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CARTAS 



DE LA VENERABLE MADRE 



SOR MARÍA DE AGREDA 



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Señor Rey Don Felipe iv 



PRECEDIDAS DE ÜN BOSQDEJ^ HISTÓRICO 



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D. FRANCISCO SILVELA. 



Oon la aprobadoa de la eonmn oelosiictica. 



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"TOMO PRIMISIiO 



MADRID: 

l-:ST. TIPOCikÁFlCO <^SUCESOHK.S DK klVAniíNhVKA ^ 

rXr'RESOKES DE LA REAL CAbA 

}'cu>co de San Viccntu, 20. 



CARTAS 



iii: 



SOR MARÍA DE AGREDA 

Y DEL 

REY DON FELIPE IV. 




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CARTAS 



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D. FRANCISCO SILVELA. 



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CARTAS 



DE LA VENERABLE MADRE 



SOR MARÍA DE AGREDA 



Y DEL 



Señor Rey Don Felipe iv. 



PBECBDIDAS DE UN BOSQUEJO HISTÓRICO 



POR 



D. FRANCISCO SILVELA. 



Con I* Rprotaeioa ét b oraran eeltctáitlca. 



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TOMO I» li 1 M £: It <» 



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MADRID: 

l-VI. TIl'OíiKAFlCO <^SIT('KSOKKS DF- KIVADKNKVKA 

IMPRESORES DE LA REAL CASA 

Paseo de San Vicente, 20. 



1880. 



lÁ-y/ 



Esta obra es propiedad de la Comunidad de religiosas de la Purísima 
Concepción de Agreda, por cesión gratuita de sus editores. 



M^ta**^«^^**rfN^^^N^^0N^«tf^«N««tf«^ta««tf*rth««rfNtfM«*tf«tfMa«tf«tf^tf^Atf^^N^^#^tf^#^^^#^#%^^^Ntf^rfkrt^*^^^^^*^ 



Sor María de Agreda y Felipe IV, 



^«««tf«tf«««««*«P«P«^ktfNMtf«««^W« 



I. 



Velazquez, en una serie de admirables retratos, tra- 
zó la figura de Felipe IV con tal verdad , que no pa- 
rece sino que se ha animado el lienzo bajo aquel pin- 
cel prodigioso, y es el monarca austríaco personaje 
vivo entre nosotros, de quien hacemos, al tratar sus 
hechos, reciente y personal memoría. Cuanto el alma 
y la vida dicen de si, en la expresión de la mirada, las 
lineas del rostro, la apostura del talle, todo lo sor- 
prendió el artista y nos lo ha legado en aquella mono- 
grafía, cuyas páginas guarda el Museo de Madríd; pero 
hasta donde alcanzó el pincel del maestro, hasta alli 
han llegado la felicidad y el acierto en el retrato po- 
pular del Rey, pues la imaginación y la leyenda die- 
ron en privilegiarle con sus atenciones en términos, 
que ha venido á ser para el común de las gentes un 
tipo de mera convención dramática, recargado con 
tonos y colores falsos, debidos á observaciones his- 
tóricas imperfectas y á juicios formados de rondón y 
á la ligera. 

No han sido muchos, ni muy extensos, aunque al- 
gunos considerables por su sustancia, los estudios que 



BOSQUEJO HISTÓRICO. 



la crítica histórica ha dedicado al penúltimo monar- 
ca de la dinastía austríaca, y aun á todo su siglo ; pu- 
diendo decir con verdad un autor extranjero muy de- 
dicado á investigaciones en nuestros archivos, que la 
historia de las ideas de esa época en Espafia está por 
hacer (i) ; pero de una y otra parte, ya escritores na- 
cionales, ya extraños, han ido acumulando valiosos 
elementos, con los cuales se podrá escribir algún dia 
la grande y severa narración de nuestro apogeo y 
decadencia. 

Esa obra , para ser definitiva y seria , deberá conte- 
ner algo más que meras relaciones militares y políti- 
cas, ó consultas oficiales de juntas y consejos ; exigirá 
el análisis propio y el estudio comparado de cada 
clase social en su vida más íntima, la fisonomía de 
cada personaje sin aparatos teatrales preparados por 
panegiristas mercenarios ó satíricos apasionados, la 
huella que dejaron, pensamientos, pasiones é intere- 
ses en su medida real, sin preconcebido propósito 
de acreditar tesis liberales ó reaccionarias; y en ese 
trabajo de acumulación, que como terreno de acar- 
reo podrá formar en su dia base para fértiles explo- 
taciones, nos ha parecido será precioso elemento la 
correspondencia entre Felipe IV y Sor María de Je- 
sús de Agreda, de la que sólo se han publicado algu- 
nos fragmentos en Francia y tal cual trozo en Espa- 
ña, como mero modelo de literatura epistolar. 

Algún historiador contemporáneo (2) ha examina- 
do, con notable aprecio, el manuscrito existente en la 



(i) Morel-Fatio. LEspagne au zvi et au xvii siécU; Documents kisto- 
riques et litteraires. — Heilbroun, 1878. 

(2) Cánovas del Castillo. Bosquejo histórico de la Casa de Austria. 



BOSQUEJO HISTÓRICO. 



Academia de la Historia, que contiene una parte, y 
no la mayor ni la más interesante, de esta correspon- 
dencia; pero aun son ignoradas las copias hechas por 
mano de la Venerable Madre, conservadas en Agre- 
da, y otras, que la suerte y la perseverancia nos han 
permitido ir reuniendo, y todas ellas forman el com- 
plemento moral de los retratos de Velazquez, el alma 
y la palabra de aquella figura, tan favorecida por el 
arte como maltratada por la historia. 

No reviste menor importancia la colección, por lo 
que al personaje de la Venerable Madre se refiere, 
pues, aparte la maestría en el manejo del idioma, ya 
tan acreditada en otras obras de su pluma que le va- 
lieron el honor insigne de figurar en el Diccionario 
de Autoridades^ son las cartas un precioso tesoro de 
doctrinas místicas y cristianos consejos en materias 
morales y políticas, con minuciosos detalles sobre 
hombres y sucesos, y visible eco de la opinión popu- 
lar, que en aquellos tiempos tenía acceso en locu- 
torios y gradas con singular facilidad y exactitud, y 
que durante veintidós años denuncian una influencia 
y dibujan una figura, sin cuyo conocimiento y estudio, 
el cuadro de la Corte en aquella época no sería com- 
pleto. 

Recoger todos los frutos que brotan de esa corres- 
pondencia, perseguir los filones en ella descubiertos, 
es tarea que requiere mayores medios de ciencia 
crítica, y vagar de toda otra atención y cuidado, que 
los propios y peculiares del que escribe estas líneas, 
y de quien en sus investigaciones y trabajos tan eficaz- 
mente le ha ayudado. Pero siendo el cuadro de las 
cartas en sí mismo y por sus aplicaciones en manos de 
otros ingenios, tan subido en precio, aun podrá sopor- 



BOSQUEJO HISTÓRICO. 



tar algunas explicaciones y notas útiles como los 
marcos modestos á los preciosos lienzos de un museo, 
que, sin rivalizar en arte ni en valor con ellos , contri- 
buyen sin embargo á realzar sus bellezas y á hacerlas 
más sensibles á la observación de los menos atentos. 



11. 



Las relaciones y memorias contemporáneas más 
acreditadas por veraces , y sobre todas ellas la corres- 
pondencia con Sor María, nos pintan á Felipe IV al 
llegar su edad madura, como hombre de complexión 
sana, aunque un tanto linfática y poco vigorosa; afable 
y aun familiar con algún exceso para los que frecuen- 
taban su compañía, pero serio y reservado si recibía 
ó conversaba ejerciendo oficio y autoridad Real; pun- 
tual y metódico en distribuir su tiempo, hasta el ex- 
tremo de decirse por viajeros coetáneos que se sabia al 
principiar el año lo que habia de hacer y dónde se ha- 
llaría S. M. en cada dia (i) ; con ingenio más que me- 
diano y capacidad natural muy sobrada para tratar por 
si mismo toda clase de negocios; escaso en estudios y 
en lecturas serias y sustanciosas, pero con aptitudes 
literarias singulares; noble y desinteresado en sus pro- 
pósitos ; animado por el deseo del bien, amante de su 
pueblo y con manifiesta inclinación á las franquicias 
populares y vivo anhelo por conocer y seguir los con- 
sejos de la pública opinión ; exento de esos despóticos 



(i) Voyage ctEspagm curietix, historique etpolitique, 1654. 



BOSQUEJO HISTÓRICO. 



caprichos en cosas y personas, que tan fácilmente en- 
gendra el poder absoluto en almas menos rectas que la 
suya; ajeno á toda pasión de ira^ odio ó venganza; 
propenso á la paz en la política y á la indulgencia en el 
gobierno ; sin la aversión que por lo común se le su- 
pone á los asuntos públicos, antes al contrario, incli- 
nado á consagraries su tiempo y su vida, y ganoso de 
pagar con su persona en guerras y viajes más de lo que 
á sus favoritos cuadraba ; liberal en olvidos y perdo- 
nes , más que en dádivas ; piadoso en la fe , pero sin 
que este sentimiento alcanzara en su ánimo , ni aque- 
lla iniciativa de un Felipe II convencido de que en él 
se encamaba la representación de la causa católica 
con tanta ó mayor fidelidad y pureza que en el mismo 
Papa, ni aquel incontestado predominio sobre pasio- 
nes y potencias que fué en Felipe III regla práctica 
y casi exclusiva de su vida pública y privada (i). Flo- 
taba sobre todas esas condiciones, como la niebla que 
funde en tintas y contornos uniformes los detalles y 
accidentes de un paisaje, la debilidad de su carácter, 
la irresolución en su voluntad y la pereza de su espí- 
ritu, fuerte sólo para sufrir con resignación inactiva 



(i) En el tomo iv de la Historia de los Principes de Condes su ilustre 
autor el Sr. Duque de Aumale, al advertir no debe confundirse al Ar- 
chiduque Alberto, marido de la infanta D/ Isabel Clara Eugenia, que 
gobernó los Paises-Bajos en 1596, con el cardenal Infante, jefe de nues- 
tros ejércitos en Flándes en 1634, incurre en la equivocación de caliñ- 
car al glorioso vencedor de Norlinga como hijo natural de Felipe III, 
siendo hermano menor del rey D. Felipe IV y nacido del mismo legiti- 
mo matrimonio que él. No hemos querido omitir esta rectificación al 
paso, en el estudio, tan notable por muchos conceptos, del egregio aca- 
démico francés, por recaer el error sobre la memoria de tan morigerado 
Rey como D. Felipe III , de quien hay historiador que afirma era creen- 
cia en su tiempo, murió sin haber cometido pecado mortal. 



BOSQUEJO HISTÓRICO. 



las mayores desgracias, pero inhábil y nada solícito 
en perseguir la realización de un pensamiento propio, 
resistente aun á aquel ejercicio de actividad que re- 
quiere el formarse idea por sí mismo de las cosas, y 
trazarse líneas de conducta para guiarse y para guiar- 
las, y destinado por tanto á vivir bajo dirección ajena, 
porque la vida es ante todo y sobre todo voluntad, y 
el que no usa la propia, vive necesariamente de la ex- 
traña. 

El imperio, con sus tremendas responsabilidades, 
cuando recae en hombres con tales condiciones de es- 
píritu , es origen de grande infelicidad y profunda me- 
lancolía , que á la larga, penetra en lo más esencial de 
su vida. Por huir el esfuerzo que en tales almas repre- 
sentan los actos de la voluntad y la posesión de sí mis- 
mas, dejan ir los sucesos al hilo de los impulsos aje- 
nos, creyendo les resultará la carga menos pesada; 
pero si la razón y la inteligencia no son mudas, refu- 
tan al cabo todos los falsos argumentos que va sumi- 
nistrando la pereza, sienten una y otra vez las conse- 
cuencias de su abandono , y al propio tiempo la volun- 
tad no ejercitada debilítase más y más, y consideran 
como irremediable su impotencia, cuando más alto les 
hablan los remordimientos de la inacción. 

No parece sino que el famoso Argoli, maestro de 
Astrología en Padua, á quien consultó Felipe III el 
horóscopo de su hijo, adivinó esa triste condición de 
carácter cuando le pronosticó los más amargos desti- 
nos, anunciando ademas que debería morir en la ma- 
yor miseria, si la circunstancia de contar por patri- 
monio los Estados españoles no le librara casualmen- 
te de esa indicación de las estrellas. 

Acreditóse el horóscopo con los sucesos, y trascen- 



BOSQUEJO HISTÓRICO. 



dieron á populares aprensiones los recelos, que sobre 
la total ruina de esta monarquía abrigaban cuantos 
conocían lo gastado y endeble de su constitución , y 
comentaba el vulgo, desde los comienzos del reinado, 
que en muchos de los palacios donde se habia coloca- 
do el retrato de S. M. cubría el cuadro en el salón el 
último sitio y no quedaba espacio para el sucesor, cla- 
ra muestra de que en el Rey se extinguia su raza; esto 
habia acontecido en la Galería de Madrid, en Sevilla, 
en Córdoba y en alguna otra parte. Hacíanse cabalas 
con su número de orden entre los monarcas austria- 
cos, recordando que no se hablan sucedido nunca más 
de cinco soberanos en una misma línea, y él hacía pre- 
cisamente el quinto, que los reyes de Castilla que han 
llevado en su nombre el número tres , han sido des- 
graciadísimos en sus hijos, y los que han llevado el 
número cuatro, poco afortunados en sus empresas. 

No habian menester, en verdad, el ingenio y capa- 
cidad natural de Felipe IV, aun cuando no estuviera 
ayudado con muy profundas y variadas lecturas, de 
el estímulo y ocasión de horóscopos y agüeros, para 
sentir penetrada su alma al mediar su vida, por la me- 
lancolía que cambió lentamente su carácter, apode- 
rándose de todo su ser hasta acabar prematuramente 
con su existencia. No hablaban en aquella naturaleza 
tan alto las pasiones , ni era tan muda la voz del de- 
ber, ni tan callado el sentimiento de la patria, que no 
se le representara á menudo con amarga verdad, la 
triste labor de su reinado, comenzado con grandes 
promesas de reformas, justicias y reparaciones os- 
tentosas, desvanecidas como vana ilusión unas tras 
otras. 

Aquellos inventarios y registros en los bienes y ren- 



8 BOSQUEJO HISTÓRICO. 



tas de los ministros, que se establecieron por el Conde- 
Duque siguiendo el arbitrio ideado por el P. Mariana, 
no aliviaron el tesoro del Reino ni nutrieron las Ren- 
tas Reales. Vivia el Rey, hasta para sus gastos perso- 
nales y de Palacio, con los préstamos, que por partidas 
de ciento y doscientos mil ducados le hacian cuatro 
mercaderes genoveses. Centurión, Spinola, Iniozcay 
Pallavicino, empeñando tributos y censos, por tan des- 
ordenada manera, que ya en 1647 tuvo que dar por 
nulos los empeños; y tal debia ser la premia, que 
hombres tan adelantados para su época en asuntos de 
crédito como los embajadores venecianos, disculpan 
en sus relaciones la medida, diciendo que «si bien se 
» faltó por ella á la palabra Real y se arruinó á mu- 
»chos particulares, juzgóse como de todo punto in- 
» dispensable , porque S. M. no tenía ya modo alguno 
» de encontrar dinero. » 

El proceso de altos dignatarios y oficiales de la cor- 
te, el duro suplicio de D. Rodrigo Calderón, no ha- 
bian dado de si sino lo que es constante en tales es- 
carmientos aislados, cuando no representan cambios 
radicales de sistema y no van acompañados de nue- 
vas y más perfectas organizaciones ; la conmiseración 
del vulgo hacia las víctimas; porque en los tiempos an- 
tiguos acontecía como en los presentes, que se abultan 
de tal suerte en la imaginación popular las culpas de 
los acusados políticos con la relación de fabulosas con- 
cusiones y cohechos, que cuando se depuran en una 
sentencia, parecen á menudo pecados veniales com- 
parándolos con los que se siguen atribuyendo siempre 
á otros magnates coetáneos, no inquietados por el ma- 
jestuoso y respetable azar de la justicia humana. 

La reformación de costumbres, con cuyo nombre 



BOSQUEJO HISTÓRICO. 



creóse nada menos que una Junta, no andaba más 
aventajada, ni las pragmáticas sobre el uso de manto 
por las damas habian logrado atenuar los frecuentes 
escándalos de que era teatro la corte, en los que so- 
naban nombres ilustres, como el del Almirante de 
Castilla, de quien se decia haber dado á una cortesa- 
na So.ocx) escudos, suma fabulosa para aquellos tiem- 
pos, y los Condes de Mogeron y de Fiesque, insulta- 
dos y lastimados en público por celos y agravios de 
tales mujeres, que escandalizaban á las gentes pasean- 
do sus carrozas, ó las de sus galanes, en la calle Mayor, 
en las alamedas del Rio y la celebrada fiesta de San- 
tiago el Verde, con lujosos trajes y vistosos afeites, y 
consumiendo la hacienda de sus adoradores en golosi- 
nas y frutas que allí se derrochaban, ni más ni menos 
que en los laberintos y encrucijadas del Bois de la 
moderna Babilonia. Añádase 4 esto que tales exce- 
sos impresionaban muy de otra manera que hoy la 
opinión de las gentes, cuando es sabido que nadie 
entonces ponia en duda reconociera el terremoto 
de Burgos, por exclusivo origen , la cólera del cielo 
excitada por los pecados públicos, y que en él se hu- 
biera oido la voz de Dios, resistiéndose á la interce- 
sión de un bienaventurado, y diciendo : «déjame aca- 
bar de una vez con éstos» (i). Y á tales achaques en 
la Hacienda, la Administración y las costumbres, se 
unian los desastres en la política exterior y las em- 
presas militares, más desconsoladores aún, por cuanto 
se pagaban con la sangre de los ejércitos y los jirones 
de sus banderas. 
La liquidación , por decirlo así, de aquella serie apé- 



(i) Pellicér. Avisos. — Agosto de 1643. 



10 BOSQUEJO HISTÓRICO. 



ñas interrumpida de desgracias y desengaños, fué la 
caida del Conde-Duque , y como en esa figura se en- 
cierra la historia de la primera parte del reinado, 
conviene consagrar á su significación é influencia 
algunas páginas, pues sin conocerla ó recordarla no 
se puede apreciar bien el carácter y la situación de es- 
píritu de Felipe IV, cuando visitó por primera vez 
á Sor María, y en toda la segunda parte de su vida , 
en la que veremos influir tan poderosamente á la ve- 
nerable Abadesa. 



III. 



Don Gaspar de Guzman, tercer Conde de Olivares, 
nació en Roma en 1587, siendo su padre embajador 
de S. M. Católica en aquella corte, y creció y se edu- 
có en los palacios de la embajada y de los vireinatos 
de Sicilia y Ñapóles, viviendo su hermano mayor 
D. Jerónimo, destinado á la sucesión de los mayoraz- 
gos y títulos, sufriendo por tanto la natural influencia 
de aquella institución vincular, de la que dice un au- 
tor inglés, produce la inestimable ventaja de crear un 
sólo tonto por familia. 

Era frecuente, en efecto, que así como el ocio, la 
certeza en su porvenir y lo consentido de su edu- 
cación, viciaban ú oscurecian en el mayorazgo sus na- 
turales prendas, se avivaran en el segundogénito los 
deseos de medro personal por propio ingenio y trave- 
sura, con el espectáculo de grandezas, en las que sólo 
podia disfrutar el reflejo mientras viviera en la casa 
paterna, y sintiendo D. Gaspar semejantes estímu- 



BOSQUEJO HISTÓRICO. II 

los de ambicien, abrazó la carrera eclesiástica como 
camino abierto entonces á toda clase de prosperida- 
des en la corte, cuando se podia contar con elevados 
parentescos, cursando en Salamanca, con más ingenio 
que aplicación según el Conde de la Roca (i), hasta 
los grados mayores, aunque sin tomar órdenes, reci- 
biendo de Felipe III una encomienda de Calatrava, 
y criando en buenos principios su orgullo, pues como 
dice Novoa, aludiendo malignamente á su poca afi- 
ción á las aulas « llegó á ser Rector antes que cole- 
gial ni estudiante» (2). 

Murió por entonces su hermano mayor, y á poco el 
padre , y vino D. Gaspar á la corte á pretender la gran- 
deza de España, cuando empezaba á dibujarse en el 
Real palacio el partido del Príncipe, á pesar del poco 
calor que el carácter de éste prestaba á esas ambicio- 
nes prematuras. 

Es por demás curioso observar, en estos principios 
de su medro cortesano, qué paciente labor, qué per- 
sistente empeño emplea D. Gaspar para asegurarse 
un porvenir, unido á la persona del que habia de ser 
Felipe IV, como si tuviera fe ciega en su destino y 
conocimiento de la corta vida reservada á Felipe 
III (3), atribuyéndose después, según Siry, tanacer- 



(i) Fragmentos históricos de la vida de D, Gaspar Felipe de Guztnan, por 
don J. A. de Vera y Figueroa, conde de la Roca y gentilhombre de boca 
de S. M. D. Felipe IV, rey de las Españas y emperador de las Indias.— 
París. — ^Biblioteca nacional. 

(2) Historia de Felipe IV, por Matías de Novoa. 

(3) Murió Felipe III á los cuarenta y tres años no cabales de su edad, 
llevándole al sepulcro una erisipela eficazmente ayudada por los médicos 
de la Real Cámara. Basompierre refiere en el Journal de ma vie, que el 
viernes 26 de Febrero de 162 1 estaba el Rey ocupado en la lectura de 
varios despachos, teniendo á su lado un gran brasero que le acaloraba el 



12 BOSQUEJO HISTÓRICX). 



tados cálculos, por unos á predicción de un astrólo' 
go, y por otros á los propios medios y conocimientos 
en magia del privado. 

Sorprende, en efecto, cómo un joven que reunia 
condiciones y facultades no comunes en aquella cor- 
te, á la que llegaba como pretendiente, no quisiera ir 
á la edad de veinticuatro años á la embajada de Ro- 
ma, y cifrara todo su empeño en entrar de mero gen- 
til-hombre con el Príncipe, á quien se puso cuarto 
para ir á la frontera de Francia á sus desposorios con 
la princesa Isabel, y que poco después, cuando de- 
seoso Lerma de separar del lado del heredero una in- 
fluencia que podia ser perturbadora (i), le ofreció 



rostro, y el Marqués de Pobar^ que asi se lo contó á Basompierre, rogó al 
Duque de Alba, gentil hombre de cámara, que lo mandase separar; pero 
el Duque de Alba dijo que eso correspondía al Sumiller de Corps , que 
era el Duque de Uceda, y habiendo tardado éste en llegar, sufrió una 
sofocación el Rey que le produjo ñebre y la erisipela en que terminó su 
enfermedad, habiéndose repetido mucho esa anécdota para ponderar los 
excesos de la etiqueta española. Pero aun cuando asi lo refiriese el Mar- 
qués de Pobar, no fué ésa sino una de tantas versiones caprichosas como 
pululan siempre en las cortes cuando ocurren tales desgracias de Princi- 
pes. En Francia se publicó un folleto en 162 1, que se conserva en la Bi- 
blioteca nacional de París , con el titulo de Les grandes acHons et notables 
changements que le Roy étEspagne Philippe IV afait a son advenement á la 
couronne en la direction des affaires de son Estat apres le defes et ftinerailles 
dufeu Rey Philippe III, son per e; y en ese escrito se atribuye la muerte á 
los médicos, diciendo eran los más ignorantes del mundo, porque le san- 
graron sin purgarle, cosa que califica el autor como especie de asesinato 
disimulado, y en verdad que, debilitado el Rey, como lo estuvo constan- 
temente desde la enfermedad que le puso á las puertas del sepulcro en 
Casarrubios, propináronle sin embargo cuatro sangrías, al primer ama- 
go de erisipela que se le presentó, lo cual, según los usos y prácticas 
modernos, justifica con exceso uno de los temas que para romance se 
propusieron en la Academia burlesca del Buen Retiro en 1637 : A que 
los enfermos enferman del mal, pero mueren del doctor. 

(i) En papeles del tiempo se dice que á Lerma le habian pronostica- 
do seria arrojado de Palacio por un Guzman , pero parece que no fué 



BOSQUEJO HISTÓRICO. 1 3 



un alto cargo en la casa del Rey, le contestara el Con- 
de, «que no abandonaría el servicio del Príncipe ni 
»por la mayordomía mayor de Palacio, ni por el virei- 
»nato de Ñapóles, ni por el Consejo de Estado.» 

Procuró al mismo tiempo D. Gaspar aumentar sus 
relaciones y medios de acción en Palacio, como 
quien lo consideraba el terreno propio á fijar definiti- 
vamente sus reales, y para ello hizo fastuosa corte de 
presentes y fiestas, que dejó larga memoria, á su prima 
Doña Inés de Zúñiga y Velasco, dama de la Reina, 
sin bienes de fortuna , poco agraciada en su persona, 
pero discreta, virtuosa y de familia antigua y muy 
considerada (i). 

Ya instalado en la casa del Príncipe, fué fácil al fu- 
turo privado ejercer sobre aquel carácter débil y bon- 
dadoso el ascendiente , que con mayores dificultades 
mantuvo más tarde, y que desde sus principios no se 
fundó en la afección ni en la simpatía, sino en la cos- 
tumbre y en la necesidad que sentia el Rey de tener á 
su lado una voluntad enérgica, para suplir la defi- 
ciencia de la suya (2). 

Pero no era tan robusto ese cimiento para que fiara 
en él exclusivamente su fortuna el privado , ambicioso 
de destinos más altos que el manejo del cuarto y las 



don Gaspar el que inspiró mayores recelos al privado de Felipe III, sino 
don Enrique de Guzman , marqués de Pobar, que sufrió bastante de ese 
falso testimonio de los hados ó de sus intérpretes. 

(i) En la historia del Ministerio del Conde-Duque, atribuida al Con- 
de de la Roca, se dice que en hacer la corte á la que fué su mujer, invir- 
tió D. Gaspar 300.000 ducados. 

(2) En los fragmentos históricos de la vida de D. Gaspar Felipe de 
Guzman, mapuscríto de la Biblioteca nacional de París, se confirma el 
hecho ya referido por Siry, de que siendo aún príncipe D. Felipe, llegó 
á decirle un dia á Olivares cmuy cansado estoy de vos, Conde», pero 



14 BOSQUEJO HISTÓRICO. 

pequeñas intrigas interiores de las servidumbres pa- 
laciegas, y para sostenerse contra los inquietos celos 
de Lerma, buscó y obtuvo Olivares la protección y 
apoyo de Aliaga y de Uceda. Bien conocidos son los 
detalles de aquella sucesión en los valimientos, que 
agitaba y preocupaba á la corte al espirar Felipe III, 
más que la herencia de la corona, y con razón, puesto 
que ésta era un mero accidente, y la esencia del po- 
der habíase trasmitido á los privados; y no desmintió 
Olivares en aquellos momentos las cualidades de di- 
simulo en el pensar, prontitud en el resolver, audacia 
en el ejecutar, indispensables para arrebatar el man- 
do , cuando éste se hace patrimonio exclusivo de la 
intriga. Así, se adelantó á prohibir con un mero decre- 
to del Príncipe , vivo aún el Rey , el regreso de Ler- 
ma, separó de seguida á Uceda de su cargo de ma- 
yordomo mayor, á pretexto de exigirlo la indepen- 
da de los jueces en el proceso de Osuna, y envió á 
Aliaga á su convento, sin recordar los buenos servi- 
cios que le debiera en sus luchas contra los trabajos 
de la nodriza Doña Ana de Guevara, del Conde de 
Lémos y D. Fernando de Borja, gentiles-hombres 
también del regio heredero, que movidos por el Car- 
denal habian procurado con empeño la desgracia de 
D. Gaspar. 



dejando éste pasar ese movimiento de sinceridad ó de mal humor, cuan- 
do días después le pidió permiso para retirarse á Sevilla , el Principe le 
retuvo y le satisfizo de su repulsa. 

En otros papeles se dice que viviendo el Príncipe con gran estrechez, 
por lo escaso de las asignaciones que le daba su padre, le facilitó el Con- 
de-Duque grandes adelantos con onerosos sacriñcios de su no muy des- 
ahogado caudal de Andalucía. ( Histoire du Ministere du^ CcmU-Duc á 
Cologne^ 1673.) 



BOSQUEJO HISTÓRICO. 1 5 



No fueron obstáculo para tan expeditivas resolucio- 
nes las palabras del difunto Rey, que en su lecho de 
muerte parece recomendó á su hijo á sólo tres per- 
sonas; su confesor, el Duque de Uceda y D. Bernabé 
de Vivanco; en pocos dias quedó convencida la corte 
de que era un hecho la frase que se atribuye al favo- 
rito cuando espiró Felipe III : «Ahora ya todo es 
mió», menudeando los destierros y alejamientos de 
los amigos y allegados de Uceda, pero sin ensañarse 
con ninguno, á excepción del Conde de Saldafla, á 
quien obligó bajo pena de la vida á casarse (i). 

Hasta aquí resultaron proporcionadas las fuerzas de 
D. Gaspar, con la empresa que venía persiguiendo; 
pero son tan distintas las facultades propias para con- 
quistar el poder, de las necesarias para ejercerlo con 
fruto , que desde el punto y hora en que vio realizado 
su propósito, puede decirse que empieza la serie de 
sus temeridades inspiradas en la única pasión que do- 
minaba su vida, el deseo de conservar su privanza, y 
aconsejadas por un espíritu ligero, superficial, sin co- 
nocimiento alguno del estado del mundo ni del país 
que en absoluto era llamado á regir. 

Los embajadores venecianos dan noticias favora- 
bles á las cualidades personales del privado , atribu- 
yéndole feliz memoria, palabra fácil, expedición en el 
despacho , y sin duda que no le faltaron esas y otras 
prendas (2) tan propias de las naturalezas meridiona- 



(i) Les grandes acUons et notables changenunts que le Roy Pkilippe IV 
afait, etc., 162 1. (Biblioteca nacional de París.) 

(3) No hubiera sido D. Gaspar hombre de su tiempo, si criado en 
Italia j Salamanca no hubiese rendido su tributo á las Musas escribien- 
do numerosos versos , pero no podemos formar juicio hoy de sus facul- 



í 
1 6 BOSQUEJO HISTÓRICO. | 

^ ^ ^ __^ ' 

les, todas extemas y vistosas, útiles para la intriga de 
las Cortes, lucidas en audiencias y consejos, como 
hoy lo suelen ser en parlamentos y asambleas, y que 
con facilidad engañan al observador superficial, y más 
si es extraño á la tierra, porque imagina y da por cier- 
to que á tan brillante hojarasca ha de corresponder 
alguna raíz y sustancia, más ó menos honda y propor- 
cionada, de talentos útiles y de conocimientos prácti- 
cos y formales, y no sucede así las más veces, pagan- 
do á menudo el engaño los que, por error ó desgra- 
ciada suerte , fundan en tan sutiles apoyos intereses 
considerables. 

Ya alguno de los mismos embajadores, aunque re- 
tratando favorablemente al Conde-Duque , le declara 
falto de toda experiencia , amigo de hablar con exce- 
so, indiscreto en su celo, no sintiendo las malas nue- 
vas por lo que contrarien sus propios pensamientos, 
ó el daño que infieran al país, sino por lo que pue- 
dan disgustar al Rey de su privanza, hipócrita sin em- 
bargo , hasta el punto de que fingia al comunicar una 
desgracia, cuando no era ya posible ocultarla, llorar y 
acongojarse con tales extremos, que compadecido el 
Monarca, no se ocupaba sino en consolarle, distraerle 
y amenguar la importancia del daño, haciéndole mil 
reflexiones para calmar su dolor; accidentes todos 
ellos, que sin ser en sí muy graves, revelan sin embar- 
go , en un hombre colocado á tal altura', y sobre el que 
descansaban intereses de tamaña cuantía, tan ruin 
condición de carácter, que hacen adivinar desde luego 



tades poéticas, porque, más severo con su literatura que con su política, 
parece hizo con ellos auto de fe en 1626. {Fragmentos históricos déla vida 
de D, Gaspar FeUpe de Guzman. (M. de la Biblioteca nacional de París.) 



BOSQUEJO HISTÓRICO. 1 7 



no era espíritu aquél, ni aún para empresa menos di- 
fícil que el desempeño y guarda de la herencia de 
Felipe III. 

Una cualidad le reconocen sus biógrafos y la con- 
firman todos los embajadores venecianos, bien estima- 
ble en un valido, y á decir verdad, menos en uso en 
aquellos tiempos que en los actuales ; la integridad en 
sus funciones; no era hombre de cohechos, y no fué 
calumniado de tal , ni aún por sus enemigos, pero no 
llegaba esa virtud ciertamente á la delicadeza y des- 
prendimiento de su suegro D. Juan de Zúfiiga, que 
después de ser Virey de Méjico y del Perú, necesitó 
de una suscricion en Lima para que se costease digna- 
mente su entierro. Utilizaba su valimiento en acumu- 
lar rentas , encomiendas, cargos retribuidos y pensio- 
nes sobra la flota de América, que hacen subir escri- 
tores del tiempo á más de 468.000 escudos anuales, 
y obtuvo un breve especial del Papa para asegurarse 
emolumentos sobre los beneficios eclesiásticos por 
40.000 escudos, con cuarenta afios de superviven- 
cia (i). 

El mismo Francisco Comer, al reconocer su in- 
tegridad, relaciona su lujosa estancia próxima al 
convento de San Jerónimo, alhajada con riquísimos 
muebles y tapices, y añade que cuantos querían ha- 
cerse agradables al privado le enviaban algún obje- 
to de valor con la excusa de que lo colocara en ese 
palacio. 

Pero tales pecados de indelicadeza eran á la ver- 



(i) Uno de los panegiristas del Conde-Duque en vida del favorito, 
elogia mucho este rasgo, como prueba de que el Conde no quería nada 
del Estado. 



1 8 BOSQUEJO HISTÓRICO. 

dad materia muy venial en tiempos en que se pu- 
blicaban sin asombro pragmáticas como la de 1614, 
mandando «que las dignidades, oficios y mercedes se 
provean en personas dignas , sin intervención de nin- 
guna suerte de cohecho :►, y en los que el fiscal de la 
causa de Osuna, D. Andrés Velazquez, escribia al Du- 
que para indicarle que un sujeto de cuenta deseaba 
una alfombra, y le anadia, como consejo de hombre 
experimentado en los achaques de la curia, «envíele 
vuestra excelencia dos, y niegue á Dios que otro no 
le dé tres» (i). 

Con frase expresiva, que revela los hábitos del tiem- 
po más que pudiera hacerlo un libro entero , se dice 
en los Cargos contra el Conde-Duque y impresos con 
el Nicandro (2), que se le atribuye haber sido limpio 
en recibir de particulares ^ pero no sin razón prosigue 
preguntando el acusador : 

4; ¿ De qué se ha hecho la gran fábrica de Loeches 
»y los riquísimos homenajes, si cuando entró al vali- 
> miento no tenía un real, y su mayorazgo, lleno de 
» acreedores? ¿De qué se compró San Lúcar de Alpe- 
5^chin y Castilleja de la Cuesta, y todo lo demás que 
» acrecentara ? Esto no se hace por ensalmo» ; y en re- 
lación de la época, atribuida al embajador de Alema- 
nia en Madrid (3), se da noticia de cómo se utilizaba 
de sus grandes medios en el gobierno para comerciar 



(i) Fernandez-Guerra. Vida de D, Francisco de Quevedo Villegas, 

(2) Cargos contra el Conde- Duque , privado que fué de la Majestad Cató- 
lica de Felipe el Grande , escritos por un ministro residente en su corte. En 
Madrid , Imprenta Real, 1643. 

(3) Relaíion de ce qui s'estpassi en Espagneála disgrace du Comie^Duc, 
traduit de ntalien enfranfois, chez Agustín Courbe, 1650. Este libro está 
manuscrito en la Biblioteca Nacional de París, en papeles varios, con 



BOSQUEJO HISTÓRICO. 1 9 

con los productos de sus tierras y explotar la flota de 
las Indias. 

Juzgándole, pues, en su concepto moral, sin pasión 
ni preocupaciones , habremos de clasificarle entre esos 
ingenios, más abundantes eii nuestros tiempos que en 
los pasados, que costeando el Código y las concusio- 
nes directas y expresas, aciertan á utilizar, ya las posi- 
ciones administrativas, ya las grandes influencias po- 
líticas, para exprimir con provecho de su fortuna par- 
ticular las flotas de las Indias, ó lo que en los moder- 
nos sistemas financieros las han reemplazado para el 
efecto ; hombres de los que se murmura en voz baja 
cuando circula la noticia de sus inexplicables aumen- 
tos, ó cuando se da á luz alguno de sus inesperados 
derroches, pero que conservan en la opinión y en el 
trato social y político una respetabilidad relativa, de 
la que no disfrutan los que rutinariamente se atienen 
á los anticuados procedimientos de recibir de parti- 
culares^ que en el siglo xvii eran más usuales que 
ahora en altos dignatarios, y que el progreso de los 
tiempos va relegando á las últimas escalas de la ad- 
ministración pública. 

Proporcionados á ese carácter moral , tan deficiente 
y endeble, fueron los propósitos y acciones del Conde- 
Duque , en los que no se descubren con claridad fines 
superiores á la conservación y aumento de su privan- 
za, que según el dicho acertadísimo, por lo que se 
vio después, de un embajador veneciano, era para 



una nota que dice : « Se tiene por cierto es del marqués de la Grana, 
embajador de Alemania , gran ministro y muy de la reina Isabel de 
Borbon> 



20 BOSQUEJO HISTÓRICO. 



D. Gaspar de Guzman «tan necesaria á su vida como 
el diario alimento á los demás hombres.» 

Así procuró desde el primer dia halagar los genero- 
sos sentimientos del Rey con gloriosas empresas, y 
para que tuviera fórmula concreta el pensamiento, 
hizo adjudicar en vida al Monarca, y como título 
oficial, el dictado de Grande^ rasgo que, por desgra- 
cia, no era una adulación estéril y meramente pala- 
ciega del favorito , sino como la enseña ó mote del 
funestísimo programa para sus veintidós aflos de im- 
perio; y el tal alarde, muy criticado eiitre los propios, 
no dejó de alarmar á los extraños, hasta donde una pa- 
labra de ese sentido podia hacerlo, antes que las des- 
dichas acumuladas sobre el desgraciado Rey, y las 
sucesivas pérdidas de plazas y provincias, sacaran del 
famoso dictado el conocido epigrama de ser su gran- 
deza «como la de los hoyos del campo, mayor cuanta 
más tierra se les quita», dicho en el que se ha resumi- 
do el juicio popular que de aquel reinado se con- 
serva. 

Mocénigo y Comer, en sus relaciones al Senado 
Véneto , confirman la vulgar opinión sobre el absolu- 
to imperio del Conde y su satisfacción en hacerlo pú- 
blico, refiriendo á ese propósito que, habiendo reci- 
bido el Rey en una ocasión un memorial donde se 
denunciaban abusos de nueve amigos ó protegidos del 
privado , hizo éste que al siguiente dia fueran los nue- 
ve distinguidos con diferentes recompensas. Sin hi- 
pérbole podia decirse que estaba entregado el Rey en 
cuerpo y alma á Olivares ; habíale dado por confesor 
á un fraile dominico llamado el P. Antonio, de hu- 
mildísima condición y en absoluto guiado por el 
P. Salazar , jesuita confesor del privado y hombre de 



BOSQUEJO HISTÓRICO. 21 

facultades é indudable valer, aunque anden discordes 
los testimonios de autores graves sobre la aprecia- 
ción de sus cualidades morales, poniéndole en mala 
opinión los embajadores venecianos, y estimándole 
como escritor sabio y piadosísimo, Backer, Lafuen- 
te y otros historiadores de nota (i). Pero de todas 
suertes, acreditado parece que en la dirección de 
la conciencia del Rey tenía no poca parte, aunque 
indirecta, Salazar, al propio tiempo que disfrutaba la 
confianza del Conde-Duque ; y Córner nos completa 
los detalles de tan absoluta tutela, refiriendo al Sena- 
do de Venecia que de tal manera se ocupaba Olivares 
en la dirección del Palacio, que diariamente deter- 
minaba el traje que habia de llevar S. M. 

Por estos y otros datos puede apreciarse la sujeción 
constante en que vivió el Monarca durante los prime- 
ros veintidós años de su reinado, y la absoluta res- 
ponsabilidad que alcanza á Olivares por toda aquella 
política, singularmente en cuanto se refiere á las reía- 



(i) Al P. Salazar se atribuye la invención del arbitrio del papel sella- 
do, tributo que, como todos, fué mal recibido en un principio, pero que 
constituye un titulo de gloría financiera para el Ministerio del Conde- 
Duque, pues no ha quedado pueblo ni gobierno que no lo haya acepta- 
do y lo cuente por principal y saneado recurso en sus presupuestos. En 
el sello se puso el letrero que decia : Felipe IV el Grande, con lo que se 
murmuró por entonces que convenia añadir el mote, y poner, para que 
fuese justo, el Grande tributador, pues no se habia hallado hazaña más 
esclarecida para darle ese tratamiento , que la de imaginar una gabela 
nueva. Bien pronto se allanaron los ánimos á un impuesto bien imagina- 
do y fócil de llevar, cuando no es excesivo en las cuotas; y el viajero 
Somerdich , al dar cuenta del estado de España , nota esa renta con en- 
vidia y alabanza, como una de las mis pingües y mejor establecidas. Re- 
lazione di Spagna de Ahize Mocenigo. — Backer. Bibliothéqtu des écrivains 
déla Compagnie de Jesús. — Lafucnte (D. Vicente). Historia eclesiástica 
de España f 2.* edición. 



22 BOSQUEJO HISTÓRICO. 



clones europeas, pues si para la administración de los 
reinos aun se encontraban obstáculos en la opinión y 
en aflejos vicios, que podian imponer ciertos errados 
procedimientos al Gobierno, la dirección de la política 
exterior vinculada estuvo durante todo el siglo xvii 
en el Real Palacio, no ya sin trabas constitucionales, 
pero aun sin presiones sensibles de la pública opi- 
nión, muda, ó tardía cuando menos, en tales materias, 
que á causa de la dificultad en las comunicaciones, 
la imperfección en los medios de publicidad y lo limi- 
tado de los conocimientos geográficos y estadísticos, 
podian ser abarcadas y entendidas por corto número 
de privilegiados. 

Claramente puede juzgarse su desacierto en la pri- 
mera y unade las más graves cuestiones que hubo de 
resolver el Conde-Duque al ocupar su privanza: la 
ruptura con los Estados de Holanda. 

Sabido es que por decidida voluntad de Lerma , y 
tras cuarenta años de guerra con los holandeses , ha- 
bíase ajustado una tregua de doce años, no bien reci- 
bida sin duda alguna por muchos y muy autorizados 
personajes en aquel entonces, pero resistida princi- 
palmente, por no serles dudoso que tal otorgamiento á 
subditos rebeldes á la Corona, constituidos bajo una 
forma de gobierno regular, representaba el reconoci- 
miento implícito de su independencia y la segregación 
definitiva de aquellos territorios. 

Discutióse con empeño en 1609 la propuesta, mu- 
chos consejeros de Estado la resistieron enérgicamen- 
te, considerando los tesoros y la sangre vertida sin 
fruto, el mal ejemplo para los territorios vecinos aun 
sujetos, la ignominia de confesar un vencimiento, los 
inconvenientes de perder un ejército aguerrido que se 



BOSQUEJO HISTÓRICO. 23 



corrompería necesariamente en el ocio, no faltando 
quien murmurase entonces que si Lerma apoyaba la 
paz, era con el propósito de que hiciesen los cauda- 
les de Castilla y América mayor remanso en las arcas 
Reales, y se prestaran más fáciles y abundantes á las 
sangrías que , para fertilizar su patrimonio particular, 
les hacía el interesado ministro. Aquel era, sin embar- 
go, el momento de discutir maduramente la paz, por 
que firmadas y guardadas por tan largo espacio las tre- 
guas, diligentes como hablan sido los Estados en enviar 
embajadas á todas partes, en organizar recursos, y en 
extender su navegación, cuando en 1621, al adveni- 
miento de Felipe IV, espiró el plazo, la conveniencia 
en prorogar al menos aquel estado de cosas, era por 
tal modo evidente, aun con aspiraciones á mayores 
conquistas , para organizar siquiera las fuerzas y me- 
dios adecuados á la nueva política guerrera, que no se 
explica la resolución del Conde-Duque , si no es por 
imponderable ligereza, unida á su impaciente afán 
en rodear de responsabilidades y peligros el gobierno 
de la monarquía, como quien defiende codiciado ver- 
jel con altos y espinosos setos. 

Contarini, el último embajador veneciano cerca de 
Felipe III, en su relación al Senado en 1621, ponia 
ya su perspic^ previsión en el problema de la tregua 
próxima á espirar, y daba cuenta de las opiniones con- 
trarias que sobre el particular se defendían, notando 
él, por su parte, que los Estados de Flándes costaban 
ya gruesas sumas á los Tesoros de España, que si la 
tregua se rompia, el gasto y la necesidad de suminis- 
trar recursos crecerían considerablemente, que la opi- 
nión general temía una guerra acreditada por la expe- 
riencia de. larga, difícil y por extremo costosa, que el 



24 BOSQUEJO HISTÓRICO. 



archiduque Alberto, gobernador de los Países-Bajos, 
deseaba y aconsejaba la paz, y que no era dudoso se 
mantuviese, si el Cardenal de Lerma conservara en 
la Corte la autoridad que antes tenía; pero apartado 
él, que profesaba una política conocida de paz, era 
difícil pronosticar lo que sucedería, dependiendo el 
suceso, ante todo y sobre todo, de las inclinaciones é 
intereses de los que gobernasen á España en el mo- 
mento de concluir el plazo estipulado (i). 

El momento llegó cuando acababa de morir Feli- 
pe III , y la apreciación del veneciano se confirmó 
por completo, surgiendo la guerra en el instante en 
que más se necesitaba la paz, por la inclinación y el 
empeño casi exclusivo de Olivares. 

Si no constara el vivo deseo en los holandeses de 
prorogar la tregua, podría creerse habían sido sus exi- 
gencias excesivas las que forzaron la mano á el Gobier- 
no español; y si no estuviera de igual modo acredita- 
da la opinión favorable á la paz en los más autorizados 
personajes de la corte en aquella época, aun cabria 
imaginar padeció el favorito, bajo el poder de una 
universal preocupación , ó algún avasallador fanatis- 
mo, de esos que á menudo han lanzado á poderes dé- 
biles á luchas temerarias sin preparación suficiente. 
Pero muy lejos de eso, es cosa averíguada querian los 
holandeses la tregua, sin otra exigencia que el mante- 
nimiento del statu quo, bien hallados con el progreso 
creciente de sus intereses materiales ; las provincias 
de Flándes la querian también, por las ganancias que 
obtenían en su libre comercio con los holandeses ; los 



(i) Relazione di Spagna di Pietro Contarini, ambasiatore a Filippo III 
dael anno 1619 al 1621. 



BOSQUEJO HISTÓRICO. 25 



espafloles y los católicos fieles á nuestra bandera re- 
celaban facilitase la ruptura un poderoso auxiliar al 
Rey de Francia, que, apaciguándose un tanto las 
guerras religiosas interiores, ambicionaría la posesión 
de los Países-Bajos; y entre tanto los protestantes de 
Alemania, los ingleses, deseosos de dificultar nuestras 
relaciones marítimas y nuestra dominación en las 
Indias, todos los enemigos de la casa de Austria, 
en una palabra, pedian á una voz la ruptura. Y en 
verdad no tuvo la augusta casa enemigo mayor ni 
más certero que el Conde-Duque, pues á todos 
ellos los sirvió á medida de su deseo, desprecian- 
do las opiniones más autorizadas que aconsejaban 
la paz. 

El archiduque Alberto, que regía los Países-Bajos 
como marido de la infanta Clara Eugenia, hija de Fe- 
lipe II, dirigió un correo á la Corte aconsejando la 
continuación de la tregua, cuyas negociaciones creia 
viables, y sobre esa comunicación, refiere Malvezzi, 
se celebró en Madrid un gran consejo, cuyos detalles 
minuciosamente consigna, insertando los votos y aun 
los razonamientos, sin duda imaginarios, de los con- 
sejeros, que todos, á excepción de D. Pedro de To- 
ledo, opinaron por aceptar las indicaciones del Archi- 
duque, y empezar al menos las negociaciones para 
prorogar la tregua. 

Disintieron en verdad de esta opinión los Consejos 
de Indias y Portugal, fundándose principalmente en 
que la libertad de comercio que disfrutaba Holanda 
en las Indias Orientales y Occidentales, habia costa- 
do más á España que los cuarenta y cinco años de 
guerra, y sosteniendo que sólo se debia prorogar la 
tregua si abandonaran los holandeses la navegación 



26 BOSQUEJO HISTÓRICO. 



de América, las Molucas y las Azores, autorizándoles 
para comerciar en el Japón y para vender sus mer- 
cancías á un precio razonable^ en Cádiz y Lisboa. Se 
remitieron estas deliberaciones al Archiduque, que 
insistió en extensos despachos en su opinión favora- 
ble á la paz, y sobre esta contestación reunióse nue- 
vamente el Consejo de Estado bajo la presidencia del 
Rey, y predominaron en él, á lo que afirma Malvezzi 
y acoge como seguro Siry, las opiniones favorables á 
la paz, distinguiéndose en su apoyo el Conde de Chin- 
chón. 

Afirman aquellos autores que D. Baltasar de Zúfii- 
ga opinó por la guerra, pero contradice ese aserto la 
relación de Alvize Mocénigo, uno de los embajado- 
res vénetos más caracterizado, ya Senador cuando 
vino en misión á España , residente en esta corte al 
resolverse este negocio diplomático, cuya autoridad 
en tan importante extremo no puede ser discutida ; y 
hablando de la ruptura se expresa en estas sensatas 
palabras : « Fué la resolución más valerosa que pru- 
» dente; el consejo de los más entendidos, entre los 
>que se contaba D. Baltasar de Zúñiga^ recordaba 
ȇ S. M. que estaba bien empezar el gobierno con la 
»paz, tomar respiro de tantos trabajos y gastos como 
»los pasados, ordenar los asuntos interiores, en par- 
»ticular los del dinero, para emprender después, con 
> mayor fuerza y esperanza, los de fuera; pero no pre- 
»valeció este consejo, sino el del Conde-Duque, que 
»bien pronto quedó arbitro exclusivo de los nego- 
»cios, muerto D. Baltasar de Zúñiga» (i). 



(i) En papeles del tiempo aparece la indicación de que no andaban 
muy conformes en opiniones sobre asuntos graves el Conde-Duque y su 



BOSQUEJO HISTÓRICO. 2^ 



Más adelante, en esa misma relación de su embaja- 
da, vuelve á hablar Mocénigo de los tratos con los 
holandeses, y nos revela que el Marqués de Spínola, 
frescos los laureles de la toma de Breda, aun proponía 
una tregua de cuarenta años, en cuyos tratos interve- 
nía Rubens, estrellándose unos y otros esfuerzos ante 
la obstinación del Conde; «error, dice Mocénigo, in- 
excusable en un ministro que quiere con absoluta in- 
dependencia guiar los negocios de un Estado.» 

No tardaron mucho los sucesos en dar la razón á 
los que aconsejaban la tregua. Basta recordar que en 
la paz de Vestfalia son reconocidas las Provincias 
Unidas como nación independiente , con cuantas po- 
sesiones ocupaban, con el comercio libre en ambas 
Indias, y dejando cargada á nuestra cuenta de pérdi- 
das la destrucción de la escuadra de Oquendo cerca 
de Dunquerque , uno de los mayores desastres marí- 
timos de nuestra historia, la de Mascareñas en Amé- 
rica, que de los 46 bajeles que llevaba sólo pudo sal- 
var de las garras de Huighens cuatro galeones y dos 



tio D. Baltasar de Zúfiiga, cuya experiencia y estimables dotes sirvie- 
ron de mucho al favorito en los principios de su ministerio, diciéndose 
que éste tenia envidia de la superioridad y alto concepto de que gozaba 
D. Baltasar , y que á no morir tan pronto el respetable consejero, á quien 
por sus virtudes se le llamaba en su tiempo el polUico cristiano y hubiera 
surgido entre su sobríno y él rompimiento ruidoso. — Histoire duMinis- 
tire du Cotnie-Duc ; Cohgne, 1673. — Otro indicio de que el voto de don 
Baltasar de Zúñiga debió ser favorable á la paz , es el antecedente que 
nos da de sus opiniones Contarini , el embajador que precedió á Mocéni- 
go en la corte de España, y que, informando al Senado sobre los minis- 
tros del Consejo de Felipe III, decia en 1622: «El Conde de Benavente, 
el cardenal Zapata, D. Baltasar de Zúñiga y Agustin Messia, aunque 
continuadores de las máximas de Felipe II, parece se ajustan al mejor 
concepto de sostener el lustre y la grandeza de la Corona, más bien con 
el fundamento de la paz, que con el medio de la guerra. » 



2^ BOSQUEJO HISTÓRICO. 



naves mercantes, y otros infinitos apresamientos , ex- 
pensas y daños de más enojosa liquidación, aunque 
de no menor pesadumbre. Saldo terrible para nuestra 
desgraciada patria, que nos hace contemplar siempre 
con tristeza aquel inimitable lienzo de la rendición de 
Breda, pues el haber dado ocasión á Velazquez para 
trazarle, es el único beneficio líquido que puede con- 
tarse de la funesta guerra con que inauguró D. Gas- 
par de Guzman la era de su privanza. 

No se muestra tan á las claras la parte de respon- 
sabilidad del Conde-Duque en la ruptura del nego- 
ciado matrimonio entre el Príncipe de Gales y la in- 
fanta María, hija segunda de Felipe III, ni puede ser 
tan seguro el juicio, como al tratarse de las paces con 
Holanda, sobre los bienes ó las desventuras que tal 
enlace habría traido á España ; pero es lo cierto que 
la conducta irreflexiva del favorito no acertó á inspi- 
rarse en un pensamiento fijo ; fué á remolque de las 
antipatías de Roma y las desconfianzas de Inglaterra, 
y en lo que pudo ser principio y fundamento para po- 
derosa alianza, en la que tanto alivio habrían recibido 
nuestras flotas, y tan poderoso aliento nuestras rela- 
ciones marítimas, sólo se alcanzó á buena cuenta un 
airado enemigo para nuestras armas, un nuevo azote 
para nuestras costas, y un peligro más para aquellos 
caudales de América que, como providencial maná, 
venian á refrescar de cuando en cuando los exhaus- 
tos veneros de las Rentas Reales. 

Sabido es que el pensamiento del enlace se agita- 
ba de antiguo en la diplomacia inglesa y que el Con- 
de de Bristol, embajador cerca de Felipe III, habia 
propuesto en 1611 el matrimonio de D.' Ana de 
Austria con el Príncipe de Gales , quedando la negó- 



BOSQUEJO HISTÓRICO. 2<) 



ciacion en tal estado , porque ya estaba hecha igual 
petición por la corte de Francia , pero muerto el Rey 
de Inglaterra , y sucediéndole en el Principado el que 
fué después Carlos I, renovóse la proposición por 
medio del Conde de Gondomár, nuestro embajador 
en Londres, refiriéndola á la infanta María, y acom- 
pañando extensos ofrecimientos sobre libertad y 
protección de la Religión católica en los Estados 
británicos. 

No fué mal recibida por Felipe III la propuesta; 
tratóse el asunto en Consejo, y diéronse contestacio- 
nes favorables al embajador, demostración clara de 
que no habia en Felipe III, no obstante su religioso 
celo, resistencia decidida á un enlace de desigual re- 
ligión, y bien puede asegurarse que la opinión del 
pueblo no iba más lejos que la del Rey en las repug- 
nancias de trato y comunicación con herejes, y que ni 
entonces ni después hubo presión de tales preocupa- 
ciones para romper el matrimonio proyectado; era, 
por el contrario, popular en España la alianza con 
Inglaterra, si merecen crédito las noticias de los 
Embajadores venecianos, quienes creyeron, con su 
habitual perspicacia, difícil y poco probable la bo- 
da, pero atribuyendo los obstáculos á Inglaterra más 
que á España. 

Cuando la negociación se estaba siguiendo bajo los 
mejores auspicios, murió Felipe III, pero no abando- 
nó por eso el monarca inglés el pensamiento, reanu- 
dó con Felipe IV los tratos, dio nuevos y extraordi- 
narios poderes en 1622 al Conde de Bristol, pidió 
el Rey de España al Papa la dispensa necesaria para 
el matrimonio, y en este estado las cosas, y como si 
quisiera decidirlas por un golpe audaz, más raro aún 



30 BOSQUEJO HISTÓRICO. 



en aquellos tiempos de severísima etiqueta palaciega 
que en los actuales, se presentó de improviso el pro- 
pio Príncipe de Gales en Madrid con el Duque de 
Bukingan, sorprendiendo, no sólo á la Corte, sino al 
mismo embajador inglés. Conde de Bristol, que ase- 
guraba no habia tenido aviso alguno de tal visita. 

Las fiestas y obsequios que se prodigaron al enamo- 
rado viajero fueron exquisitos; visitáronle los diversos 
Consejos y Juntas, que constuian entonces los centros 
y direcciones de la administración y la justicia, ha- 
ciéndole presente tenian orden del Rey para despa- 
char en el acto cuantas gracias y provisiones tuviese 
á bien indicar el Príncipe para todos los que recurrie- 
sen á su protección, cualesquiera que fuesen los deli- 
tos ó acusaciones que sobre los tales pesaran, decre- 
táronse generales indultos, alzáronse las pragmáticas 
recientes sobre trajes, coches y libreas, saliendo á 
plaza todos los lujosos atavíos que aguardaban ocul- 
tos remitiese el rigor propio de tales reglamentacio- 
nes en los primeros dias que ven la luz, se sucedieron 
sin interrupción fiestas y visitas, en las que no escasea- 
ron las aclamaciones populares, y apresuráronse con 
estos sucesos las dispensas, que vinieron de Roma sin 
condición de abjuraciones, y sólo con algunas reservas 
de la Santa Sede, fáciles de satisfacer ; y cuando la 
opinión de respetables teólogos consultados al efec- 
to se habia mostrado favorable (i), el voto de los Con- 
sejos unánime en tal sentido y la buena presencia del 



(i) Los teólogos del tiempo fueron mucho menos intransigentes de 
lo que la vulgar opinión da á menudo por cierto, y no fueron extraños á 
las consideraciones del patriotismo y la prudencia dentro de los límites 
que la doctrina consiente. Fray Francisco de Jesús , predicador del Rey, 



BOSQUEJO HISTÓRICO. 3 1 



Principe y de su galano amigo, y las muestras de ena- 
morado que acreditara el romancesco viaje, predispo- 
nian bien los ánimos y ganaban simpatías al enlacé, 
partió el novio pretextando cartas que con preci- 
sión le llamaban á Inglaterra, y dejando poderes para 
el casamiento al Conde de Bristol y al infante D. Car- 
los, pero sin duda alguna resuelto á dar por termina- 
da la negociación, y según se dijo por entonces, me- 
diando, antes de abandonar la corte, agrias contes- 
taciones entre Bukingan y Olivares, jurándoselas el 
favorito inglés al castellano, amenazándole con ha- 
cerle sentir en breve su venganza, á lo que parece con- 
testó el Conde-Duque, «Vuestra merced cumpla sus 
» promesas como debe y ejecute sus amenazas como 
»pueda, que perdonado quedará de mi parte.» 

La despedida, sin embargo, correspondió al recibi- 
miento en exterioridades de afecto y en pompa y cor- 
tesía, pero ya desde Segovia revocó el Príncipe los 



que fué uno de los consultados, decia: « Aqui hay peligro de perversión 
de católicos , que es menester prevenir , y hay esperanzas de conversión 
de herejes, á que también hay que mirar, y no es menester que la con- 
versión sea inmediata, que bastan esperanzas, y puesto que el Príncipe 
ofrece concurrir siempre que S. A. se lo pida á las pláticas de la Reli- 
gión, y á no estorbarla en ninguna ceremonia, esto es lo sumo que pue- 
de y debe pedirse, de la conversión del Principe para afuera; y sobre la 
libertad de la Religión , dice con San Agustín , que entonces está li- 
bre la Religión católica entre herejes, cuando el hereje no es forzado á 
tomarla, ni el católico tiene ya que temer por seguirla; pero una tan 
grande acción pide tiempo , y es en favor de ella misma que no se haga 
precipitada ni apresuradamente.»— Z<75 papeles que por mandado del Rey 
M 5. há hecho Fr, Francisco de Jesús ^ su predicador^ sobre el tratado del 
matrimonio qiu el Principe de Galles pretende con S, A, la infanta María, 
según los Sferentes estados que ha ido teniendo esta materia, — Imprenta Real, 
1623. 



32 BOSQUEJO HISTÓRICO. 



poderes matrimoniales, y apenas llegado á Inglaterra 
hizo pública la ruptura, y se ocupó activamente en 
procurar la restitución del Palatinado por la fuerza, 
favoreciendo cuanto le fué posible, la liga, y mandan- 
do una escuadra con tropas de desembarco á Cádiz, 
felizmente rechazadas sin grande daflo nuestro, por la 
vigorosa resistencia de D. Fernando Girón, coman- 
dante de aquella costa, pero que causaron tales inquie- 
tudes en España, que cuando llegó sin novedad la 
flota con 1 6 millones, túvose el suceso por milagro y 
obra de una especialísima protección divina á nuestra 
monarquía, mandando el Rey que se celebrara perpe- 
tuamente en todas las iglesias del reino una función 
religiosa en acción de gracias el 29 de Noviembre, dia 
de la feliz arribada de los galeones á Cádiz. 

Guizot, en su notable estudio histórico sobre esta 
extraña negociación del matrimonio (i), juzga con 
merecida severidad al Conde-Duque, y los documen- 
tos que por extenso relaciona, confirman que aun ad- 
mitiendo siguiera el favorito en esa ruptura el hilo de 
las inclinaciones del Rey y de la misma Infanta, ante 
propios y extraños la responsabilidad del rompimien- 
to, de los males positivos que por el momento trajo, 
y de las ilusiones lisonjeras que deshizo, acreditan 
en esta ocasión la ligereza en sus acciones y palabras 
en términos difíciles de creer, si no constaran por 
modo irrecusable, y que seguramente no pasarían 
inadvertidos y sin dejar huella ante el natural inge- 
nio del Monarca. 

En la carta que el Príncipe y Bukinghan escribie- 



(i) Guizot. Un projet de mariage Roya!, 



BOSQUEJO HISTÓRICO. 33 



ron al Rey de Inglaterra, fechada en Madrid en 20 de 
Marzo de 1623, se revela á las claras con cuánta im- 
prudencia debió expresarse Olivares, en un asunto eri- 
zado de dificultades y peligros en aquellas circunstan- 
cias, mediando la decidida oposición que á una hacian, 
la Santa Sede, los protestantes ingleses, y todos los 
enemigos de la casa de Austria en Europa. 

«Hemos encontrado al Conde de Olivares», decian 
los alegres viajeros escribiendo según su costumbre 
en colaboración, «tan encantado de nuestro viaje y de 
»tal cortesía, que rogamos á vuestra merced le escriba 
» la más afectuosa carta de gracias. Nos ha dicho esta 
» misma maflana, que si el Papa no queria conceder la 
» dispensa para que la infanta llegue á ser la mujer de 
»tu hijo, se le daria como su querida, y que ha escrito 
»hoy mismo al cardenal Ludovisi, sobrino del Papa, 
>que el Rey de Inglaterra, enviando aquí á su hijo, 
» habia impuesto al Rey de España tales obligaciones, 
»que suplicaba al Papa concediera inmediatamente la 
» dispensa, porque no habia nada en estos reliaos que 
»se os pudiera negar. En resumen, creemos repug- 
»nará mucho el conceder la dispensa, y si la negara, 
» quisiéramos saber hasta qué punto podríamos obli- 
»garnos en cuanto al reconocimiento del poder espe- 
ja cíal del Papa, porque nos inclinamos á creer que si 
»le quisierais reconocer como jefe principal bajo 
» Cristo, entonces el matrimonio se haría sin él. Pi- 
»diéndoos vuestra bendición, quedamos de vuestra 
»merced humilde hijo y servidor, 

Carlos, 

»y vuestro humilde esclavo y perro, 

Steenie. » 



34 BOSQUEJO HISTÓRICO. 

Nombre familiar este último, del Duque de Bukin- 
ghan. 

En armonía con las impresiones de esta carta, es- 
cribia el Conde de Bristol: «Jamas he visto hombre 
» más satisfecho que el Rey, cuando supo que el Prínci- 
»pe habia llegado. Olivares se hincó de rodillas excla- 
» mando : « No tenemos ya otra cosa que hacer sino 
» echar la infanta en sus brazos», y volviéndose á 
» Bukinghan le dijo : «Ahora nuestros amos pueden di- 
»vidirse el mundo. » Noticias todas estas y otras mu- 
chas que en el mismo sentido podríamos acumular, si 
la índole de este pequeño estudio lo consintiera, que 
ponen de manifiesto la responsabilidad del favorito, 
por lo menos, en lo agrio y violento de la ruptura de 
una negociación, ligeramente entablada quizá por am- 
bas partes , pero que , si por causas de fuerza mayor 
debia fracasar, se habría desatado suavemente en ma- 
nos más hábiles, tratando muy de otra manera el asun- 
to en sus principios. 

Dejando á un lado las hiperbólicas ofertas de entre- 
gar la infanta al Príncipe por querida, como pondera- 
ción de mal gusto, quizá no bien traducida por el pre- 
tendiente y su petulante amigo, queda siempre la idea, 
quenotenemos por menos desatinada, de que pudiera 
haberse hecho un matrímonio de Príncesa española sin 
la dispensa de la Santa Sede , con sólo una declara- 
ción doctrinal del rey Jacobo, que no llevaba envuel- 
ta la abjuración de su herejía, y de dar tal asunto por 
llano cuando cabos de esa importancia quedaban por 
atar, impresiones todas, que no pudieron venir al áni- 
mo de los viajeros recien llegados á Madrid sino por 
las declaraciones y conversaciones imprudentísimas 
del Conde- Duque. 



BOSQUEJO HISTÓRICO. 35 

Después del rompimiento, Olivares quiso utilizar 
este suceso en elogio de su piedad ; recibió carta de 
plácemes de Urbano VIII por haber descompuesto 
el matrimonio proyectado (i), y en el Nicandro^ des- 
dichado papel que él inspiró, y del que se hablará más 
adelante al refutar el cargo de herejía que de público 
se le dirigiera , alega como disculpa suficiente, no ha- 
ber querido se casase la infanta María con el Rey de 
Inglaterra, por sólo la diferencia de religión. 

Richelieu recogió después el fruto de las fracasadas 
negociaciones, logrando el matrimonio de Carlos I 
con Enriqueta María, hija de Enrique IV, y llevando 
adelante, con bien distinta energía y perspicacia que 
el Conde-Duque , el pensamiento capital de su políti- 
ca exterior, la liga de los Estados protestantes bajo el 
patrocinio del Rey Cristianísimo, subordinando las 
ideas religiosas y los afectos personales de la familia 
reinante, á las necesidades, á los intereses y á la gran- 
deza de la Francia. 

Otra empresa, personalmente ideada y dirigida por 
el Conde-Duque para acertar con el filón de prospe- 
ridades y aumentos que respondiera al dictado de 
Grande^ á crédito adjudicado al Rey, fué la del duca- 
do de Mantua, y aunque para ser justos, no debemos 
cargar á su cuenta , como algunos historiadores del 
tiempo lo hacen, todas las guerras que con esa cues- 
tión se enlazaron , pues bien se nos alcanza habia otros 
gérmenes de enemiga contra la casa de Austria, que 
hubieran buscado su satisfacción por algún otro ca- 



(i) Fragmentos históricos á la vida de D, Gaspar Felipe de Guzman, por 
D. J. A. de Vera y Figueroa, Conde de la Roca. ( B. N. de París.) 



36 BOSQUEJO HISTÓRICO. 

mino, no cabe dudar partió la agresión de el favorito, 
contra el general sentir de consejeros y diplomáticos, 
contrariando la pública opinión en Italia y en Espa- 
ña ; y los desastres, expensas, sacrificios y perturba- 
ciones que inmediatamente produjo, ni gloria, ni pro- 
vecho trajeron á la Monarquía, antes al contrario, 
humillación ante los extraños en Italia, hondo dis- 
gusto en los jefes de nuestro ejército y aliados, fraca- 
so completo, en una palabra, del intento de Olivares. 

Habia muerto el duque Vicente de Mantua, de- 
jando concluidas las fortificaciones de Casal, que se 
reputaban por entre las primeras en Europa, corres- 
pondia la sucesión al Duque de Nevers en aquel pe- 
queño Estado de Mantua y Monferrato , y á pretexto 
de favorecer las pretensiones que á la misma heren- 
cia alegaba César Gonzaga, Duque de Guastalla, 
mientras se discutía en los Consejos del Rey, en el Es- 
corial, el preferente derecho de los pretendientes y la 
conveniencia en aceptar la adhesión que á los intere- 
ses de España y de la casa de Austria habia manifes- 
tado oficialmente Nevers, y se inclinaba la opinión á 
respetar la natural y legítima herencia, que era la re- 
presentada por el francés , daba órdenes secretas el 
Ministro, áD. Gonzalo de Córdoba, Gobernador de 
Milán, cuando aun no habia espirado el Duque, cau- 
sante de la sucesión, para que en el instante que su- 
piera su muerte cayera sobre la fortaleza de Casal y 
procurase ocuparla, y expedia instrucciones al Conde 
de Oñate , embajador en Viena, para que lograse del 
Emperador el envío de un cuerpo de ejército que 
atacara á Mantua ; todo lo cual hacía bien inútiles los 
consejos y deliberaciones del Escorial. 

Los sucesos y resultados de esta guerra son sobrado 



BOSQUEJO HISTÓRICO. 37 

conocidos, para que en un trabajo de esta Índole de- 
bamos reproducir su narración. Richelieu y Luis XIII 
en persona acudieron á Italia á sostener los derechos 
de Nevers ; Crepi y Basompiere deshicieron él corto 
ejército del Duque de Saboya, que defendia las gar- 
gantas de Suza, hizo el Conde-Duque que el Marques 
de Spínola abandonara la guerra de Flándes, que lle- 
vaba en tan buen camino, y lo trajo á Italia, donde 
murió víctima de ingratitudes y disgustos, después de 
haber rendido á Casal (i), y tras de sucesos varios, en 
los que lucharon como siempre nuestros soldados con 
heroísmo, pero con escasos recursos, sin ninguna vic- 
toria decisiva, se ajustó primero por el Marqués de 
Santa Cruz una tregua inesperada, y se concluyó des- 
pués el tratado que se llama de Casal, aunque se rati- 
ficó en Querasco en 1631, por el que todos los pensa- 



(i) Se ha repetido mucho, aun por escritores vecinos al suceso , que 
Spinola murió de sentimiento por la debilidad demostrada por su hijo 
en la defensa de un puente que se le había confiado, y Quevedo popu- 
larizó la especie con una frase, diciendo : «Murió de que otros no habían 
sabido morir»; pero de las Memorias de Richelieu, de un libro del 
tiempo , RaccoUa de diverse Memorie per scrivere la vita del cardinali Giu- 
lio Mazarini, de Elíridio Benedetti, hombre de confianza del Cardenal, 
y de la Historia de Italia ^ de Brusoní, 1664, resulta plenamente com- 
probado que Spinola fué sacrificado por el Conde-Duque, por no res- 
ponder con el entusiasmo y ardor que el Ministro deseaba á sus propó- 
sitos guerreros. Al pasar por Madrid el insigne capitán recomendó y 
propuso paces con Holanda, á pesar de las victorias de Breda y Osten- 
de, y esto ya prepararía mal el ánimo del favorito, promovedor de aque- 
lla guerra ; en Italia oyó proposiciones de avenimiento de Mazaríno, muy 
ventajosas para nuestras armas, pues se hacían ante las dificultades que 
habían creado á los franceses una grave enfermedad de Luis XIII y los 
estragos de la peste en el ejército, en cuyas negociaciones llegó á con- 
traer algún compromiso personal Spinola, deseoso de ocupar á Casal, y 
dar la paz á Italia y aun á toda Europa ; pero cuando Mazaríno volvió al 
campo español con la aceptación del Rey de Francia y de Richelieu , se 
encontró al general postrado y sin aliento ; á las preguntas é instancias 



38 BOSQUEJO HISTÓRICO. 



mientes que habían llevado al Conde-Duque á la 
guerra fueron vencidos y contrariados, puesto que 
nada adquirió Espafla, quedó por entonces el Casal en 
poder del de Mantua , el Duque de Saboya adquirió 
algunas fortalezas en el Monferrato, Francia ocupó 
definitivamente á Pignerol , que le abría las puertas 
de Italia con más seguridad y certeza que la simpatía 
eventual del Duque de Nevers, y ni siquiera se logró, 
á costa de tales mortificaciones y sacrificios, el be- 
neficio de. la paz, pues embarcados en la empresa de 
apoyar al Emperador de Alemania, seguimos la cam- 
paña contra Francia y Suecia, aliadas á la liga de los 
protestantes. 

Tan ciego estaba, sin embargo, el Conde-Duque, y 
tan pagado de su resolución en provocar aquella guer- 
ra, que, según refiere Siry, cuando ya se habia firma- 
do la paz de Casal y eran conocidos los resultados 
tristísimos para España de tan insensata aventura, pa- 
seando Olivares en el Buen Retiro con el caballero 
Hompton, embajador de Inglaterra, le dijo, señalán- 
dole una frondosa alameda : «Fíjese vuestra merced 
» en ese sitio ; ahí fué donde se acordó declarar la 
» guerra de Mantua y el Monferrato»; dejando asom- 



del enviado, sólo contestaba repitiendo : «Me han quitado la honra»; 
por ñn le enseñó cartas de España , en las que se le acusaba de dificultar 
la paz por mostrar deseos de lograrla , 7 se le privaba de toda atUoridad 
para concluir nada^ y se quejó amargamente de Olivares y del Rey, que 
le hacían aparecer como hombre sin honor ante Richelieu y el Rey de 
Francia. Mazarino trató en vano de animarle : le despidió Spinola repi- 
tiéndole como para si la misma frase : « Me han quitado la honra » , y el 
25 de Setiembre de 1630 , á la edad de cincuenta y nueve años, murió 
en Castelnuovo de Scrivia aquel gran capitán, cuya figura, llena de ca- 
balleresca cortesía, ilumina con inimitable expresión el centro del admi 
rabie cuadro de Las Lanzas, 



BOSQUEJO HISTÓRICO. 3y 



brado al embajador de que se complaciera en traer á 
memoria una empresa tan desdichada para los espa- 
ñoles, debida exclusivamente á su autoridad y em- 
peño. 



IV. 



Los errores en la dirección y sentido general de la 
política exterior suelen sentirse más á la larga , y co- 
mo la responsabilidad de los gobernantes va, por lo 
común, estrechamente unida á los sucesos militares, y 
en éstos tienen tanta parte la pericia de los capitanes 
y los azares de una campaña, á menudo se confunde 
la opinión, y tarda la historia en aclarar las culpas y 
los aciertos ; pero en las materias de gobierno inte- 
rior se ajusta con algo más estrechamente la cuen- 
ta, y la que sobre ellas iba formándose al Conde- 
Duque fué , sin duda alguna , la que dio en tierra con 
su favor y con su vida. 

Estalló el nublado casi á la par en Portugal y Cata- 
luña, pudiendo decirse, sin exageración en el juicio, 
que cada una de esas rebeliones hace el proceso á los 
dos mayores errores en que puede caer quien toma 
sobre sí la difícil tarea de dirigir los destinos públicos; 
la inoportunidad en los atrevimientos para las refor- 
mas y los intentos nuevos , y la negligencia en los re- 
paros y renovaciones de las obras antiguas que se cuar- 
tean ó amenazan con ruina. 

Ya en su viaje y jura en las Cortes de Lérida de 1626, 
habian quedado el Rey y el favorito harto desabridos 
con los catalanes, mediando en cartas y respuestas del 
Rey frases y acusaciones bastante agrias para dejar 
semillas de desconfianza, esparcidas luego á los cua- 



40 BOSQUEJO HISTÓRICO. 



tro vientos por D. Gaspar, que en esto, como en todo, 
daba rienda suelta á deshora á su verbosidad y pru- 
rito en hacer públicos sus atrevidos planes, persua- 
diendo á todo el mundo de la pasión y mala voluntad 
que contra los catalanes abrigaba, y de su propósito 
de concluir en breve con sus fueros, sometiéndolos al 
régimen y cargas de Castilla, y al dominio absoluto del 
Rey, en rentas y en gobierno. 

Las palabras de un hombre que tiene en su mano 
los destinos de una vasta monarquía, rara vez son per- 
didas, sobre todo cuando se trata de despertar rece- 
los por crecientes opresiones y tiranías, y de levantar 
pasiones en daño á su dominación y poderío, y se pue- 
de calcular cuáles serian los temores suscitados entre 
los proceres y caudillos catalanes sobre los propósi- 
tos del Rey y el Conde-Duque , cuando vemos que 
Contarini, el embajador de Venecia en 1641 , decia á 
su gobierno «que Ips fueros eran aborrecidos de los 
» monarcas de Castilla, y que el valido se desataba en 
^injurias cuando de los catalanes se trataba» (i). Do- 
naires de voluntad y lenguaje tanto más oportunos 
para herir la fiereza de aquellos naturales, cuanto de 
cerca seguian al acto solemne que tan sagrado debia 
ser para el Rey como para el pueblo, de jurar éste la 
fidelidad, y aquél el respeto á sus libertades provin- 
ciales. 

No hemos de discutir ahora si era pensamiento plau- 
sible, en los principios del siglo xvii, poner mano en 
los fueros de los reinos, trabajosamente unidos á la Co- 
rona de Castilla, ni si la obra de unidad en la monar- 



(i) Relazione di Spagna de Alvize Contarini Ambascictiore á FilippoIV 
da el anno 1638 al 1641. 



BOSQUEJO HISTÓRICO. 4I 



quía exigía procedimientos diversos, y harto más sua- 
ves cuando se tropezaba con franquicias populares, de 
los empleados con fruto para acabar con los privile- 
gios feudales ; pero lo que excede los límites para toda 
excusa es que D. Gaspar de Guzman quisiera empezar 
su obra de sumisión á la ley común y al absolutismo 
regio, si á tanto alzó, como él dijo después, sus atre- 
vidos pensamientos, por el Principado catalán, en el 
momento preciso de empeñar una guerra con la ma- 
yor potencia europea en aquella propia frontera , v 
que para hacer más irritante la opresión, hiciera atro- 
pallar sus libertades y franquicias por los ministros y 
soldados del Rey, antes de ser abolidas por alguna ley 
ó disposición soberana que asi lo resolviera. 

Los detalles de la rebelión, minuciosamente descri- 
tos por Meló, popularizados después por Lafuente, 
Wisse y otros escritores, no son para repetidos aquí; 
baste consignar que las provocaciones y ofensas del 
gobierno de Castilla en los alojamientos de tropas, 
violencias de los oficiales y atropellos impunes de los 
campesinos, llegaron al extremo de prohibirse por el 
virey Santa Coloma que ningún abogado defendiera 
querella de paisanos contra soldados ; y eso, que tales 
alientos llevaban las tropas al penetrar en las campi- 
ñas, que dice Meló con frase expresiva, «que entre el 
» hospedaje y la ruina no habia ninguna diferencia.» 

Arrecióse el nublado con las prisiones de Tamarit, 
Claris, Verges y Serra, diputados de la nobleza, del 
clero y de la ciudad, que con brío no desigual al co- 
medimiento (i) habian protestado ante Santa Coloma 



(i) Meló. Lib. I, § 60. Historia de los nummientos ^ separación y guerra 
de Cataluña en tiempo d^ Felipe IV, 



42 BOSQUEJO HISTÓRICO. 



por los daños comunes, y pedido el remedio; anun- 
cióse bien á las claras la explosión en 12 de Mayo, 
rompiendo el pueblo las cárceles y sacando á Tama- 
rit y demás oficiales detenidos, sin que por esto se 
presidiara más fuertemente Barcelona, y el dia del 
Corpus, que fué en aquel año de 1640 el 7 de Junio, 
la agitación popular creció á desenfrenado motin , en 
el que pereció el Virey, y fueron degollados sin resis- 
tencia y destrozados con inaudita barbarie cuantos 
soldados ú oficiales del Rey pudieron descubrir las 
turbas. 

Aun se intentaron, después de estas alteraciones, 
avenimientos por parte de los catalanes, y el virey 
Duque de Cardona, nuevamente nombrado , trató de 
poner freno á las demasías de las tropas, prendiendo 
á los jefes de regimiento, Arces y Moles, y á otros ofi- 
ciales y soldados; pero el Conde-Duque, aconsejado 
de aquella altivez que siempre le habló al oido (i), 
hizo desaprobar por el Rey la conducta de Cardona, 
y el viejo Duque no pudo sobrevivir á este desaire, 
con el que se perdian sus esperanzas ó sus ilusiones de 
salir adelante en el tardío y difícil empeño de apaci- 
guar incendio tan adelantado. 

Cedieron ya entonces de una y otra parte el paso, 
los tratos de arreglo, á los preparativos de campaña; 
en Castilla se organizó un ejército puesto al mando 
del Marques de los Velez, se fortificó Barcelona, se 
juntaron Cortes y se buscó el apoyo de los aragoneses 
y de Francia, quedando así abierta y encendida aque- 
lla cruelísima guerra, producida, decia Contarini al 



(i) Meló. Lib. i, § 60. 



BOSQUEJO HISTÓRICO. 43 



Senado Véneto , «si he de hablar en verdad, por la 
»poca prudencia de quien gobierna.» 

El efecto que en la corte causaron los sucesos de 
Cataluña fué grande ; no anduvieron conformes los pa- 
receres en los remedios, y alcanzó ruidoso eco la opi- 
nión del Conde de Oñate, que aun después de la 
muerte de Santa Coloma, aconsejaba medidas de cle- 
mencia, y pedia, sobre todo, acudiera el Rey en per- 
sona al incendio, censura clara y oposición decidida 
á la política del Conde-Duque, que era sabido resistía 
todo viaje. 

Curioso síntoma de alborotada opinión en el vulgo 
es el hecho que refiere Pellicer en sus Avisos. Parece 
que yendo S. M. en la octava del Santísimo acompa- 
ñando la procesión, se le puso delante un labrador 
— cuyas voces oí — dice el cronista, y le dijo estas ra- 
zones : <í^Al Rey todos lo engañan : Señor, esta monar- 
quía se va acabando, y quien no lo remedia arderá 
en los infiernos. » El Rey miró hacia el señor Almi- 
rante y dijo que debia ser loco; el hombre replicó 
«que la locura era no creerle; que allí estaba, que le 
prendiesen ó le matasen», y al fin le retiró la guadia. 

No hablan transcurrido seis meses del levantamien- 
to en Barcelona, cuando llegó á Madrid la infausta 
nueva de la rebelión en Portugal y el alzamiento 
por Rey del Duque de Braganza, bajo el dictado de 
Juan IV. «Con sangre, no con tinta, dice Pellicer, 
que habia de escribirse ese aviso , y llorarse antes que 
referirse » , y en verdad no ponderaba el cronista la 
pesadumbre de ese suceso, en el que se conteníala 
definitiva sentencia contra nuestra preponderancia en 
el mundo. 

No se advirtió el desastre por los oficiales ó minis- 



44 BOSQUEJO HISTÓRICO. 



tros que tuviera el Gobierno , atentos al estado alar- 
mante de aquel territorio; circularon rumores del 
suceso en la feria de Estremoz, y despertó mala sos- 
pecha en Palacio la circunstancia de haber faltado 
la víspera de la Concepción un correo que se des- 
pachaba siempre en Lisboa para los dias de vigilia 
con pescado, y que le costaba al Rey, según papeles 
del tiempo, infinitos ducados, y era ocasión para que 
los cortesanos hicieran pasar cosas preciosas sin re- 
gistrar; tan antigua es en España la institución y 
público aprovechamiento de las estafetas. 

El segundo aviso llegó el dia de Nuestra Señora; 
fué del Marques de Villanueva del Fresno, recien he- 
redado en la villa fronteriza de Moguer, por donde se 
ve el deplorable mecanismo de una administración 
que con un reino en las delicadísimas condiciones 
de Portugal , no tenía servicio de comunicación me- 
dianamente establecido, sino para los platos de vi- 
gilia. Quizá si Felipe IV no hubiere tenido la aver- 
sión á los pescados de que nos dan noticia los em- 
bajadores venecianos, asegurando que sólo los pro- 
baba en las abstinencias, hubiérase disfrutado con 
Lisboa de correo diario. Pero aparte este detalle, 
basta á formar el juicio de un gobierno y del hombre 
que en absoluto le habia manejado por diez y nueve 
años, contemplar con asombro cómo se puede sepa- 
rar un reino entero, desgarrando el costado de la pro- 
pia Península, sin que un jefe militar salve una plaza 
ó un cuerpo de ejército, sin que una autoridad fiel 
despache un correo, y con razón llama á esta rebelión 
Contarini «novedad muy curiosa de nuestros tiempos, 
»y quizá nunca vista con semejantes circunstancias en 
»los pasados, 5^ 



BOSQUEJO HISTÓRICO. 45 



Ni había estallado la rebelión sin anuncios que de- 
bieran fijar la atención del ministro más distraído so- 
bre la necesidad de defender y prevenir con la pru- 
dencia y la guarda aquellos territorios, aun dando de 
grado que en el ánimo de todo gobernante mediana- 
mente advertido, no sirvieran de suficiente aviso la 
historia y precedentes de la anexión, que forzosamen- 
te habían de dejar por largos años, y aun por siglos, se- 
millas de independencia, prontas á germinar con cual- 
quier fomento que les prestara la imprudencia de los 
castellanos, ó los sucesos exteriores adversos á la mo- 
narquía. 

Ya en 1637 habíanse producido motines de consi- 
deración en los Algarves, con motivo de nuevos tri- 
butos, dádose vivas á Braganza, rey de Portugal, y 
no habia tenido por tan leve el alboroto el gobierno , 
cuando solicitó del Papa censuras y breves que con- 
tribuyesen á aplacarlos ánimos, y que por cierto no 
obtuvo. En el mismo aflo de la rebelión, por el mes de 
Octubre (i), ya habia noticia en Madrid de que los 
hidalgos portugueses , no sólo rehusaban salir al Ha- 
mado del Rey para la guerra de Cataluña, sino que 
amenazaban al primero que saliera , y decia Pellicer 
«que el fin de esa oposición era derramar entre la ple- 
»be y pueblo, que es sencillísimo, que el Rey va con 
»la mira de sacar la nobleza para quitarles el amparo 
»y oprimirles luego, cosa que me aseguran tienen 
» creído.» La actitud contraria del clero, elemento de 
importancia tan decisiva en las conmociones popu- 
lares , no podia estar oculta tampoco si en Madrid se 
hubiera puesto oido al estado de las provincias : únase 



(i) Avisos, 16 Octubre 1640. 



46 BOSQUEJO HISTÓRICO. 



á esto la advertencia directa hecha por el Duque de 
Hljar al Conde-Duque, de que aquel nos da cuenta 
en una carta á Sor María de Agreda (i), las excusas 
y resistencias del Duque de Braganza para acudir á la 
corte , y aun para recibir el collar del Toisón de que 
hacia dos años se le habia hecho merced, y verdade- 
ramente maravilla tal ineptitud y negligencia en unos 
gobernantes que acababan de experimentar el rudo 
golpe de Cataluña, y no acuden con una sola preven- 
ción racional de guarda ó defensa, ni en Portugal, ni 
en sus colonias. 

En efecto, de medidas políticas y organización 
administrativa ó económica que pudieran ir ayudan- 
do á la unión de los reinos, no hemos de hablar, por- 
que parecería exigencia excesiva y superior á lo que 
de sí daban las ideas del tiempo; conservábase la 
aduana, y por ende las fronteras, manteníanse las se- 
paraciones en la Armada, las colonias respetadas en 



(i) En la carta del Duque de Hijar á Sor María, fecha 14 de Mayo 
de 1648 , dice asi el Duque : « También tengo presente que cuando di 
»el aviso de la pérdida de Portugal al Conde tres meses antes, dicien- 
» do que sería de alli á tres meses, entonces cobré nombre de mentiroso, y 
» después, por hombre que habia tenido noticias, estuve mandado pren- 
>der. Y hoy, siendo del Consejo de Estado de Portugal y castellano, no 
» entro en la junta de aquel Reino; con que se ve que para las materias 
»de él aún se desconfían de mi.» E<:ta carta, que toca otros asuntos de 
interés, de que nos ocuparemos más adelante, se presentó por Sor María 
en la causa que formó á la Venerable Madre la Inquisición, suspensa 
muchos años, pero removida de nuevo al descubrirse la conspiración de 
Hijar, suponiéndose por algunos que Sor Maria habia tenido al menos 
conocimiento de esos trabajos , no resultando nada en contra suya, y 
satisfaciéndola el Rey en sus cartas, como se verá por los documentos 
de esta colección. La causa de la Inquisición se halla original entre los 
papeles de la casa de Valoría , que posee en la actualidad la casa de Gor, 
y una copia del manuscríto se encuentra en la biblioteca del Excmo. se- 
fior D. Antonio Cánovas del Castillo. 



BOSQUEJO HISTÓRICO. 47 



SU unión con la metrópoli Portuguesa tal como la 
dejó Felipe II, no habiendo alterado en su resumen 
otra cosa que el sistema tributario para acomodarle 
al de España; pero yaque no se intentaran más pru- 
dentes medidas de asimilación, asombra que en tales 
circunstancias y ante tamaños peligros y amenaza- 
doras advertencias de alteraciones próximas, tuviera 
el Conde-Duque en Lisboa, por toda autoridad, á 
la Sra. Duquesa de Mantua, quien no habia demos- 
trado, ni acreditó entonces, cualidad alguna que la 
hiciera digna de tan difícil puesto ; y como su con- 
sejero y valido, áD. Miguel de Vasconcellos, hombre 
sin prestigio en Portugal por su origen y por su con- 
ducta propia, hijo de un curial penado por delitos 
graves en el mismo reino, que en sus principios ha- 
bíase dedicado á tratar en carbón. 

Bastó, sin embargo, á despecho de tan ruines ante- 
cedentes, que el D. Miguel Vasconcellos emparentara 
con un Diego Suarez, muy valido del Conde-Duque, 
para que recibiera la Secretaría de Estado de Portu- 
gal, siendo voz pública que apenas sabía escribir, y 
que ambos parientes tenian hecha escritura, cuyo 
original llegó á manos del Marques de la Puebla, de 
partir las mercedes que el Rey les hiciese, no descui- 
dándose en agenciar ganancias, como lo acredita el 
hecho de haber vendido á la ciudad un pié de agua 
que el Suarez tenía en una huerta, por renta de 1.600 
ducados, cuyo manantial se llevó al Palacio, impo- 
niendo al pueblo para pagarlo el tributo de un real 
por arroba de carne que se llamó el real de agua^ y 
parece contribuyó poderosamente á excitar contra 
los dos ministros el odio común. 

Por su parte, el Conde-Duque, con su habitual in- 



48 BOSQUEJO HISTÓRICO. 



temperancia, avivaba aquí, como en Cataluña, el in- 
cendio, que su abandono dejaba después crecer y en- 
señorearse de una y otra provincia. Contarini nos re- 
vela que á los nobles y prelados llamados á Madrid 
tras las alteraciones de 1637, los increpó duramente 
como autores de la rebelión, y no se oia otra cosa 
al Ministro y sus confidentes, sino que los portu- 
gueses eran unos traidores; lenguaje desdichado siem- 
pre, aun estando justificado por falsías y desenga- 
ños, pues no se recoge de él otro resultado que dis- 
gustar á los leales, exasperar á los indecisos, y rego- 
cijar á los irreconciliables (i). 

Estaba ya el Duque de Braganza al frente de la 
conspiración, impulsado en sus indecisiones por el vi- 
goroso espíritu de su mujer D.* Luisa de Guzman, 
hermana de Medina Sidonia, cuando acertó á confiar- 
le el Conde-Duque comisión para revistar las costas 
y las plazas de guerra. Dicen los autores favorables á 
Portugal, que esto se hizo con ánimo de prenderle 
tan luego como penetrase en un barco español, pero 
no hay documento ni noticia cierta que permita ó 
aconseje autorizadamente convertir aquel indicio de 
torpe abandono, en prueba de traidora intención, y 



(i) No omitieron los portugueses el obligado manifiesto para justificar 
su rebelión, y en él, después de muchas razones de familia y genealo- 
gía, dicen sobre la violación del juramento al Rey, que Felipe IV se ha 
portado de casi todas las maneras, por las que, según los Doctores, se 
hace un rey indigno de reinar, y entre ellas por imponer á los pueblos 
tributos insoportables sin Cortes, y asi, aunque tuviera un .titulo legiti- 
mo, lo perdería, y el reino podría eximirse de su obediencia y no ren- 
dirle homenaje, sin faltar por eso al juramento de fidelidad. Firman, con 
varios grandes y diputados de las ciudades, el Arzobispo de Lisboa, el 
Inquisidor general y siete obispos más. Declaración de los Estados de Por- 
tugal. Lisboa, 33 Marzo 164 1. 



BOSQUEJO HISTÓRICO. 49 



parécenos era llevar demasiado lejos el disimulo, en- 
viarle al propio tiempo cuarenta mil ducados, encar- 
garle reclutára tropas, misión la más propia para en- 
cubrir conspiraciones, y que coincidieran estas medi- 
das con levantar las guarniciones castellanas en todas 
las fortalezas portuguesas, hechos á los que nos resisti- 
ríamos á prestar crédito si no estuvieran confirmados 
por todas las relaciones del tiempo (i), y por los mi- 
nuciosos informes del embajador veneciano que así 
explica este maravilloso suceso de cómo, «aceptada la 
» Corona de Portugal por el Duque de Braganza, sin 
» ejército, sin armada y con la muerte de un solo 
» hombre, se ha rebelado todo un reino, y pasado de 
»las manos y obediencia del Católico á las del Du- 
»que, sin faltarle un palmo de terreno.» 

Ante acontecimientos de tan inmensa pesadumbre 
no desplegó Olivares mayores cualidades que las po- 
brísimas de alguna actividad en arbitrios, órdenes y 
expedientes, que desde un principio se le conocían. 
Comprendió entonces que presentaba dificultades, 
atendido el estado de Europa y el de España, el pro- 
grama grandioso con que inauguró su privanza, y ges- 



(i) En las cartas de los Jesuítas, publicadas por la Real Academia de 
la Historia, se relaciona minuciosamente el levantamiento, y resulta de 
ellas, entre otros muchos detalles curiosos, que del Castillo de Lisboa y 
la Torre de San Gian se habian sacado la casi totalidad de las guarni- 
ciones ; en el castillo no habia más de ocho quintales de pólvora, ni más 
comida que la que diariamente subian de abajo ; estaba ademas abierto 
por todas partes, y muy mal fortificado, y de los 400 soldados que le 
goamecian , los más eran portugueses ó casados con portuguesas. No se 
entregaron, sin embargo, ni alborotaron contra sus jefes ; pero en tales 
condiciones toda defensa era inútil, y el maestre de campo D. Diego 
de Cárdenas los mandó capitular, saliendo la pequeña guarnición con 
sus armas de fuego, cuerdas encendidas y balas en boca. Los castillos 
de Belén , Cabeza seca y Cascaes no tenian soldados ni artilleros sino 
portugueses. ( Memorial histórico español, tomo xvx.) 



50 BOSQUEJO HISTÓRICO. 

tionó la paz con Francia y dio á entender á las claras 
la deseaba ; pero con las dos rebeliones de Cataluña 
y Portugal pujantes, era descubrir ese intento can- 
didez insigne , y ni aun tregua pudo obtener , si en 
ellas no se comprendia á Portugal y Cataluña , y á 
tanto no era ya posible llegara en los primeros mo- 
mentos la humillación. 

En Cataluña, tras el tiempo perdido en la malo- 
grada misión del Duque de Cardona, nombróse Virey 
al Obispo de Barcelona, hombre benigno y temeroso, 
como le califica Pellicer, el menos propio, por tanto, 
para la ocasión ; diéronse al propio tiempo á la Du- 
quesa viuda de Cardona poderes para ajustar perdo- 
nes y partidos, sin que en aquella señora se descu- 
brieran tampoco las condiciones extraordinarias que 
pudiesen explicar se comisionase á una dama con em- 
pleo en el que toda energía y prudencia y altas dotes 
debian parecer pocas para su afortunado desempeño. 
Publicáronse de una y otra parte manifiestos y pro- 
clamaciones con extraordinaria fecundidad, dando los 
catalanes excusas de su rebelión, y replicando el go- 
bierno á sus teologias y razonamientos ; y es de notar, 
como curioso, que uno de los agravios y atropellos 
ponderados con mayor energía en los manifiestos por 
los rebeldes, poniéndolo al nivel de las más insopor- 
tables tiranías, fuera el haber visto casullas y fronta- 
les convertidos en jubones, basquinas y prendas de 
uso (i), cosa que ahora parece llevadera y llana, 
puesto que no repugnan agenciar tales objetos para 
adorno de sus salones, escrupulosos católicos. 



(i) Proclamación de los Católicos á la Majestad de Felipe el Grande, 
nuestro señor, los Conselleres y Consejo de los ciento de la ciudad de 
Barcelona. 



BOSQUEJO HISTÓRICO. 5 1 

Pero entre tanto, los pueblos del Principado se for- 
tificaban y apercibian á la lucha, las inteligencias y 
tratos con el Rey Cristianísimo se estrechaban, é iban 
entrando franceses á la deshilada. Reuníanse también 
las milicias de Castilla, y se dictaban severos bandos 
contra desertores y retardados, consagrábase muy 
particularmente el Conde-Duque á poner en servicio 
los caballeros de las Órdenes militares y cuantos hi- 
dalgos debieran merced ú obligación al Rey, pero es 
el caso que en Diciembre, seis meses después del al- 
zamiento de Barcelona, aun no habia penetrado un 
ejército á castigar la rebelión, y todavía recibia el 
gobierno embajadas de los conselleres nuevamente 
elegidos, con desvergonzadas condiciones, como las 
califica Pellicer; se dudaba si iria orden para que 
entraran al fin tropas, y se llegaban á nombrar pública 
y oficialmente personas prácticas para que formen 
memoriales de los medios y disposiciones que se les 
ofrezca para introducir negociación de paces en Ca- 
taluña^ como pudiera comisionarse á un perito el es- 
tudio de algún procedimiento industrial ó agrícola. 

En acudir á los aprietos de Portugal ya se creyó 
era el caso de no escatimar medidas las más extremas, 
y se instituyó una Junta presidida por D. Luis de Ha- 
ro, cuyo objeto era alistar á los caballeros más lu- 
cidos de la corte , y que atendió ante todo á prescri- 
bir el ceremonial reglamentario del alistamiento, por 
extremo curioso. «Los caballeros llamados al seno 
»de la Junta debian entrar, sentarse y cubrirse; se 
»les proponia, de parte del señor Conde-Duque^ el 
» aprieto de las cosas y la obligación del servicio del 
» Rey, y se les pedia fueran á esta ocasión con su caba- 
»llo y armas, y firmaban si habian de ir, añadiendo la 



52 BOSQUEJO HISTÓRICO. 



» parte de las conveniencias y mercedes que se les ha- 
»bian de hacer, hábitos, oficios y ayudas de costa, de 
» lo cual se hacía consulta á S. M. con informe escri- 
»to; subia al despacho y bajaba resuelto. » 

Abrióse también una á manera de suscricion para 
allegar soldados, ofreciendo cada consejero cuatro, 
los grandes de España ciento, y los títulos, según su 
posibilidad ; pero se caminaba en todo con pasmosa 
lentitud, se perdian los primeros momentos, precio- 
sos, principalmente en Portugal, donde la rebelión 
contaba, por la pobreza y debilidad del país, con po- 
quísimos recursos , y donde no se pueden registrar sin 
indignación y vergüenza las páginas de historias y do- 
cumentos que un año y otro nos relatan, por todo es- 
fuerzo del gobierno para reparar aquella inmensa des- 
gracia, correrías, rebatos, saqueos de villas y campi- 
ñas, más propias entre tribus salvajes fronterizas que 
en un país que procura rehacer su unidad nacional, 
amenazada por tan tremendo retroceso (i). Y corona 
este tristísimo cuadro de imprevisiones é incapacida- 
des, como un rasgo humorístico puede completar una 
elegía, el célebre cartel de desafío que el Duque de 
Medinasidonia dirigió á su cuñado el de Braganza, 
especie de penitencia expiatoria que le impuso el Con- 
de-Duque en pena á las vehementes sospechas que 
sobre él recayeron en la conspiración del Marques de 
Ayamonte para declarar la independencia de Anda- 
lucía, descubierta por extraña casualidad á tiempo, y 
castigada con el suplicio del Marques. 



(i) Justiniani, en su relación de 1643; dice que sólo se habian en- 
viado contra Portugal unos seis ú ocho mil hombres de gente allegadiza 
de Extremadura y Andalucía , que vivian del saqueo y la rapiña. 



BOSQUEJO HISTÓRICO. 53 



Emplazaba Medinasidonia al Príncipe rebelde para 
que viniese á combatir cuerpo á cuerpo en Valencia 
de Alcántara, donde le esperaría solo, por espacio de 

ochenta dias, dejándole la elección de armas todo 

lo que, por iniciativa y traza de Olivares, se hizo cor- 
rer en papeles impresos por España y por las cortes 
extranjeras, que insertos andan en varias historias y 
que, á la verdad, ni en estilo, ni en sentido práctico y 
formal, desdicen de los andantescos desafíos trazados 
algunos años antes para eterno regocijo de las edades, 
por el príncipe de nuestros ingenios. 

No sería completo el cuadro de las diversas causas 
que produjeron la caida del Conde-Duque y su des- 
gracia en el Real ánimo, si, con los grandes desastres 
del político, no mencionáramos los errores del corte- 
sano, y los desvanecimientos de lo que llamaríamos 
hoy el hombre de mundo ; y entre otros sobrado mi- 
nuciosos para las márgenes reducidas de este bosque- 
jo, el solemne reconocimiento y ostentoso enlace que 
prociíró á su hijo natural D. Enrique Felipe , con im- 
prudente desafío á la opinión en la Corte y la villa. 

Ya en 1636 diera Olivares gallarda muestra de su 
despreocupación en parecidas materías, declarando 
por hijo suyo á D. Gaspar de Teves, habido en la 
mujer de D. Melchor, del Consejo Real, constante el 
matrimonio y tenido hasta entonces, como es ley, por 
hijo legítimo del Consejero (i) ; pero no satisfecho con 
esto, años después, en los momentos de mayor duelo 
y angustia para la monarquía , cuando ardia la guerra 
en Cataluña y estallaba la rebelión en Portugal, pre- 



(i) Cartas de algunos PP, de la Compañía de Jesús; Marzo, 1636. 



54 BOSQUEJO HISTÓRICO. 



para y lleva á cabo otro reconocimiento , y en alarde 
de omnipotencia capitula y casa al bastardo con do- 
ña Juana Velasco, hija mayor del Condestable de 
Castilla, noticiando á todos los grandes el enlace 
proyectado, en una carta en que apellida al nuevo vas- 
tago prenda de yerros pasados; y en verdad eran los 
yerros de naturaleza y circunstancias tales, que el ver- 
los tan ensalzados no podia menos de lastimar los res- 
petos de la Corte , aun siendo tan fácil en sus costum- 
bres como aquélla. 

El novio habia pasado en Madrid por hijo natural 
de una dama galante entre las más notadas en la calle 
Mayor y en el Sotillo , llamada D.' Isabel de Anversa, 
y de D. Francisco Valcárcel, alcalde de casa y cor- 
te, que era sabido sustentaba con gran lujo á la corte- 
sana ; y se le puso por nombre en el bautismo D. Ju- 
lián. Muerta la madre, porfiara el mozo por que le re- 
conociese Valcárcel , quien lo resistía, no teniendo 
conciencia fuera él más obligado que otros á decla- 
rarse por padre ; pero lo hizo al fin á la hora de la 
muerte instado por el Conde-Duque , y pasó el don 
Julián, ya habilitado con apellido, á México, donde, 
por malas aventuras fué condenado en delito grave, 
estando á punto de ser ahorcado, y librándole la amis- 
tad que con Valcárcel habia tenido el Virey , quien le 
facilitó la fuga á Flándes , de donde regresó á poco á 
España, y casó con D." Leonor de Unzueta , hija de 
otra cortesana madrileña. 

Pero ni antecedentes, ni matrimonio, ni considera- 
ciones de pública honestidad, detuvieron al Conde, 
que, desgraciado en su legitima sucesión, aspiraba á 
dilatar su gloria y poderío en un heredero de su ape- 
llido, que llegara á ser su D. Juan de Austria, y en 



BOSQUEJO HISTÓRICO. 55 



Noviembre de 1641, interviniendo la autoridad del 
Rey, declaró por hijo suyo á D. Julián Valcárcel, le 
cambió el nombre , apellidándole D. Enrique Felipe 
de Guzman , dio parte á los embajadores y grandes 
del suceso por mano de los secretarios de Estado An- 
drés Roxas y Antonio Camero , logró comisionara el 
Papa al Obispo de Ávila para el examen del matri- 
monio contraido con la de Unzueta, lo declaró nulo el 
Obispo, contra las protestas de la interesada, casó á 
ésta luego con un sujeto á quien se dio plaza de oidor 
en las Indias, y quedó el flamante D. Enrique habili- 
tado para enlazarse con la ilustre familia de los Velas- 
eos, no sin acentuado disgusto en deudos y allegados, 
y sin desahogos del vulgo en numerosas y picantes 
coplas y canciones, reveladoras de la huella causada 
portales demasías en la general opinión (i). 



(i) Entre otras muchas merecen mencionarse las que empiezan : 

Vuestra Majestad despache 
A mi hijo D. Julián ; 
Hoy Enrique de Guzman 
Y ayer Guzman de Alfarache. 

El pasquin puesto en la casa del Condestable cuando se supo daba su 
hija al bastardo del Conde, y que decia : 

Soy la casa de Velasco , 
Que de nada hace asco. 

Y, por Último , un diálogo sobre varios sucesos del año, publicado en 
Cataluña , y que posee en su notable Biblioteca de libros españoles , ra- 
ros y curiosos, el Conde de Benahavis ; dice así el trozo relativo á ese 
acontecimiento, en el que se viene hablando del valido : 

l Qué se dice en la corte de su hijo ? 
Capitán le hizo el Conde de la guerra , 
Y ha tomado liciones 

En tabernas , despensas , bodegones , 

Con tanta gallardfa , 

Que si no se lo daban , no comía. 

Sigura puede estar cualquier Corona 



56 BOSQUEJO HISTÓRICO. 



No trascendió, sin embargo, el disgusto de manera 
visible á Palacio , antes sirvieron los obsequios y de- 
mostraciones Reales, prodigados en esta ocasión al 
privado, como testimonio de no sufrir su poderío con 
los desgraciados lances empeñados en Portugal y Ca- 
taluña , pues se hizo á D. Enrique conde de Loeches, 
marques de Mairena, gran canciller de las Indias, 
tesorero general del reino de Aragón y alcaide del 
Retiro, y en ese Palacio les visitaron con ostentación 
los más altos personajes, y, como donosamente dice 
una carta de los PP. Jesuitas, «;ío quedó grande^ 
embajador ó cardenal que no les arrojara excelen- 
ciai^ (i). 

Estaba, sin embargo, entre estos alardes y esplen- 
dores, muy próxima la primera señal de la decaden- 
cia en el poderío del privado , y se ofreció visible y ya 
con graves caracteres, en el viaje á Zaragoza, resuelto 
y llevado á cabo por persistente voluntad del Rey y 
contra el deseo y consejo de Olivares. La opinión y 
anhelo para que acudiera S. M. en persona á los ejér- 
citos que peleaban por conservar, siquiera en la Pe- 



Que pusiere á su lado tal persona. 

Si esta guerra se hidera á una despensa , 

Hallara en nuestro alférez gran defensa. 



El Conde como Papa ha dispensado , 

Y dos veces á un tiempo le ha casado ; 

Y si otra lo quisiera , 
Del mismo modo fuera, 
Que basta que él lo mande 

Para que se le ofrezca cualquier grande 



( Coloquio del sentimiento que hacen dos licenciados , de la destrucción de 
toda España por causa del Conde- Duque y luto de toda Castilla. En Barce- 
lona, por Jaime Mathevat, año 1643.) 

(i) Correspondencia de los jesuitas, t. iv. 



BOSQUEJO HISTÓRICO. 57 



nínsula la integridad nacional á tanta costa alcanza- 
da, eran universales y se revelaban con apremio, des- 
de los grandes, cuya voz en esto llevaba el Conde de 
Ofiate, hasta los que, como Pellicer y otros escrito- 
res, traducían en papeles y avisos las impresiones del 
vulgo y clases medias (i) , representando, aunque por 
manera imperfecta, el oficio de la prensa en nuestros 
dias ; y esta corriente universal movió sin duda los na- 
turales alientos y las inclinaciones sanas de Felipe IV, 
decidiéndole á sacudir el yugo, al menos en esa cues- 
tión del viaje. 

En vano fué se reunieran en el Retiro muchas jun- 
tas, así del Consejo de Estado como de médicos, para 
apoyar no convenia saliera el Rey , y que un abogado 
de nota se prestara á escribir en derecho^ probando 
no debia hacerse la jomada, ruedas todas no movidas 
á andar seguramente sin órdenes del Ministro ; el Rey 
persistió en su acuerdo , y refirióse como muy cierto 
por entonces, que habiendo encontrado S. M. al Pro- 
tonotario con una consulta en la mano, tomóla y la 
hizo pedazos, diciendo : «No me hagan consultas para 
»no ir á Cataluña, sino vayanse disponiendo para la 
»ida.» Di jóse también hablan intentado su confesor y 
la Condesa de Olivares disuadirle, y que replicó el 
Rey : «Si no quiere salir el Conde , que se quede.» Y 
reacio éste, con efecto, en abandonar á Madrid aun 
después de la lenta y trabajosa partida de S. M., pa- 
rece recibió un papel del Rey, diciéndole que si el 
martes no estaba en Aranjueznole aguardaba, por lo 



(i) Años atr^s babia aparecido un pasquín en Palacio que decía ; 

El de Francia está en campaña , 
Y en el ¡Retiro e) de EspaA^. 



S8 BOSQUEJO HISTÓRICO. 



que hubo de salir el favorito en el siniestro dia, acom- 
pañado del P. Provincial de los jesuitas, y aun en el 
viaje, cuando en Molina se disparó al descuido ó con 
malicia un arcabuz, cuya bala rompió el coche del 
Conde-Duque , hiriendo á su secretario y al enano 
Primo que le daba aire , todavía quisieron algunos to- 
mar de este atentado causa para el regreso del Rey, 
pero tampoco les valió (i). 

Coinciden estas noticias con el interés que mostró 
por el viaje la Reina, apoyada por varios señores de 
la corte , y las exhortaciones á su marido para apre- 
surarlo, cuando por última vez le vio en Vacia-Ma- 
drid, y todo ello evidencia que empezó entonces ano 
ser absoluto el imperio del Ministro , y en estas altas 
torres del favor cortesano, es el primer estremeci- 
miento vecino inmediato á la total ruina. 

Los resultados y circunstancias de la jornada no fa- 
vorecieron tampoco al privado, y cuando se repasan 
en los documentos del tiempo las trazas y preparati- 
vos de aquella expedición, en que podian librarse tan 
graves intereses para la monarquía, se ve á las claras 
con cuánta sinrazón se ha querido mejorar la memo- 
ria funesta de Olivares , atribuyéndole diligencia y ac- 
tividad en administrar recursos. 

Se inició el viaje por el anticipado envío de la caba- 
lleriza de S. M. con pompa y atavíos, más propios de 
fiestas que de guerra, puesliban seis literas, nueve co- 
ches, ciento tres caballos encubertados, catorce pa- 



(i) En Molina se celebró un consejo sobre si el Rey debía entrar en 
el reino de Aragón , y todos fueron de opinión que no saliese de Casti- 
lla, menos el embajador de Alemania, Marqués de Grana, que opinó en 
contra , lo cual aumentó la enemiga que le tenia el Conde-Duque. (Ma- 
nuscrito de la Biblioteca Nacional de París. } 



BOSQUEJO HISTÓRICO. 59 



jes y los oficiales de Palacio; «vista digna de admi- 
»racion y aplauso, dicen los Avisos^ por las galas 
»de los personajes, hermosura de los caballos y ri- 
»queza en las literas y coches.» Hasta mucho tiempo 
después no se cuidó de reunir fondos, y entonces 
se pidieron donativos de diez y siete mil ducados á 
particulares, señores y hombres de negocios, reco- 
giéndose, á lo que se dijo entonces, sobre millón 
y medio, no sin que para ello fuera menester llevar 
á la cárcel, sólo en Madrid, á 150 de los donantes 
más reacios en ejercitar la generosidad; á media- 
dos de Marzo de 1 642 se dirigieron las cartas á gran- 
des títulos y prelados que debian todos sin excusa 
acompañar á S. M. , y se publicó la jornada ; y en 23 
de Abril , tras solemnes despedidas á varias imágenes 
devotas , á Santiago en su parroquia y á Nuestra Se- 
ñora de Atocha, pasó el Rey á Alcalá á visitar el san- 
tuario de San Diego, y llegó el martes 29 á Loeches; 
se trasladó luego á Aranjuez, donde estuvo hasta 
entrado Mayo, y el 20 de ese mes, sin embargo de ser 
martes, como dice Pellicer , salió el Conde-Duque de 
Madrid para reunirse con S. M., siguiendo, ya sin 
largos descansos y escalas, á Zaragoza. 



V. 



Ausentes el Rey y el favorito, comenzaron á descu- 
brirse en Madrid más á las claras los intentos de la 
reina D/ Isabel y la labor por ella dirigida para dar 
en tierra con la privanza, aprovechando la ocasión á 



6o BOSQUEJO HISTÓRICO. 



más andar y con no poca maña, para acreditar su 
amor al pueblo y fortificarse con la opinión general, 
dispuesta siempre á vigorizar los buenos propósitos, 
sobre todo cuando éstos se enlazan con la destrucción 
de algún poderoso. 

Era D.* Isabel , por universal testimonio de los con- 
temporáneos, de notable belleza y agradables mane- 
ras, y convertida á las costumbres españolas, gustaba 
por demás de fiestas de toros y comedias, en las que, 
por los principios del reinado sobre todo , habia dado 
rienda suelta á su condición alegre y bulliciosa , con- 
sintiendo y agradeciendo se preparasen en su obse- 
quio, no sólo representaciones extraordinarias y tra- 
moyas nocturnas en Aranjuez y el Retiro, sino silbas 
y tumultos y riñas entre las mujeres del pueblo, y 
desórdenes que tramaban los cortesanos, soltando cu- 
lebras y sabandijas entre los espectadores, todo lo 
cual parece le entretenía tanto ó más que la fábula 
dramática. Estas aficiones y divertimientos van muy á 
menudo acompañados en las damas, de piedad severa 
y de honestidad exquisita, pero rara vez dejan de 
prestar aliento á atrevimientos más ó menos insensa- 
tos, dando ocasión á murmuraciones que cada cual 
acoge, desde el momento en que se producen y cir- 
culan, con la incredulidad ó el aprecio que le dictan 
sus grados de caridad para con el prójimo. 

Y algo de esto debieron dejar tras sí tan bulliciosas 
funciones, y singularmente la celebrada de noche en 
Aranjuez, en el jardin de la Isla, para representar La 
Gloria de Niquea^ obra escrita por Juan de la Vera 
Tássis, conde de Villamediana, para la joven Reina, y 
en la que el poeta la habia asignado el papel de diosa 
de la Hermosura. Aconteció que precisamente al ter- 



BOSQUEJO HISTÓRICO. 6 1 



minar la loa estalló violento incendio en los pabello- 
nes y bastidores interiores ocupados por las damas , y 
fácilmente se comprende que en fiesta nocturna y 
campestre, ya ocasionadas de suyo á malas suposicio- 
nes y rumores, el suceso sería de los que abren ancho 
crédito á la maledicencia. Los poetas cortesanos, al 
relacionar las confusiones del jardin, insisten mucho 
en que el Rey, y no otro, fué quien sacó en brazos á 
la Reina y á la Infanta; pesada carga, como observa 
Hartzenbusch , para un solo viaje (i); pero dan á en- 
tender que entre la noche y el tumulto engendráronse 
murmuraciones, que no eran para referidas, 

fingiendo 

la novedad desatinos , 
y la ignorancia misteríos. 

Pocos meses después, Villamediana, el autor de la 
comedia y, según algunos, del incendio, paseando 
por la calle Mayor en su carroza con D. Luis de Haro, 
muere asesinado , como dijeron las coplas de enton- 
ces, por impulso soberano^ pues parece cosa averi- 
guada fué aquella sumaria ejecución acto de imperio, 
que las ideas del tiempo estimaban como legítimo 
ejercicio de la Real autoridad, si la pena era mereci- 
da en el fuero de la conciencia. Con notable proli- 
jidad y estudio se ha escrito después para desvanecer 
la tradición, que atribuye ese drama á los elevados 
atrevimientos del famoso Correo Mayor, y lo relacio- 
na con las confusiones del jardin y la representación 
de La Gloria de Niquea; pero no satisface del todo 



(i) Discursos en la Academia de la Lengua , en la recepción de D, Fran- 
ciuo Cutanda; 17 Marzo 1861. 



62 BOSQUEJO HISTÓRICO. 



la explicación de haberse decretado la muerte en cas- 
tigo á sus sátiras , no siendo ellas más celebradas ni 
más temibles que las de otros, que las purgaron con 
meras prisiones ó destierros, y el instinto del vulgo 
vio entonces en aquel escarmiento algo, sobre lo que 
ni la murmuración se atrevia á explayarse en aquellos 
tiempos. Abultáronse después esas impresiones por 
Mad"* D'Aulnoy Sommerdyck y otros viajeros poco 
escrupulosos (i), pero si D.' Isabel de Francia sufrió 
de algunas murmuraciones contemporáneas y postu- 
mas, y padeció por justos ó injustos celos, fueron de 
todas suertes nubes pasajeras, aunque quizás sangrien- 
tas, y quién sabe si contribuiria tan duro escarmiento 
de alguna venial coquetería, á moderar su jovialidad 
y templar su carácter. Ello es que conservó hasta 
su muerte el respeto y la estimación de la corte y del 
pueblo , en medio de las amargas pruebas á que la su- 
jetara continuamente la incorregible fragilidad de su 
esposo, y por el tiempo en que preparaba la desgracia 
del favorito, con razón podia decirse de ella en todos 
sentidos, como escribe el P. Florez en su sencillo 



(i) Á los muchos datos que en su notable discurso reunió Hartzen- 
busch para la justificación de la buena conducta y memoria de D.* Isabel, 
puede unirse el testimonio de uno de los consejeros del Parlamento de 
Paris, que acompañaron al mariscal Gramont en 1659 y que escribió su 
viaje por España y Portugal; y si bien da noticia del rumor que atri- 
buia la muerte de Villamediana á sus galanterías por la Reina , dice que 
muchos lo negaban ; que el Conde era pequeño y de mala ñgura; que la 
Francelinda de sus poesías amorosas era, como ya lo descubre Hartzen- 
busch, una D.* Francisca deTabara, á quien también galanteaba el Rey, 
y que le dio á Villamediana la banda con los reales de á ocho, y que por 
ella y no por D/ Isabel se puso el mote de Mis amores son reales, siendo 
la causa de su muerte , en opinión de los que hablaron al viajero, un so- 
neto en el que se burlaba de los nombrados gentiles-hombres de Cá- 
mara. 



BOSQUEJO HISTÓRICA. 63 



lenguaje (i), «que la satisfacción que el Rey tenía de 
>su buena conducta le aseguraba para vivir sin so- 
»bresalto en las ausencias.» 

En tales condiciones colocada, era D.* Isabel una 
gran fuerza en Palacio, pues las inclinaciones ligeras 
del Rey no le apartaron de su familia ni llegaron á 
determinar movimiento alguno en su voluntad, ni 
hacer huella en su espíritu , ni siquiera influyeron en 
el desarreglo de su particular hacienda ; y así que la 
Reina se decidió á combatir la privanza del Conde- 
Duque, y puso enjuego sus poderosos recursos, no se 
hicieron esperar mucho los resultados. 

Sacudiendo la tutela de la Condesa de Olivares, dió- 
se D.' Isabel á visitar las guardias, excitando en jefes 
y soldados el entusiasmo por la causa del Rey, presi- 
dió las juntas, hablando en ellas con notable disposi- 
ción y desembarazo sobre las materias de gobierno 
y guerra, y no omitió, como era regular, el ofreci- 
miento de sus joyas para el más pronto equipo de las 
coronelías que iban organizándose en la villa, todo lo 
que produjo en poco tiempo un entusiasmo, al que 
prestaban mayores alas las noticias ciertas de ser de- 
cididamente contraria al valido, y la que hasta enton- 
ces habia sido una modesta y no poco desdeñada es- 
posa, sujeta á estrecha y dura vigilancia de la Conde- 
sa de Olivares, creció en pocos dias, á espaldas del 
Rey y del privado, en significación y en prestigio con 
la vertiginosa rapidez con que se elevan, aún en los 
sistemas sociales y políticos más autoritarios , los que 
aciertan á descubrir y colocarse en una corriente, ver- 



(i) Florez. Reinas Católicas. 



64 BOSQUEJO HISTÓRICO. 



dadera ó equivocada, pero real y positiva de la opi- 
nión pública. El Rey, que hasta entonces no habia 
hecho de su mujer estimación alguna para materias 
de gobierno, la tuvo desde ese viaje en alto precio. 
Así lo acredita la referencia que corrió más tarde 
por Madrid, cuando acababa de retirarse á Loeches 
el Conde-Duque. Parece que visitando Felipe IV las 
Descalzas, hubo de decirles en su conversación «en- 
»comendáran mucho á Diosa su privado, para que le 
» comunicase luz para el gobierno», y como no se de- 
clarase más, cuando se iba, una de las hermanas se le 
hincó de rodillas y le dijo: «Seflor, para que estas 
» santas religiosas dirijan sus oraciones con más fruto, 
» suplicóle me haga merced de decimos quién es el pri- 
»vado.» A lo que respondió S. M. : «Mi privado es la 
» Reina », revelando así con esta declaración titular, y 
en esas pocas palabras , el hilo y trama verdadera de 
aquella tremenda lucha librada en su espíritu entre 
las influencias y las ideas de su juventud concentra- 
das en el Conde-Duque, y los estímulos de la opi- 
nión común , el clamor de los sucesivos desastres y 
los impulsos perezosos de la propia conciencia, en 
la que habia izado el guión y decidido el triunfo, 
doña Isabel de Francia. 

En el viaje, el Conde-Duque dio una prueba más 
de lo mezquino de sus miras y alcances : mantuvo en- 
cerrado en Zaragoza al Monarca, defendiéndole, co- 
mo de ponzoñoso contagio, del trato y comunicación 
con el ejército y con los nobles y pueblo aragonés, 
y á trueque de resguardar contra enemigas asechan- 
zas su valimiento , no vaciló en hacer pasar al Monar- 
ca ante las tropas por pusilánime , y ante el pueblo por 
desabrido é indiferente , empleando cuantos recursos 



BOSQUEJO HISTÓRICO. 6 5 

de predominio aun le quedaban, en esterilizar los fru- 
tos todos que un Rey inteligente, benévolo, de no- 
bles y sanas inclinaciones , podia haber recogido en 
aquella jornada entre pueblos, que si conservaban aun 
vivos el respeto y entusiasmo monárquico, era ur- 
gente atraerlos á la causa de Castilla, y de la nacio- 
nalidad española , pues, según las relaciones de Con- 
tarini (i), Aragón, Valencia y Navarra estaban tan 
desconfiadas con los alardes del Conde-Duque, que 
dudaban si la victoria sobre Cataluña sería la víspera 
de su ruina, y personas muy doctas temían se propa- 
gase el incendio muy luego á Aragón. Vencido el 
Rey en esa lucha, regresó á Madrid sin haber pasa- 
do de Zaragoza, disgustado, triste y con impaciencia 
ya visible por sacudir el yugo opresor del favorito. 

En Palacio halló levantado el estandarte de la re- 
belión por la Reina, y abierta por tales manos la 
primera brecha, los aliados para la empresa habían 
de ser muchos ; pero mantúvose predominante en la 
campaña el carácter con que se iniciara, y puede de- 
cirse que , como causas inmediatas y determinan- 
tes, dieron en tierra con el Conde-Duque, tres mu- 
jeres (2), D.* Isabel de Francia, la Duquesa de Man- 
tua y D.* Ana de Guevara, la nodriza del Rey, que en 
los principios habia ayudado á Lerma en sus tentati- 



(i) Contaríni. Relazione de Vambassada al Senaio de Venezzia^ 1641. 

(2) Es digno denota que cayera al impulso de una conjuración feme- 
nina hombre que hada alarde de tener en poco á las mujeres, pues es 
suya una frase que en su. parte más grosera y absurda repitió Napoleón. 
Según el manuscrito ya citado, atribuido al Marqués de Grana, decia 
Olivares «que las monjas se debian estimar sólo para rezar y las mujeres 
para parir.» 



5 



66 BOSQUEJO HISTÓRICO. 



vas para estorbar la privanza del D. Gaspar con el 
Príncipe, 

La Duquesa de Mantua, desde el levantamiento de 
Portugal, vivia en retiro forzoso en Ocafla, y alimen- 
taba contra el Conde-Duque todo el odio que des- 
piertan las desgracias políticas en los que se creen sus 
víctimas inocentes , sin recordar la parte de culpa á 
ellos imputable, y agriada por añadidura con la penu- 
ria más espantosa. La reciente Vireina de Portugal 
tuvo que recurrir en su destierro á la caridad de dos 
conventos, y á fuerza de instancias y emisarios sólo 
habia logrado le enviase el Gobierno, lo que ahora 
Uamariamos un libramiento contra la villa, con el 
que le fué tan difícil hacer moneda, como suele serlo 
todavía hoy con tales papeles , y tomando motivo de 
esa angustia, llamada secretamente, según se creyó 
entonces , por la Reina , salió de Ocaña burlando la 
vigilancia del corregidor, y apareció en Madrid con el 
hábito de la Orden de San Francisco , que por devo- 
ción vestia desde las desgracias públicas y privadas su- 
fridas en Lisboa. Todavía intentó el Conde-Duque di- 
ficultar su entrevista con el Rey, y negóse él á visitar- 
la, enviando á la Condesa su mujer para que la instalase 
en la Encarnación; pero las resistencias de D. Gaspar 
se contaban, desde el viaje al ejército, por derrotas ; la 
Reina facilitó á la Duquesa las entrevistas, en las que 
menudearian, como era preciso, las acusaciones al fa- 
vorito por su conducta en Portugal , con el vigor de 
quien rebosaba en razón, y en ira para esforzarla , y 
avaloradas con las lágrimas de la esposa, autorizada 
por el entusiasmo popular en la reciente interinidad 
de su gobierno, y pidiendo por la suerte de su hijo, 
comprometida por la política funesta del valido. 



BOSQUEJO HISTÓRICO. 67 

D.* Ana de Guevara , apartada de la corte por la 
Condesa de Olivares, acudió también al rebato , y 
aguardando al Rey en momento oportunamente pre- 
parado por las conspiradoras, le sorprendió en un pa- 
sillo, al entrar en las habitaciones de D.* Isabel, pi- 
diéndole de rodillas oyera la voz del pueblo, y aleja- 
ra luego al favorito. 

El Conde de Castrillo y el Marqués de Grana, éste, 
embajador del Emperador en la corte, hablando al 
Rey, alo que parece, por encargo de su soberano, 
ayudaron eficazmente ese trabajo, y movióse al fin el 
Monarca al supremo esfuerzo de su voluntad, que di- 
vide como en dos grandes cuadros su vida; á despedir 
de su lado al Conde-Duque. El 17 de Enero de 1643, 
al marchar á una partida de caza, le escribió una car- 
ta « concediéndole el permiso que varias veces le ha- 
»bia pedido para retirarse á sus tierras, quedando muy 
» satisfecho del celo con que le habia servido», fórmu- 
la que en aquellos tiempos, y en caidas de privados, 
tenía un tanto más sentido que en los decretos de 
nuestros dias. 

Dirigió luego el Rey cartas á los Consejos y á al- 
gunos jefes principales de los ejércitos, participando 
el suceso, honrando al Conde-Duque con la declara- 
ción del celo, amor, limpieza é incesante trabajo 
con que le habia servido , dando por toda causa de su 
separación las vivas instancias del Ministro, por lo 
apretado de sus achaques, y manifestando esperanzas 
de que recobrarla con el reposo la salud para volver 
á emplearla en lo que conviniera á su servicio. 

Á estas públicas y oficiales demostraciones debie- 
ron acompañar otras más íntimas, propias á despertar 
en el favorito esas esperanzas que tan escaso alimento 



68 BOSQUEJO HISTÓRICO. 

necesitan para vivir y crecer en el pecho de un des- 
terrado, y así, á pesar de las anteriores instancias y 
vivos deseos de dejar el poder para ocuparse con hol- 
gura de sus haciendas, y de cuidar de su salud corpo- 
ral y espiritual, que pocos ministros han prodigado 
tanto , extremándolas hasta el punto de hacer que el 
Rey le hiciera merced de un convento para retirarse 
de los negocios (i), ello es que una vez conocida la 
voluntad del Monarca, en términos que no se presta- 
ban á duda, no hallaba momento oportuno el Conde 
para salir del Real Palacio, acariciando quizás en 
aquellas amargas horas, dudas y esperanzas, traduc- 
ción española de la memorable journée des dupes^ en 
la que tantos cortesanos creyeron caido á Richelieu 
á impulsos del odio de María de Médicis, bastando 
luego al astuto Ministro unas horas de conversación 
á solas con Luis XIII, para recobrar todo su imperio, 
y saborear una tras otra las venganzas que fué im- 
poniendo á los conspiradores y simpatizadores pre- 
surosos de su caida. 

Necesitó Felipe IV para un nuevo arranque de 
energía, una nueva partida de caza, dejando dicho 
« que para cuando volviera estuviese ya fuera de Pa- 
» lacio el Conde-Duque», pero todavía estaba éste en 
sus habitaciones al regreso del Rey, y creyó deberse 
excusar por hallarse indispuesto , prometiendo partir 
al dia siguiente , recado que , según las cartas de los 
Jesuítas, nada enemigos del favorito, acogió ya el 
Rey con poco gusto, y respondió con desabrimiento, 
« que salga sin falta. » 



(i) Correspondencia de los PP, /esuiías^ 1. 1. 



BOSQUEJO HISTÓRICO. 69 

• 

Viendo cerrado el camino para detenerse más, dio 
el Conde sus papeles é instrucciones á su sobrino 
D. Luis de Haro, pidió la asistencia para viaje como 
caballerizo mayor, que era, «coche de seis muías, un 
carro largo, dos hacas y una muía de regalo», conce- 
diéndosele , no sin consultar á S. M., y mientras este 
aparato atraia á los alrededores de la Priora las mu- 
chas gentes que, enteradas del caso , se prometian pre- 
senciar la triste despedida del Conde , éste , asistido 
sólo por dos criados, poseido de melancolía profun- 
da, sin apenas probar bocado de los platos que le sir- 
vieron, salió por puerta secreta, tomó un coche, 
donde le esperaban el Conde de Grajal y el P. Juan 
Martinez de Ripalda, y partió á Loeches, dejando 
burlados á mal intencionados y curiosos, que vien- 
do partir varios coches de la puerta principal, los 
persiguieron con insultos y pedradas juzgando iba en 
ellos el Conde-Duque. 



VL 



Siguió á esta mudanza, como á casi todas las por 
largo tiempo deseadas, grande y lisonjera manifesta- 
ción de buenos propósitos, laudables principios y me- 
jores esperanzas. Las aclamaciones del pueblo cuando 
S. M. salió en aquellos dias', una vez á la Encarnación 
y otra á las Descalzas, aplaudiendo su resolución, fue- 
ron extraordinarias ; los grandes, que habian empeza- 



70 BOSQUEJO HISTÓRICO. 

do á evitar las asistencias á Palacio (i), no sólo acu- 
dieron presurosos, sino que varios, como Híjar, Lé- 
mos. Osuna y el Infantado, salieron con sus carrozas 
á largas distancias cuando regresaba S. M. del Esco- 
rial, sólo para venir acompañándole y mostrarle su re- 
gocijo, y el Rey, cuyo natural ingenio y buen deseo 
eran tan apropiados para esos momentos, en los que 
sólo se trata de bosquejar excelentes resoluciones de 
enmienda, dejó maravillados á los Consejos con sus 
pláticas, que en aquellos tiempos de ampulosos esti- 
los sorprendieron por su sencillez, prudencia, cordu- 
ra y exquisito juicio. 

Al Consejo de Estado y de la Cámara habló por 
largo espacio ; empezó con graciosa naturalidad uno 
de sus discursos, previniéndoles pudiera ser que se 
cortara ante el auditorio , y aunque tan absoluto el 
régimen de aquella monarquía, no se creyó dispen- 
sado de dar sobre la crisis sus explicaciones, fuerza es 
confesarlo , más claras y explícitas de las que se acos- 
tumbran en nuestros Parlamentos, diciendo «cuanto 
» estimaba al Conde-Duque, y sus buenos deseos de 
» servirle que siempre tuvo; pero que habiendo llegado 
ȇ entender era grande el deseo del pueblo de que lo 
» gobernase por sí, le quería satisfacer sin tener más 
» privado, y rogaba á todos le ayudasen, diciéndole 



(i) En los últimos años del ministerio del Conde- Duque ^ fueron 
desterrados de la córtei y más ó menos perseguidos, los Duques de Osu- 
na, Fernandina, Hijar, Alba y Maqueda, los Condes de Lémos, Fuen- 
salida y Altamira, D. Fadríque de Toledo, y otros, llegando el aparta- 
miento de la nobleza al extremo, de que el dia de Navidad no hubiera en 
el banco de la Capilla Real más grande que el Conde de Santa Coloma. 
RelaHon de ce qui ¿estpassé en Espagne á la disgrace du ComU Duc d^ Oli- 
vares, — 1650, París. 



BOSQUEJO HISTÓRICO. 7 1 

»lo que sintiesen con llaneza y verdad; sólo en una 
» cosa — les dijo al terminar — os advierto no me vayáis 
» á la mano , y es en que estoy en resolución de salir á 
» campaña y ser el primero en los peligros, arriesgando 
»mi sangre y vida por el bien de mis vasallos, resuci- 
» tando en ellos su antiguo valor que está muy caido 
»con los sucesos de estos años» : peroración admira- 
blemente elegida para aquellos momentos, que re- 
vela cuan szmos eran los sentimientos del Rey, tal 
como los vemos manifestarse después en toda su cor- 
respondencia con Sor María, y cómo los comprimia 
y dirigia por senderos mezquinos el Conde-Duque. 
Libre el Monarca de su presión, respiraba y se apresu- 
raba á protestar contra lo que más habia dolido á su 
noble espíritu, las resistencias, desconfianzas, cobar- 
días y mezquindades de su anterior viaje á campaña 
empequeñecido y malogrado por el favorito. 

Ni se reducian á meras pláticas los esfuerzos del 
Rey en hacer por su parte cuanto consintieran sus fa- 
cultades y potencias en bien de su pueblo, y para go- 
bernarle por sí, con lo que se creia remediar en poco 
tiempo todos los males ; asistia á los Consejos de Esta- 
do de ordinario, acudia con gran puntualidad al des- 
pacho, todos los dias á las siete estaba ya vestido, dan- 
do audiencia, y de su mano escribia decretos y comu- 
nicaciones, tan dignos de atención, como el que creó 
la comisión de los Condes de Ofiate, Castrillo, D. Juan 
Chumacero y otros, para que examinaran y juzgaran, 
«si los tributos impuestos á los Reinos por el apretado 
» estado de las cosas, y de las invasiones en ellos de 
» nuestros enemigos, habian sido con toda justificación 
»y seguridad de conciencia» ; y la supresión de las in- 
finitas juntas permanentes creadas por el Conde-Du- 



72 BOSQUEJO HISTÓRICO. 



que, para prescindir de los Consejos y Tribunales don- 
de podia encontrar mayores resistencias. 

