver á someter á semejantes hombres '? 

Gómez ha dejado á Guantánamo en buen estado : los enemigos 
quedan á la defensiva y destruido casi todo ese centro de pro- 
ducción. El sistema es doloroso, pero nosotros no podemos va- 
cilar entre nuestra riqueza y nuestra libertad : aquella debe 
sacrificarse á ésta, y los responsables de la ruina serán los que 
la ven impasibles y los que nos obligan á llegar á ese extremo 
con sus barbaries. 

Desde que llegué á Bayamo viene mucha gente á verme, como 



128 ' GARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

ya te dije; la mayor parte guiados por' el desea de conocerme. 
Eu la Jurisdicción de Cuba raro es el que se presenta sin traer 
su regalito. Yo los recibo y despido á todos' fraternalmente, y 
aunque pobres, sus demostraciones de simpatía las agradezco 
como si fueran ricos presentes. De ello, como tú sabes es mi 
costumbre, hago participar á los demás compañeros. 

Día 30. — En eslos días hemos comido andaraxes, que son muy 
sabrosos. 

Se extrae sal de una especie de palma llamada manaca, de que 
hay innumerable cantidad en los bosques de la isla; de suerte 
que ya pueden los españoles perder su tiempo en destruir las 
salinas y los trenes de fabricar sal : nuestros árboles nos la pro- 
porcionan. Si no fuera por la natural negligencia de los cubanos, 
nada faltaría por ese estilo; pero no obstante, la necesidad va 
estimulándolos. 

Noviembre A. — Hoy es día de mi santo, cumpleaños de nuestro 
matrimonio. ¡Cuántos recuerdos me despierta este día! Hoy 
todos me son dolorosos. De todos modos, yo pruebo sobrepo- 
nerme á esas flaquezas, y sólo quiero alimentar la grata ilu- 
sión de que estoy recibiendo vuestras más sinceras felicita- 
ciones. 

Los españoles eslán matando cubanos leales en Bayamo y 
Holguín á roso y velloso. Algunos escapan, hasta heridos, y 
se refugian con nosotros; pero los demás sufren y esperan la 
muerte como carneros. 

Consolidado nuestro gobierno, despejada nuestra situación y 
pasada la época de necesarias contemplaciones, el Ejecutivo pro- 
cede con mayor energía á descombrar la marcha de la Revo- 
lución; pero está tropezando con dificultades de parte de algu- 
nos jefes militares que se han enorgullecido y parece que quie- 
ren ejercer presión sobre la Administración. Esta, sin embargo, 
sigue impasible su curso en lo que cree justo y conveniente, y 
dándole á cada uno su lugar, no consiente que nadie se arrogue 
atribuciones de que carece. Tal vez, desgraciadamente, sea pre- , 
ciso descargar algunos golpes : el Ejecutivo eslá resuelto á pasar ' 
por esa dura necesidad, para que esta República no sea un apén- 
dice de aquellas hermanas de Sur América en que la ambición 
de los jefes militares ha 1 hecho desperdiciar tantos tesoros y 
derramar tonta sangre en continuos trastornos anárquicos. 

Día 10. — Hoy es el primer mes del cuarto año natural de la 
Revolución. Los españoles empiezan á mandar sus refuerzos para 
abrir la campaña de invierno. Es necesario que pronto lleguen 



CORRESPONDENCIA. 129 

también los nuestros, para poder tomar la ofensiva y ahorrar 
muchas víctimas. 

Te remito el puño de la espada del difunto patriota y amigo 
Pedro Figueredo, para que lo pongas á la disposición de su viuda. 
Así mismo te envío mi bandera de Yara, perteneciente ala Divi- 
sión de Bayamo, para que la guardes con cuidado religioso hasta 
mejores días. 



SERIE B. 

N.°4. — El Bejuco, Octubre 18 de 1871. — C. General Modesto 
Díaz. — Mi estimado amigo : He sentido mucho que V. no hubiese 
podido acompañarnos en nuestro viaje hasta aquí, así por que tal 
fué mi propósito, como porque se hubiera hallado en los ataques 
que simultáneamente dimos á Yara, Boquerón, el Zarzal, y Ye- 
guita. A la misma hora en que nuestras valientes fuerzas de 
esa División de Bayamo y Manzanillo combatían y expulsaban 
al enemigo de las trincheras de Yara, saqueaban é incendiaban 
á esa población española, en ese mismo instante se levantaban 
las llamas en Boquerón y sufrían allí nuestros enemigos los 
estragos de las balas de nuestros soldados; si bien no fué tanto 
el daño originado en este punto, en el de Veguita y Zarzal, 
como en el de Yara, porque fué adonde se dirigió lo operación. 

Yara se destruyó completamente y los españoles, al apoderarse 
nuestros valientes de las trincheras, huyeron y abandonaron co- 
bardemente el fuerte, que se les redujo también á cenizas, se 
les quitaron banderas, armas, pertrechos, y se les hizo todo el 
mal que es consecuencia de un triunfo completo en el sistema 
de guerra á que nos sujeta el país y la perversa índole de los 
españoles. Los C. G. Coroneles Maestre (1) y Ruz se portaron 
muy bien, así como otros jefes y oficiales en particular y todos en 
general. 

Los sucesos de Cuba se han confirmado. El Brigadier García 
atacó é incendió al pueblo de Jignaní, causando una mortandad 
horrible al enemigo, á pesar de las ventajas que tenía sobre 



(í) El general Ángel Maestre, establecido hoy en México. — .Y. del A. 





'íÉr'-ír . . ' CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

nuestros soldados; pero confundidos por la sorpresa con que fué 
asaltado, se entregaba locamente al filo del garantizado cubano 
y perecieron más de 300 hombres: se tomaron muchas armas y 
municiones y nuestra gente con dinero y vestidos, salió orgu- 
IIósh de su triunfo. Gómez, por último, en Guantánamo ha eje- 
cutado grandes y provechosas empresas : ha invadido valiosas 
fincas que quedaron destruidas y ha triunfado en muchos com- 
bates del enemigo, causándole innumerables bajas de que más 
tarde tendrá V. pormenores. De modo que en los últimos me- 
ses de Agosto y Septiembre hemos obtenido importantes ven- 
tajas sobre nuestros enemigos, no obstante los esfuerzos é 
inútiles sacrificios que hace por vencernos. 

He tenido noticias de Céspedes y Aguilera. Ellos me partici- 
pan su arribo á los Estados Unidos, sin novedad, y que se han 
encargado el unode la Agencia General y el otro del puesto de 
Comisionado especial de este Gobierno en aquella República, que 
eran los destinos de Aldama y Mestre; todo marcha bien, hay 
mucho entusiasmo y se esperan en breve -grandes recursos de 
guerra con que triunfar de nuestros enemigos. 

Espero me ponga V. al corriente de lo que ocurra por allí de 
importante, como lo haré yo desde aquí, mientras tenga el gusto 
de verlo : y entretanto me reitero de V. afeclísimo amigo y s. s. 



•N.° 9. — Él Bejuco, 22 de Octubre 1871. — C. Francisco V. Agui- 
lera. Estimado amigo : Tengo á la vista tu deseada de 23 de 
Agosto último en que anuncias tu llegada á esa ciudad sin nin- 
gún contratiempo, y que por juzgarlo indispensable asumieron 
tú y Ramón los puestos que desempeñaban los G. C. Aldama y 
Mestre, á virtud de sus renuncias. 

Me complace mucho que hayan sido V.V. recibidos desde Jamaica 
hasta esa con ferviente entusiasmo por todos los patriotas, y que 
éstos, comprendiendo los verdaderos intereses do la Patria, de- 
pongan toda animosidad y se consagren unidos á proporcionar 
á la Revolución los elementos de guerra que necesita para echar 
do Cuba á los españoles en el término' más breve posible, eco- 
nomizando así nuevos horrores y sacrificios. 

La carta de Ramón que me indicas en que me ofrece no- 
ticias de todo, no ha llegado á mis manos, de modo que lo 
poco que sé de V.V. y de sus trabajos me lo dicen los espa- 
ñoles en sus periódicos, pero adulterado ó exagerado, como 



CORRESPONDENCIA. 131: 

siempre, en términos que no me dejan satisfecho. Mientras que 
yo me persuado de que no habrá ya divisiones entre cubanos y 
que todo marchará en la mejor armonía, los españoles publican 
la desunión de V.V. y Quesada y la de éste con los empleados 
cesantes de la República, así como con los que fueron miembros 
de la extinguida Junta. Así es que deseo comunicaciones de V.V. 
para acabar de confirmar mi juicio en asunto tan interesante 
para Cuba y su futura suerte. 

Me alegro mucho que nuestro ilustrado compatriota Bravo se 
haya prestado á acompañarlos y á desempeñar la secretaría, por- 
que con sus luces y buen juicio y simpatías, será muy útil á V.V., 
y contribuirá eficazmente á la unión y concordia de todos los 
cubanos, unión que nos asegurará el triunfo sobre nuestros 
encarnecidos y feroces enemigos. 

Sin más por hoy, se despide tu cariñoso amigo y h.\ 



N.° 10.. — El Bejuco, 22 de Octubre de 1871. — A la Sociedad 
de Artesanos Cubanos de Brooklyn. — Conciudadanos : Acuso á 
V.V. recibo del pliego que tienen la bondad de dirigirme, contcn- 
sivo de los considerandos y resoluciones acordados en la sesión 
de 5 de Mayo de este año, acerca de la conducta observada por 
los comisionados de este Gobierno, C. C. José Manuel Mestre y 
José Antonio Echeverría, y el Agente General, Miguel Aldama, 
en vista del manifiesto de 14 de Febrero de 1871 y de otros docu- 
mentos publicados por los mismos. 

Este Gobierno aplaude sinceramente el celo patriótico de esa 
asociación en defensa de los intereses más preciosos de Cuba; 
pues con ello demuestran al mundo entero su amor á la justicia 
y su inquebrantable voto de conquistar la Independencia de su 
patria ó perecer ; pero de ninguna manera y en ningún caso 
reducir tan legítima aspiración á aceptar más ó menos amplias 
concesiones del gobierno español que la dejen bajo su odiosa 
dominación. 

El Ejecutivo se ha impuesto de todas las razones en que se 
funda esa Sociedad y ha leído con detenimiento su resolución y 
los considerandos que le sirven de base; y sin embargo del mé- 
rito que se concilien ; no puede emitir juicio acertado sobre el 
particular, mientras no tenga de él perfecto conocimiento. Asi 
es que reserva toda determinación en el asunto para mejor opor- 
tunidad. 



p'f; ; Í32 ,'fS. ' CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. . 

- Ji^Ehtre tanto, y como las circunstancias ulteriores han hecho 
.';'". adoptar una medida que deja satisfechos los deseos de esa aso- 
■ ■■'*' elación, me prometo de su acendrado amor á Cuba que conti- 
nuará prestando su eficaz apoyo á nuestra gloriosa Revolución, 

: . .... allegando recursos materiales al campo de la guerra y coope- 

- ,%'rando por todos los medios posibles á restablecer la unión y 
buena inteligencia entre cubanos, como el elemento poderoso 
para vencer á nuestros enemigos. 

Con este motivo, tengo la honra de reiterará esa digna asocio- 
ción el homenaje de mi mayor consideración. 



4¿? 



N.° 14. — Monte Oscuro, Octubre 29 de 1871. — C. Salvador 
Cisneros. — Ciudadano : Acuso á V. recibo de su favorecida 
|ft"'.-. de 22 del que expira, y satisfaciendo su objeto, le diré : que no 
puedo menos que aplaudir sinceramente sus sentimientos patrió- 
Ví ticos y su entusiasmo por la defensa de los sagrados derechos de 
V.- la libertad é independencia de Cuba, sentimientos y entusiasmo 
'¿k?-'"' que lo llevan á V. hasta el extremo de exigir el sacrificio de 
la vida y el heroísmo de cada cubano que se halla en el campo 
de la Revolución, sin que se le permita ausentarse de él en abso- 
luto; pero yo profeso sobre este último particular otros princi- 
pios, y los consigné en el periódico El Cubano Libre al iniciarse 
el levantamiento armado contra el gobierno de España. Allí, 
'.y; u.-ando déla autoridad que nie investía, decreté que todo indi- 

l viduo que no estuviese de acuerdo con el nuevo orden de cosas 

eslablecido y deseara salir del territorio revolucionario, podía 
hacerlo cuando le conviniera, á cuyo efecto se le proveería del 
correspondiente pasaporte para el punto que indicara. 

Yo reconozco en el pueblo el derecho de locomoción, derecho 
inalienable é imprescriptible, cuyo ejercicio en los países libres 
no se coarta al ciudadano sino en virtud de exigencias extraor- 
dinarias y de superior trascendencia. 

Usted sabe muy bien, ciudadano Cisneros, que el hombre, 
consultando sus intereses y sus conveniencias sociales, se mueve 
de un lugar á otro, de un pueblo á otro pueblo, y de una nación 
á otra nación el día que más le place, sin que las autoridades ó 
los gobernantes puedan impedírselo, á no ser como he dicho en 
determinados casos, ó por especiales circunstancias eu que 
se restringe ó limita aquella facultad, pero nunca de una manera 
absoluta ó cometiendo una arbitrariedad insostenible. Así es que 



CORRESPONDENCIA. 133 

según mis principios, es lícilo á todo individuo que se halla pres- 
tando servicios a la libertad de Cuba, el solicitar marcharse de ella 
para donde quiera, como no sea al territorio enemigo ; ya porque 
su perdida salud se lo aconseja, ya porque se juzgue más útil, 
ofreciendo sus servicios en el extranjero que en Cuba misma, 
atendida su aptitud, sus relaciones, su influencia, etc., ya, en fin, 
porque cansado de la lucha y vencido por la flaqueza de su espí- 
ritu, porque es débil por desgracia la humanidad, prefiera rea- 
rarse del terreno de la guerra sin cambiar sus principios, antes 
que acogerse á la bandera española y echarse esa mancha so- 
bre el rostro que lo humille y degrade eternamente en presen- 
cia de sus conciudadanos. 

Arrogándose, pues, nuestro gobierno la facultad de negar en 
todos los casos ese derecho al ciudadano residente en Cuba, 
sea ó no empleado de la República, y mirando respecto á los 
últimos como reato de traición á la Patria la solicitud del pasa- 
porte, ejercería un verdadero despotismo, abusaría escandalosa 
mente da su autoridad, sobre constituir á Cuba en una inmensa 
cárcel en que se encerrara y condenara á muerte á todo hombre 
que entrase en ella, convirtiendo así un país delicioso y codiciado 
del mundo entero, en una horrible mazmorra hacia donde nadie 
vendría y de donde todos procurarían huir de cualquier ma- 
nera. El enfermo, empleado ó no empleado, moriría irremisible- 
mente; el inútil para la guerra, por su natural delibitad, ó por 
quedar invalidado por las balas enemigas, también estaría con- 
denado á perecer ; el que por circunstancias determinadas tuviese 
necesidad imprescindible de marchar al extranjero, desaten- 
diendo ó sin desatender los iutereses de la Patria, y antes al 
contrario, prestándole alli importantes servicios, mientras que 
aquí sería completamente inútil, también quedaba sujeto á la 
muerte ; aquél, por ultimo, que prefiriendo ser cubano emi- 
grado á ser español, se decidiera á lo primero le obligaríamos 
á convertirse en nuestro enemigo, negándole el permiso. Por 
consecuencia, yo no estoy de acuerdo con. Y. en exigir de todos 
los cubanos el sacrificio de sus vidas en los campos de Cuba 
contra su voluntad, sino en casos muy justificados; ni calificar 
de traidores ala Patria á los que con algún fundamento racional, 
soliciten ausentarse de ella por tiempo determinado ó para 
siempre. Respecto á los diputa los de que V. me habla en la 
suya, no he concedido permiso para marcharse, más que al ma- 
logrado Ayestaran, después que se lo otorgó la Cámara. Iza- 
guirre llevó una comisión del General Gómez y no se le dio por 



134 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

el Gobierno pasaporte alguno, no sabiendo que ninguno otro 
¡haya salido hasta ahora. 

En cuanto á las quejas que han llegado á sus oídos por los 
infinitos pasaportes concedidos por el Gobierno á empleados y 
apersonas principales y aptas para las armas, son infundadas y 
sin duda vertidas por personas ingnorantes, que desconocen la 
importancia de aquel derecho y la conducta observada por el 
Gobierno en esta materia. Este ha otorgado algunos pasaportes 
á personas particulares que con justificado motivo lo han solici- 
tado, y ha enviado en comisión al extranjero á aquellos indivi- 
duos capaces de desempeñarlas con beneficio de la República, 
sin detenerse en que sean ó no empleados. El Gobierno, para pro- 
ceder así, ha tenido presente que la República no ha dictado 
ninguna ley prohibiendo el otorgamiento de pasaportes á los que 
deban obtenerlos, y mucho menos cuando se ha limitado su con- 
cesión á comisionados que han ido preslando eminentes servi- 
cios , ó á personas que se han encontrado en determinadas cir- 
cunstancias, y á quienes por lo mismo no ha debido negárseles. 
'El Gobierno, atendiendo ala conveniencia del país, ha limitado 
tácitamente el derecho de locomoción, y el pueblo ha sido tan 
discreto y ha comprendido tan perfectamente la utilidad de ese 
procedimiento, que no ha lanzado una queja, ni ha reclamado el 
uso de esa libertad, ni ha extrañado siquiera que no sea hoy 
una facultad ilimitada el salir cíe la Isla cuando á cada cual se le 
antoje, porque ha visto que ese derecho, que esa facultad cerno 
otras del ciudadano, eo siempre pueden ejercitarse en toda su 
plenitud. 

Si la República adoptase el temperamento indicado por V., no 
sólo se expondría á la reclamación del derecho que usurpaba 
jpor aquellos á quienes interesa, sino quesería censurada jus- 
tamente por las demás naciones libres y aún por la despótica 
España, que no ha dictado semejante medida respecto de sus 
subditos peninsulares é insulares, no obstante la identidad de 
circunstancias en que se encuentra con nosotros por ocasión de 
la guerra. 

En conclusión, siento disentir de su opinión en este particular, 
á que daré siempre, sin embargo, la más sana interpretación; y 
seguiré consecuente con mis principios y mi conciencia, respe- 
tando los derechos del pueblo, y cuando las circunstancias obli- 
guen á restringirlos por el mejor servicio de la Revolución y la 
República, procediendo con la moderación que hasta ahora he 



CORRESPONDENCIA. 135 

observado cu ese asunto y otros análogos. Reitero á V. mi más 
decidida consideración y aprecio. 

En la anterior contestaba Céspedes la carta que publi- 
camos á continuación, porque en el curso de esta obra 
tendremos que citarla. Ni una ni otra ha menester de 
comentarios. 

C. Presidente Carlos Manuel de Céspedes. — Desde el moinenlo 
en que los Representantes del pueblo aceplaron el alto puesto 
que les confiaron sus comitentes, contrajeron el gran deber de 
sacrificar sus intereses y vidas en defensa de sus derechos, de- 
ben ser los primeros que han de dar el ejemplo de abnegación, 
constancia y desinterés, sufrimientos y hasta pagar por el mar- 
tirologio, si el caso lo exige, como cumplimiento de sus deberes. 

Las actuales circunstancias por que atravesamos obligan á 
los funcionarios públicos, sobre todo aquellos que ocupan altos 
puestos, á permanecer en sus lugares para que con su ejemplo, 
pueblo y soldados no abandonen el suyo y no tengan motivo de 
queja. 

Eslas quejas han llegado, con bastante dolor lo confieso, 
C. Presidente, á mis oídos, por las infinitas licencias que ese Go- 
bierno da á empleados públicos, personas principales y otras que 
son útiles para las armas, para marcharse al extranjero, dando 
lugar al desaliento entre los buenos patriotas. 

Interesado como patriota en el triunfo de la causa de indepen- 
dizar á Cuba, duéleme saber que algunos Representantes, sin 
duda olvidando el poco número de diputados que están en ejer- 
cicio, olvidando sus compromisos como tales y sus deberes de 
patriotas, intentan, anteponiendo sus intereses y conveniencias 
particulares á los sagrados de la Patria, pedir licencias y comi- 
siones para el extranjero. 

No ya como Presidente de la Cámara, sino como individuo 
particular, me atrevo á llamarle la atención sobre este negocio 
para que trate de evitar que en lo sucesivo se le permita la salida 
á ningún hombre útil para las armas, ni á ningún empleado; y 
caso de tener que enviar á los no exceptuado?, que sea el más 
corto número posible. 

En la excepción se deben contar los diputados, pues estos de 
ninguna manera y por ningún motivo deben ausentarse, no sólo 
por lo manifestado sino porque ellos, ó deben morir en Cuba ó 
presentarla independiente al mundo, por haberlo jurado así. 



136 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

Si' por un evento, que lo dudo, alguno de ellos intentare dejar 
el país, se le debe formar causa y juzgarlos como traidores, 
siempre que lo efectúen sin documentos del Gobierno. 

Ruego á V. que no dé otra interpretación á esta cai'ta, sino 
la causa que la ha inspirado: el cumplimiento de mi deber y que 
no sufra la Patria en sus más delicados y comprometidos inte- 
reses. 

Suplico á V. me favorezca con una respuesta y que me consi- 
dere como su muy atento y S. S. 

Salvador Cisneros y Betancourt. 
Residencia del Ejecutivo, Octubre 22 de 1871. 



N.° 17. — Monte Oscuro, Noviembre 3 de 1871. — C. Enrique 
Piñeyro. — Nueva York. — Conciudadano : Cumplo hoy el 
doloroso deber de- participar á V. la desgraciada muerte de su 
joven hermano y mi amigo Ricardo, victima inmolada por la 
ferocidad y barbarie de los españoles, que no saben perdonar 
al niño, al anciano, ni al enfermo, cuando el niño, el anciano, 
y el enfermo son hijos de Cuba. 

Su señor hermano enfermó de gravedad, estuvo á la muerte y 
aunque por entonces se salvó, quedó muy delicado, al extremo 
de no poder emplearse en ningún destino, y resolvió marcharse 
al extranjero para restablecer su salud : ocurrió por su pasa- 
porte y se lo despaché inmediatamente. Emprendió su viaje 
hacia la costa, pero antes de embarcarse fué sorprendido y ase- 
sinado por los españoles, no obstante que su aspecto físico re- 
velaba sus graves padecimientos. 

Cábeme el sentimiento de la pérdida de un buen amigo y la 
de un compatriota entusiasta que tanto prometía hacer en la 
gloriosa lucha por la redención de Cuba, y cábeme á su vez par- 
ticipar del justo dolor de V. como es regular que me suceda 
tratándose de un patriota á quien adornan las condiciones y mé- 
ritos de V. y por causa tan poderosa é inevitable. Sírvase, pues, 
hacer extensiva esta dolorosa manifestación y las muestras de 
mi mayor respeto á su señora madre, cuando lo crea oportuno, 
y V. reciba mi sincera condolencia y la expresión más franca de 
amiftad y consideración de su afmo. s. s. 



CORRESPONDENCIA. 137 

N.° 18. — Monte Oscuro, Noviembre 3 de 1871. — Distinguida 
señora : Cumplo hoy con V. el penoso, pero imprescindible de- 
ber, de anunciar á V. la desgraciada muerte de mi paisano, 
amigo y compatricio su esposo el C. General de Brigada Tamayo 
León, asesinado por los españoles de una manera infame. El 
C. General, su esposo, estaba al frente de una de las Divisiones 
de nuestro Ejército en las Villas, portándose como era de espe- 
rarse de su valor y conocimientos : de la manera más satisfac- 
toria que podía apetecerse. Muchas veces batió á los enemigos, 
á pesar de la desventaja de número, armas y disciplina, y últi- 
mamente fué herido en un reñido combate en que salió vence- 
dor. Fuéle preciso separarse de sus fuerzas para curarse du- 
rante algunos dias; pero en este estado fué sorprendido é inhu- 
manamente asesinado. Se portó bizarramente hasta el último 
instante de su vida, por confesión de sus propios verdugos, cual 
cumplía á un patrióla entusiasta por la libertad é independencia 
de su país. 

La Patria, señora, no puede ser indiferente en semejantes 
casos; no puede olvidar hijos de la clase de Tamayo León, y 
aparte de que la Historia le consagre una página de gloria, Cuba 
reserva también para la viuda é hijos del infortunado General, 
la merecida remuneración de sus servicios y la distinción y pro- 
tección que necesiten. Nuestro Gobierno republicano, tiene de- 
clarado que el sueldo del que muere en la guerra « lo disfrutarán 
por completo la viuda y los hijos del Jefe difunto durante la Re- 
volución. » 

Doy á V., pues, el más sentido pésame por la irreparable pér- 
dida que ha sufrido, pérdida que á su vez lamentamos los her- 
manos de Tamayo León; y si me es licito usar esta frase, Cuba 
echa de menos á uno de sus mejores hijos, pues para defender 
sus libertades, abandonó, en país extranjero, sus afectos y sus 
más caros intereses. 

Tengo el honor de encarecer á V. la conformidad á tan rudo 
golpe y de ofrecerle mi amistad más sincera y los votos mas 
cumplidos de respeto y consideración de su atento, afmo. s. s. 
q. b. s. p. 



N.° 19. — Monte Oscuro, Noviembre 5 de 1871. — C. Antonio 
Bachiller y Morales. — Ñuevá^York. — Distinguido conciuda- 
dano : Cumplo hoy el doloroso deber de comunicar á V. la tris- 
te nueva de la muerte de su querido hijo y mi amigo Antonio, 



138 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

que enfermo de una llaga, fué asesinado cobardemente- por los 
españoles al encontrarlo refugiado en un rancho de familia eon 
objeto de mejorarse y emprender su marcha para esa ciudad. 

Al verse enfermo é inútil para todo servicio, aparle de que él 
era delicado y no hubiera podido soportar los rigores de la 
cruda guerra que nos hacen los enemigos de la libertad, pidió- 
me pasaporte para esa república y le fué inmediatamente conce- 
dido. El estado doloroso de su salud le impidió marchar ense- 
guida y dio ocasión á aquellos bárbaros para asesinarlo indefenso, 
acontecimiento que sentí profundamente, porque la suerte me 
hizo tratar de cerca y apreciar en lo que valía al infortunado 
joven, y perdí un amigo sincero, la Patria á uno de sus entu- 
siastas defensores y V. el hijo de su corazón en quien debía 
prometerse días de satisfacción y de gloria. Quédele al menos 
la satisfacción de que cumplió con el más sagrado de los debe- 
res que la naturaleza y la sociedad imponen al hombre honrado, 
cual es el de morir en defensa de la libertad é independencia de 
la Pütria. Esta no olvidará jamás esos heroicos sacrificios y en 
su día tributará la merecida recompensa á los mártires de su 
libertad. 

Reciba V., pues, la expresión del sentimiento que me cabe en 
su irreparable pérdida, sentimiento que comunicará á su apre- 
ciable y desconsolada familia, y deseándole conformidad, se re- 
pite de V. con la mayor consideración y respeto su afmo. ami- 
go y s. s. 



Circular. — Presidencia de la República de Cuba. — Residencia 
del Ejecutivo, Enero 2 de 187 J 2. — C. Mayor General Jefe del 
Departamento Militar de ■ . . . 

Los principios de civilización que sirven de base al Gobierno 
republicano establecido por la Revolución en la Isla, no permi- 
ten seguir el tiránico régimen español, en sus depredaciones y 
crueles procedimientos, por más que la represalia sea un dere- 
cho sobradamente justificado en la guerra injusta y salvaje que 
se nos hace, y bajo tal concepto pueden ejercerse actos análogos 
á los que sus sostenedores practican con nuestros soldados y 
ciudadanos. Sordo el Gobierno enemigo á las excitaciones que 
se le han dirigido, para regularizar la guerra, ó despojarla al 
menos de algunos de los horrores que le han asociado, é indi- 
ferentes al parecer ante esos excesos los demás Gobiernos de 
los países cultos del mundo, he creído, sin embargo, conveniente, 



CORRESPONDENCIA. 133 

hoy que la fuerza y vitalidad de la Revolución se ha revelado 
de una manera tan convincente, dictar algunas disposiciones que. 
representen a nuestra joven República, todavía más consecuente, 
si cabe, con sus fundamentos históricos y políticos; no obstante 
que en todas ocasiones, y conforme con las instrucciones comu- 
nicadas por el Gobierno, los jefes y autoridades hayan ofrecido 
altísimas pruebas de cultura, humanidad y magnanimidad con 
los enemigos que han caído en su poder. 

En consonancia con lo expuesto, observará V. y hará obser- 
var á sus subalternos las reglas siguientes : 

1. a Los enemigos que se presenten con armas ó sin ellas á 
nuestras autoridades, serán acogidos con toda la consideración 
que la espontaneidad y naturaleza de ese acto reclaman. 

2. a Los que se rindan en acción bajo palabra de conservarles 
la vida, ó que depongan las armas hallándose todavía en aptitud 
de hacer efectiva resistencia, á nuestras fuerzas, serán tratados 
con toda la dignidad que corresponde, sin causarles la menor 
vejación, pudiendo ser canjeados por prisioneros cubanos ó des- 
pedidos, dando su palabra de honor de no tomar las armas con- 
tra la República de Cuba durante la actual contienda. 

3. a En los asaltos de poblaciones, campamentos ó caseríos, no 
se quitará la vida á ningún cubano pacífico, y especialmente se 
respetarán los ancianos, inválidos, niños y mujeres, de cualquiera 
nacionalidad, prestándoles toda la protección posible, sin com- 
peler en ningún caso á las familias á venir con las fuerzas cu- 
banas. 

-í. a Si algún cubano fuese hecho prisionero por nuestras tro- 
pas, fuera de los casos citados en la regla segunda, se le quita- 
rán los caballos, armas y municiones de guerra, y se le dejará 
en libertad bajo palabra de no volver á servir contra la Repú- 
blica, ó seguirá con nosotros, sinos conviniere; á menos que 
no sea conocido como cruel asesino de sus compatriotas, en cuyo 
caso se le sujetará al juicio que está prevenido para los de su 
nacionalidad en la circular de 25 de Diciembre de 1870. 

5. a Los jefes militares de Distrito quedan autorizados para 
conceder capitulación de la vida á los enemigos y á extender 
por escrito esta autorización á aquellos subalternos suyos que 
le parezcan competentes, dando cuenta al Gobierno. En los de- 
más casos se ceñirán á lo que dispone la circular de 23 de Junio 
de 1870. 

6. a No consentirán bajo su más estrecha responsabilidad que 
infrinjan estas disposiciones, y menos que se quítela vida á nin- 



140 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

gún individuo fuera del ardor del combate, sin las formalidades 
prescritas, haciendo castigar á los contraventores con las más 
severas penas arreglado á su delito. 

Reciba V. el testimonio de mi más distinguida considera- 
ción. 



N.° 45. — A Su Excelencia el General Ulises S. Grant, 
Presidente de los Estados Unidos de América. — Residencia del 
Ejecutivo, 12 de Enero de 1872 , 5.*? año de nuestra Indepen- 
dencia. — Señor Presidente: Estimulado por las nobles pa- 
labras que referentes á este país conliene vuestro último Men- 
saje, palabras que han ganado la gratitud de todos los cubanos 
en armas contra España, no dudo dirigirme á V. E. particular- 
mente por carecer de Representante reconocido en esa Repú- 
blica, exponiéndome, quizás, por amor á mi patria, á ver des- 
atendida la alta posición que ocupo. 

Vuestro Mensaje, Honorable Señor, expresa y con justicia, 
que la prolongación del actual estado de cosas en Cuba y la no 
aparente perspectiva de terminarse, producían malestar y exci- 
tación en los Estados Unidos. La reserva del hombre de Estado 
y vuestra natural modestia, impidieron á V. E., sin duda alguna, 
añadir que era á más causa de continuos disgustos para el Go- 
bierno americano, haciendo cuando menos difícil su actitud y 
relaciones con España y obligándole, entre otras cosas, para 
defender los intereses de sus ciudadanos, á sostener en las aguas 
de Cuba una escuadra que irroga crecidos gastos. A no existir 
las muy atendibles razones arriba consignadas, pudiera V. E. 
haber fincado también sus temores en las inconsecuencias del 
Gobierno español y la inmoralidad de la mayoría de sus fun- 
cionarios. Por ello, la nunca bien encomiada disposición reco- 
mendada por V. E. para prohibir á los ciudadanos americanos 
la adquisición de propiedades en los territorios donde hubiese 
esclavitud, condenando así, aunque indirectamente, con vuestro 
desagrado y repugnancia, una nación que diciéndose libre, la 
mantiene y fomenta en las Antillas cuanto le es dable ; siendo 
prueba de esa immoralidad á que aludo, el que se haya propuesto 
en la Península el arrendamiento de las aduanas de Cuba por 
una cantidad crecida, con el objeto de evitar el iminenso fraude 
que se cometía. 

El estado actual de cosas en Cuba constituye una guerra que 



CORRESPONDENCIA. 141 

España se empeña con tenacidad injustificable en no reconocer, 
llevando su pretensión hasta el extremo de intentar impedir lo 
hagan las demás naciones, como si este hecho no fuese un acto 
potestativo de ellas, y como si la lucha que sostienen los cubanos 
contra la dominación española no fuese una guerra de emanci- 
pación política, á la que señalan no sólo los excesos de toda 
contienda, sino cuantos horrores el carácter español ha impreso 
á lodas las que ha tenido de igual naturaleza. La crueldad ha 
llegado hasta tal punto, Señor, que no sólo son sacrificados los 
hombres hechos prisioneros con las armas en la mano, sino que 
también los infelices que indiferentes á la lucha y desarmados, 
se han quedado viviendo en el campo en que habían nacido ó se 
habían criado; todos aquellos que, ajenos á la contienda por 
falta de recursos ó por no estar acostumbrados á la vida del 
pueblo, viven fuera de las poblaciones. 

Mas como todo lo anormal, como todo lo que no es veraz y se 
asienta en la inquebrantable base de la justicia, el Gobierno de 
la Península no ha podido sostener su negativa de guerra, el 
bautismo de simple bandolerismo que ha hecho de la Revolución 
Cubana, llevada á cabo por un ejército organizado que es condu- 
cido diariamente al combate y la victoria por jefes de distintas 
graduaciones, sujetos como los soldados á una Ley de Organi- 
zación Militar, castigados, cuando alguna falla cometen, por 
ordenanzas legisladas, y por las mismas premiados según sus 
méritos. 

Es el Diario de la flavina el periódico que en la isla de Cuba 
puede considerarse como órgano expresivo de las opiniones de 
las Autoridades españolas : casi de un modo exclusivo, á más 
de otras columnas, dedica la destinada al editorial, á tratar 
acerca de la guerra de Cuba; y tanto en sus artículos de fondo 
como cuando inserta decretos del Gobierno de la Metrópoli, ha- 
ciendo lugar á la verdad y espacio á la razón, confiesa ese estado 
de guerra, lamenta los perjuicios que á las fortunas causa, y 
mostrándose consecuente con sus españolas é interesadas miras, 
si no le merecen una sola reflexión mil consideraciones de pro- 
greso é índole humanitaria, se extiende, en cambio, es en ex- 
tremo lato y pomposo, en todo lo que atañe á menoscabo de la 
riqueza. 

Últimamente vio la luz en las columnas de ese periódico el 
Proyecto de Ley presentado á las Cortes en Octubre de 1811, 
para el arreglo de la Deuda de la Isla de Cuba, á cuyo fin se 
destina el producto del subsidio de guerra; y además, publicó 



V 




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142 -5^.;; CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. %.' : ,'f" /■' 

los siguientes datos que revelan la importancia de la lucha y 16 i-" 
onerosa que es para el Tesoro español. Según ellos, los gastos 
confesados de la guerra civil « eran hasta el 19 de Octubre de - 
1811 ¿ unos 314,500,000 péselas; los consignados para el presu- 
puesto de la Isla de 1871 á 72, pts. 137,407,852,86; el déficit por 
efecto de la guerra, no baja de 30 á 40 millones de pesetas, de- 
biendo resultar, á no existir el. sacrificio que pesa sobre la 
Madre Patria, un sobrante en los presupuestos de Cuba, de más 
de 60 millones de pesetas.» Despréndese de lo que el Diario pu- 
blica que « amenaza á la Habana el desastre de una crisis mer- 
cantil, por la situación ilegal en que hoy está el Banco y por la 
depreciación del inmenso papel moneda que la inunda », dedúcese 
también que existe una guerra civil, confesión que viene á san- 
cionar el deseo manifestado por el Rey Amadeo I.° de venir á 
tomar personalmente parle en la pacificación de la Isla; deseo 
que seguramente no hubiera tenido efecto, si en vez de las pode- 
rosas fuerzas que forman nuestro Ejército organizado, sólo 
existieran pequeñas partidas de bandidos que no obedecieran á 
un plan de guerra combinado y preconcebido, fueran insignifi- 
cantes por su número, sin carácter alguno las personas que las 
constituyen. Finalmente, al estampar la publicación lanías veces 
citada, que del puerto de Nueva York se habían recibido en la 
Habana y con destino al ejército, voluntarios y particulares 
88,766 armas, no sólo ratifica esa guerra, sino que también debe 
hallarse reconocida á las facilidades que, produelo de la más es- 
tricta neutralidad y deferencia, ha encontrado. 

Los horrorosos sucesos que han tenido lugar recientemente 
en la Habana, el asesinato politice cometido con varios ado- 
lescentes y la condena á presidio, confundidos con los más in- 
signes criminales, de un gran número de jóvenes, son actos de, 
espantosa ferocidad, más propios de tigres sedientos de sangre 
humana, que de defensores de pretendidas integridades nacio- 
nales, basadas en el absurdo derecho de conquista, amamantadas 
un férrea esclavitud, mantenidas en la más estúpida ignorancia 
y explotadas con la más sórdida avaricia, son hechos que por 
su aterradora magnitud, por la atmósfera de sangre que han 
producido, han herido dolorosamente vueslra alma. No me ex- 
tenderé sobre ellos, Señor Presidente ; no es dado á la débil 
naturaleza del hombre el sobrehumano dominio que exigiría 
de mí, al tratar este particular, el respeto que os debo y el 
que reclama mi dignidad personal y la del elevado cargo que 
ejerzo. 



CORRESPONDENCIA. 143 

No sería tampoco propio de mi carácter el dejar de hacer caso 
omiso de las fanfarronadas y bravatas de las hiperbólicas fuer- 
zas que el Gobierno de España, según declaración de sus órga- 
nos en Cuba, apresta en nuestra ex-metrópoli para hacer gigan- 
tesca guerra á vuestra nación, si cumpliendo con lo que puede 
creer su deber dispensara justicia á los cubanos; alharaca tanto 
más notable é injuriosa para los Estados Unidos, cuanto que no 
recuerdo la produjera la protección inglesa dispensada á los ve- 
nezolanos en su guerra de independencia, ni tampoco la legión 
británica que en ésta tomara parte y en Carabobo hiciera mor- 
der el polvo á tanto soldado español. Pero no me es posible 
callar que, á pesar del estigma de infamia con que V. E. marcó 
al Gobierno español en la nota que Mr. Fish, en 9 de Julio de 
1870 pasara al Señor López Roberts, Ministro español en Was- 
hington, con motivo de una proclama del Conde de Valmaseda, 
documento que entrañaba el exterminio completo de todo un 
pueblo, recientemente el expresado Conde ha expedido unbaDdo 
que en su espíritu y tendencia no es otra cosa que una segunda 
edición de aquella proclama. Cábeme la satisfacción, Señor Pre- 
sidente, de poner en conocimiento de V. E. que casi simultá- 
neamente concedía yo un indulto y dictaba órdenes á los Jefes 
militares inspiradas en los sentimientos de bumanidad que la 
civilización reclama. 

La Bandera Española, periódico de la ciudad de Santiago de 
Cuba, inspirado también por los sentimientos de su Gobierno, 
dice en un editorial, que del servicio de rondas ó patrullas 
nuevamente creado no deben estar exentos ni aun los extran- 
jeros, con lo que, al par que indirectamente declara existe la 
guerra civil, que es el caso en que hay derecho á ocuparlos 
únicamente para mantener el orden y policía de las poblaciones, 
crea una nueva ocasión de disgustos para el Gobierno de Y. E. 
por lo que á los ciudadanos americanos puede afectar esta su- 
jeción. 

La detención por la fuerza, la visita y registro practícalos 
en alia mar á un buque cubierto con la respetable bandera de 
vuestra nación, por un vapor de guerra español, es un hecho 
que ha pretendido legalizar la prensa española de la Isla de 
Cuba, sustentando la doctrina de ser un derecho reconocido entre 
beligerantes; tácita aceptación de tener los cubanos tal carácter, 
no pudiendo existir guerra sin contrario; y lus españoles asu- 
miéndolo para ejercer el derecho de registro en una nave neu- 
tral que navega en mares neutrales, porque sospechaban trajera 






' 141 CARLOS MANUEL DE'CESPEDES. 

recursos a los cubanos, ¿cuál sería la otra parte beligerante si 

no son esos mismos á quienes tratara de favorecer? *. 

Existiendo, pues, un estado anómalo de cosas en Cuba que 

- cuesta a España los sacrificios ya expresados ; si esa situación 

ha sido creada por los nacidos en la Isla, que no quieren se- 

' r ^ '.'.-.. guii: siendo subditos de aquella nación; si ella, y como efecto 

$ '¿'~¿ del carácter español, da origen á crímenes y actos de salva-. 

^. jismo ; si produce la ruina del país, ¿qué es lo que falta para 

.. declarar que hay una guerra, pero una guerra terrible áque es- 

?■£*.',;■ : tan obstrictas á poner pronto término las naciones civilizadas ? 

:■„ ,^~r ' ÍLás ideas que defienden los cubanos y la forma de Gobierno 

que han establecido, escrita en la Constitución por ellos pro- 

' V'-"' J ^>', amigada, hacen por lo menos obligatorio á los Estados Unidos, 

más. que á algunas otras, el inclinarse en su favor. Si por exi- 

- E gencia's do humanidad y civilización, todas las naciones están 

... - . • .obligadas á interesarse por Cuba, pidiendo la regularización de 

.£.5 .-' lá -guerra que sostiene contra España, los Estados Unidos tienen 

fsíiX ■"■'•. 6l deber que les imponen los principios políticos que profesan, 

¿■■.-¿l^s:-': proclaman y difunden. " 

r ; -'.¿~.:' Ala manifestación pública y oficial de sus simpatías, á su 
':>,, gestión en .nuestro favor, la patria de Washington y Lincoln, 
'•?■', la tierra que dio el ser á tanto hombre generoso inmolado por 
'-. la emancipación social de una raza, sólo puede oponer pobres 

- razones de egoísmo, temor á gastos ocasionados por fantástica 
^ ; guerra, que si el quijotismo la provoca, la fuerza que da la 
razón pronto la combate. Esos gastos lentos, efectuados hoy 
día poco á poco, quizás á la larga no dejarían de ser conside- 
rables si esa guerra llegara á ser un hecho y de presente no 
reportan beneficio ni ventajas, ni dejará de resentirse la dig- 
nidad y honra del país. 

Vuestra Excelencia tiene ya la experiencia de que los cubanos 
nada pueden esperar de las promesas de España ; que es un 
sueño aguardar áque se convenza déla conveniencia que le re- 
portaría el reconocimiento de nuestra independencia. Nuestra 
lucha, como todas las de su clase, será larga, pero abreviarla 
puede en mucho el acto que de V. E. reclama la justicia, reco- 
nociendo el Gobierno de los Estados Unidos nuestra belige- 
rancia y nuestra independencia. 

Excusadme, Señor, si en medio del cúmulo de vuestras im- 
portantísimas atenciones,' no en son de súplica, sino para pre- 
sentaros ocasión de hacerlo, acudo á V. E. con la gestión que 
dejo razonada. 



CORRESPONDENCIA. 145 

Creed, Honorable Presidente, al efectuarlo, mil familias ben- 
decirán vuestro nombre y habréis ganado con el valioso agra- 
decimiento de mi patria, la admiración del que se suscribe de 
V. E. su mus adicto servidor. — El Presidente de la República 
de Cuba. 



N.° 46. — A Su Majestad Amadeo I. °, Rey de España. — Señor : 
A vuestros ojos no debe parecer inoportuna la creencia de que 
los asuntos de Cuba ocupen de un modo muy preferente vuestra 
atención. Ellos son de tal importancia, que completamente la 
justifican, y quizá, hayan sido presentados á V. M. de tal 
modo que, desfigurados en su naturaleza, produjeran en vuestro 
ánimo distinta impresión de la que era lógico esperar, atendidas 
las eminentes cualidades que distinguen á Vuestra Majestad. 

No con otro objeto que con el de asentar en toda su veraci- 
dad los fundamentos de la guerra que los cubanos sostienen 
contra la dominación española, es el enviar á V. M. este escrito, 
que si á espíritus mezquinos puede dar abundante pasto con 
que alimentar su invectiva y ser causa de grandes alborotos, no 
hay lugar á ese temor de la sensatez y cordura de los más. 

La guerra que los cubanos sustentan hoy contra España, no 
es como tratan incesantemente de hacer creer los interesados 
en que continúen ejerciéndose privilegios y monopolios; no es 
como aseguran los onemigos de todo adelanto, de todo lo que 
significa progreso, la abjuración de creencia alguna, el producto 
de la ingratitud; menos es el acto de renegar nuestro origen y 
antepasados, de los sacrificios y glorias de la que fué nuestra 
Madre Patria : es simplemente la emancipación de un pueblo 
que por sus condiciones físicas especiales, por el grande ade- 
lanto material que ha alcanzado, por la ilustración de sus hijos 
y por el ejemplo de otras naciones, aspira á tener vida propia, 
y que considerando haber llegado á su mayoría de edad, ha 
tratado de desatar lazos que, naturales en su niñez, ya no tie- 
nen razón de ser, eran anormales y humillantes para la digni- 
dad del hombre. 

Cuba no ha tratado, desde hace largos años, que esa separa- 
ción se efectuara por una transición brusca que rompiese vín- 
culos de amistad y gratitud, sino que, antes por el contrario, 
todos sus esfuerzos tendieron á quedar obligada, á ser por su 
cariño la predilecta de la Metrópoli que le diera vida social. 
Desgraciadamente, promesas hechas y nunca cumplidas por 

10 



146 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

distintos y numerosos Gobiernos, anteriores todos al reinado de 
V. M., fueron cercenando la esperanza de los cubanos, pare- 
ciendo que' todos los Ministerios se habían propuesto ver á cuál 
burlaba más sus nobles y varoniles aspiraciones, y coincidiendo 
con las no satisfechas promesas, el desarrollo paralelo de un 
sistema de preferencia y privilegio en favor de los españoles, 
de coai'tación de derechos y aumento de gravámenes para los 
cubanos. Fueron dictadas estas disposiciones con habilidad ma- 
quiavélica, de modo que en su día, y tal como hoy se ejecutan, 
pudieran hacerse aparecer á la vista de los demás pueblos y 
ante los hombres que desconocen éste país, ó no tuvieron oca- 
sión de estudiarlo á fondo, como puebas de la longanimidad y 
benevolencia del Gobierno de España hacia nosotros. 

Siempre militarmente administrados, los distintos documentos 
que redactados por las autoridades coloniales nos hacían firmar, 
•no'tuvieron nunca otra espontaneidad y significación que los en 
la actualidad suscritos por cubanos residentes en las poblaciones 
bajo el dominio español. Los cubanos sabían muy bien, antes, 
que si no lo hacían, se exponían á la malquerencia, á la vigi- 
lancia, cuando no al destierro, y saben ahora que la negativa 
sería, según los casos, ó su declaración de infidencia, ó su sen- 
tencia de muerte. La certeza de estos hechos se halla ratificada 
con los cubanos presentados; de esta especie son la mayor parte 
de los hombres que se han visto obligados á suscribir la expo- 
sición que recientemente se ha elevado hasta V. M. desde la 
ciudad de Puerto Principe, y creedme, Señor, entre los nombres 
que la autorizan, figuran los de niños que cuentan pocos años 
de edad, los de individuos muertos en el campo de la Revolu- 
ción, "sepultados por soldados del Ejército Libertador; también 

v los hay de locos, repetidos varias veces; y si para nosotros, que 
hemos proclamado la igualdad política de todas las razas, no 

.. tiene importancia alguna el que en su mayor parte sean per- 
sonas de color, condición con la que no se hacen aparecer, la 
tiene y grande para un gobierno que mantiene la esclavitud. 
Ni siquiera les vale este servicio para desvanecer sospechas, 
nunca para infundir confianza; pues cuando obtenemos algún 
triunfo, siempre á la connivencia con ellos y demás cubanos 
que no están en los campos, se achaca nuestra gloria ; siempre 
por ella se explica la derrota de nuestros enemigos. 

Inútiles todos los esfuerzos empleados por los cubanos para 
obtener libertad y vida propia, apelaron al último recurso, al de 

t las armas, que empuñaron, si cabía, con más brio cuando des- 



CORRESPONDENCIA. 147 

pues de la Revolución gloriosa que España llevara á cabo en 
Septiembre de mil ochocientos sesenta y ocho, vieron en absoluto 
defraudadas sus esperanzas y desvanecidas sus ilusiones. Recu- 
rrieron á la guerra, no por odio á España, no por saña y cruel- 
dad, no por deseo de fratricida lucha empeñada con bastardo 
objeto, sino imperiosamente obligados para defenderse de per- 
secuciones, para adquirir dignidad, para conquistar derechos y 
derogar instituciones tan nefandas como la de la esclavitud. 

Los españoles de Cuba nos han hecho aparecer como bandidos 
é incendiarios, y sin embargo, fueron españoles los que antes 
emplearon el saqueo y la tea, recibiendo yo el honor de que 
fuese el ingenio Demajagua, de mi pertenencia, la primera pro- 
piedad que sufriera en Cuba como consecuencia de la guerra; 
inaugurando con este acto la larga serie de los de la misma 
especie, cometidos por ambas partes, pero con la diferencia de 
que, lo que en nosotros es producto de la necesidad, es un 
recurso de guerra y obedece á un plan combinado ; por parle 
del Ejército de V. \L, es sólo obra de la venganza. 

No es la intención de este escrito haceros la triste pintura de 
los horrores llevados á cabo por los soldados españoles : por 
fiel que fuera el cuadro, ¿cómo dar idea de las muchas madres 
en cuya presencia han matado sus hijas, del número de éstas 
violadas y ultrajadas de mil modos por la soldadesca; cómo 
contar los cadáveres mutilados, las escenas del incendio del 
pillaje y exterminio ? Yo renuncio á ello por imposible y en la 
persuación de que vuestro ánimo, aunque esforzado, sensible, 
no podría soportar la emoción que el relato produjera, ni 
creería en la veracidad de mis asertos, ante lo horroroso é inu- 
sitado de los hechos. Ciertamente que su inculpación no debería 
caer sobre el Gobierno de la Metrópoli, que en nuestra lucha 
aparece sólo de un modo secundario, como simple auxiliadora 
de los voluntarios españoles. En el sangriento drama de la 
Revolución Cubana, no tiene hoy otro carácter; así al menos 
aparece consignado públicamente con referencia á personas 
autorizadas de la nación española ; sin embargo de esto, es 
deber mío protestar en nombre de todos los cubanos, y del 
modo más solemne, por el inicuo, injustificable y criminal pro- 
cedimiento empleado por las Autoridades españolas de la Habana, 
contra cuarenta y tres jóvenes que apenas habían entrado en 
la adolescencia y por un hecho que, si contiene alguna crimina- 
lidad, atenuadísima se hallaba por la edad de los acusados y 
por haber sido antes provocados con análogo hecho, en man- 



148 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

cilla de un sabio varón cuya memoria es sagrada para todos 
los nacidos en Cuba. (1) 

Cuando, según leí en los periódicos, V. M., llevado de generoso 
impulso, manifestó deseos de venir á combatir á Cuba, alimenté 
la risueña esperanza de que, si lo-'efectuaba, terminarían esas 
escenas de horror. Cuando después vi que, por prudencia y 
altísimas razones dé Estado, desistía de su propósito, quedóme 
el convencimiento de que V. M. comprendía, al querer venir, 
la importancia de la lucha, de antemano explicada ya por el 
envío de más de setenta mil hombres que ha hecho España con 
el fin de sofocarla, sin haberlo conseguido; que, antes por el 
contrario, debo con entera franqueza decir que nunca ha sido 
por nuestra parte más potente y eficaz. 

De esos setenta mil soldados existen pocos; una parte de los 
reclutas recién llegados ha perecido por efecto del clima, y otros 
por Consecuencia de una guerra en que, como en todas las en- 
tabladas entre una colonia y su metrópoli, será ésta la vencida, 
no obstante el valor y constancia de sus soldados. Inglaterra, 
Francia, España misma, ofrecen de ello elocuentes lecciones, 
así como, sobre todo esta última nación, de la inverosimilitud 
de sus partes militares. Diversos móviles explican esta misti- 
ficación, que si produce por primer efecto una falsa creencia, 
luego queda desvanecida. ¿Quién, señor, si se toma el trabajo 
de sumar las pérdidas que en hombres ha sufrido, según esos 
partes, la Revolución, puede concebir la existencia de un 
cubano rebelde? Nadie; porque ese total montaría más que 
el todo de la población cubana insurreccionada. 

Si á las terribles consecuencias de toda lucha, tanto más 
cruenta siempre cuanto más inmediatos y fuertes han sido los 
-vínculos que unieran ambas partes contendoras, se añaden las 
producidas por lina tan sangrienta cual ésta, sin cuartel y sin 
observar ninguna de las prescripciones exigidas por la civili- 
zación y la humanidad, V. M. comprenderá cuan inmensa será 



(1) Alude erróneamente á D. José de la Luz Caballero, cuyo cadáver 
se dijo que habían profanado los voluntarios ; rumor que tuvo sin duda 
por origen las siguientes palabras del capitán de aquel cuerpo D. Felipe 
Alonso al niño Alvarez de la Campa : — «¿Qué hubieran ustedes he- 
cho si hubiésemos sacado los restos de ese á quien ustedes llaman su 
sabio maestro, de ese D. Pepe ? » (El 27 de Noviembre de Í87Í, por 
Fermín Valdés Domínguez. — Habana, 1887.) — N. del A. 



CORRESPONDENCIA. 149 

la desolación y ruina del país, euán terrible la mortandad, 
cuan cruel y bárbara, cuan borrascosa y salvaje la contienda !... 

Para que no pueda en tiempo alguno creerse que por parte de 
los cubanos ha habido empeño en prolongar tal estado de cosas 
— creencia disipada del todo con el amplio indulto por mí conce- 
dido, é instrucciones dadas á los Jefes militares en honrosa 
contradicción con el bando expedido por el Capitán General 
Conde de Valmaseda, que, en su espíritu, no es otra cosa que 
la repetición de la célebre proclama que le mereciera la execra- 
ción de todas las naciones — y para que la responsabilidad de 
esos hechos recaiga sobre quien recaer deba, he ocupado tanto 
tiempo la atención de V. M. ; Quiera Dios que, interpretando 
bien mis sentimientos y gracia á mis intenciones, se incline á 
ordenar á la par que lo más conveniente y humanitario, lo más 
justo para que cesen tantos horrores! 

Con protestas de la mayor y más deferente consideración, 
soy de Vuestra Majestad. — Señor. — El Presidente de la 
República de Cuba. — Residencia del Ejecutivo, Enero veinte y 
tres de mil ochocientos setenta y dos. 



N.° 50. — Vega Rellaca, Febrero 5 de 1872. — Señor D. T. 
Guardia, Presidente de Costa Rica. — Muy distinguido y res- 
petable Señor : Tengo el honor de acusar á V. recibo de su 
muy atenta y estimable de 14 de Julio ppdo. Agradezco á V., se- 
ñor, las nobles palabras que le merece mi patria por la lucha 
sangrienta que sosliene contra la dominación española. Lucha 
que hace más terrible la ferocidad del enemigo y más cruenta 
la falta de regularización. 

Confiadamente espero que los proyectos que en Colombia han 
tenido lugar, llegarán á ser un hecho realizado. 

Si la constancia y el valor, si la abnegación patriótica, si el 
sufrimiento bajo todas formas, son títulos que algo valen para 
los pueblos hermanos de la América que, como el de Cuba hoy, 
combatieron antes por la Independencia, la Libertad y la Repú- 
blica, ninguno más que el pueblo cubano merece ser ayudado 
y es acreedor á las simpatías de las naciones sud-americanas. 

Dignaos, señor, como me ofrecéis, comunicarme vuestras ins- 
piraciones, y cuantas noticias acerca de mi país consideréis que 
puedan sernos útiles. 

Con sentimientos de la más alta consideración y respeto, soy 
de V. servidor. 



150 " CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

N.° 51. — Vega Bellaca, Febrero 5 de 1872. — G. Ramón Cés- 
pedes. — Nueva York. — Estimado amigo y compadre : Con 
notable retraso, que alcanzó hasta los últimos días del ppdo. mes, 
ha venido á mis manos su anhelada carta de 22 de Agosto último. 
El buen recibimiento que Aguilera y V. obtuvieron, y del que ya 
por otro conducto estábamos enterados, nos causó la alegría que 
V. debe suponer, también por lo que en beneficio de la Patria 
pudieran redundar esas manifestaciones de cariño, cuanto por- 
que se hacían en obsequio de personas de nuestra predilección. 
Desgraciadamente, parece desprenderse del contexto de la carta 
de V., de la que antes recibiera del amigo Aguilera y de la que 
me remitió Bravo, al salir para su destino, que no se ha logrado 
aunar todas las voluntades, y que á pesar de haber V. y Aguilera 
asumido la representación de la República en ese país, no han 
terminado completamente al menos las disidencias. 

La índole é importancia de los altos puestos que V.V. ocupan en 
este Gobierno, hace de todo punto imposible que continúen en el 
exterior; sobre todo Aguilera, en su calidad de Vicepresidente, 
no es dable se halle mucho tiempo fuera de la Patria. Usted 
no ignora, querido amigo, que si á mi me aconteciese una des- 
gracia, ausente él, no se sabría quién había de remplazamos. Y 
en cuanto á V., que si así lo decidiese nos colmaría de satisfac- 
ción, le aguarda su Secretaría, á no ser que prefiriera represen- 
tarnos en alguno de los países en que hemos sido reconocidos. 
De cualquier modo, creo que no deben V.V. continuar en las fun- 
ciones que hoy desempeñan en esa. 

Desconociendo la mayoría de los cubanos que están aquí las 
mil é insuperables dificultades con que habrán tenido V.V. que 
luchar, y juzgando sólo por resultados, deducen que no han 
debido V.V. lograr reunir en un esfuerzo común los elementos 
de la emigración, cuando sin embargo del tiempo transcurrido, 
no nos han enviado ningún auxilio ; esta deducción adquirió 
mayor fuerza al saber que se trataba de realizar un empréstito 
en el Perú, prueba evidente para ellos de que no se obtenían por 
V.V. recursos en esa. Vino por fin á dar mayor valor á sus 
presunciones el conocimiento de que Aldama y sus amigos 
enviarán recursos por su cuenta. 

Dada una autorización para un empréstito primero de 
20,000,000, que se amplió luego á 50, sin que ni en uno ni en 
otro caso se obtuviera resultado alguno , ha parecido aquí 
anómalo hacerlo extensivo hasta la cantidad que V. se sirve 
indicar. Mal efecto produjo la autorización que V.V. pedían, 



CORRESPONDENCIA. 151 

sobre la que, así como sobre la transferencia de poder que 
indican, ha de recaer un acuerdo. 

Excusado creo añadir á V., que sabe cuánto lo aprecio, lo 
mismo que á Aguilera, que todas las indicaciones que en ésta 
hago son dictadas con verdadero afecto, pero como producto de 
la justicia, de lo que reclaman los acontecimientos y de lo que 
fué acordado. Según se dispuso y cumpliendo con lo pactado, 
deben V.V. nombrar los que han de reemplazarlos y dar cuenta 
al Gobierno del resultado de sus gestiones. Mi hermano Pedro, 
que llevaba una misión para esa, tiene que quedarse en Jamaica, 
por el mal estado de su salud. Mucho me ha contrariado esto, 
sin embargo de que espero que la persona por él autorizada 
para verse con V.V. cumplirá con sus deberes de buen pa- 
triota, y en tal caso, será ayudado en todo lo que deba serlo. 
No olviden V.V. la situación en que quedamos y el tiempo que 
ha transcurrido. Por lo que á V.V. escriba el Secretario interino 
de Relacines Exteriores, se pondrá al corriente de las opera- 
ciones del enemigo y de nuestras ideas y propósitos sobre polí- 
tica exlerior. 

Reciba V. las seguridades del verdadero afecto que le profesa 
su amigo, compadre y h... 



N.° 55. — Al Partido Republicano de España. — Nadie podrá 
con más títulos que nosotros, republicanos cubanos, dirigir su 
voz al gran partido que en España combate para hacer aceptar 
los principios de Igualdad y Fraternidad. Nadie más que nosotros, 
que al luchar hoy en Cuba por arraigar esa forma política, 
hemos tenido que ponernos en violenta pugna con anticuados 
principios, con preocupaciones convertidas en creencias, con 
ubsurdos sistemas coloniales y con mal entendidos orgullos 
patrios. Nadie más que nosotros que, de la misma raza, de igual 
origen y con análogos antecedentes, hemos tratado durante largo 
tiempo, no de romper violentamente, sino de desatar con dulzura 
lazos territoriales que no tenían ya razón de ser. 

Si por ello, los Representantes de España, desertaran de su 
bandera y nos tuvieran por enemigos, no vacilaríamos nosotros, 
consecuentes siempre con el dogma democrático ; y si sensible 
nos sería tal defección, nos obligaría aun más á deciros la ver- 
dad y exigiría de vosotros que nos escuchéis con paciencia. 

Muchos de nosotros aprendimos en vuestras aulas universi- 



'i** 



-152 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

tarias, cuan absurdo es el derecho de conquista ; y el conoci- 
miento que á nuestro ánimo llevaron vuestras brillantes leccio- 
nes, disipó las dudas que mil veces nos asaltaron sobre la razón 
que hubieran tenido los españoles para privarse de la difusión 
de luces que la civilización arábiga espaiciera por toda España 
durante la larga dominación sarracena, expulsando los moros 
de su territorio. Tuvieron los españoles razón para hacer lo que 
hicieron; que nunca el derecho de la fuerza podrá ser aceptado 
por código alguno. 

Si concebimos nosotros la inmarcesible gloria que cupo á 
España por el descubrimiento de las Américas, es poique no lo 
consideramos como un hecho aislado, sino porque para nuestra 
razón esa gloria no se explica sin actos posteriores. 

Efectivamente, el mayor timbre, el más preclaro título que á 
la admiración del antiguo mundo y á la gratitud del nuevo una 
potencia conquistadora puede ofrecer es, como Inglaterra, hacer 
Jibres, dar existencia propia é independiente á los pueblos á 
quienes primero prestó su civilización, religión é idioma. 

Nosotros estamos tan prontos á reconocer todos los títulos 
que á la gratitud tiene una nación que obra de ese modo, como 
lo estamos á negar todos los que se basan en la violencia, se 
explican por el provecho, se exigen por la codicia y se intentan 
mantener por la fuerza. 

Asegurarse puede que, si fuera dable por medio del sufragio, 
y sin temor á venganzas posteriores, el que consignasen su voto 
los cubanos para saber si optaban por la emancipación de Es- 
paña, lo depositarían todos en la urna en ese sentido; al par 
que, si el voto hubiera de consignarse para averiguar si esa 
separación tenía como razón el odio á España, el escrutinio 
daría un resultado absolutamente negativo. 

Sentada esta premisa, queden para siempre olvidadas esas 
injuriosas apreciaciones de nuestros móviles, esas chocarreras 
frases, imbéciles diclerios y repugnanles epítetos con que'dia- 
riamente, y á falta de razones que expliquen la resistencia á 
nuestros deseos, se maltratan nueslros oídos. No más hablar de 
que renegamos de nuestra ascendencia, que desconocemos la 
gratitud; que nosotros, si lamentamos no poseer todos los gra- 
dos de instrucción, si sentimos no estar al nivel del progreso 
humano en todas sus manifestaciones, sabemos bien que la po- 
bre España, debido á sus luchas intestinas, no nos podía dar 
aquello de que carecía; que nos dio cuanto tenía; que nos hizo 
herederos con sus virtudes de todos sus vicios, y que aun al 



CORRESPONDENCIA. 153 

presente, luchando como se halla contra el fanatismo, contra 
una política personalista y un parlamentarismo vicioso, su so- 
ciedad no aparecerá en línea, no formará dignamente al lado de 
las naciones civilizadas, sino cuando, venciendo el partido repu- 
hlicano, la libertad religiosa como la de enseñanza, la emisión 
libre del pensamiento, la asociación sin trabas autócratas, una 
prensa verdadera y dignamente independiente y el sufragio 
universal, den sazonado fruto. 

Á los beneficios de esas instituciones democráticas aspiramos 
nosotros, beneficios que no podemos esperar de la Península; 
nuestra organización social es distinta; entre nosotros no hay 
verdadero pueblo, no hay grandes masas iletradas, no hay po- 
blación blanca que preparar por medio de instrucción adecuada, 
haciéndose fácil con respecto á la de color por la ductilidad de 
su carácter y por la bondad misma de esas instituciones. 

Debido á condiciones topográficas dadas, á determinadas ve- 
cindades, á facilidad de recursos y por espíritu de imitación, 
estamos aptos para esa comunión política, purificada nuestra 
inteligencia de los groseros errores que hoy día trata el Go- 
bierno de hacer entrar en nuestros estudios, españolizando (1) 
como dice el Conde de Valmaseda, la enseñanza. ¡ Blasfemia 
espantosa, localizar la ciencia, borrar del mundo científico las 
obras de eminentes autores, por ser extranjeros; y á despecho 
de la imprenta y de la locomotora, del telégrafo y otras con- 
quistas del saber humano, hacernos retroceder al siglo diez y 
ocho, á las obras de texto, á las no incluidas en el índice! 

Vosotros sois nuestros correligionarios políticos, ó sois unos 
apóstatas. Si de buena fe os llamáis republicanos, ¿podría 
darse el caso de que condenaseis nuestro esfuerzo, os opusie- 
rais á nuestro designio político? 