La opinión, por tanto tiempo comprimida, habia de 
tomar en esta mudanza vivos y naturales desahogos, y 
así en sermones, coplas y memoriales, continuaron los 
enemigos del Conde tachando su conducta, y llegan- 
do á pedir al Rey se le visitase^ á el y á los que con él 
habian servido. Algunos versos salieron también en su 
defensa, pero con la escasa fortuna peculiar á toda 
poesía ministerial, y los ánimos parecían un tanto 
aplacados cuando apareció un papel de ocho pliegos, 
titulado : Nicandro ó Antídoto contra las calumnias 
que la ignorancia y envidia han esparcido por deslu- 
cir y manchar las heroicas é inmortales acciones del 
Conde-Duque de Olivares^ después de su retiro; al 
Rey Nuestro Señor. Era el folleto una defensa de la 
conducta del Ministro, pero hecha de tal manera, 
decia Nicolás Sagredo al remitirla al Senado vene- 
ciano, «que nadie podría creer estuviese escrita con 
» conocimiento y aprobación del Conde-Duque, per- 
eque lastimaba á todo el mundo y revelaba los propó- 
» sitos más insensatos», principalmente para alardear 
con ellos antes de logrados. 

Con efecto, el papel es la inspiración fiel y perfec- 
ta de un espíritu ligero, sin juicio y sin estudios, acos- 
tumbrado á despreciar por igual á cuantos le rodea- 
ban, fatigado de contener ese desprecio, en la medida 
que necesariamente impone el ejercicio directo del 
mando , poseído de la superioridad y alteza de sus 
miras, y seguro de que tan luego como le era lícito 
con desahogo, por la intervención de ajena pluma y 
por su alejamiento del poder, poner á un lado dis- 
creción y modestia, el solo anuncio de sus propósitos 



BOSQUEJO HISTÓRICO. 73 

dejaría al mundo absorto, y la revelación de algunos 
detalles de su maquiavelismo y su industria para el 
oculto gobierno de todas las cosas, impondría á ami- 
gos y adversarios el terror, la admiración y el arre- 
pentimiento por haber permitido abandonara los des- 
tinos de la Monarquía, ministro con aquellos al- 
cances. 

Sólo así se explica la imprudencia de declaracio- 
nes tales, como la de que el poder de España era un 
cuerpo fantástico; las acusaciones á Fernando el Ca- 
tólico y á Felipe II; los ataques á la forma de gobier- 
no existente , por no ser bastante absoluta ; la revela- 
ción de los medios indirectos y ocultos puestos en 
juego para aniquilar y envilecer á los grandes en be- 
neficio de la seguridad del Rey , y para evitar las cons- 
piraciones contra su vida y su Monarquía , haciendo 
sospechosa la lealtad y adhesión de todos ; los pensa- 
mientos de suprimir toda franquicia popular en clases 
y reinos , reduciéndoles á una servidumbre uniforme, 
sin la cual, decia, el Rey no era Rey, sino vasallo de 
sus vasallos (i); y esto aderezado con acusaciones 
gravísimas y personales, aunque encubiertas, á gran- 
des de la corte que conservaban en ella elevados 
puestos, como Osuna, Lémos, Híjar é Infantado, á 
Príncipes extranjeros y al Colegio de Cardenales, en- 
tre el cual afirmaba haber repartido el Conde-Duque 
varias sumas con motivo de la elección del Papa. 



(i) Es curiosa entre todas las máximas políticas del Nicandro, la si- 
guiente, que ha pasado como evangelio en triunfo por boca de tantos 
ministros, á pesar de los repetidos mentís de la historia y de la experien- 
cia : « el pueblo, Señor, con que tenga pan en abundancia y valgan bara- 
tos los mantenimientos, se tiene por muy contento, gobiérnelo quien 
quisiere.» 



74 BOSQUEJO HISTÓRICO. 



La impresión que produjo el desdichado papel fué 
extraordinaria, y todos los escritos del tiempo la tras- 
miten al vivo. Sagredo, el embajador veneciano, dijo 
á su Gobierno «que según juicio universal, era el más 
escandaloso documento que se hubiera visto jamas.» 
Al P. Pereyra le escribía el hermano corresponsal en 
Madrid, que el Conde, no sólo no vendría, sino que lo 
mandaban más lejos , porque «se habia echado aceite 
»en los ojos con un demonio de un defensorio que le 
» habia salido de siete pliegos, en su favor»; y no exa- 
geraban en verdad , porque tan luego circuló el im- 
preso, acudieron los agraviados á Palacio, pidiendo 
al Rey reparación de la ofensa, adelantándose alguno 
á decir, que si no se hacía pronta, la tomarian por sí 
en la persona del Conde-Duque. Unióse á los quejo- 
sos, y con razón sobrada, el Nuncio, por lo que tocaba 
al Santo Padre en las relaciones referentes al Sacro 
Colegio, y fué menester, para conjurar el nublado, 
recogiera la Inquisición el papel con extremo rigor, 
que hizo sean hoy raros y estimados los ejemplares, y 
se formara causa, así sobre el Nicandro^ como sobre 
el memorial contra el Conde, que sirvió de motivo á 
la desdichada defensa, saliendo condenados en diver- 
sas y no muy cortas penas los autores, y entre ellos, 
un Domingo de Herrera, criado del Conde-Duque, 
que lo hizo imprimir, perdiendo el presbítero D. Juan 
Umena, redactor material del memorable documen- 
to, su puesto en el cuarto de D. Juan de Austria, en 
tanto que se sustanciaba su causa por lo eclesiástico. 

Pero si con esto se satisfacía, á lo que pudiera lla- 
marse hoy el delito de imprenta, la agresión política 
del retirado en Loeches contra los grandes exigia 
más personal desagravio , y siguiendo el habitual ar- 



BOSQUEJO HISTÓRICO. 75 



bitrio, nombróse una Junta del Presidente de Cas- 
tilla, el Conde de Oflate, D. Francisco Antonio de 
AlarconyD. Pedro Pacheco, para consultar sobre 
las quejas de Osuna y los demás agraviados, propo- 
niendo esos señores tras breves deliberaciones, se 
mandara al Conde-Duque alejarse de la corte, acuer- 
do que de su letra dulcificó el Rey, disponiendo , para 
hacer menos áspero el destierro , solicitara el mismo 
D. Gaspar la licencia. 

Fueron comisionados para notificarle aquella reso- 
lución D. Luis de Haro y D. Francisco Alarcon; me- 
diaron entre ellos tristes pláticas, en las que el Conde- 
Duque no acertó á contener sus lágrimas , y se convi- 
no solicitara D. Luis el permiso para que su sefior tio 
se trasladara á Toro, por ser el clima de Loeches de- 
masiado caliente para su salud ; y á Toro partió en 
los principios de Junio, lleno de achaques y de canas, 
pero afectando mucho valor en sus trabajos, y no era 
más del i6 del propio mes cuando escribian los je- 
suitas al P. Pereyra : « Ya no se habla en Madrid de 
él más que si no hubiera tal Conde en el mundo. » 

En Toro asistia el desterrado á concejo, como re- 
gidor perpetuo que era, por privilegio real, de todos 
los ayuntamientos de Castilla, y allí debieron renacer 
algunas esperanzas de mejor fortuna, que se traduje- 
ron en vivas inquietudes de sus enemigos en Madrid, 
y no ciertamente sin motivo. La Condesa de Olivares 
seguia en Palacio de camarera mayor, y acompañan- 
do constantemente á los Reyes ; la residencia del 
Marqués de Leganes, pariente del Conde-Duque, por 
su conducta en el ejército de Cataluña, paralizada y 
sin permitir el Rey llevarla al paso que querían los 
adversarios del privado ; todas las hechuras del Con- 



76 BOSQUEJO HISTÓRICO. 



de-Duque, en sus puestos; los oficios por él ocupados 
en Palacio, vacantes, y era voz general se le consul- 
taba cuanto habia de importancia, y que el Rey no 
ignoraba los propósitos y manera de vivir del dester- 
rado , pues habiendo pedido licencia el Condestable 
para ir á verle, le contestó S. M. : «Id en buen hora, 
»pero ni le veréis, ni le hablaréis»; y de labios del 
Rey no habia salido palabra que contradijese su pri- 
mera manifestación de alejarle temporalmente de los 
negocios, sin renuncia á utilizar oportunamente sus 
servicios. 

Todo esto fué despertando en el vulgo, inquietud y 
desconfianza , traducidas á las claras en los avisos de 
Pellicer, y era común el temor de que, fatigado el 
Rey por su atención y trabajo en los asuntos públicos, 
volviera, por natural reacción, á fiarlos á manos del 
Conde-Duque. Partió entonces D. Felipe á Aragón 
con menos séquito y más ligereza que en la anterior 
jornada, tan desdichadamente dispuesta por Olivares, 
y en ese viaje pasó por Agreda, visitó el lo de Julio 
de 1643 el convento, siendo en él ya abadesa Sor Ma- 
ría , y vivamente impresionado por la superioridad de 
carácter y los sanos y piadosos consejos de la Venera- 
ble Madre, le mandó le escribiese, teniendo así prin- 
cipio la correspondencia que vamos á publicar. 

En la entrevista y en las primeras cartas, recibió el 
poderío del Conde-Duque el último y definitivo gol- 
pe, desvaneciendo los consejos déla Madre las velei- 
dades de una segunda época de privanza, tanto por lo 
que directamente censurara al favorito, como por el 
aliento y confianza en Dios y en sus propias fuerzas, 
que desde el primer dia acertó á inspirar al Monarca. 
Y con efecto, de Zaragoza vinieron las órdenes para 



BOSQUEJO HISTÓRICO. 77 

que la Duquesa de Olivares saliera de Palacio , de 
donde partió el 2 de Noviembre , acompañada de la 
Marquesa de Mayrena. Esta y su marido D. Enrique 
Felipe pasaron, por orden del Rey, á residir á Ber- 
langa ; el Marqués de los Velez recibió los despachos 
para Virey de Sicilia y el Duque de Medina de las 
Torres fué nombrado plenipotenciario en la Dieta de 
Munster, con advertencia de que marchara sin répli- 
ca. Esta inesperada y definitiva catástrofe del impe- 
rio de Olivares sorprendió á Madrid, atribuyéndose, 
según Pellicer, á un memorial del reino de Aragón 
dado á S. M. ; pero tal memorial no ha parecido en 
parte alguna, y por la correspondencia se acredita 
fueron causa determinante del suceso las advertencias 
de Sor María, rastreando el instinto del vulgo sólo 
una parte de la verdad, como por lo común acontece 
en estos rumores de la fama. 

Este golpe acabó con las últimas esperanzas del des- 
terrado, que murió en Julio de 1645, cumplidos los 
cincuenta y nueve años de su edad, y no faltó quien 
dijera acortaron sus dias allegados suyos, para evitar 
la residencia que iba á hacérsele ; pero no necesitaba 
el Conde-Duque otro tósigo que aquella ambición de 
mando, mal satisfecha con la regiduría perpetua de 
Toro, y difícil de resignar á que se prohibiese á él, 
dueño por tantos años de paces y guerras en la cris- 
tiandad, poblar un monte propio de conejos, por 
quejas de los labradores convecinos, exponiendo al 
Rey los daños que por los esparcimientos del Conde 
iban á sufrir sus sementeras. 

El ilustre autor del Ensayo histórico sobre la casa 
de Austria^ califica de irreflexiva la execración á que 
han condenado los españoles la memoria de aquel va- 



78 BOSQUEJO HISTÓRICO. 



lido , y quizá el calificativo es rigorosamente exacto, 
porque muy á la ligera se han escrito la mayor parte 
de nuestras historias, y por los meros resultados del 
momento, suele juzgar el vulgo; pero en este caso 
fuerza es convenir que los estudios críticos y compa- 
rativos sobre aquel Ministro no revocarán el popular 
veredicto, confirmándose aquí una vez más la obser- 
vación, que tenemos por muy segura, de que los pue- 
blos, al juzgar á sus gobernantes, una vez calmadas 
las pasiones que despiertan las luchas del momento, 
si en algo suelen pecar es en adulación y benevolen- 
cia, siendo sospechosas muchas de las reputaciones 
que levantan, pero seguras, y á menudo deficientes 
por lo benignas, las sentencias condenatorias que pro- 
nuncian. 

Es verdad tuvo Olivares condiciones de ingenio, 
expedición , asiduidad para los asuntos públicos é in- 
tegridad, dentro de los conceptos morales de la épo- 
ca, superiores á otros privados; pero las meras cua- 
lidades personales en el gobierno, cuando no son 
eficaces para crear mecanismos sociales, políticos ó 
administrativos, sólo sirven para prestar algún pasaje- 
ro brillo á los poderes centrales y nada dejan en el 
caudal del progreso de los pueblos. Esto puede decir- 
se de Olivares, pues fué en su política exterior un in- 
sensato , lanzado á los mayores atrevimientos sin no- 
ción ni estudio de propias ni de ajenas fuerzas; y en 
su política y gobierno interior, un vulgar arbitrista, 
no llegando á abarcar su espíritu , ni á producir su in- 
genio, una sola reforma que señale un adelanto en 
nuestra organización administrativa, civil ó militar, 
fuera del papel sellado en su tiempo introducido. 

Aparte de las desdichadas y contradictorias alte- 



BOSQUEJO HISTORICX). 79 



raciones de monedas, pragmáticas sobre trajes, tari- 
fas interiores y otras mil imaginaciones que toma- 
ba de las ideas corrientes, á las que era forzoso ren- 
dir algún tributo, él ideó como mecanismo adminis- 
trativo la creación de infinitas juntas (i) sobre los 
antiguos Consejos ya existentes, con el fin de de- 
bilitar la autoridad de éstos ; él concibió el absurdo 
procedimiento de dar cada consejero sobre cada asun- 
to su voto y dictamen por escrito, cerrado y sellado, 
con lo que se formaba al rededor de la más pequeña 
cuestión un laberinto de papeles, sin otro objeto 
que permitir al Ministro hacer á mansalva su volun- 
tad, aparentando consejo ajeno ; siguió nutriendo los 
tercios por los brutales procedimientos de levas irre- 
gulares y arbitrarias ; no acertó con la división de las 
administraciones en el ejército, iniciada por Riche- 
lieu, y vigorizada por Colbert con la creación de los 
intendentes, que fué un gran progreso en la gestión 
de las guerras en el siglo xvii ; ni imaginó que nues- 
tros dominios de América pudieran ser de otra utili- 
dad nacional que el envío de los caudales de la flota ; 
y si la fortuna le asoció á victorias como la de Fuen- 
terrabía, y él proclamó con los obsequios y honores 
extraordinarios del Rey, su gloria en aquel vencimien- 
to, conseguido desde su gallinero del Buen Reti- 
ro (2), no le quitará de su cuenta la crítica, los desas- 



(i) Las diferentes juntas creadas por el Conde-Duque se llamaban de 
la Armada, de la media annata, de papel sellado, de donativos, de millo- 
nes, de la sal, de arbitrios, del almojarifazgo, de presidios, de obras y 
bosques reales y de competencias. 

(2) Fué motivo de no pocas burlas en su tiempo el gallinero suntuo* 
80 que en el Retiro construyó el Conde-Duque, y su afición al inocente 
esparcimiento de cuidar por sí las aves que allí reuniera. Según papeles 



8o BOSQUEJO HISTÓRICO. 



tres de Cataluña , algunos como el del Marqués de 
Pobar, expresamente ordenados por él con notorio 
desconocimiento del arte de la guerra, y como tremen- 
do epílogo de sus desgracias militares, la funesta rota 
de Rocroi, cuya nueva se confundió en Madrid con 
la alegría por su caida del favor real. 

Si algún dia se escribe la historia crítica definitiva 
de nuestra decadencia y vencimiento, no se incidirá 
en el anticuado error de atribuir á una sola causa, he- 
cho tan complejo, pero hasta donde estudios contem- 
poráneos, ya muy serios, permiten apreciar esos tiem- 
pos, creémosse estimará como la primera entre to- 
das, la inferioridad evidente de nuestras aptitudes pa- 
ra ejercitar la administración y el gobierno, con más 
tristes consecuencias revelada, á medida que el pro- 
greso de las nacionalidades y la complexidad de sus 
organismos han ido dando superioridad á todo lo que 
es sistema , procedimiento ó institución, sobre el me- 
ro esfuerzo individual y desordenado. Se verá enton- 
ces que con alguna exageración se ponderan ahora 
nuestra pobreza, esterilidad, emigración é intoleran- 
cia, y se fija poco la atención de críticos y estadistas 
é historiadores en la incapacidad y en las pequeñas 



de la época, «se le enfrió el amor que por el gallinero tenia desde que se 
le murió una gallina á quien llamaba D.^ Ana, pérdida para él de más 
peso que la rota del Casal. {^Manuscrito de la Biblioteca nacional de Pa- 
rts, atribuido al Conde de la Grana.) Novoaen sus Memorias publicadas 
por el Marqués de la Fuensanta del Valle y Sancho Rayón, da también 
curiosas noticias sobre la fábrica del gallinero y las burlas con que veja- 
ban por ese nombre á nuestros soldados, aun en el extranjero ; para en- 
mendar ese absurdo, dice Novoa, mudó el nombre en otro de su capri- 
cho, y le hizo esculpir en una piedra , poniéndola en un paso del Pra- 
do á la vista de la obra del Buen Retiro, y cargando pena al que le 
llamase gallinero. 



BOSQUEJO HISTÓRICO. 8 1 

pasiones que por largos espacios han sido peculiar 
atributo de nuestros gobernantes. 

Así en los momentos en que vastos territorios y 
complicados intereses de religión , raza y constitucio- 
nes políticas distintas, y de industrias y producciones 
diferentes, reclamaban, con mayor urgencia, inteli- 
gencias elevadas y comprensivas, con altas miras y 
pensamientos organizadores de largo alcance, pasa- 
mos por el mundo con el cortejo más admirable de 
artistas, capitanes, místicos, colonizadores y navegan- 
tes atrevidos, y aun de escritores políticos de indu- 
dable valer, pero sin tropezar con un sólo hombre 
de gobierno que realizara algo como las obras de 
Crownvell, Sully, Richelieu, Colbert, Louvois, y 
que acertara á fundir, como ellos lo hicieron, el an- 
tiguo vigor individual, en los nuevos moldes en que 
se preparaban las nacionalidades modernas. 

Entre mil ejemplos que pudieran citarse para con- 

Srniar esa desgracia nuestra, elegiremos uno que nos 

parece elocuente ; mientras Francia lleva á cabo la 

grande obra de su canal de Languedoc , y crea sus 

arsenales y sus industrias de encajes y tejidos, y sus 

coinpaflías de las Indias, en España, una junta nom- 

*^^^<3a para el estudio de la canalización del Tajo y el 

W^n^anáres, desaprobaba el proyecto fundándose en 

'^^ '^si Dios hubiera deseado que ambos rios fueran 

^aa^iregables, con solo un ^at lo hubiera realizado, y 

*^^^ia atentatorio á los derechos de la Providencia 

**x^3 orar lo que ella por motivos inescrustables ha- 

*^^^ querido que quedase imperfecto.» 

"^ro tesis tan hondas no pueden tener natural des- 
^^^llo en este prólogo, y una vez apuntadas, como 
conclusión al relato de la funesta privanza de Oliva- 



82 BOSQUEJO HISTÓRICO. 



res, es tiempo llevemos nuestra atención á la nueva 
influencia, que sin aparato exterior, sin artificios de 
intriga, sin otros medios que una fe profunda, un gran 
carácter, una elocuencia sencilla, y un absoluto de- 
sinterés personal, va á llenar en el espíritu endeble de 
Felipe IV gran porción de el espacio antes ocupado 
por la personalidad absorbente de Olivares, mante- 
niendo en un sentido más popular la política en la se- 
gunda época del reinado, relacionando al Monarca 
más directamente con sus vasallos, despertando en 
él á menudo el sentimiento de su propio deber y 
responsabilidad, y contribuyendo poderosamente á 
evitar sintiera tan duramente Espafia el yugo de la 
nueva privanza, porque nunca Felipe IV llegó á en- 
tregarse á su nuevo Ministro como se entregara al 
Conde-Duque ; y aunque fuera en ello mucho, la ma- 
yor mesura y modestia del sobrino, no fueron poco 
las continuas advertencias y las admirables cartas de 
Sor María, cuyo influjo en la vida del Rey analizare- 
mos en la segunda parte de este estudio. 



VIL 



La vida de la Venerable Madre Sor María, ofrece 
escaso interés dramático , para detenerse al relatarla 
en referencias muy al pormenor. Sus elevadas cone- 
xiones en la corte, lo activo de su espíritu, la dili- 
gencia de su pluma, lo extendido de su reputación en 
santidad, ciencia y virtud, eran medios que, movidos 
por una voluntad ambiciosa, hubieran trazado en la 



BOSQUEJO HISTÓRICO. 83 

historia esas hondas y visibles huellas, que se prestan 
después á narraciones detalladas y curiosas ; pero 
Sor María fué, ante todo y sobre todo, un espíritu sin- 
cero y convencido, que mantuvo en constante suje- 
ción afectos y pasiones, subordinándolos á un ideal de 
perfección, al que ajustó, con inquebrantable cons- 
tancia, vida, palabras y obras; y permaneció ajena á 
toda intriga ó personal ingerencia en sucesos políti- 
cos, á despecho de las facilidades que le brindaron 
las circunstancias, y de los intentos que para utilizar 
su influencia sobre el ánimo del Rey descubren, en 
niás de una ocasión, amigos y allegados. 

Apenas se encuentra en el personaje histórico á la 
inujer, con vida propia, con personales aspiraciones 
de secta ó de peculiar interés ó pensamiento , como 
acostumbran tener todos aquellos, que con fines di- 
versos, influyen en la dirección política de las socie- 
dades; era la pura encarnación de la doctrina cristia- 
na, aplicada al gobierno del pueblo español en el si- 
glo XVII , el órgano de una inspiración que debia pasar 
^^ X^ios al Rey, conmoviendo su alma, y dirigiendo su 
P^uma, sin poner ella otra labor propia, que su pureza 
^^ iix tención y vida, para servir como menudo instru- 
'^^^^^to á los fines eternos de Dios y su Iglesia, que de- 
Dian. ser secundados por una Monarquía sujeta á los 
P^^^^eptos del Evangelio, en sus medios y en sus fines, 
y destinada, en primer término, á defender la verdad 
c^t:<Slica, y conservarla. 

""--^ biografía de la Venerable Abadesa puede decir- 

^^ ^stá contenida toda ella en sus dos obras fundamen- 

^^le^ ; La Mística Ciudad de jDtoSy de la que van da- 

^^ ^ la prensa 49 ediciones en casi todas las lenguas, 

^ *^ Correspondencia con Felipe IV ^ de la que sólo 



84 BOSQUEJO HISTÓRICO. 



hay publicadas algunas cartas en el Epistolario de Ri- 
vadeneyra, y una versión cortísima en francés, de un 
manuscrito que se encuentra en la Biblioteca Impe- 
rial. 

La Mística Ciudad es el resumen de las doctrinas, 
particulares revelaciones, dones maravillosos, y singu- 
lares favores de una divina inspiración, que propios y 
extraños han creido descubrir en aquella sierva de 
Dios; el libro, objeto en un tiempo de empeñadas 
contiendas y contrapuestas censuras, triunfante se 
halla hoy en el mundo católico, en lo más capital de 
sus tesis teológicas, que son, el dogma de la Inmacu- 
lada, y la infalibilidad pontificia. 

Los que se han ocupado en las publicaciones, tra- 
ducciones y comentos de esa obra, desde el P. Sarna- 
niego, que primeramente la dio á luz, hasta el doctor 
Gio Cereseto, que ahora está terminando dos nuevas 
ediciones italianas en Turin, han podido y debido, con 
razón sobrada, consagrar su crítica, en toda preferen- 
cia, á la exposición de su mística y teología, conteni- 
das, así en la obra misma, como en la existencia toda 
de su autora, en sus perfecciones y dones especiales 
en vida y en muerte, que sirvieron y servirán de eter- 
na edificación para los espíritus católicos ; pero nos- 
otros, al publicar la Correspondencia con Felipe IV^ 
lo que pudiéramos llamar la segunda parte de la obra 
de Sor María en la tierra, nos proponemos un fin 
harto más limitado y modesto; sólo aspiramos á estu- 
diar la figura de la insigne escritora en sus relaciones 
con el mundo, en su significación como elemento de 
influencia política y medio de conocimiento histórico, 
y hemos de remitirnos del todo, para cuanto se refiera 
á la delicada materia de sus doctrinas y vida espiri- 



BOSQUEJO HISTÓRICO. 85 

tual, á los numerosos escritos históricos y apologéti- 
cos que se citarán en el curso de este Bosquejo. 

Sobre la propia naturaleza de nuestro trabajo, nos 
recomiendan esa conducta circunstancias y conside- 
raciones del momento, pero de orden elevadísimo, 
pues abierta y en buen camino, al decir de varones 
tan doctos como prudentes que así nos han informa- 
do, la causa de beatificación de la venerable Madre, 
en cuyo expediente, su vida moral, dones, revelacio- 
nes y especiales favores pueden ser inmediatamente 
objeto de tan altas censuras, cuanto á tales parti- 
culares se refiere, parece, como terreno acotado, del 
que los profanos, por buenas que sean sus intenciones 
y propósitos , deben apartarse , para no aparecer te- 
merarios, ya que no resultaran al cabo indiscretos. 

Por tan altos motivos consagraremos breves pági- 
nasá la personal historia de la Venerable Madre, muy 
5/ pormenor referida por el P. Samaniego en la pri- 
mera edición de La Mística Ciudad, y reproducida, 
Con cortas variaciones de forma, por cuantos han pu- 
iAcado en Espafla y en el extranjero aquella obra, 
^on si^^nando aquí sólo algunas líneas, bastantes á dar 
^d^SL cíe la naturaleza y carácter de tan extraordinaria 
^iiiex-(i). 

^^ció Sor María en la villa de Agreda, sita en el 
conü ri de los antiguos reinos de Aragón y Navarra, el 
dia. ^ de Abril de 1 602 : fueron sus padres Francisco 
CoToxiel y Catalina de Arana, ambos en la sangre hi- 
dalgos, en la virtud ilustres, en los bienes de fortuna 



f^ ^' Antón María da Vizenza. Vüa de la venerahüe serva de Dio Suor 
^^'''** <** Gcsu de Agreda^ Franeescana, Bologna, 1870. 



86 BOSQUEJO HISTÓRICO. 



regularmente acomodados , y por extremo devotos á 
la Virgen, á cuya especial y directa intervención atri- 
bulan su matrimonio. Desde los primeros años reveló 
la niña condiciones singulares de temperamento y ca- 
rácter; la soledad, el retiro, la contemplación extáti- 
ca del firmamento, era lo único en que parecia com- 
placerse ; causábanle tristeza las labores y distraccio- 
nes propias de su edad; ante las conversaciones de su 
familia y deudos, enmudecía, como si no las compren- 
diese , y á esa anormal exaltación de espíritu se unia 
una constante debilidad de cuerpo y quebrada salud, 
que la hacian pasar, aun á los ojos de los suyos du- 
rante su'niflez , por incapaz é inútil. 

Parecia ordenado todo esto para alimentar y acre- 
centar en aquella alma el fervor religioso y las aspi- 
raciones místicas que desde sus principios revelara, y 
que fueron creciendo con sus virtudes, penitencias y 
sincero despego de los bienes del mundo, ejerciendo 
influencia maravillosa y decisiva en su alrededor y en 
su propia familia, hasta el punto de que, encendido 
en divino amor todo aquel hogar, cuando Sor María 
apenas contaba diez y seis años, veia realizados sus 
deseos de abrazar el estado religioso, convertida en 
convento su propia casa, y tomaba en ella el velo, con 
su madre y su hermana, al mismo tiempo que el pa- 
dre y dos hijos varones profesaban en el convento de 
San Antonio de Nalda. 

Ya en religión Sor María, acrecentó sus penitencias 
y mortificaciones, elevándolas á verdaderos tormen- 
tos, que debilitando su cuerpo y salud, ya por sí en- 
debles, redujéronla á extrema flaqueza y demacra- 
ción; llevaba asperísimos cilicios, dormia ordinaria- 
mente dos horas , y , sobre los rigorosos ayunos de la 



BOSQUEJO HISTÓRICX). 87 

regla, se mantenía por largo tiempo en abstinencias á 
solo pan y agua ; siendo de notar que tales asperezas 
resultaban de mayor penalidad para ella, pues de las 
noticias de sus biógrafos se desprende, era la comple- 
xión de la venerable Madre por demás delicada , y su 
temperamento en extremo nervioso. Su cutis era tan 
fino, que la túnica de sayal le hacia llagas tales, que 
necesitaba ponerlas en cura; á veces, de unir las ma- 
nos para la oración, le brotaba la sangre por las jun- 
turas de las uñas, y en ocasiones tenía el cuerpo todo 
tan sensible , que á cualquier parte de él se causaba 
considerable dafio con solo el tacto. 

Á estos tiempos refiere el P. Samaniego los rap- 
tos y arrobamientos que solia sufrir la venerable reli- 
giosa, en los momentos de más fervorosa excitación de 
su espíritu , y por entonces padeció también una gra- 
ve enfermedad que la puso al borde del sepulcro , y 
motivó órdenes expresas de sus confesores para mi- 
tigar un tanto sus penitencias y vigilias. 

Cuando aun no habia cumplido los veinticinco afios, 
y á despecho de sus súplicas y resistencias, fué elegi- 
da Abadesa , obteniendo sus superiores la dispensa ne- 
cesaria de Roma, convencidos, dice Samaniego, de 
que en cortos afios de edad habia cumplido muchos 
siglos de virtud ; y los cuidados del gobierno en lo 
temporal hubieron de sujetar necesariamente su espí- 
ritu á atenciones más terrenas , obligándola á mayo- 
res comunicaciones con el mundo, y preparándola in- 
sensiblemente para sus nuevos destinos de consejera 
y amiga del desgraciado Monarca espafiol. 

Tan luego como se halló al frente de la comunidad, 
comprendió era imposible mantenerla en el estrecho 
recinto de la casa de sus padres , convertida por ar- 



88 BOSQUEJO HISTÓRICO. 



diente piedad en convento , pero sin las condiciones 
indispensables para servir á ese fin, y en el primer aflo 
de gobierno puso la primera piedra del edificio que 
hoy se alza extramuros de la villa de Agreda, consa- 
grado á la Inmaculada Concepción, emprendiendo las 
construcciones con solos cien reales que le prestó un 
devoto. 

Es bastante vulgar hoy la creencia de que en el si- 
glo XVII andaban las gentes piadosas tan abundantes 
y sobradas en España, que Uovian las limosnas y do- 
naciones sobre quien quisiera tomarlas para fundar 
iglesias y monasterios , y que eso de pasar trabajos y 
estrechez las comunidades, es cosa sólo vista en los 
revueltos y tibios tiempos que alcanzamos ; pero pue- 
de verse en la correspondencia de la diligente Aba- 
desa, que no es así ciertamente. En una colección de 
autógrafos que se conserva en el Instituto de Gijon, 
existe una carta de la venerable Madre, dirigida al 
P. Llórente Aguado, de Zaragoza, en Febrero de 
1631 , pidiéndole ayude al P. Vicario á hallar mil du- 
cados prestados « para terminar la nueva casa que es- 
»tán haciendo en Agreda», y en 1633, pocos meses 
antes de la traslación, aun escribe al mismo con ma- 
yor apuro, diciéndole «que la comunidad carece de 
»todo recurso, y que ayude á un hermano religioso 
»que va á hacer diligencias para encontrar quinientos 
educados en préstamo con escritura» (i). 



(i) Debemos el conocimiento de esos 7 otros autógrafos de la yene- 
rabie Madre, ala diligencia y estudios del erudito D. José Somoza : por 
¿1 supimos se hallaban esas cartas en un tomo de manuscritos que per- 
teneció al señor Marqués de Grimaldos, que existe en la Biblioteca del 
Instituto de Gijon, formada por el insigne Joyellános, 



BOSQUEJO HISTÓRICO. 89 



La energía y constancia de la venerable Abadesa 
fueron venciendo esas y otras dificultades, y en lo de 
Junio de 1633, siete años después de comenzada la 
obra, pudo trasladar la comunidad al nuevo convento, 
en el que hoy se conserva el sagrado Instituto. 

Durante estos afios y los siguientes hasta el de 
1643, ocupóse también Sor María en escribir diferen- 
tes tratados místicos, con los nombres de Escala es- 
piritual ^ Leyes de esposa , Conceptos y suspiros del 
corazón para alcanzar el último y verdadero fin del 
agrado del Esposo y Señor ^ Meditaciones de la Pa- 
sión de Nuestro Señor y Ejercicios cuotidianos y doc- 
trina para hacerlas obras con mayor perfección^ Una 
letanía á la Virgen^ y la que con propiedad pudiera 
llamarse primera edición de La Mística Ciudad de 
Dios y con el nombre de Introducción á la historia de 
la Santísima Virgen^ obra que quemó más tarde por 
obediencia á uno de sus confesores , y volvió á escri- 
bir de nuevo en 1655, tal como la dio á la estampa el 
P. Samaniego en 1670, ya con el título simbólico con 
que hoy es conocida (i). 

Á pesar del recogimiento y modestia que acompa- 
ñaban á Sor María en todas sus acciones, creció y fué 
extendiéndose en ese tiempo la fama de sus virtudes 
y extraordinarias facultades. La traslación de la co- 
munidad al nuevo edificio fué ya un suceso con mu- 



(i) A más de estas obras publicadas y de las que da noticia D. Nicolás 
Antonio en su Bihliotheca Hispana Nova, dejó entre sus papeles la Vene- 
rable Madre varios escritos místicos con los nombres de Saóaíinas, un 
Tratado sobre la caida de los ángeles ^ uno intulado Petición á Dios^ otro 
Jardin espiritual para recreo del alma^ y otro no concluido que se titub 
El principio de mi vida. 



90 BOSQUEJO HISTÓRICO. 



che eco en el reino de Aragón, concurriendo el obis- 
po de Tarazona, con gran parte de su clero catedral 
y de las parroquias convecinas, y con ocasión de las 
necesidades del convento, mantuvo correspondencia 
la humilde Abadesa con el virey don Fernando de 
Borja y otros elevados personajes de Zaragoza y de 
la corte, y cuando Felipe IV acudió por segunda vez 
á Aragón, con motivo de los crecientes aprietos 
de las cosas en Cataluña, se detuvo expresamente 
en Agreda para visitar á la Venerable Madre, el lo 
de Julio de 1643. 

En la primera parte de este bosquejo hemos traza- 
do á grandes rasgos lo que habia sido el reinado du- 
rante el imperio de Olivares, y ello da idea de cuál 
era la disposición de espíritu del Rey al pasar en 1643 
por Agreda, como lo dice en sus cartas, « sin medios 
^humanos, fiado sólo en los divinos, resuelto á cum- 
»plir su oficio de Rey sin excusar fatigas» ; pero sin- 
tiéndose muy débil para sostener la desquiciada he- 
rencia de sus mayores, y coincidiendo las mayores 
angustias y amenazas para la Monarquía , con el es- 
fuerzo, en que consumiera el corto caudal de su ener- 
gía, para apartar de su lado al Conde-Duque. 

Con efecto , eran aquellos dias del reinado los que 
descubrían horizontes más pavorosos do quiera se tor- 
naran los ojos. Pujante la insurrección en Portugal , y 
abandonado por el momento aun el propósito de com- 
batirla, amenazados Aragón y Navarra de prenderse 
en el incendio, que vigorosamente sostenía el francés 
en Cataluña , sitiado y en gravísimo trance Oran , des- 
hechos nuestros tercios en Rocroi , despertaba el Rey, 
por decirlo así , en medio de tan multiplicados y tre- 
mendos conflictos, teniendo que encargarse del go- 



BOSQUEJO HISTÓRIBO. 9 1 



bierno, ejercido hasta entonces por un hombre insen- 
sato é ignorante de la política y de las fuerzas euro- 
peas con las que luchaba, incapaz para organizar na- 
da, ni para crear mecanismos que pudiesen funcionar 
por sí, pero enérgico, activo, aplicado veinte afios á 
concentrar en sus manos y bajo su personal dirección 
todas las fuerzas del reino , y atendiendo á las necesi- 
dades de cada dia, con arbitrios del momento ; y así 
fué , que pasadas las livianas impresiones de popular 
alegría producidas por la caida del privado, sintié- 
ronse más al vivo las estrecheces para atender á tan- 
tas necesidades y servicios como requerian las rebe- 
liones y guerras por todas partes movidas contra nos- 
otros. 

En medio de tales angustias y desamparos, encon- 
tró el Rey en la conversación y consejos de Sor Ma- 
ría, tan nuevo y extraordinario consuelo para sus tri- 
bulaciones, que le ordenó, según ella misma nos re- 
fiere, le escribiera con el mayor sigilo, y mantuvo 
esta correspondencia con maravillosa constancia por 
espacio de veintidós años, hasta la muerte de la Ve- 
nerable Abadesa, á la que sobrevivió el Rey tan sólo 
cuatro meses (i). 

Con alguna diligencia propia, no poco auxilio de 
ilustrados amigos, especial protección de la fortuna 
en inesperados hallazgos de papeles perdidos, y la ge- 
nerosa confianza con que la comunidad de Agreda 
nos ha abierto sus preciosos archivos, hemos logrado 
reconstituir la colección, casi íntegra de ese epistola- 



(i) Murió Sor Maria en 29 de Marzo de 1665, y el Rey el 16 de Se- 
tiembre. 



92 BOSQUEJO HISTÓRICO. 



rio, en el que se dibuja la figura moral, política y lite- 
raria de Felipe IV, con una minuciosidad y exactitud 
tales, que no vacilamos en afirmar constituyen esos 
documentos la biografía definitiva y completa del Mo- 
narca, su retrato moral, trasladado con una verdad y 
relieve á los que no habría alcanzado jamas el más 
discreto, mejor informado y más imparcial de todos 
los cronistas. 

Pero á ese interés históríco de la publicación se 
agrega otro, á nuestro entender, no menor en valía; 
ofrecer al estudio y común conocimiento una figura 
de las más hermosas que registrará la historia en las 
galerías de consejeros y amigos de los Príncipes, no 
muy sobradas en modelos de belleza moral. 

Ya dejamos dicho más arriba las graves considera- 
ciones por las que apartamos cuidadosamente nues- 
tra investigación y crítica de cuanto se relaciona con 
las doctrinas teológicas, vida religiosa y particulares 
favores de la Venerable Madre , pero en papeles del 
tiempo, en correspondencias íntimas y secretas, pa- 
cientemente descifradas, en expedientes y procesos, 
hemos seguido y apurado hasta los ápices sus propó- 
sitos é influencias, y la veremos revelarse siempre, en 
cuanto hizo y en cuanto dejó de hacer, como un alma 
enamorada del bien y del deber, sin torcerse jamas 
en la elección de los medios con el usual achaque de 
la grandeza de los fines, ansiosa de consagrarse, con la 
más perfecta abnegación de sí misma, á cuanto pudie- 
ra redundar en la mayor gloria de Dios y la más cum- 
plida prosperidad y justicia para estos Reinos. 

Desde 1643 en adelante, puede seguirse la vida de 
Felipe IV al hilo de sus cartas, viéndosele tomar 
aliento con los alivios de algunas pasajeras prosperi- 



BOSQUEJO HISTÓRICO. 93 



dades y decaer en los últimos años, agobiado por sus 
aflicciones y desgracias en su hogar y en su reino, y 
luchar constantemente á la Venerable Abadesa por 
levantar su espíritu, regenerar su vida, darle fe en sus 
deberes de hombre y de Rey, y alientos para cum- 
plirlos. 

Avalora en mucho esa correspondencia, como fuen- 
te de conocimientos seguros y revelaciones fidedig- 
nas, el secreto á que Felipe IV la juzgaba destinada: 
escribía para ello á la Venerable Madre, á media mar- 
gen, ordenándole en la primera carta « le contestase 
en el propio papel y no pasara esto de ella á nadie » ; 
y en tal confianza, muéstrase el Monarca sin aquellos 
afeites del sentimiento y el estilo, rara vez omitidos 
en memorias íntimas, autobiografías y epistolarios 
destinados á mayor ó menor publicidad, donde es di- 
fícil deje el escritor de poner algo de su parte, para 
aparecer discreto y bien nacido, minuciosamente in- 
formado ó sigularmente previsor, perdiendo algo en 
ello la espontaneidad de afectos é impresiones, cuan- 
do no la veracidad y exactitud. 

Las primeras cartas revelan cuáles debieron ser los 
principales asuntos tratados en la regia visita al con- 
vento, en orden á las atenciones mundanas ; el des- 
tierro reciente de Olivares, y la necesidad y deber en 
el Rey de atender por sí al gobierno , sin privados ni 
favoritos 

Sor María representaba en ese, como en todos los 
temas políticos del tiempo, la voz del pueblo, y no 
debió andar ajena á los recelos despiertos en la corte 
por aquel entonces, sobre inclinaciones del Monarca 
á llamar nuevamente á sus consejos al desterrado en 
Loeches; pero el Rey franquea el camino á los ad- 



94 BOSQUEJO HISTÓRICX). 



vertimientos de la madre, con estas sentidas frases 
de su primera carta. «Desde el dia que estuve con 
»vos quedé muy alentado, y el afecto con que os 
» reconocí á lo que me tocaba, me dio gran con- 
afianza. Yo, como os dije, salí de Madrid sin me- 
»dios humanos, fiado sólo en los divinos, y nuestro 
» Señor ha empezado á obrar en mí, trayendo la flota 
»y socorriendo á Oran, cuando menos lo esperába- 
»mos....Yo ardo en deseo de acertar» le dice más ade- 
lante, «y no sé en qué yerro; Dios sabe que deseo 
» desenojarle y cumplir con mi obligación en todo, y 
»si por algún camino llegáis á entender cuál sea su 
» santa voluntad que yo haga, que me lo escribáis aquí. 
» Algunos religiosos me dan á entender que tienen re- 
» velaciones, y que castigue á éstos ó á aquéllos, y que 
»eche de mi servicio á algunos. Bien sabéis vos que 
» en esto de revelaciones es menester gran cuidado, y 
»más cuando hablan estos religiosos contra algunos 
» que verdaderamente no son malos, y aprueban otros 
»que no tienen buena opinión; espero que me cum- 
»pliréis la palabra que disteis, y me hablaréis con to- 
»da claridad como á confesor, pues los Reyes tene- 
» mos muchos de ellos ; no rigiéndoos por las voces 
»del mundo, que éstas no suelen ser muy verdaderas 
> por los fines de los que las mueven, sino por la inspi- 
» ración de Dios, ante quien protesto (y acabo de re- 
»cibirle), que en todo y por todo deseo cumplir con 
»la obligación en que me ha puesto de Rey» (i). 

De más sentido práctico la Venerable Madre , no 
obstante su clausura y espiritual apartamiento de ne- 



(i) Carta del 4 de Octubre de 1643. 



BOSQUEJO HISTÓRICO. 95 



gocios humanos, inclina el ánimo del Rey en la res- 
puesta, á no desoir los avisos de la opinión, en térmi- 
nos tan severos, que aun tratándose de monarquías 
parlamentarías, se tacharían por algunos de irrespe- 
tuosos y excesivos. A vuelta de extensas y piadosas 
reflexiones y alivios espirituales llenos de profundi- 
dad y elocuencia, dice, refiriéndose á los que le ha- 
blan de mudanzas en su servicio. «Esas personas que 
» hablaron á V. M. pudieron tener otro motivo fun- 
»dado en el común sentir del mundo, que abomina 
»del gobierno pasado, pareciéndole que estas desdi- 
» chas y calamidades se oríginan de él, entendiendo 
»que gobierna quien gobernó antes, pues los que es- 
lían á la vista de V. M. han de favorecer al que los 
» puso en ella, y también la carne y sangre hacen su 
> oficio, y no fuera desacertado dar una prudente sa- 
i^ttsf acción al mundo que la pide y porque V. M. ne- 
T^cesita de éh (i). 

Trasparente alusión eran esos párrafos á la Duque- 
sa de Olivares, que seguia de Camarera mayor, al 
Duque de Medina de las Torres, al Marqués de Mai- 
rena D. Enrique Felipe , y á otros varios paríentes y 
allegados del Conde-Duque, aun en la corte, ocupan- 
do los principales cargos, y debieron impresionar vi- 
vamente al Rey, que contestó á i6 de Octubre : 

«En lo que toca á apartarme del camino y modo 
»del gobierno pasado, estoy resuelto, y espero que 
» luego llegarán á vuestra noticia, y de todos, nuevas 
»que acrediten mi verdad y aseguren al mundo que 
»lo pasado se acabó, porque aunque en realidad de 



(i) Carta del 13 de Octubre de 1643. 



q6 bosquejo histórico. 



» verdad esto es cierto, hay quien lo dude, y así he re- 
» suelto que los efectos les muestren mi verdad ; yo 
»os pido que si vos entendéis con más individualidad 
»cual es la voluntad de Dios que yo execute, me lo 
» advirtáis, porque sólo deseo ejecutarla en todo, y 
»de muy buena gana le ofrecería mi vida, si con per- 
» derla consiguiera la restauración de mi reino.» 

Y con efecto, inclinado el Rey por los consejos de 
la Madre á satisfacer á las dudas y recelos de la opi- 
nión , dictó las órdenes sobre separación de la servi- 
dumbre, que mencionamos más arriba. 

Grande era la confianza que puso Felipe IV en 
las oraciones y espiritual intercesión de la Superiora 
para lograr la protección divina, no obstante las cul- 
pas á que la rebeldía de apetitos y fragilidad de arre- 
pentimientos le sujetaban de continuo, pero en ver- 
dad, no la desmintieron en aquellos dias los sucesos, 
pues se llegó á tiempo en el socorro de Oran , arribó 
sin tropiezo la ansiada flota á refrescar las arcas exhaus- 
tas del erario, y contúvose al francés en Cataluña con 
la toma del Castillo de Monzón , que no se esperaba 
lograr sino por especial milagro del Seflor ; y así el 
Rey, al regresar del ejército, describe con sencilla elo- 
cuencia su agradecimiento á Dios y á la Venerable 
Madre por los beneficios de su intercesión, su gozo 
en ver á la Reina y á sus hijos, y emprende luego, 
tras corto descanso, nuevas campañas, volviendo á 
Aragón bajo auspicios no tan tristes como los que 
afligian su ánimo en su primera visita al convento. 

Durante este tiempo, Sor María se esfuerza en 
mantener viva en el Monarca la noción de los debe- 
res y diligencias propios de su cargo , con un sentido 
práctico, superior á cuanto se pudiera imaginar, con- 



BOSQUEJO HISTÓRICO. 97 



siderando venían aquellos consejos de una mujer, en- 
tregada desde su niñez á lecturas y ejercicios pura- 
mente místicos y devotos. 

El Rey á cada instante desfallece, mira vecina la úl- 
tima ruina de estos reinos , excusa su inacción con la 
falta de sujetos útiles para la paz y la guerra, se irrita 
ante los obstáculos con que le embarazan «para alle- 
»gar gentes y recursos, leyes y fueros» , se duele de 
que casi todos los diputados «se querían vender para 
»el remate de las Cortes, esperando unos este benefi- 
»cio, y otros aquél, y sin hacer más caso de la insur- 
erección, que si el enemigo estuviera en Filipinas» (i), 
y muéstrase inclinado siempre á disculpar la pereza 
en el querer y en el ejecutar, con la fe en la protec- 
ción del Señor y la resignación pasiva á sus inescru- 
tables designios. 

La venerable Madre, por el contrario, sin abando- 
nar jamas el sentido religioso que para ella tienen to- 
dos los actos de la vida individual y social, en consi- 
deraLcioxí al fin último, que es la salvación de las al- 
'^as, advierte al Rey quiere Dios obren las causas se- 
ízixidas, y se unan á las oraciones, las diligencias hu- 
^^^^ixss en prevenir las armas; «bueno es — dice — ocu- 
*P^x-se de los pecados públicos, pero no lo es menos 
^^'•^í^car con empeño y sin respetos humanos mejores 
*'^^^i:Eiistros, hacer justicia, castigar las faltas, premiar 
*'*^^ ^ servicios , confiar en que esta navecilla de Espa- 
*^^^ :mo ha de naufragar jamas, masque llegue el agua 
*^ ^^^ garganta, cumplir con su oficio de Rey, pagan- 



^ ^ ^ Carta del 21 de Julio de 1646. 



98 BOSQUEJO HISTÓRICO. 



»do de su persona ante el ejército , sin lo cual no po- 
»drá salvar su alma, aun cuando fuera muy piadoso y 
» creyente». 

Repetidamente le insta á cuidar la recaudación de 
los impuestos, para evitar que por cobrar dos, se gas- 
ten cuatro, y con maravillosa discreción, que asombra 
en una mujer encerrada en un claustro desde su ni- 
fiez, y que parece fruto de una larga experiencia de 
mundo y vida pública, le desimpresiona de sus pre- 
venciones exageradas sobre las consecuencias políti- 
cas de la venalidad de los diputados á Cortes , y de la 
resistencia que halla en los fueros y en los Consejos, 
diciéndole « no son los tiempos de rebelión y guerra 
» para apurar esas perfecciones ; que acaricie á los de 

» Aragón, porque su fidelidad le importa mucho ; 

»que contemporice con ellos, para evitar mayores pe- 
»ligros y daños, condescendiendo en cuanto sea fac- 
» tibie, pues cuando los tiempos se muden, será hora 
»de moderar y ponerlos en más razón ; y no dé dema- 
» siada importancia á las mercedes que haya de con- 
» cederles, á trueque de que le ayuden á concluir la 
» guerra de Cataluña ; que no es hora de alterar los 
» consejos, sino de conducirse con fortaleza, pero con 
» suavidad, procurando que los inferiores no obren 

> como la cabeza » ; insistiendo una y otra vez en que 

no toque los fueros de Aragón, ni quiebre su amistad 
con los diputados, si bien procurando tener poco 
tiempo reunidas las Cortes, para descargar á las 
Universidades y síndicos, de los gastos que eso les 
imponia (i). 



(i) Varias cartas del afio de 1646. 



BOSQUEJO HISTÓRICO. 99 



Pero donde más se puede admirar el criterio de la 
Religiosa es , cuando el Rey plantea la cuestión más 
grave que hubo por entonces pendiente entre Aragón 
y Castilla; la jurisdicción del Tribunal de la Fe. 

«Toda la dificultad de los Aragoneses — decía el 
» Rey — está en el punto tocante á la Inquisición, pues 
» ellos quieren dominarla mucho en su jurisdicción 
» (salvo en las cosas de la fe), y yo no he de poder 
» venir en ello, aunque aventurase á perder toda mi 
» Monarquía, porque si bien es verdad que en el nom- 
»bre no se perjudica á la principal institución de ese 
» Santo Tribunal, en el hecho vendrá á decaer mu- 
»cho su poder, en lo cual yo nunca podré venir, y 
»fio en Dios nuestro Sefior mirará por esta Monar- 
»quía, pues por ella estoy resuelto á perder una y mil 
» vidas que tuviera» (i). 

Eran tales declaraciones regias para esperar una 
contestación de la Venerable Madre , abundando en 
los sentimientos ardorosos que excitaban á Felipe IV 
á ofrecer á Dios su celo de Rey en compensación de 
sus debilidades de pecador, y lejos de eso, firme en 
su convicción razonada y serena de atender á las ne- 
cesidades de Cataluña, sacrificándolo todo, por el mo- 
mento, á la idea capital de no ayudar la propagación 
del incendio, insiste en que transija y ceda en Zara- 
goza, y le aconseja «aplace á toda costa el negocio de 
»la Inquisición, por ser de mucho peso y preciso re- 
» solverle con tiempo y tomando medios y arbitrios 
»para ajustarse á todos» (2) ; y transigió el Rey, y so- 



(i) Carta del 5 de Agosto de 1646. 
(2) Carta del 7 de Agosto de 1646. 



100 BOSQUEJO HISTÓRICO. 

portó con paciencia las peticiones y granjerias de los 
diputados y las formalidades del fuero, y aplazó las 
resoluciones sobre la Inquisición, y obtuvo asilos au- 
xilios con los que se rescató á Lérida, desvaneciéndo- 
se los fundados temores de rebeliones en Aragón, 
quedando entonces trazada sólidamente la primera 
línea de operaciones para dominar la insurrección de 
Cataluña. 

Cuando se compara ese juicio ó instinto maravillo- 
so de una mujer, encerrada desde su infancia en un 
claustro, consagrada á la lectura y meditación de 
obras piadosas, con el vacilante é impresionable cri- 
terio del Monarca, y la arrogancia y locura de Oliva- 
res en las Cortes de Barcelona y en los primeros dis- 
turbios de Portugal, no puede menos de sentirse gran- 
de admiración por Sor María, y regocijo patriótico de 
que sus consejos evitaran, en tan delicadas circunstan- 
cias, un rompimiento con los aragoneses. 

Ni se crea rendimos culto á propia afición hacia el 
personaje, atribuyendo á sus influencias lo que fuera 
debido á otras causas de mayor monta, pues aparte 
de la increible constancia en escribir, prueba ciertísi- 
ma del excepcional afecto y estima que el Rey le tri- 
butaba, las ponderaciones, una y otra vez repetidas, de 
los consuelos y alientos que halla en las cartas, las 
numerosas veces que lee muchas de ellas, el interés 
que pone en avisar á la Venerable Madre los sucesos 
prósperos, como al ministro más allegado, todo está 
revelando que ninguna palabra pesó tanto en los pro- 
pósitos y resoluciones de Felipe IV, después de la 
caida de Olivares, como la de Sor María de Agreda, 
entendiendo el Rey, como le decia al contestar su 
discreta carta sobre la Inquisición, «que sus consejos 



BOSQUEJO HISTÓRICO. lOI 

»eran dignos de estar escritos en la memoria de los 
^hombres», llegando su fe ó su interés hasta remitir 
á la religiosa copias, asi de las instrucciones y planes 
militares enviados á D. Felipe de Silva y al Marqués 
de Leganes para las campañas de 1645 Y 1646, como 
de las cartas á Su Santidad instando la declaración 
dogmática de la Inmaculada, y de ajustarse á sus ad- 
vertencias, hasta para las prevenciones de la guerra, 
diciéndole sencillamente, en carta de 22 de Junio de 
1645, al contestar á avisos de la Superiora para que 
se aprovisionara Balaguer : «luego que recibí vuestra 
» última carta hice la diligencia que me decís, y di 
» órdenes apretadas para que se fuesen poniendo allí 
»bastimentos y lo demás necesario»; por donde se 
ve que en la guarda afortunada de aquel puesto tu- 
vo decisiva parte , desde el retiro de su convento, la 
Madre. 

En el secreto de esa correspondencia quedó tam- 
bién la explicación de la política de tolerancia segui- 
da entonces en Zaragoza, el abandono de los propósi- 
tos de la corte de Castilla de extender la jurisdicción 
del Tribunal de la Fe con todas sus facultades á aque- 
llos reinos, y hoy, al descubrirla, fuerza es reconoz- 
camos que tan felices inspiraciones, dado el aprieto 
de las cosas en Cataluña y las vacilaciones de los es- 
píritus en Aragón , salvaron nuestra unidad nacional 
de una total ruina. 

La presencia del Rey en el ejército fué también 
parte al aliento y vigor con que se llevaron las ope- 
raciones de guerra en el Principado, y si bien no he- 
mos descubierto indicios de que personalmente se ex- 
pusiera de cerca al fuego enemigo , como ha afirma- 
do algún historiador de tiempos muy vecinos, es lo 



102 BOSQUEJO HISTÓRICO. 



cierto no excusó trabajos ni fatigas, visitando con 
frecuencia el campamento de las tropas sitiadoras de 
Lérida, desde Fraga, donde fijó su residencia, y asi, 
cuando el mariscal La Mothe, repuesto de la rota que 
le hizo sufrir D. Felipe de Silva, y con refuerzos reci- 
bidos de Francia y Barcelona, reconoció las líneas 
castellanas , las encontró en tan buen estado , que no 
osó atacarlas , y acudió á sitiar Tarragona dando lu- 
gar á que capitulara Lérida y entrase en ella Feli- 
pe IV, pasando el Segre con el príncipe Baltasar, y 
amenazando al ejército de La Mothe, que hubo de 
levantar el cerco de Tarragona y abandonar á las tro- 
pas del Rey católico las importantes poblaciones de 
Balaguer, Agramunt y Ager, ventajas en gran parte 
perdidas en la campaña siguiente , en la que sucumbió 
también Rosas, por cuyo pronto socorro clamó en 
vano en numerosas cartas Sor María , comprendien- 
do sin duda toda la importancia de aquel puerto, úni- 
co que se conservaba por nuestras armas entre el Ro- 
sellon y Barcelona. 

En términos misteriosos pide el Rey por ese tiem- 
po á Sor María inste á Dios en sus oraciones proteja 
un negocio grande que tiene entre manos, sin decla- 
rarse más por importar en extremo, sin duda alguna, 
el secreto ; mas por coincidencia de fechas se viene en 
conocimiento de que habian llegado hasta el Rey las 
esperanzas de recobrar Barcelona, fundadas en la 
conspiración, que con tanto arrojo como paciencia, 
venía preparando desde 1644 la Baronesa de Alby, 
personaje singular, apenas mencionado en nuestras 
historias, y que es acreedor á alguna ligera digre- 
sión, como ejemplar curioso y poco conocido entre 
nosotros, de esas duquesas de Luis XIII, la Regen- 



BOSQUEJO HISTÓRICO. I03 

cia y la Fronda, que dieron tan especial fisonomía á 
la Francia del siglo xvii, mezclando de tal suerte la 
galantería y la política , que no se acierta á desenre- 
dar bien en sus intrigas cuál de aquellas dos pasio- 
nes era para ellas el fin, y cuál el medio. 

En Cataluña no anduvieron los franceses más polí- 
ticos y comedidos que en su tiempo Olivares y sus he- 
churas, y fué labrando el disgusto en los ánimos , pre- 
parándose los elementos en que se crian y florecen 
las conspiraciones. Era una de las personas más heri- 
das por la altanería y ligereza de los caudillos y cor- 
tesanos del Cristianísimo, la Baronesa de Alby, ca- 
sada con un magnate barcelonés , afiliado al partido 
de Francia; mujer, según papeles del tiempo, de ex- 
trema hermosura , ingenio vivo , valor temerario, co- 
razón duro, carácter independiente y despreocupado, 
y que soportaba con tanta impaciencia el lazo con- 
yugal como la dominación extranjera. Después de 
la gloriosa campaña de Lérida , los catalanes afectos 
á Castilla cobraron ánimos, y la Baronesa juzgó opor- 
tuno el momento para poner en obra su propósito de 
entregar Barcelona á las armas de Felipe IV. 

Utilizó para ello en primer término á un importante 
jefe catalán, llamado D. Onofre Aquíles, poseído de 
una pasión por la Baronesa tanto más intensa, cuanto 
hasta entonces más desgraciada, al que atrajo y puso 
á su servicio con poco esfuerzo. Por iguales artes do- 
minó á un primo del Virey, llamado Chabot, sin reve- 
larle el complot, pero descubriendo por él todos los 
secretos y noticias del ejército y gobierno de la plaza. 
Comprometieron en la conjura al Bayle de Mataró y á 
algunos eclesiásticos de influencia en el pueblo, y se 
puso la Baronesa en relación con la corte de Madrid 



I04 BOSQUEJO HISTÓRICO. 



y con el Duque de Toralto, gobernador por Castilla 
en Tarragona, llegando á fijarse, después de muchos 
aplazamientos, la sublevación en Barcelona para el 8 
de Setiembre, en cuyo dia hablan de ser sorprendidos 
y asesinados los principales jefes, entre ellos el pro- 
pio marido de la conspiradora, acudiendo la escuadra 
castellana al puerto para apoyar el movimiento , y el 
Duque de Toralto para recoger desde luego el fruto 
de la sorpresa ; pero la armada , falta de vituallas , no 
llegó á tiempo, y los conspiradores , con tan grande 
quiebra en sus planes, no se lanzaron al riesgo, á pe- 
sar de los esfuerzos desesperados de la Baronesa, que 
quería acudir á los mayores extremos de arrojo y 
crueldad, y ejecutar las sorpresas y muertes tratadas 
en la ciudad, fiando el resto á los azares de la fortuna 
y al prestigio de la audacia ; mas no logró mover á tal 
temeridad á sus parciales, y de nuevo suspendióse 
todo , aguardando más oportuna ocasión. 

Tan adelantados trabajos tocaron ya en demasiadas 
gentes para que el secreto se mantuviera con el ne- 
cesario rigor, y cuando Harcourt volvió á Barcelona, 
recobrado Balaguer, descubrió lo bastante de la tra- 
ma para cortar los principales hilos, ahorcando al 
Bayle de Mataró y prendiendo á D. Onofre Aquilas, á 
quien la Baronesa tenía oculto en el convento del 
Carmen. Sujetáronle á tormento para que revelara 
todas las ramificaciones de la conspiración , y nada se 
obtuvo de él ; pero condenado á muerte , cuando hizo 
su confesión general, y rotos los lazos del mundo, dejó 
de pesar sobre él la pasión que le habia llevado á la 
conjura, el sentimiento religioso pudo más en su vo- 
luntad que todos los crueles sufrimientos del potro; 
no creyó que satisfacía su culpa sin una pública revé- 



BOSQUEJO HISTÓRICO. I05 

lacion de toda la trama, y antes de morir la refirió ín- 
tegra. La Baronesa, que seguia en Barcelona por no 
abandonar en el peligro á sus amigos , fué reducida 
entonces á prisión, pero sus altas conexiones de fami- 
lia apartaron de su cabeza el golpe que habia herido 
á sus cómplices, y limitóse el castigo á un sencillo 
destierro á Tarragona. 

Aunque fracasado el movimiento, comprendió Har- 
court importaba asegurar los ánimos con el prestigio 
de algunas ventajas militares, y emprendió la campa- 
ña para recobrar á Lérida, á cuya pérdida se atribuian 
las esperanzas del partido español en Cataluña ; pero 
no logró su empeño, merced muy principalmente, se- 
gún lo reconocen los mismos historiadores france- 
ses (i), á la actividad que desplegó Felipe IV desde 
Zaragoza, y á los auxilios que su buena política, tan 
aconsejada por Sor María, consiguió de aquel reino. 

Gobernaba la plaza D. Gregorio de Britto , y la de- 
fendió con admirable energía, dando tiempo al socor- 
ro que trajo el Marqués de Leganes, quien en este 
suceso se condujo con notable pericia, desbaratando 
las líneas de Harcourt, obligándole á retirarse en des- 
orden á Balaguer, abandonando artillería y bagajes á 
nuestras armas. 

Pero no hubo de gozar el Rey con alegría estas vic- 
torias, pues sufrió en esos años hondos pesares do- 
mésticos, cuya impresión traduce con elocuencia 
verdadera y sentida en las expansiones de su secreta 
correspondencia. Á la toma de Lérida siguió de cer- 
ca la muerte de la reina D.* Isabel de Francia, tan 



(i) Monglat. Memoins, — Douzünu campagm. 



I06 BOSQUEJO HISTÓRICO. 

querida del pueblo, tan bien inclinada y discreta, su 
animosa consejera y auxiliar en el pasado empeño 
de alejar á Olivares; y ahora, con el glorioso alza- 
miento del cerco en la misma plaza, coincidia la pér- 
dida del príncipe Baltasar á los diez y ocho años de 
su edad, ofreciéndose lisonjeras esperanzas en su per- 
sona, cuando lo habia traido su padre á Aragón y Va- 
lencia para que lo juraran las Cortes y fuera adoctri- 
nándose en los oficios de Rey, y con orgullo lo habia 
presentado al ejército, y Uevádole á visitar á Sor Ma- 
ría. Una violenta calentura lo arrebató en pocos dias, 
y por entonces se dijo, determinaron la enfermedad 
excesos á que le habian arrastrado complacientes cor- 
tesanos, entre ellos D. Pedro de Aragón, jefe de las 
guardias españolas, y cuñado de D. Luis de Haro, y 
que no obstante tan elevado parentesco, sufrió des- 
tierro de la corte con tal motivo. 

Las cartas en que desahoga su pena pidiendo el au- 
xilio de sus consuelos y oraciones á Sor María, son 
verdaderos modelos de sentimiento y estilo : 

«Ayer recibí vuestra carta — le dice á Sor María — 
»pero os confieso no me hallo para responderos sho- 
»ra á ella, pues me tiene nuestro Señor en estado que 
»hago mucho en estar vivo; desde ayer acá tengo á 
»mi hijo muy apretado de una calentura, y hoy está 
» delirando todo el dia. La primera diligencia que he 
»hecho ha sido resignarme á la voluntad de Dios, y 
» pedirle, que si en ella cabe el dar salud á mi hijo, se 
» duela de mí. Bien veo. Sor María, que yo merezco 
agraves castigos, y que todos los que me pudieran ve- 
»nir en esta vida serán cortos para satisfacer mis pe- 
ncados, y á la intercesión de su Santísima Madre y á 
»vos os encargo me ayudéis en esta ocasión de to- 



BOSQUEJO HISTÓRICO. IO7 



»das veras , y sí acaso la divina justicia ha dado ya la 
» sentencia, os pido que en este trance ayudéis á mi 
»hijo para que acierte lo que tanto le importa, y á 
» á mí, para que tenga fuerzas con que llevar este gol- 
»pe» (i). 

Y después de espirar el desgraciado Príncipe, es- 
cribia : 

«Pues no movieron el ánimo de Nuestro Seftor las 

♦ peticiones que se le hicieron por la salud de mi hijo, 
»no le debió convenir á él ni á nosotros; anoche, en- 
»tre ocho y nueve , espiró, rendido en cuatro dias de 
»la más violenta enfermedad que dicen los médicos 
»han visto nunca : yo quedo en el estado que podéis 
♦juzgar, pues he perdido un solo hijo que tenía, y tal 
♦como vos le visteis, que me alentaba mucho en me- 

♦ dio de todos mis cuidados. Todo lo que he podido 

♦ he hecho para ofrecer á Dios este golpe, que os 

♦ confieso, me tiene traspasado el corazón , y en esta- 
♦do, que no sé si es sueño ó verdad lo que pasa por 

♦ mi ; quiera su Divina Majestad darme su gracia para 
♦aprovechar tan conocidos llamamientos. Sor María 

♦ encomendadme muy de veras á nuestro Señor, que 
♦me veo afligido y he menester consuelos (2). 

No creemos que la lengua castellana pueda llegar 
más allá en sencillez y vigor de expresión, y cuando 
se recuerda están escritos esos renglones al correr de 
la pluma, y destinados, no á aplaudirse en discursos 
ó solemnidades académicas , sino á secreto casi con- 
fesional, fuerza es reconocer, aun sin llegar más ade- 
lante en la prueba , que habia en Felipe IV una sensi- 



(i) Carta del 7 de Octubre de 1646. 
(2) Carta del 16 de Octubre de 1646. 



I08 BOSQUEJO HISTÓRICO. 

bilidad y un carácter moral, bien distintos del que de- 
jaron delineados en coplas y sonetos los satíricos 
coetáneos, y han aceptado luego por buenos , sin más 
forma de juicio, muchos literatos é historiadores pro- 
pios y estraflos. 

No escaseó en trances tan duros Sor María aque- 
llos consuelos piadosos que mejor pueden aliviar á un 
alma creyente, pues si para las luchas de la vida se 
atreven á disputar su eficacia á la religión unas ú otras 
filosofías, en la separación suprema de la muerte en- 
mudecen todas, ante la elocuencia irreemplazable de 
la fe. 

Las cartas de la Venerable religiosa , así en la pér- 
dida de D.* Isabel de Francia, de la que hacia, cual 
todo el pueblo, grande estimación, como en la desgra- 
cia del Príncipe, son trozos de doctrina y moral reli- 
giosa, avalorados con forma literaria exquisita; pero 
no satisfecho el Rey con la lectura de tan sanas ense- 
ñanzas, quiso visitar á la superiora, y con ese fin pasó 
porÁgredafen Noviembre de 1646. 

No ha quedado de la conversación que entonces 
tuvieron más noticia que la nota puesta por la madre 
en sus papeles, dia y hora en que S. M. visitó el con- 
vento; pero se desprende de las cartas sucesivas del 
Rey, debieron tratar asuntos de gobierno y reforma- 
ción de costumbres, ansiosa la consejera y la amiga 
de levantar el ánimo del Monarca á la altura de su si- 
tuación. 

Perseguia ante todo la superiora el ideal de que 
gobernara por sí, poniendo entonces el pueblo es- 
pecial confianza en la virtualidad propia de la mo- 
narquía, que no podia á sus ojos dejar de ser pater- 
nal y grande, sino cuando viciaban sus impulsos, ó en- 



BOSQUEJO HISTÓRICO. IO9 



torpecian sus propósitos, ministros y privados. Así 
vemos que en las cartas que dirige el Rey á la religio- 
sa á su llegada á Madrid , le asegura no se descuidará 
en los puntos que le encargó, y pone particular empe- 
ño en demostrar que se ocupa por si de minuciosos y 
variados asuntos, noticiando los buenos sucesos obte- 
nidos en Cataluña, cómo se ha escrito para que se 
negocie por la embajada de Roma la revocación del 
Decreto Pontificio expedido por aquel entonces, pro- 
hibiendo llamar Inmaculada á la Purísima Concep- 
ción , de qué manera apresura la causa de la Madre 
Luisa, y ha recomendado al Inquisidor general mire 
con toda atención estas materias, y asegurándole «que 
» en todo toma por sí lo último de las resoluciones, 
» después de oir á los Ministros» (i). 

Así lo creia sin duda, y siguió entendiéndolo de 
buena fe el Rey, pero por estos años llevaba ya la di- 
rección y peso del gobierno un nuevo valido, D. Luis 
de Haro, que sucedió en influencias, funciones, con- 
fianza ó abandono del Rey, poderío en la corte y en 
los Consejos, al Conde-Duque, con medios personales 
harto más escasos, con no mayor fortuna, ni acierto, ni 
desprendimiento personal, ni elevación de miras, ma- 
lográndose, por lo mediano de sus aptitudes y alientos, 
todas las ocasiones de salvación que ofrecieron los 
sucesos y los errores y culpas de nuestros enemigos, 
y que á pesar de todo eso, vivió tranquilo, sin viva 
oposición de satíricos y cortesanos, gobernando la 
monarquía hasta la última hora de su vida. Ni los 
contemporáneos, ni los que han escrito después, exe- 



(i) Carta del 9 de Enero de 1647. 



lio BOSQUEJO HISTÓRICO. 



eran su memoria, y bien apuradas las cosas, no es 
fácil asignar á esa desigual fama y fortuna de entram- 
bos validos, más que una sola explicación; D.Luis 
de Haro, aleccionado sin duda por la desgracia de su 
tío, no fué nunca soberbio. 

El Rey habia sufrido tanto en su buen natural con 
el gobierno de Olivares , y tan honda huella dejaron 
en su ánimo los odios y tempestades movidos por 
aquella privanza , y la opinión común atribuyendo al 
pasado valimiento los males y miserias de estos rei- 
nos, que puede asegurarse no tenía idea más fija en 
su imaginación que gobernar sin nuevos validos, hasta 
el extremo de que habiendo insinuado en un sermón 
el P. Agustin de Castro, en Zaragoza , que debia ele- 
gir privado para descansar un tanto de los cuidados 
del gobierno , le envió á decir, que si tal cosa repetia 
en cualesquiera ocasión , lo mandaria á la cárcel , lo 
cual, sea dicho de paso, es una de tantas noticias cier- 
tas que ponen en su punto las declamaciones de algu- 
nos escritores al uso, sobre libertad é independencia 
de la cátedra del Espíritu Santo bajo la monarquía 
absoluta. 

En nada es tan difícil violentar á la naturaleza como 
en aquellas inclinaciones que exigen, para dominarlas 
ó dirigirlas, persistencia de voluntad, y Felipe IV, que 
tan repetidamente lamenta su fragilidad y sus seguros 
vencimientos siempre que entra en lucha con los ene- 
migos del alma, aun eramásendebleydistraido, si cabe, 
cuando trataba de poner en obra las resoluciones de 
gobernar por sí, faltándole por completo la pasión del 
mando, la aspiración por la gloria de labrar un impe- 
rio ó humillar un poderío, y si, al recordar sus debe- 
res de campeón del catolicismo y las obligaciones de 



BOSQUEJO HISTÓRICO. III 



nombre y casa, parecía despertar de su indiferencia 
algunas veces, no era posible mantener vivos aquellos 
alientos, sin el resorte de la personal ambición, muer- 
ta del todo en su pecho, y era preciso que en una ü 
otra forma viniera el gobierno á descansar en alguien 
que tuviera voluntad para ejercerlo, aunque sin des- 
pertar los mal olvidados recuerdos de Olivares. 

Lo que más importaba para esto era una profunda 
modificación en nombres y formas, y en ello anduvo 
discretísimo D. Luis de Haro. 



VIIL 



Los informes de los embajadores venecianos pue- 
den tomarse como documentos definitivos, sobre todo 
en cuanto hace relación con descripciones]de sujetos 
y apreciación de caracteres y cualidades políticas, y 
ellos nos pintan á D. Luis, en los años del 45 al 49, 
como el dueño de los negocios, aunque cuidando de 
no pertenecer al Consejo de Estado ; de natural afa- 
ble y cortés en extremo, poniendo estudio en apar- 
tarse de cuanto pudiera asemejarle al Conde-Duque; 
ambicioso y siervo de su propio deseo de mando, pero 
ocultándolo bajo capa de afectuosa indiferencia hacia 
los que podia mirar como contrarios de su fortuna; 
muy paciente en las audiencias, procurando á toda 
costa que nadie se fuera disgustado de su lado ; muy 
liberal en buenas palabras, pero tan inseguro en satis- 
facerlas, que dice de él Zane, con ponderación me- 
ridional, ^que pocos recuerdan haya negado cosa 



112 BOSQUEJO HISTÓRICO. 

» alguna, pero menos que, ofreciéndola, la haya cum- 
»plido»; con buen deseo y luz natural, pero escasa 
experiencia é ignorancia absoluta en las artes políticas 
y sus auxiliares; con poca intención en sus miras y es- 
casa consistencia en sus resoluciones, retrocediendo 
siempre que hallaba seria oposición en los demás mi- 
nistros, ó se le convencia que no tenia razón, hablán- 
dole moderadamente. Aunque no muy avaricioso, se 
dejaba inclinar, por no decir comprar, escribe Justi- 
niani , por los intereses, y era muy amigo de los rega- 
los, y como los hábiles diplomáticos de la serenísi- 
ma República no olvidaban nada de cuanto pudiera 
ilustrar á su Senado en la mejor dirección de sus ne- 
gocios, añaden: «se deja cautivar de la adulación 
» cuando se usa con arte», y aconsejan como proce- 
dimiento seguro, «hablar bien de él á S. M., el cual se 
»lo decia de seguida, y se le encontraba después muy 
» benévolo y perfectamente dispuesto á dejarse enga- 
»flar». El embajador recomienda se cuide mucho en 
no reconocerle delante del Rey por favorito , y des- 
pués de dar algunas noticias sobre sus allegados y se- 
cretarios Lezama y el Conde de Monterrey , que su- 
plian en gran parte , por su sagacidad y discreción, la 
falta de conocimientos de su jefe, y de mencionar la 
grande influencia que sobre D. Luis ejercia su mujer, 
concluye diciendo: «al Conde-Duque, Felipe IV le 
»temia, y á éste le ama.» 

Estas suavidades y prudencias en el aparato de la 
privanza, eficaces para acallar los escrúpulos del Rey, 
moderar á los Consejos, entretener las envidias en los 
palaciegos y no despertar impaciencias y pasiones en 
el vulgo, no eran bastantes á impedir viera la Venera- 
ble Madre, como veian los embajadores venecianos, 



BOSQUEJO HISTÓRICO. II3 

quién era ya en España il padrón dagli affari; tanto 
niás, cuanto que por entonces era conocida de eleva- 
dos personajes la confianza y aprecio que hacía el 
^ey de la religiosa, y mantenia ésta correspondencia 
con algunos, y señaladamente con D. Fernando de 
í^orja, á quien conoció de virey en Aragón, y ahora 
ocupaba puesto de importancia en la corte, y estaba 
al tanto de los sucesos é influencias en Palacio. Vien- 
do la Superiora desbaratarse á más andar su adorado 
ideal, de que el Rey gobernara por sí, tentó con em- 
peño y porfía obstinadísima derrocar esa influencia 
2}aciente, si bien manteniendo en todas sus cartas la 
/arma de consejos y advertencias generales y de con- 
ducta, superiores á todo ataque personal; actitud que 
no abandonó jamas, ni aun ante las propias instancias 
d^l Rey para que le designara sujetos y ministros que 
^^ ftiesen aceptos á los ojos de Dios, ó no sirvieran 
lealxnente á su Corona. 

-Es por extremo curiosa la discusión que al rededor 
^G ese tema se entabla entre la religiosa y el Rey, im- 
Pulsacia ella por su deseo y su fe en la eficacia de un 
?c>t>i^j^jjQ ejercido por el Monarca, como represen- 
tante tíe Dios cerca de sus vasallos, y partícipe, en ese 
^^iicrepto, de la sabiduría, bondad y alteza de pensa- 
^ierxto, propios del origen sagrado de su poder, y un 
^anto movida á poner en juego su influencia, por algu- 
nos e nemigos ocultos del valido, que la solicitaban á 
^se ixxi ; y el Rey, defendiendo con los razonamientos 
^^s ingeniosos, y en apariencia, más sensatos que iina- 
^^'^^^ cabe, sus procedimientos de gobierno, correc- 
^^^s » oon efecto, en la forma, pero que en el fondo se 
"^cltioian á dejar gobernar á su antojo á D. Luis de 

8 



114 BOSQUEJO HISTÓRICO. 



Sor María, que con motivo de la enfermedad y muer- 
te del Principe, y para rogar por su alma hizo extra- ' 
ordinarias penitencias y devociones, afectándose en 
extremo su espíritu con esta desgracia, escribió por 
mandato de su confesor, y remitió al Rey, un papel, 
ya publicado por Lavigne, en el que se contienen el 
resultado de sus contemplaciones y espirituales ejer- 
cicios, y que, rozándose estrechamente con la vida 
religiosa y favores especiales que mereciera de Dios 
aquella su predilecta sierva, no entra en el cuadro de 
nuestros estudios y análisis ; pero su sentido y sustan- 
cia, en lo que hace relación á los deberes de oficio del 
Rey, era imponerle, como obligación religiosa nece- 
saria á la salvación de su alma, el personal gobierno 
de la monarquía, sin privados ni favoritos. 

El Rey, satisfecho con las formas de secretario po- 
nente en los negocios todos , hábilmente mantenidas 
por D. Luis de Haro, se excusa en una larga carta, ad- 
mirable en claridad y sencillez, con el ejemplo de Fe- * 
lipe II, su glorioso abuelo, que tuvo también criados 
y ministros de quienes se valia para todos los nego- 
cios, reservándose lo último de las resoluciones. «No 
»es lícito — dice — á la dignidad del Rey andar de casa 
»en casa de ministros y empleados, viendo diariamen- 
»te lo que hacen, y puesto se tienen los reyes que va- 
»ler de hombres, es excusable sea de los que tienen 

»mayor satisfacción, mientras no abusen : el haber 

» heredado estos reinos de diez y seis años, y entrado 
^ en este caos con las cortas noticias que en aquella 
»edad se adquieren, fué causa, á mi parecer, lícita 
» entonces, que me fiase de ministros, y que á algunos 
»les diese más mano de lo que parecia conveniente: 
» hice mal en que durase aquel modo de gobierno lo 



BOSQUEJO HISTÓRICO. IIS 



>que duró, pues con la experiencia y años reconocí 
»los inconvenientes, y, aunque tarde, tomé laresolu- 
» cion de apartar al ministro que sabéis : después acá 
»he procurado no dar la mano á ninguno que le habia 
» dado á él, por tenerlo así por necesario para cumplir 
»con mi obligación y reputación, y aunque es verdad 

»que he mostrado más confianza de algún criado , 

» siempre he rehusado darle el carácter de ministro, 

»por huir de los inconvenientes pasados ; yo. Sor 

»Marfa, no rehuso trabajo alguno, pues como todos 

» pueden ver, estoy continuamente sentado en esta 

* silla, con los papeles y la pluma en la mano, viendo 

-í^ cuantas consultas se me hacen, los despachos que vie- 

^nen de fuera, resolviendo las más allí inmediatamen- 

^tG - Otros negocios, que piden más inspección, remi- 

* to á diferentes ministros, para habiéndoles oido re- 

* solver lo que tengo por más ajustado á la razón, y en 

*G.rx , las últimas resoluciones no pasan por otra cen- 

*svix-a, pues es esto lo que yo entiendo que á mí me 

**^c><:ra, y creedme, que los que más deslucen estas 

terias y dan ocasión para que se murmure, si éste 

iquél tiene más mano de lo que en realidad de 

dad yo le doy, son generalmente los pretendien- 

y ambiciosos (de que hay mucho número en la 

X^ública), y éstos, al que creen hago más merced, 

xtejan y siguen , de modo que viéndole el pueblo 
este séquito y aplauso , le tiene por lo que en ver- 

ci no es, y yo procuraré , en las más ocasiones que 
ofrecieren, desengañarle de esta ceguedad» (i). 
vivo retratan esas expresivas excusas al Rey y á 



^ ^ ^ Carta del 30 de Enero de 1647. 



Il6 BOSQUEJO HISTÓRICO. 



SU Ministro ; al Rey, privado de la pasión del mando, 
del instinto y el deseo de mover un pueblo por el 
propio pensamiento y voluntad , sin lo cual se ha rei- 
nado muchas veces, pero no se ha gobernado nunca; 
y al Ministro , tal como los embajadores venecianos 
lo describen, atento á mantener ante su Soberano to- 
das las formas extemas de la más constante y abso- 
luta dependencia. No se desanima por ello la Ve- 
nerable Madre, y de nuevo insiste diciéndole «que 
»con efecto tiene mucho bueno que imitar en Feli- 

»pell que, aunque no es de su profesión, tiene 

» ella conocimiento de las materias de Palacio y de 
»la Monarquía, y ya comprende no puede prescindir- 

»se de los ministros, ni evitarse las emulaciones 

»pero eso no impide que él no deba permitir que los 

» inferiores hagan de cabeza recordar, que si sus 

» obligaciones personales para con Dios son las pri- 
» meras, las segundas son las de su oficio, no menos 
» precisas de cumplir para merecer la misericordia di- 
»vina» (i); y el Rey, cada vez más penetrado de el 
sentimiento de su debilidad, esfuérzase en satisfacer 
á la religiosa con la exposición de sus buenos deseos, 
y apremiado por sus argumentos le dice: «procuro ha- 
»cer todo lo que estuviere en mí para cumplir con 
»mi obligación, así en evitar ofensas á nuestro Se- 
»flor, como en atender al gobierno de estos Reinos, 
» sin más fin que el servicio de Dios y el bien de ellos, 
»oigo para eso á todos los ministros que quieren ha- 
»blarme, y oiré siempre á todos para que, tomando 
>más noticias, se pueda acertar mejor ; bien me pare- 
jee que os entiendo en la parte que apuntáis, y yo 



(i) Carta del 15 de Marzo de 1647 y siguiente. 



BOSQUEJO HISTÓRICO. II7 

» estoy sobre aviso, y no me descuidaré en poner re- 
» medio, ni dejaré pasar la ocasión oportuna, que para 
» mí no hay más que el servicio de Nuestro Seftor y 
» el buen gobierno de esta Monarquía. Harto procuro, 
»Sor María — añade en otra carta — cumplir con las 
» obligaciones del puesto, y esto mismo me fatiga, 
» viendo las dificultades que se ofrecen para conse- 
»guirlo; buen medio es el de oir á todos, como me 
» decís, y la puerta tengo abierta, y á nadie que quie- 
bre hablarme le niego la entrada, y suelo llamar á mu- 
»chos, pero no cuesta poco trabajo atender á los in- 
» tenores de cada uno, pues si todos fueran sanos y 
»de buena intención, se llevara con grande facilidad 
» el timón de esta nave » (i). 

Don Luis de Haro no debió ignorar la campafta 
emprendida contra él, y no desdeñó, sin duda, al ene- 
migo, pues por las cartas de la Venerable Madre ve- 
mos acudió á visitarla en Agreda como portador de 
epístolas del Rey, y no debió ser la entrevista acto 
rápido de mera cortesía , cuando nos refiere que es- 
tando allí en conferencia sobre las novedades de Bar- 
celona, recibió la noticia del feliz suceso de Lérida, 
y pocos dias después, volvió al Monasterio á recoger 
respuesta para S. M.; pero los halagos del privado no 
fueron parte á dulcificar los consejos de la Superiora, 
que siguió tras la visita manteniendo con igual vigor 
sus tesis austeras é inflexibles; ni las excitaciones de 
los cortesanos enemigos del favorito logran tampoco 
traerla al terreno de las exigencias ó imposiciones per- 
sonales, ó revelaciones de la voluntad de Dios en sepa- 
rar al privado, á lo que con empeño la quisieron Ue- 



(i) Carta del i de Julio de 1648. 



Il8 BOSQUEJO HISTÓRICO. 

var. La correspondencia de la Venerable Madre con 
los Borjas, antes citada, cifrada en parte, con clave 
que hemos logrado descubrir, pone bien en claro, asi 
el empeño con que se combatió la privanza, como la 
resistencia tenaz que opuso á cuanto pudiese dar co- 
lor interesado á sus consejos ; no tenemos las cartas 
de D. Fernando , pero por las respuestas se colige la 
instaba á que formulara peticiones concretas, y en 
verdad que el Rey daba sobrado pié para ello, no solo 
con las demostraciones de su asiduidad en escribir, 
de su agradecimiento y estima por los consejos reci- 
bidos , sino pidiendo designara personas, y anticipán- 
dole tomarla sus juicios como inspirados por Dios en 
revelaciones directas. 

Un alma menos elevada que la suya hubiera segu- 
ramente sucumbido : Sor María entendió no llegaba 
su deber más que á predicar doctrina , inculcar prin- 
cipios y reglas de conducta, y decia muy discreta- 
mente á D. Francisco de Borja : «si algo eficaz puede 
» esperarse de mis consejos, es manteniéndolos des- 
» interesados» y no encontramos en efecto en sus car- 
tas, ni una petición que tenga mediana importancia, ni 
una acusación personal determinada y concreta. Y no 
es que ignorara nombres, ó no tuviera sentir sobre su- 
jetos determinados, pues en las cartas á los Borjas 
desahoga su pecho contra D. Luis de Haro, ya desig- 
nándole con el sobreentendido nombre de el dedo 
malo y ya citándole por su apellido, ya juzgando su in- 
fluencia y procedimientos como funestos al esplen- 
dor y buen gobierno de la Monarquía. 

El astuto y flexible ministro triunfó de esa, como 
de las demás oposiciones intentadas en su daño, y sólo 
en muerte logró reemplazarlo en la confianza del rey 



BOSQUEJO HISTÓRICO. II9 



don Femando de Boija, que sin duda alguna había 
aspirado á conseguirlo en vida, aunque por modos 
muy secretos y cautelosos. 

No fué tampoco escasa parte en aliviar un tanto de 
trabajo á D. Luis de Haro y hacer más lucidos algu- 
nos periodos de su ministerio, el feliz suceso de ha- 
llarse gobernada la Francia, por manos harto menos 
activas y vigorosas que las de Richelieu, con quien tu- 
vo que habérselas Olivares , y ya se empezó á sentir 
á las claras ese beneficio, en las revueltas de Ñapóles, 
conservado por entonces á estos reinos, tanto por lo 
menos por la torpeza é inacción de los franceses, co- 
mo por el esfuerzo propio. 

Sabidas por demás son las dramáticas vicisitudes 
de aquella rebelión, que venía anunciándose de tiem- 
po atrás, sin que se previnieran remedios ni defensas, 
y no hemos de reproducir aquí narraciones de suce- 
sos tan conocidos. El Rey en sus cartas no da sobre 
ellos noticias que añadir á las muchas ya reunidas por 
los numerosos historiadores y literatos que las han 
tratado, siendo curioso únicamente verle en sus car- 
tas más preocupado con Ñapóles y Sicilia que con 
Portugal, al que en todo este tiempo, apenas si nom- 
bra alguna rara vez. Refiere á la Madre en los afios 
del 47 y 48, las principales fases de la revueltas de 
Masaniello y Anese, el envío de la escuadra, la reti- 
rada de las armas francesas sin socorrer al Duque de 
Guisa, que capitaneaba á los amotinados, y las pre- 
venciones y gobierno de D. Juan de Austria hasta el 
triunfo definitivo, conseguido el lunes santo de 1648, 
y que el joven Príncipe refiere á su padre en carta de 
que se envió copia á la Madre de seguida, ípor con- 
ducto del Patriarca. 



I20 BOSQUEJO HISTÓRICO. 



«Con tres milhombres y en cuatro horas — dice don 
» Juan en su carta — reduje la ciudad y puse fin á una 
» rebelión que tenía tan poderosas raíces»; pero á las 
claras se descubre que los celos de Mazarino, ó de la 
Regente, secundada en esta pequeña pasión por su 
Ministro, produjeron el increible abandono en que 
dejaron á Guisa, luego que tanteado el terreno para 
el Duque de Anjou, hijo segundo de D.* Ana, no 
se halló facilidad para establecerle por Rey de Ñapo- 
Íes; y la rebelión, sin el aliento que esperaba recibir 
de los enemigos de España, con un jefe que care- 
cia de toda condición personal para tal empresa, dio 
pronta entrada á las corrupciones y tratos , que ayu- 
daron tan eficazmente á los apremios de las armas. Sor 
María no se preocupa menos que el Rey con esos suce- 
sos, y desde el primer anuncio de revueltas recomien- 
da una política de dulzura y alivio en las cargas injus- 
tas y vejatorias, advertida ó conocedora de las causas 
de aquellos trastornos, milagrosamente dominados. 

No menor maravilla fué también la ventaja lograda 
en Cataluña con el levantamiento del cerco de Léri- 
da por Conde, del que al paso hicimos alguna men- 
ción más arriba : reemplazaba ese Príncipe al Conde 
de Harcourt, y precedido de justo renombre, se le 
recibió en Cataluña como el destinado á poner inme- 
diato y glorioso término á la guerra. Apenas pose- 
sionado el joven capitán de su vireinato, marchó so- 
bre Lérida , gobernada por el heroico Britto : creyó 
el francés tomar por asalto la plaza en corto tiempo, 
mas desengañado por la energía de los sitiados, se re- 
tiró, con solos veinte dias de trincheras. 

Los escritores militares franceses elogian como acto 
de prudencia esta retirada, suponiendo bien provista 



BOSQUEJO HISTÓRICO. 121 

Ja plaza, pero en cartas del Rey hallamos prueba de 
lo contrario; la plaza no estaba surtida, el socorro 
pronto se creía difícil, el Monarca contaba por impo- 
sible una larga defensa, y mas un ataque á las líneas 
del Príncipe, como éste imaginaba; á punto estuvo de 
acudir el Rey en persona al lance , y así se lo aconse- 
jaba Sor María, pero envió á D. Luis de Haro para 
apresurar las disposiciones del socorro, y nadie re- 
sulta tan sorprendido de la retirada como el Rey y su 
gobierno, atribuyéndolo á alborotos en Barcelona, 
por no imaginar que el sitiador recelara poco ni mu- 
cho de nuestra ofensiva. El Príncipe volvió á Fran- 
cia, sin más ventaja que la toma de Ager, dejando 
^^ tanto desencantados á los catalanes, confirman- 
do estas noticias que el Rey comunicó inmediata- 
mente á la Superiora, que Dios protegió en aque- 
"a o evasión por manera visible nuestra Corona, oscu- 
''^^i^ndo el juicio militar del héroe de Rocroy, y des- 
P^^^^Mdo en su corazón una prudencia exagerada, gra- 
cias zSk. la cual se salvó Lérida. 

^^l^^n desahogo trajeron estas ventajas, unidas ala 
paz <:: on Holanda (i), y sin duda que mayores hubie- 
odido obtenerse desde luego en Cataluña, don- 



raii 



^ ^^'^-X ostras fuerzas militares habian llegado á igualar 



tÓfli 



pre 
del 
aqu 



j^^^^ ^ué esta paz uno de los escasos triunfos diplomáticos que por en- 

„^ ^ alcanzamos. Las Provincias Unidas debian á la Francia su defen- 

jIíj,^ ^^*>,grandec¡m¡ento, y por un tratado de 1635 habian convenido la 

y el reparto de los Países Bajos españoles , pero recelaban siem- 

la vecindad de Francia; temieron que ajustándose el matrimonio 

XIV con una princesa española , fueran en dote los Estados de 

¿j^T"** ^. frontera á poder del Cristianísimo, y se adelantaron en 1648 á fir- 

ces con España, desentendiéndose de las seguridades dadas á 

no y del texto expreso del tratado de 1635. 



122 BOSQUEJO HISTÓEUCO. 



á las contrarias ; pero según decía muy discretamente 
la Madre en sus cartas, nuestro ejército siempre salia 
tarde, y marchaba despacio: allí, como en todas par- 
tes, parecíamos consagrados á una perpetua guerra 
defensiva, tanto más penosa, cuanto que el país entero 
habia perdido aquellos alientos y fe ciega en su pode- 
río militar y político de los tiempos de Carlos V y Fe- 
lipe II ; se sentía débil y desangrado para sostener 
dominaciones tan extensas y extrañas, y sólo ansiaba 
la paz, con aquel indiferentismo sobre el precio para 
obtenerla ó conservarla, propio de todos los pueblos 
en sus tiempos de decadencia. 

Tarea tan difícil como interesante para escribir his- 
toria con alguna formalidad y sentido , es la de cono- 
cer el estado de la opinión en cada período, y para 
ese fin, en el reinado de Felipe IV, y singularmente 
en estos años que precedieron á la paz de Wesfalia, 
no existe, en nuestro sentir, documento más precioso 
que esta correspondencia del Rey con Sor María, por- 
que la Venerable Madre es indudablemente el órga- 
no y la voz de las clases medias, del cuerpo de la na- 
ción, tal como estaba constituida en unión íntima en- 
tonces, en verdadera confusión de intereses y deseos 
con el clero y comunidades religiosas ; y el Rey, corto 
en ideas y pensamientos propios, pero deseoso, á des- 
pecho de su poder absoluto, de seguir la voluntad po- 
pular como el más democrático de los monarcas cons- 
titucionales al uso, nos da suficientes avisos de lo que 
veia y sentía á su redor, en el ejercicio siempre muy 
instructivo del gobierno, y merece este punto le con- 
sagremos alguna atención, relacionándolo con la 
misteriosa conspiración del Duque de Híjar , un tanto 
aclarada en estas cartas. 



BOSQUEJO HISTÓRICO. 1 23 



IX. 



España, durante la privanza de Olivares y en el mi- 
nisterio pasivo de D. Luis de Haro, habia llegado á 
ser el país peor administrado de Europa , encontrán- 
dose en una desigualdad en este punto, respecto de 
Francia é Inglaterra, que fué principal causa, á nues- 
tro juicio, de su vencimiento, como sigue siendo hoy, 
una de las que mantienen su inferioridad. 

No es esta ocasión para justificar tales afirmaciones 
con análisis de historia, legislación y costumbres ad- 
ministrativas comparadas, y basta por el momento á 
nuestro propósito referirnos á la autoridad de los mi- 
nistros venecianos, hombres que no llegaban á las em- 
bajadas españolas, sin haber estudiado al vivo la Eu- 
ropa de su tiempo, observadores siempre acreditados 
como imparciales y perspicaces, por cuantas investiga- 
ciones auxiliares hemos practicado para corroborar 
sus noticias. Mocénigo, Quirini y Basadone coinci- 
den en la misma reflexión sustancial, ya examinando 
la deplorable gestión de los impuestos, ya dando idea 
de la administración militar, ya notando la escasez de 
hombres aptos para ejercitar el mando, observaciones 
todas, concisa y severamente resumidas en el juicio 
sumario que el último de esos ministros dirige al Se- 
nado en 1653, tras cinco años de residencia en nues- 
tro suelo; «7/0 hay en el mundo ^ escribe el experi- 
mentado diplomático , nación más desconocedora del 
buen gobierno. » 

Y si ese mal se pagaba, en lo tardío de los socorros, 



r 



I 



124 BOSQUEJO HISTÓRICO. 



lo estéril de las victorias , la dureza de las derrotas y 
lo cruel de las desmembraciones de reinos y provin- 
cias , hacíase sentir también con desasosiego y mal 
contento en el propio corazón de la Monarquía, dan- 
do lugar y ocasión esos fermentos á despertar en al- 
gunos espíritus levantiscos, esperanzas de alteraciones 
cortesanas, análogas, en sus procedimientos y alcan- 
ces, á las que perturbaban la minoría de Luis XIV. 

Existia ademas por aquellos dias en España un mo- 
tivo especial de disgusto para con la Monarquía, dan- 
do por entonces los devaneos del Monarca ocasión á 
mayores ruidos que en tiempos anteriores, pues des- 
de la caida del Conde-Duque anduvo más recogido ó 
más cauto en sus distracciones. 

De la correspondencia secreta y cifrada de Sor 
^ María con D. Francisco de Borja, se deduce que en 

medio de los grandes aprietos de Portugal , Italia y 
Cataluña, se celebraban con sobrada frecuencia co- 
medias en Palacio, vivia S. M. en diaria comunica- 
ción con los comediantes, y habia llegado á instalar 
I en el Alcázar, como manceba suya, á una dama lla- 

mada Eufrasia, que sería sin duda alguna la Eufrasia 
Reina, cómica muy conocida por su airada vida, en 
la historia galante de nuestro teatro; todo lo cual 
cargaba el buen Rey al achaque de su debilidad , llo- 
rando sus vencimientos continuos en la lucha con 
los enemigos del alma, en castizos párrafos de las 
cartas á Sor María. 

Pero la corte, el pueblo, los teólogos, su íntima 
consejera, que revela con respetuosa y enérgica frase 
la opinión común de las gentes por aquel entonces, 
desesperan, ante fragilidades tan calificadas, de que 
el Monarca obtenga la divina protección para triun- 



Y 



BOSQUEJO HISTÓRICO. 12 5 



far sobre sus enemigos, mediando tan graves y diarias 
ofensas por parte del ungido del Señor; no creen 
pueda satisfacer á su oficio de Rey viviendo con ene- 
migos de Dios y en privación constante de la divina 
gracia, y los desastres, sacrilegios y crueles atropellos 
de la toma de Tortosa, las rebeliones de Italia, y la 
peste que diezmaba á Valencia, Murcia y Sevilla, 
y traia aterrorizado á Madrid, todo era ocasión de 
descontento y daño contra la conducta del Rey, en 
cuanto los más y los mejores veían en tales desgra- 
cias, no ya la negligencia de una administración, ó á 
lo sumo, la mala estrella de un gobierno, como ahora 
se estila, sino la cólera del cielo justamente excitada 
contra este pueblo católico y defensor de la fe, por los 
pecados de un David, que persistía en hacerse acree- 
dor á los castigos con sus culpas, y no llegaba nunca 
á merecer los beneficios con su arrepentimiento. 

Á tal estado de la opinión , no podían responder en 
Castilla conmociones populares, porque donde no 
existía espíritu de independencia provincial ó regio- 
nal, faltaba toda fórmula política, en la que tomara 
cuerpo el descontento ; y por otras razones históricas 
y de organización que ahora no vendría al caso expo- 
ner, no llegaron á responder tampoco revueltas en- 
tre la nobleza, que harto más quebrantada, pobre y so- 
metida que en Francia había quedado por aquellos 
días; pero se dibujaron los intentos, en Jíneas que 
aparecen muy desvanecidas, y que es curioso resta- 
blecer, borrando lo que con alguna ligereza se ha pin- 
tado al capricho y con exageración, en nuestras histo- 
rias generales. 

Ya á raíz de la caída de Olivares se había movido 
proceso sobre unos avisos y revelaciones de peligros 



126 BOSQUEJO HISTÓRICO. 



que amenazaban á la Monarquía y al Rey, haciéndo- 
se prisión, entre otros, de un D. Francisco Chiribo- 
ya y un Padre Monteron, fraile francisco este últi- 
mo, de nación italiano, y confesor del Presidente de 
Castilla, y á no dudarlo, tuvo esta causa grandes 
protecciones en la corte entre los mal contentos disi- 
mulados, que, como los Borjas, suírian de mal grado 
la privanza de D. Luis de Haro, á pesar de todas las 
modestias y suavidades con que rodeaba el ejercicio 
de su autoridad el favorito. 

Sor María en su correspondencia con los Borjas 
se interesa en extremo por el Padre Mont eron , y á 
las claras revela mediaban constantes y secretas afini- 
dades entre los detenidos por esa causa, y D. Fer- 
nando de Borja, á pesar de los elevados cargos de 
confianza que éste ocupaba en Palacio, y de que el 
exaltado Padre seguia desde su cárcel de Toledo, 
profiriendo, en son de augurios, tremendas amena- 
zas sobre conspiraciones, peligros de la Monarquía 
y riesgos de la propia vida del Rey, que buenamente 
procuraban sus protectores no quedaran sepultadas 
entre las paredes de la Inquisición, llegando las voces 
al Alcázar de Madrid. Y como esto coincidia con las 
excitaciones que el propio D. Francisco dirigia á la 
Madre para que pidiese al Rey, en nombre y uso de 
sus dones y favores divinos, la separación de D. Luis 
de Haro, apretándole á que no mantuviera en prin- 
cipios tan desinteresados sus consejos y advertencias, 
y con ser ellos intermediarios para entregar cartas y 
papeles secretos á todos los comprometidos en el pro- 
ceso que designan con el nombre de los del Tajo^ y 
como por entonces andaba débil y achacoso Haro y 
en alza las esperanzas de los cortesanos sobre su cai- 



BOSQUEJO HISTÓRICO. 12? 

cía, xn O parece aventurado asegurar que todo ello cons- 
títviisL la trama de conjuras políticas, quizá elaboradas 
sin i>lan fijo, y sólo dispuestas á recibir el dibujo y 
úitixxia impresión que facilitaran las circunstancias. 
No ^ s esto raro entre los que conspiran para derro- 
car- gobiernos establecidos, pues encaminando los 
esfd^Tzos á preparar medios y allegar elementos con 
qu ^ x^oder utilizar ocasión oportuna para obtener por 
la soipresa ó la fuerza alteraciones de importancia 
^^ 1^ corte y gobierno, es difícil que señale , el que 
tal^s caminos emprende, el punto y hora en que ha 
de detener su mano, y el límite en que ha de compro- 
r su conciencia. 

n las siniestras profecías del Padre Monteron 
^^ixicide la tan famosa como oscura conspiración del 
*^^iciiie de Híjar, á la que dio proporciones y eco rui- 
doso entre propios y extraños, más que la grande- 
za del intento y los medios movidos para lograrlo, 
^' ixombre del procer comprometido en la causa, y 
'^ Solemne y jurídica severidad con que se siguieron 
las diligencias. 

I^ asaban ya sobre la ascendencia del Duque tradi- 

^^^^*^es de inseguridad en la sumisión á las voluntades 

^^ I3 corte. Su abuelo habia sido reducido á pri- 

^^^^■^ l)or Felipe II, cuando el levantamiento de Zara- 

^^^^- y las alteraciones de Antonio Pérez, y fuese por 

^f^^i SO á sus culpas , ó por cautela de sus intenciones, 

^^ ^s que la detención fué prolija, y sin llegársele á 

5*^^*^ar acusación y proceso, murió en el encierro. 

X>sdre habia cultivado como poeta la sátira corte- 

^'* y cobrado fama de murmurador y maldiciente, 

' ^ inieto, destinado á apurar las desdichas de su casa, 

^^> en los primeros tiempos del reinado, de los más 



128 BOSQUEJO HISTÓRICO. 



asiduos en asistir á S. M. con su persona, nombrán- 
dole de continuo los papeles del tiempo en las fiestas 
de lanzas, sortijas y estafermos, á que era tan inclina- 
do el Monarca, recogiendo de su asistencia los favo- 
res cortesanos que se distribuian por mano del Conde- 
Duque. En 1639 fué hecho Capitán de los Caballeros 
de Cristo, y en 1642 recibió el mando de la caballería 
en la expedición que organizó Olivares para someter 
á los portugueses ; pero no fueron parte esas merce- 
des á impedir se moviera en Palacio entre los más ac- 
tivos enemigos del Conde-Duque, pues él se adelan- 
tó con el Conde de Lémos en el camino del Escorial 
á dar las albricias al Monarca y, cuando se hizo públi- 
ca la despedida del privado, y figuró asimismo entre 
los grandes más airados por las censuras del Nican- 
dro^ que acudieron al Rey cuando salió ese papel re- 
clamando personal desagravio, notándosele entonces 
por atizador y capitán de aquel ruido. 

Derribado el Conde-Duque, no se aquietó Híjar; 
movió también á los grandes, que veian con celos sur- 
gir la disimulada privanza de Haro, á que representa- 
ran en su contra al Rey , que á la sazón se hallaba en 
Zaragoza, observándose cuan poco se ha progresado, 
aun en los detalles externos y formas de la intriga po- 
lítica, desde aquellos tiempos del derecho divino á 
éstos de parlamentarismo y soberanía nacional, pues 
no faltó el preciso banquete en una casa de campo 
de Madrid, para constituir el partido contrario al mi- 
nistro, y la formación de junta, que ahora llamaría- 
mos comité, compuesta de Híjar, Osuna, Montalto, 
Oñate, Lémos é Infantado, comisionándose áeste úl- 
timo para llevar la representación de la voluntad na- 
cional á S. M., bajo fórmula aparentemente respetuo- 



BOSQUEJO HISTÓRICO. 1 29 



sa, puesto que no le pedían prescindiera de privado, 
ni menos solicitaban para ellos el poder, como se di- 
ría en el lenguaje al uso, sino que, con gran desinte- 
rés personal ^ le aconsejaban llamara de nuevo al Con- 
de-Duque, una vez que le sucedia en el valimiento 
D. Luis, sin ser tan dueño de las materias del gobier- 
no, diestro y ejercitado, como su desterrado tio. 

Deshizo con facilidad el ministro la intriga; el Du- 
que del Infantado, al hallarse en Zaragoza con los 
semblantes recelosos y adustos de los cortesanos, per- 
dió toda la resolución que recogiera sin duda en los 
entusiastas brindis del banquete; quiso castigar el 
^^y j pero moderado y suave el ministro, tan diferen- 
te en estos detalles externos y de procedimiento de 
Olivares, suplicó no lo hiciese, tuvo larga plática el 
ininistro con el Duque, le satisfizo de que S. M. ni te- 
^ia privado, ni le quería, siendo él mero criado de 
s^^t^vicio, y cuando llegó el embajador de la Junta á la 
presencia Real, no acertó sino á disculparse con que 
^^ habian engañado, reprendiéndole severamente el 
Monarca por haber tomado complicidad en el alboro- 
to, con lo que salió el mal aconsejado grande de la au- 
Qíencia con más colores en el rostro de lo que conve- 
^^^ Á su calidad, y vino á descargar lo más recio del 
. ^t>i3.do en el Duque de Hfjar, á quien se tuvo por 
^^^^ mentó principal y cabeza de la Junta, dester- 
^^^^le á Villarrubia de los Ojos, lugar suyo, sin que 
^ ^*^i";a salir de allí, «hasta tanto se le enviase otra ór- 

^*^ > para que en aquel retiro — dice Vivanco — se 

^^^^ase á callar y aprendiese la cordura y buena 
^Pg'^ ciencia.» 
.^■^«mos ademas, como antecedentes de su perso- 

*^' aidicion, que se daba ya por entonces de hom- 



1 30 BOSQUEJO HISTÓRICO. 



bre versado en secretos de conspiraciones y levanta- 
mientos, pues en carta que dirigió á Sor María, de la 
que ya se ha hablado , decia haber dado aviso al Con- 
de-Duque de la pérdida de Portugal , tres meses antes 
de la ocurrencia, fijando hasta la fecha en que tendría 
lugar, y en el propio documento resulta hallarse tam- 
bién en íntimas comunicaciones con el P. Monteron, 
por cuyo proceso se interesa, y cuyas profecías da por 
ciertas, relacionándolas con los pensamientos y noti- 
cias de las graves alteraciones políticas que motivan 
el consejo y ayuda que pide á la venerable Religiosa. 

Tales datos bastan para comprender era el Duque 
de Híjar uno de aquellos espíritus poco notados por 
nuestros historiadores, pero de los que dice Vivanco 
habia muchos en Castilla, con alientos «hasta para 
» mudar de Príncipe y escoger el Gobierno de la aris- 
»tocracia, á ejemplo de los holandeses, ingleses y 
» otras repúblicas que se gobiernan por los mejores y 
»más escogidos de ellos, cansados de sufrir el poder 
» absoluto en la vanidad y fuerza de los privados, de 
»sus gentes y allegados, que todo lo toman y quie- 
bren para sí, y no parece sino que el Príncipe no co- 
»noce á otros, ni debe á otros, ni le sirven más que 
» éstos. » 

Pero aparte de los malos pensamientos, y quizá de- 
lectación morosa en conspiraciones y conjuras, á que 
se debió entregar el Duque de Híjar después del triun- 
fo definitivo é incontestable de D. Luis de Haro, todo 
acredita, apurado en conciencia el asunto, que pagó 
con creces, en su persona y fama, meros pecados del 
deseo, ó á lo sumo, imprudencias de criminales tenta- 
ciones, de las que no huia con aquella prontitud y re- 
solución que caracterizan al justo. 



BOSQUEJO HISTÓRICO. I3I 

Faltaban, en primer término, al personaje, para 
tales aventuras, condiciones de carácter tanto más 
necesarias, cuanta menos preparación habiaen el país 
para ese linaje de empresas: no tenemos biógrafos que 
nos den minuciosa noticia de su vida y costumbres, 
pero los datos que pueden hoy reunirse dan idea se- 
gura de su corta aptitud para el arriesgado oficio de 
los Catilinas. 

En la corte no le dio fama de arrojado el hecho que 
refiere autor anónimo en las Noticias de Madrid y de 
haber sido víctima paciente de los capeadores en que 
hervian las callejas próximas al Alcázar, y que una no- 
che , al salir de Palacio , le quitaron la capa , el bro- 
quel y la espada, aun cuando, corrido del lance, él lo 
negaba: no la tenía tampoco de desprendido, pues en 
un papel satírico titulado : Los prodigios del año pa- 
sado tífe 1641, que se publicó en el Memorial histórico 
y del que decia uno de los PP. jesuitas que tenía mu- 
cha sal para quienes conocían los sujetos, enumerán- 
dose actos los más contrarios á las costumbres, aficio- 
nes ó debilidades de los cortesanos, se decia: «Hubo 
» pendencia en Madrid y no se halló en ella el Almi- 
arante de Aragón ; la Princesa de Asculi confesó que 
»no veia, hubo quien dijese que el Marqués de Pala- 
»cios pagaba bien, dio un vestido el Duque de Híjar 
»á un aragonés, etc.». Confirma sus cortos alientos la 
pretensión que elevó al Rey, ya sublevado Braganza, 
para que le autorizara á cobrar las rentas que en Por- 
tugal tenía por el ducado de Alenguer, que fué enton- 
ces cosa por demás notada en la corte , haciéndole 
sospechoso de traición la benevolencia del rebelde 
en redimirle de las confiscaciones entonces al uso, y 
andando así en lenguas su adhesión y su mezquindad, 



132 BOSQUEJO HISTÓRICO. 



comparándola con la entereza de Castel Rodrigo, que 
hallándose en la mayor estrechez por iguales embar- 
gos, y teniendo á su cuñado el Marqués de Ferreira 
en el campo rebelde, rechazó la oferta que éste le hi- 
ciera de enviarle 22.000 ducados anuales por sus ren- 
tas en el territorio alzado en armas contra Castilla. 
Puesto en lugar y caso de acreditarse como caudillo 
militar, nada hizo que diera muestra segura de su es- 
fuerzo ó atrevimiento, y aunque pasaba por hombre 
de ingenio, era, á lo que parece, por lo expedito de su 
lengua en chistes y maledicencias contra cortesanos y 
ministros , buena condición para hacerse lugar los ad- 
venedizos en las cortes de regios pretendientes, en 
convites de grandes descontentos, salones de damas 
principales ó pasillos de cabildos y asambleas, pero 
pésima para capitanear facciones ó elaborar paciente 
y cautelosamente conjuras contra el poder. 

Sobre tan mal preparado terreno descargó la tem- 
pestad que dio en el suelo con la fortuna, la libertad 
y la vida del desgraciado Duque, acusándosele de 
quererse alzar con la soberanía de Aragón, enlazar á 
la fuerza á la infanta María Teresa con el hijo del re- 
belde Braganza, atentando, para reunir las dos coro- 
nas desde luego, á la vida de Felipe IV, llegando á 
calificarle Lafuente de los más culpados en tal delito^ 
y dando á entender que por consideración á su rango 
no sufrió el suplicio que se impuso á D. Carlos Padi- 
lla y D. Pedro de Silva , degollados en la Plaza Ma- 
yor. 

El Sr. Cánovas del Castillo, en su bosquejo histó- 
rico de la casa de Austria , trayendo á la cuestión do- 
cumentos nuevos, no pronuncia un concluyente jui- 
cio sobre el alcance de la conspiración y la culpa 



BOSQUEJO HISTÓRICO. 1 33 



en ella del de Híjar, porque á su propósito bastaba to- 
mar de aquellos datos el color con que animar el pre- 
cioso cuadro de ideas y costumbres del reinado, que 
traza en breves y sustanciosos párrafos; pero sus se- 
guras noticias, que minuciosamente hemos estudiado, 
y las allegadas por propia diligencia como comple- 
mento, evidencian, en nuestro sentir, que toda la cons- 
piración fué pecado espiritual que no trascendió de 
las imaginaciones y concupiscencias de unos aventu- 
reros , extraviados en el peligroso camino de trastor- 
nar naciones, ajustar paces, mover guerras y prepa- 
rar caídas de imperios, por invisibles tramoyas de 
cifras, sobornos, asesinatos, y secuestros misteriosos 
de reyes, ministros y princesas. 

Casos de tales dolencias mentales no son nuevos 
para cuantos hayan participado más ó menos en las 
agitaciones políticas de un país, y sabido es cómo se 
agravan doquiera que el descontento y malestar al- 
canzan proporciones considerables , faltan hombres y 
medios de los que se espere natural y conocido alivio, 
y se debilitan y enferman los fundamentos ó resortes 
más capitales del poder público ; y no hay duda algu- 
na que el D. Carlos de Padilla, agente principal, autor 
y editor, pudiéramos llamarle, de la conjura, era un 
hombre cortado por ese patrón de conspiradores pro- 
yectistas, más ruidosos que temibles. 

Como sospechoso de tibieza en la guerra de Cata- 
luña, y notado por sus jefes de sedicioso y pronto de 
lengua, habia venido el Padilla á Madrid, perdiendo 
el puesto de Teniente general de la caballería que 
disfrutaba, y anduvo necesitado é inquieto murmu- 
rando en las antesalas del privado con los pretendien- 
tes y descontentos , hasta que logró introducirse con 



134 BOSQUEJO HISTÓRICO. 



Don Luís de Haro, asegurándole tenía medios para 
concluir una paz ventajosa con Francia. 

Obtuvo una pensión secreta de 300 escudos men- 
suales para negociarla, y se acreditó á punto de 'recibir 
cantidades y joyas de consideración y firmas en blan- 
co del Rey y del primer Ministro : acabó esto sin du- 
da de exaltar su espíritu poco seguro, y valiéndose de 
un hermano, jefe militar al servicio de España en Mi- 
lán , inició tratos con los rebeldes portugueses y con- 
ciertos con Francia para libertar al infante D. Duar- 
te, prisionero nuestro en Italia, y llegó á ofrecer al 
Duque de Híjar, por su cuenta y sin prenda alguna 
para ello, el auxilio de Francia para proclamarse Rey 
de Aragón. Creciéndose por dias en sus desvaneci- 
mientos con tales tramoyas, llegó á juzgarse arbitro 
de las fuerzas militares y diplomáticas de España, y 
cayó en los delirios que revela la carta dirigida á su 
hermano, impresa en el Memorial histórico y pieza 
capital de la causa de Híjar, en la que, juzgando el es- 
tado y situación de las principales naciones europeas, 
hace una nueva distribución de reinos en España, 
habla de negociar con Mazarino , sublevar Andalucía y 
Aragón, y apresurar ó retardar á su capricho las nego- 
ciaciones que llevaba el Conde de Peñaranda ; todo 
ello unido con nimias referencias á su manera de vivir 
alegremente, y gastar el dinero que recibía del priva- 
do por sus agencias secretas , revelándose en esos es- 
critos á las claras lo mediano del personaje, y lo vano, 
disparatado y embustero de sus tramas y negocia- 
ciones. 

Como asociado para tamañas empresas tomó el Pa- 
dilla á un D. Carlos Cabral, de nación portuguesa, 
hombre falso y necesitado, «sin más alhaja ni emolu- 



BOSQUEJO HISTÓRICO. 1 35 

^mentes — dice Vivanco — que una capilla rota y una 

> espada al cinto», y que deseando sacar algún dinero 

Aara alivio del hambre , dio noticia de que Braganza 

^on una armada quería tomar los galeones, asaltar á 

^ácJiz y ocupar Sevilla, y que para esto enviaba de 

^^creto 600.000 ducados, que él tenía trazas y modo 

^^ traer á manos de S. M. Encontráronse ambos su- 

^^tos, muy cortados para entenderse, en las antesalas 

aro, cuando andaban en los principios de sus 



efe 




¿ ^Axgencias con el privado ; murmurarian sin duda 
d^ ^^tado de las cosas, como es costumbre entre sol- 



g:^^^^s mal pagados, y pronto llegaron á revelarse los 
^^^^^s negocios que cada cual traia entre manos, pues 
^^;^^j^^ ^ndo , como es común en tales empresarios de 
^^"^s, gente de mayor fuste que atienda á las expen- 
^5^^ atrajeron á D. Pedro de Silva, marqués de la Vega 
de la Sagra, que se tenia por desdeñado por no ha- 
berle dado S. M. alguna plaza en sus Consejos. 

Vivanco afirma que D. Luis de Haro, receloso del 
Duque de Hijar desde el suceso de la junta, usó de 
D. Carlos Padilla como de confidente, ó lo que en los 
neologismos de la policía contemporánea se ha llama- 
do agente provocador, para descubrir sus intentos y 
probar su fidelidad, y toda la marcha del proceso y do- 
cumentos posteriores confirman esa idea, autorizando 
con grandes fundamentos la opinión, ya por sí de peso, 
del historiador coetáneo ; sin que á esto contradiga 
que el Padilla , siguiendo los usos de hacer traición al 
que le empleaba , de que da noticia en la carta á su 
hermano, convirtiera las exploraciones en tratos de 
conspiración con ánimo, aunque sin sombra de me- 
dios, para hacerla efectiva. 
El Duque de Híjar oyó y creyó á Padilla, tuvo por 



136 BOSQUEJO HISTÓRICO. 

intento grandioso y tremendo sus embustes, sonaron 
á sus oidos, sin hacerse aborrecibles, las ofertas de re- 
voluciones y alzamientos ejecutados por su medio, 
pero ni facilitó recursos, ni consintió en complicida- 
des, ni se arriesgó al más leve principio de ejecución, 
ni para alzar á Aragón, ni para casar á la Infanta, ni 
para deponer á Felipe IV, ni para cosa alguna que no 
fuese conversar en secreto sobre los males de Espafia 
y los extremos en que se pudiera buscar su remedio 
por obra y arte de su mano. Esto resulta con entera 
claridad del proceso y de las cartas del Rey á Sor 
María, porque lejos de haberse usado indulgencia y 
miramientos con Híjar, como ligeramente da á enten- 
der Lafuente en su Historia^ desde el primer instante 
se acreditó en la causa el espíritu democrático que 
informó siempre nuestros procedimientos criminales. 

Cuando estuvo decretada la prisión del Duque , hí- 
zole llamar á su casa el Presidente del Consejo, y le 
entretuvo hasta que llegó el alcalde D. Francisco de 
Robles, con cédula Real para detenerle ; quitóle la es- 
pada y daga, le pidió las llaves y papeles que tenía en 
la faldriquera, y con doce alguaciles le llevó en un co- 
che al castillo de San Torcaz, no dándole, dicen las 
historias del tiempo, el primer lugar, y diciéndole 
«que no lo hacía con ser grande, porque le tenía por 
reo, y él era juez. » 

El ruido de la prisión fué extremo ; se habia sor- 
prendido la disparatada carta de Padilla á su herma- 
no, y por todas las puertas de Madrid se dispararon 
correos á toda diligencia, para encarecer la vigilancia 
á los gobernadores y cabos en los ejércitos, puesto 
que la traza de la conspiración no abarcaba menos 
que de Milán hasta Cádiz. 



BOSQUEJO HISTÓRICO/ 137 

¿Cómo extrañar que proceso comenzado con tal 
aparato , no despertara, y aún acreditase, en el vulgo 
y Uevára á los extraños, noticias abultadas sobre el al- 
^^ce del delito? En Madrid se formaron, y corren 
^^presos, doce capítulos de acusación de otros tantos 
^rtmenes imputados á Híjar; muerte del Rey, levan- 
tamiento de Aragón, complicidad con Braganza, trai- 
Clon para la entrega de Tortosa , incendio de Madrid 
por cuatro partes para saquear las casas particular- 
^ente de los hombres de negocios, secuestro de la 
Infanta, para casarla, libertad de D. Duarte, preso en 
^ilstn y voladura de Badajoz, entierro de un hombre 
^Vo en Portugal, y haberle tratado de vos el Monarca 
^^í>elc3e en alguna carta. Las noticias de Roma y Fran- 
^^^> I>or lo que refiere Mad"" de Motteville en sus Me- 
^^^'«Vx^ (confundiendo, por cierto, esta conjuración 
^^^ lamas seria de Andalucía, en que intervinieron 
^^<3.ixia-Sidonia y Ayamonte), atribuian como móvil 
y í^^^^^ncipal objetivo de los conjurados el enlace de 
.^^■^^ Teresa con los Braganzas, que era un senti- 
°^^^^^^^o, con efecto, muy arraigado en España, pues 
\ ^1 nos dan razón también, años después, los em- 
^^Ja-dores venecianos, censurando agriamente que se 
P^'^s^ra por el pueblo en enlaces para recobrar un 
reír^ --^ ^1 q^^ deberian someter primero con las armas. 

To depuradas las culpas, resultó lo que en un prin- 
cipa xo hemos apuntado, graves pecados de infidencia 
^^ ^1 pensamiento y en la voluntad, sin medios ni prin- 
cip>xos de ejecución en parte alguna, pues no cabe su- 
^"^^^T que á tiempo inutilizaran las pruebas los deteni- 
^Ki^ ó sus cómplices. En la posada de Padilla se reco- 
gieron todos sus papeles, y hombre que escribia la car- 
ra á sil hermano, á que hemos hecho repetida referen- 



I3S BOSQUEJO HISTÓRICO. 



cía, no es de creer usara de grandes cautelas para la 
salvaguardia de documentos que hubieran comprome- 
tido más que á él á terceros : tampoco se halló nada á 
Híjar, no menos desprevenido á la prisión que los de- 
mas, y como testigos de cargo, sólo tuvo el Duque á 
los dos culpados, que tampoco dieron noticia de otra 
cosa que de las ociosas conversaciones y visitas á que 
se redujo indudablemente toda la trama, que tanta 
alarma causara entre propios y extraños. 

En cambio, algo nos dice ya en favor del Duque, aun 
en tiempos en que la crítica judicial tiene desterrada 
de los Códigos esa forma bárbara de probanza, el he- 
roísmo con que soportó el tormento, pues tal cons- 
tancia de ánimo no parece aliarse bien con el disimulo 
y el engaflo : hora y cuarto sufrió en el potro, tras ha- 
berle tenido para que su debilidad facilitara las confe- 
siones que de él se esperaban , todo el dia sin probar 
alimento, y cuando los alguaciles y verdugos le saca- 
ron los cordeles de entre las majaduras de los brazos 
y las piernas , como sintiera escalofríos y temblores, 
le dijo el cirujano : « Usía tiene frió», á lo que respon- 
dió el Duque con valor : «pues por Dios que no es de 
miedo», frase que repitió después, sin conocerla cier- 
tamente, otra víctima de las pasiones políticas de su 
tiempo, el desgraciado Bailly, en el carro donde le 
llevaron á la guillotina. 

Con prolijidad desvaneció el Duque en sus descar- 
gos los cortos indicios que en contra suya podian des- 
prenderse de las declaraciones de Cabral y de Silva, 
acreditando el absurdo de las pretensiones á la Corona 
de Aragón, sus ningunos medios en aquel reino y su 
residencia constante en Castilla, donde habia naturali- 
zado á todos sus hijos; pero completa, á nuestro jui- 



BOSQUEJO HISTÓRICO. 1 39 



Cío, IsL prueba de su inocencia en la medida que deja- 
nos expuesto, su carta á Sor María de Agreda, fe- 
chada, en 14 de Mayo del 48. 

T^i^ ía el Duque con la venerable Madre antiguas re- 
laciones; sin duda la fama de su mérito , más extendi- 
da en J\.ragon que en Castilla, le hablan movido á co- 
noc^irla, ello es que en las primeras cartas de la Aba- 
desa, á. Felipe IV en 1643, á la raíz de la caida de Oli- 
vir^^ , halla ocasión de recomendarle al Rey como 
niirii^'tro de buen celo para su servicio, cosa para no- 
tada. , x>or lo mucho que la escaseó la Religiosa, y que 
d^ á entender se habrían escrito ó hablado ya sobre 
°^^t^x*ias de Estado; pero se interrumpió esta cor- 
resp>c>xidencia largo tiempo, y cuando las fantasías de 
^^^ilXa y Cabral preocuparon el ánimo del Duque, 
P^^I^l^o ante acontecimientos próximos de tal alcan- 
ce » ^-cz:ude á la experiencia y consejo de la Abadesa, 
diciéxxdole: 

^ T'^mpocohe decaído un punto en lo que vuestra 

^^^^^^:ed y su reverendísima me ordenó en servicio de 

^^^^ ^tro amo, y se me ofrece un negocio que puede 

^^ <de gran servicio á Dios y al Rey, pero para se- 

^^^^^*^Xe hé menester mayor confianza de la que tengo 

^ ^^ lcr>s ministros, y que S. M. tuviera de mí la satis- 

^^^^xon que mi deseo, avisos y servicios le merecen 

!• ^^^^i ansia de servirle, al paso que por esto me ha cas- 

^^'^ lo y castiga, pues no me da satisfacción de lo pa- 

. Mis riesgos pueden ser muchos, y dos evidentes; 

^^xio que para saber la traición que se dispone , que 

^ ^So ó que puede ser contra la vida de S. M. y de la 

^^^^^nta, ó levantamiento de provincia ó reino, hé 

_^nester tratar con algunos que no deben ser bien 

^ctos, y puede ser que necesitase de no parecerlo. 




140 BOSQUEJO HISTÓRICO. 



»y esto, aun por de burlas, no me atreveré á hacerlo... 
» y si fio de otro las noticias que hoy tengo, ó no harán 
» caso de ellas, ó no se las fiarán á él y desconfiarán de 
»ml. Si las digo á mi amo, córrese este mismo riesgo, 
» con que el suyo no se asegura, y si las dejo, pueden 
» obrar las cosas que apunto, ú otras. 

» Vuestra merced encomiende esto á Dios y me 
» aconseje luego, que yo procuraré no perderlas de 
» vista, ni aventurarme si no fuese con evidencia, aun- 
»que sé que con esto ni el Rey se dará por servido, ni 
»yoni mis hijos hallaremos perdón en los culpados, 

»que podrían ser muchos y de gran importancia ; 

»pero contra todo debo estar á mi obligación y al amor 
»que á mis amos tengo. 

» Reparo en que para desentrañar esta bellaquería 
afuera menester algún papel del Rey que me asegura- 
»ra, porque no me levantasen algún testimonio ó an- 
otes de averiguarla ó después, y gran secreto. 

» También juzgo que el Rey, aunque está harto apa- 
»cible conmigo, ha de pensar que esta materia es para 
» introducirme con él, y más en tiempo que D. Luis 
»de Haro está achacoso, y cesan sus audiencias, y no 
» corren por su mano los despachos. También ten- 
» go presente que cuando di el aviso de la pérdida 
»de Portugal al Conde, tres meses antes, diciendo 
I »que sería de allí á tres meses, cobré nombre de 

^mentiroso, y después, por hombre que habia tenido 
» noticias, estuve mandado prender, y hoy, siendo 
»del Consejo de Estado de Portugal el solo castella- 
»no que habia, no entro en la Junta de aquel reino, 
»con que se ve que para las materias de él, aun se 
» desconfia de mí. 

»Digo todo esto á vuestra merced, y acuerdóla con 



k 



BOSQUEJO HISTÓRICO. I4I 

* el rigor que es tratado Monteron , sabiendo vuestra 
^merced cómo está calificada su causa, y la verdad de 

* lo que ha predicho , que lo que yo le he dicho todo 
*iíasido cierto, y amenaza y mucho ; no sé si es hacia 

* el lado que á mí se me trasluce el negocio que apun- 

^to, pero también es una de las cosas que me hace 

> entrar en cuidado , y todo me obliga á , suplicar á 

->► vuestra merced encomiende mucho á Dios que acer- 

* temos este negocio.» 

Est2L carta retrata al personaje, la conspiración y sus 
alcances tal como los dejamos trazados más arriba, 
y quita todo recelo de que hubiera sido fraguada por 
^^til artificio de exculpación la respuesta de la vene- 
rable Madre. 

J^^spuesdel acostumbrado preámbulo de gratitud 
í^^i" ^Ti carta y referencias á la muerte de su confesor, 
^ soX edad de consejos y guía, en que esta desgracia le 
^^ <i^ado, insinúa delicadamente la excepción que 
^^^ al contestarle, diciendo : 

'^ ^^uestro Padre Palma me asistia lo que era posi- 

* *^1^ desde tan lejos, y me confieso muy beneficiada 

^^ ^u piedad ; decíame que escribiese pocas cartas, 

^^^«^^ el mayor retiro, pero á personas como V. E. no 

^^^^rian sus órdenes» y entrando de lleno en el 

^^^o solicitado, dice con su habitual discreción y 

^'^' nte sencillez de estilo: 

_n cuanto á lo que V. E. me insinúa en su carta, 

^^■^D, Seflor mió, que en esta pobre Monarquía el 

_^^^"Vicio de Dios y de S. M. están tan atrasados, que 

^ lástima y vivo dolor no acudan todos con sus vi- 

^ ^^ y poder de sus fuerzas á remediarlo, porque cor- 

^ ^^ 'V vuela á su precipicio ; y mayor amargura engen- 

^5^ no sean admitidos los que en tan grave causa 



» 



» 






142 BOSQUEJO HISTÓRICO. 



» pudieran obrar, pues, la necesidad da voces á que se 
» acuda con el remedio, y si ella no pone disposición 
»en los sujetos que V. E. me dice oir á todos y á 
»V. E. como más noticioso de las materias, sordos 
» quieren estar de voluntad, pero pesado letargo pa- 
»rece el que á tantas voces no despierta. 
\ » Nuestro Padre Fray Francisco Andrés, que esté 

»en gloria, diria á V. E. no hablase, por temor de si 
» sería V. E. mal admitido , porque la disposición para 
» oir es el buen concepto y crédito de quien ha de ha- 
»blar ; y si éste le quitaron á V. E., no era mucho que 
»el difunto temiese. 

»Desde que murió, se han podido mejorar ó empeo- 
»rar las cosas; V. E. lo conocerá y sabrá si hay mejor 
» disposición á ser admitido, pero en caso que V. E. 
» hubiese de hablar, mejor sería inmediatamente al 
i »amo que por terceros, que de unas manos en otras 

! »es más fácil adulterar la verdad, y que la emulación 

i » glose mal las intenciones de V. E. La vida del due- 

j » fio es lo que más cuidado nos puede dar; ya he sa- 

• »bido que Monteron la amenaza, pero no he enten- 

• »dido porqué modo, si violento ó natural; de todo 

»me avise V. E. por mano del Dr. Zapata, que ven- 
» drán seguras las cartas. » 

Pero si todavía dejaran alguna duda esos documen- 
nos, no creemos que resista la prevención más arrai- 
gada al testimonio que se desprende de la correspon- 
dencia del Rey con Sor María. Llegaron al convento 
los rumores de novedades y prisiones por causa de in- 
fidelidad, y pregunta la Madre sobre el suceso, con- 
testándole el Rey en 30 de Setiembre de 1648, «que 
» el asunto era de consideración , aunque nada contra 
»su persona, que habia nombrado los mejores jueces 



BOSQUEJO HISTÓRICO. 143 

»que había en sus consejos, y se haría justicia», y 
cuando termina el proceso, escribe su juicio comple- 
to sobre él, díciéndole : 

«La causa délos presos se concluyó, y habiendo 

ahecho yo en ella todo lo que me ha tocado, sin que 

*nie quede el menor escrúpulo del mundo, pues les 

*dí tiempo competente para sus defensas, y les dejé 

* elegir abogados de su satisfacción para que por es- 

*crito y de palabra las hicieren, les di cinco jueces, 

*Ios de mayor satisfacción que hay en mis consejos, 

^^es exhorté á que no atendiesen á más sino á admi- 

>nistrar justicia recta, sin que ninguna pasión les mo- 

> viese á otra cosa, é hice el día que se votó la causa 

^que en todos los conventos se encomendase á Dios 

^su acierto, con que de mi parte no hallé más que 

»Aacer. Los reos fueron el Duque de Híjar, D. Pe- 

^drcy de Silva Marqués de la Sagra, D. Carlos de 

*-^^<Jilla y Domingo Cabral ; estos tres últimos estu- 

'^^verc>n convictos y confesos por sus propias declara- 

>C]oix^s en que habían conspirado (ó querían conspi- 

*^^^ ^ contra mi corona y cierto, tan ridiculamente, 

*9ii^ xnás parecían locos que traidores : condenóselos 

^*^^^^rte como manda la ley ; á Cabral se la dio Dios 

J"^3^ trabajosa , pues el mismo día que se sentenció 

/^^^xisa murió en la cárcel de un accidente que no 

,'^^^^ lugar de confesar, habiéndolo menester mu- 

^^ ^egun su modo de vivir; á D. Pedro y á D. Cár- 

^ *^ e les dio muy diferente , pues murieron en el 



^^Iso con gran valor y cristiandad, y con tales se- 
^^s de su arrepentimiento y dolor de sus pecados, 
^ Se puede tener por cierto se salvaron, y no po- 



^ *^ duda en ello los religiosos que les asistieron. 
*^ ^ a el de Hijar hubo grandísimos indicios, y así 



144 BOSQUEJO HISTÓRICO. 



»se le dio tormento, en el cual negó, con que no se le 
» dio la misma pena, pero se le condenó á cárcel per- 
»pétua en un castillo. He querido haceros esta rela- 
» cion para que tengáis noticia de lo que ha pasado en 
» un caso que tanto ruido ha hecho en todas partes» ( i ). 

La Venerable Madre , al llegar á esta carta en el 
cuaderno de copias que existe original en el conven- 
to de Agreda, pone una nota relacionando la consul- 
ta del Duque, la correspondencia íntima que éste ha- 
bia tenido con unos religiosos que amenazaban mu- 
chas calamidades para el reino, la contestación que 
le habia dado, y que presentó el reo en la causa para 
su disculpa, lo mucho que de esto habló el mundo, lo 
tranquila que ella tenía de toda culpa su conciencia, 
lo que vaciló en dar satisfacción al Rey, no habiéndo- 
sela pedido S. M. hasta que, aconsejada de personas 
graves y con mandato de sus prelados, le escribió es- 
tos delicados y discretísimos párrafos. 

«La justicia de los Reyes es, Señor, la defensa de 
»la patria y la paz de los pueblos, y por ello dijo Da- 
»vid que la justicia y la paz se unieron. Habiendo 
» Vuestra Majestad encomendado á Dios materias tan 
agraves como las de los delincuentes, y escogido para 
» juzgarlos ministros tan cabales y atentos que han oido 
»sus descargos sin apresurarles los tiempos, queda 
» Vuestra Majestad justificado, y alabo á la Providen- 
» cia divina por haber descubierto tales tramoyas, que 
»áun imaginadas ofenden, y siendo sólo fantasías han 
» merecido el castigo que hará cuerdos á otros. Á los 
»reos que murieron haya perdonado Dios; mucho 
» puede con S. M. la confesión del delito y la sujeción 



(i) Carta del 8 de Diciembre de 1848. 



BOSQUEJO HISTÓRICO. 1 45 

>á Ist, pena. £1 Duque de Híjar causa admiración mi- 
^T?Li^ c:3o su proceder, con las obligaciones de la calidad 
leni c^Mt Dios le puso. El mes de Mayo me escribió 
»ua^i- carta, que la extrañé, por haber mucho tiempo 
»qiK^^ yo habia dejado su correspondencia; decíame 
»eii. ^s Ha que temía algunos trabajos futuros en esta 
»M<:>:ar3iarquía, y hablaba de las materias antiguas de 
»reXi,^^osos que V. M. sabe; respondí al Duque, más 
»eii cz»T)sequio del servicio de V. M., que pesando con 
»prxi «iencia lo que podia resultar, y pregúntele que si 
»er£i. 1 o que me decia por lo que habia declarado Mon- 
»tex-cz>:m, y que hablara á V. M. ; no sé si lo hizo, por- 
»qii. ^ no me respondió más. 

*-L->^ esta carta, dicen, se ha valido para su defensa: 
»no :xn>ne pareció escribir á V. M. en aquella ocasión, 
»pox-<:3^ue no di bastante asenso á las materias y cre- 
*y^^*^<:3olo haria el Duque, ni tampoco dije nada lué- 
H^ <i"ue sucedió la prisión de los delincuentes, por de- 
»]ar" czr crrer su causa y saber los fundamentos de ella; 
»aa<z>x-a que se ha sentenciado, y V. M. se digna es- 
»crxl:>ijjjjg g^ ejecución, me ha parecido dar á Vues- 
»tr^. ^^íajestad esta noticia y cobrar yo aliento en la 
*^^^^^ siva pena que he tenido; pues confieso á Vues- 
»tra. ^Majestad que en mi natural encogido, ha sido 
» °^^ :rxa la mortificación. Abrazaréla por el escarmien- 
* ^ ^Vie he sacado para retirarme, pues no le podia 

^^^x mayor y de más amargura, que entender me 
^^^ hombrado en papeles de tal calidad, y no hallo 

"^^^ consuelo que el de la fidelidad que siento en mi 

"^^^2on al servicio de V. M., y creer que V. M. la 

la conoce» (i). 



>v& 



ViJarta del i8 de Diciembre de 1648. 



xo 



146 BOSQUEJO HISTÓRICO. 



Contestóle el Rey confirmando la satisfacción cum- 
plida que de su amistad tenía , pero no impidió esta 
personal confianza del Monarca que se moviera un 
proceso de Inquisición, del que hablaremos más ade- 
lante , formado sobre doctrinas de la venerable Madre 
en lo tocante á la declaración dogmática de la Inma- 
culada, y otros extremos análogos , y paralizado hacia 
años. Con el suceso de Híjar se debió pasar, lo que aho- 
ra llamamos el tanto de culpa, á la Inquisición de Ma- 
drid, y ésta , en Setiembre de 1649, mandó completar 
la causa con el interrogatorio de la Madre, que alcan- 
za á 80 preguntas , siéndola última relativa á la corres- 
pondencia con el Duque, y contestándola, declara en 
el proceso la Madre, «que le conoció cuando hizo con 
»el Rey la jomada á Aragón, que estuvo tres ó cuatro 
»veces á verla, y conoció que el Duque quena intro- 
»ducirse con S. M., y daba por causa que quería recu- 
^perar lo de Cataluña y Portugal y tenía medios, dañ- 
ado también noticia de la carta y respuesta que entre 
» ellos mediaron en Mayo y Julio del 48, y habiéndole 
»creido fiel, por lo mucho que le abonaba su confesor 
»F. Francisco Andrés, pero con algún recelo de que 
»le tenian por poco verdadero en Palacio»; reconoce 
haber tenido correspondencia con el P. Monteron, 
con quien la tenian también el Duque y Fr. Andrés, 
pero ella dio todas las cartas á este último y sabia las 
quemó, y nada más se hizo, pues se declaró suspensa 
la causa por decreto de la Inquisición de 1650. 

En la correspondencia con Borja no descubre más 
la venerable Madre , reproduciendo las mismas alar- 
mas por las siniestras profecías de Monteron y las pro- 
pias inquietudes, por el mal sentido que quisieran dar 
á sus comunicaciones con Híjar. 



BOSQUEJO HISTÓRICO. 1 47 

iez y seis años vivió el desgraciado Duque encer- 
]^ci<r> en el castillo de Luna, en León, y al morir quiso 
(j^j ^i-rr escrito por su mano el epílogo de esta triste his- 
to:^-i^, y por conducto de su confesor, religioso déla 
Cox^Mrmpaflía de Jesús, dirigió una carta al Rey, citándo- 
le ^t^rmrmte el Tribunal de Dios, donde recibirla la satisfac- 
¿czp^MTM^ que le debia, haciéndole justicia, y al que pedia, 
pr<3:3<^imo á comparecer ante El, que ante todo el mun- 
do l=B.iciera constar algún dia su inocencia, y concluía 
cox-i> estas palabras : «Y porque es verdad, lo digo y 
>\o> firmo de mi mano el dia que recibo el Viático di- 

"ocede, á nuestro juicio, con estos datos rectificar 
la errada y vulgar opinión que del Duque de Híjar se 
ba formado, mirándolo como autor y promovedor de 
re^VTieltas, cuando á lo sumo pudo ser tentado á probar 
del fruto sin llegarlo á los labios ; pero no por resultar 
inia.gr£j^2^j^2^y gQlj^jj^ la conjura, deja de ofrecer pági- 
nas del mayor interés su estudio, tanto para apreciar 
^^ ^st^do de la opinión y el caimiento y endeblez, ya 
^'^^^D^ces irreparable, de la aristocracia castellana, co- 
í°o p3.:i-a poner en su punto las acusaciones de tiranía 
y ^^sp>otismo, tan al uso cuando se habla de la domi- 
^^^^^ de los Austrias. Duras son para nuestras cos- 
,^^*^x-es leyes que imponen por indicios tormento y 
, ^^1 perpetua, pero hecha su parte á los progresos 
^^ legislación, fuerza es convenir no cabe llevar un 
^ ^^so político con mayor moderación y más res- 
^^ á los derechos del reo en los procedimientos, 
P ^ Blas elevación de miras y cristiana nobleza en el 
^'^ 1 con más igualdad y más independencia de jerar- 
^^^s y fortunasen la sustanciacion y en la pena, y hoy 
X dia en que, llenos nuestros anales de conquistas 



t- 



I* 



148 BOSQUEJO HISTÓRICO. 



sobre el antiguo régimen, repletos nuestros archivos 

de declaraciones de derechos y leyes de garantía, he- 

I mos de reconocer, si la pasión no nos ciega, que son 

bien pocas las soberanías reinantes capaces de seguir 
un proceso de esta índole, con tanta mesura como la 
que acreditó Felipe IV, y que no andan sobrados los 
jueces que, desde el principio al fin de una causa, 
acrediten la severa integridad que revelan los fisca- 
les, alcaldes y consejeros que entendieron en el pro- 
ceso de Híjar. 



X. 



Al propio tiempo que se desenlazaban en Madrid, 
por tan trágica manera esos intentos de conspira- 
ción, se concertaban las paces laboriosamente nego- 
ciadas en Munster, que llevan en la historia el nombre 
de tratado de Westfalia, llegando á término la famosa 
guerra de los treinta aflos, y abriéndose un nuevo pe- 
ríodo en el modo de ser político y religioso de la Eu- 
ropa occidental. 

Si aspirásemos á escribir una historia del reinado, 
gustosos depurariamos muy al pormenor los pensa- 
mientos de nuestros plenipotenciarios en las conferen- 
cias, y la responsabilidad que alcanza á D. Luis de Ha- 
ro, en haber dilatado nuestros avenimientos con Fran- 
cia diez años más, con tanto dafio para esta Monar- 
quía ; pero á los fines más reducidos de este estudio 
bastará poner de relieve el cruel desengaño sufrido 
en nuestra corte al verse abandonada por el Imperio, 



BOSQUEJO HISTÓRICO. 1 49 

y libando los Austrias alemanes, paz y amistad con 
í'rancia, con entera independencia y separación de la 
3 española, 
n firmes juzgaba el Rey, por tradición familiar, 
los vínculos de su Corona con el Imperio, que al ex- 
"bort arle la venerable Madre á la paz, cuando ella tuvo 
noticia de que se entablaban conferenciasen Munster, 
y apremiarle á buscar las causas de las guerras, y 
cortsur las que no se fundaran en graves motivos de 
Justicia y defensa, contestábala el Rey estas curio- 
sas palabras: 

« JEn lo que toca al punto que me preguntáis, os pué- 
delo decir que entre esta Corona y la de Francia no se 
»tia. h tibiado en ajustamientos, porque yo, sin el Em- 
*per-a.dor, no puedo tratar con Francia, ni tampoco el 
* Emperador (si hace lo que debe ) sin mí. Entre las 
^tres Coronas hemos deseado siempre ajustaría paz 
^ ^} ^^niperador y yo, juzgando habia de ser imposible, 
♦^^intrervenian todos los aliados, llegar al ajustamien- 
* ^ ultimo, por la diversidad de intereses que hay en- 
,^ ^llos; pero Francia nunca ha arrostrado á esto, 
.^^^ que lo remite todo para el Congreso universal 
^vf^^^^ en Munster, donde, á mi parecer, si Dios no 
"""^ xxn milagro, no será fácil ajustamos jamas. Allí 



. S'o ahora á mis ministros con órdenes sobre el 

^*^^:iniento de la paz, y deseóla tanto, que aunque 

^ I^^xdiendo algo, vendré en ella; vos podéis, con 

^ ^^ Seguridad, decirme lo que os pareciere , que lo 

^ ^ "^^CDS me dijéredes, que quede en mi pecho os ase- 

* y que no lo sabrá la tierra» (i). 



CO 



Tta del 20 de Julio de 1645. 



; 



150 BOSQUEJO HISTÓRICO. 



Insiste la Religiosa en no desaprovechar esa oca- 
sión, le aconseja con gran sentido no repare mucho 
en algunos intereses territoriales, y él, abundando 
siempre en el propio sentir, sigue cargando la culpa á 
los ministros del Cristianisimo, que dice se niegan 
tácitamente á la paz. 

Es para notado que por su parte Mazarino se es- 
fuerce en defenderse de la propia acusación que se le 
dirige en Francia, donde la opinión común deseaba 
las paces tanto ó más que en Castilla. Publicada está 
la carta del Cardenal áLoménie de Brienne (i), en la 
que refiriéndose á estas negociaciones, le dice: «vos 
» sabéis si yo he impedido la conclusión de la paz , y 
» con qué sinceridad ha hablado sobre esto el Duque 
» de Longueville en tiempo en que no estaba obligado 
ȇ tomar mi defensa, y si no ha dicho muchas veces 
»en el Consejo que jamas pudo llegar á saber con qué 
acondiciones querían ajustarías los españoles,» Y con 
efecto, estudiadas las negociaciones de Munster y 
Osnabruk, por lo que de ellas nos es hasta ahora co- 
nocido, parece claro que las ofertas de los ministros 
españoles no tuvieron aquellos caracteres, concretos 
y definidos, que suelen distinguir á los que sincera- 
mente desean concluir ajustes y concertar volunta- 
des; pero á decir verdad, Mazarino, haciendo contes- 
tar á la Reina, que declinaba el honor de un arbitraje 
personal que propusieron los españoles y á su vez de- 
feria á lo que propusiera Felipe IV por la gran opinión 
que tenía de su virtud y de su equidad , suponiendo 
seria ajustado á la situación real de las cosas, no llega 



(i) Cheruel^ Lettres de Mazarin, 



BOSQUEJO HISTÓRICO. 151 



á c^onvencemos de que deseara tampoco la paz, y la 

r& rodadera conclusión de todo ello para nosotros es, 

qii^ la deseó vivamente Felipe IV, que la esperaba y 

pedi^ con empeño Francia, pero que no la quisieron 

ea !^^unster, ni Mazarino, ni D. Luis de Haro. 

-^^xmbos pusieron su atención é interés en preparar- 
se ^^^ski3,lagueTr3,y aislando á su adversario, en cuya 
lah> <zp :r la fortuna les distribuyó por igual sus favores, 
pm. ^ ^ si bien Mazarino logró el señalado triunfo de 
sex>si^xar de nuestra causa al Imperio, nosotros alcan- 
zaix:!. cDs una victoria muy celebrada , separando á las 
Pr- o ^v^incias- Unidas de la Francia, concertando paces 
pa^^^^iculares con ellas, privando así á nuestros ene- 
nii,^<z>s de una posición estratégica de suma importan- 
cía-, -y logrando esto, á despecho de las previsiones 
^^1 astuto Cardenal, que tal interés ponia en que 
^^*-^^^ xo hubiera acontecido, que no consintió fueran 
su^ IRlinistros á Munster sin pasar antes por el Haya, 
ipular solemnemente llevarían unidos ambas na- 
«s sus tratos con España sin adelantar más un 
^rno que otro y sin ultimar nada sin común con- 
xmiento. 
litó la República holandesa á Francia, como fal- 
Imperio á España, y quedaron Mazarino y Haro 
cual sin una pieza importante en su juego, pero 
^idos á seguirle , si bien por respetos el uno á la 
ion de su país, y el otro á las instrucciones y vi- 
^eseos del Rey, hubieron de asegurar ambos con 
áos y ajenos testimonios, que su adversario era el 
no queria la paz. 
:»-istemente notició Felipe IV las conclusiones de 
^^ster á Sor María; dolíale sobre todo el abandono 
^sengafio del Emperador «que haciendo la paz 




I 

I 



152 BOSQUEJO HISTÓRICO. 



»con Francia nos había dejado fuera y con todos los 
» enemigos á cuestas»; y aun le lleva su buen natural y 
su afición de raza á disculparle, dando por averiguado 
«que jamas hubiese venido en ello por su voluntad y 
» si no le hubieran forzado y cohibido los Príncipes del 
» Imperio y sus Ministros» (i), y afligido por la falta de 
medios humanos, pone cristianamente su confianza 
en Dios y en la esperanza de que si logra merecer su 
amistad, excusado está de buscar otros aliados. 

Debió alentar D. Luis al Monarca con algunas pro- 
mesas más terrenas, pues en toda la corresponden- 

¡ dencia de este año da á entender Felipe IV á Sor 

María su fe en dos eventualidades, que sin duda sos- 

I tuvieron los ánimos del Ministro al resistirse en Muns- 

ter á prestar facilidades á la paz ; lo quebradizo de los 
ajustes entre el Imperio y Francia, y las discordias 
que amenazaban perturbar hondamente á nuestros ve- 
cinos durante la minoría de Luis XIV. 

En lo primero erró su cuenta, si de veras la hizo 
nuestro ministro, y nada disculparia la errata, porque 
ni el estado de Alemania, ni el agotamiento de fuer- 
zas del Imperio, ni el organismo que creaba el tra- 
tado, permitian equivocarse sobre el carácter defi- 
nitivo de aquella paz, en todo lo esencial para los 
intereses germánicos; pero en su esperanza de los 
frutos y aprovechamientos que pudieran recogerse de 
hacer la guerra á la Francia con sus interiores pasio- 
nes, no andaba en verdad tan descaminado nuestro 
gobierno, y las fuerzas que empezaban á agitarse 
amenazando la obra de Richelieu, eran para despertar 



(i) Carta del 8 de Diciembre de 1648. 



BOSQUEJO HISTÓRICO. 1 53 



terif:a.ciones de aventuras, aun en los más prudentes. 
T^o sólo el Parlamento de París, sino casi todos los 
de i* 'rancia, estaban en una verdadera rebelión contra 
el IF^oder Real, no se cobraban los impuestos, los 
atr2i.sos y estrecheces de la Corte no eran menores 
qu^ los de Espafia y Alemania (i), y se movían, dis- 
par s^tos á capitanear opuestas facciones, vigorosos 
Tesaos de antigua aristocracia, militares tan señala- 
dos como Turena y Conde, hombres políticos de la 
int^xicion y alcance del coadjutor Retz, y para con- 
tenerlos y encauzarlos sólo se contaba con una Reina 
al frente del Estado, ligada á los intereses de su Mi- 
nistro por vínculos más estrechos de lo que conviene, 
pa^ra. que el bien público sea, como debe ser, la única 
pasión del Príncipe. 

^^ sobre tales elementos de luchas civiles empefla- 
^^s , se agitaban, como los dioses mitológicos en los 
Pí>^ rxias heroicos , las figuras singulares de esas damas 
"^ 1^ Corte y la Fronda, tan amorosamente retra- 
por Víctor Cousin en sus estudios biográficos 
iglo XVII, Mme. de Longueville, Mme. de Che- 
se, MUe. de Pons, excitando los ánimos y las pa- 
^s en los combatientes, y llevando el hilo de las 
complicadas intrigas, á impulso de afectos, am- 
anes é intereses, del todo independientes del bien 
c^ria de la Francia. 

Tirante los años 49 y 50 vive animado el Rey con 
^ ^^eneficios que abundantes se recogen de los dis- 
.. '^"■^ios, guerras civiles, intrigas y motines que cons- 
3í^en la novelesca historia de la Fronda, dando fre- 




^ Memaires de Mad. de MoitevÜU, 1649. 



r 
I 
I 
I 



154 BOSQUEJO HISTÓRICO. 



cuente noticia de esas alteraciones á la Venerable 
Madre, no sin lamentar algunas veces « sea menester 
» fomentar tan malos hechos y dar ocasión á que en 
» reinos católicos, así los parlamentos como otros se- 
» ñores de mucha calidad y partes, tomen las armas 
» contra el Rey, confiando en hallar disculpa con el 
» honrado fin de lograr la quietud de la cristiandad , y 
»en sacar así triaca del veneno y llegar á la tan de- 
»seada paz» (i). 

Por ese tiempo, aparte de otras inteligencias y tra- 
tos más secretos y menudos con los enemigos de Ma- 
zarino, anudó Mme. de Longueville una alianza ofen- 
siva entre la Casa de Conde y España, en Stenay, 
mediando en ello el Archiduque Leopoldo y Turena, 
y pactando subsidios y tropas que habia de dar Es- 
paña , con distribución de las plazas y territorios que 
se conquistaran á Francia «entre Su Majestad Cató- 
» lica y la señora de Longueville y el señor de Turena», 
y éstos siempre bajo el nombre y protección del Rey 
católico. 

Penetran á seguida nuestros ejércitos con el Archi- 
duque y Turena en Francia, llegan á seis leguas de 
París, temiéndose que cayeran sobre el castillo de 
Vicennes ; obligan al Cardenal á trasladar á los Prín- 
cipes de Conde, Conti y Longueville, que allí tenía 
prisioneros, á la fortaleza de Marcoussis; derrotan á 
Hocquincourt, forzándole á retirarse hasta Soissons, y 
con varia fortuna se sostiene la guerra civil en medio 
de un desorden y desconcierto en el gobierno y en 
los rebeldes, como seguramente no ha sufrido ningnn 
otro país sujeto al imperio de una Monarquía. 



(i) Cartas del 3 de Febrero de 1649 y siguientes. 



BOSQUEJO HISTÓRICO. ISS 

Conde envió sus plenipotenciarios á Madrid, y ce- 
lebró el tratado que vino á dificultar más tarde las 
paces entre las dos coronas por la oferta de no firmar 
el Rey católico con Francia, pacto ni tregua, ni sus- 
pensión ele armas, sin que se comprendiera á Conde 
y á los suyos, reponiendo al Príncipe «en el rango, 
» dignidad y empleos á que tenia derecho por su na- 
» cimiento y sus méritos», con oferta de poner en las 
aguas de Burdeos treinta buques de guerra y 4.000 
hombres de desembarco , y abundantes pensiones y 
subsidios en metálico; tratado que suscribieron el 
Príncipe, Nemours, La Rochefocauld, Conti, y la 
Duquesa de Longueville. 

Entre tanto, nos favorecía la suerte por Italia; ha- 
bíamos ganado á Casal, á Piombino y Portolongone , 
^ra nuestra escuadra dueña sin rival del Mediterrá- 
^^o, se sitiaba y tomaba á Dunquerque, y se concluía 
/^ '"econquista de Cataluña, ocupando las armas de 
-^ • J^ixan de Austria á Barcelona, recuperándose los 
^^ados de Cerdafla y Conflans, y retirándose los 
^'^xv^eses del Rosellon ; si bien el Rey veia tan á las 
ciaras todo lo que estos buenos sucesos tenian de 
precario y quebradizo, que en medio de sus legítimas 
y naturales alegrías escribía á la Madre «tan falto 
* estoy de medios, que temo volver muchos pasos 
>5íras si Dios no continúa los milagros que ha obra- 
doestos años» (i). 

^^cil es calcular cuanto ha apresurado nuestra de- 
^ ciGzxc^l^ no haber utilizado aquellos momentos para 
"^ ir la paz, bien ligándose menos apretadamente 
rebeldes, bien imitándolos hasta donde fuera 



tou? 



0} 



del 27 de Noviembre de 1652. 



IS6 BOSQUEJO HISTÓRICO, 

preciso en la inconsistencia de sus odios y amistades, 
para servir los intereses de España, como servian 
ellos los de sus pasiones y granjerias. 

Refieren las Memorias de Monglat y de Mad™ de 
Motteville que, avanzando nuestro ejército sobre 
Reims,y ocupados Neufchatel, Pontaverne y Bazo- 
ches por el Archiduque, envió éste un parlamentario á 
París para tratar de la paz con el Duque de Orleans, 
y fueron grandes el júbilo y emoción de la corte y la 
villa Se le recibió en presencia del Nuncio, del Em- 
bajador de Venecia, de los grandes magistrados y 
ministros que se hallaban en la capital, se leyó públi- 
camente la carta, acudió Orleans de seguida con el 
aviso á la Reina y á Mazarino, pidiendo poderes 
para tratar, y aunque de muy mala gana, porque 
recelaba intriga contra él, no se atrevió á resistir el 
Ministro, enviándose luego los poderes, y cuando 
acudieron con el Nuncio y el Conde de Avaux á 
Soissons para avistarse con los plenipotenciarios de 
España, no concurrieron éstos, y vino á descubrirse 
que todo ello habíase reducido á una estratagema pa- 
ra anudar ciertas inteligencias y pequeñas intrigas 
con los que aun esperaban mover el pueblo de París 
contra el Cardenal. 

Pero I quién duda que terreno tan bien preparado 
podria haberse reconocido y explotado á tiempo por 
nuestro Ministro ! y ¡ cuan diferente hubiesen sido su 
posición y sus medios en Soissons, que en la isla de 
los Faisanes ! El secreto de retirarse á tiempo suele 
ser el que decide de las ganancias, lo mismo en el 
juego de la diplomacia que en los demás , sobre to- 
do para los pobres y los débiles, y no acertó con él 
nuestro D. Luis de Haro, dando lugar este descuido, 



BOSQUEJO HISTÓRICO. 1 57 



Ó errada cuenta, á que Mazaríno fuera cobrando, uno 
par uno, los triunfos con que nos abrumó en la paz de 
los F^irineos. 

Entretanto, y como es uso antiguo en nuestros go- 
biernos, los alientos y propósitos al convenir, fueron 
raá.s lozanos y crecidos que los hechos al ejecutar, y 
los suibsidios en fuerzas y dinero llegaron menguados 
y tfiíx-ciíos para el auxilio de los rebeldes. Felipe IV se 
afligf xa por ello, desahogando sus estrecheces de dine- 
ro ^xx las confidencias de las cartas, diciendo « cuando 
^nec^esitaría millones de ducados para atender alas 
*m.a."yores urgencias, no tengo sino 20.000 escudos en 
>in^x caja, y dias hay en que me falta caudal hasta para 
*cosas muy menudas»; y al pormenor refiere á la 
V^rx arable Madre los preparativos de la flota alistada 
P2.r^ el socorro de Burdeos, ya pronta á lo que pare- 
ce ^1 2 de Julio, que no marcha, sin embargo, hasta 
^^ diado el mes, y que llega tarde al empeño (i), 
P^^«"<:3Lue el 24 de Julio la familia y amigos de Conde, 
^^sj>iies de haber ofrecido á Cronwell un puerto en 
^^ ^^^ airona, y á los protestantes de la Guiena, la Re- 
P^l^lica, acaban por ajustarse con Mazarino, entre- 
ga^xx^Jo al ejército del Rey la ciudad y obteniendo 
^^*"^^>^ amplio perdón para sus rebeldías. 

^^<:>r María, sin tratar nunca á fondo sobre las espe- 
raxx^^s que se pudieran fundar en las revueltas de 
^^ *=*«tros vecinos, muestra smgular mstmto contestan- 
la confianza del Rey , con dudas sobre la raíz, al- 
y gravedad de esas alteraciones, teme se pon- 
ífl por quien tenga interés en desprevenimos para 



^ ^ ^ Cartas del 2 de Julio de 1652 y siguientes. 



% 



* 



158 BOSQUEJO HISTÓRICO. 

la guerra, ó en alejamos de la paz, y una y otra vez re- 
prende las tardanzas en los auxilios, diciendo con su 
habitual virilidad de estilo «á todo acuden, Señor, 
» vuestros Ministros tarde , mal y nunca , y ésta es la 

» causa de tan repetidas pérdidas reparad que cuan- 

» do ha habido felicidad y ventura hay que notarlo por 
» milagro, pues ha sido con tal falta de medios y pre- 

» venciones humanas, que sólo Dios los ha obrado 

:^por mucho que su Divina Majestad proteja á esta 
» corona, él quiere que hagamos lo que nos toca, con- 
»curriendo con las causas naturales ; y lo que se ha de 
:► hacer tarde ó temprano, mejores prevenirlo con 
:► tiempo :► (i). 

Singular acierto en el juicio y apreciaciones el de 
esa solitaria, encerrada en un rincón de la vieja Cas- 
tilla, que casi literalmente trascribia al Rey el juicio 
de uno de los embajadores más ilustres de la Repú- 
blica veneciana, quien refiriéndose á esos mismos 
aftos decia á su Senado, « no podia volver de su asom- 
»bro que tanto se retardase la total ruina de esta Mo- 
:► narquía , teniendo por verdadero milagro, indepen- 
:► diente de toda previsión y diligencia humanas, que 
»con tales apuros de dinero y desórdenes de admi- 
»nistracion, y disparatada manera de reclutar tropas 
» y formar ejércitos, se hubiese logrado dominar la re- 
»beIion de Ñapóles, y mantener la lucha con varia 
:► suerte en Francia, en Cataluña y en Portugal.» 

Una tras otra van desvaneciéndose las esperanzas 
fundadas en las desgracias y alteraciones de la Fran- 
cia ; no sólo se habia entregado Burdeos y sometido 



(i) Carta del 25 de Julio de 1658. 



BOSQUEJO HBTÓRICO. 



159 



Madame de Longueville , y vuelto Turena al servicio 
de las tropas Reales, sino que jefes como el príncipe 
Conti, firmante de los tratados con España, lleno de 
deudas y desesperanzado de mudanzas , casaba con 
una de las sobrinas del Cardenal, celebrándose con 
pompa su matrimonio en el Louvre , como si fuera na- 
tural y proporcionada conclusión á la comedia de la 
Fronda, y en Noviembre del 53 escribia ya Felipe IV 
con malas esperanzas para la campaña siguiente, « así 
»por la falta de medios, que cada dia es mayor, como 
»por verse libres los franceses de las inquietudes in- 
» sanas que han padecido estos años, pues se han ajus- 
»tado con ellos los de Burdeos, y aunque el Príncipe 
»de Conde no lo ha hecho, no le sigue nadie, conque 
»no se coge fruto de la división, y si Dios no abre 
> algún camino no pensado para facilitar la paz, ó para 
» proseguir con la guerra , veo de mala cara nuestras 
» cosas.» 

Añádase á esto la ruptura con Inglaterra, decidién- 
dose Cromwell á firmar el tratado de comercio con 
Francia de 1655, que con razón aterrorizaba al Rey, 
moviéndole á pedir á la Venerable Madre que con 
ese motivo solicitara, más que nunca, la protección 
de Dios para impedir la total ruina de estos reinos, y 
se tendrán los elementos bastantes para juzgar tan se- 
veramente como se merece la conducta inexplicable 
D. Luis de Haro en las conferencias secretas de Ma- 
drid de 1656, desdichado preliminar de la paz de los 
Pirineos. 

No conocemos estos sucesos por otros documentos 
y noticias que los publicados en Francia ; pero cote- 
jados con las referencias de la correspondencia del 
Rey, se forma acabada convicción de que la voluntad 



« 



4 






4 

1 



1 6o BOSQÜETO HISTÓRICX). 



del Monarca fué sorteada hábilmente en esto por el 
Ministro, obligándole, con extremos recursos de ho- 
nor empeñado y fidelidad á su regia palabra compro- 
metida, á seguir la guerra cuando más ardientemente 
deseaba la paz. 

El archiduque Leopoldo, hermano del emperador 
Femando III, que desde 1646 tenía el gobierno de 
los Países Bajos por Espafia, riflendo brillantes cam- 
pañas por nuestra causa, escribía desde 1655, decla- 
rando imposible la guerra, y refiriéndose á él, decia 
Felipe IV á la Venerable Madre: «De Flándes me 
» pintan tales aprietos y tan tristes pronósticos de la 
» futura campaña, que llega mi primo á pedirme licen- 
^ cia para irse porque no se le muera el enfermo en 

> sus manos ; y os confieso que lo que más cuidado me 
»da hoy es esto, pues si aquellos estados se perdie- 

> sen, se acabaria en ellos la religión católica , y estos 
» reinos padecerían su última ruina; hácese lo que se 
» puede para evitar tan gran daño, pero como el paño 
:^es corto, por masque se tira no alcanza á cubrir 
»todo el cuerpo» (i). Insistió el ilustre y entendido 
Archiduque en sus propósitos y á principios de 1656, 
dirigía un emisario á Madrid con apretadas instruc- 
ciones en el mismo sentido, y con encargo de son- 
dear, á su paso por París, las intenciones del Carde- 
nal, hallándole tan benévolo, que se prestó á enviar 
sin demora á Madrid, y con el mayor sigilo, un em- 

' bajador extraordinario , que fué Hugues de Lionne, 

con poderes amplísimos, en los que se le autorizaba 

j á renunciar á Puigcerdá, á Conflans y al Rosellon, 

obteniendo algunas compensaciones en el Artois, ó 



(i) Carta del 17 de Febrero de 1655. 



BOSQUEJO HISTÓRICO. 



I6l 



en 
fro 




^ecJainando el Luxemburgo ó el Franco Condado, y 
^/evando, á lo que parece, instrucciones de no insis- 
tir en ninguna condición y abandonarlas todas en 
caso necesario, si la corte de Madrid consentia en dar 
'^rn^^no de la infanta María Teresa á Luis XIV. 
í^ric^reible sería, á no atestiguarlo documentos irre- 
^'is^lt^les, que negociaciones bajo tan buenos auspicios 
^^^tíladas, y de las que tanto partido podia obtenerse 
adrid, fracasaran; no por la determinación de 
eras y reintegros de plazas , sino por el cumpli- 
o estricto del tratado que celebraran los rebel- 
e la Fronda en 165 1 con España, en el que se es- 
^^s ^^^, como deciamos más arriba, no se harian por 
^^ \:orona paces con Francia dejando fuera al Prínci- 
"^^^ Consentia Mazarino en alzar la sentencia de alta 
traición y perdimiento de la vida y bienes, dictada por 
el Parlamento contra el de Conde, devolviéndole sus 
rentas y propiedades confiscadas ; pero no llegaba á 
ofrecer conferirle los gobiernos y cargos con la cláu- 
sula que exigía el soberbio magnate, de que no se le 
pudiese obligar á ir á la corte bajo ningún pretexto, 
entendiéndose, que aunque se le mandase, podria 
dejar de ir sin que se tuviera por desobediencia. 

En vano insistia Lionne con Haro para convencer- 
le de que, si el Rey de España perdia provincias y pla- 
zas, y el Duque de Lorena, nuestro aliado, sirviendo 
veinte años en nuestras banderas, sacrificaba la terce- 
ra parte de sus estados, bien podia sufrir Conde no se 
le confiaran desde luego mandos y cargos con ejerci- 
cio de autoridad, en un país que acababa de perturbar 
con guerras civiles; inútilmente presentaba el ejem- 
plo, elocuente en verdad, del tratado de 1526, dicta- 
do por Carlos V á Francisco I , prisionero en el Al- 



XI 



102 BOSQUEJO HISTÓRICO. 



cazar de Madrid, donde no se había atrevido el Cesar 
á pedir para su aliado el Condestable de Borbon más 
que la restitución de sus bienes, y la promesa de no 
ser perseguido por sus rebeldías ; todo lo que consi- 
guió del Ministro fué la oferta de llevar el asunto co- 
mo caso de conciencia política al Consejo de Estado, 
el cual declaró «que en materias que afectan al honor 
» del Rey como la observancia de un tratado firmado 
»y jurado por él, estaba obligado á poner en peligro 
»sus estados, y aun á soportar su pérdida.» Con cuya 
discreta teoría, tan oportunamente aplicada al caso 
del Príncipe, quedó rota la negociación y escribió 
Lionne á París el 24 de Setiembre «que todo habia 
» concluido y habia naufragado al llegar al puerto.» 

De tomar al pié de la letra esas referencias, tendría- 
mos por locos del todo á nuestros Ministros y Conse- 
jeros; pero si se confrontan fechas, quizá se encuentre 
alguna explicación menos disparatada á la ruptura. 
En la noche del 15 al 16 de Julio habíase logrado por 
nuestras tropas, al mando de D. Juan de Austria, de 
Conde y del Marqués de Caracena, la victoria de Va- 
lenciennes, en laque se hicieron 4.000 prisioneros á los 
franceses, y entre ellos al Mariscal de la Ferté que los 
mandaba, salvando la plaza y preparando la recupe- 
ración de otras importantes. Supo la nueva el Rey 
el I.** de Agosto, á tiempo que estaba escribiendo una 

, extensa carta á Sor María encareciéndole el gusto ca- 

da dia mayor con que recibia las suyas, sus esfuerzos 

j para aprovechar sus santas y ajustadas doctrinas ; y 

apenado dejaba correr la pluma sobre los apuros en 
que nos tenian los enemigos en Flándes, y el sitio de 
Valenciannes, plaza, decia, «de las más importantes 

! » de aquellos estados; y aunque D. Juan se halla cerca 



BOSQUEJO HISTÓRICO.. 1 63 



»corx el ejército con intención de intentar el socorro 

>á t:o <do trance, y los de dentro se defienden bien, 

»teixic:> se ha de perder, y sería pérdida capital en 

» aq u ^ lias provincias. » Relacionaba después el sitio de 

Val^ixcia del Po; los esfuerzos que se hacian por Ca- 

tali:i:rL^ , donde nuevamente habian penetrado losfran- 

ce s^ s ; las alarmas del comercio por la llegada á las 

^gxxsL^ de Cádiz de la flota inglesa; le hablaba por úl- 

tiíno <:3e la paz, y contestando á las continuas excita- 

cic^ri^ ^ de la Madre para que la ajustase, la decia «es 

f^^ n^^ gocio de los negocios, y estad segura que si es- 

'fr^'á em:^m. mi mano, haciendo lo razonable y aun cedien- 

jkIo , :k::io le dilataré un instante y al llegar aquí, re- 

^►cibo aviso cierto, aunque no de D. Juan, de que ha 
»soccz>:aTÍdo á Valenciannes con pérdida muy conside- 
»rab>l^^ del enemigo, de lo que doy infinitas gracias á 
*Di<^^ y á su Santísima Madre, pues beneficio tan 
*gr3-x:B.<ie sólo- lo podíamos recibir de su infinita bon- 
»da.ci « _.,. pues con este suceso han de mejorar mucho 
»las c^osas de Flándes» (i). Fuese que la alegría del 
tTmn-^,,3 despertara insensatas esperanzas de mayores 
vetiti^j as , ó que avivara agradecimientos hacia Conde, 
^,^P^^ ^s lo cierto que en los hechos y en la conclusión 
tinto vemos desmentidas ó burladas las fervien- 
soluciones del Rey por la paz, y rota una nego- 
ciací^::^^^ sin la más leve probabilidad por nuestra parte 
^^ •^^^^ar mejores condiciones para reanudarla (2). 



del 
tes 



(O «—^ 

/j -V ^' — -arta del i de Agosto de 1656. 
nas^r^ '^-^fuente incurre, al hablar de esta negociación de 1656, en algu- 
preacl ^^^ ivocaclones bien disculpables, en quien de primera intención em- 
obra tan colosal y poco preparada como la Historia general de Es- 
•ero que conviene rectificar; afirma (pág. 416, t. xvi, parte iii, 



/ate ^ 



104 BOSQUEJO HISTÓRICO. 



Poco antes de los ajustamientos de paces en Muns- 
ter, habíase llevado adelante el del matrimonio de Fe- 
lipe IV con su sobrina la archiduquesa Mariana, hija 
del Emperador, acontecimiento del que apenas hacen 
la precisa mención de fecha y suceso las historias de 
España hasta el dia publicadas, pero acerca del cual 
hay numerosas noticias en relaciones del tiempo, y se 
encuentran frecuentes y menudas referencias en las 
cartas del monarca y su venerable amiga, considerán- 
dole principal y casi exclusivamente como medio de 
asegurar la sucesión de estos reinos , y de fortificar un 
tanto al Monarca contra las fragilidades que de con- 
tinuo le traian en tan mala preparación para recibir y 
gozar los beneficios de la divina gracia. 

Parece cierto habia rechazado el Rey toda plática 
y propuesta de segundas bodas, mientras juzgó bas- 
tante asegurada la sucesión de varón con su hijo Bal- 
j tasar Carlos, robusto de cuerpo y dispuesto de ánimo, 



lib. IV, c. xiii), «que el resultado de la victoria de Valenciennes , ade- 
mas de la toma de Conde con que terminó la gloriosa campaña de 1656, 
fué la venida á Madrid de M. de Lionne, enviado de Luis XIV para 
ofrecerle la paz»; y tan lejos está eso de lo cierto, que Lionne entró en 
Madrid el 4 de Julio, la batalla tuvo lugar en la noche del 15 al 16, cuan- 
do ya habían celebrado numerosas conferencias el Embajador extraordi- 
nario y D. Luis de Haro, y no se supo la noticia en Madrid hasta el 31 
de Julio, terminando las conferencias en fin de Setiembre. También 
afirma (pág. 647, t. xvi, parte iii, lib. iv, cap. xvi), que la causa del 
fracaso de estos ajustamientos fué, la pretensión de Francia de obtener 
la mano de D.* Maria Teresa para Luis XIV , y aunque en efecto, hubo 
siempre en Mazarino ese pensamiento , y lo apuntó Lionne en las con- 
ferencias, fué por manera muy incidental, y consta con toda claridad 
que el motivo diplomático y oficial de la ruptura no fué otro que la exi. 
gencia de España de que se repusiera al Principe de (Donde en todos los 
cargos y gobiernos que tenia en Francia antes de su rebeldía , á lo que 
se negó Mazarino; habiéndose ajustado todo lo demás. 



i 



BOSQUEJO HISTÓRICO. 165 



y c:3X>xtulado estaba el malogrado Príncipe con su pri- 
ma. I^ Archiduquesa Mariana cuando sucumbió en 

_En carta de Enero del 47 refiere el Rey, que al 
darl^ ^1 pésame por la muerte de su hijo, el Empe- 
radox" le ofrece la novia vacante; y él se muestra in- 
clinsK^io á aceptarla, más como obligación de familia 
y <3£is^s- j que por consideraciones de otra índole. Cortas 
fuero -^n las negociaciones, pues á 30 del propio mes ya 
le psurticipaba el Rey á la Venerable Madre que el ma- 
trirn.c:>:inio estaba ajustado, y en Agosto, «que las capi- 
tulaciones se habian celebrado el dia de San Antonio»; 
te;\ar<:i endose la conclusión de este negocio hasta el 
aflo siguiente por un motivo que da idea cumplida del 
destín ir cien y estrecheces en que se vivia entonces en 
las i>:»:~incipales monarquías europeas «por la falta de 
»caxx<^al, decia el Rey á la Venerable Madre, en que 
^nos encontramos el Emperador y yo » (i). 

^^-^go característico, en efecto, y más saliente en- 
tone^ 5 que en ningún otro período de nuestra historia, 
es es^^ de los apremios de la pobreza, la escasez y el 
naEnt^^ej ellos son elementos de nota en las sumisio- 
nes d ^ la nobleza á los validos, dato decisivo en los 
°^^*<^^ sucesos de los socorros á los rebeldes, ó de los 
suitn^:j-^jgjj.Qg y mantenimientos de los ejércitos, razón 



?"^ ^^^etarda los enlaces regios y los viajes de los So- 
^^'^■^os, y motivo de las más repetidas y aflictivas la- 
"^^^ciones del Rey en sus cartas; y de tal modo se 



j *^ ^turalizan esas impresiones con la vida y manera 
^^o^de nuestra sociedad, que en novelas, cuentos 

■y Q*-«^ 

^•^^ledias del tiempo, apenas se hallan otros resortes 



-^ <Iarta del i de Julio de 1648. 



1 66 BOSQUEJO HISTÓRICO. 



I I 



para mover la risa, que el hambre mal disimulada de 
hidalgos ó escuderos, y la miseria y tacañería de sol- 
dados, dueñas y mercaderes. 

En esto de las estrecheces no cedia la rama ale- 
mana á la española de la ilustre casa de Carlos V, 
pues es fama, y bien autorizada, que al morir el em- 
perador Femando en 1657, no habia en el Palacio di- 
nero para su entierro, y fué preciso celebrar un con- 
sejo , aun caliente su cadáver, entre parientes y gran- 
des, con que arbitrar algunos recursos para vestir los 
lutos de la corte ; pero allí se llevaba con más humil- 
dad ó menor empacho de hacerlas notorias á los extra- 
ños esas pobrezas, y los detalles y accidentes del via- 
je de la regia desposada lo demuestran, y pueden 
constituir, si alguno se entretiene en sacarlos á luz, 
un curioso estudio de costumbres. 

La dilación del matrimonio se empleó en España 
en buscar recursos para enviar á la nueva Reina una 
Real casa que la viniese sirviendo desde la raya de 
Alemania , y contrastan las aflicciones para reunirlos 
con el derroche y ostentación en gastarlos. 

Encargóse de la Superintendencia de la jornada el 
Duque de Maqueda, con copiosas mesadas y ayudas 
de costas ; le acompañaban el Cardenal de Montalto, 
el Obispo de Leyre, dos Capellanes de honor, tres 
Gentiles-hombres Grandes de España, dos meninos 
hermanos del Príncipe Doria, dos caballerizos, ca- 
marera mayor, damas, azafatas, dueñas de retrete 
hasta el número de 32, sin contar gran copia de cria- 
das inferiores ; ocho pajes, un oficial mayor, un teso- 
i rero, despensero mayor, contralor, graffier, dos mé- 

dicos , un guarda-damas , un montero de cámara, un 
repostero de camas, tres porteros de cámara, ocho 



i 

M 



I 
I ■ 



BOSQUEJO HISTÓRICO. 



167 



escuderos de á pié, ayuda de oratorio, panaderos, 
fruteros, ugieres de vianda, guarda-mangel, tres apo- 
sentadores de camino ; todos con ministros inferiores 
para ejercitar sus oficios, y soldados de escolta que 
sería cosa muy larga de referir. 

Salió esta casa, que mejor pudiera llamarse villa ó 
ciudad populosa, de Madrid, el dia 16 de Noviembre 
de 1648; dióse á la mar en Málaga el 21 de Enero, y 
llegó el 17 de Mayo de 1649 á Roveredo, lugar desig- 
nado para las entregas; invirtióse así en la embajada 
cerca de un año, y en tales atenciones se gastó el 
caudal de una campaña : pero identificado por com- 
pleto el Monarca con el gusto nacional de etiqueta 
fastuosa en servidumbre y empleados y dependientes 
inútiles, declaraba á la Venerable Madre «cuánto le 
» abrumaban y dolian estos sacrificios, ahora más que 
» nunca, que por los alborotos de Ñapóles y Sicilia no 
»venian de allí socorros»; pero tan inexcusables son, 
decia, «que habria de hacerlos aunque para ello nos 
» vendiéramos todos» (i). 

El Emperador , muy al contrario , no tuvo el menor 
empacho en entregar á la novia de todo punto des- 
provista y desalhajada, y el hermano que la acompa- 
ñó hasta Milán, aún dio mayor muestra de la estrechez 
que venía padeciendo la imperial familia, y de la poca 
aprensión á que esto le habia traido; pues recogió 
cuantos regalos habian hecho á su hermana en el trán- 
sito, y dio con ellos vuelta á Viena, obligando á la 
Casa de S. M. á detenerse en Milán para proveer á la 
desposada de ropas y bordados. 

Muchas fiestas y agasajos recibió la Archiduquesa 



(i) Carta del 10 de Marzo de 1649. 






1 68 BOSQUEJO HISTÓRICO. 



:1 



en el camino , enviándole el Papa la rosa de oro , y sa- 
liendo á obsequiarla los Príncipes italianos aliados, 
ocurriendo curiosos é interesantes incidentes para los 
que gusten profundizar en el estudio de usos y etique- 
tas del tiempo, y entre ellos nos ha parecido caracte- 
rístico el que refiere Mme. D'Aulnoy en sus Memo- 
rias. Parece que en una ciudad en la que trabajaban 
la seda, ofrecieron á la Reina una gran cantidad de 
medias y otros objetos; pero el mayordomo mayor 
creyó que regalo de prenda tan íntima no se ajustaba 
al respeto debido á una soberana, y cogiendo las me- 
dias las tiró de la bandeja en que venian, diciendo á 
los comisionados: <i^ habéis de saber que las Reinas de 
España no tienen piernas i^] afirmación, cuyo sentido 
figurado y de palaciega ponderación , no pudo com- 
prender bien la Archiduquesa, poco versada aún en 
el idioma y figuras retóricas de sus vasallos, y pro- 
rumpió en llanto, dando por cierto que la severidad 
de la etiqueta española llegaba hasta privar de tan 
útiles extremidades á las esposas de los Reyes ; lo cual, 
añade Mme. D'Aulnoy, referido á Felipe IV en Ma- 
drid, tuvo el privilegio de hacerle reir en público, 
cosa que sólo le aconteció tres ó cuatro veces en su 
reinado. 

No dejaria de impresionar el ánimo de la niña, des- 
pués de los exquisitos obsequios de Italia , que el pri- 
mer saludo recibido en costas españolas fuera el dis- 
paro desde la torre de Llobregat de algunas piezas 
con bala á la nao Real, pasando una, vecina á la popa, 
otra por encima, y otra por el trinquete ; lo que acre- 
dita procuraban afinar la puntería los catalanes para 
I recibir á su nueva Reina ; pero sin otro percance que 

el consiguiente susto por esa desatención , como la 



BOSQUEJO HISTÓRICO. 1 69 



UstmsL indulgentemente el cronista de la jornada, des- 
em barco la regia desposada en Denia el 4 de Setiem- 
1 legando el 6 de Octubre de 1649 á Navalcarne- 
3dia legua fuera del lugar fué á verla de rebozo 
í IV, pero volvióse á la vecina villa de Brune- 
\ siguiente dia hizo su entrada y vistas en Na- 
xiero, recibiendo allí las bendiciones nupciales, 
^ey se disgustó por demás con la tardanza y ac- 
es del viaje, y según Vivanco, fundóse la queja 
L el Duque de Maqueda en cuatro capítulos ; no 
enviado correos puntualmente, haber hablado 
1 la antecámara de la Reina , haber tenido con- 
sias impertinentes con el Rey de Hungría, y ha- 
atado con desatención á los Príncipes de Italia 
alieron á saludar á S. M. ; ello es que el premio 
jomada fué el destierro á sus estados de El- 

3)araron los gastos y ostentaciones con la llega- 
la entrada solemne en Madrid fué ocasión para 
s las fiestas más memorables, entre les muchas 
Kn este reinado se relacionan. Contaba la Reina 
s afios de edad, y Pellicer, que la vio de cerca, 

»sus cartas inéditas á Ustaroz, «que á su gusto 
^ pudo hacer mejor la imaginación ; era blanca, 
^, alegre de humor y ocurrente; y por cara, talle. 



. j . -^3ls dato curioso para la historia de las costumbres administrativas 
^ .^^^*^po, el privilegio de Felipe IV, dado en 4 de Junio de 1653 en 
-^jj ¿1^^^^» y ^"® ^® ^^'^ original en el archivo de la casa de Oflate : se- 
doñü. 1^ ^ Duque de Maqueda, en remuneración de su viaje para traer á 
cQj - - "^^ariana , se le ofreció como merced que cesasen los pleitos que 
ioipo ^^0^3 1^ Hacienda sobre alcabalas, y no pedirle ni cobrarle lo que 
ella . ^^^jan las lanzas desde que salió de la corte hasta que volviese á 
pefl¿^ ^usula que en verdad parece puesta por alguien que tuviera em- 
traer despacio á la desposada. 



I yo BOSQUEJO HISTÓRICO. 



»aire, garbo y agrado, tuvo en el aplauso del pueblo 
» por bien merecida la Corona. » 

Salió del Retiro á caballo en el Cisne ^ conocido así 
en las Reales caballerizas por su extraordinaria blan- 
cura ; el vestido era nácar , con sombrero y abanico, 
acompañábanla sobre trescientos grandes, títulos y 
caballeros con las mayores galas, diamantes, joyas y 
libreas ; la Condesa de Medellin á muía , y doce damas 
en palafranes, servidas de doce caballeros, señores 
todos. Á la salida veíase el Parnaso al vivo con Apolo 
y las musas primorosamente ataviadas, cantando al 
pasar un himno á los esposos , al pié de una gigantes- 
ca estatua dorada de la Alegría y de los bustos coro- 
nados de laurel, de Séneca, Lucano, Marcial, Juan 
de Mena, Garcilaso, Camoens, Góngora, Lope y Que- 
vedo ; seguia una galería al temple que á pocos pasos 
la juzgaban los ojos escultura de relieve, hasta llegar 
al arco de Madrid, que ocupaba de Prado á Prado, 
donde esperaban los regidores con ropas de brocado 
para la ceremonia de las llaves ; en el Hospital de 
Italianos pasó la comitiva por el arco de Europa , y 
en la Puerta del Sol por el de África, con músicas, 
telas, colgaduras y otras invenciones. En la Lonja de 
San Felipe veíase la apoteosis de la Casa de Austria; 
en la Puerta de Guadalajara y en Santa María halló 
los arcos de Asia y América , y al llegar á la plaza de 
Palacio, donde estaban las estatuas de Himeneo y 
Mercurio, salieron dos carros triunfales, tirado uno 
de leones y otro de águilas, y cogiéndola en medio 
con músicas y luces la acompañaron hasta el alcázar, 
donde la recibieron el Rey y la Infanta, habiendo 
gozado, dice Pellicer, «mayor triunfo, que todos los 
> romanos juntos. » 



BOSQUEJO HISTÓRICO. 171 

No ^e mostró el Rey menos satisfecho que el piie- 

Wo ci ^ 1 buen parecer de la novia, y escribia alboroza- 

zado ^. Sor María: «no sé como agradecer á Núes- 

»tro J^i^ñor la merced que me ha hecho dándome tal 

«coutm i:> afila, pues todas las prendas que hasta ahora he 

tcon «i:><z:ido en mi sobrina son grandes; y ya que he re- 

»cibi«:i<ZD de Dios tan singular favor, sólo me resta no 

»nio^'t ararme desagradecido, mudar de vida y ejecutar 

»suw<i>luntad en todo» (i); alo que contesta la madre 

con ^»i habitual superioridad de estilo y pensamiento: 

«no x^r» e admira que el piadoso corazón dt' V. M. se 

»halX^ Tendido al agradecimiento; puesta á los pies de 

• Vu^^tra Majestad le suplico se dé por oblifíado de 

»taa ^repetidos favores, y aunque se tocan con las 

»maxaos los que el Altísimo ha obrado en este suceso, 

»no tcxJosse ven, y el agradecimiento á todo se ha de 

»ext^xider, que es disposición dar gracias de unos para 

»recxt>ir otros: concurra V. M. de su parte con laen- 

»mieín<ja de la vida, que toda su atención y voluntad 

»lat^xiga la Reina Nuestra Señora, sin voIvlt los ojos 

»a*t:i-c3s objetos peregrinos y extraños, que en ladivi- 

*'^*K*»~^sencia hallará menos disculpa habiéndole dado 

»l,coi-j-j^Q j^j.g y_ ^j compafifa de tantas prendas. 

* ^'^^ience V. M. á pagarse y satisfacerse mucho de 

* ^ 3-S ^ que el tiempo perfeccionará y mejorará las na- 
J'^l^s, y le dará el Señor las de gracia» (2}. 

. ^STsces propósitos los del Rey y estériles predica- 
"^^^ las de la Madre, pues no más tarde que al mes, 
^^ ^ Ive á lamentar el incorregible pecador « que su 



, > Si- ^a rta del 17 de Noviembre de 1649. 
^— ^rta del z6 de Noviembre de 1649- 



172 BOSQUEJO HISTÓRICO. 



» fragilidad le lleve á lo peor, y que si Dios no le ayuda 
»muy singularmente con su gracia, y ella con sus ora- 
>ciones y penitencias, es presa segura de los enemigos 
»de su alma> ; y á las claras se trasparenta en la corres- 
pondencia de los aftos siguientes, que menudeaban las 
derrotas de S. M. en sus luchas con el pecado, tanto 
por lo menos como la de sus ejércitos en las campa- 
ñas con los franceses, volviendo á levantarse los nu- 
blados que señalamos en la cercanías de la conspira- 
ción de Híjar, murmurándose entre el vulgo de los 
malos ejemplos del Palacio, de los encumbramientos 
de ministros y oficiales en premio de torpezas y livian- 
dades; y llegando á correr como muy acreditado un 
lance, del que dan noticia oscura viajeros de aquel 
tiempo, en que figuró un alto personaje, marido agra- 
viado que hirió á S. M. sin conocer su persona, y por 
maravilla no le causó la muerte; subiendo el escánda- 
lo á punto de que por rumor público llegara el suceso 
al convento de Agreda y moviera á la Venerable Ma- 
dre á escribir á D. Francisco de Borja (i) para inqui- 
rir la verdad, y dolerse sobre lo inútil de la corres- 
pondencia, expresando sus propósitos de abandonarla 
y rogar al Rey le dispensara de escribirle más piado- 
sos advertimientos, puesto que eran tan baldíos y vi- 
ciosos como si los dirigiese á una estatua de hielo ó 
de diamante (2). 



(i) Véase apéndice núm. VI. 

(2) £1 lance de la sorpresa y la herida ocurrió, á lo que parece, en una 
visita del Rey á la Duquesa de Veragua ; pero vemos por las cartas no 
anduvo exacto el autor del Journal du voyage en Espagne, al atribuirlo á 
la época del Conde-Duque. Los embajadores venecianos son los que nos 
suministran mayores noticias sobre las inclinaciones del Rey, y de eUas, 
y lo que arrojan cartas, papeles y viajes, se puede deducir con cierta segu- 
ridad que sus debilidades, con ser tan numerosas y repetidas, no trascen- 



BOSQUEJO HISTÓRICO. 



173 



XL 



^ contar desde la ruptura de las negociaciones se- 

^^eta.s de Madrid en 1656, y la estéril victoria de Va- 

^^iennes, que coincidió con ellas, no registramos si- 

^1 ^^Teses y quebrantos, y las cartas del Rey siguen 

jf^ *^ilo los sucesos desgraciados, con las más aflictivas 

i^^^ aeraciones de sus penurias y congojas; sin decaer 

^ so en la puntualidad y esmero en la correspon- 



dieron nunca á influencias directas en su política, ni aun á depilfarros y 
prodigalidades en su hacienda. Gustó por lo general de cómicas y muje- 
res fáciles y de baja estraccion , y esto lo notaban los embajadores como 
cualidad estimable , porque no se hacia odioso á los grandes. Se le conta- 
ron hasta treinta y dos hijos naturales, y como de persona noble sólo se 
menciona uno, habido en la hija del Conde de Chirella ; de ellos sólo re- 
conoció públicamente á D. Juan de Austria, pero estimó mucho al que 
^¿ en la Iglesia Obispo de Málaga con el nombre de Fr. Alonso de San- 
to Tomás, teniéndole D. Juan por hermano, y dándole titulo de tal, se- 
gún las relaciones del tiempo. Con la Duquesa de Chevreuse, que vino á 
España, guiada sin duda por sus aficiones aventureras, y juzgando al Rey 
por la fama, materia muy dispuesta para sus intrigas, estuvo Felipe IV 
cortés y obsequioso; pero nadie será capaz de afirmar ó de negar en con- 
c/eocia, si hay razón para colocarle en la larga lista de sus adoradores 
wríünados, como lo hacen Cousin y Mme. de Moteville. De las verídi- 
relaciones de los jesuitas se desprende que no resultó rendido ni en- 
^c^do ¿ la hermosa francesa, cuya corta estancia en Madrid muestra 
f ^^ ^os caracteres de haber ella tenido por fracasado el fin é intentos 



</ei 



^'aj^. Ya en la edad madura el Rey, y un tanto más moderado en sus 



ruujj^^^g^ hacia los años de 53 á 56, es cuando mantuvo relaciones 
de r^ ^^on la hermana del Duque de Alburquerque, casada con el Duque 



emb - ^€^^' y sefiora muy principal en la corte, dando de ello noticia el 
^^'"cr Quirini, pero sin atribuirle influencia en los negocios; y en 
o ocurrió sin duda el desgraciado suceso á que se refieren los 
y á que alude Sor María en su carta á D. F. de Borja. 



)a 



174 BOSQUEJO HISTÓRICO. 



dencia, antes al contrario, repitiendo á menudo « se 
»le harían pocas sus cartas, aunque las recibiera cada 
» dia, que no tiene alivio mayor ni recreo que tanto le 
» satisfaga como leer los consejos de la Madre y des- 
»ahogar en su confianza sus penas >. 

Ya son las flotas inglesas que sorprenden, apresan ó 
nos fuerzan á incendiar los galeones; ya la pérdida de 
Valencia del Po, Mardik, Gravelinas y Dunquerque 
con la fatal derrota de las Dunas; ya los atrevimientos 
de los portugueses por Badajoz y la rota vergonzosa 
de D. Luis de Haro; todas tristezas y vencimientos 
que llevan al Rey á desesperar de los esfuerzos huma- 
nos, diciéndole casi de continuo á la Superiora « que 
»tan grandes riesgos amenazan por todas partes estos 
» reinos, que sólo de la mano de Dios puede venir el 
» remedio, y yo de mí os confieso. Sor María, que me 
»veo acongojado, pero conforme con la voluntad de 
> Nuestro Señor, y deseando imitar á Job cuando 
»dijo: Él me lo dio Él me lo quitó, sea su nombre 
» bendito > (i). 

Sólo en Cataluña halla algún alivio el Monarca por 
la buena actitud de la nobleza y parte considerable 
del pueblo, de las que da noticia en sus cartas á la Ma- 
dre, agradeciéndole los prudentes consejos que ésta 
no cesa de recordarle en todo momento, singular- 
mente en lo que se refiere á los reinos y provincias 
donde pudieran ser más peligrosos los malcontentos. 
Un dia y otro le ruega busque para Cataluña minis- 
tros que se avengan con los naturales; que les preven- 
ga respeten sus usos, no les causen vejaciones, no 



(i) Carta del 9 de Julio de 1658. 



BOSQUEJO HISTÓRICO. 1 75 



manden con imperio, no exciten su espíritu belico- 
so con cohechos é injusticias, y se compadezcan de 
los p>ol)res y desvalidos, atenta á cuanto pudiera favo- 
reo er aquel temido incendio; y le previene no son 
\y0iSt:sLTxte considerados los síndicos de Aragón en la 
c<^Trt^ , advirtiéndole no estamos en tiempos en que 
^^ pij.^da desdeñar que se multipliquen los enemigos. 
Mer-c^ ^ d á esta política, seguida con notable mesura 
tras IsL toma de Barcelona y la pacificación casi com- 
pleta c3el Principado, vemos por las referencias del 
R^r» c^ue hallaron los franceses al penetrar de nuevo 
aque 11^ frontera, muy cambiado en su contra el pais 
y div^iczlidos los ánimos de los naturales, que ayudaron 
vigo Teosamente en no pocos empeños militares á nues- 
tras tir^opas, mandadas con brío y fortuna por D. Juan 
^^ -^-xxstria y por Mortara, lográndose así perdiera 
rrax3.c^ia la esperanza de arrebatamos tan preciado 
reíao ; y por su influencia en la dirección de esa po- 
itica , y su acierto en recomendarla con tan singular 
^^^^tencia, debemos reiterar nuestra admiración y 
^^^^so á la insigne escritora. 

^^^>^a. sola victoria diplomática alcanzóse por ese 

tiexrxj>Q^ en laque muestra singular complacencia el 

^^y y pero que, bien analizada, no significa sino mera 

satisfacción á tradiciones familiares , compensada con 

positivos perjuicios en auxilios é influencias políticas. 

.^^ referimos á la elección de Emperador de Alema- 

/^» Itichade intrigas, corrupciones y manejos de to- 

. ^SE>ecie, sostenida en los años 57 y 58 entre Maza- 

^^ y las cortes de Viena y Madrid: llevando la re- 

^^ntacion de Francia el mariscal Gramont y Hu- 

^^ c3e Lionne, y la de España el Conde de Peña- 

^^ , que ya nos habia representado en Munster. 



1 

\ 
> 



176 BOSQUEJO HISTÓRICO. 



Felipe IV y sus consejeros de Madrid no habían 
perdido toda esperanza de romper algunas mallas de 
la paz de Westfalia, y reanudar los lazos de las dos ra- 
mas austríacas para seguir la lucha con Francia; y los 
vemos prestar en su correspondencia especial interés 
á la elección de Emperador en ese sentido, escribien- 
do el Rey con frecuencia á Sor María sobre los candi- 
datos, y mostrando su preferencia por el Rey de Hun- 
gría, hijo del Emperador difunto D. Femando III, 
que apenas contaba entonces diez y siete años de 
edad; el mismo que habia acompañado á su hermana 
D.* Mariana en el viaje antes relacionado. 

De las cartas resulta que á la muerte del Empera- 
dor figuró como candidatura probable la del archi- 
duque Leopoldo, tio del Rey de Hungria, el que ha- 
bia mandado nuestros ejércitos en Flándes, y utiliza- 
do bizarramente las alteraciones de la Fronda para 
acercar sus soldados á París ; pero no habia quedado 
este príncipe en muy estrechas amistades con Fe- 
lipe IV por su insistencia en dejar aquel ejército 
cuando más necesitábamos de sus servicios, y se incli- 
naba nuestro Monarca al sobríno, más unido, por otra 
parte, á nuestros intereses por la afección que profesa- 
ba á la Reina. 

Mazaríno, siguiendo la política que dejara trazada 
Richelieu, quería aprovechar las circunstancias para 
dar un golpe atrevido y de inmensa resonancia en Eu- 
ropa, arrebatando el imperio á la Casa de Austria , y 
acabando de romper todo vínculo entre Alemania y 
Madrid, con la elección de un Emperador que sirvie- 
se con seguridad los intereses de la Francia; y tal em- 
peño ponia en ello, que contestando á algunas peticio- 
nes de recursos de los ministros que diputó á esa em- 



e 



BOSQUEJO HISTÓRICO. 1 77 

presa, les decia estaba dispuesto á empeñar su vajilla 
y vender la camisa para ganar la elección; pondera- 
ciones que en hombre tan avaro y apegado á los bie- 
nes de este mundo, como era el Cardenal, aun son 
inás expresivas que en lo común de las gentes. 

Sus candidatos fueron el Duque de Baviera y el 
conde Palatino de Neubourg ; pues aunque tanteó la 
opinión por medio de algunos folletos anónimos para 
la candidatura del propio Luis XIV, reproduciendo 
la temeraria aspiración de Francisco I, no llegó esto á 
ser pretensión seria. Pero fueron vanos los esfuerzos 
y sacrificios del Cardenal ; era la tradición á favor de 
la Casa de Austria tan fuerte , y tan difícil el someter 
á los electores á admitir un representante directo y 
conocido de la Francia para ceñir la corona imperial, 
que, á pesar de los trabajos exquisitos de los embaja- 
dores, de las facilidades que prestaron algunos, como 
el Elector Palatino, vendiendo su voto por escrito en 
60.000 escudos al contado, y 40.000 al plazo de la 
elección, no se pudo llegar al acto con la menor es- 
peranza; y triunfó el Conde de Peñaranda, obtenien- 
do la elección por unanimidad el Rey de Hungria, 
que tomó el título de Leopoldo I. 

Muy mermada, cuando no destruida del todo, que- 
dó para nosotros esa ventaja, pues hubo de firmar el 
nuevo Emperador, antes de la elección, unas capitu- 
laciones que aun ampliaban el tratado de Munster en 
sentido favorable á la Francia; se comprometia en 
d}}as á no ayudar á la corte de Madrid , ni aun contra 
^-a^liados del Cristianisimo, y dejaba abierta la puerta 
/^^ la celebración de la liga del Rhin, cuyos tratos 
S-xraaron en Francfort el 14 de Agosto de 1658 por 
^ ^E^ey de Suecia, el Duque de Brunswick-Lunebur- 






la 



178 BOSQUEJO HISTÓRICO. 



go , el Langrave de Hesse-Cassel, el Obispo de Muns- 
ter, el Conde de Neuburgo y los electores de Colo- 
nia , Tréveris y Maguncia. El fin de la liga era defen- 
der los recíprocos derechos de los convenidos y velar 
por la observancia del tratado de Westfalia ; pero en 
la compañía se admitió á la Francia, y sobre asegurar 
así considerables defensas en la guerra de Flándes, 
quedó consagrada la intervención de Luis XIV en los 
asuntos interiores de Alemania, de los cuales fué arbi- 
tro en todo el período ascendente de su reinado. 

La Venerable Madre da noticia al Rey de una cor- 
respondencia política que habia entablado con ella el 
Duque de Gramont, poco antes de que Mazarino le 
confiriese la embajada extraordinaria de Alemania; y 
recelosa sin duda de incidir en los disgustos y apren- 
siones de la causa de Hljar, remite al Rey la carta ori- 
ginal del Duque , y le consulta si es de su gusto que 
acepte y mantenga la correspondencia, á lo que de se- 
guida contesta el Soberano , autorizándola y con ins- 
trucciones para que incline el ánimo del embajador 
á condiciones razonables de paz. No hemos podido 
descubrir estas cartas, ni noticia de su sustancia , pero 
oportunamente vinieron, sin duda alguna, á influir en 
el ánimo del Duque en vísperas de aceptar su misión 
de Alemania , y á facilitar tal vez que se admitiera 
como uno de los artículos de las capitulaciones im- 
puestas al emperador Leopoldo, el de que se obliga- 
se á favorecer el restablecimiento de la paz entre 
España y Francia. 

Rota su armada, vencidos sus tercios, en empeños 
y miserias increibles sus rentas, aun era el Rey de Es- 
paña, mediado el siglo xvii, para el sentir de toda 
Europa, el gran príncipe de cuyo concierto con la 



BOSQUEJO HISTÓRICO. 



Rancia pendía la paz de toda la cristiandad; y la pro- 
íongracion de la guerra entre ambas coronas parecia 
Cada dia más contraria á las opiniones de pueblos y 
gobiernos, especialmente desde que con las paces de 
V'estfalia habíanse avivado las esperanzas de quietud 
era tocios los espíritus. Siéntese esta influencia, siempre 
poderosa, de la opinión, en el empeño que cada minis- 
^^ pone, cuando recela se le acuse de retardar aveni- 
mientos y en defenderse y cargarlas culpas al contra- 
"*^; y son para estudiadas, por quien desee apreciar 
*^ct:a,mente el curso de las ideas entre políticos y di- 
^"'^í ¿i ticos sobre las paces de España y Francia, las 
?o <:; iaciones que incidentalmente se entablaron para 
i.j ^■■»~la en el Colegio Imperial, reunido para la elec- 
fU^ *3.e Leopoldo I, las facilidades aparentes que á 
dUfi *-**~estaba Mazarino poniendo condiciones de eje- 
jeíc-j* *^ imposible, las argucias con que procuraba sor- 
^ ^*-B nuestro plenipotenciario Peñaranda, y el ter- 
^T)n que todos miraban se les tuviera por sospecho- 
■i§;5S ■siquiera, en desear la prolongación de la guerra. 
Pero ni la fatiga de los pueblos, ni el deseo univer- 
sal de la cristiandad, ni aun el temor á las acusacio- 
nes de discípulo desdichado de Maquiavelo precia- 
do de gran ministro, que le habia dirigido el cardenal 
Retz (r), hubiesen llevado á Mazarino á firmar la sus- 
pensión de armas con España y el tratado de los Piri- 
neos, en el momento en que lo hizo, si no hubiera pe- 
sado sobre él la voluntad y el empefio decidido de 
Doña Ana de Austria; y éste es uno de los puntos his- 
tóricos que aclaran las cartas de Felipe IV, confir- 



i I 



(i) Tres humble et tres importante remontramce au Roí si 
des places marítimes de Flandre entre les mains des aaglais. 



1 8o BOSQUEJO HISTÓRICO. 



mando lo que del hilo y trama de las negociaciones, y 
del conocimiento de los personajes, en buena ley crí- 
tica se deduce. 

Por raro caso la inclinación de la Regente hacia su 
ministro habia servido en definitiva á los intereses y á 
la gloria de la Francia , pues es seguro que meras afi- 
ciones políticas no hubieran resistido á las fuerzas que 
se pusieron en juego para separar á doña Ana del Car- 
denal; y no dejan duda las minuciosas y varias memo- 
rias del tiempo, que por esta vez, debilidades tan á me- 
nudo acusadas de comprometer y arruinar monar- 
quías, salvaron de desastroso naufragio la obra de Ri- 
chelieu, manteniendo enérgicamente en el gobierno 
al único hombre capaz de continuarla ; pero llegó un 
momento, por ventura nuestra, en que esos mismos 
vínculos debilitaron en el Ministro la voluntad y la 
energía para perseguir un fin, que sólo pedia ya escaso 
esfuerzo y cuyo logro seguro no estaba amenazado ni 
comprometido por el menor riesgo. Si errores hay evi- 
dentes en la historia , si con palmaria claridad pueden 
deducirse las culpas en la dirección de una política, 
en el ajustamiento prematuro é innecesario de una 
paz, entre ellos está seguramente la suspensión de 
armas de 1659 y el tratado de los Pirineos, para los 
cuales Mazarino sacrificó sus convicciones de hom- 
bre de Estado, á la dulce satisfacción de realizar por 
entero los ideales de familia y de felicidad doméstica, 
de una amiga tan cariñosa y leal, como habia sido para 
él la hermana de Felipe IV. 

Las ideas de Mazarino sobre las fronteras de Fran- 
cia nos son conocidas; desde 1646 tenía dicho que la 
adquisición de los Países-Bajos dotaria á París de un 
baluarte inexpugnable , y que sólo así podria ser la ca- 



BOSQUEJO HISTÓRICX). l8l 



píta.1 el corazón de la Francia, y quedaría colocada en 
el;px:MTito más seguro del reino (i); y no era menester 
su sr^ ^ío para comprender que la nacionalidad france- 
sa, 2si habia de mantener su superioridad militar como 
cutible en Europa, necesitaba por los Pirineos el 
llon, por el Este el Rhin, y por el Norte la fron- 
<ie Holanda. En 1658 se encontrábala Francia 
aún de esos límites, pero en un camino seguro 
alcanzarlos ; asi es que en despacho dirigido por 
rdenal á Gravel , representante de Francia cerca 
mperador , dándole conocimiento de las nego- 
ones que habia iniciado Pimentel para el matri- 
o de la Infanta á poco del nacimiento del prlnci- 
• Felipe Próspero, le hablaba de la suspensión de 
s solicitada por los españoles, y la presentaba 
prueba sobrada por sí sola de que no deseaban 
'^jenafe la paz, porque era menester que todo el 
^^xx^sejo del Rey hubiera perdido el sentido para ac- 
ced^^^ á una tregua en el estado actual de las cosas; 
^^•^^^^ ^3 seguramente no hubiesen accedido á ella los 
^^F^^^:»oles si se les hubiera pedido en lo más recio 
^f 1 <:ii>s disturbios de la Fronda. Y en efecto , sólo el 
cjfe^r^^^^ito francés en Flándes y el Luxemburgo contaba, 
^^^'^^^:ki documentos oficiales, 20.000 infantes y 15.000 
cafc> ^^ jiQg^ y gi qy^ nosotros podiamos oponerle apenas 

ba á 5 ó 6.000 infantes, sin caballería ni artillería: 
ues segura la total ocupación de los Países- Ba- 

^^. ^^ :m la inmediata campaña, y sin más esfuerzos ni sa- 

^ '^ '■^^ios que los ya hechos. 

s cartas de Felipe IV no dejan duda alguna de la 
voluntad del Cardenal para la paz, á despecho 




de 



lie 
erai. 



m 



l/ilgaet, — Succesíon d'Espagne, 1. 1, págs. 172-182. 



1 82 BOSQUEJO HISTÓRICO. 



de SUS insistentes protestas de desearla y procurarla; 
una y otra vez se queja el Rey de que los tratos se im- 
pidan, y comenzados se malogren por obra del Minis- 
tro, motivando con esto las lamentaciones de Sor Ma- 
ría sobre lo impropio de tal labor en un príncipe de la 
Iglesia, poniendo obstáculo á la reconciliación de dos 
monarcas católicos, y dando ocasión á prolongarse los 
desórdenes y pecados públicos que consigo lleva la 
guerra. 

Nos revela también el Rey que las primeras ges- 
tiones para reanudar los tratos de paces se encomen- 
daron, por iniciativa de España, al Papa; que aceptó 
éste la misión, pero entretuvo el negocio y no prestó á 
darle cabo la diligencia que se esperaba, siendo en él 
más las palabras que los efectos. Los apremios que 
por todas partes crecian, decidieron las incertidum- 
bres de Felipe IV moviéndole á enviar secretamente 
persona particular á su hermana, ofreciéndole, dice 
en su correspondencia, «por hacer tan gran beneficio 
ȇla cristiandad, gran parte de lo que tan injusta- 
» mente me han ocupado en esta guerra, y lo que es 
»más, á mi propia hija, y no se ha oido mal la pro- 
apuesta; pero siempre con recelo — añade más ade- 
»lante — de que nos lo desbarate el cardenal Maza- 
» riño por sus fines particulares. Holgárame de saber, 
» dice al concluir la carta, el jnotivo que tenéis para 
» preguntar cómo obra el Pontífice en esto, y os encar- 
»go tengáis secreto en lo que toca á la paz» (i). 

De suponer es aludiría el Rey en lo del emisario 
á su hermana, á D. Antonio Pimentel, portador de 
una felicitación con pretexto del restablecimiento de 



(i) Carta del 24 de Mayo de 1659. 



/ 

1 

/ 



\ 

\ 



\ 



BOSQUEJO HISTÓRICO. 183 



Luis JXIV de una enfermedad que le puso á morir á 
ZDe elididos de 1658. Envíesele apresuradamente, cuan- 
do J i ^ gó á la corte el aviso del Conde de Fuensaldafta, 
vir^^y^ en Milán, de que se adelantaban los tratos para 
cas^jK-:»:" al Rey de Francia con una princesa de Saboya, 
iiiat:«:"i amonio que daba en tierra con las últimas espe- 
ran ^e^^^ s de algún acomodo beneficioso entre ambas co- 
ron ^^^ ; é hiciéranlo en Francia para apresurar la deci- 
sión^ <zie Felipe IV á desprenderse de su hija (lo que 
par^^ <:^ c exceso de medios para conseguir un resultado 
tan ^k. la mano) ó de buena fe, para procurar inmedia- 
ta s^u. <z: esion al Reino y algún asiento á las pasiones in- 
qui^^^s y un tanto románticas por entonces del Cris- 
tian. J:^xino; ello es, que planteada seriamente la oferta 
y f^^::^ilidades del matrimonio entre Luis XIV y María 
Ter-^ ^a, D.' Ana de Austria toma con empeño los ajus- 
tarrx i ojitos de paz, y Mazarino, sometido á su volun- 
tad ,^ cDlvida ó sacrifica las cautelas todas del político y 
eidx x>lomático, para entregarse á las facilidades y com- 
xicias del servidor agradecido, atento á noma- 

el capricho de su dueño. . 
Xidió también D. Juan de Austria á ayudar en la 
y pidió salvo conducto para atravesar la Francia, 
letuvo en París, siendo objeto de curiosidad (i) 



pía 
lo 



obr- 

y 



franca ^^^ de D. Juan, elogiándose su traje y compostura,, que eraná la 

j^^^ ^^^^^^, lo lucido y respetuoso de su servidumbre , la viveza de su mi- 

Aun.^::J^^" la perfección de sus manos, cualidad entonces muy reparada. 

tívit^ ^^^ ^ serio en su porte, habló con galantería é ingenio con las damas 

tt^ ^^^ sanos que le fueron presentados; pero debió sorprender sobre ma- 

.¿^ * ^^^ues la noticia se repite en todos los documentos , que él y su ser- 

^j^^^^Dre se hicieran servir de carne todos los dias , no obstante sercua- 

¿gj^ » y aun parece que disgustó este accidente á la Reina, que hubiera 

u|^ ^^^ o ver en su pariente más obediencia á los mandamientos de la 

"^^ , — MoUxñlle: Montglas, 



184 BOSQUEJO HISTÓRICO. 



y simpatía en aquella corte, siempre inclinada á reci- 
bir bien novedades. Visitó á D.* Ana y al Rey, que 
quedaron muy prendados de su galanura y porte, y le 
brindaron ocasión de que expresara públicamente sus 
deseos y votos por el enlace de ambas coronas, lo cual 
equivalia á dar por resuelta la paz y el matrimonio ; y 
ya en el camino de las debilidades , como quiera que 
el mayor empeño de Pimentel era la tregua por evi- 
tar el desairado lance de tratar condiciones en medio 
de noticias diarias de abandonos y derrotas, que era 
lo que nos guardaba la campaña, suscribió el Carde- 
nal en Mayo del 59 aquella tregua, que cuatro meses 
antes declaraba imposible y suficiente á probar que 
el Consejo de S. M. habría perdido el sentido. 



XII. 



Es común juzgar con severidad la paz de los Piri- 
neos, y presentar á D. Luis de Haro en la isla de los 
Faisanes como envuelto en las redes que le tendiera 
Mazarino, sin duda por no haberse tomado la pena 
de registrar los antecedentes del suceso, sin los cuales 
es injusticia notoria ó locura manifiesta hacer juicio 
de personas y negocios. 

El vencido y el engañado, en los Pirineos, fué Ma- 
zarino; y de no ser conocidos los móviles secretos 
á que la debilidad obedeció, el empeño perseguido 
con femenil impaciencia por D.* Ana de Austria de 
hacer pronto la boda de su hijo con su sobrina, y 



BOSQUEJO HISTÓRICO. 185 



ios Sentimientos (Je afición personal ó de gratitud, y 
obli^^^ciones que pesaban sobre el Cardenal, priván- 
dol ^ <de toda libertad moral ; no tendrían explicación 
posil^le, ni la tregua, ni el abandono de la frontera 
deJ Jr^ün, ni el total repudio de los portugueses, ni el 
acc^<:ier á la condición, estéril, en verdad, para nos- 
otrcz>^, pero humillante parala Reina madre y el Car- 
den. ^1.1 y el mismo Rey, de admitir á Conde, no sólo 
coir <:i evolución de sus bienes, sino con varios de los 
gol>i^^xnos y cargos de confianza, como el maestrazgo 
de -lr*^:K-ancia, el mando de la Borgofla, del castillo de 
Díío:m::i. y de la ciudad de San Juan de Losne ; lo mis- 
mo c^xae habia motivado la ruptura en 1656. 

^sit como para juzgar la conducta de D. Luis de 
H^^i^<:> en las anteriores negociaciones de Madrid to- 
da s^^eridad nos parece escasa, nos asombra su for- 
tuna, ^n la isla de los Faisanes; pues tras dos años de 
rer^^^s, y notoriamente agotados todos los recursos, 
del:>isi^ racionalmente esperarse una paz mucho más 
^"^^ que la propuesta en 1656, y bien pesadas las 
íüex-^^s y posiciones de los contratantes, se debe juz- 
^^ 3P> or puro milagro que no se pagara más caro el 
. ^^r- perdido la pasada oportunidad en las conferen- 
cias ^^g Madrid ; bien es verdad que si D. Luis hizo 



Par^ :nosotros de imagen milagrosa, ya queda explica- 
^ ^ ^ué se debieron en realidad las benignidades del 




nal. 

que de todas suertes maravilla y suspende en 
^ ^^ ^•negociación , es el empeño de D. Luis de Haro 
Vor ^-fc atener íntegras las pretensiones de Conde, pri- 
ya. de toda fuerza militar y política, y á cuyo 
b siguen apareciendo supeditadas la paz, y los 
monios, las cesiones de provincias, la pacifica- 



vaA 
triti 




1 86 BOSQUEJO HISTÓRICO. 



cien de reinos, y la total ruina de esta corona; sin 
que hayamos acertado con la explicación cumplida de 
tan ciega preferencia. Por Espafía se decia en aquel 
tiempo, que estaba dispuesto el Rey á conferir al Prín- 
cipe los cuatro maestrazgos de las Órdenes militares, 
deshaciendo la obra secular de reivindicación llevada 
á cabo por los Reyes Católicos, y en las negociacio- 
nes de los Pirineos fué preciso para que se firmase 
la tregua, que Pimentel, prescindiendo con salvadora 
resolución de sus instrucciones, y no admitiendo ya 
espera el Cardenal para nuevas consultas á Madrid , 
suscribiese á limitar varias de las ventajas que pedia 
para Conde, como precisa exigencia, D. Luis de 
Haro (i). 

¿Qué juicio deberemos formar de la elevación de 
ideas, del espíritu práctico y del sentido nacional de los 
hombres que regian esta Monarquía, cuando leemos 
en documentos irrecusables para el caso : « El des- 
apacho de D. Luis de Haro para Pimentel no contie- 
» ne más que la aprobación de su conducta por el Rey 
» Católico, y D. Luis se reserva hablarle cuando se 
» vean en la frontera; pero Pimentel ha recibido carta 
»de uno de sus amigos, en la que le dice que el Rey 



(i) Tan increíble obstinación nos parece exigir prueba documental 
que apartamos en nota ; hé aquí lo que escribia D. Luis de Haro á Pi- 
mentel el II de Abril de 1659 : «Debéis insistir en la misma ñrmeza, 
tanto cerca del Cardenal como del Rey y de la Reina Cristianisima en su 
completo restablecimiento ( el de Conde), pero en el caso de que encon- 
tréis una resolución y resistencia en el Cardenal á no ceder en ese pun- 
to y á romper el tratado, le diréis que el Rey por la sola consideración 
de su honor y de su reputación (que S. M. debe preferir la paz al ma- 
trimonio y á todas las cosas de este mundo ) ha querido anteponer los 
intereses del Principe á los suyos á vista de toda Europa.» Valfrey : Ar- 
chives nationaUs, — Documents sur la paix des Pyrenées, 



BOSQUEJO HISTÓRICO. 1 87 

*y XI>- Luis se han incomodado en extremo de lo que 
*Aa firmado respecto al Príncipe de Conde, y que es- 
»tán x-uuy descontentos de él?» (i). De suerte que ni 
el J^ <z> mellón, ni las plazas y territorios de Flándes y de 
Italia, ni las eventualidades del enlace con la casa de 
Fran oz: ia, ni los beneficios de la tregua, ni el abandono 
que ^ ^ hacía de Portugal y de Inglaterra ; nada de lo 
que ^:Braun interés de gobierno , de patria, de organi- 
zadora, nacional á larga fecha, impresiona ni preocupa 
en l>i^n ó en mal á D. Luis de Haro; y lo que le 
irrita -yr preocupa su imaginación y hiere su alma exci- 
tancl<:> su actividad para reprobarlo y buscar á toda 
cost^ d remedio, es una cuestión personal, de esas en 
que ^ X amor propio halla entre nosotros tan variados é 
ingeniosos senderos para elevarse á las regiones de la 
dign.i<:i-ad hollada , del honor lastimado, ó de santidad 
del j XX r-amento comprometida. 

^txi-y conocidas son las etiquetas que para ultimar 
eltir^Xiado se observaron en la frontera; la elección de 
laisl^i. en el Bidasoa, territorio indiviso de ambas co- 
rona.^ ^ la construcción y acomodo en ella de una casa 
con dcDs entradas opuestas, un salón dividido por dos 
alto rxx tras, con dos mesas unidas y dos sillones para el 
Card^iial y D. Luis, que de esta suerte tratarian de 
los aj VI stamientos , y hasta podrían hablarse en voz ba- 
ja, s^xxtado cada cual en territorio de su propio país. 
^•^^21 no recargar con detalles sobrado minuciosos 
esta xxarracion, sólo mencionaremos, justificando así 
^^'^^íiexiones apuntadas más arriba, el empeño que 
*^^^ ^::>stró D. Luis de Haro en alterar en beneficio de 



íi> 



rfíres dt Mazarini, t. XL. 



1 88 BOSQUEJO HISTÓRICO. 



Conde los preliminares negociados, dificultando to- 
dos los detalles , poniendo á punto de desesperarse al 
Cardenal, que se resistiaiá caer en nuevas debilidades, 
é invocaba el compromiso establecido ya por Pimen- 
tel y aprobado por el Rey ; pero no cedia Haro, ante- 
ponía á todo el honor de Conde , llegaba á amenazar 
con que se daria al Príncipe la soberanía indepen- 
diente de Cambresis; y fatigado Mazarino con las 
dilaciones de D. Luis, las prisas de D.* Ana y las ur- 
gencias de distraer á Luis XIV de su pasión ardiente 
por María Mancini, cedió también en esto, como en 
la tregua ; pero no sacrificando gratis para la Francia 
su punto de honra, pues convino en restituir á Conde 
sus empleos , á cambio de la plaza de Avesnes, una 
de las mejores de los Países Bajos, y de la entre- 
ga de la cindadela y castillo de Juliers al Conde de 
Neubourg, uno de los principales personajes de la liga 
rhiniana, y el aliado más seguro del Cristianísimo en 
Alemania; con lo que quedó, pagando el país, conten- 
to el Príncipe y complacida su camarilla de los Len- 
net, Fieschi, Caillet, Angelati y otros deudos y pa- 
niaguados que, á sueldo y costa de España, sostenia 
en las antesalas de nuestro alcázar, y que cercaban 
continuamente con sus cuentos, adulaciones y corte- 
sías á D. Luis de Haro. 

También fué objeto de largas discusiones la dote, 
entre los Secretarios de ambos Ministros, Lionne y 
D. Pedro Coloma, fijándose en 5cx).cxx) escudos, y 
dando á la promesa una forma condicional que hacía 
depender del pago íntegro, la renuncia á los derechos 
de sucesión en los dominios españoles que otorgaba 
D.' María Teresa ; mucho preocupó esto á nuestros 
diplomáticos, y escribía Coloma «que era menester 



", 
* 



BOSQUEJO HISTÓRICO. 1 89 

» empeñarlo todo y meter en la cárcel, si era preciso, 
»á todos los españoles, para pagar antes de la boda, 
»pues de otro modo las renuncias déla Infanta serian 
nulas»; y con efecto, sabido es cómo se utilizó esa 
cláusula á la muerte de Carlos II para apoyar la causa 
de Francia; pero dio mayores muestras de espíritu 
práctico que sus diplomáticos el rey D. Felipe, pues 
al oir leer la cláusula de la renuncia, parece hubo de 
decir estas palabras : «Eso es una patarata, y si faltase 
»el Príncipe, de derecho vendrá á heredar mi hija», 
como si fuera anticipada previsión del término de la 
dinastía austríaca en esta corona. 

La boda no pudo celebrarse en el año mismo de los 
ajustamientos por no aventurarse Felipe IV, ya en- 
fermo y achacoso, á emprender el viaje de la frontera 
en mala estación, y se aplazó para Junio del 6o, dis- 
poniéndose en tanto con mayor lujo las habitaciones 
^^ la Isla de los Faisanes. 
Con escaso séquito de grandes y cortesanos se alojó 
^*ipe IV, llegada la primavera, en San Sebastian, y 
^^ /Tasladó después á Fuenterrabía, donde aun se in- 
^/f^X^ cerca de un mes en rectificación de fronteras, 
•^c^xa^tas y ceremonias, que al pormenor refieren las 
tiiexn carias y relaciones del tiempo, trazando curiosos 
cua^dx-os en los que se refleja la impresión de presti- 
gio 9 x^iqueza y poderío que todavía causaba en Euro- 
pa ^2st a caduca monarquía de los Austrias, aun en los 
^^¡^xx> os trances de su pasión y muerte. 

^<^ xadian los señores y grandes de la corte francesa 
^° '^ ^xi gran número á presenciar la comida del Rey 
^^^^^lico, y era tanta su curiosidad por contemplarlo, 
^^ ^^ punto estuvo en una ocasión de impedirse el 
^^^^^^^ •^io y caer la mesa ; doradas falúas cubiertas de 



190 BOSQUEJO HISTÓRICO. 



vistosas telas, tapizadas de damasco con randas de 
oro y plata, se ofrecían á las damas para cruzar de Hen- 
daya á nuestra frontera, y lujosas carrozas las traian 
á la ciudad donde el diplomático Pimentel, el antiguo 
cortesano y amigo de Cristina de Suecia, muy cono- 
cedor de las costumbres y galanterías francesas, tenía 
encargo de obsequiarlas con banquetes y fiestas. 

Domina en las relaciones de los escritores franceses, 
sobre toda otra impresión, la que causaba la serie- 
dad y rigidez de nuestras maneras y etiquetas, llevadas, 
en efecto, á extremos increíbles. Cuando los dos her- 
manos, el Rey de España y la reina D.' Ana, se vie- 
ron por primera vez después de cuarenta y cinco años 
de separación, no fué sin que antes se hubiese despo- 
sado por poderes la Infanta en la Iglesia de Fuenter- 
rabía, llevando el apoderamiento de Luis XIV el de 
Haro; y todavía los dos hermanos, al abrazarse, y con 
la emoción de que da noticia el Rey en sus cartas de 
esas fechas á Sor María, no creyeron que podían con- 
versar dignamente, sino colocándoles sus Ministros 
las sillas en la línea de frontera que pasaba por el cen- 
tro del salón de la Isla de los Faisanes. 

El Rey de Francia no debía hablar á su esposa sino 
después de jurar la paz con el Rey de España, y en 
la entrevista de Felipe IV con su hermana, si bien 
concurría la joven Reina, habíase pactado que sólo 
desde una ventana del pabellón vería á Luis XIV 
paseando á caballo por la orilla derecha del Bida- 
soa; pero aquí acabó la paciencia del Cristianísimo, 
y se presentó á la puerta que daba acceso al salón por 
la frontera francesa. Pidió entonces Mazarino per- 
miso á SS. MM. para recibir á un desconocido, abrió, 
y detúvose bajo el dintel el inquieto desposado, vien- 



I 



BOSQUEJO HISTÓRICO. I9t 




> 
»• 



(/o poT vez primera á María Teresa, pero sin llegarse 
i .Li sLblarla. 

^^c Gustara— dijo D.* Ana en castellano — de pre- 

:Hatar á la Reina lo que le parece de ese desconoci- 
^» «Aun no es tiempo de decirlo — respondió Feli- 
IV> «¿ Pues cuándo lo podrá decir? — replicó al- 
admirada de tanta severidad la Reina Madre.» — 
ando haya pasado aquella puerta», contestó con 
perturbable tranquilidad el Rey, señalando á la 
ocupaba Luis XIV, quien después de haber mi- 
á su sabor á su prima, pero sin traspasar los um- 
5S del salón, se retiró á la orilla del rio á esperar 
las Reales personas y sus comitivas se embarca- 
y siguió por largos trechos las falúas al galope de 
su <;;:2r aballo, dejando á todos prendados de su apostura 
yer^^ imtileza. 

^^^i domingo 6 de Junio de 1660 se juró con toda 
soL^^ ^Mmnidad la paz de los dos Monarcas, que se abra- 
^^"^^^^ -MTí después, prometiéndose amistad eterna, y al si- 
8^*^^^ »ite dia hlzose la entrega de la Infanta, separan- 
dos^^ el Rey de su hija con no pocas lágrimas. 

^gado á Madrid no deja de dar noticia á la Ve- 

l)le Madre de sus principales impresiones, muy 

*'ables, en cuanto se refiere á la persona y dotes 

^^ -t^ey de Francia, y bien sentidas al describir las 

^gas, hechas, dice, «con harta ternura de todos, 

que yo fui el en que menos se reconoció ; pero 

lo interior bien padecí y bien tuve que ofrecer á 

^Ds haciéndole el sacrificio de tal prenda por ad- 

ijir el bien de la paz ; he tenido cartas suyas en que 

dice van caminando la vuelta de París , buenos, 

^ ^^ue ella quiere ya mucho á su marido , de que yo 

oy harto gustoso»; concluyendo esta interesante 



ne: 






192 



BOSQUEJO HISTÓRICO. 



carta por la referencia sucinta de la restauración en 
Inglaterra de la Monarquía con aplauso y aclamacio- 
nes generales, de lo que con escasa previsión política 
se felicita, «esperando que cederían tales sucesos en 
» alivio de los católicos y beneficio de nuestros inte- 
»reses» (i). 

Por algún tiempo se pueden seguir en las cartas 
del Rey los ecos del amor apasionado que dominó 
bien pronto á María Teresa, y que compartió pocos 
meses Luis XIV, pues no más tarde que en Agosto 
del propio año, empezaba por la Condesa de Soissons 
la lista interminable de amigas que tantas lágrimas 
costaron á la joven Reina. Ésta también, cuando se 
sintió desgraciada , fué á buscar consuelo para las tris- 
tezas de su alma en los religiosos advertimientos de 
Sor María ; y en Agreda se encuentran las cartas de 
la desgraciada Soberana, sin valor político ni históri- 
co que mueva á darlas á luz , pero que no se pueden 
leer sin emoción é interés , al recordar por sus fechas 
dominaba por entonces el corazón de Luis XI V, en la 
aurora de su juventud y su grandeza, la pasión de ma- 
demoiselle de La Valiere, que acumulaba todas las 
amarguras que pueden destrozar el corazón de una 
mujer sobre la enamorada María Teresa; y parece se 
rastrean en el amarillento papel y entre los renglo- 
nes que brotan tristeza y resignación , las huellas de 
las lágrimas que los humedecieron. 

«Con saber que estáis buena — le dice en una carta 
»de 1662 — llevo mejor la soledad que paso de no tener 
» noticias vuestras tan á menudo como cuando estaba 



(i) Carta del 6 de Julio de 1660. 



tí I 



(■ 




ÍM. 



U- ^. 





HA^K íl ^ 



BOSQUEJO HISTÓRICO. I93 



í 



»en ETspafia, y así cuando recibo carta vuestra es para 
>nií s~iran alegría; y creed os pago muy bien lo que me 
♦ama^is , y estimo infinito lo que me encomendáis á 
*Dio^, que con eso espero alcanzar lo principal, que 

J^es Ist salvación Rogad á Dios me guarde mi hijo 

»y xn.^ <ié buen suceso en mi preñado » y encomendad- 
»le 'también al Rey, y le pidáis le haga muy bueno y 
^►le 2i-x>3J*te de malas compañías y de malos consejos; 
^qu^ X>or medio de nuestras oraciones espero yo al- 
^c^xx^a^x lo que me estuviere mejor para la otra vida 
»Y X>ax-3. ésta.» 

-í^i lado de tan cristiana resignación al dolor, y de 
un desengaño tan discretamente velado, es curioso 
encontrar en la correspondencia las alegres esperan- 
zas de otra reina, no menos confiada en las oraciones 
de Sor María, más escuchadas en esta ocasión, por 
lo que se vio después, que lo fueron las dirigi- 
das Á pedir á Dios apartase á Luis XIV de malas 
compañías. En vías de ajuste las bodas de María 
Teresa, despertóse en D.* Mariana de Austria el 
natural deseo de buscar una proporción análoga para 
^^ «i ja. Margarita, que tenía por entonces ocho 
^nos (i)j y acude con fervorosa fe y cariñosa llaneza 

^ oor JVlaría, diciéndole en Agosto del 59 desde Ma- 
drid z 

ien creo me tendréis por excusada en no habe- 
^P^ escrito antes, que no ha sido de poca voluntad, 
*sixio que mis jaquecas y los calores que hace muy 

es no me dan mucho lugar á escribir ; á Dios 
s lo pasamos bien de salud, y también mis hi- 






Cx> isr 



ació la infanta Margarita el la de Julio de 165 1. 

13 



194 BOSQUEJO HISTÓRICO. 



» jos, que están para alabar á Dios de graciosos, y cier- 
»to que son todo mi entretenimiento; bien se les debe 
» lo que le encomendáis á Dios, el estar tan lucidos. 

» Ya que tengo tanta confianza en vos, os quiero pe- 
»dir que en vuestras oraciones pidáis á Dios, que si es 
» para su mayor gloria y honra suya , supuesto pare- 
»ce se trata que la Infanta se case con el Rey de 
» Francia, se disponga que mi Eija sea para Alemania; 
»que ponga Dios en el corazón de mi hermano, la es- 
»pere hasta que tenga bastante edad, que será el ma- 
»yor consuelo para mí que pueda tener ahora ; fio tan- 
»to de vuestras oraciones que espero lo habéis de al- 
« canzar de Dios; yo, aunque mala, no dejo de pedír- 
»selo cada dia, y esperaré muy consolada vuestra res- 
apuesta; no tengo que encargaros que no quisiera que 
anadie lo supiera hasta que sea, por si no lo quiere 
» Dios. » 

Y al través de tantos años y de tan accidentados su- 
cesos, en 1666 se vieron colmados los votos de Doña 
Mariana y satisfechas las oraciones de la Religiosa, 
ordenándose maravillosamente las cosas para que la 
infanta Margarita viniese á compartir con Leopol- 
do I la corona imperial (i). 

De las alegrías de la paz y los regocijos y galas de 
la isla de los Faisanes no parece justo hablar sin ha- 



(i) La fe en inclinar la voluntad divina á £ivorecer estas ó las otras 
combinaciones políticas por medio de la oración de religiosos en olor 
de santidad , era profunda 7 general en aquellos tiempos , y sin duda la 
fama de la piedad y favores divinos de las religiosas españolas mante- 
nian muchos años después su crédito en Francia, á juzgar por una carta 
de Mme. de Maintenon á la Princesa de los Ursinos en la que le pre- 
gunta : «¿no tendrian Vdes. en ese convento (la Encamación) al que 
» muestra tanta devoción la Reina, alguna santa á quien poner en oracioa 
»para que nos consiguiera una paz ventajosa?» 



BOSQUEJO HISTÓRICO. 



Cei* triste memoria del insigne pintor á quien debe- 
mos la imagen viva de la corte y la villa en su siglo, 
de II>. Diego Velazquez, aposentador real, que murió 
de I^ jornada, teniendo en su fin no poca parte los ex- 
cesos de fatiga á que le arrastraron los apremios y 
ma-STiificencias del regio pabellón, falúas, carrozas y 
servT.<;io de la corte, que corrieron en la mayor parte á 
su cajrgo. En la galería de sus retratos falta el que hu- 
biese tJ'azado en los años que aun quedaron de vida 
al R.e-y, después de logradas por tan dichosa manera, 
dadas las circunstancias, la paz con el Cristianísimo; 
ff^G sí XI duda babria sido bien sentido en expresión de 
de sfa.Xlecim lentos, amarguras y humillaciones, tal co- 
°*o i>cDdemos verle dibujado á la pluma en las cartas 
que escribe á su amiga y consejera, cada vez con 
i"enos aliento en el ánimo y con mayor endeblez en 
el pulso. 
j ^ *^^«3os son desastres y aflicciones en los años del 6o 
"^ » y al vivo se retrata en la correspondencia la 
P''**xa.»ida melancolía que iba apoderándose del Mo- 
*-^^*- , semejando las exhortaciones de la Religiosa y 
^* ^Conformidades piadosas del Rey, á una larga y 
cnsti^na preparación del alma en la agonía de un en- 
'-^^o que se extingue con su cabal sentido, aten- 
_ *^«:lo á los más capitales asuntos de su casa y heren- 
"* » X^ero ya desligado de los intereses y pasiones del 
ma-tfccao. 

^'Ixa.estra sólo alguna mayor diligencia é interés por 
^os El'prestos de la guerra con Portugal, cifrando espe- 
i^*Q-Za.s halagüeñas en el brío de D. Juan de Austria, 
y Tnuévese á algún sentimiento de indignación por 
las "bodas del Rey de Inglaterra con la Princesa de 
Braganza, pidiendo á Dios los confunda, por rebelde 



aí&^ 



196 BOSQUEJO HISTÓRICO. 



él á SU religión y ella á su Rey, y por ingrato el res- 
taurado pretendiente á los auxilios que le prestara en 
su destierro, cuando le abandonaron todos los mo- 
narcas de Europa. La Venerable Madre, sin perder 
un momento su serenidad de juicio y su admirable 
buen sentido, le exhorta una y otra vez á que no quie- 
bre, sino en último extremo, la amistad con Ingla- 
terra, comprendiendo con maravillosa intuición los 
peligros inmensos de tal ruptura, á la que parecia muy 
inclinado el Rey. 

Una vez más revelan las cartas la triste historia de 
nuestras ideas de gobierno , tan descaminadas en sus 
líneas y direcciones generales, del fin á que debieran 
haberse ajustado en el difícil trance de liquidar el im- 
perio de Carlos V, en quiebra inevitable y notoria 
desde los comienzos del siglo. Con doloroso asombro 
leemos ahora, al lado de las lamentaciones sobre lo 
escaso de los recursos para acudir á Portugal, las no- 
ticias de los socorros que se prestaban al Emperador 
contra el Turco, y la renuncia á los auxilios de tropas 
y caudales que se aguardaban de Italia y Alemania, 
por no estar seguras las relaciones del Cristianísimo 
con el Papa, y ser de temer, en los ardores é impa- 
ciencias de Luis XIV, algún inesperado rebato en los 
Estados pontificios. De esta suerte, por no desertar, 
aunque sólo fuera en el nombre, el derecho á interve- 
nir en todos los asuntos europeos, se atendian mal 
y tarde las necesidades de la vida nacional en su co- 
razón y raíz, y se preparaban los desastres de Amejial, 
de Valencia de Alcántara, de Castel Rodrigo y de 
Montesclaros , gastando la fuerza y el prestigio de 
nuestros capitanes y soldados, y desaprovechando las 
ocasiones que brindaban á las armas y á la política, el 



BOSQUEJO HISTÓRICO. 1 97 



desconcierto interior del reino rebelde en manos de 
un príncipe mozo , incapaz y pervertido como era don 
Alonso de Portugal. 

Á las rotas en la frontera se unian muertes y aflic- 
ciones en la corte : pierde el Rey al príncipe D. Fe- 
lipe Próspero, malhumorado y ya endeble desde 
años atrás, y queda por único heredero varón el niflo 
que se llamó después Carlos II , al que en sus ilusio- 
nes de padre, llama lucido y hermoso el Rey, cifran- 
do en él todas sus esperanzas y consuelos ; sucumbe 
D. Luis de Haro en medio de general indiferencia, 
y empieza á mostrarse sobre ministros y secretarios 
la influencia de D.* Mariana de Austria, inclinada ya 
por confesores y allegados á tomar alguna parte en la 
dirección de los negocios, como si el fin próximo del 
Rey se adivinara, dibujándose con anticipación en el 
horizonte los crepúsculos de la regencia. 

Amigo cariñoso y blando como habia sido Feli- 
pe IV para D. Luis de Haro y todos los suyos, debió 
herirle muy hondo en el corazón el criminal intento 
descubierto en el Buen Retiro, fraguado al parecer 
contra su vida, y en el que tuvo confusa pero positiva 
complicidad, el Marqués de Heliche, primogénito del 
privado, distinguido por el Rey con singulares con- 
fianzas, hasta el punto de temerse por algunos que 
continuaran en igual favor que su padre , y de espe- 
rarlo como cierto el interesado. 

Parece seguro que bajo las tablas del teatro hallóse 
una maftana un pedazo de cuerda como de dos varas, 
hecho ceniza y encaminado á dos ó tres papeles de 
pólvora con poco más de una libra, á los que maravi- 
llosamente no llegó el fuego, por lo que acortara la 
mecha al consumirse. Movió el encuentro el natural 



198 BOSQUEJO HISTÓRICO. 



horror y escándalo en el pueblo, culpándose desde 
luego al recien heredado Marqués del Carpió, que, 
como primogénito de Haro se titulaba Heliche, mal 
contento en aquellos dias por no haber recibido del 
Rey ninguno de los cargos palatinos de su padre ; y 
acreditó de ciertas las murmuraciones populares el 
indicio, á la verdad grave , de que habiéndose preso á 
un moro esclavo del Marqués, éste trató apresurada- 
mente de envenenarle ; intento que como averiguado 
reconoce el papel que se escribió en defensa del Mar- 
qués con el nombre de Arte de lo bueno y de lo justo ^ 
y que , unido á la circunstancia de negar Heliche tu- 
viera llave de un patinejo por donde se debió colocar 
el artificio, y habérsela encontrado en su poder, y á 
otras que de su actitud y porte se desprendian, for- 
maron la convicción, general por entonces, de que el 
Marqués quiso poner en obra algún mal intento con- 
tra la vida ó seguridad del Rey, quizá en los primeros 
momentos del despecho por el fracaso de sus ilusiones 
de privanza ; y parece lo más seguro que Heliche lo 
confesó al Monarca y solicitó su perdón. Lo obtuvo 
sin gran esfuerzo del generoso Príncipe, quedando 
oscurecidos y en el misterio gran parte de los alcances 
y motivos de la traición , como á menudo acontece en 
tales sucesos de las cortes, y más cuando hay empeño 
en cubrirlos con la Real clemencia. 

Nos inclinamos por nuestra parte á imaginar, salvo 
lo que investigaciones más exquisitas puedan dar á 
luz, que el principal, ó quizá el único culpable, proce- 
dió más como enfermo y extraviado que como re- 
flexivo conspirador de un crimen de Estado; mo- 
viéndonos á pensar así lo desproporcionado del ar- 
tificio y el desconcierto en la trama para lograr otro 



BOSQUEJO HISTÓRICO. 1 99 



fin mayor, que un incendio ó rebato en el Buen Re- 
tiro, por el estilo del célebre de Aranjuez, atribuido 
con más ajustados propósitos á Villamediana ; y nos 
confirman en esa sospecha los rastros que hallamos 
en las cartas del Rey y la Superiora. En Setiembre 
de 1657 dá noticia la Madre de haber pasado Heli- 
che por el convento, y dice «le ha hecho compasión 
averie con los males tan extraordinarios que pade- 
>cej Y le ha pedido carta para la vuelta para la Rei- 
> na nuestra Señora y V. M. , á cuya petición se pro- 
»pone condescender por enfermo», lo que da ¿en- 
tender á las claras que debian los padecimientos afec- 
tar á su espíritu, y ser de aquellos en que se recela de 
la seguridad de juicio del doliente ante pequeñas con- 
tradicciones á sus voluntariedades ó caprichos. 

El Rey, al contestar á ese extremo dice : «Con ra- 
nzón os ha hecho lástima ver al Marqués de Heliche, 
aporque há cuatro años padece mucho y con bien ra- 
eros accidentes y Y cierto que es muy buen mozo, ple- 
»gue á Dios que le aprovechen los baños.» En No- 
viembre del mismo año hace referencia la Madre á la 
carta que á su regreso de los baños recogió el Mar- 
qués, y en Abril del 58 vuelve á visitarla y llevarle 
noticias de la corte, sin duda aprovechando la prima- 
vera para repetir su cura, de la que regresa en Junio, 
insistiendo Sor María en que ha llevado cartas por 
condescender á su enfermedad , y acusando el Rey el 
recibo con galantes ponderaciones del buen pedazo 
de envidia con que le ha mirado, por haber tenido la 
dicha de poderla ver y hablar, mientras el Señor no 
le permite á él sino el alivio de sus escritos. Ignora- 
mos si en los cuatro años que pasaron desde esas visi- 
tas al suceso del Buen Retiro, Heliche se agravó ó se 



20D 



BOSQUEJO HISTÓRICO. 



alivió, pero precedente es, digno de nota, esta com- 
pasión de sus enfermedades y noticias de extraños 
accidentes, que permitieron quizá, mirar como locura 
ó mentecatez la tentativa. 

El Rey no hizo mención del disgusto ni de sus ge- 
nerosos perdones á la Madre, como si pusiera empeño 
en borrarlo de su propia memoria, mas por las cartas 
de la Religiosa á D. Fernando de Borja sabemos tuvo 
noticia de ello, y escribia en 23 de Marzo del 62 admi- 
rada del suceso, y buscando su sentido y alcance pro- 
videncial, creyéndole permitido por Dios para alejar 
del pensamiento del Rey toda veleidad de convertir 
el trato afectuoso que dispensaba al hijo de D. Luis, 
en sucesión de privanza (i). 

Respetó Sor María, como era preciso, el silencio del 
Rey, pero parece descubrirse á las claras en una carta 
de II de Marzo, vecina al penoso lance, su deseo de 
darle á entender no era ajena á sus amargas impresio- 
nes. El Rey habia estado enfermo y sangrado dos ve- 
ces, y tomando pié de ello esfuerza sus consuelos y 
alientos diciéndole : «Suplico á V. M., con el encare- 
» cimiento que puedo, mire por su salud, que la nece- 
» sitamos mucho, que se alivie y dilate y no tenga pe- 
»nade cosa humana, que la protección del Altísimo 
» asiste á V. M. y su poderosa diestra lo defiende. No 
» contriste á V. M. verse tan trabajoso, que palabra y 
» promesa es del Señor estar con el atribulado. Abrá- 
is cese V. M. con la cruz del padecer, y busque al Se- 
»ñor con corazón contrito y humillado, y en su Ser 
» inmutable hallará V. M. padre que le patrocine, pro- 
»tectorque le gobierne, amigo que le corresponda, 



(i) Véase apéndice núro. IX. 



BOSQUEJO HISTÓRICO. 201 

*luz para obrar con rectitud, camino y puerta para la 
* bienaventuranza » (i). 

El Rey ni aun con esas indirectas excitaciones se 
^llovió á hacer la más leve alusión al caso , cuando de 
otros harto más menudos daba noticia, siquier fuese 
%era, á la Superiora, y como nos faltan las respues- 
tas de los Borjas, nada más podemos decir sobre este 
oscuro suceso, que vino á satisfacer un aflo después, 
^*^ lo que tocaba á sus culpas ó extravíos el Marqués 
^^ Heliche, peleando como bueno en la rota de 
"^^ajial, á las órdenes de D. Juan de Austria. 
JL jaramente menciona el Monarca entre sus aflic- 
fíc^^TTfc ^s, la humillación sufrida con motivo de la -^tví- 
de:rm.<z^ia que nuestro embajador en Londres tuvo con 
el ^^^r ^nces, y fué sin duda alguna de las que más hon- 
dax'xiM.^nte debieron lastimarle, por las formas y etique- 
tas d^ on que fué menester ofrecer las satisfacciones á 
Li:i^i ^ XIV, para que renunciara á movemos la guerra 
de c^iie andaba tan deseoso el orgulloso yerno. 

^^'"^'Ciestro embajador Bateville disputaba al francés 
^ <i ^s^recho de pasar con su coche el primero en las 
^^^^ ^ X)ciones de la corte , y tal empeño puso en disfru- 
tan ^1 precioso privilegio , que viéndose contrariado 
P^^*^^^^ ello por la mala voluntad del Monarca británico, 
pr^ r^ aró una verdadera asonada para alcanzado por la 
^^'■^^a, apercibiendo de armas á sus criados, y derra- 
^^-''^^ <lo el oro entre las turbas y gente riberiega para 
^^^ secundasen su empeño contra las órdenes y de- 
seo^ del propio Rey. Más económico D'Estrades su 
corti^petidor, que parece se quejaba de la mezquindad 



^ *^ ^ Carta del ii de Marzo de lóóa. 



202 BOSQUEJO HISTÓRICO. 



de SU gobierno en el capítulo de los gastos secretos, 
no se agenció parciales en el populacho, y á la prime- 
ra recepción en que acudieron ambos diplomáticos 
con sus carrozas, entre los guardas del embajador y 
los marineros del Támesis hirieron á un hijo del fran- 
cés, rompieron el carruaje, mataron sus caballos, des- 
armaron y aporrearon á la servidumbre , y entró triun- 
fante en Londres el representante español, más con- 
tento de la victoria que si hubiera asegurado con ella 
nuestra definitiva primacía en las contiendas europeas. 
I El furor de Luis XIV al saber la noticia fué grande; 

; despidió al Conde de Fuensaldafla, embajador del 

i Católico en París, mandó retirar al suyo de Madrid, 

^ prohibió el paso por Francia á Caracena, gobernador 

de los Países-Bajos, y dio muestras de prepararse á 
romper las paces con España, y aun con el Rey de 
Inglaterra , que consintió sin inmediato castigo el in- 
I sulto. Se murmuró por entonces , y aun parece era de 

esta opinión el embajador francés en Londres conde 
D'Estrades , que el motin para el que se derramó el 
oro y se movieron no menos que cinco ó seis mil hom- 
bres del populacho, tenía miras más altas que la cues- 
tión de etiqueta, y se encaminaba á poner en riesgo la 
autoridad de Carlos II, no muy arraigada y firme, 
como venganza de las bodas con la Princesa de Por- 
tugal D.* Catalina de Braganza, y auxilios en sus pre- 
tensiones á los rebeldes contra nuestra Corona ; pero 
desvanecen toda duda las cartas del Rey que tratan 
esta cuestión como incidente sin alcance , al que da 
cuerpo la impaciente mocedad de Luis XIV, y en el 
que no se jugaban por nuestra parte sino mortificacio- 
nes de amor propio, á las que nos sujetaba la flaqueza 
de nuestras fuerzas , sin que se tropiece con ninguno 



BOSQUEJO HISTÓRICO. 



de aquellos rastros de esperanzas y alientos, que 
acompaflaron á la conspiración de Alby, ó á los ma- 
nejos é intrigas de la Fronda. 

Mas ya que por entonces renunciara Luis XIV á la 
gloria de la guerra con ambas Coronas, no se conten- 
tó con menos que los honores del triunfo sobre una 
de ellas, no menor en solemnidad y aparato que tos 
decretados por el Senado romano al conquistador de 
una provincia. Se retiró á Bateville de Londres des- 
aprobando su conducta; se diputó al Marqués de 
Fuentes como embajador para ofrecer excusa al Rey 
de Francia; fué recibido para ello en audiencia pú- 
blica, delante del Nuncio y de todos los ministros y 
enviados acreditados en París, y presentadas humil- 
demente las excusas, las ratificó Luis XIV volviéndo- 
se al Nuncio y á los embajadores para decirles : «Sois 
«testigos que el Rey de Espafia declara que me cede 
» el paso y el primer puesto en todo el mundo » , y para 
indeleble memoria de presentes y venideros, hizo 
acuñar sobre tal suceso una medalla. 

En Marzo de 1665 concluye la correspondencia en- 
tre la Religiosa y el Rey que ya en las últimas cartas 
se vale de amanuense, por la parálisis del brazo que 
le embargaba; sufría ademas de cálculos biliarios, y 
era cada dia mayor su desaliento por la escasez de me- 
dios para acudir á Portugal, la falta de ministros y ca- 
pitanes que le hablaran verdad y le aconsejaran acier- 
tos, la miseria del pueblo reducido en muchas provin- 
cias, según relaciona en las cartas, á comer pan de 
cebada y hierbas de los campos, acudiendo con mayor 
apremio ante estas contrariedades del mundo, á soli- 
citar las enseñanzas y preceptos de la religión para 
conseguir su salvación eterna, dispuesto, dice, á eje- 



204 



BOSQUEJO HISTÓRICO. 






cutarlo todo por agrio y penoso que le parezca, sin ex- 
cusar ningún trabajo, como cosa que más le importa. 
Pocos dias después perdia á su constante amiga y 
fiel consejera, y la derrota de Montesclaros, en la que 
se desbarató un ejército á tanta costa reunido, levan- 
tando en la corte y el pueblo recias tempestades con- 
tra Caracena, le encontró ya sin un corazón leal á su 
lado en el que desahogar su dolor y templar con nue- 
vos alientos su esperanza; y sucumbió á los pocos me- 
ses, destruido por la consunción y la melancolía, vic- 
tima anticipada , no tanto como imagina el vulgo, de 
sus pasiones y desarreglos de hombre , como de sus 
flaquezas, carácter y blandura de corazón, que no le 
consentían arrostrar con viril energía, ó sobrellevar 
con estoica indiferencia las luchas y contrariedades 
de su oficio de Rey. 



XIII. 



Para completar en este bosquejo, hasta donde nues- 
tros medios alcancen, el sentido general de la corres- 
pondencia entre Felipe IV y Sor María, resta consa- 
grar algunas páginas á la exposición de las ideas mo- 
rales y políticas de aquella mujer extraordinaria, que 
unia á la imaginación viva, á las percepciones prontas 
y vecinas á la adivinación en conocimientos y suce- 
sos, propios de las privilegiadas de su sexo, una sere- 
nidad de juicio y un buen sentido, en cuanto se rela- 
cionaba con las cuestiones é intereses más ajenos á 
su forma de vida y al habitual empleo de sus faculta- 



BOSQUEJO HISTÓRICX). 20$ 

des, que maravilla y suspende tanto como el mayor 
de los favores espirituales y divinos sometidos al fallo 
de la Iglesia en su proceso de beatificación. 

Al seguir el hilo de los sucesos históricos en lo que 
se relacionan con las cartas, dejamos esparcidos aquí 
y allá no pocos pensamientos y frases que dan noticia 
de la riqueza y ley de la obra, y en verdad que sólo 
pueden apreciarse en todo su valor, empapándose en 
el estudio de esa vida entera de los dos personajes, 
trazada por ellos mismos en las expansiones continuas 
de sus dolores y sus esperanzas. Mas cuando, vencida 
la primera impresión de aridez que ofrece para nues- 
tros hábitos de lectura la repetición de algunos con- 
sejos místicos, nos identificamos con su espíritu y su 
tiempo , los vemos renacer y vivir en un medio moral 
vigoroso y puro , en el que la expresión sencilla de la 
forma responde á la severidad y altura de pensamien- 
to ; se experimenta en el alma algo así como la sensa- 
ción que producen las supremas elevaciones de las 
montañas, donde los objetos menudos del mundo des- 
aparecen, y no perciben los sentidos sino en grandes 
impresiones, las líneas de los horizontes y los rumo- 
res de los valles. 

El Rey, para Sor María, como para todos los teó- 
logos y políticos católicos de su tiempo , gobernaba 
en participación con Dios y estaba obligado por tanto 
á cumplir y realizar en el mundo la justicia, no sólo 
por sus deberes de fiel y de cristiano, sino por los más 
apretados, estrechos y directos de mandatario leal, 
elegido por la Providencia para realizar parte de sus 
fines en la tierra. Como tan alto favor del Ser Su- 
premo debia tener en el cumplimiento y desempeño 
notoria preferencia sobre todo otro orden de deberes 



\ 



206 



BOSQUEJO HISTÓRICO. 



ú obligaciones, el atender á su oficio de Rey lo colo- 
ca siempre la Madre ante todo y sobre todo, repitién- 
dole, que profesar la fe consiste en la observancia de 
la ley de Dios, y ello es deber de todos, pero á él se 
añaden los de Rey católico, que son más graves; que 
dirigir bien y con obras perfectas su Monarquía es 
necesaria obligación para asegurar la vida eterna, á 
cuyo fin Dios no negará al Rey luz con que entender 
lo cierto, y como lo entendiere, ejecutarlo con toda 
resolución, sin atenciones ni respetos humanos. Para 
conseguir aquella divina luz, aquel consejo que sin 
duda Dios le ha de dar á él, mejor que á todos, sí, son 
menester la virtud propia, la pureza de conciencia y 
de corazón, el anhelo de cumplir sus obligaciones de 
Rey, vistiéndose para ello de fortaleza, porque la ins- 
piración divina há menester de la preparación , sin la 
que no quedaría sitio á la libertad y á los merecimien- 
tos humanos, y por eso, á la rectitud en la vida de un 
Rey están vinculados los aciertos de su Corona. «Se- 
»ñor mió», le dice en una de las cartas, resumien- 
do vigorosamente largas páginas en que desenvuelve 
esas y parecidas doctrinas: «no es Rey el que no es 
» Rey de sí mismo é impera y tiene dominio sobre sus 
» apetitos y pasiones » ; y más adelante , tratando aná- 
logo tema, lo concreta en esta frase, que fuera lema 
propio para que lo grabaran en el fondo de su alma 
cuantos penetran en las luchas de la vida : « El que se 
» vence, vence.» 

Esta noción del poder Real hacía más honda la im- 
presión y más vivo el dolor por los desaciertos ó mal- 
andanzas de los privados, porque alas pasiones que 
de suyo despierta el encumbramiento de algún servi- 
dor ó vasallo sobre sus iguales, se unia, para prestarles 



j 



BOSQUEJO HISTÓRICO. 20^ 

extraordinario vigor, la conciencia segura de que per- 
dian el Rey y el reino la participación divina en el 
gobierno, que debia acompañar ala gestión directa 
del Monarca mandatario de Dios para realizar , en la 
medida de lo posible , el triunfo de Cristo sobre la 
tierra. Así es que la idea política culminante en la 
correspondencia , como ya resulta de anteriores citas, 
es la guerra á las privanzas , pero no al uso de los cor- 
tesanos y libelistas que hervian en antesalas y sopor- 
tales de la villa, denunciando crímenes y cohechos, 
acusando traiciones y hechicerías, denigrando al vali- 
do de hoy para empujar al de mañana, sino en la ele- 
vada región de un principio de gobierno, de concien- 
cia y de doctrina, alentando al Rey en los términos 
más razonables y prácticos á que se haga superior á 
los desórdenes y abusos que fácilmente introducen los 
más favorecidos, y los que no lo son si afuera pueden 
algo ; «no alterando para ello los consejos ni lastiman- 
»do con descrédito á jueces y ministros (si no es que 
»lo grave de la causa obliga luego á ejecutar), sino 
»con suavidad y fortaleza, edificando y no destru- 
» yendo, corrigiendo y no acabando* ; y cuando en 
una ocasión le abre el Rey el camino para denuncias y 
acusaciones personales , pidiendo le trasmita las noti- 
cias ó revelaciones que á su mejor servicio importen, 
noblemente se excusa en estas sencillas palabras : «Yo, 
> Señor, fui siempre detenida en tocar en la honra del 
> prójimo. Oiga V. M. y se informe de todos los que, 
» oprimidos del trabajo, dan muchas voces para las 
» cuales los oidos de V. M. han de estar preparados.» 
En cuanto al ejercicio del poder, profesa y predica 
de continuo la Madre el vigor y la energía como prin- 
cipal necesidad del reino : «Nunca se vio ser un Prln- 



\ 

i 
t 



*J 



208 BOSQUEJO HISTÓRICO. 



I. »cipe fielmente servido si no es temido» le dice en 

i^ una de las primeras cartas, «y el temor no se consigue 

» sin alguna demostración prudente de rigor, porque el 
» castigo refrena á los malos como el rayo de fuego, que 
' » cae y mata á uno y espanta á muchos. V. M. tome 

»la espada de la justicia, y con el poder de su imperio 
» ejecute y obre por sí, para que castigando le teman, 
»y premiando le amen; y recuerde el dicho de David, 
»que la paz y la justicia se unieron, porque en habien- 
»do justicia hay paz» ; y haciendo más tarde aplica- 
ción discreta y profunda de análogos pensamientos, 
escribe con ocasión de las revueltas de Ñápeles : 
«Crea V. M. que estos desacatos y los antecedentes 
»de otras provincias no son movidos tanto contra 
»V. M. ni sus tributos, cuanto contra las sobrecargas 
»que agravan y echan los ministros, que para cobrar 
»dos hacen gastar cuatro : para lo justo Dios dispo- 
» ne los ánimos, pero lo injusto agravia é irrita.» 

En materia de tributos y levas, clama á menudo por 
que se remedien los desórdenes y vejaciones, defen- 
diendo como primero y principal el derecho de los po- 
bres, así con razones morales y religiosas, como con 
preceptos de prudencia y sana política, rogándole á 
menudo «mande con imperio á sus Consejos , se com- 
» padezcan de los pobres desvalidos y apurados vasa- 
»llos, no innovando en materia de cargas, ni exprimien- 
»do la sangre y sudor de su rostro, quitándoles el sus- 
» tentó; porque sobre estos tribunales de la tierra hay 
» otro en el cielo que oye y admite los clamores de los 
» despreciados y abatidos, y si los agravian vengará 
»su causa el Todopoderoso, que dijo : quien ofendie- 
»re á uno de estos pequeñuelos me toca á mí en los 
» ojos, y el bien que les hacen lo recibo por propio.» 



BOSQUEJO HISTÓRICO. 



«Ya veo — dice en otra carta — cuan pobre de caudal 
» está la corona, y que preciso es tomar algunos medios 
»para sacarle, pero sean los más ajustados y suaves, y 
» de manera que concurran también los ricos y podero- 
»sos; que siendo la carga general no pesará ni irritará 
»tanto , y se evitará la opresión de los pobres, y que 
'afligidos no se alboroten ; pues no hay cosa que más 
> apene que los amagos de discordia y guerras civiles 
»entre nosotros, porque es lo que más intenta nuestro 
»comun enemigo sembrar en esta corona, para des- 
»truimos, y sería el más severo castigo de la diestra del 
> Altísimo.» «No consienta — le dice en otra ocasión 
» — se haga la guerra sólo con los pobres, pues tienen 
'obligación tan estrecha los poderosos y ricos de se- 
»guir al Rey y defender los Reinos, y razón es que 
»en tales ocasiones y aprietos todos salgan de su paso 
»y estrechez.» 

La noción del poder real, como emanación y copar- 
ticipación en la tierra de la voluntad divina , rigiendo 
la historia y el mundo, sabido es no tuvo jamas, en 
nuestros teólogos políticos y moralistas del siglo xvir, 
el sentido de patrimonialidad y dominio en cosas y 
personas, que el vulgo ha entendido por derecho di- 
vino de los Reyes ; y así, la necesidad y la obligación y 
el deber de respetar y cumplir la voluntad del pueblo, 
en cuanto se conformara con la justicia, la convenien- 
cia de transigir con la opinión popular en el límite 
que la ley de Dios permitiera, aun renunciando á per- 
fecciones morales del momento para logjrar los altos 
fines de la paz y del bien común, son conceptos que 
brotan á cada paso en las cartas, como hemos visto al 
relacionar los tratos del Rey con los Diputados á Cor- 
tes, y al ponderar como se merece su discreción, al- 



2IO 



BOSQUEJO HISTÓRICO. 



tura de miras en los gravísimos negocios de la Inqui- 
sición aragonesa, y del respeto á los fueros y franqui- 
cias provinciales, y al registrar sus valientes consejos 
sobre la necesidad de dar satisfacción al mundo cuando 
la pide, porque los Reyes necesitan de él;- y detallan- 
do en cartas menos importantes los procedimientos 
propios para llegar á conocer la opinión verdadera del 
pueblo, le escribe, tras un cuadro sombrío y vigoroso 
de tribulaciones y divertimientos, de peligros y de 
abandonos, de relajaciones para unos y tiranía para 
otros : «Señor mió, mucho he deseado que el Altísimo 
» muestre á V. M. el estado de esta Monarquía como 
»yo lo veo ; suplico á V. M. solicite noticias, hable á 
» muchos y oiga á los más retirados, que los que gobier- 
»nan es imposible conozcan el efecto de sus órdenes; 
» mejor los ven los que oyen sus ecos y experimentan 
»sus trabajos»; y extendiendo, como era justo, las 
culpas á todo el reino, dice «que España se haya 
» desmembrado y apurado en tan poco tiempo, no 
»es causa natural, y tan lejos estamos de nuestro re- 
» medio como de la enmienda de nuestros pecados. 
» Los vasallos de esta coronase justifican, parecién- 
»doles les basta sólo lo puro de la fe que profesan ; 
» pues la fe sin obras es muerta, y no ampara la creen- 
» cia á los que desamparan sus mismas acciones. » 

En lo que concierne á nuestra política exterior, Sor 
María profesa el principio de la paz á todo trance, y se 
esfuerza en combatir las levaduras que el orgullo de 
raza, las obligaciones tradicionales del imperio y los 
desvarios de grandeza de Olivares habian dejado en 
el Rey y en toda la corte ; no descuida ocasión de re- 
petirle tales consejos, y así cuando empezaban las con- 
ferencias de Munster y Osnabruk, plantea la cues- 



BOSQUEJO HISTÓRICO. 211 

tion la Venerable Madre en estos humildes términos 
que abrazan las culpas pasadas, para mejor corregir 
las venideras : «Obligada y compelida de la causa 
»de Dios y bien común, y de que V. M. se humana 
» tanto con ésta su menor sierva, y de ver lo mucho 
»que V. M. padece, ha nacido en mí deseo de pre- 
»guntarle si hay algunas esperanzas para poder tratar 
»de paces entre las dos coronas, porque en estas 
» guerras he descubierto algún desagrado del Sefior, 
»no en que ahora nos defendamos, que esto es preciso 
» y obligatorio, sino en sus principios ; aunque escribo 
»esto con algún encogimiento, fiada que en la piedad 
»de V. M. hallaría mi osadía perdón.» 

No creemos que altere el método de esta exposi- 
ción de doctrinas el mencionar las sentidas palabras 
con que contestó Felipe IV. «Los trabajos que 
»yo padezco los llevo bien y con aliento, pues todos 
» son más benignos castigos de los que merezco ; pero 
»el ver padecer tantos pobres y tantos inocentes 
»con estas inquietudes y guerras, me atraviesa el 
» corazón, y si con mi sangre lo pudiera remediar la 
» emplearía de bonísima gana en ello. En lo que 
»toca al rompimiento de esta última guerra, que 
»fué el año de 1635, no me hallo con escrúpulo de 
» haber sido la causa de él, pues aun sin notificármela 
»el Rey de Francia, como suele ser costumbre, me 
»la rompió, entrando en Flándes con grandes fuerzas, 
» uniéndose con aquellos rebeldes y herejes contra mí, 
»y desde entonces hasta hoy, siempre lo ha continua- 
ndo. Las guerras de antes que se movieron en Italia 
» sobre Casal de Monferrato, he oido hablar en que se 
» pudieran haber excusado , y aunque siempre he se- 
»guido la opinión de mis Ministros en materias tan 



212 



BOSQUEJO HISTÓRICO. 



» graves , si en algo he errado y dado causa para mé- 
»nos agrado de Nuestro Señor, ha sido en esto. Aho- 
» ra tengo en Munster mis Ministros con órdenes so- 
»bre el ajustamiento de la paz, y deseóla tanto, que, 
» aunque sea perdiendo algo vendré en ella. Vos po- 
» deis con toda seguridad decirme lo que os pareciere, 
»que lo que vos me dijéredes que quede en mi pecho, 
»os aseguro que no lo sabrá la tierra.» Y cuando el 
Rey le da noticias de las exigencias y soberbias de los 
Ministros franceses en Munster, tales que venian á 
ser una negativa tácita á la conclusión de la paz ó á la 
suspensión de armas , ella le escribe : «Aliéntame mu- 
» cho la inclinación de V. M. á las paces, pues Dios es 
»tan bueno que recibe el deseo cuando no se puede 
allegar á la ejecución, y le suplico no pierda punto en 
»esto, pues lo que fuere V. M. de pródigo dejando in- 
»tereses por la paz, se lo dará Dios por otros caminos, 
» y fio de V. M. que, aunque se viera victorioso de 
»sus contrarios, procurará la paz.» 

En otra ocasión le dice : «anímese V. M. á trabajar 
» por la paz, ármese, Sefior mió, de la fe y esperanza, 
» corrobore su brazo de fortaleza, y en causa tan del 
» servicio de Dios no regatee ninguna diligencia, y 
» esté cierto que por la paz el perder es ganar. El 
» Evangelio dice que son bienaventurados los que 
» obran la paz, pero á más de esto hay otra razón bas- 
»tante á solicitarla, y es que los enemigos nos exceden 
» en fuerzas. Claro está que si no es con milagros no 
»nos podemos defender, y es temerario pensar si me- 
» recemos que Dios los haga; de que se colige es pru- 
»dencia cristiana y política procurarlas paces, y des- 
»pues fácil será conquistar á Portugal.» 

Sus ansias de paz para esta corona en estas proxi- 



BOSQUEJO HISTÓRICO. 213 

midades ya tan vecinas del tratado de los Pirineos, 
la llevan á escribir airada contra todos los que le di- 
ficultan ó no ayudan con entusiasmo y fe, y al enu- 
merarlos no se detiene ni en el estado eclesiástico; 
«que como está acomodado y goza de sus rentas 
» pacíficamente, no conoce cuan necesaria es la paz 
»para los pobres que perecen»; se indigna contra la 
actitud de Mazarino, y relacionando al Rey y envián- 
dole copia de una correspondencia que habia mediado 
entre ella y Alejandro VII por medio del Cardenal 
Rospigliosi, se queja también de que el Pontífice no 
a>Tide á la paz todo lo que pudiera, «porque él no ve 
»lo individual y particular, sino que le van los traba- 
ja jos por relación, y no penetra bastante las calamida- 
»des del común que ocasionan las guerras.» 

En vano Felipe IV pondera los agravios é ingrati- 
tudes del Rey de Inglaterra, especialmente con mo- 
tivo de su matrimonio con la Princesa de Braganza ; 
insiste la Madre en juzgar por gran prudencia no rom- 
per por nuestra parte, y en aconsejar que todas las 
fuerzas se empleen en Portugal, que nada le haga 
desanimar al Rey de esa empresa, en la que tiene la 
justicia clara de su parte, sin que le desalienten traba- 
jos ni reveses que lleva consigo la milicia ; y tanto con 
referencia á esa campaña como á las demás, toma 
ocasión de las noticias que le comunica el Rey para 
predicarle la disciplina rigorosa en el ejército, la 
prevención de bastimentos en las plazas y armadas, de 
cuyas faltas venian nuestros mayores y más frecuen- 
tes desastres, el salir pronto á campaña y convertir en 
ofensiva la guerra defensiva que, con gran daño y fla- 
queza y descrédito de nuestro poder, manteniamos en 
Cataluña y Extremadura ; mostrando también lo cer- 



214 



BOSQUEJO HISTÓRICO. 



tero de su instinto en la escasa fe con que acoge las 
esperanzas que abrigaba el Rey de que nos ayudaran 
en Portugal los de adentro, diciéndole, importaba que 
el ejército «fuera bastante á vencer él solo; no fuese 
»que las promesas de favorecernos no se cumplie- 
»ran» ; ponderándole su obligación moral y religiosa 
de trabajar por sí «queriendo el Señor que obren las 
» causas segundas y nos cueste trabajo lo que tanto im- 
» porta, á más de que en cualquier suceso es gran con- 
» suelo sentir se hizo todo lo posible ; pues el vencer 
»las dificultades corre por cuenta de Dios, y el apu- 
ñear los medios para conseguirlo por cuenta del Rey.» 

Sólo con referencia á Cromwel vemos en la corres- 
pondencia de Sor María acentos de indignación que 
recuerdan los de los profetas y jefes de Israel contra 
los enemigos del pueblo de Dios , moviéndole á ello 
el título de Protector de los herejes que ostentaba ; y 
al noticiar el Rey el fallecimiento del tirano, le dice 
en respuesta la Madre, «que es la única persona cuya 
» muerte ha deseado y pedido á Dios, y le alaba por 
» haber oido su súplica, acortando los dias de aquel 
» enemigo de nuestra fe y nuestra Corona»; á lo que 
replica el Rey que no estará demás pida también «se 
«lleve de este mundo lo antes posible al hijo, pues aun- 
»que menos activo que el padre, ofrece peligros por 
» mantener las inclinaciones del pueblo inglés á todo 
» lo que pueda favorecer á nuestros enemigos contra 
» nosotros». 