Si intensa fué nuestra alegría cuando dejaron oír en la tribuna 
del Congreso los diputados Díaz Quintero y Labra, generosas 
palabras en favor de las libertades cubanas, por más que ellas 
no satisfaciesen completamente nuestro deseo, y atrayéndose 
por ese hecho la maldición y excomunión política de los vo- 
luntarios españoles de Cuba; si nuestro reconocimiento llegara 
al summum, cuando con anterioridad algún otro Representante 
republicano hablara más latamente en pro de nuestros dere- 



(1) Se refiere al inicuo plan de estudios que Valmaseda encomendó á 
D. Ramón María de Aráiztegui. — N. del A. 



154 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

chos, extraordinariamente acibaró tan expansivo sentimiento, 
la aflictiva impresión que nos causaron las frases del señor 
Castelar, diciendo que antes que republicano había nacido es- 
pañol. 

Á nuestra memoria asaltó entonces el recuerdo de Polonia, 
defendida tantas veces por el señor Castelar en sus escritos, 
al hablar de los sufrimientos, del martirologio por que había 
pasado en su contrarestada guerra de independencia. ¡ Lamen- 
table contradicción del elocuente orador español ! ¡ Sensible con- 
trasentido republicano de uno de los más renombrados jefes de 
ese partido en España, que encuentra bueno lo que el pueblo po- 
laco ha hecho, y acaso hace, contra el ruso su dominador, y 
halla malo lo que el cubano practica contra el déspota español! 

Y es tanto más notable la antítesis, cuanto que olvidarse no 
debe, ha sido siempre contraria la suerte á los españoles en las 
luchas que en América han tenido para continuar su tiranía; y 
que, si ciertamente en la nuestra no se ha dado batalla alguna 
decisiva como las de Carabolo, Ayacucho ó Junín, mal que le 
pese al innegable valor, suma constancia y admirable denuedo 
del Ejército español, la rendición de Bayamo y las acciones de 
Baire, Llanada, las Minas, Ciego de Loreto, la Estacada, Potre- 
rillo y Atollaosa, entre otras, nos han enseñado el camino de la 
victoria, nos aproximan á un triunfo final. 

Continuando en el sistema de no querer oírnos, ó de des- 
preciar nuestras indicaciones, fué siempre para nosotros letra 
muerta todo lo dispuesto en la Península en beneficio de los 
derechos individuales. 

Últimamente el Gobierno de Madrid impuso una multa á un 
periódico de la Corte, por injuria hecha al director de otra publi- 
cación que, aunque no es partidario de nuestra independencia, 
abogaba en sus columnas por la necesidad de reformas políticas 
en sentido liberal para la Isla de Cuba. Burlándose del fallo del 
tribunal, insultan los voluntarios por el sólo hecho de haber 
nacido en Cuba, al director del periódico injuriado, promoviendo 
subscripción para abonar todas las multas en que puede incurrir 
el de la publicación que ofendió, incitándole con este hecho, 
vista la impunidad del pago, á proseguir en esas calumnias; le 
insulta también el Diario de la Marina, dando cabida en sus co- 
lumnas , con chusca redacción, á la lista de los subscriptores; y lo 
¡nsulla, por fin, la Autoridad superior española de la Isla, con- 
sintiendo esa publicación, risible burla del fallo de un tribunal 
competente. 



CORRESPONDENCIA. 155 

Nosotros hemos leído el Manifiesto que el partido conservador 
ha dirigido al Gobierno ofreciéndole su cooperación en los 
asuntos de Cuba, y, aparte de la galanura del estilo con que está 
escrito, no hemos encontrado una sola razón que abone su con- 
ducta, como no sea la consecuencia con sus principios de 
slaiu quo. 

Nosotros hemos visto el que el Centro Ultramarino ha publi- 
cado, y padrón de ignominia que revela los antiguos esfuerzos 
del comercio de Cádiz cuando la guerra de Sur América, es á su 
vez fiel reflejo de la escuela de privilegios y monopolios, del 
í'aude aduanero y agiotaje que, revestido de diferentes formas, 
principia en la Habana en el extremo del muelle y concluye en 
los salones del Palacio. Hemos tenido paciencia para leer tan inte- 
resados documentos, en la esperanza de hallar la protesta contra 
ellos del partido republicano de España ; y cuando finalmente 
nos enteramos de la diatriba impresa que determinada porción 
de la prensa española circulara en busca de adeptos y en contra 
de nuestra causa, pasamos por el dolor de ver que, en la dualidad 
de su objeto, anteponía el interés personal, siempre mezquino de 
la cuestión de Cuba, al universal, al llamado según ella, á pro- 
ducir el caos, a la cuestión de la Internacional. 

Á falta de la protesta republicana española, esta cubana, que 
á nosotros ni el desagradar á individualidades políticas, ni el 
temor a ser tenidos por propagandistas, ni el miedo á testa co- 
ronada alguna, nos ha de impedir cumplir con nuestro deber. 

Ya lo hemos dicho : al heredar vuestras virtudes, heredamos 
también vuestros vicios. No extrañéis, pues, nuestra arrogancia. 
¡ Pluguiera á Dios fuera siempre empleada con tan noble y 
justo fin ! 

Republicanos franceses fueron los que dijeron: « — ¡Perezcan 
las colonias, sálvense los principios ! ». 

¡Que no sean republicanos españoles los que, prefiriendo un 
poco de oro y la falsa gloria de un amor propio mal entendido, 
exclamen : — / Piérdanse, húndanse los principios antes que un 
mercado monopolizado para nuestros frutos y un pedazo de tierra 
americana en que enseñorearnos! 

Nosotros, regando con nuestra sangre los campos de la Isla 
de Cuba, ganamos nuestras libertades, damos prueba de apreciar 
la excelsitud de los principios democráticos ; ¡ que no coadyuven 
los republicanos de España al envío de más víctimas sacrifi- 
cadas en servicio del más feroz despotismo! 

Fieles nosotros al dogma democrático, porque se salvasen los 



156 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

principios nos hemos arruinado, destruyendo nuestra riqueza al 
proclamar la inmediata abolición de la esclavitud ; y fieles vos- 
otros, debéis ayudarnos al logro de nuestra emancipación polí- 
tica, á no ser que, haciendo bancarrota á vuestras creencias, 
dejéis fallida nuestra esperanza ; como no sea que, haciendo 
traición á vuestro credo político, modernos Janos, tengáis un 
rostro democrático peninsular y una fisonomía déspota insular ; 
como no queráis ofrecer el triste espectáculo de hacer ver que 
eran una mentira las doctrinas que predicabais, al pedir hoy 
páralos españoles la dignidad del hombre libre, la crgástula del 
esclavo para los cubanos. 

Campo de la Revolución, Febrero 1.° de 187-2, 5.° de nuestra 
Independencia [firmado]. Carlos M. de Céspedes, Salvador Cis- 
neros Betancourt, Jorge Mitanes, Ignacio Mora, Pedro Maceo, 
Miguel Bravo y Sentíes, José González, Guerra, Francisco Maceo, 
Lino Pérez, Carlos M. de Céspedes y Céspedes, Rafael Milanés, Ra- 
fael Caimari, Fernando Figueredo Socarras, José Ignacio de Que- 
sada y Loynaz, Emilio Céspedes, Mariano Acosta, Esteban Castillo, 
Joaquín Acosta, Luis Junco, Manuel Caballero. 



N.° 56. — Á Su Majestad la Reina Victoria. — El Presidente 
de la República de Cuba. — Señora: Las d olorosísimas impre- 
siones que durante la grave y larga enfermedad de Vuestro Muy 
Amado Hijo el Príncipe de Gales, experimentó Vuestro mater- 
nal corazón, hallaron profundo eco en el pueblo cubano. 

Grato me es hoy cumplir para con V. M. con dos sagrados 
deberes, enviándoos la más sincera y respetuosa felicitación por 
el restablecimiento de la salud del Príncipe, y el mayor agrade- 
cimiento por las deferencias y cariñoso trato de que, por parte 
de Vuestras dignísimas Autoridades de Jamaica, han sido objeto 
las familias cubanas que allí se han acogido. Obligadas á emi- 
grar, UDas huyendo de la barbarie de la guerra, expulsadas otras 
violentamente y por ello impelidas á demandar la caridad pública, 
no han podido esas escenas modificar en nada las crueldades que 
caracterizan nuestra lucha, á pesar de todos mis esfuerzos. Últi- 
mamente, y con ese fin, expedí un indulto y di instrucciones 
adecuadas á los Jefes militares, de las que no me trevo á espe- 
rar mejor resultado. 

La triste necesidad en que nos colocara una guerra sin cuar- 
tel, de recurrir al derecho de represalias, siempre por nosotros 



CORRESPONDENCIA. 157 

con lenidad ejercido, hace indescriptible sus horrores. | Cuántas 
madres, tanto cubanas como españolas, lloran hoy la muerte de 
sus hijos escapados de los azares del combate para ser más 
luego inmolados á sangre fría! ¡Cuántas mujeres, niños y an- 
cianos han caído asesinados sin piedad, sacrificados sin razón, 
mutilados horrorosamente ! 

Dispensad, Señora, que hoy, y en ocasión de dirigirme á Vos 
para daros mis plácemes, asalte á mi mente la consideración de 
que tan crueles excesos, de que tan sangrientos cuadros pudie- 
ran cesar, si las poderosas naciones europeas y americanas re- 
conocieran nuestra justa beligerancia. 

Con la más alta consideración y el mayor respeto, soy de 
Vuestra Majestad. — Señora. — El Presidente de la República 
de Cuba. 



N.° 59. — La Güira, Marzo 8 de 1812. — C. Vicente García. — 
Estimado amigo : Recibí su aprecíable carta fechada el 30 de 
Enero próximo pasado en Río Chiquito, así como la comunica- 
ción oficial del l.°de Febrero de este año. Contestando privada- 
mente á ambos documentos, he de darle las más expresivas 
gracias por el envío hecho de la carta original á que se refiere, 
al General Agramonte, con el que desearía se pusiese de acuer- 
do para que manteniendo con V. frecuentes comunicaciones, 
pudieran las de ambos llegar al Gobierno por la vía de Holguín 
ó Bayamo. El mismo encarecimiento se le dirige al General 
Agramonte, á quien también se le escribe sobre la cuestión de 
límites de la Jurisdicción de las Tunas, bien que teniendo pre- 
sente las muchas deserciones del Camagüey, la actividad de las 
operaciones del enemigo y el vasto territorio que tiene que aten- 
der. Espero conciliar los justos deseos de V. con la situación 
de aquel jefe, y oficialmente tendrá V. noticia de lo acordado. 

Con gran alegría patriótica he sabido los gloriosos combates 
sostenidos por la División de su digno mando, y aunque V. no 
necesita se lo encomie, lo que la experiencia ha demostrado ser- 
nos de suma utilidad, ha de permitirme le recomiende la conve- 
niencia de molestar al enemigo haciendo una diversión en pun- 
to opuesto al que hostiliza. 

Por la Secretaría de la Guerra recibirá V. instrucciones rela- 
tivas á la formación del Batallón Cazadores de Hatuey. 

Las armas ele precisión que pertenecían á mi escolta y que- 
daron en ese Distrito, las dono á la División de su digno mando 



158 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

para que de ellas haga V. el uso que juzgue más beneficioso á 
la Patria. 

Terminaré esta carta expresándole el deseo de que nuestras 
comunicaciones sean todo lo frecuentes que las circunstancias 
lo permitan; participándole que en este Distrito nuestras opera- 
ciones son activísimas y en la Jurisdicción de Guantánamo, en 
el que se puede decir que hemos tomado la ofensiva ; que el Go- 
bierno ha podido permanecer más de mes y medio acampado en 
un punto (Yarahueca) en que había abundancia de recursos; que 
de allí se retiró voluntaria y prudencialmente para otro donde 
estuvo 36 días; y finalmente, que sólo una vez intentó después 
en otro lugar el enemigo sorprenderlo, reuniendo considerables 
fuerzas procedentes de distintos lugares y afluyendo por cinco 
caminos distintos, sin que obtuvieran resultado alguno, pudien- 
do hacer nuestra retirada á este campamento despacio y tran- 
quilamente. 

Sin más, soy de V. afectísimo amigo, etc. 



Á la Cámara de R. R., el Presidente de la República de Cuba. 
— Ciudadanos : La nueva serie de sesiones con cuyos acuerdos 
vais á llenar necesidades que con urgencia reclama el país, se- 
rán el más solemne mentís á aseveraciones que en nuestro daño 
ha propalado el enemigo, y á la vez patentizará la verdad de 
nuestros asertos y dará fuerza á las gestiones que en el exte- 
rior se hacen para que la nacionalidad cubana sea reconocida. 

Si cuando los españoles intentan todos los días é incesante- 
mente hacer aparecer expirante la gloriosa Revolución Cubana, 
extinguido su Ejército y sin organización alguna su existencia, 
damos el irrecusable testimonio de una Cámara funcionando 
legalmente en concordancia con el Poder Ejecutivo, y como pro- 
ducto de este conjunto armónico, de las mayores necesidades de 
la Patria y de las lecciones de la experiencia imprime modifica- 
ciones esenciales en el orden administrativo, judicial y militar, 
habremos sin jactancia por nuestra parte y sin vanos alardes 
dado lugar á la verdad y espacio á la justicia. 

El Gobierno, que recorriendo últimamente gran parte del te- 
rritorio de la República, ha tenido ocasión de visitar distintas 
divisiones del Ejército Libertador y oír á sus Jefes respectivos, 
acerca de necesidades de reformas y de carencia de elementos 



CORRESPONDENCIA. 159 

con que hacer en mayor extensión y con más provecho la guerra, 
tiene que lamentarse ante la Cámara de R. R. de que por efecto 
de una descentralización militar exagerad-a, falta la unidad de 
acción que, conductora legítima y sensata del esfuerzo de todos, 
á la par que diera prestigio al Gobierno, lo que constituye su 
fuerza, y estuvo, sin duda alguna, á darle en la mente de los 
fundadores de esta República, sirva al mismo de garantía consti- 
tucional y de valladar á bastardas ambiciones que pudieran 
presentarse. 

En el Departamento de la Guerra se ha trabajado tanto cuanto 
las circunstancias lo han permitido, en la regularización del Ejér- 
cito, y por efecto de las mismas, no ha sido siempre posible 
acomodarse á la organización establecida en la Ley de 22 de 
Julio de 1869, que imperiosamente reclama alteraciones en sen- 
tido de mayor influencia y dominio del Ejecutivo. Las institu- 
ciones del Prebostazgo y Cuartelmaestrazgo no han podido fun- 
cionar como era de desearse y requieren una variante que las 
acomode á nuestras necesidades. Los Reglamentos, para llevar- 
los á efecto en el terreno práctico, han tropezado con dificultades 
insuperables que los han hecho ya impracticables. 

Para llenar las vacantes ocurridas y premiar servicios impor- 
tantes, se han hecho nombramientos de Jefes cuya nómina será 
remitida á fin de que les recaiga la aprobación de la Cámara ; 
pues aun cuando el Ejecutivo pudo en virtud de las facultades 
de que estaba investido por la Ley de 16 de Enero de 1871 y 
sus concordantes, modificar el art. 11 de la Ordenanza Militar, 
en el sentido de hacer desde luego eficaces sus nombramientos, 
no ha querido hacer uso de aquella franquicia; si bien reco- 
mienda á la Cámara la conveniencia de que en lo sucesivo los 
grados que se confieran no tengan una condición que los priva 
de su principal incentivo y estímulo, aplazando su efectividad 
para cuando se reúna el Cuerpo Legislativo. 

La Ley de Administración de Justicia, ejercida hoy exclusiva- 
mente por los Consejos de guerra, lo que en todos los países 
presupone un estado excepcional ó de sitio, la resignación del 
mando civil en el poder militar y la suspensión del habeas cor- 
pus, requiere la atención del Cuerpo Legislativo por lo mismo 
que es de su competencia, en virtud de la repetida Ley de 16 de 
Enero del año próximo pasado; de que se crea una omnipoten- 
cia de poder militar casi dictatorial y de que se halla en patente 
contrasentido con la índole y tendencias absolutamente demo- 
cráticas de nuestro Código fundamental. Dos circulares explica- 



160 QARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

tivas de su espíritu no han bastado para su inteligencia y á 
garantir suficientemente á los procesados, por lo mismo que no 
siempre los jueces reúnen las condiciones necesarias para el 
elevado cargo que se les somete. 

Las Ordenanzas militares, tal como existen, hacen forzoso la 
formación de Consejos de guerra para la reprensión de las más 
leves faltas, con lo que coartan infinito las facultades de los 
Jefes militares que, en concepto del Ejecutivo, debian estar au- 
torizados para castigarlas por sí; así como el Gobierno debiera 
tener el derecho de hacerlo cprreccionalmentc con los Jefes mi- 
litares. 

Para la organización del Cuerpo de Ayudantes del Presidente 
de la República, se ha dictado el Reglamento que se acompaña, 
en la necesidad de que esos puestos sean apetecidos y desempe- 
ñados por personas dignas é idóneas. 

El estado de la guerra os es conocido. Nuestro Ejército, cada 
vez más heroico y sufrido, alcanza triunfos como los de Yara, 
Jiguaní, Guisa, Bagá, Monte Ta. ..(?), Dátil y otros que forman 
páginas gloriosas de la historia de nuestra Revolución. Las Di- 
visiones de nuestros Distritos militares permanecen en ellos, 
sin que defecciones de jefes que han arrastrado á veces grupos 
armados, hayan mermado su fe y ardimiento. Una parte del 
Ejército de las Villas ha venido á Oriente en busca de armamen- 
to y parque; falta que se hace extensiva al Camagüey, Tunas, 
y hasta Bayamoy Holguín, sin que, contra los deseos del Ejecu- 
tivo y la urgente necesidad de que vuelvan á invadir aquel Es- 
tado, hayan podido retornar, falto como se halla el Gobierno de 
medios materiales y hasta de poder pora tomar determinaciones 
que condujeran á ese fin. Hoy esas fuerzas muy diseminadas, 
bastante desmoralizadas por falta de cuidado, de empleo y direc- 
ción conveniente, son en vez de núcleo poderoso que sirviera 
para la organización de un ejército de invasión á Occidente, pe- 
sadilla patriótica para el Gobierno, que no puede emplear, por 
las razones expresadas, tan valientes masas en beneficio de 
nuestra santa causa. Fuerzas que en previsión de mayores ma- 
les se han hecho escalonar y estar bajo el mando de los Jefes 
militares de los Distritos, desde el Camagüey hasta Cuba. Esa 
falta de recursos y esa nulidad de acción á que se ve reducido 
el Gobierno, es causa á su vez de que la guerra no marche con 
rapidez ni se extienda todo lo que debiera, á pesar del valor in- 
domable de nuestros heroicos soldados y de los deseos de los 
distinguidísimos jefes que los guían á combates de los que no 



CORRESPONDENCIA. 161 

pueden sacar más ventajas, obligados como se hallan á econo- 
mizar su escaso parque. 

Para obviar estos inconvenientes, á fin de poner coto y tér- 
mino á las divisiones que maleaban la emigración cubana en los 
Estados Unidos y anulaban los esfuerzos y trabajos patrióti- 
cos allí emprendidos, el Gobierno comisionó á los egregios pa- 
tricios Mayor General Francisco V. Aguilera, Vicepresidente 
de la República, y C. Ramón Céspedes, Secretario de Relacio- 
nes Exteriores. 

El alto carácter oficial de estos C. C. era garantía para el país 
de que sus acuerdos tendrían para la emigración toda la fuerza 
y valimiento que deseaba el Gobierno. Privadamente ha lle- 
gado á su noticia la buena acogida que merecieran y el logro 
que al principio obtuvieron en su propósito de hacer desapare- 
cer toda excisión ó división. Mas, desgraciadamente, el Gobier- 
no no ha recibido comunicación oficial alguna; ignora la razón 
por qué continúan funcionando como Representante Diplomático 
el uno y Agente General el otro : puestos que absorbieran por 
reiterada renuncia de los C. G. Mestre y Aldama que los des- 
empeñaban. Ocho meses han transcurrido desde que en comi- 
sión, y en busca de auxilios sobre todo, salieron del país, y el 
Gobierno pasa por el dolor de ver que á pesar de los esfuerzos 
de todo género y de la actividad que indudablemente han des- 
plegado, nada en este sentido han debido conseguir, pues nada 
sabemos se nos haya enviado ni nada hemos recibido. 

Reducidas nuestras relaciones con el Exterior á mantener en 
ciertos países Agentes Diplomáticos que preparen el terreno para 
el reconocimiento de nuestra beligerancia é independencia y para 
lograr obtener alguna ayuda malerial de ellos, se les han diri- 
gido circulares indicándoles la pauta que deben seguir. 

A pesar de las indicaciones del Gobierno, todavía los cubanos 
residentes en el extranjero no han podido establecer una vía de 
comunicación segura y directa con nosotros, lo que obliga al 
Gobierno a enviar con frecuencia comisionados que tiene que 
sacar entre aquellas personas que por su ilustración y posición 
en la República, den prestigio y fuerza á su cometido. Diferen- 
tes comunicaciones se han pasado á los Agentes especiales, no 
sólo exigiéndoles el envío de expediciones, sino que también 
manifestándoles la verdadera situación del país. Últimamente se 
mandó á Nueva York una comisión con un objeto determinado 
y de suma trascendencia, cuyo resultado aun se ignora 

La falta de comunicaciones oficiales es motivo de que ignore- 

11 



162 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

mos el estado de nuestros asuntos en el Exterior, sabiendo sólo 
por los periódicos españoles, cogidos al enemigo ó adquiridos 
por medio de comunicaciones con los pueblos, que en los Estados 
Unidos parece fué desechado en su Congreso nuestro reconoci- 
miento como beligerantes, por una pequeña mayoría ; que se haya 
presentado alguna proposición relativa á Cuba de distinto carác- 
ter y que, según aparece, la tirantez de las relaciones entre esa 
potencia y España pudiera acaso dar lugar á un rompimiento. 
Muy bien podrían todas esas evoluciones ser ilusorias en re- 
sultados para nosotros, no quedándonos de todo ello más que 
el aumento de elementos de guerra, así terrestres como navales 
que España, haciendo un supremo esfuerzo, reuniera en la Isla 
en expectativa de una colisión con los Estados Unidos. 

De las repúblicas de Sud América, exceptuando la mayor 
suma de simpatías y la ayuda que para algunas expediciones 
nos prestaran Colombia y Venezuela, no tenemos nada impor- 
tante ; sólo diremos haber recibido atenta comunicación del 
Presidente de la República de Costa Rica, acusando recibo de 
una nuestra, felicitándonos por nuestros esfuerzos y prometién- 
donos coadyuvar á la obra de nuestra redención política, tratando 
de reanimar el proyecto de la Ley Holguín. • 

En España, el desconcierto político que reina, las ambiciones 
de partido, la poca seguridad de la dinastía actual, los infructuo- 
sos esfuerzos hechos remitiendo tropas que han sido diezmadas 
cuando no del todo han desaparecido, agotando sus recursos y 
tesoros, la tienen postrada, débil é impotente para sofocar nues- 
tra revolución. A esta impotencia, aunque por distinta vía, co- 
operan con sus inauditos desmanes y con hechos tan horrorosos 
como los que últimamente tuvieron lugar en la Habana, los vo- 
luntarios españoles de la Isla. 

Grandes reformas necesita la Ley de Administración Pública 
trastornando todo el orden civil, hasta el extremo de que la in- 
fluencia militar sea la que impere en todas las localidades del 
territorio de la República; el Gobierno, sin embargo, en las ex- 
cursiones que se ha visto obligado á hacer, ha provisto las faltas 
cuanto le ha sido dable y ha impreso en el pueblo el carácter 
especial de su misión, nombrando algunos Prefectos, y teniendo 
presente que uno de los principales elementos para el sosteni- 
miento y continuación de la guerra es el alimento de las tropas, 
ha dictado órdenes apremiantes para que los funcionarios civiles 
obliguen á trabajar á los que no están con las armas en las manos. 

Producto es de las vicisitudes de la guerra y de las operacio- 



CORRESPONDENCIA. 163 

nes del enemigo, el que el servicio postal sea casi nulo, hasta el 
extremo de que el Gobierno no haya recibido noticia oficial del 
Camagüey desde el 17 de Noviembre ppdo., y que completamente 
incomunicado con las Villas, no tenga de su situación otro co- 
nocimiento que el adquirido por los diarios españoles; sólo en 
el Distrito de Cuba se halla algo regularizado, habiéndose cons- 
tituido cordones que conducen los pliegos con rapidez. 

Vanos han sido todos los esfuerzos del Gobierno para hacer 
desaparecer los inconvenientes que se presentaban para la elec- 
ción general de Representantes que se mandó verificar. La si- 
tuación del país ha hecho ineficaces todas las medidas tomadas. 

En las modificaciones que la Administración pública necesita, 
entiende el Ejecutivo deben suprimirse los Gobernadores de Es- 
tado, y en vez de los Prefectos y Subprefectos crearse empleados 
mixtos. 

De estas rápidas consideraciones, en que teniendo por una 
parte en cuenta la postración y debilidad del enemigo, se dedu- 
cen, por otra, nuestra escasez actual de recursos, la carencia de 
medios con que adquirirlos de momento, la reducción de nues- 
tro Ejército por falta de reemplazos, por bajas naturales pro- 
ducto de enfermedades, consecuencia de privaciones y de la 
guerra y por sensibles é importantes deserciones y la estrechez 
del círculo de atribuciones del Poder Ejecutivo, casi en manos 
del poder militar, que asumiendo las funciones judiciales es om- 
nímodo en influencia, deben convencer á la Cámara del ineludi- 
ble deber en que se halla de poner con sus acuerdos dique á 
conflictos, remedio ¡i males y dar solución á problemas políticos 
que no tienen espera y que reclama la Patria. 

Réstame sólo decir que las necesidades de nuestra guerra 
obligaron al Ejecutivo á hacer variaciones en la división terri- 
torial de las Tunas y Camagüey, civil y militarmente; y también 
en el Distrito de Cuba, al que se ha añadido el territorio de 
Jiguani. Que á fin de regularizar la guerra, de tratar por parte 
de la República de Cuba de imprimirle el carácter que exige la 
civilización, que demanda la humanidad, y también con el pro- 
pósito de dar lugar ú la rehabilitación é impedir la comunidad 
de intereses y sentimientos entre los enemigos y los cubanos 
que con ellos residen, concedí un indulto y di instrucciones á 
los Jefes militares, de que se os dará conocimiento. 

Se acordó, además, por razones de conveniencia, no proveer 
las jefaturas de Estado. La conveniencia de reducir el personal 
del Gobierno y la falla de asuntos que á ese Despacho se refie- 



164 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

ran, recomienda la supresión de las Secretarías de lo Interior y 
Hacienda. Las Secretarías de Estado deben ser en concepto del 
Ejecutivo objeto de especial atención por parte de la Cámara, 
constituyéndolas como término de la carrera administrativa, 
como el mayor premio á servicios prestados en el ramo civil ó 
militar y a la ilustración de los patriotas. 

Séame permitido, antes de concluir, consagrar un recuerdo á 
la memoria del dignísimo Representante Miguel Gerónimo Gu- 
tiérrez, Vicepresidente déla Cámara, de los Mayores Generales 
Manuel Boza, Salomé Hernández y Adolfo Cavada, y felicitar á 
la Cámara por haber logrado reunirse, venciendo sus dignos 
miembros insurmontables obstáculos para llegar á la residencia 
del Ejecutivo. 

A los tres años y medio de lucha con exiguos recursos, pero 
con sobra de valor y patriotismo, la reunión de la Cámara es 
por sí sola un triunfo que invalida é inutiliza los abundosos y 
exuberantes elementos con que nuestro enemigo cuenta para 
sostener una guerra que nunca puede ser fructuosa hecha con- 
tra hombres que batallan por su independencia. 

P. y L. Residencia del Ejecutivo. — Marzo 10 de 1872. — El 
Presidente. 

He aquí ahora la contestación de la Cámara : 

Cámara deRepresentantes. — C. Presidente déla República de 
Cuba. — Enterada la Cámara del mensaje que con fecha 10 del 
actual tuvo V. ábien dirigirle, felicitándola por haberse reunido 
nuevamente, participándole el estado actual de algunos negocios, 
indicándole la urgencia de poner remedio á ciertos males y re- 
comendándole al mismo tiempo enmiendas para varias leyes, 
acordó en sesión celebrada el 13 del actual contestar á V. que 
no puede menos que recibir con agrado su atenta felicitación, 
abundando en las mismas esperanzas sobre el triunfo definitivo 
de las armas de la República; que cuando llegó el mensaje á su 
poder, ya había nombrado comisiones de su seno con objeto de 
que estudiasen con escrupulosidad las enmiendas que creyesen 
necesarias, que no obstante, se tendrá en cuenta por aquellas 
sus observaciones; y por último, que se congratula de que abri- 
gando el Ejecutivo el mismo pensamiento, contribuya con sus 
luces á conseguir el mismo fin. 

Lo que se participa á V. para su conocimiento. — P. y L. Ja- 



CORRESPONDENCIA. 165 

rico, Marzo 20 de 1872. — El Presidente, Salvador Cuneros y 
B. — El Secretario, Eduardo Machado. 



N.° 68. — La Güira, 15 de Marzo 1872. — Señor Don F. Díaz 
Quintero. — Madrid. — Residencia del Ejecutivo de la República 
de Cuba. — Cuando mal interpretada nuestra actitud, cuando 
pasamos por el dolor de ver que se falsean nuestras ideas y pro- 
pósitos, hasta por hombres que se precian de republicanos, 
justo es que admiremos y aplaudamos la consecuencia política y 
el valor cívico del republicano español que no traiciona la gran- 
deza de sus principios ante pequeñas consideraciones de domi- 
nio y absurdos derechos de conquista. Grato es ver que hay 
hombres que comprendiendo la excelsitud de determinadas ideas 
político-sociales en el Congreso, como. en el círculo de la amistad, 
pública y privadamente cumplan con su deber. Satisfactorio el 
que un español sensato, comprendiendo lo que la humanidad 
reclama, la sangre y tesoros que á España cuesta la lucha con 
Cuba, lo interminable de ello, porque en su esencia está que 
sofocada que fuese volvería á renacer, y para España obstáculo 
siempre, tendría que cederla á una raza extraña sin dejarla 
constituir por sí un pueblo hispano-americano ; satisfactorio es, 
repito, que leyendo en el porvenir y lamentando el presente, haya 
un Representante del pueblo español que alce su voz, nunca 
sofocada por convicción en contrario, si puede serlo por tumul- 
tos de pasiones, para defender los fueros déla razón, de la jus- 
ticia, de la civilización y de la humanidad. 

Sírvase V., señor, aceptar estas líneas como reflejo de la 
opinión de todos mis conciudadanos. 

Con sentimientos de la más distinguida consideración, quedo 
de V. atto. s. s. 



N.° 72. — Colorado, Abril 15, de 1872. — C. Francisco Arre- 
dondo y Miranda. — Carísimo señor :....- 

De la barbarie española tengo aquí hartos compro- 
bantes. Ahora han recrudecido la destrucción de propiedades y 
la persecución de las familias. Queman hasta las yerbas, y no 
perdonan sexo ni edad. En el Distrito de Santiago de Cuba, entre 
otros hechos atroces, llegaron á un campamento de familias in- 
surrectas y asesinaron unos cuantos niñitos de color. A una 
familia le hicieron una descarga con que pereció toda menos 



16G CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

una niña que escapó y se halla hoy entre nosotros sana de cinco 
balazos que recibió. Y así continúan, y las naciones civilizadas 

y cristianas se lo consienten 

Las últimas noticias de la República, que V. debe ignorar 
todavía, son: la reunión de la Cámara do Representantes el 9 de 
Marzo; la muerte del Coronel Ashby en una emboscada; el in- 
cendio de los ingenios Esperanza y Ovas, á una legua de Man- 
zanillo; la victoria obtenida por el Coronel Guevara en Rancho- 
mojado; la presentación al mismo de los voluntarios del Congo, 
después de pasar á cuchillo á los españoles; la muerte de Sixto 
Risco y otros de Cabaniguán, que se atribuye al veneno español; 
de Camagüey salen mujeres para llevarse los hombres por $ 17 
que los españoles les pagan por cada uno; los nuestros tomaron 
é incendiaron el caserío de Sao Arriba, á dos leguas de Holguín ; 
en Santiago de Cuba se han quemado muchos ingenios, algunos 
por los majases solos, exasperados por las crueldades que come- 
ten los españoles con las familias; el bergantín alemán Pirigüín 
naufragó en la costa de Holguín y la tripulación fué socorrida 
gratis por los cubanos : se quedó con nosotros un joven pru- 
siano de nombre Augusto Roth; los hospitales enemigos, espe- 
cialmente en Cuba y Guantánamo, están atestados de enfermos 
y heridos; ligero tiroteo en Rijarú y la Cana, con bajas para el 
enemigo: nosotros, ninguna; combate en Alcalá contra una 
fuerte columna española, provista de artillería, la que tuvo nu- 
merosas bajas; los cubanos, tres heridos leves : el enemigo se 
retiró perseguido; en estos días están batiéndose en Palmarito; 
sólo sé que se le han hecho dos prisioneros y se habla de dos 
muertos nuestros en Tacajó. Los españoles están operando 
activamente en Holguín, con flojera en los demás Distritos; se 
cuenta un corto encuentro en el Mijial; se corre el incendio de 
Ricana, la loma de las Zanjas y la evacuación de los campamen- 
tos del Jagüey y Lajas; Maestre derrotó á los españoles en Sa- 
banaburro; toman é incendian los cubanos la trinchera del Ve- 
dado con graves pérdidas de los españoles; éstos abandonan las 
Calabazas y. Yuraguana ; hay reacción favorable en Camagüey. 
De estas noticias, unas son oficiales y otras meros rumores. 

Sov de Vd. afmo. h. ' . 



A la Cámara de Representantes. — El Presidente de la Repú- 
blica. — Con fecha 20 del presente ha recibido el Ejecutivo una 



CORRESPONDENCIA. 167 

comunicación de la Cámara, expresando que no para su sanción, 
y sólo para su conocimiento, se le pasó el acuerdo que designa 
al Presidente de la Cámara para que se haga cargo del Poder 
Ejecutivo interinamente en caso de faltar el Presidente de la 
República y mientras dure la ausencia del Vicepresidente, y 
sustentando que la Cámara, al dictar el expresado acuerdo, « ha 
hecho uso simplemente de las facultades que le concede el ar- 
tículo 7 de la Ley Fundamental sobre nombramiento del encar- 
gado del Poder Ejecutivo. » 

La Constitución no marca dos funcionarios, Presidente de la 
República, el uno, encargado del Poder Ejecutivo, el otro, sino 
solamente el de Presidente, que como tal es encargado del Poder 
Ejecutivo; nombra, por lo tanto la Cámara con su acuerdo un 
funcionario que reemplazar puede al Presidente de la República 
en su puesto y atribuciones. 

El Poder Legislativo, como los demás poderes, no tiene más 
atribuciones que las que señala la Constitución. Esta no señala el 
cargo de Vicepresidente, lo que significa según la doctrina demo- 
crática, que el pueblo, único soberano, no delegó esa facultad 
de su soberanía por ninguno de los modos acostumbrados. Y si 
á diferencia de otras Repúblicas, en la nuestra e.s la Cámara 
quien elige el Presidente, restrictiva por no acostumbrada debe 
ser esa facultad, en vez de hacerla extensiva á un destino de 
que nuestro Código fundamental no habla. Y tanto es así, que 
cuando se nombró al Vicepresidente propietario se hizo por un 
acuerdo legislativo, y no como funcionario que ejerciera en pro- 
piedad la Presidencia á falta del Presidente, sino interinamente 
y mientras la Cámara nombrase á otra Presidente. 

A varios de los actuales Representantes les constan las difi- 
cultades que surgieron cuando se trató de crear el destino de 
Vicepresidente, y que fueron obviadas en conferencias privadas 
en las que se convino fuera objeto de una Ley que fué sancio- 
nada y promulgada. Es por ello extraño que se quiera hoy rom- 
per con este antecedente y que olvidando que para el pueblo no 
es obligatorio sino lo que previene la Constitución ó prescriben 
las Leyes, se quiera hacer por medio de un acuerdo desposeído 
del carácter legislativo. 

El Ejecutivo, que blasona de ajustarse en todas sus determi- 
naciones y actos, á pesar de inconvenientes casi invencibles, á 
lo que ordena el Código fundamental y está estatuido por las 
Leyes ; que cree que atendiéndose á ella — : y más á su letra 
que á su espíritu — se allanaría el camino progresivo de la Re- 



16S GARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

volución, aspira al deseo de que por lodos los Poderes se siga 
tan saludable norma. 

Es cuanto al Gobierno le sugiere al estudio de la comunica- 
ción á que se contesta, protestando, empero, que estos razona- 
mientos podrán contrarestar la forma del nombramiento, en 
modo alguno desconocer los títulos del distinguido patricio ele- 
gido para tan elevado cargo. 

Con protestas de consideración. — P. y L. — Cahapú, 27 de 
Abril de 1872. 



El Presidente de la República de Cuba, á la Cámara de Re- 
presentantes. — Al examinar la nueva Ley de organización mi- 
litar dictada por ese cuerpo, no ha podido menos el que suscribe 
de fijar su atención en ciertas reformas que, de plantearse, pueden 
sobrevenir inconvenientes de bastante consideración, bajo cuyo 
concepto opone su veto á la indicada Ley de 20 del corriente, 
por más sensible que le sea diferir en alguna manera de los 
principios sobre los cuales descansa. 

Si el pensamiento dominante al derogar la Ley de 9 de Julio 
de 1869 y establecer la de 20 del corriente, ha sido dar unidad al 
Ejército, acaso se hayan equivocado los medios de alcanzarlo, 
puesto que resalta en toda la ley la mira de privar al centro de 
Gobierno de faculdades que se atribuyen á subalternos, con la 
creación de los jefes de Departamento. 

Estos funcionarios, bajo la denominación de jefes de Estado, no 
correspondieron ciertamente á lo que de ellos se esperaba, su- 
cediendo que los de Distrito prestaban mejores servicios al 
Gobierno supremo que aquellos, aparte de los conflictos que 
sobrevinieron y que ocasionaron la no provisión de dichos car- 
gos que tenían atribuidas por la Secretaría de la Guerra la mejor 
parle de las facultades que ahora se confieren á los jefes de 
Departamento. Además, la falla de personal con las condiciones 
requeribles es un obstáculo á su planteamiento, á no ser que 
algunas Divisiones se vean privadas de sus jefes naturales, ó 
que á éstos se les recargue con atenciones superiores á las que 
de suyo hacen difícil el buen desempeño de sus funciones como 
jefes de operaciones de sus respectivos Distritos. Estas obser- 
vaciones descansan en la experiencia obtenida desde el estable- 
cimiento de los jefes de Estado : no es que el Ejecutivo sea 
contrario á esa medida tomada á su debido tiempo. 

Por más que se esfuerce el deseo de creer que el espíritu de 



CORRESPONDENCIA. IOS 

localidad ha desaparecido en nuestras fuerzas y aparte déla 
exactitud histórica de la manera en que está narrado el parti- 
cular, no es tan cierto como debe apetecerse, si bien algo se ha 
desarraigado el que nació en determinada época de la Revolu- 
ción por virtud de la falta de subsistencia, presentación de las 
familias y los esfuerzos hechos con ese objeto ; y es muy posible 
que renazca si los jefes de Departamento emprenden operaciones 
desatendiendo un Distrito en beneficio de otro, porque desgracia- 
mente el hombre se inclina siempre á interpretar los móviles 
de cualquier ucto en sentido interesado. (1) En el supremo Go- 
bierno es menos fácil suponer motivos que despierten los celos 
de localidad, tan perniciosos en nuestra clase de guerra. El 
primer peligro que asoma ante aquella innovación, es el de nu- 
merosas deserciones, cuyo castigo, siempre doloroso, habrá de 
ser repetido, creando descontentos en el Ejército. 

Y si en tesis general ofrece inconvenientes el planteamiento 
de la memorada ley, examinada ésta en sus pormenores con- 
tiene particulares que la hacen notoriamente perjudicial. Los 
artículos 1.° y 3.° prefijan circunstancias de edad para el alista- 
miento en el Ejército, cuando la aptitud es la única norma á que 
debe hoy ajustarse, base que fué establecida en el Decreto de 
Enero de 1870 en vista de nuestro pequeño contigente de guerre- 
ros y la dificultad de comprobar sus edades. También resalta la 
contradicción de conferir á los jefes de Distrito, por un artículo 
de la ley, la facultad de declarar las exenciones del servicio, 
cuando el Ejecutivo es quien debe nombrar los funcionarios que 
hayan de intervenir en el reclutamiento, según otro artículo, y de 
consiguiente, es el que por simples reglamentos debe determinar, 
como ha determinado hasta ahora, todo lo perteneciente á esa ma- 
teria, civil de suyo, como se desprende de la derogada que dio lu- 
gar al reglamento en suspenso por las actuales circunstancias. El 
artículo 5.°, al referirse a los institutos que suprimen de la an- 
tigua ley, debería dejar su organización á juicio del Ejecutivo 
atendidas estas circustancias que él mismo puede apreciar con 
datos que habrán de estar á su alcance tal vez en los momentos 
mismos en que la necesidad urja y la Cámara esté recesada. 

Es contradictorio que el Estado .Mayor General, cuya organi- 
zación se deja á la determinación de la Cámara, sea objeto, sin 
embargo, del artículo 7° que lo limita á los Mayores Generales 

(1) Aquí puede decirse que Céspedes prevé lo que había de suceder 
cuando la invasión de las Villas.— N. del A. 



170 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

y Brigadieres del Ejército, siendo así que como cuerpo facul- 
tativo debe comprender á otros jefes, y que no se concibe que 
haya Ejército sin Estado Mayor, cuyas funciones son tan espe- 
ciales y que tantos servicios prestan a los jefes superiores de 
los cuerpos. 

Siguiendo el orden de artículos de la ley, el 8.° marca la orga- 
nización de la infantería, sobre la cual es de observarse el corto 
número de plazas y la desproporción entre éstas y las clases y 
y oficiales, lo propio que sucede en la organización de la caba- 
lería, que siendo por sí más difícil de reunir, sin embargo, se le 
asigna mayor número de hombres. La antigua ley guardaba más 
proporción entre unas y otros, siendo de sentir que en la estre- 
chez de nuestra situación se llegue á introducir una novedad que 
altere la primitiva organización dada á nuestro Ejército y con 
la cual están conformes en su mayoría los jefes de operaciones. 

El estímulo más poderoso en la carrera militar, es obtener 
el grado más elevado á que puede llegarse; y bajo este respecto 
debe conservarse el de Lugarteniente General que sería am- 
bicionado por los Mayores Generales de nuestro Ejército á 
quienes nada puede ofrecérseles fuera de la satisfacción del 
patriotismo, que en todos los hombres no opera por igual, para 
satisfacer el noble anhelo de gloria, habiendo salvado de un 
salto, por decirlo así, las mayores alturas. 

Conservando al Presidente de la República el carácter de Ge- 
neralísimo del Ejército, se determina en el artículo 11.° que 
puede ponerse al frente del mismo previo comeniimiento de la 
Cámara; y como quiera que depende de que ésta lo preste ó 
no, semejante facultad es vaga, siendo así que queda sujeta á 
una condición que por cierto no atenúa la desconfianza aludida, 
cuando en las demás Repúblicas sólo se exige el acuerdo de 
Poderes. Por otra parte, se ha omitido señalar las funciones que 
deba desempeñar en el carácter de Generalísimo, ío cual habrá, 
de ofrecer inconvenientes, mayormente cuando existe un Ge- 
neral en Jefe cuyas atribuciones son conocidas en todos los 
Ejércitos. 

Los nombramientos de oficiales y jefes, constituyen otro punto 
digno de ser reconsiderado, puesto que sujetándolos á la apro- 
bación de la Cámara en el caso en que ésta se encuentre en 
receso, quedan insubsistentes mientras no les recaiga aquella. 
Notorias son las dificultades que esta novedad ha de crear, á lo 
que se agrega la exigencia de que el Ejecutivo haya de acom- 
pañarlos documentos justificativos de los nombres, frase obscura 



CORRESPONDENCIA. 171 

que debe aclararse para comprender su verdadero sentido, evi- 
tando interpretaciones que den ocasión á perjuicios á los mismos 
interesados. 

Relativamente á los nombramientos de sargentos, debe expre- 
sarse técnicamente el jefe que haya de hacerlos, puesto que la 
denominación de cuerpo que se emplea es susceptible de ori- 
ginar dudas en razón de que admitida la división de cuerpos de 
Ejército, podría comprenderse que el jefe de uno de éstos era 
el que debía hacer dichos nombramientos. El Presidente en- 
tiende que debe hacerlos el jefe de Batallón con aprobación del 
de Distrito, pues no le parece oportuno hoy la formación de 
Regimientos. 

A tiempo que al Presidente se le limitan las facultades que 
ya con ese carácter y el de Generalísimo le son propias, se 
otorga al General en Jefe la de poder nombrar á los jefes y ofi- 
ciales , cuya prerogativa debiera limitarse en cuanto á los 
nombramientos a la simple propuesta de ellos, con lo cual se 
evitarían sonrojos á los interesados sin perjuicio de que para 
casos urgentes se le permiliera suspender á jefes y oficiales 
dando cuenta al Ejecutivo, no siéndole potestativo, en manera 
alguna, modificar la ley; porque estando en sesión la Cámara, 
gozaría de más prerogativas que el mismo Presidente de la 
República. En cuanto á la elección de los jefes mayores supe- 
riores, es artículo constitucional que la Cámara nombre al Ge- 
neral en Jefe ; y pareciendo natural y lógico que ese nombra- 
miento deba recaer en un jefe de la confianza de ambos Poderes, 
debe hacerse, por lo tanto, previa su propuesta, siendo adecuado 
también que á propuesta del General en Jefe nombre el mismo 
Ejecutivo, el otro que haya de sustituir aquel interinamente. 
Esto en nada se opone á la Constitución y evitaría posibles con- 
flctos. Así, pues, debe sustituir también á los jefes de Distrito 
el que el Ejecutivo haya nombrado, y á falta de éste, el de mayor 
graduación, debiendo escoger, en caso de haber dos ó más en 
iguales circunstancias, el de mayor antigüedad, y entre dos que 
tengan la misma, el de más edad. 

La alteración que se hace en la división territorial debiera 
haberse dejado, así como también la distribución del personal 
del Ejército, para que á juicio del Ejecutivo se hubieran esta- 
blecido las modificaciones que las circunstancias fueran exi- 
giendo, puesto que éstas son las que determinan semejantes 
medidas en el período laborioso de la guerra que se atraviesa. 

Es de desear que la Cámara concibe la contradicción que re- 



172 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

sulta entre los términos de los artículos 37.° y 38.° respecto al 
número de ayudantes que pueden tener los jefes que en ellos se 
comprenden, pues de otra manera los mismos jefes aparecen 
en identidad de circunstancias con diferente derecho al número 
de ayudantes que en ambos artículos se señala. 

El nombramiento de General en Jefe y su existencia en un 
ejército, presupone el de otros funcionarios que vienen á cons- 
tituir parte de su Cuartel General; y bajo tal concepto, lo mismo 
que se detallan las funciones de aquél, debieran detallarse los 
de éstos, especialmente los del Jefe superior de Sanidad, cuyo 
instituto se conserva en la presente ley. De ese modo al hacerlos 
entrar en acción el Ejecutivo, cuando fuera oportuno, gozaría 
lá ventaja de conocer el pensamiento del Legislativo. Lo mismo 
debió hacerse con los institutos suspendidos, si bien pudo ha- 
berse reservado para que fueran objeto de Reglamento los par- 
ticulares á que se contraen los artículos 42.° y sus concordantes. 

Por último, falta consignarse en la ley, que los Reglamentos 
de los distintos cuerpos é instituciones del Ejército se forman 
por sus Jefes superiores, sometiéndolos al Ejecutivo para su 
aprobación. 

Con sentimientos de consideración. — P. y L. -r- Residencia 
del Ejecutivo. — Abril 28 de 1872. — El Presidente. (1) 



El Presidente de la República de Cuba. — Ala Camarade 
Representantes. — Tengo el honor de devolver sancionada la ley 
que introduce ciertas reformas en la Ordenanza judicial; pero 
es deber mío someter á la consideración del Cuerpo Legislativo 
las observaciones que me ha sugerido su examen. 

El inciso con que so adiciona el artículo 10° de la citada ley, da 
un paso demasiado avanzado por cuanto no establece gradua- 
ción para las dislintas clases de oficiales y jefes que pueden 
ser objeto del consejo de guerra-, puede resultar que un Subte- 
niente falle el juicio seguido contra un oficial general. Esta 
anomalía se hubiera subsanado, en concepto del Ejecutivo, con 
dividir en tres clases la oficialidad y jefes que pudieran conocer 
de sus respectivas causas, comprendiendo la primera desde Sub- 
teniente á Capitán, la segunda desde Comandante a Coronel y 



(1) Después de la deposición de Céspedes, la ley á que se refiere esle 
mensaje fué promulgada en El Corojo, Bayamo, el 1.° de Diciembre de 
1873, con muy pocas alteraciones. — N. del A. 



CORRESPONDENCIA. 173 

la tercera desde Brigadier hasta el más elevado grado de la mi- 
licia. 

La creación de los auditores de guerra para intervenir en la 
celebración de los juicios, parece que indica la necesidad de re- 
vestir á esos funcionarios del prestigio consiguiente á sus atri- 
buciones, en armonía con lo que se halla establecido general- 
mente para estos empleos. La falta de categoría militar privará 
á los mismos del respeto y ascendiente de que deben estar ro- 
deados, puesto que las clases del Ejército respetan principal- 
mente á los que participan de su carácter. La razón de depen- 
dencia que pudiera alegarse en contra de aquella cualidad, con 
relación al jefe del Distrito ó á otros de superior graduación, 
sería sumamente rebuscada en atención á que no hay especie 
alguna de dependencia en el ejercicio de sus peculiares funciones 
como sucede con otros institutos. 

Por otra parte, encontrándose en receso la Cámara, habrán 
de quedar sin proveer las vacantes que ocurran á causa de no 
haberse previsto este caso. Y en el evento de que así sucediera, 
deque por cualquier motivo grave se verifique la intervención ó 
asistencia del auditor de guerra en el consejo, ¿será causa de 
nulidad en el fallo? 

Es laudable el empeño que ha puesto la Cámara en atender á 
las lecciones de la experiencia, y buscar con la expeditación de 
los juicios, garantías para el procesado y la vindicta pública; 
pero todo será ineficaz siempre que se prescinda del ejercicio 
de la jurisdicción extraordinaria de guerra, que en todas las na- 
ciones por espacio de siglos ha residido en el Jefe del Poder 
Ejecutivo en los negocios sometidos á los Tribunales Militares. 

Al hacer estas observaciones, no lleva el Presidente más mira 
que explanar algunas de sus ideas y poner á cubierto su respon- 
sabilidad; pues la premura de las circunstancias no permite 
otra formalidad, ni mayor extensión en casos cual el presente, 
que como no comprometen la seguridad de la República, pueden 
declinarse en gracia de no entorpecer otros trabajos pendientes. 

Con sentimientos de consideración. — P. y L. — Residencia 
del Ejecutivo, Abril 30 de 187-2. — El Presidente. 



Jefes, Oficiales y Soldados : — Cuando el Conde de Valmaseda, 
dando ridículos cuanto falaces plazos á la Revolución, intenta 
asegurarse en el mando de las fuerzas enemigas en esta Isla, ase- 
gurando á su Gobierno terminarla, de un modo tan solemne como 



174 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

engañador, para el 1.° de Mayo del presente año, justo es que 
vosotros, que con vuestros triunfos y vuestras recientes victo- 
rias sois el mayor mentís á tan embaucadoras promesas, oigáis 
la voz de vuestro primer Magistrado. 

- No necesitáis, seguramente, que yo os refiera cuan lejos de 
terminarse se halla nuestra gloriosa lucha; vosotros sabéis que 
por el contrario, nunca ha sido tan fuerte, tan propicia á nues- 
tras armas, tan fatal á nuestros enemigos. 

Vosotros sabéis muy bien que el Gobierno, rodeado de vues- 
tro respeto, acatado por todos y superior por su fuerza moral y 
prestigio á insidiosas sugestiones de los seides del Gobierno es- 
pañol, trabaja incesantemente en pro de la defensa de la Patria 
y de su organización política, al par que vela por la fiel obser- 
vancia de las Leyes. 

Vosotros no ignoráis que la Cámara, dando cima á importantes 
trabajos, legislando en armonía con las necesidades de la Revo- 
lución y siendo ejemplo por su asiduidad, digno de imitarse por 
todos, en momentos en que el Representante del Gobierno es- 
pañol en la Isla anuncia, quizás, haber pacificado el país, conti- 
núa en sus importantísmas tareas. 

Jefes, oficiales y soldados, seguid como hasta aquí siendo 
modelos de todas las virtudes públicas y hoy 1.° de Mayo, rebo- 
sando vuestro corazón de júbilo porque veis ya próximo el 
triunfo final, gritad conmigo : 

¡ Viva la República de Cuba ! 

Residencia del Ejecutivo, Mayo 1.° de 1872. — El Presidente 
de la República. 



N.° 80. — Bariguá Arriba, Mayo 1.°, de 1872. — C. Modesto 
Díaz. — Mi estimado amigo : El portador de ésta lo es mi 
hermano y su amigo Javier, que pasa á Bayamo á ocupar la plaza 
de 2.° Jefe de aquel Distrito (1), según los deseos manifestados 
por V. y el mismo Javier. Yo espero que entre V. V. medie 
siempre la amistad y buena armonía que hasta aquí para que 
ambos se ayuden mutuamente y sobre todo para provecho del 
país. También acompaña á mi hermano el Mayor General Carlos 
,Roloff, que pasa á esa de cuartel y á ocuparse, mientras tanto, 



(1) Desempeñada hasta entonces por el C. Luis Figueredo. — N.delA. 



CORRESPONDENCIA. 173 

de un asunto que el General le comunicará. V. ver. i si es po- 
sible y hará lo que crea conveniente en beneficio de su obra, 
dándome porte por si necesitare otros auxilios. 

Javier le lleva algunas armas y un poco de parque; tan pronto 
como nos llegue una expedición, prometo á V. una buena remesa 
de ambas cosas para Bayamo. 

Su afmo. amigo, etc. 



N.° 84. — Piloto, í de Mayo de 181-2. — C. Mayor General 
Modesto Díaz. — General : Por la Secretaría de la Guerra se le 
remite á V. orden para que ejecute un movimiento. 

Yo confío en que será efectuado con la rapidez y precisión que 
el Gobierno necesita para la realización de un plan con el que 
se ha de obtener grandes resultados y que puede considerarse 
como salvador. 

Ese movimiento á más, hoy día que el Gobierno centralizán- 
dose en su acción ha adquirido más fuerza y rodeado de mayor 
prestigio, tendrá también la ventaja de que nuestras tropas se 
despojen un poco del exclusivismo de localidad acostumbrán- 
dose á combatir por la Patria, cuando sea necesario, fuera de su 
Distrito. 

Al escribir á V. particularmente, no tengo otro objeto que 
recomendar á V. la necesidad de que la orden del Gobierno sea 
cumplida prontamente en todas sus partes y reiterar á V. las 
seguridades de mi más distinguida consideración. — El Presi- 
dente de la República. — [Una igual al General Calixto García 
y otra al General Vicente García.] 



X.° SG. — Corojo ele Caoba, Mayo 10 de 1872. — C. Coronel 
José González Guerra. — Mi estimado amigo : Cuento con 
que al recibo de ésta se hallar;! V. ya en buena salud y listo 
para partir con el resto de las fuerzas de las Villas, á fin de pe- 
netrar en este Estado inmediatamente, conforme á las órdenes 
expedidas por esle Gobierno, las que llevan por objeto favore- 
cer á Carlos García que parece ha desembarcado y opera entre 
Guanajay y San Antonio. 

■ El General Agramonte, que tanto se esta distinguiendo en Ca- 



176 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

maguey, ha sido nombrado para el mando superior del Estado 
de las Villas sin dejar el de Camagüey. El General Villamil es 
su segundo. 

El Brigadier Peña no se présenlo : fué aprehendido y fusi-. 
lado. 

Sin otro particular me repito su afmo. amigo y h . • . 



Á la Cámara de Repiesentantes. — El Presidente de la Repú- 
blica. — Con fecha 6 del presente he recibido una comunicación 
de la Cámara en la que relativamente á la contestación que diera 
al reconocimiento del grado de Coronel á favor del G. Ignacio 
Guerra, se trata incidentalmente la cuestión de quorum y se da 
como definida. 

Hallándose este asunto pendiente de ulterior resolución, según 
me lo manifestó de oficio la Cámara de Representantes prome- 
tiendo volver á ocuparse de este punto, el Ejecutivo, si bien no 
había protestado, porque este acto no cabe sino después que 

,una disposición legislativa ha obtenido sanción forzosa y por lo 
mismo no se halla de acuerdo con las ideas del Gobierno, ex- 
puso suficiente número de consideraciones sobre la irregulari- 
dad de que el quorum se estableciera de otro modo que por 
medio de una Ley, y no refutó por ello los argumentos que en 
su última comunicación la Cámara establecía. 

El Ejecutivo se ve hoy en la necesidad de reiterar que no está 
obligado á acatar ni hacer cumplir más que las prescripciones 
constitucionales y las disposiciones legislativas que hayan sido 
sancionadas y promulgadas; en esta virtud, delinquiría si obe- 
deciera acuerdos privativos de la Cámara que en su concepto 
se hallan en contraposición con la Constitución. 

Y se hallan en contradicción, porque, no señalándose en ella 
quién ha de fijar el quorum, lo lógico es primero por medio de 

-una Ley establecer este punto, y, una vez hecho esto, determi- 
nar el número que lo ha de constituir; y que así lo había com- 
prendido la Cámara le pareció al Ejecutivo, viendo que ésta ha- 
bía dejado de reunirse después de ese acuerdo privativo y de 
las comunicaciones que por mí se le pasaron, pudiendo hacerlo 
con el número de siete y á pesar de estar reunidos seis Repre- 
sentantes. .... 
- El Ejecutivo, pues, que cree que primero es ver y luego deter- 



CORRESPONDENCIA. 177 

minar la forma y modo, no puede en manera alguna aceptar la 
legitimidad del acuerdo á que se refiere la comunicación á que 
contesta ; no puede tampoco comprender que ningún Poder de 
los que constituyen la República se arrogue facultades que no 
le señala nuestro Código, ni que trate de imponer á ninguno de 
los oíros Poderes obligaciones ó deberes que no están en el 
Pacto fundamental. Proceden todos los poderes de la soberanía 
nacional, es decir, que son independientes entre sí : no depen- 
den el uno del otro; mas sí así no fuese, nuestras leyes deter- 
minan la doctrina sustentada, puesto que en la Ley de Organi- 
zación Administrativa, sección 3. a , cap. 1.° de los funcionarios, 
art. 3.°, se dice : — Tolo funcionario obedecerá sin oponer 
excusa las órdenes de sus superioses que le fuesen debidamente 
comunicadas, á no ser que dichas órdenes contraríen la Consti- 
tución política de la República. 

Con protestas de la más alta consideración. 

P. y L. — Corojo de Caoba, Mayo 10 de 1872. 



N.° 86 bis . — Residencia del Ejecutivo, Mayo 11 de 1872. — 
Excelentísimo Señor Presidente de la República del Salvador. 
— Excelentísimo Señor : Cuba, que por medio de varios aun- 
que infructuosos movimientos revolucionarios , había ya pro- 
bado su amor á la libertad y su vivo deseo de ser independiente, 
alzóse definitivamente en armas para sacudir el yugo de la do- 
minación española, el 10 de Octubre de 18GS. 

La igualdad de origen, la comunidad de raza é idioma, la 
paridad de esfuerzos y la analogía de causas que explican la 
acción hoy del pueblo cubano, en consonancia con la anterior- 
mente hecba por los pueblos hispano-americanos del continente, 
son razones más que suficientes para explicar el que yo, como 
primer Magistrado de esta Nación, me dirija en nombre del 
pueblo que para tan elevado puesto me eligiera, en solicitud de 
las simpatías y apoyo moral de los otros pueblos libres de 
América. 

La República del Salvador no es posible permanezca muda 
anle los horrores de que es teatro Cuba ; que si ella por triste 
experiencia sabe el lujo y refinamiento de crueldad que los es- 
pañoles han desplegado en sus luchas con los pueblos ameri- 
canos, no es dable ni se explicaría se mantuviese sorda á los 
ayes de las víctimas cubanas. 

Un pueblo que como el cubano, está soportando con heroísmo 

12 



178 . CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

indescriptible todo los crímenes que señalar puedan á la más 
salvaje de las contiendas, es acreedor á la estimación de todos 
y a la protección de los pueblos libres. 

Yo me consideraría dichoso si obtuviera esas prendas del 
noble y libre pueblo del Salvador, y como testimonio del alto 
valor que Cuba daría á esa consideración, tengo el honor de 
dirigiros la presente. 

Servios, Excelentísimo Señor, aceptar las protestas de la 
más alta consideración con que soy de V. E. adicto servidor. — 
El Presidente de la República de Cuba. 



Monte Oscuro, Enero 10 de 1812 (1). — Sra. Ana Quesada de 
Céspedes. — Mi muy querida esposa : 

No me ocuparé de lo que me ha pasado desde la fecha de esa 
carta (2), porque te mando mi Diario, y por él te enterarás de todo 
hasta el día último de Diciembre del año ppdo. Ten la bondad 
de guardar religiosamente ese librito, y después de mi muerte 
sé la custodia de todos los secretos y derechos que encierra, á 

fin de que ninguno se pierda, *. . . . . 

(3). En ésta te referiré solamente lo que ha 

ocurrido de interesante desde el 1.° de Enero hasta hoy, y te ha- 
blaré, como de costumbre, de los asuntos de la República, no sin 
contraerme á los íntimos sentimientos de mi corazón, que para 
ti es un libro abierto donde puedes leer lo bueno y lo malo. 

Llegó el año nuevo, 5.° de nuestras Independencia, y al 
vernos reunidos con vida y salud, no pudimos menos que recor- 
dar la oferta que hizo el procaz Diario de la Marina, de exter- 
minarnos á todos en el año que acaba de expirar, ensañándose 
sobre todo contra mi pobre lengua, que hacía un deber <ie cada 
soldado español el arrancármela, por suponer que yo los había 
llamado cobardes. Felizmente nada han conseguido, y he tenido 
lengua de sobra para contestar todas las felicitaciones que se 
me han dirigido con motivo del año nuevo. Todo el campamento 
estuvo muy alegre y animado desde que rompió el alba, sin em- 



(1) Desalendemos la fecha en que principia esta carta, para colocarla 
en el lugar que le corresponde por la del día en que termina. N. del A. 

(2) Su anterior. N. del A. 

(3) El diario exisle en poder de un cubano. Eslamos dando pasos 
para recuperarlo. — íV. del A. 



CORRESPONDENCIA. 179 

bai'go de que acibaró el contento general la noticia que se reci- 
bió aquel día de haber fallecido de calenturas el General Salomé 
Hernández, persona muy apreciable y que hará gran falta en las 
Villas, á cuya fuerza pertenece la que está ahora escoltando al 
Gobierno. Ese mismo día se publicó el indulto que concedíalos 
cubanos extraviados, habiéndose recibido con universal aplauso 
y esperándose de él y de las instrucciones transmitidas á los 
Jefes militares para regularizar la guerra en cierto modo, exce- 
lentes resultados. Ya se han empezado á tocar en la toma de 
Jiguabos, donde se cogieron prisioneros varios soldados espa- 
ñoles, á quienes se ha conservado la vida y que no quieren de 
ningún modo volver á sus antiguas filas. Los cubanos fueron 
dejados en libertad de ir donde tuviesen á bien : volvieron con 
los enemigos y dicen que éstos los han puesto presos. 

Por la noche hubo un meeli?ig, en que se pronunciaron muchos 
y buenos discursos y se habló de la esparcida voz del desem- 
barco de Quesada, á quien tudos están esperando con ansia. 
Después han vuelto á celebrarse iguales reuniones, y una comi- 
sión de Oficiales de las Villas me invitó á tomar la palabra en 
una de ellas á que yo asistiera. Me excusé díciéndoles que la 
parte que tomase el Presidente en aquella reunión, perjudicaría 
tal vez á su libertad característica, y ofreciéndoles que les diri- 
giría la palabra en el territorio de las Villas, luego que sus tro- 
pas regresasen allí y abriesen paso al Gobierno garantizándole 
una tranquila residencia en un Estado cuyo suelo tanto deseo 
pisar. 

10 de Febrero. — El 11 de Enero abandonamos á Monte Oscuro 
con pesar , porque además de salud, gozamos allí de comodidad 
y tranquilidad. Salimos á las ocho de la mañana. El camino era 
bastante monótono, porque los espesos bosques no dejaban más 
que entrever algunos paisajes; por lo demás, agreste, muy cor- 
tado y las sierras sumamente elevadas. Hay abundancia de arro- 
yuelos frescos y cristalinos. Sólo encontramos como á las dos 
horas de marcha, una pequeña finca abandonada, á la margen de 
un arroyo, cuyo curso seguimos hacia abajo, para abandonarlo 
por otro que nos llevó hacia arriba; y así sucesivamente hasta 
que llegamos á.... (1) corno á las tres de la tarde. Aquí acampa- 
mos ; José Ignacio con calenturas y yo algo indispuesto. Al día 
siguiente salimos como á las siete y media de la mañana: atra- 
vesamos el río, y en el lugar donde tuvieron su campamento los 



(1) En el manuscrito no se indica el punto. — N, del A. 



180 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

españoles, gozamos de un extenso y bello panorama, aunque 
despojado de la variedad del cultivo. Las lomas se lanzaban á 
las nubes: algunas parecían estériles; á lo lejos se veían los 
pinares de Mayarí. Paramos en Vega Bellaca á la orilla derecha 
del Mayarí, á las once de la mañana, no sin haber sufrido en 
los días de viaje por. los chubascos que nos cayeron. 

Empezaron, como de costumbre, á visitarme las familias, que 
casi nunca vienen con las manos vacías, llevándose en cambio 
de sus regalitos, las pocas agujas, alfileres y cintas que me que- 
dan. Estos mutuos agasajos fomentan el afecto coa que estas 
pobres gentes me miran, y les hace menos pesada nuestra per- 
manencia, que por fuerza les agota los escasos recursos del 
territorio. Este nos ofreció poco los primeros días; sin embargo, 
luego mejoramos algo en viandas, etc., etc. 

Febrero 19. — Con motivo de la actitud que los Estados Unidos 
tomaron con España, corrieron aquí muchas mentiras y algunos 
volvieron á creer ciegamente en que esa República nos favore- 
cería; tanta es la simpatía de que entre nosotros goza y tan 
lógico el que favorezca á un pueblo americano que trata de darse 
instituciones iguales á las suyas, libertándose del yugo de una 
monarquía europea, y facilitando así cada vez más el que la 
América sea para los americanos. Yo no he participado mucho 
de esas lisonjeras esperanzas y he estado temiendo que se siga 
de nuevo la política observada hasta aquí con España en la 
cuestión de Cuba, bajo el pretexto de alguna otra mentida pro- 
mesa de esa nación que, corrompida y débil, sigue hoy la senda, 
para sostener sus malvadas pretensiones, que Maquiavelo trazó 
á las de su jaez. Ignoramos todavía las últimas noticias; pero 
demasiado recelo que toda la alharaca que se ha armado sólo 
sirva para proporcionar á nuestra feroz enemiga, en la exage- 
ración del sentimiento nacional, nuevos medios para prolongar 
la guerra y derramar más y mejor la sangre cubana. Empero, 
nosotros, suceda lo que suceda, para todo tenemos preparados 
nuestros corazones y no desmayaremos en la resolución de ven- 
cer ó morir en la lucha. 

Han llegado aquí unos pocos Representantes que tratan de 
reunir la Cámara de cualquier modo, y yo les objeto que no 
pueden hacerlo sin el número legalmente reconocido como quo- 
rum constitucional, ó para los asuntos de menor interés, con el 
de siete miembros que hemos admitido en caso de urgencia. 
Sobre esto se ha formado una cuestión previa, que estamos 
tratando de arreglar en conferencias privadas, animado yo de 



CORRESPONDENCIA. 181. 

los mejores sentimientos; pero no puedo ocultarte que algunos 
de ellos empiezan á cometer sus ordinarias imprudencias, ha- 
blando de golpes de estado, de deposición, de guerra civil, 
calculando las fuerzas con que cuentan y hasta pulsando á los 
generales aquí presentes, que como da la casualidad que son 
dominicanos, se aumenta la tristeza del espectáculo que están 
ofreciendo. Nuestro campamento, antes tan tranquilo, pues no se 
oía más ruido que el del trabajo, hoy es un centro de disputas 
de todas clases, en que se pierde lastimosamente el tiempo y 
pueden, quizás, dar lugar á un lance desagradable. Sin embargo, 
como yo deseo que funcione la Cámara para reformar algunas 
leyes, sin que yo mismo tenga que hacerlo, todo lo tolero con 
la mayor paciencia y voy tomando mis medidas para encami- 
narlo al mejor fin. 

No puedo dejar pasar inadvertido que hoy hace un año, un 
mes y tres días que por última vez se reunió la Cámara de 
Representantes en las Maravillas. Durante este tiempo he 
gobernado sin su concurso, y aunque nunca han sido mayores 
las intrigas de los malos cubanos, ni más activas las opera- 
ciones del enemigo, ni más débiles nuestros recursos, la Repú- 
blica no ha sucumbido, sus libertades se han conservado, la 
dictadura no se ha entronizado, las leyes han ejercido su impe- 
rio, la imparcialidad ha sido mi norte, no he acariciado el 
arbitrario, y si algunos nuevos desafectos cuento, es por ha- 
berlo querido refrenar en ellos. Este juicio para mí tan favo- 
rable y verdadero, sólo delante de ti lo haría de mis actos; 
por lo demás, dejo á la Historia la apreciación de mis faltas, 
que serán hijas de mis errores, no de mis malas intenciones. 
Yo bien sé que he de ser juzgado de muy distintos modos, y hoy 
mismo me sucede que los militares no me van queriendo, porque 
defiendo las leyes, y antes el Legislativo decía no quererme 
porque las barrenaba; pero lo mismo que con éste, me manejaré 
con aquéllos. 

Pronto creo, no obstante, recobrar el buen afecto de los últi- 
mos, porque ya, como de costumbre, empieza el primero á ala- 
car sus derechos y yo á defenderlos en justicia. De todos mo- 
dos se vé que es el interés particular el principal móvil de los 
juicios de los contemporáneos. 

Cuentan por acá que algunos cubanos jóvenes y robustos, en 
lugar de venir á pelear por la libertad de su patria, apelan para 
mantenerse en el extranjero, donde son completamente inútiles, 
á los medios más vergonzosos ; pues pudiendo ser aquí altos 



182 GARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

empleados civiles ó jefes militares, prefieren ocuparse allá en 
exhibir cabezas parlantes por los pueblecillos, y otras cosas por 
el estilo. Parece increíble; pero no hay medio, este es el mundo 
de los contrastes : al lado de los héroes, los bufones. 

Después de mi última carta habrán llegado á tu noticia los 
asaltos, saqueos é incendios de los pueblos españoles Boquerón, 
donde yo tenía una finca, á cuatro leguas de Manzanillo; Guisa, 
á cinco leguas de Bayamo, y Jiguaní, á seis de Guanlánamo. 
Este pueblo fué tiroteado por Bustán con cuarenta hombres, 
quemó casas en los suburbios, hizo prisioneros en las calles y 
nadie se atrevió á salir á combatirlo. Te advierto que Rustan 
está enteramente lisiado, no pude andar sin dos muletas, y por 
lo tanto, no pelea masque á caballo .......... 

Se ha descubierto una conspiración entre Payan, Villegas é 
Inclán, para presentarse y entregar su División á los españoles. 
Se está procediendo. Ignoro el resultado; pero es innegable que 
el pueblo tiene fino olfato. 

Los supersticiosos están de en hora buena, pues se refiere que 
una palma criolla, en que el traidor Juan Hall esculpió su nom- 
bre antes de presentarse, se secó después de su presentación. 

No me canso de admirar cuan variable es la temperatura de 
Cuba. Todos los días, por temporadas, hace calor hasta las ocho 
de la noche ; empieza el frío entonces y por la madrugada es 
muy intenso. Solamente los cubanos, que somos de hierro, pu- 
diéramos resistir esas alternativas atmosféricas á la intemperie 
y algunos completamente desnudos; que no todos todavía han 
podido proveerse de ropa, aunque esta abunda ya con motivo 
de los asaltos de los caseríos, escaseando únicamente el dinero, 
porque el que lo tiene, lo oculta mucho. 

Día 20. — Ahora estamos acampados en un punto llamado 
Mico, al pie de una montaña muy elevada; salimos del otro alo- 
jamiento el día 14 y llegamos aquí por la tarde. Es un lugar 
muy salvaje y sumamente cortado el terreno por precipicios, 
arroyos y barrancos. Donde quiera que nos situamos construí- 
mos tantos ranchos que parece un caserío. Tal vez algún día 
sean poblaciones como las fundadas por los soldados de Ale- 
jandro. 

Lunes 26. — El día 23 tuvimos que abandonar el campamento 
porque se avisó que el enemigo estaba cerca, y aun se receló 
que obraría en combinación con otra columna anunciada por 
Mayarí Arriba. Hoy estamos acampados al pie de un arroyo 
inmediato á ese punto, pero pensamos seguir viaje, no habién- 



CORRESPONDENCIA. 183 

dolo efectuado hoy por la mucha lluvia que nos cayó ayer y que 
ha puesto sumamente resbalosos los caminos. 

Estos son los más malos que hasta ahora hemos transitado, 
sin embargo de que creo que todavía hemos de encontrar otros 
peores en nuestras peregrinaciones. Todos, no obstante, serán 
buenos, si nos conducen, como lo esperamos, al fin de nuestros 
deseos. ¿A qué repetirte la descripción de las mismas escenas 
y de los mismos paisajes? Basta decirte que eslamos en el 
centro de una elevada cordillera, cada vez más salvaje é impe- 
netrable, y que, como en los huracanes de nuestras Antillas, 
tan pronto subimos hasta más allá de la región de las nubes 
como bajamos á las profundísimas simas de un abismo. Por 
añadidura, hemos tenido últimamente que echar pie á tierra en 
muchas ocasiones y -andar así largos trechos con la fatiga que 
es consiguiente á los que no están acostumbrados á ese género 
de marcha por semejantes terrenos, en que á cada paso es nece- 
sario agarrarse de las raíces para no rodar al fondo de un pre- 
cipicio. Pero todos estos trabajos se sufren con alegría, y no es 
extraño que concluyan muchos de ellos al estruendo de las car- 
cajadas ó á los acordes de los himnos patrióticos. 

Antier pasamos por el sitio de Yariguá y vimos señales de 
que los españoles habían estado allí el día antes. Es una finca 
destruida, pero los enemigos quemaron ahora hasla las yerbas. 
Parece que ese exagerado vandalismo es plan acordado, ó mejor 
diré, recordado para esta campaña; núes por donde quiera que 
han operado, han incendiado las ranchei'ías más insignificantes, 
los cañaverales más arruinados, y ni los más pobres plantíos 
han escapado á su saña. Ellos olvidan, sin duda, que son los 
mismos que nos regalan tan furibundos apodos y dicterios 
porque les quemamos los ingenios. ¡Los ingenios, donde sos- 
tienen la esclavitud de los negros y chinos y de que sacan re- 
cursos para hacernos una guerra de exterminio! Pero está bien : 
¡ Adelante! ¡Queman, y quemaremos! que más presto se marcha- 
rán los entusiastas adoradores de nuestras riquezas. 

Por allá verás tal vez un papelucho que ha regado Valmaseda 
por nuestros campos, el cual no merece calificación. Como tiene 
de costumbre, se dirige á los sentimientos más bajos del co- 
razón humano para que vaya á buscar en un vil metal el precio 
de todas sus traiciones, y no faltarán infames que respondan á 
su llamamiento ; pero la gente honrada lo mirará con asqueroso 
esprecio. Hasta ahora no sé que haya producido ningún resul- 
ado. 



184 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

Jueves 29. — Seguimos nuestra marcha por un camino más 
cómodo y que no se hacía notar más que por la feracidad del 
terreno, que es extensísimo y sumamente montuoso, en térmi- 
nos que nos convencimos una vez más de que los españoles, 
sólo para este Distrito, necesitarían 100,000 hombres, y que sólo 
por una casualidad, una imprevisión ó una traición podemos en- , 
contrarnos con ellos, deseando evitarlo; pues basta la inter- 
posición de un bosquecillo para alejarnos á gran distancia por 
rumbo opuesto sin ser vistos. 

Se separaron de nosotros los Generales M. Díaz, M. Gómez y 
C. García, que se nos habían reunido con motivo del proceso de 
que te hablo arriba. Gómez queda en Cuba, Díaz va para Bayamo 
y García para Holguín. Inclán fué condenado á muerte y Payan 
á degradación; falta ahora la sentencia de revisión. Se cree que 
les comprenderá el indulto de 1.° de Enero de este año. 

Miércoles, 6 de Marzo. — Ayer llegamos á este campamento, que 
se llama Güira de Naranjo. Está situado entre dos arroyuelos; 
pero hasta aquí no parece qué comer. Antes permanecimos tres 
días en Río Frío, y no tan mal, porque se consiguió hasta carne 
de vaca. 

Las enfermedades se propagan cada día más : dejamos atrás 
muchos enfermos en las rancherías, especialmente de viruelas, 
que se han introducido en el campamento de algún tiempo á 
esta parte, atacando, como casi todos los males, á la gente de 
color con preferencia. 

Aunque los caminos han mejorado mucho, he andado leguas 
á pie para acostumbrarme y no sentir la fatiga en caso de que 
algún día sea necesario hacerlo por cualquier motivo. Aquí en- 
tramos por la costa arriba del río Mayarí. El camino es bueno, 
casi llano. El río presenta aspectos lindísimos, sea en cascadi- 
tas, charcos y chorreras, sea en fondos preciosos de escogidas 
lajas y piedrecitas. Casi toda su margen es escarpada y gran- 
diosa. Elevados riscos, peligrosos desfiladeros, farallones de 
rocas basálticas cortados á pico, oíros con vistosos cornisa- 
mientos al natural, dejan á trechos lugar á apacibles vegas con 
sonoros cañaverales, prados florecidos y antiguos y medio 
arruinados plantíos. 

Miércoles 13. — Los enemigos operan con actividad en Guantá- 
namo, donde hoy está el General Gómez. Han acumulado grandes 
fuerzas; pero los nuestros no les temen y les han causado mu- 
chas bajas. 
Javier y Ricardo se han incorporado ya conmigo. Trajeron la 



CORRESPONDENCIA. 185 

noticia de la toma é incendio del pueblo del Dátil, á una legua 
de Bayamo; y á igual distancia de Manzanillo se pegó fuego á 
los ingenios Esperanza, de Venecia, y Ovas, de los Castillos, y 
referían, lo que parece confirmarse, que los voluntarios del 
Congo, á dos leguas de la última población, se habían pasado á 
nosotros después de matar á los españoles, hecho muy signifi- 
cativo y de profunda trascendencia, sobre todo, si no es más 
que el principio de una reacción que há tiempo se espera. 

La Cámara ha seguido celebrando sus sesiones. Yo les dirigí 
un mensaje pintándoles la situación, los males que se han no- 
tado y la necesidad de ponerles oportuno remedio. 

Ayer ha llegado el parte oficial de la toma y destrucción de 
Sao Arriba, poblado considerable y fortificación que teníaa los 
españoles á dos leguas de Holguín. Hubo de particular que el 
enemigo no fué sorprendido, sino que se le arrolló hasta sus 
fuertes. Nada hasta hoy han hecho en consecuencia. 

El consejo de revisión condenó á Inclán en dos años de sus- 
pensión de empleo, González se dio por compurgado con la pri- 
sión sufrida, y Payan fué absuelto libremente. Sin embargo, gene- 
ralmente se cree que éste fué el causante de todo; pero parece 
que no hubo pruebas. 

Viernes 29. — Te extracto lo más interesante de la carta que 
con esta fecha te dirijo por vía de Santiago de Cuba : 

« La Cámara, otra vez en cuestiones con el Presidente, au- 
menta el peligro. 

« Ésta se ha reunido solamente con siete miembros, y pretende 
hacerlo hasta con cinco. No han podido conseguirse otros. Juzga, 
pues, la insuficiencia de semejante número para resolver las 
graves cuestiones de la guerra y querer gobernar el país. Yo 
sigo inalterable en mi prudencia y paciencia, mientras no vea 
que puede perecer nuestra causa. » 

El 16 de este mes salimos de la Güira; el camino nada de par- 
ticular presentó. Anduve gran trecho á pie por aliviar el caballo, 
y resbalando mis zapatos paré en pegar un costalazo sobre una 
raíz. 

Al día siguiente no encontramos muchas lomas ; pero en 
cambio eran tal vez las más elevadas que hemos trepado, segu- 
ramente las más pedregosas. Antes de llegar á los Pinares, 
salvamos un de.-filadero que tenía un precipicio horroroso y en 
la cumbre gozamos de un magnífico espectáculo, de los suaves 
olores que despedían los pinos y las flores silvestres, y de un 



186 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

ambiente muy agradable. Aquel día disfrutamos de soberbias 
perspectivas, las mejores de nuestro viaje : al fondo de todas 
se descubría la Sierra Maestra. Sólo describiré la última que se 
nos presentó en la cima de la sierra de Ñipe, que por cierto ba- 
jamos luego por una cuesta larguísima, muy estrecha y tan es- 
cabrosa que á cada momento temíamos que cayesen los caballos 
sóbrelas innumerables piedras de que estaba sembrada; pero 
para nosotros hoy no hay nada imposible, ni siquiera dificul- 
toso. El agua, el sol, el frío, el hambre, la desnudez, la carencia 
de armas y parque, la distancia, los ríos, las montañas, los pre- 
cipicios, las balas de los enemigos, nada nos arredra. 

Desde aquella montaña veíamos un dilatadísimo valle, que 
nos rodeaba por ambos costados, al parecer feracísimo y que 
debía ser la cuenca de Holguíu, limitada á la izquierda por el 
Cauto, y á la derecha por el mar, de cuyos dominios divisá- 
bamos bien la extensa bahía de Ñipe que nos enviaba sus bri- 
sas. Muchas humaredas se levantaban por la llanura, atribuidas 
unas á incendio de algunas sabanas, y otras ¡ ay ! dimanadas 
del de valiosas fincas y de los recursos del patriotismo. En el 
fondo se destacaban, cerrando el espléndido panorama, al N.O. 
los cerros de Holguín y al S.Ü. la majestuosa cordillera de la 
Sierra Maestra, que se ofrecía á los lejos, como al caminante el 
término de su viaje y al combatiente el de sus esperanzas (1). 

Volviendo la vista á la espalda, se veía caer de las montañas 
que acabábamos de atravesar, una graciosísima cascada que 
parecía la sonrisa con que nos despedía el Distrito de Cuba. 

En este viaje se sufrió mucho; pero ¡admírale de Cuba! 
íbamos, sin saberlo, caminando encima de la comida. El ñame 
cimarrón, más sabroso y nutritivo que el cultivado, se extendía 
por todas parles en prados sin límites. Algunos, más prácticos, 
aprovecharon sus conocimientos y sacaron muchos de aquellos 
tubérculos. Sin embargo, muy pronto vino la abundancia y todos 
olvidaron las pasadas miserias. 

A los cuatro días de marchas y campamentos en que nada no- 
table ocurrió, llegamos á un sitio de la hacienda Taco jó en que 
estaba acampado el General García con parte de su División y 
cerca de 500 familias. Nos recibieron con muchas ceremonias 
militares y desplegando la bandera cubana, pai'a saludar á la 
cual entré en la plaza con el sombrero en la mano. El General 
me cedió su alojamiento, y acudieron los funcionarios civiles y 



(1) En esa cordillera murió Céspedes. — N. del A. 



CORRESPONDENCIA. 



187 



militares á presentarme sus respetos. Tuve el gusto de ver al- 
gunos antiguos conocidos, entre ellos los hijos de mi mayor- 
domo José Antonio Castillo. 

La llegada á esta finca, el recibimiento que se me ha dispen- 
sado y la confianza que abrigo en la estrella de Cuba, me ani- 
man á creer que conjuraré las presentes tempestades con más 
facilidad, si cabe, que la terrible que se levantó hace más de tres 
años, y que aquí mismo se disipó con prudencia, buena conducta 
y patriotismo. 

Por la noche me dieron una serenata que traía dos bandas de 
música compuestas, una de un acordeón, y otra de un clarinete 
acompañado del colombiano tocador de la hoja : ambas se 
completaban con un atabal y un rascador que jugaban alterna- 
tivamente. Al despedirse les dirigí un discursito que contesta- 
ron con vivas. 

Hemos hallado muy animada esta gente : viaja por los cami- 
nos reales, tiene bailes en los campamentos, y hay prefectura 
que cuenta 100 almas. No escasean los mantenimientos y todos 
andan bien vestidos. ¿Recordarás que se decía siempre que 
este Distrito era de los peores? Pues ¿cómo estarán los me- 
jores? Las mujeres son belicosas : no quieren sino marchar 
con las columnas y llevar armas, que algunas saben manejar. 
Una, llamada Isabel Vega, ha recibido dos balazos de los es- 
pañoles. 

Sábado, Abril 13. — El día 24 nos trasladamos ala Cana, á orillas 
del Bijarú. Supimos allí que los enemigos fueron á la Güira el 
día después de nuestra salida, y que recibieron fuego, habién- 
doles hecho un prisionero que declaró tenían muchos enfermos 
y estaban muy desalentados. Otras noticias nos dieron respecto 
á los innumerables heridos que había en Santiago de Cuba y 
(luantánamo. 

Permanecimos en esa finca hasta el 31, en que fué atacado el 
campamento por los españoles, que descubrieron á nuestros 
vianderos. Se les hizo fuego dos veces por mi escolta, y no se 
atrevieron á pasar de los primeros ranchos, regresando en fuga 
á sus trincheras al día siguiente y escapando así de una fuerte 
columna nuestra que venía abatirlos. Dejaron rastros de sangre 
é hilas que demostraban haber sufrido bajas : por nuestra 
parte no hubo ninguna. 

En parie fué favorable nuestra marcha de aquel campamento, 
pues, aunque algo se perdió, como siempre sucede, tuvimos 
más pronto el gusto de recibir, el día 1.° de Abril, las comu- 



188 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

nicaciones del exterior que llegaron oportunamente al punto á 
donde nos retiramos. 

El día 5 pasamos al campamento que el General García tiene 
en Alcalá, para ver si mejorábamos de posición. Casi todos los 
caminos de esta Jurisdicción son llanos y monótonos; algunos 
anchos, pero las veredas traviesas, de lo más estrecho que he 
visto en mi vida. Las aguadas generalmente son pocas, pobres 
y malas. En el campamento, sin. embargo, se desarrollaba unja' 
vistosa escena, magnífico teatro para un combate, como efecti- 
vamente resultó á las pocas horas, con el éxito que verás en el 
extracto del parte respectivo. Yo me retiré con los demás miem- 
bros del Gobierno á un lugar seguro, y al desfilar por frente al 
enemigo, que al igual de nosotros se hallaba en una altura, nos 
disparó ocho granadas que felizmente reventaron muy lejos. 

Paramos el 6 en la boca de Báguano, donde presencié el es- 
pectáculo de la marea, después de tres años y medio que dejé 
de verlo en La Demajagua. El me trajo á la memoria, entre otros 
recuerdos, mi antiguo estado de señor de esclavos, en que todo 
me sobraba : lo comparé con éste en que ahora me veo, po- 
bre, falto de todo, esclavo de innumerables señores, pero libre del 
yugo de la tiranía española, y eso me bastó : prefiero mi actual 
estado. 

Aquí se me presentó una extraña metamorfosis operada por 
el miedo. La Cámara me envió una comisión de su seno, pro- 
poniéndome que me pusiera al frente del Ejército : contesté que 
para mí sería un inmenso sacrificio, pero que lo haría gustoso 
siempre que tuviera elementos de guerra. El asunto está andán- 
dose; mas como han recobrado ánimo con las noticias del ex- 
lerior, algo se ha dificultado ó retrasado. Tú sabes que siempre 
ha sucedido lo mismo : cuando hay apuro, se acude á mí para 
salvarse; pasado el peligro, todos se me viran. Sin embargo do 
lo que esta conducta me vaticina para lo futuro, yo lo que deseo 
es que triunfe cuanto antes la causa de Cuba. 

Domingo, 14 de Abril. El 9, á medio día, avisaron que se habían 
oído dos tiros, y al poco rato sonaron cerca varios disparos, con 
lo que se introdujo en el campamento el mayor desorden, á 
causa de algunos nerviosos que gritaban que se hacía fuego en 
todas las avanzadas. Yo me ocupaba en hacer que se recogieran 
los archivos y demás efectos importantes, con mucho trabajo, 
porque aquel día dio la casualidad que estaban fuera los con- 
voyeros; mas antes de acabar, me sacaron casi á la fuerza, de- 
jando perdidas algunas chucherías. Salí, pues, con el revólver 



CORRESPONDENCIA. 189 

en la mano, atravesé el río Báguano y un arroyo por encima de 
un madero, y por una angosta vereda caminé cerca de dos le- 
guas á pie hasta que se me escorió el calcañar del pie derecho 
y tuve que montar a cahallo. Luego que nos detuvimos se mandó 
explorar, y aquí fué la confusión mayor de los nerviosos, pues se 
supo que el enemigo se había retirado con sólo el fuego de 
nuestros primeros exploradores, sin llegar á ninguna avanzada. 
Con todo, las noticias que recogimos aquella noche acerca de 
los movimientos del enemigo, muy superior a nosotros en nú- 
mero, nos obligaron a continuar la retirada al día siguiente, ca- 
minando sin parar por sendas extraviadas y sin agua potable; 
pero al fin llegamos á un arroyo de escasas y desagradables on- 
das, y como no se halló otra agua mejor, resolvimos aprovechar 
aquella, supuesto que ya varios habían apelado, para extinguir 
la sed que los devoraba, á beber el humor de las raíces de sei- 
ba, jobo y otros árboles. Restauradas las fuerzas, cabalgamos 
de nuevo, y al caer la noche acampamos á orillas del río Ñipe, 
tan lento en aquel paraje que parece una laguna hasta en el 
sabor de sus aguas, acabando de aumentar nuestros duelos unos 
cuantos chubasquitos que calaron á los que no tuvieron capas. 

Este fué el modo con que se inauguró el 4.° año de la Cons- 
titución de Guaimaro. Como el mal y el bien se suceden alterna- 
tivamente, debemos esperar que con felicidad toque á su tér- 
mino. 

En las vegas del río Ñipe podían las fuerzas proveerse de 
bastimentos, y con ese objeto les concedimos algunas horas; 
mas habiendo regresado con la nueva alarmante de que habían 
oído tiros hacia un fuerte español inmediato, apresuramos los 
preparativos de viaje, y por término de esta jornada alcanzamos 
las márgenes del arroyo Colorado, anuente del río Ñipe, donde 
establecimos nuestro campamento en unos ranchos antiguos. El 
terreno es bueno, montuoso y ondulado ; el agua excelente, y 
la posición á retaguardia de las columnas enemigas que operan 
hoy en este Distrito. En cambio, los mantenimientos están esca- 
sos y lejos, y los caballos no tienen más pasto que las hojas del 
ramón, árbol que felizmente abunda en estas montañas. 

Aquí pienso permanecer, si es posible, en espera del desem- 
barco de Rafael, á quien todos aguardan ansiosamente. Él escri- 
bió señalando día y lugar para la operación, y si se realiza, 
pronto debemos saberlo. 

Mayo 4, viernes. — Los españoles, sabiendo sin duda que el 
Gobierno estaba en Holguín, lanzaron muchas columnas en su 



190 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

persecución; pero no han. logrado más fruto que el amargo de 
los enfermos, heridos y muertos que han. tenido. Ahora estarán 
combinando nuevos planes. 

Viernes, 11. — Mucho trabaja el Marqués (1) por ser, aunque un 
rato, Presidente de la República. Acaba de hacerle tomar á la 
Cámara, por sí y ante sí, un acuerdo que viene á poner ese cargo 
en sus manos, si por acaso yo dejare de desempeñarlo estando 
ausente Aguilera. El Ejecutivo se ha opuesto á la forma y el 
asunlo ha quedado, como otros varios, sin resolver, y expuestos 
á distintas interpretaciones con daño de la República en su día. 

Ya verás en los partes todas las acciones que han tenido lu- 
gar en Holguín. Se cuenta que en la de Alcalá un cañonazo que 
nos dispararon los españoles, tronchó una palma que al caer les 
mató cuatro hombres. En Colorado se rezagó un cabo, y despo- 
jándose de todo su armamento se tendió en el suelo á descansar: 
un majá (2) que lo espiaba, le saltó encima, puso el pie en el rifle 
y lo hizo prisionero. Trató de conducirlo á la Subprefectura, y 
como opusiera resistencia, le dio muerte en el aclo, apoderán- 
dose de un soberbio rifle, una canana con 120 cápsulas, tres 
mudas de ropa, sombrero y zapatos nuevos, etc., etc. El majá 
al verse equipado tan espléndidamente, se marchó enseguida al 
Ejército: se llama Pedro Cayo y es un hombre notable. ¿Qué te 
parece? ¡ Los toros con Montaner, las abejas con Loño, las 
palmas en Alcalá, los majaes en Colorado, todo les hace la 
guerra á los españoles en Cuba ! 

El día 19 de Abrilnos trasladamos á olro campamento situado 
como á dos leguas y á la orilla izquierda del arroyo Naranjo. 
Teníamos que subir y bajar una gran loma, é hice casi todo el 
camino á pie sin novedad; mas en la subida, por debilidad del 
estómago, me sentí malo, de suerte que me fué preciso sentarme 
y tomar un poco de agua con ron, con lo que luego se me disipó 
la indisposición. Todos me rodearon manifestándome un tierno 
interés, menos ciertos individuos que ya calcularás quiénes pue- 
den ser. 



(1) Salvador Cisneros Betancourt, domiciliado hoy en Camagüey. — 
N. del A. 

(2) Majá se llamaba á todo insurrecto que bien por falta de armas, 
bien por su temperamento ó constitución, no prestaba servicio activo 
al Ejército, sino que cuidaba de las familias, proporcionaba noticias, etc., 
— N. del A. 



CORRESPONDENCIA. 191 

El 22 abandonamos el campamento, así por !a escasez de recur- 
sos, como por entrevistarnos con Calixto García. El 23 retroce- 
dimos para explorar una columna española que llevábamos á 
vanguardia, y el 21, estando acampados en Jarico, nos atacó 
repentinamente el enemigo con una fuerza numerosa, según 
acontece siempre. 

Nos retiramos en dirección de Canapí; pero como Javier se 
quedó detrás con la mayor parte de la escolta, nos paramos á 
esperarlo a la costa de un mal arroyo, enviando práctiros en su 
busca. No pareció : nos cercioramos de que los españoles babían 
venido siguiendo nuestro rastro hasta un cuarto de legua, y de- 
terminamos salir ú media noche con el mayor sigilo: porque 
recelábamos ser atacados al día siguiente. Practicamos nuestra 
retirada con el mejor éxito, llegando á nuestro destino sin dejar 
huellas, en términos que la columna española que nos perseguía, 
á pesar de haber pasado por donde nosotros, continuó á Colo- 
rado, donde tropezó con el General Gómez, (que había llegado en 
solicitud del Gobierno), y fué tan cobarde que se retiró con el 
sólo fuego de tres ó cuatro hombres nuestros. Parece que la 
conducía un presentado ó prisionero que nos hicieran en Jarico. 
Mudamos el 27 de campamento aunque subiendo el mismo arroyo 
de Canapí, en cuya margen izquierda estábamos situados. Desde 
el día anterior se nos había incorporado Javier con muchos de 
los dispersos, el cual se había visto cortado por el enemigo, y 
en este lo verificó Gómez, resolviendo en el acto abandonar 
aquel Distrito. 

Aquel día cayó un fuerte aguacero que borró todos los rastros 
que guiaban á nuestro campamento. Partimos al siguiente por 
entre el monte conforme á mis propias instrucciones, pues yo 
quería que saliésemos como en un globo, y por la tarde acam- 
pamos en Machete bajo un torrente de agua que duró sobre seis 
horas. Nos alojamos en unas covachas al pie de unos elevados 
farallones, y no pudimos menos que recordar á los infelices si- 
boneyes que tal vez un día se abrigaron allí, huyendo de los fe- 
roces conquistadores. Al otro día [29] nos establecimos en un 
antiguo campamento en la parte arriba del rio Bariguá, y allí se 
ofreció una escena inesperada. Gómez llamó en mi presencia á 
los Representantes, y les dijo que desde aquel momento no po- 
día seguir el Gobierno sin exponerse á grandes riesgos de todas 
clases ; que no sabía cómo yo había tenido hasta hoy la habili- 
dad de evitarlos, pero que él no se comprometía á dar custodia 
al Gobierno si éste no se simplificaba, disolviéndose la Cámara 



192 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

y quedando el Presidente sólo con sus Secretarios y Ayudantes á 
su lado" en cuyo caso él se ofrecía a poner a los Representantes 
en lugar seguro y cómodo hasta que pudieran volver á reunirse. 

Esta improvisación y la actitud tomada por el Presidente en la 
reforma de la ley de organización militar, desconcertaron á nues- 
tros Solones y Licurgos, que habían echado otras cuentas más 
alegres, y los obligaron á retirar la ley y acordar el receso, re- 
vistiendo al Presidente de varias facultades, entre ellas, la de po- 
nerse al frente de las operaciones militares cuando lo conside- 
rara conveniente. 

Bajo la impresión de semejante nuevo modo de pensar, em- 
prendimos marcha el día 2 de Mayo, dejando detrás á Ignacio 
Mora, enfermo, y a otros muchos que debían partir, unos para 
abajo y otros para el extranjero. 

Subimos otra vez á los Pinares desde donde con las mismas 
hermosas perspectivas, dominamos más paisaje y una zona ma- 
yor de ingenios, cuya vista despertó ira y dolor en nuestros co- 
razones, porque nos veíamos proscriptos en nuestra propia pa- 
tria por aspirar á nuestra libertad y la de esos desgraciados 
seres que allí explotaban entre cadenas nuestros opresores. Es- 
tos, no hace mucho, que en los montes del ingenio Sania Isabel 
mataron á sangre fría iO mujeres, 10 niños y 4 hombres en- 
fermos. Y á propósito de estas atrocidades cometidas 'a la faz de 
la América libre y civilizada, te referiré un procedimiento que 
emplean esos barbaros, según me lo han conta<io. 

En Santiago de Cuba hay un español que cuando se presenta 
algún cubano insurrecto, antes de que se le permita por las au- 
toridades españolas ver á su familia, pasa á visitar á ésta de 
acuerdo con aquellas, y con muestras de gran solicitud á su fa- 
vor, les da informes de la existencia de su pariente, á quien por 
lo regular creen muerto por los soldados españoles, y les ase- 
gura que está prisionero y en gran peligro de perder la vida; 
pero que si la familia se resuelve á hacer al Gobierno español 
donativo en dinero (que ya él trae graduado en proporción ala 
fortuna de aquellas víctimas) se le puede salvar y restituir á su 
seno para siempre y arrepentido de sus errores como buen es- 
pañol, etc., etc. La familia ya es de considerarse que ara la 
tierra por conseguir y entregar la suma exigida, y entonces se 
les hace un mérito de perdonar al traidor con la clemencia in- 
nata en los pedios *de los valientes hijos de Pelayo, Isabel la 
Católica y otros más, etc., etc. Pasan algunos días en que la 



CORRESPONDENCIA. 193 

miseria aprieta al presentado y su familia, y entonces el pater- 
nal Gobierno le ofrece una colocación en cierta finca para donde 
parte con. otros hijos descarriados de la noble España, todos los- 
cuales desaparecen para no saberse más de ellos, porque son 
asesinados en el camino. 

En estos días llegó el Geaeral Garrido, que Rafael trajo en el- 
Virginius. Parte para Venezuela, como te digo en otra carta. 

Nosotros seguimos nuestra marcha, casi por lo común con 
más ó menos lluvias y escasez, y atravesando á pie unas mon- 
tañas muy empinadas y resbalosas. Yo me auxilio de un báculo 
puntiagudo con un gancho, ó garabato en la cabeza, y á pesar 
de mis grandes botas y espuelas, no soy el peor andariego. 

Por último, el día 8 llegamos bajo un temporal á Corojo de 
Caoba, de donde todavía no hemos podido salir en espera de un 
correo que juzgamos debe traer correspondencia interesante, 
aunque lo pasamos mal; pero todo es sufrible si puede contri- 
buir á adelantar algo en el servicio de la patria. 

Hoy vino á verme el Brigadier Vega : está casi ciego, y 
apenas puede abrir la boca á consecuencia déla herida que reci- 
bió en la acción de Ciego de Loreto, en que tanto se distinguió á 
las órdenes de tu hermano Rafael. Será necesario mandarlo 
también al extranjero, donde tal vez pueda curarse y continuar 
sus servicios. 

Martes, 11 de Junio. — Viendo que se dificulta enviarte esta 
larga carta por el conducto que tenía pensado, lo hago por otro 
más breve; pero, naturalmente, no te mando el libro de me- 
morias. 



N.° 88. — La Zanja, Cuba, 11 de Junio de 1812. — C. Ramón 
Céspedes. — Nueva York. — Querido amigo y compadre : Ayer- 
recibí su favorecida de 21 Abril. 

El Gobierno ha reducido mucho su personal; para ello se ha 
dictado un reglamento, fecha 30 de Mayo ppdo., por el cual se 
limitan á dos las Secretarías : una llamada de Estado y otra de la 
Guerra. Desempeña actualmente la de Estado, de la que dependen 
Interior, Hacienda y Exterior, el C. Lucas Castillo, y la de- la 
Guerra el Doctor Miguel Bravo y Sentíes. 

Nuestros asuntos aquí marchan bien; diariamente tienen lugar 
en todos los Distritos hechos de armas casi siempre "favorables 

13 



194 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

para nosotros. En la actualidad hay en vía de ejecución un pro- 
veció del que se esperan resultados muy beneficiosos. 

El Gobierno se ha visto en la triste necesidad de separar del 
mando del Distrito de Cuba al Mayor General Máximo Gómez. 

El Gobierno espera que este ligero castigo obrará sanamente 
en el ánimo del General, permitiendo al Gobierno, que hace 
justicia á sus cualidades militares, volver á utilizar sus servi- 
cios. 

Sírvase V. saludar á los amigos y admitir el testimonio del 
mucho aprecio de su amigo, compadre y h .'. 



N.° 89. — Río (Cuba) 12 de Junio de 1872. — C. Mayor Gene- 
ral Francisco V. Aguilera. — Nueva York. — Estimado amigo : 
Contesto á su favorecida de 22 de Abril ppdo. Enterado de sus 
propósitos, debe venir lo más pronto posible sin perjuicio de 
sus trabajos patrióticos, y mucho nos complacería que su venida 
fuera del modo que V. indica (1). Su renuncia oficial (2) no se 
ha recibido aún; cuando llegue se resolverá este punto. 

Melchor Agüero no ha llegado. Hemos sabido la arribada del 
Edgard Stuart á Jamaica; su detención momentánea allí, su salida 
después, protegida por un vapor americano. Hemos sabido 
también que sobre una expedición que últimamente se dice trató 
de desembarcar, corrieron en el exterior fatales rumores ; aquí 
en el campamento del Gobierno recibimos ayer noticias comple- 
tamente contrarias, que esperamos con ansia se ratifiquen. 

Agradezco á V. infinito las indicaciones que hace acerca de mi 
persona, y sigo sus consejos (3). 

Soy de V. con la mayor consideración su afmo. amigo. 



(1) Con una expedición formidable. — N.delA. 
, (2) Del cargo de Vicepresidente. — JV. del A. 

(3) « A cada paso los periódicos de los españoles anuncian su salida 
de V. para el extranjero, situándolo en Jamaica, Curazao y hasta en 
marcha para España, dando por terminada la Revolución, encarnándola 



CORRESPONDENCIA. 105 

N.° 90. — Boca de Barajagua, 16 de Junio de 1872. — Exce- 
lentísimo Señor Antonio Guzmán Blanco, Presidente de la Be- 
pública de los Estados Unidos de Venezuela. — Excelentísimo 
Señor : El Mayor General del Ejército Libertador de Cuba, Ma- 
nuel Garrido Páez, (1) regresad su país después dehabervencido 
ventajosamente el tiempo por el cual se comprometiera á pres- 
tar sus importantes servicios militares en Cuba. 

Durante su permanencia en este país, el General Garrido nos 
ha ayudado mucho á combatir nuestro enemigo, y como no po- 
día esperarse menos de uno de los hijos de la tierra que dio el 
ser á Bolívar, fué modelo de republicanismo. 

Cuba lamenta que el General Garrido se ausente de su terri- 
torio, y da á V. E. las gracias por los servicios prestados por 
uno de sus subordinados. Nuestra Bevolución, que mucho tiene 
que agradecer á Venezuela y que espera confiadamente aun 
mucho de esa Bepública, marcha, aunque con el trabajo inhe- 
rente á toda guerra de independencia, hacia su triunfo. Los he- 
chos de armas que diariamente tienen lugar, y que casi siempre 
son propicios á nuestras tropas y el mal estado de nuestro ene- 
migo, así lo aseguran. Las simpatías de personas de tanta in- 
fluencia y valía como V. E. pueden acelerarlo. Dignaos, señor, 
no retirar vuestra benevolencia a este infortunado país. 

Con sentimientos de la más alta y distinguida consideración 
soy de V. E. servidor. 



N.° 98. — La Cana, 11 de Junio de 1872. — C. Francisco 
Sánchez Betancourt. — Estimado amigo : Mucho me complace 
lo que se sirve V. decirme del Mayor Genera Ignaciol Agra- 
monte, al que los periódicos españoles dan como berilio, y muerto 
á Eduardo Agramonte; esta última noticia, hoy para nosotros en 
duda, por lo que nos ha dicho el Capitán Díaz Bubio : ambas 
deseamos ver desmentidas. Yo espero queV.V. seguirán traba- 
jando con la misma fe, constancia y entusiasmo. 

No hemos de tardar en recibir el premio de tanto afáo, priva- 



en la personalidad de V. Por lo tanto, se hace más indispenssble que 
provea V. allí á su mayor seguridad, pues sería una desgracia inmensa 
para la causa que V. fuese capturado, muerto ú obligado á salir del 
país «. Párrafo de una caria de Aguilera, fechada en Nueva York el 
22 de Abril de 1872. — N. del A. 
(1) Murió en Venezuela. — V. del A. 



196 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

ción y trabajo; así al menos me lo aseguran, además de mi de- 
seo y fe en el triunfo, las últimas noticias que hemos recibido 
del exterior y de la parte' de la Isla que aun gime bajo la domi- 
nación española. 

Por conducto de Santiago de Cuba hemos sabido que en los 
últimos días del mes ppdo., el descuento de los billetes del 
Banco Español era de 17 por 100 ; que se temía que en breves días 
ascendería al 30 ó 40; que era general la creencia de que la de- 
preciación era inminente y nadie llegaría á quererlos; que era 
común el sentimiento de que nuestro triunfo era seguro y 
mucho antes de lo que nosotros mismos podíamos pensar; que 
los hacendados y comerciantes del Departamento Oriental esta- 
ban completamente desesperanzados; que en la Habana las jun- 
tas de hacendados y comerciantes se repetían sin cesar, convo- 
cadas por el Capitán General para tratar de salvar la situación. 

Del exterior : en España, espantosa guerra civil provocada por 
los carlistas; Serrano, nombrado generalísimo, pide 20,000 hom- 
bres para combatir en Navarra. 

Créame siempre suyo afmo. amigo. 



Pozo Blanco de Holguín, Junio 23 de 1S72 . — Señora Ana 
Quesada de Céspedes. — Mi muy querida esposa : . . . . 

Voy á empezar á escribirte una de esas largas cartas en que 
"te refiero casi todo lo que me pasa, especialmente mis peregri- 
naciones por el territorio revolucionario ; de suerte que con un 
buen plano de la Isla delante puedes marcar perfectamente los 
lugares en que me hallo. Principiaré por la fecha en que quedó 
mi última narración, que fué el sábado 11 de Mayo del presente 
año. 

Permanecimos en el Corojo hasta el 17, sufriendo mucha esca- 
sez y un temporal que nos tenía amontonados en un mal rancho, 
cuyo techo manaba el agua, y estábamos, de consiguiente, en una 
especie de pantano. No obstante, todos estábamos conformes y 
hasta contentos, esperanzados en las promesas de Gómez, que 
debía mejorar nuestra situación, facilitándonos los convoyeros á 
que nos habíamos reducido para expeditar las operaciones y la 
marcha del Gobierno. Allí recibimos la correspondencia extran- 
jera y nos enteramos del fracaso de Melchor Agüero, que pro- 
dujo en nuestro campo el desagrado que puedes calcular, y su- 



CORRESPONDENCIA. 197 

ministró tela para cortar á los que siempre andan buscándola, 
cuando se trata de mis amigos. Supimos también el desembar- 
co de Carlos García, y apenas habrían llegado á su deslino las 
órdenes que se expidieron para auxiliarlo, cuando vimos anun- 
ciado su regreso al suelo americano. ¿Qué significa esto? Nada 
sabemos con seguridad sobre el particular; pero es muy extra- 
ño, á menos que sólo fuera un reconocimiento. 

Los españoles están confiscando los bienes de las cubanas 
casadas que siguen á sus maridos proscriptos por la tiranía. 
¡ Así castigan á la más tierna adhesión! ¿Qué se ha hecho el : 
Quod Deus conjuxit homo non separel ? Todo en esos hombres es 
ficción, mentira. Ahora no llaman sino palenques á nuestros 
campamentos y no distinguen á nuestros jefes sino por el color. 
Esto será para hacer creer á los extranjeros que no somos más 
que una partida de negros cimarrones. Figuran á las demás 
naciones, tan estúpidas como ellos, que creen que dormimos en 
- camas de cujes con hogueras encendidas debajo, porque han 
visto las barbacoas en que se asa la carne. 

El n de Mayo salimos, pues, del Corojo; vadeamos varios 
ríos crecidos, subimos y bajamos sierras elevadísimas y al día 
siguiente acampamos á la orilla del arroyo Jiménez, que es 
afluente del río Mayarí. Por gusto unas veces, por necesidad 
otras, anduve á pie casi todo el camino, habiendo empleado cua- 
tro horas en salvar una sola montaña en que había pendientes 
de piedra de laja que apenas permitían á los caballos afirmar el 
casco, siendo preciso sostenerlos para que no rodasen al preci- 
picio, donde no se habría contado más con ellos. 

En suma, nosotros hemos pasado á pie y á caballo, á todas 
horas, con cualquier tiempo y las más de las veces en ayunas, 
por parajes que antes se creía no era dable atravesarlos sino á 
los monteros y colmeneros. Por eso encargo siempre que le 
digan al Conde.de Valmaseda, que si quiere sofocar la Revolu- 
ción, es preciso que ande por donde yo ando, á las horas en que 
yo ando y del modo que yo ando. 

En otro tiempo me gustaban mucho estos ejercicios varoniles 
y me fortalecían el cuerpo y el ánimo; mas hoy, séase efecto de 
la edad ó de los escasos y poco nutritivos alimentos, ello es lo 
cierto que más bien me debilitan y que sólo los arrostro por el 
grandioso objeto que nos proponemos. 

En aquel lugar nos propuso Gómez que volviésemos atrás á 
un buen campamento en que hallaríamos familias conocidas, 
mientras él se nos reunía después de tomar algunos informes 



198 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

necesarios para proseguir nuestra marcha. Así lo hicimos, y en 
los días que pasamos en aquel destierro soportamos toda clase 
de padecimientos, empezando por que se nos fugaron casi lodos 
los . convoyeros, que son los hombres destinados á cargar los 
efectos y buscar la comida ; pero matamos la yegua de tu her- 
mano José Ignacio, que estaba flaquísima, y con su carne nos 
socorrimos, acompañándola con ñame cimarrón que, como estaba 
retoñado, además de estar desabrido, nos hacía daño. Los demás 
caballos vagaban sueltos por el monte para que no muriesen de 
hambre ; ¡ figúrate en qué estado se pondrían ! 

Yo veía transcurrir los días abrumado de mortal fastidio. No 
estaba estropeado, ni con sueño, y así no apetecía la hamaca. 
No se podía trabajar porque se había acabado la tinta. No había 
dónde pasearse ni qué conversar : estaban leídos todos los 
libros y periódicos; en suma, no quedaba más recurso que pen- 
sar y calentarse la cabeza. Fué una noticia agradable la de que 
Gómez nos mandaba buscar á la Pimienta, donde él se encon- 
traba. Hiciéronse apresuradamente los preparativos de marcha 
y partimos el 26 por la mañana, trayendo con nosotros á Lucas 
Castillo, cuya familia creo que es la única notable que queda en 
el campo insurrecto : las demás han sido cogidas ó muertas 
por los españoles, salvándose algunas en el extranjero. No vayas 
á entender por esto que faltan familias; no, hay más de lo que 
conviene; pero son aquellas que por sus hábitos anteriores han 
podido sufrir mejor tantos trabajos. Estas son las que hoy están 
siendo víctimas de la rabia feroz de nuestros enemigos. Y ni 
aun así desmayan, ni quieren abandonar nuestras filas. Son 
verdaderamente admirables. 

Encontramos á Gómez el mismo día en su campamento. . . 

Gómez me presentó al CoronelJosé Antonio Maceo (1). Es un 
mulato joven, alto, grueso, de semblante afable y de mucho 
valor personal. A propósito; te describiré los jefes de Santiago 
de Cuba, cuyos nombres verás, ó habrás visto en los partes. 
Silverio del Prado, blanco, anciano, bajito, desdentado, voz casca- 
josa; hombre honrado, político en su manera y celoso de la raza 
de color. Camilo Sánchez, blanco, joven, bajito, fornido, medio 
bizco y amigo de vestirse con lujo. Policarpo Pineda (a) ñusián, 
mulato, bajito, algo picarazado de viruelas, mirada turbia, 
errante : no puede andar por sus heridas. Acaba de ser degra- 



(1) Reside actualmente en la República de Costa Rica. — N. del A. 



CORRESPONDENCIA. 193 

dado en un consejo de guerra, por haber hecho matar á un oficial 
sin formación de causa y haber insultado al General Gómez. 
Guillermo Moneada (1), negro, muy alto, delgado, labio superior 
corto, dientes grandes y blancos : cojo por heridas. Dicen que 
no quiere á los blancos. Francisco Borrero, mulato, alto, del- 
gado, rostro alegre, vivo de genio y cariñoso. 

Todos estos jefes son hombres de campo, sin educación, pero 
muy valientes y leales cúbanos. 

Viernes 12 de Julio. — Alentados por nuestros nobles propósi- 
tos y aunque sin haber recibido los auxilios ofrecidos, se ha 
llevado á cabo una concentración de nuestras fuerzas con las 
cuales ando yo, y hemos atacado á los españoles de recio en esta 
Jurisdicción; pero hoy lo hemos suspendido hasta mejor ocasión, 
y amenazados por el enemigo, tratamos de burlarlo con nuestra 
continua movilidad. Es por eso que notarás desmejora en la 
forma de mi letra; pues te escribo con el papel sobre la pierna 
derecha, en los momentos de parada, y tal vez me sea imposible 
hacer uso de la cifra, que requiere mayores comodidades. 

Permanecimos en el campamento de Gómez hasta el 6 de Junio, 
en que salimos con una columna para poner en ejecución el 
plan acordado. En aquel campamento pasamos muchas necesi- 
dades, no porque hubiera escasez de recursos, sino porque no 
teníamos quién los buscara. 

La marcha se emprendió como hubo lugar por parte de los 
miembros del Gobierno y sus dependientes; por el camino se 
empeoró la situación. 

Domingo 15. — El 10 de Junio salimos de Bruñí, que está á 
una legua del campamento español de la Florida, adonde pensa- 
ban llevarnos para hacer víveres, teniendo que conformarnos, 
para que no se pensase que temíamos al enemigo ; pero para 
mayor desgracia éste trastornó el plan y fué preciso partir sin 
comida. Acampamos á la orilla del río Piloto y allí empezó la 
tropa á matar los caballos, dando principio por el de Garlitos. 
No faltaban deserciones, y así precipitamos la marcha alimentan 
donos de palmito y mangos verdes, hasta el 13 en que profeticé 
que comeríamos carne de caballo; y así sucedió inesperada- 
mente, pues atravesando los Pinares, cazamos uno de los espa- 
ñoles que parece se habia fugado en alguna de sus correrías. 
Aquel día, transitando por una vereda estrechísima, al pasar por 



(1) Habita hoy en Santiago de Cuba. — N del A 



200 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

debajo de un grueso bejuco de zarza, se me tiró encima y me 
agarró la manga y el dedo anular de la mano izquierda, de cuyo 
brazo sabes que soy lisiado. Como el caballo siguió andando, 
eché con violencia el brazo atrás para zafarme, y se me dislocó 
por el hombro, siendo preciso que rne lo redujera el Dr. Bravo, 
y quedando adolorida la articulación, con una herida en el dedo 
y el brazo en cabestrillo. 

Al día siguiente llegamos á la margen del río Sojo, punto ya 
.conocido; y era de notarse la alegría de todos al verse fuera del 
Distrito de Santiago de Cuba y los votos que hacían para no 
verse obligados á volver allá. Como supondrás, yo permanecía 
inalterable, pues á todo estoy resuelto y nada me conmueve. 
Debo añadirte que casi todos estos días sufrimos recios aguace- 
ros : con el del 14 creció el río y desde mi hamaca contemplaba 
la rápida y espumosa corriente de sus aguas, deseando que la 
fortuna de Cuba subiera con igual velocidad. 

En los Pinares recibimos comunicación del General Modesto 
Díaz, en que nos participaba los asesinatos de mujeres y niños 
que están cometiendo los españoles y que habrás visto tal vez 
publicados en nuestros periódicos. Al mismo tiempo perdonan 
.á los soldados carlistas prisioneros. Parece que el león español 
se hace más feroz en el suelo de América. Los presentados á nos- 
otros dicen que esos horrores se perpetran en virtud de órdenes 
de Valmaseda, empleando en ellas de preferencia á los mismos 
cubanos que militan en sus filas. ¡ Fácil es comprender el ho- 
rrible móvil de esa preferencia ! Los prisioneros que cayeron en 
nuestro poder el 29 de Junio en el Rehondón de Báguano,. ante 
el consejo de guerra confesaron el hecho, y que se ejecutaba por 
mandato superior. Además, se asegura que los españoles pagan 
$ 4. 25 cts. por cada varón y $ 1 por cada hembra que se asesina, 
y á las de este sexo que se salvan las encierran en sus fortale- 
zas para entregarle la que elige á todo el que paga por ella 
$ 4. 25 cts., quiera ó no la víctima, sea ó no su pariente el solici- 
tante y sea cual fuese el objeto con que la lleva. En Manzanillo 
está destinado el fuerte Gerona para tan inmunda ergástula, y 
entre otras muchas han sido así vendidas las hijas de Juan 
Proenza, jóvenes blancas de estado honesto. Con esta fecha lo 
.hago saber á nuestro Comisionado Diplomático en Washington, 
para que lo ponga en conocimiento de los gobiernos del mundo 
-civilizado, y bueno sería que la prensa periódica se apoderase 
del asunto. 
Nos internamos el 15 en Holguín y llegamos el 18 á nuestro 



.CORRESPONDENCIA. .201 

antiguo campamento de la Cana, que encontramos todavía en pie. 
Todos los miembros del Gobierno llegaron en el estado más las- 
timoso, á pie, descalzos, casi desnudos y muertos de hambre. 

- Salí el 20 por la mañana sin Secretarios y casi sin Ayudantes, 
en no buena salud, y cuando por el camino encontramos al Ge- 
neral Calixto García y sus compañeros, todos tan gordos y sanos, 
á su lado parecíamos espectros. Seguimos reunidos y al otro día 
acampamos en el lugar en que principié esta carta, donde per- 
manecimos hasta el 25 que se nos separó García y volvimos á 
emprender viaje para situar las fuerzas en lugares convenientes 
y esperar las que faltaban todavía, para llevar á cabo nuestro 
proyecto, que ofrecía de momento algunas dificultades. Ya Vicente 
García y Modesto Díaz habían acudido á los puestos designados, 
pero aun no había llegado el Brigadier Pérez. 
' Estuvimos caminando hasta el día 28. Acampamos en el Reho- 
vez al pie de un arroyuelo, en el camino, entre dos lomas. Hacía 
dos meses justos que se había dado una acción en este paraje, y 
todavía se notaba el hedor de los veinte cadáveres que abando- 
naron los españoles en su fuga ; hedor que por más que diga 
Carlos IX de Francia, es muy poco agradable. Después he leído 
el parte de los españoles, en que cuentan tantas mentiras. Tú 
debes haber visto el nuestro, que es exacto, y por allí puedes 
deducir el crédito que merecen esos embusteros. 

Por el tránsito notamos huellas recientes del enemigo, mez- 
cladas con las antiguas, y aun se decía que acababan de conducir 
un convoy. Le hice observar al Brigadier Calvar que en aquella 
posición era inminente un encuentro con los españoles, y que 
esto les descubriría nuestra presencia antes de efectuar la re- 
unión de todas nuestras tropas y dar el ataque proyectado; pero 
me contestó que había acampado allí con arreglo á instrucciones 
del General G. García, y como yo no quiero mezclarme en cier- 
tos detalles de las operaciones militares, aprobé que obedeciera 
las órdenes de su jefe, accediendo á la indicación que me hizo 
de que retirase el Gobierno al campamento del Coronel José A. 
Maceo, que estaba en Báguano, al día siguiente por la mañana, 
excepto yo y mis ayudantes, que debíamos permanecer á su lado 
aunque se presentase el enemigo. 

En la mañana siguiente, muy temprano, se mandó explorar 
por la parte de Rehovez, y como no hubo novedad, se despachó 
á forragear casi toda la fuerza y asistentes, y lo mismo hizo el 
Coronel Maceo; de suerte que no quedó en los cuarteles, sino 



202 GARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

un número escaso de doscientos hombres, de los cuales casi 
todos eran oficiales. No haría dos horas que se ausentaran, 
cuando se oyó el fuego en nuestra avanzada del lado mismo que. 
se había hecho la exploración. Todos nos preparamos para el 
combate; mas el Brigadier me suplicó que me retirara al cam- 
pamento del Coronel Maceo, porque no teniendo fuerzas sufi- 
cientes creía que sería desalojado de su posición, y no le 
parecía decoroso para mí verme mezclado en las peripecias de 
una retirada más que precipitada. Me pareció justa y patriótica 
su observación y me dirigí al campamento del Coronel Maceo, 
algo disgustado; tanto que, cuando encontró á éste, que con los 
suyos acudía al fuego, estuve tentado á volver para atrás; pero 
vi la poca gente que llevaba y me contuve temeroso de cometer 
una imprudencia que nos fuera funesta. Me situé, pues, con una 
pequeña escolta en lugar seguro, aunque inmediato, y á poco 
rompió el fuego por el centro y un ala que echó el enemigo á la 
izquierda de nuestra posición. 

Los españoles acometieron con gran ímpetu y arrollaron á los 
cubanos, que todavía no habían acabado de formar, no sin pagar 
aquel arrojo con algunas vidas; pero éstos se rehicieron á la 
subida de una cuesta, y aunque los españoles la vencieron, fué 
con gran pérdida y fatiga, de suerte que cuando en la cresta se 
encontraron con parte de nuestra fuerza escalonada, que los 
recibió con descargas á boca de jarro, perdieron ánimo y sólo 
trataron de salir lo más pronto posible de aquel aprieto. Debili- 
taron sus flanqueos, abandonaron su retaguardia y no hicieron 
más que seguir de frente, sosteniendo el fuego con los escalones 
que á cada vuelta del camino les salían al paso. Por último, se 
dispersaron y emprendieron la fuga hasta Camasán persegui- 
dos por los nuestros, que no pudieron ir más lejos por el can- 
sancio de un combate de más de seis horas, sin caballería con 
•que completar la persecución. 

Los resultados de esta victoria, tan gloriosa como la de las 
Minas por los muertos y despojos que abandonaron y por la 
superioridad numérica del enemigo, más gloriosa, empero, 
porque quedamos completamente dueños del campo de batalla, 
los verás en los partes que se remiten á nuestros Agentes. Yo 
lo presencié todo, sintiendo el silbido de las balas sobre mi ca- 
beza, y recorriendo luego el teatro de la acción sembrado de 
cadáveres, caballos, armas, etc., y regado todo de sangre. Así 
tuve lugar de perdonar la vida á un soldado español prisionero, 
que tenía una pierna rota; porque los sentimientos que aquellas 



...-•' CORRESPONDENCIA. 203 

víctimas de la tiranía española me inspiraron fueron de compa- 
sión al considerar su ignorancia, su juventud y el dolor de las. 
madres que con tanta ternura habrían cuidado aquellos cuerpos 
destrozados y besado aquellos rostros desfigurados por el rayo 
de la guerra. 

Como todo triunfo cuesta algo en la vida, tuvimos el senti- 
miento de perder al bravo Teniente Coronel Camilo Sánchez, 
que al principio de la pelea encontramos en el camino muy 
alegre, diciéndonos : — « Voy á hacerles unos tiritos. » El ata- 
que de la fuerza que él mandaba fué el que pronunció la fuga 
y derrota de los españoles; y persiguiéndolos como un león, tal 
vez de algún fugitivo [porque ya los últimos muertos tenían los 
balazos en la espalda] salió el golpe que puso fin á sus días. 
Cayó impávido, exclamando : — « ¡ No hay cuidado ! ¡Viva Cuba ! » 
Expiró á las pocas horas, no sin tener la gloria de recibir las 
estrellas de Coronel con que lo condecoré en el campo de ba- 
talla. 

Lunes 15. — En ésta seguramente no hubiera escapado ni uno 
de la columna española, que parece se componía de 500 hombres, 
si nuestros forra geros acuden al fuego, ó si el General Díaz 
ocupa la posición que por la mañana le indiqué en mi comuni- 
cación, creyendo, es verdad, no tan próximo el ataque; pero mi 
hermano Javier, que la recibió por estar al mando de la División 
de Bayamo, tenía, como nosotros, su gente haciendo víveres, y 
después que llegó no se resolvió el General Díaz, ya presente, 
á ponerla en línea, porque igaoraba las posiciones de los com- 
batientes y temía una equivocación. Si llega á situarse en Doña 
Juana, ó bien en Don Pedro, pues se hallaba en q1 Clarito, toma 
inesperadamente por un flanco á los enemigos, aumenta su te- 
rror y son capturados lodos. Sin embargo, basta con lo que se 
hizo. 

Se tenía resuelto presentar batalla al otro día á una columna 
que según declaró el prisionero perdonado, traía el Coronel 
Huerta, y que efectivamente se tiroteó con nuestros reconoci- 
mientos; pero habiéndose demorado, se creyó que había variado 
de camino y dejaron nuestras tropas su ventajosa posición, á la 
verdad algo impremeditadamente. El enemigo se presentó á poco 
rato y se perdió una ocasión favorable de haberlo destruido por 
completo en el mismo lugar ya célebre; pues la vista de tantos 
cadáveres de sus compatriotas hubiera desmoralizado al soldado, 
y además, lo que es raro en esta guerra, hubiéramos nosotros 
tenido la ventaja del número. 



204 GARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

El día 1.° de Julio se nos incorporó el General Calixto García 
y salimos, con todas las fuerzas que se habían reunido, hacia 
la Ensenada, á fin de evitar peleas y esperar la llegada del Bri- 
gadier Pérez. El 4 acampamos en los Pasos, y el 5 nos trasla- 
damos á un lugar inmediato con una escolta inútil (1), mientras 
el grueso de nuestras tropas hacía una incursión por Sama para 
desorientar al enemigo, causarle daño y rehacernos de buenas 
provisiones. En este retiro estuve hablando con un niño de 
ocho años que anda con su padre, soldado de nuestro ejército; 
y hay días que camina nueve leguas cargado con su jolongo 
(este es el saco en que los mambises cargan sus efectos). Estaba 
solo porque su padre había ido al ataque, y á las dos de la tarde 
aun no había almorzado. Yo le di la mitad de mi comida, que 
era dos boniatos. ■ " 

El 1 empezaron á llegar noticias favorables de Sama. Se decía 
- que los voluntarios de ese fuerte eran tan feroces que habían 
sacado los ojos y cortado la lengua á nuestros muertos. Luego 
nos mandó á buscar el General, que con todo el botín había 
vuelto al campamento de los Pasos, operación que fué censurada, 
y con razón, como luego se verá. 

Nos dispusimos á marchar, cuando se presentó el convoy del 
Cuartel General con nuestros asistentes, que habían ido también 
al ataque, diciendo que el enemigo venía acercándose al campa- 
mento y que ya se había oído fuego por Tasajeros. Seguimos al 
convoy, y al atravesar el camino de Bañes nos separamos de él 
afortunadamente, porque no bien le habríamos adelantado una 
milla, que oímos varios disparos que aseguraba el práctico eran 
con el convoy. 

Martes 16. — Abreviamos el paso, porque como te he dicho, la 
escolta, además de poca, era inútil, y en los momentos en que 
cruzábamos por un bosque muy intrincado para coger otra ve- 
reda, llegó azorada y fugitiva la turbamulta de convoyeros, gri- 
tando : — «¡El enemigo 1» Senos interpuso en el rumbo que llevá- 
bamos, se mezcló con nuestros infantes y caballos, no nos de- 
jaba andar, nos atropellaba por pasar delante, turbaba álos que 
iban picando los arbustos y bejucos, y no les dejaba hacer su 
faena ; en fin, introdujeron tal desorden, que si realmente nos 
hubiese perseguido el enemigo, nos habría alcanzado, y por lo 
menos, quitado los bagajes y cabalgaduras. Yo perdí una de 
mis espuelas de plata, que sabes uso desde el principio de la 



(1) Desarmada. — N. del A. 



CORRESPONDENCIA. 205 

guerra, sin duda enredada en algún zarzero. Con dificultad nos 
vimos libres de aquella patulea, y siu otra novedad acampamos 
junto al arroyo de los Cacaos. Allí oímos cañonazos y descar- 
gas, y supimos que casi todo el botín se había salvado. 

Los españoles, al encontrarse con nosotros, echaron flan- 
queadores á derecha é izquierda, por entre el bosque ; un ala 
salió al campamento que acabamos de dejar y la otra á una ve- 
reda pocos momentos después de haberla nosotros tomado. Así 
fué que escapamos á prodigio de ese peligro. Pero los muy 
ladrones, en vez de perseguirnos, se cebaron en el convoy, y 
cuando estaban celebrando su fácil triunfo, los cargaron nues- 
tras tropas en el mismo camino, con tal brío que repentina- 
mente se pronunciaron en una extraña retirada, dejando, según 
se dice, la cureña de un cañón y varias granadas. No pudimos 
picarles la retaguardia porque estábamos exhaustos de muni- 
ciones, como de costumbre. Y en esto te ruego, igual que á los 
demás cubanos patriotas, que fijen toda su atención. Los espa- 
ñoles no pueden competir con nosotros en valor, fuerzas, ni 
resistencia : los cubanos, que están á su lado, con raras excep- 
ciones, los ayudan poco y de mala gana ; pero les sobra ele- 
mentos de guerra. Es preciso nivelarnos. 