En materias más menudas de administración y con- 
ducta no profundiza mucho la Superiora, cuyo sen- 
tido moral y religioso desciende con trabajo á deta- 
lles. Los abusos de las levas y las alteraciones de mo- 
neda, el cuidado especial que convenia poner en la 



BOSQUEJO HISTÓRICO. 21$ 



elección de los ministros para Cataluña, son los pun- 
tos en que más acredita lo certero de sus observacio- 
nes y juicios, sobre las más capitales necesidades de 
gobierno, y mayores flaquezas de aquella adminis- 
tración. Causa indudable fué el sistema de levas de la 
completa desorganización y pésimas condiciones de 
nuestras tropas, singularmente en las campañas de 
Extremadura, en las que el valor de jefes y capitanes 
y de algunos cuerpos aislados, no bastó á contener 
las desbandadas de los soldados bisónos y allegadizos, 
recogidos de la escoria de las poblaciones por los sar- 
gentos y alguaciles, que sin orden ni concierto perse- 
guian reclutas como se cazan alimañas, con toda suer- 
te de violencias, cohechos y atropellos; escaseando 
cada dia más el núcleo de los tercios viejos y los cuer- 
pos de mercenarios á soldada italianos y alemanes, 
que con jefes bizarros y entendidos, hicieron siempre 
bajo nuestra bandera, maravillas. 

Los consejos de conducta moral y religiosa, de ob- 
servancia con corazón contrito de los mandamientos 
de Dios, tanto para la salvación propia, como para 
merecer la luz providencial y acierto en el consejo 
que ayudaran á salvar los reinos, son muchos, y re- 
presentan un tesoro de elocuencia y galas de estilo 
que es menester buscar en la total lectura de los tex- 
tos ; moviéndonos sólo á insertar aquí algunos de los 
más curiosos por su discreción y sentido práctico, en 
los que contesta la Madre á varias objecciones del 
Rey sobre las dificultades que exigencias y tentacio- 
nes anejas á las etiquetas, deberes y esplendores del 
oficio, oponen al cumplimiento estricto de las doctri- 
nas de perfección cristiana en las gradas del trono. 
«Cuando suplico á V. M., le dice, que se abstraiga de 



2l6 



BOSQUEJO HISTÓRICO. 



» las cosas terrenas , no es decir se aparte de las de 
» obligación , porque el reinar, tanto tiene de peso co- 
»mo de grandeza, y el trono Real no es asiento de 
» descanso ni retiro , sino de solicitud para el bien co- 
»inun de todos : V. M. es deudor al triste para con- 
» solarlo, al pobre para defenderlo de los agravios 
»del poderoso, á los ricos para valerse de ellos, á 
»los soldados para premiarlos, á los necesitados para 
» remediarlos ; prudencia práctica y piadosa es reci- 
»bir V. M. los agasajos y festejos que en demostra- 
»cion de sus finas voluntades hacen los vasallos, y es 
apremio de su afecto, darse V. M. por obligado. Lo 
»que yo le suplico, puesta á sus Reales pies, es no 
» consienta V. M. se hagan excesivos gastos en fiestas, 
» cuando falta el caudal para defender la Corona, y 
»que en ellas no haya ofensa á Dios. Debido y justo 
»es se hayan hecho demostraciones de alborozo y ale- 
» gría por el nacimiento del Príncipe, y que V. M. 
» asistiese á ellas; lo que yo insinué solicitaba del 
» afecto de V. M., es que sea con seguridad de con- 
» ciencia.» 



XIV. 



Más abundante es aún el caudal atesorado en orden 
á ideas puramente místicas y morales , pero mayor la 
dificultad de arrancar las flores más exquisitas, sin que 
pierdan todos sus aromas y colores. 

Era para Sor María la fe, fundamento y principio. 



BOSQUEJO HISTÓRICO. 217 



no ya de todo conocimiento, sino de toda acción y 
buen suceso en la vida; «al que cree todo le es posible, 
»y el corazón dilatado por esa virtud, emprende gran- 
»des cosas. La fe es á la manera del sol, que no sólo es- 
aclarece y nos da certeza y verdadera posesión de las 
» cosas y de los objetos del mundo, sino que purifica el 
»aire y la atmósfera, eleva el entendimiento, destier- 
»ra de él la bajeza y le levanta á la certidumbre de las 
» verdades católicas, con mayor seguridad que lo que 
» se ve y percibe. La fe mueve el alma y el mundo en- 
»tero á lograr su fin último, su unión con Dios en su 
»seno; la esperanza alivia los dolores de la lucha y da 
» fuerzas para perseverar en ella ; pero cuando las cria- 
» turas acaban su destierro y consiguen la bienaventu- 
»ranza, cesa la fe porque contemplan directamente 
» el Ser inmutable; cesa la esperanza porque se posee 
»el ver á Dios y gozarle; pero permanece la caridad, 
» virtud que consiste en amar, no sólo al que lo mere- 
»ce, sino al que lo necesita, y única que no cesa en 
»el bienaventurado, sino que se perfecciona en la 
» eternidad; abismo sin término donde se hunde toda 
»la facultad del entendimiento humano, perpetuo es- 
» tar y carecer de futuro y pasado, círculo cuyo cen- 
» tro está en todas partes y su circunferencia en nin- 
» guna. » 

Es menester, para llegar á tan altos fines, «la gracia, 
»los auxilios con que Dios nos previene con santos 
» pensamientos, que ayudan á hacer buenas obras, que 
»se llama gracia actual y que se pasa luego, si en ella 
»no se persevera con el sacrificio de apetitos y pasio- 
»nes; ó el don divino y cualidad permanente que in- 
» funde Dios en el alma, con el cual la hace agradable 
ȇ sus ojos, y que se llama gracia habitual, constitu- 



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BOSQUEJO HISTÓRICO. 



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» yendo ésta la santidad del alma y disponiéndola la 
»otra para merecerla, siendo menester que la criatura 
» concurra por su parte levantándose sobre sí, espiri- 
» tualizándose y disponiéndose por medio de las vir- 
»tudes teologales para conseguir tan gran bien ; pero 
» sin imaginar que por sí sola pueda la criatura alcan- 
»zarlo, porque la naturaleza de esas virtudes pide 
»que las infunda Dios; sólo su brazo omnipotente 
» puede poner en el entendimiento un hábito de fe 
»que incline á creer todo lo que Dios reveló como 
» debe ser creido , otro en la voluntad , para que sea 
» deseado y esperado como su valor infinito pide, y 
»otro para que sea amado como su misericordia, su 
» bondad y su amor merecen ; sin ella nuestra natura- 
»leza, tan terrena, caeria como la piedra que por sí 
»baja á buscar su centro, necesitando fuerza superior 
»y ajena para elevarse ; por ella se comunica al alma 
» participación de la grandeza y ser de Dios, sin que 
» alcancen á compararse tales bienes con ninguno de 
»los de la tierra, por grandes y milagrosos que ellos 
» fueran. Es condición precisa y efecto natural de estos 
» bienes terrenos, que los podamos poseer sin tener lo 
» bueno de ellos; así puede un sujeto tener grandes 
» tesoros, incomparables joyas, y no se comunicará 
»por esa posesión excelencia alguna á su persona; 
osería señor de los cielos estrellados y rey de los 
tángeles, y no le prestarían por ello su hermosu- 
»ra y su inteligencia los querubines, porque la po- 
» sesión de todas las riquezas y cosas que viven fuera 
»de nuestra alma no penetran en ella, ni la alteran 
»en su modo de ser; mas la posesión de la gracia y 
»de los bienes espirituales que la acompañan es de 
»tan aventajada condición, que acercan y elevan el 



BOSQUEJO HISTÓRICO. 219 

»alma que las recibe, al ser y grado del que las co- 
»munica.» 

Enlázase con esta doctrina la del sacrificio, fuente 
de los mayores merecimientos para el bien en este 
mundo y en el otro, y al hablar de ella, brotan de su 
pluma los pensamientos y las palabras como manan- 
tial abundante é inagotable. «Los trabajos sufridos 
»con paciencia son señal de predestinación; si otra 
»cosa más preciosa que ellos hubiera en este valle de 
» lágrimas, y de mayor agrado para el Eterno Padre, 
»Su Hijo Santísimo el Verbo humanado lo hubiese 
» escogido para sí ; y por fortuna debe tenerse lo que 
»Cristo eligió, que su nacer, vivir y morir fué siem- 
»pre en cruz ; — porque nos ama Dios y cuida de nues- 
»tra salvación nos rodea de trabajos, pues somos ta- 
lles, que si no es afligidos no volvemos á Él los ojos, 
»yes nuestra naturaleza de condición, que si no es 
aprensada no da fruto, y sin el lastre de la tribulación 
»no camina segura. — Las lágrimas vencen al invenci- 
»ble y rinden al Omnipotente; pero no las lágrimas 
^sensibles que á menudo se derraman por cosas ter- 
»renas y transitorias, sino un dolor apreciativo de los 
» pecados y un ánimo quebrantado con trabajos y pa- 
» ciencia en ellos. — Si las prosperidades vinieran solas, 
» seguramente que muy terrenos nos quedaríamos con 
» ellas; y siendo la mayor desdicha que pueda permi- 
»tir Dios el pecado, y dejar en él al pecador por su 
^rebeldía, las aflicciones que nos despiertan y levan- 
*tan, los desengaños que nos enfadan del gusto, son 
♦finezas del amor divino y triaca contra el veneno de 
*la culpa. No hay, pues, que mirar los sucesos adver- 
ases como males, sino como ocasión de bienes y de 
agrandes provechos ; el nombre vulgar y aparente á 



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BOSQUEJO HISTÓRICO. 



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» menudo nos divierte del concepto verdadero, y así 
»llámanse pérdidas los menoscabos de las cosas tem- 
»porales, que son ganacias eternas, Uámanse agravios 
»lo que es tan gran bien que, llevado por amor de 
»Dios, obra eterno efecto de gloria»; y descendien- 
do otras veces á consideraciones más terrenas, le re- 
pite en una ú otra forma : « que aunque llegue el agua 
» á la garganta y parezca que España se anegue , no 
» hemos de perder ánimo; y para los trabajos es ne- 
» cesaría alma grande y cordura cristiana, con la que 
» nos resignamos á sufrir lo que no se puede excusar, 
»con lo cual, el que padece se verá atribulado, pero 
»no será vencido, asiéndose con entrambas manos al 
» sufrimiento y pensando, que no hay peor mal, que el 
» mal mal llevado. » 

Penetra no pocas veces en análisis de las faculta- 
des humanas, bajo el común criterio de los estudios 
aristotélicos, de que tuvo, sin duda alguna, lecturas 
y noticias: «tres potencias, dice, nos díó la Provi- 
»dencia divina, que el uso malo de ellas nos destruye, 
»y el bueno nos lleva al puerto de la salud eterna ; el 
» entendimiento , que tiene por oficio conocer las co- 
»sas y sus accidentes, de suerte que todos los objetos 
» de que le dan noticia los sentidos los recibe y abs- 
»trae, los juzga, y con la luz infusa y los hábitos de 
»las virtudes teologales se encumbra á los conceptos 
»de las verdades católicas, definiendo cuáles son las 
» promesas del Altísimo para el que obra bien, y los 
» castigos del delincuente, y las nociones de lo justo y 
»de lo injusto; la memoria, que guarda, tiene presen- 
»tes y administra, en bien de la criatura racional, las 
» imágenes que ha recibido cuando las necesita; y la 
» voluntad , que por ser ciega tiene que guiarse del en- 



BOSQUEJO HISTÓRICO. 221 



atendimiento» : y no en una, sino en muchas de las 
cartas, y con las más variadas perífrasis, canta la elo- 
cuente escritora un himno entusiasta á la voluntad, 
potencia la más débil y enferma de su regio confiden- 
te. «Ella es la Reina á quien la Providencia divina 
»dejó el imperio del alma, de manera que lo que 
» quiere, quiere, y lo que no, se trabaja en vano en 
» persuadiría. Ella es la que da valor á las obras de la 
» virtud, y gravedad á las culpas; y contemplando en 
» la soledad y retiro su grandeza, se llora la ceguera 
»de los que la sujetan á amar objetos peregrinos y vi- 
ales, cuando teniéndola libre, pueden amar al Altísi- 
»mo, que es el noble y proporcionado objeto de ella, 
»y por lo que cantaron los ángeles paz á los hombres 
»de buena voluntad» ; insinuando con ello que á una 
voluntad firme en Dios, ninguna fuerza humana la 
puede conquistar ni mover guerra. 

En el panegírico, que según las ocasiones y sucesos 
hace de las virtudes cardinales, pone siempre en pri- 
meros términos la prudencia, «que si para todas las 
agentes es necesaria, porque camina y dirige con 
» ajustamiento las operaciones de las criaturas, más la 
» precisan los Reyes y Príncipes, y más aún los com- 
» batidos por tan extraordinarios fracasos como los 
»que afligen á esa Corona». Tiene á esta virtud entre 
las cardinales por la mayor y más principal, «porque 
»sin la prudencia, la justicia se termina en crueldad, 
»en flojedad la templanza, la fortaleza en tiranía, y 
»el ejercicio todo del poder, en opresión del débil; y 
»con ella hay justicia verdadera en lo que se manda, 
» oficiosidad en lo que se ejecuta, piedad en lo que se 
» reprime. La prudencia á todos los tiempos mira, y 
»con ella se enmienda el mal pasado, se ordena el 



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BOSQUEJO HISTÓRICO. 






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» bien presente y se previene la mayor perfección para 
»lo futuro ; pero sin ella, ni se sabe recuperar lo per- 
»dido, ni se puede conservar lo que se tiene, ni se 
» acierta á solicitar lo que se espera.» 

De la justicia hace más sucinta mención, teniendo 
por ciertas las buenas inclinaciones del Monarca á dar 
en su conciencia, sin odios ni mezquinas pasiones, á 
cada uno lo suyo ; pero comentando la bienaventu- 
ranza de los que de esa virtud han hambre y sed, dice 
que «seguramente se ejecutará, si con sano corazón y 
afirme voluntad se desea, procurándola en los Minis- 
» tros y jueces ; pero de suerte, que ni ruegos les ablan- 
»den, ni lágrimas les enternezcan, ni dones les cor- 
trompan, ni amenazas les espanten, ni ira les venza, 
»ni odio les turbe, ni afición les engañe»; vigorosa 
enumeración, á la que es difícil quitar palabra ociosa 
ni añadir concepto olvidado, para dar idea más precisa 
y exacta de un ideal perfecto de justicia humana. 

Las excelencias y apologías de la templanza son más 
prolijas y numerosas, enlazadas con preceptos genera- 
les de moral cristiana que no reclaman tan especial 
mención, aunque se repiten con mayor frecuencia que 
otros, porque menudean en las cartas del Rey las con- 
fesiones de sus caidas en aquellos pecados que más se 
rozan con esta virtud cardinal , hasta el extremo, ya 
antes notado, de confesar ingenuamente que cuantas 
veces entra en lucha con algunos de los principales 
enemigos del alma, otras tantas veces es vencido. 
Busca la Madre, con cristiana constancia, esperanzas 
de contrición en los arrepentimientos y humildades 
que de su propia fragilidad repite el Rey, y le con- 
suela encareciéndole el conocimiento de estas ver- 
dades como el primer paso y más seguro para el bien , 



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BOSQUEJO HISTÓRICO. 223 



porque con razón dice : «vernos ceniza, y resistirnos 
»como diamantes es notoria deformidad y patente 
locura», esforzándose en condenar «los gustos de la 
» concupiscencia, que á la nobleza desdoran, á la pru- 
»dencia desacreditan, á la libertad pierden y á la vo- 
»luntad indisponen para amar al Señor » ; y descri- 
be luego con pintoresca imagen nuestra naturaleza 
en relación con Dios y su reino como «la tierra, 
» en la que se producen y viven todas las impurezas de 
» los elementos, criando en su seno los reptiles vene- 
»nosos y las plantas que corrompen las aguas; y la re- 
nglón limpia y despejada del aire, en la que los planetas 
» influyen y el sol alumbra el mundo y reparte vida 
»con sus rayos. De esa laguna cenagosa, tierra aban- 
» donada á sí misma como criatura que vive según la 
» carne, se levantan los vapores de los apetitos, las 
» nieblas de las pasiones que forman las nubes densas 
»de los malos hábitos, que oscurecen el entendimien- 
» to, privan al astro de la justicia de la influencia de sus 
» inspiraciones y llamamientos, y hacen irremediable 
» la corrupción que la sombra y las tinieblas acrecien- 
»tan en el alma como en lugares pantanosos, no la- 
obrados por la mano del hombre, ni purificados por 
»la luz del sol.» 

Mueve también á rasgos de elocuencia la pluma de 
esta gran escritora, el amor, «afición voluntaria que 
»goza del bien de quien ama, y se recrea en las felici- 
»dades del objeto querido», é inspirándose en las lec- 
turas de San Agustin, cifra en el amor de Dios y del 
prójimo el cumplimiento cabal de todas las escrituras, 
diciendo : «si callares, calla por amor; si perdonares, 
» perdona por amor ; si castigares , castiga por amor, 
» porque no tiene la criatura humana prenda ni senti- 



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224 



BOSQUEJO HISTÓRICO. 



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» miento más precioso para pagar lo que debe, y si el 
»amor es lo más estimable del hombre, es razón lo 
» emplee en lo mejor que conoce su entendimiento y 
»que desea su voluntad, que es Dios. No hay cosa 
» más poderosa en el cielo y en la tierra que el amor, 
» porque aquel se puede llamar poderoso que vence á 
»los poderosos, pues no sólo somete y doblega á los 
» del suelo, sino al infinitamente Poderoso en el suelo 
»y en la tierra. — El amor acompañado con la gracia di- 
»vina tiene una suerte de inmensidad en lo que obra 
»y alcanza, que no cabe decir cuánto es, porque la 
» definición declara y comprende la esencia de la cosa 
» definida, y el amor divino puede sentirse y gozarse 
»de sus ansias, pero no comprenderse de ingenio tan 
» pequeño como el humano. Sólo cabe notar algunos 
» de sus efectos , en los deseos de obedecer al amado, 
»en los anhelos de servirle, viéndose cómo las obras 
» imperfectas se purifican á su fuego hasta consu- 
»mirse , y se perfeccionan las buenas hasta llegar á la 
» aceptación del Altísimo ; sin que á estas operaciones 
»las detengan ni alcancen, ni la honra, ni la deshonra, 
»ni la alegría, ni el tormento, ni la riqueza, ni la po- 
»breza, ni la prosperidad, ni la adversidad, ni la muer- 
te, ni la vida. 

Enlaza con su amor á Dios su voluntad al Rey, 
como los dos fines de su alma y de su existencia ; « á 
»no poder darle, ni riqueza para las guerras, ni gente 
»que venza» porque es pobre é inútil, se empeña con 
el Altísimo para que supla su escasez, ofreciéndole 
cuanto hace, y puesta á los pies del Rey una y otra 
vez, le suplica que la ayude, y coopere de su parte, 
» procurando la amistad de Dios, que no se puede al- 
»canzar sin trabajo.» Todo lo terreno lo ha arrojado 






BOSQUEJO HISTÓRICO. 225 

de si, y en esta renunciación ha quedado «con el afec- 

>to al Rey, y la voluntad de mirar por su bien espiri- 

>tual y temporal, y con el beneplácito divino no tiene 

»otra atención que servir á las dos Majestades, divina 

»y humana, sintiendo para ello una fuerza tan pode- 

>rosa, que bien comprendo no es mia, sino del Señor 

»que la puso en mi corazón tan eficazmente, que des- 

» fallece en ansias de conseguirlo. — El mayor premio 

»á que una buena voluntad aspira es á ser conocida, 

»y su más gustosa operación, ser admitida» dice en 

otra carta, y como lo que en sus anhelos quiere para 

^1 Rey es siempre la mayor felicidad, y no la hay 

comparable á la de tener á Dios por amigo, sus ora- 

clones, sus lágrimas, sus sufrimientos , su vida entera, 

^s consagra á pedir se encaminen los pasos del Rey á 

onseguir tales bienes espirituales, unidos forzosa- 

^^Jite á los aciertos y prosperidades de su corona, en 

lo ^l^^ á menudo, advierte con modestia, «se toma 

%^^^ licencia para censuras y reprensiones de la que 

,ci-i^nrmple á su condición flaca de mujer y de inferior, 

:^y P><i>r ello bien podrá arrojarme de su gracia por 

^iir^i^ortuna, pero yo no podré dejar de serlo en soli- 

Kit:^x-le su vida eterna.» 

^^x-o son estos temores al enfado del Monarca, pon- 

der^^^i^jQjjgg retóricas de humildad y de afecto dis- 

pu^stio á perseverar inalterable aun en el extremo 

tra^x^c^^ de las repulsas y rigores del objeto amado, 

P^^^^vie ni una sola vez desmiente Felipe IV en sus 

^^^I> Vi estas la cortesía exquisita del caballero más cum- 

^.^^^^ , sin que se trasparente contrariedad ó impre- 

s^^xi acerba, ni aun en aquellos temas en los que, por 

^ *^vitidado de las censuras, seguramente le parecerían 

^ Verdades amargas : nunca deja una pregunta sin 

í5 



220 



BOSQUEJO HISTÓRICX). 



contestación más ó menos detenida, ni un cargo sin 
excusa que aleje sospecha de menosprecio, ni un con- 
sejo sin alabarlo de oportuno, ó acreditar su empeño 
en aceptarlo, ó su dificultad en cumplirlo; ni una re- 
comendación, en los raros casos que aparecen en las 
cartas, sin la oportuna mención de sus diligencias ó 
memorias para atenderla. 



XV. 



El negocio por el que con mayor insistencia apre- 
mia al Rey, fuera de los directamente relacionados 
con su vida y gobierno de estos reinos, es la declara- 
ción dogmática del misterio de la Inmaculada, del 
que fué entusiasta defensora, pues en la demostración 
de tal verdad católica está cifrada la importancia y ca- 
pital sentido de la Mística ciudad de Dios. 

Para lograr de la Santa Sede el decreto, entabló 
Felipe IV por sí mismo negociaciones con Inocen- 
cio X; y elegido Alejandro VII, le recuerda Sor María 
con el mayor encarecimiento, que renueve las diligen- 
cias para obtenerlo , adelantándose en esta materia, 
con una resolución que no emplea en ninguna otra, á 
afirmar «que es la voluntad de Dios, se proclame 
»como dogma la Inmaculada Concepción», y que se 
proclamará seguramente, y que tiene de ello revela- 
ciones que no consienten duda ni tibiezas ; debiendo 
trabajar el Rey por que esa gloria se recoja en sus 
dias y con su esfuerzo. No quedó sin atender tan ca- 
lurosa súplica; nombróse una junta de los sujetos más 



BOSQUEJO HISTÓRICO. 22? 



graves de la corte para tratar y ajustar lo que pareciera 
conveniente al adelanto de este santo negocio, y se 
envió como embajador propio para ello al Obispo de 
Cádiz. Ya en el ocaso de su vida, en el año de 1660, le 
decia al Rey que tres cosas habia deseado con grande 
anhelo, pidiendo al Altísimo verlas ejecutadas antes 
de morir; «la primera, que esta Corona tomase por 
apatrona y protectora á la Reina del Cielo; la segun- 
»da, que se ajustasen las paces entre Francia y Espa- 
» ña ; la tercera , que se definiera por artículo de fe la 
» Purísima Concepción » : veia cumplidas por la vo- 
luntad de Dios las dos cosas primeras, y anhelaba por 
la alegría y alivio que esperaba de la tercera, á lo 
que habia consagrado lo más ardiente de su fe y lo 
más profundo de sus estudios. 

Pero los obstáculos de doctrina con que tropezaba 
por entonces la declaración dogmática en su fondo y 
en su forma eran grandes ; enlazábase forzosamente, 
tal como la solicitaba la Venerable Madre, con la de- 
claración de infalibilidad y el concepto de la autoridad 
pontificia respecto á definiciones, punto gravísimo 
entonces y latente en la guerra cruda que movió la 
Sorbonaá Sor María y á su libro, y debia morir la 
Santa Madre sin el consuelo de ver en este mundo el 
triunfo definitivo de ambas tesis, reservado en los de- 
signios Supremos, en cuanto á su declaración dogmá- 
tica, para los revueltos dias del siglo xix. El Rey 
muestra pocas esperanzas de que tenga el negocio 
buen fin, por los contrarios dictámenes que sobre él 
corren, y la inclina á que ella escriba de motu propio 
al Papa, y sin darle á entender que es con su noticia* 

Ya hemos visto por numerosas indicaciones de las 
cartas, que Sor María sostuvo correspondencia con 



228 



BOSQUEJO HISTÓRICO. 



todos los principales personajes de la corte ; pero no 
hay rastro de comunicación tan Intima y sostenida co- 
mo la que entabló con D. Fernando y D. Francisco de 
Borja, y pusimos desde luego especial diligencia en 
apurar el cabo de esta noticia, que habia de arrojar luz 
sobre la obra principal de nuestra escritora; pues las 
figuras históricas, para ser bien apreciadas, piden, co- 
mo las estatuas, que se las ilumine de distintos y aun 
opuestos lados. 

Fué D. Femando de Borja virey de Aragón y Va- 
lencia, sumiller de corps del príncipe Baltasar Carlos 
cuando murió en Zaragoza y encargado de traer su 
cuerpo al Escorial , y le hicieron luego del Consejo 
de Estado, creciendo su influencia en Palacio hasta 
obtener en 1661 el cargo de caballerizo mayor. Tenía 
por hijo de primer matrimonio á D. Francisco, que 
tomó las órdenes en 1644, y fué nombrado capellán 
mayor de las Descalzas en 1652; y en el archivo de 
este histórico monasterio hemos hallado originales 
más de 300 cartas de Sor María á entrambos sujetos, 
aumentando la colección, pero sin llegar ni mucho 
menos á completarla, otras que han parecido en copia 
entre los papeles del convento de Santo Domingo de 
la Calzada. Nos faltan las contestaciones de los dos 
cortesanos, que serían preciosas para definir bien el 
juicio sobre los personajes, y apurar el sentido de no 
pocos enigmas y nebulosidades que deja tras sí toda 
correspondencia á medias, pues es muy ocasionada á 
errores graves la deducción de las preguntas, por el 
solo texto de las respuestas; pero todo inclina á creer 
que eran ambos sujetos, piadosos, carítativos con 
eclesiásticos pobres y monjas necesitadas, depositan- 
do en ellos Sor María gran confianza, y teniendo por 



BOSQUEJO HISTÓRICO. 229 

muy segura su reserva y muy acreditada su prudencia. 

En su seno desahogaba, valiéndose á menudo de 
cifra (i) sus más secretos y personales escrúpulos, los 
apuros de su convento, sus afectos por el Rey, sus 
desengaños y disgustos por la ineficacia de los con- 
sejos y predicaciones, y con el ansia natural en quien 
se empeña en una obra de regeneración, inquiere á 
menudo cómo vive y se conduce el Rey, y se contrista 
y abate, cuando no le pueden desmentir los rumores 
de desorden y negligencia moral que llenaban los do- 
minios todos de esta Corona por aquellos años. Aun- 
que con extrema cautela se descubre bien, estudiando 
toda la correspondencia, que los Borjas eran contra- 
rios á la privanza de D. Luis de Haro, que hasta don- 
de su mesura y encogimiento permitia, trataron sin 
éxito de influir en la Superiora para que ayudara más 
presurosa á derribar el privado, personalizando sus 
ataques y solicitando en nombre de Dios una crisis 
total, y un llamamiento de los Borjas á suceder en la 
privanza. 

Son pocos los puntos históricos que esclarecen es- 
tas cartas; confirman las relaciones, ó al menos lo que 
ahora se Mdumridihi benevolencia y que personajes muy 
allegados al Rey y muy introducidos en la corte man- 
tuvieron con los descontentos, que á la sombra de Hí- 
jar, del Padre Monteron, del Conde de Lémos, don 
Francisco Chiriboya y otros, tramaban alteraciones 
más ó menos definidas ; acreditan la oculta guerra que 
se mantenia en Palacio y en torno del Rey contra 
D. Luis de Haro, sin que llegara á estallar en las sá- 



(i) Véase el facsímile del apéndice núm. VI. 



230 



BOSQUEJO HISTÓRICO. 



tiras, conjuras y alardes que se movieran contra Oli- 
vares ; y es curioso leer y traducir de la cifra , los al- 
borozos de Sor María á los anuncios de que D, Luis 
se bamboleaba, escrupulizando si el sentir tanto gusto 
de estos accidentes era falta de caridad, aun deseán- 
dolos tan sólo para que el Rey obrase libremente , y 
admitiera mejor las medicinas que habian de hacerle 
amigo de Dios, y darle acierto en su oficio y cargo. 

Acreditase también á las claras con estas cartas, la 
sinceridad de su desinterés, y la severidad de su con- 
ducta en el oficio de consejera, para el que la Provi- 
dencia la habia designado. En diversas ocasiones, pero 
singularmente con motivo de una pretensión de su 
hermano mayor, al que no queria contrariar de frente 
en sus propósitos , la Superiora se duele de que inten- 
te utilizar cerca del Rey el favor y prestigio que á su 
cariño y distinciones se atribuia; y refiriéndose á lo 
ingrato de sus predicaciones, le dice á D. Fernando 
estas expresivas frases, resguardadas por el secreto de 
la cifra : «No deseo huir de mi cruz, sino abrazarla y 
» quedarme con ella, pero sin dependencias de pa- 
»rientes, ni de pretensiones, ni de mundo; y tengo 
» ofrecido con aseguración, que ni al Rey ni á ninguno 
» de esa corte he de pedir jamas nada , porque no po- 
»dria conseguir yo mi deseo si tal hiciera, que es pe- 
»dir sólo al Rey lo que le conviene para sí y su reino; 
»y aun plegué á Dios se negocie algo viéndome des- 
» interesada; y en lo demás mi natural y alo que Dios 
»me encamina es á retiro y soledad, y me es harta 
^mortificación no conseguirlos.» Más adelante, cuan- 
do el hermano, aunque religioso, algo al nivel de los 
pretendientes al uso , le arranca una carta de reco- 
mendación para el Rey, es de notar su fatiga por- 



BOSQUEJO HISTÓRICO. 23 1 



que la han dicho ha metido un memorial en ella, que 
no sabe lo que contiene , y sus ruegos para que don 
Fernando la disculpe con S. M. , y sólo para ello le 
escribe diciéndole, entre otras consideraciones sobre 
el caso: «Por amor de Dios, que haga esas diligen- 
» cias como mejor le pareciere , pues yo no sé el estilo 
» de esas materias y no lo entiendo, pero querría fue- 
»se luego: mi encogimiento es grande y le aseguro 
» á V. S. estoy corrída ; ya me dice mi confesor que 
» sentir tanto la jornada de mi hermano es amor pro- 
» pío , y procuro moderarme ; pero disuena mucho á la 
» razón que él pretenda, porque el Rey me conoce á 
»mí; no habría para mí mayor desconsuelo que si al- 
» canzára algo, pues concurrir yo al monstruo de am- 
»bicion que el mundo tanto busca, ni á Dios ni á las 
» criaturas puede parecer bien. » 

Aunque perseveremos en mantener hasta el fin nues- 
tro propósito de no traer á colación en este bosquejo, 
meramente histórico y político, las cuestiones teoló- 
gicas que ocuparon lo más capital de los pensamien- 
tos de Sor María, no podemos omitir alguna referen- 
cia á sus trabajos en el mundo con motivo de inter- 
pretaciones de sus doctrínas, pues quedaría incom- 
pleta, en extremo esencial, la idea general de su vida 
y de su labor en la tierra. 

En el archivo de la casa de Gor existe el proceso 
de Inquisición, instruido con ocasión de los rumores 
esparcidos en el vulgo sobre los favores con que Dios 
distinguia á la Venerable Madre, y es documento pre- 
cioso para el estudio de muchas doctrinas teológicas 
del Santo Tribunal y de la insigne escritora, cuya 
contestación á los ochenta extremos de su interroga- 
torio es un verdadero comentario de su vida espiri- 



232 BOSQUEJO HISTÓRICO. 



tual, nutrido de místicas enseñanzas y piadosas rela- 
ciones. 

Tuvo comienzo la causa en 15 de Abril de 1635, 
tomándose declaración á seis sujetos, algunos muy 
calificados, pero con extraordinario sigilo y discre- 
ción, apareciendo al margen de las diligencias nota 
de los extremos que se omitían en los interrogatorios, 
para que no entendieran los testigos habia culpa con- 
tra la religiosa, recayendo sobre los rumores recogi- 
dos, algunas censuras dudosas, llamando especialmen- 
te la atención de los fiscales, que la Venerable Madre 
apellidara el Altísimo á Dios, y que se supusiera la 
acompañaban varios ángeles de la guarda, siendo así 
que á la misma Virgen, según Suarez, no le acompa- 
ñan más que dos, uno como persona particular y otro 
como persona pública ; pero no debieron parecer muy 
graves las dudas y cargos cuando quedó sin moverse 
la causa hasta 1649, apareciendo, en Setiembre de 
aquel año, providencia de la Inquisición de Madrid 
para que se completara el sumario con interrogatorio 
de la reo, ampliándolo á las cartas del Duque de Hí- 
jar; verdadero motivo que, sin duda alguna, puso en 
movimiento el dormido proceso. 

Se nombró entonces para continuar la causa un ca- 
lificador de los más doctos y entendidos, que pasó á 
Agreda, asistido del licenciado Juan Rubio y de un 
Notario del Santo Oficio de los más diestros en ac- 
tuar puntual y secreto, y recogió una declaración tan 
extensa como interesante para los extremos y cues- 
tiones, que salen del marco que nos hemos trazado 
para este bosquejo: sólo nos permitiremos, seducidos 
por la elocuencia del estilo, trascribir una de sus res- 
puestas, que dará alguna idea del nervio con que está 



BOSQUEJO HISTÓRICO. 233 



prestada la declaración, en la que se invirtieron por 
los comisionados muchos dias. 

La preguntaron si en alguna ocasión habia visto á 
Dios clara y distintamente, y contestó : «Que no ha 
»oido pregunta de cuantas le han hecho que más 
»haya traspasado su corazón de dolor, y quisiera la 
» cubriese el polvo de la tierra. ¡Pobre de raí ! ¿Cómo 
» la más vil y más pecadora de las criaturas habia de 
»ver en carne mortal á Dios, cuando desde que tie- 
»ne uso de razón no le ha faltado continuamente 
»una amargura fuerte, que pesa más que cuantos 
» trabajos ha padecido, ocasionada de pensar que por 
» sus pecados no ha de ser digna de ver la cara de 
»Dios cuando la desnuden de la mortalidad? ¿pues 
» como vestida de ella y cargada de imperfecciones , 
> remisiones y flojedades la habia de ver, siendo 
♦fuerza que toda culpa y sus efectos estén purificados 
»en la criatura para ese beneficio?» «Otra cosa es» 
dice más adelante, manejando con admirable maes- 
tría el tecnicismo filosófico, que revela lo vasto de 
sus lecturas «la visión de Dios, no descubriéndose 
»el Señor en sí mismo, sino mediatamente al enten- 
» dimiento criado, con presencia meramente intelec- 
»tual, especie de visión intuitiva que supone medio 
» entre el objeto y la potencia, y que no enséñala 
» presencia real, aunque la contiene, y que es gran 
» favor, porque enseña y revela que es Dios trino y 
»uno, en sustancia Padre, Hijo y Espíritu-Santo, y 
»le dá la noción de las personas sin dividir la sustan- 
»cia; pero como la capacidad de la naturaleza huma- 
»na es tan limitada, y el objeto que se le presenta por 
» visión abstractiva infinito , no hay palabras para pon- 
»derar la impresión que produce en el alma: fácil es 



234 BOSQUEJO HISTÓRICO. 



» que la criatura humana y el padre espiritual á quien 
»se comunique esta visión (si no es docto) se engañen, 
»y se piense que eso es ver la divinidad y gozar de su 
» presencia real á satisfacción y hartura, cuando esto 
»es propio sólo de los bienaventurados.» 

Como curiosa ingerencia, muy propia de la natura- 
leza mixta del Tribunal y de sus fines, aparecen las 
preguntas sobre las cartas del Duque de Híjar y las 
predicciones ó amenazas al Rey del Padre Monterron, 
que ya habian sido objeto de diligencias é interroga- 
torios en proceso distinto, pero del propio Tribunal, 
y que por testimonio están unidos á la pieza principal 
y ampliados, sin que las declaraciones en unas y otras 
diligencias arrojaran gran luz sobre el suceso, según 
expusimos ya al relacionar la conspiración y sus orí- 
genes. 

Es también notable el interrogatorio en lo relativo 
á la letanía que ella compuso á la Virgen, y que cor- 
rió impresa no sólo en España, sino en Italia y Fran- 
cia, merced á la diligencia de algunos devotos. En 
carta á D. Francisco de Borja nos revela Sor María 
habia sido recogida esta oración por un inquisidor de 
Valladolid, á causa de decirse al final: «asi la Santa 
» Iglesia por verdad infalible determine vuestra Purí- 
»sima Concepción.» La Madre recelaba del escándalo 
y ruido que esa medida ocasionaría, siendo tan exten- 
dida en España la devoción á la Purísima; pero sin 
determinarse á acudir al Rey por no hablar en causa 
propia, envió ejemplares al Comisario general para su 
censura, y él los unió, sin duda, al sumarío. 

Sobre las principales definiciones y alabanzas, se le 
pregunta en una de las últimas audiencias, y singular- 
mente , al explicar cómo ha considerado á la Virgen 



BOSQUEJO HISTÓRICO. 235 



complemento de la Trinidad en sus obras ad extra^ 
revela tales conocimientos teológicos y posesión de 
las Escrituras, que mueven al calificador á preguntar- 
la por los orígenes de sus estudios y noticias, á lo que 
satisface con sencillez y humildad la Superiora. 

Diez dias se invirtieron en la inquisitiva, consagran- 
do dos sesiones cada dia, con aquella escrupulosidad y 
respeto minucioso á las formas del procedimiento, que 
caracteriza todos los procesos de Inquisición, y al ter- 
minar solicitó la Madre se le volviera á leer todo lo 
contenido, por si en los muchos dias y gran diversidad 
de preguntas habria su flaca memoria incurrido en 
involuntario error, y accediendo á la petición, por ha- 
llarla justa, el Padre calificador y el Comisario señala- 
ron la audiencia de la tarde para la lectura, y verificada 
de nuevo, ratificó y firmó todo lo declarado, pidiendo 
á seguida, para mayor consuelo, licencia para protes- 
tar la fe, extendiéndose bajo su dictado un resumen 
de doctrina cristiana, que á lo que en esto es lícito juz- 
gar á los profanos , tenemos por admirable y digno de 
correr impreso en libros de devoción y de cristianas 
enseñanzas. 

Sobre estas declaraciones viene en el proceso el 
dictamen del Padre calificador, quien consigna como 
resumen de sus juicios que «ha reconocido en la acu- 
»sada mucha virtud, con grande inteligencia en cosas 
» de la Sagrada Escritura ; que ha desvanecido los fun- 
»damentos del interrogatorio con humildad y ver- 
»dad, resultando que los que testificaron sobre ella 
» añadieron mucho y supusieron más; concluyendo — 
»dice — en cuanto al sujeto, en que es católica y fiel 
acristiana, bien fundada en nuestra santa fe y sin nin- 
»gun género de ficción» ; y en vista de todo, por de- 



236 BOSQUEJO HISTÓRICO. 



creto del Santo Tribunal en 10 de Febrero de 1650, 
quedó suspendido el proceso y triunfante la pureza 
de vida, doctrina y fe de la Venerable Abadesa. 

Pocos años después arreciaron las dolencias que de 
antiguo sufria, y la víspera de la Ascensión, en el año 
1 665 , cayó herida de la enfermedad que en pocos dias 
la llevó al sepulcro. Hallábase á su lado el general de 
la Orden de San Francisco, Fr. Alonso de Salizánes, 
que yendo al capítulo á Santo Domingo rodeó el ca- 
mino para conocerla, y admirado con su modestia y 
santidad, le cobró tal devoción que no se acertaba á 
separar de su presencia, y dilató los capítulos para 
asistirla hasta lo último de su tránsito. Concurrieron 
también el Padre Samaniego , provincial de la Orden, 
y otros religiosos, y hecho público el peligro en la co- 
marca, eclesiásticos y seglares , ricos y pobres , nobles 
y plebeyos mostraron su sentimiento y alarma, per- 
suadidos que era común y particular castigo el quitar- 
les el Señor á aquella insigne mujer de su lado. Orga- 
nizáronse rogativas procesionales, no quedó imagen 
de devoción en la villa y los contornos que no se He va- 
ra al convento con demostraciones tales, que en nin- 
guna necesidad pública, por apretada que fuese, se 
pudieran hacer mayores ; pero desde el principio del 
mal conoció ella era llegado el último trance, y con- 
servando, en medio de crueles dolores y congojas, to- 
da la serenidad de su alma, espiró el primer dia de 
Pascua del Espíritu-Santo , á la hora de tercia, bendi- 
ciendo al Señor que, como ella dijo, \?i había concedi- 
do buena muerte y de espacio. 

El pueblo dio testimonio de fe y admiración por sus 
virtudes, concurriendo en muchedumbre extraordi- 
naria al convento ; los cabildos y catedrales de Ara- 



BOSQUEJO HISTÓRICO. 237 

gon prodigaron los solemnes oficios, con asistencia 
de los obispos , y con panegíricos á la que llamaban 
todos la Santa Monja de Agreda, y ya apuntamos más 
arriba, que fuera efecto de pena ó mera coincidencia 
de achaques y rigores de enfermedad, ello es que 
Felipe IV sobrevivió á su amiga y confidente tan 
sólo cuatro meses. 

Recogidos los escritos y papeles que dejó la Vene- 
rable Madre, atendió la Orden á satisfacer la devota 
emoción de los pueblos, publicando la Historia de la 
Virgen^ sobre la que ya corrian noticia y elogios en el 
mundo, por examen y aprobación que prestaron á sus 
libros, en vida de Felipe IV, varones tan doctos como 
fray Juan de Santo Tomas, el nuncio Rospigliosi y el 
cardenal César Monti. Pero así los temas de doctrina, 
como el origen revelado que lapiedad otorgó á la obra, 
pedian gran mesura en darla á la prensa, y se sometió 
la cuestión á una junta de eminentes teólogos, que in- 
virtió cinco años en su examen, publicándose la pri- 
mera edición en 1670, y moviendo, como se esperaba, 
extraordinarias polémicas, especialmente en Roma y 
París. La Inquisición romana, recelosa de hallar en 
la obra principios de quietismo, la prohibió en 1681 , y 
aunque r uspendió los efectos del decreto para España 
y Portugal, tampoco en estos reinos dejaba la Inquisi- 
ción circular en libertad el libro. 

Carlos II, el Rey de Portugal, numerosos grandes 
y prelados solicitaron con empeño la revocación del 
decreto romano y se creó una congregación pontificia 
especial para el caso ; pero los adversarios del dogma 
de la Inmaculada movieron guerra á la obra, como á 
su mayor enemigo, agitando á la Sorbona, y plantean- 
do en ella una de las más empeñadas luchas de que 



238 BOSQUEJO HISTÓRICO. 



hay memoria. Treinta sesiones invirtió la docta Uni- 
versidad en discutir la doctrina de Sor María, formu- 
lando al cabo una censura, de la que protestaron va- 
rios doctores, diciendo el Nuncio apostólico en París, 
«que sería indecoroso narrar todos los desórdenes 
»y manejos que para alcanzar tal fin se pusieron en 
» juego.» Provocó este acuerdo infinitas impugnacio- 
nes, publicadas en Granada, Burgos, Cádiz, Madrid, 
Canarias y Salamanca, donde pronunciaron su juicio 
favorable al libro , á más de la Universidad , los 1 7 Co- 
legios mayores : en Francia se escribieron también fo- 
llet9S contra la Sorbona, y la Universidad de Lo vaina 
y la de Tolosa aprobaron la obra sin que la Sorbona 
se atreviera á defender ni á sostener su censura, mul- 
tiplicándose por modo extraordinario las ediciones en 
francés, en italiano, enlatin, en griego, en árabe y en 
polaco, hasta nuestros dias, en los que venia luz dos 
ediciones italianas, una de lujoy otra popular, dedi- 
cadas al cardenal Alimonda (i). 



(i) La relación de las polémicas á que ha dado lugar la Mística Ciu' 
dad de Dios, y de los estudios teológicos, comentarios, defensas y edi- 
ciones infinitas que acerca de ese libro se han hecho, es por demás cu- 
riosa , pero nos distraería mucho de nuestro objeto capital. Remitiremos 
al lector que desee apurar esos extremos , á las diferentes alegaciones 
apologéticas del P. Bríngas ó del P. Cereseto, y nos limitaremos á men- 
cionar en esta nota algunas noticias de los puntos más capitales en la 
historia de las persecuciones y honores que experimentó el libro y con 
él la memoria de su insigne autora. La primera edición , publicada en 
Madrid en 1670, produjo efecto extraordinario, y pasa por averiguado 
entre los apologistas, que las descripciones y elocuentes panegirícos de 
la Virgen hicieron viva impresión en Murillo , y bajo sus inspiraciones 
purificó sus ideales y dio nueva expresión á sus Concepciones. La In- 
quisición receló que el entusiasmo popular llegara á ocasionar extravio 
en las conciencias, y recogió el libro para sujetarle á especial examen; 
pero se autorizó á la Orden de San Francisco á publicar una defensa, 
que vio la luz en 1680 con el nombre de Satisfacción por la religión de San 



BOSQUEJO HISTÓRICO. 239 

La devoción á la memoria de la Venerable Madre 
creció desde luego, á punto de costar trabajos grandes 
á los superiores, no pasase á culto público, anticipando 
lo que la piedad espera y desea de las declaraciones 
de la Iglesia. En 1677 visitó el conventó D. Carlos II 
con D. Juan de Austria y crecido séquito de grandes; 
y resulta de la relación que en su archivo se conserva, 



Francisco , de los reparos que se han hecho contra los tres libros apartes de 
la vida de la Virgen Marta, Madre de Dios, Reina y Señora nuestra , que es- 
cribió, como en los mismos libros se <ñce, por revelación privada la venerable 
madre Sor Maria de yesus , de la Orden de San Francisco. Inocencio XI 
alzó la prohibición, j Clemente X declaró á Sor Maria Venerable, y 
mandó seguir adelante la causa de beatiñcacion. Alejandro VIII , Cle- 
mente XI, Benedicto XIII y Benedicto XIV reiteraron las declaraciones 
en honor del libro con el concurso de los teólogos más eminentes y ca- 
lificados, deshaciendo las contradicciones con las que de continuo le 
combatían los jansenistas masó menos declarados. En 1834, el P. Diego 
Miguel de Bríngas del Colegio de Misioneros de Santa Cruz de Queré- 
taro, publicó el índice apologético de las razones que recomiendan la Mís- 
tica Ciudad de Dios, con varias cartas apologéticas escritas por algunos sabios 
franceses^ ilustradas con notas copiosas en que se combaten algunos escritores 
qtu posteriormente han impugnado la Mística Ciudad; y dio también á la 
estampa una Vida de la Ven, M. Sor Maria, extracto, algo glosado en 
algunos puntos, de la que escribió el P. Samaniego, y ahora publica 
nueva edición de ella la Revista mensual que la Orden Franciscana ha 
fundado en la Ciudad de Santiago de Galicia. En Ñapóles, en 1827 , en 
Monza, en 1866, ven la luz nuevas ediciones de la obra; el célebre 
jesuita P. Secondo Franco, el canónigo Pazzi, moaseñor R. Coppola, 
el benedictino alemán Lierheimer, el teólogo Górres, de Ratisbona, 
el P. Strol, el sacerdote bávaro Miguel Gintzel, Guillermo Volk, el 
P. Lechner, el P. Schmóger, el P. José Krzysikiewicz, traductor al 
polaco de la obra; el holandés Zumautl, el P. Huguet, el abate Cathala, 
el P. Serafíno, monseñor Malou y oíros muchos que aun pudiéramos 
añadir, ya en compendios ó en comentarios, tributan admiración y en- 
comios al libro y á su autora , y hasta en los Estados-Unidos se han 
publicado dos ediciones del Compendio de la Mística^ del P. De Cesare, 
traducido al inglés ; y en el solemne centenario de San Pedro, celebrado 
en Roma el año 67, el Arzobispo de Zaragoza puso á loi^ pies de Pió IX 
cincuenta exposiciones solicitando la conclusión de la causa de beatifi- 
cación, á las que accedió el Venerable Pontífice, dando orden é instruc- 
ciones para que se continuara. 



240 BOSQUEJO HISTÓRICO. 



que abierto el féretro se halló el cuerpo entero y 
lleno, particularmente las manos muy blancas y her- 
mosas, y la cara sin corrupción, aunque amomiada y 
seca (i), obsequiando la comunidad al Monarca con 
varias alhajas y reliquias, y entre ellas el bufete en que 
escribió la Madre, que se llevó muy alborozado el Rey 
para acomodarlo en Madrid y firmar en él los decre- 
tos en el despacho y gobierno de la Monarquía (2), 
pidiéndole las religiosas interpusiera su Real autori- 
dad para conseguir el desembarazo de los libros de la 
divina historia. 

Hay memoria de que visitaron después el con- 
vento y la villa D.* María Luisa de Saboya, esposa de 
Felipe V que vistió un dia entero el hábito de la 
Concepción; D.* María Ana de Neuburg, viuda de 
Carlos II, en 1739, y otros muchos personajes y gran- 
des ; extendiéndose tanto la fama de estas devocio- 
nes, que en la relación de la embajada de San Simón, 
recientemente publicada, al referir las instrucciones 
que un amigo bien enterado le facilitó al Duque so- 
bre su itinerario, pone en primer término, como di- 
ligencia precisa para ser bienquisto en España, «una 
» visita con devoción á la tumba de la bienaventurada 
»Sor María de Agreda, con encargo de cuidar que 
»un pariente abate que llevaba consigo no se permita 
» chanzas jansenistas, ni desahogos de ingenio francés, 
» porque le podria suceder que no volviese completo 
»á Francia.» 



(i) D. Francisco Fabio. — Viaje de Carlos II al reino de Aragón, 
(2) Este bufete se conserva hoy en el Convento de las Descalzas 
Reales de Madrid, y lo tienen en gran veneración en el interior del Mo- 
nasterio las religiosas. 



BOSQUEJO HISTÓRICO. 24I 



Saint Simón, en sus memorias, da en efecto noticia 
de haber hecho estación en la villa y convento de la 
famosa religiosa María de Agreda, á la que supone 
ya canonizada, atribuyendo con notable ligereza ese 
triunfo á las doctrinas quietistas y al deseo de buscar 
apoyos para la Bula Unigenitus. No le animaba un 
espíritu favorable á los principios de que fué campeón 
la insigne escritora, y presta escasa atención á los re- 
cuerdos que de ella se conservaban en el monasterio ; 
pero refiere la visita, en la que fué recibido por toda la 
comunidad en la grada, sorprendiéndole que la Aba- 
desa le cumplimentara y conversara con él en bastan- 
te buen francés. 

Contrastan tantas y tan graves demostraciones en 
vida y en muerte de lo mucho que significó en el mun- 
do aquella eminente mujer, con la pobreza y humildad 
que eligió y abrazó para sí y para su convento, elevan- 
do el alma tales ejemplos á la contemplación de un 
mundo de sentimientos y de ideas en el que las luchas 
por la dominación y la riqueza, que llenan la historia, 
parecen cosa bien mezquina y menuda. 

Consejera de reyes, consuelo de princesas en sus 
tribulaciones, confidente de magnates y cortesanos, 
visitada en su retiro por privados y ministros, no te- 
nía, después de cuarenta y dos años de fundado el 
convento, una alfombra para el altar, ni posibilidad 
para comprarla , y, apurada por la necesidad , acudia á 
D. Francisco de Borja pidiendo si habia dejado algu- 
na á su muerte la Duquesa de Maqueda, de la que pu- 
diera disponer como testamentario, dándosela por mi- 
sas ó por algunos oficios : en ocasiones faltaba dinero 
para traer de comer ; le agobiaba una deuda de 6.000 

ducados, sin hallar medios de cubrirla por muchos 

16 



242 BOSQUEJO HISTÓRICO. 



años, á pesar del anhelo que tenia por dejar algo más 
desahogado el convento á su muerte , y hasta las col- 
gaduras para las más precisas funciones tenia que to- 
mar prestadas, llegando á los mayores ahogos cuando, 
forzada por la necesidad, compra una. Ni rentas, ni 
fundaciones nuevas , ni donativos de la piedad ó del 
arrepentimiento, tan fecundo en dones cuando inten- 
cionadamente se le dirige á tomar los caminos de la 
generosidad, acrecientan el caudal del apartado mo- 
nasterio, ni enriquecen sus claustros ó camarines con 
joyas del arte ó con demostraciones del fausto ; pero 
en medio de esas angustias y faltas de prevención para 
asegurar la vida y el porvenir , el espíritu de la Vene- 
rable Madre vela sin duda desde el cielo, al través de 
los siglos , para mantener á la comunidad segura y fir- 
me en su modesta y tranquila estrechez, y á despecho, 
lo mismo de visitas de principes y peregrinaciones de 
los magnates, que de las alteraciones de los pueblos, 
se conserva hoy el convento, pobre pero intacto, tal 
como lo trazó y levantó Sor María, rindiendo culto á 
su memoria las religiosas con notable tradición, en 
estilo, usos y cultura, de su fundadora insigne. 

Málaga^ 15 Agosto 1883. 



FRANCISCO SiLVELA. 



FIN. 



ADVERTENCIA, 



\ 



No serán inútiles, para apreciar mejor la importan- 
cia y autenticidad de los documentos que publica- 
rlos, algunas noticias acerca del origen y condiciones 
de los textos allegados y tenidos á la vista para lograr 
s^a la obra lo más completa que á nuestros medios 
^ra dable. 

^í^l Padre Samaniego, en la primera edición de la 
f^^stica Ciudad^ al referir la vida y feliz tránsito de 
^ '^nerable Madre, da ya cuenta de haber hallado 
ty^X^^ sus papeles las cartas á Felipe IV y muestra 
(/^^;;-i<:üda intención de darlas á la estampa, estimán- 
dola^ como de preciosa enseñanza para los príncipes. 
Er^ ^án duda ese manuscrito, que vio Samaniego, la 
^0F>i^^ que por su mano hacía la Madre en obediencia 
a sua <:onfesor, así de lo que escribia el Rey como de 
^^^ ^^^^^spuestas; los originales, dice el mismo biógra- 
^^í "^ ^e hallaron á la muerte del Rey entre sus pape- 
1 >le^ , y (,Qi| ambiciosa devoción los repartieron entre 

>si X<iDs principales ministros, y hoy los conservan 
»coxrir^ o prenda de suma estimación.» 

'^^^^^:iiios procurado en primer término indagar la 

sU^^ t^ y paradero de esos originales, cuya colec- 

d^^^ más importante se encuentra en la Biblioteca 

d^^ ^^ alacio Real de Madrid. Consta de 98 cartas, y 



- II — 



no ha sido reliquia salvada del reparto y conservada 
en la Casa con los papeles del Rey, sino adquisición 
del tiempo de D. Fernando VII. Dos cartas cuenta 
en su rica biblioteca el Sr. Cánovas del Castillo, dos 
posee en su notable colección de libros y manuscri- 
tos españoles el Conde de Benahavis, otras dos 
existen en el Instituto de Jovellános, en Gijon; y no 
há muchos años adquirió la Marquesa de Casa-Lo- 
ring un tomo de manuscritos, en el que hay encua- 
dernadas 82 cartas del Rey y la Madre, que alcanzan 
desde 1645 á 1665, y algunas de las últimas de Feli- 
pe IV escritas por mano ajena y firmadas por él con 
pulso inseguro. Tiene el libro una esmerada encua- 
demación , y en sus tapas se lee estampado en oro: 
« Originales de la Venerable Madre Sor María de Je- 
»sus : D. Juan de Goyeneche.» Encabeza los papeles 
una nota autógrafa y firmada por Fr. Andrés de 
Fuenmayor, que dice así: « Estos Papeles orijinales 
>de Letra de la Madre son los que Comenzó á escri- 
»vir a instancia del Rey filipo quarto que deseo tener 
» Consigo La historia de la Vírjen de letra de la M."* y 
»el general fr. P.*" que entonces era, se la Mando es- 
» crivir ; Pero no pudo acabarla ni escrivio Mas que 
» catorce quadernos , Por las Muchas ocupaciones y 
» enfermedades, y de estos, Los diez son los que es- 
» tan aqui , y los otros quatro tiene Sor Antonia de 
» Jesús.» Sigue una portada grabada en madera, á lo 
que parece en 1669, para la Historia Divina y 
Vida de la Virgen María ^ manifestada por la 
misma Señora á su esclava la Venerable Madre 
Sor María de ^esus^ abadesa que fué del conven- 
to de la Inmaculada Concepción de la villa de 
Agreda, A continuación viene el manuscrito de la 



— III — 



4í 

k 

líe 

cac^ 



82 




ica Ciudad j copiado en limpio por mano de la 
e, con esmero extraordinario, como dedicado 
lectura del Rey, y con una aprobación del muy 
-- P. Fr. Francisco Andrés de la Torre , califi- 
' del Consejo Real de la General Inquisición y 
sor de la Superiora. Concluye el tomo con las 
^rtas originales mencionadas, algunas otras de 
aria á particulares y religiosas, sin especial in- 
histórico, y un papel de tres folios, relativo á la 
^^rte de la reina D.* Isabel y piadosas adverten- 
^^'í^s al Rey con tal ocasión, refrendado á i.^ de Di- 
ciembre de 1645 por el mismo Fr. Francisco Andrés. 
Sin duda que ese tomo se formó por alguno de 
aquellos ministros principales que se repartieron pia- 
dosamente los papeles de Felipe IV á su muerte; y 
^^o resto de la propia partición lo hemos hallado en 
Convento de Agreda, donde se conservan otras 32 
^^^as originales del Rey y la Venerable Abadesa, 
nUC quizás formarian el lote que tocara al Marqués 
¿e «Falces, gran personaje en la corte, cuya viuda, 
muy devota amiga de la Madre, se retiró de Madrid, 
vivió y murió santamente en el convento, y allí lleva- 
ría aquellas reliquias de la fundadora. 

En el convento de Agreda se conserva un trozo 
del libro que , como copiador de sus cartas y respues- 
tas del Rey, llevaba de su letra la Madre ; pero no 
alcanza ese precioso documento sino hasta fin del 
año 1655, comprendiendo 460 cartas. Entre los res- 
tos del archivo del convento francisco de Santo Do- 
mingo de la Calzada hemos hallado cinco cuader- 
nillos sueltos con 30 cartas, no conocidas antes, fe- 
chadas desde 24 de Diciembre de 1650 á 29 de Se- 
tiembre de 1 65 1, copiadas por la Madre, y que en 



— IV — 



letra, papel y fechas enlazan del todo con el copia- 
dor de Agreda , revelando á las claras ser fragmentos 
de la propia obra, que tomarían sin duda los Supe- 
riores al fallecer la Abadesa, llevándolos á Santo Do- 
mingo como reliquia de su santa hermana en religión. 
Hay también, entre esos mismos papeles, 155 cartas 
posteriores en fecha á 1655, asimismo autógrafas de 
la Venerable Madre, pero en hojas sueltas y con ta- 
chaduras al descuido, que las hacen aparecer más 
como borradores que copias para guardar ; pero pro- 
curando valemos de los textos que ofrecen más con- 
diciones de autenticidad, las hemos preferido, como 
original de nuestra publicación, á las copias de mano 

ajena. 

De estas copias, más ó menos completas, hay mu- 
chas en bibliotecas públicas y particulares, mere- 
ciendo el primer lugar, por ser sin duda tomado di 
rectamente de los originales , un manuscrito admira- 
blemente conservado, con primorosa portada en tinta 
roja, que se halla en el convento de Agreda y que 
contiene 234 cartas, desde la del 16 de Julio de 1643 
á la última del 27 de Marzo de 1665. 

En la primera hoja hay una advertencia, en la que 
se dice : «Trajo el libro al convento la Excma. S.™ 
» Marquesa de Falces, cuando vino á tomar el santo 
» hábito el año 1681 : es copiado de las cartas del se- 
» flor Felipe IV, que se hallaron en el escritorio de 
»S. M. ; y siendo gran privado del Sr. Carlos II y del 
» Sermo. Sr. D. Juan de Austria, el Sr. Marqués de 
» Falces y de Santistéban, virey que fué de Galicia, 
» embajador de Alemania, tuvo la ocasión de hacer 
»y recoger este libro.» 

En la Biblioteca Nacional existe otro manuscrito 



— V — 



de letra de la propia época con las mismas 234 car- 
tas, y esa circunstancia, unida á que se notan en él 
los propios errores en la colocación por fechas que 
tiene el manuscrito del Marqués de Falces, parece 
indicar que es copia de él fielmente trasladada. 

En la Biblioteca Nacional de París, en un tomo de 
varios, encabezado con una solicitud de D. Pedro 
de Ayala, archivero de Simancas, pidiendo aumento 
en su sueldo de 700 maravedís, y alegando los gastos 
que de su peculio hacía para salvar, dice, «aquella 
»joya, compadecido de ver su total ruina», se ha- 
llan en copia 42 cartas y el papel que la Madre es- 
cribió al Rey, con ocasión de la enfermedad y muer- 
te del príncipe D. Baltasar Carlos. 

La Academia de la Historia posee otro manuscrito 
casi igual al de la Biblioteca Nacional, también de 
copias; otro de letra del siglo pasado hemos adquirido 
poco há ; y procedente del convento de capuchinos 
del Pardo poseemos otro con 45 cartas, distintas de 
las que contienen los manuscritos de la Biblioteca 
Nacional y la Academia. Entre los papeles del con- 
vento de Santo Domingo hay, ademas de las copias 
autógrafas citadas, varios libros y legajos con 548 
cartas en copias de letra del tiempo. 

Resulta de esa enumeración de textos, traidos á la 
vista para publicar esta obra, que 218 cartas son to- 
madas de los propios autógrafos que mediaron entre 
el Rey y la Madre ; 361 cartas están tomadas de co- 
pias ó minutas escritas por Sor María, y sólo 35 pro- 
ceden de copias por mano ajena. 

No obstante tal dispersión de los originales y tal 
abundancia de copias, no hallamos, entre historiado- 
res y eruditos, otra mención de esta correspondencia. 



— VI — 



entre Felipe IV y Sor María, que la de una excelente 
lámina, en la que aparecen fielmente trasladados un 
autógrafo del Rey, del 28 Abril 1648, y la respuesta 
de la Madre, como modelo paleográfico, en\?i£s- 
cíiela de leer letras antiguas^ del P. Andrés Merino 
de Jesucristo, religioso escolapio, publicada en Ma- 
drid en 1780. Al comentar en el texto el facsímile de 
la página 358, se dice conservaba el original el Arzo- 
bispo Lorenzana con el aprecio que merecia , « que la 
» letra de Felipe IV denota bastante agilidad y ma- 
»nejo en la pluma y conserva mucho del gusto anti- 
»guo;yla de la Venerable Madre es clara, y que 
» puede poner fin á la obra, porque desde aquellos 
» tiempos á los nuestros no ha tenido otra variación 
»sino la mayor ó menor habilidad en el que la escri- 
»bió;» y añade : «que como esas cartas no sabe se 
» hayan dado á la estampa, le pareció que el público 
» agradecería su lectura, siendo de personas tan reco- 
»mendables, y así las pone enteras, continuándolas 
» en impresión donde concluye la lámina grabada. » 

Un distinguido literato francés, muy dado á estu- 
dios de nuestros escritores, M. Germond Lavigne, 
publicó La s(£ur Marte a' Agreda et Philippe IVroi 
d Espagne^ París, 1855, con las 42 cartas que se ha- 
llan en el manuscrito de la Biblioteca Imperial, y un 
prólogo y apéndices que dan idea de la importancia 
del documento: á él toca sin disputa la gloria de 
haber fijado la atención en tan olvidado venero de 
noticias para la historia del siglo xvii. Muy luego la 
publicación de Germond Lavigne fué vertida al ale- 
mán por Guillermo Volk, con el nombre de Ludovico 
Clarus S. Agreda und Philippe IV, Ratisbone, 1856, 
y ya recordamos al principio que el Sr. Cánovas en 



vil — 



su Bosquejo de la casa de Austria y apreció, en lo 
que á aquel trabajo importaba, la correspondencia 
contenida en las copias de la Biblioteca ; todo lo cual 
nos movió á completar la colección, llegando á reunir 
634 cartas, deduciendo por fechas y referencias que 
faltan poquísimas para poseer cuantas se escribieron 
ambos personajes. De ellas figuran 4 en el primer 
Apéndice, y sólo hemos apartado de la publicación 16 
de la Madre, por ser totalmente insignificantes, meros 
avisos de recibo ó protestas de cortesía. Era mengua, 
en verdad, que de tal tesoro, ya estimado aunque en 
tan reducida parte por los extranjeros, no hubiese 
en España otra publicación que la de ocho cartas 
tomadas de las que encabezan el manuscrito de la 
Academia de la Historia é insertas en el Epistolario 
Español y coleccionado por D. Eugenio de Ochoa para 
la Biblioteca de Autores Españoles ^ llamada de Riva- 
deneyra. 

En cuanto á la ortografía de las cartas no podia 
pensarse en seguir la que aparece en las copias ; pero 
hemos dudado si debería trascribirse literalmente al 
molde la de los ejemplares autógrafos del Rey y la 
Superiora, decidiéndonos por respetar el texto como 
en los documentos aparece, sin más alteraciones que 
las relativas á la puntuación, y suprimir las mayúscu- 
las impropiamente usadas, que harian molesta y con- 
fusa la lectura, en impreso, de los escritos de aquel 
tiempo, poco cuidados por lo común en la observan- 
cia de esa parte de la gramática. 

El retrato que hemos hecho estampar ofrece con- 
diciones de autenticidad bastante seguras ; es copia, 
muy felizmente trazada, de uno que se halla en los 
papeles del ya citado convento de Santo Domingo de 



— VIII — 

la Calzada, de la propia Orden de San Francisco, y 
adonde concurrieron para celebrar capítulo los Supe- 
riores, que se hablan desviado de su camino y retrasa- 
do la asamblea para asistir en su tránsito á la Venera- 
ble Madre. Es de creer que en la piedad y celo por su 
memoria, acrecentados con su muerte, llevaran allí 
los que llegaban de Agreda la más fiel imagen de la 
Superiora, y lo confirma la circunstancia de tener 
gran parecido con ese dibujo los grabados más anti- 
guos, que hemos visto en las portadas de 1669 parala 
primera edición de su Mística Ciudad; perdiéndose 
después totalmente la tradición de su severo sem- 
blante y de la enérgica expresión de sus labios y su 
mirada, en las estampas y cuadros, que se han dibu- 
jado al capricho en años posteriores. 



Cartas de Sor María de Jesús 



DEL Rey Felipe iv. 



Nota escrita por la Venerable Madre, que precede á las copias conservadas en el 
convento de la Purísima Concepción de la villa de Agreda. 



+ 



J. M. J. 

Pasó por este lugar y entró en nuestro convento 
el Rey nuestro Señor, á lo de Julio de 1643, y dejó- 
me mandado que le escribiese ; obedecíle , y en seis 
ó siete cartas le dije que oyese á los siervos de Dios 
y atendiese á la voluntad divina que por tantos ca- 
minos se le manifestaba, y también supliqué á S. M. 
que mandase quitar los trajes profanos, como incen- 
dio de los vicios ; ofrecíle las oraciones de la Comu- 
nidad y las pobres mias ; pedile obligase al Altísimo, 
mejorando y perfeccionando las propias costumbres. 
Después me escribió la carta siguiente ' : 

I Así este encabezamiento, como las más de las cartas que siguen, están 
escritas de letra de la V. Madre , á la que su confesor ordenó tomar copia de sus 
cartas y de las de S. M.— Véase ademas el apéndice nüm. i. 



— 2 — 



I. 



Del Rey. 

Zaragoza Sof María de Jesús : Escríboos á media máríren, porque la res- 
1643. puesta venga en este mismo papel , y os encargo y mando que 
esto no pase de vos á nadie. 

Desde eldia que estuve con vos, quedé muy alentado por lo 
que me ofrecisteis rogaríais á nuestro Señor por mí y por los 
buenos sucesos de esta Monarquía, pues el afecto con que os re- 
conocí entonces, á lo que me tocaba, me dio gran confianza y 
aliento. 

Yo, como os dije, salí de Madrid sin medios humanos, fiando 
sólo en los divinos, que son los únicos para conseguir lo que se 
desea. Nuestro Señor ha empezado á obrar en mi favor, trayendo 
la flota ' y socorriendo á Oran ^ , cuando menos la aguardába- 
mos; con que he podido disponer estas armas (aunque con gran 
trabajo y tardanza, por la escasez del dinero); de modo que 
espero empezarán á obrar esta semana. Yo , aunque suplico á 
Dios y á su Madre Santísima nos asistan y ayuden , fio muy poco 
de mí, porque es mucho lo que le he ofendido y ofendo, y jus- 
tamente merezco los castigos y aflicciones que padezco; y así 
acudo á vos, para que me cumpláis la palabra que me disteis de 
clamar á Dios para que guie mis acciones y mis armas, de ma- 
nera que consiga la quietud de estos reinos y una paz universal 
en la crístiandad. 

Por la frontera de Portugal nos infestan los rebeldes portu- 
gueses, obrando contra Dios y contra su Rey natural. 

1 La flota, á que alude , es la que llegó á Gibraltar con los caudales de Méjico 
en los últimos dias de Julio. 

2 £1 socorro de Oran lo dispuso el Duque de Arcos, á la sazón Virey de Va- 
lencia, enviando provisiones y pertrechos en dos navios ingleses, cuya noticia 
se supo en Madrid el 9 de Agosto. 



— 3 — 

Las cosas de Flándes están en gran aprieto y riesgo de una 
sublevación , si Dios no entra de por medio con el remedio ; y 
estas cosas de este Reino, aunque con mi presencia se han mejo- 
rado algo, temo que, sí no tenemos algún buen suceso que aliente 
á estos naturales, se han de desanimar y tomar alguna resolución 
muy dañosa para esta Monarquía. Sin duda los aprietos son mu- 
chos y grandes , y tras esto os confieso que no es esto lo que más 
me aflige , sino tener por cierto que esto nace de tener enojado á 
nuestro Señor; y como El sabe que deseo desenojarle y cumplir 
con mi obligación en todo, quisiera que, si por algún camino 
llegáis á entender qué es su santa voluntad que yo haga para 
aplacarle, me lo escribáis aquí, porque yo ando con deseo de 
acertar y no sé en qué yerro. 

Algunos religiosos me dan á entender que tienen revelaciones, 
y que Dios manda que castigue á éstos ó á aquéllos y que eche de 
mi servicio á algunos. 

Bien sabéis vos que en esto de revelaciones es menester gran 
cuidado, y más cuando hablan estos religiosos contra algunos que 
verdaderamente no son malos ni les he reconocido nunca cosa 
que parezca pueda dañar á mi servicio; y juntamente aprueban 
á otros que no tienen buena opinión en su modo de proceder, y 
que el sentir universal de ellos es que son amigos de revolver y 
poco seguros en la verdad. 

Espero que me cumpliréis la palabra que me disteis , y me ha- 
blaréis con toda claridad como á confesor, pues los reyes tenemos 
mucho de ellos, no rigiéndoos por las voces del mundo, que 
éstas no suelen ser muy verdaderas por los fines de los que las 
mueven, sino sólo por la inspiración de Dios, ante quien pro- 
testo (y acabo de recibirle) que en todo y por todo deseo cum- 
plir con su santa ley y con la obligación en que me ha puesto de 
Rey, y espero de su misericordia se ha de doler de nosotros y 
ayudarnos á salir bien de estas aflicciones. El mayor favor que 
podré recibir de su bendita mano es que el castigo que dá á estos 
reinos, me lo dé á mí, pues soy yo quien lo merezco y ellos no, 
que siempre han sido y serán verdaderos y firmes católicos. 

Espero que me habéis de consolar con vuestra respuesta, y 



— 4 — 

que he de tener en vos una verdadera intercesora con nuestro 
Señor para que me ayude y alumbre, y me saque de los trabajos 
en que hoy me hallo. 
Zaragoza 4 de Octubre 1643. — Yo el Rey. 



II. 



De Sor María. 



13 de Octubre Señor : La de V. M., escrita en 4 de Octubre, he recibido en 
10 del dicho mes: la dilación la habrá ocasionado el traerla un 
religioso de mi Orden, que venía á pié, y por evitar este incon- 
veniente lleva la respuesta un propio. 

Con humildad y obediencia admito el favor que me hace V. M., 
y con ella respondo sin licencia de nadie y reservando el secreto 
en mi pecho. 

Lo que ofrecí á V. M. en este convento, desde entonces y an- 
tes estoy ejecutándolo incesantemente, pidiendo al Todopode- 
roso con veras el buen suceso en todas las cosas tocantes á esta 
Monarquía y persona de V. M., porque con afecto y deseos en- 
trañables de su buen acierto miro á V. M. y á estos reinos. 

La salida de V. M. de Madrid , aunque contradicha , no la 
juzgo desacertada, cuando V. M. se movió á hacerla á la sombra 
y amparo del Altísimo, fiando de su Providencia y confiando en 
su santo nombre, como hizo San Pedro cuando echó la red en 
el mar; y esta confianza habrá alcanzado los buenos sucesos, que 
V. M. refiere, de la flota y socorro de Oran; y con la misma con- 
fianza, apartando todo óbice é impedimento que estorbe á la 
voluntad divina, puede V. M. animarse para nuevos empleos 
y empresas; que cuando el motivo y el fin no desayudan, asiste 
el Señor por intercesión de su Santísima Madre, siendo invocada 
para tales obras. El reconocimiento propio y fiar poco V. M. de 
sí mismo, atendiendo á los efectos que trae consigo la natu- 



raleza humana fraguada de barro, no impide las obras maravillo- 
sas del Señor ; antes las granjea y solicita , como le sucedió al 
rey David después del reconocimiento y dolor de sus quiebras. 

Yo ofrecí á V. M. clamar al Señor con veras, y ahora renuevo 
este ofrecimiento con oraciones, penitencias y lágrimas, pidién- 
dole que, como piadoso Padre, mire misericordioso la buena y 
recta intención de V. M. y su afligido corazón ; que el conside- 
rarle en este estado hace que el mió se aflija, gima y llore de lo 
íntimo de mi alma. Confieso ingenuamente que estos reinos y 
Monarquía de V. M. están en conocido peligro y en grande aprie- 
to; y el haber entre príncipes y reyes católicos guerras y disen- 
siones es castigo del Altísimo, para solicitar la enmienda en los 
delitos en que ha sido su ofensa ; y esta corrección nace del amor 
con que ama y quiere la Divina Majestad estos reinos católicos 
y ásu gran Monarca, que nació con tantas obligaciones; pero 
cuando cesan las costumbres antiguas y se renuevan en el Señor, 
sabe Su Majestad trocar los castigos, amenazas y rigores, en be- 
neficios , caricias y favores. Yo fio en la clemencia del Muy Alto,, 
que perseverará V. M. en sus rectos y santos propósitos, si- 
guiendo todos esta vereda; castigando lo malo y administrando 
justicia cuando es necesario, sin atender á respetos humanos; 
procurando que el pobre , por serlo , no sea abatido (que se hizo 
Dios pobre por nosotros en este mundo), sino antes por su hu- 
mildad ensalzado, y el rico y soberbio humillado cuando no se 
gobierna por los aranceles de la ley de Dios ; premiando también 
lo bueno, que la misericordia, bondad y justicia en Dios iguales 
atributos son , y después de esto se siguen prósperos sucesos. 

£1 desacreditar á unos para introducir á otros, no lo aprue- 
bo ni abono , cuando se puede decir lo que conviene sin tocar á 
la honra del prójimo; si no es que las personas que han hablado 
á V. M. quieran decir que algunos asisten muy cerca, que los 
juzgan por oficiosos é inútiles para gobierno, porque es diferente 
la virtud esencial de cada uno, á la ciencia y sabiduría del go- 
bernar ; y que podían asistir otros que , por más talento y capa- 
cidad, vengan á ser de más provecho; porque como el gobierno 
es de una monarquía tan dilatada, es fuerza sean grandes los cau- 



— 6 — 

dales, y pues Dios repartió desigualmente los talentos, es fuerza 
haya desiguales sujetos, unos más, otros menos; y el dafio ma- 
yor es que, debiendo mirar todos al bien común y el de su prín- 
cipe y rey, siendo desinteresados, se ceban en sus bienes, ende- 
rezándolos á sus propias comodidades. 

Señor mió: esto sucede en la paz y en la guerra ; con que V. M. 
y sus reinos están pobres, y todos los que andan en la masa prós- 
peros y ricos; cada uno procura más llegarse al fuego, por recibir 
más calor en los bienes de fortuna, y por eso se tienen envidia y 
se hacen emulación unos á otros. En el tiempo presente, sería 
mejor igualarlos á todos oyéndoles, de suerte que cada uno piense 
es el más allegado, sin que de la voluntad de V. M. reciban más 
unos que otros. Por esto dispuso el autor de la naturaleza que el 
corazón estuviese en medio del cuerpo, para que vivifique y acu- 
da igualmente á todas las partes, y el sol á todos alumbra sin 
distinción. 'Esas personas que hablaron á V. M. pudieron tener 
otro motivo fundado en el común sentir del mundo, que abomi- 
nan del gobierno pasado , pareciéndoles que estas desdichas y ca- 
lamidades se originan de él; y como tan apriesa no se ven buenos 
sucesos y aciertos , paréceles que gobierna quien gobernó antes; 
pues han de favorecer los que están á la vista de V. M. al que 
los puso en ella , y también la carne y sangre hace su oficio; y no 
fuera desacertado dar una prudente satisfacción al mundo que la 
pide, porque V. M. necesita de él '. 

Esto mejor se dispusiera de otra manera, que fiándolo á la 
pluma, pues por escrito es imposible satisfacer á V. M. adecuada- 
mente, y confio que, si V. M. obra lo que el Señor quiere. El ha 
de dar cumplido consuelo y prósperos sucesos á su Monarquía, 
porque su divina clemencia quiere le granjeemos su nMsericor- 
dia y usar de ella con su pueblo , y afligirnos y corregirnos 
para que no la desmerezcamos. Ofrezco con toda verdad y afecto 
de sierva , clamar al Señor con todos mis pobres ejercicios , pe- 
nalidades y obras y con las de la Comunidad , que hacen con- 

I Alude, sin duda alguna, á la Duquesa de Olivares, al Duque de Medina 
de las Torres, al Marqués de Ma}rrena y otros parientes y allegados del Conde- 
Duque, que ocupaban aún cargos en la Corte. 



— 7 — 

tfnuas rogativas, y de pedir al Altísimo, por intercesión de su 
Santísima Madre concebida sin pecado, tome por su cuenta el 
alcanzarnos lo que con tantas ansias desea V. M. Dilátele Dios su 
corazón á V. M., le guarde, prospere y aumente en paz, hacién- 
dole Rey feliz y dichoso. 

En la Concepción Descalza de Agreda, Octubre á 13 de 1643. 
— Humilde sierva de V. M. — Sor María de Jesús. 



III. 



Del Rey. 



Sor María: Mucho me he holgado con vuestra respuesta, pues zangoza 

/•i_i.«^j* . m • . 16 de Octubre 

OS confieso ha dilatado mi corazón juzgando que las oraciones y ^^^^ 
ejercicios que hacéis vos y esa t:omunidad , han de ser causa para 
alcanzar de nuestro Señor los sucesos que ha menester esta Mo- 
narquía para su reposo y quietud. Ahora es menester apretar, 
pues es el tiempo que está acampado el ejército, y cada dia se 
pueden esperar sucesos de consideración ; y cuanto más temo que 
por mi parte los desmerezco, tanto más he menester acudir á 
que los buenos rueguen á Dios por mí. Bien sabe su Divina Ma- 
jestad que deseo cumplir con su santa ley como hombre y con 
mi obligación como Rey , y que para ello pongo los medios que 
alcanzo, procurando que se administre justicia con rectitud y 
entereza, y que en todo se vaya caminando por el camino más 
derecho al servicio de nuestro Señor ; pero no es posible que en 
breve tiempo se remedien los daños que se han ocasionado en 
muchos días. En lo que toca á apartarme del camino y modo del 
gobierno pasado\ estoy resuelto; y aunque no faltan personas 
que quieran ostentar algún valimiento ( pues esto es cosa muy na- 
tural en los hombres), viven engañados; que yo procuro valerme 
de todos, cada uno en lo que le toca, y fio de la misericordia de 
Dios que me mantendré sin dar nota con razón en este punto. 



— 8 — 

y espero que luego llegarán á vuestra noticia y de todos nuevas 
que acrediten mi verdad y aseguren al mundo que lo pasado se 
acabó; porque, aunque en realidad de verdad esto es cierto, hay 
quien lo dude, y asf he resuelto que los efectos les muestren mi 
verdad ». En todo deseo hacer la voluntad [de nuestro Señor, y 
si faltare en algo será como hombre frágil y no de malicia. Yo os 
pido, que si vos entendéis con más individualidad cual es la vo- 
luntad de Dios que yo ejecute, me lo advirtáis , porque sólo de- 
seo ejecutarle en todo, y de muy buena gana le ofreceré mi 
vida , si con perderla consiguiese la restauración de mis reinos y 
la paz de la Cristiandad. Fio de su misericordia y de la interce- 
sión de su Madre Santísima se ha de doler de nosotros y ayudar- 
nos en los aprietos presentes, sacándonos bien de ellos. 
De Zaragoza á i6 de Octubre de 1643. — Yo el Rey. 



IV. 
De Sor María. 



25 de Octubre Señor: Con ésta de V. M. he tenido singular consuelo, por 
alentar en ella mis esperanzas á la ejecución de lo que conviene; 
y sólo el decirme V. M. que le pueden ser de algún alivio mis 
respuestas, dará ánimo ámi encogimiento para escribirlas. 

Confieso que de lo que más necesita la Monarquía de V. M., 
es de paz : ésta se alcanzará con la justicia , porque David juntó 

I Díjose por;entónces en Madrid que las mudanzas en los cargos de la Corte, 
que coincidieron con la fecha de esta carta , las habia causado un memorial del 
reino de Aragón, dado á S. M.; pero Matías de Novoa, que estaba en la comitiva 
del Rey en Zaragoza, dice sólo asf : « £1 martes 3 de Noviembre se comenzó á 
levantar nueva borrasca entre los validos : mandóse á D. Enrique de Guzman 
saliese de Zaragoza y se fuese donde estaba su mujer; hizo sus réplicas, pero 
obedeció y tomó la posta con mucho sentimiento, porque el dia antes mandaron 
á la Condesa de Olivares que saliese de Palacio y se fuese á Loeches y después 
á Toro. Obedeció y tomó á su nuera , mujer de D. Enrique, y á la Condesa de 
Grajal.» Por lo que se ve , no fué sin duda otro el memorial, que los consejos de 
Sor María. 



— 9 — 

estas dos virtudes y nunca se vio ser un príncipe fielmente ser- 
uidd, sino es temido ; y el temor no se consigue sin alguna de- 
mostración prudente de rigor; y como la justicia consiste princi- 
palmente en dar á cada uno lo que le pertenece, usando de ella 
V. M. hará que en primer lugar se le dé á Dios el culto, reveren- 
da y servicio que le debemos , como hijos de la Iglesia y profeso- 
res de su fé santa, evitando las ofensas que le hacemos, casti- 
gando al malo y premiando al bueno; y en segundo lugar, el 
cumplimiento de buenos vasallos y fieles á su Rey y Monarca; 
y tanto más cuanto V. M. defendiere la causa del Altísimo, cor- 
rerá por su cuenta la de V. M. y se podrá animar á la con- 
fianza. 

Los triunfos de la fé y la esperanza en el que todo lo puede, 
son grandes; porque á los que remedió el Redentor del mundo 
en este valle de lágrimas les deda que por la fé eran salvos; y el 
buen ánimo es hermosísimo reverenciador de Dios, porque el 
dilatado corazón emprende grandes cosas; y éstas, obradas en la 
pequeñerde la capacidad humana, descubren la asistencia del 
Todopoderoso y dan ocasión á su alabanza. 

Todo esto deseo en V. M. y lo ha menester para la reparación 
desús reynos. Vístase y guarnézcase V. M. de fortaleza, y la más 
firme es la que Dios comunica á sus amigos por la gracia: no se 
la negará á V. M., si con dolor de lo pasado hay enmienda en lo 
futuro, y el testimonio de la buena conciencia da confianza en 
Dios, fortaleza contra los hombres y los demonios, y denodado 
ánimo para cosas grandes. 

Muchas veces he ofreddo á V. M. que le encomendaré á Dios 
y que damaré al Altísimo por sus aciertos; y desde hoy protesto, 
Señor, que cuantas obras y ejercicios hiciere serán para pedir al 
Todopoderoso la salvación de V. M. como la mia y el amparo y 
conservación de sus reinos, y la satisfacción de todo lo que me- 
rezco con mi pobreza, por descargo de lo que V. M. ha ofendido 
áDios. 

Señor mió : no tengo ni puedo más ofrecer á V. M. Las roga- 
tivas y procesiones de la comunidad son continuas por el buen 
aderto de las armas de V. M. Quedo cuidadosa aguardando las 



— lO — 

nuevas de lo que el ejército ha hecho. Parece que ha ido con pa- 
sos lentos y me lastimo de los pocos que ayudan á V. M., pues 
pudieran los grandes ocuparse en reconocer el ejército, animar 
los soldados, hacerles salir á tiempo y saber si los oficiales les 
pagan. 

El deseo del alivio de V. M. me hace ser larga , y el que con- 
siga V. M. consuelo, decir lo que dejo escrito en un capítulo de 
la historia que V. M. sabe de la Madre de Dios; es que cuando 
la divina Providencia dispuso que ésta gran Señora, viviendo en 
carne mortal, viniese de Jerusalen á esa ciudad de Zaragoza, á 
visitar al Apóstol Santiago, le prometió Dios á la divina Reina, 
que todos los que devotamente invocaren su intercesión en aquel 
lugar donde puso sus Santísimas plantas, ofreciéndoseles por 
siervos é hijos fíeles, los favorecería con liberal mano. Hame pa- 
recido buena ocasión para, cuando vaya V. M. á aquella santa ca- 
pilla, que derrame su corazón en presencia de la consoladora de 
los afligidos, y ponga V. M. en sus preciosas manos sus reinos, 
haciéndola dueña de ellos, patrona, protectora, amparadora, de- 
fensora y abogada, con todo afecto ejecutándola para que dé 
buena cuenta de todo. 

Suplico á V. M. mire por su salud y vida, que la falta de ella 
no puede ser remedio de estos daños, sino nuestra ruina y perdi- 
ción. Mi vida tengo ofrecida por el aumento de la Iglesia y paz 
de estos reinos. El Todopoderoso nos la dé y consuele á V. M. 
con felices dichas. 

Señor mió : en esa pobre dádiva que envió , conocerá V. M. 
mi afecto y las licencias que se toma para manifestarse. 

En la Concepción Descalzas de Agreda á 25 de Octubre de 
1643. — Sierva de V. M. — Sor María de Jesús. 



— II — 



V. 
Del Rey «. 

Sor María de Jesús : mi exército se halla en canpafta y enpe- Zmtcon. xo 

de Noviembre 

fiado desde 29 del passado en el sitio del castillo de Monzón , y 1643. 
aunq fio de la misericordia de Dios en primer lugar y de los me- 
dios q se van disponiendo, q por toda la semana q viene abremos 
tenido buen sucesso y ocupado el castillo ; con todo esso , e me- 
nester acudir á El y suplicarle con todas veras nos assista y saque 
bien deste enpeño , y mas con los avissos continuados q tengo q 
el enemigo quiere venir á socorrerle; lo qual si sucediesse era 
acavar con este Reyno, y por el contrario, si le resistimos y ron- 
pemos , quedará lo mas de Cataluña reducida á mi obediencia; y 
yendo tanto en éste lance , me a parecido encargaros con todo 
cuydado le encomendéis muy particularmente á ríro Señor, apre- 
tando estos dias mas las oraciones y exercicios q acostumbráis, 
pues yo no hallo otro camino mejor q acudir á su misericordia 
en lances tan apretados , esperando el remedio de los daños q 
padecemos de su mano poderossa, y de mi parte procuro coope- 
rar con lo q puedo y executar lo q entiendo es su santa voluntad, 
como lo haré mientras me durare la vida. 
De Zaragoza á 10 de Novienbre 1643. — Yo el Rey. 



VI. 



De Sor María'. 



Señor: Esta carta se a detenido mucho, porq la recibo en 21 35 de No- 
de este, mas no por eso a tardado para obede9er yo á la bolun- ^»«°^»«»^^3- 

I y a Autógrafos de la Biblioteca del Real Palacio. 



— 12 — 

tad de V,* tAfi , porq asi á ella como á las ne9essidades q me re- 
presenta V.» M.** tengo sienpre presente , y el mismo Señor q no 
las olbida anticipa los mandatos para q se le pida el remedio, 
como P.® piadóssimo q se conpadece de nuestras afliciones. 

Yo Sefior , aunq yndignfssima , le represento las de V.* MA y 
sus deseos tan ajustados á la dibina boluntad y los clamores de 
los pueblos, cuyo remedio solo está remitido á la clemencia deste 
Padre de las misericordias ; mi deseo y anssia es q si no mejora- 
mos con el castigo, nos mejore con los benefi9Íos, como á hijos 
ya correjidos con el agote ; pero la equidad de el Altfssimo quie- 
re sienpre q de nuestra parte apliquemos los medios oportunos 
para tenplar el rigor q tanto merecemos , y obrando toda justi- 
cia nos alie dispuestos la misericordia. Mucho pide el Señor para 
esto , y V.* M.^ con la luz q recibe , a de obrar en la tierra como 
quien age las beces de Dios en ella ; yo clamaré á este Señor q 
dé á V.* M.^ sabiduría , fortalega y gelo mas q de hombre , pues 
le a menester tal , y por la yntercession de su Madre Santíssima 
se a de alcangar todo. Obligúela V.* M.** luego y sin dilación, en 
todo lo q pudiere. 

Mi confesor remite á V.* MA aquellos papeles : el Altíssimo 
asista á V.^ M.^ para q sean de algún consuelo como deseo. 

En la Congegion Descaiga de Agreda Nobienbre 25 de 1643. — 
Umilde sierba de V.» M.** — Sor María de Jesús. 



VIL 



De Sor María. 



6 de Di. Señor: Doy á V. M. la enhorabuena por haber sabido que se 
acm I 43. j.jjj¿j¿ gj castillo dc Mouzou , y no juzgo por pequeño este bene- 
ficio del Altíssimo, cuando ninguno dignamente le merece- 



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— 13 — 

mos ' ; y porque los menores favores de su mano, agradecidos, 
son prendas y principio de otros mayores, yo deseo a3rudar á 
V. M. en este agradecimiento, para que no se retire la mano del 
Señor de asistir á V. M. y continuar esta victoria con otras 
muchas y mayores. Siempre conozco ser ésta la divina voluntad, 
y que los impedimentos están de nuestra parte en las muchas y 
continuas ofensas con que provocamos su justa indignación : no 
puede V. M. remediarlas todas, pero en lo que puede extender 
la potestad , que Dios ha dado para esto á V. M. , es manifiesta la 
obligación y sin escusa. Suplico yo á V. M., como su sierva, se 
haga muy capaz de todas las cosas que le tocan ; que esta noticia 
es muy necesaria, y para tenerla con certeza del hecho de las co- 
sas, elija V. M. con el consejo de su misma prudencia, á quien 
oiry dar crédito, con la disimulación que conviene, que Dios no 
le negará este beneficio á V. M. ; y enterado de la verdad, con- 
viene que la qecucion sea presta , porque el daño es grande y 
pide resolución en el remedio. Asista Dios á V. M. y le gobierne 
su corazón, como yo deseo. 

En la Concepción de Agreda á 6 de Diciembre 1643. — Sierva 
de V. M. — Sor María de Jesús. 



VIII. 



Del Rey. 



la palabra que me disteis, cuando estuve con vos, de que Madrid 29 
^° ^^^^ faltarían vuestras oraciones en mis necesidades, estoy ,643. 
^^y crontento y os lo acuerdo en los mayores aprietos. Espera- 
mos ^or horas, con la ayuda de Dios , la venida de los galeones, 
de qvi.^ pende lo que vos podéis juzgar; y aunque espero de su 
mis^r-icordia que los ha de traer á salvo, he querido encargaros 



dia 3 de Diciembre salió la guarnición francesa del castillo de Monzón, 
Uev^j^^j^g^ en doce carros su bagaje y enfermos. 



— 14 — 

que me ayudéis á suplicar á su divina Magestad me haga éste 
favor; pues aunque yo no lo merezco, sino grandes castigos, ten- 
go gran confianza de que no ha de permitir la pérdida total de 
ésta Monarquía, y que ha de continuar los sucesos que ha em- 
pezado á darnos. Harto quisiera acertar á tomar el consejo que 
me dais en vuestra carta de 6 de éste ; aseguróos que lo procura- 
ré y que de mi parte haré cuanto alcanzare para cumplir con la 
voluntad de Dios, así en lo personal, como en el oficio; El me 
dé su gracia para que acierte á hacerlo. No quiero dejar de deci- 
ros el gozo que tuve cuando llegué á este lugar y vi á la Reyna 
y mis hijos , porque ya la ausencia se me hacía muy larga ' : 
están muy buenos, sea Dios bendito, y aunque sentiré vivamen- 
te dejar tal compañía, trato ya de volver á salir; pues primero 
es el cuidado de mis reynos , que el gusto de asistir con tales 
prendas. Permita nuestro Señor, que llege tiempo en que pueda 
gozarlas con más quietud. 
De Madrid á 29 de Diciembre de 1643. — Yo el Rey. 



IX. 



De Sor María. 



8 de Enero Coufio mucho cn la clcmencia del Altísimo se dará por servi- 
' ^ do de la piadosa fe de V. M., y aunque mis oraciones no lo me- 
rezcan , ofrecidas con las de esta Comunidad y con la interce- 
sión de María santísima , se dé por obligado y conceda la pe- 
tición de V. M. en lo que desea , para servicio suyo y bien de 
esta Monarquía. Conozco lo que importa la venida de los galeo- 
nes y estaré con gran cuidado hasta ver á V. M. sin él , con su 
llegada á salvamento. Quiera el Señor sea como conviene ^ 

1 El Rey llegó á Madrid el dia 14 de Octubre. 

2 Los galeones llegaron á salvamento por esos días , con lo que hubo gnn 
alborozo en Madrid ; aumentado , según Pellicer , con la esperanza de que no 
tomara el Rey nada por aquel año á los particulares. 



— is — 

También presentaré al Todopoderoso la determinación santa de 
V. M. en ejecutar su divina voluntad , en que confieso están pues- 
tos todos mis afectos , porque reconozco que si Dios no nos guarda 
y edifica, es en vano toda humana diligencia , y quiere este Sefior 
obrar y edificar por mano de V. M. y de su católico celo. Santo 
y justo es el gozo que V. M. ha recibido de ver con salud á la 
Reina , nuestra Señora y Príncipes ^ guárdelos el Altísimo en in- 
vencible protección. Yo amo intimamente á S. M., y se alegra 
mi alma de saber que tiene eú ella V. M. lo que conoce, y que 
conoce lo mucho que tiene que amar de todo corazón. Señor mió, 
grande es este beneficio y digno del sumo aprecio que V. M. 
hace de él; dolor grande carecer de tal compañía, y no pequeño 
sacrificio ; yo lo presentaré al Señor con el celo que V. M. se le 
ofrece por acudir á la defensa de sus reyno9 y á la exaltación de 
su nombre : recíbalo su dignación por aceptable ofrenda , y viva 
siempre en el corazón de V. M. como deseo. 

En la Conpepcion de Agreda 8 de Enero de 1644. — Siervade 
V. M. — Sor María de Jesús. 



X. 

Del Rey. 
Otra vez me ha vuelto á este Reyno el deseo de cumplir con z«j«toza 

.a de Msrao 

mi obligación , y poner de mi parte los medios que alcanzo , para 1644. 
conseguir la quietud y jeposo de esta Monarquía ', dejando la 
compañía de la Reyna y de mis hijos y las commodidades de mi 
casa, sin reparar en ninguna descomodidad mia propia. Vanse 
disponiendo los medios para obrar, en dando lugar el tiempo, 
pero hay tantas partes á que acudir, así en España como fuera 
de ella , que todos son cortos ' ; y si Dios no me ayuda y usa 

1 Salió el Rey de Madrid el dia 6 de Febrero. 

2 El Rey do sólo daba gran priesa á que la gente se juntase y se condujesen 
bastimentos, sino que mandó que á los caballeros de las cuatro Órdenes militares 
que no se presentasen en la frontera de Aragón ante él, se les multase álos quin- 
ce dia3 con dos mil ducados de vellón cada uno. (Avisos históricos^ de Pclliccr.) 



— i6 — 

de su misericordia con nosotros, no espero remedio humano, 
aunque de mi parte hago lo que puedo y le suplico me ayude, 
para que acierte con su voluntad , que es sólo la dicha á que as- 
piro. Fio poco de mis peticiones y ruegos , y así, he querido en- 
cargaros que me ayudéis á suplicar á nuestro Señor esto, y que 
de vuestra parte me cumpláis la palabra que me disteis, rogando 
con vivas instancias á nuestro Señor, y pidiendo á su santísima 
Madre interceda con El, para que se duela de mí y de esta Mo- 
narquía , y supla su misericordia infinita mis desméritos, dándo- 
nos los sucesos que más nos convinieren para el bien y reposo de 
la Cristiandad, y particularmente nos alumbre y guie para que 
las resoluciones que se hubieren de tomar esta campaña, y los 
efectos de ella, sean los que deseamos ; y juntamente me ponga 
en el corazón que en todo ejecute su santa voluntad , así en la 
parte personal como en la de rey ; pues sabe su divina Majes- 
tad que mi intención es buena , y que deseo cumplir enteramente 
con la carga que ha puesto sobre mis hombros. También os en- 
cargo mucho encomendéis muy particularmente á nuestro Señor 
á la Reyna, que la dé mucha vida y salud, y acierto en lo que 
me ayuda en esta mi ausencia , y á mis hijos los encamine y crie 
para su mayor servicio. 

Aunque mis ocupaciones son muchas, no dejo de hurtar algún 
ratillo para leer la historia que me enviasteis : he leido ya un 
gran pedazo de ella, y me he holgado mucho de haberla visto, 
porque es cosa grande y muy propia lección para este santo 
tiempo de cuaresma. 

De Zaragoza 9 de Marzo de 1644. — Yo el Rey. 



XI. 

De Sor María. 

14 de Marzo Señor *. Las incomodidades y trabajos á que V. M. expone su 

'^^' Real persona, así como parecen inexcusables para el bien de su 

católica monarquía, así también espero sean muy aceptas al 



— I? — 

Señor, con los fines santos á donde V. M. las encamina. Esta 
confianza no admite engaño, y V. M. la asegure en primer lugar 
con la rectitud de su intención, que quien da en ella los fines 
dará también los medios, y más si los ministros de V. M. le si- 
guen en la verdad del celo con que deben obrar en todo. Si la 
mano del Señor nos aflige y castiga (como es sin duda que lo 
hace), no la podremos resistir con los medios humanos , aunque 
fueran muchos. Procure V. M. quitar á Dios de la mano el azote, 
y luego respiraremos y todos los imposibles se vencerán glorio- 
samente; que no tienen los enemigos mas armas, ni mayores 
fuerzas que nuestras culpas. 

Veo el corazón de V. M. prevenido con la divina gracia en los 
deseos tan santos que muestra. ¡ Oh Señor , si todos ayudasen á 
la ejecución con el mismo desvelo I No se compadece con la bon- 
dad divina poner en el corazón de V. M. tales deseos de acer- 
tar con su voluntad santísima, y negar la luz para conocerla; 
atienda V. M. á ella en su secreto, y vístase de una fervorosa 
resolución y fortaleza, para ejecutarla en lo personal y en lo de 
monarca, y sea sin regatear nada; y sobre esto se junten los 
clamores y oraciones públicas y particulares, y luego las dili- 
gencias humanas en prevenir las armas , que no nos niega Dios 
su misericordia. Yo obedezco á V. M. en pedirla con todas mis 
flacas fuerzas, y lo mismo por la salud de la Rey na, nuestra Se- 
ñora, Príncipe y Señora Infanta, y cierto. Señor mió, que no 
olvido este cuidado , como el mayor que tengo en mi corazón y 
afecto. Suplico á V. M. continúe aquella historia , digna de la 
devoción con que V. M. desea granjear la intercesión de María 
Santísima, nuestra Señora, en quien están todas nuestras es- 
peranzas; y si gustare V. M. de lo que resta, se pondrá en lim- 
pio , para que en nada le falte con que obligar á la gran Señora, 
que sea amparo de V. M., como deseo. 

En la Concepción de Agreda á 14 de Marzo de 1644. — 
Sierva de V. M. — Sor María de Jesús. 



— i8 — 



XII. 



De Sor María. 



adeSetiem. Señor : Alabo al Altíssimo de lo intimo de mi alma, porque 
*^ '^^ nos ha mirado con ojos piadosos en la restauración de Lérida, y 
porque da á V. M. el fruto de sus trabajos y gobierno , y prendas 
de que asiste á V. M. en él '. En esta Comunidad se lo supli- 
camos, y hemos trabajado con grandes veras y fidelidad el tiem- 
po que el ejército de V. M. tuvo cercada á Lérida ; y yo he cla- 
mado y llorado por esta causa con mi pobreza, acompañando á 
V. M. en sus cuidados y suplicando al Todopoderoso prospere 
á V. H. y le dé larga salud y vida. Señor mió, quien fia en Dios 
no es confundido y quien le obedece y confiesa por fe alcanzará 
victorias. Déselas el muy Alto á V. M. y le pacifique sus re)aios. 

En la Concepción Descalza de Agreda á 2 de Setiembre de 
1644. — B. L. M. de V. M. su menor sierva. 

Sor María de Jesús. 

I Salió el Rey de Zaragoza el 29 de Abril á iocorpprarse. á su ejército, ins- 
talándose en Berbejal y luego en Sari nena. £1 ejército mandado por D. Luis de 
Silva entró uno de los primeros dias de Mayo , y después de haber evacuado la 
plaza la g^rnicion francesa, en Castellón de Tarfalla, cerca de Balaguer, don- 
de primeramente se publicó el perdón general del Rey á todos los que volvie- 
ran á su obediencia. £1 15 del mismo mes, cerca de Lérida , y casi á vista del 
Rey, se ganó una batalla á catalanes y franceses, donde quedaron entre muer- 
tos y prisioneros 7.000 hombres del enemigo y se ganaron catorce piezas de ar- 
tillería. Se empezó por entonces el sitio de Lérida , pasando el Rey á Fraga, 
desde donde iba cada dos dias á visitar el campamento y cerco , y en cuya po- 
blación se publicó un bando que todos ios que no se hailasen en el campo deba- 
jo dé sus estandartes y banderea fuesen tenidos por infames y gallinas. Se rin- 
dió Lérida, firmando el Rey la capitulación el 29 Julio , y entró en dicha ciudad 
el 8 Agosto con gran aparato. — Memorial histórico ^ tomo XVII; Afemoires du 
Marquis de Montglat^ campaña diez. 



— 19 — 



XIII. 



De Sor María. 



Señor: Con encogimiento escribo á V. M., porque es muy 17 ¿«Octubre 
párvulo consuelo para tan grande trabajo el que ésta su humil- 
de sierva de V. M. le puede dar ; pero la afectuosa y lastimosa 
compasión que de V. M. tengo, me compele á ponerme á los 
pies de V. M. , suplicándole se anime y dilate el ánimo , ofrecien- 
do al Altísimo de voluntad, á quien tan de corazón amó V. M., 
para que con tan grande sacrificio de paciencia se aplaque su 
divina justicia , que irritado de los pecados de este Reino, nos 
ha quitado tal amparo y protectora '. Su falta me ha costado 
mucho dolor y amargura, pero es razón conozcamos y confese- 
mos que los juicios del Señor son rectos, y que ejecuta sus obras 
con equidad y justicia , buscando con su sabiduría infinita y en- 
trañas de piadoso Padre, el tiempo más oportuno y saludable 
para llevarse para sí á las criaturas que crió y ama; en su mano 
poderosa está el peso y medida ; no puede errar en sus consejos. 
V. M. abrace las muchas tribulaciones que el Todopoderoso le 
envía ; que, padecidas con paciencia, son prendas de la gloria; y 
toda tribulación que se acaba no es grande, y se puede tolerar 
con la esperanza de ver á Dios , que es el fin que esperamos. Se- 
ñor mió, en la muerte de la Reina nuestra Señora, y después de 
ella, he trabajado con fidelidad de verdadera sierva, y quedo ha- 

I Alude á U muerte de la Reina Isibel, hija de Enrique IV de Francia, 
cuya enfermedad empezó el 38 de Setiembre con un ataque de erisipela al ros- 
tro y garganta, atribuido á la continuación del chocolate y beber agua de la 
quinta esencia de la canela para corroborar la falta de calor natural del estóma- 
go. Aaistida de seis médicos, le dieron ocho sangrías y murió, muy sentida de to- 
dos, el 6 de Octubre. £1 Rey, al saber su gravedad, salió de Zaragoza y supo su 
muerte eo Maranchon, viniendo á Madrid, donde no quiso entrar por su gran 
sentimiento y se fué al FzTdo.^AvisoSy de Pellicer; Historia de Felipe IV^ de 
Matías de Novoa, antes conocido por Vivanco. 



— 20 — 

ciendo grandes ejercicios y oraciones por S. M. , y por muchas 
razones que ahora no digo, soy obligada con mi pobreza y las 
oraciones de la Comunidad á ayudarla. Dios dé á S. M. descan- 
so eterno y á V. M. prospere. 

En la Concepción Descalza de Agreda á 17 de Octubre 1644. 
— Siervade V. M. — Sor María de Jesús. 



XIV. 



Del Rey 



Madrid 15 de Desde O Dios ríTo Señor fue servido de llevarse para sí á la 

Noviembre ^ * 

1644. Reyna, q aya gloria, e desseado escriviros; y la ternura grande 
conq me hallo y los negocios continuos q se offrecen, me han 
estorvado á hacello. Yo me veo en el estado más apretado de 
dolor q puede ser, pues perdí en solo un sujeto quanto se puede 
perder en esta vida , y si no fuera por saver (según la ley q pro- 
feso), ques lo más justo y acertado lo q ñrb Señor dispone, no 
sé q fuera de mí. Esto me hace passar mi dolor con resignación 
entera á la voluntad de quien lo dispusso, y os confíesso q e ávido 
menester mucha ayuda divina para conformarme con éste golpe. 
E querido pediros q me encomendéis muy de veras á Dios en 
éste trabajo én q me hallo, y q me ayudéis á suplicarle me con- 
ceda q sepa ofErecérsele y aprovecharme del , como más me con- 
venga para mi salvación, pues estos desengaños muestran bien q 
no ay otra cossa á q apelar: y bien se a visto esto en ésta ocas- 
sion , pues aviendo ñrb Señor dado á mis armas tan feliz campa- 
ña este año en Cataluña, y aviéndose visto manifiestamente q 
sola su mano poderossa a sido la qa obrado, pues los medios 
umanos ni el trabajo de mi persona, q é puesto con el desseo del 

I Autógrafo de U Biblioteca del Real Palacio. 



— 21 — 

descansso de mis vassallos , no ubiera sido suficiente para conse- 
guir una mínima parte de lo q se a alcanzado ; y quando pare- 
cía q avia llegado la ocasión de gozar destos frutos, y descansar 
en mi cassa con la conpaftfa de la Reyna ( á quien tanto amava) 
y de mis hijos , fué esto tan al contrarío , q hallo dolor , pena, 
congoja y ternura, ocasionada de la mayor pérdida q podia 
haver. 

Ellos son justos juicios , y assi , no devemos hacer mas q 
conformarnos con la divina voluntad y vajar la caveza. Lo q 
me a£Qige aún más q ésta pérdida , es juzgar q está enojado nro 
Sefior, pues los castigos son tan rigurossos ; y q cuando más des- 
seo cunplir con su santa ley y con las obligaciones de mi ofGcio, 
parece q no devo de hacertar á hacerlo ; pero bien save su Divina 
M.^ q no omito nada q juzgo sea de mi obligación, si bien como 
honbre frágil devo de faltar en mucho. Pedid muy de veras á 
ñro Señor en vro nonbre y en el mió, se duela de mí y destos 
reynos , encaminándome á lo q fuere mayor servicio suyo y bien 
dellos , pues save q en ninguna parte está más pura la religión 
católica q en esta Monarquía; y q nos dé una paz, q sin ella 
temo q acavemos de perdernos todos, y la Chrístiandad peligrará 
sumamente. Tanbien os pido le encomendéis estos dos ángeles q 
me ha dado por hijos , para q los crie en su santo servicio y los 
conserve en él , alunbrándome á mí para q les dé el estado q más 
les convenga. 

Con la elección del nuebo Pontífice ha llegado el casso de 
hablar en el punto de la difinidon de la Concepción Puríssima 
de má Señora ; y no pensseis q me he descuydado en esto, pues 
están ajustados los papeles por las personas más doctas destos 
reynos , y el enbajador q enbio á dar la obediencia á Su S<^, lleva 
muy encargado tratar vivamente desta materia, y de mi pártese 
harán todos los esfuerzos q fuere posible por conseguir lo q tanto 
desseo ; q si yo tubiera la dicha de ser medio para hacer este ser- 
vicio á rira Señora , viviera y muriera con el mayor consuelo del 
mundo; y ofrezco de muy buena gana á sus pies mi vida, si con 
ella se ubiere de conseguir esta dicha ; q aunq he sido y soy 
malo, sienpre he tenido particular devoción con la Reyna del 



— 22 — 

cielo ; y espero q por su medio é intercesión e de conseguir la sal- 
vación de mi alma, el acierto en d goviemo destos re3mos y la 
paz y quietud en la Chrístiandad. 
De Madrid á 15 de Novienbre 1644.— Yo el Rey. 

Acuerdesseos de enbiarme los libros q faltan de la vida de ñra 
Señora , q aunq estoy muy ocupado, no faltará algún ratillo en 
q poder leerlos. 



viembre 1644. 



XV. 



De Sor María > . 



18 de No- Señor : Quando el Poder divino con su justicia nos ynbia en 
esta bida algún trabajo , su clemencia nos deja prebenido el ali- 
biO| y tras el castigo se reconoce y se agradece la misericordia. 
No pudo ser más sensible el golpe para V.» M.^, ni para la Mo- 
narquía más duro el castigo, q la muerte déla Reyna nuestra S. , 
q esté en gloria; pero si en V.» MA no fuera tan bibo este dolor 
y le tocara fuera del cora9on, no le pudiera ofrecer á Dios en 
sacrifi9Ío de pacien9Ía y berdadera resigna9Íon ; ni con otra 
ofrenda de menor estima le pudiera V.» MA obligar tanto, para q 
á sus ruegos y deseos santos se yncline la piedad dibina. Yo co- 
nozco más de lo q puedo de9ir, la causa del justo sentimiento de 
V.» M.**, y q no ay otro recurso más de á la misericordia del To- 
dopoderoso , en cuya presen9Ía de lo 3nit¡mo de mi alma damo 
y pido se dé por satisfecha su justicia , y ponga los ojos de su ele- 
men9ia en V.» M.^, y reciba en reconpensa su católico 9elo de la 
santa fe y religión christiana, los trabajos personales en defen- 
derla y las penas, dolor y soledad con q en medio de tantas aflic- 
ciones a querido qercitar y probar á V.» M.<*, tratándole en esto 
como ajusto y fuerte. 

I Autógrafo de la Biblioteca del Real Palacio. 



— 23 — 

£1 sentimiento jeneral destos Reynos da á entender q conocen 
el castigo. Quiera Dios , Señor mió , q sea la enmienda como el 
conocimiento, y q tenga V,* M.^ ministros fieles, temerosas y 
celosos, q sin otro fin ayuden á la reformación de los bivios y al 
remedio de los daños q amena9an. Este cuydo es para mide mu- 
cho peso, y en q deseo tenga V.* M.^ nueba luz del cielo, y la 
pido á el Señor sin cesar; y la protección q a mostrado su dibina 
piedad en los buenos sucesos desta canpaña de Catalunia, pue- 
den alentar mucho á V.* M.^, creyendo se da por serbido de sus 
cuydados y trabajos , y que no los desprecia ni dejará sin premio; 
y esto mismo espero de la atención tan justa con q V.* M,^ de- 
sea la santa educación del Príncipe nuestro Señor y de la S.» In- 
fanta, y el mejor acierto en darles estado para el bien de la Chris- 
tiandad; q siendo ésta causa de el mismo Señor, seguramente, 
le pedimos la gobierne como propia suya, y q la nueba elecion de 
su Santidad , sea medio eficaz para la paz unibersal de la santa 
Iglesia. 

Muy poderoso espero a de ser para todo el asentar la difini- 
9Íon de el misterio de la Congeccion de la Reyna del cielo , y mi 
alma a recibido singular alegría sabiendo q V.* M.^ toma por su 
quenta este grande serbicio y gloria de la piadossísima Señora, 
con tanta debocion y beras. Yo creo, sin duda, que la misma 
Reyna granjeará para V.» M.** esta dicha , reserbándole en ella 
otras muchas , y la mayor de todas q es la salba^ion ; y si esto y 
mis ruegos pueden aumentar la debogion y fe con la Madre de 
la gracia, suplico á V.» M,^ no la limite por ningún suceso; y no 
parece ocioso el aberse ajustado este año los papeles tan oportu- 
namente para esta ocasión. Los de su vida SS."^^ se escriben, 
aunq por la ocupación de mi confesor en la Prelacia no se a ca- 
minado mucho en la copia. Adelantaráse desde aora. 

Nada me manda V.* M.<^ de la Reyna nuestra S.^, porq no era 
necesario; pero yo quiero responder al cuydado justo q tendrá 
V.* M.*, de q se le agan sufragios por su alma , y con el secreto 
de mi pecho y consuelo de V.» M.^, le pido q se apresuren todo 
lo posible; q si los debe S. M.^ á su santo y fidilíssimo celo , es- 
pero en Dios le deberá muy buen retorno en adelante, q la 



— 34 — 

caridad se mejora en su lugar propio. V.^ M.*^ la bea y goce eter- 
namente. 

En la Con9ec9Íon de Agreda Nobienbre i8 de 1644. — Puesta 
á los Pies de V.* M.^ besa su Mano su menor sierba. 

Sor María de Jesús. 



XVI. 



De Sor María. 



30 de Mano Señor: El considerar á V. M. tan rodeado de cuidados y pe- 
1645. 

ñas da ánimo á mi encogimiento , para suplicar á V. M. dilate el 

ánimo y que se fortifique con la fe y esperanza, pues son las alas 
con que V. M. se ha de levantar de las tribulaciones que le cer- 
can j para llegar al Todopoderoso y presentarle en su tribunal la 
causa de toda la Iglesia y las lágrimas y suspiros de los fieles ; y 
no ha de desalentar á V. M. el ser empresa tan grande, pues 
cuanto mayor y más flacas las fuerzas humanas podemos pedir 
las divinas. En esta comunidad clamamos de ordinario al Señor 
suplicándole dé larga vida y salud á V. M. y al Príncipe nuestro 
Señor, que la deseo con grandes veras y afecto, y me consuelo 
de tener á V. M. y Alteza tan cerca ' ; pero con grande ternura 
y compasión de que sea con tantos cuidados y dejando la quie- 
tud y sosiego de casa propia ; pero por Dios , que |es liberal en 
premiar , se hace ; S. M. lo haga como puede y nos dé felices su- 
cesos en todo. Para suplicárselo, principiaremos á hacer las reli- 
giosas ejercicios y oraciones : las pobres mias ya las tengo ofreci- 
das por V. M. Prospérele el Altísimo en su amor y gracia. 

En la Concepdon de Agreda á 20 de Marzo 1645. — Sierva de 
V. M. — Sor María de Jesús. 

I £1 Rey , acompañado del príncipe Baltasar Carlos , habla vuelto á Zango- 
ta, saliendo de Madrid el día 11 de Marzo. 



— 25 — 



XVII. 



Del Rey K 



Ayer reabí vra carta estando con intención de escriviros, y os Zango» 

^ „ - - , , , _ , as de Mano 

asseguro q llego á buen tienpo, pues los cuydados en q me veo 1645. 
me tenían afligido, y con lo q me deds he alentado , y fio de la 
misericordia de Dios, que, mirando á toda la Christiandad y á 
estos reynos en q tan pura está la religión católica , no a de per- 
mitir q acavemos de perdernos ; sino que los a de anparar y de- 
fender , y disponer las cossas de modo que vengamos presto á 
conseguir buena paz. 

Cortos son los medios humanos con q he buelto á este Reyno, 
y lo que más me atemoriza, es ver mis culpas, q ellas solas bas- 
tan á provocar la ira de ñro Señor y á executar en mí mayores 
castigos q los passados; pero quanto más es esto, tanto más me 
he de valer de la fe y esperanza, como decis, y suplicar conti- 
nuamente á ñfb Señor supla con su mano poderosa lo q nos fal- 
ta. De mi parte se hará lo posible, procurando no desagradarle 
y cunplir con la obligación en q me pusso, aunq aventurase en 
ello mi propia vida; y no he reparado en dejar la comodidad de 
mi cassa, sólo por no dejar de acudir personalmente á la defensa 
destos reynos ; pues, atendiendo yo á esta obligación, fio de Dios 
no me a de faltar ,* pero en cualquier lance estoy sugeto á su vo- 
luntad santíssima. 

He querido q enpieze ya el Príncipe á ver y ir aprendiendo lo ¡ 

q le a de tocar después de mis días , y assi aunq solo, lo he traí- 
do conmigo y puesto su salud en las manos de Dios, fiando de su 

misericordia a de guardar y encaminar todas sus acciones á su , 

mayor servicio. 



X Autógrafo de la Biblioteca del Real Palacio. 



-^ 2b — 

Yo estoy cierto no os olvidareis de nosotros, y q nos tendréis 
muy presentes para encomendarnos á Dios ñras personas y todos 
los sucessos desta canpaña, q se encaminan al bien destos Reynos 
y á consegmr con brevedad la paz en la Christiandad; y parti- 
cularmente os pido q rogueis á ñrb Señor ponga en mi corazón 
q en todo execute lo q fuere mayor servicio suyo y lo q más le 
agradare. 

Acuerdos el libro de la vida de lira Señora, q desseo acavar de 
leerle. Ya an partido á Roma los despachos sobre el punto de la 
difínicion de la Puríssima Concepción, y de mi parte se hará lo 
posible por conseguir tan gran bien. Sirvasse ñfb Señor de enca- 
* minar el ánimo de Su S.^ á q lo execute ; y si queréis ver la co- 
pia de la carta q le e escrito sobre esta materia, os la enbiaré. 

De Zaragoza dia de la Encarnación , 1645. — Yo el Rey. 



XVIII. 



De Sor María 



e6 do Abril Señor: Esta carta se a detenido algunos dias, q no me a sido 
'^^" de pequeña mortificación y cuydado. Recebila biemes santo, 
estando con poca salud , pero con mucho deseo q el Altíssimo 
se la dé á V.* M.^ y á mi la enfermedad q estos dias a padeci- 
do V.* M.^ * : esta es mi petición y mi boluntad , si en ella se 
y9Íese la de ñro Señor, porq me deja conocer la ynportan^ia 
de su salud y bida de V.* M.^ para sus reinos y toda la Chrís- 
tiandad. 

Beo tanbien , quan á solas tocan al coracon de V.» M.<* los cuy- 
dados y el celo de la onrra de Dios. Para indinarle somos mu- 

1 Autógrafo de la Biblioteca del Real Palacio. 

2 £1 Rey estuvo enfermo con calentura de una irritación que le provino del 
demasiado ejercicio en el juego de pelota. (^Afemoriai fíistárkú^ tomo xviii.) - 



~ 27 — 

chos , para aplacarle muy pocos. En la noticia desta berdad me 
aflijiera mucho, considerando á V.^ MA tan solo entre tantos tra- 
bajos , sino fiara de la divina clemencia q perdona nuestras cul- 
pas en la tribulafion. No aflijan á V/ M.^ las suyas , pues el co- 
razón contrito y umillado no le desprecia Dios , y su gran mise- 
ricordia abunda y sobrepuja á xuás maldades. 

Lastímame mucho, Señor mió, q los medios umanos con q 
V.^ M.^ a buelto á ese Reino, sean tan cortos en la mayor nece- 
sidad ; pero esto a de suplir la fee y la misma causa por quien 
V.» M.^ expone su persona y la del Príncipe ñfb Señor á tantos 
riesgos y trabajos. No crea V.» M.<* de la piedad del Señor, le 
pone esta resulucion y determinación para negar su fabor y asis- 
tencia en las tribulaciones. Alguna confianga me dio el Altíssimo 
el año pasado de q se cono^eria en los sucesos del su protección 
SS.°^; en éste clamaré á su misericordia de lo yntimo de mi 
alma ; lloraré y continuamente, le pidiré q aparte de nosotros el 
a90te q merecen ñrbs pecados ; y quando no ynterbiniera en esto 
la causa del bien común , sólo por el alibio de V.^ M.^ quisiera q 
cargaran sobre mí todos los trabajos. Baldreme de la yntercession 
de la Madre de Dios, y suplico á V.<^ M.^ ponga en ella toda su 
esperanfa, porq de sola su mano nos puede benir el remedio. 
Alegróme en estremo q V.^ Mfi la obligue con delijenciarle la 
gloría de la difínicion de su Purissima Con9ecion , q no se que- 
dará éste qelo sin gran premio ; y pido á V.*^ M,^ ponga en esta 
debocion al Príncipe ñfb Señor para q con ella herede á su tien- 
po las birtudes y piedad q le aran felicíssimo príncipe. 

La segunda parte de la ystoria de la Vítjen SS."», está ya es- 
crita; pero es necesario enmendarla y ajustaría para q V.» M.** la 
bea : esto se ara con brebedad, q por ser estaparte mucho mayor 
q la primera, y estar en su prelacia mi confesor, no se a podido 
ynbiar antes. Luego se conpondrá la tercera, con q se rematará 
toda la ystoria. Señor mió , esta comunidad q pongo á los pies 
de V.^ M.^, esta continuamente clamando á el Altíssimo, pidien- 
do prospere á V.* M.^ con todo buen suceso. 

En la Con^ecion Descal9a de Agreda Abril i6 de 1645.— Sier- 
ba de V.» M,** — Sor María de Jesús. 



— 28 — 



XIX. 

Del Rey. 

zuseoa Cuanto mayores son mis cuidados y los aprietos presentes, 
'^ 1645.^^ tanto más deseo acudir á nuestro Señor para implorar su auxilio 
y suplicarle que con su poderosa mano aplique el remedio, y 
aunque de mi parte se lo pido cada dia y procuro cumplir lo me- 
nos mal que puedo con mis obligaciones, temo que le tengo tan 
irritado, por lo que le he ofendido y ofendo, que acudo á vos 
para que me ayudéis á suplicarle se duela de mi y de estos reinos; 
que aunque verdaderamente le ofendemos mucho , en ningunos 
otros está tan pura la religión católica como en ellos, y esto es 
fuerza que nos ayude mucho. 

Bien veo que vos me cumplis la palabra que me disteis cuando 
pasé por ahí y os lo agradezco mucho; y os confieso que siempre 
me alientan vuestras cartas , y me mueven á solicitar vivamente 
el mayor servicio de nuestro Señor. Duéleme infinito el no conse- 
guirlo como yo quisiera, asi en mi persona como en la enmienda 
de todos; que si esto se consiguiera, Dios fuera servido y nosotros 
nos viéramos muy libres de lo que hoy padecemos. De mi parte os 
aseguro que hago cuanto alcanzo y que trabajo lo que ven todos, 
con mucho gusto por cumplir con la obligación del oficio. Tengo 
pocas ayudas , que en los más pueden más sus propios fines que lo 
que debieran hacer. Bien lo conozco y procuro remediarlo , pero 
no es fácil ; mas como yo consiga la ayuda de Dios, nada me pue- 
de faltar. Ayudadme á pedírsela y á suplicarle que nos saque 
bien de los aprietos presentes, así de Cataluña como de las demás 
partes, porque son grandes las fuerzas de los enemigos, y las 
nuestras cortas en su comparación. Particularmente os encargo 
que apretéis ahora por el buen suceso del socorro de Rosas, que 
juzgo se intentará por todo este mes, y va mucho en que se libre 
esta fuerza para lo restante de las cosas de Cataluña. 



— 29 — 

Confiéseos, Sor Mana, que me veo muy cuidadoso, y que solo 
lo que me alivia es saber de cierto que Dios lo puede todo, y que 
estando en su mano, no ha de permitir que se acabe de perder 
una Monarquia que tantos servicios le ha hecho. Sírvase su divi- 
na Majestad de ayudarnos y de dar una paz á la Cristiandad, que 
esto es lo principal que le debemos pedir todos los fíeles católi- 
cos. Desde que empezó á tener uso de razón el Príncipe, he pro- 
curado que se crie con particular devoción á nuestra Señora, y 
esto se continúa y continuará, pues es la puerta por donde todos 
hemos de entrar á pedir el perdón de nuestras culpas; y para que 
veáis en la forma que escribí á Su Santidad sobre el punto de su 
Purísima Concepción, os envío esa copia de la carta que la es- 
cribí , que me la volveréis en viéndola '. Hasta ahora no he te- 
nido respuesta, pero de mi parte se hará todo lo posible para 
conseguir tan gran bien. Con mucho alborozo aguardo la segun- 
da parte de la vida de nuestra Señora, porque la primera la leí 
con gran gusto y devoción, y así cuanto antes fuere posible me 
la enviaréis. 

De Zaragoza á 15 de Mayo de 1645. — Yo el Rey. 



XX. 



De Sor María. 



Señor : El Altísimo dice que á los que ama corrige y aflige, " ^^ ^y° 
porque tiene vinculados tantos tesoros en los trabajos que no 
quiere privar de ellos á los que elige para sí ; y para atraerlos á 
su amistad es medio poderoso el de la aflicción, y el de acudir 
V. M. á nuestro Señor en la que padece, es hacer su santísima 
voluntad; que dá las tribulaciones para asistir en ellas, y obliga 
á que le llamen para responder, y á que le pidan para dar. V. M. 
acuda á la divina Providencia con confianza, y á la copiosísima 

I Apéndice DáxxL 2. 



— 30 — 

misericordia de Dios con alegría y aliento. No se le quite, Señor 
mió, la consideración de que ha ofendido á Dios, que el corazón 
contrito y humillado no le desprecia. Pecador fué David, y 
brevemente alcanzó perdón de sus pecados; y mayor lo fué el 
rey Manases, y lo que el Altísimo obró con él después de sus 
horrendos delitos , es asombro de los mortales y ostentación de 
la misericordia divina, pues se los perdonó por la penitencia, y 
dio paz á su reino. 

Los actos de amor de Dios y de contrición son poderosísimos 
y prestos en su operación ; y si se ama á S. M. y se aborrece el 
pecado con propósito firmísimo de la enmienda, con esto está 
el corazón contrito , apto y dispuesto por la gracia para que el 
Señor lo gobierne; y en la Escritura divina dice, que el corazón 
del rey está en la mano del Señor, porque el que tiene tal digni- 
dad ha menester lugar tan seguro y que el mismo Dios le adies- 
tre: no le negará esto á V. M. pues con tantas ansias lo desea y pide. 

El Altísimo puso á V. M. en obligaciones de rey, y en empeños 
tan grandiosos, como el de ser cabeza de los hijos de la Iglesia, de- 
fensor y amparo suyo; pues á su poderosa mano le compete el 
dársela á V. M. para encaminarle y vivificarle, para que no des- 
maye en tanto trabajo. Suplicóle, Señor, que se aliente en él, y no 
le mire solo y amargo como ahora lo gusta V. M. , sino con la es- 
peranza de que tanto padecer ha de merecer copiosísimos frutos, 
y que tan vivos golpes son para ser labrado para aquella patria 
celestial, y descanso eterno; y con la esperanza de su posesión 
todo trabajo de esta vida mortal es tolerable. 

Alégrese V. M. con la grande empresa por que trabaja, y alién- 
tese V. M. á emplear todas sus fuerzas en ella, pues por una hora 
sola que impidiese V. M. el que la herejía no entrase en España, 
y que este aliento inficcionado del demonio tocase á los fieles , 
puede dar V. M. por bien empleados todos sus trabajos y prome- 
terse grande paga de Dios. Muchas lágrimas me cuesta esta 
causa, y las derramé algunos años antes que entrase la herejía en 
Cataluña ; porque fué el más desdichado azote que Dios les podía 
dar. El Todopoderoso le aparte de nosotros por su bondad. 

No es menos que esto por lo que trabaja V. M., y el verle tan 



— si- 
sólo en tan grande empresa me aflige y contrista el corazón y me 
cuesta muchos dolores y enfermedades, en las cuales hallo con- 
suelo, porque tengo más que ofrecer á Dios por esta causa, y 
por el alivio de V. M. Alegróme mucho que conozca V. M. el que 
está solo, sin quien le ayude, y que todos buscan sus intereses 
propios, porque es así; pero no se aflija V. M., que en la defensa 
de la Iglesia no puede faltar su cabeza , Jesucristo, que la ama 
mucho y su madre Santísima , que asistirán á V. M. 

San Pablo dijo : « Todo lo puedo en el que me conforta. » Y lo 
literal sólo de esta palabra me parece dijo mucho ; porque aquel 
iodo lo puedo ^ sólo pertenece á Dios que es Todopoderoso, y no á 
la criatura que es limitada. La fé y la esperanza que tenía el San- 
to Apóstol de que el Señor le habia de confortar en la causa del 
bien de las almas, que era en lo que él trabajaba, le hizo decir en 
aquella palabra cuan poderosa es la gracia; pues no dijo, algo, 
ni mucho podré, sino todo. También V. M. trabaja en la causa 
de la Iglesia y conservación del Evangelio; fie. Señor , que todo 
lo podrá en el que le conforta. Confieso que los pecados del mun- 
do son muchos, como dice V. M., y que cuando Dios está con el 
azote en la mano castigándonos por los cometidos, hacemos otros 
de nuevo, que es el mayor dolor. Para que el Señor se aplaque, 
le he ofrecido en nombre de V. M. que, consiguiendo algún des- 
ahogo y victoria de sus enemigos, de manera que se pueda des- 
ocupar más, advertirá V. M. y atenderá á remediar algunos pe- 
cados generales, y á la reforma de su Reino; y otras promesas 
hago á la Madre Dios, porque nos ayude con su Hijo santísimo. 

Heme consolado sumamente de haber leido la copia de la car- 
ta que V. M. ha escrito á Su Santidad, y tal afecto y devoción 
como en ella muestra V. M., no puedo creer se ha de quedar sin 
grande premio, solicitado por esta gran Reina; y por lo que es- 
timo y amo á V. M. me alegro la procure tener tan propicia 
pues por su mano han recibido sus devotos tantas prosperidades 
en lo divino y humano. Remito la segunda parte de su vida san- 
tísima, poniendo en manos de V. M. lo más secreto de mi cora- 
zón. Será más dulce y consolatoria que la primera, porque con- 
tiene toda la vida de nuestro Señor Jesucristo, su pasión santísi- 



— sa- 
ma; que lo que S. M. padeció puede ser consuelo en la mayor tri- 
bulación. No está copiada á mi gusto, y temo tendrá algunas fal- 
tas y que la letra cansará á V. M.: por obedecer en enviarla no se 
vuelve á escribir. 

La palabra que df á V. M. cumplo con todas mis fuerzas, 
ejercicios y oraciones , y me valgo de las de la comunidad ; de 
manera, que ha mucho tiempo que siete veces al dia todas las 
religiosas en el coro hacemos oración por la salud, vida, salva- 
ción y buenos aciertos de V. M. , del Príncipe nuestro Sefior y 
Sra. Infanta. Débenme Sus Altezas mucho cariño y memorias. 
Hemos añadido por el buen suceso del sitio de Rosas el estar 
postradas en cruz, el rostro en tierra, pidiendo misericordia; y 
otras devociones y ejercicios hacemos á intención de V. M. El 
Señor nos mire con ojos de misericordia. 

Parece que el socorro de Rosas tarda en ir según su aprieto , y 
que el ejército va despacio. En la brevedad podian ayudar á V. M. 

Temerosa estoy de mi atrevimiento en tanto decir y alargarme ; 
la piedad de V. M. me dá ánimo, y la buena voluntad de esta su 
pobre y humilde sierva de V. M. se vale de la licencia que V. M. 
le ha dado. El Altísimo prospere áV. M. felices años. 

En la Concepción de Agreda Mayo á 22 de 1645. — Sierva 
de V. M. — Sor María de Jesús. 



XXL 



Del Rey 



Zanco» 6 Nq Duedo dejar de confesaros que me he alentado mucho con 

de Junio "^ ^ 

1645. vuestra carta del 22 del pasado , y sólo quisiera poder ejecutar 
todo lo que me decís , y saber aprovecharme de vuestros docu- 
mentos, como lo hicieron los reyes David y Manases; pero aun- 
que no podré nunca igualarlos en la penitencia y arrepentimien- 
to, pido á nuestro Señor me dé su auxilio para que los imite lo 



— 33 — 

más que fuere posible, y si no me ayuda, soy tan frágil que nunca 
saldré de los embarazos del pecado. Dichosos los trabajos que se 
padecen y se han padecido, si supiera aprovecharme de ellos; y 
así os pido que me ayudéis á pedir á nuestro Señor un verdade- 
ro dolor de mis culpas y un propósito ñrme de no volver á ofen* 
derle, que con esto todo lo tendré y nada me faltará. Si yo viera 
que todos estos trabajos que padecen estos reinos los sintiera yo 
personalmente, tuviera yo algún alivio, pues padeciera justamen- 
te lo que debo, y no viera que por mis culpas padecen tantos 
justos y se ven en tan apretado estado los mas lugares de esta 
Monarquía, cercados de guerras y de confusión por todas partes. 
Creo que si yo supiera enmendarme , todo tuviera remedio; pro- 
curarélo con veras , y estad cierta que hago cuanto alcanzo para 
cumplir con mi obligación y satisfacer lo menos mal que puedo 
á tantas cargas como puso Dios sobre mí. 

Acepto el ofrecimiento que habéis hecho en mi nombre á 
nuestro Señor, y si El se sirve de darnos un poco de quietud y 
descanso , procuraré remediar los excesos más notorios de la Re- 
pública y los pecados de escándalo; que verdaderamente en tiem- 
pos tan revueltos como los presentes no es posible enderezar 
nada á buen camino, aunque se procura; ni hay tiempo para más 
que tratar de las disposiciones de la guerra para nuestra defensa; 
y así cuanto antes permitiere nuestro Señor que tengamos paz, 
tanto más presto procuraré ir poniendo en buena forma lo que 
tanto deseo que se consiga, y entonces podré con mayor facili- 
dad tomar resolución con los Ministros, que tratan más de su in- 
terés propio que de la obligación de su ministerio. 