El día 8 nos alejamos como dos leguas de aquel arroyo; pero 
el 9 volvimos y nos reunimos con todo el Ejército, resolviendo 
diseminarnos hasta que llegara Pérez, de quien no se reciben 
.noticias, á pesar de estarle enviando frecuentes correos. El 
10 salió cada columna para su destino : nosotros acampamos al 
margen del Tasajeros y como se anunció que el enemigo estaba 
en la finca, al otro día muy temprano nos trasladamos á orillas 
de otro arroyo, parando por último, el 12, en el Macho, junto al 
río Bijarú, que tiene buena agua, al contrario de la mayor parte 
de los arroyos, que son salobres, como creo haberte dicho otras 
veces. Veníamos con Calvar, pues Calixto García se ha enfer- 
mado y lo mismo el Dr. Bravo, que quedó en su compañía. Algu- 
nos jefes han desmejorado en salud por estos días, pero nin- 
guno está de cuidado : la tropa en lo general goza de buen 
estado higiénico; y así creo que todos tendrán lugar de dis- 
frutar su parte del botín de Sama. A mi me tocó un hermoso 
potro tordo, que es el que ahora monto, por haber sido forzoso 
desechar el venezolano, ya sumamente estropeado. 
El correo del exterior llegó, por fin, el día 13. 



20-3 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

Colorado, 19 de Julio. — Los españoles» sea por los golpes que 
han llevado en este Distrito, ó sabedores de que en él está el 
Gobierno, parece que han aglomerado sus fuerzas en esta zona ; 
y nosotros, para burlarlos, hemos hecho en estos días muchas 
marchas y contramarchas hasta llegar á este lugar y resolver lo- 
que haremos luego que se despeje la atmósfera. Aquí estamos 
mal de mantenimientos y hay muchos mosquitos; pero todavía 
nos queda algo de lo que quitamos al enemigo, y lo demás lo 
sufrimos con paciencia. 

El día 15 recibimos la noticia de que Peralta desembarcó el 
21 de Junio último en las costas de la Isla. Tuvo un encuentro 
con los españoles, que lo dispersaron. Ocho hombres se le deser- 
taron. No se sabe de él ni de su expedición. 

En su auxilio han marchado ayer las fuerzas de Cuba. Hay 
de notable en este suceso, que el mismo día en que tuvo lugar el 
desembarco, estaba yo en persona con más de 700 hombres en 
el paraje que él mismo había designado, con diferencia de pocas 
leguas, como verás por la primera fecha de esta carta. 

»••••,••■ 

. El C. Rafael Morales se me presentó hará cuatro días. Tiene 
un balazo que le atravesó la boca, dejándolo con la barba 
hundida y un extraño modo de hablar. Dicen que está expuesto 
á la gangrena y que no puede digerir los alimentos. Tú sabes 
todo lo que me ha mortificado y ofendido. Él no ha variado ; 
pero yo te aseguro que al verlo y oír la pintura de su situación 
me he llenado de lástima y perdonádoselo todo en el fondo de 
mi alma. 

Jácaro. (Cauto) Martes 23. — El Brigadier Pérez llegó el día 20. 

Pérez pertenece á la raza blanca ; es de estatura regular, del- 
gado, cara oval, huesoso, trigueño, ágil, comunicativo y muy 
patriota. Como los demás, su educación es limitada, pero él es 
de bastante inteligencia y buen fondo. 

Antes de ayer salimos á este rumbo; dormimos en la Sierra 
y ayer de tarde llegamos á esta finca en camino para uoa ope- 
ración. Los- caminos tienen mucha agua. 

He recibido informes de todas clases respecto á nuestros 
asuntos públicos por allá. Poco á poco se va lejos. Yo estoy 
aprendiendo á esperar. Tengo muchos enemigos y ahora más ; 
pero ya estoy acostumbrado á esas inconsecuencias, y ni aun las 
mencionaría, si no perjudicasen á la Patria. Es preciso marchar 
con la opinión, ilustrándola. Vengan los amigos, con lo que tanto 



CORRESPONDENCIA. 207 

les pido, y lo demás corre por mi cuenta. Las circunstancias 
mismas, que son las que siempre deciden, van presentándose 
favorables. Yo necesito hoy un ejército mandado por mí, ó por 
un jefe adicto a mi política, que no es otra que el triunfo de la 
Revolución, para imponer respeto á los enemigos exteriores é 
interiores. Es preciso depositar la confianza en una persona y 
levantarla en hombros con todo esfuerzo. Mi situación es excep- 
cional : no la gradúen por comparaciones históricas, porque se 
expondrían á errores. Nada hay semejante á la guerra de Cuba. 
Ningún hombre público se ha visto en mi situación. Es necesario 
tomar algo de todos y echarlo en un molde especial para sacar 
mi figura. Ninguna medida me viene, ninguna facción se me 
asemeja. Tengo que estar siendo un embrión abigarrado. Y 
aquí está la dificultad : en la elección de la crisálida. 

Miércoles 24. — Mañana en la noche atacaremos á los espa- 
ñoles. No hay otra novedad que el rumor que el Coronel Huerta, 
herido mortalmente en la Veguita de Bañes, expiró en Sama y 
fué enterrado en Hol^uín. 



N.° 108. — Júcaro, 23 de Julio 1872. — G. Francisco de Paula 
Bravo. — Mi apreciado amigo : Ha llegado á mis manos su favo- 
recida de 8 de Mayo del presente año. 

Procuraré en lo posible aliar el consejo de V., que para mí 
es muy valioso, con las noticias que de otras partes reciba res- 
pecto á nuestros negocios en el exterior. Esté V. convencido de 
que siempre me encontrará imparcial y deseoso de acertar. 

En cuanto á lo que V.V. por allá consigan ó nó, en nada va- 
riará el propósito que desde el principio de la Revolución he 
formado de salvarme ó sucumbir con ella. Mientras el pueblo 
de Cuba me juzgue digno de regir sus destinos, y haya un cu- 
bano que me preste apoyo, se le hará la guerra á los españoles ; 
y on mano firme, aunque prudente, se tratará de que nadie 
salga del sendero de su deber con perjuicio de la Patria. 

Su afmo. amigo y h ,\ 



■208 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

N.° 110. — Júcaro, 24 de Julio de 1872. — C. Mayor General Vi- 
cente García. — Mi estimado amigo : Tengo el gusto de. con- 
testar su favorecida de 3 de Junio ppdo. 

Creí que me hubiera cabido el placer de ver á V. al llevar á 
cabo la operación importante para que se le había dado cita y 
que ha sido necesario posponer por no haber llegado á tiempo 
el Brigadier José de Jesús Pérez, cuya tardanza se ocupa hoy el 
Gobierno en averiguar los motivos que la causaran. 

El expresado Brigadier concurrió además con parque insu- 
ficiente, de modo que no fué posible proveer de este artículo á 
todas las Divisiones ; pero se han tomado providencias para 
que pronto le vaya á V. alguno. - - 

Sin embargo, por la Secretaría de la Guerra recibirá V. no- 
ticias de los tres brillantes hechos de armas en que tuvieron la 
dicha de tomar parte las fuerzas concentradas. Ellos servirán 
de dato para en otra ocasión efectuar un movimiento igual con 
mejor éxito. 

La primera base, como V. fácilmente comprenderá, es la exacti- 
tud de los jefes subalternos en obedecer las órdenes que reciban 
de sus respectivos superiores, mérito que V. ha contraído ahora 
como siempre y por el cual tengo la satisfacción de felicitar á V. 

Hoy queda V. en libertad de retirarse de la línea que ocupaba 
y operar de la manera que le aconsejen las circunstancias. 

Con sentimiento he sabido las defecciones con que algunos 
traidores están mancillando su propio blasón, no el de los leales 
tuneros. Es preciso que V. adopte medidas para cortar ese mal 
de raíz, y yo me tomaré la libertad de indicar á V. algunas. 

Es necesario que V. recorra con frecuencia su territorio, ope- 
rando personalmente á la cabeza de las distintas brigadas, para 
penetrarse bien de su espíritu y el de sus jefes; que V. tenga 
éstos en número bastante y con la debida graduación desde V. 
hasta el último soldado, dejando á cada uno obrar con libertad 
en su esfera de acción y arreglado á la ordenanza, para que cada 
uno sepa desempeñar bien la parte que le toca cuando V. no esté 
presente; que haga V. inmediatamente todas las propuestas de 
jefes y oficiales para que obtengan un carácter reconocido, se 
inspiren en las ideas de honor y patriotismo' y vean premiados 
sus servicios ; que corte las comunicaciones particulares con el 
enemigo, castigando severamente á los que las lleven ó traigan 
aunque sean mujeres; y por último, que mantenga activa corau- 
nicación^on el Gobierno, los demás jefes y sus subordinados, 



CORRESPONDENCIA. 209 

"para que- sabiendo el verdadero eslado de la Revolución, no 
decaigan los ánimos apocados. 

Debe V., además, variar completamente su manera de operar* 
y sus puntos de retirada, abandonar las antiguas veredas y abrir 
otras nuevas, desconocidas, haciendo también, si es posible, 
cambiar á los jefes de zona y á las familias de domicilio, para 
que se desorienten los traidores pasados al enemigo. 

Su mejor inteligencia y el conocimiento de la localidad, le 
sugerirán otras resoluciones y le demostrarán el error que pueda 
haber en éstas. 

Entre tanto, me repito de V. con la mayor consideración su 
afmo. amigo y h.\ 



N.° 115. — Palmarlto, Agosto l.°de 1872. — G. Francisco Sán- 
chez Betancourt. — Estimado amigo : V. es el único cama- 
güeyanoque me escribe confidencialmente; á V., pues, consagro 
estas líneas, aunque mis recuerdos comprenden á todos los bue- 
nos patriotas que en ese Distrito combaten por la libertad de 
Cuba. 

No puedo ponderar á V. el sentimiento que nos causa no reci- 
bir frecuentes comunicaciones de esa benemérita División, y de 
los amigos que creíamos haber dejado en el territorio que habi- 
tamos por más de dos años. Estamos privados del gusto de 
saber, siquiera oficialmente, los hechos de armas de tantos 
valientes, de trasmitirlos á nuestros hermanos del exterior y 
de premiar los heroicos sacrificios de los nobles camagüeyanos y 
villareños, que no han desmentido su amor á nuestra causa y 
su fe en nuestro triunfo. 

En mi carta anterior participé á V. la guerra civil que había 
estallado en España. Aun duraba á fines de Junio último. Cayó 
el ministerio Sagasla, después el ministerio Serrano y finalmente 
subió al poder Ruiz Zorrilla con los radicales, que se decía favo- 
recían á los cubanos bajo el aspecto de la inmedicta abolición 
de la esclavitud y otras reformas que hacían imposible la ulte- 
rior dominación de España en Cuba. El Capitán General Valma- 
seda ha permitido á los dueños de esclavos del Departamento 
Oriental, que los vendan adonde quieran; pero en la obliga- 
ción de pagar $ 34 por cada uno y arrasar primero las fincas. 

En los Estados Unidos las distintas candidaturas parala Pre- 
sidencia asentaban en sus programas la libertad de Cuba. La 

14 



210 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

candidatura de Horace Greeley, acérrimo partidario nuestro, iba 
ganando terreno : nuestros bonos se hallaban en alza y se temía 
que se interrumpiesen las relaciones amistosas con España, á 
causa de las enérgicas instrucciones dadas al General Sickles, 

Ministro americano en Madrid 

Sírvase V. traspasar mis afectuosos recuerdos á su familia 'y 
demás amigos, y cuente V. con el verdadero cariño de su 
compatriota y h.\ 



N.° 120. — Palmarito, Agosto i.° del87 u 2. — C. Mayor General 
Calixto García Iñíguez. — Mi estimado amigo y h.\ : Espero 
tener la dicha de saber pronto que ya V. está enteramente res- 
tablecido de sus males, al frente de su Departamento y empren- 
diendo operaciones de importancia. 

Por nuestro mutuo amigo Brigadier Manuel Calvar, habrá V. 
sabido lo que se hizo en Baire Abajo para quitarle de encima á 
los españoles, y creo que habrá producido algún resultado. 

Tal vez á esta hora habrá V. visto al General Gómez y sabido 
el percance que sufrió con los enemigos, de lo que he tenido 
mucho sentimiento. 

Reunido con el Brigadier Pérez, he tenido el gusto de disipar 
aquellas pequeñas nubes de desagrado que V. me dijo se habían 
interpuesto entre ambos sin mayor motivo, y este excelente ciu- 
dadano se halla dispuesto á secundar á V. como un buen subal- 
terno. Yo espero que V. por su parte le dispensará toda la pro- 
tección que él se merece, y aprovechará las cualidades que lo 
adornan, en beneficio de la causa común. 

Como amigo y como General, encarezco á V. la necesidad de 
que haya, orden, subordinación y justicia : es tiempo más que 
sobrado de que desaparezcan los abusos y excesos junto con 
los hombres que los cometen. Hay hechos que perpetrados y 
consentidos, deshonran las armas de la República y perjudican 
á nuestra causa. El asesinato de los cubanos inermes, el des- 
pojo vandálico de las familias que pacíficamente nos esperan en 
sus moradas, llevados á cabo por una soldadesca desenfrenada 
y autorizada por jefes que no comprenden la dignidad de los 
mandos que ejercen, son alentados que deben cortarse de raíz, 
aunque sea forzoso echar abajo las cabezas de los que en ellos 
incurren. 



CORRESPONDENCIA. 211 

Yo estoy indignado de pensar que haya entre nosotros hom- 
bres bástanle viles para que por un mezquino interés nos ha- 
gan odiar de los que no nos conocen, despojando al sexo débil 
hasta de las prendas de su uso y aun derramando la sangre de 
un anciano por quitarle un sombrero ó una camisa. Nosotros, 
los que nos preciamos de decentes y honrados, no debemos la- 
dearnos con semejantes hombres, sino hacerles la guerra con 
más vigor, si cabe, que á los mismos españoles. 

Sírvase V. darme razón de mi hermano Javier y del General 
Díaz. Mis recuerdos á los amigos Calvar, José María Peña, Car- 
det, Peralta, Limbano Sánchez, y demás amigos del Ejército y 
la Cámara. Infórmese de la salud de Leyte Vidal ; y si goza de 
ella mi Secretario Bravo, que no tarde en reunirse conmigo, 
porque carezco de su trato y servicios. 

Con la mayor consideración me despido de V. como su afmo. 
amigo y h.\ 



Palmarito de Macacas.— Cuba. — Agosto 7 de 1872. — Señora 
Ana Quesada de Céspedes. — Mi muy querida esposa : 

El 25 de Julio por la mañana nos preparamos para la opera- 
ción que en mi última carta te dije habíamos proyectado para 
sacar á los españoles de Holguín. Muy temprano oímos los 
cañonazos con que los tiranos celebraban la festividad del San- 
tiago en la ciudad de Cuba. La ira que ardió en nuestros pechos 
al escuchar esos alardes de dominación sobre el suelo cubano 
y los infelices esclavos que tienen aherrojados en las poblacio- 
nes, sólo pudo calmarse con la idea de que aquella misma noche 
les daríamos la serenata con nuestros rifles en Baire Abajo, 
que era el punto elegido para la sorpresa. Salimos á las siete de 
la mañana, y como á las diez y media llegamos al Cascajal, donde 
nos embóscanos hasta las cinco y media de la tarde, hora en 
que marcharon los Brigadieres Calvar y Pérez con más de 
300 hombres, entre armados y desarmados, quedándonos nos- 
otros en el campamento con una escolta, porque Calvar no quiso 
que lo acompañara por la poca importancia del movimiento y 
de la fuerza con que se llevaba á efecto. 

Los españoles estaban entregados á sus habituales orgías en 
que hacen figurar, de grado ó por fuerza, á las pobres cubanas 
que tienen hacinadas en esa especie de aldeas feudales, domi- 
nadas por el castillo del señor, que han regado por los campos 



212 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

de Cuba para ocuparla militarmente. Unos fueron sorprendidos 
bailando y bebiendo, otros en las casas de las víctimas de su 
incontinencia. Todos trataron de huir á las trincheras ; pero 
muchos murieron antes en las calles y los caminos, no siendo 
posible contarlos por la hora avanzada de la noche. Uno de 
aquellos asesinos, tan bravos con los ancianos, mujeres y niños, 
de rodillas ante el Teniente Coronel Matías Vega, le decía : — 
» ¡' Coronel, no me mate usted y le beso los pies ! » Las mujeres 
gritaban a nuestros soldados : — a ¡ Ciudadanos, no nos maten, 
que somos cubanas! » Y ellos les respondían : — « Pierdan 
cuidado, nosotros no venimos a matar mujeres, sino espa- 
ñoles. » 

Al día siguiente nos retiramos con la mayor tranquilidad y en 
la Canoa se separó de nosotros el Brigadier Calvar, volviéndose 
á Holguín, mientras que el Gobierno se dirigía a la costa Sur de 
la Isla con las tropas al mando del Brigadier Pérez, á fin de 
visitar aquella zona, y si llegaba alguna expedición, vigilar las 
reparticiones y ejecutar más pronto lo que hace tiempo tenemos 
pensado. 

Durante esta marcha tuve lugar de emplear de nuevo el sis- 
tema de carácter, subordinación y respeto al Gobierno, que he 
inaugurado con mi habitual firmeza y prudencia. 

El día 28 entramos en el territorio de Pérez, pasando por el 
Aguacate. Primero atravesamos el camino real de la Isla y 
vimos el telégrafo tan decantado, con un solo alambre y en 
postes muy bajos. Como nosotros lo echamos abajo, se cree 
que no funciona : aquel día no lo hicimos porque no queríamos 
llamar la atención. Después encontramos el camino del Cobre 
enteramente tapado por la vegetación : apenas los prácticos 
pueden hallarlo entre la maleza, yerba de guinea y paraná que 
han unido las distintas fincas y convertídolas en un inmenso 
potrero ó en un bosque impenetrable. 

El 29 pasamos por El Ramón, finca donde vivía Pérez con su 
familia antes de la Revolución : hoy el mismo dueño no conocía 
los senderos que guiaban á su morada. Ese mismo día acam- 
pamos en el lugar de donde te escribo, y supimos con horror 
que no. podemos todavía dominar, que el 16 de Julio ppdo. los 
bárbaros españoles asesinaron en el Purial de Naranjo á nueve 
víctimas indefensas, que son : María Almenares, esposa de 
Manuel del Toro, blanca, edad treinta años; María Alfonsa, hija 
de la anterior, catorce años ; un niño de pecho, hijo de la primera; 



CORRESPONDENCIA. 213 

Isabel María, morena, de 80 años; Rita, ídem, de cinco años; 
Eufemio, ídem, de tres años ; María Dolores Ramos, blanca, de 
siete años ; María del Rosario Ramos, ídem, de cinco años, y 
María Antonia Castellanos, ídem, de siete años. 

Cumplió ese día un año del desembarco de Agüero, es decir, 
¡ un año que no recibimos ni un grano de pólvora, ni un fusil, 
ni un hombre ! ¡ En cambio, los enemigos han recibido de todo en 
abundancia! Y sin embargo, ¡¡no nos han vencido!! Pero han 
derramado arroyos de sangre inocente, aquella sangre que ni 
aun los salvajes beben en sus cráneos ¿ Podrá durar este estado 
de cosas? ¿ Lo mirarán con indiferencia no sólo los extranjeros, 
sino los mismos cubanos á quienes hemos confiado nuestra 
representación? El tiempo vuela, los hechos hablan y creo que 
va llegando el día en que salgan á defender á Cuba los hombres 
de mi confianza. ¡ Ojalá que cuando se les llame, se encuentren 
á la altura de su misión ! 

El Brigadier Pérez sigue, á la par que sus subalternos, por- 
tándose con el Gobierno de un modo que da á conocer delica- 
deza, buena educación, respetuosidad y patriotismo. Estoy 
trabajando en unirlo con los demás jefes de su Distrito, para 
que obrando en buena armonía, obtenga la causa frutos muy 
distintos de los que le cosechan aquellos que no hacen más que 
sembrar entre los cubanos la discordia, los celos y otras malas 
pasiones. De este temperamento continúan siendo el Marqués, 
Trujillo y otros que tú conoces ó no conoces, y que aunque 
no puedo observarlos porque no están presentes, considero que 
no habrán variado su antiguo manejo. 

Viernes 9. — Para seguir dándote una idea de los jefes que 
no conoces, te describiré á Juan Cintra, que vino á visitarme el 
i.° de este mes, y que acabo de ascender á Coronel por sus ser- 
vicios desde el principio de la Revolución. Es pardo, de cincuen- 
tidós años de edad, estatura regular, delgado, carilargo, ojos 
extraviados, habla tardía. Es honrado, sereno en el combate, 
inteligente y partidario de la unión entre blancos y negros. 

Ya estarás enterada de cómo se confirmó la muerte del Coronel 
Huerta en la Veguita de Bañes : este fué el motivo de la súbita 
retirada de los españoles. 

La muerte de Huerta es muy favorable para la Revolución en 
Holguín . Había sido allí Teniente Gobernador antes de la guerra : 
los holguineros siempre le temieron mucho, porque era astuto, 
cruel y sanguinario hasta matar los presos por su propia mano 
buscándoles á tientas en la obscuridad el corazón, para clavarles 



214 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

su puñal. Era muy activo, arrojado y conocía á palmos aquel 
territorio. 

Vivimos actualmente en la abundancia. Todos estamos engor- 
dando. Hay diversidad de frutas y viandas. Tenemos parte de 
un convoy quitado hace poco á los españoles; así es que nonos 
falta arroz, galletas, carne, bacalao, café, azúcar, sal, ron, vino 
y otras golosinas. Mucho té reirás al saber que los voluntarios 
de caballería del Cobre, recién creados, salieron muy gallardos 
creyendo que no era más que llegar y rescatar la presa;- pero 
que á las primeras descargas salieron huyendo, unos á pie, 
otros á caballo, dando gritos, cada cual por donde pudo esca- 
par, abandonando caballos, armas, sillas, capas, sombreros, etc. 
Carlitos tiene un soberbio caballo y yo una magnífica silla que 
fueron de esos bizarros, y así los demás. 

Este país es el paraíso terrenal; mas sólo te especificaré su 
temperatura. ¡Es deliciosa ! El año ppdo., por este mes, estábamos 
en Camagüey : el calor era casi insoportable. Aquf sólo reina 
una primavera suave y agradable : no hay frío ni calor. ¡Cuan 
grato debe ser habitar estas montañas con una amable familia 
en medio de la quietud y dulzuras de la paz ! 

El campamento es un pueblo : se han refugiado en él como 
200 familias que huyen del furor de los españoles. Las hay de 
ancianas, tullidas, inválidas; pero prefieren la muerte á presen- 
tarse á los tiranos. Todos los días tengo gran número de visi- 
tas. Dicen que vienen á conocer su padre. 

Se ha escapado un cubano llamado Candelario Ferrer, que 
hace algún tiempo hicieron prisionero los españoles, y lo tenían 
sirviendo como esclavo á un oficial, el que por cualquier cosa 
le daba una paliza. Cuenta que los soldados están desesperados 
por la duración de la guerra y los penosos trabajos en que se 
ocupan, y que no se nos pasan porque saben que en nuestra si- 
tuación no tienen garantías y seguirán sufriendo las mismas ó 
mayores penalidades : que no cultivan las fincas sino al rededor 
de las trincheras, limitándose á recoger el café y cacao; que la 
columna de que al fin pudo escaparse, compuesta de unos mil 
hombres, hacía dos meses que andaba operando y no había lo- 
grado más que quitar dos caballos al General Gómez, á quien 
sorprendió, sufriendo muchas bajas de enfermos, muertos y 
heridos en los encuentros tenidos con los cubanos, en los cuales 
demostraban hasta los mismos jefes la mayor desmoralización. 

Ya ves pur esta narración que no falta más que fortalecernos 
con recursos para acabar de desconcertar á nuestros opresores, 



CORRESPONDENCIA. 215 

emprendiendo activas operaciones en mayor escala. Estrecha, 
pues, á nuestros amigos para que nos los hagan llegar con 
hombres como Rafael que no los pierdan ó pongan en manos de 
los enemigos. Los ambiciosos que tanlo han perjudicado á 
Cuba, y cuyo prestigio se está eclipsando á gran prisa, han 
de mover todos sus resortes para que no vengan los buenos 
hijos de Cuba, y se logre tenerlos a ellos á raya y vencer 
á los españoles. Es preciso, por lo tanto, tabajar con vigor en 
sentido contrario para salvar la Patria, que tiene que perecer si 
se deji al arbitrio de los que no miran más que mezquinos y 
particulares intereses, sacnticando los más sagrados para alcan- 
zar un puesto ó saciar una venganza. Por fortuna, la mayoría 
de los cubanos piensa con sensatez, y leal al triunfo de la Re- 
volución, ve quiénes son los hombres que pueden conducirla á 
su fin y quiénes pueden extraviarla en su camino ; pero si no se 
apoyan en hechos los primeros, tal vez se canse de promesas y 
busque otros horizontes. 

Cada vez tengo lugar de apreciar más el buen carácter de tu 
hermano José Ignacio. Vive muy unido conmigo y me cuida 
muchísimo. Así es que lo quiero entrañablemente y me sería 
muy sensible separarme de él. 

En los partes verás el notable hecho del liberto Gustavo Robert, 
que quemó las trincheras del rico cafetal de su antiguo amo, La 
Guadalupe. Ayer, con 6 compañeros, volvió á atacar á los es- 
pañoles que conducían un convoy : los puso en fuga y les quitó 
12 mulos cargados; pero habiendo acudido refuerzos al enemigo, 
á pesar de haberlos rechazado tres veces, al fin tuvo que reti- 
rarse ante el superior número, siempre en aumento, abandonando 
el botín en su mayor parte, después de haber herido varios 
soldados y muerto uno á quien despojó del rifle y demás que 
llevaba. No sufrió baja alguna. 

Hoy hemos estado oyendo un gran cañoneo por la costa Sur 
de la Isla. Aunque aseguran los prácticos que eso sucede á cada 
rato, no ha dejado de ponernos en algún cuidado por la causa 
que fácilmente supondrás. Es verdad que ya tenemos el ánimo 
hecho á todas las pruebas : es sorprendente ver el poco caso 
que la mayor parte de los nuestros hace hoy de. la presentación 
de los traidores ó pérdida de expediciones. Guando no tienen 
parque, saben que han de huir y esconderse : esta es parte de 
su estrategia; pero cuentan con que no les ha de faltar, mientras 
lo tengan los españoles, á quienes lo quitan con gran facilidad, 



216 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

ocultándolo casi siempre á sus jefes para que no los obliguen á 
repartirlo con otros y carecer así de su reserva. Como ahora 
los quintos huyen por cualquier ataque algo vivo, es frecuente 
hallarse por los caminos las cartucheras llenas de cápsulas. Sin 
embargo," los que llevamos el peso de la Administración no po- 
demos mirar con tranquilidad que en todo el territorio de la 
República tal vez no hay cinco quintales de pólvora. Con esa 
mera enunciativa ¿será preciso buscar estímulos para el patrio- 
tismo de nuestros amigos del exterior? ¿No volarán á Cuba, 
venciendo cuantos obstáculos encuentren para auxiliar pronta- 
mente á sus heroicos hermanos? 

Domingo 11. — Ayer llegó correo de Cuba, y nos trajo la noti- 
cia de lo que puede llamarse fuga de Valmaseda. Por la influen- 
cia moral que este hombre ejercía en españoles y cubanos, debe 
considerarse el suceso de bastante importancia, y es hora de 
aprovecharlo no sólo para activar nuestras operaciones mediante 
los recursos necesarios, sino para poner en juego todos los 
resortes á fin de provocar la reacción en las poblaciones. 

Respecto á la expedición Peralta, dice el corresponsal : « Los 
mismos periódicos españoles han publicado una lista de los 
efectos que traía el vapor y otra de los apresados por ellos : 
hacieudo un cómputo se ve que faltan por apresar mil y pico de 
fusiles, todos los machetes, pólvora, municiones, medicinas etc., 
pues aquí sólo trajo un vapor español y fueron depositados en 
el parque de artillería 115 fusiles, mitad nuevos y mitad viejos 
é inútiles, algunas cajas de pólvora y de municiones, y para 
esto (lo sé de buena tinta) había cajas que venían llenas de 
cascaras de cocos. ¡ Qué vergüenza ! ¡ Cómo engañan al partido 
catalán ! » 

Contrayéndose á las operaciones que practiqué en Holguín, 
añade que a por un jefe español ha sabido que ha habido por 
Holguín de bajas, entre muertos, heridos y perdidos, más de 
500 hombres. ¡ Bien para los cubanos ! » >- 

En otro párrafo asegura que « de España pidieron por telé- 
grafo la fragata de guerra Numancia y los cuatro batallones pro- 
visionales que vinieron últimamente; pero se ha contestado que 
de los cuatro no quedan hombres ni para formar dos batallones » > 
y agrega luego con mucha fruición que « no vienen tropas ; la 
poca que hay, muriendo como hormigas, pues los hospitales de 
aquí están llenos.» 

El Brigadier Pérez en días atrás fué atacado por los españoles 
en Tempú : les dejó el campamento y se emboscó al rededor. 



CORRESPONDENCIA. 217 

Cuando los enemigos se amontonaron descuidados en el claro, 
les rompió el fuego con unos 60 hombres. Así narra el hecho el 
corresponsal, refiriéndose á un Coronel español : « una columna 
de éstos de 500 hombres fué atacada por una. de cubanos de 
triple número (advierto á V. que habla el Coronel, y que por 
supuesto, cuando sufren pérdida, siempre dicen que era mayor 
el número de enemigos), y tuvieron los españoles entre muertos 
y heridos 157, entre oficiales y tropa: palabras textuales del 
Coronel. » 

El mismo corresponsal dice que por el vapor mercante Mar- 
sella, que entró el 1.° de Agosto en la noche, se supo que « por 
el Príncipe había sido copada la columna de Alfáu, muriendo 
éste y casi toda la tropa; salvándose algunos soldados, que iban 
pereciendo uno a uno. » 

Concluye, por último, dando por complicado al General Serrano 
y otros altos personajes en el atentado cometido contra el Rey 
Amadeo. 

Seiba y lunes 19. — Para que aprecien en ¡o que valen la 
mayor parte de las noticias dadas por los españoles, te advierto 
que el Juan Solano, presentado en Bayamo y que figura como 
2.° de Modesto Díaz, es un guajiro desconocido, y que el Fajardo 
presentado en Holguín hacía tiempo que de nada servía, dedi- 
cado el comercio : los que aparecen como soldados suyos, son 
majases inútiles y enfermos. 

El espía que tenemos en un pueblo enemigo, participó que en 
la pelea en que se les quitó el convoy de que te he hablado, 
tuvieron los españoles 1 capitán de caballería, 1 alférez y 1 cabo 
muertos y 37 bajas más entre muertos y heridos ; y que en Baire 
Abajo sufrieron la pérdida de 1 Teniente Coronel y 7 Oficiales 
muertos y como 40 hombres más, muertos ó heridos. 

El 13 salimos para el paraje en que hoy nos encontramos, 
trayendo á Pérez en una litera, á causa de la llaga (vulgo, sello 
ó hierro de Céspedes) que le ha" salido en un pie y por la que 
hoy está separado de nosotros para cuidarse, lo que espero sea 
pronto. Tragimos un camino montañoso, pero bastante monó- 
tono. El terreno es fértil, aunque muy pedregoso, especialmente 
de lajas: por señas que sobre una grande, que suspendida en 
cuatro estacas me sirve de mesa, estoy escribiéndote estas líneas,. 

Como se ha acabado el convoy, estamos ahora mal de alimen- 
tos ; sin embargo, creo que pronto nos remediaremos. 



218 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

Miércoles 21. — Así ha resultado en efecto. El 19, en la noche, 
atacó el Coronel Cintra con unos 200 hombres el poblado espa- 
ñol la Caridad, que está cerca de Juanvare ; lo incendió casi en su 
totalidad, después de tomar las trincheras y hecho encerrar á 
los 120 hombres de la guarnición en la tercera, y con el pro- 
ducto del saqueo me han provisto los amigos de los efectos que 
se habían acabado. La tropa quedó vestida, con dinero, pren- 
das, etc. Casi todas las infelices cubanas, que allí tienen prisio- 
neras, querían volver á Cuba Libre; pero Cintra las disuadió, 
temiendo que después fuesen degolladas por esos bárbaros. 

Dos mujeres, sin embargo, de ningún modo quisieron que- 
darse entre sus opresores y están en nuestros campamentos. 
Cuentan que todos los españoles eslán marchándose para su 
península, y que tenían á los cubanos limpiando las calles para 
la vuelta de Valmaseda, que les decían había ido á España á 
buscar refuerzos. 

No tuvimos más que tres heridos leves. Todavía ignoramos 
las bajas del enemigo; pero se vieron seis muertos, entre ellos 
un rico tendéis muy contrario á los cubanos. 

Hoy estamos viajando : te escribo sobre las rodillas. El correo 
va á salir y debo poner fin á esta carta, que no deja de ser bas- 
tante larí?a. 



N.°124. — Seiba, Agosto 19 de 1872. — C. Mayor General Fran- 
cisco Villamil. — Mi estimado amigo : Aprovecho la salida del 
G. Coronel José González Guerra, que lleva parque para ese 
Departamento, para dar á V. las noticias que últimamente hemos 
recibido, á fin de que se hagan públicas en ese territorio. 

Valmaseda fué relevado, y el 15 de Julio marchó para España; 
también marcharon Acosta y Albear, Loño, Chinchilla, Aráiz- 
tegui, Campillo, Cubas y otros. 

Se han disuelto las contraguerrillas de Bicana, Báscones y 
Bueycito, quedando otras de bandidos. 

Córdova viene de Capitán General de la Isla. 

Un rayo cae sobre el vapor Juan de Austria; otro vuela el 
fuerte Monarca, en Nuevitas. 



CORRESPONDENCIA. 210 

- Hay partidas insurrectas en Güines y Sagua la Chica. Pedro 
Mercier fué desterrado. 

Sin otro particular, me repilo de V. su amigo afino. 



Ranchito, Septiembre 13 de 1872. — Señora Ana Quesada de 
Céspedes. — Mi muy querida esposa : 

Seguimos nuestro camino el 22 de Agosto por Ja mañana, em-. 
penándonos cada vez más en la Sierra ; de suerte que ya empe- 
zamos á oír de nuevo ruiseñores, y con datos á la vista, creímos 
reconocer la exactitud de un proverbio mambí, que dice: « Donde 
nace la manaca y cania el ruiseñor, hambre por mnyor. » 

Aquel día sufrí otra dislocación del brazo y me empapó la 
lluvia; porque uno, pensando hacerme favor, me cambió mi capa 
por otra más nueva, pero que se calaba toda. Como se me secó 
la ropa en el cuerpo, me dio dolor de cabeza, con el que ama- 
necí al día siguiente y fué causa de otro percance peor, al pasar 
una de tantas veces el río Contra Maestre, por el paso del 
Cedrón, conocido por sus aguas minerales. 

El fondo del río por aquel lugar era todo de lajas, unido y 
resbaloso como de mármol ; pero viendo que los caballos sin 
ginete no resbalaron, resolví pasar sin desmontarme, para no 
mojarme los pies á causa de la cefalalgia, ó acceder á que me 
cruzaran cargado, según me instaba el Teniente Coronel Yaga 
y estaban dispuestos á hacerlo unos cuantos robustos moce- 
tones de lodos colores. El caballo era nuevo, entró en el río 
con mucho miedo y desde el principio se resistió á seguir á los 
otros. Parece que estaba desesperado y no quería pisar sino en 
el declive de la laja más resbalosa, como más pulimentada por la 
corriente de las aguas. Yo le tiraba de la rienda y le clavaba la 
espuela al lado contrario, y este esfuerzo, unido al que hacía el 
animal en sentido opuesto, le ocasionó resbalar más pronto y 
caer sobre el costado derecho, dándome un golpe en la rodilla 
que me cogió debajo. Trató de levantarse otra vez, pero cayó de 
nuevo, y entonces me abatió contra la laja, rompiéndome el 
carrillo derecho, la boca y la punta de los dos dientes del mismo 
lado en el punto de su unión. Por fortuna, en aquel momento 
logre salir de la silla y desprenderme del caballo por medio de 
un violento esfuerzo de flanco : él continuó dando caídas hasta 
vadear el río, mojando la silla y las alforjas, y yo, empapado ya 



-220 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

y sinedo inútil el escrúpulo de la cefalalgia, hice el resto de la- 
jornada á pie, no obstante los varios cañales, arroyos y ríos que 
tuvimos que atravesar antes de llegar á una estancia donde me 
alojé, curé y mudé de ropa. 

Considera ahora mis sufrimientos al emprender la marcha al 
otro día bien temprano. Llevaba la cara herida, hinchados el 
carrillo y la boca; las encías acalambradas; adoloridos los 
dientes, un brazo, una pierna, una mano, en suma, más ó 
menos, todo el cuerpo. El camino era bastante pedregoso y res- 
baladizo : había lugares donde no cabía más que el pie. Casi 
siempre anduvimos desmontados con los caballos de la brida. 
Cruzamos innumerables vías de agua y subimos montañas muy 
elevadas, sin embargo de que nunca llegamos á la cumbre de la 
Maestra, que nos quedaba al frente. Por todo el tránsito encon- 
tramos mucha gente enferma y desnuda. 

Por fin, el día 25 acampamos en el Ranchito entre la orilla 
izquierda del Contra Maestre y un arroyo. Hemos ascendido 
casi hasta el nacimiento del río : lo más que distará será dos 
leguas. Aquí encontramos la familia de Vega y hubo una es- 
cena conmovedura. Estaban reunidos todos los miembros de la 
familia sanos y salvos, al cabo de cuatro años de guerra y en 
presencia de su Gobierno. Esta honrada gente es toda de Cana- 
rias y vino á esta isla á buscar fortuna y abrazó nuestra causa 
con decisión y entusiasmo. 

Nos obsequiaron con mangos y cocos. Muy cerca viven las 
Cancino, jóvenes de Bayamo que han atravesado por todas las 
peripecias de la Revolución, solas, honradas" y constantes. Las 
dirige una hermanita mayor (1), poetisa, que se firmaba Con- 
suelo, cuyo talento es lodo hijo de la naturaleza. Se han refu- 
giado en estas « Asturias Cubanas » otras muchas familias que 
conservan algunos muebles, crianza de gallinas y otros recuer- 
dos de la vida ecónomo-rural. Todas han venido á visitarme y 
yo les he correspondido; porque desde el día citado nos hemos 
establecido en este punto y hemos construido una especie de 
aldea, cuyos cortijos serían las habitaciones de esas familias. 
No faltan recursos de boca aunque algo lejos, y si fuera me- 
nos malsano y más concurrido, no desearíamos dejarlo en 
mucho tiempo. El paisaje, si bien circunscrito por las mon- 
tañas, es alegre y grandioso. Tengo al frente el monte de la 
Peña Blanca, que me distrae con sus juegos de luz. Tan pronto 



(1) La señora Manuela Cancino; reside hoy en Manzanillo. — N.del A. 



CORRESPONDENCIA. 221 

representa una superficie igual y unida en plano inclinado, 
como descubre sus inmensurables espinazos, estribos y hondo- 
nadas. Varía de colores con la rapidez maravillosa del caguayo. 
Las yagrumas á veces son copas colosales de esmeraldas; pero 
a los pocos instantes, al herirlas los rayos del sol meridional, se 
transforman en gigantescos floreros llenos de azucenas de plata. 
Una palma que se destacaba cerca de la cúspide, cuando el 
viento azotaba su cabellera de flexibles pencas, me recordaba 
á Virginia en la popa del San Geranio. Un día desapareció 
repentinamente como la joven africana en las olas enfurecidas 
del Océano Indico, y luego supimos que un mulato asistente, 
muy haragán, la derribó para aprovecharse de su palmito, 
creyéndolo tarea muy fácil; pero á imitación también de la pudo- 
rosa doncella, creación inmortal de Bernardin de Saint-Pierre, 
que robó sus gracias á los ojos del mundo y las sepultó en los 
obscuros senos del mar, la esbelta palma cubana se deslizó 
por una rápida pendiente de mil pies y se destrozó contra los 
corpulentos árboles de la espesa selva, burlándose así de aquel 
híbrido goloso. 

Por las mañanas el monte de la Cuaba, que entreveo á espal- 
das de mi morada, al través de una arboleda, toma en su base 
un color ceniciento muy obscuro ; mas besan su cumbre los 
rayos del sol naciente, y se percibe el brillo diáfano y temblo- 
roso de la esmeralda. Luce en la cima una diadema elíptica de 
niebla blanquecina por sobre la cual se lanza el inmenso espacio 
azul del cielo. Un ruiseñor se. posa entonces en algún árbol á 
la orilla del río y me envía sus armoniosos trinos, que á pesar 
de la distancia, recojo bastante bien en las alas de la. brisa. 
No contento, sin embargo, con oirlo de lejos, deseoso de asis- 
tir á un concierto de esos músicos de los bosques, que me ase- 
guraron cantaban en bandadas al son de las aguas en que refres- 
can sus piquillos, me trasladé á la margen del río en ocasión en 
que dejaban jugar en libertad sus gargantas flautadas ; pero 
¡ay! semejantes á los niños melindrosos, se negaron á dejarme 
saborear sus melodías. En cambio, aspiré á placer los miasmas 
palúdicos de aquel sitio encantador y me atacó la fiebre, que 
con tipo cuartanario prometía visitarme indefinidamente si no 
la hubiesen ahuyentado varias dosis del sulfato de quinina que 
me quedaba del pote que me remitiste con Agüero y que ha- 
bía servido- para restituir la salud á muchos patriotas. 

Sábado 14. — El 8 del corriente llegaron Ramón Gutiérrez y 
Juan Francisco Aguirre, que desembarcaron con Julio Peralta. 



222 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

Me han contado varios detalles del fracaso, entre ellos, que el 
Capitán del vapor no quería cambiar de lugar para el desem- 
barco, y que Peralta lo obligó. Todo el viaje fué desde el princi- 
pio una serie de imprudencias. Parece seguro que todo se per- 
dió. Sabemos de nueve expedicionarios que se han escapado. 

Hemos tomado en la marcha para salvar la expedición, como 
verás en los partes, nuestro desquite sobre Sagua de Tánamo, 
en cuyo territorio contamos muchos partidarios, en términos 
que algunos se nos han reunido trayendo periódicos y otros 
efectos de la expedición, que dejaron allí los españoles. También 
verás el asalto que dio el General Calixto García Iñíguez al pue- 
blo de Baire Arriba. 

Lunes 16. — Como ha sucedido en todas partes, las familias me 
hacen visitas y regalitos : aquí he repartido las últimas agujas. 
Úrsula, mujer de S. Medina, venía á hacerme ponche cuando 
tenía las calenturas. Su casa es una especie de hospital para los 
patriotas. Todas estas mujeres lo son en alto grado, y muy 
fuertes además. Felicitas Mora carga á considerables distan- 
cias, más de 20 cocos y otras tantas calabazas. Ella y sus hijas 
cargaron y salvaron las medicinas que trajo Rafael. Estoy tra- 
tando de socorrer las más pobres. 

Aunque en días pasados hizo bastante frío y hasta soplaban 
nortes, hoy ha vuelto el calor tropical y de nuevo nos hallamos 
en el rigor del verano. Esto no impide que siga la inconstancia 
de los vientos que he observado en este paraje, dond¿ no lo hay 
reinante, sino que tan pronto viene de un punto del compás 
como del otro, aun de los más opuestos. 

Ya tú sabes que los insurrectos sacan ventajoso partido de 
todo lo que produce el fértil suelo de Cuba. En esta costa es el 
coco el gran recurso. Se usa como grasa, como leche, como 
fruta, como dulce, como agua y como aceite; fabrican de la cas- 
cara varias clases de envases; finalmente: lo administran como 
remedio. 

Lunes 23. — El día 20 llegaron los correos que esperábamos 
con correspondencia del extranjero. 

El 15 del corriente, entre siete y ocho de la noche, murió 
Rafael Morales de una calentura perniciosa. Estaba con San- 
guily á unas dos leguas de este campamento, y luego que me 
enteré de su gravedad, le mandé á mi Secretario Dr. Bravo, con 
los recursos que se pudieron procurar; pero ya llegó tarde, pues 
acababa de dársele sepultura. Lo he sentido; porque no puede 
negarse que tenía talento é instrucción, y en estos momentos se 



CORRESPONDENCIA. 223 

divulgaba que estaba sinceramente arrepentido de sus pasados 
errores. 

Según todas las noticias, los enemigos parecen acobardados ú 
obedeciendo a un plan preconcebido. Ha llegado el caso de en- 
contrarse de manos á boca una columna suya con otra nuestra 
que no deseaba empeñar combate, y tomar cada una por su lado. 

El día 19 fué una fuerte columna española á Cambute, nuestras 
avanzadas le hicieron fuego, y sin contestar con un solo tiro, se 
retiró después de dar muerte únicamente á una vieja de 
80 años. 

El Teniente Coronel Flor Crombet atacó en estos días el fuerte 
y caserío del Saino, situado á menos de dos leguas de Santiago 
de Cuba. Tomó el primero, pasando á cuchillo la guarnición de 
que no se salvaron más que cinco hombres, y saqueó é in- 
cendió totalmente el segundo, llevándose un rico botín. Á los 
dos días salió de la ciudad una gruesa columna en su persecu- 
ción; mas con asombro general, cuentan que se desplegó á dos 
ó tres leguas del campamento de Crombet, disparó muchos ca- 
ñonazos y volvió á entrar en Cuba. 

Flor Crombet es un francesito criollo de unos 22 años, alto, 
delgado, muy elegante y simpático : promete ser uno de nues- 
tros mejores jefes. 

Miércoles 25. — Por el recurso que he apelado en esta carta, 
comprenderás lo escaso que estoy de papel; y no soy yo sólo, 
también lo está quien más que yo lo necesita. Por lo tanto, no 
descuiden adjuntar una buena parlida á los demás artículos. 

Desde ayer estamos con mucho cuidado á causa de dos tiroteos 
que nos han participado se oyeron por la costa, sin poderse 
presumir con quién hayan sido. Se está explorando y espero 
que no habremos sufrido alguna nueva desgracia. 

Vegas de la Güira, Octubre 3. — El día 28 del ppdo. abando- 
namos nuestro campamento para dirigirnos á éste, con el dis- 
gusto de haber perdido el tiempo esperando una expedición. 
Desanduvimos el camino con ligeras variaciones; pero con és- 
tas y la rapidez de la marcha llegamos, al día siguiente muy 
temprano. 

Los campamentos que los españoles están abandonando en 
Holguín, son de mucha importancia. Es indudable que están ruuy 
débiles. Vengan refuerzos, y acabaremos de echarlos al infierno. 



2M CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

Vegas de la Güira, Octubre 11 de 1872. — Señora Ana Que- 
sada de Céspedes. — Mi muy querida esposa : 

Los españoles no varían en su sistema de asesiuar mujeres, 
ancianos, niños y enfermos, salvo cuando les conviene hacerse 
los humanitarios para burlarse de los extranjeros. Ahora per- 
siguen con singular encono á nuestros hospitales. La octogena- 
ria que asesinaron en Cambute fué la parda Isabel González, 
natural de Jiguaní. 

Como están retirando sus tropas cerca de "las poblaciones, se 
cubren publicando que ya no quedan insurrectos en los campos. 
Así se mofan de los españolizados y de los extranjeros, metién- 
doles ridiculas mentiras sobre la guerra y su modo de hacerla. 
Pero pocos embustes son tan escandalosos como el parte de 20 
de Septiembre, relativo á los que tomaron el Saino (Manan- 
tuaba) : todo él es forjado para tranquilizar á los habitantes de 
Santiago de Cuba, indudablemente alarmados con un ataque tan- 
atrevido como inmediato. 

El General C. García Iñiguez destruyó totalmente, entre Palma 
Soriano y Jiguaní, dieciséis leguas del telégrafo central el día 6 
del corriente. Salieron los enemigos de los campamentos de la 
línea á estorbárselo; pero los rechazó y obligó á volver á refu- 
giarse en sus trincheras. Seguidamente marchó á una operación 
importante, cuyos resultados pronto sabremos. 

Se corre, pero necesita confirmación, que entre Bayamo y 
Jiguaní han sufrido los españoles una derrota en que perdieron 
18 jefes y oficiales y un convoy con $ 16,000. 

Hay pánico entre los poseedores de esclavos en Cuba y Puerto 
Rico, y los hombres sensatos — nos dicen del pueblo — creen 
que para Enero habrá concluido la lucha en favor nuestro. Así 
sea, para ver á Cuba en posesión de sus destinos, y, retirado 
á la vida doméstica, pasar mis días junto á ti y mis queridos hi- 
jitos, sin ocuparme más de la política. 

Ayer saludamos el 4.° aniversario de nuestro glorioso alza- 
miento ; y aquí vino de molde aquello de los pajarillos de los 
poetas que « al alba se levantan, festejando tu día » ; pues en 
este campamento no habíamos oído ruiseñores, y sin embargo, 
desde la víspera muy temprano, una bandada de esos cantores 
se presentó casi encima de nuestras cabezas y empezó con sus 
trinos á llenar de armonías el espacio. Esta galantería de los 



CORRESPONDENCIA. ,225 

ruiseñores fué recibida con expresivas muestras de alborozo; y 
como esos pajarillos son cubanos pur sang, á usanza de los an- 
tiguos romanos se interpretó cual un feliz presagio. 



N.° 146. — Tártaro de la Seiba, Octubre 24 de 1872. — G. 
Mayor General Calixto Gaixúa Iñíguez. — Mi estimado amigo : 

Mucho me ha complacido el éxito de las operaciones sobre 
Guisa, aunque como V., hubiera deseado que hubiese sido más 
completo. El descubrimiento del plan y las sangrientas ejecu- 
ciones que le han seguido, han sido una desgracia que sólo se 
compensa con el terrible efecto que han de producir en el áni- 
mo de los que aún prestan su apoyo al gobierno español. 

Ahora es la ocasión de manejarnos nosotros de distinta ma- 
nera, recibiendo con los brazos abiertos al que, arrepentido ó 
temeroso, venga á arrojarse en ellos. Es la ocasión también de 
extremar el sigilo en todas nuestras operaciones y comunicacio- 
nes con los pueblos y nuestros adictos en ellos, desconfiando 
hasta el último grado de los que puedan ser espías ó traidores, 
para que no sorprendan nuestros planes, y comunicándolos al 
enemigo, destruyan sus buenos resultados. 

Siéndome muy satisfactorio el buen estado de su salud, tengo 
el mayor gusto en repetirme con las más expresivas segurida- 
des de aprecio, su afino, amigo y h.\ 



Cintra y Noviembre 7 de 1872. — Señora Ana Quesada de 
Céspedes. — Mi muy querida esposa : 

Ya habrás visto en los periódicos españoles la carnicería de 
cubanos que han hecho en Guisa. Esta Jurisdicción fué la pri- 
mera que en 1868 se pronunció contraria á la Revolución, y es- 
pecialmente Diego Jacinto Fonseca, el caudillo de los fusilados 
ahora, condiscípulo mío, rico y entendido hacendado, abrazó la 
causa española y lanzó sobre nosotros al sanguinario Lolo Be- 
nítez, que tantas víctimas indefensas ha sacrificado. Sabedor el 
General Calixto García Iñíguez de estas atrocidades, que son un 
toque de alarma para los ilusos que están con nuestros enemi- 
gos, y á consecuencia de los cuales se había suscitado una reac- 

15 



226 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

ción terrible y muy extensa á nuestro favor en el territorio ti- 
ranizado, queriendo muchos voluntarios criollos y numerosas 
familias salir á incorporarse á nuestras fuerzas, atacó con las 
suyas el 17 de Octubre en la noche el caserío fortificado de Guisa, 
con el resultado que verás en los partes oficiales. Se hizo nota- 
ble en esa acción, que los españoles no permitieron á los cuba- 
nos, aunque fueran voluntarios, que entrasen en los fuertes en 
que ellos estaban refugiados, sino que los obligaron a batirse 
fuera, con el único recurso de meterse en los fosos, matando á 
los que quisieron penetrar en las trincheras, acosados por 
nuestras tropas. Según se dice, esta es política que general- 
mente han adoptado por miedo de que los cubanos se les vuel- 
van dentro de los fuertes y los degüellen durante un ataque. 
Después del que te refiero, se ha echado a la manigua casi toda 
la población criolla de Guisa : se ha organizado el territorio y 
tenemos en nuestras filas una nueva compañía compuesta de 
desengañados, que me han dirigido una exposición. Su Capitán, 
Manuel León, es todo un valiente y me cuentan que en la acción 
se colgó la carabina á la espalda y con el machete en la mano 
se batió como una fiera, voceando á los enemigos : — « ¡ Sal- 
gan, españoles, asesinos, mentirosos! ¡Aquí está Lico León! » 
El traidor que ha sido causa con sus denuncias de los asesi- 
natos de Guisa, se llama Rafael Naranjo, nombre que, lleno de 
oprobio, debe pasar á la posteridad. 

El 17, á mediodía, nos pasamos á un campamento en que estu- 
vimos antes, á orillas del arroyo Tártaro, conforme recordarás 
por mis anteriores. Allí gocé de salud; pero en cambio se me 
enfermaron todos los Ayudantes, menos Fernando Figueredo;y 
el Secretario Bravo tuvo que salir con licencia á curarse en otra 
parte donde todavía permanece. Hoy no tengo quién me ayude en 
ningún trabajo, y algunos asuntos sufren retardo. El servicio de 
mi persona se hace con la mayor irregularidad; pero á todo me 
someto con buen talante y espero que dentro de pocos días des- 
aparecerán esas fiebres majaderas y todo se pondrá al corriente. 
El 23 nos anduvieron muy cerca los españoles; pero los tuvi- 
nyos maravillosamente vigilados y no quisieron entrar en em- 
peño con ninguna fuerza, á pesar de que llevaban delante la de 
Flor Crombet con tan poca anticipación que á veces las confun- 
dían nuestros exploradores : con lanzar la numerosa caballería 
que traían se hubiera armado la gresca; mas eso era lo que no 
querían cabalmente los perdonavidas, sino matar los desarma- 
dos y familias que encontraran. En respuesta al fuego que les 



CORRESPONDENCIA. 227 

hizo un solo hombre, atronaron á descargas el monte y se reti- 
raron en tal confusión, que se dejaron, entre otras cosas, una 
magnífica corneta de órdenes. 

Viernes 8. — El día 27 por la mañana nos trasladamos á este 
campamento, que no está tan internado en el bosque como los 
otros; de suerte que disfrutamos de mayor espacio en que re- 
crear la vista, tenemos más sol y oímos el canto de muchas aves 
que parece no frecuentan las montañas altas y cerradas. Desde 
aquí estamos mirando el lugar en que al principio déla Revolu- 
ción se representó una escena horrorosa, que te referiré como 
me la han contado. 

Jesús Pérez, Juan Cintra, Francisco Marcano y Félix Figue- 
redo, estaban con sus familias por estos alrededores. Un traidor 
llamado Vensanz se presentó al sanguinario é infame jefe español 
González Boet, y le ofreció entregárselos todos en un mismo 
día. Jesús Pérez se salvó con su familia. La de Félix Figueredo 
fué capturada, pero él se salvó maravillosamente, porque el 
traidor lo había entretenido con su conversación mientras el 
enemigo le rodeaba el rancho. Francisco Marcano, que estaba 
postrado en una cama por una grave enfermedad, fué hecho 
prisionero y ejecutado en Santiago de Cuba. Juan Cintra, hoy 
Coronel del Ejército Libertador, también estaba enfermo de las 
piernas; pero eso no obstante, al sentir la tropa enemiga, que 
por todas partes lo circunvalaba, se lanzó fuera con su rifle y 
trató de alcanzar el bosque más inmediato. Persiguiéronle los 
soldados, y cuando el más delantero iba á ponerle la mano enci- 
ma, se volvió Cintra y lo derribó de un tiro. Siguió corriendo, y 
al llegar á las malezas sintió que sus perseguidores estaban 
demasiado cerca : se volvió de nuevo y de nuevo derribó á otro 
' soldado con el rifle. Ya en el bosque, detrás de un árbol, dis- 
paró al pelotón otro tiro, que hizo el mismo efecto que los an- 
teriores. Se debilitó entonces la persecución ; mas sus piernas, 
entorpecidas, se negaban á sostenerlo. Se sienta y se oculta con 
un árbol ; riega sus cápsulas por el suelo y rompe un fuego gra- 
neado que hace retroceder á los que todavía lo acosaban. Apro- 
vechóse de aquel respiro y á gatas pudo ganar la cresta de una 
montaña, pasándose al otro lado, donde se escondió y descansó. 
Desde allí oía grandes voces, tiros y alaridos en dirección de su 
rancho. Luego que todo quedó tranquilo por largo espacio de 
tiempo, bajó con las necesarias precauciones y se dirigió á él. 
Salió al claro, y en la boca de una vereda lo primero que encon- 
tró fué el cadáver mutilado de su madre, después el de su es- 



228 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

posa, más adelante sus hijos, y el rancho reducido á cenizas so- 
bre muchas de las víctimas. ¡Qué horror! ¡Los españoles habían 
asesinado á toda la familia, que se componía de once personas, 
entre mujeres y niños, dejando los cuerpos insepultos ó entre 
las llamas I No por eso desmayó aquel gran corazón. Después 
de tributar el último obsequio á los mártires, ayudado de los 
patriotas vecinos, volvió a coger su rifle y desde aquel día, donde 
quiera que ha resonado el nombre de Juan Cintra, ha sido vati- 
cinio de muerte y vergüenza para los bárbaros asesinos de 
su familia. El traidor Vensanz fué aprehendido á los pocos días 
por los cubanos, y con la vida pagó aquel monstruo todos sus 
crímenes. 

Sábado 9. — Nos ha llamado mucho la atención la nueva casilla 
que ponen ahora los españoles en sus revistas quincenales de 
operaciones, referentes á prisioneros hechos á los cubanos. 

Esto no puede ser más que una nueva farsa, inventada para 
mistificar más á las benditas naciones que se dicen protectoras 
de la humanidad y la civilización, y que con tanta paciencia so- 
portan los ultrajes que incesantemente les infieren en Cuba los 
españoles. Sería curioso hacer una averiguación para saber 
quiénes son esos prisioneros y el destino quedes dan. ¿Cómo 
es creíble que dejen de matar á los prisioneros los mismos ca- 
níbales que sacrifican las miserables ancianas octogenarias y los 
inocentes niños aun pendientes de los pechos de sus madres 
asesinadas ? 

Bien pronto habrá trascurrido un año desde la hecatombe ju- 
rídica de los estudiantes de Medicina de la Habaüa. ¿ Qué les ha 
resultado á los españoles por ese acto de feroz barbarie ? ¡ Nada ! 
¿ Quién les ha exigido la reparación debida á los fueros de la 
humanidad ultrajada? ¡¡Nadie!! Del grito de horror universal, 
de las imprecaciones, de las amenazas, sólo queda la memoria. 
Entretanto, los españoles siguen en su carrera de crímenes atro.- 
ces, que superan al que suscitó tanta indignación. Y entretanto, 
para la filantrópica Inglaterra, para la civilizada Alemania, para 
la republicana Francia y hasta para la América independiente, 
la España es una nación constituida, con quien no deshonra al- 
ternar, por más infamias que cometa, y los cubanos que pelean 
por la reivindicación de los derechos del hombre, son unos ban- 
didos cuyo contacto mancilla, son unos rebeldes á quienes es 
lícito exterminar por cualquier medio. Para la primera, los ho- 
nores y los auxilios; para los segundos, los desdenes y las per- 
secuciones. ¿ Qué importan esos inválidos, esos moribundos, esas 



CORRESPONDENCIA. ¿29 

mujeres, esos niños degollados á sangre fría ? ¿ Quién los mandó 
que aspirasen a ser libres ? ¿ No sabían que de todos modos es 
preciso respetar el derecho de la fuerza? ¡Sufran, pues, y mue- 
ran ! ]¡0 sepan vencer, que la victoria todo lo santifica !! 

El día 4 de este mes fué mi santo y el tercer aniversario de 
nuestro matrimonio, dos fases de la vida de familia que me 
complazco en enlazar. Los Ayudantes, el Jefe del campamento 
y el Diputado Fernando Fornaris, por sí y á nombre del Ejército 
y del pueblo de Cuba, me saludaron deseándome largos y feli- 
ces años y el inmediato triunfo de la Revolución. Yo les con- 
testé aceptando sus buenos deseos, dándoles gracias por mí y 
por la Patria, y asegurándoles de mi eterno cariño, como buen 
compañero de penalidades. En el mismo día se recibieron co- 
municaciones oficiales de todos los ámbitos de la República, con 
noticias en lo general satisfactorias; y con tan plausible mo- 
tivo el campamento tuvo la galantería de iluminarse espontánea- 
mente. 

Aumentó más la común satisfacción el haberse sabido que el 
Mayor General I. Agramonte Loynaz me había enviado comuni- 
caciones directas en términos cordiales (1), asegurándome de la 
buena disposición de las fuerzas á su mando para sostener el 
prestigio del Gobierno de la República. En efecto, de las expresa- 
das comunicaciones se desprende que, reconociendo sus erro- 
res, quiere adoptar definitivamente el mejor sendero , defrau- 
dando las esperanzas que algunos mal intencionados todavía 
fundaban en sus antecedentes. Por Cuba me alegro de que 
haya asumido esa actitud, digna de su inteligencia y patriotis- 
mo, y deseo que proceda con sinceridad. 

Cuando creíamos vernos sufriendo nuevamente por escasez 
de mantenimientos, nos hemos encontrado con una inesperada 
abundancia de todo lo necesario para sostener la vida. 

Esta situación, á los cuatro años de guerra y en medio de 
estas selvas, convence al más incrédulo de que por hambre no 
nos vencerán los españoles; vengan, pues, armas y pertrechos, 
y vayan preparando el buque en que, concluida la guerra, han 
de volver las mujeres y los que, como ellas, no deben vestir 
sino túnicos. 

A juzgar por las cartas que escriben los emigrados (afortuna- 
damente no he recibido ninguna) nos llegarán pronto grandes 



(1) Obran on nuestro poder. — .V. del A. 



230 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

recursos y se realizarán altas combinaciones diplomáticas para 
resolver pronto la cuestión cubana, en sentido que favorezca 
nuestras miras. Todo esto viene escrito con frases retumbantes 
y sibilíticas que ya para nosotros han perdido la novedad y el 
crédito. Armas y pertrechos desembarcados sencillamente en 
nuestras costas, es lo que queremos; y allá se queden las lison- 
jeras, magnificas promesas con que ninguno de nuestros solda- 
dos puede cargar su rifle. Por fortuna, estos curtidos valientes 
se cuidan muy poco del estado de nuestros almacenes; porque 
si ven flaca su canana, saben que no han de ir á ellos á llenarla, 
sino á donde están los soldados españoles, que es más cerca y 
más fácil. Ya hoy ninguno de ellos pregunta sino por el Presi- 
dente y por los Distritos en que se pelea : de todo lo demás se 
ocupan tanto como de las lluvias de antaño. Esto no quiere de- 
cir que se entristezcan porque les envíen recursos; sino que se 
indignan porque los pierden. 

Mañana , si no hay contratiempo , emprenderemos un largo 
viaje y será probable que no siga esta carta hasta que no lle- 
guemos á su término. 

Sábado 16. — Según te digo arriba, salimos el 10 por la maña- 
na, y después de una jornada sin peripecias llegamos al campa- 
mento que los nuestros han puesto en Barajagua, Jurisdicción 
de Holguín, el cual queda como á tres cuartos de legua de la 
finca y hacia el Sur, en el mismo camino real. (Puedes muy fácil- 
mente encontrarlo en el mapa de la Isla.) Aquí fuimos muy bien 
recibidos. Encontramos una población con muchísimas familias, 
la mayor parle regularmente acomodada. El espíritu de toda la 
gente es excelente: toda está muy animada y esperanzada en la 
cercanía del triunfo, en vista de la debilidad del enemigo, que, 
según parece, sigue reconcentrándose. Será lástima que se 
pierda esta ocasión de hacerle desalojar todo el campo insu- 
rrecto y encerrarlo en las poblaciones, que al fin caerían también 
en nuestras manos. 

Con la mudanza de aires se ha pronunciado la mejoría en nues- 
tra pequeña agrupación. 

Los españoles no cesan de asesinar á los voluntarios cubanos. 
En Chápala, junto á Bayamo, no ha quedado uno: el que no ha- 
bía muerto, estaba preso, y el que no, había cogido la manigua, 
habiéndosenos presentado ya algunos con sus armas y esas 
nuevas. 

Cierto es que de acá también se pasan para allá ; es un cam- 
bio, pero en el cual ganamos nosotros, porque más tarde ó más 



CORRESPONDENCIA. 231 

temprano los nuestros vuelven á reunírsenos en mejores con- 
diciones. 

Jueves 21. — El día 17 llegó al campamento el General Máximo 
Gómez, é inmediatamente pidió permiso para presentarme sus 
respetos. Lo recibí con la mayor cortesía. Me alegó la disculpa 
de sus males, que le habían impedido venir antes á ponerse á 
mis órdenes, como lo deseaba y estuvimos conversando largo 
rato. A poco de haberse retirado dirigió una comunicación al Se- 
cretario de la Guerra en el mismo sentido, y al siguiente día 
ofreció sus servicios al Gobierno del modo más original y con- 
movedor. Pasó así: Por la mañana oí una gran vocería por la 
calle abajo, y vi por ella subir mucha gente corriendo y dando 
vivas á Cuba. Me ocurrió que los españoles habían evacuado 
alguna población de importancia; pero los que corrían me gri- 
taron pronto: — « ¡Una expedición, Presidente! ¡ Una expedi- 
ción salvada en Camagüey! » — «¿Es oficial?» les pregunté 
yo. — « Aquí está un expedicionario » , me contestaron. Y en- 
trando en tumulto en mi rancho, me apretaban las manos, y los 
Generales Calixto García y Máximo Gómez me estrechaban en 
sus brazos en medio de los estrepitosos vivas de la multitud, 
que gritaba compacta : — « ¡A Occidente! ¡Vamos á .Occidente! <> 
— « : Que sea yo, Presidente ; yo; para mí! », me suplicaba el 
General Gómez con el mismo tono con que un hijo le pide á su 
padre una fruta que tiene suspendida en la mano para más 
excitar la codicia de sus chicuelos. Tales palabras en boca de 
tal hombre y en aquella ocasión, me parecieron la mejor prueba 
de la sinceridad con que me ofrecía sus servicios y me afectó 
sobremanera, sorprendiéndome agradablemente la oportuni- 
dad de la ocurrencia. Sin embargo, me dominé viendo allí cier- 
tas caras, y le respondí riendo: — « Allá iremos todos. » Pero, 
¿ qué era lo que promovía aquella explosión de ruidoso entu- 
siasmo ? Manuel Betancourt y Betancourt fué conocido al entrar 
un el campamento por Ignacio Mora y Salvador Cisneros, y de 
paso, para ocultar el verdadero objeto de su viaje, les dijo que 
había traído una expedición por Camagüey. Entonces el último, 
sin averiguar más, se echó á la calle, voceando : « ¡ Viva Cuba ! », 
y fué causa de la tumultuosa y patriótica escena qué pálida- 
mente te he descrito, sirviéndome como el mejor medio de anun- 
ciarte la feliz llegada de Betancourt. 

Gómez cogió al vuelo el espíritu de mi respuesta, y dijo luego 
á Calixto García : — «El Presidente sabe mucho. Mira como no 
pude cogerle la palabra. » Y añadió con tristeza: — « Yo no creo 



232 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

que iré á Occidente. » Poco le duró el pesar: en otra conferencia 
le expliqué el móvil de mi conducta, que era no decidir sin ma- 
duro examen los asuntos de la República, y quedó satisfecho. 

Martes 26. — Contestados los particulares á que se contraen 
tus cartas de 27 de Agosto y 1.° de Septiembre que me trajo 
Betancourt, seguiré el hilo interrumpido de mi carta en los 
acontecimientos y sensaciones de la vida mambí. Uno de los 
hechos más recientes es el asalto que dio el Coronel Maceo al 
poblado de Jamaica, ó la Casimba, cerca de Guantánamo, cau- 
sando pérdidas de consideración en vidas y propiedades á los 
enemigos; pero se dice que por guardar el bolín se expusieron 
á perder sus mejores jefes, no secundándolos como de costum- 
bre al batirse con los españoles que ocupaban las trincheras. La 
necesidad que hay de dej»r al soldado que tome del enemigo lo 
que no podemos darle, trae perjuicio á las operaciones de la 
guerra, porque á veces atienden más á saquear que á pelear y 
son capaces de huir para no perder lo que llevan. 

Las tropas del Brigadier Calvar atacaron el caserío de los Al- 
fonsos, en Holguin, con el mismo resultado siempre ; es decir, 
los españoles se encerraron cobardemente en sus trincheras, y 
los nuestros mataron á los voluntarios, saqueando é incendiando 
la población para hacer ver á los ilusos que el Gobierno español 
no puede prestarles prolección ni en las propiedades ni en las 
vidas. 

El Teniente Coronel F. Crombet quemó el 6 del corriente los 
cafetales Santa Ana, San Esteban, Ocaña y Prudencia, á tres le- 
guas de Santiago de Cuba, haciendo gran estrago y un inmenso 
botín. Ignoramos todavía los pormenores. Con estas presas, 
figúrate si habrá abundancia en este lado del campó insurrecto. 
, Me ha referido el General Gómez, que un cubano que vino en 
el Fanny, perseguido por los españoles, se colocó en una altura, 
y con un "Winchester que traía para mí les causó 22 bajas. Con 
los dos brazos rotos fué hecho prisionero y murió en el hospital 
de Sagua de Tánamo, á pesar de los esfuerzos que para sal- 
varlo hizo el jefe enemigo, admirado de aquel heroico valor. 

El día 22 falleció el Teniente Coronel Francisco Aguilera. Fué 
esclavo calesero del Mayor General; empezó á servir de soldado 
en el levantamiento y ascendió hasta el grado que tenía. Fué 
herido muchas veces, y se cree que la enfermedad de que murió 
le provino de una contusión que recibió en un combate. Era en- 
tendido, valiente y subordinado. Generalmente se le ha sentido. 



CORRESPONDENCIA. 233 

Se le hizo un entierro muy lucido, después de haberlo velado 
conforme á los ritos de la Masonería, de que era miembro. 
Además de una numerosa concurrencia, acompañó al cadáver 
un medio batallón y le hizo los honores de ordenanza. Celebró 
las honras fúnebres el Presbítero Braulio Odio, y los masones 
le tributaron también las que le son peculiares. Tuvo el con- 
suelo de morir en el seno de su familia. Yo estuve representado 
en el duelo y en el entierro por mi Ayudante Fernando Figue- 
redo. 

La acción del Gaño, en la noche del 13 de Octubre, pudo toda- 
vía habernos sido más ventajosa, sino se hubiesen dividido las 
fuerzas para el ataque del campamento, de la Sal, efectuado en 
la misma noche; si hubiesen concurrido el General Modesto 
Díaz y el Brigadier Manuel Calvar, ó si por lo menos se hubiese 
puesto una fuerza en observación del ingenio de Venecia, finca 
en que nunca fallan tropas de línea, voluntarios ó multitud de 
trabajadores libres y esclavos. El Coronel Guevara es muy va- 
liente ; por lo mismo, se le cree poco previsor, pues ciego de co- 
raje en cuanto siente enemigos, á los cuales se avalanza perso- 
nalmente como un león, no repara si le siguen sus soldados. 
Sin embargo, aunque los españoles ocultan su verdadera pér- 
dida, se sabe por personas de Manzanillo que entraban en ca- 
rretas los muertos y heridos. De los primeros fué Antonio Las- 
tres, hermano de Joaquina, la mujer de Pedro. Este hombre se 
manejó muy mal con nosotros, estaba muy obstinado eD su trai- 
ción y nos hacía daño por sus influencias. Su muerte debe haber 
esparcido el terror entre los manzanilleros. 

Miércoles 27. — Estamos esperando á Mr. Henderson, aunque 
dudamos que el nuevo Stanley se atreva á penetrar en esta nue- 
va África (según los españoles) para encontrar á este otro Li- 
vingstone, cuya existencia pretenden hacer más problemática 
que la del célebre viajero. 

Cada día se anuncia la evacuación de un nuevo campamento 
enemigo, y ahora se dice que habiendo atacado una columna al 
Coronel Maceo por el Peladero ó Calabazas, ha sufrido muchas 
bajas por parte nuestra y por haberse hecho fuego unos á otros 
esos malvados. 
. Ayer llegó el Secretario Bravo en buena salud. 

Viernes 29. — En fin, por todo lo anterior verás que la situa- 
ción nuestra es muy satisfactoria. Mi dicha, como hombro pú- 
blico, sólo podía ser mayor con el triunfo de la Revolución. La 
más completa unión reina aquí entre los buenos cubanos : todos 



234 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

los jefes están subordinados y obedientes á las disposiciones del 
Gobierno; nuestras tropas, entusiasmadas, atacan por todas par- 
tes y vencen á los españoles; éstos se reconcentran temerosos 
en sus atrincheramientos, y los cubanos débiles que los habían 
seguido se aprestan á abandonarlos y colocarse bajo la bandera 
de Yara. 

¡ Ojalá que todo siga asi, para que pronto se vean asegurados 
definitivamente los destinos de esta tierra cubana! 



N.° 152. — Circular. — Ciudadano General, etc. etc.. — Ciu- 
dadano General: Por ausencia de mis Secretarios con licencia, 
dirijo á V. personalmente esta comunicación. 

Parece que una reacción favorable á nuestra Revolución, se 
presenta entre los cubanos que habitan el territorio dominado 
por los españoles. Las ordinarias crueldades y exacciones de 
éstos la precipitarán. 

Aunque el Gobierno de la República no estuviese animado, 
como lo está, de los sentimientos más magnánimos, la politica 
aconsejaría que se echase hoy un velo sobre las faltas de unos 
hermanos cuya obcecación en el camino del error no es hija más 
que de las arterías y los engaños con que los tiene seducidos el 
Gobierno español. 

La celebración del 10 de Octubre de este año, esa revolución 
que el tiempo hace por cuarta vez sobre nuestro glorioso levan- 
tamiento en presencia de la postración de nuestros enemigos, 
ofreció una plausible ocasión para llenar aquel humanitario ob- 
jeto, y por eso acordé, en Consejo de Gabinete, la concesión de 
un indulto pleno y. generoso que no dejase á ninguno pretexto 
de abstenerse en la solicitud del perdón para poJer acogerse al 
regazo de la Patria y la libertad de que están gozando sus vale- 
rosos compatriotas en los campos de Cuba, ya célebres por las 
hazañas, triunfos y constancia de sus buenos hijos. Las vicisi- 
tudes de la última marcha que ha debido realizar el Gobierno 
para continuar en su obra de organización, han impedido hasta 
ahora que se llevase á cabo ese pensamiento; mas demandándolo 
imperiosamente las circunstancias, no puedo demorar por más 
tiempo la consecución de sus beneficiosos efectos aún á trueque 
de imponerme mayor trabajo personal, fatiga que siempre me 
es grata si redunda en provecho de la causa común. 

Bajo este concepto, tengo el gusto de poner en su conocí- 



CORRESPONDENCIA. 235 

miento que vuelve á estar en ejercicio el artículo (1) del in- 
dulto otorgado en 1.° de Enero del corriente año que se mandó 
circunscribir hasta el 30 de Junio ppdo., comprendiendo no sólo 
los casos allí citados, sino los que hayan ocurrido hasta el 10 
de Octubre que acaba de fenecer. 

Las personas comprendidas en este indulto gozarán de él 
cualquiera que sea el día en que lo soliciten, aunque hasta en- 
tonces hayan perseverado en su anterior conducta, siempre que 
el Gobierno de la República no haya vuelto á señalar fecha para 
su cesación y ésta se halle vencida. 

No sólo se sobreseerá en las causas incoadas por delitos 
cometidos hasta el 1.° de Enero de 1872, sino en las que se refieran 
á los perpetrados hasta el 10 de Octubre del mismo, con tal que 
estén agraciados por este indulto, sin necesidad de que la parte 
lo pida. 

En todo lo demás, quedan en su fuerza y vigor el decreto de 
1.° de Enero de 1872 y las instrucciones que se dictaron para su 
aplicación y método de conducir las operaciones de la guerra. 

Sírvase V. dar la mayor publicidad á la presente resolución, 
así en el territorio revolucionado como en el que tiranizan los 
españoles, y no permita V. que se infrinja bajo ningún pretexto,' 
esforzándose en inculcar en el ánimo de todos sus subordinados 
la idea de que es conveniente que nosotros despleguemos los 
sentimientos de clemencia, generosidad, humanidad y fraternidad, 
en contraposición de la ferocidad y barbarie de nuestros 
enemigos. 

Sírvase V. acusarme el recibo y acepte el testimonio de mi 
mayor consideración y aprecio. 

P. y L. — Residencia del Ejecutivo en Barajagua, Noviembre 
17 de 1872. — El Presidente de la República. 



N.° 147. — Barajagua, Noviembre 22 de 1872. — G. General 
Modesto Díaz. — Mi estimado amigo : Reciba V. mi enhora- 
buena por todos los sucesos que están pasando en ese Distrito. 
El enemigo está débil. La reacción avanza. Es preciso apro- 
vechar la ocasión con actividad y tino, y el Distrito de Bayamo, 
así como promovió la Revolución, la afirmará, cabiéndole á V. 
mucha gloria en ese resultado. 

He visto que el Coronel Guevara ha distribuido los cubanos 



[1) Borrado en el manuscrito, por el tiempo ú otra causa. — N. del A. 



236' CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

que han abandonado á nuestros enemigos, entre las fuerzas á 
elección de los interesados. Ese método, si bien en otras cir- 
cunstancias puede parecer político, yo no lo creo así ahora, y, 
además, es muy perjudicial en mi concepto. Esos hombres cono- 
cerán que se desconfía de ellos, no seguirán con gusto á jefes 
que no conocen; tal vez se verán privados de sus puestos y 
afecciones ; á su vez serán desconocidos y sospechosos á sus jefes, 
y, por último, no podrán soportar las fatigas de nuestra guerra, 
sujetos de un golpe á alternar con nuestros soldados de hierro. 

Salvo la mejor opinión de V. y á menos que no haya motivos 
fundados de desconfianza, soy de parecer que se forme una 
compañía de los que sean aptos para el servicio de las armas y 
se ponga bajo el mando del más caracterizado y á propósito de 
ellos, destinándoles sus inmediatos subalternos de nuestros 
antiguos oficiales, que sean hombres de confianza y educación y 
reconociéndoles los grados que gozaran entre los españoles, y 
aún ascendiéndolos, si fueren meritorios, para! lo cual se hará 
al Gobierno las propuestas que correspondan. De este modo se 
entusiasmarán, viendo que inspiran confianza y que se les 
premia ; sometidos al mando de uno cuya voz están acostum- 
brados á obedecer, se les hará más llevadero el servicio, y de 
día en día y con uniformidad se irán endureciendo en las ope- 
raciones de nuestra campaña, cuyas prácticas aprenderán de los 
antiguos oficiales que se les señalen y que servirán al mismo 
tiempo para evitar cualquier desorden. 

Los que no sean aptos para el servicio de las armas, no deben 
destinarse para asistentes ó convoyeros, ó séase á servir á 
ningún individuo en particular, sino dejándoles alguna inde- 
pendencia y holgura, dedicarlos á las labranzas ú otros empteos 
colectivos, bien por sí solos, si son honrados é inteligentes, bien 
bajo la dirección de alguna persona que sepa tratarlos con 
mucha política, sin exigirles demasiado trabajo desde luego, ni 
echarles en cara jamás su pasada conducta. 

Las familias deben llevarse á los parajes más seguros y 
prestarles de momento toda clase de auxilios, halagándolas 
mucho y haciéndolas ver, así como á todos los demás, la dife- 
rencia que hay de vivir en una República con libertad y orden, 
á estar subyugados al degradante imperio de un gobierno cruel 
y despótico. r . 

Eslos, amigo mío, no son más que consejos privados. V. 
siempre tiene facultad de arreglar esas cosas como indiquen las 
circunstancias y la localidad, dando cuenta al Gobierno, como ha 



CORRESPONDENCIA. - - 237 

hecho ahora, para que éste decida lo que crea más conveniente. 

- Sírvase V. transmitir mis recuerdos á los amigos y patriotas 
que lo rodean, y acepte las protestas de su amigo y h.\ 



N.° 158. — Barajagua, Noviembre 26 de 187-2. — C. Ramón 
Céspedes. — Estados Unidos. — Mi estimado amigoy compadre : 
Es en mi poder el duplicado de su favorecida de 6 de Agosto del 
presente año. Empieza V. hablándome de las expediciones pen- 
dientes. Ninguna ha llegado hasta ahora, a pesar de que sabemos 
la salida del Virginias y la propuesta venida de Agüero en un 
buque armado en corso. La de Peralta, á esta fecha debe V. 
saber que se perdió completamente, siendo víctimas él y la 
mayor parte do sus compañeros, resultado que, por sensible, no 
me ha sido extraño conociendo al hombre, y así es que cada vez 
me admiro más de que allí haya adquirido tal prestigio que el 
Agente lo pusiera al mando de expediciones y los emigrados 
estuvieran dispuestos á prodigarle recursos que, al parecer, 
se niegan á otros hombres que están acostumbrados á ponerlos 
en nuestras manos. 

Justo es el asombro de Y.V. al saber las proezas de nuestros 
soldados con los escasos recursos de que disponen, y mayor 
será cuando por nuestras últimas comunicaciones vean á lo que 
han quedado reducidos los que tenía el Gobierno y ha repartido 
ya por última vez entre todas las fuerzas. Pero lo que se nece- 
sita es que V.V. salgan de su estado para enviarnos inmediata- 
mente prontos y efectivos recursos, adoptando las mejores 
medidas para que se salven; pues aquí crece cada día más un 
sentimiento de disgusto al recibir promesas que, ó no se reali- 
zan, ó producen un triste resultado. Entre tanto, le daré á V. una 
ligera explicación de esos milagros de los chico panes. 

Nuestros soldados no disparan al enemigo sino casi á boca 
de jarro. Hoy, en casi todos los distritos, está prohibido el gas- 
tar parque aun en matar animales para la manutención. Se fa- 
brica alguna pólvora y se rellenan algunas cápsulas. Los pro- 
yectiles se sacan de donde quiera que se encuentren. De los 
pueblos, nuestros amigos nos traen algún parque y nuestros 
soldados, con su propio dinero, lo encargan allí ó lo compran 
en otras partes. En los combates por lo regular se les quita 
municiones á los españoles; y por. último, los soldados forman 



238 GARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

juego en que no admiten sino cápsulas, obligando á los vicio- 
sos á buscarlas por todas partes. 

Usted comprenderá, sin embargo, que todos estos recursos 
han de ser de muy poca importancia; pero nuestros jefes están 
tan resueltos á no dejar la ofensiva, que me han dicho algunos 
que atacarán al machete. 

Cuente siempre con su verdadero amigo y h.\ 



N.° 162 bis. — Barajagua, Diciembre 6 de 1872. — C. Gene- 
ral Manuel de Quesada y Loynaz. — Mi querido amigo y her- 
mano : Al mismo tiempo que esta carta, recibirá V. varios do- 
cumentos y decretos, por mí expedidos éstos y aquellos proce- 
dentes de la Secretaría de Estado. Todas las resoluciones que 
contienen son producto del más maduro examen, tomadas por 
creerlas convenientes á la Patria, y he de confesar que, á más, 
satisfacen mis simpatías personales. Yo me prometo que en bre- 
ve hemos de recibir recursos, prueba la más palpable que pu- 
dieran V.V. dar de que el Gobierno anduvo cuerdo en tomar esas 
medidas, y el mejor modo de acallar las lenguas de los mal que- 
rientes. , 

Mucho ha variado políticamente la situación del Gobierno; 
todos los jefes militares hacen alarde de obediencia, y las fuer- 
zas están llenas de respeto, estado de cosas bien distinto, bajo 
este punto de vista, al en que V. nos dejó. 

Con respecto a V., la opinión pública no puede ser más favo- 
rable; todos anhelan su vuelta: ese deseo es tan unánime, que 
han pensado hacer una manifestación al Gobierno en este sen- 
tido. Puede V. tener la seguridad de que su llegada sería un 
feliz acontecimiento, y todos presagian que la invasión de Occi- 
dente tendrá efecto ó coincidirá con su venida. Esa invasión, que 
podría con el sólo hecho de realizarla terminar la lucha, si siem- 
pre fué necesaria, es hoy imprescindible. Nada produce á los 
españoles el resto del territorio de la Isla, y en su debilidad ac- 
tual, con la supresión que hacen de campamentos, con la sus- 
pensión de operaciones y no llegando refuerzos de España, pa- 
rece que sus tendencias son á sostener las plazas fuertes y 
poblaciones importantes del litoral y conservación de Occidente; 
hoy por hoy se camina segura y tranquilamente desde Guantá- 
namo ó Cuba hasta el Camagüey. Si recibiésemos ahora los re- 
cursos que necesitamos y V. viniese, consiguieran ó no lo es- 



CORRESPONDENCIA. 239 

pañoles su proyectado empréstito, la guerra terminaría pronto. 

Recomendando á V. mucho medite sobre el contenido de esta 

carta, se repite de V. afectísimo amigo y hermano que lo quiere. 



Hato del Medio, Diciembre 26 de 1872. — Señora Ana Quesa- 
da de Céspedes. — Mi muy querida esposa : 

Todavía no se ha presentado Mr. Henderson, ni creemos que 
lo haga. Tal vez a esta fecha esté de regreso en los Estados 
Unidos. Como hemos estado alejados de nuestra línea de comu- 
nicaciones, no hemos recibido todavía las últimas noticias. Lo 
hemos seguido paso á paso desde su llegada á la Isla, y aunque 
recelosos de alguna nueva farsa, por si era cierto que deseaba 
vernos, se han tomado las medidas convenientes para facilitarle 
su objeto y evitar una traición de los españoles. 

El 6 de este mes me faltó la fiebre que tenía el tipo intermi- 
tente. Desde entonces he seguido bien, aunque débil y algo de- 
macrado. 

El 9 se reunió con nosotros la columnita del Teniente Coronel 
Crombet y salimos hasta la trinchera española que hubo en Ba- 
rajagua, donde formó la tropa, y después de haber elogiado á 
aquellos valientes al frente de banderas, desplegaron en colum- 
na de honor al toque de cornetas y estruendo de vivas. Efecti- 
vamente, se portaron bien en su arriesgada incursión. En cua- 
renta días fueron del Cobre á Guisa, de Guisa á Arroyo Berraco, 
en la costa de Santiago de Cuba, por cuyos suburbios pasaron; 
de allí se retiraron á Yarahueca y de Yarahueca vinieron á Ba- 
rajagua, siguiendo marcha con nosotros el mismo día. Ni los 
antiguos romanos sobrepujaron estas marchas de hombres des- 
calzos, á pie y peleando contra un enemigo muy superior en 
fuerzas. 

El 12 acampamos en el Bagá, cerca de tres leguas al S. O. de 
Tacajó. Por estos lugares he visto que no hay más aguadas que 
algunas lágrimas en que, lo mismo que en las del Cauto y oirás,' 
emboscaba el Tigre de Jiguaní (1) sus sicarios para cazar á tiros 
á los pobres ancianos, niños y mujeres que llegaban allí á apa- 
gar su sed. 

Desde el 13 en la noche nos asaltó un temporal de agua que 



(1) El conde de Valmaseda. — N. del A. 



240 GARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

duró hasta el 18. Esto no obstante, el 15 llegó una columna que 
había salido a las órdenes del Teniente Coronel José María 
Peña, para atacar á Mayarí, con objeto de formar una diversión 
al plan del General Calixto García Iñíguez, que era tomar á Hol- 
guín para saquearlo y quemarlo. La operación se ejecutó favo- 
rablemente, sin tener nosotros más que un herido leve. 

Salimos el 17 por la mañana : al día siguiente nos separamos 
de la columna mis ayudantes y yo, quedándonos á ocho leguas 
de la ciudad; pues el General García mostraba mucha aprehen- 
sión por un ataque de esa magnitud con tan pocas fuerzas, y 
temía que me sobreviniese alguna desgracia. Pero fué felizmen- 
te infundado su temor. Los españoles, engañados con nuestras 
maniobras y no pasándoles por la imaginación que nos atrevié- 
semos á entrar en la segunda ciudad del Departamento Oriental, 
habían sacado de ella gran parte de sus tropas para hacer que 
nos perseguían y en realidad cebarse en las desgraciadas fami- 
lias. Los cubanos, aunque ignorantes de esa favorable circuns- 
tancia, efectuaron su sorpresa el 19 á las doce de la noche en 
número de 600 hombres. Se apoderaron completamente de la 
ciudad, obligando al enemigo á encerrarse en sus fuertes, apa- 
gando totalmente sus fuegos. Luego que terminó el saqueo y se 
incendiaron los principales establecimientos, se retiró en orden 
nuestra gente á unas cinco leguas de la población, sin ser mo- 
lestada en lo más mínimo. La baja más dolorosa que sufrimos 
fué" la del Teniente Coronel Peña, el terror de Mayarí, el jefe 
que por sus cualidades estaba llamado con el tiempo á ocupar 
el primer puesto en la División de Holguín. Su muerte fué la 
de un valiente. — « No es nada », fueron sus últimas palabras, 
— a atended solamente á vencer al enemigo ». Una bala le ha- 
bía atravesado el pecho cerca de la garganta. 

El 21 par la mañana me incorporé al Cuartel General en las 
cabeceras del Gibara. Encontramos á todos muy animados y 
bien vestidos : el campamento tenía el aspecto de una exposi- 
ción. Me dieron muchos vivas y me recibieron á los acordes de 
una orquesta completa que sacaron de la ciudad. Nos invitaron 
á un magnífico almuerzo. Hubo muchos brindis y discursos elo- 
cuentísimos. La alegre expansión fué general. Los detalles 
serían interminables. Por la noche la música completó la obra 
con retreta y baile. 

Al otro día muy temprano los españoles, que sin duda estu- 
vieron oyendo la música, nos atacaron en número por lo menos 
de 800 hombres. Trescientos de los nuestros los recibieron en 



CORRESPONDENCIA. 241 

sus posiciones, retirándose los demás con los heridos, el Go- 
bierno y la presa, que se salvó toda. El enemigo hizo uso del 
cañón y- debió sufrir bajas considerables, cuando inmediata- 
mente se retiró para la ciudad. No pudimos continuar el com- 
bate más tiempo, ni perseguirlo en su retirada, por falta de par- 
que, lo que ya parece que no nos vendrá de fuera. Tuvimos 
pocas bajas; pero entre ellas fué sensible la del Subteniente 
Paterson, negrito liberto que prometía mucho y ha sido gene- 
ralmente sentido. 

Yo acampé cerca de Tacajó; pero el 24 emprendí marcha para 
reunirme con el Cuartel General, según lo realicé con toda feli- 
cidad hoy como á las dos de la tarde. No encontré al General 
García Iñíguez, que con otros compañeros andaba de paseo en 
celebración del triunfo y de las Pascuas. Yo he pasado en todas 
estas excursiones algunos trabajos, peligros y necesidades, y 
todavía me molesta un catarro que ya va de vencida. 

Jueves 27. — Aquí hemos encontrado buenas noticias de Ba- 
yamo y las Tunas. No sé si serán ciertas, pero cuentan que ata- 
caron los cubanos el campamento del Zarzal, en Yara, y que se 
nos pasaron más de 130 personas. Vicente García atacó á Siba- 
nicú y cogió 10 prisioneros españoles que dejó ir en libertad. 
Veremos si se confirma. 

Emilio Céspedes, el hijo de mi compadre Ramón, se separó 
de mi lado para casarse con Mercedes Cancino, y ayer recibí la 
noticia de haber muerto de enfermedad. Participo de ese nuevo 
sentimiento de su buen padre. 

Tenemos en el campamento á un niño como de diez años, que 
salió de Holguín, donde lo tenían esclavizado los españoles, 
después de haberle muerto el padre y hecho perecer la madre 
de miseria. Se llama Marino del Toro. Yo lo agasajé y le hice 
un regalito. 

Domingo 29. — Estoy preparándome para emprender un viaje 
fatigoso y al que tal vez no falten peligros. Me alejaré del cen- 
tro de nuestras comunicaciones y esta circunstancia las ha de 
hacer más tardías ó dificultosas. Ya sabes la causa para tenerla 
en cuenta, si se nota mayor demora ; por lo demás, creo que la 
jornada será provechosa. 



Los informes que acerca de la Revolución y de su estado 
daba el Gobierno español á la naciones civilizadas, eran 

16 



242 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

tan contradictorios y faltos de veracidad, que The New York 
Herald envió á fines del 72 un corresponsal á la isla, con 
la misión de ver á Céspedes y enterarse de la situación de 
aquella guerra, de que con certeza tan poco se sabía. Mr. 
Hendersonnotuvoni el valor ni la astucia que reclamaba 
una empresa semejante. Entonces el director de aquel 
gran diario comisionó para realizar tan difícil, largo y pe- 
ligroso viaje á Mr. James J. O'Kelly, irlandés, compañero 
más tarde del célebre Parnell y que hace años ocupa un 
puesto en la Cámara de los Comunes de Inglaterra. El día 6 
de Marzo de 1873, habiendo burlado la vigilancia de las 
autoridades españolas de Santiago de Cuba, tuvo una en- 
trevista con Céspedes, que publicó al siguiente año en su 
libro The Mambí Land, (La Tierra del Mambí) de cuyo capí- 
tulo xvi traducimos algunas páginas. 
Habla el mencionado O'Kelly : 



« La mañana después de la batalla de Jiguaní, los cubanos 
abandonaron su campamento, como de costumbre, á fin de que 
cuando las columnas españolas se reconcentrasen para vengar 
á sus compañeros, no hallasen á nadie. Mientras nos prepará- 
bamos para marchar, llegó un mensajero del Presidente Céspe- 
des trayendo cartas en las cuales expresaba su satisfacción por 
el feliz arribo del comisionado del Herald, é indicaba un punto 
en donde se le podría encontrar, pues afortunadamente no ha- 
bía comenzado el viaje que tenía en proyecto. En tales circuns- 
tancias me despedí del general Calixto García y de los miembros 
de su Estado Mayor, y salí en busca del Presidente, escoltado 
por un batallón de infantería. 

» El aspecto de la residencia del Gobierno distaba mucho de 
ser imponente para un espíritu materialista. Una vereda an- 
gosta conducía á través del bosque á un claro en que estaban 
situadas unas veinte cabanas construidas con pencas de manaca. 
El terreno estaba obstruido por troncos, y dos árboles altos, 
con ramas esparcidas y escaso follaje, elevándose á ambos lados 
de un arroyuelo que corría por el centro del campamento, au- 
mentaban el aire melancólico del lugar. Del lado opuesto del 
arroyuelo, un grupo de jóvenes oficiales esperaban para recibirme, 



CORRESPONDENCIA. 243 

encontrándose entre ellos el coronel Céspedes, hijo del ¡ Presi- 
dente. Terminada la presentación, me informaron que habían 
sido enviados para conducirme a la presencia del Presidente. 
Los seguí hasta llegar á una cabana un poco más grande y algo 
mejor acomodada que sus vecinas, pero no lo suficiente para 
excitar el descontento ni en el individuo más envidioso. 

» Al entrar, un hombre de buen talante aunque un poco ro- 
busto y de estatura menos que mediana, se levantó para reci- 
birme. Uno de los oficiales me dijo : 

— » Este es el Presidente », y al mismo tiempo Céspedes, 
avanzando con la mano extendida, dijo muy correctamente en 
inglés: 

— » Tengo mucho gusto en ver á V. 

» Estuve tentado á ensayar un poco de efecto escénico y dejar 
una frase para la posteridad. Lo cierto es que como otras per- 
sonas en circunstancias semejantes, yo había preparado mientras 
marchaba por entre aquellas rocas puntiagudas, un magnífico 
saludo; pero en el momento crítico, ó me faltó valor moral ó me 
detuvo mi nacional modestia. Nada dije digno de la posteridad; 
expresé sencillamente mi satisfacción de ver al Presidente 
Céspedes gozando de buena salud y le di las gracias por el 
cordial recibimiento que se había complacido en hacerme. 

» El Presidente Céspedes era un hombre de corta estatura y 
poseía una constitución de hierro. Se mantenía notablemente 
derecho. Era nervioso en acción y por temperamento. Sus fac- 
ciones, regulares. Frente alta y bien formada; cara oval, un poco 
desemejada por el tiempo y los cuidados; ojos grises con un 
tinte castaño, lustrosos y penetrantes. La boca y la parte infe- 
rior del rostro, escondidas por un bigote y una barba de color 
gris acero mezclados con algunos cabellos negros. Cuando son- 
reía mostraba dientes extremadamente blancos, y con sólo una 
excepción, notablemente bien conservados. 

» Concluidos los primeros cambios de cortesía, el Presidente 
me presentó al señor Miguel Bravo, secretario de la Guerra, y 
después á los demás miembros del Estado Mayor. Me invitó en- 
tonces á lomar asiento, señalando un taburete hecho de varillas 
toscamente cepilladas y cerca de una mesa, sobre la cual se veían 
algunos folletos relativos á la cuestión cubana y varios números 
del Herald. Libros y paquetes de papeles hallábanse colocados 
de una manera ordenada en el bohío, cuyos muebles únicos 
consistían en una hamaca y una mesa rústicamente hecha con 
varas atadas por medio de la majagua, fibra vegetal que abunda 



244 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

en los montes. Varias maletas arrimadas en un costado del 
rancho, conteniendo el vestuario presidencial, un revólver sus- 
pendido de un cinturón dorado y un rifle Winchester de 16 ti- 
ros, completaban el sencillisimo ajuar de la residencia del Pre- 
sidenta de la República Cubana. 

» Las primeras preguntas fueron acerca de mi enlrada en las 
líneas cubanas, y si los españoles me habían permitido pasar 
libremente. 

» Al saber la amenaza del general Morales de los Ríos, de fu- 
silarme en caso de ser capturado, el Presidente ofreció embar- 
carme para Jamaica en uno de los botes cubanos que constan- 
temente efectúan la traversía. No acepté el ofrecimiento, pues 
había resuelto regresar á través de las líneas españolas, siem- 
pre que algo muy inesperado no alterase mi resolución. Enton- 
ces manifesté el deseo de pasar por las líneas cubanas hasta el 
Distrito de Camagüey, a fin de conocer el estado de toda la in- 
surrección. 

i) El Presidente Céspedes contestó enseguida : 
— « Todas las facilidades para ver y examinar el estado de 
nuestras fuerzas, así como también cualesquiera informe ó pape- 
les que pueda V. necesitar, se pondrán libremente á su dispo- 
sición ». Refiriéndose entonces á mi carta acerca de la esclavitud 
en Cuba, dijo : — « Nos ha gustado mucho esa cartaj porque 
demuestra un deseo ,de presentar el caso de Cuba con imparcia- 
lidad y exactitud... Sin embargo, encierra muchos particulares 
acerca de los cuales le hablaré más larde... LTn rancho le ha sido 
preparado, y como puede V. necesitar de reposo, no lo detendré 
por más tiempo ; espero, no obstante, que me hará V. el favor 
de almorzar conmigo. 

» Habiendo aceptado su amable invitación, me retiré á mi ca- 
sita de hojas para cambiarme el traje. 

)> Al llegar la hora del almuerzo, un ayudante se presentó 
para conducirme á la morada del Presidente. El almuerzo nos 
esperaba, y como no había otro convidado, me senté enseguida 
frente al Presidente. La mesa no tenía más que veinte pulga- 
das de ancho y como dos pies y medio de largo. Debido á las 
irregularidades de. las varas cepilladas, los pocos platos estaban 
un tanto inseguros, y requería bastante atención para no vol- 
carlos. Todo estaba en consonancia con el modesto exterior del 
bohio. La mayor parte de los platos eran de lata, pulidos y es- 
crupulosamente limpios. El almuerzo consistió en un poco de 
carne asada, picadillo, boniatos, maíz cocido, casabe y una es- 



CORRESPONDENCIA. 245 

pecio de pasta también de maiz. Agua pura fué nuestro bre- 
vaje, y en lugar ele café tuvimos que consolarnos con agua de 
mona; es decir, agua caliente endulzada con miel de abejas y 
sazonada con gengibre. Sin embargo, aunque la colación era 
frugal en extremo, fué servida con toda la ceremonia que puede 
esperarse en la Casa Blanca. Si la ocasión no estuvo realzada 
por la pompa y esplendor que acompañan las hospitalidades de 
otros gobernantes más prósperos, poseía, en cambio, una gran- 
deza moral que á mis ojos compensaba, con mucho, la ausencia 
de las pompas mundanales. 

~» Asi que hubimos discurrido acerca del almuerzo, pedi al 
Presidente me diese su opinión relativa á la República Espa- 
ñola. Inmediatamente me preguntó si su existencia había sido 
anunciada oficialmente, y yo le contesté que el general Morales 
de los Ríos había anunciado oficialmente á los cónsules, el día 
que precedió mi salida de Santiago de Cuba, la abdicación de 
Amadeo y el establecimiento de la República. 

» El Presidente empezó á interrogarme respecto á mis opi- 
niones sobre el particular; pero yo le recordé que había venido 
á preguntarle y no á ser interrogado. Ya de acuerdo en este 
punto, me dijo. : 

— c< España no es un país republicano, y la aristocracia mili- 
tar no consentirá jamás el establecimiento de una forma repu- 
blicana de gobierno. El gobierno actual puede vivir algún 
tiempo; pero antes de cuatro meses, verá V. inaugurarse una 
lucha entre los monárquicos y los republicanos. Imposible es 
decir de qué manera la República podrá considerarla causa de 
Cuba; para nosotros la cosa es indiferente, pues nuestros hom- 
bres en armas no aceptarán condición alguna de España que 
no tenga por base el reconocimiento de la Independencia. Muchos 
republicanos prominentes han defendido el derecho á la liber- 
tad; sin embargo, hay una gran distancia de la teoría á la prác- 
tica. Ahora que ellos están, como V. me asegura, en posesión 
del poder, veremos de qué modo obrarán. 

— « Creo que Castelar es opuesto al abandono de Cuba. 

— «Si; Castelar ha falseado sus principios republicanos. No 
hace mucho que declaró que era más español que republicano; 
de suerte que poco podemos esperar de él. 

=— « Pero si España adoptase finalmente una forma republi- 
cana de gobierno, ¿no estaría Cuba dispuesta á reconciliarse 
con ella ? 

— « No puedo decirle cuáles sean los sentimientes do los 



246 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

habitantes de los pueblos; pero sí que los cubanos en armas'no 
aceptarán reconciliación ni pnz alguna con España, excepto con 
la condición de Independencia. De España nos separa un océano 
de agua y tenemos intereses distintos á los suyos; 'nos se- 
para además un océano de sangre y el recuerdo de la crueldad 
innecesariamente empleada por el Gobierno español en los es- 
fuerzos que hace para subyugarnos. La sangre de nuestros pa- 
dres y de nuestros hermanos, la de las familias inermes é inde- 
fensas asesinadas á sangre fría, nos prohiben aceptar jamás 
condición alguna de los españoles ; ellos tendrán que irse y de- 
jarnos en paz, ó continuar la guerra hasta que nosotros este- 
mos todos muertos ó ellos hayan sido exterminados. 

— " ¿Qué sería de la población española en el caso de aban- 
donar España la Isla? 

— « Actualmente miramos á todos los españoles como ene- 
migos y los tratamos como tales; pero si la Independencia de 
Cuba fuese concedida y un tratado de paz celebrado con Espa- 
ña, aquellos españoles que quisieran quedarse recibirían la mis- 
ma protección que los demás ciudadanos; y como el pueblo 
cubano es un pueblo de orden y amante de las leyes, si le fuese 
mostrado solamente que los españoles estaban autorizados, por 
la ley, á quedarse, podrían hacerlo sin temor á ser molestados ». 

— « Alganos individuos han hecho circular la noticia de que 
se había propuesto á España pagarle una cierta suma de dine- 
ro, garantizada por los Estados Unidos, como precio del aban- 
dono de su pretensión á Cuba. ¿Aceptarían los cubanos tal so- 
lución á esta dificultad? 

— « Ninguna proposición autorizada de esa naturaleza ha 
sido hecha; no obstante, si esa. solución fuera conveniente á 
España y la suma requerida fuese razonable, es mi opinión que 
los cubanos estarían dispuestos á aceptar tales términos para 
poner fin á la guerra tan bárbaramente hecha por España. Nos- 
otros deseamos la paz para poder entregarnos á la reconstruc- 
ción de nuestros hogares y á fomentar el bienestar del .país; 
empero, antes que todo queremos nuestra Independencia. Si Es- 
paña continúa la guerra^ lucharemos hasta que el país se con- 
vierta en un desierto, para que España no reciba beneficio algu- 
no de la sangre que inútilmente derrama. 

» Pero yo creo que la opinión pública del mundo no tardará 
mucho en venir en nuestra ayuda. El porvenir se presenta fa- 
vorable para Cuba : los españoles abandonan por todas partes 
sus campamentos del interior, porque ya no tienen la fuerza, con 



CORRESPONDENCIA. 247 

qué defender á todo el país. Es mi opinión que ellos se propo- 
nen retirarse á la costa y tratar de sostenerse allí; pero en 
cuanto nos podamos procurar cañones y organizar de un todo 
nuestro ejército, los atacaremos en las ciudades. Hubo un mo- 
mento, hace un año, en que estuvimos reducidos á terribles ex- 
tremidades : de todo carecíamos: ropas, municiones, armas; 
hoy todo lo tenemos, tomado en gran parte al enemigo. Si la 
guerra continúa, esperamos aprovecharnos de la experiencia 
del pasado, perseverando en nuestro sistema de atacar al ene- 
migo, que tan buenos resultados nos ha producido. La verdad 
es que ahora vivimos del enemigo. Le quitamos ropa y víveres, 
así como también cualquiera otra cosa de que podamos necesi- 
tar. Al principio procedimos con demasiada generosidad, po- 
niendo en libertad á los prisioneros españoles, aun después de 
la proclama del Gobierno español anunciando que todos los que 
fuesen cogidos, con armas en la mano serían fusilados, y hasta 
que las mujeres, capturadas en los Distritos insurreccionados, 
serían sujetas á diez años de prisión ó á ser deportadas á Fer- 
nando Póo. 

» Varias veces he hecho esfuerzos para inducir al Gobierno 
español á seguir la guerra de una manera civilizada; pero sin 
haber obtenido resultados. Los españoles han recurrido, para 
subyugarnos, á los más bárbaros expedientes. Seis comisiona- 
dos distintos han salido de la Habana con la misión de asesi- 
narme. Tres se volvieron habiendo abandonado la empresa, y 
dos de los restantes se supone que han perecido. El tercero fué 
un individuo que se presentó para alistarse en la escolta del 
general Quesada. El aspecto sospechoso de su persona fué cau- 
sa de su arresto, y escondido se le encontró encima un puñal. 
Al ser interrogado, confesó haber sido enviado de la Habana 
con la misión de asesinarme. Naturalmente que en seguida fué 
ahorcado. Estas circunstancias demostrarán á Y. hasta qué ex- 
tremo son capaces de proceder las autoridades españolas. Me es 
grato hacer constar que durante los cuatro años que cuenta la 
insurrección, no se ha hecho ninguna tentativa seria contra mi 
existencia, aunque vivo, como V. puede ver, sin precauciones. 
Todos pueden entrar aquí libremente. De noche un solo centi- 
nela hace guardia ante mi puerta. 

« Entonces pregunté cuál sería el número de los cubanos en 
armas, y me contestó : — « Eso es algo difícil de precisar. Debido 
al estado de desorganización á que hace un año fuimos reduci- 
dos, bastante desorden se introdujo en nuestros asuntos, y 



248 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

tanto la dificultad de comunicar con los jefes, como la absoluta 
carencia ele papel y -tinta en que hacer las comunicaciones, ha- 
cían imposible a los generales el envío de los cómputos nece- 
sarios. Hubo un tiempo en que no teníamos ni un pedazo de 
papel del tamaño de este sobre en que es'cribir una comunica- 
ción, viéndonos obligados á hacerlo en hojas de árboles; pero 
hablando generalmente, yo creo que debemos tener en el terre- 
no do la lucha de diez a doce mil hombres armados, con un 
número casi igual de convoyeros y sirvientes que prestan ser- 
vicio al Ejército. El número de nuestras tropas está sujeto, ade- 
más, á grandes fluctuaciones. En los momentos de derrota 
muchos soldados se dispersan ó desertan; en cambio, cuando se 
alcanza un triunfo cualquiera, el Ejército es aumentado repenti- 
namente y de una manera extraordinaria. Últimamente hemos 
recibido considerables refuerzos procedentes de las filas espa- 
ñolas, principalmente de voluntarios cubanos, muchos de los 
cuales se nos han pasado con sus armas y municiones. En una 
carta recibida há poco, se me informa que en el' Distrito de Ba- 
yamo se nos han presentado cuatrocientos voluntarios, casi 
todos blancos, y que una gran parte de éstos ha traído consigo 
sus armas. Lo mismo sucedió en Mayarí después de nuestro 
ataque. Creo que con el tiempo todos los voluntarios cubanos 
se pondrán de nuestro lado contra España. Si esto sucede, nues- 
tro triunfo estará asegurado. 

« Por espacio de algunas semanas viajé con Céspedes á tra- 
vés de los más extraños y salvajes escenarios que me ha cabi- 
do en suerte contemplar, y tanto me impresionaron los sacrifi- 
cios y la consagración del Presidente y del grupo de hombres 
que lo rodea, que si yo hubiera sido contrario á la causa de 
Cuba, la paciencia con que arrostran las penalidades y hasta a 
carencia absoluta de todo, me hubiera convertido, haciendo de 
mí un amia;o ». 



Cajauiza, Manzanillo, Marzo 30 de 1871. — Señora Ana Que- 
sada de Céspedes. — Mi muy querida esposa: 

Emprendimos marcha (1) el 12 á las seis y media de la maña- 
na, viniendo O'Kelly en nuestra compañía. Fuimos bajando las 



(1) De Cambute. — JV. del A. 



CORRESPONDENCIA. 249 

montañas y padecimos bastante con las continuas lluvias, que 
sin embargo proporcionaron ocasión de que O'Kelly viera 
nuestra rápida manera de acampar y las facilidades que el 
mismo país nos brinda para librarnos de la intemperie. Tam- 
bién vio que por todo el camino encontrábamos variados y 
abundantes alimentos. No tuvo más percance que haber caído 
varias veces del caballo. El 14 llegamos á El Corojo, finca muy 
inmediata á Guisa, donde estaba acampada en una casa anti- 
gua la fuerza del Teniente Coronel Emilio Noguera, que nos 
aguardaba. Aquella noche un soldado cubano hizo desternillar 
de risa á O'Kelly, representándole escenas grotescas de cos- 
tumbres. Éste le quiso regalar un doblón; pero el soldado no 
consintió, á fuerza de instancias, en otra cosa sino en que el 
mismo O'Kelly lo diera en su nombre á alguna cubana pobre 
emigrada en Nueva York, rasgo que fué muy aplaudido (1). 

Salimos al día siguiente antes de las seis de la mañana, y 
después de varias peripecias nos reunimos el 19 con el Gene- 
ral Díaz en el punto donde te escribo. Hemos andado por 
terrenos llanos, anchas y limpias sabanas, pisando las huellas 
del enemigo y acampando á corta distancia de sus puestos 
fortificados, cuyos recursos les hemos extraído sin que se 
atreviera á estorbarlo ni á seguirnos. Ahora estamos situados 
en una posición muy fuerte y elevada, desde cuya cima se 
disfruta de un magnifico panorama que al N. E. tiene por lí- 
mites la bahía de Manzanillo. 

Aquel jefe en estos últimos días' ha tenido con los españoles 
varios encuentros en que les ha causado pérdidas de hom- 
bres, armas y efectos; pero es escandaloso ver cómo lo ocul- 
tan todo. Tenemos á la vista un parte en que describen esas 
acciones, y comparado con el nuestro, que es la pura verdad, 
se parecen como el día á la noche. 

Afortunadamente de los pueblos nos mandan á decir el nú- 
mero de muertos y heridos que han tenido esos asesinos im- 
postores. Ellos siguen en el mismo modo bárbaro de hacernos 
la guerra á pesar de su República, nombre sagrado que se han 
atrevido á profanar. 

En estos momentos ha llegado el parte de que las fuerzas 
cubanas han destruido los poblados de Sevilla Arriba, Agua- 
cate, Ojo de Agua y Alegría en Bicana, el 6 del corriente, sin 



(1) Todos estos detalles, lo mismo que los que siguen, los da tam- 
bién O'Kelly. — N. del Á. 



250 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

h aber sufrido ninguna baja. Casi todas estas operaciones se 
ejecutan ahora en combinación con los movilizados, que cada 
día se muestran más favorables á nosotros. Hasta las personas 
más influyentes están tomando el mismo camino, y pronto no 
habrá más que hermanos. 

General es el sentimiento que veo domina á los cubanos por 
los lugares que voy visilando respecto á los resultados que 
pueda producir aquí la proclamación de la República en Espa- 
ña. Todos opinan que en Cuba no debe haber más idea que la 
de la Independencia. 

O'Kelly debe separarse pronto de mí para marcharse á los 
Estados Unidos. Sentiría mucho que los españoles le hiciesen 
algún mal tratamiento, conforme á la amenaza que le dirigió 
Morales de los Ríos; pero parece increíble que tal cosa suceda. 

Viernes 21. 4 — Con O'Kelly te escribo una carlita que me pi- 
dió para presentártela como fe y prueba de que había llenado 
su cometido. 

Sábado 22. — En este mismo momento acaba de llegar el 
parte' de que los nuestros han tenido un reñido combate en los 
Machos con los españoles, retirándose éstos con grandes pér- 
didas : sacamos 6 oficiales heridos. En seguida se pronuncia- 
ron á nuestro favor los campamentos del Congo, ámenos de 
dos leguas de Manzanillo, y Calicito, junto á La Demajagua, tra- 
yendo éstos preso al Comandante español, con sus armas y 
pertrechos, familias, raciones, etc. Va por grados hundiéndose 
la tiranía española, y los bayameses son los que empiezan á 
darle los últimos golpes. 

Los Mangos, Abril 17. — O'Kelly se separó de mí el 24 de Marzo 
último: salió con el General Díaz para embarcarse por Manza- 
nillo, donde fué introducido el 31 y se presentó al Teniente Go- 
bernador acompañado del Cónsul inglés. Aquél se llenó de ira, 
los catalanes pidieron su cabeza y fué puesto preso en el fuerte 
Gerona. Se le siguió causa y el 10 de este seguía prisionero, 
corriéndose que lo matarían los españoles, en lo que puede 
haber lugar á duda, aunque es bien conocida su ferocidad. Como 
en nuestro campo se manejó dignamente, todos lamentamos su' 
suerte y confesamos su mucho valor y resolución. Los españo- 
les tal vez se hayan apoderado de sus papeles y procedan á des- 
truirlos; pero aunque así suceda, ó aunque O'Kelly no informe 
á favor nuestro, ¿ qué puede decirse que sea más elocuente que 



CORRESPONDENCIA. 251 

los mismos hechos? ¿Quiénes son los bárbaros, los bandidos? 
¿Nosotros, que acogemos, agasajamos y protegemos álos extran- 
jeros, ó los españoles, que los 'persiguen, encarcelan, expulsan 
ó degüellan? 

Recientemente han perseguido á balazos a un bote lleno de 
náufragos, 'haciendo prisionero al Capitán del buque y su es- 
posa. 

El día 6 nos trasladamos á Colorado por cierto aviso que re- 
cibimos, y allí se nos incorporaron Javier y Ricardo (1) con las 
fuerzas de su mando que iban á acompañar al General Díaz en 
la operación que dio por resultado la destrucción completa de 
los ingenios fortificados Esperanza y Rosario, á dos leguas de 
Manzanillo. 

El 8 me presentó un oficial una bonita escribanía de plata, 
que quitó al Brigadier Menduiña en el combate de Jucaibama. 

Sábado 19. — El día 10 supimos que los españoles habían des- 
cubierto en Yara una vasta conspiración, y estaban cometiendo 
sus ordinarias tropelías. Muchos de los complicados se habían 
echado fuera, y yo hablé con uno de ellos. Esa gente está todavía 
muy acobardada : todos odian á los españoles, pero siendo tan 
superiores en número, no se atreven á atacarlos en las pobla- 
ciones. Así es que los enemigos, ya sumamente desconfiados, 
los están desarmando por grados. Es verdad que esto siempre 
nos favorece. 

Al siguiente día salimos á reunimos con Díaz, y en el trán- 
sito tuve el gusto de volver á ver muchos lugares donde pasa- 
ron las primeras escenas de la Revolución. ¡ Qué gloriosos re- 
cuerdos y qué gratos, después de tantos trabajos y tantos años 
de lucha! 

El 12 llegamos á la Bermeja, habiéndose adelantado á reci- 
birnos el General con su séquito. Cuando entramos en la ca- 
rrera de las tropas, prorrumpieron éstas en atronadores vivas 
á mi persona, que yo contestaba vitoreando á la República y al 
Ejército. Pero cuando me desmonté del caballo, la escena fué 
estrepitosa y conmovedora. 

Había muchas familias de las que han salido huyendo de los 
españoles. Todas se tiraron sobre mí. Los hombres me agarra- 
ban las manos, pidiéndome perdón, las mujeres me estrechaban 



(1) El mayor general Francisco Javier y el coronel Ricardo Céspe- 
des, hermano y sobrino respectivamente del caudillo. Ambos residen 
hoy en Manzanillo. — N. del A . 



252 CAULOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

en sus brazos, dando gracias á Dios porque habían vuelto á 
verme : todos hablaban, reían, lloraban al mismo tiempo. Yo 
recibí con el mayor agrado sus demostraciones de afecto, y allí 
olvidé un instante muchos de mis dolores. Tuvieron luego baile 
dos noches seguidas y me fué forzoso asistir á ellos en las pri- 
meras horas. 

El 14 nos separamos todos. Las familias se dirigieron á las 
localidades escogidas para su residencia : los militares marcha- 
ron á sus operaciones, y el Gobierno salió para el campamento 
que hoy ocupa y adonde llegamos el 15. 

El 17 se presentó con una escolta nuestra Mr. Millen, otro 
corresponsal del New York Herald y empleado en la aduana, con 
licencia. Este individuo", después de haber viajado con las co- 
lumnas españolas, estuvo en el campamento del General García 
Iñíguez, en que presenció dos ó tres peleas y parece quedó sa- 
tisfecho del valor y táctica de los cubanos (1). 

Con él llegó una escasa correspondencia del extranjera y tu- 
vimos noticias de que la reacción sigue progresando en todo el 
territorio, presentándose por donde quiera familias y hombres, 
algunos cargados de armas y pertrechos y anunciando la salida 
de otros; de suei'te que si así continúa, pronto no queda ni un 
cubano con los españoles, especialmente en Oriente. No falta 
mas sino que nos lleguen recursos que nos permitan presentar- 
nos delante de los pueblos, y éstos quedarán vacíos. 



Julio 2 de 1873. — Señora Ana Quesada de Céspedes. — Mi 
muy querida esposa : Están en mi poder tus afectuosas de 20 
de Febrero y 28 de Marzo del corriente año, por las que veo con 
la mayor satisfacción que la familia sigue con salud y tranqui- 
lidad, esperando el día dichoso en que coronados xon la victo- 
ria los esfuerzos de los verdaderos patriotas, tengamos el gusto 
de vernos reunidos en nuestro suelo natal, ya libre de sus tira- 
nos y preparándose.,para reparar sus pérdidas en la paz, el or- 
den y el trabajo ; risueña perspectiva que embriaga de alegría 
los corazones de los buenos, pero que los malos se empeñan en 
nublar con la conducta que observan y los funestos pronósti- 
cos que de ella se desprenden para lo futuro. 



(1) Asi lo manifestó en todos sus artículos publicados en The New 
York Herald. — N. del A . 



CORRESPONDENCIA. 253 

¡Ya ves el manejo que en la emigración han adoptado algu- 
nos cubanos mal aconsejados! Pues lo mismo hacen aquí sus 
iguales : hombres que no consideran el daño que se sigue de 
las divisiones, y que arrastrados por sus ambiciones, rencillas 
y otras ■ miserables personalidades, no ven más patria ni más 
libertad que la satisfacción de esas viles pasiones, poniéndonos 
á cada momento con sus imprudencias á dos dedos de la guerra 
civil, aun no acabada la de Independencia. No hace mucho que 
habían forjado los más malignos planes, contando con el di- 
funto Agramonte, no sé con qué fundamento, y para lograr su 
objeto estaban soplando la discordia en todos los corazones, 
valiéndose de cualquier pretexto ; pero la rectitud de mi proce- 
dimiento les había desbaratado gran parte de sus maquinacio- 
nes, cuando la desgracia de aquel General vino á echarlas todas 
por tierra. Sin embargo, ellos no desisten y hoy fraguan algo 
malo que todavía no he podido penetrar. 

Nosotros triunfaremos de los españoles, es indudable, pero 
será á costa de mayores sacrificios y más tarde que si no se 
observara una conducta tan criminal; porque los enemigos, en 
vista de nuestra unión y sensatez, perderían más pronto la es- 
peranza que probablemente el espectáculo de esas miserias ali- 
menta en perspectiva de una disolución funesta de los elemen- 
tos que están combatiendo su dominación en Cuba. Y los que 
sufrimos las consecuencias de todas estas luchas, los que ago- 
tamos nuestra virilidad en el cuidado y en el insomnio, los que 
sentimos sobre nuestra cabeza el gran peso de los años y á la 
ira délos enemigos estamos expuestos, pereceremos de un modo 
ú otro en la contienda. 

Días hace, querida Anita, que estoy muy triste y me ator- 
menta esa terrible idea; pero no creas por eso que desmayo, 
ni me desaliento en mi empresa, que creo asegurada, sino que 
los disgustos son numerosos. Por eso me ha servido de mu- 
chísima complacencia la descripción que me haces de mis 
idolatrados hijitos. Con ella he gozado como si estuviera vién- 
dolos; y ese será mi único gusto, mi único consuelo, porque 
yo no los veré nunca; moriré sin tenerlos en mis brazos, 
sin conocerlos siquiera más que por mudos retratos. Sin em- 
bargo, estoy resignado á todo. 

- Muchísimo me alegraría que el Sr. Zambrana siguiese siem- 
pre por el buen sendero y que tuviese bastante autoridad para 
atraer á él á todos los cubanos descarriados; pero aquí corren 



254 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

de él varias versiones y me temo de que sea arrastrado en el 
vértigo común. Por su propio crédito debe él trabajar en el 
sentido de reconciliar- los ánimos en beneficio de Cuba. 

Gomo los españoles han mentido tanto en lo que han contado 
de los encuentros habidos en Bayamo y Manzanillo, voy á ha- 
certe una sucinta relación, empezando por decirte que es falso 
que hayamos peleado por la necesidad de escaparnos, que nos 
han dispersado, etc., etc. 

Con miras de tomar una ú otra de esas poblaciones, mandé 
concentrar en el Distrito de Bayamo, á corta distancia de esta 
ciudad, la División de su nombre y las de Cuba, Holguín y 
Tunas. Todas, menos la última, concurrieron al lugar designado 
con tal exactitud, que el día 25 de Mayo entrábamos en la ha- 
cienda Carao, unos por un camino y otros por otro. 

Supimos que el enemigo, penetrado de nuestro movimiento 
por algún prisionero, había concentrado también sus fuerzas, 
guarneciendo las dos plazas y lanzando al campo columnas que 
observasen ó atacasen á las nuestras, valiéndose de las venta- 
jas que le dan su número, disciplina y armamento. Para ver lo 
que ellos intentaban y estar á punto de caer sobre el que más 
conviniera, nos trasladamos á Bigüela, cerca de dos leguas de 
Yara, posición fuerte y en que amenazábamos á la vez á Yara, 
Manzanillo y Bayamo. Los españoles nos siguieron, y el 1.° de 
Junio se presentaron en nuestra avanzada de Guasumabo, ó 
Sabana Larga de Manacal, donde se hallaba el Teniente Coronel 
Emilio Noguera con 60 hombres de su batallón. Dos veces lo 
atacaron, haciendo uso del cañón, y otras tantas fueron recha- 
zados á pesar de su incomparable superioridad numérica. Cuando 
esperábamos que penetrasen hasta donde estaba el grueso de 
nuestras fuerzas, supimos con asombro que se retiraban contal 
velocidad, que fué imposible darles alcance á los batallones más 
ligeros de nuestra columna. Dejaron sepulturas y varios efec- 
tos, y al día siguiente se nos dio aviso de que habían tenido 
45 bajas, entre ellas un jefe. Nosotros tuvimos un muerto y 
tres heridos, no habiendo hecho sus 16 cañonazos más efecto 
que matar una jutía que sirvió de almuerzo á uno de nuestros 
soldados. 

Al día siguiente salió de nuestro campamento el Coronel 
Juan Fernández Buz, con una columnita para efectuar un mo- 
vimiento de diversión por Bicana, y llegó á la Bermeja en los 
momentos en que se proponía atacarla el Teniente Coronel 



CORRESPONDENCIA. 255 

Mo ntan er, porque había sabido que allí no se encontraba más 
que una pequeña fuerza custodiando familias. Sin duda se 
figuró que allí iba á reproducir sus hazañas de Santa Cruz; 
pero sacó la cuenta sin la huéspeda. El día 3 se trabó el com- 
bate, y á las dos arremetidas se pusieron en fuga los españoles, 
dejando 8-2 muertos con sus armas y llevando 97 camillas; 
nuestras pérdidas consistieron en 4 muertos y 13 heridos. Los 
enemigos hicieron uso de su artillería. Supimos luego que ha- 
bían entrado en Manzanillo 116 heridos. 

Domingo G. — Gomo he estado ocupadísimo en estos días, y 
como has de ver en los periódicos los partes de las operacio- 
nes de Bayamo, omito seguir haciéndote relación de ellas. 

Viernes 18. — Rafael llegó á la Isla en la noche del 6 al mis- 
mo lugar en que nuestras fuerzas lo estaban esperando; pero 
tuvo la desgracia de que se le rompieran los botes y no pudo 
desembarcar más que una parte del cargamento, que es de 
buena calidad. Se retiró, y sólo hemos sabido después que an- 
tier se oyeron cañonazos por la costa. 

Yo no pude ir en persona, porque el camino era largo y su- 
mamente escabroso, de suerte que siempre llegaría tarde. 
Mandé á Garlitos, y éste me trajo una maleta con los objetos 
siguientes : 



Cuba Libre, Agosto 9 de 1873. — Señora Ana Quesada de 
Céspedes. — Mi muy querida esposa : 

Puedes asegurar que es falsa la carta que se dice dirigida 
por rní al Herald, respecto á anexión. 

Te doy gracias por lo que me dices que me tienes preparado; 
pero de aquí en adelante no quiero que me mandes nada. 
Guárdalo todo para ti y los chiquitos. Yo estoy satisfecho con 
lo que tengo. Vivo en una choza ó á la intemperie. Como lo que 
me dan. Ando vestido y calzado de una manera grotesca, pero 
honesta. No tengo necesidades. Hasta ahora me defiende la 
lealtad de los que me rodean ; el día que me falte, no sabré 
morir peor que Ayestarán. 

Trabajo sin descansar para Cuba. No puedo asegurar que lo 
haga con acierto, pero es coa buena fe. Procuro proceder im- 
parcialmente en mis resoluciones, y que haya orden y justicia. 



256 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

Jamás transigiré con los españoles, sino bajo la base de nuestra 
Independencia. Más no puedo hacer. 

Muchísimo me alegraré de que Manuel logre conciliar las 
voluntades y por ese medio preste eminentes servicios á Cuba 
en el extranjero, haciendo que las naciones nos reconozcan y 
sobren medios de vencer a los españoles, que es lo que 
hasta ahora nos ha faltado. Entonces, para estar contento, no 
necesitaría más sino que otro hombre igual se hiciera cargo en 
Cuba de la Presidencia y yo pudiera descansar de tantas per- 
secuciones y calumnias. 

Al Marqués le di las noticias de familia que contienen tus 
cartas y le ofrecí mis servicios. Con esto, y que supo que la 
muerte de Agi-amonte me había afligido mucho, pareció que se 
había arrepentido de sus maquinaciones ; pero la ilusión duró 
pocos días. 

Se ha reformado el Gabinete. Cesa Lucas del Castillo por en- 
fermo. Bravo pasa á desempeñar la Secretaría de Estado, y 
para la de Guerra he nombrado al General José Miguel Barreto, 
venezolano muy conocido que llegó en el Virginius á ayudarnos 
con mucho desprendimiento. Es hombre instruido y general- 
mente ha simpatizado con los que lo han visto. De aquí no ha- 
bía á quién elegir, porque todos están empleados en algo in- 
dispensable. Temen también el puesto por las críticas de los 
diputados, que nada hacen, viven donde saben que abundan 
más los recursos y no se ocupan sino de censurar las acciones 
de los demás. Ahora están por la Guinea de Arroyón, en Ji- 
guani, con una escolta que me pidieron. 



En el Arroyón, á los veinticuatro días del mes de Septiembre 
del año de mil ochocientos setentitrés, se reunieron para 
celebrar Consejo de Gabinete los C.G. Carlos Manuel de Céspe- 
des, Presidente déla República, Mayor General José Miguel Ba- 
rreto, Secretario de la Guerra, Doctor Miguel Bravo y Sentíes, 
Secretario de Estado, y el del Consejo, C. M. de Céspedes y 
Céspedes, abriéndose la sesión con la lectura del acta anterior, 
que fué aprobada. — El G. Presidente manifestó que en varias 
actas del Consejo de Gabinete constaba que en distinta ocasio- 
nes había querido renunciar el cargo que ejerce en la Repú- 



CORRESPONDENCIA. 257 

blica, no deseando conservarse en ese puesto ni mucho menos 
imponerse á la voluntad del pueblo: que habiendo llegado re- 
cientemente ásu noticia que la Cámara de Representantes pen- 
saba reunirse con el propósito de invalidar sus actos y depo- 
nerlo de la Presidencia, deseaba que los G.G. Secretarios expre- 
sasen su parecer libremente sobre la conducta que debía adop- 
tar en este particular. Los referidos C.C. Secretarios opinaron 
que no consideraban oportuno ni beneficioso al país que el 
G. Presidente se retirase de la dirección délos negocios nacio- 
nales, porque serían inmensos los perjuicios que se originarían 
con ese paso a la causa de la Independencia de la Patria, no 
creyendo que la Cámara adoptaría la resolución de deponerlo 
de la primera Magistratura, pues ella ha de estar interesada 
más que nadie en el triunfo déla Revolución; pero que consi- 
deraban conveniente que tuviese escrita su dimisión para que, 
si desgraciadamente llegaba ese caso, se hiciera uso de ese do- 
cumento que pondría al C. Presidente á cubierto de todo veja- 
men que se le quisiera inferir con su deposición. — Con lo que 
concluyó el acto, que firman para constancia el C. Presidente y 
el Secretario del Consejo. — Céspedes. — C. M. de Céspe- 
des y C. 



Si en Enero de 1872, y á pesar de la obstinada resistencia del 
Gobierno español á regularizar la guerra, expedí una circular 
en la que, interpretando los sentimientos del pueblo cubano, 
resaltan los principios de humanidad que siempre lo han dis- 
tinguido, hoy que una serie no interrumpida de triunfos en la 
opinión del mundo, y de victorias alcanzadas sobre el enemigo, 
permiten dar más latitud á nuestras tendencias civilizadoras é 
hijas de nuestros principios democráticos, y teniendo presente 
los buenos resultados obtenidos con la circular citada, he creído 
conveniente multiplicar las reglas en ellas contenidas. 

Por tanto, en uso de las facultades legislativas de que rae 
hallo investido, prevengo á los señores jefes militares y demás 
autoridades, cumplan y hagan cumplir exacta y fielmente todos 
y cada uno de los artículos del presente 

DECRETO 

Articulo 1.° — Los enemigos que se presenten con armas ó 
sin ellas á nuestras autoridades, serán acogidos con toda la con- 

17 



258 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

sideración que la espontaneidad y naturaleza de ese acto re- 
aclama. 

Artículo 2.° — A los enemigos presentados que ingresaren en 
nuestras filas, se les reconocerán los grados militares que justi- 
fiquen ; los que al ingresar en ellas hubieran hecho algún acto 
extraordinario, serán ascendidos al grado que merezca el servicio 
que hubieren prestado. 