No fué nuestro Señor servido que Rosas se librase, y así se per- 
dió á 28 del pasado K La pérdida ha sido áfi consideración, pero 

I Los franceses habían empezado á sitiar á Rosas el 2 de Abril , y no sólo 
se culpó de esta pérdida á D. Diego Caballero, que defendía la plaza, á quien 
prendieron y metieron en la cárcel de Corte de Madrid , sino á la tardanza en el 
socorro que se esperaba llevasen las galeras á cargo de D. Melchor de Borja, á 
quien quitaron el mando , enviándole á Dénia ; y entendiendo el Consejo de 
Castilla en su causa, le condenó á 20.000 ducados de multa, diez años de un 
castillo y otros diez de destierro, y privanza de oficios y cargos; condena que en 
gran parte le fué perdonada más adelante. (Memorial histórico ^ tomo XVIII. Ma- 
tías de Novoa. Montglat, campaña once. ) 



— 34 — 

heme conformado con su santa voluntad, y ofirecídole lo demás 
que queda de mis reinos, pues todo es suyo, para que quite ó pon- 
ga como fuere su mayor servicio. Tras esta pérdida se pueden 
temer otras mayores, porque si desembarcan las fuerzas que 
tenian allí los enemigos, y juntan con las que tienen en esta 
frontera, nos han de inquietar mucho; y ya nos dicen que quie- 
ren ir á sitiar á Tarragona, si bien hasta ahora no se teme con 
certeza lo que harán. De nuestra parte se hará lo posible por 
defendernos, pero las fuerzas son cortas, que es corto el paño y 
hay mucho á que acudir; y aunque fueran grandes, todo lo fiara 
en la misericordia de nuestro Señor, que es quien todo lo pue- 
de : encargóos que continuéis las oraciones y que pidáis á su 
divina Majestad que se contente con Rosas, y no permita que 
tengamos más pérdidas , pues cualquiera que sobreviniese ahora 
fuera acabar con nosotros y meter en confusión, no sólo este 
Reino, sino el de Castilla y lo restante de la Monarquía. Espero 
en su misericordia se ha de doler de nosotros y mitigar su rigor; 
pero si fuere su santa voluntad que acabe de perderme , pronto 
estoy á pasar por ello y á ofrecérselo de todo corazón. Agra- 
dézcoos todo lo que me decís por mí, y por el cariño que mos- 
tráis á mis hijos ; 3ro os pido lo continuéis , y que me los en- 
comendéis mucho á nuestro Señor para que los haga buenos y 
sepan cumplir con su santa ley y con las obligaciones en que 
los pusiere. 

Mucho me he holgado con la segunda parte de la vida de 
nuestra Señora, y no os dé cuidado la mala letra, que yo estoy 
hecho á leerlas muy diferentes, y como la lectura es tan sabrosa 
no reparo en nada. Ya la he empezado y espero que me ha de 
servir de hacerme más devoto de esta santa Reina, y de procu- 
rar servirla y agradarla con mayores veras que hasta aquí; pues 
en fin, es Madre de pecadores, y por quien hemos de conseguir 
el remedio y perdón de nuestras culpas y el reparo de los males 
que padecemos. 

Zaragoza 6 de Junio de 1645. — Yo el Rey. 



- 35 - 



XXII. 

De Sor María. 

Señor : El deseo vivo y afecto fervoroso, que esta pobre y hu- " ¿e Junio 



milde sierva de V. M. tiene de aliviarle , juzga por muy limitado 
y corto el de las cartas, cuando la sangre derramaría con mu- 
chos tormentos porque V. M. consiguiera algún consuelo, y la 
Cristiandad paz , quietud y reposo. Padezco en estas ansias, y se 
me oprime el alma, viendo á V. M. tan afligido y rodeado de 
cuidados; pero no es razón , Señor mió, que, aunque llegue el 
agua á la garganta y el Señor esté airado contra nosotros, des- 
mayemos ; porque la desconfianza de sus hijos católicos, pudiera 
irritar más la justicia divina que todos los demás pecados: por- 
que aunque nos corrige y aflige con severidad , es Padre de piedad 
y Dios de misericordias y no quiere destruir á las hechuras de 
sus manos, ni perder las almas que tanto le costaron. A todos los 
que le llamaron de corazón respondió; los que le buscaron con 
humildad le hallaron. 

£1 mayor testimonio de que Dios quiere á V. M. para sí , y 
que le trata como á hijo de su casa , para no sacarle de ella, 
es que le da trabajos tan vivos, y que con ellos despierta el 
piadoso corazón de V. M. á penitencia, á deseo de perfeccio- 
nar su vida y las costumbres y vicios generales de su Monar- 
quía : esto quiere Dios y para esto aflige ; y su mayor amor y 
misericordia está en atajarnos los caminos de la perdición , dán- 
donos trabajos y tribulaciones que se han de acabar, para que 
alcancemos los descansos que son eternos. A los herejes y escla- 
vos, que huyen de la verdad, bástales por premios los bienes ter- 
renos que perecen y algunos buenos sucesos temporales para que 
con ellos se ensoberbezcan, y Dios justifique su causa. Más dicha 
es en el fiel cristiano la represión y el azote con vara de hierro* 
que en el infiel el beneficio y prosperidad : pues en aquél busca 
el Señor su bien, y á éste el premio en esta vida, porque no con- 



1645. 



-36- 

seguirá después. Esta Monarquía no se aprovechó con la prospe- 
ridad antigua ; usó mal de ella , introduciendo en el uso de las 
cosas necesarias la vanidad , y han crecido los vicios generales 
hasta lo último de la malicia, y asf Dios como padre ataja estos 
pasos siniestros y endereza los caminos de la verdad con trabajos 
y azote que alcanze á todos, porque no se condenen tantas almas. 
No desaliente á V. M. el que en su tiempo quiera Dios corregir 
y remediar tantos dafios y encaminar á los errados, aunque le 
cueste á V. M. muchos dolores y penas ; que no se le perderá el 
premio de sus cuidados y el galardón de tantos desvelos : y pues 
éste es el fin del Sefior en enviamos tantas aflicciones, en cesan- 
do la causa cesará el efecto. 

Ya veo que con tanta confusión de guerras y turbaciones no se 
puede acudir tan fácilmente á remediar tan graves ofensas de 
Dios, como en esta Monarquía hay, y que si el Señor diese algún 
alivio , se podría ejecutar mejor. Desde hoy me postraré á los 
pies del Altísimo, el rostro por la tierra, y lo mismo harán las 
religiosas , pidiéndole con todas veras y afecto que nos mire con 
ojos de padre y se tenga por contenta y satisfecha su justicia ; y 
le ofreceré de nuevo de parte de V. M. que, en dándonos algún 
desahogo y dejándonos alentar , habrá una reforma general y 
enmienda de la vida de todos. Y si el Señor se da por servido en 
esto, dispondrá los medios para que se consiga; y estando V. M. 
con tan vivos deseos de penitencia y de dar gusto á Dios, no 
despreciará las promesas que en nombre de V. M. hiciere, y esto 
es lo primero á que anhelo , pues deseo con más amor el bien del 
alma de V. M. que el de todos los nacidos juntos, si bien porque 
el menor se salvara diera la vida luego. 

La pérdida de Rosas me ha llegado al alma; alabo al Altísimo 
por ver la resignación que V. M. tiene con la voluntad divina en 
este trabajo; á Job le quitó Dios todos sus bienes y tesoros y los 
hijos; y el sacrificio de paciencia que hizo diciendo, «el Sefior 
me lo dio, el Señor me lo quitó ; cúmplase su voluntad » , obligó 
tanto al Altísimo, que le volvió después doblado de lo que le 
habia quitado. A la Reina del cielo hemos de poner por interce- 
sora, medianera, abogada y restauradora de esta Monarquía; 



— 37 — 

acuda V. M. á sus entrañas piadosas y aunque luego no se toque 
con las manos el efecto de su misericordia , no desconfie V. M., 
que no tiene olvidados á los hijos de la Iglesia, que los ama mu- 
cho. Señor mió, conozco mi osadía en las licencias que me tomo 
con V. M. : aunque el afecto lastimoso se extiende á lo que no 
dehe , está mi corazón con la estimación y veneración que es 
justo á V. M. , y con ella le suplico, por amor del Señor, que mire 
por su salud y vida, descansando; y aseguro á V. M. que me 
dudo mucho de que no haya quien con grande cariño mire esto. 

Al Principe nuestro Señor y Señora Infanta no olvido delante 
del Altísimo, y suplico á su piedad divina los guarde y á V. M. 
prospere. 

En la Concepción Descalza de Agreda á 12 de Junio 1645. — 
Sierva de V. M. — Sor María de Jesús. 



XXIII. 

De Sor María '. 

Señor : Púsome en tanto cuidado y pena los peligros que V. M. 14 de janio 
me significó se podían temer después de la pérdida de Rosas, '^^' 
que me compele no sólo á clamar al Altísimo, sino á deseo de 
suplicar á V. M., puesta á sus pies, que pues se sabe las plazas 
que el enemigo puede sitiar, mande V. M. que se provean de 
bastimentos y de todo lo necesario, y se guarnezcan de gente los 
pasos por donde han de entrar, porque se les impidan; que la 
buena diligencia y fidelidad en esto de los ministros importa 
mucho. V. M. se informe de quien le diga la verdad para saber 
si se ejecuta, y vístase de celo y fortaleza para esto; que el Señor 
también quiere que obren las causas segundas y que nos cueste 
trabajo lo que tanto importa; y la prevención en cualquier su- 

I Antes de esta carta existe la siguiente nota en el manuscrito de Agreda. 
—Carta segunda para S. M. con algunas advertencias que he sentido convenían 
pan sus guerras. 



-38- 

ceso es grande prudencia y de consuelo que se hizo lo posible. 
Yo temo ser molesta á V. M. y el desacierto en lo que escribo, 
por ser mujer ignorante y hacerlo sin consgo humano, por el 
secreto que debo á V. M.; pero será yerro de entendimiento y 
no de voluntad. Pido al Altísimo luz para hacer en esto y en 
todo su santísima voluntad ; así lo deseo , y que prospere á V. M. 
En la Concepción Descalza de Agreda á 14 de Junio 1645. — 
Sierva de V. M. — Sor María de Jesús. 



XXIV. 

Del Rey K 
Vras dos cartas de 12 y 15 desde he recivido estos dias, y ale- 

22 de Jtuúo 

1645. gradóme con ellas mucho, pues cierto me sirven de alivio y con- 
suelo en medio de los cuydados en q me hallo y de los riesgos áq 
veo espuestos estos re3mos, si Dios por su infinita misericordia, 
no nos assiste y nos defiende. Espero q se a de doler de nosotros, 
y no a de permitir q una Monarquía q le ha hecho tan grandes 
servicios, y q se ha enpleado sienpre en defender la religión ca- 
tólica, acave de destruirse. Bien veo q tenemos merecido el cas- 
tigo, particularmente yo, por lo poco q he savido servir y agra- 
decer á ñrb Señor ; y assi le pido nos dé á todos su luz y su gracia 
para enmendarnos y para q acertemos á servirle como es justo. 
Ayudadme á esta petición, madre Sor María, q yo fio poco de 
mis oraciones , y pedilde me dé vivo dolor de mis pecados y q 
salbe mi alma aunq en ésta vida me queste muy caro ; q lo de- 
mas todo es nada en conparacion de lo eterno. 

Con el recelo de q el enemigo después de haverse desenbaraza- 
do de Rossas sitiasse á Tarragona , metí en aquella plaza gente y 
bastimento y todo lo necessario, con lo qual llegamos á dessear q 
fuesse sobre ella, pues teniamos por cierto (mediante Dios) q no 

I Autógrafo que posee la M. «a de Casa Loríng. 




fto-^í 'lié- ^* 

9 




^1 



\ 




— 39 — 

avia de salir con la enpressa, y q se havia de deshacer si porfiava 
en ella, particularmente viniendo ya mi armada de mar, como 
efectivamente viene. Tanbien se conpusso Tortossa y como es- 
ta va el exército cubriendo las plazas del Segre , no pareció q era en 
ellas necesaria mayor prevención ; el enemigo desistió del intento 
de Tarragona (según lo q hasta aora se puede entender ) , y a en- 
pezado á passar gente por el Segre, aunq a sido con pérdida suya 
tanbien nosotros la emos tenido, pues en la guerra no se puede 
dejar de perder alguna vez. Si por donde a enpezado , carga con 
todo el grueso , creo nos a de ir mal y Valaguer no podrá ressistir, 
ques flaco: con todo esso, luego q reciví vía última carta, hizela 
diligencia q me decis, y di órdenes apretadas para q sefuesse po- 
niendo alli bastimento y lo demás necessario; y yo de mi parte no 
me descuydaré en hacer lo posible para defendernos; pero tene- 
mos poca gente , y si Dios no suple temo q nos a de ir mal , y 
assi os encargo q apretéis con lifb Señor , q si El nos ayuda uno 
vencerá á mil. Yo os agradezco lo q me refereis , y me huelgo con 
vías cartas y de q no comuniquéis con nadie lo q me decis en ellas; 
pues quien os dictó la historia q voy leyendo, os podrá tanbien 
dictar (si yo no lo desmerezco) lo q me ubiéredes de escrivir, y á 
buen seguro q no sea errado. Tanbien pedid á ñra Señora q me 
zyiide y tome por su quenta la defenssa destos reynos, pues por 
su intercession espero salir bien de todo. 
De Zaragoza á 22 de Junio 1645. — Yo el Rey. 



XXV. 



De Sor María '. 



Jesús M.*— Señor: Grande testimonio de la piedad de V.* M.<* «6 de junio 
es el q se alible con mis cartas, siendo del más bil gusano de la '^^^* 

I Autógrafo que posee la M.<a de Casa Loring. 



— 40 — 

tierra ; y el cono^enne tan 3mutil me pudiera acobardar para es- 
cribirlas , si no me alentara el q en el pecho bebnigno de V.* MA 
lo más desechado alia acogida. Cada dia pondero más los cuyda- 
dos de V.« M.^ y los considero para lastimarme de ellos con afec- 
tuosa conpassion, con la qual assisto á V.* M.<>, y con fidelidad 
damo á el Todopoderoso suplicándole se duela de esta Monarquía, 
fortaleciendo, bibificando á V.*^ M.<^ y dándole luz para encami- 
nar con acierto y buena dirección la milicia, y guardándonos á 
V.*^ M.^ felices afios q nos dé bitoría y paz unibersal. En esta yn- 
pressa trabajo con todas mis fuerzas, con gran dolor de q sean 
tan flacas , y deseo ferbiente de dar la bida por la libertad y con 
8erba9Íon del pueblo de Dios; y si no considerara la gran miseri- 
cordia y entrañas de padre con q a cuidado de los suyos, desfa- 
lleciera en mi pena. La de V.*^ Mfi puede alibiar el q en la ley de 
naturaleza , en la escrita y la de gracia, sienpre a mirado el Al- 
tfssimo por su pueblo escogido, assistiéndole , patrocinándole y 
gobernándole con ostentossas marabillas, defendiéndole de sus 
enemigos con grandiosos milagros. 

Sienpre ésta nabedlla de la Iglessia a andado flutuando y nun- 
ca a dejado de estar conbatida de las fuertes olas de los enemigos 
erejes , q an pugnado contra ella a3rudados del ynfiemo ; y ccm 
parecer á los ojos umanos muchas heces se yba á fondo, nmica 
pereció. Y aunq el Altíssimo da lugar á que las abenidas fuertes 
la conbatan y persigan , la aflijan y rodeen las aguas de las tri- 
bulaciones, nunca su diestra dibina la desanpara, ni deja ; porq 
es el ojebto de su gusto, el archibo de sus tesoros, su pueblo 
querido, el balor de su sangre, el tesoro de su coracon; donde 
están los ynfinitos merecimientos de Christo iTrb S.°' y su misma 
Majestad sacramentado, su fe y todos los bienes de la Iglessia y 
ley santa. Y donde más perfectamente se oserba y estima este 
tesoro , es en su Monarquia de V.» MA Pues ¿á quién le conpete 
el guardar y conserbar á los profesores desta ley y fe s.^ sino á 
Dios ? ¿Quién sino su poder les defenderá, ni qué fuercas basta- 
rán 7 Con todo esto emos de recombenir á el Señor, y por causa 
tan de su agrado trabaja V.^ M.^, pues es cabega y S.^ destos rey- 
nos en lotenporal, y protector para defenderla en lo espiritual. 



— 41 — 

Ea, Señor mió, anímese y dilate V.* Mfi el ánimo para procurar 
los triunfos y bitorias de Dios ; y aseguro á V.* M.<* q quisiera 
tener en mi bida todas las de los mortales, por darlas por esta 
causa, y en mi ánimo el de todos los hombres para ayudar á 
V.» M.^: ya q esto no me es posible, suplico á los Santos Ánge- 
les y particularmente á S. Miguel q lo agan, q su potencia es 
sobre la de los enemigos. 

Eme consolado mucho q Tarragona y Tortossa estén tan pre- 
benidas, en q se lu^e su trabajo y desheló de V.* M.^ 

La segunda carta que escribí , fué con temor de q el enemigo 
cargaría y aria punta á la parte más flaca , y por esto supliqué á 
V.» MA q los pasos por donde podían entrar se fortaledessen ; q 
como ellos tienen espías á que se junta su crueldad, buscan lo 
más débil , y por esto en la milicia no solo se a de pelear con las 
annas, quando los dos ejércitos se carean, sino con los entendi- 
mientos y discursos, saliendo á el enquentro á los dissinios del 
enemigo, temiendo los mayores peligros para la prebencion y 
^tes q se manifiesten , y procurando su defenssa sin aguardar 
que los abisos lleguen. Siempre se a de estar malÍ9Íando del cue- 
lgo lo peor , porque no nos halle descuydados , fortificando lo 
^^ flaco, y de Dios se a de esperal lo mejor, y en las deligen9ias 
T^^uas a de aconpafiar la fe y esperanza en la dibina Providen- 
.^* -^ la Reyna dd gielo damo y la suplico nos anpare; ela ofi^- 
^ ^ebrar sus nuebe festibidades con la solenidad possible de 
'^^^Sfcioncs y misas, y en algunas se descubrirá el SS."<» SS.^ por 
^^^s^^^mjosL. Ella nos anpare, y prospere á V.* Mfi como deseo« 
^^^^ Xsi Con9e9Íon de Agreda Junio 26 de 1645. 

Sor María de Jesús. 



XXVI. 

Del Rey. 

^^^ ^'^^piéramos sacar firuto'de los trabajos que nos envia núes- z««o« 



tío ^==^Ci^or , los podíamos llamar fdiddades ; pero la flaqueza no ' ,^^ ,. 
tvoft ^^ja obrar lo que fuera conveniente. 



1 



— 42 — 

Pocos dias há os escríbi el estado en que nos hallábamos y os 
pedia que clamaseis á Dios por nuestro remedio; y ahora con la 
ocasión de enviar á D. Luis de Haro á Madrid á tratar algunas 
cosas convenientes á los socorros que han de venir de allí, me 
ha parecido escribiros estos renglones con él , pues pasa por ese 
lugar, y deciros que d estado en que nos hallamos es muy tra- 
bajoso , como él os dirá ' ; pues con el accidente que sucedió á 
mi ejército el 22 de este mes, en que perdimos mucha gente y 
muchos cabos, ha quedado todo con grande riesgo, si bien se 
trabajará lo posible por minorar los daños que nos amenazan 
cuanto se pudiere ^; en medio de estos cuidados me hallo oon 
una fe y firme esperanza de que nuestro Señor nos ha de defen- 
der; pues aunque nosotros le ofendemos mucho, es grande su 
misericordia y no ha de permitir que acabe de perderse una Mo* 
narqufa que tantos servicios le ha hecho siempre. Ahora es la 
hora, Sor María, de apretar con nuestro Señor; de mi parte se 
hará lo posible para aplacarle y en todo procuraré cumplir oon 
mi obligación. Decidme si os parece que debo hacer algo de par- 
ticular que agrade más á nuestro Señor , y orad continuamente 
porque nos oiga y mitigue su rigor. 

La respuesta de esta carta podrá venir por donde vienen las 
demás, pues Don Luis volverá por otro camino, según en- 
tiendo. 

Zaxzgotz 28 de Junio 1645. — Yo el Rey. 



1 Mucho dio que decir en Madrid eite viaje de D. Luis de Haro ; pero ptre* 
ce que de las varías misiones que trajera de Zaragoza, la que más hubo de tras- 
lucirse fué la de allegar algunos recursos con que aliviar los últimos descalabros 
por una á manera de derrama entre los que , habiendo tenido oficios de la Corte 
y enríquecídose en ellos, podían , por vía de restitución, remediar las escaseces 
del erario. Díjose que el Cardenal Borja hizo servicio de 200.000 ducados de 
plata, de 20.000 el Conde de Chinchón, y con estos y otros reconocimuntos iU ¡os 
adnuradoi (como entonces se llamaron á estos empréstitos restitutoríos ) llegó i 
juntar 400.000 ducados. (JdemoritU Histórico ^ t. xvm.) 

2 Tuvo lugar esta acción desgraciada en las cercan¿M de Llorens , y pelearon 
en ella el grueso del ejército enemigo con unos 1.400 infantes y 400 caballos es- 
pañoles : quedaron prisioneros del francés d Marqués de Mortara , el Maestre 
de campo D. Juan de Valenzuela y otros jefes y señores principales , muriendo 
de las heridas que allí recibió el Duque de Lorenzana. {Mtmorial Histérico^ 
t. XVIII ; Matías de Novoa , Historia d¿ Fei^ IV,) 



— 43 — 



XXVII. 



De Sor María. 



1 



Sefior: He dilatado el responder á V. M. por hacerlo más ^""^ J«uo 
despacio, y presentar primero al Todopoderoso los cuidados de 
V. M. y los aprietos en que nos hallamos. 

Señor mió : suplico á V. M. que no se contriste porque siente 
los trabajos que el Señor le envia, que golpes tan grandes fuerza 
es lastimen mucho á la naturaleza y que ella los reciba con vio- 
lencia ; porque le es natural repugnarlos y apetecer d descanso y 
gusto, y asi no hay culpa en la sensibilidad y sentimiento natu- 
ral, sino mérito, como la parte superior del alma esté rendida á 
la divina voluntad ; y aquella contienda que pasa entre las pa- 
siones sensitivas y la razón bien ordenada que desea aprovechar- 
se de las tribulaciones que el Señor le envia, los mayores santos 
la padecieron y San Pablo se lamentaba de ella; y cuanto ma- 
yor es este sentimiento y lo mismo la resignación, será más co- 
pioso y abundante el premio. Con esto, puede V. M. llamar feli- 
cidades á los trabajos y buena fortuna, pues es tener la que 
Cristo nuestro Señor eligió para sí; que su nacer, vivir y morir 
fué siempre en cruz. Job dijo; «que pues recibimos de la mano 
^ei Señor los bienes, ¿por qué no hemos de recibir los males?» 
y niás, cuando éstos se encaminan á mayor felicidad. 

Grandemente desea el afecto con que tanto estimo á V. M. que 

tanto padecer se logre y que no se le pierda á V. M., sino que lo 

atesore para donde son los premios eternos. Confieso á V. M. que 

'^^ ^aqueza es tan grande, que he sentido vivamente el ver tan 

^"'firido á V. M. y rodeado de penas, y el suceso de nuestro ejér- 

^ ^ y que de él falte gente tan lucida, por no advertir á librarse 

el Peligro; que quien no le teme perece en él; pues para sólo 

^°^PG<iir los designios del enemigo, no era necesario ponerse á 



— 44 — 

tan gran riesgo; pero ellos obran como hombres, y los secretos 
juicios del Señor son inexcrutables, y sus ejecuciones y permisio- 
nes con peso y medida, y nadie le puede decir que ha errado, 
porque su sabiduría es infinita, y más siendo Padre de mberí- 
cordia; que el azote no es para destruir, sino para avisar y des- 
pertar. Deseo que queden advertidos los del ejército, y que no 
desmayen por verse disminuidos, pues con pocos puede el Señor 
hacer mucho. 

V. M. se aliente en fe y esperanza que me dice tiene, pues 
éstas dos virtudes, ejercitadas en los mayores aprietos, son más 
loables ; y esperar en la Providencia divina contra la esperanza 
de los medios humanos, es la mayor fineza y de mayor exalta- 
ción del nombre de Dios. Ante su acatamiento divino me postro 
muchas veces, suplicándole que nos guarde y defienda, y que 
nos libre de los peligros que por tener poca gente nos pueden 
sobrevenir. V. M. mande que salga toda la posible y que se 
aumente el ejército ; que hay mucho tiempo de campaña este 
año para que obre el enemigo, y la brevedad en detener es gran- 
de providencia; y para los naturales de ese reino de Aragón será 
darles ánimo el conocer se hacen diligencias apresuradas, y á 
vista de ellas y de empeños tan forzosos, necesariamente han de 
acudir con esfuerzo y gusto á esta causa. Y pues lo es tan de to- 
dos, lo mismo debían hacer los reinos de Castilla, sin regatear 
medio ni diligencia, aunque sea con riesgo suyo; y más cuando 
V. M., dando á todos sus vasallos ejemplo, está padeciendo tan- 
tas descomodidades siempre. 

Persevero en presentar al Altísimo lo que le puede obligar á 
perdonarnos y le ofrezco la enmienda de los vicios generales, y 
le suplico que no nos castigue; y como son promesas de volun- 
tades ajenas , me parece me redarguye el Señor con que no se lo 
cumplirán , y yo le respondo que V. M. ayudará á este desempe- 
ño, y que todos procuraremos la enmienda general : y como me 
veo y considero la menor esclava en la casa del Señor, me aco- 
bardo en empresa tan grande, y suplico á la Reina del cielo me 
ayude y que nos desenoje al Señor,' que es bien menester, porque 
está muy irritado : hágalo como puede. 



— 45 — 

A V. M. suplico que lo que fuere enfadoso y molesto en mis 
cartas, me lo reprenda y advierta para que me enmiende. Pros- 
pere el Altísimo á V. M. felices años. 

En la Concepción Descalza de Agreda á i.® de Julio de 1645. 
— Sierva de V. M.— Sor María de Jesús. 



XXVIII. 



Del Rey '. 



No tan solamente no me son molestas vras cartas , pero os zamgoa 
asseguro que me alivian y alientan mucho en medio de los cuyda- * ^ J»"» 
dos en q me hallo. Harto quisiera saber executar lo q me decis 
en ellas y ofrecer verdaderamente á iTm Señor los trabajos q me 
da, para sacar el fruto dellos q desseo conseguir ; y aunq lo pro- 
curo temo q no le alcanzo, ques grande mi ñaqueza. Encargóos q 
me ayudéis, y encomendéis á lífb Señor y á su Madre santíssi- 
ma, para q memueban mi corazón y fragilidad á ofrecerles ver- 
daderamente estos aprietos , y encaminar mis passos y acciones á 
lo q fuere mayor servicio suyo ; para aplacar su justa ira y poder 
esperar de su misericordia q se a de doler de nosotros y mitigar 
el rigor con q aora nos castiga. Sabe su divina M.^ q desseo cun- 
plir con mi obligación y q, sino lo hago, será por falta de enten- 
dimiento, pero de voluntad no. 

Todas las deligencias posibles se hacen para aumentar el exér- 
cito, y de Castilla se acude á esto con todo cuydado, y sin duda 
aquel reyno da exenplo á los demás en todas estas assistencias. 
También éste de Aragón se esfuerza a servirme, aunq camina á 
más lento passo de lo q piden los aprietos presentes; y como 
tienen diferentes fueros y leyes no es fácil hacerles andar apriessa, 

I Autógrafo del Convento de Agreda. 



-46- 

pero se hace lo q se puede y creo q juntaremos gente conside- 
rable, pero no a de poder ser con la celeridad q pide la ocasión, 
porq el enemigo está junto y obrando, y ñra gente, aunq parte 
della viene marchando, la mas no a salido aún, conq es fuerza 
temer mucho los sucesos de este tienpo que tardare en juntarse 
toda , si Dios iirb Señor no nos acude con su misericordia , como 
espero lo ha de hacer ; pues fuera ñiá última perdición si con los 
sucesos passados tuviéramos otros adversos; pero en todo estaré 
siempre conforme con su santa voluntad , creyendo firmemente 
q lo q dispone su providencia es lo mejor. 

Del exército iTTo no tenemos avissos porq el del enemigo se 
a metido en medio del y de nosotros, conq es difícil la corres- 
pondencia, ni pueden pasar á él las ayudas y socorros q enbio, 
sino mudan de cara las cossas, con lo cual estamos siempre en 
un perpetuo cuydado, no sabiendo lo q pasa y viendo tan empe- 
ñado ñfb exército; pero como á Dios le es tan fácil librarle y 
sacarnos bien destos aprietos, estoy con entera fe y cierta espe- 
ranza q se a de doler de nosotros. Agradezcoos lo q trabajáis porq 
esto sea assi y os encargo lo continuéis hasta q ñrb Señor se 
ablande, q yo os ayudaré á cumplirle la palabra q le disteis de 
la enmienda universal de pecados ; y si se os ofírece algún medio 
oportuno para q esto se consiga con brevedad y estubiere en mi 
mano, me lo advertiréis para q luego lo ejecute. También os 
encargo encomendéis á ñro Señor la venida de la flota q aguar- 
damos por oras, pues si (lo q no permita) se dilatasse ó padeciese 
algún naufragio, quedaríamos destruydos por estar fundadas en 
el caudal q trae, todas las provisiones de fuera y dentro de Espa- 
ña. Pedid también á ñra Señora me ayude , pues por su interce- 
sión espero hemos de tener buena salida de estos aprietos. 

De Zaragoza á 8 de Julio de 1645. — Yo el Rey. 



— 47 — 



XXIX. 

De Sor María '. 

Señor : El mejor fruto q una alma puede cojer en este baile de 17 de jnito 
lágrimas es el de los trabajos y aflicciones, pues son de mayor es- '^^^' 
tima q todos los regalos y delicias terrenas ; porq en el padecer 
por Dios no se halla q ninguno se perdiesse , y la prosperidad y 
regalo á muchos a destruydo y arrojado á lo profundo de su per- 
dición y condenación eterna ; porq lífa naturaleza es de condi- 
ción, iq ssi no es con el lastre de la tribulación no camina segura, 
y sin ser prensada no da fruto. Y aunq el padecer es tan áspero 
y amargo para abrazarle, en él está librada ñfa felicidad y ma- 
yor dicha , y fué finesa del amor divino depossitarnos los bienes 
y descansos eternos en trabajos q se an de acabar, y en esta vida , 
siendo tan yncostante y peligrossa q en ella ninguno puede decir 
está justificado. El Señor en su Evangelio canoniza al q padece 
por la justicia y le dice bienaventurado; al contrario de los profe- 
sores de la banidad, q en sus gustos y delicias temporales están 
encerrados, y binculados los tormentos q an de durar para siem- 
pre, por gustos brebes q no satisfacen. Pues, Señor mió, alégrese 
V.» M.^ con padecer por la justicia y por defender su Iglesia 
santa, la cual fundó Cristo ñro Señor en berdad y pureza de fee; 
y ésta, a donde con mas fíne9a se obra y cree, es en su Monarquía 
de V.» M.**; pues defendiéndola y padeciendo por esta justicia, será 
bienaventurado. Y crea V.» M.** q el Altísimo á quien ama corrije 
y afiije, y el padecer tribulaciones con paciencia y igualdad, es 
señal de predestinación y la mayor fíne9a de amor; y cuando 
el Señor más aprieta y aflige, confessarle, amarle y llamar, espe- 
rando de su liberal mano el remedio. Señor, dilate V.» M.** el 
ánimo y crea q es de mayor valor lo q puede merecer V.» MA en 

X Autógrafo del Convento de Agreda. 



-4» - 

un dia de los q padece con paciencia q todos sus reynos, pues un 
solo grado de gracia y merecimiento con Dios , es de mayor esti- 
mación q todo lo criado natural; y assi, cuando aflige Diosa 
V.* M.**, no le juzgue sebero juez, sino también amorosso padre, 
q con tanto padecer querrá asegurar á V.* M.^ su buena suerte. 
Yo con mi pobreza ayudaré á esta caussa, suplicando al Todo- 
poderoso logre estos trabajos V.* M.<*, y en la biba compasión q 
me acen solo este consuelo puedo aliar, q redunden en bien de 
quien tanto estimo. 

Ya beo lo mucho q V.* M.<^ trabaja, de q estoy cuydadossisima, 
y creo la fidelidad del reyno de Castilla; de el de Aragón emos 
de estimar cualquier cossa q agan , y V.* M.^ anda acertadísimo 
en conserbarles sus fueros y acariciarlos porq los emos menester, 
y su fidelidad será de grande ynportancia. Ame puesto en cuyda- 
do y nuebo dolor el aprieto y enpeño de lífb ejercito, y clamo á 
Dios eterno porq los assista, gobierne, encamine y libre de mal: 
mi sangre diera por esto, y no tengo olbidada la venida de la 
flota, q a algunos dias q se ace oración en la comunidad por su 
buen ssuceso. £1 Altísimo la libre por su bondad. 

Obligada y conpelida de la caussa de Dios y bien común y 
de q V.^ M.^ se umana tanto con esta su menor sierba, man- 
dándome q encomiende á Dios estas caussas, y de ber lo mucho 
q V.* M.<* padece ; por todo esto me e estrechado con el Señor más 
estos dias, postrándome á sus pies y diciéndole no me abia de 
lebantar de ellos asta q nos mirasse con ojos de padre piadoso y 
nos librase de la opression q padecemos; y de lo q me a pasado en 
esto a nacido en mi desseo de preguntar á V.^ M.^ si ay algunas 
esperan9as, aunq remotas, para poder tratar de paces entre las 
dos Coronas ; porq en estas guerras e descubierto algún dessigrado 
del Señor, no en q aora nos defendamos, q esto es preciso y obliga- 
torio, sino en sus principios; y aunq escribo esto con algún en- 
cojimiento, fiada de q en su piedad de V.^ M.^ aliará mi ossadia 
perdón, e determinado proponerlo y pedir licencia para declarar 
más lo q me a pasado en esto. El Altísimo prospere á V.» M.<*, 
como deseo. 

Julio 17, 1645.— Sierba de V.» M.«^ — Sor María de Jesús. 



— 49 ^ 



XXX. 

Del Rey. 

Si el fruto de los trabajos es como me decis, puedo tenerme Zaragoza 
por muy dichoso padeciéndolos y quisiera saberlos ofrecer á núes- '° ,5^5" *° 
tro Señor como se debe, si bien mi flaqueza temo me lo impide. 
Los que yo padezco los llevo bien, y con aliento, pues todos 
son más benignos castigos de lo que merezco; pero el ver padecer 
tantos pobres y tantos inocentes con estas inquietudes y guerras 
(lo cual es imposible que deje de ser mientras durare) me atra- 
viesa el corazón , y si con mi sangre lo pudiera remediar, la em- 
pleara de bonísima gana en ello. Fio de la misericordia de nues- 
tro Señor que se ha de doler de todos y mitigar sus justos casti- 
gos; que aunque no lo merecemos, es grande su misericordia. 

Mucho os agradezco todo lo que me decis y lo mucho que 
me encomendáis á Dios , y lo que me ayudáis con vuestras ora- 
ciones, para que tengan buen suceso estas cosas presentes; y os 
vuelvo á pedir lo continuéis con aprieto, pues cada dia parece 
nos hallamos en mayores, y está mi exército empeñado en Bala- 
guer, y tan cercado de el del enemigo, que, si Dios no nos ayuda 
y le libra, ha de tener mala salida ; y aunque se harán las dili- 
gencias posibles para obrar lo conveniente y encaminado á este 
fin , como el principal remedio ha de venir de la mano de nues- 
tro Señor, acudo á vos para que me ayudéis á pedirle nos saque 
bien de este empeño y libre mis armas, pues si aquellas tropas 
se perdiesen, quedaría este reyno de Aragón expuesto á la vo- 
luntad del enemigo, y consiguientemente los demás de esta Mo- 
narquía. También os encargo supliquéis á nuestra Señora nos 
ayude con su santa intervención , pues es tan poderosa con su 
Hijo santísimo; y yo, aunque malo, procuro tener el nombre de 
su devoto y deseo servirla y agradarla. 

En lo que toca al punto que me preguntáis, os puedo decir que 
entre esta Corona y la de Francia solas, no se ha hablado en ajus- 



— so — 

tamiento, porque yo sin el Emperador no puedo tratar con Fran- 
cia, ni tampoco el Emperador (si hace lo que debe) sin mí, por la 
unión de parentesco y obligaciones que hay entre los dos. Entre 
las tres Coronas, hemos deseado siempre ajustar la paz el Empe- 
rador y yo, juzgando que habia de ser imposible si intervenían 
todos los aliados llegar al ajustamiento último, por la diversidad 
de intereses que hay entre ellos; pero Francia nunca ha arrostrado 
á esto, ni ha sido posible dar oídos al ajustamiento particular de 
las tres Coronas, sino lo remite todo para el Congreso Universal, 
que está junto en Munster, donde á mi parecer, sí Dios no obra 
algún milagro, no será fácil ajustamos jamás; pero si las tres Co- 
ronas nos ajustáramos una vez, pudiéramos después con mayor 
facilidad reducir á nuestros aliados á que viniesen á la razón. 

En lo que toca al rompimiento de esta última guerra, que fué 
el año de 1635, no me hallo con escrúpulo de haber sido causa de 
él; pues, aun sin notificármela el Rey de Francia (como suele ser 
costumbre) me la rompió entrando en Flandes con grandes fuer- 
zas , uniéndose con aquellos rebeldes y herejes contra mi , y des- 
de entonces hasta hoy siempre lo ha continuado. Las guerras de 
antes, que se movieron en Italia sobre Casal de Monferrato, he 
oído hablar que se pudieran haber excusado; y aunque siem- 
pre he seguido la opinión de mis ministros en materias tan gra- 
ves, si en algo he errado, y dado causa para menos agrado de 
nuestro Sefior, ha sido en esto. Ahora tengo en Munster mis 
Ministros, con órdenes sobre el ajustamiento de la paz ; y deseó- 
la tanto, que, aunque sea perdiendo algo, vendré en ella, por evi- 
tar los daños y ofensas de nuestro Señor que la guerra trae con- 
sigo ; y si mi vida fuera necesaria para conseguir la quietud de la 
Cristiandad, la sacrificaría de muy buena gana por ello. 

Vos podéis con toda seguridad decirme lo que os permitieren, 
que lo que vos me dijeredes que quede en mi pecho, os aseguro 
no lo sabrá la tierra. 

El libro acabaré de leer en estos seis ú ocho días ; y así os en- 
cargo me enviéis la última parte , porque es grande el gusto con 
que leo esta historia. 

De Zaragoza á 20 de Julio de 1645. — Yo el Rey. 



— SI — 



XXXI. 



De Sor María. 



Señor : El Reverendísimo General de nuestra sagrada Reli- '5 de J«ho 

** 1645. 

gion pasa por este convento; díceme vá á besar la mano á 
V. M. Heme consolado sumamente de haberle visto, por ser su- 
cesor de nuestro Padre San Francisco, y por el gran celo que 
descubre del bien de nuestra orden y perfección de ella; si lo 
consiguiese , sin duda seria de grande utilidad y provecho para 
ayudar á la Iglesia santa en los trabajos que la rodean, y colum- 
na fuertísima para sustentarla. Para todo importará mucho que 
el Reverendísimo tenga el amparo y protección de V. M. , y lo 
merece su afecto, porque es fidelísimo vasallo, y estimador de 
V. M. y de sus reinos y deseoso de sus victorias; y porque el Al- 
tísimo nos las conceda y la vida y salud de V. M., nos ha orde- 
nado con apretadas obediencias que, sin atender á otra cosa, nos 
convirtamos al Altísimo y clamemos con todas veras y muchas 
oraciones y ejercicios y se descubra el Santísimo Sacramento. 
Doy este aviso á V. M. , por lograr la ocasión de tan buen men- 
sajero, porque sepa V. M., que tiene tantos soldados que ayuden 
á su ejército con las manos altas como Moisés, cuantos hijos tie- 
ne nuestro Padre San Francisco; pues por toda la Religión ha 
enviado nuestro Generalísimo esta orden. No me olvido de lo 
que tengo ofrecido. Prospere Dios á V. M. 

En la Concepción Descalza de Agreda á 25 de Julio de 1645. 
— Sierva de V. M. — Sor María de Jesús. 



— 52 — 



XXXII. 
De Sor María. 

1645^***° Señor : No puede ser sin fruto la paciencia verdadera en el 
castigo que nos envia Dios como Padre amoroso por nuestras 
culpas, y será verdadera si con humildad lloramos lo pasado y 
enmendamos lo futuro. Este intento de V. M. y sus buenos de- 
seos represento continuamente al Altísimo y los infinitos mere- 
cimientos de Jesucristo nuestro Sr. y su Madre purísima; y le 
ofrezco el católico celo de V. M. por la exaltación de la santa fe 
y gloría de María santísima, y los propósitos de reformar los vi- 
cios de esta Monarquia, dejándonos respirar para ejecutar su di- 
vina voluntad ; y aunque puedo ayudar tan poco á esta obra, 
con todo eso, el amor de hija y fidelidad de sierva de la santa 
Iglesia , y lo mucho que estimo y quiero á V. M. con otras razo- 
nes , han vencido mi encogimiento y obligándome á ir contra mi 
natural para escríbir el cuadernillo que irá con ésta, en que de- 
claro á V. M. algo de lo que este año me ha sucedido, clamando 
y pidiendo al Altísimo por su misericordia. Fiólo de su Real pe- 
cho de V. M. y haré lo mismo de lo que sobre esta causa se me 
manifestare según la dignación divina, y no tengo ánimo de 
ocultarlo conociendo el amor con que mira el Altísimo á V. M. 
y á estos reinos, y la ignorancia de esta verdad, que el demonio 
ha introducido en ellos, para que ni los castigos nos detengan ni 
los beneficios nos obliguen ; pero me consolaré mucho que V. M. 
conozca lo que ignoran los demás y que comience el bien desde 
la cabeza, recibiendo la luz para comunicarla á todos. 

Ahora sólo suplico á V. M. mande poner con efecto algún re- 
medio en los daños que se hacen en las levas de soldados, por la 
codicia délos cabos, de que Dios se ofende mucho; porque todo 
se carga en la sangre de los pobres, quedando ellos perdidos y 



— 53 — 

V. M. no servido y sus ejércitos menos socorridos; pues disponen 
que muchos soldados no lleguen á ellos, y que otros no salgan, 
rescatándolos con dinero para apropiárselo á sí. 

£1 año pasado nos concedió el Señor á Lérida y las victorias 
que sus armas de V. M. tuvieron : ahora clamamos en esta Co- 
munidad porque no se malogre aquel beneficio , en fe de que lo 
agradeceremos de corazón , atribuyéndole la gloria á su poder 
divino. 

De los intentos de la paz y de los medios con que se puede 
tratar quedo más capaz, y V. M. verá en ese papel el motivo que 
tuve de preguntarlos. Fácil es al poder de Dios encaminarla 
sino la desmerecemos; pues aunque somos malos hijos, siempre 
nos anteponemos á los esclavos que no los han menester, mas 
que para nuestro castigo; ni hoy los ha escogido el Señor para 
dilatar su fe y Evangelio, como á V. M. y al Imperio, para que le 
asistan en esta empresa; y si ella sola es de la voluntad de Dios, 
razón es que V. M., Señor mió, ponga todo su esfuerzo en este 
glorioso fin y que le emprenda con toda confianza, y enderece 
V. M. desde luego á la guerra defensiva que hace ; que si bien es 
justa por esta parte, serálo mucho más por el intento principal y 
último de dilatar por el mundo la gloria de Cristo nuestro Señor 
y su santísima Madre. 

Para la tercera parte de su divina historia, suplico á V. M. me 
dé un poco de tiempo, porque no está copiada con las ocupacio- 
nes y ausencias de mi confesor. Luego se pondrá mano en ella 
sin dqarla, y espero que será para V. M. de tanto consuelo como 
las que ha leido, por que lo último de la vida santísima de la 
Reyna del cielo fué otro nuevo milagro del poder de Dios y me- 
nos conocido del mundo : todo sea para su gloria y honra. 

Suplico á V. M. perdone á esta su pobre sierva, que, aunque 
mi deseo es de aliviar á V. M. y de no cansarle, temo lo hago, y 
el ser el cuadernillo de mi letra ayudará á ello ; pero por ser ma- 
terias tan ocultas, que es bien celarlas de todos, no le han tras- 
ladado de mejor letra ; aunque lo que en el va lo sabia mi confe- 
sor, que ha muchos años que lo iba comunicando con él, y por 
escribirlo no he enviado antes esta carta, ni la ha llevado Don 



— S4 — 

Luis, porque no estaba acabada, que pasó por aquí y me dio nue- 
vas de V. M. y de que le habia ido bien en su viaje ' . Me he con- 
solado porque tenga V. M. algún alivio. £1 Altísimo se le dé y 
prospere á V. M. 

En la Concepción Descalza de Agreda i.° de Agosto de 1645. 
— Sierva de V. M. , Sor María de Jesús. 



XXXIII. 



Del Rey^ 



zuacosa Estos dias he recibido tres cartas vras. de 25 y 27 del passado 

7 de Agosto ^ J I r 

1645. y de I deste, y aunq he desseado responderos antes, no me 
a ssido posible por los enbarazos y despachos q continuamente se 
ofirecen. Al General vi, y ya yo conoda este sugeto y le tenia 
por muy apropósito para el cargo q le dio Dios y su Religión. En 
la primer audiencia q tubo conmigo, no pudimos hablar en ma- 
terias individuales de la Religión, porQ fué breve; pero un dia 
destos bolverá á estar con migo , y le encargaré con toda preds- 
sion el cuydado con esta sagrada Religión y la reformación della, 
pues espero q a de ser gran parte (si esto se pone como es justo) 
para q ñfb. Señor nos ayude y mas siendo yo tan devoto de San 
Francisco : también nos ayudará mucho la orden q a dado en 
toda la Religión para las oraciones q an de hacer en estas oca- 
siones, en q tanto necesitamos del auxilio divino para salir de 
los aprietos en q nos hallamos. 

Después de mi última carta, están en el mismo estado las cos- 
sas de la guerra, y el aprieto de mi exercito crece cada dia, pues 
se van consumiendo los bastimentos y la gente enfermando y 

1 DuraDte la estancia de D. Luis en la Corte, murió el Conde-Duque en 
Toro, en 22 de Julio, al que heredó como inmediato en sus vínculos y mayoraz- 
gos siendo su sobrino. 

2 Autógrafo de la Biblioteca del Real Palacio. 



— 55 - 

devilitándose , si bien para acudir al remedio se an juntado nue- 
bas tropas y buen pedazo de comida para procurar, aunq sea con 
riesgo , socorrer al exército y sacarle del aprieto en q se halla. Este 
lance creo q se executará en estos quatro ó cinco dias; y como va 
en él el todo desta canpafia y de la conservación de lo q se ganó 
el año passado, os pido con todo encarecimiento apretéis aora 
(q es la ocasión) con ñrb Señor, para q nos favorezca y saque 
bien deste enpeño ; q aunq yo fio de su misericordia no a de 
permitir q acave de perderse esta Monarquía, temo tanto lo q le 
he ofifendido y offendo, q acudo á vos para que me ayudéis á su- 
plicarle esto y tanbien á su bendita Madre para q enplee su in- 
tercession en ilrb favor , pues save q desseo ser su esclavo verda- 
dero y q sienpre (aunq indigno) he sido su devoto. 

E visto el quadernillo q me enbiastes con toda atención y os 
confiesso q me ha dejado con vivo sentimiento juzgar quan ofifen- 
dido se halla ñrb Señor y q esto syz sido en tienpo q los q le 
ofifenden sean mis vasallos ^ Bien veoq justisimamente nos casti- 
ga, pues somos tan ingratos; pero bien save su Divina M.^ q sien- 
pre he desseado q se eviten sus ofTenssas, particularmente de algún 
tienpo á esta parte, y aora lo desseo con vivo ardor y he ordena- 
do á quantos ministros tengo q velen sobre esto y lo executen con 
todo cuydado ; y os o£Erezco q de mi parte haré quanto me fuere 
posible para q esto se consiga; y si ñrb Señor permitiesse q tuvies- 
sernos un poco de quietud, se executaría esto con más facilidad. 

Todas las órdenes necessarias tengo dadas para q se camine en 

I De este papel se conserya , en el Convento de Agreda, copia autógrafft de 
la V. Madre bajo el epígrafe de « Respuesta que el Sefior dio á una alma^upli- 
» cindole librase á esta Corona de Espafia de las calamidades de las guenas , la 
»cual , escrita en un cuadernillo, se la envié al Rey nuestro Sefior. » Contiene 
excitaciones piadosas á la contrición y al arrepentimiento por los pecados públi- 
cos y particulares, encareciendo los dafios que á los vasallos y pobres se ocasio- 
nan con las guerras ; siendo digno de notar el interés que muestra por que se 
atienda á las necesidades de Catalufia , que fueron siempre objeto de especial 
preocupación para el espíritu advertido y previsor de la V. Madre. — No nos ha 
parecido debia figurar este documento en los Apéndices , porque su interés his- 
tórico es escaso y su sentido y alcance se roza más especialmente con la vida es- 
piritual de la religiosa, y es más propio de las publicaciones de sus escritos pura- 
mente místicos ó de los juicios y relaciones que atafien á sus virtudes y dones 
espirituales. 



-56- 

el ajustamiento de una paz ó suspensión de armas q conduzca i 
ella , y por mi ni mis ministros no se dejará de ajustar aunq sea 
menester ceder en algo ; q por el bien común no reusaré perder 
parte de lo q me toca. Apretad con úfb Señor para q ponga á 
todos en el corazón q nos ajustemos y depongamos ' nuestras 
discordias, y tratemos de unimos para defensa de la Cristiandad, 
que empieza ahora á ser invadida del Turco con gran fuerza '. 
Por otra parte me ha alentado vuestro cuadernillo, pues parece 
que en fin Dios como padre piadosso quiere que le desenojemos 
para favorecemos, y que nos reconoce por los mejores hijos que 
tiene en el rebaño de su Iglesia ; y así fio de su misericordia que 
nos ha de tratar como padre, castigándonos pero no destmyén- 
donos. 

Lo que apuntáis del daño que hacen los comisarios en los sol- 
dados que levantan , es cosa que me atraviesa el corazón y me 
quita muchas horas de sueño : actualmente cuando recibí vues- 
tra carta estaba tratando del remedio, y le procuraré poner con 
todo esfuerzo, pues veo lo que padecen los pobres y el poco fruto 
que mi servicio viene á lograr, que apenas llega gente á mis 
ejércitos y la que viene es la peor y más inútil de la República. 

Mucho siento que no me podáis enviar tan presto la tercera 
parte de la vida de nuestra Señora, porque he leido las dos an- 
tecedentes con gran gusto y ternura ; en pudiendo me la envia- 
reis. Encargóos que continuéis en vuestras peticiones por nos- 
otros á nuestro Señor, y enviarme lo que se os permitiere, por- 
que me es de gran alivio ver lo que obráis por mí y por estos 
reinos. Decid á vuestro confesor que me he holgado con su carta 
y que le agradezco todo lo que me dice en ella. 

De Zaragoza á 7 de Agosto 1645.— Yo el Rey. 



I Hasto aquí el autógrafo de la Biblioteca del Real Palacio ; lo que sigue, del 
maniucríto que existe en el Convento de Agreda. 

3 £1 Turco habia atacado la isla de Candia, perteneoiente i la República 
Veneciana, tomando después el puerto de Canea, por lo que los venecianos pro- 
curaban con gran diligencia la paz ó suspensión de armas entre Espafia y Fran- 
cia, para ser socorrida de ambos reyes. (Jífimoriai Histórico^ t. xvm.) 



57 - 



XXXIV. 

Del Rey. 

Después q os escriví ayer, he recivido avisso como placien- g^^^J^^ 
do á Dios se intentará el meter socorro á mi exército, Q está 1645. 
en Valaguer ; el dia de San Lorenzo, al anochecer, digo, se enpe- 
zará á marchar, y el dia siguiente desde el amanecer hasta medio 
dia será quando se pelee y quando el enemigo nos lo quiera in- 
pedir. Ame parecido avissároslo luego, para Q á esta ora y los 
dias siguientes hasta el dia de lita Sefiora (por si acasso algún 
accidente detiene esta facción) hagáis oración particular pidiendo 
á ñfb Señor nos favorezca y saque bien deste lanze, de q depende 
mucho, como lo espero de su infinita misericordia. Anoche tube 
avisso de Flandes de q se avia perdido un puerto de inportan- 
cia ', y de q aquello queda va en aprieto grande; tanbien me 
avissan de Munster (ques el lugar en q se trata la paz), q los mi- 
nistros del rey de Francia están tan sobervios y proponen tales 
cossas, q tácitamente viene á ser la negativa á la conclusión de 
la paz ó de una suspensión de armas; todo esto me tiene con 
gran cuydado, pues veo q, si Dios iTro Señor no obra con su sumo 
poder, la Christiandad irá á pique, y los hijos más fieles q tiene 
nos perderemos. He os lo querido avissar , para q representéis 
^tos apuros á ñfb Señor y á su Madre santíssima y les supliquéis 
con todo esfuerzo q se duela de nosotros, y buelvan con sus ojos 
de misericordia á miramos ; pues los medios umanos ya no bas- 
tan si su M.^ no aplica los divinos ; pero en todo me conformaré 
sienpre con su santa voluntad. 

De Zaragoza á 8 de Agosto 1645.— Yo el Rey. 

1 Autógrafo de la Biblioteca del Real Palacio. 

2 El Duque de Orleans , que mandaba las tropas francesas en Flándes, em- 
pezó el sitio de Mardic el 20 de Junio y el 10 de Julio se rindió el fuerte, mar- 
chando la guarnición española á Dunquerque. 

5 



- S8 



XXXV. 

De Sor María '. 

10 de Agosto Señor: Esta última carta a llegado primero q la q V.^ M.^ me 
'^^^* dice a escrito. Responderé en recibiéndola; y todas las de V.* M.** 
leo con grande ternura y lastimossa conpassion, hiendo lo q 
V.^ M.^ padece, quan rodeado está de cuydados y tribulacio- 
nes q le conbaten. Señor mió, suplico á V.' M.^ se anime y di- 
late, y crea q tan bibos trabajos serán prendas de amor del 
Señor y esperanzas de su gloria, aunq padezca V.* M.^ en éste 
baile de lágrimas y mar tempestuoso ; conbates tolerables son 
como estos tormentos arrojen á V.* M.^ á el puerto seguro de la 
salbacion, para cojer el fruto q con lágrimas senbró, y lle- 
gar á la possesion del descanso eterno , dónde no ay angustia, 
dolor, llanto ni clamor. Este es mi mayor cuydado y desbelo; y 
es cierto, Señor mió, q trabajo por su salbacion de V.* M.<* 
como por la mia, deseando q tan felizmente se logren sus traba- 
jos de V.* M.*^, q siendo ellos tan grandes y estimando yo tanto 
á V.^ M.^j no me puedo consolar sino en la considerazion de q 
se han de premiar con gloría eterna. 

Quedo con grande cuydado y pena de el socorro de la pla^a de 
Balaguer , y desde oy dia de S. Lorenzo asta el de ñni Señora y 
todos los demás q la campaña durare, trabajaré fielmente con 
toda la Comunidad : añadiremos ejercicios y oraciones particula- 
res : el Todopoderoso, por su grande bondad y misericordia, nos 
mire con ojos de padre piadosso y libre á ñfb ejército, le encami- 
ne y le dé acierto; á la Reyna del cielo pondremos por )mter- 
cessora como tan poderossa. 

Ame lastimado el corazón el puerto de ymportancia q se 
a perdido en Flandes, q aquello esté tan apretado y q los mi- 
nistros del rey de Francia estén tan soberbios y poco ajustados 

Z Autógrafo de la Biblioteca del Real Palacio. 



á las paces ó suspensión de annas, q á ellos y á nosotros nos es- 
taba bien : Dios los humille y rinda y desbanezca sus torcidos 
3mtentos por su bondad, para q todos consigamos reposo y el 
cumplimiento de la bolüntad dibina, q prospere á V.^ M.^ felices 
años. 

En la ConQedon Descalca de Agreda Agosto lo de 1645. — 
Sierba fiel de V * M .*— Sor Marfa de Jesús. 



XXXVI. 

De Sor María >. 

Señor : Temerossa estoy q con tanta frequencia de cartas como '4 do Agosto 
escribo canssan á V.^ M.^, quando solo desseo alibiarle. Las dos 
últimas de V.* M.<^ me an puesto en gran cuidado y continuo 
desbelo , considerando y pessando el enpeño y peligro en q está 
su ejército de V.» M.^ por el socorro de Balaguer , y lo mucho q 
se abentura en el malo ó bueno sucesso; y el ber q pende de la 
dibina Probidencia (q todo lo está mirando, cuyos hijos somos 
y echuras de sus manos) me deja respirar, pues en todas sus 
obras procede con equidad y justicia y no puede errar en ellas, 
y si nos aflije y contrista, será para sacar otros mayores bie- 
nes de nosotros y q los consigamos quando fuere su ss.<°^ bo- 
lüntad. 

Yo e trabajado estos dias con todas mis fuer(as y derramado 
muchas lágrimas por esta causa ; y en ossequio de sus órdenes y 
obediencia de V.^ M.^ e clamado á el Todopoderosso , y temo q 
mis muchos pecados y el ser tan mala detiene la misericordia 
de Dios tanto; y esto me atormenta y ace padecer mucho, y q su 
piedad de V.^ M.^ se frustra y malogra en acudir á quien es tan 
pobre como yo, q solo tengo un ardiente desseo de q se cunpla la 
bolüntad de Dios en nossotros, q es de padre amorosso, y q no 
le ynpidamos por ñfbs pecados, pues su ynclinacion á &bore9er- 

X Autógrafo de la Biblioteca del Real Palacio. 



— 6o — 

nos y remediarnos es más natural q bajar la piedra á su ^entro 
y subir el fuego á su exfera y quemar, sino q ñra yngratitud le 
detiene y ma )mdispussÍ9¡on le biolenta á no damos lo q neges- 
sitamos, y muero desseando q acertassemos á desenojarle y á 
obligarle. Estas son mis anssias y toda mi ocupa9Íon, y me con- 
suelo q las oraciones de la Religión nos a3niden y q el Jeneral 
como Prelado las solÍ9Íte. Debido es todo ásu piedad y debocion 
de V.» M.d, y la q me dice tiene á el Santo seráfico Fran ~ me 
alegra, porq es buen amigo en las tribula9Íones. Arto le suplico 
nos ayude en las pressentes y q interceda con el Altíssimo, para 
q nos mire como padre piadosso, y á la Virgen SS.°* como ber- 
dadero anparo nuestro. 

Quedo aguardando el su9esso del ejército con la pena q V.* M.* 
puede conssiderar. Tanbien me la a dado q mi cuadernillo a3ra 
aflijido el cora9on de V.» M.*^ ; mi ynten9Íon no es sino de ali- 
biarle y dilatarle, aunq fuera deramando mi ssangre, y temien- 
do q pudiera acer el efecto contrario ressistí muchas beces á el 
ynpulsso de ynbiarle á V.* M.** ; pero lo yce por ssi pudiera ser- 
bir de algún alibio y conocimiento en los peligros pressentes: 
los buenos desseos q V.^ M.^ tiene de q el Señor no sea ofendido 
y de la reformación jeneral recibirá Dios, y quanto más V.* M.^ 
se encendiere en ellos y enpeñare por la caussa de su serbido, 
tanto más correrá por quenta del Altíssimo V.* M.*^ y sus reynos, 
y si á el Todopoderosso tenemos obligado y propicio ¿q poten- 
cia umana podrá ser contra nosotros ? 

Tanbien trabajaré con mi pobre9a suplicando á el Altíssimo 
disponga los ánimos de todos los Príncipes christianos q an de 
ajustar las materias de las pa9es ó suspensión de armas ; y me 
alienta mucho q V.* M.^ esté deste parecer , q Dios es tan bue- 
no q recibe el desseo quando no sse puede llegar á la ejecución, 
y suplico á V.' M,^ no pierda punto con esto, pues lo q fuere 
V.^ M.^ de prodigo dejando ynteresses por la paz, se los dará 
Dios por otros caminos. Yo desseo grandemente para conseguir- 
la, q el Señor umille ' á los contrarios y los rinda para que 

I Hasta aquí el autógrafo de la Biblioteca del Real Palacio ; lo que sigue, del 
manuscrito que existe en el Convento de Agreda. 



— 6i -^ 

se ajusten á ella, pues fio de V. M. que aunque se viera victorio- 
so de ellos, procurará la paz: el Señor nos la dé por su bondad. 
Mañana es dia de la Reyna del cielo y todo cuanto mi Comu- 
nidad y yo trabajaremos es por V. M., y el Príncipe ñTo S.°' 
y S.* Infanta: no los tengo olvidados, que los estimo de cora- 
zón. La venida de la flota me tiene también con cuidado, que 
parece tarda: Dios la libre de peligro. 

La tercera parte de la historia de la Reyna del cielo se trasla- 
dará con brevedad y la remitiré á V. M. Mi confesor desea a}^- 
darme en todo lo que es gusto de Dios en los aprietos presen- 
tes y servicio de V. M., porque es de los que tienen buen sentir 
en todo; direle lo que V. M. me manda, en viniendo á este lugar, 
que está fuera de él á negocios de su provincia. El Altíssimo 
prospere á V. M. felices años como deseo. 

En la Concepción Descalza de Agreda á 14 de Agosto de 1645. 
— Sierba de V. M., que besa su mano. — Sor María de Jesús. 



XXXVII. 

Del Rey . 

Aunque no aflojan los cuidados, antes cada dia se aumentan, 
tengo gran confianza en nuestro Señor, que, sin mirar á nuestras 1645. 
culpas, sino usando de su infinita misericordia, se ha de doler de 
nosotros y abrir algún camino cuando menos lo pensemos, por 
donde consigamos el reposo de la Cristiandad. El verla en el es- 
tado en que se halla y en el que están estos reinos, que es don- 
de más pura está la religión católica, es lo que más me aflige, 
pues lo que yo siento ni lo que personalmente paso no me con- 
goja en esta comparación, antes (como decis) lo tengo por mer- 
ced de nuestro Señor, y espero que éste ha de ser medio para 
que yo abra los ojos y pida con vivo dolor perdón de mis pecados; 
y si esto consigo, podré decir que son felices todos los trabajos. 

Agradézcoos mucho el cuidado que ponéis en pedir mi salva- 



— 62 — 

cion, y os encargo que ante todas cosas, apretéis en esto con 
nuestro Señor, pues todo lo demás no importa nada si se alcanza 
esta dicha. También os pido que le deis gracias en mi nombre por 
la merced que nos ha hecho en permitir llegue la flota, pues aun- 
que lo más que trae estaba ya gastado con la esperanza de su ve- 
nida, con todo eso nos ayudará mucho y dará algún ensanche 
para acudir á tantas partes como es menester. 

A doce de éste intentamos por la mañana ocupar un puesto para 
facilitar la entrada del socorro en Balaguer; pero el enemigo cargó 
con más gente que la nuestra , y aunque se peleó muy bizarramen- 
te no se pudo conseguir el deseo que llevábamos : perdimos dos- 
cientos hombres entre muertos, heridos y presos, y aunque no se 
sabe con certeza el daño que recibió el enemigo, se cree que no 
fué inferior al nuestro. Como no se consiguió el fin que se llevaba, 
se ha dificultado este socorro; y aunque no se dejará de intentar 
más veces por diferentes partes, temo el suceso, si Dios nuestro 
Señor no se duele de nosotros; y os he de confesar con toda llane- 
za, que del modo que vos me escribís en esta parte, juzgo que no 
se os ha dado á entender que haya de haber buen suceso en este 
socorro, lo cual me tiene afligido, pues veo que va mucho en él; 
si bien siempre estoy rendido á los pies y voluntad de nuestro 
Señor, y á ella le tengo ofrecidos reinos, hijos, vida y alma, para 
que en todo obre como suyo ; y sin salir de estos límites os pido 
que apretéis, así para lo que toca á este socorro, como para lo 
demás de esta Monarquía, pues Dios quiere que le pidamos y que 
le importunemos, y más cuando la petición es al parecer justa. 

Otro negocio grande tenemos entre manos ' : también os pido 
que le encomendéis muy de veras á nuestro Señor, pues podrá 
depender de él, si se ajusta, la quietud y sosiego de estos reinos. 
No se olvide de acudir á nuestra Señora para todo esto, que es 
buena intercesora, y más en esta Octava de su Santísima Asun- 
ción , en la cual espero nos ha de dar un buen dia. 

De Zaragoza á i6 de Agosto de 1645. — Yo el Rey. 

I Sin duda quería aludir i la conspiración formada en Barcelona para en- 
tregar la ciudad á los españoles, que se descubrió después, siendo ajusticiados 
los principales conjurados, i excepción de la baronesa de Alby. 



-63- 



XXXVIII. 



De Sor María. 



Señor: Ningún aprieto ha de poner á V. M. en estado de des- 19 de AgMte 
confianza*, pues aunque nos castigue Dios con rigor , dice la divi- ' ^^' 
na Escritura esperemos en El y le roguemos ; y tanto con mayor 
instancia y firmeza, cuanto necesitamos de su clemencia y mise- 
ricordia en la mayor tribulación, pues El sólo nos puede librar 
de las que nos oprimen ; y no asegura á V. M. menos la propia 
causa de sti salvación y vida, cuando á los trabajos y penas de su 
persona antepone como padre las de sus vasallos, que son hijos 
de V. M. y de toda la Cristiandad, que es la hacienda del Señor. 
Este celo presentaré al Altísimo para inclinar su misericordia, 
y V. M. no desmaye en él ni en la confianza ; pues el tenerla es 
la mejor disposición para alcanzar lo que se pide, porque al que 
cree todo le es posible. Mi mayor cuidado siempre consiste en 
que reciba V. M. la divina luz con tanta plenitud , que nada ig- 
nore de lo que es voluntad de Dios que ejecute con la potestad 
que de su mano tiene. 

Daré gracias al Señor muy afectuosas, en nombre de V. M., 
porque ha traído á salvamento la flota, y porque este beneficio 
redunda en tanto útil de la religión Católica y de estos reiaos 
que la conservan. Deseaba mucho saber el suceso del socorro de 
Balaguer , y doy gracias á Dios que , aunque no se consiguió el 
día en que se intentó , fué menor la pérdida de lo que pudiera 
ser si no asistiera su Providencia divina; y en cuanto á este pun- 
to, V. M. ha entendido la verdad de que no he conocido si se 
conseguiría , porque el Señor nada me ha declarado; pero tam- 
poco me ha dicho lo contrario ni he entendido, con que he pa- 
decido más excesiva pena y se me han avivado las ansias de 
pedirlo más , y su bondad infinita se deja rogar y da á enten- 



-64- 

der le pidamos é instemos; y como no me toca á mí otro oficio, 
no me atrevo á inquirir más de lo que su dignación divina me 
declara, y en lo demás adoro sus juicios y sabiduría incompren- 
sible. El volver á intentar el socorro parece preciso y necesario, 
y deseo sea con todas las advertencias convenientes de prevencio- 
nes, para resistir al enemigo y huir de su furia, fiando más de 
Dios el acierto que de las diligencias humanas, y haciendo todas 
las posibles, porque es causa tan de su agrado el defender la pu- 
reza de la fe de España. Yo clamaré con todas mb fuerzas á su 
piedad , estos días , é invocaré la intercesión de María Santísima, 
á quien deseo íntimamente que V. M. la sirva y obligue , y me 
consuela verle tan devoto suyo. 

El negocio que de nuevo V. M. me manda encomiende á Dios, 
juzgo es de gran peso y consideración ; en esto trabajaré fielmente 
para que se ejecute, si ha de ser remedio eficaz para la quietud 
de la Cristiandad y algún reparo de esta Monarquía y alivio de la 
persona de V. M. que tanto deseo ; y temo mucho que si no se 
ajustan á la paz los hijos de la Iglesia, sentirán sobre sí la mano 
del Señor contra la potencia del mayor enemigo de Cristo , que 
es el Turco. Dios le humille y ataje sus pasos. 

Cuatro ó cinco dias há que tengo esa carta escrita, aguardando 
mensagero seguro, y con las dos envío propio por no detenerlas 
más. El Altísimo me conceda lo que para V. M. , Señor mió , le 
pido y deseo. 

En la Concepción Descalza de Agreda á 19 de Agosto 1645. — 
Sierva de V. M. — Sor María de Jesús. 



XXXIX. 

Del Rey K 



He recivido juntas las dos cartas Q me escrivisteis en 14 y 19 
1645. deste mes, yaunq teméis q me sea molestia la frequencia de- 

I Autógrafo de la Biblioteca del Real Palacio. 



-65- 

lias I 08 asseguro 4 me caussa mucho alivio el recivirlas y leerlas, 
yassi sin estos miedos podéis continuar esta correspondencia, 
pues sienpre me alienta lo q me escrívis , y si yo sé aprovechar* 
me dello seré didiosso. 

Mucho 08 agradezco lo q me encomendáis i Dios, anteponien- 
do á todo el pedirle la salvación de mi alma, que esto es lo 
principal, y luego el bien y el reposso desta Monarquía, q tan- 
bien lo desseo con vivas anssias , por verla con algún repoeso y 
poder acudir mejor á poner en orden lo q estos tienpos tan tur* 
bados an desordenado. Yo viva fe tengo de q ifrb Sefior se a de 
doler de nosotros y sacamos bien de los aprietos presentes , y 
quanto menores fueren los medios umanos , tanto más e de es- 
perar en loB divinos: lo q me atemoriza es ver mis culpas y 
creer q ellas an de detener los favores de ilrb Sefior, pues no 
acierto á servirle como quisiera; y como e visto por vrb quader- 
nillo q está enojado, ob confiesso q no se de mí. Tras esto me 
holgué de verlo, y os pido q si se os permite enbiarme mas no- 
ticia de lo q 06 passa en la materia lo hagáis , para q , viendo 
yo la parte q offendo más á iITo Sefior , procure enmendarlo assi 
en mí como en mis vasallos. 

Con algún aliento me dqa lo q decís de q, aunq no se os a 
dado á entender nada sobre el sucesso de Balaguer, quiere Dios 
q le reguemos, pues parece sefial de q quiere favorecemos; ha- 
gámoslo assi, Sor María, y a)rudadme vos á suplicárselo ásu 
Divina M.<^ (como estoy cierto lo hacéis) , pues yo soy malo y 
temo no me oyga. Esta materia tengo remitida á los cavos del 
exerdto q están al pie del hecho, y les subministro los medios q 
puedo para q obren lo q tubieren por mejor para conseguir éste 
socorro, encomendalde á Dios y pedilde q les alunbre paraq 
salgamos bien deste enpefio, q cierto estamos mal mientras no 
salimos deste lance; pero si la voluntad divina es q nos perda- 
mos, sienpre estaré sujeto á ella y creeré firmemente ques lo q 
mas nos inporta. 

Con razón se puede temer la invasión del Turco, ques enemi- 
go de la Christiandad y poderosso ; y si los príncipes chrístianos 
no nos ajustamos y tratamos de assistir á resistirle , nos emo^ de 



— 66 — 

ver muy enbarazados : de mi parte no se faltará á esto aunq sea 
cediendo, como os he dicho, pero temo q Francia, como se ve 
vitoriosa a de reusar el acomodamiento, particularmente tenien- 
do paz aquella Corona con el Turco y no haviendo de padecer 
daño con esta guerra. Mis reynos son los más espuestos al ries- 
go , y el Turco está con más desseo de acometerme á mi q á otros, 
pues nunca emos tenido paz con ellos, ni con la a)ruda de Dios 
la tendré , aunq me quede con solo la capa en el honbro. Siento 
verme enbarazado en esta guerra tan predssa, de mi propia de- 
fenssa contra católicos , y no poder acudir á hacer opósito al 
Turco; pedid á drb Sefior q nos conponga y q no permita q pa- 
dezcan los q si pudieran ajustarse lo hideran, y q defienda á la 
Christiandad deste bárvaro, pues si su Divina M> no lo reme- 
dia temo una gran desdicha , y q se a de encender tal fuego en la 
Christiandad q sea dificil de estinguirse. Agradezcoos el cuydado 
q tenéis de encomendar á Dios á mis hijos, y os encargo lo con- 
tinuéis por lo q me inporta q se crien para su santo servicio. 
De Zaragoza á 23 de Agosto 1645.— Yo el Rey. 



XL. 



De Sor María >. 



at dé AfoMo Señor: En fee de la li^engia q V.* M.^ me da continuaré mis 
' ^^' cartas sin temor , q le e tenido tan grande quanto las conssidero 
de poco probecho, pero su piedad de V.* M.^ todo lo benge y 
dissimula. 

Todas mis fuergas y pobres obras e consagrado á el Sefior para 
trabajar y pedirle por V.» M,^ y sus reynos , con dolor de poder 
tan poco y bibas anssias de q el Todopoderosso mire á V.^ M.^ 
como padre, le anpare, le consuele, fortalezca, patro^inne y en- 

I Autógrafo de la Biblioteca del Real Palacio. 



-67- 

camine para q consiga V.* M.^ la salba^ion con obras perfetas 
de su serbicio , y con la buena direc9Íon de su Monarquía; pues 
d oonplir con esta obligación es necesario para asegurar la bida 
eterna, por el enpefio y dignidad en q el Altíssimo a puesto á 
V.^ M.^ ; y es tan fiel q dará los ausilios necesarios para este fin, 
porq sus obras son con equidad y justicia y da la niebe según la 
lana. 

Suplico á V.* M.^, Sefior mió, q no se desaliente ni pierda el 
ánimo en la consideración de lo q a ofendido V.* M.<^ á Dios, 
pues todos los pecados del mundo , en su ynfinita misericordia 
es como una gota de agua en el mar; y ñra maldad no puede es- 
tinguir su caridad y bondad, q excede sin conparacion á lifá 
malicia. 

Los pecados passados, llorados y aborrecidos, no desobligan á 
d Sefior, q es liberal en perdonarlos y nos lo manifiesta en la 
parábola del Hijo pródigo q nos dejó en su Ebanjelio. El bol- 
ber á reyncedir es lo q le dessagrada, y el q no nos lebantemos 
luego si como flacos cayéremos. Pero todo a de ser con fe y es- 
peranca, y los muchos trabajos, penas, sobresaltos y angustias 
q V.* Mfi padece en defensa de la Christiandad y por conserbar 
la purera de la fee en Espafia , claro está q lo tomará el Sefior 
en quenta y descargo de lo q V.* M.<^ le a desagradado, y para 
obligarse á darle á V.* M.^ muchos premios ; espero los conse- 
guirá el santo celo q tiene V.* i/lfi contra el mayor enemigo de 
Christo rifo Señor , tan de Hijo y protector fidilíssimo de su san- 
ta Iglesia ; y el conocerle por su carta de V.* M.^ me a consolado 
y enternecido mucho. 

Ratifiqúese V.* M.<^ en él muchas beces con todo el coracon , y 
con afecto del mió se le representaré á el Sefior con confianca de 
q nos a de bborecer ; y en esta causa tengo grandes racones para 
trabajar mucho y para q V.* M.^ lo enprenda con fe y ánimo yn- 
contrastable, y le puede dar d q guerras con tan crudes enemi- 
gos asearan más la conciencia y justifican la causa. 

Lo q tengo escrito en d cuadernillo, parece q conbiene parti- 
cularicarlo V.* MA y descender á las personas y á las mate- 
rías de justida, singularmente para castigar y retribujrr con 



— 68 — 

equidad todas las cossas, y pesar las ra9ones y ynformesi y pene* 
trar las yntendones de cada uno, porq el engaño no se bista de 
berdad aparente : para esto dará luz el Señor á V.* M.f , y ccmfi- 
ríéndola en su Real pechólas noticias particulares de los grandes 
y pequeños, entenderá lo cierto ; y como V.* MA lo entendiere, 
le suplico de parte del Señor lo qecute con toda resulu^ion y 
fortaleza, sin atención ni respeto umano. 

Ame causado admiraron q en tanto tienpo como los dos ejér- 
citos an estado en tan gran enpeño, q el del enemigo no aya 
obrado más en i!Tb daño ni el de Balaguer se aya rendido , y 
por esto deseaba tanto q el socorro se apresurase , y porq no lle- 
gase tarde como á Rosas. Parece q nos a querido Dios dar tienpo 
para q pidamos misericordia ante su tribunal dibino : me postra- 
ré y en él, lloraré y clamaré por todas estas causas con beras ; y 
crea V.» M.*, Señor mió , q si yo pudiera padecer por V.* M.* to- 
dos los trabajos y penas y darle los alibios , lo y9iera por lo q 
estimo á V.* M.^ y me conpadezco de sus trabajos. El Todopo- 
deroso se los alibie á V. M., y le prospere en lo dibino y umano 
feli^e^ años. 

En la Conce^on Descalca de Agreda Agosto 28 de 1645. — 
Sierba de V.» M.<^--Sor María de Jesús. 



XLL 



Del Rey ^ 



Sienpre acudo á vos en los aprietos para que intercedáis y 
,(45. encomendéis á lifb Señor estas materias ; aora a permitido su Di- 
vina Mag.<^ q pueda enbiaros mqores nuebas , pues filé servido 
q ocupassen mis armas la villa de Flix, ques de gran inportan- 

I A^Ugrpfo dt U Biblioteca dd Kml Palfcto. 



-69- 

da; si bien el castillo y otro fortin ocupava el enemigo, espero Q 
esto se venzerá, pues no a de haver enpezado mb Señor á favo- 
recernos para dejar la obra inperfecta. De Balaguer salió la cava- 
llerfa los dias passados sin daño, con q aquella plaza queda con 
más alivio, pero con mucho riesgo; presto veremos si con esta 
novedad de Flix deja el enemigo á Balaguer y trata de ir á so- 
correr el castillo. Ayudadme, Sor María , á dar gracias á úfb Se- 
ñor por este ñivor, q cierto me hace gran confusión ver q quan- 
to más le offendo más me favorezca. El se sirva de abrimos los 
ojos para Q sea agradecido y acierte á cunplir su santa ley. Tan- 
bien os pido q no 08 descuydeis en apretar por lo q &lta , pues 
si no se toma d castillo es infirutuoso todo lo hecho y Balaguer 
está apretado, y assi es menester aora (y sienpre) la a)ruda de 
ñrb Señor, que sin ella no hay nada. 

Mucho temo q pido mucho mereciendo tan poco, pero Dios 
quiere q le roguemos , y assi me atrevo á hacerlo encargándoos á 
vos me ayudéis, pues la Christiandad pide un poco de reposo. 

De Zaragoza á 30 de Agosto 1645. — Yo el Rey. 



XLIL 



De Sor María K 



Señor : Pague el Altíssimo á V.* M.d, con liberal maño , el con- x.» dt stUtn- 
suelo q me a dado abisándome del buen sucesso de Plüt: no des- 
mere9e este íabor el afecto con q estimo á V.* M.^ y el continuo 
cuydado y pena con q bibo, deseando las bitorias de sus armas de 
V.» M.*^ Daré gragias á el Señor, en nonbre de V.* M.^, y me 
postraré ante su dibina pres8en9ia suplicándole continúe las mi- 
sericordias q a comengado con sus hijos , q le confiessan con pu- 

I Autógrafo de la Biblioteca del Real Palacio. 



— 70 — 

re^a de fe, y q nos anpare como padre tomando por su quenta 
lira defensa, y q nos dé el castillo de Flix y la plagí de Balaguer: 
esto desseo con grandes beras , porque será de mucho alibio y 
ynportan^ia , y me a dado cuydado lo q V.* M.^ me escribe de q 
queda apretada la pla9a ; y el aber salido de ella la caballería sin 

♦ 

daño fue tanbien beneficio de la dibina diestra. Yo deseo q to- 
dos conozcamos q no los merecemos y q agradezcamos los q 
recibimos, atribuyéndolos sólo á Dios, á su3mfinita misericordia 
y bondad , para que nos dispongamos para otros. Y no juzgue 
V.^ M.^, Sefior mió, q es mucho pedir á Dios lo q le suplicamos, 
pues es oficio de su Majestad dar y ser liberal, y biolento á su 
bebninidad el q desmerezcamos el no estar sienpre recibiendo sus 
misericordias y mergedes. Y supuniendo q no podemos merecer 
la menor de ellas , y q se a de obligar de su misma bondad para 
congedémolas y de los ynfinitos merecimientos de Christo ñfó 
Sefior, con esto podemos pedir, y en fe q V.* M.^ defiende á los 
hijos de su Iglesia y quiere su mayor exaltación. 

Yo confieso, Señor mió, q después q V.* M.^ me escribió q la 
Corona de Francia tenía echas paces con el Turco , desseo con más 
eficacia nuestras bitorias, y q el Altíssimo los rinda y umiUe asta 
q se ajusten á las paces; pues es más justo tenerlas con los hijos 
de la Iglesia q con el Turco: esto juzgo q es mucho pedir, pero 
me animo á suplicárselo á el Sefior , en fe de su misericordia y de 
q nos emos de enmendar de nuestros pecados , y q para esto se 
a de tomar algún medio oportuno. Todo a de benir de el Padre 
celestial , en cuya protección militamos y en confianca suya bi- 
bimos. Agalo como puede y prospere á V.* M.^ en lo dibino y 
umano muchos y felices años. 

En la Concedon Descalca de Agreda i de Setienbre 1645. — 
Sierba de V.* M.^ q su mano besa. — Sor María de Jesús. 



— 71 — 



XLIII. 
Del Rey. 

Grandes son los justos juicios de Dios é incomprensibles para Zaragoza 
los hombres humanos : solo nos toca venerarlos y tener por in- ^ ^,^ ^l^' 
falibles, que lo que dispone su divina Providencia es lo que más 
nos conviene. 

Poco ha que os envié el aviso de la toma de la villa de Flix, y 
os pedf dieseis gracias á Dios por la merced que nos habia hecho 
y le suplicaseis lo continuase hasta dejar la obra perfecta; poco 
nos duró este alivio, pues cargando los ñranceses con cuatro mil 
hombres, volvieron á cobrar la villa, prendiendo la gente nues- 
tra que habia entrado en ella ^ También os pido que deis gracias 
á nuestro Señor por este suceso, pues asi por los prósperos como 
por los contrarios se las debemos dar y conformarnos con su san- 
ta voluntad en todo. 

Confiésoos, Sor María , que ha sido duro este golpe y el más 
dafioso que nos pudiera suceder en la ocasión presente, y que mi 
flaqueza ha habido menester acordarse que viene de la mano de 
Dios para tolerarle con paciencia: mucho debemos ofender á 
Dios, pues se van acentuando los castigos; yo creo que mis pe- 
cados tienen la culpa de todo, pues soy tan ingrato que, ha- 
biendo recibido tantas mercedes de nuestro Señor, no sé ser- 
virle ni agradecérselas como fuera justo. Bien sabe su Divina 
Majestad que la intención es buena y que deseo cumplir con mi 
obligación , y espero conseguirlo con su ayuda : estos accidentes 
no tan sólo me fatigan por lo presente como juzgando lo venide- 
ro, pues nos hallamos con tan pocas fuerzas y con tan poca dis- 

X Tomado Flix por los españoles al mando de D. Felipe de Silva , pudieron 
los ñanceses socorrer el castillo y desde él atacar la dudaid, que recuperaron dos 
días después , haciendo prisioneros 4 800 hombres de 4 pié y 300 de 4 caballo. 
Monigiat^ campaña once, » 



— 72 — 

posidon de medios para aumentarlas y para disponer lo demás 
necesario para nuestra defensa, que si nuestro Señor, por su in- 
finita bondad, no toma la mano y nos ayuda, temo la total ruina 
de esta Monarquía : si de todo esto yo sacase el fruto que más me 
conviene para mi salvación , yo fuera dichoso y diera por bien 
empleado todo lo que hoy se padece. Pedidle á nuestro Señor 
que me dé su gracia para que me sepa aprovechar de estos tra- 
bajos, y juntamente le pedid que se duela de nosotros y no per- 
mita que lleguemos á la última ruina. Ahora, Sor Maria, es 
cuando más ha de lucir la omnipotencia de nuestro Señor, pues 
los medios humanos faltan ; y si no me socorren los divinos no 
sé adonde volver el rostro, si bien siempre me conformaré cenia 
voluntad de Dios nuestro Señor, y creeré firmemente que lo que 
dispone es lo que mejor me está. 

Muy bien me aplicáis el cuadernillo , y si yo acierto á tomar 
vuestro consejo no erraré en nada ; yo me valdré de él y pro- 
curaré seguirle por aquel camino, que sin duda es el más acerta- 
do. Yo os confieso que no me cuesta poca atención reconocer las 
intenciones de los Ministros que me asisten , y que hay bien que 
hacer en ello ; pero la constitución de los tiempos y la falta de 
sujetos es tan grande, que me hallo obligado á disimular, lo que 
no hiciera si estuviéramos en otro estado; y sabe Dios que una 
de las cosas porque más deseo la quietud, es por poner orden en 
estas cosas mecánicas y domésticas, que en tiempo de borrasca 
no se obra como se quiere sino como se puede. 

Con este accidente de Flix quedan las cosas de Balaguer en 
más apretado estado, pues cesó la diversión con que se podia 
aliviar aquella plaza y el enemigo cargará con todo á ella , y así 
temo se pierda con la gente que hay dentro (que es la mejor con 
que hoy nos hallamos) si nuestro Señor no nos ayuda y pone 
su mano en algún medio que nosotros no alcanzamos con que la 
libre: rogádselo y ayudadme á pedírselo; y aunque es grande el 
aprieto de todo, tengo firme fe que no ha de permitir su Divina 
Majestad acabe de perderse de todo punto esta Monarquía. 

El punto más principal para todo, y particularmente para 
impedirlos progresos del Turco, es que nos unamos los prín- 



- 73 - 

cipes existíanos , pues sin esto la Cristiandad padecerá, y así os 
pido que ésta sea vuestra primera petición , como la única que 
debemos desear, y de mi parte os vuelvo á asegurar que no se 
faltará á ello, así cediendo para que no se estorbe la unión, como 
empleando todas mis fuerzas en tan justa empresa, siempre que 
no fueren precisamente necesarias para la defensa de estos Reinos 
que es la propia casa. 
De Zaragoza 4 de Setiembre de 1645. — Yo el Rey. 



XLIV. 



De Sor María. 



Señor: Confieso á V. M., que la breve pérdida de Flix es tan edeSetíem- 
considerable y yo la juzgo por tan gran castigo y azote , que sólo 
puedo en ella venerar los justos juicios de Dios: en éstos no pue- 
de haber engaño, porque los gobierna su sabiduría y bondad in- 
finita; pero si este trabajo es tan inmediato á la última ruina, 
razón será que V. M. obre con él con nueva y particular resolu- 
ción, pues no podemos esperar misericordia sin enmienda: para 
ésta siempre hay tiempo', y más cuando es tan manifiesto que 
nos aflige Dios por nuestros pecados y para que les pongamos 
algún término. V. M. tiene recta intención y se la da el Señor 
con su divina luz ; yo pido á su misericordia infinita la aumente 
de manera que conozca V. M. lo que debe ejecutar , y le suplico 
á V. M. que esto sea presto , eficaz y sin recelo humano y con 
gran confianza en Dios, que dará y ofrecerá sujetos cuales con- 
venga para el servicio de V. M. y bien público, pues en esto no 
será defectuosa su Providencia; y en comenzando de lo poco y 
aunque sea de lo doméstico y mecánico, se abrirá el camino para 
lo demás, y Dios asistirá á V. M. que obra por su gloria y causa. 
Los mismos sucesos y castigos del Señor pudieran abrir los ojos 
de los españoles para moderarse en sus vanidades y profanidades, 



- 74 - 

y la mejor disposición para quitárselas y enmendarse es lo que 
Dios los corrige; pues el fin de afligir como padre es que ellos 
como hijos se enmienden. V. M. tiene vasallos que ven el daño y 
lo ponderan, y no que se apliquen al remedio y ayudar á V. M.; 
y esta ceguera nace de sus culpas. 

Aseguro á V. M. está mi corazón rodeado de muchas tribu- 
laciones y en una prensa que me oprime, viendo la causa del 
Señor y de su Iglesia, lo mucho que V. M. , Señor mió, padece, 
y lo poco que esta su pobre sierva le puede a3rudar y hacer en 
alivio de V. M. : todo me aflige y compele á postrarme á los 
pies del Señor y llorar amargamente y ofrecerle mi vida por 
causas tan considerables. Sobre todo, pido á V. M. no desmaye 
su real corazón , pues á Dios siempre le queda su poder infinito 
libre para socorrernos si le sabemos obligar; y cierto es que 
S. M. lo desea y espera que de nuestra parte quitemos ó no 
pongamos tantos impedimentos al favor que nos ofrece. Cortos 
son los medios humanos (como V. M. dice) con que nuestra 
esperanza debe sólo estribar en los socorros divinos; y para obli- 
gar al Todopoderoso deseara reducir á los corazones de todos 
los fieles de este Reino con mi sangre; pero este acierto ha de 
venir de las manos de Dios nuestro Señor, y en darle principio 
toca á V. M. que está en su lugar. Aunque soy la más indigna 
sierva, ofrezco todas mis fuerzas; y si estos dias que deseo instar 
* al Señor en esta causa tuviere algo qiie decir á V. M. , lo haré 
por los deseos que tengo por su acierto y alivio. Estos fracasos 
no es justo que desmayen á los ejércitos, cuando los deben hacer 
más advertidos y avisados, como hemos visto en el enemigo, sino 
que se animen á lo que resta de campaña y á recuperar lo perdi- 
do. Déles el Altísimo ánimo y acierto, como se lo suplico y les 
deseo. 

La causa de las paces tengo presente delante del Todopo- 
deroso y le pediré disponga las materias para que se ajusten : 
siempre juzgué este por el más eficaz medio para la restauración 
de esta Monarquía. 

Muchas empresas y grandes tiene V. M. entre manos, y tan 
del servicio de Dios y de su agrado, que ellas mismas pueden 



— 75 -- 

alentar el ánimo de V. M. y dilatarle con la fe y esperanza , vis- 
tiéndose de fortaleza para todo y del celo de Dios, cuyas son las 
causas que defiende; y también conviene mire V. M. por su sa- 
lud y vida, pues ella nos importa tanto para el buen expediente 
de estos ahogos. El Altísimo nos alivie y á V. M. le prospere en 
lo divino y humano. 

En la Concepción Descalza de Agreda á 6 de Setiembre 1645. 
— Sierva de V. M. — Sor María de Jesús. 



XLV. 



De Sor María. 



Sefior : Del accidente de V. M. tuve luego noticia por aviso del ^^^^ ,^5. 
Padre General de mi Orden ', y ahora me la da el Patriarca 
del favor que nos ha hecho Dios nuestro Sefior con mejorar tan 
presto la salud de V. M. ; no he podido negarme á este contento, 
ni ocultar lo que siento de este beneficio. V. M. siempre ha sido 
muy devoto de la gran Reina del cíelo María Santísima, pero 
desde hoy intimo á V. M. de nuevo esta deuda, para que se ade- 
lante más en su devoción y procure V. M. obligar con grandes 
servicios á esta gran Reina y Madre de misericordias; asegurán- 
dose V. M. que sola ella ha sido la causa de su salud y lo será de 
mayores bienes, si sabemos agradecerle y no desmerecer nos los 
alcance de la mano del Altísimo, pues para todo es poderosa y 
nos espera, solicitándonos siempre el remedio de los trabajos que 
nos granjean nuestros deméritos. Yo puedo hacer poco en esta 
demanda, pero no olvido mi obligación, y el íntimo deseo de su 
vida de V. M., y el buen suceso de sus armas; y lo uno y lo otro 

I £1 Rey tuvo calentura y temieron fueran cuartanas. 



-76- 

me ha obligado estos dias á derramar muchas lágrimas dehmte 
del Señor, por lo mucho que estimo á V. M. Prospérele d To- 
dopoderoso felices años. 

En la Concepción Descalza de Agreda á i8 de Setiembre 
de 1645. — Sierva de V. M. — Sor María de Jesús. 



XLVI. 



Del Rey '. 



Zaragoza xg L^ vispera dc nra Señora, ya tarde, me dieron vra carta de 6 

de Setíembre '^ i j i 

1645. deste, y por la indisposición q luego me sobrevino no pude 
escriviros hasta aora; ya, á Dios gracias, me hallo bueno, y 
aunq el achaque duró poco, fué muy penosso; confiessos q me 
holgava de ver que era yo personalmente quien padecía, pues 
todo lo q fuere assi y q no redundare en daño desta monarquía y 
de mis vasalíos , lo llevaré bien y con aliento. A ñfb Señor le 
tengo pedido y pido continuamente, q si mi salud y vida fue- 
re necessaría para su santo servicio y bien destos reynos, me 
la conserve, y sino me la quite (como sea en su gracia) ; q más 
quiero su mayor bien q mi propia vida. Ayudadme en esta pe- 
tición y juntamente á darle gracias por la salud q me a buelto, 
y á pedirle q permita q yo la enplée sienpre en su servicio y en 
cunplir con las obligaciones en q me a puesto: asseguroos q 
desseo cunplir con ellas, y q de mi parte haré lo posible por 
conseguirlo y tomaré los consejos q me dais , q sin duda son bue- 
nos y santos, y espero en iTro Señor q me a de alunbrar para q 
acierte á cunplir en todo su santa voluntad. Holgaréme mucho 
q si tubieredes q adbertirme (después de las diligencias q queríais 
hacer estos dias), lo hagáis luego, para q yo pueda con la luz 
q me diereis encaminar mis acciones á lo mejor; y assi os en- 

I Autógrafo de la Biblioteca del Real Palacio. 



— 77 — 

cargo q no os descuydeis, sino q me avisseis luego de lo q se os 
oflfreciere y permitiere. 

Las cossas de la guerra están en el mismo estado y sienpre con 
gran aprieto, pues al enemigo se le aumenta gente y á nosotros 
con los malos sucessos q emos tenido se nos disminuye. Balaguer 
es aora lo q más insta, pues dicen q no tienen comida más q 
para el fin deste mes, y si Dios ñrb Señor no nos abre algún ca- 
mino por donde se la metamos, se abrá de rendir aquella plaza 
y gente al enemigo ; cosa q será de gran perjuicio para ñras cos- 
sas, assi para lo presente como para lo venidero: y aunq de 
ñia parte se a intentado (pero sin fruto) y intentará el reme- 
dio, si Dios no nos ayuda, no le habrá. Encargos, Sor María, q 
apretéis aora, pues en las mayores necesidades es quando obra 
la misericordia de ñfb Señor, y assi espero en ella q nos a de 
valer aora y mitigar el rigor con q nos trata, dándonos luz para 
q nos enmendemos ; con q si lo hacemos , espero se dolerá de 
nosotros y nos sacará de tantos aprietos. 

De Zaragoza á i8 de Setienbre 1645. — Yo el Rey. 



XLVII. 



De Sor María '. 



Señor. Por no cansar á V.* MA excusé el escribir luego q supe 20 de SeUem- 
su yndispusicion; ycelo en teniendo abiso del alibio de V.* M.<^ y "* ' ^ • 
dije quien se le abia alcanzado y echo esta misericordia á la Chris- 
tiandad, que fué la Madre de Dios; y avnq V.* M.** ofrege su vida 
por el bien común, mejor se consiguirá guardándonosla Dios 
ñrb Señor. Assi se lo suplico con todas beras por yntercession desta 
gran Señora, y declaré á V,» M.^ q la teníamos más propicia, porq 
e conocido que con entrañas de madre piadosa nos pidió su salud 
de V.* M.^ y está deteniendo la justa yndignacion de Dios para q 

I Aat(3grafo de U Biblioteca del Real Palacio. 



! 



-78- 

no se ejecute el castigo q merecemos, y q nuestros dafios y afli- 
^iones sean menos porq si no ynterbiniera su gran yntercesion, 
sin duda fueran mas. — No alio, Señor mió, otro mayor medio ni 
anparo, ni otra puerta para q podamos pedir misericordia, q la 
que es madre de ella. 

Yo trabajo lo q puedo y me afligo el alma á la bista de tantas 
tribulaciones como tiene esta Corona, y lo poco q puedo acer en 
alibio de V.^ M.^, q después de la causa de Dios es lo q más de- 
seo; y me lamento y aflijo de q ay algún daño oculto q nos atrasa 
el bien y nos a)ruda á las malas fortunas. — Yo, Señor mió, sien- 
pre fui detenida en tocar en la onrra del prójimo, y por cartas no 
puedo decir mas de lo q e suplicado á V.* M.^ en otras, q se yn- 
forme y oyga á todos, q oprimidos del trabajo dan muchas boces, 
para las cuales an de estar sus oidos de V.^ MA preparados. En- 
cargo de nuebo á V.* M,^, por lo q debe á Dios, q es mucho, q 
con grande ánimo y dilatación de coraron cele la causa del Altí- 
simo, porq defienda la de V.^ M.^; sino salen bien los consejos 
y determinaciones que se toman y son tardos, confiéranse otros 
y busquense, y sirban de escarmiento unos daños para otros, q 
tanbien quiere el Señor obre el desheló y discurso natural en es- 
tos aprietos. El que tiene la placa de Balaguer me lastima el co- 
ragon , q seria gran dolor se perdiese. En esta causa está enpeña- 
do todo mi cuydado y con él ynstaré al Señor postrada á sus 
pies, y en ellos lloraré los pecados q le enojan. ¡Si se pudiera 
juntar el ejército para Uebar socorro y animarse contra el ene- 
migo, porq jente tan fiel como la q dentro de aquella plaga está 
no se perdiese! Dios les de luz y los guie; V.* M.<^ se anime y 
mire por su salud, q aunq el Señor apriete y aflija, poderoso es 
para remediarnos quando sea su boluntad , y con mucho menos 
q dar la vida q V.» MA ofrece, puede conseguir lo q desea, que 
es con acer justicia y q lo paguen los q tienen culpa. 

Si á V.» M,^ se le ofrece ocasión de faborecer á los de Aragón y 
socorrerlos , le suplico lo aga, porq sean menos iirbs daños y ene- 
migos, y su fidelidad es de rcucha importancia. Prospere el Al- 
tísimo á V.a MA 

Setienhre 20 de 1645. — Sor María de Jesús. 



- 79 — 



XLVIII. 



Del Rey '. 



Vras dos cartas de i8 y 20 deste he recivido estos dias, y os Zaragoza 24 
confiesso q me han alentado mucho, pues veo por ellas q la salud * ^^^ 
q e cobrado a ssido por intercession de la Virgen Santfssima, de 
quien desde mi niñez soy verdadero devoto y lo continuaré mien- 
tras me durare la vida, pues los pecadores no tenemos otra puer- 
ta por donde entrar á pedir perdón sino es esta (q como madre 
de misericordia espero la a de ussar conmigo). 

Digo, Sor Maria, q me retifico en ser su esclavo y humilde de- 
voto, y procuraré agradarla en quanto estubiere en mi mano; 
decidme vos si halláis algo particular en q pueda servirla, pues 
lo haré al mismo punto q lo entienda; y ayudadme á suplicarla 
se duela de nosotros y usse de misericordia con estos reynos, con- 
tinuando su patrocinio y deteniendo el azote conq su Santo Hijo 
nos castiga. De mi parte , os ofírezco hacer todo lo q estubiere 
en mi mano para cunplir con mi obligación, assi en evitar ofFens- 
sas de ilro Señor públicas y de escándalo , como en atender al 
govierno destos reynos, sin mas fin q el del mayor servicio de 
Dios y bien suyo; para lo qual oygo á todos los ministros q quie- 
ren hablarme, y oyré sienpre á todos, para q tomando más no- 
ticias se pueda hacertar mejor. Bien me parece q os entiendo en 
la parte q apuntáis del daño del próximo, y yo estoy sobre avis- 
so en la materia y no me descuydaré en poner remedio, pues es 
cossa q tengo tratada con mi confessor y con algunos ministros; 
y no dejaré passar la ocasión oportuna, q para mi no ay mas q el 
servicio de líTo Señor y buen govierno desta Monarquía. Vos pe- 

I Autógrafo de la Biblioteca del R^ Palacio, 



— 8o — 

did á iTrb Señor q me alunbre para q execute esto, pues save q 
lo desseo hacer. 

Balaguer se halla en el mismo aprieto q sienpre , si bien me 
avisan q han hallado más q comer y q podran durar hasta 20 del 
mes q viene: esto me da alguna esperanza, q si entrassen las 
aguas (como puede suceder por aora) el enemigo padecería mu- 
cho y se desharía, y quizá con esto se podría salvar esta plaza, 
porq socorrerla con exército no es posible en el estado q oy nos 
hallamos ; y assi es fuerza remitirnos á lo q hiciere el tienpo , y 
fiar de Dios q nos a de ayudar en este lanze y q no nos a de de- 
jar perecer. Vos se lo pedid assi como sé lo hacéis, y me ayudad 
á suplicárselo. 

Quanto puedo favorezco á los naturales deste Reyno, como ellos 
mismos lo tienen bien visto , y esto lo continuaré sienpre y los 
procuraré tener gustossos y contentos, por lo q me adbertis y lo 
q inporta en las ocasiones presentes. 

De Zaragoza á 24 de Setienbre 1645. — Yo el Rey. 



XLIX. 



De Sor María '. 



i.o de Octubre Señor : La estimación que ago de V.* M.*^, el desseo que tengo 

' ^^' de alibiarle y la conpassion de sus trabajos y penas , a vencido el 

encojimiento de mi natural , para decir á V.» M.^ claro algunas 

cossas que me passan en mi ynterior ; depossitando en su Real 

pecho mi secreto. 

Eme consolado sumamente con su carta de V.» M.** y e leido 
con mucha ternura los afectos q V.» M.^ manifiesta acerca de la 
debo^ion de la Reyna del cielo, y se los e pressentado con beras 
del corazón , y reconbenido con su desseo de V.* M.<^ de saber en 

I Autógrafo de la Biblioteca del Real Palacio. 



— 8i — 

que la puede.serbir que ssea mas de su agrado. La respuesta de 
tan piadossa pregunta no la e querido fiar de solo mi ditamen, 
sino que e procurado inquirir la voluntad de la misma Señora, y 
se a dignado su dibina piedad de decirme que tres cossas quiere 
de V.» M.^ 

La primera, que se le ofrezca V.* M.^ con recta yntencion y 
pure9a de conciencia , chitando las ofenssas de Dios en ssi mis- 
mo, para q assi se presente V.^ MA á el Altíssimo dispuesto y acto 
para cumplir su dibina voluntad , y q V.* M.^ tenga un cordial y 
devoto afecto á esta purissima Pringesa, como á su amparo 
único y cierto, madre y protectora, y como quien de beras puede 
ayudar a V.* M.** 

La segunda, que V.^ M.^ como Rey y cabera de su monarquía, 
ponga todas sus beras y cuidado en atajar las ofenssas de su Hijo 
SS.™° , que se cometen, pues es lo q mas dessea la dibina Reyna 
de los hombres, que estén sin culpa y pecados ; y el q los cometan 
los fieles tan sin temor y respeto contra su Hijo SS.™^, atendien- 
do tan pocos á la enmienda, es lo q más la desobliga para ynter- 
ceder por ellos ; y por esto tiene el Altíssimo en su mano la 
espada del castigo desnuda con q aflija y hiere á estos reynos. El 
celo santo de V.* M.^ se a de enplear todo en estas dos cossas, para 
que con la propia virtud y pure9a de conciencia por ejenplo, y 
por procurar ebitar daños públicos , se desenoje el Señor. 

La tercera cossa es consiguiente á estas dos : q la gran Reyna 
quiere q sobre esto aplique V.» M.* toda su intengion , desseos y 
solicitud á la defenssa de la S.^ Iglesia y fé católica y á su dila- 
tación, y á la gloria de esta Señora, encaminando á fines tan 
altos los trabajos de su persona de V.* M.^ y de sus reynos; y ofre- 
ce la Madre de Dios su ynter^ession y fabor poderossísimo á 
V.* M.d 

Señor mió ; asta aquí es la respuesta de su deboto afecto de 
V.* M.^ Resta el q hobedezca V.» M.^ á esta gran Señora, pues la 
ama de cora9on ; y en esta fé piense y discurra los medios parti- 
culares que se an de aplicar para rremedio de los daños jenerales, 
q son menester grandes y fuertes por la rresisten^ia terrible y 
cruel que a9e el demonio , por abersele entregado tanto los hom- 



--82 — 

bres, mal confiados de la fé sin hobras; y por el conocimiento 
continuo que desto tengo, y el bien q á V.^ M.<^ desseo, le repre- 
sento y encargo este cuydado con íntimo afecto : para esto ayu- 
dará mucho oyr á los ministros y, si necessarío fuere, á otros aun- 
que no lo ssean, porque Dios puede y suele ablar por los peque- 
fiuelos q tienen buena conciencia y son capa9es de su dibina luz. 

Señor mió : de la piedad de V.^ M.^ fío, que perdonará los ex- 
cessos desta su humilde sierba por la caussa de que na9en de su 
serbido y seguridad de la salbagion de V.^ M.<^, q trabajo por ella 
como por la mia; y entiendo que la gran Reyna la dessea y el 
bien de sus reynos de V.* M.*, pues ofre9e los medios oportunos 
y perfectos para conseguirlo. 

De los trabajos y aprietos deBalaguer estoy lastimadissima; el 
Señor mire con ojos de padre á los pobre^icos q están dentro pa- 
deciendo por fidelidad de su Rey, y después de la causa de Dios 
esta me ace más dessear su conserbacion y que fueran ayudados 
del ejercito; pero sino se alia con fuer9as para ofender al enemi- 
go, mejor es conserbarse con solo defenderse. Dios ynbie aguas ó 
algún medio para q ñni pla9a de Balaguer se conserbe y á V.* M.^ 
prospere. 

En la Concepción de Agreda Octubre i de 1645. — Sierba de 
V.* MA — Sor María de Jesús. 

Señor: mucho tiene V. M. q perdonarme mis ossadias y la mala 
letra q, por no poder bolber á trasladar la carta y estar con poca 
salud, ba con muchas ñdtas. 



L. 



Del Rey '• 



zangoza He Icydo con toda atención vra carta del i deste mes, y 
^ ^645. no solamente tengo q perdonaros sino q agradeceros quanto me 

I Autógraío de la Biblioteca del Real Palacip, 



-83- 

deds en ella. Mucho me consuela ver q quiere ser mi abogada la 
Virgen ñm Señora; solo temo q mi flaqueza lo a de estorvar, 
si ella misma no me ayuda , que este natural ñrb inclina sien- 
pre á lo peor. Las tres peticiones se hecha muy de ver cuyas son, 
pues no pueden ser ni mas justas ni mas santas, y save su dibina 
M.^ q desseo executarlas puntualmente y de oy en adelante 
será con mas efficacia , procurando poner para ello todos los me- 
dios posibles , así en lo q toca á mi persona como en lo restan- 
te de esta Monarquía ; y procuraré poner todos los medios posi- 
bles para q se eviten las ofiíenssas públicas y escandalosas q se 
cometen contra nuestro Señor, y bien save El q diera yo de 
muy buena gana mi vida porq no fuesse ofTendido. La materia a 
de traer dificultad, porq están muy estendidos los vicios y qui- 
zá incurren en algunos los mismos q los an de remediar; pero 
se hará lo posible, y quando no fuera porq lo devemos hacer assí 
conforme á la ley q professamos y á la obligación q á mi me 
corre, sólo por cumplir lo q me insinuáis es voluntad de ñni 
Señora, lo hiciera de bonísima gana. Vos la ofreced esto en mi 
nonbre y la pedid q me ayude para la execucion , pues mis fuer- 
zas son cortas sin su auxilio. 

Espero en su misericordia q quanto más apretados estamos en 
todas partes (pues lo de Flandes está en malíssimo y peligroso 
estado y aora acavo de tener nuebas q tanbien en el estado de 
Milán a entrado el enemigo) tanto mas nos ha de favorecer 
mostrando q la obra es solamente suya, pues mis fuerzas y me- 
dios no pueden acudir á todo. > Clamad sobre esto. Sor María, q 



I En Flándes habia sido la campafia muy desastrosa, apoderándose los 
franceses de Mardic el lode julio, después de veinte dias de bloqueo, de Link 
el 2$ de Julio, de Bourbourg el 7 de Agosto, de Bethune el 29 del mismo mes 
y ademas de Cassel y otras poblaciones de menos importancia. En el estado de 
Milán habia tomado el príncipe Tomás á Vigevano y el fuerte de la Rocca , del 
que salieron los españoles el 13 de Setiembre. Al final de la campafia en Flán- 
des ( aunque el rey no habló de ello en sus cartas posteriores ) pudieron reco- 
brar los nuestros á Cassel, cuyo castillo destruyeron ; y en la noche del 3 al 4 
de Diciembre i.aoo espafioles mandados por Fuensaldafia sorprendieron el 
fuerte de Mardic , qne recuperaron. (Memorial histórico ^ tomo xvín ; Montglat, 
campafia once.) 



-84- 

veo muy vecina la ultima ruina destos re}nfi05 , si como Padre 
piadosso no se duele de nosotros ñrb Señor. 

Balaguer está en los últimos trances y creo q con brevedad 
se habrá de rendir ; todo es de Dios y El me lo dio todo, assi no 
tengo porq quejarme si me lo quita, sino suplicarle me dé su luz 
paraq acierte á cunplir su santa voluntad, q con esto no me 
faltara nada y seré dueño de todo. 

De Zaragoza á 9 de Otubre 1645. — Yo el Rey. 



LI. 



De Sor María '. 

i2dcOctabt» Señor: En las istorias eclessiasticas se alian muchos cassos ad- 
mirables de fabores q a echo la Reyna del cielo (en aflÍ9Íones 
grandes de la Iglessia) con los fieles, remediándolos con su pode- 
rosísima yntercession y entrañas de amorossa Madre, en estre- 
mas ne9essidades : las que tenemos pressentes lo son tanto, quan- 
to V.* M.** considera diciéndome q ve vecina la última rruina des- 
tos reynos; por temerla yo, e desseado bibamente y suplicado á 
V.* M.^ que acudamos á la Virgen SS."* como á tribunal de cle- 
mencia y de misericordia , pues es Madre de ella y de el dibino 
Juez q, yrritada su justÍ9Ía, nos aflije, para q le aplaque y le de- 
tenga; y e procurado saber con que la podia V.** M.<^ obligar, para 
q lo y^iesse, y lo manifesté en las tres cossas. Bien considero q 
en ellas pedia mucho la dibina Reyna á V.* M.^ , pero más le 
ofre^ia (si se ejecutaban) en su anparo y inter9ession , pues 
¿quién podrá desenojarnos á el Señor ayrado por los pecados de 
el pueblo, q la q nunca le ofendió ni jamas perdió su amistad, 
si no q sienpre alió gracia á sus ojos? y, ¿quién mejor podrá al- 
can9ar su salbacion de V.» MA q la q a Uebado tantas almas al 
9Íelo? Y lo que V.» M.^ trabajare por las cossas tan santas y jus- 

I Autógrafo de la Biblioteca del Real Palacio, 



-8s- 

tas q le pide no se le perderá, pues el Todopoderosso paga 
9Íento por uno. En nonbre de V.» M.^^ y de toda la Yglessia per- 
seguida y afligida, clamaré y lloraré en presencia desta piadosa 
Madre y Virgen, y le suplicaré q nos aupare y q no nos deje, 
pues somos echuras del q la elijió por Madre y profesores de la 
santa fé, y la pediré reciba su desseo y affecto de V.* M.^ tan ans- 
sioso de obligarla y serbirla. 

Mucho dolor es para esta su umilde sierba de V.» M.^ verle 
tan rodeado de tribulaciones y no poder ager nada en su alibio 
y descanso de V.^ M.<>, ni darle nuebas de consuelo, pues no se 
asta donde llegará el enojo del Señor, ni quando nos mostrará la 
alegría de su rostro y grande misericordia : esto lo reserba el 
Altissimo en el secreto de su probidiengia y será para mas humi- 
llamos y obligarmos á que le pidamos con mayor ynstancia y 
fiíerga lo mismo que su clemengia nos ofrege ; y para proponer 
esto á V.* M.^ y alentar su real coragon contra tantos aprietos 
q le oprimen, tengo algunas ragones, porq no se olbida de su 
misericordia en medio de el castigo; ñrb Padre es, y hijos suyos 
nos confesamos; no nos a de desanparar, que ni tenemos otro 
Dios á quien acudir, ni le queremos : aunque nos aflija y destru- 
ya le emos de confesar, pues no desprecia los corazones contri- 
tos y umillados. Suya es la Iglessia y los fieles por ellos murió. 
¿Quién fió en su majestad q se aliase frustrado? y ¿quién le 
llamó que dejase de ser oydo ? Señor mió de mi alma, puesta á 
los pies de V.^ M.<^ le suplico, se aliente y dilate el ánimo, pues 
el padecer por la justigia y por la caussa de Dios le puede ager 
bienabenturado ; y todo lo que V.* M.^ senbrare con lágrimas, 
dolores y angustias por la defensa de sus reynos católicos y de 
la purega de la fé, cojera con alegría y júbilo, quando el Altissi- 
mo dé á V.» M.*^ el premio. 

Mucho me aflijen los aprietos de Flandes, Milán y Balaguer; 
trabajaré de nuebo en esta caussa, y pediré á el Altissimo dé luz 
á V.^ M.^ para que elija los medios humanos que conbienen; en 
esto se estiende mi desseo á proponer y suplicar á V.^ M <^, para 
el año que biene no consienta que la guerra se aga solo con los 
pobres y sin obligaciones,' pues la tienen tan estrecha los demás 



— 86 — 

poderosos y rricos de seguir á V.^ M.<^, aconpañarle y defender 
estos reynos; esto parece mas conforme á ragon y á boluntad de 
Dios, con que cregerá el ejército, q es menester sea mayor para 
defendernos, y que las dispusigiones de las guerras sean mas ten- 
prano q el año passado. El Altfssimo lo disponga todo y pros- 
pere á V.» M.^ 

En la Concepción de Agreda Otubre 12 de 1645. — Sierba de 
V.» M.^ — Sor María de Jesús. 



• 



LII. 



Del Rey. 



zaregoxa He recibido vuestra carta de 12 de este, y siempre hallo en 

xS de Octubre ii«** « i «jj •* 

,6^^, ellas alivio y consuelo para los cmdados y apnetos presentes, y 
muy buenos consejos : así supiera yo ejecutarlos como estoy cierto 
aplacará la ira del Señor ; pero el daño es que mi fragilidad y 
flaqueza no me dan lugar á que obre lo que debiera, y aunque lo 
procuro y procuraré cada dia con más cuidado y atención , fio de 
la misericordia divina y de la intercesión de nuestra Señora, que 
han de suplir con sus auxilios lo que á mí me falta. 

Sor María : deseando poner en ejecución las tres peticiones que 
me escribisteis , me he confesado y comulgado hoy ; y aunque si 
Dios no me k3ruda yo caeré fácilmente, estoy con propósito de 
procurar ajustar mi vida y mudarla totalmente : reconozco en mí 
de lo que debo enmendarme, y esto no es para con los demás; y 
para poder remediar los pecados de otros, es el primer paso saber 
quién vive mal y escandalosamente , pues si no se sabe el daño 
mal se puede aplicar el remedio ; y así he escrito á todos los pre- 
lados de España que me avisen quién vive mal en su diócesis, y 
qué pecados públicos y escandalosos hay, y qué medios se les 
ofrece que habrá para su remedio, para que con esta noticia yo 
pueda tomar resolución más acertada. Lo mismo tengo encargado 



-87 - 

á todos mis ministros, y siempre que llegare á mi noticia cosa 
digna de remedio se le procuraré aplicar, y en todo procuraré 
granjear la voluntad de nuestra Señora, que ella es quien ha de 
aplacar el enojo de su Hijo Santísimo y quien nos ha de defen- 
der y sacar bien de los aprietos presentes, aquí como en Flándes 
y Milán. Vos continuad vuestras peticiones, que nunca se cansa 
Dios de oirías y ahora es mucho menester su ayuda , porque creo 
que Balaguer se rindió ya al enemigo (aunque no lo sé con toda 
certeza '), y viéndose libre el enemigo y ayudándole el tiempo, 
se puede temer quiera pasar adelante y poner este reino en con- 
fusión; pero fío de Dios no lo hará, pues en fin, aunque malos 
somos sus hijos. 

Yo estoy de partida para Valencia, pues he acabado ya aquí 
con el juramento de mi hijo, y procuraré dejar estas cosas en la 
mejor forma que sea posible '; allí también se jurará y después 
pasaré á Madrid (placiendo á Dios), adonde procuraré adelantar 
las materias de la futura campaña cuanto fuere posible y estar de 
vuelta en este reino por Febrero, donde proseguiré las Cortes 
que dejo empezadas y procuraré salga la gente rica y noble, que 
juzgo por acertado vuestro parecer en esto : vos trabajad por la 
conservación de estos reinos, pues estáis vecina de ellos y son 
donde más puramente se confiesa la fe católica y se observa la re- 
ligión cristiana. 

De Zaragoza á i8 de Octubre de 1645. — Yo el Rey. 



1 Balaguer no capituló hasta el 20 de Octubre, según Montglat y el Mtmorial 
Histérico español. 

2 £n el Memorial Histórico español^ tomo xvm, se dice que en Aragón las 
Cortes que empezaron en ao de Setiembre juraron al Príncipe en 21 de Octubre, 
y que el Rey salió de Zaragoza el 22 , añadiendo : « Las Cortes de Aragón se 
continuaron por tratadores, no siendo posible persuadirlas á habilitar Presidente. 
El Rey partió desabrido de su entereza y ofreció dar la vuelta á últimos de Fe- 
brero. 9 



— 88 — 



Lili. 



De Sor María. 



23 de Octubre Scñof : Déjame V. M. con grande aliento y consuelo por la de- 
terminación que me dice ha tomado V. M. en disponer y ejecu- 
tar con efecto todo lo que la divina luz da á entender á V. M. 
para ia mayor seguridad y satisfacción de su conciencia ; y como 
esto corresponde á mis vivos deseos, me ha llenado de alegría la 
confianza que tengo de que V. M. lo ha de ejecutar con grande 
plenitud, y que este medio será principio de otros grandes bene- 
ficios que la mano del Altísimo tendrá prevenidos para V. M. ; y 
en nombre del Señor y de su Madre Santísima hago nueva ins- 
tancia para que V. M. ejecute este deseo sin temor de la propia 
fragilidad , pues el mismo Señor, que se le ha dado á V. M., le 
asistirá con su gracia y favor mucho mayor de lo que nuestros 
deseos se pueden extender ; y para la perseverancia en todo, creo, 
Señor mió, es necesario frecuentar mucho los Sacramentos de la 
confesión y comunión, y este sacrificio será acepto para obligar 
á la gran Reina del cielo y á su Hijo Santísimo que den mayor 
luz y gracia á V. M. 

Mucho que hacer hay en la reformación de los vicios públicos, 
pero Dios nuestro Señor no obliga á V. M. lo remedie todo, sino 
que obre y haga lo posible cuanto es de parte de V. M. y con 
esta diligencia se satisface á la conciencia y se da el Señor por 
obligado. El haber escrito á los prelados de estos reinos, con la 
instancia que V. M. lo habrá hecho, será poderoso medio, si ellos 
corresponden con efecto al santo celo de V. M. ; mas á esta dili- 
gencia me parece entiendo que conviene añadir otra, en reformar 
ministros, cabezas y todos los que tocan al gobierno, y hacer 
elección de los mejores y que más teman á Dios; y este punto en 
la divina estimación pesa hoy mucho, y la luz que tengo me obli- 



-89- 

ga á representarlo á V. M. y á pedir continuamente que Dios, 
por intercesión de su Madre Santísima , la ponga en el corazón 
de V. M. para que conozca y obre lo que conviene. 

Muchos dias há que de persona muy propia de V. M. y que me 
habló sin engaño, porque no está en estado ni vía de tenerle, 
tengo algunas advertencias que decir á V. M., y las guardaba 
para mejor ocasión porque me las dieron con esta orden ; una 
de ellas es la reformación de los trajes y excesos de las mujeres, 
de que Dios está muy indignado : adviértolo ahora á V. M. para 
cuando llegue á Madrid, y lo demás, si fuere necesario, será en 
otra ocasión. Tampoco quiero ocultar á V. M. otro secreto que 
he entendido para renovar en su Real pecho el cordial afecto y 
devoción que debe tener cada dia más con la Madre de Dios, y 
es que la intercesión de esta gran Señora y la protección que tie- 
ne de V. M., por la devoción y confianza que en ella ha puesto 
V. M., le ha defendido en este tiempo de una grande traición que 
por orden del enemigo se fraguaba contra su Real persona: justo 
es agradecerle este beneficio y avivar la confianza que debe tener 
V. M. en tan poderoso amparo y defensa. Señor mió, yo me he 
sacrificado con mis pobres fuerzas á suplicar á esta poderosa Reina 
que mire á V. M. y le encamine en todo; y aunque valgo poco, 
no faltaré en esto y en la fidelidad de afectuosa sierva, y de mirar 
y atender á todo lo que pudiere ser del alivio de V. M. aunque 
sea á costa de cansarle, fiada de que V. M. me perdonará. 

Déjame afligida d trabajo de Balaguer ; pediremos al Señor 
detenga y humille á estos enemigos, pues tanto más será obra de 
su divina diestra, cuanto más nuestras fuerzas son cortas. La au- 
sencia de V. M. me hace mucha soledad ; al Todopoderoso supli- 
caré lleve á V. M., en su jomada, debajo de su divina protección, 
y para el año que viene vuelvo á suplicar á V. M. que con efecto 
mande le sigan los poderosos y nobles, como es tan justo en la 
necesidad presente y tan debido á la persona de V. M. Prospé- 
rela el Altísimo y la del Principe nuestro Señor. Heme conso- 
lado le hayan jurado en Aragón , que deseaba se concluyese. 

En la Concepción de Agreda á 23 de Octubre de 1645. — Sier- 
va de V. M. — Sor María de Jesús. 

7 



— 90 — 



LIV. 



Del Rey ». 



Valencia 6 Hc rccivido vra carta de 23 del passado , y sienpre hallo en 

deNovicmbre ,- .• j i» • i • ^ ^ i 

J645. ellas nuevos motivos de alivio y consuelo , y juntamente buenos 
consejos q seguir. Yo llegué á esta ciudad á 29 del passado, ha- 
viéndose hecho el viaje con buena salud y tienpo apacible , de q 
he dado gracias á líTo Señor y á su Madre Santissima , pues nos 
ha librado de los riesgos q suele haver en estas jomadas , particu- 
larmente á mi g pude hacerme gran daño de una caida q di de 
una muía , y por su intercession santissima me libró del y no fué 
más g un golpe en un honbro y en una mano, todo cossa de poca 
consideración % mereciendo yo mucho mayores golpes , por lo q 
continuamente ofíendo á su Divina Mag<^. Sirvasse por quien es 
de habrirme los ojos para q acierte á cumplir enteramente con su 
santa ley como lo desseo y procuro. Ayudadme, Sor María , á dar 
gracias á ñTo Señor y á su Santa Madre por haverme librado en- 
tranbos de la traición q decis se forjava contra mi persona , y pe- 
did me continúen su santo amparo ; pues si me faltasse , hasta 
las piedras se bolverian contra mí, y no dudo q cada instante 
hemos menester su ayuda por los riesgos, assi espirituales como 
corporales, q cada dia se nos ofrecen , de lo cual no me maravillo 
pues es cosecha deste mundo; y assi , mientras estubieremos en 
él a de durar este trabajo y riesgo. 

Después de haver ocupado el enemigo á Balaguer , no a tratado 
de passar adelante con sus enpressas ; antes se a retirado y aquar- 
telado su gente, con q parece q por este invierno estará quieto. 
Bien entiendo q esto a ssido particular favor de nfo Señor , pues 
si ubiera passado adelante, nos hallavamos con tan pocas fuerzas 

1 Autógrafo de la Biblioteca del Real Palacio. 

2 En la cuesta de Cariñena, resbalándose la muía, cayó el Rey, que en la pri- 
mera parada se sangró. 



— 91 — 

q no ubieramos podido resistirle si intentara obrar; pero la in- 
tercession de la Virgen Santissima obra en tiro favor : déme Dios 
su gracia para q acierte á agradecerla tanto como la devo. Aqui 
desseo abreviar con lo q ay q hacer y en jurándose mi hijo apre- 
suraré mi buelta á Madrid , donde conviene mi assistencia para 
facilitar y disponer las prevenciones del año q viene. Lo primero, 
quisiera q fuesse el evitar ofíenssas de ñrb Señor , assi en mí co- 
mo en mis ministros y en todos los demás, y para esto os oñrezco 
de poner los medios q juzgare son necessaríos para conseguirlo. 

Como piedra fundamental para todo, los trajes de las mugeres 
a dias desseo reformar; y aunq se an hallado dificultades en el 
effecto, se vencerán y de mi parte se hará lo posible para q se 
consiga, pues es grande el excesso á q esto a llegado. Vos, Sor 
María , apretad en las oraciones , pues según quedan las cossas 
desta Monarquía este año , en todas partes se puede temer el q 
viene su última ruina, si Dios ñrb Señor no nos assiste con su 
mano poderossa y su Santa Madre con su divina intercession; 
porq aunq hago y haré todas las diligencias q caven en ñra posi- 
bilidad para q los medios humanos sean los suficientes para ñni 
defenssa , el caudal no alcanza si no suple ñrb Señor lo q falta. 
Yo travajaré y reventaré (ques lo q me toca ) con buen desseo de 
acertar; lo demás corre ppr quenta divina, de cuya misericordia 
espero se a de doler de nosotros y no permitir q acave de perder- 
se una monarquía q tantos servicios le ha hecho. 

De Valencia á 6 de Novienbre 1645. — Yo el Rey. 



LV. 

De Sor María K 

Señor: Con alegría de mi espíritu desseo a)aidar á V.* M,^ en dar 13 ¿e No- 
gracias á Dios por la buena salud con que a llebado á V.*^ M.^ asta 
Balencia, y le suplicaré continúe este beneficio asta Madrid, y q 

X Autógrafo de la Biblioteca del Real Palacio. 



— 92 — 

en todas partes y acciones le assista y gobierne con su poderossa 
diestra. 

Señor mió; muy cuidadosa estaba asta saber el sucesso de la 
jornada, y V.» MA puede y debe reconocer á la Reyna del cielo por 
autora de todos los favores q recibe de la mano del Altíssimo , y 
tanbien lo sería q la cayda no fuese de mayor peligro, de que yo 
me e consolado mucho : sea Dios vendito por sienpre , q mira á 
V.» M.^ con misericordia. Puesta á los pies de V.» M.^ le suplico 
mire por su salud y vida, y mande q los peligros de las jornadas 
se prebengan lo possible , pues su vida de V.* M.'^ la a menester la 
Chrístiandad tanto; y si con la mia la pudiera alargar muchos 
años, lo yciera , por que de coraron estimo á V.» M.^ 

Necesario parece q los aprestos para el año que biene se ade- 
lanten todo lo possible y que V.* M.^ lo disponga y mande assi 
con la mayor brevedad ; y por lo q ynporta q todo se fie de bue- 
nas caberas q sirban con amor y fidelidad, pediré á el Señor q 
dé á V.* M.^ luz para q elija las mejores, y fío de su dibina cle- 
mencia atenderá al católico y santo celo con que V.* M.^ trabaja 
por la fe de su Iglesia y conserbacion y aumento de la Chrístian- 
dad. Sienpre conozco. Señor, q es gran parte desto la rreformacion 
de los pecados destos reynos, en q me mandan aliente mucho el 
yntento y Real coraron de V.» M.**, sin embara9arle ninguna difi- 
cultad , pues el vencerlas corre por quenta de Dios y el aplicar 
los medios por la de V.* M.^; y quando es esta la boluntad dibina, 
no es possible q niegue su favor y assistencia á quien dessea eje- 
cutarla. Agalo V.» M.^ con toda confian9a, que si con esto nos bi- 
nieren trabajos, mejor es q nos alien fiando en el Señor y traba- 
jando por la onrra y gloría de su nonbre. Pero nunca dessanpara 
su probidencia á quien espera en El , y con la ynter^ession y an- 
paro de María SS"*** de q V.» M.*^ tiene tanta segundad , no debe 
rrendirse á ninguna dificultad ni desconfiar V.* M.^ de lo q se yn- 
tenta con obligación j sana boluntad. 

Algún temor e tenido q el ejército del enemigo no obrase este 
ynbierno en las fronteras de Aragón algún daño , porq el demo- 
nio está muy bijilante en turbar á unos y mober á otros ; pero 
fa9il es para Dios desbane9erle sus yntentos y puedo asegurar 



— 93 — 

á V.» MA q es este uno de los mayores cuydados que me afli- 
S^n, por no saber asta donde desobligarán á Dios iTnis culpas, 
para darle á este enemigo permisso en su maligna ynten9Íon , y 
^labajaré en esto con la dibina gracia todo lo q con ella alcanga- 
^^ mis flacas fiíergas. 

Alegróme sumamente de la salud de Príncipe ñfo Señor y S.» 

•'^Aflía, q los estimo con berdadero afecto, y pido á el Altíssimo 

/Qj guarde y conserbe y se balga de sus Alte9as para beneficio 

^^su santa Yglessia y q á V.» M.^ le ylustre y defienda, como 

/^^3 su gloria es negesario. 

E/1 ia Concepción Descaiga de Agreda Nobienbre 13 de 1645. — 

Sie/va <ie V.* M.*^ q su mano besa.— Sor María de Jesús. 



LVI. 



Del Rey '• 



^^s a. q no os escrivo, pero alo estorvado el ha ver salido ocho Madnd 15 
d> ^xites q yo de Valencia el Patriarca y lo q suele enbarazar * ^^^^^ ** 
c ^^tíxixxo. Ya, á Dios gracias, llegamos aquí á los 11 deste, bue- 
^ V Kallé con entera salud á mi hija. Dios la bendiga y guar- 
* ^ cierto está lindíssima y me sirve de harto alivio verla en 
m^lo de los cuydados en que me hallo, q cada dia parece son 
mayores. Bien creo q vos no os olvidáis de encomendarnos á Dios 
y clamar en su presencia , para q se duela de nosotros y aplaque 
stt justa ira; encargóos lo continuéis y particularmente pidiéndole 
encamine la- paz, pues aora en el invierno, ques quando las ar- 
mas están mas quietas, es quando se trata de los ajustamientos: 
ya os he dicho y os lo buelvo á decir aora, q de mi parte no se 
faltará á facilitar los medios para el acuerdo, pero mis enemigos 

I Aut<^;rafo de la Biblioteca del Real Palacio. 



— 94 — 
están tan sobemos cx)n los buenos sucessos q an tenido, q si Dios 
líTo Señor no los humilla temo no se an de concertar jamas. 

Aquí travajaré lo posible, en primer lugar en satisfazer las tres 
cossas q me decis agradan más á la Virgen Santíssima , por q 
desseo tenerla propicia para q me balga su intercession ; y en se- 
gundo, en disponer las cossas para la futura canpaña lo mejor q 
fuere posible, aunq verdaderamente estamos tan faltos de medios 
umanos, q si ruó Señor no suple con los divinos, nos a de ir muy 
mal. El se sirva de abrimos los ojos para q acertemos á agra- 
darle y á cunplir su santa voluntad, q con eso nada se herrará y 
de todo saldremos bien. Vos me iréis avisando de lo q juzgá- 
redes será mayor servicio de líTo Señor para q yo lo execute. 

De Madrid á 15 de Dicienbre 1645. — Yo el Rey. 



LVII. 



De Sor María '. 



5 de Febrero Scñor : Qiuqueuta dias se a detenido esta carta, por que a ve- 
nido por Zaragoza y las niebes y rigores del tieqpo an sido tan 
excesibos por todas partes , q las estafetas han faltado y las cor- 
respondien9Ías se an suspendido. De el Patriarca tube abisso que 
me abia encaminado la de V.^ M.^ , con que a ssido mi pena más 
que puedo ponderar, asta q la e rre9Íbido, y por no dársela á 
V.» M.** no e escrito su dilación. jVendito ssea el Señor que me la 
a traydo, y que llebó á V.* M.^ con salud á su cassa y alió con ella 
á la Infanta nuestra S.* , y tan linda y gra9Íossa , para alibio de 
V.* M.^ ! Dios la guarde y la aga muy dichossa. 

Bien creo que sus cuydados de V.» M.** son cada dia mayores; 
yo los pondero y pesso con afetuossa conpasion y lágrimas del 

I Autógrafo de la Biblioteca del Real Palacio. 



— 95 — 

coraron , y me postro ante d Altíssimo suplicándole consuele, 
alibie y fortalezca á V.^ Mfi y que le encamine en todo para el 
a9Íerto, pues las caussas que a cargado sobre los hombros de 
V.^ M.<> y puesto por quenta de su cuydado son las mayores de 
su serbicio. La defenssa de la fe santa y el 9elo de su onrra, la con- 
serbadon de su pueblo querido y católico ; motibos y fines tan 
excelentes, pueden animar á V.^ Mfi y encenderle en 9elo de 
Dios, y darle confianga en su misericordia y en q a de a3aidar su 
protección á V.^ M.^; pues nos enseñan las dibinas Escrituras 
q sienpre el Altíssimo a cuidado de los que son suyos, y ninguno 
que le llamó de beras y esperó en su Majestad fué confundido; 
y tanto más quanto V.* M.^ tomare por su quenta el ebitar pe- 
cados y castigarlos con fortaleca sin respeto umano , procurando 
q los consejos y tribunales se conpongan de sugetos temerossos 
de Dios, quebrantará el Todopoderoso ñrbs enemigos ; q parece 
quiere q conozcamos que solo su dibina diestra lo puede acer, 
para que le obliguemos y llamemos, pues los medios humanos 
son tan flacos y desbalidos quando están nuestros contrarios más 
soberbios y poderosos. 

Bien conozco q el ajustamiento de las pages era lo más acerta- 
do y conbiniente para no destru3n'nos, pero ¿quien sino el Pa- 
dre de misericordias y autor de la paz nos la podrá dar , quando 
todo el mundo está en guerra ? Y cierto, Señor mió, q todos los 
hijos de la Iglessia abíamos de postrarnos en la pressengia de 
Dios pidiéndola con lágrimas de sangre : yo, la menor de todos, 
lo aré y la vida ofreceré por conseguirla, y para q el Señor dé 
medios y los enseñe, para rendir aquellos coracones endurecidos 
y pertinaces á que se ajusten á lo q á ellos mismos les está bien;> 
pues la paz, los más bitoriossos la debian abracar. Muy pruden- 
temente ace V.^M,^ en prebenir la canpaña futura, q está el 
tienpo muy adelante y el enemigo fuerte , y el principiar prime- 
ro ace mucha ventaja. 

Tanbien conbiene que las placas se probean abundantemente 
de todo y que se guarnezcan , por si el enemigo se enpeña en si;* 
tiar alguna q tenga en q dibertirsse y gastarsse, y los passos fla- 
cos se fortalezcan porque no dañen á las fronteras. 



-96- 

Anme dicho que Don Felipe de Silba a muerto ; suplico á 
V.^ M.^ 9t ponga su9esor temerosso de Dios, fiel á V.* Mj^ y ger- 
(itado en la milicia, que esto ynporta y pessa mucho. 

Sumamente me consuela q V.^ M.^ obligue á la Madre de Dios 
con ejecutar las tres cossas q son de su gusto, porque es poderos- 
sa inter^essora, y muy amadora de la Iglessia S> y pedirá por 
ella á su Hijo SS.°^^. Toda esta comunidad trabaja continuamen- 
te y clama á el Señor por V.' M.^ y sus rey nos, con tan grandes 
beras , q me sirbe de consuelo que V.^ M.^ tenga sierbas tan fieles, 
pues todas diéramos la vida por la de V.* M.^ y su alibio , pros- 
peridad y dicha del Príncipe ilro Señor y S.^ In&nta. El Altíssi- 
mo nos lo con9eda por su piedad. 

En la Concepción Descalca de Agreda Febrero 5 de 1646. — 
Sierba de V.* Mfi — Sor María de Jesús. 



LVIIL 



Del Rey '. 



Madrid Ayer reciví vra carta de 5 deste , en respuesta de la q os escrí vf 
15 de Febrero j,g¿^n Uegado á este lugar, y ya havia dias la hechava menos; 
pero bien reconocía q los malos tienpos q a hecho serian caussa 
de la dilación , pues sois puntual correspondienta. Heme alegra- 
do de ver lo q me deds, y os agradezco mucho el cuydado q te- 
neis vos y essa comunidad de encomendar á Dios los aprietos 
presentes , pues ellos son de tamaño q solo de su mano poderoasa 
puede venir el remedio. Yo, Sor María, no acierto á servirle ni á 
agradecerle pues si lo hiciera se mitigara su rigor ; pedilde con 
todas veras (y tanbien á su Santíssima Madre) q me abran los 
ojos para q no les ofienda y haga en todo su santa voluntad ; q 

I Autógrafo de U Biblioteca del Real PaUdo. 



si lo consigo no temo á todo el mundo junto , aunq se conspire 
contra mi. 

De todas partes me avissan q son grandes las prevenciones q 
hacen los enemigos contra nosotros , teniendo por cierto q en esta 
canpaña an de acavar con esta Monarquía; y verdaderamente, si 
miramos á los medios umanos con q me hallo en todas partes 
para defenderme, no va fuera de camino su intención, pues son 
cortíssimos ; y aunq he trabajado incessantemente desde q llegué 
aquí, está muy poco adelantada ñfa defenssa solo por falta de 
medios umanos, y assi (aunq no los olvido) devo acudir á los 
divinos, como únicos para salir del riesgo q nos amenaza en to- 
das partes el poder de ñrbs enemigos. 