Articulo 3.° — Los que fueren hechos prisioneros, ya sea que 
se les quiten las armas, ya que las depongan, hallándose ó no en 
aptitud de hacer efectiva resistencia á nuestras fuerzas, serán 
tratados con la dignidad que corresponde, sin causarles la menor 
vejación, pudiendo, si no ingresaren en nuestras filas, ser can- 
jeados por prisioneros cubanos, despedidos dando su palabra de 
honor de no tomar las armas contra la República de Cuba 
durante la actual contienda, quedar en el país destinados á tra- 
bajos de agricultura ó industria, ó ser embarcados para el 
extranjero. 

Artículo 4.° — Será honor de los jefes y oficiales cubanos 
tratar -á los jefes y oficiales enemigos, hechos prisioneros, con 
la consideración debida á su categoría militar. 

Artículo 5.° — Si los presentados ó prisioneros fuesen ciuda- 
danos cubanos y hubiesen cometido algún delito común en el 
territorio de la República, desde el planteamiento de la actual 
forma de gobierno, serán sometidos á un tribunal que, apre- 
ciando la presentación como causa atenuante, no podrá impo- 
nerles la pena de muerte. 

Artículo 6.° — A los enemigos hechos prisioneros se les respe- 
tarán todas las prendas de su vestuario, quitándoles sólo los 
caballos, armas y municiones de guerra. 

Artículo 1.° — En los asaltos de poblaciones, campamentos ó 
caseríos, no se quitará la vida á ninguna persona pacífica, y 
especialmente se respetarán los ancianos, inválidos, niños y 
mujeres de cualquier nacionalidad ; sin compeler en ningún caso 
á las familias á venir con las fuerzas cubanas. 

Artículo 8.° — Todo jefe ú oficial que opere con independencia 
al frente de una fuerza ó destacamento, queda autorizado para 
conceder capitulación de la vida á los enemigos, obrando siempre 
con arreglo á las instrucciones que haya recibido de su jefe 
superior. En los demás casos se ceñirá á lo que dispone la 
circular de 23 de Junio de 1870. 

Artículo 9.° — Ningún jefe ú oficial consentirá, bajo su más 
estrecha responsabilidad, que se infrinjan estas disposiciones, 



CORRESPONDENCIA. 259 

y menos que se quite la vida á ningún individuo, fuera del ardor 
del combate, sin las formalidades prescritas. 

Articulo 10.° — Los contraventores de estas disposiciones se- 
rán castigados con pena déla vida. El jefe ú oficial que, pudien- 
do, no impidiere la contravención, ó que después no diere parte, 
ó no procediere á su averiguación y castigo, será depuesto de 
su empleo. 

Articulo 11. ° — Quedan derogadas las resoluciones conteni- 
das en la circular de 1.° de Enero de 1872. 

Artículo 12.° — Estas disposiciones serán leídas una vez al 
mes en cada una de las Brigadas del Ejército, y siempre que se 
fuere á entrar en acción formal ó se procediere al asalto de 
plazas ó campamentos enemigos. 

P. y L. — Dado en la Residencia del Ejecutivo, á los veinti- 
séis días del mes de Agosto de mil ochocientas setentitrés. 

El Presidente de la República. — Carlos Manuel de Céspe- 
des. — Refrendado por el infrascrito, Secretario de Estado. — 
Miguel Bravo y Senties. 



Arroyón de Jiguaní, Setiembre 25 de 1873. Mi querida esposa : 

Desde hace días está anunciándose la reunión de la Cámara, 
para chocar conmigo y llegar tal vez hasta la deposición. Parece 
que hoy ha celebrado una sesión para asegurarse una escolta. 

Yo estoy procediendo con la mayor prudencia, sin precipitar 
acontecimientos que puedan ser prejudiciales á la Patria. No 
me encuentro culpable de nada. Creo, si no es injusto, que el 
país ha ganado y está conforme con mi administración; pero 
de todos modos, sea que se lancen á deponerme, sea que yo. 
presente mi renuncia para evitar un vejamen, cuando con ese 
acto no comprometa mi honor ni los destinos de la Patria, estoy 
resuelto á no salir de la legalidad ni contrarestar la voluntad 
del pueblo. Si mi suerte es no poder seguir sirviendo á Cuba 
en el- puesto en que me colocó, creo que aquí seré perjudicial 
hasta involuntariamente, y contra mis más íntimos deseos me 
marcharé al extranjero, donde quizás seré de alguna utilidad a 
la Patria. Será un nuevo cáliz que tendré que apurar; pero al 
menos, mis huesos volverán á descansar en mi amada Cuba. 

Como es probable que si no logro conjurar la tempestad, al 
recibo de ésta ya no sea Presidente, bueno sería que se arre- 



260 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

glasé con Rafael que venga á buscarme en un vapor en el día y 
punto que señale con anticipación, aunque no traiga carga. Para 
esto es necesario que calcule con ventaja el día en que pueda 
llegarme su aviso desde Kingston á Cambute (20 días) y el 
tiempo que yo gaste en constituirme en el paraje señalado 
(,15 días) para que ni yo falte á la cita, ni el vapor tampoco. 
Entretanto, puede ir de aquí contraorden. 

Este aviso no debe preocuparte. Era esperable : los pueblos 
son más ingratos que los reyes. Deben ser servidos con desin- 
terés. No por eso se enfríe nuestro amor a Cuba, ni el deseo 
de librarla de sus opresores. 

La trama está llevada aquí por el Marqués y Fernando For- 
naris, de acuerdo con Villegas y otros en el extranjero. Esto es 
lo que aparece. El pretexto es que el pueblo está descontento 
con mis (supuestos) abusos y torpezas. No les faltan adheren- 
tes; pero dudo que sean muchos ni de gran valer. Mis amigos 
(los de Cuba) merodean; pero por mi causa no se regará sangre 
en el suelo patrio. 

La legislatura se ha abierto con una crisis. El Marqués ha 
presentado la renuncia de la Presidencia de la Cámara. Se ig- 
noran los verdaderos motivos; pero se dice que porque los 
compañeros lo acusaban (á la sordina) de agitar mi deposición 
para conseguir la presidencia de la República. 

Día 28. — A. moción del Marqués y Tomás Estrada, han sido 
expulsados de la Cámara, Zambrana y Peña. Trujillo los atacó 
con la misma virolencia que á mi, y está pendiente un voto de 
censura en su contra. 



Somanta y Octubre 11 de 1873. — Señora Ana Quesada de 
Céspedes. — Mi muy querida esposa: Hasta hoy no ha procedi- 
do la Cámara á la deposición; pero me ha dado toda clase de 
muestras de hostilidad, y por último, no ha querido acompañar- 
me á este lugar, donde hemos celebrado el aniversario del 10 de 
Octubre. 

He hablado con algunos jefes militares y me han dicho que 
el Ejército no está conforme con mi separación; pero yo pienso 
que esto se aclare, porque como los contrarios dicen que la 



CORRESPONDENCIA. 261 

desean el pueblo y el Ejército, yo no espero más que cerciorar- 
me para cubrir mi responsabilidad y dar mi renuncia. 

En la noche del 9 del corriente calmó la lluvia que había rei- 
nado por el día, y el campamento se iluminó espontáneamente 
con hachones de cuaba. Se formó la tropa frente á mi morada y 
dio vivas á la Independencia y al Presidente de la República. 
Yo los arengué luego, encomiando sus virtudes y ofreciéndoles 
el laurel de la victoria, y concluí vitoreando á la Libertad é In- 
dependencia y al Ejército Libertador de Cuba. Acabó la función 
con bailes y cantos populares que duraron hasta bien tarde. 

El día 10 amaneció más lluvioso que el anterior; pero no 
obstante, las corporaciones me felicitaron con arengas adecua- 
das. En mi contestación recomendé á todos la unión, la sensatez 
y la vigilancia contra las maquinaciones del enemigo. Les ma- 
nifesté mi deseo de ver pronto confirmadas mis esperanzas de 
que las circunstancias me permitan abandonar este puesto que 
me han confiado por su benevolencia y en que no quiero per- 
manecer sino mientras sea útil, ó la voluntad del pueblo así lo 
disponga. Como serenó el tiempo, se repitió la iluminación, y 
además de haber colocado desde por la mañana dos banderas 
cubanas en cada uno de los extremos del campamento, se eri- 
gió una tribuna adornada con los colores nacionales, en la cual 
usaron de la palabra todos aquellos que llamaba la concurren- 
cia. Sucedió que algunos encomiaron mis servicios y entonces 
me obligó el pueblo á ocupar la tribuna, á la que me acompañó 
un gran número de los personajes más distinguidos, vitoreán- 
dome todos al presentarme. 

Les hablé de las emociones que nos agitaban en las vísperas 
del 10 de Octubre de 1868 y de la resolución final que tomamos 
en ese gran día, cuando consideramos que á pesar de todo, de 
ello iba á brotar la libertad de más de un millón de esclavos 
negros y blancos, concluyendo con los gritos que nos guiaban 
al lanzarnos á la Revolución: — ¡Viva Cuba! ¡Muera España! 

Estos fueron contestados en medio de estruendosos aplausos y 
bajé de la tribuna á las voces de — c ¡Viva el Presidente de la 
República! ¡ Viva Carlos Manuel de Céspedes! » Me dominabaun 
sentimiento de gratitud completo. Acabados los discursos, saca- 
ron en triunfo el pabellón cubano, que portaba el General Ba- 
rreto, y lo llevaron á varias casas entonando himnos de guerra 
cubanos. Frente á la mía echaron vivas á la igualdad, á mí y á 
otros jefes, á lo que respondí dándoles las gracias y vitoreando 
á la bandera cubana, al General Barre'o y á la juventud de 



262 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

Cuba. Nadie, más que yo, se contrajo á la Cámara de Repre- 
sentantes. 

Acaba de llegar el parte de una gran victoria. El Mayor Ge- 
neral Calixto García Iñíguez, Jefe del 2.° Cuerpo (Departamento 
Oriental) estaba acampado en Santa María y San Antonio, pasado 
San Andrés, en la línea occidental de Holguín. Tenía á sus ór- 
denes 200 hombres de la 2. a División de su Cuerpo, y 200 de 
la 1. a División del 1 er Cuerpo, á las órdenes de su Jefe, el Mayor 
General Francisco Javier de Céspedes. La columna española 
de 600 hombres que lo perseguía desde la toma de la trinchera 
de Güirabo, se presentó repentinamente el 26 de Septiembre 
próximo pasado, y atacó al Batallón Presidente N.° 3, mandado 
por el Teniente Coronel Enrique Céspedes, que la cargó hasta 
consumir su parque. El enemigo avanzó hasta cerca de la es- 
colta del General Céspedes; pero fué heroicamente rechazada 
por el Batallón Bayamo N.° 4, al mando del Teniente Coronel 
Mariano Domínguez, el que fué reforzado por el Batallón Maya- 
rí N.° 18, á las órdenes del Teniente Coronel Ángel Guerra, 
extendiéndose un fuego terrible por toda la línea, que duró des- 
de las diez de la mañana hasta más de la una del día, sostenido 
con constancia por ambas partes y dando por resultado la fuga 
de los españoles, quienes entonces se vieron perseguidos y des- 
trozados completamente por los cubanos, que se lanzaron al 
machete, finalizando su obra la caballería de Bayamo y Hol- 
guín. Los enemigos dejaron en el campo de batalla más de 300 
muertos, 150 caballos entre vivos y muertos con sus monturas, 
todo el convoy, como 30,000 tiros, más de 300 Remington, un 
buen botiquín, dos magníficos estuches de cirujia y otros efec- 
tos. Quedaron prisioneros el jefe de la columna, Coronel D. Án- 
gel Gómez Diéguez (alias El Chato), muy renombrado por su 
valor y crueldades, herido de cuatro balazos; el Comandante 
Macías y otros oficiales, también heridos de gravedad. Entre 
sus muertos se encuentra el famoso práctico y asesino Capitán 
D. Juan Fermín Silverio. Por los montes vagaban algunos dis- 
persos que probablemente habrán caído en nuestro poder. Tu- 
vimos 12 heridos y 6 muertos, entre éstos el denodado Coman- 
dante Miguel Masferrer, que, como siempre, se cubrió de gloria. 
Todas las fuerzas cubanas se portaron dignamente. Las de Ba- 
yamo llevaban la vanguardia y confirmaron su fama, rivalizando 
con ellas las de Holguín. Se distinguieron el Coronel Ismael 
Céspedes, los Tenientes Coroneles Enrique Céspedes, Mariano 
Domínguez y Nicolás Chala, el Comandante Juan E. Ramírez y 



CORRESPONDENCIA. 263 

el Capitán Saturnino Bazán. Los Generales García y Céspedes 
no dejaron un momento el campo de batalla, atendiendo á todo, 
avanzando siempre y animando á sus tropas vencedoras en un 
trayecto de más de tres leguas. El General García se proponía 
obtener de esta victoria incalculables ventajas. 



VIII 
LA DEPOSICIÓN 



Tal puede decirse que fué la despedida del pueblo cuba- 
na, tales los acontecimientos que cierran la administra- 
ción de Céspedes. 

Con cuánta facilidad correría la pluma si los hechos 
que estaban aún envueltos en las sombras de un porve- 
nir por desgracia bien próximo, hubieran correspondido 
á las esperanzas que aquellas manifestaciones del patrio- 
tismo hicieran concebir, y si un fin digno de tantos he- 
roísmos hubiera coronado la grandiosa empresa. Empero, 
la sucesión de los hechos, obedeciendo al fatalismo de una 
lógica no siempre fácil de comprender a priori, nos rehusa 
con frecuencia las satisfacciones de ver cumplirse nues- 
tros deseos. La patria entristecida vio renacer, crecer y 
multiplicarse odios y rivalidades funestas, y el aclamado 
caudillo entra desde entonces en la vía dolorosa y sigue 
su marcha, recta, continua, hasta llegar al término donde 
lo aguardaba el supremo sacrificio. 

Basta la simple lectura de la correspondencia anterior 
para convencerse de que los enemigos de Céspedes hacía 
ya tiempo que urdían sus planes para destituirlo. De paso 
recordaremos que en su carta de 23 de Diciembre de 1870, 
trata la cuestión por primera vez y declara cuál sería su 
conducta en caso de consumarse el hecho. Haremos notar 
de igual modo que la destitución del general Quesada fué 
el primer acto de un plan concebido en la sombra; que 



LA. DEPOSICIÓN. 265 

debía preceder solamente del corto espacio de siete meses 
las primeras manifestaciones de la obra final para llegar 
á la deposición del Presidente, y que ésta no se efectuó en 
aquella misma época, pues se temía que no sólo ocasio- 
nase graves conflictos y hasta quizás la supresión vio- 
lenta del Cuerpo Legislativo por los partidarios de Céspe- 
des, sino también, que la Revolución herida mortalmente 
por esas luchas y disenciones, pudiese haber sucumbido 
desde entonces. 

Rehuyendo la inmensa responsabilidad consiguiente á 
un acto de tamaña importancia, determinaron los conju- 
rados de la Cámara esperar mejores días para poner en 
práctica su idea. Entretanto, comisionaron al diputado 
Luis Ay estarán para que pasase al extranjero con objeto 
de ir preparando los ánimos disminuyendo el prestigio 
de Céspedes. 

El comisionado no llegó á dar cuenta de su gestión. 
Descubierto, y capturado á su regreso en las costas por 
fuerzas navales españolas, fué conducido á la capital, en 
donde murió heroicamente en el cadalso. 

Fácil nos sería dar á conocer las intrigas de que fué 
objeto el proyecto de la deposición. Las conocemos con 
todos sus detalles, pero no nos permitiremos discutir ni 
profundizar semejantes miserias en un trabajo que, lejos 
de ser inspirado por el odio y la venganza, tiene por único 
móvil el cumplimiento de un deber. Día llegará sin duda 
en que la Historia analice con serena imparcialidad estos 
asuntos y pronuncie su fallo definitivo. 

De aquellas combinaciones y arterías nos limitaremos 
á exponer los efectos. Sin embargo, preciso es hacer an- 
tes una ligera reseña acerca de la actitud que tomó desde 
un principio la Cámara de Representantes ; las causas 
que la produjeron y sus naturales consecuencias^ 

La concentración quede sus fuerzas hacía el Gobierno 
español en los pueblos y ciudades para impedir que otros 
sucesos, como la toma de Bayamo, diesen á la Revolución 
los elementos de que carecía ; la tranquilidad relativa que 
por consiguiente gozaba el Camagüey; á lo que puede 



266 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

agregarse, por una parte, la inexperiencia de los cubanos 
y por otra las esperanzas de protección eficaz de los Esta- 
dos Unidos y la fe ciega en el triunfo pronto y definitivo, 
fueron causa — además de otras consideraciones expues- 
tas en el capítulo IV — de que la Constitución de Guái- 
raaro confiase un poder absoluto á la Cámara de Repre- 
sentantes, quedando reducidos el Presidente y el General 
en Jefe á la condición de meros empleados suyos, ejecutores 
de sus disposiciones. 

Muy pronto, sin embargo, las contingencias de la gue- 
rra empezaron á hacer comprender la necesidad de cen- 
tralizar el mando en manos de un dictador : de un jefe 
suficientemente autorizado que llevase á buen fin la obra 
acometida; pues la Cámara, después de establecer una 
extensa y complicada administración civil, distrayendo 
así muchos hombres útiles del servicio militar, y cometer 
otros errores por el estilo, se hallaba constituida por jó- 
venes inexpertos y ciudadanos que, bien por su avanzada 
edad, bien por la debilidad de su constitución, no podían 
sino con raras excepciones seguir de cerca los azares de 
la campaña y tomar á tiempo las medidas que requerían 
las necesidades de una guerra de carácter tan excepcional 
como fué la de Cuba. 

Y si es verdad que, cuando se encarnizó la lucha, se vio 
por dos veces compelida á ampliar las atribuciones del 
Ejecutivo, confesando así, aunque á pesar suyo, su impo- 
tencia y los inconvenientes del sistema inaugurado en 
Guáimaro, también lo es que al disiparse las alarmas y 
peligros volvía de nuevo á perseverar en sus trabajos; 
trabajos qué pudieron merecer quizás alguna considera- 
ción en el extranjero, pero que en el interior fueron, cier- 
tamente, el origen del desorden y la indisciplina que pre- 
paró el triunfo de las armas enemigas. 

Existía en la Cámara un grupo de jóvenes inteligentes 
y entusiastas, pero inexpertos; llenos de sentimientos ge- 
nerosos, de ideas y teorías más ó menos brillantes, pose- 
yendo cierto grado de cultura intelectual , impacientes de 
realizar las doctrinas que habían aprendido en las aulas 



LA DEPOSICIÓN. 267 

que acababan de abandonar, más preocupados de la im- 
portancia y trascendencia del papel que iban á represen- 
tar, que conocedores de las necesidades y peligros de la 
situación en que se hallaban; exaltados por la exuberan- 
cia misma de un patriotismo no exento de vanidad al 
considerarse actores principales de aquella grande obra, 
apoyados en el prestigio que les daban indiscutibles ta- 
lentos y virtudes, en las simpatías que despertaban su 
juventud y en las seducciones de su elocuencia, constitu- 
yeron un centro de oposición permanente y sistemático, 
al cual vinieron á agregarse, como sucede siempre en 
tales casos, las ambiciones secretas de algunos jefes mili- 
tares, las nulidades presuntuosas, las envidias irreconci- 
liables, y la gran mayoría compuesta de los espíritus flo- 
tantes, de los caracteres turbulentos, y de los perturba- 
dores, por temperamento enemigos de todo régimen 
establecido. 

Los motivos de lucha eran frecuentes. Á las discusiones 
francas y leales de las ideas, sucedieron las intrigas y los 
combates de las pasiones. El mal crecía y era cada vez 
más agudo: el desenlace final estaba próximo y era ine- 
vitable. El Presidente Céspedes debía caer, ó la Cámara ser 
disuelta. 

Los jefes de la oposición procedieron con suma habili- 
dad, obteniendo el concurso de algunos representantes 
que tal vez de buena fe creyeron así servir los intereses 
de la patria. 

Además, las circunstancias les fueron propicias. El es- 
tado de la guerra, siendo favorable por aquel entonces, 
les permitió llevar á cabo sus planes sin temer que el 
golpe que intentaban comprometiera la suerte de la Revo- 
lución. Por otra parte, las ideas del Presidente, su inque- 
brantable y conocido propósito de no prestar jamás su 
nombre á la discordia y de respetar quand méme la legali- 
dad ; su profunda aversión por las luchas intestinas, ase- 
guraban á los conjurados una impunidad, sin la cual ha- 
brían vacilado mucho antes de lanzarse en una empresa 
preñarla de incógnitas temibles y aceptar la responsabili- 



268 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES.' 

dad ante la patria y la posteridad, de haber arrojado la 
chispa que hubiese inflamado la guerra civil. 

La situación, pues, era insostenible. Previendo los ma- 
les que pronto sucederían, quiso Céspedes definirla cuanto 
antes. El 24 de Octubre dio un manifiesto al pueblo, en el 
que, luego de haber expuesto en toda su angustiosa 
realidad las condiciones en que se hallaba, y dadas las 
cuales le era imposible llevar á feliz término la Revolución, 
pedía para el Ejecutivo la independencia que le era de 
todo punto necesaria. 

El 27 dirigía la comunicación siguiente : 

A la Cámara de Representantes, el Presidente de la Repúbli- 
ca. — Tengo el gusto de remitir á esa Corporación el manifiesto 
que he creído de mi deber dirigir al pueblo, como única y abso- 
luta potestad soberana que reconozco, no haciendo remisión de 
los mensajes, porque obran en poder de la Cámara; de ese modo 
no hay temor á oligarquías, dictaduras ni tiranías. Si esta con- 
ducía, que creo patriótica, me atrajese el que ese Cuerpo acor- 
dase mi deposicióo, tranquilo la espero, apoyado en mi concien- 
cia y en el convencimiento de que la Cámara no ha querido 
atender al voto del pueblo. 

El manifiesto no sorprendió al Cuerpo Legislativo. Era 
esperado, y ya desde el 14, mediante sus influencias, ha- 
bían empezado á moverse algunas tropas de Oriente con 
el pretexto ostensible de operar en combinación. El mis- 
mo 24 conferenciaba el General Gómez respondiendo á 
una invitación de Vicente García, el cual le manifestó que, 
en vista de la aparente indiferencia (!) de la Cámara, tocaba 
á los jefes militares tomarla iniciativa para la deposición 
de Céspedes. La respuesta de Gómez confirmó una vez más 
la integridad de su carácter y su espíritu de disciplina, 
negando su valioso concurso á todo acto que pudiera con- 
siderarse como una sedición militar y un atentado contra 
los poderes legalmente establecidos (i). 

No obstante, el 27 por la mañana se hallaban reconcen- 



(1) El Convenio del Zanjón, por Máximo Gómez. — El Criollo. — Ha- 
bana, Enero 3 de 1S8S. — N. del A. 



LA DEPOSICIÓN. 269 

trados más de 2.000 hombres al mando del mayor Calixto 
García Iñíguez en Bijagual de Jiguaní, para realzar con el 
prestigio y la pompa délas armas, un acto cuya trascen- 
dencia política ignoraban. 

Reunióse la Cámara en sesión extraordinaria. Presidió 
el C. Salvador Cisneros Betancourt, y asistieron como di- 
putados los CC. Ramón Pérez Trujillo, Luis Victoriano 
Betancourt, Jesús Rodríguez, Marcos García, Eduardo Ma- 
chado, Tomás Estrada Palma, Fernando Fornaris y Juan 
Bautista Spotorno. 

Aprobada el acta de la sesión anterior, dejóse oír en 
medio del más profundo silencio la voz del diputado Ra- 
món Pérez Trujillo (1). 

Empezó diciendo que el pueblo cubano al emprender 
la lucha de Independencia y lanzarse al campo de batalla, 
tuvo dos objetos : ser dueño de sus destinos y gozar los 
beneficios de la libertad ; que para realizar tales propósitos 
se decidía-á morir antes que á ser esclavo; que juró la 
Constitución Cubana donde están consignados sus dere- 
chos, pero que sólo había sacudido (2) la dominación espa- 
ñola para inclinar de nuevo el cuello á otra dominación más 
odiosa que ni siquiera podía invocar el derecho de perfidia. 
Que por eso, osado en medio del estruendo de las armas, 
se dio una forma republicana; y consecuente con ésta eli- 
gió sus representantes para que velaran por sus liberta- 
des, y designasen un Poder Ejecutivo, cumplidor délas le- 
yes ; que confiado entonces emprendió de nuevo la lucha, 
redobló sus esfuerzos y derramó valientemente su sangre, 
demostrando al mundo que las merecía y era capaz de 
conquistarlas. Mas que cuando su valor, su constancia y 
sus virtudes habían fijado las miradas de todas las naciones 



(i) Ramón Pérez Trujillo, hoy es miembro de la Junta Central del 
Partido Autonomista y reside en la Habana. — JV. del A. 

(2) Juzgamos oportuno hacer presente que los diversos pasajes del 
extraclo que hacemos del acta de la sesión, escritos con letra bastar- 
dilla, eran lagunas ó lugares en blanco en el documento que tuvimos de- 
lante, y que nosotros hemos llenado ajustándonos todo lo más posible 
al espíritu y á la relación del contexto. — N. del A. 



270 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. - 

y se divisaba ya en lontananza el Capitolio de los libres, 
placía al destino acibarar su contento y al dios de la jus- 
ticia probar su "entereza. Que en tan solemnes momentos 
á nadie cedía el honor de someter al patriotismo y al criterio 
del Cuerpo Legislativo la proposición siguiente : ¡ 

— Propongo, exclamó el C. Trujillo «con voz sonora, 
pero pálido el rostro y trémulas las manos (1) », que la Cá- 
mara de Representantes, en uso de las facultades que le 
concede el artículo nueve de la Constitución, deponga á 
Carlos Manuel de Céspedes del cargo de Presidente de la 
República. 

Entonces y entre otras cosas, pasó á decir que no nece- 
sitaba detenerse en analizar la administración de Céspedes, 
porque sus desaciertos eran tan notorios que la República 
se veía obligada á prescindir del hombre del 10 de Octu- 
bre de 1868, convencida que sólo así podría salvar sus li- 
bertades. Que siguiendo una política personal en el ex- 
tranjero, no solamente había sido causa de la desunión 
de los patriotas que desde allí auxiliaban al Ejército Liber- 
tador, protegiendo abiertamente al general Manuel de 
Quesada cuando pesaba sobre éste el anatema del país, 
expresado en la resolución unánime que tomó la Cámara 
en Diciembre de 1869, sino que posteriormente había mo- 
tivado el mismo Céspedes un voto de censura, cuando lle- 
garon á conocimiento del Cuerpo Legislativo las facultades 
extraordinarias que con carácter reservado otorgara á di- 
cho general ; voto que el C. Antonio Zambrana, diputado 
en aquella época, y el propio C. Trujillo, retiraran por con- 
sideraciones. Que á pesar de todo esto, cuando la muerte 
del general Agramonte y la salida de dos diputados para 
el extranjero, hicieran creer al Presidente Céspedes que 
había asegurado su puesto, puso á la práctica su plan li- 
berticida arrogándose facultades que lo constituían en 
dictador, y nombrando Agente de la República en el ex- 
tranjero á aquél mismo general Quesada, instrumento de 
su criminal proyecto. 



(1) Ignacio Mora, ya citado.— N. del A , 



LA DEPOSICIÓN. 271 

Hizo entonces uso de la palabra en apoyo de la proposi- 
ción del C. Pérez Trujillo, el G. Tomás Estrada Palma (1), y 
dijo : Que no podía menos que deplorar la dura necesidad 
que lo impelía á pedir la deposición de Céspedes, porque 
hubiera deseado que el hombre del 10 de Octubre de 1868 
siguiese ocupando el puesto en que se le colocó el 11 de 
Abril de 1869 ; pero que combatían en su ánimo razones 
tan poderosas, que no era posible eludirlas. Que impresa 
afortunadamente á la gloriosa Revolución de Cuba una 
forma democrática desde el 10" de Abril de 1869, no era 
permitido que directa ni indirectamente se atentara contra 
la mencionada forma, y mucho menos que el primer Ma- 
gistrado de la República, el que juró cumplir y hacer cum- 
plir fielmente la Constitución y las leyes del país, las in- 
fringiese con actos repetidos y frecuentes. 

Aseguró el C. Estrada Palma que, por desgracia, eran 
los hechos tan notorios, tan públicos y entrañaban tan 
grave trascendencia, que sería un crimen de lesa nación 
pasarlos desapercibidos, y más criminal aún la conducta 
de la Cámara de Representantes, si impuesta y convencida 
de aquellos, no dictase la única medida que cabía : la de- 
posición del C. Carlos Manuel de Céspedes del cargo de 
Presidente déla República. Añadió entonces que no se 
detendría en el sistema de favoritismo observado por Cés- 
pedes y tantas veces puesto en práctica, ya confiriendo 
grados militares á deudos y amigos suyos, ajenos á todo 
mérito, ya colocándolos en los más elevados destinos con- 
tra la opinión pública y contra el interés y conveniencia 
de la patria ; que sólo se concretaría á las infracciones de 
la Constitución en que más resaltaba su marcado propó- 
sito de erigirse en único poder. Que en el mes de Mayo 
de 1873, habiendo elevado al Presidente Céspedes, su her- 
mano Francisco Javier, jefe del distrito de Bayamo, una 



(i) Tomás Estrada Palma, cuarto Presidente de la República. Captu- 
rado por los españoles durante su administración, fué deportado á Es- 
paña y hoy reside en los Estados Unidos al frente de un colegio. Mi- 
lita en el Partido Revolucionario Cubano, — N> del A. 



272. GARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

queja contra los miembros de un consejo de guerra, en* 
razón á que el fallo dictado por éste afectaba al mencio- 
nado Francisco Javier ; el jefe del Poder Ejecutivo, des- 
atendiendo el artículo 22 del Código fundamental y el ar- 
tículo 8, adición de la ley sobre organización de judica- 
tura, se convirtió por su propia autoridad en consejo de 
revisión anulando la sentencia de un tribunal de primera 
instancia, y que, dictando nuevo fallo, penó á la mayor 
parte de los que figuraban en el proceso, sin dejar (1) á 
los miembros del consejo y al preboste que hubo de ins- 
truir las diligencias. Que este hecho sólo fué el principio 
de un nuevo sistema de administración que anunciaba el 
Presidente Céspedes; que después de haber sido muerto 
el general Ignacio Agramonte, el teniente coronel Porfi- 
rio González, que era uno de los que figuraban, aunque 
inciden talmente, en el mencionado proceso, pues sólo 
aparecía allí por medio de una carta particular del briga- 
dier Cristóbal Acosta al general Francisco Javier de Cés- 
pedes, y que no obstante fué penado con seis meses de 
suspensión, convencido de que era falso el contenido de 
la expresada carta; acusó por calumnia al brigadier ante 
el jefe del distrito, y pidió que, con arreglo á la ley de or- 
ganización judicial, se sometiese el asunto á un tribunal 
militar; pero que, cuando se daba principio á instruirlas 
diligencias correspondientes al Ejecutivo, enterado Cés- 
pedes de lo que ocurría, hubo de ordenar al Jefe de Estado 
Mayor de Bayamo recogiese la instancia presentada por 
González y que se la entregara á él, al Presidente Cés- 
pedes. 

Por ignorancia ó servil debilidad, el Jefe de Estado Ma- 
yor, aseguró el C. Estrada Palma, arrancó de manos del 
preboste que instruía las diligencias el documento que ser- 
vía de cabeza al proceso y lo pasó al Presidente, el cual, 
« según el testimonio de alguno », lo rasgó en el acto. Que 



(1) Así aparece en la copia del acta que leñemos á la vista, gracias ala 
bondad de un distinguido escritor habanero. — N. del A. 



-. LA DEPOSICIÓN. 273 

de cualquier modo, al C. Porfirio González se le impidió 
ejercitar el derecho de petición en su manifestación más 
sagrada ; que el mismo teniente coronel y tres oficiales 
más que resultaron penados en la sentencia dictada por 
el Ejecutivo, al tiempo que acataron y obedecieron el do- 
cumento del Presidente, protestaron ante éste, á reserva 
de hacerlo oportunamente ante la Cámara de Represen- 
tantes. Que esta protesta originó una circular del Presi- 
dente dirigida á los jefes de división, que terminaba con- 
denando á suspensión indefinida á los cuatro oficiales que 
la habían elevado, y extrañándolos además del distrito en 
que residían ; que después de promulgada la circular, la' 
cual se cumplió en todo su rigor respecto del capitán Ju- 
lio Céspedes, y con objeto de atenuar, sin duda, los abu- 
sos cometidos, ó tal vez con el de afianzar el nuevo. siste- 
ma de administración, confiado, quizás, en que la Cámara 
de Representantes no volvería á reunirse, introdujo en 
una ley de organización militar que dictó con el nombre 
de reglamento, el artículo 13 del capítulo V. sobre faculta- 
des del Presidente, que decía: «Tendrá la jurisdicción ex- 
traordinaria de guerra. » 

Dijo entonces el diputado Estrada Palma, que dicha-ley 
fué promulgada en los últimos días de Mayo, pero que fué 
redactada un mes antes aunque sin el expresado artículo; 
que poco después expidió Céspedes otra circular autori- 
zando esta vez álos jefes de cuerpo de ejército, en delega- 
ción de una parte de la jurisdicción extraordinaria de 
guerra, para pedir los expedientes, suspender la actuación 
en cualquier estado en que se encontrase, suspender la 
ejecución del fallo dictado por consejos de guerra y anular 
éstos. Que en su concepto, bastaba lo expuesto para de- 
mostrar la tenaz insistencia del Presidente Céspedes en 
dirigir la Revolución por el camino de la dictadura, como 
cuando se titulaba Capitán General y asumía facultades 
omnímodas, contra la expresa voluntad de aquellos pue- 
blos que inmediatamente después del 10 de Octubre se al- 
zaron en armas contra la dominación española. 

— « Tan criminal es, dijo para terminar el C. Estrada 

18 



274 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

Palma, aquel que se proponga tratar con España bajo con- 
diciones en que no figure en primer término la Indepen- 
dencia de Cuba, como aquel que de cualquiera manera 
atente contra los derechos imprescriptibles del pueblo. » 

Le siguió Eduardo Machado (1), que empezó su discurso 
diciendo que se adhería á los diputados que habían pedi- 
do la deposición de Céspedes, porque éste había inferido 
graves ofensas á la patria, atacando sistemáticamente el 
sagrado derecho del sufragio, violando el Código funda- 
mental; y continuó diciendo: Que distintas y numero- 
sas- veces había visto la Cámara con indignación la con- 
ducta observada por el Ejecutivo al tratarse de las elec- 
ciones; que sólo la resolución patriótica de la Cámara 
de propender á la armonía entre los dos poderes y sus 
esperanzas de ver reparadas por la experiencia las faltas 
del ayer, hubieran podido inducirla á tolerar semejante 
conducta; que, empero, ya había sobrados motivos para 
creer que mientras durase la administración .del Presi- 
dente Céspedes, sería cohibido el derecho inviolable del 
sufragio; y habiendo consignado algunos hechos, suplicó 
se juzgasen con toda la severidad de la conciencia y la 
imparcialidad de la justicia. Que donde quiera que había 
residido el Presidente Céspedes, habían dejado de cum- 
plirse los artículos 8, 9 y 10 de la ley electoral, violándose, 
por consiguiente, los artículos 6 y 20 de la Constitución; 
que de semejantes hechos se desprendía que la tendencia 
del Presidente Céspedes había sido conseguir la disolu- 
ción de la Cámara de Representantes, á íin de que el pue- 
blo de Cuba, al cabo de cinco años de penalidades y he- 
roicos sacrificios, se viese privado de los defensores de 
sus derechos y de sus libertades, para después caer fácil- 
mente bajo el yugo del liberticida. 

El C. Fernando Fornaris, de acuerdo con la proposición, 
lamenta la necesidad de deponer al primer Magistrado, 
y después de hacer « la historia sucinta de la inconve- 



(1) Eduardo Machado, muerto en un combale por los españoles. — 
N. del A. 



LA DEPOSICIÓN. 275 

niente administración de Céspedes y de la tolerancia 
con que la Cámara de Representantes la había con- 
templado para evitar contrariedades en la guerra, » dijo : 
Que en Marzo de aquel año y hallándose en el cuartel 
general del mayor general Modesto Díaz, había sido sus- 
pendido de su puesto en aquel lugar por orden del Presi- 
dente de la República el coronel Francisco Guevara, ins- 
truyendo á los pocos días el secretario interino del Interior 
Miguel Bravo y Sentíes, un expediente gubernativo que 
pasó después de terminado á manos del general Francis- 
co Javier de Céspedes, jefe del distrito de Bayamo, en 
cuya división figuraba el coronel Guevara al frente de un 
regimiento. Que el expediente indicado se instruyó para 
averiguar si era cierto que el referido coronel había ver- 
tido, en época muy atrasada, ciertas frases que parecían 
ofender la administración. Que de las declaraciones que 
en él aparecían, no se desprendía otra cosa sino que el 
acusado había emitido en una reunión particular y fuera 
del Ejército conceptos que aludían á la mala conducta de 
un teniente coronel de la brigada de Manzanillo; y que, 
no obstante la insuficiencia de la acusación, el susodicho, 
coronel Guevara fué juzgado y sentenciado, ante un con- 
sejo de guerra que tuvo á la vista los antecedentes minis- 
trados por el Gobierno, á un mes de suspensión tras de 
haber estado tres sometido á í a tramitación del juicio. Que 
en consecuencia de lo expuesto, opinaba que el Gobierno 
se había separado de los procedimientos judiciales de la 
República, dando lugar, con esa infracción y con la ini- 
ciativa que tomó en el asunto, á que un tribunal militar, 
influenciado y teniendo por guía lo actuado por el Go- 
bierno, dictase una sentencia á una manifestación que 
hizo 'aparecer como delito previsto en las ordenanzas 
militares, á pesar de que la libre emisión del pensamien- 
to era un derecho inalienable del pueblo, y el cual no se 
podía atacar, según la Constitución de la República. 

Concluyó el C. Fornaris haciendo responsable á Céspe- 
des de la violación de ese derecho, garantizado por la Ley 
fundamental, y pidiendo por tanto á la Cámara que fuese 



276 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

votada la proposición de los diputados Pérez Trujillo y 
Estrada Palma. 

El G. Juan Bautista Spotorno (1) recomendó también la 
urgente necesidad de votar la proposición, añadiendo á 
los cargos anteriores el de haber violado el artículo 29 de 
Ta Ley fundamental, y dijo que el presidente Céspedes no 
podía hacer uso de facultades concedidas sólo al Cuerpo 
Legislativo por la Constitución, y que, no obstante, por sí 
y ante sí se había nombrado Señor del despacho. 

Tomó después la palabra el C. Marcos García (2) y anun- 
ció que estaba de acuerdo con la proposición tan citada. 
Hizo en seguida responsable al primer Magistrado de la 
República por las desgracias del Cuerpo de Ejército de las 
Villas, diciendo que cuando una gran parte de los innu- 
merables patriotas villareños sublevados en 1869, arros- 
trando peligros y privaciones terribles, se presentaron en 
Camagüey solicitando armas y pertrechos para continuar 
la guerra, no recibieron por parte del Ejecutivo sino una 
criminal indiferencia; que, cuando las presentaciones del 
Camagüey, esos hombres desarmados habían sido ince- 
santes víctimas de la ferocidad del enemigo, y que mu- 
chos esqueletos blanqueaban todavía desde Magarabomba 
hasta la trocha camagüeyana, como una protesta contra el 
abandono del gobierno de Céspedes. Que no obstante, los 
restos de aquel ejército que decían haber quemado sus 
úllimos cartuchos en Camagüey, prefirieron ir á Oriente 
en busca de armamento y seguir por la senda del honor 
antes que doblegar de nuevo la cerviz al yugo de los opre- 
sores. Que hecho este esfuerzo y fijadas las esperanzas 
otra vez en el gobierno de Céspedes, como 1,600 hombres 
al mando del general Salomé Hernández emprendieron la 
marcha hacia la residencia del Ejecutivo, llegando casi á 



(1) Juan Bautista Spotorno, tercer PresidenLe de la República, reside 
hoy en Cienfuegos, y es miembro del Partido Autonomista. — N.delA. 

(2) Marcos García, una de las figuras principales del Zanjón, es 
hoy Alcalde Municipal de Sancti-Spíritus y miembro del Partido Auto-, 
nomista. — N.delA. - - 



LA DEPOSICIÓN. 277 

tiempo que arribaba á las playas de Cuba la expedición 
venezolana de vanguardia, sólo para sufrir un nuevo des- 
engaño. Que en estas condiciones murieron muchos de 
miseria, volviendo parte de los restantes al Camagüey á 
las órdenes de un jefe desconocido, mientras que los otros 
quedaron reducidos á escoltar al Presidente y dedicados 
al servicio de asistentes. Que por tanto, sólo la adminis- 
tración de Céspedes era responsable de tanta calamidad y 
tanto martirio sufrido por la- fuerza de las Villas, cuyo en- 
tusiasmo oportunamente secundado la habría conducido 
á las puertas mismas de la Habana. 

Acusóle, además, de haber violado la Constitución es- 
tableciendo enmiendas especiales á los artículos 1.°, 2.°, 
3.°, 4.° y 5.° del capítulo II de la adición á las ordenanzas 
militares, de haber tratado de impedir la reunión de la 
Cámara y de propalar especies calumniosas entre los pa- 
triotas atribuyendo á los miembros de la Cámara ideas 
de traición en connivencia con algunos emigrados. Re- 
chazó éstas, como también el concepto expresado por 
Céspedes en su mensaje del 18 de aquel mes, de que la 
falta de armonia entre los dos poderes pudiera ser motivo 
de rebeliones y banderías en el país. - 

Llegado el turno delC Jesús Rodríguez (1) dijo: Que 
los principales motivos que le hicieran estar de acuerdo 
con la proposición, los formaban el haberse arrogado el 
Presidente Céspedes la jurisdicción extraordinaria de 
guerra y expedido las circulares de 10 de Julio de aquel 
año, con lo cual, no sólo modificaba la organización de la 
judicatura y hacía desaparecer todas las garantías consti- 
tucionales y judiciales, sino que violaba ostensiblemente 
los artículos 22 y 28 de la Ley fundamental, á pesar de los 
acuerdos de 14 de Enero de 1871 y 1.° de Mayo 1872. 



(1) Jesús Rodríguez, autor de la conocida carta á Juan Díaz de Ville- 
gas, fechada en La Toronja de Bayamo el 23 de Noviembre de 1873, 
uno de los comisionados del capitán general Blanco en 1879, y última- 
mente co-representante en la Habana del Comité Autonomista de _Hol- 
guín para la manifestación en honor del diputado á Cortes D. Rafael 
Montoro. — JV. del A. 



278 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

Y terminó esa inolvidable sesión con un largo discurso 
de Luis Victoriano Betancourt (1), el cual, más afortunado 
que el mismo Cicerón, tuvo la dicha de imitar delante de los 
miembros de la Cámara Cubana el famoso ex-abrupto de 
la Catilinaria que corre en las escuelas y que, dicho sea de 
paso, como las dos oraciones contra Verres, la Miloniana 
y la segunda Filípica, no pronunció jamás el orador latino 
en el Senado Romano : « ¿Hasta cuándo el Presidente abu- 
sará de nuestra paciencia? ¿Hasta cuándo será su nombre 
símbolo del desorden, de la injusticia y de la tiranía? 
¿ Hasta cuándo querrá hundirse á sí mismo y hundir á la 
patria en el abismo de la dictadura? Basta ya, señores, de 
ridiculas esperanzas y de mezquinas consideraciones; -hoy 
que nuestros soldados valientes rechazan al enemigo, y 
que el enemigo cobardemente le vuelve la espalda ; hoy 
que la tierra está cubierta con sangre española y que el 
cielo está iluminado con la gloria cubana; hoy que ya la 
patria descansa tranquila en los brazos de sus hijos; hoy 
señores, hay un hijo de la patria que quiere faltar á la obe- 
diencia que ha jurado y que quiere hundir el puñal en el 
seno de su madre. 

» Vosotros lo conocéis, señores, no es el enemigo de 
fuera, es el enemigo de dentro; no es el que nos ha perse- 
guido, es el que nos ha acompañado; no es el que ha ju- 
rado la bandera de España, es el que ha jurado la Consti- 
tución de Cuba. Por eso la Cámara, que defiende al pue- 
blo, la Cámara, que es el pueblo, debe como el mármol 
romperse antes que doblegarse, debe ser más fría que el 
hielo y más firme que el acero, y debe deponer al C. Car- 
los Manuel de Céspedes, Presidente de la República, con 
el mismo derecho con que depuso al general Manuel de 
Quesada, General en Jefe del Ejército, y con el mismo de- 
recho con que depondrá á todo el que falte á la Ley y á 
todo el que falte á la Constitución. 

» En las revoluciones no hay hombres indispensables, 



(1) Luis Victoriano Betancourt, después del Zanjón vivió retraído de 
la política y murió en la Habana en 1885. — N. del A. 



LA DEPOSICIÓN. 279 

y la presidencia de la República no es un asiento que se 
compra como los abonos del teatro, ni es un puesto que 
se hereda como los tronos de los reyes: la presidencia de 
la República se trabaja, y se merece, y se gana como ga- 
nan los héroes su renombre, y como ganan los patriotas 
su inmortalidad. 

» Qué, señores, ¿ acaso cree el C. Carlos Manuel de Cés- 
pedes que puede jugar impunemente con los destinos de 
la patria ? ¿ Acaso cree que tiene el derecho de conquista 
sobre el suelo cubano? ¿ O cree acaso que ha de ser Presi- 
dente de Cuba hasta más allá de la consumación de los 
siglos, y hasta más allá del Juicio Final t 

» Que el Presidente ha faltado, lo murmura el pueblo y 
vosotros lo habéis dicho. Arabia tiene un libro político 
que se llama el Koran, Roma tiene un libro sagrado que 
se llama la Biblia y la República tiene un libro inviolable 
que se llama la Constitución. Y así como entre los árabes 
y los católicos el que falta á Ley sagrada es señalado con 
el dedo y excluido de la comunidad, así entre I03 republi- 
canos el que falta á la Constitución no es digno de ser 
ungido de la libertad, ni es digno de dirigir los destinos 
de la patria. 

» En el pueblo libre de Guáimaro, el pueblo libre de 
Cuba invistió al C. Carlos Manuel de Céspedes con la toga 
presidencial, y el C. Carlos Manuel de Céspedes ascendió 
á tan elevado puesto, no por su sola voluntad, sino por 
sus merecimientos y por la voluntad del pueblo. 

» Piloto fué durante más de cuatro años de la nave re- 
publicana en el tempestuoso mar de la Revolución, y en 
tan largo y difícil término de prueba embarrancó más de 
una vez en los escollos del camino por no querer seguir 
las huellas luminosas de Abraham Lincoln, el padre de la 
emancipación de los negros, y de Jorge Washington, el 
padre de la libertad de los americanos. 

» Yo bien sé que el C. Carlos Manuel de Céspedes fué 
uno de los primeros pocos valientes que dieron la prime- 
ra voz de emancipación; yo bien sé que el C. Carlos Ma- 
nuel de Céspedes, henchido de entusiasmo y de amor 



280 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

patrio, sin esperanza de triunfo, y luchando con un ene- 
migo tanto más poderoso cuanto más desconocido, rom- 
pió resueltamente con el pasado y abrió un camino al 
porvenir; pero también sé que el C. Carlos Manuel de 
Céspedes impidió la coexistencia de los tres poderes re- 
publicanos, que invadió con toda la autoridad del abuso 
el inviolable recinto del poder judicial, que pretendió ha- 
cerse superior á lo que no tiene superior en el mundo, 
que es la voluntad popular, y que tocó con mano atrevi- 
da y profana el libro de la Ley, en vez de deponer todo su 
•orgullo y toda su ambición en el altar de la patria, y en 
vez de permanecer de rodillas ante esa hostia consagra- 
da que se llama la Constitución. 

• » Cuando el soldado falta, señores, todo el peso de la 
justicia cae sobre él; cuando falta el Presidente, caiga so-" 
bre él todo el peso de la Ley, porque la Ley es para todos 
como el sol, y como el sol para todos es la Justicia, y es 
el Deber, y es la Responsabilidad. » 

Una vez aprobada la proposición del diputado Ramón 
Pérez Trujillo, quedó nombrado para hacerse cargo del 
Poder Ejecutivo, con arreglo á un acuerdo anterior de la 
Cámara, su Presidente, el ciudadano Salvador Cisneros 
Betancourt, y se le remitieron á Céspedes las comunica- 
ciones que siguen : 

En sesión celebrada el día de hoy, fué acordado lo siguiente : 
La Cámara de Representantes, en uso de las facultades que le 
concede el artículo nueve de la Constitución, depone al ciudada- 
no Carlos Manuel de Céspedes del cargo de Presidente de la 
República. Lo que se participa á V. para su conocimiento. — 
El Presidente interino, Tomás Estrada. — Secretario, Eduardo 
Machado. 

República de Cuba. — Cámara de Representantes. — Al ciu- 
dadano Carlos Manuel de Céspedes, ex-Presidente de la Repú- 
blica. — En sesión celebrada el día de hoy, acordó la Cámara 
que se comunique al ex-Presidente Carlos Manuel de Céspedes 
haber sido designado el ciudadano Salvador Cisneros Betan- 
court, para que se encargue interinamente del Poder Ejecutivo, 
y que en tal virtud debe entregará éste los archivos y demás 
dependencias del Gobierno. Lo que se participa á V. para los 



LA DEPOSICIÓN. 281 

fines consiguientes. — Bijagual, Octubre 27 de 1873. — El Pre- 
sidente interino, Tomás Estrada. — Secretario, Eduardo Ma- 
chado. 

Á las tres de la tarde formaban las tropas en el orden 
de parada á lo largo de la calle principal. El general Ca- 
lixto García Iñíguez, á caballo con todo su estado mayor, 
las revista, arenga, y concluye anunciando « que ocurren 
sucesos extraordinarios: que la Cámara ha tomado una 
determinación, que su Jefe de Estado Mayor informará. 
Se retira. Herrero se adelanta y anuncia la resolución de 
la Cámara, que ha depuesto á Carlos' Manuel de Céspedes 
de la Presidencia, nombrando en su lugar á Salvador Cis- 
neros Betancourt, ex-Marqués de Santa Lucía. ¡ Viva á 
Cuba! ¡Rómpanse las filas! » fl). 

/ Viva Cuba.' Tal fué el grito con que saludaron el triun- 
fo de la Cámara los enemigos políticos del Presidente 
Céspedes. ¡Viva Cuba! Si un segundo después, penetran- 
do los secretos del porvenir, hubieran aquellos patriotas 
podido leer la página que debía terminar la campaña de 
Cuba, habrían comprendido con dolor que lanzaban 
como augurio de vida y esperanza aquella exclamación, 
en el instante mismo en que acababan de consumar un 
acto cuya consecuencia inevitable sería, si no la muerte 
de la patria, por lo menos la continuación durante algu- 
nos años más de vergonzosa esclavitud. 

Copiamos del diario de Varona. 

Todos los jefes y oficiales pasan á saludar á Cisneros. Me 
llama' éste poco después y tenemos conferencia detenida sobre 
asuntos de las Tunas. Retiróme á mi pabellón y como militar, 
sin mezclarme en esos asuntos políticos, procuro retraerme. 
Amigo particular de Cisneros y poco conocedor de Céspedes, 
admiro, sin embargo, los indisputables talentos de éste, su 
energía, su tenacidad y constancia en lo referente á Cuba. 



(1) Diario de operaciones del brigadier Francisco Varona y Gonzá- 
lez, el que como otros varios documenlos y datos sobre Cuba, nos 
ha facilitado un conocido escritor cubano. — N. del A. 



282 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

Desde su campamento de la Somanta, en la cumbre de 
una loma elevada y de trabajosísima subida, así contestó 
Céspedes las comunicaciones del Legislativo : 

En la mañana del día de la fecha he recibido la comunicación 
de ese Cuerpo, en la que se sirve participarme : Que en sesión 
celebrada el mismo día fué acordado lo siguiente: « La Cámara 
de Representantes, en uso de las facultades que le concede el 
articulo nueve de la Constitución, depone al ciudadano Carlos 
Manuel de Céspedes, del cargo de Presidente de la República. » 
Doy las más expresivas gracias á ese Cuerpo por haberme li- 
brado del gran peso que ha gravitado sobre mí, mientras he 
' estado hecho cargo del Gobierno, sin que pueda decirse que he 
abandonado mi puesto ni atribuirse á cansancio ó á debilidad 
mía: — P. y L. — Somanta, Octubre 27 de 1873. 

A la Cámara de Representantes. — C. C. Representantes : Es 
en mi poder la comunicación de ese Cuerpo, fecha 27 del ac- 
tual, en la que se sirve decirme que la Cámara acordó en sesión 
del día anterior: «Que se comunique al ex-Presidente Carlos 
Manuel de Céspedes haber sido designado el ciudadano Salva- 
dor Cisneros para que se encargue interinamente del Poder 
Ejeculivo, y que en tal virtud deberá entregar á éste los archi- 
vos y demás dependencias del Gobierno « ; tan pronto como se 
hayan puesto en orden los papeles y hecho el correspondiente 
inventario, daré aviso para la entrega que se pide. — P. y L. — 
Somanta, Octubre 28 de 1873. 

Finalmente, el día 31 del propio mes, dictó y firmó su 
último manifiesto: 

al pueblo y al ejercito de cuba. — Compatriotas : La Cá- 
mara de Representantes, en sesión de 27 de Octubre, ha re- 
suelto deponerme del cargo de Presidente de la República. Esa 
solución, ya prevista, ha dejado sin efecto mi manifiesto de 24 
de éste, porque ha descargado de mis hombros el peso que los 
agobiaba, y me pone á cubierto en lo futuro de toda responsa- 
bilidad. En desacuerdo desgraciadamente con el Poder Legisla- 
tivo, y no siéndome posible renunciar mi puesto sin sujetarme 
á desfavorables interpretaciones, creí de mi deber defender lo 
que consideraba mis principios, las exigencias de la situación, 
la independencia del Poder Ejecutivo, el respeto á la Constitu- 
ción, la observancia de las leyes y la soberanía del Pueblo. En 



LA DEPOSICIÓN. 283 

esa defensa creí también deber mío desplegar toda la infiexibi- 
lidad de mi carácter. La Cámara ha hecho uso de su preroga- 
tiva, y acallada la más exquisita susceptibilidad, no me toca otra 
cosa que obedecer lo preceptuado en ese mismo Código funda- 
mental que tanto me precio de venerar. En consecuencia, he 
dado inmediato cumplimiento á lo acordado por ese alto Cuer- 
po, dentro de sus atribuciones constitucionales. Como antes, 
como ahora y como siempre, estoy consagrado á la causa de la 
Libertad é Independencia de Cuba. Prestaré con todo corazón 
mi débil apoyo á cualquier gobierno legítimo en esa misma lí- 
nea; en ella sé que estaré al lado de los buenos cubanos. 

Tengo el gusto de dejar la Revolución de Cuba en estado 
próspero, y deseo sinceramente que el actual Gobierno dé en 
breve feliz término á la obra del 10 de Octubre de 1868, confir- 
mada por cinco años de continuos trabajos. 

¡ Pueblo y Ejército de Cuba! Habéis cumplido con vuestro 
deber de sensatez y patriotismo. Réstame daros las más expre- 
sivas gracias por las muestras de cariño y respeto que general- 
mente os habéis dignado dispensarme. 

Volvemos á copiar del diario de Varona: 

Noviembre 2. — Somanta. — Vino Céspedes esta tarde á pa- 
garme la visita que no recibió personalmente. Se mostró como 
es él, muy fino y atento. Giró la conversación sobre su deposi- 
ción y no se expresó con violencia ni resentido ; sólo lamenta 
los males que por esto puedan recaer sobre el país. Se informó 
con interés sobre las Tunas y me habló sobre todos los jefes, 
expresándose siempre con delicadeza. Lo encontré algo avejen- 
tado; demuestra pasar largo de los 50. Es bajito' de cuerpo, 
grueso regular, sin barba, y el pelo canoso en extremo corto. 
Viste muy aseado y es cumplido hasta la exageración. Su visita 
duró una media hora. 

Bien quisiéramos examinar, discutir y juzgar los fun- 
damentos y razones que alegó la Cámara de Representan- 
tes para llevar á cabo el hecho político tal vez más grave 
y trascendental de toda su existencia revolucionaria. 
El temor, sin embargo, de no poder tratar semejante 
asunto con la serenidad que nos impondría el papel de 
jueces, y nuestra insuficiencia, detiene nuestra pluma. 



234 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

Por eso, y para cumplir honradamente con nuestro deber, 
ni siquiera nos permitiremos recordar los lugares de la 
correspondencia donde antes y después de su deposición, 
trata Céspedes los asuntos que sirvieron de base á los 
cargos del Legislativo. Publicadas las piezas del gran pro- 
ceso, cedemos la palabra á nuestro compatriota el coman- 
dante Enrique Collazo, cuyas opiniones serán tanto más 
atendibles cuanto que ha llevado su imparcialidad hasta el 
punto de no conceder en su libro (4) á nuestro héroe sino 
aquello que absolutamente no se le puede quitar. Por lo 
demás, sus razonamientos nos parecen claros y exactos, 
su espíritu 'recto é independiente; su objeto, inspirado 
por el noble patriotismo de exponer la verdad con el pro- 
pósito de servir la causa de Cuba, manifestando las con- 
secuencias de los pasados errores, y manteniéndose en 
cuanto es dable á un actor de la tragedia misma qUe re- 
lata, por fuera y por encima de las exageraciones violen- 
tas de ambos partidos : (2) 

« La deposición de Céspedes es el hecho culminante de 
la Revolución Cubana y el punto de partida de nuestras 
desventuras; verdad es que se llenaron los requisitos lega- 
les, que se respetaron los principios, tratando de anular 
únicamente al hombre; que quedó en pie la Constitución 
y se salvó la disciplina militar, se cubrieron las aparien- 
cias; pero se echó al aire la semilla que, sembrada por 
malas manos, había de germinar más tarde en las Lagunas 
de Varona. La ambición, el descontento y los rencores 
personales, se encubrieron con el respeto á la Ley. 

» Con el acta de la sesión del día 27 de Octubre á la 
vista, no se sabe qué admirar más, si la puerilidad de los 
cargos ó la pasividad de Céspedes. 



(i) Desde Yara hasta el Zanjón, por Enrique Collazo. — Habana, 1893. 
— ¿V. del A. 

(2) El hecho de hallarse inseparablemente unidas á ciertos asuntos 
delicados, extraños al plan de esto libro, es causa de. que no podamos 
reproducir las numerosas protestas formuladas en varias épocas contra 
la deposición de Céspedes. Ellas tendrán su puesto cuando se escriba 
la historia de las emigraciones cubanas. — JV. del A. 



LA DEPOSICIÓN. 285 

» Constituido un país en plena paz puede ser un cargo se- 
rio el atentar por parte del Gobierno constituido al dere- 
cho de petición ó cohibir el sufragio; pero, ¿en qué país, 
por liberal que sea su régimen político y por ordenado 
que esté, no suceden millares de casos análogos en cada 
época electoral? Si esto sucede en los países que gozan de 
paz sin que pasen de cierto límite los cargos, ¡ cuánto 
más leve no deberían aparecer en nuestra Revolución ! 

» Al que conoce nuestra vida y nuestro modo de ser, 
aparecerán no sólo leve sino pueril; las elecciones allí 
eran casi ilusorias y se comprende : en primer lugar, muy 
escaso el personal que quisiera y pudiese desempeñar el 
cargo de diputado, tenían los contendientes pocos contra- 
rios; además, muy diseminada la población, escasas y di- 
líciles las comunicaciones, puede asegurarse que sólo 
concurrían al acto un escaso número de los inmediatos á 
la localidad en que se situaba el Colegio, siendo muchos 
los que durante la guerra no ejercitaron ese derecho. 
¿ Qué valor podía tener un derecho que tampoco se ejer- 
citaba? 

» La anulación de la sentencia de un Consejo de Guerra: 
creo que no hay uno sólo de nuestros generales á quien 
no pudiera hacérsele cargo igual ó mayor ; donde todo 
era anormal y violento, ¿cómo podía pretenderse lo per- 
fecto del cumplimiento de las leyes? - 

» Hacer cargos á Céspedes por la suerte que corrieran las 
fuerzas de las Villas, es injusto, máxime estando el cargo 
hecho por hombres que conocían nuestro modo de ser y 
los recursos con que se contaban; pedir á un Gobierno 
que carecía de todo, armas y municiones ; pedir que in- 
terviniese en movimientos militares el que no estaba al 
frente del Ejército, es pedir una imposibilidad para poder 
formular un cargo; sobradamente sabíamos todos que no 
había más esperanza para conseguir parque y armamento, 
que arrebatárselos al contrario, y así lo hicieron tanto los 
villareños como los camagüeyanos y orientales, poco tiem- 
po después. 

» La extralimitación de facultades del Poder Ejecutivo es 



286 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

el cargo más serio y cierto ; puede afirmarse que es el 
único real y efectivo ; mas es preciso tener presente las 
circunstancias del momento. La Cámara se había recesado 
voluntariamente, por no permitirle el estado de la Revo- 
lución efectuar sus sesiones, lo que era una confesión 
tácita de la inutilidad del organismo, que tenía que des- 
aparecer en los días de prueba; y así lo estimó la Cámara, 
de que en las condiciones normales- no podía el Ejecutivo 
hacer todo lo que fuere necesario sin extralimitarse: y al 
volver á la vida acusa á Céspedes de abusos en el poder 
que se le había confiado ; lógico parece que si el apoderado 
había hecho mal uso del poder, se hubieran limitado á 
anularlo y dejar las cosas en el ser y estado anteriores. 

» Pero la cuestión no estaba en las extralimitaciones del 
Poder Ejecutivo; la lucha entablada se basaba en la nece- 
sidad imperiosa ya de unificar el mando, y esa era la pre- 
tensión de Céspedes ; si lo hubiera conseguido hubiera 
logrado la anulación de la Cámara, la muerte del sistema 
creado en Guáimaro y cuya reforma se imponía. 

» Sus defectos estaban probados ya eiVel período de gue- 
rra transcurrido; la crisis por que acabábamos de pasar 
los había puesto de manifiesto; con mejor criterio enton- 
ces hubiéramos evitado los males que nos sobrevinieron ; 
conocimos el mal de que Íbamos á morir y no tuvimos el 
talento necesario para combatirlo. 

» Pudieron más las influencias y pasiones personales y 
fué vencido en la lucha el que no supo buscar el apoyo de 
los más fuertes. 

La Cámara no tuvo nunca fuerza propia y sólo podía 
contrabalancear las fuerzas que contendían 'en el Poder, 
evitando que surgiera una entidad que por su fuerza y 
prestigio tuviera iniciativa y carácter propio, sobrepo- 
niéndose á los demás por la confianza y entusiasmo que 
despertara entre las masas, impidiendo de este modo el 
que tuviera la Revolución una cabeza y orden general de 
operaciones en todo su territorio. 

« Así se ve que cuando depone á Quesada, es porque á 
sus espaldas está Agramonte; cuando combate á Céspedes, 



LA DEPOSICIÓN. 287 

es porque está apoyada ó empujada por Calixto García. 

» El cargo que resultare de la deposición de Céspedes no 
es sólo de la Cámara, aunque así lo manifiesten las apa- 
riencias : tal vez los diputados obraron de buena fe, im- 
pulsados por su patriotismo, queriendo evitar mayores 
males, difíciles de designar hoy, pero visibles en aquellos 
momentos y que la deposición de Céspedes, quitándoles » 
(sie) « el motivo para que se desarrollasen y se pusieran en 
evidencia ; pero es indudable que la actitud de los jefes 
militares y su descontento con Céspedes debió influir mu- 
cho en la determinación de la Cámara. 

» De todos modos, la deposición de Céspedes fué fatal 
para la Revolución y pudo tener aun peores consecuencias 
que sólo se evitaron por las condiciones de carácter, sen- 
satez y patriotismo del depuesto Presidente. 

» El mismo día de la deposición, el brigadier José de Je- 
sús Pérez manifestó á Céspedes que estaba dispuesto á 
apoyarlo con las armas y que contaba con la fuerza á sus 
órdenes, la Brigada de Cambute : por fortuna éste rechazó 
el ofrecimiento, evitando el conflicto; su conducta prueba 
Cuan errados iban los que lo acusaban de ambicioso. 

» En el tiempo que ejerció el mando supo desempeñarlo 
con entereza y carácter, imponiendo con su aspecto y 
modo de ser, el respeto y la consideración debidos al 
puesto que ocupaba. 

» Cualquiera que haya sido su acierto como gobernante, 
tiene dos hechos que hacen su apología y que lo harán 
siempre el primero entre los cubanos : el levantamiento 
en La Demajagua y su conducta cuando fué depuesto. Para 
que nada falte á su legítima gloria, la pone más de relieve 
el criminal abandono en que quedó sumido por la ingra- 
titud de sus conciudadanos, viniendo á morir, ya casi 
ciego, solo entre abrupta sierra, el primero de los cubanos 
que consiguió dar á su país y á sus paisanos patria y 
honra. 

» Y al decir en su alocución al Pueblo Cubano que de- 
jaba la Revolución en estado próspero, decía lo cierto, 
pues estábamos en su mejor época. 



288 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

» Calixto García se podía decir dueño del territorio de 
Oriente, contando con una fuerza aguerrida, entusiasta y 
llena de esperanzas en el triunfo; Vicente García tenía 
reducido al enemigo á los poblados de las Tunas y Puerto 
Padre, y Gómez, que acababa de recoger la herencia del 
mayor Agramonte, encontraba una fuerza modelo de dis- 
ciplina y organización, con jefes como los Sanguily, Ro- 
dríguez, Benítez, Reeve, Mola, y una brillante caballería, 
empezando una serie de combates gloriosos, y no dejando 
en su territorio poblado en que no entrasen sus tropas á 
cargarse de parque y de botín : Santa Cruz, San Miguel, 
Cascorro; Nuevitas, viéronse asaltadas por las fuerzas cu- 
banas. 

» Las fuerzas de las Villas, ya reorganizadas, esperaban 
el momento de volver á ocupar su territorio. 

» Dejaba, pues, casi completamente libres á Oriente y 
Cama'güey, y hasta abundantes de parque, pues Vicente 
García acababa de sorprender el campamento de la Zanja, 
cogiendo sobre 200,000 tiros ». 



IX 

VIA CRUCIS 



Ya depuesto Céspedes y queriendo mantener la extrema 
reserva que le imponían la dignidad de su carácter y la 
del alto puesto que había ocupado; temiendo que su pre- 
sencia en el campo donde se agitaban amigos y enemigos 
pudiera ser motivo de sordas intrigas y aun de conflictos, 
pidió pasaporte al Gobierno, con objeto de seguir pres- 
tando en el extranjero sus servicios ala Revolución; pues 
no era compatible con la actividad de su espíritu ni con 
la fe de su ardiente patriotismo, condenarse á permanecer 
espectador pasivo, si no indiferente, de la obra misma que 
él había comenzado. Pero el nuevo Jefe del Ejecutivo, no 
satisfecho con haber triunfado, venciendo la personalidad 
política de su antecesor, continuó su inexplicable con- 
ducta iniciando una guerra mezquina y vergonzosa de 
puerilidades absurdas contra el hombre, y esto no sólo 
con el designio de atormentar el alma del gran patriota, 
sino con el de rebajarlo, obligándole á descender á un te- 
rreno de explicaciones domésticas sin necesidad ni pro- 
vecho. 

Por crueles que fuesen tales bajezas, podían despre- 
ciarse; sus consecuencias carecían de verdadera impor- 
tancia; pero en el fondo existía algo más grave, la cues- 
tión del pasaporte era un punto capital. 

Desde luego se comprende que el ex-Presidente, por 
honra propia y respeto á su carácter, no debía escaparse 
como un simple fugitivo, cosa que, quizás, hubiesen de- 

19 



290 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

seado algunos, esperando así empañar su brillo y amen- 
guar su prestigio. 

El Gobierno también, por honra y decoro, no debía con- 
sentir que Céspedes viviese sin ocupación adecuada á su 
importancia, errante por los bosques, expuesto sin cesar 
á ser sorprendido por una columna española ó caer víc- 
tima del odio y la traición de sus enemigos. Á nadie po- 
drían ocultarse los riesgos que amenazaban su libertad y 
su vida ; la responsabilidad, por consiguiente, es indiscu- 
tible (1). 

En presencia de la convicción evidente del peligro, 
los subterfugios y pretextos para impedir el instante 
de su salida legal, son inexplicables, y han dado lugar á 
que algunos espíritus exaltados hayan abierto una tre- 
menda interrogación á la cual tal vez la Historia no res- 
ponderá jamás, por no serle posible penetrar en la profun- 
didad de la conciencia de los actores principales de ese 
tenebroso asunto. 

Sin embargo, y aunque las pequeneces indignas y bajas 
de aquellos tristes días fueron la causa originaria de la ca- 
tástrofe final, no podemos, no queremos creer que la ne- 
gligencia, las dilaciones y por último, la negativa con que 
contestó el gobierno de Cisneros á la solicitud de Céspe- 
des, deban imputarse á una premeditación lenta, hipó- 
crita y cobarde. 

El crimen sería tan inconcebible, que piadosamente 
pensamos que fué la muerte de Céspedes efecto de una 
ingratitud sin ejemplo y de una torpeza inexplicable. 

De cualquier modo que haya sido, todo lo soportó él con 
inalterable mansedumbre, sin quejas ni amargas recrimi- 
naciones. Con estoica resignación aguardó el desenlace 
lúgubre y sangriento que presentía, y miraba aproximarse 
á* cada hora como consecuencia inevitable de la complici- 
dad inconsciente de los hombres y las circunstancias. 



(1) « La desgraciada muerte de Carlos Manuel de Céspedes, de la 
cual tiene mucha responsabilidad la administración, y el odio con que 
procedió la Cámara después de su salida, han sido la causa de esa alarma 
que existe en Oriente ». — Ignacio Mora. — Ya citado. — N- del A. 



VIA CRUCIS. 291 

Son testimonio de esto las cartas y comunicaciones que 
van enseguida y cuya mayor parte, sea dicho de paso, 
omitió el gobierno presidido por Cisnerosen el oficio que 
con fecha 30 de Abril de 1874 y desde el Camagúey, di- 
rigiera al G. Miguel de Aldama, Agente General de la 
República en el extranjero, con objeto de « desvanecer 
errados conceptos y falsas interpretaciones, que se cono- 
ciera por completo la conducta observada por aquel Go- 
bierno desde el momento en que el C. Carlos Manuel de 
Céspedes dejara de ser Presidente hasta el en que tuvo la 
desgracia de caer en manos de nuestros enemigos ». 

He aquí las piezas que forman el proceso : 



Distrito Myr. de Cuba. — Ctel. General, Limones, Octubre 29 
de 1813. — C: Carlos Manuel de Céspedes : El Jefe del 
2.° Cuerpo de Ejército me. transcribe la comunicación siguien- 
te : « Mayor : El Jefe de este Cuerpo ha recibido la comunica- 
ción siguiente : República de Cuba. — Secretaría de la Guerra. 
— Las dos importantes operaciones que simultáneamente han 
de emprender las fuerzas de su digno cargo y las circunstancias 
de no haber concurrido todas las que se esperaban con ese ob- 
jeto, han sugerido al Gobierno la medida de que recojan los nú- 
meros que se encuentran en la residencia del C. Carlos Manuel 
de Céspedes para incorporarlos al Ejército en operaciones. Y á 
fin de que dicho G. no carezca de las garantías de seguridad 
consiguientes al elevado puesto que acaba de desempeñar, 
mientras que el Ejecutivo se hace cargo de los archivos y de- 
más dependencias del Gobierno y decida lo conveniente al ulte- 
rior destino de aquél, se le haga saber que se aproveche de la 
custodia del Gobierno, trasladándose á su residencia, con lo 
cual se llenan ambos fines. Y lo comunico á V. para los fines 
consiguientes. — Soy de V., etc. — P. y L. — Limones do 
Baire, Octubre 29, 1873. — 6.° de la Independencia. — El Se- 
cretario de la Guerra interino. — Félix Figueredo. — Lo que de 
orden de dicho Jefe trascribo á V. para su conocimiento y efec- 
tos consiguientes. — P. y L. — Cuartel General en Limones, 
Octubre 29, 1873. — El Jefe de Estado Mayor. — Felipe Herre- 
ro ». Y lo hago saber á V. para que se sirva dar cumplimiento 
á la precedente orden en lo que á V. se refiere, viniendo á la 
Reside!. cia del Gobierno. — Soy de V. con toda consideración. 



292 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 
p. y L. — El Mayor General, Jefe de Operaciones. — Ma- 
nuel Calvar. 



C. Manuel Calvar. — Jefe del Distrito Mayor de Cuba. — C. 
General : Acuso á V. recibo de su comunicación de ayer. No 
he pedido dar cumplimiento á la orden de V., porque el Gobier- 
no ha tenido á bien trasladarse al lugar de mi residencia, don- 
de aguardaré la decisión de mi ulterior destino. — De V. con 
toda consideración. — P. y L. — Somanta, Octubre 30 de 1873. 
— Carlos Manuel de Céspedes. 



C. Salvador Cisneros y B., Presidente interino de la Repú- 
blica. — C. Presidente : Está terminado el inventario de do- 
cumentos y enseres pertenecientes al Estado que se hallan en 
mi poder. — Lo participo á V. á fin de que se sirva determinar 
lo que tenga á bien para efectuar su entrega con arreglo al 
acuerdo de la Cámara de R.R. fechado en 27 del corriente. 
También presentaré copia de algunos documentos que me inte- 
resa conservar, para si no hay inconveniente se sirva mandar 
que se me devuelvan autorizadas por quien corresponda. — Con 
sentimientos de respeto, etc. — P. y L. —Somanta, 30 de Octu- 
bre de 1873. — Carlos Manuel de Céspedes. 



Secretaría del Interior. — N.° 12. — C. Carlos Manuel de 
Céspedes. — Ciudadano : El Presidente interino de la Repú- 
blica, en contestación á su oficio de esta fecha relativamente á 
la manifestación de estar terminado eí inventario de los docu- 
mentos y enseres pertenecientes al Estado que se hallan en su 
poder, á fin de efectuar su entrega con arreglo al acuerdo de la 
Cámara de R.R., fecha 27 del corriente, me encarga decir á V. 
que está dispuesto á recibirlos á las ocho del día de mañana 31 
en Consejo de Gabinete y en el local de la Presidencia, reser- 
vándose resolver acerca de la última parte de su citada partici- 
pación. — Con sentimiento de la mayor consideración, etc. — 
P. y L. — Somanta, Octubre 30 de 1873. — El Secretario Inte- 
rino de la Guerra. — Félix Figueredo. 



Secretaría del Consejo de Gabinete. — Al C. Carlos M. Cés- 
pedes. — Ciudadano: El Presidente interino de la República 



VIA CRUCIS. 293 

me ha encárgalo manifieste á V. que en Consejo de Gabinete 
celebrado en esta fecha, se ha acordado expedir un recibo pro- 
visional de los archivos entregados por V. en el Consejo de 
ayer, para su resguardo, mientras se resuelve acerca de las ob- 
servaciones que se han hecho al pormenor de dicha entrega, en 
cuya oportunidad le será despachado en la forma definitiva co- 
rrespondiente. En tal virtud, adjunto dicho recibo expedido por 
el Presidente según lo acordado. — Al propio tiempo se ha re- 
suelto solicitar de V. la colección de El Cubano Libre, que con- 
tiene las resoluciones dictadas en la República, por ser de todo 
punto indispensable para el mejor despacho de los negocios. — 
Las últimas correspondencias del Agente Mr. Davis (Cuba) y 
las de otros individuos que por medio de ellas sirven la causa 
de la Revolución más ó menos directamente, se hacen necesa- 
rias para la inteligencia del estado de los negocios y de las 
personas con quienes se mantienen esas comunicaciones. — Por 
último, me encarga decirle que se hace preciso le comunique V. 
las claves para la correspondencia por cifras con el Exterior, 
así como con los jefes militares de la República. — Con senti- 
mientos de la mayor consideración, etc. — P. y L. — Cambute 
1.° de Noviembre de 1873. — El Canciller. — Federico Betan- 
court. 



C. Secretario del Consejo. — C. Secretario : Acabo de recibir 
una comunicación de V. en que se me manifiesta haberse acor- 
dado expedirme un recibo provisional de los archivos entrega- 
dos por mi en el Consejo del día de ayer, para mi resguardo, 
mientras se resuelve acerca de las observaciones que se han 
hecho al pormenor de su entrega y que en su oportunidad me 
será despachado en la forma definitiva correspondiente. Se 
acompaña á la comunicación el recibo expedido por el C. Presi- 
dente. — La colección de El Cubano Libre que de mi se solicita, 
es de mí propiedad particular. Este periódico se repartía gra- 
tis ; yo, como otros ciudadanos, fui coleccionando los números 
que me pertenecieron para conservarlos como un recuerdo de 
nuestras glorias históricas, y cuando en el Gobierno no hubo 
otro ejemplar, por haberse llevado su colección el C. Francisco 
Maceo, actual Secretario de Relaciones Exteriores,- facilitaba la 
mía cuando se necesitaba. Sin embargo de esto, si el Gobierno 
lo ordena, la remitiré en seguida. — La correspondencia que 
he tenido con el Agente D. Miguel Davis y otros individuos que 



294 . CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

sirven á la causa de Cuba, ha sido completamente llevada en 
forma particular. Como era natural, exigían que rompiera las 
carias. Conservo, empero, las últimas de los señores Davis y 
Raquin que adjunto, suplicando se me devuelvan para, inutili- 
zarlas, después que se hayan enterado de su contenido ; ellas ser- 
virán también, especialmente la última, para demostrar su ca- 
rácter completamente confidencial. — Adjunto las claves que yo 
poseo de carácter público. — Con sentimiento de la más alta 
consideración, etc. — P. y L. — Somanta, 1.° de Noviembre 
de 1813. — Carlos Manuel j>e Céspedes. 



República de Cuba. — Secretaría del Interior. — N.° 17. — 
C. Carlos. Manuel de Céspedes : El Presidente de la República 
me ordena decir á V. que mientras se decide acerca de las enti- 
dades pendientes con relación á V., deberá permanecer en el 
campamento del Gobierno, donde siempre encontrará las ga- 
rantías de seguridad que éste ofrece y las consideraciones con- 
siguientes al elevado cargo que acaba de desempeñar. — La 
Somanta y Noviembre, 1.° de 1813. — 6.° de la Independencia. 
— El Secretario Interino del Interior. — Félix Figueredo. 



C. Presidente de la República. — C. Carlos Manuel de Cés- 
pedes á V., con el debido respeto, expone : Que acaba de recibir 
una orden de la Secretaría del Interior en la que se expresa 
que mientras se decide acerca de las entidades pendientes con 
relación á mi, deberé permanecer en el campamento del Go- 
bierno, donde siempre encontraré las garantías de seguridad 
que éste ofrece y las consideraciones consiguientes al elevado 
cargo que acabo de desempeñar; posteriormente he recibido avi- 
so del jefe del campamento para partir mañana. — Creo que esa 
orden coarta mis derechos de ciudadano libre, obligándome á 
trasladarme y á viajar sin que lo reclamen mis intereses, lo 
pida mi voluntad, ni lo exijan mis deberes. Las seguridades de 
que me rodeaba antes por exigirlo así la entidad moral que re- 
presentaba, no me son hoy necesarias, que como simple ciuda- 
dano nada temo; y las consideraciones á que alude la orden, y 
que yo agradezco é ignoro cuáles sean, no han sido por mí so- 
licitadas ni mi dignidad de hombre me permitiría aceptarlas con 
sacrificio de mi libertad natural. — Finalmente, el resultado de 
las entidades pendientes puede hacérseme saber, bien valién- 



VIA CRUCIS. 295 

dose de los medios que el Gobierno tiene á su disposición, bien 
citándome en su día á la residencia del Gobierno. — La ley 
dada por la Cámara de R.R. en Palo Quemado el 25 de Di- 
ciembre de 1869, que no ha sido derogada, dice : o En sesión 
celebrada el día de hoy, se adoptó el acuerdo siguiente : La Cá- 
mara de R.R. declara que todo ciudadano está en el pleno goce 
de sus derechos mientras por decreto judicial, ajustado á las le- 
yes, no se le prive de alguno; sin embargo, en las actuales cir- 
cunstancias el Ejecutivo podrá detener á un ciudadano señala- 
damente sospechoso de los delitos de traición, homicidio, robo 
ó violación, aunque sólo para ponerlo á disposición del tribu- 
nal que corresponda ». De un todo me ampara el 1 er extremo de 
este acuerdo; y si por ventura me comprende en algo el 2.°, 
póngaseme á disposición de un tribunal de justicia. Por todas 
estas consideraciones, á V. pido se sirva ordenar se me permi- 
ta disponer de mi persona. Justicia, etc. — P. y L. — Soman- 
ta, 1.° de Noviembre de 1873. — Carlos Manuel de Céspedes. 



C. Presidente de la República. — C. Presidente : No pensé 
nunca salir de Cuba durante la actual contienda contra la domi- 
nación española. Mas depuesto del cargo que ejercía, mi pre- 
sencia en el país puede servir de pretexto á ambiciones, ser 
origen quizás de desagrados que yo quiero evitar á toda costa; 
es por esto, en modo alguno por las privaciones que tuviera 
que experimentar, ni por temor á peligros procedentes del ene- 
migo, que deseo pasar al extranjero. Quedándome en Cuba, he 
de ser forzosamente gravoso; en el extranjero, sosteniéndome 
con el producto de mi trabajo personal, puedo ayudar á más.á 
la Revolución. — Por los motivos expuestos, C. Presidente, so- 
licito de V. pasaporte para el extranjero, y que se me conceda 
me acompañen algunas personas de mi familia, algún amigo y 
criados de mi confianza. — Con sentimientos, etc. — P. y L. 
— Somanta, 2 de Noviembre de 1873. — Carlos Manuel de 
Céspedes. 



C. Presidente interino de la República. — C. Carlos Manuel 
de Céspedes, á V. con el debido respeto, digo : Que por el Ma- 
yor General Manuel Calvar, Jefe de Operaciones del Distrito de 
Cuba, se me participó con fecha 29 de Octubre último una co- 
municación del Jefe del 2.° Cuerpo de Ejército, trasmitiéndole 



296 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

otra procedente de la Secretaría de Guerra de la misma fecha. 
En esta se me manifestaba que mientras el Ejecutivo se hacía 
cargo de los archivos y demás dependencias del Gobierno y de- 
cidía lo conveniente á mi ulterior destino, podía aprovecharme 
de la custodia del Gobierno,. trasladándome á su residencia, con 
lo que no carecería de las garaatías y seguridad consiguientes 
al elevado puesto qué acababa de desempeñar. Era, pues, por 
su índole, pura y esencialmente permisiva esta disposición. No 
así el transcrito que de ella me hizo el Jefe del Distrito de Cuba; 
pues que en él me previene que diese cumplimiento á la prece- 
dente orden, viniendo á la residencia del Gobierno, lo que no 
pude efectuar por haberse trasladado el Ejecutivo á donde yo 
estaba. El carácter imperativo de esta disposición me obligó á. 
inquerir del C. Secretario interino de la Guerra si debía enten- 
der me hallaba en clase de -detenido. Su respuesta negativa, ase- 
gurándome se trataba sólo de la entrega á que se refiere la 
comunicación de la Secretaría de Guerra, me impulsó á hacer 
esta lo más pronto posible. La efectué en breve, según consta 
del recibo provisional de que se me ha provisto, á reserva de 
otorgarme el definitivo, obviadas que sean pequeñas dificulta- 
des que se dice hay que arreglar, y de las que se me pudo de- 
mandar explicación en el punto en que residía. — Hecha esta 
entrega, provisto de ese recibo y no siendo funcionario público, 
no teniendo carácter militar, siendo simple ciudadano de un 
país libre, creía estar en aptitud de establecerme donde convi- 
niera á mis intereses, y á ello me disponía cuando recibí orden 
del Secretario del Interior para permanecer en la residencia del 
Gobierno. Acerquéme entonces á la persona del Presidente de 
la República y le expuse las razones de hecho en que me fun- 
daba para no permanecer con el Gobierno, para no ir con él, 
previendo que sería necesario y natural tuviera que trasladarse 
á más ó menos distancia del punto en que me convenía residir. 
Le manifesté que era mi propósito trasladarme donde moraba 
el Coronel Cintra, el cual tenía una pequeña fuerza destinada 
fijamente á un servicio especial que serviría para resguardar- 
me; le expresé que careciendo de convoyeros para trasladar 
mis efectos, podía, yendo allá, hacerlos transportar poco á poco 
desde la casa de un amigo donde los dejaba depositados, y le 
signifiqué que siendo mi deseo pasar al extranjero, en aquel 
punto estaba más al tanto de poderlo practicar y recibir corres- 
pondencia de mi familia. Para legalmente satisfacer el propó- 
sito de pasar al extranjero, presenté el correspondiente pedi- 



VIA CRUCIS. 297 

menlo. — No obteniendo respuesta decisiva, y habiéndome 
notificado el Jefe del campamento que me preparase para partir 
con el Gobierno, presenté entonces una instancia en la que, 
haciendo presentes mis derechos de ciudadano de un pueblo 
libre, adújelas razones de derecho que en ese documento cons- 
tan. Era ese escrito de tal naturaleza, que,' á mi ver reclamaba 
inmediata resolución; resolución que de cualquier modo podía lle- 
gar á saber en donde fijase mi residencia, sin obligarme á estar 
donde no me conviene y donde no por los trabajos personales, 
que no siento, sino porque no es esa mi voluntad, sufre mi 
dignidad, siento coartados mis derechos de ciudadano. En vez 
de esla pronta resolución, en la mañana del día de la partida 
de la Somanta, se me presentó el Secretario del Consejo de 
Gabinete C. Federico Betancourt, á participarme se había deci- 
dido someter á Consejo de Gabinete 'la resolución que hubiera 
de recaer á la instancia por mí presentada, expresándome que 
la jornada se iba á rendir en el lugar llamado Naranjo ; y como 
siendo así en poco ó en nada se alteraba mi itinerario, marché 
con el Gobierno. — No fuimos a Naranjo, pernoctamos en Mo- 
gote; otra vez me avisté con V. é insistí en las razones que 
tenía para no querer proseguir en marcha con el Gobierno. 
Usted se sirvió decirme que lo expuesto por Betancourt no 
había sido por su orden, que nos dirigíamos á Arroyó», donde 
se trataría de arreglarlo todo. Tampoco nos quedamos en ese 
último punto, y he venido hasta aquí recibiendo diariamente 
orden del Jefe del campamento para continuar viaje. — Hace 
ya cuatro diasque nos hallamos en los montes de los Horneros, 
y aun la instancia presentada en la Somanta no ha obtenido de- 
cisión alguna, equivaliendo esta demora á una terminante ne- 
gativa, tanto más enojosa cuanto que se me ha mantenido en la 
incertidumbre. — Vuelvo á insistir en que no soy funcionario 
público, que no tengo carácter militar alguno, que no soy más 
que simple ciudadano, y aunque la Constitución previene que 
todos están obligados á prestar servicio según sus aptitudes, no 
creo yo sea la mía andar viajando sin objeto contra mi volun- • 
tad y residir donde no quiero; de lodos modos, el cargo ú ocu- 
pación que se me dé, puede hacérseme saber donde me halle. 
— Al abogar, pue=, en esta instancia por el libre ejercicio de 
mis derechos, abogo por el de todos los ciudadanos; y. como 
respeto al Gobierno de mi patria, y amo á ésta tanto como el 
que más, sentiría mucho verme en la precisión de echar mano á 
recursos legales, de hacer manifestaciones y presentar protes- 



298 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

tas que quizás algún día pudieran imprimir desdoro á mi na- 
ción. — Por tanto, espero que V. se sirva, sin más demora, re- 
solver en justicia. — P. y L. — Los Horneros, 9 de Noviembre 
de 1873. — Carlos Manuel de Céspedes. 



C. Presidente interino de la República de Cuba. — C. Presi- 
dente : Por un periódico español, El Voluntario de Manzanillo, 
he tenido conocimiento del apresamiento del Virginius, la pér- 
dida de los recursos de guerra que dice nos traía y el fusila- 
miento de los patriotas que venían á su bordo. — Grande, iri- 
teiiso es el dolor que ha experimentado mi corazón ante tal des- 
gracia, y si en todas ocasiones es deber de los cubanos servir 
al Gobierno de la Patria, sostenerlo y ayudarlo á conseguir el 
triunfo contra nuestros enemigos, afirmando al fin la indepen- 
dencia y la libertad, ha de permitirme V. que yo hoy le ofrezca 
mis servicios para que se sirva utilizarlos del modo que juzgue 
usted más adecuado á mis aptitudes y más provechoso para la 
Patria. — Con sentimientos de la mayor consideración. — P.yL. 
— Residencia del Gobierno, 21 de Noviembre de 1873. — Garlos 
Manuel de Céspedes. 



Noviembre 21 de 1873. — Señora Ana Quesada de Céspedes. 
— Mi muy querida esposa : La Patria está de duelo y llora la 
muerte de muchos hijos beneméritos. Mi pobre hermano Pe- 
dro selló con su sangre el juramento de volver á Cuba. Yo le 
había dicho que permaneciera en el extranjero ocupado en el 
servicio de la Patria, conforme lo permitieran sus males, y así 
podría atender también el cuidado de sus hijos. Su patriotismo 
lo arrastró y' ha muerto en el campo del honor. ¡Dichoso él 
que ha ceñido ese lauro inmortal! Su gloria inmarcesible me 
consuela de su muerte. 

En cuanto á mi deposición, he hecho lo que debía. Me he in- 
molado ante el altar de mi patria en el templo de la Ley. Por mi 
no se derramará sangre en Cuba. Mi conciencia está muy tran- 
quila y espero el fallo de la Historia. 

P. D. — Te incluyo la comunicación que dirigí al Presidente 
interino de la República luego que supe la pérdida del Virginias. 
Creo que no necesito explicarte que en nada varía mis propósi- 
tos de marcharme de la Isla y de reducirme á la vida privada, 



VTA CRUCI3. 299 

no aceptando más empleos en mi patina sino en el caso impro- 
bable de que no pudiera salvarse de otro modo. Así, pues, mis 
servicios son ofrecidos desinteresadamente bajo mi carácter y 
capacidad de persona particular. 



N.° 53. — República de Cuba. — Secretaría de la Guerra y 
del Interior. — C. Carlos Manuel de Céspedes. — En el Con- 
sejo de Gabinete celebrado el día 18 del corriente, se acordó 
contestar á las solicitudes de V. fechadas en i.° y 9 del mismo, 
manifestándole que era imposible por ahora acceder á ellas 
mientras no se finalizara completamente la entrega del archivo 
y mientras estuviesen pendientes muchos asuntos que hacían 
indispensable su presencia en el lugar de la residencia del Go- 
bierno. En el mismo acuerdo se expresó que se le pidiera 
á V. la colección de EL Cubano Libre, y en que se encuentran las 
leyes vigentes, una caja de pinturas y un estuche de matemáti- 
cas que tenía el anterior Gobierno ; que se le significara que 
debía enviar los planos de los lugares en que están depositados 
los archivos y documentos de las Secretarías, así como también 
los nombres de las personas que ocultan dichos archivos, ó 
que presenciaron la ocultación, según se ordenó en un acuerdo 
tomado en Consejo; que se le recuerde que en el Libro de Actas 
del Consejo faltan el índice y demás requisitos que sobre este 
punto exigen los acuerdos del Consejo de Gabinete; y que se le 
indique que debe manifestar á este Gobierno los nombres de los 
corresponsales, tanto de la Isla como del Extranjero, y entre- 
gar las correspondencias que con ellos haya tenido; á reserva 
de hacerle todas las demás reclamaciones que se presenten, se- 
gún se vayan notando las fallas. — Lo que digo á V. para su 
conocimiento. Con testimonio de mi mayor consideración. — 
P. y L. — Residencia del Ejecutivo en la Toronja, á 21 de No- 
viembre de 1873. — 6.° de la Independencia. — El Secretario 
déla Guerra interino. — Félix Figueredo. 



C. Secretario interino de la Guerra. — C. Secretario : Es en 
mi poder la atenta comunicación de V. fecha 21 del actual, en la 
que me manifiesta « que en Consejo de Gabinete celebrado el 18 
del corriente, se acordó contestar á mis solicitudes del 1.° y 9 
del mismo, expresando que era imposible por ahora acceder á 
ellas mientras no se finalizara completamente la entrega del ar- 



300 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

chivo y mientras estuviesen pendientes muchos asuntos, que 
hacen indispensable mi presencia en. el lugar de la residencia 
del Gobierno ». — El carácter indefinido de ese acuerdo ameri- 
ta el que insista en el pedimento que mis solicitudes contienen, 
á la vez que me obliga á expresar el que cuando me sea potes- 
tativo y en la forma y vía adecuadas, presentaré la reclamación 
oportuna para reivindicar mis derechos- que dejo todos a salvo. 
Esto, no obstante el sacrificio que se me impone, atendida la 
razón en que se funda, no puedo menos de reputarlo como un 
honor en consonancia con las consideraciones que se profesa 
tenerme. — Hecha esta salvedad, paso a satisfacer las exigen- 
cias que en la misma comunicación se'me hacen, como acuerdo 
también del Consejo, diciendo: 1.°, que remito la colección de 
El Cubano Libre que se me ordena entregar, sin embargo de 
creer que el Gobierno tiene la que perteneció al difunto Secre- 
tario de Relaciones Exteriores, Francisco Maceo, de haberse 
expresado en comunicación anterior que era de mi particular y 
exclusiva pertenencia y que deseaba conservarla íntegra como 
un valioso monumento para la Historia de Cuba que, al ir yo al 
extranjero, según tengo pedido, en ese sentido podría utilizar- 
se;' 2.°, que desgraciadamente no puedo remitir la caja de pintu- 
ras y esluche de matemáticas, por haberse perdido el año 1871 
en el asalto que sufrió el Gobierno en el Salvial, Jurisdicción 
de las Tunas; 3.°, que no tengo conocimiento de que se hayan 
levantado planos de los puntos en que han sido enterrados los 
archivos: asunto es éste' en que no he tomado participación y 
del que no podré dar más datos que los por mí verbalmente ex- 
presados al Ejecutivo, de la incumbencia de los Secretarios; he 
sabido únicamente que se tomaron notas enterradas á su vez 
con los archivos posteriores. Con respecto á las personas que 
los ocultaron ó presenciaron la ocultación, diré que del archivo 
que existía cuando el incendio de Bayamo, debe tener conoci- 
miento el C. Auditor de Guerra Joaquín Acosta; que otro ar- 
chivo lo ocultó el difunto C. Miguel Yillamar, habiendo oído decir 
que lo sacó el General Vicente García, que lo halló inutilizado; 
que otro se enterró en San José del Chorrillo por los C.C. José 
Recio Betancourt (presentado á los españoles) y el Subteniente 
Rafael Caravallo; que otros dos fueron entregados por el Se- 
cretario de la Guerra, Francisco Maceo, á los C.C. Feria (de 
Holguín), habiendo sido uno de estos ciudadanos cogido por los 
españoles y ahorcado; que los últimos han sido entregados al 
Brigadier José de Jesús Pérez, con orden, en vista de lo acón- 



VIA CRUCIS. 301 

tecido con los otros archivos, para que los remitiera al extran- 
jero, aprovechando conducto seguro y persona de confianza; 
4.°, que ignoro si alguno de los Secretarios del Consejo ha lle- 
vado índices, mas que yo no los he visto ni los tengo; 5.°, que- 
como ya he indicado anteriormente, la correspondencia que he 
seguido con individuos existentes en algunas poblaciones, ha 
sido de carácter privado, como pudo tenerla cualquier otro ciu- 
dadano; que los jefes militares son los que quizás tengan co- 
rresponsales en los pueblos, no conociendo yo más que en San- 
tiago de Cuba á Miguel Davis y Leónidas Raquin; de Manzanillo 
he visto cartas de Robinsón, Marqueta, H. y Flaco, habiendo 
oído decir que algunos de esos individuos están en relación con 
otros de la Habana, pero sin que yo haya tenido de estos comu- 
nicación alguna. El carácter privado de esa correspondencia me 
obliga á reclamar las dos cartas que al Gobierno he remitido, 
para inutilizarlas, según compromiso. No sé que en el extran- 
jero haya habido esos corresponsales. — Finalmente, expresaré en 
respuesta á la reserva que encierra y constituye el último pá- 
rrafo de la comunicación de ese Centro á que contesto, y para 
proceder con más expedición, que no tengo nada, absolutamente 
nada que pertenezca al Gobierno, que todo lo he entregado, que 
lo poco que poseo, es exclusivamente mío ; sin embargo, yo que 
-todo lo he cedido á la Patria, haciendo un sacrificio más estoy 
pronto á entregar lo que me queda, si se me exige, deseando 
solamente que se me prevenga con rapidez para poder usar de 
mi libertad, que es lo que más aprecio. — Con sentimientos de 
consideración. — P. y L. — Residencia del Gobierno, 24 de No- 
viembre de 1S73. — Carlos Manuel de Céspedes. 



República de Cuba. — Secretaria de la Guerra. — N.° 59. — 
C. Carlos Manuel de Céspedes. — Distinguido conciudadano: 
En contestación á la comunicación que con fecha 21 del corrien- 
te dirige V. á este Centro, donde pone de manifiesto lo grande 
é intenso de su dolor por la pérdida del Virginias con los mate- 
riales y expedicionarios, lo cual le mueve asimismo á ofrecer de 
nuevo sus servicios á la República del modo que se juzgue más 
adecuado á su aptitud y más provechoso para la Patria, debo 
manifestarle : que en Consejo de Gabinete se dio lectura á su ci- 
tada comunicación y se acordó lamentar como V. la pérdida de 
los materiales de guerra que nos traía; pero más particularmen- 
te la irreparable de los hermanos expedicionarios que cayeron en 



302 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

poder del enemigo para ser fusilados contra todo derecho, como 
está sucediendo según últimas noticias. Y respecto del otro 
punto también se acordó tomar en consideración la oferta, espe- 
rando poder utilizarla mas adelante : con manifestación que no 
era esperable otra conducta del hombre que en Yara se alzó' en 
armas contra España por la Independencia de nuestro patrio 
suelo. — P. y L. — Residencia del Ejecutivo en los Negros, á 23 
de Noviembre de 1873. — 6°. de nuestra Independencia. — Secre- 
tario de Guerra interino. — Félix Figueredo. 



Á la Cámara de Representanles. — Ciudadanos Dipuíados : 
Consideraciones de mucha importancia me obligan á dirigirme 
al Cuerpo Legislativo para que se sirva pesar la cuestión que 
tengo el honor de someter á su alto criterio, cuya cuestión la es- 
timo de alta trascendencia para el país y la Historia, y es la con- 
ducta que debemos observar con el G. Carlos Manuel de Céspe- 
des en el estado excepcional en que se encuentra el país. — Di- 
fícil me parece, ciudadanos representantes, tomar por mí solo 
una determinación que pudiera servir de antecedente para lo 
porvenir y que quizás engendrase un privilegio que sirviera de 
base para los que, como el C. Carlos Manuel de Céspedes, cesa- 
sen en la Presidencia de la República. — En circunstancias anor- 
males se verifican las transiciones políticas sin que el sucesor- 
de un poder entre á ocuparse de la vida privada del sucedido, y 
otro tanto acontece casi siempre en los casos generales ; pero no 
así en el presente, pues en éste el G. Carlos Manuel de Céspedes 
ne es el hombre que ha dejado de ser Presidente, sino el que 
engendró la Revolución pronunciándose abiertamente en Yara 
el memorable 10 de Octubre de 1868. — En efecto, la personali- 
dad del C. Carlos Manuel de Céspedes está tan adherida á la Re- 
volución de Cuba, que abandonarlo, porque ha dejado de ser 
Presidente, á sus propios recursos, sería un desagradecimiento. 
Él fué el primero que proclamó la Independencia y el que por el 
espacio de cinco años ha administrado el poder. Durante este 
periodo no ha recibido ninguna remuneración por administrar la 
República más que alguno que otro regalo de particulares, ni 
los sueldos que le corresponden por sus servicios ; así es que 
creo que á nosotros toca, ya que no remunerarlos, por lo menos 
atender á su subsistencia facilitándole los medios y proveerle de 
una custodia que haga difícil cayese en poder del enemigo, si 



VIA CRUCIS. • 303 

éste continuara en el prurito de cogerle para celebrarlo como una 
gran victoria, según ellos de muerte para nuestra causa. Y no se 
diga aqui que se implora un principio funesto : el de una jerar- 
quía : no, se ocurre á una consideración justificada : á que 
no debemos abandonar en momentos extraordinarios al hombre 
que abre la historia política é independiente del país con su nom- 
bre y al que no puede establecerse con toda seguridad donde lo 
exige su albedrío. Por otra parte, si los Reglamentos señalan 
ayudantes, escolta y asistentes á ciertas individualidades en la 
esfera militar, ¿ por qué no hacerlo con el hombre que se alzó en 
armas con sus propios recursos de poder, desafiando á una na- 
ción que tenía sobrados medios para aniquilarla? — Bien con- 
siderado, el título más honroso y satisfactorio para un hombre- 
libre es el título de Ciudadano de una nación libre ; pero como 
todavía la República no ha podido gozar de su libertad, como 
aun gimen en afrentosa esclavitud millares de sus habitantes y 
como todavía sostiene en su territorio la guerra más cruel y 
terrible conocida, es decoroso que la Administración ámi cargo 
haga todo lo posible por salvar al hombre del 10 de Octubre. La 
Cámara de Representantes, interesada en que el hombre de Yara 
pueda gozar de los beneficios á que es acreedor por sus antece- 
dentes históricos en los anales del país, debe aceptar lo princi- 
pal de este mensaje y dictar un acuerdo en que, al dejar en salvo 
la responsabilidad del Ejecutivo, quede la personalidad del 
C. Carlos Manuel de Céspedes fuera de todo peligro y (sic) de 
su sustento. El Ejecutivo, estricto observador de nuestras leyes, 
no ha querido por sí dictar ni tomar determinación alguna; pero 
sí puede, como lo hace, recomendar al hombre que fué el pri- 
mero que en Yara, alzado en armas, gritó — // Viva la Independen- 
cia ! ! ¡¡ Muera España ! ! — P. y L. — Residencia del Ejecutivo en 
los Negros, á 28 de Noviembre de 1873. — 6.° de nuestra Inde- 
pendencia. — El Presidente interino de la República. — Salva- 
dor Cisneros B. 

En el mensaje anterior el C. Salvador Cisneros Betan- 
court reconoce y hasta puede decirse que prevé el peligro 
que amenazaba la vida de Céspedes. Reconoce, además, 
la responsabilidad del Ejecutivo y la necesidad urgente 
de proporcionar al caudillo los medios que hicieran, por 
lo menos, difícil su captura y muerte. 

JLa contestación de la Cámara lo deja en absoluta líber- 



304 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

tad de proceder del modo que juzga más decoroso para 
la administración á su cargo : 

República de Cuba. — Cámara de Representantes. — Al 
C. Presidente de la República. — En sesión celebrada el día de 
hoy, acordó la Cámara lo siguiente : Que se conteste al Ejecuti- 
vo que siendo el asunto á que se refiere en su mensaje de 28 de 
Noviembre del presente año puramente administrativo, la Cá- 
mara ño puede inmiscuirse en él. — Lo que se comunica á V. 
para eu conocimiento. — P. y L. — Casa Blanca del Cautillo, 
Diciembre 13 de 1873. — El Presidente. — Jesús Rodríguez.-. — 
El Secretario. — Luis Victoriano Betancourt. 

Más adelante se verá de qué modo el Ejecutivo apro- 
vechó su. competencia. 

República de Cuba. — Secretaría de la Guerra. — C. Carlos 
Manuel de Céspedes. — Distinguido ciudadano : El Ejecutivo 
ordenó la lectura de su comunicación de fecha 24 de Noviembre 
próximo pasado en Consejo de Gabinete, y de la misma resulta 
un acuerdo que paso á manifestarle, pues asi me lo ordenan : 
Primero : Que queda V. libremente autorizado para hacer uso 
de los derechos que puedan asistirle donde más le convenga, 
cuya medida, si V. la toma, llenará completamente los deseos del 
Gobierno, porque con ella la Historia lo colocará á V. en el lu- 
gar que deba cor.responderle (1). Segundo : Que este Gobierno 
está en la obligación de quedarse con la colección de El Cubano 
Libre que V. entregó, á pesar de sus razones, porque con ella 
se suple la que V. debía de haber entregado anexo al archivo 
.cuando cesó en la 1. a Magistratura, de la pertenencia del Go- 
bierno : sin que esto se roce en nada con la adquirida á causa 
del desgraciado suceso del Secretario de Relaciones Exteriores, 
C. Francisco Maceo. — Tercero : Que se aceptan los motivos 
que V. da y que causaron la pérdida de la caja de pinturas y 
estuche de matemáticas. — Cuarto : Que no se comprende que 
usted, como Presidente de la República que era entonces, per- 
mitiera enterrar los archivos sin llenar las formalidades de le- 
vantar los correspondientes planos y demás, para poder extraer- 
los llegado su día, aun cuando no existan los individuos que 



(1) Esla lirada absurda y comprometedora se dirige conlra lo expre- 
sado en la pag. 300. líneas 3 á 7. — N. del A . 



VIA CRUCIS. 305 

verificaron el entierro. — Quinto : Que estando dispuesto se 
formen índices, cuya disposición existe en el Libro de Actas del 
Consejo, no es excusa decir « que ignora si alguno de los Se- 
cretarios del Consejo ha llevado índices », y menos cuando es- 
tos no son responsables. — Sexto : Que á todo ciudadano le está 
vedado tener correspondencias de carácter privado con perso- 
nas que permanezcan en las plazas del enemigo. Se pueden te- 
ner reservadamente, pero en consonancia con la Revolución y 
pai*a provecho de la misma;. y como así se ha hecho y se sigue 
haciendo, de ahí que se le exija á V. la correspondencia que 
proceda de nuestros agentes, no sólo para estudiar el estado 
de los asuntos que en si contiene, sino que también para ar- 
chivar esos documentos, los que mañana servirán de anteceden- 
tes para poder recompensar á sus autores, bien sea por este 
Gobierno ó por los que le sucedan, los que estimarán como jus- 
tificativos los documentos archivados. — Y para terminar, ma- 
nifestaré á V. que este Gobierno, haciéndose cargo de su último 
párrafo, no se explica cómo pueda V. ser despojado de lo que 
legítimamente le pertenece y sea exclusivamente suyo. En hora 
buena que V. le haya cedido á la Patria cuanto poseía : así he- 
mos hecho todos y seguiremos haciendo hasta sacrificar nues- 
tras vidas si necesario fuese, con tal que queden asegurados 
nuestros principios democráticos y en salvo la Libertad é Inde- 
pendencia de Cuba (1). — Reciba las pruebas de toda mi consi- 
deración. — Patria y Libertad. — Gasa Blanca (Cautillo) 12 de 
Diciembre de 1813. — 6.° de nuestra Independencia. — El Se- 
cretario de la Guerra. — Félix Figueredo. 



C. Secretario de la Guerra. — C. Secretario : Tengo él honor 
de acusar á V. recibo de su oficio fechado en 12 del corriente 
mes y año, en que se sirve trasmitirme el acuerdo del Consejo 
de Gabinete recaído en mi comunicación de 24 de Noviembre 
próximo pasado. — No volvería á molestar la ocupada atención 
de V. si el C. Presidente de la República no se hubiera dignado 
decirme, en conferencia verbal, que debía dar una contestación 



(1) La mayor parte de los enemigos políticos de Céspedes, incluso 
el doctor Félix Figueredo, sobrevivieron al Pacto del Zanjón. No obs- 
tante, y en honor de la justicia, diremos que dicho ciudadano protestó en 
Baraguá, calificando de felonía los últimos actos de la Cámara, etc. — 
N. del A. 

20 



306 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

á ese despacho.— Entrar en el análisis y refutación de las doc- 
trinas que contiene, discutir sobre las consecuencias que de 
ellas quieran deducirse, ó sobre la relación que, como Presiden- 
te que fui de la República, guardo con el actual Ejecutivo por lo 
que respecta á los actos que ejercí durante mi administración, 
aunque de fácil tarea, á nada conduciría en estos momentos ; y 
así debe quedar reservado para ocasión más oportuna si fuese 
necesario. — Ahora, por lo que concierne al hecho de los docu- 
mentos y explicaciones que se me han pedido, nada tengo que 
añadir á lo que expuse en mi oficio de 1.° de Noviembre últi- 
mo, dirigido al C. Secretario del Consejo y en otra de 24 del 
mismo mes y año, dirigido al C. Secretario interino de la Gue- 
rra, en cuyo concepto las reproduzco y ratifico en todas sus- 
partes. — Sin embargo, como el C. Presidente, en la menciona- 
da conferencia verbal, me pidió los índices que en su concepto 
debieron llevar de sus archivos los G.C. Secretarios del Despa- 
cho, aunque ese punto no está tocado en la comunicación de V., 
consignaré aquí lo mismo que de palabra expresé, esto es, 
que los Secretarios del Despacho no tenían obligación de for- 
mar esos índices, sino un oficial denominado archivero, el cual 
rara vez existió por las circunstancias de la guerra; que creía 
que no se habían hecho esos índices, si bien no podía asegla- 
rarlo, por no ser asunto mío personal; pero que de cualquier 
modo, así como con los referentes á la Secretaría del Consejo, 
ni los había visto ni los tenía. — Dígnese V., C. Secretario, ad- 
mitir las protestas de mi mayor consideración. — P. y L. — 
Casa Blanca (Cautillo) 15 de Diciembre de 1873. — 6.° de N. I. 
— Carlos Manuel de Céspedes. 



República de Cuba. — Secretaría de la Guerra. — N.° 120. — 
C. Carlos Manuel de Céspedes. — Distinguido ciudadano: Tengo 
el honor de poner en conocimiento de V. que en Consejo de 
Gabinete celebrado el día de ayer, entre otras cosas, se hizo el 
acuerdo que á la letra copio : — «Se acordó pedir al C. Carlos 
M. Céspedes todas las disposiciones legislativas dictadas por él, 
desde el 7 de Julio del 12 hasta el 25 de Septiembre del 73, que 
reanudó sus trabajos la Cámara de Representantes, pues en el 
cuaderno que entregó sólo existen de ese intermedio el Decreto 
de 26 de Agosto y el del 18 de Septiembre del presente año, 
como también la última disposición de la Cámara de R.R. depo- 
niéndole del cargo de Presidente que ejercía, y el Decreto auto- 



VIA CRUCIS. . ,.V • •'. 307 

rizando á Castillo, Quesada y Govín para formar la Agencia, 
Confidencial y levantar el empréstito hasta 100.000.000 de pesos- 
(cien millones) otorgado por la Cámara. Pedirle cuenta del es.ta-- 
c!o del empréstito general y de las cantidades tomadas aquí por 
él y libradas al extranjero, así como de su inversión. Que ma- 
nifieste la comisión que llevó el diputado Antonio Zambrana al 
exterior, así como las comisiones que ha desempeñado y el ca- 
rácter con que nos ha representado en el exterior el General 
Manuel Quesada antes de ser nombrado Agente Confidencial. La 
fecha en que se le expidieron los grados de Teniente Coronel y 
Coronel al Comandante Melchor Agüero y las comisiones oficia- 
les que ha obtenido dicho ciudadano del Presidente de la Repú- 
blica, y cuál fué la causa que se le siguió al Comandante Agüe- 
ro según consta en el Libro de Actas del Consejo. La fecha de 
la concesión del grado de Teniente Coronel de Provisionales al 
C. Rafael Milanés, así como las fechas en que se les concedió á 
los C.C. José de Jesús Pérez y Rafael Quesada el grado de Bri- 
gadier, y en que se expidieron los diplomas de Coronel á los 
Tenientes Coroneles Ruz, Guevara, Maceo, Pineda y Moneada, 
y los de Brigadier á los Coroneles Manuel Calvar y Francisco 
Vega. Las fechas en que se reconoció el grado de Coronel á los 
Tenientes Coroneles Ángel Maestre, Eduardo Agramonte, Igna- 
cio Guerra y Jaime Santistéban, individuos propuestos á la Cá- 
mara y aceptados unos y otros no. Las fechas en que se le conr 
cedió el Grado de Mayor General al Brigadier Javier Céspedes y 
C. José M. Barrete En que se concedió el grado de Brigadier 
al Coronel Manuel Agramonte Porro y el de Coronel á los Te- 
nientes Coroneles Juan Cintra, Manuel Suárez, Arcadio Leyte Vi- 
dal, Enrique M. Reeve, Belisario G. de Peralta y Jacinto Duran, 
ninguno de los cuales consta en los libros de actas del Consejo, 
según se previene, ni en los libros copiadores de la Secretaría 
de la Guerra. Se acordó asimismo pedir á dicho C. Céspedes 
copia de las cartas de 22 y 29 de Mayo del presente año del Eje- 
cutivo al Agente de Jamaica y las proclamas y documentos que 
acompañaba el mismo Agente en su comunicación de 18 de 
Mayo del presente. Pedirle asimismo las comunicaciones de 
aquella Agencia al Ejecutivo, pues en el archivo de la Secreta- 
ría del Exterior solamente existe una, é igualmente las contes- 
taciones á dichas comunicaciones. Pedirle copia de la contesta- 
ción á la del 29 de Abril de Castillo al Ejecutivo y pasada en 24 de 
Julio. Pedirle también la exposición de la gente de color de los 
Estados Unidos y la déla Asociación Central de Nacionalidades 



308 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

de New York por Sickles; los recortes impresos á que se refie- 
re el Agente Diplomático Céspedes en su comunicación de 22 
de Mayo de 73 ; las copias de documentos que remite el mismo 
ciudadano en la de 23 de Junio del presente año; El Republicano, 
á que se contrae el mismo Agente Céspedes en la de 18 de Fe- 
brero del 13 ; la alocución á que hace referencia el C. Castillo 
en la de 28 de Mayo de 73 ; el suplemento á La Revolución á que 
hace referencia en la misma comunicación dicho Agente Céspe- 
des, como también los impresos marcados con los números 12, 13 
y 14; el folleto del C. Juan M. Macías y carta de J. G. del Castillo 
en contestación á aquel que acompaña Castillo en comunicación 
de 29 de Abril del presente al Ejecutivo ; las comunicaciones 
números 933, 936 y 945 que faltan en el libro copiador. También 
se acordó preguntar al G. Carlos M. Céspedes si al expedirle 
pasaporte para el extranjero al General Garrido le encomendó 
alguna comisión, y si es así, el tiempo que tardará para volver á 
Cuba.» — Lo que comunico á V. para los efectos oportunos. — 
Con la más distinguida consideración. — P. y L. — Residencia 
del Gobierno en Casa Blanca, Diciembre 17 de 1873, 6.° de nues- 
tra Independencia. — El Secretario de la Guerra. — Félix Fi- 
gueredo. 



C. Secretario de la Guerra. — G. Secretario : Inclusa ha- 
llará V. la disposición de la Cámara de R.R. -fechada en 27 de 
próximo pasado, por la que se sirve deponerme del cargo de 
Presidente de la República, con manifestación de que fué diri- 
gida á mí en particular y soy el que tengo derecho á conservarla. 
— No se ha recibido ninguna cuenta del estado del empréstito 
general : las noticias que sobre el asunto han llegado deben ha- 
llarse en los archivos y no las recuerdo á punto fijo. — He to- 
mado aquí y librado á la Agencia de. Jamaica $ 102 que me en- 
tregó el C. Jesús Rodríguez para abonarlos á su señora esposa, 
habiéndole devuelto $ 72 y remitido en privado á mi difunto 
hermano G. Pedro de Céspedes los $ 30 restantes para que pa- 
gase al que comprobara haberlos suplido á dicha, señora; pues 
creo que la Agencia no satisfizo el libramiento, de cuyo resul- 
tado estoy pendiente. En este particular es oportuno observar 
áV. respetuosamente, que no estoy obligado á dar cuenta al ac- 
tual Ejecutivo de la inversión de caudales que entraran en mi 
poder durante mi administración, sino á la Cámara de R.R. como 
lo he hecho con cuantos he manejado. — Recuerdo que el G. An- 



VIA CRUCIS. 309 

tonio Zambrana fué encargado, á pelición suya, ele conciliar y 
entusiasmar los ánimos de los cubanos emigrados y conseguir 
que facilitasen recursos para la guerra contra España. — El G. 
General M. Quesada, cuando marchó al extranjero, llevó la co- 
misión de allegar y remitir esa misma clase de recursos. — El 
Coronel Melchor Agüero ha conducido al extranjero pliegos re- 
ferentes á distintos particulares, y la causa que se le formara, 
recaería á la pérdida de la expedición del Hornet. — Al General 
Garrido no se le encomendó ninguna comisión. — Respecto de 
los demás particulares, nada puedo informar de memoria, refi- 
riéndome, por último, á lo que dejo dicho en mis anteriores con- 
testaciones. — Con esto me cabe el honor, C. Secretario, de ha- 
ber dado respuesta á su atenta comunicación de ayer, en que V. 
se digna copiarme el acuerdo del Consejo del Gabinete cele- 
brado el día anterior, y de reiterar á V., al mismo tiempo, las 
protestas de mi mayor consideración. — P. y L. — Residencia 
del Gobierno en Casa Blanca, á 18 de Diciembre de 1873. — 
6.° de N. I. — Carlos Manuel de Céspedes. . 



República de Cuba. — Secretaría de la Guerra. — N.° 134. — 
C. Carlos Manuel de Céspedes : La atención del Ejecutivo se 
ha fijado en la contestación de V. á la nota que se le dirigiera 
el 17 del. corriente marcada con el número 128, y no conforme 
por no concretarse V. á los particulares que se le piden, la some- 
tió en Consejo de Gabinete auna resolución, y esta es laque ala 
letra copio : « Que este Gobierno no está conforme con la res- 
puesta evasiva que ha dado á las últimas reclamaciones que se 
le hicieron, porque siendo el jefe de administración en la época 
en que tuvieron lugar los actos de que se le pide cuenta, y no 
constando en los archivos que ha entregado nada sobre aque- 
llos, está en la obligación de remitir los antecedentes que se le 
piden, para poder la actual administración resolver las dudas 
que pueden ofrecerse sobre estos particulares ; y que por todo 
lo expuesto se le exija una respuesta categórica ». — La anterior 
copia del acuerdo lo pone á V. en la obligación de entregar en 
esta Secretaría las credenciales que se le piden y queda á la 
expectativa lo verifique V. para resolver sobre varios puntos 
en que está detenida la actual Administración por la falta de las 
enumeradas credenciales. — Reitero á V. las pruebas de mi 
mayor consideración. — P. y L. — Arroyo déla Güira, Diciembre 



310 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

26 de 1813. — 6.° de nuestra Independencia. — El Secretario de 
la Guerra interino. — Félix Figueredo. 



C. Secretario de la Guerra. — C. Secretario : Cábeme el 
honor de acusar á V. recibo de su comunicación fecha 26 del 
corriente n.° 134, en que vuelve á transcribirme otro acuerdo 
del Consejo de Gabinete relativo á la contestación que en 18 del 
mismo di á su oficio del día anterior. — A los particulares de 
que se me ha tratado no he dado ninguna respuesta evasiva, ni 
tenía motivos para darla, ni soy capaz de darla. En mi concepto 
he contestado categóricamente á las distintas comunicaciones de 
ese Centro en todo lo que podía y debía contestar con arreglo 
á la verdad y sin exponerme á errar: aun por hacer favor, me 
he extendido hasta más allá de lo que era mi obligación. — Si 
el Gobierno no ha quedado conforme, lo siento infinito, porque 
mis deseos de ayudaren lo que me sea posible son los mejores; 
pero no puedo dar otras respuestas más categóricas á los citados 
particulares. — Tampoco puedo remitir ningún otro documento 
ó credencial de los que se me han pedido, porque he entregado 
todos los que estaban en mi poder. Los que hubiera convicción 
de que faltan, estarán en los archivos guardados, ó se habrán 
extraviado ó destruido con los azares de la guerra ; y si eso de- 
mora la resolución de algún asunto, ó de cualquier modo la di- 
ficultad, en el mismo caso podría hallarse y se ha hallado varias 
veces la Administración pasada, sin que sea culpa de nadie. — 
, Creo que no puedo contestar más categóricamente, y así he tra- 
tado de hacerlo en mis anteriores comunicaciones, que repilo 
por conclusión. — Reitero á V. las pruebas de mi mayor consi- 
deración. — P. y L. — Arroyo de la Güira, 21 de Diciembre de 
1873. — 6 o . de Ñ. I. — Carlos Manuel de Céspedes. 



C. Carlos Manuel de Céspedes. — Distinguido C. : El Go- 
bierno tiene que moverse y emplear algunos días en asuntos de 
interés ; y como á V. tal vez no le tenga cuenta permanecer en 
su seno, puede quedarse ó continuar, como más convenga á su 
personalidad. Si prefiere quedarse, el campamento del Coman- 
dante Beola brinda seguridad, y esto porque el Gobierno no pue- 
de facilitarle una escolta como quisiera hacerlo ; y si desea 
acompañarnos, puede verificarlo. De cualquier modo, es el deseo 
del Gobierno que V. elija lo que le convenga ; quedando los ne- 



VIA GRUCI3. 311 

gocios con V. pendientes á la mira de resolverlos tan pronto 
pueda hacerse. — Reitero á V. las pruebas de toda mi conside- 
ración. — P. y L. — Arroyo de la Güira, 27 de Diciembre de 
1873. — 6.° de nuestra Independencia. — El Secretario de la 
Guerra. — Félix Figaeredo. 



C. Secretario de la Guerra. — C. Secretario : He recibido la 
atenta comunicación de V. fechada en el día de hoy, por la cual 
se sirve manifestarme que el Gobierno ha resuelto que pueda 
continuar en su compañia ó quedarme, como más me convenga ; 
en cuyo último caso tiene á bien indicarme que el Campamento 
deBeola brinda seguridad, en el supuesto de que el Gobierno no 
puede facilitarme una escolta como quisiera hacerlo, y por últi- 
mo, que los negocios conmigo pendientes quedan á la mira de 
resolverse tan pronto como se pueda. — Agradezco profunda- 
mente los buenos deseos del Gobierno con respecto á mi perso- 
na, y aprovechando ese permiso prefiero no seguir marcha ; 
pues aunque para mí sería muy honorífico, no me lo permite el 
estado de mis cabalgaduras. — En todo tiempo y ocasión estoy 
á las órdenes del Gobierno para todo lo que sirva mandarme en 
obsequio de nuestra patria. — Por manifestación verbal de V., 
quedo enterado de que pueden acompañarme (y doy las gracias) 
mi hijo Carlos Manuel y mi hermano político José I. de Quesa- 
da. — Soy de V. con la mayor consideración. — P. y L. — 
Arroyo de la Güira, 27 de Diciembre de 1873. — 6.° de N. I. — 
Carlos Manuel de Céspedes. 



Diciembre 28 de 1873. — Señora Ana Quesada de Céspedes. 
— Mi muy querida esposa : Los acontecimientos creo que ha- 
brán explicado á tus hermanos el tono de mis cartas, compren- 
diendo que lejos de querer ofenderlos en lo más mínimo, si me 
hacía un débil eco de sus detractores, era para evitar que ni en 
apariencias pudiera tener razón la calumnia. Desde que me con- 
vencí de que ellos y sus amigos eran los únicos que servían 
eficazmente á Cuba, me resolví á unirme á ellos para que en 
esa noble senda, sin más partidos ni aspiraciones personajes, 
nos salvásemos ó pereciéramos juntos. 

Volviendo á hablar de mi viaje, como todavía no tengo pasa- 
porte, aunque se hagan combinaciones deben dejarse en suspen- 



312 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

so sus efectos hasta que yo avise. Si fuese posible, quisiera que 
el que me venga á buscar traiga una tonelada de pólvora. 

Te advierto, por lo que pueda importar, que Mariano Acosta 
me ha ofrecido un bote tripulado, y le he dicho sobre el particu- 
lar lo mismo que á tí ahora. 

Ayer me dejaron en libertad y me quedo en Cambute. Dicen 
oue me darán pasaporte. 



X 

LA MUERTE 



Por razones fáciles de comprender y por lo mismo inú- 
til de enumerar, es casi siempre difícil é imposible á veces 
el acuerdo cabal de documentos y testigos en el detalle 
de los hechos históricos. Tal sucede con todo lo quo se 
refiere á la denuncia, sorpresa, ataque y muerte del Pre- 
sidente Céspedes. Después de detenido examen ofrecere- 
mos la versión que parece más conforme con la verdad, 
apoyada en datos que, para mayor edificación de nues- 
tros lectores, se publican á continuación. Las discordan- 
cias en realidad consisten en puntos que, á no dudarlo, 
sería curioso saber, pero no indispensables para recons- 
tituir con exactitud los actos principales y la escena final, 
es decir, el drama completo que interesa á la posteridad. 

En carta de 28 de Diciembre de 1873, manifiesta Céspe- 
des la intención de quedarse en Cambute, y así lo veri- 
fica. Las operaciones del enemigo, los consejos del briga- 
dier Pérez y los del teniente coronel Medina Prudentes, 
la conveniencia de hallarse más próximo de Santiago de 
Cuba, de donde recibía casi toda la correspondencia, y 
la esperanza de poderse embarcar desde allí con más fa- 
cilidad tan pronto como llegase á sus manos el pasaporte 
que esperaba, lo determinan más tarde á fijar su resi- 
dencia en San Lorenzo. 

San Lorenzo, dice el mismo Céspedes en la carta que 
termina este libro, era una finca situada en la Sierra 
Maestra. Tenía un año de fundada y no distaba mucho 
de El Ranchito, sitio que también describe. 



S14 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

Llegó allí el 23 de Enero de 1874, ocupando con su pri- 
mogénito una casita de guano rodeada de seis bohíos ha- 
bitados. 

Aquella tierra solitaria y triste, sin importancia hasta 
entonces, como perdida en la vasta extensión de la patria, 
fué el lugar predestinado en el espacio para cumplirse el 
supremo sacrificio, quedar santificada con la sangre de 
la víctima é inmortalizada en el tiempo con la gloria del 
héroe. 

Según las declaraciones ' de los C.C. Enrique Truji- 
11o (1), Leónidas Raquín (2) y otros, dícese haber sido á 
fines de Enero del 74, apresado en un bote por fuerzas 
españolas un negro llamado Robert (1), antiguo esclavo de 
Salvador Cisneros Betancourt. Conducido y condenado á 
muerte en Santiago de Cuba, ofreció en vísperas de ser 
pasado por las armas, en cambio de una conmutación de 
pena, revelar el asilo en donde, abandonado de la mayor 
parte de sus conciudadanos, se ocultaba el caudillo de 
la Revolución, del furor de los españoles. 

Concluido el pacto infame celebrado entre el traidor y 
el tirano, salió de Santiago de Cuba, en la noche del 26 
de Febrero á bordo de un vapor de guerra, una columna 
de mil hombres con rumbo al Aserradero. 

El traidor que conducía las hordas españolas, tenía 
perfecto conocimiento del terreno, de los que allí habita- 
ban, de la distribución de las fuerzas que protegían aque- 
lla zona; y así lo demuestra el haber podido marchar 
nada menos que una columna por el camino del Oro, es- 
quivando la vigilancia de los cordones militares, y ya 
cerca de San Lorenzo, emboscarse sin despertar alarma 
en el teatro mismo de la catástrofe. 

Diecisiete días antes, el coronel Benjamín Ramírez 
manifestó á Céspedes la conveniencia de que se retirase 
de San Lorenzo, ofreciéndole una escolta para que lo'eíec- 



(1) El Porvenir. — Nueva York, 14 de Marzo de 1894. — N. del A. 

(2) Carta fechada en Santiago de Cuba el 18 de Marzo de 1874. 
— N. del A. 



LA MUERTE. 315 

tuase. El consejo fué desgraciadamente desoído por las 
razones ya expuestas de la correspondencia y el pasaporte. 

Como se verá por los documentos á que nos hemos re- 
ferido, el prefecto José Lacret Morlot recibió una comuni- 
cación de Ramírez, previniéndole de redoblar la vigilan- 
cia que debía proteger la vida del ex-Presidente y la de 
todos sus vecinos. 

Igualmente su hijo el coronel Céspedes y Céspedes le 
recomendaba con apremiante instancia el abandono de 
aquel punto en donde permanecía desde mucho tiempo, 
y que careciendo de defensa eficaz y hasta de escolta, era 
prudente, para evitar una sorpresa, buscar un nuevo 
abrigo. 

Lo mismo pensaba Céspedes, mas como esperaba la 
llegada al Lajial de los generales Calvar y Pérez, con quie- 
nes le urgía ocuparse de asuntos graves, decidió retardar 
su partida. 

Resolvíase entre tanto negativamente en el Gobierno la 
cuestión del pasaporte, hecho que era de esperarse cono- 
cido el espíritu del Ejecutivo y manifiesto en las opinio- 
nes que consignara su jefe en la carta del 22 de Octubre 
de 1871 (F p. 135.) : 

Secretaría de la Guerra. — Al G. Carlos M. de Céspedes. — 
Distinguido Ciudadano : En el Consejo de Gabinete celebrado 
el 8 del corriente se leyó su comunicación fecha 2 de Noviembre 
último, y respecto á su contenido se acordó contestarle que este 
Gobierno no cree conveniente en manera alguna, que sin causa 
poderosa y justificada, salgan fuera de su territorio los que en 
él militan y le deben forzosamente sus servicios ; y que en cuanto 
á que su presencia pudiera servir de núcleo á descontentos y 
transgresores de la ley, el Gobierno espera que eso no sucederá 
confiando en su celo, en su patriotismo y en el que hasta la fe- 
cha no han desmentido los ciudadanos de la República. — Lo 
que comunico á V. para su inteligencia. — Ciego de Najaza, 
Febrero 23 de 1874. — El Secretario de la Guerra interino. — 
Félix Figuereio. (1) 



(1) Ocho meses después de la muerte de Céspedes, se realizaban sus 
pronósticos: « Es de temerse que sobre aquella causa (V. la nota de 



316 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

El 26 recibe Céspedes una invitación para asistir á un 
almuerzo que le ofrecía el C. Evaristo Millán en su casa, 
distante una legua de San Lorenzo. En esa misma tarde 
llegó la correspondencia, y en ella algunas cartas de la 
familia, que lo llenaron de profunda tristeza por haber 
evocado en su memoria el recuerdo de sus hijos. (1) 

Á las once de la mañana siguiente — viernes — le 
avisó el prefecto Lacret que estaban ya dispuestos los que 
iban á acompañarle y ensillado su caballo Telémaco : que 
era preciso emprender la marcha inmediatamente para 
llegar á tiempo. Rogóle Céspedes mandase á decir á Mi- 
llán que no le era posible tener el gusto de sentarse á su 
mesa. 

De vuelta Lacret, después de haber evacuado su comi- 
sión, almorzaron juntos y se separaron en seguida, diri- 
giéndose Céspedes solo hacia el rancho que habitaban dos 
ancianas de apellido Beatón, en donde solía tomar café y 
dar clase de lectura á algunos niños que allí se re- 
unían. (1) 

Á poco de haber salido Céspedes, fué su hijo á una de 
las viviendas circunvecinas : una hora había transcu- 
rrido, y cuando pensaba retomar á la habitación común, 
oyó varios tiros, y lanzándose al claro corre precipitada- 
mente á la loma en que ya se encontraba el. Presidente (2). 
Al divisarlo'los soldados que coronan la altura, lo reciben 
con gritos y descargas sucesivas. ¡Era tarde! Los espa- 
ñoles interponen entre el padre y el hijo una línea de fuego 
y un muro -de bayonetas. Un paso más, y hubiera sido 



la pág. 290) venga á empeorar más la situación la caída de Calixto 
García en poder del enemigo. Este Jefe no tiene quién lo reemplace, y 
la Administración no sabe á quién poner al frente de aquella división 
que pueda calmar las pasiones agitadas por los allegados á Carlos Ma- 
nuel de Céspedes ». — Ignacio Mora ya citado. — N. del A. 