Trato con todo cuydado de la reformación de pecados y de las 
caussas de q proceden , q esto es lo principal, y para ello se están 
ajustando órdenes y papeles, para q la execucion sea más eñec- 
tiva. A todos los prelados y corregidores se les ordena continua- 
mente q velen sobre esto, como el medio más principal para 
aplacar la ira de i^o Señor : á los ministros q andan por el reyno 
á la saca inescussable de la gente, les he encomendado, con gran 
particularidad , q la hagan con el menor daño q pudieren de los 
pobres vassallos , pues aunq es inpossible evitallos todos , conbie- 
<2e q sean los menos q se pudiere. 

£n el puesto q a vacado por Don Felipe de Silva, tengo 

pcnssado poner al Marques de Leganés, assi por no haver otro 

soldado tan á la mano, como por concurrir en él las partes q me 

^cri vis. En todo procuro , Sor Maria , cunplir con esta carga; 

pero ella es grande y mis honbros faltos, y si Dios no ayuda da- 

remo^ con todo en tierra. Pedilde se duela de lílos y no permita 

7 Aca. vemos de perdernos , pues aunq somos malos , somos los hi- 

jos xTk^Ls fieles q tiene en su Iglessia. 

iy& la paz espero muy poco, pues aunq yo he cedido muchís- 
«/rEfto i>orq se haga no la quieren iTros enemigos, teniendo por 
^^''*^c> q este año acavarán con todo; y assi es necessario tratar 
íe tTt^. defensa , la qual a de venir de la poderossa mano de ñrb 
'íi^^o»" , como lo espero de su misericordia. 
^^ A^adrid á 15 de Febrero 1646.— Yo el Rey. 



-98- 



, l«49. 

i 

i 



LIX. 



De Sor Haría '• 

4 

4 >s (ie Febrero Sefiof : La piedad grande de V.* M.^ me tiene tan obligada, 

que aunque no interbinieran tan grandes y ponderables títulos 
para ser puntual en responder á las cartas de V.^ M.^ , ven9iera 
mi cobardía y encojimiento para ajerio la affectuossa compassion 
] que tengo de sus penas y cuidados de V.^ MA; pues es tan gran- 

f de , que me pone el cora9on en una prenssa y me le lastima ver 

'* el de V.^ M.^ tan lleno de tribulagiones por caussas tan justas y 

del serbicio de Dios; y porque el Todopoderoso lo rremediara 
ofreciera mi vida, y me fuera alibio darla por lo que tanto 
desseo. 

Confiesso, Señor mió, que con esta carta a crecido mi dolor y 
mi aflic9Íon , ponderando que los enemigos de esta Monarquía 
tengan fuerzas y medios para ofenderla y nos falten para lífa 
defenssa. Este aprieto desseo presentar ante la misericordia del 
Altissimo y de su Puríssima Madre, y assi lo ago quanto puedo. 
Verdad es que los enemigos son muchos y poderosos , pero sien- 
pre me parece tengo por respuesta , q su poder son liras culpas y 
la libertad de los bicios que el demonio a senbrado en esta cató- 
lica Monarquía. Enmendados estos (á lo menos en parte) sin 
duda se aplacará el Señor , y si está con nosotros no desmaye 
V.^ M.^, que las bitorias de los príngípes católicos no consisten en 
la multitud, sino en el favor y poder divino que se las da; y no 
le a9en falta los soldados que sobran á los enemigos , á quien pue- 
de salbarnos con muy pocos si nuestros pecados nos an puesto 
en el estado que tenemos. Crea V.* M.* que el esfuer9o con que 
los rremediare' serán fuer9as y victorias contra los enemigos ; y 

I Autógrafo de U Biblioteca del Real Palacio. 



— 99 — 

aunque V.* M.<^ a9e mucho en esto , pide mas el daño y el Señor 
que con gran fe y esfuerzo agamos mas. 

Dudóme mucho de ver á V.» MA tan solo para el remedio 
quando tantos ayudan á la perdición ; pero será V.*^ M.^ señalado 
en el premio de lo que trabajare. Las atiendas de los bassallos 
para estas ocassiones son , y los que pueden an de a9er respeti- 
bamente lo que ha^en los pobres, y los ministros de V.» M.^ an 
de ser los primeros como más benefí9Íados de su mano; y donde 
se abentura este año la Monarquía y la Christiandad ra9on es 
que todos se animen y salgan del passo ordinario y se estrechen, 
y no desobliguen á Dios para que ejecute el castigo que nos ha- 
mena9a. Buelbo á encargar á V.» M,^ de parte del Señor, como 
quien tiene su poder y á su quenta la honrra de Christo y de su 
Iglesia, que obre en esto y con resolución. Procure V.» M.<*, en 
todo casso, adelantar la canpaña sin perder un punto de tienpo, 
q se puede abenturar mucho en un dia de dilación , y como se 
conpone de tantas cossas la guerra y el sustento del exército, sino 
se prebienen apriesa aran falta; y sean nuestras armas principa- 
les la fée, y la caussa de la guerra la de el mismo Dios y exalta- 
ción y conserva9Íon de su nonbre; esto quitará la cobardía y dará 
esfuer90 á todos. Téngale V.* MA y dilate el ánimo , pues á in- 
pressas tan del serbicio de Dios fuer9a es las tome por su quenta, 
y que ssea en nuestra defenssa , y como padre amoroso se a de 
conpade9er de la aflÍ9Íon y tribula9Íon de sus hijos, que aunque 
los corrije los ama. La comunidad y yo, la menor de todas , tra- 
bajamos con fidelidad de sierbas de V.*^ M.^ y aora prin9Ípia- 
mos nuebos exercicios para pedir misericordia, vida y salud de 
V.» M.^. Con9édanosla el Altíssimo como puede. 

En la Concepción Descal9a de Agreda 28 Febrero 1646. — 
Vesa la mano de V.* M.<* su menor sierba. — Sor María de Jesús. 



— 100 — 



LX. 



Del Rey <. 



Madrid Oy he recivido vía carta de 28 del passado, y como tengo alivio 

^ ^ló^ó*^ ^^ oirías y en escriviros , no he querido dilatar mas la respuesta. 
Confiessos, Sor Maria, q me alienta mucho lo q me decis por una 
parte y pues veo q si nosotros cunplimos con lo q devemos Dios 
se dolerá de lo q passamos, y por otra parte me aflige infinito el 
juzgar q no devemos de cunplir con lo q devemos, pues duran 
aún los castigos y las calamidades. Bien veo q mis pecados , y 
el menor dellos, merecen más rigor ; y assi os pido con todo enca- 
recimiento q lo primero q pidáis á ñfo Señor , es q se duela de 
mi y me dé su gracia , para q no le offenda y para q acierte á 
cunplir con las obligaciones en q me a puesto ; q si yo consigo 
esta petición me tendré por el más feliz honbre del mundo. 
Quanto puedo hago por evitar offensas públicas y escandalossas 
de lírb Señor , pues reconozco verdaderamente que quanto más 
le ofíendamos más armas damos á iTrbs enemigos ; y ahora ac- 
tualmente se an dado órdenes para reformar los trages en las 
mugeres y en los honbres, y para q cessen las comedias, por pa- 
recer q destas caussas proceden parte de los pecados q se come- 
ten ^ , y tengo encargado á todos mis ministros q obren en sus 
offícios como deven. Procuro inquirir si cunplen con ello, y si 
llega á mi noticia qualquier excesso q pida castigo, le executaré; 
pero la calidad de los tienpos está de manera, q temo ay mucho 
trabajo, por mas q procuro el remedio. Este a de venir de la 

1 Autógrafo de la Biblioteca del Real Palacio. 

2 Salió por entonces un decreto prohibiendo la representación de comedias. 
Ya en Febrero de 1644 habíanse dado pragmáticas , según las que sólo se po- 
dían representar las de historia ó vidas de Santos , y entre otras particularidades 
se prevenía no pudiesen ser comediantas las solteras ni viudas , sino todas ca- 
sadas. {Avisos de Pellicer ; Memorial histórico^ tomo xvni.) 



— lOI — 

mano poderosa de ñro Señor y de la intercession de su Madre 
Santissima ; y os agradezco las oraciones q decis hacéis y os en- 
cargo las continuéis, pues ya estamos en principios de canpafla 
y con muy cortos medios humanos para ñra defenssa, si bien 
hago lo posible por aplicarlos en quanto alcanzo. 

Creí poder haver partido ya la buelta de Aragón, pero los en- 
barazos de la disposición lo an dilatado , y juzgo q hasta Pascua 
no podré salir de aquí. Ame parecido ir por Navarra para ver 
y favorecer á aquel Reyno ; y con esta ocasión passaré , placien- 
do á Dios, por esse lugar, de q voy muy alborozado para bol ver 
á veros / para daros á conocer á mi hijo, q llevaré conmigo, 
pues aunq juzgo le encomendáis á Dios sin conocerle , lo haréis 
con más fervor después de haverle conocido. 

De Madrid á 7 de Marzo 1646. — Yo el Rey. 



LXI. 



De Sor María '. 



Señor : Biep creerá V.* M.^ q me alio muy obligada y con- «5 ¿e Marro 
fussa de lo que debo á su piedad de V.*'M.<^ , y de q sobre todos 
sus cuidados le tenga de dar ánimo á mi encojimiento, para con- 
tinuar la correspondiencia de V.* M.^ , manifestándome le es de 
algún alibio : si lo fuera mi dolor y conpassion y las muchas lá- 
grimas que derramo hiendo lo que V.* M.<^ padece y trabaja, le 
pudiera tener. Muy pobre y flaca soy, pero mi agradecimiento 
se estiende más que mis fuer9as , y el deseo de su descanso de 
V.* M^ y quietud desta Monarquía exgede á mas que puedo en- 
carecer, y á procurar la enmienda de mi inperfecta vida por 
ayudar á V.« M,^ ; pero como hija de la Santa Iglessia, conozco 
que nuestra confianca no estriba en nuestros merecimientos, sino 

I Autógrafo de la Biblioteca del Real Palacio. 



— 102 — 

en la bondad , poder y misericordia de Dios, y en la intergession 
de su SS.°* Madre. Esta verdad aliente á V.* M.^ para esperar 
con confían9a la dibina gracia, y cunplir con las obligaciones 
que reconoce V.* M,^ á Dios, y le suplico no desmaye V.* M.<* por 
los pecados propios , q el Altissimo es padre tan amoroso con 
sus hijos , q para olbidar las ofensas pasadas mira los buenos 
deseos presentes de la enmienda de la vida. Ya conoce ñró íig- 
mentó írajil y no quiere extinguir la centella que en9endió en 
el coraron de V.* M.^ ; antes la quiere encender más , para que 
V.» M.*^ le obligue á que le mire con piedad , defendiendo su glo- 
ria y honrra y procurando ebitar los pecados públicos. Y crea 
V.* M.^ que se dará por servido del santo 9elo con que V.* M,^ tra- 
baja por esta caussa tan justa y digna de remedio, por que como 
las offensas son de los hijos más amados y los que debemos ma- 
yores benefí9Íos á este Señor , las siente más. 

En su nombre agradezco á V.» M,^ que remedie los trages tan 
profanos de todos y especialmente los de las mugeres, y dester- 
rar las comedias; y más en estos tienpos, que será de grande 
serbÍ9Ío y agrado del Altissimo y el camino derecho de aplacar- 
le y obligarle para nuestras bitorias , y de bencer á el demonio 
que ocultamente nos hace guerra por ssi y por nuestros enemi- 
gos ; y después dará Dios luz á V.* M,^ para lo demás que pide 
remedio, aunque todo no se puede atajar en esta vida sugeta á 
pecados y miserias. 

Señor mió, yo aguardo á VA M.** con mucho júbilo de mi 
alma, y al Principe ñfb Señor, que le amo tiernamente y no 
crey merecer esta dicha. Del reyno de Nabarra tengo buen sen- 
tir por la fidelidad que me dicen tienen á V.* M.^ : serales de 
mucho aliento y consuelo ver á V.* M.^ y á su Alte9a. Quiera 
el Todopoderoso por su bondad que sea con próspero su^esso, 
mucha salud y larga vida. En esta comunidad se lo suplicare- 
mos con las beras que tenemos obligación. 

En la Concepción Descalca de Agreda Marco 15 de 1646. — Be- 
sa la mano de V,* M.^ su menor sierba. — Sor María de Jesús. 



- 103 — 



LXIL 



Del Rey 



Oy recivo vfa carta de 14 deste, y porq no se buelva la estafeta Madrid 
sin carta mia, he querido escriviros estos renglones y agradezeros ,6^5. 
por ellos quanto me decis y todo lo q trabajáis con ¡TTo Señor 
para q se duela de nosotros ; q esto me da á entender el amor q 
me tenéis y quanto deseáis ver esta Monarquía libre de los tra- 
bajos q padece. Buelvos á encargar continuéis vfas oraciones, 
pues aora es el tiempo del principio de la canpaña en q estamos 
amenazados por todas partes , y con pocos medios umanos para 
defendernos, con lo qual es menester acudir á los divinos con 
todo fervor : de mi parte pido á rvfo Señor me dé su auxilio 
para q no le offenda, y q se duela de lo q le he offendido, 
pues bien reconozco q el menor de mis pecados merece muchos 
mayores castigos de los q padezco; y como juntamente no los 
padecieran los pobres vassallos, yo por mí los toleraría con 
toda paciencia. Tanbien procuraré en todo lo demás cunplir 
con mis obligaciones, y pondré los medios adequados y q yo 
alcanzare para el remedio de lo q se padeze en la República. Ita- 
lia está muy amenazada y tanbien España y Flandes , y assi os 
pido q por todo apretéis con nrb Señor y principalmente para q 
ponga en mi corazón q execute lo q fuere mayor servicio suyo. 

Espero partir, placiendo á Dios, para Casimodo , y voy con 
mucho alborozo para veros y para daros á conocer á mi hijo, á 
quien os encargo q le toméis á vfa quenta y tanbien á su herma- 
na, para encomendarles á nfo Señor. 

De Madrid á 21 de Marzo 1646.— Yo el Rey. 

I Autógrafo de la Biblioteca.del Real Palacio. 



— 104 — 



LXIII. 



De Sor Haría '. 



38 de Marzo Señor : En grandes enpeños me pone la piedad de V.* M^; y 

1646. 

como para el retorno me alio tan inútil, presento al Todopode- 
rosso mi desseo agradecido y le suplico tome por su quenta mi 
deuda como padre de misericordia, cuyo oficio es remunerar lo 
que los pobres recibimos. No puedo negar la estimación y amor 
que á V.» M.*^ tengo, y éste se aumenta sienpre que considero á 
V.* M.*^ tan católico y caheqa, de los fieles, por cuya quenta a pues- 
to Dios la defenssa de su Iglessia y de sus hijos queridos; pues 
en caussa que es tan de su serbicio ¿cómo a de dejar á V.* M.<* 
solo ? ¿ cómo le a de desanparar en lo que es de su gloria y onr- 
ra? Aunque llegue el agua á la garganta y parezca que ésta na- 
becilla de España se anega, no emos de desconfiar, pues la fe y^o 
á muchos salbos. Muy irritada tienen nuestros pecados la yra 
de Dios ; pero ¿ quién puede perdonarnos sino el que es Padre de 
misericordias ? 

Las amenazas de Italia, España y de otras partes, q me dice 
V.a M.*^ ay echas para este año, son de hombres que por ssi pue- 
den menos de lo q pienssan ; las del cielo podemos temer; estas 
emos de aplacar. Yo las e conocido en la yra dibina , muchos 
años a, contra nuestros pecados; pero no ay otro tribunal á 
donde apelar sino del de la justicia de Dios al de su miseri- 
cordia : por ella emos de clamar con beras y reconbenir á el 
Altissimo con las muchas promessas que tiene en su Iglesia echas, 
de que oyrá á los que le llamaren; que no perecerá quien esperare 
en El , que está con el atribulado y inclinados sus oydos al que 
le llama de coracon. Señor mió , V. ■ M.^ se anime , que a me- 

I Autógrafo de la Biblioteca del Real Palacio. 



— IOS — 

nester dilatación para ager cossas grandes ; y no contriste ni en- 
cqfa á V.^ MA las culpas propias , pues es obligar á Dios fiar que 
liberal y piadosso las perdona. Yo ofrezco á V. M. que presentaré 
ante el tribunal divino mis pobres obras y quanto trabajare, con 
los infinitos merecimientos de ñro Redentor y la intercession de 
su Santissima Madre, para suplicarle perdone á V.*^ MA y le dé la 
gracia , consuelo , fortale^ y vitoria de nros enemigos , y tran- 
quilidad y reposso en su Monarquía. Esta Semana Santa clamaré 
á el Altissimo y lloraré en su presencia, pues es tienpo oportuno 
y acectable para axjer penitencia y pedir y alcanzar misericordia. 

Señor mió, suplico á V.^ M.^ que la jornada se aga con toda co- 
modidad , mirando V.* M.^ por su salud y vida , y la del Princi- 
pe lírb Señor que tanto nos importa. Yo aguardo con mucho 
go^o el buen dia de besar la mano de V.* M.^ y su Altera ; sea el 
viage con la prosperidad y buenos sucessos que deseo. 

En la Concepción de Descalcas de Agreda 28 de Marzo 1646. — 
Menor sierva de V.» M.*^ que su mano besa. — Sor María de Jesús. 



LXIV. 



Del Rey. 



Aunque ando de partida, y en vísperas de jomada y hay siem- Madrid 
pre mucho que hacer, no he querido dilatar el responder á vues- ^ ^e^^""^ 
tra carta del 28 del pasado , y agradeceros todo lo que me decís 
en ella y lo que me ofrecéis de encomendarme á nuestro Señor, 
pues he menester para todo su ayuda , particularmente cuando 
nos hallamos tan rodeados de trabajos por todas partes. Pero en 
medio de ellos me alienta mucho lo que me decís y os ofrezco 
procurar yo, por mi parte y por lo que me toca, desenojar á nues- 
tro Señor y tratar de cumplir con su santa voluntad, en cuanto 
alcanzare. 



— io6 — 

Espero con la ayuda de Dios partir de aqui el jueves á 14 de 
este; y según las jornadas que haré, llegaré ahí el martes si- 
guiente ) sino se ofrece algún embarazo que lo dilate algún dia. 
Voy con mucho deseo de veros y de que conozcáis al Príncipe, 
para que á entrambos nos encomendéis muy de veras á nuestro 
Señor , como estoy cierto lo hacéis y lo continuaréis siempre. No 
me alargo más ,,que tengo mucho que hacer estos dias y, placien- 
do á Dios , nos veremos presto. 

De Madrid á 4 de Abril de 1646. - Yo el Rey. 

En un manuscrito procedente de Santo Domingo de la Cal- 
zada se halla la siguiente nota : 

Advertencia que hace la V. Madre. «Pasó el Rey N. S. por 
este lugar el 19 de Abril y entró en este Convento con el Prín- 
cipe su hijo ese mismo dia jueves. Mandóme que le escribiese 
luego y el Príncipe también , y dio mi confesor á S. M. el papel 
de la muerte y suceso después de ella de la Reina nuestra Se- 
ñora» '. 



LXV. 



De Sor María. 



3S de Abril 
1646. 



Señor : Aunque fuera depósito seguro para esta carta de V. M. 
el de mi pecho , por la estimación que de ella hacía V. M. la 
vuelvo á remitir, porque en la obediencia de V. M. deseo ser 



I Éste papel, escrito de mano de la V. Madre, forma parte del tomo de Autó- 
grafos que posee la Marquesa de Casa-Loríngf. Tiene un encabezamiento de 
letra del confesor Fray Francisco Andrés de la Torre y al pié de la firma de la 
Superiora un certificado que suscribe el religioso á i.® de Diciembre de 1645 en 
el Convento de Agreda, declarando que la ordenó á la madre Abadesa lo escrí- 



— 107 — 

muy puntual , guardando todas sus órdenes en lo poco y en lo 
mucho '. 

Tieneme con suma pena y cuidado la jornada, y me le ha au- 
mentado haber sabido por D. Luis de Haro, que su Alteza (Dios 
le guarde) no va bueno, con que he acrecentado mis pobres ejer- 
cicios y oraciones y las de la comunidad. Compadézcome muy de 
corazón de los trabajos á que V. M. pone su Real persona, y siem- 
pre los presentaré ante el tribunal de la misericordia divina, 
con tanta confianza , cuanto es mayor la causa de su servicio y 
de su gloria, en que V. M. emplea su vida y su salud. Señor mió, 
el fiador más seguro es éste , para alentar á V. M. con la confian- 
za que debe de la protección del Altísimo, y que para guardar 
en ella á V. M. se dará por obligado, cuando trabaja V. M. con 
tanto celo por la exaltación de su santo nombre. Señor, la causa 
es grande y todo lo que yo entendiere en ella se lo diré á V. M., 
como me lo deja mandado; y porque no es amor verdadero el que 
oculta la verdad y antepone el consuelo presente al bien eterno, 
suplico á V. M. disponga su corazón entregándole todo á Dios, 
para que, entrando en él su divina luz, le manifieste su voluntad 
santa y justa : éste será siempre mi cuidado , mi deseo y mi peti- 
ción , para que V. M. ejecute lo más agradable á los ojos de Dios. 

Confieso á V. M. que quedé consolada de haber visto al Prínci- 
pe nuestro Señor con tan linda persona y gran talento, de que es- 
toy muy pagada y deseosa de que le emplee en el servicio de Dios 
y alivio de V. M. Supliquéselo cuando le besé la mano y ahora 
en la carta que le escribo, porque ninguno lo hará mejor, ni será 
más á propósito y seguro para que V. M. tenga gusto y consuelo 
en sus cuidados. El Altísimo nos lo conceda, y prospere á V. M. 

En la Concepción de Agreda á 25 de Abril de 1646. — Sierva 
de V. M. — Sor María de Jesús. 

biese. No cabe duda, por tanto, que ese mismo documento fué el entregado des^ 
pues por el propio confesor á Felipe IV, en la ocasión á que alude la Adverten- 
cia del manuscrito , y no sabemos que haya de él traslado alguno ; pero no nos 
hemos decidido á darle á la estampa, por las consideraciones ya expresadas con 
motivo análogo en la nota de la página 55. 

I La carta á que hace referencia la V. Madre es la del 4 Abril, que recibió an- 
tes de la visita del Rey y en cuyo margen le contestaba. 



— io8 — • 



LXVI. 



Del Rey. 



Pamplona Mucho mc hc alegrado con vuestra carta, que recibí ayer, y 

27 de Abril 

i6^6. estoy bien cierto que con la noticia que habéis tenido de la indis- 
posición del Príncipe , le habréis recomendado muy de veras á 
Dios nuestro Señor, particularmente después que le conocéis y 
habéis visto. El achaque es unas tercianas sencillas, leves y sin 
accidente pernicioso; come y duerme bien y está de muy buen 
semblante, con que fío de la misericordia de Dios ha de estar 
presto bueno: hoy le han sangrado y es la primera vez que en su 
vida lo habia sido. Encargóos le encomendéis á Dios muy. parti- 
cularmente y á su Santísima Madre , y á mí también , para que 
acierte á ofrecer á su Majestad estos trabajos en que me hallo y 
el cuidado de la indisposición de mi hijo. Yo haré de mi parte lo 
posible para ejecutar vuestros consejos, que sin duda son de bue- 
na amiga, y os vuelvo á encargar que siempre me digáis lo que 
entendiereis es mayor voluntad de nuestro Señor que yo ejecu- 
te , y que le pidáis me alumbre para que acierte en su mayor ser- 
vicio. 

Yo me hallo bueno, sea Dios bendito, y no parece que hasta 
ahora hay movimiento considerable del enemigo por Cataluña: 
lo de Flándes temo mucho, pero como Dios es poderoso para 
todo, tengo esperanzas que se ha de doler de nosotros : vos apre- 
tad, que bien será menester. 

Mucho se ha alegrado mi hijo con vuestra carta; en estando 
más aliviado os responderá. 

De Pamplona á 27 de Abril de 1646.— Yo el Rey. 



— I09 — 



LXVII. 



De Sor María. 



Señor : Muchos son los motivos que me compelen á desear la 
salud del Príncipe nuestro Señor y á pedírsela al Altísimo con 
veras : el bien común de esta Monarquía , haber visto á su Alte- 
za y cobrádole afectuoso cariño y, sobre todo, el ser prenda tan 
del corazón de V. M. , que su indisposición es fuerza le lastime y 
aflija mucho. En esta consideración me he enternecido y atribu- 
lado más que puedo manifestar, porque es vivo dolor para mí 
ver padecer á quien tanto amo y estimo: suplico á V. M., Señor 
mió, que se anime y dilate el ánimo con las esperanzas del pre- 
mio eterno , pues todos los que lo han conseguido ha sido con 
golpes de tribulaciones y sacrificio de paciencia, y sin duda son 
prendas de la gloria las penalidades y cruz. Yo quisiera que mis 
fuerzas no fueran tan débiles y flacas, para ayudársela á llevar 
á V. M., que con mucho gusto admitiera todo lo trabajoso por- 
que V. M. tuviera el alivio. 

Hame consolado la relación que V. M. me ha hecho de la en- 
fermedad de su Alteza (Dios le guarde) y buena disposición que 
tiene; pero en lo que le hemos menester y estimación que hace- 
mos de su persona, no hay mal pequeño, por mucho que lo sea, 
ni mi cuidado se puede aquietar hasta saber el efecto de la san- 
gría y si ha alterado algunos humores por ser la primera. A to- 
dos nos ha querido el Señor enfermar en su Alteza, y por su 
alivio hacemos muchos ejercicios y oraciones y está descubierto 
el Santísimo Sacramento. 

Señor mió de mi alma , mire V. M. por su salud y descanse, 
que mi cuidado á todo se extiende y temo que excedo en lo que 
á V. M. escribo; yerro es de mucha voluntad y deseo de su ali- 



29 de Abril 
1646. 



— lio — 

vio, aunque conozco no valgo para dársele á V. M. No escribo 
á su Alteza por temor de cansarle, que mi mayor cuidado es su 
alivio; á la Madre de Dios clamo porque se le dé y le hago al- 
gunas devociones. 

Consuélome de que el enemigo por Cataluña no nos dé prie- 
sa; buena ocasión era para dársela y hacerle asalto, si nuestro 
ejército se hubiera juntado antes. 

Lo de Flándes presentaré al Señor, y le suplicaré tome nues- 
tra defensa por su cuenta y prospere á V. M. felices años. 

En la Concepción de Agreda á 29 de Abril de 1646. — Sierva 
de V. M. — Sor María de Jesús. 



LXVIII. 



Del Rey. 



Pamplona Siempre que recibo vuestras cartas me alivio mucho con ellas, 
* % ^^^^ P^^ conozco el afecto con que las escribís y el deseo que tenéis 
de mis aciertos, lo cual os agradezco, y aseguro que tomo de 
muy buena gana los consejos que me dais y que deseo ejecutar 
en todo lo mejor , si bien la flaqueza de nuestra carne suele es- 
torbarlo ; mas, la misericordia de nuestro Señor y su gracia ha 
de suplir lo que como frágiles nos falta. 

Las tercianas de mi hijo se continúan en la misma forma que 
os dije; son pequeñas y no le dura la calentura sino ocho ó nue- 
ve horas , y todo lo restante de ambos dias está libre de ella y 
con muy buen semblante ; está sangrado dos veces , pero sino le 
falta la terciana de mañana (que será la sétima), veo inclinados 
á los médicos á hacerle la tercera sangría : el mal parece seguro, 
pero en lo que tanto me importa y en el amor que yo le tengo, 
no cabe la seguridad hasta vqrle bueno de todo punto. No dudo 



— III — 

que vos le encomendaréis á Dios muy de veras y á su Santísima 
Madre ; encargóos lo continuéis, si bien en cualquiera caso esta- 
rá siempre mi voluntad resignada con la de nuestro Señor, de 
cu3ra benignidad fio se ha de doler de mí y concederme la salud 
de este muchacho. 

Todo lo posible hacemos por obrar algo en Cataluña ; pero 
como los medios han sido y son tan cortos está todo atrasado, y 
si esta indisposición de mi hijo no me estorbara, pasara luego á 
Aragón para adelantarlo todo con mi presencia, que sin duda 
hago falta allí: procuraré disponerlo mientras, lo mejor que se 
pudiere. 

Á mi hijo os vuelvo á encargar. Sor Maria. 

De Pamplona á 2 de Mayo de 1646. —Yo el Rey. 



LXIX. 



De Sor María. 



Señor : Muy párvulos consuelos son los que mis cartas pue- 6 de Mayo 



den dar á V. M. ; mayores se los deseo , y porque no quede frus- 
trada la piedad que V. M. tiene con esta su menor sierva , supli- 
co al Todopoderoso que su misericordia y bondad remunere > 
dé á V. M. lo que mi cortedad no puede , consolando, vivifican^ 
do y gobernando á V. M. y asistiéndole , para que en todo haga 
su santísima voluntad. Señor mió , por este fin y porque V. M. 
consiga su salvación y la vista beatífica de Dios , que es la ma- 
yor dicha, y el bien de la Iglesia y paz de este Reino, me he de- 
dicado y ofrecido á trabajar con mis pobres fuerzas, y de nuevo 
me sacrifico con dolor vivo de valer tan poco. Por conseguir 
todo esto son mis ansias , mis lágrimas y suspiros ; y después de 
Píos, que ^s el principal motivo de estos afectos, me lleva mi 



1646. 



f 



— 112 — 

atención V. M. y su alivio y el del Príncipe nuestro Señor. Tié- 
neme en grande amargura y pena la rebeldía de sus tercianas, y 
parece que el Altísimo ha querido regateamos esta salud , para 
que todos tengamos ocasión de ofrecerle sacrificio de paciencia y 
de dolor, y para que con veras le supliquemos salud y vida que 
tanto nos importa , y conozcamos que sólo de sus manos nos 
puede venir. A mí grandemente me ha estimulado la dilación de 
la enfermedad, á clamar con más afecto y veras y aumentar no- 
venas y devociones y solicitar las de la comunidad, y no cesa- 
remos en esta petición. Pena me ha dado el que haya sido ne- 
cesario la tercera sangría y llena de cuidado aguardo á saber el 
efecto ; quiera Dios que sea bueno. 

Mucho me edifica el rendimiento que V. M. ofirece en esta 
carta á la voluntad divina : justo, debido y santo es que V. M. 
le tenga en lo que más ama, que es su hijo ; pero yo, mirando 
al consuelo de V. M. y al bien común , suplico al Altísimo que 
este sacrificio sea como el de Abraham, que reciba el deseo de 
V. M. y rendimiento, pero que nos guarde y dé salud y vida á 
su Alteza, como hemos menester. También me da pena el haber 
oido que esa ciudad no es sana, que mi cuidado todo lo recela. 
Suplico á V. M. que las demás jomadas que hiciere sean con 
más comodidad y despacio, que la priesa altera y enciende mu- 
cho , y particularmente el caminar después de comer. 

Mucho deseo los buenos sucesos de Cataluña, para que con me- 
nos cuidados atienda V. M. á sus mayores alivios : el Señor nos 
los dé como puede y prospere y guarde á V. M. 

En la Concepción Descalza de Agreda á 6 de Mayo de 1646. — 
Sierva de V.M. Q. S. M. B.— Sor María de Jesús. 



— 113 — 



LXX. 



Del Rey '. 



Mucho os agradezco, Sor María, lo q me decís en vra carta, Fu>pioi» 

, 9 de Mayo 

pues tengo gran confianza en la misericordia de Dios q a de oír 1646. 
vras peticiones tan favorables para mí, si mi flaqueza no lo hecha 
á perder ; que os confiesso me temo más á mi mismo Q á ningu- 
na otra cossa, pero juntamente me alienta el ver q ñrb Señor 
save de q me crió, y siendo materia tan frágil, suplirá mis faltas 
y me dará su gracia para q acierte á cunplir su santa voluntad 
en todo. Harta materia da con la pertinacia de las tercianas de 
mi hijo para merecer; pero juntamente alienta el ver q son tan 
pequeñas , q parece no ay riesgo en lo sustancial, si bien hasta 
verle libre de todo punto no se puede minorar el cuydado. Oy 
le a venido la terciana décima, pero hasta aora da muestras de 
ser muy chica y esperanzas de q le vendrán pocas : ayer se san- 
gró quarta vez y todas las a llevado con lindo aliento y está de 
tan buen senblante, q cierto, sino es el rato q estacón la calen- 
tura , lo restante no parece q está enfermo. Espero de la miseri- 
cordia de Dios q se a de doler de nosotros « y á vos os encargo 
q continuéis vFos exercicios, pidiéndole le dé entera salud, si le 
conviene para su salvación. 

El enemigo se va juntando en Cataluña y creo q presto enpe- 
zará á obrar : de ñfa parte se hará lo posible para resistirle, pero 
el principal defensor es nro Señor y la intercession de su Santís- 
sima Madre, y assi os encargo les supliquéis nos assistan, defien- 
dan y dispongan una firme y larga paz en toda la Christiandad. 

De Pamplona á 9 de Mayo 1646. — Yo el Rey. 

S Autógrafo de la Biblioteca del Real Palacio. 



— 114 — 



LXXI. 



De Sor María '. 

^ 13 de Mayo Señor: A todo lo que alcangan mis deseos y pueden mis ñacas 

I '^^^' fuergas se extienden en el serbÍ9Ío de V.» M.** , porque conozco lo 

I debo todo á la piedad de V.* M.** y el Señor no quiere sea desagra- 

1 decida. Allome confussa y encojida en mi poquedad, porque no 

puedo merecer lo que desseo ; pero la fe y resignación de V.* M.^ 
' en la voluntad dibina alientan mis esperanzas, porq el Altíssimo 

\ no desprecia las obras de sus manos 'ni arroja de ssi á quien se 

¡ pone en ellas con coraron verdadero y humillado : para esto nos 

I formó de materia frágil , obligándosse á ser nuestra fortaleza y q 

¡ fuesse suya la gloria de sus obras. Suplico á V.* M.**, Señor mió, re- 

I nuebe en su Real pecho estas verdades , y para que el Altíssimo 

' no oculte su santa voluntad , obligúele V.* M.'^ cada dia y cada ora 

^ con invencible ánimo y deseos de executarla en todo y por todo; 

I y quanto fuere de mi parte , ofrezco á V.* M.*^ de nuebo trabajar 

con la dibina gracia , para que assista á V.* M.*^ y gobierne su co- 
; ra^on, encaminándole ala mayor gloria suya y exaltación de su 

santo nonbre. 
¡ No puedo estar sin cuydado y suma pena de la salud del Prín- 

cipe ríro Señor , mientras su Altega no esté libre de la terciana ; 
y aunque son aora seguras , el humor parece tardo y la dilación 
para V.* M.^ de poco alivio, y para mí, que se lo deseo á V.* M.^ 
con tanto afecto , es bibo dolor no conseguirle. Las sangrias pa- 
recen artas cuatro y á mas temo le enflaquezcan demasiado. En 
este lugar y conventos se ha^en pro^essiones y grandes exerci- 
^ios por la salud de su Alteza ; oyga el Señor nfos clamores, pues 
le pedimos lo que es para bien de su Iglessia S.** 

I Autógrafo de la Biblioteca del Res^l Palacio. 



f 



LXXII. 



Del Rey. 



— 115 — 

Con el abiso q V.* M.^ me da de que el enemigo se ba juntando 
en Catalunia y q obrara luego , me e puesto en nuebo cuydado, 
y desseo de trabajar con esfuerzos por los sucesos desta canpaña. 
Deseo que se agan rogatibas públicas y q V.* M.** , si le pareciere, 
mande renobar las órdenes q ay para a9erlas , pues la necessidad 
cada dia es mayor, y el Señor quiere que le pidamos lo q sienpre 
necesitamos y por nosotros no merecemos : por este fin y por el 
alibio de V.» M.^ tengo ofrecida mi vida y todo quanto trabajo y 

padezco y las enfermedades, que tengo algunas, y todo me pa- ^ 

rece poco ; pero el afecto se estiende á mucho más , porque me 
lastima el coragon con considerar á V.» M.^ tan lleno de penas y 
cuydados, y me enternece lo q V.* M.^ padece. El Todopoderoso 
por su bondad consuele y asista á V.* M.^ 

En la Concepción de Agreda 12 de Mayo 1646. — Vesala mano 
de V.a M.** su menor sierba. — Sor María de Jesús. 



I 



Con cuidado aguardaba vuestra respuesta , pues habia enten- Pa^pj^n» 
dido os hallabais indispuesta y os confieso lo sentia ; porque 1646. 
también yo deseo ser agradecido con todos , particularmente con 
las personas que me desean todo bien y me lo procuran , como 
vos me decís hacéis. Yo os lo agradezco mucho y os encargo lo 
continuéis, pues aunque yo de mi parte procuro cumplir con lo 
que debo y con la voluntad de nuestro Señor, soy frágil y temo 
que sin cuidado de los buenos que suplan mi malicia, no lo he de 
conseguir. 

Aunque se van minorando las tercianas de mi hijo y él se halla 
de buen semblante como en salud , con todo eso porfían ; con que 
es fuerza dure el cuidado mientras np 1^ vcq enteramente bueno, 



p 
t 
t 



— ii6 — 

si bien espero en la misericordia de Dios ha de ser presto, que 
cierto estoy no os descuidaréis en solicitarlo vos; pues ademas de 
la obligación natural se os añade la del conocimiento , desde que 
pasó por esa villa. 

El enemigo está ya en campaña con nueve mil infantes y tres 
mil caballos ; hasta ahora no ha declarado sus designios si bien 
ha reconocido los puestos de Lérida. Dudo que sitie aquella pla- 
za, porque se halla bien proveida de todo , pero puédenos hacer 
otros daños muy sensibles; y como la gente que hoy tengo no 
pasa de siete mil infantes, de los cuales están casi todos en las 
plazas para su defensa, y poco más de tres mil caballos, no hay 
cuerpo de ejército suficiente para hacer resistencia en campaña, 
si bien se hará lo posible para nuestra defensa ; mas como son 
los medios tan cortos, temo que nos ha de ir mal esta campaña. 

La esperanza en Dios no me falta ; y para tenerle propicio he 
ordenado que se hagan las rogativas que me decís y esta noche 
irán las órdenes á todas partes para que se ejecuten : las vuestras, 
de creer es que no me faltarán , y de mi parte se hará todo lo 
posible para ejecutar los consejos que me dais , pues si yo acierto 
á agradar y cumplir la voluntad de nuestro Señor, no temo nada 
en esta vida. 

De Pamplona á 15 de Mayo de 1646. — Yo el Rey. 



LXXIII. 



De Sor Maria. 



20 de Mayo Señor : Déjame muy obligada y reconocida sierva la piedad con 
' ^ * que V. M. hace memoria de mi enfermedad : con remedios y san- 
grías he mejorado, gracias á Dios , y aseguro á V. M. sin encareci- 
miento , no rehusara trabajo alguno si me le concediera el Señor 
por la salud y alivio de V. M. y de su Alteza; porque es satisfacer 
á mi obligación y alivio de mi cuidado, hacer algo por lo que tan- 
to deseo. 



— 117 - 

Quedo muy gozosa y consolada de la mejoría de su Alteza, y 
de las nuevas que me han dado de que está sin terciana : doy 
afectuosísimas alabanzas al Todopoderoso , y parece que del modo 
que ha sido asegura más la salud , porque faltar la terciana tan 
despacio y disminuirse por horas es indicio que se ha consumido 
y faltado el humor. 

No puedo ocultar á V. M. el dolor que tengo de que el ejército 
del enemigo haya salido á campaña , y que el nuestro se halle tan 
sin gente para resistirle, después de tantos cuidados y diligencias 
de V. M. , con que se pierde grande ocasión y no se adelanta el 
crédito de las armas de V. M. ni de sus vasallos. Lastímame el co- 
razón que en causa tan grave y del servicio de Dios y defensa de 
los fieles no salgan todos y aventuren sus vidas y haciendas I 

(que ganarlas fuera). Muy sólo dejan á V. M., Señor mió; supli- 
cóle se anime mucho y dilate y clame á Dios y le busque ; derra- 
me V. M. su corazón ante el Tribunal divino ; manifiéstele sus 
cuidados y aprietos de esta Monarquía ; que aunque no los ignora, 
gusta que con fe y confianza le pidamos , y que clamemos á su 
piedad, y de su presencia saldrá V. M. fortalecido, alumbrado é 
industriado para lo que ha de hacer; que un poco de trato con 
Dios muy grandes efectos hace. 

Yo veo que su intención de V. M. es recta y santa para la glo- 
ria del Señor y reparó de esta Monarquía y de su Cristiandad; y 
si todos los ministros obraran con este celo, no es creible que no 
asistiera Dios á sus consejos, ni V. M. se hallara tan solo y ex- 
puesto á tantos trabajos. Este cuidado. Señor mió, en mí es con- 
tinuo , aunque en una mujer parece exceso , pero la verdad se 
extiende á todo y el Altísimo no me la oculta, y V. M. me obli- 
ga á ser fidelísima sierva con verdadero corazón , y á suplicar á 
V. M. que se busque gente y que salga luego á campaña la que 
está alojada en Aragón , y que se tome con veras y conato esta 
defensa en lo divino y humano. El Altísimo nos lo conceda y 
prospere á V. M. felices años. 

En la Concepción Descalza de Agreda á 20 de Mayo de 1646. — 
B. L. M. D. V. M. su humilde sierva. — Sor María de Jesús. 






1 

1 



I 



— ii8 — 



« 

9 

i 

í LXXÍV. 



Del Rey. 



Pamplona Mucho mc huclgo dc entender que os halláis mejor de vuestra 
,5^6 indisposición , si bien hasta saber que estáis buena de todo punto 
no perderé el cuidado, porque os deseo todo bien. 

No dudo yo lo que me decís, que os habéis, holgado con haber- 
le faltado la terciana á mi hijo; yo he dado infinitas gracias á 
nuestro Señor por tan singular merced como me ha hecho, y os 
pido me ayudéis á volvérselas á dar y á suplicar le guarde y en- 
camine en todo, ahora y siempre, á su mayor servicio. Levantóse 
anteayer y se halla tan esforzado, que promete buena y breve 
convalecencia , con que trataré de pasar á Zaragoza para dar ca- 
lor con mi presencia á las materias de las guerras y de las Cortes 
de aquel reino, en que habrá bien que hacer. 

Las últimas nuevas que tengo del enemigo son que empieza el 
sitio de Lérida ', y aunque os tengo dicho que aquella plaza está 
bien proveída de todo , pues tiene buen Gobernador, cuatro mil 
hombres y que comer y que tirar hasta fin de Noviembre , con 
todo eso estoy con el cuidado que podréis juzgar ; si bien si me 
dieran á escoger, según el estado en que se halla mi ejército, de 
lo que quisiera que obrase el enemigo, hubiera escogido lo que él 
ha hecho; pues estando Lérida tan bien proveída, parece que 
(mediante Dios) dará lugar para que se junten mis tropas y se 
trate de su socorro por todos caminos. Yo, en primer lugar, to- 
maré vuestro consejo clamando ante la presencia de nuestro Se- 
ñor, pidiéndole me alumbre para que acierte á cumplir en todo 
su santa voluntad , y con la buena dirección de estas materias, en 

I Desde los prímeros dias de Mayo estaban los franceses circunvalando á Lé- 
rida y tratando de apoderarse de los fuertes próximos , con más ó menos suerte. 



- 119 — 

que tanto se interesa su senado y ia defensa de la Religión Ca- 
tólica ; y en segundo, haré los esfuerzos posibles para que se junte 
la gente y se hagan las demás prevenciones para nuestra defensa, 
sin omitir trabajo alguno para conseguirlo. La gente que estaba 
alojada en Aragón ya ha salido ; pero como ella no pasa de siete 
mil infantes hasta ahora y los cuatro mil que están sitiados en 
Lérida, hay poca que juntar en campaña; y añádese á esto la 
&lta de dinero con que me hallo, que es bien grande; que sin él, 
hablando de las tejas abajo , no se hace nada. Pero en medio de 
estos aprietos y ahogos no desmayaré en lo humano, haciendo 
todos los esfuerzos posibles para defendernos, ni perderé las espe- 
ranzas en lo divino; pues siendo Dios poderoso para todo, fio en 
su misericordia se ha de doler de nosotros y sacarnos bien de los 
aprietos en que por todas partes nos hallamos, á lo cual estoy 
cierto me ayudaréis con vuestras oraciones y ejercicios , pues en 
las adversidades es cuando se reconocen más las obras de los 
amigos. Clamad, Sor María, que yo os ayudaré de mi parte dán- 
dome Dios su gracia, que fio de su misericordia se ha de apiadar 
de nosotros. 

Ahí va la respuesta de mi hijo. 

De Pamplona á 23 de Mayo de 1646. — Yo el Rey. 



LXXV. 



De Sor María. 



Señor : Siempre me hallo obligada y beneficiada sierva de la 36 de Mayo 
piedad de V. M. ; mi salud sólo la deseo para trabajar por el ali- ' ^ ' 
vio de V. M., su salvación y quietud de esta Monarquía, con 
harto dolor y pena de valer tan poco y ser muy pobre delante 
del Altísimo, para dar el retorno que desea V. M. La salud de su 
Alteza (Dios le guarde) he juzgado por beneficio de su mano po- 
derosa , y la rebeldía de las tercianas en su tierna edad manifes- 



— 120 — 

taban que la causa pudo extenderse á mayor daño ; este conoci- 
miento y la obediencia de V. M. me obligan á dar gracias al 
Señor por la dignación con que ha mirado á V. M. en este favor 
y á toda la Cristiandad , para cuya defensa , conservación y au- 
mento pediré siempre á Dios guarde á su Alteza y le gobierne 
con su diestra poderosa, como obra suya propia é hijo de padres 
católicos y celosos de la exaltación de su fe y santo nombre. 

Con la asistencia de V. M. y su atención, espero se adelantarán 
mucho las materias de la guerra y todo lo demás que á V. M. es- 
pera en Zaragoza. Señor mió, inexcusable es el trabajo en tales 
aprietos , pero la fe es poderosa para mover los montes y vencer 
los reinos , aunque todos estén tan llenos de enemigos y de con- 
fusión. Motivo es de sumo aliento y esperanza, saber que en el 
estado presente del mundo V. M. es casi sólo el que defiende la 
honra de Dios, pelea por la Iglesia, por la fe y por conservar la 
Cristiandad, y creo que sólo esto es pelear por la justicia : los de- 
mas , ó la quieren destruir del mundo ó no les duele que se pier- 
da la sangre preciosa de Jesucristo nuestro Señor. ¡ Oh , Señor 
mió ! I Cuánto yo quisiera y deseo que todos los soldados se vis- 
tieran de este celo ! Pero V. M. le tenga por ellos y en todas sus 
obras, que si bien es cierto que está Dios justamente indignado 
con el mundo, podremos pedirle con mayor confianza sus hijos 
católicos que derrame su ira con los reinos que no le conocen , y 
en la gente que no invoca ni adora su santo nombre. 

A Lérida concedió Dios nuestro Señor á V. M., entregándosela 
con especial favor; no permita su gran misericordia que ahora se 
pierda, pues con justicia sabe dejar á los soberbios, y más políti- 
cos, que se engañen en la astucia de sus consejos. Esta plaza me 
tiene con gran cariño y afecto á que se conserve, por lo mucho 
que importa para todo y por lo que le costó á V. M. de trabajo 
y ser fruto de su cuidado. V. M. dé priesa á todas las diligencias 
posibles para juntar la gente que alcanzaren nuestras fuerzas, 
porque se resista al enemigo si intentase otros designios. 

Lastímame mucho la falta de dinero que V. M. me dice y no 
poderlo remediar con mi dolor y pena: procure V. M. que se dis- 
tribuya bien lo que tuviere, y que los cabos se acomoden al tiem- 



— 121 — 






I 

\ 



\ 



po y necesidad presente y tengan alguna espera los que más es- 
^^pendio llevan , porque se acuda al sustento de los pobres sóida- 
^^; y no hemos de desconfiar por esto de la Providencia del 
^^^lo^ si para recibirla nos disponemos de nuestra parte. 

La devoción de María Santísima encargo á V. M. de nuevo , y 

J^o deseo mucho que se continuara y obedeciera la orden que V. M. 

envió los años pasados de que se rezara el rosario ; pero el pueblo 

dbscuida y lo olvida todo con la natural remisión. V. M. perdone 

é esta su pobre sierva, que la buena voluntad me hace exceder y 

rme en todo; y crea V. M. que trabajaré lo que alcanzaren 

flacas fuerzas hasta dar la vida, si necesario fuere, por estas 

a.s, sin olvidarme de V. M. y del Príncipe nuestro Señor : su 

esta me ha dado grande consuelo y gusto. Guárdele el Al- 

D y á V. M. prospere. 

la Concepción Descalza de Agreda á 26 de Mayo de 1646. 

- L. M. D, V. M. su menor sierva. — Sor María de Jesús. 



LXXVI. 



Del Rey. 



I 

/ 

1 2^ 



T^Que voy caminando y tengo poco tiempo libre, no he que- TudeU 

/'idí-fc * . 30 de Mayo 

'^ ^me de vuestra vecindad sin responderos á vuestra carta de ,646. 



/ 



ros 
nvi 

no 



^te, con que me he alegrado mucho , y vuelvo á encarga- 

iréis por vuestra salud, pues por ahora más os queremos en 

compañía. Mi hijo va bueno y casi convalecido , con que 

^te el caminar , si bien procuramos que sea con toda la co- 

Viciad posible ; huélgome mucho de lo que decís le encomen- 

^^^ á Dios, pues nada me importa más que salga sujeto á su 

^ ^^*^ncia. 

^^-^~to me he alentado oiros que miráis á Lérida con cariño, y 

"^"^ grande esperanza en nuestro Señor que, habiendo sido esta 






— 122 — 

empresa meramente obra suya y de su Santísima Madre , no ha 
de permitir que se malogre ahora lo que se trabajó entonces. Yo 
de mi parte procuraré poner todos los medios divinos y huma- 
nos que pudiere, y también tomaré vuestro consejo en lo que me 
decís, que sin duda es conveniente para todo; y vos de vuestra 
parte tomad con muchas veras este socorro de Lérida y clamad 
ante la presencia de nuestro Señor, para que nos asista en todo. 

La armada marítima de Francia ha ido á las costas de Italia 
y algunos dicen contra Su Santidad: yo no quiero creerlo, pues 
al fin son católicos ' : la mia va en su seguimiento atan justa de- 
fensa. Suplicad á nuestro Señor la ampare y guie para que tenga 
los sucesos que más conviniere al bien de la religión católica. 

De Tudela á 30 de Mayo de 1646. — Yo el Rey. 



LXXVII. 



De Sor María. 



4 de Junio Señor : Cuando V. M. expone su propia salud y de su Alteza 
'^^^' á tantos trabajos por la causa de Dios, fuera confusión mia pen- 
sar que padezco algunos ; y más hallándome tan obligada del 
mismo Señor , de su piedad de V. M. y de mi propio deseo y an- 
sia, que me ejecuta por dar la vida si fuere menester en esta de- 
manda : el Altísimo me la conservará para esto , si fuere su santí- 
sima voluntad. Tiempo es de tribulaciones y aflicciones, porque 
hemos ofendido al Todopoderoso y merecemos que su justicia di- 
vina nos castigue , y será beneficio grande darnos que padecer en 
recompensa, porque con misericordia nos mire y aparte el azote 
que cae sobre nosotros, con la intercesión de su Santísima Madre. 

I La armada del Cristianísimo salió efectivamente el i.^ de Mayo de Us costas 
francesas, y se apoderó el dia 10 de la pequeña isla de San Stephano y del fuerte 
Telemone, que pertenecían á España ; sitiando desde el dia 11 á Orbitelo. 



— 123 — 

ior mió j suplicó á V. M. con todo encarecimiento que se ani- 

^ y dilate mucho , y que para obligar á Dios no dificulte las dili- 

^eiicriss oportunas; y la que puede hacer V. M. en su secreto, es 

^^TisL-x algún rato en que recogerse al interior y derramar V. M. su 

^'^^on en la presencia divina, pidiéndole con toda fe le gobier- 

^ 3^ <que le reciba en sus manos para encaminarle , y cuanto es de 

^^'"^^ de V. M. no halle impedimento, para servirse de V. M. 

Z*^^:^ de instrumento pronto para la exaltación de su santo Nom- 

^ crea V. M. que á más de ser esta obligación tan legítima, 



no 

í^xiede hacerle V. M. otro sacrificio más agradable, en el 




jj I '^^o que hoy tiene el mundo; y yo, con el vivo deseo que tengo 
/¿^ ^-1 3vio de V. M. y con la ponderación que hago de sus traba- 
'^i ^ *^ie parece que, siendo tan excesivos, no hay otro consuelo 
^,-^^ *^ ^nto que el de tratar un poco con el que es Dios , criador y 
- de toda consolación, 
-'^or mió, otra diligencia encargo á V. M. en lo público; 
^^^ se informe muy por menor de cómo se guarda justicia en 
todos los ministerios del gobierno , y en particular en la milicia 
que V. M. tiene más presente ; y esto conviene sea de manera 
que todos entiendan y teman que no se le ha de ocultar á V. M. 
cosa alguna, ni se le ha de consentir á nadie la culpa que tu- 
viere, sino que V. M. lo ha de castigar y gobernar todo según 
su buen dictamen ; que sin duda se le da Dios á V. M. mejor 
que á todos. 

Agradezco á V. M. , puesta á sus pies, el celo de la Santa 
Iglesia en enviar la armada para su defensa , si fuere contra ella 
la invasión, y aventurarla en esta empresa es obligar de nuevo á 
nuestro Señor , por cuya cuenta corre el suceso y el premio de 
esta causa. 

De Lérida estaré siempre cuidadosa, y por todo trabajaré fiel- 
mente y con todas mis flacas fuerzas, como V. M. me lo manda. 
Con cuidado estaré hasta saber el suceso de la jornada y la sa- 
lud de su Alteza; y aumenta la pena el haber menos mensajeros 
que den aviso que de Navarra. Prospere el Altísimo á V. M. 

En la Concepción Descalza de Agreda á 4 de Junio de 1646.— 
B. L. M, D, V, M. su menor sierva. — Sor María de Jesús. 






— 124 — 



I 



LXXVIII. 



Del Rey. 



Zaragoza A Dios gracias , llegamos con salud á esta ciudad hoy hace 
1646. ocho días , y á mi hijo no le hizo perjuicio en la convalecen- 
cia el camino ; con que podéis salir del cuidado con que me 
decís quedáis hasta tener este aviso. Yo me he alegrado de 
saber os halláis mejor, porque sin duda os deseo la salud; 
que me persuado sois buena capellana, y que deseáis mi sal- 
vación , que es el único fin á que debemos aspirar ; y siempre 
que reparo en que el camino verdadero para ella son los trabajos 
en esta vida , me aliento á pasar los que se padecen con esta con- 
sideración. Pero quisiera que mi flaqueza no me estorbase á lo- 
grar el mérito que ellos ocasionan ; y así os encargo pidáis muy 
de veras á nuestro Señor me dé fortaleza contra mí mismo, y re- 
sistencia en las tentaciones , pues sin grande ayuda suya caeré; 
que esta naturaleza frágil nos lleva siempre á lo peor. 

Muy buenos son los consejos que me dais , y yo procuraré eje- 
cutarlos y pedir interiormente á nuestro Señor lo que me decís ; 
y bien sabe su Divina Majestad que deseo acertar y ejecutar lo 
mejor, aunque es fuerza que como hombre yerre en mucho. 

El punto que me decís de administrar justicia me tiene con 
grande cuidado, porque conozco que verdaderamente no corre 
bien ; y aunque he procurado aplicar á esto los remedios que he 
tenido por á propósito, no veo que se consigue lo que yo quisie- 
ra , si bien no por esto cesaré en las diligencias posibles para que 
esto corra como conviene , antes las continuaré así en lo militar 
como en lo político; pues bien reconozco que ésta es la piedra 
fundamental del gobierno y el mejor servicio que se puede ha- 
cer á nuestro Señor. Pedidle vos de mi parte. Sor María, que El 



— 125 - 

me ayude y me alumbre para que yo acierte á seguir el camino 
por donde pueda conseguir lo que tanto deseo. 

Los de Lérida están de buen ánimo y el enemigo parece que 
lleva el sitio por hambre , pues hasta ahora no ha hecho demos- 
tración de querer ir por fuerza: aquí hacemos lo posible para que 
este Reino nos dé un poco de gente con que poder salir á campa- 
ña é intentar su socorro por el mejor camino que se pudiere. 
Clamad ante nuestro Señor y su Santísima Madre para que nos 
encamine en este fin , para que no se malogre el favor tan mani- 
fiesto que nos hizo cuando se ocupó esta plaza. 

Mi armada estará de hora en hora en Italia y quizá á vista 
del enemigo : gran confianza tengo en nuestro Señor que le ha 
de dar buen suceso , pues vamos en demanda tan justa; sírvase 
de a3aidarnos y encaminar las cosas á una paz que en todas par- 
tes tanto importa , y para el sosiego y aumento de la religión 
católica. 

De Zaragoza á 9 de Junio de 1646. — Yo el Rey. 



LXXIX. 



De Sor Maria. 



Señor: Con íntimo dolor respondo á ésta de V. M. por la reía- 12 de junio 
cion que con ella me ha venido de la muerte de la Sra. Empera- ^^^^* 
triz (que esté en el descanso eterno), y sólo puedo acompañar 
á V. M. en el justo sentimiento de tan grande pérdida, que no 
puede ser mayor para el Imperio ni más sensible para toda la 
Cristiandad. Este trabajo, con la conformidad de V. M., es un 
paso muy largo para llegar á la misericordia de Dios nuestro Se- 
ñor y á la salvación, como V. M. lo desea, y no creo afligirá á 
V. M. sin fruto y sin alivio entre tantos cuidados. Yo encomen- 
daré á Dios, aunque pobre, el alma de su Majestad Cesárea, aun- 



— 126 — 

que su vida santa y perfecta nos puede asegurar que estará go- 
zando la corona que merecía. V. M. no se considere sin tal her- 
mana, y espere que la tiene donde hará este oficio con mayor 
amor y eficacia que en esta vida mortal; y si desde el cielo asiste 
á V. M., no será haberla perdido, sino haber asegurado y mejo- 
rado todo lo que V. M. amaba en ella. Señor mió de mi alma, 
muchas veces con el ansia que tengo de su alivio de V. M. en 
tan grandes trabajos, considero cómo lo conseguirá, cómo se lo 
podia dar á V. M. ó dónde le hallará; y sólo puede ser en mirar 
la brevedad de este destierro y valle de lágrimas, y que sembrar 
con ellas y con amargura ha de ser coger copiosos frutos eternos 
y descansos que no se han de acabar , y la mayor fineza del Se- 
ñor es dar tantas ocasiones de tribulación para mucho merecer. 

Mis clamores, aunque de poco provecho, no cesarán en pedir á 
Dios el buen suceso de la armada y de Lérida, y en este sitio 
deseo la brevedad del socorro y que las Cortes de ese Reino se 
ajusten á lo que V. M. les manda; pues en esto, el servicio de 
V. M. es su mayor interés y que se debia anteponer á otros 
particulares ó comunes; con harta compasión prevenia mi cuida- 
do lo que V. M. decidiría en esta causa. Siempre me aflige el co- 
nocer que V. M. no pueda ejecutar el dictamen , con que Dios 
mueve su Real corazón, con el celo de la justicia y de su mayor 
gusto y servicio. Suplico á V. M. no desista de este santo celo, 
que si no se enmendare todo, se remediará mucho con la divina 
gracia , interponiendo V. M. sus diligencias con la severidad y la 
mansedumbre, conforme lo pidieren los sujetos y la necesidad. 

A su Alteza escribo, anteponiendo en esta ocasión el deseo de 
suplicarle que se anime al temor que tengo de cansarle ; y el 
aviso que V. M. me da de que ha llegado á esa ciudad con salud, 
sin haberle hecho daño la agitación del camino, ha sido de gran 
consuelo para mí. Prospérele el Altísimo en lo divino y huma- 
no y á V. M. , como deseo. 

En la Concepción Descalza de Agreda á 12 de Junio de 1646. — 
B. L. M. D. V. M. su menor sierva. — Sor María de Jesús. 



— 127 — 



LXXX. 



Del Rey. 



m) no viera que los trabajos que me envía nuestro Señor zvgoza 
S0Z3. s^-^,^ 3S0S suyos, y ocasiones que me da para ir asegurando mi 1646. 



salvr^c::^^ on^ con dificultad se pudieran tolerar, particularmente 
ést^ c3.^^ la pérdida de mi hermana, que ha sido para mí de gran 

iento, pues desde nuestra niñez fuimos siempre muy ami- 
<:on la edad se habia aumentado este amor; y verdadera- 
ella lo merecía, porque era la más perfecta criatura que 
^:onocido, y tengo casi por infalible que está gozando de 
que ha llegado á alcanzar el descanso eterno, que con tan- 
^udes mereció en esta vida. Esto solo es lo que me tiene 
;un alivio en esta pérdida, y juntamente tener esta ocasión 
dolor para ofrecérsela á nuestro Señor y suplicarle me dé 
:ia, para que acierte á conocer estos recuerdos que me hace 
^^^echarme de ellos. Ayudadme vos, Sor María, á suplicarle 
ue mis fuerzas son cortas y temo á mi flaqueza. 
:odo lo demás que me decís trabajo lo que puedo, y aun- 
lle dificultades en la ejecución no desistiré del intento, 
tan justo y tan debido; y espero en la misericordia de 
Tie se ha de poder remediar algo de tanto como pide re- 
: á lo menos de mi parte no se faltará á procurarlo, 
.érida no hay novedad : el enemigo se está quieto y los de 
están de buen ánimo; pero si nuestro Señor no dispone 
»rro de esta plaza, como dispuso su conquista, mes más ó 
se vendrá á perder, aunque fio de su misericordia no lo 
permitir, y estoy muy cierto que vos apretaréis en la ma- 
^^ ^^ » pues al parecer se puede tener la petición por justa. Cuan- 

medios humanos, hago lo posible para que se dispongan 




ba. ,^ 



— 128 — 

y no estoy sin esperanzas de conseguirlo, aunque los de este 
Reino caminan con tal flema en estas Cortes, que temo no han 
de conceder á tiempo el servicio que se les pide sólo para su 
propia defensa. Yo contemporizo y disimulo con ellos, porque 
así conviene; pero no puedo dejar de deciros que he conocido en 
casi todos que atienden primero á su beneficio que al común; 
pues para una cosa en que va su propia defensa y que ellos mis- 
mos me lo habian de suplicar á mí, veo que tratan de venderse, 
aspirando unos á este beneficio y otros á aquél. Dios se sirva por 
su bondad de permitir que los tiempos se muden , con que podré 
hablar más alto, que ahora es fuerza disimular. 

De la armada tengo aviso que partió de Mahon el dia del 
Corpus la vuelta de Italia : en buen dia empezó su viaje y así 
tengo gran esperanza han de ser felices los sucesos. Vos se lo pe- 
did así á nuestro Señor, y que vuelva por esta Monarquía, pues 
en fin es la más pura de todo error que hay en el gremio de la 
Iglesia. Mi hijo se ha holgado mucho con vuestra carta y os 
responde lo que va aquí. 

De Zaragoza 17 de Junio de 1646. — Yo el Rey. 



LXXXI. 



De Sor María. 



T9 de Junio Señor : Todos los trabajos que nos envia Dios de su mano son 
^ ^^' beneficios de Padre piadoso, que á los que ama corrige y aflige 
porque no carezcan de la mayor prenda de su afecto, que es el 
padecer, á que tiene vinculados grandes méritos y preciosos pre- 
mios, como V. M. conoce; y el conocer esta verdad es el mayor 
consuelo , y voz viva que nos habla á los sentidos y al corazón 
para despertarnos y encaminarnos á buscar con desvelo el ver- 
dadero y sumo bien. Yo tengo grande confianza que la Señora 



— 129 — 

Emperatriz y las demás prendas que V. M. tiene en el cielo le 
ayudan con su intercesión, para el acierto en tantos aprietos y 
tropel de adversidades que V. M. experimenta; y yo conozco en 
el Señor que su misericordia es y ha sido muy liberal con V. M., 
pues no le aflige por afligir y acompaña las tribulaciones con su 
divina luz, auxilios y favores. 

Suplico á V. M., Señor mió, como sierva fidelísima y verda- 
dera, atienda mucho á ellos para responder á Dios con todo co- 
razón. Duélome sumamente de considerar á V. M. más solo de 
lo que pide el aprieto de esta Monarquía, en que hay tanto que 
hacer y trabajar para todos, aunque estuvieran muy conformes 
en el celo y en el cuidado; pero tanto más cuanto menos ayudan 
á V. M. debe fiar del poder divino, á quien todo le es fácil si le 
obligamos ; y esto es lo que más me aflige, que todos los reinos y 
pueblos no se desengañen que está su remedio en esta determi- 
nación. Confieso á V. M., Señor mió, que siempre me han dado 
cuidado las cosas de este Reino, porque no dudo que el enemigo 
común tiene grande mano con muchos naturales, oscureciéndoles 
bástala misma razón para que ignoren el peligro y resistan la de- 
fensa natural, y desprecien la honra y obligaciones que de vasallos 
de V. M. tienen ; pues las mayores honras, premios y mercedes 
eran acudir á la milicia y á defender su Reino ; pero la ambición 
ciega y borra todas las reglas de prudencia, y en ellos y en todos 
los que pretenden está este peligro. Yo deseo clamar al Señor 
para que les abra los ojos y que vean el riesgo en que se ponen á 
si mismos y á toda la Cristiandad, por no tomar la determinación 
que deben y V. M. les propone y ordena. Grande ansia tengo de 
que todo se ajuste y el ejército se anime para socorrer á Lérida 
antes que el enemigo se fortifique más; y si con la sangre de mis 
venas pudiera rescatar aquella plaza, lo hiciera. Lloraré por ella en 
la presencia del Señor y la comunidad trabajará como es justo. 
De la armada tengo gran memoria; quiera el Altísimo darle 
buen suceso, y al Príncipe nuestro Señor larga vida y salud para 
qae en él tenga V. M. la compañía y alivio que desea. 
En la Concepción Descalza de Agreda, 19 de Junio de 1646. — 
^, -L. Al, D. V. M. su menor sierva.— Sor María de Jesús. 



— I30 — 



LXXXII. 



Del Rey. 



Zaragoza Por la Carta que me escribisteis en 19 de éste veo hallo siem- 
23 de Junio pj.^ nugyas causas para agradeceros cuanto me decís , y podéis 
estar cierta que lo hago y que reconozco que deseáis mi mayor 
bien , así espiritual como temporal ; esto me alienta mucho y me 
hace llevar con alegría los trabajos que padecemos de la mano 
de Dios, que, viniendo de ella, es cierto es lo que más importa: 
así supiéramos aprovecharnos nosotros, pero temo que esta fla- 
queza humana lo impide. Harto deseo ponerme en estado que 
pueda aprovecharme de ellos y de los auxilios que decís me da 
nuestro Señor, los cuales procuraré ejecutar con las mayores vé- 
ras que pudiere , sin que nada me lo pueda estorbar; y bien sabe 
su Divina Majestad que deseo cumplir en todo con mi obliga- 
ción. El me dé fuerzas para que lo haga y vos me lo ayudad á 
pedir con todas veras : en todo procuraré ejecutar vuestros con- 
sejos , que sin duda son dignos de ponerse por obra. 

Las cosas se están en el estado que os dije en la carta pasada, 
sin haber novedad alguna ni en las Cortes ni en la guerra, si bien 
se hacen las diligencias posibles para salir á campaña y procurar 
socorrer á Lérida; y fio de nuestro Señor y de la intercesión de 
su Santísima Madre nos han de ayudar en esta ocasión. 

He tenido respuesta de Roma sobre el punto de la Purísima 
Concepción, y me dicen que el Papa oyó con mucho gusto mi 
carta y que le mostró en tratar de tan justa y santa obra : ple- 
gué á Dios que la inquietud de la Cristiandad no le impida tratar 
con veras de la definición de este misterio; de mi parte se soli- 
citará lo posible , pues es cierto lo deseo más que la vida propia 
mia ; y acordaos de enviarme la tercera parte de la de nuestra 
Señora , porque la aguardo con alborozo. 

De Zaragoza á 23 de Junio de 1646. — Yo el Rey. 



/ 



t 
^ 




— 131 — 



LXXXIII. 



\ De Sor María. 



Señor : No es posible que lleguen mis palabras y cortos térmi- * ''' J"''" 

1646. 

nos á ponderar el ansia de mi corazón para desear el mayor bien 
y felicidad de V. M. en lo divino y humano ; y por esto no 
hallo que V. M. tenga tanto que darse por servido de mis razo- 
nes , cuanto de lo que no puedo significar con ellas ; y si las pe- 
nas que padezco por sus trabajos de V. M. pudieran ser de ali- 
vio, muy grande le tuviera V. M. Y no extrañe , Señor mió, el 
que mi afecto camine tanto en esto, pues miro á V. M. no sólo 
como á mi Rey y Señor, sino como defensor de la fe santa, 
amparo y protector de todos los católicos : veo la causa de Dios 
sola, la Cristiandad perseguida, y á V. M. que padece tanto por 
defenderla , que sus ministros y vasallos no ayudan á V. M., sino 
que trabajan por ocultar la verdad á V. M. y el peligro , por no 
oponerse á él. Todo esto me divide el corazón y me obliga á de- 
sear con mayor afecto tome el Señor en cuenta este trabajo, que 
le juzgo por el mayor de los que V. M. tiene en el gobierno de 
su Monarquía. Clamo y lloro ante la clemencia divina y supli- 
co al Todopoderoso que pelee por nosotros y que defienda núes* 
tra causa con su diestra. V. M. le considere Padre que se com- 
padece de sus hijos, y nada se le esconde de lo que V. M. padece, 
y muchas veces se inclina á misericordia en medio de la mayor 
aflicción y necesidad. Yo creo. Señor mió, que se quiere obligar 
Dios de los cuidados y deseos santos que da á V. M. , aunque de 
nuestra fragilidad se puede fiar poco ; pero todo lo bueno viene 
de su mano, y ella es la que hace todas nuestras obras , si nos- 
otros no le impedimos. El mismo Señor da el querer y el ejecu- 
tar las obras, con plenitud de perfección ; y pues toda dádiva ha 



— 132 — 

de venir de su disposición divina, siempre ha de estar en nos- 
otros la fe y conñanza , ayudándonos en lo poco que nos toca. 

Siempre me tienen con cuidado los lances de disgusto que 
V. M. ha de tener y padecer con ese reino de Aragón ; y porque 
en el aprieto presente los hemos menester tanto , y por redimir 
nuestra vejación y evitar mayor peligroy daños, juzgo por muy 
conveniente que V. M. condescienda con lo que piden , que sea 
factible : que si el Señor quisiere que los tiempos se muden, 
lo podrá V. M. moderar y ponerlos en más razón que ahora 
tienen. 

Grandemente me ha consolado que Su Santidad haya hecho 
tan buena acogida á la devoción y piedad de V. M. en el punto 
de la Inmaculada Concepción de María Santísima, y fio que 
esta gran Reina se dará por muy servida de que se tratase la de- 
finición de este misterio, y la Cristiandad lo conocería en sus be- 
neñcios. V. M. es el instrumento de su santa voluntad en esta 
causa, y en ella suplico á V. M. extienda su santo y piadoso celo 
hasta donde fuere posible , que nada se quedará sin abundantí- 
simo premio. 

Ya V. M. tendrá la tercera parte de su vida santísima, que la 
semana pasada la remitió mi confesor ; no escribí con ella por 
excusar á V. M. alguna vez el cansancio de mis cartas. Los mis- 
terios son grandes porque contiene la fundación de la santa Igle- 
sia ; yo deseo reciba V. M. con ella gran gozo interior y mucho 
consuelo, viendo que V. M. defiende lo que á la gran Señora 
tanto le costó. La letra es más inteligible y cansará menos , y 
no puedo dejar de manifestar á V. M. mi dictamen en esto ; y es 
que no salga á luz y en público esta obra hasta que yo muera; 
aunque el examen de ella no importará tanto por mi satis- 
facción. 

Todo lo pongo en mano de V. M. como protector de la his- 
toria y amparo de esta su humilde sierva de V. M., que prospe- 
re el Altísimo felices años y á su Alteza, como deseo. 

En la Concepción Descalza de Agreda á 2 de Julio de 1646. — 
B. L. M. D. V. M. su humilde sierva. — Sor María de Jesús. 



— 133 — 



LXXXIV. 



Del Rey <• 



ita aora no e podido responder á vra carta de 2 deste, aunq Zamgoza 
lo Irm. ^ desseado , q algunas veces concurren mas embarazos q otras; ' * ^^^^^ '° 



y^ <::<:> S310 para mi es alivio el escriviros, siento q aya estorvos. 
I^si.ar'tiG quisiera aprovecharme de lo Q decís en todas las cartas, 
^ ^¿ x^ duda son buenos consejos y de persona libre de todo inte- 
r^^ , erques gran cossa para tenerlos por tales : el acertar á ejecu- 
t¿xT~!l<:>^ quisiera , pues sin duda se me hará mayor cargo si havien- 
doX<:>0S oydo no los cunplo, y assi pido á ñrb Señor me dé su gracia 
y r-mrm.^ guie para q en todo cunpla su santa voluntad. 

X^>^o> quiero dejar de deciros como se a ajustado estos dias el ma- 
tv^l n=i.c^nio del Principe mi hijo con mi sobrina la hija del Enpera- 
dov- ; pues haviendo faltado mi hermana, tengo por conveniente 
bol^v^^x" á enlazar el parentesco entre el Enperador y yo por este 
ca.Dci.i srmo; siendo mi principal fin el de la exaltación de la religión, 
pu^5^ ^ís cierto q quanto más unidas estuvieren éstas Cassas, tanto 

Trae estará sienpre la religión en la Christiandad. Pidos 

is en la presencia de ilrb Señor á los novios y le supliquéis 

^^^^ ^^^ examine en todo á su santo servicio, y q permita q se extien- 

o^ la. siicession destos rey nos por largos siglos, pues todos hemos 

^®^*" sxcnpre sus verdaderos hijos. 

T**^ i o q toca á los naturales deste Reyno, soy déla misma 
opir^ior:^ q vos, y assi se contenporiza con ellos ; y espero no de- 
jaran ci^^ cunplir con su obligación, aunq no puedo negaros q son 
' *^^, y q como les parece q son necessarios en estas ocasio- 



' "^ ^ ^ ^ren aprovecharse ddlas para sacar sus aumentos. 

^[rafo de la Biblioteca del Real Palacio. 



— 134 — 

He tenido avisso del Gobernador de Lérida, en q habla con 
poco miedo y dice 2} nos da de tienpo para q le socorramos hasta 
ñn de Otubre, con q estamos más alentados y se procurará hacer 
lo posible para q no se pierda la plaza , si bien lo principal es la 
ayuda de ñFo Señor ; y assi , os pido claméis ante su presencia 
para q nos libre á Lérida. Tanbien he tenido avisso q lífa arma- 
da de mar q fué á Italia hizo huir la del enemigo con alguna 
pérdida , conq aquellas cossas quedan en mejor forma y espero 
en Dios q cada dia se mejorarán, pues fío de su misericordia nos 
a de ayudar '. Vos se lo pedid assi y q en todo me encamine á su 
santo servicio , pues desseo hacertar á cunplir con él. 

La última parte de la vida de ñm Señora reciví ya, con mucho 
gusto, y en pudiendo empezaré á leerla; y en lo q me decís sobre 
esto , estoy penssando con desseo de satisfaceros y juntamente 
de q enpezemos á gozar de los frutos desta obra, q verdadera- 
mente es grande y digna de suma estimación. 

He buelto á encargar á mi enbajador en Roma solicite con 
Su S.^ la difínicion de la Inmaculada Concecion de ñra Señora y 
lo continuare con todas las veras q yo pudiere , pues es la cossa 
q oy más desseo en esta vida. 

De Zaragoza á ii de Julio 1646. — Yo el Rey. 



I Don Francisco Diaz Pimienta, almirante de la armada española, escribió 
al secretario de la Embajada de Genova lo siguiente : « La armada francesa 
huia de la mia, seguila, pelee con la Capitana, maté al hijo del mariscal de 
Bassé , General de la armada. Llevóme de un cañonazo el árbol de mi capitana 
sin otro daño. Eché á pique á otro bajel grande, tomáronse otros pequeños. El 
Conde de Linares prendió cinco galeras francesas ; una de Ñapóles tom6 otra 
de Francia , que son seis y echó otra á pique. Llegaron las galeras de Francia á 
Liorna tan fracasadas, que no podian navegar. Espero que no padecerá Orbitelo; 
yo trato de seguir al enemigo por mar. » — Memorial histórico , tomo XVin. 



- 135 — 



LXXXV. 



De Sor María 



Señor: Sobre tantos cuidados y enbara^os no es justo aumen- m de juiio 



tarloSy ni fidelidad mia añadir alguno mas á V.* M.^ con mis 
cartas; y con este rebelo me encojiera en repetirlas, sino me 
alentara la obediencia de V.* M.^ y el saber que mi fin en ellas 
y mi mayor interés en esta vida, está puesto en el bien y feligi- 
dad de V.* M.*^: este es mi deseo y cuidado y por esto trabajo y 
pido á el Altissimo cada ora, con beras del coraron. 

Y quiero asegurar á V.» M.** q, para ser fiel sierba en este ofi- 
cio, nada me falta de lo que en mi estimación me puede obligar 
y conpeler para obrar con todo el afecto de verdadera voluntad; 
y no es el menor motibo conocer q oy en la iglessia santa y en 
el mundo tiene Dios muy pocos que tomen por su quenta la 
causa de su onor y gloria, y la antepongan á otros fines y ynte- 
reses terrenos, como V.*^ MA lo a^e, sino q los más obligados fal- 
tan á esta deuda. 

Señor mió, á V.» M.* a elegido y señalado singularmente el 
Altissimo para fiarle la exaltación de su santo nonbre y para 
que en esto le sea hijo fidelísimo : anímese V.* M.*^ en tal inpres- 
sa, con la esperanza de premios eternos; pues otras menores los 
alcanzan, de la liberalíssima misericordia de Dios, grandiosos. 

Yo me consuelo con esta verdad en medio de los aprietos q nos 
rodean , y deseo íntimamente que V.* M.** con esta misma con- 
fianza dilate su corazón; y crea, Señor mió de mi alma, q nos 
castiga el Todopoderoso para desenojarse; y para obligarse á tener 
misericordia de nuestras miserias , quiérenos humillados , recono- 

X Autógrafo de la Biblioteca del Real Palacio. 



1646. 



— 136 — 

cidos y contritos ; y por esto nos corrije y pone tantas beces en 
el crisol de las tribulaciones , y á V.» M.^ particularmente para 
que salga del purificado y peloso de su honrra y gloria , para q 
en esto obre y trabaje V.* M.^ como más obligado que todos los 
reyes y príncipes de la tierra. 

Yo doy gracias á su misericordia que dispone el ánimo de 
V.* M.^, para que con esta intención tan santa y recta dé estado 
al Príncipe ñfb Señor con la cassa del Inperio; que el renobar 
este vínculo y nuebo deudo es beneficio de toda la Chrístiandad, 
y como causa suya se la presentare á Dios para que prospere á 
sus Alte9as y los mire como á hijos suyos y anparo de su Iglessia. 
Al Principe iIFo Señor escribo la norabuena, que creo es de 
mucho gusto suyo y lo que con ra9on debe desear y estimar. 

En el socorro de Lérida suplico á V.* M.*^ se ponga toda dili- 
gencia y no se pierda tienpo, no obstante lo que escribe el Go- 
bernador; q la mucha gente de adentro gastará el sustento, y 
los enemigos, dándoles tantas treguas, pueden obrar mas délo 
que aora hacen. No puedo estar sin este cuidado asta saber que 
se aplica algún medio para asegurar aquella pla9a; y pido al 
Señor encamine á V.* M.** y á los ministros á lo que fuere más 
conbiniente, y tanbien en avenirse con la rebeldia de los arago- 
neses , q me lastima mucho lo q en ese particular padece V.* MA 
y juzgo por conbiniente que se ajusten los ministros al dictamen 
de V.* M.**, sobrellebándoles y no negándoles la venebolenda, q 
cuesta poco en el particular. 

De la Istoria de la gran Reyna, remito á su prudencia de 
V.* M.** mi deseo de que se oculte , y á su debo9Íon el que g09e 
del fruto de sus misterios : por su inter9esion santísima prospere 
el Altísimo á V.» M.^. 

En la Concepción de Agreda, 14 Julio *i 646. 

Sor María de Jesús. 



— 137 — 



LXXXVI. 



Del Rey '• 



Siendo vras cartas de alivio para mí, no es posible q puedan ^f^j^"^ 
enbarazarme jamás, pues en ellas hallo consuelo y mucho q es- 1646. 
tanpar en mi memoria y q executar para mayor bien mió: solo 
quisiera acertar á hacerlo y q la flaqueza humana no estorvasse 
la execudon de tan justos documentos, q fuera mayor culpa en 
mi haviendolos oydo, no executarlos. De mi parte pondré todo 
el esfuerzo posible para obrar lo menos mal q pudiere , y espero 
q desseando vos tanto mis aciertos, seréis tan fina intercessora por 
mi con ñfo Señor y su Madre Santíssima q consiga lo q tanto 
desseo : lo q yo os asseguro es q mi intención es buena y q pro- 
curo cunplir lo mejor q alcanzo con las cargas q ñfb Señor a 
puesto sobre mis honbros,,travajando lo q otros dirán, q no me 
está bien decirlo yo. 

Muy contento esta mi hijo con el nuebo estado, y os responde 
essa carta *: tanbien yo lo estoy más cada dia de haver elegido tan 
buena nuera, pues tengo por cierto q deste matrimonio an de 
resultar effectos muy en beneficio de la religión católica, q es 
solo el fin á q aspiro. 

No me descuydo de Lérida , y hago todos los esfuerzos posibles 
para su socorro, si bien nos hallamos con poca gente; pues con 
la dilación destas Cortes no nos an dado un honbre estos natura- 
les, y haciamos quenta q, por lo menos, serian tres mil honbres; 
con q si los tubieramos se ubiera salido ya á canpaña, pero es 
estrañíssima esta gente y no hace mas casso del riesgo q si el ene- 
migo estubiera en Filipinas : con todo esso , se tenporiza con 

1 Autógrafo de la Biblioteca del Real Palacio. 

2 Apéndice 3. 

xo 



- 138- 

ellos , y se procurará sacar destas Cortes el mayor fruto q se pu- 
diere. Si la armada que está en Italia le va bien allá y buelve 
por todo el mes que biene, espero en Dios libraremos á Lérida 
y aun se podrá obrar mas; pero si tarda, no nos a de ir bien. 

El de Leganés parte oy, y yo estoy con intento de acercarme 
á la frontera para no omitir nada de lo q estubiere en mi mano 
en este socorro de Lérida; pero si la de Dios no nos assiste, todo 
es nada; y assi os pido q apretéis con su Dibina M.^ para q nos 
ayude en esta ocasión, y en todas nos guie á su mayor servicio. 

La última parte de la historia he empezado á leer y la prosi- 
guiré hasta acavarla, con mucho gusto, q cierto es cossa mará vi- 
llossa. Pedid á Dios ilfo Señor y á su Santíssima Madre q nos dé 
á entender si convendrá q salga aora ó en otro tienpo á luz, para 
q assi como en escrívirla haveis seguido su voluntad, se haga lo 
mismo en sacarla á luz. 

De Zaragoza á 21 de Julio 1646. —Yo el Rey. 



LXXXVIL 



De Sor María 



23 de Jolio 
, 1646. 



Señor : Premio liberalíssimo de los deseos que tengo del bien 
de V.* M.*^ , es verle con tan santo 9elo y bibas anssias de cun- 
plir V.* M.** con su obliga9Íon y con todo lo que es del servicio 
del Muy Alto; porque ni mi voluntad puede querer menos en 
V.* M.** de lo que le está tan bien, ni para mi afecto le puede ve- 
nir mayor go^o que saber que V.* M.*^ lo qecuta : y no desmaye 
á V.* M,^ la propia fragilidad y la guerra de los enemigos comu- 
nes, que sienpre pretenden inpedirnos la felÍ9Ídad eterna, sino 
anímese. Señor mió, contra ellos, pues para esta lucha ofrece 
Dios su gracia y la corona á quien legítimamente peleare; y 



I Autógrafo de la Biblioteca del Real Palacio. 



— 139 — 

sienpre los ojos del Altíssimo nos miran con clemencia paternal 
y con inmensso amor, como quien nos formó de barro quebradÍ9o 
y nos puso en tan peligrossa batalla, y es para que con la virtud 
de su diestra trabajemos por la exaltación de su gloria y ñrb des- 
canso eterno, lo q la vida durare. V.^ M,^ no desconfie aunque 
sea la guerra con más enemigos y más fuertes q la tienen los de- 
mas ; porque el mismo Dios que eligió á V.^ M.^ para fiar de sus 
honbros este gran pesso, no le dgará solo, ni despreciará los cui- 
dados , deseos santos y trabajos que V.» M.^ sobre si tiene. Este 
Señor da el querer acertar y dará el perfegionar estos deseos; y 
asegúrese V.* MA que quanto fueren más ardientes de la exalta- 
ción del nonbre de Dios, tanto más asistido y gobernado de su 
espíritu dibino se hallara V.» M.^ cada dia. Yo, Señor mió, co- 
nozco en esta causa mas de lo que digo, y mi cuidado y atención 
será conforme al conocimiento que me da el Altíssimo. 

Para el buen sucesso de la salida de V.^ M.^ á las fronteras 
aremos nuebas oraciones y peticiones. Arto me duelo del trabajo 
á que V.^ M,^ se expone, con que quedo en gran cuidado puesta: 
auméntamele que sea con tan poca jente; pero abíendo echo 
tantas deligencias para juntarla, no se a faltado de parte de 
V.> M.^, y la fe y la justicia pueden suplir lo que falta de fuercas 
humanas, si quiere Dios darnos vitoria, como se lo pedimos con 
continuos clamores como caussa suya y de la Christiandad. Y no 
lleba V.^ M.^ pocas armas en este celo y fin tan gloriosso, que le 
&cilitan á V.* M.<^ tantos trabajos y descomodidades, y puesta á 
sus pies le suplico no sean de manera que pierda la salud 
V.* M.*^ y el Principe lírb Señor. Consuélame mucho berle con 
tanto gusto en su estado; yo le encomiendo á Dios con grandes 
afectos para que sea en él principio del reparo del pueblo chrís- 
tiano, y no puedo desear ni pensar menos del matrimonio q 
V.* M.» le a dado. 

Con la vida de la Reyna Santíssima deseo que tenga V.^ M.^ 
algún consuelo interior , como de tales misterios y ejenplar se 
puede sacar; lo demás q V.^ M.^ me manda, presentaré á el Se- 
ñor y á su Madre Santíssima, que saben quandoy como conbie- 
ne estender su gloria. Yo tengo en esta obra tan poca parte, 



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— 140 — 

como V.» M.<* abrá visto en ella; con que remito el perfe^ionarla 
á su legítima autora. 

El Obispo de Taragona se alia en este lugar : e le pedido que 
en todo su obispado haga a9er oraciones y peticiones al Señor 
por los aprietos en que nos aliamos , y lo mismo solÍ9Íto en ñfa 
Religión y en mi comunidad. Concédanos el Altíssimo lo que 
le suplicamos, y prospere á V.* M.** 

En la Concepción Descaiga de Agreda Julio 23 de 1646. — Ve- 
sa la mano de V.» M.^ su menor sierba. — Sor María de Jesús. 



I 



LXXXVIII. 



Del Rey. 



Zaragoza SÍ cn medio de los cuidados en que me hallo no tuviera el ali- 

^^ 1640! "* vio que recibo cuando leo vuestras cartas, lo pasara muy mal, 

pues veo en ellas muchos caminos que me pueden abrir las espe- 

I ranzas para el remedio de lo que se padece; no me falta más que 

acertar á ir por ellos y aunque lo procuro, siempre temo y te- 
meré que no acierto, pues conozco cuan flaco soy. Bien he me- 
nester. Sor María, que me a3mdeis con vuestras oraciones á de- 
fenderme de mí mismo y de esta flaca naturaleza , pues sin duda 
la temo más que á todos los enemigos visibles que aprietan mi 
Corona : esto es lo principal que os encargo, que todo lo demás 

« en su comparación importa poco; y si una vez me venzo yo á 

mí mismo y nuestro Señor me da su gracia para que lo alcance. 
El me ayudará también para vencer á tantos como persiguen á 
estos reinos. 
Cada día se me aumentan los cuidados, pues las nuevas que 

^ ahora recibo de Flándes y de Italia no son buenas S y lo veo 

^ I Los franceses tomaron á Courtray el 29 de Junio, después de quince días 

de sitio y de intentar socorrerlo los españoles. Las malas noticias de Italia que 
traian impresionado por entonces al Rey, eran sin duda alguna la de la envidia 



— 141 — 

todo muy aventurado si Dios nuestro Sefior no nos ayuda y asis- 
te con su mano poderosa: agradézcoos lo que obráis para que 
consigamos esto y os encargo lo continuéis, pues yo no veo otro 
remedio sino éste y la intercesión de María Santísima. 

Aseguróos que voy leyendo con grandísimo gusto esta admira- 
ble tercera parte de su vida, y que espero que, si mí fragilidad 
no lo impide, me ha de ayudar mucho en lo interior para ver y 
conocer lo que debemos todos los fieles á esta santa Señora ; y 
juntamente nos da esperanza á los pecadores para salir de este 
mal estado por su intercesión, viendo lo que en su vida hacía 
por ellos. Sor María, poned mi corazón á sus pies santísimos, 
para que le guie y encamine á su mayor servicio, y suplicadla se 
duela de nosotros, pues por su medio único espero el remedio de 
los males que padecemos y el reposo de la Cristiandad. 

Aunque son pocas las fuerzas con que nos hallamos, me lleva 
el celo de cumplir con mis obligaciones á la frontera, para hacer 
de mi parte lo posible en defensa de mis vasallos; y siendo éste 
mi fin, espero en Dios conservará mi salud, si fuere de provecho 
para su santo servicio : con todo eso, no me parece que podré 
partir de aquí hasta el fin del mes que viene, porque quisiera 
dejar estas Cortes concluidas y este Reino satisfecho, aunque hasta 
ahora no nos han dado un hombre; pero es menester disimular 
mientras no permite Dios que estas cosas muden de estado. 

De Zaragoza, á 27 de Julio 1646. — Yo el Rey. 



y malquerencia que estorbaron á nuestra armada aprovechar las ocasiones que 
se presentaron de batir á la francesa con las fuenas reunidas de España y Ñapó- 
les. Hubo, en efecto, un encuentro afortunado para nuestra gente, del que damos 
noticia en anterior nota ; pero surgió de seguida la discordia entre los generales 
y parece cierto que, alegando cada cual órdenes contrarías, se partió Linares con 
las naves españolas á Vinaroz, el del Viso á Ñapóles, y la escuadra francesa, á 
pesar de su descalabro, quedó enseñoreada de aquellas aguas. Los papeles del 
tiempo relacionan lo mucho que el Rey sintió estos desgraciados sucesos ; pero 
DO pasó su rígor por entonces de negar al hijo de Linares la audiencia que pidió 
para exponer las quejas y agravios que alegaba como disculpa de la retirada de 
su padre : luego se dio el gobierno de las galeras á D. Luis Fernandez de Cór- 
doba, y trajeron preso á Castilla al Conde de Linares, 



— 142 — 



LXXXIX. 



De Sor María. 



31 de juUo Señor : Con las grandes ansias y vivos deseos que tengo del ali- 
' ^ ' vio de V. M., juzgo por muy párvulo consuelo el de mis cartas, 
trabajos y cuanto obro ; que todo lo encamino á este fin y al del 
remedio de la Monarquía de V. M. ; y me lamento con mucho do- 
lor de que la piedad de V. M. se haya humanado á acudir á esta 
su menor sierva de V. M. que tan poco puede y vale, y entre la 
lucha de mi flaqueza y el afecto á su obediencia de V. M. de que 
trabaje, desfallezco y me convierto á Dios, suplicándole tome por 
su cuenta mi deseo , que es de todo lo que conviene á V. M. para 
su prosperidad. Señor mió, Job dijo que la vida del hombre era 
milicia y lucha sobre la tierra con crueles y poderosos enemigos, 
y para contra ellos es verdad que nuestras fuerzas son flaquísi- 
mas ; pero no nos deja el Señor con ellas solas , pues nos ofrece y 
da las suyas, y su divina Providencia nos dejó y preparó armas 
suficientes de gracia y auxilios para pelear; y crea V. M. que 
cuando Dios le deja sentir más la propia fragilidad, no es para 
desampararle, sino para que con mayor fe le llame V. M., y en- 
tonces está más cerca su brazo poderoso para ayudar á V. M. Su 
bondad excede á nuestra malicia , su misericordia á nuestros de- 
litos, y sus infinitos merecimientos, que nos dejó para satisfacer 
á su divina justicia, sobreabundan á lo que le hemos ofendido. 

La intercesión de su Santísima Madre es poderosa para inclinar 
la divina piedad á nuestra necesidad y aflicción y para granjear 
el favor que le pedimos : su vida admirable y lo que en ella hizo 
por nosotros, sin duda es grande despertador y estímulo para los 
corazones piadosos, y deseo en extremo que sea V. M. el primero 
en obligarla, como es en conocer estos misterios tan altos. Yo 



— 143 — 

confieso á V. M. que en este cuidado y deseos soy fidilísima 
sierva de V« M., porque éstas son mis ansias y peticiones; y 
aunque las hago porque todas las criaturas se salven, en primer 
lugar las encamino con íntimo afecto á que V. M. alcance esta 
dicha ; y por conseguirla tolerables son los trabajos, y con la es- 
peranza del premio eterno leves los tormentos y penas. 

Señor mió de mi alma, afligidísima quedo de que no ten- 
ga V. M. de Flándes y de Italia tan buenas nuevas como hemos 
menester; pero no es razón desmaye nuestra confianza del todo: 
cuando veo en el Señor el amor paternal con que quiere le me- 
rezcamos su amparo y beneficios, me animo ; y si todos no sa- 
ben disponerse para ellos, V. M. tiene más motivos y conoci- 
miento de esta verdad, y mayor deuda para obrar con rectitud 
y eficacia todo lo que conoce ser justo y agradable á Dios. 

Harta ansia tengo que ese Reino sirva á V. M. en esta campaña, 
pues en esto todos somos interesados y cada uno lo es mucho ; y 
pues dice V. M. que desea concluir las Cortes antes de salir á las 
fronteras , sea de manera que tengan lugar de dar gente para que 
acompañe más ejército á V. M. ; y como las universidades y sín- 
dicos que han de asistir á las Cortes gastan tanto, se desazonan 
con la dilación ; y el darles gusto , concediéndoles lo conveniente 
de lo que piden, por menos daño lo tengo que no que Lérida se 
pierda por falta de socorro y ellos se arrojen á lo que no deben. 
V. M. por sí mismo los obligará mejor que sus ministros, porque 
le aman. En todo esto y lo que V. M. me manda estoy muy 
atenta y trabajo cuanto puedo, pidiendo al Señor no nos castigue 
como merecemos , y que prospere á V. M. 

En la Concepción de Agreda á 31 de Julio 1646. — Sierva de 
V. M. — Sor María de Jesús. 



— 144 — 



xc. 



Del Rey. 



Zangón Como saqucmos de los trabajos la salvación , que es lo principal 
1646. Que debemos desear, se pueden dar por bien empleados y aun 
pedir á nuestro Señor que se aumenten , que siempre se compra- 
rá muy barato si se consigue tal dicha. Temo yo que no me sé 
aprovechar de ellos, pues conozco mi flaqueza, y que no me sa- 
bré aprovechar de este fruto para lo que tanto me importa ; y así, 
os pido que me ayudéis vos con vuestras oraciones y ejercicios, 
para que yo me humille y reconozca cuan justos son estos casti- 
gos y pueda aprovecharme de ellos logrando el fruto de mi sal- 
vación. 

Agradézcoos mucho lo que me decís la deseáis, y lo que me en- 
comendáis á nuestro Señor y á su Santísima Madre para que lo 
consiga : encargóos mucho lo continuéis , y le pedid que me pon- 
ga en el corazón que obre en todo lo que fuere más justo y más 
conforme á su santa voluntad , que aunque lo deseo ejecutar así, 
temo que no lo consigo. 

Ayer acabé de leer esta última parte de la vida de nuestra Se- 
ñora , y os aseguro que es sumo lo que me he holgado de verla, 
y á fe que se reconoce bien en ella su principal autora. Yo siem- 
pre he sido devoto de nuestra Señora desde mis primeros años, 
pero desde hoy en adelante la he ofrecido serlo mucho más, pues 
me tuviera por el más ingrato hombre del mundo si , habiendo 
visto lo que ha obrado por nosotros y lo que solicitó nuestro 
principal remedio, no procurara servirla y agradarla en cuanto 
alcanzaren mis flacas fuerzas. No he dejado de hacer reparo par- 
ticular, que en el mismo dia que acabé de leer esta gran historia 
me llegó aviso de que en Italia hablan socorrido mis armas á 
Orbitelo, puesto de gran consideración y que si se perdia queda- 



— 145 — 

ban bien fatigados el reino de Ñapóles y el Estado de Milán ' ; de 
que luego di gracias á nuestro Señor y á esta santa Reina , pi- 
diéndoles que ya que han empezado á favorecernos lo continúen 
en lo que falta , que no es poco ; pues hoy me ha llegado correo 
de Flándes con aviso de que aquello está bien apretado, y á ma- 
nifiesto riesgo de una gran ruina , si Dios nuestro Señor no nos 
asiste ^ Pedidle, Sor María, que se duela de aquellos Estados, 
que veo muy pronto en ellos el menoscabo de la religión católi- 
ca, si acaban franceses y holandeses de apoderarse de ellos; pues 
los unos son herejes declarados y los otros los ayudan. 

En el socorro de Lérida vamos trabajando y disponiendo sus 
prevenciones con deseo de que se pueda intentar vigilia ó dia de 
la Natividad de nuestra Señora, teniendo por cierto el buen su- 
ceso ejecutado á la sombra de tal Madre y amparo nuestro. 

Los de este reino parece que andan más blandos, pues entien- 
do quieren servir con gente para este socorro, y estad cierta. Sor 
María , que se hace lo posible por adulzarlos , sufriéndolos más de 
lo justo y haciéndoles grandes mercedes ; pues si he de hablar 
verdad , casi todos se quieren vender ahora para el remate de las 
Cortes. Toda la dificultad está en el punto tocante á la Inquisi- 
ción, pues ellos quieren dominarla mucho en la jurisdicción 
(salvo en las cosas de la fe) y yo no he de poder venir en ello, 
aunque aventurase á perder toda mi Monarquía ; porque, si bien 



I Habia puesto sitio á Orbitelo el príncipe Tomas de Saboya desde ii de 
Mayo, y apretando el cerco más adelante, dio un plazo de quince dias á sus de- 
fensores para que se rindieran , amenazando con pasar á cuchillo á todo el presi- 
dio y asegurándoles no serían asistidos de España. A esta intimación respondió 
el gobernador D. Carlos de la Gata con una arrogante carta, en la que le decia 
al Príncipe : «Ya V. A. sabe que nací vasallo de Felipe IV, mi Rey y Sef\or 
natural, y también que soy Carlos de la Gata, y que el gato teniendo una vez la 
presa en las manos , con dificultad se la deja quitar. Cuando me entré en esta 
fortaleza, dejé ya dispuestas mis cosas y la elegí para mi sepultura, donde pre- 
tendo con mi vida dar lustre á estas canas , defendiéndola mientras me durare.» 

No fué estéril el esfuerzo del animoso gobernador, pues socorrido Orbitelo por 
fuerzas que desembarcaron los Marqueses del Viso y de Torrecusa el i6 de Julio, 
hicieron levantar el cerco al príncipe Tomas, que perdió toda la artillería y per- 
trechos. £1 Rey hizo merced á D. Carlos de la Gata de 6.000 ducados de renta 
por su vida, en el reino de Ñapóles. {Memorial históricOy tomo xvm.) 

2 Los franceses hablan vuelto á sitiar i Mardic desde el 4 de Agosto. 



— 146 — 

es verdad que en el nombre no perjudica á la principal institu- 
ción de este santo Tribunal , en el hecho vendrá á decaer mucho 
su poder, en lo cual yo nunca podré venir, y fio de Dios nuestro 
Señor que mirará por esta Monarquía si yo miro por su santa fe, 
pues por ella estoy resuelto á perder una y mil vidas que tuviera. 
De Zaragoza á 5 de Agosto de 1646. — Yo el Rey. 



XCI. 



De Sor María. 



7 de Agosto Señor: Cuando con humilde corazón nos confesamos merece- 
dores de las tribulaciones que nos envia Dios , muy seguros tene- 
mos el fruto de los trabajos y aun el remedio de ellos; porque el 
Altísimo , con el amor infinito que tiene á las almas y su liberal 
misericordia para la salud eterna de ellas , es verdad certísima 
que siempre envia el padecer para que lo consigamos, y nos afli- 
ge para que le llamemos y busquemos de veras ; contrista el co- 
razón y le da ocasiones para que se pegue con el polvo y esté 
contrito, porque viéndole así no le ha de despreciar sino inclinar 
su misericordia al afligido ; y no hay medio más eficaz para mo- 
verse las entrañas de nuestro amoroso Padre y Dios eterno , que 
la tribulación y trabajos. V. M. lleve los que le cercan con áni- 
mo y dilatación, pues cuanto mayores sean, tanto más mirado, 
compadecido y asistido de Dios se puede considerar V. M. : y en 
fe de esto, ponga V. M. su corazón en las manos del Altísimo 
y de la gran Reina del cielo, sin reservar afecto ni atención al- 
guna y sin temer ni acobardar su Real ánimo el tropel de pade- 
cer que se le ofrece; y en virtud de este sacrificio podemos pedir 
con mayor confianza, que ponga el mismo Señor en el corazón 
de V. M. lo que fuere de su mayor agrado y servicio. Yo haré 
cuanto en esto pudiere, porque aseguro á V. M. que ninguna 



- 147 - 

cosa pido ni deseo con mayor instancia; y no tema V. M., pues 
el mismo Dios que da la intención recta no se puede desobligar 
de lo que con ella se ejecuta. 

Consuélame grandemente que V. M. haya leido hasta el fin de 
la vida de María Santísima nuestra Señora y cuya eficacia cono- 
cerá la piedad de V. M. en sus efectos. Sin duda, Señor mió, que 
ignora el mundo en particular lo que debe á esta Madre de pie- 
dad, y no parece posible conocerlo y ser ingratos á tan inmenso 
amor y gran solicitadora de nuestra salud ; y confieso á V. M., 
que daré por bien empleada la pequeña parte de trabajo que he 
tenido en escribir esta santa historia , porque V. M. coja el fruto 
<ie ese árbol de la vida el primero ; que el amor que á V. M. tengo 
^e hace desear afectuosamente esto, como también me ha facili- 
^do el poner en manos de V. M. el secreto y tesoro de mi pecho, 
^^e es esa santa doctrina, y hacer participante á V. M. de su 
''^«ura y suavidad ; y me consolaré de que repita V. M. el vol- 
y , ^ leerla alguna vez, que no le dará fastidio, y en ella descu- 
^^, Señor mió, grandes virtudes y gracias que copiar en la 
^ ^a^s obró más perfectamente que todas las criaturas juntas. 
\^-c:^ Xa alabo y engrandezco, porque ha pagado á V. M. el amor 
(¡ofv c^'ca.e ha leido su vida, dándole luego el contento de las buenas 
tiue^x^^s de Italia; obligúela V. M. para que se mejoren las de Flán- 
des, c^xie poderosa es para todo; por ella reinan los reyes y man- 
dan, los príncipes y ejecutan la justicia. Esta verdad escriba V. M. 
P^^^^xr^dola en su corazón, y levántele. Señor mió, con eficaz de- 
^^^^^ix^acion de servir á tal Reina y Señora, y pedidla que reciba 
*^ ^ ^Ní. por hijo predilectísimo, ofreciéndola de hacer todo cuan- 
^ Conociere V. M. que sea de su gloria y beneplácito, y estos 
^^^^^^s ejecute V. M. en todo lo que se ofreciere. Yo los presen- 
^^ ^n nombre de V. M. á esta Purísima Señora, que es Madre 
^^ X"eligion católica y fundadora de la primitiva Iglesia. V. M. 
^ ^^ ser su instrumento para conservarla y dilatarla por el orbe, 
^^^^ correspondencia pide fieles condiciones, y se cifran en que 
^ovii-e V. M. estar siempre dispuesto en el alma y cuerpo para 
^ > Oomo instrumento propio y proporcionado, pueda moverle á 
^'^^^ lo que la Señora quisiere sin hallar resistencia. Hasta aquí, 



— 148 — 

Señor mío, llegan mis peticiones y ansias: quiera el Altísimo 
por su bondad disponer las cosas de ese Reino para que acudan 
al alivio y servicio de V. M. y su mayor necesidad, que á la 
verdad el defenderse lo es, y pedir mercedes es voluntario y esto 
no se debia anteponer á lo forzoso ; pero los hombres estamos su- 
jetos á estos engaños si damos oidos á la ambición y al autor de 
ella j que es el demonio. 

El negocio de la Inquisición me parece de mucho peso, y si se 
pudiera persuadir á los naturales de ese Reino que dieran lugar y 
tiempo para tomar medio y arbitrio después que se ajustara á 
todos, y que luego ofreciesen la gente para la campaña; pero son 
de condición que temo no desistirán de su parecer ni de sus inte- 
reses propios por los generales tan importantes : Dios dé á V. M. 
paciencia con ellos. 

Por el buen suceso del socorro de Lérida trabajaré con todas 
mis fuerzas, y en la comunidad se hará lo mismo; consuélame 
que se trate de él en dia de nuestra Señora. Mande V. M. que 
los medios naturales y prudentes no falten en la buena disposi- 
ción del socorro, que importa mucho, y que se prevengan los 
peligros : guíelos Dios con su divina diestra , y prospere á V. M. 

En la Concepción Descalza de Agreda á 7 de Agosto 1646. — 
B. L. M. D. V. M. su menor sierva. — Sor María de Jesús. 



XCII. 



Del Rey 



Zaragoza Si yo supicra executar lo q me decis en la carta de 7 deste, me 

'^ ^\^^*^ pudiera llamar dichosso, pues todos son consejos saludables y 

dignos de estar escritos en la memoria de los honbres. Procuraré 

quanto estubiere de mi parte ponerlos por obra , acudiendo á la 

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— 149 — 

misericordia de afo Señor, pidiéndole con humildad supla su 
gracia en mi lo q mi malicia enbaraza ; y á su Santíssima Ma- 
dre rogaré continuamente sea mi intercessora y anparo, pues 
es la puerta por donde los pecadores emos de entrar á conseguir 
el perdón. Digo, Sor María, q offrezco de boníssima gana el 
hacer quanto entendiere es mayor servicio y gusto suyo, y q me 
confíesso por el más mínimo esclavo de quantos esta gran Reyna 
tiene en la Christiandad ; esto está de mi parte, pero el merecer 
serlo no, si ella no me ayuda. Vos se lo pedid de por mi , pues 
sin duda os oyrá de mejor gana, q yo temo q mis pecados tienen 
cerrados sus oydos á mis peticiones. Con mucho gusto bolveré 
á leer su vida los ratos q pudiere, q os confíesso no e leido libro 
en mi vida de ninguna facultad con mayor contento, y espero me 
a de ser de gran fruto para alcanzar lo q desseo. 

No ha havido , desde q os escriví la ultima vez , mas nuebas 
de Italia ni de Flandes, pero temo sumamente las primeras q vi- 
nieren de aquellos Estados , pues están en sumo aprieto, y lo q 
mas me fatiga es ver tan aventurada la religión católica : clamad 
ante la Divina M.^ para q se duela de nossotros y pedilde no per- 
mita que acá ven de perderse aquellos Estados , pues si su pode- 
rossa mano no obra temo su última ruina. 

Para el socorro de Lérida se van disponiendo todos los medios 

humanos y prudenciales q se puede, pero como consisten en 

diverssos cassos y materias no se si a de poder executarse para 

^ plazo q os dije, pues a de venir gente de diferentes partes , y 

^^ l^s marchas suelen detenerse mas de lo q se presupone. Este 

^^fTM^ O está ya cassi ajustado á darnos gente: aunq en el nonbre 

> d: :x'es mil honbres, me contentaré de q en el effecto sean dos 

^^ ^ prometos q ay harto q sufrirlos, porq para cualquiera ne- 

^c^i^a-<:ion nos questa infinito travajo, pero como yo consiga su 

^¿T'^'^^'^ssa, passaré por todo de buena gana. Vos apretad con uro 



Qfi-^^^z^-x para q nos guie y encamine á su sta voluntad y para q 
^0^ ^^yude en los aprietos presentes y nos libre á Lérida, pues 
es^^ cnpressa fué obra sola de sus manos, y assi espero no a de 
^^^*-~^M itir q se malogre aora. 

^ Zaragoza á 14 de Agosto 1646. — Yo el Rey. 



— ií;o — 



XCIII. 



De Sor María 



i6 de Agosto Señor : Verdad infalible es q de nra parte no somos suficientes 
1646. 

para tener ni un solo pensamiento q sea bueno y menos para 

executarlo : nuestra suficiencia es de Dios , q nos da el querer y 

obrar bien, y nunca nías culpas an de llegar á desconfiarnos de 

la dibina bondad, q no despregia ni arroja al coraron humillado. 

V.^ M.^ sabe q quando pedimos á Dios use de misericordia con 

nosotros y mas alegamos culpas y negessidad que merecimientos. 

Yo confiesso, Señor mió, q el castigo del Señor corresponde á 

ríFos pecados , pero V.» M.^ entienda q este agote le a puesto Dios 

en manos de otros á quien ama menos q á V.* MA , y no lo age 

por querer faborecer más á nuestros enemigos, sino para q, añi- 

gidos nosotros por ellos nos humillemos y nos hagamos capaces 

de su dibino fabor : en esto conozco mas de lo que aqui puedo 

degir. V.* M.^ persebere en sus deseos santos y propóssitos, reno- 

bándolos cada día para executar, con efecto, todo lo q conociere 

ser voluntad de Dios y de su Madre Santissima, q no parece pos- 

sible niegue esta gran Señora su intergession y amparo á quien 

de todo coraron se dedica á su serbicio. 

Yo obedezco á V.* M.** juntando mis continuas petigiones con 
el santo gelo y gran piedad de V.* M.** , y en esto no descansaré 
asta ser importuna , pues assi lo quiere el mismo Señor y assi me 
lo manda : solo deseo q, ni la ponderación de la flaquega propia y 
indignidad ni de los aprietos en que V.^ M.^ se alia, le enflaquez- 
can en la confianga, ni de los intentos de reformar los daños pú- 
blicos con el fabor de la dibina gragia. 

Señor mió de mi alma , por los trabajos y peligros de Flandes 

I Autógrafo de U Bibliotecsi del Real Palacio. 



— iSi — 

clamaré á el Señor con todo este conbento, pues aquella caussa es 
tan propia del mismo Dios para conserbar la religión católica en 
aquellas provincias y en otras. 

El sitio de Lérida me da sienpre cuidado , porq con la dila- 
ción del socorro no puede mejorarse , y me lastimo con sumo 
dolor q el demonio aya enl>ara9ado tanto á ese Reyno para que 
deje perder la ocassion de su rremedio. Enpefio es este y lo mu- 
cho q V.^ M.^ a padecido, para q la clemencia del Altissimo 
pueda engrandeger sus obras ; pues si nos asiste, manifiestamente 
será suya la gloria y naydie se la podrá atribuyr á otro : esta ra- 
90x1 representare en su acatamiento, pues ya no tenemos á don- 
de bolber los ojos sino es á la misericordia del mismo Señor. Para 
esto es necesario q se hagan todas las deligencias humanas, y des- 
pués, q se llegue á la execucion en sola la confian9a del Todopo- 
derosso. 

Las muchas tribulaciones, trabajos y malos sucessos conbaten 
mucho á la fe y á la esperanza, y el tener estas dos virtudes en 
medio de ellos es ager grande concecto del ser de Dios y sentir 
de su Majestad en bondad; porque el buen animo es hermossísi- 
mo reberenciador de Dios, y el dilatado coracon enprende gran- 
des cossas. 

El anssia que tengo del alibio de V.* MA y las lágrimas q me 
questan sus penas, me conpele á suplicar á V.^ M.^ q se anime en 
tales tropeles y avenidas de afliciones , q todas ellas no son tan 
grande mal como una culpa, y no cometiéndola V.* M.^ grabe, 
no se turbe. Señor mió ; pues si esta V.» M.** por gracia unido 
con Dios, ninguna adbersidad ni tribulación apartará á V.* M,^ 
de la protección de su diestra. 

En la Concepción Descalca de Agreda 16 de Agosto 1646. — 
Besa la mano de V.^ M.*^ su menor sierba. — Sor María de Jesús. 



— 152 — 



XCIV. 



Del Rey'. 



Zaragoza Mucho hc dilatado el escriviros, pero no e tenido harto lusar 

31 de Agosto ' * ® 

X646. para hacerlo , pues son muchos los negocios g ocurren y todos de 
sumo pesso; y cierto q procuro desenbarazarme algún rato porQ 
es grande el gusto q tengo en escriviros, viendo q consigo con 
vras cartas alivio y la doctrina q mas me importa. 

Bien reconozco, Sor Maria , g nosotros sin la a3ruda de Dios 
daremos sienpre de un abismo en otro , y esto es lo q más me 
aflige á mi por temer q mis pecados passados y presentes inpiden 
este auxilio; y no me satisfago de mí mismo, pareciéndome q no 
hago lo q deviera para conseguir el perdón y aplacar el justo 
enojo de liTo Señor, que tan manifiestamente lo esperimento; 
pero si del sacasse el fruto devido, dichosso me llamara aunQ per- 
diera estos reynos. Procuraré de mi parte hacer lo posible para 
aplacar la ira divina y executar en todo lo que juzgare ser de 
mayor servicio suyo , y espero que para conseguirlo me an de 
ayudar mucho vras oraciones, que entiendo las hacéis con desseo 
de q sean oidas. 

Lo de Flandes se aumenta en el aprieto, según las últimas car- 
tas q recivi de 7 deste mes , y lo que más me congoja es juzgar 
q la religión católica a de padecer en aquellos Estados. Aqui es 
menester ussar de la fé y esperanza , pues si Dios líTo Señor no 
obra con su sumo poder, veo aquello en el último precipicio: en 
todo se haga su santa voluntad , q sienpre me hallo dispuesto 
para conformarme con ella. 

Vamos adelantando las prevenciones para el socorro de Léri- 
da, y según el estado en q están, espero q podremos salir á in- 

I Autógrafo de la Biblioteca del Real Palacio. 



- 153 — 

tentarle dentro de quince ó veinte dias. Menester es , Sor María, 
apretar bien en este punto con ñrb Seftor y con su Madre San- 
tíssima, pues haviendo sido ellos los q ganaron la plaza única- 
mente, han de ser tanbien los g la socorran, como lo espero en 
su bondad y clemencia. La gente de este Reyno anda mejor, 
pues en fin, aunq tarde, nos dan dos ó tres mil honbres para esta 
ocasión, y van de buena gana. 

Las cossas de las Cortes tienen todavía su dificultad por este 
punto de la fundición de la Inquisición , pero procuraré ajustar- 
ías de manera q se atienda á todo. 

He buelto á enpezar á leer la vida de ma Señora y espero 
proseguirla sin interrupción hasta acabarla, y os asseguro q 
cada dia me admira de nuebo lo que hallo allí. Permita esta San- 
ta Reyna q sepa aprovecharme de tales dotrinas, q con esso no 
me quedará q dessear. Dios os guarde. 

De Zaragoza á 31 de Agosto 1646. — Yo el Rey. 



xcv. 



De Sor María '. 



Señor : Mucho prebiene y pondera mi cuydado el ynmenso 4 de Setíem- 
trabajo q V.* M.^ tiene con el pesso de tan grandes y grabes ne- ' 

godos , para lastimarme con afetuoso coragon de tanto padecer 
y suplicar al Todopoderosso lo pague con liberal mano y abun- 
dante luz. Para el abierto y por alcan9ar esta gracia , pongo en 
cuenta el dignarse V.» M.<^ y humillarsse á mandarme de nuebo q 
le ayude en tan justa petÍ9Íon : con esta obediencia deseo cunplir 
como fiel sierba de V.» M.**, aunq indigna á los ojos de el Altíssi- 
mo ; pero como ma confianza no estriba en nfós merecimientos, 



I Autógrafo de U Biblioteca del Real Palacio. 



II I 

i 



— 154 — 

mas en la dibina elementa y en la 3mter9ession de Maria SS.">*, 
por esto llego con mayor fé á este trono de la gra9Ía donde los 
afligidos y pecadores aliamos refagio de lírb remedio. Esta ver- 
dad, Señor mío , a de vencer los temores de V * M.** y encender 
su verdadera fé y esperanza, pues á Dios naydie le dio algo, pri- 
mero q lo re^ibiesse de su ser inmutable y naturaleza dibina ; y 
assi no le pidimos que nos pague , pero que nos dé liberalmente 
lo que nos falta para obligarle; y aunque muchas beces lo aya- 
mos perdido por ñrbs pecados , sienpre queda rico en miseri- 
cordias y quiere q bolbamos á sus puertas humillados y contri- 
tos. No desmaye á V.^ M.^ la poca satisfa^ion de sí mismo, q 
para alcanzar misericordia no le ynpidió al publicano el no te- 
nerla, y al farisseo le higo indigno de ella. V.^ M.^ ara la caussa 
de Dios y la propia ; esta posponga V.* M.^ á la del Señor en su 
intención , y porque el coragon humano es oscuro y con dificul- 
tad le escrudiñamos, pida V.^ M.^ le encienda el Altíssimo su luz 
interior para penetrarle y reconocer en él el cargo y el descargo; 
q todo a de ser grande, conforme á la dignidad en q pusso Dios 
á V.» MA y lo que de ella a fiado; y para desquento de lo reci- 
bido y obligar á el Señor á que enriquezca á V.^ M.^, es gran 
sacrificio el mucho trabajo q continuamente tiene V.^ M.*^, las pe- 
nas y sobresaltos de los sucessos en materias tan grabes y q tanto 
se abentura , las nuebas de tantas adberssidades y perdidas con 
que tanto se quebranta y labra la voluntad de V.^ MA; pues tan- 
tas beges le sucede lo q mas repugna y teme. Todos estos golpes 
da el Altíssimo al coragon de V.* M.^ para hagerle digno de su 
gragia y de liberalíssimos premios , pues á menos trabajos los dá. 

Señor mió, lastímame mucho los aprietos de Flandes, y los se- 
cretos del Señor son ocultos; yo los admiro en q, si la religión es 
pura, entregue Dios aquellas probingias en manos de tan crueles 
enemigos como aquellos erejes ; yo clamo á el Señor por esta 
caussa y lo aré sienpre. 

Por el socorro de Lérida estoy muy solícita estos dias, desean- 
do presentar al Todopoderosso algo de su agrado para q se yndi- 
ne á misericordia y nos mire con ella en este aprieto, y de la 
gran Señora del gielo espero se obligará de la debogion y afecto 



- IS5 - 

con q V.» M.<* qtiiere ler su vida ss."». Grandemente dessea mi al- 
ma q V.^ M.^ sea hijo suyo y q la solicite para q haga ofi9Ío de 
verdadera madre con V.» M.<> : con esto no solo se puede asigu- 
rar el alma, sino los reynos y la Monarquía. 

No juzgo por pequeña obra y efecto grande de su paciencia 
de V.* M.^ el aber redu9Ído á mejor estado ese Reyno, que mejor 
es para pagffico y obligado q para guerra. Dios nos dé la paz y 
el buen sucesso de Lérida, q es lo Q me lleba todo mi cuydado y 
afecto, y prospere á V.» MA 

En la Con^ep^ion de Agreda 4 Setienbre 1646. ^ 

Sor María de Jesús. 



XCVI. 



Del Rey». 



cxupadones continuas q tengo y el añadir á ellas los ratos zango» »i 
q pudiera enplear en algún exercicio lícito , la continua lidon de ^ ^^ 
^ ^^ida. de ñfa Señora (pues ay pocos dias q no gaste dos oras en 
^^ oon grandíssimo gusto y consuelo), an sido caussa de no ha- 
veros escrito hasta aora ; pero haviendo passado tantos dias, no 
ne q^Herido dilatarlo más ni dejar de deciros quanto me aliento 
^^^ VT^s cartas y con toda la dotrina q me dais en ellas : verda- 

^r^rtxente, Sor María, q deve de ser muy duro mi corazón, pues 
°^ ^^ deshace en mi cuerpo de dolor de no acertar á enmendar- 

^' Sírvase su Dibina M.<^ de darme su ayuda para q lo consiga, 
P^^ ^sta es la piedra fundamental para alcanzar los bienes espi- 

^ ^^t.^gnLf6 de U Biblioteca del Real Palacio. 



— Kó — 

rituales y tenporales , y vos de vra parte, me a3aidad á alcanzar 
este favor y pedid á la Virgen Santissima q me redva por su es- 
clavo, pues desde mis tiernos años he tenido particular devoción 
con esta gran Reyna, y espero permanecer en ella todo lo q me 
durare la vida. 

Ya se va llegando el plazo del socorro de Lérida , pues, me- 
diante la misericordia de Dios, hemos podido juntar el mas 
numerosso exército y de mejor calidad q a havido aquí de tres 
años á esta parte ; y añádese á esto el sumo gusto y resolución 
con q van todos los soldados á esta enpressa. Yo me huelgo har- 
to de ver esto en esta dispossicion, pues conozco q iifó Señor no 
quiere obrar milagros sino ussar de los medios naturales y hu- 
manos ; pero sin los divinos todo falta, y assi he ordenado q en 
todas partes se trate con viveza de remediar pecados y escánda- 
los y q se hagan oraciones continuas y públicas, encaminadas 
al buen sucesso del socorro de Lérida ; pues de librarse ó per- 
derse esta plaza va á decir infinito para estos reynos. Aora es 
tienpo, Sor Marfa , q representéis todo esto á riró Señor y á su 
Madre Santissima para q ussen de su misericordia con nosotros; 
y me alunbren á mí para q acierte á resolver los medios mas 
conbenientes para executar este socorro, y á los soldados y cavos 
para consultarlos y ponerlos por obra, pues desto depende el todo. 
£1 exército estará todo junto en Fraga á 26 deste, placiendo á 
Dios , y luego enpezará su marcha ; con q si se resuelve acome- 
ter luego al enemigo vendrá á ser desde San Miguel á San Fran- 
cisco, y assi en estos dias y en todos los demás os encargo q se 
aprieten las oraciones y peticiones. Yo estoy con gran confianza 
en rifo Señor y en su Madre Santissima, y pues nos an dejado 
juntar tales medios no ha de haver sido para q se malogren, sino 
para darnos un buen dia ; pero en todos lances estoy sugeto á su 
voluntad. Del governador de Lérida emos tenido avisso q tiene 
comida hasta fin de Dicien bre, q es gran desahogo para poder 
obrar si el tienpo y las aguas no nos lo inpidieren. 

Las cossas de Flandes están con mas alivio, pues se a cobrado 
una plaza de las perdidas y los enemigos no obran tanto como 
se juzgó, de q doy infinitas gracias á ñfb Señor, y os pido se las 



— IS7 — 

deis vos tanbien de mi parte ' ; y q me presentéis ante su aca- 
tamiento divino para que en todo y por todo obre en mi según 
so voluntad. 
De Zaragoza á 21 de Setienbre 1646. — Yo el Rey. 



XCVII. 



De Sor María ^ 



Señor : La estimación q ago de V.» M.* y el cuidado con q vivo '^ *« Se- 
de sus trabajos me tiene sienpre en vela y puesta con clamores 
ante la presengia del Todopoderosso, de manera que en la dila- 
ción de las cartas de V.» M.^ tengo el mesmo desbelo y presentes 
las ocupagiones de V.» M.<^. Grande trabajo fuera para V.* MA 
añadir á ellas dos oras de ocupación á las ordinarias de cada dia, 
si la lecgion de la díbina historia no recompensara el gusto y el 
alivio con mayores intereses y mas nobles efectos de la debo^ion 
con que V.» M.** la quiere 1er : por esta parte , y porque la ma- 
teria es tan dul^e y deseable, presumo no cansará á V.» M.** y 
sienpre renobará nuebos y santos conatos de la gloría del Altíssi- 
mo y de la gran Señora del cielo. 

No podrá V.* M.** executar todos estos y otros deseos santos 

1 La plaza, á que hace referencia la carta, es la de Menin que sorprendió 
una noche, á mediado de Agosto, el Marqués de Caracena, ocupándola y ha- 
ciendo prisioneros á los franceses que estaban dentro. Venfa esta ventaja á 
compensar en algo , y sin duda á consolar al Rey, de las pérdidas de Bergues, 
que habia capitulado el 31 de Julio, y de Mardic, que se entregó el 25 de Agos- 
to, no sin que el sitio costara mucha sangre y dinero á la Francia , cuya Corte, 
según escribía Mme de Motteville, se entristeció con las pérdidas de muchas 
personas conocidas. La guarnición española de Mardic pasó á San Omer, pero 
el Gobernador Solls fué sujeto á proceso, por no haber hecho las capitulaciones 
con la decencia áth\á2L„{ Memorial Histórico y tomo XVIII; Montglat^ campaña 
doce ; Meuiame de Motteville , tomo I. ) 

2 Antógrafo de la Biblioteca del Real Palacio, 



— IS8 — 

que recibe de la mano dd Señor , porque úfb obrar sienpre que- 
da corto y atrassado ; pero en la porfía santa consiste el mérito y 
la Vitoria: por esto suplico á V> M.^, Señor mió, no dessista ni 
desmaye, aunque se ofrezcan inmenssas dificultades para executar 
todo lo que Dios enseña á V.^ M.<^ que conbiene para su persona 
y en el gobierno. 

Assi lo quiere el Altíssimo y lo solicita su purfssima Madre, y 
crea V.^ M.^ que por la debo9Íon que sienpre a tenido á esta Se- 
ñora, ella misma a querido premiarla y aumentarla por el medio 
que V.* M.** tiene entre manos. Yo, Señor , e puesto todos mis 
deseos en esta demanda , y procuraré obrar conforme al conoci- 
miento q tengo de lo q á V.» M.<^ le ynporta ser hijo y sierbo 
fidilíssímo desta gran Reyna del 9Íelo, en cuya mano está nuestra 
salud eterna. 

De muchos dias á esta parte trabajamos en este conbento afe- 
tuossamente , pidiendo á el Señor el buen sucesso en el socorro 
de Lérida Q tanto ynporta para la Christiandad, y me parece (] 
sin espe9Íal probidencia dibina no se huviera juntado tan grande 
exército para esta ocassion, pues a pocos dias que esperábamos 
mucho menos ; y asta hora parece q lo de Orvitelo y lo que acá 
se dispone corresponden á la misericordia con que nos mira el 
Padre gelestial, y quando alienta nuestra confianga no parece 
nos despide de su fabor. Solo resta q le esperemos con ánimo ren- 
dido para agradecer lo q dispusiere, y q en la ejecu9Íon no le 
desobliguemos con nuebas ofenssas : para esto es ne9essaria la 
buena direc9Íon de los cabos y que lleben delante la caussa y 
onrra de Dios, procurando evitar del exército los pecados públi- 
cos; y en esto suplico á V.^ M.^ ponga particular aten9Íon para 
q salgan á canpaña obligando al Señor, para q los assista en su 
tribula9Íon y los adiestre la Probidencia dibina y la 3mtercession 
de la Madre de piedad; y este es uno de los medios eficaz, huma- 
no y divino. 

En los dias que V.^ "MlA señala, trabajaré con esta comunidad, 
sin 9esar clamando de lo íntimo de nrbs cora9ones, como V.* MA 
nos lo manda, aunq yo no e dejado ni dqaré deligenda alguna de 
quantas se me ofre9en para ha9er de mi parte lo poco q alean- 



- 159 — 

gare, según la luz y voluntad del Sefior: de su mano a de venir 
el haderto, y pues da tienpo la pla9a de Lérida deseo se tome la 
mejor determinación. 

Lo de Flandes sienpre es de cuidado, por estar aquellas pro- 
bin^ias tan rodeadas de enemigos y erejes. Dé Dios luz á los na- 
turales para q no le desobliguen con tanto riesgo de la santa fé, 
que será la mayor pérdida para ellos. El Muy Alto reciba el 
santo y católico ^elo de V.» MA y prospere en lo dibino y hu- 
mano. 

Señor mió, suplico á V.* M.*^ mire por su salud en medio de 
tantos cuydados, pues el alibio de los q pade9emos sus basallos 
conssiste en la conserbacion de la vida de V.^ M.^ ; y la de su Al- 
tera no le tengo olvidada sino presente delante el Señor. 

En la Concepción Descal9a de Agreda 24 de Setienbre 1646. — 
Vesa la mano de V.^ M.*^ su menor sierba. — Sor María de Jesús. 



XCVIII. 



Del Rey '. 



Paréceme q hago tanto servicio á ñra Señora en leer su vida, zango» 
como en escriviros, pues de lo mismo q ella contiene reconozco '•°^^^^"*'" 
los favores q os hace ; y assi dejo este rato la lección por respon- 
deros á vra carta de 24 del passado, con la cual me he alegrado 
mucho, como sucede con todas las q me escrivis. Harto desseo 
aprovecharme de vrbs consejos y ponerlos por obra , y aunq halle 
resistencia para lo bueno, e de pelear contra mí mismo hasta 
vencer esta frágil naturaleza , mediante la misericordia de Dios y 
de su Santíssima Madre, pues si ellos no me ayudan, saldré indu- 

I Autógrafo del Convento de Agreda. 



— i6o — 

dablemente vencido; la intención es buena, y sabe su Divina "NLA 
q desseo acertar : pedilde vos, Sor María, q me ayude y q me en- 
camine en todo á su mayor servicio. 

Leo con tanto gusto la historia de ñfa Señora esta segunda 
vez , q con haverla enpezado la víspera de San Agustin y tener 
tantas ocupaciones , acabé ayer la segunda parte y he dado oy 
principio á la tercera y última, y creo q aunq la bolbiera á leer 
otras muchas veces no me viera contento: gran beneficio me ha 
hecho esta Reyna en disponer q yo gozasse de la dicha de leer su 
vida: permita q saq dello el fruto q mas me conviene. Acordaos, 
Sor María, de lo q os dije q procuraseis entender si era servicio 
de lira Señora q enpezasse á ver noticia desta historia ; y res- 
pondedme, porq desseo cunplir su santa voluntad en todo, y 
aconsejaos en esto con vro confessor. 

Ya marcha el de Leganes en buelta de Lérida ; el dia de San 
Miguel saliéronlas primeras tropas, por enpezar en tan buen 
dia esta enpressa ; ayer salió lo restante del exército y va mar- 
chando todo junto, y según el camino q llevan llegarán á la 
vista del enemigo por toda esta semana. Antes q vos me escri- 
vierades, havia ordenado lo q me decis (esa es la copia de la car- 
ta q escrivi al de Leganés sovre esto; bolvereismela en viéndola) 
y entiendo q todos van con buena intención y se pone sumo 
cuydado en evitar las offensas de ñTb Señor. Dicen q todos van 
de lindo ánimo y q la gente es muy buena: en todas partes se 
hacen oraciones y las vras espero q me an de ayudar mucho en 
esta ocasión. Todo lo he puesto en la presencia de Dios y de su 
Madre Santíssima, y estoy con toda resignación en su santa 
voluntad para cualquier accidente q permitiere suceda. 

Lo de Flandes esta trabajosso, pues se a perdido un puesto de 
inportancia '; Dios se duela de aquellos Estados y mire por su 
santa religión ; se lo pedid vos con todas veras. 

De Zaragoza á i de Otubre 1646. — Yo el Rey. 

I Los ftiiDceses tomaron á Furnes el 7 de Setiembre. 



-. i6i — 



XCIX. 



De Sor María. 



Señor : No tubiera descargo mi ingratitud, si no me conffessa- s de octubrt 
ra por deudora y obligada á la Madre de misericordia mas q otra 
alguna criatura, como V.* MA lo conoce de su sagrada historia: 
muy tarda y negligente soy en el retorno de tantos beneficios, 
pero el ymaginarlos V.* M.^ en tan indigno sugeto puede y debe 
alentar la confian^ de V.^ M.^ para recibir grandes bienes de la 
clemencia de María Santíssima, pues como madre no nos des- 
echa por indignos, y nos enriquece como poderossa y piadossa: 
con este anparo no es razón q desmayemos en la batalla con nos- 
otros mismos, pues en nosotros quiere obrar y bencer la virtud 
divina. Desta verdad tiene V.* M.<^ muchas prendas y testimo- 
nios, y no es el menor la debocion y consuelo interior con que 
V.* M.** se ocupa en lér la divina historia de rira gran Señora , y 
abersela encaminado ella misma á V.^ MA tan presto y el prime- 
ro ; q todas estas cosas y otras Q V.^ M.^ advertirá no son obras 
de carne y sangre, pero del espíritu divino y de la intercesión de 
María Santíssima. V.* M.*^ conoce mi deuda y yo tanbien la de 
V.* M.^j y creo me aben tajo en el desseo y cuydado de q sea 
V.* M.^ muy fiel en la paga q , si no puede ser ygual con el be- 
neficio , debe serlo con las anssias y anclar á él con la divina 
gracia. Yo creo, Señor mió, q sienpre le quedará a V.» M,^ cariño 
para no olbidar la debocion de la gran Reyna, y en la memoria 
de sus misterios quedará el maná y dulgura del consuelo. 

X Autógrafo del Convento de Agreda. 



— 102 — 

Presente tengo lo q V.^ M.^ me a mandado sobre dar noticia 
de la historia, y con orden de mi confíesor , antes y después, e 
propuesto á la Reyna y á su Hijo SS.'"^ esta caussa en g, para 
bencer mi natural encojimiento, e menester las fuerzas de tantas 
obediencias. Asta hora solo he entendido g el Señor tenia sus 
ojos y corazón en esta hobra, con inmensso amor, y q iba ocul- 
tamente dispuniéndola, y en cuanto álos desseos de V.> M.*^ que 
son agradables á Hijo y Madre SS.™»; no obstante esto, reco- 
nocía muchas dificultades para executarlo, y las mayores son 
las que tengo representadas á V.* M.** de vibir yo; del cuando ó 
como, no tengo conocimiento, pero bolberé á proponerlo al Muy 
Alto, como V.» M.** me lo manda. 

La carta de V.* M.** para el de Leganés e leydo con estrema- 
do gozo, porque está llena de santo celo, piedad y prudencia 
digna de V.* MA, y no me pesara que todo el mundo la viera, y 
en ella el exenplo que deben emitar los grandes y los pequeños. 
Mucho nos promete esta buena dispusicion y la q lleba el exército 
y las oraciones que en esta ocasión , más que en otras, parece que 
acen los pueblos con especial afecto y debocion : de mi parte, si 
de nuebo puedo ofrecer algo, no me descuidaré, porq estoy en 
un continuo desheló y aílicion asta ber este sucesso : en lo q toca 
á la salbacion de V.^ M.^ es cierto, Señor mió, que deseo ser sier- 
ba fidilíssima , como lo que más inporta. 

Siento mucho el estado de las cossas de Flandes, pero si d 
Altíssimo se desenoja fácil le será el remedio de todo, y no es 
creíble que desampare á esta Monarquía q tan de beras toma 
por su quenta la conserbacion y propagación de la santa fé cató- 
lica : para conseguirlo prospere el Altíssimo á V.* M.^ 

En la Congepcion de Agreda s de Octubre 1646, — Sierva de 
V.» M.'*. — Sor María de Jesús. 



— 163 — 



c. 