(1) Carta del prefecto Lacret acerca de la muerte de Céspedes. — 
Madrid. — N. del A. 

(2) Carta del coronel Céspedes y Céspedes, fechada en Cambute el 3 de 
Marzo de d874. — N. del A. 



LA MUERTE. 317 

capturado. Vuelve la cara y se reúne con el prefecto Lacret 
y el teniente Leoncio Landeau que^ se baten un instante 
en el descubierto de San Lorenzo. Claros y distintos per- 
cibe disparos que reconoce provenir del revólver de Cés- 
pedes : así lo dice á sus compañeros ; pero éstos, creyendo 
que se equivoca, y viendo que la permanencia en aquel 
lugar era inútil temeridad, se lo llevan hacia el río en 
cuyas orillas esperaban hallar al ex-Presidente (l).,En ese 
momento, dando saltos tumultuosos llega el caballo Te- 
lémaco y cae cerca de ellos mortalmente herido. Vadean 
el río y sé internan en la montaña, oyendo siempre las 
descargas y la algazara infernal de aquel tropel de lobos 
carniceros. 

Mientras tanto ¿ qué acontecía al pie del Turquino en 
cuyas faldas había Céspedes como dado cita á la muerte 
veinticinco años antes ? Al ruido de las primeras deto- 
naciones, comprende el peligro de la situación, y por con- 
siguiente, la salvación improbable. Abandonando el ran- 
cho emprende la retirada describiendo una curva hacia 
el N. 0. perseguido siempre por el enemigo. Salvando 
todo género de obstáculos con una agilidad y una energía 
sorprendentes á su edad, logra mantenerse á distancia. 
Un tiro le fractura una pierna y cae, pero levantándose 
enseguida, hiere al sargento que, más osado, muy de 
cerca la perseguía. Otro de los tiros de su revólver va á 
hundirse en una palma á la izquierda de la línea del com- 
bate. Herido otra vez, — ya casi apresado, — logra salvar 
una palizada y precipitarse en un barranco que tenía al 
frente, como de cuatro varas de profundidad y cubierto 
de troncos, ramas y palos secos. Dos veces herido, en la 
imposibilidad absoluta de la defensa y de la fuga, cae el 
león para no volver á levantarse. Sin duda entonces, 
para evitar los supremos ultrajes y no dar sino su cadá- 
ver á los españoles, aplicó contra su pecho el arma 



(1) La muerte de Céspedes, capítulo del libro Historia de la Revolución 
de Cuba por Fernando Figueredo Socarras. — Patria. — Nueva York. 
— 1894. — JY. del A. 



318 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

que llevaba y disparando el último tiro se atravesó de 
parte á parte. .'■'*.. "_ ' 

La muerte de un contrario valeroso, 
Solamente el que es vil la solemniza. 

Recordando los españoles estos versos de uno de los 
más grandes, y sin disputa el más noble de sus poetas, 
quisieron confirmarlo una vez más con un nuevo testi- 
monio de la moderación generosa de su raza y de sus 
hábitos humanitarios en la guerra, virtudes que recuerdan 
todavía los Países Bajos y toda la América Latina cuando 
evocan los nombres del duque de Alba, de Boves y Anto- 
ñanzas, de Zuazola y Morillo, de Cerveris y Morales y de 
tanto capitán famoso cuyas proezas celebran con orgullo 
los fastos nacionales. Ebrios de sangre, en la alegría de 
un triunfo sin peligro y por tanto sin honor y sin gloria, 
con el goce feroz del odio satisfecho, rodearon los des- 
pojos aun palpitantes del héroe caído : hundiéronle el 
cráneo á culatazos, despojáronle de sus vestidos, sin olvi- 
dar en la exaltación patriótica de la victoria, registrar 
cuidadosamente los bolsillos, y atado á una cuerda lo 
alzaron de la hondonada y lo arrastraron por el llano. 

En presencia de tales hechos, recorriendo las hojas 
de la historia militar de España, no ya de remotos tiem- 
pos, sino de nuestro propio siglo, en las de las guerras 
de la Independencia de América ; en las de la invasión 
francesa, en las de sus contiendas civiles y de lo que 
ayer mismo pasó en Cuba, antójasenos dudar de la sin- 
ceridad del mismo insigne bardo, cuando aludiendo á los 
horrores inauditos de la Conquista, dijo en .verso inmortal :/ 

Crimen fueron del tiempo y no de España. 

¿No sería más conforme á la verdad haber dicho lo con- 
trario ? 

Ignorado de los otros, y de él mismo, la guerra trans- 
forma el español, y despierta el furor homicida latente en 
las circustancias normales de la vida. Bajo el imperio de 
esa pasión que no excluye otras cualidades y virtudes, no 



LA MUERTE. ' 319 

cree sino en la utilidad y eficacia de la muerte, y la pro- 
diga por consecuencia sin piedad ni discernimiento con 
la convicción inexorable de un sistema necesario. 

¿Enseñanzas del tiempo, discursos y razonamientos?... 
Pena inútil; lucha imposible contra el fatalismo etnoló- 
gico resultante del temperamento, de los hábitos guerrea- 
dores, del espíritu ambicioso y aventurero de conquista, 
de la intolerancia y el fanatismo religioso y político, del 
grado de cultura moral en la masa profunda de la na- 
ción, factores todos que determinan el carácter de una 
raza y lo fijan por la persistencia hereditaria; carácter 
funesto que han transmitido á toda su descendencia, 
atenuada ciertamente hoy por la influencia del tiempo, 
del clima, de instituciones más libres, por el ambiente de 
una civilización vecina más poderosa y humanitaria; pero 
visible siempre y manifiesta en la historia de las luchas 
de las repúblicas sud-americanas. 

Y á tal punto llega el furor que le produce la tenacidad 
de la resistencia, que se priva del honor y orgullo que 
debiera inspirarle el hecho de haber engendrado hijos 
indomables como ellos, y como ellos valientes, capaces 
de combatirlos y vencerlos en memorables batallas. 

Creyendo con la destrucción de los hombres detener el 
vuelo de las ideas, imaginan hacer la paz en donde hacen 
un desierto, y establecer el orden en donde suprimen el 
juego de las actividades libres en el pleno goce de sus 
legítimos derechos. Así han perdido un mundo; y así 
perderá España lo poco que aun le resta de su pasado 
esplendor. No conciben que haya tumbas vivientes, y 
muertos que hablan con la fuerza del ejemplo á las gene- 
raciones que se suceden. 

Sirva esta observación psicológica para explicar, mejor 
que el concepto equivocado del poeta, la invencible obsti- 
nación de la política de España, y atenuar la responsabi- 
lidad abrumadora de los horrores que han acompañado 
siempre la marcha sangrienta de sus implacables legiones. 

Es de notar la serie fatídica de coincidencias que anti- 
ciparon la muerte de Céspedes, y que los espíritus crédu- 



320 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

los y débiles pudieran interpretar como decretos de la 
Providencia. Permanencia en San Lorenzo contra los con- 
sejos de la más simple previsión : retardo deja cuestión 
del pasaporte, esperanzas de entrevista con los generales 
Calvar y Pereza y llegada de la correspondencia que le 
hace rehusar la invitación de Millán. La fortuna, esa pros- 
tituta que según la cruda y vigorosa expresión de Sha- 
kespeare, no abre la puerta sino á los poderosos, sirvió'al 
tirano con pródiga liberalidad y fué cómplice del crimen. 
¿ Cuándo mejor ni más oportuna ocasión de entonar el 
Te Deum obligatorio, insultando al Dios de los oprimidos 
en el templo consagrado al culto de la justicia divina? 

Cumple á-la probidad del historiador consignar aquí, 
como hecho excepcional, la discreción respetuosa y digna 
con que los peninsulares de Santiago "de Cuba ocultaron 
la alegría que debió producirles la muerte del caudillo 
cubano, protestando con su conducta y su silencio contra 
la profanación, los ultrajes y la cobardía de que fué 
objeto el cadáver de Ignacio Agramonte en Puerto Prín- 
cipe y el del mismo Céspedes en el campo de la lucha. 

Copiamos los párrafos siguientes de una carta de Leo- 
nielas Raquin, á la viuda de Céspedes : 



Pero ya que V. los exige, voy á darle los detalles. ¡Su cadáver 
llegó aquí en la mañana del 1.° del corriente (Marzo de 1874); 
fué conducido al hospital civil y puesto á la expectación pú- 
blica ; cubierto solamente con calzoncillos, medias y zapatos, 
todo lo demás del cuerpo, descubierto. Se le notaba una he- 
rida en la tetilla derecha, el ojo del mismo lado muy amora- 
tado y el cráneo hundido. Según opinan algunos, él mismo se 
quitó la vida; pero que las fieras sus enemigos le maltrataron 
después de muerto, "pues lo del cráneo se cree fueran algunos 
culatazos. Por la tarde fué conducido al cementerio donde des- 
cansan hoy sus restos. (1) Tengo qué manifestarle en honor de 
la verdad que su cadáver ha sido respetado por los enemigos de 



(1) « A la mañana siguiente de su inhumación en el cementerio de 
Sania Eugenia, » escribe el C. Enrique Trujillo, que también lo vio ex- 



LA MUERTE. 321 

aquí; pues ni siquiera una ofensa, ni demostraciones bacanales, 
como han hecho otras veces. • 

El Gobierno tiene en su poder los cuadernos de apuntes que 
tenía su esposo, como la correspondencia particular, y se hacen 
elogios de las apuntaciones hechas. Dicen que la última que ha- 
bía, era fecha 27 — día de su muerte — en que decía, « hoy ha 
salido mi criado en busca de cocos y trae la noticia de haber 
llegado una columna española ». 

He aquí los documentos oficiales : 

Ensenada de la Yaya, Marzo 14 de 1874. — Presidente de la 
Cámara de Representantes. — C. Jesús Rodríguez. — Mi querido 
amigo y compañero : Escribo a V. la presente bajo la penosa im- 
presión de una fatal noticia. La de la infausta muerte del ex- 
Presidente de Cuba, C. Carlos Manuel de Céspedes, ocurrida 
en San Lorenzo el 27 de Febrero último. A mí no me ha sor- 
prendido, porque siempre creí que fuese el complemento de un 
plan preconcebido por sus gratuitos enemigos, en que el León 
de Iberia había de concurrir con garras ensangrentadas. En efec- 
to, el ilustre mártir rindió la vida heroicamente haciendo fuego 
con su revólver á los españoles, postrado en tierra, con una 
pierna rota, y solo, como lo dejaron abandonado en las selvas. 
Estaba escrito, sin duda, en el libro de sus destinos, que había 
de recibir en premio de sus servicios la ingratitud y el tor- 
mento. A vista de lo que pasa, ¿cuál será, pues, compañero y 
amigo, la suerte que espera á los que luchan leal y sincera- 
mente por la Independencia y Libertad de la Patria? ¿Habrá 
quién se crea seguro contra los planes que se forjan en la fra- 
gua de la vil codicia y la proterva ambición...? No, señor, y en 
cuanto á mí, hablando á V. francamente, bien desearía no 
existir, porque entre Judas y Pilatos la vida es un pesado fardo. 
Lo que ha pasado con Céspedes no es una cosa nueva : muchos 
casos vienen repitiéndose de^de el infame Caín. Todos lo sa- 



puesto en lo Hospital Civil, « se decía que los restos de Carlos Manuel 
habían sido salvados para la posteridad. 

» Aquella era voz del cielo. 

» Años después, se probó auténticamente que los patriotas Doctor 
José J. Navarro y D. Luis Yero y Buduén, Inspectores del cementerio, 
no habían puesto los restos de Céspedes en la fosa cumún, sino en lu- 
gar separado y marcado. » 

21 



322 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

bemos por la Historia, que es el sabio maestro de los pue- 
blos. La sangre del hombre que por más de un lustro dirigió 
los destinos del gran pueblo cubano, dejará una mancha in- 
deleble en la frente de los que le ataron al poste del martirio. 
¡ ¡ Los patriotas son inocentes ! ! ¡ ¡ Ignoran por completo cuanto 
ha pasado!! He creído conveniente tomar una declaración al 
Comandante C. José Ignacio Quesada, de quien he recibido al 
llegar los piñmeros informes de la desagradable ocurrencia, para 
trasmitirla, como lo he hecho, al C. Mayor General, Jefe del De- 
partamento militar de Oriente, el cual se halla cerca, de aquí. 
Adjunto á la presente una copia para conocimiento de V. y 
demás amigos, á quienes no escribo hoy por falta de tiempo. 
Deseándole todo género de felicidad, tengo la honra de suscri- 
birme su amigo affmo, q. b. s. m. — José Miguel Bárrelo ». 

o Como por conducto del Comandante C. José Ignacio Quesada, 
se han recibido en este Despacho las primeras noticias referen- 
tes á la infausta muerte del ilustre ex-Presidente de la República, 
C. Carlos Manuel de Céspedes, hágase comparecer para que 
rinda una declaración en forma, que sirva de base á la averi- 
guación necesaria al esclarecimiento de la verdad. — José Miguel 
Bárrelo ». 

« En la Subprefectura de la Yaya, á los 14 días del mes de 
Marzo de 1874, se presentó el Comandante José Ignacio Quesada, 
quien dijo llamarse como queda dicho, de 43 años de edad, es- 
tado soltero, profesión militar. Impuesto del objeto para que fué 
llamado, y previos los requisitos de ordenanza, juró decir ver- 
dad en lo que supiese y fuere preguntado. En consecuencia, ex- 
puso : Que el día 11 del corriente, habiendo llegado á este punto 
los Capitanes C.G. José Rogelio Castillo y Manuel Cortés, dijeron 
que el día 27 de Febrero último habían asaltado los españoles al 
ex-Presidente C. Céspedes, llevados por el asistente de un Capi- 
tán de nuestro ejército, al rancho donde se hallaba sin guardia, 
y que herido en una pierna dicho ciudadano, se defendió con su 
revólver, mas siempre cayó en manos de sus enemigos. — Pre- 
guntado : — ¿Y siendo V. de los que acompañaban al ciuda- 
dano Carlos Manuel de Céspedes, que razón hubo para separarse 
de su lado ? — Contestó : — Que por haber recibido una orden 
del Presidente de la República, trasmitida por el Secretario de 
la Guerra, para que inmediatamente y sin excusa ni pretexto al- 
guno, se presentara en aquel centro á recibir órdenes, y que esa 



LA MUERTE. 323 

causa nada más le hubiera obligado á abandonarle, pues dema- 
siado sabía el inminente peligro á que le dejaba expuesto, sin 
más compañía que la de su hijo Carlos y el Auditor ciudadano 
Joaquín Castellanos. — Preguntado : — Si sabe algo más de lo 
expuesto. — Contestó : — Que solamente se le ha pasado decir 
que los españoles vinieron al indicado punto por la costa Sur 
de la Isla y en buque de vapor. Que es cuanto puede decir en 
obsequio de la verdad; y firma con elJefe y Ayudante que cer- 
tifica. — El Mayor General, José Miguel Barreto. — José Ignacio 
Quesada. — José M. Frías ». 

e Habiendo llegado á este campamento el Capitán C. José Ro- 
gelio Castillo, se hizo comparecer, quien dijo llamarse como 
queda dicho, de edad 29 años, estado soltero, profesión militar ; 
é impuesto del objeto para que fué citado, y de la declaración 
que antecede del Comandante ciudadano José Ignacio Quesada, 
juró con las formalidades de ordenanza, decir verdad en cuanto 
supiere y fuere preguntado. En su consecuencia expuso : — Que 
es cierto que le comunicó al Comandante José Ignacio Quesada 
la noticia á que se refiere en su declaración de esta fecha rela- 
tiva á la desastrosa muerte del ilustre G. Doctor Carlos Manuel 
de Céspedes, pues hallándose el 9 del presente mes en la Pre- 
fectura de Santa Rita que desempeñaba el G. Jorge Sierra, la 
recibió precisamente en los mismos términos que la ha consig- 
nado Quesada, de boca del soldado ciudadano Juan Gobea, que 
llegaba á aquel lugar de la Subprefectura del Aguacate : que se- 
guidamente llegó una comunicación del Prefecto confirmando la 
noticia, la cual causó una impresión muy dolorosa entre aque - 
líos habitantes. Que supo igualmente que el finado Carlos Ma- 
nuel de Céspedes se hallaba en un rancho sin más compañía que 
la de su hijo Carlos, y de consiguiente, sumamente escaso hasta 
de los recursos más indispensables á la vida. — Leída que le 
fué, dijo estar conforme y firmó con el Jefe y Ayudante que cer- 
tifica. — J. M. Bárrelo. — José R. Castillo. — José M. Frias ». 

« Incontinenti compareció el C. Manuel Cortés, de 27 años de 
edad, estado soltero, profesión militar, é impuesto del motivo 
para que se le ha llamado y de las declaraciones que anteceden 
previos los requisitos de ordenanza, juró decir verdad en lo que 
supiere y fuere preguntada, exponiendo en consecuencia : — 
Que hallándose el día 9 de los corrientes en compañía del ciu- 
dadano Capitán Jorge Sierra, se impuso de la desastrosa muerte 



824 CARLOS MANUEL* DE CÉSPEDES. 

del ilustre C. Doctor Carlos Manuel de Céspedes, en Tos mismos 
términos que constan en las declaraciones que corren en estas 
actuaciones ; que sabe igualmente por notoriedad que el malo- 
grado patriota se encontraba solo en un rancho en las selvas de 
San Lorenzo, sin auxilios de ninguna especie y sin más compa- 
ñía que la de su hijo Carlos, por lo cual los enemigos de la Pa- 
tria encontraron la ocasión más propicia para saciar en él su 
implacable sed de sangre. — Que es cuanto sabe y puede decla- 
rar en obsequio de la verdad y del juramento que ha prestado. 
— Leyósele esta declaración y dijo estar conforme, firmándola 
con el Jefe y Ayudante que certifica. — José Miguel Barreto. — 
Manuel Cortés. — José M. Frías. » 

« Primer Cuerpo del Ejército. — Primera División. — Termi- 
nadas al presente estas diligencias, pásese copia autorizada de 
ellas al Mayor General Calixto García Iñíguez,Jefe del Departa- 
mento militar de Oriente, y consérvese cuidadosamente el ori- 
ginal para los fines que sean consiguientes. — P. y L . 

« Es copia. — El Capitán Ayudante. — José M. Frías. » 



N.° 705. — Ejército Libertador. — Cuartel General. — Vega 
Bellaca, Abril 6 de 1874. — Secretaría de la Guerra. — C. Se- 
cretario : El Mayor General Manuel Calvar, Jefe de la 2. a Divi- 
sión, con fecha 22 de Marzo próximo pasado me dice lo siguien- 
te : « General : EL Teniente Coronel José Medina Prudentes, con 
fecha i.° del corriente, me dice lo que copio : C. Mayor General 
Manuel Calvar, Jefe de la 2. a División. — Mayor : Habiendo te- 
nido noticias por las familias que llegaron al lugar donde me 
encontraba cuando de la herida casual que recibiera hace poco 
tiempo, de que el 27 del mes próximo pasado, Febrero, el ene- 
migo había asaltado á San Lorenzo, residencia del ex-Presi- 
dente de la República, C. Caídos M. de Céspedes, dispuse en 
aquella misma hora, como á las cinco de la tarde, que el Co- 
mandante Agustín Portuondo procediera con la mayor actividad 
á reunir los vecinos y los asistentes que teníamos más próxi- 
mos, pues los pocos números de mi fuerza se hallaban fuera en 
comisión. Esta operación se vino á realizar ya tarde en la no- 
che y no pude emprender marcha hasta el día siguiente por la 
mañana, encontrándome en la morada del Comandante Martín 
Torres al Prefecto de Guaninao Capitán José Lacret y al Coro- 



LA MUERTE. 325 

riel Carlos Manuel de Céspedes, quienes me dieron los porme- 
nores verídicos del suceso. — Reunidos allí resolví que salieran 
en un reconocimiento sobre San Lorenzo, entrando por el lado 
del Lajial, y yo con los demás me dirigí por la estancia del 
C. Eugenio del Toro, en cuyo lugar se nos incorporó Ja otra 
partida, trayendo la ropa que usaba el C. Carlos M. de Céspedes 
el día de la catástrofe, con señales evidentes de que dicho pa- 
triota había sucumbido á la bárbara ferocidad de nuestros ene- 
migos, y el informe de que éstos se habían retirado aquella ma- 
ñana temprano. — Proseguí marcha hasta el sitio en que se me 
informó haberse encontrado los vestidos, á fin de poderle ren- 
dir el último respeto, dando sepultura á su cadáver; pero por 
más que. buscamos fué en vano, porque el enemigo, al tener no- 
ticia de la importante presa que había hecho, se lo llevó para 
exhibirlo como el mejor triunfo de nuestra guerra de Indepen- 
dencia, y allí solamente hallamos los grandes rastros de san- 
gre, partículas de sesos y bellos, muestras del fuerte combate 
que el mártir había sostenido con sus captores, indicando todo 
que se habían ensañado contra él, haciéndolo pedazos con sus 
machetes, arrastrándole y desgarrando por completo sus vesti- 
duras. — Continuando la investigación de este funesto aconte- 
cimiento, obtuve del Coronel Céspedes los siguientes pormeno- 
res : Que el ex-Presidente había ido después de almorzar á 
visitar una familia vecina, cuya casa estaba á vista de aquella 
en que residía, y contra su costumbre dejó de llevar á su asis- 
tente Pavón, que lo acompañaba, siempre que no lo hacía él ó el 
Prefecto Lacret; que como ala una del día tuvo lugar el asalto, 
sorprendiendo el enemigo por dos partes, de modo que cuando 
él quiso correr en su auxilio, no le fué posible, porque una ala 
del enemigo le interceptó el paso, escapando prodigiosamente. 
También se me informó cayeron en poder de los enemigos cua- 
tro mujeres, tres niños, varias armas de fuego, todo el archivo 
particular del ex-Presidente y el Oficial de la Prefectura de Gua- 
ninao, y dos caballos. — Participándome que el Lajial también 
había sido asaltado, me corrí con la pequeña fuerza que había 
reunido hacia ese punto, enterándome que había sido invadida 
la estancia de Víctor, donde hizo dos muertos, cuyos cadáveres 
hallé insepultos. La columna que atacó á San Lorenzo, vino por 
la costa, burlando la vigilancia del cordón que por orden de V. 
había colocado, con objeto de resguardar la residencia del C. 
Carlos M. de Céspedes, en el Oro; la que fué á la estancia de 
Víctor, que al mismo tiempo asaltó al Coronel Cintra, procedía 



326 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

de los Cafetales. — No terminaré, Mayor, esta comunicación, sin 
asentar el profundo sentimiento que todos hemos experimenta- 
do al ver desaparecer de- un modo tan cruel al hombre que en 
Yara rompió las cadenas con que nos aprisionaba el tirano de 
la Patria, y que supo durante cinco años defender nuestros dere- 
chos á pesar de los rigores de esta guerra sangrienta. ¡Que el 
caudillo mártir descanse en paz, seguro de que los buenos cu- 
banos honraremos su memoria siguiendo su noble ejemplo y 
vengando su sangre tan preciosa para los buenos patriotas! — 
Con sentimientos de respeto y consideración. — P. y L. — La- 
jial, 1.° de Marzo de 1874. — El Teniente Coronel, José Medina 
Prudentes ». 

« Al transcribir el parte que antecede, permítame le signifique, 
ámi vez, lo sensible que me ha sido la irreparable pérdida que 
hemos experimentado con la muerto del venerable patriota del 
10 de Octubre, del hombre que, aunque fuera del destino que 
había desempeñado desde los albores de nuestra gloriosa con- 
tienda, siempre fué respetado de sus compatriotas, del que vi- 
virá eternamente grabado en el corazón de los buenos hijos de 
Cuba. — Nosotros sabremos vengar la muerte de nuestro digno 
maestro, y algún- día, quizás no lejano, se cernirá sonriente la 
sombra de Céspedes sobre la joven República al terminarse la 
cruzada de libertad que con tanta abnegación principiara en los 
campos de Yara. — No extraño la conducta observada por los 
defensores de la tiranía con nuestro caudillo; posteriormente á 
su muerte, han visitado la comarca del Gato, en la que han sa- 
ciado su sed de sangre en las personas indefensas de cinco mu- 
jeres y algunos niños y ancianos. — Me es satisfactorio, al 
mismo tiempo, manifestar á ese Centro que el Capitán Taque- 
chel (a) Chimbil, cuya muerte anuncié en carta privada, se es- 
capó después de haber permanecido prisionero por espacio de 
cinco horas. — La misma suerte cupo al soldado Victo, que 
pudo evadirse de una muerte segura al caer en manos de los 
españoles, dándole muerte á uno de sus captores. » — Al poner 
en conocimiento de ese Centro de Gobierno el hecho á quo se 
refiere la anterior comunicación, no puedo menos que signifi- 
carle lo sensible que ha sido á los habitantes de este territorio 
el trágico fin que le ha cabido en suerte á aquel que en Yara 
nos enseñó á romper las cadenas con que los tiranos nos tenían 
atados al carro del despotismo : al héroe del 10 de Octubre, al 
primer ciudadano cubano que por más de un título era merece- 



LA MUERTE. 327 

dor de las consideraciones de la Patria. El corazón de los cuba- 
nos está destrozado de dolor y cubierto de luto. Pero espero, y 
no muy tarde será la muerte de nuestro caudillo suficientemente 
vengada por sus valientes conciudadanos. — Reciba el testi- 
monio de mi mayor consideración. — Calixto García Iñíguez. ■■ — 
Jefe de Operaciones. 



N.° 706. — Ejército Libertador. — l. er Cuerpo. — Cuartel Ge- 
neral. — Vega Bellaca, Abril 6 de 1874. — Secretaría de la 
Guerra. — C. Secretario : Ayer he recibido una comunicación 
del Coronel Benjamín Ramírez, con fecha 9 de Marzo próximo 
pasado, cuyo tenor es el siguiente : « Mayor General Jefe de 
Oriente. — El día 27 del mes inmediato pasado atacó el enemi- 
go los puntos del Piñal y San Lorenzo, fuerza como de ocho- 
cientos á milhombres; en el primero lo verificaron por la larde, 
asaltando al Coronel Juan Cintra, quien se pudo escapar; y en 
el segundo como á la una del día y por el camino y cordón del 
Oro, rumbo de la costa, sorprendiendo la Prefectura situada en 
él é hiriendo y matando al C. ex-Presidente de la República 
Carlos M. de Céspedes y dos libertos por el Lajial y aprehen- 
diendo cuatro mujeres con unos niños. — En esos momentos 
me encontraba rumbo hacia la costa; pero tan luego tuve aviso 
de este acontecimiento, ordené que la fuerza de Jiguaní mar- 
chara sobre ese lugar, poniéndome al frente de ella, por haber 
sido informado acampaba en el indicado San Lorenzo. Luego 
después recibí comunicación del Prefecto : ya no estaba en aquel 
el enemigo, habiendo marchado á sus atrincheramientos y lleván- 
dose al cadáver de ese patriota. — Ya por los días 9 y 10 de ese 
mes manifesté é hice mis observaciones al C. ex-Presidente 
para que se dejara ó separase de ese lugar, ofreciéndole una 
guardia, no dándosela para el que residía por ser más de uno 
los puntos que tenían que cubrirse; pero este señor me contes- 
tó que no lo hacía por estar más cerca de los lugares de su co- 
rrespondencia y esperar de momento la decisión de su solicitud 
de pasaporte para el extranjero, á tiempo que consideraba que 
no había por el presente peligro alguno; sin embargo de esto, 
dirigí al G. Prefecto de Guaninao la comunicación que á la letra 
copio : « C. Prefecto de Guaninao : El Mayor General Calixto 
García Iñíguez me encarga encarecidamente que mientras per- 



328' CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

manezca en la zona de mi mando el C. Carlos M. de Céspedes, 
le atienda y considere, pues no debe olvidarse que es el hombre 
que en 10 de Octubre rompió las cadenas que nos tenían liga- 
dos á España. En este concepto, cuidará V. que esté socorrido 
en .cuanto sea posible y que vele por su seguridad, alojándolo 
en los lugares que le ofrezca durante su permanencia en esta 
Prefectura. Procurará al mismo tiempo que se cubran los cor- 
dones, que se active la vigilancia, así para garantía de dicho 
ciudadano como para la de los demás vecinos. — Me ofrez- 
co, etc. — P. y L. — San Lorenzo 13 de Febrero de 1874. — 
7.° de N. I. — Para averiguar la verdad de este sensible acon- 
tecimiento y si el Jefe del cordón del Oro cumplió ó no pudo 
cumplir su consigna, ó si el Prefecto procedió á ejecutar mis 
órdenes, he procedido á levantar una instrucción sumaria de 
que daré cuenta ». — Lo que pongo en conocimiento de ese 
Centro de Gobierno. — Soy. de V. con toda consideración. — 
Calixto García Iñiguez, Jefe de Operaciones de Oriente. 



XI 

CONCLUSIÓN 

O ma mere et mon cuite! O ciel, 

commune lumiére oü roule l'immen- 

. sité ! — Voyez ce que je souffre pour 

la justice. (Eschyle. — Prométhée. 

— Trad. de Ad. Bouillet.) 

Perdonar á esos hombres que en 
vano han querido agraviarnos, y 
seguir cooperando a la salvación de 
nuestra amada patria. 

¡Huyan lejos de nuestros corazo- 
nes los rencores, y venganzas! — 
(Carlos Manuel de Céspedes.) 

En el capítulo anterior termina la carrera de Céspedes, 
y con ella debiera concluir también este, libro. Creemos 
oportuno, no obstante, escribir algunas líneas más, que 
por no interrumpir el hilo de nuestro relato no colocamos 
en su verdadero lugar, relativas al corto espacio de tiem- 
po comprendido entre el 27 de Octubre de 1873 y el 27 de 
Febrero de 1874, es decir, entre la deposición y la muerte. 

¡Pretensión temeraria la de aventurarse en el campo 
de la deducción para averiguar, conocido el carácter de 
Céspedes las condiciones en que se hallaba, el tono y es- 
píritu de sus cartas, lo que dicen y hasta lo que callan, 
cuales eran las ideas y los sentimientos que le acedia- 
ban : su estado de alma verdadero ! 

En el destierro moral á que equivalía el extrañamiento 
del centro revolucionario, condenado á ver sin aplicación 



330 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

eficaz sus fuerzas aún activas y á permanecer espectador 
inerte de su propia obra, hondas y dolorosas.. debieron 
ser sus meditaciones. Por grande que fuese su benevolen- 
cia y amarga la filosofía que le enseñaron el comercio de 
los hombres y el estudio de la historia, momentos debió 
tener, y tuvo sin duda, de reconcentrada indignación y 
hasta de cólera. 

La soledad, el silencio y la paz melancólica de la natu- 
raleza que le rodeaba, fueron poco á poco penetrando su 
espíritu, calmando el punzante dolor de sus recientes he- 
ridas y sosegando las tormentas de su alma. El mar, el 
cielo, los vastos horizontes son inapreciable remedio con- 
tra las angustias de los corazones agitados. El espacio y 
la idea de lo infinito nos embargan, elevan y transportan 
á otros mundos y hallamos la tranquilidad semblabíe a ees 
montagnes élevées qui trouvent leur sérénité dans leur hau- 
teur. Cuántas veces contemplando aquel firmamento lu- 
minoso y profundo, en la solemne magnificencia de las 
noches tropicales, dejaba vagar su pensamiento á la 
ventura, remontaba el curso de los sucesos, y examina- - 
ba con impasible imparcialidad la conducta de amigos 
y enemigos y su propia conducta, y hallaba cierta inefa- 
ble satisfacción en decirse que si el hombre debe contri- 
buir con su labor á la labor universal para el bien de sus 
semejantes, él había cumplido con la ley, dando cuanto 
le había sido posible, sin medir los peligros ni contar 
los sacrificios. Absorbido en esas reflexiones, recordaba 
que el hombre, sueño de una sombra, miserable juguete de 
las pasiones, esclavo de sus apetitos, del error y la pena, 
nace con aptitudes para el bien y el mal, y sólo las con- 
diciones y los accidentes de la ruta, lo hacen indiferente, 
malvado ó virtuoso ; que doblado é impelido por las ne- 
cesidades, la extrema sabiduría consiste sólo en saber 
comprender y aceptar lo que somos impotentes para com- 
batir. En esas alturas, fácilmente deducía que la conmi- 
seración y la conformidad no deben ser una virtud, sino 
el resultado de una convicción. De ahí su compasivo des- 
dén por V infinita vanita del tutto. 



CONCLUSIÓN. 331 

Tal vez para reconfortarse y llenar el vacío de aquellas 
horas tan obscuras y largas, evocaba en su mente los más 
arduos problemas de la filosofía que hubo de aprender 
en su laboriosa juventud, y se preguntaba con el más 
profundo y austero de los pensadores, si el bien y el mal 
no marcan nada de positivo en las cosas consideradas en ellas 
mismas; si son maneras de pensar y simples nociones que se 
forman por comparación. Sobrecogido, empero, por las con- 
secuencias de esa doctrina, evocaba también aquellas fuer- 
tes máximas que proclaman que en lo puramente relativo, 
que es el dominio del hombre, la justicia es el único bien 
verdadero y su negación el único mal; que el poder no es 
ni un bien ni un mal, sino una ocasión favorable para 
realizar útiles designios sin tener nunca en cuenta ni la 
gratitud, ni el aplauso, ni el amor, ni el odio de los pue- 
blos. Á despecho de la desolación profunda de su alma, 
del desprendimiento de todas las vanidades y renuncia 
de todas las ambiciones, alimentaba el deseo de la glo- 
ria : última vanidad que sobrevive en el corazón de los 
mortales. Humo y mentira, si se quiere, pero mentira en 
la cual finjimos creer cuando son crueles y desconsolado- 
ras las realidades de la vida. Desencantado del presente, 
buscó asilo en el porvenir y sonrió ante la perspectiva de 
su fama postuma. Ciertamente Céspedes amó la gloria. El 
que la busca por la virtud, no pide más que lo que merece. 
Los que hacen algo de memorable y van en pos de la fama, 
son dignos de alcanzarla si se esfuerzan en perpetuar sus 
nombres por las grandes acciones. 

Mas ante todo y sobre todo, la le en el triunfo de la Re- 
volución era el pensamiento que mantuvo sin romperse 
los resortes de su alma y lo que mejor disipaba sus triste- 
zas. Bastaba á su ardiente patriotismo creer y esperar, y 
creyó y esperó siempre. Tenía confianza en su obra; pen- 
saba que España lentamente agotaba sus recursos, y que 
una resistencia tenaz, activa, incesante, concluiría al fin 
por vencerla. Próspero era entonces el estado de la 
guerra, firme, decidido el espíritu délos cubanos; por 
tanto, lisonjera la visión del porvenir, en la cual aperci- 



332 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

bía como en un sueño triunfal, la nave que lanzó y en 
cuyo puente mandó el primero, vogar gallarda á toda 
vela con rumbo hacia el cercano puerto. Así lo sorpren- 
dió el instante fatal, evitándole, compasivo, el espectácu- 
lo de vergonzosas miserias. 

Por terrible que aparezca su muerte, fué, sin embargo, 
la catástrofe necesaria, oportuna para la honra inmortal 
de su nombre, y complemento lógico de su grande exis- 
tencia. ¿Cómo no hubiera caído de su alto pedestal, si 
fuera de Cuba, hubiese pasado en el destierro una vida 
inútil y tranquila, extinguiéndose gastado y desconside- 
rado tal vez, en el seno de algunos amigos fieles en la ad- 
versidad? ¿Cuál no hubiera sido su abatimiento y su pena 
si amigos y enemigos hubiesen invocado el prestigio de 
su nombre para servir de bandera ó blanco á las intrigas 
y calumnias que nos devoraban en el extranjero? Y luego, 
cuando el curso de la Revolución cambió de rumbo para 
ir á hundirse en la paz ignominiosa del Zanjón, ¿cuál no 
hubiera sido la indignación de su alma altiva, al ver que 
tantos sacrificios, tantas virtudes y tanta sangre no ha- 
bían servido sino para el oprobio de aquel pacto y para 
que sobre los escombros sangrientos de la patria se alza- 
se un partido, que si bien tuvo su razón de ser antes de 
que hubiesen hablado las armas, era una cobarde abdica- 
ción después? ¿Cuál al contemplar á España triunfante, 
ofrecernos con mentirosas promesas la continuación de 
la misma infame tiranía? ¿Qué, al ver al elocuente tri- 
buno de Guáimaro solicitar un asiento en las gradas del 
parlamento metropolitano, para pedirle en retóricas de- 
clamaciones la libertad y la justicia que el hierro y el. 
fuego no pudieron arrancarle? ¿Cuál, por último, al ver 
á ciertos héroes cubiertos de gloriosas cicatrices, vivir en 
íntimas relaciones y estrechar cordialmente las manos, 
aun empapadas en sangre cubana, de aquellos hombres 
que espantaron al mundo con sus crímenes? 
■ Nó, ¡ mil veces nó ! Céspedes murió á su hora- y como 
debió morir. Cayó en el campo del honor, combatiendo 
solo contra mil, atravesado por balas españolas, insulta- 



CONCLUSIÓN. 333 

do y profanado 'su cadáver por hordas españolas. En su 
modesto cuadro y en sus justas proporciones, ¿por qué 
no han de ser su vida y su muerte el episodio de una epo- 
peya conmovedora? Sí, íntegra y pura es su memoria, su 
ejemplo digno del amor y la admiración de Cuba. 

Entré el número de patriotas y mártires precursores del 
levantamiento de Yara que sucumbieron en los campos 
de batalla, en el destierro ó en el suplicio, entre los glo- 
riosos compañeros que al grito de libertad se lanzaron á la 
guerra, aparecerá la figura de Carlos Manuel de Céspedes 
como la más culminante. Los acontecimientos políticos 
que le preceden, ó fueron conspiraciones que abortaron ó 
pronunciamientos sin importancia, rápidamente sofo- 
cados. 

Las expediciones del general López, la primera : el des- 
embarco y la ocupación de la ciudad de Cárdenas, no 
puede considerarse sino como una demostración de au- 
dacia; una sorpresa, nada más, que no podía tener otras 
consecuencias sino la fuga precipitada de los invasores. 
La segunda, verificada dos años después, concebida y lle- 
vada á término en malas condiciones, desembarcada en 
una parte de la isla en donde la idea revolucionaria había 
hecho pocos progresos, á las puertas mismas de la capi- • 
tal, fué aislada, perseguida y aniquilada en pocos días 
después de combates tan heroicos como inútiles. Sólo la 
chispa del 10 de Octubre de 1868, alumbrada más tarde, 
hallando el terreno mejor preparado por aquellas mismas 
tentativas temerarias, mas no infructuosas, pues sirvieron 
de propaganda por el hecho, determinando el vasto incen- 
dio que abrasó al país desde Oriente hasta las Villas, y 
que durante diez años tuvo en jaque, y muchas veces 
en peligro, la dominación española, pudo dar al hombre 
que había desencadenado la Revolución el primer puesto 
en la historia de nuestra Independencia. 

Fáltale todavía á la gloria de Céspedes la consagración 
del tiempo, esa augusta majestad que dan á los aconteci- 
mientos humanos las sombras melancólicas de los años 



334 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. . 

remotos, y faltarále siempre el resplandor del triunfo de- 
finitivo. Los hombres olvidan con frecuencia que, si en 
el orden físico el éxito determina el valor de las empre- 
sas, en el orden moral la fortuna, próspera ó adversa, 
no debe servir de criterio para apreciarlo. 

Cuando impera la fuerza, la virtud y el talento sólo se 
conceden á las espadas victoriosas. Para nosotros las vir- 
tudes y designios del gran patriota son títulos suficientes 
y legítimos al aplauso universal, y su figura aparecerá 
tanto más ilustre cuanto más se vaya hundiendo en las 
profundidades del tiempo. Faltóle también á Céspedes la 
magnitud del escenario. El teatro de su acción fué relati- 
vamente pequeño; reducido, por consecuencia, el nú- 
mero de sus espectadores. Hijo de Cuba, de una isla 
condenada como colonia de una nación sin importancia 
política, á una existencia puramente comercial, los acon- 
tecimientos que en ella se han verificado no son cono- 
cidos sino de un número muy escaso de personas; así, 
pues, el mérito de Céspedes, el valor, la abnegación, la 
constancia, la sublimidad del más santo patriotismo y los 
hechos más preclaros de los cubanos, ó el mundo los 
ignora, ó no les presta más que una atención pasajera. Y 
¿cómo hubieran podido despertar el interés las hazañas 
de unos cuantos millares de hombres combatiendo por 
su libertad é independencia en un pedazo de tierra per- 
dido en las aguas remotas del Atlántico? 

Pero ¡qué nos impórtala indiferencia délos pueblos, 
preocupados en las cuestiones que les interesan y en los 
peligros que los amenazan! La lección será útil para 
Cuba. Sola y aislada política y geográficamente, sola ten- 
drá que luchar y vencer sin cuidarse de tener amigos ni 
espectadores extraños. No hay hechos inútiles en la his- 
toria de la humanidad, y de aquella lucha terrible y de 
nuestro vencimiento nos queda una fecunda enseñanza. 
Sepan nuestros hermanos que España será dueña de los 
destinos de la patria, mientras los cubanos en la paz per- 
manezcan divididos y malgasten sus fuerzas en aspiracio- 
nes de reformas ilusorias, y siempre que en la guerra no 



CONCLUSIÓN. 335 

se decidan á combatir bajo la mano de un soldado y con 
la disciplina de un ejército obediente. 

Cumpliendo con un deber filial y patriótico, termina- 
mos la penosa tarea que nos propusimos. Difícil, muy 
difícil era para un hijo de Carlos Manuel de Céspedes con- 
tar la historia de su padre con la imparcialidad y tem- 
planza de un espíritu libre de toda preocupación y re- 
sentimiento, así como de toda exageración en el juicio 
de sus virtudes y méritos. Si á pesar del firme propósito 
de permanecer moderados y justos, hallare el lector que 
no lo hemos logrado, excusen nuestra falta, las flaquezas 
de la humana condición, el esfuerzo constante de la vo- 
luntad y los inconvenientes inseparables de una obra se- 
mejante. 

Cerrará este libro la última carta que casi en vísperas 
de la muerte escribió Carlos Manuel de Céspedes. Serán 
así las impresiones del público eco compasivo y triste de 
sus postreras confidencias. Esa carta es el testimonio elo- 
cuente que confirma lo que hemos dicho acerca del alma 
fuerte, generosa y bien templada de su autor : la elasti- 
cidad de aquel temperamento que pasa sin sobresalto ni 
ruptura de la audacia en la lucha, de la intrepidez en el 
peligro y la severidad en el mando, á la mansedumbre 
sin humillación en la desgracia, soportando sin quejas 
inútiles ni recriminaciones amargas la ingratitud y la 
injusticia de los hombres. Documento evidente y dato 
inestimable de la elevación de sus sentimientos, y tanto 
más preciosa cuanto más sincero es el espíritu que la 
inspira, pues cuando Céspedes trazaba las líneas de esa 
admirable página, no pensó que extraños ojos pudieran 
nunca recorrerla. 

Una palabra más. No se nos oculta el tamaño de las 
responsabilidades y la gravedad de los deberes que, con 
el honor, constituyen la herencia de Carlos Manuel de 
Céspedes. Aceptamos sin discutir las primeras y cumpli- 
remos modestamente los segundos, si, como creemos y 
esperamos, suena la hora que llámela generación presen- 
te á nuevos combates y sacrificios para terminar la inte- 



336 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

mimpida obra de nuestra Independencia. Mientras tanto, 
que las mujeres lloren y que los hombres se acuerden... 

. Cuba Libre, Febrero 10 de 1874. — Señora Ana Quesada de 
Céspedes. — Nueva" York. — Mi muy querida esposa: Al con- 
testar ius últimas cartas te ofrecí escribirte con más extensión, 
y para cumplirlo empiezo hoy, que es un día fausto para nos- 
otros los verdaderos cubanos, pues siempre indica aquella fe- 
cha memorable : el inmortal 10 de Octubre de 1868. Así podré 
comprender muchos particulares que es preciso omitir cuando 
se, escribe á la carrera-; pero no esperes todos los interesantes, 
ni los detalles de otros muchos, pues deseoso de no contribuir 
á nada que baldone ó perjudique^en estas circunstancias al Go- 
bierno de nuestra patria y creído de que así puede resultar, si 
mis cartas caen en poder de los españoles, aunque no tuviera 
en cuenta á mis enemigos personales, seré muy parco en todo 
aquello que se relaciona con lo que me ha pasado con esos ene- 
migos y con sus medidas de gobierno interior, ya que en lo 
exterior, allá estarán siempre mejor enterados y sabrán si se 
trata ó nó de conseguir la libertad é independencia de Cuba. 

Carlitos escribió á Eulalia una carta en forma de diario cir- 
cunstanciado, dándole cuenta de lo que había sucedido hasta la 
fecha, especialmente en relación con mi persona; pero ansioso 
de que llegara pronto á sus manos, viendo la inseguridad délos 
correos, la confió al Brigadier Vega, que, como te digo en mi an- 
- terior, sufrió naufragio á- causa de las. pésimas condiciones en 
que lo embarcaron, y todavía nosotros no sabemos la suerte que 
le habrá cabido. Creo que te dije que habían arrojado al agua 
la correspondencia : naturalmente se ha perdido aquella carta, 
un duplicado.de la que te escribí en Diciembre, otra para una 
de las hermanitas, y, lo que es más sensible, un mechón de mi 
barba para Carlos Manuel, y un cadejo de mi pelo destinado á 
mi Gloria de los Dolores, que nunca habrá venido mejor el 
nombre. El pelo podrá reponerse; pero no así la barba por 
ahora. Tampoco sé si Carlitos podrá duplicar su diario, aunque 
lo dudo. De modo que para conocer las vilezas de esos días, 
será necesario que te reunas algún día con cualquiera de nos- 
otros tres (1), ó con otro buen cubano que esté bien enterado 
de todo. 



(1) Él, su hijo mayor ó su cuñado J. I. de Quesada. — JV. del A. 



CONCLUSIÓN. 337 

Trato de remitir ahora una copia de varios documentos (1) que 
demuestran lo que ocurrió en la superficie, ya por sí bastante 
torpe é indecente; pero acompaña una carta del difunto Maceo 
que es una especie de clave para algunos misterios. La de otros 
que todavía no se han penetrado completamente, vendrá con 
el tiempo. Fácil es, sin embargo, adivinar los horrores que se 
preparaban (y aun tal vez se preparen), si yo no hubiese 
con mr conducta prudente y digna desconcertado sus planes. 
Los avisos que en cifra he tratado de que lleguen á tus manos 
por distintas vías, te revelarán también la naturaleza y funda- 
mento de mis recelos, bastando por ahora advertirte que toda- 
vía no ha pasado el peligro, si bien hoy gozo de alguna tranqui- 
lidad que ojalá no se vea pronto perturbada. 

Desde el 23 de Enero vivo en una finca llamada San Lorenzo. 
Está situada en medio de la Sierra Maestra, á la orilla derecha 
de un brazo del rio Contra Maestre. Fué fundada por Jesús Pérez 
hace poco más de un año. Cerca tiene otra igual en El Pianchito, 
y regadas hay varias estancias. Cada una de las dos fincas nom- 
bradas es un caserío, donde hay recogidas muchas familias la- 
boriosas y honradas. El objeto era cumplir mis órdenes de pre- 
parar los elementos necesarios para formar un pueblo en lugar 
á propósito. Ahora se dice que todo van á abandonarlo y des- 
truirlo. | Qué lástima ! Los sembrados solamente eran una gran 
esperanza para el porvenir. 

Mi casita es bastante grande : de guano, pero bien cobijada y 
con buenas maderas. Tiene dos cuartos capaces, forrados de ta- 
blas de palma y cedro. En uno vivo yo y en. el otro Carlitos. La 
cocina es espaciosa y bien hecha. Inmediato y casi en derredor 
hay seis bohíos habitados; de suerte que estamos muy acompa- 
ñados.. En mi cuarto, tengo la hamaca, una mesita-escritorio, 
un banquito para ella (todo de cedro), mis maletas, armas y otros 
utensilios. No falta de comer y hay un buen baño en el ria- 
chuelo. Raro es el día que no hacemos ó recibimos visitas á más 
ó menos distancia. Todo el vecindario nos muestra mucho ca- 
riño. En consideraciones y respeto nada he perdido con la presi- 
dencia : por donde quiera que voy — salvo lo oficial — soy aco- 
gido como antes; ahora debe ser con más sinceridad, y así lo 
agradezco mucho más. El Prefecto reside en uno de los bohíos, 
que todos tienen los honores de casitas. Es un bello joven 11a- 



(1) Los. que preceden. — N- del A. 

22 



338 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

mado Lacret; nos trata como á amigos viejos. En todas Jas ex- 
cursiones'nos sirve de compañero. 

José Ignacio se marchó el día 5 en demanda de la residencia 
del Gobierno que lo mandó llamar más que á la española. (1) 
Aunque padecía de unas calenluritas, no quiso demorar la sa- 
lida por temor de un atropello; pues no obstante que nos mane- 
jamos con la mayor prudencia y en nada nos mezclamos, lo es- 
peramos de un momento a otro. Te diría que ha sido intenso mi 
sentimiento al separarme de una persona á quien quiero como 
á un hermano si no fuese necesario añadir que de antemano 
me había preparado y reprimido; pues no puedo tolerar que 
mis enemigos (de Cuba y por Cuba) se gocen en pensar que yo 
soy capaz de ceder á ninguno de los disgustos que me propinan, 
quizás intencionalmente. Nó, de ningún modo; lejos de eso, ya 
estoy apercibido para el día en que llamen á Carlitos y me dejen 
solo, quitándome hasta los asistentes y haciéndome otras cosas 
peores ; pero todas esas miserias darán en el yunque de mi alma 
y rebotarán á la cara de sus autores. ¿ Habían acaso de perse- 
guirme solamente los españoles? Faltaría aureola á mi corona 
de gloria, si alguna he alcanzado, sin las espinas del... 
¡ Basta ! 

'En estos lugares se sabe existe la guerra por lo que cuentan 
los que á ellos vienen y por las privaciones que se sufren, so- 
bre todo, los que no están acostumbrados á la temperatura, al 
terreno y á la alimentación. Si hemos de juzgar por las noticias, 
los españoles siguen muy paralizados en sus operaciones y no 
se mueven si los cubanos no los aguijonean. Desde aquí no 
puedo graduar en qué consiste eso, cuando los favorece la esta- 
ción. Nuestras fuerzas andan operando, pero ignoro con fijeza 
en qué parajes y con qué resultados. Por mí les deseo los me- 
jores. 

■Miércoles 11. Salvo el mejor parecer de los amigos sensatos de 
allí, bien enterados del estado de nuestros asuntos en el exte- 
rior, creo que no se deben dar á la prensa todavía los documen- 
tos que te remito. Creo que tendrán su lugar más tarde, cuando 
hayan hablado los sucesos y pronunciádose la reacción. 

En mis cartas anteriores te explico la actitud que asumí desde 
que me penetré bien de que puesta de acuerdo con algunos am- 



(1) Véase la p. 322 línea 35. — N.. del A. 



CONCLUSIÓN. 339 

biciosos de aquí y con los disidentes de allá, la Cámara, com- 
puesta de un corto número de individuos que hoy no quiero 
calificar, se reunía con objeto de anular mis actos y deponerme 
de la presidencia. Le remití una serie de mensajes que fijaban 
los hechos, y sucesivamente la iban poniendo en grave aprieto; 
en parte por esto se apresuró á consumar su obra antes de que 
se ilustrase más la opinión pública. Para mí era la presidencia 
desde sus primeros días una carga pesadísima que muchas ve- 
ces traté de dejar (1) y que sólo sostuve por puro patriotismo; 
pero hoy no podía renunciarla; menos que nunca eran favora- 
bles las circunstancias. Además de las razones con que se opo- 
nían los Secretarios, te diré ligeramente que yo tenía otras. 

1. a La Cámara misma no me brindó un pretexto suficiente; 
antes al contrario, séase con arte ó casualmente, siempre me 
atrajo á un terreno desventajoso para esa resolución. 

2.* Se hubiera atribuido á debilidad, cobardía, cansancio ú 
otra causa poco honrosa. 

3. a Los mismos que trataban de deponerme lo hubieran ne- 
gado, y acusándome de violencia ó capricho me hubieran echado 
toda la responsabilidad que hoy pesa sobre ellos. 

4. a Los que habían empeñado sus personas ó sus caudales 
en la guerra de Cuba, fiados en mi constancia y permanencia en 
el Gobierno, me hubieran abrumado con sus quejas de haberlos 
dejado en la estacada. 

5. a Siendo consecuencia forzosa de mi salida de la presiden- 
cia la marcha al extranjero por las causales que constan en mi 
solicitud, no habría podido hacer ésta sin que se dedujera que 
mi deseo de embarcarme había sido el fundamento principal de 
mi renuncia, y habríamos sufrido la Patria, y yo las consecuen- 
cias que preveo y quiero evitar. 

6. a No habría dado con la conducta que he observado antes y 
después de la deposición el mejor ejemplo de respecto á la Cons- 
titución, obediencia á las leyes y sumisión á las autoridades de 
la República. Por todas estas razones y otras más que omito, no 
quise dar un paso que en el mejor extremo no podía ser prove- 
choso más que para mí mismo. 

Sin embargo, traté de consultar la opinión del pueblo y del 
Ejército por medio de un manifiesto basado en la verdad de los 
hechos, porque no quería seguir en la presidencia contra la vo- 



(i) Véase las acta3 del Consejo de Gabinete de 20 de Diciembre 1870, 
25 de Abril 1872 y 24 Septiembre 1873. 



340 GARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

luntad de los cubanos, ni renunciar por capricho de nadie; pero 
si éste era el deseo general, ya, al someterme á él, quedaba sin 
responsabilidad. Temerosa la Cámara del resultado de esa con- 
sulta, y sabiendo que yo no resistiría la deposición, lo mismo 

. que lo sabían los jefes militares, se adelantó á efectuarla, co- 
giendo de sorpresa á la mayor parte de la nación. En esta co- 
yuntura, ¿ qué debía hacer yo? Obedecer á lo dispuesto por uno 
de los artículos de nuestra Constitución, que faculta á la Cámara 
para deponer libremente al Presidente de la República. Ese era 
mi deber primero, y para faltar á su cumplimiento ninguna ra- 
zón era poderosa en mi abono. 

No quiero entrar en su examen, porque mi conciencia las re- 
chaza todas de plano, y hasta la Providencia parece que ha 
aprobado mi procedimiento, pues ha ahorrado á mi administra- 
ción las desgracias que luego han añigido á la Patria. Es verdad 
que el acuerdo de la- Cámara adolece de nulidad ; pero no me 
tocaba á mí ventilar esa cuestión: ella añadirá quilates á la res- 
ponsabilidad en que ha incurrido esa Corporación. 
■'. Me lisonjeo de que tú aprobarás mi conducta y comprenderás, 

.conociendo mi carácter y presumiendo los elementos de que 
disponía para resistir, que no he cedido á ninguna debilidad, 
sino que más muestras he dado de energía en no dejarme arras- 
trar por los alicientes del poder, por el dolor de ver compro- 
metida mi obra, empeñando una lucha "en que podía y debía 
quedar empañado mi renombre de libertador. Para concluir este 
particular te copiaré. la reflexión con que cerré mi diario el día 
10 de Octubre pasado. — « ¡ Ah ! ¡ Bastante tiempo había logrado 
tener encadenadas las pasiones! Ya se desencadenaron por las 
intrigas de algunos malvados. ¿ Quién volverá á remacharlas? 
¿Será preciso, Dios" mío, que se haga con más sangre cubana 
de la que se ha derramado por los bárbaros españoles ? ¡ Ay, 
que no sea yo ese ! / Transeat a me calix iste ! 

Dia 16 

Muchísimo gusto me causaría verte en Cuba á mi lado, sobre 
todo, hoy que gozo de alguna tranquilidad. Tu compañía y la de 
mis hijitos acabarían de disipar todas mis penas; pero ¡ay! es 
imposible entregarse á esas ilusiones, y tu mismo hermano Ma- 
nuel no la creería al hacerte la oferta de venir á verme. Los 
riesgos en el mar son incalculables para que yo consintiese que 
te sometieras á ellos, y después las penalidades y peligros de 
esta vida de guerra con una nación bárbara y feroz, están de- 



CONCLUSIÓN. 341 

masiado á mi vista para que yo no renuncie á la felicidad 1 más 
grande, si he de exponerte á ellos por la segunda vez. Además, 
nuestros hijitos perderían su e.lucaeión, la vida probablemente, 
cuando no se expusieran á sentir en su rostro el hierro can- 
dente de la esclavitud española. Xó, amiga mía ; á esta pers- 
pectiva, mi corazón de padre y de cubano se sobrepone á mis 
anhelos de esposo amante. Sólo te ruego, en pago de esa ab- 
negación, que creas que me es sumamente doloroso estar se- 
parado de vosotros. 

Alsrún consuelo recibo con ver diariamente vuestros retratos. 
Los enseño á casi todos los patriotas que se encuentran conmi- 
go. La mayor parte, especialmente las mujeres, me piden que se 
los enseñe y les echan un millón de bendiciones, deseando todos 
que volvamos á reunimos. ¡Dios los oigal Si Cuba no me ne- 
cesita, ya es tiempo de que me consagre á mi familia : mañana 
servirá ella también á la Patria. 



Martes 17. — Con respecto á mi salida de la Isla, nada más 
puedo decirte de lo que en cartas anteriores te he manifestado.^ 

' Todavía no tengo el pasaporte, y sin él no puedo marcharme; 
pero como antes he dicho, creo que no debe eso ser motivo 
para no tomar allá sus medidas y avisarme con arreglo á los 
plazos que he indicado. Aunque la generalidad abiertamente 
opina que no debe ponerse obstáculos á mi viaje, pues ya he ser- 
vido bastante y en el extranjero tal vez sea más útil ahora, de los 
deponentes unos dicen que supuesto que yo los metí en la Revo- 
lución, debo quedarme aquí, para que si se hunden me hunda con 

.ellos; y otros son de parecer que no se me despache el pasa- 
porte hasta que. ellos, con sus informes, no me hayan despres- 
tigiado bien en el extranjero, para que nadie me haga caso y me 
muera de hambre. A estos desgraciados los miro con lástima, y 
desprecio esas miserias que ellos mismos quizá se apresuren á 
negar algún día. 

Comprendo muy bien que las razones alegadas para mi depo- 
sición hayan parecido insustanciales, pero has de añadir que 
todo es un tejido de calumnias ó de hechos tergiversados. Las 
verdaderas causales han sido : la deposición de Manuel, que 
labra todavía en el corazón de sus enemigos, é impulsó á és- 
tos á unirse con los míos cuando vieron su nombramiento 
para miembro de la Agencia Confidencial; el deseo de la Cá- 
mara de inmiscuirse en los negocios que no son de su compe- 



342 CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES. 

tencia y de convertir al Presidente de la República en un ma- 
yordomo de cada diputado, para que les facilite caballos, asis- 
tentes, ropa, honores, etc. ; y por último la ambición de algunos 
jefes militares que no estaban contentos con su territorio y sus 
atribuciones y sabían que yo consideraba su supremacía per- 
judicial á la salud de la- República. Si yo hubiese podido tran- 
sigir con estas aspiraciones, todavía ocuparía la presidencia; 
pero mi conciencia me lo prohibía. Así es que hoy ha desapa- 
recido eLPresidente sofocado entre la Cámara, el Ejército y el 
Consejo de Gabinete. No existe más que un maniquí que fun- 
ciona por la buena voluntad de los que manejan sus re- 
sortes (1). 

Antes que ese puesto hoy vergonzoso miro con placer la pers- 
pectiva de vivir con mi trabajo honrado en un país libre. Si á 
eso se añade la risueña esperanza de acabar mis días junto á 
ti y mis hijitos, y si puedo lisonjearme de que tu amor me crea- 
rá horas de placer y dicha purísimas, constantes é inalterables, 
pagando al que nunca he cesado de sentir, por ti; si me es dado 
ver á mi familia feliz cuanto cabe en este mundo mudable y en- 
gañoso, después de haber aspirado á algo grande y generoso en 
pro" de la humanidad, ¿no debo mirar como un fausto aconteci- 
miento el que me ha sacado de un cautiverio tan insoportable 
* como era la Presidencia de' Cuba? Habiéndomela airebatado 
por cuestiones de apreciación, cuando mis esfuerzos tenían tan 
abatido el poder de nuestro enemigo, cuando ni una seña había 
dado yo de abatimiento ante el cúmulo de penalidades y cuida- 
dos que me circundaban, ¿qué modo más glorioso de cerrar un 
término indefinido, sin rebajarme ni quedar incurso en respon- 
sabilidad? 

Así es que debemos olvidar cuanto ha pasado ; creernos des- 
pertados de un sueño fatigoso en los brazos de las personas 



(1) El márlir del Chorrillo escribía con fecha 1.° de Abril de 1874: 
« Los representantes, ó algunos de ellos, que han aspirado siempre á 
manejar la Administración, lo que no lograron en la de Céspedes, y 
que se creen con derecho en la de Cisneros »... ce La Administración, 
que no ha podido sobreponerse como cuerpo político y de Estado á 
una nueva situación que ella misma provocó, se ha dejado guiar por la 
pasión y se ha dejado arrebatar por las ideas y ambiciones, ya de un 
jefe militar, ya de otro; ó bien, y es más seguro, por la Cámara, que 
es en realidad la que administra ». — Ignacio Mora, por Gonzalo de 
Quesada. . 



CONCLUSIÓN. 343 

que amamos; perdonar a esos hombres que en vano han queri- 
do agraviarnos, y seguir cooperando á la salvación de nueslra 
amada Patria, siquiera arrastre ella consigo, y aun tal vez por 
eso mismo, la de esos seres miserables que tienen la desgracia 
de no abrigar en su seno más que bastardas pasiones, para que 
pueda esperarse que con el tiempo y mejores ejemplos, se en- 
mienden y den cabida á más dignos sentimientos. Esto es lo 
verdaderamente cristiano, lo verdaderamente filantrópico, j Hu- 
yan lejos de nuestros corazones los rencores y venganzas!... En 
vuestro seno descansaré de las tormentas de las pasiones fuer- 
tes y podré tal vez dormirme en el seno de los justos. 

Lunes 23 . 

Dale un millón de besos á mis adorados hijitos. Haz presen- 
tes mis afectuosos recuerdos á toda la familia y amigos, y mien- 
tras otra cosa dispone la fortuna, mi vida es tuya. — Tu es- 
poso. Carlos. 



FIN 



ÍNDICE 



Páginas. 

A los Cubanos. . . vn 

Apuntes biográficos hasta el 10 de Octubre de 1868 . . . • 1 

Yara y Bayamo 10 

El General Dulce. — Tentativas de Paz. 18 

Guáimaro 25 

Céspedes, Quesada y Agramonto 35 

La Misión de Zenea 41 

Correspondencia 48 

Aguilera (Francisco Vicente) 130, 191 

Aldama (Miguel de) 61 

Amadeo I." (Rey de España) 145 

Arredondo y Miranda (Francisco) 165 

Bachiller y Morales (Antonio) 137 

Bermúdez Cousín (P.) 70 

Bravo (F. de Paula) 207 

Calvar (Manuel) 60, 67, 77 

Cámara de Representantes (á la) .... 158", 166, 16S, 172, 176 

Cámara de Representantes (de la) 164 

Castillo (Carlos del) 75 

Céspedes (Ana Quesada de) 70, 81, 

121, 123, 178, 196, 211, 219, 224," 225, 239, 248, 252, 255, 259, 260 

Céspedes (Francisco Javier) 65 

Céspedes (Ramón) 150, 193, 237 

Circular del 2 de Enero de 1872 138 

■Id. del 18 de Noviembre de 1872 234 

Cisneros (Francisco Javier) 53 

Cisneros Betancourt (Salvador) k . . . 132, 135 

Codina (Manuel) 76 

Consejo de Gabinete (Actas del) 6S, 256 

Decreto del 26 de Agosto de 1873 ■ 2o7 

Díaz Quintero (F.) 165 

Díaz (Modesto) 62,129,174,175, 235 

Embil (Miguel). " .' 55 



346 ÍNDICE. 

Páginas 

Figueredo (Luis) 59, 61 

'Fornaris (Fernando) . . , 52 

García Iñíguez (Calixto). .... . . 210, 225 

García (Vicente) ....... 57, 157, 203 

Gómez (Máximo) -'.-... ..••. 65 

González Guerra (José) 175 

Govín (Félix) ........ 78 

Grant, (Ulíses S.), Presidente de los Estados Unidos. . . 140 

Guardia (Tomás), Presidente de Costa Rica 149 

Guzmán Blanco (Antonio), Presidente de Venezuela. . . . 195 

Holguín (Carlos) 56 

Inclán (José) 68 

Machado (Eduardo) 58 

Maestre (Ángel) 66, 82 

Mcrchán (Rafael) 56 

Monagas (José) 113 

O'Kelly (James J.). Páginas del libro The Mambí Land, 

por 241 

Partido Republicano de España 151 

Piñeyro (Enrique) 136 

Presidente de la Junta Revolucionaria de la Habana . . . 114 

Presidente de la República del Salvador. . . ..... . . 177 

Proclama del 15 de Julio de 1871. . . . v ........ 71 

Id. de 1.» de Mayo de 1872 173 

Quesada (Manuel de) "... ..51, 79, 238 

Sánchez Betancourt (Francisco) 60, 83, 195, 209 

Sociedad de Artesanos Cubanos . 74, 131 

Sumner (Honorable Sr. C). . . '. S9 

Tamayo ÍSra. Vda. de León) 137 

Victoria (S. M. la Reina) 156 

Villamil (Francisco) 218 

La Deposición 264 

Vía Crucis. 289 

La Muerte 313 

Conclusión 329 



París. — Tip. Paul Dupont, 4, rué du Bo-uloi. (7S/.3.95.)