Del Rey \ 



Ayer recivi vra carta, pero os confiesso q no me hallo en esta- z«««oa 

^^ 7 de Octubre 

do de poder responderos aora á ella , pues me tiene nro Señor en 1646. 
estado q hago mucho en estar vivo : desde ayer acá tengo á mi 
hijo muy apretado de una gran calentura ; enpezole con grandes 
dolores del cuerpo q le duraron todo ayer y oy está deliran- 
do todo el dia , y llegamos á estar en estado Q desseamos pare 
en viruelas esta borrasca, para lo qual dicen los médicos q ay al- 
gunas señales. La primera diligencia q he hecho a ssido resignar- 
me en la voluntad de Dios y pedirle q, si en ella cave el dar sa- 
lud á mi hijo, se duela de mí; la misma petición he hecho á su 
Madre Santíssima para q me balga su intercession en este aprie- 
to. Bien veo, Sor María, que yo merezco graves castigos, y q to- 
dos los que me pudieren venir en esta vida serán cortos para sa- 
tisfacer mis pecados ; pero apelo á la misericordia de nfb Señor y 
á la intercesión de su Santíssima Madre, y á vos os encargo me 
ayudéis en esta ocassion con todas veras. Aora es tienpo, Sor 
María, en q se luzga la amistad; espero q vnis oraciones y peti- 
ciones me an de librar deste cuy dado; pero si acasso la divina 
justicia a dado ya la sentencia , os pido q en este lance ayudéis á 
mi hijo para q acierte lo q tanto le inporta, y á mí para q tenga 
fuerzas para llevar este golpe. 
De Zaragoza á 7 de Octubre 1646. — Yo el Rey. 

I Autógrafo de la Biblioteca del Real Palacio. 



— 164 — 



CL 



De Sor María '. 



1646. 



s de Odtnbre Scfiof : La enfermedad de el Príncipe ñrb Señor y el justo do- 
lor de V.* M.^ me dejan traspassado el coraron y llena de amar- 
gura y lágrimas; y si por la estíma9Íon que de V.^ M.^ hago y 
amor q le tengo, menores penas y trabajos de V.* M.^ me ponen 
en cuidado, ¿q será este, q le juzgo por muy grande y le pondero, 
para clamar al Todopoderosso y suplicarle usse de missericordia 
con su Iglessia y con V.* M**, guardándonos á su Altera? No me 
lebantaré de la presen9ia del Altíssimo y, el rostro por la tierra, 
gimiré y lloraré fielmente por esta caussa. 

Suplico á V.* M.**, Señor mió, q se aliente y se anime y q no 
contriste tanto su ánimo, porque no se nos doble el dolor agien- 
do daño á V.* M.^: el Altísimo es fiel y padre amorosso, no pue- 
de errar en lo q hage; con nuestros trabajos se obliga para húsar 
de su misericordia y con golpes tan vibos nos dá la salud heter- 
na , y lo que tanto bale mucho a de costar. ¡Ó! quanto puede con- 
solar á V.* MA los actos que exergita en sus penas, pues el ren- 
dimiento que V.^ M,^ a tenido en ofrecer la prenda mas amada 
á el Altíssimo y á la gran Reyna del gielo es fuerga que les obli- 
gue mucho. V.^ M.^ sacrificará á su hijo, pero yo suplicaré á el 
Señor en nonbre de la Christiandad que nos le deje y le guarde 
si conbiene, y la comunidad hará la misma petigion: á la Madre 
de Dios pondremos por intercessora; esta grande y piadossa Se- 
ñora nos ayude en trabajo tan grande. 

Yo quedo llena de dolor asta saber los términos de la enferme- 
dad, q como los principios son tan rigurosos, aumentan el cui- 

I Autógrafo de la Biblioteca del Real Palacio. 



-i6s- 

dado. Dios líTo Señor se conpadezca de tanta aflÍ9Íon y nos mi- 
re con ojos de misericordia. 

En la Concepción de Agreda 8 de Otubre 1646. — Vesa la 
mano de V.^ M.^ su humilde sierba. — Sor María de Jesús. 



CIl. 



Del Rey. 



Pues no movieron el ánimo de nuestro Señor las peticiones que Zaimgoia 

10 de Octnbi* 

se le hicieron por la salud de mi hijo (que ya goza de su gloria) 1646. 
no le debió de convenir á él ni á nosotros, que siempre su suma 
Omnipotencia obra lo más conveniente y más justo. Anoche en- 
tre ocho y nueve espiró, rendido en cuatro dias de la más violenta 
enfermedad que dicen los médicos han visto nunca \ Lo que me 
tiene con gran aliento en medio de la pena tan justa con que me 
hallo, es que, habiendo estado siempre fiíera de sí, quiso nuestro 
Señor y su Madre Santísima que ayer por la mañana estuviese por 
más de una hora tan quieto y sosegado que pudo confesarse y 
reconciliarse tres ó cuatro veces, á gran satisfacción de su confe- 
sor , reconociendo toda su corta vida , y recibió el Viático con 
todo conocimiento de lo que hacía , que todas son muestras muy 
probables de que le ayudó en aquel lance la intercesión de Ma- 
ría Santísima para que acertase en lo que más le importaba. Yo 
quedo en el estado en que podéis juzgar, pues he perdido un solo 
hijo que tenía y tal como vos le visteis, que verdaderamente me 
alentaba mucho el verle en medio de todos mis cuidados. Con- 

I En varias cartas de los Jesuítas se ocupan de la enfermedad y muerte del 
Principe, copiando una declaración de los tres doctores, Royo , Carpe y Godoy, 
que lo asistieron , en la que dicen sangraron al Príncipe dos veces en un solo 
día, creyendo iba á tener viruelas : en la carta siguiente escribe el Jesuíta fué la 
última sangría en la frente y le dieron á la vez con sang^re de pichón pocas ho- 
ras antes de monnt,--(Mifnoriai Histórico ^ tomoxvni.) 



— i66 — 

suélome el ir experimentando que por medio de tantos trabajos 
quiere nuestro Señor salvarme: como esto sea, todos me parecen 
pocos y fáciles de llevar. Todo lo que he podido he hecho para 
ofrecer á Dios este golpe, que os confieso me tiene traspasado el 
corazón y en estado que no sé si es sueño ó verdad lo que pasa 
por mí. Quiera su Divina Majestad que lo consiga y me dé su 
gracia para que me aproveche de tan conocidos llamamientos: 
yo estoy resignado enterameute en las manos de nuestro Señor, 
pero como soy frágil, temo la perseverancia; y así os pido que 
me ayudéis á pedírsela á nuestro Señor y á sacrificarme entera- 
mente en su santa voluntad y en la de su Madre Santísima. Agra- 
dézcoos las oraciones que me decís haciais por su salud, y espero 
le han de haber aprovechado para su salvación. Sor María , en- 
comedadme muy de veras á nuestro Señor, que me veo afligido 
y he menester consuelo. 
De Zaragoza á lo de Octubre 1646. — Yo d Rey. 



CIIl. 



De Sor María. 



13 de Octnbre Señor I Grande es el poder del Altísimo en hacer sus obras sin 
'^^^' dependencia de las criaturas , para que entendamos que sola su 
voluntad es ley rectísima , donde no puede caer error ni engaño, 
porque tiene el peso y medida en su diestra y procede con nos- 
otros con equidad y justicia , y en nuestras tribulaciones nos en- 
via la salud; y como nos ama tanto, antepone á nuestro gusto, 
consuelo y querer, la salvación , dándonos el menor trabajo por- 
que consigamos el mayor descanso. 

Señor mió , para consuelo de todos, gran bien fuera que su Al- 
teza viviera, y para el reparo de la Monarquía; pero para el bien 
del Príncipe nuestro Señor y su salvación mejor ha sido lo que 



— i67 — 

Dios ha hecho, que le ha cogido en sus tiernos años y apartádo- 
le de los peligros del Gobierno y de las pasiones de este valle de 
lágrimas, para llevarle á reinar con mejores condiciones y menos 
penalidades que los reinos de este mundo. No considere V. M. á 
su hijo muerto ni ausente para siempre , sino trasladado á aque- 
lla patria celestial donde no hay llanto , clamor, angustia ni do- 
lor: ha ido á donde V. M. desea ir, y no le pierde cuando no es 
más de adelantar la jornada que V. M. ha de andar. Mayor reino 
y triunfo ha conseguido que el que V. M. le procuraba , y le go- 
zará sin amarguras y sobresaltos. V. M., á ley de buen padre, 
debia desear al Principe nuestro Señor que, después de haber 
reinado en la tierra , fuese á reinar en el cielo ; esto ha querido 
anticipar el Todopoderoso , que pesa en el santuario todas nues- 
tras obras y momentos de nuestra vida: yo miro á su Alteza como 
un ángel y no puedo tener duda en su salvación, de que el Al- 
tísimo dejó á V. M. tan prudentes señales para su consuelo. 

Ea, Señor mió, dilate V. M. el corazón y dispense de él con 
verdadera sabiduría, que Dios quiere obligarse mucho de las obras 
y virtudes que con ella ejercitará V. M., y con el sacrificio de pa- 
ciencia que en esta ocasión ha hecho ; pues aseguro á V. M. que, 
viendo su resignación, he reprendido mi sentimiento y amargu- 
ra , que en esta ocasión ha sido tanta que me tiene fuera de mí; 
y no me es posible sentir menos sus penas de V. M. , aunque me 
alienta en que en ellas ha de mirar piadoso el Altísimo á V. M., 
y obligarse mucho de su dolor para usar de misericordia con esta 
Monarquía, que por nuestros pecados no merecíamos á su Alte- 
za. Yo trabajo por su descanso eterno, y la sangre derramara por 
el consuelo de V. M. , y quisiera que todos los golpes de pena 
dieran en mí y que no tocara á V. M. : aliéntame el que da Dios 
á V. M. prendas de su amor y salvación con tanto padecer , pues 
los trabajos con paciencia son señal de predestinación. Concéda- 
sela el Altísimo á V. M. y la vida que hemos menester. 

En la Concepción Descalza de Agreda á 12 de Octubre 1646. — 
B. L. M. D. V. M. su menor sierva. — Sor María de Jesús. 



— i68 — 



CIV. 

Del Rey. 

Ztngoa, No puedo negaros que en medio de mi justo dolor me ha sido 
1646. ¿6 g^^Q alivio vuestra carta y todo lo que me decís en ella, que 
sin duda son verdades innegables y lo que todos debemos creer: 
justo es sumamente Dios y así no puede errar en nada , y aun- 
que á nosotros no nos es permitido alcanzar sus secretos , debe- 
mos conformarnos con su santa voluntad y tener por in&lible 
que lo que obra su Providencia es lo mejor. Yo he prociu'ado en 
esta ocasión ponerme enteramente en sus manos y resignarme en 
su justo querer, si bien el amor de padre y lo frágil de la carne 
han forcejado en mí. Yo os confieso que lo que me tiene á mí 
más afligido que la misma pérdida que he tenido, es reconocer, 
por estos golpes que me envia nuestro Señor, que le tengo eno- 
jado de tanto como le he ofendido : esto me atraviesa el corazón, 
y sabe su Divina Majestad que deseo no enojarle, sino cumplir 
en todo con su santa voluntad ; pero como veo los castigos, temo 
que no acierto á cumplir estos deseos, y si yo me valiese de esta 
pena que padezco para reconocer que es castigo y enmendarme 
de todo corazón , me tuviera por feliz. Ayudadme, Sor María, á 
pedir esto á nuestro Señor, y que encamine todos estos golpes y 
trabajos á mi salvación , pues todos serán llevaderos y gustosos 
si á costa de ellos se consigue tal bien. 

También os encargo que no os olvidéis del alma de mi hijo, 
pues mediante la misericordia de nuestro Señor tengo firme es- 
peranza de que se halla en carrera de salvación. Yo me hallo bien 
fatigado y he menester la ayuda de nuestro Señor para poder pa- 
sar; pedidle me la conceda, y que en todo me encamine á su ma- 
yor servicio. 

Trato de partir presto de aquí , y me encaminaré por esa villa, 
de que voy muy alborozado por Veros. 
De Zaragoza á 16 de Octubre 1646. — Yo el Rey. 



— 169 — 



cv. 



De Sor María. 



Señor: Las obras de la divina clemencia son de condición que 20 de Octubre 
en ellas nos manifiesta Dios juntamente^ el amor de padre con 
que nos corrige y el consuelo con que nos enseña; en la luz inte- 
rior los fines santos que tiene en damos tribulaciones y penas: 
este fin del Señor es la salud de las almas con la enmienda de 
nuestras culpas. En V. M. veo ejecutada esta obra y voluntad del 
Altísimo , pues á un tiempo mismo ha querido darle la mayor 
aflicción que V. M. podia tener en esta vida, y junto con esto 
dilatar su Real corazón para que , como católico y magnánimo, 
se conforme tan ajustadamente á la disposición divina y dé al 
mundo el ejemplo y edificación que en esta ocasión todos dicen 
han recibido , conociendo la igualdad y paciencia de V. M. en 
tan vivo dolor ^ Resta ahora , Señor mió, entender la voluntad 
de Dios para ejecutarla y no frustrar sus intentos en las tribula- 
ciones que cercan á V. M., pues son para que, sembrando con 
lágrimas en esta vida coja V. M. con alegría premios eternos, y 
con trabajos limitados y perecederos granjee V. M. tesoros infi- 
nitos. Trata el Muy Alto á V. M. como á hijo que le corrige y 
amonesta : más dichosa fortuna es ésta de adversidades y penas, 
ahora que desea V. M. más hacer la voluntad de Dios , que la 
que tenía de prosperidades y consuelos, cuando menos atendía 
V. M. á eUa. 

I La resignación del Rey en esta ocasión no sólo causó el asombro de los 
españoles , sino que en Francia se alabó en extremo, dando motivo esa sentida 
muerte á que se volviesen á escribir como hermanos el Rey de España y la Re- 
gente de Francia. Felipe IV aprovechó poco después el interés que le demos- 
traba su hermana para hacerle proposiciones de paz; «porque no creo — decia 
— que V. M. pueda olvidar las paredes en que nació.» — {^Madame de Motievi" 
lUf tomo I.) 

12 



— 170 — 

Yo confieso á V. M., Señor mío, que cuando veo que son los 
golpes del Altísimo en los reinos temporales y en las prendas 
más amadas, me lastima el corazón; pero tengo algún desahogo 
con ver que no tocan al alma, sino que la ayudan para más luz, 
conocimiento de Dios y deseo de servirle. No hallara el afecto 
que á V. M. tengo descanso ni alivio en otra cosa que en que 
V. M. procure, busque y halle el descanso eterno; y por el de 
V. M. trabajo como por el mió. No es posible que yo olvide el 
alma de nuestro ángel el Príncipe, pidiendo al Altísimo le dé 
premios eternos y le muestre la alegría de su rostro. En la co- 
munidad se le hacen oficios , como tenemos obligación. 

Suplico á V. M. con todo encarecimiento que se anime y di- 
late y mire V. M. por su salud , tan necesaria para esta Monar- 
quía ; las nuevas de ella y la carta de V. M. han sido más esti- 
mables á mi voluntad , porque estoy llena de cuidado del efecto 
que puede hacer tan viva pena en V. M. Las esperanzas de be- 
sarle la mano me tienen muy consolada; sea con toda felicidad y 
buen suceso la jornada. 

En la Concepción de Agreda á20 de Octubre 1646. — B. L. M. 
D. V. M. su menor sierva. — Sor María de Jesús. 



CVI. 



Del Rey '. 



Zaragoza No pucdo negaros q me a sido de mucho alivio la carta q me 
'^ ^1646.'* ^ escrivistes en 20 deste, pues todo lo q me decís en ella va enca- 
minado á mi consuelo en el estado de pena en q me hallo, q os 
asseguro no se mitiga ; y assí no ay otro remedio q acogernos á 
los pies de ríTo Señor y procurar resignarnos enteramente en su 

I Autógrafo de la Biblioteca del Real Palacio. 



— 171 — 

santa voluntad : si yo consiguiesse esto, sacaría flores de las espi- 
nas , pero temo á mi fragilidad q me estorbe conseguir este bien. 
No ay duda, Sor María, q todos los trabajos q dejan libre el alma 
son dichossos y llevaderos, particularmente si se logra el fruto á 
q ellos se encaminan; y el que esto se consiga solo la ayuda y 
gracia de Dios pueden hacerlo , pues sin esto nosotros no pode- 
mos nada. Sírvasse su Divina M.^ de q ya q me a enbiado este 
golpe tan sensible, quitándome de delante de los ojos tal prenda, 
me los abra para q reconozca (como lo tengo por cierto) q esto 
es castigo de mis pecados , y trate de enmendarme de todo cora- 
zón. Malos somos, cierto, pues emos menester tanto para caer en 
la quenta y plegué á Dios q baste. Yo estoy muy cierto q no os 
olvidareis de mí y q me ayudareis con ñTo Señor y con su ben- 
dita Madre, para q me encaminen á mi salvación, queste lo q me 
costare en esta vida, q todo será poco si se consigue tanto bien; 
de mi parte (con su ayuda) haré todo lo posible para no desayu- 
darme, y assí en lo personal como en el officio procuraré conplir 
con su santa voluntad. 

Las materias de la guerra por Cataluña ban bien, pues se an 
ocupado unos puestos al enemigo, conq se le dificulta mucho la 
comida y se tiene esperanza q por falta della dejan libre á Léri- 
da: á nosotros no nos falta, pues se ha hallado en Cataluña harto 
q comer , y el exército está de buen ánimo y contentos los solda- 
dos. Vos apretad con ñrb Señor para q perfecione la obra, pues 
de su mano solo espero el buen sucesso. 

Lo de Flandes está bien apretado, y la armada de mar de 
Francia bolvió á salir á fin del mes passado hacia las costas de 
Italia ' ; y aunq en este tiempo sin mucho milagro se podria des- 



I En Flándes habían los franceses empezado el sitio de Dunquerque el 17 de 
Setiembre, y el Marqués de Leyde, gobernador de la plaza, viendo no era socor- 
rido, capituló el 10 de Octubre, saliendo al siguiente dia de aquella fortaleza con 
las tropas españolas. 

La armada francesa llegó á la isla de Elba el 13 de Setiembre, donde se re- 
unió con 6cx> hombres, que en seis grandes barcos mandó el Rey de Portugal para 
ayudar á los franceses : juntos empezaron á sitiar el 4 de Octubre á Piombino, 
que capituló el dia i r, yéndose los franceses sobre Puerto Longone, que también 
capituló en los últimos dias del mes. — {^Montglat^ campafia doce.) 



— 172 — 

baratar, con todo esso os encargo q apretéis con iifb Señor q nos 
ayude en todas partes y encamine las cossas á q se consiga bre- 
vemente la paz. Yo no e podido partir hasta aora; esperó podré 
hacerlo esta semana y voy con mucho gusto para veros. 
De Zaragoza á 23 de Octubre 1646. — Yo el Rey. 



CVII. 



De Sor María '• 



1646. 



31 de Octubre Scñor : Yo me conpadezco de los trabajos de V.* M.^ en lo ín- 
timo de mi cora9on , y este dolor pudiera enseñarme lo que debo 
hager y de9Ír para aliviar en algo á V.* M.**, si mi capa9Ídad no 
fuera tan limitada ; pero la mano del Señor es poderossa para 
suplir nuestros defectos y animar líra flaque9a. 

Cierto es, Señor mió, que nos engañaríamos muy pessada- 
mente si dixéssemos que no tenemos pecados ; pero la justicia di- 
bina no nos castiga tanto por aberlos cometido como por no 
aberlos enmendado , y para esto sienpre ay lugar quando nos da 
vida y tan senssibles abissos como tenemos presentes; y quanto 
mayores, manifiestan más la liberalíssima y magnífica misericor- 
dia de Dios , pues el llamarnos muchas be^es es porque quiere 
le respondamos; y porque no lo hagemos luego, nos aflije y con- 
trista para que humillados y contritos le busquemos como á re- 
fugio verdadero, consuelo y alivio de nuestras tribula9¡ones: por- 
q nos ama y nos quiere nos rodea de ellas, pues somos tales, q 
sino es afligidos, no le queremos amar. Es condÍ9Íon de nfa gro- 
sera naturale9a que, si no es prensada y oprimida, no da fruto, 
y el cora9on del Altíssimo es tan piadosso que no nos afligiera 
sino fuera tan ne9essario para la salud eterna. 

Dos cossas se me o£re9en q de9Ír á V.^ M.^ en esto : la una q, 

I Autógrrafo de la Biblioteca del Real Palacio. 



— 173 — 

en ley de padre y tan católico, debe V.» M.* consolarsse mucho 
con la feliz suerte que mejoró á su Altera, en que alio muchas 
caussas de alivio de que hablaré mas en otra ocasión, si fuere 
ne9essario. 

La otra es que el rigor deste golpe no a tocado solo á V.» M.<>, 
ni tanto, como á toda su católica Monarquía, á quien mira el 
castigo y de quien el Todopoderosso pretende la enmienda de los 
pecados y desórdenes generales. Bien beo, Señor mió, q este co- 
nocimiento no es arto consuelo para V.* M.<^, pero deseo q le 
sirba de eficaz avisso para ejecutar todo lo que la divina luz 
enseñare y ditare á V.* M.<>, en los vibos desseos q pone en el 
Real coraron de V.* M.*^ de cunplir la voluntad de Dios, queste 
lo que costare, pues sin este medio no se puede conseguir el fin 
que V.* M.'^ dessea. Este es el primer yntento de mis petigiones 
y clamores, y luego la vitoria de las armas de V.* M.*^ , y en todo 
estiendo mis flacas fuerzas con la dibina gracia, á lo que con ella 
alcanzan. 

Consuélome mucho de la buena dispussÍ9Íon q tiene el exér- 
9Íto de Catalunia, y esta caussa tengo sienpre presente asta ver 
el fin que deseamos. En lo de Flandes y Italia se conoce el des- 
velo de los enemigos desta Monarquía, y quando yo la considero 
con tan pocas fuer9as para defenderse en tantas partes, me aflijo 
mucho ; pero todo lo pressento al Altíssimo como caussa suya 
propia, y postrada ante su acatamiento le suplico nos dé una paz 
unibersal , q la deseo mas que la vida y la diera por conseguirla. 

Espero á V.* M.^ con mucho consuelo de que le e de vesar la 
mano, pidiendo al Señor sea el biaje con próspero sugesso y bue- 
na salud , como esta fiel sierba desea y la Monarquía a menester. 

En la Con9ep9Íon Descal9a de Agreda 31 de Octubre i646« 

Sor María de Jesús. 



- 174- 

Nota de la V.® Madre que se halla en el manuscrito del Con- 
vento de Agreda. 

Pasó el Rey N. S. por este lugar y entró en el convento 
lunes á 5 de Noviembre 1646; hablóme algunas cosas graves, 
y mandóme encomendarle á Dios y que le escribiese lo que me 
habia sucedido en la enfermedad y muerte del Príncipe : ofrecí- 
selo, y después de llegado á Madrid S. M. me escribió la carta 
siguiente : 



CVIII. 



Del Rey. 



Madrid 14 Quiero cumpliros la palabra que os di de que os avisaría de 
,646. mi llegada á mi casa: llegué el sábado á boca de noche (á Dios 
gracia) con salud , habiendo hecho el viaje con buen tiempo y 
comodidad; hallé á mi hija buena, y aunque me holgué harto de 
verla, me causó gran ternura la prenda que me ha faltado, juz- 
gando lo que se holgaría de ver á su hermana, y se me renovó 
de nuevo el dolor de tal pérdida. Ya procuro volverle á ofrecer 
á nuestro Señor y resignarme enteramente en su santa volun- 
tad; sírvase su Divina Majestad de darme gracia para que lo 
consiga. Ayer y anteayer se celebraron las honras en San Jeró- 
nimo, en la forma y con la solemnidad que se acostumbra; y 
os confieso que en todos estos lances hay mucho que ofrecer á 
nuestro Señor. El sea servido por todo. 

Espero que me cumpliréis la palabra que me disteis de enco- 
mendarme á Dios continuamente y á María Santísima, y par- 
ticularmente apretad por la paz , por el buen suceso de Lérida 
y por el acierto en mi nuevo estado, que todas son cosas de la 
importancia que sabéis. Yo trabajo y trabajaré lo posible por 



- 175 — 

cumplir con mi obligación con buen deseo de acertar, que es lo 
que me toca, pues el que se consiga corre por cuenta de Dios. 
En los puntos que me encargasteis no me descuidaré. 
De Madrid á 14 de Noviembre 1646. — Yo el Rey. 



CIX. 



De Sor María. 



Señor : Hasta saber el suceso de la jomada estuve con grande »7 ¿e No- 
viembre 1646. 
cuidado, porque en mí no le puede haber pequeño de su salud 

de V. M. y de todo lo que por algún camino le puede pertenecer 
y tocar á V. M. ; y con esta atención , prevenía en mi considera- 
ción y afecto compasivo los lances de pena y de dolor que se 
ofrecerían, con renovar la memoria de la amada prenda de que 
el Señor privó á V. M. para llevársela consigo; pero esta segu- 
ridad ha de valer para que V. M. renueve el sacrificio, ofrecién- 
dosele al Todopoderoso, no por necesidad y con tristeza, más 
con voluntad pronta y alegre , que le haga agradable á su acep- 
tación; y cierto es que su divina clemencia recompensará la 
amargura y sensibilidad del corazón Real de V. M., con bendi- 
ciones de dulzura, que siempre es liberal en premiar lo que con 
dolor se le ofrece. 

Alegróme mucho que V. M. hallase con salud á la señora In- 
fanta, y deseo que con su compañía hallen algún alivio los cui- 
dados de V. M. : yo los tengo en lo íntimo de mi corazón , con 
mayor ponderación que puedo manifestar con palabras, y se los 
presento al Todopoderoso, suplicándole que derrame sobre 
V. M. su gracia y le llene de luz divina. Bien conozco. Señor 
mió , el grave peso que tiene V. M. sobre sus hombros y que en 
lo humano se halla muy solo para llevarle ; y esto me solicita 
más para pedir á Dios supla ésta y vista de fortaleza y de vir- 



— 176 — 

tud á V. M. : esta súplica en mí será continua y que V. M. y 
todos acertemos á obligar al Altísimo para que nos dé las victo- 
rias y paz de que tanto necesitamos. 

Harto se dilata lo de Lérida para dar cuidado; yo le tengo 
grande del acierto en el nuevo estado de V. M., de que penden 
grandes bienes : pido al Señor con instancia ilustre á V. M. para 
que haga elección de la persona que fuere más conveniente para 
gloria suya , y para que V. M. tenga la compañía de que nece- 
sita; y siendo este negocio tan inmediato á V. M., cierto es mi 
cuidado y desvelo para clamar por su acierto. 

Señor mió, agradezco y estimo á V/ M. la memoria en las 
cosas que le supliqué ; yo también la tengo de lo que V. M. me 
dejó mandado del Príncipe nuestro Señor, y á su tiempo lo cum- 
pliré , en confianza de que V. M. conoce los humildes deseos de 
esta su sierva ; que es de que el Señor se halle obligado de V. M., 
para asistirle y gobernar su corazón en el mayor agrado suyo. 

En la Concepción de Agreda á 17 de Noviembre 1646. — Sier- 
va de V. M. — Sor María de Jesús. 



ex. 



Del Rey. 



Madrid 28 Bendito sea Dios , que de las tres cosas que os dejé encomen- 
dé Noviembre 11f.1.« • «««I •!« « 

,6^6. dado le pidieseis en mi nombre, ha sido servido de concedernos 
el socorro de Lérida que, como ya debéis saber, se qecutó el dia 
de nuestra Señora de la Presentación , con gran perdida del ene- 
migo y reputación de mis armas '. Yo le he dado infinitas gra- 
cias por tan singular favor, tan poco merecido de mí y obrado 
sólo por su infinita bondad y misericordia: sírvase su Divina 

I La relación de este glorioso hecho se halla escrita en la carta del 30 de 
Noviembre de 1646 por im jesuíta que la presenció.— (i/irm^r/o/ hisióricoy to- 
mo xvm.) 



— 177 — 

Majestad de darme su gracia, para que acierte á agradecerle esta 
merced y á mudar de vida, de manera que aplaque su justa in- 
dignación. 

Bien creo que os habéis holgado de este suceso y espero que 
en lo que falta apretaréis con nuestro Señor, pues verdaderamen- 
te necesita la Cristiandad de una general paz y reposo para su 
mayor servicio. En mi nuevo estado voy pensando, con deseo 
de acertar y que sea para mayor gloria y honra de Dios; y en 
todo procuro y procuraré cumplir con su santa voluntad y tomar 
los consejos que me dais, que bien se echa de ver son de quien 
desea lo que mejor me está. 

En la materia que me hablasteis tocante á la Concepción de 
nuestra Señora, he averiguado lo que ahí os envío en ese papel, 
que es lo que se ha declarado en Roma. Yo tengo escrito á mi 
Embajador haga grandes esfuerzos por que esto se revoque y haré 
vivas instancias con Su Santidad hasta conseguirlo, pues cuando 
habíamos de caminar adelante en esta materia, no es justo dar 
pasos atrás, siendo tan justo que perdamos todos las vidas en 
servicio de esta Santa Reina. Hasta ahora no he podido comu- 
nicar el punto de su historia con el Comisario General, por su 
indisposición , pero ya está convaleciente y podrá venir presto á 
besarme la mano. 

A la causa de la Madre Luisa he dado priesa, y entiendo se 
caminará en ella. También me he informado de las calificaciones 
que se hicieron sobre la de aquellos religiosos, y hallo que las 
primeras fueron más ásperas que las últimas ' : ya he encargado 
al Inquisidor General que dé priesa á todo y que mire con toda 
atención estas materias, pues es cierto que en todo deseo que se 
haga lo más conveniente y justo. Vos pedid á nuestro Señor que 
me alumbre y tenga de su mano, que con esto no erraré. 

De Madrid á 28 de Noviembre 1646. — Yo el Rey. 

I Esta fué, sin duda, la célebre Madre Luisa de Carrion de los Condes, que 
vivió en olor de santidad y murió el 28 de Octubre de 1636, sin ser sentenciada 
su causa por la Inquisición. Las religiosas á que alude fueron algunas de las 
complicadas en la causa del P. Monteron, que habia predicho muchas desgracias 
si el Rey no variaba de conducta , y de quien el mismo Rey le habló á Sor 
María en su primera carta. 



- 178- 



CXI. 



De Sor María. 



Sin fecha. Scñof : Grande es la misericordia del Altísimo con nosotros; y 
considerando con atención el orden y suceso de este socorro de 
Lérida, se conoce que nos mira como padre clementísimo, y 
para entender que el beneficio ha sido grande, me basta saber 
que fué obra de la gran Señora del cielo. V. M. corresponda á 
esta piadosa Madre como hijo obligado de su amor y favores, 
para que los multiplique y acreciente con otros mayores. Y no 
quiero ocultar á V. M. que desde el principio en que conocí la 
divina voluntad y la de V. M. para pedir este suceso, he ofrecido 
muchas veces al Señor y á su Madre Santísima, en nombre de 
V. M., que, si le daba victoria, yo instaría á V. M. en que le agra- 
deciese con una gran reformación en todo lo que fuese posible 
para desenojar al Señor : ya llegó el caso, y junto con él me soli- 
cita el íntimo amor de sierva, para pedir á V. M. licencia y des- 
empeñarme de esta promesa. Yo clamaré á la divina misericordia 
dé á V. M. abundante luz para que en todo conozca el mayor 
agrado del Altísimo y lo ejecute ; y para esto enviaré á V. M. el 
papel que ofrecí escribirla de la muerte de su Alteza, sobre que 
he entendido las cosas que V. M. verá en él y me parecen dig- 
nas de atención ;*yo la tengo cuanto puedo en pedir el acierto del 
nuevo estado de V. M. y que sea para tener compañía que ayude 
á los deseos santos de V. M., y para medio y sosiego de la Cris- 
tiandad. 

Agradezco á V. M., en nombre de María Santísima, la diligen- 
cia que con tan piadoso celo pone V. M. en que se revoque el de- 
creto de no llamarse Inmaculada su Purísima Concepción : ella 
lo pagará de contado , y si en los siglos pasados nunca se prohibió 
darle esta honra, mucho menos se debe hacer en éstos, cuando 



— 179 — 

la verdad está tan declarada; y parece que este decreto salió cuan- 
do el Pontífice antecesor á éste, ó en su vacante, porque há dos 
años. 

En cuanto á la historia de la Reina del cielo, cuanto más lo 
considero más conveniente me parece que no se saque á luz 
hasta que yo muera; pues aseguro á V. M. que mi mayor cruz y 
padecer ha sido no ocultarme tanto como quisiera de las criatu- 
ras, y sólo de V. M. y mi confesor deseo fiar estas cosas. 

El despacho de la Madre Luisa también espero será del servi- 
cio de Dios y singular consuelo de estos reinos y de la Cristiandad 
que lo desea. En el de los religiosos presos ó detenidos, mi deseo 
era que V. M. se informase de los calificadores, no de los prime- 
ros que calificaron antes de la prisión , sino de los que han visto 
y calificado su defensa, que entiendo son algunos religiosos muy 
doctos de esa Corte y de Salamanca. Esta causa me ha dado cui- 
dado, creyendo que puede pesar mucho en los ojos de Dios, don- 
de deseo que no se halle en V. M. cosa alguna reprehensible, 
pero que todas las obras sean aceptas y dignas de la divina gracia. 

Estos dias he padecido una enfermedad de que quedo siempre 
con calentura y aumento y sólo hallo en este trabajo de alivio 

Nota del manuscrito del Comento de Agreda, — Esta carta se 
encuentra sin concluir, y faltan algunas otras. 



CXII. 



Del Rey. 



Puedo decir con verdad que he tenido muy buena entrada de Madrid 

9 de £ncro 

año con la vuestra del s de éste, que recibo hoy, pues veo por 1647. 
ella os halláis más aliviada de vuestra indisposición , y juntamente 
me ha alentado mucho oir que os mandan rogueis por mí , así en 
lo temporal como en lo eterno. Sólo temo (como os he dicho 



— i8o — 

otras veces) que yo mismo he de desmerecer estos favores, pues 
no acierto á servir á nuestro Señor como debiera, y antes temo 
que le irrito con lo que le ofendo; pero espero en su misericordia 
que con su ayuda he de mudar de vida y procurar satisfacer algo 
de lo que debo á su infinita bondad, procurando obedecerle y 
guardar su santa ley, como es justo, para lo cual espero me 3301- 
dará mucho vuestra intercesión, y que me habéis de hacer, en lo 
que tanto importa, oficio de buena amiga. Yo procuraré, Sor 
María, por todos los caminos que alcanzare, ejecutar vuestros 
consejos y valerme de las inspiraciones divinas en lo que debo 
ejecutar; pues como mi intención es buena puedo presumir que 
no me ha de faltar la ayuda de Dios, y podéis estar cierta que en 
lo más tomo por mf lo último de las resoluciones, habiendo oido 
primero el parecer de los ministros de mayor estimación, que esto 
es justo y debido hacerse. 

Vos pedid por mí á nuestro Señor que me ayude á resolver lo 
que fuere su mayor servicio y que me dé fuerzas para llevar el 
peso que ha puesto sobre mis hombros. Gran trabajo es para la 
Iglesia Católica que su cabeza atienda más á materias de Estado 
que á lo que debe hacer: cierto que pienso que nuestros pecados 
ponen en este estado al Pontífice. Dios le alumbre, para que nos 
obligue á todos á que hagamos esta paz que tanto importa á la 
Cristiandad. 

He recibido carta del Emperador dándome el pésame de la 
muerte de mi hijo, y juntamente me ofrece á mi sobrina para mi 
matrimonio. El ver que esto se ajusta con mi intención , juzgo 
me hará resolver el venir en este casamiento, pues sin duda es 
el que más me conviene , y así espero en nuestro Señor que ha 
de poner su mano poderosa en este negocio, para que se encami- 
ne á mayor servicio suyo y bien de esta Monarquía. 

Acordaos de enviarme aquel papel que me habéis prometido, 
pues estoy con gran ansia de verle y oiros que está próximo el 
descanso del alma de mi hijo. 

Mucho me he holgado con los Santos que me habéis enviado 
de este año , pero no ha de ser esto sin que os cueste el trabajo 
de rezarlos por mí todo él, pues la oración será más acepta; y 



— i8i — 

aunque yo también lo haré , vos tendréis más lugar para estos 
ejercicios. A mi hija le di los suyos , y se ha alegrado mucho con 
ellos; encomendadla á Dios y pedidle la haga dichosa en lo eter- 
no y en lo temporal. 
De Madrid 9 de Enero 1647.— Yo el Rey. 



CXIIL 



De Sor Maria. 



Señor : Por lo que en mi secreto procuro trabajar con la divi- i» de Enero 



na gracia y por todo lo que respondo siempre á V. M. , puedo 
asegurarme de la verdad con que deseo ofrecer la vida, si fuera 
menester, para que Dios ilustre el corazón de V. M. y le gobier- 
ne y encamine á la felicidad eterna y temporal. En esta empresa 
no desconfie á V. M. la fraglidad propia y humana, pues ha de 
ser obra de Dios más que nuestra, y el primer fundamento es 
conocer nuestra bajeza sin desconfianza y extender el brazo á lo 
más arduo , en fe de que ayudará el poder del Muy Alto más 
de lo que nosotros pensamos. Estos deseos de V. M. , tan conti- 
nuos y repetidos , habrán merecido que el Señor manifieste su 
voluntad á V. M. por nuevos medios y dignos de su bondad in- 
mensa, y no negaré yo que en pedirlo he procurado hacer el 
oficio de verdadera sierva de V. M., aunque la dignación del 
Altísimo ha excedido á mis ansias. 

Cuando comencé á tener noticia de la enfermedad , muerte y 
estado del Príncipe, que está en el cielo, me ordenó mi confesor 
fuese advirtiendo todo lo que me sucediese, para escribirlo, y 
luego V. M. me mandó lo mismo y que le remitiese de todo un 
papel. No pude entonces replicar á estas obediencias, ni excusar- 
me de ellas, porque como fué tan al principio, ignoraba el dis- 
curso y el fin en lo que me ha sucedido ; mas ahora que lo he 
visto, quiero confesar á V. M. que mi encogimiento ha estado 
muy cobarde para enviar á V. M. ese papel , y las contradiccio- 



Í647. 



— l82 — 

nes que en mí misma he padecido vendan mis fuerzas , porque 
el temor en tales cosas es muy conforme á mi condición y el ca- 
mino por donde Dios me ha llevado ' ; mas como no es justo re- 
sistir á su divina voluntad , he querido hacer este sacrificio de 
obediencia, ayudándome para esto la segura confianza que tengo 
del secreto de V. M. , como el negocio lo pide, pues sin él se 
podrían impedir los fines del Altísimo. A V. M. suplico puesta á 
sus pies , lo confiera sólo consigo mismo ; que el Señor, que nada 
hace ni dispone ociosamente, asistirá á V. M. para que llegue á 
conocer su santa voluntad. 

Señor mió, no es mi intención en lo que escribí á V. M. en la 
carta de s de éste excluir el parecer de los ministros, que es justo 
tomarle para obrar con el orden común ; pero el trabajo de los 
príncipes y el peligro de errar consiste en que no obren los infe- 
riores con la rectitud y pureza que obra la cabeza. Señor mió de 
mi alma, ya veo que es cargar todo sobre sus hombros de V. M.; 
pero como son causas de Dios, pondrá los suyos para que la carga 
se aligere ; y puede confiar , animar y dilatar á V. M. el que en la 
Iglesia de Dios es sólo V. M. el de más vivo celo para ayudarla 
y defenderla; y esta consideración me hace llegar á desear dar la 
sangre por el alivio y vida de V. M., y sólo tengo de pena que 
se me frustran estas ansias por lo poco que valgo y temiendo 
que tanto escribir y decir á V. M. ha de ser molesto y cansado. 

En el estado que ha de tomar V. M. , parece que lo va dispo- 
niendo el Señor y no siento cosa en contrario : pidiendo siempre 
el mayor acierto, espero del Todopoderoso nos lo dará. La devo- 
ción de los Santos cumpliré yo con toda esta comunidad, rezán- 
doles cada dia en nombre de V. M. y pidiendo, si algo merecié- 
remos , sea para que el Altísimo prospere á V. M. felices años y 
á la Infanta nuestra Señora , como deseo. 

En la Concepción Descalza de Agreda á i8 de Enero 1647. — 
B. L. M.de V. M. su menor sierva.— Sor María de Jesús. 



I Ese papel, cuya copia escrita por la V. Madre se conserva en el Convento 
de Agrédanse halla también en un manuscrito de la Biblioteca Nacional de Pa- 
rís , y por consideraciones análogas á las que quedan expuestas en la nota pági- 
na 55 no la hemos insertado en esta publicación. 



-- i83 - 



CXIV. 



Del Rey '. 



En estafeta passada no os escriví por no haver recivido carta ***^"** 

* 30 de Enero 

vrá , si bien dos dias después del en q solia llegar me dieron la q 1647. 
me escrivistes en 18 deste mes, con el papel largo q venia con 
ella ; y os asseguro q me a sido de tan gran consuelo oír lo q me 
decis del alma de mi hijo, q no tengo palabras con q referíroslo; 
pues como buen padre le desseé sienpre la dicha mayor q ay en 
esta vida y en la otra; y assi, no me queda q hacer mas q dar 
gracias infinitas á Dios por tan singular veneficio como le ha he- 
cho á él y á mi. 

He leydo el papel largo con toda atención dos ó tres veces, y 
por cada letra del reconozco las misericordias que obra Dios 
conmigo, y por otra parte buelvo los ojos á mi ingratitud vien- 
do quanto le offendo , quando devia ser yo mejor q ningún hon- 
bre del mundo, pues con menos no podia satisfacer á lo q devo 
á su infinita bondad. Esto me atemoriza y fatiga mucho , y assí 
os pido. Sor María, q me ayudéis para q me ponga en estado q 
pueda recivir los favores q ussa conmigo Dios ñfb Señor, Sienpre 
os he dicho q mi intención y desseo es cunplir con la volundad 
divina y con las obligaciones q a puesto á mi cuenta : esto buel- 
vo á assegurar una y mil veces y que si yerro, será como honbre 
q no alcanzo mas, pero no queriendo hacerlo. Yo entendía q no 
podia ser contra la voluntad de ñTo Señor seguir los exenplares 
de mis passados, q tan justa y santamente governaron estos rey- 
nos, y juntamente procurar huir de lo q en su tienpo no fué bien 
visto. Yo creo q, aunq no sea de vra profession tener noticias des- 
tas cossas , os la da general lo q líFo Señor os favorece , y assí 

I Autógrafo de la Biblioteca del Real Palacio. 



— i84 — 

habréis entendido la prudencia y satisfacción con q el Rey Don 
Felipe segundo mi agüelo governó esta Monarquía , el cual en 
todos tienpos tubo criados ó ministros de quien hizo mas con- 
fianza, y de quien se valió más para todos los negocios; pero esto 
de tal manera, que las últimas resoluciones y disposiciones sien- 
pre dejó reservadas para sí. Este modo de govíerno a corrido en 
todas quantas Monarquías, assí antiguas como modernas, a ha- 
vido en todos tienpos , pues en ninguna a dejado de haver un 
ministro principal ó criado confidente, de quien se valen más 
sus dueños , porq ellos no pueden por sí solos obrar todo lo ne- 
cessarío. A este se suele encargar el oir á ministros y negociantes 
para informar, á la caveza, de sus pretensiones; tanbien el solici- 
tar los negocios mas graves y q se execute con puntualidad lo 
q se resuelve , cossa tan necessaria en todos tienpos , y particular- 
mente en los presentes , en q tanto inporta la brevedad de las 
execuciones de lo que está resuelto. 

Esto difícilmente puede correr por la mano del Rey, pues no 
es lícito á su dignidad andar de cassa en cassa de ministros y 
secretarios a ver si executan con puntualidad lo q les ordena; y 
por estas noticias q recive por medio de los ministros ó criado 
de mayor confianza puede ordenar lo q deve hacer y saver lo 
que se hace; y supuesto q mientras estamos en esta vida nos 
hemos de servir de honbres, nos parece escusable el valemos de 
los que se tiene mayor satisfacción , mientras no se les coje en 
mala letra ó se save q abusan de la merced q se les hace; y 
como por ñra vil naturaleza todos dessean sus aumentos, se fa- 
cilita qualquier negocio mas, si se encamina por manos de quien 
juzgan q alcanza mas favor del Príncipe, pues todos dessean 
q por aquel medio llegue á su noticia lo que obran en su servi- 
cio y sus interesses particulares. Esta regla creo ques general 
en todas partes, y si se ussa bien deste modo, sin dar al minis- 
tro ó criado mas de lo q le toca, en mi corto entender no lo 
tengo por nocivo. 

El haver eredado yo estos reynos de diez y seis años, y entra- 
do en este caos con las cortas noticias q en aquella edad se adquie- 
ren , fué causa (y á mi parecer lícita entonces) q me fiasse de mi- 



-i8s- 

nistros y q á algunos les diesse más mano de lo q pareda conve- 
niente. Como digo, q juzgo q en el principio no herré, digo 
acra q hize mal en q durasse aquel modo de govierno lo q duró, 
pues con la esperienda y con los años reconocí los inconvenien- 
tes q tenia, y esto fué caussa de q (aunque tarde) tomase la re- 
solución de apartar el ministro q saveis. Después acá he procura- 
rado no dar la mano á ninguno q le havia dado á él, por tenerlo 
assí por necessarío para cunplir con mi obligación y con mi re- 
putación; y aunq es verdad q he mostrado más confianza de 
algún criado, a ssido porq desde muchacho se crió conmigo y 
nunca he reconoddo en él cossa fea ni en las costunbres ni en lo 
q me a representado , pues sienpre ha vivido ajustadamente y 
le tengo por persona de buena intención ; y aunq esto es assí, 
sienpre he reussado darle el carácter de ministro por huir de los 
inconvenientes passados. Bien confíesso q le encargo la solicitud 
de las materias q se resuelven, particularmente d solidtar con el 
Pres.'" de Hadenda las disposiciones del dinero, de q tanto neces- 
sitamos, y con los ministros á quien toca la solicitud de los medios 
para prevenir tenprano la canpaña; pues como he dicho, á mí me 
toca el resolverlo y á los ministros executarlo. Tanbien le he en- 
cargado (aunq lo mismo tengo encargado á otras personas) q 
como anda por halla fuera más q yo y trata con más personas, me 
sepa y avisse de como proceden los ministros, y q esto sea con todo 
recato paraq con estas noticias primeras pueda yo tomar otras y 
averiguar lo q passa en esto, para el castigo ó d premia de los q 
lo merederen. 

Todo esto. Sor María, es fuerza que se haga por medio de hon- 
bresy de quien se tiene más satisfacción, y juntamente, como yo 
lo procuro hacer , atender á como proceden estos instrumentos 
mas inmediatos para corregirlos y castigarlos si abusaren de la 
merced que se les hace. Bien me habréis oydo quejar algunas 
veces con vos misma, estando en esse convento, dd cuydado q 
me costava mirar á las manos á los ministros , y assí no estra- 
do lo q os dijo la alma de mi hijo de q me tenía lástima vién- 
dome rodeado desta gente, q á mi entender atienden mas á sus 
interesses propios q al servicio de ñro Señor y á cunplir rec- 

»3 



— i86 — 

tamente con sus ministerios. El temer que son muchos á los q 
les sucede esto me toca á mi; pero el saver quales son con cer- 
teza á solo Dios q conoce los interiores, pero bien save su Divi- 
na Mag.^ q si yo llego á alcanzarlo, procuro remediarlo luego; y 
assí , si vos tenéis entendido quales son los mas perniciossos y se 
os permite avisarme dello, holgaría de tener esta noticia para 
aplicar el remedio conveniente, porq si no, en la duda no podré 
atreverme á remover tantos como deve de haver sospechossos, 
pues fuera remover y alterar los tribunales, aunq sienpre será 
castigado el q yo entendiere q lo merece ; si bien no carece de 
dificultad haviendose de hacer jurídicamente, sindicándole y si- 
guiendo los términos judiciales, por las largas q esto trae consi- 
go y por los enbarazos forzossos q se ofrecen en esta manera de 
juicios. 

Yo, Sor Maria, no reusso travajo alguno, pues, como todos 
pueden decir, estoy continuamente sentado en esta silla con los 
papeles y la pluma en la mano, viendo y pasando por ella to- 
das quantas consultas se me hacen en esta Corte y los despa- 
chos q vienen de fuera, resolviendo las mas materias allí inme- 
diatamente, procurando se ajuste el dictamen q tengo por mas 
ajustado á la razón : otros negocios de mayor pesso y q piden 
más inspección para resolverlos, remito á diferentes ministros 
para, haviéndolos oydo, resolver lo q tengo por mas conveniente. 
En fin , las últimas resoluciones no passan por otra censura, 
pues es esto lo q yo entiendo q á mf me toca; y creedme, q los 
q mas deslucen estas materias y dan ocasión para q se mormure 
si este ó aquel tiene más mano de la q en realidad de verdad yo 
le doy, son generalmente los pretendientes y anbiciossos (de q ay 
mucho número en la república) pues creyendo q por mano de 
la persona á quien yo hago más merced an de conseguir sus pre- 
tensiones, le cortejan y siguen de manera q, viéndole el pueblo 
con este séquito y aplausso , le tiene por lo q en la verdad no es; 
y yo procuro y procuraré en las mas ocasiones q se ofírecieren 
desengañarle desta ceguedad. Bien será menester gran parte del 
poder de Dios para evitar q en palacio deje de haver emulacio- 
nes sobre quién consigue mas gracia con su dueño , pues este es 



\ 



— 187 — 

i un tropiezo en q todos caen y en q an caido en todos tienpos y 

I monarquías, assf antiguas como modernas, y si (como digo) Dios 

' no obra con su sumo poder, hallo difícil remedio á llaga tan en- 

vejecida q nace de ñra naturaleza y de la anbicion q generalmen- 
te reyna en los mas. 

Sor María , ame parecido alargar algo esta carta para infor- 
maros con particularidad de lo q en hecho de verdad me su- 
cede'; y resumo este discursso con deciros q mi intención es de 
hacertar á cunplir la voluntad de ñro Señor en todo y por todo 
y con la obligación del pesso q a puesto á mi cargo, sin reussar 
travajo alguno q me conduzga á este fin , y q todo lo q yo en- 
tendiere es voluntad suya lo executaré procurando vencer qual- 
quier repugnancia q tubiere. Vos leed con atención esta carta y 
se la podréis comunicar á vFo confessor j y haviendo encomenda- 
do á Dios la materia con las veras q vos lo hacéis, me responde- 
réis lo q se os offreciere; q mientras, yo no me descuydaré acá 
de executar lo q entendiere es mayor servicio de ñro Señor. 

En la parte del secreto podéis estar sin cuydado, pues será 
inviolable , y no se os olvide de encomendarme á Dios para q 
acierte á servirle en todo y á salvarme, aunq me cueste grandes 
travajos en esta vida. Tanbien os encargo á mi hija para q pi- 
dáis á ñro Señor la guarde y q se crie para su santo servicio. 

Mi nuebo matrimonio se a ajustado ya con mi sobrina la hija 
del Emperador : suplicad á ñfb Señor permita q sea para su ma- 
yor servicio y bien desta Monarquía , y no os olvidéis della, pues 
en todas partes ay muchos riesgos y trabajos ; pero fio de su in- 
finita misericordia q no a de permitir q acave de perderse , ha- 
viéndole hecho tan señalados servicios en todos tienpos y sien- 
do donde mas pura y firme está la religión católica. 
De Madrid á 30 de Enero 1647. — Yo el Rey. 



1 




k 



— i88 — 



cxv. 



De Sor Maria '. 



I 15 de Febrero Scñor: El rigof del tiempo abrá ocassionado q las estafetas no 

1647. 



lleguen los dias fijos que suelen, porq esta carta de V.* M.^ a tar- 
dado á llegar : recíbola á 13 deste mes; ame tenido cuydadossa 
su dilación. 

Con rra^on confiessa V.^ M.^ allarsse singularmente beneficiado 
y fabore^ido de la mano poderossa del Altíssimo , y yo entiendo 
q con ninguna nación ni generación a sido tan liberal como lo 
conoce V.* M.**, y esperimentará mas, si con coracon recto se 
entrega V.» M.^ en la dibina voluntad , para que gobierne y en- 
camine el espíritu y todas sus acciones de V.» M.^: en mis pobres 
oraciones y exercicios se lo suplico continuamente. 

Desta carta e procurado quedar muy capaz; y no obstante q no 
son materias de mi proffession y estado, el Altíssimo, que dá len- 
gua y sabiduría á los párbulos, obra como poderosso. Confiesso 
que tengo arto conocimiento de las materias de palacio, de las de 
la Monarquía y de lo que V.* M.^ me advierte; y esta inteligen- 
cia me a tenido y tiene traspasado el coracon de dolor, por la 
ponderación q sienpre e hecho del grande y pessado trabajo q 
V.* M.^ tiene sobre sus hombros; y en mis cartas me abrá oydo 
V.^ MA lamentar del, y á mis solas le lloro con amargura y se le 
presento al Señor suplicándole ponga alivio á este yugo, pues es 
caussa de su Iglessia santa, y por fundarla, enrriquecerla y darnos 
ley tan perfecta, santa y pura, murió en una cruz; y sienpre e 
aliado en su pressencia santíssima el alivio de esta pena , cono- 
ciendo el católico y perfecto celo de V.* M.** y su sana intención. 
No dudo de ella, ni de que el Todopoderosso la recibe, y q con- 

I Autógrafo de la Biblioteca del Real Palacio. 



— i89 — 

currirá con su misericordia, su aussilio y gracia particular á que 
V.* M.** obre y ponga en execu9Íon su desseo; y le suplico, Señor 
mió, tenga esta confian^ y que en fé de ella obre grandes y 
magnificas cossas, como las necessitan los aprietos y trabajos de 
la Iglesia y de su Corona de V.* M.^ 

En el papel que escribí á V.* M.*^ no puedo decir más de que 
sólo e serbido de instrumento, aunq tan vil y bajo ; y no puedo 
ser juez en la caussa q contiene porque esto toca á solo Dios, á 
quien e obedecido y á quien son patentes los secretos ocultos del 
cora9on humano, sin que pueda padecer engaño, como los hom- 
bres q sólo cono9en lo aparente y de fuera ; y sienpre es verdad 
q á Dios no le podemos dar consejo, sino rendirnos á sus JUÍ9Í08 
rectos y ynescrutables. Tanpoco e tenido aten9Íon á que del todo 
se remedien las emula9Íones de pala9Ío, porque estas son tan 
inescussables como ser hombres los que sirben á los reyes; y el 
intento del papel, como en el mismo conocerá V.' M.^, sólo es 
prebenir y alentar el ánimo de V.^ M.^ para que, como quien 
tiene las ve9es de Dios en la tierra , se haga superior á todos estos 
desórdenes y á los abussos q fá9Ílmente introducen los mas fa- 
bore9Ídos, y los que no lo son si afuera pueden algo; y en esto, 
crea V.* M.** q son muy raros los q no son hijos de Adán y que 
no encaminen la poten9Ía á sus propias conbenien9Ías. 

A corrido mucho en el mundo la malicia ; los VÍ9Í0S se an au- 
mentado; los pecados an cre9Ído hasta llegar á yrritar la justicia 
de Dios y á que sintamos sobre nosotros el a90te ; pues el intento 
• de aquel papel es q V.^ MA conozca esta verdad, q, según la po- 
testad que Dios le dio, remedie V.^ M.^ lo que pueda no alteran- 
do los consejos ni con descrédito de los jue9es y ministros (sino 
es q la caussa obligue á luego executar) ; q el espíritu y voluntad 
del Señor obra con suabidad y fortale9a, edificando y no destru- 
yendo, corrigiendo y no acabando. V.^ M.^ se arme del querer 
del Señor y esté como sol entre las estrellas, q á todo atiende» 
influye , alunbra y nada le mancha ni le ofende ni aparta de su 
grande9a. 

Yo, Señor mió, desseo más q todas las criaturas la salba9Íon 
de V.^ M.<^, el a9Íerto en su gobierno, q todos le amen, teman, 



— 190 — 

obedezcan y respeten, y que V.» M.^ no pierda de su deidad; 
pero q estando en ella se informe de la verdad , q lo malo se 
castigue y lo bueno se premie. 

Eme consolado mucho de aber oydo á V.^ M .^ el orden q guar- 
da de tomar notÍ9Ías y informarsse de los ministros, y si ellos las 
dan verdaderas y legales, es ex9elente; pero Dios es fiel y dis- 
pondrá, como no se le oculte á V.» M.<* la verdad. For9osso es 
balerse V.' M.<^ de muchos para tanto trabajo y grabes materias 
q ay q disponer y ajustar; y buscando los sugetos más convi- 
nientes y de sana intención, es acertado; y en esto tiene V.* MA 
mucho bueno q emitar en el Señor Rey Felipe segundo, agüelo 
de V.* M,**, porq se supo serbir de los mejores criados y minis- 
tros, de manera q se entendiesse ninguno tenía mano superior, 
como V.* MA di^e : la prudencia de V.* M.^ de todos los exem- 
plares sacará fruto y escojerá lo mejor. 

Suplico á V.* M.<*, Señor mió, que no se contriste ni aflija por 
lo que la alma del Príncipe ñfo Señor dixo de q tenía lástima 
de V.^ M.^, ni por sus advertencias ; q como son dadas de quien 
está en tan perfecto estado, libre desta mortalidad y donde la 
luz es tan clara, son muy ajustadas y necesarias á ma naturaleza 
tarda y pessada; serbirán para q V.» M.^ conozca la verdad y sepa 
los peligros deste baile de lágrimas, q que es el mayor benéfico 
q su hijo de V.^ M.^ le puede hacer, abissándole de ellos. 

Ea, Señor mió de mi alma, dilate el ánimo V.* M.^ no se le 
cuarten los cuidados y negocios y los pocos q le ayudan ; que 
Dios es fiel y mira piadosso, misericordiosso y atento q V.^ M.^ es 
solo el que con beras defiende su Iglessia y mira por su onrra y 
gloría. No se puede hacer esto sin trabajo, sin dolor y pena, y 
mas quando los enemigos de los hijos de Dios son tantos y tan 
crueles : tienpo es de tríbulacion por las muchas q cercan á la 
Iglessia santa, y sienpre que el Señor se las a dado an sido para 
grandes fines, porque con tribulaciones se an aumentado los fie- 
les y la nabecUla de la Iglessia a caminado con trabajos; poes 
siendo V.* M.^ el Rey principal de los chrístianos y el mayor, 
mucho le a de costar lo q tanto inporta. 

Por fuego y por agua emos de passar los que á esta caussa emos 



j 



— 191 — 

de ayudar; y como para remediarla es menester la proteegion y 
anparo del Todopoderosso, es ra^on le obliguemos para alcan- 
garle, V.^ MA evitando con todo su poder y esfuerzo las ofenssas 
de Dios y desórdenes públicos , y los demás daños que yrrítan 
la hira del Altíssimo ; yo, aunque la menor y mas pobre cria- 
tura, con esta comunidad ofrezco de trabajar, llorar y clamar al 
Todopoderosso, pidiéndole misericordia y que aparte de nos- 
otros el a90te que mere9en nuestros pecados, y por su salba9Íon 
de V.^ MA trabajo como por la mia; y el desearla tanto me ha9e 
ser molesta á V.^ M.^ y cansarle, diciendo todo quanto llega á 
mi noticia y me pare9e puede ayudar á V.» MA Estimo quanlo 
puedo el secreto q V.^ M.^ me ofrece, porque la liberalidad con 
que pongo á V.^ M.^ patente mi cora9on, le pide y le necessita. 

Mi confesor está muy enfermo y dÍ9en de peligro : tiéneme 
cuidadossa q me £dte su consejo y doctrina, q es buena : sin ella 
quedarla muy sola en medio de muchos trabajos que me cercan. 
E obedecido á V.* M.^ en darle noticia desta carta y me a orde- 
nado que con beras encomiende á Dios todo lo q contiene. 

Señor, el tiempo está muy adelante; el enemigo no se descui- 
dará en las prebenciones de la campaña futura, en salir áynten- 
tar alguna fac9Íon, porque abrá incitado su soberbia el buen su- 
cesso que el Señor nos dio en Lérida. Suplico á V.> M.^ q mande 
se nombre luego el general q ubiere de ser para ñro exército, 
porque estando alojado en diferentes partes, es menester tiempo 
para juntarsse y que esté presto para la canpaña ; y el salir tarde 
es de grande daño porq nunca podemos ha9er guerra ofiTenssiba, 
y la defenssiba es con mucho trabajo y peligro. 

Ya considero lo que le a de costar á V.* M.* el disponer todo 
esto y el q se busque dinero y lo demás ne9essario : á esto qui- 
siera yo q todos ayudassen y que se baliesse de ellos V.^ M .^ Aora 
es la ocassion oportuna de prober las pla9as abundantemente de 
lo ne9essario y gobernadores fieles y diestros ; que si por ambre 
ó infidelidad no se coge una pla9a, es inespugnable y le cuesta 
mucho al enemigo, con que se le enflaque9en las fuer9as. 

El Todopoderoso nos dé unas generales pa9es por su bondad, 
para q yo vea á V.^ M.^ libre de tantos cuidados. 



— 192 — 

Doy á V.^ M.^ afetuossas norabuenas de abersse ajustado ya las 
materias del nuebo estado de V.* M.^ con la S.' Archiduquessa: 
suplicaré á el Altíssimo que sea para gloria y onrra suya y que 
guarde á la Señora Infanta y la crie para su santo serbi^io, y 
á V.* M.^ prospere feliges años como desseo. 

En la Con^ecion Descal9a de Agreda 15 de Febrero 1647. — 
Vesa la mano de V.» M.^ su menor sierba. — Sor María de Jesús. 



CXVI. 



Del Rey. 



Madrid Sor María : La estafeta pasada no pude responder á la carta 
*^ 1647. que me escribisteis en 16 de éste, pues la recibí después de haber 
partido la que va de aquí : ahora que se acerca la partida de la 
otra lo hago con mucho gusto, asegurándoos que me son de 
grande alivio y consuelo vuestras cartas y los documentos que 
me dais en ellas, tan dignos de estimación y de ejecutarse. Temo 
que mi frágil naturaleza y lo que he ofendido á nuestro Señor 
me impide el buen logro de esta doctrina ; y así siempre insto é 
instaré con vos, para que me ayudéis á poner en estado que sea 
merecedor de este bien y que acierte á cumplir en todo con la vo- 
luntad de nuestro Señor, pues El sabe que deseo cumplir entera- 
mente con las obligaciones en que me puso. Ayudadme, Sor Ma- 
ría, á esto y particularmente á que acierte á salvarme; que esto 
es lo único que debemos desear y procurar por todos caminos. 
Conñésoos que me veo afligido temiendo que no acierto á cumplir 
con la voluntad de nuestro Señor y con lo que me intima por 
vuestro medio, y esto me hace pasar bien malos ratos; pero alién- 
tame algo el pensar que desea favorecerme si yo no se lo desme- 
rezco. Sírvase su Divina Majestad de que esto sea así y de darme 
su gracia para hacer en todo su santa voluntad. 



— 193 — 

En la carta larga que os escribí me confesé generalmente con 
vos, y asf en ésta no me queda que hacer más que remitirme á 
lo dicho y pediros que, si os parece voy errado y fuera de la vo- 
luntad de nuestro Señor, me lo advirtáis para que la siga en 
todo como lo deseo hacer, y que juntamente le pidáis en mi 
nombre me alumbre y me dé á conocer los buenos y malos, que 
sin mucha luz suya no es fácil de conseguir, para que pueda cor- 
regir los unos y premiar los otros. Harto procuro evitar las ofen- 
sas de Dios nuestro Señor y excesos de la república, y me con- 
tristo sumamente de ver que no lo consigo como yo quisiera; 
pero haré lo posible de mi parte. Estoy ahora tratando actual- 
mente de enviar por todo el Reino algunos ministros de los de 
mayor satisfacción que hay, con las órdenes necesarias para que 
reconozcan los excesos que hay en la república y traten de re- 
mediarlos y de castigar con todo rigor á los culpados, y que me 
avisen muy por menor de todo lo que ocurriere en los distritos á 
que van : si ellos cumplen con sus comisiones, como deben, ten- 
go por cierto será de algún fruto esta resolución ; pero como son 
hombres, se puede temer lo contrario. 

También trato con todo calor de las prevenciones de la cam- 
paña, así por mar como por tierra, y de poner las plazas lo más 
abundantemente que los medios nos dan lugar, y he nombrado 
para general del ejército al Marqués de Aytona que, aunque es 
mozo, es temeroso de Dios y tiene alguna práctica en la. mi- 
licia ; con lo cual y con los cabos que se le ponen espero dará 
buen cobro de la materia. Con todo eso, aunque se hacen los 
esfuerzos posibles son tan cortos los medios , que si Dios nues- 
tro Señor no suple esta falta con su mano poderosa, temo que 
nos ha de suceder mal esta campaña, particularmente con los 
avisos , que me vienen de todas partes, de que los enemigos ha- 
cen grandes aparatos en todas partes contra nosotros; y me avi- 
san los ministros, que tratan de la paz, que hoy están más lejos 
que nunca en venir en ella los franceses por la soberbia con que 
se hallan, la cual les da á entender que este año han de acabar 
con todo. Lo que me alienta es que tenemos Dios justo y que 
sabe castigar á los soberbios. 



— 194 — 

Los holandeses están más blandos y va muy adelante el acuer- 
do con ellos; y si se resolviesen á separarse de los franceses, fue- 
ra de grandísima consideración para que ellos tratasen de entrar 
por camino. Encomendad todo esto á nuestro Señor y pedidle 
nos dé paz y que se duela de esta Monarquía, que tantos servi- 
cios le ha hecho siempre ; y vuélvoos á decir que siempre me 
digáis lo que entendiereis es su voluntad para que yo lo gecute. 
También os encargo de nuevo á mi hija para que la presentéis 
en mi nombre á nuestro Señor y le pidáis se críe para su santo 
servicio. 

Siento mucho la indisposición de vuestro confesor, por ser él 
tan bueno y por la &lta que os haría si os faltase; pero fio de 
Dios le dará salud. 

De Madrid á 24 de Febrero 1647. — Yo el Rey. 



CXVII. 



De Sor Maria. 



8 de Marco Señor: Cada dia me hallo más confusa y obligada de la piedad 
'^^^' de V. M. para conmigo , y me aflige lo poco que valgo para sa- 
tisfacer á tan gran deuda; y sobre todo confieso que me enter- 
nece mucho leer las razones de V. M. , y con lágrimas las repre- 
sento y pongo en la presencia del Altísimo, que las infunde y 
produce en el católico corazón de V. M. ; y en llegando á la in- 
teligencia de esto, no puedo desconfiar de la clemencia divina, 
cu3ras son todas nuestras buenas obras y de donde nos viene el 
querer y ejecutar con perfección. 

Vuestra Majestad, Señor mió, no desmaye, ni por la dificultad 
de las cosas y trabajoso estado que tienen, ni por la fragilidad 
humana, pues todo esto es menos que la virtud y poder del 
Altísimo ; y si no desmerecemos que nos asista y le correspon- 
demos, lo que parecia imposible se facilitará, y en lo que se 



teme ha de ser amargo se viene á hallar mucha suavidad y dul- 
zura, y tras de una grande tempestad viene serenidad. Verdad 
es, Señor, que parece duran mucho las olas turbulentas que com- 
baten á la santa Iglesia y á esta Monarquía, y que tarda el Se- 
ñor á imperar sobre ellas y mandarles se aquieten, como hizo 
cuando se halló en el mar con sus discípulos, que á voces le cla- 
maban y decian: «Sálvanos, Señor, que perecemos»; y su Ma- 
jestad dormia ó lo manifestaba á la apariencia, porque con la 
aflicción y trabajo creciese la fe de los Apóstoles y en ella se 
hiciesen más robustos, y pensando que dormia el Redentor del 
mundo le diesen mayores clamores, que son deleitables á sus 
oidos los de los atribulados y gustoso el remediarlos. No es me- 
nor , sino mucho mayor el peligro presente de la navecilla de la 
Iglesia santa, ni le importa menos á su Majestad el remediarla; 
pues clamemos y trabajemos y pidámosle que serene la tempes- 
tad, é impere sobre las olas hinchadas y soberbias de los ene- 
migos, como hizo en el mar, y en un instante lo deje todo en 
tranquilidad. 

Lo que V. M. me dijo en la carta larga estoy representando 
al Todopoderoso, porque no deje errar á V. M. ni oponerse á su 
divina voluntad, y para esto deseo que V. M. la reciba y la oiga 
con ánimo muy indiferente , que es el mejor dispuesto para eje- 
cutarla: en esta igualdad no tema V. M. que le faltará la abun- 
dancia de la divina luz para conocer los sujetos, interponiendo 
la diligencia conveniente. 

Yo quedo muy consolada del acuerdo que V. M. ha tomado 
de enviar ministros para la reformación de los excesos del reino. 
Suplicaré al Señor les dé temor suyo y atención á la voluntad 
de V. M., para que procedan en esta ocupación como lo pide 
la necesidad de administrar justicia y castigar los pecados públi- 
cos; y si no consigue V. M. todo lo que desea, mirará la cle- 
mencia divina que V. M. ha hecho lo que puede. ¡ Oh Señor 
mió ! i y qué medio tan eficaz era para aplacar la justicia severa 
de Dios reformar la república y evitar pecados! Tanto, que se 
cuenta en la Escritura que, estando Holoférnes para hacer guerra 
á los hebreos (que era el pueblo de Dios) con poderosísimo 



— 196 — 

ejército, y queriendo cercar á Betulia, consultándolo con sus 
capitanes, dijo uno de ellos, llamado Achior: «Si ese pueblo 
tiene enojado y ofendido á su Dios, fácilmente le venceremos; 
pero si no, no bastarán mil á uno.» Y fué así, porque el ejército 
contrario se componía de. ciento veinte mil hombres de á pié y 
doce mil de á caballo, y siendo tan numeroso, bastó á desha- 
cerle y ponerle en confusión y huida el hacer, penitencia los na- 
turales de Betulia y ponerse en oración; y sola peleó Judith y 
cortó la cabeza á Holoférnes, con que confusos levantaron el 
cerco y sitio , dejando libre la plaza ; porque en teniendo propi- 
cio á Dios, su Majestad vencerá y nos alcanzará triunfos y vic- 
torias. 

En las prevenciones de la campaña de este año, aunque siento 
mucho que sean tan cortas y que le cueste tanto á V. M., con 
todo eso, confieso que en esta parte siempre atiendo más á que 
tengamos desenojado á Dios, que grandes ejércitos; y aplicando 
los medios que nuestras fuerzas alcanzan, el Altísimo se com- 
padecerá de nuestra debilidad , pues nuestros enemigos huyen 
tanto de la paz y no la admiten cuando les convidamos con ella. 
En esta causa no tengo que ofrecerme de nuevo, porque conozco 
lo que monta para la Cristiandad, y así deseo obrar como hija de 
la Iglesia católica y también solicito oraciones de todos los que 
me hablan y conozco; y con las religiosas de mi comunidad he 
concertado que todos los ejercicios, penitencias, oraciones y ayu- 
nos, que hiciéremos esta cuaresma y todo el año , sean por el 
buen suceso de las guerras , para conseguir las paces y la salud y 
vida de V. M. y de la señora Infanta. De S. A. tengo continua 
memoria, y la miro con grande cariño para suplicar al Altísimo 
obre en ella su divina voluntad , como V. M. desea y yo lo espe- 
ro de su bondad infinita. 

En la Concepción Descalza de Agreda á 8 Marzo 1647. 

Sor María de Jesús. 



— 197 — 



CXVIIL 



Del Rey^ 



Sor Marfa : Por haver redvido tarde el día de la estafeta pas- ^^^ 

'^ 19 de Mano 

sada vía carta de 8 deste y tenido mucho q despachar, no pude 1647- 
responderos luego á ella, aunq desseé hacerlo por lo q me ali- 
via esta correspondencia; aora lo hago con mucho gusto y os 
agradezco quanto me decís en ella , q todo es muy conforme á 
los desseos q tenéis de mis aciertos espirituales y tenporales: solo 
temo q todos estos buenos consejos q me dais me an de servir 
de mayor cargo para la quenta última, pues siendo ellos tales, 
no sé aprovecharme dellos ni executarlos como deviera : esto me 
aflige, y aunq procuro obrar lo q alcanzo temo no lo consigo. 
Encomendarme mucho á ñrb Señor, y pedilde en mi nonbre lo 
q el santo Rey David le suplicó quando le dijo q le criasse el co- 
ragon linpio (ques libre de las passiones q podian offenderle); 
pues para alcanzar los favores divinos y hacerme capaz de redvir 
la luz de ñfb Señor para executar en todo su santa voluntad, he 
menester entrar por este camino. 

Grande es la borrasca q oy padece la navecilla de la Iglesia, 
como decís, y sin duda ñrbs pecados tienen dormida la divina 
misericordia; y aunq es verdad q tanbien manifestó q lo estaba 
en la ocasión q decís, eran sus discípulos los q le dieron voces 
y assí remedió su congoja y aprieto con tanta presteza : oy somos 
pecadores los q se las hemos de dar, y aunq es cierto q las oye 
ñfb Señor , no acertamos á pedirle ñfb remedio como acertaron 
sus discípulos, q en fin eran justos y dignos del favor q recivian 
de su divino Maestro. Con todo esso, desseo q le llamemos, pues 
me enseña la feé q si es como se deve nos oirá y remediará los 

I Autógrafo de la Biblioteca del Real Palacio. 



— 198 — 

travajo» q oy padece su espossa la Iglesia. Ayudadnos á esto, Sor 
María, pues la caussa es tan justa, y apretad con nrb Señor (par- 
ticularmente en este santo tienpo de la quaresma), para q nos 
mire con piedad y se duela de nosotros. Yo estoy dispuesto á 
executar, en todo lo q alcanzare, la voluntad de ñfó Señor : solo 
desseo q sienpre me adbirtais qual es y lo q juzgáis devo ha- 
cer para cunplir con esta obligación, pues save su Divina Mag.*^ q 
los desseos son buenos y q , si no corresponden á las execuciones, 
será porque no alcanzo mas. 

La salida de los ministros por el Reyno voy ajustando y des- 
searé q sean los mas rectos para q salga el fruto q desseo de su 
comission ; pues si ellos ussan bien della, se puede esperar el re- 
medio de gran parte de los excessos q oy se cometen. 

De todas partes me vienen avissos de los grandes aparatos q 
ñfbs enemigos hacen contra nosotros, y particularmente amena- 
za este nublado á Italia. De iTfa parte se hace lo posible para de- 
fendernos, y en quanto alcanza la cortedad de los medios con q 
nos hallamos , se ha dispuesto y dispone todo lo posible ; y por 
no dejar de hacer nada de lo q está en mi mano, ya q yo no 
puedo enbarcarme personalmente en la armada para acudir á las 
cossas de Italia, q es lo q está más amenazado, he resuelto q 
vaya en ella un hijo q produjeron los descuydos de mi mocedad! 
( Dios se sirva de perdonármelos y de tenerme de su mano para 
q no buelva á oflFenderle. ) Hállasse ya de diez y ocho años y tie- 
ne buenas partes, por lo qual me a parecido enplearle en cossa 
tan justa como la defenssa de la religión católica y destos rey- 
nos, y fío de la misericordia divina q le a de guiar para q acierte 
á servirle en todo. Hele puesto los mejores consqeros de la prof- 
fession q oy tenemos, y criados temerossos de Dios para q le en- 
caminen á lo mas conveniente '. Vos, Sor María, le encomen- 

I Como prínciptl consejero acompafiaba á D. Juan , D. Melchor de Boija, 
quien, procesado por la tardanza en el socorro de Rosas, le mandaron aguar- 
dase en su puesto la revisión de la sentencia. £>on Juan salió de Ocaña , donde 
residía, y en Alarcon se despidió del Rey su padre, embarcándose en Cádiz á 
fines de Abril con seis galeras ; yéndose á Málaga á esperar lo restante de la 
armada, que se componía de 32 gruesos bajeles. — ( A/<iíwr¿i/ kistáricoy to- 
mo xvni.) 



— 199 — 

dad á nTb Sefior , y le suplicad Q guie y encamine esta armada 
en todo á la exaltación de la religión católica y á la defensa 
destos reynos ; q aunq los enemigos son grandes y ñrbs medios 
pocos , le es facilfssimo confundir á los sobervios por medios muy 
déviles, como lo hizo por el de Judit en la occasion q referís. 

A todas las prevenciones doy suma prissa y se travaja en ello 
lo posible : permita su Divina Mag.^ q se luzga y se sirva de en- 
caminar las cossas á una paz en la Christiandad , q verdadera- 
mente ya parece tienpo de q reposse. 

Como os dije quando estube con vos , he enpezado á comuni- 
car con fray Juan de Palma vrb libro, y él a quedado expantado 
de lo q va allí viendo : hele encargado q guarde secreto inviola- 
ble , y en acavando de leerle (q por su flaqueza va despacio), os 
avissaré de lo q se le ofirece en la materia. Siento q le dure la 
indisposición á vro confessor por la felta q os hará , pero fio de 
Dios le dará salud. 

De Madrid dia de San Josef 1647. — Yo el Rey. 



CXIX. 



De Sor María 



Señor : Muchas veqes me lamento en el secreto de mi coraron 30 de Mano 
de lo poco que balgo, y quan pobre soy delante el Señor para ' ^^' 
lo que me obliga la piedad de V.* M.^ ; que sienpre me está exe- 
cutando y conpeliendo á clamar á el Todopoderosso, y derramar en 
su divina presengia copiossas lágrimas porque mire á V.« M.*^ con 
ojos de padre piadosso, y le con9eda la salba9Íon, el remedio y 
reparo desta Monarquía. Este es mi cuidado y mi deseo afec- 
tuosso, y con él me estiendo á todo lo que faltan mis fuerzas ; y 
si de una verdadera y fina voluntad se satisface V.^ M.^, paré9eme 

I Autógrafo de la Biblioteca del Real Palacio. 



— 200 — 

no despreciará la mia, q siempre está queriendo lo mejor, mas 
santo, loable y agectable á los ojos del Altissimo para V,^ M«^ 

Muy de su gusto y agrado fué la petición de el sancto Rey 
Dabid (q V.» M.^ me refiere hi90 á Dios) de que le criase el co- 
ra9on linpio y libre de passiones, y se le concedió; pues dijo 
el mismo Señor q Dabid tenía un coragon á medida del suyo, q 
fué la mayor alabanca q se le podia dar ; y Su Magestad sienpre 
está prestos y atentos sus oydos á las petigiones justas q se ha- 
cen para mayor perfección y bien del alma ; y para conseguirle, 
es gran dispussicion el coragon puro y la conciencia linpia de 
passiones y culpas , y lo confirmó el Espíritu Santo en la Sabi- 
duría, diciendo «q no entraba la luz y sciencia en el barón y co- 
racon malébolo y sujeto á pecado.» 

Dios es suma vondad , pureca, sanctidad y verdad, y el alma 
q aya de estar mas inmediata á su Magestad y participar de su 
luz y dibinos efectos, a de uyr del pecado y terrenidad, q es el 
estremo mas contrario y distante de los atributos y ser de Dios, 
en el q nos pone la culpa. 

Por esto, Señor mió, es felicidad tan dichossa la gracia y la 
pureca; y estando por ella amigos de Dios, ¿quién podrá apar- 
tarnos de su amparo y protección? S. Pablo dijo q «ni la muerte 
ni la potestad, lo alto ni lo profundo, la espada ni las tribula- 
ciones no nos apartan de la caridad de Christo»; y todos estos 
trabajos en su gracia son congregar tessoros y riquecas para la 
bienabenturanca ; y los trabajos que no tocan en culpa, aunque 
sean de pena y senssibles, no llegando á el alma, fuera se quedan, 
acabarsse tienen , tolerables son. £ dicho todo esto á V.^M.^, 
por suplicarle persebere en su petición y desseo, y en procurar 
tener el coracon linpio y puro. 

Confiesso, Señor mió, lo q V.<^ M.^ me dice, de que son grandes 
las olas y borrascas q conbaten á esta pobre Monarquía y á la na- 
becilla de la Iglessia; y quando la considero espossa de Dios, que- 
rida y regalada suya , donde depossitó sus mayores tessoros y ri- 
quecas, los infinitos merecimientos de ñfb Redentor ; y q el 
fundarla y dejarnos los sacramentos para ñfa salud en ella le 
costó la vida , y q es lo que mas estima y ama , y con todo esto 



— 201 — 

la aflije y ynvia tribula9¡ones y la rodea de tormentas; quando 
pondero y pesso esto, me suspendo en mi discursso, adoro y 
reberengio los ocultos secretos del Señor, q son inescrutables , y 
me dá mayor amor y estima9Íon con los trabajos, q sin duda 
son de inestimable balor , pues el Señor cargó la mayor parte 
sobre sí, y le da tantos á su querida la Iglessia y á los justos 
de ella. V.* M.^, Señor mió de mi alma, re9Íba con ygualdad 
de ánimo lo q le alcan9a desta cruz de Christo ñTo Redentor, y 
de mirar y trabajar por la Iglessia; q sin duda obligará mucho 
al Todopoderosso la finega con q V * M.*^ se ofirege á la defenssa 
de la religión católica, sin perdonar el trabajo de su Real per- 
sona ni de prendas tan propias , exponiendo al Señor Don Juan 
de Austria á los peligros del mar y descomodidad de tan largas 
peregrinaqones : la edad es buena , y loable el que tan tenpra- 
no se dedique y enplee en inpressa tan justa, y para V.* M.*^ 
será descansso y alivio tener en ella sujeto de tanta confianza y 
fidelidad, que con el tienpo puede ser de grande utilidad su 
asistencia en essos empleos. Quedaré advertida y cuidadossa de 
encomendarle á Dios con todo afecto y beras, suplicándole le 
encamine y gobierne con su diestra poderossa y el buen sucesso 
de la armada. 

Compadézcome en lo yntimo del cora9on de las amena9as de 
Italia y grandes preben9Íones q por todas partes tienen los ene- 
migos : el Señor es poderosso para destruyr sus consejos y humi- 
llarlos ; en su mano está ñra defenssa y buena suerte; ñrb Padre 
es, sus hijos somos ; obliguémosle, quando le bemos con el a90te 
en la mano por mos pecados , con la enmienda de ellos ; evite 
V.^ M.*^ los que fuere possible en su Monarquía, y anime á los 
ministros q salieren á q miren la caussa de Dios, la defiendan y 
la 9elen. 

El Señor a sido serbido de Uebarse para ssí á mi confesor á 
otro día de S. Josef ; tubo felicíssima y dichossa muerte, y me 
digen exercitó actos eroicos de las virtudes como un apóstol: este 
es el consuelo que alio en la falta de un padre de beintecuatro 
años, docto, desengañado y espiritual, q eran prendas de mu- 
cha estima : quedo sola y temerossa de errar como mujer igno- 

14 



— 202 — 

rante. Al padre fr. Juan de Palma e pedido q, en el modo q 
sea possible desde tan lejos , me anpare y aconseje, pues sabe lo 
más ynportante de mi interior por los libros Q V.'^ M.^ le a comu- 
nicado, y con la autoridad de Prelado que tiene me podrá librar 
de la curiossidad y publi9idad q otros inferiores pueden ynten- 
tar : mi desseo solo es de retirarme y alejarme de todo, y ago 
manifiestos á V.* M.^ mis cuidados como á mi Señor y amparo 
q tanto benero. Prospere el Altísimo á V.» M.<* . 

En la Concepción de Agreda 30 de Mar^o 1647. — ^Vesa la ma- 
no de V.» M.*^ su menor sierba.— Sor María de Jesús. 



cxx. 



Del Rey «. 



Madrid En todas las cartas q me escrivís hallo mucho consuelo, y mu- 

^ 1647 " ^^^^ caussas para agradeceros y estimar todo lo q me aconsejáis 
y decís, y lo q más me alienta es reconocer q desseis y procuráis 
de todo corazón mis aciertos, assí espirituales como tenporales. 
En medio deste alivio me aflige mucho el parecerme q yo echo 
á perder todo esto con lo q offendo á iTro Señor, pues mis culpas 
son tantas, q no dejan obrar su misericordia ni q se logre lo q 
vos travajais por mí : con todo esso os encargo lo continuéis , y 
q vTa principal petición sea mi salvación y q aparte Dios de mí 
todo lo q me la pudiere estorvar ; de mi parte haré lo posible, 
pero como soy frágil y dévil , temo será poco. Tanbien os buelvo 
á encargar q sienpre q se os permitiere me digáis qual es la vo- 
luntad de ñfb Señor, para q yo la execute, y juntamente si os pa- 
rece q voy contra ella ; pues save su Dibina M.** q desseo cunplir 
en todo con lo q fuere su mayor servicio. 
Cada dia se van continuando los avissos de las grandes fuerzas 

I Autógrafo de la Biblioteca del Real Palacio. 



— 203 — 

con q los enemigos nos quieren acometer por todas partes, y el 
nublado q os dije havia de dar en Italia, tengo nueba noticia de 
q vendrá sobre Cataluña; con q quedo con el cuydado q podéis 
juzgar, hallándome con bien cortos medios para ñra defenssa, si 
bien no omito diligencia alguna para procurarla por todos los 
caminos posibles. La principal es acudir á ñrb Señor, y assí os 
pido, Sor María, q os acordéis de q soy vFo amigo, para suplicar 
vivamente á tifb Señor se duela de nosotros y desta Monarquía, 
q os asseguro se halla en el estado más apretado que se pueda 
imaginar ; pero en medio desta congoja espero vivamente q no 
nos a de dejar perecer, y hasta el último aliento obraré de mi 
parte quanto alcanzare para cunplir con las obligaciones q me 
corren y con la defenssa de mis vassallos. El savado partió Don 
Juan á enbarcarsse y yo quedo consolado de haverle enpleado en 
tan justa ocupación, y con esperanza de q ñrb Señor le a de enca- 
minar á su mayor servicio. 

Mucho me a pessado, Sor María, de la muerte de vrb confessor 
por el sentimiento q vos haveis tenido della, q por lo demás 
antes se le puede invidiar y nunca dudé q havia de ser como de- 
cís, pues el haveros assistido á vos tantos años, esto le havia de 
valer. Ya fray Juan de Palma me a dicho lo q le escrivís y está 
con desseo de satisfaceros ; pero teniendo vos el maestro q tenéis, 
no os hará falta el estar sola. Buelvos á encargar q me tengáis 
en la memoria, q os asseguro me veo afligido, aunq sienpre es- 
toy resignado á la voluntad de ñfo Señor. 

De Madrid á 3 de Abril 1647. —Yo el Rey. 



CXXI. 

De Sor María '. 

Señor : Si mis cartas fueran ejecugion de mis buenos desseos, 12 d¿ Abril 
no dudo yo que hÍ9Íeran el effecto que V.» M.*^ me di9e, y que se '^^^' 

I Autógrafo de la Kblioteca del Real Palacio. 



— 204 — 

aliara consolado, fortalecido y con todo lo demás q podía ser alivio 
de V.* M.^; pero mi voluntad se queda en afectos, y las palabras 
que escribo son como de muger ignorante. El Altissimo, q es el 
autor de la piedad q V.* M.*^ ejercita con esta su menor y mas ynú- 
til sierba, puede dar virtud á mis rabones, mirando solo á V.» M.<*, 
sino lo inpide el mal instrumento por donde se encaminan; y ase- 
guro á V.* M.*^ q sienpre lloro con amargura y vivo dolor lo poco 
que balgo y puedo para trabajar en caussas q tanto pessan en mi 
ponderación y estimagíon , como son el aprieto y tribulación en 
que se be la santa Iglessia , esta Monarquía y su Real persona de 
V.^ M.*^ Todo esto pone mi coracon en una prensa, y oprimido me 
obliga á clamar al Todopoderosso de lo íntimo de mi alma, pi- 
diéndole misericordia para su pueblo escogido q professa pura- 
mente su fe santa. ¿ Quando los q le buscaron, por ella perecieron? 
y ¿ quien invocó su nonbre santo y le llamó, q fuesse confundido ? 
En tienpo tan turbulento y afligido es necessaría la fe y la es- 
peranca: la caridad ya se supone, pues sin el amor de Dios ni 
la fe tendrá buen arrimo ni la esperanca tendrá fundamento. 
Suele muchas veces el Altíssimo examinar y probar las raíces q 
estas tres virtudes (como las principales) tienen en las almas, y 
ver si desconfiados de nosotros y humillados de ñras culpas fiamos 
de su Magestad; y á este yntento permite q las cossas lleguen tal 
vez á tenerse por desauciadas y, faltando medios humanos, se in- 
tenten y agradezcan los divinos. A Abram dejó q llegasse á atar 
su hijo y á ponerle en el altar en q avia de ser sacrificado; y al 
tienpo de alear la mano para descargar el golpe de la espada, se 
la detubo el ángel; y pues V.» M.^ lee muchas istorias, le supli- 
co se acuerde de lo q le sucedió al Enperador Theodossio, ñfb es- 
pañol, religiossísimo y balerosso Príncipe, el qual, abiendo sido 
certificado del santo Abad Juan (q tenía don de proffecia) q Dios 
le daria la vitoria contra Eugenio tirano , y assegurándole sería 
assí los apóstoles S. Juan y S. Felipe, q la noche antes de la ba- 
talla le aparecieron estando él postrado en oración ; al punto q 
comencó á poner en ejecución estas órdenes y á pelear su exérci- 
to con el del enemigo , le ronpieron un escuadrón y le mataron 
diez mil hombres; y él se vio en tan grande aprieto, q lebantan- 



— 20S — 

do los ojos al cielo y el coraron, exclamó y dijo con ferbor aque- 
llas palabras q refiere S. Ambrossio: «¿Dónde está el Dios de 
Theodossio ? » El qual , aunq le pareció q estaba lejos, le tenía cer- 
ca, pero quisso probarle y poner en aquel estrecho para q reco- 
nociesse de su mano la vitoria : diósela, peleando por él, con unos 
torbellinos y furiossos vientos. Y conociendo el santo Job la con- 
dición deste gran Dios, decia: «Si me matare, en El esperaré». 
Señor mió, la fe es grande arrimo y colubna en las tribulaciones; 
la esperanca tanto bale quanto espera; el amor tanto alcanca 
quanto se emplea en el mejor y mas noble objeto, q es Dios. 

Ya veo que las offenssas q tenemos echas á su Magestad son los 
mayores oviles y impedimentos destas virtudes, y q vfos pecados 
ponen el acote en la mano poderossa del Señor para castigarnos, 
y q irritan su justicia divina; y iTrbs dessacatos, por ser de hijos 
católicos, son mayores q los de los esclabos que no le conocen; 
pero ¿quién nos perdonará y adonde podemos acudir por mise- 
ricordia, sino al que se precia de usar de ella y es iTrb P.'' y nos 
tiene enseñado en su santo Ebangelio que, aunq como hijos pró- 
digos ayamos desobedecido, offendiéndole, y dessipado y malo- 
grado la parte de su acienda q nos dio para nfa justificación, 
volbamos á su cassa, q nos recibirá con los bracos aviertos y de- 
mostraciones de su amistad ? 

¡Oh Señor mió! Si supiéramos conocer el miserable estado en 
q nos an puesto ilros desórdenes; el salimos de la cassa del Señor 
por la culpa y el bolber á ella por la emmienda fuera el eficaz 
remedio de tantos aprietos como V.* M.** me refiere en su carta; 
y aunq en todos desseo este bien y felicidad , más á V.* M.*^, porq 
ynporta q la cabeca y Príncipe católico esté en amistad de Dios 
y de su divina clemenzia. Fio no le negará á V.^ M.^ los aussilios 
necesarios para esto, pero también temo q el común enemigo 
pondrá más lacos y ocassiones á V.<^ M.^ para caer q á los demás; 
pero vencidas, mayor será el mérito y corona: y crea V.» M.^, 
Señor mió de mi alma, q le ayudaré con mi pobreca y oraciones 
de la comunidad quanto me fuere possible; y merezca perdón de 
V.» M.** mi ossadia en lo que escribo, por el amor de fiel sierba 
q me solicita á decirlo. 



— 2o6 — 

Al Señor Don Juan de Austria encomendaré á Dios con beras, 
y el buen su9esso de la nabega^ion sienpre estaré con cuidado 
de presentarle á el Altíssimo, y á la S.^ Infanta q la tengo en el 
cora9on. Teniendo su anparo de V.* M.*^ no me podia faltar el 
del P.^ fr. Juan de Palma, pero temia, por no merecerlo, Q no ad- 
mitiera mi petición. Prospere el Altissimo á V.* M.*^ 

En la Congepgion de Agreda 12 de Abril 1647. — Vesa la ma- 
no de V.» M.^ su menor sierba. — Sor María de Jesús. 



CXXII. 

Del Rey. 

Madrid Aunque las ocupaciones de Semana Santa me pudieran impe- 

'^ 1647." dir el responderos, es cosa que hago con tanto gusto, que no he 

querido dilatarlo para otra estafeta; y también me parece que es 

obra de este santo tiempo, continuar la correspondencia con 

quien me desea todo bien espiritual y temporal. 

Mucho me alientan vuestras cartas, Sor María, y reconozco cuan 
cierto es cuanto me decís en ellas, pues si nosotros fuéramos lo 
que debíamos ser (particularmente yo que tan mal cumplo con lo 
que debo) es cierto que nuestro Señor se doleria de nosotros y 
permitiera que cesaran estas borrascas que hoy padecemos. Harto 
procuro que se cumpla con causa tan justa y creo que sólo mi 
flaqueza lo impide, pero procuraré valerme de las virtudes que 
me apuntáis, para imitar en lo posible á Abraham y á Teodosio, 
aunque sea tan diferente mi natural que el suyo. Vos me ayudad 
á que consiga esto, pidiéndoselo vivamente á nuestro Señor y á 
su Madre Santísima; y os pido que, si es permitido y no os pa- 
rece que excedo en la demanda ( pues protesto que no deseo sa- 
lir de la voluntad de Dios), me digab si los lazos que me pone el 
demonio son en cuanto á pecados personales ó en los del oficio, 
para que yo con esta advertencia pueda vivir con más cuidado, 
y procuraré cumplir en todo con mi obligación , que bien veo 



— 207 — 

que, en faltando lo principal, que es la gracia, todo falta; pero 
fio en la bendita misericordia de Dios que me ha de ayudar y 
dar fuerzas contra mí mismo, que sin duda soy mi mayor ene- 
migo. 

Cada dia estamos aguardando dónde dará el enemigo, pues 
son continuos los avisos de las grandes fuerzas que trae contra 
nosotros. Todo lo posible hago para nuestra defensa, y aunque 
son bien cortos los medios con que me hallo, lo que más me des- 
alienta es ver cuan poco ayudan, los que pudieran, á salir de es- 
tos cuidados ; pues es cierto que si todos hicieran lo que pueden 
y trataran de mi servicio con un poco de cariño, aunque no se 
remediara todo, se hiciera mucho; pero estos trabajos trae el 
tiempo consigo. Dios por quien £1 es se sirva de mejorarle, que 
es sólo quien puede hacerlo, y tengo viva fe en su clemencia 
que no ha de permitir que acabemos de perecer de todo punto. 

De Madrid á 17 de Abril 1647. — Yo el Rey. 



CXXIII. 



De Sor Maria. 



Señor: Bien há menester mi encogimiento los alientos que aódcAbríi 
V. M. le da para continuar correspondencia tan superior á mis '^'*^' 
fuerzas, como la de V. M., en que hallo siempre motivos de ala- 
bar al Altísimo por lo que V. M. se humana, y de pena porque 
no puede mi cortedad llegar á lo que merece la piedad de V. M., 
ni mi afecto administrar los alivios y consuelos que deseo á 
V. M. Conviértome al Todopoderoso y le suplico tome esta 
causa por suya ; que fortalezca y encamine á V. M. al cumpli- 
miento de su divina voluntad y á la buena dirección y gobierno 
de esta católica Monarquía, de manera que consiga V. M. un 
poco de descanso en este valle de lagrimas, y la salvación y vis- 



— 208 — 

ta beatífica en la vida eterna; y porque V. M. llegue á tener es- 
tas dos felicidades humanas y divinas, ofrezco y sacrifico á Dios 
desde luego mi vida y la voluntad rendida á padecer muchos 
trabajos; y fuera alivio de mis ansias que sobre mis flacos hom- 
bros y débiles fuerzas cargara parte de la cruz que V. M. lleva, 
y sus vasallos católicos; que á V. M. como cabeza y á ellos como 
miembros de la república y cuerpo secular de la Iglesia santa, y 
como á sus defensores y propagadores de su fe, los estimo y ten- 
go en mi corazón. 

Olvidándome de lo poco que valgo, deseo muchas veces entrar 
á la parte del trabajo que V. M. tiene, por ser la empresa y fin 
tan grande de conservar y aumentar la religión cristiana y pure- 
za de la fe católica. Esto puede alentar á V. M., dilatarle el cora- 
zón y dar á V. M. muchos esfuerzos, el que es causa de Dios la 
que sigue y que la justicia está de parte de V. M. ; y al que 
padece por ella llama Cristo nuestro Señor en su Evangelio 
bienaventurado y le ofrece premios eternos ; y para que los tra- 
bajos tengan valor no hay mejor disposición que la gracia, por- 
que es padecer como amigos de Dios; ni para reparo y alivio 
de ellos puede haber mayor consuelo que su amistad. Por todo 
esto y por lo que á V. M. estimo, me desvelo, advierto y atien- 
do lo que puede impedir que V. M. consiga estas dichas; esto 
me motivó á decir á V. M. que el enemigo común ponia lazos 
para impedirlas , y no puede exceder ni errar V. M. en desear 
saber en qué materias hay este peligro ni en mandarme , si es 
voluntad de Dios que los declare, porque la intención de V. M. 
es buena. 

Señor mió, es tan cierta la guerra y persecución de los demo- 
nios contra todas las almas, como tenemos ser. Job dijo que era 
la vida del hombre pelea sobre la tierra; y el Evangelio, que el 
reino de los cielos padece fuerza; porque estos crueles enemigos 
no quieren gocemos los premios eternos que ellos perdieron y 
por todos los caminos que pueden nos pervierten; y nuestro 
mayor daño es que son enemigos invisibles , y las heridas que 
nos dan no son sensibles en el cuerpo sino en el alma, y no las 
percibimos ni sentimos cuanto es el mal que hacen : y supuesta 



— 209 — 

esta verdad, los lazos que yo dije á V. M. temia le pondría el 
demonio, no sólo serán para los pecados personales, sino tam- 
bién en el oficio y gobierno, aunque, cuando se lo escribía á 
V. M., á los personales sólo miraba. Pero le suplico, Señor 
mió, puesta á los pies de V. M., que sin contristarse ni afligirse 
sea la advertencia en todo, fiando del Altísimo, que no negará su 
gracia para la defensa ni la corona después de la victoria. 

David dice en un salmo: «Pusiéronme los pecadores ó enemi- 
gos muchos lazos para caer, pero yo, Señor, no olvidé tus manda- 
mientos ni erré en ellos.» Para que faltemos ó quebrantemos los 
preceptos de la ley de Dios y sus mandatos , nos persigue el ene- 
migo y pone lazos, y no hay mejor modo de librarnos de ellos y 
de salir victoriosos que no olvidar ni faltar á ningún precepto, 
pues el ser observantes en ellos es indicio del amor de Dios y 
aborrecimiento al enemigo, según lo que dijo Su Majestad en el 
Evangelio: «El que me amare guardará mis mandamientos.» 

Con harto cuidado y sobresalto espero el designio ó determi- 
nación del enemigo : el Altísimo le encamine á donde mejor y 
más fácilmente le venzamos, y suplico á V. M. que no le des- 
alienten los cortos medios humanos que hay, pues ha hecho V. M. 
lo posible. Para el poder y querer del Altísimo poco importa 
mucha ó poca gente ; y el ser menos nos ha de obligar á clamar 
más al Altísimo y suplicarle resplandezca la potencia de su 
brazo en defendernos. Hartas veces lloro en mi retiro lo que 
V. M. me dice de que le sirven con poco cariño. Querrá el Se- 
ñor que en V. M. se aumente la fe y confianza en su protección 
divina. 

En la Concepción de Agreda á 26 de Abril 1647. — Sierva de 
V. M. — Sor María de Jesús. 



— 210 



CXXIV. 
Del Rey. 

Madrid Esta mañana recivi vfa carta del 26 del passado, y no dilato 

° 164^*^° ^^ ^^ respuesta por ser cossa q hago de muy buena gana conti- 
nuar esta correspondencia con vos, de q me prometo he de sacar 
el fruto que quisiera conseguir; pues sin duda vTos documentos 
y todo lo q me escrivis pueden mover los corazones, aunq sean 
tan duros como el mió. 

Yo estimo infinito el desseo q demostráis de mi mayor bien, 
assi espiritual como tenporal , y os agradezco lo q me encomen- 
dáis á Dios y las diligencias q hacéis para q yo acierte á cunplir 
con su santa voluntad; pero como yo soy frágil, temo q me 
echo á perder á mí mismo y q con mis pecados estorvo los buenos 
officios q me hacéis , y inpido los q iTfb Señor se inclina por su 
misericordia á hacer á todos. 

Con razón decis q el demonio yere sin q se sienta la herida y 
q assi conviene cautelar mucho sus engaños, particularmente en 
las materias q podemos caer por omission y son difíciles de cono- 
cer, q las de comission, sienpre se ven los tropiezos q las ocasio- 
nan y assi es mas fácil el desviarse dellas. 

De mi parte , Sor María , haré lo posible para aplacar á ñrb 
Señor y espero q vos me ayudareis á ello con toda veras, pues 
deveis pagarme en esto la satisfacion q tengo de vos y de q 
desseaís mis aciertos en todo. Yo procuraré travajar por cunplir 
con mi obligación , pues esto a de ser lo primero para q Dios se 
duela de mí y desta Monarquía, q tan afligida se halla ; pero alién- 
tame ver q defendemos caussa tan santa , con lo qual espero q no 
nos faltará ñrb Señor. Vos sienpre me advertid lo q juzgáredes 
es voluntad suya para q yo procure executarla , pues sabe su Di- 
vina M.^ q los desseos son buenos. 

I Autógrafo de la Biblioteca del Real Palacio. 



— 211 — 

Hasta aora no se a movido el enemigo , si bien estamos con 
harto cuydado, esperando donde será su acometimiento, porq en 
todas partes estamos con menos disposiciones q fueran necessarias 
para ñfa defensa; pero se ha hecho y hace todo lo posible para 
librarnos del riesgo. Dios, q puede obrar sin medios umanos, es 
quien lo a de hacer si nosotros no lo desmerecemos : El nos ayude 
y libre, q es sólo quien puede hacerlo. 

De Madrid á i de Mayo 1647. — Yo el Rey. 



cxxv. 



De Sor María '. 



Señor : Aunque soy mala y inperfecta me dio el Altíssimo 10 de Mayo 



natural agradecido ; y como me hallo tan beneficiada de la piedad 
de V.^ M.^ y con tan cortas y limitadas fuercas para dar el re- 
torno, vivo en un continuo desheló y discursso, penssando que 
haré por V.» M.<*, y no me aquieto sino en la presencia de el Se- 
ñor , mirándole todo poderosso para premiar á V.* M.<^ con libe- 
ral mano lo q se humana á faborecerme, sin otro motibo q el de 
la caridad de V.» M.^ ; y como el beneficio de superior á inferior 
se reputa por grande y de mayor estimación, conpele más á la 
voluntad y la rinde; y el propio efecto desta potencia es dessear 
el mayor bien para quien ama y gomarse de q le tenga. 

Por esta parte puede V.» M.^ estar gierto de lo que me dice, 
que quiero para V.» M.^ muchas felicidades en lo divino y huma- 
no ; y como la mayor es serbir al Señor, me consuelo sumamente 
de 1er las cartas de V.» M.^, con tantas anssias de dar gusto á 
el Altíssimo , de cumplir su voluntad y atender V.* M.** á las 
obligaciones perssonales y de oficio. Señor mió , puesta á los pies 
de V.» M,^ le suplico que persebere en estos desseos y en la 

I Autógrafo de la Biblioteca del Real Palacio. 



1647. 



— 213 — 

execucion de ellos, tomando la cruz de los trabajos q el Altissi- 
rao a dado á V.* M.*^, siguiéndole asta alcan9arle. 

Bien veo q es inpressa ardua y difícil para la naturale9a inper- 
fecta y sujeta al pecado: de ella se quejaba S. Pablo y decia: 
«¡O infeliz hombre, q siento una ley en mis miembros repug- 
nante á la de mi espíritu q me hace obrar lo q no quiero ! » Esta 
lucha y contienda padecemos porq tenemos enemigos q nos estor- 
ban el bien; pero la gracia divina nos assiste, defiende ampara y 
fortalece; y el mismo S. Pablo dijo otra bez : «Todo lo puedo en 
el que me conforta.» Y careadas estas dos sentencias no parecen 
dichas de un sujeto, pues en la primera se queja q no puede 
obrar lo q quiere y en la segunda afirma q todo lo puede en el 
q le conforta. 

Estos baybenes y diferentes estados se sienten en la vida 
mortal : quando nosotros obramos y los enemigos nos persiguen, 
nos aliamos flacos y conbatidos, pero quando el Señor nos assiste, 
fuertes; y si le buscamos y obligamos, no nos dejará, sino que 
nos assistirá en la tribulagion, como lo promete su Magestad por 
un salmo de Dabid. 

Anme dicho q an venido los galeones; doy á el Altíssimo hu- 
mildes gracias porq nos a mirado como padre piadosso, y á 
V.* M.** afetuossas norabuenas de tener este alivio en medio de 
tantos cuidados. Yo le tengo de clamar al Señor porq nos de- 
fienda de los enemigos y nos dé buen sucesso en la canpaña 
deste año; y cierto q me dispongo y prebengo, como si ubiera 
de pelear, con conffessiones y habiendo penitencia de mis peca- 
dos, porque no venga el castigo por ellos á estos reinos, y para 
hallarme con mejor preparación y menos ofTenssiba á el Señor 
para pedirle misericordia. 

Para este fin, me balgo de las oraciones de las religiossas desta 
comunidad , q las ofrecen con ferbor y afecto, y tenemos pressen- 
te en ellas á la Princessa ñra Señora y al Señor Don Juan de 
Austria. El Altísimo los haga dichossos, y á V.* M.^ prospere. 

En la Concepción Descal9a de Agreda lo de Mayo 1647.— 
Besa la mano de V.* M.*^ su menor sierba.— Sor María de Jesús. 



— 213 — 



CXXVI. 



Del Rey. 



Vuestra carta de lo de éste he recibido hoy ; y aunque sea re- Madrid 

■; \ 15 de Mayo 

petir muchas veces una cosa, no puedo dejar de deciros cuan 1647. 
grande alivio me causan todas las que recibo , viendo por ellas 
los consejos tan sanos que me dais y lo que deseáis mis aciertos 
en lo que más me importa. Con sumo agradecimiento estoy á 
todo esto y con firmes esperanzas de que, si yo no lo embarazo 
con mis pecados, me ha de valer mucho vuestra intercesión con 
nuestro Señor y su Madre Santísima; pues tengo por cierto que 
me ayudáis con veras y con deseo de que yo consiga mi salva- 
ción : apretad en esto, Sor María, que los demás trabajos los lla- 
maré felicidades si consigo tan dichoso fin. Sin duda (como de- 
cís) nos desayuda mucho nuestra fragilidad y naturaleza para 
recibir los bienes que nuestro Señor está dispuesto siempre á 
darnos: lo que me consuela es que nadie la conoce mejor que Él, 
pues se vistió de carne mortal, y que así se dolerá de nuestra fla- 
queza y nos ayudará para que acertemos á cumplir con su santa 
voluntad. Yo os pido que me ayudéis sin cesar á que yo acier- 
te á cumplirla, pues aunque todos los hombres deben llevar 
esta mira , á mí me toca más que á nadie por haber recibido más 
favores y mercedes que los demás , y así temo que pago con in- 
gratitud lo que debia ser con fineza. Dios se duela de mí, y me 
encamine en todo á su mayor servicio. 

Cuando os escribí la carta pasada, ya podia avisaros la llegada 
de los galeones, pero os confieso que, habiendo hecho memoria 
de ella para escribíroslo, se me olvidó totalmente en tomando la 
pluma : también acá dimos gracias á nuestro Señor por tan sin- 
gular merced, y espero en su clemencia que ha de permitir que 



— 214 — 

á este principio se sigan otros sucesos y nos ayuden á salir de los 
aprietos en que estamos. 

Hasta ahora no se ha movido el enemigo; quizá no halló el 
Príncipe de Conde tan dispuestas las cosas en Cataluña como 
pensaba y deseaba ; pero con todo eso, estoy con sumo cuidado 

■ 

porque sus fuerzas son grandes y las nuestras cortas, si bien se 
hacen todas las diligencias posibles para defendernos , fiando más 
de los medios divinos que de los humanos. Mi armada navega 
desde 6 de este mes ; va bien puesta , y D. Juan lleva buenos 
deseos de emplearse en el servicio de Dios y en la defensa de los 
Reinos : yo fío en que su misericordia ha de ayudar y que nos ha 
de asistir en los aprietos presentes. 
De Madrid á 15 de Mayo 1647. — Yo el Rey. 



CXXVII. 

De Sor María. 

31 de Mayo Scñor : No puedo dar más ponderación al aprieto en que me 
' ^^* han puesto mis males, que el no haber escrito á V. M., pues sin 
ser muy grande no lo dejara de hacer cuando más lo deseaba, 
considerando á V. M. en estos tiempos de campaña rodeado de 
penas, para suplicar á V. M., puesta á sus pies , que dilate el ánimo, 
y que con corazón magnánimo é invicto dé V. M. al cuidado no 
más de lo necesario para el gobierno; y mucha atención á la sa- 
lud, que nos importa la conservación de la Monarquía, y el con- 
suelo único en lo humano de los vasallos y el mió (que después 
de la causa de Dios) le tengo vinculado y puesto en la vida espi- 
ritual y temporal de V. M., en que consiga la salvación ; y si yo 
no fuera tan inútil y de poco valor delante dd Altísimo, puedo 
asegurar con verdad que tenía V. M. fiel solicitadora en su pre- 
sencia de todas estas dichas ; pero con la pobreza que tengo cla- 
maré por ellas con afecto, y por la quietud y paz de este Reino y 
buenos sucesos de la campaña de este año. 



— 2K — 

De Aragón han escrito que está sitiada Lérida; hame puesto 
en gran cuidado el no saber si la plaza estaba prevenida y con 
harta gente; que si esto fuese, no parecia el peor designio el del 
enemigo para nosotros : en esta comunidad pondré oración de 
nuevo, y las pobres mias se aumentarán. V. M., Señor mió, se 
arme de fe y esperanza, y ponga por cuenta del Altísimo nuestra 
defensa y conservación, pues somos sus hijos, en quien vivimos, 
somos y nos movemos; le confesamos por Padre y Dios eterno, 
y todos los que invocaron su nombre no fueron confundidos. 
Suya es la Iglesia cuyos fieles somos ; su Majestad la fundó y der- 
ramó su sangre por establecerla y enriquecerla; pues es cierto 
que se ha de obligar y dar por servido de que V. M. defienda y 
ampare lo que tanto le costó y estima; no dqará solo á V. M. en 
empresa tan ardua. Pese V. M. en su corazón lo que importa y 
vale en la aceptación de Dios defender su fe santa, para que V. M. 
se anime en el trabajo que le cuesta, y acuérdese V. M., Señor 
mió, de aquel verso de David, que dice: «Quien siembra con 
lágrimas cogerá con alegría»; y de lo del Evangelio: «Que es 
bienaventurado quien padece por la justicia.» 

En esta vida mortal siembra V. M. con lágrimas, con dolor y 
amargura, con cuidados y sobresaltos el defender á la Iglesia y lo 
puro de la fe, para coger en la eterna bienaventuranza el premio 
de lo que padece V. M. por la justicia; y pues los trabajos pueden 
ser medio para alcanzar la dicha del descanso eterno, suplico á 
V. M. que de su parte concurra con obras dignas de la gracia y 
amistad de Dios, que junta con el padecer, no hay mayor felici- 
dad ni cosa más agradable á los ojos divinos. 

Por el buen suceso de la armada pediré al Altísimo con veras, 
valiéndome de las oraciones de la comunidad, y le suplicaremos 
dirija y gobierne y encamine al Sr. D. Juan á su mayor agrado 
y acierto en todo, y á la señora Princesa prospérela el Todopo- 
deroso. 

En la Concepción de Agreda á 31 de Mayo 1647. — Sierva de 
V. M., Q. S. M. B. — Sor María de Jesús. 



— 2l6 — 



CXXVIII. 



Del Rey. 



Madrid Siento mucho que la causa de no haberme respondido sea in- 
^ 1647.^^ disposición vuestra, pues deseo que Dios os conserve la salud: 
espero que lo ha de hacer, y que presto os hallaréis aliviada. 

No he querido dejar de escribiros, para deciros cómo ya el ene- 
migo se halla en campaña y otra vez sobre Lérida: no la halla 
tan bien proveída como el año pasado, aunque se ha hecho lo po- 
sible para su defensa. Dicen todos que la expugnará á viva fuerza 
y no por hambre , con que tendremos menos tiempo para su so- 
corro, si bien se hará todo lo posible y con más fuerza para sus- 
tentarle ; pero como todos los sucesos vienen de la mano de Dios, 
os pido le supliquéis en mi nombre (y á su Madre Santísima) 
que nos ayude en esta ocasión, como lo ha hecho en las pasadas, 
pues aunque temo le tengo muy ofendido, es mayor su miseri- 
cordia que mi flaqueza; y así tengo firmes esperanzas que no ha 
de querer que se pierda una plaza, que se puede decir propiamen- 
te que ha sido conquistada y defendida por sólo 'su brazo po- 
deroso. 

Sor María, apretad en esta ocasión ; pero advertid que siempre 
estoy resignado á la voluntad de nuestro Señor en todo. Yo me 
hallo harto dudoso en si volveré á Aragón ó si me quedaré aquí, 
pues por ambas partes hay hartas razones , pero como yo deseo 
hacer lo más acertado para el bien de esos Reinos , me tira mu- 
cho esto. Hoy, que me he confesado y comulgado, he pedido á 
nuestro Señor que me alumbre para resolver lo que fuere mayor 
servicio suyo, y á vos os pido que le supliquéis esto y que me 
digáis (si os es permitido) lo que entendiereis ser su santa vo- 
luntad. 

De Madrid á 29 de Mayo 1647. — Yo el Rey. 



— 217 — 



CXXIX. 



De Sor María. 



Señor : Todas las enfermedades y dolores que el Altísimo se 7 de jamo 
ha servido de enviarme admitiré con sumo gozo, por tener más ' ^^' 
que ofrecerle por el alivio de V. M. y de los trabajos que padece 
esta católica Monarquía ; y á la vista de ellos y lo que lastiman 
y hieren mi corazón, las demás penas son para mí muy suaves y 
oficiosas : las deseo para sacrificarlas ante el acatamiento divino, 
donde muchas veces me presento á pedir misericordia, y con lá- 
grimas me lamento de lo poco que valgo para trabajar por lo 
que tanto deseo; pero el Señor es Dios de las misericordias y 
padre verdadero de sus hijos los fieles y no los ha de desampa- 
rar. Los aflige y corrige porque los ama y no quiere destruir 
las obras de sus manos, sino preciarse y gloriarse en su conser- 
vación; y por atraerlos á su servicio les envia tribulaciones y des- 
carga el azote de su justicia ; y si le sirviésemos y amásemos se 
le quitaríamos de la mano, pues fineza es de este gran Dios 
queremos llevar á sí, y debemos corresponderá aunque sea pa- 
sando por fuego y sangre. V. M. , Señor mió , se anime y ayude 
á este fin del Altísimo, poniendo el hombro al trabajo, que no 
se quedarán sin liberal premio tantos cuidados, penas y sobre- 
saltos. Yo quisiera que todos cargaran sobre mí y que V. M. con- 
siguiera la gloria que les podia corresponder : á esto se extiende 
mi afecto y voluntad. 

Hame dado suma pena lo que V. M. me dice de que el enemi- 
go no haya hallado á Lérida tan bien proveída como el año pa- 
sado; y si la expugna á viva fuerza, era necesaria gente adentro, 
munición y armas con qué defenderse; y si esto les faltase, sería 
mayor el aprieto y también el motivo de la exaltación y gloria 

15 



— 2l8 — 

al nombre de Dios si nos defiende. Hágalo por su clemencia y 
bondad y sírvase de guardarnos esta plaza, que tantas veces la 
ha defendido milagrosamente, con que nos da más aliento á la 
esperanza y ánimo para suplicarle con fe que no se pierda ni ma- 
logre la misericordia que nos ha hecho : yo clamaré de nuevo y 
trabajaré con mi pobreza por esta causa. 

De las instancias y porfías del enemigo en conquistar á esta 
plaza, se colige de cuánta importancia es su conservación y que 
no la perdamos , por lo que deseo sumamente que se hagan las 
diligencias posibles para socorrerla á tiempo; y si esto se pudiera 
conseguir sin que V. M. volviera á Aragón, fuera mejor, porque 
el tiempo está muy adelante, los calores son grandes, y el peli- 
gro de mudar temple de tierra y caminar tanto es evidente; y 
como el mayor interés y victoria es la vida de V. M. y que Dios 
nos la conserve, es menester atender mucho á ella. Esto digo con 
sólo el natural discurso y afecto; pero porque, como dice V. M., 
va tanto en ir ó quedarse en esa Corte, pediré al Señor con todas 
veras que me dé luz ó conocimiento de la mayor conveniencia, 
y si fuere servido declarármelo, avisaré á V. M. 

En la Concepción de Agreda á 7 de Junio 1647. — B. L. M. 
D. V. M. su menor sierva. — Sor María de Jesús. 



cxxx. 



Del Rey '• 



Madrid Con mucho cuydado estube de vra salud hasta ver lo q me es- 

" 1647!°*° cri vistes en postrero del passado, y aun no he salido del, viendo 

q no he tenido oy nuebas della. Desseo q la tengáis cunplida, 

pues aunq de la presencia de tiro Señor me seréis buena inter- 

cessora, con todo esso, mientras duran estas borrascas y fuere 

I Autógrafo de la Biblioteca del Real Palacio. 



— 219 — 

voluntad divina, os quisiera tener más cerca, para valerme de 
los buenos consejos q me dais, los quales os agradezco mucho y 
os pido con toda insistencia rogueis á líFo Señor me dé luz para q 
los execute y ponga en obra; q verdaderamente temo q yo mis- 
mo soy mi mayor enemigo, pues no me pongo en estado de me- 
recer esta dicha. 

Con harto cuydado me tiene el sitio de Lérida, pues aunq me 
avisan q los de dentro se defienden bien, ay menos gente de la 
q yo quisiera en la plaza y el enemigo tiene mucha; con q si 
Dios lírb Señor no nos assiste como el año passado, temo su pér- 
dida, y assi os pido con todas veras apretéis vivamente con su 
divina M.^ y con su Madre Santíssima para q nos ayude en este 
aprieto, pues de su mano poderosa sola puede venir el socorro y 
alivio de lo q oy se padece. Acá se hace lo posible y se va jun- 
tando el exército q creo lo estará al fin deste mes: yo he manda- 
do que esté mi cassa prevenida para, si fuere menester partir y 
acudir más de cerca á mis armas, hacerlo luego sin reparar en 
nada ni en las descomodidades del camino en este tienpo , porq 
mi desseo es cunplir con mi obligación : permita líTo Señor q 
destos travajos saquemos el fruto q devemos dessear, q si esto se 
consigue, los puedo llamar dichossos. Vos, Sor María, no me 
olvidéis , q he menester mucho el anparo de ñfo Señor. 
De Madrid á 12 de Junio 1647. — Yo el Rey. 
Después de escrita esta carta recivo la vra de 7 deste con q me 
he alegrado mucho por juzgaros os halláis mejor de vfbs acha- 
ques. No me da motivo á añadir á lo q tengo escrito; solo bolve- 
ros á encargar os acordéis de Lérida, la qual se halla en el estado 
q os he dicho ; no le faltan bastimentos ni municiones, pero la 
gente no es mucha y assi a de ser solo de ñTo Señor el sucesso, 
de cuya misericordia espero nos a de favorecer. 



— 220 — 



CXXXI. 

Del Rey '. 

Madrid Sor María : Aunq me estoy previniendo para ir á Zaragoza 

1647. sienpre q la necesidad lo pidiere, como no se puede hacer con la 
prisa q yo quisiera, he resuelto enbiar antes á Don Luis de Haro, 
con las órdenes q he tenido por convenientes, para obrar lo posi- 
ble y apresurar las disposiciones del socorro de Lérida : a de pas- 
sar por ay y no he querido se vaya sin estos renglones, en q os 
pido y encargo encomendéis mucho á Dios este socorro, del qual 
depende mucho para esta Corona y para la disposición de la paz 
general. Los medios umanos no son muchos, pero los q se an po- 
dido disponer, en la cortedad del caudal con q nos hallamos, y 
esto mismo me hace fiar más de los divinos; y assi quedo con fir- 
me esperanza de q ñfb Señor a de ussar de su misericordia con 
nosotros en esta ocasión, como lo hizo en la passada. 
De Madrid á 18 de Junio 1647. — Yo el Rey. 

« 

La respuesta podrá venir por la estafeta. 



CXXXII. 

De Sor Marías 

21 da Junio Sefior : Indicio es de su gran piedad de V.^ MA el querer vida 

'^^^' de tan poco probecho como la mia, y si ella fiíera de algún alivio 

para V.* M.^ no la reusára, aunq la temo mucho por el peligro q 

ay en ella de pecar : este es cierto y también q yo soy ynútil 

1 Autógrafo del Convento de Agreda. 

2 Autógrafo de la Biblioteca del Real Palacio. 



— 221 — 

para todo y pobre delante de Dios, con q estimo menos mi sa- 
lud. Traygola quebrantada estos dias, aunq las sangrías me an 
dado algún alivio: aseguro á V.» M.^ con berdad q, si las tribula- 
ciones y trabajos me pudieran baler en la presencia divina para 
aliar al Todopoderosso más propicio y alcanzar lo q le suplico, 
admitiera todos los deste baile de lágrimas; pero su liberal mise- 
ricordia no la puede ynclinar tanto ñrbs merecimientos , quanto 
su suma bondad y clemencia: á ella clamo en su presencia, lloro 
y pressento los infinitos merecimientos de Christo lífo Señor y de 
su SS.™* Madre , para q por ellos nos conceda la deffenssa deste 
Rey no, su paz y quietud, y en el desseo de conseguirlo vivo 
muriendo. ¡O Señor de mi alma I Si V.* M.<* conociera mis 
anssias en esta inpressa , ¡cómo se diera por serbido desta su me- 
nor sierba , y me^ perdonara por ellas lo poco q balgo de todas 
maneras y menos para dar consejos á V.^ M.<^, q ablo como mu- 
jer ignorante ; y el afecto q tengo á V.* M.<> me hace olbidarme 
q lo soy, quando escribo, desseossa de manifestar con racones el 
secreto q está en mi coracon , encaminado á todo lo q en lo divi- 
no y humano puede estar bien á V.« MA I 

Del cuidado y pena q V.^ M,^ tiene del sitio de Lérida me las- 
timo mucho y aconpafio en él á V.^ M.^ con vibas anssias del 
buen su^esso, y lo pido á el Altíssimo con beras y con la fideli- 
dad q debo á la obediencia de V.» M.^, y q supla su mano pode- 
rosa la poca jente q ay defendiéndonos del enemigo y guardán- 
donos aquella pla^a. Para su poder divino no ynporta poca jente, 
como se colije de lo q les sucedió á los Isrraelitas q, no abiendo 
progedido en la pressencia de Dios con passos rectos, los castigó 
entregándolos en manos de los Madianitas por espacio de siete años, 
los quales los aflijieron y molestaron mucho; y humildes y reco- 
nocidos pidieron al Señor fabor y socorro contra sus enemigos, á 
los quales ynvió Dios un profeta q les representasse sus obliga- 
ciones, los favores y mercedes q abian recibido de su poderossa 
mano, y les arguyesse de su rebeldía, pues no oyeron ni atendie- 
ron á la voz del Señor; pero á Jedeon hijo de Juas, después q se 
le apareció el ángel, le miró el Señor y le dijo: «Vé y con tu 
ánimo y fortaleca librarás i los de Isrrael de la mano y poder de 



— 222 — 

los MadianitaS) los destruyrás porq yo seré contigo!» Y Jedeon, 
después de aber ofrecido sacrífi9Ío á Dios y olocausto y destniydo 
la ara de Bal y el bosQ q estaba junto á él , aconpañado de los de 
su pueblo juntó exército de tre3nita mil hombres contra los de 
Madian, Amalee y los demás pueblos orientales; cuyo exército 
era tan grande q se asimilaba al de las langostas q suelen ason- 
brar y cubrir la tierra, y sus camellos eran tantos como las are- 
nas del mar, q lo dice assi la Escritura; y porq los de Isrrael no 
se atribuyessen á sí la vitoria y ven9Ímiento, sino á Dios, de los 
treynta mil hombres q llevaba Jedeon le quitó veinte y dos mil, 
y pare^iéndole q aun era gruesso exército, le minoró y se sumió 
asta llegar á tres9Íentos soldados, con los quales Jedeon ven9ió 
y alcan9Ó vitoria de los de Madian y sus ecua^es, q eran }miume- 
rables y cassi ynfínitos (como dice la Escritura por estos térmi- 
nos) : «Porq Jedeon tenía á Dios consigo.» V.* M.^, Señor mió, 
procure obligarle y tener propicio al Todopoderosso, ebitando las 
ofenssas y emitando á Jedeon. 

En quanto al yr V." M.<* a Aragón , veo muchas conbenien^ias 
en q asistiera la persona Real de V.« M.^ en la deffenssa de Lérida, 
para q el exército se juntasse ; pero alio las mayores en q se evi- 
ten las penas, disgustos y riesgos de V.» M.** y de su salud; y si 
con algún medio se pudiera remediar la ne^essidad del socorro y 
atender al alivio de V.* M.<* , sería mejor. Suplico á V.« M.*, q 
para cossa q tanto ynporta se balga V.» M.^ del pare9er de su 
Consejo, q pedido tengo al Altíssimo no los deje errar en esto , y 
q prospere á V.» MA 

21 de Junio 1647. — Sor María de Jesús. 



CXXXIIL 



De Sor María. 



32 de Junio Seftor : La que va con esta tenía escrita cuando recibo la de 
'^^^* V. M. por mano de D. Luis de Haro : hame dicho muchas nove- 



— 323 — 

dades de Barcelona y que el sitio de Lérída le ha levantado el 
enemigo y puéstose en huida , las cuales nuevas le dieron están- 
dole hablando; para mí han sido de sumo gozo, por el alivio de 
V. M., y he alabado al Altísimo por este beneficio, y sólo me 
queda de cuidado el saber el fin de este suceso y cómo se logra. 
No dicen con claridad cómo ha sido , porque no hablan tomado 
noticias de todo ; de las que me han dado estoy consoladísima 
por el desahogo de V. M. : acertado ha sido que se haya dilatado 
la determinación de la jornada de V. M. á Aragón, pues con el 
tiempo se conocerán mejor las conveniencias de ir ó quedarse 
V. M. y los sucesos lo declararán. Yo, Señor mió, no cesaré de 
clamar al Altísimo por el acierto en esto , suplicándole dé luz 
á V; M. y paz en su Reino , por la que daria la vida si fuera de 
provecho. 

La carta de V. M. que traia D. Luis de Haro venía sin mar- 
gen donde responder , y como no tenía cosa de secreto, me que- 
do con ella con gusto, estimándola como prenda de V. M. 

En la Concepción Descalza de Agreda á 22 de Junio 1647. — 
Sierva de V. M. , Q. S. M. B. — Sor María de Jesús. 



CXXXIV. 



Del Rey. 



Acabo de recibir dos cartas vuestras juntas, y presto hemos Madnd 
experimentado en Lérida lo que decís sucedió á Gedeon, y en mí ' 1647°^ 
se puede añadir algo en este suceso, pues faltaron los 300 hom- 
bres con que entonces se venció al enemigo : aquí no ha habido 
más que la mano poderosa de nuestro Señor , el cual nos ha con- 
cedido esta merced cuando más le ofendo y cuando menos acer- 
tamos á servirle '. 

ilLos buenos sucesos de nuestras armas habían confirmado las esperanzas y 
correspondido i los alientos que la V. ¡Madre di6 al Rey en sus cartas, y el 



— 224 — 

Hele dado las gracias que he podido, aunque no las que fuera 
justo, y á vos os pido, Sor María, me ayudéis á dárselas, pues 
habiendo recibido siempre tantos beneficios suyos , puedo decir 
que en lo temporal es este el mayor que hoy pudiera alcanzar, 
así por él mismo como por las circunstancias que de él se podrán 
seguir. Hasta ahora no sabemos la causa (con certeza) que mo- 
vió al Príncipe Conde á dejar libre á Lérida, pero es cierto ha- 
brá sido grande; que á no ser así, no hubiera este caballero desis- 
tido de una empresa que tenía tan adelante y en que estaba em- 
peñada su reputación y propia persona. Unos dicen que habia 
habido alboroto iunto á Barcelona con la muerte de D. José 
Margarit , y otros dicen varias cosas; pero como no hay certeza 
de nada, estamos dudosos, aunque no se deja de atender á las 
disposiciones necesarias , para lo cual se procurará lograr la oca- 
sión que se nos viene á las manos y obrar lo posible. Si el ene- 
migo se viese embarazado con los de la provincia, a3aidaria mu- 
cho; y como lo principal es acudir á nuestro Señor, he man- 
dado que en todas partes se le den gracias y que se procure 



abandono del sitio de Lérida por el francés con razón pudo parecer al Rey 
protección visible del Todopodero. Fueron instrumentos elegidos para manifes- 
tar el divino auxilio, la sin igual pericia y energía de D. Gr^orio Bríto, go- 
bernador de la plaza en este y el anterior cerco, portugués de origen y cuyo 
noble y heroico comportamiento reñeren al pormenor en sus cartas los Jesui* 
tas que permanecieron dentro de los muros por todo el sitio, así como la cons- 
tancia de los tres mil veteranos españoles que mandaba ; quienes rindieron el 
empuje de los enemigos y pusieron tal desaliento en sus filas, que en vano los 
capitanes de la primera nobleza de Francia querían llevarlos á palos y mando- 
bles á las brechas. Vinieron á ayudar á la eficacia de esas causas los rigores del 
calor y la sequía y la dureza del suelo, que no poco nos ha ayudado á defenderlo 
de extraños en la guerra, compensando así lo qué con tales cualidades se hace 
ingrato á los propios en la paz. En toda Europa causó grande sensación esta 
verdadera rota de Conde , siendo buen testimonio de ello las Memorias dt mada- 
me de Mottevüle^ escritas en la Corte de Francia y por mano nada enemiga del 
Príncipe, en las que se refiere la admiración que despertó el heroísmo de Léri- 
da, contra el que se hablan estrellado los esfuerzos y la fortuna de tan grandes 
capitanes como La Motte-Houdancourt, el Conde de líarcourt y el Príncipe de 
Conde , mirado hasta allí como invencible ; y se confirma que la retirada fué te- 
nida por un verdadero desastre para las armas francesas , que los más prudentes 
sólo defendían y excusaban mirándolo como extremo recurso que evitara ma- 
yores males , por el estado de indisciplina y desaliento de los soldados franceses 
en Cataluña. 



— 225 — 

servirle como se debe, evitando pecados y ejercitándose la justi- 
cia como es justo. 

Siento que vuestros achaques os fatiguen, porque os deseo en 
esta vida por ahora, y estimo infinito cuanto me decís hacéis por 
mí : encargóos lo continuéis, anteponiendo siempre mi salvación 
á todo lo demás, que esto sólo es lo que me importa, y espero 
que vuestra intercesión me ha de ayudar mucho en todo. 

Huélgome que os hayáis quedado con mi carta , pues aunque 
creo no será menester , tendréis allá esa prenda que os haga acor- 
dar de mí. Este accidente no pensado ha mudado las cosas en lo 
que toca á mi jornada, y siempre estaré dispuesto á ejecutarla si 
lo pidieren las ocasiones ; y para mí no hay comodidad ni salud 
como emplearme en la defensa de las ovejas que puso Dios á mi 
cargo. El os guarde. 

De Madrid á 26 de Junio 1647. — Yo el Rey. 



cxxxv. 



De Sor María. 



Señor : Muy afectuosamente engrandece mi alma al Altísimo y s ^ JuHo 
le magnifica , porque la potencia de su brazo favorece á V. M. y * ^^* 
le consuela en su tribulación ; pues cuando temiamos perder á 
Lérida, dispone su divina Providencia que el enemigo levante el 
sitio; y me consuela sumamente oir en esta carta lo que V. M. 
dice y conoce, que aun los 300 hombres que alcanzaron victoria 
con Gedeon faltaron aquí y todos los medios humanos , y que sola 
la mano poderosa del Señor ha andado en esta obra. Y como la 
confesión y el agradecimiento de los beneficios es disposición para 
otros, me gozo de que V. M. mande que se den gracias por el 
que hemos recibido y que se eviten pecados , para que, contritos 
y humillados , el Señor se nos muestre padre piadoso y deje el 



— 226 — 

azote de juez severo; que en sus entrañas de misericordia más 
connatural es favorecer que afligir, premiar que castigar, vivifi- 
car que destruir; y si no lo hace liberalísimamente es porque 
nuestros pecados ponen óbice á su misericordia y cierran el ma- 
nantial de sus gracias. 

Algunas veces me parece he suplicado á V. M. (y ahora lo 
hago de nuevo) que V. M. se constituya procurador del Señor, 
agente de su causa, solicitador de su gloria y honra, y evitador 
de las ofensas que le hacen , y que en esto emplee V. M. todas 
sus fuerzas y conato ; y después deje V. M. su causa propia y la 
defensa de sus Reinos, el gobierno y acierto de ellos en la Provi- 
dencia divina , que ciertos tendremos los buenos sucesos y victo- 
rias. A mí me ha puesto en nuevo cuidado este levantamiento 
del cerco de Lérida , porque se me va el afecto á desear que lue- 
go, sin perder punto, entren socorro abundante de todo en la 
plaza , por lo que puede suceder ; y V. M. hace lindo reparo de 
que sin grave causa no hubiera dejado libre la plaza el Príncipe 
Conde, teniéndola tan apurada; y si el motivo hubiese sido algu- 
na alteración de Barcelona en que se nos manifestase quererse 
reducir al servicio y obediencia de V. M. , sería menester fomen- 
tarlo y ofrecerles ayuda para defenderse del francés , y hacerles 
tal pasaje que consiguiésemos lo que tanto nos importa, de redu- 
cirse á su señor natural. Esta es mi ansia y por lo que clamo al 
Altísimo muchos años há , pues me atraviesa el corazón el haber 
sabido que aquel principado de Barcelona le han inficionado algo 
los herejes que allí han entrado, y que el demonio , por su me- 
dio, ha arrojado su aliento venenoso contra la pureza de la fe; y 
si el Altísimo fuera servido de que el enemigo se embarazase 
( como dice V. M. ) con los de la provincia y hubiese discordia 
entre ellos , sería medio poderoso para que se retirase á Francia 
y se ajustasen más á las paces : el Todopoderoso nos lo conceda. 
Suplico á V. M. , con la humildad que puedo, me avise si se sabe 
alguna novedad que nos dé esperanzas de esto ; yo trabajo con 
todas mis fuerzas y me postro ante el acatamiento divino , pi- 
diendo misericordia y la paz de este Reino. 

V. M., Señor mió, se anime mucho en todos sus cuidados y 



— 227 — 

póngalos en la mano del Altísimo ; obligúele V. M. y téngale 
propicio por la gracia; y crea V. M. que es fiel amigo de los que 
se le entregan por amor, y como Todopoderoso los defiende , am- 
para, patrocina, vivifica y hace sombra y los encamina á su ver- 
dad. Todo esto deseo en V. M. y la salvación como la mia, pues 
porque la consiga V. M. y el premio eterno , trabajo y ofi-ezco 
mis pobres obras, tanto por V. M. como por mí; y aseguro á 
V. M. , Señor mió , que de todo lo humano y terreno me he des- 
pedido y retirado, más ahora que nunca , para atender á trabajar 
con más veras por V. M. y su Reino , aunque todo lo que hago 
es coartado y limitado. 

Ya el padre Fr. Juan de Palma habrá dicho á V. M. lo que 
dispuso en el gobierno de mi alma, que fué reservársele para sí 
en el modo posible desde tan lejos : al Provincial de Burgos, 
que es el prelado más inmediato, ha dejado encargado me asista 
para lo que se ofreciere. Yo soy tal que todo lo malograré ; el 
consuelo que me ha quedado es que los dos me ayudan al cum- 
plimiento de mis deseos de retirarme y del secreto. Prospere el 
Altísimo á V. M. 

En la Concepción de Agreda á 5 de Julio 1647. — B. L. M. 
D. V. M. su menor sierva. — Sor María de Jesús. 



Nota del manuscrito de Agreda, — Pasó D. Luis de Haro por 
este lugar y no se quiso ir sin carta para S. M.; dile la siguiente: 



GXXXVL 



De Sor María. 



Scflor : El afecto que á V. M. tengo y lo que le estimo vence al 14 «le juiio 
temor de cansar á V. M. con mis cartas; y el ansia de manifestar ' ^ * 
en ellas el deseo de su alivio de V. M., me obliga á que D. Luis de 



— 228 — 

Haro no se vaya sin ésta, en que de nuevo aseguro á V. M. tra- 
bajo con el Señor cuanto puedo para pedirle los buenos sucesos 
en todo; y aunque estos afectos y ansias son tan repetidos en mis 
cartas, crecen tanto que siempre hay que manifestar de nuevo. 
Tiéneme con cuidado la determinación que tomará el enemigo 
que, como ha quedado tan desairado, temo no quiera, después de 
conocerlo, restaurarlo con daño nuestro: á todo se extenderán las 
súplicas con el Señor en esta comunidad, y á que prospere á V. M. 
en la felicidad que deseo. 

En la Concepción de Agreda á 14 de Julio 1647. — Su menor 
sierva. — Sor María de Jesús. 



CXXXVII. 



Del Rey. 



Madrid Con mucho gusto he leido vuestra carta, pues os aseguro son 

2647. de grande alivio todas las que me decís deseáis mi salvación y 
mis aciertos y lo que me encomendáis á Dios para que lo consi- 
ga : sólo temo que mi flaqueza ha de hacer malograr vuestras 
obras, pues no acierto á ser el que debo ni agradecer, como fuera 
justo, las mercedes que continuamente estoy recibiendo de la 
mano de nuestro Señor, y si no supiera que su divina Majestad 
conoce esta flaqueza, pues se vistió de nuestra carne, me viera 
con gran desconsuelo. Sírvase por quien es de abrirme los ojos 
para que acierte á seguir el camino que deseo, y ejecutar los 
saludables consejos que me dais en esta carta : yo lo procuraré 
Sor María, aunque me temo á mí mismo, y os pido me ayudéis 
y continuéis vuestras intercesiones por mí; pues cuanto más os 
apartaredeis de lo terreno, tanto más poderosas me serán. 

Aunque se creyó que habia obligado á levantar el sitio de Lé- 
rida al Príncipe Conde algún alboroto de Cataluña, fué incier- 
to, porque no le ha habido, y aquella provincia está con la quie- 



— 229 — 

tud y buena correspondencia con los franceses que ha tenido 
desde que se rebeló; y así andamos haciendo varios juicios sobre 
cuál fué la causa de esta determinación. Sea cual fuere, Lérida 
está libre, que es lo que deseábamos, y cuanto menos se alcan- 
zan las causas humanas tanto más se verifica que sola la pode- 
rosa mano de nuestro Señor ha obrado aquí , y espero de su mi- 
sericordia que lo ha de continuar hasta concedemos una paz que 
sosiegue estas inquietudes de la Cristiandad , y por cuyo medio 
podamos castigar los daños que la herejía ha causado en Catalu- 
ña, que es cosa que me tiene atravesado el corazón. A Lérida te- 
nemos bien proveída, y el ejército en disposición que pueda acu- 
dir con toda brevedad á lo que pidieren las ocasiones : con que 
espero en nuestro Señor que por lo menos no perderemos este 
año nada en Cataluña. 

Las cosas de Flándes é Italia las encamina bien el Señor, de 
que me alegro y por lo que le doy gracias á su Majestad , pues 
éste es principio para entrar en más esperanzas de conseguir 
la paz '. 

Ya me dijo Fr. Juan de Palma en la forma que habia dispuesto 
vuestra alma, y quien tiene tales maestros como vos poca ayuda 
humana há menester. 

De Madrid á lo de Julio 1647. — Yo el Rey. 



CXXXVIII. 



De Sor María. 



Señor: Alivio de mi encogimiento es que V. M. me signifique ao de jniio 
no le son molestas mis cartas, porque como en ellas es preciso '^^^* 

I En Flándes, las negociaciones de paz con Holanda habían permitido al Ar- 
chiduque Leopoldo, hennano del Emperador, sitiar el 1 1 de Mayo á Armenti^es, 
que capituló el 31 , y fuese de seguida á bloquear el castillo de Comines, el 3 de 
Junio, que se rindió ocho dias después. En Italia el nuevo gobernador, Don B. 
Fernandez de Velasco, Condestable de Castilla, habia sitiado á Niza de Monfer- 
rato, el 9 de Mayo, rindiéndose el 33. 



— 230 — 

repetir siempre mis ansias del bien de V. M. y dedr lo que pue- 
de encaminar á él, temo ser molesta; pero pesando lo mucho 
- que V. M. hace en humanarse con la menor de sus siervas á in- 
timarme su gusto en que le escriba, no hallo otra recompensa ni 
retorno que desear y solicitar lo que más importa, que es la sal- 
vación. Yo no puedo satisfacer á la voluntad que tengo á V. M. 
con darle riquezas para las guerras, ni gente que venzan los ene- 
migos, ni otras preseas humanas, porque soy inútil y pobre; y 
si todo esto tuviera, lo ofreciera luego á V. M.; pero porque me 
falta, me convierto al Todopodero y le pido que supla esto por sí 
mismo, como Señor de los ejércitos, dándonos victorias y paz y 
á V. M. la salvación : ésta me lleva mi atención y afecto, y por- 
que V. M. la consiga estoy empeñada con el Altísimo, ofrecién- 
dole cuanto hago y sus infinitos merecimientos. Puesta á los pies 
de V. M., le suplico que ayude y coopere V. M. de su parte á 
cumplir la voluntad divina en esto, que sin duda es que V. M. le 
sirva y tenga su amistad: ésta. Señor mió, no se puede alcanzar 
sin trabajo, porque vale mucho, y más para V. M. que todos sus 
reinos; pues dijo Cristo nuestro Señor por San Mateo: «¿ Qué le 
importa al hombre ganar todo el mundo si su alma padece detri- 
mento ? ¿ Y cómo si una vez la pierde, podrá restaurar este daño ?» 
Por lo cual se ha de trabajar lo poco que dura la vida con la es- 
peranza del descanso eterno; y no le contriste á V. M. la flaqueza 
propia, pues el Todopoderoso no la deja sola, que siempre justi- 
fica su causa dando luz y auxilio. La naturaleza con la gracia es 
fuerte, pero sola y en la ocasión, flaca; por eso dijo el Espíritu 
Santo, que «Quien no teme el peligro perece en él»; y David, 
con ser un cedro del Líbano, altísimo en perfección y santidad 
y grande por ser Rey, por ponerse en ocasión de mirar á Betsa- 
bé cayó y se envileció hasta el pecado, el cual le castigó Dios 
severamente en sus reinos; y porque se levantó y no volvió á 
reincidir le perdonó el Señor, le favoreció en lo divino y lo 
humano. 

San Pedro no fué más fuerte cuanto se puso en la ocasión; y 
es cierto que, si primero de ponerse en peligro y de caer en culpa 
se delibera y discurre la brevedad del gusto en el pecado, las 



— 231 — 

muchas accedías que trae el cometerle, el desagrado de Dios, que 
es lo principal, el peligro de aventurar la vida eterna, todo esto 
nos alejará de él. ¡ Oh Sefior mió de mi alma, y qué desórdenes 
me hace cometer este deseo que tengo de que V. M. sea amigo 
de Dios, pues me tomo más licencia de la que me da la condición 
flaca de mujer y de inferior á V. M. I Pero no es justo que lo que 
el Señor ha dispuesto de que yo conozca á V. M. se frustre y que- 
de sólo en lo material; y V. M. bien puede arrojarme de sí y de 
su gracia por importuna, pero yo no podré dejar de serlo en so- 
licitar la vida eterna de V. M., y los buenos sucesos de sus reinos 
y la paz y tranquilidad en ellos. 

No me espanto que la novedad de levantar el sitio de Lérida 
ocasionase á pensar que Barcelona se habia rebelado contra el 
francés, porque sin este motivo (mirando á lo humano) ha sido 
insipiencia del enemigo dejar una plaza que tenía tan apurada; 
pero considerado á mejor luz, el Todopoderoso ha querido ha- 
cer como padre piadoso, socorriéndonos en el mayor aprieto y 
peleando por nosotros como Señor de los ejércitos. Sírvase por 
su grande misericordia de continuarlo y darnos felices sucesos, 
rindiendo á los contrarios hasta que se ajusten á las paces. Bue- 
nas nuevas han sido para mí que esté tan bien proveída Lérida y 
el ejército aprestado para lo que sucediere, y que las cosas de 
Flándes é Italia se hayan mejorado : por todo alabo al Altísimo 
y le engrandezco. 

En la Concepción Descalza de Agreda á 20 de Julio 1647. — 
B. L. M. D V. M. su menor sierva. — Sor María de Jesús. 



CXXXIX. 



Del Rey. 



Cuando llegó D. Luis de Haro me dio vuestra carta de 14, y Madnd 

24 QC JdIio 

hoy he recibido la de 20, y os afirmo que con entrambas me he 1647. 
alegrado mucho, y que han sido muy bien recibidas, partictilar- 



— 232 — 

mente esta última en que os extendéis más, y me mostráis el 
amor que me tenéis y lo que deseáis mis aciertos en todo, y prin- 
cipalmente mi salvación , como único fin á que debemos aspirar 
todos para conseguirla. Bueno es, Sor María, decirme que, si os 
metéis en más de lo que es justo y llegáis á ser importuna, os 
arroje de mí: eso no haré yo jamas; antes os agradezco cuanto 
me decís y os ordeno expresamente que lo continuéis, pues es- 
pero en la misericordia de Dios que por vuestro medio he de 
conseguir la salvación, y que vuestras peticiones hechas á su 
Divina Majestad y los consejos que me dais , han de ser grande 
ayuda para alcanzar lo que tanto me importa. Continuad lo uno 
y lo otro. Sor María, que yo de mi parte procuraré no desayu- 
darlo y huir las ocasiones, pues veo (como decís) que han caido 
en ellas otros más fuertes que yo ; pero siempre me temo á mí 
mismo, pues me conozco y me veo tan flaco que sin grandes 
auxilios caeré. Vuélvoos á ordenar. Sor María, que continuéis 
vuestros consejos, pues los estimo, como es razón, y tengo por 
cierto que me los da quien me desea todo bien : quiera Dios que 
acierte yo á ejecutarlos y á cumplir en todo con su santa vo- 
luntad. 

De las cosas de Cataluña no hay nada de nuevo ; el enemigo 
no se mueve y dicen que se va deshaciendo; nosotros estamos 
prevenidos para acudir donde lo pidiere la necesidad y para 
obrar en pasando los calores y rigores del verano, si las ocasiones 
nos abrieran puerta á propósito. Lo de Flándes va mejor y tam- 
bién las cosas de Italia, con que no me queda que hacer más que 
dar infinitas gracias á Dios y á su Madre Santísima; á vos os 
pido me ayudéis á dárselas y á pedirles dispongan las cosas de 
manera que se consiga una paz justa en la Cristiandad, con que 
se puedan remediar los desórdenes y excesos de la República. 

De Madrid á 24 de Julio 1647. — Yo el Rey. 



— 233 — 



CXL. 

De Sor María. 

Señor : Con vínculos muy apretados quiere V. M. obligar y '•" ^ ^«®*^ 
compeler á esta su menor sierva para que trabaje con todas mis 
fuerzas por V. M. : admito con estimación las órdenes que me 
intima V. M., y serán estímulo de mi temor y obediencia que 
me anime ; porque como no tengo otra de criatura humana con 
quien tratar lo que con V. M. hago^ ni el secreto que debo á su 
Real persona me da lugar á descubrirle con otro que con Dios, 
me suelo encoger y recelar el errar; porque mi propia condición 
es no fiarme de mí , y si errare, no seri de voluntad sino de en- 
tendimiento: aliéntame que mis desaciertos caen en el pecho 
piadoso de V. M. 

Señor mió, consuélome mucho que V. M. crea y conozca mis 
deseos del bien de V. M.; y como ellos son operaciones interiores 
y las razones con que las declaro materiales, nunca han llegado 
á ponderar hasta dónde llegan, pues se extienden á desear y pro- 
curar, de los bienes terrenos y humanos, todos los que se compa- 
decen con los divinos y sobre todos la gracia del Altísimo. 

De la luz que sin merecerla me ha comunicado el Todopode- 
roso y de lo que he conocido con ella de las divinas Escrituras, he 
venido á hacer tan grande concepto de lo que es la justificación 
y amistad con Dios, que aunque mi tibieza es grande, siempre 
estoy anhelando y muriendo por alcanzarla y porque la consiga 
quien amo y estimo; porque las divinas letras, los artículos de 
la Iglesia santa, las doctrinas de los doctores, todas están llenas 
de bendiciones para el justo y de maldiciones para el malo, de 
promesas para el que está en gracia y de amenazas para el re- 
probo. El descanso eterno está vinculado para el amigo de Diosi 
y el castigo para el enemigo ; que repetidas veces ofrece el Señor 
su protección para el justo, que le gobernará, encaminará, patro- 

i6 



— 234 — 

cinara, que estará con él en su tribulación, que en ella le glorificará. 
La Sabiduría dice que el justo está en la mano del Señor, que no le 
tocarán los tormentos, que aunque á los ojos de los necios parece 
que perece su lugar está en refrigerio: pues, Señor mió, cono- 
ciendo yo estas verdades, no fuera fidelidad del afecto que á V. M. 
tengo dejar de deseárselas y procurárselas á V. M. En esto digo 
lo que quiero, busco y pretendo de V, M. y á lo que anhelo; y 
no dije á V. M. que me arrojase de sí y de su gracia, porque dejo 
de estimarla tanto más cuanto el favor es desigual á mis méritos; 
pues después de la gracia de Dios sólo la de V. M. deseo, que 
todo lo demás de este mundo he renunciado en presencia del 
Altísimo, pero quise más aventurar mi consuelo y gusto en la 
merced que V. M. me hace, que serle cansada. 

£1 Todopoderoso se sirva de continuar los buenos sucesos de 
Flándes é Italia, y detener y desvanecer el ejército de Cataluña, 
y damos paces generales. La palabra con que V. M. ha acabado 
su carta, de que las desea para remediar los excesos del mundo y 
las ofensas de Dios, me ha llenado el alma de gozo, porque no 
puede V. M. emplear la potestad de rey en cosa más justa, santa 
y debida y en que V. M. más obligue al Altísimo; y este celo y 
deseo de V. M. presentaré en el Tribunal divino en nombre de 
V. M., para que nos conceda paz y reposo en esta Corona, y que 
prospere á V. M. 

A I.® de Agosto 1647. En la Concepción de Agreda. — Sierva 
de V. M. — Sor María de Jesús. 



CXLI. 



Del Rey '. 



Madrid Con mucho gusto he recivido y leído vra carta de i deste, y 

7 de Agosto , 

1647. con el mismo os respondo luego á ella, por lo bien q espero me 
I Autógrafo de la Biblioteca del Real Palacio. 



— 235 — 

a de estar el continuar esta correspondencia con vos, pues reco- 
nozco en todas vras cartas q me desseais los bienes eternos y ten- 
porales, y q como buena amiga obráis para q los alcance; cossa q 
os agradezco con todas veras, y os buelvo á encargar lo conti- 
nuéis, q he menester mucho vra ayuda para acertar á obrar; re- 
conociendo q mi flaqueza es tal, q sin esto me pondrá en muy 
peligrosso estado. Si yo acertasse, Sor María, á executar los con- 
sejos q me dais tan saludables, dichosso me podría llamar: plegué 
á Dios q no me sirvan de mayor cargo , pues reciviéndolos no 
acabo de aprovecharme dellos. A ñrb Sefior y á su Santísima 
Madre pido me socorran y me den su luz para q no les offenda, 
pues si alcanzo este bien, estoy cierto q no herraré en lo demás. 
Vos continuad. Sor María, los buenos officios q hacéis por mí, y 
acordaos q os desseo todo bien como verdadero amigo y q esti- 
mo infinito los consejos q me dais, con que os obligo á q lo con- 
tinuéis y á q me adbirtais de todo lo que juzgáredes es voluntad 
de ñro Seftor q yo execute. 

De las cossas de Cataluña no ay novedad; las de Flandes van 
bien, aunq los enemigos an enpezado á moverssepor allá, si bien 
espero en Dios no an de obrar nada, pues nos emos anticipado 
nosotros. En el reyno de Sicilia y en la ciudad de Ñapóles a 
havido algunos alborotos del pueblo, q no dejan de dar cuydado, 
aunq se puede esperar q se mitiguen ' ; encargóos q lo encomen- 
déis á ñrb Señor, pues destas centellas podria enprenderse algún 
fiíego q se apagasse con dificultad. 

He tenido avisso de Alemania de q el dia de San Antonio se 
effetuaron mis capitulaciones matrimoniales, de q me a parecido 
avissaros para q supliquéis por mí á ñro Señor a3a]de con su 
gracia este nuebo estado en q entro, y q permita se encamine á 
su mayor servicio, y al bien y aumento de la religión católica. 

De Madrid á 7 de Agosto 1647. — Yo el Rey. 



I Se refiere á las alteraciones de Ñapóles tan conocidas, que empezaron 
el 7 de Julio. 



— 236 — 



CXLII. 



De Sor María 



16 de Agosto Señor : De sumo consuelo a sido para mi Q se ayan effetuado las 

1647. . ir » ^ 

capitula9¡ones matrimoniales de V.^ MA , de q doy gracias á el 
Altíssimo y á V.* M,^ affetuossas norabuenas y á esta Monarquía, 
de q para dejarle sugession a dado V.* M.^ el primer passo; y 
siendo pueblo de Dios y católico , no puedo dejar de dessear con 
vibas anssias q sienpre sea Corona de V.^ M.^ y q jamás le fal- 
ten su^essores de V.* M.^ . £1 Todopoderosso por su vondad nos 
lo con9eda, q premio será de la perseberan9Ía en la fe, q sienpre a 
tenido España, no quitarles en los siglos futuros cabera y go- 
bierno de Cassa tan católica y llena de bendÍ9Íones de su diestra, 
como lo es la de V.* M.^ . Con mi pobrera suplicaré á el Señor q 
la prospere y q el nuebo estado de V.* M.*^ lo gobierne por su 
mano, le encamine á la exaltagion de su gloria, bien de la Chris- 
tiandad y salbagion de V.^ M.^ y de la Reyna ñra Señora, q 
desde oy la miraré con el cariño y affecto q enjendra en mi cora- 
90n considerarla prenda de V.* M.^ 

Señor mió , no desmaye ni desaliente á V.* M.^ el considerar q 
es tan dificultosso á la condición humana alcan9ar la gracia y 
amistad de Dios, y deficil perseberar en tan dichosso estado, 
pues no ha de ser con las propias fuerzas, sino con la birtud di- 
bina ; y aunq es don tan pre9Íosso y rico, q todo lo criado en lo 
natural es mucho menos q el menor grado de gragia, es Dios tan 
liberal q de balde nos la franquea, á un acto de contrígion per- 
fecto nos le concede, á un lebantar de ojos nos mira, si le lla- 
mamos nos responde; más presto está su Magestad á darnos su 
gra9Ía q nosotros cuydadossos en pedirla. ¡ Qué de amonesta9Ío- 

I Autógrafo de la Biblioteca del Real Palacio. 



— 237 — 

nes ha^e en su Ebangelio para q nos animemos á dessearla ! ¡ Qué 
de parábolas pusso para q nos diessen aliento y esperanza ! La 
del hijo pródigo, la de la obeja perdida q llebó á sus hombros, y 
otras muchas (q V.» M.** mejor sabrá). Y quien por lira salud dio 
la vida con tantas afrentas, ¿q no hará porque nos salbemos? 

Dos cossas pueden acobardar y detener al coraron humano para 
q enpreenda arduas inpressas: la primera, la dificultad en conse- 
guirlas, y la segunda no ber voluntad, en quien las a de dar, de 
concederlas. Estas dudas cessan en nuestra pretenssion de la gra- 
cia, porq con el aussilio divino (el qual Dios no niega) es fácil 
alcan<^arla, y sabemos de fé q el Altíssimo tiene voluntad expres- 
sa de concedérnosla con más beemenc^ia (sin conparacion) que la 
piedra baja á su 9entro y el fuego sube á su esfera. Nunca des- 
preció el coraron contrito y humillado : aliente esto á V.» M.** , y 
salgamos con lira ympressa de q V.* M.^ sea fiel amigo de Dios y 
á medida de su coragon. Yo asta morir trabajaré porq V.* M.** 
la consiga. 

En la obediencia q V.* M.<> me intima de q le abisse lo q en- 
tendiere ser boluntad de Dios, estaré adbertida; q el afecto q á 
V.* M.'* tengo no admite descuydo en lo q tanto ynporta. 

Aliéntame mucho q en las cossas de Catalunia no aya nobedad, 
y desseo q esta detención y silencio no nos haga descuidados y 
desprebenidos para lo q puede su9eder. El Todopoderosso gobier- 
ne lo de Flandes, dándonos buenos sugessos, y detenga los ene- 
migos en su furor; q nuestra pequeña prosperidad les ara mas 
crueles si el Señor no los detiene. 

La altera9Íon de la ciudad de Ñapóles, en el Reyno de Sicilia, 
me a dado gran cuydado por el q V.» MA tendrá : verdad es. 
Señor mió, q es mal fuego el de las discordias, fraguado en el 
infierno , q a muchos años q el dragón quiere alterar esta católica 
Monarquía. El Todopoderosso le quebrante la cabera , y la gran 
Reyna del cielo ; yo se lo pediré con beras y en esta comunidad. 
Mucho ynportaba q los gobernadores de aquel Reyno apagasen 
la turbación con desheló, suabÍ9ando á los sujetos con blandura 
mas q con rigor; q en tienpo de tan gran tormenta para esta 
Corona, más se a de tolerar la mayor culpa q en tiempo de pros- 



— 238 — 

peridad la menor. V.* M.<^, Señor mió, dilate el ánimo, q en Mo- 
narquía tan dilatada y en tienpo de tribulación fuerga es q aya 
nobedades y trabajos; y si está el cora9on de V.» M.** prebenido, 
no harán tan vivo efecto los golpes q le conbaten ni correrá 
riesgo salud q tanto nos inporta y yo estimo: prospérela el Altis- 
simo. 

En la Con^epgion de Agreda i6 de Agosto 1647. — Vesa la 
mano de V.* M.** su menor sierba. — Sor María de Jesús. 



CXLIII. 



Del Rey '. 



Madrid Agradézcoos mucho, Sor María, la norabuena q me dais de 

2Z de Agosto 

,647. haverse effectuado ya mis capitulaciones y lo q me offreceis pi- 
direis á ñfb Señor prospere este nuebo matrimonio, para bien y 
aumento de la Monarquía q tan fiel y católica a ssido sienpre. 
Yo por mi persona no pido nada, pues merezco castigos por 
mis culpas; pero la memoria de mis santos y gloriossos anteces- 
sores me hace dessear q no cesse en mí la sucession; si bien sien- 
pre estoy resignado á lo q fuere mayor servicio y voluntad de iirb 
Señor. Mucho me alienta en medio de mi flaqueza lo q me alen- 
tais para q me anime á conseguir la gracia de ñro Señor, como 
único medio para todo, sin el qual nada aprovecha : de mi parte, 
aunq flaco haré lo posible, con harto miedo de q mi mismo na- 
tural no inpida esta dicha, si bien la gracia divina lo suple todo. 
Mucho he menester de vras oraciones y ayudas, y assi os pido 
sienpre las continuéis , pues me prometo q , haciéndolas con el 
fervor q espero de lo q decis me queréis , an de ser oydas de ñfb 
Señor. Con mucho gusto oyré sienpre lo q me dijéredes es vo- 

I Autógrafo de la Biblioteca del Real Palacio. 



— 239 — 

luntad de ñrb Señor, y con vivo desseo de hacertar á executarla; 
y assi 08 buelvo á encargar q no os descuidéis en esto, por el 
particular gusto q me haréis. 

Las cossas de Cataluña se están quietas, pero no por esto nos 
descuydamos; antes desseo aora q de ñrá parte se trate de obrar 
algo: no sé si será fácil, pues el enemigo se halla desenbarazado 
y con igual gente á nosotros , pero no se perderá ocasión alguna 
de las q se nos of&ecieren. 

En Flandes no están las cossas tan favorables como al princi- 
pio de la canpaña, pues aunq mis armas an recobrado otra plaza 
de inportanda, emos perdido dos en pocos dias; si bien el Archi- 
duq mi primo está con ánimo de bolver sobre ellas, y espero en 
lirb Señor nos a de a3nidar ^ 

Los alvorotos del reyno de Sicilia y de la ciudad de Ñapóles se 
van aquietando, y sus Virreyes obran en la conformidad q apun- 
táis; q en estos tienpos de borrasca es menester valemos de la dis- 
simuladon y tolerancia más q de la fuerza. Espero en ñro Señor 
q nos a de assistir en todo, pues save q mi fin es dessear el bien 
y aumento de la religión católica y de la conservación destos 
reinos, para cuyo efifecto aventuraré mi propia vida sienpre q 
fuere necessarío. 

De Madrid á 21 de Agosto 1647. — Yo el Rey. 



CXLIV. 

De Sor María ' . 



Señor: Qualquiera negocio q pueda pertene9er á V.* M.^ , aunq 30 de Acostó 
sea muy estraño y de lejos, le tomo con todo cuidado: ¿q será el '^^^ 

1 £1 archiduque Leopoldo tenía sitiada desde el 27 de Junio á Landrecies, 
plaza importante por su situación cercana á Paria, que tuvo que rendirse el 18 
de Julio: á la vez las tropas francesas, no habiendo podido evitar ese sitio, blo- 
quearon el II de Julio á Dixmude, que capituló el 13, y otro cuerpo atacó á 
La Bassée, que también capituló el 19. 

2 Autógrafo de la Biblioteca del Real Palacio. 



— 24© — 

q es tan intrínsico y propio de V.» M.** como el estado y sugession 
de su perssona ? V.* M.^ la desseará por continuar memorias de 
sus antecessores, y yo por las de V.* M.^ q (como tengo signifi- 
cado repetidas veces) me e dedicado y sacrifficado á trabajar 
por V.^ M^, y clamar al Altíssimo por los aumentos prósperos en 
lo divino y humano de V.» M.'* y por su salbacion ; y tan fuerte 
y vibamente me hallo conpelida en el desseo de que consiga 
V.* M.*^ tan felices fines, q encamino antes á ellos mis pobres 
obras q por mí misma. Liábanme barios motibos, q para mi son 
poderossos : el principal , la voluntad del Altíssimo, en q siempre 
descubro gran pesso y inclinación al bien de su alma de V.* M.*, y 
á mirar con ojos de padre piadosso á estos reynos católicos de 
su Corona de V.» M.^ , si los pecados comunes no le ynpidieran 
su misericordia y yrritaran su justicia. Y como se precia mas de 
missericordiosso q de justiciero, se me desage el coragon en affec- 
tos de pedirle por su pueblo católico, y también me obliga mucho 
la piedad q tiene V.» MA con quien tan poco lo merece como yo. 

El ver á V.* M.^ en la impressa mayor q puede tener príncipe 
ni monarca del mundo, que es deffender la fé católica y religión 
chrístiana, el considerar á V.* M.^ tan lleno de cuidados, cerca- 
do de penas , con tan grabe pesso sobre sus hombros , y q reyna 
V.* TÍA en tiempos que el Todopoderosso corrige y aflija como 
padre á esta Monarquía, porq la ama y quiere que se reduz- 
ga y salga de su pessado y grossero olvido de sus obligaciones 
y de la miseria de los pecados ; y siendo V.* M.*^ cabeca deste 
pueblo afligido, fuerga es q le toque la mayor parte del trabajo: 
todo esto me lastima el alma, y me muebe á una afetuossa con- 
passion y viba fuerga para trabajar por V.* M.^ y sus reynos, 
pero hallóme tan pequeña y párbula para inpressa tan grande, 
que me encoje y acobarda. ¡ O Señor mió de mi alma ! Si yo fuera 
algo y tubiera mas q ofrecer, ¡cómo me dedicara para a3a2dar á 
V.a M.*> y pusiera el hombro á esta carga ! Pero en medio de tan 
vibas anssias me hallo un gusano dévil, si bien la buena volun- 
tad, aunq ssea de esciaba, se puede ofrecer por ser lo más q tiene 
q dar la criatura humana. 

Señor mió, suplico á V.* M.<* se anime mucho y q se vista de 



— 241 — 

9eIo de Dios y fortaleza, para mirar por la caussa de su serbi- 
cio; los padres antiguos, patriarcas y profetas y los reyes de 
la ley natural y escrita, sólo por defender el pueblo de Dios de 
que havia de tomar carne el Verbo, se animaban á grandes y 
arduas impressas por defenderle; y pade9Ían crueles y violentas 
guerras con sus enemigos, exponiendo sus vidas y atiendas, 
como se colije de David, que tubo grandes peleas y Vitorias, 
de Judid con Olofernes, y Ester q trabajó con Asnero por li- 
brar su pueblo, y otros muchos. Pues si estos, con las esperangas 
de la venida del Hijo de Dios y porque havia de descender de 
ellos, trabajaban tanto y padecieron, ¿quánto debe alentar á 
V.* M.^ el que tiene la possesion de lo q ellos esperaban, q def- 
fiende V.* M.^ la Iglesia donde está Christo oro Señor sacramen- 
tado, de manera q le podemos tratar, recibir y go^ar de sus infi- 
nitos merecimientos? ¿Qué hicieran los padres antiguos con la 
possession destas verdades, pues tantos años antes se animaban 
por lo q havia de ser; y V.» M.^ deffíende lo q ya es, y ampara 
el pueblo de Dios católico y chrisliano, señalado con el caráter 
de hijos de Dios y rubricados con su sangre? Señor mió, en to- 
das las cartas q e escrito á V,^ M.^ e dicho algo deste fin ó enca- 
minado mis rabones á él , porque es el primero q he conocido en 
la voluntad divina; y como V.^ M.^ me intima tantas veces q se 
la declare, por no ser infiel sierva á V.* M.^ lo repito, y siempre 
he procurado en quanto e dicho ajustarme á lo que he conocido 
del querer de Dios q , resumido en breves palabras, conssiste des- 
pués desto en q V.* M.^ procure ser amigo de Dios, tener su gra- 
cia y amistad , para que esté V.* M.^ ydonio y capaz para recibir 
luz y acierto del Altíssimo en el gobierno; teniéndole y execu- 
tándole por si solo V.* M.^, sin dar la mano á otro mas de lo ne- 
cesario; q se heviten offenssas de Dios y se moderen los trajes 
profanos y offenssibos á Dios : con esto se inclinará á misericor- 
dia la divina piedad y le tendremos propicio para q nos dé luz 
de lo demás que conbiniere. 

Consuélame mucho q se aquiete algo el alboroto del reyno de 
Sicilia y la ciudad de Ñapóles. V.<^ MA crea q estos desacatos y 
los antecedentes de otras probincias no son mobidos tanto con- 



— 242 — 

tra V.^ M.^ ni sus tributos , quanto contra las sobrecargas q agrá- 
ban y echan los ministros , q para cobrar dos hacen gastar cua- 
tro: para lo justo Dios dispone los ánimos y los vassallos se 
haniman con el amor de su Rey y Señor; pero lo injusto y so- 
brecarga hirrita. Ya veo q V.* M.^ no lo puede remediar todo: 
hágalo el Altíssimo, y por su bondad mejore los Estados de Flan- 
des y nos dé Vitoria en Catalunia. V.* M.^ mire mucho por su 
salud y vida, q ne9essi tamos della: prospérela el Todopoderoso 
como deseo. 
En la Concepción de Agreda 30 de Agosto 1647. 

Sor María de Jesús. 



CXLV. 



Del Rey. 



Madrid Sor María : Acavo de recivir vra carta de 30 del passado , y 

^bre^ói?" cierto q no creí poderos responder oy, porq es mucho lo q 
ay q hacer y son pocos los ratos del dia q tengo desocupados; 
pero escrívoos con tanto gusto, q no he querido perder este 
(aunque breve) y deciros una y muchas veces de quanto alivio 
me son vras cartas y quanto me alienta todo lo que me decís 
en ellas, particularmente el ver lo q insinuáis de q ivTo Señor os 
inpele á q le rogueis por estos reynos y por mí ; q es señal q, 
aunq nos castiga , no nos tiene olvidados y q quiere q nosotros 
cunplamos con su santa voluntad. Mucho temo que no acierte 
á cunplirla, pues el azote está levantado ; pero de mi parte haré 
lo posible , y me prometo de los buenos officios q me hacéis q he 
de conseguir el caminar por el camino derecho y llegar á mere- 
cer el perdón de mis pecados ; pues sin duda para todo es esta la 
puerta por donde se a de entrar, q á quien le falta la gracia todo 
le falta. Desseo ponerme en estado de poder executar los puntos 

I Autógrafo de|la Biblioteca del Real Palacio. 



- «43 — 

q me referís , y os asseguro q mi primer fin es cunplir entera- 
mente con las obligaciones en q ñTo Señor me a puesto, y q si no 
lo consigo no será por falta deboluntad. Yo os agradezco lo q me 
decís, y os encargo continuéis sienpre en encomendarme á líro 
Señor y á su Santa Madre y en irme avisando lo q entendiere- 
des es su santa voluntad q yo execute. 

Doy prissa á q salga mi exército en Cataluña, para ver si antes 
de acavarse la canpaña se podrán adelantar algo aquellas cossas, 
y se hará lo posible por conseguirlo. De Flandes no ay novedad 
y se está con esperanza de hacer aun algo bueno en aquellos 
Estados : de Sicilia a dias no tengo cartas, aunq se dice se van 
ajustando aquellas cossas : las de ^Tapóles me dan mucho cuyda- 
do, pues aunque están algo sosegadas no está sana la herida. 
Dios me alunbre para q le aplique el remedio conveniente: sin 
duda proceden estos daños de lo q me decís ; assi lo conozco y 
procuro remediarlo, aunq no es fácil. Encomendaldo todo á i!fb 
Señor, pues Él solo es quien lo puede hacer. 

De Madrid á 4 de 7^^ 1647. — Yo el Rey. 



CXLVI. 



De Sor María '• 



Señor : Con es^essiba estima9Íon y humilde agrade9Ímiento u <ie Se- 
pondero y pesso las obligaciones y enpeños en que cada dia me 
pone V.» M.'', doliéndome vibamente de lo poco q soy y balgo 
para el retorno; pero dóysele á V.» M.^ en todo lo que puedo, y 
la voluntad se estiende á mas q mis racones y cortos términos 
pueden manifestar. 

¡O Señor mió, y quán fuertemente me hallo conpelida y ans- 
siossa de trabajar por V.» M.*^ ! Que en el natural conpasibo y 

I Autógrafo de U Biblioteca del Real Palacio. 



— 244 — 

agradecido q Dios me a dado, obra mucho mirar á V.* M.<^ tan 
rodeado de cuidados y penas, tan solo para atender á la 
caussa de Dios y obrar en ella ; y como V.» M.<* me manda q 
clame al Todopoderosso por lo q es tan justificado y de su ser- 
bÍ9Ío , todo esto despierta en mí grandes afectos , copiossas lágri- 
mas, y ante el acatamiento divino derramo mi coraron, sacrifico 
mis desseos, y ofrezco mi vida porque V.» M.** consiga algún 
alibio, esta Monarquía remedio, la Iglessia santa vitoria de sus 
enemigos : y más alibio fuera para mí morir q vibir biendo al 
Señor enojado y con el acote lebantado (como dice V.* M.*) , la 
Iglessia y esta Corona perseguida y V.* M.^ padegiendo; pero no 
me rinde ni acobarda la ponderación de cossas tan grandes, bien- 
do q es el Altíssimo quien las a de remediar , y q le ynporta más 
á su serbicio, gloria y onrra q sabemos ponderar; no an de pere- 
cer las echuras de sus manos, ni se a de decir de su misericordia 
y clemencia q fueron confundidos los que le llamaron y espera- 
ron en £1. 

Su Majestad nos enseñó en su Ebangelio que le pidiésemos y 
nos darla; á que llamássemos y nos abrirían; á que, si somos pe- 
cadores contrítos y humillados, nos perdonará: estas son sus bi- 
torias, lebantar al pobre del polbo de la tierra, vestir al des- 
nudo y curar al enfermo, consolar al triste y refijerar al traba- 
jado : desto se precia y solo de su bondad y piedad a de tener 
principio ñro remedio y el alivio de los trabajos q padecemos, 
porq nuestros merecimientos no podrán obligarle al menor be- 
neficio, y sienpre tubo este modo de obrar obligándose de sí mis- 
mo; pues es cierto que los merecimientos de todos los Ángeles y 
Santos y los de la Virgen SS°* no pudieran merecer por sí solos 
el menor grado de gracia ni beneficios q recibimos, si Chrísto 
ñro Redentor con la unión ypostática y un supuesto divino y 
humano no nos lo mereciera y alcancara. ¿ Quién obligó á el Al- 
tíssimo á que antes de tener ser las criaturas las criasse, ni q des- 
pués las conserbe, vivifique y sustente, sino su misma bondad? 
Y el conocimiento desta verdad y la confianca en Dios, pueden 
mucho en su presencia. V.* MA la tenga, se anime y dilate, 
y puesta á los pies de V.» M.** le suplico no se aflija y q no 



— 245 — 

se considere solo en la inpressa del gobierno y deffenssa desta 
católica Monarquía. 

Dios ayuda á V.* M.^, suya es la caussa, todos los trabajos que 
tenemos passan por su mano, en su pesso y medida se dispen- 
ssan ; y quando vea conbiene, dirá basta y los detendrá ; por ñrb 
bien los ynvia , por nuestra salud nos aflije, porq es ñrb padre 
nos corrije; y quanto antes obedeciéremos y fuéremos hijos fie- 
les enmendándonos , gomaremos de paz y tranquilidad. V.^ M.^ 
sea paciente de las obras del Altíssimo y no se contriste, sino con 
balerosso ánimo, fe y esperanza, tolere V.^ M.^ las dispussi^io- 
nes y permissiones divinas. Job decia : «El Señor me lo dio y 
quitó : cúmplase su voluntad ; y si recibimos los bienes de su 
mano, ¿por qué no emos de recibir los males .^» Y por esta pa- 
9ien9ia alaba la Escritura á Job y dÍ9e q no ofendió á Dios con 
sus labios; y por ella obligó á la divina piedad para q le quitasse 
todos los trabajos y le doblasse los hijos y bienes tenporales q 
le abia quitado. Yo quisiera, si el Todopoderosso me lo conce- 
diera, padecer todos los trabajos de V.* M.<*, porq se apresurasse 
el tienpo del descansso de V.» M.^ y de la tranquilidad desta 
Corona , y ansi se lo suplico. 

Señor mió, en cuydado me a puesto lo q V.* M.^ me dice de q 
tiene pocos ratos del dia desocupados : por amor de Dios suplico 
á V.* M^ q dé algunas treguas ó yntérbalos á ese afán , porq la 
sangre y umores no se enciendan y dañen á la salud de V.^ M.^; 
q mejor es q se dilaten los negocios, q no el q nos falte la vida 
que tanto estimamos y emos menester. Mire V.* MA á donde 
llega la ynsipiencia de mi afecto, q es á dessear poder mirar y 
atender á la salud de V.» M.^. 

Al Altíssimo suplico encamine la ejecución de lo q se yntenta 
hacer en Catalunia al mayor acierto; q nos dé buen sucesso y vi- 
toria por su gran bondad y misericordia; que mejore las cossas de 
Ñapóles , q me tienen llena ds amargura y los naturales de aque- 
lla ciudad deben de ser yndóciles. Gobiérnelos el Señor, y ynvíe- 
nos buenas nuebas de Flándes y prospere á V.* M.** felices años. 

En la Concepción de Agreda 14 de Setienbre 1647. —Menor 
sierba de V.^ M,^ q su mano bessa. — Sor María de Jesús. 



— 246 — 



CXLVII. 



Del Rey '. 



Madrid x8 
de Setiembre 



Sor María : Vfas cartas recivo con mucho gusto, y os asseguro 
1647. me alivia mucho los cuydados en q me hallo ver lo q me decis 
en ellas y el desseo q mostráis de mi mayor bien , assi espiritual 
como tenporal : bien pagáis en esto lo q os estimo, q cierto, 
desde q os vi la primera vez, quedé con gran gusto de ha veros 
conocido y con esperanza de q vfá correspondencia me havia de 
ser de gran provecho para todo. 

Reconozco lo q me decis de la bondad de ñro Señor y quanto 
dessea favorecer á los suyos ; esto es lo q en medio de mis travajos 
me anima, pues aunq sé lo pagamos mal, en fin somos los hi- 
jos escojidos, y estos reynos en donde a estado y espero estará 
sienpre firme la religión católica; y aunq esto me alienta, me 
congoja ver q, estando por esta razón más obligados á ser buenos 
hijos , somos los q irritamos á liTo Señor y los q damos caussa 
para q nos castigue , particularmente yo q le offendo más q todos, 
siendo mayores mis obligaciones para no offenderle. Job fué jus- 
to, y assi mereció con su paciencia los favores q recivió de la 
mano poderosa del Altíssimo; los pecadores mal merecemos esto 
si no nos enmendamos. Sor María, sienpre os insto en q supli- 
quéis á ñro Señor me haga bueno y q acierte á cimplir con su 
santa voluntad; esto os buelvo á pedir de nuebo, como fin prin- 
cipal para alcanzar lo q desseo ; y aunq de mi parte procuro ha- 
cer lo posible, temo q mi fragilidad me lo estorva. 

No se ofrece novedad de q avisaros, pues no la ha havido estos 
dias ; todo está bien apretado, pero fio de ñro Señor se a de doler 
de nosotros; yo, á Dios gracias, estoy bueno y miro por mi salud 
sin faltar á las obligaciones, pues sienpre las antepongo á todo. 

De Madrid á 18 de ^^'^ 1647. — Yo el Rey. 

z Autógrafo de ia Biblioteca del Real Palacio. 



— 247 — 



CXLVIII. 



De Sor María 



Señor : Puedo decir lo que Job, q la mano del Altíssimo me 9 38 de setiem- 
tocado y afligido con enfermedad y algunos trabagillos de que me ^^ 
hallo oprimida, aunque g090ssa q se cumpla su santíssima vo- 
luntad en mi, y de q tengo sacríffi9Ío de dolor y amargura que 
ofrecerle por V.» M.^ , para suplicarle mire propicio y clementís- 
simo lo q V.» M.^ padece, q le alibie y cargue sobre mí la cruz, 
y solo siento y temo q no me oyrá, por ser tan débil y pobre; 
pero mis peticiones siempre las fundo en los méritos de Christo 
ñro Señor y inter^ession de la grande Reyna del cielo , y tanbien 
me balgo de los santos Ángeles ; y cierto, Señor mió, q a muchos 
tiempos desseo suplicar á V.'^ M.<> q aumente á la debogion de la 
Madre de Dios la destos divinos espíritus ; q á todo lo q puede 
estar bien á V.» M.** se estiende mi afecto y voluntad, y á pagar 
y reconocer lo q V.* M.^ me significa en su carta le debo; y no 
tengo consuelo y alivio espiritual que deje de dessear (si fuera 
possible) q V.* M.<^ le participara y gomara más abundantemente 
q yo. El q e tenido en este baile de lágrimas con la debocion y in- 
teligencias de los Ángeles santos es mas que puedo significar; 
pero por lo que estimo á V.» M.*, no le quiero negar lo q le ser- 
birá á V.» MA de goco y de motibo para acudir á estas substan- 
cias divinas y mensajeros del gran Rey celestial , que clamen por 
esta Monarquía, por su defenssa y paz, de q tanto necessita. 

Certíssimo es , según dicen los Doctores y Santos , q no solo 
tiene cada criatura humana un Ángel de guarda y custodia q la 
defienda, sino q también le tienen las ciudades, probincias, rey- 

I Autógrafo de la Biblioteca del Real Palacio. 



— 248 — 

nos , los reyes y prelados ; y sobre todos estos ay un hermossísimo 
Ángel superior á los demás, q es custodia de todo el orbe y Prín- 
cipe suyo. El oficio de todos estos divinos espíritus es guardar, 
defender de peligros de enemigos y encaminar á las almas á la 
salba9Íon eterna , ylustrarlas , enseñarlas y pedir por ellas ; y los 
q son Ángeles de offi^ios de reynos y reyes les encaminan y di- 
rigen á lo mas conbiniente para el mejor régimen y conserba- 
9Íon de las monarquías, en particular las más católicas; y por 
serlo tanto esta de V.* M.**, me consta por cierta S9ien9ia q tiene 
hermossísimo y poderosso Ángel, así el Rey no como V.* M.**; 
y ellos y los de las monarquías de principes christianos, con 
otros muchos de la Iglesia santa, se postran ante el divino acata- 
miento del Altissimo , pidiendo misericordia y paz entre los prín- 
cipes christianos; y como ben la cara de Dios y vission beatíffica, 
en ella cono9en ñras afli^iones y la necessidad del socorro del Al- 
tissimo, suplicándole no nos falten; y amonestan algunas almas 
le pidan y les acompañan los Santos bienaben turados; y pues, en 
tiempo q la Iglesia triunfante ruega y clama por la militante y sus 
fieles , y principalmente por esta Monarquía , suplico á V.* M.^ q 
se disponga con actos ferborossos de contri9Íon y amor al Altis- 
simo y propóssitos fírmíssimos de procurar el estado de gracia , q 
es la dispussÍ9Íon más conbiniente y connatural para conseguir la 
amistad y debocion destos santos Ángeles, principalmente al 
desta Corona y ofí9Ío de Rey , para q ellos pidan misericordia y 
que se aplaque la hira divina. 

Ofrézcasse V.* M.^ por agente suyo y solícito procurador en 
evitar las offenssas de Dios en su Reyno, y de quitar del todo lo 
q sea desagrado del S.^'^; q en estos propóssitos yo ayudaré con 
mi pobre9a á V.* MA Buen medio es este para los aprietos en 
q me dice V.* M,^ está todo, porque son príncipes de paz y po- 
derossísimos con el Altissimo, fieles amigos de sus debotos y 
fuertes contra los enemigos ; pues dice la Escritura , que uno de 
ellos en una noche mató á 9Íento y cuarenta y cuatro mil. En los 
trabajos y tribulaciones q nos hallamos , bien aviamos menester 
tan poderossos amigos; yo les suplico nos faborezcan, y para 
obligarlos les e ofre9Ído solÍ9Ítar la debo9Íon de V.^ M.<^ y agrá- 



— 249 — 

decimiento de los beneficios q por su mano recebimos, q son 
muchos y muy olbidados y poco conocidos de la naturaleza hu- 
mana. Prospere el Altíssimo á V.* M.^ . 

En la Con^ep^íon de Agreda 28 de Setienbre 1647. — Vesa 
la mano de V.* M.^ su menor sierba. — Sor María de Jesús. 



CXLIX. 



Del Rey 



Con mucho cuydado me a dejado vfa carta del 28 del passado, Madnd 
pues me decis en ella padecéis falta de salud y otros travajos ; y ' ^^^^ "* 
quando vfa paciencia llega á confessar esto, es señal q aun sentís 
mas de lo q decis '. Quiera Dios, por quien es, daros la salud q yo 
os desseo , q por aora os asseguro os quisiera mas en esta vida q 
en la eterna, aunq esto sea contra vro descansso, pues vfbs con- 
sejos me prometo me an de ser de gran provecho para consiguir 
los bienes eternos y tenporales q desseo. De muy buena gana en- 
traré en la devo9Íon de los Angeles q me decis, pues después de 
la intercession de luá Señora, a de ser la suya la q más nos ayude 
y favorezca en todas ñfas necessidades, particularmente havién- 



1 Autógrafo de la Biblioteca del Real Palacio. 

2 De los trabajos y penas á que hace alusión en sus cartas Sor María, hay 
noticia por su correspondencia con los Borjas : á más de la pérdida que sufrió en 
pocos dias de dos religiosas de su comunidad , traía por entonces conturbado su 
espíritu las ambiciones que su crédito con el Rey despertaron en el corazón de 
su hermano , religioso Francisco, mal contento á lo que parece con el retiro del 
claustro, y codicioso de obtener aumentos de los altos personajes que distinguían 
á la Superiora. Por diez años le contuvo de acudir al Rey, como él quería, y no 
pocas veces solicitó de D. F. de Borja, en los últimos meses de 1647, que aparte 
á su hermano de sus intentos ó le entretenga en ellos ; deseosa de mantener su 
afecto é interés por el Rey libre de toda pretensión de personal conveniencia. 
« Sin pedirle otra cosa , dice en una de las cartas, que lo que le conviene para sí 
y su Reino, sin dependencia de parientes, de pretensiones ni de mundo.» 

17 



doles dado nTo Señor por officio el cuydado de ñfás personas y 
de las monarquías. De oy en adelante me ofrezco á esta devoción 
con mucho gusto, y procuraré (para conseguir su patrocinio) 
mudar de vida y escussar en quanto estubiere en mi mano las 
offenssas de ilfb Señor; pero como flaco he menester mucha 
ayuda suya para no caer. Vos me ayudad para esto , y pedid á 
los santos Ángeles me defiendan y encaminen á mi salvación ; y 
si se os oflfreciere alguna devoción particular q yo haga en su re- 
verencia j me lo diréis. 

Por acá no se offrece nada de nuevo de q avissaros; todo está 
en el estado q os he dicho, sin q aya novedad considerable; la 
flota llego á salvamento , de q he dado gracias á rírb Señor. Vos 
se las dad tanbien de mi parte y le pidáis encamine mi exército 
(q sale aora), y q nos ayude en lo demás, pues mis desseos se 
encaminan á la paz y quietud de la Christiandad y defenssa de 
estos reynos, á quienes estimo tanto, q aun en los aprietos pre- 
sentes les he aliviado aora de algunos tributos. Dios nos dé tien- 
po en q pueda aliviarlos de los demás , pues desseo su descansso 
como el mió propio. 

De Madrid á 2 de Otubre 1647. — Yo el Rey. 



CL. 



De Sor María '. 



iideocttibre Señor : Ex9essos de la piedad de V.» M.<* son ponerse en cuy- 
'647. dado por salud y trabajos q tan poco ynportan como los mios; no 
desseo yo q ocassionen éste efecto, quando sólo los encamino y 
ofrezco á el Altíssimo por el alivio de V.» tAA. Conffiesso con 
berdad á V.» M.^ q á lo q con más vibas anssias anelo, es á ver 
á Dios y desnudarme desta mortalidad y cuerpo ynperfecto q 

I Autógrafo de la Biblioteca del Real Palacio. 



— 2í;i — 

agraba el alma; porque es el último fin para q fuymos criados, y 
la mayor felicidad llegar aquella vission beatifica, donde cessa 
todo llanto, clamor y angustia; y lo que es mas estimable, q en 
su posession está segura el alma de ofender á Dios. No merezco 
esta dicha, pero si el Todopoderosso me la con9ediera luego, por 
los méritos de Christo líFo Señor , y fuera su santa voluntad q 
se me dilatara mucho, lo admitiera, assistiéndome sienpre la 
divina gracia, para trabajar por la Iglessia santa, salbacion de 
V.» M.** y felicidad desta Corona; si bien soy tan limitada q no 
puedo ni balgo nada para gusto del Altíssimo y serbÍ9Ío de V.» M.*. 
Estas verdades me encojen y acobardan, aunq me dilata el áni- 
mo considerar q en las cassas de los grandes príncipes y señores 
tal bez se admite la voluntad de los esclabos. Si el Altíssimo y 
V.*M.<^ reciben la mia, ni reusaré penas ni temeré trabajos: á 
todos me sacrifico y de coraron me ofrezco, porq me le lastima 
las tribula9Íones, aogos y congojas q cercan á V.» M.**, y con mi 
sangre las quisiera alibiar. No se le perderá el premio á V.* M.<^ 
ni el Altíssimo apartará su protec9Íon de quien padece por la 
defifensa de su pueblo católico. 

Consuélame mucho q V.* M.^ admita con tanto afiecto la de- 
bo^ion de los santos Ángeles: ninguna puedo yo proponer á 
V.* M.^ más agradable á los ojos de Dios y á los destos divinos 
espíritus, q el procurar V.» M.<* por gracia lo q ellos tienen por 
naturaleza, de la purera del alma y no ofender á Dios; q como 
estos Angeles santos ven sienpre su rostro divino, conocen cla- 
ramente en aquel objeto admirable quan digno es su Magestad 
de ser reberengiado , serbido, amado y temido, la grabedad y 
delito que es offenderle ; de q les resulta sumo go^o y alegría de 
las buenas obras q los mortales hazen , y amor con los q sirben 
á su Criador y Señor. 

La divina Escritura nos declara la solicitud de los Angeles en 
mirar por los amigos de Dios, en la istoria dul^íssima y sabida 
de Tobías, q el Santo Ángel Rafael en figura de mancebo, sin 
manifestarse q era espíritu divino , le acompañó en una jornada 
q hÍ90, librándole de muchos peligros; y le dio estado con acier- 
to, restituyó la vista á su padre, q la tenía perdida, los enrique- 



— 2S2 — 

ció de bienes espirituales y tenporales, y con el reconocimiento 
destos beneficios padre y hijo llamaron al santo mancebo para 
pagarle el trabajo, y determinaron darle la metad de su atienda; 
y á este tiempo se manifestó y les dijo q era Ángel del Señor, q 
assistia á su trono Real, y sin poder tolerarla fuer9a de su reful- 
gengia y claridad , cayeron en tierra y confortándolos les dixo: 
«Buena es la oración, el ayuno y la limosna, mejor q congregar 
tessoros. » Porq el Señor ynclinó sus piadossas entrañas, obligado 
destas virtudes y peticiones de Tobías, conq ynbió á su Ángel q 
le librase de todas las tribulaciones q le cercaban ; de donde se 
colije q como mejor podemos obligar al Señor y á estos espíri- 
tus soberanos para q nos socorran , es obrando bien, orando con 
ferbor, pidiendo con confianca, y hagiendo limosna á los pobres; 
con que se podrá consolar V.* M.<* de la q a hecho á estos reynos 
con alibiarlos en las cargas q tenian , fiando del Altíssimo q por 
otros caminos suplirá abundantemente lo q por este faltare. 

Señor mió de mi alma , doy á V.* MA affetuossas norabuenas 
de la llegada de la flota á salbamento : obedeceré á V.* M.<^ en 
que en esta comunidad den gracias al Altíssimo por este benefi- 
cio y suplicándole nos mire con ojos de misericordia. Todas las 
religiossas trabajan fielmente por V.* M.** y le aman mucho ; par- 
ticular una hermana que tengo en mi conpañía , q quanto obra 
y reca es por V.» M.^, y si ay algún trabajo q pueda llegar á ser 
pena de V.» M.**, llora amarguíssimamente: digo esto á V.* M.** 
por manifestar los afifectos deste conbento. 

Lo de Sicilia y Ñapóles hago presentar á Dios; tiéneme sien- 
pre con cuydado y desseo la brebedad en su cunpussicion , porq 
la dilación no 3nTÍte los ánimos yndóciles. Ríndalos el Pode- 
rosso y á los demás de la Corona aquiete. A V.* M.<* prospere fe- 
lices años. 

En la Concepción de Agreda ii de Otubre 1647.— Vesa la 
mano de V.^ M.<^ su menor sierba. — Sor María de Jesús. 



/ 



I 

2 



— 253 



CLI. 



Del Rey '. 



mucho aliento me deja vra carta, pues me parece os ha- Madnd 

|6 de Octubre 

igor de salud : quiera Dios dárosla como os la desseo, pues 1647. 
'ometo a de ser para q me ayudéis á mi salvación , y á esta 
rquía á q salga de los aprietos en q se halla, 
mucho gusto he leido lo q me referís de la historia del 
Tobías y de lo q le ayudó el Ángel en aquella jornada. 
:zne dé su gracia para ponerme en estado de q me ayuden 
santos espíritus en tanto como necesito de su patrocinio: de 
.rte, lo procuraré (aunq repugna lo frágil de la naturaleza) 
ndo me ayudéis vos, q bien he menester acudir á vra amis- 
tara conseguirlo. Buelvo á deciros q continuaré con nuebo 
r la devoción de los santos Ángeles y q en todos mis aprie- 
congojas me encomendaré á ellos muy de veras , para q me 
sn y alcancen de riTo Señor el perdón de mis pecados y q 
do me encamine y dirija mis acciones á su mayor servicio y 
voluntad. 

habréis entendido como salió el exército del enemigo an- 
el ñfo en Cataluña; no es numerosso, y aunq a ocupado el 
Ao de Ager (q no es de gran importancia) ^ espero en nfb 
r q con su ayuda le hemos de dar en q entender , pues ya 
habrá salido mi exército y entiendo es más numeroso q 
yo. 

Flandes he tenido cartas : no están mal aquellas cossas y 
: Alemania se van mejorando : de Italia me faltan a dias y 
guardo con cuydado para ver q camino toman las cossas 



^-s tógrafo de la Biblioteca del Real Palacio. 

^>s franceses empezaron el sitio de Ager el 4 de Octubre y el 9 lo tomaron 
por ^s^ito. 



— 254 — 

de Ñapóles y Sicilia. En todo os encargo, Sor María, el cuydado 
de encomendarlo á rifo Señor, pues de sola su poderossa mano 
aguardo el remedio. Agradezco á vra her."» lo q me decís y la 
encargo lo continúe. 
De Madrid á i6 de Otubre 1647.— Yo el Rey. 



CLII. 



De Sor María '. 



1647. 



as de Octubre Scñor : Las repetidas órdenes q V.» M.^ me intima por sus car- 
tas, me conpelen y ponen en nuebos enpeños y vínculos apre- 
tados para trabajar por la salbacion de V.» MA y bien desta Mo- 
narquía; y aunque mi pobre9a es grande, la voluntad con que 
estimo á V.* M.^ fina y berdadera; y como es propio desta poten- 
cia desear el mayor bien para quien ama y solicitarle ( no abien- 
do otro mayor que la amistad de Dios y el descansso eterno), 
fuerza es serle molesta á V.* MA, suplicándole q lo procure y fre- 
quente en pedir á Dios, y trabajar por q V.» M.** le consiga. Dí- 
ceme V.* M.** q la fragilidad de la naturaleza repugna: confiesso 
esta verdad , pero el merecimiento y las grandes victorias están 
en animarnos contra la propia flaqueza y en pelear las guerras 
de los enemigos comunes, y para esto no niega Dios la gracia á 
los que quieren ser amigos suyos ; abiertos tiene los archibos de 
sus tessoros, de balde los franquea, al enquentro sale á quien le 
busca, más presto es en responder y en conzeder que nosotros en 
llamar y recebir. 

Señor mió, no es tan difficultosso el camino de la perfección 
como se le pinta; á la naturaleza no se a de medir con sus fuer- 
zas sino con las del espíritu , á la vista de la fe y de la esperan- 
za, donde se experimenta lo que el Señor dixo, q su yugo y ley 

I Autógrafo de la Biblioteca del Real Palacio. 



— 355 — 

era suabe y lebe. Los filóssofos gentiles emprehendian arduas im- 
pressas , por ser célebres y memorables en las virtudes morales 
y naturales: pues si por sólo el motibo de conseguirlas y con in- 
dustria humana habían obras dignas de alabanza y alcanzaban 
victorias admirables de sí mismos, ¿ q podremos los fieles ayuda- 
dos de la divina grazia , que todos los Doctores la aplauden y con- 
ficssan por poderossísima, y San Pablo dice q todo lo podia en El 
que le confortaba? 

El ánimo grande es hermossísimo reberenziador de Dios, porq 
con su fabor emprehende y execuU magníficas obras en lo divi- 
no y humano. Del Rey Dabid , di^e Dios q era á medida de su 
coraron , q es la mayor ponderazion q le podemos dar de que 
era magnánimo y de grande aliento, y sus obras lo manifiestan, 
pues en guerras y Vitorias de sus enemigos fué memorable; en 
dolersse de sus culpas y lebantarse de ellas, constante; en deffen- 
der la honra de Dios, fuerte y ^elosso; en procurar la perfe^ion 
y oserbar los mandamientos del Altíssimo, perseberante. Señor 
mió, aunque todos necessitamos destas propiedades y virtudes 
del Profeta Dabid , mucho más los reyes q an de dar exenplo, 
son el objeto á donde todos miramos para regular ñras ac9Íones; 
y para que no desmayen ni desfallezcan en los trabajos grandes 
y fracassos forzossos que se ofrecen en sus Coronas, an menester 
yntrépido ánimo y magnánimo coraron, constante esfuerzo, se- 
beros para el castigo , para los soberbios rígidos, y para los ñacos 
piadossos. Señor mió de mi alma, mucho temo ser pessada y 
molesta: grandes desórdenes comete la voluntad quando no se 
sabe detener; arto nezessita mi ossadía del perdón de V.* M.*^ 

La pérdida de Ager supe luego y me contristó afligidamente; 
y aunq es de poca ynportancia, miro q le toca á V.* M,^, y en es- 
ta consideración es mucho para mi. Si motibasse esta pérdida 
á que el exército apresurasse sus passos, tolerable sería: siempre 
me parece se ban despagio y q salen tarde, con que después no 
pueden obrar lo q nezessitamos : consuélome q sea más numeros- 
so q el del enemigo. Yo clamaré á los pies del Altíssimo y me 
baldré de la interzession de la Reyna del cielo, de los santos 
Ángeles , presentándoles el affecto con q V.» M.** dessea obligar- 



— 2S6 — 

los y admite su debo^ion, y trabajaré por esta causa. Dios nos 
mire con ojos de misericordia, nos dé buen su^esso y continúe el 
mejorar las cossas de Flandes y Alemania. A V.* M.^ prospere 
con muchas felicidades. 

En la Concepción de Agreda 25 de Otubre 1647. — Vesa la 
mano de V.* M.^ su menor sierba — Sor María de Jesús. 



CLIII. 



Del Rey '. 



Madrid 6 j^q pude responder la estafeta passada á vra carta de 25 de 

de Noviembre ^ 

1647. Otubre , por hallarme fuera de aquí y haverla recivido después 
de su partida ; aora g090 la occasion de la q parte oy, para res- 
ponderos y deciros con quanto gusto recivo las q me escrivís , y 
quanto alivio me caussa el leerlas , pues veo q desseais mi mayor 
bien , y q para q yo le consiga encamináis todos vFos conj.<» ; no 
tan solamente me pueden canssar nunca, pero los estimo como es 
razón y os agradezco quanto me decís; con q podéis deponer todo 
el temor con q decís os halláis , y continuar lo q espero a de ve- 
nir á rer en tanto provecho mió , si yo acierto a poner por obra 
lo q me aconsejáis. Yo, Sor María, procuraré poner de mi parte lo 
posible para conseguirlo ; pero sin la ayuda singular de ríTo Señor 
y de su Madre Santíssima no he poder salir con ello, q mi fla- 
queza es mucha , y si no entra su mano superior de por medio no 
podré levantarme; y assi, en primer lugar, os pido q encaminéis 
vFos ruegos á q yo me disponga á pedir únicamente la gracia, 
pues la fé me enseña q no se niega á quien la pide como deve. 
Yo, de mi parte haré lo posible, pero como os he dicho, temo 
q podrá ser poco; pero fio de la divina misericordia me a de ayu- 
dar para ponerme en su gracia, sin cuyo principio nada se con- 
sigue y, alcanzando esta dicha, nada falta. 

z Autógrafo de la Biblioteca del Real Palacio. 



— 257 — 

Después de la salida de mi exército en Cataluña , no se a hecho 
nada ni por nosotros ni por los enemigos: harto lo he estrañado, 
pues me asseguravan los cabos se podria obrar. Sabré lo que a 
ssido la caussa y procuraré remediarlo, pero ya por esta canpaña 
no se hará nada, pues el tienpo mete el montante de por me- 
dio '. Las cossas de Fiandes van bien; aora tengo avisso de q se 
a cobrado una plaza de consideración , con q en esta canpaña se 
an ganado cinco y perdido dos , y ellos an perdido un general de 
mucha opinión '. Las de Alemania tanbien corren en ifro favor; 
y los alvorotos de Sicilia ay avisso de q están quietos de todo 
punto y las cossas en el estado q antes, de q se deven dar mu- 
chas gracias á lírb Señor. Las de Ñapóles no están en tan buen 
estado, pues bol vio á haver otra inquietud grande en los fines de 
Agosto, si bien tengo avisso de 24 de Setienbre de q aquello que- 
dava más quieto pero no sano; y mientras no lo estubiere de 
todo punto es fuerza tener gran cuydado, porq depende mucho 
de aquello, como ya se va esperi mentando en el Estado de Milán, 
pues con la falta de los socorros de aquel Reyno, a dado aliento á 
los enemigos para q le invadan y temo allí algún golpe conside- 
rable, si Dios no lo remedia : encomendádselo todo. Sor María, y 
pedilde se duela de nosotros, pues aunq malos christianos somos 
los hijos más católicos q tiene. 

Yo vine bueno de mi jornadilla, haviendo gozado algunos del 
del canpo; q para trabajar más es menester tomar de quando en 
quando algún alivio. 

Holbidávasseme de deciros , q en la ciudad de Valencia passa 



1 Culparon principalmente de esa inacción y otras faltas ai Marqués de Ayto- 
na , que mandaba el ejército en Cataluña y á quien trajeron preso al castillo de 
la Alameda, tres leguas de Madrid. 

2 La plaza recuperada era Dixmude , cuyo sitio empezó el 25 de Setiembre, 
y Montglat alaba mucho la actividad y vigor de los españoles , pues habiendo 
dentro dos mil soldados franceses, les obligaron á capitular el 5 de Octubre. Las 
plazas perdidas eran La Bassée y ademas Lens , cuyo sitio empezó el 24 de Se- 
tiembre , rindiéndose el 3 de Octubre ; siendo mortalmente herido en el ataque 
el mariscal Gassion, que sucumbió á los pocos dias y fué extremadamente senti- 
do en Francia. Refiere Mme. de Motteville que el Archiduque dio seis mil escu- 
dos al Gobernador de Lens , por haber resistido dos dias más, dc^lo que se; espe- 
raba y causado la muerte de Gassion. 



— 2S8 — 

adelante el contajio y q sería la última ruina si cundiesse este 
travajo en estos reynos , añadiéndose este tan grande á los q oy 
están padeciendo; y assi os encargo lo en9omendeis tanbien á nro 
Señor, para q se sirva de mitigar su justa ira y dolerse de nos- 
otros. 
De Madrid á 6 de Novienbre 1647. — Yo el Rey. 



CLIV. 



De Sor María 



15 de No- Señor: El Altíssimo a encaminado mi afecto para con V.* M.**, 
de manera que no puedo dejar de consolarme y g09arme siempre 
de q , en medio de tantos cuydados y afanes, prebale9e la ra^on ; y 
entre motibos de tanto divertimiento se conserbe el espíritu á los 
mejores empleos del alma, produciendo en V.^ M.*^ tan anssiossos 
desseos de la gracia y amistad de Dios; y pues los detiene la di- 
vina Probiden9Ía en la corriente de la gloria deste mundo y los 
conserba en el riesgo sin perderlos , señal cierta y indicio ebiden- 
te de lo mucho q el Todopoderosso ayuda á V." M.<*, y de que es 
voluntad suya q V.^ M.<^ consiga la dicha de ser amigo de Dios. 
No pudiera V.* M.** estar tan atento y obediente al querer divino, 
respeto de tan molestos cuydados como conbaten á V." M.** , si 
Dios, á lo dissimulado y encubierto (ó pagado y obligado de sus 
christianos aífectos de V.» M.*^ ó por ostentar su gran misericor- 
dia ) , no asistiera y gobernara ynteriormente á V.* M.**: esto me 
recrea y alienta mi esperanca, ver á V.* M.*^ tan atento á la vo- 
luntad divina , y á Dios tan cuydadosso de V.* M.^ ; condición 
propia de su probidencia, hacerse ojos , protector , amparador y 
custodia de quien le quiere serbir y celar su gloria y onrra. 
Señor mió , bien veo q es corrimiento metersse una muger ig- 

I Autógrafo de la Biblioteca del Real Palacio. 



— 259 — 

norante á tratar de la Escritura, á no ablar con quien tan piados- 
samente la oye y la dissimula como V.» M.^: esto y lo q estimo 
á V.* M.d me motiba á manifestar en mis cartas, sin reparo, lo q 
se le ofreíe á la ynteligen9Ía de las divinas letras. La senten9Ía 
del Espíritu Santo (q tengo dicha á V.* M.*) de q el cora9on 
del Rey está en la mano del Señor, me lleba mucho el alma, 
porque veo en ella una confirma9Íon de todo lo que desseo en 
V.* M.«*. Señor mió , no es Rey el q no es rey de sí mismo y 
jrmpera y tiene dominio sobre sus apetitos y passiones ; porque 
si se le rinde y sujeta, esclabo suyo será; pero el quebrantarlas y 
negarsse á ellas será poner el cora9on en la mano del Seflor, para 
q no le alcan9en las penas ni hallen los haogos para dirigir los 
dissinios con ha9Íerto de la salbacion; y no solo tiene Dios en su 
mano el cora9on para defenderle y recrearle, sino para oprimirle 
como en prenssa ; q por esto dixo en el Ebangelio: * A los q amo 
corrijo.» Y aunq todos los cora9ones humanos nectssitan destos 
toques del Señor, mas los de los reyes, porque la prosperidad, 
grande9a y ponpa deste baile de lágrimas no los Uebe á pique; 
y fine9a del amor de Dios es assegurar los premios y descanssos 
eternos con el lastre de la tribulación , y darla para asistir en ella, 
pues lo dÍ9e por Dabid : «Con vosotros estoy en la tribulación.» 
Es condÍ9Íon humana temer q los trabajos son castigos , y no 
son sino fabores del 9Íelo. A Sansón saludó un Ángel diciéndole: 
«Dios sea contigo, varón fortissimo. » Y él respondió: «Si Dios 
está conmigo ¿cómo me cercan tantos males?» Pero él ablócomo 
hijo deste siglo, y el Ángel como hijo de Dios ; y así creo cer- 
tíssimamente que no ay yndÍ9Ío mas zierto y claro de q el Se- 
ñor assiste en una alma , q verla 9ercada de penas y superior á 
ellas , pues como criatura siente y como endiossada prebalece. 
No se contentó el Altíssimo con dar licencia al demonio para que 
tentasse y afligiesse á Job , sino q tratándolo como muy su ami- 
go , para oyr clamores más altos y subidos en sus alaban9as, tomó 
Dios la mano , como el mismo Job confiessa , y le dio otro más 
apretado toque de tribula9Íon. Muchos veo repetidos q conbaten 
su Real cora9on de V.* M.<^, le oprimen y aprietan, de pérdidas 
dé reynos , discordias en ellos, poca fidelidad en los vassallos ; pero 



— 26o — 

si V,^ M.^ se anima y dilata, de sembrar con lágrimas en este si* 
glo se siguirá el coger con alegría en el cielo premios eternos. 

Y no contriste á V.» M.* el ber su ha9ienda gastada, sus yn- 
tentos frustrados , las esperanzas perdidas de un exército en Ca- 
talunia más numerosso q el del enemigo , no habiendo obrado 
nada por su remission y poca atenzion ; sino en medio destas 
amarguras diga V.* M.<* lo q el Rey Dabid en un psalmo : « Si 
me cercaren los reales de mis enemigos, no temerá mi cora- 
9on : si se lebantare guerra cruel contra mí y no tubiere gente 
con q defenderme, en este desamparo confiaré yo. » Notable de- 
cir del Profeta : no teme las guerras y 9ercos su coraron , porque 
está en la mano del Señor q lo guardaba como amigo ; quando 
se yeia enbadido y sin gente se hallaba más confiado, porq un 
corazón , atento á Dios y por su amor negado , en los mayores 
aprietos se asegura más y quando faltan los medios humanos 
acude á los divinos. Si esta verdad no me alentara , me opri- 
miera demassiado el que no aya havido facción en Catalunia, 
teniendo gente y fuerzas , que lo de Ñapóles esté tan mal para- 
do : atribuyo con temor grande esta poca dicha á que está el To- 
dopoderosso enojado y dessobligado , por las muchas culpas de 
Espafta, á caussa de tanta profanidad como ay de trajes, con q 
se alienta y fomenta el VÍ9Í0 y se escure^e lo hermosso de la 
virtud. Veo q el pueblo de Dios, quando pecador, perdia, era 
vencido y ultrajado; y quando justificado, triunfaba y era esti- 
mado y temido. 

Suplico á V.* M.** q obligue al Señor q assista con su probi- 
den9Ía, sabiduría y la poten9Ía de su bra90 á sus reales y exérd- 
tos ; mostrando V.» M.** en una gran reforma9Íon el Real catoli* 
co 9elo de V." M.^: tengo por ynposible q obligado Dios , deje de 
estar de nuestra parte. Yo , Señor mió de mi alma, no dejaré de 
postrarme ante su divina presen9ia, y en ella lloraré y clamaré 
por que se yncline su misericordia á ñra ne9essidad , y la fidelidad 
de humilde sierba no me faltará jamas en esto. 

Alegróme de q V.» M.** aya dado algún desaogo á sus cuyda- 
dos , q aunq en todas partes hallarán á V.» M.** , el campo y su 
amenidad es donde más se pueden olvidar y con mas onesto y 



— 201 — 



loable debirtimiento. Prospere , fortalezca y dé larga vida el Al- 
tíssimo á V.» M.**. 

En la Concepción de Agreda 15 de Nobienbre 1647. — Vesa la 
mano de V.» M.^ su humilde sierba. — Sor María de Jesús. 



CLV. 



Del Rey *. 



Vra carta de 15 deste acavo de recivir saliendo de comulgar, Madn4»o 
q por ser víspera de nra Señora he querido festejarla con este ,647. 
exercicio. Dios, por quien es, se sirva de q se haya hecho como 
se deve, pues es difícultosso disponersse un hombre flaco como 
fuera razón para recivir tan grande misterio. En buena sazón la 
he leído , y cierto q parece adivinavais algo quando la escribistes, 
pues los consejos q me dais en ella y todo lo q me referís, es 
muy apropósito para este día y para sienpre. Con gran consuelo 
y alivio me deja todo lo q he leydo , y con desseos de mudar de 
vida y poner por obra tan santos documentos : quiera Dios q no 
falte la execucion, pues peleo contra lo frágil de la naturaleza, q 
está hecha á vencer las menos veces, y si no entra la ayuda divi- 
na me temo mucho á mí mismo; pero fio de su misericordia se 
a de doler de mí y ayudarme á poner en su divina gracia. Si no 
fuera, Sor María, por entender lo mismo que me escrivis, mal 
se pudieran llevar los travajos q se padecen ; pero con los exen- 
plos de la Escritura q me dais y con lo poco q yo he leido , reco- 
nozco q no son los más dichossos los q en esta vida gozan de gus- 
tos y contentos , pues no es fácil q á los q les sucede esto vengan 
á gozar de lo mismo en la otra ; y assi , estoy contento con mi 
fortuna, y espero q si se llevan con paciencia estos golpes (como 

I Autógrafo de la Biblioteca del Real Palacio. 



— 202 — 

lo procuro) y cunplir con mi obligación , he de ser premiado des- 
pués de mis dias, q es solo lo q me inporta. Agradézcoos, Sor 
María, lo q me ayudáis á conseguir esto y os encargo lo conti- 
nuéis , pues tengo gran esperanza q vras oraciones me an de ayu- 
dar mucho á la salvación. Procuraré, quanto fuere posible, q se 
haga la reformación q me decis , aunq como las cossas están tan 
relajadas y todo inquieto con la guerra, no será fácil conseguir- 
lo, si bien se intentara; y si estubiera solo en mi mano presto 
se remediara. 

En los negocios generales no ay cossa de nuebo: las cossas de 
Ñapóles (q son las q dan más cuydado aora) ay avisso por Fran- 
cia de q con la llegada de la armada y Don Juan se van mejo- 
rando, pero con certeza no se save nada. Encargóos encomen- 
déis todo esto á ríTo Señor y particularmente mi salvación, pues 
aunq creo q vos tenéis harto cuydado de hacerlo, me inporta 
tanto , q es fuerza repetirlo. 

De Madrid á 20 de Novienbre 1647. — Yo el Rey. 



CLVL 



De Sor María '. 



29 de No- Muy buen dia es para mi el q me tray cartas de V.* M.*, y 
siempre son re9ibidas de mi affecto con grande alboro9o ; pero en 
esta alio aumentados los motibos de consuelo, hiendo q V.* M.** 
ha celebrado la fiesta de la divina Prin^essa con el exercicio más 
útil y probechosso para el alma, y de mayor agrado y beneplá- 
cito para el Altíssimo y júbilo de los bienabenturados del 9Íe]o; 
pues á la vista de la vission beatíffica (que para ellos es espejo vo- 
luntario, donde ben lo q en la Iglessia militante se obra del gus- 

I Autógrafo de la Biblioteca del Real Palacio. 



— 263 — 

to de Dios) conocen los q por el uso de los sacramentos se hagen 
amigos suyos y como se restituyen á la gra9Ía ; y con admirables 
cánticos de alaban9as regocijan y festejan las conberssiones de los 
fieles. Así nos lo enseña el Ebangelio, y Q ^^ mismo Señor de los 
qelos ostenta con los cortessanos y domésticos de su cassa el aliar 
al hijo pródigo ; y es tan suabe su ley y yugo y su amor tan 
fi°o> 5 gusta de q en los ^ieios y en la tierra se 9elebre el perdo- 
nar á quien le a ofendido, y reconciliarle por su amigo: y es- 
tando la divina Reyna María SS.™* tan ynmediata á el Altíssimo, 
y conociendo tan yntrinssicamente los admirables effectos de los 
sacramentos y desseando tanto la amistad de las criaturas con el 
Criador, claro está q no se le puede ha^er mayor serbicio ni 
más agradable 9elebra9Íon que confesar y comulgar en sus fiestas. 
Yo doy á V.» M.** affetuosas gra9Ías porque lo hÍ90 en la de la 
Presenta9Íon, y puesta á sus Reales pies con la humildad que debo 
de sierba, suplico á V.^ M.^ q todas las q la Iglessia militante 
tiene de la Virgen SS."** las celebre y festeje V.* MA desta ma- 
nera , y con la execu9Íon en los buenos desseos que ynbia el To- 
dopoderosso á su ynterior de V.* M.<*, fruto de la luz q ynfunde 
en el entendimiento. A El le pertenece el conocer, y á la volun- 
^d el executar, pero no se perfe9Íona la obra si en ella no con- 
^rren las dos cossas, porq el re9ebir la luz es carga y deuda del 
^^ento, de que el dia último nos pedirán cuenta; el executar y 
^"^íar es de la voluntad descargo y utilidad para satis&9er y me- 
^'^ grangear y alcan9aT los premios eternos. Yo soy tan aba- 
J¡^^£^^ de que V.^ M.^ los consiga y tan anssiosa de su salbacion, 
^^c3-^)s los medios possibles para alcan9arla querría representar á 
•^^^ :^S/Í.*^. El repetirme muchas ve9es en las cartas q la pida á Dios 
jjj^ £1^1 ^gra, porq es yndicio de lo q la dessea V.* M.** 

^^^^¿5lor mió de mi alma, por ella me e dedicado á trabajar y en 

la. X^í^ esencia divina ofrezco mis pobres obras, más por V.* M.^ q 

pox" XXX £ misma; y esto es con tanto conato, q si viera en V.* M.*^ 

3-^S^^ ^^ontrario á la vida eterna, perdiera la natural q me sustenta 

y ^^sfa.iiec¡era de pena. En este estado me pone lo q estimo á 

^•"^ -Ni. «a . y como es enpeflo en Dios y por su amor, y cono9Íendo 

10 q d^to ¿ la piedad de V.* M.^ y quanto ynporta para la Iglessia 



— 204 — 

santa su justificación y buen obrar de V.* M.**, son lances forros- 
sos los q significo de mi cuydado. 

Gomóme mucho de q V * M.*^ tenga la essencial dispusigion 
para llebar bien los trabajos , q es conocer su balor y quan po- 
derossos son ante el acatamiento divino , pues tanto se alcanra 
quanto se padece coa pa9Íen9Ía ; y que bien acreditado quedó su 
balor, pues sólo los trabajos y penalidades adjudicó para sf 
Christo ñTo Redentor deste baile de lágrimas, como lo más es- 
timable del. 

Señor mió, en esta comunidad e puesto particular oradon por 
que el Altfssimo detenga el contagio q se a manifestado de la 
peste en Balenria , y con beras le ssuplicaremos no passe á estos 
reynos. Si el duplicarse las tribulaciones y aumentarse los traba- 
jos fuesse para apla^arsse antes la yra divina, tolerable seria. 

Buen sucesso nos pudiéramos prometer en la quietud de Ña- 
póles, si el Señor Don Juan y la armada de V.* M.** entrasse en 
aquel Rey no, y si los naturales del procedieran como debian á la 
vista de prendas de V^ M.^. Estas cossas son las q mas aumentan 
mi cuydado, por el q de ellas tiene V.* M.*^. El Todopoderosso 
las pacifique y á V.* M.^ prospere. 

En la Con9ep9Íon de Agreda 29 de Novienbre 1647. — Vesa la 
mano de V.* M.** su menor sierba. — Sor María de Jesús. 



CLVII. 



Del Rey '. 



Madrid 4 Yo quisiera no haver acostunbrado, años a , el celebrar las fes- 
1647. tividades de ñfa Señora confessando y comulgando en ellas y 
ayunando las vigilias , para hacerlo desde oy porq vos me lo pe- 
dís; pero como á los pecadores no nos queda otra puerta por don- 

I Autógrafo de la Biblioteca del Real Palacio 



— 26e; — 



de conseguiré! perdón, sino su intercession santíssima,hedessea- 
do sienpre ser su humilde devoto para q me la conceda á la ora 
de mi muerte. Lo q de aqui adelante haré por cunplir con lo q me 
pedis, será procurar hacer estos actos con mas atención y devo- 
ción; y pues vos me lo aconsejáis, es menester q me ayudéis con 
vras intercesiones y oraciones, pues los flacos necesitamos de mu- 
chas ayudas para acertar á hacer estos actos como se deve. 

Yo os agradezco mucho todo lo q me decis en orden á lo q 
desseais mi salvación (ques el único fin á q de vemos aspirar) y 
os confiesso me da gran consuelo pensar q no en valde a permi- 
tido ñfb Señor q yo os viesse y comunicasse , las veces q he pas- 
sado por essa villa , de q a procedido la correspondencia q tene- 
mos , pues della espero sacar el fruto q tanto me inporta ; y creo 
q, aunq vos sienpre me encomendavais á ilro Señor, lo deveis de 
hacer con mas solicitud después q me conocéis : continualdo assi, 
Sor María , q yo de mi parte procuraré poner en execucion los 
buenos propósitos q ilro Señor pusiere en mi corazón. 

Agradézcoos mucho la oración q haveis dispuesto se haga en 
essa comunidad para pedir á su Divina M.^ mitigue su hira y 
aplaque el contagio de Valencia, q cierto es gran calamidad; 
pero si por este medio abriésemos los ojos, lo podriamos atribuir 
á dicha. 

De los negocios generales no ay nada de nuevo después q os 
escrivi la última vez: tiéneme en gran confussion lo q tardan las 
cartas de Ñapóles, si bien los avissos q vienen por todas partes 
dan más esperanza de q aquello se conponga. Pedídselo assi á 
ñro Señor, por la inportancia del negocio, y q en todo lo demás 
mire por esta Monarquía y se duela della, permitiendo q llegue- 
mos á conseguir paz y quietud para q podamos tratar solo de la 
reformación de lo q estas guerras y travajos an relajado. 

De Madrid á 4 de Dicienbre 1647. — Yo el Rey. 



ri 



Ift 



— 266 — 



CLVIII. 



De Sor María 



13 de Di- Señor : Bien sabe V.» M.<^ (por lo q le e manifestado de mi yn- 
tenor) las rabones q tengo para dessear muchos debotos de la 
Reyna del ^ielo, que la sirban, onrren y procuren la exaltagion 
de su nonbre; y siendo V.* M.^ tan poderosso para la ejecución de 
todo esto , y la debogion de la gran Prin9essa tan ef&caz para que 
V.» M.<* consiga su salbacion, 9Íerto es que me he de go^ar, alen- 
tar y consolar de saber los buenos exercicios que V.» M.** ha9e en 
sus festibidades, de que alabo á el Altfssimo y le suplico que por 
ellos eche á V.^ M.^ muchas bendiciones de dulcura , le defienda 
y patrocinie con la potencia de su braco, mirando á V.» M.<* en 
todas las tribulaciones q le cercan , por yntercession desta divina 
Señora : poderossísima es en el acatamiento divino, y el consis- 
torio de la SS.™* Trinidad le tiene dada palabra de concederle 
todo lo q pidiere. La Sabiduría dice, y la Iglesia santa lo aplica á 
la puríssima Reyna , q es Madre de la gracia, que con ella está el 
consejo, la justicia, la prudencia y la fortaleca; en ella toda la 
esperanca de la vida y de la virtud , el camino de la gracia , y la 
verdad y tesoros del cielo : quien la oye, no será confundido, y 
quien con esta Señora y en ella obrare, no pecará* V.» M.^ conti- 
núe y persebere en su debocion , para q en ella alie V.» MA todos 
estos bienes y otros muchos, q la Madre de misericordia sabe 
franquear liberalmente á los q militan debajo de su protección y 
de titulo de hijos suyos. 

Señor mió de mi alma , siempre que oygo decir á V.» M.**, en 
sus cartas, q no acasso dispusso Dios que yo conociesse á V.^ M^^ y 

I Autógrafo de la Biblioteca del Real Palacio. 



— . 207 — 

q espera le e de ayudar para la salfoadon , renueba V.* M.*^ mi 
cuydado y pena , ocasionada del conocimiento que tengo de lo 
mucho q hiqo V.^ M.^ en humanarse á la corespondiengia con la 
menor de sus sierbas , q tan poco bale para dar el retorno de pie- 
dad tan liberal como ussa V.<^ M,^ conmigo ; y delante el Altíssi- 
mo me lamento con lástima y conpassion de que V.^ M.^ encon- 
trasse con quien tan poco bale y puedo; y biéndome tan flaca de 
fuercas y deuda tan grande, cre^e mi afecto y mis anssias para 
más trabajar y suplicar á el Todopoderosso ^ q pues me pusso en 
esta obligación de la piedad de V.*^ M.^, sin saber yo como ni 
aberlo ymaginado, me saque de ella, sirbiéndose por sola su 
bondad de concederme la salbacion de V,^ M.<>, el acierto en el 
gobierno, y la paz y tranquilidad q necessitamos en esta Monar- 
quía : pues para que le pida todo esto siento en mí una fuerga 
tan poderossa , q no es mia sino del mismo Señor , que a más de 
beinte años la pusso en mi coragon tan efficazmente , que desfa- 
llezco en anssias de consiguirlo ; y confiesso á V.*^ M.^ que es ver- 
dad el abérseme aumentado mucho más después que vi á V.^ M.^, 
y q e conocido algunos secretos del Señor encaminados á esta 
Corona; y solo digo á V.» MA^ q es for^osso para alcancar lo q tan- 
to bale como la salbacion de V.^ M.<^ y el bien de su rey no , que 
cueste mucho trabajo. 

Animese V.* M.^ á padecerle , pues es precisso q sea brebe el 
tiempo de la tribulación y eterno el del descansso. Job dixo q 
los dias del hombre eran brebes y se passan como la sonbra y se 
marchitan como la flor, y es como la oja que arrebata el biento, 
pues poniendo la mira en la eternidad, ¡ qué corta es tm vida ! 
Y ¿ quién no passa esta carrera con trabajo por alcancar el des- 
cansso, y da este passo de la vida asta el cielo, aun que sea 
amargo, por ver á Dios como último fin y esperanca zlfa? No 
contristen ni aoguen á V.^ M.^ los cuydados ni le aflijan las pe- 
nas, q presto se pasarán ; ni reusse V.* M.<* el travajo de bencer 
las passiones y ressistir á los enemigos del alma, por aliarse 
V.» M.** superior á todo, y amigo de Dios. En este estado desseo 
á V.* M.<i, y de mi parte trabajaré asta morir porque V.* M.*^ le 
consiga. 



— 268 — 

Con mucho cuydado me tiene lo de Ñapóles , y me lastíma 
el coraron q V.* M.*^ le tenga tan grande : el Todopoderosso 
tome en cuenta la pena para darnos buen sucesso, y por su gran 
misericordia pacifique aquel reyno : con todas veras se lo su- 
plico y que prospere á V.* M.** felices años. 

En la Concepción de Agreda 13 de Dicienbre 1647. — Vesa la 
mano de V.» M.^^ su humilde sierba. — Sor María de Jesús. 



CLIX. 



Del Rey *. 



Madnd Via Carta de 13 he recivido y me aleirro mucho de ver lo Q 

brei647. nie decis tocante á la devoción de nra Señora, pues desde mis 
cortos años e desseado sienpre mantenerla como el medio único 
para alcanzar de ifro Señor el perdón de mis pecados : harto des- 
seo agradar á esta gran Reyna y lo procuraré sienpre , aunq temo 
q mi flaqueza me estorve esta dicha. Con harto alivio y consuelo 
he leido lo q me escrívis y alentáis , y lo cierto es q como se con- 
siga el fin para q fuimos criados (ques ver á Dios), se puede 
dar por bien enpleado lo q se passa en esta vida y llamar dichos- 
sos los trabajos y cuydados continuos q se passan; pues, como 
decis , esta vida por larga q sea es un soplo en conparacion de la 
eterna , y assi devemos procurar assegurar la dicha para lo q a 
de durar para sienpre. Grandes esperanzas tengo de q me haveis 
de ayudar mucho con vras oraciones y ruegos para conseguirlo, 
y q el haver permitido ñrb Señor q os halléis obligada á pedír- 
selo a de ser para concederlo, si yo con mi flaqueza y flogedad 
no lo jnpido. Continuad , Sor María , estos buenos oficios , ante- 

I Autógrafo de la Biblioteca del Real Palacio. 



— 269 — 

poniendo sienpre mi salvación á todo lo demás , y espero en la 
miseñcordia de Dios se a de doler de mí. 

Ya tube cartas de Italia: Milán se a visto en aprieto, pero fue 
iffb Señor servido de librarle del , y en cartas del 20 del passado 
avisan de Genova quedava aquello con mas alivio , aunq sienpre 
amenazado ': de Ñapóles las ay de 3; havia llegado la armada y 
Don Juan á i de Otubre; con q la nobleza y alguna parte del 
pueblo se havia alentado , pero lo restante persevera en su obs- 
tinación y se havia reducido la materia á las armas ; cossa q me 
da gran cuydado, pues si aquello no se ajusta, padecerá lo demás 
de la Monarquía. Procúrasse acudir con órdenes y medios lo 
mejor q se puede; pero el remedio a de venir de la mano de iTFo 
Señor y assi os encargo se lo pidáis con toda efficacia. En lo 
demás se va disponiendo las cossas para la canpaña q viene : per- 
mita Dios darnos antes la paz , pues con ella se remediaría todo. 

De Madrid á 18 de Dicienbre 1647. — Yo el Rey. 



CLX. 



De Sor María '. 



Señor : Buen norte a buscado V.» M.^ para nabegar en el mar «ideDí- 

ciembre 1647. 

de tribulaciones q an cercado á V.* M.<* toda su vida, en la gran 
Reyna del 9¡elo: la Iglessia santa la llama Estrella del mar, y lo 
es para todos los q la quieren mirar quando se ben acossados de 
las olas tenpestuossas de trabajos; porque la ley de la clemencia 
y misericordia pusso el Todopoderosso en su mano , y no acasso 
la divina Probidencia (que da la niebe según la lana, como dice 
Dabid) dispusso q V.* M.^ buscasse y soli^itasse desde sus tier- 

1 £1 Duque de Módena , que hasta entonces habia sido aliado de los españo- 
les, se habia unido á los franceses en ese año. 

2 Autógrafo de la Biblioteca del Real Palacio. 



— 270 — 

nos años la debo9¡on desta poderossísima Señora, prebiniendo q 
en tan grandes tribulaciones tubiesse V.* M.^ su amparo y pro- 
tec9Íon. 

Cierto, Señor mió, q veo á el Altfssimo probedientíssimo y li- 
beral con V.* M.** y inclinada su voluntad á faborecer á V.* M.^, 
y obrar todo lo más conbiniente para su salbacion : no a negado 
á V.^ M.^ la luz suficiente, sino q se la a manifestado y dado 
abissos y in8pira9Íones y llamamientos; todo esto pone á V.^ M,^ 
en gran enpeflo y obligación de corresponder y obedecer al que- 
rer del Señor. Quando miro esto como caussa de Dios, utilidad y 
probecho para la salbacion de V.» M.*^ y bien de su Monarquía, 
desfallezco en anssias de conseguirlo, y puesta á los pies de 
V.* M.** le querria decir, q es biolencia amarga para la criatura 
humana no conseguir lo que dessea ; y no estrañe V.^ M.<> berme 
tan cuidadossa en lo q tanto ynporta , ni enoje á V.* M.^ el ser 
tan canssada y inportuna en suplicárselo, pues see que los enemi- 
gos comunes pondrán á V.^ M.^ más ocassiones q á otras muchas 
almas y solicitarán más su daño ; y aunque bil gussanillo, des- 
seo ponerme á la parte del Señor , para ayudar á V.* M.** en lo 
que mis flacas fuerzas alcanzaren. 

Señor mió , V.» M.^ padece vivos golpes de penas en su Coro- 
na, por el trabajosso estado en que está y*"^ y cada dia le sobrebie- 
nen nuebos sustos y amarguras, ocassionadas de las pérdidas 
temporales, discordias de los bassallos, poca fortuna en las can- 
pañas : pues si á esto se añadiesse la congoja de la poca seguri- 
dad de conciencia , sería una carga yntolerable, y ninguna otra 
cossa más puede alibiar á V^ MA la de su gobierno , q el ser 
amigo de Dios y el testimonio de la buena conciencia; pues como 
dice Dabid , « el q abita en la ayuda del Altíssimo, haciendo su 
caussa y guardando sus testimonios y ley sancta, se constituye 
el mismo Señor por su protector y anparo, defendiéndole y 
guardándole ; con las alas de su piedad y misericordia le hace 
sonbra, le libra de los lacos de sus enemigos y de las palabras ás- 
peras, le cerca el escudo de su verdad q es ynespugnable, y rin- 
de y derriba á los enemigos para q no le ofendan. » Todo el 
poder del Altíssimo tiene de su parte el justo y no perecerá, 



— 271 — 

porq espera en su probidiencia y confiessa su nonbre santo ; ni 
la muerte , la espada , lo alto ni profundo , la potestad ni cossa 
humana, le podrá apartar de la caridad y protección del Altís- 
simo : todos estos bienes desseo en V.* MA Estas son mis ins- 
tangias, y tal bez no puedo detenerme en dejar de manifestárse- 
las á V.» M.** 

Suplicóle Señor mió de mi alma , q del fabor q V.» M.** me ha 
hecho, sin merecerle, dignándosse V.* M.** de berme y escribir- 
me, consiga yo el q V.* M.*^ me congeda una petición, pues de 
la magnifigien^ia de los Reyes es propio el ha^er mercedes; aunq 
en mi pequenez es ossadía el pedirlas, no las desmerece mi 
afecto , y es q V.* M.<* procure con todas beras conserbarse en 
gracia sin ofender á Dios , para aorrarse V.» M.^ de la amargura 
de la culpa. Estimando y queriendo tanto á V.» M.<*, no puedo 
dejar de dessear tan grande dicha á V.* M.*^ y buena dispussi- 
9Íon para tener felices pascuas y entradas de años. 

Con gran dolor y pena aconpaño á V.» M.** en la q tendrá con 
las nuebas q an venido en las cartas de Italia y Ñapóles, lasti- 
mándome mas de lo q puedo significar de los pocos alibios q 
V.» M,^ tiene : el Altíssimo, cuya es esta Monarquía, lo dispone 
asi, debe de conbenir para rifo mayor bien este tiempo de tribula- 
ción. Doyle afectuossas gracias porq libró á Milán del peligro en 
q se a visto, y me postraré ante su acatamiento divino y con lá- 
grimas le suplicaré le libre y defienda del q le amenaca , y q paci- 
fique á Ñapóles y dé buen sucesso al S.°^ Don Juan y á la ar- 
mada ; y cierto q me a enternecido el q aquella caussa se aya re- 
ducido á armas. Por todas estas negessidades y por la salud y 
vida de V.» M.<* ofreceré una fiesta q hacemos en este conbento 
el dia de la Circungission del Señor, en q sacamos el SS.<°^ Sa- 
cramento. 

En la Concepción de Agreda 21 de Dicienbre 1647. 

Sor María de Jesús. 



— 272 — 



CLXI. 

Del Rey'. 

Madrid Sor María : Muy buen principio de año tengo con vra carta, q 

iLg"*"* ^^ recivido oy, assi por lo bien recibidas q son todas las q me 
escrivis como por toJo lo q me decis en ella, en q veo clara- 
mente quanto desseais mi mayor bien , pues los consejos y docu- 
mentos q trae son de buena amiga ; y cierto me confunde el 
temor de q no sea esto para mi mayor daño , pues no acavo de 
ponerlos por obra , aunq lo desseo y procuraré mediante la infini- 
ta misericordia de ñrb Señor. Estoy tan lejos de parecerme q me- 
recéis el perdón q me pedis de lo q me escrivis en esta parte, q 
antes le convierto en agradecimientos y os pido q continuéis 
sienpre en darme estos buenos consejos; pues aunq mi corazón 
sea de piedra, espero q le an de hablandar y q me an de dispo- 
ner para recivir la gracia y luz q ilrb Señor me diere. 

La petición q me hacéis es tan justa, que fuera yo muy ingrato 
sino os la concediera ; y aunq lo frágil de la naturaleza procura 
inpedirlo, procuraré poner de mi parte los medios posibles para 
alcanzar tanto bien , á lo qual espero me ayudará la intercession 
de la Virgen Santíssima, cuyo devoto indigno me confíesso, y 
tanbien vFos ruegos q, hechos con el desseo q tenéis de mí salva- 
ción , me prometo serán muy efficaces y q me an de ayudar mu- 
cho. Todo lo demás. Sor María, es menos, pues si consigo el bien 
de alcanzar la gracia y de perseverar en ella, no me enbarazarán 
ni darán cuydado los trabajos tenporales q padezco; antes los 
tendré por felices , esperando q an de venir á ser para mi mayor 
convenencia. Dios se sirva, por quien es , de mitigar su justo 
enojo y de bolver sus ojos de piedad á esta Monarquía, sacándo- 
la de los aprietos y trabajos en q se halla. Agradézcoos mucho la 

I Autógrafo de la Biblioteca del Real Palacio. 



— 273 — 

fiesta q me decís haríais oy, enderezada á pedir á ñro Señor se 
duela de nosotros , pues me prometo nos a de ayudar mucho para 
todo. 

De Italia no he tenido mas nuebas después q os escriví, pero 
el cuydado sienpre dura por la gran inportancia q es q lo de 
Ñapóles se ajuste, q si aquello corre bien, lo demás no está 
en tan mala disposición como se podía presumir; pero sí aquellas 
dissensiones passan adelante, temo q nos emos de ver cada día 
en mayores aprietos, si Dios sub Señor no se duele de nosotros; 
pero fio de su missericordía no nos a de desanparar , aunq nos 
castiga justamente. 

De Madrid á i de Enero 1648. — Yo el Rey. 



CLXII. 



De Sor María 



Señor : No tengo otro camino por donde manifestar los afectos 10 de Enero 



de mi voluntad y lo q á V.» M.<* estimo, ni como retríbuyr lo 
que debo á la piedad de V.* M.*^, sino diciendo lo que una pobre 
relígíossa puede apreender en su retiro, de desengaño de la vida 
humana (q, como di^e el sabio , todo es vanidad de vanidades y 
aflicion de espíritu ) y el aprecio de anelar á la verdadera per- 
fec9Íon y cumplimiento de los precetos divinos y mandamientos 
de Dios , de los cuales dige David : « Escondí Señor en mi pecho 
tus palabras para no pecar, porque teniéndolas tan á mano y no 
olbidándolas, se ejecutan mejor.» Y aunque esta dotrina dicha 
por quien tan mal la obra como yo y, administrada por tan ruyn 
instrumento, salen colores á la cara; no me atrebo á dejar de es- 
cribirla , por no yncurrír ni contravenir á tan repetidos órdenes 
como V.* MA me yntima de q continúe. La prudencia de V.* M,^ 

I Autógrafo de la Biblioteca del Real Palacio. 



1648. 



— 274 — 

no ygnora quan poco bale una mujer para esta obedien9Ía , pero 
su piedad de V.* M,^ tolera todo y anima á mi encogimiento. 

Señor mió, muy próspera y fabore9Ída me dqa V.» M.'*, con- 
gediéndome la petigion q supliqué á V.* MA de q procurasse 
conserbar la gracia del Señor, porque á la vista de la luz divina 
he hecho tan grande apregio de este feliz estado q , si en el mas 
estraño y menos conocido lo consiguiera con mis pobres oracio- 
nes y los méritos de liTo Redentor , diera por bien enpleados 
todos los trabajos , penas , dolores que padecerá , y los exercicios 
que obrara en toda mi vida; pues ¡q será alcan^rlo de V.* M.<*, 
donde concurren tantas circunstancias de gogo , por lo q á V.* M.<^ 
amo , por ser mi Rey y Señor , y porque en el bien particular 
de V.» M.** conssiste el general de sus bassallos ! pues si el coraron 
de V.* M.^ es puro y á gusto de Dios, le gobernará y encaminará 
su divina probidiencia como necessitan las tribulaciones desta 
Monarquía. ¡ O , Señor mió de mi alma ! ¡ Cuánto mi coracon se 
lastima y mi afecto se conpadege de mirar á V.* M.** tan lleno 
de cuydados y penas! La vida particular por sí misma y este 
pesso de la carne ynfí^ionada con el primer pecado es trabajosa, 
pues la tristeza la añije, la alegría y felicidad la desvanece, los 
enemigos la conbaten ; vencida, se contrista el apetito senssitibo 
porq no consigue lo q quiere; y si lo alcanca, arguye y amarga 
la conciencia : pues añadir á estas penssiones de la vida humana 
las renatibas del gobierno , los sobresaltos de los malos su^essos, 
los peligros de las guerras, la ynposibilidad de oponerse á los 
enemigos, grande y pessada carga es para V.* M.*^; pero emos de 
crer de la Probidencia divina q no dejará en ella solo á V.* M.«*, 
pues en todas sus obras procede con equidad y justicia; y estri- 
bando toda la Christiandad y lo puro de la fé en su Corona 
de V.* M,^, claro está q la tiene el Altíssimo por su cuenta y q 
no la deja de su mano. Si la contrista , es para mas prosperarla; 
si la conbate con las olas de las tribulaciones, es para asistirla en 
ellas y que llegue á buen puerto ; si la arroja asta lo profundo del 
mar de amarguras, es para lebantarla; pero gustamos aora lo 
acedo y carecemos de lo dulce; veemos las tinieblas y no descu- 
brimos la luz ; nos anega la tenpestad y no llega la serenidad. 



í 



— 27S — 

El Todopoderosso acelere el tiempo, y nos dé luz y conocimien- 
to de los pecados que le ofenden, para q contritos y humillados 
no nos desprecie. 

El aprieto de Ñapóles me da grande pena : mucho ynportaba q 
los q encaminan y ajustan aquellas materias procedan con deten- 
ción , suabidad y cordura, y q ebiten y atajen las discordias con 
las mejores y mas justas conbinen9Ías, y q para las canpañas futu- 
ras se prebenga lo ne9essario con tienpo: questo ynporta mucho. 

Las suertes de los Santos deste aflo ynbio á V.* M.^, y e pues- 
to conmemoración en la comunidad á cada uno, para decirla 
todos los dias por V.* M.<* y la Princessa iña Señora; que delante 
el Altíssimo la tengo muy presente y le suplico la aga muy di- 
chossa , y á V.» M,<* prospere felices aflos. 

En la Concepción Descal9a de Agreda lo de Henero 1648. — 
Vesa la mano de V.* M.<* su menor sierva. — Sor María de Jesús. 



CLXIII. 

Del Rey ^ 

Harto sentí no poderos responder á vra carta de 10 deste , la es- Madnd 
tafeta, porq estube fuera del lugar y á la buelta tube mis ocupa- ^^"Jg^"*"* 
ciones ordinarias, con q no me dejaron lugar para escriviros : 
acra lo hago, anticipando dos dias la respuesta á la estafeta, por 
tener libre este rato y enplearle con mucho gusto en esto, q os 
prometo le tengo grande en leer vras cartas y en responder á 
ellas, creyendo q por este medio a de permitir riTo Señor q yo 
mude de vida y acierte á servirle en todo; para lo qual, es sin 
duda me baldrán mucho los consejos q me dais y lo q me alen- 
tais en mis travajos; q os asseguro ay algunos ratos en q es bien 
menester acordarse de lo q me decis , para poder tolerarlos y lle- 
varlos con paciencia, creyendo q aunq nos castiga Dios tan jus- 

I Autógrafo de la Biblioteca del Real; Palacio. 



— 276 — 

tamente no nos olvida, sino q antes dessea q nosotros nos pon- 
gamos en estado de merecer sus favores. Esto quisiera conseguir, 
Sor María, pero como me veo tan ñaco, temo q no salgo con ello 
y q pago con ingratitudes lo q devia ser con agradecimientos, 
sin apartarme nunca de la voluntad divina. Ayudadme á conse- 
guir lo q tanto me inporta , pues tengo esperanzas q vras oracio- 
nes me an de mudar totalmente y reducirme al estado de la gra- 
cia, con el cual pueda conseguir de ñro Señor y de su Madre 
Santíssima mi salvación en primer lugar, y después la quietud 
destos reynos , viéndolos reducidos á su primer estado. 

Después de mi última carta llegó aquí de Ñapóles un criado, 
q me despachó Don Juan, para darme quenta de todo lo q suce- 
de en aquel Reyno, q se reduze á estar la mayor parte del pueblo 
de Ñapóles revelada y proterba contra sus obligaciones, si bien 
otra pequeña y toda la nobleza, con los castillos, están con la 
fineza y fidelidad que deven. Tiénese esperanza q la hanbre re- 
duzga á la razón á los inquietos, porq me dicen la passan gran- 
de y q entraban entre ellos mismos algunas dissensiones, cossa 
q podría producir algún buen effecto para la quietud de aquellos 
alvorotos. Dios por quien es permita q sea assi, pues si passa 
adelante y no se ataja este fuego, nos emos de ver en mayores 
aprietos q los passados ; pero fio de su misericordia no a de per- 
mitir q esta Monarquía acave de perderse de todo punto. Vos se 
lo pedid assi. Sor María, pero anteponiendo á todo q se haga su 
santa voluntad , pues sienpre estoy sugeto á ella. 

Las órdenes y medios q se an podido, se an enbiado, y se irán 
enbiando continuamente; pero el travajo es q ay mucho áq acu- 
dir y poco caudal para todo. En las demás partes nos vamos 
previniendo para la canpaña, sino con todos los aparatos q pide 
la necesidad, á lo menos en la mejor forma q se puede. 

Mucho me he holgado con los Santos q me enbiaís , porq no 
puede haver otros iguales á ellos y espero q me an de valer este 
año y. sienpre ; mi hija tanbien se holgó mucho con los suyos y 
está buena , á Dios gracias. Agradézcoos lo q la encomendáis á 
Dios y os encargo lo continuéis. 

De Madrid á 20 de Henero 1648. — Yo el Rey. 



— 277 — 



CLXIV. 



De Sor María '• 



Señor : Esta carta de V.» M,^ se ha detenido ocho dias mas q 7 de Febrero 
suelen, desde el 20 del passado q la escribió V,» M.^ asta 3 des- 
te que la recibo, por cuya caussa se difirirá la respuesta; y como 
a passado tanto tiempo q no e sabido de la salud de V.* M.^ y de 
los su^essos generales q pueden dar pena á V.* M.^, confíesso con 
verdad q estado con sumo cuydado, porque después de mi sal- 
bacion , á sola esta atención está conbertido todo mi afecto y á 
solicitar la de V.» M.** y la quietud y paz desta Monarquía; y en 
el desseo de conseguir tan grandes dichas , el tiempo se me hace 
corto para trabajar; y porq el Altíssimo me las conceda, las tri- 
bulaciones se me harán suabes. Siempre estoy oficiossa en esta ne- 
gogiagion , y con gran dolor de lo poco q balgo ante el acatamien- 
to divino, para fines tan grandes; en cuya presencia y á su luz 
miro los trabajos y aogos q padece V.* M.**, los pondero y pesso, 
y con lastimado coragon me conpadezco de ellos , y en su conoci- 
miento lloro y clamo de lo yntimo de mi alma, y con vivas ans- 
sias suplico á el Altíssimo alibie á V.'* M.^ y fortalezca con la vir- 
tud de su diestra poderossa. 

jO Señor mió, y quánto desseo q aplaquemos á la justicia di- 
vina I Las Escrituras sagradas nos manifiestan barios sugessos y 
grandes exenplares; q en la ley de naturaleza y en la escrita 
detenian los sacrificios de animales la yra del Altíssimo quando 
estaba enojado con su pueblo, y alcanzaban prósperos su^essos. 
Pero después q el Verbo divino tomó carne humana, murió por 
nosotros y nos dio la ley de gracia , los sacrificios q más le apla- 
can son los corazones contritos y humillados, las lágrimas por 
aberle ofendido : ellas son (como dice San Agustín) las que pe- 

I Autógrafo de la Biblioteca del Real Palacio. 



— 278 — 

netran los fíelos; suyo es el reyno eterno; de las lágrimas es el 
poder del Altíssimo; no temen la presencia del Juez ; á los ene- 
migos acussadores ponen silencio; solas las lágrimas entran á 
Dios pero no buelben solas de dones^ beneficios ; vencen al yn- 
vengible y rinden al Omnipotente. Y no son las lágrimas senssi- 
bles las que tienen estas operaciones (las quales muchas ve^es se 
derraman por cossas terrenas y transsitorias y £dtan para llorar 
la offenssa del Todopoderosso), sino un dolor apre^iatibo de los 
pecados por ser Dios quien es, con propóssito firme de la en- 
mienda y un ánimo quebrantado con trabajos y pacienta en 
ellos. Este sacrificio voluntario es el que rinde al querer de Dios 
y ynclina á su misericordia á usar de piedad, y el discursso sujeto 
á las dispussi^iones de su diestra ; porq la Probidiencia divina 
tiene caussas secretíssimas para añigir á los buenos, castigar á 
los malos y conbatir con olas de tribulaciones á su Iglessia santa; 
las cuales el discursso humano no alcanza porq los juicios del 
Altíssimo son ocultos y inescrutables, pero siempre encaminados 
á misteriossos fines y á mayores conbeniencias nuestras. 

Pues consuélesse V.» M.<*, Señor mió de mi alma , de q hace 
el querer del Todopoderosso con tanto dolor, y q es agente 
de su M.^ cargando tan pessada carga sobre sus hombros ; y la 
mayor parte de la tribulación no está solo V.* M.^ en ella, q el 
Señor le assiste ; y por beneficio y fabor suyo tengo aya elegido 
á V.* M.** entre tantos reyes, para que reyne en tiempo q obra sus 
magnifien^ias en su Iglessia y pueblo católico por medio de tra- 
bajos, q son los que coronan á los Santos y los ha^en dignos de 
Dios, pues los q V.^ M.*^ padece no se quedarán sin copiossísimo 
premio. Ynescussables son en el tiempo q alcancamos, pero des- 
seo q de ellos consiga V.* M.*^ todos los buenos frutos possibles, y 
que con la paciencia seabrebieel pla^ode padecerlos; y con celar 
V.* M.** la onrra de Dios y ebitar sus ofenssas, se conbiertan sus 
rigores en clemencias y sus castigos en misericordias. Gran dicha 
(es la mayor q puede aber) tener á el Altíssimo aplacado, padre, 
amigo y clemente Rey; y trabajo ynponderable que sea juez jus- 
ticiero. Yo ayudaré á V.* MA asta morir con mis ñacas fuercasy 
al cumplimiento de lo que suplico á V.* M.^ en esta carta y, por 



^ 279 — 

conseguirlo, poco es morir y padecer yo las penas del ynfiernó 
(como sea en gracia de Dios). No se aflija V.* M.*^ de que lo pida 
con tantas veras , que ni me espanto de la flaquera y dificultad 
humana ny me pare9erá largo qualquiera pla^o si lo alcan90. 

Los su9essos de Ñapóles me tienen siempre cuidadossa y pos- 
trada á los pies del Altíssimo, para pedir misericordia y que re- 
duzga aquel pueblo á su primer estado : grande medio es el de la 
ambre para sujetarle, pues parege for90sso ó que se rindan con 
ella ó perecer, si los tienen bien cercados: mucho trabajo por 
esta ynpressa, sino q soy pobre delante el Altíssimo. No olbido 
en su presengia al Señor Don Juan , q me conpadezco mucho de 
los cuydados q le gercan en sus pocos años , y me gogo de q ayu- 
de á V.* M.<* en los suyos. Encamínele el Todoporosso y dele fe- 
lices su9essos, y concédalos en las campañas deste año por sola 
su bondad , como ne9essitamos. 

Loable y prudente es la probiden^ia de V.* M.*^ en ha9er de su 
parte lo possible, prebiniendo los medios humanos: desseo q los 
q an de intervenir en disponerlos pro9edan con fidelidad de vas- 
salios; á todo se estiende mi cuydado y afecto por el alibio de 
V.* MA : désele el Todopoderosso á V.» MA, y larga vida á la 
Prin9essa rifa S.* Estimóla de cora9on y la miro con el cariño y 
amor de prenda de V.* M.** 

En la Concepción de Agreda 7 de Febrero 1648. — Vesa la 
mano de V.* M.<* su menor sierba. — Sor María de Jesús. 



CLXV. 



Del Rey '. 



La detención de mi carta última, fué occasionada de haverla la de Febrero 
dejado aquí por descuydo el correo, con q hasta la otra estafeta '^^** 
no fué ni yo tube noticia dello hasta oy. Harta soledad me han 

I Autógrafo de la Biblioteca del Real Palacio. 



— 28o — 

hecho á mí las vfas , pues, como os he dicho, las recivo y leo con 
mucho gusto, creyendo q me desseais todo bien espiritual y cor- 
poral y y esperímentando q los consejos q me dais son de buena 
amiga y los q mas me inporta q execute. En todas vras cartas 
reconozco esto, y con cada una se acrecienta en mí el desseo de 
poner por obra lo q me aconsejáis , reconociendo q este es el úni- 
co medio para conseguir de ñró Señor el remedio de lo q estamos 
padeciendo, pues sin esto no le puede haver; pero mi flaqueza 
(ques mayor q la de otros) temo me inpide el poner por obra 
lo q propongo ; y assi he menester gran ayuda divina para con- 
seguirlo y tanbien la vra , para q con vras oraciones y exercicios 
se ablande el rigor de ñro Señor y permita q yo acierte á cun- 
plir en todo con su santa voluntad, infundiendo en mi corazón 
las lágrimas interiores q decis, q sin duda son las q más nos in- 
portan y las q espero me an de valer para hacerme digno (en la 
forma q es posible) de alcanzar los favores de Dios, q aora por mis 
culpas no puedo. Budvos á encomendar continuéis el ayudarme 
á mi salvación, q esto me inporta mucho y lo demás poco en su 
conparacion. 

Después q os escriví mi última carta, las reciví de Ñapóles de 
de los últimos de Dicienbre con avisso de q , haviendo venido la 
armada de Francia, salió un corto trozo de la mia á pelear con 
ella y lo hizo con tanto valor q la estorvó sus dissinios (q eran 
de socorrer los inquietos) y la hizo retirar, aunq después bol vio; 
y últimamente avissan por Genova q se havia buelto á sus puertos 
maltratada y sin haver conseguido sus intentos; y aunq esto es 
favorable, estoy con gran cuydado, porq el pueblo no solo per- 
sevava en su obstinación, pero se ha hecho República, nonbrando 
por Dux al Duq de Guisa y sugetándose á la protección del Rey 
de Francia , cossas todas tan perjudiciales como se dejan conside- 
rar; con todo esso, lo passan con gran escaseza de comida y, 
viendo q se a retirado la armada sin haverlos socorrido, podría 
ser q produgesse algún buen efíecto ; pero el principal a de venir 
de la mano de ñro Señor, y assi os encargo continuéis vfás súpli- 
cas encaminadas á este fin , q este es negocio en q va á decir la 
conservación desta Monarquía. 



— 28l — 

En Milán ha havido un buen sucesso contra los francesses y el 
Duq de Módena, de q e dado gracias á iTró Señor ' : en todo lo 
demás se va haciendo lo posible por acudir á todas partes. Quie- 
ra Dios ayudarnos, q bien lo emos menester. 

De Madrid á 12 de Febrero 1648. — Yo el Rey. 



CLXVI. 



De Sor María \ 



Seflor: Sienpre mi voluntad está en una continua operación, "derebrero 
desseando para V.* M.<^ muchas felicidades divinas y humanas, y 
como mi afecto es para con V.* M.** tan fino, estiéndesse á ape- 
tecer ver á V.» M.** alibiado de tantas penas y trabajos ; y como 
no lo consigo, padezco grande violencia, sin tener otro desaogo 
q decirme V.» M.<* conoce esta verdad y considerar q los oydos 
del Altíssimo están atentos á los clamores de los pobres, y su tri- 
bunal siempre patente para pedir misericordia. A El me presento, 
donde derramo lágrimas de lo yntimo de mi coragon, suplicando 
al justo Juez use de su clemencia piadosa, vivificando y fortale- 
ciendo con el poder de su diestra á V.> M."^. Quando á esta luz di- 
vina miro y peso la fortuna trabajossa de V.* M.^ con la de sus 
enemigos próspera y triunfante, se alienta mi espíritu, cono- 
ciendo la diferencia de las yntenciones, motibos y fines, que son 
los que justifican las obras. V.» M.^ padece por conserbar lo puro 
de la fé y amparar á todos los fieles católicos, por defender la 
santa Iglessia y guardar los reynos q el Todopoderosso pusso á 
cuenta de V.^ M.<^, por celar su gloria y onrra; causas todas tan 

1 £1 iS de Diciembre al querer socorrer los españoles al pueblo de Sabioneda 
les presentaron batalla los franceses con el Duque de Módena, que parece fué 
el primero que huyó á refugiarse en Cividad, después de una sangrienta derrota. 
(^Memorial histórico y tomo XIX.) 

2 Autógrafo de la Biblioteca del Real Palacio. 

«9 



— 282 — 

grandes y grabes q conpiten con las que defendieron los márti- 
res; y el premio será parecido al suyo, si V.* M.** purifica y jus- 
tifica su con9Íen9Ía y se arma con la fortaleza y paciencia para 
padecer por la justicia , con que será V.* M.^ bienabenturado y 
podrá gogarsse en sus tribulaciones, pues el Señor á los que ama 
corrije y aflije; y V.* M.** padece con todo el resto de la Iglessia 
santa y con los justos, á los cuales (como dice San Gregorio) 
«prueba el Altíssimo, y con sus dones mezcla castigos para q les 
amargue todo lo dele3^able y se levante en sus almas el yn^endio 
de desseos gelestiales; yerelos amorosamente y los atormenta sua- 
bemente para atraerlos á su amor.» 

Señor mió, no pierda V.* M.<^ tan buena ocassion como la que 
le ofre9en sus trabajos, pues puede V.* M.** congregar mayores 
tesoros para el cielo que balen todos sus reynos y las demás cos- 
sas criadas. Si lo temporal y terreno se le disminuye á V.* M.**, 
lo espiritual y eterno puede ¡granjear; y no desaliente á V.» M.** 
el cono9er q su fiaque9a es mayor que la de los otros (como 
V.* MA me dice) q todos los hijos de Adam la esperimentamos, 
y los santos, que ya g09an de Dios, la pade9Íeron. 

S. Pablo se lamenta de sí, en una epístola, diciendo: «¡O yn- 
feliz hombre que siento una ley del pecado en mis miembros re- 
pugnante á la de mi espíritu, que me tiene en una serbidumbre 
y me Ueba á obrar lo que no quiero ! » Y en otra parte coafíessa 
tiene un Ángel de Satanás q le colafi9a ; pero no está el daño en 
sentir esta propenssion y grabámen de la naturale9a á lo malo, 
sino en el no ressistirla y apartarsse de las ocassiones para no pe- 
car. Suplico á V.^ M.^ que todas las uya y dge , para que con- 
bierta su fortuna trabajossa en feliz y dichossa; que al justo y 
amigo de Dios las tríbula9Íones les son prendas de amor, de 
gracia y gloria, y porq, mirando V.* M.<* la per5ecu9Íon de su 
Reyno, el estar ultrajado y oprimido de sus enemigos no aflija á 
V.^ M.<^, le suplico se acuerde de lo q Dabid dice en un salmo: 
« Vi al ynpio y malo muy ensal9ado y lebantado como el cedro 
de Líbano; passé adelante y ya no tenía ser; busquéle y no se 
halló el lugar donde estaba, o El ynpío q tiránicamente se levanta, 
osurpando reynos ágenos, y que con estorssiones y mala voluntad 



— 283 — 

busca sus prosperidades y las solicita por medios ynjustos, aunq 
más triunfante esté y se lebante sobre los cedros de Líbano, 
crea V.* M.** q no durará su altibez ni se conserbará en lo que 
Eios no le dio; no parecerá el lugar donde le pusso la sobervia y 
altibez, porq escrito está en las divinas letras: «¿Quién ay como 
mb Señor y Dios, q humilla á los soberbios y lebanta á los hu- 
mildes?» Mucho suben los enemigos desta Corona; triunfantes es- 
tán tiranizando los reynos de V.'M.<^; pues tarde ó temprano 
caer tienen, porque número señalado an de tener sus ynjusti^ias 
y Dios los sufre por sus occultos juicios, para q padezca su Iglessia 
y fieles, q con el azote destos enemigos nos castiga por nuestros 
pecados y después le arrojará. 

Todo esto me hage decir el saber que estén tan prestos para 
fahoTeqer y amparar la rebeldia y maldad de los catalanes y la de 
los naturales de Ñapóles : á todos los apóstatas de su obediencia 
de V.* MA quieren ayudar, baliéndose de erejes para sus aumen- 
tos. Todo esto me hirrita el ánimo contra ellos y me solista más 
pedir al Señor que apresure el tiempo de humillarlos. Lo de Ña- 
póles me da cuydado y todo lo perteneciente á las canpañas 
deste año. 

Estoy dispuniendo en mi comunidad que esta cuaresma se au- 
menten los exercigios y penitencias de las religiossas y q los ofrez- 
camos por todos estos fines: yo trabajaré en este santo tiempo 
quanto mis pobres fuerzas alcanzaren con la divina gracia. 

Suplico á V.* M.** por amor de Dios, q mande prober la plaza 
de Lérida de bastimentos, q dizen no lo está; aora se ara con fa- 
cilidad y poco gasto lo que después a de costar mucho. Prospere 
el Altíssimo á V.* M.^ 

En la Concepzion Descalza de Agreda 22 de Febrero 1648. — 
Vesa la mano de V.» M.'* su menor sierba. — Sor María de Jesús. 



— 284 - 



CLXVII. 

Del Rey '. 

Madrid Nq mc desayudará vra carta de 22 deste á entrar con buen pié 

26 de Febrero 

1648. en esta quaresma , pues la recivo su primer dia y en ella conse- 
jos muy ajustados para este santo tienpo. Mucho me he alegrado 
con ella y a ssido muy bien recivida; q sin duda me sirven todas 
las q me escrivis de mucho aliento, y me dan gran confianza de 
q se a de doler Dios de mí , permitiendo llegue la ora en q yo 
acierte á agradarle ; pues á este principio me prometo se an de 
seguir los demás effectos de su misericordia , de q tanto necesita- 
mos. Procuraré de mi parte disponerme para esta dicha y espero 
q los q me faltare por mi flaqueza suplirá la gracia divina, pues 
sin ella no ay nada, y aunq sienpre conviene disponerse á reci- 
virla , en este tienpo parece es más á proposito , pues la Iglesia 
nos le da para enplearlo en santos exercicios. Los q vos me ofEre- 
ceis hacer, ademas de los ordinarios, estimo mucho y quedo 
con gran esperanza de q nos an de ayudar para todo, particular- 
mente para mi salvación ques lo q mas me inporta : en lo de- 
mas me alienta mucho el padecer, viendo q es obrando con ra- 
zón y justicia, sin tratar de más q de defender los reynos q Dios 
me dio*, pues mejor es correr adbersa fortuna desta suerte, q 
próspera obrando al contrario, como sucede á ñfbs enemigos. 
Dios se sirva de abrirlos los ojos , q con esso es cierto nos dejarán 
sosegar. 

He buelto á tener nuebas de Ñapóles, de postreros de henero, 
y me avissan q Don Juan avia entrado en aquel govierno con 
aplausso de todos y con esperanzas de q por su mano se llegue á 
alguna conposicion, aunq queda va todo en el estado q os tengo 
dicho : de aquí se enbian los socorros posibles y se hará hasta la 

I Autógrafo de la Biblioteca del Real Palacio. 



- 285 — 

última diligencia por assirtirle , pues va mucho en q se ajusten 
aquellas cossas. 

De Flandes me llegó ayer avisso de q se havia concluido la 
paz con Holanda, q a ssido gran negocio y de q nos podemos 
prometer siga la general con mayores ventajas de ñra parte. Ya 
e dado gracias á líTo Señor por ello, pues sin duda en el estado 
presente es el mejor sucesso q podiamos tener: en lo demás se 
procura acudir á todo, y según estoy informado tiene bien que 
comer Lérida; pero se procurará acomodar estas plazas oy, en la 
mejor forma q los cortos medios con q nos hallamos dieren lugar. 

De Madrid á 26 de Febrero 1648. — Yo el Rey. 



CLXVIII. 



De Sor María 



Señor : A todo ocurre la prudente piedad de V.» M.^, no dedi- 6 de Mar*© 
nándose de la correspondien^ia con tan ynútil sujeto como el mió, ' *^" 
dando paqenqa á V.* M.*^ para tolerar el cansancio de mis car- 
tas y aliento á mi encojimiento para continuarlas. Es tan gran- 
de el q tengo q ne^essito, á el tiempo de escribirlas, olbidar que 
soy muger ignorante y acordarme q el Alsíssimo es poderosso 
(como dicen las divinas Escrituras) para ha^er de piedras hijos 
de Abram y sacar óleo del guijarro , y puede concurrir á mis pa- 
labras dándolas virtud y eñca^ia. Ellas se forman en un pecho 
fiel para V.* M.*^, anssiosso y sediento de su mayor bien , donde 
siento una fuerza más q humana para decir á V.^ M,^ lo q mi 
ynsufícien9Ía no sabe pronunciar ni mi encogimiento declarar. 

Todo lo q V.* M.** me dice de los buenos desseos encaminados 
á la ocupación perfecta de la cuaresma es lerme V.* M.<* el cora- 
9on y alentarle en el anelo q tiene á que V.* M.*^ logre la buena 

I Autógrafo de la Biblioteca del Real Palacio. 



— 286 — 

ocassion y coja el fruto q en este santo tienpo nos ofrece la 
Iglessia ; en el qual el Rey del gielo da audien9Ía á los fieles, 
franqueándoles sus misericordias y tesoros, habiéndoles memoria 
de sus marabillas, de la doctrina ebangélica de ñfb Señor y de 
las obras admirables de la Redención : este es el tiempo oportu- 
no y saludable q nos muestra S. Pablo , para ser oydos y nego- 
ciar. Toda la santa Iglessia está en clamores al Altíssimo, pidien- 
do misericordia : las fuentes manantiales de la sangre de Christo 
en ]os sacramentos están patentes para labar ampliamente ñras 
culpas ; llegue V.* M.'* en tan buena sa^on y preséntesse en el 
tribunal del Rey de los reyes y Señor de los señores, y en su di- 
vina presengia acuérdesse V.» M.^ del versso q dice Dabid en 
un salmo: «Sacrificad sacrificio de justicia al Señor y esperad 
en El.» 

La virtud de la justicia es tan grande y difussa, q se con pone 
de muchas partes y especies, y conssiste en dar á todos y cada 
uno lo q le pertenece por algún título; y como la principal aten- 
ción desta virtud a de ser darle á Dios lo q se le debe por la 
esencia de su divinidad y potencia con que crió á las criaturas, 
es sacrificio grato y acecto á sus ojos , pues conprehende la reli- 
gión q tiene por objeto el culto y reberencia q se da á Dios , yn- 
terior, con debocion; cuya materia y caussa es la meditación y 
contenplacion , su efecto la alegría y júbilo espiritual, y una 
pronta voluntad para reberen^iar á Dios y obedecerle en todas 
las cossas. Contiene tanbien este sacrificio de justicia la oración 
con sus partes , que son : orar ó lebantar á Dios la mente al co- 
nocimiento de sus atributos y perfecciones divinas ; pedir ó pos- 
tular, q es alegar rabones para ello, y acimiento de gracias. Tan- 
bien ay culto esterior, con las ofrendas , oblaciones, genufleciones 
y postraciones; y para la equidad déla justicia distributiba, dar 
los oficios y dignidades á los q las merecen , premio á los q an 
trabajado , buenas corespondiencias á los q fielmente an serbido, 
castigo rigurosso á los malos. Señor mió de mi alma, en tan 
buenos enpleos desseo á V.* M.^ y que ejecute lo q S. Pablo 
amonesta: «Si viviereis según la carne, moriréis; si según el es- 
píritu, viviréis.» No es vida, la de la criatura q nunca se lebanta 



— 287 — 

á las cossas celestiales y divinas y se ba tras de las terrenas y 
momentáneas , de quien dice la Sabiduría que es vanidad de 
vanidades y afligion de espíritu ; y es lástima q el alma de tan 
noble condÍ9Íon , criada á la ymágen y semejan9a de Dios y ca- 
paz de conocerle , no se lebante á las cossas espirituales y divi- 
nas para q fué criada. Haciendo V.* M.^ este sacrificio de jus- 
ticia al Señor, espere V.^M.'^q le amparará, assistirá en sus 
tribulaciones, y le librará de sus enemigos, mirando á la buena 
ynten9Íon y fin q V.» M.** dice tiene, de solo defender los reynos 
q Dios puso á quenta de V.* M.^ 

En mis pobres oraciones y en las desta comunidad clamamos 
á su divina piedad con beras, suplicándole dé al Señor Don Juan 
feliz sucesso en lo de Ñapóles , q le assista y encamine todas sus 
acciones á suabi^ar y reducir aquellos ánimos rebeldes á la ver- 
dadera paz y obedien9Ía á V.* M.^ : desséolo con vivas anssias 
por lo q ynporta. Ele dado muchas gracias á el Altíssimo de 
aberse concluydo la paz con Olanda; concédanosla, por su bon- 
dad, general y prospere á V.» M.** en toda felicidad. 

En la Concepción de Agreda 6 de Marzo 1648. — Vesa la mano 
de V.» M.^ su menor sierva. — Sor María de Jesús. 



CLXIX. 

Del Rey >. 

Si yo , Sor María , acertara á executar lo q vos me escrivis, me Madnd 
pudiera llamar dichosso, pues sin duda vrbs conj.«» van encami- " "íejg"** 
nados á mi mayor bien ; pero lo frágil desta carne en q vivimos 
temo me inpide sacar el fruto q quisiera de tan sana y cierta do- 
trina. Con todo esso , recivo gran alivio con ella y espero q, 
aunq mi cora9on sea de pedernal, a de obrar en él y disponerle 
para recivir los auxilios de ñrb Señor , q es cierto está sienpre 

I Autógrafo de la Biblioteca del Real Palacio. 



— 288 — 

llamándonos como padre piadosso , teniendo abiertas las puertas 
de su misericordia para q entremos por ellas. Sírvasse su Divi- 
na Mag.^ de abrirme los ojos , para q acierte tan provechosso ca- 
mino. Prométome de los buenos ofñcios q me hacéis q me han 
de ayudar mucho para este fin, y me caussa gran consuelo oir q 
quando me escrivis os ocurre mucho q decirme ; q es señal q no 
me tiene olvidado tiro Señor ni su Madre Santíssima. Continuad, 
Sor María, las oraciones y ayudadme á salir de los tropiezos en q 
se anda , q yo de mi parte, aunq flaco, procuraré ayudarme, y mas 
en este santo tienpo de la quaresma en q, como decis, está dis- 
puesto líro Señor á asistir y favorecer los pecadores. 

En los negocios corrientes no ay novedad ni mas avissos des- 
pués de mi última carta : á todo se procura occurrir lo mejor q se 
puede, aunq no como fuera necessarío por la falta de medios, 
pero se travaja incesantemente y yo desseo cunplir [aunq no sé 
si lo consigo] con las obligaciones del puesto. Dios me ayude y 
me dé su gracia, q sin ella todo falta. 

De Madrid á ii de Marzo 1648. — Yo el Rey. 



CLXX. 



De Sor Maria '. 



19 de Mano Señor: Bien conozco q es ossadia y animossidad mia todo loa 

1648. -T J 1 

escribo á V.* M.^, confiriéndolo con sola la prudencia humana; 
pero mirándolo á la luz divina , veo q dignándose V.* M.*^ de 
mandarme le escriba, ¿q otra cossa puedo de^ir y presentar q el 
fruto que e cogido en mi retiro, después de aber cerrado los ojos 
al mundo y aviértolos á las verdades divinas, donde la ignoran- 
cia más torpe es enseñada, y encaminado el entendimiento á los 

z Autógrafo de la Biblioteca del Real Palacio. 



— 389 — 

caminos rectos del Señor? Y aunq como flaca y inperfecta no los 
e seguido, he llegado á verlos. Ya supongo q V.* M.^ los conoce 
más abentajadamente q yo, y que por muchos caminos y medios 
de sujetos grandes, manifestarán á V.^ M.^ los misterios y sacra- 
mentos del Altíssimo; pero me parece infidelidad de lo q á 
V.* M.^ amo y estimo no ha9erle participante de la luz que sin 
merecerla recibo, aunqae el encogimiento y desseo de secreto me 
acobarda y enmudece; pero el anssia del bien de V.^ M.^' me so- 
licita y obliga á decir , q es verdad lo q V.» M.<* colije de q el Se- 
ñor no le tiene olvidado, sino que como padre piadosso quiere 
admitir á V.^ M.^ en su cassa y ponerle la estola y anillo de su 
amistad , pero con condición espressa de la enmienda de vida y 
perseberan^ia en no ofenderle. Mucho se le pide á V.* M.^, pero 
más se le ofrece en la gracia ; y si las esperan9as de ynpressas 
grandes dan ánimo á la naturale9a humana, ¿q mayor q ser hi- 
jos y no sierbos (como dixo S. Pablo) y sf hijos, erederos con 
Christo del premio y descansso eterno? Que no pequemos, se nos 
manda, y que seamos linpios de coraron ; y á los q lo consiguen 
llama el Evangelio bienabenturados y nos ofre^ que veremos á 
Dios, q es la hultimay mayor felicidad. 

Señor mió , muchos y magníficos sacramentos nos enseña la fe 
santa, y por ella y con luz divina e tenido inteligen9Ía de ellos; 
pero después de los q pertenecen al Ser de Dios y á Christo nrb 
Señor y su Madre Santissima , el que más me a llebado el ánimo 
y robado e^ affecto del cora9on , es la grande9a y hermosura de 
una alma en gracia : no tiene ponderación ni en todo lo criado ay 
á que asimilarla; el resplandor del sol es oscuro, la blancura de 
la niebe negra , la amenidad de los canpos cuartada, la variedad 
de las aves limitada, toda la hermosura criada baña, lo brillante 
de oro , plata , piedras pre^iossas, escoria; á todo se aben taja y 
solo se asimila respetibamente á su Criador , q la dio ser tan no- 
ble para comunicarle en el modo possible sus virtudes y perfec- 
ciones. Por esto dixo, «Hagamos á el hombre á ñra ymagen y se- 
mejanga.»